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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
El mercado cotidiano en una ciudad medieval. El textil a través de las obligaciones de deuda en la Valencia del siglo XV.: The Daily Market in a Medieval City. The Textile through Debt Obligations in 15th Century Valencia.
EL MERCADO COTIDIANO EN UNA CIUDAD MEDIEVAL. EL TEXTIL A TRAVÉS DE LAS OBLIGACIONES DE DEUDA EN LA VALENCIA DEL SIGLO XV. THE DAILY MARKET IN A MEDIEVAL CITY. THE TEXTILE THROUGH DEBT OBLIGATIONS IN 15th CENTURY VALENCIA. Miquel FONT SANCHO Universitat de València ORCID: 0000-0002-2931-3399 firstname.lastname@example.org. Resumen: El comercio de los tejidos gozaba de una gran vitalidad en la Valencia medieval. Para investigar el mercado textil cotidiano en el siglo XV en la ciudad contamos con una fuente excepcional: los libros de Obligacions i Condempnacions del Justícia de 300 sous, en el Archivo del Reino de Valencia. Éstos nos dan la oportunidad de ir radiografiando este mercado para saber cómo gastaban su dinero los ciudadanos relacionados con este comercio. Palabras clave: mercado, comercio textil, crédito, justicia, Valencia, siglo XV. Abstract: The textile trade enjoyed great vitality in medieval Valencia. To investigate the daily textile market in the fifteenth century in the city we have an exceptional source: the record books of Obligacions i Condempnacions del Justícia de 300 sous, in the Kingdom of Valencia's Archive. These give us a chance to depict that market, to find out how citizens related to this business spent their money. Keywords: market, textile trade, credit, justice, Valencia, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. 1. El consumo cotidiano y el recurso al crédito en la Europa bajomedieval. Cuando se piensa en mercado y consumo en la Baja Edad Mediana es inevitable fijar la atención en los grandes mercaderes que controlaban los flujos del comercio internacional, con sus negocios millonarios. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el resto de la población también consumía y a veces usaba el aplazamiento del pago para ello. El presente trabajo toma como punto de partida y fuente principal las obligaciones de deuda de mediados del siglo XV en los libros del Justícia de 300 sous, sitos en el Archivo del Reino de Valencia. Estos libros constituyen una forma de crédito poco conocida, pero no por ello menos importante, que explicaremos con detalle. El objetivo general del trabajo es aportar más información acerca de cómo consumían la mayor parte de habitantes de la ciudad de Valencia, no solo los más ricos, que cuentan con más referencias por escrito. Así mismo, se intentará extraer conclusiones de los protagonistas: quiénes eran, con sus respectivos oficios, patrones de consumo, etc. En todo caso, con el presente artículo trataremos de ofrecer un fragmento de una investigación todavía en curso, centrándonos en el caso de los artesanos textiles y sus manufacturas, cuya importancia en la historia de la ciudad es capital. El siglo XV constituyó un momento particularmente fecundo de la historia valenciana. En buena medida, los recursos humanos del país eran absorbidos por la ciudad de Valencia, que incrementó de forma espectacular el número de sus habitantes, hasta devenir al final de la centuria una de las capitales más pobladas de la península y una de las más grandes del continente (Furió, 1995: 159). Este aumento de la población implicó la participación en los intercambios comerciales de cada vez más personas, lo cual se vio reflejado en un incremento del consumo de todo tipo de bienes y servicios. El consumo se instituyó para la historiografía en uno de los indicadores más reveladores para mostrar la prosperidad bajomedieval. Tradicionalmente, se pensó que la famosa tijera de los precios y los salarios, que beneficiaba a estos últimos, había producido una sustancial mejora de las condiciones de vida de los asalariados. A pesar de esto, la demostración estadística se limita sobre todo a las ciudades del norte de Europa y no parece que en estas la oferta y la demanda de bienes de consumo estuviera tan mercantilizada como en el Mediterráneo (García Marsilla, Navarro Espinach, Vela Aulesa, 2015: 195). Más que en una mejora de la calidad de vida hay que pensar que hubo un mayor número de población implicada en la lógica mercantil debido a la posesión de más excedentes que en épocas anteriores. Siguiendo una línea similar, Petrowiste indica para Francia e Inglaterra que los datos extraídos de fuentes arqueológicas y escritas coinciden en mostrar un aumento de la alimentación cárnica y vegetal, así como de muebles y objetos de uso doméstico en los dos últimos siglos medievales (Petrowiste, 2018:1-14). Esto fue posible debido, una vez más, a las transformaciones en el mercado, que llevaron una gama más amplia de productos a sectores populares, fomentando nuevos gustos culinarios o nuevas modas en el vestir. Por otro lado, hay indicadores que pueden ser valorados para comprobar los aspectos contradictorios de este auge económico en amplias capas sociales como, por ejemplo, el endeudamiento público y privado. Historiadores como Paulino Iradiel (1996: 96-115) han visto el crédito como un factor de expansión del consumo. En nuestro caso, las compras a crédito nos permiten conocer mejor el mercado cotidiano y los modos de consumir del momento. Antes de entrar a hablar del mercado cotidiano bajomedieval es necesario un pequeño inciso: para comprender la manera de consumir e invertir a comienzos del siglo XV hace falta conocer de manera básica la realidad pecuniaria de la época. En Europa existían tres niveles monetarios caracterizados por tipos de moneda diferente: oro, plata y vellón. Cada clase de divisa tenía una función diferente. En el nivel superior existían las monedas de oro estatales en la mayor parte de Europa, aparte de las grandes monedas de oro internacionales de Florencia y Venecia. Para el consumo cotidiano las piezas de oro no se usaban: la mayoría de operaciones de valor mediano, como pago de salarios, rentas o impuestos se formalizaban con monedas de plata. Finalmente, en las ciudades existía una relativa oferta de moneda de vellón para las operaciones diarias como la compra de pequeñas cantidades de pan, carne, cerveza o vino. La habitual falta de moneda física, muchas veces presentada como un elemento disruptivo de la economía, permitía un buen funcionamiento del mercado al evitarse el acaparamiento de efectivo en pocas manos. En estos casos se recurría a la compra de bienes y servicios a crédito. La visión sobre las compras a crédito es en general positiva por parte de los historiadores especializados en esta materia. Según García Marsilla (2002), en su completo estudio sobre el desarrollo de los censales en la ciudad de Valencia, el descenso de los intereses permitió a los mercaderes y sus compañías comerciales gestionar sus inversiones de manera más eficiente, reduciendo los riesgos en las operaciones y engrasando así el funcionamiento de los mercados, cosa que afectó a su vez, de manera positiva, a las compras a crédito diarias. Por su parte, los rentistas —muchas veces hombres de negocios, pero también inversores de más bajo nivel económico—, encontraron en instrumentos crediticios un acicate muy importante para su nivel de vida (Laliena, 2015: 32-33). También se ha de tener presente que el crédito en general, incluyendo el referente al consumo diario, tenía sus contrapartidas. La deuda pública sin depreciación de la moneda y con la ligera deflación ocurrida en el siglo XV, produce un desplazamiento de la riqueza dentro de la sociedad en que se da (Piketty, 2014). En esta misma línea Le Goff apuntaba que a pesar de ser el siglo XV un período de apertura y globalización de la economía europea, las diferencias sociales y políticas se agravaron. Esto era debido a que el enriquecimiento de las familias y grupos sociales que participaban en los intercambios marginó a una parte de sus vecinos (Le Goff, 2003: 157). El consumo a crédito cotidiano a pequeña escala es poco conocido, dado que las transacciones pocas veces generaban documentos (Spufford, 1991: 401-436). Solo conocemos el crédito formal o formalizado por escrito, pero por debajo de esta pequeña parte de las deudas queda sumergido el crédito informal, que suponemos mucho más cuantioso (Furió, 2021). En el sur europeo, de tradición latina, la cultura escrita estaba mucho más firmemente arraigada y aconsejaba fijar sobre el papel la memoria de las deudas, aunque su ínfima entidad no justificara el pago a un notario. Debido a esto, por ejemplo, mercaderes y tenderos disponían de sus propios libros de cuentas, donde anotaban las ventas que habían hecho de fiado o los pequeños préstamos que habían efectuado a sus vecinos. Estos libros privados eran en algunos casos reconocidos como prueba ante un tribunal, como ocurrió en las Cortes de Valencia del 1271 para las deudas inferiores a cincuenta sueldos, aunque el 1329 Alfonso el Benigno derogó este fuero y obligó que las dichas cuentas fueran confirmadas por cartas notariales o por la presencia de testigos. Así, sobre todo desde el principio del siglo XIV, empiezan a abundar por todas partes los «libros de obrador», especialmente de pañeros, donde estos comerciantes anotaban, entre otras cosas, sus ventas a crédito. En Francia y en la propia ciudad de Barcelona también se han conservado algunos de este periodo, sobre todo de compañías comerciales (García Marsilla, 2007: 113-114). Con todo, el crecimiento del consumo a crédito en la Valencia del siglo XV no es un fenómeno extrapolable a toda Europa. En Inglaterra, por ejemplo, se experimentó un retroceso del mercado a crédito referenciado en las fuentes de justicia en esta centuria, por diferentes razones. Quizás, según Chris Briggs, las más importantes sean de carácter institucional. Los tribunales y cortes de justicia inglesa, pasaron en su mayoría de manos señoriales a manos eclesiásticas (Briggs, 2008: 1-24). Otras razones fueron de carácter económico. Pamela Nightingale apunta, por ejemplo, al estancamiento de precios y la contracción del comercio que se arrastraba desde las pestes del siglo XIV (Nightingale, 2021). Este declive también se hizo patente en el ámbito rural, donde hubo un descenso en el número de operaciones crediticias según Chris Dyer (Dyer, 1980: 264-269). En los territorios de Italia, en cambio, Luciano Palermo habla del dinámico mercado a crédito de las ciudades más activas económicamente, caracterizadas por ser ciudades estado autónomas en la zona centro-septentrional: Génova, Venecia y otras ciudades situadas en Lombardía o la Toscana. En estas urbes las actividades crediticias estaban notablemente desarrolladas. Las áreas circundantes por tanto pasaban a ser subsidiarias en lo referente a este tipo de actividades. Según Palermo, en la Baja Edad Media la mayoría de prácticas crediticias fueron inventadas y utilizadas en los territorios italianos y mediterráneos del sur europeo, creando una estructura jerárquica entre las diferentes economías del continente en lo que se refiere al flujo del crédito (Palermo, 2008). Si bien esto es aplicable en los grandes negocios, sería discutible su aplicación en el mercado a crédito cotidiano y local que nos incumbe, en el cual no ha incidido demasiado la historiografía italiana. La forma de consumir a crédito de manera cotidiana en estos territorios pasaba por los prestamistas judíos, que exigían tasas de interés bastante elevadas. Por otro lado, no podemos considerar los Monti di Pietà, como un instrumento útil en las compras a crédito diarias. Según Maria Giusepina Muzzarelli, una parte de la población media, podía acceder al crédito mediante el empeño de una pequeña propiedad, como podía ser un abrigo u otra pieza del vestuario cotidiano. No obstante, la población pobre, que no podía disponer de estas prendas, se vio excluida de este tipo de préstamo (Muzzarelli, 2018: 17-29). 2. Peculiaridades de nuestra fuente: las obligacions del Justícia de CCC sous. Para investigar el consumo a crédito diario en el siglo XV en la ciudad de Valencia contamos con los libros de Obligacions i Condempnacions del Justícia de 300 sous en el Archivo del Reino de Valencia. Estos constituyen una fuente excepcional. El Justícia de 300 sous, surge en el 1363 como una continuación al Justícia de 50 sous, que a su vez era heredero de una institución por debajo del Justícia (que no se desdoblaría entre Civil y Criminal hasta el 13211), que trataba conflictos por cantidades menores de treinta sueldos (Narbona, 1995: 55). Este Justícia para cantidades menores a 300 sueldos, a mitades del Cuatrocientos, formalizaba estas deudas sin necesidad de sufragar los honorarios de un notario, los cuales escapaban del poder adquisitivo de buena parte de los usuarios de este instrumento (García Marsilla, 2002: 76-77). La persona que quería hacer uso de esta herramienta crediticia por tener liquidez para hacer un pago podía pues ir, con su acreedor o sin él, a la Corte del Justícia para las sumas menores de 300 sueldos, y formalizar su deuda en papel, para tener constancia oficial de la misma. El procedimiento era muy sencillo, oral y sin promulgación de sentencia, excluyéndose la intervención de juristas, sin la posibilidad de recurso. El cargo de Justícia de 300 sueldos normalmente era asumido por un notario y jerárquicamente dependía del Justícia Civil (Graullera, 1994: 141-142). La producción de este tribunal se concretó en los mencionados libros, que contenían tanto las obligaciones de pago como las posteriores condempnacions. Por un lado, la obligación consistía en un reconocimiento de la deuda, o de venta a plazos, por el cual el deudor se obligaba ante el Justícia a pagar al acreedor el préstamo, o el precio de los bienes adquiridos, en un plazo concreto, presentando normalmente algún avalador. Si existía algún retraso este era denunciado y el juez daba un plazo de diez días al deudor. Si no pagaba en este tiempo incurría en la pena del quart, el pago de su deuda más una multa de una cuarta parte de la misma, y podía finalmente ver embargadas sus posesiones. Cuando, por el contrario, la deuda era satisfecha, una nota al pie del texto original daba por cancelada la operación. Estas operaciones eran a corto plazo: la mayoría de estas debían ser saldadas en un plazo de 10 días. Aunque los retrasos debían de ser frecuentes, es razonable pensar que muchas de estas operaciones crediticias con poca cantidad de dinero implicado se gestionaban de manera oral, sin necesidad de documentar la acción. Es posible que los acuerdos privados o las entregas fraccionadas de una parte de la deuda pudieran parar el proceso sancionador. Si no era así, se procedía a inventariar los bienes del moroso por un valor equivalente al de la suma debida. En última instancia, estas posesiones eran subastadas para indemnizar el acreedor. No siempre una obligación era un contrato original de crédito, sino que a veces se usaba para demorar un poco más el pago de una suma que había sido pactada anteriormente ante un notario. Esto ocurría en especial en los casos de sumas modestas, de las cuales como ya hemos señalado se hacía cargo a principios del siglo XIV el Justícia de 50 sous. La obligación se instituyó en la Valencia de este momento como el instrumento por excelencia del pequeño crédito al consumo y de las compras a plazo. Como ejemplo, entre abril y diciembre de 1333 este oficial validó 357 obligaciones por un importe global de 7.860 sueldos y 9 dineros (García Marsilla, 2007: 115). Por otro lado, junto con las obligaciones estos libros de Justícia registraban las condempnacions. Estas eran producto de deudas insatisfechas, pero partían de la reclamación o clam de los perjudicados y eran reflejo de la sentencia dictada por el oficial municipal. Aunque lo más frecuente era acudir directamente al Justícia para contratar una obligación, estas podían ser también registradas ante los notarios. No obstante, dado que cobraban unos honorarios que no todas las capas sociales se podían permitir, los consumidores se decantaban por la opción más barata que cubría la misma función. Por eso bajo la fórmula de la obligación que nos aparece en los libros judiciales, se engloban dos momentos diferentes del proceso de endeudamiento. Por un lado, unas operaciones tienen su origen en esta acta ante el Justícia, verdadero contrato de crédito. Por el otro, como acabamos de ver, otros se iniciaron ante un notario y en ellas la obligación no es más que un compromiso posterior del deudor de pagar en un breve plazo, casi siempre por problemas de solvencia en el momento pactado inicialmente por el pago. De aquí que se pueda encontrar una obligación tanto para dar forma jurídica a un préstamo, como para ofrecer una prórroga en el pago del alquiler de una casa o de un censo enfitéutico (García Marsilla, 2002: 76-77). Junto al préstamo a corto plazo o de los censales, las obligaciones representaban una forma de crédito a parte. Los estudios disponibles sobre la función de las obligaciones en la Edad Media valenciana no permiten considerarlas como un mecanismo de desposesión campesina o como una forma de crédito de carácter más «burgués» que los censales. Todo indica que la función principal de esta forma de crédito era facilitar una gran gama de intercambios en unas sociedades marcadas por la estacionalidad de la disponibilidad monetaria (Viciano 2013: 13-44). Además, se caracterizan por la posibilidad de contar con la presencia de un notario que podía representar a las personas implicadas en caso de no estar presentes, ser menores de edad o a veces mujeres. Desgraciadamente la consulta de la documentación relativa a estas operaciones se ve afectada por una serie de limitaciones. 2 En general la conservación de los libros de Justícia de 300 sous no es demasiado buena y los escribanos no tenían una voluntad de hacer un trabajo pulcro, sino exclusivamente de hacer constar las informaciones de manera rápida y pragmática, sin aparente voluntad de darles una importancia más allá de dejar por escrito todas estas operaciones. Las obligaciones de deuda no son un instrumento original o exclusivo de tierras valencianas. Podemos encontrar formas de crédito similares en otros territorios ibéricos, así como cierta continuidad en las fuentes judiciales en el área de influencia catalana (Furió, 2006: 19-53). En los otros territorios del Occidente bajomedieval existen documentos parecidos. En Inglaterra se han estudiado en profundidad los debt plaints o reclamos de deuda inscritos tanto en las Cortes de Justicia señoriales como eclesiásticas. Las courts permitían a los prestamistas locales estar cubiertos ante el eventual impago de las deudas, ya que la institución imponía penas a los morosos. Los estudios de Briggs (Briggs, 2006: 519-558) sobre estas nos muestran una cierta semejanza con la Corte del Justícia Civil de Valencia, aunque en ellos no se explica si el proceso de inscripción de las deudas era gratuito como pasaba en el caso valenciano, ni si había un límite máximo de dinero en las mismas. La peculiaridad de la Corte del Justícia de 300 sous es precisamente el límite de dinero que habían de tener las operaciones que en ella se consignaban. Este límite no se encuentra en otras instituciones similares europeas. En la zona germánica, en la que la presencia del oficio notarial era escasa, la judicialización de las deudas estaba presente, pero más bien como una manera de formalizar por escrito ciertos derechos señoriales respecto a la tierra que para favorecer el consumo a crédito, al menos en el caso de la región de Nüremberg (Franconia) en el siglo XV (Demade, 2006: 69-119). En los territorios franceses, Julie Claustre habla del recurso generalizado a los notarios para la obtención de crédito para el consumo, que significaría un tercio de los documentos realizados por los mismos en la Baja Edad Media (Claustre, 2013: 567-596). Este recurso estaría más desarrollado en la zona occitana que en la parte norte del reino, ya que París es calificada como una ciudad poco especializada, en cuanto a instrumentos crediticios se refiere, en el siglo XV. No obstante, en la ciudad hay restos de fuentes judiciales, sobre todo en los archivos de Châtelet y Parlement, donde se puede radiografiar los diferentes estadios de las deudas, desde la inscripción de la obligación de deuda hasta el embargo de los bienes del deudor. Estas fuentes serían equiparables a las del Justícia Civil de Valencia, pero no a los libros del Justícia de 300 sous, puesto que el crédito al consumo constituía solo una pequeña parte de las obligaciones, siendo de naturaleza más cuantiosa por lo general. En el caso de la ciudad de Orleans, donde sí que hay más documentos de notarios reales en los cuales se especifican compras cotidianas a crédito (Fianu, 2006: 135-150), estos podrían ser considerados similares a una corte judicial valenciana, ya que eran funcionarios reales y por ende públicos. No obstante, el Justícia de 300 sous dependía del municipio, no del rey. También hay constancia de compras cotidianas a crédito en el ducado de Normandía, pero están registradas en actas notariales privadas (Arnoux, Renault, 2006: 151-167). De forma similar, en Italia, al menos en territorio lombardo, el recurso a las instituciones judiciales públicas solo se producía para imponer castigos a los morosos, no para inscribir compras a crédito. Hay que tener presente que la mayoría de fuentes en la zona para este asunto son de carácter eclesiástico y no civil (Grillo, 2006: 169-185). La peculiaridad de la fuente que hemos estudiado frente a los protocolos notariales radica en los gastos de escrituración de los segundos, que en muchos casos podrían superar el montante de las deudas, por lo general de poco calado. Para la comarca del Empordà, en Cataluña, a principios del siglo XIV los precios notariales variaban entre los 2 denarios y los 5 sueldos (Saura Nadal, 2021: 67-85). Siendo estos datos de cien años antes y obtenidos en un pueblo pequeño, es de suponer precios generalmente superiores en Valencia para mitades del Cuatrocientos. Contando que el salario diario de un campesino rondaba los 3 sueldos, este instrumento no estaba al alcance de todos. En algunos casos la redacción de un testamento podía costar hasta 500 sueldos en la oficina notarial (Furió, 2006: 19-53). La inscripción de las deudas en la Corte del Justícia de 300 sous era totalmente gratuita. En cierto modo la puesta por escrito de estas obligaciones hace recordar a un libro de contabilidad, como los que se podían encontrar en los comercios como «cuadernos de tienda» para inscribir las deudas a favor y en contra. Según Concepción Villanueva Morte, en la Zaragoza de la segunda mitad del s. XV, la compra y la venta a crédito era un recurso habitual en muchos comercios para llevar un control de los ingresos y prescindir del uso constante de la moneda (Villanueva, 2018: 69-87). El uso de la Corte del Justícia de 300 sous se podría considerar un instrumento muy cercano a este, pero con el arbitrio de una institución pública, que hacía respetar los derechos de los participantes en las operaciones de compra a crédito. Esta institución judicial garantizaba el buen funcionamiento de las compras a crédito, vigilando el cumplimiento de las leyes y costumbres relativas a la usura, endeudamiento, crédito y procedimientos judiciales recogidas en los Furs valencianos, el código legal del país (Furió, 2006: 19-53). En cuanto a la estructura de este tipo de documentos, en el caso de las obligaciones es bastante rígida. Por un lado, se indica el deudor, del cual se especifica el oficio, así como si está presente o no. Por otro el acreedor, referenciado de la misma manera. La ausencia del primero o del segundo comportará la presencia de un tercero: el procurador, que representa una de las dos partes. La deuda puede estar reconocida en moneda o mercancías, y a veces el pago de esta comporta la restitución de prendas. Un ejemplo de la estructura de una de las obligaciones que hemos podido consultar sería: /die sabbati prima marcii dicti anny3 /. En Galceran Fuster voluntàriament se obliga en donar e pagar en Mateu Corona, present, XV sous deguts per resta de roba que de aquell comprà e rebé a X dies sots pena del quart.4. Las condenaciones, por otro lado, tienen una estructura mucho más heterogénea. En muchos casos son idénticas a las obligaciones, menos por el cambio de la fórmula voluntàriament se obliga en donar e pagar por la de fon condempnat en donar e pagar. Pero, en otras muchas ocasiones se nos explica toda la historia o hechos que originaron la deuda que ha provocó una condena por parte del Justícia. Como muestra de las condempnacions que hemos encontrado a nuestro trabajo: El mercado cotidiano en una ciudad medieval. El textil en la Valencia del siglo XV /die lune III marcii dicti anny5 /. En Esperandeu Salvador, en nom de procurador de Joan Salvador, fill seu, etcètera fon condepnat en donar e pagar en Francesch Cerdà, present, XXX sous VI diners deguts per resta de una cota de dona que de aquell comprà e rebé a X dies sots pena del quart. /die jovys XIII marcii dicti anny lo dit Esperandeu Salvador feu reclam de la dita quantitat/.6. En algunos casos interviene personalmente el Justícia, el cual manda hacer un albarán para dejar constancia de la deuda, como en el ejemplo: Nos Narcís Bru, notari, Justícia Civil de la ciutat de València tro en suma de CCC sous per amistat de la qual usam confessam e en veritat reconeixem a vos honorable Micer Joan Cornellà, en nom de tudor e mercader dels fills e hereus del honorable Micer Ramon de Monçó, quòndam, mestre en medecina, que per forces destret no sia haurets donat e pagat an Joan Guerau, specier, sis lliures cinch sous per la compra de hun mas e mitja del loguer de un alberch de la dicta tutela e cura lo qual lo dit Joan Guerau tenya logat per hun any per loguer de L lliures, lo qual loguer començà lo primer dia de novembre del any M CCCC XXXX VI e mo stech en lo dit alberch sino fins a XV de març del any M CCCC XXXX VII per causa del foch que fon en lo mercat de València, en axí que de les XXV lliures que havia pagades per la primera mitja anyada qui finirà lo primer dia de maig del dit any M CCCC XXXX VII resta hun mes e mig, lo qual a la dita rahó, sis lliures cinch sous e en les quals dites sis lliures cinch sous vos en lo dit nom sots scrit e segons quest libre de compdempnacions de la nostra cort es contengut. En testimoni,(...) manda vos lo present albarà testimonial, segeladora ab lo segel de nostre ofici, qual havets pagat als scrivans de la cort huit dies date Valencie XI marcii anno a nativitate domini millesimo CCCC XXXX VIIII. 7 3. Los bienes textiles consumidos cotidianamente en la Valencia bajomedieval. Las ciudades medievales eran puntos de encuentro para la exhibición de las nuevas modas textiles, lugares donde ver y dejarse ver. En especial en las que, como Valencia, se habían convertido en centros de poder, donde acudían gran número de personas. A todo esto, hay que añadir otro factor importante, el de la preocupación por la imagen. En un mercado donde se posponían los pagos de las compras diarias era importante ofrecer una imagen decente y pulcra, ya que la confianza en un pago futuro era la causa principal de la existencia de las deudas. Los 317 contratos de deuda sobre bienes textiles que recogemos tan solo representan cerca del $1 5 \%$ de todas las obligaciones de deuda encontradas hasta la fecha en la fuente anteriormente explicada, es decir, alrededor de una quinta parte. Se han encontrado operaciones sobre mercancías de gran variedad: desde materias primas industriales hasta alimentos cotidianos, pasando por el pago de salarios, censos, arrendamientos, compra de herramientas, de armas y un largo etcétera. En el mercado textil se movían sumas considerables de dinero si nos atenemos a los datos que nos ofrecen las obligaciones de deuda sobre este tipo de mercancías en el libro del Justícia de 300 sous para el año 1449: Tabla 1. Naturaleza de las obligaciones sobre bienes textiles ante el ‘Justícia de 300 sous’ (1449)8 <table><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>N° contratos</td><td rowspan=1 colspan=1>Capital en sueldos|Media de gasto por</td><td rowspan=1 colspan=1>Capital en sueldos|Media de gasto por contrato en sueldos</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ropas acabadas</td><td rowspan=1 colspan=1>142</td><td rowspan=1 colspan=1>3.213</td><td rowspan=1 colspan=1>22,6</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Materias primas</td><td rowspan=1 colspan=1>98</td><td rowspan=1 colspan=1>5.168</td><td rowspan=1 colspan=1>52,7</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Panos</td><td rowspan=1 colspan=1>77</td><td rowspan=1 colspan=1>3.152,5</td><td rowspan=1 colspan=1>41</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>TOTAL</td><td rowspan=1 colspan=1>317</td><td rowspan=1 colspan=1>11.533,5</td><td rowspan=1 colspan=1>36,4</td></tr></table>. La Tabla 1 muestra la importancia de los gastos en ropas y paños que hemos señalado en este periodo. A pesar de esto, la cantidad total de 11.533,5 sueldos contenidos en las operaciones de bienes textiles sigue siendo relativamente baja si la ponemos en el contexto económico de la época. Por ejemplo, en el mismo curso 1448-1449 el municipio de Valencia gastó 47.498 sueldos en salarios de sus magistrados y trabajadores. 9 Se ha hecho una división entre las ropas que están acabadas —o sea, listas para ser utilizadas—, los paños o telas que aún precisan de un trabajo de costura para ser vestidas y las materias primas destinadas a la confección de tejidos. A través de la documentación analizada se ha abierto un gran abanico de operaciones que hacen mención a todo tipo de vestimentas, complementos y calzado, de toda calidad y precio. Como ejemplo de una obligación sobre bienes textiles: /die marti IIII marcii dicti anny $^ { 1 0 } /$. En Miquel Texidor, sedacer, voluntàriament se obliga en donar e pagar a la dona na Ysabel muller de Lorenç Loriguer, teixidor de teles, sinch reals de argent (...) de teles que li ha texit a X dies sots pena del quart. /die mercury XVIIII marcii en Pere Draga notari procurador de la dita na Ysabel fon reclam de la dita pena/. 11. Para desglosar de forma específica el cómputo total referido en la tabla anterior, lo hemos sistematizado de la siguiente manera: Tabla 2. Tipología de paños y ropas acabadas en las obligaciones de deuda del libro del Justícia de 300 sous de $1 4 4 \bar { 9 } ^ { 1 2 }$ <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Parte superior del cuerpo</td><td rowspan=1 colspan=1>N.° de contratos</td><td rowspan=1 colspan=1>Valor medio en sueldos13</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Jubones</td><td rowspan=1 colspan=1>48</td><td rowspan=1 colspan=1>18,7</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ropas</td><td rowspan=1 colspan=1>27</td><td rowspan=1 colspan=1>19,7</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Gonelas</td><td rowspan=1 colspan=1>5</td><td rowspan=1 colspan=1>16,3</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Camisas</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td><td rowspan=1 colspan=1>7</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sayas</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td><td rowspan=1 colspan=1>10</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cotas de mujer</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>20</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Gabanes</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>10,5</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Velos</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>8</td></tr></table> <table><tr><td rowspan=1 colspan=1> Parte inferior del cuerpo</td><td rowspan=1 colspan=1>N.° de contratos</td><td rowspan=1 colspan=1>Valor medio en sueldos</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Calzas</td><td rowspan=1 colspan=1>19</td><td rowspan=1 colspan=1>15,7</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Zapatos</td><td rowspan=1 colspan=1>5</td><td rowspan=1 colspan=1>10,8</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tapines</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td><td rowspan=1 colspan=1>11,3</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Botas</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>15</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ropa de cama</td><td rowspan=1 colspan=1> N.° de contratos</td><td rowspan=1 colspan=1>Valor medio en sueldos</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sabanas</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td><td rowspan=1 colspan=1>10,5</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Frazadas</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>36</td></tr><tr><td></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Otros</td><td rowspan=1 colspan=1>N.° de contratos</td><td rowspan=1 colspan=1>Valor medio en sueldos</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Panos</td><td rowspan=1 colspan=1>74</td><td rowspan=1 colspan=1>914</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cuero</td><td rowspan=1 colspan=1>32</td><td rowspan=1 colspan=1>-</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Lana</td><td rowspan=1 colspan=1>21</td><td rowspan=1 colspan=1>134,515</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Seda</td><td rowspan=1 colspan=1>20</td><td rowspan=1 colspan=1>-</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tintes</td><td rowspan=1 colspan=1>12</td><td rowspan=1 colspan=1>-</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pieles</td><td rowspan=1 colspan=1>11</td><td rowspan=1 colspan=1>-</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Telas</td><td rowspan=1 colspan=1>7</td><td rowspan=1 colspan=1>16,5</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cuerdas de cuero</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td><td rowspan=1 colspan=1>1,3</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Algod6n</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>1116</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sacas</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>10,6</td></tr></table>. Miquel FONT SANCHO <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Otros (cont.)</td><td rowspan=1 colspan=1>N.° de contratos</td><td rowspan=1 colspan=1>Valor medio en sueldos</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Lienzos</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>-</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bolsas</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>15</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cotoninas</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>22</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Algodon hilado</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>:</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Correas</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>60</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Toallas</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>:</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Parches</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>18</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Abanicos</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>-</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Total operaciones</td><td rowspan=1 colspan=1>317</td><td rowspan=1 colspan=1>36,4</td></tr></table>. Las prendas que corresponderían en la Tabla 2 con las ropas acabadas de la Tabla 1 son todas aquellas preparadas para un uso inmediato, tanto las que pertenecen a las diferentes partes del cuerpo como las sacas, cuerdas, lienzos, bolsas, cotoninas, correas, toallas, parches y abanicos. Las restantes tipologías de prenda contenidas en la Tabla 2 corresponden a la categoría de paños (paños, telas, sedas y algodón hilado) y a las materias primas (cuero, lana, seda, tintes, pieles y algodón) de la Tabla 1. En cuanto a las prendas de la parte superior del cuerpo de la Tabla 2, destacamos la presencia de ropas en 27 de las obligaciones. Éstas nos aparecen como razón principal, sin más especificación. Debemos entender pues que se trata de telas de origen vegetal o animal las cuales se pueden usar de muchas maneras, desde fabricar camisas o ropa interior hasta manteles o sábanas. Dejando aparte la presencia menor de cotas, gabanes o velos, las obligaciones de pago sobre jubones aparecen en 48 ocasiones. Los jubones, eran una pieza ajustada al busto y que solía ser rellenada de algodón o de lino. De dónde provienen, es una cuestión todavía discutida. Hoy en día hay autores que lo explican como una expresión de la individualidad ligada a los albores del humanismo. En aquel tiempo los clérigos repudiaban esta ropa por su componente sexual, y trataban de atribuir a sus vecinos europeos su difusión, como una fuente de pecados (García Marsilla, 2017a: 81- 82). Lo que queda fuera de toda duda, viendo el gran número de operaciones que los refieren, es que los jubones entraron con mucha fuerza en la moda de esos momentos, siendo una prenda imprescindible en todo vestuario que se preciara. Pese a ello, solo se menciona el color en dos casos. En uno se hace referencia a unas mangas de terciopelo moradas en un jubón de damasquino y en otro se hace referencia a un jubón tenat, o sea amoratado o color vinoso. En el caso de las gonelas —prenda que cubría la parte superior del cuerpo y acababa en una falda—, aparecen en 5 ocasiones y tan solo en dos nos especifica su color, una verde y otra roja. Pasando a la parte inferior del cuerpo, las calzas, ligadas a la moda del jubón, son en 19 ocasiones la razón de una obligación de deuda. Solían ser dos piezas separadas que cubrían los pies y piernas, siendo atadas alrededor de la cintura. De manera frecuente se hacían de lana, aunque las moriscas o judías eran de lino o tela, y las empleaban tanto hombres como mujeres. En dos casos encontramos la especificación de calces flandesques y solo en uno se referencia el color, en ese caso rojo. Las calzas, según denunciaba Francesc Eiximenis, eran a veces demasiado explícitas, y cada año se llevaban de una manera: de dos colores, de tela brillante, por dentro de los zapatos, por fuera, etc. (García Marsilla 2015a: 234-237). Cabría destacar la distinción entre las 5 referencias que se hacen a zapatos y las 3 consignadas a tapines. La cuestión del calzado no es menor, ya que estuvo sujeto a cierta polémica. A principios del Cuatrocientos los zapatos con punta enroscada estaban empezando a considerarse una moda pasada, dejando paso a los tapines, llamados en algunos sitios chapines. Éstos podrían describirse como una especie de sandalia sobre una gran plataforma (García Marsilla, 2015a: 234-237). Como se puede ver en la parte inferior de la Tabla 2, que se refiere a otro tipo de materiales textiles, en 74 de las obligaciones de deuda consultadas la razón de las mismas son los paños o draps. En algunos casos podemos encontrar descripciones más específicas de los paños en cuestión. Se nos habla de paños de lino, de terciopelo, o de ciertos tamaños, expresados en alnas y palmos. No se aprecia gran variedad de modelos, dado que los que están descritos con bordados son una minoría y tan solo en una operación — un paño gris— se especifica el color. Aun así, podemos ver un consumo basado en la variedad de materiales con el que se fabrican los tejidos. Para el caso florentino, a finales del siglo XV el perfeccionamiento de las ropas de lujo hizo que aquellos bienes textiles de menor calidad elevaran así mismo sus estándares (Orlandi, 2018: 31-45). De esta manera, los paños de buena calidad y durables eran asequibles para las clases populares. Este fenómeno podría ser extrapolable a la Valencia coetánea, donde la oferta, la calidad y la variedad eran mucho más elevadas que en las villas de su región. Las telas, sin más descripción, nos aparecen en 7 operaciones. En el siglo XV penetraron en Valencia los tonos alegres y llamativos, aunque las preferencias habituales seguían siendo las tinturas de gamas oscuras de azules, morados o verdes (Igual, 2018: 91-109). A través de los mercaderes sederos y terciopeleros genoveses se fue poniendo de moda el color negro, que dejo su uso exclusivo en el luto para pasar a significar distinción social. En un caso nos encontramos una tela de color granado. Desgraciadamente no se especifican los colores de las prendas y materiales referidos en las Tablas 1 y 2 salvo en los pocos casos señalados. En las operaciones referentes a tintes se nos especifica el color en la mitad de ocasiones y en todas coincide con que se trata de pastel, un tinte herbáceo que proporcionaba el color azul a las prendas. Por tanto, podemos suponer que ese año en Valencia esta tonalidad estaba de moda o al menos era bastante usual. Las restantes piezas de ropa indicadas en la Tabla 2 están referenciadas en pocas obligaciones de deuda, con lo que su representación es poco significativa. En cuanto a las materias primas textiles habría que destacar las 32 operaciones sobre cuero, 21 sobre lana, 20 sobre seda, 12 sobre tintes y 11 sobre pieles, siendo el algodón minoritario, con solo 2 operaciones. Viendo la media de gasto por operación, superior a la de las prendas y paños, es de suponer que los que las compraban lo hacían en grandes cantidades para su uso industrial en la confección de prendas acabadas y telas. En definitiva, lo interesante de los libros de Justícia de 300 sous es que nos permiten profundizar en el uso de las obligaciones por parte de capas mucho amplias de la sociedad valenciana. Ello se debe a las características intrínsecas a esta forma de crédito, que no estaba estrictamente reservado a un estrato social determinado. De tal forma que, aunque a priori lo asociaríamos a las capas populares, encontramos individuos de toda clase, oficio y posición, lo cual permite hacer un análisis más esmerado del consumo cotidiano de la ciudad de Valencia, en este caso del ámbito del textil. 4. Los trabajadores del textil y otros oficios que recurrían a la corte del Justícia de 300 sous. Ante todo, hay que precisar que en el total de 348 apariciones de deudores con oficios textiles en las operaciones estudiadas solo en 132 ocasiones la razón de la deuda eran materiales textiles. Así mismo encontramos 156 acreedores con un trabajo relativo al mundo textil y solo en 87 casos intervienen en contratos sobre materiales textiles. En las obligaciones de deuda se podían encontrar personas en tres situaciones diferentes: deudoras, acreedoras o procuradoras. Su clase social o los oficios eran muy similares por regla general. En el caso de los procuradores, estos entraban en las operaciones cuando las personas deudoras o acreedoras no estaban presentes. La gran mayoría eran notarios, y algunos intervenían en operaciones en nombre de deudores y acreedores diferentes. En las condempnacions los aspectos anteriormente comentados se reproducen de la misma forma. La transversalidad del instrumento crediticio la podemos observar en el hecho que, por ejemplo, el labrador Antoni Martí es la persona que más obligaciones de deuda tiene en el año 1449, ya qué se encuentra presente en 8 operaciones. Sin embargo, la suma de ellas no supera los 120 sueldos, una cantidad no muy alta. En la otra cara de la moneda podemos observar cómo Jaume Solanes, sedero, solo interviene en 3 operaciones, pero el valor de estas asciende a 474 sueldos. Viendo las grandes cantidades de deuda amasadas por parte de algunos de estos hombres podemos tender a pensar que era debido a su pobreza, pero por contra, las personas con más deuda seguramente serían las más ricas puesto que, en el mundo del consumo a crédito, la confianza o fiducia (como dicen los italianos) era un elemento capital, de ahí la preocupación por la imagen personal. Estos hombres debían de haber demostrado repetidas veces su solvencia. Por tanto, los otros no tenían problemas al fiarles moneda, bienes de consumo o mercancías a crédito puesto que confiaban en su restitución en un plazo determinado. Si alguien era conocido por no ser de fiar, o no pagar sus deudas, lo seguro es que nadie se arriesgase a invertir en él y, por tanto, sería muy difícil ver a alguna de estas personas con unas deudas tan cuantiosas. Volviendo a la composición de los participantes, los oficios que intervenían en estas operaciones anteriores no siempre estaban relacionados con el mundo textil. Para sustentarlo, mostramos la relación entre las prendas y materiales que aparecen en las operaciones y los oficios de las personas que las compran: Tabla 3. Relación de oficios según las prendas y materiales textiles adquiridos en las obligaciones de deuda en el libro del ‘Justícia de 300 sous’ de $\bar { I } 4 4 9 ^ { 1 7 }$ <table><tr><td>Parte superior del cuerpo Jubones</td><td>Valor medio en sueldos18</td><td>Personas deudoras</td><td>Personas acreedoras</td></tr><tr><td></td><td>18,7</td><td>7 agricultores 4 tejedores 3 pelaires 2 notarios 2 carpinteros 2 porteros 2 albaniles 2 juboneros 1 ciudadano 1 barquero 1 cordero 1 barbero 1 curtidor</td><td>11 juboneros 3 sastres 1 albanil</td></tr><tr><td>Ropas</td><td>19,7</td><td>1 cerrajero 1 coracero 4 agricultores 2 notarios 2 sastres 2 tejedores 2 sederos 1 herrero 1 jubonero 1 cofrero</td><td>3 peleteros 2 agricultores 2 sastres 1 tendero 1 mercader</td></tr><tr><td>Gonelas</td><td>16,3</td><td>1 mujer 2 sastres 1 espuelero 1 picapedrero</td><td>1 jubonero 1 peletero</td></tr><tr><td>Camisas Sayas</td><td>7 10</td><td>1 tejedor 1 jubonero</td><td>- 1 musulman</td></tr><tr><td></td><td></td><td>i pelaire 1 corredor 1 sastre</td><td>1 donzel</td></tr><tr><td>Cotas de mujer</td><td>20</td><td>1 jubonero 1 mensajero de la Corte</td><td>1 musulman</td></tr><tr><td>Gabanes Velos</td><td>10.5 8</td><td>-</td><td>1 1</td></tr></table>. Miquel FONT SANCHO <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Parte inferior delcuerpo</td><td rowspan=1 colspan=1>Valor medio en sueldos</td><td rowspan=1 colspan=1>Personas deudoras</td><td rowspan=1 colspan=1>Personas acreedoras</td></tr><tr><td rowspan=3 colspan=1>Calzas</td><td rowspan=1 colspan=1>15,7</td><td rowspan=1 colspan=1>4 sastres</td><td rowspan=3 colspan=1>8 calceteros2 sastres</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>2 pelaires</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>2 notarios1 espadero1 vidriero1 platero1 apuntador1 carpintero1 escrivano1 jubonero</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Zapatos</td><td rowspan=1 colspan=1>10,8</td><td rowspan=1 colspan=1>1 mercader1 jubonero</td><td rowspan=1 colspan=1>2 zapateros</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tapines</td><td rowspan=1 colspan=1>11,3</td><td rowspan=1 colspan=1>1 espartero1 especiero</td><td rowspan=1 colspan=1>1 tapinero</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Botas</td><td rowspan=1 colspan=1>15</td><td rowspan=1 colspan=1>-</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr></table> <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ropa de cama</td><td rowspan=1 colspan=1>Valor medio en sueldos</td><td rowspan=1 colspan=1>Personas deudoras</td><td rowspan=1 colspan=1>Personas acreedoras</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sabanas</td><td rowspan=1 colspan=1>10,5</td><td rowspan=1 colspan=1>1 agricultor1 pocero1 corredor d&x27;orella</td><td rowspan=1 colspan=1>1 barbero</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Frazadas</td><td rowspan=1 colspan=1>36</td><td rowspan=1 colspan=1>1 frazadero</td><td rowspan=1 colspan=1>1 paraire</td></tr></table> <table><tr><td>Otros</td><td>Valor medio en sueldos 919</td><td>Personas deudoras</td><td>Personas acreedoras</td></tr><tr><td>Panos</td><td></td><td>16 sastres 9 pelaires 2 curtidores 1 panero 1 notario 1 albardero 1 ciudadano 1 tejedor 1 botero 1 hostalero 1 especiero 1 tornero 1 cerrajero 1 bancalero 1 barbero 1 platero 1 jubonero 1 maestro de escuela</td><td>10 paneros 5 pelaires 2 tejedores 2 tundidores 2 mercaderes 1 tintorero 1 sedero 1 ciudadano 1 sastre 1 carnicero</td></tr></table>. El mercado cotidiano en una ciudad medieval. El textil en la Valencia del siglo XV <table><tr><td>Otros (cont.)</td><td>Valor medio en sueldos</td><td> Personas deudoras</td><td> Personas acreedoras</td></tr><tr><td>Cuero</td><td>-</td><td>9 curtidores 6 zapateros 1 batifulla 1 vainero 1 floreador</td><td>10 curtidores 1 carnicero 1 mujer</td></tr><tr><td>Lana</td><td>134,520</td><td>1 ropero 10 pelaires 1 tejedor</td><td>1 mercader 1 aludero 1 musulman</td></tr><tr><td>Seda Tintes</td><td></td><td>3 sastres 1 sedero 1 tundidor 1 corredor de coll 1 platero 1 tejedor 6 pelaires 1 tintorero 1 mercader</td><td>1 juez 1 mercader 1 sedero 1 zapatero 1 tendero 2 tintoreros 1 mercader 1 mercader lombardo</td></tr><tr><td>Pieles</td><td></td><td>1 espadero 1 tejedor 4 peleteros 1 tejedor</td><td>3 peleteros 1 zapatero</td></tr><tr><td>Telas</td><td>16,5</td><td>1 pelaire 2 zapateros 1 cirujano 1 agricultor</td><td>1 mujer 1 tendero 1 notario</td></tr><tr><td>Cuerdas de cuero</td><td>1,3 1121</td><td>1 taconero 1 calzatero</td><td></td></tr><tr><td>Algod6n</td><td></td><td>1 tintorero 1 algodonero 1 sastre</td><td>■</td></tr><tr><td>Sacas Lienzos</td><td>10,6 1</td><td>1 pelaire 1 tintorero</td><td>= -</td></tr><tr><td>Bolsas</td><td>15</td><td>1 curtidor</td><td>-</td></tr><tr><td>Cotoninas</td><td>22</td><td>-</td><td>1 batifulla</td></tr><tr><td>Algodon hilado</td><td>1</td><td>1 especiero</td><td>1 mercader</td></tr><tr><td>Correas</td><td>60</td><td>-</td><td>■</td></tr><tr><td>Toallas</td><td>-</td><td>-</td><td>1 ciudadano</td></tr><tr><td>Parches</td><td>18</td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td></td><td>-</td><td>1</td></tr><tr><td>Abanicos</td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td>1</td><td>-</td><td>1</td></tr></table>. En la Tabla 3 la relación entre número de personas con oficio determinado no coincide con el número de operaciones totales por material y prenda, puesto que en muchos casos no se especifica la dedicación laboral de los deudores o acreedores. Para relacionar los precios medios de las prendas y materiales textiles aparecidos en la segunda columna de la Tabla 3 con el poder adquisitivo de la población cabe mencionar los salarios diarios de algunos oficios en la Valencia del 1449. Un trabajador no cualificado cobraba 2 sueldos diarios, sueldo parecido al de un agricultor, que cobraba de 2 a 3. Un peón de albañilería o artesanía percibía sobre 2 sueldos y medio diarios, un oficial llegaba a los 3 y un maestro superaba los $_ { 4 \mathrm { ~ e ~ } }$ incluso los 5 en el caso de los carpinteros. Los tejedores cobraban 5 sueldos y medio por alna tejida. Un notario podía cobrar de 3 a 6 sueldos y medio diarios, dependiendo de su trabajo y posición (Hamilton, 1936: 276). Según estos precios y salarios podríamos establecer que un jubón le costaba a un agricultor, a un trabajador sin formación o a un peón artesano más de 7 días de trabajo y unas calzas más de 6 jornadas laborales. Sin embargo, esto no impide que los agricultores sean los deudores más numerosos en las operaciones de deuda sobre jubones, con siete participaciones, y sobre ropas, con cuatro. Oficios tan variados como albañiles, picapedreros, cirujanos, barberos, artesanos, notarios, poceros y maestros adquieren prendas de ropa y paños mediante las obligaciones de deuda ante el Justícia de 300 sous, prometiendo una cantidad considerable de sus ingresos, mostrando una preocupación por la vestimenta. En cuanto a los acreedores referidos en la tabla anterior, estos coinciden en muchos casos con los productos que venden. Los calceteros son acreedores mayoritarios en las operaciones sobre calzas, al mismo tiempo que lo son los juboneros sobre los jubones, los pañeros sobre los paños o los curtidores sobre el cuero. Esto indica que en el día a día del mercado textil valenciano esta herramienta jurídica facilitaba un buen número de ventas y ganancias para estos artesanos, erigiéndose además como un pilar fundamental para el sustento de este tipo de comercio. No obstante, salta a la vista que en algunos casos los acreedores no procedían del mundo del textil: encontramos un barbero vendiendo una sábana o dos labradores vendiendo jubones, por citar dos ejemplos. Es muy probable que en casos como éstos las prendas o telas sean de segunda mano, aunque no podemos tener una certeza total debido a que la fuente no lo especifica. De igual manera, en las operaciones donde intervienen corredores, ya sean de coll o d’orella —que se ocupaban de intermediar entre las operaciones de compra y venta en mercados y subastas—, podemos tener alguna sospecha de que las mercancías sean de segunda mano. Con los datos obtenidos en este estudio no se observa un recurso sistemático a productos de bajo coste por parte de la población con oficios más modestos, sino más bien parece que estos se endeudan para comprar productos que representan un gasto considerable en sus economías. Cierto es que la fuente no nos proporciona la categoría laboral de ningún deudor dentro de su oficio, y no cobraba lo mismo un peón que un oficial o un maestro. Las operaciones donde se denota una presencia exclusiva de los artesanos del textil como deudores son las concernientes a materias primas. En el caso de la lana, la presencia de pelaires es abrumadora, con 10 deudores, siendo el restante deudor con oficio conocido tejedor, otra especialización relacionada con esta industria. En el caso del cuero encontramos en su mayoría a curtidores y zapateros, en el de la seda a sastres, en el de las pieles a peleteros y en el de los tintes otra vez a los pelaires junto los tintoreros. La inversión industrial de estos artesanos mediante el instrumento de la Corte del Justicia es, por tanto, un hecho innegable. Además, en muchos casos las compras y las ventas se realizaban entre miembros del mismo gremio, como podemos comprobar en la Tabla 3. Por ejemplo, muchos curtidores venden cuero a otros curtidores, o pelaires venden paños a otros pelaires. Es interesante también hacer una aproximación a la representatividad de cada oficio del mundo textil en el conjunto de operaciones analizado. Solo centrándonos en los deudores y acreedores, aunque la operación no siempre sea sobre cuestiones derivadas de su trabajo, se han encontrado los oficios que se muestran en la Tabla 4. Tabla 4. Artesanos del textil en obligaciones de deuda del libro del Justícia de 300 sous, $I 4 4 9 ^ { 2 2 }$ <table><tr><td rowspan=1 colspan=1> Artesanos</td><td rowspan=1 colspan=1>Como deudores</td><td rowspan=1 colspan=1>Como acreedores</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pelaires</td><td rowspan=1 colspan=1>81</td><td rowspan=1 colspan=1>21</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sastres</td><td rowspan=1 colspan=1>76</td><td rowspan=1 colspan=1>25</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tejedores</td><td rowspan=1 colspan=1>43</td><td rowspan=1 colspan=1>10</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Curtidores</td><td rowspan=1 colspan=1>24</td><td rowspan=1 colspan=1>8</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Juboneros</td><td rowspan=1 colspan=1>21</td><td rowspan=1 colspan=1>24</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Zapateros</td><td rowspan=1 colspan=1>14</td><td rowspan=1 colspan=1>8</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tintoreros</td><td rowspan=1 colspan=1>12</td><td rowspan=1 colspan=1>7</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Peleteros</td><td rowspan=1 colspan=1>11</td><td rowspan=1 colspan=1>12</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sederos</td><td rowspan=1 colspan=1>9</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Corderos</td><td rowspan=1 colspan=1>9</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bancaleros</td><td rowspan=1 colspan=1>7</td><td rowspan=1 colspan=1>0</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Calceteros</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>10</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Aluderos</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tapineros</td><td rowspan=1 colspan=1>5</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Esparteros</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td><td rowspan=1 colspan=1>0</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Apuntadores</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td><td rowspan=1 colspan=1>0</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Taconeros</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td><td rowspan=1 colspan=1>0</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cardadores</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Frazaderos</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Algodoneros</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>0</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bruneters</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bordadores</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>0</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Terciopeleros</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>0</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Camiseros</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>0</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Correeros</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>0</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tundidores</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Paneros</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>11</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ropero</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>0</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Hilanderos</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> TOTAL</td><td rowspan=1 colspan=1>349</td><td rowspan=1 colspan=1>156</td></tr></table>. Quienes más abundan son los paraires o pelaires, los que se dedican a preparar la lana para ser tejida: a peinarla, creparla y percharla. Además, en la última fase del proceso textil controlaban los acabados de las prendas. Éstos aparecen en 81 obligaciones como deudores y 21 como acreedores. Después encontramos con más frecuencia sastres, que aparecen en 76 como deudores y 25 como acreedores, seguidos de los tejedores los cuales intervienen en 43 como deudores y 10 como acreedores. Dentro de este último grupo, en 6 casos se especifica que son tejedores de lino, en 2 tejedores de paño de lana y en 1 tejedor de fustam o fustán, tela afelpada para prendas de abrigo. La elevada presencia de paraires indica la gran utilización de la lana en las vestimentas de esta época, por lo que huelga decir que las operaciones los referencian como los que más compras de esta materia prima realizan. Ellos daban la materia textil en un estado adecuado para que otros artesanos pudieran darle la forma y la apariencia correcta para los cánones de vestimenta de la época. Luego, les eran devueltas para que las estiraran y dieran un acabado óptimo. Incluso puede que dieran color a las prendas, dada su alta participación en operaciones de compra sobre tintes. Por ello, no es sorprendente que los tejidos de lana de buena calidad llegasen a contarse entre las manufacturas más apreciadas del mercado valenciano, e incluso a exportarse fuera de Europa a cambio de especias, sedas y metales preciosos. Pero fue el mercado interno el principal destinatario de estos tejidos, la difusión y consumo de los cuales estuvo en la base de la economía bajomedieval, caracterizada por integrar en el mercado a segmentos cada vez más amplios de la población. Es importante entender que, antes de la industrialización y de la producción en cadena, la obtención de estándares de buena calidad fue complicada. En esta época el buen acabado de una tela (de lana o de otro material) constituía una de las formas principales de distinción a través de la indumentaria (García Marsilla, 2017a: 74-75). Volviendo a la Tabla 4, encontramos una diferencia sustancial entre los tres primeros oficios contenidos en ella y el resto. El trabajo de los pelaires al igual que el de los sastres y los tejedores no podía ser realizado de manera industrial o a gran escala, lo cual explica que haya más presencia de estos oficios que de otros, ya que se necesitaban más artesanos para mantener la oferta de materias textiles a la altura de la demanda. Por ejemplo, un tintorero podía teñir cinco telas a la vez, pero un pelaire debía prepararlas una a una. Si bien algunos pelaires se convirtieron en auténticos empresarios de éxito, ya que monitorizaban la producción de vestimentas en la ciudad, esto no es aplicable a todos ellos. 23 Había de distinto nivel, precio y calidad. Aún con esto, estos oficios se localizaban en la parte final de la cadena de producción textil. Pese a que la mayor cantidad de operaciones consignadas a estos tres oficios muestran la necesidad de inversión productiva o crédito a la producción, se revela a su vez que el mercado tenía la capacidad de amortizar y generar beneficios a estos trabajadores dada la demanda de ropas, que hemos de suponer elevada. La gran presencia de pelaires puede ser explicada también por ser los encargados de acabar las ropas, no sólo de la ciudad, sino también de las villas de los alrededores (García Marsilla, 2010: 48). Otro de los grupos del cual encontramos gran presencia es el de los sastres. Hoy en día se ha perdido la conciencia popular sobre el trabajo desarrollado por ellos, debido al consumo de ropas por tallas, puesto que casi nadie consume prendas hechas a medida. Estos hombres se dedicaban a ir a las casas particulares a tomar las medidas para coser su ropa y, si no podían ir ellos personalmente, el cliente también se podía desplazar a la casa o la tienda del sastre. Esto implicaba un rato en el cual el sastre y el cliente estaban hablando, y podían tener cierta confianza, ya que normalmente si un sastre satisfacía los intereses de un grupo familiar, este no tenía por qué cambiar de persona para estos servicios. Había, por tanto, cierta fidelidad. El sastre podía conocer de primera mano la situación económica de sus clientes, al visitar sus casas, y saber quién necesitaba ropa a crédito o préstamo de moneda en un momento dado. Se convertía así, no solo en alguien que fabricaba ropas, sino en un comerciante en todos los sentidos. Por lo tanto, se puede decir que cada sastre tenía su clientela fiel y había espacio suficiente para todos, debido a la alta demanda de la urbe valenciana. En este sentido, dentro de la categoría de sastres podríamos incluir también a los juponers o juboneros —que confeccionaban jubones—, que intervienen en 21 obligaciones como deudores y 24 como acreedores, y a los calceters o calceteros, que lo hacen en 6 como deudores y en 10 como acreedores. Estos últimos se dedicaban al cubrimiento de la parte inferior del cuerpo con las ya mencionadas calzas. Por esta lógica, aumentaríamos la presencia de sastres de 81 a 108 operaciones como deudores y de 21 a 34 como acreedores, siendo el oficio textil más numeroso en las obligaciones. La especialización en estas dos piezas de ropa se hizo necesaria debido a la necesidad de abastecer un mercado de la moda dinámico. En otras villas de menor tamaño no existía tal especialización, debido a que los sastres convencionales tenían la capacidad de fabricar jubones y calzas suficientes para la demanda existente. Puesto que en Valencia la importancia de la imagen era más elevada, en consecuencia, se debía cubrir este mercado. Estas dos prendas eran además complementarias: el jubón que cubría la parte superior del cuerpo, resaltaba más si la parte inferior solamente se cubría con unas calzas, ya que el contraste de volumen entre las dos partes era mayor. El número de estos dos últimos oficios creció durante la primera mitad del siglo XV ya que en los mismos libros de Justícia de 300 sous para los años que van de 1409 a 1412 se notifica gran presencia de sastres, pero no se encuentran con tanta facilidad juboneros o calceteros (García Marsilla, 2010: 49). En cuanto a otros oficios de la Tabla 4, hay que señalar que los curtidores —con 24 operaciones como deudores y 8 como acreedores—, muestran la gran importancia del cuero en la fabricación de prendas de vestir, sobre todo cordeles, cinturones y zapatos. Ellos preparaban las pieles hasta que tenían la suficiente flexibilidad para su uso. En algunos casos sus clientes eran zapateros en busca de material para confeccionar calzado. Estos, por su parte, intervienen en 14 operaciones como deudores y 8 como acreedores. Observamos asimismo a los tintoreros —los que tintaban materias textiles o paños— que aparecen en 12 obligaciones como deudores y en 7 como acreedores, o a los sederos, que aparecen en 9 y 2 respectivamente. Los tintoreros tenían una función muy importante en la sociedad de la época. En los últimos siglos de la Edad Media uno de los principales criterios para determinar la calidad de una tela era sin duda su color. Un paño de fina lana podía perder todo su valor si presentaba un colorido desigual, apagado o sin luminosidad. Por eso no sorprende la importancia que se le asignó al proceso de la tintura, uno de los peldaños finales en la compleja cadena de la manufactura textil y uno de los más difíciles, dado que el uso de las materias naturales de poder colorante limitado, y el proceso de tinte en grandes cisternas en ebullición nunca pudo garantizar la uniformidad de los resultados. Hasta el siglo XVIII, la coloración de los tejidos no dejó de estar rodeada de misterio, y ni el tintorero más mañoso podía asegurar con total certeza a sus clientes la máxima calidad en el acabado de sus telas (García Marsilla, 2017: 283). Los representantes de los otros oficios del mundo del textil no aparecen en más de 11 operaciones como deudores, como es el caso de los peleteros, presentes en otras 12 como acreedores. Los bancaleros, los cuales tejían bancales —piezas de tela pintada de figuras que servían para cubrir bancos o mesas—, están referenciados en 7 operaciones. Con menor representatividad encontramos a los esparteros y a los cardadores. Estos últimos eran artesanos que estaban especializados en utilizar las cardas, instrumentos con los que peinaban la lana o el algodón e iban separando la borra del estambre para facilitar la hilatura. Aparecen en 2 obligaciones como deudores los algodoneros, quienes elaboraban el algodón y los bruneters o fabricantes de bruneta, una ropa de lana teñida generalmente de color oscuro. Finalmente encontramos a los bordadores —que hacían bordados—, y los hiladores. Estos últimos fabricaban hilados, un conjunto de hilos gruesos o cordeles entrelazados y separados por mallas más o menos anchas que servía para cazar, pescar, transportar cosas o protegerse contra moscas y otros insectos. También encontramos a los velluters, que trabajaban el terciopelo. Todos los oficios que encontramos con pocas operaciones en su haber están en una posición cronológicamente anterior a los sastres, pelaires y tejedores en la cadena de producción. Ello nos sugiere que solamente actuaban por encargo de estos para satisfacer su demanda, cosa que podemos ver muy clara en el caso de los cardadores respecto a los pelaires. Es interesante destacar la función de las tiendas (en este caso de los artesanos textiles) en la Baja Edad Media, diferente a hoy en día, como punto de encuentro de múltiples experiencias, no solo técnicas, sino también políticas y religiosas. No constituían solo centros de elaboración y perfeccionamiento de conocimientos, que se concretaban inmediatamente en los productos ofrecidos a los clientes, sino también reflejaban en cierto modo aspectos sociales de la época, como la jerarquía entre los diferentes estadios laborales (Muzzarelli, 1999: 150). Toda esta gran especialización en los oficios textiles nos muestra la vitalidad de este comercio en la Valencia de mitad del siglo XV. No obstante, estas personas solo representan una tercera parte de todas las que se han visto referenciadas como deudoras en las operaciones tratadas a estas alturas, hecho que revela toda la riqueza que nos pueden ofrecer los libros de Justícia de 300 sous. En cuanto al análisis geográfico del conjunto de operaciones, cabe destacar que la gran mayoría de las personas intervinientes en esta fuente vivían en Valencia. En la mayoría de los casos esta es la ciudad de los deudores de las obligaciones sobre bienes textiles, salvo en dos, en que proceden del camino de Quart y Alboraia respectivamente, enclaves muy próximos a la ciudad desde los cuales se podía ir y volver en el mismo día a pie o a lomos de una montura. En el primer caso, Joan Llarí, labrador, compra a Bartomeu Batalla, otro labrador, una ropa por 13 sueldos y en el segundo Bernat Negre, también campesino, compra a Pere Mercader, notario, una tela bordada con granadas. En el caso de los acreedores en operaciones sobre bienes textiles hay uno procedente de Quart y otro de Vila-real, situada unos 60 kilómetros al norte de la capital. En el primer caso Joan Llorenç, del que no consta oficio, cobra 10 sueldos por un gabán y en el segundo un tal Bartomeu, también sin oficio cobra 37 sueldos y 8 dineros por una saca de lana. Así mismo aparece un mercader «lombardo»24 llamado Stefano de Ravi, que vende pastel por valor de 64 sueldos al corredor d’orella Miquel Sánchez, pero todos los demás deudores o acreedores son de la ciudad. Por otro lado, tampoco hemos encontrado ningún deudor ni acreedor de oficio textil de fuera de la ciudad. No es fácil determinar hasta donde llegaba el poder de la urbe, porque más que un término municipal en el sentido actual, en esta época existían círculos concéntricos que se superponían y sobre los que los derechos de los habitantes de la ciudad y de sus gobernantes variaban. En este espacio existían unos 90 lugares poblados de los cuales más de 50 pertenecían a señores particulares, tanto laicos como eclesiásticos. Este era un ámbito rural en el que regían las ordenanzas dictadas por el Consell de la ciudad (García Marsilla, 2015b: 75). Para finalizar, cabe destacar que en el caso de las mujeres intervinientes en el libro del Justícia, en general, se nos especifica siempre quién es su marido en los casos en que lo había. No obstante, esta coletilla era la habitual para los documentos de cualquier tipología de este periodo y posteriores. Además, aunque en algunos casos no aparece un marido, sí que se nombra la figura del procurador. Este tipo de expresiones tan sólo son la muestra de la visión de la sociedad de la época, de las mujeres como eternas menores de edad, siempre dependientes de los hombres más próximos a ellas para su vida en el ámbito público. La literatura sobre microfinanzas hace hincapié en el papel vital que podían jugar las mujeres en el desarrollo económico del momento si se les ofrecían las oportunidades adecuadas, como por ejemplo el acceso al capital. Según Van Zanden, una característica sorprendente de las fuentes estudiadas para los siglos XV y XVI a los Países Bajos, es el gran número de hogares dirigidos por mujeres y su fuerte posición económica. Durante el siglo XVI, casi el $30 \%$ de todos los hogares eran dirigidos por ellas. En aproximadamente el $20 \%$ de estos casos, se podrían identificar como viudas (Van Zanden et alii, 2012: 3-22). Dentro de la muestra analizada, buena parte de operaciones con intervención femenina las llevan a cabo viudas. En algunos casos están casadas, como el de Centrándonos en el caso de las mujeres aparecidas en operaciones relacionadas con el mundo del textil solo hemos encontrado un ejemplo como deudoras y dos ejemplos como acreedoras. Como deudora, Caterina, identificada como mujer de Domingo Llarí, compró a crédito una ropa por 20 sueldos. En esta operación en concreto, ningún procurador actúa en nombre de la mujer. Tampoco su marido parece estar difunto en el momento de inscripción de la deuda, puesto que no aparece la partícula quondam como es habitual en estos casos. Es ella, por tanto, la que lleva a cabo la operación en nombre propio. Como deudoras encontramos a Vicenta, mujer de Guillem, mercader, que vendió cuero por valor de 40 sueldos y a Llúcia, mujer de Joan d’Orgas que vendió pieles por valor de 80. En el primer caso no actuó ningún procurador, en el segundo sí. Con todo, la escasa representatividad de las mujeres en las operaciones de índole textil contenidas en el libro del Justícia de 300 sous de 1449 nos impiden hacen un análisis detallado de su participación en este campo. 5. Conclusiones: una manera genuina de descubrir el mercado cotidiano medieval. El mercado del crédito en el Cuatrocientos valenciano revela un dinamismo y una vitalidad que muestran el gran desarrollo que la sociedad de la capital del reino llegó a tener. La gran mayoría de las capas sociales se encuentran representadas en este mercado según sus posibilidades económicas. Los libros del Justícia de 300 sous nos permiten indagar en las pautas de consumo de los valencianos de la época al tener una gran cantidad de entradas en las que se especifican las razones de deudas de personas concretas, con sus nombres, apellidos y oficios. En el libro que hemos investigado hasta ahora han aparecido 1.549 obligaciones de deuda y 872 condemnacions, de las cuales solo hemos mostrado el $1 5 \%$ . El elenco de investigaciones que pueden partir de esta base es notable. Por lo pronto, en lo referente al consumo textil de la Valencia de mediados del siglo XV podemos llegar a varias conclusiones. En primer lugar, la preocupación por la vestimenta no es exclusiva de las clases más elevadas. Es una obviedad que los sectores privilegiados y dirigentes debían mostrar un aspecto lujoso, refinado, ostentoso y acorde con su poder adquisitivo, pero eso no quita que las clases medias y bajas no puedan imitar estos comportamientos. La compra a crédito de jubones, paños y calzas de materiales de alta calidad indica la voluntad de cuidar la imagen mediante la vestimenta, para ofrecer fiabilidad en un mundo donde la confianza en las inversiones era primordial. También satisfacía la humana necesidad de aparentar. De esta manera, las clases medias y bajas de la urbe encontraban una herramienta no solo para paliar sus necesidades de subsistencia, sino también para entrar en el mundo de los negocios. En segundo lugar, la gran variedad de materiales y oficios textiles nos indican que la capital valenciana era un centro muy importante de comercio textil a nivel europeo. Podemos encontrar casi todas las especialidades laborales y procesos por los que debía pasar una tela, ropa o paño en esta época. Si bien buena parte de esta tela podía ser exportada mediante las redes de comercio internacional lo que nos muestran las obligaciones del Justícia de 300 sous es que el comercio interior era sobradamente abastecido y no se precisaba de muchas importaciones, al menos para las clases menos pudientes. A la luz de las últimas investigaciones, esta tendencia valdría para el conjunto de la población. Pocos valencianos poseían telas importadas, y si las tenían era en pequeña cantidad. Nueve de cada diez paños de lana procedían de la industria local, cosa que vuelve a demostrar su gran desarrollo (García Marsilla, 2023). En tercer lugar, el proceso productivo del textil valenciano se financiaba en buena medida mediante la gestión de las deudas contraídas por parte de los artesanos y consumidores. La flexibilidad de este instrumento, para disponer a crédito de materiales necesarios para la producción, hacía posible el mantenimiento de la misma a un alto ritmo. En otras palabras, sin la existencia de las obligaciones de deuda en la corte del Justícia de 300 sous, sería imposible haber sostenido el proceso productivo del textil a esos niveles en la urbe. Finalmente, el consumo a crédito de materiales textiles, nos ratifica el crecimiento económico de la Valencia bajomedieval. En una sociedad en la cual se pasasen hambres y carestías generalizadas no se podría mostrar una vitalidad tan notable en la compra de materiales no esenciales desde el punto de vista alimentario o defensivo. La ciudad gozaba a mitades del siglo XV de vacas gordas, y el consumo así lo refrenda. El consumo diario bajomedieval explicado en la introducción de este artículo está bien estudiado a nivel europeo e hispánico. En este caso consideraríamos las obligaciones de deuda en los libros del Justícia de 300 sous como una muestra de crédito cotidiano o consumo habitual. Estos volúmenes son la mejor manera posible de estudiar el consumo diario si nos referimos a la capital valenciana, ya que los libros de Justícia Civil muestran pleitos por cuantías más elevadas y las deudas contenidas en los protocolos notariales también, ya que los honorarios del notario superan muchas veces las deudas que hemos observado en Justícia de 300 sous. Por tanto, nos encontramos ante una fuente acreditada a escala europea para estudiar las transacciones crediticias, o sea, el consumo más popular del que se tiene constancia por escrito. En el ámbito valenciano se han estudiado las obligaciones de deuda de libros de Justícia de otras villas como Castelló de la Plana por parte de Pau Viciano (2013: 13-44) o Joaquín Aparici (2017: 241-258). Para el caso catalán podemos encontrar estudios como los de Carme Muntaner (2010: 155-168), donde se explican los mecanismos de inscripción de deuda popular en la villa de Sitges. Pese a tener similitudes con los libros de Justícia de 300 sous, no son fuentes idénticas ya que el filtro de sueldos que puede contener una operación permite que afloren operaciones de tan poca cantidad que en otros contextos no serían tenidas en cuenta de la misma manera. En el contexto europeo, ni los protocolos notariales, ni los Monti di Pietà italianos, ni las fuentes judiciales inglesas o francesas pueden llegar a tener una especialización en crédito al consumo tan importante como los libros de Justícia de 300 sous. El tope de sueldos por obligación de deuda de este instrumento crediticio es, una vez más, el hecho diferencial que hay que destacar de esta fuente frente a las demás. Por lo tanto, si se quiere hacer una relación de la cesta de la compra de las capas sociales menos favorecidas en Valencia, el recurso a esta fuente es indispensable y nos puede dar muchas más respuestas, dada la riqueza de la misma, que en otras localizaciones del viejo continente. En definitiva, la mayoría de investigaciones que se pueden encontrar a día de hoy sobre crédito en esta época nos hablan de los grandes mercaderes, de las tablas de cambio y de la gran banca italiana o alemana.25 Si bien el volumen económico de solo una de estas operaciones bancarias a gran escala ya supera en muchos casos el conjunto de las operaciones a crédito contenidas en los libros de Justícia de los 300 sous por un año entero, no son representativas de la situación de la gran mayoría de la población, ya que solo involucran grandes fortunas, que están en la cúspide de la pirámide social, es decir, menos del $1 \%$ de la población. No obstante, al haber muchas más fuentes disponibles para este tipo de grandes operaciones, es mucho más fácil conocer la situación económica de la élite que de la gran mayoría del pueblo. Mediante los libros de Justícia de los 300 sous —una fuente con una gran riqueza de información—, y otras de las muchas fuentes conservadas para la Baja Edad Media al País Valenciano y otros territorios, es posible saber en qué cosas gastaba el dinero que tenía (y el que no tenía) la mayoría de la población valenciana. 6. Referencias bibliográficas. APARICI MARTÍ, Joaquín (2017), «Acudir ante el Justícia para formalizar contratos. Los mercados rurales del Reino de Valencia (siglo XV)». En Germán Navarro Espinach y Concepción Villanueva Morte coords., Industrias y mercados rurales en los reinos hispánicos (siglos XIII-XV), Murcia, Sociedad Española de Estudios Medievales: 241-258. ARNAUX, Mathieu, RENAULT, Laetitia (2006), «Enguerran Martel et ses clients: Quelques remarques sur crédit et justice en Normandie à la fin du Moyen Âge». En Julie Claustre dir., La dette et le juge. Paris, Publications de la Sorbonne: 151-167. 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25,531
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Los discursos en torno a la muerte de Felipe el Atrevido de Francia y Pedro el Grande de Aragón en la cruzada de 1285.: The Discourses about the Death of Philip the Bold of France And Peter the Great of Aragon in the Crusade of 1285
LOS DISCURSOS EN TORNO A LA MUERTE DE FELIPE III EL ATREVIDO DE FRANCIA Y PEDRO III EL GRANDE DE ARAGÓN EN LA CRUZADA DE 1285. THE DISCOURSES ABOUT THE DEATH OF PHILIP III THE BOLD OF FRANCE AND PETER III THE GREAT OF ARAGON IN THE CRUSADE OF 1285. Guifré COLOMER PÉREZ Investigador independiente ORCID: 0000-0002-0384-3092 email@example.com. Resumen: El objetivo de esta investigación es comparar las diferentes crónicas que relataron sobre la muerte del rey francés Felipe el Atrevido y el rey aragonés Pedro el Grande, ya que ambos se enfrentaron en Cataluña en 1285. Las crónicas contemporáneas o posteriores a ese enfrentamiento se clasifican en antifrancesas y propapales. En estas se proponían unos argumentos para enaltecer o detractar a los monarcas, dependiendo de su ideología política. En este análisis se sugiere examinar los objetivos de los cronistas en los relatos de las muertes, cuya finalidad, principalmente, era demostrar que el monarca a quien defendían había muerto con honorabilidad o que el rey a quien atacaban había fallecido derrotado. A partir de estos argumentos se desarrolló una discusión dialéctica entre los cronistas. Palabras clave: Pedro III de Aragón, Felipe III de Francia, Corona de Aragón, crónicas, cruzada de 1285. Abstract: The aim of this research is to compare the different chronicles that were related about the death of the French King Philip the Bold and the Aragonese King Peter the Great, since both fought in Catalonia in 1285. The contemporary or later chronicles of that confrontation can be divided between the anti-French and the propapacy. In these chronicles, some arguments were proposed to exalt or detract the monarchs, depending on their political ideology. In this analysis it is proposed to examine the chroniclers’ writings about the deaths. Mainly, they tried to prove that the monarch they defended had died honourably or that the king they were attacking had died defeated. From these arguments, a dialectical discussion developed among the chroniclers. Keywords: Peter III of Aragon, Philip III of France, Crown of Aragon, chronicles, crusade of 1285. Guifré COLOMER PÉREZ 1. Introducción1. En este estudio se propone analizar los relatos cronísticos en torno a la muerte del rey Felipe el Atrevido de Francia y el rey Pedro el Grande de Aragón. En estos escritos los autores, agentes o representantes políticos de sus respectivas ideologías, exponían los hechos a fin de promulgar sus ideas, convencer al lector y esparcir su propaganda. Estos textos se escribieron en el contexto de las denominadas Vísperas sicilianas, una guerra que estalló en 1282 a raíz de la revuelta en Palermo contra el rey Carlos de Anjou, y en la que Pedro el Grande de Aragón intervino en favor de una restauración de la dinastía Staufen, en nombre de su esposa, la reina Constanza y sus infantes herederos. Este conflicto, que empezó en el reino de Sicilia, llegó al este de Aragón en 1283 y en el norte de Cataluña en 1285. Los territorios peninsulares de la Corona de Aragón fueron atacados por el aliado principal del rey Carlos de Sicilia, es decir, el rey francés Felipe el Atrevido, quien tenía el beneplácito del papado, puesto que había convertido esa contienda en una cruzada contra el monarca aragonés. En este contexto de cruzada y de intento de invasión de Cataluña, los dos monarcas protagonistas de la pugna, el rey Felipe y el rey Pedro, perecieron con pocas semanas de diferencia. Durante el conflicto y, especialmente, después de la guerra, se escribieron numerosas crónicas que pretendían difundir sus ideas. Así, pues, el fallecimiento de estos dos monarcas planteó una gran oportunidad para los cronistas, ya que podía convertirse en un episodio de gran relevancia política. Estos autores eran representantes de sus respectivas ideologías, y se pueden dividir en dos facciones: los partidarios del papado, de la Iglesia, del rey angevino y del rey francés, es decir, los güelfos, y, por otro lado, los antiangevinos: catalanes, aragoneses y sicilianos que apoyaban la soberanía regia del rey Pedro sin la intervención del pontífice. Aunque dentro de estos dos grupos se pueden encontrar matices que hace diferenciar el pensamiento entre los cronistas, en los asuntos en torno a la cruzada y la muerte de los reyes, mostraron cierto entendimiento entre ellos. En este contexto de disputa, los cronistas, dependiendo de su pensamiento político, plantearon la muerte de cada uno de los monarcas de forma muy distinta. Para los autores güelfos, el rey Pedro moría derrotado a causa de las heridas de guerra; y, en los relatos, la muerte del rey francés era presentada con pocos detalles, casi como si se quisiese ocultar la derrota en Cataluña. En cambio, para los antiangevinos, el rey Pedro moría no solo como el victorioso indiscutible, sino que además se había librado de la excomunión; y el rey Felipe sucumbía derrotado, huyendo y enfermo a causa de la peste surgida en el sitio de Girona. 2. La retórica sobre el óbito del monarca francés en las crónicas güelfas. El rey Felipe el Atrevido murió en Perpiñán cuando huía de Cataluña, el día 5 de octubre a causa de la epidemia causada durante el asedio en Girona (Abulafia 2017:111). Este fallecimiento fue más destacado en las crónicas que la del papa Martín IV, pero con menos referencias que la del rey Carlos de Anjou o el rey Pedro. Su muerte era mencionada por los cronistas más cercanos —tanto ideológica como geográficamente— pero no se compuso como un gran relato, sino que el resultado fueron escritos breves. En primer lugar, destaca el escrito de Guillermo de Nangis que informaba que, a raíz del asedio de Girona, el rey enfermó, murió en Perpiñán y fue enterrado en Saint-Denis. 2 Era un pasaje ciertamente corto, si se tiene en cuenta que fue un cronista capaz de formular grandes argumentos. Hay que considerar que el contexto de la derrota y la muerte por la enfermedad causada durante la cruzada, haría que el autor mencionase rápidamente la muerte del soberano para evitar ensalzar la gesta del enemigo catalán. Sin embargo, otras dos crónicas cercanas a los círculos franceses —pero no francesas propiamente— destacaron un poco más la derrota que el autor de Saint-Denis. Se trata de la crónica de Montpellier3 y la Cronaca del Templare de Tiro4 que situaban el deceso del rey en Girona y formulaban un relato sobre la capitulación francesa. Sin citar grandes detalles, tampoco evitaban mencionar la derrota de la hueste gala. Así mismo, despuntan los autores güelfos itálicos, como Salimbene (1905: 594) o Pipino (1726: 693), que describieron la situación de forma lacónica. En cambio, Sanudo hacía un relato de alabanza donde remarcaba el «gran coraggio» del rey y recordaba tanto sus orígenes como sus hazañas.5. Es de suponer, sin embargo, que, efectivamente, el rey murió como consecuencia de la epidemia surgida en Girona durante el cerco. Aun así, cuando los cronistas relataban sobre su muerte, no relacionaban la epidemia con la enfermedad del monarca, y parece que intentaron separar la derrota del fallecimiento, como si fuesen dos hechos aislados entre sí, o fuera algo meramente circunstancial. Guifré COLOMER PÉREZ 3. La muerte del rey Felipe en las narraciones catalanas. Esta consideración de la muerte del rey francés era cambiada completamente en la crónica de Desclot. Si bien este relato también afirma que el monarca murió de enfermedad, ello quedaba enmarcado en un relato donde se enfatizaba el fracaso francés en Cataluña.6 Además, señalaba que había sido infectado en la batalla de Girona cuando el autor escribía que: «morí lo rei de França de la malaltia que havia guanyada en Catalunya». 7 Para el cronista, la dolencia no fue una mera circunstancia azarosa, sino que había sido causada por la derrota, algo que, desde el punto de vista del catalán, era absolutamente esencial. Por último, informaba que había muerto en Perpiñán, y desmentía la noticia de otras versiones que no consideraba válidas. En este sentido, los Gesta Comitum apoyaban la versión de Desclot y perseveraban en el hecho de insistir en que falleció a causa de la plaga gerundense en Perpiñán. 8. Muntaner, como Desclot, realizó un relato largo al respecto, precisamente para enaltecer la derrota del enemigo. En el caso concreto de Muntaner, primero reiteró la capitulación francesa y el bloqueo del paso de Panissars, en el Nordeste del Pirineo catalán. 9 En este contexto, con el ejército francés casi vencido, recalcó que el rey francés estaba muriendo y escribió: «Què us diré? Que el rei de França fou tan dolent, que ab la malautia que havia lo mal li entuixà» (Muntaner 2011: 247-278). Para el cronista, la causa del agravamiento de la enfermedad fue la maldad del monarca. Este argumento se puede relacionar con la venganza divina contra los enemigos del rey Pedro que, según propone el autor, el monarca tenía que llevar a cabo. En este último episodio, Muntaner aprovechaba para incriminar a los responsables de la guerra. Primero hizo hablar al infante Felipe, hijo del rey francés, quien afirmaba con rotundidad ante su padre que «tanta bona gent qui en colpa nostra és morta e morrà». Después, el rey pedía a su hijo que no culpara a su hermano Carlos ya que, según decía, «ben sabets vós que ell no hi ha colpa, que la colpa fo tota de nós e de nostre avoncle, lo rei Carles» (Muntaner 2011: 278). De este modo, el cronista de Peralada metía en boca del soberano francés sus propias opiniones. Esto constituía una gran propaganda hacia el lector, porque conseguía que el rey adversario confesara sus delitos. Para recalcar aún más su transgresión y librar de culpa a los dos hermanos implicados, añadía que «no sots mas dos frares d’una mare qui eixí del millor casal de reis del món e qui són los millors cavallers.»10 Este recuerdo iba dirigido a la hermana del rey Pedro el Grande, la reina consorte de Francia, Isabel de Aragón, que a menudo era olvidada por los cronistas. Este relato demostraba una vez más la devoción que profesaba Muntaner hacia la casa de Aragón, hasta el punto de que si un miembro de la familia real se había enfrentado al rey Pedro, como era el caso, podía disfrutar de cierta redención en la crónica, como los dos infantes franceses. Por último, el rey pedía que Felipe, como futuro monarca, procurase la paz entre las dos coronas y que se esforzara en liberar a su primo, Carlos de Salerno, encarcelado primero en Sicilia y luego en Siurana. Con estas dos peticiones, Muntaner anticipaba los hechos al lector y los presentaba como el resultado de la derrota francesa —ya que eran pronunciadas por el rey tras el fracaso en Cataluña—, como si la paz y la liberación del heredero angevino hubieran sido forzadas a raíz de la victoria catalana. Finalmente, Muntaner daba su propia versión del sitio de la muerte del rey. Según el cronista, el monarca falleció en el albergue de En Sord de Vilanova de la Muga, justo al lado de Peralada11, villa natal del autor. Ello contradecía las otras versiones en las que se decía que había muerto en Perpiñán. Ahora bien, hay que considerar la posibilidad de que fuera una versión de aquella región y le diera veracidad para dar protagonismo a su zona. En el caso de las narrativas sicilianas no se daba tanto eco a esta muerte, aunque se planteaban premisas similares a las catalanas. Concretamente, en el relato de Neocastro también se relacionaba directamente la pestilencia gerundense con la muerte del monarca. 12 En cuanto al relato de Speciale, la muerte del rey Felipe se mencionaba brevemente entre las críticas de la invasión en Cataluña.13 4. El fallecimiento del rey Pedro el Grande en la crónica de Desclot. El rey Pedro el Grande murió el 10 o el 11 de noviembre de 1285 en Vilafranca del Penedès. De acuerdo con su último testamento fechado el 3 de junio de 1282 y firmado en Port Fangós, el monarca fue enterrado en el monasterio de Santes Creus. 14 El primer cronista que mencionaremos es Desclot, quien concluyó su crónica con la muerte del rey. Desde su perspectiva, y como cronista próximo al rey, terminaba una etapa, y este último escrito tenía que servir como el reclamo concluyente de las proezas del rey, con la intención de proteger la imagen del monarca frente a sus detractores. Desclot, antes de mencionar los detalles de la muerte, hacía saber en su relato que la última voluntad del rey era ocupar Mallorca, con el objetivo de poner fin al conflicto con su hermano, el rey Jaime II. Es decir, había que mantener la imagen del rey como soldado hasta el último suspiro. Aun así, el soberano no pudo concluir el viaje. Habiendo salido de Barcelona se «sentí’s tan fort agreujat de sa malaltia [...] e fort afeblit». Primero se detuvo en «l’Espital d’En Guerau de Cervelló»15 y de ahí lo llevaron a su palacio de Vilafranca del Penedès (Desclot 2008: 380). A partir de este hecho, Desclot ofrece un relato lleno de detallismo, siendo uno de los capítulos más extensos de su obra. El objetivo era acabar de potenciar la imagen del rey e informar al lector de cómo se concluyeron aquellos asuntos que pudieran afectar tras su muerte. En este escrito se muestra un rey piadoso que perdonaba a su hermano Jaime, «e a tothom qui mal volgués» (Desclot 2008: 380), y eso le abría las puertas a la concordia con Roma y los otros reinos. De hecho, el perdón era lo que se suponía que tenía que hacer un rey cristiano en su última hora. Ahora bien, al mismo tiempo, ordenaba al infante Alfonso que viajara hasta Mallorca para solucionar el asunto (Desclot 2008: 381). Es decir, Desclot proponía que, incluso en las postrimerías de su vida, el rey era piadoso pero dispuesto a hacer la guerra, características propias del caballero medieval. 4.1. La solución a la excomunión del rey Pedro, según Desclot. En este relato, el cronista catalán abordó uno de los asuntos que más problemáticas había conllevado a lo largo de toda la guerra y que había sido expuesto en todas las crónicas: la sentencia de excomunión. Según Desclot, fue ante el arzobispo de Tarragona Bernat d’Olivella, 16 el obispo de Valencia Jaspert de Botonac17 y el obispo de Huesca Jaume Sarroca18 cuando el rey, en su lecho de muerte, mostraba conocer la existencia de esa bula papal y expresaba su desacuerdo. Era la primera vez que el asunto se mencionaba en la crónica. El soberano afirmaba que no había conquistado Sicilia por «deshonor ni en perjudici de l’Església de Roma», sino que únicamente se había ocupado de «son dret» (Desclot 2008, 382). Este fue el argumento largamente repetido por todos los antiangevinos, aunque una vez más, a la hora de su muerte, había que reivindicar. Desclot añadió que la «sentència de son pastor, justa o no justa, deu esser servada»19 (Desclot 2008, 382). El hecho es que no se negaba la validez del documento, sino que se exigía la absolución. Se pedía, «molt humilment», que el arzobispo de Tarragona absolviera al rey de aquel juicio y, a cambio, juraría mandamiento a la Iglesia20. Para Desclot este era un acto de humildad, a pesar de haber sido uno de los «ardits cavallers del món». En consecuencia, el rey tomó el sacramento de estar bajo el amparo de la Iglesia y el arzobispo «absolvé’l d’aquella sentència» (Desclot 2008:383). De este modo, el rey podía morir sin estar excomulgado, un requisito que, en el universo mental cristiano medieval, era condición sine qua non para la salvación del alma. Desde la perspectiva del cronista, la absolución significaba reconocer la autoridad del rey sobre el territorio y, paralelamente, se denunciaba el intento de usurpación del trono por parte del monarca francés con el beneplácito papal. Sin duda, desde el punto de vista del cronista, no había mejor manera de finalizar el relato de las hazañas del rey. De este modo, para Desclot y sus lectores, el monarca no murió excomulgado. Así, desde la óptica religiosa, el rey enmendaba sus errores con la Sede pontificia. Esto significaba que podía tomar parte del sacramento y que ya no era considerado un rey depuesto por el pontífice. Sin embargo, esto solo sucedía a ojos de los lectores de Desclot, ya que para la Santa Sede siguió estando excomulgado (Ullmann, 1974: 81). Ahora bien, parece ser que, para escribir este fragmento, Desclot se basó en un documento cuestionado en su veracidad. Se trata de los codicilos de los días 3 y 4 de noviembre de $1 2 8 5 ^ { 2 1 }$ donde, tal y como detectó Cingolani, hay fuertes coincidencias con el relato del cronista. 22 En el documento del día 3 el rey habría prometido devolver Sicilia a la Iglesia y ponerse bajo el amparo papal. Sin duda, no tenía coherencia ideológica con las actuaciones del rey y, de hecho, esto habría supuesto un fuerte estremecimiento por todo el movimiento gibelino, que había liderado durante los últimos años el monarca aragonés. No obstante, si se tiene en cuenta que el documento queda bajo sospecha de haber sido falsificado, abre las puertas a un debate que está lejos de concluir. El primero en desconfiar del codicilo fue Amari (1843:155). Bofarull también sospechó de su falsedad dado que el documento estaba tachado con una gran cruz. Sin embargo, Carini desmintió esta versión porque muchos otros escritos también estaban tachados y no eran falsos23. No fue hasta la publicación del trabajo de La Mantia (1918: 249-253) cuando se volvió a poner de relieve este asunto. El diplomatista fue contundente y se mostró convencido de que se trataba de un documento falso. Por otra parte, y contradiciendo la primera hipótesis, Soldevila sugirió que el documento era auténtico y que el juramento se habría arrancado al rey en sus últimos momentos bajo presión del confesor (Soldevila 1963: 259-261). Después, el documento se habría mantenido en secreto y considerado no válido. Sin embargo, algunas décadas después, Sobrequés observaba las mismas contradicciones que La Mantia. Ambos ponían en duda el codicilo, precisamente, porque el mismo día el infante Alfonso había firmado la renuncia de Sicilia en favor del infante Jaime. 24 El historiador siciliano, además, añadía que la forma del documento era totalmente anómala y que el documento no tendría ningún valor para la cancillería regia. Por ello, suponía que el documento falso tenía un origen eclesiástico, ya que los religiosos serían los principales interesados recibiendo donaciones, limosnas y tomando decisiones sobre tierras eclesiásticas que habían sido requisadas por casos de traición. Es decir, todas las sospechas recayeron sobre los principales beneficiarios. Uno de los últimos autores que investigó sobre este asunto fue Cingolani, quien se mostró completamente de acuerdo con los últimos análisis y añadió una prueba más de la falsedad documental. En el codicilo, supuestamente, el rey pedía ser enterrado en Santes Creus, algo, sin embargo, que ya había ordenado en su testamento de Port Fangós. Es decir, el monarca no tenía que elegir, sino, en todo caso, confirmar. El redactor no conocía o no recordaba el testamento y, sin duda, esta repetición serviría para justificar las donaciones al cenobio. Concluye que, aunque no se puede saber con exactitud, el documento estaría pensado para beneficiarse económicamente y fundamentar las bases de paz con el pontífice. Los testigos, Hug de Mataplana, preboste de Marsella, Ponç de Solsona y Bertran de Vilafranca, podrían ser los ejecutores del escrito. Cingolani también sugería que el abad de Santes Creus y el obispo de Valencia podían estar implicados. Así, pues, la conclusión a la que llega Cingolani es que Desclot había utilizado este documento para reproducir la escena de la muerte del rey. Y esto explicaría los cambios que hace Desclot del texto original, ya que no estaba de acuerdo. El historiador italiano también defendió que el relato sobre los últimos días era falso en un alto grado y tampoco eran fidedignos los posibles testigos oculares como Jaspert de Botonac o Gener, el abad de Santes Creus (Cingolani 2006: 666-676). 25. Hay que estimar, pues, que ante los argumentos que se han aportado, se comparten las opiniones de los investigadores que han precedido este presente análisis. Sin embargo, es necesario aportar hipótesis del porqué Desclot utilizó un documento marcadamente güelfo para finalizar su obra. El documento en sí constituía un atentado contra la política del rey Pedro ejercida durante todo el reinado, y hay que valorar que estaba en las antípodas del pensamiento que Desclot había mostrado durante toda su narración. Por lo tanto, además de las razones antes señaladas por los otros autores, se ha de considerar falso porque no corresponde a la ideología gibelina del monarca. Parece lógico pensar que habrían sido los círculos eclesiásticos dispuestos a forzar la situación para beneficio propio y del papado. Podría tratarse, pues, de un golpe de estado fallido. Ahora bien, si esto había sido conocido por el rey Alfonso ¿no se habrían producido ejecuciones, destituciones o exilios? Es posible que, precisamente para evitar esto, se tomase cuidado de guardar en secreto el documento y hay que considerarlo un intento fracasado de los partidarios de la Sede apostólica. Ciertamente, algunos eclesiásticos habían sido colaboracionistas de los franceses.26 Asimismo, habría que añadir posibles enemistades personales con el rey. Por ejemplo, el obispo de Huesca había sido expropiado de bienes que pertenecían al difunto rey Jaime, y que Pedro el Grande consideró que no le correspondían (Martínez 1962: 49-60). Además, hay que plantear que tal vez fuese partidario de la emergente unión aragonesa. También, los otros eclesiásticos podían considerar que no eran lo suficientemente protagonistas en la política regia: puesto que la presencia güelfa dentro de la Corona estaba formada por eclesiásticos de alto rango y ellos carecían de poder para lograr sus objetivos, habrían formulado el falso documento. En todo caso, el ideario güelfo reflejado en este documento se vería satisfecho con la actuación de Jaime II cuando, tras el pacto de Anagni, entregó Sicilia al papado. Este hecho supuso un terremoto político en la isla y, como respuesta, se coronó al rey Federico. 27. Ahora bien, después de todas estas hipótesis, solo queda averiguar por qué Desclot utilizó este documento sabiendo que era contrario a la política del rey y que nunca se llevó a cabo. Hay que tener en cuenta que el cronista apostaba por la absolución de la sentencia papal, pero no mencionaba el regreso de Sicilia en manos pontificales, algo que seguramente le parecía del todo desproporcionado. El documento falso lo empleó para relatar la nulidad de la bula de excomunión. La utilización de este documento explicaría por qué daba protagonismo a tantos eclesiásticos en este pasaje, cuando durante todo su relato no lo había hecho. Esto, le servía para argumentar la absolución28. Sin duda, teniendo en cuenta las dotes intelectuales del cronista catalán, sabía que el documento falso en el que se basó era una profunda contradicción ideológica, pero lo usaba porque, al menos en su relato, el monarca no muriera excomulgado. Esta premisa era absolutamente esencial para la tranquilidad del lector cristiano y partidario del rey. En otras palabras, para la mentalidad medieval de Desclot, pese a que el rey fuera líder del gibelinismo y jefe de la revuelta contra el papado que provocó en Sicilia y tierras itálicas, no podía permitir que muriera condenado. En este sentido, a la hora de la muerte, pesaba más la religiosidad que los actos de coherencia ideológica. Aun así, desde las posiciones gibelinas no se cuestionaba el poder religioso del pontífice, sino la falta de autoridad sobre los asuntos temporales y, por tanto, el relato de Desclot, no suponía una contradicción en sí misma. Desclot concedió la importancia de que, al menos en su escrito, el monarca no muriera sin estar dentro del amparo eclesiástico. Era una manera de ocultar la realidad al público catalán para asegurarse el éxito de su propaganda, ya que, efectivamente, el monarca murió excomulgado. Sin embargo, hay que añadir una última hipótesis. Uno de los objetivos de la crónica de Desclot fue la sacralización del rey. Y la absolución de la sentencia papal constituía un modo de culminar esta premisa. Es decir, sin la supuesta absolución, el concepto de sacralización del monarca hubiera sido mucho más difícil de aceptar para la corte del rey y los lectores de la crónica. Por ello, hay que considerar que Desclot utilizó el documento falso y lo manipuló en favor de sus propios argumentos, sin que ello significara una contradicción con su propio pensamiento o con la ideología regia. 4.2 La inminencia de la muerte del monarca desde la óptica de Desclot. Siguiendo con el análisis del relato, Desclot mostró un rey consciente de su muerte inminente y hizo retórica basándose en el memento mori. El monarca pedía consejo al obispo de Valencia, no como rey, sino «com a hom mort» (Desclot 2008: 383-384). Este relato de Desclot constituye una simbiosis entre la presentación de la valentía del rey y la preparación del lector para la muerte del monarca. El autor reprodujo el discurso del obispo y puso en su boca que el rey Pedro, como sus ancestros, «foren bons cristians e amics de nostre Senyor, especialment vostre pare». El eclesiástico añadía que era menester que el rey perdonara a «tot hom que mal vos haja fet». 29 Para cumplir esta propuesta ordenó liberar a todos los prisioneros, salvo al príncipe Carlos de Salerno. 30. Además, el cronista reprodujo el momento de la confesión que el rey hizo en presencia de Galceran de Tous, monje de Santes Creus —quien también habría escrito una crónica— y el guardián de los frailes menores de Vilafranca. Tal y como cabía esperar en tal situación, el rey reconocía «haver estat molt pecador» y haber «fallit molt contra Déu», añadiendo «mas he fet e esperança en Déu que ell m’haja mercè». Ahora bien, el rey mostraba su desconfianza ante la posibilidad de no ser digno por «reebre lo cors de Jesucrist» (Desclot 2008: 385-386). Por ello, la crónica señala que pidió al guardián de los frailes menores que rezara a su monasterio para probar si esto podía ser cierto. Sin embargo, no hubo ninguna señal «visible o no visible» que indicara que el rey no pudiera tomar el cuerpo de Jesucristo. En consecuencia, el rey obtuvo el sacramento, se arrodilló sobre un colchón, oró y recibió el «cors molt humilment». 31 La intención de este relato era mostrar al monarca extremadamente humilde en sus últimas horas. Ello también constituía un recurso literario con el que enaltecer más la figura del rey. Así mismo, Desclot relató los últimos síntomas de la enfermedad regia: debilidad, sordera y ceguera. Y apunta que el monarca murió la «vespra de sant Martí» del año 1285, es decir, el 10 de noviembre (Desclot 2008: 386). Hay cierta confusión al respecto porque, como se menciona después, algunos autores sugerían que fue el 11 y no el 10. En todo caso, el rey Pedro fue enterrado en Santes Creus tal como había dispuesto en el testamento firmado en Port Fangós en 1282. En Vilafranca, los monjes de Santes Creus prepararon el cuerpo del monarca para la sepultura; primero lo bañaron y luego lo vistieron con el hábito cisterciense. Seguidamente, depositaron sus restos en una caja, probablemente de madera, que se forró por dentro y fuera de «bell preset vermell». Después, el cuerpo del rey fue trasladado al monasterio, donde recibió sepultura ante el altar mayor; el séquito estuvo dos días «en fort dol e plant». 32 Posiblemente, la ubicación de esta primera tumba, en una posición cercana al altar mayor, pudo ser muy similar a la del sepulcro actual, promocionado por su hijo Jaime II y construido a partir de 1291. 33 Finalmente, Desclot cerró su crónica con la muerte del soberano. 34. En conclusión, hay que destacar que es muy relevante que Desclot insistiese en la patología del rey, algo que resaltaba por negar las versiones güelfas donde se sugería que murió de las heridas sufridas en la batalla. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que Desclot explicó los acontecimientos con mucho detalle y no se puede descartar la posibilidad de que estuviera presente en Vilafranca; 35 si no estuvo allí presencialmente, pudo contar con otros testigos oculares, como el abad Gener de Santes Creus, tío de Bernat Escrivà, quien, según Coll, sería el propio Desclot (Coll 1949: 225-237). 5. La muerte del monarca aragonés en los otros relatos catalanoaragoneses. En el caso de Muntaner, el relato sobre la muerte del rey es más breve y pone énfasis en asuntos que Desclot casi no menciona, como por ejemplo el testamento del rey. Dado que el cronista escribió décadas después de que tuvieran lugar los acontecimientos narrados, ello le permitió ofrecer una mayor distancia temporal y emocional y, por ello, añadió información que en los tiempos de Muntaner fue esencial, como el reparto del territorio. En primer lugar, Muntaner coincide con Desclot cuando informa de que el rey, justo al salir de Barcelona, enfermó y se «refredà» y «venc-li cremoreta de febre». Según el cronista, se detuvieron primero en Sant Climent36 —y no en el Hospital de Cervelló, como aseguraba Desclot— y seguidamente se trasladaron a Vilafranca (Muntaner 2011: 256). De entre todos los médicos, Muntaner destacó a Arnau de Vilanova, algo que Desclot no mencionó y, por tanto, hay que considerar que Muntaner conoció otros documentos al respecto. Quizás, en tiempo del cronista de Peralada, el médico era más conocido que en los años de Desclot. En segundo lugar, Muntaner no recreó igual que Desclot los momentos de confesión del rey, sino que se limitó a mencionar que «se confessà moltes vegades» ante los obispos y el abad de Santes Creus. También añadió que recibía «tots lo sagraments de la Santa Esglèia ab gran devoció e ab gran contricció de sos pecats». 37 Había que mencionar que el rey Pedro murió habiéndose confesado, pero evitaba hacer una lamentación como la que hacía Desclot. Se puede considerar que el motivo de esta diferencia se debe a que el primer autor catalán era más susceptible a las opiniones güelfas y, por ello, había que reivindicar la honorabilidad del rey hasta el último instante. Para Muntaner esto no era tan conveniente porque ya se había realizado una defensa durante toda la crónica. Además, la distancia temporal —respecto a Desclot y a los cronistas güelfos más importantes como Malaspina—, había hecho perder peso a los primeros argumentos propapales y, quizá, ya no se requería una respuesta tan contundente. En cambio, lo que para Muntaner fue más relevante era la herencia terrenal dejada. Las consecuencias de aquel reparto fue lo que vivió el cronista y sobre lo que se basó el resto de su narración. Así, después de mencionar las órdenes del infante Alfonso para ocupar Mallorca (Muntaner 2011: 257), el cronista detalló la herencia regia. En tercer lugar, el autor relata el modo en que se leyó el testamento en presencia del rey y otros prohombres de alto rango, como el arzobispo de Tarragona, otros ocho obispos y el abad de Santes Creus. Esta lectura se hizo de manera pública para evitar que hubiera disconformidades y Muntaner la exponía como un hecho esencial en la política de la Corona. En su crónica dio igual o más importancia al testamento que a la muerte en sí. El autor recordaba que el infante Alfonso debía ser el heredero de Aragón, Valencia y Cataluña. El infante Pedro, el hermano menor, estaba obligado a «donar consell e ajuda»; y la infanta Violante debía casarse con algún rey. 38 Y, por último, el infante Jaime recibiría Sicilia. También mencionó la cláusula según la cual, si Alfonso moría sin descendencia, Jaime se ocuparía de todos los territorios de la Corona. En cambio, si Jaime fallecía, sería el infante Federico quien recibiría Sicilia. 39 Estas últimas premisas fueron esenciales para las siguientes décadas y las causas principales del conflicto en Sicilia. Precisamente, es palpable la diferencia con Desclot porque Muntaner avanzó los eventos que tendrían lugar en años posteriores, algo que Desclot o bien desconocía, o bien le fueron irrelevantes, ya que la muerte del rey ocupó toda su atención narrativa. Finalmente, Muntaner escribió sobre el momento de la muerte del rey que, según el cronista, se produjo el día de San Martín, 11 de noviembre, algo que contradecía la versión de Desclot. En aquella jornada Muntaner señaló que moría «lo millor cavaller del món e el pus savi e el pus graciós de totes gents». 40 Según el autor, cuando se supo la noticia, las gentes de «tota la terra» se movilizaron: más de 20.000 personas de Barcelona, y 5.000 de Tarragona y el Penedès se personaron en Vilafranca. 41 Una cifra que, sin lugar a dudas, es exagerada. Después, llevaron el cuerpo al monasterio de Santes Creus donde el autor apunta que se hizo el oficio con toda solemnidad, «per ço con ell era absolt, que havia jurat manament de santa Esgleia.»42 Del mismo modo que hizo Desclot, el cronista de Peralada debía resaltar que había sido perdonado, aunque sin entrar en detalle, y, por ello, no quedaba fuera de los ritos eclesiásticos, ni tampoco podía ser considerado un rey depuesto. Como el primer cronista, Muntaner reforzaba la idea de la sacralización regia al resaltar la absolución de su exvcomunión. Ahora bien, la diferencia entre Desclot y Muntaner en el tratamiento de la muerte del rey se hace evidente. Para el primero, la crónica no tenía motivos para continuar. En cambio, para Muntaner, terminaba una etapa y representaba un corte en el relato histórico, pero ello no era motivo para cerrar la crónica. Los Gesta Comitum también destacaban extensamente la defunción del rey Pedro, ya que —como no podía ser de otra manera—, el monarca había sido el protagonista de la narrativa durante sus años de reinado. Como las versiones anteriores, este relato sostuvo que Pedro III había muerto de enfermedad, dada la fiebre que había sufrido. Paralelamente, el autor destacó la conquista de Mallorca por el infante Alfonso y puso énfasis en el carácter bélico del rey a pesar de la patología. Como todos los relatos catalanes, la narración apunta que el rey se había reconciliado con la Iglesia y que antes de fallecer había sido penitente y se había confesado. El autor de los Gesta seguía la fecha del deceso regio sugerida por Desclot, la víspera del día de San Martín, el 10 de noviembre. Por último, mencionaba el reparto de los reinos entre los herederos y el entierro en Santes Creus.43. La Crónica de San Juan de la Peña, que posiblemente tomó como referencia Muntaner, primero menciona el testamento del rey. 44 Sobre el óbito del monarca el texto acentúa que, antes de morir, Pedro III se había «penedido et confessado con grant contriccion de sus peccados». 45 Otra vez, se repite el mismo paradigma. Por un lado, se destaca el reparto de los reinos, algo que en los tiempos de la escritura de esta crónica — como la de Muntaner— era esencial y uno de los asuntos que ocupaba la política del momento. Y, por otra parte, se señalaba que el rey había muerto confesado y no excomulgado. 6. La muerte del rey desde las ópticas sicilianas. En el ámbito siciliano destaca el relato de Neocastro, que únicamente hizo un breve pasaje sobre la muerte del rey. Al igual que los autores catalanes, este texto reafirma que el monarca falleció de enfermedad el día 11 de noviembre (como Muntaner). Ciertamente, es una mención muy fugaz, sobre todo si se compara con las narrativas catalanas. Uno de los motivos que puede explicar esto es que, a pesar de que había muerto el rey siciliano, la crónica no se detenía y tampoco quería suponer una conmoción para el lector, como sí buscaron Desclot y Muntaner. Así, el autor de Messina demostró en este episodio, por un lado, una menor estima hacia el rey Pedro que los cronistas catalanes y, por otro, una necesidad de centrarse en asuntos únicamente sicilianos y con el nuevo rey Jaime al frente, de forma que la muerte del rey Pedro pasó a ser una cuestión menor. Ahora bien, hay que decir que, en el fondo, el óbito del monarca supuso para la crónica un antes y un después, tanto en la exposición de argumentos como en el relato de los hechos. Sobre la sucesión aragonesa únicamente mencionó la coronación de Alfonso en Zaragoza, como un hecho casi meramente anecdótico. 46 En cambio, lógicamente, sobre la coronación del rey Jaime como monarca siciliano, dedicó extensas líneas (Neocastro, 1921: 81). Precisamente, a partir de la muerte del rey Pedro, la narrativa catalana y siciliana tomaron caminos diferentes, con enaltecimientos de dos monarcas distintos e, incluso, más adelante, con argumentarios políticos desiguales. 47. También Speciale hizo un breve relato y, como Muntaner, dio mucho énfasis al testamento. Los motivos fueron similares en ambos casos, ya que los dos cronistas son contemporáneos. Al igual que para el autor de Peralada, Speciale valoró que el reparto de la herencia debía ser el punto primordial para relatar, dado que fuee este asunto el que tuvo más impacto en los tiempos del cronista. En este caso, solo mencionó la situación de los tres infantes que se convirtieron en reyes: Alfonso, Jaime y Federico (Speciale 1727: 951). Como en el escrito de Neocastro, la muerte del rey no fue narrada para ser entendida como un infortunio, sino como un hecho más que llevaba a una nueva situación. No había necesidad de hacer una lamentación como hizo Desclot, sino que era primordial centrarse con los asuntos del nuevo soberano y el fallecimiento del rey Pedro únicamente abría las puertas a ese escenario. Sin embargo, aunque no se hizo un gran relato al respecto, el óbito del monarca permitió la exposición de nuevos argumentos y otros relatos más centrados en Sicilia. La versión más reducida sobre la muerte del rey Pedro en una narración siciliana la constituye la recogida en la Cronica Sicilie. Según el autor anónimo, el rey murió de una fractura de tibia, lo que aporta una versión diferente de la dada por los otros autores antiangevinos. 48 Como en el caso de Neocastro y Speciale, la muerte del monarca constituía un relato necesario que permitía centrar la crónica a partir de ese momebto en la figura del nuevo rey y en los asuntos sicilianos. 7. El fallecimiento del rey Pedro en los relatos güelfos. Las narrativas güelfas no ofrecieron tanto interés por el deceso del rey Pedro como las catalanas y sicilianas; y algunas como la de Malaspina habían finalizado su recorrido histórico antes de estos acontecimientos. Aun así, destaca un breve relato sobre la muerte del rey Pedro escrito por Salimbene, que también situó el óbito real en la víspera de San Martín, el día 10 de noviembre. Este autor se limitó a mencionar que se informó al papa Honorio IV y a los descendientes del monarca, entre ellos, los hijos del rey Felipe el Atrevido, los sobrinos del rey Pedro49. Como cronista que se ocupaba de la escena europea, daba énfasis a quien recibió esta información. También destacan cronistas como Guillermo de Nangis, quien aseguró que el rey había muerto por las heridas causadas por los franceses en la batalla de Santa María, en Girona. 50 Sin duda, esta fue la premisa central en los relatos güelfos sobre el fallecimiento del monarca. Este argumento sirvió para demostrar que el rey había sido derrotado y que había muerto por las heridas francesas, y no por enfermedad, como sugerían los siculocatalanes. Además, hay que resaltar el escrito de Sanudo, donde se relató que en la batalla el rey fue descabalgado y herido con una espada; después enfermó y murió. 51 Es decir, remarcaba la versión de la defunción por las heridas y, por tanto, reafirmaba la idea del rey vencido. Es también interesante el escrito de Villani, autor a quien en otras ocasiones se podría conceder el beneficio de la duda, pero, en este caso, conociendo la documentación catalana sobre el deceso del rey, el autor florentino relató falsedades a fin de agrandar la propaganda güelfa; según su relato, fue en la batalla de Santa María donde el rey fue herido en la cara por una lanza y fue «ritenuto e presó per le redine di suo caballo»; 52 después de ser herido, habría huido, refugiándose en Vilafranca. De este modo, el cronista introdujo dos premisas contra el rey: la derrota que mostraban las heridas y la cobardía por huir. Además, el florentino añadió que el monarca no tuvo buen cuidado del corte y que «giacque carnalment con una donna non essendo salda né guarida la piaga» (Villani 1991: lib. 8, 467-468). Es decir, quiso mostrar la imagen de un rey absolutamente pecaminoso y con poca astucia para cuidar la lesión, precisamente todo lo contrario de lo que se propuso Desclot. Para concluir, añadió que Pedro III murió el 9 de noviembre y fue enterrado en Barcelona, afirmaciones que demuestran su desinformación, o bien, su invención. 8. Conclusiones. En conclusión, en torno a los discursos sobre las muertes de los monarcas se realizaron unas disertaciones con la intención de enaltecerlos o injuriarlos. Para los cronistas enemigos del rey francés fue un momento trascendental para reivindicar su victoria. Estos escritos enfatizaron el relato del fallecimiento del monarca francés y lo relacionaron directamente con la epidemia de Girona. Era una de las maneras más lógicas —desde la perspectiva catalanosícula— de recalcar no solo la derrota del enemigo, sino también que el rey había perdido la vida. Es decir, para estas narrativas, la enfermedad equivaldría a las heridas de batalla, y la defunción por la peste sería semejante a una muerte debido a la guerra. En cambio, los cronistas güelfos evitaron plantearse que el rey Felipe, además de perder la guerra, también perdiera la vida en la contienda, un argumento que sería del todo desolador para el lector francés y que es, precisamente, el que utilizaron los narradores catalanes. A raíz de la muerte del rey aragonés, los cronistas güelfos injuriaron su figura, la despreciaron y dieron por hecho que había muerto por las heridas de la batalla y excomulgado; era una manera de reivindicar su supuesta victoria. En cambio, para los cronistas catalanes, la hora de la muerte del rey Pedro fue el momento para reivindicarlo como legítimo soberano del trono aragonés y para resolver cualquier duda sobre su alma excomulgada. Desclot escribió un texto de lamentación por el óbito del rey que debía servir para contestar a los argumentos güelfos hasta el último suspiro. Para el cronista resultaba esencial que el rey no muriera excomulgado, ni quedase fuera de la Iglesia, ni se identificase como un enemigo de Roma. Su relato de la absolución sirvió como respuesta al adversario para que el rey no fuera considerado un monarca depuesto. De esta manera, el lector cristiano podía estar satisfecho con la actuación del monarca. Al mismo tiempo, la crónica de Desclot —y también la de Muntaner— abría las puertas a una sacralización completa del rey, sin problemáticas con el pontífice. En cambio, para los cronistas sicilianos la muerte del rey Pedro fue circunstancial y no vieron necesidad de hacer una gran lamentación como hicieron los escritores catalanes. Para entender este hecho hay que considerar que, para ellos, el auténtico heredero era Jaime, pues pertenecía a la estirpe de la casa real siciliana y Staufen. Además, el rey Pedro tampoco disfrutó del protagonismo absoluto de las crónicas sículas. Si bien su fallecimiento significó un cambio de período, no constituyó un motivo para hacer un escrito de lamento, sino que había que focalizar la mirada en el nuevo monarca. El óbito de estos reyes sirvió, a menudo, en las crónicas más relevantes, para concluir las narraciones sobre la guerra que había iniciado el rey Pedro. Así, pues, constituyó un momento trascendental al ser uno de los últimos relatos que servirían para convencer al lector de sus razones políticas. La muerte de ambos soberanos se empleó para desarrollar una discusión dialéctica entre los cronistas que querían difundir sus ideas y propaganda política entre sus lectores. 9. Referencias 1. Fuentes primarias. ADAM, Salimbene de (1905), «Cronica Fratris Salimbene de Adam, Ordinis Minorum.» En Monumenta Germania Historica, vol. 32. Hannover: Impensis Bibliopolii Hahniani. CARINI, Isidoro (1884), Gli Archivi e le biblioteche di Spagna in rapporto allà storia d’Italia in generale e di Sicilia in particolare. Vol. 2. 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15,315
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La relación de Alfonso III de Aragón (1285-1291) con la monarquía inglesa: The Relationship between Alfonso III of Aragón (1285-1291) and the English Monarchy
LA RELACIÓN DE ALFONSO III DE ARAGÓN (1285-1291) CON LA MONARQUÍA INGLESA. THE RELATIONSHIP BETWEEN ALFONSO III OF ARAGÓN (1285-1291) AND THE ENGLISH MONARCHY. Resumen: La relación entre Aragón e Inglaterra durante el reinado de Alfonso III de Aragón (1285-1291), también conocido por la historiografía como «el Franco» o «el Liberal», fue muy cercana y no solo con Eduardo I, sino también con su esposa la reina Leonor de Castilla. Como fruto de esa alianza se firmaron los tratados de Olorón (1287) y Canfranc (1288) en el seno de unas turbulentas relaciones entre los reinos europeos. Aunque Thomas Rymer transcribió la mayoría de los documentos de esta relación entre los siglos xvii y xviii, no incluyó todos los diplomas existentes y se equivocó en la datación de algunos de ellos. Este artículo completa el trabajo de Rymer y analiza qué temas se trataron entre los reyes. Abstract: The relationship between Aragon and England during the reign of Alfonso III of Aragon (1285-1291), also known by historians as «the Franco» or «the Liberal», was very close and not only with Eduardo I, but also with his wife Eleanor of Castile. As a result of this alliance, the treaties of OloronSainte-Marie (1287) and Canfranc (1288) were signed within a lot of turbulent relations between the European kingdoms. Although Thomas Rymer transcribed the most of the documents about this relationship between the $1 7 ^ { \mathrm { t h } }$ and $1 8 ^ { \mathrm { t h } }$ centuries, he didn’t include all the existing documents and he was wrong in the dating of some of them. This work completes Rymer’s study and de Aragón e Inglaterra durante sus muy habituales contactos. Palabras clave: Alfonso III de Aragón, Eduardo I de Inglaterra, Leonor de Castilla, relaciones internacionales, siglo xiii. analyzes which topics were discussed between the kings of Aragon and England during their very regular contacts. Key words: Alfonso III of Aragon, Edward I of England, Eleanor of Castile, international relations, $1 3 ^ { \mathrm { t h } }$ century. 1. Introducción. En muchos aspectos, Alfonso III de Aragón (1285-1291) sigue siendo todavía un gran desconocido al no haber sido objeto hasta el momento de ningún estudio específico dirigido a su persona, a excepción, si cabe, de una obra que escribió Ludwig Klüpfel a comienzos del siglo xx de difícil acceso además de comprensión para cualquiera que no entienda el alemán (Klüpfel, 1911).1. Situado cronológicamente entre monarcas de renombre como Jaime I, Pedro III y Jaime II que sí han llamado la atención de los historiadores, Alfonso III ha pasado en gran medida bastante desapercibido y aquellos que le han dedicado algunas líneas, por lo general tampoco muchas, lo han hecho en estudios que versan sobre temáticas mucho más amplias. A día de hoy, si los reyes anteriormente citados cuentan con biografías y densos estudios elaborados en el siglo xxi, en el caso de Alfonso III los estudios más completos siguen siendo los que Ferrán Soldevila escribió en la década de los sesenta de la pasada centuria (Soldevila, 1963).2. Al mismo tiempo que el panorama historiográfico sobre Alfonso III es un tanto desolador, paradójicamente las circunstancias internacionales en las que se vio inmerso su reinado no faltan en ningún manual sobre Historia Medieval en tanto en cuanto hablamos de un momento crucial en el juego de relaciones entre las distintas potencias que pretendían el control del Mediterráneo. Así, por ejemplo, citando uno de los más recientes: Pedro III vio ampliado su reino, con la incorporación de Sicilia a su Corona, que cedió a su segundo hijo, el futuro Jaime II de Aragón, al tiempo que dejaba el trono aragonés a su primogénito, Alfonso III. El nuevo rey de Nápoles, Carlos II de Anjou, renunció a la corona siciliana (Tratado de Barcelona, de 1287) a cambio de su liberación, pero dicho Tratado no fue aceptado por el Papa, por lo que el napolitano tuvo que volver a ratificar su renuncia mediante el Tratado de Olorón (1288), esta vez con la mediación de Eduardo I de Inglaterra. Tampoco fue aceptado por el Papa, aún cuando, en esta ocasión, se había producido la liberación de Carlos II. Por el Tratado de Tarascón (1291), se pretendió poner fin, definitivamente, al problema siciliano (Donado, Echevarría y Barquero, 2014: 60). En lo que se refiere a la monarquía inglesa dejaré intencionadamente para más adelante las principales referencias de obligada consulta para el tema que abordo en este artículo, puesto que, a diferencia de Alfonso III, tanto Eduardo I —responsable de, entre otras cosas, la expulsión de los judíos de Inglaterra en 1290 o de importantes campañas de expansión contra Gales y Escocia— como su primera esposa, Leonor de Castilla, han generado una abundantísima cantidad de publicaciones sobre ellos de muy diferente signo, a las que hay que sumar el interés que los reyes generaron tanto para novelistas como para guionistas cinematográficos.3. Para todo lo que se refiere a las relaciones entre Inglaterra y las demás potencias extranjeras, la obra de referencia que más ha sido citada por parte de historiadores de todas las generaciones ha sido la que compiló Thomas Rymer a caballo entre los siglos xvii y xviii, conocida por lo general por su forma abreviada como los Foedera y que consiste en, como lo definió Gerard Reedy, «thousands of parallel columns of objective, passionless, magnificent documentation about English history from 1101 and the reign of Henry I» (Reedy, 1978: 412). Desde ese punto de vista, la inmensa mayoría de la correspondencia que tuvo lugar entre la monarquía inglesa y Alfonso III de Aragón en el marco de la estrecha colaboración que hubo entre ellos en todo momento fue ya transcrita y publicada por Rymer en sus Foedera, si bien, al haber trabajado exclusivamente con la documentación contenida en los archivos ingleses y no haber explorado los que se custodian en otros lugares como el Archivo de la Corona de Aragón, hay algunos diplomas que no figuran en su magno trabajo, además de algún que otro error menor de datación. Por este motivo, el trabajo que presento a continuación en este reconocimiento académico al profesor Juan Utrilla intentará cubrir las lagunas que dejó Rymer, además de profundizar en otras cuestiones no tratadas por él. 2. La relación de Alfonso III con Eduardo I. Si los tratados internacionales que se suscribieron en este periodo han encontrado su reflejo en los principales manuales de Historia Medieval, lo mismo sucede, como no podía ser de otra manera, con todos aquellos estudios en los que se aborda la historia de Aragón y, más en concreto, la de la Edad Media. Una sucinta aproximación a lo que acontece en estos momentos podemos encontrarla, por ejemplo, en Canellas (1986) o en Rábade, Ramírez y Utrilla (2005). Los contactos de Alfonso III con la monarquía inglesa pueden rastrearse a la época en la que él era infante, tal y como ha demostrado Stefano Cingolani, con un documento de 2 de mayo de 1282 en el que le informa de su buena salud o con otro del 12 de octubre redactado con el mismo propósito (Cingolani, 2015: 445-446 y 488).4 El momento no podía ser más oportuno: Pedro III se encontraba enfrentado de lleno a los Anjou por el dominio de Sicilia y el infante Alfonso, ante el incierto devenir que podían tener los acontecimientos intentaba que no languidecieran las buenas relaciones con la monarquía inglesa que siempre había tenido su padre. Ciertamente, en tanto en cuanto la política que desarrolló Alfonso III se caracterizó fundamentalmente por la continuidad con respecto a la de su padre, no se puede entender la relación de este con Inglaterra sin echar un vistazo al periodo de Pedro III y ver cómo, en 1273, recién proclamado Eduardo I como monarca inglés y siendo todavía Jaime I rey de Aragón, ya se proyectó la boda entre el niño Alfonso y la todavía más niña Leonor (Darwin Swift, 1890: 326-328). El enfrentamiento que Pedro III mantuvo con los Anjou, la incorporación de Sicilia a los dominios aragoneses y la consiguiente excomunión que esto supuso para la monarquía aragonesa, provocó que Eduardo I lo dilatara cada vez más —aunque lo habitual era que, tan pronto se concertaba un matrimonio, las princesas fueran llevadas lo antes posible a las tierras del que sería su marido a fin de familiarizarse tempranamente con las peculiaridades de su futuro reino (Cingolani, 2015: 61)—, amparándose en la guerra que el rey inglés mantenía contra Gales cuando, en realidad, quería evitar a toda costa un enfrentamiento con la Santa Sede (Goodman, 1989: 83). 5. La muerte de Pedro III en 1285, así como la de Carlos I de Anjou, Felipe III de Francia y del papa Martín IV también en ese mismo año, provocó que en todos los territorios fueran sus respectivos herederos los que continuaran la política de sus antecesores. Eduardo I quedó como el único que había asistido a todas estas fricciones internacionales desde el principio y que, al no fallecer hasta 1307, las vería concluir o, cuando menos, atenuarse a partir del tratado de Anagni de 1295 y de la indiscutible supremacía de Felipe IV de Francia tras la muerte de Bonifacio VIII. Considerado por tanto Eduardo I como el árbitro por excelencia para dirimir todas estas cuestiones, en la segunda mitad de la década de los ochenta se dio la necesidad perentoria de normalizar las relaciones entre Aragón y Francia o, cuando menos, de evitar nuevos enfrentamientos armados. Con este fin, Alfonso III facultó a partir de mayo de 1286 al monarca inglés para que llevara las riendas de las negociaciones conducentes a la formalización de una tregua (docs. 1 y 2), aun cuando al principio se manifestaron algunas dificultades (docs. 3 y 4), especialmente por parte de un Honorio IV que, también en ese mismo mes de mayo, calificaba a los aragoneses de indevotos (Rymer, 1789: 8).6. En todo este contexto de comunicaciones entre monarcas cobran especial importancia las cartas de creencia, documentos sin valor legal per se —a diferencia de los acuerdos o los tratados de paz— en los que el rey identificaba a las personas que le representaban e, indicándole que acudían ante él como enviados suyos, rogaba al destinatario que creyera todo lo que le contarían (Chaplais, 2003: 82). En este sentido, en tanto en cuanto los temas a debatir se trataban muchas veces verbalmente mediante estos mensajeros, nos encontramos con la circunstancia de que la que ya habló Stefano Cingolani: tenemos constancia de comunicación entre dos monarcas, pero no sabemos a ciencia cierta el asunto tratado al no aparecer reflejado por escrito (Cingolani, 2015: 60). En el verano de 1287, después de un primer semestre en el que Alfonso III se encargó de recaudar fondos para realizar el viaje y celebrar su encuentro con Eduardo I, se firmó el tratado de Olorón en el que: El aragonés demandaba el reconocimiento internacional de las recientes incorporaciones de la Corona, es decir, de los reinos de Mallorca, Menorca y Sicilia; quería también la supresión de los derechos de Carlos de Valois, y la creación del reino de Murcia, que sería entregado al infante castellano Alfonso de la Cerda; ofrecía, a cambio, liberar a su rehén Carlos de Salerno, tras el pago de un cuantioso rescate (Rábade, Ramírez y Utrilla, 2005: 425). Sin ninguna duda, el tema que más preocupaba internacionalmente era el hecho de que Carlos II de Anjou, príncipe de Salerno, hubiera sido hecho prisionero por Aragón y que fuera utilizado como un continuo instrumento de Alfonso III para conseguir lo que quería, por lo que su liberación empezó a ser considerada prioritaria como paso previo para abordar cualquier tema. En este sentido, Eduardo I era consciente de que, en sus encuentros con los aragoneses, debía conseguir a toda costa la liberación del príncipe de Salerno; esta liberación se había convertido también en el objetivo personal de un rey inglés incómodo entre la espada y la pared, esto es, entre Aragón y la Santa Sede, y ante su constante temor de desagradar al papa con algún posible error. En definitiva, como ha señalado Caroline Burt, la liberación del príncipe de Salerno se convirtió, casi como si se tratara de una cruzada, en el objetivo número uno para un rey inglés que deseaba ser percibido como defensor de los intereses de la Iglesia (Burt, 2013: 149). Más allá de la liberación del príncipe de Salerno, lo que no se produjo tras Olorón, el encuentro entre Alfonso III y Eduardo I sirvió también para tratar otros temas tales como la reafirmación del acuerdo matrimonial entre el rey aragonés y la princesa Leonor de Inglaterra; como ya he comentado, la excomunión que había decretado Martín IV contra Pedro III a raíz de la toma de Sicilia había enfriado bastante dicho acuerdo. El documento, dotado de la mayor solemnidad, es en sentido estricto la promesa de Eduardo I de que entregaría a su hija a Alfonso III y contiene los juramentos de diversos miembros del alto clero y la alta nobleza, tanto inglesa como aragonesa (doc. 8).7. Por lo demás, este tipo de encuentros solían generar problemas de convivencia que después requerían ciertas reparaciones. Si el hecho de que un león que llevaba Eduardo I se escapara y matara a un caballo (Prestwich, 2008: 324) puede ser considerado como una mera anécdota, las fricciones entre ingleses y aragoneses producidas en Olorón y la denuncia por parte de Eduardo I de lo que él consideraba agravios cometidos contra sus súbditos provocaron que Alfonso III encargase al sobrejuntero de Jaca dos misiones: que designara a cuatro hombres para desplazarse a Canfranc a fin de llegar a un acuerdo;8 y que, a la par, ordenara que ninguno de sus súbditos impidiera tanto a los ingleses como a Gastón de Bearne —quien también decía haber sido atacado— su respectivo desplazamiento para tratar sobre esto.9. El tratado de Olorón, considerado por Michael Prestwich como un exclusivo triunfo aragonés (Prestwich, 2008: 325), no trajo consigo la liberación del príncipe de Salerno, por lo que fue automáticamente rechazado tanto por Felipe IV de Francia como por el nuevo papa Nicolás IV (Rábade, Ramírez y Utrilla, 2005: 425). El nuevo pontífice mostró desde el primer momento que estaba plenamente dispuesto a seguir la política de sus antecesores. Para ello, en marzo de 1288 encargó, una vez más, a Eduardo I que procurara por todos los medios posibles la liberación del príncipe de Salerno (Rymer, 1789: 22-23). Miguel Marzal abordó de forma muy certera lo compleja que resultaba la liberación del príncipe de Salerno. Por un lado, Alfonso III veía cómo todos a su alrededor le presionaban para ello y además a partir de julio de 1288 el tratado de Lyon estrechaba las relaciones entre Francia y un Sancho IV de Castilla a quien Aragón no reconocía como el monarca legítimo. Y por el otro lado, su hermano Jaime, rey de Sicilia en aquellos años junto a la madre de ambos, la reina Constanza, estaba radicalmente en contra de la liberación del príncipe al ser plenamente consciente de que, si esta se producía, era cuestión de tiempo que reclamara la isla (Marzal, 1997: 436-437). Aunque Eduardo I tenía el encargo de la Santa Sede de presionar a Alfonso III ya desde la primavera de 1288 —si acaso alguna vez dejó de tenerlo tras su fracaso en Olorón—, lo cierto es que hasta finales de octubre no se celebró el nuevo encuentro, en parte porque el rey aragonés estuvo convaleciente de una enfermedad de la que él mismo hacía mención y que fue retrasando las vistas y, en parte también, porque se vio en la constante necesidad de convencer a su hermano Jaime de que no tenía otro remedio más que liberar al príncipe de Salerno, lo que puede verse en la larga exposición del tema que le hizo a comienzos de junio (La Mantia, 1908: 355).10. Recuperado Alfonso III de su enfermedad, concedidos los preceptivos guiajes para que el desplazamiento de la comitiva inglesa hasta Canfranc fuera lo más segura posible (doc. 16) y considerando también que, según los nuncios aragoneses, Felipe IV ya había intentado boicotear en verano las conversaciones entre Aragón e Inglaterra11, finalmente se produjo el encuentro y el príncipe de Salerno fue liberado por parte de los aragoneses: A cambio de la entrega de sus dos hijos en rehenes e importantes indemnizaciones de dinero sobre hipotecas en posesiones que Gastón de Bearn tenía en Cataluña. Carlos de Anjou se compromete a poner en vigor las treguas entre Aragón y Sicilia pactadas en Olorón y conseguir del papa la revocación de la investidura del reino de Aragón hecha por Martín IV a Carlos de Valois. Alfonso III devolverá el dinero pactado en cuanto se cumpla este tratado y Carlos de Anjou promete reintegrarse a su prisión caso de incumplimiento del tratado (Canellas, 1986: 23). Podría decirse que, con el tratado de Canfranc, la gran misión diplomática de Eduardo I había concluido y este había podido resarcirse finalmente del fracaso sufrido en Olorón en lo referente a la liberación del príncipe. Con ello logró el visto bueno a su actuación por parte del papado y consiguió así, de entrada, el allanamiento hacia la normalización de relaciones entre Aragón y la Santa Sede, lo que también interesaba a Inglaterra considerando una vez más el pacto matrimonial suscrito el año anterior. La implicación máxima de Eduardo I en todo este asunto queda puesta de manifiesto si se tiene en cuenta cómo, a fin de facilitar que el asunto llegara a buen puerto, no se echó atrás a la hora de realizar importantes sacrificios que incluso comprometían a sus súbditos. Así, hizo con la entrega de treinta mil marcos y un cuantioso número de rehenes ingleses a modo de garantía desinteresada hasta que Carlos de Anjou empezase a cumplir las condiciones de lo pactado y hasta que dichos rehenes fueran sustituidos por otros tantos provenzales (Jordán de Urríes, 1914: 447). Si bien en los dos meses siguientes Alfonso III fue obteniendo de las principales ciudades aragonesas el compromiso de que respetarían los acuerdos de Canfranc y se reafirmaba en la inmediata liberación de los rehenes ingleses tan pronto llegaran los provenzales (Rymer, 1789: 31-41), desde todos los puntos de vista, el tratado de Canfranc fue un absoluto fracaso. Por un lado, Nicolás IV no tardó en eximir a Carlos de Anjou de todas las condiciones que se le habían impuesto para su liberación (Marzal, 1997: 439); Aragón enseguida comenzó a recelar de la actitud del príncipe de Salerno y, en opinión de Michael Prestwich, Eduardo I también empezó a considerar que toda la labor realizada para conseguir su liberación había sido hecha en vano (Prestwich, 2008: 326). Al tratado de Canfranc le siguieron una serie de graves problemas internos para Alfonso III por parte de unos unionistas que, ya desde su misma subida al trono, se habían caracterizado por aliarse con todos sus enemigos, intentando alcanzar su propia tregua con Felipe IV y reconciliarse con el papado al margen de lo que hiciera el rey aragonés (Sarasa, 1984: 36). Manuel Sánchez ha sintetizado con gran acierto todo lo que sucedió entre finales de 1288 y la primera mitad de 1289: La coyuntura era ciertamente muy grave: mientras el pacto de Canfranc (octubre de 1288) provocaba una nueva agitación unionista, dos meses después, Alfonso el Liberal declaraba la guerra a Sancho IV de Castilla; por otro lado, en junio de 1289, los franceses tomaron Salvatierra, en la frontera navarra y, en agosto del mismo año, el monarca catalanoaragonés hubo de acudir a la Cerdaña para contrarrestar la invasión coordinada de Francia y de Jaime II de Mallorca (Sánchez, 1998: 68). En el primer semestre de 1289 no se observa, en líneas generales, una actitud ni especialmente agresiva ni quejumbrosa de Aragón con respecto a la Santa Sede. Alfonso III se mostró especialmente interesado en reunirse con el papa —probablemente para indagar cuál era la nueva situación después de que Aragón hubiera liberado al príncipe de Salerno, especialmente en lo referente a la excomunión de su figura—, disculpándose de antemano a comienzos de enero por no haber podido acudir a causa de su enfermedad al encuentro que se había concertado con anterioridad.12. Puede aventurarse que en los primeros meses de 1289 sí que había un cumplimiento de las condiciones pactadas en Canfranc en lo que se refiere a las cuestiones menores, esto es, al intercambio de rehenes. De este modo, el 9 de marzo Alfonso III confirmó al rey de Inglaterra que Aragón había recibido los veinte rehenes marselleses que se habían estipulado a finales de octubre para liberar al príncipe de Salerno (doc. 22), así como los ingleses que Eduardo I le había enviado como garantía de la entrega de los provenzales (doc. 23). Esta presunta tranquilidad de Alfonso III con respecto a las consecuencias del tratado de Canfranc no era en realidad más que producto de la máxima concentración que le exigían otros asuntos para él más preocupantes, en la lí- nea de lo que manifestaba Manuel Sánchez. Con todo, en lo que se refiere a asuntos internacionales, Eduardo I seguía siendo el intermediario por excelencia del monarca aragonés, como se ve en el hecho de que en mayo le autorizase para negociar por parte de Aragón una prórroga de las treguas con Francia (doc. 24). Sin embargo, en el segundo semestre, Alfonso III empezó a ser cada vez más consciente de que la liberación del príncipe de Salerno había sido en vano y que este, más allá de la cesión de rehenes, no iba a cumplir las condiciones que se habían establecido en Canfranc y, en especial, el hecho de que su puesta en libertad estaba completamente condicionada a que respetara a Jaime en el trono siciliano, so pena de volver a prisión si no estaba dispuesto a ello (Tout, 1905: 171). Si en el mes de septiembre Alfonso III se dirigió directamente a Carlos II de Anjou para acusarle de no cumplir lo que se había pactado (Rymer, 1789: 50), desde noviembre de 1289 la presión recayó en la monarquía inglesa. El rey aragonés volvió a recurrir a Eduardo I para pedirle una vez más, esta vez de forma un tanto agria, que hiciera de intermediario y se implicara en un problema en el que Aragón entendía que no se había cumplido nada de lo hablado en Canfranc, ni por parte del príncipe de Salerno ni por parte de una Santa Sede que seguía manteniendo la excomunión pese a lo que él entendía que había sido un gesto de buena voluntad aragonesa. Una buena prueba del enfado de Alfonso III en esta cuestión la demuestra el hecho de que no sólo escribió a Eduardo I (docs. 25 y 27), sino que también lo hizo a la reina Leonor para que presionara a su marido a ejercer lo que se le pedía en este asunto (doc. 26). Eduardo I recogió una vez más el testigo que se le ofrecía y la documentación demuestra cómo desde enero de 1290 de nuevo trabajó en concertar nuevas treguas entre Aragón y Francia (docs. 28 y 29), si bien en esta ocasión la coyuntura internacional que condujo al tratado de Tarascón (1291) —por el cual «Roma levanta la excomunión, rehabilitando al rey en Aragón-CataluñaValencia-Mallorca, a cambio del pago de censos adeudados y de no apoyar a Jaime de Sicilia en las actuaciones que la Santa Sede mantuviera sobre la isla» (Rivero, 1982: 188)—, fue relevando progresivamente al monarca inglés como principal elemento negociador. En 1290 y 1291 los contactos entre ambos reyes fueron mucho menores, encargándose ya incluso de ellos el infante Pedro, el hermano menor de Alfonso y Jaime (Rymer, 1789: 61). No significa esto ni mucho menos que ya no se produjeran más contactos entre Aragón e Inglaterra. Un acuerdo establecido entre Aragón y Sicilia en enero de 1291 como paso previo al tratado de Tarascón contó con la presencia de varios nuncios enviados por el monarca inglés (Rymer, 1789: 77-78). Y en mayo de ese mismo año todavía un Alfonso III ya cercano a la muerte enviaba una carta de creencia a Eduardo I a favor de varios emisarios suyos. No obstante, todos estos contactos ya no tuvieron la misma frecuencia ni intensidad de la que hubo en los momentos en que se suscribieron los tratados de Olorón y de Canfranc. 3. La relación de Alfonso III con la reina Leonor de Castilla. Aunque los tratados anteriormente mencionados resultan lo más visible de la relación entre Aragón e Inglaterra durante el reinado de Alfonso III, lo cierto es que hay muchos otros aspectos que también la demuestran, aunque puedan ser considerados en el terreno de lo anecdótico. Así sucede, por ejemplo, con el dato que destaca Rose Walker de los jardineros aragoneses que trabajaban en esta época al servicio de la reina Leonor (Walker, 2007: 68). No creo que sea necesario indicar aquí el especial repunte que han experimentado en los últimos años los estudios sobre reginalidad y sobre la destacadísima labor que las reinas ejercieron en las tareas de gobierno durante el periodo medieval, muchas veces en consonancia con sus maridos, pero en otras al margen o incluso a pesar de estos. El papel de Leonor de Castilla como reina consorte de Eduardo I y las buenas relaciones que ambos mantuvieron siempre es una coincidencia prácticamente plena por parte de la historiografía. Durante la práctica totalidad del reinado de Alfonso III había tres reinas con el mismo nombre en la corte inglesa: Leonor de Provenza, Leonor de Castilla y Leonor de Inglaterra, que eran respectivamente la madre, esposa e hija mayor de Eduardo I. Salvo con esta última que hubiera sido su esposa de no haber fallecido, Alfonso III mantuvo relaciones epistolares con las otras dos, lo que obliga al historiador a estar especialmente atento para saber a quién se estaba dirigiendo. De entre ellas tres, el mayor peso político parece haberlo ejercido Leonor de Castilla, algo comprensible teniendo en cuenta que ella era la esposa del rey. Su influencia o, cuando menos, su presencia es algo que parece más que evidente en la inmensa mayoría de las acciones emprendidas por Eduardo I en los años setenta y ochenta —la reina falleció en noviembre de 1290— y, en lo que atañe a la relación entre Inglaterra y Aragón, Sara Cockerill ha destacado la influencia que ejerció para que saliera adelante el matrimonio de su hija mayor con el rey aragonés (Cockerill, 2014).13. Exceptuando el citado documento de octubre de 1282 publicado por Stefano Cingolani y dirigido a toda la familia real inglesa, las comunicaciones de Alfonso III con las mujeres de dicha familia se concentran entre 1287 y 1291; en ocasiones se trata de asuntos relacionados con la intermediación, pero no exclusivamente. Al igual que sucedía con las comunicaciones entre Alfonso III y Eduardo I, no siempre conocemos el contenido exacto de la correspondencia entre el rey de Aragón y la reina de Inglaterra y muchas veces ni siquiera se nos ha conservado físicamente el documento en sí, si bien podemos saber que existió un contacto entre ellos gracias a que así se hace constar en otro diploma. Este sería el caso, por ejemplo, de una absolución que el rey aragonés concedió en agosto de 1287 a Oger de Canfranc a petición de la reina Leonor («ad preces illustrissime domine regine Anglie», doc. 12) después de que el sobrejuntero de Jaca le hubiera acusado de cometer un crimen. Asuntos políticamente más delicados son los que se trataron en junio de 1288, apenas un mes antes de que Francia y Castilla firmaran el tratado de Lyon en contra de Aragón. En el centro del conflicto se encontraba el hecho de que Alfonso III no reconociera a Sancho IV como rey de Castilla y sí que en cambio lo hiciera con los infantes Alfonso y Fernando de la Cerda, retenidos en territorio aragonés después de que en 1277 hubieran huido de Castilla «para refugiarse en la corte francesa, ya que su vida corría peligro a causa de la ambición de su tío, el infante Sancho, que quería que fuese reconocido el propio derecho a la sucesión de su padre, el rey Alfonso el Sabio, contra quien se levantó en armas» (Ferrer, 2005: 19). Sin ánimo de profundizar en detalles que nos apartarían del propósito de este trabajo, Àngels Masià ha destacado cómo dicho apoyo aragonés a los infantes de la Cerda […] no era un castigo a lo que juzgaban una traición, ni un interés hacia un cambio de rama dinástica en Castilla, sino la intención de adquirir unas posesiones que ensanchasen sus dominios, a base de anular las consecuencias de los tratados anteriores, que limitaban la expansión aragonesa hacia el sur. Por lo tanto, la ayuda prestada a la causa de de la Cerda era interesada y, en consecuencia, dicho apoyo tenía un precio. Éste fue la cesión del reino de Murcia (1289) (Masià, 1992: 258). En este contexto, no se escatimó ningún esfuerzo en las labores diplomáticas de unos y de otros y las mujeres adquirieron una importancia de primera mano. Por un lado, la madre de los infantes, Blanca de Francia, era tía de Felipe IV, por lo que Alfonso III consideró que podía jugar un importante papel en el establecimiento de treguas entre Aragón y Francia —o, lo que es lo mismo, intentando impedir la firma del tratado de Lyon y el consiguiente alineamiento francés con Castilla—, lo que le llevó a indicarle a Eduardo I que, si lo conseguía, automáticamente liberaría a los infantes de la Cerda (doc. 13). Para intentar frustrar los intereses franco-castellanos, Alfonso III explotó al máximo sus buenas relaciones con la monarquía inglesa y, siendo consciente de que la reina Leonor también tenía relaciones familiares con la Corona de Castilla,14 le escribió para pedirle que hiciera caso omiso de cuanto pudiera haberle contado Sancho IV al respecto, siendo especialmente interesante el detalle de que en esa comunicación parece haberse dirigido también a la reina madre (doc. 15).15. Este ejemplo demuestra con creces cómo las mujeres de la realeza no siempre actuaban como meras intermediarias entre varones simplemente para influir en sus hermanos o esposos. Aunque en ocasiones se les pedía que lo hicieran (doc. 26), en muchas otras eran ellas las que llevaban las riendas de determinados asuntos políticos y eran preferidas a los varones o, cuando menos, se les solicitaba audiencia y que estuvieran presentes en el proceso de una negociación o de la simple comunicación de noticias (doc. 21). 4. Conclusiones. Quizá la conclusión más evidente que podría desprenderse de este trabajo es que, durante el reinado de Alfonso III, Aragón no permaneció ni mucho menos a la sombra en el contexto internacional, sino que, por un cúmulo de circunstancias que arrancan durante el reinado de su padre, fue relativamente frecuente que se hablara de él por parte de las principales potencias europeas del momento. En lo que se refiere a la política aragonesa de amistad con Inglaterra, posiblemente el reinado de Alfonso III sea en el que más estrecha fue la colaboración entre ambos reinos, puesto que desde la segunda mitad del siglo xii y hasta este momento el sur de Francia era lo que más había interesado a la monarquía aragonesa. Y, en muchos momentos que vendrían después, también serían más frecuentes las relaciones de Aragón con su vecino reino septentrional que con las islas británicas. Con todo, y pese a la trascendencia que a medio y largo plazo tuvieron los acontecimientos que se pusieron encima de la mesa entre 1285 y 1291, Alfonso III sigue siendo un rey todavía completamente a la sombra de sus contemporáneos, quizá por haber sido considerado por muchos durante bastante tiempo como un mero continuador de la política de su padre sin tener la brillantez de este y sin suponer lo que supusieron Jaime I o Jaime II en la historia de la Corona de Aragón. Aunque este artículo no sea sino una aportación suelta a uno de los aspectos de su reinado que ha buscado profundizar un poco más en un tema, la relación entre Alfonso III y Eduardo I, que ya era conocido pero, en mi opinión, desde una perspectiva un tanto superficial, lo cierto es que queda todavía bastante por escribir sobre un monarca del que desconocemos todavía bastantes aspectos que solo podrán cubrirse cuando se aborden sus documentos de forma un tanto más concienzuda de lo que se ha hecho hasta la fecha. 5. Apéndice documental 1. 1286, mayo, 13. Huesca. Alfonso III comunica a Eduardo I que acepta establecer una tregua con Francia y le indica que ha nombrado para ello a Pedro Martínez de Artasona y a Juan Zapata. — Pub. Rymer, 1789: 8. 2. [1286, mayo, 13. Huesca]16. Alfonso III comunica a Eduardo I que ha recibido a sus mensajeros y le indica que le envía de su parte a Pedro Martínez de Artasona y Juan Zapata con la misma función. — Archivo de la Corona de Aragón, Real Cancillería, reg. 64, f. 180v. Excellentisimo et magnifico principi tanquam patri karisimo domino Odoardo, Dei gratia illustri regi Anglie, domino Hiber/nie et duci Aquitanie, Alfonsus, etcetera, salutem et intuitum dilectionis, constanciam ac prosperitatis augmentum. Excellen/cie vestre notum facimus per presentes nos vidisse venerabiles et discretos viros dompnum Antonium, episcopum / Dunelinensem, et dompnum Iohannem de Veçino, militem, quos ad nos misistis cum literis vestris credulitatis, / et ea que dicti nuncii vestri nobis, pro parte vestra exposuerunt intelleximus et perpendimus diligenter. Quibus ple/narie intelletis deliberavimus ad vestram presenciam mitere nostros nuncios speciales, scilicet, venerabiles et discre/tos viros, consiliarios et familiares nostros, Petrum Martini de Arthesona et Iohanem Çabata, latores presen/ tium, per quos de responssione et intencione nostra et proposito necnon et de salute ac prosperitate nostra poter[atis] / plenarie informari. Rogantes vos quatenus in hiis et aliis que vobis ex parte nostra retulente fidem / plurimam (tachado: ah d) adhibere velitis et per eos velitis nos de salute, statu et felicibus successi/bus vestris, si placet, reddere certiores. Scientes quod eisdem iniuncximus quod super negociis nostris $/$ vobis tractare habent procedant de vestro consilio et assensu. Data ut supra. 3. 1286, julio, 25. París. Eduardo I indica a Alfonso III que ha escuchado a los mensajeros que le había enviado el rey de Aragón, pero que no habían llegado a un entendimiento ante la complejidad de los asuntos que se trataban, motivo por el cual habían quedado retenidos hasta que esto se produjera o hasta que ambos monarcas se encontraran. — Pub. Rymer, 1789: 12. 4. 1286, julio, 25. París. Eduardo I indica a Alfonso III que ha establecido las condiciones de una tregua entre Aragón y Francia y que se las ha enviado al papa para que este les de su visto bueno en un plazo de dos meses, rogándole mientras tanto que no ataque a ninguna posesión ni vasallo del rey francés. — Pub. Rymer, 1789: 13. 5. [1287], febrero, 28. Barcelona. Alfonso III comunica a Eduardo I que dos arzobispos enviados por Roma habían llegado a Toulouse para llegar a un pacto con Aragón y que estos mismos legados se dirigían a Burdeos para citarse con él. Igualmente, le dice que no ha podido encontrarse con Pedro Martínez de Artasona pese a que este había sido enviado con urgencia por el monarca inglés para que le transmitiera un mensaje. — ACA, Real Cancillería, reg. 64, f. 193r. Excellentisimo et magnifico principi domino Odoardo, Dei gratia illustri regi Anglie, domino Ibernie ac duci Aquitanie, Alfonsus, per eandem, etcetera, / salutem, etcetera. Vestre regie celsitudini notum facimus quod, nobis existentibus in insula Minorice quam, divino auxilio suffragante, dicioni nostre / subiugavimus, recepimus literas dilecti militis nostri Petri Marthini de Arthesona continentes quod, ipso existente vobiscum apud Burdegale, / fuit vobis significatum quod duo archiepiscopi legati Romane Ecclesie erant Tolose venientes ad vestram presenciam pro tractatu composicionis $/$ inter Ecclesiam et nos faciendo, et quod secunda die dominica. Quadragesime debebant vobiscum apud Burdegalem interesse, quarum ob rem iniuncxistis dicto / Petro Martini quod ad nos remearet celeriter ut predicta nobis significaret, et nos, pro tractatu dicte composicionis die predicta ad vestram / magnificentiam nostros sollempnes nuncios mitteremus. Nos itaque, dictis literis receptis, Barchinone impulimus incontinenti prima die mercurii / mensis marcii, ubi dictum Petrum non invenimus, cum ipse nos alibi apellere credidisset, set confestim, non obstante absencia / eiusdem, direximus nostras literas pro illis quos ad vestre serenitatis presenciam ratione dicti tractatus distinare intendimus, qui in brevi, / duce Deo, erunt vobiscum, cum, premissis ceteris nostris negociis, ad expedicionem huius totaliter intendamus. Vestram igitur / excellenciam affectuose requirimus et rogamus quatenus placeat nos habere excusatos rationibus predictis, quia die prefixa nostri nuncii / nequiverunt vobiscum in dicto loco Burdegalis interesse. Data Barchinone, IIe nonas marcii. 6. 1287, marzo, 20. Barcelona. Alfonso III realiza una carta de creencia a favor de Gilaberto de Cruilles, Pedro Martínez de Artasona, Raimundo de Reus y Juan Zapata ante los reyes de Inglaterra. — ACA, Real Cancillería, reg. 64, f. 193r. XIIº kalendas aprilis anno $\mathrm { L X X X ^ { \circ } }$ sexto, in Barchinona, fuit facta litera credencie generalis ex parte domini regis super / facto composicionis Guilaberto de Crudilis, preposito Celsonensi; Petro Martini de Artasona, magistro Raimundo de Reus / et Iohanni Çabata apud regem Anglie. Similis fuit facta eisdem apud reginam Anglie. Data ut supra. 7. [1287], marzo, 29. Barcelona. Alfonso III, a petición de Eduardo I, concede un guiaje a Alicia, condesa de Blois, para que pudiera hacer con seguridad un viaje a Jerusalén. — ACA, Real Cancillería, reg. 70, f. 84r. Alfonsus, etcetera, universis oficialibus. Sciatis quod nos, ad instanciam et preses (sic) illustrissimi regis Anglie, guidamus / et assecuramus nobilem dominam Aliciam, comitissam de Bloys, cum familia et rebus suis omnibus quas secum duxerit. Quequidem / domina signaculo Crucis assumpto intendit iter arripere versus partes Ierosolomitanas, quare vobis dicimus et mandamus quatenus / [ipsa domina], familie vel rebus suis quas secum duxerit, tam in eundo quam etiam redeundo, nullum impedimentum vel contrarium / faciatis nec fieri permitatis. Quicumque autem contra huiusmodi mandatum et guidaticum nostrum in aliquo venire presum/serit iram et indignacionem nostram se noverit penitus incurrisse. Data Barchinone, IIIIº kalendas aprilis. 8. 1287, julio, 28. Oloron-Sainte-Marie. Eduardo I y Alfonso III acuerdan el matrimonio del monarca aragonés con la infanta Leonor, primogénita de los reyes ingleses. — Pub. Rymer, 1789: 19. 9. 1287, julio, 28. Oloron-Sainte-Marie. Alfonso III comunica a Eduardo I que, estando próxima a expirar la tregua que Aragón mantenía con Francia, se encontraba dispuesto a prorrogarla haciendo especial hincapié a que esto afectaba a los territorios que Jaime II de Mallorca poseía en Cataluña y en el sur de Francia. — ACA, Real Cancillería, reg. 64, f. 197v. Primer documento del folio. — Pub. Rymer, 1789: 20. 10. [1287, julio, 28. Oloron-Sainte-Marie] Alfonso III comunica a Eduardo I que, estando próxima a expirar la tregua que Aragón mantenía con Francia, se encontraba dispuesto a prorrogarla. — ACA, Real Cancillería, reg. 64, f. 197v. Segundo documento del folio. — Pub. Rymer, 1789: 20. 11. 1287, agosto, 2. Jaca. Alfonso III informa a Eduardo I que el conde de Urgell y otros miembros de la nobleza catalana se habían personado ante él para hacerle saber que, por encontrarse Aragón en una fase de tregua con Francia, no brindarían su apoyo al conde de Foix si Felipe IV tomaba la determinación de actuar contra él, decisión a la que también se comprometía el monarca aragonés. — ACA, Real Cancillería, reg. 64, f. 198r. — Pub. Rymer, 1789: 20.17 12. [1287], agosto, 21. Tarazona. Alfonso III, a petición de la reina Leonor, exculpa a Oger de Canfranc de un homicidio del que había sido acusado por el sobrejuntero de Jaca. — ACA, Real Cancillería, reg. 75, f. 38r. Alfonsus, etcetera, dilecto suo Roderico de Figeroles, superiunctario et merino Iacce. Sciatis quod, ad preces illustrissime domine regine Anglie, remisimus / homicidium quod petebatis ab Ogerio de Campfranch ratione mortis Benedicti, filii Garcie de Remon, de quo erat idem Ogerius inculpatus, quare / mandamus vobis quatenus dictum homicidium non petatis a dicto Ogerio. Et si aliqua pignora inde fecistis ea sibi vel quicquid inde rece/peritis restituatis incontinenti. Data Tirasone, $\mathrm { X I I ^ { \circ } }$ kalendas septembris. Iacobus de Cabanis. 13. [1288], junio, 8. Barcelona. Alfonso III faculta a Eduardo I para prometerle a Blanca, madre de los infantes de la Cerda, que, si ella conseguía una tregua trienal entre Aragón y Francia, dichos infantes serían automáticamente liberados. — ACA, Real Cancillería, reg. 77, f. 3v. Noverint universi quod nos Alfonsus, etcetera, concedimus vobis, illustrissimo principi domino Eodoardo (sic), Dei gratia regi Anglie, duci Aquitanie ac domino Ybernie, plenam / potestatem et liberam facultatem promitendi ac firmandi nomine nostro quod si domina Blancha, uxor domini Ferrandi, quondam illustris regis (tachado: Anglie) Castelle primogeniti, optinuerit / nobis et nostre curie treugam trienalem ab illustri rege Francie ultra tempore treuge concesse dati a principe Salernitano propter ipsius principis deliberationem, liberabimus et / plenarie libertati restituemus infantes Castelle, filios dicte domine Blanche, scilicet, dompnos Alfonsum et Ferrandum, promitentes vobis sub obligacione omnium bonorum nostrorum / quod id quod super predictis nomine nostro promiseritis ac firmaveritis ratum ac firmum habebimus et inviolabiliter observabimus et non contra veniemus aliqua racione. / In cuius rey testimonium presenti carte sigillum nostrum maiori duximus aponendum. Data Barchinone, sexto idus iunii. 14. [1288], junio, 10. Barcelona. Alfonso III indica a Eduardo I que le envía a Gilaberto de Cruilles y a Ramón de Besalú como mensajeros, rogándole que les crea en lo que tienen que contarle.18 — ACA, Real Cancillería, reg. 77, f. 3r. Illustrissimo et magnifico principi Odoardo, Dei grati regi Anglie, Alfonsus, etcetera, salutem et sincere dilectionis effectum cum con/[ti]nuo incremento. Cum nos mitamus ad excellenciam vestram nobilem Gilabertum de Crudilis et magistrum Raimundum de Besalduno, / [archidiaconum] Ripacurcie, super nostris negociis que audietis ab eis, rogamus vos quatenus credatis eisdem \ut nobis/ de hiis que / [de] parte nostra serenitati \magestati/ (tachado: serenitati) vestre expo[n]erint. Data Barchinone, IIIIº idus iunii. 15. [1288], junio, 18. Barcelona. Alfonso III escribe a Leonor, reina de Inglaterra, para pedirle que no tenga en consideración los escritos que Sancho IV, rey de Castilla, había enviado a la monarquía inglesa quejándose de los comportamientos del aragonés. — ACA, Real Cancillería, reg. 77, f. 3v. Illustrissime ac magniffice domine Alionori, Dei gratia regine Anglie, domine Ybernie et ducisse Aquitanie sive matri karissime, Alfonsus, etcetera, salutem et s[incere] / semper dilectionis continuum incrementum. Serenitatis vestre literas nobis missas per latorem presencium, valletum illustris regis Anglie, eo quo decuit honore recepimus, (roto) [de eius?] / continencia intellecta satis turbati fuimus in nobis de hiis que illustris rex Castelle scripsit vobis nuperrime per quendam militem suum, ex eo specialiter quia per (roto)[literas?] / ipsas perpendimus, propterea nostrum fuisse turbatum animum et anxietate depressu, credentes nos fore culpabiles super eis, et salva ipsius regis Castelle (roto) [miseracione, stetit?] / et neccesarium est quod scripta vobis per eum non sic se habent nec fuerunt taliter subsecuta, et cum vos aperte sciveritis processus et tractatus habitos inter predictum regem / Castelle et nos super firmanda pace et amicitia quam semper cum eodem habere cupivimus et desideravimus, vos sencietis ex parte nostra nullum intervenisse defectum, scilicet (?) / ex parte ipsius regis qui in ultimo tractatu, super quo intendebat habere vistam nobiscum requirebat nos quedam agere que valde dampnosa et preiudicialia esse (roto) / et nobis manifestissime videbantur. Verum quia super premissis per literas non possemus vobisl lacius aperte beneplacita mentis nostre ac etiam excusationes nostras iustas / et sufficientes pretendere, instruximus et informavimus plenarie nobilem et dilectum Gilabertum de Crudiliis [et] magistrum Raimundo de Bisalduno, archidiaconum, speciales / nuncios nostros, quos ad illustrem regem Anglie et excellenciam vestram propter hec et alia duximus transmitendos, et per eos ad plenum in brevi, cum sint in / procinctu itineris, certificari poteritis de inocencia nostra ac etiam intencione. Bene et diu valeat vestra prosperitas per tempora longiora. Data Barchinone, XIIII kalendas / iulii. 16. 1288, octubre, 21. Canfranc. Alfonso III concede un guiaje a Eduardo I para que pueda desplazarse de forma segura ante la vista que iban a celebrar ambos monarcas. — Pub. Rymer, 1789: 27. 17. 1288, octubre, 26. Canfranc. Alfonso III concede un guiaje a Eduardo I y a todo su séquito para que puedan desplazarse de forma segura ante la vista que iban a celebrar ambos monarcas. — Pub. Rymer, 1789: 27. 18. 1288, octubre, 28. Canfranc. Alfonso III y Eduardo I suscriben el tratado de Canfranc en el que se acuerda la liberación del príncipe de Salerno por parte de Aragón y en el que se establecen los compromisos de garantía a los que se comprometía la monarquía inglesa. — ACA, Real Cancillería, pergaminos, Alfonso III, carp. 123, docs. 242 y 243. — Pub. Rymer, 1789: 27-29. 19. 1288, octubre, 28. Canfranc. Alfonso III reconoce haber recibido de Eduardo I veintitrés mil marcos de oro y plata como compensación por la liberación del príncipe de Salerno. — ACA, Real Cancillería, pergaminos, Alfonso III, carp. 123, doc. 245. — Pub. Rymer, 1789: 31. 20. 1288, octubre, 28. Canfranc. Alfonso III y Eduardo I suscriben el tratado de Canfranc en el que se acuerda la liberación del príncipe de Salerno por parte de Aragón y en el que se establecen los compromisos de garantía a los que se comprometía la monarquía aragonesa. — ACA, Real Cancillería, pergaminos, Alfonso III, carp. 123, doc. 244. — Pub. Rymer, 1789: 32. 21. [1289, enero, 3. Valencia]. Alfonso III pide a Eduardo I que le envíe a alguien para que reciba y proteja a su mensajero Ramón de Riera que acudía ante los reyes ingleses para informarle de las gestiones que Aragón estaba realizando con la Santa Sede, rogando que la reina Leonor también estuviera presente.19 — ACA, Real Cancillería, reg. 77, f. 13r. Fuit super predicto negocio scriptum regi Anglie ut traddet aliquem socium predicto Raymundo de Ria/ria, cum quo posset ire secure ad regem. Item, regine Anglie quod procuret stare cum domino rege Anglie. 22. 1289, marzo, 9. Peña Negra.20. Alfonso III confirma a Eduardo I que ha recibido los veinte rehenes marselleses estipulados como una de las condiciones para la liberación del príncipe de Salerno. — ACA, Real Cancillería, reg. 77, f. 21r. Primer documento copiado en el folio. — Pub. Rymer, 1789: 44. 23. 1289, marzo, 9. Peña Negra. Alfonso III reconoce el cumplimiento de las condiciones estipuladas en el tratado de Canfranc, entre las cuales se incluían treinta y seis nobles y cuarenta burgueses entregados por Eduardo I como rehenes. — ACA, Real Cancillería, reg. 77, f. 21r.-v. Segundo documento copiado en el folio. — Pub. Rymer, 1789: 44-45. 24. 1289, mayo, 15. Terrer. Alfonso III pide a Eduardo I que actúe como intermediario en nombre suyo para prorrogar la tregua que Aragón había suscrito con Francia y con la Santa Sede tras la liberación del príncipe de Salerno, al no tener el rey aragonés la seguridad de que su enviado, el prepósito de Solsona, pudiera llegar hasta Roma sin peligro. — ACA, Real Cancillería, reg. 77, f. 23r. — Pub. Rymer, 1789: 47. 25. 1289, noviembre, 24. Lleida. Alfonso III se queja a Eduardo I de que, tras haber liberado Aragón al príncipe de Salerno, éste no estaba cumpliendo las condiciones que se habían estipulado para ello ni la Santa Sede había levantado la excomunión que existía sobre la monarquía aragonesa. — ACA, Real Cancillería, reg. 77, f. 27r.-28v. — Pub. Rymer, 1789: 58-59. 26. [1289], noviembre, 30. Bellpuig. Alfonso III escribe a la reina Leonor para que induzca a su marido Eduardo I a que cumpla la promesa que formuló a los aragoneses para que se produjera la liberación del príncipe de Salerno. — ACA, Real Cancillería, reg. 77, f. 28v. Fuit scriptum regine Anglie quod inducat regem Anglie, virum suum, quod compleatur domino regi / promissa per ipsum et principem Salernitanum super liberatione eiusdem. Data in Bellopodio, IIe kalendas / decembris. 27. 1290, enero, 1. Tarragona. Alfonso III vuelve a quejarse a Eduardo I del constante incumplimiento de acuerdos por parte del príncipe de Salerno y de la negativa de la Santa Sede a la normalización de relaciones con Aragón. — ACA, Real Cancillería, reg. 77, f. 27r.-28v. — Pub. Rymer, 1789: 59-6121. 28. [1290, enero, $4 ] ^ { 2 2 }$ Tarragona. Alfonso III comunica a Eduardo I que atiende favorablemente su petición de que el monarca aragonés concediera guiaje y protección a los partidarios del rey de Francia y de su tío Jaime II de Mallorca que se desplazaban para acordar la reparación de los daños que habían causado en periodo de tregua. — ACA, Real Cancillería, reg. 73, f. 71v. — Pub. Rymer, 1789: $5 9 ^ { 2 3 }$ . 29. 1290, enero, 18. Alcolea de Cinca. Alfonso III, tras haber recibido una petición de Eduardo I para que enviara pro curadores a Perpignan a fin de concertar una nueva tregua entre Aragón y Francia, designa a dos peritos y a un notario. — Pub. Rymer, 1789: 61-62. 30. [1291], mayo, 3. Barcelona. Alfonso III escribe a Eduardo I y a la reina madre Leonor de Provenza pidiéndoles que crean a Berenguer de Pulcroviso, Juan Zapata y Guillermo Dufort. — ACA, Real Cancillería, reg. 73, f. 103v. Fuit missa littera illustri domino Edduardo, regi Anglie, quod credat Berengario de Pulcrovisu, sacriste / Vicensi, Iohani Çappate et Guillelmo Durforti. Data Barchinone, $\mathrm { V } ^ { \mathrm { o } }$ nonas madii. (…) Item, domine Alionore, regine maiori Anglie. 6. Referencias bibliográficas. Burt, Caroline (2013), Edward I and the governance of England, 1272-1307. Cambridge, Cambridge University Press. Canell as López, Ángel (1986), «Relaciones políticas, militares y dinásticas entre la Corona de Aragón, Montpellier y los países de Languedoc de 1204 a $1 3 4 9 \rangle$ , Revista de historia Jerónimo Zurita, 53-54: 7-36. Chapl ais, Pierre (2003), English diplomatic practice in the Middle Ages. Londres y Nueva York, Hambledon y Londres. Cing ol ani, Stefano M.ª (2012), Gestes dels comtes de Barcelona i reis d’Aragó/ Gesta comitum Barchinone et regum Aragonie. Santa Coloma de Queralt, Obrador Edendum-URV. Cing ol ani, Stefano M.ª (2015), Diplomatari de Pere el Gran. 2. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Las primeras Cortes Generales de Monzón de 1289, unas Cortes mal entendidas: The General Corts in Monzón in 1289, a Misunderstood Corts
LAS CORTES GENERALES DE MONZÓN DE 1289, UNAS CORTES MAL ENTENDIDAS. THE GENERAL CORTS IN MONZÓN IN 1289, A MISUNDERSTOOD CORTS. Vicent BAydAl sAlA1 Universitat Jaume I firstname.lastname@example.org. Resumen: Tradicionalmente la historiografía ha considerado que las Cortes de Monzón de 1289 fueron las primeras Generales de la Corona de Aragón y que las ordenaciones allí aprobadas afectaron de manera común cuando menos a catalanes y aragoneses. En este artículo se presentan dos novedades con respecto a dicha interpretación. Por un lado, indicamos que con anterioridad, ya en época de Jaime I, hubo otras asambleas en que se congregaron miembros de los estamentos aragoneses, valencianos, catalanes y mallorquines, aunque ciertamente estas no poseían las características que. Abstract: Historiography has traditionally considered that the Corts in Monzón in 1289 were the first General Corts of the Crown of Aragon and that the ordinances approved there commonly affected at least Catalans and Aragonese. In this article two novelties are presented regarding this interpretation. On the one hand, we indicate that previously, at the time of James I, there were other assemblies in which members of the Aragonese, Valencian, Catalan and Mallorcan estates gathered, although these meetings certainly did not possess the characteristics that later defined the General posteriormente definieron las Cortes Generales de la Corona de Aragón. Por otro lado, mostramos que las constituciones aprobadas en Monzón en 1289 únicamente afectaron a Cataluña y Mallorca, mientras que las negociaciones político-fiscales con las comunidades de Aragón y Valencia se pospusieron para dos asambleas privativas posteriores, en Zaragoza y Valencia a lo largo de 1290. Palabras clave: Parlamentarismo, Corona de Aragón, Alfonso el Liberal, Unión aragonesa, Monzón. Corts of the Crown of Aragon. On the other hand, we show that the constitutions approved in Monzón in 1289 only affected Catalonia and Mallorca, while the political and fiscal negotiations with the communities of Aragon and Valencia were postponed for two subsequent privative assemblies, in Zaragoza and Valencia throughout of 1290. Keywords: Parlamentarism, Crown of Aragon, Alfonso the Liberal, Aragonese Union, Monzón. «Sin duda las Cortes de Monzón [de 1289] constituyen, junto con las de 1283, uno de los primeros hitos de la historia del parlamentarismo en la Corona de Aragón y un paso responsable para mejorar la relación de la Monarquía y los súbditos. “Sólo es necesario leer uno a uno los acuerdos de las Cortes de Monzón para encontrar en ellos muchos principios cuya consecuente ejecución no había de favorecer tan sólo los intereses de una de las partes, sino también robustecer de una manera conveniente la autoridad real” (klüpfel). En ellos se materializa lo más positivo de los cambios doctrinales, políticos y sociológicos gestados en Aragón, como en todo Occidente, durante el siglo xiii; cabe afirmar que el desarrollo y resultados de esta asamblea abrieron del todo las puertas para el funcionamiento ordenado de las Cortes en el futuro, con las naturales limitaciones efectivas que sufrieron las instituciones parlamentarias en los siglos siguientes».2. Son las palabras del riguroso historiador Luis González Antón (1978: 69), uno de los máximos expertos en el parlamentarismo aragonés medieval y moderno, referentes a las primeras Cortes Generales de la Corona de Aragón desarrolladas en Monzón a finales de 1289. De hecho, es la visión que se ha mantenido sobre ellas tanto en la historiografía tradicional como en los análisis posteriores a los realizados por dicho autor, quien, no en vano, las analizó con detalle en su propia tesis doctoral (González Antón, 1975). No obstante, como mostraremos en el presente artículo, hasta la fecha no se ha puesto de relieve un hecho fundamental: en realidad, en aquellas Cortes únicamente se debieron aprobar unos principios de acuerdo que implicaban a los aragoneses, valencianos, catalanes y mallorquines, pero las ordenaciones aprobadas allí mismo, en la villa de Monzón, únicamente afectaban a los dos últimos grupos, los catalanes y los mallorquines, dado que los asuntos relativos a los reinos de Aragón y de Valencia se pospusieron para dos asambleas parlamentarias privativas que se celebraron durante los meses subsiguientes, a lo largo de 1290. Asimismo, también destacaremos que ya antes de la reunión de Monzón, a finales del reinado de Jaime I, se dieron asambleas con una presencia general de súbditos de los diversos territorios de la Corona de Aragón, un fenómeno que apenas se ha destacado hasta la fecha. No obstante, siguiendo las propias observaciones del citado González Antón, cabe indicar que ciertamente la institución parlamentaria no había adquirido entonces las funciones y perfiles más definidos que fue alcanzando justo a partir de la década de 1280. 1. ¿Existieron Cortes Generales de la Corona de Aragón con anterioridad a las de Monzón de 1289? En 1383, prácticamente un siglo después de su celebración, Pedro el Ceremonioso, sobrino nieto del rey que las había convocado en 1289, Alfonso el Liberal, las recordaba como las primeras de su especie que habían tenido lugar, es decir, unas Cortes Generales de la Corona de Aragón con la asistencia de aragoneses, valencianos, catalanes y mallorquines: «Lo rey n’Amfós, son fill, tolch lo regne de Mallorques a son oncle e la illa de Manorcha als moros; e aquest fo lo primer que li tench a sos sotsmeses Corts Generals, e puys donà fi a les guerres de França e de Castella que li concorrien ensemps».3 Viniendo del mismo monarca que había convocado las segundas Cortes Generales de Monzón, ya en 1362, la afirmación muestra sin ambages la percepción que se tenía en la época: aquellas se identificaban como el precedente primigenio y referencial, que, asumido por todos, había pasado a los anales de la historia. Sin embargo, lo cierto es que ya antes, cuando menos en los años finales del reinado de Jaime I, se habían reunido diversas asambleas parlamentarias a las que habían asistido conjuntamente súbditos de los diversos territorios de la Corona, como veremos acto seguido. En concreto, la primera vez en que se puede documentar la presencia simultánea de representantes de Aragón, Cataluña y Valencia es en la convocatoria de las Cortes de Lérida para el 1 de abril de 1272 —«volumus celebrare [C]uriam in Ilerda pro aliquibus magnis negotiis, de quibus volumus loqui vobiscum et cum [a]liis baronibus et hominibus terre nostre»—, enviada a los ricos hombres aragoneses, la plana mayor de la nobleza catalana y las ciudades aragonesas (Zaragoza, Huesca, Tarazona, Calatayud, Daroca y Teruel), catalanas (Barcelona, Perpiñán, Puigcerdà, Gerona, Lérida, Tarragona y Tortosa) y valencianas (Valencia), al tiempo que sabemos de la asistencia, como mínimo, del maestre de la orden del Temple en Aragón y Cataluña, el obispo de Valencia y el abad de Poblet.4 En este sentido, la ausencia de convocatoria nobiliaria del territorio valenciano es plenamente concordante con la situación del momento, ya que su estamento militar, dominado por los barones de procedencia aragonesa, se negaba a legitimar la institucionalidad del reino de Valencia, como había mostrado en las recientes Cortes valencianas de 1271, en las que se había negado a sustituir los Fueros de Aragón por los de Valencia en sus señoríos y a llegar a ningún tipo de acuerdo con Jaime I —como sí que lo había hecho el estamento real— en torno a la confirmación de las tierras repartidas y traspasadas durante el proceso de conquista a los musulmanes (Baydal, 2014: 194-201). De hecho, el acuerdo entre el monarca y los «nobilibus sive richis hominibus et militibus ac infantionibus habitantibus et hereditates seu possessiones habentibus in regno Valentie» se produjo precisamente en las mismas Cortes de Lérida de 1272, con el reconocimiento real de la plena validez de las posesiones de la nobleza a cambio del pago conjunto de 20.000 sueldos,5 reafirmando, a su vez, la negativa de dicho estamento a operar dentro de un marco político y parlamentario propiamente valenciano. En todo caso, aquella no era la principal materia a tratar en la asamblea, sino que lo era un posible ataque del rey de Francia y, sobre todo, el intento de pacificación de la lucha que mantenían el infante Pedro —futuro Pedro el Grande— y su hermanastro y rico hombre aragonés Fernando Sánchez de Castro, que se resolvió momentáneamente con la destitución del primero del cargo de procurador general de los reinos de la Corona (Soldevila, 1956: 319-322; González Antón, 1978: 50). No en vano, este mismo tipo de asambleas, convocadas por asuntos urgentes y muy concretos, a las que asistían algunos de los principales miembros de los estamentos de los diversos territorios se repitieron a lo largo de los años sucesivos. Es lo que al parecer ocurrió, por ejemplo, en las Cortes de Alzira-Valencia de noviembre a diciembre de 1273, congregadas nuevamente por la disputa entre el infante Pedro y Fernando Sánchez de Castro, que había derivado en un grave conflicto del primero con el padre de ambos, Jaime I. En relación con ello, sabemos que, según relata él mismo en el Llibre dels fets, el rey convocó a los principales prelados, nobles y prohombres urbanos de Aragón y de Cataluña —«manam nostra Cort a Algezira a l’arquebisbe e als bisbes e als rics hòmens e als bons hòmens de les viles, quatre de cada una»— y, aunque no haya constancia explícita de la participación valenciana más allá del obispo de Valencia —«havíem ja manada la Cort, que fossen a Algezira, e era vengut l’infant don Jaime e l’arquebisbe e els bisbes (lo de Barcelona e el de Lleida e lo de València) e Garcia Ortiz e do Artal de Luna, e de les ciutats de Lleida e de Saragossa e de Terol e de Calataiú e dels altres llocs» (Soldevila, 2007: 494- 495)—, es bastante probable que, además de nobles catalanes y aragoneses que tenían señoríos en el territorio valenciano, también se encontraran presentes los síndicos de la ciudad de Valencia, dada la ubicación geográfica de la reunión. Fuese como fuese, lo cierto es que las Cortes estaban constituidas en Alzira a mediados de noviembre y continuaban allí a principios de diciembre,6 aunque parece que la última sesión, en torno al 13 de diciembre, se celebró en la ciudad de Valencia —«Curie nostre quam nuper apud Valentiam mandaveramus»—, según apuntan las cartas enviadas por Jaime I a los principales prelados y ciudades de Aragón y Cataluña cuando estos ya habían abandonado la reunión: «post recessum dicte Curie».7 En ellas se indicaba que la asamblea había finalizado sin resolución alguna sobre la rebelión del infante, aunque poco después se produciría la reconciliación entre padre e hijo, lo que acabaría desembocando a lo largo de 1274 en una revuelta contra ambos de la nobleza catalana, encabezada por el vizconde de Cardona y el conde de Ampurias, y de la aragonesa, liderada precisamente por Fernando Sánchez de Castro, «porque crebantades a aragoneses fueros e costumes d’Aragón e a catalanes costumes e usatges de Catalunya» (Fondevilla, 1913: 1143). En este contexto el monarca volvió a convocar nuevamente una Corte en la que se puede documentar conjuntamente a miembros de los diversos estamentos catalanes y aragoneses —pero no valencianos— tanto en marzo de 1275 en Lérida —donde también estaban presentes los prohombres de la ciudad de Mallorca—como en noviembre del mismo año en dicha ciudad, después de que el infante hubiese acabado con la vida de su hermanastro (Soldevila, 1956: 369-401).8. Asimismo, unos pocos meses más tarde, muy probablemente para intentar responder al alzamiento musulmán que se estaba produciendo en el territorio valenciano —«negotium secretissimum quod cedit ad magnum Dei servitium»—, Jaime I tuvo que requerir urgentemente la presencia en la ciudad de Valencia cuando menos de los principales prelados de Aragón, Cataluña y Mallorca, y de un buen grupo de nobles catalanes y aragoneses,9 a los que tal vez se añadieran el obispo de Valencia o los dirigentes de la propia capital valenciana, que posiblemente se encontraban junto al monarca en aquellos momentos, por lo que no precisaban de cartas de convocatoria específicas. Lo cierto, en cualquier caso, es que, como ya apuntó en su día Sylvia Romeu (1970), la asamblea se celebró de manera efectiva en marzo de 1276, según constata una orden para reforzar la frontera «donec presens Curia fuerit celebrata in Valentia».10. En conjunto, pues, desde la reunión de Lérida de abril de 1272 hasta el final del reinado de Jaime I a mediados de 1276 se congregaron sucesivas asambleas generales con el nombre de «Curia» o «Cort» en las que participaron simultá- neamente miembros de los estamentos de los diversos territorios, por lo que tal vez podríamos considerarlas Cortes Generales de la Corona de Aragón. Con todo, la apreciación ulterior que hemos apuntado de Pedro el Ceremonioso parece indicar que, a pesar de ello, dichas reuniones no tuvieron las mismas características o cuando menos consideración que la que posteriormente convocó Alfonso el Liberal en 1289 y más tarde el propio Ceremonioso en 1362, 1376 o 1383. En este sentido, parecen oportunas las indicaciones de Luis González Antón (1979) sobre la «evolución preparlamentaria» del reinado de Jaime I, calificando las reuniones que tuvieron lugar durante dicho período como «asambleas de Corte» y estimando, pues, que las Cortes aún no habían definido las formas y características que las irían convirtiendo en una institución de manera plena a finales del siglo XIII, durante los reinados de Pedro el Grande, Alfonso el Liberal y Jaime II. De hecho, aquellas reuniones de la década de 1270 se asemejan más a lo que posteriormente, en época del mismo Jaime II, recibiría el nombre de «Consilium Generalem», con la convocatoria de los principales «prelatorum, nobilium et civium» de la Corona para consultarles sobre una materia muy determinada, como sucedió en 1319, ante la negativa del infante Jaime a casarse en Gandesa, o en 1324, ante la muerte del rey Sancho de Mallorca y la posible intervención del monarca aragonés.11. En definitiva, pues, cabría descartar la consideración de Cortes Generales de la Corona de Aragón de dichas asambleas del reinado de Jaime I, ya que serían diferentes a las que posteriormente se convocarían en Monzón a partir de 1289. No obstante, también hay que tener en cuenta que esta misma reunión tuvo ciertas particularidades que hasta ahora no se han destacado —dado que el propio Luis González Antón las pasó por alto— y que transforman notablemente la comprensión de lo que allí sucedió, como expondremos a continuación. 2. Más allá de Monzón: el ciclo de asambleas parlamentarias de 1289-1290. Tras un largo intervalo inicial en el que Pedro el Grande, en consonancia con su talante autoritario (Cingolani, 2010), únicamente convocó una asamblea parlamentaria —en 1281 en el reino de Valencia para introducir una pequeña reforma foral, «in Generali Curia, de assensu et voluntate nobilium, religiosorum, militum, civium et omnium aliorum hominum proborum congregatorum in dicta Curia» (Romeu, 1969)—,12 los acontecimientos sucedidos a partir de 1283, tras su regreso de la campaña de ocupación de Sicilia y el estallido de la revuelta aragonesa de la Unión, serán los que, sin embargo, acabarán poniendo las bases de una relación política estable entre la Corona y los territorios cismarinos sustentada en las Cortes (González Antón, 1975; Sabaté, 2009). No en vano, las consecuencias de los dos hechos citados motivaron un extenso período, hasta el final del reinado de Alfonso el Benigno en 1291, caracterizado por la guerra prácticamente permanente contra enemigos exteriores, como los reyes de Francia, Navarra, Mallorca y Castilla, y por los enfrentamientos bélicos en el interior, especialmente entre el monarca y los unionistas aragoneses y entre estos y el estamento real valenciano, a causa de la disputa por la aplicación de los Fueros de Aragón —y su posible sustitución por los de Valencia— que hemos comentado con anterioridad. De hecho, este contexto general fue el que acabó motivando la convocatoria de las Cortes Generales de Monzón.13. En concreto, las reivindicaciones de la Unión —encabezada por la nobleza aragonesa, con el apoyo inicial de numerosas ciudades y villas del reino— se plasmaron en el Privilegio General obtenido de Pedro el Grande en una asamblea celebrada en Zaragoza en octubre de 1283, con el que pretendían asegurarse toda una serie de poderes jurisdiccionales y económicos, controlando a su vez las actuaciones del rey a través de la confirmación del Justicia, el nombramiento del Consejo real y la celebración de una «Cort General de aragoneses en cada un ayno».14 Pero, además, otra de sus demandas básicas era el mantenimiento de los Fueros de Aragón y las inmunidades señoriales vinculadas a ellos en los señoríos del territorio valenciano pertenecientes a la nobleza de procedencia aragonesa, por lo que simultáneamente también obtuvieron un Privilegio General en dicho sentido destinado a los «richis hominibus, militibus et aliis et omnibus illis de regno Valentie qui foros Aragonie habere voluerint».15 Sin embargo, ello chocaba frontalmente con los intereses de la inmensa mayoría del estamento real valenciano, que deseaba extirpar dichas prerrogativas nobiliarias del reino, por lo que, para obtener su ayuda económica, el monarca se tuvo que reunir de inmediato, entre noviembre y diciembre de 1283, con la ciudad de Valencia y proceder a la confirmación de la exclusividad territorial de los fueros valencianos y a la concesión del Privilegium Magnum, con abundantes libertades dirigidas a la propia capital y el resto de villas. Finalmente, el conjunto de estamentos catalanes también aprovechó la situación para fortalecer su autoridad a través de las constituciones aprobadas en las Cortes de Barcelona de diciembre de 1283 y del Recognoverunt proceres otorgado a dicha capital, al tiempo que establecieron igualmente la celebración anual de asambleas parlamentarias en Cataluña para tratar «de bono statu et reformatione terre».16. En dicho contexto, tras la inesperada muerte de Pedro el Grande a finales de 1285 y el acceso al trono de su hijo Alfonso el Liberal, el joven rey trató de contemporizar en un principio, pero finalmente no pudo evitar el estallido de la guerra entre los unionistas y el estamento real valenciano a principios de 1287 y un nuevo alzamiento de los primeros, que no pudo ser pacificado hasta la concesión a finales de año de los Privilegios de la Unión, que reforzaban las aspiraciones planteadas al inicio de la revuelta, con el control del poder a través de las Cortes y del Consejo real y la validez de los Fueros de Aragón en el reino de Valencia. Así pues, el monarca pasó los primeros meses de 1288 preeminentemente en tierras aragonesas, disponiendo medidas relacionadas con la aplicación de dichos privilegios hasta que a finales de mayo se trasladó a Cataluña para combatir las entradas por el noreste de Jaime II de Mallorca, quien se retiró durante el mes de julio. Por entonces Sancho IV de Castilla intervino también en el juego de relaciones internacionales de la Corona de Aragón, tras firmar un pacto de ayuda mutua con Felipe IV de Francia y ofrecer a Alfonso el Liberal el matrimonio con su hija Isabel y el reino de Murcia, a cambio de que le librara a sus sobrinos, los infantes de la Cerda, que pretendían su trono. Sin embargo, el monarca aragonés, lejos de aceptar el ofrecimiento, reaccionó contra el acuerdo castellano-francés proclamando a Alfonso de la Cerda rey de Castilla, en septiembre de 1288 en Jaca, pactando con Eduardo I de Inglaterra la liberación del príncipe de Salerno, Carlos II de Anjou —que estaba en su poder—, y enviando a finales de año una carta de desafío a Sancho IV, con lo que acabó estallando la guerra entre ambos monarcas. Así las cosas, tras dichas iniciativas decididas de manera unilateral y el hecho de que no se convocaran las preceptivas Cortes de Aragón en el mes de noviembre, la Unión reavivó su presión y el rey tuvo que reunirse con sus miembros en Zaragoza en marzo de 1289. En dicha asamblea los unionistas amenazaron con librar los castillos que estaban en su poder a un soberano extranjero, al tiempo que volvieron a reivindicar la validez del fuero aragonés en el territorio valenciano, proponiendo una alternancia anual de oficiales de justicia urbanos y caballeros, así como la elección definitiva de un fuero u otro mediante la convocatoria de Consejos generales en cada localidad, con la presencia de dos caballeros de la Unión, para tomar una decisión al respecto. Sin embargo, aunque la respuesta de Alfonso el Liberal a dichos planteamientos fue afirmativa —«complir e seguirlos en todo»—, no se conoce su aplicación práctica y, de hecho, las demandas de la asamblea unionista fueron in crescendo, confirmando a final de mes a los miembros del Consejo del rey y procediendo a escoger a los oficiales de la propia casa real. Asimismo, dado que «el senyor rey non puede agora andar en el regno de Valençia por raçón de la guerra de Castiella e por raçón de su flaqueça por complir el fuero de Aragón», reclamaron que les cediese los castillos de Morella y Morvedre y que hiciese jurar a los oficiales reales del territorio valenciano la plena observancia de las leyes aragonesas, ya que, en caso contrario, comenzarían sus ataques contra «los rebelles del regno de Valençia».17. Ante tales amenazas y la situación de emergencia bélica, Alfonso el Liberal reaccionó el 24 de abril de 1289, todavía en Zaragoza, convocando para dos meses después, el 24 de junio, unas Cortes en Monzón, a las que debían asistir nobles, eclesiásticos y prohombres de las universidades reales de Aragón y de Cataluña —al parecer, sin presencia valenciana— para tratar sobre «iustitia observanda ac statu terre nostre pacifico et tranquillo, ac pro defensione regnorum nostrorum».18 Sin embargo, el texto de las cartas de convocatoria aparece rayado por completo en el registro correspondiente de la cancillería y, de hecho, el monarca no se desplazó a Monzón hasta el 9 de octubre de 1289 (Carreras, 1921: 77). Por lo tanto, parece que la llamada fue cancelada a causa del enfrentamiento bélico con el rey de Castilla, como apunta el hecho de que aquellas mismas cartas, «tam pro Curia quam pro exercitu», ordenaban al mismo tiempo la formación de huestes ante la congregación de ejércitos extranjeros «proponentes intrare et invadere terram nostram».19 En este sentido, como afirma Luis González Antón, no se ha encontrado otra convocatoria posterior de Cortes, pero, a diferencia de este autor, pensamos que aquel documento cancelado no puede ser utilizado para analizar los asistentes a la reunión, ya que, por una parte, el hecho de que a la vez se pidiera la formación del ejército motivó el envío de misivas a muchos pequeños núcleos que probablemente no debían acudir a la asamblea y, por otra parte, como explicaremos a continuación, sabemos que la asamblea finalmente celebrada entre octubre y noviembre de 1289 tuvo otra convocatoria general, que no se ha conservado o que no conocemos. En definitiva, los choques militares producidos entre abril y septiembre obligaron a posponer la asamblea prevista. En primer lugar, tras haberla convocado, sabemos que el rey Alfonso se desplazó hacia la frontera con Castilla, a Calatayud, desde donde a finales de junio realizó una incursión, junto a Alfonso de la Cerda, contra la cercana Almazán.20 Por lo tanto, la proyectada reunión de Monzón, justo para aquellas fechas, no se pudo celebrar, como tampoco a lo largo del verano, ya que, según apunta Zurita (1610: Libro IV, cap. 109), el monarca tuvo que abandonar urgentemente las tierras castellanas y aragonesas «porque tuvo nueva cierta que gentes de Francia y del rey de Mallorca entraban contra Cataluña por el condado de Rosellón». Y, en efecto, el monarca se trasladó al territorio catalán en agosto, dirigiéndose directamente a la Cerdaña, donde a finales de mes asedió el castillo de Vall de Ribes hasta que consiguió alejar a las huestes enemigas (Carreras, 1921: 76). Por entonces, además, el príncipe de Salerno, Carlos II de Anjou, había sido coronado en Roma como rey de Sicilia y Alfonso el Liberal tuvo que iniciar también los preparativos para la guerra marítima. Finalmente, pasó el mes siguiente en Barcelona, desde donde el 6 de septiembre, como ya apuntó Antonio de la Torre (1923: 34) a partir del contenido de un privilegio dirigido a dicha ciudad, canceló una convocatoria previa de Cortes que había realizado en exclusiva a los estamentos catalanes para mediados de mes y los citó, junto a los aragoneses, otra vez en Monzón para el día 29,21 donde la asamblea debió de tener lugar entre el 9 de octubre, día de la llegada del rey, y el 7 de noviembre de 1289, fecha de la firma de las constituciones aprobadas (Carreras, 1921: 77; González Antón, 1975: doc. 263). Por lo tanto, como ya había pasado en abril, parece que los valencianos no quedaban a priori incluidos en la convocatoria, aunque sabemos a ciencia cierta que sí que acudieron representantes de la ciudad y las villas reales del reino de Valencia, según muestra una misiva que el rey les envió el 9 de noviembre, justo tras el cierre de la asamblea.22 En ella informaba a los justicias, jurados, consejeros y prohombres del realengo que iría a tierras valencianas a mediados de febrero de 1290 para tratar sobre las «altercationes» que los «probi homines per vos transmissi apud Montesonum ad nostram Curiam Generalem» habían mantenido «cum baronibus, militibus ac civibus regni Aragonum ratione fori Aragonum, quem in regno Valentie asserunt se habere».23 Asimismo, la promesa realizada por los síndicos de la ciudad de Valencia de avanzar el pago del monedaje que correspondía a 1291 confirma plenamente la presencia valenciana en la reunión.24 En consecuencia, ciertamente la asistencia a las Cortes de Monzón implicó a todos los territorios de la Corona, aunque, como explicaremos a continuación, no sucedió lo mismo con las constituciones que allí se firmaron, que hacían referencia exclusiva a los catalanes y los mallorquines. 2.1. Las Cortes catalanas de Monzón (octubre-noviembre de 1289) Las constitutiones aprobadas en Monzón muestran la firma de representantes catalanes y mallorquines, al tiempo que también aparecen testigos aragoneses y se explicita que el rey las había ordenado con consejo, asentimiento y voluntad de eclesiásticos, nobles y ciudadanos de los regnorum nostrorum.25 Pero, en cualquier caso, eran precisamente eso: constituciones catalanas, no fueros aragoneses ni valencianos. De hecho, las constitutiones Curie Montissoni nunca pasaron a los cuerpos jurídicos de los reinos de Aragón o de Valencia, y no las encontraremos en ninguno de sus libros de privilegios o códigos forales, justo lo contrario que pasa con los catalanes, ya que están incluidas tanto en el Llibre verd de Barcelona como en las compilaciones de las Constitucions i altres drets de Catalunya. Así pues, todo aquello oficialmente promulgado en Monzón en 1289 afectaba única y exclusivamente a Cataluña y al reino de Mallorca, de manera que en absoluto eran unas disposiciones que estuvieran dirigidas al conjunto de la Corona de Aragón o, ni tan solo, a los catalanes y los aragoneses. En este sentido, parece que Luis González Antón (1975: 246, 253) intuyó alguna cosa al respecto, ya que advirtió que «no hay nada o casi nada puramente aragonés en su texto» y que «muchas de las opiniones relativas a estas Cortes deben considerarse como completamente provisionales», aunque finalmente consideró que las constituciones también afectaban a Aragón y que tal vez existiera una copia desconocida enviada a los aragoneses. Al respecto, seguramente dicho autor interpretó que algunas de las disposiciones no podían estar dirigidas más que al territorio aragonés, como las que, según decía, establecían que los oficiales no podrían recibir «rentas de ninguna honor», que «no será acatada ninguna carta contra el Privilegio General [de Aragón de 1283]» o que serían revocadas las donaciones realizadas desde el inicio del reinado mediante la instauración de un nuevo Consejo real, «objetivo por el que tanto había batallado la Unión» (González Antón, 1975: 247, 252). No obstante, al analizar dichas ordenaciones se observa que la primera de ellas se refería simplemente a la recepción de otras rentas diferentes al salario de los oficiales —no a las honores aragonesas en concreto—, mientras que la segunda hablaba de la invalidez de las órdenes reales dadas contra privilegium generali vel speciale, vel contra consuetudines generales vel speciales —no del Privilegio General de Aragón— y la última, referente a la revocación de las donaciones y el establecimiento de un nuevo Consejo real, no era una reivindicación exclusivamente aragonesa, sino también de los nobles catalanes, por lo que es lógico que apareciera en las constituciones aprobadas para Cataluña, con el objeto de proceder a tales restituciones; de hecho, como el propio González Antón indica (1975: 253, 410), los consejeros reales escogidos en Monzón «son todos catalanes».26. El resto de capítulos no mencionaba en absoluto a los aragoneses, pero, en cambio, sí que confirmaba o precisaba diversas disposiciones catalanas anteriores, como la tasación de las cartas de escribanía o el modo de contribución en las «questiis et comunibus et aliis exactionibus» de los poseedores de tierras dentro de los términos de los castillos, según las constituciones aprobadas en las Cortes de Cataluña de 1283, ratificando, además, todas las que allí promulgó Pedro el Grande, «in Curia Generali Barchinone», excepto, precisamente, las que ahora quedaban alteradas por nuevas decisiones: «salvo toto eo quod in presenti Curia est ordinatum». Además, comparándolas con aquellas y con las posteriores, se aprecia que el conjunto de constituciones de 1289 se inscribe en el mismo contexto catalán iniciado entonces y continuado con Jaime II: se defendían las inmunidades eclesiásticas —lo que no pasaba todavía en las Cortes aragonesas ni en las valencianas—; se compensaba a los señores por los abusos reales cometidos; se consolidaba lo que posteriormente seria la remença; y, sobre todo, como ya había pasado en 1283, se daban numerosas constituciones destinadas a delimitar las facultades de los oficiales reales y ofrecer garantías para conseguir un ejercicio correcto de sus cargos. En definitiva, todas y cada una de aquellas constituciones eran válidas privativamente para Cataluña y el reino de Mallorca —para el que había ciertas disposiciones específicas—,27 de manera que, a pesar de haber sido dadas con el «consilio, assensu et voluntate» de los eclesiásticos, nobles y ciudadanos de todos los «regnorum nostrorum», solo los miembros de los estamentos de Cataluña y los prohombres de la ciudad de Mallorca prometieron «tenere, complere et observare» los capítulos aprobados. De hecho, precisamente por ello, el mismo día de la publicación de las constituciones, el 7 de noviembre de 1289, únicamente los catalanes y los mallorquines aprobaron la concesión de una ayuda trienal «pro defensione terre nostre in guerra, scilicet quam habemus cum rege Francie et cum rege Castelle et cum principi Salerni», que se recaudaría a partir de la Navidad de aquel año en todas las señorías de Cataluña y las islas de Mallorca, Menorca e Ibiza. Así, casi exactamente el mismo grupo de cuarenta y ocho nobles —excepto dos— y de veintiocho prohombres urbanos de catorce ciudades y villas que habían firmado las constituciones dieron también su conformidad al subsidio, según consta en la carta de indemnidad correspondiente.28 No obstante, apenas conocemos datos sobre dicha contribución, ya que la mencionada concesión, que establecía que la ayuda quedaría cancelada si finalizaba la guerra, únicamente hablaba de «certum auxilium», que debía ser recaudado y recibido por «petitores et levatores, secundum formam taxatam et ordinatam». En cualquier caso, posiblemente se trataba de una sisa o imposición indirecta general en los mercados locales como la que ya se había aprobado un año antes en los dominios reales y eclesiásticos de Cataluña (Sánchez, 1995: 59-64), según apunta un documento que hacía referencia al dinero dado por los clavarios de la colecta realizada «ratione auxilii sive sise».29. Por otra parte, sabemos que los habitantes de Lérida se negaron a otorgar el subsidio —«cum populares eiusdem civitatis nobis contradicerent in predictis»—, de manera que el 15 de noviembre, unos pocos días después de cerrar las Cortes, el rey se desplazó a la localidad del Segre para congregar un parlamentum en que expuso las causas por las que consideraba necesario que accedieran a pagarlo.30 En efecto, ningún prohombre de Lérida había firmado ni las constituciones de Monzón ni la carta de indemnidad de la ayuda monetaria, como tampoco lo habían hecho los de Cervera. Además, es factible que dicha insumisión estuviese relacionada con la guerra entre los Montcada y los Entenza —con dominios en la zona—, desencadenada durante la campaña militar de aquel verano en la Cerdaña y que llegó a su punto álgido precisamente a finales de 1289 y principios de 1290 (Zurita, 1610: Libro IV, cap. 117). De hecho, Alfonso el Liberal, tras la fracasada reunión con los leridanos en la segunda quincena de noviembre se trasladó a Barcelona, pero entre enero y mediados de febrero de 1290 tuvo que regresar y estuvo moviéndose entre Alcoletge, Corbins, Gardeny y Lérida (Carreras, 1921: 78), seguramente para intervenir en dicho conflicto o para imponer la aceptación de las constituciones aprobadas en las Cortes y el pago del subsidio, según explicitan diversas convocatorias de hueste a ciertos nobles y lugares del sur de Cataluña.31 En este sentido, sabemos que finalmente los habitantes de Lérida acabaron contribuyendo en el auxilio monetario, como confirma el hecho de que unos meses más tarde el rey les otorgara una prórroga del siguiente monedaje, después de que los clavarios ordenados en Monzón «tradiderunt nobis de presenti, de denariorum auxilii Ilerde, viginti millia solidos iaccenses».32 2.2. Las Cortes aragonesas de Zaragoza (febrero-marzo de 1290) El rey había prometido a los prohombres del estamento real valenciano que iría a su reino a mediados de febrero de 1290 para abordar sus disputas con los nobles aragoneses, pero, como acabamos de ver, en esa fecha se encontraba en torno a Lérida, desde donde posteriormente se trasladó a Zaragoza. Al parecer, pues, las luchas en la zona habían demorado las previsiones de Alfonso el Liberal, quien, de hecho, el 17 de enero ya había escrito a los principales barones aragoneses con dominios valencianos —Jaime Pérez, Jaime de Jérica, Pedro de Ayerbe y Pedro Fernández de Híjar— para informarles de que el procurador del propio Jaime Pérez, es decir, Bernardo Guillén de Entenza, y el procurador de los nobles, caballeros e infanzones del territorio valenciano, Juan de Vidaurre, habían aceptado una prórroga «super facto regni Valentie» hasta que el rey celebrara una «Curiam in Cesaraugusta», por lo que les había cedido en rehenes al conde de Pallars Ramon Roger y a los nobles Ato de Foces, Ramon de Anglesola y Berenguer de Bellvís, que permanecerían dentro de los muros de Segorbe hasta que el monarca acudiera a Valencia para tratar dicho asunto.33 Así pues, aquella carta indicaba claramente que antes de desplazarse al reino valenciano para resolver las cuestiones que habían quedado pendientes en Monzón también debía hacerlo al territorio aragonés para celebrar allí unas Cortes propias. En efecto, el monarca permaneció en Zaragoza de forma ininterrumpida desde el 16 de febrero hasta el 21 de marzo de 1290 (Carreras 1921: 78), clausurando la asamblea hacia el día 11, cuando se hizo pública su promesa de observar una «protestationem» realizada por los nobles y las villas de Aragón. En concreto, en ella se detallaban las condiciones bajo las cuales los aragoneses —incluyendo los dominios de la Iglesia— estaban dispuestos a pagar el subsidio que se había prometido al rey en la reunión parlamentaria, que eran esencialmente iguales a las de la carta de indemnidad del subsidio catalán y mallorquín de noviembre de 1289: los tres estamentos concedían «certum auxilium» voluntariamente, «ex mera liberalitate», y «pro deffensione terre nostre in guerra quam habemus cum rege Francie et aliis», también durante tres años, a no ser que la guerra acabara antes, y, por otras referencias a los diputados colectores y clavarios que se nombraron «ad ponendum et colligendum cisam sive adiutorium», parece que se trataba igualmente de una sisa o imposición indirecta general en los mercados.34 No obstante, se especificaba claramente que el auxilio se regiría «secundum modum et formam ordinatam et taxatam per eosdem in ista Curia», la de Zaragoza, lo que lo desvinculaba del subsidio que se había aprobado en la reunión de Monzón. Así se constata, por ejemplo, en sus plazos: no se debía comenzar a pagar hasta la Pascua de 1290 —el 2 de abril—, cuatro meses más tarde que la ayuda de los catalanes y mallorquines. Además, la última condición de la protesta aragonesa, aceptada por Alfonso el Liberal, indicaba que en aquellas Cortes de Zaragoza se habían aprobado ciertas ordenaciones, en virtud de las cuales se exigía: Quod statuta omnia alia et ordinationes que sunt per eos facta in ipsa Curia circa pacem et iustitiam tenendam, et ordinatio seu statutum factum per eos in ista Curia de inquisitione facienda in furto, ropparia et homicidio, ut in ipsa ordinatione continetur, valeat hinc ad festum Resurrectionis Domini et deinde usque ad tres annos continue completos, et ex tunc volunt quod ipsa statuta seu ordinatione sint cassa, vana et irrita ac si nunqua in aliquo essent facta, et quod deinceps sint eis suis dicto regno et cunctis salvi fori sui.35. Por lo tanto, ciertamente se aprobaron una serie de disposiciones sobre paz y justicia, así como una inquisición general —probablemente de los oficiales reales—, de las que no tenemos más detalles, ya que por su carácter extraordinario solo debían estar vigentes durante los tres años posteriores, de manera que no pasaron definitivamente al cuerpo foral aragonés. Por otra parte, cabe indicar que dicha inquisición sobre los cargos probablemente había sido pactada de forma general en Monzón, ya que se acabó produciendo en todos los territorios de la Corona, aunque en Aragón y en Valencia solo comenzó cuando el rey se trasladó a dichos reinos y fueron aprobados subsidios y acuerdos propios de manera particular.36 En resumen, pues, a pesar de que hubo representantes de los estamentos aragoneses en Monzón entre octubre y noviembre de 1289, la concreción de la negociación político-fiscal con Alfonso el Liberal no se produjo allí, sino cuando el rey se trasladó a Zaragoza y celebró Cortes particulares del reino de Aragón entre febrero y marzo de 1290, en las que se sancionaron diversas disposiciones temporales y se otorgó un donativo. Lo mismo que también sucedería en el reino de Valencia. 2.3. La asamblea valenciana de la ciudad de Valencia (septiembre de 1290) El caso de los valencianos respecto a las Cortes Generales de Monzón fue análogo al que hemos explicado para los aragoneses, aunque en este caso no se encuentra en la documentación ninguna mención explícita sobre la celebración de una Corte o Parlamento, en consonancia con la negativa de la nobleza del reino a legitimar el marco institucional valenciano durante aquella época. Por el contrario, como hemos visto, el monarca simplemente había comunicado, tanto a los prohombres de la ciudad y las villas reales como a los magnates aragoneses, que iría a tierras valencianas para tratar «super facto regni Valentie» y sobre las graves «altercationes» entre unos y otros que se habían manifestado en la reunión de Monzón. Por otra parte, a pesar de haber prometido que acudiría primero en febrero y después tras la clausura de las Cortes aragonesas, que finalizaron en marzo de 1290, nuevamente la previsión del rey se demoró por las circunstancias políticas, ya que en abril tuvo que asistir a una entrevista con el príncipe de Salerno entre La Jonquera y Panissars y posteriormente pasó los meses de mayo y junio entre Barcelona y Montblanc (Zurita, 1610: Libro IV, cap. 118; Carreras, 1921: 79-80; Soldevila, 1963: 340). Finalmente, a principios de julio Alfonso el Liberal entró en el reino de Valencia y solo entonces, ocho meses después de la aprobación del subsidio catalán en Monzón y cuatro de la del aragonés en Zaragoza, se puede documentar la primera referencia a un «auxilii sive sise» que se debía recaudar en tierras valencianas, aunque se hablaba en futuro y las noticias al respecto aún tardarían en multiplicarse.37. En concreto, el rey permaneció de manera prácticamente ininterrumpida durante dos meses y medio en la ciudad de Valencia, entre julio y mediados de septiembre de 1290. Sin embargo, su rastro documental por lo que respecta a los asuntos valencianos es escaso durante los meses de julio y agosto, como muestran las noventa órdenes diversas —asignaciones, reconocimientos de deuda, gestión de rentas, causas judiciales, donaciones de tierra, ventas de patrimonio, nombramiento de oficiales, etc.— que catalogó Rafael Gallofré en la cancillería real durante dicho período (1968: docs. 1617-1707). En cambio, en contraste con dicha cifra, el mismo catálogo muestra durante los nueve primeros días de septiembre más de cien órdenes, lo que a todas luces manifiesta algún tipo de acto extraordinario, que intensificó la expedición de disposiciones. Y efectivamente por entonces, tal vez entre el 3 y el 9 de septiembre de 1290 —cuando se concentran más de noventa documentos— tuvo lugar algún tipo de asamblea estamental o cuando menos de congregación de las universidades reales —y probablemente de parte de la nobleza de origen aragonés—, en que se desarrollaron las cuestiones que habían quedado pendientes en Monzón y, a su vez, Alfonso el Liberal impuso la observancia del fuero de Aragón en el reino de Valencia, lo que mantuvo la cuestión foral en unos parámetros relativamente estables hasta las Cortes valencianas de 1329-1330 (Baydal 2016). No en vano, el 2 de septiembre de 1290 el rey ordenó a los justicias, bailes y notarios de Morvedre, Xàtiva, Alzira, Gandia y el resto de villas reales que fueran al día siguiente a Valencia para que jurasen respetar los Fueros de Aragón a los «richis hominibus, militibus, infançonibus et hominibus castrorum et locorum suorum», tal como había ordenado Pedro el Grande —haciendo referencia al Privilegio General aragonés de 1283— y como acababan de jurar el justicia y todos los notarios de la ciudad de Valencia.38 Así, en efecto, el 3 de septiembre Alfonso el Liberal reconocía al conjunto de núcleos reales que, a pesar de que acabaran de jurar el cumplimiento de las leyes aragoneses a aquel colectivo en concreto, la teórica vigencia exclusiva de los Fueros de Valencia en todo el reino promulgada en tiempos de Jaime I continuaba manteniendo su valor. En cualquier caso, la medida suponía una victoria de la Unión aragonesa frente a las pretensiones iniciales de la Corona y las del estamento real del reino de Valencia, que, según se decía explícitamente, se veía obligado a aceptar aquella «impositio seu inductio» ordenada por el rey «de foro Aragone supradicto in dictam civitatem et regnum».39 En definitiva, las amenazas realizadas por parte de los unionistas en marzo de 1289 de atacar a «los rebelles del regno de Valençia» tuvieron su efecto un año y medio más tarde, después de que los nobles aragoneses y los prohombres valencianos se hubieran enfrentado gravemente en las Cortes de Monzón. Por otra parte, también entonces, a partir del 5 de septiembre de 1290, comenzó una inquisición contra los oficiales, servidores, escribanos y recaudadores reales del reino de Valencia, en consonancia con las que se habían iniciado en Cataluña al acabar las Cortes de Monzón de 1289 y en Aragón tras las Cortes de Zaragoza de 1290.40 Igualmente, el mismo día, de manera casi inmediata al juramento del fuero aragonés, el rey requirió cantidades monetarias a todos los núcleos del realengo y también a los lugares eclesiásticos del reino,41 mientras que la nobleza probablemente quedó exenta de dicho subsidio a la Corona, como había sucedido en el territorio valenciano desde tiempos de la conquista, precisamente a causa de la disputa foral (Baydal 2014). En este caso, no obstante, a diferencia de lo que sucedió en tierras catalanas y aragonesas, en que, como hemos visto, se debió imponer una sisa o imposición indirecta general, gestionada por unos diputados colectores y unos clavarios escogidos por los estamentos, todo apunta a que la contribución valenciana consistía en un tributo directo recaudado de manera individual por cada uno de los miembros del brazo real y de la Iglesia, que traspasaban el dinero a los porteros y el tesorero del rey. No en vano, aquí Alfonso el Liberal realizó peticiones de cantidades concretas a los municipios del realengo y a cada señor o cuerpo eclesiástico, por un valor total de 154.000 sueldos en el primer caso y de 187.000 sueldos —posteriormente rebajados a 136.000 por ciertas remisiones— en el caso de los prelados.42. De hecho, a pesar de que la petición real hablaba de un «auxilium sive cisam [sicut] in aliis terris nostris nobis concessa est»,43 lo cierto es que muchos otros indicios, aparte de las cantidades exactas pedidas a cada miembro de los estamentos, señalan que se trataba de un tributo directo repartido en proporción al patrimonio familiar o personal.44 En este sentido, un documento dirigido a todos los «collectoribus redemptionum cise civitatis et regni Valentie» probablemente se aproxima más, con dicha expresión,45 al significado real del subsidio en el territorio valenciano, dado que las cantidades solicitadas se pagaban para redimir el auxilio o sisa que inicialmente se había acordado en Monzón por parte de todos, pero que no se había concretado en una forma impositiva u otra hasta la aprobación de las disposiciones negociadas de manera separada, primero con los catalanes y mallorquines en Monzón, después con los aragoneses en Zaragoza y finalmente con los valencianos en Valencia. Asimismo, otros documentos también apuntan en esta dirección, como una orden a las autoridades de Morella sobre la cantidad a pagar «pretextu çise ordinate in Curia Montissoni»46 o la admisión real de la protesta realizada por la ciudad de Valencia, que alegaba ser franca por privilegio de toda «questia sive peyta vel alio servitio», por lo que Alfonso el Liberal tuvo que reconocer que recibía su «donum» de 80.000 sueldos «gratis et non aliqua obligatione», manteniendo indemne su exención y prometiendo que no realizaría ninguna otra petición de ningún tipo durante dos años, «ratione aiude seu sise quam propter deffensione terre nostre habemus et habere debemus de aliis terris nostris [...] iuxta ordinationem Curie Montissoni vel aliorum locorum terre nostre».47. En definitiva, aquella cisa valenciana de 1290 no era tal, sino que simplemente recibió dicha denominación por analogía terminológica con las imposiciones indirectas que se estaban cobrando en Cataluña y Aragón para recaudar las ayudas acordadas en Monzón —en el caso aragonés puesta en marcha unos meses después, tras su aprobación definitiva en unas Cortes propias. Por el contrario, el estamento real y el eclesiástico del reino de Valencia —dejando fuera al nobiliario, tradicionalmente exento— debieron pagar un subsidio colectado mediante un impuesto directo de repartición, que seguía el uso de las habituales questias o peitas (Baydal, 2011). 3. Conclusiones: unas Cortes Generales de Monzón mal entendidas. Vistos en conjunto los precedentes y el ciclo de asambleas celebradas entre 1289 y 1290, así como el desarrollo de las negociaciones y subsidios correspondientes, ¿podemos decir que aquellas Cortes de Monzón fueron las primeras Generales de la Corona de Aragón, como ha afirmado la historiografía tradicionalmente y como, al parecer, aseveraba Pedro el Ceremonioso casi un siglo después? Seguramente sí. En este sentido, cabe apuntar que, sin lugar a duda, ya existieron otras asambleas generales a las que fueron convocados miembros de los estamentos de los diversos territorios de la Corona a finales del reinado de Jaime I, comenzando por las de Lérida de 1272. Pero al mismo tiempo, por la asistencia un tanto aleatoria, sus objetivos estrictamente circunstanciales y su corto desarrollo, también cabe apuntar que dichas reuniones no tenían aún las características que comenzarían a definir plenamente las Cortes justo a partir de la década de 1280. En cambio, las de 1289 tuvieron probablemente una asistencia mucho más generalizada y representativa — aunque no hay que olvidar que el estamento nobiliario valenciano aún no se había constituido de manera separada del aragonés, a causa de la disputa foral, lo que ya no ocurría en absoluto en las siguientes asambleas generales de Monzón a partir de 1362— y los temas a tratar ya tenían un carácter plenamente parlamentario, de resolución mancomunada de problemas que afectaban al conjunto de la Corona y que requerían de una intensa negociación polí- tico-fiscal con las comunidades de cada territorio. No obstante, justo aquí subyace el gran error de comprensión sobre las Cortes Generales de Monzón de 1289 que se ha reproducido tradicionalmente: a pesar de que se debieron aprobar algunos principios de acuerdo generales, como el inicio de inquisiciones a todos los oficiales reales de la Corona o la concesión de subsidios para la guerra por parte de los estamentos,48 las negociaciones solo alcanzaron materialización allí para el caso de los catalanes y los mallorquines, que eran los únicos a los que afectaban las constituciones y los capítulos de la ayuda económica aprobados en dicha villa del reino de Aragón. Por el contrario, posiblemente como consecuencia de las profundas desavenencias mostradas por los aragoneses y los valencianos por la gravedad del mencionado conflicto foral, el desarrollo de las negociaciones con las voces políticas de dichos reinos, a diferencia de lo que pasaría en las sucesivas Cortes Generales de Monzón, no tuvo lugar allí mismo, sino que fue pospuesto para reuniones privativas que tuvieron lugar meses después: las Cortes de Zaragoza de febrero a marzo de 1290 y una asamblea en Valencia por septiembre de 1290. Es así, en plena consonancia con el contexto político de la época, como debemos entender dicha primera convocatoria general, que décadas más tarde tendría continuidad con las convocatorias de Pedro el Ceremonioso, sucedidas por muchas otras hasta entrado el siglo xvii. 4. Referencias bibliográficas. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La reina María y los funerales de su madre Brianda d'Agout, condesa de Luna, en Zaragoza (1399-1401). Aproximación al estudio de los rituales funerarios de los monarcas de la Corona de Aragón
LA REINA MARÍA Y LOS FUNERALES DE SU MADRE BRIANDA D’AGOUT, CONDESA DE LUNA, EN ZARAGOZA (1399-1401). APROXIMACIÓN AL ESTUDIO DE LOS RITUALES FUNERARIOS DE LOS MONARCAS DE LA CORONA DE ARAGÓN. QUEEN MARY AND THE BURIAL OF HER MOTHER BRIANDA D’AGOUT, COUNTESS OF LUNA, AT ZARAGOZA (1399-1401). AN APROXIMATION TO THE STUDY OF BURIAL’S RITUALS OF THE KINGS OF THE CROWN OF ARAGON. Stefano M. Cingolani. Resumen: En este artículo se describen las ceremonias fúnebres celebradas en Zaragoza para la muerte de Brianda d’Agout, madre de la reina María. Mediante la comparación con ceremonias reales si intenta una aproximación a los rituales fúnebres y las prácticas funerarias de los reyes de Aragón de finales del siglo XIV. Palabras clave: Corona de Aragón, monarquía, nobleza, ceremonias fúnebres. Abstract: In this paper are illustrated the burial’s rituals celebrated in Zaragoza for the death of Brianda d’Agout, mother of the queen Mary. Through a comparison with kingly ceremonies the author attempts an approximation to the burial’s rituals and funerary practices of the kings of Aragon at the end of the XIV century. Keywords: Crown of Aragon, kingship, aristocracy, burial’s rituals. Estos últimos años han visto un notable florecer de estudios sobre la muerte, los testamentos, los rituales funerarios y los lugares de entierro, especialmente por lo que respecta a la monarquía y, en menor medida, a la nobleza o a la burguesía; tantos, que es imposible proporcionar siquiera unas mínimas referencias bibliográficas. Para ceñirnos a la Península Ibérica y con referencia especial a los espacios y los rituales funerarios, que son mis intereses primarios, se tiene que hacer notar que hay tanto estudios locales o sectoriales, como de conjunto relativos a uno de sus reinos. Entre los más recientes, y con voluntad de abarcar el tema desde distintos puntos de vista para ofrecer una síntesis de sus diferentes problemáticas, se puede citar sobretodo el de Xavier Dectot, que es el único estudio sobre el conjunto de la Península que conozco1 . Sin embargo, el estudio de Dectot, que es extremadamente detallado y completo por lo que concierne a las Coronas de Castilla y de León, presenta algunos de los típicos problemas de percepción histórica de la Corona de Aragón en el extranjero: la incapacidad conceptual, y histórica, de fondo, para distinguir y singularizar entre Reino privativo de Aragón, Condado de Barcelona (en general podemos hablar de Cataluña) y la posterior Corona de Aragón, como consecuencia de la unión dinástica, en una descripción que mezcla confusamente las peculiaridades y tradiciones de las diferentes formaciones estatales. Además, el estudio de Dectot no pasa de la mitad del siglo xiii, así que, considerada la escasa información tanto documental como cronística que tenemos antes de esta fecha, amén de las tumbas desaparecidas, su estudio deja muy desdibujado y anecdótico cualquier razonamiento al respecto2 . En este panorama de estudios, los dedicados a los monarcas de la Corona de Aragón son más bien escasos y por lo general se centran en el estudio de alguno de los mausoleos reales o en aspectos locales. Entre las novedades más recientes de interés con cierto carácter de síntesis, se deben recordar, sobre todo, los estudios de Flocel Sabaté, que se centran en la época Trastámara3 , y de Ramon Sarobe y del que escribe el presente artículo, los cuales, en el marco del proyecto de restauración de las tumbas reales de Santes Creus, han sido dirigidos al conjunto del complejo monumental y a esclarecer aspectos del ritual funerario de los reyes de la Corona de Aragón, especialmente del período que va desde la muerte de Pedro III hasta la de Jaime II, años $1 2 8 \bar { 5 } - 1 3 2 7 ^ { 4 }$ . Uno de los proyectos que tengo a corto plazo es dedicar un estudio de conjunto a los rituales funerarios, en especial a los monárquicos, y a los mausoleos condales y reales en Cataluña y en la Corona de Aragón, entre la muerte de Guifredo I (897) y la de Martín I (1410). El presente estudio quiere ser una aproximación a este tema, sobretodo de carácter descriptivo, estudiando la compleja organización de los rituales funerarios dedicados a la muerte en Zaragoza de la condesa de Luna Brianda d’Agout, esposa de Lope Jiménez de Urrea i madre de la reina María de Luna, durante los años 1399- 1401.5 No se trata de ceremonias reales, pero hay aspectos de los rituales y de las prácticas funerarias que se llevaron a cabo para la condesa de Luna que comparadas con las que se dieron en ocasión de la muerte de reyes y reinas a lo largo del siglo xiv, pueden contribuir a aportar luz sobre detalles y momentos de estas que no siempre resultan satisfactoriamente descritos a la documentación. Además, este conjunto de ceremonias me parece de especial interés justo por la escasez de estudios y de documentación con respecto a los rituales funerarios de las reinas y en general de las mujeres de la nobleza6 . El material principal para este estudio proviene de las minuciosas relaciones de gastos contenidas en Archivo de la Corona de Aragón (ACA), Real Patrimonio (RP), Maestro Racional (MR)7 . Los documentos principales los reproduzco íntegros en apéndice. La condesa de Luna murió el día 30 de diciembre de 1399, en Zaragoza, tras de una enfermedad de un par de meses, como se deriva de la orden de pago al físico Pascual Ledós de «les medecines e altres coses … per rahó de la sua malaltia que ha haüda en los mesos de noembre e de deembre»8 . El mismo día de su muerte, y hasta el día 2 de enero, el cuerpo de la condesa difunta fue expuesto durante «III dies e III nits davant l’altar major de Sant Salvador de la ciutat de Çaragoça»9 . Para esta primera ceremonia pública consta que quemaron continuamente 106 blandones de cera grandes por un peso total de 552 libras cuyo coste fue de 1105 sueldos; 197 libras y media fueron retornadas al maestre candelero Bernat de Mur. En las relaciones de gastos no consta cómo estaba organizado el espacio fúnebre ni qué tipo de ceremonias se celebraron en estos tres días de velatorio. No tengo localizado el testamento de la condesa, así que no sabemos exactamente si había establecido algo al respecto. En cuanto a las ceremonias religiosas, se tuvieron que celebrar misas, tanto el Oficium defuntorum como misas normales, según se infiere, por ejemplo, de la relación de los gastos por la defunción del rey Martín I: «misses qui·s cantaven en la casa del Palau on estava lo cors del dit senyor»10. La iconografía de las representaciones de escenas de funerales puede proporcionar alguna información útil, ya que el aspecto visual y, en cierto modo espectacular, formaba parte importante de los rituales funerarios de la monarquía y de la alta nobleza como una ulterior muestra de distinción y de poder. Aquí se ven básicamente dos tipos de representaciones: una en la que el difunto, ya a la iglesia, está tendido en una especie de cama (y de ésta se habla en muchos testamentos de particulares y, como veremos, en los funerales del rey Martín), vestido y completamente descubierto, rodeado de sacerdotes realizando sus funciones: rezando, santiguando y bendiciendo.11 Otra, en la que se ve el ataúd cubierto por un manto negro con una cruz blanca en miniaturas del norte de Europa, rodeado de gente, eventualmente de familiares (se puede imaginar), plañideras y otros.12 Considerando que, en esta ocasión, en las cuentas tan solamente se registra el gasto por los blandones, tendremos que pensar que es la primera de las dos representaciones iconográficas la que describe este ritual, e imaginar que el cuerpo de la condesa fue expuesto delante del altar mayor, tendido sobre una cama y, muy probablemente, vestido con hábito religioso. En cuanto a los 200 blandones de los cuales, a diferencia de las ceremonias de la sepultura, nada se especifica respecto a su emplazamiento, siguiendo otra vez la iconografía, podemos pensar que parte estuviese regida en manos de los que atendían y parte fuese puesta en candelabros de pie. Aunque no se indique explícitamente en los gastos apuntados en este registro, seguramente tanto la reina María como sus familiares presentes y su más inmediato séquito iban vestidos de luto así como era práctica de costumbre13. Como podremos comprobar también con otros ejemplos, era normal esta bipartición de los rituales funerarios en dos tiempos: el primero, el velatorio, en la iglesia principal de la ciudad, en este caso la de San Salvador, la Seo, sin grandes ceremonias, salvo los cirios ardientes, y tal vez sin gran presencia de público, con el difunto situado delante del altar mayor; y el segundo, el entierro en la iglesia que tenía que albergar durante un tiempo el cadáver, antes de que este fuera trasladado a su destino definitivo, en el caso de que fuesen dos establecimientos distintos y que el segundo estuviese lejos. Los rituales públicos de D.ª Brianda empezaron el día 2 de enero con una procesión que llevó el féretro desde San Salvador hasta la iglesia de los Frailes Menores; iba acompañada por cien hombres, cada uno de los cuales llevaba dos blandones (este es detalle que se puede encontrar a menudo en la iconografía) y por los «canonges e capellans de Sant Salvador, de Santa Maria del Pilar e els vicaris e capellans de totes les parròquies de la ciutat de Çaragoça»14. Veremos como también este momento de ritual público era común al complejo ritual monárquico de finales del siglo XIV. Aunque en este documento se hable de que la condesa «ha sido soterrada», de hecho se trata de la eclesiastica sepultura, o sea de los rituales fúnebres, ya que al menos durante un tiempo, como veremos, la condesa no fue efectivamente puesta bajo tierra, ni siquiera de manera metafórica, porque normalmente los sepulcros reales y nobiliarios no se encontraban en tierra. El montaje escénico en los Franciscanos, con las ceremonias de la sepultura y del aniversario, fue muy complejo. Por un lado se contempla un elaborado sistema de luminarias15. En primer lugar, nos encontramos con otros 200 blandones grandes, tal vez los mismos que habían acompañado la procesión, por un peso total de 972 libras y el precio de 1.945 sueldos, siempre encargados al candelero Bernat de Mur, a quien posteriormente fueron devueltas 125 libras de cera. No queda claro dónde eran puestos estos cirios grandes: muy posiblemente, como en el caso del velatorio, una vez llevados por los integrantes de la procesión, eran puestos en candelabros de pie para formar un espacio iluminado entorno al ataúd. De hecho, la iluminación de la escena tenía que ser importante, porque, además, «en un bastiment de fusta sobre la tomba» se habían puesto 212 cirios pequeños, por un total de 98 libras y media. Es muy característica la presencia de esta estructura, que la relación de las ceremonias por la muerte de Juan I describe de esta forma: «Quoddam artificium fusteum nigrum, fabricatum ad duas aquas et acutum in sumitate; et totum dictum artificium erat plenum clavibus, et in quolibet clavo ponebatur unus cereus»16. Además de estos cirios fijos, había otros (no sabemos el número exacto, solamente el peso total de 64 libras i 4 onzas para «brandonets e candeles» es decir blandones pequeños y cirios), que portaban los que acudieron a la sepultura y al aniversario y que los ofrecieron durante las misas. Es decir, que el cuerpo de la condesa estuvo alumbrado con luces intensas a lo largo de al menos dos días enteros. Pero la simbología del decorado luminoso de cera no se reducía a esto, porque los 200 cirios grandes iban ornados con el escudo de la reina. De su elaboración se encargó el moro Abrahim Bellido. Finalmente, y este es un elemento que no he encontrado registrado en otros entierros, sobre el cuerpo de la condesa muerta se había puesto «una creu de cera blancha bresquada [decorada, entallada] de diversos obratges», tal vez de manera que pareciera madera como la de la cruz. Si, como hemos de suponer, el cuerpo estaba encerrado en el ataúd, esta cruz no se encontraba a la vista, sino que se trataba de un elemento ceremonial de devoción privada. El aparato ceremonial no se limitaba a las luminarias, porque el catafalco sobre el cual reposaba el ataúd, y el propio ataúd, estaban ricamente decorados, y es aquí donde se más percibe la participación personal de la reina en el entierro de su madre. Mientras en la iconografía nórdica se veía una tela negra con una cruz blanca, aquí nos encontramos con una «peça de drap d’or emperial ab lo camper vermell, ab fullatges e letres morisques» a la cual se habían aplicado unas orlas de tafetán negro, que se había reforzado con tela negra, y se le habían añadido emblemas, siete de la reina y siete de la condesa, «de terçanells e de fulla d’or e d’argent ab fullatges entorn, los quals ha fets en les orles del dit drap». Mientras que es usual que el drap d’or sea orlado de negro y presente unos escudos, normalmente de quien lo ofrecía17, llama la atención el artesonado morisco que se puede interpretar como un rasgo especial de tradiciones aragonesas, coherente con otras formas artísticas, porque —que yo sepa— no se encuentra, por ejemplo, en los tejidos empleados en los entierros en Cataluña. También había «un altre drap d’or orlat ab semblants senyals del dessús, qui ere en la cambra de la dita senyora, han servit a la sepultura de la dita senyora comtessa»18. Además, en el caso de los funerales de Martín I parece que el cuerpo del rey fuera puesto bajo «papalló de drap d’aur»19. La tela de oro era un elemento esencial del ritual funerario, tanto de la sepultura como de los aniversarios, de miembros de la familia real, al menos desde finales del siglo $\mathrm { X I I I } ^ { 2 0 }$ . No sé si, con el añadido de imperial que empezamos a encontrar hacia finales de la centuria siguiente, hemos de entender algún cambio en su fabricación o la introducción de algún ulterior rasgo de lujo, en un momento en que la utilización de la tela de oro empieza a difundirse también en entierros de la pequeña nobleza y de la alta burguesía ciudadana21. Complemento de las ceremonias fueron, una vez en la iglesia, tanto el día de la sepultura como el sucesivo en que se celebró el aniversario, las misas fúnebres, en las cuales eran presentes multitud de personas y los frailes de los conventos de Franciscanos, Dominicos, Carmelitas y Agustinos22. Aunque no nos encontramos con un entierro real, podemos constatar, antes de hacer otros comentarios y comparaciones, que se trata de una práctica y de adornos normales en este momento, al menos para los miembros de la realeza. Tal vez, el hecho de ser la condesa de Luna madre de la reina, y el evidente patrocinio de esta, al poner el escudo real en la orla de la tela de oro y en los cirios, lo equiparan a un funeral real. Efectivamente, a finales del mismo año 1400, ahora en Barcelona, la reina María celebra el aniversario por la muerte del infante Pedro, hijo de Martín el Joven, rey de Sicilia. Es muy probable que la ceremonia se celebrara corpum absentem, aunque hubiese un ataúd ( $\ll I I ^ { s }$ teles de Rems grans que posà en la tomba, sobre los quals fo posat lo damunt dit drap d’or»23), delante del altar mayor de la Seo de Barcelona, ya que, aunque con dudas, el infante está enterrado en Sicilia. También había «I bastiment de fusta en lo qual han cremat CC brandonets»24, más cirios grandes y pequeños, la tela imperial con el borde de tafetán negro, con los escudos, esta vez doce, seis de la Corona y seis de Sicilia. Además, otra tela de tafetán negro envolvía el bastimento de madera con catorce escudos de la reina, como para subrayar que era ella quien ofrecía la ceremonia25. Sin embargo, hay diferencias, entre hombres y mujeres, en el caso de las ceremonias no eclesiásticas y tenemos que constatar unos comportamientos no siempre iguales en la publicidad que se hacía con ocasión de la muerte del fallecido. Este segundo aspecto es más difícil de juzgar, ya que no parece que hubiera un protocolo estándar, y en buena parte dependía del valor atribuido al muerto, como demuestra, por ejemplo, la diferente publicidad otorgada por parte de Jaime II a las defunciones de su madre, la reina Constanza, de su primera esposa, Blanca de Anjou, o de su segunda, María de Chipre26. La oficialidad del anuncio de la muerte parece radicar en la importancia del difunto, y limitarse a miembros de la familia real por ser personajes públicos; de hecho, en los registros de la reina María no se encuentra ningún anuncio de la muerte de su madre, lo que la situaría en una dimensión más privada de la percepción y del significado de la defunción. Entre las diferencias de rituales, según se tratara de hombres o mujeres, la más importante es, evidentemente, la falta, para las mujeres, de ceremonias de tipo caballeresco, como el correr las armas, la presencia de escudos o el recuerdo de la afición a la caza27. Por recordar algunos casos muy próximos en el tiempo, traigo a colación el entierro de Juan I, en el que sabemos que: «Coregueren les armes en Pere de Canto, iste primus, et quidam socius suus; he en Marí et quidam sardus, nepos d’en Valor, sardus. Et munterii dicti domini regis in die sepulture fecerunt maximum planctum, incedendo ante corpus dicti domini regis cum canibus, et falconerii cum eis, sed non portabant aves, mas loures cum butzines et cornetes, provocantes gentes ad luctum magnum»28; mientras que en el de Martín I hubo $\ll V I$ cavalls qui corregueren les armes del senyor rey»29. Más propio de entierros de nobles es la presencia de banderas y de escudos, como es el caso del entierro de Luis Cornel, hijo de Brianda de Luna, hermana de la reina María, en los Franciscanos de Segorbe el 31 de agosto 1401: «Una bandera e I penó … I scut lonch e … una tarja»30. Se trataba de una costumbre antigua ya que, por ejemplo, el rey Jaime II reclamaba el 5 de noviembre 1296 al Justicia Jimeno Pérez de Salanova «quatenus vexillum novum et scutum dompni infantis Petri, et cetera, que disposuistis in domo Predicatorum Cesarauguste, tradatis Fratris Minoribus civitatis predicte ut ponantur super tumulo fratris nostri superius nominati»31. Mientras que para las ceremonias de Martín I, por ejemplo, se trajo el «elm de la víbria», el famoso yelmo ceremonial del dragón del rey Pedro IV que, como todo lo que no era de uso inmediato o regular, había sido empeñado por 3 florines de oro al ciudadano de Barcelona Alberto de Vilafranca32. Por otro lado, dependiendo de las circunstancias de la muerte y de la voluntad del difunto de ser enterrado en uno u otro establecimiento eclesiástico, el emplazamiento de las dos ceremonias, la velada fúnebre y la sepultura eclesiástica, podía variar. Aún así esta doble modulación ceremonial, precedente al traslado a la tumba definitiva, la podemos observar en otros muchos casos. Otro aspecto que puede variar es el del emplazamiento del velatorio fúnebre los primeros días después de la defunción. El hecho de que D.ª Brianda se encontrara —creo— en un convento (las Clarisas33) de clausura hacía desaconsejable que se celebrase ahí, y por eso se escogió una iglesia pública. Además, de nuevo la influencia de la reina, seguramente llevó a escoger la catedral. Asimismo, el emplazamiento del velatorio puede variar según las circunstancias y el rango del difunto. Por ejemplo, en el caso de los reyes Jaime II y Pedro IV, muy posiblemente, y con seguridad en el de Martín I, el velatorio se realizó en el Palacio real, donde cada día se cantaron misas pro defunctis por el alma del rey Martín34. Algo diferente es el caso de Juan I. El hecho de que el cuerpo del monarca llegase a Barcelona el 28 de mayo, días después de su muerte, propició que el velatorio se celebrase en la primera iglesia que se hallaba justo fuera de la muralla, la de Santa Eulalia del Campo, donde el cadáver del rey permaneció el domingo y parte del lunes, cuando con una nutrida procesión fue llevado a Palacio35. Posiblemente en la plaza que antecede al Palacio se celebró el correr las armas, y sus monteros desfilaron con grandes lamentos, como se ha visto. Ese martes «fuit traditum ecclesiastice sepulture» delante del altar mayor de la catedral de Barcelona. Los días siguientes se celebraron distintos aniversarios. En cuanto a Juan I, aunque sea una desviación del tema principal de este artículo, considero oportuno añadir unas palabras relativas a su muerte repentina y a los eventuales temores que podían haber surgido respecto al destino de su alma, ya que mucho se ha especulado al respeto. La crítica ha argumentado más de una vez que había dudas al respecto a causa de la muerte súbita, y ha creído que Bernat Metge escribió Lo somni, entre otras cosas, para tranquilizar a los súbditos diciéndoles que el alma del rey se encontraba en el Purgatorio. En otro lugar ya he tratado de discutir y desestimar tales interpretaciones36. Sin embargo, el haber tenido la posibilidad de profundizar en la lectura de los registros de la cancillería real me permite aportar ahora algún elemento más que reafirma mi interpretación de los hechos, con respecto a la tranquilidad que se tenía sobre el destino del alma del rey difunto el 19 de mayo de 1396. Tres días después, el 22 de mayo, la nueva reina María escribía al papa Benedicto XII para comunicarle el luctuoso acontecimiento y le decía que «plàcia a nostre senyor Déus que vulla col·locar la sua ànima, axí com de catòlich príncep, ab los seus sants en glòria». El mismo día también informaba a su tío, Raymond d’Agout, señor de Salt, y utilizaba la misma fórmula. Más tarde, el 11 de septiembre, escribía al emperador Venceslao, en respuesta a dos cartas que este había enviado al rey Juan antes de que «fuerat ad celestia evocatus»37. Al mismo tiempo, la reina viuda Violante nunca se mostró preocupada por el destino del alma de su difunto esposo, y el 5 de junio, al hablar con el papa Benedicto XIII, su padre, el duque de Bar, su madre y otros parientes de la muerte del rey, tan solamente les ruega que «la ànima del dit senyor vullats en oracions haver recomenada»; mientras, contestando a una carta de pésame del rey de Navarra, le dice que espera confiada que «Déus dón santa glòria» a la ánima del rey38. Hay algunos elementos de las ceremonias para los funerales del rey Martín que parecen originales y que merece la pena considerar, aunque brevemente, porque tal vez se debieron a la sensación especial de luto por haber muerto sin heredero el último rey del Casal. No queda claro a qué momento de las ceremonias se refieren, pero imagino que al de la sepultura eclesiástica en la Catedral. Se habla de que el lecho de madera donde estaba puesto el cuerpo había sido pintado de negro, de «XIII banchs qui foren posats entorn del cors del dit senyor rey»; y, finalmente, hay una impactante presencia de otros blandones teñidos de negro, 1506 encargados al pintor Ramón Desfeu, y otros 530 a Joan Gibert39. En cuanto a los rituales relativos a la reinas, sabemos mucho menos, al menos de momento. Aún así, sobre todo las similitudes entre las ceremonias de Brianda d’Agout y las contemporáneas para reyes o infantes permiten pensar que no eran tan diferentes. La reina de la que tenemos más información es Blanca d’Anjou, esposa de Jaime II: muerta el martes 13 de octubre de 1310, como consecuencia de su último parto, ya el sábado siguiente su cuerpo era llevado a Santes Creus, en espera de poder ser trasladado a su monumental sepulcro al lado del rey su marido. No sabemos si hubo velatorio en Palacio, pero es seguro que estuvo un tiempo en los Franciscanos de Barcelona, donde se sabe que se celebraron misas, pues en todo el territorio de la Corona hubo ceremonias religiosas y grandes muestras de duelo público, como consecuencia de la impresionante comunicación urbi et orbi que el rey hizo de su defunción40. De acuerdo con el favor creciente del que gozaron los Franciscanos entre los componentes de distintas casas reales europeas41, los establecimientos de Frailes Menores, en el siglo xiv, habían sido escogidos como sede para el último descanso de algunos monarcas aragoneses. Este es el caso de la reina Constanza y de su hijo Alfonso III, en los Franciscanos de Barcelona (esto a pesar de los muchos intentos de Jaime II de que fueran trasladados a Santes Creus); de Alfonso IV en Lérida, y hasta de infantes, como es el caso del infante Pedro, hermano de Jaime II, o de Teresa de Entenza con sus hijos Elisabet y Sancho42 que descansaban justamente en los Franciscanos de Zaragoza. Las iglesias de los Franciscanos eran también con frecuencia iglesias de espera más o menos larga para los monarcas difuntos, como se ha visto en el caso de la reina Blanca en Barcelona, antes de que su cuerpo fuese trasladado al lugar de su descanso definitivo. Y esta función fue desarrollada más de una vez también por los Franciscanos de Zaragoza. Aquí descansaron unos años Mata de Armañac y su hija Leonor, muertas en 1378, antes de ser trasladadas a Poblet; y también el cuerpo de otro hijo de Juan, el delfín Jaime, mientras que otro hijo, del cual no sé el nombre, antes de ir a Poblet se encontraba en los Franciscanos de Valencia. Como ya he dicho, no conozco el testamento de Brianda de Agout, pero parece razonable pensar que en él estableciera ser enterrada en su tierra, hecho que justificaría, además, el tiempo de espera justamente en los Franciscanos de Zaragoza, ya que su destino final fueron los Franciscanos de Aix-enProvence. El traslado del cadáver se efectuó a finales de mayo de 1401 (los pagos por los gastos son del día 20), más de un año después de su muerte. En primer lugar cabe preguntarse por qué se esperó tanto tiempo. Seguramente hay, al menos, dos razones, una de más peso que la otra. La primera puede ser el hecho de que se tenía que labrar el sepulcro de piedra; aún así, como en muchos otros casos, el cuerpo del difunto podía esperar, hasta que este estuviese acabado, en el ataúd de madera, tal vez cubierto de alguna tela de oro, como en el caso de Martín I. La segunda razón, más de peso, es que aunque fuese invierno el viaje desde Zaragoza hasta Aix era muy largo y no se podía hacer si el cadáver no había sido tratado previamente. Este lapso de tiempo se suele dar en casi todos los traslados, también en el seno de la Corona, o cuando el cadáver quedaba a la espera del entierro definitivo, como en el caso de Blanca de Anjou. A diferencia de lo que pasaba en Francia, en la Corona de Aragón a los cuerpos no se les retiraban las vísceras, simplemente se utilizaban ungüentos y otras substancias que ayudasen en el proceso de momificación43. Muy probablemente de esta tarea se encargaba el físico que se había ocupado del enfermo en sus últimos días, como ocurrió con el rey Martín, ya que se registra un pago «a·n Ffrancesch de Luna, metge de física, qui près càrrech de embalsamar e metre mirra e altres coses necessàries al cors segons és acustumat fer als altres reys e senyors»44. Una vez hecho esto, se tenía que esperar que el cuerpo, normalmente colocado en un pudridero, se secara lo suficiente para que el viaje fuese posible y seguro. Y este proceso podía tardar alrededor de un año. Si nos fijamos en algunos casos de los que tenemos testimonios, podemos ver cómo los reyes Pedro IV y Juan I, respectivamente, pedían comprobar que los cuerpos que se querían trasladar estuvieran en condiciones. El 15 de noviembre 1377, el rey Pedro IV comunicaba a Berenguer Marquès, apotecario de Lérida, y al capítulo de la Seo de la ciudad, donde estaba provisoriamente enterrada la reina Leonor de Sicilia, que había ordenado a Guillem Deudè, monje a Poblet, que juntamente con Berenguer Marquès «regonega si lo cors de la dita reina és en disposició que puxe ésser transladat». Parece evidente que, después de dos años y medio, el cuerpo debía estar en condiciones, o ¿dudaba de otra cosa? Por otro lado, el 19 de noviembre 1387, el rey Juan I escribía a Pere Sacosta, casi diez meses después de la muerte del padre, en estos términos: «Manam-vos que de nits secretament regonegats si·l cors del senyor rey nostre pare put encara, et en quin estament és. E açò dehim per la translació que se n’ha a fer segons que sabets, et certificats-nos enmantinent per vostra letra»45. Cuando el proceso era satisfactorio, el cuerpo momificado debía presentar unas condiciones parecidas a las del cuerpo de la reina Blanca, y tal vez por esta razón, para caso de traslados, y también cuando se refieren a los cuerpos enterrados, a menudo se habla de huesos (ossas). Por ejemplo, cuando Pedro IV habla de trasladar los huesos de su madre, Teresa de Entenza, desde el coro hacia al lado derecho del altar mayor de los Franciscanos de Zaragoza46; cuando encarga dos cajas «en les quals se devia metre la ossa de la senyora reyna dona Alienor de bona memòria, muller del dit senyor, per rahó de la translació que d’ella se devia fer de la ciutat de Leyda al monestir de Poblet»47; o cuando Juan I escribe al abad de Poblet y le habla «de la ossa dels il·lustres reys d’Aragó predecessors nostres»48. Para recoger el cuerpo de la condesa de Luna y llevarlo a Provenza habían venido, y con cierta antelación, algunos parientes, en concreto Raimundo d’Agout, señor de Salt, tío de la reina, además de Agorit y Reforçat d’Agout, que no he podido identificar.49 Lo sabemos porque la reina María el 10 de diciembre de 1400 ordena que les sean pagados unas mulas y otros arreos50. La reina no se hallaba presente, así que compró en Barcelona, para que fuese enviado a Zaragoza —supongo— otra tela de oro imperial, bordada de tafetán negro, pero esta vez solo con doce escudos con su emblema51. Evidentemente tenía que cubrir el ataúd. Un convoy que en su largo camino hasta Aix había de mostrar y demostrar la categoría de la muerta y de sus familiares. Presentar unas conclusiones no es fácil, porque la falta de materiales conocidos o estudiados no me permite de momento valorar las características de este complejo ceremonial funerario. Quedan dudas sobre si la tipología de ceremonias para Brianda d’Agout y su magnitud eran normales en casos de rituales fúnebres de la alta nobleza, ya que las semblanzas que he podido aportar son todas relativas a ceremonias reales. Podemos creer que la reina María adecuó el de su madre a estándares más bien reales, como dejarían también pensar tanto la presencia de escudos de la reina tanto a los blandones como a las telas que cubrían el cuerpo y el ataúd como la considerable participación ciudadana. Es decir, que María quería destacar que la difunta, más que una simple condesa era la madre de la reina. De todas formas, el caso de las ceremonias para la condesa de Luna es en sí mismo extremadamente interesante por la escasez de testimonios acerca de rituales aristocráticos femeninos hasta el siglo xiv. Ulteriores estudios, gracias a la aportación de más documentos, tal vez puedan despejar estas dudas. Apéndice 1. Francesc Pujada, escribano de ración de la reina María, comunica al tesorero Jaume Pastor que, por orden de la reina, tiene que pagar a García Cosida por los gastos relativos a los cirios necesarios al velatorio de la condesa de Luna. ACA, Real Patrimonio, MR, reg. 906, f. 25v-26r. [Al marge:] Scriptum a Alí Abenamir. Garcia Cosida. A l’honrat en Jacme Pastor, et cetera. Ffaç-vos saber que a·n Garcia Cosida, sots comprador de casa de la senyora reyna, és degut per CVI brandons de cera grossos, los quals, de voluntat et ordinació de la dita senyora, ha comprats en lo mes de deembre prop passat qui finí en l’any dejús scrit, e los quals brandons entre diverses vegades han cremat contínuament III dies e III nits davant l’altar major de Sant Salvador de la ciutat de Çaragoça hon lo cors de la senyora comtessa de Luna, quondam, mare de la dita senyora reyna, la qual morí a XXX dies del dit mes, estech los dits III dies e III nits, car no fonch soterrat entró al segon dia del mes de janer aprés sigüent, pesaren DLII lliure et miga, costaren d’en Bernat de Mur, candeler de la dita ciutat, a raó de II solidos la lliura, que fan MCV solidos; dels quals li abat, per CLXXXXVII lliures et miga de cera que pesaren los dits brandons qui foren restituïts al dit candeler quant hagueren cremat davant lo dit altar, a raó de XXII denarios la lliure, CCCLXII solidos I denarium; los quals abatuts de la quantitat damunt dita, reste que és degut tan solament al dit sots comprador septingenti quadraginta duo solidos undecim denarios iaccenses. Scrit en Çaragoça a II dies del mes de janer anno a Nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \mathrm { o } }$ quadringentesimo. Francesc Pujada, escribano de ración de la reina María, comunica al tesorero Jaume Pastor que, por orden de la reina, tiene que pagar a García Cosida por los gastos relativos a los cirios necesarios a la sepultura de la condesa de Luna. ACA, Real Patrimonio, MR, reg. 906, f. 26r-v. [Al marge:] Scriptum a Alí Abenamir. Garcia Cosida. A l’honrat en Jacme Pastor, et cetera. Ffaç-vos saber que a·n Garcia Cosida, sots comprador de casa de la senyora reyna, és degut per CC brandons de cera grossos, que, de manament de la dita senyora, ha comprats en lo present mes de janer, los quals han servit a la sepultura de la senyora comtessa de Luna, quondam, mare de la dita senyora reyna, la qual fonch soterrada lo segon dia del dit mes en la església dels Ffrares Menors de la ciutat de Çaragoça, e axí mateix a l’aniversari que aprés és estat fet per la dita senyora en la dita esgleya dels Ffrares Menors, pessaren. DCCCCLXXII lliures et miga, costaren d’en Bernat de Mur, candeler de la dita ciutat, a raó de II solidos la lliura MDCCCCXXXXV solidos; dels quals li abat, per DCCXV lliures de cera que pessaren los dits brandos qui foren restituïts al dit candeller quant hagueren cremat a la sepultura e aniversari dessús dits, a raó de XXII denarios la lliura, MCCCX solidos X denarios; los quals abatuts de la quantitat damunt dita, resten que és degut tan solament al dit comprador per rahó dels diys brandons DCXXXIIII solidos II denarios. Item, li és degut per CCXII brandonets de cera qui cremaren lo dia del dit aniversari en un bastiment de fusta sobre la tomba, los quals pesaren XCVIII lliure e miga, qui a la dita rahó de II solidos per /la\ lliura fan CLXXXXVII solidos, dels quals li abat per LXX lliures de cera que pessaren los dits brandonets qui foren restituïts quant hagueren cremat en lo dit anniversari al dit candeler, a raó de XXII denarios la lliure, CXXVIII solidos III denarios, los quals abatuts de la prop dita quantitats reste que és degut al dit sots comprador per rahó dels dits brandonets LXVIII solidos VIII denarios. Item, li és degut per LXIIII lliures e IIIIe onzes de brandonets e candeles de cera qui foren offertes a les misses de la sepultura e aniversari dessús dits per les persones qui foren presents en aquelles, costaren del dit Bernat de Mur, a raó de II solidos la lliura, que fan, ab LXX solidos que donà a Abrahim Bellito, moro de la dita ciutat, per CCC senyals de la / dita\ senyora reyna, que pintà en los damunt dits CC brandons, e ab L solidos que costà una creu de cera blancha bresquada de diversos obratges, la qual font posada lo dia de la sepultura sobre lo cors de la dita senyora comtessa, CCXXXXVIII solidos VIII denarios; les quals quantitats damunt dites són en suma nongenti quinquaginta unus solidum sex denarios iaccenses. Scrit en Çaragoça a VIII dies del mes de janer anno a Nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \mathrm { o } }$ quadringentesimo. 3. Francesc Pujada, escribano de ración de la reina María, comunica al tesorero Jaume Pastor que, por orden de la reina, tiene que pagar a García Cosida por los gastos relativos a las telas necesarias a la sepultura de la condesa de Luna. ACA, real Patrimonio, MR, reg. 906, f. 26v-27r. [Al marge:] Scriptum a Alí Abenamir. Garcia Cosida. A l’honrat en Jacme Pastor, et cetera. Ffaç-vos saber que a·n Garcia Cosida, sots comprador de casa de la senyora reyna, és degut per les coses davall scrites les quals, de manament de la dita senyora, ha comprades en lo mes de deembre prop passat qui finí en l’any dejús scrit, és assaber: per $\mathrm { I } ^ { \mathrm { a } }$ peça de drap d’or emperial ab lo camper vermell, ab fullatges e letres morisques, costà d’en Manuel de Carsí, mercader de la ciutat de Çaragoça, DL solidos; item, li és degut per IX coudos de tafatà negre reforçat de què són estades fetes orles entorn del dit drap, costà d’en Guerau de Lorenç, mercader de la dita ciutat, a raó de XIIII solidos VI denarios lo coudo, que fan, ab XXXXVII solidos VI denarios que costaren del dit Guerau de Lorenç XIX coudos de tela negra de Costança, a raó de II solidos VI denarios lo coudo, de què és stat folrat lo dit drap, e ab LXXX solidos que donà a·n Pere Ferrer, maestre de senyals de la dita ciutat, per XIIII senyals, ço és, los VII de la dita senyora e los altres VII de la senyora comtessa de Luna, quondam, mare de la dita senyora, de terçanells e de fulla d’or e d’argent ab fullatges entorn, los quals ha fets en les orles del dit drap e per forrar aquell, CCCVIII solidos, lo qual drap ensemps ab un altre drap d’or orlat ab semblants senyals del dessús, qui ere en la cambra de la dita senyora, han servit a la sepultura de la dita senyora comtessa, la qual és estada soterrada en la església dels Frares Menors de la dita ciutat de Çaragoça, e de voluntat e ordinació de la dita senyora reyna són estats donats als dits Ffrares Menors; les quals quantitats damunt dites són en suma, segons que largament ha donat compte per menut en I quaern de paper, lo qual a mi ha liurat e de què ha feta fe, octingenti quinquaginta octo solidos iaccenses. Scrit en Çaragoça a X dies del mes de janer anno a Nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } }$ quadringentesimo. Francesc Pujada, escribano de ración de la reina María, comunica al tesorero Jaume Pastor que, por orden de la reina, tiene que pagar a García Cosida por otros gastos relativos a la sepultura de la condesa de Luna. ACA, Real Patrimonio, MR, reg. 906, f. 27v-28r. [Al marge:] Scriptum. Garcia Cosida. A l’honrat en Jacme Pastor, et cetera. Ffaç-vos saber que a·n Garcia Cosida, sots comprador de casa de la senyora reyna, és degut per les messions que, de manament de la dita senyora, ha fetes en la sepultura de la senyora comtessa de Luna, quondam, mare de la dita senyora, en lo mes de janer prop passat de l’any dejús scrit, és assaber: los quals donà als canonges e capellans de Sant Salvador, de Santa Maria del Pilar e als vicaris e capellans de totes les parròquies de la ciutat de Çaragoça qui foren presents ab lurs professons a la dita sepultura, ab XC solidos que donà a·n Johan Cavero, capellà de la capella de la dita senyora, qui aquells donà per offerir a les persones qui foren presents a les misses qui·s digueren en la esgleya dels Ffrares Menors de la dita ciutat lo dia de la sepultura damunt dita e de l’aniversari qui aprés fon fet en la dita esgleya per ànima de la dita senyora comtessa, e ab LX solidos que donà a C hòmens qui portaren CC brandons davant lo cors de la dita senyora comtessa de Sant Salvador entró a la dita esgleya dels Ffrares Menors lo dit dia, e ab CX solidos que donà als convents dels Ffrares Menors, dels Preycadors, dels Carmelitans e de Sant Agustí de la dita ciutat, los quals foren a la dita sepultura, e per algunes altres messions menudes, les quals ha fetes per la rahó dessús dita, segons que largament ha donat compte per menut en I quaern de paper lo qual a mi ha liurat e de què ha feta fe, e lo qual yo he enfilat en lo segon fil de mon offici, sexcenti septuaginta sex solidos iaccenses. Scrit en Çaragoça a $\mathrm { I I I ^ { s } }$ dies del mes de ffebrer anno a Nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \mathrm { o } }$ quadringentesimo. 5. Francesc Pujada, escribano de ración de la reina María, comunica al tesorero Jaume Pastor que, por orden de la reina, tiene que pagar a García Cosida por los gastos relativos al traslado del cuerpo de la condesa de Luna. ACA, Real Patrimonio, MR, reg. 906, f. 63v. [Al marge:] Scriptum a n’Anthoni Otzina. Garcia Cosida. A l’honrat en Jacme Pastor, et cetera. Ffaç-vos saber que a·n Garcia Cosida, sots comprador de casa de la senyora reyna, és degut per les coses davall scrites les quals, de manament de la dita senyora, ha comprades per la translació del cors de la senyora comtessa de Luna, quondam, mare de la dita senyora, la qual se deu fer del monestir dels Ffrares Menors de la ciutat de Çaragoça al monestir dels dits Ffrares Menors <dels Ffrares Menors> de la ciutat de At de Proença en lo present mes de maig de l’any dejús scrit, és assaber: per I drap d’or emperial ab lo camper vermell, costà de Ffalipoço Soldani, mercader florentí, CCCC solidos; item, li és degut per IIII canes e II pales de tafatà negre, del qual són stades fetes orles entorn del dit drap, costaren d’en Johan Boni, mercader de la ciutat de Barchelona, a raó de XXIIII solidos la cana, que fan, ab XXXVII solidos VI denarios que costaren de Leonardo de Johan, mercader de la dita ciutat, VIIIIº canes de tela negra de Constança, de la qual lo dit drap és estat forrat, e ab L solidos que costaren d’en Gabriel Ferrer CCCC panys d’or partit e CL d’argent qui són entrats en XII senyals de la dita senyora e en los fullatges entorn dels dits senyals qui són stats pintats en les dites orles, CLXXXII solidos VI denarios; item, li és degut, los quals ha donats per tallar, cosir e metre les dites orles a n’Anthoni Otzina, perpunter de la dita ciutat, per mans de pintar los dits senyals e fullatges, ab XII solidos que li ha donats per tallar, cosir e metre les dites orles en lo dit drap, CVI solidos; les quals quantitats damunt dites són en suma, segons appar en una cèdula de paper, la qual a mi ha liurada e de què ha feta fe; lo qual drap és stat liurat a ffrare Pere Sarrahí de l’horde dels Ffrare Menors, confessor del noble mossèn Ramon de Gout, senyor de Saut, per servir a la dita translació, sexcenti nonaginta quinque solidos sex denarios barchinonenses. Scrit en Barchinona a XX dies del mes de maig anno a Nativitate Domini $\bf M ^ { \mathrm { o } } C C C C ^ { \mathrm { o } }$ primo. 6. Cronicó de Mascaró. Ms. Biblioteca de Catalunya 485, f. 245r-v. Ed. Bernat Metge, Lo somni, ps. 271-272. Fuit autem corpus dicti domini Iohannis portatum ad civitatem Barchinone, et die dominica, que fuit xxviiiª dies mensis madii predicti [anni] fuit portatum de ecclesia Sancti Andree de Palomario usque ad civitatem Barchinone, et fuit positum in ecclesia Sancte Eulalie de Campo Barchinone, et ibi fuit per totam noctem et in crastinum, que fuit dies lune de mane, processio Sedis Barchinone cum omnibus processionibus parrochialium ecclesiarum et mendicancium, et religiossarum puellarum Sancti Petri, Vallis Domicelle, Montis Alacri et de Ionqueris, fratres Sancti Pauli et Sancti Bernardi, et multum honorifice fuit portatum corpus dicti domini Iohannis ad Palacium Regale, quod est iuxta Sedem Barchinone multum honorifice, licet multum plueret. He coregueren les armes en Pere de Canto, iste primus, et quidam socius suus; he en Marí et quidam sardus, nepos d’en Valor, sardus. Et munterii dicti domini regis in die sepulture fecerunt maximum planctum, incedendo ante corpus dicti domini regis cum canibus, et falconerii cum eis, sed non portabant aves, mas loures cum butzines et cornetes, provocantes gentes ad luctum magnum. Et fuerunt facte in dicto palacio multe barandoneres, et supra locum ubi fuit positum dictum corpus fuit factum quoddam artificium fusteum nigrum, fabricatum ad duas aquas et acutum in sumitate; et totum dictum artificium erat plenum clavibus, et in quolibet clavo ponebatur unus cereus $\mathrm { I I I I } ^ { \mathrm { o r } }$ librarum. Et in dicta aula fuerunt constructa $\mathrm { I I I I } ^ { \mathrm { o r } }$ altaria pro missis celebrandis. Et in crastinum, que fuit dies martis dicti mensis et anni, corpus dicti domini regis fuit traditum ecclesiastice sepulture, et omnes processiones predicte accesserunt ad predictum palacium pro recipiendo corpore dicti domini regis. Et dictum corpus fuit portatum per civitatem Barchinone per illam viam per quam consuevit fieri processio in die Corporis Christi quolibet anno. Et cum fuit in Sede, in altari maiori, statim fuit incepta missa alta voce defunctorum, que celebrabatur per dominum Raymundum Barchinone episcopum sollempniter. Et perfecta missa et absolucionibus, fuit traditus ecclesiastice sepulture ad latus dextrum altaris Sancte Crucis, et ibi requiescit in pace. Et in dicta sepultura interfuerunt domina Maria regina Aragonum, domina Sibilia relicta regis Petri, nobilis Bernardus de Pinós, Raymundus Alamanni de Cervilione, archiepiscopus Terrachonensis, episcopus Gerundensis, episcopus Vicensis, abbas de Populeto, abbas Rivipullensis et quamplures aliis nobiles, milites et honoratos cives; tamen in dicta sepultura non interfuit aliquis comes. Et in sequenti die, que fuit dies mercurii, domina Yolant, relicta dicti domini Iohannis, fecit fieri sollempniter unum anniversarium pro anima dicto domino Iohannis, quondam viri sui, dando unum pannum aureum pulcherimum cum $\mathbf { C C } ^ { \mathrm { { i s } } }$ cereis, et cuilibet presbitero xii denarios, et cum offerta unius candele et unius denari, licet dicta domina non fuerit presens in dicto aniversario, sed domina Maria, uxor domini Martini, succedentis in regno Aragonum. In sequenti die, que fuit dies iovis, et fuit festum Corporis Cristi, non fuit factum aliquod anniversarium ob reverencia festi, nec fuit facta processio ipsius festi, nisi tamen per Sedem. Die veneris sequens, domina Maria regina Aragonum, consors domini Martini regis Aragonum, fecit fieri unum anniversarium simile supra proximo, tamen dedit duos pannos aureos, cum signis suis, cum $\mathbf { C C } ^ { \mathrm { { i s } } }$ cereis. Et fuit sermo in missa dicti anniversarii, et celebravit missa episcopus Vicensis, nam precedentes missas celebraverat dominus episcopus Barchinone. Die sabbati sequenti, fuit factum anniversarium in dicta Sede per honoratos consiliarios Barchinone, qui iam dederant in die sepulture duos pannos; tamen in die dicti anniversarii possuerunt quinquaginta cereos, et alia fecerunt ut supra. In sequenti die dominica nihil fuit factum propter diem dominicam. Et die martis, que fuit $\mathbf { X X ^ { a } }$ dies iunii anni predicti, dominus comes Urgelli fecit fieri unum honoratus anniversarium pro anima dicti domini Iohannis in Sede, tamen ipse non fuit presens cum detineretur podegra, sed missit pro dicto anniversario dominum abbatem de Ager et quendam militem, et dedit tres pannos aureos —in uno fecit fieri vores cum armis suis et in aliis duobus non—, et centum cereos, et cuilibet presbitero xii denarios cum offerta unius candele et denari.
