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Gabriel García Márquez Cien años de soledad
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Para Jomi García Ascot y María Luisa Elio
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 3 I Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río d...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 4 poder de convicción irresistible. Lo envió a las autoridades acompañado de numerosos testimonios sobre sus experiencias y de varios pliegos de dibujos explicativos, al cuidado de un mensajero que atravesó la sierra, y se extravió en pantanos desmesurados, remontó ríos torme...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 5 mantenía enredado en los minúsculos problemas de la vida cotidiana. Se quejaba de dolencias de viejo, sufría por los más insignificantes percances económicos y había dejado de reír desde hacía mucho tiempo, porque el escorbuto le había arrancado los dientes. El sofocante me...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 6 Al principio, José Arcadio Buendía era una especie de patriarca juvenil, que daba instrucciones para la siembra y consejos para la crianza de niños y animales, y colaboraba con todos, aun en el trabajo físico, para la buena marcha de la comunidad. Puesto que su casa fue des...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 7 mataron y asaron un venado, pero se conformaron con comer la mitad y salar el resto para los próximos días. Trataban de aplazar con esa precaución la necesidad de seguir comiendo guacamayas, cuya carne azul tenía un áspero sabor de almizcle. Luego, durante más de diez días,...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 8 desmontar la puerta del cuartito, Úrsula se atrevió a preguntarle por qué lo hacía, y él le contestó con una cierta amargura: «Puesto que nadie quiere irse, nos iremos solos. » Úrsula no se alteró. -No nos iremos-dijo-. Aquí nos quedamos, porque aquí hemos tenido un hijo. -...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 9 que una vez más llegaban a la aldea, pregonando el último y asombroso descubrimiento de los sabios de Memphis. Eran gitanos nuevos. Hombres y mujeres jóvenes que sólo conocían su propia lengua, ejemplares hermosos de piel aceitada y manos inteligentes, cuyos bailes y música...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 10 II Cuando el pirata Francis Drake asaltó a Riohacha, en el siglo XVI, la bisabuela de Úrsula Iguarán se asustó tanto con el toque de rebato y el estampido de los cañones, que perdió el control de los nervios y se sentó en un fogón encendido. Las quemaduras la dejaron conve...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 11 De modo que la situación siguió igual por otros seis meses, hasta el domingo trágico en que José Arcadio Buendía le gano una pelea de gallos a Prudencio Aguilar. Furioso, exaltado por la sangre de su animal, el perdedor se apartó de José Arcadio Buendía para que toda la ga...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 12 niños resistieron el viaje mejor que sus padres, y la mayor parte del tiempo les resultó divertido. Una mañana, después de casi dos años de travesía, fueron los primeros mortales que vieron la vertiente occidental de la sierra. Desde la cumbre nublada contemplaron la inmen...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 13 inicial, y experimentó más miedo que placer. Ella le pidió que esa noche fuera a buscarla. Él estuvo de acuerdo, por salir del paso, sabiendo que no seria capaz de ir. Pero esa noche, en la cama ardiente, comprendió que tenía que ir a buscarla aunque no fuera capaz. Se vis...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 14 apretujaba en el laboratorio, y les servían dulce de guayaba con galletitas para celebrar el prodigio, y José Arcadio Buendía les dejaba ver el crisol con el oro rescatado, como si acabara de inventarío. De tanto mostrarlo, terminó frente a su hijo mayor, que en los último...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 15 saforada pero momentánea de sus noches secretas. Pilar, sin embargo, rompió el encanto. Estimulada por el entusiasmo con que José Arcadio disfrutaba de su compañía, equivocó la forma y la ocasión, y de un solo golpe le echó el mundo encima. «Ahora si eres un hombre», le di...