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13,892
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Sanidad y beneficencia en Zaragoza en el siglo XV
SANIDAD Y BENEFICENCIA EN·ZARAGOZA EN EL SIGLO XV. Maria Isabel Falcon Pérez. Limpieza urbana. La ciudad de Zaragoza ofrecia en el ultimo periodo de la Edad Media unas condiciones urbanisticas sumamente insanas,no muy distintas de las que habia padecido en los siglos anteriores,a pesar de algunas ordenanzas promulgadas por los reyes de la Casa de Trastamara,a las que luego se aludira. Aunque conservaba el trazado basico romano: las dos arterias principales cortándose en cruz y terminando en las cuatro puertas tradicionales, durante los siglos transcurridos bajo dominio musulman,dada la ausencia de reglamentos urbanos tipica del islamismo,el trazado reticular fue transformändose en un dédalo anarquico de callejuelas.Los judios por su parte actuaron de modo similar dentro de su distrito.Como resultado, las calles zaragozanas bajomedievales eran estrechas; tortuosas y generalmente poco limpias,pese a los esfuerzos de los regidores municipales para mejorar su aspecto.Muchas veces no tenian salida: eran adarves o callizos ciegos,que en numerosas ocasiones servian de basurero.Los cementerios estaban diseminados por toda la geografia urbana.Por muchas de las calles corrian acequias y brazales,de los que usaba el vecindario para sus necesidades de higiene. Como letrinas se utilizaban pozos negros, que una vez llenos eran tapados con tablas y ladrillos.No habia alcantarillado en uso.Los residuos sólidos y liquidos eran vertidos libremente en la via publica. Aunque quedaban calles con pavimentación,residuo de la época clasica,eran las menos' .La mayoria presentaba piso de tierra,de ahi que los dias de lluvia se hubiera de caminar con barro hasta la rodilla y que las huellas dejadas en él por carros,caballerias y peatones quedaran marcadas cuando el suelo se secaba, produciendo irregularidades que entorpecian al andar.El recurso de cubrir las vias con paja o junco paliaba sólo en parte el problema y además resultaba insano por la putrefacción subsiguiente de la materia vegetal² . Pero nuestra ciudad fue pionera en lo referente a reglamentos sobre limpieza urbana.Juan I,en la ordenanaza concedida a Zaragoza el 15 de agosto de 1391,determinó la creación de un encargado de velar por la limpieza y ornato de las vias publicas,al que denominó veedor de carreras, términosy puentes³. En uno de los pärrafos de sus ordenanzas fechadas en 1414, Fernando I se refirió a la importancia que tenia para la salud publica y belleza de una ciudad tan importante como Zaragoza un adecuado aseo y vigilancia de las calles.Establecio que el veedor de carreras tuviera en lo sucesivo a su cargo la tarea de visitar las vias del recinto murado de la ciudad,manteniéndolas limpias de basuras y cuidando especialmente de que no se depositaran en ellas montones de estiercol; le facultó para imponer las multas pertinentes a cuantos contraviniesen estas prohibiciones4 . Poco después de 1442 se dotó a este veedor de un ayudante, que auxiliandose de un asno con esportón,se encargaba de recoger y sacar del recinto urbano cuantos animales encontraba tirados por las calles asi como otras basuras. Se pretendia con ello que Zaragoza pudiera presentar siempre un aspecto de pulcritud y decoro.El veedor y su ayudante estaban autorizados a sacar también desperdicios procedentes de casas particulares,mediante acuerdos especiales.Las inmundicias debian verterlas fuera del casco urbano y en sitio alejado de los caminos utilizados para entrar y salir de la ciudad5 . Dado que la retribucion del veedor y de su ayudante era elevada, sin duda contratarian peones para que colaborasen en el diario quehacer, con lo que tenemos aqui el embrion del servicio municipal de recogida de basuras, incluso con su jefe: el veedor de carreras. En 146O Juan II aprobó unas ordenanzas que habia elaborado el concejo zaragozano,referentes,entre otras cosas,a la limpieza del Mercado que es placa e lugar mas noble e convenient de toda la dita ciudat e en do todas las gentes,assi de aquella como forasteras,continuamente concorren e stan. Para evitar los malos olores e infeccion que ocasionaban las aguas corrompidas de pescados y salazones,prohibió venderlos en esa plaza,donde se expendian hortalizas, frutas,calzados, telas y vestuario,llevando su venta a lugares fijos: espaldas de la carniceria del Mercado,plaza del Pilar,cruce de Espoz y Mina y Mayor con don Jaime Iy fuera de las puertas Cinegia, de Valencia y de la Carniceria de los Judios . El mismo propósito indujo a los jurados zaragozanos a ordenar,en l468,el derribo del corral de los Pelliceros,donde estos artesanos curtian y adobaban sus pieles,con la lógica consecuencia de aguas sucias y olores fétidos,y el cementerio del Hospital de Gracia, vecino al mencionado corral, y situado en lo que hoy es plaza de Espana?. Sin embargo no pudieron erradicar las tenerias de los zurradores, que continuaron en el Coso hasta 1528. Como queda dicho, corrientes de agua atravesaban algunas de las calles más céntricas, de manera que habia que poner puentes de tablas para cruzas esas vias.En estas acequias y brazales las mujeres fregaban y lavaban,los ninos se chapuzaban,los animales abrevaban, tranquilamente,al aire libre.Por el Coso corria un rio de aguas residuales,que desaparecia por el arbellon del Postigo del Mercado.Por ello la denominada carrera del Postigo’ contaba con varias pasarelas de tabla, montadas sobre rodetes,que se corrian cuando “daban el agua limpia” que no pasaba continuamente,para desgracia de los vecinos de la zona. Para el abastecimiento se usaba agua del Ebro y sobre todo de la acequia de la Romareda,un brazal de la cual circulaba por las calles que actualmente se denominan Doctor Cerrada,Paseo de Pamplona, Bilbao y Casa Jiménez, pasando luego a la avenida de la Independencia, que entonces era un simple camino que conducia al Monasterio de las Santas Masas. De aqui,un ramal iba a fertilizar los campos conocidos como Huerta de Santa Engracia, hasta desembocar en La Huerva y otro se dirigia por la calle del Azoque, dando diversos rodeos,hasta llegar al espacio que hoy ocupa el parque de Bruil,donde también desembocaba en La Huerva. Otras varias acequias, derivadas de esta, se cruzaban por la ciudad.En la confluencia de don Jaime I con Espoz y Mina y Mayor habia un arbell6n,denominado del Cap de la Carrera, que junto con el del Postigo del Mercado y el de las Eras de San Juan de los Panetes constituian los desagues principales de Zaragoza10 . Otra parte del abastecimiento doméstico procedia de pozos de agua potable existentes en muchas casas.Estos pozos ocasionaron numerosas intervenciones de los Maestros de Ciudad, funcionarios municipales que actuaban como jueces en los litigios por causas relativas a viviendas y vias publicas,cuando el agua quedaba contaminada por culpa de algun vecino que colocaba cerca letrinas O permitia la caida continua de aguas residuales11. Con toda esta humedad y la falta de pavimentacion,la hierba crecia por doquier y los barrizales que se originaban en las calles debian ser impresionantes.De aqui las frecuentes órdenes que daban los jurados de empedrar y limpiar las carreras publicas y de repartir luego los gastos originados entre los propietarios de las casas1² .Tambien era frecuente que los regidores del municipio mandasen adecentar los postigos de aguadores, tapiar callizos ciegos para evitar que en ellos se arrojaran basuras,y en general dictasen las medidas necesarias para que la ciudad estuviera lo mäs aseada posible13. Epidemias. A pesar de ello,el ambiente en conjunto resultaba insalubre y propiciaba la virulencia de las epidemias,sobre todo de peste bubónica.A partir del primer zarpazo de la peste negra a mediados del siglo XIV,las oleadas epidémicas se sucedieron sobre el mundo occidental y Zaragoza no fue una excepcion. Consta documentalmente que en el siglo XV la peste se abatió sobre la población zaragozana varias veces: en 1430,1441,1450 y 1455,tan grave esta ultima que el lugarteniente Juan de Navarra autorizó a los jurados para ausentarse de la ciudad, lo que ordinariamente no les estaba permitido durante el ano de su jurada, poniendo como unica limitacion que permaneciera en su puesto uno de ellos,rotativamente14. En el verano de l468 la peste volvió a azotar a la población. El 1 de agosto se convocó sesion plenaria de concejo,y en ella los jurados explicaron a la asamblea como la gente moria masivamente a causa de la epidemia que se habia declarado, anadiendo que ellos, por su cargo,se veian obligados a permanecer en la ciudad,lo cual resultaba peligroso. Mostraron una autorizacion que les habia sido concedida por el rey en l45O,en circunstancias analogas a las que entonces se producian,y solicitaron licencia para ausentarse cuatro de ellos, quedando uno en su puesto, permiso que les fue concedido15 . 12A.M.Z. Actos Comunes de 1489,fols.6'y 53'. 13 A.M.Z.Actos Comunes de 1468,fols.91 y 97. Actos Comunes de 1469,fol.210. Actos Comunes de 1472,fol.144. 14 Documento dado en Barcelona el 29 de junio de 14S5.Archivo de la Corona de Aragón(A.C.A.),Cancilleria,Reg.3298,fols.22'-23'. 15 A.M.Z.Actos Comunes de 1468,fol.86. Desde el 9 de agosto hasta el 2 de octubre no se reunió el capitulo y consejo zaragozano por esta conyuntura,pero los jurados regresaron probablemente a la ciudad de vez en cuando, puesto que en los libros de Actos Comunes no se observa un vacio total. En noviembre del mencionado ano fue concedida una paga especial de cuatrocientos cincuenta sueldos a un andador, funcionario municipal subalterno,por el trabajo extraordinario que habia tenido al estar encargado de dar parte a diario de los que fallecian en la ciudad16 . Los regidores municipales se lamentaban en diciembre de que a consecuencia de las numerosas muertes ocurridas,del éxodo masivo de los vecinos hacia zonas más saludables y de la falta de inmigracion por miedo a la enfermedad,la poblacion habia disminuido de modo alarmante. Se plantearon qué medidas se podian adoptar para atraer a los ausentes y a nuevas gentes que llenaran el vacio y tomaron algunos acuerdos17. Beneficencia. El auxilio de los menesterosos, tanto los que vivian habitualmente en Zaragoza como los transeuntes y peregrinos,suponia otro problema a resolver.La ciudad,por mano de sus regidores,se preocupó de socorrerlos de diversos modos. Cuando habia hambres,debido a la escasez de trigo,el concejo trataba de comprarlo fuera y repartia entre los pobres,a bajo precio,cantidades que iban desde medio cahiz a una arroba, segun los casos18 . Con cargo al presupuesto municipal se repartian limosnas,en torno a los doscientos sueldos cada vez,entre los pobres mendicantes y los chiquillos desamparados que temporal o permanentemente vivian en Zaragoza.El reparto solia hacerse con motivo de fiestas civiles O religiosas,al término de la obligada procesión,lo que venia a suponer unos dos mil sueldos anuales19 .Una de las fiestas mäs senaladas era la de los martires de Santa Engracia,que se celebraba el 16 de abril,y en la que,por voto,se entregaba siempre limosna a los necesitados2o. Asi mismo solia hacerse una distribucion extraordinaria de dinero cuando se sacaba algun santo por las calles para pedir lluvia²1 o cuando se celebraba alguna efemérides solemne relacionada con la realeza o alguna victoria militar22. Hospitales. Los abundantes menesterosos y las enfermedades de la época, entre las que sobresalia la peste,requerian un sistema hospitalario y asistencial,que si bien no faltó en Zaragoza desde mediados del siglo XI,al menos,culminó en 1425 con la fundación del Hospital de Nuestra Senora de Gracia. Cuando se fundó éste,ya existian en la capital aragonesa unos veinte pequenos centros que a partir de entonces fueron languideciendo hasta desaparecer unos y pasar a otros usos los mas. Entre los parroquiales, cabe destacar: - el de San Pablo,emplazado en la calle de San Blas,del que ya hay noticias en 1217. - el de la Magdalena, situado en el Coso,con fachada tambien a la calle del Justador (actualmente,doctor Palomar); en 1543 y cedido para este fin por acuerdo de los parroquianos, se convirtio en Hospicio de ninos huerfanos. En el siglo XVIl pasó a ser Hospitalico de ninos y ninas. - el de Santa Maria la Mayor, para peregrinos que acudian a visitar el Pilar, que languideció largo tiempo para desaparecer a fines del siglo XVII, con la ampliacion del templo²3. - el de San Salvador,fundado en 1152 en un solar situado ante la iglesia, que para este fin fue donado por una viuda zaragozana,llamada dona Hodierna.En el siglo XV se dedicaba a albergar peregrinos. - el de San Gil, denominado de Santa Fé, que se encontraba en el callizo conocido por Tras de Sant Gil (actual Cinegio). Lo fundaron unos cuantos ciudadanos piadosos, que agrupados en la Cofradia de Santa Fe y de sus propios bienes,erigieron el pequeno edificio y le dotaron, a principios del siglo XIV, con ocho camas. A mediados del XVI se colocó alli el Hospicio de ninas huérfanas, que pervivió hasta el XVIII. - el de San Felipe se fundó en el primer tercio del siglo XIII; para su fabrica_dejó en l228 dos casas un parroquiano llamado Sancho de San Felipe. - la parroquia de Santa Engracia,perteneciente a la diócesis de Huesca, poseia también su centro benéfico denominado “Hospital de las Sanctas Massas". Cerca de La Seo, un médico zaragozano llamado maestre Guillermo Fuert erigió el 4 de mayo de 1315 el hospital de Santa Marta, con doce camas para peregrinos que pasaran por Zaragoza camino de Compostela y,a falta de estos,para toda clase de pobres. De los mas antiguos de la ciudad era el Hospital de San Bartolomé,ya nombrado en un documento de 119i, segun el cual el cabildo de La Seo hizo algunas donaciones con destino a este Centro24 . Sobre el solar ocupado por este establecimiento se fundó más tarde el convento de Santa Maria de Altabas. Junto a la vieja ermita de Santa Elena se construyó hacia 1466 un Hospital para peregrinos.Estaba muy pr6ximo al Monasterio del Carmen,a cuyo cuidado se hallaba encomendado, frente a la plaza del mismo nombre y delante del cementerio de dicho convento (exactamente en la esquina que forman las actuales calles de Bilbao y Capitán Portolés).En 1817 se transformó en Hospital de Convalecientes. 23Cfr. las notas que incluye Ricardo del ARCO en su trabajo El templo de Nuestra Senora del Pilar en la Edad Media,publicado en“Estudiosde Edad Media de la Corona de Aragón",I(Zaragoza,1945),pägs.63,65 y68. 24Archivo de La Seo, Cartulario pequenio, fol.87. Otro Hospital para peregrinos y pobres existia en el siglo XV junto a la iglesia de Nuestra Senora del Portillo²5 . El Hospital de San Julian,denominado a principios del siglo XIV Hospital de Santa Inés al tomarlo bajo su custodia las monjas predicadoras,y conocido más tarde por el nombre de San Julián y San Luicio,ya existia en l251, segun consta en el testamento de Martin Ximénez de Zaragoza,en el que deja un legado para el Hospital de San Julian, junto a la Puerta de Sancho²6.En 1588 se trocó en convento de las monjas bernardas de Santa Lucia, que vinieron a establecerse en esta ciudad procedentes de Cambrón,cerca de Sadaba. De fines del siglo XIII data el Hospicio de San Anton, que estuvo al cuidado de los canónigos de la regla de este santo.El edificio,con su iglesia, formaba un bloque exento entre la calle Mayor de San Antón, la Subida de la Carcel, el Pasadizo de San Antón y la Subida de San Anton (detras de los actuales restos de muralla romana de la Zuda). Fue derribado a fines del siglo XVIII. El Hospicio de Nuestra Senora de Monserrate estaba muy cerca de la iglesia de San Nicolas y del convento del Santo Sepulcro. El Hospital de San Läzaro,para leprosos,data de principios del siglo XIII. Estaba emplazado en el barrio del Arrabal,nada más pasar el puente de Piedra,en la actual avenida de Cataluna (su solar lo ocupa el cuartel de San Lázaro). En el testamento de una tal dona Oria, otorgado en 1217,se hace mencion de los malautos de Sant Lazaro²7.Este hospital subsistio hasta mediados del siglo XIV segun algunas opiniones,o hasta el XV segun otras mas fundadas,época en la que se trasladaron a aquel antiguo pabellón los frailes de la Merced de Santa Eulalia²8. EL HOSPITAL DE SANTA MARIA DE GRACIA. Al crecer la importancia de la burguesia y aumentar al tiempo el numero de médicos profesionales,surgió, como en otras ciudades peninsulares,la idea de fundar un gran hospital secular. La iniciativa partió,a comienzos del siglo XV,de varios vecinos de la ciudad,quienes expusieron a los jurados la necesidad urgente de crear un Hospital General, dado que la veintena de instituciones que por entonces existian, debidos a iniciativas parroquiales,de cofradias o de particulares,eran pequenos e insuficientes.La idea obtuvo buena acogida,pero era empresa tan grande que sobrepasaba las fuerzas municipales,por lo que el concejo,personas particulares tanto eclesiasticas como laicas y la universidad entera,solicitaron la valiosa proteccion del rey. Alfonso V, movido por estos ruegos $_ { y }$ deseando imitar la conducta de sus predecesores,que siempre se distinguieron en socorrer a los desvalidos,quiso ser Autor,Fundador,Rector y Protector del nuevo establecimiento29. Asi,el 27 de febrero de l425,se presentó en las Casas del Puente, sede del ayuntamiento,el franciscano Francisco de Berbegal,confesor del rey,quién comunicó a los jurados y consejeros reunidos que el monarca habia hecho comprar unas casas para albergar el nuevo hospital,que habian costado quinientos florines de oro y se encontraban próximas al monasterio de San Francisco. Tambien les anunció que el soberano habia nombrado regidores del benéfico establecimiento,para que lo pusieran en función, a don Ramón de Casaldaguila y a don Nicolau Biota por la ciudad y a los religiosos maestre Juan Civet y Lope Sixon por la Iglesia3o . El lema fundacional fue Domus Infirmorum Urbis et Orbis. En 1438 el abad de Santa Fé,monasterio próximo a Cuarte y Cadrete,a orillas de la Huerva,hizo erección apostólica de la Fundación,comisionado directamente por el papa Eugenio $\mathbf { I V } ^ { 3 1 }$ . De este modo Zaragoza fue una de las primeras ciudades que implantaron un Hospital General, si bien aqui,a diferencia de lo que se hizo en otras poblaciones,se respetaron los hospitales particulares,dejando que decayeran lentamente,eclipsados por el nuevo,hasta su total desaparicion³² . En el Hospital de Santa Maria de Gracia se atendio a los enfermos de cualquier dolencia,a los locos,a los pobres,a los ninos desamparados,a las futuras madres y a los recién nacidos abandonados.Era pues este Centro hospital,asilo,maternidad, manicomio e inclusa.Por otra parte se aceptaba a cuantos alli acudian, sin que supusiera obstáculo su nacionalidad o religion. No se conocen las dimensiones que tendria el edificio adquirido por Alfonso V. Se sabe que se encontraba en el Coso,en el lado contrario al muro de piedra y casi frente a la Puerta Cinegia. Poco a poco fue ampliando sus instalaciones hasta el punto que a finales del siglo XV se extendia desde el Coso hasta el Convento de Jerusalén (hacia el numero 19 de la actual avenida de la Independencia) y siguiendo por el Coso hasta la hoy denominada calle de Porceli. Por detras lindaba con los huertos de los conventos de Santa Catalina y de Jerusalén33. Tan rapida expansion sólo fue posible merced a los cuantiosos recursos de que fue dotado y a los numerosos legados que recibi6. Ordenanzas del Hospital de Gracia. Alfonso el Magnánimo,ejerciendo sus funciones de Rector, otorgó el 5 de marzo de i427 las ordenanzas oportunas para el gobierno de su reciente Fundacion. Segun este reglamento,los regidores -que debian desempenar su cargo sin remuneración alguna- poseian la facultad para ejecutar obras,recoger limosnas y administrar los bienes del Hospital, con poderes para .vender y enajenar; todo ello debian efectuarlo en nombre del rey.Antes de tomar posesion,dichos regidores tenian que prestar juramento de bien y lealmente haberse en el ejercicio de su cargo34. Con el nombre de regidores eran designados,desde la fundación del Centro,“los gobernadores,procuradores y administradores” del mismo,que unicamente podian ser nombrados o destituidos por el rey segun se expone en la Confirmacion de los Estatutos del Hospital, hecha por Fernando II en Burgos el 16 de noviembre de $1 4 9 6 ^ { 3 5 }$ . En las ordenanzas de l496,el rey Fernando regulaba el cargo de regidor menor, que se debia elegir anualmente por el procedimiento insaculatorio,extrayendo dos nombres de una bolsa en la que figuraban los de seis personas,todas ellas designadas por el propio monarca para optar al cargo.Si fallecia una de estas seis personas,debia elegirse sustituto en la forma indicada por el rey, de manera que en la bolsa hubiera siempre seis aspirantes36. La elección de regidores mayores y menores tenia lugar el primer miércoles después del domingo de Resurrección.Algun directivo fue destituido por “haber sabido que abusaba_de los pobres, enfermos y dementes,en gran deservicio de Dios".En 1472 actuaba como uno de los regidores mayores del Centro mosen Aznar de Maxones, clérigo,que cobró del general del reino 1.296 sueldos y tres dineros,en concepto de pensiones retrasadas,desde 1464, de un censal que poseia sobre dicho General. Junto a él actuaban en 1471-72 Domingo de Echo y Pedro de Oliet, conocidos burgueses zaragozanos37. El 27 de marzo de 1503,Fernando el Católico modificó las ordenanzas del Hospital, con intencion de poner en debido orden aquella Institucion. Al parecer los capitulos y ordenanzas aprobados en l496 eran objeto de abusos,que repercutian en perjuicio de los pobres y enfermos,abusos a los que intentó poner fin con esta reforma. Segun se desprende del exordio de este documento,los regidores menores no ejercian el cargo personalmente, sino que lo encomendaban a terceros,a cambio sin duda de la correspondiente compensacion económica; en suma, gobernaban el Hospital en beneficio propio,y no en el de los acogidos. Por ello suprimi6 los regidores menores, que eran los que propiamente regian la Institucion, puesto que los mayores se encargaban unicamente de la supervision,y los sustituyó por un prior, persona de dentro de la Casa,cuya funcion consistiria en la administracion del Centro. Para el puesto de prior designó al reverendo maestre Martin Garcia,dandole -nombramiento por tiempo indefinido, hasta que el propio rey tuviera a bien sustituirle por otra persona. Luego se ocupó de la insaculacion de regidores mayores y con gran detenimiento de la rendicion de cuentas del Hospital, ordenando una reunion mensual -en el Archivo del Establecimientoel primer domingo de cada mes; a esta reunion tenian que asistir los regidores mayores, las autoridades reales,las eclesiasticas y las municipales, para atender puntualmente la problematica que alli se expusiera. En lo demas corroboró los estatutos de l496,dejandolos en vigor salvo las puntualizaciones antes mencionadas38. Recursos y privilegios. Alfonso V, como Protector, dotó a Santa Maria de Gracia con mil florines de oro. El 17 de noviembre de 1425 dio licencia para que las personas que el Hospital dispusiera al efecto pudieran pedir limosna, en beneficio del mismo, por todas las iglesias y partes del reino39. Las Cortes de Zaragoza-Alcaniz-Calatayud de 1466- 1469 lo declararon, como a los demas hospitales, franco de sisa40. Otro de los privilegios que el rey fundador concedio al Esta 38A.C.A. Cancilleria,reg. 3655,fols. 164-166'. Incluido en el apendice de este trabajo,doc. VII. 39 Privilegios reales guardados en el Archivo del Hospital,segun las Actas de la Visita hecha en 1600. Cita A.BAQUERO,Bosquejo historico..,.pag. $_ { 2 0 \textbf { y } }$ nota 4 (pag. 117).Tambien puede verse el trabajodeJ.MUNOZ SALILLAS,Privilegiosa favor del Hospital Provincial de Nuestra Senora de Gracia de Zaragoza.“Anuario Derecho Aragones",I(1944),pags.143-166. 40BAQUERO, A.-Bosquejo histórico.., päg. 24. blecimiento atania a sus empleados,los cuales no tenian retribución alguna salvo la alimentación. El soberano les consideró comensales de la Real Casa y les hizo participes de las excepciones de que gozaban los servidores de palacio41. Poco después de la fundacion,el rey permitió a los administradores del Hospital que en el futuro pudieran guardar,en provecho del Centro,los bienes de los que fallecieran en él, siempre que no hubiera hijos que los reclamasen4² . La reina dofa Maria por su parte,dio orden al capitulo de los notarios de Caja de Zaragoza, bajo pena de quinientos florines, que a partir de enero de 1442 eligieran dos notarios de los del Numero de Cuarenta de la ciudad, para que gratuitamente levantasen acta de los capitulos que tuvieran los regidores del Hospital43 . Don Juan de Aragón,arzobispo de Zaragoza,en privilegio otorgado el 15 de febrero de 1472,condonó el pago de derechos al juez de pias causas y a los notarios por razon de los legados que se hicieran en favor del Establecimiento44 . El 12 de marzo de 1459, Juan II otorgó un documento en Valencia,en el cual se declaró patrón y cabeza de la caritativa Institución,como sucesor de su hermano el fundador de la misma.A la vez dispuso que,con el fin de allegar fondos para sus muchas necesidades,en cada ciudad, villa o lugar del reino de Aragón fuese elegido por los jurados, justicias o regidores del municipio,un hombre de fama intachable para el cargo de bacinero o recaudador de las limosnas y legados que en el correspondiente nucleo humano se produjesen con destino al Hospital, tanto los procedentes de miembros de la Cofradia de Santa Maria de Gracia como de otros cualesquiere.A continuacion reglamentó este cargo en lo relativo a elección,funciones y atribuciones45.El mismo dia confirmó 41GIMENO RIERA,J. -La Casa de locos.., pag.4. 42 BAQUERO,A. -Bosquejo histórico.., päg.22.Por Acto de Cortes de 1626,se pun· tualizó que este beneficio solo tendria lugar cuando los fallecidos carecieran de pa· rientes hasta el cuarto grado inclusive,y que no hubieran otorgado testamento. SALVALL,P.y PENEN,S.-Fueros,Observanciasy Actosde Corte del Reino de Aragon.Zaragoza,1866,T.2.o,pag.393. 43Dado en Alcaniz el 21 de junio de 1441.A.C.A. Cancilleria,Reg.3136,fols.164- 165. 44BAQUERO, A. -Bosquejo histórico.., päg.24. 45A.C.A. Cancilleria,Reg.3364,fols.129-130'.Incluido en el apendice de este trabajo,doc. I. en otro escrito todos los privilegios concedidos a la Institucion por Alfonso el Magnänimo y su esposa y lugarteniente general, la reina dona Maria46. En las Cortes de Monzón y Binefar de 1585,se acordó lo siguiente: Muy justa cosa es subvenir·de dinero publico a las necessidades publicas. Por tanto su magestat,de voluntad de la Corte, (enterado de la necessidad grande en que está el Hospital General de Nuestra Senora de Gracia de la ciudad de Caragoca) estatuece y ordena que se le restituyan los censales que dio para seguridad de las veynte y dos mil libras jaquesas, que se le prestaron el ano de 1581 y se le remitan aquellas. Y a mas desto, se le den de limosna ordinaria de las Generalidades del Reyno en cada un ano mil ducados, que son veynte y dos mil sueldos jaqueses, ultra de lo que por Fueros y Actos de Corte se le da,y mas trescientas arrobas de lana lavada47 . A su vez el Papado otorgó importantes privilegios al Hospital de Gracia,recogidos en una serie de bulas48. Un capitulo muy importante de los ingresos del Establecimiento era el procedente de las limosnas manuales,que motivaron la creacion de los bacineros a que antes se ha hecho alusion. Las limonas manuales se recogian,en su mayor parte,en especie y se utilizaban para la manutencion de los acogidos en el Centro y del personal al servicio del mismo.Con el permiso concedido por Alfonso V,no sólo se recaudaban en Zaragoza, sino que los procuradores del Hospital, provistos de licencias emanadas de los jurados y del arzobispado,se encargaban de pedirlas por los principales pueblos del reino en determinadas épocas.Ademas los bacineros las solicitaban, cada uno en su lugar,los dias festivos49 . El Arzobispado ayudó con importantes sumas al Hospital durante los largos siglos que existió y,aunque carecemos de datos respecto a los tiempos primeros de su fundación, no es aventurado suponer que ya entonces le pasara alguna pension, puesto que 46A.C.A. Cancilleria,Reg.3364,fols. $1 3 0 ^ { \circ } { - } 1 3 1$ . Incluido en el apendice de este trabajo,doc. I. 47 SAVALL,P.y PENEN,S.-Fueros nuevos del reino de Aragón.En Fueros,Observancias...,T.I,pag.416. 48 Indulgentiae et privilegia concessae hospitali real Sanctae Maria de Gratia a S.D.N. D.Clemente Papa VII.Cesaraugustae,1644. 49BAQUERO,A.-Bosquejo historico..,päg.26. la segunda sala del Centro,la que seguia en importancia a la sala del $R e y$ , fue bautizada con el nombre de sala del Arzobispo, honor éste que sólo se concedia a los grandes bienhechores5o . Por su parte el concejo y universidad de Zaragoza, que tanto interés tuvo en que se fundara el Hospital,es probable que le asistiera igualmente con una pension fija51 .Al menos consta que allegaba recursos extraordinarios cuando la situacion económica se hacia critica; por ejemplo,el 3 de diciembre de l471 el capitulo y consejo de la ciudad concedió al benéfico Establecimiento una ayuda de cuatro mil sueldos5² . Además de los ingresos que se van mencionando,el Hospital contaba con los donados, personas que tras ceder al Centro sus bienes se consagraban a su servicio,si bien con la condicion de ser sostenidos y albergados por la Institución hasta su muerte. Los donados desaparecieron practicamente a fines del siglo XV. Otra fuente de ingresos la representaban las misas votivas y las fundaciones hechas en su iglesia -para las que se obtuvo licencia del Papado en l430-,puesto que la mitad, tanto de lo votivo como de lo fundado en ella, quedaba para el Hospital53 . Por otra parte estaban los pios legados,consistentes generalmente en fincas y algunas veces en dinero.Con estos legados se constituyó el patrimonio de la Institución,que mediante contratos enfiteuticos producia unas sustanciosas rentas.Por via de ejemplo,don Nicolau Biota,que tras ejercer de regidor del Hospital falleció el 11 de octubre de 1428,dejó al Establecimiento su lugar de Albalatillo,en la ribera del Alcanadre54,o los muy importantes legados y donaciones de la familia de la Cavalleria, que mereció el honor de poner su nombre a una sala: la sala de los Cavallerias. Con el fin de que ningun legado dejara de ser entregado, Fernando II ordenó que el bacinero de Zaragoza recorriese una vez al mes todas las notarias de la ciudad para saber los vinclos,testamentos e legas pertenescientes al dicho Spital5s. Desde fecha que desconocemos, los notarios estaban obligados,cada vez que se les llamaba para otorgar testamento,a preguntar al testador si tenia voluntad de dejar alguna manda para este Centro.Era optativo acceder o negarse al legado,pero el notario no podia omitir la pregunta.Esta costumbre pervivio hasta hace pocos anos56. La Cofradia del Hospital. Por bula dada en Roma el 30 de abril de 1444,el papa Eugenio IV autorizó la fundacion de una Cofradia bajo la invocacion de Santa Maria de Gracia en el Hospital de Zaragoza. Segun el documento papal, podian formar parte de ella hombres y mujeres indistintamente. El numero de cofrades no podia exceder de trescientos, cada uno de los cuales debia contribuir con siete florines anuales al sostenimiento del Establecimiento.A los miembros de la Cofradia les concedio el Papa importantes indulgencias y beneficios espirituales57. El rey Juan II se consideró cofrade de Santa Maria de Gracia y asi lo declaró varias veces.En documento dado en Valencia el 12 de marzo de l459 acordó la institucion de tres Misas en la iglesia del Hospital en beneficio espiritual de los miembros de la Cofradia,determinando que éstos,a partir de entonces,contribuyeran al sostenimiento del Centro asistencial con un cuartal de trigo o siete dineros jaqueses por fuego cada afos8 . Posteriormente don Antonio Nogueras,regidor de la Institu 55En su confirmacion de los Estatutos del Hospital,ya citada.Cfr. BAQUERO,A. -Bosquejo historico...,pag.25. 56 Esta disposición se halla recogida en el Apéndice Foral recopilado durante la Dictadura de Primo de Rivera. 57 BAQUERO,A.-Bosquejo historico..,,pag.24. 58A.C.A.Cancilleria,Reg.3364,fols.129-129'.Cfr.apendice,doc.I. ción,solicitó del Papado el aumento del numero de cofrades hasta mil, asi como que la cuota fuera de dos florines anuales -cantidad muy superior a la fijada cuatro anos antes por Juan $\Pi -$ . Pio II accedio a estas peticiones mediante bula dada en Roma el 16 de febrero de $1 4 6 3 ^ { 5 9 }$. Mientras duró, la Cofradia proporcionó interesantes ingresos al Hospital,pero su existencia fue corta.Los cofrades se cansaron sin duda de la obligatoria contribucion,de ahi las rebajas en las cuotas y las subsiguientes subidas al ver que nada lograba estimular el interés de pertenecer a ella.A pesar de que los cofrades gozaban de privilegios tan importantes como el de poder ser enterrados en sagrado en tiempo de entredicho,la Cofradia languideció y practicamente desapareció durante el reinado de los Reyes Catolicos60. En 1521 Carlos I creó la Archicofradia del Archihospital de Zaragoza,constituyéndose personalmente en el primer cofrade dela misma61. Problemas que tuvo que afrontar este Centro benéfico. Todos los recursos del Hospital que se vienen detallando fueron siempre insuficientes frente a los gastos del Establecimiento, quiza no tanto porque fueran pocos como por la mala administracion de los regidores, frecuentemente puesta de manifiesto por los jurados de Zaragoza,y que finalmente llevó a Fernando I a dictar una orden por la que autorizaba a inspeccionar el Centro al capitulo de la Seo,a los jurados de la ciudad,a los diputados del reino y al capitulo de caballeros e infanzones,ademas de ser prerrogativa del rey o de su lugarteniente dicha labor de vigilancia. Dichas entidades o los representantes al efecto nombrados,podian efectuar la visita una vez al ano,en enero,o más frecuentemente si lo consideraban preciso,revisando la actuación de los regidores y prestando especial atencion al destino de las rentas6². Un ejemplo de la penuria por la que atravesaba el Hospital con más frecuencia de la que hubiese sido deseable,nos lo proporciona el libro de Actos Comunes de los jurados de Zaragoza correspondiente al ano 1471.El 25 de noviembre de dicho ano se convocó simultáneamente consejo de ciudadanos y capitulo y concejo,y ante ambas asambleas el jurado en cap expuso que a instancia de los regidores de Santa Maria de Gracia,don Domingo de Echo, don Pedro de Oliet,ciudadanos de Zaragoza,y mosen Maxones, clérigo,los cinco jurados junto con el prior de la Seo y otras personas habian ido a visitar la Institución y comprobado la extrema pobreza reinante: los acogidos pasaban hambre y frio y no tenian ropas con que cubrirse O echar sobre sus camas.Movidos por la compasión,reunieron entre todos ciento quince florines que entregaron a los regidores del Centro,pero ahora se trataba de que el municipio hiciera un donativo importante que remediase la situación.Las dos asambleas ciudadanas estuvieron de acuerdo en conceder la limosna, y aconsejaron parlamentar con los capitulos de los otros dos estados de la ciudad,el de clérigos y el de caballeros e infanzones,a fin de instarles para que' a su vez ayudasen a los acogidos en el Establecimiento.Por otra parte,anadieron los asistentes a dichas asambleas, si las cosas habian llegado a tal extremo de miseria y postración era debido principalmente a la mala administracion,asi que,a su juicio,la ciudad debia intervenir e inspeccionar en qué se gastaban los recursos del Hospital6 . La ayuda acordada la entregó la ciudad el 3 de diciembre y consistió en cuatro mil sueldos.Por su parte el brazo eclesiastico contribuyó con tres mil. No consta si hubo aportacion del brazo de los caballeros64 . También en 1489 el municipio entregó al Hospital una limosna de cuatro mil sueldos,con cargo a las pensiones de los censales del General,dos mil de la pension de junio de l489 y los restantes dos mil de la de junio de $1 4 9 0 ^ { 6 5 }$. La cofradia de San Cosme y San Damian y el Hospital de Gracia. A principios del siglo XV ya consta la existencia en Zaragoza de una cofradia bajo la advocacion de San Cosme, San Damian y San Valentin,que agrupaba a los cirujanos y barberos zaragozanos. El 7 de marzo de l455,el futuro Juan I, a la sazón lugarteniente general del reino,aprobó unas ordenanzas para esta asociacion,en las que se aprecia la especial atencion que estos profesionales dedicaban al Hospital de Santa Maria de Gracia,hasta el punto de que dos cirujanos,elegidos anualmente, tenian que atender a los heridos de dicho Centro casi gratuitamente.El pärrafo del documento,relativo a esta mision, dice asi: Primerament, atendient et considerant que en el Spital de Sancta Maria de Gracia de la dita ciudat comunment concorre gran multitud de pobres nafrados, por consiguient es necessario e razonable alli provedir de numero e sufiencia.de cirurgianos, por lo tanto deliberan ordenar que ad in perpetuum se hayan de disputar e eslegir dos cirurgianos de la dita confraria, uno de los antiguos que tenga obrador e cabeca de [cas] e otro de los jovenes que tengan licencia de usar de cirurgia, los quales sean tenidos durant el tiempo infrascripto [atender] a todos los nafrados pobres e otros qualesquiere que se trobaran estar en el dito Spital. De los quales nafrados ni algun dellos se puedan demandar, exhigir ni spontaneament recibir salario, prometencia ni obligacion, ni otra satisfaccion O remuneracion alguna, antes se hayan de tener por contentos con la pension infrascripta a ellos pagadera por los regidores del dito Spital. $E$ aquesto dius pena de cient sueldos por cada una vegada, aplicadera la meitat al dito senyor rey et la otra meitat al dito Spital. Item,attendient et considerant que el dito Spital ha acostumbrado e.acostumbra a dar, en cada un anyo, de pension a un cirurgiano doscientos sueldos, et considerando quel dito Spital tiene grandes cargas, por tanto por relevar el dito Spital de cargo e por intuyto de piedat ordenan que los ditos dos confrayres cirurgianos que seran deputados a'la cura de los ditos nafrados del dito Spital se hayan a tener por contentos de cada cinquanta sueldos de pension a cada un anyo,pagaderos por los ditos regidores del dito Spital, e que mas no puedan demandar ni haver dius la dita pena, ahunque los pobres los ne dassen. Item, attendido que encara que la dita pension sea poca empero pues el acto es meritorio,por tanto esta es razon que asi el cargo como el merito sea igualment distribuydo e compartido entre los ditos confrayres cirurgianos habiles a lo sobredito,por tanto entienden e ordenan [que] en el dia de la fiesta de la senyora Sancta Maria del mes de marco puedan los ditos maiordomos e confrayres de la dita confrayria eslegir dos cirurgianos,el uno antigo,cabo de cas e que tenga obrador e haya practicado diez anyos,el otro joven,que tenga licencia de usar de cirurgia. $E$ aquellos sleidos, sean deputados ipso facto per la dita cirurgia del dito Spital. $E$ si por ventura entre los ditos confrayres no se concordaran por via de election, si havran qualquier differencia e discrecion entre ells, que sean feytos dos saquos o bolsas,enuna de las quales sean insaculados en cedulas e redolines todos los cirurgianos antigos,et en la otra los jovenes,et se haga la election por saquamiento de redolinos de las ditas bolsas66. Como vemos la ordenanza se refiere unicamente a los cirujanos,es decir,a los profesionales que curaban heridas,golpes, roturas,etc., no a los médicos que atendian las enfermedades de toda indole: fiebres,pestilencias..., indudablemente la union de los médicos a la cofradia de barberos y cirujanos fue posterior a esta fecha,aunque no mucho,puesto que en 1472 eran mayordomos de la cofradia de San Cosme y San Damian,maestre Pedro Guallart,médico y Juan Maldonado,cirujano7.En 1466 los médicos redactaron a su vez ciertas ordenanzas,comprometiéndose a un servicio similar al de los cirujanos respecto al Hospital. La iglesia del Hospital. En el momento de su fundacion,el Hospital de Gracia quedó adscrito a la parroquia de San Miguel de los Navarros. Con asentimiento de su pärroco,el Vicario General de la diócesis autorizó en l429 a cualquier sacerdote para que administrase los sacramentos a los.enfermos.A la vez dio licencia para erigir dos altares en el Establecimiento,uno en la parte superior y otro en la inferior de la casa.Autorizó ademas un tercer·altar, en la puerta o en la plaza situada ante el edificio,aunque sólo para ser usado cuando alguna solemnidad lo requiriese68. El papa Eugenio IV,mediante bula dada en Roma el 23 de diciembre de l430, comisionó al abad de Santa Fe para que hiciera en el Hospital iglesia,altares y cementerio.Concedió permiso para celebrar en aquella la Misa y el Oficio Divino y conservar los Santos Oleos y ordenó que para su servicio hubiera un sacerdote suficientemente dotado.Finalmente autorizó para fundar en dicha iglesia oficios y beneficios, si bien en el caso de beneficios perpetuos era necesario el consentimiento de los regidores69 . Asi fue construida la iglesia de Santa Maria de Gracia,que hacia esquina entre el Coso y la calle del Hospital, cuadrada y,aunque no muy grande, si muy capaz_por los muchos aposentos o camarillas que habia en su contorno7o\*. El 14 de enero de l431 el citado Pontifice concedio a los moribundos del Hospital el privilegio de que cualquier confesor por ellos elegido pudiera absolverles de todo tipo de pecados,incluso los reservados,y concederles indulgencia plenaria71. El l444 el Papado concedio grandes indulgencias a cuantos visitaran en determinados dias, la Institucion y a los acogidos en ella72 . Nicolas V otorgó al Establecimiento,en privilegio fechado en 21 de febrero de 1453,que pudiera tener el Armariolo para guardar el Santisimo,atendiendo a una petición formulada por el rey.Con este motivo el Hospital y la parroquia de San Miguel, que venian teniendo divergencias en cuanto a la competencia en el servicio religioso, celebraron una concordia el 28 de mayo de l454 que puso fin a las mismas.Desde este instante se pudieron celebrar servicios religiosos de toda indole en la iglesia de Santa Maria de Gracia,con independencia de la parroquia dentro de cuya jurisdiccion estaba el Centro73 . Juan II dispuso el 24 de marzo de 146l que se designase un maestro en teologia para predicar en el Hospital, para que con su palabra impulsara a los fieles a contribuir con sus limosnas a las necesidades de la Instituci6n74 .Con esto seguia la tradicion inaugurada por el franciscano Berbegal, que desde la fundación no cesarä de predicar incansablemente en favor de una general ayuda al Centro75. Descripcion del Establecimiento. El padre Murillo nos ha dejado un amplio retrato del Hospital y sus dependencias,tal como eran en $1 6 1 5 ^ { 7 6 }$ . Las casas de Simón Güeso,nucleo fundacional del Centro,estaban donde actualmente se encuentra el Banco de Espana.Segun la descripcion del padre Murillo,la benéfica Institucion contaba en aquella época con veintisiete grandes salas,en las que se alojaba a los enfermos de acuerdo con la dolencia que padecian.Ademäs tenia dos salas de convelecientes,otras dos para “personas que se vieron en honra y el tiempo las derribó de su prosperidad",es decir,gentes venidas a menos a las que el Establecimiento daba techo y comida gratuitos, salas de maternidad,hospicio infantil, botica,horno de pan,carniceria con matadero,bodegas,despensas y dependencias para el personal encargado del Centro (comedores,dormitorios,guardarropas,oficinas..).Contaba tambien con varias capillas y patios abiertos interiores,huertas y corrales. En cuanto al cementerio o fosar, construido mediante licencia dada por Eugenio IV el 23 de diciembre de 1430,estaba en el Coso,adosado a la parte exterior del muro de piedra y cerca de la Puerta Cinegia.El ano 1468 fue derribado por policia e beldat de la ciudat e singularment del dito Coso,con ei fin de evitar la pestilencia que emanaba de dicho fosar y del contiguo corral de Pelliceros,asi como para dar salida a las aguas pluviales del Co$\mathbf { s o } ^ { 7 7 }$ :Entonces se trasladó el cementerio a la parte contigua a la iglesia,y al aumentar el numero de dependencias, se ubicó finalmente en la parte trasera del conjunto de edificaciones,alli donde mucho tiempo después se habria de levantar el Teatro Circo. El Hospital fue destruido durante la Guerra de la Independencia.El 3 de agosto de 1808,ante el bombardeo francés,se procedió a su evacuacion, muy oportunamente porque al dia siguiente los franceses entraron en él a sangre y fuego destruyéndolo totalmente; solo quedaron en pie algunos arcos y el frontispicio.En aquellos restos construyó Sangenis trincheras durante el segundo Sitio,tras el cual solo quedaron escombros. Nunca fue reconstruido78. 1459,marzo,12 VALENCIA. Juan II ordena que en cada lugar del reino,las autoridades municipales elijan un bacinero,para que se encargue de recaudar las contribuciones a que estan obligados los cofrades de la Cofradia de Nuestra Senora de Gracia, y también cuantos legados sean Otorgados con destino a este benéfico establecimiento. Confirma luego los privilegios concedidos al Hospital de Gracia. A.C.A.Cancilleria,Reg.3364,fols.129-130' $/ 1 2 9 /$ Johannes,etc.Reverendo et venerabilibus in Christo patribus,archiepiscopo Cesaraugustani, episcopo,abbatibus et prelatis quibuscumque ac ceteris ecclesiasticis personis in dicto regno Aragonum constitutis,necnon magnificis et dilectis consiliaris ac fidelibus nostris regenti officium gubernationis,iusticie, baiulo generali nostro in dicto regno Aragonum,calmedinis quoque,merinis,iusticiis, iuratis,baronibus,militibus, infanconibus,scutiferis. et aliis universis et singulis officialibus et personis in dicto regno Aragonum et alibi ubilibet constitutis et a modo constituendis, dictorumque officialium locatenentibus, presentibus et futuris, salutem et dilectionem. Inter caritatis et misericordie opera illud praecipimur,arbitramur quod pro Christi pauperibus,infirmis et aliis humano auxilio destitutis eorumque sustentacione, pie et misericorditer erogatur cum igitur ·in hospitali beate Marie de Gracia civitatis Cesarauguste, quod fundatum extitit pro serenissimun dominum regem Alfonsum,fratrem et predecessorem nostrum,memorie inmortalis et cuius nos,ut illius successor, sumus patroni et capud eiusdem, hec: ipsa caritatis et misericordie opera ad laudem et honorem omnipotentis Dei et ipsius gloriosissime virginis Marie totiusque curie celestis,piissime et laudabiliter exequantur et crescente in dies devocione et piis sufragiis ac largitionibus que dicto hospitali prestari sperantur a Christi fidelibus et devotis,maiora exequi sperantur, sitque propter sustentacionem ipsius hospitalis et pauperum et innocentium eiusdem, stultorumque seu mente carentium ac etiam infancium seu puerorum humano destitutorum auxilio,qui in dicto hospitali receptantur,sustinentur,aluntur,custodiunturque et a noxiis preservantur, laudabiliter instituta et ordinata quedam confraria sub $/ 1 2 9 ^ { \circ } /$ invocatione beate Marie de Gracia,cuius nos confrater existimus,pro cuius institucionem et seu ut confratres illius maiori beneficio circa salutem animarum suarum lecentur,institute sunt tres misse condigne,ad honorem et gloriam ipsius Dei omnipotentis et prefate sue genitricis,et bulle etiam indulgenciarum benefactoribus dicti hospitalis a summo pontifice concesse sunt.Et nichil omnius ordinatum sit ut confratres eiusdem confratrie,qui nunc sunt et esse voluerint in futurum,dent et solvant dicte confratrie et pro sustentacione hospitalis predicti anno quolibet, scilicet pro quolibet foco sive domo,unum quartale trictici sive frumenti aut septem denarios iaccensis. Ulterius cum pro beneficio et directione ipsius hospitalis et acaptiriorum eiusdem et ut tollantur fraudes et abusus qui sepe contingunt ex acaptiris seu administracione questorum,ordinavimus et velimus uti presentium. serie ordinamus et volumus que in qualibet civitate,villa,opido,castello et loco dicti regni Aragonum, per iuratos et consilium cuiuslibet universitatis,eligatur in qualibet parrochia dictarum universitatum unus probus et fidelis homo pro bacinerio seu acaptatore,receptore et collectore acaptiriorum que fient pro dicto hospitali,necnon peccuniarum ac trictici que et quod solventiu per confratres dicte confratrie,parrochianos talis parrochie,ac etiam aliarum piarum largicionum que a dictis parrochianis dicto hospitali aut confratrie predicte erogabuntur; ita quidem que bacinum dicti hospitalis seu bacinerius aut acaptator predictus ad illud deferendum deputatus seu electus,qui tamen eligi habeat ad instanciam dictorum rectorum et administratorum seu procuratoris dicti hospitalis et totiens quotiens eisdem rectoribus et administratoribus aut procuratori predicto fuerit bene visum, inmediate accedat post baci: num luminarie et bacinum pauperum unius cuiusque parrochiarum predictarum. In renitenciam vero dictorum iuratorum et consilii nolencium seu recusantium dictam personam seu probum hominem eligere qui dictum bacinum deferat et acaptiria recipiat et alia antedicta,ordinaverimus et velimus uti eadem serie ordinamus et volumus, quod sit in facultate et potestate rectorum seu administratorum dicti hospitalis seu procuratoris eiusdem eligendi seu deputandi talem hominem seu personam ad dicta acaptiria faciendum, eaque et alia predicta predicto hospitali recipiendum et colligendum ut prefertur.Providentes nichil omnius serie cum eadem ut eiusdem fraudis et suspicionis omnis tollatur materia quod acaptiria predicta et emolumenta eiusdem confratrie aut alias largiciones predictas vendi aut arrendari nullo modo queant quin potius ipsa acaptiria $/ 1 3 0 /$ et alia predicta semper ac omnino fieri habeant per personam seu probum hominum,modo et forma predictis eligendam seu eligendum, et de manu ilius rectoribus seu administratoribus aut procuratori dicti hospitalis tradi habeant et reddi. Eadem vero persona seu probus homo ad predicta quovis modo electus seu deputatus prestare habeat iuramentum in posse dictorum iuratorum seu rectorum et administratorum aut procuratoris dicti hospitalis,ad dominum Deum et eius sancta quatuor evangelia,“de bene, fideliter et legaliter se habere in acaptiriis collectione et receptione memoratis ac bonum et legale computum reddere ipsius rectoribus seu administratoribus aut procuratori seu cui ipsi rectores seu administratores aut procurator voluerint ut autem persone ad dicta acaptiria,et alia predicta faciendum, colligendum et recipiendum, pretextu eorumdem aliqua prerogativa letentur". Easdem et illarum quamlibet qui ita hoc voluerit ab omni munere publico videlicet officiorum universitatum dominacionis nostre in quibus habitabunt volumus et velimus esse exemptos et eximimus cum presenti, nolentibus vero exempcionem predictam factam minime censentes.Et utique quod comprehendantur et comprehensi sint ac eis teneantur et observentur protectio, salvaguardia et comanda per dictum serenissmum dominum regem Alfonsum, fratrem et predecessorem nostrum,dicto hospitali et illius favore concesse predictam igitur confratriam ordinaciones et alia predicta laudantes,approbantes,ratificantes et confirmantes ac dicto hospitali et eius rectoribus et administratoribus nomine illus et pauperum eiusdem contextu presentium concedentes, requirendos et ortandos ex vobis requirimus et ortamur aliis vero dicimus et districte precipiendo mandamus,ad ire et indignacionis nostre incursum penamque duorum milium florenorum auri de Aragonia, quatenun habentes in recomendacione hospitale iam dictum ac receptantes et tractantes rectores et administratores ac procuratores, bacinerios et acaptatores,receptoresque et collctores eiusdem hospitalis cum apud vos seu inter vos acceserint favorabiliter atque bene eisdem hospitali rectoribusque administratoribus et procuratoribus eiusdem ac aliis supradictis confratriam et ordinaciones predictas et alia preexpressa,perpetuo et inviolabiliter teneatis et observetis ac illi vestrum ad quos spectet teneri $\cdot$ et observare faciatis,et nulla res contrafaciatis vel veniatis,aut aliquem seu aliis contrafacere aut venire permittatis racione aliqua sive causa,quinimo ordinaciones ac alia supradicta omnemque huius de nostre provisionis continenciam et tenorem,cum his requisiti fueritis $/ 1 3 0 ^ { \circ } /$ pro parte hospitalis iam dicti seu rectorum et administratorum aut procuratorum eiusdem voce procuracionis et in ecclesiis parrochialibus universitatum predictarum dum populi multitudo ibi convenerit ubi etiam vos,dicti iurati universitatum predictarum,presentes esse seu assistere habeatis, faciatis publice nunciari in his taliter vos habentes quod de vestra super hiis laudabili gastione meritum et premium condigne apud iustum et misericordem iudicem consequi valeatis et mereamini canti vos dicti officiales et subditi nostri de secus agendo quanto gracia nostra vobis cara est iramque et indignacionem ac penam predictam cupitis non subire.Datum Valencie die duodecimo marcii, anno a nativitate Domini millessimo CCCC L VIII°. Rex Johannes. II. Juan I confirma todos los privilegios y libertades concedidos al Hospital de Nuestra Senora de Gracia. de Zaragoza por el rey Alfonso $V y$ la reina Dona Maria. A.C.A.Cancilleria.Reg.3364,fols.130' -131 /130'/ Nos Johannes,etc.Ad supplicacionem vestri, dilectorum nostrorum rectorum et administratorum hospitalis beate Marie de Gracia civitatis Cesarauguste,et ob devocionem ingentem et affectum quem erga dictum hospitale quod fundatum extitit per serenissimum dominum Alfonsum, fratrem et predeccessorum nostrum, memorie perennis,et cuius nos,ut illius successor, patronis sumus et capud confratrie illius gerimus,propter laudabilia et inmensa caritatis et misericordie opera que in ibi continuo exercentur,tenore presentis deliberate et consulte ac de nostri certa sciencia, laudamus,approbamus, ratificamus,validamus et confirmamus ac etiam de novo concedimus eidem hospitali et vobis,dictis rectoribus et administratoribus,nomine illius et pauperum eiusdem,omnia et singula privilegia,provisiones, franquitates, libertates et inmunitates eidem hospitali et eius pauperibus ac deputatis ad regimen,administracionem,usum et servicium eiusdem concessa et concessas tam per serenissimum dominum regem Alfonsum, fratrem nostrum,quam per serenisimam dominam reginam Mariam, bone memorie,eius consortem, ut generalem locumtenentem illius,que quidem privilegia,provisiones, franquitates, libertates et inmunitates $/ 1 3 1 /$ hic haberi volumus pro sufficienter expressis et mencionatis ac si de verbo ad verbum presentibus inserta essent et inserte. Eademque privilegia,provisiones,libertates,franquitates et inmunitates huius nostre laudacionis,approbacionis,ratificacionis,validacionis et confirmacionis ac nove concessionis,presidio roboramus prout scilicet eisdem et quolibet eorum dictum hospitale ac vos dicti illus rectores et administratores ceterique predicti melius et plenius usi fuistis et fuerunt. Mandantes serie cum presenti gubernatori generali nostro in regnis et terris nostris ac dictum gubernacionis officium regenti in regno Aragonum, justicie et baiulo generali eiusdem regni,calmedinis,merinis,iusticiis,iuratis et aliis universis et singulis officialibus et subdictis nostris tam in dicto regno quam alterus ubilibet constitutis, presentibus et futuris et dictorum officialium locatenentis, sub nostre ire et indignacionis incursu ac pena trium mille florenos auri de Aragonia quatenus laudacionem,approbacionem,ratificacionem ac de novo concessionem huius necnon et privilegia ipsa,provisiones, libertates, franquitates et inmunitates et omnia et singula et eisdem contenta prefato hospitali vobisque dictis rectoribus et administratoribus eiusdem et aliis predictis,teneant perpetuo et inviolabiliter observent, tenerique et observari faciant tenaciter per quoscumque, et nullatenus contrafaciant vel veniant aut aliquem contrafacere vel venire permittant, racione aliqua sive causa.In cuius rei testimonium presentem fieri iussimus sigillo nostro communi in pendente munitam. Datum in civitate Valencie,die duodecimo marcii, anno a nativitate Domini ${ \bf { M } } ^ { 0 }$ CCCC LVIII.Regnique nostri Navarre anno XXXIII°, aliorum vero regnorum nostrorum anno secundo.Rex Johannes. I 1461,marzo,24 ZARAGOZA. Carta de Juan II sobre la designación de un maestro en Teologia para predicar en el Hospital de Nuestra Senora de Gracia e impulsar a los fieles a contribuir a las numerosas necesidades de este benefico establecimiento. A.C.A.Cancilleria.Reg.3374,fols.160-161 $/ 1 6 0 /$ Johannes,etc.Reverendis et venerabilibus in Christo patribus,religiosis et dilectis nostris quibusvis archiepiscopis,episcopis,abbatibus,ordinarium et ecclesiarium generalibus ministros, provincialibus custodibus,prioribus,guardianis,vicariis generalibus,officialibus et aliis ecclesiasticis personis infra regna et terras nostras ubi libet de gentibus et constitutis quacumque dignitate, ordine,religione,nomine aut auctoritate distinctis seu nuncupatis,presentibus et futuris ad quem seu quos presentes pervenerint et eorum cuilibet, salutem et dilectionem. Notorie comprehendimus et vos credimus non latere in Hospitalis sub invocacione beate Marie de Gracia in huiusmodi civitate,per serenissimum dominum Alfonsum regem, fratrem et nostrum inmediatum predecessorem fundato opera caritatis,omnia pie et decenter exercentur magna si quidem devotione assidua cura et vigilancia,et quanto magis hoc sufficientius agitur tanto magis dicto hospitali onera subiciuntur ipsiusque in dies afficiunt, $/ 1 6 0 ^ { \circ } /$ crescit enim pauperum Ihesu Christi ad eum concurrencium et repositorum numerus quando in eodem medecina tribuitur, tanto corporalis quanto spiritualis,ad corporum salutem et sepulturam et animarum suffragium atque refrigerium,ex quo fit quod multotiens prout nunc accidit numerus ipsorum pauperum neque in dicto hospitali collocari aut inhibi habitare potest ymmo ad aliud seu alios hospitales convenit administratores ipsius mittere et in illo seu illis,ex facultatibus dicti hospitalis res necessarias eisdem pauperibus administrare et ita redditus ipsius ists operibus caritatis fabrice insuper et reparacioni eiusdem neque sufficere neque satisfacere possunt,et nisi de convenientis provisionis suffragio eidem subveniretur de facili desolacione et ruina subiaceret. Nos vero qui Ihesu Christi precepta servare cupimus, volentes eidem salubrius consulare ac pauperes suos maxime recomissos habere,vos maxime ac ferventi attencione rogamus et ortamur quatenus Christi fideles salutiferis monicionibus indicatis atque inducere faciatis cum effectu tam in sermonibus quam in confessionibus et aliis actibus ecclesiasticis ad huiusmodi rem pertinentibus, quod de bonis suis per dicto hospitali dare seu erogare non omittant,ymmo ipsius recomissum habeant. Declarantes et denunciantes indulgencias privilegia et inmunitates dicto hospitali per beatissimum dominum nostrum papam concessas indultas,et ut hoc sufficiencius atque comodius agatur, quandocumque ab administratoribus dicti hospitalis aut ab eis onus habentibus instati fuerit aut requisiti,aliquem in sacra theologia magistrum aut predicatorem vestrarum ecclesiarum sive monasteriorum deputetis et eligatis ad predictam exhortacionem et predicacionem pro dicto hospitali comode faciendam,et si ipsi se cum aliquo religioso fratre aut ecclesiastica persona in sacra teologia magistro aut predicatore concordaverint aut composuerint, ipsi concordie aut composicioni atquiescatis etiam iniungatis virtute sancte obediencie tale onus subiciendi. Nos enim per presentes declaramus quemcumque predicatorem onus dicti hospitalis pro predictis subicientem quamdiu res dicti hospitalis tractabit et faciet,privilegiis et inmunitatibus eiusdem per dictum dominum regem et nos concessis posse atque debere uti et gaudere et quamvis hoc ex debido caritatis facere teneamini nos nihil omnius ultra divinum meritum ad complacenciam et servicium speciale suscipiemus. Si vero aliter quod non oppinandum est $/ 1 6 1 /$ quispiam agere presumpserit oportunis remediis per medium beatissimi domini nostri pape et seu present juris fuerit providere non omittemus.Datum civitate Cesarauguste,die XXIII, mensis marcii, anno a nativitate Domini ${ \bf { M } } ^ { 0 }$ CCCC LXi°. Rex Johannes. IV 1471,noviembre,25 ZARAGOZA. Reunion de consejo de ciudadanos y de capitulo y consejo para exponer y tratar de remediar la penuria en que se encuentran los acogidos en el Hospital de Santa Maria de Gracia de la ciudad. A.M.Z. Actos Comunes de 1471,fols.219' - 220' $/ 2 1 9 ^ { \circ } /$ En el qual consello [de ciudadanos] por el dito don Sancho de Paternoy,jurado, fue meso en caso que d'aquestos dias agora passados,por los magnificos don Domingo d'Echo,don Pedro d'Oliet, ciudadanos de la dita ciudat,e por mossen Maxones,clerigo, tenientes cargo del regimiento del Spital de Senyora Santa Maria de Gracia,clamado del Rey, les havian stado significadas e intimadas mediant una cedula de paper muchas grandes congoxas en que la dicha Casa e pobres de aquella son constituydos por las grandes e inmoderadas expensas $/ 2 2 0 /$ e gastos que ordinariament a causa del grant numero de pobres,enfermos,feridos,insensados e criaturas de leche ad aquella declinantes é la poca rebuda e sustancia de la dicha casa que buenament no abasta a los salarios de nodrizas que ordinariament y han de sixanta en setanta e d'alli a suso, de manera que por la mucha pobreza de aquella van muchos de los dichos pobres, criaturas menores ya fuera de leche e otros insensados quasi despullados e descalcos e stan en punto de perecer de frio,e los lechos assi de los enfermos como de los otros stan depauperados de ropas que quasi no y ha que meter encima. Lo qual los dichos jurados havian visto a oxo el sabado mas cerqua passado ensemble con el prior de La Seu e maestre Lana, los quales movidos de piedat, vista la grant miseria e necessidat del dicho Spital e de los pobres,enfermos e otros de aquel, ellos con otros que alli se fallaron plegaron para la dita Casa cient e XV florines. E assi como sea obra tanto meritoria que no se puede mas dezir,dever proveyr a las cosas necessarias al dito Spital, segunt en la dita cedula se contiene,la qual en en dito consello fue por mi, notario,leyda, por tanto que vidiessen que orden se devia tener, car la provision es tanto necessaria que no sufre dilacion de hun dia. Por todos los del dito consello fue deliberado que para bien proveyr a las dichas necessidades eran necessarias principalment dos cosas: la primera e principal es que los ditos jurados, por las mexores vias que poran, entiendan en reparar el orden e regimiento del dito Spital, car segunt s'es havida relacion, por mal regimiento la dicha casa es venida en tanta necessidat; e la segunda es que la ciudat, si tal disposicion hi ha, faga qualque adiutoris e almosna condecent, lo qual quantoquiere sea meritorio encara fructificara tanto mas avant que las otras gentes singularment por la ciudat tomaran exemplo para fazer lo semblant,cada uno segunt su devocion e facultat. E ass para dar orden en el dito regimiento, deliberaron se devian diputar algunas personas por el capitol e consello,las quales con los regidores que seyer hi querran providan para'l sdevenidor en tal manera que Dios sea servido e los ditos pobres ayudados e subvenidos. E assi votado sallieronse del dito capitol e consello. E sallidos, por el dito jurado fue meso en caso que ya havian oydo la causa por que el dito consello de ciudadanos e capitol e consello eran clamados e lo que cerqua aquello por los ditos ciudadanos havia seydo consellado,e assi que viessen que se devia fazer. Por todos los del dito capitol e consello fue concordablement deliberado que lo deliberado por los ditos ciudadanos era cosa santa e justa e se devia assi fazer e meter por obra assi a lo del buen regimiento como de la subvención de alguna quantidat del comun de la dita ciudat la qual en todo caso se devia fazer e deliberaron se fiziesse al dito Spital e prestament. Empero por quanto se creye que si aquesto se conferece con los dos otros stados de la dita ciudat,de clerigos e cavallros e infangones,la cosa verna en muy mas grant utilidat,deliberaron se deviessen diputar algunas personas del capitol e consello,la nominacion e elección de las quales remetieron e encomendaron a los ditos jurados, las quales ensemble con los ditos jurados o algunos d'ellos hayan cargo de intimar e notificar aquesta necessidat a cada un capitol de aquellos,e les rueguen diputen por lo semblant algunas $/ 2 2 0 ^ { \circ } /$ personas para que ensemble con los diputados sobreditos por el dito capitol e consello vayan a veyer la necessidat del dito Spital porque segunt aquella todos los tres stados ensemble puedan fazer la provision que conviene,referido en cada un capitol de los dichos stados lo que trobado havran seyer necessario. E encara fue movido e visto por los del dito capitol e consello que los ditos diputados, por los jurados esleyderos,hayan cargo de ordenar qualque statuto o ordinacion por la qual se provia al gasto de muchos e infinitos gallofos e echacuerbos que andan en ciudat por casas e tavernas,gastando la sustancia de los pobres que no pueden treballar e senyaladament de los del dito Spital, car si en esto se provide sinse duda augmentara la almosna del dito Spital,la qual grantment a causa de aquestos es diminuyda;e apres puesto e fecha relacion en capitol e consello firmaran el dicho statuto o ordinacion de manera que assi por aquesta via como por todas las otras que sean possibles se provida bastament a la sustentacion e aliment de los pobres del dito Spital. V . El capitulo y consejo de Zaragoza acuerda conceder una subvencion de cuatro mil sueldos al Hospital de Santa Maria de Gracia. A.M.Z.Actos Comunes de 1471,fol.229 $/ 2 2 9 /$ Item por el dito jurado fue meso en caso que ya sabian como por proveyr e la inopia e urgent necessidat del Spital de Santa Maria de Gracia havia stado fecha diputacion para conferir con los stados de ecclesiasticos e infancones, con los quales los jurados e diputados havian comunicadoe havian por cierto que farian adiutorio e subvencion en assaz quantidat, car del clero sentian farian ayuda de tres mil sueldos.E ass que viessen que se devia fazer.Por todos fue concordablement deliberado que la ciudat devia fazer lo mas que podiesse car por largo que diessen no seria mucho por seyer obra tanto pia.Empero por quanto la ciudat sta assaz onerada de otras grandes expensas deliberaron se deviessen dar e pagar para las necesidades del dito Spital quatro mil sueldos jaqueses,de los quales atorgaron assignacion a don Domingo d'Echo e don Pedro d'Oliet, regidores e ciudadanos,e que en la distribucion de aquellos se hayan de regir a ordinacion de la dita ciudat en las cosas mas utiles e necessarias. 1492,marzo,s SANTA FE. Carta de Fernando Il a los jurados de Zaragoza ordenindoles que ayuden a los regidores del Hospital de Gracia a recuperar los bienes de un judio; que han de pasar a dicha Institucion,y de los que se ha apropiado fraudulentamente la senora de Illueca. A.C.A. Cancilleria,Reg.3571,fol.11. Magnificos e amados nuestros.Por parte de los regidores del Ospital dessa ciudat de Caragoca nos ha sido fecha relacion como a los pobres del dicho Ospital pertenecen todos los bienes censales,drechos e actiones que fueron de Ramon Namias,alias Cugulla, judio, habitante de presente en la dicha ciudat y que dona Bianca de Luna e de Lanuca,de quien se dize ser el lugar de Illueca,por virtud de una cierta vendicion que se fizo fazer,segund se dize formalment, teniendo preso al dicho judio y contra su voluntad, se ha preso y occupado todos los bienes sobredichos del dicho judio,y por los defender y conservar como son tenidos a los pobres del dicho Ospital pertenecen todos los bienes, censacon la dicha senyora.Y ahun dizen que tienen otras differencias con la aljama e singulares del lugar de Brea. Suplicandonos muy homilment que fuesse merced nuestra mandarsemos que en su justicia sean por vosotros ayudados e favorecidos.Por ende vos dezimos y encargamos que a los dichos regidores presteys todo aquel favor y ayuda que de justicia y de razon prestar devays cerca la recuperacion de los dichos bienes.Datum en la villa de Santa Fe,a nueve dias de marco,anno de mil CCCC LXXXX II. Yo el rey.Dirigitur juratis civitatis Cesarauguste. Fernando el Catolico modifica las Ordenanzas del Hospital de Nuestra Senora de Gracia. A.C.A.,Can cilleria,Reg.3655,fols.164-166 /164/ Nos,don Ferrando,etc.Por las muchas y grandes obras de caridad que en el Spital de Nuestra Senora de Gracia desta ciudat de Caragoca se cumplen recibiendo y alimentando en aquel los pobres enfermos y dementes y huerfanos desamparados de padres y madres,movidos de muata devocion y desseando poner en buen orden aquella casa porque con aquel los fieles cristianos sean movidos en fazer y exercer obras de caridad en la dicha casa convinientes al servicio de Nuestro Senor y al bien de aquella, nos acordamos que en la ciudad de Burgos a'XVI dias del mes de noviembre,ano del nacimiento de Nuestro Senor Jesucristo mil quatrozientos noventa seys,por parte de los regidores y administradores del dicho Spital nos fueron presentados ciertos capitoles y ordinaciones,los quales por Nos vistos otorgamos privilegio dellos a nuestro beneplacito segund que en aquel mas largamente se contiene y al qual nos referimos. E porque tenemos informacion que 'se abusa de algunos de los dichos $/ 1 6 4 ^ { , } /$ capitoles en grande deservicio de nuestro Senor y en.detrimento de los pobres de Jesucristo, los quales acerca dello padecen damno y se spera recrecer mayor si por Nos no y era proveydo,queriendo Nos obviar aquel e usando de nuestro beneplacito como rey e sennor y patron que somos del dicho Spital, del sobredicho y precalendado privilegio revocamos,cessamos e anullamos e queremos no sean de ninguna valor ni effecto y como si otorgados no fuessen los capitoles siguientes, es a saber: El tercero, en que Ordenamos una bolsa en la qual fuessen insaculadas seys personas para que de aquella fuesse sacado cada anno uno para regidor menor del dicho Spital, segund mas largo en el dicho capitol se contiene. Item, el vintihun capitol, que fabla como se ha de insacular hun regidor por muerte de otro. Item, el vintitreseno capitol, que fabla de como el miercoles de Pasqua Florida se han de sacar los regidores,en quanto toca al regidor menor por quanto Nos lo proveemos de otra manera,y lo otro contenido en el dicho capitol queda en su firmeza y valor como sea ordenado. Item, assi mismo el vinticinqueno capitol,en que mandamos la forma como se havian de sacar dos regidores de bolsa menor.Los quales capitoles aqui mencionados queremos que sean havidos como si de palabra a palabra fuessen aqui insertados y dellos no se haya razon alguna como si otorgados no fuessen.E a mayor abundamiento corroborando e confirmando todos los otros capitoles en el dicho e precalendado privilegio contenidos de nuevo otorgamos al dicho Spital, regidores e administradores de aquel, durante empero el dicho nuestro beneplacito,assi en los que agora corroboramos e confirmamos como en los que de presente anyademos,los capitoles e ordinaciones que se siguen.Como speriencia demuestra que las cosas bien regidas e governadas prosperan y permanecen,queriendo Nos proveer y dar forma como en el Spital de Nuestra Sefora de Gracia desta ciudat de Caragoca haya persona tal de dentro de casa que por su buena administracion aquella casa venga en mucha prosperidad,y entre las otras personas que en el redreco $/ 1 6 5 /$ de aquella seran haya de haver y que haya de dentro del dicho Spital una persona que se diga y nombre prior del dicho Spital, el qual se nombrava ante regidor menor,porque mas facilmente aquel entienda en lo que cumple al bien de aquella casa y al servicio de nuestro Senor y nuestro, porque como por speriencia hayamos visto al regidor menor sacado de los que fueron insaculados no sirven personalmente sino que lo encomiendan a otros que son inhabiles por no lo entender, en gran desservicio de nuestro Sefor Dios y nuestro y detrimiento de los pobres de Jesucristo del dicho Spital, e pareciendonos que'l reverendo maestre Martin Garcia en ser persona de tanta santimonia y devota a la dicha casa y porque fasta aqui no nos ha occorrido persona tal para el dicho cargo como cumple, havemos deliberado de éncomendarle el dicho officio y cargo de prior, rogandole que por servicio de Dios y nuestro quiera acceptar aquel fasta que por Nos otramente sea proveydo de persona abil y sufficiente para'l dicho officio.E assi por virtud del presente capitol nombramos al dicho maestre Martin Garcia por prior del dicho Spital a nuestro beneplacito en lugar de regidor menor de dentro de casa, para que aquel y no otro' sea por durante nuestro beneplacito del dicho Spital, con el salario, honrras, jurisdiction e preheminencias en el precalendado privilegio y capitoles contenidas. Item,ordenamos e mandamos que attendiendo que en el capitulo vintiuno,el qual con el presente privilegio revocamos,stava dispuesto y ordenado que muriendo alguno de los regidores ciudadanos de la bolsa de regidor mayor los que demandarian ser insaculados en el dicho officio de regidor mayor se hoviessen de representar delante los jurados desta dicha ciudat, los quales havian de tener para nombrar aquellos la forma en el dicho capitulo contenida,lo qual nos ha parecido revocar,e porque mejor y mas sin passion se hayan de nombrar, ordenamos y mandamos que los dichos jurados recojan las personas que demandaran ser insaculadas en el dicho officio de regidor mayor,y aquellos que les pareceran mas habiles embien a Nos con su letra y memorial para que por Nos vistas podamos mejor nombrar la persona que nos parecera mas habil para regidor mayor,que assi nos acuerda haverlo $/ 1 6 5 ^ { \circ } /$ fecho la primera vegada y los pusimos en la bolsa,y este mismo orden mandamos que se tenga en el capitulo trenteno,remitiendo a Nos las personas que querran ser insaculadas para officio de regidor mayor por muerte de la persona que vacara,y que los jurados no se entrometan en nombrar ninguno,como dicho es,sino que lo remitan a Nos.Los quales capitoles y ordinaciones en todas las cosas en el presente nuestro privilegio contenidas queremos e mandamos se observen y guarden iuxta su serie,forma y tenor.E mas mandamos por virtud deste nuestro privilegio,ninguno proceda a extraccion de la bolsa de regidor menor del dicho Spital,como Nos por ciertos respectos y mas provecho y utilidad del dicho Spital hayamos revocado,sia en quanto toca a la insaculacion del regidor menor y extraction de aquel y otras cosas en el presente nuestro privilegio contenidas,y de nuevo hayamos proveydo para que dentro del dicho Spital prior en lugar de regidor menor. Item, visto que los regidores mayores no dan aquella cuenta que deven de su .administracion a causa que en los capitoles e ordinaciones arriba contenidos hay capitoles y palabras que implican contradiction, porque las unas dizen que se haya de dar la cuenta mercantivalmente y las otras dizen se haya de dar con un libro capace ordenado por Juan de Juan Sanchez,quondam,lugarteniente de maestre racional,a causa de la qual contrariedad se ha dexado de dar la cuenta, por lo qual queriendo Nos proveer a la indempnidat del dicho Spital ordenamos e mandamos que dende en adelante se den las dichas cuentas mercantivalmente con el libro mayor e manual como stan las cuentas del Spital y que las personas e los impugnadores dellas, las hayan a oyr a los tiempos en las ordinaciones arriba contenidas y que por aquellos los dichos regidores sean forcadas de las dar en los dichos tiempos e si lo recusaran fazer que pierdan el salario del officio que de Nos tienen. Item, por evitar fraudes y engannos que se podrian seguir en el dar de las cuentas,proveemos,ordenamos e mandamos que los regidores no puedan dar por cancela suya alvalan de mano de ninguno sino fasta en suma de ciento y cinquenta sueldos y no mas dela d'ara del presente nuestro privilegio adelante, pero que hayan de dar si mayor suma fuere apoca de mano de notario $/ 1 6 6 /$ publico y no en otra manera. E porque podrian seguirse algunas cosas en que serian menester proveerse e por ello no se dexe de fazer lo que conviene al servicio de Dios y nuestro e al beneficio del dicho Spital,es nuestra voluntad que los reverendos e magnificos el official ecclesiastico de la presente ciudad que agora es e por tiempo sera mossen Pedro Capata prior de nuestra Sefora del Pilar,maestre Martin Garcia arcediano de Daroca,el justicia de Aragon,el jurado en cap e segundo que oy son e por tiempo seran, mossen Goncalo Paternoy maestre racional, Miguel Torrero e Martin Torrellas, assi que todos juntos o la mayor parte provean lo que fuesse necessario,a nuestro empero beneplacito, faziendonoslo saber porque de lo que ellos proveyeren podamos atorgar confirmacion dello, los quales o la mayor parte dellos sean tenidos e obligados mediante juramento de juntarse en el archiu del dicho Spital para proveer en las cosas necessarias cada mes del anno una vez,y que sea el primer domingo de cada mes y quede el cargo de llamar los sobredichos al dicho maestre Martin Garcia prior, para cada domingo de cada mes,e por ninguno no sea fecho el contrario so incorrimiento de nuestra ira e indignacion e pena de tres mil? florines de oro de los bienes de qualquiere contrafaziente exhigideros e a nuestros cofres aplicaderos y de ser inhabiles.para tener officios de la dicha ciudad.E para corroboracion desta presente nuestra determinada voluntad con tenor del presente nuestro privilegio y de nuestra cierta sciencia deliberadamente y consulta y con las mismas penas,mandamos al rigiente el officio de la governacion,justicia, bayle general en el dicho nuestro reyno de Aragon, calmedina,merino,e a los jurados,capitol y consejo desta ciudad de Caragoca que agora son o por tiempo seran e a todos otros e qualesquiere oficiales e subditos nuestros de qualquiere grado, stado o dignidat que sean, quel presente nuestro privilegio e cosas en aquel contenidas,durante el dicho nuestro beneplacito tengan e guarden, tener e guardar fagan,e contra aquel ni cosas algunas contenidas en el no fagan ni vengan por alguna causa o razon,e guardense los unos y los otros de fazer el contrario si la gracia nuestra tienen cara y en las penas susodichas dessean no incorrer.En testimonio de lo qual mandamos fazer el presente nuestro privilegio con nuestro $/ 1 6 6 ^ { \circ } /$ sello comun pendiente.Datum en la ciudat de Caragoca a XXVII del mes de marco anno del nacimiento de nuestro Sefor mil quinientos y tres.De los reynos nuestros es a saber: de Sicilia anno XXXVIo,de Castilla y de Leon $\mathbf { X X X ^ { 0 } }$ , de Aragon y de los otros $\mathbf { X X V ^ { 0 } }$ ,de Granada XI. Yo el rey.
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22,463
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Los hospitalarios en la Corona de Aragón y Navarra. Patrimonio y sistema comendaticio (siglos XII y XIII)
LOS HOSPITALARIOS EN LA CORONA DE ARAGÓN Y NAVARRA. PATRIMONIO Y SISTEMA COMENDATICIO (SIGLOS XII Y XIII) THE HOSPITALLERS IN THE CROWN OF ARAGON AND NAVARRA. PATRIMONY AND TERRITORIAL ORGANIZATION (IN THE XIIth-XIIIth AND CENTURIES) María Bonet Donato Departamento de Historia e Historia del Arte Universidad Rovira i Virgili Julia Pavón Benito Departamento de Historia, $\mathrm { H } ^ { \mathrm { a } }$ del Arte y Geografía Universidad de Navarra (por orden de firma) Resumen: El estudio de la patrimonialización del Hospital ofrece una imagen de los múltiples espacios que la orden ocupó en el tercio nororiental hispano. Dichas ubicaciones fueron estratégicas con finalidades políticas y sociales, como las situadas en los ámbitos intrapirenaicos, la ruta jacobea, las riberas del Ebro, ciudades, villas, las regiones conquistadas y las fronterizas. Tal pluralidad de espacios coincidió con una variedad de fórmulas de organización comendaticia, siempre sujeta a la jurisdicción o incluso intervención prioral, que respondía en su génesis y contenido a la principal jurisdicción política. Tal estructura patrimonial, territorial e institucional significaba un cambio en la tradición dominial de los regulares y era más acorde a formas políticas como la monárquica, que había alumbrado el gran desarrollo de la orden y la había manejado como un instrumento de su incipiente proyección en el territorio. Palabras clave: orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, encomienda, patrimonio, corona de Aragón y reino de Navarra. Summary: This study of the Hospitallers’ patrimony in Northeastern Spain maps the many and diverse spaces which it covered. These places were strategic for political and social purposes and, as such, they were located in the Pyrenees region, on the pilgrimage route to Santiago and the banks of the River Ebro, in cities and villages, and conquered or frontier lands. Such a plurality of properties was matched by a variety of types of commanderies and a flexible structure, which was subject to the jurisdiction of the priory, which added thus having a political dimension. This regional, institutional and territorial organization was new in the context of the monastic tradition and more in line with political forms such as the monarchy, which had used the order it as an instrument by which to begin to project its own power across its territories. Key words: Order of St. John of Jerusalem, preceptory, Crown of Aragon, Kingdom of Navarra. Presentación. La orden del Hospital de San Juan de Jerusalén tuvo un importante despliegue patrimonial en las tierras del tercio nororiental hispano y fue sustancial comparativamente con el resto de instituciones religiosas, militares o asistenciales en el siglo XII. La implantación territorial de las órdenes militares y su particular organización espacial respondían a las nuevas necesidades de las sociedades hispanocristianas de los siglos XII y XIII. El progreso patrimonial y administrativo del Hospital en la España nororiental refleja, asimismo, la importancia que las instituciones eclesiásticas adquirieron en la nueva configuración del mapa dominical y la aparición de fórmulas de organización más sofisticadas. En este sentido, el entramado de poderes favoreció la consolidación de instituciones como las órdenes militares y la emergencia de estructuras administrativas novedosas jerarquizadas y dinámicas. El estudio de la implantación de los sanjuanistas en los reinos de Navarra, Aragón y en los condados catalanes arroja luz sobre la institución en Occidente y en la Península durante el largo siglo de sus inicios, dado que compartieron características y fórmulas administrativas. Sin embargo, también tuvieron recorridos distintos como consecuencia lógica de la adaptación de la institución a distintos escenarios políticos y sociales. En este sentido, comparar dichas realidades ofrece la posibilidad de comprender mejor la configuración dominical de los hospitalarios y sobre todo las características de una estructura administrativa muy novedosa. A lo largo de estas páginas, y partiendo de estos planteamientos, nos vamos a detener en el análisis del despliegue y desarrollo del Hospital en el tercio norte peninsular. Para ello se atenderán cuestiones claves vinculadas a la formación patrimonial y del sistema de encomiendas, la gestión de las mismas, la incidencia de otros poderes y finalmente aspectos de las economías de dichas preceptorías. Se tratará, por tanto, de observar los establecimientos sanjuanistas en espacios políticos diferentes o en territorios con escenarios sociales distintos, como eran aquellos con tradición dominical de cuño hispanocristiano y los territorios incorporados en las conquistas. La formación patrimonial fue un proceso que empezó en los años treinta del siglo XII, adquirió un impulso destacado y trascendente tras el célebre testamento del rey Alfonso I de Aragón y tuvo continuidad a lo largo de más de un siglo, es decir, hasta mediados del XIII. Dichos desarrollos se acompañaron de la generación de una destacada retícula administrativa, que tenía en la encomienda la circunscripción básica. Una mirada panorámica sobre los espacios donde se estableció la orden de San Juan muestra una variedad significativa, que conformó una territorialización heterogénea de la institución y en definitiva una adaptación a los particularismos locales. Las variantes en la configuración o dinámicas dominicales ofrecían solidez y garantías de éxito a los establecimientos, como pasó en cierto modo con otras instituciones eclesiásticas vanguardistas como el Cister. De esta forma, los sanjuanistas diseñaron una retícula de complementariedad entre los espacios urbanos, los territorios intrapirenaicos, la ruta jacobea, las riberas del Ebro, las tierras interiores de Cataluña y las vastas regiones conquistadas a los musulmanes. Esa articulación patrimonial compleja exigió una organización administrativa acorde, que fueron la cara y la cruz de una institución con novedosas funciones y encajes dentro de los poderes políticos y territoriales desde el siglo XII. 1. La formación patrimonial y del sistema comendaticio. El patrimonio del Hospital en Cataluña, Aragón y Navarra se formó como resultado de la confluencia de cambios sociales y políticos. La reorganización de la aristocracia feudal, el desarrollo del poder monárquico o condal y la expansión territorial fueron elementos conducentes a la implantación y gran despliegue de la orden. Los cambios en las relaciones de poder, del mapa patrimonial y la ampliación política y territorial cristiana favorecieron las primeras células territoriales o comendaticias. Sin duda, el influjo cruzado, principal en Aragón, y en crecimiento en Cataluña tras el proceso de la unión con dicho reino en las décadas centrales del siglo XII fue un revulsivo para la incorporación de la orden en el programa conquistador y sobre todo en su función de estabilización militar de las fronteras. La obtención del patrimonio en dichos espacios conquistados significó su plena integración y destacada función defensiva en el programa de expansión cristiana. Los primeros pasos del asentamiento patrimonial. La aristocracia de implantación territorial en Navarra, Aragón y Cataluña aportó bienes a los hospitalarios desde fechas tempranas, ya en los años veinte del siglo $\mathrm { X I I ^ { 1 } }$ , y luego la orden alcanzó una posición destacada o principal gracias al testamento del rey de Aragón, Alfonso I. Aquél se entrelazó y condicionó donaciones de los condes de Urgell, Barcelona o incluso de Pallars, así como otros donativos procedentes de la aristocracia feudal en los años treinta o siguientes2 . En Aragón, en la ribera del río Ebro, o ámbitos próximos, los sanjuanistas obtuvieron propiedades desde mediados de los años treinta en adelante, como en Mallén, Añón, y Remolinos, emplazamientos situados en el área occidental del reino de Aragón, en la zona fronteriza con Navarra, que fueron embriones de futuras encomiendas3 . Los templarios también alcanzaron bienes en la cinta del Ebro, lo que indica cómo desde temprano ambas órdenes fueron beneficiadas con tierras tanto de interés agrario como de consolidación fronteriza, no sólo frente a los musulmanes sino también ante el vecino territorio navarro, en este caso. Cabe destacar, que templarios y hospitalarios fueron establecidos en las mismas regiones, y por tanto con una pareja funcionalidad. Las primeras donaciones nobiliarias en Navarra dirigidas al Hospital, empapadas de unas renovadas concepciones y actitudes ante la guerra, y que se datan en la década de los años veinte del siglo XII, fueron seguidas por la intervención monárquica de Alfonso I y más tarde García el Restaurador, dando lugar a un primigenio conglomerado patrimonial en el área intrapirenaica de Uncastillo y Sangüesa, en las orillas del Ebro, así como en la cuenca de Pamplona4 . Esta retícula dominial, que encajaba con los principales ejes de la articulación espacial del reino, determinaría a la postre una inicial estructura comendaticia, sobre todo por la donación en las proximidades de Pamplona de collazos en Astrain y Cizur (1129 y 1136) —cuya iglesia de San Miguel recibieron también en $\mathrm { i } 1 3 5 ^ { 5 } .$ —, y la entrega del palacio e iglesia de Santa María en el burgo nuevo de Sangüesa, con sus diezmos y primicias $( 1 1 3 1 ) ^ { 6 }$ . Misivas del legado pontificio y del Papa protegieron al Hospital en sus primeras intervenciones en tierras peninsulares para obtener limosnas hacia $\bar { 1 } 1 1 3 ^ { 7 }$ . Cabe pensar que desde entonces empezaría su labor en estos territorios y la orden reunió los primeros donativos de bienes muebles, como por ejemplo en Cataluña en los años veinte de dicha centuria. Seguramente, se produjo una pronta iniciativa de mandar recursos a los ámbitos cruzados, al menos teóricamente, concretados en donativos de sumas de dinero, ocasionalmente caballos y armas en décadas sucesivas8 . A veces las concesiones de bienes muebles u otros con finalidad militar se dirigían a esta orden junto a otra u otras militares, aunque el Temple era la milicia por antonomasia9 . Todo parece apuntar a que tales bienes favorecerían actividades militares en los escenarios peninsulares y otro tipo de iniciativas como las labores prestamistas. La obtención de recursos fue el embrión de la idea de encomienda y la vinculación a intereses ajenos, distintos o lejanos al emplazamiento donde se estaba produciendo la donación del lugar a la orden, incidiendo en una gestión local poco desarrollada, y sobre todo, nada estable en las primeras décadas. De hecho, no se produjo una primera organización del Hospital en la corona de Aragón hasta mediados del siglo XII y afectó sobre todo a sus poderes centrales, aunque aparecieron los embriones o primeras realidades de algunas encomiendas. Las encomiendas eran las células territoriales de una amplia región o provincia de la orden que se encontraban bajo la autoridad prioral; que en la corona de Aragón terminaría siendo el castellán de Amposta, y en Navarra el prior de Navarra. La estructura y el gobierno de la encomienda estaban sujetos al poder central del priorato y a las obligaciones impuestas por el sistema ultramarino, es decir el Convento central. No se trataba, pues, de una estructura pareja a la cenobítica o de un monasterio, en donde la estabilidad era principal en todos los sentidos, sino que la encomienda se situaba en un sistema orgánico, y por tanto dinámico. El dinamismo afectaba a todo: a la movilidad de personas en los cargos, entre encomiendas, y significativamente a la configuración del sistema comendatario o a la variabilidad de los cargos. De la misma forma era versátil el sistema de relaciones entre los cargos hospitalarios e incluso con las autoridades regionales. Esto explicaría la unión de encomiendas bajo un solo preceptor, la división de alguna de ellas, la reestructuración territorial de otras, la transformación de cargos, como reflejan las modificaciones de la autoridad, nombre e incluso jurisdicción prioral a lo largo del tiempo. El dinamismo respondía a la concepción misma de la encomienda, que debía contribuir —comandare— a Oriente, y todo lo demás podía ser modificado en beneficio del funcionamiento general o la centralización administrativa. La función militar y los desarrollos fronterizos fueron también factores que afectaron a las dinámicas de cambio de la institución en el mismo corazón de su razón de ser y en sus desarrollos peninsulares. Esta concepción era muy distinta a cierta autarquía que había alumbrado el surgimiento del monacato, y seguía inspirando el benedictismo. Algunas funciones novedosas desplegadas por el Hospital, ajenas a la tradición cenobítica, fueron fomentadas por el monarca, puesto que respondían a sus necesidades políticas. La formación patrimonial de los hospitalarios en las diversas entidades políticas fue un proceso de larga duración, pero el elemento determinante para su consolidación como una de las principales instituciones eclesiásticas fue el testamento del rey navarroaragonés, Alfonso el Batallador. Como es conocido, el controvertido texto redactado en el sitio de Bayona en 1131, dispuso la transmisión de su potestas soberana a las órdenes del Templo de Jerusalén, del Santo Sepulcro y del Hospital. Con la muerte del Batallador, y tras la negociación formal e inicial con las instituciones beneficiadas, cuyo objeto era liquidar los problemas derivados del anómalo testamento, se emprendió un proceso de compensación y restitución en beneficio de la orden del Hospital, así como del Temple por parte del conde de Barcelona, Ramón Berenguer. IV y del rey de Navarra, García Ramírez, como ya en su día demostró Martín Duque10. Además otros elementos del testamento prefiguraron soluciones posteriores en beneficio de las órdenes, y convirtiéndolas muy claramente en instrumentos políticos del proceso de dilatación territorial hacia el mediodía, y con la función de impulsar la ocupación patrimonial y militar. La última voluntad de Alfonso I el Batallador anticipó, y en cierta forma conllevó, la instalación y destacado desarrollo patrimonial del Hospital11. De hecho, en el mencionado diploma se había reservado un papel destacado de la orden en la ocupación de los espacios a conquistar, concediéndoles Tortosa tras la eventual conquista. Este es uno de los testimonios de predeterminación para las subsiguientes localizaciones territoriales hospitalarias antes de su conquista; aunque, por ejemplo, no se llegaría a ejecutar la donación de Tortosa, salvo en unos pocos bienes testimoniales. La negociación en Aragón a raíz del testamento, llevada a cabo por el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV y el maestre del Hospital en 1140 preludiaba un diseño patrimonial singular y trascendente. La renuncia al reino por parte del Hospital comportó inicialmente la obtención de hombres con sus respectivos patrimonios y prestaciones o censos en Barbastro, Huesca, Zaragoza, Daroca, Calatayud, Jaca, así como in omnibus aliis civitatibus quas Deo iuvante poteris adquirere singulos hominibus… cum domibus et terris et vineis… Constaba, así, que el maestre del Hospital se retenía un hombre de cada “ley” con sus propiedades, en esas ciudades o villas aragonesas que se conquistarían, y en las que había más de treinta moradores12. Resulta difícil adivinar completamente el sentido y alcance de dicha “retención”, pero refleja el interés magistral por disponer de dominación en todos los centros de población, y sobre todo o especialmente en los núcleos urbanos. El término retinemus del acuerdo, se acerca en su significación a una eventual idea de retención de dominio, máxime cuando en el diploma se preveía que si el conde no tuviese descendencia legítima, el reino quedaría en manos del Hospital. Tal era la importancia de esta solución —la retención de hombres—, que la orden del Santo Sepulcro reclamó lo mismo a través del representante del patriarca de Jerusalén, que fue el mismo maestre del. Hospital Raimundo, venido de Jerusalén13. Esta fórmula, por tanto, implicaba garantías para ambas partes: estabilidad y potencialidad económica para la orden a través de modelos personales de explotación; y también estabilidad política para la monarquía. Al parecer el maestre aspiraba o consensuó una modesta patrimonialización, aunque ambicionaba tener presencialidad en todos los territorios aragoneses, y específicamente en las principales ciudades. No se trataba, por tanto de alcanzar grandes dominios en esas fechas tempranas, sino más bien asegurar rentas como se desprende de la referencia de la retención de los hombres. Quizá desde el centro de poder oriental, uno de los principales objetivos era alimentar sus necesidades en Tierra Santa, mediatizadas a través de una completa presencia de dependientes de la orden en todo el territorio. La territorialización en el reino era preponderante en relación a una eventual destacada patrimonialización, al menos en esos tiempos iniciales de despliegue. La formación del patrimonio sanjuanista en Aragón, Navarra y Cataluña se caracterizó por reunir muchas células y lugares de sus respectivas geografías, donde las agrupaciones urbanas gozaron de una centralidad destacada. Se podría entender que el acuerdo de 1140 prefiguró la territorialización de la orden en un sentido muy dilatado. A posteriori, se produjeron donativos de personas con su patrimonio por parte del rey y poderes condales, como por ejemplo la donación de un judío y un musulmán en Lérida efectuada en 1170 por Alfonso $\mathrm { I I } ^ { 1 4 }$ . Seguramente devengos de este tipo podrían enmarcarse en las variadas concreciones de los acuerdos testamentarios. En este sentido, si bien se produjeron algunos donativos de hombres a instituciones monásticas, fueron un tanto distintas. La solución de Ramón Berenguer $\operatorname { I V } ^ { 1 5 }$ para liquidar las posibles aspiraciones de los derechos de los hospitalarios en el reino de Aragón no era nueva. Ya en 1133, el conde de Urgell, Armengol VI, había dispuesto que la orden tuviese un hombre “de los mejores” en cada uno de los castillos16. No era una solución idéntica, pero compartía el sentido de territorialización que el Hospital podía adquirir, o se esperaba que desplegase. En este caso, más que la disponibilidad de rentas o dependencias en localidades, parece que podría tener una finalidad políticomilitar. El conde, quizás, aspiraba a disponer de hombres “fieles” vinculados a la orden, que serían afines a sus intereses en el mosaico de castillos de su territorio, y en un contexto de insuficiente control de su aristocracia. Una parte destacada de las encomiendas aragonesas se desarrollaron en la fértil ribera o región del valle del Ebro desde estas fechas centrales del siglo XII. Sin embargo, el conde, y luego su hijo, el rey, formalizaron algunas dádivas compensatorias por el testamento en tierras catalanas y de la expansión militar. La donación de Amposta en 1150, de otros bienes menores en Lleida o Tortosa son prueba de ello17. La concesión de la décima parte de todo cuanto se conquistase, fechada en 1157, era otro testimonio, quizá el más importante, de la actualización de los acuerdos adquiridos con los hospitalarios inicialmente, y el modo de transferir nuevos beneficios dentro de un contexto algo distinto18. Sin duda, la concesión al Temple de la quinta parte de cuanto se conquistase de 1143 sería el antecedente y seguramente el objeto de reclamación del Hospital. Al mismo tiempo su dedicación militar era ya firme y favoreció el interés condal por incorporarlos a las expediciones y ocupaciones de los ámbitos conquistados. Mientras se operaban estas circunstancias en el ámbito catalanoaragonés, marcadas por el interés mutuo de establecer mecanismos de contraprestación en pro de los intereses y beneficios de uno y otro, entre San Juan y el conde de Barcelona, bajo el paraguas del amplio proyecto de expansión territorial; en Navarra las condiciones y el entorno eran otros. El canal de comunicación del rey para con hospitalarios y templarios fue el de adelantarse para aquietar cualquier posible creación de un foco de conflicto —como de sobra tenía en otros ámbitos—, con puntuales dádivas. Asimismo, los seniores pamploneses —muchos de ellos partícipes de las campañas reconquistadoras con cooperación ultrapirenaica— e imbuidos de la nueva espiritualidad y cercanos a dichas instituciones19, serían menores en número y en peso dentro de los círculos de poder que en Aragón, quizá por la ausencia de empresas fronterizas y el escaso peso de sus ganancias y patrimonios. De manera que ello habría dado lugar a la creación de un distinto escenario, en Navarra, para el establecimiento de posibles ventajas, beneficios y futuras inversiones. Las primigenias instancias administrativas sanjuanistas y el signo político de los prioratos. Durante las primeras décadas de los establecimientos hospitalarios, no había una jerarquía territorial desarrollada en el conjunto de dominios. Esto se evidencia en que el maestre del Hospital, venido de Jerusalén, llevó a cabo la negociación por el testamento; aunque su presencia naturalmente respondía a la trascendencia del donativo y en definitiva a la particular organización unitaria de la institución. La centralización sanjuanista y el carácter colegiado de su funcionamiento se reflejaban también en que la solución fue tomada con el convento del Hospital en las partes de Hispania y junto a dos priores. Tal referencia a todos los hospitalarios hispanos unidos en una realidad conventual muestra la modestia de las pretensiones en la estructura administrativa, acorde con una patrimonialización también muy rudimentaria, al menos en 1140. Era tan elemental como para reservarse en Jaca terreno para construir un hospital y una iglesia. Todo apunta a que desde Oriente, la patrimonialización se traducía básicamente en la obtención de recursos, aunque varió muy rápidamente en las décadas posteriores. En los primeros núcleos patrimoniales surgieron las primeras dignidades hospitalarias, si bien la figura del comendador se asentaría como agente en la segunda mitad del siglo XII y no antes. Previamente, los bailíos se hacían cargo de los bienes, todavía no reunidos en encomiendas o alguna circunscripción parecida, y por tanto la figura del bailío se identificaba con un representante institucional más que con una persona al frente de una comunidad conventual y patrimonial; aunque para realidades futuras se usaría como sinó- nimo de comendador. Nos podemos fijar en las primeras células de dominios en la Cataluña central. Allí se iban produciendo donativos por parte de señores en los años treinta, que configuraron los orígenes de las futuras encomiendas del Penedès, del Vallés o de Osona20. Consta la existencia de un baiulo, de nombre Bremont que regentaba los dominios del Penedès en 1137, cuando compró los derechos de un lugar. En la misma zona, Ramon Guillem de Òdena concedió Pontons a la orden en 1138, que constaba en manos de Bernardo, presbítero y Raimundo Gomball, baiulorum iamdicto ospitalis ipsam terram. Luego en 1141, Bremont, anteriormente referido como bailío, sólo constaba como presbítero en otra donación21. En el desarrollo de los cargos del primer núcleo patrimonial en el Penedès se observa la participación de diversos responsables del mismo, sin todavía una vinculación a encomienda o parecido, aunque con la existencia de una serie de cargos menores y por tanto una comunidad incipiente. A lo largo de las décadas de los treinta y de los cuarenta del siglo XII, primeros años del establecimiento hospitalario, se registró la presencia de bailíos, aunque no se vincularon a ningún ámbito o dominio en su intitulación. En la renuncia de los hospitalarios al testamento del rey aragonés, firma un prior de nombre Martín junto al maestre. Son frecuentes las referencias a los fratres Hospitalis en las donaciones o acuerdos que afectaron al Hospital en la fase inicial de formación patrimonial y con anterioridad a la conformación comendaticia. Con todo, y pese a la aparición de cargos locales o regionales como destinatarios de las donaciones en décadas posteriores, estos acompañaban a la larga locución genérica del nombre de la orden en su referencia a la santa casa del Hospital en Jerusalén o a los pobres de Cristo. Era una fórmula identitaria que acompañaba al nombre del dignatario regional, y evidenciaba que no se perdía la referencia del sentido internacional y jerosolimitano de la orden. Incluso la donación tenía sólo como destinatario al Hospital o a los señores del Hospital22. Al tiempo que se procedía a esta implantación patrimonial, la institución iba diseñando su organización provincial y jurisdicción administrativa. Durante la primera mitad del siglo XII, los ámbitos patrimoniales en los reinos de Aragón y Pamplona y condados catalanes, tenían como autoridad de referencia occidental al Priorato de Saint Gilles, que refleja, la existencia de una centralización institucional desde sus comienzos23. Había, pues, un poder central de la orden, destinado a supervisar o gobernar el proceso de despliegue en el tercio norte peninsular vinculado a Saint Gilles en Francia meridional; así, para algunos autores la región dependía del priorato de Saint Gilles. En este plano, cabe comprender la referencia al cargo de prior del Hospital en toda Hispania del $1 1 4 4 ^ { 2 4 }$ . El mismo prior de Saint Gilles se denominaba atque Ispanie en $1 1 5 3 ^ { 2 5 }$ . Donativos importantes se dirigían incluso al maestre Raimundo, aunque acompañado del prior de Saint Gilles, como sucedió con la donación de Amposta de $1 1 5 0 ^ { 2 6 }$ . El conde de Barcelona reconoció una deuda contraída con el Hospital directamente al maestre Raimundo en $1 1 5 8 ^ { 2 7 }$ . Con posterioridad, en los años cincuenta, aparecieron las autoridades priorales propiamente peninsulares, aunque inicialmente para el tercio norte cabría apuntarse una lógica filiación provenzal. Una primera referencia a la mencionada atribución en el oriente hispano fue la de prior de Aragón y de Barcelona, magister en Aragone et in Barchinone, en este caso Guillermo de Belmes. Se trataba del documento en el que junto a Pedro de Rovera, con el mismo título pero para el Temple, se consignaban por acuerdo de permuta Mallén para el Hospital y Novillas para el Temple en $1 1 4 9 ^ { 2 8 }$ ; convenio alcanzado por ambos en el asedio de Tortosa, y en compañía de otros miembros del Temple y el Hospital. Dicha denominación refleja cómo desde temprano hubo una intencionalidad de generar demarcaciones priorales adecuadas a las realidades políticas. Sin embargo, este cargo no tuvo continuidad en su uso en el Hospital, y además llama la atención que coincidiera con el del Temple en ese momento, confirmando cierta situación coyuntural. Guillermo de Belmes consta en una ocasión como prior de Aragón en una donación en Grisén, que fechamos con mucha seguridad en 1154 y no $1 1 4 4 ^ { 2 9 }$ . La siguiente fórmula conocida fue la del prior de Navarra y Aragón, cargo que recayó también en Guillermo de Belmes desde 1154, quien junto con su sucesor Miró recibieron beneficios del rey de Navarra30. De hecho, su presencia en la documentación de la soberanía pamplonesa fue significativa en relación a su presencia en la documentación en otros ámbitos31. Eso no fue óbice para que dicho cargo obtuviese bienes en Zaragoza u otros lugares de Aragón, de manos de particulares. Así Miró fue beneficiado con bienes en Zaragoza en 1165, y constaba como qui erat prior de Saragosa et de Navarra, favorecido también en la misma ciudad por Renal de Tuleda, y denominado del mismo modo. Como indica ${ \bf M } ^ { \mathrm { a } } { \bf L }$ . Ledesma, esta relación con Zaragoza podría responder a que el regnum caesaraugustanum se mantuvo en la “conciencia de la época”32. Sin embargo, no parece tan claro que esa circunscripción o cargo abrazasen los dominios hospitalarios de Aragón y Navarra de una manera inequívoca, como veremos. La aparición y función de una realidad prioral respondió a la consolidación de la entidad política en la que se desarrollaba la orden, que finalmente explica el mapa de los prioratos hispanos. En este sentido, vale la pena llamar la atención sobre el prior de Navarra y Aragón, que no figuraba como beneficiario del conde de Barcelona o su hijo el rey de Aragón, quienes optaron por el maestre o prior de Amposta, como se denominó en las primeras décadas de su recorrido33. Seguramente la referencia a Amposta facilitaba la vinculación a la compleja unidad política surgida de la unión y tenía un ejemplo cercano en el priorato de Saint Gilles, que también aludía a la localización de la sede institucional en vez de la región. En 1154 se documenta el maestre de Amposta, quien figuraba como magister de Emposte et de villam Sancti Celedoni, es decir concretando su jurisdicción al sitio donde recibió la donación34. Este particular cargo, que combinaba la realidad prioral y la vinculación territorial refleja el dinamismo de oficios y nomenclaturas en décadas iniciales. En este sentido, el maestre se llamó también prior de Amposta, y terminó siendo el castellán de Amposta décadas más tarde, ya en el siglo XIII. La comunidad de Amposta era ya una realidad entre 1155-1157 con freires, clérigos, y conversos, al frente de la misma estaba P. Humberto, “ministro” o prior —1155-1156— y Gaufredo de Bresil en $1 1 5 7 ^ { 3 5 }$ . Para ese año había ya un comendador de Amposta, Pedro Autendo y un capellán del maestre36. Una trascendente donación de Ramon Berenguer IV, del mismo año de 1157, se destinó al maestre del convento, Raimundo y se precisó que se ponía en sus manos y en las de Guillermo de Belmes, aunque no indicaba su cargo, por entonces prior de Navarra, Reinardo de Laurada y Gaufredo de Bresil, de quien se indicaba que era el prior de Amposta con su capellán37. Concedió varios bienes y la décima parte de las tierras que se conquistarían ya referida. En esta oportunidad, como en tantas otras, había una presencia colegiada de los distintos niveles de la jerarquía, pero curiosa y significativamente el documento obviaba el cargo de Guillermo de Belmes, aunque estaba presente y aparecía justo después del maestre conventual. Pese a la aparición de la potestad prioral en Aragón y Cataluña, algunos diplomas del rey Alfonso “el Casto” se dirigieron al prior de Saint Gilles en el ámbito de la corona de Aragón, o en algún otro caso al prior del Hospital en Citramar en décadas sucesivas38. El prior de Saint Gilles continuó siendo beneficiario de documentos emitidos por las autoridades políticas relativos a temas patrimoniales, aunque a menudo figuraba en compañía de la dignidad provincial, como en los del rey Alfonso II destinados a la fijación del mapa patrimonial de los hospitalarios. Su intervención se produjo incluso cuando se trataba de discusiones o soluciones con el Temple u otros señoríos. Dichas actuaciones radicaban en el hecho de que su padre y él mismo habían sido agentes de la gran formación patrimonial. Esta situación fue fundamental a la hora de legitimar las trascendentes intervenciones que la monarquía llevaría a cabo en el patrimonio sanjuanista cuando respondió a sus necesidades o intereses. En ambos casos, se trataba de donaciones importantes que seguramente derivaban de la liquidación del testamento en un sentido estricto o de la consolidación de los vínculos con la orden en un sentido más amplio, aunque en relación al compromiso adquirido con la autoridad sanjuanista. La dirección de las donaciones a un cargo o a otro surgía de la jerarquía de la institución y no de una cierta indeterminación en la jurisdicción de los cargos. El rey de. Aragón sabía a quién destinaba sus donaciones y por qué. Estaba interesado en favorecer una unidad jurisdiccional propia y, a su vez, comprometido con la institución en un sentido más amplio a partir de las premisas del testamento. En otro orden de cosas, pero dentro de las mismas dinámicas de cierta autoridad por parte del prior de Saint Gilles en los prioratos hispanos orientales, este siguió interviniendo en asuntos de importancia y trascendencia para la orden hasta finales de los años ochenta del siglo $\mathrm { X I I } ^ { 3 9 }$ . También hubo situaciones de gran relieve para la institución, como la confirmación de la regla de Sigena en 1188, que contaron con la presencia de cargos de otros prioratos40. La participación de cargos generales que abrazaban diversos prioratos o de Hispania, en asuntos regionales o locales tuvo continuidad en los siglos siguientes41, y respondía a la misma idea unitaria fundacional que jamás perdió la institución, pese a la progresiva configuración estable de prioratos o encomiendas, claramente en el siglo XIII. Sobre el priorato de Navarra cabe apuntar a los años finales de la década de los sesenta y principios de los setenta como el momento en el que se fraguaron las circunstancias para formar una circunscripción coincidente con las fronteras del reino, en ese momento bajo el gobierno de Sancho el Sabio. El mes de febrero del año 1173, este monarca puso bajo su vinculación directa a omnibus fratribus sancti Hospitalis Iherusalem in regno meo habitantibus, hecho que desprende ciertamente una estructura independiente de la provincia navarra con respecto a la aragonesa, aunque la ausencia de la mención del cargo y persona titular del priorato en todo el texto permita afirmarlo tajantemente. Un pergamino datado el año anterior, 1172, desvela el nombre de esa probable primera autoridad sanjuanista en Navarra: García Ramírez, quien poco después sería objeto de un importante donativo por parte del obispo de Pamplona. El 30 de junio de 1173 el obispo Pedro de Pamplona concedió con su capítulo a los sanjuanistas la casa de la cofradía de Barañáin, en los terrenos que demarcan hoy aproximadamente el barrio de San Juan de Pamplona, significándose como el apoyo de la cátedra episcopal a dicho proyecto. Resulta llamativo que la donación iba precedida por la supplicatione venerabilium fratrum videlicet Petri de Areis, magistri in Yspanie [et Gar]sie Remiri sub eo prioris in Nauarra et in Aragone. Es posible, a la luz de estos indicios, que finalmente fuera en estos años, cuando se erigiera la región prioral vinculada al reino de Navarra. Aun con todo, quedarían pendientes algunos razonados retoques para hacer coincidir la geografía del rectorado del Hospital con la monárquica. En este sentido, el priorato de Navarra, como otros prioratos peninsulares, fueron expresiones de las nuevas realidades políticas, y fruto de una clara, e interesada, vinculación a las monarquías emergentes42. La autoridad sanjuanista en el tercio oriental hispano se fue ajustando al mapa político, si bien esas fórmulas regionales acordes a la formación polí- tica, no siempre fueron las referenciales sino otras como los cargos relativos a Hispania, el prior de Saint Gilles o el mismo maestre. De forma paralela se configuraron las encomiendas a lo largo de décadas. En este sentido, cabe diferenciar los procesos de patrimonialización de aquellos de formulación institucional, aunque a veces una situación podía incidir en la siguiente. En todo caso, los procesos de formación comendaticia fueron variados, respondiendo a las circunstancias locales y fruto sobre todo de la flexibilidad en el diseño institucional. La consolidación territorial y la definición del sistema comendaticio. Algunas encomiendas se formaron temprano o tuvieron al frente un comendador poco después de la reunión de los primeros beneficios territoriales, como por ejemplo las de Alguaire o Remolinos y sin embargo en otros sitios se configuraron décadas después de la generación de la primera célula patrimonial. En Alguaire los primeros donativos fueron de 1157, y en 1159 ya había un comendador, Raymundus de Pina, qui erat comendator Algoyra43. Alguaire estaba en espacios recién conquistados, en tierras fértiles bañadas por el Noguera Ribagorzana, donde seguramente apremiaba el éxito de la instalación de los sanjuanistas y de su representante. La donación de Remolinos era de 1157, constando Pedro de Avratudi como comendator en el mismo año44. En sitios como Aliaga la formación de la encomienda fue un proceso más lento. Así la fortificación de Aliaga fue concedida en 1163 a los hospitalarios, y se conoce la existencia de un preceptor en 1180, tal vez ya en 1177. No obstante, la concesión de diezmos de Aliaga por parte del obispo de Zaragoza de 1181 iba destinada al Hospital y a los freires, y no parece que hubiese continuidad o estabilidad en el cargo de preceptor45. Además otros donativos en Aliaga a finales del siglo XII fueron para el comendador de Amposta o el maestre de la orden —que era el de Amposta—, y sólo en 1200 se citaba al comendador de Aliaga, Miquel de Sella y otros freires allí residentes, como el capellán, el clavero —tesorero— e incluso otro comendador llamado de Vila Roja46. La importancia de algunas encomiendas, y en parte también de sus sedes, dio lugar a que fuesen elementos de centralización o dominación sobre ámbitos territoriales amplios. Así en la encomienda de Zaragoza se iban concentrando donaciones a mediados del siglo XII, aunque la primera referencia a comendador es de 1165. Los donativos del rey Alfonso II culminaron el desarrollo patrimonial de la encomienda de Zaragoza, donde les concedió la zuda en 1180, con clara finalidad militar y otros bienes en tierras del Jalón47. Como indica ${ \bf M } ^ { \mathrm { a } } \mathrm { ~ L ~ }$ . Ledesma, sorprende que estas tierras del Jalón se vinculasen a la encomienda de Zaragoza en vez de la de Calatayud, más próxima. Todo apunta a que, como sucedió más tarde en el caso de Amposta-Ulldecona, los sitios principales de la orden forzaron vinculaciones a sus encomiendas, pese a no ser las más “racionales” o “naturales”. Así Zaragoza fue una entidad principal en la institución hospitalaria aragonesa, donde finalmente se estableció la sede de la castellanía de Amposta en el siglo XIV. Referida la importancia de Zaragoza, conviene sólo mencionar que el asentamiento de los hospitalarios en enclaves en el valle del Ebro o sus afluentes fue muy destacado. La importancia que adquirió Zaragoza en el seno de la institución, incluso Amposta en la desembocadura del río, podrían explicarse por la trascendencia que el río ejerció a modo de eje en la territorialización patrimonial de la orden. Diversas áreas en torno a Calchetas, Mallén, Añón, Remolinos, Calatayud, la Almunia de Doña Godina —ambos en el Jalón—, Grisén, la misma Zaragoza, dominios en Pina de Ebro y Caspe reflejan la presencia hospitalaria en las fértiles tierras centrales aragonesas48. Otros ámbitos de ribera en el Cinca o en la Noguera Ribagorzana fueron también sede de encomiendas y de amplios desarrollos patrimoniales. Aunque el poder del comendador se fue asentando, es importante destacar que el gobierno de las instancias comendaticias estuvo vinculado a las decisiones colegiadas, y significativamente a la centralización prioral desde sus orígenes. Podemos tomar como ejemplo la concesión de tierras a censo en la encomienda de Alguaire, donde el maestre de Amposta intervino sistemáticamente junto al comendador, y otros freires49. También las cartas de población fueron libradas por el maestre de Amposta, y más tarde castellán, a menudo acompañado por uno o varios comendadores50. Las acciones de los priores en las encomiendas junto a sus comendadores, e incluso acompañados de algún otro preceptor respondían a los conceptos de autoridad central y unitaria de la institución. Además se combinaba o reforzaba con el principio de soluciones colegiadas también característico y emblemático del Hospital. Acuerdos trascendentes que afectaban al patrimonio fueron resueltos por el maestre y varios comendadores, a veces durante la celebración del capítulo provincial51. En el capítulo se atendían todo tipo de situaciones y especialmente a las patrimoniales o jurisdiccionales, como en 1216 cuando el capítulo promulgó los fueros de Aliaga o en 1254, reunido en Amposta, se establecieron derechos y deberes de los habitantes de Caspe52. En el Pirineo Oriental, y con la sucesión de hechos políticos vinculados al reino de Pamplona-Navarra a lo largo del siglo XII, la cartografía prioral tuvo que adaptarse a un espacio bastante diferenciado con respecto a Aragón. El entramado territorial gobernado desde Pamplona había quedado alejado de la frontera con el Islam —si bien acogía significativos núcleos poblacionales mudéjares en el valle del Ebro—, surcado por la ruta jacobea y sin el acceso al mar en su frontera septentrional, a partir de 1198-1200, momento en el que Castilla anexionó la fachada vascongada. Esta situación de “interioridad” de este reino hispánico, así como las pequeñas dimensiones espaciales —poco más de $1 2 . 0 0 { \bar { 0 } } \mathrm { k m } ^ { 2 } - $ , además de las peculiares características socioeconómicas, mediatizaron y dieron lugar a un modelo comentaticio regional singular y aparentemente poco dinámico por su cariz rural. En principio, las rentas de la orden habrían de extraerse de pequeñas explotaciones agropecuarias, asentadas y aglutinadas asimismo sobre las más tradicionales y estratégicas áreas locales, definidas históricamente en circuitos de complementariedad económica. Estas áreas, en las que a lo largo del siglo XII se irían asentando los hospitalarios, fueron: la cuenca de Pamplona, como articuladora de los valles anexos pirenaicos, donde establecerían la sede de Cizur Menor; el valle de Aibar por el que discurría el camino de Santiago, y que organizarían inicialmente desde el foco de Leache; Tierra Estella como nudo de comunicaciones entre los espacios pirenaicos y las rutas a la Meseta, cuya sede principal fue Echávarri y, por último la ribera del Ebro, la desembocadura del río Aragón o riberas tudelanas, inicialmente focalizado por Calchetas. Entrado el siglo XIII, también hicieron su aparición las encomiendas de Ultrapuertos, sobre unas tierras atlánticas vinculadas a San Juan de Pie de Puerto y cuyas sedes serían Apat-Hospital e Irisarry53. La inicial adaptación de la geografía comendaticia a la geografía polí- tica, trajo consigo el ajuste sanjuanista a las dinámicas y circuitos internos socioeconómicos navarros; de forma que las encomiendas pasarían a tener un perfil de irradiación comarcal básicamente rural. Este perfil fue distinto para el caso de las tierras reconquistadas en tiempos de la casa de Aragón, caracterizadas por un poblamiento concentrado en agrupaciones humanas dedicadas a la explotación de los recursos de las vegas de los ríos, y que permanecerían —con ciertas matizaciones— a lo largo de la duodécima centuria, ya en manos cristianas. Por otro lado, la ausencia de los elementos dinamizadores fronterizos, militares o de comercio a gran escala en el priorato navarro, no incidieron negativamente en el desarrollo y asentamiento del cuadro comendaticio. Más bien, la orden aprovechó y gestionó otros recursos, básicamente agropecuarios, que a la postre también les permitirían dar estabilidad a su red patrimonial y al equilibrio de sus finanzas, especialmente a partir de mediados del siglo XIV. Proyección en las fronteras y función militar en Cataluña y Aragón. Las conquistas de la Cataluña Nueva comportaron la incorporación del Hospital a los programas militares del condado de Barcelona, y posteriormente al resto de conquistas del reino de Aragón hasta mediados del siglo XIII. El conde, y luego el rey fueron benefactores y protectores de la orden. Dicho patrocinio regio comportó un marcado intervencionismo en el patrimonio sanjuanista en momentos y circunstancias distintas. Tal situación encajaba en el dinamismo de la institución y respondía a la prestación de servicios de la orden en pro de los intereses conquistadores y en definitiva del poder político condal o regio. En distintos documentos de donación de fortificaciones fronterizas o en tierras andalusíes del conde, y más tarde del rey de Aragón —su hijo—, se aludía a la función combativa y militar de los hospitalarios frente a los musulmanes, que constituía una locución singular entre los instrumentos coetáneos referidos a concesiones patrimoniales semejantes. Las proclamas beligerantes precedían a donativos a los hospitalarios tan importantes como Amposta en 1150, que también comprometía Oropesa aún por conquistar, la décima parte de todo lo que se conquistase a los musulmanes en 1157 junto a otros bienes, o la de los castillos de Cervera y Cullera de 1171, que se alcanzarían con las conquistas de Jaime $\mathrm { I } ^ { 5 4 }$ . Dichos designios se tradujeron en la participación de los hospitalarios en las conquistas, y a su vez fueron compromisos para la obtención de los patrimonios concedidos. En alguna oportunidad se destacaba su importancia en la defensa y propagación de la fe cristiana y su despliegue en Oriente y Occidente en un sentido más de reivindicación funcional o de propaganda, como hizo el rey Pedro II al conceder y confirmar al Hospital una serie de privilegios en Cataluña y Aragón en $1 2 1 0 ^ { 5 5 }$ . También Jaime I, poco antes de emprender la conquista de Valencia, concedió en esas tierras los castillos y villas de Torrente y Silla a los hospitalarios, indicándoles que serían “adquiridos” por ellos o por él. Esta disyuntiva entre el rey y la orden refleja cómo la institución quedaba integrada en el programa de conquista como agente del despliegue militar y beneficiada patrimonialmente precisamente por dicha acción56. La concesión del conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV de Amposta con un amplio dominio en 1150, algo después de la conquista de Tortosa y en respuesta a su participación en dicha empresa perseguía establecer un enclave militar defensivo. Por eso, el mismo conde financió una fortificación para que el Hospital garantizase la defensa de la frontera con Al-Andalus de un punto estratégico en la entrada del río Ebro, fundamental para la seguridad o proyección mercantil de la vecina Tortosa y en definitiva de la cuenca del Ebro con el Mediterráneo. Según se ha visto, su dignatario de Amposta asumió la máxima autoridad de la orden en Cataluña, Aragón como prior o maestre de Amposta en el siglo XII, y finalmente castellán de Amposta ya en el siglo XIII, como Eximeno de Lavata en 1206 o Pedro de Cornellá en 1227. Sin embargo, en las décadas iniciales del siglo XIII la titulación varió de forma elocuente y también se dieron coincidencias de cargos en una persona según lo que era una característica de la orden57. Ocasionalmente, se llamó maestre en Cataluña y Aragón como hizo Pedro López de Luna en 1177, Martín de Aibar en 1200 y Fulco de Cornellá llamado magistrum in Emposta et toto regno Aragonis et in Cathalonia en $1 2 2 1 ^ { 5 8 }$ . La fortificación fue la sede principal o destacada de la institución desde la segunda mitad del siglo XII, como se refleja en el hecho que el poderoso conde de Urgell quisiese ser enterrado en Amposta en 1208, donando su caballo y armas, en clara alusión a la significación militar de la orden y su sede59. Otros donativos patrimoniales o la incorporación de personas a la orden se fueron acompañando de donativos de armas y/o caballos, reflejándose así el reconocimiento de la función militar del Hospital60. En las tierras de la corona de Aragón, el término castellanía de Amposta se impuso ya en el XIII, siendo excepcional en Occidente donde se usó el distrito provincial o regional conocido como priorato y el locativo del reino. El término debió responder a la posición de vanguardia militar de Amposta que ejerció hasta 1233. Fijándonos en el caso de Amposta, se pueden observar los procesos de crecimiento patrimonial a partir de un núcleo hasta dominar una región y las vicisitudes en la definición del sistema comendaticio. Así el distrito de Amposta se amplió con la donación por parte del rey Alfonso II el Casto de la fortificación principal de Ulldecona en 1178, con la misma finalidad de disponer de otro potente enclave militar meridional apostado en la frontera misma. Los hospitalarios debían consolidar la defensa de esta zona fronteriza, sobre todo una vez conquistada la región vecina del Matarraña o del Maestrazgo turolense y reducidos eventuales ataques desde el interior. Cabe situar esta donación en el programa más amplio del rey Alfonso de confiar la ocupación del Bajo Aragón a diversas órdenes militares, algunas claramente más favorecidas que la del Hospital61. Seguramente, la orden también fue recompensada por su casi segura participación militar en la contienda con algunas donaciones. En la zona fronteriza de Aragón, el Hospital tenía el referido núcleo inicial de Aliaga desde 1163, recibió del rey Villarroya de Pinares en 1190, y vinculada a la encomienda de Aliaga, y en sus últimas voluntades Samper de Calanda más al norte. Otros donativos en Aragón llegaron de la mano del mismo rey, como Pilluel en 1167, Torrente en 1174, Grisén en 1177 y Caspe en 1181/2, que muestran la trascendencia del patrocinio regio en la patrimonialización sanjuanista62. Sobre Ulldecona, cabe indicar que la primera ocupación se hizo en torno a la fortificación andalusí, y los freires infeudaron el término al poderoso linaje Montcada en 1191 —también por intervención del rey—, que tuvo el dominio hasta 1241. Desde el último cuarto del siglo XII, el distrito de Ulldecona estuvo sujeto a la vecina encomienda de Amposta, existiendo un subcomendador de Ulldecona en 1239 que aparecía nombrado junto al comendador de Amposta y Ulldecona. En Amposta, desde 1157 ya había un comendador, que vivía junto y bajo la autoridad hospitalaria del maestre, quien también residía allí. Vale la pena llamar la atención sobre el ejemplo de Ulldecona, puesto que no se convirtió en encomienda hasta muchas décadas después, y además fue objeto de infeudación. Tal acción podría ser el resultado de derechos antiguos por parte de los Montcada, beneficiados con tierras por el conde con quien mantuvieron disputas. En todo caso, el proceso de centralización desde Amposta es evidente, puesto que a pesar de una cierta distancia con Ulldecona —a unos veinte kilómetros—, y sobre todo dada la condición estratégica principal de dicha plaza fronteriza, el comendador de Amposta regentó el dominio en el distrito ulldeconense63. Seguramente la importancia alcanzada por la comunidad hospitalaria en Amposta, jugó algún papel en dicha dependencia y la configuración de un único distrito fronterizo militar. La variedad y condición de los cargos que nos son conocidos para el convento de Amposta, se correspondía a su entidad como sede y con una destacada orientación militar. Así había un senescal, un mariscal, un camarero, un comendador de Amposta y un notario del maestre entre 1222 y 1227, además de otros miembros64. Incluso el comendador de Amposta se llamó: preceptoris Emposte et Uldechone et totius frontarie65. Finalmente, Ulldecona formó una encomienda ya en los años setenta y después de la pérdida de Amposta por parte de la orden a partir de la intervención del rey y a su favor, aglutinó los derechos de su vecina preceptoría desde $1 2 8 0 ^ { 6 6 }$ . Este sería uno de los ejemplos de la realidad patrimonial hospitalaria sujeta en última instancia a ciertos intereses de la monarquía y finalmente intervenida por el mismo rey en su emblemática sede de Amposta. Pese a la pérdida del ámbito de Amposta, durante años se utilizó el cargo de comendador de Amposta y actuó en el amplio distrito del Montsià, unido eventualmente a Cervera en $1 2 8 3 ^ { 6 7 }$ . Este ejemplo da testimonio de la existencia de un ámbito comendaticio surgido, amparado e intervenido sobre todo por los intereses políticos; aunque la institución amplió en otros sitios de su interés el mapa patrimonial, como en la Aldea o en la Rápita a lo largo del siglo XIII68. Irradiación y ordenación comendaticias en Navarra. En Navarra el mapa comendaticio fue definiéndose al compás de las donaciones recibidas y de las actuaciones de los miembros de la orden durante la segunda mitad del siglo XII, para ir diseñando una homogénea y rentable retícula patrimonial. Poco después, la configuración definitiva de la circunscripción prioral, a comienzos de la década de los setenta, acabaría por procurar, poco a poco, estabilidad a la enmarcación jurisdiccional y proyección económica de aquellas. De entre los cuatro focos que acabarían por centralizar las cuatro primigenias encomiendas navarras: Sangüesa, Cizur Menor, Calchetas y Echávarri, destacó inicialmente la primera, ya que las donaciones del Batallador los cuatro años anteriores a su muerte, además de su situación sobre un núcleo urbano del Camino de Santiago, pudieron ser determinantes para su conversión en sede de una encomienda69. Así se documenta un primer representante, de nombre Pedro Ramón en 1165 —comendator de illo Hospital de Sangossa—, mucho antes de la constatación de los comendadores de Cizur (1181), Echávarri (1187) y Calchetas (1189)70. La posesión del palacio y la iglesia en el burgo nuevo de Sangüesa desde el primer tercio del siglo podía haberse convertido en el punto de partida para la conformación de una importante encomienda. Pero, lejos de ello, el incremento patrimonial no fue sustancial ni determinante, además de que otra serie de componentes en el conjunto de la trama geoestratégica y socioeconómica navarras arbitraron un mayor peso de otras sedes. Cizur, junto a la capital, y en la cuenca de Pamplona, y sobre la ruta jacobea, congregó la presencia hospitalaria sobre las fértiles tierras intrapirenaicas. Calchetas, en pleno valle del Ebro, albergó la casa hospitalaria en las feraces vegas de los cursos fluviales ribereños; y por último, Echávarri, próxima a Estella, encuadraría una destacada encomienda, también próxima a la ruta por excelencia de peregrinación hispana y lugar donde se documenta el primero de los capítulos sanjuanistas navarros (1189)71. Merece la pena destacar que estos centros hospitalarios navarros de Cizur, Sangüesa o Echávarri, como sucedió con Zaragoza o Huesca, y en un cierto modo Barcelona, eran centros en creciente auge, los primeros, o localizaciones urbanas, para el caso catalanoaragonés. Un modelo y un desarrollo espacial también contrastable con la tradición benedictina o cenobítica. Las razones de la articulación territorial fueron muchas y diversas, pero la conexión con la autoridad política regia debió favorecer tales situaciones, así como su vinculación con el comercio, las vías mercantiles y la cercanía a los ámbitos tradicionales de poder, alimentada en última instancia por las necesidades o conexiones con Tierra Santa. Como se ha referido y ejemplificado en Ulldecona, la estructura comendaticia era dinámica y adaptable; sujeta a las necesidades del gobierno central regional, y así se observa que las encomiendas en calidad de centros de distritos, dentro del priorato navarro, sufrieron las lógicas variaciones en su localización. Así en el valle de Aibar, franja de contacto con Aragón a través de la red fluvial de mismo nombre y en el margen oriental del reino, se constituyó primigeniamente la sede comendaticia de Sangüesa, tempranamente desplazada por la villa de Leache, que sería sustituida en el siglo XIII por Iracheta (una localidad cercana), y nuevamente suplantada por la mencionada Leache para las centurias bajomedievales. Por otro lado, así como en la parte septentrional del reino, entre el prepirineo y los valles pirenaicos, se tendió a concentrar las unidades de explotación alrededor de unas pocas y estratégicas sedes comendaticias; en la parte meridional se dio un fenómeno distinto. Tradicionalmente, la historiografía se ha venido fijando en la feracidad de las tierras ribereñas, aptas para los regadíos y comunicadas con las vías comerciales del valle del Ebro hasta su desembocadura más allá de Tortosa. No obstante, la fijación de una dinámica y numerosa población sobre núcleos urbanos y rurales ciertamente importantes, así como el peso de los mudéjares, mayoritariamente encargados de los trabajos agrícolas, también influyó sobre la articulación comendaticia entre estas tierras. Así, localidades como Calchetas72, Tudela, Cabanillas, Fustiñana y Buñuel, relativamente cercanas, llegaron a convertirse en sedes comendaticias, dibujando un cuadro de gestión muy activo a nivel económico en la frontera con Aragón. De hecho Cabanillas y Fustiñana, en el margen izquierdo del Ebro, fueron señorío del Hospital73; villas sobre las que ejerció la jurisdicción ordinaria, además de nombrar a sus alcaldes74. El mapa de estas encomiendas albergó un número elevado de sedes, lo que invita a pensar en el peso de cada una de esas localidades microregionales, de manera que para el siglo XII se registró una red formada por 17 encomiendas; en el siglo XIII creció hasta 21; para la decimocuarta centuria la suma alcanzó la cifra de 28, disminuyendo en la centuria siguiente hasta media docena aproximadamente75. Este número de encomiendas en relación a los espacios gestionados es divergente del modelo que contemporáneamente se desarrolló en Aragón, y en gran medida también en Cataluña. Y, asimismo, dicha retícula no quedó desequilibrada por la importancia de una encomienda concreta, priorizada por las donaciones y foco de vida comunitaria; aunque cabe mencionarse Cizur por su gran actividad económica dentro de la Cuenca de Pamplona; o Calchetas en la ribera de Ebro. Crecimiento de los dominios y de las encomiendas desde el último cuarto del siglo XII. Los hospitalarios consolidaron y alcanzaron en esas décadas finales del siglo XII dominios, y finalmente encomiendas en ámbitos fértiles de ribera tanto en Aragón como en Navarra. En el caso aragonés se consolidó en el somontano oscense, donde establecieron las preceptorías de Barbastro o de Huesca76 y en el Bajo Cinca, en Torrente y en Sigena desde el último cuarto del siglo $\mathrm { \dot { X } I I } ^ { 7 7 }$ . En ésta había una comunidad hospitalaria y la reina Sancha fundó un convento femenino en 1187, que evolucionó hacia una comunidad dúplice y disfrutó de un estatuto especial en el seno de la castellanía de Amposta, no exento de controversias con el castellán, hasta que se confirmó su independencia en 1498. En cuanto a la organización, merece la pena detenerse en el hecho que la priora de Sigena gozó de una autonomía importante en el seno de la institución. Tanto era así, que el rey se dirigía a ella como priora, sin recordar su vínculo con el Hospital. La comunidad femenina de Sigena fue trascendental para la monarquía, no sólo porque fue el lugar escogido para ser enterrada la reina Sancha, esposa de Alfonso II y su promotora, su hijo Pedro II el Católico78; sino porque fue archivo de la Corona y lugar donde la monarquía depositó sus insignias reales79. Alfonso II fue también promotor a petición de Sancha e incluso Jaime I escogió este sitio para su entierro en alguna ocasión, aunque no se llevó a término80. Esto no fue óbice para que el castellán intentase imponer una serie de restricciones a la priora como en 1226, recordándole que su cargo estaba sujeto al suyo según se había previsto en las normas de 1188, que habían fijado las condiciones de gobierno del convento femenino hospitalario81. Cabe observar cómo allí se había establecido una normativa, que refleja la excepcionalidad del priorato en el seno del sistema comendatario en formación. Tal autonomía comportó su independencia de facto del maestre o castellán y la resistencia a pagar el subsidio anual. Por eso en la normativa de 1188 y 1226 se insistía que Sigena debía pagar el subsidio anual, embrión de las responsiones a Tierra Santa82. Tal consideración refleja cómo la autonomía económica de la priora era limitada por el castellán. Entre los acuerdos de 1226 hay indicadores de la importancia del monasterio y de su priora. A ella se le obligaba a llevar un séquito de nueve monturas y dos damas, y montar con el permiso del castellán, salvo en las ocasiones impuestas por los negocios de la casa. Tenía que atender a los huéspedes, pero no podía asumir paniaguados o recibir monjas sin permiso magistral. El rey contribuyó a la autonomía de la priora, e incluso la apoyó en temas de discordia con el castellán como la recepción de religiosas83. Retomando las múltiples situaciones que favorecieron el engrandecimiento patrimonial, cabe subrayar cómo la participación militar de los hospitalarios se premió con una serie de beneficios territoriales tras la conquista de Valencia en la zona del norte de Castellón y en otros lugares valencianos. Se cumplían compromisos y promesas anteriores, como Cervera del Maestrazgo84, y Jaime I consolidaba la presencia de los freires en la región con donativos en Burriana, Sant Mateu o Càlig, que enlazaba territorialmente con su dominación en el sur de Cataluña. Se formó un gran distrito sanjuanista, aunque fueron encomiendas distintas. Otros bienes fueron librados al Hospital como Benirrage, en Alcudia, en Silla, la mitad de Cullera, Oropesa, y otros85. En esta región conquistada, las preceptorías se formaron rápidamente, donde aparecieron los cargos de comendadores. Así, en 1235 al librarse la carta de población de Cervera, ya había un comendador de nombre Dominico de Antiviana, o Raimundo de Ciri, comendador de Oropesa, junto al castellán, al comendador de la vecina encomienda de Amposta y otros como el comendador de Mallorca y el prior de Amposta. Un año antes, y por tanto sólo uno después de la conquista ya estaba el comendador en Cervera, quien libró la carta de población de Càlig86. ¿Por qué en los sitios conquistados recientemente, Cervera, Oropesa o incluso Mallorca, de poca entidad, aparecieron comendadores con rapidez? $\therefore \mathrm { P o r }$ qué concedieron cartas de población inmediatamente después de la conquista? La rapidez en la creación de encomiendas, en contraste con situaciones anteriores o incluso coetáneas con visos de flexibilidad se explica por las necesidades militares y de sometimiento de la población conquistada, que afectaron a la zona que era entonces frontera. Por eso, las cartas de población perseguían asentar a los nuevos pobladores o dominar a los ocupados. 2. Las encomiendas: comunidad, trama social y explotación del patrimonio. Las encomiendas fueron las células principales de la organización territorial y a pesar de este claro valor referencial fueron objeto de asociación o división en función de momentos y necesidades concretas de la orden, donde primaba la comprensión unitaria del patrimonio. Además existieron otras entidades en el marco del sistema comendaticio, como las subencomiendas o los miembros de encomienda y más tarde los abadiatos y los prioratos. Según se ha visto, el comendador actuó a menudo sujeto o dependiente a la autoridad prioral y junto a otros comendadores o miembros de su comunidad. Observando el ejemplo del sistema organizativo de Navarra, mejor conocido que el de Cataluña y Aragón para nuestras fechas, el prior estaba a su cabeza, y dependiendo de él un número variable de comendadores, entre los doce y veintiocho, que refleja la flexibilidad y el dinamismo del sistema comendaticio. Los comendadores, miembros de la nobleza local desde finales del siglo $\mathrm { X I I ^ { 8 7 } }$ , tanto de primer como de segundo orden, eran los encargados de gestionar y velar por la administración de los bienes, con el objeto de procurar las rentas que repercutían a la postre en el propio priorato y en el envío de las responsiones a la casa central en Ultramar. No obstante, al describir simplificadamente este esquema, aparentemente sencillo, cabría entrar a valorar no sólo el origen social de los freires navarros, sino también su papel dentro del esquema regional de la orden, su número —escaso y fluctuante, quizá entre 100 y 200 miembros—, la evolución de sus funciones, la relación con el resto de la sociedad y sus posibles implicaciones políticas como prohombres dentro de los círculos de poder88. Dichos parámetros de análisis, deberían aplicarse igualmente a la figura del prior, y más durante la etapa que se inicia en 1234, con la muerte de Sancho el Fuerte, y a partir de la cual se registran decisiones priorales estrechamente relacionadas con las circunstancias generales, ultramarinas o hispanas, así como políticas, caso por ejemplo del gobierno de los priores franceses (1270-1332)89. Se ha citado el escaso número de miembros que componían el priorato navarro, y siempre teniendo en cuenta la complejidad de interpretación de los datos documentales. S. García Larragueta, señala que podrían ser algo menos de dos centenares para la duodécima y decimotercera centuria, cifra que Barquero Goñi hace extensiva para el resto del medievo90, suma comparativamente exigua si se toman como referencia otros prioratos. No obstante, la cantidad fue más que suficiente para articular la gestión patrimonial; sobre todo por el apoyo de la monarquía en el siglo XII y la nobleza local en los siglos XII y XIII. Sigue siendo difícil a día de hoy, conocer con detalle el funcionamiento ordinario de las comunidades sanjuanistas de fratres hasta entrado el siglo XIV, aunque se sabe de su existencia en Cizur y Bargota; o saber cuantos centros asistenciales funcionaron hasta entonces91. La trama y las vinculaciones sociales: donadores y benefactores. La gestión de las encomiendas comportó desde un inicio la ampliación de los dominios mediante compras, apropiaciones, donaciones de particulares, que a veces conllevaron vinculaciones personales con la poderosa institución. El proceso afectó al primer siglo de la implantación del Hospital y sólo se prolongó en lugares concretos. Sin embargo, hubo momentos de especial crecimiento del patrimonio sanjuanista, como las últimas décadas del siglo XII en Aragón, en ámbitos de Cataluña y también en Navarra92 cuando los llamados redondeos se acompañaron y coincidieron con el aumento de donados y miembros de la orden93. El patrimonio de una entidad comendaticia aumentó de diversas maneras y algunas personas afectadas por el despliegue de la institución quedaron unidas espiritualmente a la orden y al entramado social dependiente de la misma. La pérdida de los derechos de propiedad o tenencia por parte de benefactores de la institución fue compensada mediante diversas fórmulas de asociación con el Hospital. Estas favorecieron los donativos y paliaron las consecuencias negativas para quienes se desprendían de su patrimonio. Sin duda, la mayor parte de las soluciones reflejan un cambio social por parte de los donadores, quienes a título personal obtenían alguna condición o prerrogativa para hacer frente a la pérdida de parte de su fuente de riqueza e incluso en algún caso de su totalidad. El pago de una compensación monetaria por parte de la orden a quien había contribuido con una dádiva patrimonial refleja el empeoramiento de las condiciones económicas del benefactor, o al menos la provisión de cierto nivel de resarcimiento. La compensación se llamaba de manera elocuente “limosna o caridad”, como los veinte morabetinos que Rodrigo y Urraca obtuvieron al confirmar una viña en Codo al Hospital94. De todos modos, el mismo término se usaba para referir algunas donaciones efectuadas a la institución. Otro conjunto de donativos al Hospital obtenidos en sus múltiples establecimientos patrimoniales o comendaticios de las primeras décadas concitaron fórmulas de protección transitoria a favor de los benefactores. Esto se llevó a término al demorar la ejecución de la integración del bien al patrimonio sanjuanista previsto en ciertas donaciones votivas mediante las llamadas donationes post obitum95. Los donadores podían disfrutar del bien hasta su muerte, aunque en ocasiones debían contribuir con una renta, como los dos cahices de cereal, que Pedro Sobrino y esposa comprometían en su donación post obitum de una heredad en Huesa. Se especificaba que la renta era de recognitione y daba testimonio de la dependencia adquirida por los donadores con la orden al perder sus derechos96. Incluso algún benefactor fue compensado con otros bienes como la cesión vitalicia de la iglesia de Campos obtenida por Adán de Alcalá sujeta a rentas y tras haber donado un tercio de todo su patrimonio97. En otras oportunidades, los donantes obtenían el derecho a trabajar las tierras que habían sido de su titularidad, como sucedió con Pedro Forbidor y su esposa que libraron sus tierras de Zaragoza a la orden en una típica donatio reservato usufructo en $1 1 5 7 ^ { 9 8 }$ . Era uno de los procedimientos manejados por la orden para paliar el cambio socioeconómico que se avecinaba al donador ante la futura pérdida de los derechos patrimoniales y que cubría las necesidades de los donadores en vida. Entre los benefactores de bienes al Hospital, destacan los que quedaron vinculados como beneficiados, donados o confratres. Así en las encomiendas de Aliaga (Aragón), Echávarri, Cizur, Calchetas y Bargota (Navarra), dichas donaciones referidas a veces como limosnas reportaron beneficios espirituales, como el derecho a ser enterrados en su cementerio, común a otras sedes de la institución99. Otros promotores, menos en número en relación a los recibían sepultura, quedaron ligados a la institución de maneras variadas, pero no como freires, sino a lo sumo como fratres speciales100. A veces, la persona vinculada era recibida con sus bienes como “beneficiada”, y por tanto cabe pensar que quedaba sujeta a un estatuto de protección, pero no completamente integrada a la comunidad conventual como caballero o freire101. En la aceptación de un matrimonio como beneficiados, se especificaba que dispondrían de bienes sicut unus fratrum nostrorum; por tanto, quedaban unidos en cuanto a la disponibilidad material como si se tratara de un freire, pero no eran recibidos como tales102. En la admisión de Guillem de Salanova como beneficiado hacia 1214, se identificaba su categoría con el término “donado”, y se indicaba que podría integrarse o bien a la casa de Vallmoll o a la de Amposta. Sin embargo, asimismo se estableció que podría tomar el hábito, la cruz, aportando sus armas, y situándolo inequívocamente como caballero en esta segunda posibilidad103. Por tanto, las categorías de los eventuales miembros de la institución estuvieron también sujetas a cierto dinamismo o variabilidad, como en este caso que se contemplaban como posibles dos categorías y dos comunidades para Guillem de Salanova. Se llegó a especificar que la condición de ser miembro de la orden comportaba que los bienes y persona del concedente quedasen “bajo la custodia y protección de la orden” como en la aceptación de confratres. La categoría de confratre era la más próxima a ser miembro de la orden, como Pedro Garcés Almoravid (1192) o Juan Martínez de Mañeru, futuro prior (julio, 1240-abril 1250), quien hacia 1230 se había entregado como donado, junto con su hija, o Elvira Íñiguez de Sada104; de hecho, algunos donadores quedaron sujetos a la orden con esta cláusula105. La protección convenida con los donadores por el Hospital resolvía la situación vital o vitalicia de los afectados por la pérdida patrimonial, y afectaba sólo y como excepción a algunos miembros de la familia amén de los donantes. Así en 1172, una dádiva comportaba que el hijo del concedente, Lupo, sería miembro de la orden, confratre, y precisaba que los hospitalarios debían enseñarle a leer. El amparo se extendía en este caso a la madre de su hijo, que recibiría vitaliciamente una renta anual procedente de la heredad concedida o bien su cuarta parte106. Juan de Collato y su hijo Domingo Juan se entregaron a la orden con su patrimonio, aunque su hijo afirmaba que podría disfrutar de los bienes de su padre en caso de morir después. No obstante, deberían pagar anualmente una renta y el padre encomendaba a sus otros dos hijos a la orden hasta la edad de doce años, dejándolos luego bajo “el consejo y la ayuda” del Hospital107. Un número menor de donaciones, en general importantes, conllevó la vinculación del benefactor a la orden, como Sancho de Tarazona, quien concedió el dominio de Aliaga y otros bienes en 1163, vinculándose como fratre in vita et in morte. Además explicitaba que tomaba la cruz, en clara alusión al sentido cruzado de la institución108. De forma parecida, Ramon de Siscar concedió una “dominicatura” en Alguaire, fijada en rentas agrarias en 1192, y se acordó la posibilidad de que fuese freire caballero del Hospital. Puede interpretarse como una solución de “amparo” puesto que su donación comportó el pago de una suma por parte de la institución, ya fuese movido por alguna necesidad o respondiendo al interés de ampliación patrimonial de la institución109. Otras vinculaciones a la orden fueron de carácter colectivo, como sucedió con la comunidad cristiana de Grisén en 1178. Conforme al documento, los habitantes cristianos se entregaron con sus bienes, casas y heredades, al Hospital con el fin de quedar bajo el amparo de los freires y sujetos a su “defensa”, explícitamente en la paz y en la guerra. Además se detallaba que si un cristiano era objeto de ataque o prejuicio por parte de un musulmán, la orden lo detendría y castigaría110. Cabe advertir como la orden del Hospital era percibida como garante de la “paz” o de la protección de una comunidad. En este caso es fácil imaginar tensiones entre musulmanes y cristianos en Grisén, y en ese contexto la “voluntaria” vinculación de los cristianos a la orden. La preferencia o la preeminencia de la protección a los cristianos es evidente porque hasta 1211, la aljama no recibió la “amparancia” del Hospital111. Ambas referencias aluden a la especificidad de la institución como orden militar y en especial a las funciones que socialmente se le reconocían, y que desarrollaron en sus patrimonios. Los múltiples procesos de donación y vinculación personal o familiar a la “trama social” de la institución en expansión eran el resultado de acuerdos, forzados a veces por la necesidad, por las estrategias de consolidación patrimonial del instituto y no siempre asumidos por los “benefactores”112. Hay testimonios en esta dirección como la negación de la donación del molino de Canava por parte de Blasco de Cabañas en 1182, o la reformulación de convenios con mejores compensaciones para los donadores, que advierten de la resistencia ante la ampliación patrimonial de los hospitalarios113. Muchos fueron los pleitos judiciales que la institución afrontó para fijar su patrimonio en todos los territorios del tercio oriental hispano a lo largo de los casi dos siglos primeros de su establecimiento, y en especial durante la primera centuria de presencia solariega. Se trata de uno de los testimonios más elocuentes acerca de la compleja realidad del crecimiento de recursos y bienes, y que merecería, en otra ocasión, una atención monográfica. La funcionalidad de la rama femenina. La variedad de vínculos personales que las comunidades sanjuanistas fueron desarrollando con las sociedades locales al paso de su crecimiento tuvieron su correlato en las comunidades conventuales, que fueron cambiantes en su organización, liderazgo y gobernanza. Resulta elocuente de la estrecha conexión con las aristocracias locales o regionales el florecimiento de la rama femenina y su encaje con las comunidades masculinas, como se puede observar con los monasterios de Sigena y Cervera. En el priorato navarro no se documentará ninguna corporación de mujeres similar si bien no con el mismo alcance— hasta el siglo XIV, con el convento Bargota114. La primera de las comunidades femeninas en los territorios hispanos fue fundada en Grisén en 1177 por el rey Alfonso II, seguramente a instancias de la reina Sancha115. Una vez más, la monarquía patrocinaba una nueva fórmula en la orden que tendría gran trascendencia. En Grisén, doña Maior congregó unas cuantas socias según decía el diploma del rey, y las estableció específicamente bajo su protección y defensa. En ese sentido, dejaba claro que el maestre y los freires no debían intervenir en el patrimonio de las dominas ni permutarlo, permaneciendo ellas allí. La comunidad, como sucedería con Sigena se forjó bajo una fuerte protección regia y Alfonso II garantizó explícitamente la autonomía de las hospitalarias en relación con los freires116. Con todo, y como sucedió en muchos otros centros femeninos de la orden, se desarrolló una comunidad dúplice y las relaciones con los freires o autoridad masculina fueron cambiantes117. En los años siguientes, doña Maior intervino en diversas transacciones, en general junto al maestre de Amposta, llamándose priorise de Ricla et usque ad flumen Yberis, o como nobilissima o sorore, como por ejemplo en la concesión de las cartas de población de la Almunia de Doña Godina y de Alpartir, junto a los freires118. Su carisma mantuvo una especial autoridad en los primeros años de su gobierno, y en 1184 o 1191 el oficial local era el comendador de Grisén, quedando luego dicha dominación bajo la órbita de la encomienda de Zaragoza. Otros testimonios catalanes muestran momentos de liderazgo en manos de la comendadora/priora, incluso proyectado o ejercido en la comunidad masculina. Tal preeminencia estuvo a menudo relacionada con el carisma, o si se prefiere fue el resultado de la condición social destacada de la comendadora. En la comunidad femenina de Cervera (Lérida), su priora, Marquesa, llegó a estar al frente de la comunidad masculina, y cuando ella administró el poder comendatario, al frente de la comunidad de freires hubo un lugarteniente de comendador, o más tarde subcomendador119. Dichos cargos estuvieron sujetos a la autoridad de Marquesa y actuaron por mandamiento de ella, quien de hecho reunió más poder incluso que un preceptor. En 1245, las autoridades del Hospital concedieron a Marquesa una serie de prerrogativas, excepcionales en las fórmulas de gobierno de la orden, que le permitían aceptar freires, monjas y donados, e incluso nombrar un comendador120. Era una situación singular y prevista sólo en relación a su persona, puesto que tras su defunción, el castellán decía claramente que nostri auctoritate possimus recuperare. Sin embargo, en una segunda concesión de Cervera a Marquesa, su hija Gueralda fue confirmada como su sucesora al frente de la comunidad, y dicha solución refleja el alcance del poder de su madre121. El protagonismo de Marquesa fue tal que en un capítulo provincial pidió el traslado de su comunidad femenina. Se le concedió el establecimiento en Alguaire en 1250, donde había una comunidad masculina122. Fue entonces referida como comendadora de Cervera y Alguaire, aunque en las decisiones se acompañó de freires y monjas, y no mucho después, en 1266, había un comendador en Cervera, todavía dependiente o vinculado con Marquesa123. Todo apunta a que Marquesa alcanzó un poder muy destacado debido a sus orígenes familiares, puesto que era miembro de una familia muy notable, los Cervera, y sobre todo ella fue una destacadísima benefactora de la orden del Hospital124. En la comunidad dúplice de Isot, en 1261, menos documentada, también hubo una comendadora al frente de la comunidad femenina y de la masculina125. Las comunidades femeninas desplegaron tareas asistenciales, y su formación en el marco de una encomienda masculina era justamente para atender a peregrinos o enfermos como sucedió con la congregación de donadas en la encomienda de Siscar a inicios de los años ochenta del siglo XII. Las monjas o donadas tuvieron también un destacado protagonismo en los asuntos de esta encomienda, y lo que es más importante, los miembros de la aristocracia local las tenían en una destacada consideración126. El convento femenino de Bargota, que florecerá entrado el siglo XIV, situado en la ruta jacobea y en las proximidades de Estella, también pudo tener una fundación o apoyo inicial regio; si bien los testimonios históricos documentales impiden aclarar en qué momento y bajo qué condiciones tuvo lugar el asentamiento conventual127. No obstante, y a pesar de la lejanía con los modelos aragoneses, en Navarra también hubo constancia de la existencia de seroras, nomenclatura aplicada por S. García Larragueta128, o freiras. De hecho, este autor manejó la hipótesis —por otro lado, nada inverosímil— de la posibilidad de que el conocido como monasterio de Dueñas de Barañáin, y que acabaría conformando el núcleo religioso de San Pedro de Ribas, albergara alguna comunidad de sanjuanistas; si bien a día de hoy sigue sin poderse hacer ninguna afirmación concluyente. Aún con todo, los diplomas recogen también una variedad de realidades y vinculaciones de dependencia femeninas para con el Hospital, similares a las de las situaciones de los donados y que invitan a pensar también en beneficiadas, donadas o confratres129. Desde mediados del siglo XIII en ámbitos catalanes, aragoneses y navarros, los donativos procedían de la aristocracia local, coincidiendo con el fin del patrocinio regio. En los ejemplos vistos de Cervera y Alguaire, algunas viudas de familias de la nobleza local o regional fueron benefactoras e ingresaron en las comunidades. Ambas situaciones muestran como la inserción de la orden en las realidades aristocráticas locales, y muy claramente en la rama femenina, propiciaron un mayor arraigo del Hospital en el medio aristocrático regional, distinto que el desarrollado por otras órdenes militares. La pluralidad funcional del Hospital y la identificación y soporte de esta realidad, por parte de la sociedad local o regional, contribuyeron a la viabilidad y refuerzo de la institución tras la pérdida de Tierra Santa. Explotación del patrimonio. La explotación del patrimonio respondía a un amplio proyecto que abarca factores variados y variables. Así ese conjunto de actuaciones gestoras que englobaban, a saber: la recepción de dádivas territoriales y derechos dominicales, el control de los espacios productivos, la exacción ordenada de los recursos, la obtención de recursos extraordinarios, la mejora y racionalización del patrimonio, además de la compensación de las posibles pérdidas, se articularon distintiva y desigualmente en este amplio lapso temporal de los siglos XII y XIII, y sobre las diferentes áreas comendaticias. Sirva como testimonio de dicha variedad, las tierras del Pirineo Occidental y Oriental, sobre las que se desplegó el patrimonio del priorato de Navarra o incluso en Cataluña, que presentaban, en principio, una realidad socioeconómica similar a la existente en otras regiones hispanas lejos del control musulmán a comienzos del siglo XII. Este escenario, que tradicionalmente se encuadra en el amplio marco señorial, social y jurídicamente complejo, presuponía que la base de la obtención de rentas, y en definitiva de la economía, giraba en torno a la explotación de los recursos agrarios. La explotación de los bienes del Hospital se llevó a cabo mediante los establecimientos a censo o heredades a censo en las tierras de la corona de Aragón y Navarra, aunque otras modalidades como las cartas de población fijaron las condiciones en determinados ámbitos y con las comunidades campesinas. A menudo las cartas respondieron a las necesidades de impulsar el poblamiento o fijar la residencia de los campesinos, y establecieron el marco general de los requisitos de la explotación agraria. Junto a los compromisos derivados de estos contratos, otras rentas completaban las obligaciones campesinas. En este sentido, en el priorato navarro, el sistema de explotación articulado para la gestión y rendimiento del patrimonio se basó en la carga censal anual: censos, pechas o tributos, como reflejan los textos documenta$\log ^ { 1 3 0 }$ . Así lo afirmó, en su día, S. García Larragueta, quien al caracterizar los modelos económicos de la orden para los siglos XII y XIII, indica que se ven como notas dominantes el fraccionamiento de la propiedad, muy repartida, y el régimen señorial atenuado y convertido en un sistema de explotación a base de censos anuales131. Esta definición de la realidad de la explotación del patrimonio, aparentemente simplificadora, sigue precisando, en cierta forma y a pesar de los nuevos análisis temáticos y revisiones historiográficas, el sistema dominial bajo la potestad directa e indirecta del Hospital. Los censos reclamados se inspiraban en las prácticas y tradiciones locales. Así en tierras centrales de Cataluña, como por ejemplo en las administradas por la encomienda de Sant Valentí de Vilafranca la exigencia del censo era del cuarto o en algún caso del quinto de la cosecha, aunque en la misma zona, en una masía concedida al matrimonio formado por Pedro Bernardo y Arsenda, éstos pagaban un par de capones y una medida de cebada junto al cuarto en $1 1 5 2 ^ { 1 \hat { 3 } 2 }$ . En la encomienda de Siscar, el comendador concedió una explotación —capmàs—, sujeta al pago anual de un sexto de los cereales, un tercio del vino y la mitad de la fruta y de los productos de huerta133. Estas fórmulas se registraron en ámbitos conquistados en el siglo XII también134. Además las exigencias de parte de cosecha se aplicaron, a su vez, a comunidades agrarias a partir de la carta de población, como la petición del tercio a los labradores de Torrente de Cinca en $1 1 7 6 ^ { 1 3 5 }$ . En los contratos agrarios ad plantandum de encomiendas aragonesas se llegó a repartir las rentas ad medietatem136. Junto a esta modalidad de pago de rentas sobre la cosecha, se desarrolló y finalmente estabilizó la percepción de rentas fijas por parte de la orden durante el siglo XIII. Dicha fórmula era más ajustada a la realidad financiera de la orden, necesitada de sumas estables para contabilizar y pagar las responsiones137. Esto coincidía con el proceso de superación de tipos de renta más irregulares, y contestadas por la población como por ejemplo las “peytas”. En Caspe, las rentas arbitrarias, “peytas” y “questias”, se transformaron en un pago anual de 300 sueldos en 1254, al parecer tras la negociación con el consejo de la localidad138. En muchos “establecimientos” catalanes o contratos agrarios, se fijaba una cuota anual en metálico, aunque a veces se especificaba su posible satisfacción en especie139. Los dependientes en la explotación dominial: las comunidades musulmanas y los collazos. Otro de los aspectos destacables en la explotación agraria del patrimonio sanjuanista fue el recurso a la utilización de los sometidos musulmanes como exaricos y mediante otras fórmulas aplicadas a las comunidades mudéjares. Esto era el resultado de la ocupación de ámbitos de persistencia de población musulmana en Aragón, en Cataluña Nueva y en tierras valencianas, que además favoreció su sujeción a los señores, la especificidad de orden militar y regular del Hospital. En distintos lugares del patrimonio hospitalario hubo comunidades mudéjares, que fueron destacadas en el medio rural de la ribera del Ebro, o en los afluentes como en el valle del Jalón y del Huerva, siendo incluso la población mayoritaria en determinados enclaves como Grisén. Algunos musulmanes obtuvieron contratos de explotación semejantes a los de los cristianos, pero sus condiciones fueron en general peores y distintas, y muchos fueron sometidos al régimen de exariquia140. En 1207, Mahomet de Rex y su hijo Abceyd se “ofrecieron” como exaricos en una heredad del Hospital en presencia de los cristianos y musulmanes de Ricla, significándose públicamente su nueva situación. El documento es elocuente de la consideración diferenciada del colectivo, ya que se insiste que las prestaciones que comporta dicha condición son las que los otros musulmanes de Aragón deben al rey141. Las rentas exigidas a los musulmanes eran más onerosas que las de los pobladores cristianos, se les impedía transferir la tenencia y pagaban rentas distintas como la “alguaquela” o la “sofra” dependiendo del sitio. Las características de las órdenes militares permitían el sometimiento de la población musulmana que en ocasiones fue levantisca y sujeta a un mayor control que aquella cristiana. Algunas aljamas, como la de Silla, se levantaron en contra de sus señores hospitalarios, pero la institución tuvo mecanismos para reducir y castigar a los musulmanes. Dicha comunidad fue deportada al norte, a la Aldea —muy cerca de Amposta— y sus bienes en Silla concedidos a cristianos a mediados de siglo $\mathrm { X I I I } ^ { \bar { 1 } 4 2 }$ . Esto se relaciona con una de las singularidades del priorato navarro, como fueron las vinculaciones agrarias con las comunidades judías, más que todo financieras143, y en último término con las mudéjares, recibidas del Temple a partir del siglo XIV. Estas últimas, numerosas sobre la cinta del Ebro, fueron especialmente activas en los trabajos agrarios, de manera que no extraña la emisión de una carta de población, por parte del prior Guido de Severach, que reorganizó la comunidad musulmana de Urzante en $1 3 1 2 ^ { 1 4 4 }$ , y estableció las condiciones para fijar a una población que articulaba importantes espacios en el área de Cascante. Otra de las realidades propias de la explotación y campesinado en Navarra fue la de los collazos. El clásico sistema dominial del Hospital, que principalmente se apoyó en las vinculaciones contractuales establecidas dentro de un marco señorial entre las autoridades del priorato con sus collazos145, designación genérica aplicada a campesinos ligados a la explotación de unas tierras, sufrió también variaciones y evoluciones hasta finales del siglo XV. Asimismo esos collazos presentaban una serie de características que los hacía diferentes a los clásicos siervos, ya que, según consta en los documentos, parece que su vínculo era económico más que social; y así se desprende de las listas de relación de pechas y pecheros elaboradas en las encomiendas durante el siglo XIII: Cuenca de Pamplona, el valle de Ulzama, Olaz, Arlegui, Cizur, Zariquiegui, Óriz, Leache o Zufía146. Dicha práctica de relaciones censales, cabe señalarse también, que se llevó a cabo durante dicha centuria por parte del Temple: Aberin (1263 y 1268), Garínoain, Sansomain. Por ello, la dependencia jurídica y las contraprestaciones serviles fueron más tenues, y muchas veces sustituidas por cargas censales, caso de los labradores de Zufía (1221), Esténoz y Acella (1254), Yárnoz (1255), Gomacin (1278), Marcaláin y Garciriáin (1284), Nuin (1286)147. No obstante, ello no significa que arrastraran algunas cargas serviles, incluso durante los siglos XIV y XV, inherentes al sistema de dependencia de la época y del territorio navarro (cena, Cizur Menor, 1309). Si bien procederá analizar con mucho mayor cuidado la implicación de los términos “collazo” y “collación” a partir, aproximadamente, de 1300, pues quizá fuese asumiendo en parte una significación diferente, ganando peso la cuestión económica del arrendamiento entre personajes de condición libre, respaldados por los sanjuanistas con el objetivo de avivar o renovar las actividades agrarias sobre tierras fértiles: Cizur Menor (1309), Labiano (1318) e Imarcoian (1338)148. La destacada proyección patrimonial en ciudades y villas. El reino de Pamplona-Navarra estaba lejos de los grandes circuitos comerciales andalusíes, si bien fue favorecido por la vertebración de la ruta jacobea y el renacimiento urbano. Probablemente este fenómeno de crecimiento, entre otras razones, influyó para que los sanjuanistas fueran beneficiados con el palacio y la iglesia de Santa María en el burgo nuevo de Sangüesa, por parte de Alfonso I el Batallador (1129), y más tarde con los palacios reales de Estella, por iniciativa del monarca Sancho el Sabio (1165). Pocos años después recibirían una casa en Barañáin, a las afueras de los burgos pamploneses (1173), de manos del obispo. Los establecimientos, con un perfil netamente urbano del Hospital, se considerarían idóneos, no sólo para centralizar futuras redes organizativas, sino también, para impulsar su labor asistencial a lo largo de la ruta compostelana; e incluso para introducirse en los circuitos económicos de dichas ciudades. En este sentido, la orden del Hospital logró un nivel de proyección urbana en los territorios estudiados superior y distinto al que otras órdenes regulares contemporáneas alcanzaban a desarrollar, con la salvedad de las mendicantes. Era común que las grandes comunidades cenobíticas, como las cistercienses, tuviesen su casa en las ciudades, pero los hospitalarios tuvieron encomiendas con sede urbana como la muy destacada de Zaragoza, u otras como Huesca, Lérida o Barcelona149. También obtuvieron casas y tierras en Valencia en 1238, así como propiedades en sus proximidades, Cullera, Torrent o Silla. Zaragoza fue una encomienda riquísima, con muchos ámbitos dependientes y gran cantidad de tierras. No obstante la importancia rural, cabe llamar la atención sobre la cantidad notable de casas diseminadas por varios barrios de Zaragoza, cuyos censos constituyeron la fuente primordial de ingresos de la casa central de la encomienda según sostiene M. L. Ledesma150. Tal situación expresa contundentemente la importancia de los censos urbanos para la orden, y sobre todo la variedad de recursos y procedencias que alimentaban una compleja economía. La pluralidad de espacios, de fuentes de renta y de fórmulas de explotación constituían un entramado económico que tenía en la acumulación de recursos, en principio para Ultramar y finalmente para otros quehaceres, una característica principal de su dinámica en la definición y explotación patrimonial. Dicho acervo financiero convirtió al Hospital en una institución acaudalada que podía efectuar préstamos como por ejemplo al mismo rey. En el caso navarro, y a pesar de que la monarquía impulsó la presencia de San Juan sobre importantes focos urbanos del Camino de Santiago, la retícula y gestión de los bailíos se basó principalmente sobre la administración del patrimonio y rentas agrarias. Además, el cuantioso mapa de encomiendas navarras se sostenía a partir de focos de habitación campesinos. De hecho, el tramo norte del priorato se vertebró sobre encomiendas establecidas a partir de villas agrícolas de tradición centenaria, caso de Cizur, Leache, o Iracheta. Y en su tramo sur, las encomiendas se asentaron sobre unas localidades agrarias, igualmente, pero con unas características un tanto distintas a las pirenaicas y prepirenaicas. De hecho, estas últimas habían heredado la fisonomía poblacional de los modelos musulmanes: núcleos de tamaño medio que aglutinaban a una activa población rural y generaban activos intercambios comerciales locales y regionales. Es el caso de Tudela, Villafranca, Calchetas o Ribaforada. De forma análoga en los territorios de la corona de Aragón, las ciudades menores o villas secundarias fueron sede o ámbito de despliegue patrimonial sanjuanista. Sirva como testimonio la presencia patrimonial o comendaticia, dependiendo a veces de la cronología, en Calatayud, Caspe, Fraga, Vilafranca del Penedès, Cervera, y en las menos destacada Sant Celoni o Ulldecona por mencionar algunas. En estas localidades como en las ciudades referidas, la orden obtuvo patrimonios urbanos y rentas de casas u otras actividades urbanas. Organización poblacional agraria: auge de poblaciones y oligarquías rurales. Las cartas de población constituyeron el marco legal desplegado por los hospitalarios para favorecer la población de determinados núcleos de habitación rural, concentrar la población y sobre todo impulsar la explotación agraria de su término. La orden concedió cartas de población en ámbitos de las conquistas de los siglos XII y XIII en Aragón, Cataluña Nueva y Valencia. Mediante estos instrumentos los hospitalarios perseguían fijar a los pobladores, o atraer a nuevos habitantes, y legislaron sobre aspectos de la vida local, como, por ejemplo, la corrección o contención de la violencia151. La población o ocupación era fundamental para garantizar el éxito de las conquistas, y las órdenes, en este caso el Hospital fomentaron la población. La monarquía había implicado a las órdenes en esta dirección como en la donación ad populandum de la villa de Sollavientos al Hospital efectuada por. Pedro II en 1205 para favorecer la ocupación cristina conforme a las consignas de la institución152. La urgencia de poblar determinados distritos hospitalarios motivó la concesión de distintas cartas como las otorgadas en localidades del Maestrazgo de Castellón153. La carta de población de Cervera de 1235 estaba destinada a promover la ocupación cristiana al haberse desplazado a los musulmanes fuera de la localidad. Además en esta y otras de la región, se fomentaron las contribuciones militares de los moradores y fueron objeto de exigencia tributaria relacionada con expediciones, como el quinto que se arrogaban los hospitalarios en los botines, captura de hombres y ganado efectuados por los pobladores de estas localidades154. Eran encomiendas de frontera o de tierras recién conquistadas, y dicha condición implicaba a los pobladores del dominio en las actividades específicas del emplazamiento. Sin embargo, la orden reclamaba este tipo de prestaciones en otros ámbitos de su jurisdicción que no eran fronterizos, como en la encomienda de Sant Celoni, no sin resistencia de sus habitantes. No querían participar en una hueste que sus señores, los hospitalarios, habían organizado para luchar en Hispania, aunque una sentencia de 1203 validó los derechos de la orden en su derecho de hueste155. El proceso de concesión de cartas de población fomentó o consolidó la existencia de oligarquías rurales que fueron agentes del gobierno comendatario, como los repartidores o divisores, quienes dividían las parcelas de cultivo entre los agricultores dependientes como se ordenaba en las cartas de población del Montsià o en la de Cervera156. Los beneficiarios de las cartas eran personas destacadas de la localidad o región y los cultivadores, a quienes se les exigía que fijasen residencia en casos como en la Font de la. Ametlla o Alcanar, garantizándose así la explotación agraria y en definitiva las rentas. Los hospitalarios requerían prestaciones agrarias en los documentos poblacionales como diezmos, primicias, la tasca y otros censos agrarios, o rentas jurisdiccionales como las militares referidas157. Tales exigencias eran sólo parte del conjunto abigarrado de obligaciones censitarias y jurisdiccionales a las que estaban sometidos los labradores del patrimonio hospitalario y dependientes del poder comendaticio. La lejanía de la frontera musulmana, así como la ausencia de espacios navarros por reorganizar ya en el siglo XII, motivó que los sanjuanistas tuvieran un papel protagonista en un proyecto que no existió para este priorato, pero sí para el resto de prioratos hispanos, como en el de la castellanía de Amposta, esto es la reconquista y la repoblación. De manera que al margen del señorío sobre casi una veintena de villas, dos de ellas de origen templario, el prior no tuvo la actividad de implicaciones poblacionales de otros ámbitos peninsulares. De manera que sus relaciones con los núcleos de población se encuadran, más bien, en otro ámbito; esto es el de los conflictos por las rentas señoriales (1387, Oteiza; 1432, Ribaforada), e incluso eclesiásticas, y las prestaciones complementarias (1330, Aberin). A modo de conclusión. La aparición, implantación y desarrollo de la orden de San Juan de Jerusalén en el tramo oriental del tercio peninsular —la unidad geomorfológica del valle del Ebro con sus márgenes montañosos pirenaico, ibérico y la banda costera mediterránea— diversificó y enriqueció los horizontes y contornos socioeconómicos de las tierras bajo el dominio de la soberanía aragonesa y pamplonesa. La irrupción de una nueva institución con carácter religioso — pero claramente diferenciada del sistema monástico—, tutelada por el Papado y con perfil internacional inscribió un sistema organizativo inicialmente extraño a los modelos existentes a comienzos del siglo XII. Esta formación patrimonial y el desarrollo institucional del Hospital en el tercio nororiental hispano fueron singulares en el conjunto de la renovación de los regulares de dicha época. La funcionalidad, si se quiere las funcionalidades, militar, asistencial, la rama femenina, y las condiciones administrativas de la orden favorecieron su desarrollo en el marco de las nuevas realidades sociales y políticas. El patrimonio sanjuanista abrazó todo tipo de ámbitos territoriales y significativamente los estratégicos, ya fuese en lo económico o en lo polí- ticomilitar. En ese sentido, los enclaves hospitalarios salpicaron las variadas geografías de los territorios aragoneses, catalanes o navarros. Las propiedades y sus desarrollos comendaticios se ubicaron en tierras del Pirineo, en cuencas fluviales feraces, en ciudades, en localidades secundarias y en la frontera, no sólo frente a los musulmanes, sino entre Navarra y Aragón. La monarquía o los condes, inicialmente, tuvieron un papel preponderante en su asentamiento, al igual que en Castilla, procurando la protección y ampliación de su patrimonio y creando un modelo de conducta seguido por la nobleza, influida asimismo por los patrones de la nueva espiritualidad y en última instancia por el interés de participar en los flujos económicos de protección y ayuda a los freires que custodiaban y protegían los Santos Lugares. No obstante, la vestimenta de institución supranacional centralizada en los asuntos del Oriente Latino, cubría un cuerpo en Occidente con miembros regidos por unos mismos principios, pero con rasgos distintivos. De ahí que la organización interna de los prioratos analizados tenga, al igual que en otras de las circunscripciones algunas particularidades, reflejando, a fin de cuentas las trayectorias y modelos de funcionamiento regionales en una demarcación como sujeto y a la vez objeto de una gestión interna y externa. La territorialización patrimonial de los sanjuanistas fue, en gran medida y por tanto, resultado del patrocinio regio y de un programa impulsado por la monarquía. Para las principales figuras políticas de estos reinos y territorios, el Hospital y también el Temple, sirvieron a varios propósitos de proyección y dominación de regiones sobre las que pretendían o empezaban a ejercer algún tipo de autoridad, para el caso de las empresas aragonesas. En ese sentido, las demarcaciones priorales fueron de cuño político en su gestación y consolidación, aunque tales formaciones no impidieron que los respectivos líderes políticos mantuvieran el reconocimiento y vínculos con los poderes suprarregionales ligados a la centralidad institucional. La institución formaba parte de una estructura internacional unitaria que le procuró un tipo de administración centralizada, colegiada y dinámica. Estas características proporcionaron a su vez un modelo de organización comendaticia que era versátil y adaptable a las necesidades. En ese sentido, en determinados ámbitos como algunos de los recién conquistados, las encomiendas se formaron muy rápidamente, mientras que en otros la autoridad comendaticia estuvo diluida y a veces asociada a una preceptoría mayor. Algunas encomiendas fueron minúsculas, otras abrazaron importantes patrimonios y tales dimensiones o desarrollos eran el reflejo de un patrimonio variado y adaptado o diseminado en ámbitos bien distintos. La teórica obtención de un hombre de cada religión en distintas villas aragonesas que se había reservado el maestre del Hospital era premonitoria de una patrimonialización que sería una territorialización de células de cierto interés estratégico, económico, social o militar. Navarra presentó un modelo de formación patrimonial mediatizado por las circunstancias políticas del alzamiento de García Ramírez, al margen de las disposiciones del Batallador y de los acuerdos posteriores suscritos en Aragón. No obstante, no sólo fueron los entornos diplomáticos de la presión castellano-aragonesa, que dejaron a Navarra sin un frente activo o frontera ante el Islam y quebrando a la vez unos más que deseables horizontes de ensanchamiento social. Sino que también la recepción de la institución se hizo sobre un territorio caracterizado por una economía rural, local y de propiedad fragmentaria. De hecho así se refleja en las compras y donaciones de las elites locales y de la nobleza que se documentan desde la década de los sesenta y setenta del siglo XII. La nota dominante de la articulación del sistema comendaticio dibujó, por tanto, esa realidad, sin que por ello repercutiera negativamente en el desarrollo y funcionamiento del Hospital. Llama la atención, empero, las acciones por rehabilitar o revitalizar las explotaciones, en actuaciones cuyo objeto fue rentabilizar algunas explotaciones de escaso rendimiento, ampliar los lotes de tierras con otras posesiones, fincas, granjas o dominios complementarios, como al mediodía de la cuenca de Pamplona o en las riberas del Ebro (Calchetas, Cabanillas y Fustiñana). De manera que las actividades, que soportaban la población pechera —campesinos, pecheros o exaricos—, tuvieron como denominador la constante mejora y racionalización de unas rentas que, aunque dispersas en género y geografía, confluían hacia un mismo punto organizativo. En los ámbitos de la unión de Aragón y Cataluña, el testamento concitó una serie de beneficios territoriales en tierras conquistadas y sobre todo significó la vinculación e instrumentalización del instituto por parte del conde y luego la monarquía. Los embriones de encomiendas, y sobre todo su funcionalidad radicaban en las necesidades de dominación sobre tierras y poblaciones, ya fuese en la frontera o en el valle del Ebro, que el Hospital podía resolver con ciertas garantías por sus características. Así algunas preceptorías formaron parte de la ocupación de espacios fronterizos, otros recién conquistados y en algunos con población campesina musulmana sometida. Además otros emplazamientos en ciudades o villas ofrecieron una articulación territorial novedosa en la medida que territorializaba una variedad significativa de sitios, y en forma bien distinta a la conocida para un monasterio con un centro con subámbitos de dominación. La patrimonialización del Hospital se acompañó de fórmulas de compensación para aquellos sujetos afectados por el proceso, quedando temporalmente vinculados a la institución o a su patrimonio dependiendo de los casos. La explotación de dicho patrimonio revistió fórmulas distintas en las modalidades de censos y cartas de población, creando lazos y obligaciones diversas como la emergencia de oligarquías rurales o las exigencias militares, significativamente en determinados ámbitos. Los variados procesos referidos culminaron en la existencia de una institución de corte eclesiástico en su concepción y al servicio de las nuevas realidades políticas, territoriales y por supuesto sociales. Así la importante patrimonialización se fue acercando a una destacada territorialización con espacios y una pluralidad de núcleos centrales que configuraban una complejísima y amplia retícula para la provisión de recursos y la dominación territorial.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La actividad crediticia de un hospital turolense a través de la compra de censales (1482−1517)
LA ACTIVIDAD CREDITICIA DE UN HOSPITAL TUROLENSE A TRAVÉS DE LA COMPRA DE CENSALES (1482-1517) THE FINANCIAL ACTIVITY OF A HOSPITAL IN TERUEL FROM THE VIEWPOINT OF THE PURCHASES REDEEMABLE ANNUITIES (1482-1517) Esther Tello Hernández\* Institución Milá y Fontanals (CSIC. Barcelona) Resumen: Entre todas las posibilidades que ofrece el estudio de las instituciones de beneficencia en el tránsito de la época medieval a la moderna, se encuentra el análisis de los hospitales como instituciones que proporcionan crédito a pequeña escala. Una clara muestra de ello es el hospital de san Juan Bautista y santa María de Villaespesa de Teruel, el cual— entre 1482 y 1517— compró más de 120 censales a campesinos y artesanos de Teruel y su entorno. Palabras clave: Corona de Aragón, hospitales, crédito privado. Abstract: Being concerned with the analysis of welfare institutions in the Late Middle Ages and the Early Modern Period, this study addresses, at a small scale, the study of hospitals as institutions that participated actively in private debt. To this end, we will go througth the accounts of the hospital of san Juan Bautista and santa María de Villaespesa, located in the city of Teruel. Between 1482 and 1517, these hospitals bought more than 120 redeemable annuities from farmers and artisans of Teruel and its surroundings. Keywords: Crown of Aragon, hospitals, private debt, censales. Introducción. En una publicación reciente T. Huguet escribía que el estudio de los hospitales permite al historiador capturar realidades imposibles de entrever en otros escenarios de la ciudad, poniendo de relieve la necesidad de examinar estas instituciones desde una perspectiva amplia Huguet (2014: 13-27).1 Prueba de ello son las numerosas publicaciones y encuentros que desde perspectivas históricas diversas han puesto de manifiesto la fecundidad de los estudios interdisciplinares en el marco de la historia hospitalaria.2. Tomando como referencia estos trabajos, en el presente artículo pretendemos centrarnos en el estudio financiero de los hospitales, en general, y en su actividad crediticia, en particular. En concreto, en nuestro caso analizamos cómo el hospital turolense de san Juan Bautista y santa María de Villaespesa compró más de 120 censales entre 1481 y 1517 a campesinos y artesanos de la ciudad de Teruel y sus alrededores, actuando como entidad crediticia a pequeña escala. Todo ello es posible gracias a un libro padrón del notario Alfonso Jiménez que dio a conocer G. Navarro.3. Este argumento pone de manifiesto cómo muchas de estas instituciones benéfico—asistenciales pasaron a ser parte integrante de lo que historiográficamente se ha definido por diversos autores como «sociedad del censal». De este modo, muchos de estos organismos fueron beneficiarios de pensiones, llegando incluso a ser una de sus principales fuentes de sustento.4 En nuestro caso, no pretendemos observar a estos organismos en el marco de la deuda pública, sino más bien en la deuda privada: un hospital que actuó generalmente como rentista de pequeños y medianos labradores y artesanos de Teruel y su entorno. Analizamos entonces el crédito a corto-medio plazo y a pequeña escala a través de la compra de censales, teniendo presente para ello dos aspectos fundamentales; esto es, por un lado, la información financiera que proporciona la documentación, tales como la cantidad y fin del préstamo, las garantías de pago, el plazo de amortización etc., y por otro lado, el análisis de los principales individuos que solicitaron ayuda económica al hospital. 1. El «crédito caritativo»: apuntes historiográficos. Como hemos apuntado anteriormente, entre todas las funciones que realizaba el hospital —y que después comentaremos—, aquí nos interesa su función crediticia. En este sentido, lo primero que debe advertirse es que la labor realizada por esta institución debería definirse estrictamente como crédito orientado al consumo, aunque la gestión productiva de la asistencia y la importancia de la Iglesia y de las instituciones caritativas en este ámbito de actuación pública nos pueden llevar a considerarla también, tal como la han denominado algunos autores, una forma de «crédito caritativo».5. Ello nos pone en relación asimismo con las actividades de algunos hospitales e instituciones benéficas bajomedievales que han sido estudiados desde el punto de vista financiero como bancos de depósito y proveedores de crédito público. Estos estudios, sobre todo centrados en Italia, muestran el vínculo existente entre la función crediticia y la caridad. En concreto, según G. Piccini, debemos considerar la caridad como un sistema de redistribución de la riqueza, justificado y gestionado desde el propio poder.6 De este modo se desarrollaron las fórmulas más variadas de crédito, destacando en el caso italiano el nacimiento de los montes de piedad durante el siglo XV. Estas entidades conjugaban a la perfección la finalidad caritativa con el desarrollo de la actividad crediticia, proporcionando numerario a los grupos sociales más humildes generalmente con la garantía de algún bien.7. Lejos de estas instituciones italianas, en la Corona de Aragón, en general, y en el reino de Aragón, en particular, el estudio de los hospitales medievales ha sido analizado de manera dispar.8 En cuanto a su carácter más económico, la función de la Iglesia como institución crediticia se ha puesto de manifiesto sobre todo en algunos hospitales medievales que actuaron como prestamistas de los municipios o de la propia monarquía, tal es el caso del hospital de la Santa Creu de Barcelona como ya hemos indicado.9 Aunque efectivamente, otros muchos hospitales e instituciones benéficas desarrollaron su actividad financiera en su entorno más inmediato y en relación con el tema que aquí nos ocupa; instituciones que canalizaron buena parte de los ingresos procedentes de terceros en rentas perpetuas, tal como muestra M. Aventín para el hospital de Sant Celoni en el siglo XV.10. Asimismo, —aunque no podamos hablar propiamente de función crediticia en su origen— también encontramos a estas instituciones creando cajas de depósito como serían las Quotidianes Distribucions, estudiadas en algunos lugares de Cataluña. Muchas de estas caixas, ya avanzada la época moderna, sirvieron claramente al crédito censal, tal como expone Ll. Ferrer i Alòs en la Manresa del siglo XVIII.11. Y es que la función crediticia de la Iglesia y de las demás instituciones benéfico—asistenciales aumentó de forma importante en época moderna, especialmente a raíz del progresivo traspaso de la deuda censal al clero, lo que explica en muchos casos la primacía de la Iglesia en el mercado censal.12 Además los hospitales e iglesias continuaron actuando como acreedores privados, comprando censales a pequeños agricultores y artesanos que debían hacer frente al pago de deudas, dotes o legítimas, gastos de labranza, etc.13 2. La función crediticia del Hospital de san Juan Bautista de Teruel. Atendiendo al hospital que aquí nos interesa, tenemos noticias de su existencia desde 1270, bajo la invocación de san Juan Bautista, uniéndosele en el siglo XV la de santa María de Villaespesa.14 Parece ser que en origen fue un hospital parroquial y que en 1572 adquirió un carácter municipal, pasando a denominarse Hospital General de la Asunción. Durante todo este tiempo estuvo situado en la plaza de san Juan, hasta que en 1938 fue destruido durante la Guerra Civil.15 Su evolución durante la Edad Moderna ha sido estudiada sobre todo desde el punto de vista de la renta agraria, observándose también la preponderancia adquirida por esta institución en el marco urbano. Concretamente, se ha mostrado como el Hospital General de la Asunción adquirió en el Antiguo Régimen un papel predominante en el mercado de la producción agrí- cola, especialmente por su capacidad de disponer de grano.16. En el periodo analizado (1482-1517), el hospital era gestionado por la cofradía homónima, la cual regía su administración a través de la Junta de los Doce. Los cargos eran elegidos anualmente en la fiesta de la Virgen de septiembre. Además, en san Juan se nombraba a dos limosneros, a dos o tres auditores y al hospitalero. Este último era un agente fundamental para el asunto que aquí analizamos, por ser él quien compraba los censales en nombre del hospital y quien exigía su cobro. Todos ellos eran cofrades, laicos y —en los casos conocidos— se documentaban como labradores o artesanos de Teruel. En 1503, debido a la gran carga que suponía la recaudación de las pensiones censales, la junta decidió pagar un salario de 80 s.j. al hospitalero por su labor. Dos años más tarde, el 1 de junio de 1505, la junta designó como recaudador de las pensiones al notario turolense Juan Martínez, y se le asignaron los 80 s.j anuales. Con todo, el hospitalero siguió siendo el comprador nominal y, en todos los casos estudiados, el hospital de san Juan Bautista y santa María de Villaespesa asumió la titularidad única de las pensiones.17. Por lo que respecta a la financiación del hospital, al no disponer de libros de rentas, —al menos para el periodo analizado— no podemos establecer jerarquías entre los ingresos y los gastos, pero a través de la fuente analizada sí se pueden conocer algunos de los mecanismos mediante los que se sufragaba la institución. Como es sabido, los estudios referentes a la financiación de los hospitales son numerosos y heterogéneos, y van desde los clásicos trabajos de U. Lindgren hasta los artículos más novedosos arriba mencionados.18 Todos ellos analizan los ingresos y los gastos de estas instituciones. Por una parte, los gastos a los que debían hacer frente estos organismos son de sobra conocidos: asistencia a pobres y enfermos, dotes, mantenimiento del hospital, pago de salarios, etc. Por otra parte, atendiendo a los ingresos, todos los autores recalcan la importancia de las limosnas y los legados píos que recibían estas instituciones, y el hospital de santa María no fue una excepción.19. Cuadro 1. Cofrades hospitaleros entre 1482-1517 <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Nombre del hospitalero*</td><td rowspan=1 colspan=1>Ejercicio del cargo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Martin Garcia</td><td rowspan=1 colspan=1>1482</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Francisco de Ov6n</td><td rowspan=1 colspan=1>1483</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Andres de Valdecebro</td><td rowspan=1 colspan=1>1483-1486/ 1488/1492</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Juan Calvo</td><td rowspan=1 colspan=1>1486</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ferrando de Llestas</td><td rowspan=1 colspan=1>1486</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Juan Munoz</td><td rowspan=1 colspan=1>1486-1487</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bartolomé de la Mata</td><td rowspan=1 colspan=1>1488</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pedro Ortiz</td><td rowspan=1 colspan=1>1490-1491</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pedro de Villaespesa</td><td rowspan=1 colspan=1>1491</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Domingo Roldan</td><td rowspan=1 colspan=1>1493</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Juan de Carrion</td><td rowspan=1 colspan=1>1493- 1494</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Luis Pérez,argentero</td><td rowspan=1 colspan=1>1495</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pascual Gil Asensio</td><td rowspan=1 colspan=1>1496- 1497</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Lorenzo Bernabé,soguero</td><td rowspan=1 colspan=1>1497- 1498</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Alejandro Canegral</td><td rowspan=1 colspan=1>1500</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bernardo Escudero</td><td rowspan=1 colspan=1>1500</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ant6n de Torremocha</td><td rowspan=1 colspan=1>1501- 1502</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Francisco de Alda,labrador</td><td rowspan=1 colspan=1>1502</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Gil Ambel, espadero</td><td rowspan=1 colspan=1>1503- 1504</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Miguel de la Vega,labrador y cubero</td><td rowspan=1 colspan=1>1504- 1505</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Juan de Oviedo,cardero</td><td rowspan=1 colspan=1>1505</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Martin de Bäguena,pelaire</td><td rowspan=1 colspan=1>1507</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pedro Ferreruela,labrador</td><td rowspan=1 colspan=1>1506- 1517</td></tr></table> \* Se indica el oficio del hospitalero en los casos documentados en el propio libro padrón. Listado completo de cofrades que ocuparon cargos de administración en el hospital, en: Navarro (2000: 578-585). Sin embargo, en el caso turolense, cabría reflexionar también sobre la importancia de los ingresos patrimoniales del hospital, incluyendo aquí los censales y otras rentas de tierras y censos enfitéuticos. No en vano parte de los ingresos provenientes de limosnas y legados píos se invertían en el mercado censal, favoreciendo que el dinero y las rentas circulasen continuamente.20 Un ejemplo de ello lo encontramos en 1483, cuando Pedro Genés, vecino de Teruel, dejó como herencia al hospital una era y unos utensilios de bodega. Tres años más tarde, el 23 de febrero de 1486, el labrador Jaime Esteban y su mujer vendieron al hospital un censal por 460 s.j., justo después de haber comprado al hospital las tierras y utensilios de bodega que había dejado como legado el susodicho Pedro Genés. Lamentablemente, nos es imposible calcular la cantidad que el hospital recibía anualmente de las pensiones censales, si bien es cierto que disponemos de algún dato puntual, tal como señala G. Navarro; así, en el ejercicio de 1516-1517, el hospital cobró de pensiones y censos 1.532 s. 9 d.j., según aparece en un documento de noviembre de ese año.21. Y tampoco podemos determinar con absoluta seguridad con qué finalidad se compraban estas pensiones censales: ¿se convirtió en uno de los principales cometidos del hospital?, ¿se realizaba conscientemente como forma de crédito caritativo o constituía simplemente un ingreso más de la institución, además de una renta segura y continua? y ¿qué importancia alcanzó su gestión en el conjunto de la administración del hospital?22 3. La compra de censales como fuente de financiación del hospital. Como es sabido, un censal se puede definir a grandes rasgos como un contrato de compraventa con pacto de retro, donde el vendedor vendía al comprador el derecho a percibir periódicamente una pensión por un precio determinado. Habitualmente, se trataba de un préstamo encubierto, donde el vendedor era el deudor, el comprador era el acreedor y la pensión era el resultado de aplicar un determinado tipo de interés en el precio de la venta.23 En todos estos casos, la persona que recibía ese préstamo, vendedor del censo o pensión, establecía como garantía alguna de las propiedades que poseía. En la documentación analizada, estos censos se cargaban sobre viñas y tierras, y pocas veces casas particulares, aunque también estaban obligados la totalidad de sus bienes, a los que se acudía en caso de impago.24 Por su parte, la carta de gracia o pacto de retrovenda, establecía que la deuda era redimible, siendo de gran interés observar cuánto tiempo transcurría entre la venta de la pensión y la luición del censal, momento en el cual se cancelaba el contrato. Cabe advertir que, en estos casos, la fecha de la devolución del capital no estaba prevista, sino que se encontraba sujeta a la voluntad del vendedor del censo. Y es que, como ha sido tantas veces señalado por autores como A. Furió, el acreedor no buscaría tanto la amortización del préstamo, como la extracción de rentas de forma continua y segura.25. Para el caso aquí estudiado, el recurso a los censales y otros sistemas de crédito era —en palabras de J.V. García Marsilla— una tabla de salvación que aplazaba los problemas más urgentes y contribuían a preservar la estabilidad social. Observamos entonces como las familias entraron en el mercado de la deuda, a la par que se producía una transformación comercial y financiera que dotaba al sistema de confianza y estabilidad.26. Además, debemos tener presente que en este periodo el censal ya estaba legitimado moral y jurídicamente. Recordemos que a mediados del siglo XV, el propio papado autorizó explícitamente el uso del censal. Aunque, más allá del consentimiento pontificio, lo que realmente debe tenerse en cuenta es que la justificación de los censales así como de otras prácticas comerciales no era otra cosa que un mecanismo de defensa también para la propia Iglesia, que se benefició ampliamente de ellos.27 En el caso que aquí nos atañe, las rentas perpetuas o vitalicias vendidas a particulares se caracterizan por ser un instrumento a corto o muy corto plazo, de pequeñas cantidades que permitieron a la Iglesia introducirse rápidamente en el mercado censal.28. Así pues, es en este contexto que debemos analizar la compra de rentas por parte del Hospital de san Juan que, como hemos dicho, podemos rastrear gracias al libro padrón del notario Alfonso Jiménez. Esta fuente incluye la documentación originada desde la creación de la deuda hasta —en el mejor de los casos— su liquidación. Así, tras el documento de compraventa del censal, aparecía el ápoca: un recibo del deudor por el cual reconocía haber recibido el precio estipulado por la renta. En todos los casos, seguía también la carta de gracia, que no era otra cosa que la promesa del comprador de dar por finalizado el contrato en el momento que el vendedor le restituyese la cantidad prestada. Cuando esto ocurría, era anotado al margen del documento principal o en un documento posterior, dando lugar a la luición o redención del censal. En ese momento, el deudor retornaba la cantidad debida al prestamista, aportando información sobre su compra, los cambios de titularidad o las reducciones de intereses si éstas existían. Con ello, se daba por finalizado el censal. A partir de todos estos instrumentos, podemos abordar dos grandes cuestiones. Por una parte, la documentación asociada a la compraventa de censales nos muestra las características de las rentas vendidas por el hospital: en primer lugar, el número de pensiones documentadas a lo largo de los años; en segundo lugar, la cantidad prestada y la finalidad de la misma; y por último, el tipo de interés y la quitación del censal. Por otra parte, la información aportada por la fuente estudiada nos permite reflexionar sobre la sociología del crédito censal, analizando el perfil de los principales censatarios del hospital. 3.1 Características de las rentas censales. En total, entre 1482 y 1517 documentamos 128 ventas de censales, repartidos de forma variable a lo largo de estos años. Habitualmente, la compra media de censales se situó entre 1 y 5 operaciones al año. Entre 1489 y 1499, sin embargo, el hospital no adquirió ningún censal. Y hay momentos críticos como los años 1511, 1514 y 1517 con 13, 12 y 11 compras del hospital respectivamente, y los años 1486, 1497 y 1510 con 8 ventas en 1486 y 1510, y 9 en 1497. Gráfico 1. Censales comprados por el hospital entre 1482 y 1517. Cabría preguntarse a qué se debió este aumento y si estuvo relacionada con una mayor capacidad crediticia del hospital o bien con una creciente demanda de préstamos por parte de las gentes de Teruel. Es más, debemos reparar también —tal como se verá posteriormente— que el mayor número de quitaciones de censales se realizaron asimismo en estos años, en especial entre 1509 y 1517, aunque esto quizá se deba a que conservamos información documental más abundante en la primera parte del siglo XV. Como decíamos, otra perspectiva de análisis se refiere a la cantidad prestada, la finalidad y la evolución del censo. Podemos establecer que la cantidad demandada osciló por lo general entre 50 y 1000 s.j, aunque el $7 5 \%$ de los préstamos se concentraron entre 100 y 300 s.j. De este modo, nos encontramos ante préstamos intermedios a los que solían recurrir las familias campesinas y artesanas para hacer frente a numerosos gastos más o menos ordinarios, como la compra de bestias, utillaje o simientes así como otros asuntos relacionados con la tierra y la mejora de la capacidad productiva e inversión en las empresas familiares, tal como se observa coetáneamente en otros territorios.29 Por debajo de 100 s.j., encontramos algún préstamo puntual de 50 o 60 s.j., y por encima de los 300 s.j, hallamos 19 pensiones, cuyo precio se sitúa entre los 300 y 500 s.j., destacando dos préstamos de 500 s.j., otros dos de 600 s.j y uno de 1.000 s.j. A excepción del préstamo de 1.000 s.j., que corresponde a la iglesia de san Jaime de Teruel y que después comentaremos, el resto de censatarios son campesinos y artesanos de Teruel, Cella, Villel y la Puebla de Valverde. Del mismo modo, también podemos destacar que el año 1514, cuando precisamente se compraron tres de los censales más elevados, el de 1.000 s.j y dos de 600 s.j., ello supuso un desembolso para el hospital entre marzo y diciembre de 2.200 s.j., una cantidad relativamente elevada si la comparamos con la pensión anual de 150 s.j., al $6 \%$ de interés, que recibirían en contrapartida. La finalidad de estos préstamos casi nunca consta en la documentación, aunque en ocasiones podemos deducir su uso. Así, teniendo presente la función piadosa del hospital y su vinculación con la cofradía de san Juan, no es de extrañar que algunos de los préstamos tuviesen como fin el pago de una misa que un familiar difunto ordenaba en su testamento. Tal como dice M. Gráfico 2. Volumen de los préstamos otorgados por el hospital. Aventín, estaríamos también ante un mercado que ayuda al buen morir.30 De este modo, los herederos encargados de cumplir las mandas piadosas del testador, al no tener recursos económicos suficientes, vendían un censal al hospital para cumplir con la disposición de celebrar la misa por el alma del difunto. Recordemos además, que al ser un hospital regido por una cofradía, las misas se encargaban generalmente a la misma corporación y normalmente tenían un precio de 120 sueldos. Así, en numerosas ocasiones se puede observar cómo, tras un albarán donde el hospitalero reconocía haber recibido cierta cantidad para hacer frente al pago de una o varias misas, los albaceas y familiares del difunto vendían un censal. Esto ocurrió por ejemplo en 1483, cuando Pedro Lidón y su mujer Catalina vendieron un censal de 120 s.j para celebrar una misa por la madre de ella en la iglesia de San Juan.31. Sin embargo, como hemos señalado, en la mayoría de los casos no conocemos la causa última de la venta del censal, aunque —como es de esperar— en muchas ocasiones estaría destinado a asuntos relacionados con la producción agrícola y empresas artesanales, tal como apuntábamos en la página anterior. Más allá de esto, no documentamos la compra de tierras o casas particulares, u otras formas de préstamo encubierto para el mercado inmobiliario y que justificaría la demanda de capitales más importantes.32 Sea como fuere, todo ello parece estar orientado al desarrollo —de un modo u otro— de los sectores productivos, esto es, de las empresas campesinas y artesanales.33 Asimismo, y dejando de lado los censales para la celebración de misas y para asuntos laborales, cabría suponer que estos préstamos también pudieron estar dirigidos a la amortización de deudas anteriores, o bien a un asunto económico de gran importancia para las familias campesinas como eran las dotes para el matrimonio.34. Otro de los aspectos interesantes a propósito del censal es comprobar cuándo se liquidó la deuda. Al encontrarnos con una documentación parcial, es imposible reconstruir un patrón claro en los procesos de compraventa de censales en todas las operaciones. Como decíamos, en los casos que se liquidaba la deuda aparecía un nuevo contrato de compraventa o quitamiento por el cual se redimía el débito. A través de estos documentos podemos observar bastante bien como la amortización de algunos préstamos —sobre todo aquellos que oscilaban entre $1 0 0 ~ \mathrm { y }$ $4 0 0 { \mathrm { ~ s . j - } }$ , se producía al cabo de uno a cuatro años de media. Estas pensiones por debajo de los 400 s.j suponían el $44 \%$ del total de censales que hemos podido documentar completamente hasta su finalización (Vid. Cuadro 2). Esto suponía que, teniendo presente un interés medio de en torno a un $8 { , } 3 3 \ \%$ , un préstamo de 100 s.j. sería amortizado por el hospital en 12 años, tras los cuales ya solo cobrando los interés habrían recuperado la cantidad inicial. Así le ocurrió al labrador Luis Galcerán, quien en agosto de 1500 vendió un censal por precio de 100 s.j que devolvió íntegro en noviembre de 1512 habiendo pagado de interés 100 s.j, más los 100 s.j del préstamo originario. Con todo, aunque en la mayoría de los casos se tratara de una deuda a corto plazo, también cabe señalar que ocho censales tuvieron una vida de más de 20 años; y pese a que esto no es lo habitual, los beneficios del hospital en estos casos resultan evidentes. De este modo, en 1486 se compró un censal por 460 s.j que finalizó en 1510, habiendo recibido de interés más de 900 s.j en total. Sin duda, este ejemplo es excepcional y en la mayoría de los casos los réditos no alcanzaron la cantidad prestada, o si lo hicieron no sobrepasaron los 250 s.j en los documentos analizados, ya que —como hemos señalado— en la mayoría de los casos analizados, estos préstamos tuvieron una vida mucho más breve No obstante, nos hallamos ante una muestra más de que el acreedor no buscaba recuperar el capital rápidamente, sino asegurarse el cobro de una pensión anual durante el máximo periodo de tiempo. Atendiendo al interés del préstamo, en la mayoría de los casos presentados ascendía a 8 s. 4 d.j por 100 s.j $( \mathrm { u n } 8 { , } 3 3 \%$ ). Este porcentaje se estableció el 2 de septiembre de 1381 —en el primer documento del libro padrón—, cuando en una reunión de la junta se plantearon reducir el interés (que estaba instaurado en 10 s.j por 100 s.j), alegando que las rentas de otras instituciones crediticias eran menos gravosas que las del hospital35. Por ello, la junta decidió bajar el tipo hasta el porcentaje que debía ser común en la ciudad para estos préstamos, sin que pudiera elevarse bajo ningún pretexto. En este caso, debemos tener presente que los intereses de estos censales oscilaban entre el 7,14 y el $8 { , } 3 3 \%$ en el periodo estudiado, aunque había fuertes diferencias territoriales.36. Con todo, hay alguna excepción a este interés más o menos fijo. El caso más claro lo observamos en la compra de un censal el 3 de diciembre de 1514, que tuvo lugar en la iglesia de san Jaime de Teruel, donde el vicario, con la finalidad de pagar dos campanas y otros gastos de la fábrica del templo, vendió una pensión de 60 s.j por una cantidad de 1.000 s.j al hospitalero Pedro Ferrer, a pagar anualmente en la fiesta de santa Bárbara (esto es, a un interés de un $6 \%$ ). En el mismo documento se alude a que el hospital fue quien le ofreció un interés más bajo y que el vicario y los clérigos «no hayan trovado quien más función les fiziesse ni más barato».37 De aquí se deduce que según el vendedor o la cantidad se podía negociar un interés menor, quizá también porque su amortización se podría extender más en el tiempo o por la condición eclesiástica del vendedor. Pero no podemos contrastar esta hipótesis ni en este ni en otros casos, ya que en más de la mitad de los préstamos documentados no tenemos noticia de cuándo fueron luidos. Sería de enorme interés analizar la documentación notarial y entrar, asimismo, en el asunto de la morosidad y de los problemas de pago sufridos por los campesinos y artesanos que eran incapaces de redimir la deuda por diversas circunstancias. Cabe advertir, sin embargo, que tan sólo excepcionalmente se llegaba al último eslabón del proceso de ejecución por deudas y se perdían los derechos de la propiedad sobre la que se había cargado el censal. Este postrero paso suponía la emisión de cartas ejecutorias y, en última instancia, la confiscación de las tierras puestas en garantía por los deudores, cuya propiedad era traspasada al hospital cuando se acumulaba durante largo tiempo el impago de las pensiones.38 3.2 Principales censatarios del hospital y pautas de actuación. Todos estos ejemplos nos presentan al hospital como una institución a la que acudían sobre todo individuos para solicitar pequeños créditos por asuntos más o menos cotidianos, pero ¿quiénes eran los principales vendedores de censales?, ¿de dónde procedían?, ¿cómo actuaban?, etc. Estas cuestiones nos ponen en relación con la sociología del crédito censal, esto es, con los protagonistas de este mercado de rentas. Como ya se ha señalado, prácticamente la mayoría de censatarios eran vecinos de Teruel, labradores o artesanos y, en menor medida, miembros de la baja nobleza y clérigos, tal como ocurrió también en otros territorios de la Corona.39 Y, como se desprende de la lectura atenta de la documentación, la mayoría de los deudores disponían de patrimonios modestos sobre los que cargaban sus censales. Atendiendo a categorías sociales, el $70 \%$ de los vendedores de censales eran labradores, seguidos de lejos por un amplio sector de menestrales como pelaires, tejedores o incluso algún notario. Por su parte, cabe resaltar que la mayoría de estos labradores actuaron junto a sus esposas, constituyendo ambos la unidad básica de producción agrícola.40 De hecho, el $58 \%$ de operaciones estaban formadas por cónyuges, frente a un $24 \%$ de acciones individuales, que correspondían casi todas ellas a ventas de artesanos. Por otra parte, hay un pequeño porcentaje de créditos en el que encontramos a tres personas vinculadas, normalmente cónyuges, más algún vecino, la madre de uno de ellos, un hermano, etc. También aparecen viudas, pero en estos casos siempre actuando junto a sus hijos. Gráfico 3. Condición social de los principales censalistas. En alguna ocasión, observamos al mismo censatario vendiendo varios censales en momentos diferentes. Este es el caso de Antón de Barrachina, labrador, quien en 1504 vendió individualmente un censal por 100 s.j, y en 1510, junto a su mujer, otro por 310 s.j. Por su parte, Domingo Sánchez, labrador, el 9 de agosto de 1500 vendió junto a su mujer Juana un censal de 150 s.j., del que hizo quitación el 8 de diciembre de ese mismo año. Un año después, el 18 de diciembre de 1501, vendió otro censal del mismo precio.41. Por lo que respecta a la procedencia, también se documentan vecinos de las aldeas de Teruel que vendieron pensiones censales —de nuevo, casi todos ellos cónyuges— al hospital. Así, hallamos vendiendo censales a vecinos de Alfambra (seis documentados), Cella y Visiedo (con cuatro cada uno), Castralvo, Caudé y Villalba Baja (con tres), Celadas, Corbalán y Cubla (con dos), y Matas, Castant, Escorihuela, Orihuela del Tremedal, Puebla de Valverde, Torrelacárcel, Villalba Alta, Villalba la Jusana y Villel (con una venta respectivamente). Ello atestigua que el hospital era una institución a la que se acudía de lugares cercanos y gozaba de cierta fama en el entorno regional, ya que las operaciones extralocales supusieron en torno al $2 9 \%$ del total (38 casos). Además, cabe destacar que las poblaciones señaladas se encuentran generalmente en las cercanías de la ciudad, siendo los núcleos de Visiedo u Orihuela del Tremedal los más lejanos, con una distancia de 45 y $5 7 \mathrm { k m }$ . respectivamente. Por último, hay casos muy puntuales que merecen una mención especial, tales como los censales vendidos por clérigos, hidalgos y concejos. En cuanto al colectivo religioso, aparte del censal creado por la iglesia de san Jaime para la compra de las campanas, encontramos a otro clérigo de la misma iglesia actuando como particular, Pedro Fortún, quien el 17 de julio de 1514 recibió 300 s.j por una pensión anual de 25 s.j a pagar cada año el 16 de julio. Además, en el documento de venta se imponía una pena de 4 s.j. por cada retraso en la paga de la pensión y se establecía como garantía una tierra del clérigo en el término turolense. Por su parte, en el volumen documentamos a dos hidalgos comprando censales. Así, en 1494, García de Heredia, junto a su mujer Francisca Cabrero, y al hermano del primero, Juan de Heredia, clérigo, vendieron un censal por precio de 300 s.j que cargaron sobre una casa de la ciudad y unas tierras de la rambla. El censal se amortizó en diciembre de 1510 y cabe señalar también que García de Heredia y su hermano Francisco, que compró otro censal en 1510, formaron parte de la administración del hospital en diversos periodos, siendo por ejemplo García de Heredia miembro de la junta y contador en diferentes anualidades entre 1485 y 1500.42. Finalmente, resulta interesante la venta de un censal que el 16 de marzo de 1508 realizó el concejo de Peralejos, aldea situada a unos $2 0 \mathrm { k m }$ . de Teruel. El concejo, congregado en el interior de la iglesia de san Bartolomé, vendió una pensión de 33 s. 4 d.j a pagar anualmente al hospital, so pena de un recargo de 3 s.j por cada retraso, por el precio de 400 s.j $\mathrm { u n } 8 { , } 3 3 \%$ de interés). El censal se cargó sobre el horno del concejo y sobre todas las rentas y emolumentos de los vecinos de Peralejos. Con todo, este interesante ejemplo es la única muestra en el libro padrón del recurso municipal al préstamo censal que ofrecía el hospital y que tanto ha sido estudiado desde la perspectiva de la deuda pública.43 4. Consideraciones finales. Llegados a este punto, una vez presentada la función crediticia desempeñada por el hospital de san Juan Bautista, cabría reflexionar sobre varios asuntos que pueden resultar de especial interés para la historia de la institución. Partiendo de la fuente, el libro padrón del notario Alfonso Jiménez, hemos podido comprobar cómo una documentación de estas características posibilita estudios de diversa índole relativos a la administración del hospital. Todo ello pese a no disponer, para este caso, de libros de cuentas que hubieran permitido ofrecer una panorámica más completa de la evolución de las finanzas del hospital. De haber sido así, se hubiese podido comprobar el peso que tuvo el recurso al crédito tanto por lo que respecta a los ingresos procedentes de las propias pensiones como a los gastos por compra de rentas. Dicho en otras palabras, los libros de cuentas permitirían conocer qué cantidades se destinaban al préstamo y que suponían en total estas pensiones acumuladas, así como la capacidad de la institución para reinvertir nuevos ingresos en la adquisición de más rentas. Pese a todo, las posibilidades de estudio de una fuente como la analizada son todavía muy amplias y, al igual que en este caso nos hemos centrado en la actividad censal propiamente dicha, hubiera sido de gran interés analizar con más profundidad a los vendedores de rentas y, a través de ellos, conocer un poco más el paisaje agrario turolense por ejemplo, ya que —como hemos señalado— las ventas nos facilitan información sobre las parcelas de tierras sobre las que se carga el censal.44. Por lo que aquí respecta, la documentación analizada sí que ha permitido poner de relieve la función del hospital como institución de «crédito caritativo»: un crédito –como hemos visto— a corto plazo y fundamentalmente local, que siguió unos patrones similares, tanto por las características de los préstamos como por los censatarios, a los observados para otros territorios de la Corona de Aragón. Efectivamente, los censales vendidos por el hospital permitieron a numerosos campesinos y artesanos de Teruel hacer frente a pequeños gastos ineludibles. Sin duda, esta forma de préstamo a corto-medio plazo parece que fue muy utilizado para subvenir a gastos ordinarios y no tan ordinarios a los que se enfrentaban estas gentes en su vida cotidiana. El recurso al crédito posibilitaba a los censatarios seguir desarrollando su labor y también les facilitaba las inversiones productivas, un hecho que sirve para matizar — tal como se ha puesto de manifiesto en los últimos tiempos— la visión negativa que se tenía sobre esta forma de endeudamiento. De todas formas, para disponer de una visión integral, sería asimismo interesante atender a otras formas de crédito a corto plazo a las que igualmente acudirían estos agentes y que no han dejado rastro documental conocido.45. Finalmente, más allá del tema del crédito, el ejemplo que nos ofrece el hospital de san Juan Bautista y santa María de Villaespesa en relación con la ciudad, es el de una institución plenamente integrada en el mercado financiero que pronto pasaría a ser controlada por el municipio. Regresamos de esta forma a la idea inicial de la beneficencia y la caridad realizada y mediatizada desde el poder público, situando la institución analizada dentro de la trama fiscal y financiera bajomedieval y moderna. 5. Apéndices. Cuadro 2. Emisión/luición de los censales documentados <table><tr><td colspan="1" rowspan="1">Fecha deventa</td><td colspan="1" rowspan="1">Fecha deluicion</td><td colspan="1" rowspan="1">Capital(s.j)</td><td colspan="1" rowspan="1">Pension censal(en sueldosy dineros jaqueses)</td><td colspan="1" rowspan="1">Vendedor</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1483/07/21</td><td colspan="1" rowspan="1">1488/09/14</td><td colspan="1" rowspan="1">120</td><td colspan="1" rowspan="1">10s</td><td colspan="1" rowspan="1">Pedro Lid6ny Catalina Pérez,cónyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1483/12/14</td><td colspan="1" rowspan="1">1505/02/05</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Jimeno Canegraly Catalina Esteban,conyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1485/04/26</td><td colspan="1" rowspan="1">1514/09/29</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Garcia Montanesy Armisena Villaespesa, conyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1486/02/23</td><td colspan="1" rowspan="1">10/08/1510</td><td colspan="1" rowspan="1">460</td><td colspan="1" rowspan="1">38 s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Jaime Estebany Juana Bernat, conyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1486/06/27</td><td colspan="1" rowspan="1">1507/09/05</td><td colspan="1" rowspan="1">50</td><td colspan="1" rowspan="1">4s2d</td><td colspan="1" rowspan="1">Juan Escudero</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1486/10/28</td><td colspan="1" rowspan="1">1490/05/</td><td colspan="1" rowspan="1">110</td><td colspan="1" rowspan="1">9s2d</td><td colspan="1" rowspan="1">Juan de Valtuena,infanzóny Juana Pérez,c6nyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1487/02/18</td><td colspan="1" rowspan="1">1494/06/29</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Juan de Montiel,sastrey Armisena Genés, conyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1488/05/22</td><td colspan="1" rowspan="1">1492/02/03</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Pascual Genesy Quietria Maestro,cónyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1488/02/22</td><td colspan="1" rowspan="1">17/09/1514</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Antonio del Mesado,labrador,y Elvira de Sos,c6nyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1491/09/11</td><td colspan="1" rowspan="1">1517/03/17</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Sancho Cabrerizo,cesteroy Lorenza Valero, cónyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1494/04/03</td><td colspan="1" rowspan="1">1510/11/12</td><td colspan="1" rowspan="1">300</td><td colspan="1" rowspan="1">25s</td><td colspan="1" rowspan="1">Garcia de Heredia, hidalgo,Fran-cisca Cabrero,conyugesy Juan de Heredia,clérigoy hermano del primero</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1494/08/03</td><td colspan="1" rowspan="1">1515/01/17</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Gil de Barrachinay Catalina Crespo,conyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1495/03/24</td><td colspan="1" rowspan="1">1517/03/15</td><td colspan="1" rowspan="1">150</td><td colspan="1" rowspan="1">12 s 6d</td><td colspan="1" rowspan="1">Jimeno Asensio,labradory Francisca Navarro, conyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1495/06/24</td><td colspan="1" rowspan="1">1508/02/28</td><td colspan="1" rowspan="1">200</td><td colspan="1" rowspan="1">16s8d</td><td colspan="1" rowspan="1">Juan Gómez,tejedory Marco Esteban,labrador</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1497/03/05</td><td colspan="1" rowspan="1">1499/10/03</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Antonio Lorent, clérigo de sanSalvador,y Juan Lorent,labrador,hermanos</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1497/08/02</td><td colspan="1" rowspan="1">1511/08/03</td><td colspan="1" rowspan="1">160</td><td colspan="1" rowspan="1">13s</td><td colspan="1" rowspan="1">Martin de Fumbuenay Francisca Asensio,conyuges(vecinos de Castralvo)</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1497/08/20</td><td colspan="1" rowspan="1">1514/10/01</td><td colspan="1" rowspan="1">150</td><td colspan="1" rowspan="1">12 s6d</td><td colspan="1" rowspan="1">Marco Esteban,labradory Catalina Gil,c6nyuges</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1497/08/20</td><td colspan="1" rowspan="1">1508/01/08</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Pedro de Orriosy su hijo,labrador</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1500/08/09</td><td colspan="1" rowspan="1">1500/12/08</td><td colspan="1" rowspan="1">150</td><td colspan="1" rowspan="1">12 s6d</td><td colspan="1" rowspan="1">Domingo Sanchez,labrador,y Juana Miguel,conyuge</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1500/08/30</td><td colspan="1" rowspan="1">1512/11/11</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Luis Galceran,labrador</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1500/10/03</td><td colspan="1" rowspan="1">1517/01/24</td><td colspan="1" rowspan="1">150</td><td colspan="1" rowspan="1">12 s 6d</td><td colspan="1" rowspan="1">Catalina de Galve, viuda de PedroMartin de Collados,su hijo Pedroy su esposa Juana(vecinos de de Caude)</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1502/02/12</td><td colspan="1" rowspan="1">1506/04/02</td><td colspan="1" rowspan="1">400</td><td colspan="1" rowspan="1">33 s14d</td><td colspan="1" rowspan="1">Vicente de Fumbuena,labrador,y su hijo Vicente(vecinos de Castralvo)</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1502/12/18</td><td colspan="1" rowspan="1">1511/12/08</td><td colspan="1" rowspan="1">120</td><td colspan="1" rowspan="1">10s</td><td colspan="1" rowspan="1">Francisco Lorenzo,labrador,y su esposa Catalina Nadal</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1503/10/27</td><td colspan="1" rowspan="1">1507/11/08</td><td colspan="1" rowspan="1">200</td><td colspan="1" rowspan="1">16s8d</td><td colspan="1" rowspan="1">Domingo Pascual(clérigo de Cella)y Juan Conejo (vecino de Celadas)</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1505/08/01</td><td colspan="1" rowspan="1">1514/04/04</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Pedro Asensio,labrador,y su esposa Guisabel Sanchez</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1505/09/02</td><td colspan="1" rowspan="1">1514/05/14</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Juan de Barrachinay su esposa Guisabel de Ov6n</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1507/11/10</td><td colspan="1" rowspan="1">1512/07/17</td><td colspan="1" rowspan="1">200</td><td colspan="1" rowspan="1">16s8d</td><td colspan="1" rowspan="1">Ant6n Munozy su esposa Bartolomea Escrig</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1508/03/16</td><td colspan="1" rowspan="1">1512/03/18</td><td colspan="1" rowspan="1">400</td><td colspan="1" rowspan="1">33 s 4d</td><td colspan="1" rowspan="1">El concejo de Peralejos,aldea de Teruel</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1508/06/04</td><td colspan="1" rowspan="1">1509/09/12</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Francscisco Balvastro, espartenoy su esposa Catalina Escudero</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1510/03/13</td><td colspan="1" rowspan="1">1511/12/13</td><td colspan="1" rowspan="1">300</td><td colspan="1" rowspan="1">25s</td><td colspan="1" rowspan="1">Francisco Sanchez(vecino de Alfambra)</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1510/08/28</td><td colspan="1" rowspan="1">1514/04/17</td><td colspan="1" rowspan="1">200</td><td colspan="1" rowspan="1">16s8d</td><td colspan="1" rowspan="1">Juan Balvastro,labrador, su esposa Catalina de Soria,y Martin Balvastro,hermanodel primero</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1511/03/01</td><td colspan="1" rowspan="1">1520/03/02</td><td colspan="1" rowspan="1">400</td><td colspan="1" rowspan="1">33 s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Miguel Jordan(vecino de Alfambra)</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1512/02/17</td><td colspan="1" rowspan="1">1516/12/22</td><td colspan="1" rowspan="1">150</td><td colspan="1" rowspan="1">12 s6d</td><td colspan="1" rowspan="1">Simon Calvo, tejedory su esposa Francisca de lasCuevas</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1512/12/14</td><td colspan="1" rowspan="1">1513/11/08</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Pedro de Pedro de Orrios,labrador,y su esposa Catalina de Campos</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1514/01/08</td><td colspan="1" rowspan="1">1515/07/22</td><td colspan="1" rowspan="1">200</td><td colspan="1" rowspan="1">16s8d</td><td colspan="1" rowspan="1">Juan de Riglos,tejedor</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1514/04/11</td><td colspan="1" rowspan="1">1517/02/18</td><td colspan="1" rowspan="1">600</td><td colspan="1" rowspan="1">50s</td><td colspan="1" rowspan="1">Bartolomé Maicasy su esposa Pascuala Pérez(vecinos de Villel)</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1514/05/28</td><td colspan="1" rowspan="1">1517/01/11</td><td colspan="1" rowspan="1">200</td><td colspan="1" rowspan="1">16s8d</td><td colspan="1" rowspan="1">Juan Lorenzo,labrador,y su esposa Maria de Fumbuena</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1514/09/26</td><td colspan="1" rowspan="1">1515/06/03</td><td colspan="1" rowspan="1">150</td><td colspan="1" rowspan="1">12 s6d</td><td colspan="1" rowspan="1">Juan Andrésy su esposa Catalina Navarro</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1514/10/12</td><td colspan="1" rowspan="1">1518/01/08</td><td colspan="1" rowspan="1">300</td><td colspan="1" rowspan="1">25s</td><td colspan="1" rowspan="1">Benedicto Martin(vecino de Visiedo)</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1514/11/24</td><td colspan="1" rowspan="1">1525/01/16</td><td colspan="1" rowspan="1">600</td><td colspan="1" rowspan="1">42 s</td><td colspan="1" rowspan="1">Francisco Martinez Tejadillos, hos-talero (de la Puebla de Valverde)y Pascuala</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1515/02/14</td><td colspan="1" rowspan="1">1515/03/02</td><td colspan="1" rowspan="1">500</td><td colspan="1" rowspan="1">41 s8d</td><td colspan="1" rowspan="1">Ant6n Martinezy su esposa Pascuala Ferrero(vecinos de Cella)</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1515/05/31</td><td colspan="1" rowspan="1">1517/10/10</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">8s4d</td><td colspan="1" rowspan="1">Domingo Mont6n,labrador</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1517/09/29</td><td colspan="1" rowspan="1">1518/02</td><td colspan="1" rowspan="1">350</td><td colspan="1" rowspan="1">29s2d</td><td colspan="1" rowspan="1">Miguel del Povo,y su esposa Maria Sanchez(vecinos de Caude)</td></tr></table> 6. 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19,591
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
El aceite en la baja Edad Media: su uso industrial. Las comarcas del sur valenciano y el desarrollo de la pañería (segunda mitad del siglo XV).: Oil in the Late Middle Ages: Industrial Use. The Southern Regions of Valencia and the Development of the Wool Manufacturing.
EL ACEITE EN LA BAJA EDAD MEDIA: SU USO INDUSTRIAL. LAS COMARCAS DEL SUR VALENCIANO Y EL DESARROLLO DE LA PAÑERÍA (SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XV) OIL IN THE LATE MIDDLE AGES: INDUSTRIAL USE: THE SOUTHERN REGIONS OF VALENCIA AND THE DEVELOPMENT OF THE WOOL MANUFACTURING. Antoni lliBrer escriG Universitat de València email@example.com. Resumen: Este trabajo analiza la producción y el mercado de aceite durante la baja Edad Media en las ciudades y comunidades rurales de la región interior-sur del antiguo Reino de Valencia. Esta área, articulada mediante una serie ciudades medias y pequeñas comunidades asociadas, desarrolló una gran actividad oleícola, con una producción para la industria lanera de la zona y para la venta en los mercados regionales vecinos. El artículo descubre y estudia la función de un grupo de artesanos pañeros locales en la especialización, el desarrollo y la consolidación de la olivicultura. En esta región (comarcas de la Valld’Albaida, l’Alcoià i el Comtat, y algunas ciudades como Ontinyent, Alcoi y, sobre todo, Cocentaina), un reducido grupo de grandes artesanos del textil gestionaron la producción, la transformación y el comercio del aceite. Se analizan directamente las empresas de. Abstract: This work analyzes oil production and oil trade during the Later Middle Ages, in towns and rural communities in southern interior region of the Ancient Kingdom of Valencia. This rural area, articulated by towns and small communities, developed a great oil activity and trade with a production for the local woolen industry and for the market, for neighboring regional markets. The article discovers and studies the role of a group of craftsmen in the specialization, development and consolidation of oil production in this area. In this region (Valld’Albaida, Alcoià and Comtat, and some towns such as Ontinyent, Alcoi and specifically Cocentaina), a small group of big craftsmen were able to centralize management of oil activities through direct participation in this production and market. The article analyzes directly the artisans and their enterprises, their estos artesanos, sus negocios y sus inversiones oleícolas para entender la función económica de esta actividad. businesses and their investments, to understand the economic function of this activity. Palabras clave: aceite, industria lanera, artesanos emprendedores, mercado regional, siglo xv. Key words: oil, woolen industry, enterprising artisans, regional market, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. 1. Introducción: aceite y manufactura1. Todavía hoy resulta paradójico que el estudio de la producción, el comercio y los usos del aceite en época medieval y moderna haya suscitado un interés tan limitado por parte de la historiografía peninsular. Algunos comentarios breves y algunos apuntes impresionistas en obras generales (García de Cortá- zar, 1988: 215; García Sanz y Sanz, 1998: 24;Benassar, 2001: 133), y muy pocos estudios concretos, sin apenas monografías, conforman un bagaje a todas luces muy escaso para la trascendencia socioeconómica de este producto de enormes posibilidades y funcionalidad. En otros ámbitos europeos se ha llevado a cabo, desde hace décadas, un importante trabajo de análisis de la producción y el mercado de aceite durante los siglos medievales, a diferentes escalas. Desde las aportaciones iniciales de Le Roy Ladurie (1966) o Melis (1977), donde la producción oleícola era tratada como un pequeño apéndice de la estructura agraria o de la industria textil, llegamos posteriormente a aquellos trabajos que individualizan el aceite como recurso económico de primer orden, tanto en ámbito rural como urbano; y en esta segunda tendencia es donde debemos situar los análisis de Amouretti y Comet (1985, 1991), o en ámbito italiano los trabajos dePini (1980), Cherubini (1998) y Pinto (2002). Alfio Cortonesi (2002 y 2005) llevó a cabo una importante labor de síntesis que se complementó en poco tiempo con la publicación de tres volúmenes colectivos, los de Brugnoli y Varanini(2006), el correspondiente a la quincuagésimocuarta «Settimana di Studio sull’Alto Medioevo», Olio e vino nell’Alto Medioevo (2007), y más recientemente el editado por Irma Naso (2018).2. En la península ibérica, se conoce mejor la producción y los usos del aceite en el periodo andalusí, gracias sobretodo a sus tratados agronómicos —véanse para ello los trabajos de Bolens (1991, 1996) o de García Sánchez (1996)—, y también su actividad fiscal y mercantil (con las obras de Collantes de Terán o de González de Arce), que los procesos de producción y transformación, de los que sólo disponemos de algunos trabajos de Córdoba de la Llave (1988; 2017), la monografía de Martínez (1995), y de un puñado de trabajos de ámbito local.3 ¿Indica esta escasa presencia historiográfica, como sugieren algunos autores, que el cultivo del olivo estaba restringido a parámetros autárquicos en el ámbito doméstico? ¿Quedaba el olivo fuera de los intereses estratégicos de la explotación campesina? ¿Concebía el agricultor medieval el olivo como un cultivo de poco calado y de poco peso en su empresa agraria?¿Quedaba así por ellobuena parte del aceite fuera de los circuitos mercantiles? En estas cuestiones, en este debate sobre cultivo, uso y función del aceite es donde nosotros pretendemos aportar nuevos datos para la reflexión y el análisis. Nos trasladamos para ello a las comarcas del sur valenciano durante la segunda mitad del siglo xv, en concreto al espacio que hoy configuran las comarcas de la Vall d’Albaida, l’Alcoià y el Comtat que, centralizado en buena medida en la villa de Cocentaina, nos ha permitido descubrir un importante espacio de cultivo y de mercado oleícola. Las fuentes, notariales y municipales, nos han posibilitado sacar a la luz no sólo un activo mercado de aceite, sino también un importante conjunto de parcelas de olivar que facilitan el acercamiento a los colectivos y a los operadores implicados en la producción y el negocio aceitero. Para entender la trascendencia de este producto en época medieval, es necesario que recordemos también inicialmente sus funcionalidades y las enormes posibilidades que permitía. Cocina, iluminación, higiene, medicina, farmacia, cosmética, perfumería, mantenimiento de maquinaria y, sobre todo, actividades industriales de producción de jabón, trabajo del cuero, y elaboración de paños de lana.4 En relación a esta última actividad, especialmente importante en estas comarcas del sur, de clara vocación lanera ya demostrada (Llibrer, 2010, 2013b), el aceite era necesario en grandes cantidades para dos operaciones básicas. Por una parte, en el primer tratamiento de la lana, tras su limpieza, se untaba la fibra con abundante aceite para que pudiera resistir mejor los movimientos de los peines y las cardas, y dejarla así con una textura óptima para las siguientes operaciones del hilado y el tejido. Desde el punto de vista cuantitativo, hablamos, además de la necesidad de grandes cantidades de aceite para llevar a cabo estas operaciones. Como indica Iradiel (1974: 191), según las ordenanzas de la ciudad de Cuenca, de principios del siglo xvi, para el correcto cardado de un paño veinticuatreno (de 2.400 hilos en su urdimbre) eran necesarias 24,5 libras de aceite, es decir, algo más de once litros. Con una producción anual de miles de paños, ya podemos imaginar la constante demanda oleícola para estos talleres locales. Según nuestros cálculos (Llibrer, 2010, 2014a) en esta región lanera del sur valenciano (vertebrada a través de los centros de Cocentaina, Ontinyent y Alcoi), hemos contabilizado una producción anual de entre 8.000 y 10.000 paños (entre veintiunos y dieciochenos), lo que vendría a suponer una demanda anual fija de, al menos, unos 70.000 litros de aceite sólo para atajar estas tareas iniciales del tratamiento de la lana. Por otro lado, el aceite volvía a aparecer en la elaboración del paño en sus procesos finales, y más allá del ámbito de la pequeña empresa doméstica o familiar. En la fase de acabado del textil, una de las operaciones con mayor trascendencia era el abatanado, que servía para darle al paño la consistencia, la textura y las dimensiones adecuadas. El abatanado propiciaba un estándar de calidad que permitía su acercamiento al mercado y condicionaba su precio. Podríamos decir que esta operación, junto al tintado, daba al producto un carácter merceológico elevado, y en el siglo xv ambas operaciones están ya generalizadas en nuestra región pañera (Llibrer, 2014a: 123-126). Como es bien sabido, el abatanado se llevaba a cabo en las instalaciones de un molino propio, de un artefacto mecánico que con una o más mazas permitía el golpeo sucesivo del paño depositado en una pila con aceite, y de esta forma se conseguía la homogeneidad, el cuerpo y la textura adecuadas. Las ordenanzas conocidas no indican las cantidades necesarias de aceite para esta tarea final de enfurtir el paño, pero el número de batanes o mazas pude indicarnos la importancia que esta fase del abatanado tendrá, y además, la importante necesidad oleícola para llevarla a cabo. A finales del siglo xv, en esta zona lanera meridional valenciana llegamos a documentar hasta una treintena de molinos pañeros en activo (que llegaron a ser cuarenta a principios del Quinientos, Llibrer 2013); la demanda de aceite para que sus mazas pudieran acicalar los paños suponía también un intenso impacto en las áreas rurales circundantes que se iba a traducir en la consolidación de este cultivo. Por otro lado, no podemos desvincular la producción de aceite de la infraestructura básica a la cual se asociaba, y que permitía también una interesante operatividad. En efecto es bien conocida la plural funcionalidad que las almazaras, las prensas para la aceituna, podían llevar a cabo más allá de la campaña olivarera. Allí se podían triturar todo tipo de plantas y productos, incluso caña de azúcar (Cortonesi, 2002: 154) pero, sobre todo, se realizaba la moltura del pastel, ese producto básico para el tintado de tonalidades azuladas, tan comunes en los tejidos de época medieval. Así, en determinados momentos del año, las almazaras se convertían en molinos para moler e adobar pastell (Martínez, 1995: 51-52). En definitiva, la configuración de una interesante área olivarera en las comarcas del sur valenciano se explica no por su vertiente agraria o agroalimentaria, sino que debe ser explicada y entendida en un marco mayor de desarrollo y expansión de las actividades manufactureras del sector textil, tintóreo, jabonero y del cuero. Los protagonistas y los gestores de buena parte de esta producción y de su comercialización son, como comprobaremos también, colectivos que surgen de estas actividades artesanales. De hecho, el comercio y la distribución de aceite estaban siempre en manos de grandes empresas mercantiles, industriales o de grandes familias de la aristocracia. En la ciudad de Valencia, en esta misma cronología, los grandes distribuidores de aceite (aceite que proviene de las comarcas del sur e incluso de Andalucía o Catalunya), son los grandes operadores mercantiles como los Spannochi, de origen sienés, los Franchi o los Vinyo, de Pisa, o los Mas y Aparici, mercaderes valencianos (Guiral, 1989: 385-388; Igual, 1995: 102- 103). Y en el ámbito andaluz o murciano, la producción y el comercio de aceite estaba también íntimamente relacionada con la producción y venta de paños de lana, como en la zona que proponemos, y eran miembros de la aristocracia y de la oligarquía urbana los que poseían amplias haciendas de olivar con sus molinos de aceite; aceite que en buena parte los mercaderes genoveses ponían en circulación (Collantes de Terán, 1994, 1996, 2002; Martínez, 1995; González Arce, 2010 y 2015). Las implicaciones socioeconómicas del aceite, con sus múltiples posibilidades, son de enorme interés; las grandes compañías, operadores y familias lo convirtieron en estrategia de negocio; la industria lo utilizó como materia prima, y los campesinos lo vieron como alternativa laboral. El interés sobre el aceite está fuera de toda duda, y en este contexto debemos situar nuestra aportación comarcal, en un intento de reconstruir cómo funcionaba su producción y su venta en una zona concreta para conocer cuál era la función económica de este producto clave. 2. Un proceso inicial de especialización oleícola de raíz industrial. Sin duda, la vocación textil de esta área valenciana condicionó la extensión de la cultura oleícola hasta conformarla como una de las más amplias y productivas de toda la Corona de Aragón. A diferencia de buena parte del territorio, donde el olivo resultaba un cultivo secundario, marginal incluso hasta reducirse a una especie combinada con otros cultivos de mayor interés, en esta zona se multiplican las amplias parcelas de cultura exclusivamente oleícola. La región constituye las actuales comarcas de la Vall d’Albaida, l’Alcoià, y el Comtat, en el ámbito sur del País Valenciano. Esta zona nos aparece ya desde el último cuarto del siglo xiv y durante todo el siglo xv, como fuertemente estructurada y jerarquizada en una densa red de centros de marcada capilaridad, presidida por cuatro villas o ciudades de tamaño medio —Cocentaina, Ontinyent, Albaiday Alcoi, con entre $4 0 0 \mathrm { ~ y ~ } 6 0 0$ fuegos—, con una red de núcleos intermedios —Bocairent, Llutxent, Planes, Penáguila (que no llegan al millar de habitantes)— y una amplia red de comunidades rurales, alquerías y aljamas islámicas, de menos de un centenar de fuegos, pero que tuvieron un importante papel en la producción y comercio de aceite. Esta zona del sur, además, configuró un amplio espacio manufacturero de producción de paños de alta calidad, con centenares y centenares de talleres centrados esencialmente en las villas mayores del área, pero que necesitarán el auxilio, la complementariedad económica de esta amplia zona rural circundante para el abastecimiento de los inputs necesarios a dicha producción (lana, seda, aceite, tintes...), y también para articular la mano de obra necesaria a los procesos productivos del ciclo del paño más intensivos en trabajo (como el abastecimiento y preparación de la fibra, y todas las operaciones previas al tejido). Hemos documentado, para la segunda mitad del siglo xv, y gracias a los análisis prosopográficos, la presencia en activo de almenos unos seiscientos artesanos del textil, y que trabajaban tanto en las grandes villas (Cocentina, Ontinyent, Alcoi, Albaida), pero también en centros menores (Bocairent, Planes, Penáguila, Agullent o Rugat). Del amplio colectivo artesanal anterior destacaban los casi trescientos pelaires que se encargaban de todo el tratamiento inicial y final del producto, y que exigían una gran cantidad de mano de obra auxiliarpara lavar, peinar, hilar y urdir la lana, y también para tundir, cardar y abatanar el paño (Llibrer, 2013: 15-19).5. En este contexto, es lógico que el aceite se convirtiera en un producto estratégico, y que el control o la gestión de su producción y su comercialización fueran objetivo de muchos artesanos. De hecho, el perfil del «mercader de aceite» de esta zona estará íntimamente asociado a los artesanos más emprendedores de esta industria pañera. El capital y toda la amplia inversión que exigía el cultivo y la producción de aceite (con el control de las parcelas de olivar, la gestión de la recolección y la propiedad de las almazaras) serán aportados por los grandes empresarios de la lana, los «señores del paño», cuyas empresas tenían la capacidad necesaria para encarar esos costes de producción y transformación (Llibrer, 2014b). Lo que también nos muestra la documentación conservada de esta activa zona del sur, es que el cultivo del olivar, a diferencia de otras áreas rurales valencianas y de la Corona de Aragón, ocupaba un lugar básico en su estructura agraria. Aunque no podemos contabilizar, como ocurre en otras zonas, el total de la extensión de la cultura oleícola, dado que aquí no conservamos censos ni padrones de riqueza, sí es cierto que las parcelas de olivar, o la presencia de olivos complementando a otros cultivos, es aquí especialmente elevada, y supera en mucho los porcentajes de las otras áreas rurales estudiadas. No olvidemos que al hablar del cultivo del olivar en época medieval y moderna nos referimos a dos formas distintas de cultura: por un lado, la que podríamos denominar «especializada», es decir, con parcelas ocupadas de manera completa por olivares, y sin otros cultivos complementarios; por otro, se articulaba en una suerte de cultura promiscua en la que se combinaba arbolado y sembradura en la misma parcela, y en la que el olivo aparecía asociado esencialmente al cereal o la viña. En el agro valenciano bajomedieval, como en otras áreas europeas estudiadas (Comet, 1991: 202-204; Cherubini, 1996: 180-188; Cortonesi, 2005: 15-18), buena parte de la olivicultura se articulaba en el segundo sistema; no obstante, comenzaron a gestarse, desde finales del siglo xiv, tentativas de configurar pequeños espacios de monocultivo oleícola. El campo de Elx estudiado por Serrano (1993), ciertas partidas en el espacio periurbano de Castelló (Domingo, 1977; Viciano, 2008), o la comarca del Comtat que hemos estudiado, son ejemplos de este proceso. La comarca del Aljarafe, ya bien conocida desde el trabajo inicial de Borrero (1983), o el campo jerezano, estudiado por Martínez Gutiérrez (2004); el desarrollo oleí- cola en la Plana de Urgell, Tarragona y el Baix Empordà, incluso la comarca de las Cinco Villas, al norte de Aragón (Iradiel, 1989; Bolens, 1991, Sabaté 2018), son ejemplos que permiten entender este proceso de desarrollo oleícola especializado que salpicaba diferentes áreas mediterráneas a lo largo del siglo xv. En estos espacios, el olivar no sólo ocupaba parcelas enteras, además, muchas se ubicaban en potentes áreas de regadío donde sólo los cultivos más apreciados y estratégicos tenían cabida. No olvidemos que este primer tipo implica no sólo un mayor grado de especialización, también una orientación nítidamente comercial para el aceite, y una pluralidad de destinos que lo ponen en relación a la industria textil, del cuero y del jabón. Refiriéndonos ya en concreto al país valenciano, la extensión del olivo durante el siglo xv, no iba más allá del $10 \%$ del área cultivada, lo más frecuente era precisamente que el olivar no llegara a ocupar más allá del 5 o el $2 \%$ de las heredades campesinas. Pau Viciano (2012: 163-170) evalúa la estructura del agro valenciano, y tras el análisis de numerosos datos aportados por diversos autores para áreas distintas, concluye que el cereal suponía entre el 60- $70 \%$ de la superficie cultivada, la viña ocupaba entre el $1 5 \mathrm { - } 3 0 \%$ de la tierra, mientras que el resto del espacio agrario era ocupado de forma más bien limitada por un conjunto de cultivos arbóreos (olivar, pero sobretodo algarrobo, moreral y otros frutales). Sin embargo, en el ámbito de estas comarcas del sur, la estructura agraria parece aportar interesantes diferencias. El caso del campo de Elx, ya estudiado para cronología cercana a la nuestra, muestra también una amplia extensión del olivar, incluso en zonas de regadío y con importante propiedad alodial, que a principios del siglo xvii llegó a configurar más de 190 hectáreas (Serrano, 1993 64-65). La documentación notarial nos aporta, con el apoyo de los registros municipales, informaciones muy reveladoras en este sentido6 . Sólo en esta comarca del Comtat, hemos documentado, para la segunda mitad del siglo xv, un total de 659 parcelas de tierra, y han sido localizadas tanto en documentos de compraventa, en inventarios, en censales crediticios (como propiedades en aval o hipoteca), o en lindes de los actos anteriores, y todo ello en el limitado arco cronológico de 1470-1500.En este conjunto, las parcelas de olivar, o que incluyen olivares, llegan a suponer casi el $20 \%$ del total $( 1 7 , 7 5 \% )$ . Aunque el cereal contabiliza la mitad del parcelario documentado $( 4 8 , 5 5 \% )$ , la presencia del olivar es aquí importante, y no sólo porque sobrepasa con mucho la media citada del conjunto del país valenciano, sino también porque se sitúa a la misma altura que el otro cultivo clave, la viña $( 1 8 , 3 6 \% )$ .7 No parece haber duda: la olivicultura se iba extendiendo aquí en detrimento de otros cultivos como la higuera, la morera, el algarrobo e incluso la viña.8. Si el amplio conjunto de parcelas olivareras no fuera ya un dato determinante para confirmar una tendencia, disponemos de otros indicios que apuntan en la misma dirección: los numerosos contratos de compraventa de aceite que redactan los notarios (en muchas ocasiones de forma anticipada), o la construcción de almazaras y sus modelos de gestión, nos hablan de un mercado oleícola cada vez más intenso y estratégico, que atrae la atención de los sectores más activos y emprendedores, y que será la base de un negocio que tendrá continuidad en época moderna, al menos hasta la expulsión de los moriscos, cuando el aceite se configurará como el segundo producto agrícola, en creación de valor y comercialización, tras el trigo, y por delante de la cebada, el maíz, la avena y el vino (Torró, 2005: 574-576).9. Los datos que aportamos del espacio agrario dedicado al olivar en esta zona meridional no traslucen un proceso general en todo el reino, más bien al contrario, se contraponen a otras tendencias locales estudiadas: en los términos de Catarroja, Paterna, Manises, Godella o Rocafort, por ejemplo, en la Huerta de Valencia, el olivo continuaba siendo un cultivo «marginal» (Furió y Mira, 2005; Llibrer, 1996); o en zonas de las comarcas de la Safor, la Ribera, la Valldigna, la Costera o el Camp de Túria se había convertido ya desde principios del siglo xv en un cultivo muy secundario, prácticamente «residual» (Ciscar Pallarés, 1998; Llibrer 2003). Estos contrastes nos permiten valorar este proceso de especialización oleí- cola a escala comarcal que implicó a muchas comunidades rurales de esta zona (con una destacada participación del colectivo musulmán), y que generará un impacto trascendental en las economías campesinas. Pero muchas preguntas surgen en relación a esta especialización: ¿tiene la familia campesina la capacidad financiera y la capacidad de gestión para generar o consolidar este crecimiento del olivar frente a la viña y otros cultivos? ¿Quiénes son los protagonistas de este proceso de desarrollo de la cultura oleícola? En segundo lugar, ¿es la demanda de aceite lo suficientemente elevada y atractiva para condicionar tal transformación?, ¿le resulta al campesino rentable este cambio?, ¿compensa esta progresiva implantación del cultivo de la aceituna? No olvidemos que la amortización del olivar era enormemente lenta, dado que exigía casi una decena de años para generar cierta rentabilidad, a parte de la amplia exigencia de mano de obra para las numerosas operaciones anuales asociadas (Pini, 1980: 133; Pinto, 2002: 118-120). Pero lo primero que debe ser destacado es que este proceso de implantación del olivar no depende, como tradicionalmente se ha indicado, de las condiciones climáticas o geográficas de esta zona. Hay que buscar las respuestas a las preguntas anteriores en parámetros socioeconómicos en los que convergen multitud de factores clave: el desarrollo de la manufactura textil y del jabón, la producción y el mercado de la lana, la articulación de una importante demanda interior de bienes de consumo de calidad media-alta relacionada con una mejora del nivel de vida en estas áreas rurales del interior-sur valenciano (Torró, 1996; Llibrer, 2010). Todo ello contribuyó a convertir el aceite en un producto estratégico que comenzó a salir del ámbito del consumo doméstico ordinario, para transformarse en un auténtico input industrial, en un factor de producción, en una materia prima para una manufactura en crecimiento. Por esta razón, fuerion precisamente, y así lo indica constantemente la documentación, los artesanos más emprendedores, los artesanos-empresarios, los que invirtieron en la cultura del aceite mediante diferentes estrategias complementarias: la adquisición de parcelas de olivar, o su reconversión, el mantenimiento de su cultivo y su recolección, el control y la gestión de las almazaras, e incluso la comercialización del producto al por mayor (destinado tanto a otros artesanos del textil como a las familias campesinas). Hasta tal punto esto fue así que ese sector destacado de artesanos emprendedores llegó a conformar auténticas empresas de explotación aceitunera con importante volumen de negocio. «Empresas aceituneras» que controlaron todo el proceso de producción, y así llevaron a cabo una intensa función económica, tanto mediante su influencia en la explotación agrícola, como en las instalaciones industriales de las almazaras. Ya veremos, en efecto, cómo fue el capital artesanal el que propició la inversión suficiente para consolidar esta tendencia a la especialización oleícola de estas comarcas. 3. Las parcelas: práctica agraria y gestión. La propiedad de las parcelas de olivar, y sus características, son lógicamente datos clave de esta producción y de su mercado. Como indicábamos, hemos documentado más de un centenar de referencias sobre este cultivo en nuestra comarca (117), y aunque no poseemos registro completo alguno de parcelas o propiedades, el conjunto localizado puede ser una buena base donde iniciar un análisis de esta peculiar cultura en la zona. Un primer dato resulta revelador: el $70 \%$ de las parcelas documentadas con olivares lo son de forma especializada, sin que en esa misma superficie aparezcan otras especies o cultivos asociados. En el campo valenciano es frecuente que el olivo sea un cultivo complementario a otros —como el cereal o la viña esencialmente—, y que comparta parcela con ellos (Viciano, 2012: 164-170).10 Esto denotaba una jerarquía productiva evidente entre los agricultores, que consideraban el olivo como un cultivo secundario (y sólo con destino doméstico) frente a los de mayor entidad (cereal, viña e incluso morera) que permitían mejores posibilidades de mercado. Sin embargo, en las referencias que poseemos del Comtat, la situación y la relación frente al olivo comenzaban a ser ya muy distintas. La necesidad industrial del aceite convirtió el olivo en un cultivo de primer orden y de alta rentabilidad, hizo que el capital urbano de origen artesanal se acercara a las tierras de la comarca para implementar su producción, y, así, a lo largo de todo el siglo xv, cuando la vocación pañera del área se fue consolidando, se llevó a cabo ese proceso de progresiva especialización en la olivicultura. De este modo, a partir de la segunda mitad de la centuria, la documentación comarcal ya muestra esta tendencia, esta presencia destacada de gran cantidad de parcelas, y parcelas exclusivas destinadas al olivo. Y no sólo parcelas, hemos localizado incluso algunas heredades dedicadas al cultivo de la aceituna. Se trata de auténticas unidades agrícolas agrupadas, formadas por distintas parcelas, con la presencia de casas, corrales e incluso almazara, y donde, en efecto, el olivar era el cultivo que centralizaba la producción. Y en el campo contestano resulta interesante destacar que las cinco heredades olivareras documentadas son propiedad de pelaires. Joan Pérez de Requena, pelaire de Cocentaina, poseía una heredad (hereditatem), situada en la partida del Algar, junto al río de Alcoi, con dos casas y varias parcelas de olivares, que además eran de propiedad franca o alodial. El también pelaire vecino Pere Cebrià poseía otra heredad en la comarca, en la partida de Miralbo, con olivares, higueras y viñas. Miquel Castelló, parayre contestano, era propietario de la heredad de Albacar, que compró al también pelaire Joan Sanç por 5.000 sueldos, y que incluía al menos cuatro parcelas de olivar y cuatro casas.11. Otro elemento clave que nos habla de la importancia de la olivicultura contestana y de la trascendencia de ese proceso de especialización es la presencia de olivares en zonas de regadío. Es evidente que este cultivo no necesita riego, pero la posibilidad de incorporarlo permite un interesante aumento de los rendimientos. Que el olivar ocupe zonas de huerta no hace sino testimoniar la jerarquía y el valor que se concedía a este cultivo, y a su posterior aprovechamiento industrial y mercantil. El porcentaje de estas parcelas regadas es del $1 1 \%$ , cifra significativa por lo que supone de opción por una determinada cultura frente a otras posibilidades más frecuentes en el ámbito rural valenciano. Tal vez sea este último punto, el del riego del olivar, el que mejor indica la opción por la especialización oleícola de esta comarca, al mostrar la importancia que se concedió al negocio del aceite.12. Por otro lado, un $30 \%$ de los olivos aparecen asociados a otras especies, sobre todo, al cereal y a la viña (casi tres cuartas partes), aunque también en menor medida al moreral y a la higuera. La documentación describe con detalle esta cultura promiscua: trocum terre plantatum oliveris, vinea et diversorum arborum; trocum terre plantatum olivis, moreris, codonyers et aliorum generum arborum; trocum terre plantatum mallol cum certis oliveris.... Se conformaba así una presencia salpicada y capilar de este cultivo entre otras especies o en sus lindes por todo el territorio de la comarca; y estasasociaciones no hacen sino traducir un proceso de intensificación agrícola en la que el olivo era ya protagonista, y en la que se pone en evidencia la capacidad organizativa de la familia campesina o de los propietarios urbanos encargados de la gestión de esta producción. Pero era la tendencia hacia la configuración de parcelas exclusivas de olivar la que determinaba la opción hacia una especialización oleícola dirigida. En la medida que se iban multiplicando estas parcelas, se iba traspasando el marco autárquico en el que se había situado el cultivo del olivo desde hacía siglos, y como parecía confirmarse por su escasa presencia en el agro o en la documentación (en contratos, compraventas, peajes, etc., donde es difícil encontrar el aceite). Los pocos olivos que se alternaban junto al cereal o las viñas, o los que se habían plantado en solitario en los lindes de las parcelas, o en algún huerto, dieron paso, a lo largo del siglo xv, a decenas y decenas de parcelas, incluso de heredades, donde el olivo era el único protagonista del paisaje, que marcaba y determinaba los ritmos y el trabajo campesinos. El intenso trabajo anual que estas parcelas exigían es un argumento más que refuerza la tesis del crecimiento oleícola en función de parámetros especulativos (manufactura, comercio), y más allá del autoconsumo campesino. Hasta seis operaciones, y algunas con enorme exigencia de mano de obra, debían llevarse a cabo en los olivares: tras la recolección, y entre los meses de enero a abril, se realizaban uno, dos o hasta tres arados de la tierra; como complemento a la labor anterior, debía practicarse, de forma manual, la cava de los pies para facilitar la limpieza de cada árbol y para que la humedad de las lluvias de la primavera penetrase en el suelo; en el verano era necesario invertir el proceso para evitar su evaporación (Borrero, 1983: 75-76); tras el trabajo en la tierra llegaba la operación clave en la planta, la poda, que exigía especialistas de alto precio, y que solía ser controlado por los mismos propietarios para su correcta ejecución y para evitar un abuso de corte para leña; la siguiente operación, durante los meses de verano a octubre, era la roza o limpieza de la parcela para evitar el riesgo de incendios, y para preparar la recolección (Martín Gutiérrez, 2004: 68-72); para evitar la excesiva maduración de la aceituna y su masiva caída, se imponía una técnica de recolección que exigía un gran aporte de mano de obra concentrada en muy poco tiempo, en apenas dos meses. Comenzando en San Martín, 11 de noviembre, la cosecha no iba más allá de principios de enero, y tanto si era realizada recogiendo a mano directamente del olivar o batiendo sus ramas con varas (y con amplios paños extendidos en el suelo), la necesidad de trabajadores era evidente. La tarea se completaba con el transporte del fruto hasta las almazaras, con la ayuda de animales. Todo el conjunto de operaciones que se realizaban en estos molinos, no hicieron sino aumentar la necesidad de una organización compleja y de unos operadores que gestionaran todas estas fases. Los artesanos emprendedores —los pelaires y pañeros citados—, asumieron el papel tanto de promoción del proceso de especialización, como de coordinación de todas las operaciones descritas, mientras aportaban el capital necesario para ponerlas en funcionamiento. Y esta tarea gestora comenzaba con la propiedad o el control de buena parte de las parcelas de olivar. Este interés directo, lo atestiguan también los datos. De las 117 parcelas documentadas, llegamos a conocer 115 propietarios, y de nuevo el colectivo artesanal textil deviene protagonista: suponen el $60 \%$ de los dueños de las parcelas según indican los notarios (Tabla I). En esta lista nos aparecen pelaires, tintoreros, sastres, tejedores y pañeros (drapers), aunque son los primeros los más interesados en la propiedad de los olivares (con casi la mitad de la nómina). Más allá del sector de la manufactura de la lana, el $30 \%$ de los propietarios citados en los protocolos notariales son campesinos (donde los musulmanes suponen algo más de la mitad).13. Tabla I. Estructura socioprofesional de la propiedad en los olivares documentados Comarca el Comtat (1470-1500) Fuente: Protocolos Guillem Peris et alii (APPV y AMC). Elaboración propia. <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Propietarios de olivares</td><td rowspan=1 colspan=1>Num.</td><td rowspan=1 colspan=1>%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pelaires</td><td rowspan=1 colspan=1>52</td><td rowspan=1 colspan=1>45,21</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tintoreros</td><td rowspan=1 colspan=1>9</td><td rowspan=1 colspan=1>7,82</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sastres</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td><td rowspan=1 colspan=1>2.6</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tejedores</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>1,73</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Paneros (drapers)</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>1,73</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Agricultores</td><td rowspan=1 colspan=1>32</td><td rowspan=1 colspan=1>27,82</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mercaderes</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td><td rowspan=1 colspan=1>3,47</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tenderos musulmanes</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>1,73</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Caballeros</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>5,21</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pastores</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>1,73</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Molinero</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>0,86</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>TOTAL</td><td rowspan=1 colspan=1>115</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr></table>. Esta peculiar estructura de la propiedad nos indica, en primer lugar, el interés de los sectores urbanos en este mercado de la tierra. Observamos que es en efecto el capital urbano (que surge de la manufactura y en menor medida del comercio) el que accede a estas parcelas para su aprovechamiento y gestión, contribuyendo incluso a ampliar la superficie oleícola de la comarca. En segundo lugar, esta estrategia de acercamiento al olivar se traducirá además en un intento de ir renovando las formas de conducción de la tierra mediante la implementación de sistemas de arrendamiento o aparcería. Este intento de control de los olivares buscaba en el fondo la gestión de todo el ciclo oleícola, desde su producción al consumo, y tanto en ámbito doméstico como en los talleres artesanales. Y este progresivo control de los sectores urbano-artesanales es el que propició, desde finales del siglo xiv y a lo largo de todo el xv, la superación de la autarquía en el sector oleícola para acercarlo a una economía mercantil. El control de los costes de producción del aceite (que, como hemos visto, exigía amplios aportes de mano de obra), la garantía de una producción constante, y finalmente el control de sus precios, llevó a todos esos artesanos y mercaderes a intervenir en la oleicultura. Esta intervención se vehiculaba no sólo mediante el acceso a las parcelas, sino también con su posterior arrendamiento a grupos campesinos. Aunque no hemos documentado muchos de estos contratos, unos pocos nos permiten un interesante análisis. La prospección en las fuentes nos ha dado como resultado ocho de estos acuerdos de gestión de la tierra, y si bien parecen pocos en un arco de treinta años, lo cierto es que superan a los localizados para parcelas de cereal o moreral (un total de cinco documentados), o la viña (sólo uno). Sabemos que muchos de estos contratos, más cercanos a la aparcería asociativa, se realizaban sin pasar por el notario, de ahí su escaso número en las fuentes, no obstante, nos permiten conocer las estrategias de gestión de los olivares. En ningún caso sobrepasaban los tres años de duración, y como precio anual se establecía una parte de la producción: en ocasiones, la mitad, en otras, una cantidad nominal que iba de los 300 a los2.500 litros. Sólo en un caso, la renta se establece en metálico (60 sueldos anuales). La formulación de estos contratos obligaba al arrendatario a la realización de todas las tareas que el cultivo necesitaba a lo largo de la temporada, y desvinculaba al propietario de tales cargas laborales. En definitiva, los artesanos cedían sus parcelas a los campesinos, y de esta forma se garantizaban un aprovisionamiento de aceite necesario para sus actividades manufactureras o para el mercado. El interés por el pago en aceite, y no en dinero, testimonia esta estrategia de gestión de unas parcelas y un cultivo tremendamente complejos. 4. Los espacios de transformación: propiedad y gestión de los molinos de aceite. La estrategia oleícola del grupo emprendedor local se completaba con una intensa acción en las instalaciones de transformación de la aceituna. Al igual que los olivares, las almazaras están también muy presentes en la documentación de la comarca, y su número es otro de los testimonios del cambio agrícola citado. Ya indicamos el más de medio centenar de referencias, que se han traducido en la identificación efectiva de más de una docena de estas instalaciones situadas en solo una villa, o en su entorno rural más cercano. De las catorce almazaras documentadas, ocho estaban ubicadas en el espacio urbano de Cocentaina; otras tres en la vecina Muro del Comtat, una en Alcoi, otra en Benimarfull, y finalmente otra en Planes, la más alejada de la capital, pero sólo a diez kilómetros de las murallas de Cocentaina. En cuanto a su propiedad o gestión, exceptuando dos casos en los que no hemos obtenido referencias, para el resto de prensas, el papel de los empresarios-artesanos del textil fue, de nuevo, determinante. Documentamos dieciocho propietarios (en todo el periodo 1470-1500), y de estos dieciocho, trece eran pelaires o pañeros vecinos de Cocentaina, mientras que dos eran mercaderes vecinos de la misma villa. Un caballero de la pequeña nobleza local, y dos agricultores, completan la nómina de gestores. De nuevo parece ser que el capital artesanal y mercantil urbano ajeno a la tierra (aunque sobre todo artesanal que, como hemos visto, no es tan ajeno a la tierra de los olivares), es el que aportaba la inversión necesaria para el mantenimiento, la gestión y el funcionamiento de estas instalaciones. De hecho, es este mismo sector emprendedor urbano el que se llegó a encargar incluso de la construcción de estas infraestructuras.14. Por lo que muestran las fuentes, la compra directa o el arrendamiento fueron las formas de acceso a estos molinos: seis documentos de compraventa y cuatro arrendamientos confirman la idea. Hay que indicar además que algunas almazaras aparecen como de propiedad franca o alodial, sin estar sometidas a censo feudal (cuatro del total de catorce). Es lógico pensar que la iniciativa privada y emprendedora de los artesanos y mercaderes empresarios comenzó a jugar un papel clave en la construcción y en la puesta en funcionamiento de muchas de estas instalaciones, sin que la autoridad feudal pusiera obstáculos al desarrollo de una actividad de la que recibía otros ingresos complementarios, como el que se derivaba de las transacciones, de los diezmos o las particiones del aceite, el iusolei.15. El mismo valor que se asignaba a las almazaras ya nos indica su trascendencia en la vida económica local. En las compraventas, la media de capital invertido era de 1.600 sueldos (con un máximo de 2.500 y un mínimo de 1.000 sueldos). Es cierto que los datos que aquí poseemos (sólo seis compraventas) no conforman una gran serie como para establecer cifras determinantes, pero al menos sí resultan significativas sobre la elevada inversión inicial para acceder a estas instalaciones. En el caso de los arrendamientos, los censos, generalmente en metálico, son también elevados, y van de los 120 a los 350 sueldos anuales. Si el pago se regula en especie, se establece generalmente la mitad del aceite producido o una cantidad fija (de entre 300 a 650 litros). Y, como en el caso de las parcelas de olivos, la periodización de dichos contratos no va más allá de tres años. Todos los datos aportados nos indican que la inversión que exigía el acceso a una almazara era muy cercana a la que requería el acceso a un molino batán, a una tintorería o a un tirador de paños, como documentamos en la misma comunidad manufacturera contestana (Llibrer, 2010), y ello explica que sólo los artesanos empresarios con mayor volumen de negocio podían hacer frente al capital necesario. En realidad, las almazaras se convirtieron también en infraestructuras industriales como las citadas, necesarias para la producción textil, y por ello de estratégico control por parte de los artesanos. La instalación de la almazara con sus inmuebles no es lo único que justifica su elevado precio, sino la trascendencia del aceite en los procesos de producción manufacturera. Cuando nos referimos a las almazaras no sólo debemos pensar en el artefacto mecánico de rulos y viga. Las fuentes nos las describen como un complejo de edificios con varios espacios necesarios a la actividad oleícola: graneros para almacenar la aceituna, patios para extenderla, depósitos para la pasta sobrante, hogar para calentar el agua del escaldado, pilas para el decantado, habitación para las grandes jarras, etc. La tipología de almazara era de molino rompedor con una o dos piedras troncocónicas, los llamados rotllos de la documentación.16 Este sistema, derivado de la mola olearia romana, estuvo en uso en la comarca, y en muchas áreas de la costa mediterránea peninsular hasta el siglo xx (Amouretti y Comet, 1985; Martínez, 1995; Cascant, 2014). La organización del proceso de producción en las almazaras descritas estaba bien delimitada en función de sus espacios: tras su traslado al molino, se depositaban las aceitunas en un almacén (graner de metre olives) formando los montones que iban pasando a la molienda para obtener una pasta triturada; posteriormente se exprimía esa pasta mediante varios prensados (y escaldando con agua caliente) para obtener una mayor cantidad de aceite (Llibrer, 2019). En relación con el rendimiento de estas instalaciones, y con las cantidades que podían generar por jornada, disponemos de escasa información local; no obstante, un pequeño dato comparativo, de la vecina Murcia, y para almazaras técnicamente similares, nos permite hablar de una capacidad de producción diaria de entre 8 a 14 arrobas, es decir, entre unos 90 a 160 litros (MartínConsuegra, 2001: 155). Así, calculando con estas sencillas cifras, las catorce almazaras documentadas en nuestra comarca, en pleno proceso de molturación allá por los meses de enero y febrero, podrían poner en el mercado diariamente unos 1.700 litros. La cantidad, que nace de un relativo análisis comparado, nos sirve al menos para indicar que la producción contestana tuvo un destino que iba mucho más allá de las necesidades domésticas de los vecinos, y un objetivo claramente merceológico en función de la demanda de la industria textil y de un mercado supracomarcal en desarrollo. A su vez, si al dato anterior le aplicamos el índice de rendimiento de la aceituna en época bajomedieval, de entre el $1 5 \mathrm { - } 2 0 \%$ , podemos llegar a calcular que para producir esos 1.700 litros diarios eran necesarios unos 10.000 kilos de aceituna.17 Es así fácil adivinar la frenética actividad que, desde diciembre hasta más allá de febrero, se llevaría a cabo tanto en las parcelas de olivar como en las almazaras. El impacto sobre la economía rural y también la urbana era sin duda trascendental, llegando a condicionar en estos meses el trabajo de muchos activos de la comarca. 5. El mercado de aceite y sus operadores económicos. Sabemos que entre 1470-1500 en la ciudad de Cocentaina llegaron a trabajar de forma simultánea hasta cinco notarios, lo que nos indica, por un lado, el carácter de capitalidad que adquirió este núcleo, que atraía iniciativas de su activo espacio rural pero también de villas de otras comarcas vecinas; a su vez, nos habla de la multiplicidad de transacciones y negocios que demandaban la escrituración de sus actos.18 No obstante, la limitada conservación de todo este amplio bagaje documental, con la supervivencia de los libros de un solo notario (y no completos), junto a unos pocos volúmenes sueltos de otros, nos dificultan la reconstrucción con detalle de actividades, negocios y empresas. Aún así, lo que nos ha llegado permite al menos la concreción de tendencias y procesos. Esto mismo nos ocurre con el mercado del aceite: a pesar de haber localizado poco más de doscientas transacciones (216) para un periodo de treinta años, su valor es de enorme trascendencia, tanto por lo que nos aportan y nos dicen, como por lo que silencian. Pensemos, en primer lugar, que hablamos de la información que nos aporta un solo notario de los cinco presentes en la villa; no olvidemos, además, que sólo un pequeño porcentaje de compraventas de estos productos locales pasaba por la mesa notarial a causa del coste que la redacción del documento y de sus copias suponía para ambos clientes, comprador y vendedor.19 Aunque no podemos calcular qué porcentaje de este mercado quedaba fuera del registro notarial, lo que resulta evidente es que la actividad oleícola de la comarca sería mucho mayor a la que nos aparece en las cuartillas de los protocolos, y que un innumerable conjunto de pequeñas o medianas compraventas se llevaban a cabo entre vecinos de la comarca sin mediación administrativa alguna. Las más de doscientas compraventas documentadas nos permiten, a su vez, un detallado análisis de los operadores y de las prácticas mercantiles. El colectivo que de forma destacada se encargaba de la distribución de aceite en la comarca era de nuevo el de los pañeros. El $6 2 { , } 5 \%$ de los vendedores eran artesanos, sobre todo pelaires (que suponían el $40 \%$ de los distribuidores). Muchos de estos pelaires actuaron, en efecto, como auténticos «señores del paño», auténticos empresarios que mediante la adquisición de las materias primas (lana, aceite y tintes) activaban el proceso de producción y gestionaban sus numerosas fases de elaboración, incluso el abatanado y el tintado. En Cocentaina se han localizado numerosos casos de estos emprendedores que fueron también los gestores del mercado de aceite y de las propias almazaras (Llibrer, 2015). Si a estos pelaires y pañeros sumamos un reducido grupo de tintoreros y sederos, llegamos a confirmar cómo el $6 2 , 4 8 \%$ de los distribuidores de esta comarca aceitunera tenían su origen en la industria de la lana. A su vez, es importante destacar que los mercaderes profesionales (ajenos al sector manufacturero) sólo aparecen en el $1 7 { , } 8 5 \%$ de las ventas, lo que nos confirma la función clave del capital artesanal en la producción y venta del aceite. Eran los pelaires (y otros artesanos textiles) los que gestionaban la producción de las parcelas, la transformación de la aceituna en las almazaras, y su venta posterior. Y esto se confirma también por el hecho que los agricultores de la comarca intervienen pocoen la transformación y venta del aceite (sólo aparecen en el $1 2 { , } 4 5 \%$ de las ventas). En el grupo de los agricultores hay que destacar a algunos miembros del colectivo mudéjar $( 7 , 1 4 \% )$ , pertenecientes a importantes familias islámicas de la comarca, que redistribuyen aceite en pequeñas cantidades entre los vecinos de las numerosas aljamas del área.20 La nómina de vendedores de aceite se completa con unos pocos jaboneros, cuatro caballeros de la pequeña nobleza local y un notario. Por otro lado, en relación con los colectivos que adquieren el aceite que preferentemente los artesanos del textil ponen en circulación, eran los agricultores de la comarca y de zonas vecinas los compradores más destacados, conformando un $65 \%$ de la nómina general. Entre estos debemos resaltar la importancia de los mudéjares (el $44 \%$ ), que poblaban las sierras y valles del interior de la comarca (Seta, Gorga, Travadell, Mariola, Benicadell, Gallinera, Guadalest), y que acudían a la capital para el abastecimiento de bienes de consumo básicos (Llibrer, 2014 c). Pero no debemos olvidar que los menestrales del textil, y esencialmente los pelaires, vuelven a ser protagonistas también de las adquisiciones, completando un $20 \%$ de los compradores. Un grupo de jaboneros $( 3 , 1 7 \% )$ nos confirma que el aceite como materia prima industrial vuelve a estar presente en la función económica de este mercado. En relación a los profesionales del comercio, hay que resaltar también su limitada presencia, sólo el $7 { , } 9 3 \%$ , donde predominan los minoristas (tenderos y trajineros) que distribuían entre vecinos de la comarca. Es decir, los grandes mercaderes de la zona tampoco adquirieron aceite en grandes cantidades para después distribuir, sino que eran directamente los artesanos del textil los encargados de la gestión del mercado oleícola, de la misma manera que lo eran del mercado de la lana o de los productos para el tinte (Llibrer 2010, 2015). Pero para evaluar correctamente las características de este mercado y su función económica es necesario explicar el volumen de las transacciones y su metodología. En este sentido, debemos indicar que la compra media de aceite contestano era de 54,34 arrobas, lo que supone la elevada cantidad de 660 litros. La venta más elevada en una misma transacción es de 600 arrobas (7.284 litros), y la menor de 6 arrobas (73 litros).21 Por otro lado el $1 5 \%$ de las compraventas notariales sobrepasaban el centenar de arrobas (más de mil litros); ambos datos (la cifra media, 660 litros, y esta última) nos confirman que estas adquisiciones de aceite tenían en muchos casos una finalidad profesional o industrial que la alejaba del simple consumo doméstico asociado a la alimentación. Las inversiones necesarias para poder adquirir este producto corroboran esta finalidad. Como analizamos un mercado en un arco cronológico muy ajustado (los treinta años que van de 1470 a 1500) y en un ámbito geográfico-comarcal también muy preciso, podemos valorar los precios de la forma adecuada sin caer en amplios desajustes o devaluaciones que podrían distorsionar las conclusiones. Como es lógico, el precio del aceite fluctuaba a lo largo del año en función del ciclo agrario del olivar y de su recolección, por ello es frecuente encontrar cifras con importantes diferencias (Tabla II). En nuestro mercado contestano, su precio va de los 4,5 hasta los 11 sueldos por arroba, en función tanto del período de adquisición como del tipo de compra, ya que en numerosos casos documentamos transacciones anticipadas, previas a la recolección y al prensado de la aceituna. Era una estrategia de muchos compradores para garantizarse importantes cantidades de aceite necesarias para su negocio, y ya Melis habló de ella en relación a los empresarios textiles toscanos (Melis, 1972: 130). Y era precisamente cuando se realizaban estas adquisiciones anticipadas (en los meses de septiembre, octubre y noviembre, y que llegan a suponer el $2 1 { , } 4 2 \%$ del total de compraventas), cuando el precio solía ser más ajustado, entre los $^ { 4 , 5 \mathrm { ~ y ~ } 5 }$ sueldos por arroba. Es evidente que la compra anticipaba generaba un riesgo en el comprador, era una auténtica compra a crédito, ya que debía adelantar el precio del producto, pero no lo recibiría hasta meses después (normalmente en febrero, como nos indican los contratos conservados) y de ahí la necesidad de establecer unos precios más ajustados. Tabla II. Variación anual del precio del aceite. Comarca El Comtat (1470-1500) Fuente: notario Guillem Peris y otros. Elaboración propia. Las cifras más altas del valor del aceite (entre 10 y 11 sueldos) se documentan en el periodo anual en que el producto de la temporada comienza a escasear, de septiembre a diciembre. El inicio de la limitación de la oferta contribuye, como es lógico, a un aumento de los precios, por ello es en estos mismos meses cuando algunos operadores comienzan ya a comprar anticipadamente el aceite que se elaborará la temporada siguiente. En los meses centrales del año, de febrero a agosto, el precio se sitúa entre los 6 y 8 sueldos, como corresponde a este periodo en el que su oferta es todavía elevada tras la recolección. Estas fluctuaciones en el precio no hacen sino indicarnos el carácter y el objetivo merceológico que tenía el aceite en la comarca y que se había alejado ya del marco autárquico tan presente aún en buena parte del reino. Con este conjunto de precios, se deduce que la inversión media realizada en el mercado contestano para la adquisición de aceite era de unos 422 sueldos; sin embargo, atendiendo al conjunto de las 216 compraventas documentadas, observamos que el $6 5 , 8 5 \%$ del aceite comercializado sobrepasaba el precio de 6 sueldos, por lo que la inversión media para la compra sería prácticamente de unos 500 sueldos; cantidades que, en uno u otro caso, eran ciertamente elevadas. Estamos, por tanto, ante un mercado mayorista, con un volumen en circulación muy alto, fruto evidentemente de la elevada capacidad productiva de la comarca. Sin un nivel de producción adecuado la comercialización hubiera sido simplemente al por menor, en compraventas de pequeñas cantidades, como las que hemos visto en los libros judiciales (de menos de 10 arrobas), y como ocurre en buena parte de las áreas rurales valencianas. Pero aquí, la producción en aumento generó a lo largo de los treinta años analizados un volumen de negocio oleícola extraordinario, y casi único en el contexto bajomedieval de la Corona de Aragón. Si bien el aceite que está presente en todo este activo mercado tiene su origen en la misma comarca del Comtat, podemos concretar aún más su producción en la zona periurbana, asociada al ritmo y a la iniciativa económica de la capital (Muro, l’Alcúdia, Almudaina, Benimarfull, Planes o Fraga). No obstante, el aceite se distribuía con mucha frecuencia más allá de los límites de esta comarca. La nómina de compradores del producto nos permite dibujar un amplio mapa supracomarcal por el que circulaba el preciado aceite contestano. Bocairent, Biar, Castalla, Onil, pero también Pego, Alacant o Elx, configuran un mercado regional con un círculo de acción de casi $1 0 0 \mathrm { k m } .$ , si tomamos como referencia la villa de Cocentaina, auténtica base de los negocios aceiteros de la comarca, y donde residían los más importantes y activos empresarios oleícolas. Pero la articulación del mercado contestano del aceite es mucho más compleja de lo que muestran estas cifras generales. De hecho, este mercado se estructuraba en función de tres áreas o círculos de acción bien diferenciados: por un lado estaba el destino local, ya que buena parte de la producción era dedicada a abastecer a la importante comunidad artesanal pañera de la villa de Cocentaina y su comarca; en segundo lugar, la documentación nos muestra que otra parte del aceite contestano se comercializaba en las comarcas vecinas de l’Alcoià o la Valld’Albaida, y circulaba hacia comunidades o villas como Bocairent, Onil, Castalla o Biar, configurándose así un segundo anillo del mercado contestano con un radio de acción de entre unos 20 a $3 0 \mathrm { k m }$ ; en tercer lugar, el aceite del Comtat llegaba a comercializarse en villas o ciudades situadas entre los 40 y los $8 0 \mathrm { k m } .$ , y tanto hacia el norte y la costa, como era el caso de Pego, o hacia el sur en dirección a Alicante o Elx, lo que dibujaba una interesante demanda oleícola para los empresarios contestanos.22. De todos modos, sería interesante conocer qué parte, qué cantidad de la producción contestana era «exportada», es decir, qué porcentaje salía hacia estos mercados supracomarcales. Las numerosas compraventas documentadas nos indican que hasta el $2 5 \%$ del aceite comercializado circulaba en dirección a esos dos círculos exteriores, dato nada desdeñable que nos llega a confirmar dos ideas clave: por un lado, la importante capacidad de producción oleícola contestana, que permitía a la vez abastecer tres tipos de demandas distintas (la doméstica local, la que generaba la amplia manufactura textil de la comarca y la que originaba una demanda exterior ya de cierta intensidad durante el último tercio del siglo xv); pero por otro lado, las cifras de este mercado nos indican además la interesante vocación mercantil que desde muy pronto desarrollaron los artesanos-empresarios contestanos, ya que eran ellos los que de forma directa (y sin otros intermediarios) ponían en circulación este aceite que sobrepasaba los límites de la comarca, respondiendo ya así a los estímulos del mercado. Es decir, este sector emprendedor local vio y entendió las posibilidades que el aceite tenía como producto merceológico que podía generar destacados beneficios. Una vocación oleícola mercantil que se iniciará en estas décadas finales del Cuatrocientos, pero que se convertirá ya en una constante posterior para la vida económica contestana (Cabrera González, 1986; Peris, 1995: 486-487; Torró, 2005; Cascant, 2014). Lógicamente era necesario coordinar toda esta iniciativa económica, coordinar y gestionar todo este esfuerzo productivo, la gran cantidad de mano de obra implicada, las instalaciones, la maquinaria, el transporte, las inversiones necesarias. Todo lo analizado anteriormente nos ha descubierto ya la presencia y la acción de un destacado grupo de emprendedores oleícolas, de auténticos empresarios que, por necesidad artesanal, vieron en el aceite una materia prima básica, pero también una interesante oportunidad de negocio y de mercado para un producto con una demanda en aumento. Así, la necesidad de garantizarse un suministro de aceite necesario a su trabajo textil de la pelairía, los llevó a acercarse a las fases y los espacios de producción oleícola: accedieron a la tierra adquiriendo parcelas de olivar y contribuyendo a su extensión; contactaron con campesinos para mantener estas parcelas; se interesaron por adquirir y controlar las almazaras para gestionar la moltura; incluso decidieron acceder al mercado para vender ese aceite que era cada vez más cotizado. Conocemos bien el perfil social y económico de estos emprendedores gracias a los análisis prosopográficos que hemos realizado en el espacio contestano (Llibrer, 2010). Prácticamente todos venían del mundo de la manufactura, y más en concreto del sector de la pelairía, que suponía el control de las tareas de tratamiento inicial de la lana, y de las fases de acabado del paño —el tundido, el abatanado y en ocasiones incluso el tintado (Llibrer, 2014b). La dedicación y la gestión de estas operaciones manufactureras por parte de estos artesanos empresarios implicaban, por un lado, el control de las instalaciones industriales donde se llevaban a cabo (los molinos batanes, las tintorerías, los tiradores de paños, las almazaras); y, por otro lado, la participación de forma directa en el mercado de las materias primas, comprando y distribuyendo lanas, tintes y aceite entre artesanos de estas villas y comarcas. La producción y venta de aceite era una más de las estrategias empresariales de estos operadores, de la misma forma que la propiedad de otros inmuebles rústicos o de amplias cabañas de ganado lanar. El acceso al aceite fue para ellos un negocio necesario y complementario. Enunciaremos sólo unos pocos casos de estos emprendedores oleícolas que nos servirán para confirmar su perfil social y sus líneas de negocio. El primer caso destacable es el de Gabriel Bosch, pelaire (panniparator contestano), que poseyó al menos cuatro inmuebles en la villa: dos casas, una con corral, un taller y una almazara de producir cera. Tuvo una cabaña de más de 200 cabezas de ganado ovino. Además, fue propietario de cuatro parcelas (una de cereal, dos de viña y una de moreras, y todas ellas alodiales). Pero lo más destacado en su patrimonio fundiario es que fue el señor de la alquería de Ares, en término de Penáguila, donde se abastecía del aceite necesario para sus negocios y donde contaba con una almazara. De hecho, su dedicación al comercio de aceite fue intensa. Un ejemplo: en sólo nueves días de marzo de 1482, vendió 1.700 litros a ocho diferentes vecinos de Pego (a $3 0 \mathrm { k m } )$ ), y consiguió unos ingresos de 1.350 sueldos. Su mercado se amplió en años posteriores: realizó ventas a un mercader de Elx (a unos $7 0 ~ \mathrm { k m }$ ) con medias de más de 4.000 litros, y para ello contactó con un trajinero musulmán que realizase el transporte. Fue, además, el recaudador del «derecho del aceite» del conde de Cocentina, y tomó en arrendamiento el derecho del peso, dret del pes. Su relevancia en la vida municipales amplia pues desempeñó prácticamente todos los cargos de las magistraturas urbanas: justicia en 1481, jurado en 1491, 1498 y 1502, y almotacén en 1493. Casó a su hija con el más activo tintorero de la villa y le concedió una elevada dote de 9.000 sueldos.23. Otro interesante ejemplo es el de Joan d’Estanya, pelaire que evolucionó a pañero (draper), y a quien encontramos vendiendo lana, paños, ganado, cereales y, sobre todo, aceite. Poseyó al menos un olivar y también una heredad franca en Muro en zona de regadío. Fue señor de la alquería de Benifloret, en la que tenía residiendo al menos a dos familias islámicas que se encargaban de la explotación de sus olivares. Fue propietario, además, de una almazara alodial, en Cocentaina, que compró en 1471 por 1.000 sueldos. Le documentamos más de una decena de ventas de aceite (con una media por transacción de 34 arrobas, 420 litros). Fue jurado (1470 y 1473) y justicia local (1481). Hizo donación a su hijo —por matrimonio con la hija de otro importante pelaire vecino—, de 12.000 sueldos (en metálico y censales). Su hijo continuó los negocios mercantiles de la empresa paterna: compra de lana, venta de paños, ganado y también aceite, y en grandes cantidades (más de 2.000 litros). La familia d’Estanya tuvo especial dedicación al aceite. Otro miembro, Bernat, también pañero —que llegó a conseguir la condición de caballero (miles)—, adquirió parte de otra almazara en Cocentaina, por 1.100 sueldos, para transformar toda la aceituna producida en sus cinco heredades de Muro; de hecho, en dos años, hubo de ampliar la almazara y para ello compró un inmueble colindante. Otra familia de pañeros que destacó por su actividad oleícola fue la de los Maiques. El padre, Bartomeu (1471-1496), adquirió un amplio patrimonio fundiario: siete parcelas (cuatro de cereal, una viña y dos olivares), pero también una alquería en el término de Cocentina, explotada por varias familias musulmanas. Vendía aceite, pero también lo compraba de forma anticipada, sin duda para redistribuirlo condiciones ventajosas. Su hijo Bartomeu (1480- 1500), un pelaire que se reconvirtió en mercader (mercator), vendió aceite (650 litros de media) y también cereales y paños. Pero su interés por el aceite fue mayor ya que amplió el patrimonio oleícola con dos parcelas más de olivar y con una almazara con corral contiguo. Fue, además, hombre de confianza del conde de Cocentaina y gestionó durante años su administración. El pelaire Bernat Martí (1470-1482) aparece como uno de los comerciantes de aceite más activos. Compraba y vendía lana y paños con frecuencia, lo que nos habla de su elevada producción textil. Gestionó, además, el tintado de los paños mediante acuerdos o compañías con tintoreros vecinos (Llibrer 2014b). Comercializó cereales, vino y aceite en grandes cantidades. Su estrategia parece estar en comprar anticipadamente el producto para después venderlo en condiciones ventajosas: entre agosto y noviembre se reservaba y pagaba el aceite en grandes cantidades (siempre más de 2.000 litros y a un precio de 4,5 sueldos por arroba), con inversiones superiores al millar de sueldos pagados de forma anticipada, lo que denota su capacidad de inversión; los productores se comprometían a llevarle el aceite a su casa (sin duda con gran capacidad de almacenaje) durante los meses de enero a marzo; posteriormente Bernat fue vendiéndolo en transacciones con una media de 770 litros. En sólo un día (11 de noviembre de 1479, periodo de escasez de aceite justo antes de la nueva cosecha) llegó a vender 4.100 litros en cuatro operaciones, y en un mes logró distribuir más de 6.000 litros. Hemos calculado, en función de los precios de compra y los de las ventas (que siempre sobrepasaban los 8 sueldos, es decir el doble del valor de adquisición) que los beneficios que este juego con la demanda le generaban anualmente, superaron los 3.000 sueldos. La familia Ripoll fue otra de las interesadas en el negocio oleícola. El padre, Francesc, pelaire (1471-1488), ya era propietario de una gran almazara, la del Pla de la Font. Uno de sus hijos, Antoni, también panniparator (1482- 1500), adquirió otra almazara y una heredad formada por varias parcelas y establo. Vendía aceite con una media de unas 90 arrobas (casi 1.100 litros) y adquirió la mitad de un molino harinero. Su hermano Bernat, pelaire y pañero (1480-1502), compró dos parcelas de olivar y recibió en herencia la almazara de su padre, que posteriormente fue dividida en dos en una interesante estrategia empresarial: una parte la vendió por 1.100 sueldos y la otra la arrendó mediante contratos de corta duración (un año) y a cambio de censos en especie que siempre sobrepasaron los 600 litros. La lista de estos emprendedores interesados en el aceite podría continuarse con algunos ejemplos más de la misma villa, pero el perfil nos ha quedado fijado ya con varias características comunes: el origen de su negocio y de su interés por el aceite nace del mundo artesanal, de la producción y venta de lanas y paños; posteriormente, su capacidad inversora se dirige hacia la tierra para adquirir heredades o parcelas de olivar; el intenso trabajo de este cultivo y su recolección se realizaba mediante mano de obra asalariada, o a través de contratos de arrendamiento; el trabajo en la almazara era gestionado por estos artesanos de la misma forma, mediante asalariados, mozos o aprendices de taller que aparecen con frecuencia en los obradores textiles; finalmente, el conocimiento del mercado que estos menestrales tenían, gracias a la venta de lanas y paños, les propició la oportunidad de distribuir también el aceite de sus almazaras o el que compraban de forma anticipada a precios más bajos (Llibrer 2010, 2014b). En definitiva, y no podemos olvidarlo, hablamos de una producción y venta de aceite activada y gestionada por artesanos del textil, no mercaderes profesionales o por ricos agricultores, sino por un sector emprendedor de la pañería que cada vez derivaba más sus negocios hacia las oportunidades que le ofrecía la demanda de este cotizado producto. 6. Conclusiones. Para acercarnos al estudio de la producción oleícola y a sus usos industriales necesitábamos una visión intensiva, centrada en un espacio geográfico muy concreto, pero que ofrecía interesantes datos de inicio. En efecto, entre el volumen documental de esta zona se dejaban entrever una serie de tendencias que, tras el tratamiento y la interpretación en profundidad de los datos, han permitido una imagen de conjunto sobre un proceso económico de consolidación sectorial. La importancia y el desarrollo de la industria textil implementaba este proceso, y sus propios operadores ya nos aparecían como gestores del mismo. En el fondo, nos encontrábamos ante un fenómeno que se había concretado —y se estaba concretando—, en otras áreas de la Corona de Aragón: nos referimos a la penetración o inversión del capital urbano en las zonas rurales para complementar y finalizar negocios (Iradiel, 1999, 2003, Sesma, 1992, 2005). En nuestro caso, esta inversión se materializó en un progresivo esfuerzo por impulsar la producción lanera con la gestión de grandes cabañas de ganado, por activar la obtención de productos para el tinte y, también, —y éste es aquí un factor diferencial— por desarrollar y aumentar la olivicultura. Se fueron así estableciendo múltiples y complejos intercambios entre los intereses urbanos, o artesanales en nuestro caso, y los de las áreas rurales circundantes. Estos intercambios no sólo implicaron la inversión para la adquisición de tierras, sino también la implantación de una nueva «cultura del olivo». Esta «cultura del olivo» no refería únicamente a la idea de extensión física del cultivo en más y más parcelas, sino a la idea de llegar a ejercer sobre la economía campesina, sobre las familias campesinas, una influencia o un importante cambio de mentalidad para que aceptaran esta nueva propuesta económica, para que una buena parte de su esfuerzo laboral se centrara en este nuevo cultivo, que además exigía trabajo intenso en determinados periodos; y también para que llegaran a entender que el olivo no era un cultivo marginal dedicado al autoconsumo y comprendieran su potencialidad, sus posibilidades y los estímulos que generaba en el mercado. Por todo ello hablamos de un complejo proceso de especialización que se fue gestando a lo largo de todo el siglo xv, y que es ya perceptible con datos documentales en su segunda mitad. Aquí destaca el papel que los emprendedores oleícolas desarrollaron. Estos llegaron a desempeñar una triple función económica: en primer lugar, de coordinación y gestión de las explotaciones olivareras (en ocasiones hasta de su misma configuración); en segundo lugar, de control de los procesos de transformación en los molinos de aceite (punto trascendental que condicionaba costes y precios); y, finalmente, de contacto con el mercado para la distribución y venta a una demanda exterior, sin apenas presencia de mercaderes intermediarios ajenos al proceso de producción. Hasta tal punto la función de este grupo emprendedor fue tal que debemos hablar incluso de cierta tendencia a la concentración tanto de las explotaciones oleícolas como de los medios de producción, hasta configurar un sector aceitero de enormes posibilidades. Además, el comercio del aceite manifestaba abiertamente el conocimiento de la demanda, de los resortes del mercado y de sus posibilidades. Comprar anticipadamente, antes de que se produjera la cosecha (y avanzar el capital, mediante auténticas compras a crédito), para vender después en periodos de carestía y de presión de la demanda, muestra la comprensión de una realidad mercantil y la percepción especulativa de este nuevo producto, el aceite. El mismo paisaje rural se fue moldeando poco a poco en función de los intereses de estos aceiteros, mientras las familias campesinas asumían la nueva disciplina productiva. Y así, más allá de una cultura promiscua, donde el olivo resultaba un complemento a las rentables parcelas de viña o cereal, los olivares fueron ocupando sucesivamente el protagonismo en parcelas, campos y heredades. 7. Referencias bibliográficas. AMOURETTI, Marie-Claire y Georges COMET(1985), Le livre de l’olivier. Aix: Édisud. BENASSAR, Bartolomé (2001), La España del siglo de Oro. Barcelona, Crítica. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
DE LA COFRADÍA DE LOS NOTARIOS REALES DE ZARAGOZA (1396) A LA DE LOS NOTARIOS CAUSÍDICOS O DE PROCURADORES (1560) : FROM THE ROYAL NOTARIES’ GUILD OF SARAGOSSA (1396) TO THIS OF THE SOLICITORS (1560)
dE lA CofRAdÍA dE los notARIos REAlEs dE ZARAgoZA (1396) A lA dE los notARIos CAusÍdICos o dE pRoCuRAdoREs (1560) FROM THE ROYAL NOTARIES’ GUILD OF SARAGOSSA (1396) TO THIS OF THE SOLICITORS (1560) Carlos sancho domingo universidad de Zaragoza firstname.lastname@example.org. Resumen: A partir de un documento hallado en el Archivo del Colegio de procuradores de Zaragoza, se analizan los primeros pasos de la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza (1366, 1396 o 1399), erigida como contrapunto a la fundada por los notarios de número o de caja de esa ciudad. se contempla la procura como función ejercida por los notarios reales desde 1337 y también cómo, a consecuencia de las luchas entre los notarios de número y los notarios reales habidas durante el siglo XIv y continuadas en el Xv, estos últimos terminaron por especializarse en la procuraduría como práctica profesional, evolución que conllevó la creación en 1560 del Colegio de notarios causídicos de Zaragoza, también llamado de procuradores. Abstract: from a record found in the archive of the Advisor society of saragossa the first steps of the Royal notaries’ guild of saragossa are studied (1366, 1396 or 1399), created as a counterpoint to this one founded by the financial notaries in the same city. the solicitorship is seen as a task accomplished by the royal notaries since 1337 and in addition tho that, the article tell us how the royal notaries at the end dealt in the solicitorship as a job, as a result of the fights between the financial notaries and the royal ones for the XIv th and Xv th centuries. this evolution ended up in the creation of the solicitors’ guild of saragossa. Palabras clave: Zaragoza, cofradía, notarios reales, procuradores, ordenanzas. Keywords: saragossa, guild, royal notaries, solicitors, ordinances. 1. Introducción. Cuando me ocupaba de las tareas de organización del Archivo Histórico del Colegio de procuradores de Zaragoza, hallé un documento al que, en ese momento y ante las referencias que otras fuentes de dicho archivo ofrecían sobre el mismo, atribuí una datación de finales del siglo Xv. pensé que se trataba, y esto es lo más relevante para el tema que nos ocupa, de las primeras ordenaciones de esa corporación profesional1 . y es que las fuentes a las que aludimos y a las que más tarde se harán las oportunas referencias, dan como fecha fundacional del Colegio de procuradores de Zaragoza el 20 de agosto de 1396, como lugar el monasterio de santo domingo de la orden de predicadores y, como advocación bajo la cual se instituía en cofradía, la de santo tomás de Aquino. Andando el tiempo se me ofreció la posibilidad de transcribir dichas ordenaciones, y es entonces cuando descubrí que en ellas se mencionaba a los notarios de autoridad real como únicos aspirantes a la citada cofradía2 . Que las ordenaciones del Colegio de procuradores sólo contemplasen la posibilidad de ingreso en el mismo de los notarios reales resultaba, en una primera lectura, una discordancia mayúscula. En consecuencia, sólo cabía la posibilidad de hallarnos no ante una agrupación de practicantes de la procura, sino ante una cofradía de notarios reales. sumada esta novedad a lo ya sabido sobre las cofradías de los notarios de autoridad real en la Zaragoza del siglo XIv, podemos establecer la existencia de tres posibles agrupaciones o, por mejor decir, de tres momentos en los que sus sucesivas cofradías han dejado plasmación documental: en 1366 y 1367, cofradía bajo advocación de san Rainerio de pisa y con capilla en la Aljafería de la capital aragonesa3 ; en 1399, bajo protección de santo tomás de Aquino y con sede en el convento de los frailes predicadores de esa ciudad4 ; y la por nosotros aportada, en 1396, bajo idéntico cuidado y lugar que la anterior. En el deseo de reacomodar todos estos datos, en las siguientes páginas intentaremos alcanzar tres objetivos básicos: en primer lugar, establecer el grado de autenticidad y, en su caso, datar el documento que contiene las ordenaciones localizadas en el Archivo Histórico del Colegio de procuradores de Zaragoza; en segundo, descifrar las posibles relaciones entre las tres cofradías antes mencionadas; y, en tercero, fijar los vínculos funcionales entre notarios reales, notarios causídicos5 (así denominados en documentos del siglo Xv) y procuradores, buscando en el ejercicio de la procura en tanto práctica profesional su posible conexión. todo ello enmarcado en el asociacionismo bajomedieval y en las luchas entre los notarios de número y los de autoridad real en el Aragón de los siglos XIv y Xv. 2. la fuente: aspectos formales y fiabilidad. El documento que da pie a este artículo es un cuaderno de 8 bifolios que dan un total de 16 folios $2 8 5 \mathrm { m m } . \mathrm { x } 2 3 0 \mathrm { m m } .$ ), numerados en la parte superior derecha de cada uno de ellos según secuencia correlativa del 3 al 18, con f. 2v y f. 3r en blanco, salvo la notación 5 en f. 3r. la numeración, en caracteres arábigos, es posterior a la escritura del resto del documento. El soporte es un papel recio, verjurado y con filigranas, sin otra ornamentación que la inicial de párrafo, con restos de cosido y buen estado de conservación6 . lo primero que hay que destacar es que el documento presenta la pérdida de dos bifolios, si damos por buena la numeración que presentan los sí conservados (el primer bifolio conservado se numera en $3 \mathrm { ~ y ~ }$ , a partir de ahí, el segundo en 4, el tercero en 5, etc.). de acuerdo a lo que observamos en documentos similares, el primer bifolio perdido presentaría una portada, tal vez con título o encabezamiento y, el segundo, una entradilla que indicaría los motivos por los cuales se redactaba el documento y, pudiera ser, el acta de la reunión en la que tales ordenaciones se acordaron. también falta —y esto no es suposición sino certeza—, el título del texto estatutario y la primera de sus cláusulas y parte de la segunda. por otra parte, las ordenaciones concluyen sin coda alguna, es decir, sin mención de autoridad, escribiente o testigos. tras su último artículo y en el mismo folio, se inserta el acta de la reunión de la Cofradía de santo tomás de Aquino de los notarios reales de Zaragoza, celebrado el domingo 18 de enero de 1433. A continuación, se inserta el acta de la asamblea celebrada el 30 de diciembre de 1432, que a su vez va seguida de otras nueve disposiciones reglamentarias con similar presentación a las primeras, aunque de caligrafía algo más descuida. tras ella, el acta de 29 de septiembre de 1480 y otras dos ordenaciones; el acta de 2 de enero de 1480 (tal vez por 1481 a causa de un error de copia), seguida de un nuevo artículo; el acta de 3 de enero de 1487 y dos disposiciones más; el acta de 3 de junio de 1488 y una nueva ordenación; y el acta de 28 de diciembre de 1498 seguida de cuatro nuevas reglamentaciones. Es necesario destacar que, conforme avanza el texto, se observa una tendencia hacia un menor esmero por parte del copista que hace que la escritura se descuide, las líneas tiendan a juntarse y la composición de la caja de escritura se vuelva irregular. finaliza el documento dejando medio folio y su vuelto en blanco7 . Antes decíamos que el texto concluye sin mención de autoridad o notación alguna de escribientes o testigos, algo que pude influir en su consideración y fiabilidad como testimonio histórico. Ante esto, sólo podemos defender su fiabilidad en tanto en cuanto fuentes e informaciones externas puedan cotejarse positivamente con él. para ello contamos con varios recursos: de un lado, la confluencia entre los nombres de algunos de los notarios reales aparecidos en las relaciones de individuos presentes en los distintos capítulos y los de notarios reales homónimos que constan en otros documentos de esa misma época; y, de otro, la existencia de una cofradía de notarios reales (tal vez desde 1366 y, con total seguridad, desde 1399), que hace que la existencia de unas ordenaciones y unas actas de reuniones, durante el siglo Xv y para tal institución, tengan pleno sentido. volveremos sobre estos extremos a lo largo del presente trabajo. 3. A modo de contexto: el asociacionismo bajomedieval para situar en su contexto histórico a la Cofradía de los notarios reales (o de autoridad real) de Zaragoza, daremos unas breves indicaciones sobre el asociacionismo bajomedieval y los diversos conceptos que suelen acogerse a tal expresión, caso de gremios, cofradías y solidaridades. de entre todos ellos, posiblemente el más incorrecto por descontextualizado sea el de gremios, que ante todo debe relacionarse con la agrupación de personas dedicadas a un mismo oficio. si en la documentación medieval no aparece tal término, resulta obvio que su empleo con relación a dicha época corresponde a un traslado a la misma de una realidad que tardará en aparecer hasta, al menos, mediados del siglo XvI. Más apropiado parece el de cofradías, presente en la documentación y que nos relaciona de manera directa con el mundo devocional, caritativo y asistencial que, teniendo como ahormado común la pertenencia de sus miembros a un determinado arte u oficio, se eleva sobre ello para atender no a la reglamentación de las actividades y usos laborales que les fuesen propios, sino al establecimiento entre aquellos de pautas religiosas, de hermandad fraterna y de comportamientos, usos y prácticas benefactoras. El último término, solidaridades, que puede referirse a las de linaje, parroquia, concejo o familia, se antoja más vago, por genérico, más difícil de fijar en la documentación medieval y más impreciso, por atender antes a cuestiones de sociabilidad humana que de solidaridad profesional8 . Como es sabido, la Europa bajomedieval se caracteriza, en mayor o menor grado de intensidad y arraigo territorial, por ser un tiempo de cambio y mudanza que desde el esplendor feudal del siglo XIII y la crisis o crisis sectoriales del XIv, alcanza la transformadora recuperación socioeconómica del Xv. En ese largo proceso halla cuna el asociacionismo como fenómeno novedoso ligado a nuevos ámbitos de la producción, a nuevas técnicas y saberes aplicados a ellas, a nuevos grupos sociales que las movilizan, practican y controlan y a nuevos centros de instalación y localización geográfica. un asociacionismo urbano y corporativo, aunque también cooperativo, en defensa de intereses económicos, políticos y de jerarquía social comunes, lo que equivale al intento de acrecentamiento y salvaguarda de la riqueza, el poder y el prestigio público de los grupos humanos implicados en él. un corporativismo que busca también, en esas relaciones de solidaridad basadas en las nacientes realidades artesanales y comerciales, luego industriales y financieras, lazos de sociabilidad y cohesión social. solidaridad y sociabilidad de grupo se dan así la mano. Además de lo anterior, el asociacionismo bajomedieval debe vincularse con un sustrato de religiosidad más intensa y el surgimiento de prácticas meditativas (pobreza y austeridad de la mano de nuevas órdenes mendicantes, caso de dominicos y, más acusadamente, franciscanos; la meditación sobre la pasión de Cristo unida a imágenes piadosas de la misma); a la beneficencia y la asistencia a enfermos, pobres y desvalidos en los nuevos escenarios urbanos (rotas las seguridades del contrato feudovasallático); y a la aparición del purgatorio como lugar de purgación de almas y, asociado a él, limosnas, rezos y misas de sufragio (el purgatorio fue adoptado como asunto de doctrina por la Iglesia en el tránsito de los siglos XII y XIII)9 . de la suma de todos estos factores se produce un cambio en el eje de la sociabilidad que tiene su reflejo en las cofradías, pasándose en su seno de una sociedad de relaciones verticales a otra de relaciones horizontales en la que la pertenencia a un mismo grupo humano se resuelve en términos de equidad, confraternidad y apoyo mutuo10. 4. la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza (1396) En consonancia con lo que decíamos en el apartado anterior, el asociacionismo zaragozano se sustanciaba mayoritariamente en cofradías y hermandades. las primeras en surgir serán las de oficio, entendiendo por ellas las agrí- colas, artesanales y mercantiles. para el siglo XIII, las cofradías de san simón y san Judas para los ganaderos (1229), de santa María de predicadores para los mercaderes (1264), de san francisco para los menestrales y del Espíritu santo para los agricultores. para el XIv la de los zapateros judíos (1336) y la de san Miguel y san Amador para especieros y boticarios (1391). para el Xv, al menos veinte más11. Junto a ellas, las que de ahora en adelante centrarán nuestra atención, que no son otras que las de ámbito notarial12. las noticias sobre los notarios podemos considerarlas extensas y bastantes precisas. A modo de breve recordatorio decir que su regulación, por lo que a Aragón respecta, surge con el Vidal Mayor (1247), existiendo desde finales del siglo XIII varias clases de notarios: reales, designados por el rey para ejercer oficio en todo el reino de Aragón, subdivididos a su vez en generales, sin adscripción a oficio concreto, y aquellos otros incardinados a un oficio notarial determinado (corte del zalmedina o tribunales de justicia o del nú- mero de una de las ciudades del reino, previa venia municipal); públicos, de número o de caja, pues por cualquiera de estos nombres podemos conocerlos, designados por ciudades y villas; y eclesiásticos o apostólicos, que recibían sus prerrogativas del papa o del obispo13. desde bien pronto surgieron las discrepancias entre los notarios de autoridad real y los notarios de número, que debemos incardinar en el conflicto de poder establecido entre el monarca y las ciudades por el control de la institución notarial14. Es en ese contexto donde debemos situar el interés asociativo de ambos grupos profesionales, lo cual no implica la no existencia de otros factores que incidieron en ello, tal y como veíamos al tratar el asociacionismo y el fenómeno de las cofradías medievales desde una visión más general. ligados al espacio ciudadano y al poder municipal, los notarios de número, así llamados por estar constreñidos al numerus certus que determinaba el concejo que los nombraba (también denominados de caja por ubicarse con ella en los espacios públicos para la redacción de sus documentos y escrituras), lograron en las Cortes celebradas en 1283 en el convento de santo domingo o de predicadores de Zaragoza, que el rey pedro III el grande acordase para ellos un privilegio general confirmado en 1295 por un estatuto y capítulo dado por el concejo de la ciudad. su cofradía aparece mencionada por primera vez en 1322, siendo sus primeras ordenanzas las aprobadas en 1328 por el rey Alfonso $\operatorname { I V } ^ { 1 5 }$ . de esta manera, en mayo de 1328 los notarios de número de Zaragoza se hallaban agrupados bajo la que terminaría por denominarse Cofradía de san luis. por su parte, y tal y como la documentación nos muestra, los notarios de nombramiento real se hallaban en continua disputa con los de número en su reclamación para poder ejercer la práctica notarial por todo el regnum Aragonum16. En esa tesitura, los notarios reales optarán por constituirse en cofradía. si atendemos a Ricardo del Arco, la cofradía se erigió a mediados del siglo XIv (según dos registros de cancillería del Archivo de la Corona de Aragón de 1366 y 1367, respectivamente), bajo la advocación de la virgen, del Espíritu santo y de san Rainerio de pisa, con capilla en la Aljafería de Zaragoza17. pero la relectura del documento de 1366 ha despertado serias dudas sobre su autenticidad y, por extensión, sobre la existencia de dicha cofradía de notarios reales, si bien, y tal y como la profesora blasco afirma, existiese o no esa cofradía, lo cierto es que las tensiones entre los notarios de número y los de autoridad real eran profundas y constantes18. Amén de la existencia de la cofradía de san Rainerio, un documento datado el 7 de enero 1399 constata las actividades de una cofradía de los notarios reales en Zaragoza dedicada a santo tomás de Aquino y con sede en el convento de los frailes predicadores de esa ciudad19. Con los datos anteriores, tenemos registrada, para los notarios de autoridad real, la posible existencia de la Cofradía de san Rainerio de pisa (1366) y la segura de la Cofradía de santo tomás de Aquino (1399). Centrándonos en esta última, y si consideramos que se reunió el 7 de enero de 1399 en el zaragozano convento de los frailes predicadores, podemos fácilmente deducir que la fecha de su institución debió de ser anterior a la de esa congregación, máxime si comprobamos que la convocatoria documentada en la respectiva acta se realizó sin mayor protocolo, es decir, como testimonio de una actividad corriente y rutinaria y no como el acto fundacional de institución alguna. Es por tanto perfectamente posible que su fecha fundacional fuese el 20 de agosto de 1396, tal y como algunos documentos conservados en el Archivo Histórico del Colegio de procuradores de Zaragoza indican20. llegados a este punto, parece oportuno traer de nuevo a colación el documento que dio origen a este trabajo. un aspecto primordial tiene que ver con su cronología, ya que, tal y como decíamos al tratar del mismo en tanto fuente documental, las actas que contiene se inician en el año 1432 y finalizan en el 1498 (en realidad, tan sólo reúne documentos de esas fechas y de los años 1433, 1480, 1487 y 1488). de entrada, debemos distinguir dos aspectos: la fecha de su elaboración y el momento de redacción original de las ordenaciones en él contenidas. En relación con lo primero, decir que dada la disposición y el contenido del texto, bien pudiera tratarse de una copia de otro u otros documentos con el objetivo de recopilar las distintas ordenaciones con las que la Cofradía de los notarios reales se dotó a lo largo del siglo Xv. Ello explicaría que, tras las primeras y más extensas ordenaciones, constasen todas las actas de las reuniones en las cuales éstas se hubiesen ampliado y modificado (sólo al acta del primer capítulo no le sigue normativa alguna)21. la referida copia pudo hacerse en un único momento o en varios. según nuestro parecer, y dadas las variaciones formales que presenta el documento en lo que a su redacción se refiere (calidad en la escritura del primer corpus normativo, con títulos compuestos por letras de mayor tamaño e iniciales destacadas para cada ordenación, frente al paulatino deterioro de la letra y la composición textual de las siguientes), se podría aventurar que hubo varios agentes y varios tiempos de escritura. pero tampoco puede descartarse que se tratase de una copia realizada por una sola mano. lo más probable es que el documento sea una traslación realizada en uno o en varios momentos (nunca antes el último de ellos del 28 de diciembre de 1498, último capítulo y ordenaciones registradas), de las distintas ordenanzas con las que se dotó la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza a lo largo del siglo Xv. En relación con lo segundo, esto es, la fecha de redacción de las primeras ordenaciones (a partir de ahora nos referiremos en exclusiva a las que abren el cuadernillo y no a sus adiciones), es preciso advertir que se trata de un texto largo y prolijo, aspectos que lo acercarían, en virtud de su comparación con otros textos ya conocidos y de similar tipología, a finales del siglo Xv o a los primeros años del XvI. pero esta idea se viene abajo si optamos por dar validez a lo que el propio texto consigna. Así, tras el primer capítulo datado “dia domingo que se contava a xviii dias del mes de janero anno a nativitate domini a millisimo (sic) quadringentessimo xxxiii $\left( \ldots \right) ^ { \bullet , 2 2 }$ , aparece inserto el inmediatamente anterior de 30 de diciembre de 1432, que dirá “A trenta dias de dezienbre del sobredito et presente anyo [1432, por comenzar el año el día de la natividad] ex siguiendo las ordinaciones preinsertas de la dita conffraria $\left( \ldots \right) ^ { \ ' 2 3 }$ . Es decir, las ordenaciones están “preinsertas” y, por lo tanto, forzosamente son anteriores al 30 de diciembre de 1432. de ser esto así, nos hallaríamos con unas ordenaciones muy novedosas para la época y que sin duda merecen nuestra atención. Incluso, ajustándonos al texto del documento, se podría ir incluso más atrás en el tiempo. dado que el texto dicta que en el año 1432, los miembros de la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza se reúnen, siguiendo sus ordenaciones, para elegir nuevos cargos tal y como “(...) cada un anyo se yes acostumbrado fazer”24, parecería lógico poder retrotraer en varios años la data de redacción original de esas sus ordenaciones. Ahora bien, cuánto podemos retroceder esa fecha atendiendo a ese “cada un anyo se yes acostumbrado fazer”. ¿Cinco, diez, veinte años? Intentar precisar más, sin otros testimonios probatorios debidamente acreditados, sería una temeridad. osadía por demás innecesaria dado que la importancia de estas ordenaciones, dada su amplitud y complejidad para fecha tan temprana (prudentemente nos quedaremos en una data en algo inferior al 1432), es suficientemente relevante. Mas, podemos preguntarnos, ¿podrían ser las ordenaciones coetáneas al instante fundacional de la cofradía, esto es, haber sido redactadas en el año 1396, tal y como fuentes tardías afirman?25. Como decíamos en la introducción, la transcripción de las ordenaciones de la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza nos puso en la tesitura de descubrir que lo que para nosotros era un documento relacionado con la práctica de la procura (recordemos que fue en el Archivo del Colegio de procuradores de. Zaragoza donde lo hallamos), lo era en realidad con el arte de la notaría. Así, dichas ordenaciones mencionan de manera expresa a los notarios reales en dos ocasiones, ambas referidas al ingreso ordinario de nuevos cofrades (otros ingresos serán los de aquellos que lo deseen estando en tránsito de muerte o, incluso, una vez fallecidos a solicitud de sus deudos). El artículo 15 dice: “Item, hordenoron que qualquiere notario real que daqui avant querra entrar en la dita confraria pague de entrada vint sueldos (...)”; y el 20 dice así: “Item, hordenoron que si ningun notario real querra entrar en la confraria, que sia primero nombrado et denunciado a los mayordomos $\left( \ldots \right) ^ { \bullet \bullet 2 6 }$ . nuevo testimonio nos ofrece el acta del capítulo de los notarios reales de 18 de enero de 1433 y en la cual se lee “(...) fue clamado siquiere plegado capitol de los conffrayres de santo tomhas d’Aquino de los notarios reales de la ciudad de Çaragoca $\left( \ldots \right) ^ { \bullet , 2 7 }$ . similares menciones a los notarios reales aparecen en las actas que suceden a la anterior (inserta en ella la de 30 de diciembre de 1432; luego las de 2 de enero y 29 de septiembre de 1480; la de 3 de enero de 1487; la de 3 de junio de 1488; y, por último, la de 28 de diciembre de 1498). por lo que respecta a la búsqueda de vínculos que ayuden a relacionar la cofradía de 1396 con la de 1399, podemos acogernos al repaso de ciertos antropónimos. según documentos posteriores, los dos primeros mayordomos de la Cofradía de notarios reales (causídicos, dice un documento datado en el año 1742) fueron Miguel pérez de navasa y nicolás Marqués28. un Miguel pérez de navasa aparece en el documento anteriormente citado de 7 de enero de 1399 entre la nómina de los notarios “de actoridat de la confraria sant thomas de Aquino de Çaragoça”29. Resulta altamente posible que se trate de la misma persona, primero en calidad de mayordomo de la cofradía (1396) y, más tarde, en la de simple cofrade de la misma (1399). por lo que a nicolás Marqués se refiere, aparece como notario público (del número) en un documento de 6 de febrero de $1 3 9 8 ^ { 3 0 }$ ; un nicolás pérez Marqués, notario público, en documento de 26 de febrero de $1 3 9 8 ^ { 3 1 }$ (hereda notaría de su padre garcía pérez Marqués); y un nicolás pérez Marqués actuante como autor y fedatario, es decir, como notario, en el ya mencionado documento de 7 de enero de $1 3 9 9 ^ { 3 2 }$ (el mismo que nos anunciaba la existencia de la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza, bajo advocación de santo tomás de Aquino). En este caso la vinculación entre el nicolás Marqués, notario real en 1396, y el nicolás Marqués o nicolás pérez Marqués (si como parece es la misma persona), notario del número en 1398 y 1399, resulta más difícil de precisar. para resolverla favorablemente deberíamos considerar la posibilidad de un cambio de estatuto profesional habido entre 1396 y 1398, pasando nicolás Marqués de notario real a del número33. siguiendo con los vínculos en base a los antropónimos, años más tarde Juan Canete será mayordomo de la Cofradía de santo tomás de Aquino entre 1553-1554, cargo que repetirá como mayordomo segundo en $1 5 6 6 - 1 5 6 7 ^ { 3 4 }$ . de otro lado, Juan Canete, notario real y ciudadano de Zaragoza, estipula en su testamento, el 24 de agosto de 1591, ser “enterrado en el monesterio de predicadores de la orden de sancto domingo de la presente ciudad, en la capilla de sanct tomas de Aquino que es de los mayordomos y confrades de los notarios causidicos de la presente ciudad”35. un aspecto que intencionadamente hemos dejado pasar es el análisis, en la coyuntura en la que nos situamos, de la procura en tanto función y práctica profesional36. de poco serviría contentarnos con documentar conexiones ciertas entre una y otra institución, valga decir la Cofradía de los notarios de número y la Cofradía de los notarios de autoridad real, si no nos preguntarnos cómo reaccionaron los notarios reales, en el ámbito práctico de su quehacer profesional, ante el desplazamiento de que fueron objeto por los de número, los cuales quedaron dueños y señores del ámbito municipal en un momento en el que ciudades y concejos pugnaban por arrebatar, y en buena medida lograron, parcelas de poder a la autoridad real. Afectados por ello, los notarios de autoridad real recurrieron al monarca para salvaguardar sus prerrogativas profesionales: en 1325 Jaime II les autorizaba para actuar fuera del ámbito ciudadano; en 1337 pedro Iv amplió las prerrogativas anteriores para que, en atención a sus respectivas vecindades, pudiesen realizar ciertos documentos públicos que hasta la fecha tenían vedados, caso de escriturar requisiciones, apelaciones, procesos judiciales y procuras. Así sucedió en Zaragoza en dicho año, también en daroca y, más tarde, en Calatayud (1338) y Huesca (1340) 37. la posibilidad de realizar procuras abrió una nueva vía al desarrollo profesional de los notarios reales que éstos no dejaron de aprovechar. Ampliando sus actuaciones hacia ese campo, cada vez más abierto dadas las nuevas necesidades que el desarrollo urbano y la complejidad social a él vinculada supusieron, los notarios reales se fueron decantando hacia la procura. un primer testimonio documental de tal evolución, nos lo ofrecen las disposiciones que siguen al acta de la reunión mantenida por la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza el 30 de diciembre de 1432. En ellas se establece que, como fórmula para la más efectiva reclamación y pronto cobro de las deudas debidas a la cofradía, a partir de esa fecha, en cada elección de los nuevos cargos de mayordomos y oficiales sean “los ditos mayordomos constituidos procuradores por el dito capitol a demandar, haver, recebir et cobrar, los bienes de la dita conffraria et a todos aquellos actos que sian proveyto et utilidat de aquella, et a pleytos bastantment con poder de substituir et jurar”38. podemos adivinar aquí una primera muestra de cómo los notarios de autoridad real inician su acercamiento a la función procesal del procurador. y una mención más directa de ello, aunque muy posterior, nos la ofrece el acto de mojonación en el cual pedro lópez, notario causídico, actúa como procurador el 1 de mayo de $1 5 5 8 ^ { 3 9 }$ . Este último ejemplo nos muestra cómo, a mediados del siglo XvI, los notarios reales, causídicos al actuar en el ámbito judicial, lo hacían ya en calidad de procuradores. 5. la Cofradía de los notarios causídicos o de procuradores (1560) si hasta aquí hemos ofrecido toda la información de que disponemos en el empeño de intentar recomponer en sus orígenes la historia de la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza, nos ocuparemos ahora de mostrar su evolución en el tiempo hasta llegar a confluir en el Colegio de los notarios causídicos de dicha ciudad, también llamado de los procuradores. Además de los datos ofrecidos con anterioridad (singularmente la posibilidad dada por el monarca para que los notarios reales escriturasen procuras o la identificación de notarios reales ejerciendo efectivamente como procuradores), un documento de mediados del siglo XvI resulta en extremo esclarecedor de dicho proceso evolutivo. nos referimos a los nuevos estatutos con los que se dotó la ya denominada Cofradía de los notarios causídicos, el 30 de noviembre de $1 5 6 0 ^ { 4 0 }$ . En el margen del documento aparece la leyenda “Estatuto de la Cofadria de los notarios causidicos”, quienes, reunidos bajos la advocación y el lugar acostumbrados “(...) so la invocacion del bienaventurado sancto thomas de Aquino, en el refitorio del Monesterio de sancto domingo del orden de predicadores $\left( . . . \right) ^ { \flat }$ se declaran “(...) notarios reales y causidicos (...)”, al tiempo que explican como el “(...) presente collegio y confraria siempre ha tenido y tiene mediante la divina gracia mucha autoridad por haver havido en el muchas personas de mucha honrra, virtud y ejemplo, sabias y peritas en fuero, observancias y practicas deste reyno assi en el arte de la notaria como en el arte de la procura (...)” y aclaran que “(...) los mas de nosotros dichos collegiantes somos notarios procuradores y causidicos y usamos y vivimos con el arte de la procura (...)”, fórmula que repiten en ese u otro orden varias veces a lo largo del documento “(...) procuradores causidicos notarios (...)”. El origen del documento se halla en la facultad de que disfruta el Colegio de los notarios del número de Zaragoza (de algún modo continúa la disputa entre ambos colectivos, aunque sólo sea por lo que uno desea al mirarse en el espejo del otro), de examinar a los aspirantes al ejercicio profesional de la notaria, de donde los “notarios procuradores y causídicos” se dirigen al rey felipe II, por intermediación de micer Joan sora y micer Carlos Morales de sancta Cruz, doctores del Real Consejo de Aragón, para que se les conceda similar privilegio (en una sociedad de Antiguo Régimen basada en la desigualdad, la petición de un privilegio resulta perfectamente comprensible). A partir de esa petición se estipulan las condiciones que debe reunir y cumplir quien desee “(...) tratar y exerçir causas y la dicha arte de la procura (...)”. dado que el documento se limita a formular tal petición y, tras ella, a estipular cómo debía reglarse la admisión de los nuevos colegiales y cómo debían ejercer la procura una vez éstos admitidos, en pocos aspectos puede confrontarse con las ordenaciones de 1396, dado que aquellas atendían antes a lo fraternal, espiritual y asistencial, que a lo profesional. En cualquier caso, y con ello concluimos la reseña de las ordenaciones de 1560, podemos dar por sentado que es en este momento cuando, con rango estatutario, surge el Colegio de notarios causídicos o de procuradores, denominación ésta última que será predominante desde los inicios del siglo XvII; que aquellos dejan claro que derivan de los notarios de nombramiento real y que su referente contrario son los notarios de número; y cómo, frente a la función de éstos, los notarios causídicos o procuradores justifican su misión, la procuraduría41. para terminar de perfilar el tránsito desde la Cofradía de los notarios causídicos de 1560 al Colegio de procuradores, baste con saber que las siguientes ordenaciones del mismo, dadas el 8 de marzo de 1620, consignan en su portada: “IHs. Recopilación, confirmacion y nueva concession de las ordenaciones del Collegio de los notarios causidicos, comunmente llamado de los procuradores de la Ciudad de Çaragoça”42. y por si fueran precisos más detalles, en la ya mencionada solicitud elevada por el Colegio al rey felipe v se lee: “los procuradores numerarios de la Real Audiencia, y demàs tribunales de la Ciudad de Zaragoza, Reyno de Aragon, à los pies de v.M. dicen; que desando sus antiguos predecessores mantener el singular honroso concepto en aquel. Reyno del Empleo de Causidicos; en el 20 de Agosto del año 1396 erigieron su Colegio, y Cofradía (...). Assi, pues, constituìdo, se mantuvo este Colegio, dando procuradores, cuya autoridad, y opinión se veneraba en los tribunales, como yà del año 1428 los atesta el Jurisperìto Miguel de Molino (5) (sic) de sancho fernandez de liori (...). no solo fundaron en Aragon los Causidicos en la Ciencia; si tambien en la calificada distinción de Ciudadanos honrados de Zaragoza, insaculados para los empleos de Jurados, y de diputados del Reyno”43. se cierra así un largo camino iniciado el 20 de agosto de 1396 por la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza que, tras los cambios habidos a lo largo de algo más de siglo y medio, alcanzaba el 30 de noviembre de 1560 el título de Cofradía de los notarios causídicos o de procuradores, el 8 de marzo de 1620 el de Colegio de los notarios causídicos, comúnmente de procuradores, para, finalmente, ostentar el de Colegio de procuradores. 6. Conclusiones. Al comienzo de este artículo nos marcábamos tres objetivos básicos: datar y precisar el grado de originalidad del documento objeto de análisis, descubrir las relaciones entre las tres cofradías de notarios reales que en la Zaragoza de la segunda mitad del siglo XIv teníamos documentadas, y dibujar cómo fue definiéndose en el tiempo la relación entre notarios reales, notarios causídicos y procuradores. A modo de resumen de todo ello, valgan las siguientes aportaciones. por lo que se refiere a la fuente de la cual parten nuestras investigaciones, un documento hallado en el Archivo Histórico del Colegio de procuradores de Zaragoza y parte del mismo transcrito en el apéndice documental, creemos que se trata de una recopilación de las distintas normas dadas durante el siglo Xv por la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza para su propio gobierno. Es por tanto una copia de otro u otros documentos, incluidos en ellos las distintas ordenaciones, que perfectamente podría datarse hacia finales del siglo Xv, pues el último acto documentado es una reunión del año 1498. En relación con las que presumimos como primeras ordenaciones de la citada cofradía, señalar que damos por válida para su primera redacción una fecha anterior al año 1432. dado que el texto habla, en ese año, de que el capítulo de la Cofradía de los notarios reales de Zaragoza se reúne siguiendo sus ordenaciones para elegir nuevos cargos, tal y como tiene por costumbre hacer, parece lógico retroceder esa fecha en varios años. tal vez, y recogiendo nuestra propia pregunta sobre si las ordenaciones pudieran ser coetáneas al instante fundacional de la cofradía, esto es, haber sido redactadas en el año 1396, podamos responder: pudiera ser. no obstante, y a la espera de nuevas investigaciones, la cuestión queda en el aire. En cuanto a las relaciones entre las cofradías, hasta la fecha se tenía documentada por vez primera una cofradía de notarios reales en la Zaragoza de 1366, la Cofradía de san Rainiero de pisa, con sede en la Aljafería, si bien las fuentes documentales que sostenían a dicha cofradía parecen no ser del todo fiables. no sucedía lo mismo con la Cofradía de santo tomás de Aquino, con sede en el convento de predicadores, que se daba por perfectamente acreditada para el año 1399. sobre la primera sólo diremos que, pese a las dudas relativas a los documentos que la acreditan, es posible que con capilla en la Aljafería o sin ella, existiese. sobre la segunda, decir que la aceptamos por completo, si bien proponemos adelantar su fecha fundacional hasta el 20 de agosto de 1396, manteniéndose sin variación los datos relativos al nombre, lugar de erección y advocación. Además, aportamos el nombre de sus dos primeros mayordomos, Miguel pérez de navasa y nicolás Marqués. A partir de aquí es posible seguir la pista de la cofradía y su evolución, íntimamente ligada a la evolución profesional de sus miembros, los notarios reales. poco a poco, y ante el acotamiento de sus posibles parcelas de actuación, los notarios reales fueron hallando en el ejercicio de la procuraduría una actividad profesional y una fuente de ingresos. se facilitó así una especialización que a lo largo del siglo XvI acabó por convertirlos en procuradores, tal y como se demuestra en los estatutos de la Cofradía de los notarios causídicos de Zaragoza, de 30 de noviembre de 1560. En ellos justifican su misión frente a la de los notarios de número y, pese a una cierta indefinición conceptual (se denominan a un mismo tiempo “procuradores causidicos notarios”), terminarán por identificarse con la procura y evolucionarán, durante las décadas finales del siglo XvI e inicios del XvII, y tal y como las ordenaciones de 1620 demuestran, hacia su definitivo autorreconocimiento en el Colegio de procuradores de Zaragoza. Apéndice documental44. AHCpZ, Ordinaciones del Colegio [Cofradía] de notarios causídicos [reales] de Zaragoza, [s. Xv], gobierno, normas, 19/85, ff. 1r- $\mathrm { 8 r ^ { 4 5 } }$ . / f. 1r / [...] confraria sia tenido de venir al dito monesterio al oficio et missa cantada que alli se dira, et aquel dia sia la ofrenda del dito orden. E aquel confrayre que no sera venido quando se dira el Evangelio pague de pena dos dineros, e si a toda la missa sera falto, pague de pena 46 seys dineros, empero que sian clamados todos los confrayres a la dita fiesta por el nuncio de la dita confraria. iii. Capitol del ordenar del 47 convivio et del responso apres del convivio Item, hordenoron que la dita confraria se comiesse una vegada en el anyo por los ditos confrayres, si a ellos era bien visto, en aquel tiempo que por ellos sera ordenado, et el dia que la comiessen apres que huviessen comido, fuessen tenidos venir los sobreditos confrayres delant del altar del dito sancto, et alli los 48frayres del dito orden sian tenidos cantar et canten un responso a honor et reverencia de nuestro senyor Jesuchristo et de la virgen santa Maria et del sobredito sancto. iiii. Capitol de la pitanca de los frayres. Item, hordenoron que los mayordomos que son o por tiempo seran de la dita confraria, sian tenidos dar de pitança a los frayres del dito orden medio carnero e dos ampollas de vino, et si los ditos confrayres no combran49 (sic) sian tenidos dar a los frayres cinquo solidos de pitança. Capitol de la missa de requiem 50. Item, hordenoron los ditos confrayres que el siguient dia apres del dito convivio, todos los confrayres de la dita confraria sian tenidos de venir a la missa de requiem que en la dita yglesia del dito monesterio se celebrara por las animas de los fieles difuntos, e aquel que al Evangelio no sera venido pague de $/ f . l \nu /$ pena dos dineros e si sera falto a toda la missa pague 51 de pena quatro dineros si justa escusacion no havra o licencia. E celebrada la dita missa, el frayre que la dita missa dira con otros frayres del dito orden, ensemble con los confrayres de la dita confraria, suelten el fossar do yes costumbrado. Et apres luego encontinent sian tenidos todos los ditos confrayres plegarse a capitol general, en el qual capitol ante todas cosas se han las presentes ordinaciones et aquellas leydas, los mayordomos qui son o por tiempo seran de la dita confraria, ensemble con los conselleros del anyo, clamen de los confrayres aquellos que visto les sera et aquellos eslian mayordomos, conselleros, contadores o almosnero qui el anyo siguient siervan la dita confraria; e qualquiere que por el dito capitol o por aquellos que se levantaran a fazer la dita eleccion no querra recebir carga del oficio que sacomandado le sera, pague de 52 pena a la dita confraria vint sueldos e sia luego en el dito oficio tornado. E aquel que al dito capitol general no vendra si en la ciudat sano sera pague 53 de pena dotze dineros, si licencia de los mayordomos no havra. Capitol de los que se levantan a conssello no clamados. Item, hordenoron que ninguno de los ditos confrayres no se levante a consello si clamado no sera por los mayordomos, et aquel qui lo fara pague de 54 pena dotze dineros. vii. Capitol de los qui favlaran possados et aquellos que turban a los que favlen Item, hordenoron que quando los ditos confrayres seran pleguados a capitol sian tenidos todos scuytar al cofrayre que querra fablar seyendo levantado en pie, e aquel que lo turbara pague de pena 55 dos dineros. Et si algun confrayre se raçonara no seyendo levantado en pie, pague de pena otros $^ { 5 6 } / f . 2 r /$ dos dineros. Capitol de la obediencia de los mayordomos viii. Item, hordenoron que todos los confrayres de la dita confraria sian obedientes a los mandamientos qui los mayordomos les faran licitos y honestos; et aquel 57 qui fazer no lo querra, pague de pena seys dineros. viiii. Capitol del dar del conto. Item, hordenoron qui los mayordomos que son o por tiempo seran de la dita confraria sian tenidos dar conto a los contadores dentro quinze dias apres del convivio. E si no lo faran, paguen de pena cada uno diez sueldos58, et encara sian tenidos luego de continent dar, restituyr e livrar a los ditos mayordomos venideros aquello todo que en su poder se trobara restar por los ditos contadores, et si esto fazer no querran paguen de 59 pena vint sueldos. x. Capitol de los xv sueldos de la yantar. Item, hordenoron que los mayordomos qui son o por tiempo seran de la dita confraria puedan prender quinze sueldos de la dita confraria pora una yantar a ellos et a los conta60dores e almosneros et clamador el dia que daran el conto de lo que dentro su tiempo havran administrado de la dita confraria. xi. Capitol del collir de las entradas et deudos. Item, hordenoron que los mayordomos que son o por tiempo seran de la dita confraria sian tenidos cada unos su anyada cullir et culgan todas las entradas, deudos, penas et qualesquiere otras cosas que de su tiempo seran devidas a la / ff. $2 \nu$ y 3r en blanco; $f .$ $3 \nu \mathrm { ~ } / \mathrm { ~ }$ dita confraria. E si no lo faran, que no les sian recebidos en restas, ante paguen aquellas de sus bolsas a la dita confraria. ordinacion de los que no vienen a capitol 61. Item, hordenoron que todos los confrayres sian tenidos venir a capitol quando seran clamados por el nuncio de la dita confraria, et aquel que no y vendra sabiendolo, pague de pena dos dineros si licencia de los mayordomos o justa excusacion no havra. xiii. Capitol de las restas que se cargan a los mayordomos. Item, hordenaron que los contadores e conselleros qui son o por tiempo seran de la dita confraria no puedan recebir ni reciban resta alguna a los mayordomos el dia del conto, antes aquellas sian cargadas a los ditos mayordomos; et si el contrario faran los ditos contadores, aquellas paguen de su bolsa en continent e ultra aquesto paguen de pena a la dita confraria diez sueldos. xiiii. Capitol de los que no van a enterrar al cofrayre, su muller, e fillos Item, hordenoron que si ningun cofrayre o muller o fillo62 o filla63 legitimos de confrayre de la dita confraria moria seyendo enpero el fillo o filla dius la potestat del padre o madre, no casado ni casada o seyendo dius potestat de la muller del cofrayre seyendo vidua e casta, que todos los confrayres sian tenidos yr e vayan a la puerta del defunto e al enterrar de aquel o aquella et a las gracias. E el confrayre que ${ \bar { / f } } . 4 r / ^ { 6 4 }$ no higue (sic) hira sabiendolo, que pague de pena por el padre o por la madre seys dineros e por los fillos tres dineros, 65 si justa escusacion o licencia de los mayordombres no havra. xv. Capitol de los que querran entrar cofrayres. Item, hordenoron que qualquiere notario real 67 que daqui avant querra entrar en la dita confraria pague de entrada vint sueldos, los quales sia tenido pagar el dito confrayre novicio o aquel confrayre que en capitol lo presentara drento (sic) quinze dias apres que por confrayre recebido sera. xvi. Capitol de los que querran entrar confrayres en el abito de la muert Item, hordenoron que si ningun hombre o muller seyendo en el habito de la muert querra entrar 68 en la dita confraria o quada que sera $\mathrm { f i n } ^ { 6 9 }$ ado o finada sus parientes los hi querran meter, pague d’entrada cinquanta sueldos o que se convienga con los mayordomos de la dita confraria, los quales, de 70 voluntat de los conselleros qui son o por tiempo seran de la $\mathrm { { / f . 4 \nu / } }$ dita confraria, la aviniencia se haya a fazer. Et si los ditos mayordomos el contrario faran, paguen de pena cada uno diez sueldos. Capitol que los mayordomos no puedan fazer res sin los conselleros 71 Item, hordenoron que qualquiere cosa que en la dita confraria los ditos mayordomos qui son o por tiempo seran havran a fazer, aquello faguan con consello de los conselleros de la dita confraria e no sines dellos. Et si el contrario los ditos mayordomos faran, paguen de pena cada uno cinquo sueldos. [18] Capitol de las penas. Item, hordenoron que las penas que acayeceran sian levadas segunt en cada ordinacion son tachadas, et aquellas paguadas sines remedio alguno. [19] Capitol del clamador. Item, hordenoron que el clamador siquiere nuncio de la dita confraria haya de salario cada un anyo xv sueldos, et si clamara a defunto haya dotze dineros. Empero aquellos pague el defunto o sus parientes et el dia del convivio su racion de pan, vino et carne a conoscimiento de los mayordomos. [20] ordinacion como sia nombrado en capitol qui querra entrar confrayre Item, hordenoron que si ningun notario real querra entrar en la confraria, que sia primero nombrado et denunciado a los mayordomos et los mayordomos sian tenidos nombrar et reportar aquel en capitol ante que sia recebido. Et si el capitol havra aquel / $f . 5 r / \mathrm { p o r }$ suficient, jure en capitol servar las ordinaciones presentes et tener et conplir aquellas et qualesquiere otras que el dito capitol fara a reverençia de nuestro senyor Jesuchristo et a honor del sancto et a proveyto de los conffrayres et de sus animas, salva siempre la fieldat del senyor Rey et de sus succesores. [21] Capitol de los que no avran con que enterrarse. Item, ordenoron que si algun confrayre finara et no avra con que enterrarse, que los conffrayres de la dita conffraria sian tenidos fazer la expensa de la defunsion et enterrar aquel honrradament segunt conviene. Capitol de resistencias. Item, ordenoron que si los mayordomos que son o por tienpo seran de la dita conffraria, seyendo en capitol /o en otra manera y parte\ mandaran prendar o prendraran qualquiera conffrayre de la dita confraria, et el dito conffrayre no querra dar la pendra, antes aquella defendra tal como aquel sia a merce de capitol. E si no querra seyer a merce e correccion de capitol, que sia echado de la conffraria et su nonbre sia raydo del livro, et de alli adelant no sia avido por conffrayre et que page lo que devra entro al dito dia. Et si el dito conffrayre reconocera su error et querra tornar a la dita conffraria, pague de nuevo su entrada asi como cualquiera otro conffrayre. Enpero sia en mano de los conffrayres si aquel recebir querran en la dita conffraria o no. Capitol de los que seran sparellados a la tavla. Item, quisieron que toda vegada que los ditos conffrayres / f. 5v / ordenaran o querran fazer convivio e seran asentados a la tavla, los conffrayres et alguno dellos sera a tavla en algun lugar do sia desparellado que y sera demas a la puesta, segunt que ordenado sera, de dar las puestas, e los mayordomos, por razon de ordenar los confrayres et las puestas, mandaran mudar algun conffrayre de un lugar a otro, aquel qui no lo querra fazer pague de pena seys dineros. Capitol de iniurias et desonestades. Item, ordenoron que si algun conffrayre seyendo en capitol o en misa o en tabla el dia del convivio dira contra otro conffrayre palavras de sanya o desonestas o iniuriosas, que pague de pena cinquo sueldos. ordinacion de los que no $\operatorname { s e r } ^ { 7 2 } \mathrm { a n }$ a missa capitol et defuntos. Item, ordenoron que los mayordomos qui son o por tiempo seran de la dita conffraria o el almosnero de aquella, scrivan las faltas de las missas de los capitoles et de los defuntos de aquellos conffrayres que fallido avran. Et si a culpa de los ditos mayordomos e almosne $/ \mathrm { r o } \backslash ^ { 7 3 }$ cosa alguna se perdera, aquello paguen de lo suyo propio los ditos mayordomos e almosnero, e ultra de aquello de pena dotze dineros. [26] Capitol de las puestas. Item, ordenoron que qualquiere conffrayre que el dia del convivio, quando seran sobre tavla o depues, dira que los mayordomos dan las puestas millores a unos / f. 6r / que a otros, que aquel que lo dira pague de pena dotze dineros. [27] Capitol de prender la penyora contra voluntat de los mayordomos Item, ordenoron que si algun conffrayre sera pendrado en capitol por algunas penas devidas o por qualquiere otra manera, et aquel contra la voluntat de los mayordomos se pendra la penyora, pague de pena seys dineros sines merce alguna et sia penyorado luego otra vegada. [28] Capitol de los que entraran confrayres a la ora del convivio. Item, ordenoron que qualquiere conffrayre noviçio que entrara cerca el tiempo del convivio en la dita conffraria no pague sino medio sitio o la meytat de qualquiere cosa que los ditos conffrayres por ordinaçion o en otra manera paguaran, et ultra esto pague su d’entrada juxta la ordinacion de la dita conffraria. [29] Capitol de los que no querran pagar lo que devran. Item, ordenoron que si algun conffrayre de entrada, penas 74 o de mayordomia o por qualquiere otra manera devra paguar alguna cosa a la dita conffraria et paguar no la querra, requerido por los mayordomos /luminero\ o por el corredor o nuncio de la dita conffraria, que tal como aquel pueda seyer penyorado por el calmedina de la ciudat / f. 6v / de Caragoça o por su lugartenient o jutge de causas menores o por los vergeros dellos, et las penyoras que se vendan a uso et costumbre de cort et de alfarda toda solempnidat de fuero et de dreyto del todo tirada. Et si firmara delant d’algun jutge o pleyto o quistion tal confrayre moura, pague de pena vint sueldos, e ultra desto sia a merçe de capitol, e no res menos pague todo aquello que devra a la confraria sines remedio alguno. ordinacion de aquellos qui no vendran /a\ capitol el otro dia del convivio Item, ordenoron los ditos conffrayres que qualquiere confrayre el dia del convivio conbra75 (sic) en la dita conffraria, o caso que no y coma sera en la ciudad, que el otro dia siguient que sera capitol general, seyendo sano, sia tenido venir a capitol por dar razon de las faltas que entre anyo feyto avra. E si al dito capitol no vendra, que todas las faltas que por relacion del clamador e nuncio de la dita conffraria se trobaran por el seyer feytas, le sian cargadas, e pague todas las penas que cargadas le seran por el dito capitol o por los contadores el dia del conto, et de alli adelant scusacion alguna no le sia recebida. [31] Capitol de qui no querra servar las ordinaciones. Item, ordenoron que todos los conffrayres de la dita confraria sian tenidos servar e cumplir todas e cada unas cosas en las ditas ordinaciones contenidas, et aquel qui el contrario fara, sia ytado de la conffraria et de alli $\textit { 1 f } 7 r \textit { 1 }$ adelant no sia avido por conffrayre. Enpero que ante todas cosas, tal como aquel sia tenido pagar et pague todo aquello que devra a la dita confraria. E si tornar y querra, pague de nuevo su entrada o sia a merçe del capitol. [32] Capitol de la defunsion de fillos de conffrayres. Item, stablimos et ordenamos que si algun fillo o filla de conffrayre finira, defunto el padre et viviendo la madre vidua, segunt dito es, que en su caso sian tenidos los conffrayres yr a la defunsion de aquel o aquella. Et si por ventura el padre e la madre seran defuntos o la madre de aquel o de aquella avra contraydo matrimonio con honbre que no sia confrayre de la dita confraria, que en aqueste caso los confrayres no sian tenidos del yr al enterrar de aquel o de aquella, si por su propia voluntat yr no se querrian. Capitol de como los confrayres deven levar gramayas negras con sus capirotes a la defunsion del conffrayre et de la conffrayressa. Item, ordenoron que cada et quando algun confrayre finara, que los confrayres de la dita confraria sian tenidos intervenir en su defunsion con gramayas negras et con los capirotes vestidos, asi mismo a las confrayresas, dius pena de seys dineros pora el comun de la dita $\mathrm { { / f . 7 \nu } } \mathrm { { / } }$ confraria. E asi pague la pena por no vestir el capirot como por no levar gramaya, et por cada una de las ditas cosas. [34] ordinacion que ante de la excusaçion meta penyora en capitol. Item, ordonoron que qualquiere de los conffrayres qui penas algunas o alguna cosa devra a la conffraria et aquello demanda $^ { 7 6 } \mathrm { d o }$ le sera en capitol por los mayordomos o almosneros de aquella, que no le sian huidas scusaçiones algunas entro a que en presencia de los mayordomos et de todo el capitol penyora avra posado. Et si alguna cosa por razon de los deudos, faltas o penas devra dar hoydas sus scusaciones, que la penyora que alli posado avra no ose aquella prender ni levantar entro que aya pagado o liçençia de los mayordonbres obtenido avra. Et si el contrario fara, encorra en pena de dos sueldos por cada una vegada, levadera aquella sin remission alguna. Capitol de ordenar el comer. Item, ordenoron que el dia del capitol clamodo (sic) pora ordenar del comer, se gite el sitio en aquel preçio que a los conffrayres que en el dito capitol intervendran bien visto sera. Enpero si conffrayres algunos seran absentes de la ciudat el dia del convivio o puestos en enffermedat, que no paguen sino la meytat del sitio. / f. 8r / [36] Capitol que aquellos qui clamados fuesen a sleyr oficiales no podiesen seyer sleydos en oficio ninguno. Item, hordenoron que cada et quando los mayordonbres, conselleros et conffrayres de la dita conffraria que se levantaran por sleyr et nonbrar oficiales pora la dita confraria, ellos ni alguno dellos no se puedan sleyr ni nonbrar en oficiales dius pena de la jura. Et en caso do no se nonbrasen en oficiales, que no sian avidos ni admesos. Et aquesta ordinaçion quisioron (sic) a perpetuo seyer servada et catada. Capitol del panyo doro. Item, ordenoron que si por falta del mayordomo qui el cofre et el panyo de la conffraria tendra et no poran haver aquellos a las sepulturas de los conffrayres o de las confrayresas, que el dito mayordomo pague de pena por cada una vegada diez sueldos pora el comun de la dita confrayria, sines remedio alguno.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Notas sobre los mudéjares del valle del Huerva (siglos XII al XIV)
NOTAS SOBRE LOS MUDEJARES DEL VALLE DEL HUERVA (Siglos XII al XIV) Por Maria Luisa Ledesma Rubio. En el volumen anterior de esta coleccion, el profesor Lacarra llamaba la atencion sobre el tratamiento incompleto que se ha dado al tema de los mudéjares aragoneses, a pesar de su importancia y de la abundante documentación que al respecto atesoran nuestros archivos' . En lo que concierne al valle del Huerva,para el periodo comprendido desde el inicio de su colonizacion por los cristianos hasta mediados del siglo XIV, se hace notar la escasez de fuentes que nos permitan historiar el desenvolvimiento de la vida rural y en particular el papel desempenado por la población mudéjar² .La base documental mas amplia de que disponemos son los fondos de la Orden de San Juan de Jerusalén,recogidos en el denominado Cartulario Magno de Amposta, que engloba a su vez los documentos del. Temple³.A los datos que aportan las 64 escrituras referentes a la zona, se suman los que proporciona un cuadernillo que contiene algunos documentos no vertidos en el Cartulario4 . Las limitaciones inherentes a una documentación de tipo contractual solamente dejan entrever la productividad de ese sector agricola y su potencial humano en la etapa cronológica resenada. No obstante, ias fórmulas juridicas, a pesar de su parquedad, nos ofrecen una breve pero interesante casuistica respecto a la condicion social de los mudéjares. Creo se trata de ejemplos muy ilustrativos. Son algo más que meras incidencias locales,y susceptibles de marcar directrices para ulteriores investigaciones sobre el problema mudéjar en la huerta zaragozana. La colonizacion cristiana del valle del Huerva. A juzgar por los importantes hallazgos obtenidos en recientes prospecciones arqueológicas,las tierras del curso inferior del rio Huerva estuvieron pobladas desde antiguo.Los yacimientos de la época romana, muy abundantes ya en la etapa republicana, denuncian una agricultura intensiva y la persistencia de unas etnias agrarias,donde junto a los agricultores destacan los alfareros y tejedoress. Durante la dominacion mulsulmana, al igual que sucedió en el resto del valle del Ebro,las apostasias del elemento hispano-visigodo harian que los pobladores de la zona fueran indigenas islamizados,que cultivarian los campos en régimen de aparceria. Probablemente los grandes terratenientes tenian su residencia en Zaragoza,capital de una de las mas importantes taifas de la Peninsula. Los riegos del rio Huerva a pesar de la penuria de su caudal, fueron pronto aprovechados por la huerta zaragozana, desempenando una función subsidiaria decisiva para el abastecimiento de la ciudad.Los azudes del rio con toda probabilidad eran de época romana, destacando entre ellos la presa monumental de Muel .De herencia romana o de la época musulmana serian el azud de la Romareda y el apreciable numero de albercas, acequias y brazales que se citan posteriormente en la documentación cristiana,particularmente en la de la Orden del Hospital. Poco después de la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador se insertan los primeros cristianos en el valle.La persistencia de la poblacion mulsulmana,en virtud de las capitulaciones, era sumamente ventajosa para la continuidad de la vida económica, pero tambien planteaba problemas analogos a los de otras tierras del valle medio del Ebro y en especial a aquellas limitrofes con Zaragoza? .Se explica asf el empeno del Batallador hacia un doble objetivo:la defensa militar del flanco mas vulnerable,es decir la via hacia el reino de Valencia,y el asentamiento de colonos cristianos. Estos se establecerian donde el antiguo propietario mulsulmán hubiera emigrado o en los campos yermos, cuya explotacion quedaba asegurada por unos riegos ya organizados y un mercado proximo para la venta de excedentes. En el ano 1124 asistimos a una de las fases mas activas en la biografia del Batallador.Es a fines de ese ano cuando concede la carta de poblacion al lugar de Maria, cuyo castillo constituia uno de los bastiones de defensa del valle&.En la carta-puebla de Maria del Huerva cada caballero recibia en el reparto dos yugadas de tierra y cada peón una yugada’ . Las fases de formacion de sefiorfos jurisdiccionales, tanto laicos como eclesiasticos,en el valle del Huerva no son conocidas con precision. En un principio se establecieron una serie de tenencias en los puntos clavelo,que paulatinamente tienden a transformarse en senorios, de los que conocemos algunos nombres de sus titulares mas bien de fechas tardias1l . Junto a miembros de la nobleza aragonesa se insertan entidades religiosas1²,la Orden del Temple,y en mayor grado la de San Juan de Jerusalén (conocida comunmente como Orden del Hospital),que a partir de 1317 englobara los bienes de los Templarios en el reino de Aragón. Los nobles y la Iglesia,por lo tanto, seran los perceptores de las rentas que emanaban de la propiedad de la tierra,detentando con diversa gama de atribuciones el dominio sobre los hombres,cristianos y musulmanes,que la cultivaban.La realeza, no obstante, mantuvo algunas propiedades y derechos especificos. Las primeras adquisiciones del Temple y del Hospital. El predicamento alcanzado por estas dos Ordenes religioso-militares,coherederas del testamento del Batallador, se incrementa desde mediados del siglo XII.Los monjes-soldados desde sus centros conventuales de Zaragoza pondran pronto sus miras en las tierras de los términos circundantes. En pocos anios, fines del siglo XII y principios del XIII, bien por donaciones,compras O permutas, ampliaron su radio de acción en la huerta de la Romareda, en Cuarte,en Cadrete (lugares éstos del término municipal de Zaragoza) y en Maria del Huerva, que perteneció al concejo de la ciudad al menos hasta principios del siglo XIV. Los Hospitalarios tuvieron tambien alguna propiedad en Muel13. La Romareda,en las proximidades de Zaragoza (en la actualidad dentro del casco urbano),era regada por la acequia de su nombre que tomaba sus aguas del Huerva a la altura de Cuarte.El término confrontaba con los de Almotilla y Miralbueno.El azud de la Romareda se cita en los documentos del Hospital a principios del siglo XII14 . Otra acequia distinta era la que a partir del monasterio de Santa Fé regaba el término de las Adulas (proximo al Ebro y a los términos de Miraflores y Rabalete), probablemente la misma que en algun documento es denominada de Santa Engracia15 . Las tierras de la Romareda eran objeto de cultivo por gentes radicadas en la ciudad o en el lugar de Cuarte.El cultivo de vifas intercaladas con olivar se menciona tempranamente en los documentos,por lo que puede suponerse tendria una tradicion musulmana. El Hospital contaba con este tipo de propiedades desde la segunda mitad del siglo XIII, estableciendo contratos “ad plantandum16. En Cuarte y en Cadrete las primeras adquisiciones de las Ordenes Militares proceden sin duda de donaciones efectuadas por directos descendientes de los primeros colonizadores cristianos. Tal es el caso de Lope de San Per, que en 1172 se entrega al Hospital con su caballo y sus armas; entre otros donativos prometia una heredad en Cadrete17 . Pocos anos despues unos “donados” reciben de los monjes, con carácter vitalicio, todo el heredamiento que se dice fue de Pedro Lope de Maria, integrado por l9 parcelas o piezas, entre campos, huertos y vinas18. 13 En 129O Abraym de Biater recibe a treudo un vina en término de Muel (A.H.N. leg. 594,lig. 63,numero 2); parece ser se trataba de un sarraceno habitante en la Moreria de Zaragoza (V.LEDESMA,La Encomienda,doc.253). 14En el ano 1235 (Vid.LEDESMA,La Encomienda,doc.126). 15A.H.N. Cart. Magno IV,päg.235,numero 193. 16Vid.La Encomienda,docs.35,40 y 60. 17Ibidem,doc.17. 18Se describen con detalle los limites de los campos,mencionándose varias propiedades de moros (Vid.La Encomienda,doc.48 y A.H.N. leg.442,numero 42,doc.3) Paulatinamente los Hospitalarios tendieron a agrupar sus posesiones en Cadrete por compras O permutas efectuadas con los particulares, buscando siempre las fincas de regadio y las proximidades del molino19. En cuanto al Temple, se documenta su aparicion en la zona desde $1 1 7 7 ^ { 2 0 }$ . Poco mas tarde la Orden efectuo diversas compras tanto en Cuarte como en la vecina localidad de Cadrete²1 . Las actas del Cartulario Magno no aportan para estos primeros afos mas que escuetas menciones respecto a los pobladores mudé- jares.En los lindes de los dominios del Hospital en Cadrete, junto a propiedades del rey y de algunos cristianos, vemos otras de musulmanes²² . Uno de los cambios efectuados por el Temple en Cuarte se hizo en presencia “aljamam christianorum et sarracenorum", firmando.como testigos,al lado de los miembros de la Orden,Ali Abinalol y Amay “alamin23 .Son interesantes los toponimos de la zona,de clara procedencia musulmana. Un poco mas adentro del valle, la “honor" de Maria del Huerva pasó tras la concesion de la carta-puebla por el Batallador a manos del zalmedina de Zaragoza, Sancho Fortunones,y de los pobladores del lugar. El zalmedina lo sera, a partir de este momento,de Zaragoza y de Maria, titulo doble que se consigna en algunos documentos²4, permaneciendo el lugar de Maria bajo su jurisdiccion hasta fechas imprecisas. 19En 12O5 reciben dos muelas de molino y una cuarta parte de otra en el molino de Merchen en Cuarte.En Cadrete,en el anio 1198,compran un campo junto al molino,limitando con campos del mismo Hospital,campo de la iglesia de Cadretey con brazal.En 1199 reciben por permuta un campo que limita con otros de la Orden, con campo de Bivag y con acequia (Vid.La Encomienda,docs.94,78y 80 respectivamente). 20A.H.N.Cart. Magno IV,pag.265,numero 212. 21A.H.N. Cart. Magno IV,pag. 267,numeros 215 y 216.En 1184 compran una heredad integrada por casas,casales,vinas,huertos,eras,pajares,yermo y poblado;el precio de compraventa fue de 200 sueldos (A.H.N.Cart. Magno IV, päg.287, nume10 231 y leg.442,numero 42,doc.5).Un cambio en Cadrete,junto al campo del rey,sehizo enpresencia de cristianos y sarracenos (A.H.N.Cart.Magno IV,pag. 268,numero 218). 22De nombre Abrain Aceina, Aica Alcoter y Abingalin. (Doc.nota 18). 23A.H.N.Cart.Magno IV,pag.268,numero 218. 24 Vid. LACARRA, J. M.- Documentos para la reconquista y repoblacion del valle del Ebro,en EEMCA,vol.II (Zaragoza 1947-48).En A.H.N.Cart.Magno IV,pag. 231,num.187,figuraen1303 elalcaldede Mariaysu lugarteniente JuanPerez Vigorós, zalmedina de Zaragoza. El primer documento referente al Hospital en esa localidad es aquel en que los monjes reciben en 1220 unas casas, cinco campos y dos vinas. Al especificar los lindes, se hace referencia a casas, campos y vinas del rey; casas y campos de varios cristianos,y a la casa de un musulman de nombre Abreynch. Se detallan además los términos donde están enclavadas las propiedades,con menciones de la acequia mayor, brazales de la misma, acequia de la Capatera, alberca,y molino de Cascariello²5. Consolidacion del dominio de las Ordenes Militares en el valle en los siglos XIII y XIV. A partir de mediados del siglo XIII y mäs concretamente en la primera mitad de la siguiente centuria, las actas de la Orden del Hospital presentan un formulario mas preciso y aportan mayor numero de detalles respecto a la poblacion mudéjar. Todo ello en relacion con el incremento adquisitivo por parte de los monjes, que conllevaba una contabilizacion del sistema de rentas, treudos y servicios. En la Romareda sus plantaciones de vinedos y olivares fueron concedidas a treudo generalmente a vecinos de Zaragoza. Una de estas plantaciones, junto a la acequia de Santa Engracia y a la “acequia mayor", limitaba con·la de Facan,alcalde de la Moreria²6. Otras,en el termino de Almotilla, se hallaban junto a la “acequia mayor de la Romareda"27. Tambien en la zona, en 1318, un moro de nombre Bellito era propietario de un olivar junto al rio Huerva, lindando con una heredad del Hospital que contaba con un olivar,ciruelos y manzanos2&. Por estas mismas fechas se cita otro olivar perteneciente a Mahomat Ponc Farina29.Podemos pensar se trataba de posesiones de mudéjares residentes en la ciudad. En Cuarte, el Temple efectuó en 1257 un cambio con el caballero Garcia Pérez, recibiendo un casal, que limitaba con casas de Abraym Avinamar, y dos campos, uno de ellos junto a la acequia del molino30 . En el término rural de Cuarte la propiedad se hallaba muy cotizada y repartida.No sólo se aprecia el interés de las Ordenes Militares en acrecentar sus propiedades, tambien son mencionados campos de la parroquia de Santa Maria la Mayor, y se registra la presencia activa de elementos de la oligarquia zaragozana.Cuando en 1258 el Hospital cambia un campo en el término de Almarache por otro en Cepiellos,actua como fianza el caballero Gil Tarin31, familia tan ligada a la vida de la ciudad en esta época.Poco después la Orden le confiaba la explotacion de un campo, por no poderlo atender los sarracenos del lugar². No tardaron los Gil Tarin en hacerse cargo, como enfiteutas,aunque sólo temporalmente,de las heredades sanjuanistas en Cuarte33,con todo io que el traspaso implicaba en el status económico de los cultivadores mudéjares. En la localidad de Cadrete,entre Cuarte y el castillo de Maria, las abundantes menciones documentales son pruebas fehacientes de la concentracion de la poblacion mudejar, que se han visto reforzadas recientemente por importantes hallazgos de ceramica en la zona 34 . Junto a las heredades del Hospital son citadas,en esta etapa que consideramos, las del Temple35 . Los topónimos de los terminos del Huerva-de origen musulmán, a que hacen referencia los documentos,han desaparecido practicamente.Como sabemos, Cuarte responde al miliario de la via romana que conducia a Cesaraugusta. Maria, o más bien su amplio término rural, aparece en la documentación cristiana como “rivo de Maria". Pero,hasta ahora, habia pasado por alto a los investigadores el topónimo Novells36, cuya localizacion puede precisarse a través de la documentacion que ultimamente he consultado. En el mencionado Cabreo de las posesiones del Hospital, se consigna la entrega a treudo a dona Maria de Luna, viuda de Domingo Escudero, de 7 campos y una vifa en término de Novells y Cadrete, esta ultima limitando con vifa del “alamin”de Novells37. En l259 Domingo Novells y su mujer Oria dan al Hospital su heredad de Cadrete y Novells, integrada por 14 campos; ese mismo ano la Orden los concede a Abzair, hijo de Lope de Mohamat, "ad medietatem” (con derecho de corral y cuarta parte de una era)38. El topónimo Novells y su localizacion se precisa aun mas en el contrato de treudo efectuado por el comendador del Hospital a favor de Abraym de Biater, moro de Zaragoza,que recibe una vina en término de “Novells de rio de Marfa", con todas las canas del canar de los Landiellos39 .En 1315, Ali, hijo de don Lop Ferrando, moro vasallo del Hospital, recibia a censo todo el heredamiento de la Orden en Cadrete y en Novells y sus términos40 . Los documentos mencionados justifican la proximidad de Novells al término de Cadrete, situado en sus lindes.La otra referencia‘Novells de rio de Maria’ presenta cierta problemätica.No se han encontrado en las prospecciones arqueológicas realizadas en los términos de Maria y Cadrete,hasta la fecha, ningun despoblado medieval. El unico existente es el que ocupa los alrededores del castillo o “lugar viejo”de Maria. iPuede “Novells” corresponder al nombre del primitivo lugar?. Pero ademas el topónimo “Novells” nos plantea una segunda hipótesis. Podria corresponder a la referencia romana de nueve millas, equivalente a $^ { 1 3 , 5 \mathrm { \bf K m } }$ . Indudablemente las distancias no coinciden,pero no creo que esto sea significativo,ya que la ribera de la Huerva estuvo densamente poblada de las denominadas “villas romanas",asentadas en el llano.En la crisis final del Imperio romano se abandonaron, pasando a ocupar sus habitantes los cerros defendibles. El asentamiento romano, por lo tanto,(que estaria a nueve millas) se situaria entre Cadrete y Maria; su despoblacion bajo-romana llevaria a sus gentes a ese asentamiento medieval,al castillo o “lugar viejo de Maria". No obstante no podemos dar totalmente por validos estos supuestos. Habra que intensificar las prospecciones dentro del término de Cadrete y Marfa,a la distancia de $^ { 1 3 , 5 \mathrm { \bf ~ K m } }$ ,por si existe otro despoblado medieval no localizado,que justificaria una segunda hipótesis41.Tampoco podemos excluir la posibilidad de que el topónimo (al igual que “Novales") pudiera significar“nuevos cultivos". Lo que si podemos constatar es el hecho de que las repetidas menciones de campos en Novells cultivados por sarracenos,al igual que en Cadrete,presupone la existencia de sendos nucleos de poblacion mudejar, contando cada uno de ellos con su propio alamin,como representante de la comunidad islamica. Pero ademas,en Cadrete junto a la aljama de sarracenos vasallos del Hospital, encontramos la aljama de sarracenos dependientes del rey4².En 1282,Pedro III comunicaba al merino de Zaragoza que estaba dispuesto a comprar por lOoO sueldos ciertos documentos por lo que se podia adquirir el castillo y villa de Cadrete si tales documentos permitian dicha adquisicion43. Ese mismo afo se entabló pleito entre don Ruy Ximénez de Luna,procurador del monarca,y el procurador de la Orden sanjuanista,respecto a la cuestión de si los vasallos del Hospital debian pagar o no “peyta" al fisco real. Alegaba la Orden en su defensa que “los moros e los otros omes del Hospital sian francos por cartas e privilegios del muy alto senyor don Pedro rey de Aragón que fue"44. Dicho privilegio,otorgado por Pedro II en 1208, concendia a todos los hombres del Hospital la libre posesion de sus bienes y no estar sujetos a ninguna pecha, hueste,bovaje,etc., ni a ninguna otra‘exacion real o vecinal". Ordenaba el monarca a los merinos,bailes,zalmedinas y demás oficiales del reino respetaran este privilegio,pues los hombres del Hospital, cristianos, judios,sarracenos,con todas sus heredades,eran libres e inmunes45. La jurisdiccion del Hospital sobre sus vasallos moros de Cadrete prevaleció cuando los sarracenos del rey en esta localidad entablaron pleito contra sus correligionarios,La sentencia fue favorable a la Orden y beneficiaba a sus vasallos,a los que se respetaba el privilegio de no tener que contribuir a la cena del procurador rea146. También la Orden tuvo problemas en Maria. En torno al castillo parece lógico se registrara una colonizacion cristiana mäs intensa que en las localidades próximas de claro predominio musulmän. Los Hospitalarios contaban con algunas propiedades explotadas por vasallos mudéjares. A principios del siglo XIV la villa de Maria del Huerva seguia bajo la jurisdiccion del zalmedina de Zaragoza, lo que determinó ciertos roces con las autoridades hospitalarias47. Pero la Orden en l334 seguia manteniendo sus derechos,y asi dió a Juce de Mahomat de Ramen y a su mujer Exenici, vasallos suyos, una casa y cambra por 18 sueldos de treudo anual48 . 44 Vid. La Encomienda,numero 220. 45A.H.N.Cart. Magno I,päg.147,numero 167. 46Vid.La Encomienda,numero $2 4 5 { \mathrm { ~ y ~ } }$ A.H.N.leg.442,numero 42,doc. 13. 47 Yaen 1296 Gil Tarin,merino de Zaragoza,bajo pretexto de una orden real habia confiscado los bienes sanjuanistas,pero el monarca dispuso se pusieran en manos de un sujeto honesto hasta que se determinara el caso (Vid.DELAVILLE LE ROULX,Cartulaire General dei'Ordre des Hospitaliersde St.Jean de Jerusalem,vol. III; doc.4313).Pocos anos después el procurador del Hospital requeria al alcayde de Maria la devolucion de una vina objeto de testamentaria.La vina estaba situada en el lugar llamado“la fuente de Alcarcen”y limitaba con otra de Farach Garrera y con prado del concejo de Maria (A.H.N. leg. 594,lig.63, numero 4;Cart.Magno IV,päg.231,numero 187 y päg.239,numero 196). 48Limitrofe con casa de Mocet “moro del Hospital”y casas de Pedro Lopez de Vera tambien treuderas a los monjes (A.H.N.Cart.Magno IV,päg.257,num.207). La economia de la zona. Ignacio Asso,cuando escribe en 1798 su Historia de la Economia politica de Aragón, pondera la fertilidad de la ribera del Huerva, que producia por entonces todo género de frutos y un trigo de excelente calidad.En Cuarte y en Cadrete la cosecha más abundante era la de aceite (unas l6.0oO arrobas); también eran afamadas las uvas de colgar y la duraznilla.De los términos de la Romareda y Almotilla alaba asimismo sus frutos49 . Estas afirmaciones del ilustre economista pueden hacerse extensivas a los siglos que ahora analizamos. Segun se desprende de los documentos, se constata el hecho de la gran extensión del olivo y la vid en todo el valle inferior del Huerva,en menor grado el cultivo de fru tales. En particular la produccion viticola cobra auge en toda la huerta zaragozana, siendo frecuentes los contratos“ad plantandum". Se trataba de la entrega de tierras'incultas para plantar vid, estipuländose entre el dueno de la tierra y el cultivador un contrato que adopta diversas modalidades.La forma mas usual era la que establecia el reparto a medias del fruto recogido. Las plantaciones y el subsiguiente cultivo deberian realizarse en un plazo determinado de anos, generalmente cuatro,pasado' el cual dos árbitros destinados al efecto investigaban si la plantacion se habia realizado debidamente,en cuyo caso se procedia a la paiticion del fruto. El sefor tenia preferencia para elegir su parte, por considerar que además de ser el dueno de la tierra acostumbraba a proporcionar la planta. En algunos casos,a partir de este momento,el cultivador seguia trabajando toda la tierra, pero sólo pagaba renta por la mitad,en concepto de treudo o censo.En otros,se aplicaba el sistema de renta por la totalidad de la vifa, que evitaba al propietario las contingencias de la cosecha. En las tierras del Huerva el caso mas frecuente eran las plantaciones mixtas,de vinas y olivar.Eran frecuentes los contratos “ad plantandum”y “ad medietatem”,pero también se entregaron vinas a treudo. No se precisa en las cláusulas contractuales de la documentación de las Ordenes Militares concernientes a esta zona la clase de sembrado de los campos pero si hay constancia del pago de censos en trigo y cebada. Tampoco se consigna.la extension, aunque se deduce fácilmente se trataba de pequenas parcelas,con tendencia por parte de los propietarios a su agrupacion. La frecuente mencion·de los molinos corrobora la existencia de una industria harinera junto con la del aceite: Son varios los documentos consultados en que, junto a las propiedades de la Orden del Hospital y del Temple; se cita la presencia del molino en cada una de las localidades de la zona.La politica de adquisicion de tierras junto a las acequias y brazales debia completarse con el monopolio de las fuerzas motrices. Era lógico que ademas de los frailes las otras entidades senoriales contaran también con sus propios molinos hidraulicos,instrumento de poder y fuente saneada de ingresos. Las excavaciones arqueológicas empiezan a obtener importantes logros.Es de esperar permitan detectar restos de las industrias artesanales y localizar los alfares, que vendran a completar el espectro económico del sector en los siglos medievales. La condicion social de los mudejares. Al tratar de conocer la situación juridica de los mudéjares en el valle inferior del Huerva, debemos de partir de unos supuestos basicos. No solo la posesion y explotacion de la tierra sino tambien la jurisdiccion sobre los hombres anejos a ella constituia una fuente lucrativa de ingresos para el poder seforial, en nuestro caso las Ordenes Militares. Hemos visto como el Hospital, y en menor grado el Temple, se asentaron en el valle y acrecentaron sus posesiones. Pero icómo pasa el cultivador moro a su servicio? isu entrada es voluntaria o forzada por las circunstancias? Parece logico que en la mayoria de los casos se tratara del propio deseo de los sarracenos de acogerse a la proteccion de los monjes5o,como unica forma de poder continuar en sus solares utilizando las fuerzas productivas,ahora bajo el control de los nuevos dominadores.Necesitaban ademas su proteccion ante una contingencia belica. 50 Caso semejante a la entrega de los sarracenos de Grisén al Hospital.Vid.M.L.LEDESMA,La poblacionmudejar en la vega bajadel Jalon en“Miscelanea ofrecidaal Ilmo Sr.D. Jose Maria Lacarra y de Miguel"(Zaragoza 1968),pp.335-351 y Coleccion Diplomatica de Grisen (siglosXIly XIl),EEMCA,X (Zaragoza1976), pag.734,doc.43. Recordemos que tambien otras entidades, religiosas y laicas, ejercian jurisdiccion en las localidades y términos del Huerva. Aun cuando no puede determinarse cual era en cada caso el nivel de competencias, quizä el predicamento y privilegios de que gozaban los monjes-soldados determinara una mayor aceptacion por parte de los mudejares de entrar en su patrocinio. Por otra parte,al pasar las heredades a poder de las Ordenes, en virtud de compras, testamento o donaciones, se mantendria en ellas al antiguo cultivador musulman.No voy a tratar aqui del controvertido tema del concepto de exarico; la documentación consultada no aporta nada al respecto51 .Pero si la condicion de exarico era equivalente a la de aparcero o asociado,como ha afirmado recientemente el profesor Lacarra5²,debian respetarse sus derechos sobre la tierra. No obstante,es indudable se produjo una mutación del antiguo status del sarraceno,debido a la practica generalizada de entregarse en vasallaje a los nuevos poderes senoriales. En él pleito entablado entre los Hospitalarios y el procurador de Pedro III, anteriormente comentado,la Orden defendió sus derechos,manteniendo el principio de que los moros y otros hombres del Hospital eran francos por cartas y privilegios de los monarcas. Pero esta afirmacion no puede sustentarse mas que en el contexto del documento otorgado por Pedro II; es decir, estaban desligados de tributacion y obligaciones respecto a la realeza. No olvidemos que las Ordenes Militares del Temple y del Hospital, por su caracter universalista y por depender prioritariamente de la Santa Sede,se hallaban en situacion de privilegio respecto a otros estamentos del reino de Aragón. La realidad concreta en lo que concierne al status juridico personal de estos mudéjares emanaba de su condición de vasallos de la Orden,denominaci6n genérica con que se les designaba, y que implicaba su adscripcion al seforio y jurisdiccion de los monjes.En cada localidad del Huerva existian circulos jurisdiccionales distintos; el hecho de que los mudéjares del Hospital constituyeran su propia aljama y tuvieron al frente su propio alamin evidencia el hecho. La primera condicion que debia tener presente el sarraceno,al entrar en vasallaje de los monjes, era la lealtad;“que peyte y sirva al Hospital con lealtad", suelen decir los contratos. Pero no se trataba tan solo de la vinculacion de sus personas; el nexu iuris se extiende a sus casas, campos, huertos, etc., que se consideran “propietas”de la Orden. Incluso aquellas parcelas de tierra adquiridas posteriormente con el producto de su trabajo, entraban en.el ämbito jurisdiccional. Asi se precisa en un documento del ano 1311. Los Hospitalarios demandaban a Marien de Mocota, mujer de Jayel de Cahador, vasallos ambos de la Orden en Cuarte, dos .campos de sendas cahizadas,otro campo de una arroba y la mitad de una vina de una cahizada de extension.Alegaban los frailes haber sido ganadas “a propiedad del Hospital” como compras hechas por Marien, teniendo y explotando como vasalla los bienes del Hospital en Cuarte y sus términos. Como “merced y gracia”, los monjes se los entregaron luego a treudo (por 20 sueldos anuales) “para sus necesidades", esperando comprase y ganase nuevos bienes“como buena vasalla hace a su senor53.En ningun caso, pues,podian disponer de cultivos alodiales. En las aljamas de realengo el mas importante tributo era la “peyata ordinaria al rey,impuesto muy gravoso,del que estaban exentos en cambio los vasallos del Hospital; que “peytaban”a la propia Orden54. Existia una amplia gama de derechos jurisdiccionales que constituian un complemento de la explotacion económica del dominio. Eran éstos,la“cofra","alharaz",lenas, gallinas, espaldas y dineros; segun se precisa en un documento de i312 referido a unos vasallos moros del Hospital en Cadrete a los que se concedia varias heredades a treudoss. La“cofras6 consistia en servicios personales que cada casa 53A.H.N.Cart. Magno IV,päg.273,numero 222.. 54 “. .peytedes et sirvades al Hospital segunt que los moros de Cadret, vassallos del ditoEspitalpeytanet sierven...al dito Espital"(A.H.N.Cart.MagnoIV,pag. 290,numero 235). 55 “...asi como ye costumpnado, e moravedi e huest e todas otras cosas que vasallos deven fer a sennyor"(A.H. N.leg.593,lig.62,Numero 2; Cart. Magno IV, pag.289,numero 234 y leg.442, numero 42,doc.8). 56 Todavia se utilizan en nuestros pueblos el vocablo azofrar, significando servicios que,en ocasiones,debe prestar la comunidad de vecinos. de la comunidad debia prestar un numero determinado de dias al ano en las propiedades directamente explotadas por el senor, distintas a las tenencias a treudo de los campesinos. El suministro de lena al sefor constituia también un tributo habitual. En un documento del Hospital se anade un codicilo por el que un sarraceno, que ha entrado en vasallaje, se compromete a pagar una carga de lena: por Navidad y otra por Pentecostes57. El pago de gallinas (generalmente un par) por cada fuego uhogar, se hacia en fechas determinadas,en especial por Navidad. Las espaldas, por cada pieza de carnero,cabra u oveja que se mataba, consistia generalmente en el pago de cierta cantidad en metalico. Se sumaban a los anteriores los derechos de los monjes de exigir a sus hombres los servicios de hueste y cabalgada58. El derecho de cena gravitaba, al. menos,para los vasallos del Temple en Cadrete59 . No estaban exentos los vasallos del Hospital del impuesto de moravedio,que gravaba cada siete anos los bienes muebles y raices de los habitantes del Reino, y que recaia tanto sobre cristianos como sarracenos. Junto a estos gravamenes, puede pensarse que los frailes percibirfan los consabidos derechos seforiales de horno y molino. Asimismo correspondia a los sarracenos el acarreo de los censos y frutos a las respectivas casas conventuales del Temple y del Hospital en Zaragoza1 . Recordemos,por ultimo,uno de los derechos seforiales mas generalizado en los siglos medievales: la incautacion por parte del senor de los bienes del vasallo que moria sin testar y sin herederos directos. En los dominios del Hospital al parecer estaba en vigencia ese antiguo derecho. Asi consta en un documento de l320 referente a Ebraym de Biater,vasallo y baile de los bienes de la Orden en la localidad de Cadrete,“el cual murió entestado et por esta razon los bienes quel tenia se pertenexcan al dito Espital".No obstante los monjes en atencion a los buenos servicios prestados por el difunto, recibieron a su nieto “en vasallo et homme" de la Orden, entregándole las heredades (casa,7 campos,higuera y una era) con la condición de“peytar”y servir al Hospital y cumplir fielmente todas las clausulas estipuladas en el contrato². Es dificil deducir el aspecto cuantitativo de estos gravamenes que pesaban sobre los mudéjares del Huerva. Probablemente eran de escasa cuantia pero multiples segun se deduce de alguno de los casos comentados. En el plano impositivo,a los tributos inherentes al vasallaje se unian las cargas económicas por la tenencia de las casas,campos, etc.En la documentación consultada se registra algun caso de cultivo a medias o de pago proporcional a la cosecha63 .No obstante, son mas abundantes las concesiones a treudo anual, de mas facil contabilización para los monjes, que abandonaron paulatinamente la explotacion directa de sus propiedades.Una casa y “cambra" en Maria tributaba 18 sueldos.Las pequenas parcelas de cultivo pagaban de 1 a 6 sueldos.Otras efectuaban el pago del treudo en especie(l cahiz y medio de trigo y otro tanto de cebada por un huerto, tres campos y un olivar en Cadrete).Distinto caso constituye la heredad de Cuarte administrada por los Gil Tarin a principios del siglo XIV,consistente en “tres casados de moros",el treudo aplicado fue de 11 cahices y medio de cereal, que se amplió luego a 13 cahices64. La concesión a treudo de casas y campos a los sarracenos presenta aparentemente cierta similitud con los numerosos contratos enfiteuticos que se registraron por estas fechas en las propiedades del Hospital sitas en la ciudad de Zaragoza.Pero para los sarracenos del Huerva la situacion juridica era muy distinta;quedaba explicitado que no podian tener otro sefior,debiendo,ademas de pagar el treudo, hacer los servicios que en virtud del vasallaje debian a la Orden. Se les concedia la facultad de alienar la propiedad, pero con restricciones muy precisas.A la fórmula usual de no vender a clérigos, infanzones,etc., se anadia que tan solo podian hacerlo a moros vasallos de la Orden residentes en la localidad.En algun caso se restringe la transmision a hijos varones,prohibiendo darla a hijas en casamiento65 .Se trataba de no perder derechos jurisdiccionales, tal es el caso de la concesion a treudo hecha a un escudero en Cadrete,a quien los monjes advirtieron no podia alienarla sino a personas de “servitut66. En cada venta la Orden tenia,como era costumbre,derecho de retracto por una décima parte menos del precio ofrecido por otros. Lo usual era percibir la décima parte del producto de la venta, en concepto de “loysmo", pero vemos ahora un caso en que unos sarracenos deberan pagar al Hospital la tercera parte del precio obtenido67. Desechada la condicion plena de“hombres libres y francos” que la documentacion oficial adjudicaba a.los sarracenos de las Ordenes Militares,es cuestionable no obstante su condicion de siervos adscripticios,asi como los lindes entre la categoria servil y la inherente al vasallaje. Dentro de los casos comentados puede establecerse cierta tipologia, que entrana diferenciacion de categorias juridicas y econó- micas. Por una parte nos encontramos con el término “moros casatos" en la concesion de explotacion vitalicia en tierras de Cuarte que el Hospital hizo a los Gil Tarin.En calidad de enfiteutas,éstos deberian pagar el correspondiente treudo,pero no podrian vender ni empenar el heredamiento salvo a los moros del Hospital.Se : comprometian a no exigir a los “moros casatos” mas que las cargas y servicios habituales a los demás sarracenos de la Orden.No podrian además constrenirles a hueste o cabalgada.Tampoco utilizarlos como deudores o fianzas.En ningun caso se trataba, por lo tanto,de un traspaso de senorio. No obstante,nueve anos después,la Orden interesada en una mayor rentabilidad de sus heredades (puesto que los Tarin habian ampliado el treudo),ordenaban a estos moros de Cuarte “peytar" a los Gil Tarin al igual que otros sarracenos lo hacian a sus senores. Se consideraron nulas las cartas y privilegios anteriores que exhibieran en defensa de sus intereses; si bien cualquier litigio habido con sus nuevos amos se dirimiria por unos arbitros (dos cristianos y dos moros) puestos por ambas partes. Aunque con la salvedad de ciertas garantias, se trataba de un adscripcion servil de hecho68. Si este caso revela una situación anómala69 ,en otros se respetaba al “hombre del Hospital"y a sus descendientes directos el derecho de dar y vender a sus hijos O a otros moros vasallos las heredades, siempre que cumplieran los deberes de “peytar”y servir a la Orden. Una situacion mixta podia ser la de aquellos “hombres" que trabajaban' las tierras de los monjes de acuerdo con la condicion servil, pero que habian podido adquirir otras parcelas por las que abonaban tan sólo una cantidad estipulada en concepto de treudo. Por ultimo, lo más privilegiados eran los vasallos enfiteutas, concesion que parece ser se consideraba“gracia especial" y que los monjes tendieron con el tiempo a prodigar, desligandose asi de la explotación directa del dominio.Los treudos aplicados eran módicos si se comparan con los que por estas fechas abonaban las gentes francas de la ciudad, quizá por la exigua extension de las parcelas cultivadas por los sarracenos del Huerva. Su laboriosidad y vida austera les permitia en ocasiones adquirir nuevas parcelas, mó- dico complemento a sus exiguas necesidades. Pero las ataduras del vasalleje constrenian la libre disposicion de las heredades.Las limitaciones de alienarlas eran muy precisas y las transgresiones iban acompanadas de penas taxativas, en particular respecto a aquellas tierras sobre las que pesaban rentas·y servicios distintos al treudo. Si se mudaban de senorio, no tenian ningun derecho de sus personas ni de sus bienes,pudiendo la Orden disponer libremente de unos y otros; en ningun caso el sarraceno podfa presentar ninguna reclamacion al rey ni a autoridad alguna, y tan sólo quedaba a‘la merced y misericordia”de los frailes7 . Caso distinto podfa ser el de aquellos que disfrutaban heredades a treudo. Una vez asegurada la venta a vasallos moros del lugar, nada podia exigirseles.No obstante,es probable que no estuvieran interesados en desnaturalizarse,probando fortuna en otras tierras con el módico producto de la venta de sus tenencias.No tenemos informacion precisa sobre las circunstancias que atravesaban en esta época los mudéjares de los senorios laicos, pero a juzgar por los abusos sin freno ni ley de muchos nobles aragoneses,es probable que la situación revistiera allf un mayor endurecimiento de los lazos de dependencia71. Tampoco parece podia atraerles emigrar hacia aljamas de realengo,ya que,en general, en los senorios eclesiasticos disfrutaban de algunas exenciones decargas gravosas que pesaban sobre los habitantes de aquellas. Los mudéjares dentro del senorio de las Ordenes Militares tenian al menos el poder de transmisión de sus tenencias en el marco restringido de su comunidad. La concesion de tierras a treudo, muy ventajosa dentro de las estructuras económicas de la época, aparece bastante antes que en las tierras de la nobleza7² .Tratandose de treudos a perpetuidad,quedaba asegurado el cultivo de la tierra a sus descendientes,y las cantidades fijas abonadas en algun caso llegaron a transformarse en minimas. Los mudéjares del Huerva,aun cuando sujetos a la férrea jurisdiccion de las Ordenes, se hallaron protegidos por los monjes frente a las exacciones del fisco real o de las posibles intromisiones de la nobleza. Agrupados en torno a sus autoridades, se les reconocia cierta personalidad juridica en los contratos y litigios,rubricados siempre por testigos de la propia aljama. Al igual que el resto de sus correligionarios del valle del Ebro, constituyeron un proletariado sumiso y laborioso,y a ellos debió en gran medida la zona su prosperidad en los siglos medievales.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
El mundo escriturario y la contribución notarial al estudio de la Zaragoza de Alfonso V el Magnánimo (1416-1458)
EL MUNDO ESCRITURARIO Y LA CONTRIBUCIÓN NOTARIAL AL ESTUDIO DE LA ZARAGOZA DE ALFONSO V EL MAGNÁNIMO (1416-1458) Fra ncisco Ja vier La cueva Used. Resumen: El protocolo notarial es una fuente de noticias de suma importancia para el historiador. La tesis desarrollada en este espacio pretende conocer el subsuelo de la sociedad zaragozana de la primera mitad del siglo xv. Para alcanzar este objetivo, se bucea en la labor notarial de 20 escribanos zaragozanos con la intención de proponer un corpus teórico concerniente a aspectos econó- micos, sociales y culturales del espacio y momento elegidos, lo que se sustancia finalmente en un discurso que habla de la mentalidad que da vida a la Zaragoza tardomedieval. Palabras clave: Zaragoza, $1 ^ { \mathrm { a } } \mathrm { m }$ . s. xv, notario, protocolo, mentalidades y sociedad. Abstract: The notarial protocol is an important source for historians. This thesis aims to determinate the underground of Zaragoza´s society in the first half of the $\mathrm { i } 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. To achive this goal, we explore the work of 20 notaries of Zaragoza with the intention of proposing a theorical corpus on economic, social and cultural aspects of the space and time chosen. All takes the form of a discourse that talks about the mentality of Zaragoza in the Late Middle Age. Key words: Zaragoza, $1 ^ { \mathrm { a } }$ Half 15 Century, notary, protocol, mentalities and society. 1. El estado de la cuestión. El día dos de octubre de 1442, en Zaragoza, se lleva a cabo la creación de un notario, en la persona de Juan Fatás, por parte del rey de Navarra, para que actúe en los actos vinculados con el Justicia de Aragón, Ferrer de Lanuza. En este momento, se está consolidando la institución notarial en los albores del Estado Moderno.1 Y no conviene olvidar, aunque a veces se incurra es semejante desliz, que la clase letrada, que constituía el escribano, según expresa Extremera, representaba una elite poderosa, cuyos estandartes eran la lectura y la escritura. Esta tesis referida a la sociedad de la monarquía hispánica moderna puede extrapolarse perfectamente al momento tardomedieval que se analiza y entender que, a pesar del vacío historiográfico que ha habido al respecto, investigadores como Fernando Bouza o Antonio Castillo han salido en defensa de la importancia que el escriba tuvo en el pensamiento y en el proceder de la sociedad del siglo xv.2 Todos ellos concurren en la idea de destacar esa otra parte de la bibliografía que sobre el notariado existe y que vincula al escriba con el poder, basado en el dominio de la escritura y de la lectura. Por lo tanto, se convierte en una pieza, que no puede quedar exenta al hablar de la historiografía del notariado. El paradigma clásico Verba volant, scripta manent encierra y explica esta idea. El hombre tardomedieval, el que vive en la ciudad o en el medio rural, necesita formalizar toda acción que emprende y que da forma a su existir y coexistir ciudadano. Comprar, vender, heredar o testar necesitan tener la credibilidad suficiente que solo un escriba, que solo un notario, puede conceder. Resulta obvio, pues, que la historia del notariado en Aragón haya interesado desde hace mucho tiempo, como ya se ha advertido, a los investigadores aragoneses, tanto historiadores como juristas. Con Ricardo del Arco, José Luis Merino Hernández, Alonso Lambán, Ángel Canellas, José Cabezudo Astrain o José Bono, se ha ido confeccionando una nómina y un catálogo con todas sus aportaciones al objeto de la investigación. Cuadro I. Número de signos notariales elegidos en cada año del reinado de Alfonso V El Magnánimo <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>1411</td><td rowspan=1 colspan=1>1412</td><td rowspan=1 colspan=1>1413</td><td rowspan=1 colspan=1>1414</td><td rowspan=1 colspan=1>1415</td><td rowspan=1 colspan=1>1416</td><td rowspan=1 colspan=1>1417</td><td rowspan=1 colspan=1>1418</td><td rowspan=1 colspan=1>1419</td><td rowspan=1 colspan=1>1420</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>11</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>11</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1421</td><td rowspan=1 colspan=1>1422</td><td rowspan=1 colspan=1>1423</td><td rowspan=1 colspan=1>1424</td><td rowspan=1 colspan=1>1425</td><td rowspan=1 colspan=1>1426</td><td rowspan=1 colspan=1>1427</td><td rowspan=1 colspan=1>1428</td><td rowspan=1 colspan=1>1429</td><td rowspan=1 colspan=1>1430</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>3</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1431</td><td rowspan=1 colspan=1>1432</td><td rowspan=1 colspan=1>1433</td><td rowspan=1 colspan=1>1434</td><td rowspan=1 colspan=1>1435</td><td rowspan=1 colspan=1>1436</td><td rowspan=1 colspan=1>1437</td><td rowspan=1 colspan=1>1438</td><td rowspan=1 colspan=1>1439</td><td rowspan=1 colspan=1>1440</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>32</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>22</td><td rowspan=1 colspan=1>22</td><td rowspan=1 colspan=1>21</td><td rowspan=1 colspan=1>172</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1441</td><td rowspan=1 colspan=1>1442</td><td rowspan=1 colspan=1>1443</td><td rowspan=1 colspan=1>1444</td><td rowspan=1 colspan=1>1445</td><td rowspan=1 colspan=1>1446</td><td rowspan=1 colspan=1>1447</td><td rowspan=1 colspan=1>1448</td><td rowspan=1 colspan=1>1449</td><td rowspan=1 colspan=1>1450</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>33</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>52</td><td rowspan=1 colspan=1>51</td><td rowspan=1 colspan=1>42</td><td rowspan=1 colspan=1>42</td><td rowspan=1 colspan=1>712</td><td rowspan=1 colspan=1>92</td><td rowspan=1 colspan=1>41</td><td rowspan=1 colspan=1>3112</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1451</td><td rowspan=1 colspan=1>1452</td><td rowspan=1 colspan=1>1453</td><td rowspan=1 colspan=1>1454</td><td rowspan=1 colspan=1>1455</td><td rowspan=1 colspan=1>1456</td><td rowspan=1 colspan=1>1457</td><td rowspan=1 colspan=1>1458</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>1461</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>21</td><td rowspan=1 colspan=1>211</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>3</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>73</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr></table>. Tal y como propone Asunción Blasco, conviene realizar un recorrido analítico y reflexivo al mismo tiempo por la historia de la institución notarial en Aragón para comprender su trascendencia histórica, de gran calado, sin duda. La metodología que se puede utiliza para alcanzar tal fin tiene carácter inductivo y sigue una línea del tiempo, que comienza en Bizancio y acaba en el siglo xv en Aragón. Interesa situarse en el protonotariado y arrancar desde Bizancio, como ya se ha dicho, para aludir a los denominados tabelliones —escribanos, que escrituraban negocios jurídicos entre particulares— y dar un salto en el tiempo hasta situar a la institución notarial en el siglo xii; referirse a las influencias jurídicas italianizantes y afirmar que el derecho aragonés marcó las pautas al notariado desde 1247.3. En cualquier caso, para conocer una bibliografía completa hasta los años 70, es inevitable acudir a la obra de J. Trench y, si se pretende tener esta panorámica bibliográfica de Aragón y Navarra hasta los años 80, resulta interesante revisar el trabajo de Lope Pascual Martínez.4 Los investigadores aragoneses no han sido ajenos a esta tendencia. Con la intención de marcar un punto inicial en las investigaciones, hay que iniciar la nómina con Ricardo del Arco, uno de los iniciadores en este campo de la indagación, según afirma la profesora Asunción Blasco. En concreto, el prestigioso investigador indagó en la vida y obra del ilustre Vidal de Cañellas y editó un retrato prosopográfico del personaje, que no puede ignorarse en este intento de síntesis historiográfica.5 Sin duda alguna, uno de sus trabajaos más influyente en el estado del notariado fue el que publicó en 1944, relativo a dicha institución.6 Igualmente interesante fue la corriente iniciada a mediados del siglo pasado por los historiadores franceses Labrouse, M.P. Goubert y M.R. Mousnier, al proponer el documento notarial como fuente de investigación imprescindible en un intento de ir por el camino de la Historia Social.7 Por otro lado, resulta imprescindible citar también a Mariano Alonso Lambán, que trabajó en el notariado altomedieval y publicó un formulario aragonés anónimo del siglo xvi. La mención al profesor Ángel Canellas se antoja igualmente obligada por sus investigaciones referidas al notariado en España en el siglo xiv, a los documentos notariales en la legislación aragonesa foral y a la cultura de los escribanos y notarios de la Corona de Aragón. Del máximo interés son también las aportaciones formuladas por los juristas José Cabezudo Astrain, que realizó un excelente trabajo referido a un notario en Zaragoza en el siglo xv y al valor histórico del protocolo notarial; al igual que José Luis Merino Hernández y José Bono, que abordaron la importancia de la Diplomática notarial. En concreto, José Luis Merino, realizó una investigación sobre el notariado, que le sirve para retomar, exponer y reflexionar también sobre las teorías que al respecto proponía Lambán. De este modo, y tratando el asunto del nacimiento del notariado en Aragón, Merino afirmaba, y en este punto existe unanimidad, que los primeros atisbos legislativos datan de 1247, con Vidal de Canellas, aunque no era sencillo determinar el momento del nacimiento del notariado en Aragón.8 En este sentido, Alonso Lambán manifestaba que el Fuero de Jaca no presentaba disposiciones claras para un estudio del notariado y que hasta 1247 no había noticias claras acerca de la susodicha institución. Pero también hay unanimidad al aceptar que en Aragón existía una preocupación acerca de la redacción del negocio y de la validación, lo que condujo a la compilación ya citada. Este acercamiento a la historiografía notarial quedaría incompleto si no se citara la aportación de historiadores como López-Salazar y su trabajo sobre protocolos notariales y su importancia como fuente documental para la Historia Moderna,9 así como a Miguel Ángel Extremera con su obra dedicada al notariado en la España Moderna.10. Esta síntesis del estado historiográfico del notariado permite adentrarse con mayor sosiego en las intenciones y metodologías, que guían esta otra síntesis sobre el mundo escriturario y el notariado como proyección del mundo de las mentalidad en la Zaragoza de la primera mitad del siglo xv. 2. La esencia metodológica de la tesis11. El acto legal suscrito en cualquier escribanía supone una huella que ayuda a conformar a su vez la arqueología del pasado. Y aunque opiniones con sentido más global, menos minimalistas, sugieren que hacen falta millones de momentos para generar un hecho acontecimiento relevante,12 resulta difícilmente refutable el hecho de que el acto notarial regula las bases de las relaciones sociales en contraposición de la memoria.13 Sea como fuere, estas huellas tienen sentido si forman parte de un discurso y si son veraces. En este sentido, Michelet afirma con rotundidad que, viendo casi todo el edificio teórico —en este caso, los protocolos notariales—, es difícil no constituir un discurso veraz. La documentación notarial contiene un mensaje silencioso, que es preciso interpretar. Esta síntesis que aquí se presenta se asienta a su vez en la idea de Arnold,14 al profesar las fases definidas por el acercamiento al documento, que es el primer testigo, la fuente primaria, y la posterior interpretación, fuente secundaria, con el propósito palmario de ahondar en el conocimiento de la sociedad zaragozana tardomedieval. De este modo, se trata de construir un discurso basado en la evidencia y en la posterior interpretación. Por lo tanto, el procedimiento metodológico seguido se afilia a la propuesta de Annales y en torno a un acontecimiento bicéfalo en este caso —notariado y sociedad—, se perfila una gama cronológica, tras plantear un problema bidireccional: $\it { i C i m o }$ trasciende el notariado en la evolución psicosocial, económica y cultural de la Zaragoza de Alfonso El Magnánimo? y ¿En qué medida su actividad pregona un cambio, una entrada en unos nuevos tiempos? El discurso emanado de esta tesis se mueve en una realidad subjetiva con atisbos de objetividad al escrutar científicamente el documento notarial, pero siempre alejada de los postulados del Positivismo Histórico. Se acude al documento como traza del pasado para construir un discurso honesto, basado en una huella tangible, que ha tenido en cuenta causas, consecuencias y la opinión de otros, y que está acompañado por un aparato crítico indispensable, que deja hablar al texto, que no lo oculta ni lo ignora. En 1984 ven la luz las actas del II Coloquio de Metodología Histórica Aplicada. La documentación notarial y la Historia, que recogen las diferentes lí- neas de investigación en el universo notarial. Es cuando Chaunu afirma:”Voici venue l´heure d´une historiographie social à travers la source notariale…”15 Este hecho ayuda construir una línea metodológica asentada en la elaboración de un esquema general libremente elegido y en la posterior inclusión de datos inéditos sin aparente relevancia. En suma, se trata de construir una visión econométrica y sociométrica de la Zaragoza de la primera mitad del siglo xv. Dicha edificación fija las coordenadas espaciotemporales, como propone Duby, transcribe los documentos notariales,16 procede al posterior vaciado y clasificación de datos de toda índole, para finalizar construyendo un discurso histó- rico de carácter descriptivo —codicológico y paleográfico— e interpretativo —temático—. Detrás de este planteamiento metodológico hay que buscar las intenciones del autor de esta tesis, que responde con su trabajo investigador a una propuesta del doctor Ángel San Vicente, referida a la constitución de un grupo de doctorandos, en los albores de la década de los 90 del siglo pasado, cuyos trabajos y rastreos notariales iban desde la aparición de la imprenta hasta los años $2 0 \mathrm { d e l }$ siglo xvi, siempre en Zaragoza y con el protocolo notarial y la escritura como elementos comunitarios. La síntesis que aquí se presenta es la sustanciación de la labor investigadora desempeñada en torno a la primera mitad del siglo xv, tiempo asignado al infrascrito, y se convierte en el pórtico de ese arco temporal iniciado con el doctor Miguel Ángel Pallarés, sobre la imprenta, y finalizado por el doctor Manuel José Pedraza, acerca de la producción y distribución del libro en Zaragoza en las dos primeras décadas del siglo xvi. En la introducción de la tesis aquí tratada se avisa justificadamente sobre el planteamiento en el que se sustenta el cuerpo central de la misma. De este modo, el corpus metodológico habla de lo ya explicado, mientras que el corpus bibliográfico recorre apartados obligados destinados a enumerar archivos, fuentes y bibliografía utilizados y visitados, con el añadido del comentario bibliográfico que se adjunta. Así se facilita la entrada en las diferentes partes, aclarando la incursión en la parte primera, donde se penetra en la Zaragoza alfonsina y las características urbanas y económicas que la definen, en el estado de la bibliografía notarial y, por último, en la corporalidad del protocolo, instrumento físico de importancia capital para la investigación. En definitiva, se trata de empezar la auscultación de la sociedad aragonesa con el fonendo notarial para emitir un diagnóstico, que se recoge en las conclusiones al final expuestas, en este caso en las aportaciones científicas enumeradas. Queda claro, pues, que la parte primera de esta estructura metodológica permite deambular por las coordenadas ya citadas, lo que facilita el acceso a la parte segunda de la misma y se guía al lector por el laberinto notarial laboral. Imagen I. Signo notarial de Nicolás Pérez Marqués, 1418. (Signo de mi Nicholau Perez Marques, notario publico de la ciutat de Çaragoça). Imagen 1I. Miguel Navarro. Cubierta de protocolo (1441).17. Es en esta parte segunda donde se pregona la importancia de la tarea fedataria en el entramado psicosocial tardomedieval zaragozano, y donde se advierte también de la trascendencia que tiene para el historiador el hecho de acumular cientos y cientos de datos. En el capítulo I la utilización de criterios estadísticos y otros de orden temático permite realizar una incursión en el solar notarial elegido, lo que facilita el conocimiento concreto de los notarios analizados, así como la producción emanada de sus escribanías.18. Cuadro II. Inventario de protocolos notariales y notarios estudiados (AHPZ) 1. AGUAS, Juan de.- (1457-1499). Consulta: 1457 $\mathrm { ~ \textit ~ { ~ n ~ } ~ } ^ { \circ }$ de actos: 107) 2. ALBIÓN, Juan.- (1434-1461). Consulta: 1434-35-37-38-52 (nº actos: 247) 3. ALMENARA, Bernardo.- (1425-53). Consulta: 1428-29-31-36-38-40-41-44-46- 47- 50-53 $\mathrm { ~ \textit ~ { ~ n ~ } ~ } ^ { \circ }$ actos: 75) 4. ERLA, Antón de.- (1435-1447). Consulta: 1435-36-37 y 1447 $\mathrm { ~ \textit ~ { ~ n ~ } ~ } ^ { \circ }$ actos: 48) 5. FERRER, Bartolomé.- (1454-1475). Consulta: 1454-55-58 $\mathrm { ~ \textit ~ { ~ n ~ } ~ } ^ { \circ }$ actos: 140) 6. FRANCÉS, Alfonso.- (1427-1468). Consulta: 1446 $\mathrm { ~ \textit ~ { ~ n ~ } ~ } ^ { \circ }$ actos: 9) 7. GURREA, Miguel de.- (1431-1448). Consulta:1440-42-43-45 ( $\mathrm { ~ \textit ~ { ~ n ~ } ~ } ^ { \circ }$ actos: 53) 8. HECHO, Domingo de.- (1430-53). Consulta: 1444-51-52-53 $\mathrm { ~ n } ^ { \circ }$ actos: 49) 9. LACUEVA, Gonzalvo de.- (1452-1466). Consulta: 1452-53-54-56 ( $\mathrm { ~ n } ^ { \circ }$ actos: 53) 10. LONGARES, Juan de.- (1430-1477). Consulta: 1446 ( $\mathrm { ~ n } ^ { \circ }$ actos: 77) 11. LÓPEZ DEL FRAGO, Guiral.- (1435-58). Consulta: 1445-46-47-49-50-51-52 (nº actos: 75) 12. MARCO, Miguel.- (1432-1446). Consulta: 1432-33-35-36-38-39-43-44-46 $\mathrm { ~ n } ^ { \circ }$ actos: 8) 13. MARTÍNEZ, Alfonso.- (1458). Consulta: 1458 $\mathrm { ~ \textit ~ { ~ n ~ } ~ } ^ { \circ }$ actos: 6) 14. MONZÓN, Pedro.- (1441-1479). Consulta:1441-42-43-44-45-46-47-48-49-50 (nº actos: 1335) 15. NAVARRO, Miguel.- (1441-1512). Consulta: 1441-42-43 ( $\mathrm { ~ \textit ~ { ~ n ~ } ~ } ^ { \circ }$ actos: 198) 16. PÉREZ MARQUÉS, Nicolás.- (1404-20). Consulta: 1416-18-19-20 $\mathrm { ~ ~ \cdot ~ } ^ { \circ }$ actos: 87) 17. PERO JUSTICIA, Alfonso de.- (1417-29). Consulta: 1417-22-29 $\mathrm { ~ \textit ~ { ~ n ~ } ~ } ^ { \circ }$ actos: 54) 18. SALAS, Justo de.- (1426-1445). Consulta: 1426-32-36-38-43-45 $\mathrm { ~ \textit ~ { ~ n ~ } ~ } ^ { \circ }$ actos: 1049) 19. SALAVERT, Antón.- (1429-1449). Consulta: Desde 1428 hasta 1435 y 1441-42-43- 44-45-46-47-49 $\mathrm { ~ ~ \cdot ~ } ^ { \circ }$ actos: 586) 20. SINABUEY, Domingo.- (1430-1450). Consulta: 1440-46-47-48-49-50 $\mathrm { ~ ~ n ~ } ^ { \circ }$ actos: 137) ejercieron en torno al periodo cronológico marcado por el reinado de Alfonso El Magnánimo, como es el caso de Bernardo Samer (1413), Antón Bernué (1444-1446) –cuya acción notarial se circunscribe a localidades como Ejulve, Molinos o Alcañiz-, Juan Sebastián (1466-1474) y Juan Sánchez de Calatayud (1459-1470). Esta consulta no se ha sustanciado en la investigación, ya que, bien porque la labor notarial no se inscribía en el marco cronológico de estudio, bien porque dicha labor no guardaba relación con la ciudad de Zaragoza, sus aportaciones no hubieran añadido valor a la información ya obtenida. Cuadro III. Cronología de los documentos consultados <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>ANO</td><td rowspan=1 colspan=1> N° de protocolos consultados</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1440</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1441</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1442</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1443</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1444</td><td rowspan=1 colspan=1>5</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1445</td><td rowspan=1 colspan=1>5</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1446</td><td rowspan=1 colspan=1>8</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1447</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1448</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1449</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1450</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1451</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1452</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1453</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1454</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1455</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1456</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1457</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1458</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr></table>. TOTAL: 104 protocolos (se centran en los últimos 25 años del reinado de Alfonso V) <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>ANO</td><td rowspan=1 colspan=1> N de protocolos consultados</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1416</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1417</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1418</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1419</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1420</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1422</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1426</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1428</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1429</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1430</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1431</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1432</td><td rowspan=1 colspan=1>3</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1433</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1434</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1435</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1436</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1437</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1438</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1439</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td></tr></table>. El capítulo II dedica su atención al estatus económico de la clase notarial, trazando una prosopografía llamativa de cierta notaría, la de Antón Martínez de Cuerla, que manifiesta con claridad un importante patrimonio económico, hecho bastante común a la clase notarial por lo que se ha podido constatar. El capítulo III, por otro lado, y siguiendo la línea trazada por el concepto de intrahistoria, adquiere carácter monográfico al analizar el trabajo de Justo de Salas, notario con gran presencia en la notaría zaragozana. Se trata de la auscultación laboral de su escribanía durante tres ejercicios, lo que permite conocer en profundidad la febril y diversa actividad cotidiana de un jurista como el citado. Muy interesante. Finalmente, y con el propósito de ampliar el conocimiento de los aspectos laborales ya apuntados anteriormente de alguna de las notarías más relevantes del elenco analizado, se propone un recorrido por ocho de ellas, que favorece la visión global del desempeño fedatario tardomedieval zaragozano. En la tercera parte es donde queda diseñado un recorrido en el solar social, que opta por múltiples direcciones, todas ellas pensadas para conocer el sentir de la sociedad alfonsina. La cuarta parte, destinada a diferentes anexos, no hace sino ilustrar las intenciones expuestas. El propósito de conocer mejor la sociedad tardomedieval zaragozana a través del notariado es evidente, como lo es el hecho de acercarse al mundo de las mentalidades. Se percibe la necesidad de saber más sobre la sociedad zaragozana en un tiempo fundamental para su desarrollo, tras la convulsión del Compromiso de Caspe, las manifestaciones propias de una ciudad emergente —tras la crisis del siglo xiv— y el quehacer cotidiano de quienes la habitan. El notariado es testigo de este conocimiento encerrado en un espacio escriturario, que permite el progreso y la memoria. Cuadro IV. Relación de notarios investigados aleatoriamente19 <table><tr><td>ALDOVERA,Ant6n.-1431,1432 BERNUE,Ant6n.- 1444 a 1446 CALVO,Juan.- 1416 CLAVERO,Miguel.- 1427 DOTO, Juan.- 1432 (No se obtiene ninguna informaci6n) GURREA,Ant6n.-1420,21,22,23,24,25,26,27,28,29,30,33 LAFOZ,Salvador de.- 1417,1418,1419,1420,1421,1424 MARCEN,Lazaro.- 1421</td></tr><tr><td>MARTINEZ,Pedro.-1456 MARTINEZ, Sancho.- 1454 MARTINEZ DE CUERLA,Ant6n.- 1436,1450 NAVARRO,Antón.- 1447 ROCA,Bartolomé.- 1457,1458 SERRANO,Pedro.-1457 SAN VICENTE,Antonio de.- 1450,1456 TARBA, Juan de.- 1435 XIMENEZMANILLO,Ballester.- 1416-17-21-27-32</td></tr></table> 3. Aportaciones científicas. Bucear en la documentación notarial supone obtener, casi por definición, un caudal de datos de toda índole y siempre cargados de interés, se trate de la época que se trate. Y también es cierto que para plantear una conclusión tras analizar un fenómeno, suceso o acto emanado de dicha fuente documental, resulta imprescindible acumular un buen número de referencias al mismo, que le concedan cierta credibilidad científica. Igual si se trata de una revisión bibliográfica, tal y como se ha hecho con la figura de Alfonso V El Magnánimo y con el notariado bajomedieval zaragozano. Pues bien, estas razones, unidas al periodo cronológico aquí explorado, hacen que haya que utilizar la cautela como norma de mayor rango al emitir cualquier tipo de conclusión o de aportación científica. Estas premisas expuestas permiten normalizar el carácter de lo aquí presentado, resultado tanto de la revisión bibliográfica como del manejo de noticias inéditas. Si se sigue el orden expositivo de este trabajo, la aproximación y el conocimiento del contexto histórico, historiográfico y escriturario del objeto de estudio, la profundización en la esencia y en el entorno del mundo notarial y el análisis y valoración del desempeño de algunos de los protagonistas de la sociedad zaragozana de la primera mitad del siglo xv, se edifica un corpus de consideraciones, cuyo análisis permite acercarse al objetivo marcado por esta investigación: que no es otro que seguir ahondando en el conocimiento de la mentalidad zaragozana del periodo de El Magnánimo. Al situar la reflexión en el ángulo histórico e historiográfico, llama la atención tanto la unanimidad existente en torno a la grandeza de la figura humana y real de Alfonso El Magnánimo como la poca atención que prestó a sus reinos “españoles”, especialmente Aragón, tal y como sostiene una línea bibliográfica encabezada por María Luisa Sánchez Aragonés, muy crítica con la mirada política del monarca. Pero es igualmente cierto que una nómina extensísima de historiadores, del calado de Ryder, Sarasa o Canellas, amplía el campo de aná- lisis de la obra de El Magnánimo para concluir con un reconocimiento firme de su tarea en la Historia. Y si la biografía y la historiografía del monarca Trastámara ocupan un espacio iniciador en esta investigación por razones obvias, ya que el estudio se atiene a las coordenadas temporales coincidentes con su reinado, las características del espacio físico donde se gesta el objeto de estudio —Zaragoza, en este caso—, el papel del notariado que lo origina y el interés bibliográfico que ha despertado desde Ricardo del Arco protagonizan y se convierten en objetos de lo escrito, lo que favorece la definición de la fuente motivo de estudio. De este modo, espacio temporal —con su contexto— y espacio temático quedan lo suficientemente concretados como para acoger aspectos específicos del devenir económico, educativo, social, religioso o ideológico de la sociedad zaragozana tardomedieval. El espacio urbano, geográfico y climático aparecen documentados en desigual medida en los protocolos vaciados, de tal modo que no sorprende la cantidad de noticias referidas a la orografía urbana, ubicadas especialmente en la compra y venta de casas, así como en los testamentos. Es un hecho ya conocido, en la mayor parte de los casos constatando plazas, calles y espacios ya sabidos, pero sea como fuere, de un interés considerable al explorar el callejero zaragozano. Y esta disposición urbanística ayuda a entender también el monopolio laboral que algunos notarios poseían al trabajar casi exclusivamente con sus parroquianos. PLANO 1. Residencias en Zaragoza de algunos notarios estudiados. Plano de Zaragoza hacia 1472, tomado de Isabel Falcón. RESIDENCIAS NOTARIALES (1.ª m. s. XV) 1. Santa María la Mayor 2. San Pablo (Bernardo de Almenara) 3. San Felipe (Domingo Aguas / Juan de Erla) 4. San Gil (Johan Aznar / Johan Vallés) 5. San Jaime (Pedro Monzón) 6. Santa María Magdalena (Domingo Simabuey / Guiralt López del Frago) 7. San Salvador (Anthón de Cuerda) No se puede decir lo mismo de las referencias climáticas que se hicieran en las notarías, de las que no se ha constatado ninguna, pero sí se ha podido recoger de forma paralela alguna alusión gráfica a las vestimentas que la población mudéjar llevaba, al acertar con alguna anotación visual formulada por cierto escriba en los espacios informales del protocolo. Pero lo que sí pregona subrepticiamente el espacio global donde se haya la investigación, es que Zaragoza es un centro activo, cuya favorable situación geográfica facilita ese dinamismo que se aprecia en la ingente tarea escrita desempeñada en la abundante nómina de notarías existentes. Esta es la Zaragoza que se pregona desde el observatorio privilegiado que es la escribanía. Una ciudad que reserva la cultura para unas minorías, que no ven en el libro una gran inversión, y sí en los bienes muebles e inmuebles, al igual que el resto de la población, inmersa en una forma laxa para los ojos contemporáneos de entender su existencia, que admite la esclavitud, en igual medida que la cultura ágrafa predominante y que ve en la muerte ese gran instante que debe de superar, y que queda reflejado con gran profusión emocional en los testamentos. La obra notarial percibida durante casi 50 años avisa acerca del porvenir, tras concretar claramente los caracteres y esencias de un presente, tiempo marcado por inercias conducentes a la consolidación del derecho como instrumento de normalización social. La jurisprudencia, como ciencia del derecho, va estableciendo cada vez más vínculos con la sociedad hasta hacerse imprescindible, anunciando la modernidad. El instrumento notarial recoge los hechos y los ubica en el complejo entramado de fuerzas e inercias que es el sistema social. Sin él no se entiende el devenir histórico. El hombre, en este caso el habitante de la Zaragoza alfonsina, vive en sociedad y debe de ir solucionando sus avatares cotidianos, debe de actuar. Estas decisiones previas a la actuación se recogen en un documento y van marcando, por extensión, el futuro colectivo, discurriendo por el presente, que es su tiempo histórico. Cada uno de los acuerdos adoptados en un protocolo notarial es la suma de experiencias pretéritas llevadas a un estadio más perfeccionado. De esta forma, en la notaría se va cridando ese futuro más organizado, que rendirá sus primeras cuentas en el periodo de los Reyes Católicos. El espacio generacional protagonizado por Alfonso V El Magnánimo abre las puertas a una nueva época. Esta interpretación inicial toma cuerpo tras constatar la febril labor diaria de los notarios rastreados. El notario, que goza de una posición económica privilegiada, trabaja ordenada y tenazmente, a diario en la mayoría de los casos, lo que permite dar luz a una realidad: el pulso social es elevado, existe efervescencia económica, siempre desarrollada en un solar de legalidad. Esta intensidad queda evidenciada en el análisis realizado al notario Justo de Salas, sustanciado en su voluminoso calendario laboral. No es la excepción. El notario y la testificación son elementos de privilegio de las elites y muestran haces del pensamiento de la época, del tiempo contemporáneo, y de todos los estrato sociales, tanto de los que van a la escribanía como de los que no recurren a ella. El notario da un corte vertical a la sociedad, no desde fuera, sino desde dentro, lo que permite un estudio hipodérmico de la misma. Judíos, cristianos, moros, eclesiásticos de toda jerarquía, jerarcas urbanos… Todos quedan reflejados, así como su forma de entender la vida. Este trasiego social, económico, cultural y, en definitiva, ideológico manifestado por la sociedad zaragozana se sustancia en un instrumento material, el protocolo notarial, expuesto igualmente a los avatares del momento. Este soporte físico no evoluciona en la forma en consonancia con los tiempos y mantiene un lenguaje jurídico y unas formas paleográficas poco dados a cambios, es cierto, pero dicho fenómeno no debe de crear confusión interpretativa, ya que no impide la lenta pero real progresión de una sociedad, que interpreta el hecho fedatario como un garante de progreso institucional. En cada uno de los capítulos abiertos se presenta esta línea maestra, como ejecutora de actos concretos, menores, pero solo en apariencia. La esencia de una sociedad se aprecia al distinguir el comportamiento de sus miembros en los instantes más trascendentales de sus biografías. La interpretación de los estadios que marcan el ciclo biológico de las personas —nacimiento, juventud y muerte, fundamentalmente— traducen por sí solos la mentalidad de la sociedad donde se desarrollan. En este sentido, los documentos exhumados recogen la profunda preocupación existente por llegar al final en las mejores condiciones espirituales posibles, pero hay que tener presente que dicha documentación extiende su presencia igualmente a ángulos amplísimos, cuya existencia avanza el mensaje que da una sociedad que concede gran importancia tanto al matrimonio como a la ruptura de éste, que contempla con firmeza la desafiliación por razones varias y que presencia el acto del converso y la toma de hábitos religiosos con igual normalidad. En suma, una sociedad que mira a sus circunstancias de frente y que se obstina en darles siempre una forma legal en la notaría. Al continuar el camino por esta obra, se llega a la incursión física y psicológica en la aljama de judíos, que sirve para constatar la gran presencia documental que tienen infinidad de aspectos relacionados con la morfología urbana de dicha judería. Plazoletas, callizos, postigos, el barrio verde o el cementerio de Miralbueno ayudan a situar la acción febril de una comunidad de unos 2000 habitantes dentro de una ciudad como Zaragoza que no alcanzaba las 20000 almas. Es este encuadre urbano el que sirve para situar con nitidez acciones de carácter organizativo, como la documentada en las puertas de la sinagoga de Bicorolim, que reunió a un buen número de notables de la comunidad judía, o las de orden económico, centradas en el alquiler de casas o el cobro de las sisas —de vino, en este caso—. Igualmente se puede rastrear la presencia de personajes que marcaron el discurrir de la comunidad como fueron los Caballería, especialmente Pedro y Gonzalvo, que están documentados en muchos actos notariales, en concreto en la década de los 40. En cuanto al capítulo dedicado al notariado mudéjar en Aragón y de forma más específica en Zaragoza, no se puede aportar un glosario extenso de conclusiones en este trabajo inicial. Una razón importante es la que viene definida por el número reducido de noticias que aparecen en los protocolos notariales rastreados. Es cierto que la población mudéjar, que utiliza el instrumento notarial para dar fe de un acto lo hace con el mismo propósito que la judía; dejar constancia del alquiler de unas casas o inmortalizar un préstamo, pero el volumen de este tipo de actos es bastante más reducido que el que emana de la aljama de judíos. También es cierto, por otro lado, que “el moro”, pues así es como se le denomina en los protocolos, aparece con frecuencia como testigo de actos de índole diversa y no siempre vinculados a los de su misma religión; y también se puede afirmar que en ocasiones aparece el alfaquí de la comunidad para dar fe y crédito a un acto determinado. En cualquier caso, se puede constatar que la actividad de esta comunidad era también vigorosa y que la consideración social de alfaquíes y alcadíes era notable, lo que se refleja en la literatura notarial. Lo mismo ocurre con la relación existente entre las órdenes religiosas asentadas en Zaragoza y el notariado. Nuevamente se detectan comandas, procuraciones o compras de campos, que son registradas ante notario. En el caso que nos ocupa, es el monasterio cisterciense de Santa Fe, en Cadrete, el que se significa en su relación con el notario zaragozano Pedro Monzón, al plasmar actos jurídicos tales como la compra de una viña. La cuestión es que esta circunstancia sirve para adentrarse en el devenir cotidiano de una comunidad religiosa, bernarda en este caso, en la que la escritura y el documento redactado están muy presentes en su organización administrativa. Al mismo tiempo, esta relación de la comunidad con el notario permite conocer aspectos tan interesantes como el concerniente a los integrantes de la comunidad bernarda en 1440, 1443 y 1444. Cuadro V. La comunidad bernarda del monasterio de Santa Fe en distintos momentos <table><tr><td rowspan=1 colspan=2>RELACIONDE MONJES YANOS</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1344</td><td rowspan=1 colspan=1>1440</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Arnaldo,AbadJuan Sicien,SubpriorPedro bernardo de Roc,Cillerer mayorJuan de Ponzano,CantorFrancisco Almudin,EnfermeroBernardo de Scario,PorteroAssino de Viridi, SacristänBernardo de Stella,ProcuradorBernardo de LusanoArmando de CasalBernardo de PulcrovidereArnaldo del CampoPedro Carlos,Alias de NarbonaGuillermo de FaxisArnaldo GuillermoBernardo,MonaguilloJuan de Nogareda, Converso</td><td rowspan=1 colspan=1>Anton,AbadJuan Canela,priorPedro DonelfaJoan de Maxons,BestiarioBernart de Latesa,SozpriorJuan de Salamanca,EnfermeroDomingo de FuentbuenaAnthon de Las HerasJust PascualGuillen MonzonPedro EstevanAnton de Monebrega, CantorMateo ZapaterBernart CardonaBenet GalindoLuis ComiJua SallaAnton AbadMiguel de SarraldaMartin CortésJuan Fariza</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1443</td><td rowspan=1 colspan=1>1444</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Juan Canela,AbadMiguel de Guerald,PriorPedro DonelfaJuan de Maxons,BestiarioJuan de Salamanca,Maestro de noviciosDomingo de Fonbuena,BolseroJust Pascual,HostaleroGuillen Monz6n, SozpriorPedro EstebanAntón de Munebrega,EnfermeroGrau Salla,SacristanMateo ZapaterBernart de CardonaBenet GalindoJuan del RomeralJuan Fal6nBenet ValsMiguel de Moros</td><td rowspan=1 colspan=1>Juan Canela,AbadPedro DonelfaJuan de Maxons,BestiarioJuan de Salamanca,HostaleroDomingo de Fonbuena, SozpriorJust PascualPedro EstebanGran Salla,SacristanMateo ZapaterBernat de CardonaAnthon Diesaro,EnfermeroNodal Cebrian,PorteroMiguel de Carralda,Maestro de noviciosMartin CortesBenet Galmes,SozcantorRoyz de MorosPedro DaneGuillen Monzón,Procurador</td></tr></table>. La presencia de la mujer en el entramado notarial supone un elemento de atención y de estudio de gran envergadura, ya que sus resultados hablan del grado de desarrollo de un espacio social. Efectivamente, la mujer zaragozana aparece en el documento notarial de forma tímida, pues no alcanza el $5 . 5 0 \%$ en el volumen global revisado, pero también es cierto que no es ajena a las comandas ni procuraciones, y que en el espacio monacal atesora cierto protagonismo en la notaría. Esta afirmación no supone asentarse en la creencia de que se está en una sociedad avanzadísima, y no hay que olvidar que la imagen debe de visualizarse con los ojos históricos del momento, pero existen destellos que iluminan realidades concretas, es cierto, que hablan de episodios pertenecientes a las elites urbanas zaragozanas en los que mujeres como Simona Jiménez abren un sendero que invita a la esperanza. Cuadro VI. Relación numérica de actos notariales y apariciones legales de la mujer <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Notario</td><td rowspan=1 colspan=1>N. de actos notariales</td><td rowspan=1 colspan=1>Protagonista la mujer</td><td rowspan=1 colspan=1>Porcentaje</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>P.MONZON</td><td rowspan=1 colspan=1>1335</td><td rowspan=1 colspan=1>65</td><td rowspan=1 colspan=1>4.86%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>J. DE AGUAS</td><td rowspan=1 colspan=1>107</td><td rowspan=1 colspan=1>19</td><td rowspan=1 colspan=1>17.75%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>JUAN ALBION</td><td rowspan=1 colspan=1>247</td><td rowspan=1 colspan=1>二</td><td rowspan=1 colspan=1>0.0%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>M. NAVARRO</td><td rowspan=1 colspan=1>198</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>3.03%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>N. PEREZ M.</td><td rowspan=1 colspan=1>87</td><td rowspan=1 colspan=1>11</td><td rowspan=1 colspan=1>12.64%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>D.DE HECHO</td><td rowspan=1 colspan=1>49</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>2.04%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>A.MARTINEZ</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>二</td><td rowspan=1 colspan=1>0.0%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>D. SINABUEY</td><td rowspan=1 colspan=1>137</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>1.45%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>G.LACUEVA</td><td rowspan=1 colspan=1>53</td><td rowspan=1 colspan=1>16</td><td rowspan=1 colspan=1>30.18%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>B.FERRER</td><td rowspan=1 colspan=1>40</td><td rowspan=1 colspan=1>15</td><td rowspan=1 colspan=1>10.71%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>B.ALMENARA</td><td rowspan=1 colspan=1>75</td><td rowspan=1 colspan=1>8</td><td rowspan=1 colspan=1>10.66%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>G. LOPEZ F.</td><td rowspan=1 colspan=1>75</td><td rowspan=1 colspan=1>7</td><td rowspan=1 colspan=1>9.33%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>A. SALAVERT</td><td rowspan=1 colspan=1>586</td><td rowspan=1 colspan=1>19</td><td rowspan=1 colspan=1>3.24%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>A.FRANCES</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>二</td><td rowspan=1 colspan=1>0.0%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>J.LONGARES</td><td rowspan=1 colspan=1>77</td><td rowspan=1 colspan=1>4</td><td rowspan=1 colspan=1>1.9%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>JUAN DE ERLA</td><td rowspan=1 colspan=1>48</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>12.5%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>A. P. JUSTICIA</td><td rowspan=1 colspan=1>54</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>1.85%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>M.GURREA</td><td rowspan=1 colspan=1>53</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>11.32%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>M. MARCO</td><td rowspan=1 colspan=1>8</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>12.5%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> JUSTO SALAS</td><td rowspan=1 colspan=1>1049</td><td rowspan=1 colspan=1>49</td><td rowspan=1 colspan=1>4-90%</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>TOTAL</td><td rowspan=1 colspan=1>4300</td><td rowspan=1 colspan=1>236</td><td rowspan=1 colspan=1>5.50%</td></tr></table>. Otro aspecto interesante en este mosaico social que se expone es el referido al concepto de aprendizaje y a las relaciones contractuales que genera. La forma de transmitir el conocimiento en el mundo laboral se ciñe al protocolo de compromiso, que lo firman las partes interesadas, es decir, el maestro o artesano y el aprendiz. Esta es la base de transmisión del conocimiento en una sociedad que se afana por concretar unas formas jurídicas justas, casi siempre concernientes a niños de entre $1 2 \mathrm { ~ y ~ } 1 4$ años, que estarán conviviendo con el maestro entre cuatro y diez años. En cualquier caso, merece la pena referirse a dos documentos encontrados, que vinculan el aprendizaje de un oficio con la necesidad de aprender al mismo tiempo las herramientas básicas de la escritura y lectura. El hecho de que Bartolomena de Oliván ponga a su hijo Miguelico Vilar por espacio de 10 años al servicio de Ramón Bardiella, habitante en Zaragoza, para que le enseñe a escribir y a leer, denota una sensibilidad fuera de lo común para la época.20 Y no menos importante es la decisión que toma Juan Montero, vecino de la villa de Borja, cuando propone a Jaime Moset, capellán escribano de letra formada, que acoja a su hijo por espacio de cinco años para que le enseñara escribir en letra formada. La intención era buena, sin duda, pero el conflicto estaba servido. Imagen II. Compromiso de aprendizaje sobre letra formada. El problema surge cuando el hijo de Juan Montero decide abandonar el compromiso cuando solo llevaba un año de aprendizaje, “(…) por lo que entre el dito Johan Montero e el dito Jaime Moset se havían seguido e incitado algunos pleytos e cuestiones (…)”. Por este motivo, se nombra a dos árbitros, ciudadanos de Zaragoza, con el propósito de que solucionen el conflicto. Ambos árbitros solicitan el asesoramiento de un experto en letra formada, Juan David, para que les diga cuánto ha podido escribir el pupilo en un año. Jaime Moset les enseña un “cuaderno de hun santoral del dito fillo, que escrivía una carta e media de lectura por día (…), por lo tanto requerió al dito Johan David declarase quanto scriviría por anyo el dito fillo (…)” (Vid. Imagen II). El citado Juan David se asesoró, a su vez, de tres escribanos de letra formada: Juan Guijota, Pedro de San Esteban y Juan de Manso, los cuales interrogaron al muchacho y le pidieron que escribiera “cartas de abc”. Imagen III. Litigio sobre el aprendizaje de letra formada. Lo curioso del caso es que el muchacho manifiesta que él no ha escrito cada día carta y media y siguió sosteniendo que no había escrito las citadas partes, reglas y cartas de abc, pero sí escribía una carta de lectura cada día. Es decir, el muchacho negó haber escrito todo lo que se le atribuía (Vid. Imagen III). Jaime Moset, el maestro, mantenía que su discípulo “(…) screvía del dito santoral carta e media de lectura cada día”. Al no ponerse las partes de acuerdo, ya que el maestro no pudo demostrar sus argumentos de defensa, el asunto se llevó a juicio. Imagen IV. Litigio sobre el aprendizaje de letra formada. Fueron testigos de la realización de esta carta pública, Juan de Latas, notario y Juan Guijota, escribano de letra formada, ambos habitantes en Zaragoza. El documento expuesto y analizado representa la esencia de una sociedad que deambula entre los planteamientos tradicionales y las nuevas situaciones, derivadas del desarrollo de una práctica, la escritura, y de una tradición, el derecho, que pueden convivir y entrar en conflicto igualmente. Tiene un gran interés el litigio planteado, así como la forma de solucionarlo. Y lo que más puede sobresalir, posiblemente, sea esa sensibilidad antes citada, emanada de ciertos segmentos sociales, hacia el aprendizaje; esa necesidad que aflora desde ciertos ángulos sociales de formación, en un espacio, en una sociedad, ágrafa por definición, como era la zaragozana en el ecuador del 400. La muerte y la forma de afrontarla y de entenderla, aun siendo un elemento definidor más de la idiosincrasia de una sociedad, tiene unas connotaciones, que la diferencian del resto. El hecho de abordar el momento instante final con garantías de realizar el tránsito en buenas condiciones confiere al testamento un poder denunciador de primer orden. El testador tiene interés en dejar todo bien atado y evitar, entre otras cosas, las disputas familiares. Este es un hecho palmario, como lo es también el poco aprecio que se tiene a la herencia libresca, casi inexistente por otro lado. Interesa que el legado se configure con propiedades raíces o con asuntos de diverso valor y que el alma reciba todo tipo de recuerdo escenificado en misas y sermones. Así entiende la población zaragozana en el Cuatrocientos el tránsito al otro mundo y así lo plasma en la notaría. Este recorrido vital por la sociedad zaragozana despierta inevitablemente el interés por el espacio escriturario y lector de sus protagonistas, ya adelantado en distintos momentos apartados. Pues bien, la realidad que asoma en la cata cronológica planeada en torno a la década de los años 40 del Cuatrocientos permite asumir el riesgo de afirmar una idea que no sorprende, y es la que declara que el mundo escriturario pertenecía a un $20 \%$ , como máximo, de la población. Es ese nivel social constituido por los notarios, juristas, médicos, maestros y funcionarios públicos de Zaragoza el que aparece permanentemente en contacto con las letras; el resto de la población permanece se mantiene ajena a ese privilegio, salvo lógicas excepciones. Esta situación no favorece ningún tipo de ósmosis social, lo que retarda de alguna forma la incorporación a la modernidad de una sociedad como es la zaragozana llena de dinamismo económico en este periodo. En un entorno tantas veces calificado de ágrafo, puede resultar anacrónico el hecho de constatar la preocupación por la preservación del Derecho como un elemento claro de progreso social, es cierto, pero existe un buen número de testimonios documentales que contradicen la apariencia inicial. Al igual que el delito está siempre presente en las comunidades y, en este caso, queda recogido también en el protocolo notarial, el antídoto legal también queda redactado e interpretado por los poderes legales del momento. No puede afirmarse que la ilegalidad fuera recogida con la fiabilidad que lo era una transacción económica, por poner un ejemplo, pero sí se puede afirmar que la preocupación existente por atajar la delincuencia de toda índole quedó sustanciada en una documentación, que habla nítidamente de la idiosincrasia de una sociedad. Imagen V. Texto íntegro de la receta para orinar bien (En Pedro Monzón, 1447, hoja suelta). El descenso definitivo a la intrahistoria, seno tantas veces mentado y promovido como demiurgo de la Historia, se produce de forma visual y tangible al transcribir una pequeña nota, incardinada en la estructura de un protocolo cualquiera, que se refiere a una receta casera que el escriba propone para poder solucionar problemas en la micción. Esas escasas líneas escritas de manera informal y, posiblemente, en un momento tiempo de asueto o de abulia del escriba, definen el sentir diario y cotidiano del devenir de las sociedades. No solo la conmutación de la pena de muerte a un secuestrador de mujeres de Tortosa por parte de Alfonso V EL Magnánimo, a cambio de ir a galeras, o la redacción de testamentos grandilocuentes en sus disposiciones, como el de la noble zaragozana Simona Jiménez, hablan de una sociedad que avanza en lo jurídico y se consolida en lo económico y social, como es el caso; notas uroló- gicas como la referida o alusiones al juego de la ballesta en la cofradía de turno, noticias todas ellas recogidas en la documentación notarial tratada y sometida a la exégesis requerida en esta investigación, permiten que cristalice el mundo de las mentalidades y ayudan a conocer un poco más la de la Zaragoza de los albores y del mediodía del Cuatrocientos. Estudios e investigaciones como el que se presenta en este espacio deben de servir para animar y alentar nuevas iniciativas, que continúen ahondando y profundizando en la exhumación e interpretación de los datos que ofrece el protocolo notarial. La historia de las mentalidades, construida sobre la interpretación de infinidad de hechos intrascendentes, que alumbra la cotidianeidad, es una obra inacabada, vívida, expuesta a continuas reinterpretaciones, formuladas por la voz de ese documento signado, que tan fielmente transcribe el devenir económico, social, cultural y político de las sociedades. Referencias bibliográficas. ARNOLD, J. H. (2000), History. A very short introduction. Oxford, Oxford University Press. BOUZA ÁLVAREZ, Fernando (2000), Del escribano a la biblioteca, Madrid, Síntesis. CASTILLO GÓMEZ, Antonio (1997), Escrituras y escribientes. Prácticas de la cultura escrita en una ciudad del Renacimiento, Las Palmas, Gobierno de Canarias. DEL ARCO, Ricardo (1916), “El famoso jurisperito, del siglo xiii, Vidal de Cañellas, obispo de Huesca”, Real Academia de Buenas Letras, T. VIII, pp. 463-480. DEL ARCO, Ricardo (1944), “La institución del notariado”, Anuario de Derecho Aragonés, I (1944), pp. 167-238. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
EL MATRIMONIO COMO DETONANTE DE CONFLICTOS FEUDALES EN EL ARAGÓN DEL SIGLO XIV: EL DIVORCIO DE LUIS CORNEL Y SEVILLA DE LUNA Y LA INTERVENCIÓN DE ELFA DE JÉRICA: MARRIAGE AS A CAUSE OF FEUDAL CONFLICTS IN 14TH-CENTURY ARAGON: THE DIVORCE OF LUIS CORNEL AND SEVILLA DE LUNA AND THE INTERVENTION OF ELFA DE JÉRICA
El MAtRIMonIo CoMo dEtonAntE dE ConflICtos fEudAlEs En El ARAgÓn dEl sIglo XIv: El dIvoRCIo dE luIs CoRnEl y sEvIllA dE lunA y lA IntERvEnCIÓn dE ElfA dE JéRICA\*. MARRIAGE AS A CAUSE OF FEUDAL CONFLICTS IN 14TH-CENTURY ARAGON: THE DIVORCE OF LUIS CORNEL AND SEVILLA DE LUNA AND THE INTERVENTION OF ELFA DE JÉRICA. Ana del Campo gutiérrez\*\* yale university. Resumen: Este artículo trata de explicar uno de los casos más dramáticos y espectaculares —si no el que más— de matrimonios que desencadenaron un conflicto feudal en el Reino de Aragón en la Edad Media, en concreto, el de los nobles luis Cornel y brianda de luna. El enfrentamiento comenzó cuando brianda abandonó a su cónyuge legítimo para unirse a luis. El marido abandonado, lope Jiménez de urrea, inició entonces una guerra contra su rival que ha disfrutado de notable atención historiográfica. no obstante, luis Cornel también estaba casado cuando huyó con brianda. El propósito de este trabajo es presentar documentación inédita que proporciona información acerca del casi desconocido divorcio entre luis Cornel y su hasta entonces mujer, sevilla de luna. Estos documentos nos permiten ver la ayuda y protección que la gran noble Elfa de Jérica prestó a la que era su cuñada, sevilla de luna. Palabras clave: guerra feudal, Aragón, siglo XIv, divorcio, nobleza, urrea, Cornel, luna, Jérica. Abstract: this article undertakes to explain one of the most —if not the most— dramatic and spectacular cases of marriage leading to feudal conflict in the Middle Ages in the Kingdom of Aragon, that of the nobles luis Cornel and brianda de luna. the conflict arose when brianda abandoned her legitimate partner to join luis. the forsaken husband, lope Jiménez de urrea, waged a war against his rival which has attracted significant historiographical attention. However, luis Cornel was married too when he ran away with brianda. the purpose of this essay is to present unpublished documents that will provide information about the almost unknown divorce of luis Cornel and his so-far legitimate wife, sevilla de luna. these documents testify to the help and protection provided to sevilla by the great noblewoman Elfa de Jérica, sevilla’s sister-in-law. Keywords: feudal war, Aragon, $1 4 ^ { \mathrm { t h } }$ century, divorce, nobility, urrea, Cornel, luna, Jérica. En la Edad Media el matrimonio tenía poco que ver con el amor. si bien es cierto que —al menos en teoría— los padres no podían forzar a los hijos a desposarse contra su voluntad1 , no es menos cierto que eran los progenitores quienes solían escoger a los cónyuges de sus vástagos, pues las nupcias eran un acto político, un paso muy importante dentro de una estrategia social bien definida. Eso sí, cada cual según su estado. los campesinos buscaban a alguien que, gracias a las tierras que poseía o tenía derecho a cultivar pudiera asegurar la supervivencia del grupo familiar o aumentar la calidad de vida del mismo. los artesanos solían apostar por quien continuara con el taller familiar o por emparentar con artesanos de oficios afines para tener más control sobre el proceso de producción. los mercaderes aprovechaban para sellar acuerdos comerciales o para unirse a personas que, por su condición o cargo, les podían favorecer otorgándoles privilegios y exenciones fiscales para sus negocios. también podían aspirar a obtener honor para sus descendientes a través del matrimonio con nobles, mientras que éstos obtenían liquidez para sus muchas veces precarias finanzas. por último, la nobleza —y, sobre todo, la gran nobleza— hacía de los enlaces una alianza política, trataba de emparentar con linajes más antiguos y prestigiosos, aumentaba a través de ellos sus territorios y sus rentas, conseguía aliados para la guerra, firmaba paces, etc. pero en estas partidas de ajedrez jugadas con sus propias piezas, es decir, con los miembros de su familia, la nobleza podía cambiar velozmente de estrategia, deshacer el nudo matrimonial y volver a pactar una nueva unión que satisficiera mejor sus intereses. Eso sí, los divorcios no eran ni fáciles ni rápidos de conseguir y, además, implicaban casi siempre para el o la demandante un crudo enfrentamiento con la desairada familia del cónyuge. El matrimonio y posterior divorcio entre lope Jiménez de urrea y brianda de luna dos de las familias más importantes del Reino de Aragón, los Jiménez de urrea y los luna, decidieron unir sus destinos en las personas de lope y brianda. él pertenecía a una de las estirpes de ricoshombres; nieto de Juan Jiménez de urrea e hijo de Jimeno de urrea, era también sobrino del entonces arzobispo de Zaragoza lope fernández de luna2 , quien ocupó la sede entre 1351 y $\bar { 1 } 3 8 2 ^ { 3 }$ . Ella, brianda, nacida en 1360, era hija póstuma de lope, conde de luna, y de brianda de Agout. El matrimonio tenía otra hija, María (ca. 1358-1406), apenas dos años mayor que brianda, que llegaría a ser reina de la Corona de Aragón al desposarse con Martín I (1356-1410)4 . Aunque fue María de luna la que heredó el grueso de la fortuna y las posesiones de su padre, la unión matrimonial de lope Jiménez de urrea con la hija menor del conde de luna, brianda, era una excelente manera de emparentar con la que entonces era la familia más importante del Reino de Aragón5 . Al mismo tiempo, para brianda resultaba beneficioso casarse con el heredero de uno de los grandes linajes del territorio, pues reafirmaba su posición social y económica cuando ella, como segundona, no había heredado tanto como su hermana mayor, María. Así pues, éste era un matrimonio tremendamente ventajoso para ambas partes. sin embargo, en 1374 brianda de luna interpuso demanda de divorcio. según Zurita, durante los cuatro o seis años que estuvieron casados6 el matrimonio nunca fue consumado, de ahí que, «deseando doña brianda ser madre y tener hijos», ésta optara por disolver el matrimonio, para lo cual adujo que lope Jiménez de urrea era impotente7 («pues en el tiempo que hicieron vida juntos siempre fue doncella como antes de que se velase con él», apuntan los Anales)8 . nótese que cuando brianda presentó tal demanda apenas tendría catorce años de edad, lo cual nos indica que se habría casado siendo impúber con lope y que éste tal vez se habría abstenido de consumar el matrimonio por esta razón. no era el primer episodio de este tipo que se daba entre la nobleza de la Corona, pues entre 1257 y 1261 se desarrolló un sonado e intrincado proceso de divorcio entre álvaro de urgel y Constanza de Moncada en el que las partes usaron como argumentos a su favor la supuesta impotencia del novio, la no consumación del matrimonio por ser la novia demasiado joven, el impago de la dote como causante del repudio e, incluso, el haberse visto obligado a contraer nupcias en el caso del novio9 . Comprobamos así cómo no se dudaba en alegar cualquier cosa que permitiera disolver el vínculo matrimonial y, de hecho, Juan de salisbury (m. 1180) se lamentaba de la frecuencia con la que las mujeres acusaban a sus maridos falsamente de impotencia para conseguir$1 0 ^ { 1 0 }$ . El caso que nos ocupa parece que la acusación de brianda de luna no se sustentaba, pues lope Jiménez de urrea engendró tres vástagos en un ulterior matrimonio con sancha pérez de lagunillas, dando así lugar a la casa de los Condes de Aranda11. para añadir dramatismo al proceso de divorcio, parece que en 1378 brianda de luna huyó con el noble luis Cornel y comenzó a hacer vida marital con él sin esperar a la finalización formal de su primer enlace. Zurita define la situación entre ambos como «matrimonio por palabras de presente»12 y explica que la pareja tuvo «un hijo»13 antes de que se conociera la sentencia del divorcio entre brianda y lope Jiménez de urrea14. dicha sentencia llegó finalmente en 1379 y fue emitida por los abades de veruela y Montearagón, a quien el arzobispo de Zaragoza, lope fernández de luna, había designado como jueces el proceso. dado que, como mencionábamos antes, el arzobispo era tío de lope Jiménez de urrea, no sería de extrañar que presionara de un modo u otro para que la sentencia fuera favorable a su sobrino. de hecho, los abades desecharon los argumentos de brianda de luna y decretaron que debía volver a convivir con su cónyuge legítimo15. lope Jiménez de urrea, irado por el abandono de su esposa, se había levantado en armas contra luis Cornel antes también de que se conociera la sentencia de divorcio. y cuando ésta fue ignorada por brianda y luis, es decir, cuando ella no volvió a residir con lope tal y como había sido prescrito, urrea no hizo sino aumentar la intensidad de sus ataques contra Cornel. El conflicto desembocó así en una verdadera «guerra feudal»16 que alcanzó su punto álgido en 1381, cuando ambos contendientes habían recabado ayuda militar de sus numerosos partidarios no sólo en Aragón, sino también en Cataluña y valencia. la campaña militar emprendida ese año por lope Jiménez de urrea fue feroz y consiguió arrasar las propiedades más importantes de luis Cornel, en las que quemó las tierras de cultivo y taló los bosques. Además, urrea logró arrinconar y casi asediar a Cornel en su castillo de Alfajarín («Comenzaron a juntar estos ricos hombres sus deudos y valedores; y don lope Ximénez de urrea se puso a proseguir la venganza con tanto valor que taló y quemó todos los más lugares que tenía don luis, aunque era muy favorecido del rey; y le destruyó toda su tierra, y le hizo tan cruel guerra que lo más del tiempo lo tenía encerrado en Alfajarín»)17. En ese momento, es decir, allá por mayo de 1381, pedro Iv el Ceremonioso decidió intervenir ante el temor de que esta guerra feudal entre bandos prosiguiese su escalada hasta afectar a todo el Reino e, incluso, a otros territorios de la Corona. Aprovechó el monarca la coyuntura de hallarse en Zaragoza por las cortes que allí se celebraban18 para ordenar una tregua. A ella se avino lope Jiménez de urrea, pero no así luis Cornel. no obstante, pedro Iv le dio una nueva oportunidad y en una carta fechada el 27 de noviembre de 1381 ordenaba a Cornel presentarse ante él o ante el gobernador de Aragón en un plazo de veinte días. de lo contrario, el rey comenzaría «procedimientos contra vos e vuestros bienes segunt disposicion de fuero e de la carta de la paz»19. Al mismo tiempo, pedro Iv envió otra misiva al gobernador de Aragón en la que le ordenaba arrestar a luis Cornel cuando se presentara ante $\mathrm { { \acute { e l } } }$ , aunque «si el dito noble don lohis, apres que sera comparegut e sera per vos arrestat volie venir a nos por fer nostre voler en tot e per tot, fera a vos securetat de aço, lexassets-lo anar a nos». pero si Cornel no comparecía el día indicado, el soberano quería que fuesen tomados los lugares de Alfajarín, letux, nuez, villafranca, osera, Azuer y Cabañas, todos ellos pertenecientes a este noble, y que se hiciera ondear en ellos la enseña real («e posar hi ets pennos reyals»)20. la amenaza no surtió el efecto deseado y luis Cornel, enrocado, se negó a aceptar la tregua y a comparecer ante el gobernador. éste, llamado Jordán pérez de urriés, se vio en la tesitura de cumplir el mandato real pero, preocupado como estaba por la posibilidad de incurrir en contrafuero si ocupaba los lugares en poder de Cornel21, solicitó el consejo de varios renombrados juristas zaragozanos el 10 de enero de $1 3 8 2 ^ { 2 2 }$ . todos ellos, entre los que se encontraban fortuño de liso, álvaro Ruiz de Zuera, Juan Cerdán o pedro lópez del Hospital, estuvieron de acuerdo en que el gobernador debía seguir al pie de la letra las instrucciones del monarca. sólo uno de los expertos en derecho, garcía ballobar, tenía dudas acerca de la idoneidad de que se izara el pendón real en los lugares de luis Cornel, aunque también era favorable a tomarlos23. Así las cosas, ese mismo día de principios de 1382 el gobernador dispuso todo lo necesario para cumplir las órdenes de pedro Iv. la situación de luis Cornel tornóse entonces mucho más delicada si cabe, casi desesperada. poco podía hacer cuando sus feudos habían sido arrasados y estaban de nuevo en manos de la corona. de este modo, obligado por las circunstancias, aceptó presentarse no ante el gobernador, sino ante el rey mismo, al cual fue a ver a valencia. de la entrevista que mantuvo con el monarca y con la reina surgió un acuerdo: brianda de luna dejaría de convivir con luis Cornel y pasaría a estar custodiada por dos caballeros hasta que se resolviera su proceso de divorcio con lope Jiménez de urrea. si se le concedía, brianda se desposaría legalmente, es decir, ante la faz de la Iglesia, con luis Cornel. por otro lado, Cornel se comprometió a cesar toda actividad bélica contra urrea, mientras que el rey aseguró a Cornel que le resarciría de los daños sufridos durante la guerra feudal24. El conflicto quedó, pues, en un compás de espera hasta que las autoridades eclesiásticas se pronunciaran acerca del proceso de divorcio entre lope Jiménez de urrea y brianda de luna. sin embargo, la ansiada sentencia no llegó hasta 1391, en la cual se falló a favor de la demandante y se concedió la disolución del matrimonio25. Es muy posible que la causa de brianda se viera favorecida por la muerte en 1382 del arzobispo de Zaragoza, lope fernández de luna, quien, como señalábamos anteriormente, era tío de urrea. El nuevo arzobispo y, por consiguiente, juez en el proceso de divorcio, fue garcía fernández de Heredia, quien no tenía tantos vínculos e intereses conjuntos con la casa de urrea. pero aún con la sentencia de divorcio en la mano, luis Cornel y brianda de luna tuvieron que afrontar un pequeño y nuevo retraso en sus planes para contraer matrimonio, pues ambos eran parientes en cuarto grado26. debieron solicitar una dispensa, la cual sabemos que ya habían obtenido en octubre de 1391, pues aparecen como marido y mujer en esa fecha27. Con esto parece que se puso paz al fin entre luis Cornel y lope Jiménez de urrea, pero, según cuenta Zurita, hasta el último momento saltaron chispas entre ellos. Así, el día antes de que se promulgase la sentencia de divorcio luis y brianda tuvieron que jurar que no coincidirían nunca con lope en ningún lugar durante quince años a no ser en que en tal localidad o estancia se hallaran también los reyes, Juan I (m. 1396) y violante de bar (m. 1431), o los duques de Montblanc, el futuro Martín I (m. 1410) y María de luna $\mathrm { ~ ( m . ~ } 1 4 0 6 ) ^ { 2 8 }$ . tal vez en un intento por dar a luis y a brianda una seguridad de la que parecían carecer y con el claro propósito de ayudar a su hermana, María de luna envió una carta a todos los lugares que poseía en la que ordenaba a las respectivas autoridades locales permitir que la pareja residiera allí el tiempo que considerase oportuno29. Más tarde, ya en 1392, la duquesa de Montblanc envió una misiva similar al alcaide de Almonacid de la Cuba30. tras muchos años de conflicto y rivalidad, las aguas volvían poco a poco a su cauce. El divorcio de luis Cornel y sevilla de luna (1377-1381) la separación y consiguiente divorcio entre lope Jiménez de urrea y brianda de luna tuvo amplias repercusiones en su momento y en la actualidad se ha convertido en uno de los ejemplos típicos que sirven para ilustrar los enfrentamientos nobiliarios31. no obstante, el hallazgo en el Archivo Histórico de protocolos notariales de Zaragoza [AHpnZ] de un conjunto de documentos relativos al divorcio que luis Cornel tuvo que hacer frente para poder casarse con brianda nos permite contextualizar mejor aquella guerra feudal. Conviene comenzar apuntando que luis Cornel contrajo nupcias por primera vez en 1357 ó 1359 con blanca de foix32, quien —como señala Zurita— era sobrina del conde lope de luna33. A continuación, y siempre según Zurita, tras haberse anulado este matrimonio por ser ambos cónyuges parientes en cuarto grado, Cornel volvió a casarse, esta vez, «con doña brianda de luna, hija del conde de luna, con quien tenía el mismo parentesco que doña blanca»34. Ahora bien, Zurita no recoge en sus Anales un tercer matrimonio de luis Cornel, segundo en orden cronológico, que lo unió con doña sevilla de luna35. Esta sevilla (o «sevilia» o «sibilia») era hija de pedro Martínez de luna (m. ca. 1343), tercero de ese nombre y conocido como «El Mayor», y de Marquesa de saluzzo, la cual provenía de una familia lombarda emparentada con la casa real de Aragón y con los Hohenstaufen36. Estos Martínez de luna eran la segunda rama en importancia de la estirpe de los luna: la primera y más importante era aquella que descendía del conde don lope y que a su muerte quedó reducida a María de luna, que casaría con Martín I, y a brianda de luna, a quien hemos visto protagonizar un tormentoso divorcio con lope. Jiménez de urrea. la tercera y tal vez menos importante rama era la de los fernández o ferrench de luna37. Cabe pensar que a partir de 1360, cuando se produjo el fallecimiento de la que era la figura más destacada de las tres estirpes de los luna, es decir, el conde don lope, ese rol de líder carismático o referente recaería en el hijo de pedro Martínez de luna III y Marquesa de saluzzo, llamado igual que su padre, es decir, pedro Martínez de luna $\mathrm { I V } ^ { 3 8 }$ . éste, hermano de sevilla de luna, destacó por sus servicios a la Corona: primero, cuando combatió en defensa de los intereses reales contra la unión39; segundo, cuando participó en la guerra de los dos pedros como capitán de las tropas aragonesas40 y fue capturado por los castellanos41; y más tarde, cuando partió a Cerdeña para luchar contra el Juez de Arborea, siendo en esta isla donde encontró la muerte en $1 3 6 8 ^ { 4 2 }$ . pedro Martínez de luna Iv se casó con Elfa de Jérica, hija —aunque tal vez no legítima— del noble pedro de Jérica43. tras la temprana muerte de su marido, Elfa quedó al frente de la familia, lo que implicaba tanto cuidar de su hijo e hijas44 como administrar los bienes y negocios del linaje. destacó en estas labores, sobre todo en lo que respecta al ejercicio de la tutoría y curaduría de su hijo menor y heredero, Antón Martínez de luna45. la capacidad gestora y la habilidad política de Elfa de Jérica quedaron una vez más de manifiesto durante los episodios relativos al divorcio de su cuñada, sevilla de luna, en los cuales —como veremos a continuación— desempeñó un papel fundamental. sevilla de luna había estado casada en primeras nupcias con pedro de Moncada (m. 1353), almirante de Aragón46. Más tarde sevilla contrajo un nuevo matrimonio con luis Cornel. Conviene destacar que la estrategia de este último parece haber consistido en emparentar a toda costa con la casa de luna, ya que primero se desposó con blanca de foix, quien pertenecía de manera tangencial a esta familia, después con sevilla de luna, lo cual supuso para él una relación de parentesco aún más directa y, finalmente, se unió a brianda de luna. Recordemos que el padre de brianda, el conde lope de luna, pertenecía a la familia real y que, además, era amigo personal de pedro $\mathrm { I V ^ { 4 7 } }$ . de este modo, si bien gracias a sevilla luis Cornel había conseguido entroncar con la estirpe más importante del Reino de Aragón, los luna, gracias al matrimonio con brianda ascendió aún más socialmente al unirse al linaje más destacado dentro de los luna, así como relacionarse de manera íntima con la familia real y su círculo. tal vez aquí resida buena parte del interés que luis Cornel mostró por brianda de luna. un interés que desencadenó una guerra feudal contra lope Jiménez de urrea y que supuso también la ruptura de su matrimonio con sevilla de luna. Como explicábamos anteriormente, brianda de luna huyó con luis Cornel allá por 1378, pero parece que con anterioridad a esa fecha el matrimonio entre luis Cornel y sevilla de luna ya hacía aguas, quizá debido a los primeros acercamientos entre él y brianda. sea como fuere, lo que sí sabemos es que el 16 de septiembre de 1377 el Justicia de Aragón, domingo Cerdán, había fallado a favor de sevilla dictaminando que luis debía pagarle cincuenta mil sueldos jaqueses48. desconocemos a qué se debía tal cantidad, pero lo que es seguro es que cuatro años después del fallo, en 1381, luis Cornel todavía no había hecho efectivo el pago. semejante retraso debió de ser una de las causas fundamentales, si no la más relevante, que llevaron a sevilla de luna a buscar la ayuda y protección de otra persona. Afirmaba la propia sevilla ser consciente de que le tocaba «començar e levar muytos e diversos pleytos con grandes personas e notables, así ante la excelencia del sennyor rey, et senblantment ante el sennyor arcevispo de Çaragoça, como ante otros juges»49. Concretamente, el litigio que iba a ocupar la mayor parte de su tiempo y causarle más quebraderos de cabeza era su divorcio de luis Cornel. tal y como sevilla explicaba la situación, da la sensación de que en mayo de 1381, cuando recurrió a otra persona para la defensa de sus intereses, todavía no había interpuesto la demanda de divorcio, aunque estaba a punto de hacerlo: «en special entienda levar pleytos cuentra el dito noble don loys sobre la partición e divorcio que entiendo que debe seyer fecho entre él e mí»50. Más aún, sevilla anunciaba también el argumento que iba a emplear para conseguir la disolución de su matrimonio: «por razón que yo entiendo provar que la noble dona blanca de fox, muller primera qui fue del dito noble don loys, marido mío, e yo somos en quarto grado de consanguinidat et afinidat, por la qual razón el dito noble don loys e yo devemos seyer separados et deve seyer dada et promulgada sentencia de divorcio entre nos por la santa Madre Eglesia»51. según el derecho canónico, tanto la consanguinidad como la afinidad eran impedimentos dirimentes del matrimonio cuando llegaban hasta el cuarto grado de parentesco. En este caso concreto, más que consanguinidad lo que se daba era afinidad, es decir, el parentesco que se establece entre el marido con los parientes de su mujer y entre la mujer con los parientes de su marido debido a su unión en válido matrimonio52. dicho de otro modo, los parientes de sangre del marido pasan a ser parientes de la mujer y viceversa, con lo que a efectos legales el parentesco político devenía en parentesco de sangre. Así, ya que blanca de foix y sevilla de luna eran parientes en cuarto grado, cuando blanca y luis se casaron, éste pasó a ser considerado pariente en cuarto grado de sevilla. por este motivo, cuando luis Cornell y sevilla de luna se desposaron eran también parientes, aun cuando en realidad no tenían tales vínculos de sangre entre sí, sino sólo a través de blanca de foix. Además del divorcio en sí mismo, sevilla de luna debía afrontar otro proceso legal más relacionado con su «ajuar». En el Aragón medieval este término se empleaba para referirse a los bienes y al dinero que los progenitores entregaban a sus hijas con motivo de su casamiento, mientras que el vocablo «dote», al contrario que en Castilla, se solía aplicar a la donación que el marido hacía a la esposa en el momento de las nupcias53. En caso de ruptura del matrimonio, como pretendía sevilla, la mujer tenía derecho a la devolución o restitución de dicho ajuar, que hasta entonces había sido regido y administrado por el marido (a no ser que éste renunciara expresamente a tal privilegio)54. por todo ello, sevilla de luna afirmaba disponerse a «mover pleyto contra el dito noble don loys Cornel e demandarle el axuvar mío, el qual yo adux en el tiempo que contrayé matrimonio con él et por las ditas razones a present no conversé ni osé conversar con el dito noble don loys, ante del poder e sennyorío suyo me so absentada»55. Así pues, sevilla relataba que había huido más o menos precipitadamente de los territorios en poder de su marido. Es posible que sevilla se viera impelida a marcharse por los ataques que lope Jiménez de urrea estaba llevando a cabo contra las posesiones de luis Cornel, bien fuera porque ella se encontraba entonces en alguna de las localidades asaltadas o porque temía que las tropas de urrea se dispusieran a avanzar hacia allí. una vez tomada la decisión de partir, sevilla recogió lo que buenamente pudo y partió de los dominios de luis Cornel. Entre los objetos que se llevó consigo destacan la ropa de cama (se citan colchones, cojines, mantas, etc.), seis baúles forrados en cuero y reforzados con hierro, tres cofres y una caja pequeña56. Aunque nada se dice al respecto, podemos deducir el contenido de los mismos gracias a un documento al que haremos referencia más adelante. otro aspecto interesante de la huida de sevilla de luna radica en el hecho de que, como ella misma admitió, no se atrevió a hablar con luis Cornel acerca de la devolución de su ajuar. simplemente cogió algunas de sus pertenencias y salió corriendo. desde luego, la coyuntura no invitaba a intentar dialogar y razonar con luis Cornel acerca de asuntos económicos. éste estaba siendo atacado por lope Jiménez de urrea y necesitaba todo el dinero que pudiera conseguir para intentar detener la ofensiva. pero la situación de sevilla de luna no era mucho mejor. Había sido abandonada por su marido, quien además seguía controlando todos sus bienes en virtud de la legalidad vigente. toda la herencia que las mujeres recibían se solía resumir en su ajuar57, de manera que sevilla veía entonces cómo su marido, del que se quería divorciar, se servía de sus bienes y su dinero como si fueran propios porque todavía el matrimonio no había sido disuelto. Mientras tanto ella tendría que vivir sin apenas nada, sólo con aquello que había logrado meter unos pocos cofres y baúles, y para colmo debería litigar para conseguir lo que era suyo. la única opción que tenía ante sí era la de pedir ayuda. la propia sevilla admitía que tenía «necessidat» de encomendarse «alguna poderosa e noble persona» que tuviera a bien ampararse de ella y defenderla, así como llevar a término los pleitos y litigios que había de comenzar o había incoado ya. Esta persona también tendría que prestarle y adelantar mucho dinero para sus procesos judiciales, puesto que sevilla no disponía de efectivo ni de apenas bienes en aquellos momentos. debido a la magnitud de la empresa a la que se enfrentaba quien fuera a actuar como valedor o valedora de sevilla, ésta exponía que «en el Regno de Aragón no aya trobado ni trobé persona alguna qui dellas cosas sobreditas se quiera emparar ni tomar a tal carga si no es vos, la noble sennyora dona Elpha de Xérica, muller qui fueses del noble don pedro de luna, ermano mío»58. sevilla aludía también al «buen deudo que avedes con mí», es decir, a la obligación que tenía Elfa de Jérica de ayudarla por ser entonces cabeza de la familia tras la muerte de su hermano, pedro Martínez de luna. Asimismo, reconocía a Elfa que «por vuestra nobleza me avedes prometido defender mi persona»59. la petición de ayuda y amparo de sevilla de luna vino seguida del nombramiento de Elfa de Jérica como procuradora suya. El documento resultante es un poco particular por dos motivos. En primer lugar, por el énfasis que sevilla puso en que Elfa tendría que «sacar e manllevar quantías de dineros pora proseguir lo sobredito e pora fazer et conplir otras muchas e diversas necessidades et fechios míos en diversas maneras e logares», es decir, insistía en su perentoria necesidad de dinero. En segundo lugar, la procuración es peculiar porque sevilla daba a Elfa un poder casi absoluto en lo que a su divorcio y sus negocios personales se refiere. Así, Elfa quedó capacitada para presentar demandas, cuestiones y pleitos; comparecer y representar a sevilla ante el rey, el duque de gerona, el arzobispo, el Justicia de Aragón y cualquier otro juez u oficial; litigar; prestar juramento en su nombre o pedir que éste fuera prestado; realizar préstamos; presentar impugnaciones... En resumen, sevilla de luna concedió a Elfa de Jérica plenas competencias para resolver sus asuntos. pero, por si semejante libertad de acción no fuera suficiente, sevilla juró sobre los Evangelios que no revocaría la procuración ni nombraría otros procuradores que pudieran interferir o ir en contra de las gestiones de Elfa, mientras que esta última sí que podría nombrar procuradores subrogados que la ayudaran. Más aún, sevilla prometió que no criticaría ni iría en contra de ninguna de las actuaciones de Elfa60. Eso sí, a tenor de lo que se dice en documentos posteriores, parece que Elfa, en respuesta la confianza depositada en ella, mantuvo bien informada a sevilla de todos sus movimientos, por más que en la procuración no se incluyera ninguna cláusula al respecto61. Este documento en el que sevilla de luna nombra procuradora suya a Elfa de Jérica se firmó en Morés, una pequeña localidad de la sobrecollida de Calatayud de población mayoritariamente morisca62, el 27 de mayo de $1 3 8 1 ^ { 6 3 }$ . Es muy probable que doña Elfa estuviera allí después del que el monarca le prometiera concederle este lugar como compensación por la muerte de su marido, pedro Martínez de luna, en Cerdeña años atrás. la confirmación por escrito de tal concesión llegó apenas unos días después de la firma de la procura, en concreto, el 12 de junio64. semeja, pues, que Elfa estaba en Morés por aquella época para tomar posesión del lugar y que, por esta razón y porque era un emplazamiento seguro, con castillo, le pidiera a sevilla que fuera hasta allí. tras la procuración comenzaron las gestiones de Elfa de Jérica, de las cuales sólo sabemos que fueron complicadas, caras e, incluso, peligrosas (Elfa declaraba haber «sustenido [...] muytos enbargos, enueyos, peryglos, afruentos e dannyos, et encara feyto e sustenido muytas e diversas costas, misiones e expensas en prosecución de los feytos e negocios proprios de la noble dona sevilia, de qui so procuradera»)65. Elfa recalcaba que, sobre todo, se vio obligada a «haver e sacar muy grandes quantías de dineros e fazer diversas manlieutas et deudos de diversas personas»66. pasaron varios meses de dificultades hasta que, por fin, se vio la luz al final del túnel. El 14 de septiembre de 1381 se hizo pública la sentencia de un arbitraje en el que se intentaba dirimir ciertos aspectos relativos al divorcio entre luis Cornel y sevilla de luna. Aunque desconocemos qué se trató de dilucidar exactamente, sabemos que los árbitros fueron bernart porquet, de Monzón, y fortuño de liso67, de Zaragoza. El primero fue designado por luis Cornel y el segundo por Elfa de Jérica. fortuño era un hombre de reconocido prestigio en la ciudad por su conocimientos legislativos y, no en vano, fue uno de los juristas a los que se consultó si era correcto desde el punto de vista foral ocupar las posesiones de Cornel, tal y como reclamaba pedro $\mathrm { I V } ^ { 6 8 }$ . Además, fortuño de liso era uno de los miembros de la aristocracia urbana de Zaragoza que se relacionaban con Elfa, su marido y otros importantes nobles muy cercanos a los Martínez de luna. En una ciudad como la capital aragonesa, donde el estamento nobiliario no podía participar en el gobierno local69, se estableció una particular alianza entre ciudadanos y nobles que apenas podemos intuir en la documentación de la que disponemos, pero que subyace en los acontecimientos políticos de la época. unos y otros, nobles y ciudadanos, se apoyaban entre sí creando grupos de presión y facciones —bandos, incluso— para hacerse con el poder concejil o, al menos, tener cierta ascendencia sobre él. Además, pedro Iv había entregado a los caballeros ciertos cargos, como el de gobernador o Justicia, que dejaron de ser exclusivos de los ricoshombres70. todo ello hacía que la gran nobleza aragonesa tratara de influir en lo que sucedía en Zaragoza apoyándose en las familias de los ciudadanos, por más que las alianzas que pactaron con ellos fueran efímeras a veces y que nos resulten obscuras. En lo que a este caso concreto afecta, Elfa de Jérica eligió a fortuño de liso como árbitro en el conflicto de sevilla de luna con luis Cornel porque sabía que defendería sus intereses. la sentencia arbitral dictada por liso y porquet resultó favorable a sevilla de luna y se condenó a luis Cornel a abonarle 26.800 sueldos jaqueses71. A esta cantidad había que sumarle aquellos 50.000 sueldos estipulados por el Justicia de Aragón en su sentencia del año 1377, que todavía estaban pendientes de pago. por tanto, a fecha de 14 de septiembre de 1381 luis Cornel debía a sevilla de luna la astronómica cifra de 76.800 sueldos. Aunque nada se dice acerca de ello en los documentos encontrados, es factible que esta cantidad correspondiera al ajuar de sevilla y, tal vez, a una compensación por los años de convivencia juntos, o a la parte que tocaba a sevilla en los bienes comunes del matrimonio o, incluso, a la dote marital. sea como fuere, las gestiones de Elfa de Jérica estuvieron en todo momento encaminadas a que se reconociera la deuda de luis Cornel con sevilla de luna y a que el reintegro de la misma se hiciera efectivo. sin embargo, luis Cornel se mostró siempre reacio a abonar estas cantidades. desde mayo de 1381, cuando pedro Iv le exigió a él y a urrea que firmasen una tregua, luis Cornel debió de sentirse entre la espada y la pared. la espada de su enemigo declarado lope Jiménez de urrea, que había yermado sus tierras, con la ruina económica que ello suponía, y la pared que levantó el monarca, quien con la imposición de la paz coartaba sus deseos de vengar el daño sufrido y, de paso, rapiñar en los dominios de urrea. Con unos ingresos muy menguados y con una acuciante necesidad de dinero para sufragar sus propias expediciones militares, es probable que luis Cornel se negara a pagar a sevilla la indemnización que le debía desde 1377, primero, porque tal vez no dispusiera de ese dinero y, segundo, si lo tenía, porque prefería emplearlo en otros menesteres. y para empeorar aún más sus circunstancias, el 14 de septiembre de 1381 llegó la sentencia arbitral que le condenaba a abonar aún más dinero a sevilla. pero Cornel prosiguió su particular pulso, en el que no cedería hasta que a comienzos de 1382 sus feudos fueron ocupados por orden real. A partir de ahí sólo le quedaba tratar de dialogar y negociar con pedro Iv, cosa que hizo y que se saldó de manera relativamente favorable para sus intereses. En aquello que atañe a sevilla de luna, el mes de septiembre de 1381 resultó crucial. la sentencia arbitral del día 14 supuso poner el punto final a su matrimonio con luis Cornel. sabemos que para entonces ya había obtenido el divorcio, pues Elfa de Jérica se refería a Cornel como exmarido de sevilla («el noble don loys Cornel, marido qui la ora era de la dita dona sevilia»)72 y hablaba del proceso como algo ya finiquitado («divorcio e separación que se fizo del matrimonio de la dita dona sevilia e del noble don loys Cornel»)73. por ello, la mencionada sentencia arbitral equivalió solventar los últimos flecos pendientes de la unión de ambos nobles. Con el divorcio y el fallo arbitral Elfa de Jérica podía dar por concluida su etapa como procuradora de sevilla de luna. pero para ello debía ocuparse de un último asunto. las gestiones procuratorias de Elfa de Jérica habían supuesto, tal y como ella misma y la propia sevilla de luna esperaban, contraer importantes deudas, puesto que tuvieron que pedir dinero prestado e, incluso, recurrir frecuentemente a las llamadas «manlleutas»74, que eran un tipo especial de préstamo que se caracterizaba por imponer un breve período de amortización y un interés muy alto. Es decir, Elfa y sevilla necesitaron grandes cantidades de dinero y, además, lo necesitaron de forma inmediata, con lo cual no tuvieron más remedio que aceptar «manlleutas» en lugar de otros préstamos menos gravosos. de este modo, llegado el momento de devolver el capital, Elfa de luna se vio en la tesitura de reconocer que $\ll \mathrm { a }$ present no aya otros bienes algunos de la dita dona sevilia pora pagar las ditas quantías [...] a mí por la dita razón prestadas»75. $\dot { \iota } \mathrm { Q u e }$ hacer entonces? doña Elfa recurrió a negociar con los acreedores («crehedores») algo similar a un aplazamiento de pago. de este modo, el día 19 de septiembre de 1381, cinco jornadas después de que se hiciera pública la sentencia arbitral, Elfa declaraba que «de voluntat» de los acreedores, esto es, de acuerdo con los prestamistas, procedía a donarles aquellos 76.800 sueldos que luis Cornel debía a sevilla de luna76. En otras palabras, sevilla no cobraría tal dinero, sino que lo harían directamente sus prestamistas. éstos debían recibir el dinero entonces, pero aceptaron esperar hasta el momento en el que luis Cornel efectuase el pago. El endeudamiento de sevilla de luna a resultas de su proceso de divorcio fue tal que no sólo tuvo que resignarse a ceder su indemnización y su ajuar a sus acreedores, sino además soportar el embargo de sus joyas, las cuales probablemente había transportado en esos baúles y cofres a los que antes se aludía. En esta ocasión sevilla adeudaba un total de cinco mil sueldos jaqueses al notario zaragozano domingo sancho de Monterde77 por aquellos documentos que éste había realizado y certificado relacionados con su divorcio y sus negocios («por raçón de algunos contractos qu’el dito notario testificó por ella»). parece que Monterde pidió al Justicia de Aragón que ciertos bienes de sevilla de luna pasaran a estar bajo custodia para asegurarse de cobrar, de manera que si sevilla no le pagaba, al menos podría quedarse con ellos. Concretamente, éstos consistieron en joyas, entre las que se incluían varias coronas de oro y de plata con piedras preciosas engastadas, y otros objetos no especificados («todas aquellas coronas de oro e de argent con piedras preciosas e otras joyas e bienes»)78. la persona designada para custodiar las joyas y coronas de sevilla de luna fue doña Catalina del Hospital79. ésta era una destacada miembro de la oligarquía zaragozana. Era hija del afamado jurista Jaime del Hospital80, quien llegó a ser lugarteniente del Justicia de Aragón y compuso con su hijo homónimo81 unas conocidas Observancias forales82. En los momentos en los que se encargó de la custodia de las joyas, Catalina del Hospital era viuda del ciudadano domingo palomar y tutora de los hijos que tuvieron juntos. fue en estas circunstancias cuando Catalina destacó como una hábil mujer de negocios, muy capaz también de desenvolverse en asuntos políticos. Catalina se convirtió así en alguien muy respetado en la ciudad y por eso no es de extrañar que el Justicia, domingo Cerdán, de quien Jaime del Hospital júnior, hermano de Catalina, fue muchos años lugarteniente83, la eligiera a ella como guardiana de estos bienes. tampoco es de extrañar que confiara en ella el notario domingo sancho de Monterde y menos aún sorprende que lo hicieran Elfa de Jérica y sevilla de luna. y es que se daba la circunstancia de que Catalina del Hospital era pariente de fortuño de liso84 y parece que la relación entre ambos era fluida y cordial. debido a ello es factible que Elfa o fortuño sugirieran que fuera Catalina quien se ocupara de la custodia. Era importante que tales bienes, valiosos tanto desde el punto de vista crematístico como simbólico para sevilla de luna, quedaran en manos de alguien de confianza. si fue así, es decir, si se medió de algún modo para que Catalina del Hospital guardara las joyas, estaríamos ante un intento más de minimizar el daño sufrido por sevilla de luna. y es que Elfa de Jérica se esforzó de verdad porque el impacto de todo el proceso de divorcio en su protegida fuera el menor posible. Apreciamos la magnitud de sus desvelos cuando nos fijamos en quiénes prestaron dinero a sevilla. fueron principalmente dos personas: por un lado, Martín sánchez de filera85 y, sobre todo, el hermano de éste, sancho pérez de filera86, que era escudero y alcaide de El frago. Esta localidad pertenecía desde hacía algunas generaciones a la familia del marido de Elfa de Jérica, los Martínez de luna87. Más aún, el oficio de la alcaldía confería al oficial que la ejercía la gestión militar, judicial y administrativa de una determinada población o lugar fortificado. los alcaides eran elegidos directamente por el señor jurisdiccional de dicho lugar y recibían un estipendio por su trabajo88. Así, pues los prestamistas que Elfa de Jérica buscó estaban íntimamente relacionados con la familia Martínez de luna y, por ende, con la propia sevilla. Al fin y al cabo, sancho pérez de filera debía su puesto a pedro Martínez de luna y a Elfa de Jérica. un cargo que, por cierto, era bastante propicio para amasar fortuna89. Ante todo esto, cabe pensar que doña Elfa trató de conseguir unos préstamos lo más beneficiosos posibles para sevilla, aun cuando las circunstancias no eran precisamente favorables, y para ello pidió el dinero a personas que habían ascendido social y políticamente gracias a ella y a su marido. Con tales prestamistas Elfa de Xérica podría reclamar unas condiciones más ventajosas para su protegida, sevilla de luna. por otro lado, conviene apuntar que aparte de los dos prestamistas principales, los hermanos filera, también hubo alguien más que prestó dinero a sevilla de luna. Así, cuando Elfa de Jérica firmó el documento de la donación de las indemnizaciones y otros bienes de sevilla a los hermanos filera hablaba de «otras personas»90 que también habían contribuido y pedía a sancho pérez de filera «que vos paguedes a vos mismo e a Martín sánchez de filera, hermano vuestro, e a las otras personas»91. ¿Quiénes podrían ser éstas? nada se dice en los documentos acerca de estos otros prestamistas... si es que los hubo. $i ^ { \mathrm { E s } }$ posible que fuera la propia Elfa de Jérica la que prestara dinero a su cuñada pero que prefiriera permanecer en un discreto segundo plano? Es una opción que podemos manejar, por más que carezcamos de toda evidencia al respecto. tal vez también se pueda barajar la idea de que fortuño de liso, quien aparece como testigo en el documento de la donación a los hermanos filera92, aconsejó a Elfa de Jérica sobre cómo proceder en esta delicada cuestión económica y ocultar la identidad de los otros prestamistas. sea como fuere, no cabe duda del gran papel representado por Elfa de Jérica en la protección y defensa de los intereses de su cuñada, sevilla de luna, a lo largo de su complicado proceso de divorcio de luis Cornel. para cerrar este azaroso capítulo, Elfa debían aún realizar un último trámite, el de devolver a sevilla aquellos bienes que ella había traído consigo cuando huyó del que entonces era su marido. Así, el 24 de septiembre de 1381 hizo entrega de tales objetos y «requirió a la dita noble dona sevilia de luna que a ella dezise si se tenía por contenta e pagada de la dita roppa et, encara, dezise si avía adueyto ropas o cosas algunas ultra las sobreditas, [...] porque si alguna cosa l’en fallía, la dita dona Elffa dixo que era parellada fazerlo venir e adozir ante ella o de pagar [e] remandar aquello que fallise»93. de esta manera, Elfa de Jérica finiquitaba la procuración, por lo que a partir de este momento sevilla de luna volvía a recuperar el control sobre su hacienda y sus asuntos: «Et la dita noble dona Elfa de Exerica dixo a la dita dona sevilia que de allí adelant, pues havía cobrado lo suyo e lo tenía complidament, que lo recaudase bien, que d’allí adelant la dita noble dona Elfa de Exerica no le sería tenida»94. Apéndice documental 1 1381, septiembre, 19. Zaragoza. La noble Elfa de Jérica, viuda del también noble Pedro Martínez de Luna, actúa como procuradora de su cuñada, Sevilla de Luna, quien le ha pedido ayuda y protección para poder divorciarse de Luis Cornel, señor de Alfajarín. Se incluye la carta de procuración, realizada en la localidad de Morés el 27 de mayo de 1381. En tanto que tal, Elfa de Jérica dona cierto dinero y bienes a las personas que han prestado dinero a Sevilla de Luna para su divorcio. Estos prestamistas, entre los que destaca Sancho Pérez de Filera, alcaide de El Frago, son personas muy relacionadas con Elfa de Jérica. AHpnZ, sancho Martínez de la peira, protocolo de 1381, ff. 64v-75v. Que yo, dona Elffa de Exerica, muller del noble don pedro de luna, qui dios perdone, procuradera que so de la noble dona sevilia de luna, hermana del dito don pedro e muller primera del noble don pedro de Munchada, qui fue, et apres del noble don loys Cornel, constituyda con carta publica de procuracion, el tenor de la qual yes a tal: //f. 65 r.// «sepan todos como yo, la noble dona sevilia de luna, muller del noble don loys Cornel, considerant que a mi conviene començar e levar muytos e diversos pleytos con grandes personas e notables, asi ante la excelencia del sennyor rey et senblantment ante el sennyor arcevispo de Caragoça como ante otros juges, et en special entienda levar pleytos cuentra el dito noble don loys sobre la particion e divorcio que entiendo que deve seyer fecho entre el e mi por razon que yo entiendo provar que la noble dona blanca de fox, muller primera qui fue del dito noble don loys, marido mio, e yo somos en quarto grado de consanguinidat et afinidat, por la qual razon el dito noble don loys e yo devemos seyer separados et deve seyer dada et promulgada sentencia de divorcio entre nos por la santa Madre Eglesia et, senblantment, entienda mover pleyto contra el dito noble don loys //f. $6 5 ~ \nu . / /$ Cornel e demandarle el axuvar mio, el qual yo adux en el tiempo que contraye matrimonio con el et por las ditas razones a present no conversee ni ose conversar con el dito noble don loys, ante del poder e sennyorio suyo me so absentada. Et como pora demandar las cosas sobreditas e otras et levarlas a ffin devia yo aya [sic] de necessidat comendarme a alguna poderosa e noble persona, la qual se enpare de mi persona e me deffienda en mi drecho contra el dito noble don loys, et los ditos pleytos e negocios persiga e demande e aduga a fin et sentencia devida, e enpreste et bistraha todos [sic] e qualesquiere quantias de dineros que pora misiones e otras expensas cerca expedicion de los ditos feytos necesarias seran, et en el regno de Aragon no haya trobado ni trobe persona alguna qui dellas cosas sobreditas se quiera emparar ni tomar a tal carga si no es vos, la noble sennyora dona Elpha de Xerica, muller qui fuestes del noble don pedro de luna, ermano //f. $6 6 ~ r / / \mathrm { m i o }$ , la qual por razon del buen deudo que avedes con mi e por vuestra nobleza me avedes prometido deffender mi persona e enprestar o fazer enprestar e bistraer todas e qualesquiere quantias que mester avre cerca lo sobredito, et fazer levar los ditos pleytos et negocios a fin devida tro a tanto que por la santa Madre Eglesia la dita sentencia de divorcio entre el dito noble don loys e mi [será] dada e promulgada, et encara que yo aya todo aquello que de justicia devre cobrar e haver dellos bienes del dito noble don loys por las razones sobreditas, et pora perseguir aquesto yo aya necessidat fazer e constituyr mi procuradera e atorgar vos e dar bastant poder, siquiere pora sacar e ma[n]llevar quantias de dineros pora proseguir lo sobredito e pora fazer et conplir otras muchas e diversas necessidades et fechios mios en diversas manera e logares, por aquesto, de mi cierta sciencia e de mis drechos bien certificada, aconselladament, fago, ordeno e constituexco verdadera e legitima procuradera mia [a] vos, la dita noble noble sennyora dona Elfa d’Exerica, a la qual do e atorgo pleno, livre e franco poder sobre las cosas anteditas e cada una d’ellas et sobre otras qualesquiere demandas, questiones, pleytos e razones e cosas qualesquiere que a mi convengan demandar o deffender o de agora adelant convenrran e perteneceran por qualquiere manera, causa o razon, et a parecer por por mi e en mi nombre ante la excellencia e presencia del dito sennyor rey o del sennyor duch o del sennyor arcevispo de Çaragoça e sus officiales e ante el governador e Justicia de Aragon e ante otros quales quiere sennyores o juges ecclesiasticos o seglares ordinarios, delegados o subdelegados, do quiere convinientes e a demandar, //f. $6 7 ~ r / /$ dar, responder, deffender, opponer, proponer, conponer, conprometer, excebir, recebir, replicar, triplicar, pleyto o pleytos contestar, requerir et protestar, et en anima mia jurament de calumpnia e de verdat dezir e otro qualquiere linage de sagrament prestar, e dar e de la adversa part recebir et letra o letras del sennyor rey o del sennyor duch o del sennyor arcevispo de Çaragoça e sus officiales o del governador, Justicia de Aragon o de otros juge o juges inpetrar et presentar e las inpetradas por la part adversa contradezir, emparar et inpugnar, et ma[n]llenta o ma[n]llentas, prestamo o prestamos, barata o baratas, asi de dineros como de pan, vino, olio, cannyamo e otros qualesquiere bienes sacar e fazer e manlevar a cens, violario, tributo e motubel o en aquella manera que a vos, dita mi procuradera, sera visto ffazer pora proseguir e adozir a ffin devida //f. $6 7 \ \nu . / /$ los ditos pleytos e questiones e otros negocios e causas mias, e pora pagar las ditas ma[n]llenta o ma[n]llentas, prestamo o prestamos o quantias de dineros en qualquiere manera por nos, dita noble, sacadas o recebidas e sacaderas e recebideras por las ditas razones o otras qualesquiere, todos mis bienes, joyas, rentas, derechos e otros qualesquiere bienes mios e cosas por qualquiere caso, dreyto, manera o razon a mi, asi como cartas et sentencias como sines cartas e sentencias pertenecientes o pertenecer devientes e que de aqui adelant a mi se perteneceran o pertenecer podran e devran vender, enpennyar, obligar, dar e donacion fazer, cambiar, permutar o en aquella manera e forma que a vos sera visto transportar e alienar, en special o en general, con aquellas firmas, penas, condiciones e cartas publicas e otras obligaciones que demandadas //f. $6 8 r / /$ vos seran e a vos visto sera vender, dar, obligar, atorgar, camiar, transportar e alienar por mi e en nombre mio e a obligar vos por mi e en mi nombre mostrar e dar bienes mios mobles proprios desenbargados a fuero e costumpne de cort e de alffarda. Et prometo encara et me obligo e juro sobre la Cruz e los santos quatro Evangelios de dios devant de mi puestos e por mis manos corporalmente tocados que yo ni otro o otros por mi en voz o en nombre mio, paladinament ni escondida, non revocare, ni revocara, ni revocar faze la present procuracion que a vos, sennyora dona Elffa, fago, ni contrastare ni contrastar fare por algun caso, dreyto, manera o razon qualesquiere contractos e cosas que por vos, por vigor de la dita procuracion por mi a vos feyta, feytos avedes o de aqui adelant faredes, ni contra aquellos ni alguno d’ellos no inpetrare ni en- //f. $6 8 \nu . / /$ petrar fare dius virtud del dito sagrament por mi feyto del sennyor rey ni de la sennyora reyna ni del sennyor duch ni de otra qualquier persona —siquiere juge— poderosa, cartas o rescriptos cuentra las sobreditas cosas o alguna d’ellas, por las quales cosas por vos por vigor de la present procuracion que a vos fago en pudiessen menos valer et retractadas seer a las quales cartas, siquiere letras o privilegios ganados o por ganas, encara que sian atorgados por propio movimiento de los ditos sennyores o de alguno d’ellos por si en ffavor mia agora por la ora renuncio et, encara, do a vos sobre las ditas cosas e cada una d’ellas e las dependientes e emergentes d’ellas et de qualquier d’ellas pleno poder de substituyr otro o otros procurador o procuradores dius vos et aquel o aquellos revocar con razon o sines //f. $6 9 r / /$ et los negocios en vos resumir, protestar et requerir et, generalmente, fer, dir e procurar en las ditas cosas e cada una d’ellas e cerca de aquellas e cada una d’ellas todas e cada unas otras cosas que buena e verdadera procuradera puede e debe fazer e que yo faria et fer podria si personalment present fuesse e encara que sian e fuesen tales que de su natura mandamiento requieran special et sines de los quales meritos de los negocios buenament no se podiessen desenbargar, prometient agora e a todos tiempos aver por firme e seguro qualquiere cosa que por vos, dita sennyora dona Elffa d’Exerica, procuradera mia, o por el substituydo o substituydos vuestros en las ditas cosas e cerca de aquellas e cada una d’ellas e dependientes e emergentes de aquellos sera vendido, dado, obligado, atorgado, transportado, //f. $6 9 \nu . / /$ enpennyado, camiado, pronunciado, alienado, feyto, dito e procurado en qualquiere manera de part de suso specificada e declarada, bien asi como si por mi misma fuesse vendido, dado, obligado, atorgado, transportado, enpennyado, camiado, pronunciado, permutado, alienado, feyto, dito e procurado. Et prometo estar a dreyto e pagar la cosa jutgada con todas sus clausulas dius obligacion de todos mis bienes mobles e sedientes, havidos e por haver, en todo lugar. ffeyto fue aquesto en el castiello de Mores a vint e siet dias de mayo anno a nativitate domini millesimo $\mathbf { C C C } ^ { \mathbf { o } }$ octuagesimo primo. presentes testimonios fueron a aquesto Martin duarrez, honbre de per de linnyan, alcayde de Mores, e domingo del Cano, habitant en el dito lugar de Mores. (signo final) sig (signo) no de mi, garcia de oros, habitant en torrijo, notario publico por actoridat real en todo el regno de Aragon, qui aquesto screvir fiz. (signo final)» //ff. $7 0 ~ r$ y $7 0 \nu .$ en blanco// //f. $7 l \ r / /$ Attendient e considerant que yo, dita dona Elfa de Exerica, como procuradora antedita, aya \e he/ sustenido \e sustienga/ muytos enbargos, enueyos, peryglos, afruentas e dannyos et, encara, feyto e sustenido muytas e diversas costas, misiones e expensas en prosecucion de feytos e negocios proprios de la dita noble dona sevilia, de qui so procuradera, et especialment [tachado: pro] \en la/ prosecucion del divorcio e separacion que se fizo del matrimonio de la dita dona sevilia e del \dito/ noble don loys Cornel \e por diversas questiones e contractos [?] de la dita noble/ et en otras muytas maneras por las quales razones e prosecuciones de los ditos feytos e pora complir, [tachado: e] suportar, \satisfer e emendar/ las ditas misiones, costas e expensas \me/ aya convenido [tachado: a mi, dita dona Elfa] en el nompne procuratorio sobredito [tachado: ffazer] haver e sacar muyt grandes quantias \de dineros/ e fazer diversas manlieutas et deudos de diversas personas \e crehudores/ et especialment de vos, sancho perez de fillera, escudero, alcayt d’El frago, qui pora prosecucion de los ditos feytos \e negocios e sustentacion de las ditas costas, missiones e expensas/ me havedes prestado e manlevado grosament [sic] de lo vuestro \e entrado principal pagador de aquellos,/ et encara porque vos havedes preferido e prometido a mi de fazer contentos e pagados a Martin sanchez de fillera, \hermano vuestro,/ e a otros credores, de los quales asi mismo por la dita razon me convenio en el antedito //f. 71 r.// nompne manlevar, et porque la dita noble dona sevilia ni yo, dita procuradera, no [tachado: ayamos] \avemos/ otros bienes a present por las ditas manlieutas [tachado: pa] et deudos pagar \et encara porque/ vos, dito sancho perez, e los otros crehedores que lo vuestro havedes enprestado en la dita noble dona sevilia ni en mi, dita dona Elfa de Exerica, procuradora antedita, non siades ni finquedes decebidos $\cup /$ [tachado: ni] engannyados, [tachado: nos] de voluntat del dito Martin sanchez de fillera e de los otros crehedores, vos, dito sancho perez de fillera, e yo, dita dona Elffa de Exerica, en el nompne procuratorio sobredito, nos ayamos composado e avenido del inffrascripto [tachado: tracto] —siquiere present- tracto e contracto. por aquesto, en el nompne procuratorio sobredito e por el poder en la dita procuracion a mi dado de todas las anteditas cosas e del dreyto de la dita \noble/ dona sevilia \de luna,/ de qui so procuradera, plenament informada e certificada, \de scierta sciencia e con agradable sciencia [?], non forçada, sedueita ni engannyada/ con aquesta present publica carta a todos tiempos firme et valedera e en alguna cosa non revocadera do, cedo e ffago cesion e donacion pura perffecta e irrevocable entre vivos fran[ca] //f. $7 2 ~ r / /$ a vos, dito sancho perez de fillera, escudero, alcayt d’El frago, en e por paga, \emienda, entuerta [?]/ e satisfacion de las quantias por vos e por el dito Martin sanchez de fillera e los otros crehedores pora prosecucion de los feytos de la sobredita dona sevilia, de qui so procuradera, segunt yes dito, \en/prestadas, a saber yes, de aquellos cinqanta mill solidos jaqueses qu’el dito noble don loys Cornel yes condempnado e debe dar a la dita dona sevilia segunt paresce por sentencia del honrrado don domingo Cerdan, Justicia d’Aragon, e de su lugartenient que fue dada en Çaragoça dia miercoles a setze dias del mes de setienbre anno a nativitate domini millesimo trecentesimo septuagesimo septimo signada por Ramon de sant per, notario publico de la çiudat de Çaragooça, escrivano de la cort del dito Justicia, et del siello del dito Justicia en pendient sellada, et de aquellos vint e seys mill [tachado: solidos] \et/ huycientos solidos jaqueses qu’el dito noble don loys Cornel yes condempnado \e debe/ dar a la dita noble dona sevilia por sentencia arbitraria [tachado: dada por los honrrados don fortunyo de liso, savio en dreyto, ciudadano de la ciudat de Çaragoça, e don bernart porquet, savio en //f. $7 2 \ \nu . / /$ dreyto, vezino de la villa de Monçon, arbitros entre la dita dona sevilia de la una part e el dito don loys Cornel de la otra, [tachado: la qual sentencia fue] dada en Çaragoça dia sabado quatorze dias del mes de setienbre anno a nativitate domini millesimo $\mathbf { C C C ^ { o } }$ octuagesimo primo, recebida e testificada por vicient d’Aziron, notario publico de la çiudat de Caragoça, e de los honrrados los jurados de aquella e por auctoridat del sennyor rey por todo el regno de Aragon, et de si de todos e cada unos otros bienes mobles e sedientes que la dita noble dona sevilia, de qui so procuradera, ha et haver debe et a ella se convienen e pertenescen, a saber yes, los bienes mobles, dineros, vaxiella de oro, de plata, joyas, arneses e todos et cada unos otros bienes mobles que mobles pueden seer ditos e en qualquiere manera nopnados et los bienes sedientes, villas, castiellos, lugares, posesiones e heredades e todos e cada unos otros bienes sedientes que bienes sedientes pueden seer ditos e en qualquiere manera nompnados, bien como si aqui fuesen contenidos e por dos, tres o mas afrontaciones limitados e confrontados, las quales quantias de dineros de la //f. $7 3 \ r / /$ part de suso contenidas e expresadas e a la dita dona sevilia, de qui so procuradera, por vigor de las ditas sentencias pertenescientes et, encara, todos los otros bienes mobles e seyentes que la dita noble dona sevilia ha e haver debe e a ella se convienen e pertenescen e cada unos d’ellos e e por satisfacion et paga de las quantias asi por vos, dito sancho perez de fillera, como por el dito Martin sanchez de fillera e otras qualesquiere personas por la antedita razon a mi, dita procuradera, en e pora prosecucion de los feytos e negocios $\backslash \mathrm { e }$ otros qualesquiere/ de la dita dona sevilia, segunt yes dito, a mi prestadas e manlevadas, do, cedo e ffago cesion e donacion a vos, dito sancho perez, e a los vuestros e ad aquellos qui d’aqui adelant queredes salvos, franchos, quitos e seguros con todos sus dreytos, pertinencias e milloramientos que han e haver pueden e deven e aquellos e cada unos d’ellos convenir e pertenesc[e]r solidos [?] podra e devra en qualquiere manera. Et del poder, dreyto, posesion e sennyorio de la dita dona sevilia, de qui so procuradera, et de los suyos, las ditas quantias e bienes e cada unos d’ellos e d’ellas geto e saco, et en el poder //f. $7 3 \ \nu . / /$ dreyto, posesion e sennyorio vuestro e de los vuestros e de aquellos qui d’aqui adelant querredes, los quales juso [sic] e mudo tenient poderoso sennyor ydoneo e verdadero posedidor, vos end fago e constituezco e en corporal posesion vos end meto e constituezco con titol de aquesta present publica carta de donacion a todos tiempos valedera e en alguna cosa non revocadera. ond, por aquesto, en el nompne procuratorio sobredito quiero, atorgo expresament consiento que vos, dito sancho perez de fillera, e los vuestros et qui vos querredes, las sobreditas quantias de suso especificadas e todos los otros bienes mobles e sedientes que la dita dona sevilia ha e haver deve e a ella se convienen e pertenescen segunt dito yes en e por las razones anteditas e cada una d’ellas ayades, posidades e espleytedes pascificament e en paç et los ayades pora dar, ver, enpennyar, feriar, camiar, permutar et en otra qualquiere manera alienar et por fer de aquellos e de cada uno d’ellos a todas vuestras e de los vuestros proprias voluntades, asi como de quantias bienes e cosa vuestra propria segunt que millor, mas sanament e proveytoso puede e deve //f. 73 bis $r / /$ seer, dito escripto dictado, pensado et entendido a todo proveyto, bien, milloramiento e salvamiento e buen entendimiento vuestro e de los vuestros, toda contrariedat cesant, dant e atorgant a vos e a los vuestros e ad aquellos qui d’aqui adelant querredes en e sobre las ditas cosas e cada unas d’ellas todo el dreyto, poder e lugar que la dita noble dona sevilia, de qui so procuradera, ha \e haver puede e debe/ et todas sus vozes, razones, acciones, questiones, peticiones e demandas civiles e criminales, reales e personales, utiles, directas e mixtas, tacitas e expresas, ordinarias e extraordinarias, de los quales e de las quales podades usar e exprehir [?] en judicio e fuera de judicio [tachado: susve] substituyer ende a vos, sennyor \poderoso/ e procurador, pora ante qualquiere juge ecclesiastico o seglar et que ayades poder de demandar, responder, defender, excebir, convenir, conponer, comprometer, protestar e requerir albaranes e sines absoluciones et difiniciones de lo sobredito fazer, et generalment de fer en lo sobredito e cerca de aquello todos e cada unas otras cosas que verdadero sennyor en cosa suya propria e bastant procurador legitimament a senblantes cosas sub- //f. 73 bis $\nu \mathcal { / / }$ stituyr puede e deve fer, et que la dita noble dona sevilia et yo, dita [tachado: dona] procuradera en nompne d’ella, fariamos e fer podriamos ante de la present cesion e donacion si personalment presentes fuesemos, prometient en el nompne procuratorio antedito haver por firme e valedero e seguro agora e a todos tiempos quequiere que por vos, dito sancho perez de fillera, e los vuestros e aquellos qui vos d’aqui adelant querredes en las sobreditas cosas e cerca de aquellas sera demandado, repuesto, defendido, convenido, componido, comprometido, [tachado: obi] atorgado, absolvido, difinido, feyto, dito e procurado, bien asi como si por la dita noble dona sevilia o por mi, dita procuradera, en nompne d’ella ante de la present cesion e donacion fuese demandado, repuesto, defendido, convenido, componido, comprometido, atorgado, absuelto, difinido, feyto, dito, e procurado dius obligacion de todos los bienes de la dita dona sevilia de luna, de qui so procuradera, mobles et sedientes, havidos e por haver en todo lugar. Et en el nompne procuratorio sobredito, renuncio ad aquella ley o dreyto dizient que beneficios e donaciones por ingratitut se pueden revocar, e a dia de acuerdo e diez dias pora cartas de- //f. $7 4 ~ r / /$ mandar. Et a mayor firmeza e seguridat de vos, dito sancho perez de fillera e de los vuestros [tachado: do] en el nompne procuratorio antedito do a vos fiança de salbo segunt fuero \de Aragon/ de la dita donacion, es a saber, a Aznar de logran, escudero, abitant en la villa de Exea, qui present yes. Et yo, dito Aznar de logran, escudero, abitant en la dita villa de Exea, tal fiança de salbo segunt fuero de la dita donacion, segunt yes dito, me obligo e establezco seer dius obligacion de todos mis bienes mobles e seyentes, havidos e por haver, en todo lugar. Et yo, dita dona Elfa de Exerica, en el nompne procuratorio antedito quiero, atorgo e do poder al notario dius escripto que la sobredita donacion faga e ordene [tachado: assi] una e muytas vegadas a firmeza e seguridat e proveyto de vos, dito sancho perez de fillera, e de los vuestros \e de aquellos qui vos querredes e ordenaredes d’aqui avant/ tan bastant e tan complidament como vos trobaredes de consello de savios que se deva fazer e ordenar. ffeyto fue esto en Çaragoça dezenueu dias de setiembre anno a nativitate domini millesimo [tachado: $\mathbf { C C C } ^ { \mathbf { o } }$ treces] trecentesimo octagesimo primo. testimonios son d’esto don fortunyo de liso, savio en dreyto, et don domenge de tarba, ciudadanos de la dita ciudat. (signo final) //f. $7 4 \nu .$ en blanco// //f. $7 5 ~ r / /$ Attendient que yo, asi como procuradera de la dita noble, aya sustenido e feyto muytas e diversas misiones en prosecucion de los feytos e negocios que se son entreveydos entre la dita dona sevilia \de una part/ e el noble don loys Cornel, \marido qui la ora era de la dita dona sevilia/ de la otra e por la dita razon me aya convenido manlevar e vos, sancho perez de fillera, escudero, alcayt del frago, \e de otras personas/ me ayades prestado de lo vuestro por prosecucion de los ditos negocios muytas e diversas quantias et a present \no aya otros/ bienes algunos de la dita dona sevilia pora pagar las ditas quantias por vos a mi por la dita razon prestadas, por aquesto de las sobreditas cosas [tachado: certificada] e del dreyto de la sobredita dona sevilia, de qui so procuradera, [tachado: bien] certifico plenament con aquesta present publica carta a todos tiempos valedera e en alguna cosa non revocadera, en satisfacion de las sobreditas quantias, do todo et fago cesion e donacion pura e perfecta e yrrevocable [tachado: donacion] entre vivos feyta a vos, dito sancho perez de fillera, [tachado: escudero, de todos e cada unos bienes mobles] es a saber, de aquellos cinquanta mill sueldos jaqueses qu’el dito noble don loys Cornel yes condepnado e deve dar a la dita dona sevilia segunt paresce por sentencia del honrrado don domingo Cerdan, cavallero, consellero del senyor rey e Justicia d’Aragon, [tachado: feyta que fue dada en la ciudat de Çaragoça] o su lugartenient dada en Çaragoça dia miercoles a xvi dias del mes de //f. $7 5 \nu . / /$ setiembre anno a nativitate domini $\mathbf { M } ^ { 0 } \mathbf { \Lambda } _ { \mathbf { C } } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { \Lambda } _ { \mathbf { L X X } } ^ { \mathbf { o } } ,$ septimo, signada por Ramon de santper, notario publico de la ciudat de Caragoça, scrivano de la cort del dito Justicia, con siello de su cort inpendiente tal condicion que vos paguedes a vos mismo e a Martin sanchez de fillera, hermano vuestro, e a las otras personas. Et de aquellos xxvi [tachado: sueldos jaqueses] $\mathrm { \backslash m i l / }$ e huycientos sueldos jaqueses qu’el dito noble don loys Cornel yes condepnado dar por sentencia arbitraria dada por don fortunyo de liso e bernart porquet, savios en dreyto, arbitros entre la dita dona sevilia e el dito don loys, la qual fue dada en Caragoça \dia sabado a/ xiiii dias del \mes de/ setiembre anno a nativitate domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C C C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { L X X X } ^ { \mathbf { o } }$ primo recibida por vicient d’Aziron, notario publico de la ciudat de Caragoça, de los honrrados los jurados de aquella e por auctoridat del senyor rey por todo el Regno d’Aragon, et de si de todos e cada unos otros bienes mobles e sedientes que la dita noble dona [tachado: seh] sevilia ha e aver debe [e] a ella se convienen e pertenescen, a saber yes, los bienes mobles, dineros, vaxiella de oro, de plata, joyas, arneses, etc. et los bienes sedientes, villas, castiellos, etc. Et que sia feyta e ordenada bastant e perfecta a consello de savios etc. Et do a vos fiança de salbo de la dita donacion segunt fuero a Aznar de logran, escudero, qui present yes. Et yo, dito Aznar de logran, escudero, abitant en Exea, tal fiança de salbo segunt fuero de la dita donacion me atorgo. Actum dezenueu dias de setiembre anno lxxxº primo. testimonios: don fortunnyo de liso e don domenge de tarba. 2 1381, septiembre, 24. Zaragoza. Elfa de Jérica devuelve a Sevilla de Luna los bienes que ésta trajo consigo cuando le solicitó su protección y ayuda. AHpnZ, sancho Martínez de la peira, protocolo de 1381, ff. 76r-77r. (calderón) seppan todos que anno a nativitate domini millesimo $\mathrm { c c c } ^ { \mathbf { o } } \mathrm { L X X X } ^ { \mathbf { o } }$ primo dia martes xxiiiiº dias de setienbre en la ciudat de Caragoça, presentes mi, notario, e los testimonios dius scriptos, la noble dona Elfa de Exerica, muller del noble don pedro de luna, qui dios perdona [sic], propuso e dixo que como la noble dona sevilia de luna, hermana del dito don pedro, qui present era, haviese adueyto [tachado: a casa] \a poder/ de la dita dona \Elfa de Exerica/ algunas ropas, son a saber seys cofres grandes encorados e ferrados, dos cofretes chicos encorados e ferrados, hun cofret blanco de la capiella a senyales de lunas e cornellas, una caxa de baret [?] con forcillas e cuerdas al darredor \cerrados con sus claus,/ una cotedra [?] plena de pluma, hun almadrach e hun travesero de listas d’armas reales, otro almadrach de la una part de listas d’armas reales e de la otra part de listas cardenas e blancas, cinco literas [tachado: con] et la \una/ de aquellas yes blanca e cardena, hun cobertor vermello ferrado [sic] de verde, hun travesero viello blanco, hun otro cobertor de tafatan listado, las oriellas amariellas, ferrado de verde, otro cobertor de lienço listado blanco //f. $7 6 \nu . / / \mathrm { e }$ cardeno —el enbieso cardeno-, hun travesero viello de figuras, dos coxines de vellut leonado, dos bancales verdes estreytos, dos rancales cardenos d’azenblas, \dos traveseros e hun medio vermellos d’azenblas,/ hun tapet viello e chico, item hun guadamacin forrado cardeno, hun bancal verde, otro bancal vermello [tachado: chico] que dizen que devia tornar a don loys, una cuenta grant d’arambre, et dos bacines d’allaton, dos coxines blancos de lienço, tres banoas, otra vanova grossa rota, hun mortero de piedra, hun satine [?] de lienço ligado, hun ffreno mular de duennya. Et las ditas cosas como son de la part de suso specificadas, la dita \noble/ dona Elffa aviese livrado e de feyto present mi, dito notario, e los testimonios dius escriptos livrase a la dita \noble/ dona sevilia. por esto la dita \noble/ dona [tachado: sevilia] Elfa de Exerica dixo que requeria e requirio a la dita \noble/ dona sevilia \de luna que a ella dezise/ [tachado: que ella] si se se [sic] tenia por contenta e pagada de la dita roppa et, encara, dezise si [tachado: la dita dona sevilia se pl] avia adueyto ropas o cosas otras algunas ultra las sobreditas [tachado: en casa] \en poder/ de la dita \noble/ dona Elfa \de Exerica/ porque si alguna cosa l’en fallia, la dita dona Elffa \dixo que/ era parellada fazerlo venir e adozir \ante ella/ o de pagar, remendar aquello que fallise //f. $7 7 \ : r \mathcal { M }$ a voluntat de la dita \noble/ dona sevilia \de luna/. Et la dita \noble/ dona sevilia de luna, qui todas las cosas sobreditas e cada unas d’ellas tenia ante si en la eglesia de sant Johan del puent de la dita ciudat, dixo que tenia e tiso por contenta e pagada de las roppas e cosas sobreditas e de cada unas d’ellas et que otras cosas no y havia ella adueyto a casa ni a poder de la dita \noble/ dona Elfa \de Exerica/ sino las sobreditas [tachado: de las quales] \roppas e cosas de las quales dixo que/ se tenia e tiso por contenta e pagada. Et la dita \noble/ dona Elfa de Exerica dixo a la dita dona sevilia que de alli adelant, pues havia cobrado lo suyo e lo tenia complidament, que lo recaudase bien, que d’alli adelant [tachado: la dita] la dita \noble/ dona Elfa \de Exerica/ no le seria tenida e requirio a mi, notario, que de aquesto le fizies carta publica. ffeyto fue esto en Caragoça el dia e anyo sobreditos. presentes testimoniales: thomas de bolea, çapatero, e domingo de loscos, cuytillero, vezino de la dita ciudat. 3. Sine data. Zaragoza. El lugarteniente del Justicia de Aragón decide que las joyas y coronas pertenecientes a la noble Sevilla de Luna serán custodiadas por Catalina del Hospital, viuda del ciudadano zaragozano Domingo Palomar. El motivo del embargo de las joyas radica en el dinero que la noble debe al notario Domingo Sancho de Monterde. AHpZ, sancho Martínez de la peira, protocolo de 1381, documento suelto inserto entre ff. 76 y 77. [lac.] por mandamiento de don Johan Aldeguer, ciudadano de la ciudat de Caragoça, tenientlugar por el hondrado e circunscripto varon don domingo Cerdan, consellero del sennyor rey e Justicia de Aragon, e a instancia de domingo sancho de Monterde, notario, sian emparadas en poder de dona Caterina del Espital, muller de don domingo palomar, que fue, todas aquellas coronas de oro e de argent con piedras preciosas e otras joyas e bienes que ella tienga en su poder \o otras personas por ella en nombre d’ella/ de la noble dona sevilia de luna, muller del noble don loys Cornel, sennyor de Alfajarin, por qualquiere caso, manera o razon entro a complimiento de $\mathbf { V } ^ { \mathbf { o } }$ mil sueldos en los quales la dita noble dona sevilia es tenida al dito notario por raçon de algunos contractos qu’el dito notario testifico por ella, demandando el dito notario qu’el present emparamiento sia notificado a la dita dona Caterina del Espital, que las ditas coronas, joyas e bienes tienga emparadas e aquellas no livre alguna persona sines de mandamiento del dito Justicia.