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 16 La pasión de los otros despertó la fiebre de José Arcadio. Al primer contacto, los huesos de la muchacha parecieron desarticularse con un crujido desordenado como el de un fichero de dominó, y su piel se deshizo en un sudor pálido y sus ojos se llenaron de lágrimas y todo ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 17 del soplo que hace vivir los metales, ni la facultad de convertir en oro las bisagras y cerraduras de la casa, sino lo que ahora había ocurrido: el regreso de Úrsula. Pero ella no compartía su alborozo. Le dio un beso convencional, como si no hubiera estado ausente más de ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 18 III El hijo de Pilar Ternera fue llevado a casa de sus abuelos a las dos semanas de nacido. Úrsula lo admitió de mala gana, vencida una vez más por la terquedad de su marido que no pudo tolerar la idea de que un retoño de su sangre quedara navegando a la deriva, pero impus...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 19 de la casa ensartadas en palos de balso, Aureliano vivía horas interminables en el laboratorio abandonada, aprendiendo por pura investigación el arte de la platería. Se había estirado tanto, que en poco tiempo dejó de servirle la ropa abandonada por su hermano y empezó a u...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 20 cloqueante cacareo de gallina clueca. Pasó mucho tiempo antes de que Rebeca se incorporara a la vida familiar. Se sentaba en el mecedorcito a chuparse el dedo en el rincón más apartado de la casa. Nada le llamaba la atención, salvo la música de los relojes, que cada media ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 21 «Estoy pensando otra vez en Prudencia Aguilar. » No durmieron un minuto, pero al día siguiente se sentían tan descansadas que se olvidaron de la mala noche. Aureliano comentó asombrado a la hora del almuerzo que se sentía muy bien a pesar de que había pasado toda la noche ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 22 la primera manifestación del olvido, porque el objeto tenía un nombre difícil de recordar. Pero pocos días después descubrió que tenía dificultades para recordar casi todas las cosas del laboratorio. Entonces las marcó con el nombre respectivo, de modo que le bastaba con l...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 23 fidelidad a la vida, decidió refugiarse en aquel rincón del mundo todavía no descubierto por la muerte, dedicada a la explotación de un laboratorio de daguerrotipia. José Arcadio Buendía no había oído hablar nunca de ese invento. Pero cuando se vio a sí mismo y a toda su f...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 24 exprimieron, torciéndola por los extremos, hasta que recobró su peso natural. Voltearan la estera, y el sudor salía del otro lado. Aureliano ansiaba que aquella operación no terminara nunca. Conocía la mecánica teórica del amar, pero no podía tenerse en pie a causa del des...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 25 de espacio. Entonces sacó el dinero acumulado en largos años de dura labor, adquirió compromisos con sus clientes, y emprendió la ampliación de la casa. Dispuso que se construyera una sala formal para las visitas, otra más cómoda y fresca para el uso diario, un comedor par...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 26-Quiero advertirle que estoy armado. José Arcadio Buendía no supo en qué momento se le subió a las manos la fuerza juvenil con que derribaba un caballo. Agarró a don Apolinar Moscote par la solapa y lo levantó a la altura de sus ajos. -Esto lo hago-le dijo-porque prefiero c...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 27 IV La casa nueva, blanca como una paloma, fue estrenada con un baile. Úrsula había concebido aquella idea desde la tarde en que vio a Rebeca y Amaranta convertidas en adolescentes, y casi puede decirse que el principal motivo de la construcción fue el deseo de procurar a l...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 28 secreta. Dos días antes de la fiesta, empantanado en un reguero de clavijas y martinetes sobrantes, chapuceando entre un enredijo de cuerdas que desenrollaba por un extremo y se volvían a enrollar por el otro, consiguió malcomponer el instrumento. Nunca hubo tantos sobresa...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 29 con la misma letra metódica, la misma tinta verde y la misma disposición preciosista de las palabras con que estaban escritas las instrucciones de manejo de la pianola, y dobló la carta con la punta de los dedos y se la escondió en el corpiño mirando a Amparo Moscote con u...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 30 hizo a Aureliano una caricia estremecedora. Él la rechazó. Había descubierto que mientras más bebía más se acordaba de Remedios, pero soportaba mejor la tortura de su recuerdo. No supo en qué momento empezó a flotar. Vio a sus amigos y a las mujeres navegando en una reverb...