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La occidentalización de los Siete sabios de Roma y su difusión peninsular: el ejemplo de Virgilius
LA OCCIDENTALIZACIÓN DE LOS SIETE SABIOS DE ROMA Y SU DIFUSIÓN PENINSULAR: EL EJEMPLO DE VIRGILIUS. WESTERN CHANGES IN THE SEVEN SAGES OF ROME AND ITS PENINSULAR SPREADING: THE VIRGILIUS’ SAMPLE. Nuria Ara nda Ga rcía Universidad de Zaragoza. Resumen: El Sendebar, nombre genérico con el que se conoce a una colección de cuentos de origen oriental, gozó de gran difusión durante el periodo medieval. Tras la escisión en dos ramas, la oriental Sendebar y la occidental Siete sabios de Roma, la obra penetrará en la Península a partir de versiones de esta última, donde será objeto de traducciones al castellano que evidencian una serie de cambios orientados a la adaptación de la colección a un ideario medieval más puramente occidental y la versatilidad de la estructura narrativa. El análisis en última instancia del cuento Virgilius constituye el ejemplo más representativo de este proceso y una clave más de su éxito en el tiempo. Palabras clave: Sendebar, Siete sabios de Roma, difusión, traducciones castellanas, Virgilius. Abstract: Sendebar is the common name given to a framed collection of tales which knew a great spreading during Medieval Times. After splitting in two main branches, the Eastern Sendebar and the Western Seven sages of Rome, some versions of the latter entered in the Iberian Peninsula and went through Castilian translations. Nevertheless, these new forms show some changes that remark the adaptation to a very European Western ideology and the flexible narrative structure. The study of the tale Virgilius is, finally, the most representative outcoming of this procedure and another success key through time. Key words: Sendebar, Seven sages of Rome, spreading, Castilian translations, Virgilius. Nuria Aranda García 1. Introducción \*. El interés por la cuentística de origen oriental en Europa resurge a finales del siglo xviii fruto de la preocupación por sacar a la luz este tipo de colecciones de cuentos para presentarlas al público de la época, hecho que conducirá a su progresiva recuperación. Sin embargo, para encontrar una cierta atención por parte de los investigadores y la aparición de los primeros estudios críticos será necesario esperar, irremediablemente, hasta finales del siglo xix y principios del siglo xx, momento en el que se intensifican las investigaciones y se profundiza en las distintas versiones derivadas de sus ramas de transmisión. La anónima Historia de los siete sabios de Roma, como colección con estos orígenes, es una muestra más de ese complejo proceso de difusión que sufrieron muchas obras gestadas en la Edad Media o que conocieron gran éxito durante este periodo. Surgida como colección en Oriente entorno al siglo ix, conoció múltiples variantes y traducciones, ya fuese en lengua latina o en vernáculas europeas, fundamentalmente gracias a la versatilidad que garantizaba una obra de autoría anónima que podía prestarse a lecturas e interpretaciones muy variadas. En la Península Ibérica, gracias a las particulares circunstancias históricas, la obra fue conocida a través de versiones tanto en su rama oriental, como en su rama occidental. Como resultado de ello en última instancia, la colección supo introducirse en el selecto grupo de obras medievales que dio el salto a la imprenta, primero como incunable en el siglo xv y posteriormente como texto impreso, haciéndose un hueco en el mercado editorial renacentista y en el mercado literario español durante cuatro siglos. El objetivo de este trabajo, por tanto, no es otro sino ofrecer un panorama sobre la vida medieval peninsular de esta obra mediante una aproximación a su historia, a su presencia en la Península y al proceso de occidentalización que vivió, y que cuenta entre sus ejemplos más representativos el caso de Virgilius, una de las narraciones insertas más populares de la colección y que sintetiza parte del imaginario medieval occidental. 2. Una aproximación a la historia del Sendebar: los orígenes de la colección. Los Siete sabios de Roma1 se remontan en sus orígenes al Sendebar, título genérico con el que se conoce a una colección de cuentos gestada inicialmente en Oriente y que conoció una gran difusión en Europa durante el periodo medieval, llegando a superar esa barrera temporal. Pese a su arduo recorrido a través del tiempo y a los cambios propios de un complejo proceso de transmisión, el argumento y la estructura de la obra se mantienen más o menos intactos en la mayoría de las versiones conservadas: un emperador deseoso de tener un hijo consigue finalmente su propósito y lo entrega al cuidado de unos sabios, cuyo número varía en función de los distintos testimonios de la historia, para que se ocupen de darle una educación digna de un buen futuro soberano. La emperatriz fallece y el rey vuelve a contraer matrimonio con una nueva mujer que le pide que traiga al príncipe de vuelta. Antes del retorno, los sabios consultan los astros y descubren que el infante deberá permanecer siete días sin pronunciar palabra para poder salvar la vida. La madrastra, aprovechando el silencio del joven príncipe, finge que este la ha intentado forzar y convence al emperador para que condene a su propio hijo a muerte. A partir de este momento comenzará un intercambio dialéctico de historias entre la madrastra y los siete sabios a lo largo de los siete días, a través del cual la emperatriz intentará conseguir que el infante muera antes del plazo previsto, mientras que los sabios intentarán convencer al emperador de la maldad de las mujeres. Finalmente, el tiempo se agota y el infante consigue defender su propia postura narrando a su vez una serie de historias, al final de las cuales la madrastra será condenada a muerte. Desde el punto de vista genérico y estructural, el Sendebar pertenece a las colecciones de cuentos conocidas con el nombre común de novela-marco, composiciones que se articulan en torno a un doble diseño narrativo que implica, a su vez, una doble vertiente: un relato-marco que aporta el nombre al gé- nero y se configura como la historia general, y un argumento que llama de alguna manera a la inserción de una serie de historias que interrumpen el decurso narrativo y que son narradas por personajes pertenecientes al relato principal. Es el propio hilo argumental el que proporciona las herramientas fundamentales para favorecer esa inserción de narraciones secundarias en una posición definida, y el que cierra el desarrollo general del relato mediante una conclusión general (Lacarra, 1979: 50-51). En este tipo de composiciones es la unión del marco narrativo y las narraciones insertas la que configura el sentido completo de la colección de cuentos, por lo que, a pesar de que las narraciones insertas puedan conocer una vida independiente de su marco y garanticen cierta flexibilidad, mientras se encuentren como parte integrante de un relato principal adquirirán un significado específico al servicio de la historia. La mayor o menor fuerza unificadora que ejerza la historia principal sobre los relatos insertos y la mayor o menor subordinación de estos marcará distintos tipos de novela-marco, siendo el Sendebar uno de los ejemplos más perfectos, pues las narraciones condicionan en todo momento las decisiones que toman los personajes (Jaunzems, 1978: 45). 2. El complicado proceso de transmisión del Sendebar dio lugar a la escisión en dos ramas principales, la rama oriental y occidental, distinción establecida por la crítica decimonónica. La primera de ellas, de origen oriental, será conocida bajo la denominación Sendebar, nombre que recibe el filósofo y sabio en torno al cual gira la educación del príncipe protagonista. De esta vertiente, cuyos orígenes todavía no han podido ser esclarecidos,3 conservamos ocho versiones, incluida una en castellano, que se remontarían en última instancia a una versión perdida redactada en árabe entre los siglos viii y x. Esta traducción castellana fue llevada a cabo en el siglo xiii en el contexto de la Castilla alfonsí de la mano de don Fadrique, hermano de Alfonso X, bajo el título de Libro de los engaños¸ la única traducción conocida en España perteneciente al ciclo oriental y la primera realizada en lengua romance.4 El infante don Fadrique, como ordenante de la traducción, contó como punto de partida con una versión árabe del texto, actualmente desconocida, y llevó a cabo la traslación en $1 2 5 3 ^ { 5 }$ en el ambiente cultural de una Sevilla que había sido reconquistada durante el reinado del Santo Monarca. La traducción en sí no deja de ser algo defectuosa si la comparamos las salidas del taller alfonsí, amparado por la tradición previa de la Escuela de Traductores de Toledo y por un atento trabajo de supervisión lingüística. La versión castellana del Sendebar que conservamos no muestra ese cuidado, aunque no se deberían dejar de lado las posibles deturpaciones y contaminaciones de los copistas (Lacarra, 1989: 20-21). Pese a tratarse de una colección de cuentos, erróneo sería pensar que nos encontramos ante una obra de carácter infantil o juvenil. Obras de similares características que se tradujeron en la época fueron consideradas como guías de conducta y recopilaciones sapienciales especialmente dirigidas hacia las clases dirigentes, de ahí que a menudo fuesen comisionadas por reyes o gente perteneciente a la nobleza. Este didactismo y el carácter persuasivo favorecieron que en muchas ocasiones muchos de los cuentos se difundiesen y se popularizasen de forma aislada o como parte de ejemplarios más elaborados. Taravacci (2003: 30), en este caso, considera al Sendebar oriental como «una testimonianza della complessità sostanziale e delle potenzialità dell’exemplum nella Spagna del secolo xiii». El marco narrativo de la obra gira en torno a la educación del joven príncipe, y su desarrollo supone un entronque de motivos folclóricos y mitológicos vinculados estrechamente con los ritos de iniciación del héroe, como la predicción de horóscopo antes o después del nacimiento o la esterilidad prolongada (Rank, 1981: 79), y aglutina también rasgos típicos de la educación india como la relación individual entre maestro y discípulo. La finalidad última del infante protagonista sería adquirir los conocimientos necesarios de su maestro para penetrar en el mundo de los adultos y ocupar la posición que le corresponde de acuerdo con su condición social.6 Esto sería extrapolable a la Castilla del siglo xiii, donde la traducción entroncaría con la preocupación por la educación de los futuros soberanos surgida sobre todo durante el periodo carolingio, pues Carlomagno fue considerado como el prototipo de príncipe perfecto. España se convertirá en pionera en la traducción de este tipo de tratadística de origen oriental a lenguas modernas y el Sendebar, por tanto, se vinculará con el género de los Specula Principis o guías para la formación del perfecto soberano (Lacarra, 1979: 35-36). Tal y como es perceptible en el argumento de la obra y en algunos cuentos de la colección, los monarcas en el periodo de su difusión, y en especial a partir de Fernando III, se rodearán de sabios que actuarán como consejeros polí- ticos y morales que intentarán transmitir sus saberes y conseguir que muestren las cualidades exigibles en el soberano perfecto, esto es, la mesura y la justicia frente a la saña y la precipitación, opuestos que mueven también al rey protagonista. El objetivo último no sería otro sino crear un modelo perfecto en el que los súbditos puedan verse reflejados. En torno a la transmisión del saber giraría también la labor traductora desempeñada por el infante don Fadrique con el Sendebar. Esta tendría como protagonista la imagen del libro, centro de las culturas cristiana, judía y musulmana, considerado una de los caminos hacia la inmortalidad y vehículo de conocimiento por dotar de fama a aquellos que lo promueven (Lacarra, 1979: 101-106). El deseo último de don Fadrique habría sido alcanzar esa inmortalidad, labrarse un camino hacia la fama y consolidar su prestigio cultural y social a través de la escritura como vehículo hacia la vida eterna, ligando su nombre a la idea de saber y el conocimiento (Taravacci, 2003: 11).7. Por otro lado, el contenido misógino, visible en el conjunto de la obra, ha sido el aspecto que más ha llamado la atención de la crítica, hasta el punto de eclipsar las líneas anteriores, y queda reflejado en el título que se le dio a la traducción castellana: Libro de los engaños e los assayamientos de las mujeres. En el siglo xiii hubo tendencia a degradar la figura de la mujer y a mostrarla como personaje engañoso, no solo en la cuentística oriental, sino también en la tratadística moral occidental mediante argumentos tomados de Aristóteles, algo deturpados, explicaciones fisiológicas como la teoría de los humores o argumentos de los Padres de la Iglesia (Lacarra, 1986: 347-350). El prototipo femenino que aparece en el Sendebar se corresponde con el tipo preferido de los relatos misóginos, «esposa infiel» o adúltera frustrada, ejemplificada en la madrastra del infante y en las mujeres que aparecen en las narraciones de los consejeros (Lacarra, 1986: 339-340). Estas mujeres, que no dudarán en idear cualquier artificio para burlar al marido y salir airosas de cualquier situación de adulterio, tendrán como contraposición dentro del relato a la esposa casta con condición de madre, por su analogía con la Virgen María, quien se librará del tratamiento misógino por ser perpetuadora de la estirpe masculina (Vilchis, 2004: 47-48).8. La misoginia, por lo tanto, no tendría un papel predominante. Su función dentro de la colección estaría supeditada a la educación de los gobernantes y a la adquisición del estatus de sabio. Para ser el soberano perfecto es necesario alejarse de cualquier contacto con las mujeres en el plano espiritual y físico. El carácter misógino no estaría tanto en los cuentos, fiel reflejo de la esposa adúltera, sino en el objetivo de los consejeros de desacreditar a la mujer y convertir al rey en un buen soberano sabio, justo y prudente (Lacarra, 1986: 347). La finalidad última del Sendebar sería ilustrar los peligros que puede correr un soberano cuando pierde de vista la verdadera sabiduría, se deja condicionar por la opinión de una mujer y sucumbe a la prisa y a las decisiones precipitadas. Sería una llamada de atención hacia los soberanos y los nobles sobre los riesgos a los que se enfrenta quien ostenta una posición en el poder y el gobierno de un reino. Igualmente, como traducción de una colección de cuentos de origen oriental con el árabe como lengua de partida no deja de constituir un hecho anecdótico. Este tipo de cuentística, conjuntamente con los tratados ético-morales con la misma procedencia, se introducirá en Europa de forma mayoritaria en latín, como se verá a continuación. 3. La Historia de los siete sabios de Roma y su contexto de recepción en la Península. La rama occidental de transmisión del ciclo surge en el momento en el que la colección de cuentos comienza su propagación por Europa. Su importancia indiscutiblemente es mayor que la de su homóloga oriental, ya sea por el número de familias derivadas del ciclo, ya por su pervivencia a lo largo del tiempo. Se desconocen todavía las circunstancias que pudieron haber propiciado el paso de la colección a Occidente para conformar este último ciclo, se considera que la primera versión ya propiamente occidental habría circulado por Europa en fechas no posteriores a 1150 y en una lengua que muy probablemente habría sido el latín o el francés (Campbell, 1975: xviii), aunque permanece en la oscuridad la versión oriental que pudo haber servido de modelo y punto de partida.9 Sobre los agentes que propiciaron la transmisión también existen conjeturas,10 pero el papel decisivo recayó indudablemente en la transmisión oral, que sería independiente de las diversas redacciones del texto, ya que la mayor parte del material que dio lugar a la reelaboración en Occidente circulaba previamente en Europa a través de la oralidad. La flexibilidad de la estructura narrativa habría propiciado la no coincidencia de la mayor parte de los cuentos entre ambos ciclos e incluso los cambios de posición en los narradores.11. Para encontrar traducciones castellanas de versiones occidentales del ciclo será necesario esperar hasta el siglo xv, momento en el que la cuentística de origen oriental penetra de nuevo en la Península pero con propósitos claramente distintos a los que encontramos en la colección cuando es traducida en el siglo xiii. Cabe destacar que el siglo xv constituyó una bisagra en la recepción y valoración de la cuentística de origen oriental, llegando a marcar la que sería su forma definitiva una vez superada la barrera del paso a la imprenta. El siglo xv, además, abrió un nuevo camino hacia las traducciones de muchas obras, cuya fortuna osciló en función del ámbito de difusión y de un mayor o menor acercamiento a los gustos predominantes de los lectores de la época. Estas traducciones se han denominado «retraducciones», término acuñado por Carlos Alvar (2010) para hablar de todas aquellas obras que conocieron una traducción inicial —como ocurrió con el Libro de los engaños— y que, con el paso de los siglos, cayeron en el olvido y fueron nuevamente trasladadas al castellano. Las nuevas versiones que resurgen «frecuentemente suponen un gran distanciamiento temporal y geográfico» y «exigen una diacronía y una diatopía que muchas veces lleva consigo notables alteraciones del texto debidas a la acomodación a nuevas mentalidades, a propósitos diversos o a culturas diferentes» (Alvar, 2010: 250).12. Las «retraducciones» que se llevaron a cabo en el siglo xv de versiones occidentales de los Siete sabios gozaron de mejor o peor destino dependiendo de factores de diversa índole, pero estrechamente relacionados con la naturaleza del texto de origen, la manera en la que se llevó a cabo la traducción o la adscripción genérica de la obra resultante. Las traducciones, por tanto, se articularán, no como un proceso mecánico, sino como un proceso dinámico donde el protagonismo lo ostentarán la recepción del texto y los potenciales lectores. La Historia de los siete sabios de Roma, así como sus homólogas europeas, puede considerarse como la «retraducción» más importante de la rama occidental.13 Como traducción anónima surgida expresamente por y para su difusión impresa, proviene del texto latino Historia septem sapientum Romae, perteneciente a la rama más prolífica este ciclo y a la más importante desde el punto de vista de la transmisión textual de la obra; ya sea por el número de traducciones conservadas en lenguas vernáculas, ya sea por una proyección en el tiempo que supera ampliamente a otras versiones. El texto de partida, datado en el primer tercio del siglo xiv, ya había conocido gran difusión en forma manuscrita e incunable e incluso integrado en los Gesta Romanorum, considerado por muchos uno de los factores que aseguró éxito de la obra (Roth, 2000: 91-93). La inclusión o no de explicaciones moralizantes o reductiones al comienzo o al final de cada relato de la colección en la transmisión manuscrita, y el mayor o menor grado de fragmentación del texto han permitido establecer una clasificación entre aquellos manuscritos que sirvieron de apoyo a la predicación como una compilación más de exempla, y aquellos que tuvieron como destinataria una determinada comunidad espiritual y, por tanto, no fueron usados con fines homiléticos, sino para la lectura silenciosa (Roth, 2000: 101- 107). Esta adaptación del texto a diversos fines no es sino una muestra más de la versatilidad de la obra, cuyo éxito se verá ratificado por su paso a la imprenta en forma incunable, fundamentalmente en las prensas alemanas y flamencas, cuna de los primeros incunables, y por su difusión en el territorio francés (Cañizares, 2011: 114). Será en estos países donde surjan las primeras traducciones de obras a lenguas vernáculas, incluidas las de los Siete sabios, como resultado del potencial que creyeron ver los impresores en estas composiciones. Pese a ello, las traducciones francesas, algo más tardías, contaron entre las más exitosas, de ahí que muy posiblemente fuese un incunable francés el modelo para la traducción castellana. 14. En la Península, la labor de la imprenta como medio más propicio para la difusión del texto escrito comenzó a adquirir fuerza en el último tercio del siglo xv, hecho que llevó a muchos impresores extranjeros afincados en los reinos peninsulares a buscar posibles caminos para ampliar su mercado. Su punto de mira se centrará en un público no muy familiarizado con el latín, lo cual supondrá una novedad con respecto al enfoque que habían adoptado en un primer momento impresores de otros países de Europa. Por ello, los impresores peninsulares se inclinaron hacia una estrategia editorial basada en la presentación de obras ya existentes previamente, procedentes muchas de ellas del periodo medieval y conocidas por el público, para darlas a conocer bajo la fachada de nuevos géneros literarios que captasen la atención de los lectores no doctos, protegidas en muchas ocasiones bajo la anonimia o la autoría dudosa dependiendo del mayor o menor éxito de la obra. La Historia de los siete sabios de Roma15 se imprime por primera vez en Zaragoza en las prensas de los hermanos Hurus entre 1488 y $1 4 9 1 ^ { 1 6 }$ con el objetivo de cosechar el éxito de sus vernáculas equivalentes. Posiblemente la editio princeps, se trata de un ejemplar cuya manufactura alemana es evidente en las 32 xilografía enmarcadas que contiene, serie que procede de la imprenta de Anton Sorg en Ausburgo y que había sido preparada expresamente para la traducción alemana de 1480, por lo que posiblemente fue prestada a los Hurus o dada en alquiler (Lacarra, 2014: 136-137). En cuanto al texto de la traducción, mantiene el número y tipo de relatos insertos presentes en el modelo latino de la Historia septem sapientum Romae. En palabras de Cañizares (2011: 185), sería una «traducción invisible», una traducción en la que ni el traductor ni la traducción son perceptibles por el lector con el objetivo de potenciar la obra en el mercado editorial, y justificar así las posibles libertades que se hubiesen podido tomar con el texto. La obra, con pequeñas modificaciones sobre todo de carácter léxico, llegará a principios del siglo xvi a la imprenta de los Cromberger en Sevilla, donde iniciará un proceso de transmigración genérica y reescritura, que ya se había empezado a intuir en su transmisión textual medieval, que la llevará a una longeva vida y éxito de cuatro siglos. Sobre la recepción de la traducción, cabe destacar que a principios del siglo xv la cuentística de origen medieval, al menos en lo que concierne a su presencia en la corte, había desaparecido prácticamente a favor de una literatura asentada en la ortodoxia religiosa pero abierta en cierto modo al Humanismo. Las colecciones de cuentos medievales habían quedado relegadas al ámbito de los exempla y a la predicación. No obstante, es necesario tener en cuenta que, por ejemplo, la versión oriental del Sendebar ha llegado hasta nosotros conservada en una copia de esta centuria, indicador de que, al menos entre los sectores cultos, la obra continuaba leyéndose (Gómez Redondo, 2006: 105). La Historia de los siete sabios de Roma pudo haber sido percibida por los lectores españoles de finales del siglo xv como una obra muy cercana al debate dialogado narrativo, pero el carácter folclórico y hagiográfico y los temas compartidos de muchos cuentos insertos con otras narraciones conocidas desde el periodo medieval favoreció que los lectores la percibieran como un elemento más de la atmósfera cultural de la que ellos formaban parte. Gómez Redondo (2006: 104-125) considera que la obra resultante de la traducción tendría cierta deriva hacia la ficción sentimental por acoger en su estructura el modelo de la disputa que se apoya en la defensa o vituperación de la mujer, línea que entronca con la misoginia, y que para este autor también se acercaría a la literatura de corte sentimental a través de algunos relatos. El motivo sentimental se haría más evidente en la ampliación del relato final, cuyo germen se encuentra en el cantar de gesta francés Amis et Amiles, donde el protagonista actúa como mediador de amores con su mejor amigo. En última instancia, supondría para este autor un nuevo proceso de narratividad más acorde con las novellae italianas debido a que “fuera del texto se halla un público que sabe valorar el incremento de intrigas, de personajes secundarios, de relaciones enunciativas y, sobre todo, de situaciones humorísticas” (Gómez Redondo, 2006a:126). Para Patricia Cañizares (2011: 126); en cambio, la nueva traducción se vincularía con la pedagogía moral y se adecuaría a un nuevo tipo de público y nuevas formas de recepción, así como un deseo por parte de los nuevos lectores que surgían de disfrutar en lengua vernácula de obras de este tipo más allá de los predicadores. Independientemente de todo lo anterior, se percibe una cierta evolución en la configuración de las historias insertas de la traducción que dan lugar a un resultado final que respondería al modelo oriental de literatura didáctica, donde el didactismo habría pasado a un segundo plano con predominio de la finalidad lúdica y de entretenimiento (De la Torre Rodríguez, 1992: 70-71). Es decir, podemos hablar de la difuminación de los orígenes orientales tal y como se presentaban en los primeros momentos de andadura de la colección. Un estudio un poco más detallado del texto traducido nos permite ver que se conservan los principales cambios operados, tanto en el relato-marco como en las narraciones insertas, en el paso de la colección a Occidente. La narración central en sus principales rasgos se mantiene, continúa el intercambio dialéctico entre madrastra y consejeros y el silencio del príncipe, pero modifica aspectos relativos a la localización de la historia y al papel desempeñado por muchos personajes. La acción se traslada a Roma, cabeza del Imperio Romano de Occidente, referente cultural importante en Europa y ciudad de prestigio también durante la Edad Media, aunque en otras versiones podemos encontrar como ambientaciones preferidas Constantinopla o la isla de Sicilia, lugares igualmente reconocibles para un lector medieval occidental. El traslado de la acción a la antigua capital del Imperio está estrechamente relacionado con los nombres de los protagonistas, el monarca se llamará Ponciano y su hijo Diocleciano, ambos con claras reminiscencias romanas. Con respecto a los personajes y a sus acciones dentro del relato, el monarca pasa de la poligamia a la monogamia y de tener noventa esposas a enviudar para casarse de nuevo, aspecto mucho más acorde con la mentalidad religiosa cristiana de Occidente. Sin embargo, el hecho destacable del relato se opera en el sabio encargado de la educación del infante. Sendebar o Çendubete, quien daba nombre al ciclo oriental, desaparece para dar paso a siete sabios individualizados con nombres17 que identifican el nuevo ciclo. Estos sabios, a su vez, asumirán el puesto de narradores de las historias que en el Sendebar lo habían ocupado los consejeros del rey. Las narraciones insertas también dan cuenta de la adaptación de la colección a la mentalidad de su nuevo territorio de recepción. Su número se ha reducido considerablemente, pues los sabios ya no narrarán dos historias, se centrarán en exclusiva en la narración de tono misógino para conseguir el descrédito de la madrastra, y el infante cerrará el conjunto de relatos insertos con una única historia. Además, solo se conservan cuatro narraciones coincidentes con el Sendebar oriental, canis, aper, avis y senescalcus. 18 Las narraciones restantes habrían circulado previamente por la Europa del siglo xii como parte de la oralidad y más acorde a la mentalidad cultural e ideológica del momento. Gracias a la flexibilidad de la estructura narrativa de la novelamarco, que puede actuar como contenedor y receptáculo de historias, estas se habrían introducido sin alterar el sentido de la narración principal adquiriendo un nuevo significado a su servicio. El relato Virgilius constituye el modelo más representativo de este proceso. 4. La occidentalización de los Siete sabios de Roma: el ejemplo de Virgilius. Virgilius, como una más de las narraciones insertas en el marco narrativo, se erige uno de los ejemplos más representativos del proceso de occidentalización que sufrió los Siete sabios en la configuración de la rama europea de la colección, proceso que se vio sustentado, como ya se ha comprobado, por la libertad de este género. Presente en prácticamente todas las familias de la rama occidental de transmisión, muchos de los aspectos que contiene habrían circulado por Europa entorno al siglo xii cuando la colección comienza su andadura por el continente, hecho que apunta a su presencia ya en el arquetipo original. La figura de Virgilio, protagonista del relato, representa ese vínculo del ciclo occidental con el imaginario europeo medieval. Su imagen resulta de un contexto en el que la materia clásica y, sobre todo, la materia troyana comienzan a ser fuente de traducciones y reelaboraciones por parte de las clases doctas, que acercarán las obras clásicas a una mentalidad puramente feudal, tanto en el tratamiento de temas y motivos, como en la presentación del ambiente en el que se mueven los personajes (Comparetti, 1872: 6-8). La predilección por el ciclo troyano dará lugar a que su autor más representativo cobre relevancia sobre sus homólogos latinos en los ambientes cultos y eclesiásticos,19 y sufra en los primeros años de la Edad Media un proceso de ficcionalización que lo introducirá en una sociedad típicamente feudal, el Dolophatos de Juan de Alta Silva o la Divina Comedia son ejemplos representativos. Durante su transformación literaria, Virgilio adquirirá un estatus de sabio y se introducirá en una esfera de intelectuales reales o fruto del imaginario, muchos de ellos procedentes de la Antigüedad, a los que se les dotará de propiedades y poderes mágicos, alcanzando incluso la consideración de magos20 (Lee, 2013: 148). Los antecedentes de esta literaturización se remontan a la época clásica, tanto en el ámbito cristiano como en la literatura pagana, momento en el que ciertos tintes proféticos, las proliferación de pseudobiografías y su propia producción literaria —tanto en la Eneida como en las Geórgicas se encuentran elementos que podríamos considerar como mágicos o maravillosos—, contribuyeron a desembocar en la faceta de mago ya en la Edad Media. Su posterior introducción en biografías y vitae con un alto contenido ficcional terminarán por redondear su faceta de hacedor.21 En un estadio más avanzado, estas habilidades mágicas, en un principio asociadas con propiedades benéficas fruto del saber y la naturaleza, acabarán por tornase en degradaciones posteriores en las propias de un nigromante que ha aprendido esas artes pactando con demonios (Graf, 1923: 562). La irrupción del folclore en la cultura alta en el siglo xii dio lugar a que lo «popular» o «maravilloso» se introdujese incluso en las esferas escolásticas (Lee, 2013: 149). Virgilio y las leyendas virgilianas aparecerán en obras cultas en latín y vinculadas con el área de Nápoles, donde se creía que estaba su sepulcro y donde el poeta habría pasado algunas épocas de su vida (Comparetti, 1872: 21). Los extranjeros que visitaron la ciudad recogieron esas historias y las llevaron a sus países de origen, trasladando esta vertiente del poeta a la literatura escrita, donde las leyendas virgilianas comenzarán a ramificarse. Así, Conrado de Querfurt, obispo de Hidesheim y canciller del emperador Enrique IV, habla de un paladio que impedía que la ciudad fuese destruida, de una habitación que preservaba la carne de la podredumbre o de la estatua de un arquero que protegía Nápoles de las erupciones del Vesubio. Gervasio de Tilbury en sus Otia Imperalia (1212) coincide en muchas de las leyendas con el anterior, y menciona una cabeza con dos rostros que marcaban los destinos de quien pasase por debajo (Comparetti, 1872: 21-28). John de Salisbury, el primero en recoger relatos virgilianos, alude en su Policratus (1159) a una mosca de bronce elaborada por el poeta que mantenía a las homólogas reales alejadas de la ciudad. El último de ellos, Alexander Neckam, da cuenta en su De naturis rerum (1180-1190) de narraciones que no se habían recogido previamente y que ya proporcionan datos sobre la expansión de la leyenda por Europa. Frente a los otros autores, nunca estuvo en Nápoles, lo que permite ver una nueva asociación de las leyendas virgilianas con la ciudad de Roma, aspecto en el que me centraré más adelante (Graf, 1923: 541-542).22. En estos autores, en última instancia, se percibe el entusiasmo de muchos viajeros que se sintieron fascinados al verse inmersos en leyendas propias de la mitología grecorromana y encontrarse ante la presencia de talismanes de indudable origen oriental. Nápoles y la isla de Sicilia constituyeron enclaves importantes en las rutas mediterráneas procedentes de Oriente durante los siglos ix y x, y uno de los caminos más frecuentados por los judíos radanitas en sus viajes comerciales hacia el sur de Francia (Lee, 2013: 154). La fama de Virgilio habría suscitado tanto interés que enseguida se convirtió en imán de muchas leyendas orientales, incluida la habilidad de hacedor de talismanes o apotropeia, 23 una serie de objetos capaces de influir en el mundo natural, humano o no humano, con la función de proteger o repeler organismos vivos, y para cuya elaboración se requería la presencia de una figura conocida que le atribuyese su condición mágica, «a certain known maker, without whose authorship the object would be thought of merely as a work of art» (Baader y Wineyb, 2016: 5-6). Los mirabilia virgilianos se habrían forjado a partir de objetos u obras de arte preexistentes en la ciudad de Nápoles, y la llegada de leyendas a través de la ruta mediterránea bizantina y el reconocimiento del que gozaba el poeta en la ciudad italiana pudieron dar lugar a la asociación entre leyenda y monumento. Tras la desaparición de este último, surgiría la leyenda y su posterior difusión por Europa incorporando fabulaciones y cambios. Encontramos las leyendas virgilianas ya completamente asentadas y difundidas por Europa en la segunda mitad del siglo xiii. Las colecciones de exempla en latín sirvieron de vía de difusión, gracias sobre todo a la influencia del Speculum historiale de Vincent de Beauvais, que recogió muchos mirabilia virgilianos y sirvió de base a los compiladores de exemplarios. El Virgilio mago aparecerá como protagonista de exempla en colecciones como la Scala Coeli de Juan Gobi o los Gesta Romanorum, donde la importancia no radicará tanto en su individualización como Virgilio mago sino en la moralización conjunta de la historia (Berlioz, 1985: 100-101). Junto con la predicación, la literatura que empezaba a surgir en las diferentes lenguas vernáculas europeas hará un hueco a la figura medieval de Virgilio, y este aparecerá en una docena de obras entre poemas, crónicas y relatos como la Image du Monde de Metz (mediados del siglo xiii), el Cléomadès (finales del siglo xiii), el Renard de Contrefait (comienzos del siglo xiv) o el Fleur des histories (mediados del siglo xiv). En este tipo de relatos, Virgilio se entremezclará también con la figura del amante burlado por las tretas femeninas24 dentro de la línea misógina que se desarrolló en la Edad Media. Ya más avanzado el Medievo, surgirán una serie de biografías ficcionales del poeta que se centrarán especialmente en sus leyendas y mirabilia, tales como el Myreur des Histors de Jean d’Outremeuse (mediados del siglo xiv) o el anónimo Faictz merveilleux de Virgile, una obra que nació en el siglo xiv destinada directamente para su difusión impresa y que conoció traducciones en inglés, francés y flamenco (Loicq-Berger, 2011: sp). Como testimonio en lengua vulgar, los Siete sabios de Roma es considerado como uno de los más importantes para la difusión de la leyenda virgiliana por varias razones. La primera de ellas, íntimamente relacionada con lo prolí- fico de esta familia del ciclo occidental de la obra, atañe a las numerosas traducciones a diversas lenguas vernáculas europeas en las que vamos a encontrar la obra a partir del siglo xv, de la que es ejemplo la zaragozana Historia de los siete sabios de Roma. La otra razón se vincula con aspectos más puramente literarios pues, pese a los varios contextos en los que fue leída la obra (predicativos, lectura espiritual…) se va a mantener el carácter ficcional de la novela-marco, donde Virgilius va a ser una ficción más al servicio de la narratividad de la obra. En líneas generales, el hilo argumental de la narración es el que sigue: en tiempos de César Octaviano vive Virgilio, quien es conocido por sus artes para construir artificios, entre ellos unas fuentes para el baño de los pobres y una estatua con un enigmático mensaje que, tras ser destruida por la avaricia de un clérigo, provoca la desaparición de las primeras. La codicia del emperador es tal que, ante las amenazas de rebelión de las otras provincias, Virgilio construye en una torre una estatua por cada provincia enemiga del Imperio, de tal manera que hagan sonar una campanita y alerten a los ciudadanos cada vez que se vaya a producir un ataque. Los reyes enemigos planean cómo destruirla para conquistar la ciudad, y para ello envían a tres caballeros que fingen encontrar cubas llenas de oro a través del sueño. El emperador, aunque en un primer momento es reticente a cavar bajo la torre de las estatuas ante la creencia de que allí se encuentra una de las cubas, acaba cediendo por su codicia. Los caballeros, con el beneplácito de este, terminan por derribar la torre, Roma es saqueada y el emperador es rociado con oro hirviendo a modo de castigo. En el relato confluyen reminiscencias de varias leyendas y mirabilia virgilianos que se agrupan entorno a dos motivos centrales: Hic percute! y Salvatio Romae. A pesar de la aparente superposición de ambos en el relato, —los Siete sabios es el único testimonio que los menciona de manera conjunta—,25 la narración se centra casi en exclusiva en la Salvatio, aunque ambos motivos transcurren en la capital del Imperio Romano de Occidente. Una vez que las leyendas virgilianas adquirieron desarrollo y difusión fuera de las fronteras italianas, se produjo un desplazamiento de las hazañas de Virgilio a Roma, pero manteniendo los motivos folclóricos asociados con la protección de la ciudad que presentaban en Nápoles (Lee, 2013: 147). Roma, como centro de la Cristiandad y núcleo de la Antigüedad Clásica, ejerció una fuerte atracción sobre las leyendas virgilianas que terminarán vinculándose con esta urbe, como resultado de la unión de la trascendencia del núcleo urbano y de la fama del poeta en la mentalidad medieval (Comparetti, 1872: 64-66). Para ello, fue fundamental el papel que desempeñaron los Mirabilia Urbis Romae¸ tratados de viaje confeccionados a modo de guía turística para la peregrinación que incluían leyendas asociadas con Roma ya desde principios de la Edad Media, y que pretendían dar cuenta del origen o del uso especial de algunos de sus monumentos. Como consecuencia, la ciudad se convirtió en foco de atracción de peregrinos en cuya mente se combinó la devoción por la Roma cristiana y la admiración por la Antigua Roma (Graf, 1923: 49). El traslado de las leyendas virgilianas a Roma y a los Mirabilia tuvo que haberse producido necesariamente a partir del siglo xii, siglo en el que todavía aparecen vinculados con Nápoles, y una vez que la leyenda se hubo difundido por la capital italiana. Hic percute! en la Historia de los siete sabios de Roma aglutina aspectos de tres leyendas virgilianas diferentes: la imagen del fuego eterno, los baños medicinales y la estatua protectora, que unifica los dos anteriores. Testimonios de un fuego que nunca se apagaba se localizan ya en los Mirabilia, donde se menciona la existencia en Roma de un candelabro de autoría anónima cuya llama era imperecedera. Habrá que esperar a la Image du monde, el Cléomadès o los Siete sabios para ver a Virgilio como artífice. La estatua protectora habría supuesto el germen de la leyenda, cuyos antecedentes más directos se encuentran en el arquero que protegía Nápoles de las erupciones del Vesubio según los testimonios de Querfurt. Esta estatua se trasladará a Roma y pasará a ser la protectora de los múltiples tesoros amasados bajo el imperio de Augusto con un enigmático mensaje, Hic percute!, que da nombre al motivo, y posteriormente pasará a ser obra de Virgilio y a encargarse de la protección del fuego eterno. Con respecto a la destrucción de la estatua a manos de un clérigo avaro, la variante de esta familia de transmisión se mantiene cercana a las versiones más antiguas (Graf, 1923: 129). Posteriormente, el relato, al igual que sucedió con muchas historias virgilianas, se verá atraído hacia personajes con nombres propios.26 La inclusión de las fuentes como otra de las creaciones virgilianas protegidas por la estatua resulta anómala, pero sin duda sus antecedentes se encuentran en los baños de Pozzuoli, situados a las afueras de Nápoles y de gran popularidad en el Medievo por sus propiedades medicinales, y atribuidos como tantas leyendas a la mano del poeta, quien los habría creado para solaz de aquellos pobres que no se podían costear los servicios médicos (Spargo, 1934: 17). Si se puede hablar de un motivo que alcanzó gran popularidad en el Medievo, ese fue la Salvatio Romae o Salvatio Civium. Parte de su éxito es, sin duda, deudor de la labor de Neckam, el primero en incorporar a Virgilio como artí- fice más allá de Nápoles, el responsable en parte de su difusión en Europa y cuya versión ha sido transmitida, en mayor o menor medida, en testimonios posteriores (Spargo, 1934: 117). Según el autor, Virgilio elaboró en Roma un palacete dotado de una estatua con una campanita por cada reino subyugado por el Imperio, de tal manera que, ante la rebelión de uno de ellos, la correspondiente estatua hacía sonar la campanita para alertar a la población y la estatua central, formada por un hombre a caballo, apuntaba con su lanza en la dirección de esa provincia. Las primeras versiones se documentan en los Mirabilia Urbis Romae con autoría anónima, pero podemos hablar de madurez en la leyenda en estas guías, tal y como la transmite Neckam, en el siglo xii, de donde probablemente la tomase el autor. No obstante, los orígenes del motivo de la Salvatio existían ya en el siglo viii, como resultado de la confluencia de una serie de hechos muy diversos que tienen como punto central la potencia de la ciudad y la superioridad del Imperio Romano en la visión de los pueblos enemigos de Roma. Lo anterior, unido al gusto por lo sobrenatural que se genera en la Edad Media, derivaría en este tipo de explicaciones sobre su supremacía. A la versión definitiva y a su introducción en los Mirabilia contribuyeron los múltiples peregrinos que visitaron la ciudad, a los que se les narraban las historias de monumentos como el Panteón que a menudo contenían estatuas mágicas (Poucet, 2013: sp). El Capitolio, centro de la vida política y administrativa de Roma, fue el sitio preferido para ubicar la Salvatio en un primer momento, trasladándose después a otros edificios emblemáticos de la ciudad27 (Graf, 1923: 158-159). Para Graf (1923: 157), el germen de la leyenda sería indudablemente occidental, como todas las contenidas en los Mirabilia, y se habría gestado por completo en la ciudad de Roma. Su justificación radicaría en la existencia de relojes y estatuas móviles que adornarían los edificios de la ciudad y en la costumbre romana de consagrar lugares con estatuas para contener a los enemigos bárbaros del Imperio. Frente a la opinión del estudioso italiano, hay motivos para pensar en una posible fuente oriental del relato que se habría introducido en Occidente, y cuyo origen sería la existencia en el mundo árabe y bizantino de construcciones y motivos que aseguraban la protección frente a los enemigos.28. Así, encontramos variantes del relato en las que las estatuas son sustituidas por un espejo situado en lo alto de una torre que permitía ver todo lo que sucedía en los territorios del Imperio, ejemplos de ello son algunas variantes del relato del ciclo de nuestra obra, y cuyos antecedentes se encuentran en el faro de Alejandría, donde se cuenta que Alejandro Magno situó un espejo con esa finalidad protectora (Krappe, 1932: 276). Del mismo modo, la destrucción de la Salvatio, de alusiones escasas en los Mirabilia o en la obra de Neckam, cuenta con antecedentes en la literatura árabe. Según la narración de un historiador árabe, el califa Al-Walid fue engañado por un bizantino que le hizo creer que bajo el faro de Alejandría existió un tesoro y lo convenció para derribarlo (Lacarra, 1999: 99). La versión que ha sido transmitida por la Historia de los siete sabios de Roma es heredera directa de Neckam y los Mirabilia, pero el desarrollo narrativo pudo provenir del cruce con alguna versión que contuviese el espejo, quizás perteneciente a la propia rama occidental del ciclo. Los autómatas, presentes en ambos motivos del relato, son igualmente deudores de la herencia oriental. Definidos como «cualquier aparato que posea un mecanismo capaz de producir cierta movilidad por sí mismo, llamándose por ello semimovente (…), que imita o reproduce la figura y movimientos de un ser vivo, mayormente de la especie humana» (Duce, 2016: XXII), los autómatas han sido una constante en las letras universales y, como máquinas, se han desarrollado incluso en las sociedades más primitivas. Hefesto, Dédalo y Prometeo son los principales constructores de autómatas de la literatura occidental, lo que remite necesariamente a la cultura helena como la mayor propulsora de tratadística sobre la construcción de este tipo de figuras articuladas, y a su ficción literaria como pionera en Europa. La Escuela de Alejandría se convirtió en centro de pensadores y matemáticos griegos que dedicaron parte de su producción al desarrollo de autómatas, bien como figuras individualizadas, bien como parte de un conjunto mucho más complejo. Su irrupción en la literatura medieval occidental se debe a Herón de Alejandría, miembro de dicha escuela y heredero de las ideas aristotélicas y de los principios de Arquímedes, que dedicó su vida a la elaboración de tres tratados que podríamos denominar pseudo-científicos y mecánicos orientados a la construcción de autómatas. El llamado corpus herónico —conjunto de todas sus obras y preceptos mecánicos—, penetró ampliamente en Bizancio desde donde pasó al mundo árabe que, como gran admirador de la mecánica griega, añadirá sus propias innovaciones. Los autómatas se introdujeron más tarde en el imaginario medieval en todos sus ámbitos, incluido el literario, donde formarán parte de lo maravilloso mecánico, término acuñado por Cacho Blecua (1987-1988: 128) para aludir a cualquier tipo de artificio que, si bien alejado de lo natural, causa asombro o admiración y se debe en parte a la intervención humana. No sorprende, por tanto, encontrar en los Mirabilia fantasías de este tipo. La mecánica, pese a no gozar durante la Edad Media cristiana del interés y desarrollo que alcanzó entre griegos y árabes, con el avance de los estudios universitarios pasará a integrarse en las artes liberales en los siglos xii y xiii (Duce, 2016: XXI) y se asociará con grandes intelectuales europeos y con figuras rodeadas de un halo mágico como Merlín o el propio Virgilio: «When distance in both time and space had cast a romantic haze over these mechanical toys of past ages they lost their cogs and pulleys and water tanks and become wondrous creations of that incomparable medieval Wizard of Oz, Virgil the necromancer» (Spargo, 1934: 135). Los autómatas pervivirán en la literatura española más allá de la Edad Media, y alcanzarán gran popularidad en el Renacimiento gracias a los libros de caballerías,29 donde se considerarán como un embellecimiento y un atractivo más de la obra literaria y suscitarán en personajes y lectores el miedo por lo irracional o lo incontrolable y, en última instancia, la admiración por lo extraordinario (Alvar, 2004: 51). 5. Conclusiones. La anónima Historia de los siete sabios de Roma contó con un gran recorrido a sus espaldas que tuvo su máximo momento de esplendor durante el periodo medieval. Como obra literaria, fue fruto de numerosos ámbitos de recepción y usos, ya fuese espejo de príncipes y guía de conducta para los buenos soberanos en su vertiente oriental, ya fuese la lectura silenciosa de corte espiritual o el material auxiliar en la predicación para prevenir contra la maldad de las mujeres en algunas familias occidentales. Las traducciones castellanas que se realizaron en el siglo xv a partir de versiones de este último ciclo no son sino una muestra más de adaptación a nuevos géneros literarios para cubrir los horizontes de expectativas de los lectores, en su deriva más sentimental o como lectura en la línea de la pedagogía moral. En última instancia, la colección también conoció, gracias a la imprenta, una difusión mayor, donde volverá a ser objeto de transformaciones según los deseos de los impresores y las exigencias del mercado editorial. El relato Virgilius, que en boca de la madrastra entroncaría con la línea temática del soberano rodeado de buenos consejeros y pretendería conseguir de nuevo la condena a muerte del infante, es uno de los ejemplos más representativos de occidentalización de toda la colección. Bajo la forma que presenta en los Siete sabios, Virgilius, que mantiene reminiscencias de origen oriental como los autómatas y los talismanes, aglutina un conjunto de aspectos temáticos e ideológicos que conocieron un gran auge en la Edad Media europea. En última instancia, la inserción de este tipo de relatos considerados como propiamente occidentales, y de los que Virgilius no es más que otro ejemplo, no es sino una garantía de la versatilidad que propone una obra estructurada en torno a un marco narrativo. El marco narrativo de los Siete sabios supo funcionar en su paso a Occidente como contenedor de los relatos más populares que circulaban en ese momento en la tradición oral de la Europa en la que empezaba a difundirse, lo que puede considerarse como una de las principales claves para su perdurabilidad durante tantos siglos. Referencias bibliográficas. AGUILAR PERDOMO, M. R. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
¿RESTOS DEL CÓDICE VISIGÓTICO MÁS ANTIGUO DE ORIGEN ARAGONÉS?: UNOS MORALIA IN IOB DE SAN GREGORIO DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO IX IDENTIFICADOS EN JACA: REMAINS OF THE EARLIEST VISIGOTHIC MANUSCRIPT PRODUCED IN ARAGON ?: ONES GREGORY’S MORALIA IN IOB FROM THE FIRST HALF OF THE 9TH CENTURY RECENTLY DISCOVERED IN JACA
¿REstos dEl CÓdICE vIsIgÓtICo Más AntIguo dE oRIgEn ARAgonés?: unos MORALIA IN IOB dE sAn gREgoRIo dE lA pRIMERA MItAd dEl sIglo IX IdEntIfICAdos En JACA\*. REMAIns of tHE EARlIEst vIsIgotHIC MAnusCRIpt pRoduCEd In ARAgon ?: onEs gREgoRy’s MORALIA IN IOB fRoM tHE fIRst HAlf of tHE 9tH CEntuRy RECEntly dIsCovEREd In JACA. Jesús AltuRo i pERuCHo seminari de paleografia, Codicologia i diplomàtica universitat Autònoma de barcelona. Resumen: Identificación en el Archivo de la Catedral de Jaca de medio folio de un códice que transmite los Moralia in Iob de san gregorio en escritura visigótica de la primera mitad del siglo IX. su análisis codicográfico y paleográfico, presentación de variantes textuales y contextualización histórico-cultural permiten deducir un posible origen aragonés de la copia, en cuyo caso sería el códice más antiguo conocido de los producidos en Aragón en escritura visigótica. Palabras clave: Moralia in Iob, gregorio Magno, Escritura visigótica, Catedral de Jaca, Aragón. Abstract: this study covers the identification of one half of a folio recently discovered at Jaca’s Cathedral as a part of a manuscript that transmits gregory’s Moralia in Iob in visigothic writing from the first half of the 9th century. the codicographic and paleographic features, the textual variants and the historical and cultural context is central to afirm the possible Aragonese origin of this copy which could be the earliest known codex surviving today in visigothic writing, produced in Aragon. Keywords: Moralia in Iob, gregory the great, visigothic writing, Jaca’s Cathedral, Aragon. El patrimonio bibliográfico medieval de Aragón que se ha conservado hasta la actualidad es escaso y el que sabemos que existió por fuentes indirectas no es mucho más abundante. Esta escasez es aun mayor, por supuesto, si nos ceñimos al período altomedieval. sin embargo, las tierras aragonesas fueron cuna, ya en la Antigüedad, de poetas de la talla del deslenguado Marcial y del purísimo prudencio, y en los tiempos visigodos tuvo entre sus obispos al gran braulio de Zaragoza y a su sucesor en la misma diócesis, tajón. En las bibliotecas de los vecinos monasterios navarros encontró libros singulares y casi desconocidos, “abstrusa et pene a multis remota”1 , Eulogio de Córdoba en su frustrado viaje a la Renania, que le obligó a permanecer unos meses en tierras pirenaicas. Eran éstos la Ciudad de Dios de san Agustín, la Eneida de virgilio, las Sátiras de Juvenal y las de Horacio, los poemas figurativos de porfirio, los Epigramas de Adelmo de Malmesbury, las Fábulas de Aviano; unos libros que, entre otros beneficios, permitieron, según álbaro de Córdoba, restaurar el conocimiento de la métrica cuantitativa latina entre los autores cristianos del sur2 . Quiere esto decir que, seguramente, la cultura literaria, que, una vez caído el imperio romano, solo halló cobijo entre los eclesiásticos, no tendría, en general, un nivel muy diferente en Aragón al del resto de los territorios peninsulares, pese a la pobreza de testimonios, lo que nos advierte, una vez más, que el carácter casi siempre aleatorio de la conservación de las fuentes, consideradas sin más, puede dar origen a interpretaciones erróneas o, cuanto menos, poco exactas3 . de hecho, en una sociedad esencialmente analfabeta como la de los siglos medios y, por ello, sin apenas lectores que no fueran clérigos, se comprende que los pocos libros producidos y leídos eran, simplemente, los litúrgicos, necesarios para el culto divino; los patrísticos, que explicaban el sentido de la biblia; los gramaticales, que ayudaban a entender la lengua en que estaban escritos, un latín ya no materno, sino escolar, y los que regulaban la vida social, los jurídicos, cuya interpretación corría también entonces a cargo mayoritariamente de eclesiásticos que unían a su condición la de jueces. Entre los santos padres de la Iglesia que mayor favor hallaron entre las comunidades eclesiásticas de la península ibérica se cuentan san Agustín, san Jerónimo, san Ambrosio, san Isidoro, beda el venerable y san gregorio Magno. de éste, en particular, sus obras los Dialogi y los Moralia in Iob gozaron de gran estima y difusión en todo el occidente europeo. baste recordar el más de medio millar de manuscritos, completos o fragmentarios, que se conservan en la actualidad de los Morales, con una amplia cronología que va del siglo vII/vIII hasta el $\mathrm { X V ^ { 4 } }$ , cubriendo todo el período medieval. pero fue, principalmente, en los siglos del alto medioevo cuando este libro no solía faltar en ningún monasterio ni sede catedralicia, “llegando a constituir el libro de texto de teología, ascética y moral, por excelencia”5 . no resulta sorprendente por ello que, poco a poco, vayan apareciendo testimonios de códices, si no de origen aragonés incuestionable, por lo menos conservados en Aragón, que transmiten dicha obra, aunque sea en estado fragmentario. de hecho, ya se conocían algunos folios correspondientes a restos de dos ejemplares de los Morales de san gregorio, copiados en la antigua escritura visigótica y conservados, todavía hoy, en colecciones privadas de Aragón y de santiago de Compostela (antes también de Aragón)6 ; pero ninguno de los dos de tanta antigüedad como el que aquí voy a presentar, pues aquellos se consideran del siglo $\mathrm { \dot { X } I ^ { 7 } }$ . de ahí que tenga especial interés la reciente identificación que he podido efectuar, entre la pequeña colección de fragmentos de códices del Archivo de la Catedral de Jaca8 , de un nuevo trozo de folio que transmite también esa obra del gran papa en escritura visigótica; pero ésta de la primera mitad del siglo IX y, acaso, como veremos, de origen aragonés. veamos, en primer lugar, las características codicográficas y paleográficas de este fragmento de códice9 , cuya cota en el Archivo de la Catedral de Jaca, es H-10: pergamino, actualmente, de $2 3 0 ~ \mathrm { m m }$ de altura $\mathrm { ~ x ~ } 3 3 0 \ \mathrm { m m }$ de anchura, escrito a tres columnas, en letra visigótica, de $2 \mathrm { m m }$ de altura, que llega a los $5 \mathrm { m m }$ en caso de presentar astas o perfiles. tinta de color marrón claro; pero los versículos comentados, en rojo. Justificación y líneas directrices marcadas a punta seca por el lado pelo. Marcas de pinchazo visibles en los márgenes, en forma de raya. Margen superior, actualmente, de $2 5 ~ \mathrm { m m }$ , pero el original quizá sería de $3 5 \mathrm { m m }$ ; interior, de $1 5 \mathrm { m m }$ , y, en el original, tal vez de $2 0 \mathrm { m m }$ ; exterior, de $6 4 ~ \mathrm { m m }$ , que debe de corresponder a un original de $6 5 / 7 0 ~ \mathrm { m m }$ ; al estar cortado por la base, no queda resto del margen inferior, que, por las características del códice, no haría menos de unos $6 0 ~ \mathrm { m m }$ . El intercolumnio es de $1 5 \mathrm { m m }$ , y la caja de escritura llega a los $2 8 0 \mathrm { m m }$ de ancho x unos presumibles $4 0 0 \mathrm { m m }$ de alto. y es que si tenemos en cuenta el espacio que el texto manuscrito ocupa en su versión impresa, podemos deducir que nos hallamos ante la mitad de un folio entero, que estaría escrito por unas 66 líneas de texto. todo ello nos permite hacer una hipotética reconstrucción de la página, que sería de unos $5 5 0 \ \mathrm { m m } \times 3 4 0 \ \mathrm { m m }$ . se trata, por tanto, de un códice de notable tamaño y de no mediocre calidad. ya se ve, pues, que el libro original e íntegro era de gran formato, por lo que quizá no sea aventurado pensar que pueda tratarse de un resto del ejemplar de la misma obra descrito en la visita pastoral a la Catedral de Jaca del año 1499 y presente en la biblioteca de dicha sede. Este ejemplar era el Liber sancti Gregorii super Iob in maximo uolumine in pergameno, pero bien es verdad que no se indica que fuera copiado en escritura visigótica, tal como se hace en otras ocasiones con otros libros. Así, se nos informa de la existencia de un Commentum super psalterium de littera gotica, de un Virgilius de littera gotica y de un Flos sanctorum in antiqua littera gotica10. En cualquier caso, en esta misma biblioteca, de acuerdo con este inventario, se hallaba también el Liber Gregorii super Ezechielem, lo que prueba el interés por la lectura y estudio de las obras de san gregorio entre los miembros del cabildo jacetano. desde el punto de vista paleográfico cabe resaltar que la copia es fruto de la labor de un amanuense experto; que hace uso de una escritura más bien ancha y espaciada, lo que no impide los acostumbrados enlaces; la escritura es, además, derecha, con ligerísimo levogirismo, casi imperceptible, y alguna muestra de muy leve dextrogerismo también; los puntos de ataque de los astiles se presentan en forma de barrote; la a, siempre abierta, como es lo propio, aparece uncial en una rúbrica (magnitudinem) y en el nexo at; la be no cierra el trazo redondo; la ge alarga notablemente la base del trazo curvo; la eme y la ene terminan sus trazos descendentes en línea vertical; la te presenta su trazo horizontal superior casi paralelo a la línea base de la escritura; no distingue gráficamente entre la pronunciación sibilante o dura de la sílaba —ti—, y usa la I longa, a inicio de palabra, incluso cuando le sigue otra letra alta como la ele (Illic), y con valor consonántico (adIutorio). El copista usa algunos nexos, como at, con a uncial, como he dicho, y te con la forma característica parecida a una ce en final de palabra y de línea (dicat o uocat, abreviado por uocant, terrificat). Este mismo tipo de te se encuentra en final de línea formando un enlace (suscitare(n)t) o sin él (uident, ostendunt) e, incluso, simplemente en final de palabra en interior de línea (sunt). En un solo caso me parece distinguirlo también en interior de una palabra en final de línea, aunque aquí el texto está afectado por una mancha de humedad que impide una lectura del todo segura (uehementis). Es frecuente también el uso del nexo it en final de línea (perdidit, iudicauit, fuit, procedit), y menos el de os en igual posición (terminos). Entre los signos de puntuación, usuales, cabe destacar la presencia del signo de interrogación, muy parecido al actual; cuando indica pregunta, la última palabra de la oración se acompaña también de acento tónico (expauéscat?), pues este mismo signo también puede usarse como indicador de pausa fuerte. por lo que respecta a la ortografía, se constata el uso relativamente frecuente de la e caudada para indicar el diptongo ae, aunque predomina la monoptongación (celum, sepe) y, en caso de usar el diptongo, no existe uniformidad ni siquiera en el interior de una misma palabra (penitentiae, aeterne); se da la reducción del grupo xs a x (exiliat, exerit) y de cc a c, cambiando esta grafía por ge (eglesia), y de pp a p (oportunitas); uso de t por d (aliquit); preferencia de n a m (contentor, eundem, inmerito), de b a p (incircumscribto, scribtum, babtizata, abte); adición de hache no etimológica (Iohannes) o su omisión cuando sí lo es (Abbacuc, peribetur); preferencia de qu a ce (quum, persequutionis) o de efe a ph (profeta); uso de u consonántica por be (adnuntiauit, tonauit); confusión de e por i (intelligit, intelligi); se evita la asimilación (adnuntiauit, adtestantes, inlustratione, inlustrat, adtingitur). En cuanto a las abreviaturas, he aquí las más significativas: ante: sin abreviar; también en f m) ate: ante, un caso en final de lín apstloR: apostolorum atq: atque aum: autem cuI: cuius cuncta: sin abreviar cuctaq: cunctaque dei: siempre sin abreviar dm: deum ds: deus dne: domine dni: domini dns: dominus du: dum dum: sin abreviar, un caso dudu: dudum eni: enim enim: sin abreviar etia: etiam etiam. sin abreviar glam: gloriam glosius: gloriosius huc: hunc huI: huius ia: iam, dos casos iam: sin abreviar igitur: sin abreviar intra: sin abreviar Itaq: itaque mm: meum na: nam naq: namque nme: nomine no: non, un caso non: sin abreviar, doce casos nonnulli: sin abreviar nonumqua: nonumquam nunc: sin abreviar nuquam: numquam oms: omnes oma: omnia omium: omnium pleriq: plerique post: sin abreviar postmodu: postmodum postquam: sin abreviar postqua: postquam prfa: profeta prfando: profetando prfie: profetie pslmistam: psalmistam quamuis: sin abreviar quado: quando, en final de línea quatis: quantis -q: -que, conjunción copulativa enclítica, y simple sílaba, en posición final de palabra (aeq(ue)) o media (loq(ue)ntes); no abrevia el que pronombre relativo queq: queque qui: sin abreviar como pronombre, pero sí como simple sílaba (Iniq(ui)tatib(us)) quia: sin abreviar, nueve casos qa: quia, con travesaño inclinado cortando el astil de la q, dos casos quippe: sin abreviar qsq: quisque, también con el travesaño oblícuo para quis quod: sin abreviar; una vez con v sobrepuesta quoq: quoque quu: quum quum: sin abreviar, un caso, y otra sola vez escrito cum sca: sancta scs: sanctus sco: sancto scos: sanctos sed: sin abreviar sicut: sin abreviar spalia: spiritalia spu: spiritu spm: spiritum sps: spiritus solu: solum su: sum subter: sin abreviar sup: super, y como prevebio (sup(er)nam, sup(er)bium) tamen: sin abreviar tamqua: tamquam ubi: sin abreviar und: unde unde: sin abreviar usq: usque ul: uel uobis: sin abreviar. El final -um se abrevia normalmente; cuando esta sílaba va precedida de una te, ésta alarga su trazo horizontal superior, que es cortado por otro vertical (mot(um), uirtut(um)) y siempre se usa la te cerrada, nunca la que tiene forma de beta invertida. Cuando es una erre la letra anterior, ésta, normalmente mayúscula, alarga también su último trazo, escrito sobre la línea base del renglón y se corta por un rasgo inclinado con ligera ondulación (oculoR(um), tuoR(um), ap(o)st(o) loR(um), canticoR(um), peccatoR(um)), pero también se usa la erre minúscula (nimir(um), oper(um), rer(um)). El mismo procedimiento hallamos cuando la abreviatura sigue a una ene; ésta desarrolla una larga cola horizontal, asímismo a ras de la línea base de escritura y es cortada por un trazo vertical ligeramente inclinado y ondulado también (son(um), sign(um), homin(um), Intern(um)). El signo que recuerda una ese, el episemon, trazado sin total continuidad, lo que deja un pequeño espacio en blanco entre el punto de ataque y su continuación, encima de la q significa -ue (atq(ue)) y encima de otra consonante, particularmente b, vale para -us (exigentib(us), anim(us)); en el caso de cuIus y huIus, este signo va adherido al lado derecho de la I longa. per abrevia siempre en estilo continental, tanto si es preposición como preverbio (p(er)didit, p(er)cutit), excepto en un caso (p(er) son(um)), en que lo hace según el modo típico de la escritura visigótica consolidada, esto es, con trazo oblícuo. super (sup(er), sup(er)ne) también abrevia siempre a la manera continental. también siguen el estilo continental los posesivos (n(ost)re). las nasales no solo se abrevian en final de palabra (statu $\mathrm { ( m ) }$ ), sino también en su interior (tra(n)stulit, $\mathrm { \ u ( m ) b r a ) }$ . parece de primera mano la $a$ abierta sobrepuesta sobre celesti, pero no puede considerarse, evidentemente, como abreviatura, sino como simple corrección para caelesti. -ter no abrevia nunca. la u sobrepuesta en forma de uve se usa en el enlace ts para -tus (damnatvs) y -tius (cumulativs). también en el enlace tr para -tur (subiungitvr, consolatvr, renouatvr). la encontramos también encima de las dos eses de -sus (excessvs) y, en final de sílaba y de línea, encima de una b (tribv/latio) o en qvo. todos los ejemplos aparecen mayoritariamente en final de línea, pero a veces también en su interior (qvod) y, cuando van seguidas dos u, se sobrepone la segunda (tonitruvs). En conjunto, pues, se observan una notable cantidad de rasgos arcaicos dentro de las características de la escritura visigótica que hacen pensar en una copia realizada, como he avanzado, en la primera mitad del siglo IX. En el estado actual de nuestros conocimientos se hace extremadamente difícil precisar, sin embargo, si esta copia se realizó no ya en el scriptorium de la catedral jacetana, sino ni siquiera en cualquier otro taller aragonés, aunque intentaré precisar algo este importante detalle. de momento, digamos que solo podemos concluir con cierta seguridad, hoy por hoy, que el libro entero que en su día existió, según permite deducir ese pequeño resto, formaría parte seguramente de la biblioteca catedralicia de Jaca, aunque el códice bien pudo llegar a ella procedente de otro centro, sobre todo teniendo en cuenta el notable trasiego de personas y libros en época medieval11. por el tipo y características de la escritura visigótica de nuestro códice cabe incluso sospechar que pudiera tratarse de un libro traído por mozárabes cordobeses y producido en su solar. Recordemos que en el siglo IX los mozárabes del sur sufrieron las duras persecuciones de los años 851 a 858, que se tradujeron en el sacrificio de los mártires de Córdoba, y que, en su huída al norte peninsular, los cristianos andaluces, como sabemos, a menudo llevaban consigo también sus libros. Esto sin contar las relaciones comerciales de Córdoba con los territorios cristianos septentrionales12. y no debemos olvidar que los Morales, al menos su primera versión, pasaron de Constantinopla, donde los compuso san gregorio entre 579 y 585, a España por la copia que de oriente se trajo san leandro. y que eso fue así bien claro queda en la carta que, entre 591 o 592, dirigió el obispo de Cartagena liciniano a san gregorio, en la que le explicaba que, unos años antes, cuando san leandro pasó por Cartagena a su regreso de la capital imperial le dijo que tenía dicha obra sin que, por las prisas, se la pudiera enseñar. Explicaba, en efecto, liciniano: “Ante paucos annos leander, episcopus spalensis, remeans de urbe regia, uidit nos praeteriens, qui dixit nobis habere homilias a uestra beatitudine editas de libro sancti Iob; et quia festinans pertransiit, minime eas, petentibus nobis, ostendit”13. no parece dudoso, pues, que la célebre obra de san gregorio, que, además, fue dedicada a su amigo san leandro de sevilla, por cuyas instancias la escribió, “cogente te”, tal como se nos dice en su prólogo, inició la difusión hispana de su primera versión por el sur. sin embargo, no conviene pasar por alto que san gregorio dio el último retoque a su obra, “multa augens pauca subtrahens”, en tiempos ya de su pontificado, acaso en $5 9 7 ^ { 1 4 }$ , y que fue precisamente tajón de Zaragoza quien se llevó de Roma un ejemplar del libro del gran papa en copia sacada de su propia mano, por lo que también Aragón se constituiría en centro difusor de la obra de san gregorio desde el norte, una vez lista la versión definitiva, cuya difusión se vería ayudada, además, por la obra del mismo tajón titulada Sententiae, que tiene en la doctrina gregoriana, particularmente la incluida en los Morales, su principal fuente de inspiración. por otra parte, sabido es que tajón procedió a una sistematización y quizá revisión del contenido de los Morales gregorianos15. sin que debamos pensar tampoco por ello que la última versión de los Morales no se conociera muy tempranamente a su vez en el sur, ni que fuera parcialmente, pues también esta segunda versión la emprendió san gregorio a ruegos de san leandro, “te petente”, a quien sabemos que envió copia, pero incompleta16. Con todo, es muy posible que el gran papa procurara enviar a san leandro trasunto de las partes restantes, pero todo parece indicar que no llegó a efectuar tal envío17, pues no deja de ser curioso que las partes de su obra que san gregorio no envió a san leandro por lo menos en su primer momento, esto es, la tercera y cuarta, más la quinta en este caso, faltaban todavía en el siglo vII a los propietarios del códice en escritura semiuncial que transmite el tratado De baptismo paruulorum de san Agustín, del Camarín de las Reliquias de san lorenzo de El Escorial, manuscrito que parece de origen sevillano18. y es que en su folio 4v se lee: “Rogamus uos ut si uobiscum est aliquis liber de Moralia Iob, id est, pars tertia siue quarta seu quinta, nobis prestetis ad transcribendum, nam prima et secunda et sexta iam aput nos sunt”. por otra parte, san braulio confirma la dificultad de encontrar las obras de san gregorio en España, todavía a mediados del siglo vII, cuando, en carta dirigida a tajón, le dice: “peto, ita Cristus cursum propositi tui efficiat gloriosum, ut mihi codices sancti pape gregorii in expositos, qui necdum in Hispania erant tuoque studio et sudore de Roma huc sunt delati, ad transcribendum ocius mittas”19. por lo que no creo que sea descabellado pensar que, pese a la inicial llegada de los Morales gregorianos a sevilla, primero en versión no definitiva y luego en copia incompleta, se difundiera desde Zaragoza por la península ibérica a partir del siglo vII el célebre libro de san gregorio en su versión última y entera, gracias a los esfuerzos de tajón. y, pese al incompleto conocimiento que tenemos en la actualidad sobre las particularidades de la escritura visigótica redonda de Aragón, sobre todo de la más antigua, quizá se pueda conjeturar un origen aragonés para nuestro códice, cuyas características paleográficas, en el siglo IX, serían, en parte no menor, coincidentes con las de la arcaizante visigótica mozárabe, y con la vecina visigótica catalana e incluso la visigótica septimana, en cuyo territorio he creído ver el origen geográfico de nuestra escritura “nacional”20. por lo demás, no deja de ser relevante que también las particularidades textuales parezcan apuntar en esta dirección21. En cualquier caso, sea cual sea su origen, queda hoy del todo demostrado que la célebre obra de gregorio el grande, sus Morales, circuló también en los ambientes culturales de Aragón posteriores al período visigodo. por lo que, a no dudarlo, contribuiría a la formación intelectual de los eclesiásticos aragoneses del medioevo y, dado el alto valor psicológico y práctico de su doctrina cristiana, no dejaría de dar consuelo espiritual a sus lectores y, a través de ellos, a cuantos se acercaran a oír su palabra. por último, por lo que respecta a la parte textual que transmite, digamos que ésta corresponde al libro XXvII, del capítulo Xv, 30, 81 hasta el capítulo XX, 40, 7, aunque con las naturales lagunas por tratarse solo, tal como he dicho, de medio folio. Así falta el texto de XvI 31, 10 hasta XvI 32, 30; de XvI 33, 16 hasta XvII 34, 36; de XvII 34, 59 hasta XvIII 35, 6; de XvIII 36, 27 hasta 37, 49, y de XvIII 38, 67 hasta XIX 39, 5. las lecturas variantes que presenta nuestro fragmento (frag. Iac.) respecto de la edición de Adriaen $( A d r ) ^ { 2 2 }$ , son las que siguen: Liber XXVII. Adr. frag. Iac. XV 30, 92 subditur subiungitur XVI 31, 2/3 hanc a a 31, 10 excessu excessum 31, 10-32, 30 trans]tulit... pulsetur deest 32, 32 quomodo quo/quo/modo add. a.m. 33, 3 audire [...] 33, 4/5 auditum auditum tuum 33, 10 quod ut 33, 13 dulcedinem dulcedine 33, 16- XVII 34, 36 occulos...pater deest XVII 34, 39/40 Hinc...loquitur om. 34, 43 monstramus monstremus (?) 34, 4 accipimus] om. accipimus] per quem nobis omnia loquitur. Hinc est enim quod profeta ait: os enim domini loquutum est 34, 56 spiritus sanctus sanctus spiritus 22.- s. gregorii Magni, Moralia in Iob. Considero simples variantes ortográficas las siguientes: celum por caelum, contentor por contemptor, penitentiae por paenitentiae, intime por intimae, exiliat por exsiliat, tante por tantae, extasin por ecstasim, aeterne por aeternae, aliquit por aliquid, eundem por eumdem, Abbacuc por Habacuc, peribetur por perhibetur, que por quae, intelligit por intellegit, eterni por aeterni, superne por supernae, quum por cum, Iohannes por Ioannes, inmerito por immerito, incircumscribto por incircumscripto, intelligi por intellegi, presens por praesens, celos por caelos, profeta por propheta, adtestante por attestante, celi por caeli, demonia por daemonia, queque por quaeque, profetando por prophetando, predicerent por praedicerent, Eglesia por Eccclesia, scribtum por scriptum, oportunitatibus por opportunitatibus, persequutionis por persecutionis, oportunitas por opportunitas, terre por terrae, precedentium por praecedentium, inlustratione por illustratione, exerit por exserit, predicatio por praedicatio, sepe por saepe, uite sue por uitae suae, hec por haec, profetie por prophetiae, superne por supernae, inlustrat por illustrat, adtingitur por attingitur, babtizata por baptizata, abte por apte. dada la particular ortografia de la escritura visigótica, también se deben tener por meras divergencias ortográficas sin mayor significación adnuntiauit por annuntiabit y tonauit por tonabit. JEsÚs AltuRo I pERuCHo 34, 59-XVIII 35, 6 gaudeant...sibimet deest. XVIII 36, 15 spiritu sancto 36, 23 adiutoriis 36, 27-37, 49 infidelibus...subter 38, 58 deserant sancto spiritu adiutoria deest deserant ex corr. desiderant meminerunt respectus deest 38, 62 meminerint 38, 67 respectu 38, 67-XIX 39, 5 Hinc...bonum XIX 39, 6 se fuisse 39, 7 solam iam 39, 9 sua delectatione 39, 12 quae 39, 14 altius 40, 1 magnitudinis suae fuisse se solam sue delectatione quem altior sue magnitudinis. Estas variantes textuales emparentan nuestro fragmento claramente con M, es decir, con el actual Manchestrensis, John Ryland’s library 83, códice del año 914 copiado también en escritura visigótica, ésta debida al célebre amanuense gómez, que lo transcribió en Cardeña. y, aunque nuestro manuscrito se aparta del cardeñense en algún punto que parece excluir una derivación directa de éste, atendiendo a su fecha, respecto del nuestro, ambos pertenecen indudablemente a una misma tradición textual, por lo que también desde este punto de vista, el del contenido23, parece posible conjeturar que Aragón pudo ser punto de irradiación de los Morales, en su recensión última y completa, hacia el oeste peninsular. por otra parte, el fragmento jacetano muestra algunas notables coincidencias con K, esto es, los manuscritos Caroliruhenses seu Augienses monasterii maioris codices II, III et Iv, copiados en verona en minúscula carolina de finales del siglo vIII o principios del $\mathrm { { I X ^ { 2 4 } } }$ , cuya naturaleza italiana seguramente confirma, a su vez, el origen directamente romano del modelo, no ya mediato, sino, con casi total certeza, inmediato, de nuestro ejemplar.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Cambios estructurales en Aragón a mediados del siglo XIII
CAMBIOS ESTRUCTURALES EN ARAGON A MEDIADOS DEL SIGLO XIII 1. Crisis economicas y relaciones sociales 2. Aragón en permanente subdesarrollo: hacia la crisis del siglo XIII 3. Los indicadores del cambio: a. Las transformaciones politicas b. Las fuerzas economicas: la adecuacion de las estructuras productivas a la nueva situación c. Lucha de clases y luchas sociales: hacia un fortalecimiento de las posturas senoriales d. La nueva ordenacion territorial e. La fractura demografica f. El nacimiento del arte mudejar 4. El cambio estructural: conclusiones Bibliografia. JOSE LUIS CORRAL LAFUENTE 1. CRISIS ECONOMICAS Y RELACIONES SOCIALES. La estructura economica de cualquier sociedad en cualquier época forma un entramado, tanto mas complejo cuanto mas desarrollada estä esa sociedad, en el cual todos los elementos configuradores se relacionan por estrechos vinculos que hacen que.los impulsos o las convulsiones economicas se transmitan de unos a otros y se influyan mutuamente. Pero no existe una relación directa ni unas leyes fijas que determinen la forma de evolución de los distintos elementos económicos; no hay una respuesta universal a las transformaciones económicas, por lo que las soluciones a los problemas no pueden darse desde unos presupuestos globalizadores del proceso hist6rico,sino desde perspectivas dialécticas,en las cuales han de privar por encima de cualquier otra consideracion las relaciones sociales de producción como factor determinante y desencadenante a la vez del proceso historico y del desarrollo economico. La historia econ6mica no puede reducirse a un esquema simplista de ciclos o de oscilaciones que se determinen a partir de una serie de datos sueltos, inconexos y sin apenas relaci6n unos con otros,y, lo que es mas grave, sacados de su contexto para aducirlos como prueba irrefutable de una depresion o de una expansion. De la misma manera que nunca se repite la Historia,tampoco puede hablarse sin más de“constantes históricas". Cada momento es necesariamente distinto de todos los anteriores y de todos los que le sucederán,constituyendo por si mismo un hecho histó- rico,y como tal irrepetible.Tampoco puede traerse a colacion,por muchas pruebas con las que quiera justificarse,que a una situacion econ6- mica determinada le corresponden unas acciones históricas concretas,las cuales se repiten sistematicamente cuando esa situacion vuelve a plantearse. Se pueden traer cien ejemplos concretos de cómo en un periodo de crisis economica se persigue a las minorias religiosas O raciales, pero tambien se podrian aportar otros cien ejemplos de lo contrario. De ahi que en cualquier periodo de crisis haya que establecer cuales son en realidad los elementos que la definen. Parece claro que no puede aceptarse el que se emplee un ünico elemento-director para diagnosticar que en una situacion determinada se esta atravesando una crisis. Cualquier analisis del momento hist6rico ha de partir necesariamente de la contemplación de las relaciones productivas de ese momento,y en base a ellas determinar el modelo economico y,a traves de él,las manifestaciones que conlleva; hacer lo contrario es caer en los vicios y errores metodologicos del humanismo burgués.El historiador debe,en palabras de Karl Marx, "mostrar en cada caso, sin ilusion ideologica ni especulacion, el vinculo de la organizacion social y politica con la produccion". Esta relacion es la que hay que descubrir a traves de todas las fuentes y de todos los datos disponibles,pero acudiendo a ellos de un modo objetivo y analizandolos con un método que permita desentraiar las dificultades que ofrece el estudio de cualquier formacion social. 2. ARAGON EN PERMANENTE SUBDESARROLLO: HACIA LA CRISIS DEL SIGLO XIII. Aragón sufre a mediados del siglo XIII, en realidad durante todo este siglo,una profunda crisis que va a afectar de una manera decisiva a sus estructuras.Este reino nunca habia gozado de una desahogada situacion econ6mica,es mas,puede afirmarse que desde sus origenes habia vivido inmerso en una secular y cronica pobreza y escasez. En ningun caso puede compararse el desarrollo de Arag6n con el de otras zonas del continente europeo,en particular con el norte de Italia o los paises de las costas del Norte.Ahora bien,hubo ciertos periodos en la historia aragonesa en los que por diferentes circunstancias se alcanzaron unos mayores niveles de prosperidad,eso si, basados siempre en circunstancias puntuales y meramente de coyuntura,aunque en algunas ocasiones esta coyuntura durase bastante tiempo. Cuando desaparecieron las coordenadas que sostenian esos momentos de prosperidad, se derrumb6 la economia aragonesa y fue necesario que toda una sociedad diese una respuesta a esa crisis, transformando sus estructuras y adaptándolas a la nueva situación creada. Los aragoneses, tras cuatrocientos afios de verse relegados a los valles y montaias del Pirineo, consiguen asomarse primero y conquistar despues el valle del Ebro y las sierras ibéricas. Con Aifonso I van a incorporarse al reino de Arag6n entre 1118 y 1134 una cantidad de tierras que supondran una gran ampliaci6n de sus dominios.Este hecho produjo una transformación radical en la economia aragonesa.Por un lado se pondran en cultivo extensos territorios de una aceptable capacidad agricola y ganadera,cultivando tierras que estaban virgenes e introduciendo técnicas de regadio en otrasl; por otra parte,los aragoneses romperan su relativo aislamiento pirenaico al entrar en un nuevo espacio geografico, mucho mas amplio y con mejores perspectivas economicas. La colonizacion agricola serä espectacular; en ella intervendrán de un modo decisivo los grandes monasterios cistercienses, todos ellos fundados en el siglo XII,y las ciudades, villas y aldeas,ademas de las 6rdenes militares y la propia nobleza, que comenzaran a modificar el aspecto del paisaje agrario aragonés,roturando montes y poniendo en cultivo tierras hasta entonces yermas,alcanzando este sector una gran expansion². Se observa además un fuerte crecimiento demogräfico²; todas las ciudades crecen considerablemente, siendo necesaria la construcción de barrios enteros para los nuevos pobladores,como el barrio de San Pablo de Zaragoza4 o la calle Mayor de Daroca'.Este crecimiento de la población se debe a la gran afluencia de repobladores al valle del Ebro y al propio crecimiento vegetativo de la poblaci6n, dadas las buenas condiciones económicas,sobre todo agricolas,y la ausencia de epidemias y pestes durante el siglo XII. A la vez, la situación de guerra permanente y la inseguridad en las fronteras, unida a la propia condicion social de los repobladores, hizo que se concedieran fueros y cartas pueblas en las cuales se contenian amplias libertades,impensables en cualquier otra situacion.La opresión senorial va a dejar paso a un sistema de relaciones sociales donde existe una mayor libertad individual, al menos en las tierras al sur del Ebro. El desarrollo económico va a posibilitar que se construyan edificios de unas condiciones técnicas y de un coste económico muy elevado,de ahi todo el auge del arte románico del siglo XII en Aragón,de ahi las excelentes fortificaciones o los grandes monasterios cistercienses; de ahi tambien la proliferacion de edificios religiosos en las ciudades; Zaragoza, Tarazona,Daroca o Calatayud contabilizan mas de diez iglesias cada una construidas tras la conquista cristiana de la ciudad6. Todo un conjunto de nuevas fuerzas econ6micas se instala en las tierras ocupadas a comienzos del siglo XII a los musulmanes, las cuales propiciarán un desarrollo econ6mico de una gran magnitud, aunque basado en las circunstancias favorables y sin unas bases sólidas,lo cual serä una de las causas que contribuya directamente a que no se consolide el crecimiento. 3. LOS INDICADORES DEL CAMBIO. Es evidente que no hay un método universal para el estudio de las distintas formaciones sociales,entendiendo el método como la forma de acci6n sobre una formacion social para la resolucion de los problemas que plantea; en palabras de Kula: “para el estudio de los fenomenos sociales ciertos métodos son mas utiles a escala microeconomica, otros.a escala macroeconomica"7. Se hace necesaria por tanto la superacion del método que se basa unicamente en la descripci6n de los acontecimientos,ya que no parte de presupuestos te6ricos y no contacta, como ya criticaba Marx, con las demas ciencias sociales8. En cualquier formaci6n social existen unos indicadores que marcan el pulso de su estado y de su evoluci6n histórica; ademas,esos indicadores suelen estar relacionados entre si y sus mutaciones obedecen a una causa comun. En Aragón y en el siglo XIII hay una serie de manifestaciones que estudiadas aisladamente pueden impedir que se observe la auténtica realidad de la sociedad aragonesa,pero que cuando se ponen en relación muestran con claridad el momento hist6rico por el que estä atravesando el reino. Y ante la toma de contacto de todos los indicadores, es claro que Arag6n sufri6 en el siglo XIII una serie de cambios que afectaron de un modo decisivo a sus estructuras económicas y sociales,dando origen a una sociedad que,aun manteniendo elementos tradicionales, tendra unos fundamentos radicalmente distintos. a. Las transformaciones politicas. Yaa principios del siglo XIII comienzan a notarse las primeras manifestaciones de que algo esta empezando a suceder en la politica aragonesa. La desaparici6n del sistema de tenencias a principios del siglo $\bf { \check { X } \bar { I } \bar { I } ^ { 9 } }$ hay que relacionarla con una nueva forma de ejercer el poder real. La minoria de Jaime I no hizo sino acuciar todavia mas los problemas politicos, que tuvieron concreci6n en la revuelta de la nobleza entre 1224 y $1 2 2 7 ^ { 1 0 }$ ; aunque el reino de Arag6n aun mantenia en gran medida toda su capacidad y todo su empuje. Las campanas militares emprendidas para la conquista de Mallorca y Valencia fueron un excelente pretexto para intentar paliar las dificultades politicas por las que estaba atravesando el reinol1.Pero la creaci6n de sendos reinos con personalidad propia en los nuevos territorios conquistados, con especial significacion para los aragoneses en el de Valencia, convertira a Arag6n en un “solar cerrado", sin posibilidad de expansi6n y con una importancia politica cada vez menor. No es casualidad que en 1247 se haga en Huesca una compilaci6n de todo el derecho aragonés y que se intenten unificar todos los fueros en un ünico marco legal. Esta unificacion hay que contemplarla como una respuesta juridica de la monarquia,y a la vez politica,a una situaci6n de crisis que en lo juridico estaba llevando a Aragón a un estado caóticol2. Jaime I encargó a Vidal de Canellas,obispo de Huesca,que pusiera orden y sistematizase las leyes aragonesas,acabando en el terreno judicial con las deficiencias que arrastraba Aragón. También en el derecho tuvo que adecuarse la sociedad aragonesa a los nuevos cambios surgidos a lo largo del siglo XIII. Como consecuencia de la decantacion de todas las estructuras politicas surge en la segunda mitad del siglo XII, aunque algunos autores mantienen una cronologia anterior,la instituci6n de las Cortes de Arag6nl3. Son la respuesta a unas nuevas realidades que se habian venido fraguando desde que el reino de Aragón qued6 perfectamente consolidado en la primera mitad del siglo XIII. b. Las fuerzas economicas: la adecuacion de las estructuras productivas a la nueva situacion. A principios del siglo XIII hay una transformacion radical en las estructuras econ6micas aragonesas14. Todas las actividades productivas van a sentir profundos cambios; en algun caso, como en la agricultura, sufriendo un notable descenso en los rendimientos y una progresiva sustitución de unos cultivos (cereales) por otros (vid); en ciertos asuntos, como por ejemplo en el comercio, no se sabra superar una incapacidad secular y cronica,arrastrando deficiencias técnicas que seran insalvables. Pese a que el mismo concepto de crisis económica se ha cuestionado ampliamentel5, parece fuera de duda que hay una serie de elementos econ6micos que indican la existencia de una crisis estructural de la economia aragonesa en el siglo XIII; si bien,al tratarse de un periodo del que se conocen pocos datos cuantitativos,es casi imposible hacer una evaluación econ6mica en términos absolutos,por lo que se hace necesario acudir a fuentes muy heterogéneas; pero en ningun caso hay que destruir por destruir,como se ha hecho en alguna ocasion,extrapolando datos de Cataluna para toda la Corona de Arag6nl6,ante la imposibilidad de poder resolver cuestiones concretas por la falta de datos objetivos. 12.ALONSO,1955-1956,295. 13. Ante la polémica entablada sobre la cronologia de la aparicion de las Cortes de Aragón, parece evidente que la postura correcta es la defendida por GONZALEZ ANTON (1975a,1975b y 1977b)y por SARASA (1979). 14.SESMA,1982,9. 15.RUIZ DOMENEC,1977,93-114. 16. RUIZ DOMENEC,1977. Este autor cae en los propios errores que critica,extrapolando además a toda la Corona de Arag6n juicios de valor que se basan en el conocimiento tan sólo de Cataluna. La transformacion agricola es una de las mas evidentes en el Arag6n del siglo XIII. Debido a la rapida colonizaci6n del siglo XII y a la abundancia de tierras, no se pusieron en practica sistemas para la regeneracion de la tierra y no se introdujeron nuevas tecnicas y nuevos cultivos mas rentables.En el estado actual de conocimientos es dificil precisar el grado de pérdida en la capacidad productiva, pero el descenso en los niveles de producci6n parece incuestionable.El aumento del precio de la tierra, aun contando con la depreciaci6n de la moneda,es asimismo evidente; en Teruel, por ejemplo, una cahizada pas6 de valer de 10 a 12 sueldos en el siglo XIII a cotizarse a 140 sueldos en el XIVi7. Está bien demostrado que en la Edad Media y en épocas de crisis se reduce la superficie dedicada al cultivo del grano y se sustituye por vid18. En Arag6n estä documentado con claridad un aumento en el numero de vinas en la zona de Alquézar,que se ha atribuido a unas mayores necesidades de consumo19, pero que obedece a la crisis agricola; tambien en los alrededores de Zaragoza los campos de cereales se sustituyeron por vinas, llegando a ocupar incluso parte de las tierras que se regaban20. En general, en todo Arag6n en el siglo XII hay un proceso de sustituci6n del cereal por la vid,que se va imponiendo en respuesta a la crisis agricola. En lo referente al comercio, indicador esencial de la situación econ6- mica,hubo una_profunda transformaci6n estructural,que se patentiz6 a fines del siglo XIiI. El desarrollo de los canales comerciales provoc6 el que surgieran numerosos comerciantes,aunque como ha indicado Sesma, estos mercaderes no eran burgueses en el sentido estricto del término²1. Hay por tanto un desfase claramente apreciable entre volumen de mercancias negociado y desarrollo de las estructuras comerciales, que eran muy deficientes.El comercio capitalista y protocapitalista se da en los sistemas comerciales avanzados segun la f6rmula $\mathbf { D } { \bar { \mathbf { \Lambda } } } - \mathbf { M } - \mathbf { D } ^ { \prime }$ , es decir, que con dinero (D) se adquiere o produce una determinada mercancia $( \mathbf { M } )$ ,la cual se vende por un precio superior al coste $( \mathbf { D } ^ { \prime } )$ , generando una ganancia neta igual a $\mathbf { D } ^ { \prime } { \mathbf { - D } }$ , lo cual produce la consiguiente acumulacion de capital.Este proceso comercial, una de las claves del desarrollo capitalista de la economia europea en el siglo XII, no se dio en el mismo periodo en la economia aragonesa, en la que predominaban unas leyes mercantiles mas pr6ximas a una economia feudal que a un sistema protocapitalista. En nuestro caso, la mayor parte de las operaciones de cambio y mercado se daban bajo la ecuación $\mathbf { M } - \mathbf { D } - \mathbf { M } ^ { \ast }$ ; segun la cual una determinada mercancia (M) se vendia por dinero (D),el cual se empleaba para adquirir una nueva mercancia $( \mathbf { M } )$ , sin que se produjera el fenomeno de acumulaci6n de capital y sin que se dieran por tanto las condiciones necesarias para un desarrollo capitalista. La no existencia de capital,entendido segun el concepto senalado por Marx, impedia la transformaci6n de un sistema economico y hacia inviable una revoluci6n burguesa. Ademas,el dinero perdió gran parte de su valor especifico²2,lo que condujo a un alza de precios que provoco la descapitalizacion del escaso metal atesorado.La moneda se convertia en un mero instrumento de intercambio y no en capital propiamente dicho. Como consecuencia de la crisis economica y sobre todo ante la deficiencia de los mecanismos de mercado,apenas hubo acunaciones;asi, entre 1261 y 1309 no se emitió en Aragón ni una sola moneda23,lo que indica que los intercambios comerciales internos se realizaban segun procedimientos de una economia primitiva,mediante el canje de unos productos por otros, sin que en algunas operaciones interviniese la moneda; algunos autores como Mayhew, han confundido los términos y han llegado a afirmar que la ralentizacion de la circulación de moneda fue la causa de la crisis de la economia europea,al plantear erróneamente el efecto como una causa24. La industria adquiri6 un alto indice de crecimiento en los siglos XI y XIII,pero no fue seguido de las innovaciones técnicas necesarias, por lo que la produccion,aunque fue mas abundante, no registró ninguna mejora cualitativa; no se modificó el sistema productivo ni se adecu6 al crecimiento,por lo que a la larga la industria,que ofrecia a principios del siglo XIII unas buenas perspectivas para su desarrollo,qued6 estancada y anclada en estructuras caducas25. c. Lucha de clases y luchas sociales: hacia un fortalecimiento de las posturas senoriales. El estudio de la evolucion de la economia ha sido realizado por la historiografia burguesa desde unas perspectivas exclusivamente economicistas,en base a datos y cifras que en algunos casos,como ocurre en la obra de Hamilton26, han sido tomados siguiendo unos criterios err6neos, por lo 22.WOLFF,1978,75. 23.UBIETO,1969,85. 24.Cit. WOLFF,1977,28. 25.SESMA,1982,19-20. 26. HAMILTON,1936.Las cantidades de precios recogidas en esta obra han sido analizadas erróneamente,al tomarlas como generales para todo Aragon, cuando variaban notablemente de unos lugares a otros en funcion de determinadas causas. que su valor es discutible; pero para el estudio de la vida material y para el del propio sistema econ6mico,es imprescindible el estudio de las relaciones sociales deproduccion27,autenticoelementodirectordelprocesoecon6mico y definitorio concreto del propio sistema. Los siglos XII y XII habian visto poblarse las ciudades mas importantes de Arag6n de un elevado numero de comerciantes y artesanos,ios cuales habian contribuido decisivamente a la formacion de unos concejos de hombres libres en los que regian unas relaciones de igualdad ante la ley,en casi todos los casos reconocida por las propias normativas juridicas (fueros de Calatayud,Daroca, etc.). Pero parte de estos ciudadanos fueron alcanzando con el tiempo una posicion econ6mica superior al resto y de esta diferenciacion econ6mica naci6 pronto una marcada diferenciacion social. Se form6 un cuerpo de ciudadanos denominados “caballeros”, procedentes de los estratos sociales de mayores niveles de rentas. A lo largo de los siglos XII y XIII fueron copando los mas altos cargos de los gobiernos municipales, hasta que a fines del siglo XIII y principios del XIV consiguieron hacerse con el control de todos los gobiernos de las universidades,convirtiendose en un autentico patriciado urbano, el cual tendrä su maxima cota en el siglo XV. No cabe duda que este ascenso de los caballeros se debe a una profunda transformacion de las estructuras sociales aragonesas, ocurrida a lo largo del siglo XIII. La nobleza, desplazada del gobierno de las ciudades y cercenadas sus aspiraciones de incorporar las tierras valencianas a sus dominios patrimoniales, intentara por todos los medios que le sea compensado su servicio, para lo cual encabezarä un fuerte movimiento de protesta contra la monarquia,al cual se sumaran otros estamentos de la sociedad aragonesa del siglo XIII y que conducirä a la firma por el rey Pedro III en 1283 del Privilegio de la Union. Este conflicto hay que contemplarlo como algo mas que una simple lucha nobleza-monarquia, es más,en él quedan al descubierto toda una serie de problemas de desiquilibrios sociales y econ6micos y de estructura politica28. La mayor evidencia de la crisis social radica en las relaciones entre las dos clases antagónicas,los sefores y los siervos,extremos encontrados en la sociedad medieval aragonesa29.Los siervos vieron como al descender el nivel econ6mico de los senores por la crisis económica30, se fortalecian las relaciones de seiorio31. Todo ello llev6 a un endurecimiento de los lazos de dependencia de los siervos a lo largo del siglo XII,logrando los senores unas atribuciones cada vez mas abusivas32. La acentuación de la opresion senorial, sintoma de la profunda crisis social, fue tan intensa que se produjo un proceso de acelerada feudalizacion en todo Arag6n. Algunas personas que habitaban en tierras de realengo llegaron incluso a abandonar su condición de hombres libres para hacerse vasallos.Ello oblig6 a Jaime II en 1290 a prohibir que algunos aldeanos de la comunidad de aldeas de·Daroca se hicieran vasallos de Pedro Jiménez de Moneba33. El que algunos hombres libres quisieran perder voluntariamente su libertad sometiendose a vasallaje,es una buena muestra de que los lazos de dependencia se estaban haciendo cada vez más fuertes y que el dominio de los senores sobre los siervos se estaba asegurando34. d. La nueva ordenacion territorial. Los cambios que se producen en Aragón a lo largo del siglo X fueron tan profundos que incluso obligaron a una nueva vertebracion territorial. En realidad, y debido al rapido desarrollo de la reconquista aragonesa, no existia una estructuracion territorial clara en el reino.La constante incorporacion de nuevas tierras y el no saber d6nde iba a acabar el territorio,en suma, el carecer de un espacio claramente limitado y con fronteras estables,habia impedido que se organizasen distritos administrativos definidos. Hasta mediados del siglo XIII existia un Arag6n pirenaico dividido en las tres comarcas históricas del Viejo Arag6n, Sobrarbe y la Ribagorza, una Tierra Llana en la cual habia un marasmo de senorios y tierras de realengo,que se organizaba en el valle del Ebro,en torno a las ciudades de Huesca, Zaragoza,Tarazona,Ejea,Barbastro y Alcaniz y una Extremadura formada por las villas de Teruel, Calatayud y Daroca con sus aldeas. En cualquier caso no habia una organizacion territorial planificada, sino que ésta se habia hecho siguiendo la propia dinamica de los acontecimientos. Al crear Jaime Iel reino de Valencia en 1239,las fronteras aragonesas quedan perfectamente fijadas;obligando a una estructuración del espacio. Aragón alcanza su tope territorial, lo que supone que por primera vez va a tener unas fronteras definitivas. Es sintomatico que acomienzos del siglo XIII desaparezcan los tenentes35, que sin ser representantes de ninguna demarcaci6n territorial si que ejercian cierto poder militar sobre el territorio que se les asignaba y que en cualquier caso eran los encargados de mantener la unidad territorial en torno a la corona. En todo el territorio aragonés se produce un serio intento para establecer unas divisiones administrativas estables en el siglo XIII. En el sur nacerán las comunidades,y en el resto de Arag6n las sobrejunterias,que desde 1279 serán el más importante sistema administrativo de Arag6n36. 48-18. Los cambios mas notorios se produciran en aquellos territorios en los que habia habido menos tiempo para asentar las conquistas, en general en la Extremadura ibérica. Es en este momento,a mediados del siglo XIII, cuando surgen las comunidades de Daroca, Calatayud y Teruel como respuesta a la crisis. Las comunidades aragonesas nacen por necesidad de repartir y organizar el espacio,el cual habia llegado a unos extremos de colonizaci6n insuperables;ademas era imprescindible la reorganizaci6n del sistema de pastos,de tierras,de caminos,etc.Hacia falta una nueva organizaci6n territorial para suplir las carencias que imponia la crisis37. Asi, la comunidad de Daroca era la primera en crearse de derecho en $1 2 4 8 ^ { 3 8 }$ ,la de Calatayud en $1 2 5 4 ^ { 3 9 }$ y la de Teruel en $1 2 7 7 ^ { 4 0 }$ e. La fractura demografica. Pese a la prudencia con que hay que tomar los datos demograficos para la Edad Media aragonesa, es incuestionable que el reino de Arag6n sufrió una gran fractura demografica entre mediados del siglo XIII $\mathbf { y }$ mediados del XIV. El siglo XII y la primera mitad del XIII habian registrado un crecimiento de la poblacion sin precedentes en todo Aragón. Pero desde mitad del siglo XiII todas las ciudades aragonesas sufrieron un freno en su crecimiento. La mayor parte de ellas perdieron poblacion: Huesca tenia 1341 fuegos en el ano 1284,pasando a tan solo 616 en $1 4 9 5 ^ { 4 1 }$ ; Daroca descendió de 926 vecinos en 1230 a 437 en $1 4 9 5 ^ { 4 2 }$ . Tambien se redujo notablemente la poblaci6n de Teruel, Alcaniz, Calatayud, Zaragoza, Borja y Jaca. La reduccion de la poblacion de las ciudades aragonesas llegó a ser en un siglo casi del $5 0 \%$. Pero no solo descendió la población de las ciudades, también en el medio rural descendió la poblacion. En toda la segunda mitad del siglo XII y primera del XIII abundan las repoblaciones de lugares que,o bien se da a pequenos nucleos ya existentes una carta de poblacion,o bien en lugares que estaban yermos se funda un poblado,dotandole de la correspondiente carta de poblacion o incluso de un fuero, convirtiéndolo en una villa43. El gran numero de cartas pueblas concedidas en Arag6n entre fines del siglo XI y mediados del siglo XII es un sintoma evidente de que se estaba creciendo demograficamente y que existian algunos recursos, agricolas sobre todo, para producir un cierto desarrollo económico y en consecuencia demografico. El cese de las repoblaciones no fue instantaneo; desde mediados del siglo XIII comenzaron a descender hasta que prácticamente desaparecieron a fines del siglo XIII. Al cese de la repoblacion siguió un proceso de despoblacion generalizado.Numerosos poblados rurales,alguno de ellos de bastante entidad,quedaron abandonados.En la comunidad de Teruel se despoblaron en este_periodo 21 nucleos de poblacion44 y casi medio centenar en la de Daroca45. Tambien se despoblaron nucleos en la zona de Calatayud, Tarazona y en todo el Pirineo y sus estribaciones.El Bajo Aragón sufri6 una despobiacion menor, debido a su mejor situaci6n econ6mica y a que habia sido el ultimo territorio en colonizarse46. La crisis demografica,con el correspondiente aumento de la mortalidad y el descenso de la poblacion47, produjo ademas una constante degradacion del indice demografico a lo largo del siglo XII, con una maxima baja a finales del siglo,que todavia se acentuara a lo largo de gran parte del siglo $\mathbf { X I V ^ { 4 8 } }$ 43.La lista de lugares repoblados entre fines del siglo XI y mediados del XII es considerable: Jaca en 1064,Alquézar en 1069,Barbastro en 1100,Belchite en 1116,Calatayud en 1131,Mallen en 1132,Asin en 1132,Daroca en 1142 (GARCIA DE DIEGO,1934,95- 97);Alcaiiz en 1157,Calaceite en 1207,Monroyo,Molinos y Ejulve en 1209 (LALIENA,1982).Las ultimas repoblaciones se dan en Albentosa en 1270 (GARGALLO, 1981,n.61) yLa Dehesa,Bergalmohada y Alberite en 1276(LALIENA,1982,n.21). 44. LIMO, 1977, 77. 45. CORRAL; vid. la tesis doctoral citada en la nota 37. 46.Vid.la tesis de licenciatura de C.LALIENA (1982) sobre la Orden de Calatrava en el Bajo Arag6n,en concreto la encomienda de Alcaniz. 47. GARCIA DE CORTAZAR,1975,55. 48.UBIETO,1980,588. f. El nacimiento del arte mudejar. Las manifestaciones artisticas suelen reproducir con bastante exactitud la situacion economica por la que esta atravesando una formacion social en un momento determinado. La crisis económica que va a sufrir la sociedad aragonesa a lo largo del siglo XII va a tener una especial trascendencia en lo que se refiere a las manifestaciones artisticas,en particular a la arquitectura.El impacto de la crisis va a traducirse en la aparici6n por vez primera en Aragón de una nueva forma de construir,que no va a introducir novedades esenciales, pero que va a suponer un modo diferente de entender la construccion y la arquitectura.A mediados del siglo XII, en consonancia con la cambiante situacion aragonesa, nace el arte mudejar, que es una respuesta a la crisis economica y una solucion en arquitectura a esa misma crisis. El impacto de la crisis en el mundo del arte y en concreto en la arquitectura produjo la interrupcion de numerosas obras,que se habian iniciado en periodos de prosperidad y que quedaron inacabadas o se terminaron de forma mucho menos vistosa y mas “barata” de lo previsto; hay ejemplos muy numerosos,quizas sean los más aparentes la iglesia de Santiago de Murillo de Gallego,la de Montalban,las de San Juan y Santo Domingo de Daroca,etc. Se produce una restricci6n en las construcciones,llegando a realizarse una arquitectura de auténtica necesidad49; asi, en la zona aragonesa del Moncayo,de las cuarenta iglesias que se conservan,sólo cinco se construyeron de nueva planta en el siglo XIV,el resto son edificios de los siglos XII y XIII. Las obras construidas_son de una escasa entidad,comparadas con las levantadas en los siglos XII y primera mitad del XIII, dandose una progresiva extincion de las iglesias de tres naves.Quizas el hecho mas significativo sea la degradaci6n en el uso y empleo de los materiales constructivos, tanto para la arquitectura religiosa y civil, en la que se cambiarä el sillar por el ladrilloso,como para la militar en la que el mampuesto y el sillarejo sustituiran a los sillares51. Paralelamente a la degradacion del material constructivo hay una pérdida de los elementos decorativos,que se basarán casi en exclusiva sobre variaciones de los propios elementos constructivos52. Con el empobrecimiento general, dominando ampliamente el ladrillo como principal elemento para la construccion,se produce un aislamiento de la arquitectura aragonesa. Los alarifes de la tierra sustituyen a los canteros extranjeros, con el consiguiente retroceso teécnico y el ahorro de mano de obra.Ei retroceso técnico es palpable en el empleo generalizado de las cubiertas, ya sea de madera o bien de canón apuntado o cruceria simple,de menor complejidad que las cubiertas g6ticas de nervios con arbotantes. El miedo a que las bovedas se derrubasen por defectos de técnica llevó incluso a los alarifes a engrosar desproporcionadamente los muros de los edificios,ante el desconocimiento de los arbotantes53. La arquitectura aragonesa de la segunda mitad del siglo XII y de todo el siglo XIV es un claro producto de la crisis estructural por la que atravesó el reino de Arag6n durante este largo periodo54, crisis que dejara a este “estilo”como definitorio del arte aragones de la Baja Edad Media. 4.EL CAMBIO ESTRUCTURAL: CONCLUSIONES. La crisis de la sociedad aragonesa en el siglo XIII se manifest6 a traves de los indicadores que ya se han enumerado, si bien se podian aducir otros muchos,aunque de éstos no existan suficientes estudios como para poderlos presentar con toda rotundidad; en este sentido baste senalar algunos otros puntos, como por ejemplo el que sea a partir del siglo XII cuando comienzan de un modo general a plantearse conflictos entre distintas aldeas por cuestion de limites y términos, ya sea por terrenos para el cultivo o para pastos,siendo necesaria la actuacion para delimitar y amojonar los terminos de los jueces competentes; y asi otros casos. No cabe duda que la sociedad aragonesa alcanz6 un techo de prosperidad a mediados del siglo XII que no volveria a recuperar hasta pasados casi tres siglos. Todos los elementos que configuraban la sociedad aragonesa sufrieron a lo largo del siglo XIII un proceso de transformación de gran alcance,que en ciertos casos cambi6 por completo su disposicion inicial. Fueron variadas las causas que condujeron a que la crisis se desencadenara y diera como resultado una serie de hechos que haran que se configure un nuevo Arag6n, con unas nuevas y renovadas estructuras. En resumen, los cambios mas importantes que se produjeron en el Arag6n de mediados del siglo XIII fueron los siguientes: - Consolidacion de la formacion territorial, proceso que se realizara entre principios del siglo XIIy 1239 con la creacion del reino de Valencia. - Creaci6n de un nuevo marco legal tras la compilacion de Huesca de los fueros de Aragón por Vidal de Canellas en 1247. 54.CORRAL y ESCRIBANO,1981, 86 y 1982,59. - Aparici6n de las Cortes de Arag6n como institucion propia del reino. - Profundas transformaciones en la actividad agricola. - Desarrollo cuantitativo del comercio pero con unas estructuras muy deficientes. -Ruptura del sistema monetario impuesto por Jaime I. - Estancamiento de la industria ante la falta de adecuacion de los. sistemas productivos y ante la falta de innovaci6n tecnica. -Profundas transformaciones en las clases sociales,con la aparición de los caballeros como nueva clase en auge. - Triunfo de la nobleza ante la monarquia con la firma de los Privilegios de la Uni6n en 1283. - Acentuación de las diferencias de clase,con el endurecimiento de las condiciones de las clases sociales mas bajas. - Proceso acelerado de feudalizacion. - Aparición de una nueva vertebraci6n territorial del reino,con el establecimiento de sobrejunterias y la aparicion de las comunidades de aldeas de Daroca, Calatayud y Teruel. - Importante fractura demografica, tanto en las ciudades como en el marco rural. - Cese de las repoblaciones e inicio de un proceso de abandono de lugares habitados. - Aparici6n del arte mudéjar. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Los sínodos de Huesca-Jaca en el siglo XIII
LOS SINODOS DE HUESCA-JACA EN EL SIGLO XIII por Domingo J.Buesa Conde. En el transcurso del siglo XIII se suceden en la diócesis oscense-jacetana un total de siete prelados que tienen que hacer frente a una problematica concreta que se resume en los.grandes pleitos sobre limites diocesanos. Junto a ellos la trashumancia planteaba disputas entre las sedes de Zaragoza y Huesca-Jaca, en el sentido de que el prelado oscense Ricardo se querell6, en 1194,con la iglesia de Zaragoza por la percepción de los diezmos de los rebafios trashumantes,que pasaban el invierno en las zonas limitrofes de las dos diocesis. Junto a los enfrentamientos de diócesis, fueron muy frecuentes los roces del obispo oscense con los grandes monasterios de su obispado. Se iniciaron con la poderosa abadia de Montearagón,sobre la no satisfacción de la cuarta episcopal de las iglesias enclavadas dentro del obispado,para continuar con el viejo monasterio de San Juan de la Pena, que poseia más de ochenta iglesias dentro de la jurisdicción de esa sede;y con San Pedro el Viejo de Huesca, donado por la realeza aragonesa a la abadia de St. Pons de Thomieres,por causa de la posesion. del santuario de Santa Maria de Salas. Internamente la sede oscense-jacetana se encuentra agitada por la ingerencia de los laicos en los asuntos eclesiasticos,por la division del patrimonio eclesiastico -a raiz de las reformas de Garcia de Gudal,el ano 12O2-;por la regularidad de la catedral oscense y por el problema económico que planteó la construccion de una nueva catedral para Huesca. Todo ello coincidió con la aparición de nuevas corrientes espirituales centradas en torno al Cister,a las órdenes mendicantes,a las cofradias,a la devocion marial y a la gran cantidad de obras pias que nos testifican los documentos. Sobre estas premisas hay que plantearse el estudio de las constituciones sinodales de la sede de Huesca-Jaca,que emanarán de cinco sinodos de los siete celebrados a lo largo del siglo.Partimos para su estudio de la trascripción de estas constituciones en el Libro de la Cadena de la Catedral de Jaca. Esta copia, totalmente fidedigna,se puede fechar a fines del siglo XIV y principios del siglo XV, siendo obra del canónigo jacetano Bartolomé Dayz. Los textos estudiados abarcaran desde el folio 38 al folio 72,distribuyéndose en las constituciones del obispo Domingo Sola, las del obispo Jaime Sarroca y las del obispo Fray Ademar. En el archivo de la Catedral de Huesca se conserva un Cuaderno manuscrito,en papel, de veinte folios que contiene una copia de las constituciones del obispo Domingo Sola -en los primeros doce folios- y de las del obispo Sarroca.Este cuaderno simple debió de escribirse a principios del siglo XVI y estuvo incluido en otro manuscrito ya que sus paginas presentan una foliacion desde el folio 134 al 153. Es obvio que debemos senalar nuestra gratitud a don Juan Francisco Aznarez -canónigo archivero de Jaca- por la facilidad que nos dio para la consulta de los fondos a su cuidado,y a don Antonio Duran Gudiol -canónigo archivero de Huesca- que nos facilitó el Cuaderno simple conservado en su archivo catedraliciol . 1. SINODO DE 1208. El unico autor que ha planteado la posibilidad de que se celebrara sinodo,en Jaca, el afo 12O8 es el canónigo Duran²,en base a un documento del Libro de la Cadena del Concejo de Jaca³.Partiendo de este documento y tomando como noticia fidedigna la donacion del arcedianato de Sodoruel a la Mensa canonical jaquesa4, se puede legar a la demostracion de que, ciertamente, Garcia de Gudal celebró sinodo en el ano 1208. Por el primer documento que citamos, fechado el 5 de agosto de 1208,sabemos que el obispo Garcia de Gudal compareciéndose “de la pobreza y deseando remediar la continua e insoportable 1 El estudio de los sinodos de la sede de Huesca-Jaca,asi como la edicion de sus -textos constitucionales conservados, lo realizo en mi Tesis de Licenciatura “Los sino: dos de Huesca y Jaca en el siglo XII (Zaragoza,1975). 2 Vease su obra Garcia de Gudal,obispo de Huesca·y Jaca, en HISPANIA SACRA, vol. 12 (1959),pag.296. 3. Publica Dámaso SANGORRIN,El libro de la Cadena del Concejo de Jaca (Jaca, 1920),pags. 225. 4. Ibidem,pags. 217 y ss. miseria de la Iglesia de Jaca.. por voluntad, acuerdo y consejo tam Oscensis quam Iaccensis ecclesiae, hemos determinado aumentar los exiguos e insuficientes provechos y rentas,de dicha iglesia, con la donacion de todo el arcedianado de Sodoruel”a la mensa canonical5 . En el protocolo confirman la donacion del obispo Garcia de Gudal los priores de Jaca y Huesca, el sacrista de Jaca y el de Huesca,el chantre de Huesca y el de Jaca, el arcediano de Gorga y limosnero de Huesca,el limosnero de Jaca, el prior de Santas Masas de Zaragoza, el prior de Lasieso, el de Laurés, el de Lierde, el de Santa Maria de Latre, el arcediano de Ansó y Camerario de Jaca y Huesca, el arcediano de Las Vallés, el de Serrablo y el de Sobrarbe. Redacta el documento Sancho,“escriba",por orden del obispo y del cabildo. En el segundo documento, fechado el 25 de octubre de 1208, el obispo Garcia de Gudal “por consejo de Pedro Guillén,prior de Jaca, de Guillermo Sänchez,arcediano de Säsabe et aliarum personarum tociusque Iaccensis capituli assensu exime,“para siempre a todas las iglesias del arcedianato de Säsabe,del pago de las cuartas de los diezmos y primicias",ordenando que“en las parroquias que de tiempo antiguo solian mantener al obispo" en su visita, se reserva esas comidas y decreta que “no las visite el arcediano, sino solamente el obispo en el dia de la cena"6 . A la vista de las dos noticias documentales destaca el excesivo numero de dignidades,de ambas catedrales,reunidas en Jaca bajo la presidencia del obispo Garcia de Gudal.Asisten junto al gobierno de la diocesis, el clero beneficial de Jaca -completoy parte del de Huesca,asi como algunos miembros del clero parroquial jacetano. Todo ello permite suponer la celebracion de un sinodo en Jaca, entre el 5 de agosto y el 25 de octubre. ${ \mathfrak { i } } ^ { \mathbf { S } \mathbf { e } }$ trata,exclusivamente,de un sinodo de la diocesis jacetana? Pensamos que parece ser que asi es. El hecho de que no se hayan conservado las constituciones sinodales, si se redactaron, obliga a dejar muchos puntos en el aire. Su circunstancia histórica se puede entrever en las palabras del prelado;“Compadeciéndome de la pobreza y deseando remediar la continua e insuperable miseria de la iglesia de Jaca,no sea que por ella lleguen a faltar sacerdotes y cese el culto divino,y para que los empobrecidos hermanos no murmuren y pierdan por eso el reino celestial"7. Para remediar este estado de .cosas aumenta “los exiguos e insuficientes provechos y rentas de dicha iglesia". Dado que el documento del 25 de octubre pretende solucionar el problema económico del arcedianato de Säsabe,es claro que se trata de un sinodo convocado con el fin de solucionar los males económicos de la diocesis de Jaca y en consecuencia los espirituales -murmuración, envidia entre las dos Catedrales de Huesca y Jaca, pérdida de devocion, dejadez.en el desempeno de la labor pastoral...- que esta situacion generaba. 2. SINODO DE 1243. El padre Vicente Catalina&,no da ninguna noticia sobre la celebracion de este sinodo diocesano. El canónigo Antonio Du$\pmb { \mathrm { r a n } } ^ { 9 }$ ,documenta la celebracion del sinodo en el otono de 1243. $\mathbf { Y }$ no se encuentra ninguna noticia más en la bibliografia consultada. Siguiendo a Durán, las noticias documentales que conducen a dicha afirmación son dos documentos del Archivo Catedral de Huesca, referentes a la mensa episcopal. La noticia de este sinodo es dada incidentalmente por un documento, fechado en Jaca el 15 de noviembre,otorgado por los arciprestes de los obispados oscense y jacetano,quienes concedieron a la mensa episcopal las dos terceras partes de la mitad del diezmo de los rebanos_trashumantes que pastaban durante el invierno en la diocesis de Zaragoza. Los quince arciprestes, que encabezan el documento, fueron facultados para esta cesión por todos los rectores de las iglesias de sus arciprestazgos reunidos in concilio10. El segundo documento, fruto del mismo sinodo sin duda, fue extendido en Jaca dos dias después -el 17 de noviembre de 1243- y otorgado por el prior, prepósito y cabildo jacetano, los cuales “considerando que era conveniente que la mensa episcopal percibiera los cuartos de los arcedianatos de Ansó y Guarga", determinaron que,bajo este concepto,recibiese el obispo veinte cahices de trigo anuales mientras poseyera el arcedianato de Ansó el canónigo Montesino y otros tantos cahices durante el tiempo que el canónigo Juan Sanchez fuera arcediano de Guarga. A partir del momento en que dejaran sus dignidades, se dispone que “el obispo de Huesca y Jaca habeant et percipiant" plenamente los cuartos de los arcedianos de Ansó y Guarga, tal como hasta el presente los habia venido cobrando la mensa canonicorum jaccensium. Por parte de la diocesis de Jaca suscriben el documento, realizado in pleno capitulo jacetano,el prior, el prepósito, el sacrista, el enfermero, los arciprestes de Guarga, de la Cámara,de Ansó,y de Laurés,el prior de Liert,de Rava,y el cantor.Y por parte de Huesca se hallaban presentes el prepósito, el sacristä, y el cantor. Acepta la donacion el obispo de Huesca-Jaca, Vidai de Canellas, y la rubrica el notario publico de Jaca Arnaldo Laurencil1 . La reunion del gobierno de la diocesis en la ciudad de Jaca, el mes de noviembre de 1243, junto a los rectores diocesanos está indicando un acontecimiento especial que viene determinado por la expresion dederunt in conciliol2. Logicamente debemos tomarlo por el sentido de sinodo,en el sentido de “reunión" o de Asamblea. Las circunstancias históricas de la celebración de este sinodo se pueden apuntar en el hecho de que Vidal de Canellas,al posesionarse de la diocesis en marzo de 1238,se encontró con el patrimonio de la mensa episcopal profundamente mermado. Igualmente se trató de buscar solución al pleito pendiente sobre diezmos de rebanos trashumantes contra el obispado de Zaragoza,cuya historia se solucionara en una “amigable composicion” el l9 de mayo de 124513. 3. SINODO DE DOMINGO SOLA. El padre Catalina14,afirma que “en el Libro de la Cadena de la Catedral de Jaca, se hallan las constituciones sinodales hechas por este prelado, a las que sigue la carta pastoral en que recomienda su observancia. Es el primer obispo de Huesca de quien se tiene noticia de que celebró sinodo". Ciertamente las constituciones sinodales del obispo Sola están en Jacal5,ahora bien lo que no es tan cierto es que este sea el primero de los sinodos oscenses del siglo XII. A nuestro parecer, en 1208 y l243,ya celebraron sinodo los prelados Garcia de Gudal y Vidal de Canellas respectivamente. Conocemos la celebracion del sinodo,en fecha y lugar desconocidos, por las constituciones sinodales que de sus sesiones emanaron. Se conserva el texto en el Libro de la Cadena de la Catedral de Jacal6,y en un cuaderno simple, en papel, de finales del siglo XV o principios del $\mathbf { X V I ^ { 1 7 } }$ . En el protocolo despues de la intitulacion y la dirección,el obispo Sola manifiesta que el sinodo se ha reducido a compendiar los cánones del Concilio IV de Letrán; las constituciones promulgadas por el cardenal Juan, obispo de Sabina y legado pontificio,en el concilio provincial de Lérida de 1229;los decretos de los demas concilios de la Tarraconense y las sinodales dadas por sus antecesores en el obispado de Huesca. Constan las sinodales del obispo Sola de cuarenta rubricas, bajo el titulo genérico de Constituciones domini Dominici Oscensis Episcopi, que responden a las circunstancias históricas de relajación espiritual que atraviesa la diocesis oscense.Damos a continuacion el resumen de cada una de ellas, para una mejor comprension,a la par que comparamos sus rubricas con otras disposiciones conciliares. 14Ob.cit. pag.53. 15 Libro de la Cadena,folios 38 al 50. 16 Cfr.ut supra. A.C.Jaca, sin signatura. 17A.C.H. sin signatura. (1) DE SINODO CELEBRANDO. Se obliga a asistir a Sinodo a todos los clérigos,menos los enfermos,los impedidos por alguna necesidad y los dispensados por el arcipreste para que no se interrumpan los divinos Oficios ni la administración de los sacramentos,en las iglesias del obispado. (2) DE TEMPORIBUS ORDINATIONUM.Da normas sobre Ia presentación de los ordenados al obispo y su examen,sobre las condiciones que deben reunir los aspirantes al presbiterado y sobre la intervencion de los arciprestes. Utiliza la rubrica VIl del Concilio de Lérida del afo 1229. (3) DE FILIIS CLERICORUM ET ALIIS ILLEGITIME NATIS. Pohibe su presentacion para la primera tonsura. Es una copia de la constitucion VIII del Concilio de Lerida de 1229,y transcribe la frase: Concilio de 1229. Sinodo et ad primam tonsuram velut spuria nullatenus admittantur... ad priman tonsuram nullatenus presententur... (4) DE CLERICIS PEREGRINIS SIVE EXTRANEIS. Prohibe la admisión de presbiteros extradiocesanos sin licencia del obispo. El concilio de León,de 1267,recoge la misma constitucion,bajo el titulo “Clerici peregrini non reccipiantur sine litera Episcopi vel Archidiaconi. Los castiga con LX sueldos. (5) DE PACTIs.Los clérigos y religiosos no podran aceptar diezmos,primicias,ni derechos de iglesia ajenos,ni admitir la eleccion de sepultura por feligreses de otras parroquias. El concilio de Lérida,en su constitución XXXII, trae el texto -casi completo- de esta rubrica.El concilio de Valladolid,de 1228,se expresa en los mismos términos en surubrica De religiosas,vel saecularibus,vel de decimis. (6) DE ADVOCATIS. Prohibe a los clérigos ejercer la abogacia en causas promovidas por laicos contra la libertad de la Iglesia,ante un juez civil. El Concilio de Tarragona de 1291-2 (?), posterior a éste, recoge en su Constitucion X este apartado bajo el titulo de “Inmunidad de ias iglesias".Se basa esta rubrica 6 en la Constitucion IX del Concilio de Lérida de 1229 en el aspecto concreto de que no les permite ejercer la abogacia contra la Iglesia. (7) DE IURE IURANDO. Prohibe que clérigos y laicos asistan a juramentos O acuerdos entre cónyuges sobre su separacion. No se ha encontrado,en los textos manejados nada parecido a esta rubrica. (8) DE PEREGRINATIONIBUS. Prohibiendo a los clerigos peregrinar fuera de la diocesis,sin licencia del obispo. Desconocemos su fuente directa. Lo recoge el concilio de León,de 1267. (9) DE VITA ET HONESTATE CLERICORUM.Los clérigOs se abstendrán a crapula et ebrietate,del ejercicio de oficios y comercios seculares,de juglarias y mimos,de frecuentar tabernas,de jugar alias vel taxillos,de llevar cuchillos no permitidos y de confabulaciones ilicitas,ademäs llevarán capas cerradas con manteo,corona y tonsura,y celebrarán el oficio diurno y nocturno. El concilio de Valladolid,de 1228,en su constitución del mismo titulo,anota las mismas prohibiciones.El concilio de Lerida,de l229,nos parece que pudo ser la fuente más directa: Concilio de 1229. Sinodo de Sola. A crapula et ebrietate omnes clerici diligenter abstineant:officia vel comercia secularia non exerceant,maxime inhonesta, joculatoribus, mimis et histrionibus non intendant: tabernas prorsus evident,nisi forte necessitatis causa in itinere constituti, Alei, vel taxillis non ludant: nec hujusmodi ludis intersint... A crapula et ebrietate omnes clerici diligenter abstineant,officia vel comercia secularia non exerceant maxime in honesta, joculatoribus, mimis in similibus non intendant, tabernas prorsus evident,nisi necessitatis causa in itinere constituti ad alleas vel taxillos non ludant, nec huismodi ludis intersint... (10)DE COHABITATIONE CLERICORUM ET MULIERUM. Urge el cumplimiento de las disposiciones del concilio provincial de Lérida de 1229 a este respecto. Se basó en la constitucion VIIl del Concilio ilerdense de 1229. (11)DE CLERICIS NON RESIDENTIBUS. Sefiala penas contras clérigos irresidentes y prohibe a rectores y vicarios delegar en otros la cura de almas, sin licencia del obispo. Lo recoge el concilio de Lerida,de 1229,en sus constituciones XVIy XVII. (12)DE PREBENDIS ET DIGNITATIBUS. Incorpora las disposiciones emanadas de Inocencio III en el concilio IV de Letran,de 1215,y otras de concilios tarraconenses sobre obtencion de beneficios. Sefala las fuentes que utiliz6. (13)DE REBUS ECCLESIE NON ALIENANDIS. Además de las: prohibiciones de enajenar bienes eclesiasticos,manda abrir en los misales de cada iglesia un registro de propiedades y rentas eclesiasticas. La primera parte la recoge de la constitución XXIl del concilio de Lérida de 1229 y de la numero XIX.Respecto a la segunda parte no hemos encontrado ninguna referencia. (14) DE PIGNORIBUS RUBRICA. Prohibiendo la impignoracion de calices, libros e indumentos liturgicos a judio o sarraceno. Tiene alguna relacion con la constitucion numero XXXV del de Lerida de 1229,aunque no se refiere concretamente a este aspecto. (15) DE SEPULTURIS. Sobre el reparto de los bienes legados por quienes eligen sepulturaen iglesia religiosa o en otra de la que no son feligreses. La fuente es la constitucion XXXl del concilio de Lerida de 1229. Concilio de 1229. Sinodo de Sola ...vel apud ipsos eligant sepulturas.. vel alios eligerint sepulturam... (16)DE DECIMIS ET OBLATIONIBUS. Sobre la obligación de satisfacer la cuarta parte de los diezmos y oblaciones -para iluminar,para los hospitales,puentes y obras eclesiasticas- por parte de los rectores de iglesias, y sobre el diezmo de rebafos trashumantes. Esta rubrica nos recuerda el sinodo de 1243,ya comentado. (17) DE VOTO. Mandando que las mujeres no emitan votos de peregrinaciones,ayunos y abstinencia sin el consentimiento de sus esposos y de los sacerdotes. Desconocemos la fuente, si la hubo,o puede que responda a una necesidad planteada en el obispado oscense. (18) DE SACRAMENTO EUCARISTIAE. Sobre el viatico y casuistica sobre derramacion del Sanguis. Parece tener alguna relacion con la constitucion numero X del concilio de Lérida de 1229. (19) DE CELEBRATIONE MISSARUM. Sobre binación, vino y scolaris, prohibicion de celebrar al sacerdote ciego, epileptico, caduco y tembloroso de manos; y facultad de celebrar durante el entredicho para los dominicos y franciscanos en la iglesia donde hayan ido a predicar. (20) DE BAPTISMO. Sobre ministro y forma del bautismo y sobre al bautizo de nifios no nacidos,cuya madre ha muerto y sobre bendicion de fuentes bautismales. No se conocen las fuentes que pudo usar. (21) DE EXTREMA UNCTIONE. Advirtiendo que deben recibir el sacramento “no solo los ricos, sino tambien los pobres, jóvenes y cuantos hayan cumplido catorce anos": sobre su administracion o iteracion y sobre la rendicion del debito conyugal después de la recepcion del sacramento. La constitucion X del concilio de Lérida de 1229,habla del viatico en su constitucion X,pero no anota todas las condiciones que se dan aqui. (22) DE CUSTODIA CRISMATIS. Bajo llave para evitar sortilegios y maleficios,y sobre su renovacion. La constitución X del de Lerida de 1229,obliga a“conservarlo con todo esmero y diligencia".El concilio de Valladolid del afo l228,insiste en esta linea para evitar que“algunos fagan cosas desguisadas”. (23) DE OBSERVANCIA JEJUNIORUM. En las témporas de septiembre, el miercoles de la tercera semana y sobre observancia por el pueblo de los ayunos eclesiasticos. No se encuentra ninguna constitucion que tenga relacion con esta disposicion. (24)DE INMUNITATE ECCLESIARUM. Lanzando excomunion contra quienes destruyan ‘las cosas de las iglesias que se llaman abadias". No se encuentra la fuente directa. (25) NE CLERICI VEL MONACHI. Participen en sentencias de sangre. Se usó la constitucion IX del Concilio de Lerida de 1229. Concilio de 1229. Sinodo de Sola ...Sententiam sanguinis nullus clericus dictet, aut proferat: nec literas dictet vel scribat pro vindicta sanguinis destinandas: nec vindictam sanguinis exerceat,vel ubi exerceatur intersit... Sententiam sanguinis nullus clericus dictet,aut proferat, nec literas dictet vel scribat pro vindicta sanguinis destinandas,nec vindictam sanguinis exerceat vel ubi exerceatur intersit. (26)DE SPONSALIBUS ET MATRIMONIIS: estableciendo que la forma de los primeros sea Ego talis promito tibi tali vel juro tibi tali quod te recipiam in maritum. y la del matrimonio: Tu, talis, ego recipio te in uxorem et Ego talis recipio talem in maritum. En las actas sinodales y conciliares manejadas no hemos encontrado ninguna constitucion de esta entidad. (27) DE CLANDESTINA DISPENSATIONE. Prohibe bajO pena de excomunion los matrimonios clandestinos,y establece que se publiquen los futuros matrimonios en la misa ocho dias antes de su celebracion y que se consulte al obispo o al arcediano en casos dudosos. Condenan los matrimonios clandestinos el concilio de Lerida,de 1229,en su constitución XIV,y el de León de 1267,en su rubrica De clandestina desponsatione.Este de León senala las amonestaciones para “tres fiestas despues del Evangelio",pero su fecha es posterior al de D. Sola. (28) DE SPIRITUALI COGNATIONE, prohibiendo que saquen de pila mäs de dos o tres padrinos.Prohibe contraer matrimonio a los ahijados con los hijos de su padrino o madrina. No se ha encontrado ninguna disposicion similar. (29)DE SIMONIA ET NE ALIQUID PRO SPIRITUALIBUS DETUR VEL EXHIGATUR,prohibiendo toda sombra de simonia en la obtención de beneficios,y que los clérigos exijan dinero por las exequias, bendiciones nupciales y actos semejantes. En la redaccion de esta constitucion se ha tenido en cuenta la constitucion XX del de Lerida de 1229. Concilio de 1229. Sinodo de Sola. Clerici pro exequis ...Clerici quoque pro exequiis trienalibus,vel annualibus mortuorum, benedictionibus nubentium et similibus pecuniam non exigant vel extorqueant... mortuorum,benedictionibus numbentium et similibus pecuniam non exigant seu aliquo modo extorquere... (30) DE MAGISTRIS,ordenando haya un magister in gramatica en las catedrales de Huesca y Jaca,que los beneficiados de las iglesias parroquiales sean obligados a aprender de los maestros, si los tienen,y que ad quartum gradum suscipiendum sea necesario saber hablar en latin. Las constituciones numero VI y VII de Lérida,de 1229, son las que han servido de fuente. DOMINGO J. BUESA CONDE. Rubrica VI. Concilio de Lerida. Sinodo de Sola ... per provisionem Episcopi. scholas de Grammatica statuantur, et magistet collocentur... per provisionem Episcopi et Capituli magistri in Gramatiqua statuantur et unicumque magistrorum in eis regenciam... Rubrica VII ... ut latinis verbis loqui sciat quia suam juvare ...latinis verbis loqui scinerint.. (31) DE JUDEIS ET SARRACENIS: deben pagar diezmos de los campos que tengan de cristianos; se les prohibe tener criados cristianos,sobre todo mujeres a su servicio; se niegan los sacramentos,menos la penitencia,a los cristianos que habiten con ellos.: Se inspira en la rubrica XV del Concilio de Lérida,de 1229. :Concilio de 1229 praecipimus,ut tam Iudaci quam Sarraceni ad solvendum ecclesiis decimas et obla. Sinodo de Sola Tam judei. quam sarraceni ad solvendas decimas ecclesiis tiones debitas pro terris et domibus,et aliis possesionibus,quae ad ipsos a Christianis quomodocumque devenerint, per districtionem ecclesiasticam compellantur. de terris domibus al possesionibus et aliis quod ad eas, a Christianis quocumque modo devenerint vel etiam devenerunt per substractionem comunis Christianorum penitus compellatur... (32) DE HIIS QUI FILIOS OPPRESERINT, amonestando a las mujeres que no duerman con nifos pequefios. En 1267,en el concilio de León veremos la rubrica De infantibus en los mismos términos. (33)DE HOMICIDIIs RUBRICA:cuando los arcedianos o arciprestes se enteren de que un clérigo ha cometido homicidio,deben ocupar sus bienes y presentarlo al obispo. El papel preponderante de los arcedianos y arciprestes nos lo senala ya el canon X del concilio de Lérida de 1229. (34) DE CRIMINI FALSI, mandando prender con su bienes y presentar al arcipreste $\textbf { y }$ al obispo los questores con letras falsificadas. La constitucion II del Concilio de Tarragona,celebrado el ano 1239,prohibe que se les admita si no llevan las letras de los obispos. (35) DE SORTILLEGUIS: pena de suspension contra el clérigo sortilego,adivino,encantador o proveedor de brevajes,ligaturas virorum aut mulierum faciens; suspension contra el clérigo que pretenta escrutar algo per sortes que falsa nomina dicuntur apostolorum vel per salterium aut plumbum vel meta llum; y contra los clérigos que causa cuiscumque doloris desnude los altares O los cubra de algun vestido negro o lugubre o apagare la iluminación de una iglesia. El concilio de Le6n de 1267,insiste en este punto en su rubrica De sortilegiis y en su rubrica De officio custodis. (36) DE CLERICO PERCUSSORE: mandando que sea castigado juxta consuetudinem terre el clérigo que golpee un laico y si el golpeado es otro clerigo, ademas de este castigo se le aplique la pena canónica segun la calidad de la persona agredida. Los dos aspectos de esta disposicion se toman de Ias constituciones XVII y XVIII del concilio de Lérida de 1229.La segunda sefala que seran degradados de sus órdenes. (37)DE CLERICO EXCOMUNICATO,SUSPENSO VEL INTERDICTO MINISTRANTE, incorporando la constitucion de Inocencio IV; dicta,ademas,sentencias de excomunion contra los rectores, vicarios y capellanes que no satisfagan los derechos de arcedianos y arciprestes. Senala las fuentes. (38) DE PENIS: degradacion al clérigo publicamente sorprendido en robo, falsedad,rapina,homicidio,rapto de mujeres,falsificacion de moneda u otros crimenes merecedores de pena capital.La degradación debe ser hecha si se trata de un subdiacono o clérigo menor por un obispo,por dos obispos si es un diacono; y, si es un sacerdote por tres obispos. Otras penas contra los clerigos irregulares sin culpa,los que atenten contra la inmunidad o libertad eclesiástica,los clérigos culpables de un entredicho,los beneficiados que defrauden los derechos o diezmos eclesiasticos y el clérigo que llve armas de noche. Toma como fuente la constitucion XVIII, del concilio de Lerida de 1229. Concilio de 1229. Sinodo de Sola. Ut qui in furto vel crimini falsi,rapina,homicidio,raptu mulierum, incendio, falsa moneta,vel in aliis criminibus quae penam corporalem merentur publice fuerit deprehensus a suis ordinibus degradetur. Clericus in furto vel crimini falsi pina vel homicidio raptu mulierum vel incendio,falsa monetam, vel etiam aliis criminibus quod penam capitalem merentur publice deprehendus a suis ordinibus perpetur... (39) DE PENITENTIIS ET REMISSIONIBUS: Obligatoriedad de confesar y comulgar una vez al ano,despues de cumplir catorce afos; prohibicion de oir confesiones en las tribunas de las iglesias y en lugares privados u ocultos; mandato de que las confesiones se oigan en el cementerio o en la iglesia; prohibición de mirar el rostro del penitente,sobre todo si es mujer; interrogacion sobre el propósito de enmienda,imposicion de penitencia y obligatoriedad de la restitucion;prohibicion de preguntar nombres de complices y sigilo sacramental. Pecados reservados al obispo:Homicidio,sacrilegio,pecado contra naturam vel cum bestiis, incesto,estupro de virgenes, pegar a los padres,opresión de ninos,aborto,pegar a clérigos y religiosos,ruptura de voto de iglesias, incendio y simonia. Reune las constituciones XI,V,del concilio de Lérida de 1229. (40) DE EXCOMUNICATIONIBUS,sobre la obligatoriedad de las sentencias de excomunión, suspensión y entredicho.Mandando que los sacerdotes publiquen que son excomulgados: quienes vendan a sarracenos armas, hierro, cuerdas e instrumentos navales, pan,caballos,bestias o animales para carne y para labranza o para cabalgar; quienes gobiernan galeras o naves de sarracenos o que les auxilien; los cristianos que se alisten en ejercitos sarracenos en guerra con cristianos,siendo este delito reservado al Papa;quienes hagan conjuraciones,conspiraciones o conventicula illicitas;quienes compongan,hagan componer o no destruyan libellos famosos, o sus ritmos O sus canciones en difamación de los clérigos;los sacerdotes que,sin licencia del obispo,celebren en parroquia por sola autorizacion de laicos;los herejes,sus acolites,sus defensores y sus fautores;.quienes azoten personas religiosas;los jurados que imponen tributos indebidos a clérigos e iglesias;los incendiarios y destructores de iglesias;falsificadores de bulas pontificas y quienes utilicen conscientemente fabricaciones hechas por otros; los monjes,canonigos regulares,arcedianos, prepósitos, presbiteros y clérigos personatus habentes que estudien leyes o medicina; quienes,pudiendo,no evitan o defiendan a un clérigo de ser azotado;y quienes mandan guardar estatutos o costumbres contra la libertad eclesiastica. Toma la constitucion XXXV del concilio de Lérida,de 1229. LOS SINODOS DE HUESCA-JACA EN EL SIGLO XII. Concilio de 1229. Sinodo de Sola ...aut vendunt, per se per alios Mauris,vel aliis ex parte maurorum arma,ferrum,lignamina, navium instrumenta, panem equos,bestias,vel animalia ad comedendum,vel ad terras colendum, vel equitandum.. ...aut vendent per sevel alios sarracenis vel alios ex parte sarracenorum arma fe rrum,lignamina et navium Iuxtitiam panem equos bestias vel animalia cole al comedendum vel ad terras excolendas seu etiam equitandum... 4. SINODO DE JAIME SARROCA. ANO 1280. Que se sepa, el obispo Jaime Sarroca celebró dos sinodos diocesanos: uno:en noviembre de 1280 y otro en el mes.de marzo de 1282.Durante la celebracion de este segundo,en la Catedral de. Huesca, se procedió solemnemente a la excomunion del justicia de Aragón,Pedro Martinez Artasona,como veremos mas adelante. El primer sinodo de este prelado,celebrado en Barbastro,concluyó el dia 8 de noviembre de 128O con la promulgación de las Constituciones que conocemos por el Libro de la Cadena de la Catedral de Jaca y por el Cuaderno del archivo de la de Huesca18 . .En la introduccion deja constancia de que su intencion habia sido la de reunir en un solo cuerpo las constituciones dictadas por sus predecesores,al tiempo que urgia la observancia de los canones promulgados en concilios provinciales de la Tarraconense y de las sinodales de su predecesor, el obispo Sola.Dentro del cuerpo legal que promulgó se encuentran alusiones a otras fuentes,como las constituciones del concilio de Lérida -celebrado en $1 2 2 9 -$ por el cardenal Juan, obispo de Sabina y legado de Gregorio IX,y los canones del concilio de Lion de 1274. Constan estas sinodales de un elevado numero de rubricas,cuarenta en total, extraordinariamente parecidas.a las del sinodo del obispo Domingo Sola.Por ello resenamos solamente aquellas que por la novedad que supusieron tienen mas interés19. 18A. C.Jaca,Libro de la Cadena,fols.51 a 59.A.C.Huesca,sin signatura,Fols.12 al 20. 19 Editamos todas las rubricas de esta Constitucion sinodal en nuestra tesis de Licenciatura,Cfr.nota 1.Inédita. (1) CIRCA EA QUE DEBEANT ESSE SOLLICITI CLERICI. Constituye la sinodal mas larga y contiene una serie de avisos alos clérigos,divididos en tres apartados: circa Corpus ecclesie, sobre la conservacion y custodia del Santimo,Crisma,priscina juxta altari,panos sagrados e indumentaria liturguica, fuente bautismal, fabrica de la iglesia y libros; circa seipsos,sobre habito talar, rezo del oficio divino,ejmplaridad de vida,predicacion y administracion de sacramentos: y circa subditos, mandando a los clérigos que no permitan la formicacion publica, ni la separacion de matrimonios,ni la usura. Se nota la influencia del concilio de Lerida,de 1229,asi como la de las constituciones de Domingo Sola,a cuyos apartados remitimos. (2) DE ELECTIONE RUBRICA,manda que ningun clerigo sea promovido a un beneficio, si antes el obispo no lo ha declaradoidoneo. Recoge la rubrica XIV del concilio de Tarragona,de 1239. (3) QUOD OBTINENTES RECTORIAM VEL VICARIAM INFRA ANNUM SE FACIANT AD SACERDOTIUM PROMOVERI, segun la cOnstitución de Gregorio X,en el concilio de Lion. Senala las fuentes usadas. (4) DE TEMPORIBUS ORDINATIONIBUS,sobre la obligatoriedad de presentar a los ordenandos al obispo diocesano. Usa la constitucion XVIII del concilio de Lérida,de 1229.Usa tambien la XVI. (5) DE OFFICIO ARCHIPRESBITERI: toca al 'arcipreste vigilar la actuación de presbiteros,extradiocesanos y denunciai a los clérigos concubinarios al obispo,conforme a la sinodal del obispo Domingo Sola. reune las constituciones 33 y 34 del de Domingo Sola,como indica. (6) DE VITA ET HONESTATE CLERICORUM,se limita a prohibir que los clérigos anden en la iglesia,o per villam, sin llevar la cota rotunda,encima del vestido. Copia la constitucion.9 de Domingo Sola,y la XXXI del concilio de Lerida de 1229. (7) DE PENA CLERICORUM LUDENCIUM AD ALEAS ET TAXILLOS: Impone la pena de cuarenta florines al clérigo que juegue en lugar publico, manteniendo la senalada por el obispo Sola si juega en privado,siempre que se pueda demostrar. Se basa en la Constitucion 9 del sinodo de Domingo Sola. (8) QUOD CLERICI PORTENT HABITUM ET TONSURAM DECENTES, si no quieren perder el privilegio clerical, en el plazo de dos meses los clérigos deberan abandonar las vestes virgatas y los trajes laicales;y les prohibe dedicarse a negocios. Constitucion IX del concilio de Lérida de 1229. (9) DE COHABITATIONE CLERICORUM ET MULIERUM: bajO pena de privacion de oficio y beneficio, prohibe a los clérigos mantener cuncubinas. Parte de la constitucion X del sinodo de Sola,el cual recoge la VIII del concilio ilerdense de 1229. (10)DE CLERICIS NON RESIDENTIBUS, interpreta una constitucion del obispo Sola sobre facultad de los clérigos curados-a poner sustituto por necesidad,en el sentido de que la sustitucion no podra prolongarse mas de quince dias. Copia la constitucion 11 del sinodo de Sola. (11) DE INSTITUTIONIBUS QUOD NULUS RECIPIAT CURAM ANIMARUM NISI DE MANU EPISCOPI, en rectorias y vicarias bajo penas de suspension,a no ser que medie un privilegio especial y una antigua costumbre. Parte de la constitucion XVII del concilio de Lérida,de 1229. (12) DE PIGNORIBUS,prohibiendo a los clérigos empenar iglesias,posesio. nes,derechos,o réditos eclesiasticos a nobles,infanzones o laicos. Se basa en la constitucion XXXV del concilio ilerdense del afo 1229. (13)QUOD CLERICI PRO MUTUO NON POSSINT OBLIGARE BENEFICIUM: incorpora una constitucion anterior dictada por el obispo Sarroca, prohibiendo dar en prenda de un préstamo los frutos de un beneficio.Asimismo confirma otra de su predecesor,el obispo Sola.que se refiere a la enajenación de calices,libros u ormamentos liturgicos a judios,sarracenos ni cristianos. La constitucion dictada por el propio Obispo Sarroca no la conocemos;la de su predecesor en la numero 14 del sinodo de Domingo Sola. (14) DE PECULIO CLERICORUM, comprando a los beneficiados la compra de bienes con dinero obtenido del beneficio,y a rectores y vicarios abandonar las abadias para vivir en casas particulares. Toma parte de la constitucion XI de clericis non residentibus.del obispo Sola: la primera parte recuerda la constitucion XII del de Lerida de 1229. (15) DE SACRAMENTO MATRIMONII NON MINISTRANDO ALIENIS PARROCHIANIS,a no ser con licencia del párroco propio previa la amonestacion y en presencia de dos o tres testigos. No encontramos parecido alguno en otras sinodales o constituciones,excepto en la 26 de Domingo Sola,aunque no esta: blece estos mandatos. (16) DE IURE PATRONATUS,los frutos de una iglesia vacante no pueden ser percibidos por los patronos, sino por el economum nombrado por el obispo con la obligación de rendir cuentas al rectof o vicario que fuere elegido por el patrono y confirmado por el obispo. Estä basandose en la constitucion XVIII del concilio de Lérida de 1229. (17) CONTRA CLERICOS IMPONENTES ECCLESIIS NONUS: Conforme a una constitucion del obispo Sola,amenaza con la excomunion a los clerigos que,con el fin de conseguir una vicaria o rectoria,impongan a sus iglesias alguna carga o servidumbre desacostumbradas. Senala las fuentes. (18)DE CELEBRATIONE MISSARUM ET QUOD FILIUS ILLEGITIMUS NON MINISTRET PATRI, prohibe a los rectores y vicarios y simples presbiteros,permitir el servicio del altar,ler la epistola o el evangelio a un hijo propio,aunque sea clérigo y legitimado. Se basa en la constitucion VIII del concilio de Lérida,de 1229. (19) DE RELIQUIIS ET VENERATIONEM SANCTORUM; cOnCediendo indulgencias a los fieles cada.vez que hagan genuflexion al oir en la iglesia el nombre de Jesus o la Virgen,a los que se arrodillen al paso del viatico y a los acompafiantes del cleérigo portador del mismo. No se encuentran las fuentes concretas. (20) DE RELIQUIIS SANCTORUM FIDELITER SERVANDIS,sefialando penas al rector o vicario que no guarde bajo llave la eucaristia y los santos 6leos y prohibiendo a los laicos llevar la cruz en los entierros'y procesiones. Recuerda la constitucion X del concilio de Lérida,de 1229.Tambien se ha utilizado la constitucion de custodia Ecclesiarum,et aliorum Sacrorum,del Concilio de Valladolid,de 1228. DOMINGO J. BUESA CONDE (21) DE COGNATIONE SPIRITUALI, prohibiendo admitir en el baustismo a mas de dos padrinos. Copia la constitucion 28 del sinodo de Domingo Sola,cuya fuente es desconocida. (22) DE USURIs RUBRICA, urge la observancia de las disposiciones dictadas por Gregorio X,contra los usureros en el concilio de Lion. En el concilio de León,de 1267,se encuentra una constitucion bajo la misma rubrica. (23) DE SENTENTIA EXCOMUNICATIONIS, prohibiendo bajo pena de excomunion,a los clérigos,acordar entre ellos o con laicos contratationes vel conspirationes.. Toma ideas de las constituciones X y XI del Concilio de Tarragona de 1239. (24) CONTRA FACIENTES POTACIONES VEL CONFRATRIIS EN ECCLESIIS: a fin de cortar el abuso de hacer potationes confratrias vel ludos illicitos,en las iglesias,durante las celebraciones de la fiesta de Pascua,a causa de las cuales se interrumpia,o extorbaba, el Oficio Divino,llgandose hasta la embriaguez,amenaza con excomunion a cuantos,siendo mayores de 14 afos,participasen en las comidas y bebidas en una iglesia,cementerio o pórtico de los mismos. Para el estudio de esta constitucion se deberä tener en cuenta el sinodo de 1295 de fray Ademar,obispo de Huesca,que se dedica enteramente a esto. (25) DE CLERICIIS CONCUBINARIIS. Esta rubrica termina con el enunciado de que “muchas veces la facilidad del perdón es un incentivo para la delicuencia",habiendose complicado las cosas. Como se puede ver las constituciones de este sinodo se basan en dos fuentes ya estudiadas y sefaladas: el sinodo de Domingo Sola y el concilio ilerdense de 1228.Ademas se completa el capitulo de fuentes del sinodo con las del concilio tarraconense de 1239 y con las que senala el propio texto.Por ello y dada la similitud en las constituciones re'stantes,consideramos suficiente la exposicion realizada. 5. SINODO DE 1282. EXCOMUNION DEL JUSTICIA DE ARAGON. Un documento del archivo catedralicio oscense20, testifica la celebración de un sinodo en marzo de 1282,en el marco de la Catedral de Huesca, que posee gran interés puesto que en sus sesiones se decidió la excomunion del Justicia de Aragón: don Pedro Martinez de Artasona. Es posible que su convocatoria obedeciera sólo al intento del obispo de lanzar dicha excomunion y que no produjera ningun tipo de legislacion diocesana, por lo cual serä necesario proceder al estudio de las circunstancias históricas que, segun el documento, condujeron a tal desenlace. Todo el largo proceso se inició cuando,en 1276,siendo rector de la iglesia de Estadilla -Pedro Martinez de Artasona- ocup6 indebidamente la iglesia mayor de Barbastro contra la voluntad del obispo Sarroca e impedire fecit nobis per dictum tempus percepcionem decimarum et fructuum redditum et oblationum dicte ecclesiis maioris ville Barbastri2l. El obispo lo cit6 en el claustro de la Catedral de Lérida y no acudi622. Las cosas :empeoraron’ y Pedro Martinez “cogió animales del obispo que trabajaban las vinas de Barbastro".Ademas,manu armata “hizo invadir y depredar las abbacias de Berbegal et de Laguna Rota et de Almudevar pertinentes ad nos et locum nostrum de Exep,llevandose de dichas abadias bladum, vinum, pannes, tabulas,porcos vivos,carnes sabas,armas et plures alias res quas ibi invenit" En estas circunstancias, Pedro Martinez de Artasona, expulso videnter et manu armata venerabilem Egidium Petri Grimonis, prior de las Santas Masas,de la Iglesia zaragozana23. Ante la grave situacion, el metropolitano tarraconense se puso al lado del obispo de Huesca y orden6 a Guillermo de Montcada, obispo de Lérida, ayudar al oscense y denunciar, conforme a una constitucion dek concilio de Tarragona,como excomulgados nominatim a cuantos le nombre Jaime Sarroca24 . 20 A.C. Huesca. 6-381.Falta sello pendiente. 21 Ibidem. 22 A.C.Huesca. 6-254. 23 Vease nota 17. 24 A. C.Huesca.extrav. papel. No obstante, como persistia in sua malicia et nolens desistere a premissis,immo mala malis,peccata peccatis et predam predis acumulans,el obispo Sarroca procedio a excomulgarlo sicut lumen separamus ab istis candelis. Por ultimo queremos hacer notar dos detalles de gran interés, que nos aclaran el acontecimiento que resena el documento que utilizamos. El Acta de excomunion se fecha die mércurii que fuit XXV Kalendas Aprilis anno Domini Mo CCo $L X X X ^ { o }$ primo,lo cual nos da la fecha del 18 de marzo de 1281, fecha que es admitida como buena por don Ricardo Del Arco2s.No obstante, hay que hacer notar que el 18 de marzo de 1281 no era miércoles,como quiere el documento, sino que lo fue el 18 de marzo de 1282. Por este detalle pensamos más certero el ano 1282 como el de la ex comunion del justicia. A continuacion, el documento,senala que el obispo “convocaba una venerable comitiva de prelados y demas clérigos de la ciudad y diocesis de Huesca, junto al altar de Jesus Nazareno pro sinodo celebrando,revestido con habitos pontificales y acompanado de doce presbiteros con indumentarias sacerdotales,y teniendo sendas candelas encendidas en sus manos processit ad excomunicandum seu anathematicandum Petrum Martini de Artasona, justiciam Aragonie26 . Como se puede ver, el texto de la solemne excomunión nos habla -claramente- de la celebración de un sinodo en marzo de 1282. Por lo que respecta a Pedro Martinez de Artasona ocupó el cargo de justicia de Aragón·y parece ser que, para ello,dejó su estado religioso segun se desprende de la expresion tempore quod erat clericus, incluida en el Acta de excomunion. Zurita nos senala que,después de haber sido suspendido en el cargo, fue pedida su reposicion en el justiciado durante las cortes de Zaragoza de $1 2 8 4 ^ { 2 7 }$ . 6.SINODO DE 1295,de FRAY ADEMAR,OBISPO DE HUESCA. En el folio 59 del Libro de la Cadena de la catedral de Jaca,comienzan las Constitucionesdomini FratrisAdemarii,Oscensis episcopi,uper beuragis. El sinodo que estudiamos ahora nacio de la necesidad de poner remedio a la introduccion de quasdam consuetudines seu verius corruptelas in suarum animarum, que nos recuerdan la constitucion veinticuatro del sinodo de Jaime Sarroca,de 1280.Pretendia cortar esa constitucion “el abuso de hacer potaciones confratias vel ludos ilicotos en las iglesias,durante las celebraciones de la fiesta de Pascua,a causa de las cuales se interrumpia,o extorbaba,el Oficio Divino, llegandose hasta la embriaguez, amenaza con la excomunion a cuantos siendo mayores de 14 afios, participasen en estas comidas y bebidas en la iglesia”.28. El sinodo se celebr6 en la ciudad de Huesca el dia 15 de mayo de ${ 1 2 9 5 \mathrm { y } }$ el ünico documento legal que emitió fue una recomendacion del prelado oscense,que,posteriormente,se incorporó al sinodo de 1298 al copiarlo en las päginas del Libro de la Cadena de Jaca. El obispo.oscense seiala que per hanc constitucionem non intendimus prohibere quid in dictis festivitatibus comunicantibus seu recipientibus Corpus Domini Nostri Ihesu Christi detur modicum de vino cum quo ora comunicantium,apud ecclesiam sedis oscensis,commode abluantur.2 7. SINODO DE 1928, CELEBRADO BAJO EL EPISCOPADO DE FRAY ADEMAR. En el libro de la Cadena de la Catedral de Jaca,a partir del folio $\$ 9$ e inmerso en el enunciado del sinodo de 1295,se hallan las Constituciones edite per Reverendum patrem fratrem Ademarium Oscensem episcopum apud ecclesiam sedis Osce in generali sinodo celebrato XVIII Kalendas decembris anno Domini $M ^ { \circ } C C ^ { \circ } X { \bar { C } } ^ { \circ }$ octavo. Del texto de las constituciones nos parece interesante destacar tres apartados o rubricas: (1) DE DEURAGIs. Denuncia este mal como arraigado specialiter en sus di6- cesis y ordena cumplir fielmente las disposiciones que a tal efecto ha dictado el concilio tarraconense, 29Es de gran interés la obra de TEJADA Y RAMIRO Coleccion de Cánones y de todos los conciliosde la iglesia espanola. (Madrid,1851),en cuyas paginas se encuentran las fuentes de la mayor parte de las rubricas de los sinodos estudiados. DOMINGO J. BUESA CONDE. Esta disposicion esta sacada del concilio de Tarragona,celebrado en los idus de marzo del afo 1292.Se usa la constitucion numero XI Contra indebitas pastiones et procurationes. {2) DE CLERICIS NON PROMOVENDIS SIVE LICENCIUM SUI PRELATI. Insiste en que ningun clérigo sea ascendido sin licencia del prelado,como in. sisten las constituciones de los concilios precedentes. (3)DE VITA ET HONESTATE CLERICORUM QUAM CLERICUS ARMA PORTANTES. Insiste en las disposiciones de sus predecesores. Si porta armas de noche pagar& VII morabetinos,y V morabetinos si es de dia. Estas constituciones cierran el siglo XIII,y sin duda alguna se basan bastante en el concilio de Tarragona,celebrado en 1292,y en las constituciones de los sinodos oscenses y jacetanos del siglo XIII.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Orihuela ante las cortes de 1488: la visita de los Reyes Católicos a la ciudad.: Orihuela Hosts the Courts of 1488: The Catholic Monarchs Visit the City.
ORIHUELA ANTE LAS CORTES DE 1488: LA VISITA DE LOS REYES CATÓLICOS A LA CIUDAD. ORIHUELA HOSTS THE COURTS OF 1488: THE CATHOLIC MONARCHS VISIT THE CITY. María José CAÑIZARES GÓMEZ Universidad de Alicante ORCID: 0000-0001-5904-3249 email@example.com. Resumen: La visita de los Reyes Católicos a Orihuela en 1488 debe ser contextualizada dentro de la última etapa de conquista del Reino de Granada, cuya campaña en este momento se dirige hacia la zona oriental del mismo. De forma paralela al desarrollo bélico, se celebraron Cortes de la Corona de Aragón, que se habían dilatado en el tiempo desde 1484. En la visita se recaudaron provisiones y soldados para la campaña sobre el territorio nazarí y los reyes aprovecharon su estancia allí para trasladar las sesiones de Cortes Generales de la Corona de Aragón a dicha ciudad. El objeto de este trabajo es analizar tres aspectos: la preparación, organización y recepción que desarrollo Orihuela ante la llegada de los monarcas; el desarrollo de la finalización de las Cortes; y, por último, estudiar las consecuencias y repercusiones que esta visita tuvo sobre esta ciudad. Palabras claves: Orihuela, cortes de 1488, entrada regia, Reyes Católicos, guerra de Granada, Corona de Aragón. Abstract: During the last stage of the conquest of Granada, the Catholic Monarchs visited Orihuela. The campaign was, at this moment, turning into the Eastern area of the kingdom of Granada. The Aragonese courts, which has not been summoned since 1484 because of the war, were at least summoned. During the visit, provisions were collected and men were called at arms against the Nasrid Kingdom. The Monarchs took advantage of their stay to move the summoning of the Cortes to Orihuela and put an end to them. The aim of this study is to analyse three important aspects. First, the organisation of the city to host the Monarchs and their reception. Secondly, the issues discussed by the courts held in Orihuela. Finally, the consequences and the repercussions this visit on the city. Keywords: Orihuela, courts of 1488, royal entrance, Catholic Monarchs, Granada War, Crown of Aragon. 1. Introducción1. El año 1488 fue de gran importancia para todos los territorios que configuraban la frontera sudeste peninsular, es decir, la Gobernación de Orihuela, el Reino de Murcia y la zona oriental del Reino nazarí de Granada. Los sucesos que ocurrieron ese año en dicho espacio provocaron que se convirtiese en el centro de todas las actuaciones políticas de los reyes Fernando e Isabel, por lo que Murcia, para la Corona de Castilla, y Orihuela, para la Corona de Aragón fueron por unos meses las capitales políticas de los Reyes Católicos y de sus reinos. El objetivo de este trabajo es centrarnos en la visita de los monarcas a la ciudad de Orihuela y en los sucesos que se desarrollaron allí con motivo de la misma, aunque antes de profundizar en la cuestión es importante acercarnos brevemente a la historia de Orihuela, su importancia como ciudad frontera y su gran crecimiento en el siglo XV. Su tradición como espacio cristiano bajomedieval se remonta al siglo XIII en el que fue conquistado por el infante Alfonso, futuro Alfonso X, apoyado por el rey aragonés Jaime I, dando lugar a la zona norte del reino de Murcia. A finales de ese siglo, el inconformismo aragonés por el resultado de las fronteras y las aspiraciones de alcanzar mayor territorio peninsular para la corona aragonesa se materializaron en 1296 en el que, aprovechando la crisis interna de la Corona de Castilla y apoyándose en la deslegitimación que los infantes de la Cerda defendían sobre las aspiraciones al trono de Fernando IV, Jaime II conquista el reino murciano. Tras estabilizar Fernando IV su posición en el trono castellano y firmado el tratado de Torrellas-Elche (1304-1305), la procuración de Orihuela pasó a manos de la Corona de Aragón, lo que supuso la ruptura en dos del primigenio reino de Murcia. A lo largo del siglo XIV, Orihuela estuvo activamente presente en los conflictos fronterizos entre aragoneses y castellanos, el caso de la Guerra de los dos Pedros, y en el siglo XV, por las aspiraciones anexionistas de Alfonso V el Magnánimo sobre el espacio murciano. El territorio se convertiría en 1366 en gobernación (Barrio 2012: 450) y, en 1437, obtendría el título de ciudad de la mano de Alfonso V (Del Estal 1996: 76-90). Su valor estratégico, político y funcional fue esencial para los intereses fronterizos de los aragoneses, por lo que ocupó un papel muy destacado durante toda la época bajomedieval en la Corona de Aragón, siendo la capital política de los límites meridionales del reino de Valencia (Cañizares 2019: 315-317). Fue tal la importancia de dicha ciudad que a lo largo de los siglos XIII-XV recibió la visita en más de una ocasión de los reyes aragoneses. Los principales motivos por los que los monarcas acudían a Orihuela estaban siempre relacionados con la guerra y los pleitos fronterizos con el reino de Murcia. A continuación, enumeraremos algunos ejemplos: en primer lugar, destacamos el caso del rey Jaime I, el cual estableció su centro de operaciones durante la conquista de la Murcia musulmana allí (Guinot 1995: 37-38). Otro de los monarcas más destacados fue Jaime II, quien acudió debido a sus intentos de conquista del reino murciano a finales del siglo XIII (Del Estal 1977: 100-101). En el caso de Pedro IV, volvemos a ver como motivación la temática militar, ya que su presencia en el municipio fue consecuencia de los ataques castellanos sobre Orihuela en la contienda de la guerra de los Dos Pedros (Cabezuelo 1991: 101). Por último, destacamos a Juan II, padre de Fernando II, quien llegó a visitar la ciudad de Orihuela, antes de ser rey, en sus intentos por anexionarse el reino de Murcia (Barrio Cabezuelo 2000-2002: 12-18). Por tanto, como vemos, las visitas a la ciudad de los monarcas siempre estuvieron relacionadas con la posición estratégica que jugó este municipio a lo largo de la Baja Edad Media y, sobre todo, por la guerra política y diplomática fronteriza entre la Corona de Castilla y la Corona de Aragón. La visita de los Reyes Católicos también la podríamos catalogar dentro de este amplio grupo, ya que los monarcas pasaron por Orihuela antes de lanzar una ofensiva militar sobre la zona oriental del reino de Granada. Antes de marcharse al frente el rey Fernando II, que se encontraba en medio de una convocatoria de Cortes Generales desde 1484, decidió claudicar las cortes, por lo que las traslada a Orihuela el 25 de abril de 1488, día en el que los reyes hicieron su entrada real en la ciudad. Las prisas por prepararlo todo para la campaña de ese año sobre los granadinos provocó que al día siguiente los reyes partieran hacia Murcia, quedando las cortes convocadas en la ciudad oriolana, a espera de su clausura cuando el rey volviese de la guerra. Muchos trabajos han tratado la visita que realizaron este año los reyes a Murcia, pero el análisis de su presencia en Orihuela es casi anecdótico por parte de la historiografía, ya que se han limitado a citar muy superficialmente el acontecimiento sin darle mayor importancia y valiéndose de la información que relataron los cronistas, sin acercarse de verdad a las fuentes municipales. 2 Es nuestro objetivo en el presente trabajo desarrollar un estudio pormenorizado de los acontecimientos que tuvieron lugar ese año en la ciudad de Orihuela, a partir de los cuales podremos determinar hasta qué punto la presencia de los monarcas allí y la finalización de las cortes en dicho lugar influyó en la historia política, económica y social tanto de Orihuela como de su gobernación. Las fuentes utilizadas en la elaboración de este trabajo son principalmente las actas del consell de Orihuela correspondientes a ese año, 1488, que se encuentran en el Archivo Municipal de Orihuela (AMO). La suerte de que ciudades como Orihuela o Murcia hayan conservado las actas de sus concejos y el gran valor documental que tienen estos archivos concejiles permite conocer los detalles del viaje que realizaron los reyes durante este año por la frontera sudeste peninsular y las medidas tomadas. No es el caso de Lorca, ciudad por la que también pasó el rey Fernando II, y que, aunque desempeñó un papel muy importante ese año, no ha quedado constancia en sus archivos de tales acontecimientos (Hernández, López y Puertas, 2013: 80). 2. Los preparativos de la visita de los Reyes Católicos. La posición territorial de la ciudad de Orihuela y los intereses políticos y bélicos de los reyes en la frontera sudeste fueron los motivos que los llevaron a acudir a Orihuela el 25 de abril de 1488. Dentro del contexto político y ceremonial, las entradas reales suponían todo un despliegue propagandístico y representativo del poder monárquico. Las llegadas de los monarcas a las ciudades expresaban una de las formas más espectaculares de exponer el poder regio ante los súbditos y, por ello, fueron ganando mayor espectacularidad, pomposidad y grandilocuencia a lo largo de la Baja Edad Media (Nieto 1992: 22-23). Los Trastámara —dinastía que gobernó tanto en la Corona de Castilla como en la Corona de Aragón en el siglo XV— a lo largo de sus distintos reinados, potenciaron esta forma de promoción mediante el largo itinerario de ciudades a las que acudieron los distintos reyes de esta familia (Martínez 2015: 216 y 245). Las visitas reales se deben entender, por tanto, como grandes celebraciones de carácter urbano que buscaron renovar los vínculos políticos entre el monarca y sus súbditos. Por ello fue de suma importancia todo lo que rodeó a la preparación de un evento que poseía un importante protocolo de actuación y que representaba todo un proyecto de propaganda regia. Estos preparativos supusieron un gran trabajo y gasto por parte de las autoridades municipales que debían embellecer y preparar a la ciudad para la llegada de los reyes y su comitiva, lo que no resultaba nada fácil de realizar. A finales del siglo XV se consolidó esta conmemoración que pasó de ser una celebración espontánea a estar organizada de forma minuciosa y concisa, sin dejar ningún detalle al azar (Asenjo 2013: 54-55; Coronado 2019: 40-41). A la hora de profundizar en este fenómeno hay un variopinto número de estudios bibliográficos tanto en la Corona de Castilla3 como en la Corona de Aragón. 4 No todas las visitas se realizaron siguiendo el mismo procedimiento, sino que dependiendo de la importancia de la ciudad, se llevaron a cabo unas actuaciones u otra; es decir, no era igual la entrada de los reyes en Valencia que en Orihuela o Murcia. Aunque estas recepciones monárquicas daban un gran prestigio a las ciudades, a nivel económico y social generaron también elevados gastos y dificultades financieras a las ciudades y sus habitantes (Martínez 2015: 203). La noticia de la llegada de los monarcas se conoció en la ciudad de Orihuela a finales de febrero de 1488, cuando se informó al consell de la llegada del rey, la reina, los infantes y las Cortes desde Valencia. En lo magnifich consell fon proposat per lo magnifich mossen Pere de Fontes sindich de la ciutat que la magestat del senyor rey e la senyora reina en sa compañía lo senyor princep e la senyora infanta se diu son ja en Valencia en la qual sia cloure la cort convocada a Taraçona en la present ciutat. 5. Desde el organismo de gobierno municipal se tomaron rápidamente medidas que tuvieron como objetivo preparar todo lo necesario para el recibimiento de los reyes. El problema inicial planteado fue la recaudación de fondos para poder costear todo el evento, por lo que la primera medida tomada consistió en revocar todos los salarios otorgados ese año tanto a consellers y jurats como a los funcionarios municipales de la ciudad. Ese dinero se destinaría a los preparativos: «lo dit magnifich consell ordena que sien rellevats axi com relleva tots e qualsevol salaris de qualsevol natura que sien ques paguen de les rendes de la dita ciutat». A pesar de ello, la cantidad no resultó suficiente, por lo que también se recurrió a solicitar préstamos a individuos como Joan Roca, quien proporcionó 10.000 sueldos para afrontar los gastos, así como 2000 cahices de trigo para las provisiones.6. Una vez realizada la recaudación y previstos los gastos, los munícipes trabajaron en ver qué elementos necesitaba la ciudad para poder recibir adecuadamente a los monarcas. Era imprescindible que Orihuela adquiriese los palios honoríficos que debían llevar los reyes tras su entrada; este elemento fue utilizado habitualmente en las recepciones reales en las ciudades debido a su doble simbolismo: por un lado, representaba el poder político y por el otro el poder divino de los reyes (Martínez Martínez, 2015: 236). Al venir a la ciudad los monarcas y dos de sus infantes, Isabel y Juan, era necesario adquirir 4 palios y, además, se encargaron dos banderas en Valencia.7. Cuentas de la entrada real del 25 de abril de $I 4 8 8 ^ { 8 }$ <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Gastos de la entrada real en Orihuela</td><td rowspan=1 colspan=1>Cantidad</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>4 palios para recepcion reyes</td><td rowspan=1 colspan=1>1056 sueldos</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>2 banderas</td><td rowspan=1 colspan=1>126 sueldos</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Asistencia acompaiantes reyes</td><td rowspan=1 colspan=1>189 sueldos</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Total</td><td rowspan=1 colspan=1>1371 sueldos</td></tr></table>. No solo había que conseguir los elementos simbólicos y protocolarios de la recepción, sino que la llegada de los asistentes a las Cortes y de la familia real significaba que la ciudad debía abastecerse de suficientes alimentos para proveer a los visitantes que iban a acudir. Para ello, el Consell tendría que regular las cantidades de carne y trigo que se iban a utilizar.9 Además, se ordenó que todos aquellos que no colaborasen aportando las provisiones requeridas, por parte del organismo municipal, serían sancionados con una multa de 500 florines.10 Otra de las medidas que se llevó a cabo fue destinar un cuantioso presupuesto para las obras de reconstrucción de los muros de la ciudad, seguramente con una doble intención tanto defensiva como de embellecimiento de la ciudad.11. En marzo de 1488 regresó a la ciudad Joan Pérez, mensajero de Orihuela que se encontraba en las cortes que se estaban celebrando en Valencia, para anunciar la próxima llegada de los reyes en un corto plazo de aproximadamente un mes, por lo que aquellos últimos días antes de la llegada de los monarcas fueron muy intensos. 12 Una vez organizados los preparativos y provisiones, el Consell se encargó de designar cómo debía realizarse la entrada y quién se encargaría de llevar los palios, cómo sería la recepción y de qué forma se asistiría a los reyes durante su estancia en la ciudad. Se designaron 50 personas, que serían las encargadas de acompañar a los monarcas tanto a su llegada como durante el recorrido por las calles oriolanas. Se estableció que 42 portarían los palios y 8 se ocuparían de las riendas de los caballos de la familia real. En cuanto a los individuos que representarían a la ciudad ante ellos y debían esperarlos a las puertas de la ciudad fueron nombrados Joan Rocamora, Joan Ruiz, Fracesc Soler, Gines Silvestre, Garcerán de Soler y Diego Soler. Todos ellos deberían satisfacer las necesidades y demandas de los monarcas, así como tratar todos los aspectos que surgieran durante su estancia en la ciudad. Por último se nombró como aposentadores a Joan de Vilafranca y Nicolau Ontinyent, quienes se tendrían que encargar de coordinar el hospedaje de los acompañantes de los reyes y de los procuradores y síndicos que venían a la ciudad con el objetivo de finalizar las Cortes. 13 En este sentido, la llegada de los Reyes Católicos hay que entenderla como un doble reto, ya que no solo había que organizar todo lo correspondiente a la entrada real, sino que junto con los monarcas venían los asistentes a las cortes generales. Los preparativos organizados por la ciudad tenían que tener muy presente la gran cantidad de personas que se debían recibir y hospedar en la ciudad durante un tiempo indeterminado. Por lo tanto, se trataba de un gran reto para una pequeña ciudad de frontera y era fundamental tener todo muy bien previsto y no dejar nada al azar. Los monarcas salieron finalmente de Valencia el 14 de abril y el consell envió a Joan de Rocamora y Joan Roiz para que acudiesen a la villa de Elche, donde pararían los reyes, para que desde allí los acompañasen junto a su séquito hasta la ciudad. A su vez, solicitaron a Rocamora y Roiz que, una vez que los reyes estuviesen en Elche, mandasen un mensajero rápido a Orihuela, informando del día y la hora de la llegada, de modo que la ciudad estuviese preparada y con todo lo necesario dispuesto para su recepción. 14 Fue el 25 de abril, día de San Marcos, cuando finalmente se produjo la llegada de los monarcas y su séquito, siendo recibidos por un gran número de personas a las puertas de la ciudad, entre ellos, las autoridades municipales (Monteagudo 1995: 176). La entrada y el recorrido que realizó la corte real por la ciudad se ajusta a las características propias de las visitas reales que realizaron los monarcas, tanto castellanos como aragoneses, a lo largo del siglo XV. La estructura habitual era la siguiente: la entrada se debía producir por una de las puertas principales; a continuación, desfilaban por las calles importantes a caballo, cubiertos por los palios; y el final de la ruta se realizaba en la catedral o iglesia mayor de la población (Martínez 2015: 238). Muy parecida fue la seguida por los Reyes Católicos en su paseo por Orihuela. El recorrido que llevaron a cabo por la ciudad, muy similar al que se desarrollaba en la festividad del Corpus Cristi (Narbona 1999: 376), se realizó partiendo desde la entrada por la Puerta Nueva, pasando por la Calle Mayor hasta llegar a la plaza principal y desde allí se dirigieron a la colegiata de San Salvador, futura catedral de Orihuela, donde como era costumbre rezaron (Ruiz 2021: 354). 3. La finalización de las Cortes en Orihuela. Una vez llegan a la ciudad no hay constancia de que permanecieran allí más de un día, ya que las fuentes revelan que el 26 de abril se realizó la entrada de los monarcas en la ciudad de Murcia (Torres 1961: 83). La premura y el corto tiempo que estuvieron en Orihuela fue debido a la necesidad de arreglar lo antes posible los preparativos de guerra para la campaña que se haría ese año sobre la frontera oriental, pues era necesario aprovechar los meses de primavera y verano para terminarla antes de la llegada del invierno. Por tanto, Fernando II convocó sesión de las cortes en Orihuela el 25 de abril, pero se marchó al reino murciano antes de poder finalizarlas como era su objetivo. Antes de profundizar en los acontecimientos que tuvieron lugar en Orihuela durante la celebración de las Cortes Generales de 1488 es importante tratar dos cuestiones: la funcionalidad de este organismo institucional y su evolución a lo largo del siglo XV, sobre todo respecto a su relación con la monarquía e incidiendo en el período del reinado de Fernando II. Las cortes en el sistema pactista establecido en la Corona de Aragón fueron un órgano asambleario que conglomeró a los diferentes brazos sociales formados por las clases privilegiadas y que tuvieron como objetivo discutir determinadas acciones políticas con el rey (Ferrero 2005: 149). Los principales temas que se trataban en las cortes eran los privilegios y fueros, cuestiones sobre las instituciones iuprivativas (matrimonios, propiedad o testamentos), normativa penal y procesal y disposiciones administrativas (Bermúdez, Martínez y Obarrio 2001: 79-81). Lo habitual fue que se reuniesen cada una en su reino, como hemos podido estudiar largamente para el caso de las cortes del reino de Valencia (Jordà 2008; Romeu 1985), siendo las Cortes Generales de 1484-1488 un ejemplo excepcional, aunque no único (Ladero 2005: 235). El motivo de esta convocatoria y las formas en la que se hizo viene determinado por dos motivos: el desinterés del monarca por acudir a las cortes, usándolas simplemente como forma de conseguir dinero para sus contiendas políticas y la necesidad de atender sus frentes externos, como era el caso de la guerra de Granada, lo que le llevó a convocar a los tres reinos juntos para optimizar el tiempo. Si analizamos la política de los monarcas aragoneses del siglo XV observamos cómo se dirige hacia un progresivo fortalecimiento del poder real que acabó materializándose en la monarquía autoritaria primero y la absoluta después. Durante el reinado de Alfonso V se celebraron ocho reuniones de cortes valencianas y en el de Juan II, cinco, siendo la escasez de las arcas reales casi siempre la causa (Sánchez Aragonés, 2004: 118). Por otro lado, no solo el monarca quiso obtener de las cortes su beneficio personal, sino que las oligarquías urbanas, 15 la nobleza y el clero también vieron en esta institución un medio para conseguir sus objetivos. Fueron estas pretensiones las que influyeron y determinaron la negativa del rey a convocar las cortes, puesto que sabía que las resoluciones que se vería obligado a tomar podían suponer una disminución de su poder y la cesión de privilegios (Martí 2008: 236 y 245-247). El reinado de Fernando II no fue una excepción en este proceso de fortalecimiento del poder real pero se puede afirmar que de todos los monarcas medievales de la Corona de Aragón El Católico fue el que más consiguió centralizar el poder. Su largo reinado no se caracterizó por la asidua convocatoria de cortes, ya que solo convocó cuatro veces las cortes valencianas. Solo dos de ellas, las que tuvieron lugar en Tarazona-ValenciaOrihuela entre 1484-1488 y las de Monzón de 1510 tuvieron como resolución final la promulgación de sus fueros (Simó 2000: 88). Los motivos que llevaron al monarca a convocar las cortes siempre fueron económicos. Así lo observamos en el caso de Tarazona en 1484, ya que el rey pretendía obtener por un lado el sometimiento de la nobleza y por otro los ingresos necesarios para hacer sus campañas de guerra, tanto en Granada como en los condados del Rosellón y la Cerdaña (Jordà 2008: 7 y 12). Se convocaron en primer lugar exclusivamente para el reino de Valencia en octubre de 1483 con celebración en la ciudad de Valencia, pero acabaron en una convocatoria general para todos los reinos en febrero de 1484 trasladándose a Tarazona. Hasta el mes de mayo permanecieron allí, pero se desplazaron a Valencia donde de forma intermitente y prolongada se celebraron en los siguientes tres años sesiones de cortes (Salvador 1996: 469). La necesidad de atender los asuntos de política exterior en la frontera oriental del reino provocó un nuevo traslado en abril de 1488 a la ciudad de Orihuela, y no fue hasta el 31 de julio cuando se promulgaron finalmente los fueros y se produjo el solio de clausura en la colegiata de San Salvador (Berenguer 1972: XVI). Una vez contextualizado este proceso, vamos a analizar los actos de cortes que se celebraron en 1488. Las cortes estuvieron reunidas hasta abril en la capital del reino de Valencia y allí había procuradores y síndicos representantes de la ciudad de Orihuela. Así consta en las actas del consell en las que se conserva una carta del rey, fechada en febrero, 16 requiriendo la presencia de síndicos con poderes para que jurasen como sucesor al príncipe Juan y siendo convocados en Valencia el 10 de marzo.17 Desde Orihuela se envió a un mensajero con una serie de instrucciones sobre cuestiones que debían ser trasmitidas al monarca; entre ellas destaca la solicitud de jura de los privilegios y libertades de la ciudad por parte del rey y del príncipe.18 Esta petición del organismo municipal se realizó en muchas ocasiones a lo largo de ese año e incluso después de la visita del monarca, por lo que al parecer, una vez llegado a Orihuela, no juró los privilegios de la ciudad, como era costumbre. El documento sobre la otorgación de estas libertades y privilegios aparece redactado en las actas, 19 pero sin fecha. En mayo de ese año se siguió solicitando al rey la jura de los privilegios y libertades, recordándole en todo momento la colaboración que la ciudad estaba realizando en la campaña de 1488 sobre el reino de Granada. La información contenida en las actas invita a pensar que fue finalmente en la clausura de las cortes cuando el monarca redactó el documento que confirmaba las libertades y privilegios de Orihuela.20. La elección de Orihuela para recibir las Cortes es consecuencia de su proximidad a la frontera de Granada y al cumplimiento de las condiciones básicas para poder albergarlas (Muñoz 2003: 682). Sobre el lugar donde se produjo la celebración mucho se ha especulado, considerándose en un principio que fue en la iglesia de Santiago, como afirmaba en sus crónicas el Marqués de Molins. No obstante, otro cronista, Gisbert Ballesteros, defendió que fue en el antiguo alcázar del infante don Fernando, señor de Orihuela en el siglo XIV. Lo cierto es que las investigaciones más recientes por autores como Salvador Esteban y la lectura de las ediciones de los fueros conservadas, permiten sostener que se realizaron en la colegiata de San Salvador (Salvador Esteban, 1996: 772). Uno de los principales problemas que encontró la ciudad durante el tiempo que se prolongaron las cortes fue la necesidad de dar hospedaje y alimento a sus asistentes. El monarca partió a la guerra de Granada sin clausurar la reunión, por lo que sus miembros permanecieron durante tres meses en la ciudad a la espera del regreso del rey, con todo lo que ello supuso de gasto para albergar ese tiempo a tal cantidad de personas.21 Aunque Zurita señaló en sus cronicas que el rey finalizó las cortes antes de marchar a Murcia, los datos encontrados en las actas municipales revelan que no fue así hasta meses después. El 30 de mayo de 1488, días antes de la partida del rey y su ejército a la frontera granadina, Fernando II nombró a la reina Isabel como lugarteniente general y gobernadora general de todos sus reinos y, en ausencia de esta, a su hijo y heredero Juan. Y especificó en este nombramiento que, en caso de que fuese conveniente, ambos podrían presidir las cortes de Orihuela, clausurarlas o celebrar otras si era preciso (Dualde 1952: 17). El 31 de julio, tras el final de la campaña granadina, el monarca regresó a la ciudad para proclamar los fueros y clausurar las cortes. Hay un total de 33 rúbricas donde se trataron cuestiones de distinta índole: por un lado dos provisiones con 37 capítulos presentados por el brazo eclesiástico, 9 actos de cortes, provisiones y comisiones reales, una concordia entre el rey y los acreedores de la baronía de Arenos y las provisiones de los tres brazos con 19 capítulos.22 Respecto a las peticiones llevadas por parte de Orihuela a las cortes hay constancia de que el síndico Joan Pérez presentó una serie de iniciativas en nombre de la ciudad. Uno de los temas más importantes fue el comercio exterior del trigo, donde consiguieron que se ratificara el privilegio otorgado el 12 de febrero de 1301 por Jaime II al territorio, por el que se permitía poder traer o sacar trigo del lugar siempre y cuando este comercio no se desarrollase en tierras enemigas. Las cortes también decretaron capítulos en torno a cuestiones administrativas tales como los salarios de los dirigentes de la gobernación y de los escribanos del consell, y en torno a asuntos recionados con la gestión municipal. 23 A pesar de la gran importancia que tuvo la celebración de cortes en Orihuela, lo cierto es que existe escasa documentación en el archivo municipal sobre el tema, por lo que nos encontramos ante un escenario en el que a día de hoy poco se conoce de los sucesos que se desarrollaron durante los tres meses en los que se prolongaron las cortes en la ciudad (Lorite 2000: 30-31). Por último, hay que hacer notar que, además de las Cortes Generales de la Corona de Aragón celebradas entre 1484-1488, también Fernando II presidió las convocadas y celebradas en 1510 en Monzón, que también vieron promulgados sus fueros. El motivo de su convocatoria fue la petición de dinero tras la realización de una serie de campañas bélicas sobre el norte de África, que proporcionaron la conquista de Orán, Bujía y Trípoli, pero que también sumieron a la Corona en una importante crisis económica. Con las Cortes Generales de Monzón, el rey pretendía obtener ayuda económica para subsanar los grandes gastos que las campañas africanas habían supuesto (Solano 2001: 384). 4. La contribución de Orihuela a la Guerra de Granada. El principal motivo que llevó a los Reyes Católicos a desplazarse a la frontera sudeste peninsular fue la guerra contra los granadinos, el último bastión superviviente de Alandalús en la Península Ibérica. Una vez alcanzada la estabilidad monárquica en la Corona de Castilla bajo la reina Isabel, tras la paz lograda en el tratado de Alcáçovas en 1479 con el reino de Portugal, los Reyes Católicos pudieron centrarse en uno de los objetivos más ambiciosos que perseguían: la conquista del reino nazarí de Granada (Mellado 2005: 135). El inicio de la guerra se produjo el 27 de diciembre de 1481 con la conquista de Zahara por los musulmanes; desde ese momento y hasta la rendición del reino de Granada, los reyes se sumieron en un cruento conflicto que se alargó durante 10 años. Una primera fase, entre 1482 y1485, se caracterizó por ser una guerra tradicional, típicamente medieval, encabezada por un ejército constituido por nobles. En una segunda fase (1485-1487) se desarrolló una estrategia basada en el asedio prolongado de las ciudades y el uso de la artillería como nueva arma de ataque (Martínez Ruiz 2008: 51); durante este periodo se produjo una crisis interna entre el Zagal y Boabdil por el control del emirato, que supuso la división de las fuerzas y la pérdida de la mayor parte de enclaves importantes como Ronda (1485), Loja (1486) y Málaga (1487) (Abellán 1981: 111). Por último, desde 1488 hasta 1492, el frente se trasladó durante dos años a la zona oriental y se produjo el asedio de Baza y la rendición de Almería, Guadix y, finalmente, Granada (García Fernández y González Sánchez 2006: 19). En cuanto a la frontera sudeste peninsular y el papel que jugó en esta larga contienda destacamos el año 1488, objeto de nuestro estudio, en el que los Reyes Católicos trasladaron sus objetivos de conquista a la franja oriental del reino de Granada, colindante con el reino de Murcia y frontera indirecta con la Gobernación de Orihuela. El despliegue que los reyes habían realizado el año anterior y el largo asedio de tres meses que había sufrido Málaga, en 1487, había desgastado en exceso a las tropas cristianas, por lo que se llegó a plantear incluso posponer la campaña de 1488 al año siguiente. A ello se sumaron las dificultades internacionales que estaba afrontando la Corona de Aragón y que requerían de la atención de Fernando II, como la revuelta de los barones contra Ferrante de Nápoles y el ataque de Malta por los turcos (Ladero 2002: 157). A pesar de que los apoyos externos musulmanes no llegaban al reino de Granada y de que la pérdida de Málaga había supuesto un importante revés para los musulmanes, todavía quedaban grandes núcleos de resistencia, por lo que antes de suspender la campaña de ese año se planteó una nueva estrategia basada en cambiar el frente de ataque hacia la zona oriental (Suárez 1989: 154). En los primeros meses de 1488 encontramos constancia en las actas del consell de ciertas incursiones que los musulmanes estaban realizando sobre las fronteras murcianas, por lo que el adelantado de Murcia solicitó ayuda a Orihuela para que proporcionase auxilio y apoyo.24 La respuesta de Orihuela fue favorable y concedió a Murcia 100 sueldos a fin de poder afrontar los gastos que estas correrías estaban ocasionando.25 De este modo se produjo la primera de las cinco participaciones que la Gobernación de Orihuela realizó a lo largo de este año en relación con la lucha contra los granadinos y la defensa de las fronteras. No sería hasta finales mayo-junio cuando se requerió por parte del monarca una mayor colaboración en forma de peones y provisiones de trigo. Una vez finalizada la visita a Orihuela y tras asentar la corte regia en Murcia, los reyes dedicaron el mes de mayo a organizar todos los preparativos para la ofensiva a desarrollar en los meses siguientes. No se inició la contienda hasta el 7 de junio, momento en el que Fernando II se desplazó a Lorca, donde se habían instalado las tropas y la artillería procedentes de la zona occidental de la frontera. Desde allí comenzó la incursión hacia la frontera oriental granadina, que se prolongó hasta finales de julio. Hasta en cuatro ocasiones colaboró Orihuela en esta campaña de 1488, en dos con suministro de avituallamiento en forma de trigo y en las otras dos mediante la provisión de hombres para el combate. La primera colaboración se produjo a principios de mayo, recién planteados los preparativos para la batalla, cuando el rey solicitó a la ciudad 2000 cahices de trigo a través de su maestro racional.26 El monarca no poseía en ese momento la cantidad necesaria para satisfacer el pago del trigo, por lo que acordó con el consell de Orihuela el empeño de una serie de joyas como señal de la intención del monarca de conseguir en unos meses el dinero necesario para cubrir la deuda. 27 El gobierno municipal se comprometió a guardar las joyas durante dos meses; de no recibir el dinero en ese plazo, se procedería a la fundición de las mismas. 28. Con estas condiciones, Orihuela otorgó al monarca un total de 1773 cahices de trigo,29 no alcanzando, por tanto, el total solicitado. Un mes más tarde, en junio, el rey volvió a requerir los servicios de Orihuela para que terminase de abonar el trigo estipulado en mayo y para que, si fuese posible, proporcionase un poco más debido a que que las reservas de la campaña eran paupérrimas.30 Además, Fernando II se comprometió a que no volvería a solicitar este apoyo a las poblaciones que ya hubiesen colaborado con la entrega de trigo. 31 Los oriolanos concedieron un total de 700 cahices más, los casi 300 que faltaban y otros 500, para atender la solicitud del monarca. En cuanto al pago de ambos suministros, como era de esperar, no se produjo de forma íntegra en la fecha convenida; a finales de julio el consell recibió 400.000 maravedíes y se alargó el pago del resto unos tres o cuatro meses más. Finalmente fue Pedro Martínez de Vera, señor de Busot, quien procedió a saldar la deuda de los Reyes Católicos con Orihuela, lo que supuso que las joyas fuesen devueltas. 32. Las otras dos veces en que el rey pidió ayuda fue con el fin de conseguir hombres que formasen parte de sus huestes de soldados. En mayo de 1488 lo hizo para que participasen en el ataque sobre la zona oriental del reino de Granada, previsto para juniojulio. La segunda petición se hizo efectiva en noviembre y tenía como objetivo el envío de hombres a las ciudades recién conquistadas para que repeliesen los brotes de rebeldía y afianzasen el dominio cristiano en las poblaciones incorporadas. La primera demanda de hombres coincidió, pues, con el requerimiento de trigo hecho en mayo. 33 Tras la petición de refuerzos para nutrir el ejército real y después de mantener varias reuniones, la ciudad acordó enviar a la guerra a 500 peones que serían proporcionados por la ciudad. 34 Una vez establecido el compromiso se negoció cuánto, cómo y quién se encargaría de pagar a los peones. Orihuela ya había manifestado en las anteriores negociaciones su descontento por el número de individuos que solicitaba el rey, excesivamente elevado para las condiciones que poseía la ciudad y, por otro lado, los dos meses que pasarían en el frente provocaría un retraso en la siega del trigo, generando un gran perjuicio para la población. Se acordó con los reyes que ellos se encargarían de pagar la mitad del total que costase el sueldo, establecido en 30 reales por mes, por lo que. Orihuela se vería obligada a pagar 12.000 sueldos de moneda real valenciana35 y el rey se comprometía a pagar 6000 sueldos y 3750 reales castellanos.36 La partida no se produjo hasta que el rey anunció el día,37 que finalmente fue el 6 de junio. Los peones oriolanos marcharon hacia el frente con talegas para alimentarse durante 20 jornadas.38. Amats e feels nostres vostra letra havem reebut e aquella vista vos certificam com dema divendres [6 de junio] si a nostre senyor planea partirem en tot cas de açi faent nostre cami per a la nostra sancta empresa. E per ço vos encarregam e manam que façan partir la gent de aqueixa ciutat demà per lo semblant e no hi haia falla en alguna manera. Ja hanem manat que la gent porte talegues pera vint jorns e axi donar recapte en tot. De Murcia a V de juny de LXXXVIII. Lo Rey. 39. Estos individuos abandonaron la ciudad en dirección a Lorca para que, desde allí, el 7 de junio de 1488 saliesen todas las huestes hacia la campaña militar. Los soldados que marcharon a la guerra no llegaron al número solicitado de 500: hay contabilizados unos 476 individuos, principalmente procedentes de Orihuela, pero también de otros lugares como Callosa, Almoradí, Catral o Benejúzar.40. El 6 de junio partió también el monarca desde Murcia a Lorca donde llegó el 7 de junio. Al día siguiente, el marqués de Cádiz realizó una primera incursión en el territorio destinada a llegar hasta Vera, la cual fue sometida sin entrar en combate y por capitulación el día 9 de junio. El 10, las tropas de Fernando II llegaron hasta las puertas veratenses y se entregó la ciudad. La rendición de Vera supuso todo un símbolo que impulsó al resto de villas colindantes y cercanas a seguir sus pasos, ya que la capitulación supuso la pérdida del referente político, militar y económico de la zona (Jiménez 2010: 570). Entre los días 12 y 13 de junio se fueron entregando más de una cincuentena de localidades: Mojacar, Oria, Candoria, Villazar, Ovedia, Villamayor, Vedar, Cantalobo, Huercal, Cherasa, Caprari, Dedoril, Huerca, Lorca, Suchina, Alboráez, Alboz, Surgena, Corbal, Celbauchim, Lisar Fines, Aldarhalich, Saxa Mezech, Beniteralpha, Alhabion, Benaguazil, Lubrech, Ulela, Xorbas, Nixar Burdelcagoh, Benilebel, Banecamon, Beneliba, Banchamidolba, Alcudia, Xercos, Vélez-Blanco, Vélez-Rubio, Vetihandula, Alabiz, Huebres, Tarva, Aynoja y Lucainena (Veas 2006: 39). Tras esta fácil incorporación de villas, Fernando II y sus tropas permanecieron en el territorio unas semanas más, pero ya no volvieron a ocupar ningún otro espacio. Los objetivos que quedaban —como Baza, Almería o Guadix—, eran mucho más fuertes, por lo que el monarca se limitó a hacer tareas de reconocimiento en Almería y Baza, poniendo fin a la campaña a mediados de julio y regresando a Murcia (Espín 1963: 211-212). Antes de abandonar el reino murciano los reyes establecieron dos capitanías generales con el objetivo de que mantuviesen la paz en las áreas conquistadas. Para ello, nombraron al marqués de Cádiz capitán general del frente occidental, es decir, del territorio que transcurre entre Málaga y Jaén, mientras que Luis Fernández de Portocarrero se hizo cargo de la capitanía general del espacio entre Murcia y Villena, esto es, de la frontera oriental (Vaca de Osma 2001: 189). No fue hasta finales de noviembre de 1488 cuando se volvió a reactivar el conflicto. En esta ocasión no se trató de una campaña bélica patrocinada por el rey. La necesidad de hombres demandados a Orihuela en esta ocasión vino motivada por las revueltas que se produjeron en la comarca malagueña dirigidas por Muhammad ibn Sa’d, el Zagal, quien tenía su base de operaciones en Guadix y Baza (Suárez 1989: 157). Ante estas acciones se solicitaron peones a varias ciudades, entre ellas a Murcia, que aportó 600 hombres (Abellán 1981: 119), y a Orihuela que envió 300. 41 Las condiciones de la petición señalaban, en el caso de Orihuela, que el contingente enviado fuese de marineros, ya que debían alcanzarse las costas malagueñas por mar. 42 Y aunque en un primer momento fueron solicitados 500 hombres, tras la negociación la ciudad consiguió reducir la cifra a 300.43 Se acordó, así mismo, que los hombres enviados participarían en la campaña por un tiempo estimado de 10 jornadas; la mayoría de ellos ya habían servido en el mes de junio-julio y debían embarcar en Guardamar, dirección Málaga. No obstante, Puertocarrero rectificó el plan inicial y prefirió que el contingente fuese a Murcia y de allí viajase por tierra; pero cuando llegó la información de este cambio a Orihuela, los peones ya habían partido. 44 Las revueltas se produjeron principalmente en Nijar, que acabó siendo reconquistada por los musulmanes, y también atacaron Copeta. Las pretensiones islámicas sobre el territorio llegaron a su fin cuando recibieron la noticia de la llegada del capitán Puertocarrero; su ejército logró levantar el cerco a las villas tomadas, que fueron abandonadas por los musulmanes y se produjo su regreso a Baza. Ya fue en 1489 cuando se produjo el golpe definitivo al Zagal con las conquistas de Baza, Almería y Guadix y la consolidación de los territorios ganados (Abellán 1983: 28- 30; Hinojosa 1996: 56). Respecto a las campañas de 1490 fueron realmente escaramuzas sin importancia, ya que el reino de Granada había quedado reducido a la Alhambra y sus alrededores. Boabdil intentó volver a negociar con los Reyes Católicos para posponer la fecha de la entrega de la ciudad, pero sin éxito. Finalmente, la capitulación del reino de Granada se produjo el 2 de enero de 1492, poniendo fin a ocho siglos de longeva presencia política musulmana en la Península Ibérica (Suárez 1989: 158-163). 5. Conclusión. La visita de los monarcas trajo esplendor y prestigio por unos días a la ciudad de Orihuela, colocándola en el centro político de los reinos hispánicos durante el tiempo en el que los monarcas y las cortes estuvieron allí. Aquel año, la Gobernación de Orihuela se convirtió en participante y espectadora de los grandes acontecimientos que se desarrollaron tanto en la Corona de Castilla como en la Corona de Aragón. Ese protagonismo fue tal que se vio inmiscuida en los asuntos más importantes que se desarrollaron en ambos reinos, siendo sede receptora de los reyes y las cortes y participando política y económicamente en la guerra de Granada. A su vez, también supuso una crisis financiera a nivel municipal por los importantes gastos que ocasionó la recepción, el asentamiento de las cortes durante tres meses y la contribución a la guerra. Todo ello condujo a los munícipes a tener que plantear medidas financieras como pedir préstamos o usar el sueldo de los consellers municipales para intentar estabilizar la economía oriolana. Si por algo se caracterizó 1488 fue por la intensidad con la que ese año fue vivido en Orihuela. Todos los acontecimientos ocurridos durante aquellos meses alteraron notablemente el ritmo de vida de la ciudad, afectada por muchos elementos externos que alteraron la cotidianidad de la población y el calendario local de diferentes formas. Los efectos de la crisis económica se vieron agudizados por los episodios de pestilencia que se experimentaron en los años venideros.45 Tenemos constancia de que en 1490 todavía no se habían podido satisfacer todas las deudas contraídas por parte del consell con los propios agricultores y mercaderes de la ciudad.46 El envío de tal cantidad de soldados a la guerra, procedentes de Orihuela, también afectó a la recogida del trigo de aquel año y retrasó las cosechas, por lo que obviamente estamos hablando de que todos los acontecimientos ocurridos en 1488 trastocaron de múltiples formas la vida en el territorio. A pesar de estas notables consecuencias económicas, lo cierto es que la labor organizativa realizada por la ciudad a lo largo de 1488 nos permite concluir que las limitaciones propias de una pequeña ciudad de frontera no afectaron a las diferentes acciones desarrolladas en aquellos meses. Orihuela supo afrontar a nivel político, económico y social tanto la entrada real como las peticiones de los monarcas con una gran entereza y capacidad de negociación, dando muestras de una fortaleza que la convirtió en la ciudad más importante de la frontera meridional de la Corona de Aragón. 6. Referencias bibliográficas. ABELLÁN PÉREZ, Juan (1981), «Repercusiones socio-económicas de la guerra de Granada en Murcia (1488)», Miscelánea Medieval Murciana, 7: 86-102. ABELLÁN PÉREZ, Juan (1983), «Contribución humana de la Hermandad de Murcia a la Guerra de Granada», Miscelánea Medieval Murciana, 10: 19-43. ASENJO GONZÁLEZ, María (2013), «Fiestas y celebraciones en las ciudades castellanas», Edad Media. Revista de Historia, 14: 35-61. BARRIO BARRIO, Juan Antonio (2009), «Los procuradores del brazo real en las cortes medievales del Reino de Valencia», Aragón en la Edad Media, 21: 55-98. BARRIO BARRIO, Juan Antonio (2012), «Per servey de la Corona d´ Aragó. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La familia en la extremadura turolense
LA FAMILIA EN LA EXTREMADURA TUROLENSE. Por Domingo J. Buesa Conde. En el estudio de las estructuras sociales es fundamental el analisis del bloque institucional, de las estructuras de interacción que configuran las pautas de la conducta de los individuos de forma homogénea y consistente con las necesidades funcionales de la sociedad. Estamos pues en unas estructuras de interaccion que moldean las actividades de los indivudos en un proceso de socializacion. Una de estas estructuras de interaccion es la institución familiar,que vamos a estudiar centrándola en el ämbito geohistórico de la extremadura turolense. Como dice Genicot1,“pocos trabajos han tratado de la familia” si exceptuamos la obra de Heers², que estudia con gran detalle la composición e influencia del clan familiar en la sociedad medieval. Sin embargo,los trabajos sobre la familia han proporcionado al investigador claves importantes, máxime en una época como la edad media en la que los grupos no se nos presentan claramente delimitados³ . Para iniciar el estudio de la familia turolense en la baja edad media es obligado acudir al texto juridico por excelencia,al Fuero. DOMINGO J. BUESA CONDE de Teruel que nos aportara una amplia teoria de disposiciones relativas al derecho familiar4. Igualmente es necesario acudir al Fuero de Daroca, con el fin de proceder a clarificar conceptos por el analisis comparativo entre las dos comunidades vecinass . Junto a estas fuentes es preciso consultar la documentacion turolense del periodo con el fin de confirmar, o en su caso negar, el cumplimiento de las disposiciones legales. Es un grave problema el que la documentacion de Teruel no se haya publicado integramente y,a ello,hay que unir la circunstancia de que lo publicado -en su casi totalidad- ha sido hecho en forma de regesta o indice,lo cual nos dificulta su total utilizacion. Por ültimo sefalar que se han revisado doce cuadernos de contribución vecinal -"Compartimientos”- que abarcan desde el afio 1420 al 1431 y que aportan puntos de apoyo al estudio del grupo familiar7. Y es obvio que se han utilizado gran numero de monografias referentes a Teruel y sus tierras en el medievo. LA FAMILIA EN LA EXTREMADURA TUROLENSE 1 EL DERECHO FAMILIAR Y SU APLICACION. El Fuero de Teruel ofrece condiciones especialmente favorables para atraer pobladores a este territorio fronterizo. Nacia una tipica ciudad medieval de la extremadura-aragonesa que iba a organizarse por la concesion de un fuero, fuero que pretende poner reglas comunes de convivencia entre los vecinos de la nueva poblaci6n.Poblacion que no trata solo de poner en cultivo unas tierras sino ante todo de garantizar su incorporacion definitiva mediante el establecimiento de una poblacion numerosa dotada de la autonomia y de los medios necesarios para cumplir su mision. 1. EL MATRIMONIO. El Fuero turolense, dentro de las lineas maestras de su ordenamiento, incide en la idea de establecer una poblacion numerosa y para ello da una serie de exenciones tributarias al concretar que Decabo mando que todo omne que con manceba casare non peche en pecha por un anno’ .Esta disposicion se otorga también para aquellos vecinos que tuvieran casa poblada en la villa por el primer afo y especifica,el-fuero,que ésta es la probacion que todo omne que.muger oujere deue terner casa poblada con su muger10. Concretado el deseo de potenciar nuevos matrimonios y de facilitar la posesion de un espacio vital para los esposos,el fuero estipularä todo un complejo articulado referente al derecho matrimonial. El matrimonio se va a organizar como un contrato que se gestiona en el convenio entre ambas familias y que concluye en la entrega de la mujer. El arreglo entre las familias se vera plasmado en las cartas de dote - o capitulos matrimoniales - de los que nos quedan varios ejemplos. En esta carta nupcial los padres bendicen el matrimoniol1,y constituyen el valor de la dote o esposalicio al decir del Fuero de Albarracinl² . Segun el Libro V de la. Compilación de Huescal³,por influencia mozarabe,es el marido el que dota o realiza una aportacion a favor de la mujer con el nombre de “arras". La mujer puede también conferir arras al marido,pero necesita del consentimiento familiar,aparte de llevar bienes propios al matrimonio con el nombre árabe de axouar, muy extendido por Levante como equivalente a la palabra latina dote O a la castellana ajuar. Sabemos de multitud de cartas nupciales concertadas en la extremadura turolense. Interesante es la carta matrimonial de Pedro Sanchez Munoz, menor de dias,y Munoza Sánchez Munoz que casan en el afo 14O4. En esta carta se estipula que el novio aportara al matrimonio 4.Ooo sueldos jaqueses anuales,durante los cinco primeros anos del matrimonio para la sustentacion del mismo. Este dinero serä dado por el hermano del novio que es mosén Gil Sänchez Munoz, futuro papa en Peniscola.Ella aportarä al matrimonio 30o florines de oro tomados de los 9oo0 sueldos que debia la juderia a su abuelo Francisco Sanchez Munoz14 . La novia aporta al matrimonio la dote, de la que nos hablan los documentos.El 1 de febrero de 127O se redactaba la carta de constitucion de la dote de Mayor Royz15 .Por ella Hurtado Behen y Elvira Roy,de Aldehuela,dan en dote y casamiento a su hija Mayor -casada con don Martin Royz- una heredad en Santa Maria de Albarracin con la condicion de que si no tienen hijos todo sea devuelto a los otorgantes O a sus herederos,dando en éste caso a Martin Royz doscientos maravedis de oro.Igual es el caso de los capitulos matrimoniales de Francisca de Rechasén de Vich y Ferrer de Montreal fechada en $1 2 7 4 ^ { 1 6 }$ .Por ellos sabemos que Francisca -en concepto de dote y bajo cierta's condiciones- entrega a su esposo Ferrer mil doscientos aureos alfonsinos novos, flameiantes, sinceros, boni et fini auri rectique pensi. El 17 de octubre de $1 3 8 3 ^ { \mathbf { 1 7 } }$ ,se hace la carta de constitución de dote para la que Miguel Pérez del Roy y Francisca Sänchez. Munoz,de Teruel, y padres de Elvira Lopez del Roy,bendicen el matrimonio de ésta con don Garcia Martinez de Marcilla y le dan en dote y casamiento las escribanias de Morella y sus aldeas. En'enero de $1 4 1 8 ^ { 1 8 }$ ,Garcia Martinez de Marcilla se vera obligado a entregar su carta nupcial a raiz de un pleito con su cunado Francisco Pérez del Roy. Continuando con su descendencia,el 11 de octubre de $1 4 2 2 ^ { 1 9 }$ ,se firman los Capitulos matrimoniales entre el escudero Miguel Martinez de Marcilla y Catalina de Funes de Cantavieja.Por éstos se comprometen los padres de Catalina a entregar,en concepto de dote, para su hija mil florines de oro.Por su parte los padres de Miguel -que son Garcia Martinez y Elvira Lopez del Roy- se obligan a restituir dicha dote en los casos que previene el fuero.De esta dote se hace albaran por el que Miguel Martinez de Marcilla,escudero de Teruel,declara haber recibido mil florines en concepto de dote de su mujer Catalina de Funes2o . El 6 de mayo de $1 4 3 0 ^ { 2 1 }$ , Juan Jiménez de Camarillas también reconoce haber recibido la dote de su mujer Catalina Besant.Esta dote asciende a 9.80O sueldos que se distribuyen en dos mil sueldos por valor de casas en Teruel y siete mil ochocientos en concepto de joyas, moneda y “ajuar". El contrayente se obliga a devolverlo en caso de su muerte a su mujer o a los herederos que ella senalare. Todos estos testimonios nos llevan a concluir que la mujer en la extremadura turolense aporta la dote,conjunto de bienes propios con los que su familia dota a la contrayente.El esposo hace albaran de su valor y se obliga en caso de muerte a que vuelva a su mujer O a los herederos que ella senalara para este caso.La mujer lleva en esta dote no solo su dinero en metalico sino un conjunto de valores que pueden ir desde casas a joyas y, como vemos senalado en el testimonio de $1 4 3 0 ^ { 2 2 }$ ,“ajuar”. Va a ser el marido el que, como en el resto de Aragón realice una aportacion que conocemos con el nombre de “arras” y que el 18 Cat.Catedral Teruel.doc 396,pagina 177.14 enero de 1418. 19 Cat.Catedral Teruel.doc 411,pags.184-5.Cfr.tambien doc.470,en la pag.210. 20 Cat.Cat. Teruel doc 412,pags.184-5.Cantavieja,11 de octubre de 1422. 21 Debe utilizarse tambien el trabajo de CARUANA, Catalogo de pergaminos del archivo Municipal de Teruel,publicado en la Revista TERUEL,n.40,(1968) pägs.97 y ss.Véase doc 144,pag.155.Citaremos como Archivo de Teruel. fuero de Albarracin llamara esposalicio como vimos ya. Estas arras se pueden situar en la significación del precio de compra de la potestad que,en adelante,ejercerä sobre ella el marido.El fuero²3 , estipula y ordena que cualquiera que con manceba de uilla se esposara, dele por arras XX morauedis alfonsis O apreciadura O pennos de XX morauedis, es decir que el marido para casarse con una soltera villana debe de pagar veinte moravedis alfonsinos o bien prendas o cosas dadas a cambio,por esos veinte moravedis. Si el matrimonio no es con una mujer del medio urbano sino con una manceba aldeana, debe de pagar en concepto de arras diez moravedis alfonsinos.Estas cantidades se reducen a la mitad cuando se trata de viudas,asi para casarse con una viuda de“villa" se daran diez moravedis de arras y sólo cinco moravedis en el caso de matrimoniar con una biuda aldeana24 . Estas arras,segun la Compilación de Huesca²5,podian ser reclamadas por la mujer infanzona en todo momento y por la villana sólo en caso de disolucion de matrimonio.Ella dispone de estas arras hasta que tenga hijos y podrä reclamarlas en caso de disolverse el matrimonio o por viudez, perdiendo en l6gica cuando cae en caso de adulterio. Como elemento comparativo podemos referirnos al fuero de Jaca²6,que senala en su epigrafe 31 que cuando se casa mujer infangona su marido la dotara de tres heredades²7 El punto 36 trata De villana es for que den auer per son dot una casa cuberta de XII. vigues et una arincada de vinna un camp de semadura²&. El marido a la vez que con las arras solia obsequiar a su esposa con ropas y alhajas, tal vez como muestra de afecto.El fuero especifica que si la esposa muere antes de la boda,el esposo puede recobrar todas las vestiduras que le haya dado.Vestiduras que tambien tendrä que devolver la esposa si el marido muere antes de la boda. En el caso de que el marido muera antes de la boda, la mujer que se ha visto obligada a devolver las vestiduras se puede quedar con sus alfaias o alhajas29 . Este conjunto de disposiciones se completa al decir que la mujer se apropia definitivamente de todo desde que es desflorada porque mas si, después del matrimonio auido e la esposa fuere desflorada,muriere el esposo, todas las uestiduras e todas las embaxas sean de la esposa, o.de la casa(da), quando quiere que el varon muera30 . La promesa de matrimonio o esponsales se celebra,en esta extremadura,con fiadores que garantizan a la novia para el caso de repudio por parte del novio. El fuero dice referente al que su par repudiara que si por auentura el esposo despues del esposamiento su par repoyara, o la esposa al esposo, las fidancas del repoyador pechen $c$ morauedis alfonsis e dupplado todo el danno que'nde auernd31 . Para el caso de que el esposo repudiara a su par o mujer despues de haber yacido,pagarä doscientos maravedis alfonsinos y el dano doblado. La boda aparece reflejada en el fuero turolense al tratar de bodas que los padres a sus hijos farán³²,ordenando que cualquier cosa que les den la posean firme y estable.Igualmente en el fuero se ordena que si alguno dentro de la uilla bofordara, o en fiestas O en bodas O en otros dias, non hoydo el pregon del iudez,et alli omne por alguna manera matare, peche el homizilio o cualquiere calonia que fara segunt del fuero33.Y tambien se nos especifica toda una serie de medidas “antes de las bodas O antes del casamiento"34, casamiento al que tenemos algunas referencias documentales. En el ano l405 sabemos que pelearon los bandos turolenses y firieron en el piet a Martin Martinez de la Puerta Nueva el dia que facia boda su filla con Pedro Sarzuela de Sarrion35 . Tambien sabemos que,el 27 de enero de 1485,el capitán 29 Fuero,epigrafe 417,2. 30 Fuero,epigrafe 417,3. 31 Fuero,epigrafe 416. 32 Fuero,epigrafe 438. 33 Fuero,epigrafe 462.De taulado ede bofordo es a dezir. 34 Fuero,epigrafe 417,2. 35 CARUANA,El poder real y su intervencion en las luchas fratricidas de Teruel hasta el ano 1500.Revista Teruel n.o 45-46,pagina 279. Juan Garcés de Marcilla apresó a Juan de la Mata que,con la familia Pérez Arnal, salia de Teruel a Segorbe para asistir a la boda de Arnal Pérez,hijo de Juan Pérez Arnal³6.En 1478,el 28 de sep.tiembre,se fecha el testamento de Andrea Marco -espadera de Teruel- que fue mujer de don Gil Ambel³7.En él deja a la Iglesia de San Pedro “la cota de mi boda para una casulla",es decir el jubón que llevó en la fecha de su boda. Este dato nos completa la visión de la boda que abre la vida en comun. Es curioso ver como el Fuero legisla sobre el lecho conyugal, al hacer referencia a los viudos.El viudo, que quiera estar en castidad,recibira su cavallo e las armas,assi las de fierro como las de fust,e las aues de cacca, si las ouiere, et el lecho en que iazi primera mientre con su muger3& . En caso de que no tuviera esas cosas le darán un campo de una cahizada,un yugo de bueyes,una aranzada de vina y “el lecho en el qual'iazió primera mientre con su mujerl/39 . El fuero continua ordenando que a la biuda non le partan el lecho en el qual iazio primera mientre con su marido...40. La legislación matrimonial se complementa con una serie de medidas protectoras del matrimonio,medidas que se inician con la regulación legal del principio de indisolubilidad del matrimonio,con lo que el espiritu de la familia adquiere mayor unidad y fuerza. El fuero consagra este principio al ordenar que cualquier hombre que tenga en otros lugares mujer legitima viva y, en Teruel, quiera casar con otra sea ahorcado si se le logra probar la bigamia41. Con morir quemada es castigada la mujer que en otro lugar aura marido biuo et en Teruel con otro casara et prouado'l se$r \acute { a } ^ { 4 2 }$ . A esta mujer bigama se le podra conmutar la pena de ser quemada por la ignomina publica y la expulsion si sennor fa$r \acute { a } ^ { 4 3 }$ ,es decir si se ha procurado un amigo44 . Igualmente castiga el fuero con la muerte en hoguera a aquel que “a mujer casada fuerza le hiciera o la robara y probado le fuera". Si no se le logra apresar todos sus bienes pasan a manos del marido de la mujer. Caso de que ella consintiera en el adulterio “ambos juntos sean quemados"45 .En caso de que el marido encontrara a su mujer fornjcando con algun uaron,el fuero le autoriza a matarla alli mismo asi como al adultero.El marido puede matar a los adulteros,pero nunca podrä dejar viva a la mujer matando sólo al amante46 .La hoguera es el castigo para todo varón casado que “con mujer casada en Teruel hicieran adulterio y les sea probado"47.También se castiga la barragania al ordenar que la concubina sea azotada atada al varón casado que con ella mantuviera relaciones48. En el amplio conjunto de las costumbres matrimoniales no podemos olvidar la solidaridad familiar unas veces y caritativa otras para otorgar las dotes a doncellas pobres.Dotar a las jovenes pobres nos aparece como una obra pia de gran importancia y validez,a la par que no podemos olvidar como muchas jovenes tenian que esperar a tener dote para poder casarse.En esta linea sabemos como nace el Monte delle doti en la ciudad de Florencia, instituido al correr el ano $1 4 2 5 ^ { 4 9 }$ . Para el caso turolense podemos aducir tres trestamentos en los que se lleva a la practica esta institucion caritativa de la dote para doncellas pobres. El 16 de marzo de 1375 se fecha el testamento del arcediano de Albarracin Blasco Sanchez $\mathrm { D u l l } ^ { \pmb { 5 0 } }$ .En él dispone de sus libros de Derecho para su hermano y si éste no quiere aprender se venden y se da la mitad de lo sacado a huerfanas ha casar y la otra mitad a sus herederos. El 2 de octubre de 1474 hace testamento dona Margarita Plaenca, viuda de Francisco Martinez de Marcilla, dejando una limosna de 8O sueldos anuales para dotar doncellas pobres nombrado patronos de este legado a los tres can6nigos mas antiguos del cabildo de Teruel51.El 26 de febrero de 1476,el rector de Camarena, mosen Sancho, deja un pio legado para casar doncellas huérfanas con renta de 15O sueldos jaqueses anuales, siendo patronos los vicarios de San Jaime y San Pedro.Especifica mosén Sancho Perdiz que_si algun afio no se encuentran huerfanas pobres,en la ciudad de Teruel, se destinen para dos aniversarios en la iglesia de San Jaime 5² . Por ultimo tenemos una noticia muy curiosa contenida en el testamento de Juan de Argent,Alias Sadornil, fechada el 20 de octubre de 1460. En este testamento53, se dejan quinientos sueldos a cada hija de la herrera -ferrera vieja- para ayuda de casamiento. Caso de que éstas jóvenes,llamadas Isabel y Catalina, murieran sin hijos dichos quinientos sueldos volverian a los Hospitales de San Juan y San Jorge. 2.REGIMEN SUCESORIO. La lex Wisigothorum54, dice que en la herencia del padre vienen en primer lugar los hijos,dando prioridad absoluta a la linea directa. El Fuero de Teruel concreta,ya en sus primeros epigrafes, que “el padre herede los bienes del hijo y el hijo los bienes del padre"55,y concluye senalando que si non fijo o fija que fuese fecho en adulterio, que aquel que non deue seer nacido non deue heredar, segunt que el fuero manda56 . Junto a esta disposicion se ordena que el padre non dé mas a un fijo que a otro 57. Estas premisas generales para la sucesion las podemos comparar con las ideas del Fuero de Daroca58, que ordena similares cosas. Senala éste el derecho de heredarse los padres e hijos mutuamente, a excepcion de los hijos adulterinos,al decir omnes parentes hereditent suos filios, et é converso, exceptis adulterinis ${ \pmb \ f } ( { \pmb \ f } ) .$ liis.. 59.Tambien senala la foralidad darocense que nadie puede dejar a un hijo más que a otro,al senalar nemo possit relinquere uni filio magisquam aliis 6o. Igualmente prohibe adoptar a otro hijo contra la voluntad de los legitimos61 , y separa de la herencia a aquellos hijos que contraigan matrimonio contra la voluntad de los padres vivos y a pesar de su prohibicion6² . Estas ideas bäsicas respiradas en los fueros de Daroca y de Teruel conforman.el complejo mundo de la sucesion que se centra en la igualdad de herencia para los herederos, igualdad que se rompe en determinados casos que se senalan. Asi, en pleno siglo XVIII, veremos cómo Lorenzo Cavero en su testamento deja a su hermana Catalina, casada con Agustin Domingo,mil quinientos sueldos más que a su otro hermano -Mateo- por sufrir aquella las molestias de su enfermedad 63. La documentacion conservada nos habla de estas premisas legales. Y vemos que es algo latente en todos ellos el concepto de la legitimidad familiar. Asi,en 1374, vemos como al conceder sepultura en el claustro de. Santa Maria de Teruel se hace con la concrecion de enterrar los cuerpos de los peticionarios y los de vuestros fijos e fijas et a los descendientes dellos de reta linea legitimos et de leal conyugio procreados64. Este concepto nos lleva a la idea de los legitimarios que, en Aragón, son los hijos y descendientes legitimos de grado ulterior como nietos y biznietos.Esto supone que el testador puede llamar a la legitima -porción determinada de la herencia- directamente a sus nietos o a algunos de ellos,aun viviendo el padre.En la actualidad esta legitima no tienen obligacion de distribuirla por igual entre los descendientes65. En l407 Garcia Martinez de Marcilla dejarä quinientos florines de oro a sus dos hijas,cuando designe heredero a su hijo,en concepto de legitima 66. Este concepto de troncalidad se nos repite en la sucesión del senorio de Albarracin dispuesto,en julio de l260,por la senora dofa Teresa Alvarez de Azagra67.Entre otras cosas senala que “si muere sin hijo herede el seforio su hermana dona Elfa,si esta muriere sin hijo herede su tio Garcia Ortiz y si,a su vez,éste muriese sin hijo herede el Senorio su tio Gonzalo Fernändez y tras él el pariente mas cercano de nuestro linaje de Azagra".Igualmente se puede aportar el testamento de dona Francisca Pérez de Miedes, viuda de Garcia Martinez de Plaenza, fechado en octubre de 1463.En él se dice que si sus hijos mueren sin sucesión pasen los bienes a sus hijos mueren sin sucesion pasen los bienes a sus nietos, hijos de Gil Conejera y Francisca Pérez de Miedes -su hija- y que si éstos murieran sin sucesión pasaren dichos bienes a la Santa Limosna de Teruel68. En la sucesión hay que concretar tres apartados fundamentales: sucesión por testamento, sucesion pactada y sucesión intestada. Sobre el testamento legisla el fuero los casos en que sea negado por parte de los herederos69,y el caso de que un hijo haga testamento antes de que se case 7o.En este caso no puede hacerlo por ser todos sus bienes del padre vivo, a no ser que los acepten los padres O que el hijo tuviera,a su vez,un hijo que le pueda heredad. Ejemplo de carta de emancipacion de la potestad paterna la tenemos en la que,el 12 de mayo de 1273,otorgó Pedro de. Cervera a su hija Inés para que pueda disponer de sus bienes y pueda ejercer acción en defensa de los mismos como emancipada71 . El testamento sabemos que era leido a los sucesores ya que, el 19 de mayo de 1402,Martin Martinez de Marcilla,alias de Aranda,ratifica y aprueba el testamento de su tio mosén Francés de Aranda que le declara heredero universal. En el monasterio de Portaceli le leen el testamento del venerable “ante su presencia y la de testigos”72. Caracteristica del testamento -como ya vemos en esta cita documental-- es su revocabilidad ya que los testadores pueden modificar, sin contar para nada con la voluntad de los posibles favorecidos con ellas, sus disposiciones testamentarias73 ,o bien los que no estän de acuerdo con el testamento sean los herederos y procedan a negarle validez como vimos indica el fuero 74 . En esta casuistica de la revocabilidad del testamento estä el caso de Domingo Ximeno,vecino de la Aldehuela,que hace testamento revocando otro anterior. El 22 de julio.de 1441 anulaba la vieja disposición por la que dejaba heredero universal a su nieto Domingo Blasco,reduciéndole la herencia a la vina del colmenar y dando todo lo demas a la Santa Limosna de Teruel 75. Por ultimo sabemos que en el testamento se solian nombrar dos personas encargadas de cumplir el mandato o encomienda del fallecido.Asi en el testamento de Rodrigo de Mesa,ciudadano de Teruel elige marmesores o cabezaleros a Pedro Garcia de Villaespesa y a Salvador Pérez, fustero. Este testamento que designa dos ejecutores o cabezaleros nombra heredero universal al hermano del testador: Antón de Mesa 76 . Junto al testamento debemos senalar la existencia de un tipo de sucesion que bien podemos senalar como sucesión pactada, ya que asi se llama al acuerdo al que llegan determinados parientes,normalmente padre e hijos,acerca de la sucesion hereditaria de alguno de ellos77. Este pacto de donacion entre vivos tiene una serie de obligaciones para el heredero que van desde cuidar a los padres instituyentes,en la salud y en la enfermedad,hasta la de compensar a sus otros hermanos. Es de gran interés el testimonio de una donacion entre vivos de l407.El 21 de julio de ese ano7,Garcia Martinez de Marcilla -casado con Elvira Ló- pez del Roy- deja a su hijo Miguel Martinez de Marcilla unas casas en Camarillas,mil fanegas de trigo,cuatrocientas cabeza de ganado,heredades en Camarillas,Cuevas Labradas,Rubiales y La Aldehuela,las ya mencionadas escribanias de Morella y sus aldeas ..Con todos estos bienes se deber& pagar veinticinco sueldos para un aniversario perpetuo en Santa Maria de Teruel y 2O sueldos para los pobres de la ciudad,a quienes se hará la distribución el dia de Viernes Santo. Igualmente tendrä que pagar el donatario a cada una de sus hermanas -Catalina y Antona Martinez de Marcilla- quinientos florines de oro de Aragón en concepto de legitima.Sefala la carta que estos bienes los tendrá el hijo con las obligaciones y cargas expuestas y con elas pasaran a sus descendientes que hayan el nombre o renombre de Marziella:et sean a la honor del linage de Marziella. Cinco dias después, el 26 de julio de 1407,se hizo declaración verbal ante el juez de Teruel, don Eximeno Ortiz de Santa Maria,en la plaza mayor de la ciudad de Teruel. Esta declaracion se justifica senalando que et como segunt fuero de la dita ciudat la dita donacion deve et deva seyer insinuada ante judge competent..79 se hizo publica declaracion de la donación realizada a Miguel Martinez de Marcilla. Estaba presenta el notario de la corte del juez Pedro Garcés de Marcilla. Ese mismo dia se cumplió otro requisito de esta donación entre vivos.Después de las misas mayores y ante el juez eclesiastico qui estava en cort personalment apress missas mayores en las Casas del Senyor Arcebispe de Caragoca8o se hizo declaracion verbal segunt derecho comun ante el oficial eclesiastico Francisco Lopez de Monreal. En tercer lugar estä la sucesion intestada que es aquella que se produce cuando una persona fallece sin haber previsto su propia sucesion, bien por testamento o bien por pacto8i .Es entonces la Ley quien viene a determinar los órdenes jerárquicos de sucesión.Si el muerto no tiene hijos&²,heredan los parientes mäs cercanos que vivan en Teruel. Si alguno vienera de fuera a reclamar como heredero más cercano se le debe de entregar la herencia pero condicionada a que él sea poblador de Teruel por diez anos. Si no acepta esta condicion no accede a la herencia. El Fuero ha sefalado&3,que cuando no se tenga testamento, el marido non puede dar ninguna cosa a su muger, nin la muger a su marido, los herederos non queriendo o non seyendo hy presentes,por ninguna manera.En esta circunstancia si alguno de los presentes no esté de acuerdo o falte alguno de los herederos,no tiene valor la donación excepcion hecha de los seis maravedis alfonsinos que los abuelos pueden dar a su nieto 84 . Sobre casos concretos de sucesiones legisla el Fuero y asi se estipula que si algun padre quiere abrazar el estado religioso y tiene hijos,éstos herederan todo excepto el quinto de los bienes muebles que puede quedarse el padre porque serie uisto por tuerto e por mal, assi como alguno deshereda sus fijos, dando a monges O a frayres todo el mueble e la rayz 85. Por ultimo conviene fijarnos en el acto de la particion de bienes que aparece en el texto foral y en cantidad de documentos. El Fuero 86, ordena que cuando muera el padre, pagadas ya las deudas, los panos de la mortaja y las limosnas,los hijos y herederos partan entre ellos todos los bienes “asi los bienes muebles como los bienes raices".Esta partición serä hecha delante de dos O tres vecinos y en ella se parten todos los bienes “hasta en la ceniza".Todo ello,incluidos los nombres de los testigos, se pone en “carta partida por a.b.c. hecha en la villa"87.El modelo de carta de partición&8,lo da el Fuero y estipula que responda a este texto legal: Demas conozcan assi los presentes como los postremeros que yo, $N : O$ pensando la fin de toda la carne, como el omne por esto nasce que muera, antes que las deuidas cosas de la natura se suelten, a los mis herederos e a los sucessores que de la ley del Patrimonio,despues de mi passamiento,por derecho heredamiento son las mis cossas passaderas, parto las cosas que de mi sudor o en el mediant seruicio fasta agora gané. (3) G.,mi fijo mayor nacido, do e lexo casa e vinna o canpo... et al menor otrosi, como es dicho. (4) $D$ 'esto son testigos de los quales diuso los nombres se siguen... en tal era, en tal Re... -Ejemplos de partición de bienes tenemos varias,de ellas vamos a referirnos a cuatro. El 19 de mayo de 1387 se data el acuerdo entre Pero López de Monreal, Rita Lopez y Toda López -mujer que fue de Francisco de Elena-,hermanos, de realizar particion de los bienes que heredaron de don Pero Lopez de Monreal y dofa Ramona,su mujer,y los de Maria López -mujer que fue del trapero Martin Roch- y de Lope de Monreal, nuestros hermanos, y de acatar y no contravenir la particion&9.En abril de 1404 se data otra carta de particion de herencia entre el tejedor Pascual de Forna,como heredero de su difunto tio Miguel de Forna,y Sancho Dobón, Juan Dobón,Domingo Dobón,Bartolomé Dobón, y Martin Dobón, herederos de Magdalena difunta mujer de Miguel de Forna. Senala el documento9,que se parte “desde la escoba fasta en la cenisa segun quiere el fuero de la dicha ciudat. El fuero senala que todos los bienes partan fasta en la ceni$s a ^ { 9 1 }$ . Igualmente sabemos que se firmó carta de partición de bienes entre Maria Polo,mujer que fue de Juan de Ateca,y Juan Escudero,casado con su hija Maria de Ateca,y con otro hijo: Juan de Ateca²,en 1412 y en 1437 se procedió a la particion de bienes segun quedaba dispuesto en el ültimo testamento de Antón Cabrero 93. Caracteristica comun parece ser el deseo de que los actos 88 Fuero,epigrafe 430,2,3 y 4. 89 Archivo Teruel,documento n. 71, pägina 127. 90 Catalogo Capitulo,doc.220,paginas 121-122. 91 Fuero,epigrafe 429,2. 92 Catalogo Catedral Teruel,doc 377,pagina 169. 93 Archivo Teruel,doc 161,pagina 162. sucesorios sean firmes y asi el fuero dispone que la particion de bienes,una vez hecha, sea firme et estable94,igualmente aparece en los testamentos el deseo de que no sea contestado por los herederos menos favorecidos. Asi el 5 de marzo de 1437 el testamento de la honorable dona Andrea Sánchez, mujer que fue de Miguel Sánchez de Campos, ordena el reparto de sus bienes. La mayor parte se la da a su nieto Miguel Sánchez de Campos, hijo de su hijo Garcia,y senala que ni él ni los otros herederos sean molestados en su posesion por Catalina Sanchez -viuda de Pedro Martinez de Marcilla,alias de la Balsa- O por Francisca Sanchez hijas de la otorgante por cuanto éstas recibieron a la muerte de su padre cien florines de oro cada una 95 . Ⅱ ESTRUCTURA DEL GRUPO FAMILIAR. El viejo derecho romano era más favorable a la persona que al grupo. Los canonistas se habian unido, bajo Alejandro III,a la teoria consensualista del matrimonio que exigia el consentimiento de los esposos y tan sólo deseaba el de los padres 96 .Comenzaba a extenderse la opinion de que el hombre no debe de casarse antes de disponer de medios para alimentar a los suyos. En todas partes'la familia conyugal se convirtio en un puntal bäsico 97.La familia era, ante todo,una comunidad efectiva de gentes que vivian juntas. Como decia un contrato de hermandad, del siglo XV,ad unam mensam vivere, ad unum domun, ad unum vinum, ad unum focum9\*. 94 Fuero,epigrafe 429,6. 95 El testamento se fechó el 2 de junio_de 1436,el documento citado es un traslado del'testamento. Ver su resena en Catdlogo Catedral Teruel, documento numero 453, paginas $2 0 3 \ y \ 2 0 4$ 96 G.LEPOINTE, La famille dans l'ancien droit . (Paris,1933),pp.33-35. 97 Leopoldo GENICOT,Europa en el siglo XII,(Barcelona,1970). Pigina l6 y ss. 98 R.AUBENAS, Reflexions sur les “fratermités artificielles"au Moyen Age,en Estudios Hist6ricos a la memoria de Noel Didier,(Paris,1970),7. DOMINGO J. BUESA CONDE 1. PADRES E HIJOS. Las relaciones intrafamiliares estan condicionadas por el numero de hijos y el comportamiento de los padres respecto a ellos. El primer concepto nos lleva al estudio del movimiento natural de la poblacion,estudio basado en dos hechos basicos: la natalidad y la mortalidad. La tasa de natalidad es una variable que depende de otras dos: las uniones y la fecundidad.La formación de parejas es algo que ya hemos estudiado,con respecto a los testimonios conservados. Sabemos que el Fuero apoyó y favoreció la unión matrimonial con una serie de medidas,incluso de exención fiscal,y tambien sabemos que la propia estructura de la ciudad llevaba a la creación de familias en que apoyarse sus individualidades.No podemos,lógicamente,dar cifras ni meramente indicativas de uniones en el Teruel medieval, pero si vamos a senalar una serie de hipotéticas consideraciones a este respecto. Las gentes de esta ciudad no contraian matrimonio muy jó- venes,podemos intuir que se casaban tarde y sólo nos seria factible hablar de matrimonios adolescentes entre los grupos aristocräticos de la zona.Asi parece confirmarlo el caso de dona Teresa Alvarez de Azagra, senora de Albarracin,casada con el heredero de la Casa de Lara -Juan Nufez- y que podia tener,al decir de Almagro9,como maximo 16 anos de edad. Completaria el cuadro la existencia de segundas nupcias y la constancia de un celibato frecuente en las ciudades,en particular entre los empleados domésticos entonces muy numerosos. Como dice Herlihyloo,la pobreza y la dificil situación económica frenaron sin duda de una manera decisiva la nupcialidad y la natalidad. Los hijos aguardan la llegada de una buena cosecha para casarse y las hijas aguardan a tener la dote para casarse. Las bodas,se harian,generalmente,entre los meses de octubre y de marzo, a juzgar por los documentos que poseemos1ol, hecho que nos muestra la influencia del ciclo economico agricola ya que hay óptimos de boda en el periodo otonal e invernal. La natalidad parece estar dominada por una restriccion voluntaria de los nacimientos. Hay que recordar que Heers1o²,alude al caso de que,el afo l399,en Pistoia las mujeres tenian pocos hijos y se plantea la posibilidad de un control voluntario de la natalidad.En realidad la maternidad era siempre esperada con temor por ser causa de numerosos fallecimientos de mujeres jovenes. Aunque bien es cierto que abundan las viudas en la documentación medieval de esta extremadura turolense. A la vista de los documentos podemos ver que las familias no tienen una gran prole,bien por el contrario abundan la pareja de hijos o el unico descendiente. Ejemplos podemos dar, aunque hay que tener muy claro que no pueden darnos ningun indice, y asi tenemos a Francisca de Miedes que,casada con Garcia Martinez de Plaenca,sólo tiene una hija io3.Tambien tienen una hija solo Francisco Dominguez de Faria y su esposa Maruca 104. Ei 23 de julio de 126O sabemos que Alvaro Perez tiene dos hijas --Teresa y Elfa- a las que dejarä como sucesivas herederas del Senorio de Albarracinis. Tres hijos es cifra bastante comun en matrimonios de Teruel medieval como es el caso de Miguel Sanchez de Campos1o6,o el de Garcia Martinez de Marcilla 07. Fuera de lo normal para la época estan las grandes familias, como la del apellido Monrealioo,con cinco hijos,o la curiosa familia darocense de Miguel Tejedor y su mujer Maria Dominguez 09, a la que -en marzo de l335- el Rey atendiendo a la suma miseria en que se encontraban,pues tenia que mantener a seis hijos menores,exime de pagar toda pecha o exención real.Es curioso connotar que entre los hijos es muy superior el numero de mujeres.Mujeres que tendran -salvo el peligro de su maternidadmayor esperanza de vida a juzgar por el innumerable numero de testamentos emitidos por viudas turolenses. Esperanza de vida para una sociedad con una tabla de mortalidad elevada, una sociedad en la que se ha podido hablar de la vejez como un feliz accidente. En esta tabla la tasa de mortalidad infantil es uno de los mejores indicadores del estado sanitario y de las condiciones socioeconómicas de una población. En la mortalidad infantil hay que discernir entre una mortalidad end6- gena y otra exógena. En la primera debemos incluir aquella muerte por causas anteriores o concomitantes al parto y en la segunda las causas posteriores al nacimiento: accidentes,higiene deficiente, mala alimentacion y otras multiples. Las muertes a causa del parto debieron ser abundantes y muchos ninos no alcanzarian la edad adulta. Siempre menos dramatica es la escena en las familias ricas que tendrian más hijos por mantener un status más higiénico y porque las nodrizas permiten a las mujeres tener los hijos a menos distancia unos de otros.El fuero,amén de proteger a la mujer embazadailo,va a prevenir contra los atentados al feto,al ordenar que la mujer que adrede aborta sea quemada sino se salva por la ordalia del hierro caliente111 . Igualmente se legislan castigos para aquellas nodrizas que den leche enferma y que por aquella occasion aquel ynfant morra,disponiendo que pagadas primera mientre las calonias, ixca por enemiga112. Otras causas de mortalidad infantil eran las enfermedades y en su irreversibilidad se iba desarrollando una teoria de recetas como la que se copio en el Codice 1O31,de la Biblioteca de Catalunal13, fechable hacia 1523 y que decia Recepta que me dió a mi Gaspar Sanchez Munyoz, la majessa de Teruel... para dar a criaturas pequenyas contra el mal de alferecia o pasmo: y son unos polvos que se les an de dar con leche, quantidad de lo que cabrá en hun dinero..,,polvos,en fin,compuestos de granos de peonia,oliveta, laurel y veinte gramos de adormideras. El fuero consciente de esta mortalidad toma medidas para las herencias de bienes referentes a hijos que murieran antes del plazo de ano y dia 114 . Hijos que, muchas veces, crecian en la dura situacion de orfandad -puer orphanus y puella orphana que no podian disponer de sus bienes hasta los doce afios11s,asi como de su vida116,y a los que la nodriza darä de mamar hasta los tres anos por 3O sueldos al ano y el lecho en que iaga como es fuero 117. Por lo que respecta al comportamiento de los padres respecto a los hijos, el fuero concreta la potestad paterna al ordenar que los fijos sean en poder de los padres fasta que sean ordenados los que fueren clérigos,e los otros prengan casamiento e sean fijos de conpannas (3). $E$ fasta al dicho tienpo qual quiere cosa que los fijos ganaran o trobaran, todo sea de sus padresi18. Partiendo de este punto de la autoridad familiar -compartida por el padre y la madre- el fuero indica que ese dominio y control de los hijos menores se extiende al aspecto económico y patrimonial. llegando al ángulo de las relaciones personales. Por ello hace responsables a los padres de los malos fechos de sus hijos 0 sean locos o encara enredados1 2o hasta que alcancen la mayoria. Estas relaciones personales que van a llegar a autorizar al padre que, temeroso de lo que pueda acontecer, puede tener al hijo loco preso e bien ligado... fasta que se amanse y si fuera“traviesa” también fasta que aya sanedad, que non faga danno por ninguna manera12i. De los dafios que hagan responden los padres,a los que no valdra que a su hijo desafijarä en conceio o desheredará por alguna manera122. La mayoria de edad se alcanza segun el Fuero al rebasar los doce anos y hasta la mayoria de edad los padres ejercen una potestad total, tanto económica como personal. Una vez separadas las comunidades conyugales el fuero hace hincapié en dos cläsulas normativas que se refieren al De fijo que piedat ouiere de su padre123 y a De su fijo que non ouiere mercé́ al padrel24 . Se refieren estas disposiciones al caso de que los padres estén sumidos en la pobreza y sus hijos tengan constituidas prósperas comunidades emancipadas de sus progenitores.En el caso de que el hijo mouido de piedad reciba en su casa a sus padres, ningun otro por causas del padre o de la madre non contraste ni embargue ad aquel fijo por partición sino por aquellas cosas que el padre o la madre habra traido consigo en su poder125. Por el contrario, si el hijo rico no tuviera piedad sobre su padre pobre y éste se hiciera demandante al juez y los alcaldes,a ese hijo,prengan con toda su substancia e metan lo en poder del padre o de la madre, como la ley mandal26. Estipula a este respecto que esos padres,en esa circunstancia,no puedan vender ni disipar, ni dar los bienes del hijo.A su muerte vuelve todo a su hijo y antiguo dueno sin que puedan pedirselos en herencia los otros herederos del padre 127. Completan las disposiciones otras sobre aquel que pusiera por rehén a su hijo en tierra de moros e si fasta a III annos non lo redimere,autorizando el juez y alcaldes a prenderle y cambiarlo128.Tambien legisla que sea quemado “sin remedio”aquel que a su fija enpennara o por rafena o por enpennamiento la me$\pmb { t r } \pmb { \dot { a } } ^ { \textrm { \scriptsize 1 2 9 } }$ ,es decir a aquel padre que dé a su hija en prenda o por rehén. Y senala que esto es establecido por aquesto que las mugeres en tierra de moros no conuiene enpennar por ninguna manera130. Y anade que este precepto es por esto que los moros non opriman a los cristianos,qual los saujos afirman que los moros nuncas euadirian a los cristianos, si non fuesse por osadia de los cristianos que con ellos habitan e de los fijos de las cristianas las quales tienen e possiden por mugeres131. Es eminente dramatica la disposicion De aquel que a su padre O a su madre matare132 porque el castigo que se va a establecer es el de ser enterrado vivo el malhechor debajo del muerto.Tambien apunta la posibilidad de que se ponga al asesino de sus padres -de su senor o del que se ha invitado a casa por el malhechor- en manos de sus enemigos para “hacer de él lo que mas les plazca133. Como detalle podemos aducir que el Fuero de Calatayud presenta un supuesto que aqui no se recoge: el homicidio del hijo por los padres134. 2. LA SOLIDARIDAD DEL GRUPO FAMILIAR. Lalindel35,anota que “la vida dentro de la ciudad esta montada sobre la base de que cada individuo encuentre la debida proteccion, no en las autoridades de aquella sino en su parentela o familia que,por tanto,procurará ser lo mäs extensa y fuerte posible'. La familia se ha convertido en un elemento bäsico,concebida y organizada como una sociedad doméstica de tipo matrimonial. La familia se estructura en nucleos conyugales que están compuestos por los padres y los hijos.Todos ellos se engloban en el grupo familiar,en un grupo cuyos miembros se sienten unidos por lazos estrechos: llevan el mismo nombre, protegen y defienden el honor de este nombre... Todo un cumulo de tacitos compromisos familiares que se alargarán -muchas veces- hasta los criados y parientes colaterales que también se veran inmersos en la sociedad familiar o clan familiar. En Teruel podemos documentar el deseo foral de responder la familia ante el entredicho de cualquier origen de uno de ellos. Es tal este espiritu que el Fuero dispone para los casos en los que no se tuviera parientes136,a la par de que en aquel caso de que uno fuera asesinado y no tuviera parientes137,interviene el Sefor como responsable de su caso y se da la opción de que pueda responder aquel a quien el muerto haya hecho pariente 138 . Los parientes controlaran los bienes del huérfano y tendrán que intervenir en casos de homicidio.Al homicida de su pariente lo prenden y aquel pariente del muerto con XIl de sus parientes e con el aduocado que sera iure sobre la Cruz e los IIII euangelios que aquel mato a su parient. Si los parientes no quieren jurar cayan del pleito l39 . En caso de que el homicida no tenga bienes de que pagar la multa, O pecha, por el homicidio dice el fuero que si parientes O amigos oujere que por él paguen el homizilio, saquen a aquél de la preson e, la tercera nouena complida, ixca por enemigo. (3) Mas si non oujere de que pechar e parientes O amigos a él non le acorrerán,sea dado en poder a los parientes del muerto, e por IX dias non le sea vedado comer ni beuer140. Continua el texto senalando que los parientes del muerto pueden matarlo porque despues de que iudgado e de la uilla fuere echado,maten lo sin calonia do quiere que a él trobaren141. En el caso de que uno matare a .otro en cabalgada y se pruebe sera enterrado bajo el muerto o sera ahorcado, siempre a la elección o buen juicio de los parientes del muerto segunt lur voluntad142. Es claro que estamos ante una familia ampliamente entendida como unidad legislativa y que tiende al control de sus bienes al ordenar el Fuero que si alguien quiere vender sus bienes lo debe pregonar durante tres domingos. El no pregonarlo es causa de castigo143.Una vez publicada la venta tiene preferencia alguno de aquel parentesco,es decir alguno de los parientes del vendedor, siempre que la compre al precio ofrecido por el mejor postor 144 . Familia que es una unidad, una consanguinitas,ya que si el juez muere antes de acabar su mandato es puesto en su lugar aquel que debe heredar sus bienes O el mas cercano pariente de aquel parentescol45 .E igualmente si alguno quisiera dar “fianzas de salvo” se especifica que146 dé las al fuero de Teruel y de las por si e por todos sus parientes que en término de Teruel fueron habitadores. Hasta tal punto llega esta idea de la familia o parentela que en el caso de que un adalid o “guiador” moro conquiste un lugar todos sus parientes que alli esten sean salvos y seguros147 . Esta familia que se une en proteger el honor del nombre, se nos ofrece unida en otros detalles. Asi podemos ver como la solidaridad del clan se expresa en unos signos externos. El apellido viene a ser como su simbolo,una palabra totémica dotada de ciertas virtudes magicas 148 . Ejemplo claro lo tenemos en dos grandes linajes turolenses: los Marcilla y los Mufioz 49 .O en Albarracin el linaje de los Dolz de Espejoi5o,o en el caso de Rubielos con los Bonfilles y los Xixones 151. Y por supuesto el respeto por el guerrero del pasado y por sus virtudes militares queda grabado sobre los escudos de armas. Los escudos denotan el orgullo de la estirpe,su poder e incluso su independencia frente al Estado,cuando el municipio se consolida politicamente. Es curioso ver como en' un inventario de los Sanchez Munozi52,se nos anotan objetos con senyal de luna, es decir con el escudo de los Luna; unas cortinas con armas de Munyoz y un adargon de hombre de armas con senyal de Munyoz 144 Fuero,epigrafe 309,4. 145Fuero,epigrafe 84.2.(parentesco=parentela). 146 Fuero,epigrafe 46,2. 147 Fuero,epigrafe 622,3. 148 HEERS,pägina 120. 149Véase José MARTINEZ Nobiliario turolense,revista TERUEL,numero 36.Igualmente consultese Los Garcésde Marcilla,de OYANGUREN,José en Revista TERUEL,numero 6,pags 151 y ss. 150 GARCIA MILLARES,Linajes de Albarracin: la casa de los Dolz de Espejo.Revista TERUEL,n.o33,päginas 77 y ss. 151 CARUANA,El poder,pägina 279-280,ver nota 7. 152WITTLIN,Un inventario turolense de l484:los Sanchez Munoz,herederos de Clemente VIII.Revista TERUEL,n.O51,päginas 59 a 82. e leopart e titol alrededorl53. Igualmente poseian los Munoz una bocina de caza con las armas realesi54,otros escudos en cojines con tres coronas y un escudo con un ramo en un sobre altar. Igualmente en 1487,en el testamento de Catalina de Cardona 155, se da a Santa Maria de Teruel ricas vestiduras y tres trapos para en paliar el altar mayor los dias de las Pascuas con armas en medio de cardo,como responde a su apellido. 3. LA CASA Y LA VECINDAD. Herlihyl56 afirma que “las casas urbanas al final de la edad media eran demasiado pequenas para albergar a un importante grupo familiar",concretando el coeficiente de 3,5 personas por casa para Bolonia y 3,6 para Pistoia en el ano l427.Ciertamente la casa medieval no es grande a juzgar por los documentos, tal es el caso de la casa que dejó, en 1346,Benedita a su hijo Domingo de la Mata157. Es a saber compuesta por la bodega et hun palacio que esta sobre la dita bodega et huna cambra que esta sobre el dicho palacio et huna cambra e terminado que esta sobre la dicha cambra. Esta casa turolense,de 1346,tenia bodega,planta principal, dos habitaciones y una falsa. Es un claro ejemplo de casas verticales levantadas sobre un terreno de minima superficie. Esta vivienda estarä dotada de un gran valor simbólico en la vida medieval y ello no es ajeno a esta extremadura. Para comenzar podemos recordar como vimos que la casa,en cuanto expresión del prestigio del apellido, debe quedar en propiedad de los descendientes O parientes. Incluso legisla el fuero que, siempre, tengan preferencia para comprar los bienes los miembros de la familia o parentela del comprador158 . La casa confiscada,desmantelada,arrasada o quemada,denota -de una manera espectacular y simbólica- la derrota del traidor, del culpable o del enemigo. Estamos ante una operacion más bien de tipo magico por la que se puede y pretende lamar la atencion de todos. El fuero de Teruel reglamenta en casi veinte epigrafes todo un conjunto de disposiciones tendentes a organizar la vivienda.Sobre las edificaciones de las casas159,se estipula que el dueno pueda levantarla en alto y en construccion cuanto quiera, siempre segun el fuero.Al levantar la casa nacen una serie de aspectos que pueden generar problemas y asi vemos como se reconoce el medianil, para apoyar la casa en alguna pared ya existente. En este caso debera pagar la mitad del precio que aquella paret costo de fer16o . Para abrir ventanas en la pared de una casa, sobre una casa ajena, se debera abrirla en alto de los pechos en asuso161. Esta ventana tendra una amplitud de una mano. Entendemos que la mano es medida de longitud, el palmo menor que es el ancho que dan unidos los cuatro dedos, indice, mayor,anular y menique 162. Son muy frecuentes las menciones a casas viejas que restaurar o a solares sobre los que edificar nuevas casasi63,y para estos casos el Fuero legisla que cuando alguien quisiera mejorar o hacer de nuevo su casa, puede hacerlo estando obligado solo a, cuando acabe su obra, enmendar los dafios y desperfectos que pudieran haberse hecho en las casas vecinas164.Cada uno debera coger el agua en su casa, sin hacer dafio a los vecinos165,e igualmente puede empenar, vender o cambiar, su casa a voluntad 66 . Junto a este conjunto de disposiciones se ordenan una serie de prescripciones propias de una policia urbana que vamos a detallar. Se legisla la prohibición de encerrar a los hombres en su casa167,el subir a casa ajena o entrar sin consentimiento168.El apedrear la puerta de la casa ajena169 ,esta prohibido a la par que una serie de prohibiciones referentes a la puerta. No se puede echar en la puerta o en casa ajena huesos y cuernos17o, ni cagarse en la puerta de una casa ajena,hecho que será multado con cinco sueldos si lo barre y si no lo hace con el doble171 .También se ordena el no lanzar cosas por ventanas y puertas a la calle.Asi el fuero ordena no lanzar armas y tampoco aguas... bajo pena de diez sueldos172 .Se complementa la prohibicion de quemar la casa ajena173,y se ordena sobre fincas ruinosas. Si alguno sospecha de caida de casa, viga,pared o fuego,lo debe decir al duefo -con el juez y alcalde o en concejo- que la cuide y ponga remedio 174 . Si el dueno no ha puesto remedio recibira todo el peso del ordenamiento penal. Y la casa,ordenada juridicamente, se constituye en el paisaje de la familia.Está enclavada en un calle y se inscribre en el espacio de una collación o barrio centrado en el simbolo de la iglesia parroquial. En Teruel algunas calles, como ocurre en muchas .ciudades, llevaban a menudo nombres de familias.El Libro del Compartimento de 1425 nos documenta la existencia de calles conocidas como carreras de Garcia Martinez de Marcilla, de Juan Sanchez de Xiarch y de Bartolomé Pérez de Calatayud en la partida de Santa Maria. En la partida de San Pedro tenemos las carreras de Juan Sanchez Munoz y de Francisco Sanchez Mufoz175.Los ejemplos podrian multiplicarse y ello podria estar en la idea de un signo de dominio de un grupo familiar sobre una zona urbana mas o menos delimitada 176. 169Fuero,epigrafe 294,pena sesenta sueldos.Igualmente se pena con diez sueldos echar piedra sobre casa ajena.Fuero,epigrafe 296. 170 Fuero,cpigrafe 295,pena 30 sueldos. .\* 171 Fuero,epigrafe 293. 172 Fuero,cpigrafe 292. 173 Fuero,cpigrafe 284,pena 300 sueldos.Enel fuero de Daroca (Cfr.Edicion CAMPILLO,ob.cit. pagina 322),el quemador infraganti es ahorcado. 174Fuero,epigrafe 289.De caymiento de casa.En el Fuero de Daroca,pägina 331 (Cfr.nota anterior para su consulta) tambien se dä,pero solo pide, testigos. 175Véase nuestra nota 7.Pagina 274 de dicho trabajo. 176 En la amplia documentación dc la Catedral de Teruel se nos citan las calles de Bartolomé Pérez (1408) doc 365.Calle de mosén Francisco Exarch(1481) doc.531. Calle de Juan Pérez del Rey (1334),doc 112.Calle de Garci Martinez de Marcilla (1356) doc 168.Calle de Miguel Pércz Munoz (1397),doc 329... Estas familias van a manifestar su solidaridad en la vecindad y asi dice el fuero que ninguna collacion non responda por uezino que no sera y dado o non sera escripto en el padroni77.Más adelante se ordenarä que la despedida de la colacion o el avecindamiento en otra sea hecha en sabado o al salir de la misa mayor del domingo178. Tenemos la carta de vecindad de Domingo Torner, convenida con los jurados de Tronchón en adquirir el derecho de vecindad en dicho pueblo por seis anos y fechada el 13 de junio de $1 3 9 5 ^ { 1 7 8 }$ .El barrio va a ser espacio vital ya que los habitantes van a la Catedral para las grandes ceremonias, a la plaza mayor para asistir a los juegos y justas179 ,en los que como ya vimos se enfrentaban los barrios entre si o los clanes. El seis de abril de 1354 se ordenó que no se acudiera, como era costumbre inmemorial,a Santa Maria de Mediavilla para la bendicion de Ramos y que,por ciertos disturbios habidos la vispera de ese dia,han acordado los vicarios y prior que no se acuda a Santa Maria y que cada iglesia tenga su propia bendicion180. El resto del tiempo,como acabamos de ver, para todos los actos de la vida cotidiana, los hombres permanecian en sus barrios y convivian con sus miembros. Tenian una gran multitud de lugares de encuentro,mercados estrechos,almacenes,plazas familiares... y asi las parroquias, iglesias de los barrios, se beneficiaron de las liberalidades y de la proteccion de los hombres ricos del linaje instalados en la cercania181.Esta iglesia era un clarisimo elemento del grupo social. En el sacro recinto se hacian enterrar los grandes lideres del linaje y la presencia del mausoleo familiar en el interior de una iglesia o de un convento no era algo gratuito. Testifica al menos un acuerdo entre el clero y el senor y también, en muchos casos, la aceptación por parte del clero de una posición de autoridad, de una especie de tutelai8² .En este sentido se incluye la autorización, el 4 de mayo de l406,de Garcia -arzobispo cesaraugustano- a elegir sepultura en las igleas de Teruel a quien las dote 183. El propio fuero legisla que el vecino de Teruel muerto alli sea enterrado en la ciudad o donde' hubiera elegido sepultura184. Igualmente se puede ver como Juan Crespo, vicario general de Zaragoza,autorizó en noviembre de 1496 la construcción de la capilla de Nuestra Senora de las Nieves y ordenó que se conceda sepultura en dicha capilla de la Colegiata a los fundadores Sancho Pérez de Ebón y Catalina de Galve 185. Los Marcilla y los Munoz, los dos grandes clanes, participan de este tacito acuerdo en base a su poder y prestigio.En 1358i86, vemos como el vicario de Santa Maria de Teruel otorgó derecho de sepultura en la capilla -de Corpore Christi al escudero Rodrigo Alvarez de Espejo y a su mujer Rita Ximénez. Esta concesion a ellos y a sus descendientes en linea recta se hace por ser -Rodrigo Alvarez- sobrino del “honrado y discreto Miguel Martinez de Marcilla",arcipreste que fue de Teruel. Anos antes,en 1327, otorgaba testamento este arcipreste y dejaba ordenadoi87, que se fundaran aniversarios por el alma del escudero Garcia Pérez Gamez qui sepultus est in capella mea y otro por el alma de Maria Pérez de Marcilla que sepulta est in dicta capella del Corpus Cristi. En 1474 otra Marcilla188,dona Margarita Plaenca,viuda de Francisco Martinez de Marcilla, senior de Escriche, ordenó que lexo mi sepultura para mi cuerpo enterrar O sepellir en la Capiella de Sant Simon e Judas do el cuerpo del dito mi marido sta sepellido en la Yglesia collegiada de Sancta Maria de la dita ciudat de Teruel. Sobre el linaje de los Mufoz es interesante ver el testamento de Juan Sänchez Munioz, senor de Escriche, a finales del siglo XIVi89.En él se funda la capellania en Santa Maria de Teruel, para celebrarla en el claustro de esa iglesia,claustro do yacen mis parientes et por animas de mis ahuelos et de mi padre et de mi madre et de mis parientes et de mis deffunctos et de todos aquellos parientes mios que yacen en la claustra de la dita Eglesia de. Santa Maria. Igualmente dejara legados para celebrar misas en el Salvador por el alma de su primera mujer -Francisca- y en San Pedro.Una curiosa descripción de Teruel, en un manuscrito anó- nimo del siglo XVII, nos aporta curiosas noticias sobre la parroquia de San Andrés, que dice,“la labraron de cimientos los Mufoces, en ella tienen como en la Catedral sus enterramientos y escudos de armas que lo publican"190 . Otros linajes turolenses emparentados con los dos poderosos, tuvieron sus enterramientos y sabemos de la capiella del linage de los Exarques en el claustro de Santa Maria de Teruel, linaje emparentado con los Marcilla ya en $1 4 0 8 ^ { 1 9 1 }$ · 4. LOS BANDOS FAMILIARES. Ha dicho Heers192, que la vendetta marca la vida de la ciudad y tiene razón. En occidente las luchas de las grandes familias, en las ciudades no sometidas a la fuerte tutela de un estado principesco,derivaban facilmente en querellas intestinas y,con frecuencia,en interminables actos de violencia y auténticos conflictos armados. El conflicto nace de controversias de todo tipo y las luchas más encarnizadas se producen, como es natural, cuando se trata de vengar a los muertos o a los heridos. Toda muerte violenta exige siempre una reparación ya que vengar la muerte de una persona es un acto de deferencia y de respeto hacia su memoria. Si no se vengara la muerte quedaria mancillada la memoria y,con ella, toda la estirpe.El hombre medieval se encuentra,en consecuencia, frente a un deber que obliga a los descendientes y a los amigos del muerto 193 . La venganza, por cualquier controversia o por homicidio incluso, puede llevarse a cabo no solo sobre el culpable,sino sobre otro 190MARTINEZ ORTiZ, José. Noticia y descripcion de la ciudad de Teruel,contenida en un anonimo manuscrito del siglo XViiI. Revista TERUEL,n.O 17-18.Paginas 5 a 41. 191 Catälogo Catedral Teruel,doc.372,pagina 167.Véase nota 1,que da la fecha de 3 de agosto de 1408. 192 Elclan..., paginas $1 2 9 \textbf { y } 1 3 0$ 193 Fuero de Teruel,epigrafe 212. Dice que en caso de homicida que no tuviera de que pagar pagen por él si parientes O amigos oujere. miembro de su familia.Este hecho hacia comun el enfrentamiento y todo el clan familiar se veia inmerso en la lucha o banderia.El estado,logicamente, intenta abiertamente quebrar la solidaridad de ese clan y prohibir a los parientes y aliados el que presten socorro e incluso refugio al culpable fugitivo 194 . En esta linea,el 1O de abril de 140O,en Zaragoza emitia Martin el Humano una real provisión ordenando que “ningun aldeano de Albarracin tome parte en luchas ni bandos sino en unión con los que estuvieren dentro del cuarto grado de parentela o consaguinidad 195 .El octavo libro del Fuero de Aragón ya habia dejado muy reducidos los limites de la enemistad o venganza privada.Pero a pesar de ello,en la extremadura turolense estarán los bandos entre los clanes familiares que,reforzando su poder politico y militar, constituyen una amenaza constante para la paz. Las gentes de Teruel, bien por parentesco o por afinidad con unos O con otros, se agrupan hacia una u otra familia. Testimonio de ello es el escrito enviado a mosén Alfonso de Samper,caballero diputado del reino de Aragón,en el que se le senala como en la Ciudat de Teruel e en aquella comarqua entre los Marziellas de la una part,e los Munyozes de la otra part, ha algunos debates e questiones e los de la una part contra la otra,e viceversa unos contra otros ffacen ayustes de gentes, asi de cavallo como de piet pora facersen guerra desaforada e contra ffuero 196. La primera mención del problema es de la judicatura de Martin Sanchez de Xiarch197,y dicen las crónicas et pelearon los Marcillas y Munoces en Teruel el jueves Santo 4 de abril de 1325. Es curioso que el estallido fuera en ese jueves santo,dia que parece impropio escenario para la lucha. Veinte anos después,en 1354,se senalan en las relaciones de jueces que fueron grandes muertes et feridas en los bandos de Terueli98.Claramente podemos decir con Heers que son estos grupos familiares los que agrandan los conflictos privados dandoles una dimension mucho mayor y,debido a su peso social, produzcan el que una simple vendetta familiar se transforme en una guerra civil, que movilice a toda una ciudad'99 .A las grandes muertes de 1354, sucederán en 1370 una serie de intervenciones, por orden del rey de Aragón, contra el juez don Juan Sänchez Munoz que parecen traslucir como motivación los desmanes de estas familias enfrentadas y uno de los cuales ocupaba la judicatura turolense 200 . La referencia al ano l398 dice “volvieronse los bandos en Teruel”y como consecuencia de ello “vinieron unos comisarios para quebrantar los fueros de la tierra et no se les consintieron, et tornaaronse"2oi.Banderias que,en 140l, intentarä ahogar mosén Gil Ruiz de Lihori -gobernador general del reino- colgando a muchos ilustres turolenses en el olmo de la plaza de Santa Maria y en el de Santa Ana. En 1407 los escesos culminan con el asesinato alevoso del anciano y venerable Luis Sanchez Munoz en el lugar de Sarrión20² . Parece que fueron los autores Garcia Garcés de Marcilla y su hermano bastardo Antón del Roy. El asesinato conmueve tanto a Teruel que los Marcilla y Munoces intentaron poner fin a sus enfrentamientos. Pero la paz sólo duró hasta 1423 en que hubo “grandes bandos en Teruel a la fin de su ano”2o3 .En ocasion del asesinato de Luis Sánchez Mufoz, los Marcilla se reunieron en la iglesia de Santa Maria y la familia de los Mufoces en el domicilio del asesinado204. También el 1423,el sindico de Teruel daba a Francisco Sebastian cierta cantidad“por razón de haber limpiado la plaza mayor de tejas y piedras que inundaban por causa de las bandosidades"205 .De estos textos oficiales se deduce claramente la existencia de luchas familiares y su dimension politica.Dimensión que queda clara en la relación de los desmanes de los Garcés Marcilla, desmanes fechados en $1 3 5 5 ^ { 2 0 6 }$ .Estas dos grandes familias gobiernan su ciudad y ocupan los primeros puestos de la sociedad.Asi vemos en Teruel, como apuntó CARUANA,que en 1430 el rey Alfonso V dejarä de apoyar a los'Marcilla para inclinar su favor al bando de los Munoz.Es abundante la nómina de sus miembros que ocupan cargos como Juan González Munoz que fue juez de Teruel en 1423,o su sucesor Francisco Garcés de Marcilla en 1444,y el Alcalde de Albarracin,en 1440, don Miguel Garcés de Marcilla 207. El enfrentamiento entre estas dos familias es permanente.En 1444,con ocasión de que el Capitán Raimundo Cerdan queria tomar presos “fue conmovido el pueblo et los de una parte tenian su voluntad,otros no. Et vinieron a lanzar piedras en la placa mayor los unos contra los otros,incidente en el que también resultó apedreado el capitán2o8.El escenario de la batalla volveria a ser la Plaza Mayor de Teruel, el dia 23 de abril de 1458.En aquella ocasion se corren toros en la plaza y asisten el infante don Enrique y su madre,que han llegado a la ciudad a entrevistarse con Juan de Navarra.Mientras se corren los toros resurgen los bandos y se organiza una batalla campal.El juez de Teruel fue herido en una pierna,un tal Juan Franco es también herido y morirá dias después,mientras las reales personas corren grave peligro en el alboroto que se sigui6 209. Es tal la dimension de los bandos,que como dice Heers210, la vendetta marca la vida de la ciudad hasta tal punto que logra imponerse como un tema literario.Al más puro sentir veronés responde la trägica leyenda turolense de Alvar Sanchez Munoz 211. Enamorado de su vecina dofa Sancha Martinez de Marcilla morira,en $1 4 3 0 \ ( { \it \Omega } _ { \dot { \it \Delta } } )$ en manos de la familia de su amada con la que habia huido de Teruel. Las banderias entre estas familias se extendieron a otros lugares de la extremadura turolense.En 144O se asesinaba a Miguel. Garces de Marcilla -alcalde de Albarracin- y al juez de esa ciudad y sus aldeas don Pedro Valero212. En Sarrion caera, en torno a 1430, el nombre caballero Pedro Sarzuela casado con la hija de Martin Martinez de Marcilla, que habia sido juez de Teruel213. En este afio era juez de Teruel don Guido de Veintemillas que era de los Munoz, por parte de su madre, y que seria acusado de falta de firmeza en atajar los odios por el propio rey Alfonso $\mathbf { V } ^ { 2 1 4 }$. Igualmente serä escenario de la lucha el lugar de Cella en donde tenian propiedades los Marcilla.Estando Alfonso $\mathbf { V }$ en Teruel tuvieron lugar desmanes en esta poblacion215.Torremocha tambien sera lugar de bandos en el ano $1 3 7 8 ^ { 2 1 6 }$ , en esti ano tan caro e tan malo e tan sin ventura, escayecieron muchas et diversas ocasiones et peleas entre los bandos. Rubielos va a centrar otro grave enfrentamiento entre dos grandes clanes familiares: lon Bonfilles, o Bon Fillons²17,y los Xixones. Estas dos familias lucharon tan fieramente que prendieron fuego a una torre. En el suceso murieron doce personas entre ahogados y degollados. El rey envió a mosen Arnalt Ruiz de Lihori y de improviso -en el alba- lleg6 a Rubielos y ahorcó de las murallas a cuatro hombres del bando de los Bonfilles y, en un olmo, a otros tres y una mujer218 En total habia prendido a una treintena de personas. 212 El poder..., pagina 289. 213 Ibidem,pagina 287,nota 1. 214 Tradicciones. de CARUANA (1965),,pagina 101. Vease nuestro trabajo Teruel ysusreivindicaciones enlas Cortesde1427-1428,de ABAD,BUESAy LAANA, Revista Teruel numeros 57-58,(1977). 215 Relatosy tradiciones., pagina 91. 216 El poder..., pagina 274. 217 Relaciones de jueces,serie B-LL.Ver El poder.,pagina 280, nota 7. 218 El poder..,paginas 279-280. Véase tambien M.a Luisa LEDESMA RUBIO.El patrimonio real en Aragon a fines del XIV en “Aragon en la Edad Media"Tomo Il (Zaragoza,1979) pp.150 y ss.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La ‘precisa imprecisión’ de la ficción en un pasaje de "Curial e Güelfa": The ‘Precise Imprecision’ of Fiction in a Passage from "Curial e Güelfa"
LA ‘PRECISA IMPRECISIÓN’ DE LA FICCIÓN EN UN PASAJE DE CURIAL E GÜELFA. THE ‘PRECISE IMPRECISION’ OF FICTION IN A PASSAGE FROM CURIAL E GÜELFA. Lambros Kotsa lás Investigador independiente Universidad Nacional de Atenas - Universidad de Zaragoza. Resumen: La literatura ‘popular’ bajomedieval del Mediterráneo occidental en lengua catalana constituye una interesante fuente de información para el estudio de las mentalidades catalanas y aragonesas de los siglos xiv y xv en relación con la presencia pluridimensional de la Corona de Aragón y de sus gentes en Romania (en este caso, Constantinopla y Grecia). El presente artículo analiza un pasaje concreto del famoso romance caballeresco del Cuatrocientos titulado Curial e Güelfa. El pasaje seleccionado es una digresión. El autor del romance, que vivió en el siglo xv, se sirve de la ‘elasticidad’ de la ficción para ubicar a su protagonista, un caballero catalanoparlante del siglo xiii, en la Grecia central, esto es, en aquella específica geografía en la que tuvo lugar en el siglo xiv la ‘dominación catalana de Atenas’, como la denomina K. Setton. Se analiza con más detenimiento la posible razón de ser del pasaje, tanto a nivel intra como extra. Abstract: The available late medieval ‘popular’ literature of the western end of the Mediterranean Sea written in Catalan constitutes a precious source of information for the study of the Catalan and Aragonese mentalities of the $1 4 ^ { \mathrm { t h } }$ and $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ centuries in relation to the multidimensional presence of the Crown of Aragon, that is, its people, in Romania (in this case, Constantinople and Greece). In the paper I propose to present, my focus is on a concrete passage from Curial and Güelfa, the celebrated chivalric romance of the $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. The passage selected is a digression. The author of the romance makes use of the fiction’s ‘elasticity’: he suddenly decides to place his protagonist, a Catalan-speaking knight of the $1 3 ^ { \mathrm { t h } }$ Century, in central Greece, that is, in that very geography where the $1 4 ^ { \mathrm { t h } }$ Century ‘Catalan domination of Athens’ took place, as K. Setton would have called it. It is worth taking here a closer look at the possible intra and extra-textual reason for existence of the passage in question. In textual. Ello permite considerar nuevas perspectivas sobre el contexto en el que se creó Curial e Güelfa. Palabras clave: Curial e Güelfa, literatura medieval, novela de caballerías, uso de la ficción, Romania, Corona de Aragón, mentalidades catalanas y aragonesas bajomedievales, siglos xiv-xv. doing so, I am taking into consideration the new evidence existing on the context within which Curial e Güelfa was created. Key words: Curial e Güelfa, medieval literature, chivalric romance, usage of fiction, Romania, Crown of Aragon, late medieval Catalan and Aragonese mentalities, $1 4 ^ { \mathrm { t h } } - 1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ Centuries. 1. La Romania y la Corona de Aragón. A la Gran Compañía Catalana y a su adquisición de los ducados griegos y de su correspondiente población se debe, en gran parte, un hecho importante para la historia de la ‘superficie’, en expresión de Braudel (1966). Se trata de la nueva perspectiva de inaugurar una reserva o depósito de argumentos de mayor extensión geográfica que el ya existente bajo el apelativo de ‘Romania’, en referencia a aquel ‘mosaico de poderes ejercidos sobre aquella orientalmente romana geografía tan especial, sus gentes y sus manifestaciones’ que, en este caso, comprendía el imperio bizantino y el espacio marítimo y continental coincidente con el de la Grecia actual (en manos greco-bizantinas o no). Esta nueva perspectiva serviría, ante todo, al discurso dominante y a quienes aquí lo incitaban: los monarcas de la Corona de Aragón (casal de Barcelona pero también dinastía Trastámara en los siglos xiv y xv) hacia y sobre los ciudadanos de sus geografías políticas, que fueron muchos y diversos al igual que lo fueron sus problemas y necesidades. 2. La pragmática de las fuentes. Las fuentes para buscar la sustentación de lo anterior se hallan, desde luego, en los testimonios textuales. La mayor parte de ellos pertenece a una literatura occidental de referencia en lengua catalana. En general, son obras literarias narrativas, poemas y cartas singulares, elaboradas fundamentalmente en los siglos bajomedievales y de cierta amplitud en cuanto al nivel de erudición que aparentan. Estas piezas constituyen narraciones ‘crípticas’, adyacentes de la presencia histórica en Romania (no solamente presencia física, y sin que esa presencia física se entienda necesaria ni exclusivamente como histórica) tanto de la Corona de Aragón misma, es decir, de sus gentes o súbditos (los ‘catalanes en Oriente’) como también de los catalanes y aragoneses ‘naturals’1 (Giunta, 1953 y 1959) de esta Corona ‘de los reyes’ de Aragón (Sarasa, 2013: 61). Ejemplos ilustrativos de ello pueden ser la Història de Jacob Xalabín (Anònim, 1964) y Curial e Güelfa (Anònim, 2011), productos culturales deliberados del hombre socialmente enmarcado, en el sentido de que se extraen cada vez del seno de aquella sociedad occidental a la que están llamados a repatriarse, sin haber levado anclas nunca, en teoría, para recibir, como si fueran buques de cruceros desmantelados, viajeros-reclusos sedientos de andanzas transversales en los escaparates lujosos de sus niveles interminables. 3. Curial e Güelfa: un pasaje bajo examen. En el presente artículo nos ocupamos de la segunda obra citada, el roman$\mathrm { c e } ^ { 2 }$ Curial e Güelfa, por ser la fuente literaria narrativa que hace una referencia más pasajera3 a ‘las partes de Romania’. Pero pasajera no quiere decir insignificante. De hecho, nuestro propósito es hacer uso de un sólo —y único, en su clase— fragmento de este texto para estudiar dos aspectos que se conectan entre sí: en primer lugar, se analizarán, en caso de que los haya, los datos pragmáticos que se pueden extraer de esta fuente y que se refieren a catalanes y aragoneses en Romania, siendo de nuestro interés tanto los catalanes y aragoneses del siglo xiv y/o del xv como los catalanes y aragoneses de Oriente y/o en Oriente (cf. con Setton, 1956: 68-69; Setton, 1975: 258); y, en segundo lugar, se abordará el modo en que la ficción4 consigue integrar en su interior los datos eventuales que son de nuestro interés y cuál es, en última instancia, el medio empleado para integrarlos orgánicamente. Empezaremos por el final, pero primero nos gustaría presentar el pasaje con el que vamos a trabajar. 4. La ficción del contexto y el contexto de la ficción. Curial e Güelfa es una obra literaria muy apreciada en su época, semiculta más que de tendencia popular, escrita durante el reinado de Alfonso V el Magnánimo (Ryder, 1992)5 por algún autor anónimo de lengua catalana, partidario de la monarquía de los Trastámara —con lo que tal circunstancia pueda implicar.6 Su protagonista, un italiano $^ { - 0 }$ para ser más exactos italianizado—, es un hombre de mucho mundo. Curial, según su nombre cortesano, es un guerrero y, más concretamente, un caballero que capitanea el buque que le corresponde. Este héroe, al que el autor, hablante del mismo idioma, sitúa en la época de reinado de Pedro III el Grande de Aragón (1276- 1285), hijo del rey Jaime I el Conquistador, no podía más que ser navegante de una galera. Y así es. Pese a ello, conviene señalar que el plenamente ‘medieval’ siglo xiii en el que se desarrolla la trama, se funde de manera imaginaria con el siglo xiv y, sobre todo, con el ‘actual’ siglo xv del entorno gótico-renacentista en el que Curial e Güelfa se creó de forma deliberada. Nuestra atención se centra en un apartado singular en el tercero de los tres libros (Anònim, 2011: Llibre III) de la novela caballeresca. En este fragmento, el mencionado barco de guerra se halla surcando las aguas del Mediterráneo cuando el protagonista resuelve hacer en Grecia central una parada breve de recreo que, como se verá, sería constructiva desde el punto de vista cultural. He aquí todo el pasaje: Entrat, adoncs, Curial en la sua galera, començà a navegar. $E$ volgué veure aquella ciutat antiga (de Atenas), noble e molt famosa, qui donà lleis a Roma, e mirà aquell estudi famós en lo qual la ciència de conèixer Déu s’aprenia. E així com aquell qui era home científic e qui nulls temps lleixava l’estudi, alegrà’s molt de les coses que li foren mostrades e dites. Anà més e viu aquella ciutat (de Tebas) que primerament murà Cadmo, de la qual tant escriví Estaci en lo seu Tebaidos. Viu los sepulcres d’Etíocles e Polinices, cruels germans fills d’Edipo e de Jocasta. Anà més, e viu aquells monts apellats Nissa e Cirra (parte del Parnaso), e viu los llorers consagrats a Apol·lo, déu de sapiència, e les vinyes consagrades a Baco, déu llur de ciència, e moltes coses antigues, les quals de paraula havia oïdes.7. Una primera observación que podemos apuntar es que la parada de recreo del protagonista se ha producido más bien de manera despreocupada. También es característico del pasaje que los lugares visitados —los enclaves urbanos en especial, como por ejemplo las ciudades de Atenas y Tebas— en realidad, simplemente se insinúan. Se describen, a grandes rasgos, mediante el esquema sintáctico ‘pronombre demostrativo femenino singular («aquella», ya que se trata de una «ciutat») que introduce, con valor inespecífico, un sustantivo («ciutat») seguido de una doble oración de relativo especificativa que pone a prueba la erudición y perspicacia del receptor de la obra de ‘entonces’ y de ‘ahora’: «qui donà lleis a Roma […]», en el caso de Atenas; y «que primerament murà Cadmo […]», en el caso de Tebas. Detengámonos en la opción de apoyarse sobre indicios, dejando para más adelante la posible razón de ser de este episodio literario. A decir verdad, poner a prueba la erudición y perspicacia del receptor, cualquiera que sea, es, en parte, entendible si se tiene presente el entorno gótico-renacentista en el que fue creada la obra que nos ocupa. Por eso en el pasaje ‘helénico’ (¿más que griego?) presentado, Curial —en apariencia otro Cyriaco de Pizzicoli (1391- 1452) (Bodnar, 1960: 50-52)—, es una criatura de Italia, o más precisamente, del Renacimiento de factura catalana en Italia. Conviene recalcar y tener presente este aspecto que afecta no sólo al pasaje seleccionado sino al conjunto de Curial e Güelfa, por supuesto. Poner a prueba la erudición y perspicacia del receptor, cualquiera que sea éste y cualquiera que sea su erudición y perspicacia, se entiende también si tenemos presente, en primer lugar, que hablamos de un entorno político (-cultural) específico y concreto de una producción deliberada, que es igualmente específica y concreta; y, en segundo lugar, que esta fuente es una novela, una novela caballeresca, y que es, por tanto, ficción. Cual ficción, la novela no tiene ninguna razón para insistir en detalles precisos como nombres personales, toponimias y fechas. Más bien al contrario: se mueve en la imprecisión. O más exactamente: se mueve en la imprecisión que necesita para no hablar con precisión. Una expresión imprecisa que toma forma teniendo a la vista una expresión precisa determinada (‘modelo’) es, por analogía con su modelo, sorprendentemente ‘precisa’. Como tal, para la historia o trama resulta muy coherente o, expresado de otra manera, estructuralmente coherente. Los ardides de la ficción se han destacado a sabiendas. En ningún caso deberían desanimar. En absoluto. $\it { i Q u e }$ queremos decir? Una segunda lectura del pasaje presentado permite que nos percatemos de que los lugares clave visitados por Curial fueron primero Atenas y Tebas y después el Parnaso —el monte más destacado de Fócida o Fócide, Beocia y Ftiótide, donde se hallaban restos [en la región de Delfos] de la adoración al dios Apolo [...]. No, no es una errata. Tampoco un locus communis dirigido meramente a satisfacer el apetito humanista de la época. El protagonista de habla catalana —o el creador de igual lengua de este personaje literario— decidió viajar a la manera medieval y situar su recorrido justamente por la región correspondiente a aquel primer ducado catalán de las Atenas —supuestamente, antes de su conquista— en cuyas tierras vivieron desde 1311 hasta, como máximo, principios de 1394, nuestros amigos ibéricos ‘de Oriente’ como población dominante. Cabe aquí recordar que Tebas $- \ll [ \ldots ]$ aquella ciutat que primerament murà Cadmo […]»—, la esencial capital de los hermanos estados de Atenas y Neopatria, caería en manos del condotiero Juan de Urtuvia en la primera mitad de 1379, por lo que nunca llegó a incorporarse a la Corona de Aragón (entre otros, Luttrell, 1969; Loenertz, 1978). En mayo de 1388, con la rendición de su ‘castillo’ —léase la Acrópolis—, llega el turno a esa localidad que había dado nombre al ducado ateniense, Atenas, $\ll [ \dots ]$ aquella ciutat antiga, noble e molt famosa, qui donà lleis a Roma […]».8 Sin embargo, el indicio más impactante, con diferencia, es el que tiene que ver con el Parnaso y, especialmente, la región de Delfos, como se debe entender juzgando tanto por la mención misma, aunque indirecta, al monte famoso de Fócida, Beocia y Ftiótide —«Anà [Curial] més, e viu aquells monts [parte del Parnaso] apellats Nissa e Cirra»9 — como por la referencia a los restos relacionados con la adoración al dios Apolo $- \ll [ \ldots ]$ e viu [Curial, en la misma parte del Parnaso,] los llorers consagrats a Apol·lo, déu de sapiencia». Andrea Mantegna, Parnassus, 1497. Témpera sobre lienzo, $1 6 0 \times 1 9 2 { \mathrm { c m } }$ . Musée du Louvre, Paris.10. La razón de la importancia indicada nos obliga a proporcionar información de índole histórica y, hoy en día, escasamente conocida. Así, habrá sucintamente que apuntar que la antropo-geografía délfica fue directamente regida, durante los primeros años —con toda probabilidad, al menos desde 1379/1380-verano de $1 3 8 2 -$ del breve dominio de la Corona aragonesa en Atenas y Neopatria (septiembre de 1379-finales de 1391/principios de 1392), por la figura más ilustre en la historia de estos ducados catalanes. Nos referimos a Luis Fadrique (Frederic) d’Aragó, caballero modélico y noble de alto rango con descendencia de los monarcas sículo-aragoneses del casal de Barcelona.11 Este representante tardío de la rama real Fadrique establecida en Grecia central consiguió ser, sobre todo a partir de la primera mitad de 1380,12 el primer y último ‘conde’ del feudo de La Sola o Sálona catalano-bizantina, esto es, fue el titular del ‘dominio’ más próspero y poderoso de las tierras catalanas y ‘catalano-aragonesas’ (léase aquí bajo dominación de la Corona de Aragón) remotas, en el que quedaba comprendida la región focia de Delfos y, por tanto, el Parnaso.13. La vida del noble Fadrique, fallecido en el verano de 1382, sirvió de inspiración —junto con la dramática historia de los últimos años de existencia del dominio salonita ante la presión y posterior invasión otomana a comienzos de 1394 y la consiguiente pérdida para los ‘catalanes de Oriente’ del mayor baluarte continental en el espacio griego—, para, al menos, otra creación literaria, la titulada Història de Jacob Xalabín (Kotsalás, 2017: 18-59) que, con toda intención, hemos traído a colación al inicio de este artículo. Esta obra constituye un romance anónimo cuya concepción se remonta a la transición del siglo xiv al siglo xv y su composición puede fecharse entre la segunda y la tercera década del Cuatrocientos. Su importancia histórica reside en que debió servir para la fructífera promoción de objetivos cruciales en un entorno político-cultural concreto —como lo fue el alfonsino trastamarista (1416- 1458), por ejemplo—, habida cuenta del proceso de novedades estructurales desarrolladas durante ese reinado desde el centro del escenario mediterráneo. Sea como fuere, lo que queremos destacar es que en la época de la composición de Curial e Güelfa las cosas habían cambiado en buena medida con respecto al período glorioso de la Gran Compañía Catalana14 y sus epígonos. Pese a ello, podemos estar seguros de que una digresión como la de la parada de recreo de Curial en Grecia central debió de quedar bien, literariamente hablando, habida cuenta del género y los gustos lectores de la época. Pero también con este episodio el autor tuvo una oportunidad de primera categoría para insertar de una manera elaborada unos indicios —la Grecia central, antaño catalana y bajo el cetro de los monarcas aragoneses— que eran agradables y, a la par, interesantes desde un punto de vista histórico, político y cultural para sus eventuales receptores. 5. Consideraciones finales. La dimensión cultural (desaprovechada, en el mejor de los casos) de la ‘aventura’ catalana en Oriente se encuentra en el seno de las sociedades de la metrópoli. En el pasaje aquí examinado el movimiento del protagonista Curial se nos antoja deliberadamente puntual: la antropo-geografía del antaño ducado de las Atenas, en general, y del antaño gran feudo de La $\mathrm { S o l a } ^ { 1 5 }$ o Sálona catalano-bizantina, en especial, yace ante nuestros ojos, ‘precisa imprecisión’ de la ficción mediante. Teniendo esto presente, no resulta fortuito calificar de ‘crípticos’ los relatos sobre la presencia histórica física así como imaginaria (lectora) de la Corona de Aragón y sus gentes en Romania y en otras zonas del Mediterráneo oriental en el período a caballo entre los siglos xiv y xv, ni tampoco lo es calificar de críptico su significado. Incluso cuando hablamos de creaciones literarias con pocos ‘anticuerpos’ de esta presencia en su interior. Esto es lo que sucede con Curial e Güelfa. Gracias al pasaje helénico seleccionado para su análisis podemos llegar a tres conclusiones principales: 1) la importancia política que la aventura catalana del siglo xiv en tierras griegas tuvo para las gentes de la Corona de Aragón también en el siglo xv, especialmente para sus elites dirigentes; 2) la constatación del estudio y esfuerzo intelectual —o asimilación—, de los precedentes históricos (y literarios) pertinentes del entorno gótico-renacentista en el que se inscribe la creación de Curial e Güelfa; y 3) la necesidad de considerar el pasaje concreto y sus indicios en relación (también) con el autor catalanófono de esta novela caballeresca, un autor catalanófono con origen, según Soler (2016; 2017: 137-165), castellano. Referencias bibliográficas. Edición de fuentes primarias. Anònim (1910), «Historia de la filla de l’emperador Contastí». En R. Miquel y Planas (ed.), La Historia de Jacob Xalabín seguida de la de La filla de l’emperador Contastí. 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Introducción al estudio de los mudéjares aragoneses
INTRODUCCION AL ESTUDIO DE LOS MUDEJARES ARAGONESES por Jose $\mathbf { M ^ { a } }$ . Lacarra. I Sabemos muy poco de los mudéjares aragoneses, pese a la gran densidad que alcanzó la poblacion mudéjar en Aragón durante los siglos XII a XVI. Puede decirse que apenas hay estudios directamente dedicados al tema. En l9o4 Eduardo Hinojosa dedic6 unas breves päginas al estudio de los Mezquinos y exaricos. Datos para la historia de la servidumbre en Navarra y Aragonl ; en 1923 se publicaba la tesis doctoral de F.Macho y Ortega titulada Condicion social de los mudéjares aragoneses (siglo $X V ) ^ { 2 }$ ; recientemente $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } }$ . Luisa Ledesma Rubio estudiaba La poblacion mudejar en la Vega baja del Jalon3. Sin embargo, se conserva una documentación muy abundante que hace relacion a los cultivadores agricolas de origen musulman, tanto en los Archivos eclesiasticos de la región -Archivos del Pilar y de la Seo de Zaragoza, catedrales de Tudela y Tarazona, parroquiales,etc.-,como en los Archivos de las Ordenes Militares, de Protocolos,Municipales,etc., que sólo en una minima parte ha sido publicada o utilizada. Sin duda la habra también en los Archivos de las grandes casas nobiliarias que han llegado hasta nosotros mäs o menos completos, pero su conocimiento y su consulta no siempre es facil4. Toda esta documentacion hace referencia, en general, a los cultivadores agricolas por cuenta ajena; rara vez a los que son propietarios de tierras, que sabemos que subsistian hasta el siglo Xvi5. Menos referencias tenemos de los mudéjares que residian en las aljamas urbanas, casi siempre de seforio real, y por tanto de los mudéjares que habitualmente no ejercian la agricultura, sino la artesania y el comercio en Zaragoza, Huesca,Calatayud, Teruel, etc.6.De aqui la dificultad con que nos encontramos para llegar; de momento, a conclusiones generales. 1. Los sarracenos o moros,como se les llama en la documentación -jamas mudéjares-,eran conocidos de antiguo en Aragón como prisioneros de guerra. Son los mauri capti, de que hablan los fueros. Reducidos a servidumbre, tenian sin embargo la consideracion de personas. Si su dueno los entregaba en prenda -dice el Fuero de Jaca-,debian ser llevados al palacio del rey,y el dueno del sarraceno o sarracena estaba obligado a darle pan y agua,quia est homo et non debet ieiunare sicuti bestia7.El moro cautivo era objeto de comercio y de exportacion al otro lado del Pirineo8, pero normalmente, sobre todo en los siglos XII y XII, el moro cautivo era tenido como una mercancia sometida a rescate.Su valor no estaba en relaci6n con su capacidad para el trabajo, sino con el precio que podian pagar por el rescate. En este sentido los fueros municipales de Arag6n, como otros fueros de frontera, disponen que el vecino que tenga un esclavo moro,deberä cederlo para el rescate de otro vecino prisionero de los moros, previo el pago de su precio y de los gastos que hubiera ocasionado9 . Es verdad que no todos los sarracenos capturados en el siglo XII en accion de guerra eran objeto de rescate. Los habia que por ser de condicion más modesta, por exceso de cautivos musulmanes,O por otras circunstancias diversas quedaban al servicio de los cristianos, generalmente empleados en faenas agricolasl0. Pero al correr de los afios, olvidado un tanto su origen, tendian a confundirse con los otros sarracenos sometidos por capitulaciónll . 7 A.UBIETO,Jaca: Documentos municipales (971-1269),Valencia,1975,p.51. 8 J. $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } }$ LACARRA, Unarancel de aduanas del siglo XI, Zaragoza,1950. 9 Asi,en los fueros de Calatayud (1131), Daroca (1142),etc. Vease CH. VERLINDEN, $\pmb { L }$ 'esclavage dans l'Europemedievale,I,Brujas,955,pg.157igts. 10 En 1146 Ramón Berenguer IV concede a la Orden del Temple que “quantos sarracenos habetis in honoribus vestris et hereditatibus vestris,autilos quos de alis partibus pro amorem Dei adduxeritis vel de Ispania quos Deus ibi vobis dederit,omnes vobis serviant omnibus diebus et nullus homo eos vobis subtrahat neque recolligat in sua casa aut in sua hereditate neque eis faciat aliqua injuria",L. MIRET Y SANS, Lescasesde Templersy Hospitalers en Catalunya,Barcelona,19iO,pag.114. 11 En julio de 1179 Alfonso II concedia al Temple dos sarracenos,uno en Zaragoza y otro en Tierz, con su heredad y cuanto poseian “ut habeant illos duos sarracenos jamdictos et possideant in hereditate libere et quiete et nunc et deinceps,ad faciendam ex ilis propriam voluntatem suam sine meorumque retentu et alie persone cuiusque. Hos quidem sarracenos cum hereditate illorum ubique quam nunc habent vel quam de cetero et iustis modis adquirere poterint cum personis quoque eorum et cum filiis et filiabus et tota generacione suam iamdictam hereditatem possessuris,dono,laudo.."(A.H.N. Cart.Magno,II, p.182, $\bar { \mathbf { n } } ^ { \pmb { 0 } }$ 194;p.199, $\bar { \mathbf { n } } ^ { \mathbf { o } }$ 217). Por los términos en que estä redactado el documento parece que se trata de un siervo adscripticio.En i292 laaljama de Zaragoza se querelló de que Jucef Galip,descendiente de uno de estos sarracenos,no debia ser"moro franco",querella que fue presentada ante Nicholao del Espital,“savio en derecho”y subdelegado de don Bartholomé d'Eslava, juez por el rey en los pleitos entre laaljama de los moros de Zaragoza y los‘moros francos"de Zaragoza.La Orden del Temple defendio a Jucef Galip,“como por aquel qui es del Temple quitio e ha ser de todos tiempos en su vida,e fueron los suyos antecessores de cient e XIII annyos, encara quel sennyoi don Alfonsso de noble recordacion rey d'Arag6n los dieal Temple segunt se manifiesta por el priuilegio del dicho sennor rey",documento que copia (A.H.N. Cart. Magno,II,p.246-248). En esta fecha parece que los descendientes de los dos sarracenos del siglo XII estan equiparados a los vasallos de senorio. Asi,pues,en los siglos XII y XIII coexisten en las tierras de Aragón dos tipos de sarracenos de condición juridica totalmente diversa,y sobre la cual no cabia confusión entre los contemporaneos: los mauri capti y los mauri pacis;estos ultimos constituian la inmensa mayoria de la poblacion $\cdot$ musulmana de Aragón, como descendientes de los que habian capitulado ante los conquistadores cristianos. Tanto los fueros de Calatayud y de Teruel en el siglo XII, como los fueros de Jaca y de Aragón en el siglo XI se ocupan de unos y de otrosl2.Puede decirse que con la sumisión de Murcia tienden a desaparecer los moros cautivos,al cesar las cabalgadas, causa principal de cautiverio. III. Pero quedan los “moros de paz"-los propiamente mudéjaresprocedentes de capitulacion.La politica de capitulación se inicia en Aragón muy temprano, siguiendo el ejemplo de Alfonso.VI con Toledo y del Cid Campeador con Valencia. En 1O99 Pedro I concede a los moros de Naval que facilitaron la ocupación del castillo por los cristianos, diversas exenciones económicas,aparte de conservar la plena propiedad de los inmuebles que ya tenian,y la libertad religiosa: “quod abeatis vestra mezquita in vestra villa sicut abere solitis,et vos quod sedeatis michi fideles,sine arte et sine inganno contra moros et christianos..."3.La comunidad musulmana de Naval seria,con la de Lierta,la situada más al norte en la provincia de Huesca,y duraria hasta la expulsión de los moriscos en 1610. Los moros de paz o mudejares aumentaron considerablemente con las conquistas llevadas a cabo por Alfonso el Batallador.Capitularon las ciudades,y entre sus acuerdos estaba el respeto a sus bienes muebles e inmuebles,asi como a su religión y derecho privativol4.Tan sólo en las ciudades estaban obligados a abandonar el recinto urbano en el plazo de un ano, para pasar a instalarse en un barrio extramuros, la Moreria,que funcionarä a modo de un concejo aparte,como la otra minoria étnico-religiosa,la de los judios. Los moros sometidos no van en hueste ni en cabalgada,ni contra moros ni contra cristianos. Los fueros municipales del siglo XIl tienden a equiparar juridicamente a cristianos, moros y judios. En el fuero de Calatayud(1131), se dice:“Christianos et mauros et iudeos comprent unus de alio ubi voluerint et potuerint";en el de Daroca (1l42), se lee: Christiani, judei, sarraceni, unum et idem forum habeant de ictibus et calumniis"; la misma doctrina se recoge en el fuero de Teruel15 . No parece que hubiera un interés especial por su conversión al cristianismo,antes bien lo contrario.En el siglo XIII, sin duda por el cambio de mentalidad que introduce las Ordenes Mendicantes, dispuso Jaime I, en 1242,que judios y sarracenos podrian convertirse libremente,“non obstante predecessorum nostrorum vel alicuius statuti prohibitione vel pacto vel super hoc obtenta consuetudine". En este caso conseivarian todos sus bienes muebles, inmuebles y semovientes, salvo la legitima de sus hijos, pero estos no podrian exigir nada en vida,y después de la muerte del converso sus hijos podrian reclamar lo que les correspondiera con arreglo a su ley;prohibe que se les moteje de renegados, tornadizos o con palabras semejantes. Esta disposición fue incorporada a los Fueros de Arag6n16. Las Cortes se interesaron diversas.veces por los moros, y sobre todo los reyes, en cuanto que el moro, por su persona, estaba bajo la protección real, segun veremos.Las Cortes de 130l ordenaron que llevaran un signo exterior por el que se reconociera su condicion17,y las de l307 prohibian que fuesen apresados por deudas. JOSE MARIA LACARRA contraidas por sus senores18. IV. Los moros cultivaban las ricas vegas de los rios Isuela,Flumen y Cinca,en la actual provincia de Huesca; las del Queiles,Huecha, Ebro,Jalon, Jiloca, Huerva y Aguas Vivas en la de Zaragoza,y del mismo Aguas Vivas,Martin,Guadalope y Guadalaviar,en la de Teruell9.Es decir, cultivaban las tierras mäs ricas,que sin duda eran las mismas que venian cultivando antes de la ocupación cristiana. Asi,en las zonas del Queiles y del Huecha,los cristianos ocuparon las plazas estratégicas (Tarazona,Borja y Ainzón),que recibieron una fuerte colonizacion cristiana,dejando el resto de las vegas a los musulmanes. En Tarazona, todos los pueblos de la orilla del Queiles eran integramente de moros: Santa Cruz del Moncayo, Torrellas,Grisel, T6rtoles,Vierlas,Cunchillos,Novallas; unicamente Los Fayos por ser frontera con Castilla, tuvo poblacion cristiana. En Borja, junto al rio Huecha algunos pueblos fueron integramente de moros: Malejan,Albeta, Bureta, Bisimbre,Agón y Fréscano; otros recibieron en sus principios una poblacion cristiana pequena; que fue creciendo poco a poco (Ambel, Bulbuente); o bien se excluyó pronto al elemento musulman (Ainzón,Alberite). En el este y en la montana,de economia silvo-pastoril, semejante a la de las montanas pirenaicas, se pobló con cristianos. Unicamente tuvieron poblacion musulmana Vera de Moncayo (hasta el siglo XIII),Alcala (hasta el siglo XIV) y Trasmoz (hasta el siglo XVII); los restantes pueblos (San Martin,Lituénigo,Litago, Anón, Talamantes,Tabuenca,Purujosa,Calcena,Trasobares) fueron de colonizacion exclusivamente cristiana. La mezcla de población cristiana y musulmana en algunas localidades de la zona hay que atribuirla,en buena parte,a la gran despoblacion producida en el siglo XIV por la guerra de los dos Pedros,y a la dificultad de encontrar moros para repoblar el pais. 18 “Ordenamos que daqui avant los moros de qualquier lugar que cativos no sian, non sian presos en las personas por ningunos deudos que devan sus senyores,si ya aquellos moros no -fuesen deudores o obligados fiancas por sus senyores o pol otros", $\mathfrak { n } ^ { 0 } \ 3 9 9$ de la edic.de Lacruz Berdejo y Bergua Camon;ed.Savall y Penén, I, 115 a. 19 Un mapa con la distribucion de mudéjares y moriscos en Aragón,con distincion de los que habitaban en lugares de senorio,de realengo y Comunidades,e Iglesias y Ordenes Militares,y su densidad en los anios $\mathbf { 1 4 9 5 5 }$ 1610,puede verse en mi estudio Aragon en el pasado,editado en la obra colectiva Aragon (Zaragoza,l96O) por el Banco de Aragon. En Borja parece que al tiempo de la conquista cristiana no sólo se obligó a los moros a vivir en barrio aparte,sino que se partio la huerta en dos mitades,aplicando siete dias de riego para la huerta de los cristianos y otros siete para la de los moros, sistema que siguió después de su conversion en 1529,calificando a la primera de huerta de la Ciudad y a la otra de huerta del Barrio (nuevo de San Juan)20. V. Aunque ya hemos dicho que habia musulmanes cultivadores de tierras, que eran propietarios, la mayor parte de la documentación que nos ha llegado corresponde a los cultivadores en régimen de aparceria(exaricos),en que el propietario cristiano ponia la tierra y a veces la mitad de la semilla,y el moro el trabajo y otra parte de la semilla, repartiéndose el producto por mitad2i.Las condiciones,sin embargo,serian algo diversas segun la calidad de las tierras y productos cultivados. Como el cristiano habia venido a sustituir en virtud de las capitulaciones reales al antiguo propietario musulman,que habia huido,aquel estaba obligado no sólo a respetar al moro en el cultivo de sus tierras, sino a aceptar las condiciones de cultivo y de rentas vigentes para ellas antes de la ocupacion cristiana.Por extensión los documentos cristianos suelen dar el nombre de exarico a todo cultivador musulmán,aunque no faltan algunos que la emplean correctamente en el sentido de “asociado",y la aplican tambien, por tanto, al cultivador cristiano22. 20 Estas y otras muchas noticias referentes a la repoblacion y régimen agrario de Las Comarcas de Borja y Tarazona y el Somontano del Moncayo,pueden encontrarse enel excelente Estudio geográfico llevado a cabo por E.Garcia Manrique (Zaragoza,196o). Seria muy de desear quc estudios semejantes se emprendieran para otras comarcas de Aragon. 21 Véase un contrato del ano 1181 en las Escriturasárabes del Pilar, $\mathtt { n 0 8 }$ ,citadas en la nota 5.Para otros tipos de contrato de cultivo vease $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } }$ LUISA LEDESMA RUBIO,La Encomienda de Zaragoza de la Orden de San Juan de Jerusalén en los siglos Xll y XII, Zaragoza,1967,päg.168 y sigts. 22 En 1223 la Orden de San Juan da a Domingo,hijo de Bartoloméy Huzenda,un campo en término de Grisén,para plantar vina y arboles y explotarlo a medias, “et ad capud de iam dicto termino quod dividatis vos nostros exarichos_illam vineam per medietatem”, $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } } .$ LUISA LEDESMA,Colecciondiplomatica de Grisén (siglos XII y XII),EEMCA,t.X,päg.739, $\mathbf { n } ^ { \mathbf { o } }$ 56.En el Vidal Mayor se identifica claramente al exarico con el aparcero,aun cuando éste no sea musulman:“Contesce que el seynnor rey pone labrador en sus possessiones a tiempo o en sus heredades, en tal guisa que las messiones que fueren feitas por las labrancas segunt mas et me. Generalmente se ha admitido,desde el estudio ya citado de Hinojosa, que el exarico era un cultivador adscrito a la tierra23 .Ya Gonzalez Palencia llamó la atencion sobre los exaricos que contratan vendiendo sus propiedades como hombres libres24.A mi entender la trasmision del exarico con su mujer e hijos,y con sus heredades, tal y como se mencionan en los documentos, no parece responder sino a una incorrecta redacción de los mismos.Es el exarico el que no desea separarse de las excelentes tierras que cultiva,y al que las leyes le reconocen un derecho a trasmitir a sus descendientes el derecho a cultivarlas en las mismas condiciones. El propietario,por su parte,no puede echarlo,aun cuando encuentre otro cultivador que le ofrezca condiciones mas rentables25.Es mas,en el siglo XII le era dificil encontrar otro cultivador de su gusto,musulman, que conociera las técnicas de cultivo del regadio.La falta de brazos explica el interés del propietario en retener al cultivador,y a la vez la movilidad de estos,en el siglo XII, que se ofrecen al mejor postor. Por eso el exarico no da diezmos y primicias a la iglesia por la parte que le corresponde en las tierras que cultiva, pero si el propietario cristiano por la parte que a él le afecta.Solo si éste,una vez que se ha ido el exarico -pues tiene libertad de movimiento-, cede las tierras a otro cultivador,debera dar el cristiano diezmos y primicias por la totalidad de la heredad -aunque el nuevo exarico sea musulman-,ya que es él quien “sub conditiones voluntaria"’ ha puesto tal exarico,en tanto que al anterior estaba obligado a respetar en sus derechos26 . nos,segunt que convino,entre eillos,feitas comunalmente d'eillos,et los fruitos seran partidos segunt los paramientos feitos et puestos entre eillos,el quoal labrador es dito exarich segunt el romantz del pueblo..".La palabra,segun Vidal Mayor (III, 59),se aplica igualmente a la cria de ganado en comun. 23Asi,por ejemplo,A.BONILLA Y SAN MARTIN,El derecho aragonés en el siglo Xl"Il Congresode Historia de laCorona de Aragon",Huesca,1920,pag.191,y Ma LUISA LEDESMA RUBIO en la päg.345 del estudio citado en la nota 3. 24Notas para el régimen de riegos en la region de Veruela en los siglos Xlly.XIII, "Al-Andalus",X (1945),pag.83. 25 Es,aproximadamente,el caso del actual comprador de un piso,obligado a respetar los derechos del inquilino,si dijera que compra “el inquilino”con el piso,o la empresa que adquiere una industria con la obligacion de respetar a los obreros de la misma en los derechos adquridos. 26Sobre estos temas véase LACARRA,La restauracion eclesiastica en las tierras conquistadas por Alfonso el Batalldor(1l18-1134),“Revista Portuguesa de Historia”, t.IV,1947.El pago de los diezmos eclesiasticos era cuestion batallona y complicada. Con el tiempo se tiende a contratar el arrendamiento de tierras y los servicios del cultivador moro en forma analoga a como se hacia con los cristianos. Asi,en l2O7 la Orden del Hospital contrata con dos moros, padre e hijo -y en 'presencia de hombres buenos de Ricla,cristianos y sarracenos-,el cultivo de una heredad en término de Cabanas, heredad que fue de Blasco Blasquez y que antes solia tener Muza Muza. Los nuevos cultivadores “facti sunt exarichos",y haran al Hospital el mismo servicio que los demás sarracenos hacen al rey; si ellos,“vel alio homo que hereditas ista tenuerit",no cumplen lo contratado,el Hospital puede echarlos; necesitan permiso del Hospital para enajenar la heredad; se fijan los servicios -prestacion de ganado de tiro- para labrar y retirar las cosechas del Hospital, asi como otras pechas y servicios “sicut bonos exarichos faciunt.. et totum debitum que faciunt illos exaricos de illa terra ad dominus rex sic faciatis vobis ad nobis27. Seria interesante un estudio de los contratos de cultivo en Aragón a lo largo de la Edad Media,que nos permitiera ver no sólo su evolución en el tiempo,sino sus variedades regionales,y las analogias y diferencias entre cultivadores cristianos y musulmanes. VI. A lo largo del siglo XII tanto la Iglesia,como las Ordenes Militares y la nobleza, van constituyendo sus senorios,y los hombres libres, tanto cultivadores cristianos como musulmanes,que viven en la villa o aldea en que se ejerce el senorio -bien como sefor del castillo y,o,como gran propietario- se ven obligados a solicitar su proteccion y a entrar en vasallaje.Tal proceso estä sin estudiar en Aragón, pero presentaremos aqui algun ejemplo. cuando se trataba de una entidad en cierto modo eclesiastica ya la vez senorial, como eran las Ordenes Militares.En 1178 la Orden del Hospital de San Juan lleg6 a un acuerdo con el Obispado de Zaragoza,que en sus lineas generales era el siguiente:los campos que cultivaban los freires con sus propios famulos y yugos, darian la mitad del diezmo a San Salvador y a las otras iglesias del Obispado a que pertenecieran;los campos dados a cultivar a exaricos pagarian integramente los diezmos correspondientes,lo que indica que ya en esa fecha se piensa en exaricos puestos libremente por la Orden; los “novalia",que nunca fueron cultivados,no daran diezmo alguno; la Orden no da diezmo de sus propios ganados,pero si de los ganados de los exaricos,y lo mismo de los encomendados,A.CANELLAS,Coleccion diplomatica deLa Almunia de Dona Godina (1176-1395),Zaragoza,1962, $\mathfrak { n } ^ { \mathfrak { o } \ 3 }$ ,. Un aspecto especial de esta sumision consiste en el pago de diezmos, voluntariamente,a la Iglesia que ejerce el senorio, sin estar obligados a ello.Hacia 1144-1150,los moros de Barillas,‘per suam bonam voluntatem, sine ulla impremia,volunt dare suas decimas ad... ecclesia de tota sua laboranca.seu de ovibus et ganato qui creaverint et de sua hereditate... Deo et Sande Marie et ad illas domnas de illa ecclesia, salvo directo recto regis”, segun declara el rey; a continuacion, y en el mismo documento,los moros declaran: “Nos moros de Barelas damus Deo et Sancte Marie et ad illas domnas de illa ecclesia, bona voluntate et bono corde,de tota nostra hereditate et laboranca,salvo directo regis quod debet habere et per bona anteparanza quod facet in nobis"28. No obstante,en el siglo XIII persistia clara la doctrina de que no debian dar diezmos y primicias a la Iglesia las heredades de los judios y moros “que non foron de cristianos en algun tiempo que omne se puede acordar"29. Un paso hacia el seforio lo vemos cuando los cristianos de Grisén dan,en 1178,el castillo de Grisén al Hospital,“ut fratres Sancti Ospitalis habeant nos et totas nostras causas in defensione et in amparanza in pace et in guerra de regibus et de aliis principibus et cunctis hominibus per secula cuncta amen,et omnis generacio nostra per omnes seculos". Sin duda como pago de esta protección ofrecen,ademas, una cafizada de tierra de cada treinta, ni de la mejor ni de la peor, y en proporción los que tienen menos; los que no tienen heredad, daran segun la medida de lo que tengan, para consuelo de los pobres del Hospital; se pacta también las cantidades que se entregaran por las calonias de los sarracenos que fuesen exaricos y no exaricos,etc.30. Anos adelante,en 1211, es la aljama de sarracenos de Grisén,la que solicita la proteccion de la Orden: “accepimus in anparanca totum aliama sarracenis de Grisenich quam hodie ibi sunt nec de hic in antea ibi fuerint usque ad finem seculi, ut imparemus illos et defendamus sicut nostros homines et. nostros basallos";los moros, segun es habitual, no prestarán servicio de hueste ni de cabalgada,ni contra sarracenos ni contra cristianos,y la aljama dara “de caritate”al Hospital seis cahices de cebada en la fiesta de Santa Maria de agosto,dentro de su mezquita31 . VII. Los moros de las ciudades y aldeas aparecen organizados en corporaciones a modo de concejos, llamadas aljamas, con sus autoridades y funcionarios. Unas y otros varian poco de unas localidades a otras. Gracias al estudio de Marcho Ortega conocemos mejor la organización y funcionamiento de las mismas en el siglo XV,que en los siglos anteriores. Al frente de la aljama estaba el alamin, con funciones administrativas y en las de corto vecindario con atribuciones también judiciales;en las más numerosas el.alamin figuraba en los tribunales con el alcadi y el baile real. El alamin era nombrado por el senor (rey,noble,abad),aunque algunas aljamas de realengo estaban facultadas para elegir alamin; el cargo solia ser vitalicio,pero si era elegido por la aljama su duracion era menor.En Zaragoza era el merino real quien ejercia las funciones del alamin,recaudaba los tributos y tomaba juramento a los adelantados, que eran a modo de los jurados de los concejos cristianos; los adelantados eran siempre elegidos por la aljama; otro cargo importante era el clavero o tesorero de la aljama32 . Aunque disponemos de una abundante documentacion sobre los impuestos y rentas de la tierra que debian pagar los musulmanes,no es facil saber cual era la verdadera situacion económica de los moros de las aljamas reales y de las de senorio.Garcia Manrique,al estudiar las comarcas de Tarazona y Borja, llega a la conclusión de que las condiciones económicas eran mucho más benignas bajo un sefior eclesiastico que bajo un laico,y que los vasallos cristianos estaban sometidos a una tributación menor que los moros. La distinta_tributacion influia tambien en los cultivos, y asi en el valle del Huecha era más abundante el cultivo del olivo que en el Queiles, ya que en aquél hubo mas colonización cristiana,y“los derechos que exigia el senor del pueblo eran por eso, en muchos municipios, inferiores a los que percibia en los pueblos del Queiles33. 31 $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } } .$ LUISA LEDESMA RUBIO, Coleccion diplomatica de Grisen, EEMCA, t. X, p. 734, $\boldsymbol { \mathsf { n } } ^ { \boldsymbol { \mathsf { o } } } \ 4 3$ 32 Sobre las atribuciones del merino en la aljama de Zaragoza hacia el ano 13oo,vease M.DE BOFARULL Y DE SARTORIO,El Registro del Merino de Zaragoza,cabalero donGil Tarin,1291-1312,Zaragoza,1889. 33GARCIA MANRIQUE,op.cit., päg.65,181 y ss. Los monarcas tienden a unificar los variados impuestos de las aljamas de realengo en uno solo: la peyta ordinaria. Asi se simplifica la recaudación, pero llega a hacerse excesivamente gravosa. Para pagarla las aljamas emiten censales -especie de empréstitospor los que abonan un interés del 6 al 8 por ciento,y que podian amortizar cuando quisieran. El pago de los censales viene a ser una nueva carga que cae sobre la aljama,y para levantarla tienen que imponer nuevos gravamenes a sus miembros. La mejor o peor situacion económica de los moros de las aljamas de senorio real, laico o eclesiastico, provocara la lenta emigracion de aquellos hacia unos u otros dominios, y a la vez una politica de los sefores para captarse vasallos,que percibimos claramente en la documentacion, pero cuya curva no es posible seguir sin un estudio mas apurado de esta documentaci6n. En 1282 habia moros en Cadrete que pagaban peyta al rey,y ,otros que por depender del Hospital no la pagan. Entablada queja ante el procurador del rey de Aragón, éste alegaba“que las personas de los dictos moros eran del seynnor rey",y que debian pagarla todos. En 1286 son tambien moros de Cadrete los que se quejan de que otros moros de la misma villa, que son del Hospital, no pagan la cena del procurador. Se sentencia que no estaban obligados a pagarla34.Aqui resultan mas favorecidos los vasallos de senorio eclesiastico. En 1306 el alamin y jurados de los moros de Coglor, que se dicen vasallos del noble don Jaime de Jérica, entablan pleito con la Orden de San Juan, ante el.Justicia,y se niegan a pagar a esta cofras, faciendas y servicios, como otros vasallos. Sin duda estiman, en este caso, que es mejor depender del senor de Jérica35. Para eludir el pago de la peyta ordinaria algunos moros de realengo se pasan al vasallaje de senores próximos a su aljama,aunque continuan disfrutando de sus bienes como antes. Para evitar este subterfugio, Juan I autorizó a las aljamas a cobrar peyta a todos los sarracenos que vivian en la Moreria, fuesen o no vasallos regios. Otro. fraude consistia en poner sus bienes a nombre de cristia$\mathtt { n o s } ^ { 3 6 }$ De aqui que el rey se queje de los moros que “se son idos, e cada dia se van, e se desiertan de nuestras aliamas,e se fazen vezinos de otros lugares de varones nobles e cavalleros e otros,en grandisima despopulacion e destruicion de las ditas aliamas nuestras"37. Las Cortes de l30o dispusieron que los moros y judios de las ciudades y villas del rey “sian et finquen todos en special guarda del seynor rey",y si alguno de ellos se pone“en comanda de algun rico omne,o de otro de cualquier condicion",que pierda la cabeza y sus bienes sean confiscados para el rey38.Martin I colocó “a todos los judios o moros habitantes en todas las ciudades,villas y lugares del reino” para que “sian et fuessen todos en especial guarda del senyor rey".A partir de este momento,dice Macho Ortega, todos los monarcas consideraron a las aljamas como parte integrante de su real patrimonio39. Los sefiores se quejan de que los comisarios reales citan a judios y sarracenos de prelados, $\cdot$ nobles y sefiorios fuera de sus lugares con acusaciones diversas.Las Cortes de 138l prohibieron “que por nos et oficiales nuestros, ninguna cosa nos fagan daqui avant en prejudicio de la jurisdiccion de los senyores de los lugares do aquellos judios et moros de suso ditos abitaran"40. Una vez encuadrados los moros en el vasallaje del rey y de los senores, los fueros de Aragón se preocupan del posible traspaso del moro o de sus heredades de un dominio a otro.Es disposicion antigua que ni judio ni moro pueden verder heredad a cristiano sin el asenso del baile del rey,quien percibirá la tercera parte del precio. Si la venta se hace de moro.a moro o de judio a judio no tiene por qué intervenir el baile del rey ni reclamar nada,“por que romanesce aquella heredat d'aquel mismo dreito que dante era”41 .En este caso se trata de heredades que son de plena propiedad de tales moros o judios. Tampoco se pueden comprar.heredades de judios, moros,‘novenarii",ni tributarios -sometidos al pago de la “novena",o a treudo-,si el comprador, quienquiera que sea, no muestra docu 37 Idem. pag.172. 38 Fuero de Aragon,ed:Lacruz Berdejo y Bergua Camón, $\pmb { \mathrm { n } } ^ { \pmb { 0 } }$ 372;ed. Savall y Penén, I, 114. 39 MACHO ORTEGA,op.cit., pag.165 y sigts. 40 Fuero de Aragón,ed.Lacruz Berdejo y Bergua Camón, $\pmb { \bar { \mathfrak { n } } ^ { 0 } }$ 515;ed. Savall y Penén, II, $1 1 9 \mathrm { ~ b ~ }$ 41 Ladisposicion se encuentra en El cuadernillo foral del Pilar, $\pmb { n ^ { 0 } }$ XIX,que publica A.CANELLAS en "Miscelänea Lacarra",pp.129-142;Fuero de Jaca,ed.Molho, redaccion A, $\bar { \mathbf { n } } ^ { \bullet }$ 169,redaccion E, $\bar { \mathbf { n } } ^ { \bullet }$ 26;Fuero de Aragon,ed. Tilander, $\pmb { n ^ { 0 } }$ 274, ed. Savall y Penén,II,109 b. mento suficiente del rey que le autorice a ello42 . Si el sarraceno de la heredad del rey pasa a vivir a la heredad de infanzón o viceversa, el antiguo senor, al enterarse,puede quitarle todos los bienes que tuviera en su heredad o en sus términos; pero el infanzón no puede en ningun momento retener la persona del sarraceno “por que cosa cierta es que todos los moros e las moras, en qual que logar habitan son del rey. Se exceptuan de esta norma los moros que el infanzón hubiera traido de tierras extranas43. VIII. Como hemos indicado, nuestras informaciones sobre los moros que habitan en las aljamas reales,especialmente en las urbanas, son muy deficientes. Con ello se nos escapan muchas de sus actividades, sobre todo las que han dejado un mayor recuerdo en las bellas artes,y que sólo incidentalmente podemos conocer por los contratos de construcción o de artesania que se guardan en los Archivos eclesiasticos y de Protocolos. Asi,por los Libros de Fabrica de la Seo de Zaragoza conocemos la intervencion de los maestros moros Ali de Ronda,Muca Calbo,Lop,Chamar y Farach de Ronda en la construcción del facistol llamado del papa Luna,para dicha iglesia (afios 1413- 1414),y de la intervención de otros moros en la pintura y luego reparacion del cimborrio de dicha catedral44 ;artistas moros hacen algunos techos del Palacio de la Diputacion del reino (1447) y alarifes, también musulmanes,realizan otras obras en el mismo palacio entre 1449 y 1468 45 ; .otros alarifes moros zaragozanos eran encargados a fines del siglo XV de hacer reparaciones en la Aljafe ria y en la Alhambra46. Sobre la artesania menor y comercio urbano,sabemos,por ejemplo,que hacia el ano l3Oo habia en la Moreria de Zaragoza 79 tiendas propiedad de moros,que pagaban treudo al rey,y algunas otras fuera de la misma 47 ;en las Ordinaciones de Huesca del afo l399 se citan,entre otros,los oficios de cantareros y fabricantes de tejas, fusteros (para hacer arcas,casetas,arquibanques),zapateros,herreros (que hacen rejas,azadas,herraduras, clavos),caldereros, tenderos de fruta, tintoreros,barbero de la aljama,etc.48. De la actividad comercial ejercida por los moros -aparte del comercio al por menor- hay recogida menos documentación. Sabemos que en 1208 los moros de Zaragoza eran eximidos del pago de ciertos tributos que gavaban la circulación de productos (lezda, portazgo, peaje,etc.) y de los cuatro sueldos que solian dar al repositario de Aragón por cada bestia mayor que introducian de tierras de moros 49.Entre los anos 1440 y 1450, segun se deduce de las cuentas de la Generalidad de Aragón,eran moros los que transportaban en sus barcas la lana desde Escatrón,por el Ebro,al mar; los de Naval se ocupaban por las mismas fechas del comercio de exportación de aceite 50. La población mudejar de las aljamas urbanas tiende a disminuir,en beneficio de las aljamas rurales y senoriales.Hacia el ano 1300 se registran en Zaragoza 2O2 casas de moros, que acaparaban gran parte de la artesania; en l369 se habian reducido a lOl; en 1495 se cuentan en Zaragoza l2O fuegos de moros,que constituyen el tres por ciento de la poblacion total. Si el censo de 1495 da para Aragón una cifra de 5674 fuegos de moros, el recuento de moriscos expulsados en 1610 da la cifra de 14.109 fuegos,y segun 46 A.DE LA TORRE Y DEL CERRO,Moros zaragozanos en obras de la Aljaferia y de la Alhambra,“Anuario del Cuerpo Facultativo de Archiveros,Bibliotecarios y Arqueólogos",Madrid,1935,pp.249-255. 47 M.DE BOFARULL,El registro del merino de Zaragoza,pag. $_ { 1 7 \textbf { y } }$ sigts. Para los anos 1339-1342 vease a C.ORCASTEGUI GROS y E.SARASA SANCHEZ,Miguel Palacin,merino de Zaragoza en el sigio XIV,en “Aragón en la Edad Media.I.Estudios de economia y sociedad en la Baja Edad Media". Zaragoza,1977,pp. 51-131. 48 MACHO ORTEGA,op. cit. pägs.188-190. 49 A.CANELLAS,Coleccion diplomatica del concejo de Zaragoza, $\bar { \mathbf { n } } _ { } ^ { \mathbf { o } } 4 1$ 50 J.A. SESMA MUNOZ,El comercio de exportacion de trigo,aceite y lana desde Zaragoza,a mediados del siglo XV,en la citada obra“Aragon en la Edad Media", pp.201-237. JOSE MARIA LACARRA las estadisticas de Lapeyre fueron 60.818 los individuos expulsados en Aragón,lo que venia a suponer el $1 5 ^ { \mathfrak { s } } 2$ por ciento de la poblacion total del reino.
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Portada interior, consejo editorial e índice
Aragón en la Edad Media 27 2016. CONSEJO EDITORIAL. DIRECTOR Germán Navarro Espinach (Universidad de Zaragoza) SUBDIRECTORA María Luz Rodrigo Estevan (Universidad de Zaragoza) SECRETARIA Concepción Villanueva Morte (Universidad de Zaragoza) VOCALES Ignasi Baiges i Jardí (Universitat de Barcelona) Asunción Blasco Martínez (Universidad de Zaragoza) Federico Corriente Córdoba (Universidad de Zaragoza) María del Carmen García Herrero (Universidad de Zaragoza) Carlos Laliena Corbera (Universidad de Zaragoza) Rafael Narbona Vizcaíno (Universitat de València) Flocel Sabaté i Curull (Universitat de Lleida) Philippe Sénac (Université Paris 4) Francesco Senatore (Università di Napoli) José Ángel Sesma Muñoz (Universidad de Zaragoza) Sergio Tognetti (Università di Cagliari) Juan Fernando Utrilla Utrilla (Universidad de Zaragoza) ASESORES. Jean-Loup Abbé (Université de Toulouse), Juan Antonio Barrio (Universitat d’Alacant), Alexandra Beauchamp (Université de Limoges), Maria Bonet (Universitat Rovira i Virgili de Tarragona), José Vicente Cabezuelo (Universitat d’Alacant), Enrique Cantera (UNED, Madrid), Javier Castaño (CSIC Madrid), Pau Cateura (Universitat de les Illes Balears), Brian Catlos (Colorado University), Pietro Corrao (Università di Palermo), Carlos De Ayala (Universidad Autónoma de Madrid), María Isabel Del Val (Universidad de Valladolid), José Ramón Díaz de Durana (Universidad del País Vasco), Luis M. Duarte (Universidade do Porto), Paul Freedman (Yale University), Antoni Furió (Universitat de València), Ángel Galán (Universidad de Málaga), Francisco García Fitz (Universidad de Extremadura), Blanca Garí (Universitat de Barcelona), Enric Guinot (Universitat de València), David Igual (Universidad de Castilla-La Mancha), Nikolas Jaspert (Universität Heidelberg), Juan Francisco Jiménez (Universidad de Murcia), Manuela Marín (CSIC Madrid), José María Monsalvo (Universidad de Salamanca), José Manuel Nieto (Universidad Complutense de Madrid), Angela Orlandi (Università di Firenze), Eloísa Ramírez (Universidad Pública de Navarra), Roser Salicrú (CSIC, Barcelona), Lluís To (Universitat de Girona) Este número se publica con la financiación del Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos y el Vicerrectorado de Política Científica de la Universidad de Zaragoza $©$ Los autores $©$ Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza $©$ De la presente edición, Prensas de la Universidad de Zaragoza. Edita: Prensas de la Universidad de Zaragoza. Depósito Legal: Z 4444-2008 ISSN: 0213-2486 ISSN electrónico: 2387-1377. Imprime: Servicio de Publicaciones. Universidad de Zaragoza. ÍNDICE. EDITORIAL. Investigar la Edad Media. Del Máster a la Tesis. Un taller interdisciplinar de la Universidad de Zaragoza en pleno ocaso de los antiguos programas de doctorado... DOSSIER. La occidentalización de los Siete Sabios de Roma y su difusión peninsular: el ejemplo de Virgilius. Nuria Aranda García.. 15 Dos graduales de Tempore del Archivo de la Catedral de Barbastro. María Bejarano Gordejuela . 43 Hacer fortuna en la expansión mercantil bajomedieval. Tres grandes empresas de negocios zaragozanas a comienzos del siglo xv. Sandra de la Torre Gonzalo . 89 Castel de Càller nel Mediterraneo del xiv secolo: commercio e società urbana nella Corona d’Aragona. Simonetta Figus.. 123 El mundo escriturario y la contribución notarial al estudio de la Zaragoza de Alfonso V el Magnánimo (1416-1458). Francisco Javier Lacueva Used.. 151 La cerámica andalusí en Saraqusta: algunas fuentes para su estudio. Aránzazu Mendívil Uceda.. 177 El legado de Miguel de Capiella y la labor asistencial de la cofradía de Santa Fe. María Ángeles Montanel Marcuello . 203 Cristianas, judías y musulmanas en la ciudad de Huesca a finales de la Edad Media. Cristina Pérez Galán. 243 El poder de la oligarquía urbana de Teruel. Alejandro Ríos Conejero.... 271 Actividad económica y transformación social en la ciudad de Barbastro durante la Baja Edad Media. María Teresa Sauco Álvarez.. 299. Índice. ANEXOS. Publicaciones del Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza.. 335. Normas generales para la presentación de originales .. 345
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LA BULA ETSI PROPHETA DOCENTE DE 1456 RELATIVA A LA SANTA CAPILLA DEL PILAR. NUEVA PROPUESTA DE TRANSCRIPCIÓN Y TRADUCCIÓN : THE BULLA ETSI PROPHETA DOCENTE OF 1456 RELATIVE TO THE HOLY CHAPEL OF EL PILAR. NEW PROPOSAL OF TRANSCRIPTION AND TRANSLATION
lA bulA ETSI PROPHETA DOCENTE dE 1456 RElAtIvA A lA sAntA CApIllA dEl pIlAR. nuEvA pRopuEstA dE tRAnsCRIpCIÓn y tRAduCCIÓn. THE BULLA EtsI pRopHEtA doCEntE OF 1456 RELATIVE TO THE HOLYCHAPEL OF EL PILAR. NEW PROPOSAL OF TRANSCRIPTION AND TRANSLATION. María narbona Cárceles universidad de Zaragoza1 firstname.lastname@example.org. Ana-Isabel Magallón garcía universidad de Zaragoza2 email@example.com. Resumen: la bula Etsi propheta docente de 1456 fue otorgada por Calixto III para conceder indulgencias a aquellos que en determinadas festividades de la virgen contribuyeran económicamente a la reparación de la santa Capilla del pilar, situada en el claustro de la iglesia colegiata de santa María la Mayor de Zaragoza. El contenido de la bula fue ampliamente conocido desde el propio siglo Xv y la citan la mayor parte de los historiadores de la tradición. sin embargo, el texto completo de la bula no fue editado hasta el siglo XvII. desde entonces ha sido transcrita por diferentes autores, pero en ediciones que presentan diferencias importantes respecto del original. El objetivo de este trabajo, por tanto, es realizar una nueva propuesta de transcripción así como la traducción de esta bula tan relevante para la historia de esta mariofanía singular que es la de la virgen del pilar, que sirva como base para otros estudios relacionados con este acontecimiento. Palabras clave: Calixto III (pontífice), santa Capilla del pilar, Bula Etsi propheta docente (1456) Abstract: the bulla Etsi Propheta Docente of 1456 was signed by Calixtus III to grant indulgences for those who would contribute economically, in certain festivities of the virgin, to the repair of the santa Capilla del pilar, situated in the cloister of the Collegiate Church of santa María la Mayor of saragossa. the contents of the bulla were widely known since the 15th century itself and most of the historians of the tradition cited it. However, the full text of the papal bulla was not edited until the 17th century. since then it has been transcribed by different authors, but in editions with major differences with respect to the original. the objective of this work, therefore, is to propose a new transcription as well as the translation of this bulla, so relevant for the history of such a unique mariofania which is that of the virgin of pilar, which serves as the basis for other studies related to this event. Keywords: Calixtus III (pope), santa Capilla del pilar (Holy Chapel of El pilar), Bula Etsi propheta docente (1456) Introducción la bula Etsi propheta docente de 1456 fue otorgada por Calixto III para conceder indulgencias a aquellos que en determinadas festividades de la virgen contribuyeran económicamente a la reparación de la santa Capilla del pilar, situada en el claustro de la iglesia colegiata de santa María la Mayor de Zaragoza y en evidente estado de deterioro tras un incendio sufrido en $\dot { 1 } 4 3 4 ^ { 3 }$ . El documento original, recientemente restaurado, se conserva actualmente en el Archivo Capitular de la basílica de nuestra señora del pilar, con la signatura arm. 1, caj. 2, lig. 1, n. 5. Está escrito en letra gótica de privilegios con una gran influencia humanística. se trata de un diploma en pergamino, escrito en la escritura propia de la cancillería pontificia. Mide $^ { 5 6 , 8 \mathrm { ~ x ~ } 3 3 , 4 }$ centímetros y está sellado con bula de plomo de $3 , 4 \mathrm { ~ x ~ } 4 , 3 \mathrm { ~ c m } ^ { 4 }$ (ver Anexos I y II). El documento está fechado en Roma, junto a santa María la Mayor, el 23 de septiembre de 1456. se conserva copia de dicha bula en el Archivio segreto vaticano, en el Reg. vat. 458, f. 201r.5 . Como en la mayor parte de los casos, no se trata de una bula otorgada por el papa motu proprio. Al contrario, la concesión de la bula fue el resultado de un conjunto de actuaciones de diversas personalidades laicas y eclesiásticas de la ciudad de Zaragoza, bajo el episcopado de dalmau de Mur, que vieron la posibilidad de dar forma a la popular y secular tradición mariana de la ciudad. pero, a la vez, el documento es el punto de partida de la eclosión de una devoción mariana que alcanzó tal magnitud que traspasaría fronteras sin haber llegado a terminar el siglo Xv, convirtiéndose en una de las tradiciones marianas más queridas del ámbito hispánico6 . Aunque es un documento conocido dentro de la tradición pilarista, generalmente no se le ha dado una importancia excesiva. sin embargo, la relevancia del documento va más allá de la simple concesión de indulgencias por parte de los pontífices hacia los santuarios marianos de todo el orbe —tan frecuente en esta época, por otro lado—7 . la importancia de esta bula radica en que, por un lado, suponía el respaldo oficial, por parte de Roma, de la secular tradición de la Venida de la virgen a Zaragoza: por primera vez un papa, Calixto III en este caso8 , corroboraba con su bula de plomo la aparición de santa María a santiago sobre un pilar a las orillas del Ebro. El texto de la bula se hace eco del relato de la popular tradición, poniéndola por escrito y con datación precisa. Este hecho supone un hito en la historia de esta devoción, aunque el redactor de la bula recoge también la prudente cautela que siempre ha tenido la Iglesia hacia dicha tradición popular: tal y como afirma tomás domingo, se antepone la frase sicut accepimus, es decir, “según lo hemos recibido”, a la narración de la aparición de la virgen9 . por otro lado, el relato incluye el encargo hecho por la virgen a santiago de edificar una capilla en aquel lugar. por tanto, y así lo recoge la carta pontificia, se trataría del primer templo de la era cristiana, lo cual otorgaba a la Colegiata de santa María la Mayor el papel primordial que había reivindicado frente a la seo desde la época de la reconquista de Zaragoza. Además —y esto es una novedad que presenta esta bula respecto al texto que recoge la tradición en la obra de los Moralia in $J o b ^ { 1 0 } \bar { - }$ , en este documento se incluye también por primera vez la idea de que la imagen de la virgen que se veneraba ya en aquel momento encima de la columna —y que es la misma que se venera actualmente— habría sido traída por los propios ángeles. Estrechamente vinculada con esta narración, es la aparición de la primera representación de la venida de la virgen según la iconografía que se establecerá hasta la actualidad, en el relicario de plata del busto de san braulio del otoño de $1 4 5 6 ^ { 1 1 }$ . 1. las transcripciones. El contenido de la bula fue bien conocido desde el propio siglo Xv. la citarán casi todos los historiadores de la devoción durante los siglos siguientes, aunque principalmente para justificar con la autoridad de un documento pontificio la tradición de la venida o la predicación de santiago en España. sin embargo, generalmente no pusieron gran interés en el contenido concreto del documento. éste no fue el caso, sin embargo, de Juan de Mariana quien —según narra Enrique flórez en el tomo III de la España Sagrada— se interesó por la bula y mandó transcribirla12. y aunque el propio Mariana no la publicó en ninguno de sus trabajos, la versión existente en sus apuntes se difundió y fue utilizada por diversos autores, entre ellos el propio flórez, como luego se verá13. En el siglo XvII, la controversia que se desarrolló en torno al tema pilarista favorecida, entre otras cosas, por la secular disputa entre los cabildos de la catedral de san salvador —la seo— y de la colegiata de santa María del pilar, desencadenó una gran producción de escritos en torno a la historia de la mariofanía. dicha producción aumentó a partir del milagro ocurrido en Calanda en 1640, que multiplicó el número de devotos de la virgen del pilar. sin embargo, de entre los principales autores de la literatura pilarista del momento —diego Murillo (1616) o Antonio fuertes y biota (1645)14, entre muchos otros— sólo José félix de Amada transcribe por completo la bula, ya en 1680. Este canónigo del pilar realizó una transcripción bastante fiel del original en su Compendio de los milagros de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza de $1 6 8 0 ^ { 1 5 }$ . El fallo más grave que se le puede imputar a dicha versión del texto de la bula es que en un momento dado el canónigo omite una frase entera, omisión que parece ser ocasionada por un salto de igual a igual con supresión de lo intermedio que hace que el texto quede incompleto16. no obstante, y a pesar de que esta obra fue reeditada de nuevo un siglo más tarde, el texto de Amada no fue conocido por Enrique flórez, cuya versión anuló las realizadas por los demás17. En el siglo XvIII continúa la literatura en torno al origen y desarrollo de la devoción —no siempre en tono apologético—, a la vez que prosigue la empresa de la construcción de la gran basílica y se encomienda a ventura Rodríguez la edificación de la santa Capilla barroca sobre el edículo que habría sido construido por santiago. En 1726, por ejemplo, el jesuita villafañe publica una obra sobre las imágenes de la virgen más conocidas de España, pero al hablar sobre la del pilar no presenta interés por el texto original de la bula18. Existe también una copia de la bula en la colección salazar y Castro de la Real Academia de la Historia. la copia, sin fecha, podría datarse en el primer cuarto del siglo XvIII, puesto que la colección de este erudito se fue completando hasta su muerte en $1 7 3 4 ^ { 1 9 }$ . por tanto, la copia sería anterior a la versión publicada por flórez en 1754, aunque no parece que éste la conociera. se trata de una transcripción independiente, con pocos errores respecto al documento original y, los que presenta, no son comunes a las otras versiones que se están manejando. por ello, no podemos aventurar más datos sobre la procedencia de esta versión, que resulta aislada dentro de la trayectoria de esta bula, y tampoco parece que haya tenido influencia en los autores que publicaron la bula en los siglos posteriores. En 1754 Enrique flórez volvía a ofrecer el texto íntegro de la bula, en el tomo de la España Sagrada dedicado a la evangelización de España20. flórez ofrece el documento pontificio en el apéndice, pero comenta sus reservas hacia la versión que ha manejado procedente, como se ha dicho más arriba, de una transcripción que fue realizada para Juan de Mariana en 1601. Comenta el padre flórez, con el prurito propio de la honestidad con la que solía trabajar, y probablemente para explicar sus dudas sobre la copia sobre la que trabajaba: Solo quiero añadir la bula de Calisto III assi por tener ya unos trecientos años de edad, como porque se toca la noticia con bastante extensión, y no la publicaron en sus obras Blancas, Mariana ni Aguirre. Póngola en el apéndice núm. XI sacada de copia autenticada en Zaragoza para el Padre Mariana en el año 1601, de quien hace mención en el I de sus 7 tratados, cap. II. Don Mauro Castella Ferrer pone una parte de ella en su Historia de Santiago, lib. I, cap. $2 3 \ : y$ la repite don Miguel Erce, pagin. 42. Yo la doy toda entera21. Queda claro que flórez tiene la impresión de publicar la bula por primera vez y que no conoce la versión de Amada de 1680. sin embargo, la importancia de la obra del agustino y de su equipo y la gran difusión que conoció la obra en breve espacio de tiempo, hizo que la versión de flórez prevaleciera durante años. de hecho, los escritores pilaristas del siglo XIX no ofrecen tampoco transcripciones de la bula, sino que se limitan a citar al papa Calixto y las indulgencias concedidas en 1456 a partir de la versión de la España Sagrada, pero sin ofrecer fragmentos concretos del documento22. finalmente, en 1904 el polígrafo fidel fita realizó una nueva transcripción de la bula en el marco de dos trabajos sobre el templo del pilar y sus documentos en la Edad Media que publicó en el mismo año en el Boletín de la Real Academia de la Historia23. Respecto a dicha versión de la bula, Ricardo del Arco, en un trabajo ya clásico de 1945, resume la trayectoria de la transcripción diciendo: “El p. fita ha dado la transcripción fiel”24. y, en efecto, la completa formación del académico —principalmente como arqueólogo, latinista, epigrafista e historiador— hizo que su versión de la bula fuera considerada por sus contemporáneos como segura y fiable. desde entonces no ha habido interés en reproducir el texto de la bula nuevamente y esta versión ofrecida por fidel fita ha sido la que ha prevalecido en los trabajos que se han realizado en el siglo XX sobre el tema. Además de esta versión de la bula a partir del documento conservado en el pilar, en 1958, en el Regesto Iberico de Calixto III, Jordi Rius ofrecía una transcripción parcial de la copia contenida en los Archivos vaticanos, antes citada25. 2. Justificación de la nueva propuesta de transcripción. A pesar del comentario realizado por Ricardo del Arco, la versión ofrecida por fidel fita está lejos de ser definitiva ya que adolece también de algunos errores importantes26. Estos errores son imputables tanto a la labor de sus corresponsales en Zaragoza como al afán por corregir los textos al que era llevado por su formación como latinista, como más adelante se verá. Estos corresponsales, según cita el propio fita, fueron Mario de la sala, Mariano de pano y José pellicer27. El propio fita conocía la versión de Enrique flórez de 1754, así como la prudencia con la que el agustino la había tratado puesto que afirma: “flórez, al publicar esta bula, abrigó ciertas dudas sobre su contenido”. probablemente ésta fue la razón que lo llevó a volver a realizar una transcripción, y está claro que él confiaba en haberla transcrito a partir del documento original, tal y como afirma al final de su escrito: “la he trasladado fielmente del original, refrendado por Juan de Cremoni. Madrid, 29 de abril de 1904. fidel fita”28. sin embargo, tras contrastar las tres versiones de la bula, las publicadas por flórez y fita y la original del Archivo del pilar, e incluso cotejándolas con la de Amada, resulta evidente que alguno de sus corresponsales optó por ofrecer al académico una versión obtenida directamente de la que había sido publicada en la España Sagrada29. no hay que achacar esto a la dejadez o al desinterés necesariamente sino a otras razones, quizás a un desconocimiento paleográfico por parte del corresponsal. pero el original sí que fue consultado, puesto que las medidas que ofrece son correctas. las coincidencias en ambas versiones —la de flórez de 1754 y la de fita de 1904— son el resultado, en ocasiones, de una corrección del latín del siglo Xv “clasicizando” el texto, algo que era habitual entre los latinistas. Así, la ‘e’ se ve desarrollada como ‘ae’ y ‘oe’ cuando es resultado de la monoptongación del diptongo en latín clásico (por ejemplo, Caelos para flórez, Coelos para fita [línea 3]). también, según la moda de transcripción imperante en el momento, ambos convierten las ‘i’ con valor consonántico en ‘j’ (así, por ejemplo, en ejusdem [línea 4] o majori [línea 6]). Ambos separan las palabras que en el texto original forman una sola (ej: Christifideles o necnon). Es el caso, también, de la palabra columpna [línea 6], que ambos corrigen como columna, sin la ‘p’ intercalada que lleva en el original. En este sentido, ambos realizan prácticamente las mismas correcciones, según las modas de transcripción de la época. pero, además, como ya se ha apuntado, fita era conocido por hipercorregir exhaustivamente los textos para solventar las inexactitudes que pudieran presentar respecto del latín clásico, lo que en ocasiones podía causar errores de fondo30. un primer ejemplo se encuentra al comienzo de la bula, en la expresión Etsi propheta docente [línea 2] que da nombre al documento: en el texto original de la bula se lee claramente docente y así lo transcriben tanto Amada, salazar y Castro o flórez y así aparece también en la transcripción del registro vaticano publicada por Rius. fita, sin embargo, corrige la palabra y prefiere dicente que sería más correcta a sus ojos, cuando ambas expresiones, propheta docente y propheta dicente son comunes en las obras del Magisterio y en documentos eclesiásticos de diversa naturaleza. la versión de 1905 contiene, además, algunos errores compartidos con la versión de 1754 y que no habrían tenido lugar en el caso de haber visto directamente el texto original. se ve claramente en el caso de expresiones como Virgo sacratissima [línea 3], que en las versiones de ambos aparece como sanctissima. pero quizás el ejemplo más significativo de esta copia literal de la versión ofrecida en la España Sagrada se encuentre en la línea 7 del documento en la frase et infinita miracula diuina permissione dietim fiunt. Aunque en el texto original se lee claramente permissione —y así lo transcriben Amada y Rius—, en la versión de flórez figuraba promissione. siendo promissione un ablativo, fita intenta corregirla añadiendo la conjunción ex, dando como resultado ex promissione. <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Documento original</td><td rowspan=1 colspan=1>Version deE.Flórez</td><td rowspan=1 colspan=1>Version de F.Fita</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>...miracula divinapermissione dietim...</td><td rowspan=1 colspan=1>...miracula divinapromissione dietim...</td><td rowspan=1 colspan=1>...miracula divina expromissione dietim...</td></tr></table>. Este error, cometido por el transcriptor anónimo que trabajó para el padre Mariana, ha ocasionado quebraderos de cabeza no sólo a fidel fita. En 1610, por ejemplo, Mauro Castella incluyó un fragmento de esta bula en su obra a partir de esta versión pero al llegar a esta palabra, quizás al no entender el significado en el conjunto de la frase, optó directamente por suprimirla, lo cual dio como resultado et infinita miracula dietim fiunt31. sin embargo, a partir de las “reformas” de fita, esta expresión ha sido incluso traducida al castellano por tomás domingo, que traduce ex promissione dando como resultado “según la divina promesa”32. otro error, derivado de haber seguido la lectura de la versión utilizada en 1754 afecta al sentido del texto: en la línea 17, duos annos et totidem quadragenas, tanto fita como flórez hablan de quadragesimas (“cuaresmas”) en lugar de quadragenas que se lee claramente en el documento (“cuarentenas”), aludiendo a ese tipo de indulgencias de cuarenta días, lo que sería “y otras tantas cuarentenas” además de los dos años que se prometían de indulgencias33. El período cuaresmal carece de sentido en este contexto. En definitiva, parece seguro que el corresponsal que trabajó para fita no consideró necesario realizar de nuevo la transcripción al existir la versión publicada de la España Sagrada y, a pesar de que el propio agustino tenía sus reservas, confiaron en dicha versión. por esta razón, y porque las transcripciones de Amada y Rius34, a pesar de que no presentan estos errores de los que hemos hablado, tienen otros —además de la omisión de largos fragmentos, voluntaria o involuntariamente— se ofrece aquí una nueva versión. Esta propuesta según las normas que hemos considerado adecuadas, será la que utilizaremos en los trabajos que sobre esta cuestión estamos realizando en estos momentos. 3. propuesta de transcripción de la bula Etsi prophEta docEntE de $\mathrm { I } 4 5 6 ^ { 3 5 }$. Calistus episcopus, seruus seruorum dei, universis Christi fidelibus presentes litteras inspecturis, salutem $\rho$ et apostolicam benedictionem. Etsi36, propheta docente, dominum in sanctis suis deceat collaudare, in illa tamen per quam humano generi salus eterna apparuit gloriosa beata Maria semper virgine christifera $\bar { / } ^ { 3 }$ eo celebrius deum laudari et benedici fundatasque in ipsius honore basilicas a christifidelibus deuotius uenerari conuenit, quo ipsa virgo, sacratissima redemptoris nostri mater effecta, meruit in celis $/ ^ { 4 }$ pre ceteris sanctis sublimius uenerari et super choros angelorum etiam exaltari. Cum itaque, sicut accepimus, ecclesia monasterii per priorem soliti gubernari eiusdem beate Marie de $/ ^ { 5 }$ pilari nuncupata ciuitatis Cesaraugustan<e> ordinis sancti Augustini, inter ceteras sub uocabulo dicte beate Marie ecclesias prima, beate Marie de pilari nuncupata, fundata $/ ^ { 6 }$ fore noscatur, in qua dicta beata Maria, antequa<m> ad celos assumeretur cum yhesuchristo filio suo et domino nostro, beato Iacobo maiori in columpna marmorea apparuit, et ob hoc ipsa ecclesia nomen beate $/ ^ { 7 }$ Marie de pilari assumpsit, ac inibi quamplurima et infinita miracula diuina permissione dietim fiunt, necnon christifideles cum magna deuotione et ueneratione ymaginem eiusdem beate Marie $/ ^ { 8 }$ et eius filii in quadam Capella ipsius ecclesie, que de mandato dicte beate Marie per dictum beatum Iacobum fabricata et Camera Angelica dei genitricis de pilari nuncupata et $/ ^ { 9 }$ appellata extitit, colunt et uenerantur. Ac cum magna deuotione uisitare non cessant et ad quam Capellam dilecti filii prior et conuentus dicti monasterii, necnon nobilis $/ ^ { 1 0 }$ vir Ximinus d’urrea baro ac dilecta in Christo filia nobilis mulier beatrix de bolea alias d’urrea, ipsius baronis conthoralis, singularem gerunt affectum; nos, cupientes $/ ^ { 1 1 }$ ut dicta Capella congruis honoribus frequentetur ac in suis structuris et edificiis debite manuteneatur, reparetur et conseruetur, necnon ipsi fideles eo libentius ad ipsam Capellam $/ ^ { 1 2 }$ causa deuotionis ad ipsam confluant et ad manutentionem, reparationem et conseruationem illius manus promptius porrigant adiutrices quo ex hoc ibidem dono celestis gratie uberius $\bar { / } ^ { 1 3 }$ conspexerint se refectos, de omnipotentis dei misericordia ac beatorum petri et pauli apostolorum eius auctoritate confisi, omnibus uere penitentibus et $/ ^ { 1 4 }$ confessis utriusque sexus qui Annuntiationis, Assumptionis, natiuitatis, purificationis, Conceptionis, Expectationis, visitationis ad beatam Elisabeth ac etiam $/ ^ { 1 5 }$ in eiusdem beate Marie de niue necnon sancte Anne et dicti beati Iacobi maioris ac sancti brauli, cuius corpus in dicta ecclesia requiescit, festiuitatibus a $/ ^ { 1 6 }$ primis vesperis usque ad secundas vesperas inclusiue dictam Capellam deuote uisitauerint annuatim ac manus porrexerint, ut prefertur, singulis videlicet $/ ^ { 1 7 }$ festiuitatum septem, necnon singulis diebus octauarum festiuitatum earundem, duos annos et totidem quadragenas, qui uero singulis diebus sabbatinis cum $/ ^ { 1 8 }$ cantatur salve Regina interfuerint, centum dies de iniunctis eis penitentiis in domino misericorditer relaxamus, presentibus perpetuis futuris temporibus duraturis. /19 data Rome apud sanctam Mariam Maiorem, anno Incarnationis dominice, millesimo quadringentesimo quinquagesimo sexto, nono kalendas octobris, pontificatus nostri anno secundo. /20 Johannes de Cremonensibus 4. nueva traducción37. Calixto, obispo, siervo de los siervos de dios, a todos los fieles de Cristo que la presente carta leyeren, nuestro saludo y bendición apostólica. « Aunque, según enseña el profeta, conviene alabar al señor entre sus santos, sin embargo, en el caso de la gloriosa y bienaventurada María, siempre virgen, portadora de Cristo, gracias a la cual el género humano obtuvo la salvación eterna, conviene que dios sea alabado y bendecido con mayor frecuencia y que las basílicas fundadas en honor de ella sean veneradas con mayor devoción por los fieles de Cristo por esta razón, porque la virgen, convertida en la madre sacratísima de nuestro redentor, mereció ser venerada de un modo especialmente señalado en los cielos por delante del resto de los santos y además ser exaltada por encima de los coros de los ángeles. « Así pues, dado que se sabe, según cuenta la tradición, que la iglesia del monasterio de la orden de san Agustín, que suele estar gobernado por un prior, denominada de la santa María del pilar de la ciudad de Zaragoza, fue, entre todas las restantes iglesias consagradas bajo la advocación de la mencionada bienaventurada María, la primera en ser fundada, en donde la mencionada bienaventurada María, antes de ser ascendida hasta los cielos en compañía de Jesucristo, su hijo y señor nuestro, se apareció a santiago el Mayor sobre una columna de mármol, y dado que, por esta razón, dicha iglesia tomó el nombre de santa María del pilar y allí mismo tienen lugar innumerables e infinitos milagros cada día gracias al permiso divino, y dado que, además, los fieles de Cristo honran y veneran con gran devoción y veneración la imagen de esta misma bienaventurada María y de su hijo en una capilla de esta misma iglesia, capilla que por mandato de la citada bienaventurada María fue fabricada por el bienaventurado santiago, ya mencionado, y fue denominada y llamada Cámara Angélica de la Madre de dios del pilar, y con gran devoción no cesan de visitarla, y dado que muestran un afecto especial por esta Capilla nuestros dilectos hijos, el prior y la comunidad del mencionado monasterio, así como el señor Jimeno de urrea, noble varón, y nuestra querida hija en Cristo, beatriz de bolea, por otro nombre de urrea, noble mujer y esposa de dicho señor; nos, en el deseo de que esta Capilla sea visitada con los pertinentes honores y que en sus estructuras y en el resto de la edificación se mantenga debidamente, se restaure y se conserve, y de que además los fieles acudan con mayor agrado a esta Capilla, movidos por la devoción hacia ella y con una disposición aún mejor ofrezcan su más estrecha colaboración para su manutención, reparación y conservación, a fin de que reconozcan que se han visto confortados allí mismo por el regalo de la gracia celestial; y con la confianza en la misericordia de dios todopoderoso y en la autoridad de sus apóstoles, los bienaventurados pedro y pablo, a todos los auténticos penitentes y confesados de ambos sexos que visiten cada año devotamente la mencionada Capilla, desde las primeras vísperas hasta las segundas vísperas inclusive, en las festividades de la Anunciación, la Asunción, la natividad, la purificación, la Concepción, la Expectación, y la visitación a santa Isabel, y también de santa María de las nieves y de santa Ana, y del mencionado santiago el mayor y de san braulio, cuyo cuerpo descansa en la citada iglesia, y presten su colaboración, según se indica, es decir, en cada una de estas siete festividades y además en cada uno de los días de las octavas de estas mismas festividades, les concedemos misericordiosamente en el señor dos años y otras tantas cuarentenas de indulgencia en las penitencias que les hubieran impuesto, mientras que a los que acudan cada uno de los sábados, cuando se canta ‘salve Regina’, les concedemos cien días de indulgencias, con validez para el presente y duraderas para tiempos futuros. dada en Roma, en santa María la Mayor, en el año de la Encarnación del señor de mil cuatrocientos cincuenta y seis, el noveno día antes de las calendas de octubre, segundo año de nuestro pontificado. Juan de Cremona. 5. Ilustraciones. Anexo II. Anverso y reverso de la bula o sello de plomo de Calixto III. Anexo III. fragmento de la bula.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Notas sobre el molino hidráulico como instrumento de trabajo y dominación en el Aragón medieval (siglos XIII-XV)
NOTAS SOBRE EL MOLINO HIDRAULICO COMO INSTRUMENTO DE TRABAJO Y DOMINACION EN EL ARAGON MEDIEVAL (SIGLOS XIII-XV) por Carmen Orcastegui Gros. Acostumbrados como estamos a dar importancia tan sólo a los grandes temas de la historia politica, social o económica, resulta dificil y arriesgado acercarse a la infrahistoria en la busqueda de nuevos caminos en la investigacion. La sociedad medieval es,en buena parte,una sociedad que trabaja con una técnica adecuada y unos instrumentos precisos para cada labor. La roturacion del campo,el aprovechamiento de la energia hidráulica, la construcción o el tratamiento del hierro en la fragua, son otros tantos sistemas de trabajo que implican esencialmente dos tipos de relaciones: las de la herramienta o la maquina con el que la maneja y las que se establecen entre aquéllos que aprovechan la riqueza generada por los instrumentos. Aparentemente sólo se advierten con claridad los resultados fisicos de la utilizacion. de la técnica,pero no cabe duda de que las relaciones de trabajo son también relaciones humanas que afectan a la sociedad en la cual se desarrollan. En la Edad Media, los inventos o los avances técnicos aplicados al trabajo de los hombres suponian a veces una reducción de la mano de obra. La introducción de una mäquina en una determinada labor redundaba, tanto en su construcción como en su mantenimiento,en una distracción del potencial económico del propietario de la misma asi como en la disminucion del numero de personas que hasta ese momento realizaban la tarea encomendada ahora al nuevo mecanismo. De ahi que la mecanizacion del trabajo y la proliferación del numero de instrumentos disponibles para el mismo,comportaba, sobre todo, unas implicaciones sociales que trascendian lo meramente laboral. A veces,provocaban serias modificaciones en las relaciones establecidas entre los detentadores de los medios de produccion y los trabajadores, al quedar éstos sometidos a la arbitrariedad de quien les proporcionaba los elementos de subsistencia e incluso, en ocasiones, la seguridad de sus personas. En el medio rural el senor disponia de los factores productivos a su antojo y,a través de los monopolios de los que disfrutaba,podia controlar las actividades economicas en su área de influencia; obligando a los campesinos a utilizar los instrumentos que él habia promocionado y patrocinado segun una reglamentacion establecida por su criterio y en su propio beneficio. El molino hidraulico encaja perfectamente dentro del esquema fijado para otros avances técnicos medievales pero con caracteristicas propias. En los siglos XI y XIII, el occidente europeo conoce una “revolucion mecánica” de importancia inusitada a través de una serie de transformaciones técnicas que, entre otros resultados, se reflejó en la multiplicacion de los molinos de agua. La proliferación de las ruedas hidraulicas se debió.a su aplicacion en otros usos distintos a los conocidos hasta entonces -batanes,mineria,martillos pilones, serrerias de madera, etc.-. Los cistercienses las propagaron al mismo tiempo_que sus fraguas por Francia, Inglaterra y los paises del norte de Europa, y se encargaron de construir ingenios para moler el trigo en todos los territorios explotados y colonizados por ellos. Pero también los sefores laicos del occidente europeo supieron ver en la edificación de molinos de agua una fuente de riqueza y dominacion que a la par que satisfacia las necesidades econó- micas les permitia el disponer de una nueva prerrogativa sobre sus vasallos. Asi, segun la coyuntura, el senor construia sus molinos de agua, los reparaba,los explotaba o, en todo caso,los abandonaba cuando no le resultaban rentables. El aumento de la utilizacion del molino hidraulico origin6, sin embargo,el enfrentamiento entre la energia del agua y la desarrollada hasta entonces por el potencial humano.Por otra parte, la rentabilidad del molino era manifiesta ünicamente para una elevada cantidad de grano, lo que, unido al capital necesario para su edificacion, no permitia la utilizacion de sus servicios por un pequeno numero de campesinos, poniendo en las manos del senor de la comarca la posibilidad de explotar sus beneficios en su propio provecho, pues era el ünico que podia sufragar la construcción y el mantenimiento. NOTAS SOBRE EL MOLINO HIDRAULICO. Pero la instalacion de un molino hidraulico precisaba juridicamente el derecho a disponer de los cursos de agua y ciertas garantias en el control del grano llevado hasta las tolvas tanto como de las gentes que lo utilizaban.De ahi que la mayor parte de:los molinos tengan un origen senorial o bien dependan de los monasterios. Cuando a partir del siglo XII las grandes reservas seforiales comenzaron a fragmentarse y buena parte de los habitantes del medio rural se vieron atraidos por la vida urbana, los sefores comenzaron a perder atribuciones sobre sus dominios; pero los molinos siguieion constituyendo una fuente de ingresos y aseguraron una clientela fija en beneficio del senor. Este se preocupó de oponerse a la construcción de otros molinos de agua dentro de su senorio y de evitar que los campesinos llevaran su trigo a los de las cercanias. De esta forma,el propietario del molino adquiria ciertos derechos juridicos sobre su explotacion y aprovechamiento que se comprendian junto al resto de las atribuciones de que gozaba el sefor en sus territorios. . El molino hidraulico en la Espafia medieval apenas ha sido motivo de reflexion y estudio1. Pero ello es logico porque tampoco los historiadores de más alla de nuestras fronteras se han dedicado al tema con precisión, salvo las generalidades que al respecto se incluyen dentro de las obras que tratan de la historia de la técnica o del trabajo en la Edad Media².De ahi que las sugerencias y posibilidades sean muchas en proporcion con la escasez de trabajos sobre el particular. En el dominio senorial de la Peninsula,el sefor explotaba con carácter de exclusividad diversos servicios de interes comun para todos los habitantes del conjunto rural del seforio.Entre estos servicios,el molino era uno de los principales y representaba un ingreso seguro por ser de utilizacion forzosa para cuantos poblaban el territorio seforial. Todos los usuarios debian satisfacer al senor por moler su trigo en su molino una parte de la molienda (maquilas) y a pesar de las presiones ejercidas por los campesinos para evitar la explotación en monopolio del molino por parte del senor, parece que no siempre éste renunció al mismo, al menos sin sacar una compensacion a cambio. Lo que si hacia en ocasiones el senor era arrendar a terceros la explotación del molino, pero reservandose integra la propiedad del mismo y corriendo a su cargo el mantenimiento y reparacion en caso de ruina o destruccion. Pero estos presupuestos no pasan de ser generalidades y las dudas al respecto son tantas cuantas preguntas puede hacerse el investigador sobre el tema, porque el primer problema estriba en saber si la situacion en Espana es similar o no a la del'resto de Europa. De cualquier forma la antiguedad de la implantación de molinos en la Peninsula es manifiesta porque desde el siglo XI aparecen,con frecuencia,estos ingenios en documentos de compraventa o cambio, junto al resto de los bienes inmuebles de un lote seforial; y aun aquellos diplomas que no incluyen dichos elementos nos dejan en la duda de si se trata realmente de una ausencia de los mismos o bien de la no inclusión del molino en dicha donación o compraventa. Incluso,a veces,aparecen casos en que se cede una parte del molino y.no el conjunto de sus beneficios económicos. Pero no hemos de olvidar que antes del siglo XI los musulmanes espanoles habian construido diversos ingenios de este tipo junto a los rios y afluentes que cruzaban o bordeaban sus nucleos ‘habitados: son las acenas O molinos hidraulicos de origen árabe.. Parece ser que los molinos pertenecian por lo 'general a los dominios de un noble o de un monasterio como monopolio, pero algunas comunidades rurales poseian en copropiedad con otros particulares O comunidades el usufructo de dichos molinos, y también se da el caso·de la posesión de un molino por parte de algun personaje sin elevada categoria social o económica. La propiedad y el derecho de uso de un molino se repartia en ocasiones entre los herederos de un dominio o de un lote de propiedades. Los fueros: locales comprenden,a veces, la permisión a los habitantes de las ciudades para construir los molinos necesarios en una determinada extension de las proximidades de la villa; pero no sabemos con precisi6n las particularidades de la utilizacion de los molinos por parte de los pobladores del nucleo urbano, como tampoco sabemos,igualmente,del régimen de uso en las comunidades rurales poseedoras de algun.ingenio de este tipo o dependientes del molino senorial. El problema del molino hidraulico en la Espaia medieval esta ligado ademas estrechamente a la complejidad de los regadios y a la disponibilidad del agua retenida por azudes y canalizaciones para otros usos de interes economico: balsas para piscifactorias, brazos de agua para irrigacion, etc. Pero, sobre todo, esta intimamente relacionado con el régimen seforial y los dominios eclesiasticos,asi como con el conjunto de la estructura agraria de la Peninsula en general. Pero la cuestion principal esta en conocer hasta qué punto los molinos hidraulicos destinados a la molienda del grano constituyeron un instrumento de senorializacion en el medio rural y en qué sentido puede hablarse de su utilizacion en monopolio por parte del sefor que lo construia y mantenia. La posible existencia de impedimentos de algun tipo que dificultaban la libre edificacion de estos ingenios, bien de caracter juridico o de indole económica, es otro de los aspectos importantes del problema que pueden dar luz sobre el tema que nos preocupa. Centrandonos ya en el reino de Aragón de los siglos XIII al XV y en el medio rural especialmente³, no se trata aqui de considerar el molino harinero como instrumento de trabajo exclusivamente, ni los valores cuantitativos de su proliferacion en estas centurias. Interesa,más bien, la complicacion que la edificacion de un molino representaba en esta época y los intereses que normalmente se jugaban en el asunto -tanto por parte de los beneficiados como por parte de los perjudicados-,las repercusiones sociales que la construccion de un molino llevaba consigo, los impedimentos que podian oponerse a la realizacion de dicha obra y,sobre todo,la estimacion que el propietario hacia del mismo como instrumento de dominación y poder mediante el disfrute en monopolio de los beneficios consiguientes y el control sobre sus vasallos4. Conscientes, pues,de que la edificacion de un molino hidraulico suponia en la Edad Media ciertas implicaciones no solo de orden laboral sino de caracter económico y social, se plantean de inmediato una serie de cuestiones claves para la'comprension del problema en la época y el lugar que nos ocupa. Teniendo en cuenta que el medievalista es esclavo de los documentos que puede utilizar, aunque a veces no sean los que él desearia,la cuestión previa estä en saber a quién se hace objeto de las concesiones de molinos y bajo qué condiciones. A continuacion surge de inmediato el segundo interrogante que afecta a la utilización del molino por parte de cuantos habitan la tierra en que éste se levanta y las relaciones de dependencia con su propietario. Otra cuestion es la de saber el comportamiento o las obligaciones a que se someten quienes se benefician o perjudican por el aprovechamiento del molino situado en un senorio (laico o eclesiastico)o en una comunidad rural de hombres libres. También cabe detenerse en las negociaciones previas a la construccion de un molino,a veces muy costosas y por largo tiempo, cuando algun particular, con recursos económicos suficientes para ello,se decidia a emprender dicha obra en los términos de su propiedad; chocando con los intereses de sus convecinos o de los habitantes del lugar de senorio que gozaban de ciertos privilegios para preservarse de la dominacion senorial, pero que necesariamente no disponian de otro recurso para el grano que el de llevarlo al molino del sefor'sin aspirar a poder construirse ellos mismos el suyo y desprenderse asi de la dependencia económica que ello representaba. En este sentido resulta muy explicito el documento que presentamos' como apéndice de nuestro trabajo porque plantea claramente las implicaciones a las que hacemos alusion. En este punto, la duda vuelve a surgir sobre si la construcción de un molino contaba con algun impedimento juridico o ünicamente requeria unos recursos adecuados y un patrimonio saneado que alejaba toda posibilidad de iniciativa para los particulares sin rentas ni medios económicos. Tal vez no existiese un impedimento juridico manifiesto al respecto, pero en los documentos de otorgacion se contienen implicitamente las condiciones que debia reunir el beneficiario de la concesion. Estas mismas condiciones suponian, sin necesidad de especificar mas, el poder econó- mico suficiente no sólo para construir el molino en el lugar adecuado sino tambien para mantenerlo y reedificarlo en caso de ruina o destruccion. Pero vayamos a los casos concretos a tenor de la documentación consultada, segun la cual se pueden considerar tres situaciones distintas: la concesión de un nuevo molino -lo que implica su construccion y mantenimiento-, la transferencia de uno ya existente a otro propietario y el arriendo de los beneficios del mismo a una o varias personas. En el siglo XII encontramos en la documentacion diversos ejemplos de las situaciones referidas. Las concesiones de nuevos molinos las hace el rey a un particular, a condicion de que no se perjudiquen los intereses de los hombres del lugar que utilizan el agua para el riego y de que los gastos de construccion y mantenimiento corran a cargo del interesado; reservandose el soberano la tercera parte de lo obtenido perpetuamente5 .A veces se especifica tambien que el beneficiario debe indemnizar a los propietarios que se vean afectados por el agua que ha de mover el molino construido a sus expensas6.Pero tambien se da el caso de que un molino construido por un particular, pase a ser propiedad directa del rey en quien revierten los beneficios del mismo,cayendo bajo su proteccion'. La transferencia de un molino ya existente puede darse por donación, cambio y compraventa, pero ademas puede ser dicho ingenio el objeto esencial de la transferencia o bien formar parte de un lote de bienes o conjunto de propietades mäs amplio, lo cual es mas frecuente.En este ültimo caso se acepta que la inclusión de uno o varios molinos en la operacion supone la existencia de los mismos y no un mero formulismo en abstracto. Asi ocurre con la donación hecha en 1223 por Bernardo de Eril y su mujer al abad del monasterio de San Victorian y a la iglesia de Santa Maria de Obarra,de la villa de Ballabriga con todos sus derechos,entre los que se incluyen los molinos8;o con las concesiones de Jimeno de Urrea al abad de Rueda del castillo y villa de Romana en $1 2 2 9 ^ { 9 }$ y de la villa de Senia -en el término de Belchite- en la misma fechal0. Otro tanto sucede con la concesión hecha por Jaime I al abad de Santa Maria de Rueda de las tierras de realengo situadas en la villa de Codo y sus términos, en cuya fórmula aparecen,entre otros bienes, los molinos del lugarli . Pero no solo se citan molinos en los documentos de donación a establecimientos eclesiasticos sino también en concesiones hechas por el rey a particulares O incluso en cartas de constitución de dote de padres a hijos. Tal es el caso de las donaciones de Jaime I a Pedro de Monteagudo -hermano del obispo de Zaragoza-,en 1238,de las alquerias de Carlet y Alharb, situadas en el valle de Alcala,y las casas de Ali Alpegui, con los hornos y molinosl2 ;y a Alvar de Azagra en 1256 del feudo de Calatayud y Daroca con todos sus derechos incluidos -los de los molinos junto a hornos, caldera, carnicerias, etc.13. En algunas concesiones de dotes aparecen también los molinos como parte de las mismas. En l251, Pedro Valimana otorga a su hijo los lugares de Caserras, Valimana y Escatrón con todos los derechos,incluidos los molinos14 ;y en 1270,don Hurtado Behen y dofa Elvira Roy,su mujer, dan en doté de casamiento a dona Mayor Royz (su hija) toda la heredad que tienen en Santa Maria de Albarracin y en Algarbe con las casas, molinos, vinas y tierras que hay en dichas heredades, con la condicion de que en el caso de morir dona Mayor sin hijos, todos estos bienes vuelvan a los otorgantes o a sus herederos15. No obstante, tampoco faltan los documentos en los que el objeto de la donacion es exclusivamente el molino harinero: como en la carta de fundacion de tres aniversarios; otorgada por el obispo de Segorbe y de Albarracin, por la cual se obliga a dar al cabildo de San Salvador de Albarracin unos molinos que posee en Torres, aldea de esta ciudad,y que producen anualmente 18 fanegas de trigo y otras tantas de centenol6. Ademas de los ejemplos especificados en las donaciones simples de bienes a monasterios o propietarios laicos, existen todavia una serie de casos particulares en los que los otorgantes se reservan,por el contrario, la explotacion en monopolio de los molinos. En las cartas de poblacion concedidas por el abad de Rueda a los pobladores de Romanal7, Lagata18 y Samper de Lagata19 -en 1211,1220 y 1229 respectivamente-,se estipula con claridad que el monasterio se reserva el dominio directo sobre los molinos existentes,reglamentando a la vez el uso que los habitantes de estos lugares deben hacer de la molienda,asi como la prohibición de construir otros molinos en el territorio bajo la amenaza de ser destruidos y la multa de 6O sueldos. Los pobladores de Lagata, por ejemplo,sólo podran moler después de que el monasterio haya cubierto sus necesidades,entregando el impuesto correspondiente segun costumbre20. En el caso de que la donacion corresponda a molinos ya construidos por parte del rey a un subdito, el monarca puede reservarse tambien, como hemos visto en los ejemplos de nueva concesion, una parte de los beneficios de la molienda -generalmente un tercio-: como especifica Jaime I en 1238 al donar a Berenguer de Teruel un casal de molinos con cinco ruedas que habia pertenecido a Raic Amahomet21. Finalmente hay que considerar dentro de las transferencias de molinos,y una vez vistos los diferentes aspectos de las donaciones,el caso de la compraventa de bienes inmuebles o del intercambio de los mismos, entre los que se cuente algun molino hidraulico. Asi, por ejemplo,en l221, Urraca, viuda de Berenguer de la Millera, vende al abad de San Victorian y al prior de Obarra la villa de Villalupons y el Pueyo de Silve con todas sus dependencias,incluidos los molinos,por 60o sueldos²²;y en 1256 Jaime I vende a Martin Pérez el castillo de Estada con todas sus posesiones y molinos23. Cuando el mismo rey,en 1235, cede a Santa Maria de Rueda las propiedades que tenia en Pina, a cambio de Ailes, Jaulin y Lagunas,en dicho intercambio juegan papel primordial los molinos junto al resto de los bienes permutados24 . Mas complejo es el estudio de los diferentes sistemas de arrendamiento de los beneficios de un molino o del reparto de los mismos entre distintas personas y en condiciones muy diversas. Unas veces el molino se arrienda integro y por un determinado tiempo. Asi, en l291, el obispo de Segorbe y Albarracin, 20 Ibidem,doc.59:“Sed hoc sciendum est,quod monachi de Rota retinent sibi ecclesiam,molendinum et furnum ad opues suum;et omnes qui voluerint ibi molere,post nos molant ibi, donando nobis nostrum directum sicut est consuetudo molendini; et de furno similiter eodem dicimus; hoc namque mandamus ut nullus sit ausus facere molendinum in villa nostra nec furnum in domo sua; quod si fecerit, molendinum et furnum destruemus, et super hoc $\mathbf { L X ^ { a } } .$ solidos pro calonia nobis donabit; et si in alio furno panes suos coxerit quinque solidos pectavit". 21 Cfr. MARTINEZ ORTIZ,obra citada,doc.54. 22Cf1. MARTIN DUQUE,obra citada,doc.165:“scilicet cum domibus, hedificiis, tenis,vineis,ortis,cannamaribus,linaribus,molinis,arboribus,aquis aquarumve ductibus,silvis,pascuis,cultis et incultis, heremo et populato..". 24 Cfr.CONTEL BAREA,obra citada, doc.84. junto con_el cabildo de Santa Maria, cede un molino harinero a don Gil Pérez, vecino de esta ciudad, por ocho afios y sin senalamiento de precio, pero con la obligacion de hacer ciertas mejoras especificadas en el documento25Y en 1299,el mismo obispo y cabildo arriendan a Domingo Ximeno el Molinero, vecino de Albarracin, un molino por precio anual de 3O fanegas de trigo que debera pagar al cabildo cada afio el dia de San Miguel26. Pero tambien se arrienda a censo una parte de los beneficios obtenidos en algun molino de propiedad particular. Como es el caso de los molinos pertenecientes a don Galindo Garcés,en los que el cabildo de San Salvador de Albarracin, en 1257, usufructuaba una parte a censo de 1O fanegas de trigo y 1O de centeno anuales; parte que,a su vez, el susodicho cabildo podia enajenar a un tercero salvando siempre el censo mencionado27. Las partes usufructuadas en un molino de propiedad ajena, podian ser arrendadas, vendidas o donadas graciosamente a otros particulares que las retenian con los mismos derechos y obligaciones. En 12O5,Guillermo de Tarba y su mujer dan al Hospital de San Juan de Jerusalén de Zaragoza tres muelas que tienen en el molino de Merchen en Cuarte, suponiendo una de ellas tan sólo la cuarta parte de la misma, pues las otras tres partes pertenecen a otro propietario28.Y en 1216, Jimeno de Urrea vende al mencionado Hospital su parte del molino que llaman de Pedro Ximénez, situado junto a la acequia del Cascajo, por cien maravedies29. 25Cfr. TOMAS LAGUIA,obra citada, doc.47: Se estipulan las siguientes condiciones: “que tenga buenas muellas,con buenos rodeznos et buena cequia et canales et fieros,quantos al dicho molino pertenecen,et adobar muy bien el azut et facer muy buena puente que pasen de la villa al molino.. Si por aguaduch o por azut o por fuerza o gerra el dicho molino mollr non pudies,tantos dias quantos él non molles,que los ayades en enmienda sobre los dichos annos adellant...". 26 Ibidem, doc.55. 27 Ibidem,doc.15. 28 Cfr.LEDESMA RUBIO,La Encomienda de Zaragoza de la Orden de San Juan de Jerusalen en los siglos XIy XII, Zaragoza 1967,doc.94:"damus Deo et Hospitali Sancti Lohannis Iherosolimitani Cesarauguste, duas molas et una quarta que habemus in molendino del Merchen.Et una mola habet affrontaciones ex una parte molendinum abbati de Castellovetulo,ex alia mola que fuit de me Guiilermo. Alia mola est in introitu porte. Similiter quarta pars est in illa mola secunda que est inintroitu in qua dompna Perona del Alffondega habet tres partes.Predictas autem tres molas damus et concedimus prefacto Hospitali cum suis quasis et aquis et introitibus et exitibus suis et cum omnibus directis et pertinenciis suis sicut habent vel habere debent sine ingenio et sine mala voce et absque ullo retentu". En el caso de que el arrendatario no cumpliera las condiciones estipuladas,los molinos volvian de nuevo a su antiguo propietario. Como nos muestra un documento de la Orden de San Juan de Jerusalén que en 1292 recobraba uno de ellos situado en la parroquia de San Pablo de Zaragoza porque Juan de Rueda, que lo tenia arrendado, no pagaba el treudo correspondiente30. En los siglos XIV y XV la situacion respecto a'los molinos en el medio rural es la misma que en la centuria anterior. Hay molinos del rey31,de particulares³2 y de establecimientos eclesiästicos (comprendiendo también las órdenes militares). Se continuan las donaciones de molinos incluidos en un conjunto de propiedades de diversa indole33 asi como las transferencias y arriendos de un molino integro o de parte del mismo a censo34. Pero,de cualquier forma, los Fueros de Aragón siguen protegiendo la seguridad de los molinos como instrumentos indispensables para las necesidades comunitarias de la sociedad asi como la concesion de los nuevos a personas de solvencia económica y con capacidad juridica en la disponibilidad de las aguas. El Fuero De rivis, furnis et molendinis35establece las penas en que incurre quien destruye o entorpece la actividad del molino harinero,y reglamenta el régimen de las aguas que han de mover las ruedas hidraulicas que transmiten el movimiento a las muelas. El mismo Fuero determina también la actividad del encargado del molino que ha de vigilar su funcionamiento y el turno de empleo de las muelas por los usuarios36. 30Ibidem,doc.273.. 31 Cfr.LOPEZ POLO,Catalogo del Archivo del Capitulo General Eclesiastico, Teruel 1965,doc.351. 32 Cfr.TOMAS LAGUIA,obra citada,docs.67 y 133;LOPEZ POLO,obra citada, docs.52,81,217,224 y 256;y CANELLAS LOPEZ,Colección diplomatica del concejo de Zaragoza,anos 1276-1285, tomo II Zaragoza 1975,doc.393. 33 Cfr.CONTEL BAREA,obra citada,docs.178y 205. 34. Cfr.TOMAS LAGUIA,obra citada,doc.208;y Catalogo de los pergaminos y. documentos insertosen ellos,existentes en el Archivo dela catedral de Teruel, Teruel 1953,doc.409. 35 Fororum regni Aragonum,lib III (Jaime I, Huesca ano 1247). 36 “De molendino quod colat de nocte et de die,molendinarius tenetur quod amittitur emendare: iurante tamen domino cibariae,quod tantum amisit:ad idem etiam et in eundem modum tenetur molendinarius, si aliquis sive nuncio mittat cibariam suam molendino". NOTAS SOBRE EL MOLINO HIDRAULICO. Queda claro, pues, que el molino constituye un instrumento de dominio tanto como una fuente de riqueza para el que disfruta de su monopolio o de parte de sus beneficios obtenidos por donación o arriendo. De ahi el interés que mostraran los nobles,algunos‘caballeros,las órdenes militares, los cabildos y monasterios del reino por edificar y mantener en sus territorios de influencia uno o varios molinos a los que debian de llevar el cereal todos los habitantes del senorio, del término o de la comarca. Evitando la construccion de otros molinos próximos que podian suponer una disminucion de los ingresos que les llegaban a sus propietarios por este conducto³7. El problema más dificil se planteaba en el caso de que la construcción de un molino afectara a un elevado numero de personas y a una serie de posibler perjudicados por el mismo.En tierras de regadio,donde la abundancia de azudes y acequias permitia la utilizacion de los rios sangrándolos en multiples puntos del recorrido, la edificacion de un molino suponia la pérdida de caudal correspondiente al requerirse desviar parte del agua discurriente para alimentar el canal que debia mover dicho molino. El documento que presentamos como apéndice -inédito hasta la fecha- se ha elegido entre todos los disponibles por ser el mas significativo,ya que su texto resulta lo suficientemente rico como para no necesitar ningun tipo de comentario al respecto. En él se puede seguir paso a paso el proceso que originaba la construccion de un molino y las implicaciones que representaba en el medio rural próximo, los intereses que se movian y la importancia socioeconomica de la utilizacion de estos ingenios en la Edad Media aragonesa. 37 Cuando el senor de Alfajarin, Jimenp Cornel, intenta levantar un molino en la acequia de Canava -termino de Cabanas de Jalon- que esta situada en el territorio de la orden de San Juan de Jurusalen,el Comendador ordena que la nueva obra sea destruida puesto que ni el susodicho Cornel ni ningun otro noble puede edificar dentro de estos terminos sin la autorizacion del Castellan·y de la orden del Hospital;considerando el Justicia de Aragón que dicha construccion es contrafuero y en perjuicio de los sanjuanistas (CANELLAS LOPEZ,"Coleccion diplomaticadela_Almuniade dona Godina,1176-1395",en Zurita-Cuadernosde Historia 12-13, Zaragoza 1961,pags.191-353,docs.87,88 y 89). APENDICE. APENDICE \*. Fol. 1/ Compromis y sentencia arbitral entre Ricla y la Almunia sobre el acut que esta en Xalon y cequia de Michen..Annyo M.CCCC.XXXIIo. Llamase el acut de Ius Pennya. In Christi nomine et eius gratia,amen. A todos sia manifiesto que anno a nativitate Domini millesimo quadringentesimo tricesimo quarto, dia jueves que se contava a treze dias del mes de mayo,en el lugar de l'Almunya de Donya Godina, clamado concello publicament del dito lugar por mandamiento del justicia, jurados et prohombres del dito lugar a son de campana,e por voz e pregón, si quiere clamamiento feyto por Joan Melero,corredor publico del dito lugar,segund tal relacion fue fecha por el dito corredor a nos,Anthon de Archant,alias de Capiella, notario, habitante en el dito lugar de 'Almunia,e Marquo Verdexo, notario, habitant en la villa de Ricla, presentes los testimonios infrascriptos e plegados e ajustados en el fosar, si quiere cimenterio,de la yglesia de Sancta Maria del dito lugar de l'Almunia,do otras vegadas por tales O semblantes actos el dito concello es constumbrado plegar et justar,do eran e fueron presentes: nos Lop del Molino alcayde,Pedro de Sanct Joan justicia,Pascual Estevan e Joan Ferrer, /fol.Iv./ jurados del dito lugar de l'Almunia,fray Martin Pascual prior,Miguel Navarro, Joan de Contreras e Goncalbo Bernad,clérigos de la yglesia de Sancta Maria del dito lugar,Nicolau Pelicero,Joan de Vera,Domingo Lop de Stevan, Gil Pedro Nullän,Pedro Serón,Pero Lopez de l'Almunia, Pero Lopez d'Epuruxosa,Lácaro Aznarez,Miguel Pelicero,Martin Pelicero alias Royo, Joan Martinez de Sepulvega,Pero Ximenez de Contreras notario, Juan Pascual,Martin Assensio alias de Calatayu,Pero Pérez d'Alpartil,Vicent Eschella,Ferrando La Maca, Joan Garcia de Trasovares menor de dias,Pedro d'Almacan, Lazaro del Campo, Joan de Mongon barbero, Anthon Tarugo, Pedro Texedor, Joan de Calatayu,Domingo Fuertes Quinto, Joan del Pozo mayor de dias,Pascual Marquo notario, Sancho Pascual,Gil de Muedia, Anthón Pardo,Joan de Sanct Anthón,Miguel Polo,Pedro Aznárez,Miguel de Salas,Domingo Fuertes mayor,Miguel Clavero,Joan el Tellero,Pedro d'Estruero,Domingo /fol.2/ Felipe,Marin de Excatiman alias Corren, Bartholomé de Villareal,Bartholomé Cabeca,Pedro de Barcelona,Joan Garcia de Funioles,Anthon Beltrán,Joan de Quintano, Sancho Martinez de Sepulvega,Domingo Benian, Steyan de Laplana, Sancho Gil mayor, San. Copia de la concordia y sentencia arbitral dictada entre las villas de Ricla y La Almunia sobre la acequia de Michén y el molino de Canaba,de 13 de mayo de 1434. Archivo Municipal de Ricla,leg.12, num.5,lig.5. (Actualmente en depósito enel Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza). Se trata de un cuadernillo en papel de 35 hojas en octavo,y letra de finales del siglo XV. cho Gil su fillo,Pascual Gil su fillo,Nicolau Serraun,Martin Delgado,Pascual de Calcena,Martin Starat,Pedro Moriella,Joan de Tudela et Miguel Benián. Et desi,todos los prohombres,vezinos e habitadores del dito lugar e concello clamados e plegados,concellantes e concello fazientes por ellos O por los suyos presentes,absentes e advenideros,todos concordes e alguno dellos no discrepant, attendient e considerant como pleytos e questiones sian o speran seyer entre el dito concello del dito lugar de l'Almunia e el concello e aljama de moros del lugar de Cabannyas de la hun parte demandantes e deffendientes; et el noble don Joan de Luna,sennor de la villa de Ricla,et el concello de christianos e aljama de moros de la dita villa de Ricla de la otra /fol.2v/ parte demandantes y deffendientes; sobre el acut que es en el rio de Xalón de la cequia de Michén et el molino farinero quel dito noble don Joan de luna aya de fazer,si quiere edifficar,nuevament en el ferion de la dita villa de Ricla,discorrient é molient de la agua de la dita cequia,por los quales ditos pleytos,questiones,se speravan muytas et diversas expensas subseguir et substener. Por tanto nos,dito concello e universidat del dito lugar de l'Almunia, por tirar e evitar los ditos pleytos et questiones entre nos ditas.partes,et por bien de paz et concordia de nuestras ciertas sciencias et conselladament certifficados plenariament de todo nuestro dreyto et del dito concello et de los singulares de aquel; por nos et por los nuestros presentes,absentes et advenideros,componemos et comprometemos todos los ditos pleytos e questiones que entre nos et cada uno de nos,assi civiles como criminales, ass en demandando como en defendiendo,que de todo /fol. $_ { 3 / }$ el tiempo pasado entro al present dia de guey eran o speravan seyer en poder de los honorables et honrrados mossen Miguel Navarro,clérigo benefficiado en la yglesia·de Sancta Maria del dito lugar de l'Almunya,don Pedro de Sanct Joan justicia et don Domingo Fuertes mayor de dias,vezinos e habitantes en el dito lugar de 'Almunia,et don Lup del Molino,alcayde del lugar de Cabanyas /et de Andreu Calem de Hamet,moro habitante en el lugar de Cabanyas/,et de don Leonis de.la Mancanera,clérigo benefficiado en la yglesia de Sancta Maria de la villa de Ricla,Alfonso de la·Sanz scudero, Pero Mayayo et Marquo Verdexo mayor de dias,vezinose habitadores enla dita villa de Ricla,et Mahoma Abenamir,moro alamin de la aljama de los moros de la dita villa,assi $\cdot$ como en árbitros,arbitradores e amigables componedores et buenos varones. Apres de aquesto,el dito dia,en el lugar de Cabanyas,sino en la ribera de Xalón,clamado e plegado concello,si quiere aljama de los moros,alli de present habitantes /fol.3v/ en el dito lugar segund que del dito clamamiento fue feyta relacion por Brahem de Chodes,moro,corredor publico del dito lugar, presentes los testimonios infrascriptos a nos ditos e infrascriptos notarios,aplegados e·ajustados en la placa del dito lugar,do otras vegadas por tales O semblantes actos la.dita aljama es costumbrada plegar,do eran e fueron presentes don Lop del Molino,alcayde del dito lugar,Ande Calem de. Hamed et Ayca de Buscadovida, jurados del dito lugar,Mahoma el Pastor et Braym de Chodes,moros habitantes en el dito lugar,concellantes si quiere aljamantes, concello e aljama fazientes, como de present mas vezinos no sian ni habiten en el dito lugar, todos concordes e alguno dellos no discrepant, como pleytos et questiones sean o speren seyer entre el dito concello,si quiere aljama,del dito lugar de Cabannas,e el concello e universidad del dito lugar de 'Al-/fol. $4 /$ munia,lugares que son de la orden de Sanct Joan del Spital, de la una parte'demandantes e deffendientes; et el noble don Joan de Luna、 sennor de la villa de Ricla, de la otra, assi mesmo demandantes y deffendientes; por razón del acut et cequia clamada de Michen et encara sobre el molino farinero quel dito don Joan de Luna deve fazer,si quiere fabricar, en término de Ricla et cosas al dito acut, cequia et molino et cada uno dellos dependientes e emergentes; por los quales pleytos et questiones se speravan e speran fazer muytas et diversas expensas. Por aquesto nos, dito concello, si quiere aljama, del dito lugar de Cabannyas,certifficados plenariamente de todo nuestro dreyto et del dito concello et aljama por nos e los nuestros presentes, absentes e advenideros, por bien de paz et de concordia et por evitar los ditos pleytos et questiones de nuestras ciertas sciencias, componemos et comprometemos todos los ditos pley-/fol. 4v/-tos et questiones que entre nos et cada uno de nos ditas partes,assi civiles como criminales,assi en demandando como en defendiendo,de todo el tiempo pasado entro al present dia de oy eran O speravan de ser en.poder de los honorables mossen Miguel Navarro clérigo,don Pedro de Sanct Joan justicia,e don Domingo Fuertes, vezinos e habitantes en el dito lugar de l'Almunia; et de don Lop del Molino,alcayde del dito lugar de Cabanyas,et Ande Calem de Hamet,moro habitante en el dito lugar de Cabanyas; et de don Leonis de la Mancanera clérigo,y Alfonso de la Sanz scudero,don Pedro Mayayo et don Matheo Verdexo mayor de dias,vezinos e habitantes en la villa de Ricla; Mahoma Abenamir,moro alamin de la aljama de los moros de la dita villa de Ricla,assi como arbitros,arbitradores e amigables componedores et buenos varones. E aprés de /fol. $^ { 5 / }$ aquesto, el dito dia,en la villa de Ricla,de mandamiento del noble don Joan de Luna,sennor de la dita villa,clamado concello de christianos et aljama de moros de la dita villa,publicament e a son de campana, et por voz, si quiere clamamiento,de Miguel Maycon, corredor publico de la dita villa,segund tal relacion fizo el dito corredor a nos ditos notarios,presentes los testimonios infrascriptos et plegados et ajustados en la yglesia de Sancta Maria de la dita villa,do otras vegadas por tales o semblantes actos los ditos concello é aljama son acostumbrados plegar; do eran e fueron presentes: nos el noble don Joan de Luna,sennor de la dita villa de Ricla,Miguel Ruvio,lugarteniente de justicia por don Goncalbo de Vera justicia de la dita villa,Miguel de Longares et Lop Casado, jurados de la dita villa, Anthon de Lopalan,Pero Casado,/fol. 5v/ Garcia Casado,Joan Garzés, Joan de Verdexo, Martin de Albarrazin, Domingo de Luares, Joan d'Alvilos,Joan Criado,Domingo de Boria,Domingo Munnio,vezinos e habitantes en la dita villa de Ricla,en nombre et en voz del dito concello, concellantes et concello fazientes; assi mismo Mahoma Abenamir alamin, Alli Mecot, jurado por la aljama de los moros de la dita villa,Mahoma Albaniel,Mahoma Hornadón, Cute el Navarro,Cute Hornadón,Mahoma el Navarro,Mahoma Graliem,Cayt Almerani,moros habitantes en la dita villa, d'aljama plegado et aljama fazientes; todos concordes los sobreditos concello et aljama et alguno dellos no discrepant, en nombre et en voz de todo el concello de criastanos (sic)et aljama de moros de la dita villa, por ellos y. por los suyos /fol.6/ assi presentes como absentes et encara esdevenideros, attendientes et considerantes cómo pleytos et questiones fuessen,sian o sperassen seyer entre el noble don Joan de Luna,sennor de la dita villa de Ricla, et el dito concello e la aljama de la dita villa de una parte demandantes e· deffendientes,et el concello e universidad del lugar de 1'Almunya de Donia Godina et el concello,si quiere aljama,de moros del lugar de Cabannas, lugares que son de la orden de Sanct Joan del Spital,de la otra part demandantes et deffendiendes; sobre el acut qui es en el rio de Xalón et l'acequia clamada de Michén,et encara sobre el molino farinero quel dito noble don Joan de Luna,sennor de la dita villa de Ricla deve fazer,si quiere edifficar, en término de la dita villa de Ricla,nuevament discorrient e molient del agua de la dita cequia. Por los quales ditos pleytos et questiones se speravan /fol.6v/ et esperan muytas et diversas expensas subseguir e sustener. Por tanto nos ditos,noble don Joan de Luna,concello de chriastinos (sic.)'et aljama de moros de la dita villa de Ricla,por tirar e evitar los ditos pleytos e questiones que entre nos,ditas partes,se speravan subseguir et esdevenir por bien de paz et de concordia de nuestras ciertas sciencias,conse-. lladamente et acordada,certifficado plennamente de todos nuestros dreytos e de cada uno de nos et de los concello et aljama et singulares de aquellos, por nos et por los nuestros presentes,absentes et advenideros,componemos, comprometemos et del todo en'todo relaxamos los ditos pleytos et questiones que entre nos,ditas partes,et cada uno de nos,assi civiles como criminales,assi en demandando como en deffendiendo,de todo el tiempo pasado entro al presente dia de hoy heran,son /fol. $\eta /$ et speraban seyer, todos aquellos comprometemos y segund dito es en poder de los honorables et honrrados mosse Miguel Navarro, clérigo benefficiado en la yglesia·de Sancta Maria del dito lugar de l'Almunia,don Pedro de Justicia et Domingo Fuertes,vezinos e habitantes .en el dito lugar de l'Almunia,et en poder de don Lop del Molino,alcayde del lugar de Cabanyas,et de Andreu de Calema, moro habitante en el dito lugar,et de don Leonis de la Mancanera,clérigo. benefficiado en la yglesia $^ { * }$ de Sancta Maria de la dita villa de Ricla,Alfonso de la Sanz scudero,et don Pero Mayayo et don Matheo Verdexo mayor de dias,vezinos e habitantes en la dita villa de Ricla,et Mahoma Abenamir, moro alamin de la alamin (sic.) de los moros de la dita villa de Ricla,assi como en.ärbitros, arbitradores et amigables .componedores et buenos barones.. Assi en tal manera nos ditos, noble don Joan de Luna,sennor de la dita villa de Ricla, et el concello de cristianos et aljama de moros de la una parte, et /fol. 7v/ dito concello e universidad del lugar de l'Almunia et el concello et aljama de moros del dito lugar de Cabannas de la otra parte,todos concordes e alguno de nos no discrepant o discordant; prometemos, convenimos e nos obligamos tener e complir e observar todo aquello e qualquiere cosa que los sobreditos arbitros,arbitradores e amigables componedores todos, dieron concordes e alguno dellos no discrepant en los ditos pleytos e questiones,assi civiles como criminales,et en cada uno dellos que entre nos, ditas partes, haviamos et speramos de haver conjuntamente o de partida,puedan dezir,pronunciar,sentenciar,absolver,condempnar,e por sus sentencia diffinitiva pronunciar lo ha bien vista e amigable composicion adjugar,demandar, pronunciar aquello, que todos concordes bien visto /fol. $8 /$ les sera. Nos sobreditas partes O cualquiere de nos,presentes o absentes,o la una parte present e la otra por contumacia o en otra manera absente,supra nos ditas partes O alguna de nos por los ditos ärbitros O alguno dellos, clamados o no clamados,scitados o no scitados,en dia feriado o no feriado,en yermo o en poblado,en feria o en mercado,en una vegada o en muytas, en un instrumento o en muytos,por tribunal assentados o devantados,de nuey o de dia,orden de fuero servado o no servado et en aquellas formas e maneras que los ärbitros,arbitradores e amigables componedores, todos concordes,bien visto serä.La qual dita sentencia,pronunciacion,lo ha vien vista e amigable composicion entre nos,ditas partes,e cada uno de nos, dada por los ditos ärbitros,aya a ser-dada e promulgada entro al dia e fiesta· /fol.8v/ de Sanct Joan Bautista del mes de junio primo venient, con protestaci6n.Empero que si dentro el dito tiempo los ditos ärbitros o alguno dellos eran ocupados, assi que la dita sentencia al dito tiempo no pudiessen dar ni promulgar, que puedan prorrogar todos diez concordes aquel tiempo que a ellos sera bien visto,mäs avant una vegada e no más. Per ond nos sobreditas partes e cada uno de nos per si e por el todo, prometemos,convenimos e nos obligamos en los ditos nombres e cada uno dellos haver por firme, agradable e valedero e seguro,agora e a todos tiempos,todo aquello e qualquiere cosa que por los ditos ärbitros,arbitradores e amigables componedores et por su sentencia diffinitiva pronunciacion lo ha vien vista e amigable /fol. 9/ composicion entre nos ditas partes e cada uno de nos por si, conjuntamente o de partida, sera dito, mandado,pronunciado, sentenciado,declarado,absuelto,condempnado,adjudgado; et de aquello, ni partida de aquello, en ningun tiempo nos appellaremos ni apellar faremos por contrafuero,ni en otra qualquiere manera ni por alguno otro dreyto, causa,manera.o razón .ante todo aquello,la una parte a la otra. Invicem laudaremos,aprobaremos,satisffaremos,confirmaremos en todo o en todas cosas.Et si el contrario faziamos,lo que Dios no mande,queremos, otorgamos et expressamente consentimos que ipso facto encorramos e seamos encorridos nos ditas partes, e qualquiere de nos qui contra aquesto vendrán, en pena de seys mil florines de oro del cunyo de Aragón;la qual pena sea levada de aquel o aquellos que la dita sentencia /fol.9v/ pronunciacion lo ha vien vista e amigable composicion no laudarä,exeguirä o apuyara,ratifficará et confirmara a todos tiempos. La qual dita pena cada y cuando caheresca, queremos nos ditas partes et expressamente consentimos que sea dividida o partida en tres partes: la una al sennor rey,la otra a los ditos ärbitros et la otra a la parte obedient la dita sentencia, pronunciacion lo ha vien vista e amigable composicion,laudant et aprobant;et encara queremos et expressament consentimos nos ditas partes et cada uno de nos,que la parte inhabient et contradicient a la dita sentencia lo ha vien vista e amigable composición de los ditos arbitros,arbitradores e amigables componedores sia /fol. $1 0 /$ encorido e encorra en la dita pena de los ditos seys mil florines d'oro, cada et quando et tantas quantas vegadas contradir& et contradezir et contravenir faran a la dita sentencia e cosas en aquella contenidas,et pagada la dita pena O no pagada,queremos et expressamente consentimos que la dita sentencia pronunciación lo ha vien vista et amigable composicion de los ditos ärbitros sia, finque,retenga en su plena firmeza et valor a todos tiempos que quiere que por ello arbitrado,sentenciado,pronunciado,adjudicado e mandado sera. Encara queremos, otorgamos et expressamente consentimos, nos ditas partes e cada uno de nos,en los nombres sobreditos,e cada uno dellos, que los ditos árbitros,arbitradores e amigables componedores puedan tiempo o prolacion de la dita sentencia lo ha vien vista e amigable composición entre nos ditas partes,dada prender e en si retener tiempo e tiempos /fol.10v/ e spacio,aquel que a ellos vien visto sera prender e retener para interpretar, declarar e annyader, tirar,crecer,menguar,corregir e enmendar en la dita su sentencia que por ellos entre nos,ditas partes,dada e promulgada será, segund que a los ditos árbitros todos concordes bien visto sera.A la qual interpretación,declaración,corrección,entendimiento et determinación et otros sobreditos,por los ditos árbitros fazederos si alguna o algunas seran; prometemos,convenimos e nos obligamos nos,ditas partes,a cada uno de nos,estar et parescer ad aquello et aquellas tener e complir, tratar e firmemente observar a todos tiempos dius pena sobredita et en el present compromis contenida. Et por tener e complir todas e cada unas cosas:sobreditas a las quales nos,ditas partes, et cada uno /fol.11/ de nos,de la parte desa contenidos e obligados somos que por laudar,aprovar,ratifficar et confirmar todas e qualesquiere cosas en las ditas sentencia et pronunciación,et cosas en aquella contenidas,que por los ditos ärbitros dadas et promulgadas serán; et encara por pagar, satisfazer e emendar la una parte a la otra ad invicem la sobredita pena cada que acaheceran, et todas e qualesquiere missiones,danyos, intereses o menoscabos que la una parte contra la otra los ditos ärbitros faran et les convendra fazer e sustener. Obligamos la una parte a la otra ad invicim assaber yes nos ditos,noble don Joan de Luna et el concello de christianos et aljama de moros de la dita villa de Ricla, todos nuestros bienes e de cada uno de nos e del dito concello e de la dita aljama et de los singulares de aquellos e de cada uno dellos, assi de los que agora son como de los que por tiempo seran,mobles et sedientes, habidos e por haver,en todo lugar.Et nos dito concello e universidad /fol. 11v/ del dito lugar de PAlmunia et concello, si quiere aljama,del dito lugar de Cabannas,todos nuestros bienes e de cada.uno de nos et del dito concello e de la dita aljama e de los singulares de aquellos e de cada uno dellos,assi de los presentes como de los absentes qui agora son_o por tiempo seran, mobles e sedientes, habidos et por haver en todo lugar. Et encara prometemos e nos obligamos la una parte a la otra,ad invicem,al tiempo de la excecución so alguna por las sobreditas cosas O alguna dellas sera fazedera haver,dar et con effecto asignar bienes nuestros e de cada uno de nos e de los ditos concellos e aljamas e de los singulares de aquellos qui agora son o por tiempo seran proprios,mobles,quitos et desembargados a cumplimiento de la sobredita pena de los sobreditos seys mil florines d'oro cada que acahecera,et de todas e cada unas cosas sobreditas et dius scriptas,a las quales nos,ditas partes, e cada uno /fol. $1 2 /$ de nos,la una parte a la otra ad invicem tenidos e obligados somos, los quales bienes queremos et expressament consentimos nos ditas partes et cada uno de nos, que puedan seyer sacados de dentro de nuestras casas e de cada uno de nos, et de do quiere que seremos e habitaremos o aquéllos trobados seran e vendidos a uso et costumbre de corte et de alfarda feyta de aquellos solament tres almonedas por tres dias e no mas, ninguna otra solempnidad o subastacion de fuero o de dreyto no tirada ni servada. Et renunciamos en las sobreditas cosas et cada una dellas,la una parte a la otra ad invicem, a todo e qualquiere beneficio de appellacion et recurso, si quiere arbitrio de buen varón et a dia de acuerdo et a diez dias para cartas cerquar et a todas et cada unas otras excepciones et dilaciones de fuero o de dreyto et otros qualesquiere las sobreditas cosas impugnantes. Feyto fue aquesto en los_ditos lugares de l'Almunia et de Cabanyas /fol.12v/ et en la dita villa de Ricla,el dito trezeno dia del mes de junio del anno sobredito millesimo quadringentesimo tricessimo quarto, presentes testimonios fueron a todas et.cada unas cosas sobreditas Anthón de Vero et Martin de la Plana, vezinos e habitantes en el dito lugar de l'Almunia, et Mahoma el Pastor,moro habitante en el dito lugar de Cabannas. Apres de aquesto,dia sabado que se contaba a dizinueve dias del mes de junio,anno sobredito millesimo quadringentesimo tricesimo quarto, en el olivar de Cabanna, termino del dito lugar de Cabannas,en presencia de nos,ditos Ant6n d'Archanet,alias de Capiella,et Marco Verdexo, notarios de la present de suso nombrados et de los testimonios infrascriptos; fueron personalmente constituidos los honrrados don Leonis de la Mancanera, clérigo benefficiado de la yglesia de Sancta Maria de la dita villa de Ricla, et Alfonso la Sanz scudero,et don Pero Mayayo et don Marco Verdexo mayor de dias,vezinos e habitantes en la dita villa,et Mahoma /fol.13/Avarinur,moro habitante en la dita villa,et mossen Miguel Navarro,clerigo. CARMEN ORCASTEGUI GROS benefficiado en la yglesia de Sancta Maria:del dito lugar de 'Almunia,e don Pedro de Sanct Joan justicia, don Domingo Fuertes, vezinos e habitantes en el dito lugar de l'Almunia, et don Lop del Molino,alcayde del dito lugar de Cabanyas, et Andreu Calem,moro habitante en el dito lugar de Cabannas, árbitros,arbitradores e amigables componedores de los pleytos e questiones que eran, son o speran seyer entre el noble don Joan de Luna, sennor de la villa de Ricla,et el concello de christianos et aljama de moros de la dita villa de la una parte,et el concello del lugar de l'Almunia et el concello e aljama de moros del lugar de Cabanyas de la otra parte.Los quales dixeron que como el present compromis fue firmado en poder dellos,e ellos todos dixeron concordes devian dir en aquel entro el dia de Sanct Joan primo venient, e como ellos e cada uno dellos ocupados de (lac.) a los quales ellos sallir no podian et otras cosas tocantes el effecto de la cosa cerca /fol.13v/ lo sobredito dentro el dito tiempo del dito compromis,buenament entender, dezir et pronunciar no podian; attendientes et considerantes encara a los árbitros ser dado poder en el compromis firmado a ellos por las sobreditas partes et cada una delias de prorrogar una vegada aquel tiempo que a los ditos ärbitros, todos concordes vien visto sera, dentro el tiempo a.ellos asignado en el dito compromis por aquesto. Por aquesto,nos, ditos ·arbitros todos concordes o alguno de nos no discrepant, por el poder a nos dado et atribuydo por las ditas partes et cada una dellas en el dito compromis dentro el dito tiempo et aquel durant; prorrogamos, si quiere asignamos, tiempo a dar y promulgar nuestra sentencia arbitral lo ha vien vista e amigable composicion daqui a por todo el mes de agosto primo venient, inclusive del anyo present M. CCCC. XXXII /fol. $1 4 /$ dius todas aquellas penas,obligaciones,stipulaciones,firmezas et seguridades en el dito compromis contenidas; no derogando ni perjudicando en cosa alguna el dito compromis a nos por las ditas partes firmado,ante aquel sia e finque en su plena firmeza e valor, assi et en aquella forma e manera que primero era.Presentes testimonios fueron a las sobreditas cosas,Joan de Verdexo,vezino de la dita villa de'Ricla,et Miguel de Betes,habitante en el lugar d'Estobrellas,et Mahoma Albaniel,moro habitant en la dita villa de Ricla. Aprés de todas e cada unas cosas sobreditas,dia martes que se contaba ultimo dia del mes de agosto et annyo sobredito M. CCCC.XXXIIII,en el dito lugar de l'Almunia, en presencia del dito noble don Joan de Luna et de nos,ditos notarios,et de los testimonios infrascriptos, fueron e parescieron pesonalmente cons-/fol. 14v/-tituydos los honrrados don Leonis de la Mancanera clérigo,don Alfonso Damian Sanz scudero,don Pero Mayayo et don Matheo Verdexo mayor de dias,vezino e habitante en la dita villa de Ricla; et Mahoma Albenamir,moro e alamin de la aljama de los moros de la dita villa,et mossén Miguel Navarro clérigo,don Pedro de Sanct Joan justicia, et don Domingo Fuertes,vezinos e habitantes en.el dito lugar de l'Almunia; et don Lop del Molino,alcayde del lugar de Cabannyas,et Andi Calem de. Hamet,moro habitante en el dito lugar; ärbitros,arbitradores e amigables componedores entre el noble don Joan de Luna, sennor de la dita villa de Ricla,et el concello et cristianos et aljama de moros de la dita villa de la una parte,et el concello e universidad del lugar de l'Almunia de Donnia Godina et el concello et /fol. 15/ aljama de moros del lugar de Cabannyas de la otra parte. Por las ditas partes et cada una dellas juntamente sleydos,las quales, vistas e reconoscidas por ellos e cada uno dellos todas e qualesquiere questiones, demandas e actiones que cada una de las ditas partes havian et haver porian la una parte contra la otra ad invicem; et assimesmo vistos et reconscidos por ellos et cada uno dellos todos et qualesquiere dreytos,scripturas e documentos que ante los ditos arbitros,arbitradores e amigables componedores dezir, demostrar et produzir han querido por el poder a ellos dado et atribuydo en el sobredito compromis,por las ditas partes feyto et firmado et havido deliberacion et maduro consello sobre las ditas cosas, solo Dios haviendo ante sus guellos todos los ditos diez ärbitros concordes,et en absencia de las ditas partes,excepto el dito noble don Joan de Luna qui present era, /fol.15v/ a su sentencia, pronunciacion lo ha vien vista et amigable composicion entre las ditas partes et cada una dellas procidieron,damos la forma siguiente. In Christi nomine amen. Nos,Leonis de la Mancanera,clérigo benefficiado en la yglesia de Sancta Maria de la villa de Ricla,Alfonso de la Sanz scudero,Pedro Mayayo et Marquo Verdexo mayor de dias,habitantes e vezinos de la dita villa de Ricla,e Mahoma Abenamir,moro alamin de los moros de la aljama de los moros de la dita villa; et mossén Miguel Nabarro, clérigo venefficiado en la yglesia de Sancta Maria del lugar de l'Almunia de Donia Godina,Pedro de Sanct Joan justicia et Domingo Fuertes,vezinos e habitantes en el dito lugar; et Lop del Molino,alcayde del lugar de Cabanias, et Andeu Calan de Hamet,moro habitante en el dito lugar; arbitros /fol. $1 6 /$ , arbitradores e amigables componedores en todos y cada unos pleytos, demandas et questiones, si quiere controbersias,que eran, son et speran seyer entre el.noble don Joan de Luna, sennor de la villa de Ricla,et el concello e cristianos et aljama de moros de la' dita villa de la una part demandantes et deferdientes,et el concello e universidad del lugar de 'Almunia de Donia Godina et el concello et aljama del lugar de Cabanyas de la otra parte demandantes et deffendientes,segund que aquesto e otras cosas mas largamente parescen por carta publica de compromis feyta et testifficada por los notarios infrascriptos,de la parte de suso inserta et contenida,ensemble con la porrogacion de dito compromis. Ond nos, ditos árbitros,arbitradores e amigables componedores,vistas,leydas et deligentment entendidas todas e cada unas demandas,questiones,peticiones,razones,alliga-/fol.16v/-ciones e deffensiones de cada una de las ditas partes que en los nombres sobreditos ante nos,assi por scripto como de paraula, proponer,produzir, dezir y allegar quisieron,et aquéllas diligentment examinadas sobre aquellos diligentment determinados e visto,e sobre aquesto havido maduro concello,Dios. CARMEN ORCASTEGUI GROS habiendo ante nuestros guellos,por tal que el bulto de aquel, nuestra sentencia pueda vien proceder todos diez concordes e alguno de nos no discrepant,damos e promulgamos nuestra present sentencia dius la forma en aquello siguient. PRIMERAMENT pronunciamos, sentenciamos,dezimos e mandamos que la construcción o qualquiere reparo del acut de la cequia de Michen, agora sea nueva construction de piedra o en otra manera,ara sia reparacion de piedra o de fusta o de rama,O en qualquiere otra manera,o el sustener /fol. 17/ et mantener aquel et qualquiere necessdad que de aquel pertenezca,sian feytas quatro partes,de las quales paguen o sian tenidos de pagar: el dito noble don Joan de Luna et el concello et aljama et universidad de la dita villa de Ricla,la una parte; et las tres partes,el concello e universidad del lugar de l'Almunia las dos,et la otra part el concello e universidad e aljama del lugar de Cabanyas.E en la forma sobredita,las ditas partes e cada una dellas sean tenidos e obligados contribuyr et pagar en el dito acut. ITEM,pronunciamos,dezimos e mandamos que quando la dita contribucion et regación del dito acut se aurá affer, que los ditos. pueblos o los que a fazer la dita obra seran diputados,puedan proceder sin licencia alguna piedra,rama,selva o las otras cosas semblantes que en la dita obra neccessarias seran,francamente de los términos de la dita villa de Ricla; empero que la fusta grosa,como son viegas,clabos,crabros /fol.17v/ afuados para la dita obra ayan a pagar los ditos pueblos segund las partes que de suso les son asignadas en la dita obra.Es assaber,Ricla la una parte e la Almunia et Cabanyas las tres partes.La qual fusta aya a ser tachada ante que se talle por tres personas puestas una por cada uno de los ditos pueblos, los quales ayan a seyer concordes a la tachacion. ITEM,pronunciamos, sentenciamos, dezimos et mandamos por la present nuestra sentencia que por evitar debates et questiones entre las sobreditas partes et cada uno dellos,quel dito noble don Joan de Luna sia tenido fazer un molino farinero en la dita cequia sobre Canava,do ha una noguera fins a la puent clamada de Canava.Empero que aquel se faga et sia feyto en término de la villa de Ricla,con tres muelas molientes,et que el agua de que el dito molino será goviernado,escapando el dito molino,discurra et aya de discurrir en los términos et por los términos de los ditos lugares de l'Almunia /fol.18/ et de Cabanias,sin impidiment alguno.E que por ninguna persona no sia mudado ni empachado el dito curso,si quiere discurrimiento de la dita agua ni partida de aquella,escapando el dito molino segunt dito es a fazer el dito molino e sustener aquel molient e corrient et a tener e servar las sobreditas cosas e infrascriptas: el dito noble,su muller, sus fillos,heredero,el dito concello e universidad de Ricla se ayan de obligar et de presente se obliguen a sustener aquel ad in perpetum et servar todas las cosas sobreditas e infrascriptas tan largament quanto se consellara per un advocado qual querran las universidades de los ditos lugares de l'Almunia et de Cabanias nominada la instancia. ITEM,pronunciamos, sentenciamos et por la present nuestra.sentencia dezimos e mandamos que las ditas universidades, es assaber de la villa de Ricla et de los lugares de l'Almunia et de Cabanias,ayan a meter sendos cabacequias,uno por Ricla, /fol. 18v/ otro por l'Almunia et otro por Cabanyas. Los quales ayan de jurar, es assaber,los cabacequias de 'Almunia et de Cabanyas en poder del justicia de Ricla,et el cabecequia de Ricla haya a jurar en poder de justicia de Ricla o de Cabanyas,de bien e lealmente haberse en los ditos sus officios; los quales ditos cabacequias sian tenidos de guardar el agua de la dita cequia el dito molino en suso.Et si caso sera que por falta O negligencia de los regantes en el término de Ricla, el agua se perdia por no tornarla a la madre o en otra qualquiere manera,en tal caso encorra el dito cursar en pena de diez sueldos dineros jaqueses,dividideros en tres partes: la una poral sennor rey,la otra para el concello de l'Almunia et la otra para el concello de Cabanyas. Empero quando tal pena se habra de llebar de algunos de Ricla o de I'Almunia o Cabanias o otros que heredades ternan en el dito termino de Ricla,que los cabecequias de I'Al-/fol. 19/-munia o de Cabanyas o de uno dellos aya de adversarlas dita pena con el cabacequia de Ricla,et si so los ditos cabecequias manifestament parescera aquellas seyer es devido a culpa del regante,que la dita pena se deva levar e pagar,e se leve e se pague.E si les parescerä seyer dudoso que jurando el dito regant que ha fecho indiligencia, que la dita agua no se perdiesse et que a culpa suya no es perdida,que en tal caso sia escusado et la dita pena no haya lugar. Et por evitar escandalos sobre la dita pena pronunciamos e mandamos que los de Ricla por la dira razón aya acaso compenyos bastament en el lugar de lAlmunia et los de l'Almunia et de Cabanyas en la villa de Ricla. ITEM, pronunciamos,sentenciamos,dezimos et mandamos por la present nuestra sentencia que los de Ricla en su término no puedan correntiar del agua de la dita cequia de Michen,dius la pena de los ditos diez sólidos levaderos cada una vegada que al contrario se fara,divididera segund de suso dito es. ITEM,pronunciamos,sen-/fol. 19v/-tenciamos,dezimos et mandamos por la present nuestra sentencia, quel dito lugar de l'Almunia aya el agua de la dita cequia todas semanas,del sabado el sol puesto daqui al domingo el sol puesto,por la vega del Spital, término del dito lugar de 'Almunia, segunt que antigament lo han acostumbrado de haver, et que por los presentes capitoles en res no les sia denegado su dreyto. ITEM, pronunciamos,sentenciamos,dezimos e mandamos por la present nuestra sentencia,que las ditas universidades de l'Almunia e de Cabanyas sian tenidos de tener e mantener la dita cequia de Michén segunt que antigament eran tenidos de raparar el cascallar nuevo de la puent del agualit e del alhacero entro al acut,et los caxeros de la dita cequia; empero no exemplando ni acrecentando más la dita cequia de.lo que es agora.Et si por ventura el dito noble querra crexer la dita cequia,que en tal caso los ditos árbitros entre las ditas partes ya /fol. 2O/ esleydos,ayan a concordar et determinar quanta parte pertenescera para siempre a :los de l'Almunia et de Cabanyas en la dita regacion. e en qualquiere otra que daqui avant necessario seran,et ante el dito noble la dita cequia no pueda acrecentar,et si lo fazia que los de l'Almunia ni de Cabannias no puedan ser compelidos a la regacion de la dita cequia ni partida de aquello ni de ninguna crebada ni dirruipmiento de aquélla; et pronunciamos e mandamos quel poder de los ditos arbitros quanto al present capitulo diu e siempre,et si. contescerä alguno o algunos de los ditos ärbitros morir,absentar o legitimamente seyer empachados,quel pueblo por qui aquel diran aya a subrrogar et esleyr otro o el lugar de aquel o aquellos que en la dita manera faciran. ITEM, pronunciamos, sentenciamos, dezimos et mandamos que los vezinos de la dita villa de Ricla puedan tomar agua de la dita cequia para sus alberquas,arozes,sus canyamos et linos,et no para otra cosa.E aprés que sean cozidos et lavados et sian tenidos, tornar la dita agua a la dita cequia et cerrar las boqueras dius pena /fol. 2Ov/ de los ditos diez solidos dividideros segund de suso. ITEM, pronunciamos, sentenciamos,dezimos et mandamos por la present nuestra sentencia que los ditos cabecequias sean veyedores de las fronteras de la dita cequia, los quales o el uno de l'Almunia o de Cabannias con el cabecequia de Ricla ayan poder de fazerlos mandar a expensas de los herederos de los ditos pueblos de Ricla e 'Almunia e Cabannias o de otros si tierras y tendran.Et quel justicia de Ricla sia tenido de los hombres de Ricla que culpantes serán entregarlos de penyoras a sola relacion de los ditos cabecequias.E assimismo el justicia de 'Almunia et el alcayde de Cabanyas cada uno en sus districtu. ITEM, pronunciamos, sentenciamos, dezimos e mandamos por la present nuestra sentencia. que,attendido que las universidades de los lugares de l'Almunia e de Cabanias son tenidos al reparo del cascallar desriu por do la dita cequia de Michen passa,et si en aquello eran negligentes,serä gran danyo al dito molino.Por tanto pronunciamos et mandamos que,apres que sia derruido el passo de la dita cequia et el agua /fol.21/ sera vaxa,de manera quel dito reparo se pueda fazer, que los ditos pueblos sian tenidos de rigar,el dito dirruimiento requeridos los justicia, jurados de l'Almunia por el dito noble don Joan de Luna o procurador suyo,mediant carta publica que dentro tres dias aprés que serán requeridos sian tenidos de haver fecho,o el dicho reparo excepto que en aquellos tres dias no se entiendan fiestas mandadas por la yglesia o votos de pueblo.Et si los ditos pueblos de l'Almunia e de Cabanias,dentro el término de susodito,no faran el dito reparo,quel dito noble o persona diputada por él faran fazer et el dito reparo,a costa de los ditos dos pueblos,la qual obra,reparo o costa de aquel, la dita persona diputada (...) erando aquello por sagrament en poder del justicia de l'Almunia,quel dito justicia sea tenido de entregar lo de la dita costa o reparacion sines de solempnidad de fuero. ITEM, pronunciamos, sentenciamos, dezimos e mandamos que por si algun tiempo los de Ricla /fol. 21v/ fazian rozes en sus términos que para correntiar aquellos puedan prender de la dita agua sin pena alguna. ITEM, pronunciamos, sentenciamos, dezimos e mandamos que si los de l'Almunia e de Cabanias se acordan de fazer vallipuent per do el agua de la dita cequia passe el dito cascallar,que en aqueste caso los ditos ärbitros ayan poder quanta part de las expensas de la vida valipuent sustendió los ditos noble don Joan de Luna et universidad de Ricla;et quanto al present capitulo dure el poder de los ditos árbitros siempre segund que en el séptimo capitulo es dito et contenido. ITEM,pronunciamos,dezimos e mandamos que de los ditos capitoles et cada uno dellos puedan seyer sacados carta o cartas publicas segund que a las ditas partes et cada una dellas.sera neccessario. Aprés de aquesto,el sobredito dia,es assaber martes ültimo dia del mes de agosto,anno sobredito M.CCCC.XXXIII /fol.22/ en el dito lugar de l'Almunia,de mandamiento de los sobreditos ärbitros, nos,ditos Anthón d'Archant alias de Capiella,Martin Verdexo,notarios infrascriptos,intimemos,leymos et publiquemos de palaura a palaura la present sentencia al dito noble sennor don Joan de Luna; la qual aquella entendida,loho et aprovo /et en aquella de su otorgamiento,ofrecimiento et expresso consentimiento/ en todo et por todas cosas.Presentes testimonios fueron a las sobreditas cosas,Goncalvo de Vero scudero,habitante en la villa de Ricla,et Martin Ferrer,alcayde de Calatorau,et Brahem de Sodes,moro habitante en Cabanias. Aprés de aquesto,dia que se contaba a cinquo dias del mes de setiembre, anno predito M. CCCC. XXXIII, en el dito lugar de 'Almunia,en el cimenterio,si quiere fosar,de Sancta Maria del dito lugar,do otras vegadas a tales O semblantes cosas el dito concello es costumbrado plegar e ajustar,et clamado concello publicament por mandamiento del justicia, jura-/fol.22v/-dos et hombres buenos del dito lugar,a son de campana et por voz,si quiere clamamiento, feyto por Alfonso Bonet,corredor publico del dito lugar, segun el dito corredor tal relacion fizo a nos, ditos et infrascriptos notarios,presentes los testimonios infrascriptos et plegados et ajustados el dito concello en el dito lugar do eran et fueron presentes: nos,Pedro de Sanct Joan justicia, Joan Ferrer jurado,don fray Martin Pascual,prior del dito lugar,Goncalvo Bermat clérigo,don Garcia Estevan,Pero Ximénez de Soncos notario, Joan Garcia de Trasovares notario,Jayme'de Macas,Martin de la Plana,Bartholomé de Villarreal, Lazaro de Campo, justicia del capitulo, Vicent de Soliellas,Miguel Polo,Pero Nullan,Martin Asensio alias de Calatayu,Joan Moreno,Pedro de Barcelona et Martin el Pelicero alias Royo; et desi todos los prohombres vezinos e habitantes del dito lugar.Et con ello,plegados concellantes /fol. $2 3 /$ et concello fazientes, por ellos e por los suyos presentes, absentes e advenideros,nos,ditos e infrascriptos notarios,intimamos, lexamos et publicamos de palaura a palaura la present sentencia por los sobreditos arbitros dada,requiriendoles que aquella ellos laudassen et aprobassen, ratifficassen et confirmassen en todo e por todas cosas iuxta su continencia et tenor, segund que por los árbitros sentenciado et mandado era. Los quales justicia, jurados et concello, todos concordes et ninguno dellos no discrepant, oyda e entendida la dita sentencia a ellos de palaura a palaura leyda e publicada, dixeron que aquella laudavan et aprobaban, ratificavan et confirmavan, segund que laudaron et aprobaron ratificaron et confirmaron segund et por la forma que por los ditos árbitros dada et promulgada era. Requiriendo a nos,ditos et infrascriptos notarios,que de la sobredita publicaci6n et responsion por ellos fecha a drescargo suyo et por conservacion de su dreyto ne fiziessemos cartas publicas, tantas quantas necessario huviessen /fol. 23v/. Presentes testimonios fueron a las sobreditas cosas,fray Gil Martinez,frayre de la orden del Spital, et Pascual Marquo notario, vezinos et habitantes en el dito lugar de P'Almunia. Aprés de aquesto,el sobredito dia que se contava a cinquo dias del mes de septiembre,en la villa de Ricla,en el cimenterio,si quiere fosar de Sancta Maria de la dita villa,do otras vegadas a tales O semblantes actos los concello et aljama de la dita villa se acostumbran plegar et ajustar,clamados concello et aljama publicamente por mandamiento del muy noble sennor don Joan de Luna,a son de campana et por voz, si quiere crida, de Miguel Mayrón, corredor publico de la dita villa,segund el dito corredor tal fe e relacion fizo a nos, ditos e infrascriptos notarios, presentes los testimonios infrascriptos et plegados et ajustados los ditos concello et aljama en el dito lugar do eran et fueron presentes: nos,Goncalvo de Vero justicia,Al-/fol.24/-fonso la Sanz,por los gentiles hombres; Joan Garcez et Pedro Exea, jurados,por los hombres de condicion; Miguel Ruvio,lugarteniente de justicia, Joan de la Sanz,Pero Casado,Pero Mayayo,Martin d'Albarrazin,Domingo de Duennias et Joan de Civales; et desi todos los prohombres,vezinos e habitantes de la dita villa, concello,plegados e ajustados concellantes et concello fazientes; et assimesmo nos,Mahoma Abenamir alamin,Mahoma jurado,Cayt Alquerin,Mahoma Barchón,Mahoma Albaniel; et desi todos los moros de la dita aljama aljamantes et aljama fazientes, todos concordes e alguno dellos no discrepant; los sobreditos concello et aljama,en nombre e voz de todo el concello de christianos et aljama de moros de la dita villa,por ellos e por los suyos,asi presentes como absentes e encara sdevenideros,nos,ditos e infrascriptos notarios,intimemos, leymos et publiquemos de palaura a palaura la'present sentencia a los sobreditos justicia, jurados,alamin,concello et aljama,por los sobreditos ärbitros dada,requiriéndolos que aquello ellos laudassen et aprobassen,ratifficassen et confir-/fol. $2 4 \nu /$ -massen en todos et por todas cosas iuxta continencia et tenor segund que por los sobreditos arbitros sentenciado,pronunciado et mandado era.Los quales ditos justicia,alamin e concello et aljama,todos concordes e alguno dellos no discrepant,oyda e entendida la dita sentencia a.ellos et cada uno dellos,de palaura a palaura,leyda et publicada,dixeron que aquella laudavan et aprobaban, reatifficavan et conffirmavan segund que laudaron et aprobaron, ratifficaron et confirmaron et en por aquella forma que por los sobreditos árbitros dada et promulgada era.Requiriendo a nos,ditos et infrascriptos notarios,que de la sobredita intimacion,publicacion e requisicion por ellos fecha.a descargo suyo et por conservacion de su dreyto ne fiziessemos carta publica. Presentes testimonios fueron a las sobreditas cosas,Pedro Bernat, scudero et habitante en la villa de Ricla,et Martin de Astuero,vezino del dito lugar de l'Almunia,et Mahoma el Navarro,moro habitante en la villa de Ricla. Apres de aquesto /fol.25/,el sobredito dia que se contava a cinquo dias del mes de setiembre e anno sobredito XXXII, en el lugar de Cabanyas, clamados concello et aljama por mandamiento de Lop del Molino,alcayde del dito lugar,et plegados et ajustados en la placa del dito lugar,do otras vegadas el dito concello et aljama es costumbrado fazer et plegar por tales O semblantes actos,et clamados et ajustados por voz, si quiere pregón, de Brahem de Chodes,moro e corredor publico del dito lugar,en la dita placa segund que del dito clamamiento,si quiere pregón,el dito corredor fizo fe et relacion a nos,ditos et infrascriptos notarios,do eran et fueron presentes:Lop del Molino,alcayde del dito lugar,et Ayca Briescavida et Andreu Calem de Hamet,moros jurados del dito lugar,Mahoma el Pastor et Braym de Chodes,moros habitantes en el dito lugar,concellantes et aljamantes, aljama et concello fazientes, todos concordes et alguno de nos no discrepant,por ellos e por los qui agora son et por tiempo seran,presentes,ab. sentes e advenideros,como de presente en el dito lugar más vezinos no se trobassen /fol.25v/ que los sobreditos,nos,ditos et infrascriptos notarios, intimemos,leymos et publiquemos de paraula a paraula la present sentencia a los sobreditos alcayde, jurados et otros de la parte de suso nombrados el dito concello et aljama plegados,por los ditos arbitros dada el promulgada,la qual por nos ditos notarios les fue leyda et publicada,requiriendolos que aquella et las cosas en aquella contenidas,laudassen et aprovassen, ratificassen et confirmassen'en todo et por todas_cosas,segund que por los ditos ärbitros sentenciado et pronunciado era.Los quales ditos alcayde et jurados e los otros de parte de suso nombrados con ellos et aljama plegados, vista,oyda et deligentment entendida la dita sentencia,dixeron que aquella laudavan,aprovavan,amologavan et confirmavan, como de present laudaron, aprovaron,amologaron et confirmaron en et por aquella forma que por los ditos ärbitros dada et promulgada era.Requiriendo a nos,ditos /fol.26/ et infrascriptos notarios,que de la sobredita intimacion,publicacion et requisicion por ellos fecha a descargo suyo et por conservacion de su dreyto ne fiziessemos carta publica. Presentes testimonios fueron a las sobreditas cosas,Miguel de Brun, fillo de Gil de Brunt, et Mahoma el Navarro,moro habitante en la villa de Ricla. Aprés de aquesto,dia viernes que se contava a vint y seys dias del mes de nobiembre,anno a nativitate M.CCCC.XXXIII,en el lugar de Muel, lugar qui es del muy noble don Joan de Luna,sennor de Villfelix,et nos, los nobles don Joan de Luna,sennor de la villa de Felix,et donna Beatriz Cerdän,muller del,e don Joan de Luna,fillo heredero dellos,de nuestras ciertas sciencias,attendientes et considerantes entre nos,ditos don Joan de Luna, sennor de·Villafelix et de la villa de Ricla,et el concello de los christianos et la aljama de moros de la dita villa,haver ciertas questiones et debates en et con los concellos et aljamas de los lugares de l'Almunia et de Cabanias,por causa de los quales hayamos firmado compromis por bien de paz e /fol.26v/ de concordia,en poder de los honrrados mossen Miguel Navarro, clérigo benefficiado en la yglesia de Sancta Maria del dito lugar de l'Almunia, don Pedro de Sanct Joan justicia e don Domingo Fuertes, vezinos e habitantes en el dito lugar de l'Almunia,et de don Lop del Molino,alcayde del lugar de Cabanyas,et de Andreu Calem de Hamet,moro habitante en el dito lugar de Cabanias,dadas e asignadas en et por los ditos concellos et aljama de los ditos lugares de l'Almunia e de Cabanyas; et de don Leonis de la Mancanera,clérigo benefficiado en la yglesia de Sancta Maria de la dita villa de Ricla,don Alfonso la Sanz,don Pero Mayayo et don Marco Verdexo mayor de dias,vezinos e habitadores de la dita villa de Ricla,et de Mahoma Abenamir,moro alamin de la dita villa,dadas e asignadas por nos,ditos don Joan de Luna,sennor del dito lugar,et por los ditos concello,christianos et aljama de moros de la dita villa;los quales sobre-/fol. $2 7 /$ -ditos arbitros todos concordes,oydas o entendidas las questiones,debates e defensiones que entre nos ditas partes eran,et aquellas bien e diligentment entendidas, vistas et reconoscidas,todos los sobreditos diez árbitros,arbitradores e amigables componedores,concordes et alguno dellos no discrepant,por el poder a ellos dado et atribydo en el dito compromis,dieron et promulgaron su sentencia,la qual fue dada en el lugar de l'Almunia de Donia Godina,el ültimo dia del mes de agosto,anno a nativitate Domini M. CCCC.XXXIIII, recebida et testifficada por los ditos et infrascriptos notarios,en la qual dita sentencia ia un capitol tercero del tenor siguiente. ITEM, pronunciamos,dezimos e mandamos por la present nuestra sentencia et por evitar questiones et debates entre ellos,quel.dito noble sia tenido fazer un molino farinero en la dita cequia sobre Canava,/do ha una noguera fins a la puent clamada de Canaba/,empero que aquel faga e sia fecho dentro el termino de la dita villa de Ricla con tres muelas molientes, et quel agua de que el dito molino serä governado,escapando del dito molino, discurra et aya discurrer en los términos et por los términos de los ditos lugares de l'Almunia e de Cabanyas sin impidiment alguno.Et que por ninguna persona no sia mudado ni enpachado el dito'discurso /fol.27v/,si quiere discorrimient,de la dita agua ni partida de aquella,escapando del dito molino segund dito es,et a fazer el dito molino et sustener aquel molient et corrient, et tener a servar las sobreditas e infrascriptas cosas el dito noble,su muller e su fillo heredero et el dito concello e universidad de Ricla se ayan de obligar,e de present se obliguen a sustener aquel a in perpetum et a servar todas las cosas sobreditas e infrascriptas tan largament quanto se consellara por un advocado qual querran las ditas universidades de l'Almunia e de Cabanias no mudada la justicia. Por aquesto,por la causa sobredita, nos, sobreditos don Joan de Luna, sennor de Villafelix e de la villa de Ricla,donna Beatriz Cerdän,muller del et don Joan de Luna, fillo e heredero dellos,/seamos tenidos por vigor del preinserto capitulo de fazer la present obligacion/,de nuestras ciertas sciencias et agradables voluntades prometemos,convenimos e nos obligamos de tener,complir,servar e fazer servar et guardar todas et cada unas cosas en el dito e preinserto /fol. 28/ capitulo contenidas, tanto quanto por vigor del dito capitulo et sentencia somos tenidos,et esto tener e complir obligamos todos nuestros bienes e rendas e de cada uno de nos,mobles e sedientes,havidos e por haver,en do quiere que trobados seran, et no res menos contra lo sobredito renunciamos a nuestros judges et de cada uno denos dius metémonos a la jurisdiction, cohercion, judicio, compulso et exsecucion del Governador, Justicia d'Aragón, sus lugarestenientes,e devant de qualquiere otro iudge que más citar e convenir nos queredes la jurisdiccion del qual O quales prometemos no declinar. Renunciamos cerca aquesto a todos e qualesquiere privilegios,fueros,usos et costumbres,libertades et buena usanca del regno de Aragon,dando plena facultat a los notarios infrascriptos la present alterantes a que l'ordenen a consello de advocados no mudada la sustancia con todas aquellas renunciaciones,submisiones,stipulaciones et neccessarias et opportunas.Testimonios fueron presentes a las sobreditas cosas, Martin Assensio alias de Calatayu,vezino del dito lugar de l'Almunia,et Pedro d'Eplugues scudero,habitante en el lugar /fol.28v/ de la Foz de la Viella. Despues de aquesto,a vinticinquo dias del més de febrero,anno a nativitate Domini M. CCCC.XXXV,en la villa de Ricla,dentro en la yglesia de Sancta Maria de la dita villa,plegado de los christianos et aljama de moros por voz, si quiere crida,de Joan de Cannias,corredor publico de la dita villa, segund quel dito corredor fizo fe e relacion a nos,ditos e infrascriptos notarios,presentes los testimonios infrascriptos per mandamiento del muy noble don Joan de Luna,sennor de la dita villa,haver clamado et cridado el dito concello et aljama en la dita yglesia,do eran et fueron presentes nos,Goncalbo de Vero,justicia de la dita villa,Joan Garzes,Pero Exar,jurados,Miguel Ruvio,lugarteniente de justicia,Pero Casado,Joan de Verdexo,Lope Casado, Garcia Casado et Gar-/fol.29/-cia Ramón,et desi todo el concello e universidad de la dita villa; et assimismo Mahoma Abenamir alamin,Mahoma Jurado,et desi toda la aljama de los moros de la dita villa.Et assi ajustados los ditos concellos et aljama,concellantes et aljamantes,concello et aljama fazientes,todos concordes e alguno dellos no discrepant,de sus ciertas sciencias attendient et considerant entre el noble don Joan de Luna,sennor de la dita villa,et los sobreditos concello et aljama haver firmado et comprometido un compromis con los concellos et aljama de los lugares de Cabanias et de l'Almunia de Donia Godina en poder de los honorables Leonis de la. Mancanera clérigo,Alfonso de la Sanz,Pero Mayayo,Marco Verdexo et Mahoma Benamir,alamin de la dita villa,puestos e asignados en et por el dito noble don Joan de Luna et los concello e aljama de la dita villa de Ricla, et de mossén Miguel Navarro clérigo,don Pedro de Sanct Joan, justicia del lugar de l'Almunia,Domingo Fuertes,vezinos del dito lugar; don Lop del Molino,alcayde del dito lugar de Cabanias,dados e asignados en et por los ditos lu-/fol. $2 9 \mathbf { v } /$ -gares de Cabannias e de l'Almunia; los quales sobreditos árbitros todos concordes por el poder a ellos atribuydo en el dito compromis, dieron,si quiere pronunciaron,sentencia.La qual fue dada en el dito lugar de l'Almunia,el ültimo dia del més de agosto,anno de nativitate Domini millesimo quadringentesimo .tricesimo quarto,recebida et testificada por los notarios infrascriptos,en la qual sentencia por un capitulo tercero del tenor siguiente. ITEM, pronunciamos,sentenciamos,dezimos e mandamos por la present nuestra sentencia que por evitar questiones et debates entre ellos,quel dito noble sia tenido de fazer un molino farinero en la dita cequia sobre Canava, do ha una noguera fins a la puente clamada de Canava, pero que aquel se faga O sia fazer en el termino de la dita villa de Ricla,con tres muelas molientes, et que el agua de que el dito molino sera guardado,escapando del dito molino,discorra et aya a discorrer en los tér-/fol. $3 0 /$ -minos et por términos de los ditos lugares de I'Almuniae de Cabanyas sin·impidiment alguno,et que por ninguna persona no sea mudado ni empachado el dito discurso,si quiere discurriment,de la dita agua ni partida de aquella escapando del dito molino segund dito es.Et fazer el dito molino e sustener aquel molient et corrient a tener,servar las sobreditas e infrascriptas cosas,el dito noble,su muller,su fillo heredero et el dito concello e universidad de Ricla se ayan a obligar e de present se obliguen a sustener aquel ad in perpetum,et servar todas las cosas sobreditas et infrascriptas largament,quanto se consellara por un advocado qual quieran las ditas universidades de l'Almunia et de Cabanyas no mudada la sustancia. Por aquesto,attendient et considerant por virtud del preinserto capitulo, nos, ditos concello et aljama, fuesemos $\pmb { \ 6 } \cdot$ seamos tenidos e obligados a tener a servar los pactos et convenios en el preinserto capitulo contenidos,de nuestras ciertas /fol.3Ov/ sciencias et agradables voluntades,certifficados plenament de todo nuestro dreyto en todo et por todas cosas; nos,dito concello et aljama, todos concordes et alguno de nos no discrepant,por nos et por los nuestros presentes,absentes et advenideros,prometemos, convenimos e nos obligamos tener,complir,servar et guardar todas et cada unas cosas en el dito e preinserto capitulo contenidas, tantos quantos por vigor et virtut del sobredito capitulo somos tenidos,et a esto tener et complir obligamos todos los bienes de nos,dito concello e aljama,e de cada uno de nos,mobles e sedientes,habidos et por haver en todo lugar. Testimonios fueron presentes a las sobreditas cosas,los honrrados don Garcia d'Echalez et Rodrigo d'Echälez, scudero habitante en la ciuda de Daraquo (sic.),et Ali Mecot, moro habitante en la dita villa de Ricla. Apres desto,dia que se contava a seys dias del mes /fol.31/ de marco, anno de nativitate Domini millesimo CCCC XXXV en la villa de Ricla, en presencia de nos,Anthón d'Archant alias de Capiella et Marquo Verdexo, notario infrascripto,fueron personaimente constituydos los honorables don Leonis de la Mancanera clérigo,Alfonso de la Sanz scudero,don Pero Mayayo,don Marquo Verdexo,Mahoma Avenamir,habitantes e vezinos de la dita villa de Ricla,ärbitros,arbitradores e amigables componedores por los nobles don Joan de Luna,sennor de Villafelix,et los concello et aljama de la dita villa de Ricla;et los honorables mossen Miguel Navarro clérigo,don Pero de Sanct Joan justicia et don Domingo Fuertes,habitantes e vezinos del dito lugar de l'Almunia de Donia Godina,et don Lop del Molino,alcayde del lugar de Cabannas,árbitros,arbitradores e amigables componedores dados et asignados por los ditos concellos et aljama de l'Almunia e de Cabanias;ensemble con /fol.31v/los sobreditos puestos por los noble don Joan de Luna et concello et aljama de la dita villa de Ricla a dezir,sentenciar et determinar et discernir todas et qualesquiere questiones,pleytos e debates que entre las ditas partes et cada una dellas conjuntamente o de partida sian O sean subseguido,segund que mäs largament de parte de suso yes dito,specifficado e declarado.Los quales dichos árbitros,todos diez concordes e ninguno dellos no discrepant, dixeron que como por vigor et virtut de una sentencia dada et promulgada por ellos del sobredito compromis de la part de suso contenida et specifficada que dada fue en el dito lugar de l'Almunia de Donia Godina,el ultimo dia del més de agosto anno a nativitate Domini millesimo CCCC XXXIIII, rescebida y testifficada por los notarios infrascriptos,ellos todos ensem-/fol.32/-ble se aturassen tiempo de hun anno para anyader,corregir,emendar,decidir,determinar,declarar,interpretar,sentenciar et pronunciar si algun dubdo o dubdos,questiones o manera de dubdar sean entre las ditas partes por razón de las cosas en la present sentencia contenidas,catar, tener,complir dius las penas en el dito compromis contenidas por tirar de questiones et controbersias entre las ditas partes; por lo qual los sobreditos árbitros,todos concordes e alguno dellos no discrepant, por ellos atribuydo dentro tiempo del dito anno,por ellos resignados por bien de paz et de concordia,entendidas et deligentment examinadas todas e cada unas razones e deffensiones que por tirar et evitar dannos,menoscabos et scandalos entre las ditas partes,ante ellos allegar,proponer et discorir han querido,havida deliberacion et maduro consello sobre las ditas cosas,sólo Dios haviendo,ante sus ojos,anyadientes,corrigientes,emendantes,discordientes,determinantes,declarantes /fol. $3 2 \mathbf { v } /$ ,interpetrantes et sentenciantes en la forma e manera siguient. PRONUNCIAMOs,sentenciamos, dezimos e mandamos por la present nuestra determinacion,declaración et interpretacion,et aquesto por quitar questiones et debates que en el sdevenidor se porán.subseguir entre los ditos noble don Joan de Luna, concello e aljama /de la villa de Ricla et los ditos concello e aljama de/ l'Almunia e de Cabanias,que toda et qualquiere agua entrara por la gargante de la dita cequia de Michén,aquesto a costa et expensas de los ditos concellos segund consta·por los capitoles de la dita sentencia; que sacada la neccessidad segunt dito es en los ditos capitoles del pueblo de Ricla en su término,que de la dita agua discorra et aya discorrer por la dita cequia adelant, sin enpediment alguno,por sustentacion del dito molino et por proveyto et utilidad de los concellos de los ditos lugares de Cabanias e de l'Almunia /fol.33/,et que de la dita agua los ditos,noble don Joan de Luna,concello et aljama de la dita villa de Ricla,ni los ditos concellos et aljama de Cabanias et de l'Almunia no puedan vender ni fazer vendicion a ninguna persona ni concello, villa ni lugares,las penas del compromis. ITEM,assimesmo pronunciamos, sentenciamos, dezimos e mandamos por la present manera, determinación,declaración et interpretacion que attendient et considerant por razon de la cequia nueva feyta por el dito noble, en la qual cequia se ayan de abrir aquellos guellos de los bracales cosseros que sallian de la cequia nueva, por tal que la dita cequia nueva no sia dirruida,dezimos et mandamos que los ditos guellos se ayan de fazer /con sus calcadas/ de argamasa, la qual costa de regacion de los ditos coxeros ayan a pagar los concellos e universidades sobreditas /fol. $3 3 \mathbf { v } /$ ,es assaber,la quarta parte el concello e aljama de la villa de Ricla,et las tres partes los concellos e aljama de la villa de 'Almunia e de Cabanias.Et feytas las ditas calcadas segund que de suso es dito,ayan a sustener aquella ad in perpetum los sennores de las heredades regantes por los ditos bracales.Et assmesmo que los guellos que seran hubiertos en la dita cequia, que no seran cossros,que aquellos ayan abrir et calcar con argamasa dentro tiempo de quinze dias, que seran requeridos por los cabecequias los sennores de las heredades en sustener aquellos a in perpetum,et do no los que los ditos tres pueblos los puedan fer et adobar ad expensas de aquéllos que en aquesto seran desobedientes.Et est acta,die,mense,anno et loco quibus supra. Testimonios presentes fueron a las sobreditas /fol.34/ cosas,Goncalbo de Vero,scudero habitante en la villa de Ricla,et Pedro Mayayo, vezino del lugar de l'Almunia, et Iahiel del Axarut,moro habitante en la dita villa de Ricla. Sig-(signo)-no de mi,Anthón de Archant alias de Capiella,vezino del lugar de lAlmunia de Donia Godina,et por autoridad reai notario publico por todo el reyno de Aragón,qui a las sobreditas cosas una ensemble con el discreto Marquo Verdexo notario,vezino de la villa de Ricla,con mi conjuntamente presente fue et las primeras lineas, calendarios et testimonios, de.mi propia mano escrivi,e lo otro scrivir hize; consta de rasos e sobrepuestos corregidos e enmendados en los lugares siguientes,es assaber: en la XV linea dito et en XIX arbitradores,et en la XXI prendia e en la CII concello, et en la CXXV testimonios fueron presentes a las sobre-/fol.34v/-ditas cosas· Martin Assensio alias de Calatayu,et en la CXXXI et Andi Calem de Hamet, moro habitante en el dito lugar de Cabannas.E clausi, sig-(signo)-no de mi, Joan Navarro,vezino del lugar de l'Almunia de Donia Godina,et por autoridad real notario publico por los reynos de Aragón e de Valencia, qui la. NOTAS SOBRE EL MOLINO HIDRAULICO present copia de su original, carta publica et de compromis et sentencia, rescebida et testifficada por los honorables don Anthon d'Archant alias de Capiella,vezino del lugar de l'Almunia de Donna Godina,et por auctoridad real notario publico por todo el reyno de Aragón,ensemble con don Marco Verdexo notario,vezino de la villa de Ricla,saqué et con aquella bien comprové;consta de raso emendado (lac.) XXIl de la primera plana /fol. 35/ de la primer pieca,do se lee Pascual Martin Assensio,et en la present mi signatura consta de raso emendado do se lee present copia encara en la present mi signatura de sobrepuesto en las linas VII do dize testimonio.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Los moros de Naval (Nabal) en los siglos XV y XVI
LOS MOROS DE NAVAL (NABAL) EN LOS SIGLOS XV Y XVI. THE NAVAL’S MUDEJAR COMMUNITY IN THE $1 5 ^ { t h }$ AND 16th CENTURIES. Ánchel Conte Cazcarro Catedrático jubilado de Enseñanza Media. Resumen: En la pequeña villa de Naval se localiza la más septentrional de las comunidades mudéjares de Aragón que, aun sin ser muy numerosa, ha dado abundante documentación desigual en el tiempo, pero que ha permitido hacer una aproximación a su población y a sus actividades económicas a lo largo del siglo XV y comienzos del siglo XVI. Las aproximadamente treinta familias que la integraban, alrededor del $50 \%$ del total de la población, queda probado que participaron en la producción de sal, la principal riqueza del pueblo, en la agricultura y, sobre todo, en el comercio. A pesar de ser una villa rica por la producción de sal y los beneficios que reportaba el comercio, cristianos, judíos y moros se vieron obligados con frecuencia a endeudarse colectivamente con la venta de censales que suponían una fuerte carga económica. Abstract: In the small village of Naval is located the most northern of Mudejar communities of Aragon, while not very large, has extensive documentation uneven over time, but that has permitted an approach to its population and its economic activities to throughout the Fifteenth Century and early Sixteenth Century. The approximately thirty families that were involved, about $50 \%$ of the total population is proved that participated in the production of salt, the main wealth of the people in agriculture and especially in trade. Although it is a town rich in salt production and trade positive benefits, Christians, Jews and Moors were often forced into debt by selling collectively census which involved heavy economic. Palabras clave: Mudéjares, Aragón, Huesca, Naval, sociedad, economía. Keywords: Mudejar, Aragon, Huesca, Naval, society, economy. 0. Las fuentes. Todas la fuentes utilizadas para este trabajo son inéditas, y consisten en protocolos notariales de Barbastro, conservados en el Archivo Histórico Provincial de Huesca (AHPH), protocolos notariales y otros fondos del Archivo Municipal de Barbastro (AMB), y un protocolo notarial de Aínsa, también en el AHPH. Hay, además, un protocolo del Archivo de la Corona de Aragón (ACA), un documento del Archivo Diocesano de Barbastro (ADB) del siglo XVII, y uno de la casa ducal de Híjar del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza (AHPZ). Sobre la villa1 se cuenta con abundante documentación real que ha sido dada a conocer por numerosos historiadores que la han estudiado, y cuya obra queda recogida en la bibliografía final. Van desde las capitulaciones entre Pedro I y los moros navaleses2 a monografías recientes en las que se recapitula una parte de la vasta documentación de la Cancillería Real del ACA y otras fuentes recogida en los distintos estudios realizados hasta la actualidad, y aunque las noticias sobre los moros son pocas y muchas veces indirectas, se hará referencia a ellas en el momento oportuno. Mención especial merece el trabajo de Privato Cajal Sazatornil, que hace un estudio exhaustivo de la documentación del ACA referente a Naval, centrado básicamente en los registros de Cancillería y menos en otras secciones, especialmente de los siglos XIII y XIV, dejando una enorme laguna en el siglo XV, acaso porque ya la villa no era de realengo y generó menos documentación en la Cancillería Real3 . Los problemas que plantean las fuentes trabajadas para el trabajo que presento es que la práctica totalidad de los documentos, excepto los referentes a los plenarios del concejo o de la aljama, están hechos fuera de Naval y que apenas proporcionan leves pinceladas de lo que pudo ser la vida cotidiana del colectivo, ya que las escrituras propias de la aljama, así como de sus individuos, pero que sólo afectan a los moros, están casi ausentes, y cuando aparecen, salvo algún caso excepcional, se refieren a operaciones de carácter económico sometidas a Fuero. Es claro y evidente que la aljama tuvo sus propios notarios, como luego se expondrá, y que instrumentos clave para entender el rumbo de la aljama, como testamentos, capitulaciones matrimoniales, actas del plenario, es decir, casi todos aquellos documentos que nos permitirían reconstruir con precisión la vida del colectivo, habrían sido realizados ante notario muslim y se han perdido en su totalidad. A esto hay que añadir un problema tan serio como es la falta de información de los primeros y últimos años del siglo XV, y de comienzos del XVI, concentrándose casi todos los datos en muy pocos años, especialmente en la década de 1470 y más aún en la de 1480 y concretamente en el año 1485, sin que haya una explicación a este fenómeno a no ser el hecho de que creciera la actividad económica de la villa tras la renovación por Fernando el Católico de los privilegios que disfrutaba para comercializar su sal en un vasto territorio que abarca la casi totalidad de la actual provincia de Huesca (1481). Podría pensarse, al ver el resultado, que la pobreza de información en la primera mitad del siglo XV y en los últimos años de esa centuria se debe a la pérdida de fuentes, pero no es así; es cierto que son más escasas, pero no hasta el extremo de que ese sea el motivo que justifique el vacío de noticias que hay sobre los moros de Naval. El hecho es que, sencillamente, no hay escrituras en las que aparezcan, a pesar de que cuesta creer que su comportamiento fuera muy distinto al del momento en que generan el grueso de la documentación conocida. A pesar de estas limitaciones, estamos ante un buen conjunto de documentos notariales que, al menos, nos van a permitir acercarnos a este colectivo del que mucho se ha hablado, poco se ha estudiado y, menos aún, publicado. La villa de Naval, de población mixta, como se verá, tenía la comunidad musulmana más septentrional de Aragón. Vamos a poder proporcionar una visión aproximada de su realidad socioeconómica, aunque desigual en el tiempo. No obstante, entendemos que, tanto desde el punto de vista organizativo como económico, esta podría ser, más o menos válida para toda la historia de la comunidad hasta su obligado bautismo. 1. Breve introducción histórica. La referencia bibliográfica más interesante es el reciente estudio de Juan Miguel Rodríguez Gómez4 sobre los arrieros en Aragón y su relación con la sal de Naval, que recoge los aspectos más destacados de cuantos trabajos anteriores hablaban de la villa y de la sal desde el momento de la reconquista hasta épocas modernas. Como se basa fundamentalmente en documentación real, no toca los temas que vamos a tratar en este artículo. No obstante, parece necesario incluir este breve resumen histórico que sirva de marco a la realidad de la comunidad mudéjar del siglo XV, basado fundamentalmente en las obras citadas anteriormente. Fig. 1. Estado actual del salinar de La Rolda, que mantiene la estructura de la explotación medieval (Foto: Ánchel Conte) La villa musulmana de Naval explotaba los salinares (figura 1) que han llegado hasta nuestros días, y desde siempre esta sal ha sido exportada dando origen a uno de los oficios característicos de la villa, el de arriero o trajinero. Cuando en 1099 se dan las capitulaciones entre la villa islámica y el rey Pedro I, se garantiza que la población musulmana que permanece en la villa, y que en ese momento suponía la casi totalidad de la misma, quedara exenta de algunos impuestos, pudiera seguir manteniendo su religión, tener mezquita y continuar con la posesión y explotación de las salinas a cambio de pagar el noveno de los frutos de la tierra y de ganado y el quinto de la sal, tal como vemos en Durán Gudiol: “(…) propter servicia que mihi fecistis et me donastis illo castello de Napale, ingenuo vos de totas parias et de totas azofras quod mihi facere debebatis et quod donetis mihi de totu vestrum fructum quod colligeritis de pane et de vino et de milgo et de totos fructos quod unquam abueritis et de vestras bestias (…) illa novena ad me et de tota vestra sale quod donets mihi inde illo quinto, et quod non donetis in tota mea terra calonia (…)”. [(…) por los servicios que me hicisteis y por darme el castillo de Naval, os libero de todas las parias y azofras y me deis de cuanto fruto recojáis de cereal y de vino y de mijo y de todos los frutos que siempre tendréis y de vuestro ganado (…) la novena parte y de vuestra sal me deis el quinto, y que no me deis en toda mi tierra caloña $( \ldots ) ] ^ { 5 }$ . En 1242, los moros pagaban 300 sueldos jaqueses6 al monasterio de Escarp por las eras salineras que explotaban, a lo que el monasterio renunció al año siguiente en beneficio del rey, y en 1242 el rey y el monasterio llegan a un acuerdo sobre la precepción del quinto de las salinas7 . La entrega de eras salineras a otras instituciones religiosas y a la nobleza fue en detrimento del número de propietarios moros, pero no de los trabajadores de las mismas, porque todo parece indicar que la mayoría de los que se dedicaban a la sal seguían siendo musulmanes. De hecho, en el presente artículo se contempla el caso de unas eras treuderas al monasterio de Sijena pero en tenencia de moros como ejemplo de lo que parece que se generalizó. A lo largo de la historia, mientras la villa estuvo bajo jurisdicción real, fueron numerosas las exenciones reales que demuestran el interés de los monarcas por el lugar, así Pedro III los eximió de los servicios del ejército (1277) y Jaime II (1310) del monedaje8 . Se sabe que en 1294 los moros pagaban 100 sueldos al año más 15 cahíces de cereal y el noveno de los frutos del campo, además de estar obligados a llevar leña los sábados al castillo9 . El número de explotaciones en manos de los moros debió de ser muy abundante, porque, por ejemplo, todos los que explotaban el salinar de Ryusico (Rosico) en 1366 eran musulmanes, según Cajal10. El desinterés de este autor por los moros es tan evidente que llega a considerarlos como extraños, hasta el extremo de decir comentando un documento de 1378 que “entre muchos nombres moros, vemos en esta relación otros del país”, y a continuación enumera a varios cristianos, ignorando los nombres de los mudéjares, como si estos no fueran “del país”11. Los monarcas tenían una buena fuente de ingresos en las salinas de Naval, concretamente, 4615 sueldos parecen ser los derechos reales, o al menos eso es lo que arrienda Violante de Hungría (1237), que tuvo en su patrimonio la villa12. Alfonso III $( 1 2 8 6 ) ^ { 1 3 }$ pone en arriendo la totalidad de las salinas durante dos años, y a partir de ese momento se dan situaciones complicadas entre quienes se disputaban el control de las salinas y de su producto y los habitantes de la villa, hasta el extremo de que estos deben acudir al rey en $1 2 8 3 ^ { 1 4 }$ para protestar por las dificultades que encuentran para comercializar la sal e incluso para el uso privado de la misma, a pesar del documento de Jaime I de 1274 en el que concedía a Naval el monopolio de venta de sal en un vasto territorio que abarcaba desde Monegros hasta Canfranc, desde el río Cinca medio hasta el río Gállego, desde la Sierra de Troncedo hasta Berdún, y desde Berdún a Longás, en Cinco Villas15. Es por esta época cuando se construyó el alfolí con el fin de almacenar y controlar toda la producción de sal. El privilegio del rey Jaime I fue confirmado posteriormente por Jaime II (1313), Pedro IV (1363), Fernando el Católico (1481) y Carlos I (1537)16. En 1512 la reina Germana de Foix estableció fuertes sanciones para quien introdujese o usase otra sal que no fuera de Naval en el territorio en que los navaleses tenían el estanco17. La villa permaneció en poder real hasta 1381, en que Pedro IV la vendió al barcelonés Jaime Ombau alias Pallarés, quien en 1387 se hace con ella por cesión de Juan I, incapaz de pagar los más de 118.000 sueldos que le debía18. A pesar de estar en manos de la nobleza19, los reyes siguieron legislando sobre las salinas y la comercialización de la sal, de lo que recibían beneficios económicos. Sin duda, eran conscientes de que constituía uno de los motores del mercado en el norte del reino. Cristianos, moros y judíos vivían de la sal directa o indirectamente, bien produciéndola, bien comercializándola y trasportándola por todo el territorio en que Naval tenía la exclusiva. 2. Aproximación a la población mora de naval en el siglo XV. Siempre se ha considerado a la comunidad mora de Naval importante dentro de Aragón, no tanto por el número de habitantes, como por su situación en las tierras prepirenaicas, lo que la hace la más norteña de todas, y por el papel de los moros en la producción, transporte y comercialización de la sal y de otros productos; pero a pesar de esa importancia, todavía está por hacer la historia completa de la misma. Todos los historiadores que se han referido a los moros de Naval lo han hecho someramente, tomando como base las noticias que proporcionan los documentos reales de los siglos XIII al XV sobre la villa de Naval, en los que los moros apenas son mencionados aunque todo cuanto se legisla les afecta como grupo mayoritario de población en un principio, si bien en el siglo XV nos vamos a encontrar ya una población mixta que apenas ha merecido la atención de los investigadores, limitándose las citas al posible número de habitantes, especialmente a partir del fogaje de 1495 o a su relación con el transporte, concretamente al de aceite20. En este artículo se va a prescindir de los datos ya dados a conocer a partir de los fogajes y nos vamos a centrar exclusivamente en lo que la documentación nos da a conocer, que no es poco, especialmente aquellas reuniones que congregaban a un elevado número de vecinos, esos plenarios en los que la aljama sola o conjuntamente con cristianos y a veces con judíos, se reunía para tratar temas de interés colectivo, especialmente la venta de algún censal. Es evidente que la asistencia a esas asambleas no era obligatoria, y, aunque el tema a tratar fuera de suma importancia, los que en el momento estaban ausentes del lugar evidentemente no podían asistir, tampoco enfermos y muy ancianos, ni las viudas cabezas de familia, de manera que los datos que nos facilitan esos plenarios sólo pueden ser orientativos y habrá que complementarlos con las referencias a personas que por esas mismas fechas aparecen documentadas aunque no figuran en la relación de los asistentes. Tenemos reuniones del plenario, bien como aljama o como miembros del concejo, de enero y febrero de 1476, marzo de 1478, marzo de 1483, mayo de 1484, mayo de 1485 y octubre de 1511. En enero de 1476, los asistentes son catorce; en febrero, diecinueve; en 1478, veintidós; en 1483, quince; en 1484, dieciséis; en 1485, veinticinco, y en 1511, veintiocho. Como se ve, un número variable incluso en reuniones muy próximas en el tiempo, por lo que este elemento solo puede ser orientativo, si bien la cifra de asistentes en 1485 y 1511 se acerca a los veintiséis fuegos que figuran en el censo de $1 4 9 5 ^ { 2 1 }$ . Llama la atención la falta de interés por asistir a algunos plenarios, a pesar de que en ellos se abordan temas de gran importancia para la villa y la aljama. El hecho de que se conserven las actas de dos reuniones en dos meses consecutivos de 1476 ha permitido conocer los nombres de los asistentes a ambas reuniones, y sumando los nombres y apellidos de todos ellos dan un total de veintiséis, el mismo número, prácticamente, que aparece en las reuniones de 1485 y 1511, de lo que podría deducirse que no hubo grandes cambios de población a lo largo de ese periodo. Pero, de todos modos, aún así hay que tomar con cuidado estos datos, porque si estudiamos todos los nombres de quienes aparecen mencionados en fechas próximas, nos encontramos con la sorpresa de que hay individuos que no figuran en la relación de los asistentes a las reuniones. Así, a los dieciséis presentes en la reunión de 1484 habría que añadir dieciocho personas más que aparecen en la documentación, a lo largo del año y en enero del año siguiente; todos ellos, por lo que parece, son cabezas de familia, incluida una mujer viuda, Zora Calvo, que actúa con sus hijos Jucé y Mahoma lo Burro de los que para distinguirlos de sus homónimos se hace constar la filiación, quizás también porque sean menores, razón por la cual no se han computado. Estamos, pues, ante una población que como mínimo contaba en ese momento con treinta y cuatro cabezas de familia, más de un $12 \%$ por encima de la cifra que dan las fuentes oficiales, y que legitima la teoría de algunos historiadores partidarios de poner en cuestión estos censos, al sospechar que hay ocultación de datos, algo que parece evidente. De hacer caso a Madoz22, que dice que las familias moriscas expulsadas de Naval fueron sesenta, parece confirmarse esa ocultación, aparte de un aumento demográfico que se nos antoja excesivo. A partir de la documentación estudiada es imposible tener más información sobre la población, por ejemplo su dinámica demográfica. Como mucho, podemos intuir algún movimiento migratorio, como la noticia de Axa Franco, natural de Naval, casada en Barbastro con Mahoma Barrach y que al enviudar deja a sus hijos en su pueblo natal bajo la tutela de su hermano Brahim Franco (1484, 1485). Son cuatro los menores: Brahimico, Mahoma, Zora y Gaya, que muere antes del documento de 1485. En todo este proceso de tutoría y herencia, en el que se aplica la ley musulmana, interviene Mahoma de Mayo, alfaquí de la aljama de Naval, como asesor jurídico23. Otro moro que por el apellido pudiera ser de Naval que encontramos en Barbastro es Brahim del Alamín, quien en 1426 pide a Juan Ximénez Cerdán, señor del castillo de Entenza y de la morería de Barbastro, que lo acoja como vasallo con todas las obligaciones inherentes, señal de que es un inmigrante nuevo en la ciudad y, aunque no ponga la procedencia, el apellido nos lleva a Naval24; Brahim parece mantenerse en contacto con los moros de su pueblo y es testigo en un documento de 1434 de los navaleses Aça (Eyça) Navarro y Alí Navarro. Otros posibles emigrantes, estos a un lugar muy próximo, Salinas de Hoz, son Hazmet de Muça y Ovécar de Muça (1482 y 1515), cuyo apellido está documentado en Naval ya en 1412. También podemos saber de algún inmigrante gracias a los apellidos. Por ejemplo, Mahoma Maruán o Marguán, documentado en 1414, puede proceder de Huesca, donde el apellido es bastante común25 y, sin embargo, en Naval es el único que lo lleva. Otros apellidos oscenses y de Barbastro que en Naval sólo están documentados una vez son Ezcandar (1414) y Cernico (1468). Lo mismo ocurre con el apellido Alborayna (o Alboraybe), documentado en 1463 en la persona de Brahim y que es probable que proceda de Barbastro, y como los casos anteriores es un apellido que nunca más se repite; homónimos nos encontramos en Barbastro y emigrados a Huerto, alguno de ellos alfaquí . Dos hermanos, Eyça y Alí Navarro figuran en un documento de 1434 como Aça el Navarro y Alí el Navarro, y ese artículo “el” bien podría indicar su condición de navarros. Al final del trabajo se incluye la relación nominal de todos los moros documentados en Naval y los años en los aparecen. 3. La aljama. Pocas referencias a la aljama tenemos fuera de los plenarios de los que algo ya hemos dicho y algo más se va a decir. Es probable que en el pueblo hubiera un barrio de mayoría musulmana, porque en 1468 se habla de casas en la Morería de la villa, pero también veremos bienes inmuebles de judíos y moros contiguos y sitos en la plaza del lugar. El apellido Cotón está, sin duda, en relación con uno de los barrios de la villa, topónimo aún existente (figura 2); por la frecuencia con que aparecen moros así llamados podría pensarse que era uno de los lugares donde se concentraba la población mora. Fig. 2. Barrio de Cotón, donde posiblemente habitaba la mayoría de población mora (Foto: Ánchel Conte) Este colectivo estaba perfectamente integrado en la vida de la villa, donde suponía casi la mitad de la población, como lo prueba, por ejemplo, el número de asistentes al plenario municipal de marzo de 1478, en el que hay veintidós cristianos, veintidós moros y siete judíos, recogido en un documento en latín, razón por la que se han respetado la grafía de los nombres de judíos, moros y cristianos tal como aparecen en la escritura: ASISTENTES CRISTIANOS: Gaston de Moriello, justicia; Michael de Almaçorre, baile; Martinus de Linies, jurado; Johannes de Almalliello, jurado; Joannes Calvo, Raymundus de la Penyella, Ferdinandus de la Penyella, Benedictus de Esquerro, Franciscus de Panno, Jurdanus de Cosculluela, Johannes de Cenera, Bernardus Latrero, Sanctius Palacio, Petrus Moriello, Garcias Barbues, Petrus de Vitoria, Lupus de Moriello, Michael de Linies, Garcias Calvo, Garnavalla Berga, Johannes de Montornés y Albertus Costasoprani. JUDÍOS: Jacob Anuçach, adelantado; Jucé Tello lo Cenich, adelantado; Yçach Abnaxeron, Barzella Trello, Yçach Ambron, Sensón Acaguel y Abraham Altexefi. MOROS: Jahe de Fornos, alamín; Ali Galbán, adelantado; Mahoma Armeller, adelantado; Jucé de Barrio alias Romero, Abraym de Pueo, Abraym de Franco, Eyça de Burro, Muçot de Burro, administrador; Jucé lo Burro menor, Jucé de Calvo menor, Ceyt de lo Burro, Mahoma Dosmén, Mahoma Morellón, Abreaym lo Burro, Muça Jahe mayor, Mahoma de Franco, Osinen de Franco, Jucé lo Burro mayor, Jahe de Alfocén menor, Jucé de Ceyt, Jucé Jahe mayor y Mahoma de Mallos. La ley por la que se regía su vida era la “sunna y xara”, según se dice en 1485, y su fe queda manifestada en todos los casos en que juran, que lo hacen, según transcriben los escribanos cristianos, por bille ille illeua, bille ille e paraulas del Alcorán, bille ille e Ramadán, bille illeua e Alcorán,y fórmulas similares, simplificaciones del juramento de fe islámico: En el nombre de Dios el Clemente y el Misericordioso, o simplemente: doy fe $( { \wr } _ { \alpha } { \dot { \ddot { \omega } } } 1 )$ (. No hay duda de que en las relaciones entre ellos la ley imperante es la musulmana, pero en su relación con los cristianos, y especialmente en las acciones de carácter económico, los documentos insisten repetidamente en que se someten al Fuero de Aragón. No tenemos referencia alguna sobre su mezquita, aunque la hubo y así queda recogido en las capitulaciones, ya vistas, de Pedro I; tampoco hay noticia de una casa de juntas, si bien es dudoso que la hubiera, porque las reuniones del colectivo se celebran ante la puerta del castillo, igual que las reuniones del concejo, y a veces en una iglesia, tal como veremos más adelante. Sabemos que el responsable de gobierno era el alamín —en árabe, secretario—, y que había dos adelantados o jurados, un administrador, un conservador y un alfaquí, además, de un pagador y de un corredor o pregonero, cargo que recaía, a lo que parece, en cristianos, quizás porque fuera el vocero oficial de la villa; al menos el que conocemos no era musulmán, Peirot de Selgua (1483). La figura del alfaquí, especialista en la ley musulmana y con frecuencia notario26, tuvo que ser constante, pero sólo conocemos a Mahoma de Franco (1445) y a Mahoma de Mayo (1485), al que vemos intervenir en una cuestión de herencia y tutela que afecta a moros de Naval y Barbastro a la que me referiré más adelante; Mahoma es definido como alfaquí de la aljama, como si no hubiera más que uno. Casi todos los cargos de los que tenemos noticia son por un periodo de tiempo muy corto, y aunque sean pocos nos permiten comprobar que la vida política de la aljama no difería de las otras conocidas. No sabemos el sistema empleado para la elección de cargos, aunque no se puede descartar el de la insaculación, generalizado en el reino en el siglo XV. Es probable que los cargos, que por norma duraban un año, se eligieran a comienzos de año, porque en 1476 tenemos un alamín el 4 de enero, Jucé Barrio, y otro el 15 de febrero, Muçot lo Burro; y en 1485, el 6 de marzo lo era Brahim Franco y el 5 de mayo el cargo lo ostentaba de nuevo Muçot lo Burro. Lo mismo ocurre con los adelantados; por ejemplo, en marzo de 1484 son adelantados Eyça Calvo y Jucé de Ceyt y en mayo del mismo año lo es Jucé lo Burro, que repite el cargo que ya había tenido en 1483, lo que, como ocurría en Huesca27, prueba que no se podía ocupar el cargo dos años seguidos, pero sí debía aceptarse obligatoriamente si había transcurrido un año desde que había cesado el anterior mandato. Además de los mencionados, conocemos a los alamines Jahe Fornos (1478) y Brahim Franco $( 1 4 8 3 \mathrm { ~ y ~ } 1 5 1 1 ) ^ { 2 8 }$ , y a los adelantados Alí Galbán (1478), Mahoma Almeller (1478 y 1483), mientras que en 1485 Muçot lo Burro y Mahoma Almeller, aparecen como jurados. Las finanzas de la aljama debían de correr a cargo del administrador, cargo que podía estar duplicado, como ocurre en marzo de 1478, cuando son administradores Mahoma Morellón y Muçot lo Burro, que vuelve a repetir en 1485. El pagador que conocemos es Jucé Franco (1486), y el conservador, cuya función es imposible conocer a partir del documento, es mencionado, sin nombre, en $1 4 8 6 ^ { 2 9 }$ . En un documento de marzo de 1483 se hace constar que hay tres adelantados: Mahoma Almeller, Jucé Burro y Jucé Ceyt, y, aunque por la documentación todo apunta a que habitualmente sólo eran dos, no se puede descartar que en momentos concretos, como este, fueran tres. Como en el resto de la aljamas, los responsables de su gobierno eran los encargados de convocar mediante pregón, o avisando de casa en casa, para los plenarios, que regularmente se tenían que celebrar para tratar todos los asuntos que afectaban al colectivo; pero, lamentablemente, sólo nos ha llegado conocimiento de los referentes a la venta de censales o a la reunión del concejo para elegir un administrador, como se verá, de modo que aspectos como la regulación de la vida del colectivo, la administración de la aljama, su economía, su relación con el culto y la asistencia social, por ejemplo, quedan en la oscuridad. 3.1. Participación de la aljama en la vida de la villa. Es de suponer que desde los primeros momentos tras la reconquista, moros judíos y cristianos, en proporción que no sabemos, formaran el concejo general del pueblo, tal como nos ha llegado hasta el momento que estudiamos, aunque numéricamente es probable algún cambio sustancial tras la invasión en 1320 de los pastorells, que se encarnizaron en su afán devastador en las aljamas de judíos y moros y asesinaron a los judíos del vecino pueblo de Monclús, y, con la colaboración de gentes del lugar, atacaron la morería de Naval30. En el siglo XV vemos a judíos y sarracenos formando parte de pleno derecho del concello de la villa y están presentes en los actos de interés general; eso debía de ser así en todos los campos, aunque sólo tengamos constancia de la corresponsabilidad en los censales que vende la villa para salvar momentos de apuros económicos y en una ocasión (octubre de 1511)31, para nombrar procuradores de la administración de la villa, del castillo y especialmente de las rentas de la sal, tema que debió de interesar especialmente al colectivo moro, ya que el número de asistentes al acto (28) es el más alto de los registrados a lo largo de su historia, cosa normal si tenemos en cuenta que la base económica de la villa es la producción y el comercio de la sal. La relación de moros asistentes es la que sigue: Brahim de Franquo, alamín; Çalema el Alamín, Mahoma de Ceyt, Mahoma Galter, Mahoma de Obéquar, Brahim de Barrio alias Cabero, Eyça Nabarro, Jahel Cotón, Alí de Barrio, Mahoma Ferrero, Çalema de Franquí, Mahoma Galbán, Mahoma Jahel, Jahel Galbán, Jucé de Calvo, Mahoma de Franquo menor, Eyça Çanson, Brahim de Franco, Amet el Alamín, Moferriz Cotón, Mahoma Pasavallas, Mahoma Çalema, Jucé de Barrio, Mahoma de Franquo, Brahem lo Burro menor, Brahem lo Burro mayor y los testigos Jucé de Pueyo y Moferiz Alfocén. Vale la pena insistir en que, aparte de participar de pleno derecho en la vida del concejo, la aljama como tal tenía autonomía plena para tratar los asuntos que le concernían y, como ya se ha dicho, regulaba su funcionamiento de acuerdo con la legislación musulmana y el pacto dado en el momento de la reconquista (1099), en el que se recogían una serie de derechos y obligaciones dadas por Pedro I, consistentes en ingenuidad y franqueza de parias y azofras, por ejemplo, y también, como colectivo, tenía obligaciones que arrancaban de antiguo y que con toda probabilidad se mantuvieron a lo largo de los tiempos, como el pago de 300 sueldos anuales por las eras salineras que explotaban, como se ha visto en la introducción histórica. La reunión de concello y aljama de 1511, citada anteriormente, convocada de casa en casa por los jurados cristianos y el alamín, nos descubre que a veces el plenario de moros y cristianos, concello y aljama, se reúne en la iglesia de San Miguel (figura 3), tal como dice la escritura, “do segunt que otras vegadas el dicho concello e aljama es costumbrado plegar, congregar e ajustarse”, lo que viene a confirmar, no sólo una convivencia total entre una comunidad y la otra, sino la ausencia de cualquier prejuicio de tipo religioso. Es posible que la reunión no se celebrase en el interior del templo debido a la presencia de musulmanes, pero el documento no especifica tampoco que la reunión tuviera lugar fuera del mismo, cosa que sí ocurre cuando se celebra en el castillo, que se indica que se hace a las puertas del mismo. El templo ha desaparecido, pero por una escritura de 1627 sabemos que estaba en las inmediaciones del cementerio de los cristianos nuevos, que es vendido en parte en ese documento, según el bastardelo de visitas episcopales32, y que posiblemente fuera la vieja almecora musulmana. Fig. 3. AMB, Protocolo de Bernado de Toledo,1511-1512,f. 62 r, en el que se recoge la reunión el 3 de octubre de 1511 del concello y la aljama en la iglesia de San Miguel (Foto: Jesús Paraíso). (…) asimismo dio licencia, permiso y facultad su Señoría (el obispo fray Alonso de Requesens y Fenollet) para que puedan vender al dicho Jerónimo Sanz de Broto un pedazo de cementerio que era de cristianos nuevos junto a la ermita de San Miguel (…) 3.2. Endeudamiento: los censales. A pesar de ser un pueblo rico, especialmente por la producción de sal y el monopolio de su comercialización en un vasto territorio, el concejo se endeuda repetidamente a lo largo del siglo XV, como vamos a ir viendo detenidamente. Este endeudamiento, registrado en algunos documentos notariales, obliga a las tres comunidades, aunque excepcionalmente veremos que los moros, haciendo uso de su autonomía, venden censales como aljama y no participan en ventas hechas por la villa. En todos los casos, los prestamistas son miembros de la burguesía y pequeña nobleza de la ciudad de Barbastro, capital natural de la comarca. A comienzos de 1476 se reúne el concejo de cristianos, judíos y moros de Naval a las puertas del castillo, según costumbre, para vender a Andreu Verdeguer un censal de 115 sueldos y 8 dineros por precio de 1400 sueldos. Los moros citados —se recogen los nombres literalmente— son: Jucé del Barrio, alamín; Mahoma de Franco, Mahoma de Mayo, Abraym Escudero, Moferig del Fozen, Juzé lo Burro, Mozot del Burro, Ovequa de Gaycho, Ovequa Almeler, Jucé lo Burro menor, Gahen (Jahe) de Alfozén, Gahe de Fornos, Azmet de Franco y Muza Jahe menor. Juran los cristianos por los evangelios, los judíos por los diez mandamientos y los moros por bille ille. Está claro que el endeudamiento afecta a la totalidad de la población, por eso resulta extraño que un mes después el alamín Moçot (o Muçot) lo Burro se comprometa con Verdeguer mediante una comanda por el importe de lo recibido por la villa con la venta del censal, como si sólo el colectivo de moros pudiera hacer frente a la deuda; de ser así nos mostraría su mejor posición económica que la de cristianos y moros. El censal pasa por venta a manos de Antonio Verdeguer en marzo de 1476, si bien en este documento aparece que tiene una renta de 116 sueldos, en lugar de los 115 sueldos y 9 dineros que daba en el momento en que se vendió a Andreu Verdeguer. La autonomía de la aljama en el campo económico queda reflejada en la venta que hace de un censal de 400 sueldos de propiedad y 28 sueldos de pensión. La operación tiene lugar en 1471 y se hace a Juan Díez, pero no tenemos información de la misma hasta julio de 1478, cuando vemos que, en nombre del colectivo, Mahoma Almalech (acaso sea realmente Almeller) puede luir la mitad de la deuda, entregando 200 sueldos al judeoconverso Antón de Santángel33, que había comprado el censo en fecha indeterminada a un segundo propietario, Salvador Verdeguer, lo que manifiesta la movilidad del dinero entre la aristocracia urbana. Este endeudamiento particular de la aljama es quizás la razón por la que en la venta de un censal que hace la villa en marzo de 1478 se desmarcara parcialmente. El largo documento en latín recoge todos los nombres de los asistentes de las tres religiones (visto en el apartado dedicado a la aljama). Parece que el documento compromete a todos, pero realmente se da la nota curiosa de que judíos, moros y cristianos reconocen tener una comanda del comprador del censo, el mercader Juan Díez; y los judíos, por su parte, aceptan una de 850 sueldos, aunque se reconoce que como esos 850 sueldos son en “beneficio” de los cristianos, son estos quienes se responsabilizan de pagar la comanda, de modo que del total de 1200 sueldos, que rentan 100 suelos anuales, realmente sólo 350 (en el documento por error pone 300) obligan a las tres comunidades, y los 850 restantes a los cristianos, o al menos así se da a entender al aceptar las comandas que obligaban al receptor y por la que ponen como garantía numerosos bienes en la villa, especialmente casas y eras salineras pertenecientes a las tres comunidades. El censal se cancela en 1493, expulsados ya los judíos. En una serie de anotaciones casi taquigráficas en el documento realizadas posteriormente a la cancelación, parece que se plantean problemas muy serios con este censal, acaso porque quedó sin pagar la parte correspondiente a los judíos, aunque eso no pase de ser una suposición. Lo que sí queda claro es que el litigio se da entre la villa y el rey cuando la villa ya no era de realengo. La dimensión del problema se nos escapa, pero llega a intervenir la Inquisición. En notas marginales inconexas y de difícil interpretación, fechadas en 1517, aparecen mencionados Lanuza y Díez, señores del castillo de Entenza y de la aljama de Barbastro, sin que lleguemos a saber qué relación podían tener con este viejo censal que oficialmente se había cancelado veinticuatro años antes, y quizás no sea más que un error del escribano, a no ser que el heredero de Juan Díez, comprador de este censal, sea Pedro Díez, justicia de Barbastro y casado con Isabel de Rebolledo, señora del castillo de Entenza y de la morería de Barbastro, que se había enfrentado a Juan Miguel Lanuza y Entenza, arrebatándole por vía legal castillo y aljama (1517)34. De nuevo en marzo de 1483 vemos a la aljama en solitario vender a Leonor de Santángel, viuda de Luis de Santángel, un censal de 400 sueldos de propiedad y 33 sueldos y 4 dineros censales de pensión perpetua. El acuerdo se toma reunida la aljama a las puertas del castillo, convocada por el corredor de la misma, Peirot de Selgua, por mandamiento del alamín y adelantados. Asisten —conservamos la forma en que aparecen escritos los nombres en el documento—: Braym de Franquo, alamín; Mahoma Almeler, Juzé lo Burro y Juzé de Ceyt adelantados; Jafe de Alfozén, Juzé de Calbo, Hazmet Franquo, Mahoma Franquo, Mahoma Navarro, Juzé de Barrio, Jahe de Alfozén mayor, Mozot de lo Burro, Jahe de Fornos y Mahoma Morellón. Juran los moros por bille ille alladí y paraulas del Alcorán. Parece normal que, cuando cuatro días después la villa vende a Francés de Espluga un censo de 1300 sueldos de propiedad, la aljama no participara, teniendo en cuenta el endeudamiento previo. No ocurre lo mismo en mayo de 1484, cuando la villa vende un censal a Pedro de Santángel de 40 sueldos censales y 500 sueldos de valor de propiedad. Cristianos, judíos y moros participan en el acto. Por la aljama de moros asisten: el alamín Muçot lo Burro; los adelantados Jucé lo Burro e Yça de Calbo; Jucé lo Burro menor, Jucé lo Burro mayor, Mahoma de Franquo, Muçot de Jahe, Mahoma de Pueyo, Jahe de Alfozén, Jahe de Muça, Braym de Calbo, Amet de Franquo, Jucé de Zeyt, Mahoma lo Burro y Jahe de Alfozén, y como testigo firma Mahoma Verdugo. Algo más costoso es el censo vendido en 1485 a Pedro Díez; son 101 sueldos censales por valor de 1350 sueldos; el censal se pagará cada año el 8 de marzo. En marzo de 1496 se cancela y se libera la villa del pago. Para la venta del censal, se reúne el concello de Naval, integrado por cristianos, judíos y moros, como es habitual a la puerta del castillo, presididos por las autoridades de las tres comunidades en un acto que parece especial y que, algo poco usual en las ventas de censales que estamos viendo, se escribe en latín, lo que en el marco en que nos estamos moviendo puede tomarse como una forma de marcar la solemnidad que se le da. Todos los asistentes han quedado recogidos en el estudio del apartado dedicado a la aljama, son veintidós moros, otros tantos cristianos y siete judíos, presididos por las autoridades de cada comunidad: justicia y baile cristianos, adelantados judíos y alamín y adelantados moros. No hay más datos sobre este campo, salvo la certificación de un pago de 100 sueldos de pensión anual en agosto de 1486 a Juan Verdeguer, como procurador de su hermano Andreu, que hace en nombre de toda la aljama Jucé Franco y el conservador de la misma, sin que se especifique a qué censal corresponde. Aparte de las operaciones dinerarias anteriores, la documentación nos permite adivinar alguna actividad económica por parte de la aljama como colectivo, y aunque sólo nos haya llegado un dato es bastante significativo, ya que se trata de la posesión de eras salineras (1479), lo que le permitiría comercializar el producto de esas salinas y obtener unos ingresos que ayudarían al sostén de una serie de servicios, como el mantenimiento de la mezquita y obras de asistencia, que por ley vienen obligadas. 4. Aspectos socioeconómicos 4.1. Los oficios. La documentación es bastante pobre a la hora de informarnos sobre los oficios de los moros de Naval, pero no de sus posibles actividades económicas. Por ejemplo, tenemos una relación numerosa de moros que poseían tierras de cultivo y sin embargo apenas aparecen gentes que desempeñen el oficio de labrador. Lo mismo hay que decir de las “eras salineras”, que muchos moros, e incluso la aljama, poseían, y sin embargo ninguno es mencionado como “salinero”. Y qué decir de las pruebas irrefutables de la relación de los moros con el comercio —bien como trajineros o como mercaderes—, que contrastan con las pocas referencias sobre ambas profesiones. Atendiendo exclusivamente a lo que las escrituras definen con claridad, disponemos de unos pocos datos que pasamos a recoger. Es impensable un colectivo musulmán sin la presencia de alfaquíes, que, recordamos, no sólo eran asesores jurídicos por su condición de especialistas en la ley islámica, sino que además, en una sociedad mayoritariamente iletrada, ejercían la función de escribanos e incluso notarios, tanto para los documentos privados como para los públicos35, y así, se define como alfaquí de la aljama a Mahoma de Mayo (1485). Anteriormente, se tiene noticia de otro alfaquí: Mahoma Franco (1445), que, aunque no se haga constar, quizás también lo fuera de la aljama; no parece que en la pequeña comunidad pudiera haber simultáneamente varios alfaquíes. Oficios que por ley debe haber en todos los colectivos musulmanes son un carnicero y un matarife; aunque no siempre, ambos oficios pueden coincidir en ocasiones en la misma persona. A pesar de que necesariamente tuvo que haberlos durante toda la historia de la comunidad, sólo tenemos el nombre de uno: Azmet lo Burro, mencionado entre 1485 y 1522 como “el carnicero de Naval”, que, teniendo en cuenta el número de habitantes, es muy probable que también fuera el matarife. Treinta y siete años de actividad continuada parecen indicar que el oficio se ejercía de por vida, y el hecho de que se le defina como el “el carnicero de Naval” nos invita a pensar que era el único. Una de las actividades económicas que ha marcado la vida de Naval, aparte de las salinas, es la ollería, y sin embargo no hay ni una sola mención concreta a un ollero ni tejero, sólo hay referencias a sendos individuos que con toda probabilidad trabajaron en el sector, aunque separados por más de un siglo. A comienzos del siglo XVI sabemos de la compra de un horno que hace Eyça del. Royo a Brahim Jahel (1516); el horno está situado en la partida de Valfarta, lejos del recinto urbano, lo que parece indicar que no es un horno destinado a la cocción de pan, y todo apunta a que fuera el de un alfar, de modo que tendríamos a Eyça y Brahim como posibles alfareros. Un siglo antes (1403), en el documento más antiguo de los estudiados, encontramos a Ramón de Pisa, señor de este pequeño pueblo, que encarga 60 cahíces de calcina al moro Muça Minyana. Si el señor de este lugar, situado dentro del actual término de Naval, encarga la calcina a un navalés será porque allí estarían los hornos más cercanos, y para el trasporte de ese material se podía recurrir, sin duda, a los numerosos trajineros/arrieros de Naval. No debe extrañar que en los hornos de los alfareros se fabricara calcina, ya que era habitual, y el ejemplo más próximo en el espacio y el tiempo lo tenemos en Barbastro en 1445, con los tejeros Farax del Alguacil y Mahoma de Sasa36. Según $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } }$ Isabel Álvaro no hay documentos que prueben la existencia de alfares en Naval durante la Edad Media37. No obstante, las referencias que hemos encontrado, si bien sean indirectas, parecen probar que en el siglo XV había gente relacionada con el oficio y, además, que la idea de que es un trabajo vinculado a los moros no está fuera de lugar. Oficios frecuentes entre los moros de las aljamas estudiadas en la zona es el de herreros y caldereros, al menos en Huesca y Barbastro la actividad metalúrgica es la más importante, cosa que no parece que ocurriera en Naval. Conocemos al calderero Mahoma Menescal (1524) y al herrero Jucé Cabero, quien establece en 1483 una compañía con el ainsetano Juan Senz y los barbastrenses Jaime Senz y Miguel Lasierra para explotar una farga (fragua) y vender la producción. El caso es muy interesante tanto desde el punto de vista económico (creación de una compañía y comercialización del producto) como social (moros y cristianos unidos en una misma empresa). El hecho de que la compañía esté formada por gentes de Aínsa, Naval y Huesca nos da pistas sobre la zona en la que se comercializaba el producto de esta herrería. Algunos herreros, generalmente los de más categoría, estaban especializados en la sanación de animales de labor (menescales), y al que conocemos, Mahoma Burro, se le identifica como “el menescal de Naval” (1485), de lo que podríamos deducir que sólo había uno, al menos en aquel momento. Finalmente, en 1484, está documentada la compra que Jahe de Fornos alias Moreno hace a Cristóbal Capiella y Martina Santacoloma, emigrados a Barbastro, por 600 sueldos, de un obrador, sin que se sepa qué se producía en él; se compra junto con una casa y un campo; casa y obrador están en la plaza del pueblo y limitan con propiedades de los judíos Abraham Acaguel y Faym Almaxegon, lo que, como se apuntaba, parece indicar que no existía separación física entre la habitación y negocios de las diferentes comunidades. Más adelante se dará cumplida cuenta de las explotaciones agrarias en manos de los musulmanes. Pero como labrador sólo aparece mencionado Brahim Franco (1500), que era lo suficientemente rico como para comprar unas casas en Barbastro por la elevada cantidad de 1700 sueldos. Quizás, aunque aparezca como labrador, tendría alguna otra actividad que le permitiría disponer de liquidez para llevar a cabo una inversión de ese calibre. Del comercio se hablará ampliamente más adelante al estudiar las comandas, pero como mercaderes y trajineros aparecen mencionados poquísimos, aunque todo apunta a que eran oficios muy frecuentes, o al menos han dejado mucha huella documental en las numerosas comandas que toman o dan muchos moros de la villa. Tal vez el caso más evidente sea el de Mahoma Franco, mercader que actúa en más de una ocasión con Jucé lo Burro, y que en 1467 llevaron a cabo una acción comercial en Barbastro, donde los jurados de la ciudad les aprehendieron catorce quintales de aceite y cuatro mulos; se comprometen a dar a caplienta38 la ejecución y a depositar 1000 sueldos que se obligan a restituir. El resultado final del conflicto nos es desconocido, pero lo que nos queda claro es que estamos ante dos mercaderes cuyo movimiento de capital, a tenor de los 1000 sueldos dejados en depósito, no es poco. Antes, en 1459, sabemos que Jucé había comprado ovejas en Bestué a Juan Puértolas y que seguía pendiente el pago de 300 sueldos. De Mahoma Franco sabemos que en 1485 comercia con aceite en Colungo, donde da una comanda de 10 quintales de olio bueno, limpio y mercadero a Domingo Laspuertas. Otro mercader mencionado como tal es Brahim lo Burro, que nombra numerosos procuradores (1519) para cobrar y hacer albaranes, tal como más adelante se verá. Como trajinero es definido Brahim Jahel en 1516, pero como luego veremos al hablar del comercio debieron ser muchos los moros dedicados a este oficio, bien como mercaderes o como simples arrieros, y de hecho la villa de Naval, a lo largo de su historia, ha sido un lugar que ha dado muchos trajineros. Por fin, nos encontramos con una serie de personas a las que se les pone como apellido un oficio y que en todos los casos no vuelven a repetirse, de modo que se crea la duda de si realmente es un apellido o estamos ante unos artesanos a los que se les identifica por el oficio. Así, Mahoma Ferrero (1511), Jucé Çapatero (1501), Jucé Cubero (1485) y Jahe Forner, (1488), acaso un hornero que también era imprescindible en la comunidad, como imprescindible era un zapatero, oficio frecuente entre los moros del Altoaragón39. No menos necesarias eran las cubas para el almacenaje de vino y aceite, producto éste con el que comerciaban, como se ha visto, los navaleses. 4.2. Actividad salinera. La sal va unida a la historia de la villa y llega hasta nuestros días. Fue Jaime I, como ya se vio, quien favoreció especialmente las salinas concediendo el monopolio de la venta de la sal (1274) en una amplia región y mandando construir el alfolí, que aún hoy sobrevive, para el almacenaje y control de la producción. Del edificio original queda poco o nada, y el que hoy vemos tiene todo el aspecto de ser una obra renacentista (figura 4). Fig. 4. Estado actual del alfolí (Foto: Ánchel Conte) En 1280, la villa se compromete a vender a Pedro III toda su producción de $\mathrm { s a l } ^ { 4 0 }$ y no es de extrañar que los reyes siguieran manteniendo su interés por las salinas y por la defensa de la villa ya que era uno de los productos de mercado más apreciados. Cristianos, judíos y moros explotaron las salinas a lo largo de la Edad Media, si bien no tenemos datos concretos de en qué proporción las “eras salineras”, como se las define en la documentación, se repartían entre los tres grupos, aunque ya hemos dicho que tras el pacto entre Naval y Pedro I (1099) las salinas quedaron en manos de los propietarios moros, mas los reyes muchas veces pagaron los favores recibidos con la concesión de salinas a la aristocracia del reino. Pero no vamos a entrar en ello por no ser objeto de esta trabajo, sino que nos referiremos exclusivamente a cuantos datos nos da la documentación sobre la propiedad de salinas por los moros en el siglo XV, faltando cualquier referencia a su comercialización, aunque es innegable que los trajineros y mercaderes navaleses la distribuyeron por su vasta red comercial desde el alfolí de la villa. Parece que estas salinas se poseían francas, y sólo tenemos referencia de unas eras de sal no francas por la compra de tres que en 1515 hace Brahim lo Burro hijo de Muçot a Mahoma Benganzin por 900 sueldos, cantidad elevada y que nos da idea del valor de este tipo de explotación; estaban localizadas en uno de lo salinares que se han explotado hasta época reciente, Barranco Ranero, y pagaban treudo de 6 dineros al monasterio de Sijena. Estas eras están dotadas de cabanyas, adulas, mascadineras y maneficios. Se nos escapa el sentido de mascadineras, pero la breve descripción demuestra que a lo largo de siglos se ha mantenido el método de explotación. El agua, como aún es hoy visible, se trasportaba desde una poza general a las eras a través de canales de madera por turno (adúla en árabe dialectal andalusí, según la RAE, significa campo que recibe riego por turno). Una vez obtenida la sal, con rastrillos y palas (los maneficios o herramientas de que habla el documento) se amontonaba hasta el secado total, posteriormente se almacenaba en las cabañas hasta que era transportada al alfolí. Salvo el caso visto de las eras treuderas a Sijena, da la impresión de que el resto de eras salineras están en propiedad plena. Siguiendo un orden cronológico, la documentación nos informa de los siguientes moros que tienen salinas. Mahoma Morellón y Alí lo Manco (1465), sin especificar localización ni número, pero se habla de ellas en plural; Jucé Jahe en El Ranero, Brahim Franco mayor y Muça lo Burro en La Rolda (1478). En 1479, Mahoma Franco compra dos eras a Mahoma Dormen por 90 sueldos, lo que nos indica posiblemente la necesidad del vendedor por lo bajo del precio; se ubican en el Camino de Ranero, y limitan con las de Jucé Franco y con unas de la aljama, la única referencia que tenemos a un medio de producción propiedad del colectivo. En La Rolda tiene dos eras Jucé Reycon alias Royo que limitan con las dos de Jucé Alfocén; Jucé Burro y Jucé Barrio, una era cada uno (1481), y una cada uno poseen Ovécar Cotón, Brahim Burro, Eyça Burro y Jucé Burro menor (1484). En La Rolda, Brahim Burro tiene dos eras y otras Brahim Burro(1484), y eras sin especificar número y lugar tienen en 1485 Muça Jahe, Ovécar Alfocén, Jahe Alfocén, Muçot lo Burro, Mahoma Franco y Jucé Jahe. El mismo año, en La Rolda, sabemos de las eras de Jahe Alfocén alias Ferrachico y Ovécar Cotón, que por los límites no coincide con la indicada antes. Algunos tienen un buen número de eras, como es el caso del ya mencionado Jahe Muça, que en una comanda que toma de Salvador Santángel de Barbastro obliga como garantía cinco (1485); tres eras tiene Brahim Gael (Jahel) (1500), y el mismo número posee en El Ranero Brahim Burro, hijo de Muçot (1515), de las que ya antes hemos hablado. En otro salinar, El Pallero, tiene eras Jahe Alfocén, junto a las de Mahoma Franco y Ovécar de Alfocén (1485), todas ellas junto al barranco, y dos eras poseen en 1487 Jahe Afocén (tal vez las ya vistas) y Moçot lo Burro. La última referencia que tenemos data de 1515 y por ella sabemos que en El Ranero tiene unas eras Brahim Calvo. Como se ve, un buen número de moros tenían en la producción de sal una fuente de ingresos digna de consideración, y en algún caso, excepcional, porque tres o cinco eras suponían una riqueza notable, a tenor de lo que se pagaba por ellas y del precio de la sal, cuya venta estaba asegurada por el monopolio que tenía Naval por los privilegios reales citados. Con toda seguridad, aunque no se haga mención concreta, la sal sería uno de los productos con los que comerciaban trajineros y mercaderes moros, de lo que luego se habla. 4.3. Actividad agrícola. Pese a la falta de noticias concretas, la totalidad de moros debieron de tener algún tipo de explotación agraria y en algunos casos debía de ser la actividad principal, quizás por eso apenas aparecen referencias a las tierras y se dan pocos casos de compraventa. La mayor parte de las citas documentales son casos en los que se ponen las tierras como garantía en acciones dinerarias de distinta índole. Tierras cerealistas y cultivos como la vid, el almendro y el olivo, además de pequeños huertos, conforman el paisaje agrario tradicional de la zona, y salvo el caso de los almendros, de una u otra manera se va a ver reflejado, directa o indirectamente en las escrituras. Sobre la extensión de las explotaciones y otras características no hay dato alguno, aunque sabemos que el uso del buey está bastante extendido en el campo; no obstante, todos los animales de labor que aparecen en poder de los moros navaleses son mulos, excepto dos casos: un asno en manos de Jahe Alfocén alias Ferrachico(1488), y un rocín que tiene Brahim lo Burro (1484). Nunca se habla de bueyes, que sin duda también emplearían. Cuando el documento habla de “campo” hay que entender que se trata de tierra cerealista, porque si hay algún tipo de cultivo especial se especifica, como es el caso de un campo con vides (1468) y algunas referencias a campos con olivar (1464,1469). Los cultivos de huerta no son mencionados, pero tenemos referencia de una acequia vecinal, concretamente la del barranco de El Ranero, si bien es probable que estemos ante una acequia, no para el riego, sino para alimentar los pozos de las salinas, y hay una partida, llamada O Güerto, en la que posee tierra Eyça Calvo (1478). Aparte de la mención al aceite como producto de mercado, no cabe duda de que el cultivo del olivo es de los más preciados, y prueba de ello son las inversiones que algún moro de Naval lleva a cabo fuera de su villa para comprar olivares; concretamente, en 1484, Jucé de Canero hace en el mes de abril dos compras: una en Coscojuela (Cosculluela) de Fantova, donde se hace con un olivar de Antoni de Benedets, en la partida de Lo Ferron, por 201 sueldos, a la vez que le compra un campo en término de Lo Puyal y otro en La Valle; al tiempo, alquila estas tierras al vendedor a cambio de que pague la peyta y la quiesta (sic) a las que el comprador estaba obligado y, además, le entregue un quintal de aceite del año y una parte de la cosecha, posiblemente cereal. En la otra operación, efectuada el mismo día, compra a Esteban Fierro un olivar en Hoz, en la partida de Lo Arnal, también por 201 sueldos. No puede descartarse que Canero se moviera por toda la comarca como trajinero o como vendedor, así parecen demostrarlo sus adquisiciones y el hecho de que fuera procurador del ainsetano Juan de Sanvicente (1471). Sendos olivares tienen Jucé lo Burro (1464) y Mahoma Franco (1485). Campo con vides posee Alí Galbán (1468), y una viña, además de un campo y tiras, compra el honorable Mahoma de Franco a García Calvo por 330 sueldos (1481). El resto de las referencias hablan simplemente de campos o tierras. Son bastante numerosas, por lo que no es aventurado pensar que la mayoría de los moros de la villa tenían algún campo, y de ahí también la importancia de los animales de labor, que podrían servir también para el transporte de mercancías; es el caso de Jucé lo Burro, al que hemos visto comerciar con aceite y mulas y que en 1464 deja como garantía un mulo. Todas las referencias sobre caballerías se deben a que se ponen como garantía en acciones de compraventa o de comanda. Cuando la misma persona tiene más de un animal podríamos estar ante trajineros, aunque nada se diga al respecto, salvo en el caso del trajinero Brahim Jahel, que pone tres mulos como garantía; pero son varios los que tienen más de un animal sin que conste su oficio: Brahim lo Burro y Brahim Calvo (1483), y Jahe Alfocén alias Ferrachico y Brahim Calvo (1485). De unos cuantos más sabemos que tienen mulas: Eyça Navarro (1458), Mahoma Galbán (1464), Alí Galbán(1471) y Azmet lo Burro (1506). Muy pocos ejemplos para lo que tuvo que ser la realidad. Salvo excepciones, los campos mencionados se ofrecen como garantía en operaciones dinerarias, y al relacionar los campos limítrofes nos ha permitido saber que muchas familias tuvieron tierras de cultivo, transmitidas desde la reconquista del lugar, que no supuso la pérdida de patrimonio para los moros que decidieron continuar viviendo en él. Muchos campos, que luego veremos, no sabemos en qué partida se encontraban, pero de otros tenemos la localización, y se está en condiciones de decir que la partida en la que mayor número de fincas tenían los moros era Renaldo (hoy Reinaldo)41, donde en 1481 se encuentran campos de Mahoma de Mallos, Eyça de Calvo, Jucé Burro, Jucé Barrio y Brahim Calvo. En la partida de Los Corrales, hay campos de Mahoma Burro, Mahoma Manco y Mahoma Calvo (1465). En Fontellas, está documentado uno de Brahim Calvo (1503), quien en 1485 aparece como propietario de un campo en Fuentes Calientes. En la partida de La Lacuna tienen sendos campos Eyça Navarro (1463) y Mahoma Cotón, que tiene otro en La Rolda(1458). En Las Francas en 1481 tenemos documentados los campos de Jahe Alfocén; el mismo año, en Serrullye, hay uno de Brahim lo Burro. Es probable que algunas de las tierras y bienes de la villa estuvieran sin explotar o subexplotadas, lo que explicaría la donación a tributo de un casal que recibe Mahoma Maruan (1414) de Raimundo de Buil, y un campo en la partida de La Plana de Monteara que da a tributo el señor de Pisa (1447) a Mahoma Alfocén. Aparte de la compra en 1484 de un campo con un obrador y una casa que hace Jahe de Fornos alias Moreno, tenemos documentadas tres compras más: en 1485, Jahe Franco alias Cabero compra un campo por 65 sueldos al judío Sansón Açach: en 1513 Brahim Calvo alias Yçotas compra un campo en Tremosiellas a Mahoma de Pueyo alias Lacayo, quien se reserva el noveno del fruto; no pone el precio, lo que nos hace pensar que estamos también ante una donación a tributo más que ante una compra; por fin, en 1519 el rico Çalema Franco compra un campo franco en la Cuesta del. Río, lindero con su demba $^ { 4 2 }$ a Mahoma Franco hijo del quondam (difunto) Azmen, por la considerable suma de 430 sueldos, y se da carta de gracia para poder recuperar el campo, lo que posiblemente dé a entender que más que una compraventa se trata de un préstamo con garantía, ya que el vendedor puede recuperar la tierra si devuelve el dinero. Del resto de los campos registrados no sabemos ni la localización ni ninguna otra cosa salvo el nombre de su propietario y la fecha en que aparecen mencionados. Son los siguientes: Jucé lo Burro (1467, 1483, 1485), Muça lo Burro (1478), Jucé Zayton (1483), Brahim lo Burro (1483, 1485), Brahim de Calvo (1483, 1485), Eyça Ceyt (1484), Zora de Calvo (1484), Azmet de Franco (1484), Mahoma Cotón (1485), Mahoma Galbán (1485), Mahoma Mallor (1485), Jahe Alfocén (1485), Jucé Cerantón (1485), Brahim Franco menor (1486), Eyça del Royo (1501) y Mahoma Navarro (1503). Como ha podido apreciarse, son muchos los moros poseedores de tierras de cultivo, lo que no quiere decir que en todos los casos estemos ante labradores; el hecho de que muchas de estas fincas las conozcamos porque sus propietarios las ponen como garantía en operaciones dinerarias, nos permite pensar que en muchos de los casos conocidos estemos ante gente que tiene en la agricultura una actividad complementaria a su negocio relacionado con el comercio y/o con la explotación de salinas. 4.4. Las comandas. Aparte de algunos documentos que recogen compraventas y otros aspectos de interés económico, que ya se han visto y otros se verán a lo largo del trabajo, el mayor número de escrituras que ahora interesa se refiere a comandas, firmadas en Barbastro y un buen número de ellas durante las ferias de agosto, cuando en la ciudad coincidían los moros de la comarca, que la visitaban frecuentemente para sus negocios, con otros procedentes de lugares aragoneses bastante alejados, como Calanda, y numerosos mercaderes y trajineros extranjeros, algunos relacionados con moros de Naval, como un navarro y varios gascones, que nos permitirán descubrir las redes comerciales de nuestros moros. Estas comandas, incluso las que se efectúan entre moros, se hacen según el Fuero, sin que en ningún caso parece que se aplicara la ley islámica43. La mayor parte de las comandas son de carácter comercial; otras son préstamos que para evitar las limitaciones que la ley imponía al interés de los mismo recurren a la forma legal de comanda, y a veces a la de “comanda puro depósito”, posiblemente, por lo visto en la documentación de la aljama de Naval, pero también en las de Huesca y Barbastro, un tipo de comanda relacionado con acciones mercantiles. Alguna de ellas se ven canceladas, pero no todas. En total tenemos documentadas ciento tres comandas, cincuenta y ocho recibidas por moros y cuarenta y cuatro entregadas por moros, a cristianos o moros, más una en las que las dos partes son moros de Naval. Como se verá, las hay que mueven cantidades considerables de dinero, lo que coloca a algunos moros de Naval entre esa minoría de musulmanes dedicados al comercio, bien como mercaderes o simplemente trajineros, y también en la minoría más selecta de prestamistas. La presencia de mujeres en estos documentos se reduce a la de Zora de Calvo, viuda, y sus hijos Jucé y Mahoma lo Burro, que ponen como garantía sus tierras. Reciben la considerable suma de 1080 sueldos de sus vecinos Mahoma Franco, Muçot lo Burro y Jucé Barrio (1484). Es ésta la única operación documentada entre moros de Naval y llama la atención la cantidad, excepcional en el marco local. No sabemos si se trata de una comanda préstamo, pero no aparece cancelada. Posiblemente estamos ante una comanda mercantil, la familia Burro parece de las más ricas de la comunidad y se hace difícil creer que tuvieran la necesidad de pedir un préstamos de esa magnitud. Un Jucé lo Burro es uno de los más activos en la década de 1460, como luego se verá, y es indiscutiblemente un mercader en el sentido más estricto de la palabra. Por supuesto, por el tiempo transcurrido, no parece que sea el homónimo que aparece en este documento, pero bien podría ser su padre. 4.4.1. Comandas tomadas por moros navaleses. La primera cosa que hay que hacer notar es que el nombre de quienes toman una comanda suele repetirse con frecuencia y, en mi opinión, es porque estamos ante personas que se mueven entre Naval y Barbastro con frecuencia y sin duda para llevar a cabo acciones económicas, No sabemos, salvo rarí- simas excepciones, qué transportaban, pero, trajineros o mercaderes, tenían. Barbastro como punto de encuentro con sus clientes o con sus abastecedores, y la frecuencia con que el mismo individuo aparece en la ciudad es una prueba de su relación con el mercado, que no se daba sólo durante el periodo ferial de agosto, sino durante todo el año. Las cincuenta y ocho registradas van desde 1412 hasta 1521, con una incidencia especial en las décadas de 1460 a 1480, que son los años de los que se tiene más documentación. De todas ellas, diez aparecen canceladas, y puede afirmarse que se trata de préstamos que al tomar la forma de comanda ocultan un interés por encima del legal, como ya se ha dicho. Hay tres casos clarísimos: uno de 1471, en el que Alí Galbán toma 220 sueldos de Domingo Sancho, que se compromete a devolver en tres tandas, aunque no hayamos encontrado los documentos de pago; otro caso es el de Eyça del Royo, que en 1498, en enero y mayo, toma sendas comandas; la primera de 155 sueldos del burgués barbastrense Jaime Panivino y que aparece cancelada siete años más tarde; la otra es también una comanda de tipo medio de 166 sueldos que toma del noble Juan de Alagón y que se da un plazo de diez años para que sea devuelta; obliga sus casas como garantía. Cuesta creer que en estos casos no haya interés oculto, resultan cuando menos extraños unos préstamos a tan largo plazo sin que hubiera un beneficio económico sustancioso para el prestamista. Las otras comandas en las que consta la cancelación son de cantidades muy variadas, pero todas ellas tienen en común que los receptores son más de uno, si exceptuamos la tomada del notable de Barbastro Juan de Santángel por Muça Jahe en 1460 (no sabemos de cuánto) y que aparece cancelada un año después. En abril de 1467 se cancela la comanda que de la honorable Antona de Nava alias de Azlor habían tomado, exactamente dos años antes, por valor de 280 sueldos, Mahoma Dezmel, Hazmet de Franco, Brahim de Pueyo, Brahim de Serrato y Mahoma de Pueyo. Parece que en este caso estamos ante un préstamo por necesidad, como ocurre en 1468 cuando alguno de los anteriores, Mahoma de Pueyo, y Ovécar de Alfocén, Mahoma Almeller, Brahim Calvo, Mahoma Calvo, Mahoma Dezmel, Brahim Escudero y Brahim Franco reciben 400 sueldos de la misma prestamista; el hecho de que se tardara diecisiete años en cancelar la comanda reafirma la idea del préstamo oculto y, además, es un indicador de problemas económicos en los receptores. En ninguno de los casos anterior hemos sabido qué ofrecían como garantía, y lo mismo ocurre con la comanda de Jucé Taher y Mahoma Franco de 130 sueldos tomados en 1481 de alguien cuyo nombre resulta ilegible y que ya está cancelada cuatro meses después. Años más tarde, en 1503, Mahoma y Brahim Calvo toman 320 sueldos del notario de Barbastro Sancho Castillón, cancelada a los diez meses. Por contra, sabemos que en 1478 Eyça Calvo, Jucé Jahe y Brahim de Franco obligan, respectivamente, un campo llamado O Güerto (El Huerto); dos eras salineras en El Ranero y dos eras salineras en La Rolda, muchos bienes para tan solo una comanda préstamo de 291 sueldos, cancelada ya a los catorce meses, concedida por Esperanza de Castro, la misma que en el mismo día entrega otra comanda, de la que no sabemos la cantidad, pero que sí fue cancelada al poco tiempo, a Brahim del Alamín —que por las fechas parece no ser el emigrado a Barbastro medio siglo antes—, y a Jahe Alfocén, Ovécar de Cotón, Brahim lo Burro y el judío Yçach Anbrón. Aún hay una nueva comanda de la misma dada en 1480 de 169 sueldos a Brahim Burro y a los cristianos de Naval Bernat de Latrero y García Calvo, cancelada cuatro años más tarde; como en otras ocasiones, los receptores renuncian a sus derechos y se someten a la justicia ordinaria. Aunque tal vez anecdótico, vale la pena tomar en consideración el dato de que moros y judíos actúen juntos. Las abundantes comandas entregadas a más de una persona, y a veces a un número considerable, no parece que sea sino una triquiñuela legal para ahorrarse dinero en el coste de la escritura, al menos la documentación no da pistas para pensar que estemos ante individuos unidos en algún negocio. Bajar de Naval a Barbastro para ir al notario suponía ya tiempo y dinero, de modo que es comprensible la “alianza” de varias personas para, al menos, ahorrar gastos de notaría.Sobre todo, porque en la mayoría de estos casos estamos ante situaciones económicas severas, y aún más lo vemos en dos comandas de 1485 y una de 1500, de las que no consta la cancelación. En la primera fecha, Jahe de Alfocén, Mahoma Cotón y Muça Jahe, y los cristianos habitantes en la aldea de Lasosa de Naval, Benedet de Ezquerro y Juan Calvo, toman una comanda de tan solo 30 sueldos de Juan de Ejea por la que los moros obligan, respectivamente, dos eras salineras, un campo y una era salinera; realmente, una fortuna para tan poco dinero. Ejea, al que volveremos a ver actuando con moros de Naval, no sabemos qué oficio tiene, pero sí que debía de estar bien relacionado con la comunidad musulmana, ya que en 1475 es testigo en un documento del plenario de la aljama de Barbastro celebrado en el interior de la mezquita44. Inconcebible parece igualmente que Muça Jahe, también en 1485, obligue cinco eras salineras por una comanda de la irrisoria cantidad de 10 sueldos que da el burgués Salvador de Santángel. Por mucha que fuera la necesidad, resulta del todo inexplicable que se pongan como garantía bienes cuyo valor multiplica por mucho el de la comanda. Más razonable, aunque también desproporcionada, es la garantía que pone Brahim Galtel por 88 sueldos que le encomienda el collidor general Exemén de Sampietro: tres eras salineras, cuyo valor, a tenor de lo que se paga por ellas, podría rondar los 900 sueldos. Una de las comandas préstamo que más años tarda en cancelarse es la de 256 sueldos que el señor de Ferreruelo cerca de Azlor, Ramón de Cáncer, da a Jahe Cotón, Ovécar Cotón, Mahoma Morillon y Moferriz de Alfocén, por la que obligan tierras y casas (1468); parece que esta deuda se salda nada menos que veinte años después, ya que queda documentado el pago que hacen los moros Mahoma Cotón, Jahe Alfocén alias Ferrachico y Eyça del Rey; es cierto que no coinciden los nombres, pero han pasado tantos años que la deuda ha podido pasar de padres a hijos o a otros parientes, de la misma manera que el señor de Ferreruelo ha cambiado y ahora es Juan de Cáncer. Excepcional, porque a un moro de Naval le acompaña uno de la villa mora de Enate, es la comanda de 48 sueldos que durante la feria de Barbastro de 1463 da Francés Benet, habitante de la ciudad, a Brahim Franco y Franco del Alfaquí, este de Enate, sin que conste con qué bienes avalan el préstamo que ya se ha saldado un año después. Como se ve a lo largo del trabajo, ese año de 1485 da una documentación enorme y son numerosas las comandas llevadas a cabo, lo que podría hacernos pensar en momentos de dificultad para el colectivo o/y a una reactivación del comercio. El otro grupo de comandas es el formado por las que parecen tener un carácter mercantil, y cuya cancelación no consta nunca. Las hay de muy diversa cuantía, desde unas decenas de sueldos a los mil. En todos los casos, parece que estamos ante depósitos de dinero como garantía de acciones mercantiles o un adelanto del producto contratado, sin que, lamentablemente, podamos saber de qué mercaderías se trataba. Por debajo de los 100 sueldos son ocho y van de 1468 a 1501. Todas están protagonizadas por barbastrenses, salvo una de 1492 en la que Jahe Alfocén alias Ferrachico recibe como comanda depósito 53 sueldos de Pedro López, de Berbegal; el mismo Ferrachico tiene otra dos comandas, una en 1488 de 60 sueldos entregados por Nadal de Bielsa, y otra de 100 sueldos que ha tomado de Pedro Castillón (1494). En estas comandas obliga tierras y un asno. Es probable que estemos ante un trajinero que llevaba mercaderías entre Naval y Barbastro y viceversa, pequeños negocios a tenor del dinero que se mueve. Otro Jahe Alfocén al que no se le pone alias, tiene en 1485 comanda de 50 sueldos de Pedro de Santángel, familia ésta a la que vamos a ver actuar con frecuencia. Otro Ferrachico, Moferriz, tiene comanda de 88 sueldos y 1 dinero de Antón de Espluga en 1501, apellido que lleva un mercader, Antoni, en 1503. Comandas depósito son las que toman en 1468 Alí Galbán y en 1501 Eyça del Royo. La primera es de sólo 40 sueldos y los entrega Juan de Lecina; la segunda monta a 70 sueldos y es de Pedro de. Cregenzán. Alí pone como garantía un campo con vides y Eyça, un campo y un mulo, posiblemente el medio que utilizaba para el transporte. Las comandas entre $1 0 0 \mathrm { ~ y ~ } 1 9 9$ son bastante comunes y los nombres de los tomadores se repiten con frecuencia. Que sólo reciban una comanda de esta categoría están Jucé Zaytón (1483), quien toma 156 sueldos de Domingo Almallella, Bernat de Latrero y Miguel Lasierra; Jahe Alfocén menor recibe una comanda también depósito, como la anterior, de 120 sueldos de Juan Benet, se someten a Fuero y obliga unas eras salineras en El Pallero (1485); finalmente, Azmet lo Burro tiene 160 sueldos en comanda de Juan Abella alias Falcón por la que obliga su casa y una mula (1506). Cabe señalar aquí, que Juan Benet, como veremos, aparece en varias ocasiones como dador de comandas de tipo medio y alto; su relación con la comunidad musulmana parece frecuente, y así sabemos también que es procurador del moro de Huerto Jucé de Huerto (1470). Cuando estamos ante comandas de carácter mercantil, el hecho de que sean dos o más los tomadores no necesariamente supone que lo hagan para ahorrar dinero en la escritura, sino que podemos intuir algún tipo de sociedad. Es el caso de Brahim Calvo y Brahim lo Burro, que los vemos recibir conjuntamente tres comandas, de 105 y 180 sueldos (1484) y un año después una de 135 sueldos. La primera es dada por Miguel Lasierra y obligan eras salineras; la segunda es de Salvador Santángel, y obligan mulos y tierra, y la tercera es del zaragozano Honorat Coll, y también se obligan tierras y salinas. Brahim Calvo recibe otra comanda de 166 sueldos (1485), en esta ocasión asociado a Jucé Cerantón y Jahe Alfocén, del zaragozano Honorato de Puzo, acaso el que antes ha aparecido como Coll; obligan tierras. Jahe Alfocén, uno de los personajes más activos en la vida de la aljama de Naval, recibe otra comanda, esta vez en solitario, en 1488 dada por Nadal de Bielsa por la que obliga un asno, animal de transporte mucho más que de labor. Brahim Jahel tiene dos comandas, de 106 sueldos (1499) y 120 sueldos (1516); la primera dada por Domingo Lorent y Juan de Scapa y por la que obliga tres mulas, lo que nos demostraría su condición de trajinero o mercader; la segunda la concede Bernat de Mur y por ella obliga casas. Eyça Navarro, juntamente con Mahoma Cotón, reciben 102 sueldos (1458) de Antón de Burgasé; el mismo Burgasé vuelve a entregar 102 sueldos a Eyça Navarro en 1463. Esta repetición nos puede estar hablando de un mismo tipo de pedido comercial. En todos estos casos, el bien puesto como garantía son tierras en las partidas de La Lacuna y de La Rolda. Tres son las comandas entre 100 y 199 sueldos que quedan por ver. La primera, de 1464, la reciben Mahoma Galbán y Jucé lo Burro alias Canedo; son 100 sueldos que entrega Bertran de Marteror, labrador de Naval, aunque el documento se hace en Barbastro, en ella se obliga un mulo (1464). Jucé lo Burro recibe comanda de 114 sueldos de Nadal de Bielsa, a quien vemos actuar en más ocasiones con moros de Naval; Burro obliga campos (1483). Finalmente, en 1484, Brahim lo Burro recibe del moro barbastrense Camín Onzino, maestro de casas45, 130 sueldos por los que obliga dos eras salineras; en el periodo ferial del mismo año, Burro recibe 180 sueldos de Salvador de Santángel, por los que obliga tierras y mulos, lo que nos manifiesta su buena posición económica: salinas, tierras y mulos. Las comandas entre los 200 y los 399 sueldos pueden ser consideradas como de volumen medio y nos están hablando de negocios de una cierta envergadura al alcance sólo de individuos de buena posición económica o bien de grupos cuya relación interna nos es desconocida, No son extrañas las comandas tomadas por dos personas, así la de Jucé lo Burro y Alí del Rey, de 230 sueldos, que da Antón de Armengol, de Salas Altas (1464); la de Mahoma Calvo y Mahoma Morellón (1465) de 300 sueldos dada por Jaime Lospital y Pedro Santolaria, de Costean, y la de Jucé Burro menor y Brahim Burro, de 333 sueldos, del moro barbastrense Amet Oncino. En todos los casos, los bienes que se ponen como garantía son tierras de labor, mulos o casas. Jahe Alfocén alias Ferrachico, del que ya hemos hablado, toma cuatro comandas de 270, 250, 268 y otra de 250 sueldos entre febrero y abril de 1485. En dos ocasiones se dice que obliga eras salineras y mulos. Las recibe, respectivamente, de Pascual Blanch, Martín de Montclús y dos de Ferrando Díez. La frecuencia de esas comandas nos está indicando una intensa actividad comercial por parte de Ferrachico. Otro Jahe Alfocén, en una ocasión llamado menor, toma tres comandas, dos en 1485 y otra en 1487, de 268, 270 y 238 sueldos respectivamente, la de 270 es juntamente con Brahim lo Burro. Son los dadores Martín de Montclús, Juan Benet y Antón Miranda. Mulos y eras salineras son los bienes que ponen como garantía. Montclús consta (1485) que había dado una comanda de 268 sueldos a Jucé de Alfocén alias Ferrachico en fecha indeterminada; la conocemos porque en la fecha indicada compra esa comanda Mahoma del Alamín, un tipo de inversión único en la documentación de moros de Naval pero muy frecuente en el momento. La repetición de nombres nos dice claramente que se trata de negociantes que solían mantener habitualmente tratos con los mismos clientes o abastecedores. Cierran este grupo de comandas tres dadas a individuos en solitario. La más temprana es de 1412 y constituye uno de los primeros documentos que conocemos de los moros de Naval; en él, Jahel Muça tiene comanda de 13 florines de oro, 8 sueldos y 2 dineros de un francés tintorero, Pes de Borau, residente en Canfranc, lo que pone en contacto puntos extremos en el norte de Aragón y no cabe duda, por el oficio, de que se trata de un mercader que comerciaba con telas. En 1512, Mahoma de Calvo tiene comanda de 212 sueldos de Miguel Fornillos, y en 1521 Alí Galino Gallo una de 330 sueldos de Juan Palacio del barrio de Santo Domingo, ambos dadores son cristianos de Barbastro, y solo esta última lleva la garantía de bienes obligados: casas y un macho. Concluye este apartado con seis comandas que superan las 400 sueldos, de las cuales la más notable es la de 1000 sueldos que tiene Jucé Calvo juntamente con un cristiano de Aínsa que han tomado del ainsetano Bernardo de Ligüerre, posiblemente un comerciante; no sabemos cuándo se acordó, pero en 1413 se hace constar que no está pagada y que aún se debe esa cantidad, más que notable, lo que nos hace dudar si es un préstamo oculto o estamos ante una comanda de tipo mercantil. Dos comandas son tomadas por cuatro personas: en 1481 el clérigo de Barbastro Miguel de Moncley da comanda de 420 sueldos a Brahim lo Burro mayor, Jahe de Alfocén, Brahim Calvo y Jucé Reycon alias Royo que obligan campos en las partidas de Serrullye, Las Francas y Renaldo; la otra es de 1483 y en ella Juan de Ejea, al que ya hemos visto dar comanda a gente de Naval, da a Jahe Alfocén, Brahim lo Burro, Jucé lo Burro y Brahim Calvo la cantidad de 456 sueldos, obligando mulos y casas. Como puede observarse, de nuevo la repetición de nombres nos deja entrever relaciones comerciales habituales. Otras tres comandas tienen a dos individuos como protagonistas. En 1434 son Aça (Eyça?) Navarro y Alí Franco quienes firman una comanda de 400 sueldos de Juan de Amana en la que participa como testigo el rector de Pomar, Jayme Pomar, y el moro de Barbastro Brahim del Alamín, posiblemente inmigrado de Naval, como ya se vio. En 1445, Jucé Calvo y Mahoma Franco reciben en comanda 400 sueldos de Bertolomeu de Laseras, y en 1485 Jahe Alfocén mayor y Brahim Calvo la tienen de 445 sueldos del notario de Barbastro Joan Benet, y en este caso sí se ponen bienes como garantía: casas, campos y mulos. 4.4.2. Comandas entregadas por moros. Muchos de los nombres que hemos visto anteriormente, van a aparecer nuevamente en este apartado. En líneas generales, se puede decir que las comandas concedidas por los moros de Naval, que nunca aparecen canceladas, son de menor cuantía que las recibidas y que abarcan un marco geográfico mucho más amplio, de modo que los vamos a ver actuar mayoritariamente con gentes procedentes de puntos muy alejados que confluían en la ciudad del Vero, un centro comercial de primera línea en el panorama aragonés, y no sólo por sus ferias de verano. Nada sabemos con qué mercancía se trabajaba, salvo el caso ya citado de la entrega de una comanda de 10 quintales de “olio bello, limpio y mercadero” que hace Mahoma Franco a Dompingo Laspuertas, de Colungo, quien obliga un campo y un olivar (1485). De todas conocemos la cantidad entregada, si se exceptúa la que en 1521 da Mahoma de Ovécar al trajinero de Pamplona Martín Xullege, definida como “comanda puro fiel depósito”, y, como en tantos otros casos, cabe la duda de si son puros préstamos o pago adelantado de una mercancía, especialmente porque son excepcionales los documentos notariales de Naval que en un estudio diplomático se ajustan a los modelos que vemos en el trabajo de Roy46, de ahí ciertas discrepancias que pueden aparecer entre su trabajo y lo que aquí se expone. De entre las comandas entregadas por moros navaleses destaca por encima de todas la de 220 florines de oro que en 1412, durante las ferias de Barbastro, entrega Jahe de Naval a Alamén y Çalema de Albaho, de Huesca, que se habrá de pagar en dos tandas, por San Martín y por santa María de febrero. El dinero que mueve esta operación nos está hablando de un personaje de gran poder económico, muy lejos del tópico del moro pobre y marginal. Las inferiores a 100 sueldos nos están reflejando pequeños negocios realizados con gentes de variada procedencia. Entre habitantes de Naval tenemos la que en 1414 da Ovécar del Ezcandar —apellido común entre los moros de Huesca y Barbastro—47; son 60 sueldos que reciben T. de Arcusa, Juan de Aguasca, el moro Sceit (Ceyt) y el judío Haym Avienply, quien lleva como testigo a su correligionario Açach Comperat. Una comanda de 7 florines de oro da Jahe Mofereg (1424) al bearnés Arnault de Castelbó, que es una prueba de la extensión de las redes comerciales de nuestros moros, como también la comanda dada al habitante de Canfranc Miguel de Larich por Eyça del Royo (1514), de 96 sueldos, y la de Çalema del Alamín al moro de Borja Amet Faraig (1506), de 96 sueldos. Otras se circunscriben a la comarca: Barbastro (1483), Mahoma de Franco da 50 sueldos a Gabriel de Santarromán; Cregenzán (1487), Eyça Calvo da 60 sueldos a Martín Perellón, posiblemente un agricultor porque obliga dos bueyes; y Salinas (1506), donde vive Pedro Robiella quien recibe 60 sueldos de Hamet del Alamín, con obligación de casas y una somera (burra). La misma extensión geográfica podemos ver en las comandas que están entre los 100 y los 923 sueldos, como vamos a exponer a continuación, aunque antes vale la pena anotar la comanda depósito de 1400 sueldos que en febrero de 1476 dan Moçot lo Burro, alamín de la aljama de Naval, y Jucé Barrio a Andreu Verdeguer, de Barbastro, y que aparece cancelada en noviembre del mismo año. Esta acción no tiene nada que ver con el comercio, sino que está relacionada con el censal que a comienzos de año había vendido el concejo, incluidos moros y judíos, a Andreu Verdeguer, como ya se ha visto. Agrupamos las comandas en esta ocasión por zonas geográficas, toda vez que eso nos ayudará a medir con más precisión el papel de los moros navaleses en el comercio de la comarca y de la zona pirenaica. Las relaciones internaciones, aparte del caso del navarro mencionado antes, se dan con gentes del sur de Francia y todo parece indicar que a través de los puertos de Canfranc y de Sallent, localidades en las que también hay enlaces. Todos los lugares se encuentran en un área pequeña, de modo que debía de haber algún tipo de relación entre todos ellos y el punto de encuentro con los moros era Barbastro y en ocasiones Huesca, por ejemplo el documento hecho en 1484 entre Eyça Ceyt y Miguel de Ramón, de la Val d’Osau, por el que el gascón recibe en comanda 240 sueldos. En 1468, Mahoma Alfocén da en comanda 100 sueldos al habitante de la villa de Nay Bernat del Abat 100 sueldos. De cerca de Nay, del lugar de Bordes (Borda en el documento) es Guillem de Benches alias Arremat, que tiene en comanda 180 sueldos de Mahoma Cabero (1507). Del Valle de Aspa tenemos tres documentos de 1500, protagonizados por Mahoma de Ovécar, Mahoma Çalema y Brahim Galtel, quienes dan, respectivamente, 200 sueldos a Gastón y Guillem Solach, del lugar de Borce (Buerça en el documento); 320 sueldos a Joan Donaguer, del lugar de Aydius, quien obliga dos mulos; y 220 sueldos a Antoni Latravendre y Guallar Porcet, cuyo lugar de residencia no consta, pero sí que son del Valle de Aspa. De la misma zona, de Bañeras de Luchon, es Petijoan de Banyeras del condado de Comenge, quien recibe 130 sueldos de Azmet Franco. De dos bearneses más desconocemos la zona de la que proceden, Pedro de Barraus (1487) y Joan Costas (1497), de quien se dice que es de Vides, que no he podido localizar; el primero recibe 200 sueldos de Jucé Morellón, y el segundo, 350 de Mahoma Morellón; ambos obligan mulas, como posibles trajineros o mercaderes. En la vertiente aragonesa de los Pirineos, hay relación con gentes de Benasque (1491), Canfranc (1517) y, sobre todo, del Valle de Tena, en varios años. En Benasque, Mahoma Calvo da 100 sueldos a Sancho Lacasta, y en Canfranc Juan Nogués recibe una de 923 sueldos de Brahim lo Burro; en este caso, una cantidad realmente alta, estamos ante un negocio que multiplica el valor de todos los demás, de ahí que Nogués dé garantía con cuatro mulas. En el Valle de Tena, los dos puntos en los que encontramos enlaces son Sallent (1485 y 1522, éste documento hecho en periodo ferial de Barbastro) y Pueyo (1514 y 1515); las dos comandas de Sallent están protagonizadas por las mismas personas y son de la mima cantidad, 320 sueldos, quien las entrega es Jucé Franco hijo de Mahoma, difunto, y el receptor es Sancho Sánchez de Mozota. Es muy interesante ver que en un periodo tan largo de tiempo se mantienen los lazos económicos entre ambas personas y las condiciones, porque es la misma cantidad la que se pone en juego y los bienes como garantía son también dos mulas. Esto nos hace suponer que, a pesar de la falta de documentos que lo certifiquen, no es osado pensar que las relaciones de las que estamos hablando eran mucho más regulares de lo que parece. En Pueyo, también es el mismo moro quien protagoniza los documentos, Eyça del Royo. En 1515 sabemos que el receptor de 280 sueldos es Domingo de Lasclabes, que obliga un mulo. Los dos documentos de 1514, hechos ambos el mismo día de abril, tienen, como receptor, uno, a un tal Pascual, de Pueyo, y el segundo a un tensino (o un grupo) sin que sepamos el nombre, algo que impide el mal estado del documento, aunque sí sabemos que son 280 sueldos, la misma cantidad que vemos en la comanda tomada por Lasclabes en 1514, lo que invita a pensar que bien pudiera tratarse de la misma persona y de la misma operación que se repetiría un año después. Que no se trata de préstamo, sino de una operación mercantil lo abona el hecho de que en el caso de la comanda que hace a Pascual se adquiere el compromiso de hacer albarán cuando sea cancelada; estamos, en mi opinión, ante un pago adelantado de mercancías. Comanda dadas en tierras de Aragón, aparte de las de la comarca de Barbastro y Huesca, tenemos una en el campo de Borja, en Ambel (1481), y siete en Calanda, lo que demuestra unas relaciones bastantes consolidadas con esta villa. En todos estos casos hay que hacer constar que los receptores son siempre moros, algo que parece indicar los vínculos que mantenían las diversas comunidades musulmanas del reino. En Ambel la encomienda la da Brahim Franco y los receptores son Mahoma y Brahim de Alura, quienes por sólo 130 sueldos obligan tres mulos, posiblemente los que utilizan para el transporte de las mercadurías. Son tres los moros de Naval que se relacionan con moros calandinos: Jahe de Furno (o Fornos) alias Moreno, Muçot lo Burro y Mahoma Çalema. Jahe de Furno alias Moreno da dos comandas en 1485, la primera de 240 sueldos en abril a Brahim Garabich, que obliga un mulo; la segunda, en periodo ferial de Barbastro de la misma cantidad a Brahim Gazubes, que no sería de extrañar que fuera los misma persona, teniendo en cuenta las mil maneras que tienen los escribanos cristianos de escribir el nombre de los moros. Esa repetición de comanda la vemos en el caso de Muçot lo Burro, quien en abril de 1485 entrega 120 sueldos a Alí Alfaquín y durante la feria repite la cantidad con la misma persona, que obliga bienes sin especificar. Como se ve, son muchos los casos en que coinciden ambas partes del negocio, y lo mismo vamos a ver con Mahoma Çalema, que en 1500 da comanda de 12 florines de oro a Alí Samperuelo y en 1516 los volvemos a encontrar en una comanda de 224 sueldos, con unos mulos como bienes obligados. La tercera comanda de Çalema en Calanda es en 1500 a Alí Marriol, de 200 sueldos. En un ámbito geográfico más cercano a Naval, vemos a los moros actuar con gentes de Huesca, Casbas, Barbastro, Costean, Betorz, Guardia y Lecina. En Costean, las dos comandas son de 1472 y en ambas interviene Eyça lo Burro; en la primera da 210 sueldos a Bonet Palacio, a su hijo Jaime y Antonio Huaredia quienes obligan dos bueyes; en la otra, da 119 sueldos a Tomás de Buera y Jaime Palacio, el mismo del documento anterior; en la segunda, se pone un buey como garantía. El mismo Eyça lo Burro y en el mismo año, da un comanda de 110 sueldos a Bartolomé de Trillo, vecino de Guardia, aldea de Hoz de Barbastro. En Barbastro, intervienen Jahie de Fornos (1469), que da comanda de 100 sueldos al moro Mahoma de Axa; Jucé Franco, que en 1484 da 300 sueldos a Axa Franco, viuda de Mahoma Barrach, de Barbastro, y a su hermano Brahim Franco, y a los cuatro hijos de Axa, que pasan a estar tutelados por Brahim en Naval, y no por su madre en Barbastro48, ponen como garantía una tienda y casa en la ciudad; y, finalmente, Brahim lo Burro da comanda de 240 sueldos a Bernat Abadía, que obliga dos mulos. El mismo Jahe Fornos que hemos visto antes, actúa con Juan Nabarro (1465), de Casbas, al que da comanda de 270 sueldos por la que pone como garantía un mulo. En Betorz, concretamente en Santa María de la Nuez (Unz en el documento) Muçot y Jucé lo Burro dan 110 sueldos a Bertrán Saliellas (1474), que obliga una mula. Para acabar, queda la comanda de 160 sueldos que Jahe Farax y Mahoma Calvo dan a Domingo Sesé (1479), de Lecina, aunque en este caso estamos, con toda seguridad, ante una comanda préstamo, ya que aparece cancelada dos años más tarde. En Huesca, ya se ha citado la excepcional comanda de 220 florines de oro que entrega Jahe de Naval en 1412 a Alamén y Çalema de Albaho. 4.5. Las procuraciones. Aunque las que conocemos son escasas, es una fuente más para ahondar en la certeza de que algunos moros navaleses tenían redes comerciales que los ponían en relación con el comercio a corta y media distancia. Además, estas procuraciones manifiestan la convivencia entre moros y cristianos, toda vez que ser procurador de alguien supone gozar de toda su confianza, y vamos a ver cómo no son infrecuentes los documentos en que las partes tienen diferente religión. Moros procuradores son: Jucé de Alfocén, de Axa de Barbastro (1465); Jucé Canero, de Juan Sanvicente, de Aínsa (1471); Jahe Afocén del gascón tintorero habitante en Barbastro Arnalt de Casas, que en el mismo documento nombra procuradores a varios cristianos de su ciudad y de Tarbes (1488); Eyça el Royo lo es del mercader zaragozano Juan Spicenvert, que le autoriza a usar sus franquicias, lo que demuestra que Eyça era comerciante o trajinero (1514); y Mahoma Menescal, que es nombrado procurador junto a cristianos de Barbastro del moro de Zaragoza Alí Marco (1524). Los procuradores nombrados por moros de Naval son Mahoma, de Pueyo de Cinca, y Adoy de Burgamán, de Ripol, (1467), ambos para tratar los asuntos económicos de Jucé Cavero y Muçot lo Burro, cuya actividad se extendía, como mínimo, por esos lugares; Juan de Cregenzán, Jucé Rey y Ayçotes Calvo, todos de Naval (1480) son procuradores de Jucé Barrio, y posiblemente estamos ante tres navaleses cuyo oficio era también el de trajinero; Domingo Alborán, de Naval, es procurador de Mahoma de Ovécar (1506) con la facultad de cobrar deudas, hacer albaranes y otras operaciones comerciales, lo que de nuevo nos pone ante un moro de Naval dedicado al comercio y con el poder suficiente para delegar en otros aspectos tan importantes como el cobro de deudas. A veces se recurre a personas de solvencia y, sobre todo, de prestigio como garantía de eficacia, es el caso de Mahoma lo Burro alias Purroy, Eyça Calvo y Moferriz Alfocén que nombran procurador para muchos asuntos (cobros, albaranes, representación en pleitos, etc.) al notario de Barbastro Sancho Castillón (1509), quien ya estaba relacionado con el colectivo moro de Naval, como lo demuestra la comanda, ya vista, que en 1503 había dado a Mahoma y Brahim Calvo. También el cobro de deudas, especialmente las del habitante de El Grado Bernat Esteban, es lo que lleva a Mahoma Galter a nombrar procurador a Gaspar Galino, de Barbastro. En 1519, Brahim lo Burro nombra nada menos que a cuatro moros de su pueblo y a un cristiano de Barbastro como procuradores para controlar sus deudas y negocios; cinco procuradores es un número muy grande y nos habla del potencial económico de Burro; son los procuradores Eyça Zeyton, Mahoma Moreno, Jucé lo Burro menor y Mahoma Rocon, y el cristiano Francisco de Fresa. Muy claro en cuanto a las funciones de procurador es el documento hecho por Alí Jahel (1522) en el que nombra procurador a Salvador Pano, de Barbastro, cuya función será la de hacer albaranes y cobrar deudas. Como se ve, no son muchos los documentos que caben en este apartado, pero ilustran perfectamente sobre las actividades mercantiles de los moros de Naval, sin que en ningún caso hayamos podido saber con qué comerciaban, aparte de aceite, ovejas, caballerías y hierro que sí está documentado, tal como se ha visto. No cabe duda de que algunos de estos moros pueden considerarse ricos, como algún caso ya visto, con inversiones muy notables, o la que en 1466 hacen Mahoma de Maestro y Mahoma Crespin, que compran por 1000 sueldos todos los bienes muebles, inmuebles y dinerarios de Mahoma de Axa en la ciudad de Barbastro. Disponer de ese dinero y además invertirlo en la ciudad indica no solo una buena posición económica de estos navaleses, sino su afán de hacerse, aunque lejos de su hogar, con bienes que con toda seguridad fueron explotados por terceros. 4.6. Testigos. Numerosos moros de Naval firman como testigos en documentos hechos en Barbastro por gentes de muy diversa procedencia. Es probable que en algunos casos el hecho se debiera, simplemente, a que coincidían en la notaría, pero no siempre es así, ya que en la fecha en que aparecen haciendo de testigos no hay certificado ningún documento protagonizado por ellos, por lo que habrá que buscar otras causas, y sin duda lo más creíble es pensar que entre quien hace el documento y quien testifica hay algún tipo de relación personal y, por supuesto, no puede descartarse una relación económica. No deja de chocar que muchos de las personas que eligen testigos navaleses sean herreros y trabajadores de metal en general. La lista podría ser interminable, por eso elegimos simplemente los que parecen más significativos, por el lugar de origen o residencia de los protagonistas o por su categoría social. En 1466 vemos firmar como testigo en un documento de Mahoma de Axa, mercader muy documentado en Barbastro, de gran prestigio social, al más que probable mercader, o como mínimo trajinero, Muçot lo Burro49. En otro documento del mismo Mahoma de Axa, firma en 1469 Brahim Calvo, a quien hemos visto que poseía un buen patrimonio y varias caballerías, de lo que se deduce su relación con el comercio. Un tal Jahie es testigo de un documento de los moros francos Çalema y Mahoma Almortí, de Huerto, lugar en el que hay una comunidad mora notable que mantiene relaciones familiares y económicas con sarracenos de Barbastro $( 1 4 7 4 ) ^ { 5 0 }$ . Mahoma de Banco es testigo en un documento del notable Mahoma de Sasa, potentado herrero de Barbastro, y de Antona de Mur alias de Palacio, de Aínsa (1479). En documentos de. Mahoma de Avintarí, también un notable herrero de la aljama barbastrense51, firman Mahoma Franco (1481) y Mahoma Calvo (1483). El menescal de Naval Mahoma Burro es testigo en un documento del oscense Muza Grisén, que se encontraba en Barbastro (1485) y es de suponer que para alguna acción comercial, ya que es dudoso que se desplazara para llevar a cabo algún trabajo relacionado con su oficio cuando en Barbastro los había y además prestigiosos. De Mahoma y Audalla Avintarí de Barbastro,de cuya familia ya se ha citado algún miembro, es testigo Muçot lo Burro (1485), a quien también hemos visto ya firmar como testigo. Los moros de Huerto Brahim Alboraybe y Mahoma de Yça tienen como testigo al navalés Mahoma Calvo (1486). En un documento del plenario de la aljama de Barbastro y en otro de la habitante en esa ciudad Fátima Alhama, mujer del herrero Çalema Serrano, firma Alí de Mora (1498). En una comanda de Brahim Morrut, moro de Monzón, firma Ovécar Coroy (1465); en uno de Altarán de Modef, de Enate, Mahoma Franco, (1510), y en otro del infanzón Martín de Noballas, de Ejea (1522), en el que se intenta forzar la conversión de su esclavo negro Barqua Benaye, musulmán que se niega a aceptar el cristianismo a cambio de su libertad, firma como testigo Azmet lo Burro, que se encontraba en la ciudad, que en aquellos momentos celebraba su feria52. Este último ejemplo es muy significativo, porque el acto que recoge el documento es excepcional por el asunto que trata, porque quien lo protagoniza es un pequeño noble y porque junto al moro de Naval firma un miembro de la aristocracia burguesa, Luis de Santángel. Si personajes de esa categoría recurren a Azmet lo Burro es porque también él gozaba del prestigio necesario. El hecho de que el acto tenga lugar durante las ferias de agosto invita a pensar que Burro estaba en Barbastro para mercadear. En una de las comandas más extrañas de las estudiadas, dada en 1485 por Juan de Ejea a tres moros de Naval y dos cristianos de la aldea de Lasosa, y en la que por sólo 30 sueldos se obligan una cantidad de bienes muy considerable, firma como testigo, además de un cristiano, Alí Medín o Almedín, de una familia acomodada de Barbastro que nos da dos homónimos, uno herrero y el otro cantarero53. Recopilando los lugares en los que los moros de Naval tienen relaciones económicas o personales, son estos: Aínsa (1413 a 1479), Ambel (1481), Barbastro (1445 a 1521), Bearne (1424 a 1507), Benasque (1491), Berbegal (1492), Bestué (1459), Borja (1506), Calanda (1485 a 1516), Canfranc (1412 a 1517), Casbas (1465), Colungo (1485), Coscojuela de Fantova (1484), Costean (1465 a 1472), Cregenzán (1487), Ejea de los Caballeros (1522), El Grado (1515), Enate (1463, 1510), Ferreruelo/Azlor (1468 a 1488), Hoz (1584), Huerto (1474, 1476), Huesca (1412 a 1465), Guardia (1472), Lecina (1479), Monzón (1465), Naval (1464 a 1519), Pamplona (1521), Pueyo de Cinca (1467), Ripol (1467), Salas Altas (1464), Salinas (1482 a 1514), Santa María de la Nuez/Betorz (1474), Valle de Tena/Sallent/Pueyo (1485 a 1515) y Zaragoza (1485 a 1524). 3. Conclusiones. La pequeña comunidad mora de Naval, que en el siglo XV suponía aproximadamente la mitad de la población del lugar, no difiere del resto de colectivos musulmanes en cuanto a su organización interna y goza de autonomía para algunos asuntos, como la compra de censales, que interesan a la totalidad del pueblo. Hasta finales del siglo XIV toda la villa, y consecuentemente sus habitantes musulmanes, estaban bajo el poder real, que legisló abundantemente sobre la villa especialmente por la importancia de sus salinas y el monopolio de venta en un vasto territorio que abarcaba casi la totalidad de la actual provincia de Huesca. Cuando la villa pasó a manos privadas, continuó el control real sobre la sal y su comercialización a lo largo del tiempo que abarca este trabajo. Los moros mantuvieron eras salineras de manera general en plena propiedad, si bien sabemos de algunas que pertenecían a instituciones religiosas. Otra actividad económica notable era la agricultura. Y mayor importancia parece tener el oficio de trajinero y de comerciante, con una red que se extendía hasta Canfranc, Sallent y tierras del Bearne por el norte y hasta Calanda por el sur. Lo que transportaban esos arrieros y lo que vendían estos comerciantes y mercaderes es una incógnita, salvo el aceite, objetos metálicos y lo que parece obvio, la sal, y hay datos que indican también relación con tintoreros y acaso comerciantes de paños. Las operaciones dinerarias que proporcionan abundante documentación son casi exclusivamente comandas que no siempre parecen préstamos, sino que en ocasiones parecen pago por adelantado, una señal, para el intercambio de mercancía en ambas direcciones, de moros a cristianos y de cristianos a moros, sin que falten las que se dan también entre musulmanes. A pesar de una cierta prosperidad, tanto la villa como la aljama se endeudan con cierta frecuencia con la compra de censales que no siempre aparecen cancelados. En cuanto al tema demográfico, la documentación estudiada nos permite conocer que la población mora de Naval superaba el número de fuegos que da el fogaje de 1495, que son veintiocho. Es lo único a lo que se ha llegado con certeza, y también a la existencia de movimientos de población entre las poblaciones vecinas con habitantes moros —Salinas y Enate— y la ciudad de Barbastro. Por otro lado, los vínculos familiares y sociales entre los moros de la comarca parecen muy intensos, como lo demuestra la repetición de apellidos, la frecuencia en la que figuran como testigos en documentos de sus vecinos o en las procuraciones que dan. Todo parece indicar que la morería de la villa de Navalera abierta y que judíos, moros y cristianos convivían en una aparente armonía y compartían espacio. Una minoría de esos moros de Naval se relacionaba con gente de buena posición social y económica de Barbastro, moros, cristianos o judeoconversos, y lleva a cabo acciones dinerarias de consideración, de modo que una vez más se rompe el tópico del moro acosado, reducido a un espacio urbano delimitado y empobrecido. 4. Relacion alfabética de moros de Naval y fecha en la que aparecen citados, si están documentados en varios años se da el primero y el último (Se han unificado nombres y apellidos que en los documentos aparecen escritos de maneras muy diferentes) Alamín, Amet o Hamet del (1506, 1511) Alamín, Brahim del (1478) Alamín, Calema del (1485, 1511) Alamín, Mahoma del (1485) Alborayna, Brahim de (1463) Alcayde, Calema (1521) Alcolea, Eyça de (1483, 1501) Alfocén, Amet o Hazmet (1481, 1483) Alfocén, Jahe alias Ferrachico (1485, 1498) Alfocén, Jahe mayor (1475, 1488) Alfocén, Jahe menor (1478, 1485) Alfocén, Jucé (1465, 1481) Alfocén, Mahoma (1447, 1487) Alfocén, Moferriz (1460, 1511) Alfocén, Ovécar (1468, 1485) Almadich, Alí (1506) Almalech, Mahoma (1478) Almeler (Almeller), Mahoma (1468, 1483) Almeler (Almeller), Ovécar (1476) Azmetu, Mahoma (1465) Banco, Mahoma del (1479) Barrach Franco, Brahimico (1484, 1485) Barrach Franco, Zora (1484, 1485) Barrach Franco, Gaya (1484) Barrach Franco, Mahoma (1484, 1485) Barrio, Alí del (1511) Barrio, Brahim del alias Cabero (1511) Barrio, Jahe del alias Cabero (1485) Barrio, Brahim del (1511) Barrio, Jucé del (1476, 1484) Barrio, Jucé alias Cabero (1476, 1485) Benganzin, Mahoma (1515) Burro, Azmet lo (1506, 1522) Burro, Brahim lo hijo de Muçot (1515) Burro, Brahim lo mayor (1481, 1511) Burrro, Brahim lo alias Adicha (1517, 1519) Burro, Brahim lo menor (1511) Burrro, Brahim lo (1478, 1515) Burro, Ceyt lo (1478, 1485) Burro, Eyça (1472, 1485) Burro, Jucé lo mayor (1478, 1485) Burro, Jucé lo menor (1484, 1519) Burro, Jucé lo alias Canero (1464) Burro, Jucé lo hijo de Zora de Calvo (1484) Burrro, Jucé lo (1464, 1485) Burro, Mahoma lo menescal de Naval (1485) Burro, Mahoma lo hijo de Zora de Calvo (1484) Burro, Mahoma lo alias Purroy (1509) Burro, Mahoma lo (1465, 1484) Burro, Muça lo (1478) Burro, Muçot (o Moçot) lo (1474, 1485) Cabero, Jucé (1485) Çalema, Mahoma (1500, 1516) Calvo, Brahim (1468, 1485) Calvo, Brahim (1500, 1515) Calvo, Brahim alias Yçotas (1513) Calvo, Brahim mayor (1485) Calvo, Eyça (1478, 1509) Calvo, Jucé (1445) Calvo, Jucé menor (1478, 1498) Calvo, Mahoma (1465, 1500) Calvo Mahoma alias Moreno (1516) Calvo, Mahoma alias Muçenico (1513) Calvo, Ovécar (1515) Calvo, Zora de (1484) Canero, Jucé (1471, 1484) Çapatero, Jucé (1501) Cavero, Jucé (1467, 1483) Cerantón, Jucé (1485) Cernico, Mahoma (1468) Ceyt, Alí de (1468) Ceyt, Eyça (1468, 1484) Ceyt, Eyça alias Galino (1515, 1519) Ceyt, Jucé (1481, 1485) Ceyt, Mahoma de (1511) Coroy, Ovécar (1465) Cotón, Jahel (o Jahie), (1485, 1511) Cotón, Amet (1485) Cotón, Mahoma (1458, 1488) Cotón, Mahoma (1515) Cotón, Moferriz (1511) Cotón, Ovécar (1468, 1484) Crespin, Mahoma (1466) Cubero, Jucé (1485) Darle, Jahe (1485) Dezmel, Mahoma (1465, 1468) Dosmen (Dezmel?), Mahoma (1478) Doz, Mahoma (1468) Escudero, Brahim (1468) Ezcandar, Ovécar (1414) Farax, Jahe (1479) Ferrachico, Monferriz (1501) Ferrero, Mahoma (1511) Forner, Jahe (1488) Fornos, Jahe (o Jahie) (1465, 1485) Fornos, Jahe alias Moreno (1484, 1485) Franco, Axa (1484) Franco, Azmen, difunto, padre de Maho ma (1519) Franco, Azmet (o Amet) (1476, 1506) Franco, Brahim (1468, 1511) Franco Brahim alias Doyde (1509) Franco, Brahim mayor (1478) Franco, Brahim menor (1486) Franco, Brahim alias Lacayo (1513)) Franco, Çalema (1447) Franco (Franquí), Çalema (1511, 1519) Franco, Hazmet (1465) Franco, Jucé (1479, 1486) Franco, Jucé hijo del difunto Mahoma (1485) Franco, Jucé (1522) Franco, Mahoma (1411) Franco, Mahoma (1473, 1510) Franco, Mahoma mayor (1519) Franco, Mahoma menor (1485) Franco, Mahoma menor (1511, 1516) Franco, Mahoma hijo del difunto Azmen Franco, Mahoma hijo de Mahoma Franco, Osinen (Osama?) (1478) Furno, Jahe alias Moreno (1485) Galbán, Alí (1468, 1478) Galbán, Jahe (1483, 1511) Galbán, Mahoma (1485, 1511) Galino (1521) Galino Gallo, Alí (1521) Galtel (Galter), Brahim (1500) Galtel (Galter), Mahoma (1511, 1515) Gaycho, Ovécar de (1476) Jahe (Jafe), Jucé (1478, 1485) Jahe, Mahoma (1501) Jahe, Mahoma menor (1485) Jahe, Muça (1485) Jahe, Muçot (1484) Jahe (Jahel), Brahim (1499, 1516) Jahel, Alí (1522) Jahel, Mahoma (1511) Jahel, Muça (1412) Jahe, Muça (1476, 1478) Jahie (1474) Lacabeza, Jucé hijo de Mahoma (1515) Maestro, Mahoma del (1466) Mallor, Mahoma (1468, 1485) Manco, Mahoma el (1465) Maruan, Mahoma (1414) Mayo, Mahoma (1476, 1485) Mellon, Mahoma (1483) Menescal, Mahoma (1419, 1524) Minyana, Muça (1403) Mofereg, Jahe (1424) Mora, Alí de (1498) Morallon (Morellon), Jucé (1487) Morallon (Morellon), Mahoma (1465, 1497) Moreno, Jucé (1468) Moreno, Mahoma (1485, 1519) Muça, Jahe (1460) Muça, Ovécar (1515) Muçot, Jucé (1468) Naval, Jahe de (1412, 1424) Navarro, Aça (Eyça) (1434, 1463)) Navarro, Alí (1434) Navarro, Eyça ( 1511) Navarro, Mahoma (1483) Ovécar, Ferrachico (1506) Ovécar, Mahoma de (1500, 1521) Pasavallas, Mahoma (1484, 1511) Pueyo (Pueo), Brahim de (1478) Pueyo (Pueo) Jucé (1517) Pueyo (Pueo), Brahim de (1465, 1485) Pueyo (Pueo), Mahoma (1465, 1485) Pueyo, Mahoma hijo de Mahoma alias Chollo (1413) Rey, Alí de (1464) Rey, Eyça del (1472, 1488) Rey, Jucé de (1480) Reycon, Jucé alias el Royo (1481) Rocon, Mahoma (1519) Rocon, Ovécar (1519) Royo, Eyça del (1498, 1516) Sansón, Eyça (1516) Sasa, Mahoma (1482) Sceit (Ceyt) (1414) Serrato, Brahim (1465) Tahe (Taher), Jucé (1465, 1481) Verdugo, Mahoma (1484) Zayton, Jucé (1483) 5. Relación de fuentes consultadas. Archivo Histórico Provincial de Huesca (AHPH), Archivo Municipal de Barbastro (AMB), Archivo Diocesano de Barbastro (ADB), Archivo de la Corona de Aragón (ACA), Archivo Histórico Provincial de Zaragoza (AHPZ) 1403: AHPH, Pr. 3114 1411: AMB, Pr. Caja 1, Fatás 1411 1412: AMB, Pr. Caja 1, Fatás 1412 1413: AMB: Pr. Caja 1, Fatás 1413 1414: AMB, Pr. Caja 1, anónimo 1424: AMB, Pr. Caja 1, Fatás 1424 1434. AHPH, Pr. 3133 1445: AMB, A-400-001 1447: AMB, Caja D-2, 28 1458: AHPH, Pr. 4304 1459: AMB, Pr. Caja 7 Cenedo 1459 1460: AMB, Pr. Caja Cenedo 1460 1463: AMB, Pr. Caja 9, Benet 1463 1464: AMB, Pr. Caja 8, Cenedo 1464 1464: AHPH, Pr. 4306 1465: AHPH, Pr. 3153 1465: AMB, Pr. Caja 13, Abiego 1465 1466: AHPH, Pr. 3154 1466: AMB, Pr. Caja 9, Benet 1466 1467: AMB, Pr. Caja 16, Lunel 1467 1467: AMB, Pr. Caja 9, Benet 1467 1468: AHPH, Pr. 3156 1468: AMB, Pr. Caja15, Cervellón 146 1468: AMB, Pr. Caja 16, Lunel 1468 1468: AHPH, Pr. 3157 1469: AHPH, Pr. 4311 1469: AMB, Pr. Caja 9, Benet, 1469 1471: AHPH, Pr. 3174 1471: AMB, Pr. Caja 18, Sin 1471 1472: AMB, Pr. Caja 18, Sin 1472 1472:AMB, Pr. Caja 14, Abiego 1472(2) 1472: AMB, Pr. Caja 18, Sin 1472 1473: AMB, Pr. Caja 16, Lunel 1473 1474: AHPH, Pr. 3162 1476: AMB, Pr. Caja 10, Benet 1476 1476: AMB, Pr. Caja 19, Sin 1476 1478: AHPH, Pr. 3577 1478: AHPH, Pr. 3166 1478: AHPH, Pr. 3177 1479: AMB, Pr. Caja 19, Sin 1479 1479: AMB, Pr. Caja 17, Lunel 1479 1479: AMB, Caja 14, Abiego 1479 1480: AMB, Pr. Caja 10, Benet 1480 1480: AMB, Pr. Caja 19, Sin 1480 1481: AMB, Pr. Caja 19, Sin 1481 1481: AMB, Pr. Caja 11, Asín, 1481 1481: AMB, Pr. Caja 17, Lunel, 1481 1481: AMB, Pr. Caja 10, Benet 1481 1481: AHPH, Pr. 3168 1482: AMB, Pr. Caja 17, Lunel 1482 1483: AMB, Pr. Caja 10, Benet 1483 1483: AMB, Pr. Caja 19, Sin 1483 1484: AHPH, Pr. 3169 1484: AHPH, Pr. 3184 1484: AMB: Pr., Caja 17, Lunel 1484 1484: AHPH, Pr. 3184 1484: AMB, Pr. Caja 19, Sin 1484 1485: AMB, Pr. Caja 19, Sin 1485 1485: AMB, Pr. Caja 18, Lunel 1485 1485: AMB, Pr. Caja 11, Asín 1485 1485: AHPH, Pr. 3170 1485: AHPH, Pr. 3184 1485: AHPH, Pr. 3193 1485: AHPH, Pr. 4333 1486: AHPH, Pr. 3185 1486: AHPH, Pr. 3171 1486: AHPH, Pr. 4333 1487: AMB, Pr. Caja 20, Sin 1487 1487: AHPZ, Archivo Ducal de Híjar, 3/1- 31-52 1487: AMB, Pr. Caja 11, Asín 1487 1488: AMB, Pr. Caja 20, Sin 1488 1488: AHPH, Pr. 3172 1491: ACA, D/V 31-4 1492: ACA, D/V 31-4 1494: AMB, Pr. Caja 15, Cervellón 1494 1497: AMB, Pr. Caja 23, Abiego 1497 1498: AMB, Pr. Caja 22, del Grado 1498 1498: AMB, Pr. Caja 25, de Toledo 1498 1500: AHPH, Pr. 3251 1500: AMB, Pr. Caja 25, de Toledo 1500 1500: AMB, Pr. Caja 23, Abiego 1500 1501: AHPH, Pr. 3199 1501: AMB, Pr. Caja 25, de Toledo 1501 1503: AHPH, Pr. 3228 1506: AHPH, Pr. 3204 1506: AMB, Pr. Caja 24, Abiego 1506 1507: AHPH, Pr. 3254 1509: AHPH, Pr. 3255 1510: AHPH, Pr. 3208 1511: AMB, Pr. Caja 27, de Toledo 1511- 1512 1512: AHPH, Pr. 3256 1513: AMB, Pr. Caja 27, de Toledo 1513- 1514 1514: AHPH, Pr. 3252 1514: AMB, Pr. Caja 27, de Toledo 1513- 1514 1515: AHPH, Pr. 3252 1515: AHPH, Pr. 3257 1516: AHPH, Pr. 3258 1516: AHPH, Pr. 3313 1516: AMB, Pr. Caja 31, Baltasar 1516 1517: AHPH, Pr. 3177 1517: AHPH, Pr. 3259 1519: AHPH, Pr. 3260 1521: AHPH, Pr. 3318 1521: AMB, Pr. Caja 25, Abiego 1521 1522: AHPH, Pr. 3262 1522: AMB, Pr. Caja 28, de Toledo 1522 1522: AMB, A400-002 1524: AMB, Pr. Caja 26, Giménez 1524 1624: ADB, Bastardelo de Visitas iniciado en este año. Legajo 577. Bibliografía. Directamente relacionada con Naval $\mathbf { M } ^ { \mathrm { a } }$ Isabel Álvaro Zamora: “La ollería de Naval (Huesca)”, Argensola, XVIII, $\mathrm { n } ^ { \mathrm { o } } 7 1 \mathrm { - } 7 2$ , (1977), pp. 71-94. Privato Cajal Sazatornil: Cajal: X siglos de historia de Naval (Huesca) y sus salinas y anecdotario del autor, Barcelona, edición del autor, 1969. Ricardo Del Arco y Garay: “De la Edad Media en el Alto Aragón: I. Documentos de Alquézar. II. Privilegio de ingenuidad y franquicias de la villa de Naval. III. Cuaderno de privilegios reales de la villa de Sariñena. IV. Ordinaciones reales de Barbastro (1454)”, Estudios de la Edad Media de la Corona de Aragón, II (1946), pp. 433-468. J. Miguel Rodríguez Gómez: “La sal y el origen de la arriería (II): Naval, centro salinero del Alto Aragón (I)”, Revista Serrablo, XXXVIII, $\mathrm { n } ^ { \circ } \ 1 4 8$ , Sabiñánigo (junio 2008). Accesible en: http://www.serrablo.org/ revista/148/arrieros-en-serrablo. Idem: “La sal y el origen de la arriería (III): Naval, centro salinero del Alto Aragón (II)”, Revista Serrablo, XXXIX, $\mathrm { { n } } ^ { \mathbf { o } } \ 1 5 2$ , Sabiñánigo (junio 2009). Accesible en:http://www.serrablo.org/revista/152/arrieros-en-serrablo. Con algún dato de interés o relacionado con Naval. M.I. Álvaro, G. Borrás, E. Sarasa: Los mudéjares en Aragón, Zaragoza, CAI, 2003. Asunción Blasco Martínez: “Notarios Mudéjares de Aragón (siglos XIV y XV), Aragón en la Edad Media, 10-11 (1993), pp. 109-134. José Cabezudo Astrain: “Los moros de Barbastro y la cuestión de la mezquita”, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, XI (1962), pp. 115-120. Ánchel Conte Cazcarro: La aljama de moros de Huesca, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1996. Idem: La aljama de moros de Barbastro, Barbastro, edición del autor, Barbastro, 2013. Antonio Durán Gudiol: Colección Diplomática de la catedral de Huesca, 1, Zaragoza, Escuela de Estudios Medievales, 1965. María Teresa Ferrer i Mallol: “Las comunidades mudéjares de la Corona de Aragón en el siglo XV: La población”, VIII Simposio Internacional sobre Mudejarismo, Teruel, 1999, pp. 27-153. Maria Luisa Ledesma Rubio: Estudios sobre los mudéjares en Aragón, Teruel, Centro de Estudios Mudéjares, 1996. Germán Navarro Espinach: “Conquista cristiana y feudalismo: las tierras del Somontano en la Edad Media”, en Comarca de Somontano de Barbastro, Colección Territorio. Portal de las Comarcas de Aragón, Zaragoza, Gobierno de Aragón, pp. 87-100. Accesible en: http://www.comarcas.es/ pub/documentos/documentos_II-4_33ca2948.pdf, 2006. Jaume Riera i Sans: “Los pastorells en Barbastro (julio de 1320)” en Aragón en la Edad Media, 18 (2004), pp. 299-336. Mª José Roy Marín: “Las comandas-depósito entre las minorías religiosas en la Zaragoza medieval”, Revista de Historia Zurita, 74 (1999), pp. 27-50. Antonio Serrano Montalvo: La población de Aragón según el fogaje de 1495, 2 vols, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1995.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Pilar Pueyo Colomina. Trayectoria académica e investigadora: Pilar Pueyo Colomina. Academic and Research Career