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 31 el acierto de su hijo. Vencido por el entusiasmo de su mujer, José Arcadio Buendía puso entonces una condición: Rebeca, que era la correspondida, se casaría con Pietro Crespi. Úrsula llevaría a Amaranta en un viaje a la capital de la provincia, cuando tuviera tiempo, para ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 32 de animal dormido. Aureliano terminó por olvidarse de él, absorto en la redacción de sus versos, pero en cierta ocasión creyó entender algo de lo que decía en sus bordoneantes monólogos, y le prestó atención. En realidad, lo único que pudo aislar en las parrafadas pedregos...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 33 regalo, su novia le recibía la visita en la sala principal can puertas y ventanas abiertas para estar a salvo de toda suspicacia. Era una precaución innecesaria, porque el italiano había demostrado ser tan respetuoso que ni siquiera tocaba la mano de la mujer que seria su ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 34 Aureliano descansó con la comprobación del presagio. Volvió a concentrarse en su trabaja, como si nada hubiera pasado, y su voz adquirió una repasada firmeza. -Lo reconozco-dijo-. Llevará mi nombre. José Arcadio Buendía consiguió par fin lo que buscaba: conectó a una baila...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 35 V Aureliano Buendía y Remedios Moscote se casaron un domingo de marzo ante el altar que el padre Nicanor Reyna hizo construir en la sala de visitas. Fue la culminación de cuatro semanas de sobresaltos en casa de los Moscote, pues la pequeña Remedios llegó a la pubertad ant...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 36 le prestó atención. Le contestaban que durante muchos años habían estado sin cura, arreglando negocios del alma directamente con Dios, y habían perdido la malicia del pecado mortal. Cansado de predicar en el desierto, el padre Nicanor se dispuso a emprender la construcción...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 37 Rebeca trató de anticiparse a cualquier comentario. Al paso que llevaba la construcción, el templo no estaría terminado antes de diez años. El padre Nicanor no estuvo de acuerdo: la creciente generosidad de los fieles permitía hacer cálculos más optimistas. Ante la sorda i...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 38 buena salud por el corredor de las begonias. Cantaba desde el amanecer. Fue ella la única persona que se atrevió a mediar en las disputas de Rebeca y Amaranta. Se echó encima la dispendiosa tarea de atender a José Arcadio Buendía. Le llevaba los alimentos, lo asistía en su...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 39 presencia daba la impresión trepidatoria de un sacudimiento sísmico. Atravesó la sala de visitas y la sala de estar, llevando en la mano unas alforjas medio desbaratadas, y apareció como un trueno en el corredor de las begonias, donde Amaranta y sus amigas estaban paraliza...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 40 días, y se chupó el dedo con tanta ansiedad que se le formó un callo en el pulgar. Vomitó un líquido verde con sanguijuelas muertas. Pasó noches en vela tiritando de fiebre, luchando contra el delirio, esperando, hasta que la casa trepidaba con el regreso de José Arcadio a...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 41 Pietro Crespi le pidió que se casara con él. Ella no interrumpió su labor. Esperó a que pasara el caliente rubor de sus orejas e imprimió a su voz un sereno énfasis de madurez. -Por supuesto, Crespi-dijo-, pero cuando uno se conozca mejor. Nunca es bueno precipitar las cos...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 42 Lo que en realidad causó indignación en el pueblo no fue el resultado de las elecciones, sino el hecho de que los soldados no hubieran devuelto las armas. Un grupo de mujeres habló con Aureliano para que consiguiera con su suegro la restitución de los cuchillos de cocina. ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 43-Usted no es liberal ni es nada-le dijo Aureliano sin alterarse-. Usted no es más que un matarife. -En ese caso-replicó el doctor con igual calma-devuélveme el frasquito. Ya no te hace falta. Sólo seis meses después supo Aureliano que el doctor lo había desahuciado como hom...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 44-Ningún disparate-dijo Aureliano-. Es la guerra. Y no me vuelva a decir Aurelito, que ya soy el coronel Aureliano Buendía.