PILAR PUEYO COLOMINA. TRAYECTORIA ACADEMICA E INVESTIGADORA. PILAR PUEYO COLOMINA. ACADEMIC AND RESEARCH CAREER. M.ª Milagros CÁRCEL ORTÍ Universitat de València ORCID: 0000-0002-3487-9813 firstname.lastname@example.org. Resumen: En este artículo, homenaje a Pilar Pueyo Colomina, profesora de la Universidad de Zaragoza, con motivo de su jubilación, se hace un recorrido por su trayectoria académica en sus dos vertientes: docencia e investigación. En la primera parte, se describe su actividad docente, centrada sobre todo en la Paleografía. En la segunda parte, se analizan sus principales líneas de investigación en el campo de la Diplomática y su aportación a la Diplomática episcopal de la diócesis de Zaragoza. Palabras clave: Paleografía, Diplomática, Visitas pastorales, Visitas ad limina. Abstract: In this article, a tribute to Pilar Pueyo Colomina, professor at the University of Zaragoza, on the occasion of her retirement, a journey is made through her academic career in its two aspects: teaching and research. In the first part, his teaching activity is described, focused mainly on Paleography. In the second part, his main lines of research in the field of Diplomatic and her contribution to Episcopal Diplomatic of the Diocese of Zaragoza are analyzed. Keywords: Palaeography, Diplomatic, Pastoral visits, Ad limina visits. 1. Introducción1. Recibí la invitación de María Luz Rodrigo-Estevan,2 directora de la revista Aragón en la Edad Media (que publican las áreas de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas, integradas ahora en el nuevo Departamento de Historia de la Universidad de Zaragoza) para hacer la semblanza de la profesora Pilar Pueyo Colomina, tras considerar que era la persona más indicada para realizarla, porque conozco de cerca su trayectoria académica e investigadora y por la estrecha amistad que nos une. Acepté con agrado el encargo, consciente del compromiso y responsabilidad que suponía para mí hablar de una amiga y colega y porque no sabía si estaría a la altura de las circunstancias siendo ecuánime en mis apreciaciones. Supe de la existencia de Pilar a través del profesor José Trenchs Òdena, que se había incorporado a la Universidad de Valencia en febrero de 1978 después de haber ganado por oposición la agregación de Paleografía y Diplomática. Él había asistido en 1981 a la Tesis doctoral de Pilar como miembro del tribunal y a su vuelta de Zaragoza me habló de ella y de su voluminoso trabajo, que yo ya había visto cuando los cuatro volúmenes llegaron al Departamento. El tema —una visita pastoral— me era conocido, pues llevaba trabajando sobre eso desde hacía unos años. Pronto comenzamos un contacto epistolar. Al año siguiente coincidimos en el primer Curso de Estudios Universitarios BenassalCastelló y al otro en Múnich, en el VI Congreso de la Comisión Internacional de Diplomática. Desde el primer momento conectamos y poco a poco la amistad creció y se fue afianzando. Los encuentros, siempre con motivo de algún congreso, propiciaron largas conversaciones acerca de nuestros temas afines de investigación y de docencia, sobre los que sentíamos verdadera pasión. Todo ello facilitaba la discusión, el intercambio de ideas, de bibliografía y de material didáctico, además del conocimiento personal. 2. La Paleografía, en la docencia. Pilar Pueyo nació en Barbastro (Huesca), capital de la comarca del Somontano, el 9 de junio de 1951. Allí cursó los estudios primarios y el Bachillerato Superior, yendo cada año a examinarse al Instituto de Segunda Enseñanza de Lérida. Una vez aprobada la reválida de sexto y tras obtener el «título de bachiller», en 1967 se trasladó a Zaragoza para cursar el séptimo y último año, el Preuniversitario, comúnmente conocido como «Preu». 3 Cursó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza durante el período 1968-1973, concluyendo la licenciatura de Filosofía y Letras en su sección de Historia, por la Facultad de Filosofía y Letras de dicha Universidad. Al año siguiente presentó su Tesis de Licenciatura, dirigida por el profesor Ángel Canellas López, sobre unas cuentas fiscales del mayordomo del concejo municipal de Zaragoza. 4. Vinculada al Departamento de Paleografía de la Universidad de Zaragoza y definido el proyecto de su tesis doctoral, se benefició durante tres años (1974-1976) de una beca de investigación del Ministerio de Educación y Ciencia (programa de formación del personal investigador). La tesis doctoral le permitió entrar en contacto con los fondos del Archivo Diocesano de Zaragoza, que ha seguido frecuentando a lo largo de su actividad investigadora. El tema se lo propuso el sacerdote Arturo Ansón, archivero, que le mostró un libro de visita pastoral del arzobispo Añoa y Busto, con el que previsiblemente podría hacer un buen trabajo por la riqueza de datos que contenía esta fuente eclesiástica, como así fue. La tesis, titulada Iglesia y sociedad zaragozanas a mediados del siglo XVIII. Aspectos geográficos, demográficos, sociológicos, eclesiásticos y fiscales de la diócesis de Zaragoza a través de una visita pastoral del prelado Francisco Añoa (1745-1749), fue valorada muy positivamente por el tribunal5 que la juzgó el día de la defensa —el 30 de abril de 1981— y calificada con Sobresaliente «cum laude». La Institución Fernando El Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza la premió en el V Concurso de Tesis Doctorales, y el curso siguiente le fue concedido el Premio Extraordinario de Doctorado (Historia) de la Universidad de Zaragoza. En el Departamento de Paleografía, pionero en España en el estudio de esta fuente, ya se habían hecho algunas tesis de licenciatura basadas en actas de visita pastoral,6 dirigidas por el profesor Ángel Canellas, que también dirigió la tesis doctoral de Pilar Pueyo. Sus responsabilidades docentes comenzaron como Profesora Colaboradora del Departamento de Paleografía (1983-1985), y siguieron como Profesora Titular de Universidad en el área de Paleografía y Diplomática7 en dicho departamento8 de la Universidad de Zaragoza, desde diciembre de 1985 hasta septiembre de 2021 en que le llegó la jubilación. La Ley Orgánica de Reforma Universitaria (LRU) de 1983 para el acceso a la categoría de profesor Titular de Universidad y de Profesor Titular de Escuela Universitaria posibilitó la promoción a estas categorías a todos aquellos profesores e investigadores que de una forma continuada venían contribuyendo con su dedicación a las tareas universitarias, con una especial vinculación a la Universidad y cualificación docente e investigadora. El sistema de acceso al cuerpo de profesores adjuntos, mediante el tradicional sistema de concurso-oposición de ámbito nacional, una modalidad creada en 1976, quedó derogada por esta nueva Ley de 1983, siendo sustituida por la figura del cuerpo de Profesores Titulares de Universidad, al cual se accedía también por oposición, pero celebrada en la propia Universidad, lo cual agilizó la incorporación a las citadas categorías a un importante número de profesores, respetando el rigor científico que en todo caso debía imperar en cualquier sistema válido de selección. En febrero de 1984 se convocaron los requisitos de las pruebas de idoneidad previstas en la LRU para acceder a la categoría de Profesora Titular, que se realizaban en la propia Universidad, a las que se presentó Pilar Pueyo, superándolas con creces, integrándose al poco tiempo en el Cuerpo de Profesores Titulares de Universidad por la LRU (3 de abril de 1984). 9. Después de cinco años como alumna, tres como becaria, seis como profesora ayudante de clases prácticas, tres como profesora colaboradora y treinta y seis como profesora titular, Pilar Pueyo pertenece a una generación de profesores que en sus años estudiantiles vivió la transformación política y social de la universidad española, con la sucesión de protestas, manifestaciones, asambleas y huelgas, tanto de los estudiantes como de los profesores no numerarios (los conocidos como ‘penenes’) y la consiguiente interrupción de las clases. Esta generación de profesores se incorporó a las aulas a finales de la década de los setenta, cuando la universidad española había experimentado desde 1970 una transformación notable tras la llegada masiva de estudiantes y el incremento del número de profesorado recién licenciado en los departamentos para atender la creciente demanda docente (Laliena, 2019: 30-31). Formada en Paleografía y Diplomática en las clases del profesor Ángel Canellas, su vocación docente se ha centrado fundamentalmente en la enseñanza de la Paleografía en la licenciatura de Historia, y sobre todo en la diplomatura de Biblioteconomía y Documentación y en el posterior grado de Información y Documentación.10 Ha impartido cursos de doctorado, como actividad de tercer ciclo; 11 asimismo ha estado presente en el máster en Gestión de Unidades y Servicios de Información y Documentación. 12. Se ha entregado con total dedicación a su alumnado trasmitiéndole el amor hacia la Paleografía, siguiéndole y animándole en sus progresos en la lectura de las distintas y en ocasiones dificultosas escrituras librarias y documentales medievales. Aunque mantuvo esta asignatura durante muchos cursos, se preocupaba de renovar cada año las láminas con reproducciones de escrituras que eran su material docente. Siendo la Paleografía una materia tan visual no dudó en utilizar desde el primer momento, cuando lo adquirió su departamento, el retroproyector de transparencias, que posibilitaba a los estudiantes ver detalles de las letras de manera más agrandada. Cuando a partir de los años 90 hicieron su aparición las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), trajeron consigo cambios importantes que alcanzaron casi todos los ámbitos de la actividad humana en todo el mundo. Esta nueva cultura se integró rápidamente en la educación y las presentaciones PowerPoint (PPT), entre otras tecnologías, no tardaron en llegar a las aulas universitarias. Pilar Pueyo hizo uso de ellas cuando descubrió el potencial que este programa de presentación con texto esquematizado, diapositivas y animaciones tanto de texto como de imágenes le brindaba para sus clases, sin desdeñar el trabajo personal que cada estudiante debía destinar tiempo para la lectura y transcripción de las láminas que luego eran corregidas minuciosamente por Pilar. En su docencia era exigente, pero justa. Los alumnos tenían un buen concepto de ella como profesora y como persona, siempre cercana, paciente y dispuesta a ayudarles, y la valoraban de manera muy positiva.13 Diversos seminarios, 14 cursos15 y talleres16 se han beneficiado también de su magisterio con la Paleografía como referente principal. La docencia, que tanto le interesó, la llevó a implicarse en proyectos de innovación docente17 y a colaborar en experiencias de diseño curricular y guías docentes ECTS18 (Pueyo, 2008a: 157-170, Pueyo et alii, 2008b: 145-152; Pueyo et alii, 2009). En el último manual de Paleografía publicado en España participó junto con Asunción Blasco y María Narbona con una breve contribución sobre la escritura gótica aragonesa (Pueyo, 2016: 199-209). Demostró sus dotes para la gestión universitaria como subsecretaria del Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos durante el curso 2003-2004, secretaria del mismo Departamento desde julio de 2004 a octubre de 2006 y secretaria de la revista Aragón en la Edad Media, desde junio de 1999 hasta junio de 2003; y desde junio de 2007 hasta junio de 2014. Ha formado parte de grupos de investigación, primero como miembro activo del Grupo Consolidado de Investigación Aplicada DAMMA (Documentos de Archivo Medievales y Modernos Aragoneses), 19 del que fue investigadora principal del grupo entre septiembre y diciembre de 2016, y después, como miembro activo del Grupo SIGYDOC20 (Signos y documentos. Cultura escrita y sociedad en Aragón (siglos XII-XVIII), que sustituyó al anterior. Su afán por seguir aprendiendo lo demuestra la asistencia y participación en 71 cursos, congresos y reuniones científicas, nacionales e internacionales, sobre todo de su especialidad, Diplomática y Paleografía, a los que empezó a acudir en 1982, y en los que coincidimos en numerosas ocasiones. Ese año, por iniciativa y empeño del profesor José Trenchs Òdena, comenzaron los Cursos de Estudios Universitarios Benassal-Castelló21 que, desde entonces, se convirtieron en cita obligada para los profesionales de la Paleografía y Diplomática de nuestro país. Las seis ediciones de los cursos —entre 1982 y 1989— permitieron a los asistentes conocer nuevas corrientes en Paleografía y Diplomática, que modernizaron las ciencias historiográficas y las convirtieron en más científicas, completas, comprensibles y cercanas, y ofrecieron una nueva manera de enfocar la investigación, procedente básicamente de Italia, Francia y Bélgica. Las buenas relaciones que mantenía José Trenchs con la mayoría de los profesores que constituían entonces la vanguardia europea, quedó de manifiesto en los invitados y colaboradores22 que participaron en Benassal, algunos de ellos en más de una ocasión. Los cursos iban dirigidos al profesorado universitario, becarios y alumnos de los últimos cursos de carrera (Sanmartí, 2013: 48-49). Pilar Pueyo asistió a cuatro de ellos (1982, 1984, 1985 y 1991). Pronto empezó a frecuentar los congresos de la Comisión Internacional de Diplomática, siendo el primero el correspondiente al VI Congreso Internacional celebrado en Múnich a finales de octubre de 1983. José Trenchs fue el que facilitó la asistencia, al preparar para todos los universitarios hispanos que quisieran desplazarse un viaje directo en autobús desde Barcelona a Múnich. No tuvieron que ocuparse de nada: viajes, hoteles en ruta y en destino, excursión a Salzburgo y visitas con guía de habla española. Trenchs aplicó sus viejos conocimientos de la Escuela de Turismo y los trató como a invitados de lujo (Sanz, 2013: 51). En enero de ese año Pilar Pueyo había iniciado sus responsabilidades docentes con la impartición de clases teóricas y prácticas de Paleografía y Crítica Textual, en la Sección de Filología. Sus dudas y temores como principiante respecto a la docencia fueron temas de muchas de nuestras conversaciones en la capital bávara, que con el paso del tiempo desaparecerían, demostrando ser una buena profesora. El segundo, el VII Congreso Internacional celebrado en Valencia, Castellón y Peñíscola en 1986, atrajo a una serie de diplomatistas de toda Europa, dispuestos a trabajar en un tema que hasta el momento había quedado un tanto desplazado dentro de los intereses de esta disciplina: la documentación notarial. José Trenchs cuidó hasta el mínimo detalle todos los elementos necesarios para que aquel congreso se convirtiera, como así fue, en un referente para el futuro. También se ocupó de la edición de las Actas del Congreso, y ahí están para demostrarlo los dos volúmenes que siguen siendo obra de consulta obligada para todos los que quieran acercarse a la Diplomática notarial23 (Sanz, 2013: 52-53). En el VIII Congreso Internacional celebrado en Innsbruck en 1993, que tuvo por tema Die Diplomatik der Bischofsurkunde vor $I 2 5 0 ~ / ~ L a$ diplomatique épiscopale avant 1250, participó por invitación con una comunicación sobre «Diplomática episcopal cesaraugustana» (Pueyo, 1995b). Tras su ingreso como miembro de la Comisión Internacional de Diplomática en julio de 2008, presentó en el XII Congreso Internacional celebrado en St. Pölten en 2009 sobre Regionale Urkundenbücher, la comunicación «Edición de documentos medievales en Aragón, Cataluña y Valencia» (Pueyo, 2010), y en el Meeting during the 21st Congress of the CISH, celebrado en Amsterdam en 2010 sobre Charters in Medieval Society presentó, también por invitación, la comunicación «Documentación eclesiástica y vida cotidiana. La práctica devocional en la diócesis de Zaragoza durante el arzobispado de García Fernández de Heredia (1383-1411)» (Pueyo, 2011). Asistió al XII Congreso Internacional celebrado en París en 2012 sobre Les formulaires. Compilation et circulation des modèles d’actes dans l’Europe médiévale et moderne, al $7 ^ { \mathrm { { o } } }$ Coloquio técnico celebrado en Estrasburgo en 2017, sobre Repousser les frontières de la diplomatique / Pushing boundaries in diplomatics, y al XV Congreso celebrado en Leipzig en 2018, sobre The sources of international relations between the political centres of Europe and the Mediterranean (800-1600). Letters-Acts-Treaties. Desde 1990 asistió a cinco congresos de Historia de la Corona de Aragón, presentando comunicación en dos de ellos (Pueyo, 1998b y 1994c). Pero donde más asidua fue su presencia, en 14 ocasiones, ha sido en los congresos que anualmente viene organizando la Asociación Nacional de Archiveros de la Iglesia en España en una ciudad distinta, que frecuenta desde 1994 en calidad de comunicante (Pueyo, 1996a; 1997a; 1998a; 2000a y 2004) o ponente (Pueyo, 1999b). El último fue en 2015, celebrado en Zaragoza-Huesca-Jaca sobre Milagros y hechos prodigiosos en los Archivos de la Iglesia en el que leyó la ponencia, compartida con Asunción Blasco Martínez, «El canónigo Pedro de Arbués: vida, obra y milagros», publicado en 2021 (Pueyo, Blasco 2021b). Desde 2003, la Sociedad Española de Ciencias y Técnicas Historiográficas celebra anualmente sus Jornadas en ciudades diferentes. 24 Pilar Pueyo ha asistido a 15 de ellas. En las X Jornadas que tuvieron lugar en Valladolid, en 2012, que llevaban por título Lugares de escritura: la catedral, actuó como ponente invitada disertando sobre «Documentos episcopales y capitulares: siglos XII-XV» (Pueyo, 2014a). La Junta Directiva de la referida Sociedad le encargó la organización en Zaragoza de las XII Jornadas, que se celebraron en junio de 2014 bajo el título de Lugares de escritura: la ciudad. Pilar se implicó de lleno en la gestión recabando de varias instituciones la ayuda económica necesaria y aseguró la publicación de las actas por parte de la Institución Fernando El Católico (Pueyo, 2015a), coordinó y supervisó los trabajos leídos durante las Jornadas e incluyó una presentación (Pueyo, 2015b: 9-14). En la asamblea general de las XVI Jornadas que se celebraron en junio de 2018 en León fue elegida por unanimidad Vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Ciencias y Técnicas Historiográficas, como representante de Profesores Titulares de Universidad, cargo en el que se mantuvo hasta junio de 2021. La Asociación Hispánica de Historiadores del Papel realiza desde 1995 congresos bianuales en ámbito hispano en diversos lugares relacionados con la industria papelera, bajo el título Congreso Nacional de Historia del Papel en España. A partir de la duodécima edición se incorporaron los compañeros portugueses generalizándose los estudios a toda la Península Ibérica y aceptándose como leguas oficiales el español y el portugués.25 Pilar asistió a los siete primeros y, además de su presencia activa en estos encuentros científicos internacionales y nacionales, no descuidó asistir o participar en encuentros que se celebraron en tierras aragonesas como las Jornadas sobre el estado actual de los estudios sobre Aragón (Pueyo, 1984), las Jornadas sobre metodología de la investigación científica sobre fuentes aragonesas (Pueyo, 1986c y 1993b), las Jornadas de estudios sobre Aragón en el umbral del siglo XXI (Pueyo, 2007) o el $I V$ Simposio Internacional de Mudejarismo (Pueyo, 1993a). 3. La Diplomática, en la investigación. Si bien en su dedicación docente predomina la enseñanza de la Paleografía, en su actividad investigadora Pilar Pueyo se ha decantado más por la Diplomática, abordando diversos aspectos relacionados con esta ciencia, como el notariado, la sigilografía, la diplomática episcopal o la edición de fuentes, que configuran sus líneas preferentes de investigación. La tesis doctoral sobre una visita pastoral del siglo XVIII realizada por el arzobispo Añoa26 (Pueyo, 1981a) le marcó ya el camino hacia uno de los temas sobre el que siguió profundizando a lo largo del tiempo. Publicada posteriormente (Pueyo, 1991b), se aprecia que, aunque el trabajo es fundamentalmente de tipo histórico en el que se examinan todos los aspectos (población del arzobispado, régimen jurisdiccional de las localidades donde están ubicadas las parroquias, bajo clero rural, aspirantes al sacerdocio, comunidades religiosas, renta de los curatos, diezmos y primicias y fundaciones eclesiásticas), se incluye un estudio diplomático de la estructura de las actas y de la tipología de esta fuente eclesiástica, reconstruyéndose hipotéticamente el cuestionario seguido en cada una de las parroquias inspeccionadas. Su primera publicación sobre este tema fue un breve trabajo sobre la villa de Mas de las Matas (situada en el Bajo Aragón), a través de las visitas pastorales (Pueyo, 1981c), acerca de la cual continuó recogiendo más noticias de época moderna (Pueyo, 1982) extraídas de los registros de actas de visita, libros de derechos de visita y matrículas del cumplimiento del precepto pascual, todos ellos conservados en el Archivo Diocesano de Zaragoza, archivo que pasó a ser prioritario para su investigación. Así descubrió las posibilidades de estudio que esta fuente ofrece sobre religiosidad popular, en concreto para conocer el nivel de instrucción en la doctrina cristiana a mediados del siglo XVIII en la diócesis de Zaragoza (Pueyo, 1984). Además de las actas de la visita pastoral, analizó dos libros, uno que contiene lo percibido en cada parroquia por derecho de dieta, sello de libros, de juez y “definimientos”, y otro que registra lo recibido por derecho de ducado, tres por ciento y pila (Pueyo, 1986a: 326); aunque lo más interesante de estos manuscritos no es tanto el conocimiento de los ingresos que percibe el visitador por el cobro de estos derechos, cuanto el poder reconstruir el itinerario, es decir, el largo recorrido, normalmente en carruaje, que hizo el visitador y que Pilar reprodujo sobre un mapa (Pueyo, 1987: 148; 1999a: 189). La importancia de estos libros radica en que a veces no se han conservado las actas de la visita y por ellos sabemos que esta se realizó. Algo parecido ocurre al analizar los libros parroquiales: en los libros de difuntos de Pedrola se insertan los mandatos de una visita pastoral. Estas anotaciones le permitieron conocer cuántas veces se hizo la visita a esa parroquia porque no quedan libros de visita en el Archivo diocesano (1986c). De su conocimiento en profundidad de la visita dejó constancia al hablar de la metodología para su explotación científica, un trabajo bien estructurado en el que dio una visión completa de esta fuente eclesiástica, de los temas que se pueden estudiar (Pueyo, 1993b: 245-268) y de la forma de recopilar los datos, que amplió años después en una propuesta metodológica para el estudio de la visita pastoral (Pueyo, 1999b), que presentó como ponente invitada en el XIII Congreso de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España celebrado en Sevilla del 11 al 16 de septiembre de 1997, cuyo tema era Las visitas pastorales en el Ministerio del Obispo y Archivos de la Iglesia, abriendo interesantes perspectivas para la utilización de los materiales que ofrece esta fuente. Fue un acierto por parte de la Asociación de Archiveros de la Iglesia proponer este tema, pues desde la década de los 70, tanto en Francia como en Alemania e Italia, habían aparecido experiencias metodológicas basadas en un cuestionario muy detallado que habían posibilitado elaborar una especie de inventario-repertorio de todas las visitas pastorales conservadas en los archivos diocesanos, garantizando así su conservación. Tras los trabajos sobre las visitas pastorales, Pilar se adentró en otra fuente eclesiástica: las visitas ad limina de las diócesis aragonesas, cuya documentación se encuentra en el Archivo Apostólico Vaticano (antes Archivo Secreto Vaticano), aunque algunas copias se guardan en el Archivo Diocesano de cada diócesis. Después de varias estancias breves en el Archivo Apostólico Vaticano, 27 comenzó a dar a conocer el contenido de los informes que con motivo de la visita ad limina enviaron a Roma el arzobispo de Zaragoza Añoa y Busto (Pueyo, 1981b), los obispos de Barbastro del siglo XVIII (Pueyo, 1994a) y los obispos de Jaca de los siglos XVI al XVIII (Pueyo, 1994c y 2002b). Invitada a participar como ponente en el Colloque Les chemins de Rome: Les visites ad limina, celebrado en París en l’École des Hautes Études en Sciences SocialesÉcole Francaise de Rome, los días 4 y 5 de octubre de 1993, abordó las visitas de la diócesis de Jaca; los textos expuestos en el coloquio se publicaron nueve años después (Pueyo, 2002b). Su ambicioso proyecto —en fase de elaboración bastante avanzada—, es la edición de los informes de las diócesis de Barbastro, Huesca, Jaca, Teruel, Albarracín, Tarazona y Zaragoza, es decir, las siete diócesis aragonesas, con su correspondiente estudio diplomático (Pueyo 2007: 713). El Arzobispado de Zaragoza, en colaboración con la Diputación Provincial de Zaragoza, comenzó a llevar a cabo a mediados de los 80 la catalogación de los archivos parroquiales de la diócesis. Pilar Pueyo participó en esta tarea y cuando se ordenó el archivo parroquial de Castejón de Valdejasa, paralelamente a su labor de catalogación, pudo manejar la documentación existente. En un primer momento se interesó por los signos notariales que aparecen en documentos conservados en la parroquia, sobre todo en las antípocas e imposiciones de censos y treudos otorgados a esta iglesia parroquial desde 1535 hasta 1828 (Pueyo, 1986b: 1178). Hasta esta localidad se desplazaba el notario o escribano de las localidades cercanas y en un mismo día resolvía los asuntos pendientes. Este fue su primer trabajo de Diplomática sobre notariado y signos notariales, que siguió desarrollando posteriormente. En esta aportación sólo pretendía dar a conocer los nombres de los notarios que de alguna manera se relacionaron con esta población y los signos con los que autentificaban los instrumentos públicos que otorgaban, dado el valor que tienen como elemento auxiliar para la investigación histórica. Reprodujo los signos de los notarios en un apéndice final, especificando al pie de los mismos el nombre, lugar y fecha e incluyó un índice geográfico de notarios por localidades de procedencia, indicando los años de actuación. Barbastro, su localidad natal, también fue objeto de su investigación respecto de los signos manuales utilizados por los notarios en la baja Edad Media (Pueyo, 1996b). En los tres archivos consultados, Diocesano, Municipal y Archivo Histórico Provincial de Huesca, documentó alrededor de cincuenta notarios que intervinieron en la redacción de uno o más documentos, de los que proporcionó sus nombres, jurisdicción y años de actuación; luego los reunió en cinco grupos dependiendo de la fórmula empleada en la suscripción y aportó sus signos, como es usual en este tipo de trabajos (Pueyo, 1996b: 746-748). En una de sus estancias de investigación en el Archivo Apostólico Vaticano con el fin de recoger la documentación conservada sobre las visitas ad limina de las siete diócesis aragonesas, descubrió de manera casual el fondo Santini: al examinar uno de los documentos y tomar nota del notario que lo suscribía, advirtió que en algunos de ellos aparecía una fórmula que le llamó la atención: in archivo romane curie descriptus et matriculatus y quiso saber dónde se encontraba esta fuente, algo que finalmente consiguió con la valiosa ayuda del profesor Germano Gualdo, archivero del mismo archivo (Pueyo, 1998b: 498). Este trabajo, pionero en España y que ha tenido algún seguidor (Piñol, 2013: 254; Pons, 2017: 196), supuso un avance de un estudio más amplio sobre los notarios apostólicos hispanos matriculados en la curia romana de los que recogió unos setecientos signos de notarios de casi todas las diócesis de España (sesenta de notarios aragoneses) hasta principios del siglo XIX, tras revisar pacientemente todos los libros, leer los nombres y entresacarlos, ya que aparecían junto a los signos y nombres de notarios de diversos países de Europa. En este estudio presentó y reprodujo los de 14 notarios de tres diócesis del Alto Aragón: Huesca, Barbastro y Jaca (1996b: 494-497), que se matricularon en el colegio de escritores de la curia romana para poder ejercer allí su arte, pues todo notario extranjero que quisiera ejercer su oficio en la ciudad debía matricularse en el colegio, según se prescribía en la bula de creación del mismo por Julio II en 1507. Al no quedar completos los registros del siglo XVI y parte del XVII, suplió esta carencia de datos con las Relaciones ad limina. Fruto de esta laboriosa investigación casi detectivesca es otro trabajo sobre los signos de notarios de la diócesis de Burgos matriculados en la curia romana en la primera mitad del siglo XVI. Son una treintena de notarios registrados en los libros de matrícula, cada uno de los cuales, al lado de la fórmula de juramento, dibujó su signo, que lleva incorporado como símbolo de su dignidad apostólica y elemento identificador de los mismos unas llaves, por lo general en sotuer, que incluyó en el apéndice (Pueyo, 2014b: 519-524). En otros nombramientos de notarios, en este caso por los arzobispos de Zaragoza —Pedro de la Jugie, Guillermo d’Aigrefeuille y García Fernández de Heredia—, Pilar Pueyo, tras revisar paciente, rigurosa y exhaustivamente varios miles de folios y basándose en una fuente eclesiástica como son los registros episcopales, en los que ya llevaba trabajando desde hacía casi veinte años, localizó el nombramiento de más de 30 notarios (Pueyo, 2008c: 637), de los cuales unos eran de nombramiento arzobispal con jurisdicción en los lugares del señorío de la Mitra y otros de nombramiento arzobispal con jurisdicción en la ciudad, provincia y diócesis de Zaragoza. Realizó un estudio diplomático de este tipo de documento (littera creatio notarii), de los que ofreció una muestra de cinco de ellos tras la nómina que incluyó de los notarios. Una buena parte de los protocolos notariales del Bajo Aragón turolense se guarda en el Archivo Histórico Notarial de Alcañiz. El rastreo minucioso de los fondos que en él se conservan de la segunda mitad del siglo XV y del primer tercio del XVI le permitió presentar un esbozo de la documentación de tres notarios: Johan Sesse, Jaime Blasco y Pedro Siscar, de los que aportó una veintena de documentos redactados por ellos en los que se citan a habitantes del Mas de las Matas. Después de comentar los tipos de documentos que escribían, Pilar se interesó sobre todo por la escritura que utilizaban los habitantes de la villa cuando actuaban como testigos en los mismos, documentando así las primeras familias masinas, estableciendo al mismo tiempo las líneas de parentesco familiar, ya que Mas de las Matas surgió a comienzos del siglo XVI como núcleo de población (Pueyo, 1986d: 54). Se detuvo en los protocolos de Johan Sesse, vicario perpetuo de La Ginebrosa y notario público por autoridad apostólica e imperial de finales del siglo XV, para extraer noticias sobre mudéjares. Sobre esta localidad, próxima a núcleos de abundante población mora —como Calanda—, pero ubicada en la zona del Bajo Aragón tradicionalmente considerada de escasa población de mudéjares, descubrió referencias a moros, pocas pero atractivas, porque ofrecen una faceta poco usual en ellos: la de ser prestamistas (Pueyo, 1993a: 167). Encontró 32 referencias, que incluyó en forma de regesta, en un apéndice final. Aunque de época anterior al surgimiento del notariado en Aragón, dedicó un pequeño estudio al papel que el clero rural jugó en la localidad de Pastriz en los siglos XII y XIII, escriturando sobre todo testamentos para personas de la zona que acudían a los clérigos adscritos a su iglesia porque sabían escribir y signaban el documento con su nombre (Pueyo, 1998b: 469-471). Los datos proceden de los Cartularios de la Seo de San Salvador de Zaragoza, publicados por Ángel Canellas. Por último, mencionaré el estudio detallado de un pleito de 1762 entre el cabildo de Zaragoza y Ginebrosa, Aguaviva y Mas de las Matas por el pago del diezmo de judías y panizo, que se conserva en el fondo de Causas Pías del Archivo Diocesano de Zaragoza. Las etapas del desarrollo del proceso que duró entre 1739 y 1782 quedan explicadas de manera minuciosa, según el estilo de Pilar, con abundantes cuadros y gráficos sobre el cobro del diezmo en cada pueblo, edad de los testigos interrogados y lo que sembraron cada año (Pueyo, 1990: 54-55). Este pleito le dio pie para analizar el nivel de alfabetización y la habilidad gráfica de los 62 masinos que estamparon su firma tras su declaración en el interrogatorio, que reprodujo en un apéndice (Pueyo, 1991c: 52-59), junto con el nombre, edad, estado civil, cónyuge y calle donde vivían. Para ello se valió de otra fuente: la matrícula del cumplimiento del precepto pascual del mismo año (1762), donde están registradas todas las personas en edad de comulgar de ese año, a la que se añadía la relación anual de bautizados, fallecidos y matrimonios celebrados en esa parroquia, que se extraían de los libros parroquiales. También ha prestado atención al estudio de los sellos como elemento validatorio de los documentos, centrándose en la sigilografía parroquial de la diócesis de Zaragoza. Para los cinco trabajos publicados le han sido de gran ayuda las matrículas del cumplimiento del precepto pascual y los Duplicados de Bautismos, Matrimonios y Defunciones que se conservan en el Archivo Diocesano de Zaragoza. Estas matrículas, que contienen la relación de las personas en edad de comulgar que habían cumplido con la obligación de la confesión y comunión anual en su parroquia durante el tiempo señalado por la Iglesia, de acuerdo con lo dispuesto en las constituciones sinodales de este arzobispado, debían elaborarlas anualmente los párrocos y enviarlas a la curia metropolitana, aunque esta obligación no se cumplió realmente hasta la promulgación, el 4 de febrero de 1747, del edicto del arzobispo Añoa en el que ordenaba que se hiciera efectiva dicha disposición y, además, se remitiera una certificación de los bautizados, difuntos y casados habidos en las parroquias desde el 1 de enero al 31 de diciembre de cada año. Estos certificados se adjuntaban con las matrículas del cumplimiento del precepto pascual, bien formado parte de las mismas, anotando los datos al final de ellas, o en hojas exentas. La documentación se completa, a su vez, desde 1867 con los duplicados de Partidas Sacramentales. Desde el punto de vista de la Diplomática, estos documentos, ya sean las matrículas, los certificados o los registros de las partidas de bautismos, defunciones o matrimonios, se cerraban con la cláusula validatoria y la firma o suscripción del responsable del curato acompañada de la aposición del sello, teóricamente representativo de la parroquia, proporcionando una doble o triple vía de conocimiento del sello de la iglesia. Como resultado del Proyecto del Programa de Apoyo a la Investigación concedido por la Universidad de Zaragoza en el año 1999 para la realización de un Catálogo para una sigilografía parroquial de la diócesis de Zaragoza comenzó a trabajar con la profesora Mª de los Desamparados Cabanes Pecourt en la recogida de improntas sigilares que pronto empezaron a dar fruto. Juntas, publicaron y describieron los sellos de cuatro parroquias de la encomienda de Aliaga (Cabanes, Pueyo, 2002a), 13 sellos de cuatro parroquias de localidades sujetas a la jurisdicción del conde de Fuentes (Cabanes, Pueyo, 2006b), la simbología de San Lorenzo en los sellos de seis parroquias que tienen a este santo por titular (Cabanes, Pueyo, 2006a) y 22 improntas de otras tantas parroquias que en sus sellos llevan un monograma formado por la A y la M de María (Cabanes, Pueyo, 2021a). Y, en solitario, estudió la iconografía de San Miguel o sus atributos en veinticuatro parroquias de la diócesis de Zaragoza que tienen como titular a este santo (Pueyo, 2004). La inclusión de fotografías de las improntas sigilares en todos estos trabajos permite ver las dos modalidades empleadas para validar los documentos mediante el sello: las improntas de placa de papel y oblea desde, por lo menos, el año 1747 hasta el primer tercio o mediados del siglo XIX y, después, los de tinta, la forma, los tipos y el color de la misma. El clero ha sido otro de los temas tratados por Pilar Pueyo. El primer trabajo que dio a conocer al respecto se basaba en dos libros de órdenes y dimisorias de la época del arzobispo Añoa en el siglo XVIII. Analizó las letras dimisorias o permisos concedidos por el prelado a quienes querían recibir órdenes en otra diócesis, solicitados a la Secretaría de Cámara, explicando los motivos que tenían para abandonar su diócesis (Pueyo, 1995a: 172-173). En una lista indicó el número de personas que anualmente solicitaron dimisorias y el orden que querían alcanzar, todo ello reflejado en un gráfico. Se ocupó del clero extradiocesano presente en la diócesis de Zaragoza, con una gran minuciosidad en dos estudios, uno para la segunda mitad del siglo XIV (Pueyo, 2003a: 772-788) y otro para principios del siglo XV (Pueyo, 2005: 805-826), con el objetivo de determinar quiénes vinieron de fuera, cuántos eran, de dónde venían y cuánto tiempo permanecieron en esta diócesis. Debían presentar una letra dimisoria o testimonial de su ordinario o del vicario general, y debían ser presbíteros, a los cuales se les concedía una licencia para celebrar o una comisión para regir un curato vacante, ambas con validez limitada a un año, cuyos documentos describe diplomáticamente. Estos clérigos procedían de la provincia eclesiástica cesaraugustana, de las diócesis limítrofes, de Castilla y del sur de Francia. En otro trabajo se hace eco de los beneficios que quedaron vacantes tras la Peste Negra, sobre los que entre septiembre de 1348 y febrero de 1350 se concedieron más de 300 colaciones de beneficios, de vicarías y de rectorías; los datos de los agraciados se recogen en una extensa lista (Pueyo, 1993c: 724-727). Para cada una de estas investigaciones se valió de los registros de la cancillería cesaraugustana de cuatro arzobispos. Son trabajos muy elaborados, pues los documentos de los registros se analizaron a conciencia, lo que le permitió identificar a los intervinientes. Otra línea de investigación de Pilar Pueyo, que ha dado muchos y buenos frutos, es la referida a los documentos eclesiásticos (Pueyo, 2007), y más en concreto a los documentos episcopales de los registros de los arzobispos de Zaragoza, en la que se ha sentido más a gusto y en la que más ha disfrutado durante sus muchas horas de paciente, escrupulosa y detenida labor en el Archivo Diocesano de Zaragoza. Los estudios sobre diplomática episcopal comenzaron a florecer en España en la década de los ochenta y se incrementaron en los noventa al tiempo que se amplió su temática. La notoriedad que el tema iba adquiriendo recibió un impulso importante al ser elegida la Diplomática episcopal antes de 1250 como título del VIII Congreso Internacional de Diplomática celebrado en Innsbruck, a finales de septiembre de 1993. La participación española estuvo presente con aportaciones sobre documentos y cancillería episcopal de Valencia, Burgos, Andalucía Bética y Oviedo, a las que hay que añadir la presencia aragonesa, pues Pilar se dio a conocer a la Comisión Internacional de Diplomática con una comunicación sobre la diplomática episcopal cesaraugustana anterior a 1318 (Pueyo, 1995b: 411-427). En ella abordaba el estudio de la escribanía/cancillería de los obispos que ocuparon la citada sede durante los siglos XII, XIII y principios del XIV, hasta que fue erigida en arzobispado, conociéndose los nombres de las personas que estuvieron a su servicio por las suscripciones de los más de doscientos documentos estudiados. Se esbozaba, además una tipología de los documentos emanados de los obispos zaragozanos que completaba con el estudio de los caracteres externos e internos del documento episcopal cesaraugustano de los siglos XII y XIII. La mayoría de los documentos examinados estaban copiados en dos cartularios, conservados en el archivo Capitular de La Seo, que habían sido publicados por Ángel Canellas López. Sus investigaciones en esta área —de la que ella ha sido iniciadora en su diócesis— se suman a las que ya existían para algunas diócesis de la antigua Corona de Aragón y, las recogidas en la historiografía europea, especialmente de Inglaterra e Italia. Los registros episcopales de la diócesis cesaraugustana son similares, en su factura y contenido, a los de otras diócesis de la provincia eclesiástica tarraconense y semejantes, a su vez, a los registros reales de la Corona de Aragón y a los registros pontificios, a los que imitan. Dedicó su trabajo inicial al primero de los registros conservados —llamados Registros de actos comunes— y concretamente a la producción escrita de la cancillería del arzobispo Pedro de la Jugie, segundo arzobispo de la sede cesaraugustana y primero del que se guardan registros, estableciendo los tipos documentales (Pueyo, 1989: 531- 536), que después analizó con mayor profundidad desde el punto de vista interno para conocer los usos diplomáticos de la cancillería de este arzobispo incluyendo la edición en regesta de los 257 documentos copiados en este libro (Pueyo, 1991a: 281-310). Fue el principio de un proyecto más ambicioso, que consistiría en hacer estudios similares de los otorgados por los prelados posteriores y comprobar si se mantenían o iban experimentando alguna evolución. Del siguiente registro correspondiente al tercer arzobispo, Guillermo d’Aigrefeuille, en el que contabilizó más de mil documentos copiados, aportó noticias sobre el personal de la casa y curia del arzobispo (Pueyo, 1994b: 79-82) y aprovechó para seleccionar y describir aquellos documentos que en el margen llevaban anotada la tasa que se debía cobrar a los destinatarios de los documentos por el derecho de sello y por el trabajo de los notarios y escribanos, quedando exenta de la misma los familiares del arzobispo, las personas que trabajaban en la curia o los pobres (Pueyo, 1997b: 381-400). Los 478 documentos seleccionados los publicó en forma de regesta años después (2003b: 76-129). La abundancia de noticias de estos registros episcopales medievales ha permitido realizar el análisis diplomático de los diferentes tipos documentales expedidos por la cancillería episcopal cesaraugustana como, por ejemplo, el nombramiento de maestros para regentar escuelas episcopales (Pueyo, 1998a), de notarios (Pueyo, 2008c), de vicarios generales (Pueyo, 2012), las colaciones de beneficios, vicarías o rectorías vacantes tras el paso de la Peste Negra (Pueyo, 1993c), las letras para redimir cautivos (Pueyo, 1997a; Pueyo, 2000), las licencias para construir altar (Pueyo, 2000a), para pedir limosnas (Pueyo, 2000b), para pedir limosnas con o sin indulgencias (Pueyo, 2000c), para celebrar en la diócesis (Pueyo, 2003a; Pueyo, 2005) y de aquellos documentos relacionados con la práctica devocional (Pueyo, 2011). Por último, por su madurez y capacidad de síntesis cabe destacar la ponencia que presentó, invitada por la Junta Directiva de la Sociedad Española de Ciencias y Técnicas Historiográficas, en las Jornadas celebradas en Valladolid en 2012 cuyo tema era la «Catedral como lugar de escritura» (Pueyo, 2014a). Se trata de un muy buen trabajo de diplomática episcopal comparada en el que, tomando como ejemplo la diócesis de Zaragoza, examina la evolución del escriba del cabildo y de este con el obispo hasta mediados del siglo XIII, cuando los notarios públicos irrumpen en la redacción de documentos para ambas instituciones: cabildo y obispo/curia episcopal. Se ocupa de quién recibía el escribano la orden para escriturar el documento, y de la evolución de los documentos emitidos durante dos periodos: entre los siglos XII-XIII, que corresponde a una etapa de afianzamiento y asentamiento temporal, y entre los siglos XIV-XV, en los que abundan los documentos referidos a asuntos de índole eclesiástica, sin olvidar la tradición documental, la forma de los documentos (caracteres externos e internos) y la tipología de los documentos. También ha colaborado en la edición de fuentes documentales con miembros de su área de conocimiento de Ciencias y Técnicas Historiográficas. Con motivo de la última lección de su magisterio académico impartida por el profesor Ángel Canellas López, los profesores de su entonces Departamento de Paleografía —Ángel San Vicente, Cristina Monterde, Rosa Gutiérrez, Asunción Blasco y ella misma—, le dedicaron la edición de Origen y armas de varios nobles de España. Ms. 198 de la Universidad de Zaragoza, que consiste en la transcripción del texto acompañado de su imaginería heráldica, reproducida en fotograbado a escala real y todo ello completado por un aparato analítico sobre la materialidad del códice y su tradición (San Vicente, Monterde, Gutiérrez, Blasco, Pueyo, 1983). Catorce años después, M.ª de los Desamparados Cabanes Pecourt, Asunción Blasco Martínez y Pilar Pueyo publicaron la edición, introducción y notas al manuscrito del Vidal Mayor, primera compilación del Fuero de Aragón, redactada por el experto jurista y obispo de Huesca, Vidal de Canellas, entre 1247 y 1252, por encargo del rey Jaime I el Conquistador (Blasco, Cabanes, Pueyo, 1997c). Esta edición se realizó sobre la base de la del autor sueco Gunnar Tilander (1956) y exigió a las autoras un meticuloso trabajo de cotejo y constante corrección durante varios años dedicados a su «Vidalón», como ellas lo llamaban cariñosamente, en el que pusieron a prueba su buen hacer de paleógrafas; una edición que enriquecieron con un glosario paralelo al texto y, al final, un vocabulario que recoge las palabras de compleja y difícil significación que aparecen en el texto y no se reflejan en las glosas marginales. A comienzos del segundo milenio, auspiciado por el Justicia de Aragón con la colaboración de Ibercaja, se publicaron seis volúmenes bajo el título general de Formularios notariales aragoneses, cuyo cuarto volumen corresponde a la edición anotada de un Formulario zaragozano del siglo $X V$ (Cabanes, Pueyo, 2001). Recientemente la Institución Fernando el Católico publicó la monumental obra de Diego de Espés, Historia eclesiástica de la ciudad de Çaragoça, hasta ahora inédita; la edición —realizada por el grupo de investigación DAMMA (Documentos y Archivos Medievales y. Modernos de Aragón), del Gobierno de Aragón y la Universidad de Zaragoza—, estuvo coordinada28 por Asunción Blasco y Pilar Pueyo, responsable esta última de la parte dedicada a Fuentes manuscritas e impresas citadas por Diego de Espés en su Historia Ecclesiastica (Pueyo, 2019b: CLXVII-CCXXX). En el XII Congreso Internacional de Diplomática que bajo el título «Regionale Urkundenbücher» se celebró del 23 al 25 de septiembre de 2009 en St. Pölten, presentó una síntesis sobre la producción bibliográfica encaminada a la edición de fuentes documentales en la Corona de Aragón desde la segunda mitad del siglo XX (Baiges, Cárcel, Pueyo, 2010: 244-249). 4. Epílogo. Aquí termina el recorrido descriptivo por la actividad académica, docente e investigadora de Pilar Pueyo, pero no su actividad científica, que ha sido una de sus pasiones a lo largo de su carrera. A partir de ahora, ligera de equipaje, podrá retomar con fuerza y entusiasmo alguno de los proyectos que se han mencionado en las páginas anteriores, sobre todo la edición de las visitas ad limina de las diócesis aragonesas, comenzando por las de Jaca. 5. Producción bibliográfica de Pilar Pueyo Colomina29 (1981a), Iglesia y sociedad zaragozanas a mediados del siglo XVIII. Aspectos geográficos, demográficos, sociológicos, eclesiásticos y fiscales de la diócesis de Zaragoza a través de una visita pastoral del prelado Francisco Añoa (1745-1749). Resumen de Tesis doctoral. Zaragoza, Universidad de Zaragoza. (1981b), «El primer informe del arzobispo don Francisco Ignacio Añoa y Busto: la diócesis zaragozana en el año 1746», Cuadernos de historia Jerónimo Zurita, 39-40: 175-194. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
LOS TRIBUNALES ARBITRALES EN ARAGÓN EN EL SIGLO XV : THE BOARDS OF ARBITRATION IN ARAGON IN THE XVth CENTURY
los tRIbunAlEs ARbItRAlEs En ARAgÓn En El sIglo Xv. THE BOARDS OF ARBITRATION IN ARAGON IN THE XVth CENTURY. Manuel gómez de valenzuela\* Académico correspondiente de la Real Española de Jurisprudencia y legislación. Resumen: En este trabajo se estudian los tribunales arbitrales como método extrajudicial de resolución de conflictos entre personas físicas y jurídicas en el reino de Aragón a lo largo del siglo Xv. se expone el procedimiento seguido para llegar a un laudo o sentencia arbitral, así como la estructura del compromiso, de la misma sentencia y diversas consideraciones sobre las ventajas que los arbitrajes ofrecían respecto al proceso foral común, que los hacen ser el antecedente de los estatutos de desaforamiento. Palabras clave: derecho aragonés, arbitraje, compromiso, laudo, fueros. Abstract: this paper studies the boards of arbitration as an extrajudiciary way of solving conflicts in the kingdom of Aragon during the Xvth. century. the procedure of their acting is explained as well as the structure of the compromise of the sentence and the advantages of this procedure over the normal legal process are discussed. Keywords: Aragonese law, arbitration, compromise, decision, fueros of Aragon. 1. Introducción1. El ser humano es expansivo por naturaleza, tiende a ocupar todo el espacio posible y a adueñarse de los bienes que están a su alrededor, lo que origina choques con quienes pretenden los mismos bienes que el otro desea. por ello, toda sociedad humana ha arbitrado medios para solucionar estos problemas sin recurrir a la fuerza. En la sociedad medieval aragonesa, a pesar del sentido jurídico de los regnícolas, las cuestiones de honor y dignidad afloraban fácilmente y dificultaban el arreglo pacífico de los litigios, a lo que se unía el sentido de clan, en que la injuria hecha a uno de sus miembros se reputaba como ofensa a todo el grupo familiar. desde los albores del derecho aragonés, se intentó paliar o al menos encauzar estas rivalidades, para evitar problemas entre dos personas, o, lo que era peor, entre ellos y sus parientes, amigos y favorecedores, según la clásica fórmula notarial2 . 2. los tribunales arbitrales naturalmente, existía el recurso a los jueces, bien al justicia y juez ordinario de cada lugar o universidad, o al Justicia de Aragón. pero los procedimientos que ofrecía el derecho aragonés para el enjuiciamiento civil y criminal, enormemente garantistas, con multitud de posibilidades de firmas de derecho, apelaciones, aplazamientos y recursos por defectos de forma, que podían dilatar y encarecer enormemente el proceso, impusieron la utilización masiva de los tribunales de arbitraje así como la institución de los desaforamientos o renuncia a estos fueros procesales, que se detecta al menos desde el siglo $\mathrm { X I I I } ^ { 3 }$ . El procedimiento se iniciaba con el compromiso: pacto por el que los litigantes confiaban la solución de su conflicto a uno o varios árbitros, para que lo resolvieran según las condiciones que se enumeraban. los protocolos notariales de las tres provincias aragonesas contienen ingentes cantidades de compromisos y laudos, lo que demuestra la popularidad de este sistema. En uso de su colosal libertad jurídica, nuestros antepasados prefirieron recurrir a él antes que a los tribunales legalmente constituidos. y digo legalmente constituidos porque, al igual que sucede con otras populares instituciones jurídicas del reino (firma de dote, testamento mancomunado, sucesión paccionada) no fueron regulados por los legisladores sino a posteriori y solo en algunos aspectos concretos. pero el Vidal Mayor, en el último apartado del libro I, contiene una detallada regulación del arbitraje, bajo el título “de Arbitris”, que no fue incorporada a las posteriores recopilaciones de los fueros. tras definir el concepto de árbitro: Aquellos qui son esleitos por voluntad d’aqueillos qui los ponen por arbitros por tal que devan judgar segunt lor arbitrio, se ocupa del compromiso con la pena para el desobediente pactada en él, de la obligatoriedad del laudo, imposibilidad de apelación, fuerza de cosa juzgada de la sentencia tras la intimación a las partes y loación por éstas, y de la libertad de elección del lugar donde se desarrollará el procedimiento; también reconoce a las partes el derecho a negarse a aceptarlo si los árbitros deciden celebrarlo en la puteria, en la riba, en un muladar o en lugar donde puedan ser atacadas por sus enemigos. Asismismo, afirma la voluntariedad de la aceptación del cargo y el número de miembros del tribunal arbitral e incompatibilidades de éstos, para lo que sigue el criterio del capítulo 56 del Vidal Mayor que lleva por título “de advocatis”, es decir: judíos, moros, enemigos de la fe, leprosos, ciegos y mujeres, aunque don vidal exceptúa a éstas expresamente, como veremos más adelante4 . En este caso hay que esperar hasta el fuero I “de Executione scripturarum” de 1442 para encontrar una referencia al arbitraje: pero limitada a la tasación de los honorarios de los notarios intervinientes en este procedimiento5 . la observancia II “de re judicata” dispone: “la sentencia de un árbitro no se reduce al arbitrio de un hombre de bien, sino que se está a ella tanto si es justa como si es inicua”6 . Encontramos ejemplos de arbitrajes en todo Aragón al menos desde fines del siglo XII: En 1194 tres canónigos de Huesca, nombrados por el obispo. Ricardo y el maestro sanjuanista fortuño, pronunciaron un laudo sobre el régimen de las posesiones de la orden en el obispado de Huesca7 . En Alquézar, y en 1216 y 1271, encontramos laudos sobre una disputa de familia por unas heredades y por cuestiones de pago de primicia de una parroquia a la colegiata8 . En Castellote (1250) por un pleito entre templarios y vecinos por cuestiones de campos y riegos9 ; en daroca, 1371, sobre derechos y obligaciones del capítulo general de la Colegiata y los frailes menores10; en la Casa de ganaderos de Zaragoza en 1295 por problemas con el señor de botorrita sobre cuestiones de pastos y degüellas y en 1340 sobre lindes entre términos de Zaragoza y fuentes de Ebro y derechos de los ganaderos en ellos11. baste con estos ejemplos para demostrar la antigüedad de este procedimiento. 2.1. Los litigantes. Este procedimiento fue utilizado por los aragoneses de todas las clases sociales y confesiones religiosas: ricoshombres, infanzones y señores de vasallos, ciudadanos, artesanos, labradores y por judíos, moros y cristianos, lo que demuestra la confianza depositada en este sistema que, como digo, perduró con éxito a lo largo de cinco siglos. los litigantes elegían libremente a sus árbitros en cuyas manos ponían la resolución del conflicto. los tribunales podían ser unipersonales y pluripersonales y su composición dependía de la libre voluntad de los compromisarios. y como en derecho aragonés no hay regla sin excepción, vemos también casos de árbitros impuestos, como sucedió en 1511 en que el Conde de Aranda, don Miguel Ximénez de urrea, nombró al notario de épila y al alcaide de Mesones de Isuela, ambos lugares bajo su señorío, para dirimir las cuestiones sobre derechos de pastos entre ambos pueblos12. Recurrían a este procedimiento personas físicas y jurídicas: “universidades”, es decir, entidades locales, como juntas de valle y concejos, aljamas de judíos y moros, cabildos catedralicios, comunidades religiosas, cofradías, etc. En 1465 la aljama de moros de borja decidió comprometer sus diferencias con la aljama de judíos de esa villa en manos de un tribunal compuesto por dos personas de cada religión13. y el 12 de enero de 1476 el cabildo de la seo de Zaragoza y mosén Juan de Embún firmaban un compromiso para zanjar sus diferencias sobre unas casas14. Era muy utilizado en el pirineo para dirimir cuestiones ganaderas entre valles de las dos vertientes, mediante árbitros nombrados por las juntas respectivas en sus vistas anuales. En 1334, en el valle de tena, surgieron diferencias sobre los límites de los boalares exclusivos de sallent y lanuza, es decir, que no formaban parte del quiñón o comunidad de pastos entre ellos. fueron resueltos por un tribunal compuesto por los curas de sandiniés y El pueyo y cuatro notables, ninguno de los seis originario del quiñón de los litigantes15. En 1425, con ocasión de los problemas surgidos entre el quiñón de panticosa y el valle de ossau, los junteros de ambas entidades nombraron a seis árbitros tensinos, ninguno de panticosa ni del valle bearnés16. doce años más tarde, dos nobles señores franceses y uno aragonés fueron encargados de solventar una cuestión de robo de ganados del valle de broto por gentes de la Ribera de sant savin entre las juntas de ambos valles17. Aparecen incontables ejemplos de arbitrajes entre gentes de distinta religión: así, en 1449 un cristiano y un moro recurrían a este sistema para solventar el pleito sobre la propiedad de un olivar en el término zaragozano de la Romareda18. En 1406 un pleito entre dos judíos zaragozanos fue solventado por un árbitro cristiano y otro judío19. y en 1471 un alarife moro decidía sobre las diferencias entre un colega suyo cristiano y el mandante de la obra que ejecutaba20. también se recurría a este tipo de tribunales en conflictos entre naturales de distintos reinos. por ejemplo, en 1474 un tribunal arbitral, al uso de Aragón, compuesto por dos chesos y dos roncaleses, se reunía en garde, en el valle navarro del Roncal, donde el notario aragonés data la escritura21. En 1470 unos franceses del valle de ossau confiaban en sallent a tres árbitros del valle de tena sus diferencias22. Con estos ejemplos queda claro que el arbitraje era una solución utilizada no solo por los regnícolas, sino por gentes de todas clases habitantes en Aragón, e incluso por los vecinos navarros y ultrapirenaicos. 2.2. Composición de los tribunales. Como es lógico, se designaba como árbitros a personas que gozaban de la confianza de las partes o que por su autoridad moral, social o jurídica parecían garantizar la solución de los litigios. por ello encontramos a reyes, nobles señores, savios en dreyto, notarios, sacerdotes y miembros del patriciado urbano, pero también a quienes podríamos llamar “los viejos sabios del lugar” que, con su gramática parda y conocimiento de los entresijos del paisaje y de los usos y costumbres del paisanaje de sus pueblos, podían proporcionar valiosas aportaciones a cuestiones varias, sea de partición de herencias, tanto de bienes inmuebles (como campos y huertas) como de bienes muebles, según el rango social de los litigantes; o también relacionadas con la fijación de pensiones vitalicias acordes con los medios económicos de quienes las pagaban. sorprenden dos casos de nombramiento del rey de Aragón como árbitro: el primero en 1430, en que los concejos de larrés, borrés y Cartirana nombraron procuradores a tres ciudadanos de Huesca y a dos escuderos de casa del señor de la peña para comprometer sus discrepancias con los señores de gurrea y gavín, que definen como robos, presiones injurias, redempciones et danyos sufridos por los lugareños a manos de los nobles, instituyendo en árbitro al muy excellent princep et poderoso senyor el senyor don Alfonso, por la gracia de Dios Rey de Aragon, para decidir sobre ellas, quizás pensando que los levantiscos nobles no podrían rechazar este recurso al Monarca. no consta el resultado de estas negociaciones, pero queda clara la voluntad de los montañeses de someter al arbitraje del Magnánimo las demasías citadas23. En el segundo caso, en 1498, mosén Martín de lanuza, señor de bardallur, y el infanzón zaragozano ferrando de bolea pusieron sus diferencias nada menos que en manos de los muy altos et muy poderosos señores Rey et Reyna, nuestros señores, es decir, de los Reyes Católicos24. frecuentemente las partes nombraban árbitros a los justicias y jueces ordinarios de los diferentes lugares, dejando claro que actuaban fuera de su competencia jurisdiccional habitual y no siguiendo el procedimiento procesal previsto por los fueros25. En 1460, unos parientes dejaron un vidrioso asunto familiar de particiones de una herencia en poder del honorable Salvador Benedit, justicia de la villa de Alcañiz, de su buen arbitrio26. poco después, en 1487, el señor de Jánovas y el concejo de Asín encomendaron el arbitraje al justicia del valle de broto. En el laudo el magistrado afirmaba que actuaba asi como arbitro27. A principios del siglo XvI las aljamas de moros de tierz y loporzano pusieron el litigio que sostenían en manos del justicia del abadiado de Montearagón28. y como ejemplo de árbitros letrados, tenemos en Zaragoza, en 1409, a don Ramón de Cuerlas, savio en dreyto como único árbitro29, y en Jaca, en 1449, a mícer Miguel Ximénez de Aragüés, jurista Jacce, decidiendo sobre un robo perpetrado por el señor de latrás contra un vecino de Abena30 . y para resolver una captura de yeguas del valle de Echo realizada por los vecinos del de ossau, arbitraron los señores de sigüés y Javierregay, junto con el notario de la villa, sancho ferrández y mícer Miguel pérez, doctor en ley de Jaca31. los señores de vasallos eran también muy solicitados para dilucidar estas cuestiones. En sobrarbe, en 1471, don Ciprián de Mur, señor de pallaruelo, aparece arbitrando las diferencias entre los concellos de bestué y puértolas. Cinco años más tarde, don sancho lópez de latrás, señor de latrás, formó tribunal con tres ciudadanos de Jaca para decidir sobre el robo efectuado por unos montañeses a unos comerciantes de tarascón32. En el Alto gállego y durante la segunda mitad del siglo, los dos lopes Abarca, padre e hijo, señores de gavín y de su honor, gozaron de un elevado prestigio, como lo revela su actuación en tribunales que trataban de toda clase de asuntos, desde repartos de sisas a delitos de sangre, y contra la propiedad y la moral sexual y familiar, problemas de partición de herencias, etc. Como hemos dicho antes, el Vidal Mayor, en “de Arbitris”, equipara las incompatibilidades para ser árbitro con las fijadas para los abogados. pero el texto excluye expresamente a las mujeres de esta prohibición: Saquada la muller, en la quoal si fuere comprometido, mayorment en pleito de varones, valdra su conpromisso segunt licencia de fuero33. En este ámbito aparecen tres mujeres arbitradoras, de las que dos son señoras de vasallos: la primera, en 1474 y en Cariñena, es doña Catalina de urrea y de Híjar, nombrada junto con su marido don lope Ximénez de urrea, señor de Jarque, por una cuestión de derechos de unos menores, nietos de doña francisca fernández de Híjar34. En 1500 la noble doña Ana de gurrea junto con dos hombres dirimía en Zaragoza los problemas entre doña leonor de gurrea y su hija leonor de Acaso35. En el mismo año, doña violante de gurrea, viuda de Juan Abarca y madre de su homónimo, ambos señores del valle de la garcipollera, próximo a Jaca, la cual gozaba del derecho de viudedad durante la minoría de su hijo, junto con el prior y clavero mayor de san Juan de la peña, condenó al abad del monasterio al pago de la crecida indemnización de 120 sueldos jaqueses a un tal Aznar de lalaguna por haberlo detenido injustificadamente36. ocho años más tarde presidía un tribunal para dirimir las diferencias entre su pariente don Juan Abarca, señor de serué, y el concejo de torla, al alimón con un clérigo y dos notables del valle de broto; y en 1515, con su hijo Juan y dos ciudadanos de Jaca, formaba parte de un tribunal que cortó por lo sano y con gran energía las disensiones habidas entre dos tejedores37. Ello corrobora, también para zonas aragonesas distintas de la capital del reino, la afirmación de $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } }$ del Carmen garcía Herrero de que las mujeres podían ser y eran arbitradoras y miembros de este tipo de tribunales38 y la legalidad de que una mujer dirimiera pleitos entre varones. tampoco se respetó la prohibición foral de que los judíos y moros pudieran desempeñar funciones de árbitros en pleitos entre cristianos, o entre ellos y seguidores de otras religiones, como puede verse en los ejemplos antes cita$\mathrm { d o s } ^ { 3 9 }$ , o como asesores técnicos de los árbitros cristianos, especialmente los alarifes musulmanes en pleitos sobre obras o luces y vistas40. Con mucha frecuencia aparecen tribunales pluripersonales, especialmente en pleitos entre “universidades” o personas jurídicas. su composición revela el deseo de una total imparcialidad, o al menos, equilibrio entre los litigantes. En 1429, tras unas feroces banderías en el valle de tena y la intervención real para ponerles fin, y teniendo en cuenta el estado de “todos contra todos” a que se había llegado en el valle, los tensinos nombraron un tribunal compuesto por notables del vecino valle de ossau: mosén guirautón de santa Coloma, rector de louvie, el noble señor guillén de beo y el notario Audinot de Maysonaba41. supuesta la existencia de graves desavenencias entre dos personas naturales o jurídicas, el inicio del procedimiento de arbitraje podía ser a voluntad de las partes, obedeciendo a una intervención amistosa o impuesto por una autoridad superior: el propio rey, gobernador del reino, señor de vasallos, concejo de un lugar o “universidad” o hermandad local. En 1438, en una cuestión de cubilares entre un tensino y un herbajante en el quiñón tensino de la partacua, el concejo de éste impuso a un tribunal de tres naturales de los lugares que lo componían42. y en 1451, en el preámbulo a un laudo de liquidación de una compañía formada por dos plateros, los árbitros decían: Aquesta es la sententia que Florent Melero et Guillem Solsona an dado por manament del senyor Governador axi como arbitros, arbitradores entre ciertas cuestiones et debats que ara de present son et por temps se speren de ser entre dona Gracia Martinez d’Alfocea, muller quondam qui fue de Pasqual d’Agüero, et Francisquo d’Aguero fillo suyo, de una part demandantes et defendientes, contra Stevan Matheu, argentero. Quizás la causa de la intervención del gobernador mosén Juan de Moncayo fue la obra de un precioso relicario destinado al napolitano Castell nuovo, entonces residencia de Alfonso $\mathrm { V } ^ { 4 3 }$ . Muchas veces precedía al compromiso una tregua para calmar los ánimos, como hemos visto anteriormente. En agosto de 1452, y tras unas divergencias sobre pastos entre el concejo de larrés, en el alto gállego, y beltrán de lalaguna, vecino del cercano lugar de Arguisal, de los que éste resultó herido, por honor de los senyores de los ditos lugares y reverencia de Dios, firmaron tregua hasta el fin de septiembre. y en marzo del año siguiente, el concejo de voluntat del Senyor comprometió la solución en manos de un tribunal arbitral, que finalmente solucionó el asunto44. de forma más terminante, en 1452 el consejero de la Hermandad de Jaca en sallent requirió a unos sallentinos y a sus partidas, es decir, a sus seguidores, a que sometieran sus diferencias a sendos tribunales de arbitraje. se advierte que el consejero intentaba evitar unas banderías mediante esta enérgica actitud ante el temor de lo que pudieran hacer estas “partidas”, en realidad auténticas cuadrillas de malhechores 45. En cambio, en Alcañiz en 1484, en el litigio sobre propiedad de un campo, Antón Carlón y Juan de Magallón accedieron al compromiso, intervenientes algunos amigos46. Esta fórmula y otras similares, como a rogarías de algunos parientes y amigos; entervenientes algunas buenas et honorables personas; amigos entervenientes por bien de paz et de concordia..., parecen dirigidas a preservar el amor propio y puntillo de honor de los litigantes, que de ese modo demostraban que no se habían acobardado ante su contrincante y que tampoco habían sido los primeros en ceder, sino que pusieron la solución de su controversia en manos de árbitros para complacer a unos amigos comunes. 2.3. Estructura del compromiso y tras esta primera fase se firmaba el compromiso, contrato bilateral plasmado en instrumento público notarial, por el que ambas partes comprometían sus diferencias, es decir dejaban su resolución en manos de uno o varios árbitros nombrados por ellas a cuya decisión estaban. Este documento, redactado siempre de forma muy uniforme47, constaba de las siguientes partes: 1. Constatación de la existencia de diferencias entre dos partes e identificación de éstas. la fórmula más utilizada es: Como pleytos e questiones assi civiles como criminales fuessen et sperassen de seyer entre Fulano y Mengano... se observa cierta discreción en la descripción de estos agravios, que quizás para no echar más leña al fuego se dejaban en penumbra, aunque a veces se mencionen las nafras, heridas y muertes producidas. En unas vistas de las juntas del valle aragonés de tena y del lavedanés de Asun, se habla claramente de los agravios, paraulas, bastonadas e otras injurias entre sus habitantes48 . En caso de estupros se alude púdicamente a la injuria fecha a la hija de fulano. los habitantes de los lugares de larrés, borrés y Cartirana, literalmente hartos de los robos, presiones, injurias, redempciones $\sqsubset$ secuestros) et danyos a nos et cada uno de nos feytos por los señores de gurrea y gavín, ermanos, fillyos, parientes, vassallyos, servidores et valedores dellos, mencionan sin tapujos los motivos que les impulsan a comprometer con los infanzones la solución de sus diferencias poniéndola en manos de Alfonso $\mathrm { ~ V ~ } ^ { 4 9 }$ . Aparece un caso en que algunos hijos de uno de los concernidos no pudieron firmar el compromiso por estar ausentes del lugar. su padre y su hermano se comprometieron a traerlos personalmente a panticosa, para suscribir tal acuerdo y posteriormente loar y aprobar la sentencia y firmar la paz a fin de evitar resquicios legales que pudieran permitir a los ausentes reanudar las hostilidades so pretexto de res inter alios acta50. 2. decisión de composar y comprometerlas en manos de un tribunal arbitral, unipersonal o pluripersonal, de arbitros, arbitradores y amigables componedores cuyos miembros se identifican claramente y de que trataremos más adelante. 3. En algunos casos se fija el criterio a seguir por los árbitros para dictar su laudo, es decir, su total libertad para que adopten el que libremente elijan, totalmente al margen de los fueros procesales, en cuanto al procedimiento, y de los civiles y penales, en cuanto al fondo, a saber: Por fuero o contra fuero, ordo de fuero e de dreyto servada o no servada, dia feriado o no feriado, en hun dia o en muytos, las partes presentes o absentes, en una begada o en muytas, las partes clamadas o no clamadas, en scripto o sines de scripto51. En un compromiso a que ya hemos hecho referencia se nombra árbitros a los Reyes Católicos, seyendo Sus Altezas en uno presentes en hun lugar o absentes el uno del otro o en diversas ciudades, villas o lugares o reynos e con diversos notarios, oydas las partes o no, presentes o absentes, clamadas o no clamadas, en una o mas vegadas, seyendo Sus Altezas asentados a manera de tribunal o no o en la forma e manera otra que a Sus Altezas sera mellor vista...52, como puede verse, con total libertad de actuación y renuncia al ordenamiento foral53. tan prolija enumeración de los requisitos procedimentales a que se renunciaba iba dirigida a evitar posibles triquiñuelas de picaplietos, por lo que rechazan expresamente los formulismos de los fueros procesales. 4. se establece un período de tiempo concreto para pronunciar el laudo, con posibilidad de una o varias prórrogas. Esta contingencia fue aprovechada por los árbitros con relativa frecuencia para obtener información suplementaria. también se les concede otro plazo, normalmente de un año, para que, una vez dictada la sentencia, pudieran reformarla mediante la adición de nuevas cláusulas o la eliminación o modificación de las existentes. 5. las partes se comprometen a loar, es decir, acatar, aprobar y cumplir plena e incondicionalmente la sentencia una vez que les sea intimada y comunicada por el árbitro; renuncian a cualquier apelación o presentación de firmas forales y garantizan con sus bienes y personas que cumplirán lo decidido por el tribunal. 6. se fijan las penas en que incurrirá el litigante que no acate ni acepte el laudo o lo incumpla: una multa irreal y desorbitada de cientos e incluso miles de florines (cada florín equivalía a unos 14 sueldos jaqueses) y ser tenido por traidor y perjuro. la multa sería repartida entre el rey, los árbitros y la parte obediente. 7. ocasionalmente aparece una cláusula en que se pacta o se prevé la posibilidad de renuncia de uno o varios árbitros, en cuyo caso se anula el compromiso y las obligaciones de él derivadas y se vuelve al punto de partida. 8. data crónica y tópica, requerimiento al notario para que dé fe de lo actuado y consignación de testigos. 2.4. Estructura del laudo. En la siguiente fase se desarrollaba el proceso arbitral. Como ya he dicho, su procedimiento no estaba reglado por fuero, pero sí por la costumbre o el uso, como lo demuestra el tenor de los laudos o sentencias arbitrales. Estas constaban de las siguientes partes: 1. Invocación a la divinidad: In Dei nomine amen. 2. Identificación y enumeración de los árbitros y referencia al compromiso, como fuente de la legitimidad de su actuación. 3. descripción del procedimiento seguido, para dejar muy claro que el tribunal había escuchado y tenido en cuenta las alegaciones y derechos de los litigantes, con fórmulas como estas: Hoidas las dichas partes, en todo aquello que ante nos quisieron dezir, proposar et allegar dentro el tiempo del compromis, y Vistas e reconoscidas todas e cada unas cosas que las ditas partes et cada una dellas devant mi an querido dezir, produzir, provar et allegar, assi de palavra como por escripto. En algunas ocasiones el árbitro o árbitros recurrían a asesores, juristas o técnicos, y así lo hacían constar. por ejemplo en 1419, en Alagón, en un litigio entre dos judíos, el árbitro (por cierto, cristiano), dictó el laudo comunicado consello et havido diligent tractado54; y en Zaragoza, en 1440, el ciudadano luis de palomar, de consello de Mahoma de Cepta y Juce de Brea, moros maestros de casas, et otros maestros et personas en esto expertas et suficientes, es decir con asesores técnicos, solucionó uno de los innumerables pleitos que sobre ventanas, luces y vistas se planteaban en la ciudad55. y aunque con poca frecuencia, se registra también el nombramiento de un sobrevehedor o moderador, quizás con voto de calidad en caso de empate56. 4. declaración de que el laudo se dicta solo Dios teniendo ante nuestros ojos, de cuyo vulto (=rostro) toda justicia procede, o Haviendo Dios ante nuestros guellos, por tal que del vulto suio nuestro judicio et pronunciacion procedesca57, es decir, sin ajustarse a fueros, observancias ni derecho, sino solamente al sentido de la justicia y la equidad. 5. parte dispositiva del laudo. Era frecuente que la primera cláusula del fallo (en algunos casos la única) se redujera a la imposición de paz y tregua perpetua. y a continuación, y según la índole del conflicto, se añadían disposiciones adecuadas para solucionarlo, como veremos más adelante. 6. En su caso, obligación de retirar todas las demandas judiciales interpuestas entre las partes, que se declaran nulas e inválidas, y de apartarse de todos los procesos incoados entre ellas. se les impone silencio y callamiento perpetuo sobre ellas. 7. fijación de las tasas para el tribunal, muchas veces precedida de la fórmula: Porque digna cosa es que los treballantes sean de sus trebaxos satisfechos et remunerados, tacho a mi dicho arbitro por los treballos por mi sustenidos58, o similar, pagaderos a medias por las partes. 8. tasación de los honorarios del notario por haber redactado y autorizado compromiso y sentencia, igualmente pagaderos a medias por los litigantes, a los que en ocasiones se recomienda que se pongan de acuerdo con el fedatario sobre sus honorarios por expedir copias fehacientes de la escritura. 9. Reserva de un cierto espacio de tiempo, generalmente un año, para enmendar, corregir, revocar, añadir o reducir la sentencia. 10. fórmula habitual en todos los laudos es: Item en quanto la present mi sentencia sabe siquiere siente o sentir puede a absolucion, las ditas partes o cada una dellas absuelvo en quanto sabe a o sentir pueda condepnacion las ditas partes et cada una dellas condepno que sian tenidas loar, aceptar et emologar la dita present mi sentencia et cosas en aquellya contenidas de continent que les sera intimada dius las penas en el dito conpromis contenida. 11. El laudo concluye con la requisición al notario para que lo comunique a las partes en un breve plazo determinado, las datas crónica y tópica y la consignación de testigos. y tras la escritura propiamente dicha, y en actos y actas independientes, siguen las intimaciones del laudo a las partes y la aceptación por estas. 2.5. Medidas adoptadas en los laudos los litigios objeto de arbitrajes resultan imposibles de sistematizar por revestir multitud de formas: pueden ser civiles, penales y mercantiles, particiones de herencias o de bienes, luces y vistas, pastos y ganados, cobro y pago de deudas, problemas de construcciones, incluso una reclamación por desbordamiento de una acequia por parte de los propietarios de los campos inundados... por ello, las soluciones aportadas varían para cada caso. Como he dicho, es frecuentísimo que la primera cláusula del laudo imponga entre las partes paz perpetua o por ciento et un anyos, que tanto monta. y no solo entre los litigantes, sino entre sus parientes, amigos y valedores, para cortar de raíz cualquier veleidad de banderías, que en ese siglo ensangrentaban el reino. Hay ejemplos de laudos que se limitan a esta obligación de paz y reconciliación entre las partes, dándoles una salida digna de sus querellas59. En el pirineo, y en casos de rivalidades intrafamiliares o entre valles de ambas vertientes con derramamiento de sangre, se añadía a la reconciliación la obligación de efectuar actos concretos, a manera de signos visibles de esta decisión. En 1425, al solucionar el litigio entre el quiñón de panticosa y el valle de ossau, los árbitros, tras ordenar que sia paz, amor et acort e perdon de todas e cada unas demandas, quistiones, yras, rancos, malibolencias et damnajes (...) feytas entre ambas partes, dispusieron que, en señal de paz, los procuradores de ambas partes por ellos et los absentes se besen en las bocas aqui de present y esto en señal de paz et de buena amistat60. En el laudo tras la muerte de un tal pigacho en las banderías que se produjeron en el mismo valle entre 1425 y 1450, los árbitros ordenaron que los litigantes hagan paz final et en senyal de aquella se prendan por las manos et se bessen en las bocas61. En una de las paces de estas querellas, resuelta por un tribunal de osaleses, decidieron éstos que los reconciliados coman et beban en uno et se fagan obras de buenos amigos62. todo ello dentro de la tendencia bajomedieval a demostrar mediante actos concretos la conclusión y efectividad de actos jurídicos, como sucede, por ejemplo, con las tomas de posesión de bienes inmuebles, en que el nuevo propietario cortaba ramas, abría y cerraba puertas y ventanas pacíficamente y sin oposición alguna. también se podía obligar a las partes a desistir y apartarse de los procesos judiciales ya incoados y en curso por el asunto que motivó el arbitraje, y a silencio perpetuo, es decir, no suscitar más el asunto, y a no hacerse daño recíprocamente ni por sí ni por parientes amigos y valedores ni por interposita persona, como lo expresa claramente el laudo de la muerte de pigacho, antes citado: Mandamos quellos ni alguno dellos de guey adelante no se retrayan ni referescan en ningun tiempo res ninguna de todo lo sobredito, de manera quellos nonde devan ni ayan devat ni quistion, dius las penas del conpromis63, y Mandamos (al agresor) que si algunos clamos o apellidos devant de qualquiere juge abra dado y fecho dar, que aquellos haya de renunciar o fazer renunciar dentro tienpo de dos dias apres que la sentencia le sera intimada64. En asuntos criminales (muertes, heridas), se solía imponer una fuerte indemnización al agresor: así, en 1480, en Zaragoza, los árbitros (un notario y un jurista) las fijaron en dos florines de oro (28 sueldos jaqueses) para uno de los lesionados, y en medio florín (7 sueldos de esa misma moneda) para el otro65. A esto se unía frecuentemente la orden de alejamiento del autor del delito del pueblo donde se había cometido el crimen. En 1486 y en Molinos, (junto a Alcañiz), tras un homicidio, el tribunal ordenó que durante dos años su autor no pudiera entrar en Molinos exceptado por camino real puyando a Xulbe et a Teruel, empero de tres trechos de balesta no se pueda acostar a la villa66. un caso singular se produjo en 1446 en berdún, donde sancho Aznárez gil acusó a blasco nicolau, difunto, de haber dado muerte a su padre. El tribunal, compuesto por dos clérigos, estableció la consabida paz perpetua entre las familias de ambos, que debía confirmarse besandose en las bocas, y les impuso silencio y callamiento perpetuo. y dado que en ese momento el hijo del autor del crimen era menor de catorce años le eximió de toda culpa, pero le impuso la obligación de dotar con 200 sueldos jaqueses una capellanía que debía ser cantada a desencargo de las animas de la víctima y del homicida67. los actos contra la moral sexual o familiar eran especialmente vidriosos: por ellos se mancillaba el honor de una mujer soltera o del marido en caso de adulterio, con lo que había tres familias implicadas en el asunto: la del marido, la de la mujer y la del adúltero o estuprador, lo que podía dar pie a banderías entre ellas. En el Alto gállego, y en 1479, se produjo un caso especialmente escandaloso, al ser acusado el cura de lárrede de haber mantenido relaciones con una vecina de tramacastilla. la pareja no gozaba de las simpatías de os miembros del tribunal, compuesto por el señor de garasa, un cura y dos tensinos, pues calificaron a la mujer de adultera y muy desonesta, a la pareja de obstinados y envolvidos en vicios, al tiempo que acusaron al bigardo clérigo de defamacion, fecho e infamia. En la sentencia condenaron al cura a no entrar en tramacastilla de por vida y a indemnizar con 400 sueldos jaqueses al marido, al que obligaron a perdonar a su esposa, acogerla en su casa y asegurarle su dote68. En 1453, en un caso de adulterio registrado asimismo en el valle de tena, el tribunal, tras ordenar paz y callamiento perpetuo a las tres partes: el marido ofendido, los dos pecadores y todas sus parentelas, impuso al galán la indemnización de 400 sueldos jaqueses, que parece ser era el importe habitual de una dote69. los estupros de doncellas o mujeres solteras, designados discretamente como la injuria que Fulano ha dado a Mengana, se solucionaban con la consabida imposición de paz y silencio perpetuos entre ambas familias y la entrega a la moza agraviada de una indemnización, generalmente de 60 reses lanares y una bestia gruesa (caballo, vaca o buey), lo que equivalía a la dote de una novia de la “clase media” tensina. En un caso de estupro ocurrido en sandiniés en 1487, el asunto llegó a mayores, pues un hermano de la ofendida hizo acometimiento de muert al ofensor, por lo que fue condenado a indemnizarle con diez florines70. En 1453 aconteció en Jaca curioso hecho. un tal pedro Cavero se vanagloriaba de haber conocido carnalmente a María Aznárez, mujer de Martín gil y de ser el padre del hijo del matrimonio. para reparar el honor ofendido y en evitación de males mayores, el tribunal arbitral, al que las partes recurrieron, impuso los consabidos paz y silencio perpetuos y condenó al calumniador a que en presencia de más de cien personas se desdijera y afirmara que el nunca may conoscio carnalment a la dita Maria y por consiguient que hun ninyo clamado Petrico fillo de la dita Maria no es fillo del dito Pedro, lo que consta llevó a cabo pocos días después de pronunciado el laudo71. En 1471 los parientes de la esposa del notario jaqués blasco Ximénez de Aragüés, que se sentían ofendidos por el hecho de que el fedatario mantuviera públicamente una manceba, con lo que dava grant mengua a su muller Margarida Calbo et a todos los parientes de la dita Margarida, pasaron a vías de hecho, pues el proemio de la sentencia habla de paraulas, injurias, menaças, acometimientos et inimicias, que se solucionaron mediante arbitraje. El notario fue condenado a relinquir, lexar et lexe a la citada manceba en el plazo de un mes y se le prohibió usar ni practicar carnalment ni estar con ella en un cubierto, salvo en la iglesia, como aquesto sea saludable cosa a la conciencia, reposo al cuerpo, reformación de sus bienes e honra dius las penas del compromis72. otro laudo, también pronunciado en Jaca, pero en 1466, deja entrever una siniestra historia de “crimen de honor”. El canónigo pedro Castiello arbitró, sin entrar en detalles, que su colega mosén domingo Calvo había de tramitar y costear ante el capellán mayor de la seo jaquesa la absolución de pedro bellio por la muerte de su mujer sancha, pagar las costas de una diffinicion ya atorgada en su favor por el abad de San Juan de la Peña el año anterior y entregarle una vaca en compensación de los gastos causados a pedro. parece traslucirse que mosén domingo cometió adulterio con sancha, a la cual mató su marido, por lo que éste no fue perseguido en justicia, aunque incurrió en gravísimo pecado, para cuya absolución era competente la curia diocesana73 . se conocen también problemas fiscales resueltos mediante laudos. En 1474, y en la capital del reino, tres jaqueses arrendatarios de los peajes de Jaca y Canfranc reclamaron ante el jurista Alfonso de la Caballería, que don Martín de lanuza, baile general de Aragón, les concediera una reducción del importe del arrendamiento, cuyos ingresos habían disminuido a causa de la guerra con francia. Mícer Alfonso tasó esta cantidad en 400 sueldos jaqueses, a la que añadió tres florines de oro para el notario, por su salario y por actitar un proceso para informar el animo mio (del árbitro), además de otros diez para él, pagaderos a medias por la hacienda real y por los jaqueses, en remuneración por sus servicios74. la actuación de los árbitros se extendía asimismo al ámbito laboral. En 1446 la reclamación de un bearnés contra un habitante de tramacastilla de tena por menosconto de salarios a su hijo que había trabajado como criado del aragonés, en que incluso los contendientes habían llegado a las manos, fue solucionada con un laudo que imponía al aragonés el pago de 52 sueldos jaqueses al mozo, y a ambas partes una cuarta de vino para el tribunal75. En el mismo año, un especiero zaragozano decidió la disputa entre un notario y un cirujano por el pago de sus respectivos honorarios. Evaluó las deudas recí- procas y estableció la compensación entre ellas: el fedatario debía al cirujano 300 sueldos jaqueses y éste al jurista 210; con lo que se concluyó el asunto mediante el pago de 90 sueldos jaqueses por parte del notario al quirurgo, imponiéndoles que ambos se otorgaran finiquito por las respectivas reclamaciones76. En el medio urbano eran muy frecuentes los pleitos por cuestiones de luces y vistas. un ciudadano de Zaragoza había abierto una ventana que daba al corral de un panadero, por lo que éste lo demandó ante el zalmedina. El árbitro, asesorado por los moros Mahoma de Cepta y Jucé de brea, afamados maestros de casas, condenó al hidalgo a cerrar la controvertida ventana pero le autorizó a abrir otra a la derecha de la lumbrera litigiosa, de modo que no molestara al panadero77. otro pleito por inmuebles urbanos surgió entre el argentero Juan del frago y su arrendador, el notario Miguel serrano, por el importe de unas obras que el primero había realizado en las casas de mícer Miguel. El propietario fue condenado a pagar a su inquilino 53 sueldos jaqueses por las obras de reparación, amén de otros 12 sueldos por las cerraduras y llaves que el platero había instalado, que quedaban integradas en el edificio y que el artesano no podría arrancar al concluir el contrato. El tribunal estaba compuesto por un carpintero cristiano y un maestro albañil moro78. y en 1469 unos zaragozanos se pelearon por el reparto del precio de dos esclavos que tenían en indiviso, valorados en 1.480 sueldos jaqueses, es decir, 740 sueldos cada uno. El pleito se había enconado, pues dos de los copropietarios estaban en la cárcel. El laudo compensó las deudas de unos a otros: los dos presos debieron pagar 718 sueldos a la otra parte además de las expensas de la capción de ellos así como las costas del proceso que los llevó a prisión79. En ambientes rurales, abundaban las disputas entre pueblos y valles por cuestiones ganaderas. ya hemos citado varios ejemplos que afectaban a gentes de ambas vertientes del pirineo o a pueblos del mismo valle. los laudos generalmente confiados a gentes del mismo valle, pero de lugares distintos a los de los litigantes, contienen minuciosos deslindes de los terrenos discutidos para boalares y paso de ganados, derechos y obligaciones de los naturales de cada pueblo y una serie de disposiciones, basadas muchas veces en usos y costumbres ancestrales que los árbitros conocían a fondo, por formar parte del acervo de la comunidad. podemos citar los casos del señor de pallaruelo, en sobrarbe, decidiendo por qué términos de bestué y puértolas debían transitar los ganados de bestué, situado aguas arriba, en sus migraciones anuales de subida y bajada a la tierra llana80, y del arbitraje del tan citado don lope Abarca, señor de gavín, al dilucidar los límites de los puertos de Acumuer, señorío de san Juan de la peña, y del valle de la garcipollera, de sus parientes los Abarca. tras deslindarlos cuidadosamente, declaró que los puertos en litigio eran comunes a ambas universidades, y estableció el número y clase de reses que en ellos debían pacer, las multas a imponer a los ganados gruesos que entraran en el terreno reservado al lanar y otras disposiciones que toman como precedente las antiguas costumbres que habían regido las relaciones entre ambos litigantes81. y en el valle del Jalón se sitúa el arbitraje del alcaide de Mesones de Isuela y el notario de épila sobre los derechos de pastos en la partida llamada Rodanas, con referencia a los antiguos usos: Que los ganados del dicho lugar de Mesones puedan pacer y pazcan en dicho término de Rodanas en todo aquello que antiguament acostumbraban pazer et no en mas, pagando 22 sueldos jaqueses a los de épila por cada mil reses, y respetando los sembrados del término, etc.82. otro tema susceptible de arbitraje eran las particiones del caudal relicto de una herencia, fuente —entonces y ahora— de graves conflictos intrafamiliares. los testadores preveían la posibilidad de estos choques en sus últimas voluntades, disponiendo a veces que uno o dos amigos por cada parte litigante potencial resolvieran estos asuntos. tenemos un ejemplo en berdún, en 1510, en que el notario y un sastre de la villa zanjaron la discusión entre una viuda y su hijastro mediante este sistema. para evitar la división del patrimonio, decidieron que la casa y las heredades fueran para el joven, que la viuda recibiera una generosa pensión vitalicia y la división (por mitad) de la ropa y enseres de la casa, si bien la mujer podría llevarse el ajuar que aportó al casarse83. y finalmente, para cerrar esta serie de casos, quiero citar un curioso laudo pronunciado en salvatierra de Escá, en la Canal de berdún. Ante las protestas elevadas por los vecinos al concello ante los daños producidos en sus linares por el agua desbordada de la acequia nuevamente abierta de cabo del molinar, los árbitros establecieron dos listas: una, de lo que debían pagar a escote los vecinos, y otra, de lo que habían recibir los propietarios de los campos inundados; además, obligaron al concejo a mantener el canal, aunque establecieron que los usuarios del agua deberían contribuir a su conservación84. 2.6. Fijación de honorarios a árbitros y notarios. El fuero I “de taxatione scripturarum” de 1442 que, como hemos dicho, contiene la única referencia al arbitraje en los fueros, dispone: Item de compromis e sentencia haya el notario aquello que por los arbitros le sera taxado. $E$ si por los arbitros no seran taxadas las escrituras, que se las taxen ad arbitrio del judge, havida consideracion a los bienes que en la sentencia arbitral seran a las partes o a alguna dellas adjudicadas pues que la dita taxacion del dito judge no puye de los cient sueldos85. nada dice de la remuneración de los árbitros, pero la costumbre ya había establecido que éstos las fijaran a su libre albedrío, justificándola con la fórmula: Porque es digna cosa que quien trebaxa de sus trebaxos sea pagado e satisffecho u otras similares. debía ser satisfecha a medias por ambas partes. la cláusula de remuneración viene de lejos: la encontramos por ejemplo en laudos de 1410. El fuero debió fijar lo establecido por los usos y la costumbre. la lista de gratificaciones fijadas en los distintos procesos es bastante pintoresca. una de las formas más usuales consistía en entregar un par de guantes a cada árbitro u otras prendas de vestir: un par de calzas de lienzo, 40 sueldos jaqueses para sendos pares de calzas o sendas docenas de tiretas para tirar las calzas86. también se les pagaba en alimentos: uno o varios pares de pollos, perdices o capones para cada árbitro, perniles (jamones), sendos pares de toronjas (naranjas) y muy modestamente una cuarta de vino. En otras ocasiones se organizaba una alifara tras la aprobación del laudo por las partes en que parece que árbitros y litigantes confraternizaban tras la firma de la paz, como lo indica el párrafo siguiente: Tachamos por nuestras esportulas e treballos un buen jantar de pan, vino e carne pagadero el dia que se firmara la paz para árbitros y partes87. otras variaciones sobre este tema son: Un crabito con su pan e su vino para nos arbitros et para la conpanya; un par de pollos con su pan e su bino o un florin para un yantar o cena. los árbitros también cobraban en metálico, a veces elevadas cantidades: 10 florines recibió don Alfonso de la Caballería tras el laudo sobre los arrendamientos de los peajes de Jaca88, y otros tantos se embolsó don lope Abarca. En el primer caso puede pensarse que la remuneración estaba en consonancia con el elevado rango social y administrativo del árbitro; en el segundo quizás se deba a cuestiones penales. otras cantidades oscilaban entre los cuatro y los veinte sueldos. A los notarios casi siempre se les pagaba en metálico, por lo general cinco sueldos jaqueses, salvo en casos aislados en que se remuneró al fedatario con un par de zapatas89 o con el consabido par de guantes90. si las partes querían copias autorizadas de la sentencia y/o el compromiso, debían llegar a un acuerdo con el fedatario en cuanto a sus tasas: Si las ditas partes o alguna dellas querra o querran los ditos compromis o sentencia en forma publica que se avengan con el notario91. 2.7. Cláusula de revisión. Es frecuente, aunque no omnipresente, la cláusula de revisión, en virtud de la cual el tribunal se tomaba un plazo variable (tres o seis meses, un año o año y día) para añadir, enmendar, acortar o corregir el laudo. He encontrado un solo caso de anulación después de pronunciada la decisión: concretamente en un pleito entre el señor de paternuey y los del lugar de la peña, los árbitros (un jurista y un notario), de común acuerdo, anularon la sentencia por ellos pronunciada, sin dar razón alguna para ello. dejaban las cosas en el estado en que se encontraban antes de firmar el compromiso y daban a las partes facultad para iniciar un nuevo procedimiento92. Quizás para evitar estas cuestiones, se creó la figura del sobrevehedor, a que antes hemos aludido. la parte dispositiva concluye con la requisición al notario para que comunique el laudo a las partes en un determinado plazo de tiempo, y la orden a éstas para que lo acaten y lo cumplan inmediatamente después de haberles sido intimado, desistiendo de todas las acciones penales y civiles que hubieran entablado entre ellas93. En casos de delitos de sangre, y probablemente teniendo en cuenta la exaltación de los ánimos, la comunicación y aceptación tenían lugar el mismo día de la decisión del tribunal94; en otros casos, especialmente si los litigantes vivían en distintos pueblos, se demoraban unos cuantos días. las actas de intimación y aceptación no forman parte del laudo propiamente dicho, sino que se reflejan en escrituras notariales separadas de su texto. la sentencia surtía efecto y sus disposiciones debían cumplirse a partir de este trámite. 3. Criterios que informan el laudo ya he indicado que el recurso al arbitraje constituía una renuncia de las partes al sistema procesal de los fueros. la fórmula del compromiso indica que se nombran arbitros, arbitradores y amigables componedores, para que pronuncien una loa, sentencia, bien vista y amigable composicion, es decir, un arreglo amistoso y extrajudicial. los árbitros podían juzgar por fuero o contra fuero, orden de dreyto servada o no servada $\ell ^ { 9 5 }$ o segunt visto les sera por drecho contra drecho, por fuero o contra fuero, uso e costumbre del regno de Aragon96. Ello contrasta con lo dispuesto en el fuero $4 ^ { \circ } D e$ Iudiciis, de 1436: “Quanto a las causas civiles, procesos, sentencias e execuciones de aquellas sean observados los fueros del Reino”97. los compromisarios renuncian a las formalidades y garantías establecidas por el citado fuero para publicidad del proceso, garante de su limpieza y en los laudos prometen no venir contra lo decidido en la sentencia e incluso, remachando lo anterior, renunciando a toda apellacion e ad albitrio de buen varon e qualesquiere otros auxilios $o$ recurso que de fuero et de dreyto pudiesen haver98 o la dita pronunciacion et declaracion por los arbitros dada (...) en ningun tiempo no apellar ni reclamar ni al arbitrio de buen baron no recorrer, antes aquellos aquella de cada uno dellos loar, aprobar, acceptar (...) perpetuament et a todos tiempos99. los jueces dejaban asimismo claro que no tenían en cuenta el ordenamiento foral del reino, al afirmar en fórmula casi invariable que pronunciaban su sentencia solo Dios ante nuestros guelhos haviendo, por tal que de la suya faz nuestro juizio procedexce100 o solo Dios havientes delante nuestros oios del vulto del qual procede todo tiempo recto, judicio, arbitrio et igualdat101, es decir, con arreglo a la equidad, buen criterio, sentido común e igualdad (alusión muy acorde con el igualitarismo aragonés). En 1474, en barbastro, y ante los debates y controversias existentes entre un matrimonio de vasallos moros de don Rodrigo de Rebolledo, de una parte, el hijo de ambos y la mujer de éste, el noble impuso como árbitro a un tal Alfonso de bielsa, delegando en él su potestad señorial. En el primer párrafo de la sentencia, el mencionado Alfonso dispone: Sententiamos que attendido et considerado que las ditas partes hayan et han voluntat de diseparar el dito matrimonio (el de los jóvenes) por aquesto et alias pronuntiamos y sententiamos que el dito matrimonio fecho entre los ditos Mahoma Darrach et Fatima Mallorquin sea diseparado e disfecho segunt ley de moros deffazer se puede et deve. Es decir, que el árbitro tuvo en cuenta y adujo la ley islámica para permitir el divorcio solicitado por los litigantes102. nada se dice en las sentencias acerca de las deliberaciones o discusiones de los árbitros hasta conseguir llegar a un acuerdo. solamente se repite machaconamente que los árbitros han tomado su decisión todos concordes. En algunos compromisos se incluyen cláusulas como: Si los ditos arbitros no se concordavan o no dezian dentro del tiempo assignado o el prorogado, que en el dito caso cada una de las partes romanga en su dreyto e que por el dito compromis no pueda ser engenrrado algun prejudicio etc. ad alguna de las partes e su dreyto103; y también: Es condicion que si dentro de aqueste tiempo quandoquiere qualquiere de nos ditos arbitros pueda si querra disistir et renunciar el dito compromis de la dita arbitracion con carta publica et que aquella intimada (a ambas partes) ipso facto el compromis sia havido por spirado et cada una de las ditas partes finque en aquel derecho et action que antes del dicho compromis eran104, que dejan entrever que las discusiones en el seno de los tribunales podían ser duras e incluso llegar a la ruptura. Quizás para apaciguarlas se creó la figura del sobrevehedor, de la que antes he hablado. He encontrado un solo caso de anulación del laudo por los árbitros, antes citado: en 1457 dos árbitros de común acuerdo dixeron que anullavan segunt que de feyto anullaron la addiction et toda la sententia entre las ditas partes dada, e que las ditas partes fuessen et quedassen en el stado que eran ante del compromis firmado105. 4. vigencia de los laudos los laudos tenían vocación de perpetuidad es decir, de solucionar una cuestión cuanto antes, de una vez por todas y para siempre, evitando difugios de abogados mediante la más o menos abusiva utilización de los recursos, firmas, apelaciones y empachos (obstáculos) de que desbordaba nuestro garantista sistema foral, lo que se aprecia especialmente en las cuestiones entre “universidades”. Así, en 1273, al comprometer la solución de una controversia entre el preboste de Alquézar y el párroco de ballabriga ambas partes prometieron tener el laudo por firme et por seguro et de observar por todos tiempos106. En 1295 en el compromiso entre el señor de botorrita y la Casa de ganaderos de Zaragoza se pactaba que la loha o composion seya a todos tiempos firme et valedera107. ya me he referido al laudo de 1334, delimitador de los boalares privativos de sallent y lanuza, citado de nuevo en los “resultandos” de otra disputa similar de $1 4 \dot { 5 } 2 ^ { 1 0 8 }$ . y en 1436 se acordaba que la dita sententia (...) finque e romanga stable e firme et en su plena firmeza e valor perpetuament e a todos tiempos109. En 1466 Juan II de Aragón, al conceder un nuevo privilegio al valle de tena, nos refiere la historia de los sesenta tensinos que acudieron al llamamiento del sobrejuntero de Jaca para ayudar a las tropas aragonesas a recobrar los castillos de tiermas y Escó. la campaña fue mal para las armas aragonesas, pues cuando los montañeses se encontraban en los alrededores de berdún, 22 de ellos fueron hechos prisioneros por las tropas del noble navarro, que pidió un elevado rescate. Hubo discusiones entre las casas, los once lugares y los tres quiñones del valle, que se resolvieron mediante una sentencia arbitral del mismo año, con valor de estatuto, que afirmaba que la Val de Tena es una, común y bajo una regla y que las cargas que sobrevinieran al valle debían pagarse a tercios, de terz en terz, entre los quiñones. Aunque no sabemos a cuanto ascendió el rescate, debió de ser muy elevado: el laudo citado precisa que la casa de cada cautivo debía pagar 100 sueldos jaqueses y el resto, que corría a costa del valle, se repartiría entre las tres entidades110. los tensinos acudieron al rey, que para resarcirles de estos gastos les eximió de todos los impuestos de cena, maravedí y caballería, y dio severas instrucciones a todos los cargos y funcionarios reales, empezando por su propio hijo, para que no se atrevieran a cobrárselos. podemos decir que este privilegio se asemeja a la actual “declaración de zona catastrófica” en que, para paliar los daños sufridos por un territorio castigado por desastres naturales, el Estado concede créditos baratos, exime de impuestos o aplaza su pago y colabora en la reparación del siniestro. Con esto quedaron zanjadas las discusiones sobre el pago de cargas del valle hasta fines del siglo XvII. En 1670, en vista de las disensiones entre quiñones, concejos y lugares del mismo valle, los montañeses recurrieron una vez más al laudo, a cargo de nueve árbitros, tres por cada quiñón, que en su artículo 16 confirma el de 1466 y ordena que se cumpla111. y cuando en el siglo XvIII hubo necesidad de enviar soldados a los reales ejércitos, según las levas nuevamente establecidas, la junta general del valle recurrió de nuevo al principio de terz en terz establecido tres siglos antes112. Es decir, que una sentencia arbitral permaneció en vigor durante trescientos años, durante los cuales informó y reglamentó la vida del valle, como una especie de ”carta magna” tensina en virtud de la cual se negociaban contratos, se dictaban estatutos y ordinaciones y se solucionaban conflictos. 5. Razones de la popularidad de los arbitrajes. El derecho procesal aragonés se caracterizaba por su afán de garantizar los derechos de los naturales del reino frente a cualquier abuso de las autoridades, judiciales o no. Ello originó un sistema digno de toda alabanza y que asombra por su modernidad, pero que padecía del grave inconveniente de eternizar los procesos y abrir resquicios, aprovechados por leguleyos para ganar causas por defectos formales y no según criterios de pura justicia. por otra parte, la prolijidad de los trámites procesales: apellido o demanda, réplica, dúplica, contrarréplica, firmas... los alargaba y encarecía de forma intolerable, lo que motivó que —como hemos visto— en ocasiones los litigantes desistieran del proceso judicial ya incoado y recurrieran al arbitraje. En 1501 un moro oscense y otro zaragozano, que pleiteaban ante el vicecanciller del rey por una deuda de mil sueldos jaqueses, comprometieron sus diferencias en manos de un correligionario. El laudo explica que el proceso se arrastraba desde hacía casi ocho años y han fecho las dichas partes grandisimos gastos y expensas y si la present causa y diferencia no se atajase entre las ditas partes podria ser total distruycion y diminuycion dellas113. y en 1461 los árbitros dijeron que pronunciaban su laudo por vien de paz et de concordia et por evitar las ditas partes de despesas, danyos et menoscabos114. El doctor guallart y lópez de goicoechea y el profesor giménez soler denunciaban ya hace años esta quiebra del espíritu foral: “se va cayendo en la superstición del formalismo, los clásicos procesos privilegiados sirven tanto, y a veces aún más, al litigante de mala fe y al malhechor como a sus víctimas; el juez de contrafuero mantiénese gustoso en la forma del proceso, se cae en añagazas judiciales, guiadas quizás del afán de emolumentos”115. Es decir, se configura un proceso pletórico de garantías y cuidadoso de los derechos del regnícola, pero largo, caro y formalista. por ello, nuestros antepasados, en uso de su inmensa libertad civil, en un silencioso plebiscito, calificaron a estas normas de poco efectivas y socialmente ineficaces y articularon un nuevo sistema más rápido, barato, equitativo y justo: el de los tribunales arbitrales116. Este sistema coexistió con los desaforamientos, que tanta vigencia tuvieron hasta la nueva planta o renuncia por una “universidad” a los fueros procesales para instituir un procedimiento rápido, eficaz y ejemplarizador. Es decir, las personas físicas y jurídicas renunciaron a los fueros y crearon sus propias normas, en cuyos preámbulos vertían duras críticas contra el sistema foral117. por el contrario, los arbitrajes permitían a los litigantes hacerse un “proceso a medida”, no encorsetado por los fueros, basado en la equidad, sentido común, e incluso “gramática parda” de los árbitros y en la rapidez y baratura de sus procedimientos. la fijación de un plazo para dictar el laudo proporcionaba la certeza de que en un tiempo determinado se habría solventado la cuestión. podrían multiplicarse los ejemplos de rápida solución de conflictos. por citar algunos, el 20 de diciembre de 1499 se firmó un compromiso nombrando árbitro a mícer pedro fatás, que el mismo día dictó el laudo118. El 20 de abril de 1421, y en Alagón, se fijó la fecha del laudo hasta fin de mayo119. En 1406, en Zaragoza, se dieron quince días para pronunciar el laudo120. En 1490 la sentencia se dictó 18 días tras el compromiso: 13 y 31 de marzo121. la rapidez en la solución era cuestión de vida o muerte, ya que los litigantes en muchos casos estaban con las espadas en alto (literalmente), y un proceso foral con sus posibilidades de empachos y difugios podía ocasionar unas banderías entre clanes o, peor aún, entre dos “universidades”: concejos, aljamas moras y judías etc. la duración de un proceso tramitado según los fueros era de unos 113 días, desde la captura del acusado hasta la ejecución de la pena, siempre y cuando no se hubieran interpuesto recursos o solicitudes de procesos de firma o apelaciones a instancias superiores, como el justicia de Aragón. si en nuestros tiempos de ordenadores, scanners y telecomunicaciones instantáneas protestamos contra la lentitud de los tribunales, imaginemos lo que sucedería en esos tiempos de amanuenses y transporte en mula. los laudos se ejecutaban asimismo en breve plazo: un día en $1 4 6 9 ^ { 1 2 2 }$ . Como hemos visto, la remuneración de árbitros y notario no solía ser elevada: se reducían a los tradicionales pares de guantes o de aves de corral, aunque en algunos casos ascendieran a mayores cantidades. lo que revela que los procesos eran poco gravosos para las economías de los litigantes. por otra parte, el procedimiento arbitral proporcionaba una discreción y reserva que no podía proporcionar el ruidoso procedimiento del apellido dado a gritos ante el juez. En el arbitraje las partes se comprometían en el escritorio de un notario, y las alegaciones se realizaban en privado, lejos de la atención de los convecinos. Eliminaba el strepitu fori, permitía lavar en casa los trapos sucios, e incluso se evitaba al condenado la vergüenza de verse expuesto como “perdedor” ante sus convecinos. y finalmente, la elección de los árbitros garantizaba que tomarían en cuenta las condiciones locales: usos, costumbres, estimación social del delito en casos criminales o conocimiento de las circunstancias y status social de las personas o de los lugares. En caso de reparto de inmuebles rústicos, la cercanía al pueblo, calidad de las tierras, regadío o secano, etc., aspectos que un juez foráneo no podría apreciar. A todo ello se unía el respeto de los árbitros por las garantías procesales y la igualdad entre las partes: ya hemos visto que se esforzaban por dejar claro en los proemios a los laudos que habían oído y escuchado todo cuanto las partes habían propuesto y alegado libremente y habían decidido en consecuencia. 6. ¿”Compromiso” de Caspe? y para concluir, me refiero al laudo arbitral más ilustre de la historia aragonesa: el llamado “Compromiso de Caspe”, un tema de total actualidad, por el sexto centenario que conmemoramos. sobre su génesis e historia, refiero al lector al magnífico libro del profesor José ángel sesma Muñoz123 del que tomo las ideas y textos aducidos a continuación. tras la muerte de Martín I sin hijos ni hermanos, la Corona se enfrentó a una situación inédita y no prevista en los fueros ni costumbres de la Corona, cuyos tres miembros: Aragón, valencia y Cataluña, de común acuerdo y tras una serie de avatares, decidieron solucionar por la vía del arbitraje, encomendado a nueve varones, tres de cada componente de la Corona. El procedimiento entonces utilizado sigue textualmente el ya descrito, con las variaciones impuestas por las especiales circunstancias y la enorme trascendencia política del asunto. En primer lugar los parlamentos firmaron un compromiso que disponía que lo que los árbitros decidieran fuera de obligado cumplimiento: la Concordia de Alcañiz124, de 15 de febrero de 1412, en la que observamos todos los elementos enumerados en el apartado 2.3 de este trabajo: decisión de resolver un problema mediante nueve árbitros dotados de plenos poderes, obligación de éstos de juzgar en justicia y según sus conciencias, es decir, sin referencia a ley escrita ninguna; fijación de un plazo de dos meses para dictar sentencia, con posibilidad de prórroga de un mes más; información previa de todas las pruebas que los pretendientes quieran aportar, plasmación del laudo en instrumento público e intimación a las partes, deber de éstas de acatar la decisión, renuncia a toda apelación o recurso, etc. y el laudo, pronunciado en Caspe el 25 de junio de 1412, se ajusta asimismo al modelo reseñado: enumeración de los árbitros, referencia al compromiso del que procede la legitimidad de su actuación, adopción de la decisión tras haber recibido y examinado todas las pruebas y alegatos de las partes (“comunicados nuestros criterios por justicia, según dios y nuestras conciencias... teniendo solo a dios delante de nuestros ojos”), la decisión (el nuevo rey será don fernando, infante de Castilla), el requerimiento de que se plasme en documento público notarial, las datas tópica y crónica, y la consignación de testigos125. Es decir, el llamado compromiso de Caspe debería haberse llamado “laudo de Caspe” o “sentencia Arbitral de Caspe”, pero no “Compromiso”. El verdadero compromiso fue la Concordia de Alcañiz, en la que se fijaron las bases y condiciones para que nueve árbitros designaran al nuevo monarca. desde luego resulta más eufónica la designación de “Compromiso de Caspe”, ya acuñada e inmodificable, pero inexacta en estricta terminología jurídica. Como colofón, cabe destacar que el procedimiento arbitral de solución de conflictos y litigios, gozó en el Aragón del siglo Xv de una enorme popularidad que perduraría hasta la nueva planta. facilitó la coexistencia de los aragoneses y una vez más demostró el enorme grado de libertad civil de que gozaban nuestros antepasados.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Las comunidades no confederadas de canónigos regulares en Cataluña en la Baja Edad Media
LAS COMUNIDADES NO CONFEDERADAS DE CANÓNIGOS REGULARES EN CATALUÑA EN LA BAJA EDAD MEDIA\*. NOT CONFEDERATE COMMUNITIES OF REGULAR CANONS IN CATALONIA IN THE LATE MIDDLE AGE. José Antonio Calvo Gómez Instituto Español de Historia Eclesiástica. Roma Universidad Católica de Ávila (UCAV) Resumen: Este trabajo de investigación pretende determinar la extensión real de las comunidades de canónigos regulares en Cataluña que no se vincularon a ninguna de las grandes Órdenes radicadas después del siglo XI. Frente a un modelo explicativo que despreciaba, por residuales, las comunidades adheridas a la Regla de san Agustín, pero ajenas a las congregaciones internacionales, este trabajo muestra un fenómeno verdaderamente generalizado, fundamental en la repoblación de algunos territorios de la Corona de Aragón, que se prolongó, con cierta vitalidad, hasta final de la Edad Media. Palabras clave: Reforma Gregoriana, canónigos regulares, siglo XI, repoblación, Cataluña. Abstract: This study tries to determine the real extension of the communities of regular canons in Catalonia not vinculated to any religius Ordo founded in this territory after the 11th century. Againts an model that despised the communities of canons of Saint Augustine outside the international congregations, this work shows a widespread phenomenon, essential in the repopulation of some territories of the Crown of Aragon, which lasted, with vitality, until the end of the Middle Ages. Keywords: Gregorian reform, regular canons, 11th century, repopulation, Catalonia. 1. Introducción. Algunas de las congregaciones más importantes de canónigos regulares, surgidas en Centroeuropa y en el Próximo Oriente en el contexto de la Reforma Gregoriana a lo largo de los siglos XI y XII, se implantaron con cierta rapidez en los territorios de la Corona de Aragón que, en la lucha por la hegemonía contra el Islam, iban siendo integrados, paulatinamente, en el espacio jurisdiccional de los reinos cristianos (Álvarez Gómez, 1989: 46-50).1. Las cuatro congregaciones con una presencia más relevante en la Península Ibérica durante los siglos XII y XIII fueron las de San Rufo de Aviñón, el Santo Sepulcro de Jerusalén, los canónigos de Premostré y los canónigos regulares del hábito de San Antonio de Vienne. Las comunidades regulares de la obediencia de San Rufo y del Santo Sepulcro de Jerusalén se establecieron predominantemente en los territorios de la Corona de Aragón. Las primeras casas de los canónigos Aviñonenses fueron catalanas. Los sepulcristas, por su parte, iniciaron su presencia peninsular en torno a la casa de Calatayud al tiempo que, los canónigos de Premostré y los del hábito de San Antonio Abad alcanzaron pronto todos los territorios hispánicos. En estas cuatro congregaciones de canónigos y los respectivos monasterios regulares hispánicos, en correspondencia con los ubicados en los territorios europeos y del próximo Oriente medieval, se puede establecer un cierto programa ordenado, coherente, que permite crear un modelo interpretativo lógico, en el que se anota su definido itinerario fundacional, las líneas maestras de su evolución histórica posterior y la extensión institucional. Sin embargo, frente a todo este esquema, las distintas comunidades regulares no confederadas escaparon continuamente de cualquier ordenamiento y, en muchas ocasiones, de cualquier historia comunitaria que las ligara a un proyecto superior, que intentamos delimitar en este trabajo. Los territorios hispánicos en la baja Edad Media acogieron pronto las inspiraciones de san Agustín para la vida común del clero. Pero la materialización histórica de esta intuición distó mucho de ser uniforme (Constable, 1982: 349-389).2 Después del siglo XI, muchas comunidades peninsulares, sin adscripción a ningún Orden superior, más allá de la obediencia debida al prelado diocesano o directamente al papa, recurrieron a la Regla fundamentalmente para legitimar su vinculación con la vida regular, sin que este hecho representara inicialmente ninguna valoración de su adhesión a los proyectos de los protagonistas de la Reforma Gregoriana (Sastre, 1983: 251- 314). La rica variación de realidades institucionales complica el agotamiento del modelo peninsular que incluyó canónigos cuya vida se asemejó a la de los eremitas del desierto egipcio, canónigos hospitalarios, y clérigos parroquiales, hasta quienes, en el marco de una misma existencia agustiniana, se asemejaron notablemente a los canónigos seculares de las catedrales medievales hispánicas. En ocasiones, observamos que algunas comunidades sacerdotales bajomedievales adoptaron durante un tiempo la vida regular agustiniana, que depusieron pronto cuando este modelo institucional les impidió el ejercicio de su propia idiosincrasia. Sin una vinculación a una congregación superior, la permanencia en una forma de vida comunitaria estricta se hizo más difícil y la variación que se observa, después de algunos años de vida más rigurosa en los principios de la Regla, condujo, casi con carácter general, sobre todo a partir de mediados del siglo XIV, a una estructura más parecida a la de los clérigos parroquiales, por un lado, o a la de los canónigos seculares de las colegiatas y catedrales de los distintos territorios de la Corona de Aragón, por otro, cuando no a una confluencia de ambas obediencias, como la que se dio en el caso de las colegiatas que rigieron diferentes iglesias parroquiales a ellas encomendadas (Gómez Santos, 1971: 301- 316). Por otro lado, la documentación resulta más escasa precisamente en aquellos momentos en los que la vida comunitaria regular fue más estricta. En los primeros tiempos, las prioridades diplomáticas pasaban, generalmente, a un segundo plano, relegadas por una sincera búsqueda de la reforma de la Iglesia. La necesidad de afirmar los derechos de la comunidad, frente a reivindicaciones jurisdiccionales y económicas externas, eclesiales o civiles, hizo más necesario, generalmente, compilar los diplomas correspondientes que legitimaran determinadas situaciones. Este sesgo puede distorsionar en parte el conocimiento que tengamos de las comunidades regulares aragonesas no ordenadas por una congregación canónica y matizar indebidamente todo cuando podamos decir sobre ellas a partir de este momento. Este hecho, por tanto, introduce un factor de provisionalidad en todo lo que se indique, con carácter general, de la vida regular hispánica. Las confusiones terminológicas, además, están presentes en numerosas publicaciones contemporáneas sobre este fenómeno eclesial (García de Cortázar - Teja, 2009). La solución a esta paradoja puede encontrarse fundamentalmente en el conocimiento monográfico que llegue a alcanzarse de cada comunidad, del protagonismo de sus fundadores, muchas veces desconocidos, de su itinerario institucional, de las relaciones que llegaron a establecer con otras realidades de Iglesia y de la sociedad civil, de su economía y de una buena serie de factores que, en este trabajo, particularizado para cada comunidad canónica regular, resultaría insensato siquiera plantear. 2. Los canónigos regulares en la Cataluña medieval 2.1. Cataluña, tierra canonical. M. Riu $\mathrm { R i u } ^ { 3 }$ estudió, entre otros, el modelo regular en la Cataluña medieval. En su obra, singularmente amplia, pormenorizada, diversificada en tiempos y lugares, no sólo del ámbito catalán y aragonés, repasó cómo se llevó a cabo la sustitución de monasterios de tradición benedictina por cabildos agustinianos de canónigos regulares, obedeciendo al espíritu de la época. Este autor señaló que se trató de un fenómeno inverso al que se había producido al advenimiento de la hipertrofia monástica en los primeros siglos de la reconquista, cuando ciertas comunidades de tradición fundamentalmente aquisgranense pasaron a constituir nuevos monasterios y otras, sin perder su condición canónica, se integraron en la dotación de los mismos. E. Zaragoza Pascual (Zaragoza, 1977: 93-203; 1996: 661-721; 1997), en la estela de A. Pladevall i Font (Pladevall, 1974),4 ofreció todavía un panorama más amplio y pormenorizado de cuando pueda decirse en torno al fenómeno monástico en todas sus variantes, también en lo que quepa afirmar sobre los monasterios y corporaciones de canónigos regulares de san Agustín en Cataluña. Según este autor, «ya en el siglo VIII hubo comunidades de canónigos en las catedrales, que seguramente seguirían la regla del concilio de Aquisgrán (816) vigente en todo el imperio carolingio. Pero la vida y rentas comunes que establecía el concilio no perduraron por muchos años». Existió un verdadero intento de renovación de la vida canónica en las catedrales de Barcelona (1009), la Seo de Urgell (1010), Gerona (1019) y Vic (1080). Incluso antes, en el siglo X, surgieron los primeros monasterios episcopales de Urgell, como el de Idona y el de Santa María de Valldeflors de Tremp o de Pallars,5 que tuvieron una índole clerical y pastoral (Riu, 1990- 1991: 351-373). San Lorenzo de Morunys o de los Piteus, monasterio benedictino, tuvo por abades a los rectores de las parroquias inmediatas (Riu, 1982: 159-182). Como canónicas surgieron las comunidades clericales de San Pedro de Graudescales (Pladevall, 1974: 39-40; Villanueva, 1850: 30-32; Zaragoza, 1997: 117-118);6 San Pedro de Ger, en la Baja Cerdaña;7 Santa María de Talló, también en la Baja Cerdaña, diócesis de Urgell (Pladevall, 1974: 37 y 52; Zaragoza, 1997: 219);8 San Juan de Montdarn, en la Berguedá, entonces dió- cesis de Urgell, ahora de Solsona (Pladevall, 1974: 25, 52 y 108; Villanueva, 1850: 61-64; Zaragoza, 1997: 150);9 Santa María de Lluçá, en la diócesis de Vic (Casades, 1897; Pladevall, 1969; Serra, 1950; Zaragoza, 1997: 134);10 San Jaume de Frontañá, entre Ripoll y Puigcerdá, en la Berguedá (Pladevall, 1974: 280-283; Zaragoza, 1997: 108);11 Santa María de la Pobla de Lillet, junto al Llobregat, también en la comarca del Berguedá, en la diócesis de Solsona (Baraut, 1978: 11-182; Riu, 1978: 267-290; Zaragoza, 1997: 129);12 y San Pedro de Vilamajor, en la comarca barcelonesa del Vallés Occidental (Martí, 1981; Mundó, 1961: 48-67; Pladevall, 1974: 54; Zaragoza, 1997: 246).13. La verdadera vida canónica regular, añadió E. Zaragoza, en los siglos X y XI, «hay que buscarla en las grandes abadías de San Feliu de Gerona (Zaragoza, 1997: 114),14 Santa María de Solsona,15 Santa María de Manresa (Benet, 1994; Gasol, 1978; Sarret, 1924),16 Santa María de Besalú,17 St. Vicenç de Cardona (Pladevall, 1974: 54, 56, 270-275; Serra, 1916; Id., 1954; Zaragoza, 1997: 66),18 St. Juan de les Abadesses,19 St. Miquel de Seu d´Urgell (Corts, 1953),20 fundada por el obispo San Ermegol, St. Pere d´Àger (Corredera, 1978; Fite, 1985; Pladevall, 1974: 54, 300-305; Zaragoza, 1997: 13)21 y algu 14 Otros autores han elaborado distintos acercamientos a la problemática que encierra este monasterio de fundación visigoda a las afueras de la ciudad de Gerona. Entre ellos: la obra de Villanueva, 1850: 127-131. Según estas obras, en el año 455, el obispo Rústico, de Narbona, construyó una iglesia sobre el sepulcro del mártir africano, San Félix, situado en una necrópolis pagana y paleocristiana. Junto a ella, pronto se erigió un monasterio donde vivió durante un tiempo el luego obispo gerundense Nonnito (621-633) y que mantuvo la sede catedralicia durante la dominación musulmana, hasta que fuera restaurada la diócesis en el año 785. Desde entonces, hasta 1337, la comunidad del monasterio de San Félix quedó sometida a la catedral de Gerona, con la que formaba un capítulo único, confirmado especialmente después de que el obispo Teotatio (874-888) introdujera en la ciudad la Regla de Aquisgrán en el año 882. Un canónigo de la catedral de Santa María ejercía en San Félix el cargo de abad y muchos canónigos de entre los que vivían en esta comunidad fueron consagrados obispos tanto de la propia sede gerundense como de otras catedrales de la provincia tarraconense. 15 Monasterio de la observancia de San Rufo, secularizado en 1592, sobre el que se erige, al año siguiente, la nueva diócesis catalana. 16 En el siglo IX existía ya una comunidad de sacerdotes en torno a una pequeña iglesia, destruida a principios del siglo X. En el año 940 fue consagrada un nuevo templo, destruido por los musulmanes en 1002. Después de su reconstrucción, en 1098, el obispo de Vic, Berenguer de Lluçà introduce en la comunidad la Regla de san Agustín por medio del prior Bernardo de Santa María de Estany. En el siglo XII fue construida una nueva iglesia románica, antecedente de la iglesia gótica iniciada en 1301 y concluida a finales del siglo XV. 17 Monasterio de la observancia de San Rufo, secularizado en 1592. 18 Esta iglesia estaba servida por clérigos ya en el año 980, pero la poca observancia de la comunidad y la ambición de los vizcondes de la villa habían acabado por arruinarla. En 1019, por intervención del abad Oliva, el vizconde Bernardo de Ausona construyó un nuevo templo, consagrado en 1040, que se convirtió, por su pureza estilística, en modelo para la arquitectura románica catalana. En él se conservaban las reliquias de la Santa Espina y de las santas Valentina y Brígida. Aquí murió en 1240 san Ramón Nonato. 19 Monasterio de la observancia de San Víctor de Marsella y luego de San Rufo de Aviñón, secularizado en 1592. 20 La iglesia, erigida en 1035 por san Ermengol, fue reorganizada en 1122 como cabildo de canónigos regulares de san Agustín. Pero el obispo Gullermo de Montcada lo suprimió y lo unió al capítulo de la catedral. En 1364, el monasterio fue ocupado por una comunidad de dominicos. El obispo san Ermengol, en 1010, reestructuró también la sede catedralicia de Santa María de la Seo de Urgell. Los antiguos canónigos visigodos acogieron pronto la Regla del concilio de Aquisgrán del año 816. Pero en el siglo X ya no quedaba rastro de vida comunitaria alguna. Tras la restauración en tiempos de san Ermengol, el obispo Folc de Cardona les impuso la Regla de san Agustín, según hizo también en San Vicente de Cardona y en San Jaime de Calaf. 21 En 1035, el conde Ermengol II de Urgell, recuperada la villa de manos musulmanas, funda en la parte alta de la muralla un monasterio benedictino. En 1045, sin embargo, nuevamente conquistado, el cenobio es destruido por las tropas árabes. Dos años después, Arnau Mir de Tost recupera definitivamente la plaza e instala en la iglesia de San Pedro una comunidad de canónigos, a quienes dota con las iglesias nas otras». Para evitar al investigador el tedio de leer los hechos particulares de cada canónica, remitimos a la documentación y notas bibliográficas indicadas para cada una, donde, según el interés, pueden localizarse desarrolladas las vicisitudes más relevantes. 2. 2. Canónigos regulares, seculares y monjes benedictinos y cistercienses. Muchos monasterios catalanes tuvieron su origen en la etapa visigoda y durante la dominación carolingia en la Marca Hispánica altomedieval. Su antigüedad y la variación de sus formas hicieron que, en muchos casos, las fronteras entre la vida regular, los cabildos seculares de clérigos y los monasterios de tradición benedictina no estuvieran tan definidas como permite establecer un estudio más detallado sobre el papel. Los monasterios que cambiaron de adscripción y condición canónica, singularmente en este territorio, no fueron tan excepcionales. Incluso llegó a producirse la convivencia de canónigos y monjes en un mismo monasterio, como sucedió en Santa María de Meyá (Roig, 1688; Tristany, 1677),22 en Vilanova de Meyá, en la diócesis de Urgell, donde cinco canónigos, tres monjes y algunos donados convivieron bajo la misma casa durante el siglo XIII. En otras ocasiones, una canónica podía experimentar un ascenso a cabildo catedralicio y a sede episcopal. La comunidad de Santa María de Solsona, erigida desde antiguo en un extremo del obispado de Urgell, estuvo gobernada por un prior al menos desde el año 923, que se llamará paborde desde principios del siglo siguiente. En 1592, sobre aquella base, fue erigida la diócesis actual de Solsona (Costa, 1959).23. El monasterio de Santa María de Lavaix, localizado en Pont de Suert, próximo a la confluencia del Noguera Ribagorza y el Gironella, hoy se encuentra sumergido bajo el embalse de Escales, pero su documentación se remonta al siglo IX. Según estos diplomas, el cenobio fue benedictino desde mediados del siglo IX, cabildo de canónigos regulares entre 1091 y $1 2 0 3 { \mathrm { ~ y } }$ luego, cisterciense desde principios del siglo XIII hasta que fuera entregado en encomienda a principios del siglo XVI. El caso, que muestra la complejidad de la vida de una comunidad monástica medieval, fue estudiado con detalle por M. Riu Riu (Riu, 1977) y por I. Puig i Ferreté (Puig, 1984). El abad Trasvat, dependiente del obispo de Urgell, restauró la comunidad a mediados del siglo IX. En el año 848, muestra de su vitalidad, fundó también el monasterio de San Julián de Sentís, que se integró en su patrimonio, junto a las villas de Massivert y San Vicente de Sas; y, desde el año 947, la iglesia prioral de San Juan de Viu. A principios del siglo XI, este dominio estaba formado por unos 50 lugares, 19 parroquias y los prioratos de Sentís, Viu y San Ginés de Bellerá. En 1055, el caballero Bertrand, probablemente uno de los compañeros de Arnau Mir de Tost, donó parte del usufructo de una viña a esta casa, por aquel entonces todavía bajo el gobierno de Marqués, el último de sus abades benedictinos. En la escritura de donación, aparecieron el monje Vidal, el presbítero Ramió y el clérigo Pere, que Riu interpretó, aseverando que aquí el monje, el presbítero y el clérigo aparecían más bien como representantes de los monjes, presbíteros y clérigos que hubiese entonces en el cenobio, ya que el documento habló de los «restantes comunitarios» o sirvientes mayores y más jóvenes. Si bien el monje se citó aún en primer término, los residentes en Lavaix que no habían abrazado la regla de san Benito es posible que constituyeran ya un núcleo importante. En aquella situación, un golpe de fuerza del canónigo de Urgell Raimundo Raimundi no encontró dificultades para ejecutar la substitución. En 1090, poco tiempo después de que el condado de Ribagorza se hubiera incorporado al reino de Aragón y hubiera comenzado en él el reinado de Sancho Ramírez, este noble caballero introdujo en Lavaix la Regla de san Agustín, que mantuvo durante su abadiato (1090- 1118) y luego fue continuada por el ministerio de Berenguer (1140), Pedro de Eroles (1148- 1174) y del abad Bertrán (1185- 1203). Pero no terminaron aquí los avatares de Lavaix pues, en 1223, a petición del obispo de Lérida, Berenguer de Erill, de la familia de los Erill, antigua patrona del monasterio, Honorio III lo incorporó al cenobio cisterciense de Bonafont, autorizando a los comunitarios más reacios al cambio a pasar, si así lo pedían, a la condición de canónigos seculares.24. En esta coyuntura se sitúa la historia del monasterio de San Esteban de Bellera, también llamado de San Genil y San Adrián, junto al río Bellera, en el pequeño municipio de Senterada, en la comarca leridana de Pallars Jussá, que sufrió una transformación en concomitancia con el cabildo de Santa María de Lavaix, del que dependió en buena parte de su historia (Pladevall, 1974: 32, 287; Puig, 1984: doc. 55, 62, 77; Villanueva, 1850: 49-51; Zaragoza, 1997: 39-40). Parece que la iglesia de San Esteban ya existía en el año 792, y que en el año 840 lo regía una comunidad benedictina formada por doce monjes. En el año 936, pasó a la dependencia de Santa María de Gerri por mandato del conde Sunyer de Pallars, pero pronto quedó desierta, sin comunidad, por lo que los condes la vendieron a un particular en 1053. A finales del siglo XI, por influjo de la Reforma Gregoriana, llegaron a San Esteban, procedentes de Santa María de Lavaix, un grupo de canónigos, que iniciaron la vida regular en este lugar, sometidos a la jurisdicción del obispo de Urgell tras su reconocimiento canónico en 1118. En 1076, habían tomado posesión del monasterio de San Julián de Sentís (Villanueva, 1850: 42-43; Zaragoza, 1997: 209),25 que había sido fundado en el año 848 por el abad Trasoari de Santa María de Lavaix, probablemente cuando en éste ya no había comunidad. San Esteban tuvo también jurisdicción sobre las iglesias de San Juan del Quiró y Santa María de Sensui, que atendían a través de algunos clérigos seculares a ellos encomendadas. Desde mediados del siglo XII, dependió directamente de Santa María de Lavaix, que tenía derecho de provisión y visita. Sin embargo, cuando, en 1223, el monasterio de Lavaix fue agregado al Císter, los canónigos que pretendían mantener la vida regular se trasladaron a Belleda, bajo el gobierno de un prior. En el siglo XIV, sin embargo, esta comunidad fue extinguida y la iglesia monástica quedó sometida a la jurisdicción de Santa María de Lavaix hasta 1835. Todavía podemos referir un tercer ejemplo de injerencia de la vida de los canónigos seculares y regulares con los monasterios cistercienses y benedictinos. El monasterio de San Pedro de Clará (Monsalvatje, 1910: 56-60; Pladevall, 1974: 48; Zaragoza, 1997: 77), en el municipio de Orrius, en la comarca del Maresme, surgió por la dotación que hizo Bayó, en el siglo IX, de una iglesia románica que ya existía en el lugar, que pasó, en el siglo X a la dependencia del monasterio benedictino de San Cugat del Vallés, en Barcelona. En 1023, los familiares de Adalets Guadald compraron el templo al conde de Barcelona y lo entregaron a Cluny en 1080, que lo sometió al también monasterio benedictino de San Pedro de Casserres. A su vez, este monasterio erigió en el lugar un cabildo regular que tuvo una existencia efímera. Cuando desaparecieron los canónigos, el monasterio de San Cugat reclamó la iglesia, pero fue adjudicada a Casserres, que colocó allí un prior de su obediencia. Desde 1518, el monasterio fue entregado a priores comendatarios, entre ellos el obispo de Barcelona quien, en 1572, lo unió al Seminario Diocesano, luego al colegio de pobres de Lérida y, en 1597, a la mesa capitular de Solsona, recién erigida. Hoy queda en pie la iglesia gótica construida en los siglos XIII y XIV, que fue abandonada entre 1715 y 1920 después de una profanación. Se conocen algunos casos parecidos, entre los años 1042 y 1060, estudiados por A. Pladevall, en los monasterios de Santa Grata y Santa María de Senterada (Pladevall, 1974: 32, 54; 1978; 1982),26 San Vicente de Oveix o de Insistil (Zaragoza, 1997: 101) y San Pedro de Ager, que fue consolidado por su fundador Arnau Mir de Tost cuando Cluny rehusó una fundación en el lugar, como hemos dejado anotado hace un momento. El monasterio de. Santa María de Finestres (Pladevall, 1974: 56, 59; Torrent, 1893; Zaragoza, 1997: 136), en la comarca gerundense de la Garrotxa, fundado por el laico Gormar el año 947, fue benedictino y luego de canónigos regulares. En 1096 era ya un priorato benedictino de San Esteban de Banyoles, confirmado por los decretos de Urbano II de este año, y de Alejandro III del 1175. También conviene hablar del cabildo de San Juan de las Abadesas, monasterio femenino. Ante las continuas situaciones de escándalo, fue convertido en cabildo de canónigos regulares, con la anuencia de Roma, por el conde de Besalú Bernardo Tellaferro. El noble señor de esta villa depuso a la abadesa Ingilberga y redujo a los clérigos sirvientes a la condición de regulares bajo el gobierno de un nuevo abad. En otros casos, las comunidades regulares fueron transformadas en conventos de la Orden de san Agustín. En el municipio de Viella, en el Valle de Arán, diócesis de Urgell, hubo una iglesia románica destruida en 1938. Este templo, erigido sobre un antiguo santuario pagano, ya existía en 1175. La parroquia de Santa María de Migarán fue ocupada en el siglo XIII por canó- nigos regulares procedentes de Tolosa de Llenguadoc, que cambiaron su nombre por el de San Agustín de Panyo. A causa de la guerra, los canónigos regresaron a Tolosa y el monasterio fue ocupado por un grupo de ermitaños. En 1506, por influencia del rey Fernando II, los frailes agustinos del convento de Lérida se instalaron en sus dependencias hasta la exclaustración de 1835 en que fue reintegrada a la vida parroquial secular (Zaragoza, 1997: 141-142). El monasterio de Santa Deota, Santa María y San Pedro de Aneu, en el municipio de Unarre, en el valle de Aneu, diócesis de Urgell, fue benedictino, de canónigos regulares y luego convento de frailes de la Orden de san Agustín (Zaragoza, 1997: 21-22; Pladevall, 1974: 286). En este lugar existió, en tiempo de los visigodos, un templo dedicado a santa Deodata. En el año 839, esta iglesia ya estaba dedicada a Santa María y de ella dependía la de San Juan de Isil, luego monasterio episcopal de clérigos y más tarde de la Orden de San Juan de Jerusalén. En el siglo X, Santa María de Aneu se convirtió en un monasterio de benedictinos y cambió de nuevo su nombre por la advocación de San Pedro. En el siglo XII, sin embargo, pasó a la condición de cabildo de canónigos regulares, que permanecieron allí hasta el siglo XVI, momento en que se introdujo la comunidad de frailes agustinos que lo sirvieron hasta 1771. Queda en pie la iglesia del siglo IX, reconstruida en el siglo XI y modificada en el XVI. 2. 3. La Reforma Gregoriana y el fortalecimiento de los regulares en Cataluña. Sin duda, también la gran renovación de la vida canónica catalana tuvo lugar durante el siglo XI por influencia de la Reforma Gregoriana. Después de la casa de Besalú, erigida en 1084, muchas catedrales aceptaron entonces la regla de San Rufo de Aviñón. En Gerona, la vida canónica se expandió por influjo del abad Pedro Rigalt que fundó la comunidad de Santa María de Vilabertán, en el Alto Ampurdán, donde tenía asignada la cura de almas después de la donación particular que recibió de ciertos bienes en el año 1069, con los que construyó una nueva iglesia románica, consagrada en 1100 por el obispo de Gerona (Flórez, 1827: 91, 275-278; Golobardes, 1949; Pladevall, 1974: 157-161; Villanueva, 1850: 28-36, 56, 226; Zaragoza, 1997: 244-245). En 1080, este cabildo aceptó la Regla de san Agustín y, en 1089, un discí- pulo de este santo abad la extendió más allá de sus límites monásticos al fundar el nuevo monasterio de Santa María del Campo, en el Rosellón, que nació ya regular, y al reformar el cenobio de San Juan de las Abadesas. El abad Lledó, poco tiempo después, la implantaría en la diócesis de Vic. En el monasterio de Santa María de Vilabertrán, que llegó a controlar once iglesias y los prioratos de Santa María de Olm (Zaragoza, 1997: 164),27 en Masarac, en el Alto Ampurdán, Santa María del Campo (Id., 1997: 60-61), en el Rosellón, y los lugares de Delfiá, Vilars y Bac Griella, se conservan todavía los sepulcros del abad Rigalt, muerto en olor de santidad, y de Hortola, notable teólogo de la época. Fue secularizado en 1592 y convertido en colegiata, formada por once canónigos y un arcipreste. La escasa vitalidad monástica obligó a desviar algunos proyectos fundacionales a la órbita canonical. En 1130, los Vilademany, en su señorío de San Pedro de Cercada (Villanueva, 1850: 210-216; Zaragoza, 1997: 72-73),28 en la comarca de la Selva; y, en 1136, los Vilagelans y Meda en San Llorenç del Munt (Ferrando, 1987; Pladevall-Adell, 1980; Solà, 1964; Vergés, 1871; Zaragoza, 1997: 159-160), en las Guillerías, liberaron sus fundaciones de la dependencia benedictina de San Marcial del Montseny. Se fundaron también entonces los cabildos de San Vicente de Roca (Pladevall, 1974: 59; Zaragoza, 1997: 191-192),29 en el municipio gerundense de San Julián de Ramis, en 1187; y el de Santa María de la Oliva, en el pueblo de Vilademuls, en 1197, junto a una iglesia que ya existía desde el siglo X, dependiente hasta entonces del monasterio benedictino de San Esteban de Guialbes, en el mismo municipio gerundense de Vilademuls (Villanueva, 1850: 157, 305-307; Zaragoza, 1997: 163-164).30 Estas dos comunidades regulares se encargaron de la reforma de San Martín Sacosta, regida por un presbítero desde finales del siglo IX en la ciudad de Gerona (Monsalvatje, 1909: 197-198; Pladevall, 1974: 59, 157-182; Roig, 1676: 332; Vayreda, 1931: 35; Zaragoza, 1997: 197-198).31. J. M. Marqués Planagumá añadió que «hacia los inicios del siglo XIII, el movimiento canonical parece haber tenido en Gerona un influjo positivo sobre la atención a parroquias rurales, sea por tenerlas directamente encomendadas, sea por el derecho que le confirió a los canónigos a nombrar sus titulares. Así la canónica rural de San Pedro Cercada pudo designar los párrocos de los alrededores, entre ellos, los de Santa Coloma de Farners» (Marqués, 2006: 461-683). En cuanto a la relación de las comunidades de canónigos regulares entre ellas, debemos apuntar que, en muchas ocasiones, como estamos comprobando, nos encontramos con el establecimiento de algunos monasterios que surgieron espontáneamente, sin la vinculación a ninguna familia canonical y a veces sin el encuadramiento en ninguna rama doctrinal. Este es el caso de Cardona y Solsona, en el obispado de Urgell, que fundaron en 1090 el priorato de Santa María de Orgañá (Pladevall, 1974: 56; Villanueva, 1850: 55-58; Zaragoza, 1997: 165)32 con los mismos canónigos de la catedral. El monasterio de Santa María de Valldeflors de Tremp o de Pallars, por el contrario, al ser restaurada su iglesia, en 1079, por el conde Ramón de Pallars, se hizo agustiniano, como el premonstratense de Santa María de Mur en 1098 y luego San Pedro de Ager y su filial de San Miguel de Montmagastre (Pladevall, 1974: 39, 56; Sanahuja, 1961; Villanueva, 1850: 48-49; Zaragoza, 1997: 151-152),33 en el término municipal de Artesa de Segre, en la Noguera, diócesis de Urgell. También en Urgell, desde 1099, el obispo san Ota hizo de Guissona un centro de expansión del nuevo género de vida y le entregó la jurisdicción sobre más de cuarenta parroquias. El prior, sin embargo, hasta su secularización en 1272, fue siempre un canónigo de la Seo de Urgell. Después del siglo XV, fue erigida la colegiata de Santa María de Guissona, de la que ha llegado con las reformas del siglo XVIII. Hoy es la parroquia de la villa homónima (Pladevall, 1974: 57; Sangés, 1980: 195- 305; 2006-2007: 171-334; Zaragoza, 1997: 119-120).34. En 1065, cuando Pedro Rigalt fundó la casa de Santa María de Vilabertrán, cerca de Figueras, organizó también un movimiento en torno a él, tal vez inicialmente bajo la congregación de San Rufo de Aviñón. En 1069, adquirió el título personal de jefe y gobernador y, en 1089, la convirtió en una canónica agustiniana, para adquirir en 1100 el título de abad. El mismo año de 1089 surgió a su vera, pero con independencia jurídica, Santa María de Lledó (Monsalvatje, 1904: 95-109; Pladevall, 1974: 59, 162-164; Vayreda, 1931: 86-87; Zaragoza, 1997: 129-131),35 en el municipio gerundense de Lledó d´Empordá, que se encargó desde 1095 de lo que llegaría a ser la prepositura de Santo Tomás de Riudeperes (Pladevall, 1974: 55, 56, 162; Puig, 1918: 267-268; Vayreda, 1931: 88-90; Zaragoza, 1997: 189-190),36 en el municipio de Calldetenes, cerca de Vic; y del priorato de Santa María del Vilar, en la diócesis francesa de Elna. En 1090 el mismo Rigalt fundó Santa María del Campo, también en Rosellón; y hacia 1093 se hizo cargo de San Juan de las Abadesas, en continuo conflicto con los benedictinos de San Víctor de Marsella. En 1083, el canónigo Amado firmó el acta de consagración de la iglesia del monasterio benedictino de Santa María de Castellfollit de Riubergós, donde más tarde surgió el priorato también benedictino de San Benet del Bagés. Cuatro años después, otro abad, Alberto, estuvo presente cuando el obispo de Vic, Berenguer Seniofredo de Lluçá, dio a sus canónigos una regla propia. Este obispo, luego metropolitano de Tarragona, creó una obra lo suficientemente densa como para que Antonio Pladevall la considere como otro gran movimiento de reforma, junto a la agustiniana y a la de Aviñón. En 1080 fundó Santa María de l´Estany, a su vez reformadora en 1098 de la canónica de Manresa; y en 1083 acogió bajo la Regla agustiniana a los canónigos de San Juan de las Abadesas, expulsados de su casa por Ricardo, el legado pontificio y abad de San Víctor de Marsella. Su influencia se extendió también a Santa María de Manlleu, en la comarca de Osona (Pladevall, 1974: 56, 59; Torrent, 1893; Zaragoza, 1997: 136),37 cerca de Vic; a Santa María de Lluçá, su pueblo natal; y al cabildo rufoniano San Salvador de Arraona, dentro de Sabadell.38 2. 4. Otros cabildos regulares de canónigos en los siglos XI- XIII. Conforme a las inspiraciones para el clero de la Reforma Gregoriana, la Regla de san Agustín transformó poderosamente el devenir de los cabildos catalanes de los siglos XI, XII y XIII. Junto a los grandes monasterios de San Félix de Gerona, Santa María de Solsona, Santa María de Manresa, Santa María de Besalú, San Vicente de Cardona o San Juan de las Abadesas, están documentados, además de los que ya hemos referido arriba, numerosos pequeños cabildos donde floreció, al menos durante un tiempo, la forma de vida que había propuesto el sínodo romano de 1059: San Salvador de Orís o de Bellver (Pladevall, 1974: 59, 80; Zaragoza, 1997: 165), en el municipio de San Boi de Llucanés, en la Osona, diócesis de Vic, fue erigido en lo alto de la montaña de Bellver en 1110 por el prior Pedro Amat y unido en 1411 a la catedral de Vic. San Pedro de Ponts (Pladevall, 1974: 59; Zaragoza, 1997: 165), erigido en el castillo del mismo nombre en la Noguera, diócesis de Urgell, fue dotado por Ermengol, conde de Urgell, en 1143, para que se erigiera en ella un monasterio benedictino que, sin embargo, por mediación del obispo de Urgell, en 1169 ya había sido sustituido por un prior y cinco canónigos regulares. Este cabildo fue secularizado en el siglo XIV cuando las condiciones canónicas se volvieron más adversas. El monasterio de Santa María de Roca Rossa (Monsalvatje, 1904: 119- 135; Villanueva, 1850: 156; Zaragoza, 1997: 227-228), en el término de Hostalric, en La Selva, diócesis de Gerona, según la tradición, fue erigido en el lugar que se conserva la memoria de la aparición de la Virgen a una pastora, donde, según algunos autores, Ramón Gausil construyó una capilla y se la entregó a los ermitaños. En realidad, parece que el cenobio fue construido gracias a la donación que, en 1145, hizo Gerardo de Cabrera, vizconde de Gerona y de Urgell, a Bernardo, con el permiso del obispo de Gerona y de los abades de Vilabertrán y San Félix de Gerona, para que erigiera un cabildo de canónigos regulares de san Agustín junto a una iglesia dedicada a santa María. Durante años, este cabildo fue favorecido por los señores de Palafolls, pero luego cayó en encomienda hasta que, en 1592, Clemente VIII lo unió al capí- tulo de la nueva sede de Solsona. Santa María de Ullá (Monsalvatje, 1904: 391-399; Pons, 1984; Villanueva, 1850: 86, 88, 241; Zaragoza, 1997: 192-193), en el Bajo Ampurdán, bajo la dependencia del obispo de Gerona, fue erigido por Pedro Vidal en 1121 al pie del castillo de Santa Catalina, en Torroella de Montgrí. Pero las crecidas del río Ter afectaron grandemente a la fábrica y se construyó un nuevo templo sobre el anterior, consagrado en 1182. Bajo su jurisdicción estuvieron las iglesias de Bellcaire, Canet, Canavalls, Llaviá y Fontanilles. Después de años de un cierto esplendor, fue entregada en encomienda hasta que, en 1592, fue secularizada por la bula de Clemente VIII. 2.5. La decadencia canonical en el siglo XIV y la supresión de 1592. Los monasterios catalanes llegaron al siglo XIV marcados por las frecuentes fluctuaciones en lo que a la economía y a la observancia de la Regla se refiere. Para entonces, las circunstancias cambiaron, en general, hacia una verdadera descomposición comunitaria marcada por la agresión de las pestes de mediados del siglo XIV, que diezmaron los cabildos, la injerencia de los señores laicos, y la plaga de los priores y abades comendatarios, que esquilmaron su economía, usufructuaron las rentas y redujeron la fábrica y la comunidad a niveles de mera subsistencia. Los edificios sufrieron las primeras embestidas del tiempo a finales del siglo XIV y algunos terminaron con graves derrumbes durante el siglo XV y las primeras décadas del XVI. Para entonces, el culto divino y el sustento diario de los cabildos habían experimentado los peores momentos de su historia, lo que complicó sin duda la sustitución de las vacantes (Benito, 2004: 3-30). E. Zaragoza dibuja un cuadro singularmente ennegrecido a finales del siglo XVI, en que «muchas abadías y algunos prioratos poseían hermosas iglesias y claustros, pero pocas rentas y pocas canónigos» (Zaragoza, 1996: 664). Entre las siete abadías que restaban (Cardona, Ager, Solsona, Estany, Perpiñán, Vilabretrán y San Juan de las Abadesas) apenas contaban con 75 canónigos. Los prioratos, unos 20 a finales del siglo XVI,39 podían contar con un único canó- nigo encargado del culto, a veces con escaso celo por la vida apostólica. Según la visita que mandó hacer Felipe II para remediar esta situación, los canónigos regulares de Cataluña «no constituían provincia monástica alguna, ni tenían capítulos provinciales, ni visitadores; salían de los monasterios sin licencia de nadie; tenían criadas para su servicio; dejaban entrar mujeres en el claustro; disponían de sus rentas a voluntad –aunque para salvar el voto de pobreza el Jueves Santo y antes de morir entregaban sus llaves al abad o prior-; no daban cuentas a nadie de su administración; no cumplían con sus obligaciones litúrgicas y con las misas fundacionales; no seleccionaban los novicios ni les instruían sobre la Regla y vida canónica; como hábito llevaban sólo un roquete sobre la sotana, que a veces era de seda; traían armas; no tenían capítulo de culpas ni leían la Regla en comunidad y muchos no sabían si leer ni escribir; además asistían a bailes y espectáculos; no guardaban bien las escrituras; sus sacristías e iglesias no tenían suficientes ornamentos ni… limpieza, y algunos estaban inculpados de gravísimos crímenes» (Zaragoza, 1996: 665). El panorama no era muy alentador, aunque la dureza de sus palabras pudo estar condicionada por la decisión, en 1592, de suprimir los cabildos, que selló Clemente VIII el 22 de agosto, como ya hemos anotado. Todas las abadías y monasterios catalanes de canónigos regulares fueron secularizados. Las abadías se convirtieron en colegiatas, que adscribieron las comunidades y rentas de los prioratos. Sólo Santa María de Solsona fue erigida en catedral, y San Jaime de Frontanyà se unió al Seminario Diocesano de la Seu de Urgell, recién erigido. Hasta 1835, sólo permanecieron los canónigos premonstratenses de Santa María de Bellpuig de las Avellanas. El resto de la vida canonical regular catalana desapareció después de 1592. 3. Las canónicas en Aragón. El papel de los canónigos regulares en algunos territorios de Aragón les hizo entrar en competencia con el monacato de origen benedictino al que limitaron en su expansión. Como ocurrió en otros lugares de la vieja Europa, tales avances de la vida canónica tuvieron lugar muchas veces a expensas de los clérigos seculares. Éste es el caso de su implantación en ciertos cabildos catedralicios, como el de Jaca, en 1076, a instancias del obispo García Ramírez, infante de Aragón; Pamplona, bajo el pontificado de Pedro de Rodez o de Andruque (1083- 1115); y Roda, a finales del mismo siglo XI, después de que se consolidó con la incorporación de la sede del título de la antigua Lérida. La catedral de Roda de Isábena (D´Abadal, 1970: 57-112; Del Arco, 1942: 233-235; Ducos, 1971: 175-300; Pladevall, 1974: 60; Rubio, 1960: 85-125; Ubieto, 1956-1957: 327-337; Yela, 1932; Zaragoza, 1997: 195) sucumbió al ser reconquistada esta ciudad de Lérida en 1149. Sin embargo, esto no atentó contra la vida regular en esta plaza hoy aragonesa. Al contrario. El obispo Guillerno Pedro, en 1168, reformó el cabildo según la Regla de san Agustín, obligó a los veinticinco canónigos a vestir hábito y a tomar posesión el día de la Virgen de agosto, y dejó instaurada otra canónica agustiniana, ya no catedralicia, en la mencionada Roda, dependiente ahora de la de Lérida.40. En San Andrés de Fanlo (Gómez de Valenzuela, 2001: 89-114; Establés, 2000: 4-6),41 como en otros monasterios aragoneses, la propagación de la vida de los clérigos regulares fue en detrimento de la tradicional vida monástica. Este monasterio, según F. Balaguer (Balaguer, 1996: 233-244), fue uno de los más poderosos del Alto Aragón. Hoy ha desaparecido, pero existen noticias de su existencia ya en el año 958. Parece que el lugar no sufrió pérdidas irreparables durante los ataques de Almanzor y de su hijo Abd al Malik y, durante el abadiato de Banzo de Fanlo (1035- 1070), aumentó poderosamente su patrimonio, garantizado por la presencia del monarca Ramiro I como protector del cenobio. Sin embargo, a la muerte Ramiro I, la reforma de Sancho Ramírez provocó que, entre 1071 y 1083, el monasterio del Salvador y San Andrés de Fanlo se agregara a la canónica regular agustiniana creada en el castillo de Loarre por el rey Sancho. Parece que, detrás de esta decisión estuvo la negativa de la comunidad a aceptar el rito romano que, desde la Reforma Gregoriana, venía imponiendo el rey aragonés, así como la aceptación de la Regla de san Agustín que conllevaba este cambio. En 1101, tanto Fanlo como Loarre quedaron unidos a Montearagón y, por tanto, reducidos a simples prioratos sin independencia jurídica ni administrativa. Según los autores, en el castillo de Loarre hubo canónigos desde 1071 hasta que se trasladaron, en 1097, a la nueva sede de Montearagón por las maniobras del monarca Pedro I de Aragón y de Navarra.42 Hay indicios de que el propio abad de Fanlo pasó a gobernar Loarre, lo que no deja de ser un problema para los historiadores. Por un lado, un abad de un monasterio de monjes habría pasado a gobernar otro de canónigos regulares, al que se habría agregado su comunidad. Por otro, quizás más complicado aún de comprender, una comunidad benedictina habría suplantado su norma monacal por la de los canónigos de san Agustín, con su consiguiente cambio de condición religiosa. A. Durán Gudiol43 afirmó que, especialmente en Aragón, la presencia benedictina llegó a ser insignificante ante la poderosa marcha de los canónigos regulares (Durán, 1962). A pesar de la imprecisión de las fuentes, en tal sentido parecieron ir ciertos casos de restauraciones monásticas de la monarquía aragonesa, de acuerdo a una aceptación compartida. Así sucedió en el concilio de Jaca del 1063, convocado por Ramiro I, en el que los nueve obispos que lo celebraron trasladaron allí la sede de Huesca, todavía por reconquistar, y decidieron fundar o restaurar los monasterios de Lierdi, Sietefontes, Ravaga, Santa María y San Pedro de Siresa. El monasterio de San Adrián de Sasave (Valenzuela, 1968: 283-296), hasta ahora refugio de los obispos de Huesca en el exilio, hacia 1050 había sido donado al obispo aragonés para dar paso a su restauración espiritual mediante la expulsión de una comunidad monástica relajada. El hijo de Ramiro I, Sancho Ramírez, rey de Aragón desde 1063 a 1094 y de Navarra desde 1076, impulsó la repoblación de las zonas reconquistadas, pasando a ser el gran promotor de la vida canonical y de la norma agustiniana en su monarquía. Al avanzar la reconquista, se reservó la jurisdicción exenta de las iglesias que iban surgiendo en algunos lugares y las entregó a los también nuevos canónigos agustinianos como capillas reales. Ya hemos mencionado el caso del castillo de Loarre, pero también los de Alquézar,44 Montearagón y Monzón, además de los monasterios de Asán45 y Siresa (Del Arco, 1919: 270-305; Caballero - Esteban - García Guatas, 1989-1990: 241-296; Esteban, 1994-1995: 511-516; Puertas, 1993; Ubeira, 1999).46. En mayo de 1088, Sancho Ramírez inició la fortificación del altozano de Montearagón (Esco, 1987; Durán, 1987: 20-25),47 con el fin de apoyar una acción de guerra que condujera a la conquista de la ciudad de Huesca. En la primavera del año siguiente, el abad Frotardo se encontraba en Roma, donde ponderó los méritos del rey al papa Urbano II y obtuvo de él la bula Iusta fidelium, del 1 de julio, por la que el pontífice puso bajo la protección de la Santa Sede el monasterio, el rey y sus reinos, y dictó normas sobre la elección del abad y sobre las relaciones con los obispos diocesanos. Destaca sobre todo la sanción que hizo el papa por esta vía de la teoría de las capillas reales, de las que el rey pudo disponer a su arbitrio sin contar con los obispos diocesanos. Hasta 1093, en que se inició la construcción de la iglesia, la canónica no era más que un proyecto, una fortaleza erigida en el centro del valiato de Huesca, pero que el rey supo favorecer en atención a los privilegios que obtuvo para él el abad Frotardo. Con el tiempo, le fueron cedidas diferentes villas, monasterios, iglesias y toda suerte de privilegios y exenciones, junto con su proclamación como cabeza de una inicial congregación, que no llegó a consolidar, de la que pasaron a formar parte las canónicas de Loarre, Fanlo y Siresa, lo que provocó el despoblamiento de canónigos de Loarre, más proclives a la vida junto a la ciudad de Huesca, que facilitaba Montearagón.48 4. Conclusión. En conexión con la Reforma Gregoriana y las exhortaciones de san Pedro Damiani (1007- 1072), la Corona de Aragón experimentó en el siglo XI uno de los mayores movimientos de transformación y centralización de su historia. Como explicó el profesor Álvarez Gómez, el gran momento de los canónigos regulares en Aragón fue el siglo XII. Se impuso la vida comunitaria en la mayoría de los cabildos catedralicios y colegiatas de los territorios actuales de Cataluña y Aragón, y el rey aprovechó su influencia para consolidar algunas de sus posiciones en la esfera internacional. Sin embargo, esta presencia más o menos extensa de la obra agustiniana en la Corona de Aragón no supuso tampoco una transformación radical del clero. Antonio Linage y de Antonio García y García nos recordaron que, en estos territorios, la vida clerical regular no fue la ordinaria de los sacerdotes, sino un estado específico dentro de la Iglesia, resultado de la Reforma Gregoriana. Los canónigos regulares, aunque dijeron que eran una renovación de la primitiva vida apostólica, constituyeron una innovación y una nueva realidad al lado de los otros canónigos seculares y del monaquismo benedictino. En la práctica, las dificultades fueron grandes, ya que la mayor parte de los sacerdotes rechazaron someterse a un ideal de vida tan exigente. No resultó fácil mantener la especificidad de la espiritualidad canónica, que se hizo patente con el paso de los años. Esta espiritualidad ejerció mayor influencia sobre los sacerdotes en la medida en que estableció la conexión entre el ideal sacerdotal y la práctica de la vida común, pero pronto tendió a hacerse insostenible, a acercarse a las conformaciones de los cabildos seculares de acuerdo a las disposiciones de Aquisgrán, o a asimilarse a la vida de los monjes, con la consiguiente degradación de significado para el cura rural o de las parroquias de las ciudades quienes, de nuevo, perdieron todo modelo de espiritualidad adaptado a su situación concreta y a su nivel cultural. Donde fue aceptada la reforma se les empezó a llamar canónigos regulares, reservando el calificativo de irregulares o de seculares para aquellas comunidades que permanecieron adscritas a las formulaciones del orden antiguo, caracterizadas por los decretos de Aquisgrán. En algunas regiones aragonesas, la difusión de los canónigos regulares tuvo lugar únicamente como consecuencia de «conversiones» individuales de clérigos o de predicadores itinerantes en comunidades de clérigos, que abandonaban, por fervor, las instituciones tradicionales. En ocasiones, algunos clérigos llegaron a fundar nuevos monasterios e iglesias rurales y urbanas que se yuxtapusieron a las colegiatas y cabildos seculares. En algunos casos, las comunidades adoptaron la vida canónica después de una experiencia eremítica más o menos prolongada. En otros, su origen se remontaba a grupos de penitentes que encontraron en este tipo de vida mayores facilidades para el ejercicio de su actividad caritativa. Un paradigma cercano fue el de los viejos cenobios hospitalarios, como los monasterios del Camino de Santiago, que adoptaron la nueva Regla como «liberación» de la vida monástica tradicional para una dedicación más apropiada a las tareas asistenciales. Desde los primeros años del siglo XII, todos estos monasterios, surgidos de la reforma, empezaron a vincularse con la Regla de san Agustín, lo que les valió el título de canonici sancti Augustini. Pero, con toda probabilidad, no todos le concedieron el mismo significado ni le otorgaron la misma validez. Según las tendencias, algunos monasterios, fundamentalmente los de origen eremítico, se emparentaron al más estricto ordo monasterii o regula secunda, que llevaba al ordo novus, como forma de vida muy severa, que ponía el acento tanto en el ascetismo (ayunos, silencio, sencillez en el vestido), como en el trabajo manual y en la pobreza, si bien el perfil genuino de cada comunidad lo determinaron las propias consuetudines, que ellos mismos redactaron. En la práctica, la mayor parte de los canónigos regulares se contentó con cumplir la regula prima o praeceptum, que contenía la doctrina más suavizada del obispo de Hipona y que llevaba al ordo antiquus. En realidad, esta Regla era una carta de san Agustín en la cual describía la existencia cotidiana de la pequeña comunidad sacerdotal que vivía reagrupada en torno a él en un «monasterio de clérigos». Este texto recomendaba la moderación y subrayaba especialmente la vida en común sin propiedad privada. A principios del siglo XIII, ante este movimiento centralizador y comunitario, suscitado por la Reforma Gregoriana surgió, como contrapartida, un cierto proyecto contrario, favorecido por obispos y abades partidarios de la propiedad privada. En poco tiempo, en algunos cabildos se establecieron dos mesas: una episcopal o abacial y otra capitular. Como en el resto de Europa, se inició la decadencia de la institución canonical. Otras formas de vida religiosa se hicieron presentes y compitieron con las instituciones monásticas y canonicales: las Órdenes mendicantes. Solamente en los siglos XIV y XV, se advirtió en la Corona de Aragón un breve resurgir de los canónigos regulares, también en las Islas Baleares y en los territorios de la Península Italiana, pero nunca con la misma fuerza que experimentaron en el siglo XII. En todos estos casos, resulta complicado afirmar que estemos ante una reforma general del clero. Los nuevos monasterios respondieron mejor al esquema de una fundación de nuevo cuño que salió al paso de las nuevas circunstancias que demandó la vita apostolica de la baja Edad Media. Es decir, toda esta historia concierne más bien a la vitalidad de una Iglesia transformada que responde a una necesidad con una forma nueva de apostolado. La renovación del sacerdocio tradicional, según los datos que hemos manejado, tuvo que esperar todavía a tiempos mejores. 5. Referencias bibliográficas. ÁLVAREZ DE LAS ASTURIAS, N. (ed.) (2011), La Reforma Gregoriana en España, Madrid. ÁLVAREZ GÓMEZ, J. (1989), Historia de la vida religiosa II. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Toponimia, territorio y espacios de la villa de Castielfabib (Reino de Valencia, siglos XII-XV): Toponymy, Territory and Spaces of the Town of Castielfabib (Kingdom of Valencia, 12th-15th Centuries)
TOPONIMIA, TERRITORIO Y ESPACIOS DE LA VILLA DE CASTIELFABIB (REINO DE VALENCIA, SIGLOS xii-xv)1. TOPONYMY, TERRITORY AND SPACES OF THE TOWN OF CASTIELFABIB (KINGDOM OF VALENCIA, $I 2 ^ { T H } – I 5 ^ { T H }$ CENTURIES) Alberto-Jesús mArtínez BedmAr Universidad de Barcelona email@example.com. Resumen: El presente artículo estudia la toponimia medieval del término, huerta y villa de Castielfabib. Para ello se realiza un trabajo inicial de identificación y relación de los diversos espacios con la actualidad; en segundo término, se estudia el uso del territorio y las actividades laborales desarrolladas en el medio rural y en la villa. Finalmente, se ha tratado de realizar una aproximación a la fisionomía de la villa a través de los elementos documentados con el objetivo de lograr una reconstrucción hipotética de diversos elementos definitorios como son la Casa de la Villa y el recinto fortificado. Palabras clave: toponimia, territorio, espacios; Castielfabib, siglos xii-xv, reino de Valencia. Abstract: This paper studies the medieval toponymy of the term, orchard and town of Castielfabib. For this, an initial work of identification and relation of the various spaces is carried out; secondly, the use of the territory and the work activities carried out in rural areas and in the town are studied. Finally, it is had tried to make an approach to the physiognomy of the town through the documented elements with the aim of achieving a hypothetical reconstruction of various defining elements, such as the Casa de la Villa (House of the Town) and the fortified enclosure. Keywords: toponymy, territory, spaces; Castielfabib, $1 2 ^ { \mathrm { t h } } { - } 1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ centuries, kingdom of Valencia. 1. Introducción2. La villa de Castielfabib es una población ubicada en el poniente valenciano, de temprana conquista cristiana en 1210, y en tierra de frontera entre el reino de Valencia y los reinos de Aragón y Castilla. Por ese motivo, fue un territorio codiciado por los castellanos y un lugar de enfrentamientos bélicos con el que fue, durante gran parte del periodo medieval, el enemigo del oeste. La ubicación en esta encrucijada geográfica aportó a la villa dinamismo económico y social, así como riqueza, llegando a ser una pequeña urbe próspera durante los siglos bajomedievales. Sin embargo, la unión de la corona de Aragón con la castellana quitó parte del poder estratégico de la zona, trasladando el centro de poder a la vecina localidad de Ademuz, y sumiendo a Castielfabib en una decadencia que se prolongó hasta finales del siglo xviii. En este momento se inició una expansión demográfica sin precedentes en la comarca, que condujo a una transformación del paisaje con la roturación de nuevas tierras para cultivo en zonas donde antes se extendían bosques. Este proceso se extendió durante algo más de siglo y medio, hasta inicios del siglo xx. A partir de entonces comenzaron los procesos de emigración de sus gentes hacia ciudades y lugares más prósperos, y parte de las tierras de labor fueron reforestadas. Este conjunto de procesos históricos ha dado lugar en la actualidad a un panorama de despoblación, en el que el paisaje original medieval se conserva ciertamente mermado debido al abandono de las tierras de cultivo y a las intervenciones que tuvieron lugar en el entorno en los dos últimos siglos. En este contexto, el presente trabajo pretende aproximarse a lo que fue la villa y término de Castielfabib con el objetivo, en primer lugar, de ubicar los topónimos que aparecen en la documentación escrita medieval y, en segundo término, de identificar si han perdurado, mutado o, en el peor de los casos, se han perdido definitivamente; en este supuesto, el intento de identificación se trata de realizar a partir del conjunto de referencias que aparecen documentadas junto a un determinado topónimo actualmente inexistente. Además del interés por realizar una enumeración lo más extensa posible de la toponimia medieval relativa a la villa y término de Castielfabib, se ha abordado la tarea de elaborar diferentes mapas que ayuden a su ubicación. Estos objetivos iniciales se complementan, por un lado, con la aproximación a los diversos usos de la tierra y al conocimiento de la tipología y extensión de las explotaciones de este medio natural; y, por otro lado, con una aproximación a la fisionomía de la villa a través de la identificación de diferentes espacios habitacionales y laborales en el plano urbano, en especial, distintos obradores. En su conjunto, el trabajo pretende hacer una aproximación a la realidad de la población de Castielfabib y su término desde diversas perspectivas. Mapa 1: Ubicación de la villa de Castielfabib. Elaboración propia.3 2. Fuentes. Para poder llevar a cabo la presente investigación se han utilizado básicamente fuentes primarias, publicadas e inéditas, además de las fuentes secundarias que posibilitan la contextualización y el estudio del tema abordado en perspectiva comparada. No contamos con fuentes locales propias debido a que la documentación municipal y eclesiástica fue destruida en el transcurso de las últimas guerras civiles; y se desconoce la existencia de archivos patrimoniales o particulares que se remonten a tiempos medievales y que pudieran aportar información documental sobre el término de Castielfabib. No obstante, la documentación real y notarial (la cual, al estar producida en la misma localidad, es la más interesante para esta investigación) constituyen fuentes archivísticas fundamentales para este trabajo. Se han consultado diversos archivos en Madrid, Barcelona, Valencia y Teruel cuyos fondos conservan documentos relativos a la villa —siendo este el caso de la documentación real— o producidos en ella —documentación notarial, fundamentalmente—. Las primeras referencias a topónimos de dentro del término de la villa de Castielfabib aparecen en la carta de población de Villel (Teruel) concedida por el rey aragonés Alfonso el Casto, y fechada en el año 1180, donde se delimita su término (Ledesma, 1986: 457).4 El territorio de esta población aragonesa confrontaba con la villa valenciana por su parte nororiental. En las siguientes dos centurias las referencias de interés para la presente investigación son escasas limitándose a menciones en los registros de la Cancillería Real, conservados en el Archivo de la Corona de Aragón y a las series de cartas reales del mismo archivo. También hay que destacar el documento de donación por parte de Pedro el Católico de la iglesia de Castielfabib a la Orden del Hospital, donde se mencionan unos términos para la construcción de una iglesia y oratorios (Alvira, 2010: 1128-1129).5. Del siglo xv se han conservado un mayor número de documentos, incrementando también el total de topónimos localizados. A ello ha contribuido la conservación de tres manuales notariales producidos en Castielfabib en los años 1425,6 $1 4 6 5 ^ { 7 }$ y entre 1468 y 1470,8 por el notario Pere Vicent (Andrés, 1990: 603),9 y actualmente conservados en el Archivo del Real Colegio-Seminario de Corpus Christi de Valencia. También son de interés las diversas series conservadas en el Archivo del Reino de Valencia, donde hay que destacar un libro de cuentas de las obras del castillo de Castielfabib fechado entre los años 1452 y 1458.10 Además, se ha localizado un pergamino producido en la villa en el Archivo Histórico Provincial de Teruel que contiene datos relativos a la toponimia de la alquería de Torrebaja, minúscula porción del término de Castielfabib, constituida en señorío desde principios del siglo xiv.11. Finalmente se debe indicar que las menciones extraídas de la documentación consultada se han tratado de identificar utilizando el Nomenclàtor Toponímic Valencià del Institut Cartogràfic Valencià y el Catastro. Asimismo, se ha recurrido a fuentes orales para tratar de identificar topónimos poco usados o no habituales y para los microtopónimos que citan las fuentes escritas. 3. El término de Castielfabib. El estudio realizado se estructura en tres apartados en los que, sucesivamente, presentamos la toponimia del término de Castielfabib, la relativa al eje fluvial del río Ebrón (tierras de huerta y regadío), y la propia villa. Se ha utilizado esta distinción por ser la que se encuentra en la documentación histórica que marca la diferencia entre termini dicte ville,12 orta dicte ville13 e intus dictam villam.14. Castielfabib se ubica al noroeste de la actual provincia de Valencia, en el corredor fluvial del Turia, que no siempre se corresponde con el cauce principal del río. Por motivos de asentamiento defensivo o poblacional, grandes localidades como Castielfabib o Alpuente se ubicaron, respectivamente, sobre un afluente del Turia —el río Ebrón— o en un barranco denominado Reguero (Vázquez-Esparza, 2015: 462). El término general de la villa tenía unos 110,3 $\mathrm { k m } ^ { 2 }$ , de los cuales unos escasos $2 , 2 \ \mathrm { k m } ^ { 2 }$ corresponden al señorío donde se ubicó la alquería de Torrebaja. Mapa 2: Ubicación de la villa de Castielfabib, cerca del límite trifinio entre los reinos de Aragón, Valencia y Castilla. 1: Señorío de Torrebaja dentro del término de Castielfabib. Elaboración propia. El territorio de Castielfabib se encuentra delimitado por el este con el río Turia, que siempre aparece citado en la documentación consultada como Guadalaviar, 15 un topónimo árabe cuya etimología responde a wadi al-abyad, ‘río blanco’. A pesar de ello, el término de ésta se estructura en torno al río Ebrón, afluente del Turia. Por la parte oriental se han documentado las primeras referencias a topónimos de esta población gracias a la carta de población de Villel de 1180. En la delimitación de los términos se hace mención a una parte que treinta años después, se incorporó al alfoz de la villa de Castielfabib. El documento dice: Mapa 3: Ubicación del Val Seco y el río de Molas en la parte oriental del término de Castielfabib, paralelo al límite con el reino de Aragón. Elaboración propia. […] prende el cerro et da en el camino que va a Tormon, et del camino de Tormon fiere a la fuent de la Penyella et de la fuent de la Penyella fiere en Val Seco et de Val Seco fiere a rio de Molas et de rio de Molas aiuso fiere en Godalaviar (sic) et de Guadalaviar rio den a suso a fuent de Val Lubresco a suso […] (Ledesma, 1986: 457). Sobre los topónimos de Val Seco y rio de Molas citados en esta carta, el primero aún se conserva en Castielfabib, aunque la identificación actual no parece corresponder con la aquí referida, ya que no llega a la altura del camino de Tormón. No obstante, hay otro barranco, actualmente llamado Val del Agua, que podría coincidir con el Val Seco de este documento. En cuanto al río de Molas no se conoce ningún topónimo actual con esa denominación, aunque bien pudiera hacer referencia al tramo final del Val del Agua, también conocido como rambla de San Sebastián, que rinde sus aguas al río Turia. La hipótesis de que el Val Seco y el río de Molas sean topónimos que pueden corresponder con el barranco del Val del Agua de la documentación cobra fuerza al comprobar que este barranco discurre paralelo al actual límite fronterizo provincial. Las siguientes referencias relativas al término de Castielfabib son de su parte occidental, zona fronteriza con Castilla, y donde se ubica la actual aldea de Arroyo Cerezo. Las primeras referencias documentales a esta aldea se sitúan en los días previos a la capitulación de Castielfabib, en agosto de 1210, cuando el rey Pedro el Católico hace donación a García Romeu del castillo y villa de El Cuervo, recién conquistados, y fija sus límites, haciéndose mención al Rubeo de Cireso (Alvira, 2010: 1125-1126).16 Después, a finales del mes de septiembre de 1270, se vuelve a nombrar un territorio llamado Cireso, en los confines con la vecina Moya (Guinot, 1995: 63).17 Ya en el siglo xv aparecen numerosas referencias a dicho territorio con los nombres de el Royo del Cereso, 18 el Royo del Cereço, 19 o simplemente el Royo, 20 topónimo que aún se utiliza popularmente para referirse a este enclave, y que no es más que una traducción del topónimo primigenio Rubeo. La aldea tuvo una importante dedicación a la explotación maderera cuya producción se conducía hasta la vecina Ademuz para transportarla por el río Turia hasta la ciudad de Valencia.21 Su característica de poblamiento disperso aún se conserva, a pesar de presentar algunas agrupaciones; los instrumentos notariales se refieren al mansum vocatum de Johan Cit, 22 a la domus Petri $C i t ^ { 2 3 }$ y a un «mas», sin ningún otro apelativo, en dicho territorio.24. En las proximidades de esta aldea se encuentra una corriente de agua, que aparece en la documentación como rivulum sive Regajo del Royo del Cereso, 25 conservándose en la actualidad la denominación de Regajo. Al oeste de la población se documenta la molam del Cireso $^ { 2 6 }$ o Muela’l Cereso (Muela del Cerezo),27 paraje próximo al límite con los reinos de Aragón y Castilla que estuvo habitado en 1470, ya que el documento de referencia habla de unas casas en el lugar. También en esta parte de poniente se ha localizado el nombre de la Torreziella del Royo, 28 que podría corresponder con el actual Castillejo de Arroyo Cerezo. Al este de esta localidad se ubican los nombres de la partida de la Vacariza,29 la Colomuela de la Nava $_ { . } { ^ { 3 0 } }$ y la Canyada don Ferrando;31 si bien estos dos últimos no se corresponden completamente a topónimos conservados hoy, sí que existen las partidas denominadas de la Nava y de la Cañada. En la parte occidental del término también se ha podido identificar el mojón de Penyalva,32 que corresponde al del límite entre los antiguos términos de Castielfabib y Ademuz, por el reino de Valencia, y con el término de Moya, por el reino de Castilla, siendo actualmente el límite entre los municipios de Castielfabib y Vallanca, por el lado valenciano, y Salvacañete, por el castellano. Se han documentado más topónimos que debieron corresponder al término de la villa de Castielfabib; sin embargo, no han perdurado a través de los siglos y su recuerdo se ha olvidado, imposibilitando su identificación en la actualidad con la documentación consultada. Algunos de estos nombres son la Fuent de las Cuerdas,33 que limita con las Cordelleras,34 y la Fuent de las Stacas.35 4. El eje del río Ebrón. El eje del río Ebrón, con sus doce kilómetros de recorrido dentro del término de Castielfabib, constituye la principal arteria y vía de comunicación de éste. Con sus aguas se riega una frondosa huerta que se extiende desde el límite con el reino de Aragón hasta que dicho río tributa sus aguas al Turia, dentro del territorio del señorío de Torrebaja. Antes de tratar la toponimia de sus huertas y vegas, se debe estudiar el propio nombre del río, que en los siglos medievales no es mencionado con el nombre actual. La primera referencia al río Ebrón es coetánea a la conquista cristiana de Castielfabib:36 en la donación que Pedro el Católico realiza a la orden del Hospital en 1210 se fijan unos límites para el establecimiento de una iglesia y oratorios y, en las lindes se menciona el flumem nuncupatum Dronio (Alvira, 2010: 1128; Gual, 1953: 209).37 Sin embargo, esta denominación no se vuelve a repetir en la documentación medieval, siendo frecuente en el siglo xv que el río Ebrón sea conocido simplemente como el Río.38 Al no existir confusión con otra corriente de agua constante, la denominación se hace por antonomasia,39 pudiendo llegar a ser conocido fuera del término de Castielfabib como el río de Castiel, y así es conocido todavía en la actualidad. Mapa 4: Ubicación de partidas y lugares de la parte occidental del término de Castielfabib. 1: la Muela’l Cereso; 2: la Torreziella del Royo; 3: el Regajo del Royo del Cereso; 4: el Royo del Cereso; 5: el Mojón de Penyalva; 6: la Vacariza; 7: la Columuela de la Nava $\left( { \dot { \mathfrak { z } } } ^ { 2 } \right)$ ; 8: la Canyada don Ferrando $\big \vert \dot { \mathfrak { z } } ^ { 2 } \big \vert$ . Elaboración propia. Empezando desde el norte, junto al límite con el reino de Aragón, la primera partida que se encuentra referenciada es la Cuesta del Rato,40 ubicada en la margen izquierda. Este nombre en nuestros días denomina a la aldea más septentrional del término, que domina desde lo alto una extensa huerta; por ello, se podría pensar que el topónimo que ahora designa este pequeño núcleo poblacional fuera, en origen, el de las tierras que lo circundan y que, lo que en las cronologías documentadas era una casa aislada o una pequeña agrupación de viviendas, fuese el embrión de la futura aldea. En esta zona se encontraba también el lugar llamado el Varranquo Johan de Verne,41 que no ha podido ser ubicado. Aguas abajo, en la margen derecha del río Ebrón, se encuentra la partida de regadío de la Penya Negra,42 sobre la cual se ha identificado el topónimo de la saxo sive Penya de las Canales, 43 gracias a las lindes dadas en el documento y al estudio de campo en la zona. Adyacente a estas tierras se encuentra la Vega Somera,44 nombre que ha mutado en tiempos recientes a Fuente Somera, aunque en la documentación medieval también fue conocida como la Fumela45 o las Pozas.46 Este lugar era atravesado por el vallis de la Salobre,47 actualmente conocido como la rambla de las Salinas por localizarse allí las salinas de la villa, en explotación hasta finales del siglo xv, cuando se derrumbaron.48 Para salvar el desnivel de dicho barranco existió el pontis et canalis vallis de la. Salobre,49 también conocido como la puent de Salobre,50 un puente-acueducto predecesor del actual puente de la rambla de las Salinas, por donde también discurre una acequia. Continuando por la margen derecha del río Ebrón se llega a la partida de la Barrera,51 conocida a finales del siglo xv como la Ollería52 debido a la presencia de un obrador de este tipo en ese lugar. Próximo a estas tierras se ubica el monasterio de San Agustín, establecido en 1394, aunque no fue hasta principios de la siguiente centuria cuando los monjes se establecieron en esta partida, erigiendo lo que actualmente es el único elemento distinguible del antiguo cenobio, la capilla de Nuestra Señora de Gracia (Eslava, 2014: 92-99).53 Próxima al monasterio se situaba la majada de San Agustín —ovilia beati Augustini dicte ville,54 ovilia sancti Augustini dicte ville–,55 un espacio dedicado a la guarda de ganado ovino y caprino; esta actividad ganadera parece que constituyó una de las principales actividades económicas para la población de la villa. A continuación de la Barrera está la partida de la Serna, 56; de ella hay que apuntar que, en el contexto de escasez de tierras de cereal en el interior valenciano y de dependencia de la producción aragonesa, en 1425 se localiza en esta zona una parcela sembrada de trigo: […] hun huerto de tierra situado en·la Serna, huerta de·la dicha villa. Confrontado con tierra de Martín d’Exea, e con tierra de Francischo del Mur. El qual es tenido dius senyoria de·la orden de Muntesa, a·cens de [hueco] solidos et a lohismo e fadiga, el qual es sembrado de trigo […]57. A continuación de esta partida se encuentra el paraje llamado el Chorreadero, 58 y del que no tenemos más noticia salvo la presencia de una acequia. Se ha conservado en sus proximidades el llamado Molino de la Villa, documentado desde el momento de la conquista cristiana (Eslava, 2014: 251- 253) y conocido a mediados del siglo xiv como molendenium vetus.59 En la margen izquierda del río Ebrón, enfrente de la Barrera y la Serna, se encuentra el Sabuco,60 y, más arriba, la Plana61. Colindante a ambas partidas estaba la Carrera Teruel, 62 nombre que proviene de la existencia del camino hacia Teruel por Villel en ese paraje, quedando descartadas otras interpretaciones sobre este topónimo (Gargallo, 2004: 51). Siguiendo el cauce del río Ebrón hacia el sur, una vez pasada la villa de Castielfabib, se encuentra, en la margen derecha, la Rambla de la Fuent de la Solana,63 un curso de agua que llega a la Fuente de la Solana —lugar de aprovisionamiento de agua para los vecinos de la población hasta la subida de agua corriente a la villa a mediados del siglo xx— y que se conoce en la actualidad como Regajo. En las proximidades de esta fuente se encontraba el Prado la Fuent.64 Junto a la Fuent de la Solana, y paralela al río Ebrón se extiende la partida llamada la Vega Saragoça (también escrita Çaragoça o Çaragosa);65 en su primera referencia localizada en un documento de reparación de acequias es nombrada como pago nuncupati de Saragoça. 66 En una esquina delimitada por la Vega Saragoça y el río Ebrón se encuentra la Somida. 67 Enfrente de la Vega Saragoça, en la margen izquierda del río Ebrón se encuentra la esgleya de Sant Guillem (Eslava, 2014: 93), un templo que fue convento de antoninos a mediados del siglo $\mathrm { X I V } ^ { 6 8 }$ y a finales de dicha centuria albergó la primera casa de los agustinos en la villa de Castielfabib; posteriormente, quizá desde finales del siglo xv pasó a ser cenobio de carmelitas, que lo abandonaron a mediados del siglo xvi, dejando paso a los franciscanos que lo ocuparon las siguientes tres centurias (Eslava, 2002: 18 y 22; Eslava, 2014: 92-93 y 113-156). Mapa 5: Ubicación de partidas y lugares del curso alto del río Ebrón. 1: El Río; 2: La Cuesta del Rato; 3: La Penya de las Canales; 4: La Penya Negra; 5: La Vega Somera; 6: Vallis de la Salobre; 7: Pontis et canalis vallis de la Salobre / la puent de la Salobre; 8: La Barrera / la Ollería; 9: Monasterii beati Augustini; 10: La Serna; 11: El Chorreadero; 12: El Sabuco; 13: La Plana; 14: Carrera Teruel; 15: Molendenium vetus. Elaboración propia. Al suroeste de la Vega Saragoça se extiende la partida de los Planos,69 también conocida como orta dicte ville inferius,70 y se sabe que estaba recorrida por una acequia. La parte más baja de esta partida es referenciada en la documentación como el Fondón de los Planos.71. Mapa 6: Ubicación de partidas y lugares del curso medio del río Ebrón. 1: Rambla de la Fuent de la Solana; 2: Fuent de la Solana; 3: Prado la Fuent; 4: Vega Saragoça; 5: La Somida; 6: La Foz del Río; 7: Esgleya de Sant Guillem; 8: Los Planos; 9: El Toscar; 10: El Hituelo; 11: Varranquo de Jayme Pere; 12: El Molino Quemado. Elaboración propia. Siguiendo el cauce del río Ebrón, en la margen derecha se encuentra el Toscar,72 actualmente denominado los Toscares. En un momento inicial debió conformar una gran partida que también incluyó la otra ribera del río, conocida como el Hituelo.73 Entre ambas tierras, el río Ebrón discurre encajonado en una garganta citada en época medieval como la Foz del Río;74 el topónimo ha experimentado un proceso de pluralización —al igual que el Toscar— y hoy es denominado Las Hoces. En la margen izquierda del río Ebrón, al sur del Hituelo, se encuentra la partida llamada el Molino Quemado,75 topónimo que delata la presencia de una instalación hidráulica destinada a la molienda, o quizá se tratase de un molino batán. Este paraje se encuentra atravesado por el Varranquo de Jayme Pere,76 conocido en nuestros días como barranco del Escribano. Al sur del Molino Quemado, en la misma margen izquierda, se encuentra la partida de la Penya Ruvia,77 que concentraba parcelas destinadas al cultivo de la vid. Aguas abajo de esta partida, delimitada por el río Ebrón y por el antiguo camino a Torrebaja, se ubica el campo de Carrera la Torre, 78 cuyo nombre deriva de la vía que conducía hacia la dicha alquería. Enfrente de las partidas de la Penya Ruvia y Carrera la Torre, en la margen derecha del río Ebrón, se halla Carrerademuz,79 topónimo que indica, al igual que en los casos de Carrera Teruel y Carrera la Torre, la existencia en este punto del antiguo camino hacia la vecina Ademuz; morfológicamente, el topó- nimo ha contraído la última vocal de carrera con la primera de Ademuz. Volviendo a la margen izquierda, se encuentra el topónimo de Los Sanctos, 80 que hoy en día, igual que en el caso de la Cuesta del Rato, no designa una parte del término sino una aldea; quizá este espacio contase en su origen con alguna casa aislada o pequeña agrupación de viviendas destinada a habitación de los trabajadores de esta partida. Continuando por la misma margen, creemos poder ubicar la partida de la Casa de Vicent Marín, 81 topónimo no conservado en la actualidad; no obstante, la información suministrada por los documentos estudiados permite deducir una posible ubicación en esta zona en la que también se han hallado nombres de otros accidentes geográficos relacionados con Casa de Vicent Marín: el Varranquo Vicent Marín82 —que debe corresponderse con el único barranco que atraviesa esa porción de tierra— y el Pozo Vicent Marín83, de momento sin identificar. En la otra ribera del Ebrón, enfrentada a la Casa de Vicent Marín, se encuentra la partida de la Savina Gorda.84. Mapa 7: Ubicación de partidas y lugares del curso bajo del río Ebrón. 1: Penya Ruvia; 2: Carrerademuz; 3; Carrera la Torre; 4: Los Sanctos; 5: Casa Vicent Marín (supuestamente); 6: Varranquo Vicent Marín (supuestamente); 7: Savina Gorda; 8: señorío de Torrebaja. Elaboración propia. Por último, en el tramo final del río Ebrón, en una gran llanura destinada al regadío, se extiende el señorío de Torrebaja. Este señorío es conocido desde el primer tercio del siglo xiv, cuando se nombra el loco vocato Torre Fondonera,85 y se hace referencia a una de sus pobladoras, una sarracena (Eslava, 2012: 4-14). El lugar también es conocido como alquaream de la Torre Fondonera (o alcharea)86 o simplemente Torre Fondonera.87 Su población era musulmana, apareciendo como habitantes de la alquería Yuce Zeyt y Abdalla Culeymen.88 En paralelo a este nombre de la Torre Fondonera, aparece ligado el topónimo el Villar d’Orchet: 89 el término villar hace referencia a un asentamiento pequeño, una aldea o, como refiere la propia documentación, una alquería. Si el nombre de Torre Fondonera parece que convivió con el del Villar d’Orchet durante siglo y medio, hacia finales del siglo xv, en 1489, se han documentado más variantes de este nombre: Torre Jusana $^ { g _ { 0 } }$ y Torre Baxa, 91 primera mención localizada del actual topónimo en un conjunto de nomenclaturas en el que tanto Fondonera como Jusana y Baxa se utilizaron sinónimos, como parece suceder en la misma cronología en otros territorios turolenses y zaragozanos.92 5. La villa. La villa de Castielfabib se ubica en el tramo central del Ebrón dentro del término de la misma, en un promontorio rocoso ubicado sobre un acusado meandro del río. Su primera ubicación fue la conocida como la Villa Vieya o la Vila Veya,93 al norte de la Esgleya Mayor,94 actual templo de Nuestra Señora de los Ángeles, parroquia de la villa, adosada al castillo y situada en la cuarta planta de una de sus torres. Se ubicaba en un lugar central ya que tiene la función de comunicar la Villa Vieya con la Villa Nueva, donde actualmente se asienta la población. La Villa Vieya se sabe que estuvo habitada, al menos, hasta finales del siglo xiv. Del castillo se conserva diversa documentación;95 sin embargo, resulta difícil relacionar los espacios conservados con aquellos referenciados en las fuentes archivísticas medievales, ya que el mismo edificio fue objeto de continuas reformas y transformaciones durante el período bajomedieval, a comienzos de la Edad Moderna, y, finalmente, durante la Primera Guerra Carlista, desdibujando en buena medida —y a falta de nuevos estudios documentales, arqueoló- gicos y arquitectónicos—, la fisionomía de esta fortaleza en sus orígenes. La Villa Nueva se encontraba amurallada, según se documenta desde, al menos, 1337 —muris dicte ville—;96 sin embargo, el primitivo recinto murado debió ser anterior y en continua reforma y ampliación, además de verse sometido a reparaciones debido a las guerras del siglo xiv, y a las necesidades de una población en crecimiento y consolidación en el tránsito entre el periodo medieval y la modernidad. Se conoce la existencia de dos portales en época medieval: la Portam Ferream97 o ‘Puerta Férrea’, ubicada a poniente de la villa, en el camino a Castilla y, por tanto, en un enclave que requería estar sólidamente fortificado.98 También se tiene noticia del Portal de la Vila,99 que debió constituir el principal acceso a la villa y se puede identificar con el actual El Portal, ubicado al sur del plano urbano y donde a día de hoy se conserva un pasaje cubierto. Sin embargo, aunque no mencionados en las fuentes documentales consultas, debieron existir más accesos a la población, por el flanco norte, por la parte de la Villa Vieya, y por el camino hacia Teruel, y por poniente también debió existir algún portal hacia la vecina población de El Cuervo, ya en el reino de Aragón. Por lo que respecta a la configuración urbana interna de la villa de Castielfabib, se debe decir que esta no estaba, ni está, configurada por calles rectilí- neas, sino por vías sinuosas que no siguen un trazado claro, y que se configuran más bien en barrios, y así es como se encuentra en la documentación medieval, siendo frecuente la mención de vico o varrio en las fuentes utilizadas. Por el norte, el primer barrio es el Varrio de Yuso, 100 nombre probablemente relacionado a encontrarse por debajo de la iglesia parroquial y los barrios más antiguos, que ha evolucionado hasta el actual Barrioso, enmascarando su origen toponímico. Relacionado con esta parte de la villa, aparece el nombre açuqaquo101 (también escrito como açuquaco102 o açuquaco),103 que proviene de la voz valenciana ‘atzucac’, con significado de calle sin salida, siendo un hecho bastante frecuente en el urbanismo castielero. Por encima de este, se encuentra el barrio del Callicio, 104 que aún dispone un trazado que se asemeja más a una calle, pudiendo responder a una de las primeras ampliaciones del recinto amurallado; el topónimo corresponde con la palabra catalana callís, que según el Diccionari Català Valencià Balear tiene por significado un camino entre muros o hileras de árboles, pudiéndose relacionar con la salida e inicio del camino hacia El Cuervo. En el centro de la población se encuentra la Plaça de la Villa, 105 documentada desde finales del primer tercio del siglo xiv. Conocida también como Plaça Comuna, 106 era el centro neurálgico de la localidad donde se ubicaba la sede de la municipalidad en la Casa Comuna de la Villa. Al sur de la villa se encontraba el barrio de La Solana, 107 en alusión a su posición en pendiente y orientada a mediodía. Sin embargo, a pesar de que este topónimo se conserva, parece ser que se ha desplazado hacia el sur, pues actualmente el espacio conocido como la Solana corresponde a una zona extramuros, quizá relacionada con el denominado Fondón de la Solana, 108 la parte más baja de esta pendiente orientada al sur y donde se ha documentado la presencia de construcciones agrícolas como pajares. También ha aparecido una referencia al vico vocato la Cueva, 109 topónimo que no se ha conservado hasta nuestros días; podría corresponder a la parte sur del recinto amurallado más próxima al castillo, donde existen algunas cuevas excavadas en la roca de la fortaleza. Además, hay que indicar que las áreas no mencionadas en la documentación del siglo xv corresponden a los barrios más antiguos, que presumiblemente eran los más consolidados en esa época, y por lo tanto, con menos movimientos de compraventa registrados ante notario, lo que justificaría la no localización documental de dichos topónimos (VázquezEsparza, 2014: 222-228). Intramuros de la población se ubicaba la heremita de Sent Blay, 110 documentada únicamente durante la segunda mitad del siglo xv. Se desconoce su localización precisa. Sin embargo, debió gozar de una cierta popularidad, importancia y antigüedad por albergar el beneficio de San Blas, hecho extraño en la comarca pues los templos no parroquiales no solían poseer capellanías (Eslava, 2014: 91-92). En las proximidades de la villa se encontraba el Hospital de Pobres,111 fundado a mediados del siglo xv por la autoridad real y localizado en el camino hacia El Cuervo, extramuros, al final del barrio del Callicio. Siguiendo este recorrido por el plano urbano de Castielfabib se deben mencionar aquellos lugares ligados a las necesidades más básicas de su población, entre los que se encuentran los hornos de cocer pan documentados desde principios del siglo xiv (Eslava, 2014: 199) aunque ya debieron existir en tiempos de los musulmanes. En la villa cristiana se documentan dos hornos: el Forno Somero,112 ubicado en la parte alta de la población, cerca de la Puerta Férrea; y el Forno Fondonero,113 localizado en la parte baja, en las cercanías de la Plaça de la Villa. También hay referencias durante toda la segunda mitad del siglo xv a les dues taules de carniceria, 114 pero ignoramos su ubicación. La presencia de diversas bodegas se relaciona directamente con el cultivo de la vid documentado en el término de Castielfabib.115 Además, la actividad ganadera y el pastoreo ovino hay que relacionarlo con la presencia de diversos oficios: el parator pannorum —el pelaire que prepara la lana para tejerla—,116 y el textor o tejedor,117 que manufacturaba el producto derivado de la lana; estos artesanos debieron contar con obradores propios, probablemente, en los bajos de sus viviendas. Otro oficio documentado es el de fustero o carpintero, que en 1425 ejercía Johan López;118 debió disponer también de taller en los bajos de su casa y su trabajo estaría destinado a cubrir las necesidades de la población local pues sólo se ha documentado un único obrador y no varios como en el caso de los oficios de la lana. En relación con la producción industrial se localizan los espacios conocidos como lo Pla de la Calera, 119 —para la extracción de la cal, muy importante en la arquitectura vernácula de la comarca—, y la Pedrera de la dita vila,120 es decir, la cantera donde se extraía la piedra, también importante para la construcción. A pesar de la importancia que estos espacios tuvieron en época medieval, en la actualidad se desconoce su ubicación exacta. Finalmente, se debe tratar la Casa Comuna de la Villa, el edificio que presidió la Plaça de la Villa y sigue haciéndolo hoy en día pues se identifica con la actual Casa de la Villa. Se trataba de un edificio de dos plantas: la superior, conocida como Cambra del Consell,121 recibe diversos nombres: Aula Comuni,122 Camera Curie ville Castri Habib,123 Camera seu Sala Comuni124 o Sala Comuna de la villa de Castielhabib. 125 Este espacio era utilizado como lugar de reunión del consejo municipal y en él se impartía justicia siendo, por lo tanto, un espacio especialmente representativo del poder de la villa en época foral. En la planta baja se encontraba el Porche de la Casa Comuna, 126 que remite a la existencia de un espacio porticado abierto hacia la Plaça de la $\mathit { V i }$ - lla, y que era utilizado para las mismas funciones que la cámara del piso superior, seguramente durante los meses en los que la climatología permitía celebrar fuera del edificio las reuniones y juicios. Los airosos arcos de este porche debieron estar limitados por una reja, como se deduce de la documentación donde se menciona el rexado de la cort de la villa de Castielhabib.127 Este porche debió ejercer una función de distribuidor al dar acceso, probablemente, al piso superior, esto es, a la Cambra del Consell, y también a la prisión de la villa, ya que se menciona el porche de la presón o casa comuna.128 Detrás de la Casa Comuna —donde aún se conserva aunque presumiblemente transformado— se debía hallar este espacio carcelario citado como la presón comuna de la dicha villa.129. Mapa 8: Ubicación de barrios, espacios y lugares de la villa de Castielfabib. 1: la Villa Vieya; 2: Esgleya Mayor; 3: Castillo; 4: Muris dicte Ville; 5: Varrio de Yuso; 6: El Callicio; 7: Plaça de la Villa; 8: La Solana; 9: El Fondón de la Solana; 10: Portal de la Vila; 11: Portam Ferream; 12: Ospitali dicte Ville; 13: Forno Somero; 14: Forno Fondonero; 15: Presón comuna de la dicha Villa; 16: Casa comuna de la villa de Castielfabib. Elaboración propia. 6. Conclusiones. Los topónimos que se han localizado en la documentación escrita consultada responden principalmente a características del terreno y de su ubicación: la Nava, la Penya Negra, la Vega Somera, la Barrera (o la Ollería), la Serna, el Chorreadero, la Plana, Carrera Teruel, los Planos, el Toscar, la Foz del Río, el Molino Quemado, la Penya Ruvia, Carrerademuz, Carrera la Torre, la Savina Gorda, la Torre Fondonera (o la Torre Jusana o la Torre Baxa) el Varrio de Yuso, el Callicio, la Plaça de la Villa y la Solana, entre otros. También se utilizaron topónimos derivados de nombres propios —por ejemplo, los derivados de Vicent Marín, Casa, Varranquo y Pozo; el Varranquo de Jayme Pere y el Varranquo de Johan de Yerme. Finalmente, otros topónimos muestran un origen dudoso; es el caso del río Dronio, el río de Molas, el Royo del Cereso, la Cuesta del Rato, el Sabuco, la Vega Saragoça, el Hituelo, los Sanctos y el Villar d’Orchet. En cuanto al hábitat, el sector occidental del núcleo —la zona del Royo del Cereso—, presenta una distribución dispersa, apareciendo en la documentación la figura del mas o mansum, voz que designa grandes explotaciones agroganaderas de secano y en esta zona incluye también el aprovechamiento maderero que se benefició de las rutas fluviales para su comercialización en Valencia. En el eje del río Ebrón, en la parte central del término, se alza la villa, con un dominio visual de todo el curso fluvial gracias a su localización y a la de sus atalayas ubicadas en el Castillo y la Torreta. A pesar de las crisis bajomedievales, la villa alcanzó un notable grado de desarrollo en época tardomedieval, mostrándose como un lugar dinámico y capaz de generar riqueza en medio de estas tierras de frontera. El eje del río Ebrón contó, muy probablemente, con diversas unidades de poblamiento al margen de la villa rectora de Castielfabib: al norte, la Cuesta del Rato; al sur, Los Sanctos; y en el tramo final del curso del Ebrón, la alquería de la Torre Fondonera. Con esta distribución espacial del poblamiento se consiguió una explotación más racional y eficaz del territorio, en especial, de las tierras de regadío. Aunque es prácticamente nula la información sobre las parcelas y lugares habitados en el eje del río Turia, es factible la existencia de grandes explotaciones de regadío vinculadas a masos o mases, de la forma que hemos constatado en la parte occidental del término; estos enclaves habitados bien pudieron ser los embriones de las actuales aldeas del Mas de Jacinto y el Mas de los Mudos y reproducir en su territorio el modelo de explotación agraria documentado en el Ebrón, con una serie de pequeños núcleos poblacionales a lo largo del eje norte-sur del río, distanciados de manera regular para un mejor aprovechamiento y trabajo de las tierras: el Mas de Jacinto, en la margen derecha; la Torre Alta, en la ribera izquierda; y el Mas de los Mudos y la Torrebaja, ambos en la ribera derecha. Las tierras de poniente de Castielfabib estuvieron ocupadas por grandes bosques; su producción maderera permitió la exportación y abasteció a la ciudad de Valencia y a otros lugares a través del transporte fluvial, constituyendo una importante fuente de ingresos y de empleo. Además, en la parte media del término concejil se extendieron las explotaciones de secano dedicadas al cereal; su producción no logró cubrir la demanda local, haciéndose necesaria la importación de grano proveniente del vecino reino de Aragón. Otra fuente de ingresos fue la ganadería caprina y ovina —que debió de abastecer de materia prima a los pelaires y tejedores locales que se han documentado—; al igual que con la madera, los productos excedentarios primarios o manufacturados en Castielfabib satisficieron la demanda del mercado valenciano. Además, el oficio de ollero ha quedado bien documentado y se ha localizado un espacio propio para la fabricación de obra de tierra en las proximidades de la villa; también se ha obtenido información sobre una tejería, una cantera y una calera y un artesano de la madera, instalaciones y profesiones muy ligadas al sector de la construcción y del mantenimiento de edificios y del recinto murado. La carestía de cereal, un problema endémico del Castielfabib medieval, obligó al cultivo de grano en el eje del río Ebrón, a pesar de ser un territorio de regadío riquísimo, con una huerta espléndida. También parte de este valle fluvial fue utilizado para la producción de vid, debiendo tener un peso importante en la economía local al haberse hallado numerosas bodegas en la villa. En cuanto al urbanismo de la villa de Castielfabib, el entramado urbano resulta complejo debido a su peculiar ubicación que dificulta el desarrollo de calles más o menos lineales. Por ello, la población se distribuye en barrios, habiendo encontrado referencias de cuatro —el Varrio de Yuso, el Callicio, la Solana y la Cueva—, además de la Plaça de la Villa. Resulta llamativo la ausencia de menciones archivísticas de la parte más antigua de la población; cabe la hipótesis de que fuese el ámbito poblacional más consolidado y con una menor fluctuación de la propiedad que en los barrios más modernos y dinámicos. Para finalizar quiero destacar lo novedoso del análisis que se ha realizado sobre Castielfabib y su territorio. El estudio de la toponimia y microtoponimia documentada en fuentes escritas dispersas en diversos fondos archivísticos se ha complementado con el trabajo de campo realizado sobre fuentes materiales y fuentes orales. Y todo ello ha permitido reconstruir la sociotopografía de la villa, la antropización de su territorio y las interacciones con otros territorios durante el periodo bajomedieval y, en especial, durante el siglo xv. Los resultados alcanzados arrojan luz sobre esta villa de frontera y son parte de una investigación en curso más amplia, cronológicamente hablando, sobre la toponimia en la villa y término de Castielfabib. 7. Referencias bibliográficas. AlvirA cABrer, Martín (2010), Pedro el Católico, Rey de Aragón y Conde de Barcelona (1196-1213). Documentos, Testimonios y Memoria Histórica, vol. iii. Zaragoza, Institución Fernando El Católico. Andrés roBres, Fernando; cruselles Gómez, José María; riBes trAver, María Estrella; tolosA roBledo, Lluïsa; vAllés Borrás, Vicent Joan (1990), Inventario de fondos notariales del Real Colegio Seminario de Corpus Christi de Valencia. Valencia, Generalitat Valenciana, Conselleria de Cultura, Educació i Ciència. Antón Andrés, Ángel (2006): «Un topónimo enrevesado: Bohílgues», Ababol. Revista del Instituto Cultural y de Estudios del Rincón de Ademuz, 46: 11-20. 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Normas generales para la presentación de originales
NORMAS GENERALES PARA LA PRESENTACIÓN DE ORIGINALES. La revista Aragón en la Edad Media es una publicación digital (e-ISSN: 2387- 1377) e impresa (ISSN: 0213-2486) de periodicidad anual que recoge investigaciones originales o balances historiográficos inéditos sobre la historia medieval de cualquiera de los antiguos territorios de la Corona de Aragón. El consejo editorial está formado por especialistas reconocidos en la materia de ámbito internacional. Se aceptan artículos en castellano, catalán, inglés, francés, italiano y portugués. La revista está indexada en múltiples bases de datos: DICE, RESH, MIAR, ISOC, Regesta Imperii, Latindex, Dialnet, Repertorio de Medievalismo Hispánico, etc. Los originales se envían a través de la plataforma Open Journal System de la Universidad de Zaragoza: <https://papiro.unizar.es/ojs/index.php/aem> Cualquier consulta puede dirigirse al correo <firstname.lastname@example.org>. 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De otro modo, la dirección se reserva el derecho de devolvérselos a los autores y no publicarlos hasta que lo cumplan. Cuando un texto haya sido profundamente reestructurado podrá ser sometido a un nuevo proceso de evaluación para confirmar su edición. Las primeras pruebas de impresión de los artículos siempre serán corregidas por la dirección de la revista. Los derechos de edición corresponden a Prensas Universitarias de Zaragoza. Finalmente, los autores recibirán una separata del artículo en formato pdf. Los artículos no podrán superar la extensión de 95.000 caracteres con espacios (notas, espacios y bibliografía incluidos). Después del título en el idioma original del artículo se incluirá su traducción al inglés. A continuación se indicará el nombre y apellidos del autor y, debajo, la institución en la que desarrolla sus actividades en el idioma original. Los estudios irán precedidos de sendos resúmenes de entre cinco y diez líneas en castellano y en inglés (abstract). Asimismo, se incluirán de tres a cinco palabras clave (keywords) en castellano e inglés. Entre los dos resúmenes y sus respectivas palabras clave, no se superarán nunca los 1500 caracteres con espacios incluidos. Deberá constar explícitamente el título del trabajo (preciso y breve, conteniendo el mayor número posible de palabras clave). Si es muy largo, se recomienda la división en título y subtítulo. Por lo que respecta al texto, se remitirá preferentemente en formato Word en un único documento o archivo; en caso contrario, se indicará en hoja aparte el nombre de cada documento y su orden. Para evitar confusiones, los originales habrán de presentarse con las páginas numeradas de forma correlativa. El interlineado, los márgenes, tipo de letra y otras características de formato serán uniformes, con la única excepción de las citas extensas, que llevarán sangría mayor y un cuerpo de letra menor. Las citas que no vayan en párrafo aparte se presentarán entrecomilladas, nunca en cursiva. Las llamadas de nota irán tras el signo de puntuación cuando acompañen a éste. No se debe dejar ningún espacio antes de la llamada de nota, vaya ésta tras signo de puntuación o tras cualquier letra. Las ilustraciones, si las hubiera, se entregarán en formato tiff —con una resolución de $3 0 0 \ \mathrm { p p p - }$ por separado con sus pies, indicando cuál ha de ser su ubicación aproximada en el texto. Se aportará la información pertinente acerca de su procedencia y sobre la propiedad de las imágenes. Para el resalte o grafismo enfá- tico se evitará el uso de negritas, mayúsculas y subrayados y se usarán cursivas. En relación con los distintos apartados y subapartados, se evitarán en la medida de lo posible numeraciones innecesarias (el cuerpo de la letra, su estilo y su ubicación en la página reflejarán adecuadamente la jerarquía de los epígrafes). Las citas bibliográficas se integraran en el texto principal del artículo mediante el sistema Harvard según el modelo (Apellido del autor, año: páginas), por ejemplo: (Lacarra, 1972: 13-18). Las entradas del apartado bibliográfico del final del artículo se compondrán siguiendo las pautas que se indican a continuación: Artículo de revista: APELLIDO del autor, Inicial del nombre. (Año), «Título del artículo», Título de la revista, volumen, número, páginas. Ejemplo: LACARRA, J. M. (1979), «Introducción al estudio de los mudéjares aragoneses», Aragón en la Edad Media, 2, 7-22. Libro completo: APELLIDO del autor, Inicial del nombre. (Año), Título, Lugar de edición, Editorial. Ejemplo: LACARRA, J. M. (1972), Aragón en el pasado, Madrid, Espasa-Calpe. Capítulo de libro: APELLIDO del autor, Inicial del nombre. (Año), «Título del capítulo» en Inicial del nombre y Apellido del responsable de edición del libro (mención de responsabilidad en abreviatura: coord., dir., ed.), Título del libro, Lugar de edición, Editorial, páginas. Ejemplo: SÁNCHEZ, M. (2010), «La monarquía y las ciudades desde el observatorio de la fiscalidad» en J. Á. Sesma (coord.), La Corona de Aragón en el centro de su historia, 1208-1458. La Monarquía aragonesa y los reinos de la Corona, Zaragoza, Grupo de Investigación CEMA, 45-66. Por último, los originales habrán de atenerse a los siguientes criterios. — En las abreviaturas se situará el punto antes de la letra volada (ejemplos: M.ª, n.º). — No se confundirán abreviaturas con símbolos: éstos no llevan punto al final ni marca de plural (km, g, h). — No se separarán las letras de las siglas entre sí mediante puntos ni espacios. En plural las siglas son invariables (los PC, las ONG, los ISBN). — Las palabras se separarán con un solo espacio, nunca con dos o más. — Figurarán en cursiva todas las palabras —excepto nombres propios— y expresiones aisladas que no estén en el idioma principal del artículo. — Figurarán con tilde y con diéresis las mayúsculas que las exijan, en castellano o en cualquier otro idioma. — No se dejará espacio antes de los signos de puntuación simples (punto, coma, dos puntos, punto y coma, puntos suspensivos) ni antes de la primera palabra ni después de la última de un texto entrecomillado, entre paréntesis, entre corchetes, entre signos de interrogación o exclamación y entre rayas. — La direcciones WEB se escriben entre signos landas. 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Después se utilizarán las siglas, sin puntos entre ellas (ACA, AHN). — Cuando se cita un folio (f.) o folios (ff.) de un manuscrito o impreso, deberá especificarse si se trata del recto (f. 1 o 1r) o del verso (f. 1v).