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 45 VI El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años. E...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 46 del patio, donde Arcadio se enrolló como un caracol. Don Apolinar Moscote estaba inconsciente, amarrado en el poste donde antes tenían al espantapájaros despedazado por los tiros de entrena-miento. Los muchachos del pelotón se dispersaron, temerosos de que Úrsula terminara...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 47 abasto para atender la escuela de música. Gracias a él, la calle de los Turcos, con su des-lumbrante exposición de chucherías, se transformó en un remanso melódico para olvidar las arbitrariedades de Arcadio y la pesadilla remota de la guerra. Cuando Úrsula dispuso la rea-...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 48 Arcadio dio una rara muestra de generosidad, al proclamar mediante un bando el duelo oficial por la muerte de Pietro Crespi. Úrsula lo interpretó como el regreso del cordero extraviado. Pero se equivocó. Había perdido a Arcadio, no desde que vistió el uniforme militar, sin...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 49 Los únicos parientes que se enteraron, fueron José Arcadio y Rebeca, con quienes Arcadio mantenía entonces relaciones íntimas, fundadas no tanto en el parentesco como en la com-plicidad. José Arcadio había doblegado la cerviz al yugo matrimonial. El carácter firme de Rebec...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 50 Llevaba malas noticias. Los últimos focos de resistencia liberal, según dijo, estaban siendo exterminados. El coronel Aureliano Buendía, a quien había dejado batiéndose en retirada por los lados de Riohacha, le encomendó la misión de hablar con Arcadio. Debía entregar la p...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 51 fusil sin carga, todavía agarrado por un brazo que había sido arrancado de cuajo. Tenía una frondosa cabellera de mujer enrollada en la nuca con una peineta, y en el cuello un escapulario con un pescadito de oro. Al voltearlo con la puntera de la bota para alumbrarle la ca...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 52 VII En mayo terminó la guerra. Dos semanas antes de que el gobierno hiciera el anuncio oficial, en una proclama altisonante que prometía un despiadado castigo para los promotores de la rebelión, el coronel Aureliano Buendía cayó prisionero cuando estaba a punto de alcanzar...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 53 Úrsula reconoció en su modo de hablar rebuscado la cadencia lánguida de la gente del páramo, los cachacos. -Como usted diga, señor-admitió-, siempre que me permita verlo. Había órdenes superiores de no permitir visitas a los condenados a muerte, pero el oficial asumió la r...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 54 nada. Eran inútiles sus esfuerzos por sistematizar los presagios. Se presentaban d pronto, en una ráfaga de lucidez sobrenatural, como una convicción absoluta y momentánea, pero inasible. En ocasione eran tan naturales, que no las identificaba como presagios sin cuando se ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 55 del alba, con unos pantalones que habían sido suyos en la juventud. Estaba ya de espaldas al muro y tenía las manos apoyadas en la cintura porque los nudos ardientes de las axilas le impedían bajar los brazos «Tanto joderse uno-murmuraba el coronel Aureliano Buendía-. Tant...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 56 mucho con ese nombre. » A los gemelos les puso José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo. Amaranta se hizo cargo de todos. Colocó asientitos de madera en la sala, y estableció un parvulario con otros niños de familias vecinas. Cuando regresó el coronel Aureliano Buendía, en...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 57 terrenal consiguió romper. Salió a la calle en una ocasión, ya muy vieja, con unos zapatos color de plata antigua y un sombrero de flores minúsculas, por la época en que pasó por el pueblo el Judío Errante y provocó un calor tan intenso que los pájaros rompían las alambrer...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 58-Dichoso tú que lo sabes contestó él-. Yo, por mi parte, apenas ahora me doy cuenta que estoy peleando por orgullo. -Eso es malo-dijo el coronel Gerineldo Márquez. Al coronel Aureliano Buendia le divirtió su alarma. «Naturalmente-dijo-. Pero en todo caso, es mejor eso, que ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 59-No me casaré con nadie-le dijo-, pero menos contigo. Quieres tanto a Aureliano que te vas a casar conmigo porque no puedes casarte con él. El coronel Gerineldo Márquez era un hombre paciente. «Volveré a insistir-dijo-. Tarde o temprano te convenceré. » Siguió visitando la ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 60 VIII Sentada en el mecedor de mimbre, con la labor interrumpida en el regazo, Amaranta contemplaba a Aureliano José con el mentón embadurnado de espuma, afilando la navaja barbera en la penca para afeitarse por primera vez. Se sangré las espinillas, se corté el labio super...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 61 emisario llevaba una orden altamente confidencial del coronel Aureliano Buendía, que estaba en desacuerdo con los términos del armisticio. El coronel Gerineldo Márquez debía seleccionar a cinco de sus mejores hombres y prepararse para abandonar con ellos el país. La orden ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 62 humanizar la guerra. La otra carta era para su esposa, que vivía en territorio liberal, y la dejó con la súplica de hacerla llegar a su destino. Desde entonces, aun en los períodos más encarnizados de la guerra, los dos comandantes concertaron treguas para intercambiar pri...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 63 recuerdo no sólo con la distancia, sino con un encarnizamiento aturdido que sus compañeros de armas calificaban de temeridad, pero mientras más revolcaba su imagen en el muladar de la guerra, más la guerra se parecía a Amaranta. Así padeció el exilio, buscando la manera de...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 64 «Cumplimos con bautizarlos», decía Úrsula, anotando en una libreta el nombre y la dirección de las madres y el lugar y fecha de nacimiento de los niños. «Aureliano ha de llevar bien sus cuen-tas, así que será él quien tome las determinaciones cuando regrese. » En el curso ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 65 Carmelita Montiel, una virgen de veinte años, acababa de bañarse con agua de azahares y estaba regando hojas de romero en la cama de Pilar Ternera, cuando sonó el disparo. Aureliano José estaba destinado a conocer con ella la felicidad que le negó Amaranta, a tener siete h...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 66 Su rostro cuarteado por la sal del Caribe había adquirido una dureza metálica. Estaba preservado contra la vejez inminente por una vitalidad que tenía algo que ver con la frialdad de las entrañas. Era más alto que cuando se fue, más pálido y óseo, y manifestaba los primero...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 67 Hasta ese momento, desde su regreso, el coronel Aureliano Buendía no se había concedido la oportunidad de verlo con el corazón. Se asombró de cuánto había envejecido, del temblor de sus manos, de la conformidad un poco rutinaria con que esperaba la muerte, y entonces exper...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 68 IX El coronel Gerineldo Márquez fue el primero que percibió el vacío de la guerra. En su condición de jefe civil y militar de Macondo sostenía dos veces por semana conversaciones telegráficas con el coronel Aureliano Buendía. Al principio, aquellas entrevistas determinaban...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 69 El coronel Gerineldo Márquez acudió aquella tarde a un llamado telegráfico del coronel Aureliano Buendía. Fue una conversación rutinaria que no había de abrir ninguna brecha en la guerra estancada. Al terminar, el coronel Gerineldo Márquez contempló las calles desoladas, e...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 70 El coronel Aureliano Buendía no se alarmó por la frialdad de la proposición, sino por la forma en que se anticipó una fracción de segundo a su propio pensamiento. -No esperen que yo dé esa orden-dijo. No la dio, en efecto. Pero quince días después el general Teófilo Vargas...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 71 Iba a seguir, pero el coronel Aureliano Buendía lo interrumpió con una señal. «No pierda el tiempo, doctor-dijo-. Lo importante es que desde este momento sólo luchamos por el poder. » Sin dejar de sonreír, tomó los pliegos que le entregaron los delegados y se dispuso a fir...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 72 todas partes, el aura de leyenda que doraba su presencia y a la cual no fue insensible ni la propia Úrsula, terminaron por convertirlo en un extraño. La última vez que estuvo en Macondo, y tomó una casa para sus tres concubinas, no se le vio en la suya sino dos o tres vece...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 73 esfuerzo para buscar en su corazón el sitio donde se le habían podrido los afectos, y no pudo encontrarlo. En otra época, al menos, experimentaba un confuso sentimiento de vergüenza cuando sorprendía en su propia piel el olor de Úrsula, y en más de una ocasión sintió sus p...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 74 Él le hizo una sonrisa distante, levantó la mano con todos los dedos extendidos, y sin decir una palabra abandonó la casa y se enfrentó a los gritos, vituperios y blasfemias que habían de perseguirlo hasta la salida del pueblo. Úrsula pasó la tranca en la puerta decidida a...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 75 traición-precisó Úrsula-y nadie le hizo la caridad de cerrarle los ojos. » Al anochecer vio a través de las lágrimas los raudos y luminosos discos anaranjados que cruzaron el cielo como una exhalación, y pensó que era una señal de la muerte. Estaba todavía bajo el castaño,...