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El Compromiso de Caspe y el reinado de Fernando I de Aragón en la 'Cronica Actitatorum temporibus Benedicti Pape XIII', de Martín de Alpartir: The Caspe Commitment and the Reign of Fernando I of Aragon in the 'Crónica Actitatorum Benedicti Pape XIII', by Martin of Alpartir
EL COMPROMISO DE CASPE Y EL REINADO DE FERNANDO I DE ARAGÓN EN LA CRONICA ACTITATORUM TEMPORIBUS BENEDICTI PAPE XIII DE MARTÍN DE ALPARTIR. THE CASPE COMMITMENT AND THE REIGN OF FERNANDO I OF ARAGON IN THE CRONICA ACTITATORUM TEMPORIBUS BENEDICTI PAPE XIII, BY MARTIN OF ALPARTIR. María del Mar Agudo Romeo Universidad de Zaragoza. Resumen: Este trabajo analiza el tratamiento que se hace de los sucesos acaecidos tras la muerte de Martín I de Aragón (1410), especialmente del Compromiso de Caspe (1412), y del reinado de Fernando I de Aragón (1412-1416), en la Cronica actitatorum temporibus Benedicti pape XIII, obra escrita por el aragonés Martín de Alpartir, coetáneo de los hechos que narra. Palabras clave: Martín I de Aragón, Compromiso de Caspe, Fernando I de Aragón, Cronica actitatorum Temporibus Benedicti Pape XIII, Martín de Alpartir, siglo xv. Abstract: This study analyzes the historical treatment of the events that occurred after the death of Martin I of Aragon (1410), especially of the Caspe Commitment (1412), and of the reign of Fernando I of Aragon (1412-1416), carried out in the Cronica actitatorum temporibus Benedicti pape XIII, a work written by the Aragonese Martin Alpartir, a contemporary of the events he narrates. Key words: Martin I of Aragon, Caspe Commitment, Fernando I of Aragon, Cronica actitatorum temporibus Benedicti pape XIII, Martin of Alpartir, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. 1. Introducción. En el año 1410 falleció el rey de Aragón Martín I sin sucesión directa. Su hijo Martín el Joven, rey de Sicilia, había muerto con anterioridad sin dejar descendencia de su matrimonio con la reina de Sicilia, María; un hijo que le sobrevive, Fadrique, era hijo natural. Tras un interregno, en el año 1412 fue nombrado rey de Aragón el infante Fernando de Castilla, cuya madre, Leonor, era hija de Pedro IV y hermana de Juan I y Martín I. A esta designación se llega mediante el denominado Compromiso de Caspe, un acuerdo que reunió a nueve compromisarios en representación de los reinos de Aragón y de Valencia y del principado de Cataluña. En este trabajo se analiza la narración de los sucesos acaecidos tras la muerte de Martín I, especialmente el Compromiso de Caspe, y el reinado de Fernando I de Aragón, un cronista coetáneo de estos hechos, Martín de Alpartir, en su Cronica actitatorum temporibus Benedicti pape XIII.1 Nuestro cronista es aragonés, originario de la localidad zaragozana de Alpartir. Su tío materno del mismo nombre, fray Martín de Alpartir, perteneciente a la orden del santo Sepulcro, dispuso en su testamento que recibiese, junto con su hermano Antonio, una cantidad de dinero para realizar estudios eclesiásticos así como los libros de su propiedad. Tras llevar a cabo tales estudios, Martín cuenta en su propia crónica que en 1397 fue camarero de Santa María la Mayor de Zaragoza, al presentarse como uno de los hombres de Aragón que permanecieron junto a Benedicto XIII, a cuya obediencia pertenecía, en el asedio al palacio de Aviñón.2 En 1403 ocupaba también el cargo de camarero en Tortosa, a donde se dirigió desde Aviñón permaneciendo en esta localidad unos quince meses.3 En 1406, siendo aún camarero de Tortosa, con Iñigo de Alfaro, caballero de la orden del Hospital de san Juan, fue nombrado por Benedicto XIII nuncio ante el rey de Sicilia.4 Al año siguiente, en 1407, siendo en esos momentos operario de la iglesia cesaraugustana, en Perpiñán y por orden de Benedicto XIII, fue nombrado capellán comensal por Juan Martínez de Murillo, cardenal presbítero de Montearagón.5 Años más tarde, en 1414, siendo prior y capítulo de la iglesia cesaraugustana, Martín de Alpartir fue quien invitó a Domingo Ram, obispo de. Huesca, para actuar en la coronación de Fernando I y de su esposa, la condesa de Alburquerque.6 Efectivamente, al ser nombrado obispo de Huesca Domingo Ram, uno de los compromisarios, dejó libre el priorato del templo del Salvador de Zaragoza, cargo al que fue promovido Martín de Alpartir y en el que se mantuvo durante muchos años, pues todavía vivía en 1439. La Crónica, escrita en latín en el siglo xv, se conserva en un único manuscrito custodiado en la Biblioteca del Monasterio del Escorial.7 Se compone de veinte capítulos de desigual extensión. Gran parte de ellos desarrollan los acontecimientos año por año; así ocurre desde el capítulo sexto, dedicado al año 1397, hasta el capítulo diecinueve que corresponde al año 1410, pero que se halla incompleto. La obra se inicia con unas referencias al nacimiento y estudios de Pedro Martínez de Luna, de ilustre familia aragonesa, futuro papa Benedicto XIII, figura clave en el cisma de Aviñón y en la política de su época. El final de la obra recoge el traslado en el año 1430 de los restos del papa desde Peñíscola, localidad en la que había fallecido en 1423, hasta el palacio familiar de los Luna en Illueca (Zaragoza). Salvo lo que se dice en el capítulo diecinueve, referente a la muerte de Martín I en 1410, todos los acontecimientos que analizamos en este trabajo se narran en el capítulo veinte. Es interesante destacar que nuestro cronista perteneció a la obediencia de Benedicto XIII y, como muy bien se puede leer en el título de la crónica, la obra tiene como protagonista a dicho papa, considerado artífice de la proclamación de Fernando de Castilla como rey de Aragón, aunque posteriormente este monarca se apartó de su obediencia. La narración que Martín de Alpartir hace de los hechos que vamos a examinar es muy escueta, no expresa ningún juicio de valor hacia la conducta de Fernando I, pero, sin embargo, muestra a Benedicto XIII casi como un mártir.8 2. La muerte de Martín I El Humano. El parlamento de Calatayud. Los competidores a la sucesión. En el capítulo XIX, correspondiente al año 1410 y que se halla incompleto, según se ha dicho, Martín de Alpartir narra junto a otros hechos —especialmente relacionados con Benedicto XIII y su Curia, como su viaje a Tarragona y su posterior traslado a Zaragoza, Tortosa y Peñíscola—, la muerte sin heredero de Martín I y la turbación que ello produjo en los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca y en el principado de Cataluña: Rex Martinus de mense madii anno proxime descripto sine herede ab hac luce subtractus; Propter quod multa turbacio in regnis Aragonie, Valencie et Maioricarum et principatu Cathalonie subsecuta fuit.9. El capítulo XX, último de la crónica, se inicia con la narración de los sucesos que acontecieron tras la muerte de Martín I. Lo primero que documenta el cronista es el parlamento de Calatayud, celebrado para acordar quién sería su sucesor en los territorios de la Corona, ya que eran varios los aspirantes al trono: Anno Domini MCCCCXI, de mense marcii, congregate fuerunt Calataiubii certe persone de regnis Aragonie et Valencie et principatu Cathalonie ad concordandum cuy ex competitoribus competebat successio in regnis, cum essent plures, scilicet infans Ferdinandus castelle, comes Urgelli, comes de Luna, filius naturalis Martini insule Sicilie, dux Gandie.10. Según la narración, en el mes de marzo de 1411 se reunieron en Calatayud representantes de los reinos de Aragón y Valencia y del principado de Cataluña para concordar la sucesión en los reinos, puesto que eran varios los que aspiraban a ella. Indica el texto que había cuatro aspirantes y menciona únicamente el nombre de Fernando de Castilla; de los tres restantes cita sólo sus títulos —añadiendo al conde de Luna su condición de hijo natural del rey Martín el Joven de Sicilia—, sin hacer ningún comentario sobre cuáles eran sus derechos a la sucesión, aunque se puede suponer que el cronista los cita en el orden de méritos para suceder. En primer lugar alude al infante Fernando de Castilla, que en el compromiso de Caspe iba a ser nombrado sucesor de Martín I. Era hijo del rey Juan I de Castilla y la reina Leonor, hija de Pedro IV de Aragón y hermana de Juan I y. Martín I —hecho en el que el cronista insiste más adelante, al referirse a la coronación regia—, siendo, por tanto, su madre la que le transmitía el derecho a la sucesión. Sigue Jaime, conde de Urgel, que contó con numerosos partidarios y que no aceptó la proclamación de Fernando de Castilla. Era bisnieto de Alfonso IV de Aragón y se encontraba casado con otra hija de Pedro IV que era, por tanto, tía de Fernando de Castilla, al ser hermana de su madre. Según una crónica anónima11 sobre el reinado de Fernando I de Aragón que se halla incompleta, fue ella la que intentó interceder a favor de su marido ante su sobrino el rey. Pero aunque se le perdonó la vida, el conde de Urgel fue condenado a prisión perpetua y confiscación de sus bienes, siendo llevado preso al castillo de Ureña, en Castilla; murió, finalmente, en el castillo de Játiva. Frente a esta crónica anónima incompleta, que narra ampliamente los sucesos que tuvieron como protagonista al conde de Urgel al no aceptar la sentencia del Compromiso de Caspe, Martín de Alpartir sólo se refiere a él al nombrarlo como uno de los competidores al trono de Aragón. En tercer lugar es citado Fadrique, conde de Luna, nieto de Martín el Humano, puesto que es hijo natural de su hijo el rey Martín de Sicilia, que había muerto antes que su padre, dejando la Corona sin heredero, pues Fadrique, al ser hijo natural, no debería haber sido tenido en cuenta en la sucesión. Para hacer valer los derechos a la sucesión en Aragón se debía nacer dentro de matrimonio legitimo y canónico; aunque su padre y abuelo intentaron su legitimación, el proceso se vio perjudicado por la corta edad de Fadrique. No obstante, se le concedió el condado de Luna. Según la Crónica incompleta del reinado de Fernando I de Aragón, debido a los consejos de mosén García de Sesé —cuyas recomendaciones también habían sido funestas para el conde de Urgel—, se marchó a Castilla, donde a causa de sus delitos fue apresado y murió en prisión. Finalmente, se cita al duque de Gandía, bisnieto de Jaime II, cuyo sucesor es designado, tras su fallecimiento, por Fernando I, según nuestra crónica. No se hace mención a Luis de Anjou, al que habitualmente se incluye junto a los cuatro aspirantes que se acaban de mencionar, cuya madre le transmitió el derecho a la sucesión. En efecto, era hijo de doña Violante, hija de Juan I de Aragón, quien, al casarse con Luis de Anjou, padre del aspirante al trono del mismo nombre, renunció a sus derechos al trono aragonés. 3. Asesinato del Arzobispo de Zaragoza. Un acontecimiento sin duda de gran importancia en la sucesión al trono de la Corona de Aragón fue el asesinato del Arzobispo de Zaragoza, don García Fernández de Heredia, a manos de los hombres de don Antonio de Luna, partidario del conde de Urgel, hecho que favoreció al futuro Fernando I. Según la Crónica de Martín de Alpartir esta muerte se produjo el día 1 de junio, cuando el arzobispo regresaba del parlamento de Calatayud, sin que en esta asamblea se hubiese llegado a ningún acuerdo sobre a cuál de los competidores correspondía la sucesión: Prima mensis iunii malo modo fuit occisus reverendus pater Garcias, archiepiscopus Cesaraugustanus, qui veniebat de parlamento Calataiubii; et cum esset in loco de la Almunya, invitatus ad parlamentum per dominum Anthonium de Luna, in termino del Pueyo de Aranda per gentes domini Anthonii predicti fuit pluribus sauciatus et mortuus nec non aliqui de suis et alii capti et ducti ad locum de Almonazir.12. Además de la muerte del arzobispo por las gentes de don Antonio de Luna que le había invitado a parlamentar, se indica el lugar concreto de la provincia de Zaragoza en que este asesinato se produjo: en el Pueyo de Aranda, entre la Almunia de Doña Godina y Almonacid de la Sierra. Jerónimo Zurita, que utilizó la Crónica de Martín de Alpartir como una de sus fuentes,13 —teniendo en cuenta que el Pueyo de Aranda se halla entre los actuales pueblos de Almonacid de la Sierra y La Almunia de Doña Godina, cercano a Alpartir, de donde procedía nuestro cronista—, escribe: Lo que por nuestras memorias parece es que con la plática fue don Antonio, apartando al arzobispo y desviándole de su compañía cuanto pudo, estando en el camino público por donde se va de La Almunia al lugar de Almonacir. Y Martín de Alpartil escribe que fue hacia la parte del término que llamaban del Pueyo de Aranda. Y puédesele dar crédito pues fue en aquel tiempo y era nacido tan cerca de aquel lugar.14. Lorenzo Valla también sitúa en estos parajes el suceso,15 pero al dar detalles sobre la muerte del arzobispo García de Heredia da mayor protagonismo a don Antonio de Luna, señalando su participación directa en los hechos. Jerónimo Zurita se acerca más al relato de Martín de Alpartir, donde son sus partidarios quienes le hieren y matan, no el propio don Antonio. La Crónica de Alpartir señala que también es en Calatayud donde se decidió que, mientras se prolongase la discusión de derecho sobre la sucesión, siguieran gobernando y presidiendo los reinos y el principado quienes lo habían hecho en vida del difunto rey, Martín I: Ordinatum eciam fuit in Calataiubio, quod durante discussione iuris, cuy ex predictis competeret regnum vel dominium, gubernarent et pressiderent in regnis et principatu, qui gubernabant tempore Regis Martini ultimo defuncti.16. Sigue narrando cómo el Gobernador de Aragón, Gil Ruíz de Liori, pariente del asesinado Arzobispo de Zaragoza don García Fernández de Heredia, se coaliga con el infante de Castilla, aspirante al trono: Gubernator Aragonie, qui erat cognatus archiepiscopi domini Garsie de Heredia, certifficatus, quod infans Castelle vendicabat sibi ius in regnis, pro vindicanda morte archiepiscopi colligavit se cum infante et missit sibi fere tria millia equitum, cum quibus multum nocuit adversariis et aliis propter vicinitatem.17 4. El Compromiso de Caspe. La elección del infante Fernando de Castilla. Según el cronista Martín de Alpartir, en el año 1412, por iniciativa del papa Benedicto XIII —en esos momentos retirado en Peñíscola—, se acordó por medio de los nobles, caballeros y próceres de los reinos de Aragón y Valencia y del principado de Cataluña que se reuniesen nueve personas, tres por cada uno de los dos reinos y del principado, en la villa de Caspe, a modo de cónclave papal: MCCCCXII procurante sanctissimo domino Benedicto papa XIII, qui tunch se retraxerat ad castrum de Peniscola, diocesis Dertussentis, concordatum fuit per nobiles, milites, et proceres regnorum et principatus Cathalonie, quod tres persone pro Aragonia et tres pro Cathalonia et tres pro Valencia eligerentur et in loco de castro ville Casp congregarentur ad modum conclavis papalis in castro ville Casp collocarentur, cum totidem custodibus regnorum.18. No hace ninguna mención expresa a los nueve compromisarios,19 aunque alguno de ellos está presente en la Crónica por otros motivos; así san Vicente Ferrer20 y Domingo Ram —a los que luego me refiero—, y Francisco de Aranda y Bonifacio Ferrer. El cónclave se inició el día 26 de marzo de dicho año de 1412 y en el plazo de dos meses los intervinientes debían pronunciarse sobre cuál de los aspirantes debía suceder a Martín I en los reinos y en el principado: Qui intrarunt conclave XXVI mensis marcii anni proxime scripti, qui infra duos menses habebant pronunciare, quis ex competitoribus debebat in regnis et principatu sucedere. Et post multa fuit pronunciatum quod infans Ferdinandus Castelle debebat sucedere propter matrem, qui erat filia Regis Aragonie, qui erat stipes.21. De manera muy concisa —lo que sucedió durante el compromiso de Caspe lo resume con un post multa— el cronista señala que se acordó que el sucesor de Martín I fuese el infante Fernando de Castilla, por su madre, que era hija del rey de Aragón, que era ascendiente en su rama. Efectivamente, Fernando era hijo de Leonor, quien a su vez era hija de Pedro IV el Ceremonioso. Al hablar de la coronación de Fernando, el cronista vuelve a insistir en esta relación de parentesco con los monarcas de Aragón. 5. Entrada del nuevo monarca en el reino de Aragón. Según la crónica, tras la elección del infante Fernando de Castilla como rey de Aragón y la comunicación que se le hizo de tal elección, en el mes de julio de 1412 el nuevo monarca entró en el reino de Aragón acompañado de su mujer, sus cinco hijos y sus dos hijas: De mense iulii anno predicto per certos electos de regnis et principatu intimata fuit inclito domino infanti Ferdinando predicta sentencia sive pronunciacio; et statim intravit in regno Aragonie cum uxore et quinque filiis et duabus filiabas veniensque Cesaraugustam per clerum et populum et civis fuit solempniter receptus et festivatus et positum vexillum regale in cinborio sedis. Et subsequenter congregavit curiam in civitate Cesaraugustana et coram choro sedis ordinatum fuit maximum et altum cafatale, et barones sive nobiles et milites et proceres et civis civitatum et villarum regni Aragonie prestiterunt sibi homagium et fidelitatem, premissa tamen arenga pro parte regnicolarum, quam fecit reverendus pater dominus Dominicus Ram, episcopus Oscensis, qui dudum fuerat prior sedis Cesaraugustana. Demum comitem Ripacurcie erexit in ducem Gandie.22. En Zaragoza, en la Seo, es recibido y agasajado por el clero, el pueblo, los ciudadanos. Y posteriormente reunió, en esa misma ciudad, cortes,23 prestándole homenaje y fidelidad los nobles, los caballeros y los próceres. Domingo Ram, obispo de Huesca en ese momento, antes prior de la sede cesaraugustana, fue el encargado de pronunciar un discurso en nombre de los habitantes del reino. El relato de la crónica no hace ninguna mención al papel de compromisario que Domingo Ram había desempeñado. Pasa luego a narrar el nombramiento del conde de Ribagorza como duque de Gandía, título que había quedado vacante por la muerte de su titular, que había sido uno de los aspirantes al trono, según relata el propio Martín de Alpartir; a este respecto no da ninguna explicación más. En el año 1413 anota que un gran número de prelados y nobles de Castilla se congregaron en la ciudad de Zaragoza para honrar la coronación del nuevo rey de Aragón, Fernando: MCCCCXIII prelati et nobiles regni Castelle in maximo numero congregati fuerunt in civitate Cesaraugustana pro honorando coronacionem illustrissimi Ferdinandi regis Aragonie noviter regnantis.24. No obstante, según exponemos a continuación, ésta no tuvo lugar hasta el año siguiente. 6. La Coronación de los Reyes. Un tema al que presta interés nuestro cronista es a la coronación de Fernando I, con la concesión de una serie de títulos a sus hijos varones en la misma ceremonia —destaca el nombramiento de su primogénito Alfonso como duque de Gerona—, y a la coronación de la reina, su mujer. Debido a los problemas que se originaron con los partidarios del duque de Urgel, esta ceremonia no se realizó hasta el año 1414; precisamente nuestro cronista, que no menciona los sucesos con el conde de Urgel, inicia dicho año con la coronación, insistiendo previamente en la filiación del rey y señalando su parentesco con los reyes aragoneses que le precedieron. Así, señala su nacimiento y el de su hermano Enrique, rey de Castilla, de doña Leonor, hija del rey Pedro IV de Aragón y hermana de Juan I y Martín I, que sucesivamente ocuparon el trono de Aragón a la muerte de su padre, y que ninguno de ellos dejó hijos varones a su muerte: MCCCCXIIII serenissimus Dominus Ferdinandus, frater Henrici Regis Castelle, qui nati fuerunt a domina Leonore, filia christianissimi Petri Regis Aragonum, sorore inclitorum Iohannis et Martini, qui post mortem patris eorum, domini Petri predicti, successive fuerunt reges Aragonie, qui mortui fuerunt sine liberis masculis, coronatus fuit.25. Tras estas palabras, con las que desea mostrar la legitimidad del rey, señala que la coronación se realizó en la Seo de Zaragoza, el domingo día 11 del mes de febrero, siendo Domingo Ram, en ese momento obispo de Huesca, el que introdujo al rey en la coronación, al estar vacante la sede de Zaragoza: Coronatus fuit in sede Cesaraugustana, in regem Aragonie, die dominico XI mensis febroarii, sede vacante, inductum per reverendum patrem dominum Dominicum episcopum oscensem, invitatus per Martinum de Alpartil, priorem et capitulum ecclesie Cesaraugustane, cum protestaciones tamen futuri archiepiscopi Cesaraugustani et dignitatis archiepiscopalis preindicio, cuy protestacioni expresse consensito predictus Dominus Oscensis episcopus, et inde confectum fuit publicum instrumentum per Ferdinandum de Sancto Petro, notarium capituli.26. La sede cesaraugustana efectivamente seguía vacante desde la muerte de su titular, el arzobispo don García Fernández de Heredia, hecho al que me he referido antes, por lo que se dice que es invitado el obispo de Huesca, Domingo Ram, por Martín de Alpartir, precisamente nuestro cronista, que en ese momento era prior y capítulo de la iglesia de Zaragoza, cargo que con anterioridad había ocupado el propio obispo Domingo Ram, como se ha visto antes, y que había dejado vacante al ser promovido al obispado oscense. El notario del Capítulo, Fernando de San Pedro, confeccionó un instrumento público con las protestaciones pertinentes sobre los derechos del futuro arzobispo de Zaragoza y la dignidad arzobispal, ya que es al arzobispo de Zaragoza al que le hubiese correspondido llevar a cabo los actos realizados por el Obispo de Huesca. Martín de Alpartir no menciona la presencia de ningún otro prelado, según se ve en otros autores, así Zurita además de citar a Domingo Ram nos cuenta cómo el rey el día de su coronación iba en procesión entre el arzobispo de Tarragona y los obispos de Barcelona y Segovia.27 La crónica anónima incompleta del reinado de Fernando I da un listado más extenso, aunque no nombra al obispo de Barcelona28 y también dice algo que no concuerda con las fuentes que analizamos y es que fue el arzobispo de Tarragona quien ungió, consagró y coronó al rey: Y hasta dos horas después de dicho esto, el rey fue ungido de olio bendito y consagrado y coronado por la mano del arçobispo de Tarragona.29. Precisamente, la Crónica de Alpartir narra cómo el rey tomó él mismo la corona del altar y se la colocó sobre su cabeza, y, asimismo, cómo cogió el pomo y el cetro: Coronam recepit rex memoratus de altari et capiti suo inpossuit. Similiter recepit pomum et ceptrum de altari et ad sedem suam, que erat in dextera, cum predictis insignibus ressedit.30. Tanto la corona como el pomo y el cetro son símbolos de la monarquía y el que sea el propio rey el que los toma del altar y él mismo se imponga la corona, es propio del ceremonial que se da en la coronación de sus antecesores los reyes de Aragón; así se observa en el Ceremonial de Consagración y Coronación de los Reyes de Aragón de su abuelo Pedro IV el Ceremonioso, donde sobre la corona se lee: E aquesta oración dita el prenga la corona de sobre 1 un altar e éll mismo pósela en su cabeça sin ayuda de otra persona.31. Y sobre el cetro y el pomo dice: E preso el centre por el rey e dita la oración de suso scrita, el rey prenga el pomo d oro de sobre l altar, el qual tienga en la mano ezquerra. E demientres el rey prenderá el pomo, el arceuispe diga las oraciones.32. En la misma ceremonia de su coronación, el rey —según nuestro cronista—, nombró a su hijo primogénito, Alfonso, duque de Gerona y conde de Cervera; a su segundo hijo, Juan, lo hace duque de Peñafiel; y a otros dos hijos varones, que eran el uno maestre de Santiago y el otro maestre de Alcántara, los nombró caballeros: Eodem ora et die primogenitum suum Alphonsum creavit ducem Gerundensem et comitem Cervarie, secundum filium Iohannem fecit ducem de Penyafiel, duos alios, scilicet magistrum de Sant Yago et magistrum del Alcantara creavit milites.33. Así pues, a su hijo mayor, Alfonso, le concede el título que era propio del heredero de los reyes de Aragón, el de duque de Gerona, que llevaba unido el de conde de Cervera; aparece el título de duque porque hasta el año 1416 no pasó a denominarse oficialmente príncipe de Gerona, como será llamado en lo sucesivo. Efectivamente, como consecuencia de la evolución que se da en la Corona de Aragón, en el año 1351 Pedro IV creó el título de duque de Gerona, que concedió a su hijo varón, Juan, siguiendo el ejemplo de otras monarquías europeas; así de Inglaterra, donde se concedió al primogénito del rey el título de príncipe de Gales; en Francia, el heredero toma el título de Delfín o príncipe de Viennois; en otros reinos de la península, sucede algo similar: en Castilla se crea en 1388 el título de Príncipe de Asturias; y en Navarra en 1423, aparece el título de Príncipe de Viana para el heredero al trono. El documento oficial por el que se crea el principado de Gerona no se extiende hasta febrero del año 1416, por tanto, sólo unos meses antes de que su titular, Alfonso, lo dejase vacante al recibir la corona por la muerte de su padre, el rey Fernando I.34. Jerónimo Zurita le denomina también príncipe de Gerona, pero tiene en cuenta que antes era duque de Gerona, y al igual que Martín de Alpartir, considera que fue nombrado como tal el mismo día de la coronación, cuando también se dio el título de duque de Peñafiel al segundo hijo del rey, Juan, aunque no hace referencia a los otros dos hijos de Fernando I. Así narra los hechos Zurita: Comenzándose a celebrar la misa tomó el rey del altar una corona de extraña riqueza que él mando labrar para su coronación y púsola sobre su cabeza; y tomó el cetro y pomo real. Y estando en su trono llegó el infante don Alonso y … dióle la paz y título de príncipe de Girona por su primogénito, como antes se llamaba duque; porque ya en el reino de Castilla y León se había dado al sucesor en el reino el título de príncipe de Asturias a imitación del reino de Inglaterra, porque en él al heredero que sucedía en el reino llamaban príncipe de Gales, de donde vino ese título. […] Con la misma ceremonia hizo el rey duque de Peñafiel al infante don Juan su segundo hijo.35. Lorenzo Valla señala que, tras finalizar la guerra, el rey se dirigió a Zaragoza para recibir la corona real. Resalta que su coronación, realizada de forma esplendida y con gran boato, fue feliz por el hecho de que los cinco hijos de Fernando I estuvieron presentes: […] resaltaba la felicidad del momento el que los cinco hijos estaban al lado de su padre; de ellos, el del medio, en medio de la expectación de todos los asistentes, antes de que su padre fuera uncido con el crisma real, le ciño la espada de caballero, como dando a entender ante todos que gozaba de aquella dignidad ya que era maestre de la Orden de Santiago.36. Lorenzo Valla, por otro lado, denomina al título de Alfonso, el primogénito del rey, como príncipe de Gerona, y considera que se hace el nombramiento al día siguiente de ser ungido y coronado el monarca: […] el rey fue ungido y coronado por el obispo de Huesca, pero haciendo las veces de arzobispo, ya que la sede de Zaragoza estaba vacante […] Al día siguiente nombra a su hijo primogénito, Alfonso, Príncipe de Gerona, dignidad que corresponde al hijo que ha de suceder a su padre en el trono.37. Este autor sólo cita el nombramiento del primogénito Alfonso y no tiene en cuenta ni la concesión del título de duque de Peñafiel al segundo hijo del rey ni el nombramiento de caballeros a los otros dos hijos; incluso presupone que otro de sus hijos, el maestre de Santiago, ya era caballero. La coronación de la reina, a la que Martín de Alpartir designa por su título de condesa de Alburquerque, se narra en la Crónica a continuación de los hechos que se acaban de mencionar de la coronación del rey: Die mercurii sequenti, mense et anno predictis comitissam de Alburqueque, matrem filiorum predictorum, reverendus pater Dominus episcopus Oscensis, invitatus eciam et cum protestaciones, unxit in reginam Aragonie. Et rex, stans in sua sede cum corona, pomo et ceptro, sicut die sue coronacionis paratus, ipsam reginam propriis manibus coronavit et pomum et ceptrum in manibus regine posuit, et sic in sede propria in parte sinistra collocata fuit.38. Esta ceremonia, según era costumbre en Aragón, se realizó un día distinto de la coronación del rey, en concreto se llevó a cabo el miércoles, día 13 de febrero, de 1414. Fue el obispo de Huesca, también con las protestaciones oportunas, el que ungió a la reina;39 y como es propio del ceremonial, fue el propio rey, con la corona, el pomo y el cetro, según los llevaba el día de su coronación, quien puso la corona a la reina y le entregó en sus manos el pomo y el cetro; el rey, como se menciona en el texto anterior, se situaba a la derecha y la reina se colocaba a la izquierda. Ni la Crónica incompleta del reinado de Fernando I de Aragón ni Lorenzo Valla hacen mención a la coronación de la reina, siendo contada muy brevemente por Jerónimo Zurita, que señala: El martes y el miércoles siguiente se celebró la fiesta de la coronación de la reina doña Leonor con las mismas insignias y ceremonias, salvo que la coronó el rey con la corona que trajeron de Castilla.40. Jerónimo Blancas dice no tener noticias de cómo se realizó y narra, según parece, lo dicho por Zurita: Los días siguientes de Martes, y Miércoles se celebró la fiesta de la coronación de la Reyna Doña Leonor muger del Rey. Y no hallo escrito en que manera. Solo se escribe, que al coronarla el Rey su marido le puso en la cabeça la Corona, que como arriba se notó, fue la que le embió la Reyna de Castilla.41. A esta corona parece hacer alusión la Crónica incompleta del reinado de Fernando I, la cual, al señalar que el diez de enero de 1414 el rey partió de Lérida a Zaragoza para coronarse allí según la costumbre de sus antepasados, dice así: Sabiendo esto la reyna doña Catalina de Castilla, su cuñada, enbióle con dos criados suyos una corona de oro, que pesaba hasta quinze marcos, y avía en ella muchos diamantes y rubís y esmeraldas y çáfires y perlas muy gruesas y de mucho vallor. Y enbióle a decir que le enviaba aquella corona, porque con ella se avían coronado el rey don Juan de Castilla, su padre, y del rey don Anrrique su señor y marido.42 7. La sustracción de la obediencia a Benedicto XIII. Muerte de Fernando I. El reinado del rey Fernando I fue breve y, además de lo ya mencionado, poco es lo que nuestra Crónica dice sobre él. Martín de Alpartir narra una serie de hechos en los que intervienen Benedicto XIII, Fernando I y Segismundo, emperador de los romanos y rey de Hungría, relacionados con el cisma; el cronista muestra al Papa Luna defendiendo sus derechos al papado y convencido de tener dichos derechos.43 Después de estos acontecimientos, se narra escuetamente que Fernando I se sustrajo de la obediencia del papa Benedicto XIII: MCCCCXVI, die epiphanie, Dominus rex Ferdinandus Aragonie subtraxit se ab obediencia domini Benedicti pape XIII, quam eadem die fecit publicari in Perpiniano per reverendum dominum magistrum Vincencium Ferrer in fine sermonis.44. Así pues, Vicente Ferrer fue quien se encargó de hacer pública esta sustracción en Perpiñán el día de Reyes del año 1416. A este personaje se refiere en otras ocasiones el autor de la crónica que lo presenta como un santo, pero nunca menciona su papel de compromisario, según se ha apuntado más arriba. A pesar de la importancia que tuvo Benedicto XIII en la elección de Fernando como rey, Martín de Alpartir no hace ningún juicio de valor sobre esta sustracción y, a continuación, narra la muerte de Fernando. De nuevo, el relato conduce a una de las características más sobresalientes de la crónica: la actuación de la providencia divina hace que todos los enemigos de Benedicto XIII mueran antes que él.45 Tampoco hace ningún comentario a la muerte del rey, acaecida en Igualada el 2 de abril de 1416, sino que narra la noticia escuetamente:46. Eodemque anno post dictam subtraccionem obediencie predictus rex de hac valle misserie sublatus fuit apud Aquam Latam, secunda die aprilis.47. A continuación menciona la sucesión en el reino de su hijo primogénito Alfonso y el hecho de que nunca restituyó la obediencia al papa Benedicto XIII: Demum predicti regis serenissimus Dominus Alphonsus, eius primogenitus, succedens in regno, sequens vestigia patris, nunquam restituit obedienciam pape Benedicto XIII.48 8. Conclusiones. El cronista aragonés Martín de Alpartir, tras mencionar en el capítulo XIX de la obra analizada la muerte de Martín I, no dedica una gran extensión a los acontecimientos relacionados con el Compromiso de Caspe y el reinado de Fernando I de Aragón. Estos sucesos se incluyen en el capítulo XX, el último de la crónica, donde no son presentados los sucesos siguiendo la cronología de año tras año, a modo de anales, como hace en los capítulos anteriores. A pesar de la brevedad con que son tratados estos acontecimientos, no hay duda de que proporciona una serie de datos concretos muy interesantes y, en ocasiones, muy cercanos con respecto al autor, Martín de Alpartir, tanto por el lugar como por el tiempo. Sirva de ejemplo el lugar donde fue asesinado el arzobispo de Zaragoza, cercano a Alpartir, de donde era originario el cronista, o la actuación del obispo de Huesca Domingo Ram en la coronación de los reyes, propiciada, según dice la crónica, por la invitación del propio Martín de Alpartir, entonces prior y capítulo de la iglesia cesaraugustana. En su conjunto, toda la narración realizada posee, sin duda, un enorme interés historiográfico. Efectivamente, aunque no presente directamente a Benedicto XIII como artífice de la elección de Fernando I como rey de Aragón, señala que fue iniciativa suya la reunión de Caspe, celebrada a modo de un cónclave papal. Nuestro cronista insiste en que la elección de Fernando I en el compromiso de Caspe estuvo amparada legítimamente por su parentesco con los reyes de Aragón, siendo su madre, hija de Pedro IV y hermana de Juan I y de Martín I, la que le transmitió este derecho y a ello se refiere en varias ocasiones. La coronación se realizó en Zaragoza, siguiendo el ceremonial de las coronaciones de los monarcas aragoneses anteriores y, precisamente, fue la última que se hizo de esta forma, lo que da una mayor legitimación a todo el proceso de elección. En esa misma ceremonia fue nombrado duque de Gerona —título que posteriormente fue el de príncipe de Gerona—, a su hijo primogénito y heredero, Alfonso, quedando así asegurada la continuidad de la dinastía en unos momentos en que se habían producido muchas dificultades en la sucesión al trono, como ya sucediera anteriormente con el fallecimiento de Alfonso I el Batallador. Además, junto a su primogénito se hallaban presentes cuatro hijos varones y dos hijas; de los varones, el rey nombró a su segundo hijo conde de Peñafiel e hizo caballeros a otros dos. De las otras noticias, el relato destaca lo referente a la muerte del arzobispo de Zaragoza que, en opinión del cronista, fue perpetrada por los hombres de don Antón de Luna, discrepando de lo escrito en otras crónicas que sostienen que fue el propio don Antón de Luna quien intervino en dicha muerte. Esta muerte resultó muy significativa en el proceso electivo, al influir negativamente en las pretensiones al trono del conde de Urgel. Y no hay que olvidar que tanto Antón de Luna como Fadrique, hijo ilegítimo de Martín, rey de Sicilia, pertenecían a la familia del Papa Luna; por ello, en la perspectiva del cronista a la hora de elaborar el relato, no tiene el mismo significado que el propio don Antón aparezca como participante en la muerte del arzobispo o que el asesinato quede atribuido a sus hombres. Finalmente, el cronista no hace ningún comentario a la sustracción a la obediencia del Papa Luna por parte de Fernando I; después de relatarla, ya sólo narra escuetamente la muerte del monarca y la posterior elección de su hijo Alfonso como rey de Aragón, anotando que continuó dicha sustracción. Referencias bibliográficas. Acta curiarum regni Aragonum T. VIII, Cortes del reinado de Fernando I (2009), edición a cargo de G. Navarro, Zaragoza, Grupo C. E. M. A., Gobierno de Aragón. Agudo Romeo, M.ª del Mar (2000), «El providencialismo en la Cronica actitatorum temporibus Benedicti XIII pape de Martín de Alpartir», Aragón en la Edad Media, 16: 1-14. Agudo Romeo, M.ª del Mar (2002), «Una fuente de los Anales de la Corona de Aragón de Jerónimo Zurita: la Cronica actitatorum temporibus Benedicti XIII pape de Martín de Alpartir», en José María Maestre, Luis Charlo y Joaquín Pascual (coords.), Humanismo y pervivencia del mundo clásico. Homenaje al profesor Antonio Fontán. Vol. III. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
FERNANDO, ABAD DE MONTEARAGÓN, Y FERNANDO SÁNCHEZ, HIJOS DE JAIME I, Y EL MONASTERIO DE SANTES CREUS.: FERDINAND, ABBOT OF MONTEARAGON, AND FERDINAND SANCHEZ, SONS OF JAIME I, AND THE SANTES CREUS MONASTERY.
fERnAndo, AbAd dE MontEARAgÓn, y fERnAndo sánCHEZ, HIJos dE JAIME I, y El MonAstERIo dE sAntEs CREus. FERDINAND, ABBOT OF MONTEARAGON, AND FERDINAND SANCHEZ, SONS OF JAIME I, AND THE SANTES CREUS MONASTERY stefano M. Cingolani. Resumen: En este artículo se estudia la figura casi desconocida, menor pero importante, de un hijo ilegítimo de Jaime I, rey de Aragón: fernando, abad de Montearagón, y se localiza el emplazamiento de su tumba y de la de fernando sánchez. Abstract: this paper study the almost unknown figure, minor but important, of an illegitimate son of James I, king of Aragon: ferdinand, abbot of Montearagón, and establish his and ferdinand sanchez burial site. Palabras clave: Aragón, Jaime I, fernando abad de Montearagón, Monasterio santes Creus, fernando sánchez. Keywords: Aragón, James I, ferdinand abbot of Montearagón, santes Creus Monastery, ferdinand sanchez. 1. Introducción la vida sexual del rey Jaime I y la numerosa prole ilegítima que generó han dado lugar a bastante bibliografía. uno de sus hijos ilegítimos ha pasado, sin embargo, casi desapercibido, quizás porque su madre no era de origen noble: se trata de fernando, que será nombrado abad de Montearagón en el año 1284. Aunque se conocen algunos documentos desde hace tiempo, pocas veces se hace referencia a él en la literatura historiográfica de los reinados de Jaime I o de pedro III, y, cuando eso ocurre es de forma muy limitada1 , a pesar de que en su breve vida fernando gozó plenamente de la confianza de su hermano, el rey pedro, e incluso del rey Alfonso $\mathrm { I I I } ^ { 2 }$ . uno de los motivos que más ha llamado mi atención ha sido, sobre todo, el problema del lugar en que fue enterrado. la extraordinaria riqueza de los registros de la cancillería real junto con ciertas dosis de paciencia me han permitido esclarecer muchos aspectos de su biografía y de sus relaciones con santes Creus, así como despejar algunas dudas sobre su sepultura, puesto que la tradición había emitido dos hipótesis totalmente opuestas y de las que, después de mis averiguaciones, puedo decir que son incorrectas. 2. familia de fernando y nacimiento la madre de fernando se llamaba genesia. la he encontrado citada por primera vez en un documento fechado en valencia el 20 de marzo de 1301, en el que el rey Jaime II, preocupado por la indigencia de la mujer, se dirige al Justicia de valencia para que no le cobre una sanción en la que había incurrido: Noveritis nos compacientes inopie quam Genesia, mater nobilis Fferdinandi, quondam abbatis Montisaragonum, patitur, remisisse eidem Genesie de gracia speciali quarti in qua ipsa incurrit racione retroclami facti contra eam per Petrum de Montemalo, vel eius procuratorem, de debito in quo ipsa Genesia est, ut dicitur, obligata eidem. Quare vobis dicimus et mandamus quatenus ab ipsa Genesia predictam penam minime exigatis, immo remissionem nostram sibi inviolabiliter observetis, restituendo eidem siqua pignora sibi racione predicta fecistis. Datum Valencie ut supra [XIIIº 2.- Hasta tal punto es así que a veces cuando aparece en algún estudio, se confunde con algún otro personaje. El caso más evidente es el de Josep trenchs Òdena, Documents de cancelleria i mestre racional sobre la cultura catalana medieval, barcelona, Institut d’Estudis Catalans, 2011, donde en el regesto del doc. 5 (valencia, $2 8 \mathrm { \ X I I \ 1 } 2 7 7$ , del que hablaré más adelante) aparece como Pere [Ferrandis d’Íxar], contra toda evidencia, ya que en el texto se dice claramente fernando y, además, pedro fernández en 1278 ya tenía aproximadamente cuarenta años y había participado en la Cruzada de 1269, elementos que harían extraño que fuera a estudiar a Montpelier; aparte, en el libro parece haber como una especie de obsesión por pedro fernández, ya que en publicar el documento (Archivo de la Corona de Aragón (ACA), Cancillería, reg. 58, f. 2v (Monreal, $1 8 \mathrm { ~ I ~ } 1 2 8 5$ , doc. 47)), en el que el rey pedro III encarga al merino de Zaragoza: «quod emat ad opus infantis dompni petri Doctrinale, Emberardum, Alexandrum et Tobiam et ipsos tradat fferdinando de tudela magistro dicti infantis», en el regesto se vuelve a atribuir a $\mathrm { ^ { d } }$ la orden real, cuando en primer lugar es difícil que el rey pedro comprara libros de iniciación de latín para un hombre de más de cuarenta años; en segundo lugar, el título de infante sólo se utiliza para hijos legítimos, y pedro fernández no lo era; y en tercer lugar, porque en la documentación este siempre aparece como Petrus Ferrandi y nunca solamente con el nombre o el apellido; de hecho, y como es evidente, se trata del infante pedro, tercer hijo varón del rey. kalendas aprilis anno Domini MºCCCº]. Petrus Martini ex peticione provisa in consilio3 . Años más tarde, el 20 de septiembre de 1306, el rey Jaime II todavía seguía interviniendo en favor de genesia, para que se hiciera efectivo el pago de una donación que la difunta reina madre Constanza le había hecho años atrás: Venerabili et religioso fratri Arnaldo Olibe, ministro Fratrum Minorum, et fideli suo Bernardo Çabaterii, civi et campsori Barchinone, et cetera. Intelleximus per Genesiam, matrem venerabilis Fferdinandi, patrui nostri quondam, quod nondum est sibi satisfactum de illis mille solidis regalibus quos illustrissima domina Constancia, regina Aragonum bone memorie mater nostra, sibi dari et solvi mandavit de gracia, et quos Çerviano ça Riera, quondam, nomine dicte Genesie, ipsa domina regina solvi mandaverat cum litera sua directa Lapo Iandoni, baiulo dicte domine regine, et de quibus, ut constat per litteram inde factam, nec eidem Genesie nec ipsi Cerviano fuit de dicta quantitate in aliquo satisfactum. Quapropter vobis significamus quod placet nobis et volumus quod, de peccunia manumissorie predicte domine regine que est penes vos, satisfaciatis in dictis mille solidis memorate Genesie, et ab ipsa predictam litteram directam ipsi Lapo Iandoni et presentem recuperetis facta solucione cum apocha de soluto. Datum Barchinone XIIº kalendas octobris anno predicto [MºCCCºVIº]. Bernardus Maioris mandato regio facto per Petrum Marci4 . Esta donación de la difunta reina Constanza, de la que desconocemos la fecha, demuestra no sólo la confianza que habían depositado en fernando los reyes pedro III y Alfonso III, sino también que la corte debía tener en cierta consideración a genesia, quizás por su religiosidad, si nos atenemos a la profunda piedad de la reina madre. no he encontrado otras noticias fehacientes de genesia, portadora, por cierto, de un nombre muy poco común. de hecho, nunca aparece en los índices onomásticos de Martínez ferrando relativos a los reinados de Jaime I y pedro III, ni en los cuatro volúmenes de documentos valencianos del reinado de Jaime I publicados por el padre burns5 . Enric guinot señala un documento, no registrado por Martínez ferrando, y fechado en valencia el 7 de mayo de 1278, en el que el rey pedro declara a Ramón Hug que le pagará 1.500 sueldos reales de valencia que le adeudan Jaime de santa Mera y genesia: dominus Iacobus, inclite recordacionis pater noster, eis debebat, quos quidem mille et $D$ solidos assignabimus vobis habendos et percipiendos in redditibus tabule nostre pensi Valencie tempore quo solveramus debita dicti patris nostri6 . pero no es ésta la primera vez que se menciona a la pareja: ya en un documento fechado en perpiñán el 16 de abril de 1269, el rey Jaime reconoce que aún le falta por pagar a Jaume de santa Mera y a su esposa genesia 4.000 sueldos valencianos de los 8.000 que les había prometido con motivo de su matrimonio, y se los asigna de las rentas del castillo de segaria7 . Ahora bien, aunque no hay seguridad alguna, formularé una hipótesis al respecto de esta genesia, esposa de Jaume de santa Mera de Alcira, que aparece en otras ocasiones, sobre todo después del fallecimiento de su marido y aproximadamente en los mismos años en los que se registra la presencia de otra genesia madre de fernando. una primera noticia la tenemos el 8 de septiembre de 1290, cuando el rey Alfonso, intuitu pietatis et ob remedium anime nostre et parentum nostrorum, le concede una renta vitalicia de 60 maravedís de oro —equivalentes a 540 sueldos reales de valencia— sobre la carnicería de Alcira8 . El 18 de noviembre de 1300, desde valencia, el rey Jaime II, dirigiéndose al justicia y jurados de valencia y Alcira, renueva el privilegio —que ya le había concedido a genesia y a su marido de por vida— de no tener que pagar peyta, questia, cena et redempcione exercitus et cavalcate9 . la orden no se hizo efectiva ipso facto, puesto que el 12 de junio de 1302, desde lleida, el rey, dirigiéndose al procurador del reino de valencia, le ordena restituir a genesia aquello que los recaudadores de impuestos le habían cobrado injustamente, porque ella habet franchitatem a predecessoribus nostris et nobis, et quod nos ea que huiusmodi franchi debent solvere in exaccionibus regalibus, ex privilegio concesso hominibus regni Valencie, debeamus, ut dicitur, in compoto nostro recipere10. la orden no se hizo efectiva tampoco en esta ocasión, porque un año más tarde vemos a la misma genesia recurrir directamente al rey, mientras éste se encontraba en valencia, para quejarse del justicia y de los jurados de Alcira. El mismo rey les recuerda contra franquitatem et immunitatem eidem et dicto viro suo concessa a peytis et aliis exaccionibus regalibus per excellentissimum dominum regem Iacobum, recolende memorie avi nostri, cum carta sua, pignorastis eandem Genesiam et pignoratam tenetis11. se descubre así que, más allá del privilegio de exención general que disfrutaban los súbditos del reino de valencia, el rey Jaime I le debía a genesia una suma considerable de dinero. la mujer disfrutaba, en definitiva, de un privilegio personal y especial emanado directamente del monarca. sin embargo, las ayudas económicas del rey a genesia no acaban aquí, porque sabemos que en una fecha sin determinar, posiblemente en 1301, Fforen pagats a na Genesa DCCCC solidos dels diners del cabeçatge de València e ha-n’i àpocha. 12 todo ello deja entrever un trato especial a esta mujer, lo que me permite suponer —pese a no disponer de ningún elemento seguro— que ambas genesias son una única persona, y que los privilegios y atenciones reales se deben, precisamente, al hecho de que se trata de la madre de fernando13. Hay distintos elementos que nos conducen en esta dirección: en primer lugar, un nombre tan poco común como el de genesia, que sólo he detectado en estos dos casos; en segundo lugar, el hecho de que en los registros de la cancillería de la época no se suela hablar de personas comunes, sin vinculación con la Casa Real, que no sean nobles o funcionarios; en tercer lugar, tanto la donación del rey Jaime por su boda —beneficio recibido casi en exclusiva por funcionarios de la corte o personas muy próximas al rey— como las de la reina Constanza y la del rey Alfonso —hecha esta última, además, por la salud de su alma y la de sus parientes—, así como el trato especial que le reserva Jaime II. toda una serie de elementos a tener en cuenta que me llevan a creer que ambas mujeres son una sola. Además, tenemos constancia que son frecuentes atenciones similares a otras madres de ilegítimos tanto por parte del rey Jaime I como de pedro III e incluso del rey Jaime $\mathrm { I I ^ { 1 4 } }$ . si se pudiera confirmar la identidad común de ambas genesias —cosa que me parece más que probable—, se podría proponer, incluso, una fecha para la concepción de fernando, ya que el rey Jaime, entre finales de los años 1250 y primeros de los años 1260 —posibles fechas del nacimiento de fernando— aparece documentado en Alcira únicamente entre los días 21 y 24 de febrero de 126115. A pesar de todo, esto no deja de ser una hipótesis, ya que aparentemente, para diferenciar a las dos mujeres, se dice de una que había sido la madre de fernando, hermano del rey pedro, y de la otra que había sido la esposa de Jaume de santa Mera. En cualquier caso, es en esta época en la que habremos de fijar aproximadamente el nacimiento del futuro abad de Montearagón, porque en el año 1277 ya lo encontramos estudiando en Montpelier. la relación del rey Jaime con genesia parece puntual, —lo que no es de extrañar teniendo en cuenta el origen social de la mujer— y presenta más puntos de contacto con las relaciones de su hijo pedro con Muñina de daroca, madre de Juan benet16, y con María pérez de logroño, madre de sancho, que con las otras amantes que conocemos del Conquistador. de hecho, prácticamente todas sus relaciones extramatrimoniales fueron con damas de la nobleza: basta recordar a Aurembiaix de urgell, blanca de Antillón, guilleuma de Cabrera, berenguera fernández, berenguera Alonso o sibília de saga (esposa del hijo de guilleuma de Cabrera), además de teresa gil de vidaure, de duración más o menos similar. la única excepción, al menos en apariencia, en cuanto al origen social es la de la leridana Elvira sarroca, aunque no en lo que respecta a la duración, ya que se le atribuyen dos hijos con ella, Jaume sarroca y pere sarroca o del Rey (éste último aparecerá más adelante relacionado con fernando); el primero, canciller y obispo de Huesca, y el segundo, obispo de lérida, garantizan que la relación duró cierto tiempo, aunque coexistió con otras17. por otro lado, se detecta cierta semejanza entre fernando y los supuestos hijos de Elvira sarroca: los tres fueron objeto de preocupación para el monarca, que les procuró una carrera eclesiástica. 3. fernando, estudiante en Montpelier y en parís, e informador del rey pedro de hecho, el primer documento en el que aparece el dilecto nostro Fferrando, filio illustrissimi domini regis inclite memorie patris nostri, es una carta del rey pedro III, fechada en valencia el 28 de diciembre 1277, dirigida al mercader de pistoia giovanni galandeschi, a quien el rey pide que entregue a fernando 4.000 sueldos de Melguelh scilicet mille solidos pro libris et tria mille solidos pro expensis suis unius anni, que tria mille solidos solvatis et detis ei non simul omnes, set per partes prout sibi fuerint necessarii, porque su hermanastro está estudiando en Montpelier18. parece ser que fernando no fue a Montpelier para estudiar medicina, sino que éste fue un paso previo —posiblemente realizando allí los estudios del trivium y del quadrivium—, hacia su destino final, parís, para cursar teología. El rey pedro se beneficia con frecuencia de los servicios del mercader de pistoia, con el fin de proporcionar dinero a su hermanastro. por una carta del rey del 31 de julio de 1278 sabemos que fernando fratri nostro ya se encuentra en parís, y que el rey pide a giovanni galandeschi que le dé 10.000 sueldos de tours. El 25 de octubre se dirige nuevamente a él para que pague 100 libras de Melguelh por unos gastos que había tenido ad parandum se causa eundi Parisius ad scolas y otras 300 libras de tours en parís19. Es posible, como se puede comprobar, que la estancia de fernando en parís no se deba exclusivamente al hecho de querer proporcionarle a su hermanastro la formación adecuada para futuros cargos eclesiásticos de alto nivel. por otro lado, aparte del dinero que manda el rey darle para que pueda costearse sus gastos estudiantiles, fernando dispone también de algunas rentas sobre el monasterio de san vicente de valencia, dependiente de san victorián de sobrarbe20. la primera noticia que hay de estas rentas aparece el 23 de marzo de $1 2 8 0 ^ { 2 1 }$ . Más adelante, se especifica que se trata de la cesión a berenguer de Conques, portero del monasterio, por parte del rey y de fernando, de omnes redditus, exitus, censualia et universa alia iura que domus Sancti Vincencii Valencie habet et habere debet in Valencia, et in Quart et in Castilione et in quibuslibet aliis locis, preter castrum de Chirello et villam de Cortes que excipimus ab hac vendicione por dos años y a cambio de 10.000 sueldos reales anuales. berenguer, además, tendrá que provideris clericis, porcionariis et servitoribus dicte domus et infermis hospitalis eiusdem bene et condecenter, prout ordinatum est per dominum Iacobum, et cetera, et actenus est fieri consuetum, per totum dictum tempus, et provideas similiter abbati Sancti Victoriani in expensis suis semel in anno quando eum venire contingat ad domum Sancti Vincencii predictam racione visitacionis22. Estas mismas rentas, cuando fernando sea nombrado abad de Montearagón, el rey Alfonso se las cederá a pere sarroca no sin cierta resistencia por parte de fernando23; a cambio, le otorgará 10.000 sueldos sobre las rentas reales de Alfàndec de Marinyén24. según parece la estancia de fernando en parís fue costosa, unos gastos que se vieron incrementados porque no siempre se hicieron efectivos los pagos ordenados, de ahí que el 3 de marzo de 1282, desde barcelona, el infante Alfonso ordenara al baile real por Cataluña, guillem sarroca, lo siguiente: Cum dominus rex pater noster mandaverit vobis per litteris suis quod in baiulia Barchinone et aliorum locorum convicinorum assignaretis venerabili et dilecto nostro Fferrando, fratri dicti domini regis patris nostri, Parisius studenti, viginti milia solidos turonenses habenda et percipienda quolibet anno in ipsius redditibus, computatis tamen in eis decem milibus solidis regalium, quos idem Fferrandus quolibet anno recipit et recipere debet ab abbate monasterii Sancti Victoriani. Idcirco mandamus vobis quatenus illud quod necessarium fuerit ad quantitatem predictam viginti milium solidorum turonensium, computat[i]s tamen et deductis dictis decem milibus solidis regalium, detis et [sol]vatis visis presentibus dicto Fferrando vel Marssupino Clarenti, mercatori pistoriensis, procuratori suo, loco dicti Fferrandi, pro anno preterito. Nec diferatis ei facere dictam solucionem pro eo quia non hostendit vobis litteram domini regis factam vel vobis videretur faciendum et ipsi observarent in eo decretum nostrum. nos vero, habita super predictis deliberacione et diligenti cercioratus cum consilio nostri, decrevimus dominum petrum de Rege [for]e mitendum seu reducendum in corporalem possessionem dicte ville de Castilioni et iurium ac pertineciis eiusdem sicut de alii[s] locis eiusdem dom[us sancti vi]ncencii, ipso faciente iusticie complementum. Quare mandamus nunc vobis quatenus dicto petro de Rege obediatis [...] et faciatis etiam sibi homagium et respondeatis eidem vel cui voluerit loco sui de cetero de [red]ditibus, proventibus et aliis iuribus videlicet de Castilione et terminorum ac [...] eiusdem ville [ut] domino et priori [s]ancti vincencii»; ibíd., reg. 63, f. 52v (9 ii 1286), dirigido a los mismos, en qué se les ordena que respondan a fernando de todos sus derechos hasta el momento de la cessión a pedro sarroca; ibíd., reg. 63, f. 53v $1 0 \mathrm { ~ I ~ I ~ } 1 2 8 6$ ) donde el rey ordena a todos los clérigos y laicos de sant vicente y a los habitantes de Quart que «obedi[a]tis de cetero in omnibus et per omnia venerabili petro de Rege, s[a]- criste Ilerde et priori domus sancti vincencii, tanquam domino et priori dicte domus»; y el mismo día, ibíd., reg. 63, f. 53v, ordena a Rodrigo Jiménez de luna, procurador del reino de valencia, que defienda a pedro sarroca en la toma de posesión del priorato. 24.- «noverint universi quod nos Alfonsus, et cetera, in emendam et restitucionem ville Castilionis campi de bur[r]iana quam vos venerabilis et dilectus avunculus noster dompnus fferrandus, abbas Montisaragonum, habebatis et tenebatis ex concessione abbatis et conventus monasterii sancti victoriani pro decem mille solidis barchinone, quos recipere debebatis super redditibus domus sancti vincencii valencie, damus, concedimus et assignamus vobis dicto dompno fferrando dicta decem mille solidos regalium habenda et percipienda qualibet anno super redditibus et exitibus nostris vallis de Alfandech de Merinyen, ita quod ipsa X mille solidos habeatis et recipiatis de ipsis redditibus et exitibus et aliis iuribus nostris quolibet anno donec assumptus fueritis ad dignitatem episcopalem vel ingressus eritis religionem. Mandantes per presentem cartam nostram baiulis et procuratoribus nostris dicte vallis sive collectoribus dictorum reddituum et exituum et iurium nostrorum dicte vallis presentibus et qui pro tempore fuerit, quod dictos decem mille solidos solvant vobis vel cui volueritis de redditibus et exitibus et aliis iuribus nostris predictis quolibet anno sub forma superius comprehenssa. datum barchinone tercio kalendas marcii, anno domini MºCCºlXXXº quinto» (ACA, Cancillería, reg. 64, f. 11v). sibi de assignacione predicta, quoniam nos ipsam litteram recuperavimus quando predictam assignacionem sibi mutaverimus in baiulia Morelle25. y poco después, el 4 de mayo, el rey solicitaba la intervención del mercader, y futuro tesorero, Arnau sabastida, para que cum mercatoribus de societate vestra existentibus in Montispessulano et Parisius ordinetis et faciatis ut in proximo venturo festo sancti Michaelis solvatur pro nobis dictam quantitatem eidem germano nostro, et deinde annis singulis in eodem termino, requisita tamen in annis futuris consciencia nostra. Nos enim pro predictis viginti mille solidibus turonensibus dabimus et solvemus vobis cambium Barchinone, videlicet decem mille solidos Barchinone in redditibus domus Sancti Vincencii Valencie, et residuum vobis, ad voluntatem vestram, complebimus et solvemus [dicti termini]26. precisamente sabemos qué hacía fernando en parís en esta época, además de estudiar, ya que se conserva una carta suya destinada al rey Eduardo de Inglaterra, del 26 de mayo de 1282, mediante la cual, entre otras cosas, le comunica la rebelión de sicilia: Illustrissimo et victoriosissimo principi domino Edwardo, Dei gratia regi Anglie, Ferrandus, filius bone memorie regis Aragonum, humile manuum osculamen. Serenissime domine, de vestra magnifica liberalitate confidens, talia vestre celsitudini supplicare presumo, que meis meritis presumere non auderem. Hinc est quod cum Bertrandus de Cresuels, burgensis Montispessulani, usum mercandi in partibus regni vestri exerceat, cui, suis meritis et ipsius probitate multimoda, sim multipliciter obligatus, vestre regie maiestati humiliter supplico, quantum possum, quatinus dictum Bertrandum velitis habere, contemplatione mei, speciali gratie commendatum. Scio enim ipsum esse talem, quod in hiis, que vestre dominationi placuerint, conabitur esse gratus. Ad haec, domine, noveritis quod intellexi pro certo a quibusdam mercatoribus, qui de novo venerunt de Curia, quod papa pro certo in brevi veniet Massiliam; qui etiam pro certo dixerunt mihi quod quinque civitates Sicilie insurrexerunt contra regem Karolum et interfecerunt omnes gallicos habitantes in eis. Alia non narrantur Parisiis digna referri. Vigeat vita vestra in gratia summi Regis. Data Parisiis VII kalendas iunii $I M ^ { o } C C ^ { o } L X X ^ { o } I I ^ { o } J ^ { 2 7 }$ . Como sugerí con anterioridad, una de las misiones de fernando en la capital del reino de francia debía de ser la de servir de enlace con el monarca inglés —aliado, en teoría, del rey de Aragón—. por primera vez en Europa y a través de un comunicado al rey inglés, pedro III dará a conocer su intención de ir a sicilia. posiblemente fernando ejercerá también de informador de cualquier movimiento en la capital francesa28. sin embargo, teniendo en cuenta la compleja situación económica del rey —en plena organización de la campaña de sicilia—, no debía de ser nada fácil encontrar crédito y proveer de dinero a fernando. por esta razón, el 10 de julio de 1282 el infante Alfonso vuelve a escribir a giovanni galandeschi para que le anticipe 20.000 sueldos de tours que el rey le había asignado sobre las rentas de barcelona29. El 15 de noviembre el infante Alfonso escribe a los bailes Íñigo lópez de Jasa, de Aragón, a Ramon de Riusec, de valencia, y a guillem sarroca, de Cataluña, y les ordena que hagan llegar al dilecto nostro dompno Fferrando [...] quis studet Parisius el dinero que proviene de las rentas de san vicente hasta llegar a la asignación de 20.000 sueldos de tours anuales; parte de estos 20.000 sueldos se debían conseguir sobre las rentas de la bailía de barcelona. sin embargo, puesto que ésta carecía de dinero en efectivo, el infante le asigna 10.000 sueldos sobre la bailía de Morella30. si tenemos en cuenta que según parece los pagos ordenados por el rey y por el infante no se hicieron efectivos, la permanencia de fernando en parís generó cuantiosas deudas con prestamistas y mercaderes franceses. por eso, el 2 de enero de 1284, el rey ordena a pere de solivella quatenus de debitis et comandis mercatorum iurisdiccionis illustri regis Francie que sunt in iurisdiccione nostra Catalonie, que per vos colligi mandamus racione avinencie facte inter nos et ipsos mercatores, donetis et dari faciatis eidem dompno Ferrando vel eius loco Arnaldo Magoni in tabula Guilelmi Petri Dusay, campsoris Barchinone, viginti quinque mille solidos Barchinone pro solucione dictarum viginti quinque mille solidorum Turonensium31. Esta orden fue emitida cuando fernando ya había regresado a Cataluña porque, a causa de la orden de expulsión de francia de todos los súbditos del rey de Aragón, el 6 de octubre de 1283 lo encontramos de regreso en los dominios de su hermanastro, posiblemente en Cataluña32. El rey, desde Zaragoza, se dirige al justicia, al baile y a los otros oficiales del reino y les comunica que, teniendo en cuenta que el abad de san victorián de sobrarbe debe donar 10.000 sueldos reales cada año a fernando, a través de les rentas del priorato de san vicente de valencia, tienen que asegurarse de que el abad pague, si acaso no lo hubiera hecho todavía33. El 5 de febrero le vuelve a asignar 15.000 sueldos reales sobre las rentas de la bailía de Morella34, y el 15 de marzo le concede otros 5.000 sueldos reales sobre las rentas de Morvedre, como complemento, para llegar a los 20.000 sueldos35. 4. fernando abad de Montearagón. El 9 de agosto de 1284 fallece el abad Juan garcés de oriz, y la abadía de Montearagón queda vacante36. El día 30, el prior y los canónigos nombran a Jimeno pérez de gurrea, a quien el papa Martín Iv se niega a confirmar porque la Corona de Aragón estaba bajo pena de excomunión. sin embargo, al mismo tiempo, el 23 de octubre el rey pedro, desde tauste, informa del hecho al infante Alfonso y, teniendo en cuenta que non sit dubium ad reges Aragonie collaccionem abbacie prefate et ponendi atque instituendi abbatem in ipsa iure plenario pertinere, le dice que vaya y se ocupe personalmente de la cuestión del nuevo abad37. pedro ya había organizado por su cuenta el nombramiento de su hermanastro como abad, y el mismo día 23 se dirigía al mismo fernando38 y a Martín Iv, pidiéndoles una aprobación que nunca recibiría, por la misma razón por la que el papa no había confirmado anteriormente a Jimeno pérez de gurrea y por su animadversión hacia el rey de Aragón39. Al día siguiente, el 24 de octubre, el infante Alfonso, desde Zaragoza, enviaba una misiva a fernando casi idéntica a la que le había enviado el rey y, obedeciendo el mandato de su padre, escribía al prior y a la comunidad de la abadía para informarles de la elección de su tío, diciendo y ordenando: Quatenus dicto dompno Fferrando ut abbati abbacie predicte obediatis humiliter et omnem impendiatis reverenciam et honorem. Facientes eidem abbati nichilominus responderi de omnibus iuribus, redditibus atque proventibus abbacie prefate presentibus et futuris. Insuper eidem tradentes et tradi facientes bona omnia que superaverant post mortem Iohanni Garcesii abbatis quondam Montisaragonum memorati40. obediente al mandato paterno de hacerse cargo de la cuestión, el mismo 24 de octubre Alfonso escribía también al prior y al convento de Montearagón: Cum nos abbaciam Montisaragonum vaccantem per mortem Iohannis Garcesii quondam abbatis eiusdem contulerimus karissimo avunculo nostro dompno. Fferrando, dicimus et mandamus vobis quatenus dicto dompno Fferrando ut abbati abbacie predicte obediatis humiliter et omnem impendiatis reverenciam et honorem. Facientes eidem abbati nichilominus responderi de omnibus iuribus, redditibus atque proventibus abbacie prefate presentibus et futuris. Insuper eidem tradentes et tradi facientes bona omnia que superaverant post mortem Iohanni Garcesii abbatis quondam Montisaragonum memorati41. no está claro si el rey y el infante desconocían el nombramiento que había hecho el convento o sencillamente lo obviaron. Quizás se trate de esta segunda posibilidad porque, si no, no tendría demasiado sentido que el infante se dirigiera también a Íñigo lópez de Jasa, merino de Huesca y de barbastro, para que tradatis et tradi faciatis karissimo avunculo nostro dompno Fferdinando, abbati Montisaragonum, omnia iura omnesque redditus, exitus et proventus abbacie prefate Montisaragonum tam extantes quam futuros, et eidem de cetero tanquam abbati responderi faciatis ab omnibus qui aliquod tenent racione dicte abbacie de omnibus iuribus, censibus, tributis atque aliis redditibus et proventibus que pertinent et pertinere possunt ad abbatem Montisaragonum supradictum, eidem tradi ac solvi nichilominus facientes omnia bona que superaverint post mortem Iohannis Garcie abbatis quondam Montisaragonum prelibati, defendatis preterea ipsum et omnes suos procuratores in possessionem vel quasi possessionem omnium predictorum. se dirigía también al justicia, a los jurados, a los prohombres y a la universidad de Huesca para que dictum dompnum Fernandum tanquam abbatem abbacie predicte defendatis et manuteneatis in possessione vel quasi possessione tam dicte abbacie quam omnium iurium, reddituum atque proventuum pertinencium et spectancium ad abbatem abbacie predicte, et eidem vos vel quicumque vestrum pro dicta abbacia aliquid tenueritis respondetis de omnibus iuribus terre meritis ac proventibus et omnibus aliis de quibus abbati Montisaragonum consuevistis et tenemini respondere42. por las características de estas órdenes se deduce que el rey y el infante, conscientes de la elección de otro abad por parte de la comunidad de canónigos, ya habían enviado a Aragón a fernando; también salta a la vista que, previendo posibles dificultades, habían buscado la colaboración de la autoridad pública y de los habitantes de Huesca; y finalmente parece que, si actuaron así, es porque si fernando ya había tomado posesión de las rentas y de los derechos del monasterio, los canónigos se verían obligados a ceder y aceptarlo. la de fernando no era ni la primera elección de un abad de la familia real, ni la primera cuestionada: habían sido anteriormente abades: berenguer (1170-1204), hijo natural de Ramon berenguer Iv, y fernando (1205-1248), hijo de Alfonso II, elegido por voluntad real y en contra de frontancio, el candidato de la abadía (que no es mencionado en el obituario). por último, en el año 1258 Jaime I había intentado poner al frente de la abadía al infante sancho, pero el papa Alejandro Iv no aprobó tal designación43. El nombramiento de fernando como abad de Montearagón revela —si tenemos en cuenta la importancia de la abadía y la tensa situación con las uniones aragonesas— la profunda confianza que el rey tenía en su hermanastro, además de ser un paso hacia la ocupación de una silla episcopal. 44 posiblemente significaba tener a alguien de absoluta confianza en el reino y que, como ya hiciera en parís, en lo sucesivo serviría de enlace con el monarca para informarle de todo lo que acontecía entre los unionistas. Aunque la cosa no fue tan sencilla como se presumía, porque los canónigos, viendo la inutilidad de la intervención papal, instaron al arzobispo de tarragona a que anulara la elección de fernando45. Como hemos visto, parece ser que fernando se desplazó a Aragón y todo induce a pensar que sería hacia octubre del mismo $1 2 8 4 ^ { 4 6 }$ , y que fernando ejerció, al menos fuera del monasterio, alguna de las responsabilidades propias de un abad. Efectivamente, lo encontramos como testigo —donde figura con su cargo (don Ferran, Albat de Montaragon)— en las actas de la reunión de la junta unionista celebrada en Huesca el 10 de marzo de 1285, junto con Ermengol, conde de urgell, pere de Montcada y bernat de puigvert47. no obstante, en una junta anterior celebrada en Zaragoza, y formando parte de una de las infinitas reclamaciones contra el rey, los unionistas «rruegan e piden por merçe al senynor rey todos los rricos omnes e la Cort de Aragon» que devuelva «la posession de la abadia del monesterio de Mont Aragon a don Examen perez de gorreya, electo del dito monasterio», alegando privilegios y escritos papales que, contrariamente a lo que decía el rey pedro (y repetirán sus hijos Alfonso y Jaime), otorgaban a los canónigos el derecho de elección y a los monarcas tan solo su confirmación48. Asimismo, el rey mantuvo el pulso con las uniones aragonesas y, considerando su dudosa fidelidad y la posibilidad de que el ataque francés se dirigiera contra Aragón —como ya había sucedido en años precedentes—49, otorgó al abad fernando también funciones militares. desde el Coll de panissars, el 5 de mayo de 1285, el rey ordenaba a fray galceran de timor, maestre del Hospital: quod tradat castrum de Loarre dompno Ferrando, abbati Montisaragonum, pro quem dominus rex vult quod custodiatur dictum castrum et stabiliatur ad salvamentum domini regis et Hospitalis. Ese mismo día ordenaba a Artal de Azlor que le entregara el castillo de Antillón, y a sus súbditos aragoneses que le asistieran, como se ayudarían a sí mismos, e impedieran que se extrajera trigo para llevarlo a otros lugares del dominio real50. fernando mantuvo el control de este castillo y del de loarre, según se infiere de un documento del 2 de febrero de 1286 por el que el rey Alfonso ordenaba al justicia y al merino de Huesca quod tradat nobili dompno Fferrando abbati Montisaragonis Iohannem de Rassal, vicarium de Loarre, quem captum tenent racione homicidii quod dicitur perpetrasse, salvo quod satisfiat sibi in medietate homicidii supradicti [de] bonis dicti vicarii51. y también de algunas rentas de la abadía, ya que el 8 de abril el rey Alfonso escribía al jefe de la Junta, al justicia y a los jurados de Huesca, así como al baile, justicia y jurados de sariñena para que restituyeran al nuevo abad algunas de las rentas que antes se pagaban al abad fernando y de las que ahora se habían apropiado52. Mientras tanto, a primeros de agosto de 1285 Jimeno pérez, el abad elegido por los canónigos, se dirigía al delegado papal, Jean Cholet, que acompañaba la expedición francesa que invadía Cataluña y que en aquellos momentos se encontraba en el asedio de girona. Jimeno pérez tuvo que renunciar al abadiado, ya que su elección era considerada nula y fue absuelto de las penas canónicas, pero a condición de que jurase fidelidad al hijo del rey de francia, Carlos de valois, elegido por el papa rey de Aragón. la absolución del abad elegido y de la comunidad de Montearagón, así como el levantamiento de la prohibición sobre la abadía fueron efectuados por el obispo de pamplona, ante quien se presentó una delegación de canónigos, junto con Jimeno pérez, el día 24 de septiembre, y al día siguiente volvieron a elegir a Jimeno pérez como abad. de todas formas, tanto él como la delegación de canónigos permanecieron exiliados en navarra. posiblemente regresaron a Montearagón —como se verá más adelante— justo después de la muerte de fernando53. Conviene hacer hincapié en que la memoria escrita del monasterio no recoge el nombre de fernando54. El obituario no lo menciona, sino que pasa directamente de Juan garcés a Jimeno pérez55. A pesar de la presencia de un sector favorable al nuevo abad en el interior del monasterio, de la posesión de algunos derechos pertenecientes al abad y del tenor de la protesta unionista, parece que fernando no llegó a tomar posesión física de su cargo; y, a la luz de los acontecimientos inmediatamente posteriores, tampoco parece que se hiciera efectiva la orden real del 14 de marzo al justicia de Aragón, Juan gil tarín, a gonsalvo pérez de san pedro, sobrejuntero de Huesca, y a otros funcionarios de la ciudad y del reino para que mantuvieran a fernando y a sus hombres en la posesión de la abadía y de sus honores, y actuaran contra quién contraviniera el mandato real: Cum nos tempore illustris domini regis inclite recordacionis patris nostri, de voluntate et consensu eiusdem intulerimus venerabil[i] et dilecto avunculo nostro dompno Fferrando abbatiam Montisaragonum, ad [colla]- cionem ipsius domini regis et nostram spectantem, cum omnibus iuribus et pertinenciis suis, volemus et inco[ntin]enti mandamus vobis universis et singulis quatenus dictum dompnum Fferrandum et homines suos in posses 53.- Antonio duran gudiol, El castillo abadía de Montearagón (Siglos XII y XIII), Zaragoza, Institución fernando el Católico, 1987, pp. 204-211. gudiol conoce la existencia de la elección de fernando, pero sólo a través del documento del 5 de mayo, anteriormente citado. Afirma que el 13 de octubre de 1285 Jimeno pérez todavía no había regresado y la primera constatación documental que tiene de su presencia en la abadía es del 20 de febrero de 1287. 54.- En la documentación de la Cancillería real siempre aparece como abad de Montearagón y tenido en gran consideración. por ejemplo, el $2 5 ~ \mathrm { { X I } } ~ 1 2 8 5$ el nuevo rey Alfonso II informa de la conquista de Mallorca, y, entre los destinatarios, junto con los obispos de la Corona y por delante de los maestres de las órdenes militares, se encuentra dompno Ferrando, abbati Montisaragonum (ACA, Cancillería, reg. 63, ff. 5r-v). En cambio, en los cartularios AHn, Códices l. 1421, l. 222, l. 278 (Lumen Domus) no hay ningún documento que haga referencia a él. tampoco he hallado ninguna referencia al respecto en los documentos regestados por R. del Arco, en $\mathrm { \ll E l }$ Monasterio de Montearagón. I», ni en la obra de Ramón de Huesca, Teatro histórico de las iglesias del reino de Aragón, tomo II, Huesca, bpE, ms. 70. 55.- A. durán, “obituario de los abades de Montearagón”, p. 187, y Idem, El castillo abadía. sione omnium honorum dicte ecclesie Montisaragonum supradicti manuteneatis, conservetis et defendatis et ad consequendum possessionem eorum prestando eidem dompno Fferrando iuvamen et consilium quandocumque ab eo fueritis requisiti. Mandantes ex parte nostra firmiter et districte universis et singulis hominibus villarum, castrorum et omnium locorum totius dicte e[cclesie] et aliis omnibus hominibus cuiuscumque condicionis existant qui aliquo iure, causa vel casu ipsi e[c]clesie vel abbati eiusdem in aliquo teneantur quod dicto dompno Fferrando, vel cui ipse voluerit, respondeant de omnibus reditibus, censibus, tributis, penssionibus, decimis, exitibus, proventibus et aliis iuribus ad dictam ecclesiam spectantes. Compellendo omnes illos qui inventi fuerint se retinuisse aliqua de predictis vel per violenciam occupasse quod solvant et dent ipsa dicto dompno Fferrando et non alteri persone, habentes ipsum taliter ut personam nostram in speciali custodia et proteccione, quod non possitis de necligentia reprehendi. Datum Gerunde pride idus marcii $I M ^ { o } C C ^ { o } L X X ^ { o } V ^ { o } J ^ { 5 6 }$ . Al margen de la eventual ineficacia de la orden real del 14 de marzo, ésta no se cumplió, porque fernando cayó enfermo y muy probablemente regresó a barcelona. El día 28 de marzo el rey ordenaba a Arnau sabastida, quien se había hecho cargo de los pagos a fernando: quatenus provideatis in expenssis venerabili et dilect[o] /avunculo\ nostro domp[n]o Ferrando, abbatis [Montisar]agonum, in infirmitate sua donec convaluerit de eadem57. sin embargo, la enfermedad debió de ser fulminante, aunque de acuerdo con el documento citado a continuación, dé la impresión de que lo habían visto y curado Arnau de vilanova y los físicos maestros tomeu y bernat porque ese mismo día el rey escribía nuevamente a Arnau sabastida para ordenarle: Quatenus si forte, quod absit, contingat mori venerabilem et dilectum avunculum nostrum dompnum Ferr[an]dum, abbatem Montisaragonum, de infirmitate sua quam nunc patitur Barchinone faciatis ei sepulturam suam bene et honorifi[ce] prout decet58. la situación debía de ser tan grave, que al día siguiente, el 29, y siempre desde barcelona, el rey, ad instanciam et supplicacionem venerabilis et dilecti avunculi nostri dompni Ferrandi, abbatis Montisaragonum, infirmitate detentus, se dirigía a los acreedores del abad, y les decía que se haría cargo de las deudas: llo, iudeo, Raimundo Romei, Arnaldo Alamanni, Raimundo Bordoy, Bartholomeo de Villafrancha, Iacobo de Sancto Anerio, magistro Arnaldo de Villanova, magistro Thomeo, magistro Bernardo, p[hi]sicis, Berengario de Montepavone et Petro Vola, cr[e]ditoribus suis in quantitate nongentarum septuaginta quinque librarum et quinque solidis et septem denarii Barchinone quam dictus Ferrandus [co]nfessus est vobis debere cum instrumento publico, ut in concor[dia] [...]. Et ad ea solvenda et complenda assignamus redditus et exitus nostros vallis de Alfandech de Mariynen, in [hoc] modum quod medietas dicte quantitatis vobis hoc anno solvatur per tercias et residua medietas eodem modo anno pro[ximo] subsequenti. Mandantes Raimundo de Rivosicco seu cuilibet collectorii dictorum reddituum quod predictam quantitatem solva[nt] vobis vel cui volueritis de redditibus et exitibus supradictis, et a vobis instrumentum confessionis recuperent et hanc car[ta]m59. fernando falleció entre el 29 de marzo y el 3 de abril60. tras su defunción, el rey ya no tenía motivos para continuar con la división interna de la abadía y, cediendo a la presión de lope ferrenc de luna, lope de gurrea, hermano del abad Jimeno, y de blasco Jiménez de Ayerbe, el día 4 de abril declaraba que de gracia speciali concedimus et restituimus vobis venerabili et dilecto Eximino, Dei gracia abbati Montisaragonum, abbaciam Montisaragonum cum apendiciis suis et omnibus iuribus ad dictam abbaciam pertinentibus quoque modo, salvo tamen nobis et nostris quocumque iure proprietatis habeamus seu habere debeamus in dicta abbacia seu presentacione abbatis, per hanc autem concessionem seu restitucionem non intendimus iuri nostro in aliquo derogare. Mandantes universis officialibus et subditis nostris quod hanc concessionem observent, et cetera61; y ordenaba al jefe de Junta de Huesca que, habiendo regresado la abadía a Jimeno, inducatis in possessionem dicte abbacie et omnium iurium ad eandem pertinenencium Luppum de Gurrea fratrem dicti abbatis, nomine eiusdem, et manuteneatis et defendatis inductum, ac eciam non permittatis ipsum /abbatem\ super iuribus ipsius dicte abacie ab aliquo seu aliquibus indebite adgravari62. la situación en el monasterio durante aquel año y medio debió de ser tensa. sin duda contribuyó a su empeoramiento el vacío de poder ocasionado por la ausencia de los dos abades elegidos, hecho que justifica la intervención de lope de gurrea al recibir la posesión y los derechos antes de que regresaran Jimeno y los canónigos que permanecían con él en navarra, quienes recibirían la orden el 4 de abril63. En cuanto a los partidarios de fernando64, la tensión se mantuvo unos años más y tuvieron que soportar duras medidas represivas, pues todavía el 21 de marzo de 1291 el rey Jaime II se veía obligado a escribir al abad Jimeno para que volviera a admitir a algunos de ellos que todavía se encontraban exiliados o en prisión, como el cantor simón de bolea: Cum Simon de Bolea, precentor monasterii Montisaragonum, et quidam alii canonici eiusdem monasterii extiterint a V annis citra et amplius vestro carceri mancipati, pro eo quia ad preces et instanciam illustrissimi domini Petri, inclite recordacionis regis Aragonum patris nostris, elegerunt d/omp\num Fferdinandum, patruum nostrum quondam, in abbatem monasterii supradicti, et adhuc in eadem carcere sunt detenti, inde non inmerito admiramini cum, propter legalitatem seu obedienciam quam ergua preces seu mandatum pre[dicti] domini patris nostri habuerunt, sustinuerunt ac sustinent tamtam penam, cum inde debeant premium reportare. Verum cum non sit consonum racioni nec nos debeamus aliquatenus sustinere, ut illi qui obedientes fuerunt precibus seu mandato predicti domini patris nostri debeant carcere intrudi seu aliis africcionibus propter ipsam obedienciam agravari, vos requirimus et rogamus ac etiam dicimus et mandamus quatenus predictum Simonem de Bolea et alios canonicos supradictos qui a vobis racione predicta capti detinentur ab ipsa capcione totaliter absolvatis, et quamvis racione dicte obediencie hactenus capti extiterint et detenti saltim de cetero ab ipsa capcione debeant liberari, taliter facientes quod ob hanc causam non oporteat nos vobis scribere iterum. Datum Barchinone pridie kalendas aprilis anno secundo. Egidius pro domino rege65. 5. la ubicación de las tumbas de fernando, abad de Montearagón, y de fernando sánchez la documentación no permite conocer con exactitud en qué consistió la sepulturam suam bene et honorifi[ce] prout decet que el rey Alfonso III había encargado a Arnau sabastida. según todos los indicios, parece referirse a la ceremonia del entierro y no a la construcción de un sepulcro66. tampoco nos informa de cuál tenía que ser su lugar de entierro, aunque el abad de santes Creus era el ejecutor del testamento del difunto fernando67. Este hecho me hizo dudar respecto de la tradición, difícil de explicar, que pretende que fernando sánchez está enterrado en santes Creus. Me extrañaba mucho que el rey pedro, quien en 1259 había confirmado la voluntad de su padre de ser enterrado en santes Creus, se aviniera a compartir sepultura con un hermano al que había hecho matar68. Además, tampoco me parecía nada probable que fernando sánchez, profundamente aragonés y con pocos vínculos en Cataluña, escogiera para su tumba un monasterio tan alejado de sus dominios. la noticia tiene su origen en la Crónica Universal de Jerónimo pujades69. de allí la toma y la difunde teodoro Creus70, y más recientemente la ha asumido Eufemià fort i Cogul y otros71. por otro lado, hay una tradición crítica aragonesa que pretende que la tumba de fernando sánchez es un sepulcro actualmente anónimo, con la escultura de un caballero yacente que se encuentra en la ermita de san salvador de selgua, tradición criticada por francisco Castillón Cortada quien, por el contrario, atribuye la tumba a Ermengol vI de Erill, señor de selgua72. Evidentemente, después de las profanaciones de 1835, en santes Creus no queda rastro de la tumba de ningún fernando, y teniendo en cuenta la aparente pérdida de su memoria en el mismo monasterio, ya que ni en el Compendium abreviatum de bernat Mallol figura noticia alguna73, es preciso recurrir a los relatos de quienes visitaron el monasterio antes de la desamortización y, sobre todo, a lo que Jerónimo pujades escribió en los Flosculi. pujades proporciona una relación de los reys, barons, cavallers y altres moltes persones [que] estàn sepultats en lo present Monastir de Sanctes Creus, y entre ellos aparece. Don Ferrando abat de Montaragón lo any $I 2 8 5 ^ { 7 4 }$ . Más adelante, especifica el emplazamiento de la sepultura, pero cambiando su atribución: ras lo orgue, sepultura de don Ferrando Sanches, fill de senior rey en Jaume lo Conquistador, animo eius requiescat in pace75. El final de esta noticia, con su cláusula en latín, parece ser extraído del epitafio de fernando. si lo confrontamos con el epitafio de pedro del Rey, hijo de pedro II el Católico, conservado durante un tiempo en la seo de lleida, podríamos reconstruirlo hipotéticamente de la siguiente forma: [Anno Domini MCCLXXXV (día exacto?) obiit Ferdinandus, filius illustrissimi domini Iacobi regi Aragonum,] animo eius requiescat in pace76. Evidentemente, en el epitafio no era preciso hacer alusión al cargo de fernando, y sólo la afirmación de que era hijo del rey Jaime atrajo la atención sobre el más famoso de sus hijos ilegítimos. según parece la inscripción tuvo que borrarse parcialmente, aún teniendo en cuenta el posible añadido de los señores de Castro, ya que en los relatos de finales del siglo xviii y comienzos del xix no figura el nombre del rey Jaime. Estos hechos dieron lugar a diferentes identificacions del personaje allí enterrado, aunque de forma algo imprecisa en el monasterio se conservara la tradición de que tenía que tratarse de un hijo del Conquistador. El sepulcro, posteriormente, se cambió de lugar, desde su original emplazamiento en el lado izquierdo del transepto, donde a finales del s. xvii se instaló el también perdido sepulcro de los señores de Aitona, porque la relación de Jaime pascual o de su informador dice: «Enfrente de la sepultura del Rey $\mathbf { D } ^ { \mathrm { n } }$ Jayme e $\mathrm { D } ^ { \mathbf { a } }$ blanca se ve un túmulo levantado de madera fuera de la capilla mayor en el cruzero mismo arrimado a las escaleras y coluna misma del presbyterio al lado dela pístola, sin más noticia /sino\ que allí jace un infante $\mathbf { D } ^ { \mathrm { n } }$ fernando; dizen ser hijo de $\mathbf { D } ^ { \mathrm { n } }$ Jayme el primero, tal vez podria ser el infante $\mathbf { D } ^ { \mathrm { n } }$ fernando hijo del rey $\mathbf { D } ^ { \mathrm { n } }$ Alonso y de $\mathrm { D } ^ { \mathrm { a } }$ Eleonor de Castilla»77. El hecho de que todavía siguiera siendo un ataúd de madera explica la posibilidad (por la facilidad) de su desplazamiento. finalmente, Jaime villanueva, que visitó santes Creus el 18 de octubre de 1804, en su breve descripción confirma esta segunda ubicación, cuando dice: «debajo de esta inscripcion [el epitafio de Jaime II] hay una arca de madera, donde dicen que estan los huesos de un Infante de Aragon llamado don fernando. Acaso pudo ser el de hermano de don pedro el Iv, asesinado en Castellón de la plana»78. la desaparición de cualquier recuerdo seguro, junto con la destrucción física del mismo sepulcro y la ambigua sencillez del epitafio, hacían difícil la atribución segura de la sepultura a un personaje de quien se había perdido el rastro casi completamente. sin embargo, lo que inicialmente era una mera sospecha, fue ganando argumentos hasta confirmar la presencia de la tumba de fernando, abad de Montearagón, en el panteón real de santes Creus. El último elemento que quedaba para despejar completamente cualquier duda era el de concretar con precisión el lugar en que había sido enterrado fernando sánchez, confirmando, o no, la atribución del mausoleo de selgua. Hay algunos documentos —que hasta ahora habían pasado desapercibidos— que permiten salir de dudas, entre los que cabe destacar una misiva que el 26 de marzo de 1302 dirigió el rey Jaime II a berenguer de Cardona, maestro del temple, y a Ramón de falces, castellán de Monzón. En ésta el rey recuerda que, a pesar de que en sus últimas voluntades fernando sánchez había dispuesto ser enterrado en santa María de fontclara, su cuerpo todavía se encontraba en posesión de los templarios, depositado en la iglesia del castillo de Monzón. por eso, a petición del abad de fontclara, les ordena que le restituyan para que pueda ser enterrado. por su interés, el documento se reproduce íntegro a continuación: Venerabilibus fratribus Berengario de Cardona, magistro Milicie Templi, et Raimundo de Falcibus, castellano Montissoni, et cetera. Cum nobilis Fferdinandus Sancii, quondam, filius illustrissimi domini regis Iacobi, inclite recordacioni avi nostri, in sua ultima voluntate elegerit sepulturam in monasterio Ffontisclare, ut nobis constat per testamentus nobilis antedicti, et ffratres Milicie Templi dictum nobilem sepeluerint in ecclesia vestra castri Montissoni, contra tenorem testamenti iamdicti, et corpus dicti nobilis detineatis in dicta ecclesia vestra, contra voluntatem abbatis et conventus monasterii prelibati, et fuit nobis per eos humiliter supplicatum ut vobis super hoc scribere deberemus, nos, eorum supplicacione benigne admissa, attendentes quod nichil est quod magis hominibus debeatur quam ut supreme voluntatis liber sit stilus, vos requirimus et attente rogamus quatenus tradatis et deliberetis corpus nobilis antedicti abbati et monachis monasterii antedicti, ut ipsum possent aportare ad suum monasterium et tumulare ibidem iuxta ordinacionem testamenti predicti. Datum ut supra [Iacce VIIº kalendas aprilis anno Domini MºCCCºIIº]. Idem ut supra [Dominus episcopus mandavit et iusticia Aragone dictavit]79. desgraciadamente, no he podido localizar más trazas documentales, así que no sé si finalmente el cadáver de fernando sánchez se trasladó a santa María de fontclara. lo que sí queda claro es que ni el ataúd de santes Creus ni el mausoleo de selgua, fechado a finales del s. xiii, se deben atribuir a fernando sánchez. la elección de fontclara era, además, perfectamente lógica, ya que la abadía estaba situada en la orilla derecha del río Cinca, cerca de Albalate del Cinca, a unos quince kilómetros al sur de pomar, fortaleza principal de sus dominios y en las proximidades de la cual fernando encontró la muerte80. A pesar de todo, aún quedan aspectos por resolver. del monasterio originario de los monjes cistercienses de santa María de fontclara no quedan rastros, ya que a mediados del s. xiv la fundación se trasladó a santa María de santa fe de Huerva, al sur de Zaragoza. tampoco ayuda la documentación, ya que no se vuelve a hablar del cadáver que los templarios tenían en Monzón. En cambio, sí se han registrado muchas quejas del abad y de la comunidad relativas al cobro de los legados testamentarios a favor del monasterio. tampoco está claro qué hacía el cuerpo de fernando sánchez en Monzón ni por qué se decidió que remontara el Cinca en lugar de bajarlo hasta fontclara. Aunque no participaran en las operaciones militares contra los rebeldes81, es posible que los templarios, en un acto piadoso, tomaran la custodia del cuerpo del difunto fernando, ya que ni sus fieles ni su esposa, Aldonza de urrea estaban en condiciones de hacerlo. también se puede formular otra hipótesis que justificaría los treinta años de retraso en retornar el cuerpo impidiendo su sepultura definitiva: es posible que fernando tuviera deudas con los templarios82, y que estos retuvieran sus restos como garantía de pago. Me hace pensar en esta posibilidad el caso del cadáver de bernat de Centelles: en un documento del 19 de marzo de 1304, gilabert de Centelles manifiesta su deseo de llevar a Cataluña el cuerpo de su abuelo quod in monasterio Fratrum Minorum de Almaçano [cerca de soria] extra sepulturam in quadam caxiam tenebatur, qui quidem Bernardus, ut dicitur, in sua ultima voluntate mandavit ne sepelliretur nec extraheretur de loco de Almaçano donec sui creditoribus esset integre satisfactum83. Más complejo resulta el caso de la donación que fernando sánchez había hecho a fontclara. según consta en su testamento, había legado al monasterio 2.200 maravedíes de oro que, tal y como se desprende de la queja del abad Ademar, el 26 de marzo de 1301 todavía los manumissores seu exequtores dicti testamenti ipsum legatum dicto monasterio seu eisdem abbati et conventui solvere differunt indebite et iniuste84. A pesar de la orden del rey al sobrejuntero de Huesca y Jaca para que obligara a los albaceas y ejecutores testamentarios a pagar, el abad los volverá a reclamar el 20 de noviembre de1302 y, de nuevo, el 8 de febrero de $1 3 0 3 ^ { 8 5 }$ . Es bastante evidente que los herederos de fernando sánchez, su esposa doña Aldonza y su hijo felipe fernández de Castro estaban tan cargados de deudas que no podían hacer frente al pago de ese legado86. posteriormente Aldonza, muy ocupada en mantener la custodia de sus nietos, los hijos de felipe reclamados por la viuda de éste, María álvarez de Haro, llegará a un pacto con el abad Ademar, prometiéndole que le pagará en tres partes una cantidad reducida de la deuda que ahora asciende a 2.500 sueldos de Jaca; pero el 12 de julio de 1306 el abad se queja porque no lo ha pagado ni Aldonza ni el tutor de sus nietos, Juan Jiménez de urrea87. de estos sólo se pagó una parte, ya que el 18 de marzo de 1307 todavía quedaban por pagar 1.70088.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Esteban Sarasa Sánchez, toda una vida dedicada a estudiar y difundir la historia medieval
ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ, TODA UNA VIDA DEDICADA A ESTUDIAR Y DIFUNDIR LA HISTORIA MEDIEVAL. ESTEBAN SARASA, A LIFETIME DEDICATED TO STUDY AND TRANSMIT MEDIEVAL HISTORY. Ana Isab el Lapeña Paúl Universidad de Zaragoza. Resumen: Recorrido vital, docente, académico e investigador del medievalista Esteban Sarasa Sánchez, complementado con la pormenorización de su aportación historiográfica al conocimiento del pasado de Aragón en diversos temas: Fernando I, el Compromiso de Caspe, luchas sociales, mudéjares… Asimismo se recogen los servicios prestados a la sociedad aragonesa en general, y a la comunidad universitaria en particular, junto con la labor desempeñada en la gestión de numerosos congresos, jornadas de estudio, etc. desde los puestos que ha desempeñado, tales como, entre otros, de Director de la Sección de Historia y Ciencias Historiográficas o Director de la Cátedra de Historia Jerónimo Zurita, de la Institución Fernando el Católico. Desde esta institución se han emprendido algunos de los más destacados hitos en las últimas décadas en la profundización de los estudios de historia aragonesa y su divulgación. Palabras clave: Esteban Sarasa, historiografía medieval aragonesa, Institución Fernando el Católico of Zaragoza. Abstract: Educational, academic and researcher biography of Esteban Sarasa Sánchez, medievalist, explaining his contribution to historiographical knowledge of the past of Aragon in various themes: Ferdinand I, the Compromise of Caspe, Social History, Moorish. Also we have commented other activities of professor Sarasa in favour of the Aragonese society in general or for the university community in particular, at the same time he managed numerous conferences, seminars, etc. from the positions he has held, such as, Head of the Section of History and Historiographic Sciences and Director of the Chair of History Jerónimo Zurita, inside of the Institución Fernando el Católico of Zaragoza. This Institution has made some of the most important events in recent decades about Aragonese History. Keywords: Esteban Sarasa, Aragonese Medieval Historiography, Institución Fernando el Católico de Zaragoza. Esteban Sarasa en su despacho de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza. Fotografía: Germán Navarro Espinach. Debo iniciar estas líneas con la expresión por anticipado de mi afecto hacia la figura del medievalista Esteban Sarasa Sánchez, como profesional del estudio de la Historia y, lo que es más importante, como persona. Y quiero empezar con el recuerdo de mis primeros contactos con el Dr. Sarasa. Realizaba la carrera de Filosofía y Letras, en la especialidad de Historia, cuando en los clases de don José M.ª Lacarra, y más concretamente en la asignatura de «Instituciones Medievales», debíamos acometer un trabajo sobre algún tema concreto que sometíamos a su aprobación. Se trataba de empezar a familiarizarnos con los documentos medievales, manejar los diferentes sistemas de datación cronológica del Medievo, comenzar a extraer los datos que nos habían dejado negro sobre blanco aquellas manos que los habían escrito siglos atrás, familiarizarnos con el periodo y el tema elegido a través de lecturas. Después, dicho trabajo era expuesto en público ante los compañeros y sometido a crítica por don José M.ª que nos informaba de los fallos, y también de los aciertos, que habíamos tenido. A partir de entonces empecé a frecuentar el Departamento de Historia Medieval donde trabajaban una generación de jóvenes y brillantes profesores (J.Á. Sesma Muñoz, la malograda Carmen Orcástegui, Sebastián Andrés Valero, Isabel Falcón Pérez… y el propio Esteban Sarasa) en total sintonía con el citado profesor Lacarra y la entrañable figura de M.ª Luisa Ledesma Rubio. En este ambiente comenzaba a consolidarse una destacada generación de medievalistas aragoneses que, con honestidad y total rigor metodológico, empezaron a realizar estudios y monografías de la Baja Edad Media, periodo que hasta entonces había tenido menor presencia en la trayectoria seguida hasta entonces en el citado departamento. Prácticamente ni mis compañeros ni yo misma teníamos experiencia sobre lo que era el inicio de una pequeña investigación, para mí la primera, y de manejar una bibliografía especializada. Todo eran dudas, pero allí estuvieron siempre Carmen Orcástegui y Esteban Sarasa para ayudarme, dirigiendo mis lecturas, atentos los dos a mis lógicos titubeos iniciales. Y eso no puedo, ni debo, olvidarlo. Nunca hubiera imaginado que después de tantos años, y más estando al margen de la Universidad en el terreno laboral como es mi caso, haya recibido el encargo de redactar el recorrido profesional como docente e investigador, aspectos indisolubles en el mundo universitario, de alguien que no sólo ha vivido la historia con emoción y profesionalidad, sino que siempre ha facilitado, en todo lo posible, el despegue de nuevas generaciones de historiadores tanto con su incondicional apoyo como en los congresos, jornadas, cursos, etc. que ha promovido, compaginándolo con la enorme preocupación por la difusión de los resultados que se exponían en dichas reuniones, buscando los apoyos económicos necesarios, no siempre fáciles de obtener, para poder editar los frutos conseguidos. No es una tarea fácil la de trazar en unas pocas páginas toda una vida. Produce un cierto desasosiego el hacerlo porque siempre queda la duda de si mi percepción personal del protagonista y su obra es ajustada, de si he sabido evaluar de manera ponderada la trayectoria del profesor, del investigador, del promotor de acertadas iniciativas para conocer mejor el pasado histórico en los largos siglos del Medievo, especialmente en las tierras de Aragón, cuya capital lo vio nacer en 1946. Vencido el temor inicial de no estar a la altura de las circunstancias, me pongo a la tarea sin superar del todo el vértigo de pensar que quizás no sepa valorar de manera suficiente aquel trabajo que para su autor fue trascendental por las circunstancias en que se desarrolló y las dificultades que entrañó cualquier artículo, por breve que sea, sobre un aspecto concreto que fue pionero o que abrió nuevos enfoques en las investigaciones, pero también produce miedo la posibilidad de caer en el extremo contrario e incurrir en una visión que pueda ser calificada como hagiográfica, movida por la amistad y el afecto que he comentado en mis palabras iniciales. En el caso de Esteban Sarasa no hubo una vocación temprana de ser analista del pasado porque, antes de sumergirse definitivamente en el apasionante mundo de la Historia, Esteban Sarasa estudió una Ingeniería Técnica Industrial, de Química por más señas, una carrera de las que entonces se llamaban de «Ciencias». Pero al finalizarla dio un giro inesperado en su vida académica para cursar la licenciatura de Filosofía y Letras (Sección Historia) que culminó en 1974. No era éste un cambio habitual en aquella sociedad. Se trataba de una variación brusca de objetivos profesionales y de emprender una nueva trayectoria, de correr un cierto riesgo, de salvar aquellos obstáculos que inevitablemente tuvieron que surgir para suplir las lagunas que hubiera tras haber estudiado aquel bachiller de compartimentos estancos que se cursaba. Y tras terminar la licenciatura comenzó su trayectoria investigadora con la Memoria correspondiente. La realizó bajo la dirección del Dr. don José María Lacarra y de Miguel, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de. Zaragoza, y una de las figuras más insignes en el panorama del Medievalismo español desde hacía décadas, cuya autoridad científica ha sido siempre indiscutible y un referente entre los medievalistas. Su rigor se basaba en los documentos como fuente básica. Fruto de aquella investigación que se materializó en 1975 fue el trabajo titulado Las Cortes de Aragón de 1412: Estudio y transcripción de las Actas y Proceso conservado en el Archivo de la Diputación Provincial de Zaragoza, y obtuvo con todo merecimiento la calificación de Sobresaliente «cum laude». Era la primera vez que el profesor Sarasa se imbricaba en un tema que para él ha sido recurrente en su trayectoria: el parlamentarismo medieval aragonés. Poco después junto con José Ángel Sesma Muñoz publicó un nuevo trabajo (Sesma y Sarasa 1976a). Lo hacían en la editorial Anubar, y no era casual ni mucho menos ya que esta empresa creada en 1960 en Valencia por otro destacado historiador —Antonio Ubieto Arteta— y que en 1977 se trasladó a Zaragoza, siempre ha prestado su máxima atención a la Edad Media, y dentro de la misma a la edición de fuentes documentales y cronísticas, destacando las referidas a temas aragoneses, como base imprescindible para el necesario avance en el conocimiento medieval. Tal y como acabo de comentar el mundo parlamentario aragonés en su etapa medieval ha sido una de las constantes en la historiografía del profesor Sarasa, y si estos trabajos fueron el punto de inicio no lo ha abandonado en ningún momento a lo largo de su devenir vital, como puede comprobarse en la relación bibliográfica que acompaña estas pá- ginas. Téngase además en cuenta que las Cortes de Aragón, al igual que la peculiar institución del Justiciazgo, tema al que también ha dedicado muchas horas de estudio, fueron con toda seguridad las dos instituciones más notables del reino de Aragón. A través de sus trabajos se han ido conociendo los orígenes, la evolución, el funcionamiento, las competencias … y hasta el ceremonial de esta entidad (Sarasa 1979a). Ha abordado el tema desde diferentes perspectivas y sus investigaciones son punto de referencia obligada. En 1981 Esteban Sarasa publicaba una síntesis sobre el Compromiso de Caspe (Sarasa 1981a), hecho trascendental para la Corona de Aragón y para la historia de España. Este momento histórico ha generado desde fines del siglo XIX un notable repertorio bibliográfico, pero la obra del Dr. Sarasa se convirtió de manera inmediata en una referencia imprescindible de la historiografía en las décadas siguientes. El tema siempre le ha resultado atractivo y con frecuencia ha vuelto al mismo y desde distintos visiones (Sarasa 1983a, 1996g, 2005b, 2008a, 2012a y d, 2013a y b) analizando, además, algunas de sus consecuencias como, por ejemplo, la rebelión del conde de Urgel y la posterior guerra que provocó (Sarasa 2002e). Pero volvamos de nuevo la vista atrás, a la década de los 70 del siglo XX. Para entonces ya había comenzado su implicación en el Departamento de Historia Medieval de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza al que siempre ha estado vinculado. Primero fue Becario de Colaboración en los años 1973-1974, hecho que conllevaba que empezaras a familiarizarte con una biblioteca especializada que, en el caso del Departamento citado, era de alta calidad. Poco después, terminada ya su licenciatura, obtuvo una Beca de Formación de Personal Investigador del Ministerio de Educación y Ciencia (1975-1977). También empezó a curtirse en la docencia universitaria, y desde el curso académico 1976-1977, y hasta 1981, fue Profesor Ayudante de Clases Prácticas de Historia Medieval en las que eran habituales, por ejemplo, los comentarios de textos y mapas históricos. Durante el curso académico 1981- 1982 fue Profesor Agregado Interino de Historia Medieval, y un año después ejercía como Profesor Adjunto Contratado de Historia Medieval. De allí el siguiente paso de su carrera profesional fue obtener la categoría de Profesor Titular de Universidad, puesto que obtuvo a poco de empezar 1984. Para entonces, y como era preceptivo, ya había alcanzado una nueva meta. Un peldaño importante para cualquier universitario que se decida a subirlo es la realización de su tesis doctoral, que en su caso fue defendida en 1980. Fue dirigida igualmente por don José M.ª Lacarra. En esta ocasión el tema fue Aragón en el reinado de Fernando I, 1412-1416, que obtuvo no sólo el reconocimiento del tribunal que la juzgaba al otorgarle la calificación de Sobresaliente «cum laude», sino también el de la Institución Fernando el Católico (C.S.I.C.) al premiarla en el IV Concurso de Tesis Doctorales, y un año más tarde se le otorgaba además el Premio Extraordinario de Doctorado de la Universidad de Zaragoza. Era, por otra parte, su vinculación a un periodo —el inicio de una nueva dinastía en Aragón y el reinado del primer Trastámara— que, salvo en el aspecto de lo concerniente al Compromiso de Caspe, no había llamado excesivamente el interés de los historiadores aragoneses. Y Esteban se aproximó a Fernando I desde diversas perspectivas y con frecuencia ha vuelto al tema (Sarasa 1977a, 1981f, 1986a y e, 1993a y c, 1994b, 2013c, 2014b) Ya he mencionado que por aquellos años en el Departamento de Historia Medieval de la Facultad de Filosofía y Letra de Zaragoza empezaban a cobrar cada vez más fuerza las investigaciones sobre la llamada Baja Edad Media. Quienes al principio eran promesas se habían convertido en realidades. Eran ya investigadores maduros que disponían de un amplio abanico de fuentes inéditas, en la mayor parte de los casos, hasta el momento que, al trabajarlas, se convertían en diversos estudios y monografías que completaban cada vez más los conocimientos del periodo medieval aragonés. Se abrían nuevas vías, se reflexionaba sobre aspectos inéditos, o casi, hasta entonces. Y aquí debe enmarcarse un original trabajo sobre la sociedad y los luchas sociales en Aragón (Sarasa 1981b) que empezó a llenar la laguna que existía sobre el tema en Aragón, salvo unas mínimas excepciones, en una etapa histórica donde la conflictividad fue característica frecuente en la Península Ibérica, da igual que fuera en el mundo rural como en el urbano. La indiferencia generalizada de la mayor parte de los historiadores hasta la fecha hacia esta cuestión había sido la tónica general, y los escasos estudios hechos con anterioridad trataban siempre de manera muy somera, prácticamente de pasada, las cuestiones relacionadas con este tema en el reino. Fue un trabajo que completaba otras dos aportaciones elaboradas por el autor un año antes (Sarasa 1979b y 1979c). Y de nuevo volvió al tema algo más tarde (Sarasa 1988c). Muchos profesores universitarios son requeridos por las editoriales para la realización de los llamados manuales ya que consideran su idoneidad por ser destacados especialistas en sus temas respectivos. En este caso el resultado del trabajo realizado por tres señalados medievalistas (Iradiel, Moreta y Sarasa 1989) fue un texto innovador que se circunscribía, y así lo indicaba el titulo, a los reinos hispanocristianos. Claro que existían obras generales sobre la España Medieval en aquellos momentos, pero este manual universitario acabó convirtiéndose en todo un tratado de referencia obligada. Presentaba la novedad de comenzar a principios del siglo VIII, acontecido ya el desembarco islámico, controlada la Península Ibérica prácticamente en su totalidad por los musulmanes, con una rapidez que aún sorprende, y empezando a asentarse una nueva estructura política, religiosa, legal, cultural y lingüística en el suelo hispano, hecho que marcó la gran diferencia entre la historia medieval española y la de otros espacios europeos. Y es que, por otra parte, el desarrollo de los diversos aspectos del Islam en España ya había sido publicado en otro volumen de la misma editorial realizado por Anwar G. Chejne (1980), en unos tiempos en los que se debatía si la historia de al Andalus es la de la España musulmana o más bien una parcela histórica del Islam: la andalusí. Presentaba unos límites temporales que en aquellos años eran poco habituales en el estudio de la Edad Media hispana porque no trataba la historia anterior a la entrada musulmana, y sólo se aproximaba a lo que, en ocasiones, se ha llamado la culminación del proyecto Trastámara. Profundizaba además en cuestiones en las que otros especialistas anteriores habían tocado de manera somera, tales como la economía y la sociedad e incluso aspectos religiosos, culturales y artísticos. Toda una novedad en su tiempo. El manual realizado ayudó a formarse a varias generaciones de futuros historiadores, incluso sigue haciéndolo hoy en día puesto que se han hecho nuevas ediciones, renovadas y actualizadas, pero sin variar lo esencial. Resultó ser un libro interesante también incluso para los no especialistas. Con posterioridad el Dr. Sarasa recibió el encargo de realizar una monografía muy específica sobre las crisis en la baja Edad Media (Sarasa 1991b). Formaba parte de una colección titulada Las claves de la Historia, integrada por veintiséis breves manuales sobre determinados periodos que iban desde la prehistoria hasta el siglo XX. En cada uno de ellos se analizaban los diferentes temas o épocas de manera sintética, pero pluridisciplinar, ya que se recogían aspectos diversos de la época, cuadros sincrónicos y un amplio número de ilustraciones, ampliamente comentadas. El resultado final de cada uno de estos libros era, llamémosle así, muy sugestivo para los estudiantes, y lo digo porque así me lo comentaban mis propios alumnos, porque eran fáciles de leer y de asimilar, mientras huían de los habituales manuales cargados de conocimientos, pero farragosos en su contenido y en su estética, poco atractivos a los ojos de los estudiantes, cada vez más integrados en un mundo donde la imagen se estaba convirtiendo en algo esencial. Y en relación con Aragón, Esteban formó parte de la dirección, junto con otros doctores que dirigían la Sección de Historia de la Institución Fernando el Católico, de un proyecto muy útil como instrumento auxiliar para quienes están interesados en la historia de esta Comunidad y no sólo en su etapa medieval, sino desde la Prehistoria hasta el siglo XX. Se trataba de un Atlas de historia de Aragón, formado por un centenar de mapas con someros textos explicativos y una bibliografía esencial que no seguían el modelo habitual de este tipo de obras auxiliares, sino que se disponían de manera independiente, en carpetas separadas que permiten combinar y ver encima de una mesa, los de diferentes momentos o temas. Los alumnos y los docentes hemos tenido con esta obra una herramienta didáctica con grandes posibilidades puesto que la consulta de un mapa es uno de los mejores modos, más rápido y más comprensible, para explicar los cambios políticos y militares, e incluso otros fenó- menos como los culturales, intelectuales, sociales y económicos. Un buen mapa, bien realizado y explicado, es mucho más efectivo que decenas de pá- ginas de texto y de enumeración de sucesos y de personajes. Lo referente a las diversas instituciones fundamentales y hechos decisivos de la historia aragonesa siempre han llamado su atención, y prueba de ello son varios trabajos, bien individuales, bien con otros autores. Un hito absolutamente trascendente de la historia aragonesa fue el denominado Privilegio General de Aragón, ya que fue la base del desarrollo constitucional aragonés que, además, abrió la posibilidad de la participación de las fuerzas del reino en el régimen parlamentario pues, como escribió José M.ª Lacarra, sirvió como «primer ensayo de fijar legalmente la relación entre el monarca y el país», se convirtió en punto de partida en la consolidación de instituciones básicas del Aragón medieval, y además supuso la confirmación del ordenamiento jurídico del reino (Sarasa 1984c). Otra institución medieval básica fue el Justiciazgo y la relación de Sarasa con este tema viene de antiguo (Bonet, Sarasa y Redondo 1985) y ha sido otra de sus pautas que se han plasmado en varias aportaciones en los Encuentros de Estudios sobre el Justicia de Aragón tanto como ponente como coordinador (Sarasa 2001a, 2004b, 2006d, 2008b, 2009b). Otra obra es de obligada alusión, en este caso escrita conjuntamente con la doctora Carmen Orcástegui. con quien formaba un perfecto tándem en lo personal y en el hecho de compartir profesión e intereses científicos. La Historia en la Edad Media (Orcástegui y Sarasa 1991), fue una síntesis perfectamente elaborada donde ambos procedieron a reflexionar en la primera parte del libro sobre el concepto y evolución de la Historia (los géneros, la metodología, el uso de las fuentes…) y en la segunda realizaron un extenso trabajo sobre los historiadores occidentales que elaboraron su obra entre los siglos V al XIII. Intentaron, y lo consiguieron, que esta novedosa visión historiográfica se convirtiera en una herramienta de trabajo para los especialistas de esta disciplina, pero también para los medievalistas en general. Con esta obra sus autores lograron reconstruir uno de los campos más sobresalientes de la cultura medieval. Y por otra parte el tema de la historiografía en diversos momentos, cuestiones y personalidades medievales ha sido siempre objeto del interés del Dr. Sarasa. En otro orden de cosas no fue éste el primer trabajo conjunto de Carmen Orcástegui y Esteban Sarasa, ni tampoco el último, y de entre todos ellos deben citarse sobre todo los realizados sobre la figura del rey Sancho el Mayor de Navarra (Orcástegui y Sarasa 1990), siendo además un nuevo trabajo sobre el citado monarca la obra póstuma de la recordada Carmen (Orcástegui y Sarasa 2000). La figura de este monarca pamplonés había que reajustarla, por así decirlo, pues aunque se habían realizado estudios, éstos habían ofrecido una visión algo distorsionada y, llamémosla así, excesivamente castellana, caso del estudio de fray Justo Pérez de Urbel en el ya lejano 1950, y la fecha de edición no debe dejar de tenerse en cuenta dada la España que se vivía entonces (Sarasa $2 0 0 7 \mathrm { c }$ ). Era necesario «reposicionar», permítaseme la expresión, al biografiado en su justo término y los trabajos citados contribuyeron a ello. El espíritu inquieto del protagonista de estas páginas le llevaron, junto al Dr. Eliseo Serrano, a promover entre los años 1992 y 2000 unos encuentros que tuvieron una amplia acogida entre los estudiantes. Bajo el genérico titulo de Curso de Historia Medieval y Moderna Ciudad de Sabiñánigo: Espacios Pirenaicos, y bajo el patrocinio del Ayuntamiento de Sabiñánigo e Ibercaja se reunían especialistas de estas dos épocas históricas provenientes de diversas universidades que, además del interés intrínseco que tenían, suponían unos días de intensa convivencia entre profesores y alumnos. Cualquier participante en aquellos encuentros recordará con agrado las preguntas y respuestas que se producían después de cada una de las intervenciones, los debates que surgían y que incluso proseguían fuera del marco que albergaba las sesiones puesto que se compartían mesa, mantel y veladas entre los profesores ya consagrados y quienes estaban terminando de formarse. En las décadas de los $7 0 \mathrm { ~ y ~ } 8 0$ , y en algún caso algo antes, se realizaron en España diversas obras de conjunto sobre las diferentes comunidades autónomas —Gran Enciclopedia Catalana (iniciada en 1969), Gallega (1974), de Andalucía (1979)… por sólo citar unos cuantos casos—, todo ello produjo un auténtica explosión y esfuerzo editorial en una España que se acomodaba a la nueva estructura estatal de las Autonomías y, donde cada territorio buscaba afirmar su identidad. Contenían entradas geográficas, culturales, biográficas, artísticas, etc. y por supuesto históricas, con un amplio elenco interdisciplinar de colaboradores. En este contexto surgió la Gran enciclopedia aragonesa, dirigida por Eloy Fernández Clemente, con una docena de volúmenes aparecidos entre 1980 y 1982 y sucesivos apéndices, donde la colaboración de Sarasa fue habitual en un buen número de voces o entradas, al igual que debe citarse su participación en otras obras de este género como la Enciclopedia de Historia de España dirigida por Artola y la coordinación de la Edad Media en la Gran Enciclopedia de España dirigida por Guillermo Fatás. Después de la Facultad de Filosofía y Letras donde ha impartido durante tantos años su docencia, hay un espacio en la ciudad de Zaragoza en el que el Dr. Sarasa ha pasado cientos de horas. Allí ha coordinado trabajos, ha diseñado congresos, jornadas, cursos… Se trata de la Institución Fernando el Católico (IFC), la principal editorial científica aragonesa y una de las más importantes de España. Fue promovida por la Diputación Provincial de Zaragoza y está adscrita al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). La IFC dirige su actuación a la defensa de todo lo que tiene relación con el patrimonio cultural aragonés. Este organismo de la Excma. Diputación Provincial de Zaragoza ha sido, desde su fundación en 1943, un bastión fundamental en el mundo cultural de toda la Comunidad Aragonesa y no sólo de la demarcación provincial. En la IFC, la Institución por excelencia, ha ocupado a lo largo del tiempo relevantes puestos: Director de la Sección de Historia y Ciencias Historiográficas, Director de la Cátedra de Historia Jerónimo Zurita y Consejero de número de la mencionada Institución. Otras instituciones han querido, por su parte, contar con su asesoramiento, de tal manera que pueden reseñarse varios nombramientos: Coordinador de la Colección de Ediciones Facsimilares de Historia de Las Cortes de Aragón, Asesor histórico del Justicia de Aragón, Miembro del Consejo Asesor de la Comisión de Heráldica y Simbología de la Diputación General de Aragón (Presidencia del Gobierno). Y como no podía ser menos es miembro de la Sociedad Española de Estudios Medievales y también de otras entidades: Asociación de Historia Social de España, International Commission for the History of Representative and Parliamentary Institutions, Comité Científico de los «Simposia Internacionales de Mudejarismo», Instituto de Estudios Turolenses (C.S.I.C.)…. Otra faceta que puede señalarse es la de haber dirigido la Revista de Historia Jerónimo Zurita, de la Institución Fernando el Católico (C.S.I.C.), de la que todavía forma parte de su consejo asesor, lo mismo que presta este mismo servicio en otras: Hispania (del Centro de Estudios Históricos del C.S.I.C., Madrid), Medievalia (de la Universitat Autonoma de Barcelona y el Institut d´Estudis Medievals, Barcelona), Edad Media. Revista de Historia (de la Universidad de Valladolid), además de ser miembro del Comité Científico de otras varias revistas: Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval (Universidad de Alicante), revista de Historia del Derecho Ius Fugit, (Facultad de Derecho (de la Universidad de Zaragoza e Institución Fernando el Católico) y Acta Mediaevalia (Universidad de Barcelona). No queda aquí su experiencia vital porque si el profesor Sarasa obtuvo su formación en la Universidad de Zaragoza, y después ha ejercido en ella su labor docente durante décadas, ha devuelto con creces lo recibido y ha desempeñado importantes puestos de gestión y responsabilidad académica: Vicesecretario de la Facultad de Filosofía y Letras (1983-1984); Vicerrector de Ordenación Académica (1984-1988); Adjunto al Rector para la Reforma y Nuevas Enseñanzas (1988-1989); Adjunto al Rector para las Relaciones Institucionales (1989-1990); Decano de la Facultad de Filosofía y Letras (1993- 1994), siempre dentro de la citada Universidad cesaraugustana, en «su» Universidad, y también fuera de ella aunque en la mayor parte de los casos en cargos con una estrecha vinculación con la principal institución docente aragonesa, como Director General de Enseñanza Superior (Universidad e Investigación) del Gobierno de Aragón (1999-2001), y Presidente del Consejo Asesor de Investigación, Ciencia y Tecnología, también del Gobierno de Aragón y durante el mismo periodo. Son todas estas responsabilidades una notable demostración de su voluntad de servicio a la sociedad. Los estudios locales asimismo han estado en su punto de mira, y prueba de ello es la presidencia que ostenta desde 2009 de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales (CECEL) del CSIC desde la que se impulsa y coordina la actividad científica y cultural de los cincuenta y ocho centros u organismos de investigación local que, bajo diferentes denominaciones, se integran en ella. La historia de localidades como Calatayud y de comarcas como las Cinco Villas o los Monegros le han resultado atractivos como puede comprobarse en el repertorio bibliográfico anexo. Pocas parcelas históricas han quedado fuera de su interés y ello lo demuestra que haya sido designado miembro del Consejo Asesor de Heráldica y Simbología del Gobierno de Aragón y asesor histórico del Justicia de Aragón. Cortes, el Justicia de Aragón, los mudéjares, la sociedad bajomedieval, la historiografía, el Compromiso de Caspe y otros aspectos relacionados con el rey Fernando I son temas recurrentes en sus investigaciones históricas. Cualquier persona interesada en conocer estos temas tendrá que recurrir a los trabajos del Dr. Sarasa. Prácticamente nada más terminar su Memoria de Licenciatura comenzaron sus diversos proyectos de investigación, bien como participante, bien como investigador principal. El primero fue el titulado Las finanzas del rey y del reino en Aragón y Navarra en la primera mitad del siglo XV, cuyo investigador principal era don José M.ª Lacarra, su maestro. Se desarrolló entre 1976 y 1979 y formaba parte del programa Economía y sociedad en la España Medieval. C.A.I.C.Y.T. (Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica de Presidencia del Gobierno. Proyecto de investigación $n ^ { o } l . 3 l I$ ). El siguiente proyecto lo realizó en 1982 y ya fue de ámbito internacional: Relaciones internacionales entre Francia, Navarra y Aragón durante la Edad Media. Archives Nationales de France (Paris). Formaba parte de un plan de investigación conjunta entre las universidades de Pau (Francia) y Zaragoza (España) que promovían la Subdirección General de Cooperación Internacional del Ministerio de Educación y Ciencia y la Secretaría de Cooperación Técnica de la Embajada de Francia en Madrid. Y ya que cito esta primera relación con un centro extranjero, tengo que aludir a otras invitaciones recibidas para actuar como ponente. La primera provino desde la República Argentina en una curso titulado Programa de Investigaciones Medievales, organizado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científica y Técnicas de la Presidencia del Gobierno Argentino (1992) y en las XXXIX Jornadas Hispánicas sobre la Corona de Aragón promovidas por la Asociación de Hispanistas del Benelux y la embajada de España en La Haya (1993). A fines de los años 80 del siglo XX un nuevo objetivo investigador acaparó su atención. Se titulaba $E l$ gobierno y la administración territorial en el siglo XIV: estructuras político–administrativas y hacendísticas del reino de Aragón, y en esta ocasión la entidad financiadora fue el Consejo Asesor de Investigación del Gobierno de Aragón (C.O.N.A.I), proyecto que, comenzado en 1989, tuvo continuidad hasta 1991. Y durante el año siguiente su compromiso investigador le llevó a participar en un Programa de Investigaciones Medievales que sufragó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, de la Presidencia del Gobierno Argentino. En los dos casos fue su investigador principal. Pero entre todos sus proyectos hay uno que quiero destacar por su enorme envergadura. Se titulaba Prospección, registro, catalogación, microfilmación y digitalización de los Fondos documentales sobre Aragón del Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona. Lo había promovido la Institución Fernando el Católico (C.S.I.C.), a instancia de Esteban Sarasa, y contó con la financiación de Ibercaja. Mediante el subsiguiente convenio con el Ministerio de Educación y Cultura, llevó la coordinación científica durante diez años, de 1996 a 2006, a la par que la dirección del mismo, con un equipo formado por tres investigadores. Constituyó un esfuerzo muy notable que se plasmó en la creación de un Centro de Documentación y Bibliotecas de Ibercaja, instalado en el Palacio de Larrinaga de Zaragoza que puso a disposición del mundo académico o simplemente de quien estuviera interesado en acontecimientos o documentos relacionados con el Reino de Aragón. Todo ello facilitó enormemente la consulta de fondos archivísticos tanto del Archivo de la Corona de Aragón como del Archivo Histórico Nacional porque se digitalizaron cientos de miles documentos (pergaminos, bulas pontificias, registros de cancillería, cartas reales...), con su correspondiente ficha descriptiva, evitando así desplazamientos a Barcelona o Madrid para consultar estos documentos. El último de sus proyectos hasta la fecha ha sido realizado en los años 2012- 2013. Bajo el epígrafe Antecedentes históricos de la Cámara de Cuentas de Aragón: Edad Media, y como resultado de un contrato de Investigación y Desarrollo entre la Universidad de Zaragoza (Oficina de Transferencia de Resultados de la Investigación, OTRI) y la Cámara de Cuentas de Aragón, acaba de dar sus frutos con una nueva obra —El Maestre Racional y otros antecedentes históricos— elaborado por Guillermo Fatás en la que Esteban Sarasa y Guillermo Redondo han aportado sus conocimientos y los textos para la elaboración final de la historia de este órgano de fiscalización de las cuentas, que se remonta al siglo XIII, en la figura del Maestre Racional, una institución importada desde Sicilia por Pedro III en 1283, y afianzada por Jaime II unos años después, que llevaba «cuenta y razón» de las finanzas del rey, del reino y de la Corona. A dicho Maestre Racional le correspondía la administración del patrimonio real y actuaba como interventor general en cuestiones de ingresos y gastos. De esta manera le fueron asignadas funciones de previsión, dirección y control último de la administración financiera real, destacando, entre todas ellas, la de fiscalización de la gestión financiera. A este cargo le correspondía el control contable de las cuentas de todos los funcionarios que manejaran cantidades de la Hacienda regia. Extrañamente, este interesante organismo apenas había sido objeto de estudio, (Masiá 1950; Lalinde 1976), a pesar de haber tenido un amplio recorrido temporal hasta su extinción a principios del siglo XVIII. Ha quedado claro en los párrafos anteriores que al profesor Sarasa le ha gustado siempre la divulgación, que el saber no se quede oculto en eruditos libros de estudios, que aunque sean obras excelentes, no llegan al gran público en la mayor parte de los casos, y ha promovido de manera incansable el acercamiento de la historia a personas que están fuera de las aulas universitarias. Bajo su coordinación científica se llevó a cabo entre los años 1997 y 1999 una Historia de Zaragoza que editó conjuntamente el Ayuntamiento de Zaragoza y la Caja de Ahorros de la Inmaculada. La formaban trece volúmenes que fueron encargados a diferentes especialistas de cada una de las etapas, desde aquella vieja Salduie ibérica hasta los albores del siglo XXI, cubriendo así toda la trayectoria seguida por una ciudad que tiene bastante más de dos mil años de historia. La colección, de pequeño formato y precio asequible, estaba dirigida a todo tipo de lectores y logró tener una difusión masiva y cubrió el gran hueco dejado por una obra anterior, del año 1976, notable pero incompleta ya que no superaba el período de la Historia Moderna de la ciudad. En 1997 las Cortes de Aragón decidieron promover la creación de un fondo histórico con el objetivo de adquirir piezas bibliográficas y documentales del patrimonio aragonés que circulaban en el mercado. Contó para ello, sobre todo, con la ayuda financiera de Ibercaja, entidad que lo hizo posible. La directriz inicial era recuperar para Aragón y los aragoneses cualquier texto que pudiera conseguirse, sobre todo en torno a tres temas principales: Aljafería (estudios, literatura, cartografía …), las Cortes y otras instituciones aragonesas, y una tercera dedicada a la Historia de esta comunidad. Todo ello se hacía bajo la supervisión de Esteban Sarasa y Guillermo Redondo. como asesores en esta cuestión de la institución. Un año después la idea se materializó en la primera exposición y su correspondiente catálogo (Redondo y Sarasa 1998) y se ha seguido realizando de manera periódica (Redondo y Sarasa 2000, 2003, 2005, 2009). Hoy en día puede decirse que el conjunto formado por manuscritos, materiales gráficos, cartográficos y textos impresos es ya de un elevado nivel, tanto por su cantidad como por su calidad, ofreciendo una notable herramienta para los investigadores y personas interesadas. A lo largo de todos estos años, y en el mismo objetivo de difundir lo más posible la historia al gran público, Sarasa ha ejercido el comisariado de diferentes exposiciones, en diversas ocasiones, mientras que en otros se le ha solicitado su asesoramiento y colaboración en los respectivos catálogos. En el primero de los casos deben reseñarse los siguientes hitos: Aragón. Historia y Cortes de un reino, organizada por las Cortes de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza en 1991. De esta muestra fue comisario de la selección de piezas documentales y colaborador en su catálogo. En los años 2005-2006 la entidad de ahorro Ibercaja financió y organizó una muestra itinerante que alcanzó ciudades como Palencia, León, Burgos y Córdoba, para finalizar en Sevilla, bajo el epígrafe Mudéjar. Arte, sociedad y cultura de la que fue asimismo comisario y a la par coordinador del catálogo. Por otra parte su asesoramiento y colaboraciones en exposiciones como El espejo de nuestra historia. La diócesis de Zaragoza a través de los siglos (Zaragoza 1991-1992) Signos (Arte y cultura en el Alto Aragón románico y gótico), en 1993; Alfonso V el Magnánimo. La imagen real (Zaragoza 1996-1997); Hiberus flumen. El río Ebro y la vida en 1999; Idea de Exea. Novecientos años de historia de la villa de Ejea de los Caballeros, en 2005; Teruel, tierras de frontera (Teruel-Albarracín 2006-2007). La penúltima de las muestras expositivas que ha organizado, en esta ocasión junto a Ricardo Centellas, fue Ferdinandus Rex Hispaniarum: Príncipe del Renacimiento, fruto del esfuerzo conjunto de las Cortes de Aragón y la Diputación Provincial de Zaragoza, Zaragoza 2006-2007. Se trataba de una gran exposición con más de 250 objetos (pinturas, esculturas, códices, cerámicas, espadas, armaduras, libros o mapas) de muy diversa procedencia, algunos de los cuales nunca se habían mostrado en público, al pertenecer a colecciones privadas. La intención de la exhibición era resumir la dimensión humana, histórica y cultural de Fernando II de Aragón, un rey durante largo tiempo minusvalorado y ensombrecido en la mayor parte de la historiografía tradicional por quien fuera su primera esposa, la reina Isabel de Castilla, imagen por otra parte no veraz. Esfuerzos como el que se comenta y nuevos enfoques historiográficos realizados en los últimos tiempos van sacando a la luz la verdadera trascendencia del personaje al que coetáneos de tanta importancia como Maquiavelo elogiaron. Fernando supo dar a su política una dimensión europea y tener una proyección internacional, impregnada de las ideas nuevas del Renacimiento y del Estado Moderno. Y para terminar esta faceta del Dr. Sarasa debe citarse la última exposición que ha organizado hasta la fecha actual. Se tituló Archivo de la Corona de Aragón, promovida por el Ministerio de Cultura (Archivo de la Corona de Aragón), el Gobierno de Aragón y de nuevo Ibercaja, El escenario fue la ciudad de Zaragoza y tuvo lugar entre mayo y julio de 2007. Diversos legajos, más de 60, se mostraron a quienes se acercaron al palacio Larrinaga. Otra característica de Esteban Sarasa es su habitual diligencia en la preparación y coordinación, incluso la dirección, de congresos, reuniones científicas, coloquios y cursos de historia. Abruma la relación total de su gestión y aun a riesgo de resultar excesivo, no me resisto a recoger su trayectoria en este campo: • Los destierros aragoneses: judíos y moriscos, liberales y republicanos (Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 1986). • I Curso de Historia de Aragón de la Institución Fernando el Católico. Sobre Generalidades (Zaragoza, 1986-1987). • Los aragoneses y el mediterráneo en la Edad Media. (Institución Fernando el Católico, 1987). • II Curso de Historia de Aragón de la Institución Fernando el Católico. Sobre Economía (Zaragoza, 1987-1988). • Cincuenta años de Historiografía de la Corona de Aragón, homenaje a Andrés Giménez Soler (Banco Zaragozano y Universidad de Zaragoza, 1988). • III Curso de Historia de Aragón de la Institución Fernando el Católico. obre Sociedad (Zaragoza, 1988-1989). • IV Curso de Historia de Aragón de la Institución Fernando el Católico. obre Arte (Zaragoza, 1989-1990). • Las Cortes en la Corona de Aragón (Cortes de Aragón y Universidad de Zaragoza, 1991). • La Historia en el horizonte del año 2000: compromisos y realidades (Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 1995). • Historiadores de la España Medieval y Moderna (Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 1997). • Fueros y Ordenamientos Jurídicos Locales en la España Medieval (Institución Fernando el Católico y Confederación Española de Estudios locales del CSIC, Zaragoza 2003). • Señorío y feudalismo: 15 años después (Institución Fernando el Católio. Zaragoza, 2004). • Las Cinco Villas Aragonesas en la Europa de los siglos XII y XIII. De la frontera natural a las fronteras políticas y socioeconómica: foralidad y municipalidad (Diputación de Zaragoza, Institución Fernando el Católico, Centro de Estudios de las Cinco Villas y Universidad de Zaragoza, Ejea, Sos del rey Católico y Uncastillo, 2005). • Sexto Encuentro de Estudios sobre El Justicia de Aragón: instrumentos para el conocimiento de sus orígenes y desarrollo de una institución clave en la Edad Media (Justicia de Aragón y Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2005) • La sociedad en Aragón y Cataluña en el reinado de Jaime I (1213-1276), (Institución Fernando el Católico, Zaragoza 2008). • Monarquía, crónicas, archivos y cancillerías en los reinos HispanoCristianos, siglos XIII-XV (Institución Fernando el Católico, Zaragoza 2011). Con igual buen hacer y efectividad ha coordinado varios congresos y simposia internacionales: La Marca Superior de al –Andalus, siglos VIII– IX. (C.N.R.S. de France, Casa de Velázquez del Gobierno Francés y Universidad de Zaragoza. Huesca, 1988). Feudalismo y señorío en la Península Ibérica, siglos XII-XIX (Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 1989); La Corona de Aragón y el Mediterráneo (Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 1992). Y en los estudios sobre el mundo de los mudéjares cabe subrayar los Simposia Internacionales de Mudejarismo: IV (1987), V (1990), VI (1993), VII (1996), VIII (1999), IX (2002) y X (2005) celebrados en la ciudad de Teruel, promovidos a partir de 1993 por el Centro de Estudios Mudéjares, organismo que está respaldado por un comité científico de reconocidos investigadores nacionales y extranjeros en muy variadas disciplinas, tales como la Historia, el Arte, el Patrimonio, el Pensamiento, etc. Incluso ha organizado diversos congresos internacionales en relación a parcelas ajenas a la historia medieval: El Conde de Aranda y su tiempo (Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 1998); o Felipe V y su tiempo (Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 2001). Pero además su saber personal lo ha volcado en la dirección de varias tesis doctorales y proyectos de investigación. Y todas ellas han culminado con la obtención de la máxima calificación otorgada por los tribunales que las juzgaron. Lógicamente el mérito principal es de las propias personas que las realizaron, pero la dirección de las mismas también es un elemento básico y fundamental a destacar. A día de hoy sigue desarrollando esta faceta de orientación y dirección con otros doctorandos. Son todas ellas facetas que deben subrayarse de manera especial en relación con la sociedad actual donde las humanidades no están de moda ni siquiera en las universidades. Hay quien habla de eclipse de las mismas. No voy a negarlo porque es un hecho y además un signo alarmante pero, tras la ocultación total o parcial, el astro vuelve a brillar. Creo, y sobre todo espero, que la sociedad reaccionará ante el duro panorama que hace poco se vislumbraba y que hoy en día empieza a ser una dura y triste realidad: la incapacidad para comprender lo que lee y la imposibilidad de esbozar unas formas de expresión coherentes son ya un hecho, ya nadie debate de manera inteligente, sólo se dan opiniones a gritos, ya ni siquiera se conversa… Se está asentando de manera definitiva una sociedad donde triunfa la insensibilidad humanística y, sobre todo, donde se impone una cada vez mayor tiranía tecnológica, excluyendo palabras con mayúscula tales como Arte, Literatura, Historia... Hagamos que la reversión sea posible. Sólo con esfuerzo, con trayectorias vitales como la mantenida por docentes e investigadores como el profesor Sarasa saldremos de esta encrucijada. Imposible abordar de manera más detallada todo el esfuerzo del profesor Sarasa a lo largo de su vida, ya que debe tenerse en cuenta que es autor de más de doscientas publicaciones de la especialidad entre artículos, ponencias, comunicaciones y colaboraciones. Como ha podido comprobarse el balance de su recorrido vital en relación a su compromiso docente e investigador es altamente positivo. Cientos de estudiantes han seguido sus explicaciones en las aulas a lo largo de tantos años y seguido sus orientaciones a la hora de formarse como historiadores. Su despacho ha estado abierto siempre a quienes querían acercarse a él. Esteban ha sido y es un buen medievalista y su trayectoria lo demuestra. Por otra parte los centenares de páginas que ha escrito han aproximado la Historia con mayúsculas a una sociedad que, como se ha indicado en párrafos anteriores, es hoy en día poco proclive a este tipo de temas. Por la parte que te toca, gracias Esteban. Con docentes e investigadores como tú las Humanidades no desaparecerán de nuestra civilización. Finalmente, como colofón, si la trayectoria académica del profesor Sarasa se resume en los ocho tramos (quinquenios) reconocidos de docencia universitaria con evaluación positiva destacada (40 años), y en los cinco tramos (sexenios) de actividad investigadora (30 años), su proyección social se refleja en otras contribuciones: socio-fundador de la Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza y socio de honor de la misma, director del Centro de Estudios Mudéjares de Teruel durante 12 años, miembro de El Rolde de Aragón, miembro de la Fundació Ernest Lluch, evaluador de la Agencia de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca de la Generalitat de Catalunya, así como de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospección (ANEP) de la Dirección General de Investigación Científica y Técnica del Ministerio de Economía y Competitividad; o, más recientemente, miembro del Comité de Bioética de Aragón en representación de la Universidad de Zaragoza y a propuesta de su Rector. Y dentro de esta proyección social y humana, destaca, de forma especial, su compromiso con la infancia desfavorecida. Compromiso que le ha llevado a implicarse en un altísimo grado con Unicef y sus proyectos: ha presidido UNICEF-Comité Aragón y, como tal, ha sido miembro del Patronato de UNICEF-Comité Español; actualmente es vocal del Comité de Aragón. Producción bibliográfica de Esteban Sarasa. ÁLVARO, M. I., BORRÁS, G. y SARASA, E. (coords.) (2005), Mudéjar, Catálogo de la exposición itinerante, Zaragoza, Ibercaja. BELTRÁN, M., CORRAL, J. L., SARASA, E. y SERRANO, E. (dirs.) (1992) Atlas de Historia de Aragón, Zaragoza, Institución Fernando el Católico. BONET, Á., SARASA, E. y REDONDO, G. (1985), El justicia de Aragón: Historia y Derecho. Introducción a la edición facsimilar de la Ilustración a los quatro procesos forales de Aragón y segunda ilustración de J. Fco. La Ripa. Zaragoza, Cortes de Aragón. FATÁS CABEZA, G. 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25,938
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Fernando Sánchez de Castro desde la cronística: Política mediterránea y rebelión de un hijo bastardo de Jaime I
FERNANDO SÁNCHEZ DE CASTRO DESDE LA CRONÍSTICA: POLÍTICA MEDITERRÁNEA Y REBELIÓN DE UN HIJO BASTARDO DE JAIME I. FERNANDO SÁNCHEZ DE CASTRO LIFE BASED ON CHRONICLES: MEDITERRANEAN POLITICS AND THE REBELLION OF JAIME I’S BASTARD SON. Jaime Elipe Soriano Universidad de Zaragoza\*. Resumen: A partir de las crónicas de época medieval y moderna, se elabora una biografía de Fernando Sánchez de Castro, hijo extramatrimonial de Jaime I y I barón de Castro. Se analiza la importancia del personaje desde los tres momentos clave de su vida: el viaje a Sicilia, la expedición a Tierra Santa y la rebelión contra el rey Jaime I y el infante Pedro. Se intenta esbozar la influencia que tuvieron en sus decisiones Manfredo de Sicilia y Carlos de Anjou. Palabras clave: Fernando Sánchez de Castro, Jaime I de Aragón, Carlos de Anjou, Manfredo de Sicilia, Aragón. Abstract: The biography of Fernando Sánchez de Castro (Jaime I’s bastard son) is written based on Medieval and Modern chronicles. In it the importance of the historical figure relies on three key moments in his life, namely his journey to Sicily, his expedition to the Holy Lands, and his rebellion against King Jaime I and Prince Pedro. The biography constitutes an attempt to address the influence that Manfred of Sicily and Charles of Anjou had on Sánchez de Castro’s decisions. Keywords: Fernando Sánchez de Castro, Jaime I of Aragon, Charles of Anjou, Manfred of Sicily, Aragon. JAIME ELIPE SORIANO “Replicó Esaú a su padre: $\ll _ { \mathit { i } , \mathrm { S o l o } }$ tienes una bendición, padre mío? Padre, bendíceme también a mí». Esaú rompió a llorar a gritos. Entonces su padre Isaac le respondió: «Lejos de la tierra fértil tendrás tu morada,/ y lejos del rocío del cielo./ Vivirás de tu espada,/ y servirás a tu hermano./ Y cuando te rebeles,/ sacudirás el yugo de tu cuello»”. Génesis, XXVII, 38-40. 1. Introducción. Fernando Sánchez de Castro (1241-1275) fue el mayor de los hijos bastardos de Jaime I de Aragón. La información disponible sobre su figura es muy reducida en la cronística medieval y moderna, debido principalmente a que fue famoso por acaudillar la rebelión de los nobles aragoneses y catalanes contra su padre. Por lo tanto, existen muy pocas noticias que puedan ilustrar algo de su vida. La biografía que se puede elaborar a partir de los datos extraídos de las fuentes es escueta pero ayuda a tener una semblanza general de dicho personaje. La revuelta contra el rey Jaime I no fue un acontecimiento de causas endógenas. Estaba conectado con la política internacional del momento, fundamentalmente las ambiciones mediterráneas de Carlos de Anjou, hermano del rey Luis IX de Francia. Básicamente, con los datos disponibles sobre su vida se pueden reseñar tres hitos principales: la gestión de la boda de su hermanastro el infante Pedro, la expedición a Ultramar y la revuelta contra su padre, Jaime I, que le acabó costando la vida. Para cubrir dichos episodios, las crónicas manejadas en el presente artículo son aquellas que más información, a priori, podrían arrojar sobre el personaje en cuestión. En primer lugar y como obra de referencia, Libro de los hechos, mandado redactar por el mismo Jaime I1 . Ofrece información de primera mano que, evidentemente, ha de ser valorada con cuidado2 . La. Crónica de Bernat Desclot también es de interés, pero tiene el inconveniente de que pertenecía al círculo áulico de Pedro III, quien dio muerte a Fernando Sánchez3 . El resto de obras medievales importantes no proporcionan datos que no cubran ya las anteriores4 . Respecto a los historiadores de época moderna, el de mayor utilidad es Zurita por lo prolijo en detalles y calidad historiográfica. Jerónimo de Blancas, por su parte, apenas cita su genealogía y su escudo de armas5 . Respecto a la documentación, sólo se ha tenido acceso a lo publicado que, en este caso es la colección de Huici y Cabanes. El principal problema es que el último volumen editado de la obra hasta la fecha llega al año 1268 y los momentos más importantes de la vida de Fernando Sánchez tuvieron lugar precisamente en los años siguientes6 . 2. Infancia y juventud de Fernando Sánchez. Nacido en 1241, la noticia principal sobre la ascendencia de Fernando Sánchez de Castro se encuentra en Zurita. El cronista dice que su madre fue una hija de Sancho de Antillón y que era el primero de los hijos naturales de Jaime I, ya que seguía casado el Conquistador con la reina Violante de Hungría7 . Caso diametralmente opuesto a los hijos que tuvo con Teresa Gil de Vidaure que, por lo general son calificados de bastardos también, algo falso por haberse legitimado su unión por el papa8 . Las primeras villas que recibió fueron el núcleo de su señorío, Pomar, Estadilla y Castro, de donde toma el nombre9 . Hay registro documental de que recibió Pomar en octubre de 1260, cuando contaba con diecinueve años10. Sin embargo, llegó a recibir un buen número de poblaciones, tal y como afirmaba Fondevilla, aunque no de manera patrimonial11. Una idea que aparece en la bibliografía, ya clásica, es el amor que el rey Jaime I profesó a Fernando Sánchez, algo que a la luz de los documentos no parece sostenible, viendo las donaciones hechas a otros hijos suyos habidos fuera del matrimonio12. A Pedro Fernández, cuando tenía diez años lo nombró juez en un caso de Daroca en 1257; a Pedro de Ayerbe le donó las villas de Fanzara y Cullera sitas en el reino de Valencia cuando contaba con un año de edad, el cinco de abril de 1260; Jaime de Jérica obtuvo Eslida, Veo y Ahín, también en Valencia, dos meses más tarde, cuando tenía cinco años13. Los dos últimos eran hijos de Teresa Gil de Vidaure quien, sin ser exhaustivos, recibió en nueve años —entre 1252 y 1261— los castillos y villas de Tarrasa y Jérica, la villa de Alcublas, el castillo y villa de Flix, los castillos de Arcos, Zancarés y Peña de Ahija, así como la instalación de una tintorería y el almudín en el alcázar de Valencia que le había dado en su momento14. En resumen, en torno a 1260 todos sus hijos ilegítimos habían recibido alguna merced del rey, pero queda demostrado que Fernando Sánchez, en la documentación consultada, no obtuvo más que sus hermanos. En efecto, hasta 1261 recibió únicamente la villa de Pomar cuando ya era un hombre; mientras que Teresa Gil de Vidaure y sus hijos de corta edad acumulaban como mínimo once lugares otorgados por el rey. Por lo tanto, documentalmente no se puede sostener el tópico del favoritismo de Jaime I hacia Fernando Sánchez. 3. Primera inmersión en la política mediterránea: la boda del infante Pedro. El primer episodio de cierta relevancia recogido en las fuentes que se refiere a Fernando Sánchez es la colaboración en la gestión del matrimonio de su hermanastro el infante Pedro, con Constanza hija del rey Manfredo de Sicilia15. En este punto es necesario hacer una recapitulación de los sucesos mediterráneos acaecidos a mediados de siglo XIII. La política internacional de la segunda mitad del siglo XIII constituye la quiebra de los poderes imperiales en el Mediterráneo: la muerte de Federico II en 1250 y la destrucción del Imperio Latino en 126116. A la muerte del hijo de Federico II, Conrado IV, Manfredo —hijo bastardo del primero, hermanastro del segundo— ejerció la regencia de su joven sobrino Conradino. Tras la defunción de su hermanastro Conrado IV, Manfredo se hizo con cierta facilidad con el control del sur italiano hasta que, aprovechando unos rumores sobre la muerte de Conradino, decidió aprovechar la contingencia que se le presentaba y el 10 de agosto de 1258 se coronó rey de Sicilia17. Ante esta situación, Carlos de Anjou, hermano de Luis IX de Francia, aparecía ante los ojos del papado como el paladín que acabaría de una vez por todas con la “raza de víboras”18. Aunque estaba relativamente seguro en su trono, Manfredo necesitaba apoyos externos para poder mantenerse en caso de que el papa decidiera arrebatarle el reino por la fuerza. Así que, según Zurita, decidió enviar a tres emisarios para gestionar la boda entre su única hija Constanza y el infante Pedro, quien acababa de pasar a ser el heredero de Jaime I a la muerte del infante Alfonso19. Tras recibir a los emisarios, en septiembre de 1260 se despachó una embajada de respuesta afirmativa a Sicilia20. Varios autores se hacen eco de este suceso, como Desclot y Zurita. El 13 de abril de 1261 el rey Jaime puso al mando de la comitiva a Fernando Sánchez de Castro y a Guillén de Torrella, para ultimar detalles y traer a la joven princesa para su matrimonio con Pedro21. El enlace beneficiaba a ambos monarcas. Manfredo conseguía un firme apoyo mediterráneo que servía de contrapartida al creciente poder angevino que extendía sus tentáculos desde la Provenza hacia Italia, al tiempo que aumentaba su influencia en la corte aragonesa casando a su hija con el heredero. A cambio, Jaime I recibía como nuera a la hija de un bastardo excomulgado por la Iglesia pero, en ese momento, única heredera de un reino importante. Posiblemente, el rey lo valoró como una oportunidad excelente para aumentar sus posiciones marítimas cortadas por el sur y sobre todo por el norte tras la firma del tratado Corbeil en 1258. Volcarse hacia el Mediterráneo parecía ser la clave para la ulterior expansión22. Explicados estos sucesos, quedan otros bastante más oscuros. $\therefore \mathrm { P o r }$ qué Jaime I eligió a su hijo ilegítimo Fernando Sánchez, pudiendo haber enviado a los infantes Jaime o Fernando, hijos legítimos que ya tenían edad suficiente como para poder representar a la figura paterna? La diferencia de edad entre los dos era muy reducida y teniendo en cuenta que el infante Jaime se había criado en la corte, parecía ser el más indicado para realizar las gestiones oportunas dictadas por el rey23. Debido a los escasos estudios sobre la bastardía en la Edad Media, no se pueden encontrar otras referencias similares sobre las que hacer alguna comparación. Únicamente existen estudios pero se refieren al siglo XIV, casi 150 años más tarde de las fechas que nos ocupan y para el caso del reino de Navarra24. Por eso, sólo se pueden apuntar distintas hipótesis. Algunos autores han querido ver una maniobra de su madre, Blanca de Antillón, para poner a su hijo en puestos de responsabilidad cerca de su padre25. Premisa que resulta difícil de sostener debido a que en esos momentos Jaime I estaba amancebado, si no en matrimonio morganático, con Teresa Gil de Vidaure26. Sean cuales fueran las causas por las que el Conquistador decidió enviar a Fernando Sánchez de Castro —entre las que la edad, experiencia y legitimidad no parecen ser especialmente importantes—, lo que está claro es que el monarca optó por confiar la misión al mayor de sus bastardos para iniciarlo en la vida pública. No era una tarea difícil una vez decididos los términos, pero no dejaba de ser una responsabilidad importante. En retrospectiva, considero lícito pensar que esta primera inmersión en la política mediterránea fue fundamental para la formación del joven Fernando Sánchez y que esta experiencia tuvo que cambiar por completo sus esquemas mentales. Esta argumentación se puede sostener mediante dos líneas, en buena medida opuestas. En primer lugar, fue el encargado de llevar la novia a su hermano; en segundo lugar, salió de la Corona y observó un nuevo entorno cortesano. De esta manera tuvo que ser consciente de que, si bien se le había otorgado una misión de importancia, únicamente actuaba como servidor de Jaime I y de su hermano el infante Pedro. Es decir, su vida estaba estrechamente ligada a lo que ordenasen los que estaban por encima de él. Cabe pensar que el joven Fernando tuvo que quedar deslumbrado con la corte que encontró en Palermo donde, al estilo bizantino, el ceremonial era abrumador y el boato lo ocupaba todo27. El círculo áulico siciliano tenía muchos rasgos orientales, como las cortes que se instalaron el Ultramar: el número de riquezas era impresionante, pero lo realmente importante es quién era el señor de todo ello, Manfredo Hohenstaufen. El rey de Sicilia tuvo que causar una honda sensación en Fernando Sánchez, no sólo por sus virtudes sino por los paralelismos que tenía con $\mathrm { e l } ^ { 2 8 }$ . El rey Manfredo tenía unos diez años más que Fernando Sánchez, seguía siendo joven y —pese a que nadie podría haberlo imaginado— reinaba. Y no sólo eso, sino que como Hohenstaufen, también acariciaba, con legítimo derecho, la idea imperial. Su ascenso se debió a una conjunción de casualidades: sobrevivió a sus hermanastros mayores legítimos quienes ya poseían algún título de importancia29 y al encontrarse como miembro de la familia de más edad y poder militar, resultaba el hombre perfecto para tomar el control de la regencia del pequeño Conradino. Fernando, por su parte, también bastardo, joven, tenía un suceso familiar reciente y sugestivo: su hermanastro Alfonso, el heredero de la Corona de Aragón, acababa de morir en 1260. Pudo ver cómo era posible que un bastardo llegara a reinar. 4. Entre la lealtad y la rebelión. Unos pocos años más tarde de la embajada a la corte siciliana, las crónicas vuelven a ofrecer noticias sobre Fernando Sánchez de Castro. La información la proporciona el propio monarca en el Libro de los hechos. Los moros de Murcia se rebelaron en 1264, de manera que Jaime I se vio moralmente obligado a intervenir en favor de su yerno, Alfonso X de Castilla30. Para la campaña necesitaba bastante dinero por lo cual se intentó que se aceptara un impuesto sobre las tierras el bovaje. Una parte de la nobleza y clero lo instaron a reunir cortes. Su hijo natural, Fernando Sánchez, se encontraba entre los que le recomendaron la convocatoria de las mismas. Tras arduas discusiones con la nobleza, a la que se intentaba convencer para que fingiera aceptar el impuesto con el fin de arrastrar al resto de los brazos de las cortes a votar a favor, los nobles acabaron por conjurarse contra el rey31. Sin embargo, está documentado en noviembre de 1264 que la nobleza catalana había pagado y que el rey, pese a eximirlos de cualquier prestación no lo hacía del bovaje32. Por lo tanto, se pagó al rey; sin embargo éste mandó redactar lo contrario en su Libro para legitimar su postura en el enfrentamiento posterior. Una facción de la nobleza disgustada, encabezada por Fernando Sánchez, al ver que el asunto se tornaba grave y que no se iba a ceder a favor de los barones, intentó la reconciliación. Los motivos que esgrimió fueron que “el juramento que ellos habían hecho no era contra Nos, sino que era porque incumplíamos sus fueros y les pedíamos cosas inadmisibles y porque […] les habíamos quitado lo suyo cuando discutían con Nos […]”33. Al parecer, un juramento los obligaba a cederse las fortalezas entre ellos; de manera que Pomar, villa de Fernando Sánchez, sufrió asedio entre junio y julio de 1265 por parte del rey, pese a haberse reconciliado con su propietario34. La campaña en ayuda del rey de Castilla no podía esperar, así que el asunto se dejó en manos de los obispos de Zaragoza y Huesca, cuyas gestiones no fueron satisfactorias en absoluto; tras finalizar la guerra en el sur, los problemas retornaron. En esta ocasión, el ricohombre Ferriz de Lizana desafió al monarca, quien respondió asediando su villa. Casualmente, pese a la reconciliación que se ha citado más arriba, Fernando Sánchez sostenía una posición un tanto ambigua, colaborando con tropas en el castillo de Lizana. Mediante la toma del castillo y ahorcando a sus defensores aparentemente se puso punto final a la disensión nobiliaria. 5. Entre la Séptima y la Octava cruzada: la expedición a Tierra Santa. Una vez disuelta la coalición de la nobleza, Jaime I comenzó a proyectar una expedición a Tierra Santa que en buena medida no dejaba de ser un tanto quimérica35. Lógicamente, ser el príncipe de mayor autoridad de la Península y haber recibido emisarios orientales, así como promesas de ayuda de las órdenes militares excitó sobremanera al monarca36. Todo ello vino agrandado por las recientes embajadas armenias, tártaras y bizantinas que lo animaban a atacar a los mamelucos. Una vez resueltos los preparativos, la flamante escuadra soltó amarras del puerto de Barcelona en septiembre de 1269 y se hizo rumbo a Ultramar, para deshacerse pocos días después por una tempestad37. La parte principal de la armada al mando del rey, regresaba a casa mientras que una parte menor llegó a San Juan de Acre. Estas naves estaban al mando de Fernando Sánchez de Castro y de Pedro Fernández de Híjar, ambos hijos naturales del rey38. Jaime I decidió llevarse a dos hijos ilegítimos a la expedición de Palestina como toda representación familiar. Mientras a la Octava Cruzada marcharon juntos el rey de Francia, el de Navarra y el de Sicilia rodeados de lo mejor de sus reinos, el Conquistador resolvió llevar a cabo su aventura particular con los dos bastardos. En este caso, ante el silencio de las fuentes consultadas por tal suceso, cabe pensar que los acontecimientos previos marcaron la decisión: era necesario separar a Fernando Sánchez de la nobleza del reino que tantos problemas había causado y de la cual había sido su portavoz. Otro aspecto a tener en cuenta en esta expedición es la persona del propio Jaime I, que a la sazón contaba con 61 años y se encontraba en la cumbre de su prestigio, sobre todo tras haber socorrido a Alfonso X en el reino de Murcia. Por esto mismo, es posible que el monarca aragonés pensara en el viaje a Ultramar como su último proyecto vital39. Ha de tenerse en cuenta que el periplo podía ser peligroso y no muchos volvían de Tierra Santa con su edad40. De todas formas, la estancia de los dos hermanastros en el Medio Oriente no se prolongó en exceso ya que, el mayor decidió volver a casa dejando a Pedro al mando del puñado de hombres que quedaban de la expedición inicial en Acre41. Sobre los motivos del temprano regreso, tanto las fuentes como la bibliografía consultadas guardan silencio. 6. La situación del Mediterráneo en la década de 1260. Para comprender cómo transcurrió el regreso del viaje de Fernando Sánchez a la Península Ibérica, considero necesario hacer un breve inciso para centrar la atención en el escenario, el Mediterráneo, y los protagonistas, Manfredo, Carlos de Anjou y Jaime I. Ramón Berenguer V de Provenza —primo de Jaime I— había muerto sin descendencia masculina en 1245, de tal manera que su hija pequeña, Beatriz, era la heredera de sus posesiones. Estaba casada con Carlos de Anjou, quien, de esta manera, consiguió ampliar su patrimonio considerablemente. Pese a sufrir durante varios momentos de su gobierno rebeliones de los provenzales, el angevino tuvo estos territorios como base para su posterior expansión mediterránea. Como consecuencia, Jaime I se sentía ofendido por no haber sido consultado por la herencia del condado. Por este motivo, Carlos de Anjou recelaba de las políticas aragonesas que podrían aprovechar algún momento crítico para la intervención armada42. Aunque esto no afectaba directamente a sus posesiones, el infante Pedro también estuvo a punto de hacerse con el control de Tolosa, ciudad que en 1271 lo reclamaba como señor, amenazando las posiciones angevinas en Provenza43. Poco antes de que el rey Jaime I abrazara la cruz en 1269, Carlos de Anjou había conseguido eliminar a los últimos Hohenstaufen: a Manfredo en 1266, y dos años más tarde al joven Conradino44. Mediante la violencia se consiguió un traspaso de poder en el reino de Sicilia y prácticamente en dos terceras partes de la Península Itálica. Pero la ambición del angevino no se detuvo ahí, ya que las posibilidades de expansión eran amplias a costa de los pequeños estados balcánicos que habían sobrevivido al desastroso Imperio Latino —incluyendo el recién restaurado Imperio Bizantino— por su atomización. A lo largo de la década de 1270, Carlos de Anjou fue adquiriendo títulos y posesiones de cierto valor, como los reinos de Albania y Jerusalén, que pretendía usar de base para su gran salto sobre Bizancio. El infante Pedro, heredero de Jaime I, se había casado con Constanza Hohenstaufen, hija y heredera de Manfredo rey de Sicilia. Y pese a que el Papa había concedido el reino a Carlos de Anjou, Pedro no dejaba de pensar que se le había arrebatado lo que por justicia era de su mujer y en consecuencia, suyo también. Se añadía el hecho de que tras la muerte de los últimos Staufen, partieron al exilio un buen número de notables que se reunieron alrededor de la legítima heredera, Constanza. Así las cosas, se puede retomar el periplo de regreso a casa del protagonista del artículo. 7. En los límites de la obediencia: entrevista con Carlos de Anjou. Tras analizar la tensa situación del Mediterráneo occidental, condicionada principalmente por las ambiciones de Carlos de Anjou y Jaime I de Aragón, volvamos ahora a la figura de Fernando Sánchez. En las crónicas se recogen noticias que señalan que a su retorno de San Juan de Acre hizo escala en el reino siciliano para entrevistarse con Carlos de Anjou. Pese a que ciertas puntualizaciones de Desclot han de ser tomadas con precaución, todo parece indicar que, junto con su suegro Jimeno de Urrea, se entrevistó con el nuevo rey de Sicilia, el de Anjou: “[…] En Ferran Xanxis e N Examèn d’Orrea son sogre, $I ^ { a }$ vegada que venien d’Oltramar per terra de la ila del Cret ençà, se giraren al rey Karles e parlarenab él, per ço cor sabien que era el major enemich que l’enfant En Pere avia”45. “Don Fernán Sánchez y don Jimeno de Urrea [su suegro] volvieron por la isla de Creta y a la vuelta tocaron en Sicilia donde vieron al rey Carlos del cual fueron muy bien recibidos y festejados; y según en algunos anales parece recibió don Fernán Sánchez caballería de mano del rey por lo cual se siguieron grandes celos y de ellos un implacable odio y discordia entre él y el infante don Pedro su hermano” 46. Este punto es de gran importancia dentro de la historia de Fernando Sánchez. Sorprende que a su edad no hubiera sido armado caballero47. Pero las crónicas guardan silencio al respecto. Realmente lo importante es el hecho en sí, porque como se ha argumentado anteriormente, el infante Pedro y su esposa estaban interesados en la adquisición de Sicilia, algo que quizás ya formara parte de la política dinástica; no cabe duda de que la entrevista de. Fernando y su sumisión al rey Carlos al ser armado caballero por éste iba en contra de los intereses reales. Pese a que ha de tenerse cierta precaución en las observaciones de Desclot respecto a lo que habló Fernando Sánchez con el de Anjou, muy posiblemente fuera la sustitución de la rama legítima de Aragón por la bastarda48. Aún así, hay un punto al que no se ha podido dar respuesta: ¿por qué se hizo armar caballero por Carlos, enemigo de los intereses aragoneses y luego regresó? Bien pudiera ser que fuera una invención posterior elaborada por el círculo de Pedro III, como Desclot y repetida por cronistas como Zurita. Llegados a este punto, es necesario señalar que la bibliografía se declara abiertamente a favor o en contra de nuestro personaje. Ya desde los propios cronistas que como se ha visto en el caso de Desclot, se tenía claro el complot supuestamente urdido por Carlos de Anjou y Fernando Sánchez49. Es muy difícil determinar si realmente existió tal confabulación. Hay argumentos que avalan esta teoría que aunque pudiera haber sido inventada por los partidarios del infante Pedro, bien podría tener un poso de verdad. Es cierto que el futuro heredero de la Corona, gracias a su matrimonio y sus ambiciones 48.- B. Desclot, Crònica, p. 19: “El rey Karles aculí-los molt bé, e donà-lur grans dons e tractá ab éls que deguessen alciure l’enfant En Pere ho gitar de la terra, e que En Ferran Xanxis fos rey d’Aragó […]” Autores de principios del siglo XX, en una postura de admiración por el bastardo, llegaron verter suposiciones aún más arriesgadas, como F. Fondevilla, “La nobleza catalanoaragonesa”, p. 1081: “Este mismo Carlos de Anjou fué el que comprendió, penetrándola, la valía política y militar de Ferrán Sánchez”. En páginas siguientes llega incluso a decir que Clemente IV quería que el regio bastardo fuera el encargado de gestionar la recuperación de los Santos Lugares. 49.- María del Carmen Palacín Zuera, Pomar de Cinca. Retazos de su historia, Huesca, 2004, p. 105: “[…] en estas enérgicas suyas, la réplica a los más íntimos deseos del bastardo, porque nadie dudó entonces (ni podemos dudar ahora) que Fernán Sánchez preveía y deseaba la suplantación del infante Pedro, o al menos su sustitución por el infante Jaime o por otro de los hijos legítimos de Jaime I, el rey”. Además, se retrotraen precisamente estas ambiciones a la famosa entrevista que mantuvo con el rey Carlos, p. 112: “Es un hecho que el bastardo, desde el momento en que había tenido tratos con Carlos d’Anjou, era un peligro para los reinos de la Corona de Aragón”. Una visión diametralmente opuesta encontramos en una corriente historiográfica algo caduca, pero no deja de tener cierto interés en F. Fondevilla, “La nobleza catalanoaragonesa”, p. 1083: […] el Infante Pedro para apartar el espectro de un futuro contrincante, no dudó en apelar a la injuria y atribuyó a su hermano bastardo designios y ruindades que el de Castro estuvo siempre muy lejos de acariciar”. Continúa, ya con un carácter mucho más emotivo, p. 1090: “Ferrán Sánchez es digno de Aragón. Es un héroe”. Evidentemente, sostener una visión muy positiva del bastardo conlleva una muy negativa del infante Pedro. Desclot ya hemos señalado que cita la alianza con Carlos de Anjou para hacerse rey de Aragón. Por su parte, en J. Zurita, Índices de las gestas, pp. 234-235: “[…] estaba persuadido que había conspirado con los nobles para arrebatarle el reino, con las esperanzas infundidas a Fernando por el rey Carlos de Sicilia […]” El mismo autor se muestra más contundente con sus apreciaciones en los Anales; J. Zurita, Anales, pp. 693-695. Aquí achaca la enemistad del infante y el bastardo, al vasallaje que le rindió Fernando Sánchez a Carlos de Anjou. Por ello, y por un posible pacto para heredar las posesiones aragonesas a la muerte de Jaime I. personales, constitutía una amenaza tanto en el Mediterráneo como en los señoríos meridionales angevinos. También es importante reconocer que el de Anjou buscaba a toda costa construir un nuevo estado similar al Imperio Latino que añadir a su patrimonio y para ello necesitaba tranquilidad en el occidente mediterráneo. Teniendo en cuenta que Fernando Sánchez ya había sido en su momento representante de los nobles descontentos, siempre apoyado por su suegro Jimeno de Urrea, podría volver a levantarse en armas. Hay que tener en cuenta otro hecho que considero clave y que posiblemente lo animara a poner en marcha sus proyectos: la referida entrevista con Manfredo un decenio atrás. A mi modo de ver hay motivos suficientes para que estos dos personajes intentaran un cambio de poder en Aragón. Parece verosímil que Carlos de Anjou estaba interesado en que Fernando Sánchez “fos rey d’Aragó”. Y el propio bastardo, también. 8. La rebelión nobiliaria y Fernando Sánchez de Castro. La situación en la Corona también estaba abonada convenientemente para, si no dar un golpe de estado en toda regla como parece que era la trama “oficial”, forzar al rey a doblegarse a las exigencias nobiliarias. El descontento de la nobleza se puede ver reflejado en los problemas crecientes entre el infante Pedro y Fernando Sánchez, entre los que el rey acabó viéndose involucrado. De hecho, el clímax de la tensión se alcanzó en el momento en el que el bastardo regio acusó, a principios de 1272, a su hermanastro de un intento de asesinato, suceso que el propio rey registró en su Libro de los hechos. Al parecer, Pedro buscaba la eliminación de Fernando Sánchez, una vez descubierta la conjura con Carlos de Anjou. En un principio, Jaime I no supo cómo abordar el asunto, ya que se trataba del manifiesto odio personal entre su primogénito y su bastardo; tras realizar las pesquisas pertinentes tomó partido por Fernando y privó al infante Pedro de la Procuración de Aragón y Cataluña50. El Conquistador intentaba llegar a una especie de reconciliación que acabó siendo imposible porque el heredero reveló una trama de intento de asesinato de su persona así como movimientos de agitación y subversión por parte del bastardo, principalmente en Aragón51. Acusaciones a las que los nobles implicados se negaron a contestar. ¿Hasta qué punto esto era cierto, teniendo en cuenta que a la postre los vencedores fueron el rey y el infante? A principios de 1273, el rey había decidido socorrer una vez más a su yerno, Alfonso X de Castilla, contra el reino de Granada. Para ello reunió sus mesnadas, pero el vizconde de Cardona y varios nobles más se negaron a acompañarlo porque según ellos no tenían obligación de hacerlo52. Pese a estos problemas, el monarca marchó al Concilio Lyon II donde fue el único príncipe que asistió. A su retorno a finales de 1274 se encontró un panorama más revuelto aún, pese a que en la distancia había intentado solucionarlo. Debido a que el infante Pedro había determinado incautar un feudo de una forma no lícita a los ojos de los barones, por este motivo se desencadenó una unión de los nobles para defender sus derechos (pese a que el rey les había dado la razón en un principio)53. Mientras, el rey intentaba dar castigo al de. Cardona, haciéndole devolver todos sus feudos, algo a lo que el vizconde se negó54, las hostilidades acabaron estallando de manera abierta entre el rey y el infante por un lado, la nobleza y el bastardo por el otro55. Los nobles rebeldes se aliaron con Fernando Sánchez y con algunos castellanos para hacer frente común contra el rey Jaime $\mathrm { I } ^ { 5 6 }$ . Aunque éste en su Libro de los hechos no es nada prolijo en dar información sobre lo que fue una auténtica rebelión de lo más granado de la nobleza, Zurita sí facilita más detalles: “Sucedió por este mismo tiempo que el vizconde de Cardona y don Fernán Sánchez y don Artal de Luna y algunos otros ricos hombres de Aragón se vieron en el reino de Castilla y se confederaron y juramentaron entre sí; y volvieron con don Fernán Sánchez a Estadilla, a donde se hicieron ayuntamientos de gentes de este reino. Entonces se juntaron también algunos barones de Cataluña en Ager, con sus compañías, y eran el vizconde de Cardona y los condes de Ampurias y Pallás […]”57. Obviando el largo elenco de nobles que se enumeran, hay un detalle que conviene destacar: la villa de Estadilla ejerció como núcleo desde donde se dirigió la revuelta. Y consta que Fernando Sánchez era el señor de la población. Se subraya así el hecho de que el regio bastardo era el líder visible de la rebelión, y probablemente también uno de los cerebros que la habían maquinado. Finalmente los aragoneses acabaron por sumarse a los catalanes y decidieron desnaturalizarse del rey, pese a los intentos de Jaime I por solventar el conflicto por la vía diplomática. Los motivos que expusieron los rebeldes aragoneses fueron principalmente el agravio constante y el ataque de los vasallos del infante Pedro a los clientes de Fernando Sánchez: tanto a sus hermanos por parte de madre, como a otros afectos a él, (Jimeno de Urrea, Pedro Cornel…). Así la situación, Jaime I dio su beneplácito para el inicio de las hostilidades. En Aragón se encargó personalmente de ello el infante, mientras que el anciano monarca intentaba poner orden en las tierras catalanas. $\therefore \mathrm { P o r }$ qué adoptó esta decisión y no al revés? Considero que la elección de Jaime I fue pragmática. El reino estaba al borde de la anarquía y él posiblemente no se veía con fuerzas para ejercer una justicia que había de ser severa con su díscolo hijo. Con este proceder se aseguraba el éxito de la eliminación de Fernando Sánchez definitivamente. El desenlace final de la historia de Fernando Sánchez de Castro tuvo lugar precisamente en las cercanías de su señorío. De camino a Antillón se vio sorprendido por las tropas del infante de manera que se acabó refugiando en Pomar de Cinca. El castillo de la localidad fue cercado y, pese a su intento de huida vestido de pastor mientras uno de sus hombres se disfrazaba con sus ropas, fue descubierto. El infante Pedro lo mandó ahogar en el Cinca58. Hasta hace un par de años se desconocía el paradero exacto de los restos de Fernando Sánchez. S. M. Cingolani apuntaba, con acierto, lo que las últimas investigaciones han revelado.59. Pese a que Ricardo del Arco barajaba distintas posibilidades, que incluía su estancia en Santes Creus, lo más seguro era que su sepulcro estuviera en Santa María de Fonclara60. Esta decisión sería tomada por la cercanía, ya que está situada a 15 kilómetros de Pomar de Cinca, núcleo central del feudo de Fernando Sánchez61. En efecto, la investigación de R. Pablo ha revelado unos documentos en los que el propio Fernando Sánchez pedía, antes de partir a Tierra Santa, ser enterrado en Fonclara. Tras su muerte, los monjes reclamaron su cuerpo al Temple, orden que había custodiado sus restos en Monzón62. 9. Conclusiones. Como ha quedado patente, las fuentes cronísticas disponibles para elaborar una biografía de Fernando Sánchez de Castro son bastante limitadas. Únicamente ofrecen datos sobre sucesos muy concretos de su vida, relacionados con la boda de su hermanastro y la primera visita a Sicilia, los escarceos con la nobleza levantisca, la expedición a Tierra Santa y la entrevista con Carlos de Anjou, su rebelión y muerte. Una primera lectura de su vida, sobre todo atendiendo al Libro de los Hechos, apunta claramente a los problemas que el rey tuvo con su hijo y parece que se trata únicamente de un problema interno. Pero ha quedado demostrado que la política exterior tuvo un peso fundamental en dichos conflictos. Es cierto que no los suscitó, pero la carga ideológica que había ido adquiriendo Fernando Sánchez a lo largo de su vida, sobre todo a su paso por el reino de Sicilia, fue fundamental: primero con Manfredo, cuando descubrió que un personaje secundario y bastardo como él podía llegar a adquirir un reino; segundo con Carlos, quien muy posiblemente lo espoleó para dar rienda suelta a sus ambiciones y servir a sus propios intereses. Lo notorio del caso es que la política mediterránea, pese a los problemas de las distancias y comunicaciones, era muy fluida y los intereses orientales podían incidir de forma sustancial en sucesos acontecidos en el otro extremo. Poco después de los hechos anteriormente apuntados, Carlos de Anjou padecería las Vísperas sicilianas. De cualquier manera, y a la falta de otros estudios que serían interesantes para ir llenando este vacío historiográfico, se puede afirmar que el papel de este personaje fue cercano al rey y que por lo general estuvo muy relacionado con hechos de armas. Encarna el papel de milites a la perfección, sea al servicio de la Corona o como caudillo de los nobles rebeldes; es ante todo un guerrero. Además, su padre —igual que hizo con el resto de hijos— intentó en la medida de lo posible insertarlo dentro de la nobleza, otorgándole señoríos como la baronía de Castro y casándolo con una persona de alcurnia, la hija de Jimeno de Urrea. Lo singular de este caso es que fue el único de los hijos de Jaime I que se rebeló contra él y posiblemente por ello se dispone más información sobre Fernando que sobre los otros ilegítimos, que también tuvieron responsabilidades cercanas al monarca. Sin embargo, no cataron las mieles sicilianas ni el dulce sabor del poder. 10. Anexos63. Hijos legítimos de Jaime I: Hijos ilegítimos de Jaime $\mathrm { I } ^ { 6 4 }$ : Descendencia de Federico II: 64.- Se sigue aquí lo mencionado por S. M. Cingolani, “Fernando, abad de Montearagón”, pp. 44 y ss. Sin embargo, tengo mis reservas en aceptar que los Sarroca fueran hijos del rey, ya que éste en múltiples ocasiones habla de Jaime Sarroca, quien será obispo de Lérida como alguien de su entorno áulico. Sin embargo, jamás dice que sea hijo suyo, cosa que sí hace con otros de sus ilegítimos. Un ejemplo documental se encuentra en ACA, Cancillería, Reg. 15, fol. 40v, apud A. Huici Miranda y Mª D. Cabanes Pecourt, Documentos de Jaime I, vol. V, p. 207: “Per nos et nostros recognoscimus et confitemur quod vos Jacobus de Rocha, sacriste ilerdensis, decanus Valencie et notarius noster […]”.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
El libro-registro de Miguel Royo, merino de Zaragoza en 1301. Una fuente para el estudio de la sociedad y economía zaragozanas a comienzos del siglo XIV
EL LIBRO-REGISTRO DE MIGUEL ROYO, MERINO DE ZAGOZA EN 1301: UNA FUENTE PARA EL ESTUDIO DE LA SOCIEDAD Y ECONOMIA ZARAGOZANAS A COMIENZOS DEL SIGLO XIV. Carmen Orcästegui Esteban Sarasa. En '1977 publicabamos el libro-registro de cuentas del merino de Zaragoza Miguel Palacin correspondiente a los aios comprendidos entre 1339 y $1 3 \dot { 4 } 2 ^ { 1 }$ . Se significaba entonces la importancia de dicho cargo y el interés por ocuparlo debido al prestigio social y politico que ello répresentaba; sin olvidar los pingues beneficios económicos que podia producir y que,en algun caso,atrajo la acusación' a los merinos de enriquecimiento personal e irregularidades en la gestión. El merino administraba las rentas y derechos pertenecientes al rey en la capital del Ebro, pero el conjunto de sus atribuciones e intervenciones era más amplio.No obstante no insistiremos sobre esta cuestion y remitimos al trabajo mencionado. En esta ocasion se trata de presentar un texto más breve pero lleno de interés por su relativa antigüedad y riqueza de contenido, a pesar de limitarse practicamente a la gestion de un solo ano (1301)del merino Miguel Royo² que sustituyó temporalmente a Gil Tarin a finales del ano l3oO, quien venia ocupando el merinado desde 1291 y lo seguiria haciendo hasta 1312.En 1889 don Manuel de Bofarull y Sartorio daba a conocer un manuscrito del Archivo de la Corona de Aragón titulado $E l$ registro del merino de Zaragoza,el caballero don Gil Tarin $( \boldsymbol { I } 2 9 \boldsymbol { I } \ – \boldsymbol { I } 3 \boldsymbol { I } 2 ) ^ { 3 }$ que no era un balance de su prolongada gestion ni tampoco el registro sistematico de uno o varios ejercicios anuales, sino mas bien una recomposicion de las rentas y derechos que pertenecian al monarca en Zaragoza y lugares del merinado4 por diversos conceptos y la constatacion de documentos de concesion a particulares de algunas de estas rentas para disfrutarlas de por vida (a violario) o a perpetuidad en el caso de instituciones religiosas (perpetualmente). Dicha relacion debio confeccionarse en los ultimos anos de Gil Tarin, tal vez para justificarse ante las acusaciones de que habia sido objeto y que motivaron,por ejemplo,la suspensión en el cargo durante cierto tiempo y la sustitucion por Miguel Royo5 . El registro del merino Miguel Royo corresponde, pues, a su gestion del afo l3Ol,aunque inicie su tarea en octubre del ano 2 Archivo de la Corona de Aragón (A.C.A.) de Barcelona,Varia de Cancilleria 251. Miguel Royo habia sido con anterioridad jurado de Zaragoza (A. Canellas,Coleccion diplomatica del concejo de Zaragoza,tomo II, Zaragoza 1975,doc.329) 3 Transcrito,anotado yacompanado de apuntes biograficos de la familia de Tarin, Zaragoza,Imprenta del Hospicio Provincial. 4 En el registro de Gil Tarin aparecen consignados,ademas de Zaragoza,los lugares de Fuentes,Zuera,el Castellar, Tauste,Alagón,Rueda,Epila,Ricla,Aranda,Gallur,Magalion,Alfamen,Almonacid de la Sierra,Alfajarin,Pinay Velilla de Ebro (Bofarull, obra citada,pag. 4). Sin embargo,Bofarull anota que los pueblos del merinado de Zaragoza enumerados por Tarin son menos que los senalados en dos documentos de cancilleria por él transcritos (ibidem,nota 2).En el texto del registro de Miguel Palacin (1339-1342) solo_aparecen dependiendo de dicho merinado Aranda,Alagón,Ricla, el Castellar, Gallur,Fuentes y Epila en lo que se refiere a rentas y derechos pertenecientes al rey en estos lugares (con lugartenientes de merino en Alagón,Aranda y Epila); aunque el merino percibia por diversos conceptos algunas cantidades de vecinos de otros lugares. En un documento de la Coleccion diplomatica del concejo_de Zaragoza (tomo II, doc.146) de 1280 se senialan las bailias loales de Tauste,Zuera,Epila,Ricla,Almonacid y Alfamen como integradas en el merinado de Zaragoza. 5 El propio Miguel Royo habia solicitado de Gil Tarin la relacion de treudos y otros derechos que percibia en nombre del rey como merino, excusandose éste de no tenerla por escrito. Fue el lugarteniente del merinado, Miguel Luengo,el que obtuvo dicha relacion, mediante la entrega de 10 sueldos,de un tal Espanol que era hombre de Tarin (A.C.A. Varia de Cancilleria 251,fol. XXiX).La inquisicion contra Tarin costó 47 sueldos entre “escrivir en ebrayco e en morisco e despues traslatarlo en christianego"(Ibidem,fol. XXXI v.). anterior,y constituye una fuente muy sugestiva .para el estudio de la sociedad y economia zaragozanas por la variedad y riqueza de los asientos resenados. Se trata en definitiva de un documento vivo -carece de la inexpresividad que la documentación oficial suele ofrecer- y de un testimonio dinámico de la vida de una ciudad en una fecha determinada y de los problemas surgidos en su seno que, naturalmente,se pueden trasladar a otras fechas inmediatas6. 1. LAS RENTAS Y DERECHOS DEL MERINADO Y SU ARRIENDO EN 1301 (INGRESOS ORDINARIOS) El merino Miguel Royo anota al comienzo del registro el importe detallado del arriendo de las rentas y derechos del rey en el merinado correspondiente al ano 13oO,y que habia llevado a cabo el baile Pedro de Mora el dia 8 de enero; para dejar constancia a continuacion de lo percibido por la tercia de diciembre, fecha en la cual ya se habia hecho cargo del merinado. Sin embargo $- \mathbf { y }$ aunque se registran algunos gastos extraordinarios sufragados con los ingresos del merinado, tal como los de la reparacion del almodi,asi como las pagas hechas a particulares o instituciones religiosas por concesiones a ‘violario” (de por vida) o por 6 Las primeras actas del concejo de Zaragoza conservadas en el Archivo Municipal de la ciudad son de_1440.Ademas del texto que presentamos (1301) y del ya publicado de Miguel Palacin (1339-1342),estamos preparando asimismo la edicion y estudio de los registros de los merinos Blasco de Azlor (1373-1376),Gil de Sada (1383-1386) y Lope Sánchez de Alvero (1387-1389 y 1391-1392),que son mucho mäs extensos que los publicados hasta la fecha.La Coleccion diplomitica del concejo de Zaragoza a cargo de A. Canellas (Zaragoza,2 tomos,1972 y 1975) comprende documentos hasta 1285,y en lo que se refiere a estudios sobre Zaragoza en el plano socioeconómico se han publicado para la segunda mitad del siglo XV algunos trabajos en Aragon en la Edad Media,tomos I, II y II (Zaragoza 1977, 1979 y 198o) a cargo de A. Sesma e I. Falcon, quien recientemente ha presentado sendos libros sobre la organizacion municipal de Zaragoza en el siglo XV y la morfologia urbana. 7 La reparación y mantenimiento de los inmuebles pertenecientes al rey y de uso publico en la ciudad, corria a cargo del merinado aunque los derechos sobre los mismos se arrendaran a otras personas. En esta ocasion se habian gastado 34 sueldos y 6 dineros en la adquisicion y reposicion de los utensilios y elementos propios del almodi, incluyéndose en los gastos del ültimo cuatrimestre del ano 1300 (A.C.A. Varia de Cancilleria 251,fol. IV). 8 Dichas asignaciones se solian aplicar y deducir de las rentas del almudi, peso o de los derechos de la carniceria de los judios,en unos casos,o del conjunto de las rentas del merinado, en otros. otros conceptos para el ultimo cuatrimestre del ano $1 3 0 0 -$ ,es en el folio VII del libro-registro donde se inicia verdaderamente la' anotación minuciosa del ejercicio anual de l3O1, tras el arriendo de las rentas y derechos del rey en la capital y lugares del merinado por subasta publica (almoneda) hecha por el baile general de Aragón,don Berenguer de Tovia, el 5 de enero de dicho anio10. La costumbre de arrendar anualmente las rentas y derechos del rey en el merinado de Zaragoza hacia oscilar,a veces ostensiblemente,las cantidades de oferta de los arrendadores segun las circunstancias. También era frecuente que las mismas personas aparecieran ano tras afo en la puja y se hicieran con la titularidad de dichos arriendos.Este sistema permitia además que el merino pudiera disponer de los fondos necesarios para sufragar los gastos propios del merinado asegurandose la percepción de las arrendaciones sin intervenir directamente en la cobranza de las rentas y derechos reales. De cualquier forma, en la relacion de rentas y derechos arrendados para el ano l30l se advierte la ausencia de algunos conceptos que si se mencionan y se registran para el afo $1 3 0 0 ^ { 1 1 }$ ; consignándose,en cambio,los valores de los treudos por inmuebles del ano en cuestion. El afo fiscal en este caso se dividia en tres tercias, de manera que el merino cobraba en mayo; septiembre y diciembre las consignaciones del arriendo de los titulares.Y por el mismo procedimiento se hacian los pagos de las asignaciones de “perpetuales"y “violarios” mediante recibo (albara) que expedia algun notario de la ciudad,cuyo nombre también se registra en el mismo asiento del libro del merino junto a los demás datos. <table><tr><td></td><td colspan="2">ano 1300</td><td colspan="2">ano 1301</td></tr><tr><td>concepto</td><td>titular</td><td>cantidad</td><td>titular</td><td>cantidad</td></tr><tr><td>almodi del pan,</td><td>Juan Marcel</td><td>3.900 sueldos</td><td>sPonz Baldovin4.0o0 sueldos</td><td></td></tr><tr><td>peaje,</td><td>Pedro Garcia de Lerida</td><td>1,350 ”</td><td>Garcia Xeme- nez de Murillo 1.300</td><td>”</td></tr><tr><td>peso,</td><td>Miguel Royo</td><td>1.300 ”</td><td>Martin Pérez 1.450</td><td>;</td></tr><tr><td></td><td></td><td></td><td>Royo</td><td></td></tr><tr><td>caldera de la tintoreria,</td><td>(un judio)</td><td>310 9</td><td>Salom6n Constantin</td><td>330 ”</td></tr><tr><td>alhondiga,</td><td></td><td>;</td><td>Jaime de Tena‘145</td><td>”</td></tr><tr><td>banio del rey,</td><td>Ramón Becha. Miguel Royo</td><td>100 200 ”</td><td>Martin Luen-</td><td></td></tr><tr><td></td><td></td><td></td><td>go</td><td>240 ”</td></tr><tr><td>adelantados de la aljama de la moreria, por tien- das y alharce (alherz)</td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td>horno,</td><td>Salomon</td><td>600 ”</td><td></td><td>1.000 ”</td></tr><tr><td>husillo del olio,</td><td>Constantin</td><td>30 ”</td><td></td><td></td></tr><tr><td>peaje de Alag6n,</td><td>no se arrendo</td><td>一</td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td>Garcia Xeme- nez de Murillo</td><td>530 ”</td><td></td><td></td></tr><tr><td>husillo del olio de Alagon,</td><td>no se arrend6</td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td> peaje de Epila,</td><td>Garcia Xemé- nez de Murillo</td><td>”</td><td></td><td></td></tr><tr><td>peaje de Gallur,</td><td>Mateo Moza-</td><td>230</td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td>ravi</td><td>240 ;</td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td>hormo,lezda y</td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td>no se arrendaron</td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td>otros derechos</td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td>de Ricla</td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr></table> 2. TREUDOS DE INMUEBLES (ANO 1301)¹2 (INGRESOS ORDINARIOS) Domingo Calatayud, unas casas en Altabas..... 2 sueldos. Guillerma de Tarba,”” 99 :.3 ” 6. Domingo la Cuba,dos casas en el coso de los sogueros 8. Juan de Montpellier, una casa y una pardina en los carabaceros 12.. Martin del Castellar, unas casas en el coso de los sogueros 4 9. Esteban de Estella,unas casas en el coso de los sogueros 8 9. Mahoma Bellito,dos tiendas en la moreria......7 7. Urrea, unas casas en la moreria · ..2.” 3. ASIGNACIONES ANUALES_ CONCEDIDAS A “VIOLARIO" OAPERPETUIDAD Y SATISFECHAS CON LAS RENTAS DEL MERINADO (GASTOS ORDINARIOS) ano 1301 tercias de septiembre diciembreTOTAL mayo. Lorenzo de Tarazona 12 Sorprende la escasez de treudos sobre casas o tiendas registrados por el merino Miguel Royo en1301,sobre todo si secompara conelregistrode Gil Tarin;aunque en este ültimo no se sabe si las rentas treuderas corresponden a algun ano en concreto de su larga gestion o a toda ella. Ademas en los casos en que aparecen los mismos titulares en ambos registros con iguales conceptos,las cantidades anotadas varian. Por otra parte en el registro de Gil Tarin figuran detalladamente los treudos de las tiendas de la moreria y los pagos por alherz (alfarh) - o por impuesto por los oficios de los moros-,mientras que en el registro de Miguel Royo solo se consigna el conjunto de lo percibido por el merino de dicha aljama por dicho concepto. 13Hay registrados asimismo, dentro de este apartado,algunos pagos a los monteros del rey o a correos enviados a misiones especiales, y que no son asignaciones continuadas sino circunstanciales. Fray Ramón. Oliver, comen dador del Temple 611 s. 8 d. ibidem ibidem. Maria Sanchez de Calatayud 60 s. 290 s.de dos tercias restantes y de atrasos. Inigo Mozaravi, jurado y mayordomo de los jurados de Zaraza 216 s.8 d. 1000 s. para la reparacion de la muralla. Pedro Carroy, procurador de dofa Maria Pérez de Logrono, madre de Sancho,hermano del rey 100 s. 100 s. (300 s.) Duranda Gil, abadesa de las menoretas de Zaragoza, 500 s.de todo el ano. Jofre de Luch, zalmedina de Zaragoza,14 5 cahices de ibidem,que trigo,que son son 47 s. me51.s.3d. nos mealla (15 cahices) Arnalt de To-· rellas, 20 cahices de trigo,a 11 s. 3 d.cada uno, que suman 225 sueldos. Ponz Baldovin, alcaide de Zaragoza15, 26 s.8 d. ibidem 14En el asiento de la tercia de diciembre de 130o figura el precio de 9 sueldos el cahiz,sensiblemente inferior al valor de 1301. 15En 130o la tercia de diciembre se habia entregado al alcaide Jaime Vigojos. 8 s.4d. ibidem. Sancho Burces y Per Alagón,almudazafes de Zaragoza, Bahiel Constantin16, judio de. Zaragoza y procurador de Moisés Avendehuey, judio de Cala tayud, Alazar, hijo de Alazar Alfaquf, Salomon Constantin, Pedro Martinez de Luna, por las duenias de Peraman, ${ \sf 2 5 5 . }$ ibidem 93 s.4 d. ibidem 300 s. ibidem 900 s. que reciben al afio del peso de Zaragoza. Hijos de don Ebraym Avendino, judios de Alag6n, 210 s.de la tercia de diciembre pasado (1300) y de las de mayo y septiembre presente. En el registro de Gil Tarin ya mencionado se insertan los textos de los documentos de confirmacion de privilegios de perpetuales,a deducir de las rentas del merinado,y que son los siguientes: San Salvador de Zaragoza, Monjas de Peraman, Menoretas de Zaragoza, Priores de San Pedro,a los que segun el registro de Miguel Royo se les entrega 2O sueldos anuales por el alquiler de la casa del peso. 16En diciembre de 13oo habia recibido don Bahiel (sic),por asignacion del rey,70 sueldos correspondientes a la ültima tercia de dicho ano de la lezda de la carniceria de los judios. Bahiel Constantin, Avendehuey (Avendahuet), Hijos de Moises Avendino, Don Alazar. 4. GASTOS VARIOS (EXTRAORDINARIOS) En este capitulo de gastos sufragados con los fondos de la administracion del merinado -y por ello registrados tambien en el libro de Miguel Royo para 13Ol-,sobresalen por un lado los correspondientes a las partidas destinadas al mantenimiento de obras en la Aljaferia y a la reparacion de la alhóndiga,y por otro algunos pagos por diversos servicios. En lo que se refiere a las dispensas destinadas a la Aljaferia -residencia habitual de los monarcas y de su séquito en sus estancias zaragozanas- se trata en esta ocasión de mejorar y completar el sistema de riego de los jardines de palacio,gastándose en mano de obra y materiales un total de 346 sueldos y 7 dineros jaqueses desde mayo a septiembre17 ; mientras que la reparacion de la alhóndiga supuso un total de l3 sueldos y 7 dineros y me$\pmb { \mathrm { d i o } } ^ { 1 8 }$. Sin embargo son las misiones registradas a continuacion de las obras de la Aljaferia las que presentan tanta variedad como interés19 . Aquf se incluyen, por ejemplo,los pagos hechos a testigos que acompafiaron al baile para embargar campos o fincas de supuestos homicidas, los servicios de correos a diversos lugares del reino o el jornal de cinco peones y cuatro mujeres auxiliares que cavaron en el coso para rescatar cierto plomo que se habia descubierto casualmente.También figuran las cantidades satisfechas a los moros que trabajaron en el mobiliario de la Aljaferia y a los suministradores de los materiales precisados en dicha labor, las misiones hechas en las casas de la tintoreria,el sostenimiento propio de los pleitos del merinado o el salario del merino²o . .Sorprende por su peculiaridad los 48 sueldos y 7 dineros que Miguel Royo compartio con Juan de Marteles por la provisión de un viaje de seis dias con cinco bestias de carga para averiguar la verdad del caso de Pedro Lopez de Oteiza que estaba muriéndose en Valderrobres y se decia haber dejado su patrimonio al obispo de Zaragoza21 . De cualquier forma es en este apartado donde las noticias y pormenores que ilustran el comportamiento social,el desarrollo de la justicia o el modo de proceder contra los criminales -aspecto que cuenta tambien con el capitulo de receptas por homicidios y penas (calonias)- son mas definitivas y precisas. 5. INGRESOS POR HOMICIDIOS, PENAS Y MULTAS (INGRESOS EXTRAORDINARIOS) Bajo el titulo de “receptas de las aventuras de homicidios y penas” se recogen un total de 3O asientos de ingresos varios que reportan una suma de 1.977 sueldos y 1O dineros y medio²² .En unos casos se trata del importe de la venta de una mora hallada en adulterio o que habia sido prenada por cristiano;en otros es el resultado de la liquidación de los bienes de algunos moros que habian muerto sin heredero legitimo ni testamento; y también hay varios casos registrados de multas impuestas por incumplimiento de las normas de la aljama o promiscuidad no consentida sin los atributos propios que debian portar los judios fuera de su juderia²3.Cuando existe acusador de un delito,éste percibe el tercio de la multa o pena,y en el caso de confiscación de bienes de moros que morian intestados y sin descendencia era la aljama la que recibia la mitad de los derechos de venta o subasta publica. Casi todas las referencias se hacen a moros y judios por los motivos apuntados,pero se incluye algun caso como el del homicidio de un clérigo a manos de un cristiano que se ve obligado a satisfacer la pena de 8OO sueldos jaqueses, de los que una novena parte pertenecia al.zalmedina de la ciudad y el resto se repartia equitativamente entre el rey y el obispo,.por la condicion eclesiastica del muerto²4. Es frecuente la intervencion de acusadores espontaneos a los que se les reconoce -una vez justificada la veracidad de su testimonio- el derecho a la tercera parte de la estimacion de la pena; y en algun caso los presuntos delincuentes son redimidos por la contribucion a la fianza de sus parientes al declararse aquellos insolventes²s. En todo caso es relativamente elevado el numero de atropellos cometidos a lo largo de un ano si nos atenemos al testimonio de lo registrado para el ano l3Ol en Zaragoza y lugares del merinado, especialmente en lo que se refiere al comportamiento de judios y moros y al adulterio de moras con cristianos o judios que llegan a ser incluso reincidentes.No es por ello despreciable el porcentaje de ingresos que el merino recibia en nombre del rey por este concepto,y su intervencion en la busqueda de testigos o en la negociaci6n con los interesados constituye otra labor del oficio en cuestion que le prestaba la consideracion entre los conciudadanos y vecinos, como lo demuestra la gran cantidad de obsequios que recibió Miguel Royo por Navidad,y sobre lo cual volveremos más adelante. 6. PRECIOS Y SALARIOS. El libro-registro del merino Miguel Royo aporta algunos datos interesantes para el estudio de los precios y salarios vigentes en el afio l3o1 que se pueden comparar con los disponibles para otras fechas anteriores o posteriores.En este caso ademas resultan de mayor interés por la escasez de los mismos y porque el libro clasico de Hamilton -revisable en gran parte- inicia su exploracion en l351 y con escasas referencias al reino de Aragón26 . 24Ibidem,fol. X v. 25 Como en el delito de Jucef de Fiero, Jahiel de Grafiel y Ali Albarrarramón que habian forzado a una mora (ibidem,fol. XI);o en el caso de la madre de Miguel de Fuendetodos, homicida de Juan de Salas, que tuvo que pagar por su hijo,al carecer éste de bienes,los 8O sueldos obligados por la acusacion y comprobaci6n de dicha muerte (fol. XI v.). 26 Money,prices,and wages in Valencia,Aragon,and Navarre,13S1-150o,Harvard University Press 1936. De los gastos destinados a las obras de la Aljaferia, llevadas a cabo a lo largo de varios meses, se extraen salarios referentes a la construccion y precios de materiales de obra o complementos, que resumidos forman un cuadro a valorar en relacion con otros datos procedentes de otras fuentes²7 : salarios jornal diario del maestro de obras (alarife), 14 dineros jaqueses ” ; de otros maestros auxiliares, de 10 a 12 d.j. ; ; de peones (albaniles), de 4,5 a 5 d.j. ; de mujeres y mozos (aprendices), de 2,5 a 3 d.j. precios hormigón 4 dineros jaqueses el quintal, yeso. 15 d. el almodi piedra caliza 3 d.el quintal hierro 10 sueldos el quintal rejolas 12 d. el ciento. De la reposicion de los elementos del almodi se deducen asimismo los costos de adquisicion de recipientes (un capazo 3 dineros),pesas y medidas (una arroba nueva 2 sueldos y medio) o mobiliario (un banco para dejar los sacos de harina 5 s.y 4 d.). $\mathbf { Y }$ otro tanto sucede con las obras de la alhóndiga de las que tambien se sacan algunos salarios (el maestro de obras 14 dineros y la amasadora 3 dineros y medio) y precios: una docena de vigas 4 sueldos 6 dineros una libra de clavos 2 dineros y mealla una docena de jambas 4 sueldos 4 dineros 250 clavos de conto 10 dineros. Espigando en los diferentes asientos registrados, se entresacan tambien algunos datos sobre la cotizacion del trigo en Zaragoza que varia no solo de afio en afo sino incluso por temporadas: . un cahiz de trigo, en l30o (ultimo trimestre), 9 sueldos ; ” ; en 1301 (mayo), 10 s.3 dineros ” ” ” ” 》 (septiembre), 9 s. 4 d. mealla. 27 Carmen Orcastegui, “Precios y salarios de la construccion en Zaragoza en 1301", enColoquio sobre la ciudad hispanica durante lossiglos XIIIal XvI.La RabidaSevilla,septiembre de 1981 (comunicacion, en prensa). Y para valorar el poder adquisitivo de los salarios consignados o la relatividad de los precios,se puede considerar que, por ejemplo, la asignacion al merino es de 10oo sueldos anuales28 (por ejercicio), una escudilla de datiles vale 6 dineros²9 y una trenza de oro y seda se adquiere por 2 sueldos3o.O también que el sueldo anual del procurador de los pleitos del merinado en la corte del zalmedina de Zaragoza es de 5O sueldos1 y la vestimenta completa de una persona acomodada se puede lograr con 84 sueldos aproximadamente³²,y que un velo regalado, entre otras prendas, a la mujer del merino costaba 7 sueldos3 . 7. ASPECTOS SOCIALES. Si valiosos son los datos aportados por el registro de Miguel Royo en lo que se refiere a los puntos anteriormente tratados, no lo son menos con respecto a la informacion que proporcionan acerca de la sociedad zaragozana de la época.Basta con repasar el contenido de los diferentes asientos del libro del merinado para comprender que buena parte de los zaragozanos aparecen nominalmente citados y que muchos aspectos de la sociedad del momento se reflejan en ellos. El indice analitico que figura deträs del texto recoge la onomastica de algunos zaragozanos sobresalientes económica o socialmente que disponen de los cargos urbanos o del patrimonio personal suficiente como para arrendar las rentas y derechos del rey en la ciudad34 .El propio Miguel Royo,antes de suplir a Gil. Tarin como Merino, figura como titular de los derechos del peso del rey,habiendo sido ademas jurado del concejo.Precisamente, sobre el prestigio adquirido por dicho personaje se nos ilustra en el mismo registro al indicarse que algunos judios de la aljama prometiéronle que si obtenia el oficio del merinado le prestarian durante un ano 2.0oO sueldos y le pagarian el interés de dicho préstamo35 ; y en cuanto a los regalos ofrecidos por diversos judios para él y su familia llama la atención el numero y variedad de los dispensados por Navidad36. Por otro lado su intervencion en los pleitos de la comunidad hebrea o musulmana le lleva en ocasiones a mantener una continua y amistosa relacion que le hace congraciarse con los adelantados de las respectivas aljamas7, sin que ello sea impedimento para cuidar con esmero y castigar con rigor el incumplimiento de las normas de convivencia de las tres religiones38. Tambien aparecen citados, y recogidos por ello en el indice final de este trabajo, los nombres de los notarios que expiden los correspondientes albaranes de los cobros de rentas,derechos o arrendaciones asi como de los pagos e inversiones realizadas por el merino de la administracion del merinado.Se puede reconstruir, pues,una nómina de dichos notarios y ver quiénes de ellos actuan con mas frecuencia en los negocios del distrito. No obstante, tal vez sea el capitulo dedicado a los ingresos por penas y multas de homicidios y otros delitos el que nos ilustra ampliamente de los actos que contra la seguridad de las personas se cometian con frecuencia a lo largo de un afio. A pesar de lo reglamentado para evitar la promiscuidad entre cristianos, moros y judios, se advierte la facilidad en saltarse dicha legislacion, tanto en lo que respecta a los distintivos usados por los judios en su trato con cristianos como en las relaciones mas intimas entre miembros de distinto sexo y religion39 . En resumen, el libro del merino Miguel Royo,que registra las diferentes actuaciones de su gestion a lo largo del ano 13O1,constituye un sugestivo mosaico de la vida zaragozana tanto en lo que concierne al gobierno y regimiento de la ciudad como en lo que atane al orden publico y al respeto por el mantenimiento de una convivencia ciudadana garante de la seguridad de las personas y de sus bienes. Asi como también refleja,a traves de sus diferentes capitulos, la problemätica de un conjunto urbano a través del trabajo y laboriosidad de sus vecinos4o,de los negocios de sus poderosos y de las relaciones económicas y sociales creadas entre la administración oficial y los administrados y entre los poderosos y los humildes o los miembros de las aljamas de moros y judios. CUENTAS DE LA BAILIA DEL MERINADO DE ZARAGOZA EN EL ANO ${ \bf 1 3 0 1 ^ { * } }$. Fol. I/ Anno Domini millessimo $\textstyle ( \mathbf { C C C ^ { o } } )$ ) Era millessima $( \mathbf { C C C ^ { o } X X X ^ { a } }$ octava) Dia viernes, XI dias andados de octobre, don Miguel Royo entro la baylia del merinado de Caragoca por el seynnor rey e traho arrendados los dreytos e rendas eyadas e proviendas del dito merinado en la manera que se sigue en la era sobredita,e fueron arrendados por don Petrot de Mora, baylle. Dia viernes, VIIl° dias andados de ianer, fue comencada el almoneda de las rendas de Caragoca,e fine el domingo siguient. E primerament fue vendido el almodi del pan con todos sus dreytos a don Johan de Marcel, ciudadano de Caragoca, por IIo mille DCCCC solidos. Item el peatge fue vendido a don Pero Garcia de Lerida, ciudadano de Caragoca, por mille CCC ${ \bf L } ^ { \bf a }$ solidos. Item el peso fue vendido a don Miguel Royo, ciudadano de Caragoca, por mille CCC solidos. /fol. I v./ Item (la caldera de la tinturaria) fue vendida a don ( ), judio, vezino de Caragoca,por CCC X solidos,los quales die a don Gil Tarin, merino de Caragoca, segunt es mostra por alvara incluso. Item el alfondega fue_vendida a don Ramón Becha, vezino de Caragoca,por C solidos.El prisose la tierca de deziembre don Gil Tarin ante del tiempo. Item el forno fue vendido a don Salamon Constantin, judio de Caragoca, por $\mathbf { X X X ^ { a } }$ solidos. Los quales se retenien en si por assignaciones que a sobre las rendas del seynnor rey. Item el baynno fue vendido a don Miguel Royo, vezino de Caragoca,por CC solidos. Los quales pag6 a don Galacian de Tarba por assignacio del seynnor rey. Item el-fusiello del olio del linoso no se pudo arrendar e fincó. Archivo de la Corona de Aragon (A.C.A.) de Barcelona, Varia de Cancileia 251 Manuscrito en papel de 35 hojas escritas por ambas caras, de $1 3 0 \mathrm { ~ x ~ } 3 1 4 \mathrm { ~ m m }$ ., en g6tica cursiva aragonesa y en mal estado de conservacion.Los parentesis indican siempre imposibilidad de lectura,si bien en algunos casos se ha podido reconstruir el texto por deduccion. en don Galacian de Tarba, que a en aquel fusiello assignacion e que lo arrendasse como meylor pudiesse. /fol. II/ Item el dia avant dito (en Caragoca fue ven)dido el peage e el cozuelo( )a (Garcia) Xeménez, fillyo de don Vicient Ferrandez,vezino de Caragoca,que a signacion violaria en aquel por $\mathbf { X C ^ { a } }$ sólidos. Et fincaronse los dineros en él. Item el dia avant dito,en Caragoca fue vendido el peage de Alagón con sus dreytos a don Garcia Xeménez de Moriello,ciudadano de Caragoca, por D $\mathbf { X X X ^ { a } }$ sólidos. Los quales dize que pagó a don Alamán de Gudar, por assgnacion que él hy a. Item el fusiello del olio del linoso de Alagón,aquel non se pudo arrendar e fincó en don Galacian de Tarba qui lo tiene assignado. Item el dia sobredito,en Caragoca fue vendido el peage de Epila con sus dreytos al dito don Garcia Xeménez de Moriello por CC XXX sólidos. Et prisolos don Galacian de Tarba por su assignacion. /fol. II v./ (Item el dia) antedito fue ven(dido )peage de Gallur a don Matheu Mocaravi, ciudadano de Caragoca, por CC XL solidos. Item el forno, la lezda e los otros dreytos de Ricla non se pudieron arrendar qual non davan tanto como es la assignacion quen y a la muyller de don Pero Fantova,e fincaron en ella sin arrendar por su assignacion de CC solidos. /fol. III/ Era millessima CCCa $\mathbf { \mathbf { \mathbf { X X X ^ { a } } } }$ octava) Receptas que faze don Miguel (Royo, merino de) Caragoca por el senyor rey, d'aquello que él recibfa de la tercia del mes de deziembre primero passado,de la arrendacion de las rendas de la ciudad e de los otros logares sobreditos,los quales son del seynnor rey en el anno sobredito. Primerament recibie don Miguel Royo de Juhan de Martele, de la dita tierca por razón de la arrendacion del almodi del pan, mille CCC solidos. Item recibie don Miguel Royo,merino sobredito,de Pero Garcia de Lérida e de sus fiancas,de la dita tierca del mes de deziembre, por razon de la arrendacion del peage de Caragoca, CCC L solidos. Item recibie don Miguel Royo de si mismo,de la dita tierca del mes de deziembre por razon de la arrendacion del peso que arrendó, CCCXXXIIIsolidos III° dineros. Summa esta plana $\Pi ^ { \infty }$ mil C LXXXIII sólidos III° dineros. /fol. II v./ Item recibie don Miguel Royo,merino de Caragoca, de los adelantados de la alyama de los moros de la moraria de Caragoca, DC solidos.Los quales la dita aliama avian a dar en el anno primero traspassado,el qual anno se cumplie por la fiesta de Sant Miguel primera passada,por razon del alfarge e del trehudo de las tiendas del seynor rey. Item recibie don Miguel Royo,merino de Caragoca,de don Ginés Pintor,el qual era fianca por Domingo d'Orabuena, vezino de Tahust, porque arrendó de don Gil Tarin la sal de Conpas que yes en término del Castellar,et ani y por collir de la dita arrendación XXX sólidos.Los quales me pagó el dito don Gines Pintor. Summa esta plana $\mathrm { D C } ^ { \infty }$ XXX solidos. Summa mayor de las receptas destas $\mathbf { \Pi } ^ { \mathbf { I } \mathbf { I ^ { \otimes } } }$ planas $\mathbf { I I } ^ { \bullet \bullet }$ mil DCCC" XII solidos III° dineros. /fol. IV/ Era millessima $\mathbf { C C C ^ { a } \ X X X ^ { a } }$ octava. Receptas que faze don Miguel Royo,merino de Caragoca, de las messiones que fueron feytas en est anno en l'almodi del pan que yes del seynor rey. Las quales la metieron en paga en la tierca del mes de deziembre. Primerament XLII alfaceras,a razón de III° dineros e mealla, montan XVI sólidos II meallas. Item XVIII° cappacos, a II dineros el cappaco, montan IIIIo sólidos VI dineros. Item II arrovas nuevas,que costaron V solidos. Item costaron todas las alfaceras del almodi, de cosar e de adobar,e con una a datra que se compró,XXI dineros. Item costaron de adobar las arrovas biellas que heran en l'almodi, XXI dineros. Item costó de fer I banco en l'almodi pora las farineras que no avian do tener lures saccos, $\mathbf { V } ^ { \circ }$ sólidos III dineros. Summa que montan todas estas messiones,XXXIIIl° sólidos VI dineros mealla. /fol. IV v./ Era millessima CCCa XXXa octava. Receptas que faze don Miguel Royo, de las pagas que a feytas de la tierca del mes de deziembre por albara. Primerament a don Lorent de Taracona LXI sólidos.Ay albara por violario que avia con assignacion sobre l'almudi VI dineros cada dia. Item a don Jayme Vigojos,alcayde de Caragoca,XXVI sólidos VIII dineros. Ay albara scripte por Juhan del Prohomen, notario publico de Caragoca, los quales recibe por cada tierca acostumpnamment en l'almudi. Item a don Sancho Burzens e a don Peret Alagón,almudacafes de la ciudad de Caragoca,VIII° sólidos IIII dineros.Ay albara, los quales reciben costumpnadament por cada tierca en l'almudi. Item a don Bahyel,por assignacion del seynnor rey,LXX solidos que prende cada tierca en la lezda de la carnicaria de los judios. Et ay albara scripto por Juhan de Prohomne,notario publico de Caragoca. Item a don Jufre de Luch,calmedina de Caragoca,V kafices de sempniella,a razón de IX sólidos el kafiz,que montan XLV sólidos.Por XV kafices de semiella que recibe el calmedina acostumpnadament en l'almudi de Caragoca.Et ay albarä scripto por manera de Juhan de Prohomen, notario publico de Caragoca. Item a Maria Sanchez de Calatayu,L sólidos. Et ay albarä scripto por mano de Juhan de Prohomne,notario publico de Caragoca, por assignacion que a en la carnicaria de los judios. Summa esta plana $\bf C C ^ { 0 } \bot x ^ { a }$ I s6lidos. /fol.V/ Item al comendador del Hospital de Caragoca paga don Miguel Royo DCXI sólidos VIII dineros por razón de su assignacion que a el Temple sobre las rendas del merinado de Caragoca. Et ay albarä scripto por mano de Juhan de Prohomme,notario publico de Caragoca. Item a don Ennyego Mocaravi, jurado e mayordompne de los jurados de Caragoca,de la tierca de deziembre,CCXVI sólidos VIIlo dineros. Et ay albara scripto por mano de Valero de Bielsa,notario publico de Caragoca,por razón de los mille sólidos que la ciudat a para reparamiento de los muros. Item a don Pero Carroy,procurador de dona Maria Pérez de Lograynno,madre de Sancho, hermano del senyor rey,de la tierca de deziembre, XL solidos,por razón de assignacion que a sobre las rendas de la ciudat. Et ay albara scripto por mano de Juhan de Prohomne, notario publico de Caragoca. Item al dito don Pero Carroy,procurador de la dita dona Maria Pérez,de la sobredita tierca de deziembre,LX sólidos. Et ay albarä scripto por Juan de Prohomne,notario publico de Caragoca. Item a Alazar, fillyo de don Alazar,alfaqui,de la tierca de deziembre, XXV sólidos. Et ay albarä scripto por Juhan de Prohomne,notario publico de Caragoca, pora signacion que a sobre la lezda de la carnicaria de los judios. Summa esta plana DCCCC LIIIsólidos III° dineros. /fol. V v./ Item a dona ( ) vi, priora de Peraman,de la tierca de deziembre CCC sólidos. Et ay albara feyto por mano de Juhan de Prohomne,notario publico de Caragoca,por assignacion que an sobre el peso cada anno DCCCC solidos. Item a dona Duranda Gil,abbadessa del monesterio de las menoretas de Caragoca,e a todo el dito convento, CCCL sólidos. Los quales romanieron pagar a ellas del dinero que andava la era en mille CCC e XXX VIII, d'aquellos D sólidos que por privillegio del seynnor rey an assignados perpetualment cada anno,recebideros en las_rendas del almodi del pan. Et ay albarä scripto por Juhan del Prohomne, notario publico de Caragoca. Item pagó don Miguel Royo, merino,a don Vicente Goncalbez Coronel, DCCCCL solidos reales, por mandamiento de don Belenguer de Tovia, bayle general. Et ay albara feyto por Domingo Sancho d'Ossera, notario de Caragoca. Los quales a XXII dineros contados con jacqueses montan DXVIII solidos IX dineros. Summa esta plana mil C LXVII sólidos IX dineros. /fol. VI/ Item pagó don Miguel Royo, merino, por collir las pagas de los DC solidos dels mo( ), X s6lidos. Item pagó don Miguel Royo,merino,a los priores de la iglesia de Sant Per por el loguero de la casa del peso, XX solidos por este anno. Item dia_martes, XIl dias por andar del mes de deziembre, don Miguel Royo,merino de Zaragoza, envió una carta suya a los justicias, jurados e a los conceyllos de Alagón, de Epila e de Ricla,que feciessen pregonar publicament las rendas de los lugares sobreditos que son del sennor rey,e aquellos que querran arrendar algunas d'aquellas que viniessen a Caragoca al primer dia de iaenero. Et die ad Andreu Balles, trotero del sennor rey, por levar la dita carta $\mathbf { { I I } ^ { \infty } }$ s6lidos. Summa esta plana XXXII solidos. Summa mayor de todas las pagas e datas sobreditas e de las missiones del almudi, de la tierca de deciembre, II milia CCCCo XLIX solidos VII dineros mealla. /fol. VII/ Anno Domini millessimo trecentesimo. Era millessima CCCa XXXa nona. Dfa .jueves,V dfas andados del mes de genero,fue feyta almoneda publica en la casa del almudi del pan de Caragoca,do yes costumpnada fazer,e fueron arrendadas las rendas del merinatgo de Caragoca por don Berenguer de Tovia, baylle general en Arag6n. Primeramente fue vendido el almodi del pan con todos sus drechos a don Ponz Baldovin,ciudadano de Caragoca,por IIIIo mil solidos. Item el peage fue vendido a don Garcia Xemenez de Moriello, vecino de Caragoca, por mil CCC solidos. Item el peso fue vendido a Martin Pérez Royo,vecino de Caragoca, por mil $\mathbf { C C C C ^ { \infty } }$ L sólidos. Item la tinturia fue vendida a don Salamón Alcostantin, judio de Caragoca, por $\mathbf { C C C ^ { \infty } }$ XXX solidos, e fincasse en el por su assisnacion. Item el alffondega fue vendida a don Jayme de Tena, vecino de Caragoca, por C XL e V solidos. /fol. VII v./ Item el baynno fue vendido a don Martin Luengo (o Suegón), vecino de Caragoca, por $\mathbf { C C ^ { \infty } }$ XL solidos, e fincasse en don Galacian de Tarba por su assignacion. /fol. VIII/ Era millessima $\mathbf { C C C ^ { a } \ X X ^ { a } }$ nona. Relacion que faze don Miguel Royo, merino de Caragoca por el sennor rey, d'aquello que él recibie en est anno present de la tierca del mes de mayo primero traspassado,e de la tierca del mes de setiembre e de la tierca del mes de deciembre primero avenidero. Primerament recibie don Miguel Royo de don Ponz Baldovin por razon de la arrendacion del almudi del pan de Caragoca, yes assaber,de la tierca de mayo mil CCCx XXXa IIl sólidos III dineros. Item recibie de don Ponz Baldovin, de la tierca de setiembre mil $\mathsf { C C C } ^ { \infty }$ XXX III s6lidos III dineros,ede la tierea de deciembre primero vinient mil solidos, los quales fueron dados para necessarias del seynor rey. Item recibie don Miguel Royo de don Garcia Xeménez de Moriello por racon de la arrendacion del peage de Caragoca, de la tierca de mayo CCCC XXX II solidos III dineros, et de la tierca de setiembre CCCCo XXX $\Pi \mathbb { I } ^ { \mathtt { e s } }$ solidos III dineros, et de la tierca del mes de deciembre primero avenidero CCCCos XXX $\mathbf { I I I } ^ { \mathtt { e s } }$ solidos IIII dineros. Summa esta plana III° mil DCCCCos LXVI s6lidos VII dineros. /fol. VII v./ Item recibie don Miguel Royo de Martin Perez Royo, arrendador del peso de Caragoca, de la tierca del mes de mayo CCCCoLXXXa III solidos III dineros, et de Ia tierca de setiembre $\mathbf { C C C C ^ { \alpha } }$ LXXXa Isolidos III dineroset de la tierca de deciembre primero avenidero CCCCosLXXXa II solidosIIII dineros. Item recibie don Miguel Royo de don Jayme de Tena,arrendador de l'alffondega, de la tierca de mayo XL VIl° sólidos $\bf { I I I ^ { \circ } }$ dineros, et de la tierca de setiembre XL VIl solidos e II dineros. Item recibie don Miguel Royo de los adelantados de l'aliama de la moraria de Caragoca de la tierca de mayo $\mathbf { C C C ^ { \infty } }$ XXxa $\mathbf { I I I } ^ { \mathtt { e s } }$ sólidos III dineros,por razon d'aquellos mil solidos que la dita aliama dar deven al sennor rey en est anno present. .Item recibie de don Salamón Costantin,arrendador de la tinturia de Caragoca de la tierca de mayo e de setiembre,ab las missiones que fico en las cosas de la tinturia, $\mathbf { C C ^ { \infty } }$ XLII solidos VII dineros. Summa esta plana mil DCCos LXXXa VII° s6lidos e II dineros. Summa mayor de todas las sobreditas receptas VI mille LXXXa VIII solidos IIII dineros jacqueses. /fol. IX/ Era millessima CCCa XXX VIII et $\mathbf { X X X ^ { a } }$ nona. Receptas de las aventuras de homicidios et de penas. Primeramente dia martes, VI dias entrantes del mes de deciembre, vendie don Miguel Royo,merino, una mora que avia nompne Zonia a don Benedet d'Alguayta por CXXXa solidos jacqueses,la qual se dit acusada que fue preynada e( ) de fillo e de filla de un christiano que avia nompne Fertun Pérez,de los quales CXXX sólidos die al acusador /por nom Ramón de Tamarit, vehi de Caragoca/ XLIII sólidos III dineros por el terz,e assi fincaron poral sennor rey LXXX VI sólidos VIII dineros. Item vendie don Miguel Royo,merino sobredito,a Mahomat Cavallero,moro de Caragoca,la meytad de una tienda que fue de Alazrac, sitiada en la ferraria de la moraria de Caragoca,por racón que muerto Alazrac non fincó dél criacón ni otro heredero,e por esta racón fincó al sennor rey la meytat de la dita tienda, la qual vendie por XI sólidos VI dineros jacqueses poral sennor rey; la otra meytat de la tienda fincó a l'aliama e fue vendida XI dias andados de deciembre con carta feyta por Johan de Prohomen, notario de Caragoca. Summa esta plana XC VIII° solidos I dineros. /fol. IX v./ Item finó Axa,muller que fue de Raffia,e no fincó della criacón ni otro heredero,e por aquella racón unas casas que avia en la moraria de Caragoca fincaron al sennor rey e a la aliama de los moros de Caragoca,e vendiéronse las ditas casas a don Mahomat de Foto por LXVIl solidos jacqueses, de los quales recibie Rafihuelo,moro,XXX sólidos por deudas que avia sobre las ditas casas con carta manifiesta,e asi romanieron poral sennor rey e para la dicta aljama $\mathbf { X X X ^ { a } }$ VI sólidos, de los quales tocó al sennor rey XVII solidos VI dineros, segunt que se manifiesta por la carta de la vendición feyta por Johan de Prohomen, notario de Caragoca. Era millessima CCCa XXX octava, lunes $\Pi ^ { \infty }$ dias andados de genero don Miguel Royo,merino de Caragoca,abssolvie a Jucef Baruch de penas de alatmas de residuys por racón de fama de adulterio que se dicia que avia feyto, por la qual fama fue sentenciado por los jutges de la judaria de Caragoca que salliesse de la ciudat. Et don Miguel Royo, sabida verdat quel dito Jucef Baruch por la dita ocasion avia seydo fuera de la dita ciudat $\mathbf { I I I ^ { o } }$ annos e mas, perdonole todo aquello e mandólo tornar a la dita ciudat,e el dito. Jucef Baruc die al merino pora el rey XX solidos jacqueses segunt se manifiesta en carta publica feyta por Johan de Prohomen etc. Summa esta plana XXX VII sólidos VI dineros. /fol. X/ Item viernes VI dias entratos de genero, por racon que Nicimiel, judio de Caragoca, avia ferido en la boca a Symud Anoala, de la qual ferida cayó ho entiendes cayer dient ho dientes.Et por la dita racón componiesse con el merino por C solidos poral sennor rey segunt que se manifiesta por carta publica scripta por Johan de Prohomme etc. Item por racon de famma que se decia que Jucef, fillo de Mahomat Duzmen, moro de Caragoca, avia ferido a Nohon Almadayllani,e por la dita ocasion aviniesse con don Miguel Royo, merino,por XX sólidos,los quales le die poral sennor rey segunt que se manifiesta por carta publica scripta por Johan de Prohomne, notario de Caragoca. Item sobre demanda que don Miguel Royo, merino,facia contra don Salamón Aventahuey, judio de Barcalona,porque traspasso atachana establida por l'aliama de los judios de Caragoca, aviniesse con el merino por $\mathbf { C C ^ { \circ s } }$ solidos que le die poral sennor rey, segunt que se manifiesta por diffinimiento escripto por Johan de Prohonme, notario de Caragoca. Item sobre demanda que don Miguel Royo,merino, facia contra Davi Alcarahuey, judio de Lerida, porque traspassó atachana establida por l'aliama de los judios de Caragoca,aviniesse con el dito merino por $\mathbf { C C ^ { \infty } }$ solidos que le die poral sennor rey, segunt que se manifiesta por diffinimiento scripto por Johan de Prohonme etc. Item menos de alvara die poral sennor rey L solidos. Summa esta plana D LXX solidos. /fol. X v./ Item sobre demanda que don Miguel Royo, merino, facia contra Mossé Avembitas, fillo de don Jauce Avembitas, porque traspassó atacana establida por l'aliama de los judios de Caragoca, componiesse con el dito merino por L torneses d'argent que le die poral sennor rey, a VIII dineros menos puyesa, que montaron XXXII sólidos II dineros mealla, segunt que se manifiesta por diffinimiento scripta por Johan de Prohomme etc. Item con fama del homicidio de Domingo Alcales, que se dicia que Exemén d'Aysa,vecino de Siest,lo avia muerto,componiesse con don Miguel Royo, merino, por C sólidos que le die poral sennor rey segunt que se manifiesta por diffinimento escripto por Johan de Prohomme etc.De los quales C sólidos ovo calmedina por su noveno XI solidos, e assi fincan poral sennor rey LXXXIX solidos. Item por fama del homicidio de_Pero d'Ezpin, clérigo, que se dicia que lo avia muerto Valero de Gualit, componiesse con don Miguel Royo, merino de Caragoca por DCCCo solidos jacqueses, de los quales ovo Juffre de Luch,calmedina de Caragoca, por su noveno,XC menos_ II sólidos,e assi romane_al sennor rey la meytat, co es CCCo LV solidos VI dineros.Et la otra meytat ovo el vispe porque era·clérigo el muerto. Summa esta plana CCCCo LXX VI solidos IX dineros mealla. /Fol.XI/ Item sobre demanda que don Miguel Royo,merino de Caragoca facia contra don Gayez Avenpetrei, por tachana que se dicia que avia traspassada,componiesse con el merino por $\mathbf { X X X ^ { a } }$ sólidos jacqueses que le die poral sennor rey, segunt que se manifiesta por diffinimiento scripto por Johan de Prohomme, notario publico de Caragoca. Item sobre demanda que don Miguel Royo, merino de Caragoca,facia contra Menasse Nui et Ayzi Buena, su amiga, por racón de pena de una carta que ella se avia obligado al ( )su amigo,et por racón de injuria quel dito Menasse fizo a la( )que vino con christianos armados do querian prender a su amiga en el bayno del rey.E por estas cosas componiesse con el merino por XL sólidos que dieron poral sennor rey segunt que se manifiesta por diffinimiento feyto por Johan de Prohonme, notario publico de Caragoca. Item vendie don Miguel Royo,merino,una mora que avia nompne Amiri por CXX sólidos a Domingo Novayllas, la qual mora fue acusada que facia adulterio con christianos e judios; e porque fue cierto,el merino ficola prender por $\mathbf { I I ^ { \infty } }$ vegadas e a pregarias de los moros di él de mano en tal manera que prometie ella que nunqua faria adulterio con christiano ni con judio,e si lo facia el merino que la pudies prender e vender;e despues otra vegada fue presa de nueyt en la judaria que facia adulterio con judios e querianse matar sobre ella.E assi por estas razones aviela a prender e a vender e devian aver los acusadores la tercera part, e dieles $\bf { X X X ^ { a } }$ sólidos e fico de mission estando en la prission. III sólidos VI dineros,e finca poral sennor rey LXXXV solidos V dineros. Summa esta plana CLV solidos V dineros. /fol. XI v./ Item por fama de homicidio de una mora de Villanueva que se decia que un mulo de Nicholäs don Bivas, vecino de Pennaflor,avia piciada la cama a la dita mora en el molino de la Junquera,por la qual picciadura la dita mora ovo de morir,e componiesse el dito Nicholau por( )donir la bestia que non valia de XXX sólidos a suso por XXV sólidos,de los quales avieron los acusadores II° solidos,e assi fincó quitamen poral sennor rey XXI solidos. Item sobre demanda que don Miguel Royo,merino,facia contra Bitas fillo de Ebraym Azcariel, por racón de fama que se dicia que avia camiado aniellos contra establimiento feyto por l'aliama de los judios con Beti, filla de Jucef Vaylo,e porquel merino non pudo aver plena procuracion ad aquello,componiesse el dito Bitas con el merino por XX solidos poral sennor rey, segunt que se manifiesta por diffinimiento scripto por Johan de Prohonme etc. Item por fama del homicidio de Johan de Salas,vecino de Caragoca,que se dicia por fama que lo avia muerto en el mont Miguel de Fuentdetodos,e componiesse su madre con el merino por $\bf { L X X X ^ { a } }$ s6lidos, porque no li trobavan bienes ningunos, de los quales ovo calmedina por su noveno VIII solidos, e assi fincan poral sennor rey $\mathbf { L X X ^ { a } }$ $\bar { \mathbf { I } } \bar { \mathbf { I } } ^ { \infty }$ s0lidos. Summa esta plana C XII solidos. /fol. XII/ Item vendie don Miguel Royo,merino,a Calema Hamut, moro de Caragoca,unas casas sitiadas en la moraria de Caragoca, las quales fueron de Facan el Morto,porque se dicia por fama quel dito Facan con otros christianos e moros facian moneda; e porquel dito merino e don Mahomat de Mohevi, tenient lugar de merino en la moraria,lo ficieron citar muytas de vegadas,el dito Facan absentosse que non quiso parexer, e assi era presumpcion que yera culpant e el merino embió a sus parientes si querian firmar dreyto por el dito Facan,e ellos no le quissieron fer,e en contumacia suya el dito merino aviele a vender sus casas por L solidos poral sennor rey. Item sobre demanda que don Miguel Royo,merino,facia contra Jucef de Fierio e Jahiel de Grafiel,e contra Ali Albarramón, sobre que se dicia e les fue provado que querian forcar a Emina,mora,e que le roparon su almayra, e por esta racón estieron muytos dias en la preson porque no avian conseyllo,e lures parientes e amigos percacaron C sólidos poral sennor rey e dieles de mano. Summa esta plana C L solidos. /fol. XII v./ Receptas e penas en las quales el merino non finca diffinimientos a ninguno porque no le fueron demandados. Primerament recibie don Miguel Royo,merino,de filla de Cavatierra,por fama que se dicia que avia camiado aniellos falssament contra atachana establida por l'aliama de los judios de Caragoca con su( )sino,e prestaron al dito merino parientes e amigos della, e dieronle XX solidos poral sennor rey. Item sobre demanda quel merino facia a Rabi Jahudá el escrivano,por racón que non queria dar al merino las tacanas e los establimientos de los judios do el sennor rey avia dreitos. Et el merino requerielo e citolo muytas vegadas e non queria renderlos. E por racón de la rebellia quel dito Rabi facia contra la sennoria,queriendo esconder los dreytos del sennor rey,por esto el merino condempnó al dito Rabi,en pena de mil morabetis, que no usas del officio de la escrivania,e a pregarias de los adelantados e de l'aljama dexolo el merino por CLXxV° sólidos que die poral sennor rey. Item recibie don Miguel Royo, merino, de Symuel Abnarrabi e de su fillo, por racon que andavan sines capas judaicas por Cuera e sin seynal que non portavan en su vestido, segunt l'ordenamiento del sennor rey, VIIl° sueldos poral sennor rey. Summa esta plana $\mathbf { C C ^ { \infty } }$ II s6lidos. /fol. XIII/ Item recibie don Miguel Royo, merino,de Salamón Fedano,por racón que andava en Cuera sines capa judaica e non tenia seynal en el vestido, segunt l'ordinamiento del sennor rey, III s6lidos poral sennor rey. Item recibie don Miguel Royo,merino,de Jahuda Avenacfora, por racon que andava en Cuera sines capa judaica e non tenia seynal en el vestido segunt l'ordenamiento del sennor rey, IIl° sólidos poral sennor rey. Item recibie don Miguel Royo, merino, del fillo de Calema el panicero, porque denostó a don Mossé Costantin, que era la hora adelantado,e porque firio a peyto el que cullia la peyta de l'aliama,condempnaronlo l'aliama en pena de X solidos poral sennor rey. Item recibie don Miguel Royo,merino,de Yucef Gallur el aludero, XL sólidos poral sennor rey, por racón que vino contra tacanas e contra mandamientos de los adelantados, e pisó l'alvara que los adelantados le avian embiado porque pagasse a dia cierto su peyta, e a pregarias de l'aliama dexalo el merino por XL sólidos que le die poral sennor rey. Item recibie don Miguel Royo, merino,de Mossé Seciliano,C sólidos II dineros poral sennor rey, porquel merino avia jurado que no li soltaria por C sólidos porque vino contra alatmas e establimientos de 'aliama. Summa esta plana C LIX solidos. /fol. XII v./ Item recibie don Miguel Royo, merino, de Jacob el texidor, $\mathbf { V ^ { \circ } }$ sólidos poral sennor rey, porque vino contra Jayme, honme del merino. Item recibie don Miguel Royo, merino de( )Agulaffia, V sólidos poral sennor rey, porque deve dar dineros con pena. Item recibie don Miguel Royo, merino,de una mora que avia furtada.una almaxia en el bayno e estie presa en el cepo de la moraria muytos dias, porque no avia conseyllo,e los adenantados percacaronle IIIl° solidos que dieron poral sennor rey. Summa esta plana XIII solidos. Summa de las receptas de las aventuras de homicidios e de penas, mil DCCCC" LXXa VII solidos X dineros mealla. /fol. XIV/ Recibie don Miguel Royo, merino,de trehudos menudos que an a dar al sennor rey. Primerament recibie de don Domingo Calatayu por unas casas en Altabas, $\Pi ^ { \infty }$ solidos. Item de dona Pascuala de Frescano, $\Pi ^ { \infty }$ sólidos VI dineros por unas casas en Altabas. Item dona Guillelma de Tarba, $\mathbf { I I ^ { e s } }$ s6lidos VI dineros por unas casas en Altabas. Item Domingo la Cuba, VIIl& dineros por $\mathbf { I } \mathbf { I ^ { \infty } }$ casas al cosso de los sogueros. Item don Johan de Montpesler, XII dineros por una casa e una pardina a los carabaceros. Item don Martin del Castellar IIl° solidos por unas casas al cosso de los sogueros. Item Estevan d'Estella, VIII° solidos por unas casas al cosso de los sogueros. Item Mahomat Bellito,fillo de Jucef Bellito,VII sólidos II dineros mealla por $\mathbf { I I } ^ { \infty }$ tiendas en la moraria. Item Exemeno, boteyllero de Johan Xeménez d'Urreia, Is sólidos por unas casas a la moraria. Item la muller de don Aznar Drena, un milleto de teylla que vaia X solidos. Summa los trehudos menudos que a recibidos XLI solidos menos $\mathbf { I I ^ { e s } }$ meallas. /fol. XIV v./ Receptas que face don Miguel Royo, merino de Caragoca,de los mobles que fueron vendidos de Axa de Raffi, por XXI sólidos VIl dineros; porque muerta ella non fincó heredero ninguno della e heredaron sus bienes el sennor rey e l'aliama de los moros, de los quales XXI solidos VII dineros fueron sacados VIII solidos para la mortaylla. Et assi romanen al sennor rey e a l'aliama XIII sólidos VI dineros,de los quales recibie el merino poral sennor rey la meytat, co es VI sólidos IX dineros mealla,e la otra meytat avie l'aliama. Item recibie don Miguel Royo,merino,de los muebles que fueron vendidos de Fätima del Fornero,porque muerta ella no fincó heredero ninguno e heredaron sus bienes el sennor rey e l'aliama de los moros,e montan la meytat de sus mobles VII .sólidos II dineros, poral sennor rey e la otra meytat avie l'aliama. Item recibie don Miguel Royo,merino de Caragoca,de los mobles que fueron vendidos de Jucef de Calatorau e de Hacan el morto,VII sólidos IIIl° dineros mealla, de los cuales die al alcadi de los moros XIl dineros por el escrivir del almoneda,e a Domingo Pérez XII dineros porque veylló IIl nueytes las tiendas que no sen levassen los bienes de los sobreditos moros que alli yeran. Et assi fincaron poral sennor rey $\mathbf { L V ^ { \circ } }$ s6lidos IIII dineros mealla /Esto fue porque fueron acusados de fer falssa moneda/. Summa esta plana LX IX solidos III dineros. /fol. XV/ Item recibie de Bivas, moro, porque avia ferido a Mahomat de Macho,X solidos poral sennor rey. Item recibie don Miguel Royo,merino,de Maria d'Ambriel e de su filla, por peleya que avian avido con otra mora, X sólidos poral sennor rey. Item recibie don Miguel Royo de Mahomat d'Allabar,por condición que avia entre él e su mancebo que si lo itava de si ante del tiempo que se avia firmado que fuesse caydo en pena, e por esta racón componiese con el merino por VI s6lidos que die poral sennor rey. Summa esta plana XXVI solidos. /fol. XVI/ Era millessima CCC XXX nona. Relacion que faze don Miguel Royo,merino de Caragoca,de las missiones que fueron feytas en ese anno en adobar las casas de l'aiffondega de Caragoca que yes del sennor rey,las quales le metieron en paga por la tierca de mayo. La qual mission fo feyta por don Jahiel e por su mandamiento,maestre deputado que era de la dita obra. Primerament costaron IIl° dodcenas de fueylla que fueron compradas para I'alfondega a XIIl dineros e mealla la dodcena, que montan IIl° s6lidos VI dineros. Et a otra part $\mathbf { I } \mathbf { I ^ { \infty } }$ fueyllas que costaron $\mathrm { I I I } ^ { \infty }$ meallas. Item a otra part costaron III° almodis d'algenz a XII dineros cada almudi, montan IIIl° solidos IIIl° dineros. Item, miércoles XXVII dias andados de mayo,obró el maestro en l'alffondega e sacó por salario XIII dineros. Item a una massadera que massava algenz $\mathbf { I I I ^ { \otimes } }$ dineros mealla. Item $\mathbf { v }$ mulleres que obraron en P'alfondega a II dineros mealla que montan XII dineros mealla. Item a I honme que fico tempiero III° dineros mealla. Item a un maestro que doló la fueylla e la entaulló X dineros. Item costaron $\mathbf { C C ^ { \infty } } \mathbf { L }$ claus de conto X dineros. Item costó de lugero el abacia del algenz mealla. Item descombrar la puerta de l'alfondega I dinero. Summa la mission de I'alfondega XIII solidos VI dineros mealla. /fol. XVII/ Era millessima $\mathbf { C C C ^ { a } \ X X X ^ { a } }$ nona. Relacion que faze don Miguel Royo, merino, de las pagas que a feytas a los perpetuales e a los violarios de las rendas de la ciudat que convienen al merinatgo, co es de tierca de mayo e de la tierca de setembre, e otras pagas que se siguen enpues desto. Primerament a don Lorent de Taracona,de la tierca de mayo LXI solidos, e ay alvarä escripto porDomingo Pérez Serrano\*, notario publico de Caragoca. Et de la tierca de setiembre LXI solidos VI dineros,e ay alvarä escripto por Lop Xeménez de Luna, notario de Caragoca. Item a fray Ramón Oliver, comendador de la casa del Temple de Caragoca, de la tierca de mayo $\mathbf { D C } ^ { \infty }$ XI solidos VII dineros, ay alvara scripto por Johan de Prohonme etc. Et de la tierca de setiembre nichil e d'altra terca de puys alvará. Item a Maria Sänchez de Calatayu,de la tierca de mayo LX sólidos,ay alvarä escripto por Johan de Prohonme etc.Et de la tierca de setiembre e de deziembre qui es por venir e de todo el tiempo pasado CCXC solidos jacceses. Item a don Enego Mocaravi, jurado e mayordompne dé los jurados, de la tierca de mayo $\mathbf { C C ^ { \infty } }$ XVI solidos VII dineros, por racón de aquellos mil sólidos que la ciudat recibe cada anno para reparación de los muros,ay alvara escripto por Johan de Prohonme etc. Summa esta plana mil $\mathbf { C C C ^ { \infty } }$ sólidos X dineros. /fol. XVII v./ Item a don Pero Carrog, procurador de dona Maria Pérez de Logroyno,madre de Sancho,ermano del sennor rey,de la tierca de mayo C solidos. Et de la tierca de setiembre C sólidos. E son estos $\mathbf { C C ^ { \infty } }$ sólidos de las ditas $\Pi ^ { \infty }$ tiercas en un alvara feyto por Johan de Prohonme, notario de Caragoca. Item a dona Duranda Gil, abbadesa del monasterio de las menoretas de Caragoca, $\mathbf { D } ^ { \infty }$ sólidos, los quales ani an arrecibir en est anno present por privilegio del sennor rey,ay alvara escripto por Johan de Prohonme etc. Item a don Juffre de Luch,calmedina de Caragoca, de la tierca de mayo $\mathbf { V } ^ { \mathbf { 0 } }$ kafices de trigo que montan LI sólidos $\mathbf { I I ^ { e s } }$ dineros,e dicese en l'alvarä a qual precio se recibia cada cafiz,el qual alvarä fizo Johan de Prohomme,etc. Et de la tierca de setiembre al dito don Juffre de Luch,calmedina, V kafices de trigo por XLVI sólidos menos $\mathbf { I I ^ { e s } }$ mealias, e dizese en l'alvara_a qual precio se recibia cada cafiz,el qual alvara fico Johan de Prohonme, notario de Caragoca. Item a don Arnalt de Torreyllas XX kafices de ferment que devia recibir en est anno por su assignacion a XI sólidos II dineros cada cafiz, que montan $\mathbb { C } \mathbb { C } ^ { \infty }$ XXV solidos,ay alvara escripto por Johan de Prohonme etc. Summa esta plana mil XXIl sólidos $\Pi ^ { \infty }$ meallas. /fol. XVIII/ Item a Baldovin,alcayt de Caragoca,de la tierca de mayo XXVI solidos VIII dineros, ay alvarä escripto por Domingo Pérez Serrano\*, notario de Caragoca. Et de la tierca de setiembre XXVI sólidos VII dineros, ay alvara escripto por Guillem Ramón d'Alguayta, notario de Caragoca. Item a don Sancho Burces e a don Per Alag(on),almudacaffes de Caragoca, de la tierca de mayo VIIIo solidos II° dineros, ay alvara escripto por Johan de Prohonme etc. Et de la tierca de setiembre VI solidos IIlo dineros, e ay alvara scripto por Johan de Prohonme, notario de Caragoca. Item a don Bahiel Costantin, judio de Caragoca,procurador de don Mossé Avendehuey, judio de Calatayu, de la tierca de mayo XXX sólidos, ay alvara escripto por Johan de Prohonme etc.Et de la tierca de setiembre nichil. Item a don Pero Finistriellas e a Pascual Montero,a Martin Pérez e ad Andreu Pérez,monteros del sennor rey,XL sólidos, los quales die don Miguel por carta de don Berenguer de Tovia, baylle,ay alvarä escripto por Johan de Prohonme etc.,e el mandamiento era de CCCCo XX sólidos, e por esto fincó en ellos la carta de mandamiento. Item ad Arnalt de Teruel e a Martin Pérez,monteros del sennor rey, X solidos por carta de don Berenguer de Tovia, baylle, ay alvarä escripto por Johan de Prohonme etc. Summa esta plana CL sólidos. aparece tachado el nombre de Johan de Prohonme. /fol. XVII v./ Item costó el vestir de Johan Pérez de Falces quel sennor rey le mandó dar por su tarea,co es panno, penna e calcas, LXXX IIl° solidos, ay alvarä escripto por Johan de Prohonme etc., la qual carta del sennor rey tiene don Miguel Royo. Item a Pero Finistriellas e a Pascual e a Domingo Iohan, Juaynnes de Avila, Pero Pals,Arnalt Martin e ad Andreu,monteros del sennor rey $\mathbf { C C C C ^ { \infty } }$ L solidos, los queles el sennor rey mandó dar a ellos por su carta a don Ponz Baldovin,arrendador del almudi. Et don Miguel Royo recibielos en conta al dito don Ponz en paga de la tierca de setiembre. Et el dito don Miguel Royo tiene la carta del sennor rey e alvara de paga feyto por Guillem d'Amiot, notario de Caragoca. Summa esta plana $\mathbf { D } ^ { \infty }$ XXX III° solidos. Summa lo que a pagado el merino $\mathbf { I I ^ { e s } }$ mil XXI solidos VII dineros, con las missiones de l'alfondega. /fol. XIX/ Estas son missones que fizo don Miguel Royo,merino. Enbió a Murcia e a Lorca un correu a fer saber al sennor rey que Domingo d'Orbivo, jurado, avia muerto un honme en Caragoca a grant tuerto,e porque los jurados de Caragoca enbiavan a pregar al sennor rey que soltasse el homicidio,yo fizle assaber por mi carta porque no lo decebisen.E el sennor rey ficome respuesta por su carta,la qual carta tiene el merino,e'esto fue quando el sennor rey tenia sitiada a Lorca.E di el XX solidos al dito correu. Item a otra part costaron $\mathbf { I } \mathbf { I ^ { \infty } }$ correus que fueron el uno a Calatayu e el otro a Darocha por mandamiento de don Berenguer de Tovia, porque mandava el rey por carta emparar los bienes del Espital,e costaron VI sólidos las cartas, e lo al resto fue feyto del mes de ianero. Item die don Miguel Royo,merino,a Miguel de Novales, portero del sennor rey, X sólidos para una bestia quel avie a luguero e para mission que aducia carta del sennor rey para todos los officiales que le diessen cavalgadura e para mission aquella que menester aviesse.E el merino tiene traslat de la carta del rey por quel dito portero andava pressuradament por la terra con cartas del rey que le acorriessen al regno de Murcia que los castellanos eran alli venidos. Item a otra part queria el dito portero se tornava al sennor rey, el merino aviele una bestia a luguero para cavalgar,e costó de luguero la bestia con la mission que le die para él entro a Caranienna III solidos. Mostrans traslat de la carta del manament del sennor rey. Summa esta plana XXXIX solidos. /fol. XIX v./ Item die don Miguel Royo al comendador del Temple de la casa de Caragoca mil $\mathbf { C C ^ { \infty } }$ XXIII solidos $\mathbf { I I I ^ { o } }$ dineros de la tierca de setiembre e de la tierca de deciembre, por racón d'aquella quantidat de dineros quel Temple perpetualment recibe e a costumpnado recibir en las rendas del merinatgo de Caragoca.E ay alvara escripto por Johan de Prohonme etc. Item a don Alazar, fillo don Alazar Alfaquim, ${ \bf L } ^ { \bf a }$ s6lidos, co es de la tierca de mayo e de.la tierca de setiembre,eay alvará escripto por Johan de Prohonme,etc. Item a don Salamón Costantin C LXXX VI sólidos VI dineros,co es de la tierca de mayo e de setiembre,e ay alvara escripto por Johan de Prohonme. Item a don Bahiel Costantin por don Mosse Avendehuey, judio de Calatayu, CX solidos de la tierca de mayo e de la tierca de setiembre. Item a don Pero Martinez de Luna, por las duennas de Peraman, $\mathbf { C C C ^ { \infty } }$ sólidos por la tierca de mayo de aquellos DCCCCos sólidos perpetuales que las ditas duennas reciben en el peso de Caragoca cada anno. Item a fillos don Ebraym Avendino, judios de Alagón, CCX solidos de la tierca de deciembre primero traspasado e de la tierca de mayo e de setiembre dest anno present. Item a don Martin del Postigo, jurado e mayordompne de los jurados, $\mathbf { C C ^ { \infty } }$ XVI solidos VIIl dineros de la tierca de setiembre primero traspassado. Summa esta plana II mil CCXC VI solidos VIII dineros. /fol XX/ Era millessima CCCa XXXa nona. Renbranca feta al merino de la messión que fizo en fer el exahariz del huerto de l'Aliaffaria.: Pimerament, viernes primero dia del mes de mayo I maestro que doló las viegas pora las perchas que se enbrecavan,X dineros. Item costaron XII espuertas, XII dineros. Item VI peones que rancaron el suelo de l'aljub,a IIIl dineros e mealla, que montan II sólidos III dineros. Item VI muylleres e I moco a doblen dinero e mealla que montan XVII dineros e mealla. Item al maestro XIIII dineros. Summa de este dia VI sólidos VIII dineros mealla. Sabbado siguient, I moro que miso las perchas en sus logares, X dineros. Item VI ommes que cavoron el suelo del aliub,a $\mathbf { I I I ^ { o } }$ dineros e mealla, que montan II sólidos e III dineros. Item VI muylleres que les aiudoron, II dineros e mealla,que montan XV dineros. Item al maestro XIII dineros. Summa de este dia V solidos VI dineros. Lunes siguient, II ommes que abrieron la cequia para regar el huerto, X dineros. Item III mulleres, IX dineros. Summa de est dia XIX dineros. Summa de esta plana XII solidos IX dineros mealla. /fol. XX v./ Viernes siguient, costaron LXXX quintales de calcina, a IIII° dineros el quintal, que montan XXVI sólidos e VII dineros. Item un omme que la recibia, $\mathbf { V } ^ { \circ }$ dineros. Item I asnos e II onmes que la carriaron, XIII dineros. Item costó la ( ) de la enia, I sólidos e VI dineros. Item los alcaduces de ligar, VI dineros. Summa de est dia XXXI solidos III dineros. Sabbado siguient,III ommes que adormieron la calcina, XV dineros. Item VI muylleres que carriaron agua a II dineros e mealla que montan XV dineros. Item I asnos con I ommes que carriaron calcina,XI dineros. Item costaron X cargas de tosca, a II dineros la carga, que montan II solidos VI dineros. Item una clau para la puerta del huerto costó II dineros. Item al maestro XIIII dineros. Summa de est dia VII solidos VI dineros. Domingo siguient, nichil. Summa de esta plana XXX VIII solidos IX dineros. /fol. XXI/ Lunes siguient, XV dias passados del mes de mayo, a II° ommes que facieron el mortero, V dineros, que montan XX dineros. Item IIIl° ommes que matoron la calcina e carriaron glera, V dineros que montan XX dineros. Item VI muyleres que les aiudaron, a II dineros e mealla, que montan XV dineros. Item II palas costaron III dineros. Item II porgaderos V dineros. Item II asnos e II ommes que carriaron glera, XII dineros, poral mortero. Item costaron X quintales de calcina, a III dineros el quintal, que montan III solidos IIII dineros. Item costaron $\mathbf { X X X ^ { a } }$ quintales de tosca de mayllar, VII solidos VI dineros. Al maestro XII dineros. Summa est dia XVIII solidos VI dineros. Martes_siguient, a III° ommes que carriaron glera e fizieron mortero, V dineros, que montan XX dineros. Item VI muylleres que les aiudaron,a I dineros e mealla, montan XV dineros. Item II ommes con I asnos que carriaron calcina, XII dineros. Item al maestro XIII dineros. Summa est dia V solidos II dineros. Summa de esta plana XXIII solidos VIII dineros. /fol. XXI v./ Miercoles siguient, a IIlo ommes que maciaron el suelo del aljub, V dineros, que montan XX dineros. Item VI muylleres, a II dineros e mealla, que montan XV dineros. Item a II ommes e I asnos que carriaron arena, XIIl dineros. Item costó I fust pora adobar la cenia, II dineros. Item al maestro XIII dineros. Summa est dia $\mathbf { V } ^ { \pmb { \sigma } }$ solidos V dineros. Jueves siguient, a III ommes que fizieron mortero, V dineros, que montan XX dineros. Item V muylleres e I moco, a I dineros e mealla,que montan XV dineros. Item al maestro XIII dineros. Summa est dia IIII solidos I dinero. Viernes siguient, a IIII ommes que macioron el suelo del exahariz, V dineros, que montan XX dineros. Item III° muylleres e I moco que aiudoron al maestro a lo que avia menester, I dineros e mealla, que montan XII dineros e mealla. Item costaron X quintales de calcina, a IIII dineros el quintal, que montan III solidos IIII dineros. Item I omme e I asno que la carrió, VI dineros. Item costaron X cargas de tiestos pora tosca, Il solidos III dineros. Item al maestro XII dineros. Summa est dia XI solidos II meallas. Summa de esta plana XX solidos VII dineros mealla. /fol. XXII/ Dia martes, XIII dias andados del mes de juynno,en el yenar del suelo del exhariz, VII ommes,a V dineros,que montan III solidos mig I dinero. Item V muylleres, III dineros, que montan XV dineros. Item una bacia de loguero, mealla. Item al maestro XIII dineros. Item costaron VI biegas pora los pilares de los perches, VI s6- lidos. Item XX almodis de algenc,a XV dineros el almodi, que montan XxV solidos. Summa est dia XXX VI solidos II° dineros mealla. Miércoles siguient, VII ommes ad aquella misma obra del exahariz,a V dineros, que montan II solidos mig I dinero. Item a VII° muylleres, II dineros, que montan II sólidos. Item una bacia de loguero mealla. Item al maestro XIIII dineros. Summa est dia VI sólidos II meallas. Jueves siguient, II ommes que macioron el suelo del exahariz, V dineros, que montan XV dineros. Item II muylleres, a III dineros, que montan IX dineros. Item al mayestro XIII dineros. Summa est dia $\mathrm { I I I } ^ { \mathrm { e s } }$ sólidos II dineros. Summa de esta plana XLV solidos VIl° dineros. /fol. XXII v./ Viernes siguient, a II ommes que maciaron el suelo del exahariz,V dineros, que montan XV dineros. Summa est dia XV dineros. Sabbado siguient, a Il ommes que adoboron el bracal pora regar el huerto,V dineros, que montan XV dineros. Item a Iomme con I asno que carrió hyezpedes, VII dineros e mealla. Item a una muyller III dineros. Summa de est dia II s6lidos II dineros mealla. Dia martes, XX dias andados del mes de juynno,a VII ommes pora hytar el suelo del exahariz, VI dineros, que montan IIl solidos VI dineros. Item VI muylleres,II dineros, que montan XVII dineros. Al maestro XIIII dineros. Summa de est dia VI solidos II dineros. Jueves siguient, a VI ommes pora maciar el suelo del exahariz, a V dineros, que montan I solidos VI dineros. Summa est dia II solidos VI dineros. Viernes siguient, a IIII ommes pora maciar. el suelo del exahariz, V dineros, que montan XX dineros. Item I moco que les aiudó, III dineros. Summa de est dia II solidos mig I dinero. Sabbado,dia de Sant Juhan, nichil. Domingo siguient, nichil. Summa de esta plana XIII solidos mealla. /fol. XXII/ Dia lunes, XXVI dias (andados) del mes de juynno, a VI (ommes) que maciaron el suelo del exahariz e pora fer la cequia do se inple, $( \mathbf { V } ^ { \mathbf { o } } )$ dineros, que montan II sólidos VI dineros. Item a III° muylleres, III dineros, que montan XII dineros. Item al mayestro XIII dineros. Suma de est dia II° solidos (VII) dineros. Martes siguient,a IIIl° ommes pora escavar las.paredes del exahariz, V dineros, que montan XX dineros. Item II muylleres que socavan la bardonia, II dineros, que montan VI dineros. Item al mayestro XIIII dineros. Summa de est dia III solidos II dineros. Jueves siguient, II dias por andar del mes de juynno,a VI ommes que obran en el exahariz, V dineros, que montan II sólidos VI dineros. Item a III muylleres que bregaron las paredes del exahariz e servian al mayestro, III dineros, que montan XII dineros. Item al mayestro XIII dineros. Item costaron $\mathbf { I I I ^ { o } }$ cantaros,II° dineros. Item III espuertas de junco,II dineros. Item escobas costaron mealla. Summa de est dia $\mathbf { V } ^ { \mathbf { o } }$ olidos $\mathrm { I I I } ^ { \circ }$ dineros mealla. Viernes siguient, postrimero dia del mes de juynno,a I ommes que macioron el suelo de la cequia que entra el agua al exahariz, X dineros. Summa de esta plana XIII solidos I dineros mealla. /fol. XXII v./ Dia (lunes, II) dias (andado) el mes de julio,a VI ommes que (bregoron) el betumpne en las paredes del exahariz, a V dineros, que montan II solidos VI dineros. Item III muylleres, III dineros, que montan IX dineros. Item al mayestro XIIII dineros. Summa est dia (IIo) solidos e V dineros. Martes siguient, a IIII° ommes que bregoron la betumpne en las paredes del exahariz,V dineros, que montan XX dineros. Item VI muylleres que servian al mayestro a lo que avia mester, III dineros, que montan XVIII dineros. Item al mayestro XIII dineros. Summa de est dia III solidos IIII dineros. Miércoles siguient, a VI ommes que bregoron la betumpne en las paredes del exahariz,a V dineros,que montan II sólidos e VI dineros. Item VI muylleres, las III que ytoron la bardoma que salle del exahariz e las III que servian al mayestro, III dineros,que montan XVII dineros. Item al mayestro XIIII dineros. Summa de est dia VI solidos II dineros. Summa de esta plana XI solidos mig I dineros. /fol. XXIv/ Dia jueves, VI dias andados del mes de julio,comencóse (de obrar) los arcos de los pilares, el mayestro XIII dineros. Item a II ommes que le aiudavan, V dineros,que montan X dineros. Item a I moco que aiudava a dar algenz e agua II dineros. Item a otro mayestro que obrava de fusta pora piar los pilares, X dineros. Item costaron $\mathbf { V } ^ { \circ }$ fustes de noguera que fueron puestos cruzados en los pilares,X dineros. Item III muylleres que.amanavan al mayestro lo que avia mester, III dineros, que montan IX dineros. Summa de est dia IIII solidos VIII dineros. Viernes siguient, al mayestro XIII dineros. Item a otro mayestro que obrava de fusta e piava, X dineros. Item II ommes que les aiudavan a piar los archos e a lo que mester avian, V dineros, que montan X dineros. Item a I moco que amanava, II dineros. Item a III muylleres, III dineros, que montan IX dineros. Summa de est dia III solidos mig II dineros. Summa de esta plana VIII sólidos VI dineros. /fol. XXIV v./ Sabbado (siguient),al mayestro XII dineros. Item a II (ommes) que le aiudavan, V dineros, que montan X dineros. Item a I moco que amanava II dineros. Item a I omme que maciava el suelo del aljub chico de fuera, III dineros mealla. Item a la massadera, II dineros e mealla. Item II muylleres que servian al mayestro de algenc, II dineros, que montan IX dineros. Summa de est dia II sólidos VII dineros. Domingo siguient, IX dias andados del mes de julio, nichil. Lunes siguient, al mayestro XIII dineros. Item a II ommes que le aiudaron,cada V dineros, que.montan X dineros. ·. Item a I moco que aiudava e amanava, II dineros. Item a I omme que maciava el suelo del aljub chico de parent de fuera, III dineros mealla. Item a la massadera, II dineros e mealla. Item a III muylleres, IX dineros. Summa de est dia II s6lidos VII dineros. Martes siguient, al mayestro, XIII dineros. Item a II ommes, cada V dineros, que montan X dineros. Item a I moco que les aiudava II dineros. Item a la massadera, I dineros e mealla. Item a III muylleres, IX dineros. Summa de est dia II solidos II dineros mealla. Summa de esta plana X sólidos VII dineros mealla. $/ \mathbf { f o l . \ X X V } / *$ Dia lunes, VIl dias (por andar )el merino fizo( )de 'Aliaffaria. Primerament al mayestro XIII dineros. Item a VI muylleres, II dineros, que montan XVIII dineros. Item a la massadera III dineros. Item a IIl ommes que examploron el fumero del baynno,V dineros, que montan XV dineros. Item III libras de (clavos),a II dineros e mealla la libra, que montan VII dineros e mealla. Item a I mayestro que doló las taulas de comer e los bancos de seher, X dineros. Item a otro omme que maylló las grancas del algenc,VI dineros e mealla. Item costaron carraduras pora las puertas de las casas,XVIIIo dineros. Summa de est dia VI solidos X dineros. Miércoles siguient, al mayestro XIII dineros, que calcó el muro cerca la cenia. Item V muylleres que le servian, a doblen e mealla, que montan XII dineros e mealla. Item a la massadera, II dineros e mealla. Item a II ommes que piccavan el muro, cada III dineros, que montan VII dineros. Item a otro mayestro que obró de fusta e adobó puertas e bancos, X dineros. Summa de est dia III solidos. Summa de esta plana XI solidos X dineros. a partir de este folio el extremo superior derecho del libro registro de cuentas aparece completamente deshecho,dificultandose su lectura $\pmb { y }$ la reconstruccion del texto. /fol. XXV v./ ( )al mayestro XIIII dineros, et obró ( ). Item a V muylleres que lo seivian,doblen e mealla,montan XII dineros e mealla. Item la massadera, II dineros e mealla. Item a II ommes,cada IIII° dineros e mealla,que montan IX dineros. Summa de est dia III sólidos III dineros. Viernes siguient, obró el mayestro en el muro cerca la cenia, a él mismo XIIII dineros. Item a III ommes que le aiudavan, cada III dineros e mealla, que montan XII dineros e mealla. Item a V muylleres, cada dos e mealla, que montan XI dineros e mealla. Item a la massadera, III dineros e mealla. Item costaron VII almodis e meyo de. algent, a XV dineros el almodi, que montan X sólidos mig II meallas. Summa de est dia XII solidos VI dineros. Sabbado siguient,en aquella misma obra,al mayestro XIIII dineros. Item a I omme que le aiud6, II dineros. Item a V muylleres doble e mealla,que montan XI dineros e mealla. Item a la massadera, II dineros e mealla. Summa de est dia II solidos mig III dineros. Summa de esta plana XIX solidos VII dineros. /fol. XXVI/ Domingo siguient, II (dias por andar) de julio, nichil. Lunes siguient, postrimero dia del mes de julio,al mayestro que obró en las paredes del muro, XIIIl dineros. Item a I ommes que cavaron el fornac del baynno pora examplamiento (IX) dineros. Item a V muylleres que amanavan algeng e agua, doblen e mealla, que montan XI dineros mealla. Item a la massadera I dineros e mealla. Item a otro mayestro que adobó puertas, VII dineros. Item una libra de clavos, I dineros e mealla. Item II taulas de noguero pora fer los pilares, II dineros. Summa de est dia II° solidos III dineros mealla. Martes siguient /primer dia del mes de agosto/, al mayestro que obró en el muro cerca la cenia, XIII dineros. Item a III muylleres, doblen e mealla, que montan X dineros. Item a la massadera, I dineros mealla. Item a II ommes que picaron el muro do fazian los pilares, III dineros e mealla, que montan IX dineros. Item I moro que adobó puertas de las casas, VII dineros. Item III almodis de algenc, a XV dineros el almodi, que montan III solidos IX dineros. Summa de est dia VII solidos V dineros mealla. Summa de esta plana XI solidos IX dineros. /fol. XXVI v./ (Miercoles, I deagosto),al mayestro XIII dineros. Item a II ommes que ( ), quadre dinero e mealla, que montan XII dineros e mealla. Item a III muylleres, doblen e mealla, que montan X dineros. Item a la massadera, I dineros e mealla. Item costaron clavos que minguavan de las cantullas, V dineros. Item costó I almodi e meyo de algenc,a XV dineros el almodi, XXII dineros e mealla. Item costaron C rayolas, XII dineros. Item costaron de levar a l'Aliaffaria, II dineros mealla. Summa de est dia VII solidos mig Idinero. Dia viernes, XI dias andados del mes de agosto, lavró el mayestro en recorrer los terrados de l'Aliaffaria,a el mismo XIIII dineros. Item a II ommes que le aiudaron, VI dineros, que montan XI dineros. Item VI muylleres, doblen e mealla, que montan XV dineros. Item la massadera, II dineros mealla. Item a I omme con I asno que carrió I millón de teylla, X dineros. Item costaron II almodis de algenc,a XV dineros el almodi, que montan II solidos VI dineros. Item el millen de teylla ye de trehudo del sennyor rey. Summa de est dia VII solidos mealla. Summa de esta plana XIII sólidos mig mealla. /fol. XXVII/ Sabbado siguient ( ),al mayestro XIII dineros. Item a II ommes que (le aiu)doron, (VI dineros), que montan XIl dineros. Item a VI muylleres, doblen e mealla, que montan XV dineros. Item a la massadera, III dineros e mealla. Item costaron II almodis de algenc,a XV dineros el almodi, que montan II sólidos VI dineros. Item costaron cuerdas de cánnamo pora las finestras, IIII dineros. Summa de est dia VI s6lidos VI dineros mealla. Dia viernes, XIII dias por andar del mes de agosto,el segundo dia que el seynnor rey e la reyna venieron a Caragoca a la(casa), fizo fer al marino una puerta pora una cambra de la torre,e costaron IIII taulas, a VI dineros, que montan I sólidos. Item costaron II libras de clavos, $\mathbf { V } ^ { \mathbf { o } }$ dineros. Item costaron III fustes pora baras, VI dineros. Item saraylla pora esta puerta con boroyllo e con su clau VII dineros. Item al mayestro XI dineros. Item,aquest mismo dia fizo fer el merino III bancos de taulas pora l'Aliaffaria pora posar, e costaron de fer e de compra con todo V sólidos e II dineros. Summa de est dia IX solidos VII dineros. Summa de esta plana XVI s6lidos II dineros mealla. /fol. XXVII v./ Sabbado (siguient), fico fer la seynnora reyna unas (andas) pora hyr de( ) de Caragoca a la Aliaffaria, e costaron II viegas, X dineros, II sólidos e VI dineros. Item costaron V jambias,a V dineros, que montan II solidos I dinero. Item costaron II libras de clavos, I dineros e mealla la libra, que montan VII dineros e mealla. Item costaron L clavos de conto, II dineros. Item costó una soga de cánnamo,II dineros, pora ligar las andas que no se esbaratasen. Item costaron III cerciellos, a VII dineros, que montan I só- lidos. Item a II maestros que las fizieron, sese dineros, que montan XVIII dineros. Summa que costaron estas andas IX solidos II meallas. Dia viernes, II dias por andar del mes de setiembre, comencemos de lavrar en la finiestra que mandó abrir el seynnor rey en el palacio do él iaze. Primerament a II ommes que picoron la paret, VI dineros. Item,aquest dia mismo obroron II mayestros en adobar la torre pora Vidal de Villnueva, e fizieron puertas e pales al escalän, e otros II maestros que adobaron taulas e bancos a los mayestros, IIII° solidos. Item a II muylleres, cada III dineros, que montan VI dineros. Item II biegas pora Pescalan, VI dineros. Item II ibras de clavos, X dineros. Item III jambias,a quadre e mealla, que montan XVIIl dineros. Summa d'est dia VIII° s6lidos mig denarium (sic). Summa de esta plana XVII solidos mealla. /fol. XXVIII/ Sabbado siguient, al (mayestro) XIII dineros. Item a I ommes que( ) la finiestra del palacio do el seynor rey iaze, VII dineros. Item a II muylleres, VI dineros. Item costaron XI taulas pora las puertas,a quadre e mealla la taula, que montan IIII solidos VI dineros. Item costaron II sobreportales, XVII dineros. Item costaron II quayrones en que se engastonaron los fierros de la finiestra, XII dineros. Item costaron II libras entre clavos e agrayllas pora la finiestra, a doblen e mealla, $\mathbf { V } ^ { \mathbf { o } }$ dineros. Item calcayniles de fierro pora las puertas de la finiestra,VI dineros. Item II1° sueyllas de fierro estaynnadas, VI dineros. Item costarcn CC clavos de cruceta,a VII dineros el ${ \bf C ^ { \bullet } }$ ,XVI dineros. Item colores pora pintar las puertas e las finiestras, VI dineros. Item costaron las alguacas e los boroyllos pora la finiestra, XVIII dineros. Summa d'est dia XIII sólidos. Lunes siguient, (al mayestro) XIII dineros. Item a III mayestros, otros XII dineros, que montan'II sólidos. Item a I ommes que abrieron la finiestra, VI dineros. Item a IIII muyelles con la massadera, XII dineros. Summa de est dia $\mathbf { V } ^ { \circ }$ solidos e IX dineros. Summa de esta plana XIX sólidos IX dineros. /fol. XXVIII v./ Martes (siguient, al mayestro) XIII dineros. Item a IIII ( XII) dineros, que montan III° solidos, estos obraron las puertas. Item a I moco que les aiudava, V dineros. Item a IIII muylleres con la massadera XII dineros. Item a I ommes VI dineros. Summa de est dia VI solidos I dineros. Miercoles siguient, al mayestro XIII dineros. Item a otro mayestro que le aiud6 XI dineros. Item a I moco que les aiudó V dineros. Item a II muylleres con la massadera IX dineros. Summa d'est dia I s6lidos III° dineros. Item a II ommes que derrocoron las tapias que estavan delant P'Aliaffaria X dineros, porque el rey las mandó derrocar, que las predicaderas las avian feyto pora el huerto. Item costó I quintal de fierro de don Garcia Xeménez de Moriello,pora fer las bergas de la finiestra del palacio do el seynnor rey iaze, X solidos. . Item costoron de fer las bergas, X sólidos. Item comproron ne los moros meya rova de fierro que minguava pora las bergas, que costó XV dineros. Summa est dia XXII solidos I dinero. Summa de esta plana XXXI sólidos VII dineros. /Manava fer la obra e li livras una carta del senyor rey en la qual li prometia que li faria pendre en compte toto co que meses en la obra de la Aljaferia/. Summa maior de la mession de 'Aliaffaria CCC XLVI solidos VII dineros jacceses. /fol. XXIX/ Relacion que faze don Miguel (Royo; merino de Caragoca )que fico quando enbio el( )siest con un almudacaf de Caragoca a prender a Exemen d'Aysa que avia muerto a Domingo Altabas, e costó almuerco pora ellos e pora la compaynna que levaron I sólidos II dineros mealla. Item die a las testimonias que fueron con Johan d'Acomuer, baylle, a emparar un campo en Almocara que yes de Domingo d'Orbivo, VIiI dineros, por fama que se dicia que avia muerto a Miguel Pérez d'Arthasona, e porquel dito Domingo dOrbivo era jurado quando fico el homicidio el sennor rey mandó sobreseer de la demanda dei homicidio. Item die a las testimonias que fueron con Domingo Thomas, baylle,a emparar los bienes del soto del peón que yera del dito don Domingo d'Orbivo, VII dineros. Item die a las testimonias que fueron con Domingo Thomas, baylle, a emparar $\mathbf { I } ^ { \infty }$ campos en Almocara que son de Valero de Gualit, VII dineros, por fama que se dicia que avia muerto a Pero d'Ezpin. Item demandemos a don Pero Gil Tarin que nos diesse los trehudos menudos e otros escriptos si avia que faciessen dreytos al sennor rey,porque lo podiesse demandar,e escusósse que non tenia ren,e assi dixo un homme que nos daria por escripto los trehudos menudos sil dava X sólidos; e don Miguel Luengo, tenientlugar de merino, dies X sólidos e aviele scripto de los trehudos (fue l'omme per non Espanyol, home den Gil Tarin/. Summa esta plana XIII solidos II dineros mealla. /fol. XXIX v./ ( )don Bernart Casplugas e por su ( )Miguel Royo, embiole el dito don Bernart Casplugas a don Miguel XIII cartas del sennor rey que embiasse a las aljamas de los judios de la tierra. Et don Miguel Royo,merino,embió a Sancho con V cartas del rey para las aliamas de Alagon e de Boria,de Taracona, de Calatayu e de Darocha,e siso VII dias,e diel VI dineros por cada dia,que montan III solidos VI dineros. Item embié a Domingo Felip a Taust, a Exeya,a Uncastiello, a Sos,a Jacca,a Huesca,a Monclus e a Barbastro,e sisó entre ida e venida $\mathbf { X }$ dias, e diel $\mathbf { V ^ { 0 } }$ dineros por cada dia, que montan III° sólidos II dineros. Item ovravan al Cosso e fue trobado dius tierra obra feyta de mano,e cavaron hi e trobaron hi plumo, e cuidando qué hi avia aver,avie $\mathbf { v }$ peones que cavassen alli,a V dineros cada uno, II só- lidos I dinero. Item III mulleres que sacavan la tierra,a II dineros, VIII dineros. Summa esta plana X solidos V dineros. /fol. XXX/ Relacion que faze don Miguel Royo ( )que el sennor rey ficiesse ( )que non( ) el inffant. Primerament compró el merino VII dodcenas de biegas para piedes e a baras a los bancos e a las taullas, e costaron a racon de IIII° solidos VI dineros la dodcena, que montan XXXVI solidos, e fueron de don Bartholomeu de Badenas. Item compró el merino LX livras de clavos para los bancos e Is libras para las andas, a I dineros mealla la livra, que montan XII solidos mig I dinero. Item compró el merino de dona Domenga Moyuela, que esta a la puerta Cineia, XX taullas entre tempanos e tablas, e minguaron ne VIII° taullas de las millores que se esgastaron en 'Aliaffaria, en bancos o en taullas, e en II andas que ficieron pora la reyna, e fueron compradas por VIII solidos I dineros. Item compró el merino de la dita dona Domenga Moyuela una dodcena de jambias que costó III solidos II dineros,e gastáronse la dodcena de las jambias en los bancos e en las taullas e en las andas e en puertas quen ficieron pora la torre,e die por el menoscabo de las taullas que se foradaron II solidos. Item costaron de luguero VI taullas de noguera e de chopo que prendiemos de Ramón Fustero,e por el menoscabo de las taullas $\mathbf { I I ^ { \infty } }$ s6lidos. Item prendiemos del puent VI dodcenas $\mathbf { V } ^ { \circ }$ taullas prestadas de chopo,e gastaron ne en l'Aliafaria en bancos,e prendieron ne pora cobrir el poco de la cocina XVII taullas, que costavan a XV dineros, XXI sólidos III dineros. Summa esta plana LXXX VI sólidos VII dineros. /fol. XXX v./ (Item ) que fueron tornadas al puent pora( )el danno que los moros hi fizieron en enclavar, e quen cortaron algunas, e die XVIlI solidos por el danno que los moros hi ficieron. Item costó toda la fusta de levar a l'Aliafaria e tornar a sus lugares, XII solidos II dineros. Item a $\mathbf { I I } ^ { \mathbf { o s } }$ hommes que ficieron adocir e tornar la fusta el säbado e el lunes, que ayudaron a los moros a lo que menester avian, IX dineros a cada uno por cada dia,que montan II sólidos. Item LVI moros que el sabado lavraron en l'Aliafaria,e Vo moros el lunes,a desfer taullas e bancos, que son todos LXI, a IX dineros a cada uno, montan XL solidos VIIi dineros. Item die al corredor que corrie los heredamientos de Valero de Gualit por el homicidio de Pero d'Ezpin, XI dineros. Item die al corredor que corrie los heredamientos de Domingo Pérez d'Orbivo por el homicidio de Miguel Pérez d'Archasona,XII dineros; e el sennor rey manda sobreseer la demanda del homicidio por racón que yera jurado Domingo Pérez d'Orbivo quando fico la muert. Summa esta plana LXX V solidos X dineros. /fol. XXXI/ Item por mandamiento( )de Aragón die a don Garcia de Casvas, procurador del sennor rey en la cort del Justicia de Aragón,en paga de las missiones que avian feytas por los pleytos del sennor rey, X solidos jacqueses. Item, viernes XIII dias por andar de agosto,e otro dia quel sennor rey e la sennora reyna entraron en Caragoca,manlevo don Miguel Royo per pagar las azemblas del sennor rey sobre $\mathbf { I } \mathbf { I ^ { \otimes s } }$ piches d'argent que aduxo per del rey $\mathbf { C C C ^ { \infty } }$ sólidos jacqueses den Garcia Larac en torneses d'argent, e perdieronse en el camino $\mathbf { x }$ solidos, e pagolos don Miguel Royo. Item, en est anno present enfermó don Pero López d'Oteyca por muert e iazia en Val de Robres,e andavasse que lixasse su terra al vispe de Caragoca e esto entendie dən Miguel Royo e embio a Valence al sennor rey una carta en qual estado estava Pero Lopez d'Oteyca e que se andava que lixasse su tierra al vispe; e el sennor rey embio una carta al merino el que aviesse ansia del feyto. Et el merino, recibida la carta del sennor rey,fue a Sástago a la dita donna Taresa e favló con ella e facie aquel bien que podie con ella,e d'alli enant fue a Val de Robres a favlar con don Pero López d'Oteyca que lo tenian candela en mano e favló con él e con otros de su casa a pro era bien del sennor rey,e fue en el viage con él Johan de Martels, e estieron en ida e en venida con $\mathbf { V ^ { \bullet } }$ bestias VI dias,e espendiemos XLVIl° sólidos VII dineros. /Livrans una carta del senyor rey de responsión que li feu sobre aquest perque la dita mission li fo presa en compte/. Summa esta plana LX VIIl° sólidos VII dineros. /fol. XXXI v./ ( ) que lo servia en los feytos del merinatgo en emparas e en citaciones,e por los asientos que devian aver de_los homicidios avinósse con ellos que lo sirvirian Ianno por XXX solidos. Item fueron feytas de missiones en las casas de la tinturia de Caragoca LVI solidos a obra necessaria que facia menester en las ditas cosas, la qual obra fue feyta por Jahiel d'Uzmen, maestre, e fueron pagados los dineros de la dita obra don Salamón Costantin. Item die an Ebrahim Fedanch,jueu de Caragoca, por su salario O por tercio que dice aver de las acusaciones que fico con los judios,de que salieron mas de M sólidos jacceses C solidos jacceses\*. Documento suelto intercalado en el registro."Remembranca que faze don Miguel Royo que montan las calonias que avie de los jodios en el tiempo que fue merino, mil et XLVII solidos Ilo dineros mealla; las quales le fueron acusadas por don Ebraem (.),an tenient su lugar en la juderia. Item primerament recebie de Jucef Barut XX sólidos jaqueses.Item de Nicimiel, jodio,C sólidos. Item de Salamón Aventahuey, judio de Barcalona,CC solidos.Item de Davi Alcarahueya CCL sólidos. Item de Mosse Avenbitas L tornesses de argent que fueron contados $\mathbf { v m } \mathbf { e n }$ de. Item a dona Maria Beltrán,priora de Peramán,CCCo sólidos de la tierca del mes de setiembre. Summa esta plana CCCCos LXXX VI solidos. /fol. XXXII/ Item, quando don Miguel Royo( )costó la carta del merinado L sólidos,e assi los quales deve cobrar don Miguel Royo por racón quel sennor rey no lo a tenido en el officio segunt que le pertenecie por sus cartas. Item die don Miguel Royo a don Johan de Martels /e a Bernart: Rudestia/ por raconar los pleytos del merinatgo $\mathbf { C C ^ { \infty } }$ sólidos, co es por el pleyto don Domingo Pérez d'Orbivo sobre la demanda del homicidio que avia feyto que mató a Miguel Pérez d'Arthasona, e por el pleyto del homicidio de Domingo Altabas que se dicia que lo avia muerto Exemén d'Aysa vecino de Siest,e por el pleyto del homicidio que se demandava a Exemén de la Torre que se dicia por fama que avia muerto a Miguel de Boloya, e por el pleyto del homicidio que se demandava a Pero Brica que se dicia por fama que sus fillos avian muerto don Pero Ribaforada,e por el pleyto de la demanda que se facia a Dicus Ayuda /de C morabetins de pena por privilegio del rey don Jayme/ porque fue acusado que facia armas falssas. Item por el pleyto de la demanda que se facia a don Johan d'Uesca seller de C morabetins de pena por el dito privilegio del sennor rey don Jayme, porque fue acusado que facia armas falsas. Item por el pleyto del homicidio que se demandava a Johan de la Lanca que se dicia por fama que avia ferida una muller prenyada,de las quales feridas ie ovo ad affollar. Summa esta plana CC solidos. /fol. XXXII v./ (Item ) Johan de Prohomme por escrivir ( ego), CXX solidos por su salario. Item preso para si don Miguel Royo por su salario, mil sólidos. Costó d'escrivir la inquisicion de don Gil Tarin XLVI solidos, menos puyesa que montan XXXa II solidos II dineros y mealla. Item de don Gayz Avempetet XXxa solidos. Item de Mose Eyni et de Ayza la buena,su amiga,XL solidos.Item de Bitas,fillo de Ebraym Azcaries,XX solidos.Item de filla de Cavatierra XX solidos.Item de Nabi Jahuda el escribano CLXXV solidos.Item de filio de Culema el panicero X solidos.Item de Jucef Gallur el aludero XL sólidos.Item de Mossé Feziliano C sólidos e I dinero.Item de Jacob el texedor V solidos.Item de Davi Agulafia V solidos.” co es d'escrivir en ebrayco e en morisco e despues traslatarlo en christianego. Item a don Martin Luengo,procurador de los pleytos del merinatgo en la cort de calmedina de Caragoca e en los feytos del merinatgo,L dolidos per son salario. Summa esta plana mil $\mathbf { C C } ^ { \infty }$ XVII solidos. /fol. XXXII/ Summan las receptas que( )de todas las rendas del merinatgo e de todas las anentas ab lo que a preso de la tierca de diciembre que era por venir, que va el (.......) el offici XII mil XV solidos IX dineros. Summan las datas e las missiones que don Miguel Royo a feytas de tot el tiempo que fo merino, X milia $\mathbf { C C C ^ { \infty } }$ XII solidos II dineros, los quales abatuts de la recebuda damon dita, romane que debe tornar en Miguel Royo al sennor rey mil DCCo III" sólidos VI dineros./Item dels cervicios que a recebidos que montan/ /fol. XXXIII v./( )Miguel Royo a recebudas del (tiempo que fue merino) de Caragoca. Primerament embióle don Salamón, fillo de don Hahiel, III muylles. Item a otra part por la fiesta de Nadal embió al dito merino el dito don Salamon II carneros. Item embiole Hazdey, fillo de don Bonaffos, I lampreda. Item embiole Jahuda Almeredi Ilampreda. Item a otra part dió Jahuda Almeredi a Taresuela, filla del dito merino,una trenca de fil d'oro e de seda tenida que valia entro II solidos o menos. Item embiole Faro Fedant una escudiella de dätiles que valia entro a VI dineros. Item embiole Jucef Aveniucaf I barbo. Item embiole Abraem Haxon I barbos. Item embiaronle fillos de Vidal meo carnero: Item embiaronle los adelantados por l'aliama I carnero, I pares de gallinas e $\mathrm { I I I ^ { e s } }$ o IIII pares de perdices per la fiesta de Nadal. Item embiole Ebraym Handalo II libras de seda, las quales presentó el dito merino a la sennora reyna en Lérida. Item embiaron l'aliama de los judios a dona Jayma, muller del merino,I velo que valia entro a VI solidos. /fol. XXXIV/ Item embio Salamón de ( )a dona Jayma, muller del dito (merino) VIII solidos ( ). Item embió Samuel Albalá al dito merino I pares de anssaras. Item embiole el fillo dona Mira la maestra I savoga. Item embiole Azmel Azeriello III savogas. Item embiole Davi Alcarahuey C solidos jacqueses entre $\Pi ^ { \infty }$ vegadas. ·. Item embió Noé Chiniello al dito merino XX sólidos. Item embió Jucef Catich que non se iva a estar a Pedrola al dito merino X solidos. Item embió Samuel Abnariribi que se queria ir a estar a Pedrola e no y fo,X sólidos. Item fueron embiados al dito merino por I judio que finó en Caragoca, porque lo lexassen levar a Huesca,V solidos. Item embiole el alfaqui de Taracona que avia pleyto con otro moro de aquel mismo e preg6 al dito merino que le ayudas en su dreyto, X solidos. Item embiole Davi Alcarahuey la nueyt de Nadal a casa del dito merino salssa que valia entro a $\mathbf { I I ^ { e s } }$ solidos,e Xx torneses d'argent.E luego el dito merino ficoles lo tornar e el dito Davi no los quiso. Item embiaronle los adelantados de los moros de Caragoza en II vegadas meo carnero e Icabrito. Item embió I moro de Daroca a dona Jayma,muller del dito merino, por una carta que le recabas del merino, XX dineros. /fol. XXXIV v./ (Item embio ) Pero Martinez de Soaco( )en Taust II pares de anssaras. Item embió Salamon Haudalo al dito merino porque le ayudas en su dreyto de algunos quel facia tuerto, V sólidos. Item embió Jahyda Avenpuyn al dito merino porque drecás que un olivar que avia comprado de Ebraem de Terrer que passas la vendicion e que Jahiel que lo demandava para su fillo no lel contrastasse, XXX sólidos, de los quales die a Jahiel que atorgäs la vendicion X solidos. Item,quando los castellanos eran en el regno de Murcia,el sennor rey embió sus cartas ad Aragón que le acorriessen todos sus vasallos, e yo, don Miguel Royo, guiseme con II cavallos armados, e ficlo a salario al aliama de los judios de Caragoca,e pregué- les que me acorriessen de alguna cosa si les placia,e ellos diéronme para una azembla C solidos. Item el dito merino avia tirado a Vidal Abnarrabi que teniesse su lugar en la judaria, e perque no lel comandasse el officio embió al merino IX solidos. Item,a otra part,el dito Vidal pleyteava contra l'aliama,e porquel merino le ayudas en su dreyto,embiole III s6lidos. Item el rabi Mercader del camino de Lérida embió al dito merino salssa que podia valer entro a II sólidos. /fol. XXXV/ Item Mahomat Graffiel ( )embio almerino( ). Item algunos judios de l'aliama prometieron a don Miguel Royo que si ganava el officio del merinat que le prestarian $\mathbf { I } \mathbf { I ^ { \infty } }$ mil sólidos por I anno,e le pagarian el loguero que le costassen de sacar; e por esta racón don Miguel Royo recibie dellos D solidos. \*Item fó demanat per sagrament si les reebudes que avie feites eren aytantes e no mes,e les dates que avie feites que eren aytantes e no meys,e iuró que asi eren verdaderes com les avie donades (per alvara) que reevuch en lo sagrament que fera que si altres serviis li embiaven ne altres reebudes que lo pogrés meter en compte abans que la inquisició fos feta. En apres vench abans que aquest libre del compto aguessen donat al Justici& qui faye la inquisicio de manament del senyor rey a él, e dona per set que avie reebut de Mahomat Grafiel, los quales dona a la dona sua part los L sólidos damont diez altres L sólidos jacceses. Item mes en compte de reebuda per lo dret de les oles e de les canteres que donen en Saragoca al senyor rey XXX solidos jacceses /De Patunt Let de XL sólidos. De part Garci Gofre per dedit seb scriptos XXX solidos merino/. Item reebe de una mora per nom Acofra,la qual sere enpreynnada de I christiano (sic) e redimesse per XXX sólidos e feu ne carta de deute, de les quales él reebe X solidos jacceses,e les altres romanen a pagar e feu la carta l'alcayt de la moreria,e son fiances Ebrayn Cantarero e su ermano que esta en Cuera,e Xemxi, la muyller qui era la tia de Mahomat Graffiell. /fol. XXXV v./\* letra semiborrada y muy deteriorado el soporte de la escritura,con unos 6ó7 asientos muy breves anotados en_cursiva y a modo de borrador. Tan solo se lee medianamente bien lo siguiente:E aya( )tot co quens ha manifestat dapres d'albarä fo feit,XCVI solidos jacceses, los quales li escrisquem sobre el dos del albarä que lo fo feit d'aquest compte. INDICE ANALITICO\*. Adelantados de la aljama de los judios de Zaragoza, XIv., XII y XXXIIIv. 113,114y 139. adelantados de la aljama de los moros de Zaragoza, IIlv., VIllv., XIv.y XXXIV.104,108,114 y 140. adulterio,IXv.y XI.109 y 111. agrayllas, XXVIlI. 133. AGULAFIA,XIIIv. 114. Alagón,II,VI,X1Xv.y XXIVv.103,107,120 y 135. ALAMAN DE GUDAR, II,103. ALAZAR,alfaqui,V,XIXv.106 y 120. ALAZAR,hijo de Alazar,V,XIXv.106 y 120. ALAZRAC,IX.109. alcaduces, XXv.121. alcaide de la moreria de Zaragoza, XIVv.y XXXV.125 y 142. alcaide de Zaragoza,IVv.y XVIlI.105 y 118. alfaceras, IV.104. alfarge, IIv.104. algenz, XVI, XXII, XXIV, XXIVv., XXV, XXVv.,XXVI, XXVIv. y XXVII. 116,124,126,127,128,129,130 y 131. alguazas, XxvIlI.133. ALI ALBARRAMON,XII,112. alfaqui, V y XXXIV. 106 y 140. alfondega,Iv., VI1,V1Iv.,XVI y XVIIv.102,107,108,116,117 y 119. Aljaferia, XX, XXV, XXVIv., XXVII, XXVIIv., XXVIIIv., XXX y XXXv. 120,128,130,131,132,134,135y 136. \* Lareferencia se hace a la foliacion original del texto y a las päginas de la publicacion del mismo.Los nombres de persona van en mayuscula,los de lugar en minüsculas y las materias en cursiva.Unicamente se ha omitido el topónimo Zaragoza asi como los nombres consignados en el documento intercalado en el libro-registro y que se publica al pie de la pägina 137. aljama de los judios de Zaragoza, X,Xv., XIv.,XIIv.,XI, XXIXv.,XXXIIv. y XXX1Vv.110,112,113,114,135,140 y 141. aljama de los moros de Zaragoza,IIIv.,IX,IXv.y XIVv.104,109 y 115. aljibe, XX,XXIv.y XXVv.121; 123 y 127. almaxia, XIlv.114. almaira, XII. 113. almodi del pan de Zaragoza,I,II ,IV,IVv.,Vv.,VI,VII,VIII y XVIIIv 102,103,104,105,106,107,108 y 119. almoneda,I,VII.y XIVv.102,107 y 115. Almozara,XXIX.134. almudazaf(es) de Zaragoza,IVv.,XVIII y XXIX .105,118 y 134. Altabas,XIV.114. AMIRI,mora,XI,11. andas, XXVIIv.y XXX.132,135 y 136. ANDREU,montero del rey, XVIlv.119. ANDREU BALLES, trotero del rey,VI. 107. ANDREU PEREZ,montero del rey,XVIII.118. arena,XXlv.123. arcos de los pilares,XXIV.126 y 127. armas falsas, XXXIl. 138. ARNALTMARTIN,montero del rey,XVIIIv.119. ARNALT DE TERUEL,montero del rey,XVIII. 118. ARNALT DE TORRELLAS,XVIIv.118. atachana, X,Xv.,XI,XIIv.y XIII.110,111,113 y 114. AXA,mujer de Rafia, IXv.y XIVv.109 y 115. AYZI BUENA,XI. 111. AZNAR DRENA,mujer de,XIV,115. AZOFRA, mora, XXXV.141 bacia,XXI.123 y 124. BAHIEL,IVv. y XXXIIIv. 105 y 139. BAHIEL CONSTANTIN, judio de Zaragoza, procurador de don Mossé Avei dehuey,XVIIIy XIXv.118 y 120. baile,I,XVII y XXIX.102,118 y 134. baile general, Vv.y VII.106 y 107. BALDOVIN,alcaide de Zaragoza,XVII.118. banco(s), IV,XXV,XXVII,XXVIIv.,XXX y XXXv. 104,128,131,132, 135 y 136. bano del rey en Zaragoza,Iv., VIIv.,XIy XIIv.102,107,111 y 114. Barbas tro,XXIXv.135. Barcelona,X.110. bardonia,XXI y XXIIIv. 125 y 126. BARTHOLOMEU DE BADENAS,XXX.135. BENEDETDEALGUAYTA,IX.109. BERENGUER DE TOVIA,baile general de Aragón,Vv., VII, XVIII y XIX. 106,107,118 y 119. BERNART RUDESTIA, XXXII. 138. BERNART ZASPLUGAS,XXIXv.135. BETI,hija de Jucef Vaylo,XIv.112. betumpne, XXIIIv.126. BITAS,hijo de Ebraym Azcariel,XIv.112. BIVAS, moro, XV.116. Borja,XXIXv.135. boroyllos, XVIII. 133. botellero, XIV. 115. Calatayud, XVIII, XIX,XIXv.y XXIXv.118,119,120 y 135. calcainiles,XXvII. 133. calcina,XXv.,XXI y XXIv. 121,122 y 123. caldera de la tintoreria,Iv.102. cantaros,XxII.125. capas judaicas, XIlv.y XIII.113. capazos,IV.104. carabaceros, XIV.115. Carinena,XIX.120. carniceria de los judios,IVv.y V.105 y 106. casa(s), XIV.114 y 115. casas de la alfondega de Zaragoza, XVl.116. casas dela moreria de Zaragoza,IXv.y XII. 109 y 112. casa del peso de Zaragoza, Vl.106. Castellar, Iv.104. CAVATIERRA, hija de,XIv.113. cenia,XXv.,XXIv.,XXV,XXVv.y XXVI.121,123,128,129 y 1: cerciellos, XXVIlv. 132. cequia, XX y XXII. 121 y 125. cerraduras, XXV.128. Cineja, puerta de,XXX.135. clau (llave), XXv.y XXVII. 122 y 131. claus(clavos), XXV,XXVI,XXVIv. XXVII, XXVIIv.,XXVI 128,130,131,132,133 y 135. claus de conto, XVI y XXVIIv. 116 y 132. clavos de cruceta, XXvIII. 133. clerigo, Xv. 111. colores, XXVIII. 133. comendador del Hospital de Zaragoza,V.105. comendador del Temple de Zaragoza, XVlI y XIXv.117 y 120. Compas, IIv.104. concejos, VI.107. corredor, XXXv.136. correo, XIX.119. Coso, XXIXv.135. Coso de los sogueros. XIV.114 y 115. cozuelo, I. 103. cuerdas de canam.. XXvIl.131. Daroca, XIX,XXDv.y XXXIV.119,135 y 140. DAVI ALCARAHUEY,judic de Lerida, X y XXXIV.110 y 140. DICUS AYUDA, XXXII. 138. DOMENGA MOYUELA,XXY.135 y 136. DOMINGO Ai CALES,Xv.110. DOMINGO ALTABAS,XXIX y XXXII.134 y 138. DOMINGO CALATAYUD,XIV.114.. DOMINGO FELIPE,XXIXv. 135. DOMINGO JOHAN, montero del rey, XVIIIv. 119. DOMINGO LACUBA,XIV. 114. DOMINGO NOVALLAS,XI. 111. DOMINGO DE ORABUENA, vecino de Tauste, IIIv.104. DOMINGO DE ORBIVO, jurado de Zaragoza, XIX y XXIX,119 y 134. DOMINGO PEREZ,XIVv. 115. DOMINGO PEREZ DE ORBIVO,XXXv.y XXXII. 136 y 138. DOMINGO PEREZ SERRANO, notario publico de Zaragoza, XVII y XVIII. 117 y 118. DOMINGO SANCHO DE OSERA, notario de Zaragoza, Vv.106. DOMINGO THOMAS,XXIX,134. DURANDA GIL, abadesa del monasterio de las menoretas de Zaragoza, Vv.y XVIIv. 106 y 117. EBRAYM AVENDINO, hijos de don (judios de Alagón),XIXv. 120. EBRAYM AZCARIEL,XIv. 112. EBRAYM CANTARERO,XXXV. 142. EBRAYM FEDANCH,judio de Zaragoza, XXXIv. 137. EBRAYM HANDALO,XXXIIIv. 139. EBRAYM HAXAN, XXXIIv. 139. EBRAYM DE TERRER,XXXIVv.140. Ejea, XXIXv. 135. EMINA, mora,XI,113. ENIEGO MOZARAVI, jurado y mayordomo de los jurados de Zaragoza, V y XVII.105 y 117. Epila, II y VI.103 y 107. escalan, XxvIv. 132. escobas, XXII. 125. escribano, XlIv.113. espuertas, XX y XXII. 121 y 125. ESTEBAN DE ESTELLA,XIV.115. exahariz del huerto de la Aljaferia,XX,XXIv.,XXII,XXIIv.,XXIIly XXIIv. 120,123,124;125 y 126: EXEMEN DE AISA, vecino de Siest, Xv., XXIX y XXXII. 110, 134 y 138. EXEMEN DE LA TORRE,XXXII, 138. EXEMENO, botellero de Juan Xemenez de Urra, XIV. 115. CARMEN ORCASTEGUI $\Bumpeq$ ESTEBAN SARASA. FARO FEDANT,XXXIIIv.139. farineras, IV.104. FATIMA DEL FORNERO,XIVv.115. ferment, XVIIv.118. ferreria dela moreria,IX.109. FORTUN PEREZ,IX.109. fornaz del bano, XxvI.129: fueylla, XVI.116. fumero del bano,xxv,128. fusta,XXI,XXIV,XXV y XXXv.123;126;127,128 y 136. fustes de noguera, XXIV y XXVI.126 y 140. GALACIAN DE TARBA, Iv., II y VIIv. 102,103 y 107. Gallur,IIv.103. GARCI GOFRE,XXXV.141. GARCIA DE CASVAS,XXXI.136. GARCIA LARAZ,XXXI. 137. GARCIA XEMENEZ,hijo de don Vicient Ferrandez,II,103. GARCIA XEMENEZ DE MORIELLO,ciudadano de Zaragoza, II, VII y VIII. 103,107 y 108. GAYEZ AVENPETREI,XI. 111. GIL TARIN,merino de Zaragoza, Iv., IIv.y XXXIIv.102,104 y 138. GINES PINTOR,IIIv. 104. glera,XXI. 122. GUILLELMA DE TARBA,XIV.114. GUILLEM DE AMIOT,notario de Zaragoza,XVIIIv.119. GUILLEM RAMON DE ALGUAYTA, notario de Zaragoza,XVIII.118. HAZAN EL MORTO,XII y XIVv.112 y 115. HAZDEY,judio hijo de Bonaf6s,XXXIIIv. 139. homicidio, IX, Xv., XI, XIIv., XIX, XXIX, XXXv., XXXIv. y XXXII. 109, 110,111,112,114,119,134,136,137y 138. horno de Ricla,IIv.103. horno de Zaragoza,Iv.102. Hospital de Zaragoza,Orden del,V y XIX.105 y 119. EL LIBRO-REGISTRO DE MIGUEL ROYO,MERINO DE ZARAGOZA EN 1301 huerto de la Aljaferia,XX,XXv.y XXIIv.120,121,122 y 124. Huesca,XXIXv.y XXXIV.135 y 140. husillo del olio del linoso de Alagon,I.103. husillo del olio del linoso de Zaragoza,Iv.1O2 y 103. iglesia de San Per,VI.106. inquisicion, XXXIIv.138. Jaca, XXIXv.135. JACOB EL TEXIDOR,XIIIv. 114. JAHIEL DE GRAFIEL,XII.112. JAHIEL DE UZMEN, maestro de obras, XVI. XXXIv. y XXXIVv.116,137 y 140. JAHUDA ALMEREDI,XXXIIIv.139. JAHUDA AVENPUYN,XXXIVv.140. JAHUDA AVENAZFORA,XIII.113. JAIMA,mujer del merino, XXXIIv.y XXXIV.140. JAIME,hombre del merino, XIIIv. 114. JAIME DE TENA,VIIy VIIv.107 y 108. JAIME VIGOJOS,alcaide de Zaragoza, IVv.105. jambas XXVIlv.y XXX.132 y 136. JAUCE AVEMBITAS,Xv.110. JOHAN DE ACUMUER,baile,XXIX.134. JOHAN DE LA LANZA,XXXIIv. 138. JOHAN DE MARTELS,ciudadano de Zaragoza, I, II, XXXI y XXXII.102, 103,137y 138. JOHAN DE MONTPESLER,XIV.115. JOHAN PEREZ DE FALCES,XVIIIv. 119. JOHAN DEL PROHOMEN,notario publico de Zaragoza, IVv.,V,Vv., IX, IXv.,X, Xv., XI, XIv., XVII, XVIIv., XVII, XVIIIv., XIX, XIXv. y XXXIv.105,106,109,110,111,112,117,118,119,120 y 138. JOHAN DE SALAS,vecino de Zaragoza, XIv. 112. JOHAN DE UESCA,XXXII. 138. JOHAN XEMENEZ DE URREA,XIV.115. JUAYNES.DE AVILA, montero del rey,XVIIv. 119. JUCEF,hijo de Mahomat Duzmen,X.110. JUCEF AVENIUZAF,XXXIIv.139. JUCEF BARUCH,IXv.109 y 110. JUCEF BELLITO,XIV.115. JUCEF DE CALATORAO,XIVv.115. JUCEF DE FIERIO,XII.112. JUCEF GALLUR, el aludero,XII. 114. JUCEF VAYLO,XIv.112. JUCEF ZATICH,XXXIV.140. juderia de Zaragoza, IXv.y XI.109 y 111. judios, Iv., VII, X, XVI, XIXv., XXXIv. y XXXV. 102, 107, 110,118. 120; 137 y 141. jueces de la juderia de Zaragoza,IXv.109. JUFRE DE LUCH, zalmedina de Zaragoza,IVv., Xv. y XVIIv.105,111, 117 y 118. Junquera, XIv.112. jurado(s) de Zaragoza, V,VI, XVII,XIX, XIXv.,XXIX y XXXv.105,107, 117,119,120,134 y 136. Justicia de Aragon, XXXI y XXXV. 136 y 141. justicias, VI. 107. Lerida,X,XXXIIv.y XXXIVv.11O,139 y 141. lezda de la carniceria de los judios,IVv.y V.105 y 106. lezda de Ricla,Iv.103. LOP XEMENEZ DE LUNA,XVII.117. Lorca, XIX.119. LORENT DE TARAZONA,IVv.y XVII.105 y 117. maestro de obras, XVI, XX, XXv., XXIv., XXII, XXIIv.,XXIII, XIIv., XXIV,XXIVv., XXV,XXVv.、XXVI, XXVIv, XXVII, XXVIII y XXVIIv.116,120,121,122,123,124,125,126,127,128,129,130, 131,132,133. maestro fustero, XXV y XXVI.128'y 130. maestros, XXvIII.133. MAHOMAT DE ALLABAR,XV.116. MAHOMAT BELLITO,hijo de Jucef Bellito,XIV.115. MAHOMAT CAVALLERO, moro de Zaragoza, IX.109. MAHOMAT DUZMEN,moro de Zaragoza, X.110. MAHOMAT DE FOTO,IXv.109. MAHOMAT GRAFIEL,XXXV.141 y 142. MAHOMAT DE MACHO,XV.116. MAHOMAT DE MOHEVI, lugarteniente del merino en la moreria de Zaragoza, XII. 112. MARIA DE AMBRIEL,XV.116. MARIA BELTRAN, priora de Peraman, XXXlv.138. MARIA PEREZ DE_LOGRONO, madre de Sancho hermano del rey, V y XVIIv. 106 y 117. MARIA SANCHEZ DE CALATAYUD,IVv.y XVII. 1OS y 117. MARTIN DEL CASTELLAR,XIV.115. MARTIN LUENGO, procurador de los pleitos del merinado,VIlv. y XXXIIv. 107 y 139. MARTIN PEREZ,montero del rey, XVIII. 118. MARTIN PEREZ ROYO,vecino de Zaragoza, VII y VIIIv. 107 y 108. MARTIN DEL POSTIGO, jurado y mayordomo de los jurados de Zaragoza, XIXv.120. masadera,XVI, XXIVv., XXV, XXVv., XXVI, XXVIv., XXVII, XXVIII y XXVIIIv,116,127,128,129,130,131 y 133. MATHEU MOZARAVI, ciudadano de Zaragoza, IIv. 103. mayordomo de los jurados de Zaragoza, V, XVIl y XIXv.105,117 y 120: MENASSE NUI, XI.111. menoretas de Zaragoza, Vv.y XVllv.106 y 117. MERCADER,rabi, XXXIVv.141. merino de Zaragoza, Iv.,II, IIIv., IV,Vv.,VI,VIII,IX,IXv.,X, Xv., XI, XIv.,XII, XIIv. XIII, XIIv.,XIV,XIVv., XV,XVI, XVI,XVIIIv., XIX,XX,XXV,XXVII, XXIX,XXX, XXXI, XXXIIIv., XXXIV, XXXIVv.y XXXV.102,103,104,106,107,109,110,111,112, 113, 114,115,116,117,119,120,128,131,134,135,136,137,139,140 y 141. MIGUEL DE BOLOYA,XXXII. 138. MIGUEL DE FUENTDETODOS,XIv. 112. MIGUEL LUENGO,lugarteniente del merino, XXIX .135. MIGUEL DE NOVALES, portero del rey, XIX.119. MIGUEL PEREZ DE ARTHASONA,XXIX,XXXv.y XXXII. 134,136 y 138. MIGUEL ROYO、merino de Zaragoza,I, Iv.,III,IIv.,IV,IVv., V,Vv.,VI, VIII,VIIIv.,IX,IXv.,X,Xv.,XIXIv.,XIIXIIv., XII,XIIv.,XIV, XIVv.,XV,XVI,XVII,XVIII,XVIIv.,XIX,XIXv.,XXIX,IXv., XXX,XXXI, XXXII, XXIIv., XXXIII, XXXIVv. y XXXV. 12,13, 104,105,106,107,108,109,110,111,112,113,114,115,116,117, 118,119,120,134,135,137,138,139 y 141. MIRA,hijo de dofia,XXXIV,140. mobles,XIVv.115. molino de la Junquera,XIv.112. Monclus,XXIVv.135. moneda, XIIy XIVv.112 y 115. m ntrro(s) del rey,XVII y XVIIIv.118 y 119. m , IX,XI, XIv., XII, XIIv., XV y XXXV. 109,111,112,113,114,116 y 141. moreria de Zaragoza, IIIv., IX, IXv., XII, XIIIv., XIV y XXXV.104,109, 112,114,115 y 142. moro(s), LX, IXv., X,XII,XVv., XV,XX, XXXv.y XXXIV.109,110,112, 115,116,121,136y 140. mortero, XXIy XXIv.122 y 123. MOSSE AVEMBITAS,hijo de don Jauce Avembitas,Xv.110. MOSSE AVENDEHUEY,judio de Calatayud,XVII y XIXv.118 y 120. MOSSE COSTANTIN,adelantado,XIII.113. MOSSE SECILIANO,XIII.114. Murcia, XIX y XXXIVv.119 y 141. muros de Zaragoza,V y XVII.105 y 117. NICIMIEL,judio de Zaragoza,X.110. NICHOLAS DON BIVAS,vecino de Penaflor,XIv.112. NOE CHIMIELLO,XXXIV.140. NOHON ALMADAYLLANI,X.110. notario publico de Zaragoza,IVv.,V,Vv., IX, IXv., X, XI, XVII, XVIv., YVIII v XV1v 105 106 100 110 111 117 118 v 119 EL LIBRO-REGISTRO DE MIGUEL ROYO,MERINO DE ZARAGOZA EN1301 olivar, XXXIVv. 140. palas, XXI.122. panicero,XI.113. pardina, XV.115. PASCUAL,montero del rey,XVIIIv.119. PASCUAL MONTERO,montero del rey,XVIII.118. PASCUALA DE FRESCANO,XIV.114. PATUNT LET,XXXV.141. peaje de Alagon,I.103. peaje de Epila,I1,103. peaje de Gallur,Ilv.103. peaje de Zaragoza,I,II,II,VI y VIII.102,103,107 y 108. Pedrola,XXXIV.140. pena(s), IX,1Xv.,XI,XIv.y XIIv.109,110,111,113 y 114. Penaflor, XIv.112. Peraman, convento de, Vv., X1Xv.y XXXIv.106,120 y 138. Peraman, duenas de,XiXv.120.. perchas,XXlI.124. PERET ALAGON,almudazafe de Zaragoza,IVv.y XVIIl.105 y 118. PERO BRIZA,XXXII.138. PERO CARROY,procurador de dofia Maria Pérez de Logrofo,V y XVIIv. 105,106 y 117. PERO DE EZPIN,clérigo,Xv.,XXIX y XXXv.111,-134 y 136. PERO FANTOVA,mujer de,IIv.103. : PERO FINISTRIELLAS,montero del rey,XVII y XVIIIv.118 y 119. PERO GARCIA DE LERIDA, ciudadano de Zaragoza,Iy III.1O2 y 103. PERO GIL TARIN,XXIX.135. PERO LOPEZ DE OTEYZA,XXXI.137. PERO MARTINEZ DE LUNA,XIXv.120. PERO MARTINEZ DE SOAZO,XXXIVv. 140. PERO PALS,montero del rey,XVIIIv.119. PERO RIBAFORADA,XXXII.138. peso de Zaragoza,I,II,Vv., VI,VIIIv.y XIXv.102,104,106,107,108 y ·CARMEN ORCASTEGUI-ESTEBAN SARASA. PETROT DE MORA,baile,I: 102. pilares, XXIV y XXVI.126'y 130. pleitos del merinado, XxXIl.138. plomo, XxIXv.135. PONZ BALDOVIN,ciudadano de Zaragoza, VII, VII y XVIIv.107,108 y 119. porgaderos,XXI.122. portero del rey,XIX.119. predicadoras, XXvIIIv.134. priora de Peraman,Vv.106. priores de la iglesia de San Per,VI.106. procurador de los pleitos del merinado, XXXIv.139. RABI JAHUDA,escribano, XIIv.113. RAFIA, IXv.109. RAFIHUELO,moro, IXv.109. RAMON BECHA, vecino de Zaragoza,Iv.102. RAMON FUSTERO,XXX.136. RAMON OLIVER,comendador de la casa del Temple de Zaragoza, XVII. 117. RAMON DE TAMARIT,vecino de Zaragoza,IX.109. rejolas,XxvIv.130. Ricla, IIv.y VI.103 y 107. sacos, IV.104. sal·de Compas,IIv.104. SALAMON,hijo de don Hahiel, judio, XXXIIv. 139. SALAMON AVENTAHUEY,judio de Barcelona,X.110. SALAMON CONSTANTIN, judio_de Zaragoza,Iv., VII, VIIv., XIXv.y XXXIv.102,107,108,120 y 137. SALAMON FEDANO,XIII. 113. SALAMON HAUDALO, XXXIVv . 140. SAMUEL ABNARRABI,XIIv.y XXXIV .113 y 140. SAMUEL ALBALA,XXXIV .140. SANCHO,hermano del rey,V.XVIIv.y XXIXv.106,117 y 135. SANCHO BURZENS,almudazafe de Zaragoza,IVv.y XVII.105 y Sastago,XXxI. 137. Siest, Xv.y XXXIIv.110 y 138. sobreportales,XXvIII.133. soga de canamo,XxvIlv.132. Sos,XXIXv.135. soto del peon, XXIX.134. sueyllas de hierro, XxvIII.133. SYMUD ANOALA,X.110 Tarazona, XXIXv.y XXXIV.135 y 140. taulas, XXVII,XXVIII,XXX y XXXv.131,133,135 y 136. taulas de comer, Xxv.128. taulas de noguera, ver fustes de noguera. taulas de noguera y de chopo, XxX.136. Tauste,Iv.,XXIXv.y XXXIVv.104,135 y 140. teja, XIV y XXVIv.115 y 131. tejedor, Xlv . 114. Temple de Zaragoza,Orden del, V, XVIl y XIXv.105,117 y 120. TERESA,dofa,XXXI.137. TERESUELA, hija del merino de Zaragoza,XXXIIv.139. tiendas, HIv.,IX,XIV y XIVv.104,109 y 115. tiestos para tosca,XXlv.123. tintoreria, VII,VIIv.y XXXIv.107,108 y 137. tosca,XXv.122. treudo de las tiendas del rey,IIIv.104. trigo,XVIIv.118. trotero del rey,VI.107. Uncastillo, XXIXv.135. Valderrobres,XXXI.137. Valencia, XXXI. 137. VALERO DE BIELSA, notario publico de Zaragoza, V.105. VALERO DE GUALIT,Xv., XXIX y XXXv. 111,134 y 136. verjas, XXVIIIv.134. VICENTE GONZALVEZ CORONEL,Vv. 106. VICIENT FERRANDEZ, vecino de Zaragoza, II. 103. VIDAL, hijos de,XXXIIIv.139. VIDAL ABNARRABI, XXXIVv. 141. VIDAL DE VILLANUEVA, XXVIIv. 132. vigas,XXII,XXVIv.y XXX.124,132 y 135. Villanueva,XIv.112. vispe, Xv.111. vispe de Zaragoza,XXXI.137. XEMXI, mujer de Ebraym Cantarero,XXXV.142. ZALEMA HAMUT, moro de Zaragoza,XII. 112. ZALEMA el panicero,hijo de,XII. 113. zalmedina de Zaragoza,IVy., Xv., XIv.,XVIIv. y XXXIIv. 105,111,112, 117,118 y 139. ZONIA,mora de Zaragoza,IX.109. Zuera,XIIv.,XIII y XXXV. 113 y 142.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Trayectoria económica de la hacienda del Reino de Aragón