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 76 X Años después, en su lecho de agonía, Aureliano Segundo había de recordar la lluviosa tarde de junio en que entró en el dormitorio a conocer a su primer hijo. Aunque era lánguido y llorón, sin ningún rasgo de un Buendía, no tuvo que pensar dos veces para ponerle nombre. -...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 77 una escoba para lavar los pisos, no tuvo nada que hacer. Aureliano Segundo estaba abstraído en la lectura de un libro. Aunque carecía de pastas y el título no aparecía por ninguna parte, el niño gozaba con la historia de una mujer que se sentaba a la mesa y sólo comía gran...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 78 ayuda de un diccionario de pecados. Fue una lista tan larga, que el anciano párroco, acos-tumbrado a acostarse a las seis, se quedó dormido en el sillón antes de terminar. El interrogatorio fue para José Arcadio Segundo una revelación. No le sorprendió que el padre le preg...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 79 hubieran concentrado los defectos de la familia y ninguna de sus virtudes. Entonces decidió que nadie volviera a llamarse Aureliano y José Arcadio. Sin embargo, cuando Aureliano Segundo tuvo su primer hijo, no se atrevió a contrariarlo. -De acuerdo-dijo Úrsula-, pero con u...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 80 pueblo quería oír hablar de las rifas de conejos, sintió un estruendo en la pared del patio. «No te asustes-dijo Petra Cotes-. Son los conejos. » No pudieron dormir más, atormentados por el tráfago de los animales. Al amanecer, Aureliano Segundo abrió la puerta y vio el pa...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 81 cuyo costillar carbonizado vio él mismo durante la guerra. El relato, que a tanta gente durante tanto tiempo le pareció fantástico, fue una revelación para José Arcadio Segundo. Remató sus gallos al mejor postor, reclutó hombres y compró herramientas, y se empeñó en la des...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 82 El caballero instalaba desde entonces la banda de música junto a la ventana de Remedios, la bella, y a veces hasta el amanecer. Aureliano Segundo fue el único que sintió por él una compasión cordial, y trató de quebrantar su perseverancia. «No pierda más el tiempo-le dijo ...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 83 cuando llegó a sus oídos. Con su terrible sentido práctico, ella no podía entender el negocio del coronel, que cambiaba los pescaditos por monedas de oro, y luego convertía las monedas de oro en pescaditos, y así sucesivamente, de modo que tenía que trabajar cada vez más a...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 84 de Francia y tres emperatrices japonesas. En la confusión del pánico, José Arcadio Segundo logró poner a salvo a Remedios, la bella, y Aureliano Segundo llevó en brazos a la casa a la soberana intrusa, con el traje desgarrado y la capa de armiño embarrada de sangre. Se lla...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 85 XI El matrimonio estuvo a punto de acabarse a los dos meses porque Aureliano Segundo, tratando de desagraviar a Petra Cotes, le hizo tomar un retrato vestida de reina de Madagascar. Cuando Fernanda lo supo volvió a hacer sus baúles de recién casada y se marchó de Macondo s...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 86 colgaduras de los dormitorios, en las arcadas rezumantes del jardín de los nardos. Fernanda no tuvo hasta la pubertad otra noticia del que los melancólicos ejercicios de piano ejecutados en alguna casa vecina por alguien que durante años y años se permitió el albedrío de n...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 87 donde el eco repetía los pensamientos y la ansiedad provocaba espejismos premonitorios. Al cabo de semanas estériles, llegó a una ciudad desconocida donde todas las campanas tocaban a muerto. Aunque nunca los había visto, ni nadie se los había descrito, reconoció de inmedi...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 88 de usar un eufemismo para designar cada cosa, que siempre hablaba delante de ella en jerigonza. -Esfetafa-decía-esfe defe lasfa quefe lesfe tifiefenenfe asfacofo afa sufu profopifiafa mifierfedafa. Un día, irritada con la burla, Fernanda quiso saber qué era lo que decía Am...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 89 por la puerta de la calle. Eran, en realidad, los últimos desperdicios del patrimonio señorial. Con ellos se construyó en el dormitorio de los niños un altar con santos de tamaño natural, cuyos ojos de vidrio les imprimían una inquietante apariencia de vida y cuyas ropas d...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 90 Entonces el coronel Aureliano Buendía quitó la tranca, y vio en la puerta diecisiete hombres de los más variados aspectos, de todos los tipos y colores, pero todos con un aire solitario que habría bastado para identificarlos en cualquier lugar de la tierra. Eran sus hijos....
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 91 hierba y las flores silvestres, en cuyas grietas anidaban los lagartos y toda clase de sabandijas, parecían confirmar la versión de que allí no había estado un ser humano por lo menos en medio siglo. Al impulsivo Aureliano Triste no le hacían falta tantas pruebas para proc...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 92 En la segunda visita que hicieron a Macondo los hijos del coronel Aureliano Buendía, otro de ellos, Aureliano Centeno, se quedó trabajando con Aureliano Triste. Era uno de los primeros que habían llegado a la casa para el bautismo, y Úrsula y Amaranta lo recordaban muy bie...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 93 XII Deslumbrada por tantas y tan maravillosas invenciones, la gente de Macondo no sabía por dónde empezar a asombrarse, Se trasnochaban contemplando las pálidas bombillas eléctricas alimentadas por la planta que llevó Aureliano Triste en el segundo viaje del tren, y a cuyo...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 94 banano que solían colgar en el comedor durante el almuerzo, arrancó la primera fruta sin mucho entusiasmo. Pero siguió comiendo mientras hablaba, saboreando, masticando, más bien con dis-tracción de sabio que con deleite de buen comedor, y al terminar el primer racimo supl...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 95 pilotes, en cuyos pórticos se sentaban al atardecer cantando himnos melancólicos en su farragoso papiamento. Tantos cambios ocurrieron en tan poco tiempo, que ocho meses después de la visita de míster Herbert los antiguos habitantes de Macondo se levantaban temprano a cono...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 96 precaución. Hasta el último instante en que estuvo en la tierra ignoró que su irreparable destino de hembra perturbadora era un desastre cotidiano. Cada vez que aparecía en el comedor, contrariando las órdenes de Úrsula, ocasionaba un pánico de exasperación entre los foras...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 97-Está muy alto-lo previno ella, asustada-. ¡Se va a matar! Las tejas podridas se despedazaron en un estrépito de desastre, y el hombre apenas alcanzó a lanzar un grito de terror, y se rompió el cráneo y murió sin agonía en el piso de cemento. Los forasteros que oyeron el es...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 98 sultaría tan provocador, que muy pronto habría un hombre lo bastante intrigado como para buscar con paciencia el punto débil de su corazón. Pero cuando vio la forma insensata en que despreció a un pretendiente que por muchos motivos era más apetecible que un príncipe, renu...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 99 pensaba en estos cambios, y por primera vez en sus callados años de soledad lo atormentó la definida certidumbre de que había sido un error no proseguir la guerra hasta sus últimas consecuencias. Por esos días, un hermano del olvidado coronel Magnífico Visbal llevó su niet...
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Cien años de soledad Gabriel García Márquez 100 disparatadas interpretaciones que intentaba en el púlpito, apareció una tarde en la casa con el tazón donde preparaba las cenizas del miércoles, y trató de ungir con ellas a toda la familia para demostrar que se quitaban con agua. Pero el espanto de la desgracia había cal...
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