TRAYECTORIA ECONOMICA DE LA HACIENDA DEL REINO DE ARAGON EN EL SIGLO XV por Joseé Angel Sesma Munoz. La evolucion politica, económica y social de Aragón en el siglo XIV va haciendo necesaria la creación de una Hacienda propia del reino,que actue como organismo unitario de los cuatro brazos para recaudar y administrar las cantidades concedidas al monarca por las Cortes y haga frente a los compromisos y gastos que el reino,en conjunto,debe mantener para satisfacer estas ayudas. El término General del reino,con el que comunmente se denomina a este organismo,define su espiritu unitario frente a las distintas comisiones particulares que cada brazo creaba al finalizar las reuniones de Cortes,con el fin de recaudar,entre los componentes del mismo,la parte correspondiente del total ofrecido al rey. Este sistema comun que aglutina los intereses generales de los aragoneses, hay que encuadrarlo dentro del movimiento unificador y diferenciador del caracter aragonés,que desde mediados del siglo XIII se aprecia en otros órdenes de la vida del reino.Si primero fue la delimitacion geografica y la compilacion de un derecho unico y general, el ultimo gran paso para dotar al territorio de una autonomia propia sera la creacion de un órgano administrativo independiente de la intervencion real. Su nacimiento efectivo hay que relacionarlo con las necesidades económicas de Pedro IV,coincidentes con los momentos de crisis en Catalufia, durante los cuales Aragón tuvo que adoptar fórmulas extraordinarias para sufragar las continuas ayudas reclamadas por el rey.Asi nacieron las Generalidades,O impuesto del General sobre el comercio de importacion-exportacion,y se hara habitual la emision de censales,o deuda publica perpetua sobre los bienes del reino y sus habitantes.Estos dos conceptos,andando el tiempo, se convertiran en los protagonistas de la Hacienda aragonesa, el primero en el capitulo de ingresos y el otro en el de gastos. La soluci6n adoptada hay que considerarla, en principio, como un logro de las fuerzas sociales,ya que el impuesto de Generalidades vino a suplantar al de sisas, con ventajas de tipo distributivo y de aplicacion que le hacia mucho mas equitativo y menos gravosoi hasta el punto que éstas fueron prohibidas por las Cortes de 1371, bajo pena de excomunion. No obstante estos factores positivos, la nueva organización dejó entrever muy pronto su principal defecto, pues al ser las Generalidades un impuesto indirecto y aplicable al comercio exterior del reino, los brazos de Ias Cortes no sentian el peso de las ayudas concedidas a los reyes, con lo_que éstas se multiplicaban y aumentaban su cuantia,lo cual se reflejaba en la simple continuidad de la tasa y en el endeudamiento progresivo de la Hacienda por sucesivas emisiones de censales,a los que debia abonarse el interés cada ano. Esta situación, que no afectaba a ningun sector determinado de la sociedad, sino al ente inconcreto denominado General,.contrasta con la mantenida hasta entonces, que incidia directamente en cada uno de los integrantes de los estamentos, a los que una comision de sus propios miembros repartia y exigia la cantidad precisa para satisfacer la ayuda al monarca ². Esta es la causa principal de que ya antes de terminar el siglo XIV, muy pocos afos después de ponerse en funcionamiento, la Hacienda del reino diera muestras de incapacidad para hacer frente a las deudas contraidas, y las propias Cortes tuvieran que apelar a otros sistemas impositivos para intentar recuperar el crédito de sus censales y sanear, a corto plazo,las finanzas comunes. 1 La primera aplicacion afectó exclusivamente al comercio de exportación,en un momento en que Aragón iniciaba su despegue como productor de materias primas -lana,trigo,azafran,aceite,etc.- muy cotizadas en los territorios vecinos y,por el contrario,dejaba francas las mercancias de entrada. 2 Asi, por ejemplo,en las Cortes de Tamarite de 1375,una vez votada la ayuda y repartida por brazos, cada uno de éstos nombra a sus comisionados para los cargos de tesorero,consejeros y contadores,a los que da poder para que en nombre del estamento puedan “ordenar, compartir si quiere hitar et distribuir el compartimiento.. et collir et fer collir el dito compartimiento de los fuegos si quiere casas del dito braco en la manera et forma que por ellos o la mayor partida dellos ordenado sera",con autoridad para actuar contra los que se nieguen a abonar la parte que les sea asignada y obligando,como garantia del cobro “todos nuestros bienes et de los del dito braco,mobles et sedientes, havidos et por haver en todo lugar"(A.D.Z.ms. 2 ff. $1 4 8 ~ \forall ^ { 0 }$ a $1 6 1 { \ \mathbf { v } } ^ { 0 } .$ ,actuacion que se repetira en todas las demas reuniones en que se adopta el reparto por brazos. Organizacion interna. Siguiendo la norma de las Cortes,para regir la Hacienda o General del reino una vez finalizada la reunion,se nombraba una comision de diputados,con autoridad para resolver los problemas planteados en la recogida y administracion del impuesto y en la venta,pago de intereses y reabsorción por el reino de los censales. La comision, siempre formada por un numero igual de miembros de cada brazo, tendra primero un periodo de vida limitado al tiempo de aplicacion de las Generalidades,disolviéndose al concluir la causa para la que fue creada; posteriormente, al hacerse mas compleja su mision, pues los censales no podian ser luidos en breve plazo y habia que organizar el pago de las pensiones, el periodo de actividad se prolongó hasta la celebracion de nuevas Cortes,con lo que de facto se habia creado ya la Diputacion permanente del General, aunque de jure solamente se alcanzara esta situacion en l436 cuando se concede a los diputados elegidos por la asamblea la posibilidad de sucederse por si mismos.Paralelamente,la Institucion surgida para regir la Hacienda,al constituirse en representacion estable de los cuatro brazos, adquiere encomiendas al margen de la labor meramente hacendistica, con lo que su imagen politica se ve ampliamente favorecida y se convierte,en el transcurso del siglo XV,en la Diputacion permanente de las Cortes,con poder de decision en muchos aspectos de la vida del reino y con jurisdiccion en todo el territorio de Arag6n. Sin entrar en detalles, hay que sefalar que la organizacion interna de esta Institucion en su vertiente económica,se basa en la coexistencia de tres órganos de gestion. Por.un lado,el organismo encargado del cobro de las Generalidades, normalmente arrendado en publica subasta a una persona o grupo que a cambio de una cantidad fija,al margen del resultado de la recaudacion,percibe el impuesto del General; la figura principal es el arrendador,de quien dependen los sobrecollidores, collidores y demas personal, constituyendo en su conjunto una organizacion aut6noma que no tiene que dar cuenta de su labor, salvo para reclamar ayuda en los casos graves de fraude, de alteracion del trafico mercantil por marcas o guerras fronterizas, O por no cenirse a la normativa aprobada por las Cortes. El segundo 6rgano es el propiamente administrativo del General. Esta compuesto de uno o varios administradores nombrados por las Cortes o los diputados entre los arrendadores o entre personas dedicadas al comercio con conocimientos administrativos ; su misión consiste en recibir el importe de las Generalidades y demas ingresos del General y efectuar los pagos a que esté sujeto el reino, siempre por orden escrita de los diputados.El resultado económico de su gestión no les afecta personalmente,pues si el saldo es favorable al reino deben entregar el superavit,que se acumula en los ingresos del ano siguiente y si, por el contrario,el resultado es negativo,los diputados les autorizan a recuperar la cantidad adelantada de las receptas del nuevo ejercicio. Su responsabilidad es má- xima,pues si efectuan algun pago indebidamente o no pueden demostrar convenientemente la entrega de alguna cantidad,el importe lo abonan de su propio pecunio. Cuando los encargados no tienen relación con el arriendo de las Generalidades perciben un salario por su trabajo,lo que no sucede cuando los administradores son parte en la recaudación del impuesto,pues una de las cläusulas del contrato especifica que dos de los arrendadores o sus socios se harán cargo de la gestion administrativa del General. Por encima de estas dos organizaciones figuran los .diputados. Su mision consiste en resolver las cuestiones planteadas en el cobro de las Generalidades,tanto en defensa del arrendador y sus oficiales,como en salvaguardia.de los comerciantes,efectuar la subasta del arriendo,autorizar los pagos del General, examinar y aprobar las cuentas presentadas por los administradores,reclamar, si es preciso por la fuerza,las restas a favor del reino y,en definitiva,hacer cumplir lo mejor posible todos los acuerdos adoptados por las Cortes en lo referente a la Hacienda.Estas encomiendas las realizan con ayuda de los notarios y porteros de la Institucion y con el consejo y el respaldo. de consejeros y especialistas,como por ejemplo mercaderes expertos en contabilidad para el examen de las cuentas, O para fijar la paridad del florin respecto a la moneda barcelonesa y jaquesa o para la tasacion de'algun trabajo extraordinario,y personas de solvencia para garantizar la imparcialidad en el acto de la subasta de las Generalidades,etc. La organizacion asi esquematizada sufre variaciones a lo largo del siglo XV,mas de forma que de fondo,buscando siempre una mayor efectividad y rendimiento de la administracion.Se varia el numero de diputados,se eligen los administradores por el sistema de insaculacion (desde 145O) y luego se asocia el encargo a los arrendadores (desde 1465); se adopta el sistema de gestion directa para el cobro del impuesto (especialmente'en el periodo 1450-65); se varia el periodo de arriendo y las cläusulas y condiciones del contrato,etc.No obstante,todas las novedades ensayadas en el aspecto técnico no afectaban al espiritu del impuesto ni mucho menos al de la Diputacion que lo regia, por lo que los vicios que iba adquiriendo la administracion no son rectificados con estas reformas. Metodo administrativo. Como ya hemos indicado, la administración del General esta encomendada a un administrador que recibe los ingresos y efectua los pagos. Todas las. operaciones quedan reflejadas en un libro contable -el llamado Libro de Cuentas del General- que recoge pormenorizados los movimientos de la Hacienda en cada ejercicio económico y que debe ser examinado y aprobado por los diputados al finalizar el ano. El Libro de Cuentas presenta tres apartados: ingresos o receptas,pagos o datas y resumen final. El capitulo de ingresos suele ser breve³ salvo en los periodos en que las Generalidades se administran directamente por el reino,en los que aparecen las entradas y gastos de cada una de las taulas o puntos de recogida del impuesto. El apartado de gastos es el más extenso y en él figuran numerosas partidas de los pagos realizados, tanto por salarios de oficiales y abono de las pensiones de los censales,como por los gastos extraordinarios autorizados por los diputados,senalando en cada una de ellas la fecha,el nombre del destinatario,la cantidad y los datos referentes a la apoca testificada por el notario y firmada por el cobrador, que sirve de garantia a los administradores. El tercer bloque del libro estä ocupado por el resumen final del ejercicio; aparecen los ingresos y los gastos, reducidos todos a moneda jaquesa segun la cotizacion en vigof, y se' deduce el balance de.ambos, cerrändose con la aprobación de los diputados..En determinadas ocasiones y a titulo meramente informativo se anota al final del libro la relacion de deudas pendientes y,cuando existe,la de cantidades que debe percibir el General por algun concepto. Los Libros de Cuentas se realizan para cada ejercicio por uno de los notarios,a partir de un patrón en el que se conservan actualizados los gastos fijos del reino -salario's de oficiales y pensiones de censales- al que se anaden los ingresos y los gastos extraordinarios, deducidos de las apocas presentadas por los administradores. Por esta razón,en los libros estan copiadas ciertas partidas que no llegaron a pagarse O son rechazadas por los diputados en la comprobación, lo que nos facilita no sólo el conocimiento de los pagos realizados en cada ejercicio,sino tambien las deudas dejadas pendientes. Situacion del General a comienzos del siglo XV. El siglo XV se inicia ya con proyectos por parte de las Cortes para aliviar la deuda del General. La reunión de 1398-1400 4, aprueba la implantacion de un impuesto o vectigal durante seis anos,de tres dineros por libra,aplicable a todas las mercancias de entrada en el reino,salvo los cereales,el vino y los panos de lana5, con lo que las Generalidades que se venian cobrando al comercio de exportacion a razón de l2 dineros por libra se hacen extensivas, aunque gravadas con un porcentaje menor,a la importación.Esta medida tiene por finalidad el obtener el llamado “quitament del General",es decir, eliminar la deuda que pesaba sobre el General. No obstante, las Cortes adoptan otros acuerdos contrarios, pues por un lado aprueban la gestión de los diputados del reino ante la entrada del conde de Foix consistente en armar un ejército de defensa con un gasto de 1Oo.ooo florines,obtenidos por medio del cobro de un fogaje y por la emisi6n de 44.425 florines de censales y, por otro lado,conceden al monarca un préstamo de. 160.000 florines6,de los que 30.0oO son “pora suportar las cargas e expensas del dito senyor rey" y el resto,a entregar durante cuatro anos, para “la luicion e quitamiento e redempcion de rendas e dreytos reales patrimoniales alienados” desde 1375 por los reyes. Como puede comprenderse, la primera medida tendente a aliviar las deudas se veria desbordada inmediatamente por las emisiones continuas de nuevos censales y, por tanto,el General iba en camino de no poder hacer frente a sus obligaciones.Desconocemos los limites alcanzados por la deuda aragonesa en estos primeros afos,pero los ingresos ordinarios -recaudación de las Generalidades- ascienden a 23.OoO lb.anuales,segun el arriendo realizado por los diputados, a 2 de julio de l399,a Arnalt Noguer, ciudadano de Zaragoza,y a Samuel Naiari, judio de Teruel, por un periodo de cinco anos. La situación no debia ser halagüena, en especial al plantearse en l404 la necesidad de proceder a un nuevo arriendo de las Generalidades. Por ello,tres diputados se entrevistaron en Valencia con el rey y le rogaron,en mayo de l4O4,la convocatoria de unas Cortes donde se tratara de los tres problemas que atenazaban la vida del reino: el vectigal de tres dineros,las dificultades econ6micas del General7 y las alteraciones del orden en el interior8 . Los dos primeros son eminentemente económicos y consecuencia de las Cortes anteriores. En cuanto al primero no hubo ninguna duda y se suprimió la tasa sobre el comercio de importaci6n 9, posiblemente por presión de los mercaderes, aunque el porcentaje de $1 { , } 2 5 ~ \%$ que incrementaba los costes de los productos era minimo.El segundo problema también es contemplado con decision,aunque,como es norma,el ünico camino que ven para atacar la reciente ruina de la Hacienda consiste en insuflarle dinero procedente del cobro de impuestos extraordinarios;asi, se aprueba la imposicion de un fogaje y se aplica una tasa a la sal que entre y se venda en Aragón; el importe obtenido se dedicara a la luicion de censales. El arriendo o administración de esta operacion de“quitament" se encargó a Ramón de Casaldáguila,que adelantaria una cantidad a cambio de percibir los impuestos conforme se cobraban.No obstante,las medidas pecaban de lentitud y de complejidad administrativa, pues las Generalidades,al volver a su arancel primitivo, descenderian en su rentabilidad; el fogaje seria de dificil percepci6n,no solo por la situacion económica del reino l0 tras una época de malas cosechas y hambre,sino porque habia que comenzar por la confeccion del censo de fuegos puesto al dial1,lo que retrasaria su aplicacion y ocho anos después de iniciado el cobro todavia quedaban restas sin cobrar por valorde 20.Ooo florines12.Todos estos problemas,que al no ser apreciados por los diputados hacen suponer una ingenuidad y una cierta ignorancia en asuntos administrativos, se reflejan en el enfrentamiento entre el arrendador y los diputados. Las Cortes de 1412 tratan de resolverlo nombrando una comisión que solucione las diferencias, centradas en tres puntos: si deben o no continuar las medidas de 14O4l3,en la aprobacion de las cuentas presentadas por Casaldaguila 14' y en el cumplimiento de los términos del contrato 15 . La efectividad de las medidas se resentiria por todos estos factores,a pesar de que los ocho anos transcurridos sin emitir nuevos censales y sin conceder ayudas al rey darian un respiro a las finanzas. Aunque las Cortes de l412 no mencionan la situación económica del General y conceden a Fernando I una ayuda de 55.Ooo florines,que le entrega Casaldaguila inmediatamente, la crisis está presente en todo momento,pues la situación politica impedia un desarrollo normal del trafico mercantil,la inc6gnita de la nueva dinastia y su politica y los dos afios de interregno padecidos por la Corona, frenarian las operaciones comerciales, lo que redundaria negativamente en los ingresos por Generalidades 16 . 10 En las Cortes de 1398-1400 se afirma que “por occassion de la guerra de Castiella, sterilidades del tiempo,cargas de deudos,mortalerias e otras muytas razones,diversos lugares del dito regno et encara algunas aljamas de villas e lugares de aquell sean dampnificados et algunos quasi despoblados... 11 Las Cortes de Maella dan instrucciones para proceder a realizar el nuevo censo y dictan normas para las exacciones. 12 Asi se manifiesta en las Cortes de Zaragoza de 1412.(A.D.Z.ms.1l,ff.1 a 254; A.C.A. Cancilleria $\mathbf { n } ^ { \mathbf { o } }$ 24,trascripcion E. SARASA SANCHEZ,Tesis de Licenciatura,(Zaragoza,1975) inedita). 13 ".si el quitamiento del General del regno arrendado por el dito Ramon (de Casaldaguila) deve durar O se deve tirar o ad aquel anyader o detraer..." 14 "..Porque el dito Ramon pretiende seyerle devidos diversas quantias por el regno e General,assi de principales como por interesses por el pagados,la dita Corte afirmant lo contrario... 15 "..porque cada una de las ditas partes pretiende la otra no haverle servado e complido lo que se deve servar..." 16 Las cifras que disponemos referentes a los afios l410-14 muestran claramente un acusado descenso.Eu 1410,los ingresos netos fueron de 23.892 lb.;en 1411,de 16.934 lb.; en 1412,de 17.069 lb.; en 1413,de 17.699,y en los 7 primeros meses de 1414,de 10.109 ib.(A.D.Z. ms.8). La realidad es que la desconfianza y el temor manifestado por el propio arrendador en esta asamblea l7·y veladamente tambien por los diputados l8, nos viene a demostrar que aunque la situacion de la Hacienda era dificil, nadie,ni el rey ni el reino,quiere enfrentarse con el problema, dejando a la evolución de los acontecimientos politicos la solución de la crisis financiera,y sólo los que directamente estaban implicados -administrador y diputados- intentan el tratamiento del tema, sin ningun éxito. Al iniciarse las Cortes de 1413-1419,la situacion politica ha variado sustancialmente.La dinastia castellana está plenamente asentada en el trono aragonés y los problemas internos de la Corona tienden hacia una rapida solución.Ademas,las medidas encaminadas a aliviar al General,aplicadas desde l4O4,habian prescrito y se imponia un replanteamiento total de la Hacienda del reino. Es el propio arrendador-administrador,Ramón de Casaldaguila, el que presenta el balance de la situacion financiera y traza la posible via de solucion.Las cuentas expuestas a las Cortes no dejan la menor duda respecto a la ruina del General. El déficit ordinario del ultimo ejercicio ascendio a 7.7oo florines,que se mantendra o incluso se incrementara en anos posteriores por el descenso de las Generalidades, pues como indica a las Cortes “no presumades senyores que el dito General valga de aqui adelant mas,que esguardado las pocas faziendas que a la jornada de huey por mercaderos se fazen,mas esta en caso de aminguar que no de crexer";en cuanto a la deuda extraordinaria que el reino mantiene con el propio Casaldaguila asciende ya a 6O.ooo florines 20 que dificilmente podra saldarse si no se adoptan medidas que potencien los ingresos. 17 Aparte de lo ya indicado respecto al “quitament”de 1404,Casaldaguila protesta porque los censales que esta autorizado a vender para cobrarse el donativo del rey, no esta seguro de conseguir su venta y menos en el plazo fijado. 18 Berenguer de Bardaxi consigue que una parte del préstamo al rey se obtenga de los 20.000 florines que todavia no se han cobrado del fogaje impuesto en 1404. 19 Del proceso de esta reunion se conservan dos copias. Una en A.D.Z. ms.1l y otra en A.C.A. Procesos de Cortes $\pmb { n ^ { 0 } }$ 26;como al primero le faltan los folios finales, hemos utilizado ambos manuscritos. 20 Las cuentas presentadas por Ramón de Casaldäguila,arrojan el siguiente balance: Pensiones de censales 25.000 flor. Salarios de oficiales 2.600 flor. Gastos de correosy administracion 1.500 flor. Pensiones de los censales ültimamente vendidos para pagar el donativo al rey de las Cortes de 1412 4.600 flor. La situacion asi planteada no sólo es admitida por las Cortes, sino que Berenguer de Bardaxi, como diputado del reino y en nombre de sus companeros,ratifica el informe del administrador e insta a la asamblea a tomar medidas que eviten la perpetuacion de la deuda y “que por occassion de las ditas pensiones, salarios e expensas,execuciones en los bienes de los del regno no se haviessen a fazer". El efecto causado por estas declaraciones se pone de manifiesto en los acuerdos adoptados inmediatamente,encaminados a salvar la situación a corto plazo V a procurar ampliar la base de los ingresos del General, junto con un leve intento de reducir los gastos tanto ordinarios como extraordinarios. Los acuerdos aprobados presentan, pues, tres direcciones: a) Normalización y'regulacion de la administración.Para ello encargan a Casaldäguila la administración,al menos mientras se mantenga la deuda del reino con él. Los pagos de la Hacienda se haran por el siguiente orden: $1 ^ { \circ }$ las pensiones de los censales, $2 ^ { \circ }$ los salarios de los oficiales, $3 \textdegree$ la deuda con el administrador, ${ \pmb { 4 0 } }$ los gastos extraordinarios, hasta un maximo de 3Oo florines por ano y $5 \textdegree$ si existe superavit se empleara en la luición de censales, comenzando por los que perciben mayor renta. b) Reducción de gastos. Aparte de fijar un limite para los de tipo extraordinario y de administracion, las Cortes adoptan una medida que implicitamente redunda en este aspecto,pues los ocho diputados del General que tradicionalmente se elegian son reducidos a cuatro,fijandoseles un salario de 1.5OO s. anuales. Además,puntualizan que los inquisidores del Justicia de Aragón. TOTAL GASTOS ORDINARIOS 33.700 flor. Ingresos por Generalidades 26.000 flor. DEFICIT ORDINARIO DEL REINO 7.700 flor. Entrega efectuada por el administrador a los diputados despues de 1412 8.500 flor. Déficit del reino segun las cuentas presentadas en 1412 30.000 flor. Resta a favor del administrador por los censales que no ha podido vender del préstamo al rey en 1412 e intereses y otros gastos sostenidos para obtener los 23.149 flor.entregados al monarca 30.000 flor. TOTAL DEUDA CON EL ADMINISTRADOR 68.500 flor. Restaa favor del reino de las Generalidades de los anos 1410,11 y12... 8.500 flor. DEFICIT EXTRAORDINARIO DEL REINO 60.000 flor. No obstante estas cuentas,posteriormente las Cortes reconocen deber a Ramón de Casaldaguila la cantidad de 76.253 florines 5 sueldos. s6lo percibiran remuneracion por los dias que actuen como tales, siendo los diputados,una vez comprobado este término,los que extiendan cautela de pago por el total a percibir,con lo que se evitan abusos y se obliga a la asistencia. c) Incremento de los ingresos.Es el apartado que mayor atención recibio. Por un lado se encarga a los diputados del reino el cobro de las restas pendientes del fogaje impuesto en l404,y por otro se extienden las Generalidades a los productos de entrada en el reino, con lo que el aumento de los ingresos por este concepto sera notable 21. El resultado fue inmediato,pues a partir de julio de l414 en que entró en vigor, por un plazo de siete anos, el propio Ramon de Casaidaguila arrendó el cobro de las Generalidades por 35.000 lb. anuales durante un trienio 22 y al finalizar este periodo volvió a repetir para un nuevo espacio de tres afios,aumentando el precio a 35.600 1b.23. A partir de las Cortes de 1414 la estructura adoptada por la Hacienda del reino corresponde a la de su época de madurez,constituyendo un organismo estable,perfectamente.definido y con personalidad propia. La contabilidad se traduce en libros de cuentas con caracteristicas peculiares que se mantendrán a lo largo de varias centurias 24. EVOLUCION ECONOMICA a) Primera etapa:.de las Cortes de 1414 a las de 1428. El plan de saneamiento del General acordado en las Cortes de 1414 perseguia dos objetivos: incrementar los ingresos y reducir los gastos. Ambos se cubrian con el aumento de las tasas de las Generalidades,pues con ello se incrementaria el precio de los arriendos, se dispondria de un superavit anual con el cual proceder a eliminar censales cargados sobre el General y,por tanto, reducir el presupuesto destinado a satisfacer las pensiones. El aumento de los ingresos fue inmediato.Los siete anos de vigencia de los nuevos aranceles abarcaban tres subastas del arriendo; en la primera, Ramón de Casaldaguila pag6 35.OoO lb.anuales; en la segunda,el mismo arrendador ofrecio 35.6oo lb.y en la tercera el precio acordado fue de 41.OoO lb.En esta ultima,al ser el plazo del arriendo trienal, coincidian en el mismo 17 meses en que se cobraban las tasas con aumento (hasta el 31-XI-1421) y 19 en que volvia a regir el arancel antiguo (desde el 1-I-1422 al 31-VII-1423), por lo que se produjo una dualidad en las cifras del arriendo. Para el primer periodo de 17 meses se aplicó el precio de 41.000 lb.anuales,y para los 19 meses restantes el de 22.050 lb.al ano.Esta circunstancia nos permite observar la diferente cotización que alcanzaban las Generalidades segun el arancel que se aplicase y la variación que experimentaban los ingresos del General por esta causa 25.De los anos siguientes, hasta 1428,no conocemos las cifras concretas de arriendo,pero con seguridad no sobrepasarian en mucho las 20.0OO lb. j.,a pesar de que la situaci6n comercial era muy favorable al reino. En estos anos no hubo ingresos extraordinarios, salvo pequenas cantidades recuperadas por la Hacienda de deudas de ejercicios anteriores 26 y los superavits de los afos precedentes 27 que pasaban a engrosar las receptas, sin atender a las instrucciones de las Cortes que las destinaban a la eliminacion de censales.Las cifras totales con que contaban los administradores para hacer frente a la recuperacion de la Hacienda oscilaban,por término medio,entre las 40 y 50.0oo lb. jaquesas anuales 28. Gracias a los elevados ingresos,desde el primer momento se procedio a la luición de censales.En l417, tras tres ejercicios en que habia ya funcionado el plan de las Cortes,el reino sostenia un total de 343 censales, que suponia un gasto anual de intereses de 14.117 lb.29 .Tres anos después, en l420,el numero de censos se habia reducido a 267 (233 barceloneses y 34 jaqueses),y el presupuesto necesario para abonar las pensiones habia descendido a 10.175 lb. al ano 30 .El retroceso de la deuda del reino se hizo más pronunciado en anos sucesivos, especialmente en los censales catalanes, que llegaron en 1428 a ser sólo 139,mientras que los aragoneses aumentaban ligeramente debido a la emisión de 40.Ooo florines autorizada por las Cortes de Maella de $1 4 2 3 ^ { 3 1 }$ ,alcanzando en 1428 el numero de 59.No obstante,el presupuesto para satisfacer los intereses y la deuda del reino se habian reducido considerablemente, pues en ese afo el total necesario era de 7.841 lb., lo que representa una inversion sobre el General de unas l2O.000 lb. De estas cifras, se deduce que los objetivos de las Cortes se habian cumplido.Después de l4 anos se habian reducido el presupuesto para el pago de pensiones en más de 6.0oO lb.anuales y la deuda del reino en casi 10o.0oO lb.32,eliminando mas de 157 censales.El proceso se realizó de forma lenta, pues en los primeros anos se emprenderia,siguiendo el acuerdo de las Cortes,la solucion de la deuda pendiente con el arrendador Casaldaguila y la recuperación de las rentas reales enajenadas por los monarcas anteriores, pasando a continuacion a entrar en la operacion de sanea 28 En 1417-18,los ingresos totales fueron de 52.664 lb.y en 1420-21 de 46.948 lb. 29 Los censales en moneda barcelonesa percibian $2 2 4 . 6 7 4 \ s$ .barc.cada aio y los 47 en moneda jaquesa,77.885 s. j.;aceptando como interés medio en estos anios el $^ { 6 , 6 }$ por ciento,el capital cargado sobre el General es aproximadamente de 215.OoO lb.j. 30 Los censales catalanes percibian $1 5 9 . 8 \dot { 2 } 5 \cdot$ .barc.y los aragoneses,48.310 s. j.; aplicando el mismo criterio que antes, supone un capital de 155.0oo lb. j. 31 Un extracto del proceso de las Cortes de 1423 en A.SESMA MUNOZ y E.SARASASANCHEZ,Cortes del reino de Aragon (1357-1451).Extractos y fragmentos de procesosdesaparecidos,Valencia,1976,pp.87-103. 32 Todas las reducciones representan un porcentaje superior al 40 por ciento.La fragmentacion de los datos no permite analizar este proceso con mayor precision. miento de la Hacienda.Asi, en el ejercicio 1417-18,todavia se abonan 8.8OO florines en el rescate de los bienes del rey,pero también se emplean 27.167 lb.en la luicion de censales33,y tres anos después sólo se procede a eliminar deuda del reino, principalmente en moneda catalana, por un total de 5O.61O florines. Los demas gastos mantenidos por el General en este periodo se pueden agrupar en tres conceptos: salarios de oficiales, que supone alrededor de 1.0oO lb. anuales 34;pago de pensiones atrasadas, cuya repercusion en el total de gastos es minima,pues se satisfacen todas en su momento, siempre que el titular se presente a cobrar35 ; y gatos de administracion,que engloba una serie de partidas muy variadas,desde pagos a los notarios que extienden las cautelas y testifican los albaranes:.y las compras de material de escritorio, hasta los salarios extraordinarios de comisionados y gastos de viaje de diputados y embajadores;en estos anos su indicencia en las datas del administrador es pequena36 . En conjunto,el resultado del plan puede calificarse de positivo.El tiempo en que estuvo en vigor el nuevo arancel supuso un incremento de los ingresos que permitió eliminar una parte de la deuda,con lo que en anos posteriores, cuando los ingresos descendieron,el General pudo hacer frente a todas sus obligaciones e incluso conseivar un superavit sustancioso para sufragar posibles gastos extraordinarios. b) Segunda etapa: de las Cortes de 1428 a las de 1436. A pesar de la situacion,las Cortes de Teruel de 1428 plantean la necesidad de emprender la reforma del General, alegando que “como el General del regno sia assaz encargado de censales e otras cargas e sia expedient e neccesario seyer en tal manera ayudado que facilment pueda las cargas supportar e de aquellas diminuir e successivament quitarse”37 vuelven a imponer el arancel de Generalidades de las Cortes de l414,que aumentaba la tasa de los productos de mayor salida y establecia el derecho de 12 d.para todas las mercancias de entrada, excepto vino y pescado fresco. Como novedad, quiza inspirada en lo decidido en las Cortes de Maella de 14O4,acuerdan con Ramón de Casaldaguila y su socio Juan de Mur, un arriendo muy especial, pues se comprometen a satisfacer todos los gastos de la Hacienda, incluidas las pensiones de los censales anteriores y los emitidos para abonar el préstamo al rey y,ademas, a luir una determinada deuda del reino 38 ; por su parte,las Cortes les entregan el cobro de las Generalidades y les autorizan emitir 50.0oo florines en censales jaqueses -que venden inmediatamente con un interés del 6,6 por ciento- para con ellos eliminar censos en moneda barcelonesa. Analizando los acuerdos de las Cortes,llama la atencion,en primer lugar, la afirmación de que el General no puede mantener las cargas; después, que a pesar de esta situacion apurada que declaran,entregan al monarca l20.Ooo florines y aprueban una serie de gastos extraordinarios entre los que destaca la construccion de las Casas de la Diputaci6n 39 y, por ultimo, que se acepte un contrato de arriendo en el que el reino renuncia de antemano al superavit que podia producirse en cada ejercicio. El analisis de estos tres hechos permite apreciar un fenómeno caracteristico a partir de este momento en la administracion de la Hacienda. Periodicamente el rey intenta obtener de las Cortes préstamos elevados, para lo que es necesario proceder a emitir deuda publica y, por tanto, recargar el presupuesto del General con nuevas pensiones. Para evitar posibles problemas,paralelamente a la concesión,se hace ver la ruina de las finanzas y la necesidad de potenciar sus ingresos por medio de la aprobación del aumento del arancel de Generalidades. Naturalmente,el establecimiento de una tasa a los productos de importación trae consigo el incremento de sus precios, pero las clases económicamente fuertes se ven compensadas por la posibilidad de invertir en deuda del reino,que ademas de ser segura y dar un interés aceptable40,aumenta su influencia en el gobierno de la Diputacion.Asi, tanto el rey como los representantes del reino ven satisfechas sus apetencias.y permiten este alegre juego que funcionara mientras el trafico comercial se mantenga a buen nivel y la deuda no se dispare a limites desorbitados, lo que intentan controlar a base de eliminar los censales catalanes,manteniendo e incrementando los aragoneses.Por su parte,el arrendador actua de intermediario,adelantando las cantidades concedidas al monarca,pero exigiendo beneficios y seguridades tanto en el cobro del impuesto como en los métodos administrativos. De esta manera, entre 1428 y 1434 presenciamos casi un fenó- meno contrario al analizado en la primera etapa.Los ingresos del General no alcanzan cifras excesivas, pues si en el primer ano el desembolso del arrendador fue de unas 45.0oo lb., paulatinamente recuperaria los 120.0oO florines entregados al rey -con la emisi6n de censales sobre el reino- y en anos posteriores el precio del arriendo fue menor, pues en el ejercicio 1432-33 sólo realizó pagos por valor de 30.0oo Ib., incluidas las 20.000 que por el contrato estaba obligado a luir en ese ano41. A consecuencia del doble movimiento emisión-luición, el numero de censales sobre el General variaba constantemente, pero en definitiva el panorama económico empeoraba y de la situación en que se encontraba en 1428 se habia pasado en cuatro anos,es decir en 1432, a: Censales catalanes: 118 (descenso del 15 por ciento),con un presupuesto para pensiones de 79.892 s.barc.(-15 por ciento). censales aragoneses: 91 (aumento del 54 por ciento), con un presupuesto de 101.178 s.j. $( + ~ 5 1$ por ciento). capital aproximado soportado por el General: l34.150 lb.j. $+ 1 1$ por ciento). Aunque no figura en el plan aprobado por las Cortes,la polititidos por aljamas,concejos y universidades producen un interés entre el $\mathbf { 8 \ y 1 0 }$ por ciento,aunque tambien se dan casos excepcionales en los que rentan el 5 por ciento O el 12,5 por ciento.Los emitidos por estas Cortes tenian un interés anual del 6,6 por ciento. 41Para los dos aios anteriores,el contrato especificaba que debia eliminar 15.000 lb. censales cada ejercicio,aunque en el de l43o-31 no lo hizo alegando las perturbaciones sufridas en el cobro del impuesto,negándose a hacerlo hasta que los diputados le indemnizaran por ello;los diputados nombraron una comision que estudiara los sucesos y tasara la enmienda,por lo que el arrendador procedió al ano siguiente a eliminar censales por 3O.000 lb. ca de saneamiento adoptó una nueva medida de tipo extraordinario a partir, al menos, de 1432, consistente en la reduccion del interés percibido por un buen numero de censales catalanes.En el Libro de Cuentas de l432, una serie de pensiones en moneda barcelonesa sufre, sin ninguna indicación,un descuento del 1O al 15 por ciento con respecto al importe cobrado en afos anteriores, sin que se pueda deducir el momento exacto en que se produce.Un fenómeno semejante lo constatamos en cuatro de las cinco partidas de abono de pensiones barcelonesas conservadas en el fragmento de las cuentas de l434,con la indicacion, en este caso,de que el descuento se ha materializado por acuerdo entre las partes,censalista-reino, en los meses de marzo y mayo de ese ano;la reduccion no se observa en ninguna de las pensiones en moneda jaquesa que se abonan, por lo que debemos circunscribir la operacion exclusivamente a la deuda en moneda barcelonesa. Por otra parte,al menos hasta 1437 continuaria la aplicación de esta medida,pues en las cuentas de este ejercicio dos mercaderes de Barcelona reclaman su salario por su misión de “reducir, pagar e luyr censales' en la capital del principado por orden de los diputados, que los habian nombrado “procuradores,sindicos e actores” para ello,y el administrador también exige compensacion economica por el exceso de trabajo producido por esas operaciones en los dos ultimos anos,recordando que en ejercicios anteriores le habian otorgado los diputados 1.5Oo florines. La fragmentacion de los datos no permite analizar con detenimiento esta medida,aunque hay que resaltar su importancia en cuanto que demuestra la seguridad y firmeza de la Hacienda,que se permite el riesgo de provocar el descontento entre una parte de sus acreedores y sentar las bases para futuras emisiones,abonando menor interés a los censales propiedad de catalanes. Cabe suponer que la medida se adoptara ante las protestas catalanas por la luicion de sus inversiones, llegandose a un acuerdo beneficioso para ambas partes,por el que a cambio de reducir el interés,el reino respetaba los censales, lo que nos prueba la buena acogida que la deuda aragonesa gozaba en un sector del principado,precisamente en un momento en que su inversión alcanzaba el punto mas bajo en todo el siglo. La finalidad de la operacion seria nivelar el presupuesto de la Hacienda en el momento en que perdiera vigencia el aumento de las Generalidades y,por tanto,los ingresos descendieran notablemente. Gracias a ello,cuando en i434 se obtuvieron sólo 20.000 lb.de ingresos,el General pudo hacer frente a sus obligaciones a pesar del aumento experimentado por la deuda en moneda jaquesa 42. Las cuentas del ejercicio 1435-36, ultimo del periodo43, se cierran con un balance favorable al reino de 8.914 ib., a pesar de que el ünico ingreso percibido fueron las 2O.0oO lb., del arriendo 44,debido a la moderacion de los gastos,especialmente los de moneda barcelonesa,que solo alcanzan 32.O8l s.barc., con un descenso del 60 por ciento con respecto a los de 1432,lo que nos da idea de la amplitud de la operacion de reducción-luición montada en afos anteriores; por su parte,los gastos en moneda jaquesa -la mayor partida debida al pago de pensiones- se elevaron considerablemente con respecto a los de l432,llegando a los 171.504 s. j. En conjunto,pues, la situacion a finales del periodo no debe considerarse apurada. La Hacienda,utilizando todos los recursos habia conseguido nivelar su presupuesto después del desequilibrio provocado por las Cortes de 1428 45 y, sobre todo,parecia que el bache producido al cesar de percibirse el impuesto con el aumento del arancel se habia solventado y nuevamente podia el General sostenerse sin ayudas extraordinarias,siempre y cuando no se produjeran alteraciones graves en su presupuesto. No obstante,la situacion del General se habia deteriorado. Comparando las cifras del ultimo ejercicio completo conservado con las presentadas para l417 se aprecia que en el plazo de l5 anos,a pesar de los dos procesos reparadores emprendidos,los ingresos ordinarios no habian experimentado ningun incremento, mientras que los gastos aumentaban considerablemente,a causa del nuevo espiritu que poco a poco ha invadido su órgano rector, la Diputación.Las partidas correspondientes a salarios han sufrido 42A pesar de que en 1428 y 1437 el numero de pensiones barcelonesas es igual, la diferencia en el presupuesto necesario para su abono es precisamente un 15 por ciento menos en el ültimo. 43 De este ejercicio solo se conservan unos pocos folios,pero afortunadamente en ellos estä el resumen final,que nos sirve para apreciar la marcha de la Hacienda inmediatamente antes dela celebracionde Cortes. 44 Lo que nos indica que en el ejercicio precedente no se produjo superavit. 45 Por ejemplo,las Cortes de Valderrobres de 1429 concedieron al monarca un nuevo servicio,pero para ello eludieron la emision de nuevos censales y aprobaron la imposicion de sisas,a pesar de estar prohibido desde hacia 5O anos.Un resumen del proceso de estas Cortes en A. SESMA MUNOZ y E. SARASA SANCHEZ,op.cit., pp.105-132. un aumento de casi el 5O por ciento,pasando a ser ahora de cerca de 1.500 lb.46 por la burocratizaci6n de la Institucion,fen6meno que también se refleja en la elevación de los gastos de administración,que prácticamente se duplican con respecto a los veinte primeros anos del siglo 47. c) Tercera etapa: de las Cortes de 1436 a las de 1446-50. Las dificultades de la Hacienda del reino en los afios anteriores para mantener el equilibrio entre los ingresos y los gastos, se agudizan a partir de las Cortes de l436.La asamblea,celebrada en Alcaniz bajo la presidencia del lugarteniente, el futuro Juan II, se ve obligada a conceder al monarca una elevada ayuda de 225.Ooo florines para la continuación de la campana de Italia,y al lugarteniente otra de 3O.0oo florines para proseguir su politica en Castilla,que se cubren con la emisión de 255.0oO florines en censales sobre el General con un interés del 6,6 por ciento y,ademäs, aprueban una serie de gastos extraordinarios con cargo al General48.Ambas acciones,en definitiva,van a propiciar la crisis de las finanzas comunes del reino, la primera al incrementar el presupuesto anual necesario para el abono de las pensiones,la segunda al obligar a la Hacienda a soportar gastos extraordinarios superiores a sus posibilidades. Como contrapartida y siguiendo la tónica habitual en reuniones anteriores, la de Alcaniz vuelve a dictar un plan de reparo basado en los mismos puntos que el aprobado en 1414 y 1428,en el cual, mediante un aumento del impuesto de Generalidades se contrarresta el efecto causado en las cuentas por el incremento de los gastos. En principio, los nuevos aranceles tendrán vigencia por 8 anos, siendo adjudicados, una vez mas,a Juan de Mur,por 30.000 lb. anuales, pero antes de prescribir se prorrogan por otros 6 afos, que vuelven a ser encomendados al mismo Juan de Mur,esta vez asociado con Pere Vidrier, mercader zaragozano,por 34.000 lb.al ano. Asi pues, las nuevas Generalidades se mantienen por un periodo de l4 anios, muy superior al que habian funcionado en etapas anteriores, lo que ya nos da idea del progresivo empeoramiento de las finanzas, que no pueden prescindir de los ingresos obtenidos por los aumentos de impuesto. Por su parte,los gastos, que se movian en un nivel soportable, inician un fuerte despegue a causa de dos factores: incremento de la deuda del reino y afianzamiento del proceso de burocratización de la Diputacion. En el primero,la razón principal estriba en la venta de censales. En 1437 las pensiones a que estaba obligado el General eran 345 (139 en moneda barcelonesa y 206 en jaquesa),con un presupuesto superior a las 15.50o lb.j.49,lo que significa que el General soportaba una deuda de casi 240.0oo lb. j., que representa un aumento de casi el 8O por ciento con respecto a la mantenida cinco anos antes, con el agravante de que la moneda aragonesa habia sufrido una progresiva devaluacion con relacion a la catalana, pues la cotizacion del florin habia pasado de ser 1O s.6 d.j.a 10s.i1 d. j., manteniéndose en Cataluna a 11 s. b. La operacion de venta de censales continuoen afos sucesivos 50 , por lo que paulatinamente fue incrementandose la deuda.En 1442 el numero de pensiones habia pasado a 412,con un claro aumento en las de moneda barcelonesa (el 15 por ciento) que hasta entonces se habian mantenido estacionarias,y otro, mucho mas espectacular en las de moneda jaquesa 51, lo que elevaba a mas de 17.500 lb. el presupuesto preciso para su abono completo,a pesar de que las Cortes de ese ano l442 fijaron el cambio del florin a 10 s.j. En anos posteriores la emision de censos se vio frenada por la escasa demanda, producto de la situacion financiera del reino,y el aumento fue muy limitado hasta el final del periodo.Se buscaron 49Las pensiones en moneda barcelonesa suponian 85.179 s.barc.y las de moneda jaquesa,228.202 s.j. 50 En 1442 se procede a una nueva emision,que sorprendentemente se cubre con un interes menor que en anteriores ocasiones,pues los censales en moneda jaquesa perciben el 6,25 por ciento anual. 51En 10 anos,de 1432 a 1442,el aumento representa casi el 180 por ciento. compradores en Barcelona, pues en Aragón,Valencia y Lérida era imposible encontrar quien invirtiera con un rendimiento moderado, hallandose en la capital del principado inversores dispuestos a conformarse con intereses entre el 4,5 y el 5 por ciento anuales52. No obstante, no fueron' muchos los compradores, pues entre 1442 y 1450 sólo 12 nuevos censales catalanes perciben pensión53 y 16 de moneda jaquesa 54,lo que refleja la saturacion en la venta de deuda del reino. En cuanto al segundo factor, la burocratizacion de la Diputación,el aumento de los gastos es lento y con oscilaciones.En 1437, los salarios de los oficiales se elevaron a 2.l20 lb.55,pero en afos posteriores volvio a situarse en torno a las 1.5Oo lb., similar a la etapa anterior 56 . Proceso idéntico,aunque con aumentos mas pronunciados se observa en el apartado de gastos de administracion, pues la emision de censales,ios envios de embajadores al rey, al lugarteniente y a otros oficiales,la participación de la Diputación en la imposicion de treguas y pacificacion de guerreantes aragoneses y otras encomiendas adquiridas por la Institucion,elevan la cifra por encima de la media anterior, pero con variaciones notables en funcion de los sucesos internos y externos; asi, en 1437,son 2.51O lb.gastadas en el envio de embajadores a Italia, los preparativos de defensa del reino ante un posible ataque francés y en la resolución de problemas entre nobles,principalmente; en 1442, por estar incompleto el Libro de Cuentas, sólo nos da un gasto de 1.072 lb., que con seguridad seria mucho mayor,absorbido en gran parte por el abono al administrador de la indemnización por el descenso de cotizacion del florin y por los gastos administrativos acarreados en la compra de Borja y Magallon; y en 1447,la cifra se elevó a 1.756 lb., por pagos de correos y embajadores enviados al rey,por la organizacion de la defensa de la frontera castellana y por el proceso seguido entre el arrendador y el reino. El mayor presupuesto del General en esta etapa radica en los gastos extraordinarios producidos por el pago de los acuerdos adoptados en las Cortes de l436.Asi,la construccion de la Casa de la Diputacion absorbió 30.000 lb.en 7 anos (hasta 1446 posiblemente)y aun se entregaron 3.000 lb.mas en 1447;la guerra con Castilla tambien supuso un buen desgaste para la Hacienda, pues aparte de los 30.ooo florines otorgados al lugarteniente en 1436,en 1447 se pagaron 6.000 lb. para el sostenimiento de los hombres de armas que cercaban los castillos de Atienza, Torrija y Alcazar,en Castilla,y 9.9oO lb.mas para el sueldo del ejército aragonés ofrecido al rey; la decisión de las Cortes de 1442 de fijar el cambio del florin en iO s.j. supuso una gran pérdida al administrador y al arrendador,debiendo los diputados indemnizarles generosamente. A pesar de la politica de grandes gastos y del aumento de los presupuestos ordinarios, los balances presentados por el administrador al finalizar cada ejercicio son ampliamente favorables al reino, terminando todos sin excepción con superavits importantes 57 . Estos resultados, que en teoria debian haberse dedicado a la luición de deuda del reino en su totalidad 58, pasan a engrosar los ingresos del ejercicio siguiente,con lo que se produce una disponibilidad de numerario superior a la real que da a la Hacienda una imagen de falsa vitalidad.La situación efectiva se va deteriorando en cada ejercicio,conforme se van eliminando los remanentes anteriores,se incrementa la deuda emitida y se carga al General con nuevos pagos de caracter extraordinario,todo dependiendo unica y exclusivamente del producto de las Generalidades,y éste, a su vez,de factores ajenos al propio reino. A partir de l445 la debilidad de las Generalidades se hace manifiesta. Las tradicionales alteraciones en la frontera navarra y el peligro de enfrentamiento con los franceses,que hasta entonces no habian afectado profundamente al trafico comercial ni a la recaudación global del impuesto, se agudizan con la guerra abierta con Castilla, que paraliza en un alto porcentaje el movimiento mercantil entre ambos reinos y entre Castilla y el resto de territorios de la Corona,que utilizaba a Aragón como via de paso y,ademäs,la inestabilidad social de Barcelona con el enfrentamiento entre la Busca y la Biga adquiere ya magnitudes importantes, con el consiguiente deterioro del comercio catalan,puntal de la actividad económica del reino.El rey y el lugarteniente,por otra parte,necesitan recabar ayuda de Aragón para la prosecucion de la politica italiana de Alfonso V y la castellana del futuro Juan II, exigiendo del reino un apoyo superior al que su posición económica le permitia. Las Cortes convocadas en l446,cuyo proceso tardara cuatro afos en concluirse,van a marcar una nueva fase en la trayectoria del General, pero antes,durante su transcurso,la asamblea va a verse obligada a adoptar medidas de urgencia que palien la irregular marcha de las finanzas y permitan la concesión de nuevas e importantes ayudas a la monarquia. Empleando fórmulas similares a las ya comentadas en 1414, 1428 y l436,las Cortes prorrogan la vigencia de los aranceles de las Generalidades y estabiecen una nueva organizacion del impuesto y de la administración de la Hacienda,que entraria en funcionamiento en. l450 59,pero también dictaron medidas a corto plazo para hacer frente al deterioro de las finanzas comunes del reino. Para nuestro propósito,la innovación mas interesante aprobada en los principios de esta reunion, fue la concesión de un permiso a los diputados para emitir 9.0oO lb. censales 60 cuyo importe pasaria a engrosar los ingresos del General y gracias a ello poder hacer frente a la falta de numerario6l,aunque en realidad se utilizaron para sufragar los gastos extraordinarios en defensa del reino, pero sefalan el inicio de una serie de concesiones similares en ejercicios posteriores. d) Cuarta etapa: de 1450 a 1465. El plan aprobado por las Cortes de 1446-50 incluia como novedad la gestion directa en el cobro de las Generalidades,eliminando al arrendador y, por tanto,haciendo al reino receptor de los beneficios que indudablemente obtenia aquel. Esta decisión fue adoptada por la comision compuesta por el arzobispo de Zaragoza y el Justicia de Aragón, tras muchas vacilaciones, a propuesta directa del rey y del lugarteniente,considerando que era la ünica forma de impulsar los ingresos,una vez que el incremento del arancel habia quedado ya establecido con caracter definitivo 62 . Junto a esto, se aprobó una medida de saneamiento a corto plazo,consistente en permitir la emisión de censales por valor de 10.000 lb.,que junto εon los ingresos ordinarios del ejercicio 1450-5l permitiera a los diputados hacer frente al pago de las pensiones hasta enero de l452.A partir de esta fecha se estabilizarian los pagos del General, debiendo bastar los ingresos ordinarios. El cargo.de diputado sali6 fortalecido en el aspecto administrativo,pues con anterioridad practicamente no intervenia en el manejo del dinero y solo actuaba en la revisión de las cuentas. Ahora,se ordena la fabricacion de unas cajas donde los diputados depositaran,conforme las vayan recibiendo,las cantidades percibidas por Generalidades,de las que cada cuatro meses entregarán a los administradores lo necesario para el abono de las pensiones vencidas en el cuatrimestre y cada ocho la suma restante, menos 5O lb.,para proceder a la luición de censales,es decir, se establece un procedimiento que impida al administrador -que es un oficial de la Institucion,elegido por insaculacion y con un salario anual- el manejar en su beneficio el dinero propiedad del reino y,a la vez,se autoriza a los diputados para que procedan en mayo y septiembre de cada afo a eliminar deuda del General en función de las posibilidades de la Hacienda63 . Teóricamente el plan tenia una consistencia superior a los anteriores y podia haber significado el inicio de la recuperaci6n de las finanzas del reino, pero las circunstancias externas lo hicieron fracasar sin apenas haber entrado en funcionamiento.El recrudecimiento de la guerra con Castilla,aparte de imposibilitar el buen rendimiento de las Generalidades que obtuvieron en estos anos unos ingresos menores a los esperados 64 ,obligó al General a enfrentarse a unos gastos superiores a sus posibilidades. Las Cortes de 1451-53 tuvieron que resolver sobre la marcha la defensa del reino.El rey seguia en Italia y el lugarteniente debia atender también a su reino de Navarra, por lo que la comision permanente y decisoria elegida por los cuatro brazos se enfrentó con el gran problema de obtencion de capital para sufragar los gastos de la defensa. Aparte de la imposición de sisas durante varios anos, a pesar de la prohibicion existente,se autorizó en varias ocasiones la emision de censales por un total de 75.0oO lb.y se ordenó a los administradores del General la utilización de todas las reservas del reino para el abono del sueldo a las gentes de armas y en otros conceptos relativos a la guerra.Todo ello llevó a las Cortes a presentar una protesta al lugarteniente, el futuro Juan II, por los trastornos que Aragón estaba sufriendo ‘que no provenian por culpa o cosas del reyno" pero que habian provocado su ruina 65 .Esta situacion tan alarmante para los componentes de las Cortes no se refleja en los Libros de Cuentas del General conservados,pues los superavits que arrojan los balances de los ejercicios son sustanciosos 66,debiendo entenderla,por tanto,más como causada por un progresivo endeudamiento del reino que como una falta de posibilidades pecuniarias. La verdad es que durante todos estos anos la venta de censales fue continua ante la imposibilidad de obtener numerario por otros medios 67. Ni las Cortes ni el rey dudaban en lanzar una nueva emisión de deuda,mientras que las clases económicamente fuertes del reino y de Cataluna -éstas ültimas sólo hasta 1453- adquirian los censales como una forma mas de inversión.Para impulsar la venta,las Cortes aprobaron un acto por el que los censales sobre el General se declaraban privilegiados,es decir, no podian ser confiscados,ejecutados, embargados ni incautados por ningun oficial. Quiza de esta facilidad en la puesta en circulación de nuevos censos porvengan los superavits que mantuvieron las cuentas del reino al menos hasta $1 4 6 0 ^ { 6 8 }$ , pues mientras los ingresos ordinarios permanecian invariables,los gastos soportados por la Hacienda se incrementaron notablemente en esta etapa. También pueden achacarse los buenos resultados de los balances administrativos,al hecho de que una parte de los ingresos obtenidos por sisas como contribucion a los gastos del reino,se trasvasaran a las cuentas del administrador, lo que reforzaria el activo de las finanzas del General en los momentos de apuros economicos69 . Las pensiones cargadas sobre el General en 1450 eran 440 (172 en moneda barcelonesa y 268 en moneda jaquesa),lo que acaparaba más de 17.6OO lb.y suponia un capital invertido sobre los bienes del reino superior a las 270.0oO lb.Tres anos mäs tarde, después de la fase aguda de la guerra con Castilla,el numero de pensiones se habia elevado a 550 (23O de moneda barcelonesa y 320 de moneda jaquesa), con un desembolso anual de 20.400 lb. para abonar los intereses y una deuda sobre el General superior a las 310.ooo lb.Las cifras se incrementaron en afios posteriores, aunque a ritmo mas lento 70, hasta el ejercicio 1460-61,en que por orden de las Cortes celebradas en Calatayud se pusieron a la venta 80.ooo lb. censales,que fueron adquiridas integramente por aragoneses 71 . Por esta raz6n,en el ejercicio 1465-66,primero conservado de estos anos, las pensiones a que debe hacer frente el General son ya 726, con un presupuesto de mas de 27.000 lb.y un capital invertido en deuda del reino superior a las 40o.0oo lb., cantidades demasiado elevadas para las posibilidades de la Hacienda. Paralelamente,en todos los demás apartados se incrementó el presupuesto. En el relativo a salarios de oficiales72 y gastos de administracion73 repercute la burocratizacion que desde hacia unos anos experimentaba la Diputación y la intensa actividad desplegada por los diputados. Sin embargo,como reflejo de la precaria situacion de las finanzas, se observa la restriccion de gastos extraordinarios, que se limitan en toda la etapa a la luicion de contados censales 74 y al cumplimiento de algunos de los acuerdos adoptados por las Cortes 75 . Aunque la laguna en los Libros de Cuentas entre 146l y 1465 impide apreciar la marcha del General en estos anos cruciales para la economia comun del reino, puede suponerse que los ultimos ejercicios de esta cuarta etapa serian ruinosos.Las Generalidades sufririan un descenso violento,las deudas por pensiones impagadas aumentarian,asi como los gastos de todo tipo,y los superavits mantenidos de ejercicios anteriores se irian consumiendo en atender los gastos extraordinarios y las peticiones reales. El unico dato que sostiene esta afirmacion, corresponde al ejercicio 1464-65, que cerró con déficit por primera vez desde la reforma de l414. e) Quinta etapa: de 1465 a las reformas de Fernando II. La situacion económica planteada por la sublevacion de Cataluna y el colapso sufrido por el trafico comercial, obligaron a las Cortes aragonesas a variar el sistema de administracion del General. Cuando la reunion de 1446-50 determinó suprimir la arrendacion del impuesto y proceder a la recaudacion directa, dejó abierta la posibilidad de una rectificacion y la vuelta al metodo tradicional, aprobando una normativa para aplicarse “en caso que contezca arrendarse el General",que en realidad es una sistematizacion de lo que anteriormente se hacia: direccion del acto de arriendo por los diputados, plazo maximo de cuatro anos,autoridad para obligar a los arrendadores el pago integro del arriendo,apoyo al arrendador para el cobro del derecho,etc.76 .La ventaja de este sistema no es tanto el posible incremento de los ingresos por Generalidades, sino el disponer de una cantidad fija,conocida de antemano, que permita planificar los gastos y el contar con un administrador, que es a la vez arrendador, con potencia económica suficiente para adelantar las sumas necesarias a la Hacienda para sufragar los gastos ineludibles. Estas circunstancias,en un momento en que se han esfumado por completo los remanentes de ejercicios anteriores y los gastos ordinarios absorben la casi totalidad de los ingresos,obliga a las Cortes al cambio de sistema. Desde l465 en que se concedió el cobro del impuesto por un trienio a Fernando de Bolea por 27.1OO lb.77, se suceden una serie de arriendos, todos ellos por tres anos,que van elevando lentamente el importe 78, hasta que esta estabilizacion de los ingresos.se ve truncada por la politica interna del reino y muy especialmente por la implantación del Tribunal de la Inquisición,que provoca la huida masiva del capital converso,base de la actividad mercantil en buena parte de la Corona de Aragón.79. En estos anos los gastos ordinarios aumentan considerablemente.La burocratizacion de la Diputacion tiene su completa cristalización en el decenio 1460-70,pues las Cortes de 1461,1465 y 1467 conceden a la Institución una serie de encomiendas que precisan de oficiales mas especializados y estables que los diputados, cuyo cargo es anual,a la vez que para ejercer su autoridad es necesario realizar mayores gastos. Asi,el presupuesto necesario para el pago de salarios aumenta desde l465,situandose en torno a las 3.000 lb.anuales 80 y los gastos de administracion tambien experimentan un incremento,pues de las 1.5oo lb.de anos anteriores 76Todo lo relativo a esta normativa en A. SESMA,Las Generalidades, pp.403-404. 77 La cifra se aumentaria en 1.000 lb.enel ejercicio 1467-68,por la tomade Tortosa por el ejercito real y el consiguiente reinicio del trafico por el Ebro,termino que ya estaba previsto en el contrato. 78 El segundo trienio,1468-70,a Juan de Lobera y Francisco del Rio por 30.600 lb.; el siguiente,l471-73,a un grupo de cuatro mercaderes por 33.100 lb.y el cuarto, 1474-76,a Pedro Ortiz por 32.100 lb. 79 La evolucion del General en el reinado de Fernando II está minuciosamente analizada en JOSE ANGEL SESMA MUNOZ,La Diputación,partes segunda y tercera, pp.101 a 245. 80 Por ejemplo,3.468 Ib.en 1465;2.952 lb.en 1468;2.973 lb.en 1472;2.875 lb.en 1475,etc. durante esta etapa se alcanza una media superior a las 2.2Oo lb.81. Frente a esto,desaparecen los gastos extraordinarios,a causa de la ruina crónica de la Hacienda y de la necesidad de grandes sumas por parte del rey, que obliga a prescindir del impuesto regular y recurrir a los extraordinarios de sisas y fogajes. Por otra parte, el importe de las pensiones tambien aumenta. Aunque la venta de censales se ve frenada por la falta de inversores catalanes y la saturación de los del reino,el incremento de la deuda del General es progresivo a lo largo de toda la etapa. Si en 1465 son 726 pensiones a las que debe hacer frente (5O5 de moneda jaquesa y 221 de moneda barcelonesa) con un presupuesto superior a las 27.0oo lb.,al cabo de diez anos son 8i1 que absorben una cantidad similar a la anterior, debido a la revalorizacion de la moneda jaquesa respecto a la barcelonesa 82. El balance entre los ingresos y los gastos se cierra, oficialmente,con pequenos superavits hasta 1471 -salvo el ejercicio l467-68 que presenta un saldo negativo de 142 lb.- y a partir de aqui con pequenos déficits que van aumentando paulatinamente hasta alcanzar en el ano l489 un importe superior al del arriendo de las Generalidades. No obstante, el equilibrio de los primeros anos es artificial, pues un elevado numero de pensiones quedan impagadas en cada ejercicio, lo que hace que junto a la deuda con el administrador, satisfecha inmediatamente, se forme un débito disperso,de dificil solucion que se va arrastrando a lo largo de toda la etapa. Realmente,una parte de esta deuda se contrae a causa de las dificultades para satisfacer el pago de las pensiones catalanas por el corte de relaciones con Barcelona y la orden real de no enviar dinero al principado para evitar que fuera utilizado en sufragar la guerra, aunque la falta de numerario en la Hacienda aragonesa es manifiesta.A pesar de las oscilaciones y de la carencia de datos completos, vemos como en l467 los diputados declaran que permanecen sin abonar 53O pensiones de los tres ultimos anos (26 de moneda jaquesa y 5O4 de moneda barcelonesa), por un total de 11.258 lb. y cinco anios mas tarde manifiestan simplemente que faltan por abonar “muchas pensiones".En cada ejercicio se invierte una determinada cantidad del presupuesto en el pago de estos atrasos, siendo hasta l467 relativamente pequena y a partir de este afio incrementandose por encima de las 1.Ooo lb.e incluso las $2 . 0 0 0 ^ { 8 3 }$ . La técnica utilizada para paliar este desequilibrio consiste en dejar sin abonar un gran numero de pensiones del ejercicio,principalmente de catalanes y con fecha de pago en los ultimos meses de cada ano y aprovechar esta cantidad en la satisfaccion de los intereses atrasados,con lo cual intentan evitar las reclamaciones violentas por causa de deudas muy antiguas.Sin embargo,la marcha de los ingresos y la actitud de los censalistas catalanes,cada vez más empefados en poner trabas al restablecimiento de la economia del reino,agravaran la situacion hasta obligar a Fernando I a imponer un plan de reparo consistente en reducir la renta de los censales aragoneses y en la luición de la mayor parte de la deuda catalana, todo ello gracias a la ayuda económica del monarca y a la concesion por las Cortes de sisas 84. LA HACIENDA DEL REINO DE ARAGON EN EL SIGLO XV. APENDICE I. EVOLUCION DE LAS CUENTAS DEL GENERAL, SEGUN LOS LIBROS PRESENTADOS POR EL ADMINISTRADOR. EJERC. INGRESOS GASTOS SALDO 1416-17 13.154 lb.1 s. 11 md. 1417-18 52.664 1b.14 s. 3 d. 47.632 1b.14 s.8 md. 5.031 1b.19 s.6 md. 1419-20 5.948 1b. 10 s. - 1420-21 46.948 lb. 10 s. - 36.607 lb.18 s.3 d. 10.340 1b. 11 s. 9 d. 1428-29 69.314 1b.-- 69.314 1b.-- 1 1432-33 31.741 lb. 5 s. 31.737 1b. 19 s. 10 d. 3 1b.6 s. 10 d. 1435-36 20.000 1b.-- 11.058 1b.6 s. 7 md. 8.941 1b.13 s.4 md. 1436-37 9.662 1b.9 s.3 md. 1437-38 39.662 1b.9 s. 3 md. 25.344 lb.6 s.9 d. 14.318 1b.2 s.6 md. 1439-40 12.795 1b. 11 s. 1 d. 1440-41 42.915 lb. 11 s. 1 d. 1441-42 30.854 1b.16 s. 11 d. 1442-43 60.904 1b.16 s. 11 d. 1446-47 $\begin{array} { r l } & { \begin{array} { r l } & { 1 4 . 5 2 7 \mathrm { l b } . 1 1 \mathrm { ~ s . ~ - } } \\ { 1 6 . 9 7 5 \mathrm { l b } . 1 0 \mathrm { ~ s . ~ 4 ~ m d . } } \end{array} } \\ & { \begin{array} { r l } & { 9 . 8 2 2 \mathrm { l b } . 1 3 \mathrm { ~ s . ~ 3 ~ m d . } } \\ & { 1 5 . 2 9 6 \mathrm { l b } . 6 \mathrm { ~ s . ~ 3 ~ d . } } \end{array} } \\ & { \begin{array} { r l } & { 1 2 . 3 0 1 \mathrm { l b . ~ 4 ~ s . ~ 6 ~ m d . } } \\ & { 4 2 . 9 5 0 \mathrm { l b . ~ 1 3 ~ s . ~ 9 ~ m d . } } \end{array} } \\ & { \begin{array} { r l } & { 2 5 . 9 5 4 \mathrm { l b } . 3 \mathrm { ~ s . ~ 3 ~ d . } } \\ & { 3 8 . 3 5 9 \mathrm { l b . ~ 1 5 ~ s . ~ 2 ~ d . } } \end{array} } \end{array}$ 1447-48 57.527 1b.11 s - 40.552 1b.- 7 md. 1450-51 34.445 1b.10 s md. 24.627 1b. 16 s. 9 d. 1452-53 1453-54 46.075 1b. 16 s. 3 d. 33.774 1b.11 s.8 md. 1455-56 1456-57 74.093 1b.14 s.10 md. 48.139 1b.11 s.7 md. 1459-60 1460-61 148.743 lb.4 s. 5 d. 1465-66 27.100 1b. -- 26.799 1b. 4 s. 2 d. 300 lb. 15 s. 10 d. 1466-67 239 1b. 11 s.4 d. 1467-68 28.675 1b.17 s.4 d. 28.818 lb. 5 s. 4 d. -142 1b.8 s. - 1468-69 30.650 1b.-- 30.228 1b.8 s 1 md. 421 lb.11 s.11 md 1471-72 1.518 1b.19 s. 2 md. 1472-73 34.708 lb. 1 s. 9 md. 31.934 lb. 7 s. md. 2.773 1b. 14 s. 9 d. 1474-75 32.1521b.-- 32.615 1b.13 s. 1 d. -463 1b. 13 s. 1 d. 1475-76 32.189 1b.7 s. 10 md. 32.465 1b.14 s.2 md. -276 lb.7 s.10 md. JOSE ANGEL SESMA MUNOZ. APENDICE II. RESUMEN DE LOS CENSALES Y DE LAS PENSIONES SOBRE EL GENERAL. Ejercicio. No de censales cargados sobre el General $\mathbf { N ^ { 0 } }$ de pensiones no abonadas. Importe de las pensiones no abonadas <table><tr><td rowspan="20"></td><td rowspan="3"></td><td></td><td></td><td></td><td>2.966 s. 11 d.b.</td></tr><tr><td>M.b.*</td><td>296 47</td><td>224.674 s.4 m d.b. 77.885 s.2 d.j.</td><td>5</td></tr><tr><td>M.j.</td><td></td><td>1</td><td>8.834 s.9 m. d.b.</td></tr><tr><td rowspan="2">1420-21</td><td>M.b. 233 34</td><td></td><td>159.825 s.5 d.b.</td><td>8</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>48.310 s.3 d.j.</td><td></td><td>1 2.768 s.b.</td></tr><tr><td rowspan="2">1428-29</td><td>M.b.</td><td>139 59</td><td>94.928 s.8 m. d.b. 66.545 s.7 d.j.</td><td>6</td></tr><tr><td>M.j.</td><td></td><td>1</td><td>500 s.j. 221 s. m. d.b.</td></tr><tr><td rowspan="2">1432-33</td><td>M.b. M.j.</td><td>118</td><td>79.892 s.6 m.d.b.</td><td>1</td></tr><tr><td></td><td>91</td><td>101.178 s.6 d.j.</td><td>1 1</td></tr><tr><td rowspan="2">1437-38</td><td>M.b. M.j.</td><td>139</td><td>85.179 s.9 d.b.</td><td></td></tr><tr><td></td><td>206</td><td>228.202 s.8 d.j.</td><td>一 ?</td></tr><tr><td rowspan="2">1442-43</td><td>M.b.</td><td>160</td><td>95.090 s.9 d.b.</td><td>2</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>252</td><td>264.893 s.3 m d.j.</td><td>1 34 s.8 d.j. 1.121 s. 10 d.b.</td></tr><tr><td rowspan="2">1447-48</td><td>M.b.</td><td>165</td><td>94.627 s.8 m.d.b.</td><td>4</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>267</td><td>271.902 s.9 d.j.</td><td>一 1 2.550 s.b.</td></tr><tr><td rowspan="2">1450-51</td><td>M.b.</td><td>182</td><td>94.613 s.9 d.b.</td><td>2</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>277</td><td>270.591 s.2 m.d.j.</td><td>3 3.133 s.4 d.j.</td></tr><tr><td rowspan="2">1453-54</td><td>M.b.</td><td>230</td><td>114.407 s.11 d.b.</td><td>60 37.269 s.10 m. d.b.</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>320</td><td>292.321 s.8 m.d.j. 4</td><td>4.580 s.j.</td></tr><tr><td rowspan="2">1456-57</td><td>M.b.</td><td>232</td><td>126.518 s.1 d.b.</td><td>11 5.669 s.3 m.d.b.</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>361</td><td>324.981 s.8 d.j.</td><td>6 3.433 s.4 d.j.</td></tr><tr><td rowspan="2">1460-61</td><td>M.b.</td><td>221</td><td>107.645 s.3 m.d.b.</td><td>26 11.195 s.10 m.d.b.</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>376</td><td>317.747 s.m. d.j. 15</td><td>10.909 s.9 m. d.j. d.b.</td></tr><tr><td rowspan="2">1465-66</td><td>M.b.</td><td>221</td><td>106.453 s.11 m.d.b.</td><td>173 78.877 s. 11</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>505</td><td>428.986 s.5 m. d.j. 22</td><td>21.779 s. m. d.j.</td></tr><tr><td rowspan="2">1467-68</td><td>M.b.</td><td>228</td><td>105.529 s.9 d.b.</td><td>167 75.551 s.b.</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>513</td><td>432.173 s.8 d.j. 14</td><td>13.979 s.4 m. d.j.</td></tr><tr><td rowspan="2">1468-69</td><td>M.b.</td><td>236</td><td>110.892 s.2 d.b. 131</td><td>61.336 s.1 m. d.b.</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>516</td><td>427.582 s.3 m.d.j. 12</td><td>11.100 s.j.</td></tr><tr><td rowspan="2">1472-73</td><td>M.b.</td><td>265</td><td>118.406 s.8 d.b. 101</td><td>42.876 s.7 m. d.b.</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>540</td><td>429.808 s.m. d.b. 9</td><td>5.683 s.6 d.j.</td></tr><tr><td rowspan="2">1474-75</td><td>M.b.</td><td>262</td><td>116.829 s.9 d.b.</td><td>64 26.407 s.b.</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>549</td><td>438.047 s.3 m.dlj. 16</td><td>10.702 s.10 m. d.j.</td></tr><tr><td rowspan="2">1475-76</td><td>M.b.</td><td>263</td><td>115.737 s.9 d.b.</td><td>66 24.435 s.11 m. d.b.</td></tr><tr><td>M.j.</td><td>544</td><td>435.545 s.1 d.j.</td><td>10 4.700 s.3 m. d.j.</td></tr></table>. M.b. $\asymp$ Moneda barcelonesa. M.j. $\underline { { \underline { { \mathbf { \delta \pi } } } } }$ Moneda jaquesa.
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21,334
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La condición social de los vasallos de señorío en Aragón durante el siglo XV. Criterios de identidad
LA CONDICION SOCIAL DE LOS VASALLOS DE SENORIO EN ARAGON DURANTE EL SIGLO XV: CRITERIOS DE IDENTIDAD por Esteban Sarasa Sanchez. En la tarea que hemos asumido y emprendido de estudiar la sociedad aragonesa medieval en los multiples aspectos que le son propios o anadidos, queremos presentar aqui algunos presupuestos acerca de la condicion social de los vasallos de seforio en el Aragón del siglo XV1. Grupo deprimido y oprimido,que no marginado, elemento productor y sometido al arbitrio senorial,apenas ha merecido atención por parte de los historiadores si no es en relación con el conjunto de la estructura agraria del reino o para comentar,en pocas lineas, el endurecimiento de los lazos de dependencia serviles desde.las primeras medidas desfavorables y coercitivas del siglo XIII2. Pero su continua presencia en el medio rural ha permitido reparar en ellos muy especialmente al tratar de la servidumbre de la gleba en general y de los conflictos antifeudales del siglo XV que han trascendido,a veces subrepticiamente,a la documentación de la época; manifestando una situacion anómala con respecto a la clarificada diferenciacion social de las demas clases trabajadoras (rurales o urbanas) y una explotación de sus servicios y prestaciones personales tanto a nivel individual como colectivo dentro de un senorio. Es significativo el olvido que esta clase servil, integrante del proletariado campesino,ha sufrido por parte de quienes,al comentar las transformaciones sociales del siglo XII en adelante,aluden a la opresión de los siervos de la gleba europeos por ver sancionada su inferioridad con el renacimiento del Derecho Romano, sin mencionar para nada el caso peculiar de estas gentes en la Peninsula Ibérica y, mucho menos, en Aragón3.Los historiadores europeos hacen relacion a las prestaciones personales y explotación de esta clase social en Inglaterra y ciertas zonas de Italia -a fines de la Edad Media-,pero sin dejar constancia de la critica condicion de los siervos de la gleba en los senorios laicos y eclesiasticos aragoneses. En una economia de subsistencia esencialmente rural,en la que la poblacion campesina sigue en buena parte sujeta a la tierra que trabaja y los grandes sefores basan su poder y dominacion en la posesión de bienes inmuebles y en los beneficios que puede reportar el excedente de trabajo producido por los siervos, son precisamente estos ultimos los que sufren directamente las modificaciones de coyunturas desfavorables en el proceso productivo o en la consideracion por parte del sefior. Las relaciones de dependencia entre senor y vasallo se fueron perfilando a lo largo de los siglos XIII y XIV para quedar establecidas plena y radicalmente en el siglo XV con el amparo de las leyes del reino, pero siempre en beneficio del poderoso y en detrimento de la clase vasalla que vio recortadas sus libertades progresivamente a medida que descendia el potencial económico de los senores y su participacion en las tareas del Estado junto al monarca.Incapaces de hallar nuevos caminos y soluciones a través de los sistemas economicos que la incipiente burguesia comenzaba a poner en practica,los magnates aragoneses conseguian, en cambio, la jurisdiccion civil y criminal en sus territorios, con el ‘mero $_ y$ mix to imperio"sobre todas las pertenencias, humanas y materiales del senorio4 y con poder suficiente para maltratar, condenar e incluso matar a los siervos que incumplieran la funci6n a la que estaban destinados o buscaran la liberacion por medio de la huida o de la rebelion. La estricta y absoluta sujecion a la gleba fue el unico medio arbitrado por la clase seforial ante el descenso peligroso de sus rentas y la caida en los valores de intercambio de los excedentes producidos en sus tierras, lo que les impedia iniciar cualquier tipo de inversion financiera con los mismos.Todo ello consentido por el poder, sancionado por los Fueros y alimentado por una mentalidad cerrada, por lo general, en sus intereses de clase que imposibilitaba el resurgimiento economico y hacia rechazar las nuevas técnicas: técnicas que, junto a la mejora en las relaciones con los trabajadores de la tierra, podian haber supuesto el despegue adecuado para las aspiraciones de una clase en decadencia que necesitaba,mas que nunca,la rehabilitacion de su postura en colaboracion con las nuevas fuerzas sociales del reino. Pero no fue asi, como debia, sino que el estancamiento de la clase privilegiada fue manifiesto provocando una serie de fenómenos en cadena que afectaron directamente al resto de los estamentos aragoneses y modificaron substancialmente las condiciones de vida de cuantos cayeron irremediablemente en la órbita de su poder absoluto5. A través de la abundante coleccion de datos que proporciona la documentación apropiada, se puede reconstruir, aproximadamente,la condicion social de buena parte del elemento campesino dependiente de las casas nobles del pais y de algunos sefores pertenecientes a la nobleza de segunda fila (los caballeros): pues dejamos aqui de considerar los senorios eclesiásticos (obispos,capitulos,monasterios y órdenes militares) ya que suponen otro problema tan complejo como el que nos preocupa pero de diferente cariz6. Tanto a los ricoshombres como a los caballeros la ley les garantizaba y respaldaba en el ejercicio de sus jurisdicciones y en el trato concedido a sus vasallos. Los siervos sometidos a vasallaje en los dominios senoriales quedaban definidos,al menos, por dos determinantes principales: la dependencia directa y personal del senor como suprema autoridad y el sometimiento al tribunal senorial sin poder recurrir a ninguna otra justicia ni trasladarse libremente a otro seforio que le pudiera ofrecer mejores garantias de seguridad para él y los suyos O,ya no digamos, mejores condiciones de trabajo y de subsistencia. Analizando las condiciones de vida de los siervos de la gleba aragoneses en el siglo XV,advertimos por qué se incluye a este numeroso sector agricola dentro de las clases oprimidas del pais y no como conjunto marginado,ya que incide claramente en el sistema económico de todo el estamento privilegiado, que vive y comercia a veces con su trabajo,y en las relaciones sociales con los demás estamentos del reino que no comparten sus ideales ni aspiraciones nobiliares al quedar éstas detenidas por los signos de los tiempos y por las necesidades reales de la mentalidad burguesa y urbana surgida con fuerza suficiente a partir de los primeros anos del siglo XV. Se trata, pues,aqui de identificar a los siervos de la gleba con su propia realidad a traves de los criterios que se pueden establecer,a nuestro juicio,dentro de los limites que toda documentación de carácter “oficial"(con la que contamos preferentemente) nos ofrece sobre el particular. Con la salvedad de que dicha documentación se convierte, por reiterativa,en la aplicación de una fórmula establecida que aparentemente no dice nada, pero que en la propia aplicación contiene a veces resultados apetecibles que ilustran con autenticidad los postulados que,con todas las reservas oportunas, se pueden establecer al respecto7. Pero,antes de introducirnos en el tema, hay que tener presente la carencia de estudios sobre distribucion de la propiedad,asentamiento de pobladores, roturacion de nuevas tierras,aclimatación agricola, sistemas de cultivo, técnicas usadas en la explotacion de los campos_y relaciones temporales entre poblacion, produccion y consumo. Tampoco contamos con trabajos de base sobre los senorios aragoneses que nos permitirian delimitar las propiedades de los grandes senores laicos o eclesiasticos. Todos estos conocimientos serian muy utiles para comprender los aspectos que nos ocupan y las relaciones de dependencia feudales que crearon esta situacion en el Aragón medieval. Por el contrario conocemos mejor la continua rivalidad entre las casas nobles del pais y la endémica hostilidad entre ellas; el quehacer de ios magnates junto a los monarcas y sus incursiones en seforios vecinos para arrasar la tierra y despoblar los“habitat” del enemigo. Pero ignoramos,en buena parte,el sistema senorial y sus derivaciones,lo que impide la reconstruccion del medio rural a base de los diferentes modelos de explotacion agraria que funcionaron en Aragón durante la Edad Media y, mas en particular, en el siglo XV; a pesar de que el trabajo de la tierra tanto en sus aspectos estructurales como tecnicos y humanos apenas se modific6 hasta bien entrado el siglo XIX. Tan solo podemos aproximarnos a la division sefiorial de Aragón en la Baja Edad Media a traves de valores cuantitativos (no cualitativos) y porcentajes inexpresivos que impiden descender a casos concretos y rehacer la estructura senorial que constituye la base de un sistema politico tanto como de un sistema económico y social8. Este trabajo pretende, pues, elaborar una aproximación a la condición social de los vasallos de senorio en el reino de Aragón durante el siglo XV con mayor interés por el elemento humano que por su actividad productiva y su influencia en el medio campesino. Para ello se analiza la violencia sufrida por esta clase adscrita a la gleba, a través de la presión ejercida sobre el poder por parte de los senores aragoneses y la represion de las leyes del reino,asi como los levantamientos antisenoriales desencadenados en el medio rural como consecuencia de la movilidad social de la época. Las medidas coercitivas de los siglos XIII y XIV. La historia de los vasallos de seforio del reino de Aragón en los siglos bajomedievales es la historia de un conjunto social olvidado y relegado a la indiferencia casi absoluta,a pesar de su importancia como elemento integral de una sociedad en crisis deteriorada en sus bases fundamentales. La reconquista y consiguiente repoblación del territorio trajo irremediablemente nuevos postulados socioeconómicos en los que se verian implicados los siervos de la gleba al igual que el resto de los sectores del pais. Definidas las fronteras y concluidas las conquistas territoriales en el siglo XIII, los aragoneses volvieron la vista a los multiples problemas internos que la nueva situacion habia creado y que amenazaban con la desmembracion del orden social establecido y la manifestacion violenta de las necesidades de cada conjunto social en la lucha por encontrar su lugar adecuado en el sistema constitucional de la Corona y del Estado. Los privilegiados y la clase servil serian los dos extremos encontrados en un mundo en transición, unidos por lazos de dependencia jurisdiccional y separados,en cambio,por las diferencias sociales y por las condiciones de vida que afectaban a unos y otros sin dejar de desprenderse de la tierra que explotaban y trabajaban respectivamente. En esta situaci6n,los sefores lograban obtener sobre sus vasallos atribuciones más o menos absolutas que sujetaban a la tierra a los siervos de la gleba y les obligaba a llevar un modo de vida impuesto por los propietarios de la misma.La propiedad senorial habia evolucionado a medida que se fueron modificando estructuras anteriores en cada momento de “crisis",dependiendo los resultados de cada circunstancia y área poblacional. Tras la primitiva ordenacion y distribucion territorial, despues de la conquista del valle del Ebro y a lo largo de los siglos XiI y XII, el problema de los seforios aragoneses despertaria la preocupacion de los monarcas y mantendria su atencion cuando los ultimos avances hacia el sur de la extremadura de Aragón configuraran definitivamente el territorio de influencia y los limites geograficos del reino. En la centuria del XIlI, los sefiores habian logrado obtener sobre sus vasallos atribuciones jurisdiccionales mas O menos aplastantes. En estas condiciones, los vasallos cristianos estaban en una dependencia mas personal que los propios mudéjares e incluso que los integrados en un seforio eclesiastico de cualquier condicion que fuera. Sobre ellos recaia la sujecion al monopolio que tenia el sefor sobre el molino, el lagar, el horno,el batan o el bano; no pudiendo competir con el mismo en la venta de sus productos9. Por el “mero y mixto imperio", el senor alcanzaba el poder y la autoridad necesarios para gobernar y juzgar dentro de sus tierras sujetando al siervo de la gleba cada vez mas con los lazos de dependencia avalados por las leyes. El término del fenómeno reconquistador en la segunda mitad del siglo XII dificultaria la emigraci6n hacia nuevas tierras y la ocupacion de las mismas; lo que iba a provocar que los senores se replegaran en sus aspiraciones dentro de las posibilidades del reino y de la compartici6n del poder decisivo y decisorio en la politica de la monarquia. En contraste, el endurecimiento de las relaciones de vasallaje se haria patente con mas facilidad en aquellas zonas de régimen agrario arcaico y tierras mas pobres -como eran las areas del norte del Ebro-,y con mayores dificultades en las estribaciones meridionales del pais donde los condicionamientos eran distintos10. La clase servil campesina sufriria directa o indirectamente no solo las incidencias de los factores desfavorables en la produccion y en la demanda de mano de obra sino también los desórdenes provocados por la violencia de los poderosos en sus luchas internas O contra la monarquia. Simultaneamente, los Fueros de Aragón sancionaban la condición servil de los vasallos, y desde l247 reconocian a los senores el derecho a matar de hambre,de sed y de frio al siervo que diera muerte a otro del mismo senorioll; sin que,por el momento, pudiera arbitrar el sefor la imposición de la pena de mutilación de miembros que se reservaba a los funcionarios reales y ünicamente a aquellos senores que dispusieran del “mero y mixto imperio" por delegación expresa del soberano. Se habia comenzado a sujetar al siervo a la gleba mediante posturas drasticas adoptadas por el senior con el respaldo de las disposiciones legales del reino. Posteriormente,y coincidiendo con la crisis no solo económica y social del siglo XIV sino tambien de poder y autoridad,los juristas del momento determinaban la posibilidad de que cualquier sefor de vasallos era libre de imponer el castigo de mutilacion aunque no gozara del “mero y mixto imperio" otorgado particularmente por el monarca, al estimar que la imposicion de penas corporales a los siervos no era acto de jurisdiccion sino de potestad; por lo que se podia actuar sin proceso previo y aun a costa de la vida del castigado en el mismol2.De esta manera; los sefores, basandose en las practicas del Derecho Romano vigorizadas a partir del siglo XIII, podian sancionar de “derecho" unas actuaciones que venian ejerciendo de “hecho” desde hacia algun tiempo. El rey permitia a sus notables el ejercicio de su jurisdicción en las tierras senoriales porque, como rey de los aragoneses, era el dueno de la tierra de Aragón, siendo dichos senores sus vasallos. Cuando el monarca se veia obligado a ceder sus honores a los nobles,segun costumbre,los que poblaban estas honores pasaban a depender legalmente y por vasallaje de dichos nobles: mudando su condicion de habitantes de realengo a la de vasallos de senorio y viendo recortadas sus libertades y menospreciada su causa13. De hecho,el fraccionamiento de la propiedad real originaba la disgregacion de la autoridad regia y la condicion de las personas que habitaban cada fraccion pasaba a depender de la autoridad que pudiera mantener el dominio de la tierra con todo lo que en ella existia,incluidas las vidas de las personas y de los animales: es decir,el noble privilegiado con la concesión de la honor. Estas honores constituian, en algunos casos, verdaderos feudos en un régimen tiranico de lo mas ominoso que puede presentar la historia,segun el carácter mas o menos dictatorial y represivo del senor. Por lo que no resulta extrana la idea apuntada por algun historiador clasico del derecho aragonés de que el feudalismo comenzaba en Aragón cuando tocaba a su fin en otras partes de Europa mas liberalizadas14 . De cualquier forma,la distincion de la condicion senorial dentro del territorio de Aragón entre la zona norte del reino y el sur del Ebro es notoria desde el siglo XIII. En el área septentrional el campesinado senorial estaba constituido por cultivadores vasallos que iban a sufrir una evolucion juridica regresiva al estilo de la que iba a afectar al campesinado “remensa"de Cataluna.Desconocemos el momento en el que se comenzó a dar la adscripcion a la gleba de estos sectores de la población rural aragonesa a los que Vicens Vives equipara con los‘homes propis"del norte del Principado. Pero,si bien en los ültimos siglos medievales, tanto en el Principado como en Aragón la situacion campesina fue dificilmente sostenible por parte de los vasallos,los aragoneses no tuvieron la oportunidad de conseguir los beneficios que la Sentencia de Guadalupe proporcionó a fines del siglo XV a la clase rural catalana tras el levantamiento de los "payeses de remensa" Muy por el contrario,la condicion social de los vasallos de sefiorio en Aragón se endureceria desde comienzos del siglo XIV prolongándose hasta bien entrada la época moderna. Sin embargo,al sur del Ebro el campesinado cristiano representaba menor proporcion frente al grueso mudéjar de trabajadores agricolas. Estos cultivadores moros mantenian la tierra en régimen de "aparceria” constituyendo la clase de los “exaricos"que aparecen en los documentos, pero que no son objeto de estudio en esta ocasión. En los valles mas prósperos de la margen derecha del Ebro (rios Jalón y Jiloca principalmente),la poblacion campesina era esencialmente mudéjar, ocupando en gran parte las tierras de senorio laico y eclesiastico -sobre todo de órdenes militares- y llegando a constituir, a fines del siglo XV,buena parte del censo demografico del reino de Aragón15 . Los moros habitantes de estas tierras senoriales mantenian una situacion mixta porque reconocian al rey como su senor natural cayendo bajo su directa proteccion,a veces mantenida con serias dificultades por parte de los oficiales reales. El vasallo musulman no podia perder sus tierras mientras observara los pactos establecidos,pudiendo abandonar voluntariamente el seforio con los bienes poseidos en él a cambio de una indemnización monetaria.Al depender los moros directamente de la autoridad real, el rey cobraba algunos impuestos especiales y se reservaba la apelación suprema en causas criminales;pero,a cambio,los musulmanes no podian ser maltratados por ningun senor laico o eclesiastico puesto que con ello se perjudicaban los intereses reales.De esta manera se establecia una auténtica competencia entre el rey y los nobles para atraer al campesino mudéjar a sus respectivas posesiones, garantizándole la buena consideración y trato que no gozaban,ni mucho menos, los vasallos cristianos sometidos a un régimen mas absoluto16. En el siglo XIV aparecen disposiciones que aseguraban el dominio de los senores sobre las personas fisicas y juridicas de sus vasallos.En 1332,el Justicia de Aragón,Sancho Ximénez de Ayerbe, reconocia el derecho de maltrato a los senores para con sus vasallos,siempre que mediara una causa considerada como justa,ya que,en caso contrario y por arbitrariedad, podia incurrir el senor en acto criminal contra la justicia real17. A partir de este momento,y con las disposiciones que sucesivamente se fueron concediendo en favor de los senores de vasallos, se iria formando cierta mentalizacion colectiva por la cual la condición social de los vasallos de senorio no aparecerä nunca como denigrante ni peyorativa puesto que encajaba perfectamente en la costumbre de la época y en los esquemas socioeconómicos del pais. Todo hombre,por ser miembro de una colectividad humana que vivia sobre un territorio comun, habia de depender de un sefor segun el arquetipo feudal que habia establecido las relaciones de dependencia en un sentido'vertical y de autoridad absoluta. Dicho senor podia ser el rey o cualquiera de los subditos a quien el monarca le hubiese otorgado el gobierno y administracion de un senorio con la plena jurisdiccion sobre sus pobladores.Por ello,al vasallo no debia importarle la personalidad juridica de la persona de quien dependia y,como buen vasallo y fiel servidor, quedaba obligado al agradecimiento hacia su superior por cuantos favores recibia continuamente de él: de manera especial la proteccion de su persona,bienes y familia contra los salteadores o violadores de la paz publica. Ahora bien, el sefor también podia llegar a quitarle la vida al vasallo si éste caia en desgracia ante sus ojos o cometia cualquier acto digno de ser juzgado por el tribunal senorial como causa civil o criminal, ya que la jurisdiccion sefiorial asi lo permitia. Todo quedaba perfectamente establecido en el organigrama de la variedad de lazos de dependencia personal segun la concepción del poder y la realidad de su administracion, sin derogacion posible de las leyes establecidas al respecto y sin capacidad correctora del orden creado en beneficio de los poderosos y en detrimento de la capacidad de respuesta por parte de los sometidos. En un analisis de conjunto -o,lo que es lo mismo,en una concepcion total del hecho histórico-,el recrudecimiento de la situaci6n de los vasallos de senorio cristianos en el siglo XIV se debi6 en parte a la repercusion de los conflictos politicos de la Unión aragonesa que en los reinados de Jaime II y Pedro IV enfrentó a la. nobleza con la monarquia.Las revueltas de los “unionistas” pudieron influir en las tiranias senoriales al no lograr sus propósitos de coartar la politica regia y participar en la direccion politica del Estado con mayor poder de decision.La torpeza de algunos monarcas asi como la influencia de los legistas aragoneses, defensores de los derechos senoriales, favorecieron el deterioro de la condicion social de los vasallos a tenor de los sucesos belicosos de la Unión que culminarian en la derrota definitiva de Epila en 134818 . Pero los conflictos sociales no se pueden considerar aislados del contexto general en el que se desarrollan,ya que se entremezclan factores de orden politico y económico que alteran necesariamente el conjunto de la sociedadi9. Tanto las facciones surgidas en Aragón con la guerra de la Unión como la politica.llevada a cabo por la monarquia en bien de los intereses internacionales perjudicarian a la larga a la clase rural sometida a vasallaje. El desgaste de las guerras mantenidas por la Corona en el siglo XIV se reflejaria perjudicialmente en el desarrollo de las relaciones de dependencia entre las clases poderosas -cuya riqueza estaba en la posesión de la tierra y la disponibilidad de los excedentes producidos en ella por la laboriosidad de los siervos de la gleba-y las serviles -que apenas tenian con qué subsistir-.En el siglo XIV,Aragón sufrira fundamentalmente con las guerras de los dos Pedros (Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón) cuando apenas se habia recuperado del desastre demografico de l348 y de la desolación de los campos provocada por los conflictos de la Union: las clases mas humildes, como es logico, soportarian con mayor dificultad los embates de la desgracia y las cargas de la guerra. En el desorden consiguiente, estos abandonados de la fortuna llegarian a ver la salvacion de sus personas en la adscripción a la gleba y el sometimiento al sefor, aunque fuera una redención enganosa. Para ello debian entregarse,con lo poco que poseian,a la denigrante dependencia absoluta de un senorio para el resto de sus vidas. A lo largo del siglo XIV se agudizara la situacion del campesinado de tierras senoriales,generalizandose el ‘ius male tractandi" hasta extremos mucho mas rigurosos que en Catalufa20. Fenó- meno que se dará esencialmente al norte del Ebro y con menor frecuencia en el sur,donde abundaban,por el contrario,los pequenos propietarios alodiales en tierras de realengo mezclandose con los campesinos mudéjares que no tenian que pagar ni el diezmo eclesiastico ni algunos de los impuestos ordinarios habituales entre los cristianos y que siempre resultaban elevados por su precaria situacion economica. Terminado el conflicto bélico con Castilla,Pedro IV se veria obligado a aceptar el derecho de maltrato senorial, reconociendo a los senores el poder matar de hambre,sed o frio a sus vasallos21 . Las Cortes de Zaragoza de l38O impondran al soberano esta aceptacion;viéndose obligado a retirar la inhibicion que él mismo formulara anteriormente contra Pedro Sanchez de Latras -senor de Anzánigo-,el cual habia usado de la facultad de maltratar a sus siervos. Esta inhibicion resultaba en realidad un contrafuero ya que la potestad de maltrato seforial estaba implicita en los usos y costumbres del reino de Aragón, sancionándose su aplicación por medio de los Fueros que reconocian impunemente a los senores la plena potestad sobre sus vasallos. A raiz de este incidente todas las tentativas que posteriormente intentaron los soberanos poner en práctica para reducir,o incluso suspender,el ejercicio del poder absoluto de los senores fracasarian. Las Cortes del reino contemplarian impasibles la negativa constante de los senores a renunciar a su derechos contra los vasallos.Su propia violencia les conduciria a encadenar cada vez más a sus siervos al predio.Ni siquiera las nuevas fuerzas sociales urbanas lograrian nada positivo al respecto,mostrando una indiferencia casi total. Con su actuacion,los poderosos lograron,en definitiva, la adscripcion absoluta de los vasallos a la tierra,explotándolos sin visión de futuro y sin comprender siquiera los beneficios que dicha explotación bien dirigida podia haberles supuesto dentro de un nuevo orden económico para el que no estaban preparados y por el que no mostraban ningun interés. En el tránsito del siglo XIV al XV,la estructura senorial de Aragón presentaba asi unas caracteristicas de rigidez e inmovilismo inusitado.Este hecho suponia la adscripción a la tierra de gran parte de la población del reino,en beneficio siempre de los poseedores de la misma y nunca del general del pais.La Iglesia, la nobleza y las“comunidades concejiles” tutelaban la mayor parte de los senorios, quedando limitado el realengo a un estado intermedio entre el senorio nobiliar -con su extrema dependencia- y la libertad disfrutada -con cierta relatividad- por los habitantes de las ciudades y villas del reino. El porcentaje mayor lo representaban las tierras de senorio eclesiastico,por incluirse en ellas las posesiones de las órdenes militares de tradicional peso en Arag6n: asi, por ejemplo,la Orden de San Juan de Jerusalén poseia,a principios del siglo XV,unos cien lugares y mas de siete mil “fuegos" en la Castellania de Amposta; constituyendo el primer senorio del reino por extensión territorial. Y lo mismo ocurria con la Orden del Santo Sepulcro -que tenia dominios en las comunidades de Calatayud y Darocay con la de Calatrava -de menor importancia pero con la villa y castillo de Alcaniz como centro neurälgico-. Si a ello afiadimos lo correspondiente al clero regular y secular, encontramos que el estamento eclesiastico retenia la mayor cantidad de tierras de seniorio en todo el reino22. Destacando las posesiones de cinco cabildos y obispados -Huesca, Zaragoza,Lérida, Tarazona y Tortosa- asi como las del Pilar de Zaragoza y las de los cinco monasterios cistercienses del reino:Piedra,Rueda, Veruela,Trasobares y Casbas. El realengo se extendia principalmente en el Pirineo;los concejos municipales y las comunidades por tierras de Jaca, Fraga,Alcolea y Barbastro los primeros y en las aldeas de Teruel,Albarracin, Calatayud y Daroca las segundas. El resto, quedaba repartido entre las casas fuertes aragonesas y los apellidos mas ilustres; aferrados a la tierra, y a su estirpe de siglos,y manteniendo estructuras sefioriales duraderas y estaticas; con una economia pobre y débil, en ocasiones,por no tener las facultades necesarias para modificar o mejorar el rendimiento de los campos cultivados mas alla de lo que la dificultosa explotacion del campesino servil pudiera conseguir23. Como veremos a continuacion, este sistema seforial apenas se modificara a lo largo del siglo XV. Muy por el contrario,aparecerán sucesivamente disposiciones legales al respecto que garantizarán la inmovilidad absoluta de los vasallos en los senorios y la disponibilidad de sus personas y de su rendimiento por parte del senor. Las Cortes del reino se pronunciaran en este sentido y la condicion social de los trabajadores de la tierra dependientes 22Cfr. ARROYO ILERA,obra citada,pag.81. 23A titulo de ejemplo y por carecer de modelos de explotacion agraria senorial que nos podrian ilustrar mejor sobre el particular,podemos tomar el caso de las comarcas de Borja y Tarazona en el somontano del Moncayo,frente a Castilla,donde pervivieron unos condicionamientos lo suficientemente inmoviles como para mantenerse hasta bien entrado el siglo XIX desde los primeros momentos de la reconquista de la zona en el siglo XII.La llegada de los repobladores cristianos supuso el establecimiento de ciudades de realengo,villas de senorio con un concejo fuerte de infanzones,caballeros y nobles,y,finalmente,villasy aldeas de senorio con vilanos $_ y$ moros organizados en un sistema de vida basado en la pacifica convivencia entre todos los pobladores,pero sometidos al vasallaje de un senor laico o eclesiastico, con gravosas cargas y dificil subsistencia. Aqui se produjo una lentisima evolucion de la propiedad a lo largo de la época medieval,sin cambios sustanciales en el régimen de dependencia y explotacion de la tierra y con escasas posibilidades por parte de los pobladores que sucesivamente la trabajaron (GARCIA MANRIQUE,E.,Las comarcas de Borjay Tarazona y el Somontano del Moncayo,Zaragoza 1960,pags. ${ \mathfrak { s } } 3 { \mathfrak { y } }$ 176). del senorio nobiliar se ira deteriorando progresivamente hasta extremos insospechados. Nada ni nadie detendrä el proceso regresivo del proletariado rural y los pocos levantamientos antisenoriales registrados en la centuria sólo serviran para extremar las medidas de seguridad adoptadas por el poder contra posibles violaciones de sus garantias jurisdiccionales. Los escasos fenómenos levantiscos conocidos hasta ahora serán reprimidos, como veremos después, con violencia,y se extinguiran sofocados en su propio aislamiento sin fruto positivo para la clase servil y sin apenas repercusiones en la vida del reino que seguira su discurrir a espaldas de estas revueltas controladas por el poder y ocultadas habilmente por la correspondencia oficial, siempre que ello fuera posible. Los mismos cronistas aragoneses,especialmente Zurita,ignoran con frialdad la defensa de la clase campesina sometida por la fuerza de las leyes -e incluso,a veces,de las armas-,disimulando en lo posible el compromiso personal del comentarista con la clase dominante. Si bien no faltan excepciones en lo siglos pasados de estudiosos que acertaron a dar una panorámica lo suficientemente expresiva de la situación, huyendo por ello del sometimiento a la ideologia dominante y de las simpatias por el poder. Tal es el caso de Montemayor de Cuenca que en el siglo XVII escribia tajantemente al respecto: “Siendo pues en este reyno (se refiere al de Aragón) los vasallos de signo servicio aun de peor condicion que por derecho los esclavos,cum vite et necis potestatem Domini in eos habeant, no es muy duro que contra su Sefor no puedan litigar, pues ni de sus personas,ni de sus bienes son libres duenos..\*24. O el de Ignacio de Asso que, en su tratado de economia politica de Aragón escrito en el siglo XVIII con las ideas propias de un “ilustrado”de la época,recapacitaba ampliamente sobre el hecho en cuestión esquematizando en unas lineas lo que venia a ser un analisis -casi actual- de la estructura económica del pais relacionada con los siervos de la gleba.Apuntando al respecto que “si se consideran el abatimiento en que vivian los agricultores oprimidos de los derechos feudales y tiranica potestad de los senores,la incertidumbre de las cosechas por la escasez de lluvias y riegos artificiales, la dificultad de dar salida a los frutos de un pais 24Cfr. MONTEMAYOR DE CUENCA, Sumaria investigacion del origen y privilegios delos ricos hombres o nobles,caballeros,infanzones o hijosdalgo y seniores de vasallos de Aragon,y del absoluto poder que ellos tienen, México l664,pag.315. mediterraneo y cercado de aduanas y tablas de peajes,la gravedad de los tributos, los cortos progresos de nuestros mayores en las fabricas y géneros bien afinados para el comercio ultramarino,y los vicios de una legislacion en un tiempo en que se ignoraban los verdaderos principios de la politica mercantil..; podemos conjeturar, con fundamento,que la poblacion de Aragón debio estar al nivel de tan escasos medios de subsistencia.25. Sin olvidar, sobre todo, el amparo legal que las disposiciones del reino significaban para el libre ejercicio de la potestad senorial y el monopolio de la explotacion de las personas por parte de los seniores aragoneses, ajenos a todo cambio favorable para el progreso del reino que les obligara a modificar su espiritu de clase. En definitiva, la ignorancia general existente sobre la cuestión por parte de la historiografia de cada época, obedece tal vez a la carencia de verdaderos conflictos de clase,al estilo de los existentes en otras zonas,asi como a la ausencia de un auténtico movimiento antisenorial que fructificase en soluciones positivas para los vasallos y que obligase a los monarcas a actuar en beneficio de la seguridad del Estado y de la paz publica. La referencia que los Fueros de Aragón mantienen constantemente sobre las disposiciones adoptadas en contra de los siervos de la gleba y en defensa de los senores duenos de la tierra, justifican el interés por aclarar lo que hubo de realidad tras el montaje teórico de unas sentencias legales que vendrian a sancionar lo que en la practica pudo ser algo mas que conflictos en potencia y miedos preventivos ante la posibilidad de levantamientos. La relacion de algunas alteraciones concretas del orden,con asaltos al lugar de residencia seforial por parte de los vasallos, manifiestan que la aparente aceptación de su condición servil se vio modificada,en ocasiones,por un deseo de buscar las libertades negadas legalmente. Sólo que esta situación condujo a unos resultados negativos con el posterior endurecimiento del sistema de dependencia tras la represion llevada a cabo desde el poder.Las insurrecciones no dejaron de ser casos aislados que permitieron el progresivo deterioro de la condicion servil mediante las disposiciones legales aplicadas de inmediato hasta extremos verdaderamente crueles. Como muy bien afirma el profesor Lacarra en su magnifica sintesis de Aragón en el pasado, la situacion cada vez más miserable de los vasallos de senorio a partir del siglo XIV se convirtió en una mayor sujeción de los siervos a los senores contando con el amparo de los oficiales del reino, incluido el Justicia de Aragón -defensor en teoria de las libertades de los aragoneses-,segun las directrices de la clase dominante y los intereses del Estado26. La condicion social de los vasallos de senorio en el siglo XV. A lo largo del siglo XV,y tras las consideraciones anteriormente vistas,las fuentes consultadas vuelven a ilustrarnos sobre las dificultades sufridas por la clase servil en el medio rural en esta centuria.De manera especial, los ordenamientos legales del reino manifiestan una decidida tendencia a sujetar todavia más a la gleba a cuantos dependen de la jurisdiccion senorial, reflejando con mayor rigor la disociacion existente entre las clases poderosas por naturaleza y el resto de las nuevas fuerzas sociales del reino,que junto a los monarcas Trastámaras colaboraran en la prosperidad del pais y en el dificil saneamiento de su economia. Las Observancias recopiladas a principios del siglo XV por Martin Diaz de Aux recogen ampliamente las facultades obtenidas por los senores frente a sus vasallos en términos tiranicos para estos ultimos27.Dichas observancias constituiran la linea a seguir para el resto de la Edad Media aragonesa en cuanto a las conductas senoriales se puede referir. Pero tambien los Fueros de Aragón abundaran en disposiciones legales que envileceran progresivamente la condicion de los siervos de la gleba.La pormenorización de los capitulos sobre atribuciones concedidas a los poderosos y la frecuencia en dictarse normas para sujetar a la servidumbre a la tierra cada vez con mayor rigurosidad,demuestran la preocupacion latente en los sefores por el comportamiento de sus sometidos. El temor de posibles levantamientos de la clase servil contra el vasallaje feudal, y quienes ostentaban la plena jurisdicción sobre sus personas,asi como la conciencia de que el problema juridico del momento podia causar cierta movilidad entre los campesinos -con amenazas para la estabilidad del pais y la seguridad de la clase dominante- provocaria la continua intercesion de la nobleza ante el rey con objeto de que el monarca asegurara legalmente los lazos de dependencia a través de las Cortes. Las Cortes de Aragón reglamentarán las obligaciones alas que quedaran sujetos los vasallos de senorio y las atribuciones mantenidas por el sefor sobre sus personas.Asi,las celebradas en Maella en $1 4 2 3 2 8$ disponian que todo aquél que entrara en un senorio con intención de llevarse consigo algun vasallo para sacarlo del lugar al que se adscribia(deshabitarlo), incurria en pena de muerte, pues dicho vasallo no podia trasladarse a otras tierras sin voluntad del senor al que estaba sometido29. Poco mas tarde, las Cortes de Alcaniz de l436 ordenaban estrictamente que un vasallo no podia cambiar de senorio por su iniciativa,permaneciendo sujeto al sefor al que pertenecia3o;asegurando con ello al compromiso adquirido por los vasallos de seforio con relacion a su situacion juridica y garantizando a los sefiores la retención sin paliativos de sus trabajadores en la tierra que laboraban. Todavia las Cortes de Calatayud de l46l volvian sobre la cuestión reforzando disposiciones anteriores que evitaban la huida de los siervos a otros senorios: asi, el senor que acogiese al campesino fugado de su predio incurria también en delito si no lo declaraba 28 Cfr.SESMA,A.y SARASA,E., Cortes del reino de Aragon (1357-145I) pägs. 87-104.“Despues estan los fueros que se hicieron en estas Cortes,y éntrase protestando por salvedad de que se hazen sin la presencia del rey,y están numerados hasta ocho fueros,al fin de los quales estan las protestaciones acostumbradas de los bracos.El de la yglesia que no consiente en quanto sea contra la libertad eclesiastica, ni en quanto por ello se pueda seguir muerte corporal ni mutilacion de miembro” (pag.101). 29 Cfr.Fororum regni Aragonum,lib.IX,"Quod aliquis non abstrahat aliquen vassalloruma loco alterius causa deshabitandi":“Item,statuymos,e ordenamos,que alguna persona de cualquiere grado,dignidad,sexo,stament,ley,o condicion sia, no gose entrar dentro lugar,o términos de otro del Regno de Aragón,por levar,sacar o ayudar;o levar,yr,O sallir,o lieve,o saque algun vasallo del senor de aquel lugar,e bienes de aquel, por deshabitarlo de ai,e yr a otro senorio alguno,suyo o de otro. Qui contra fara, sia encorrido,condemnado,e punido,en pena de muert. La qual pena evitar no se pueda,por remision,perdon,composicion o gracia alguna, sino que fuesse del senor a qui la injuria serä feyta;e que el dito sefor pueda intentar,o fazer la dita acusacion". 30Cfr.Fororum regni Aragonum,lib.IX,“De vassallis non mutandis": Statuymos e ordenamos de voluntad de la Cort, que persona alguna de senorio alguno,en frau del seiior en cuyo lugar tendrä su habitacion,no pueda desvassallarse o facerse vassallo de otro;antes sia tenido mientres que alli habitara a todas aquellas cosas e cargos que los otros vassallos del dito lugar son a su senor tenidos,no obstant que se haya feyto vassallo de otro qualquiere senor”. previamente y le obligaba, por la fuerza si fuera preciso,a regresar a su lugar de origen3lEsta norma se aplicaba de igual formaa quienes intentaran trasladarse a lugares de realengo o de dominio eclesiástico sin haber obtenido la libertad del senor del que dependian. En los reinados de Alfonso V y Juan II son frecuentes los documentos de concesion y confirmacion de la jurisdiccion senorial de un territorio incluyendo, en ocasiones, el “mero y mixto imperio’ sobre los vasallos.Concesiones hechas por el monarca en favor no solo de determinados nobles aragoneses sino también, especialmente en este siglo,de algunos caballeros del reino de acusada personalidad e importancia en la vida publica; y comprendiendo a veces en dicha jurisdiccion,ademas de los habitantes de religion cristiana,a judios y musulmanes, lo que apenas se habia dado en los siglos precedentes.La mayor parte de estas concesiones se otorgaban por servicios prestados a la Corona por los interesados, tanto en la actuacion politica como financiera. En 1423 el rey concedia a su consiliario y camarlengo,don Juan Fernandez de Heredia, toda la jurisdiccion civil y criminal de la villa de Gea de Albarracin, con el “mero y mixto imperio”y derecho a levantar horcas y cuchillos32;concesion confirmada cinco aiios después por el monarca33 y que provocó serias tensiones entre el susodicho senor y la ciudad de Albarracin si tenemos 31 Cfr.Fororum regni Aragonum,lib.IX,“Anyadiendo al Fuero De vassallis non mutandis" 32 Cfr.CARUANA,Catälogo del Archivo de la ciudad de Albarracin, Teruel 1955, pag. 45 (doc. 60). 33 Cfr.Ibidem,päg.46 (doc.63).Y Archivo de la Corona de Aragón (A.C.A.),Registro Canc.2594,fols.108 a 109 v.:“damus,concedimus et elargini vobis dicto Iohanni et vestris aut cui volueritis in perpetuum iurisdiccionem civilem et criminalem et eius plenum exercicium ac merum et mixtum imperium in villa de Exea ac manssatis et alqueriis vestris vel Vilareio et de la Cueva Cardencla, sitis in termino seu territoris civitatis Beate Marie de Albarrazilio (sic) regni Aragonum,ac in terminis eorundem universis tam videlicet in habitatores eorundem quam extraneos.Ita quod vos et vestri aut cui volueritis possitis in dicta villa et manssatis ac suis terminis furcas et costellum figere et tenere ac homines quoscumque habitatores videlicet et extraneos in casibus a iure et foro seu consuetudine concessis,suspendere,fustigare,corquere et acotare ac ponere in costellum et omnes iuredictionales actus libere exercere tam civiles et criminales et tam in extraneos quam intradictis villam et manssatis ac suos terminos degentes et a sentenciis,processibus et enantamentis vel execucionibus quibuscumque per vos seu quos volueritis loco vestri fiendis pretextu nostre concessi omnes huius per ipsos homines vel etiam quoscumque extraneos ad nos vel officiales nostros seu quemvis alium nequeat appellari hanc itaque donacionem et concessionem...". en cuenta el greuge presentado por la misma en las Cortes de Valderrobres de $1 4 2 9 ^ { 3 4 }$ por la jurisdiccion de este lugar; y concesion que requirió de nuevo la ratificacion de los correspondientes privilegios por parte de Fernando el Cat6lico en 1494 con escrito dirigido al gobernador general de Aragon en los términos oportunos35. La concesión, pues,de la jurisdicción absoluta de un lugar a un determinado senor no evitaba por ello la continua friccion con otras villas situadas en el ärea de influencia de aquél, originando en ocasiones algunos pleitos duraderos mucho tiempo y complicando aun más la situacion,ya de por si anómala,de los siervos de la gleba sometidos dentro del senorio en cuestión. Otro ejemplo ilustrativo al respecto es el de la carta de donación,en l426,a Juan Martinez de Luna,consejero y camarlengo real,de los lugares de Biel, Lobera,Longas e Isuerre,con plena jurisdiccion y “mero y mixto imperio"en todo el senorio36.Donacion dada a perpetuidad y para los sucesores del senor de Luna, con todos los derechos percibidos hasta entonces por el baile general de Aragón,Ramón de Mur,y por sus herederos37. También en 1428,el rey concedia al caballero Juan de Luna la jurisdiccion criminal y el "mero y mixto imperio"de los lugares de Vera y Calatorao38,permitiendole hostigar, sofocar y azotar, asi como “poner en la picota” y atormentar a sus vasallos si eran merecedores de ello;pudiendo ejercer toda la jurisdicción que hasta entonces habian desempenado los oficiales reales en dichos términos y traspasando la autoridad real al senor mediante atribuciones especiales de dominacion.sobre los vasallos del senorio39. Pero,en ocasiones, las concesiones de algunos lugares y fortalezas del reino se hacian con menos atribuciones que las de plena jurisdiccion y sin poder ejercer el “mero y mixto imperio"ni la potestad absoluta con los habitantes de sus tierras. Tal es el caso de algunas donaciones hechas a particulares por rebelion de los anteriores poseedores de-las villas traspasadas ahora a nuevas manos. Asi, por ejemplo,Alfonso V cedia en l430 a Martin de Torrellas el castillo y lugar de Malon y Cunchillos (cerca de Tarazona), tras haber caido en desgracia su administrador Juan Calvillo por rebeldia y crimen de lesa majestad40.Y otro tanto ocurria con el castillo y lugar de Oliete, concedido en esta ocasi6n a Berenguer de Bardaxi, Justicia de Aragón, por rebeldia de Juan de Sesé, su anterior propietario41 . Las donaciones de senorios con plena jurisdiccion se hacian tambien a personas reales,y,de hecho,Aifonso V concedia en 1431 a su hermano, el rey de Navarra e infante de Aragón, el "mero y mixto imperio" sobre los casales de Gariza y Casanueva, que afrontaban con los términos de Bolea, Loarre y Quinzano, en el somontano oscense42, con todos los derechos y pertenencias que habian correspondido hasta ese momento al rey de Aragón43. Significativo por su contenido es el documento de concesión, otorgado tambien en 143l por el monarca,a Juan López de Gurrea,caballero,del lugar y castillo de Novallas,con todos los bienes que habian sido posesión del rebelde Garcia de Sesé,implicado en los mismos delitos de lesa majestad anteriormente referi$\cos ^ { 4 4 }$ . Especificando al respecto que dicha concesion implicaba la jurisdiccion civil y criminal,asi como el “mero y mixto imperio", sobre todos los hombres y mujeres cristianos, judios y moros, pobladores presentes y futuros de cualquier condicion. Para ello, el beneficiario de la concesion podia levantar cualquier instrumento significativo de sus atribuciones absolutas y aplicar su propia justicia a los delincuentes mediante la seccion de los miembros del cuerpo del condenado por el tribunal seforial, segun la pena impuesta (manos,orejas,nariz,brazos,pies,etc.),y pudiendo incluso quitar la vida si asi se determinaba en el proceso y era merecedor el vasallo de la pena capital45 . Pero,en algunos casos, el rey procuraba incluir entre las posesiones reales,o realengo,algunos territorios importantes del reino para evitar asi las disputas continuas por las jurisdicciones sobre los mismos y las dificultades surgidas en su administraci6n por las ingerencias de los sefores y de las comunidades de Aragón.Asi en 1423,el rey otorgaba un privilegio por el que declaraba unidos indivisiblemente a su corona todos y cada uno de los lugares de la Comunidad de Daroca,prometiendoles eficaz ayuda y declarando que sólo a él pertenecia la jurisdicción civil y criminal y el ‘mero y mixto imperio" sobre dichos lugares; asi como todos los derechos de cenas, monedajes y demas tributos reales pechados por la Comunidad46. 44A.C.A.,Reg.2597,fols. 74v.a 76. 45 “Et in hominibus et mulieribus christianis,iudeis et sarracenis,habitantibus et habitaturis in eis et eorum quolibet necnon in quibusque personis inhibi delinquentibus et declinantibus cuiuscumque legis,status seu condicionis existant.Ita quod,vos dictus Iohannis Lupi de gurrea et vestri succesores et quos volueritis ad in perpetuum habeatis,teneatis,possideatis et exerceatis plenarie et potenter merum et mixtum imperium et iurisdiccionem civilem et criminalem et aliam quamlibet locorum et predictorum et cuiuslibet eorum per vos et officiales vestros,et eis uti valeatis delinquentes quosvis in locis sepedictis terminis et territoriis eorum et cuiuslibet eorum capiendo et capi faciendo costellam,furcas et alia signam merum et mixtum imperium ac iurisdiccionem criminalem seu illus signum super possesio vis denotancia inibi ponendo ac delinquentes eosdem condemnando,plectendo,fustigando, flagellando capud,manus,aures,nares,braxia,pedes et alia quevis membra iuxta qualitatem criminum amputando et amputari faciendo et mandando ac eosdem si delicta et demerita expoposcerit suspendendo et suspendi iubendo,relegando (...), incarcerando et usque ad sentenciam mortis naturalis inclusive condemnando..." 46Cfr. CAMPILLO,Documentos históricos de Daroca y su comunidad Zaragoza 1915, pag.224 (doc.594). Sin embargo,otras veces,el .mismo monarca cedia parte del realengo a particulares con la jurisdiccion absoluta sobre los lugares comprendidos; como en l436 cuando el rey de Aragón otorgaba a Alfonso de Mur el término comun de Alagón (afrontante con los términos de Magallón,Bardallur, Mallén,Gallur y Pedrola) con el "mero y mixto imperio" sobre sus habitantes47,cualquiera que fuera su ley, secta, sexo y condicion48.Lo que revestia inusitada importancia por la proximidad a Zaragoza y la proporcion numérica de mudéjares que poblaban dicho término asi como la riqueza agricola del suelo que trabajaban por la proximidad al Ebro y a sus afluentes. De indudable interés para los aspectos que nos ocupan en este trabajo es la donación hecha al noble don Lope Ximénez de Urrea del castillo y lugar de Trasmoz en el ano l437,con plena jurisdicción .civil y criminal sobre sus habitantes y “mero y mixto imperio"sobre los mismos49.Donacion efectuada por los servicios prestados al monarca por el susodicho personaje,como camarlengo real, en la guerra contra los genoveses y que comprendia el castillo y la villa de Trasmoz asi como el lugar de Lituénigo,con todos los pobladores, tanto cristianos como moros y judios, presentes y futuros. Dichos lugares habian pertenecido al Conde de Luna,a quien se los arrebató el soberano por su rebeldia; pero en el momento de la donacion constituian parte del realengo bajo la dependencia y administracion directa de los oficiales reales,a quienes Alfonso V enviaba los respectivos oficios comunicandoles dicha concesión en los términos expresados en los documentos de la misma50. La donación era efectiva en favor de los futuros herederos de Lope Ximénez de Urrea,absolviendo a sus vasallos de cualquier juramento anteriormente prestado a otro senor y pasando a depender directamente, desde este momento,de la dominación absoluta del camarlengo real. 47 A.C.A.,Reg.2763,fols.34y 34v. 48 "in perpetuum,cum omni mero et mixto imperio ac alia quamvis iurisdiccione civili et criminali,alta et baxia,per vos ac vestros quos volueritis... inter personas quasvis cuiuscumque legis,secte,sexus ac condicionis..." 49 Cfr. SARASA,E.,“El senorio jurisdiccional de Trasmoz en el siglo XV",en Homenaje a don Jose Ma Lacarra y de Miguel,Estudios medievales,Zaragoza 1977,tomo IV,pägs.79 a 92 (en prensa). 50 Cfr.SARASA,E.,obra citada; véase el apendice documental. Anos mas tarde, en 1440, Alfonso V concedia a Juan de Coscón, sefor de Mozota, y en remuneracion de los servicios que tenia prestados a la corona,el que pudiera ejercer en dicho lugar la jurisdiccion criminal con todas sus consecuencias y sin restricción alguna51.No sólo consentia,pues,la realeza, la enajenaci6n de muchos lugares en beneficio de los privilegiados del pais y las Cortes respaldaban en su ordenamientos legales las atribuciones absolutas de los sefores sobre sus vasallos, sino que el propio monarca propiciaba dicha situacion cediendo su jurisdicción en los seforios y dispersando y fraccionando el poder regio como pago de diversos servicios de toda indole prestados al soberano por algunos de sus subditos mas poderosos. Con esta enajenación se beneficiaron no sólo los elementos de la alta nobleza sino también los caballeros (o nobleza media) que vieron en ello un medio de ascenso en la escala social del pais y un modo de disponer a su servicio de multitud de vasallos sujetos a la gleba y a su capricho sin menoscabo de la autoridad ejercida sobre sus personas. Esta enajenacion del territorio del realengo se hacia también,y segun hemos visto,en beneficio de algunos miembros de la familia real. Y ello con relativa frecuencia,porque,en 1454,el rey de Navarra obtenia también la jurisdicción civil y criminal, con el "mero $y$ mixto imperio" sobre La Almunia de dona Godina52 ; comprendiendo todos los lugares,casas,montes,alquerias, términos,etc., y los derechos de los molinos, hornos, subsidios y pechas en genera153. 51 Cfr. ABIZANDA BROTO,"Coleccion de documentos inéditos del Archivo Municipal de Zaragoza,desde el reinado de Pedro IIIal de Juan II",en IIICongreso de Historia de la Corona de Aragon,tomo I(1923) päg.603. 52 A.C.A.,Reg.2945,fols.187v.a 188v. 53 “et etiam in locis,domibus,montibus,casalibus,alcariis,terminis,territoriis,pertinenciis et appendicis loci eiusdem et in baronibus,militibus et dominalius,hominibus et feminis cuiusquam legis,secte,preeminencia,condicionis et status existant in predicto loco et eius terminis et territoris,habitantibus et habitaturis et in iurisdiccione civili,piscationibus,venacionibus,fluminibus,vectigalibus,redditibus,exitibus,proventibus et emolumentis molendinis,furnis,peytis,questiis,subsiddis, ademprimis serviciis,regalibus et personalibus,hostibus et cavalcatis et eorum redemptionibus monetatico sive morabatino,cenis,feudis,feudataris,potestatibus et in omnibus avis iuribus in dicto loco et eius terminis pertinentibus et pertinere debentibus ut predicitur seu que ad nos et curiam nostram pertinenat quomodolibet seu spectent seu pertinere et spectare poterunt in futurum quocumque iura,actione,titulo sive causa prout dictus locus." El documento especifica la localizacion del ärea de influencia, comprendida entre los limites de las aldeas de la Comunidad de Calatayud y los términos de Ricla, Almonacid de la Sierra y otros lugares circunvecinos.E insiste tambien en que la jurisdicción y administracion del senorio,con todos los emolumentos,ofrece al poseedor del mismo (el rey de Navarra) la posibilidad de hacer con él lo que su voluntad decida en cuanto a venderlo, permutarlo o transferirlo54. En realidad la situacion no cambia demasiado si la entrega del senorio se hace a un miembro de la familia real o a un particular cualquiera (noble o caballero). En ambos casos,la concesión se hace a perpetuidad para el beneficiario y sus herederos,quedando a su iniciativa la disposicion sobre el territorio en cuanto a futuras operaciones se refiere. Tambien en muchos casos se incluye a todos los vasallos, vecinos y pobladores, sea cual fuere su condición, religion O particularidad; y en ocasiones se recuerdan las atribuciones del senor sobre los mismos en cuanto a penas y castigos aplicados a los vasallos rebeldes o delincuentes,asi como la facultad de levantar en el territorio los simbolos propios de dichas atribuciones.A ello se acompana la enumeracion de las posesiones inmuebles y de los derechos a percibir por el senor,asi como la manifestacion publica de que toda la justicia y administracion ejercida hasta entonces por el poder real, a traves de sus oficiales, pasa a depender directa y absolutamente del nuevo senor,quien en su senorio dispone a su arbitrio desde este momento de toda la jurisdiccion alta y baja,civil y criminal,con el “mero y mix to imperio” sobre sus vasallos. Con Juan II se repiten practicamente idénticas fórmulas de concesiones senoriales con jurisdiccion absoluta y “mero y mixto imperio’ sobre todos los habitantes del territorio.Las condiciones vienen a ser las mismas y la protecci6n de la autoridad senorial a través de los ordenamientos legales refuerza su inviolabilidad. En l458,el rey de Aragón entrega al noble Felipe de Castro la posesion de diversas casas, castillos,villas y lugares con poder de administrar y dictar justicia en todos ellos y aplicar las penas que el tribunal seforial crea merecedoras por los delitos cometidos en sus limites55.Pero no siempre son los nobles quienes reciben las atribuciones absolutas concedidas por la autoridad real. En 1461, Juan II hace donación a Pedro Cerdan, ciudadano de Zaragoza y senor del lugar de Sobradiel, de la jurisdicción criminal con ‘mero $_ y$ mixto imperio $\scriptscriptstyle { > } { \pmb { \zeta } } 6$ .Se especifica que la concesion se hace al susodicho vecino de la ciudad de Zaragoza y a sus sucesores,o a quien su voluntad designe,con todas las pertenencias y cuantos derechos cobraban en nombre del rey los oficiales del reino57. La jurisdiccion la puede ejercer el senor de Sobradiel sobre todos los términos y territorios y a través de sus propios oficiales, comprendiendo también a judios y mudéjares,a vecinos y extrafos,a hombres y mujeres. Para dejar constancia, finalmente, del levantamiento de los signos propios de la autoridad conferida mediante las horcas,medias horcas,etc.58. En los mismos términos se expresa el documento de concesion al caballero Martin de Os del “mero y mixto imperio"en la baronia de Os y lugares de Salinas59,que incide en aspectos semejantes y viene a confirmar la perduración de las atribuciones absolutas en los senorios a lo largo del siglo XV, con la dispersion del poder real propiamente dicho y la indudable promiscuidad de los poderes locales senoriales con las comunidades aldeanas de hombres libres en dependencia directa del momarca. No obstante,y a pesar de la impresión -siempre limitada- que se puede sacar de los documentos consultados,durante el siglo XV surge un movimiento general redencionista en todo el territorio peninsular; movimiento que en el mundo rural aragonés apenas llega a cuajar debido principalmente a que el derecho senorial se desenvuelve aqui con mayor rigidez que en los demás reinos hispánicos e incluso que en Cataluna y Valencia. Esta mayor rigidez obedece a un criterio mas absoluto de la propiedad de la tierra, criterio impregnado de romanismo y que chocara con la mentalización individualista manifiesta en un ambiente que comenzaba a impregnarse de modernidad60. Por otra parte,en Arag6n,muchos seforios que habian sido comprados por sus poseedores -con todos sus bienes muebles e inmuebles,materiales y humanos- o que habian sido recibidos en donación real, vieron como unica redencion posible la reconversion en tierras de realengo, sometiéndose sus habitantes directamente al rey y huyendo de los abusos de los poderosos y del maltrato seniorial. De este modo se desarroll6 una auténtica competencia entre los ricoshombres aragoneses y el soberano por atraerse a los pobladores necesarios para trabajar en las tierras correspondientes, por cuanto la adscripcion al realengo suponia, en gran medida,la libertad para los patrocinados. Pero, indirectamente,la competencia existente entre el senorio y el realengo dificultaria aun mäs la condicion general de los siervos de la gleba ya que, muchas veces, tendrian que ceder los reyes ante las pretensiones de los nobles -que buscaban poder desarrollar un control mas minucioso sobre las actividades de sus vasallos- para evitar el enfrentamiento nobleza-monarquia que podia suponer la ruptura del orden establecido en perjuicio de todo el reino. Las posibilidades de liberalizacion del campesinado eran cada vez más remotas con la anuencia del monarca y la indiferencia general de los aragoneses,haciendo casi imposible un cambio de situacion favorable a los vasallos de senorio en su sistema de vida y explotacion. Las tiranias senoriales evitaron la huida de los siervos de la gleba ante la necesidad que tenian de su mano de obra para mantener, al menos minimamente, sus predios y evitar la pérdida de sus cosechas por falta de brazos.La sujecion a la tierra de los vasallos suponia disponer de una fuerza de trabajo rentable y barata asi como la disponibilidad de los excedentes producidos en beneficio de sus intereses particulares de clase. La monarquia, por su parte,comprendió con clarividencia que la despoblacion de las tierras de senorio suponia un grave peligro para la seguridad del reino,ya que el sistema seforial sujetaba también indirectamente a los senores en sus dominios sin intervenir demasiado en la politica de la Corona,a la vez que les permitia vivir con sus propias rentas. En el transito a la Edad Moderna la situacion apenas cambió. Ya en época de Fernando el Católico,las Cortes reunidas en 1510 en Monzón incidian especialmente sobre la condicion de los vasallos de senorio,recordando taxativamente la jurisdiccion que podian ejercer los sefores sobre los mismos6l en cualquier delito que cometieran dentro de sus dominios.Esta ordenacion en favor, como siempre,de los senores,olvidaba de nuevo los derechos humanos de los vasallos relegandoles a una infima consideración dentro de las categorias sociales del reino: contrastando aun mas con los logros obtenidos en otros lugares de la Corona de Aragón tras la Sentencia de Guadalupe y la mejora de los payeses de remensa catalanes. En Aragón,la marginacion de la clase rural y la reserva de los derechos seforiales contrastaba todavia mas a tenor de los avances sociales obtenidos por entonces en el resto del occidente europeo entre la mayoria campesina. Las Cortes de Monzón de 1510 determinaban claramente sobre la salvaguarda de las prerrogativas que los senores disfrutarian desde entonces62. La represion formulada a través de las disposiciones legales del reino iba a permitir a la larga,y por mucho tiempo, la pervivencia de unos esquemas arcaicos en la distribucion de la propiedad y en la administracion de la misma por parte de los terratenientes; provocando la lenta evolucion de la clase rural aragonesa hasta la Edad Contemporánea, frenando constantemente las posibilidades de desarrollo de una economia abierta y progresiva asi como el despegue hacia nuevas formas de aprovechamiento del sector primario por encima de los intereses cerrados de la nobleza senorial. 61Cfr. Fororum regni Aragonum,lib.IX,“De delinquentibus in locis dominorum" 62 “Statuymos y ordenamos, que no obstant los Fueros sobredichos e lo dispuesto e Ordenado en aquellos, los nobles O senores de lugares del Regno de Aragón,assi eclesiasticos como seglares,assi quanto a sus personas y bienes delios, tengan salvas sus preheminencias y prerrogativas, como quanto a sus vassallos,personas e jurisdicciones,que por fuero,uso e costumbre del Regno de Aragón tenian y les pertenescian,tienen y les pertenescen”(Fororum regni Aragonum,lib.IX,“Quod praeminentiae dominorum vassallorum remaneant). Los Fueros aprobados en Monzón en el ano l51O senalaban claramente las relaciones de dependencia mantenidas entre sefiores y vasallos y sentenciaban legalmente lo que habia sido habitual präcticamente desde siempre segun el uso y costumbre de la tierra. Los sefores no aspiraban a otra cosa que no fuera el ejercer con pleno derecho sus poderes y jurisdiccion sobre sus vasallos, explotandolos a su arbitrio y antojo;y los vasallos quedaban sujetos al senor y a las disposiciones del reino sin posibilidad alguna de redencion.La nobleza, en definitiva, con su absoluto dominio sobre la tierra,arrancaria de los monarcas las prerrogativas perdidas en sus enfrentamientos con la monarquia,desplazando hacia sus intereses la problematica del pais manifestada en las Cortes del reino. En las de Calatayud de 1515,el estamento nobiliar condicionaba la aprobacion de un subsidio especial -solicitado por el rey a las Cortes- a la devolucion por parte del monarca de ciertos privilegios obtenidos de nuevo sobre sus vasallos.Como a lo largo de toda la centuria anterior, se trataba en esta ocasion de aprovechar la debilidad de la monarquia y sus necesidades económicas para lograr afirmar aun mas el poder absoluto de los senores sobre sus vasallos, o,lo que es lo mismo,sobre su capacidad de produccion. El rey accedia a ello sin remedio en bien de la paz del Estado y a costa de sacrificar la calamitosa condicion de los siervos de la gleba. Hasta l626 -y habra pasado más de un siglo desde las Cortes de Monzon y Calatayud- no hallamos una intervención verdaderamente favorable y defensora de la condicion social de los vasallos de seforio.En este caso, serä el estamento popular el que,a través de las Cortes, intente mejorar la'situacion de esta clase servil dirigiendo un memorial al rey en el que se solicitaba urgentemente la abolición de la potestad absoluta adquirida por los senores sobre sus vasallos a lo largo de la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna. Levantamientos antisenoriales. En todo el occidente europeo los ultimos anos del siglo XIV y la primera mitad del XV fueron especialmente conflictivos en lo que a movilidad social se refiere. En el medio rural son conocidos los levantamientos de Inglaterra, Francia o Paises Bajos con resultados mas o menos esperanzadores para las clases oprimidas que buscaban con ansiedad las libertades necesarias para mejorar su condicion juridica y social. En lo que respecta a la Corona de Aragón, Vicens Vives senaló en su dia la importancia del periodo comprendido entre $\mathbf { 1 3 8 0 \ y }$ 1400 para la evolucion de las condiciones de los vasallos de sefiorio,afirmando que en Cataluna la generación del afo 8O seria la primera “generacion remensa’ revolucionaria. Pero, sin embargo, en el caso concreto de Aragón no existe una correspondencia exacta,pues el hecho “remensa”es tipico del Principado y afecta muy indirectamente al campesinado aragonés. Lo que no quiere decir que no hubiese levantamientos en este pais, pues los hubo, en efecto,y de cierta importancia; aunque,como tantas otras peripecias sufridas por los aragoneses,los cronistas oficiales .del reino los silenciaran oportunamente. Dentro de la teórica correlación y simultaneidad de los acontecimientos producidos en Aragón, Cataluna o Valencia a lo largo del siglo XV es de senalar, no obstante,la evolución negativa de la condicion juridica de los vasallos aragoneses que vieron atropellados violentamente sus intereses frente a los de las clases privilegiadas.Los asaltos conocidos contra los dominios senoriales,llevados a cabo de forma aislada·y sin un programa adecuado a las circunstancias del momento, resultaron a la larga negativos aunque sintomäticos en cuanto a posibilidades' prácticas de realizacion. Las sublevaciones quedaron abortadas por las fuerzas legales del rey O de los poderosos sefiores, pero en su desarrollo preocuparon con insistencia a la clase privilegiada por temor de condicionar sus prerrogativas a la posible generalizacion del conflicto. Desde comienzos del siglo XV era doctrina admitida la situación cada vez mas miserable de los vasallos de senorio.Los propios oficiales reales aceptaron las iniciativas de los poderosos aunque éstos manifestaran la crueldad mas absoluta en sus actuaciones. Incluso los justicias de Aragón, pertenecientes a la clase de los caballeros, permitieron dicha situacion en beneficio propio y de los de su estamento, pues muchos vasallos lo eran no sólo de la alta nobleza sino tambien de la de segunda fila,mas influyente en ocasiones que la de raigambre.Por otro lado,la mentalización de la clase senorial y la toma de conciencia acerca del peligro que podia representar la propagación de las aspiraciones libertarias de los campesinos unió a la nobleza en un cuerpo ünico de defensa frente al enemigo comün. La perviviencia en el ambiente de un continuo peligro de levantamientos temidos por los senores supuso tambien la maduracion de un ideal de libertades por parte de los vasallos que no llegó a fructificar, aunque, eso si, dejó constancia de una situacion tensa y conflictiva en momentos dificiles para el reino y la seguridad del Estado. A fines de la Edad Media se enfrentaron dos vias de soluciones que buscaban devolver la seguridad y la paz a los ämbitos rurales tanto como sujetar a los vasallos a la gleba con mayor derecho: las disposiciones sancionadas por Fuero -cada vez mas favorables a los sefores- y la represión armada llevada a cabo por las fuerzas reales a instancia de los opresores.Por contra, el espiritu levantisco de los campesinos aragoneses se manifestó desordenadamente y sin el respaldo necesario de la opinión general del reino,consumiéndose en los primeros momentos de desconcierto sin obtener los fines propuestos. Aparentemente, lo que algunos autores han llamado “furores campesinos en Aragon"63 -comparandolos incluso con precedentes franceses o ingleses- no fueron sino anécdotas aisladas motivadas en general por una coyuntura pasajera o por algun hecho sin clara relación con la unidad mantenida,por ejemplo,en los movimientos “remensas” catalanes. Pero de lo que no cabe duda es de la violencia desatada en las escasas pero importantes muestras de esos furores campesinos en el reino,a pesar de que no obedecieron a un programa concreto y homogéneo en todos los casos.Por otro lado,el desconocimiento que tenemos todavia sobre la tipologia,cronologia y'topografia de los levantamientos antisefioriales en Arag6n,nos impide sintetizar el carácter de los mismos en unas objeciones calibradas y totalmente objetivas,intuyendo la existencia de otros muchos casos similares no descubiertos aun en la documentacion por figurar mimetizados en la correspondencia oficial y necesitar, por ello,un análisis exhaustivo de la documentacion disponible asi como un minucioso rastreo de las fuentes oportunas. La actitud reaccionaria del estamento privilegiado en la consideración del problema campesino, manteniendo a ultranza el antiguo equilibrio de sefiores-vasallos, logró a lo largo del siglo XV un reforzamiento del senorio lejos de todo posible relajamiento en los lazos de dependencia mantenidos estrechamente en contra de los sometidos. Pero también los enfrentamientos nobleza-monarquia, que desde el siglo XIII promovieron los poderosos con violencia buscando la participacion activa en la vida politica y publica del reino,repercutirian,al menos indirectamente,en el recrudecimiento del sistema opresivo de los senores con sus vasallos.Las luchas sociales extendidas por Cataluna con garantias de éxito para quienes las provocaron y alentaron afectarian muy poco al territorio aragonés. La huida a tierras de realengo se hizo cada vez mäs dificil y los nobles forzaron la situacion para beneficiarse de la estricta sujeción a la gleba de los siervos; con lo cual, la vieja competencia entre seforio y realengo fue perdiendo poco a poco su actualidad para inclinarse en favor de los senores de vasallos y de sus intereses particulares de clase,evitando asi la despoblación de sus tierras y la falta de mano de obra para la explotacion de los recursos de las mismas. Sobre la ya deteriorada condición social de los vasallos de seforio aragoneses sometidos a la gleba repercutirian la penuria de los tiempos, las ambiciones de los sefores y los negocios politicos de la monarquia en sus intereses peninsulares. En tiempo de Alfonso V(1416-1458) son frecuentes los casos en que algun cortesano ofrecia al rey la cantidad necesaria para que éste pudiera rescatar una baronia o seforio al objeto de que, luego,el monarca se lo revendiera incluso a mayor precio,adquiriendo con ello el interesado la jurisdiccion absoluta sobre el senorio.Esta practica seria frecuente también en época de Juan II (1458-1479),provocando la protesta unanime de los revendidos que sufrian por ello el empeoramiento de su condicion y el aumento de las tasas obligadas al sefor que le permitian recuperar el patrimonio perdido en la compra del senorio. Esta especial circunstancia provocó en ocasiones larguisimos pleitos de dificil solucion, siendo quizä el caso mas duradero aquel que promovido en Ayerbe hacia l492 (estando Fernando II en el sitio de Granada) no finalizó hasta la segunda mitad del siglo XVI, ya con Felipe I164. Pero también la politica internacional de los estados peninsulares produjo a veces situaciones que indirectamente afectaron al deterioro de las relaciones de dependencia entre sefores y vasallos en el territorio aragonés. Asi, por ejemplo, en 1438,el rey de Castilla apresaba al adelantado Pedro Manrique en la ciudad de Valladolid,alterándose con esto todos los lugares que dicho personaje tenia en senorio y achacando a don Alvaro de Luna la dirección de la conspiración contra el mismo.Don Alvaro,por su parte, intentó atraerse las simpatias del rey de Aragón solicitando de Alfonso el Magnánimo su beneplacito para comprar diversos lugares y villas en los reinos de la Corona; lo que permitia paliar en buena medida las necesidades pecuniarias del monarca.El noble castellano mostró especial interés en adquirir la villa de Borja junto con los lugares cercanos, Magallón y Belchite; de forma que,en 1441,Borja y Magallón fueron vendidos por Alfonso V a don Alvaro de Luna, aunque muy pronto volvieron a ser propiedad del monarca aragonés ya que su importancia estratégica en la frontera con Castilla asi lo aconsejaba65. Otros lugares pertenecientes en un principio al rey pasaron a ser posesion de senores laicos primero y eclesiasticos después: como ocurrió con Ainzón, lugar que en la segunda mitad del siglo XV dependia ya del monasterio cisterciense de Veruela,al pie del Moncayo y en las proximidades de Trasmoz66. La frecuente interinidad de quienes eran los titulares de los senorios, que no permitia mantener una linea continua de confianza entre amos y siervos,asi como la arbitrariedad de ciertas actuaciones violentas y crueles de algunos sefores, permiten explicar con claridad la existencia de algunos levantamientos antisenoriales que obedecieron en principio al carácter de oposicion a la tirania senorial,pero que contenian en el fondo un bagaje de lucha de clases más o menos desfigurado en el ambiente rural aragonés,empobrecido y deficitario en casi todo menos en el deseo de romper antiguos lazos de dependencia onerosos y denigrantes para los sometidos a la gleba. Las primeras noticias que poseemos hasta ahora de una seria alteracion del orden por parte de los siervos de la gleba corresponde al afo l439.En esta fecha,los vasallos de don Manuel de Arino se levantan contra su sefor de forma inesperada y violenta. El conflicto surge espontáneamente pero cobra tal rigor que el mismo Zurita no tiene otro remedio que anotarlo con cierto detalle en sus Anales67. El mencionado cronista intenta salvaguardar por encima de todo la personalidad del sefor de Arino -que lo era tambien de Maella, Calaceite,Fabara y Arcos- por ser hijo de uno de los notables mas importantes del reino;y muestra claramente su disconformidad con la revuelta campesina al no justificarla y resaltar, en cambio, la actuacion conjunta de los senores aragoneses en el aplastamiento del movimiento antisenorial. De cualquier forma, la situacion debió de ser grave y represent6 un serio peligro para los intereses de los privilegiados,puesto que,a pesar de los continuos enfrentamientos nobiliares que habian llegado a ser endémicos en el pais,no dudaron en defenderlos unidos frente al enemigo comun en abierta actitud hostil contra los levantiscos. Los vasallos del sefor de Arino llgaron a amenazar el castillo de Maella en el que se habian refugiado su mujer y demäs deudos,corriendo peligro sus vidas y haciendas al hacerse fuertes los sublevados en el lugar de Malaleón. Inmediatamente se puso en accion la represion conjunta de las fuerzas senoriales que hubiesen contado también con la ayuda de los barones catalanes caso de haber sido necesaria.Los sublevados mantuvieron sus posiciones con fuerza, pero, finalmente, los pendones reales fueron enarbolados de nuevo en la torre del homenaje del castillo de Maella,siendo sofocada la rebelion por la ayuda prestada a don Manuel por todos los nobles aragoneses sefores de sus vasallos,que habian acudido a defender la causa de Maella como si se tratara de la suya propia68 . La accion conjunta de los sefores aragoneses contó con el consenso real, lo que permitió infringir graves castigos a los levantiscos por parte de quienes habian reprimido con las armas la sublevacion.La nobleza seforial encontró en estos hechos la justificación del endurecimiento de los lazos de dependencia,estrechandolos todavia mäs hasta limites insospechados. Con ello intentaban evitar la repeticion de unas jornadas que habian hecho peligrar la salvaguarda de sus prerrogativas refrendadas por las leyes del reino. No se trataba, pues,de defender unos derechos particulares de tal o cual senor, sino que eran intereses comunes los que se ponian en peligro si la sedicion prosperaba y se extendia a otros seforios aledanos.De esta manera, los nobles aragoneses fortalecieron su omnipotencia frente a la cada vez mas precaria condicion de los vasallos, sobre quienes repercutirian duramente las consecuencias de los hechos conflictivos acaecidos en determinados senorios sin apelacion a tribunal alguno ni posibilidad de mejorar su situación. En este sentido,ni siquiera el Justicia de Aragón -juez intermedio entre la monarquia y los aragoneses- pudo asumir como suya la causa de los vasallos. En el levantamiento de Maella,el propio Justicia se habia puesto a la cabeza de la represion actuando con tropas reales en favor de los nobles para sofocar la revuelta.Con ello se esfumaba la ultima posibilidad de que los vasallos de senorio fueran defendidos por el juez de contrafuero como el resto de los aragoneses. Pero la tirania de don Manuel de Arino se acrecent6 después hasta el punto de que los habitantes de Maella solicitaron del monarca en 1443 que los librara de la opresión sufrida comprando el mencionado lugar para quedar incorporado al patrimonio real69. A la vez que recababan de Alfonso V que la dicha villa y sus habitantes pudieran usar de los privilegios y libertades que tenian cuando pertenecian a la orden de Calatrava y dependian de Francisco de Arino, padre de su actual senor. Para ello, la universidad de Maella ofrecia al soberano la ayuda econ6mica precisa al objeto de facilitar la compra en el tiempo más breve posible y lograr asi substraerse de la dominación a que estaban sometidos los vasallos del de Arino. A lo largo del siglo XV habra otros levantamientos campesinos,pero,al igual que el de Maella, todos serán abortados rápidamente,incluso aquellos que se revistieron de mayor violencia, haciendo aun mas critica la situacion de los vasallos.Los Fueros del reino agudizarán la situacion y reflejaran tambien el endurecimiento de la condición servil consentida por el monarca segun las indicaciones hechas al respecto por los privilegiados,dispuestos siempre a ofrecer sus servicios personales o económicos al rey a cambio de mantener su status de clase y obtener del soberano la plena jurisdiccion civil y criminal en sus posesiones. En el ano 1442, las Cortes de Zaragoza decretaban las penas contra los vasallos rebeldes que intentasen arrastrar al resto de sus oprimidos compafieros, incurriendo en pena de muerte impuesta por el senor si tenia plena jurisdicción o por el tribunal del rey en caso contrario70. Esta disposicion se reforzaba en las mismas Cortes con otra referencia al rapto o secuestro de los vasallos de senorio que ampliaba otros Fueros anteriores y recordaba constantemente la preocupacion por el peligro que podia representar una concienciación colectiva del campesinado aragonés en sus aspiraciones de libertad71 . En todo caso debia existir en el ambiente una atmósfera de inquietud a raiz, sobre todo,de los graves sucesos de Maella,asi como el clima favorable a la repetición de hechos similares en el medio rural una vez que se habia logrado,al menos durante cierto tiempo,mantener la atencion del reino por unos pocos vasallos declarados en rebeldia. Los Fueros trataban de dejar todos los cabos posibles bien sujetos para evitar cualquier tipo de alteración antiseforial, recordando los derechos absolutos de los senores sobre sus vasallos y los deberes de éstos para con sus protectores. La repetición de revueltas campesinas confirmará la urgencia de las disposiciones adoptadas, pero no hay que olvidar en este punto la efervescencia del campesinado catalan que comenzaba a fraguar futuros acontecimientos en cuanto a busqueda de mejoras juridicas y sociales se refiere. La proximidad de Catalufa y las noticias que pudieron llegar de aquellas tierras llevarian seguramente la inquietud a los senores aragoneses y, tal vez,despertarian las conciencias de los sometidos invitándoles a salir de su olvidado conformismo tanto como de su debilidad economica. Conocemos otra importante revuelta campesina en el ano 1444, apenas unos pocos anos después de los sucesos de Maella. Se trata en esta ocasion del levantamiento de los vasallos del monasterio de Piedra -de la orden del Cister-,dominio eclesiastico de gran interés por su larga tradicion en la historia de Arag6n. En esta fecha, los vecinos de Nuévalos, dependientes del mencionado cenobio,atacaron el monasterio y agredieron a lanzadas a varios de sus monjes, hiriendo de muerte a uno de ellos72.La agresividad sostenida por los vecinos del lugar muestra que la condición de los vasallos era también dificil en los lugares de senorio pertenecientes a los establecimientos eclesiasticos.Pero los hechos que saltan a la actualidad en 1444 tenian precedentes muy claros en anos anteriores. En l441,la reina dona Maria confirmaba los derechos del abad del monasterio de Piedra y la salvaguarda de su proteccion7, para interesarse de nuevo un ano después por los sucesos ocurridos en las tierras seforiales dependientes de este cenobio y los graves incidentes provocados en sus términos por parte de sus habitantes contra los monjes y servidores de la comunidad74 . Los ataques a las propiedades del monasterio fueron repetidos y continuos antes de 1444, alterando la paz de los caminos y tierras de la zona y movilizando a la comunidad asustada por lo que les pudiera ocurrir en un momento dado en que los ánimos se exaltasen mas de la cuenta. Por la correspondencia oficial entre la reina y los oficiales del reino se conoce también el hecho de que grupos armados habian amenazado,en sucesivas ocasiones,a los monjes cuando salian a trabajar sus tierras O a cuidar sus animales; llegando a penetrar en el recinto sagrado con grave peligro para la integridad fisica de cualquiera de los miembros de la comunidad monastica. Pero fue en l444 cuando los acontecimientos cobraron mayor virulencia,pues en esta fecha trascienden con mayor detalle a la documentacion los pormenores de los hechos anteriores y las medidas adoptadas para atajar la rebeli6n. La efervescencia del problema alcanzaria a todos los sectores de la sociedad aragonesa de la época y los aislados incidentes conocidos reflejan algo más que meros sobresaltos debidos a tiranias personales o actuaciones de determinados poderosos.No se puede hablar de un fenómeno de sicosis colectiva en el campesinado aragonés pero si de unas intenciones comunes ante una situacion generalizada que afectaba directamente a buena parte de la poblacion del pais. En el caso concreto de los lugares dependientes del senorio eclesiástico los habia que tenian que pagar constantemente tributos y pechas especiales a sus sefores temporales,aumentando la escasez de recursos de los siervos de la gleba y las dificultades de subsistencia. Asi, por ejemplo,el monasterio de Veruela, también cisterciense,cobraba un impuesto especial a la muerte de sus abades: tributacion de la que no se librarian los vasallos hasta el siglo XVI75.Pero tambien se daba el caso de que algunos tributos especiales podian ser redimidos mediante la entrega de cantidades adelantadas en ocasiones determinadas o por medio de concesiones arrancadas al sefior a cambio de otros tipos de prestaciones. A partir de los sucesos de Maella y de Piedra, mas conocidos que otros de menor envergadura,apenas tenemos conocimiento de rebeliones contra senorios en la segunda mitad del siglo XV.Las noticias son desdibujadas por el propio Zurita,quien desconoce incluso el asalto al monasterio citado. Pero podemos pensar que el silencio que la cuestión campesina atraviesa en el resto de la centuria puede ser debido a los acontecimientos de orden similar -aunque mucho mas graves y duraderos- que mantuvieron la atencion sobre el Principado de Cataluna y su agitacion social, tanto en el ambiente rural como en el urbano. Las fuerzas politicas del reino de Aragón y los intereses de la Corona en general, se entretuvieron en los posibles resultados de los conflictos catalanes, relegando a un segundo plano los negocios del reino. Si el pretendido control senorial deseado en los remensas hubiese podido cuajar en el campo aragonés,la conciencia general de la colectividad del pais hubiese podido arrastrar tambien a las masas campesinas de Aragón en la busqueda conjunta de soluciones para su grave situación. Pero la circunstancia de los senorios aragoneses presentaba una mayor sujeción a la tierra,casi como nunca se habia conocido anios atras, viendo en ello el refugio de los intereses de clase de la nobleza terrateniente aferrada a la estirpe y a sus privilegios. Al carecer de la iniciativa necesaria para adaptarse a los nuevos sistemas de vida social y económica,el noble aragonés,al contrario que el barón catalän,defendió a ultranza su propia decadencia y el inmovilismo de siglos que arrastraba su condicion,aferrándose a lo unico que le permitia conservar cierta autoridad sobre sus vasallos más inmediatos y endureciendo para ello las condiciones de dependencia de la clase servil a medida que el peso de su persona iba perdiendo importancia en el discurrir de los tiempos y en la politica de la monarquia. A fines del siglo XV,la situacion de los vasallos de senorio aragoneses llegaria a extremos dificiles por la repercusión de los sucesos catalanes que distraian la atención de las actuaciones regias buscando la definitiva concordia. La Sentencia de Guadalupe de 1486 cerraba un capitulo importante en la historia del Principado pero no significaba nada positivo para el campo aragonés. Los ecos de los éxitos remensas llegarian amortiguados a este reino y servirian de acicate a los senores para extremar sus precauciones con los vasallos. No hubo tampoco en Aragón una personalidad destacada,que luchara por los intereses de los siervos de la gleba, de la categoria de un Juan Sala, por ejemplo,que animó el movimiento remensa catalán poniéndose al frente de toda una generación sometida brutalmente al seforio76.El escaso poder de la gran masa campesina aragonesa,predominante sobre el resto de la poblacion77, queda reflejado en la ausencia de conflictos de cierta entidad ni aun después de los logros obtenidos por el campesinado catalan. Resulta evidente considerar aqui que la sujeción a la tierra permanecia a fines del siglo XV y comienzos del XVI lo suficientemente controlada como para impedir la repeticion de unos hechos similares a los de Cataluna.La falta de minorias dirigentes evitó que se pudieran canalizar las aspiraciones de los siervos en una lucha continua coronada con la'liberacion del yugo que les amarraba al trabajo. Los escasos movimientos,conocidos todavia hoy con vaguedad, se redujeron a una serie de aislados enfrentamientos contra los detentadores de la riqueza rustica,violentos y sonoros, pero tan efimeros como para no poder contar con el apoyo del resto de los explotados y constituir un frente comun contra las amenazas del enemigo y las leyes del reino. No obstante,a finales de la Edad Media,la opresión seforial volveria a resucitar la vieja competencia entre el seforio y el realengo,abriendo nuevas posibilidades para las ansiadas libertades. Por otro lado, nuevos levantamientos, esta vez menos virulentos, surgian en Ariza, La Almunia,Alquézar, Tamarite,Borja y Magallón: lugares todos ellos de cierta densidad de poblacion y con un buen contingente de menestrales.Estos movimientos favorecerian a determinados sectores agrarios pero sin llegar nunca a despejar decididamente el horizonte de las aspiraciones de los vasallos senoriales. No fueron movimientos exclusivamente rurales los que se dieron en el transito a la Modernidad ni tampoco con un caracter general -como lo habia sido el de los remensas catalanes-,sino ünicamente constituyeron pequenas anécdotas aisladas e inconexas: al menos eso se deduce de los escasos datos que poseemos hasta ahora sobre los mismos. La pésima condicion juridica y social de grandes masas de campesinos aragoneses provocaria algunas revueltas mas en los ultimos anos de gobierno de Fernando el Cat6lico. Asi ocurrió con los campesinos de Monclus que permanecieron en rebeldia durante diez anos (l507-1517); o con los de Ariza, que obligaron a intervenir directamente al rey después de que su sefor, Guillén de Palafox,fuese sitiado en su propio castillo por los vasallos de su senorio,a los que castigó luego en venganza con crueldad y dureza; revuelta que,por otra parte,favoreció la obtencion de la Sentencia de Celada por la que el rey reafirmaba los poderes absolutos de los senores aragoneses, pudiendo éstos sujetar en servidumbre a sus siervos y justificando sus actos violentos en caso de revuelta o incumplimiento de sus obligaciones78. La Sentencia de Celada, avanzado ya el siglo XVI, obtenia resultados contrarios a la homónima de Guadalupe,salvaguardando los privilegios y jurisdicciones de los senores y aplastando definitivamente la condici6n social de los vasallos de senorio sin esperanza de redención. Pero lo fundamental de los movimientos sociales en general,y de los campesinos en particular,esta en saber valorar los resultados positivos o negativos de los mismos,y en el hecho aragonés los resultados definitivos no fueron los inicialmente propuestos ya que deterioraron todavia mas la situacion primitiva de la que partieron. Los escasos levantamientos que conocemos apenas impregnaron las conciencias de sus protagonistas en uno y otro bando de la contienda,por lo que no supusieron cambios minimamente substanciales en la estructura de la sociedad rural del pais.La causa de los vasallos de senorio aragonés careció de intereses colectivos manifestados unanimemente,adoleciendo de capacidad organizativa y del apoyo general entre la clase oprimida.De ahi que se obtuviera el efecto contrario al que se pretendia en un principio sin dejar claros los limites a los que se aspiraba con la violencia desencadenada en determinados momentos y circunstancias. Los siervos de la gleba aragonesa contemplaron de lejos el triunfo de los remensas catalanes, obtenido a base de tenacidad y constancia mediante un proceso continuo y compartido por todos los interesados.. En Arag6n,desaprovechada la ocasion por la negligencia de sus protagonistas y por el desinterés real hacia la causa de los vasallos, la continuacion del dominio senorial produciria un efecto totalmente contrario al del campesinado catalán.La estricta legislacion engrosada cada vez con más medidas de represión oficial y la dureza con que fueron abortados los intentos de sublevación -tan violentos como ineficaces- hicieron regresivas las escasas mejoras logradas en el tratamiento de los campesinos por parte de sus sefores,adoleciendo sus relaciones de toda comprension hacia los oprimidos tanto como de todo inconformismo por parte de los sometidos. La intensificacion del proceso de senorializacion procedia del pacto de los ricoshombres aragoneses con la monarquia en bien de la paz del reino y del equilibrio social de sus elementos integrantes. Equilibrio que debia mantenerse por encima de todo,aun sacrificando para ello los intereses redencionistas de los grupos menos agraciados y de los sectores mas olvidados y reprimidos. Sectores que,en determinados casos, permanecian voluntariamente en su denigrante estado ante la ineficacia de sus intentos levantiscos, justificando su condici6n por los Fueros del reino y la tradicion ancestral. El ejemplo de los vasallos de seforio en la Baja Edad Media aragonesa constituye,pues,una situacion especial ligada intimamente a las estructuras de base del pais y a los desequilibrios sociales del reino.La acentuacion de estos desequilibrios produjo a la larga manifestaciones de odio hacia la clase privilegiada; pero en definitiva no sirvieron más que para el recrudecimiento de las medidas tendentes a garantizar el equilibrio de los diversos órdenes de la sociedad medieval. De esta manera,los sefores recuperaron la fuerza de su opresión,ejerciendo sobre sus vasallos indefensos el peso de su autoridad directamente y sin compromisos con las demas autoridades del reino.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Gonzalo Fernández de Heredia: retazos de una biografía política
GONZALO FERNÁNDEZ DE HEREDIA: RETAZOS DE UNA BIOGRAFÍA POLÍTICA. GONZALO FERNÁNDEZ DE HEREDIA: EXCERPTS OF A POLITICAL BIOGRAPHY. Eduard Juncosa Bone t Universidad Complutense de Madrid. Resumen: Miembro de uno de los más relevantes linajes del reino de Aragón, Gonzalo Fernández de Heredia se erigió como un personaje clave en su época. Más allá de los distintos beneficios y cargos de relevancia que va a ir acumulando a lo largo de su carrera eclesiástica, fueron sus grandes dotes políticas y diplomáticas las que le hicieron despuntar sobremanera. Desde bien pronto se granjeó el favor de los reyes, cuyos encargos —muy a menudo misiones delicadas y de gran complejidad— le permitieron asistir en primera persona a algunos de los hechos históricos más determinantes que se vivieron en la convulsa Europa coetánea. Sin embargo, a partir de un determinado momento, se produjo un punto de inflexión que cambió por completo su fortuna, hasta el punto de acabar sus días apartado del mundanal ruido y completamente arruinado. Para comprender tal evolución, el presente artículo pretende incidir en al. Abstract: Gonzalo Fernández de Heredia, member of one the most noteworthy lineages in the Kingdom of Aragon, became a key figure during that period. Whilst he accrued many benefits and assumed some important roles throughout his ecclesiastical career, it was because of his political and diplomatic skills that he stood out. From the very onset he gained the trust of kings whose assignments —missions often characterised by their sensitive nature and great degree of complexity— allowed him to live first-hand through some of the most decisive historical events that a tumultuous contemporary Europe has ever encountered. However, there came a time when there was a turning point which completely changed his fortune, to the extent that he spent his latter days away from the worldly noise and became totally impoverished. In order to gain an understanding into how this came about, this article aims to comment on some of gunos de los principales hitos de una biografía intensa y fascinante a caballo entre dos épocas. Palabras clave: Gonzalo Fernández de Heredia, obispo de Barcelona, arzobispo de Tarragona, embajador, diplomacia, poder temporal, poder espiritual, Corona de Aragón, Santa Sede, Reino de Nápoles, siglo xv, siglo xvi. the main milestones of an intense and fascinating biography which strides between two periods. Key words: Gonzalo Fernández de Heredia, Bishop of Barcelona, Archbishop of Tarragona, Ambassador, Diplomacy, Temporal power, Spiritual power, Crown of Aragon, Holy See, Kingdom of Naples, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ Century, $1 6 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. Ilustró à Tarragona don Gonçalo de Heredia varón sabio, piadoso, magnánimo, valiente, generoso, eloqüente, y de la fama el cabio felizmente blasona, que fue eterna alabança de Helicona y glorioso mecenas de los que veneraron las Camenas. Y quando en Roma el docto caduceo moderó blandamente, fue museo y alvergue de cultíssimos varones que añadieron esmalte a sus blasones. Dígalo Juan Bautista Mantuano que fue favorecido de su mano, sus virtudes y letras admirando, y tantas embaxadas numerando, de Don Juan el segundo, y de su hijo, el ínclyto Fernando, cuyo genio facundo, mostró el caudal profundo, y mostró la eloqüencia con realces subidos de prudencia, porque obscurece mucho la elegancia, si la ofuscan las sombras de arrogancia. Y aunque nacido en Mora, pudiera ser Alumno de la Aurora, y en sus doctos y cuerdos resplandores se ve toda la luz de sus mayores. (J. F. Andrés de Uztárroz, Aganipe de los cisnes aragoneses, 1652, f. 205r) 1. Los Heredia: un ilustre linaje aragonés1 1.1. El ascendiente familiar. Alrededor de 1450, muy probablemente en el castillo de Mora de Rubielos, nacía Gonzalo Fernández de Heredia, hijo segundogénito de Juan Fernández de Heredia, olim don Gonzalo de Heredia (gobernador de Aragón y señor de las baronías de Fuentes de Ebro y Mora de Rubielos), y Juana de Bardaxí y Pinós, fruto del matrimonio entre Juan de Bardaxí y Ram (camarlengo del rey Alfonso el Magnánimo y señor de las baronías de Zaidín de Cinca, Osso de. Cinca, Antillón, Pertusa, Castelflorit, Monevas y Letux) y Beatriz Castro de Pinós (noble dama catalana).2. Los Heredia tomaron el nombre del castillo homónimo sito en la provincia de Álava, que poseyeron en señorío. El origen del linaje en Aragón, perteneciente a la nobleza de sangre, parte de Lorenzo —o García— Fernández de Heredia (señor de Zurita), cuyos hijos —Blasco Fernández de Heredia (Justicia Mayor de Aragón) y Juan Fernández de Heredia (gran maestre de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén)— se convirtieron en los genearcas de las dos principales líneas establecidas en el referido reino, entre las que se produjeron grandes pleitos y luchas de bandos. El personaje que centra nuestra atención era uno de los tataranietos del fundador de la que se conoce como «rama de los condes de Fuentes»,3 en contraposición con la «rama del Justicia de Aragón», a la cual perteneció el arzobispo de Zaragoza asesinado durante el Interregno (1411), García Fernández de Heredia, así como los señores de los Fayos, Aguilón y Botorrita (García, 1915: 193-195). Fijándonos en la línea dinástica que más nos interesa, el miembro que la inauguró, Juan Fernández de Heredia, no está claro si estuvo casado antes de ingresar como caballero en la Orden hospitalaria o si, habiéndolo hecho, tuvo como amantes a más de una mujer (Fantoni, 2002: 49-50). Sea como fuere, de dichas relaciones nacieron cuatro hijos que fueron legitimados en 1360,4 entre ellos Juan Fernández de Heredia, que contrajo matrimonio con Constanza Tramaced y cuyo heredero Juan, llamado ‘el póstumo’ falleció sin sucesión. Tal situación fue prevista en las disposiciones testamentarias de su padre, quien estableció que pudiera heredar sus títulos y dominios el mayor de los hijos varones de sus hermanas, imponiendo la obligación al que le sucediera de llamarse Juan y llevar las armas de los Heredia. Así fue como el dominio familiar pasó a manos del primogénito de Teresa Fernández de Heredia y Gil Ruiz de Liori (señor de Cascante y Gobernador de Aragón), Juan Fernández de Heredia (alias Gil), casado en tres ocasiones. De su primer matrimonio con María Ximénez de Arellano no tuvo ningún descendiente; el segundo enlace lo efectuó con Toda López de Gurrea, cuyo hijo Juan murió sin sucesión, por lo que el linaje lo perpetuó el hijo varón que nació de su tercera esposa, Marquesa de Heredia, Juan Fernández de Heredia (alias Gonzalo). De su matrimonio con Juana de Bardaxí y Pinós nacieron, entre otros hijos, Juan y Gonzalo, el personaje central de esta historia. Figura 1. Árbol genealógico de Gonzalo Fernández de Heredia. (Elaboración propia). 1.2. La fidelidad a la Corona. Fue enorme el influjo que el gran maestre Juan Fernández de Heredia — una de las figuras culturales más eminentes de la segunda mitad del siglo xiv hispánico— ejerció sobre Pedro el Ceremonioso y su hijo Juan, junto a quienes, al margen de la amistad que les unía, actuó como uno de sus consejeros políticos de mayor habilidad y erudición, erigiéndose como un firme apoyo de la causa realista frente a la de los unionistas. De hecho, jugó un papel determinante para atraer a los Luna hacia el bando del monarca, lo que resultó decisivo para el desenlace final a su favor (Sarasa, 1999: 10-11); asimismo, también colaboró activamente en la defensa de Mallorca y en la guerra contra Castilla, entre otros muchos ejemplos.5. Una vez extinguida la dinastía barcelonesa de los soberanos de Aragón, Juan Fernández de Heredia Liori (olim Gil) se convirtió en un ferviente defensor de la causa del infante don Fernando de Antequera, regente de Castilla, y combatió al ricohombre Antón de Luna, señor de la baronía de Alomacid, por haber encabezado la cuadrilla que dio muerte a su pariente, el arzobispo cesaraugustano García, forjándose la amistad y el favor de los primeros monarcas Trastámara (Fantoni, 2002: 52). Lo mismo puede afirmarse del hijo de su tercer matrimonio, Juan (olim Gonzalo), quien, durante las luchas entre Juan II y su hijo y heredero, don Carlos, tomando partido por su rey y señor natural, hizo prisionero al malogrado príncipe de Viana y de Girona, y se convirtió en su guardián (Fantoni, 2002: 53); o de su nieto Juan, persona fidelísima al rey de Aragón y a su hijo Fernando durante el conflicto civil catalán (1462-1472), a quien su hermano Gonzalo — en cuya figura nos centraremos a partir de este momento— debe su fulgurante ascenso desde sus primeros servicios como camarero del Pilar de Zaragoza y comendador del monasterio de Veruela (Fernández de Córdova, 2009: 161-162). 2. El periplo vital de Gonzalo Fernández de Heredia, el «Alumno de la Aurora» 2.1. La carrera eclesiástica y diplomática. Poco o casi nada conocemos de los primeros años ni de la educación de Gonzalo Fernández de Heredia, el hijo destinado a la vida eclesiástica.6 Sin embargo, sí que hay constancia de que, en noviembre de 1473, el rey Juan II decidió promoverle a la sede de Segorbe-Albarracín alegando su nobleza, buena vida y formación intelectual frente al candidato propuesto por el papa Sixto IV, Bartolomé Martí, estallando un conflicto con la Santa Sede que no se resolvió hasta varios años más tarde, cuando Fernando el Católico optó por cejar en su empeño a cambio del pago de una indemnización para su protegido que ascendía a 20.000 sueldos de pensión (Fernández de Córdova, 2009: 162). A fines del año 1474, el rey Juan envió a Roma a Gonzalo como su procurador, dándole poderes para que prestase la debida obediencia al Sumo pontífice —la cual se pospuso unos meses para hacerla coincidir con la de sus hijos— y con el cometido de resolver ciertos asuntos que afectaban a los príncipes Fernando e Isabel, convertidos ya en reyes de Castilla.7 Desde este momento, Gonzalo Fernández de Heredia pasó gran parte de su vida en la península itálica, vinculado al servicio de los reyes y actuando como uno de sus primeros embajadores permanentes en Roma. De entre los múltiples encargos que recibió en estos primeros tiempos, cabe destacar la comisión de la que formó parte en ayuda al rey de Hungría contra los turcos; asimismo, acompañó a Juana de Aragón, hermana de Fernando, a Nápoles para contraer matrimonio con el rey Ferrante I;8 asistió a la boda de Beatriz de Nápoles con el rey Matías Corvino de Hungría; negoció distintos asuntos eclesiásticos, tales como varias provisiones o la resolución de los conflictos suscitados por la sede de Zaragoza y Segorbe; y también actuó en defensa de los intereses reales en asuntos tan graves como la guerra con Portugal (Fernández de Córdova, 2009: 162; Cabré, 1983: 309).9. Como recompensa por todos los servicios prestados, y a pesar de que solo había recibido las órdenes menores, Gonzalo de Heredia fue promovido al obispado de Barcelona en 1478, siendo su nombramiento confirmado por parte del papa previo arreglo con el cardenal Rodrigo de Borja, quien también pretendía la sede (Fernández de Córdova, 2009: 162). Finalmente, tomó posesión de dicho obispado el 8 de junio de 1479 por medio de un procurador, el prelado de la sede de Mallorca Diego de Avellaneda (Salicrú, 2003: 260).10. Desde el inicio del reinado de Fernando II, Gonzalo de Heredia es presentado como uno de sus consejeros, llegando a alcanzar el cargo honorífico de canciller, como puede comprobarse en distintas cartas donde se alude a él como «regio cancellario et consiliario». En estos momentos, la familiaridad y la buena relación con el monarca resulta más que evidente, a pesar de que empezaron a surgir tensiones relativas a cuestiones beneficiales que fueron agravándose con el paso del tiempo.11. A la par que se iba afianzando la confianza en sus dotes políticas, la actividad diplomática del prelado se intensificó todavía más a lo largo de la década de los años $^ { \circ } 8 0$ del siglo xv . Así, en octubre de 1482, fue enviado ante el papa como orator regis Castellae con objeto de reprocharle su escasa solicitud por llegar a la pacificación durante la «crisis de Ferrara». Puesto que finalmente se alcanzó dicha paz antes de acabar el año, Heredia no se vio obligado a mostrar los poderes que le habían sido concedidos para ordenar el abandono de la ciudad a los súbditos residentes en ella si no se producía. Asimismo, volvió a actuar como mediador en el conflicto surgido en 1485 entre el pontífice y el rey Ferrante de Nápoles, interviniendo como testigo en los acuerdos firmados a mediados del año siguiente. Del mismo modo, gestionó, por encargo real, varios negocios eclesiásticos, tales como la renovación de la bula de cruzada, la obtención del Regio Patronato y la solicitud de los maestrazgos de las Órdenes Militares (Fernández de Córdova, 2009: 162). A pesar de la ausencia de su diócesis, el obispo se preocupó de que se respetaran sus derechos desde Roma, desentendiéndose de los intentos reales por imponer el pago de un subsidio al clero barcelonés y logrando algunas gracias especiales, como la indulgencia plenaria en la fiesta de santa Eulalia o la facultad de nombrar confesores para pecados reservados. En paralelo, fue firme el apoyo que brindó al soberano en la introducción de la Inquisición moderna, y son distintas las muestras que reflejan su preocupación por la reforma del clero, exigiendo, mediante varias Constituciones, una mayor rectitud moral (Cabré, 1984: 38-40; Fernández de Córdova, 2009: 162). Antes de finalizar la década, y tras el fallecimiento $- \mathrm { e l } 9$ de septiembre de 1489— del arzobispo de Tarragona y patriarca alejandrino, Pedro de Urrea, el papa Inocencio VIII expuso a los Reyes Católicos su deseo de que dicha sede recayese sobre Gonzalo Fernández de Heredia,12 a lo que los monarcas accedieron, «considerados vuestros merecimientos y los servicios a nós fechos».13 De todas formas, antes de hacerse efectiva la promoción y el traslado, los soberanos impusieron algunas condiciones que debía aceptar el prelado. Los encargados de informarle y negociar con él fueron los obispos de Badajoz y Astorga, quienes recibieron instrucciones especiales por parte del rey Fernando sobre tal provisión: Reverendos obispos de Badaioz y de Astorga, mis procuradores en corte de Roma y del mi conseio. Por la otra, que será con la presente, entenderéys mi voluntat sobre las promociones e provisiones de las yglesias de Tarragona e Barchelona e sobre lo al dependiente dellas. Esta será por reduciros a memoria lo que del real de Baça vos hovimos scrito, embiándovos cierto apuntamiento fecho con don Pedro de Urrea sobre lo de la sal de Yviça y jurisdicción de Tarragona, al tiempo que, por renunciación del patriarca, scrivíamos en su favor por el dicho arçobispado, y recuérdanos que en la respuesta que sobrello nos fezistes dezíades en suma que, viniendo esto a noticia del obispo de Barchelona don Gonçalo Ferrández de Heredia, desseando él haver esta iglesia de Tarragona, vos hoviera dicho ser muy contento de fazer él el mismo asiento y concordia. E por quanto esta es cosa que mucho satisfaze a él y a qualquiere que haya la dicha dignidat, porque diferencia grande hay de recebir la renda en una isla y en cosa en que algunas vezes es cierta y otras incierta a recebirla en el mismo principado de Cathalunya, adonde stá situada la dignidad, en demás que ge la faré dar en censales sobrel General, que es renta muy segura y cierta, y se pagan las pensiones día adiado, y se le dará ahún alguna vantaja, como se suele fazer quando se conmutan semejantes rendas ecclesiásticas; y también le cumple mucho lo de la jurisdicción de Tarragona, porque della no reciben provecho alguno los arçobispos y, siendo mixta la jurisdicción como es, siempre hay contenciones y diferencias entre los vegueres real y del arçobispo por donde se siguen, de continuo, enojos y molestias, los quales algunas vezes son causa de inquietut y turbación al arçobispo, porque las tales cosas suelen llegar a noticia de la dignidat real, señaladamente quando se fazen en derogación de su real preeminencia; ca por privilegios parece claramente los de Tarragona no ser vassallos de la yglesia, antes ser vassallos reales, y no tener el arçobispo en la dicha ciudat salvo su spiritualidat y la mixtura daquesta jurisdicción; y a esta causa no es que no les recrezcan dello contenciones y enojos, por evitar los quales es muy expediente a los arçobispos dexarse desta jurisdicción y recebir alguna poca compensa por ella, pues es poca o ninguna la utilidat que della se recibe y son, como dicho es, muchas las molestias que por causa della se le siguen. Por ende, luego que recebiréys este despacho, antes de dar las cartas a nuestro muy Santo Padre, ni negociar cosa alguna sobrello, fablaréys con el dicho obispo, dándole nuestra carta de creencia y acordándole lo que sobresto vos hovo dicho segund que nos lo screvistes, y que pues son cosas que más cumplen al benefficio e utilidat de la dignidat archiepiscopal que al servicio nuestro las faga e otorgue; y dándovos palabra de lo así fazer, con el presupuesto, empero, de la auctoridat apostólica, entenderéys luego en suplicar por su promoción y por todas las otras cosas dependientes della como más extensamente veréys por las dichas nuestras cartas a que nos refferimos; y de lo que sobre todo ello fiziéredes, nos dares luego aviso. Dada en Sevilla, a VII de Mayo de LXXXX años. Yo el Rey.14. A pesar de todo lo expuesto, en un instrumento posterior emitido en idéntica fecha, el rey Fernando el Católico establecía que si «por ventura, el obispo de Barchelona fiziesse alguna dificultat en el artículo de la jurisdicción de Tarragona, lo que no creemos […], todavía insistiréys con él, quanto se pudiere para que lo faga […]; pero en el caso que todavía no quisiesse recaher en lo de la jurisdicción, me plazerá que, sin ello, se faga su promoción».15 A pesar de no poderlo demostrar documentalmente, teniendo en cuenta el estallido de diversos choques de índole jurisdiccional por el dominio temporal de Tarragona, a los que aludiremos más adelante, lo más probable es que Heredia solamente aceptara la condición sine qua non de renunciar a los derechos vinculados a las salinas de Ibiza.16. Dejando a un margen los detalles específicos de la negociación que nos son desconocidos, lo que sí sabemos es que el nombramiento surgió efecto el 13 de junio de 1490 mediante unas bulas dictadas por el papa Inocencio VIII, las cuales, pocas semanas después, el rey Fernando ordenaba que se ejecutaran y cumpliesen: […] Cum sanctissimus ac beatissimus dominus noster Innocencius, papa octavus, suis cum apostolicis bullis, cum eis quibus decet solempnitatibus expeditis, providerit de Ecclesia sive Archiepiscopatu Tarraconensi in personam reverendi in Christo patris et dilecti consiliarii nostri Gundisalvi Ferrandez de Heredia, olim episcopi Barchinonensis, vacante iam dudum obitu reverendi in Christo patris Petri de Hurrea, quondam patriarche Alexandrini, qui illum ultimus possidebat, ut in ipsis apostolicis bullis, ad quas nos refferimus, hec et alia difusius continentur; velimusque apostolice dispositioni conformes nos reddere necnon ad humilem ipsius Gundisalvi Ferrandez suplicationem, tenore presentium, de nostra certa scientia, deliberate et consulto, requirendos ex vobis requirimus et monemus, ceteris vero officialibus nostris et personis, ad quos et quas spectet, dicimus, precipimus et iubemus expresse sub nostre gratie et amoris obtentu penaque florenorum auri quinque milium nostris inferendorum erariis, quatenus prementionatis bullis apostolicis, diligenter inspectis, eas et omnia et singula in illis contenta exequamini et compleatis, exequique et compleri faciatis.17. Al igual que se había producido tras su nombramiento como obispo de Barcelona, también en este caso tomó posesión de la nueva sede metropolitana a través de su procurador Pere Vinyes, el 22 de septiembre del mismo año.18 Mientras estuvo ausente de la diócesis, el obispo de Nicópolis (Asia Menor, in partibus infidelium19), Lorenzo Pérez, actuó como auxiliar. En julio de 1492, tras el fallecimiento del papa Inocencio, el Colegio cardenalicio le otorgó el mando de la guardia del cónclave que eligió a Rodrigo Borja como sumo pontífice. Ambos habían gestionado conjuntamente diversos asuntos hispánicos y, según el embajador de Florencia, el cardenal valenciano recibió el apoyo de Gonzalo Fernández de Heredia en Ascoli para desbaratar la candidatura de Giuliano della Rovere. Probablemente, todo ello sirva para explicar el nombramiento como gobernador de Roma que Heredia recibió de Alejandro VI poco después de su acceso al pontificado (Fernández de Córdova, 2009: 163).20. Dicho cargo lo desempeñó durante dos años, en el transcurso de los cuales, los Reyes Católicos le otorgaron la presidencia honorífica de la embajada que prestó la obediencia al nuevo papa a mediados de 1493,21 y tuvo que emplearse a fondo con el fin de lograr la reconciliación entre el pontífice y Ferrante de Nápoles para acallar las pretensiones del rey de Francia sobre dicho trono. A pesar de lograrse la paz, no pudo evitarse la invasión francesa una vez fallecido el monarca partenopeo y ante la debilidad de su heredero Alfonso II, motivo por el cual Fernando el Católico optó por enviar a Heredia, persona de conseio y autoridad, 22 junto a su hermana Juana, la reina viuda de Nápoles, tras haber solicitado al papa el permiso para su traslado desde la corte romana: Reverendo in Christo padre arçobispo de Tarragona del nuestro conseio. Porque nós querríamos que la sereníssima reyna de Nápoles, nuestra hermana, stoviesse acompañada e tuviesse cabe sí alguna persona que mirasse por sus cosas, conociendo vuestra abilidad y la afección que tenéys a nuestro servicio, havemos acordado que vays vós star con ella. Por ende, nós vos rogamos y encargamos que luego vays star en servicio de la dicha reyna, nuestra hermana, e la sirváys en todo lo que os mandare, tanto tiempo como ella quisiere, e miréys mucho por todas sus cosas, segund de vós confiamos. […] Ca a nuestro muy Santo Padre screvimos, suplicando a Su Santidad que os dé licencia para yr y star allá todo el tiempo que quisiere la dicha reyna, nuestra hermana, y speramos que así lo fará. Y quando seréys en Nápoles, screvirnos éys de continuo de todas las cosas de allá.23. El consejero y canciller del rey cumplió fielmente con su cometido, dando sobradas muestras de sus habilidades, e informó regularmente, tal como se lo había pedido el propio monarca, de las novedades que iban acaeciendo. Una de las misivas más interesantes que han perdurado hasta nuestros días es la que sigue: Las señoras Reinas, vuestra hermana y sobrina, Señor, están, […] Nuestro Señor, sanas, muy ocupadas en devociones andando por estas iglesias; cada dya, no sin mucha fatiga, tienen, Señor, hartos trabajos y no pequeños, y no de una suerte, mas de diverssas, de manera que puedo dezir a vuestra Magestat: «Domine far nobis secundum multitudinem misericordie tue», lo qual han menester tanto, sereníssimo Señor, que dezir no se puede. Yo, en lo que puedo, señores, sirvo a sus altezas quanto a mí es posible, y continuaré mientre vida tenga, pues tanto lo devo a vuestra Magestat, cuya vida y real estado Nuestro Señor […] con mucho contentamiento, como es deseado por su muy cathólica real persona. De Nápoles, a XVI de Junio [1494]. Muy humil siervo que sus reales manos besa, el Arçobispo de Tarragona.24. Por su parte, la reina Juana también dio puntuales noticias a su hermano de los buenos servicios prestados por su protector, solicitándole algunas gracias como recompensa por el apoyo recibido, sobre todo desde el momento en que se vieron obligados a abandonar Nápoles y a transferirse, temporalmente, a Mesina para garantizar su seguridad personal: Sereníssimo Señor. Por mossén Çapata, que aquá vino por mandado del Papa, entendí vuestra Alteza havía supplicado a su Santidat diesse una reserva al arçobispo de Tarragona, por lo qual yo beso a vuestra Magestat las manos, ca soy obligada tanto al dicho arçobispo por su virtud, merecimientos y muy relevados servicios que me ha fecho, y en special en este desbarate y salida de Nápoles, que todo bien y honra que le viniere holgar e tanto que dezir no lo podría e yo no tengo de cansar en procurárgelo. E porque vuestra Alteza sabe quántas veces le tengo supplicado con mis cartas me hiziesse merced señalada de proveer que la pensión que de su arçobispado haze al illustríssimo arçobispo de Çaragoça, mi sobrino, le sea quitada y conozco tiene gana de hazerle mercedes, pensé con la presente supplicarle, quan humilmente puedo, provea que la dicha reserva sea para·l dicho arçobispo de Çaragoça y el de Tarragona sea exempto de la dicha pensión, porque me ha significado estimara más tener su arçobispado quito y sin responsión alguna que si otra dignidat de doblada renta se le diesse, y esto, otra vez, quan strechamente puedo, lo supplico a vuestra Alteza, porque sea merced, entre otras que me ha fecho, recíbase por muy precipua y señalada. Y el ques Todo Poderoso la vida de vuestra Alteza y de sus fijos con su reall stado por luengos tiempos guarde y acreciente con aumento de reynos y señoríos como por su real […] y por mí es desseado. En el palacio de la noble Ciudat de Mecina, a XXVIII de Mayo M CCCC LXXXXV.25. La súplica de la reina viuda —a quien el prelado cuidaba «como fija»—, fue atendida por el soberano, aunque no lo hiciera exactamente como su hermana se lo pedía, sino que trasladó directamente la solicitud al papa, evitando así perjudicar a su hijo natural, el arzobispo de Zaragoza.26. Desgraciadamente, poco se conoce todavía de la actuación de Heredia en la turbulenta corte napolitana y resulta muy complejo valorar su actuación en la crisis sucesoria de 1496 que desembocó en la entronización de Federico I, contra la voluntad de Fernando el Católico.27 El hecho de que estuviese presente en el séquito del nuevo soberano el día de su proclamación podría indicar su apoyo a la dinastía autóctona, que finalmente fue reconocida por los agentes diplomáticos y militares del rey Católico. Gonzalo Fernández de Heredia acompañó a Federico en la campaña punitiva contra el marqués de Saluzzo y entró en Nápoles, junto al Gran Capitán, tal y como se puede observar en las ilustraciones de la crónica partenopea editada por Ricardo Filangieri. Paralelamente, la relación con el rey Fernando se veía afectada por los forcejeos derivados de distintos asuntos judiciales y beneficiales (Fernández de Córdova, 2009: 163). Poco antes de acabar la década, el monarca aragonés ordenó al arzobispo que acompañara a su hermana hasta Castilla: «vino a Granada en el mes de Julio de dicho año [1499], donde entonces estaba la corte, donde le ficieron honrado recibimiento el Rey, su hermano, y la Reyna» (Genovés, 1947: 44- 45). Así fue como se inauguró una nueva etapa en la vida del protagonista del presente relato.28 2.2. Un importante punto de inflexión. Pocos meses después de haber vuelto de los estados italianos, el 21 de septiembre de 1500, se celebró en Tarragona la ceremonia del primer ingreso del arzobispo en su archidiócesis, recibiendo del municipio un donativo de 1.000 florines (Morera, 1955: 26). Desgraciadamente, a diferencia de la mayoría de los prelados que le antecedieron y le sucedieron en la dignidad, las actas municipales no nos aportan información alguna sobre los festejos que se celebraron en tal ocasión.29 De todos modos, disponemos de breves noticias relativas a algunos de los gastos en los que incurrió el cabildo catedralicio: Ítem, a XXII de dit mes paguí a dit mestre Pere per dos jornals féu fena en la Seu per a la entrada del reverendíssimo señor Arquebisbe don Gonçalbo de Heredia el qual, aprés de haver ·X· anys era arquebisbe, entrà novament a XXI de dit mes e a […] rostoll per enramar lo chor e per enjuncar la Seu e fer lo portal de rama derrera lo chor […] per tot: I ll III s VI. Ítem, a XXVI de dit mes, paguí a mossèn Pere Rovira, mossèn Miquel Gibert per encendre lo canalobre XIIII enceses e per spolsar e netejar lo canalobre per a la entrada del senyor Arquebisbe: ll VI s. Ítem, a X de dit mes, paguí a mossèn Pere Mattheu, porter de chor, per sonar los senys a ·V· festes, ço és, la Transfiguratio, Nostra Dona de agost, sent Agostí, sancta Maria de Setembre, sancta Thecla, a XII s per quescuna sumen III ll; e XVI s per sonar quant entrà lo senyor Arquebisbe.30. Apenas un mes más tarde, el prelado convocó una reunión capitular con objeto de justificar los motivos de su prolongada ausencia en la sede, resumiendo algunos de los principales acontecimientos a los que hemos estado haciendo alusión. Asimismo, anunció que, por todas las turbaciones padecidas, había tenido que hacer frente a gastos considerables, contrayendo para satisfacerlos cuantiosas deudas, por lo que pretendía transferirse al monasterio de Sant Miquel de Escornalbou, un lugar apartado donde poder restablecer su salud y sobrellevar mejor sus cargas y obligaciones,31 por lo que solicitó a los miembros del cabildo que le tuvieran por excusado: Die veneris, XXXª mensis octobris anno predicto a Nativitate Domini Millesimo quingentesimo, fuit convocatum capitulum, in quo fuerunt congregati sequentes: Reverendissimus dominus Gondissalvus, modernus Archiepiscopus […] omnes canonici huiusmodi Ecclesie capitulariter convocati et congregati. Quibus omnibus sich congregatis, predictus reverendissimus dominus Gondissalvus, modernus Archiepiscopus qui hanch civitatem ingressus extitit in die sancti Matey, mensis proxime decursi, veniens de partibus Ytalie per viam Castelle, mare transiendo, in qua die solemne festum primi sui ingressus solemnitzatum fuit ut moris est, hach die ingressus fuit huiusque capitulum de sui mandato convocatum in quo gratulando se [cum] prefatis capitulantibus raciones exposuit iustificando eius tam t[ar]dum adventum et inquit: Cum promotus fuit in Archiepiscop[atum] huius Ecclesie, sanctissimum dominum nostrum Alexandrum papam sextum […]um Gubernacionis alme urbis Rome eidem comisis se que [du]xit multo tempore de inde dimisso ipso gubernacionis officio [de m]andato serenissimi et potentissimi domini nostri Regis Ferdi[na]ndi Yspaniarum et de consenssu eiusdem domini nostri pape se transtulisse erga Nehapoli, in servicium Regine Nehapolis vidue, ipsius Yspaniarum regis sororis et iermane quam oportuit deservire in universis turbacionibus hiis temporibus illich tan manifestissime sequentis, quas pre dolore referre minime decrevit, denunciavit antem ex predictis et aliis quam plurimas expenssas et damna sustintuisse et pluribus creditoribus obnoxium fore in nonnullis pecunie quantitatibus quare intendit se transferre et morem trahere apud monasterium Sancti Michaelis Cornubovis ut levius poterit ad se sublevandum ab eius oneribus et obligacionibus petens et rogans habeant eum excusatum. Nam Reverendus episcopus Nicopoli in eius personam officia pontificalia et omnia ad ipsum spectancia ut actenus fecit deo duce in antea administrabit et faciet. Et insuper petiit et rogavit eosdem capitulantes ut pro suo servicio placeret eis liberaliter erogare et concedere fructus in absencia cuidam ex […] de Capitulo ibidem convocatis illi videlicet quem elegerit [ipse] dominus Archiepiscopus mittere Ytaliam pro suis negociis per agendis quod admodum eidem expedit ut aparet.32. A partir de entonces, pues, el arzobispo Heredia pasó a residir entre el monasterio de Escornalbou y Barcelona, desde el momento en el que fue elegido diputado del brazo eclesiástico en la Diputación del General de Cataluña. Ello sucedió en 1504, cuando la muerte del canónigo Ferrer Nicolau de Gualbes i Desvalls obligó a realizar una nueva extracción, la cual tuvo lugar el 11 de marzo. Gonzalo Fernández de Heredia juró el cargo un mes y medio más tarde, como hacen patente los Dietaris de la Generalitat (Salicrú, 2003: 259).33 El propio prelado va a explicar los detalles de su estado de salud y del viaje a la ciudad condal, así como de la fiesta de recepción que pidió cancelar por la concurrencia con las celebraciones de la solemnidad de san Jorge, o del juramento prestado en su acceso al cargo con estas palabras dirigidas a los capitulares de la catedral de Tarragona: Venerabiles viri et fratres amantissimi. La primera cosa serà certificarvos de nostra salus y convalecència, la qual, per gràcia de Nostre Senyor, ha de contínuo millorat des que partí de aquí, e lo temps en lo camí nos fon molt favorable. Per alcuns bons respectes, escusàrem la molt honrada recepció que·s preparava per a nostra entrada. Lo jurament acostumat fon prestat per nós la vigília del benaventurat senyor sant Jordi, ab molt plaer e congratulació de nostres condiputats e dels altres entrevenints. Aprés, fins huy, havem assistit en festivar lo dia del dit benaventurat sant ab la solemnitat acostumada. Huy, havem començat portar lo jou de la negociació per satisfer al dit jurament, lo qual és no de poca importància. Plàcia a Nostre Senyor que, per lo medi de vostres oracions, nos faça gràcia e pugam donar bon compte de aquesta administració, per lo bé de la justícia e per la conservació y augment de la república de aquest Principat. Bene valete. Dat[se·n] Barcelona, a XXIIII d’abril M D IIII. Gundisalvus Archiepiscopus.34. Tampoco al finalizar el trienio en que actuó como diputado del General se instaló el arzobispo en la capital de su diócesis, sino que residió entre los castillos de La Selva y de Valls, en el Campo tarraconense. De hecho, ni siquiera ofició las misas pontificales del calendario litúrgico, puede que debido a unos problemas de salud que ya le habían impedido asistir al enlace de Fernando el Católico y Germana de Foix: MDVIII […] Ítem, pos en rebuda cinquanta liures, les qualls reben dits comuns de la mesada de juny per les sinch misses pontificals, ço és, lo die de sanct Esteve, l’endemà de Nadal, e lo segon die de Pasqua de Resurreció, e de Pentecosta, e lo die sanct Angostí e sancta Tecla, emperò no dihent missa lo senyor Arquebisbe en persona, les reben dits comuns.35. En cualquier caso, y a pesar de su retiro, el arzobispo atendió los asuntos más urgentes en la administración de la archidiócesis y del señorío que copresidía, tales como la búsqueda de alimentos para hacer frente a las recurrentes hambrunas, a las epidemias que tantas muertes generaban,36 a la alarmante despoblación de Tarragona, o a las tensiones surgidas en el seno del cabildo, así como entre la ciudad y varias localidades circundantes.37 Del mismo modo, impulsó las obras de la catedral, promoviendo la elaboración de sus espléndidas puertas (Figura 1), la construcción del órgano de la capilla de los Sastres, así como la instalación del reloj y la colocación de la gran campana de las horas, llamada Capona (Morera, 1955: 67-68; Blanch, 1985: 124). Durante su arzobispado, se reactivó la actividad inquisitorial38 y floreció la vida cultural y litúrgica archidiocesana, pues se preocupó por la vitalidad de las escuelas, enriqueció la biblioteca capitular y de las comunidades religiosas, fundó el archivo de san Fructuoso, instituyó una misa cotidiana denominada de Quinque plagis celebrada con doble rito, dispuso que en la medianoche del Jueves al Viernes Santo se rezase o cantase todo el salterio por doce presbíteros delante del Monumento y encargó al célebre tipógrafo Joan Rosembach la impresión del Breviarium, del Missale secundum consuetudinem Ecclesie Tarraconensis y del Diurnalis Tarraconense (Fernández de Córdova, 2009: 163; Morera, 1955: 68-69).39 Con todo, ninguna obra refleja mejor la sensibilidad artístico-cultural de este humanista como el espléndido tapiz flamenco llamado de la Buena Vida o de las Potestades, el cual se vio obligado a entregar al Capítulo catedralicio como compensación por el pago de los mil florines que costaba la elaboración de la «capilla», un pontifical completo de cinco colores, a los que no podía hacer frente.40. Figura 2. Detalles del interior y exterior de las puertas de la catedral de Tarragona con dos versiones de las armas del arzobispo Gonzalo Fernández de Heredia. (Fotografías del autor). Realmente, las obligaciones acumuladas por el arzobispo eran muy abundantes, como se pone de manifiesto por los diferentes expedientes que componen el espolio que se realizó tras su fallecimiento, una fuente extraordinaria compuesta de todas aquellas declaraciones de las personas con quien el prelado había contraído deudas, pudiendo reclamar su satisfacción mediante la exposición de las pruebas pertinentes. Al margen de los préstamos, se encuentran múltiples casos de impagos que van desde el leñador que cortaba árboles para encender las chimeneas de sus residencias, hasta el encargado de inventariar los libros que mantenía en las bibliotecas del castillo y la colegiata de Mora de Rubielos, o el músico a quien hacía tocar ante sí para «calmarle el ánimo».41. Gonzalo Fernández de Heredia falleció en el castillo de Valls a las siete de la mañana del 21 de noviembre de 1511.42 Sus restos mortales fueron portados hasta Constantí; desde allí, fueron conducidos a la iglesia de Santa Magdalena, en las orillas del río Francolí y, finalmente, su cadáver fue trasladado en procesión hasta el interior de la catedral de Tarragona para ser enterrado junto a su portal mayor,43 en una sepultura que fue cubierta con una lauda sepulcral de bronce (Figura 3) elaborada por el maestro Dionís Vergonyós —quien también había colaborado en la factura de las puertas decoradas con el escudo de armas del arzobispo— decorada con la efigie del prelado vestido de pontifical, rodeado por la representación alegórica de las virtudes cardinales y teologales, y con el siguiente epitafio:44. Figura 3. Lauda sepulcral original del arzobispo Gonzalo Fernández de Heredia. (Museo Diocesano de Tarragona). REVERENDISSIMO IN CHRISTO PATRI DOMINO GONSALVO ECCLESIAE SANCTAE TARRACONENSIS ARCHIEPISCOPO EX HER EDIORUM GENTE CLARISSIMA ORTO DEVOTISSIMO PIENTISSIMO LAVRENTIVS EPISCOPVS NICOPOLITANVS BENEFACTORI OPTIMO PRAESVLI INCOMPARABILI DEFVNC TO XI KALENDAS DECEMBRIS ANNI MCCCCCXI CVIVS CIRCA LIMEN RECONDITA OSSA QVIESCVNT. 3. A modo de conclusión. Antes de cerrar estas páginas, cabe preguntarse por qué alguien que había gozado de la mayor confianza de la monarquía, respondiendo a delicadísimos encargos, formando parte en negociaciones diplomáticas de primer nivel, asistiendo a algunos de los hechos históricos más trascendentales de su presente como actor principal, acompañando en sus entradas triunfales a papas, a reyes y a otros embajadores, murió prácticamente solo y completamente arruinado. No es sencillo detectar los motivos que hicieron cambiar su fortuna, pero resulta evidente que su relación con los soberanos, sobre todo con Fernando el Católico, cambió drásticamente, como se demuestra mediante la evolución del tono real que puede seguirse a través de la intensa relación epistolar que mantuvieron durante décadas. Aquel que había sido su más fiel y hábil colaborador se mostraba esquivo en el cumplimento de ciertas órdenes que le mandaban renunciar a beneficios y prebendas para favorecer a otros candidatos. Del mismo modo, quizá el descontento se debía también a que no fue capaz de obtener mejores resultados en las cuestiones napolitanas durante las crisis más profundas, o al hecho de posicionarse a favor del rey Federico. De lo que sí hay sobradas pruebas es de la profunda tensión que se vivió en todo aquello referido a la lucha por el control jurisdiccional de Tarragona, y que se agravó considerablemente a partir del momento en que el arzobispo pisó la diócesis. Su voluntad de controlar políticamente a los cónsules y su elección,45 o las fuertes discusiones derivadas de la representación de la ciudad en las Cortes generales de Monzón de 1510 son claros ejemplos de ello.46. Sin lugar a dudas, es preciso seguir investigando a fin de intentar resolver estos y otros de los muchos interrogantes que se plantean al abordar el recorrido biográfico de uno de los personajes más interesantes y complejos, a la par que desconocidos, de la historia de Aragón. 4. Referencias bibliográficas. Andrés de Uztárroz, Juan Francisco (1652), Aganipe de los cisnes aragoneses, celebrado en el clarín de la fama [BNE, Mss/3660]. Bl anch i Fontanille s Josep [1985], Arxiepiscopologi de la Santa Església Metropolitana de Tarragona. Transcripció i prologació de Joaquim Icart Leonila. Tarragona, Diputación Provincial de Tarragona. Vol. II. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
José Ángel Sesma Muñoz. Trayectoria académica e itinerarios historiográficos
JOSÉ ÁNGEL SESMA MUÑOZ. TRAYECTORIA ACADÉMICA E ITINERARIOS HISTORIOGRÁFICOS. JOSÉ ÁNGEL SESMA MUÑOZ. HIS CAREER AND HISTORICAL WORK. Mario Laf uente Gómez Universidad de Zaragoza. Resumen: Este artículo ofrece una reflexión historiográfica sobre la obra del historiador José Ángel Sesma Muñoz (Zaragoza, 1946), catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza y académico numerario de la Real Academia de la Historia. En su primera parte, se analiza su trayectoria académica, desde sus comienzos como doctorando hasta el presente. A continuación, en la segunda parte, se examinan las aportaciones más relevantes de su producción historiográfica en torno a tres ejes principales: la política, la economía y la sociedad. Palabras clave: Historiografía, Historia Medieval, Historia de Aragón, Política, Economía, Sociedad. Abstract: The purpose of this article is to analyze the historiographic career of José Ángel Sesma Muñoz (Saragossa, 1946), professor of Medieval History in the University of Saragossa and member of the Spanish Royal Academy of History. The article is organized in two different parts. The first one is focused on the academic aspects, from his beginnings as a PhD. student till the present. In the second part, we examine the keys of his historical work through three main subjects: politics, economy and society. Keywords: Historiography, Medieval History, History of Aragon, Politics, Economy, Society. Ángel Sesma en su despacho de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza. Fotografía: Javier Cebollada. La Historia es, como la poesía, un arma cargada de futuro. J. Ángel Sesma (2012a: 10) Introducción\*. Cualquier reflexión historiográfica que aspire, si no a la objetividad, sí, al menos, a la veracidad y honestidad profesionales exige, inevitablemente, de un ejercicio de distanciamiento previo, tanto más difícil de realizar cuanto más próximo se encuentra el contexto estudiado del propio entorno, académico y vital, de quien se dispone a llevarla a cabo. La dificultad se incrementa cuando, como en este caso, se trata de elaborar una síntesis acerca del recorrido académico e historiográfico de alguien en cuya compañía se ha aprendido no sólo a interpretar y explicar la Historia, sino, sobre todo, a entender y practicar el oficio de historiador. José Ángel Sesma, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza desde hace veinticinco años y miembro numerario de la Real Academia de la Historia, es una de las figuras clave del medievalismo español de las últimas cuatro décadas, en las que ha contribuido decisivamente a situar la Historia de Aragón en la Baja Edad Media dentro de las tendencias historiográficas más recientes del medievalismo europeo, tanto a través de sus propios trabajos de investigación como, simultáneamente, mediante el estímulo y dirección de tesis doctorales y proyectos colectivos. Esas cuatro décadas representan, exactamente, el tiempo transcurrido entre dos hitos especialmente significativos en la carrera del profesor Sesma, en concreto la defensa de su tesis doctoral, realizada el 20 de noviembre de 1976, y su jubilación del profesorado, prevista para el final del actual curso acadé- mico (2015-2016). La relevancia de estos dos momentos justifica que sea precisamente el periodo acotado por ellos el que constituya el eje cronológico del presente trabajo, aunque, evidentemente, la trascendencia que se les atribuye no deje de estar condicionada por un componente esencialmente retórico, empezando por el hecho de que la consecución del título de doctor no es sólo un acontecimiento singular en la carrera de cualquier investigador, sino, sobre todo, el resultado de toda una etapa de formación cuyas raíces, en no pocos casos, se hunden hasta la primera juventud del doctorando. Y otro tanto podría decirse del segundo de los momentos señalados, la jubilación académica, que suele ser celebrada, las más de las veces, no tanto porque conlleve el retiro de la vida activa, sino precisamente por facilitar a quienes la alcanzan la posibilidad de seleccionar los temas y determinar los tiempos que marcarán, en el futuro, el ritmo de su propia actividad investigadora. Así ocurre, al menos, en aquellos casos en los que el oficio de historiador se ejerce por vocación y la pasión por la Historia se cultiva cada día, haciéndolo además de la única manera realmente eficaz, es decir, mediante el trabajo y el esfuerzo continuados. La carrera del profesor Sesma constituye un ejemplo paradigmático de este modus operandi, como tendremos ocasión de comprobar a lo largo de las siguientes páginas. 1. Trayectoria académica. A nivel profesional, José Ángel Sesma forma parte de ese grupo de profesores universitarios que, tras haber concluido sus tesis de doctorado entre los años sesenta y setenta del siglo pasado, ingresaron en los cuerpos docentes de la Universidad española a caballo de la dictadura y la democracia, en un periodo de transición política pero también, y en gran medida, científica y académica. Desde entonces hasta ahora, han pasado cinco décadas en las que la Universidad ha cambiado mucho, como también lo ha hecho la sociedad a la que se debe y de la que forma parte, convirtiéndose progresivamente en una institución mucho más amplia y más densamente conectada con otros espacios de investigación y creación cultural, aunque, sin duda, este tipo de vínculos continúen siendo, en muchos sentidos, notoriamente deficitarios. Desde un punto de vista mucho más concreto, en lo que concierne al área de Historia Medieval, el profesor Sesma se inscribe dentro de una generación de historiadores que accedió al grado de doctor entre 1965 y 1978, y que, prácticamente al mismo tiempo, se integró con determinación en los complejos espacios de la producción científica para aportar importantes novedades teóricas y metodológicas, en gran medida inspiradas por las tendencias historiográficas vigentes por aquel entonces en otros países europeos, principalmente Francia, Inglaterra e Italia. Entre los miembros de esa generación, por orden de obtención del doctorado, cabe destacar a José-Luis Martín Rodríguez (1965), Julio Valdeón (1965), José Ángel García de Cortázar (1965), Miguel Ángel Ladero Quesada (1967), Juan Ignacio Ruiz de la Peña (1967), Manuel González Jiménez (1971), Juan Carrasco Pérez (1972), Antonio Collantes de Terán (1974), Manuel Sánchez Martínez (1974), José Enrique López de Coca (1974), Emilio Cabrera Muñoz (1975) y, claro está, nuestro protagonista, José Ángel Sesma Muñoz (1976). Todos estos historiadores, junto con algunos de sus primeros discípulos, fueron artífices de la renovación experimentada por el medievalismo español en ese contexto de transición que acabamos de señalar, desempeñando, desde entonces, una intensa labor académica e investigadora, siempre desde la vanguardia de la profesión. Sería poco honesto y, desde luego, no es nuestra intención, atribuir a unos pocos autores el protagonismo de todo un complejo proceso de cambio en las formas de concebir y elaborar el conocimiento histórico de tema medieval, máxime si tenemos en cuenta que aquél se produjo en un contexto de creación de nuevos centros de investigación y ampliación de los ya existentes, un fenómeno que significó el ingreso de muchos otros medievalistas en los espacios académicos y multiplicó las oportunidades para el desarrollo de la disciplina. No obstante, menos aún lo sería, al menos en nuestra opinión, regatear un ápice del reconocimiento que merece este grupo de historiadores, por haber sabido realizar, hace ya varias décadas, aportaciones sustancialmente originales al panorama historiográfico de nuestro país y haber impulsado, desde entonces, fructíferas líneas de trabajo, pasando a ejercer una suerte de «jurisdicción de la investigación», en palabras del profesor García de Cortázar (2011: 29), que en no pocos casos se ha prolongado hasta el presente. La influencia de los autores citados sobre el medievalismo español de las últimas décadas ha quedado suficientemente contrastada en la historiografía más reciente, puesto que, coincidiendo bien con su jubiliación del profesorado (para la mayoría de los historiadores citados) o bien con su fallecimiento (en el caso de José Luis Martín), todos ellos han sido objeto de sentidos homenajes y profundas semblanzas historiográficas, en las que distinguidos especialistas han puesto de manifiesto el valor de sus respectivas obras y, sobre todo, la relevancia de su magisterio sobre las generaciones posteriores. Más allá de las diferencias observadas en cuanto a la elección de los temas, la selección de las fuentes y la resolución de los problemas estrictamente científicos, todos ellos comparten una serie de características muy concretas en cuanto a su forma de investigar y escribir Historia, que aquí reuniremos en torno a cinco grandes rasgos. El primero y, tal vez, el más evidente de ellos se encuentra en el ámbito de la formación, puesto que todos los miembros de esta generación de historiadores obtuvieron su titulación universitaria en el marco de ambiciosos planes de estudio de carácter generalista, lo que favoreció que, desde la fase inicial de sus respectivas trayectorias académicas, incorporaran a sus líneas de investigación referencias procedentes de disciplinas como la Geografía, la Antropología o el Derecho, por citar tan sólo tres de las más representativas (García de Cortázar, 2011: 43-46; Peña Bocos, 2012: 17-18). Como consecuencia directa de ello, muchos de estos historiadores manifestaron en su práctica docente una notable preocupación por la teoría y por los problemas de orden metodológico, ya desde las propias clases de licenciatura, pero, muy especialmente, en la fase de formación predoctoral de sus alumnos (Val Valdivieso, 2009: 8; Peña Bocos, 2012: 11-21; Borrero Fernández, 2014: 21). En tercer lugar, no es posible obviar la menos visible aunque siempre relevante labor de organización académica, que incluyó desde la dirección de departamentos universitarios hasta el diseño de planes de estudios y, en algunos casos, la configuración de algunas Universidades de nueva creación, surgidas en paralelo a la creación del actual modelo autonómico de ordenación estatal (Solórzano Telechea, 2012: xxii-xxiii; Aznar Vallejo, 2014: 13-14). La permanente disposición para la búsqueda, selección y edición crítica de fuentes documentales constituye el cuarto de los rasgos que nos gustaría subrayar aquí, una tarea que se ha concretado no sólo a través de publicaciones propias, sino también mediante la dirección de colecciones documentales fundamentales para el conjunto de los territorios peninsulares (Carrasco Pérez, 2012: 22; Peña Bocos, 2012: 24; Borrero Fernández, 2011: 23-24). Y, en quinto lugar, destacaremos una última cualidad común a todos ellos, como también a muchos de sus discípulos: la defensa de la ciencia histórica frente a los relatos sobre el pasado construidos en los grandes espacios de poder, ya sea éste de carácter político, económico o mediático (Val Valdivieso, 2009: 9-10; García de Cortázar, 2011: 35-36; Aznar Vallejo, 2014: 17). Este análisis, efectuado lógicamente desde la perspectiva del presente y en términos de larga duración, no estaría completo sin prestar atención a aquellos factores que han condicionado la actividad profesional de esta generación de medievalistas a lo largo del tiempo. Para dar cuenta de ello, en lo que respecta a la trayectoria académica de Ángel Sesma, es preciso cambiar de registro y adoptar un discurso de tipo biográfico cuyo inicio, necesariamente, ha de situarse en la etapa de formación universitaria de nuestro protagonista. Fue en el verano de 1968, cuando, a la edad de veintidós años y según sus propias palabras, el profesor Sesma tomó conciencia de su vocación de historiador y decidió matricularse en la Facultad de Filosofía y Letras de su ciudad, Zaragoza. La decisión llegaba tras una experiencia universitaria de dos cursos en disciplinas técnicas, transcurridos primero en Madrid y después en la Facultad de Ciencias de Zaragoza. Que la rentabilidad académica de esta etapa fuera mínima, como él mismo reconoce, no fue incompatible con el hecho de que esos dos años proporcionaran algunas de las experiencias formativas más importantes de su juventud. La vida en Madrid, la toma de contacto con las singularidades de la capital a mediados de la década de los sesenta, la inmersión en la literatura y, muy especialmente, la poesía, proporcionaron unas bases culturales muy heterogéneas pero a la vez extraordinarimente útiles para iniciar una carrera tan amplia en contenidos y problemáticas como era entonces Filosofía y Letras (Sesma, 2013c: 32-33). Al acabar el tercero de los cinco cursos de la licenciatura, el último dedicado a las materias denominadas comunes, Sesma optó por escoger el itinerario de Historia Medieval. Y, como consecuencia de aquella decisión, comenzó su relación con una de las personas que han marcado más directamente su propia trayectoria, el profesor José María Lacarra, catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza desde 1941 hasta su jubilación en 1977. Así, al comienzo de aquel año lectivo 1971-1972, el entonces estudiante Ángel Sesma obtuvo una beca de colaboración, en la primera de las convocatorias de este tipo de ayudas que se publicaron en España y, gracias a ello, pudo incorporarse como colaborador al modesto equipo que dirigía el profesor Lacarra en el Departamento de Historia Medieval, donde le acompañaban entonces María Luisa Ledesma, como profesora adjunta, y tres investigadores predoctorales (FPI): Isabel Falcón, Carmen Orcástegui y Juan Fernando Utrilla (Sesma, 2013c: 34). El magisterio de José María Lacarra actuó sobre la inicial vocación de nuestro protagonista de modo decisivo, pues sirvió para forjar un modo particular de concebir tanto la investigación como la tarea docente en el ámbito universitario. Las clases de la asignatura «Instituciones Medievales», que impartía entonces Lacarra, proporcionaron el modelo que, años después, puso en práctica el propio Sesma en las materias optativas o de especialidad. Grupos de alumnos reducidos, explicaciones breves pero complejas y cargadas de sugerencias, que daban paso a la lectura y análisis de documentos, a partir bien de transcripciones o bien de reproducciones de la fuente original (Sesma, 1998a: 73-74; 2013c: 34-35). Esa era la dinámica que regía las clases de «Historia económica y social de la Edad Media» mientras la impartió el profesor Sesma y que yo cursé, con él, en el año académico 2002-2003. El programa de la asignatura incluía nueve temas que recorrían los cambios económicos y sociales experimentados por la sociedad feudal desde la Antigüedad tardía hasta el Renacimiento, con una mención especial, en el último de ellos, a la incidencia de dichos cambios en el ámbito del reino y la Corona de Aragón. Junto al seguimiento de las clases, en las que las intervenciones del alumnado y los debates eran habituales, y la intensidad en la preparación del examen, recuerdo que en aquel curso se nos propuso la lectura y comentario por escrito de uno o dos libros de la bibliografía incluida en el programa. Mis elecciones, entonces, fueron Niveles de vida en la Baja Edad Media de Chris Dyer (Dyer, 1989) y Europa 1400. La crisis de la baja Edad Media, de Ferdinand Seibt y Winfried Eberhard (Seibt y Eberhard, 1993). Al releer hoy los materiales trabajados en aquella asignatura y, sobre todo, los apuntes tomados durante las explicaciones y análisis de los textos, uno no puede evitar hacer comparaciones con nuestro presente y llegar a dudar, muy mucho, de que las reformas educativas más recientes hayan aportado algo realmente sustancial al sistema. Máxime si tenemos en cuenta que el modelo docente que acabo de señalar no fue, ni mucho menos, una creación original de José María Lacarra, ni tampoco una singularidad en la Universidad de su época. De hecho, se trataba de una metodología muy extendida entre buena parte de los profesores universitarios más relevantes de la primera mitad del siglo xx en España, aunque, significativamente, ninguno de ellos sea recordado hoy por sus aportaciones a la Historia de la Educación, sino únicamente por sus investigaciones en el ámbito de la Historia Medieval. El propio Lacarra, en su aportación al Homenaje al profesor Claudio Sánchez-Albornoz (Buenos Aires, 1964), evocaba las clases recibidas del maestro abulense destacando, precisamente, la relevancia que el manejo de las fuentes y la discusión con el alumnado ocupaban en ellas, y señalando, además, que el método había sido introducido en la Facultad de Letras de Madrid por Eduardo de Hinojosa, de quien el propio Sánchez-Albornoz había sido, a su vez, discípulo (Ruiz de la Peña, 2009: 217). La experiencia adquirida en los últimos cursos de licenciatura se vio reforzada además con las primeras incursiones en los archivos aragoneses, especialmente el de protocolos notariales de Zaragoza y el de la Diputación, donde se conservan los restos del antiguo Archivo del Reino de Aragón. Los materiales obtenidos en el segundo de ellos permitieron a José Ángel Sesma plantear y redactar su tesis de licenciatura, tarea en la que contó con la ayuda del profesor Ángel San Vicente, del Departamento de Paleografía, a quien conocía ya de su época en el Bachillerato. El trabajo resultante llevó por título Relaciones epistolares de la Diputación del Reino de Aragón (1484-1486) y fue defendido en septiembre de 1973, obteniendo con él la máxima calificación y el Premio Extraordinario de Licenciatura. De aquella investigación nació el proyecto de tesis doctoral con el que obtuvo la beca que le permitió incorporarse, ya como investigador, al departamento de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, con la tutela académica de José María Lacarra, en enero del año siguiente. El título con el que se presentó el proyecto fue La Diputación del Reino de Aragón en la época de Fernando II. Apenas tres años más tarde, el 20 de noviembre de 1976, se celebró el acto de defensa de la tesis y, al año siguiente, fue publicada en Zaragoza por la Institución «Fernando el Católico» (Sesma, 2013c: 35). Durante la preparación de su tesina y, posteriormente, de su tesis, el profesor Sesma tomó contacto con un tipo de fuente inexplorada entonces y que todavía hoy está muy lejos de haber sido agotada por los investigadores. Se trata de los volúmenes generados como consecuencia de la administración del impuesto de las generalidades, tasa aduanera impuesta por las Cortes aragonesas a partir de 1364 y gestionada por una comisión de diputados nombrada por la asamblea. Los registros conservados son, en realidad, una pequeña parte del total emanado durante todo el tiempo de vida de la institución y se concentran, además, en las décadas centrales del siglo xv, pero la información recogida en ellos (mercancías en circulación, cantidades y precios, mercaderes…) y, sobre todo, las posibilidades que ésta abría para desarrollar temas de historia económica terminaron por orientar, durante décadas, buena parte de los objetivos científicos perseguidos por Ángel Sesma. El enorme potencial de los volúmenes de las generalidades comenzó a cobrar sentido práctico con motivo de la asistencia, como borsista, al VI Corso di alta specializzacione in Storia Economica, en el Istituto di Storia Economica Francesco Datini de Prato, entre septiembre y diciembre de 1973. Allí, el joven Sesma fue alumno de Federigo Melis, cuya obra había comenzado a leer antes de aquella experiencia y a quien, como ha señalado Carlos Laliena, podemos identificar como el segundo de sus grandes maestros, junto a José. María Lacarra (Laliena, 2013: 19-20). Además del historiador italiano, en aquella edición del curso participaron también Fernand Braudel, Jean Favier, Hugo Tucci y Aldo di Madalena, cuyas lecciones recuerda hoy como «una inmensa ventana por donde entró la luz y el aire nuevo» (Sesma, 2013c: 36). A partir de entonces, la relación con la historiografía italiana de tema econó- mico y, particularmente, con toda la actividad científica promovida por el Istituto Datini, ha sido una constante en la carrera del profesor Sesma y, al mismo tiempo, de no pocos de sus compañeros y discípulos. De hecho, acudir al Datini al menos en una ocasión terminó convirtiéndose, para los estudiantes de doctorado de la Universidad de Zaragoza, en una norma que todavía hoy se cumple, a pesar de que el formato del encuentro se haya visto muy modificado en los últimos años. El intenso trabajo de aquella etapa de formación dio sus frutos más tempranos en 1976, año en el que, además de concluir y defender su tesis doctoral, como ya hemos indicado, Ángel Sesma publicó sus primeros artículos científicos, entre los que cabe destacar un estudio titulado «Las generalidades del reino de Aragón. Su organización a mediados del siglo xv», que vio la luz en el Anuario de Historia del Derecho Español y que se convirtió muy pronto en un clásico de la materia (Sesma, 1976a). Al año siguiente, junto a la publicación de la tesis, aparecieron también otros dos estudios dedicados al comercio de exportación de trigo, aceite y lana desde Aragón, elaborados a partir de la información obtenida en los citados volúmenes de las generalidades (Sesma, 1977b; y Sesma, Sarasa, 1977d). Todo aquel bagaje constituyó el punto de partida para un proyecto de investigación que, con la financiación obtenida a través de una beca de la Fundación Juan March, concedida en 1978, dio lugar a la publicación de dos obras de referencia: Transformación social y revolución comercial en Aragón durante la baja Edad Media y Léxico del comercio medieval en Aragón (siglo xv), este último en colaboración con Ángeles Líbano (Sesma, 1982a y 1982b). De esta forma, quedaban asentadas las bases que iban a permitir al medievalismo aragonés desprenderse de no pocos tópicos heredados del pasado y aproximarse a la Historia económica del Aragón bajomedieval con un arsenal teórico y metodológico completamente renovado, plenamente operativo y en sintonía con el contexto historiográfico internacional. En paralelo al desarrollo de esta importante actividad investigadora, Sesma afrontó también el reto de consolidar su carrera universitaria, preparando para ello la oposición al cuerpo de profesores adjuntos, un perfil creado en 1976 que se mantuvo vigente hasta ser sustituido, en 1983, por la figura de los titulares de Universidad. Tras aprobar la oposición, el 15 de enero de 1981 tomó posesión de la plaza en la Universidad de Zaragoza y en ella permaneció hasta que, en 1987, obtuvo también por oposición la cátedra de Historia Medieval de la Facultad de Geografía e Historia de Lérida, perteneciente entonces a la Universidad de Barcelona. Tres años después, en 1990, regresó a la Universidad de Zaragoza al obtener mediante una nueva oposición la cátedra de Historia Medieval que, por entonces, había dejado vacante Antonio Ubieto, tras su jubilación ese mismo año, y que anteriormente había ocupado José María Lacarra, hasta la suya en 1977 (Sesma, 2013c: 38-39). Entre tanto, fue transcurriendo la década de 1980, un periodo caracterizado por la ampliación de los estudios históricos en España a todos los niveles. La construcción de un nuevo Estado democrático, a partir del legado de la dictadura franquista, durante la transición, había significado, entre otras cosas, la descentralización de la administración territorial y, con ello, el reconocimiento en el espacio público de una pluralidad no sólo de entidades políticas, las Comunidades Autónomas, sino, sobre todo, de otras tantas identidades culturales, una parte de las cuales pasó a contar, además, con un respaldo formal expresado mediante la categoría de «nacionalidad histórica», incluida en la Constitución de 1978. Pero, más allá de formulismos jurídicos, lo cierto es que las políticas culturales de las nuevas instituciones democráticas, desde los gobiernos autonómicos a los ayuntamientos, no fueron muy diferentes y en todas partes incluyeron una actuación decidida en busca de una Historia propia (Rivière, 2000; García de Cortázar, 2009a: 347-352). La llegada al poder de grupos políticos silenciados por la dictadura fue un factor decisivo en este proceso, como también lo fue la existencia de una notable demanda social que exigía discursos culturales alternativos a la visión tradicional difundida por el régimen franquista. Si en el ámbito más estrictamente científico, es decir, en las obras de origen y destino preferentemente universitarios, había existido desde tiempo atrás una cierta heterogeneridad de visiones sobre el pasado, que en no pocos casos para nada coincidían con los principios del régimen (Marín Gelabert, 2005: 283-303), en el terreno de la divulgación no sucedía lo mismo y ahí fue donde las instituciones actuaron con mayor decisión. El resultado más evidente de todo ello fue el incremento del número de editoriales públicas (diputaciones y juntas provinciales, centros de estudios locales y/o comarcales, fundaciones…), que no sólo asumieron la responsabilidad de divulgar el conocimiento histórico, sino que terminaron por consolidar los cauces académicos sobre los que iba a discurrir la investigación durante décadas. Asimismo, no hay que olvidar que las Cajas de Ahorros contribuyeron muy activamente al desarrollo de estas políticas culturales, mediante la financiación de muchos de estos trabajos a través de su obra social. La producción histórica generada en este contexto fue, no hará falta insistir en ello, muy desigual, ya que junto a obras muy forzadas en cuanto a sus parámetros e inverosímiles en sus contenidos, aparecieron otras muchas presididas por el rigor científico y que vinieron a colmar importantes lagunas historiográficas (Pasamar, 2004: 364-372). Merece la pena citar, en este punto, la opinión que manifestaba, en 1990, el propio Ángel Sesma sobre el desarrollo de los estudios históricos en su Comunidad Autónoma entre 1977 y 1988, en el marco de unas jornadas dedicadas a analizar el Presente y futuro de la Historia Medieval en España: La salud de la investigación —alta y, sobre todo, no muy alta— medieval en Aragón ha sido buena en los últimos diez años. Las líneas seguidas y los resultados apreciados responden a unas inquietudes y unos objetivos bastante acordes con la tradición anterior, aunque las condiciones impuestas por las circunstancias extra-académicas, por llamarlas de alguna forma, pueden modificar negativamente esta buena salud. Por un lado hay un exceso de obras de divulgación, tanto a nivel general, es decir, historias de Aragón, como de los más variados temas, incluso los que difícilmente adminten una síntesis fácil por estar en un nivel de investigación todavía incipiente, y que en ocasiones recogen y perpetúan errores y falsas interpretaciones. Las concesiones a la galería, política o comercial, pueden llegar a ser preocupantes. Por otra parte, aunque resulta doloroso admitirlo porque somos todos responsables, se está llegando a la obsesión por la publicación, por alcanzar cada vez mayor número de títulos publicados y mayor número de páginas cobijadas bajo cada título, sin importar la calidad ni la novedad, sin que la reflexión y la madurez se tengan en cuenta. Quizá por ello se puede advertir un claro abandono de los temas no aragoneses y de los estudios de alta Edad Media, que exigen un tratamiento más riguroso, unos conocimientos más especializados y, en definitiva, obligan a un mayor esfuerzo para unos resultados mucho menos espectaculares y vendibles; en su lugar se tiende a practicar el localismo a todos los niveles, el recurso a la divulgación sin nuevos planteamientos y el abandono de la línea de invenstigación, que es sustituida por el tema, múltiple y cambiante en función de coyunturas oportunas, que nunca llega a profundizarse. (Sesma, 1990a: 113) En el plano más personal, la década de 1980 significó una progresión notable en las líneas de investigación iniciadas durante la elaboración de la tesis doctoral y la etapa inmediatamente posterior. Así, al estudio de la Diputación a finales del Medievo y a los primeros trabajos dedicados a lo que podemos denominar el balance comercial del reino de Aragón en el siglo xv, les siguieron una serie de artículos que rápidamente se convirtieron en obras de referencia para un gran número de investigadores. Nos referimos, concretamente, al ciclo dedicado a los orígenes de la Diputación del General, la configuración del sistema de aduanas y la nueva fiscalidad de Estado controlada por las Cortes del reino (Sesma, 1983a, 1987b, 1988a y 1992b, entre otros). Por otra parte, desde el punto de vista de la Historia del comercio, llegaron entonces algunas aportaciones de gran repercusión internacional, especialmente en el ámbito italiano. Se trata de las dedicadas al estudio de algunas grandes compañías de comercio, así como a las relaciones comerciales directas entre Aragón y el norte Italia en el siglo XV (Sesma, 1985a y 1985b). Asimismo, la implantación y primeros pasos del tribunal de la Inquisición, en época de Fernando II, recibió también una atención específica que incluyó la edición de una amplia colección documental (Sesma, 1987a y 1989b). La obtención de la cátedra de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza, en 1990, significó el comienzo de una nueva etapa, en la que comenzaron a tomar forma importantes proyectos colectivos y actividades científicas cada vez más ambiciosas. La primera de ellas, en orden cronológico, fueron los Seminarios Internacionales de Doctorado, que Ángel Sesma dirigió entre 1991 y 2007, cuyo objetivo principal consistía en ofrecer a los estudiantes e investigadores de la Universidad un foro donde escuchar a especialistas nacionales e internacionales en los más diversos temas, debatir con ellos y completar, en definitiva, su formación. En estos encuentros participaron ochenta y cuatro investigadores invitados, y los resultados se publicaron en doce volúmenes (Laliena, 2013: 28). Prácticamente al mismo tiempo, se puso en marcha también un evento científico de una escala notablemente mayor y que iba a convertirse, en seguida, en uno de los referentes historiográficos a nivel europeo. Se trata de la recuperación de las Semanas de Estudios Medievales de Estella, que habían sido creadas por José María Lacarra a comienzos de los sesenta y se habían celebrado anualmente, de forma ininterrumpida, entre 1963 y 1980. La posibilidad de retomar las Semanas surgió de una propuesta realizada conjuntamente por Juan Carrasco y el propio Ángel Sesma, a la que en seguida se sumaron José Ángel García de Cortázar, F. Javier Fortún y Ángel Martín Duque, como miembros de un comité científico en el que se han integrado también, posteriormente y en diferentes etapas, Juan Ignacio Ruiz de la Peña, Pascual Martínez Sopena, José Ramón Díaz de Durana, Eloí- sa Ramírez, Jaume Aurell y Philippe Sénac (Martín Duque, 1999; Laliena, 2013: 29). Con el respaldo del Gobierno de Navarra, a través de la Institución Príncipe de Viana, la primera edición de esta segunda época de las Semanas de Estella estuvo dedicada al tema Viajeros, peregrinos y mercaderes en el Occidente Medieval y se celebró, como el resto, en el verano de 1991. Desde entonces, se han sucedido veinticuatro Semanas más y ya ha sido anunciada la próxima, que tendrá lugar en 2016. El impulso otorgado por las instituciones autonómicas y las Cajas de Ahorros a la producción de obras de Historia durante los años ochenta, con las singularidades ya comentadas, continuó en líneas generales durante la década siguiente y, ya por inercia o ya por verdadero convencimiento de sus respectivos responsables, se mantuvo hasta el estallido de la crisis económica en 2008. De este modo, la comunidad científica ha podido disponer, de forma más o menos continuada, de medios con los que contar a la hora de acometer los propios proyectos, aunque, al mismo tiempo, ha tenido que responder también a demandas e iniciativas concretas emanadas de las distintas administraciones públicas. Como consecuencia de esta dinámica, en las últimas décadas se han puesto en marcha ciclos de conferencias, exposiciones y todo tipo de eventos culturales, dedicados, casi siempre, a conmemorar alguno de los numerosos lugares de memoria que conviven en el espacio público. Pero, sobre todo, se han llevado a imprenta y se han puesto en circulación una serie de obras que, por sus características formales y su contenido, difícilmente habrían visto la luz en el marco estrictamente universitario ni, seguramente, tampoco en el ámbito de las editoriales privadas. Con la perspectiva que da el paso del tiempo, no es difícil distinguir entre toda esa marea editorial las publicaciones concebidas con el propósito de hacer aportaciones significativas al conocimiento histórico de aquellas que, entonces y ahora, no son más que fruto del impresionismo mediático y de las directrices del mercado. Frente a esas «formas de histeria –que no Historia– de masas», según la brillante expresión de Michael Ignatieff (Aróstegui Sánchez, 2004: 344), la labor de Ángel Sesma ha respondido siempre a una ética profesional basada en el rigor teórico y metodológico, demostrando que la ciencia histórica puede y debe entrar en el espacio público sin renunciar por ello a la complejidad y a la solidez que le son propias. Con este convencimiento, el profesor Sesma ha participado en iniciativas editoriales de amplio calado social y cultural, muchas veces como director de las mismas y otras en colaboración con otros investigadores. Entre los primeros trabajos de este tipo, cabe destacar la Historia de la ciudad de Logroño, en cinco volúmenes, publicada en 1995, que Ángel Sesma dirigió y para la cual contó con autores como Philippe Sénac, José Ángel García de Cortázar, Pascual Martínez Sopena, Javier García Turza, Manuel González Jiménez, Anthony Goodman, Angus Mackay, Ernesto García Fernández y José Ramón Díaz de Durana, entre otros (Sesma, 1995a). Y, con un origen muy similar, es preciso señalar también el amplio trabajo sobre regadío, sociedad y poder realizado en colaboración con Carlos Laliena y Juan Fernando Utrilla, que se publicó dentro de un estudio de carácter regional sobre la cuenca del río Aguasvivas, en 1996 (Sesma, Laliena, Utrilla, 1996c). Una mención especial merece el libro Un año en la Historia de Aragón. 1492, coordinado por Ángel Sesma y cuya autoría compartió con Ángel San Vicente, Carlos Laliena y María del Carmen García Herrero. Esta obra, publicada en 1992, tenía por objetivo «presentar cómo viven, se organizan, trabajan, gozan y sufren, se relacionan, aman y mueren los aragoneses de $1 4 9 2 \mathrm { > }$ (Sesma et al., 1992f: 23). Para responder a tan ambicioso propósito, los autores elaboraron un texto coral escrito en tono literario, casi poético, donde el ritmo de la narración viene marcado por las voces de los aragoneses de finales de la Edad Media, tomadas directamente de los documentos y organizadas conforme a una estructura acorde con el espíritu de la época: Para dar forma a la narración optamos por tomar prestada la estructura de algo que ellos miraban y admiraban: los retablos. Un conjunto de escenas que muestra una panorámica completa, pero que cada una tiene valor por sí; su lectura, sin orden preconcebido, es sencilla y clara (faltaba todavía un tiempo para la llegada del barroco y sus retorcimientos elitistas). Una a una, recorriendo sus «calles» en diagonal, de arriba abajo, o de derecha a izquierda, cada «tabla» de este retablo maravilloso nos pone delante de un pálpito de vida, aragonesa porque de allí son sus actores, pero universal, porque tal es su horizonte sensible. (Sesma et al., 1992f: 23) La dirección de este tipo de proyectos e inciativas basadas en el trabajo en equipo, durante los años noventa, no fue incompatible con la progresión personal en las líneas maestras trazadas hasta entonces e incluso con el desarrollo de temas apenas abordados con anterioridad. Así, a lo largo de aquellos años Ángel Sesma preparó una completa biografía de Fernando II (Sesma, 1992a) y una síntesis sobre la etapa medieval de la Corona de Aragón (Sesma, 2000a), además de otros muchos estudios sobre Historia de las instituciones, el comercio y la fiscalidad de Estado. Entre las novedades correspondientes a aquella época, se encuentran algunos trabajos sobre demografía histórica (Sesma, 1991c y 1991c) y otros de índole prosopográfica (Sesma, 1991b; y Sesma, Laliena, 1999e), temas que apenas contaban con precedentes directos dentro de su obra (Sesma et al., 1981b; y Sesma, 1986b). Con la configuración del actual sistema de promoción del conocimiento, basado en convocatorias de Proyectos de $\mathrm { I + D + i }$ (principalmente estatales) y grupos de investigación reconocidos por las diferentes administraciones autonómicas, la dinámica de trabajo en equipo sostenida desde 1990 experimentó algunos cambios relevantes. Las novedades, en aquel momento, no llegaron tanto en el plano teórico o metodológico como, sobre todo, en lo que respecta a la duración de los proyectos y la ampliación de los equipos de trabajo. Así, entre finales de la década de 1990 y comienzos de la siguiente, Ángel Sesma asumió la dirección de dos Proyectos de $\mathrm { I + D + i }$ consecutivos, dedicados respectivamente a estudiar globalmente la demografía del reino de Aragón en la Baja Edad Media y las sociedades urbanas aragonesas desde un punto de vista prosopográfico. Entre los resultados de aquellos proyectos, cabe destacar la publicación de un grueso volumen titulado La población de Aragón en la Edad Media (siglos xiii-xv). Estudios de demografía histórica (Sesma, Laliena, 2004), en cuya elaboración participaron diez investigadores vinculados al área de Historia Medieval, y la realización de varias tesis doctorales que fueron leídas entre 2004 y 2008 (Sesma, Laliena, Navarro, $2 0 0 6 \mathrm { g } )$ . Pero, sin duda, la novedad más importante entre las introducidas en aquel momento se encuentra en la fundación, en 2002, del Grupo CEMA, que el profesor Sesma ha venido dirigiendo desde entonces como investigador principal. El nombre del grupo está tomado directamente del acrónimo del Centro de Estudios Medievales de Aragón, creado por José María Lacarra en 1941 e incorporado, dos años después, a la estructura del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y que desarrolló una importante actividad hasta 1977 (Sesma, Falcón, 2006h: 261-265; Marín Gelabert, 2007: 48-52). Desde entonces, nuestro protagonista había aguardado la oportunidad de recuperar el centro en el que, de hecho, había dado sus primeros pasos como investigador, posibilidad que, finalmente, cobró forma en el contexto de las convocatorias autonómicas de grupos de investigación. Inmediatamente, la fundación del Grupo CEMA permitió poner en marcha un proyecto de larga gestación, el cual se había convertido en una de las grandes asignaturas pendientes del medievalismo aragonés y, cabría decir, español. Nos referimos a la edición crítica de las actas de las Cortes y parlamentos del reino de Aragón, una empresa de connotaciones faraónicas tanto en lo científico como en lo material y que, precisamente por este motivo, había quedado en suspenso en diferentes ocasiones a lo largo de los siglos xix y xx. Así, desde 2006, el compromiso de los miembros del Grupo CEMA, junto con el patrocinio económico del Gobierno de Aragón, las Cortes de Aragón e Iber Caja, han contribuido para llevar adelante este gran proyecto, titulado Acta Curiarum Regni Aragonum y que se ha concretado en un total de dieciséis tomos, de los cuales se han publicado ya diez, en quince volúmenes. Al frente del equipo de trabajo, como responsables de la edición, se encuentran el propio Ángel Sesma y Carlos Laliena, miembro también del Grupo desde su fundación. Del sentido y la relevancia que, en opinión de ambos, es portadora la obra, dan buena muestra las siguientes palabras: «Sin exagerar, creemos firmemente que es la mayor aportación que se puede hacer al conocimiento del pasado medieval de Aragón: se trata de miles de páginas de discusiones y acuerdos sobre la fiscalidad, la justicia, la ley y el desenvolvimiento político de todo el reino, los que constituyen las actas de las reuniones». (Sesma, Laliena, 2015e: 20). Desde la dirección del Grupo CEMA, Ángel Sesma ha impulsado también otra importante labor editorial, que se ha materializado en la aparición de dos colecciones diferentes: Mancuso, que acoge monografías de Historia Medieval con aportación documental; y Garba, que incluye obras de autoría colectiva organizadas en torno a un tema de cierta amplitud. Hasta la fecha, han visto la luz quince tomos en total —siete mancusos y ocho garbas—, en cuya elaboración han participado decenas de autores. La segunda de estas colecciones ha servido, asimismo, para publicar las aportaciones recogidas en las numerosas reuniones científicas organizadas en la última década, entre las que cabe destacar la serie de tres congresos internacionales celebrados en 2008, 2009 y 2010. Bajo el título general La Corona de Aragón en el centro de su Historia (1208-1458), cada una de las reuniones estuvo dedicada a analizar un proceso particular de la Historia medieval de la Corona, dentro de un segmento cronológico que venía acotado por el comienzo del reinado de Jaime I (1208) y la muerte de Alfonso V (1458). Así, el primer encuentro estuvo dedicado a analizar La monarquía aragonesa y los reinos de la Corona (Zaragoza y Monzón, 2008); el segundo se orientó hacia los Aspectos económicos y sociales (Zaragoza y Calatayud, 2009); y el tercero versó sobre El Interregno y el Compromiso de Caspe (Zaragoza, Caspe y Alcañiz, 2010). El sentido científico de esta iniciativa respondía a un enfoque historiográ- fico ampliamente vindicado por Ángel Sesma, tanto en su obra de autoría individual como en aquellos trabajos y proyectos que ha dirigido durante toda su carrera: la necesidad de plantear la Historia medieval de la Corona de Aragón como un conjunto de conexiones políticas, económicas, sociales y culturales trazadas entre los diferentes Estados que formaron parte de la misma, ya que la trayectoria de cada una de las partes no puede entenderse, al menos no en sus aspectos clave, sin contar con el resto. Ya en 1988, en el contexto de las jornadas dedicadas al Presente y futuro de la Historia Medieval en España, a las que hemos hecho referencia más arriba, Sesma había planteado esa necesidad como un deseo para el futuro, pensando sobre todo en la investigación que, en adelante, se iba a desarrollar desde la Comunidad aragonesa (Sesma, 1990: 128). Con el ciclo de congresos dedicados a La Corona de Aragón en el centro de su Historia, participaron también de dicho propósito un elenco de especialistas en la Historia medieval de Cataluña, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Nápoles, Sicilia, Portugal, Castilla, Francia y, por supuesto, del antiguo reino de Aragón. En la presentación del segundo de los volúmenes, él mismo expresaba este planteamiento con las siguientes palabras: Una de las más luminosas experiencias que puede obtenerse al analizar la trayectoria de la Corona es la lógica y coherencia con que sus estructuras, relaciones internas y normas de convivencia se transforman para adaptarse a las sucesivas coyunturas atravesadas, con el fin de que el edificio común se sostuviera útil y beneficioso para el conjunto, teniendo como principal objetivo el mantenimiento de la unión. Esa idea de unidad, enfocada sobre la monarquía y conservada por encima de todo, y el respeto a las identidades, la mayoría de ellas transversales o, para entendernos, trasnacionales, referidas especialmente a los estados peninsulares que formaban la Corona, podía ser la divisa y el principal rasgo de su identidad, si no hubiera sido por los presentismos y la tergiversación que con posterioridad se introdujeron. (Sesma, 2010b: 8) Toda esta actividad de impulso y dirección de actividades científicas de amplio alcance, que ha venido caracterizando la carrera de Ángel Sesma desde la fundación del Grupo CEMA, ha exigido, claro está, de una implicación directa, demostrada durante innumerables horas de despacho, dedicadas a la planificación y a la resolución de todo tipo de problemas. Pero, evidentemente, su trayectoria en la última década y media no se ha reducido, ni mucho menos, a las tareas propias de la dirección científica. Resulta impensable, de hecho, que una responsablidad de semejante calado pueda llevarse a cabo sin estar al día de la actualidad historiográfica, de las aportaciones más importantes y los debates más recientes, participando activamente de estas dinámicas. En este sentido, durante la última década y media, el profesor Sesma ha demostrado una capacidad de trabajo continuada, que le ha permitido profundizar en sus grandes líneas de investigación ampliando sus propias perspectivas e incorporando nuevas fuentes primarias. De hecho, puede decirse sin miedo a errar que, durante los últimos años, su proverbial pasión por los documentos no sólo se ha mantenido intacta, sino que incluso ha llegado a incrementarse. Prueba de ello es el impulso de la colección Acta Curiarum Regni Aragonum, a la que ya nos hemos referido, pero además es preciso subrayar que desde 2004 Ángel Sesma ha asumido la dirección técnica de la colección «Textos e instrumentos para la investigación», del Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza, que cuenta ya con trece tomos publicados. Tres de ellos corresponden a ediciones de su propia autoría (Sesma, 2005a, 2006c y 2010c), mientras que en otros dos más ha participado en colaboración con otros investigadores (Sesma, Abella, 2013e; y Sesma et al., 2015d). Tres referencias recientes, tomadas de entre una producción que abarca decenas de títulos, nos servirán como muestra de la producción historiográfica de nuestro protagonista en la última década. La primera es una monografía incluida en la colección Mancuso, antes citada, en la que, a partir del atentado sufrido por Fernando II en Barcelona, se ofrece un completo análisis del conflicto que sesgó las relaciones entre la monarquía aragonesa y las oligarquías del principado catalán en el siglo xv. Se trata de Los Idus de diciembre de Fernando II . El atentado del rey de Aragón en Barcelona (Sesma, 2006a). La segunda obra es El Interregno (1410-1412). Concordia y compromiso político en la Corona de Aragón (Sesma, 2011a), en la que lleva a cabo una completa revisión del que, sin duda, fue un periodo clave en el periodo medieval de la Corona, prestando una especial atención a la prosopografía de los grupos dominantes en cada uno de sus territorios y efectuando un minucioso análisis de las fuentes originales (Sesma, 2011c; Sesma, Laliena, Monterde, 2012f). Y la tercera referencia corresponde a un amplio estudio sobre el impacto social e institucional de la Inquisición fundada por los Reyes Católicos en la Corona de Aragón, titulado Fernando II y la Inquisición: el establecimiento de los tribunales inquisitoriales en la Corona de Aragón, 1479-1490 (Sesma, 2013a). El último de los libros citados nos lleva a un terreno particularmente grato, como es el de los reconocimientos efectuados por compañeros y discípulos, puesto que se trata del texto del discurso leido por Ángel Sesma el 16 de junio de 2013, con motivo de su recepción pública como académico de número de la Real Academia de la Historia. El nombramiento, que se había efectuado por unanimidad en octubre del año anterior, significó la culminación de un brillante cursus honorum profesional, justo cuarenta años después de haberlo iniciado. Como es costumbre, la recepción contó con una solemne contestación al discurso, responsabilidad que asumió el profesor Miguel Ángel Ladero Quesada, quien puso la rúbrica con sus palabras a un acto tan especial: «El profesor Sesma forma parte de la generación más joven de los discípulos que tuvo don José María Lacarra de Miguel en la Universidad de Zaragoza. Muchos de los aquí presentes conocimos al profesor Lacarra, que fue destacado académico durante más de quince años, y lo recordamos con respeto y afecto. Un cuarto de siglo después, vuelve a la Academia la historiografía aragonesa personificada en su antiguo discípulo, y lo hace con los mejores títulos que quepa imaginar.» (Ladero, 2013: 187) Prácticamente al mismo tiempo que se producía el nombramiento como académico, se estaba gestando, en la Universidad de Zaragoza, un homenaje muy particular, promovido en este caso por los profesores José Ángel García de Cortázar y Carlos Laliena. Se trata de la edición, en un único volumen, de doce trabajos elaborados por Ángel Sesma durante toda su trayectoria profesional y publicados en distintas obras, si bien todos ellos están dedicados a analizar las relaciones comerciales sostenidas entre el reino de Aragón y el mundo mediterráneo en los siglos xiv y xv (Sesma, 2013b). La obra está acompañada, además, de una reflexión autobiográfica del propio Sesma, precedida de dos textos, de corte historiográfico, elaborados por los editores, y una larga tabula gratulatoria, en la que figuramos más de un centenar de compañeros, amigos y discípulos. Independientemente de los motivos concretos por los que cada uno de nosotros quisimos participar de aquel homenaje, estoy seguro de que todos coincidiríamos en hacer nuestra la valoración del profesor García de Cortázar, cuando, en su introducción, identificaba a Ángel Sesma como alguien que, en definitiva, ha sabido realizar «el sueño de todo aprendiz de historiador» (García de Cortázar, 2013: 16). El orden cronológico que hemos seguido hasta aquí y que nos ha permitido sobrevolar, al menos, la trayectoria profesional de José Ángel Sesma, no estaría completo sin hacer una parada en una faceta esencial para un historiador que, como él, ha conseguido orientar ánimos y voluntades colectivas hacia proyectos de largo alcance historiográfico. Me refiero a su función como docente en todos los niveles, tanto en cursos de licenciatura y tercer ciclo como en el terreno más personal de la tutela académica. El simple hecho de recordar que se trata de uno de los dos autores, junto con José Ángel García de Cortá- zar, de uno de los manuales de Historia Medieval universal más utilizados en España, desde hace ya casi dos décadas (Sesma, García de Cortázar, 1997f y 2008d), nos ahorrará ahondar mucho más en lo que respecta a su dedicación a las materias propias de licenciatura. Sin embargo, sí me gustaría prestar algo más de atención a su labor como director de trabajos de investigación, que se ha concretado en decenas de tesis de licenciatura y trabajos de DEA, además de las siete tesis doctorales defendidas entre 1987 y 2015.1 En un tiempo en el que el diseño curricular amenaza con desplazar a las propias tesis como principal objetivo de los doctorandos, obligándoles a quemar etapas a un ritmo cada vez más acelerado, resulta más necesario que nunca tomar ejemplo de aquellos maestros que, como Ángel Sesma, tratan de estimular en los estudiantes la convicción de que adquirir el hábito del trabajo continuado y la reflexión pausada debería ser el primero de los objetivos de su formación. Una tarea compleja a la que nuestro protagonista nunca ha dado la espalda, demostrando su compromiso mediante la lectura crítica y la corrección detallada de los trabajos en construcción, la discusión de los problemas surgidos durante el proceso y, llegado el momento, el respaldo necesario para que el doctorando elabore sus propias conclusiones. 2. Itinerarios historiográficos. El origen de la obra de Ángel Sesma se inscribe en la escuela de medievalistas impulsada por José María Lacarra desde la cátedra de Historia de la Edad Media, Universal y de España de la Universidad de Zaragoza, y que tuvo en el Centro de Estudios Medievales de Aragón (CSIC) un importante soporte material e institucional. En este entorno académico, el profesor Sesma pudo incorporarse a la sólida línea de investigación promovida por Lacarra, orientada al estudio de las grandes instituciones medievales de Aragón y Navarra, y lo hizo mediante la realización de su tesis doctoral dedicada, como hemos indicado anteriormente, a La Diputación del reino de Aragón en la época de Fernando II. De esta manera, Sesma inciaba el que ha sido su primer gran itinerario historiográfico y que se puede enunciar como una Historia política centrada en el estudio de las instituciones y sus agentes, que le ha llevado a ocuparse fundamentalmente de las dinámicas internas que explican la formación y evolución históricas de las grandes estructuras de poder en la Baja Edad Media. La riqueza de los documentos manejados durante la preparación de su tesis despertó en él, además, un primer interés por el mundo de las relaciones comerciales, que se vio consolidado tras tomar contacto con la potente historiografía económica de los años sesenta y setenta. De este modo, se inciaba entonces la que iba a convertirse en su segunda gran línea de investigación: la Historia económica centrada en la fiscalidad sobre el comercio y, por extensión, en el desarrollo comercial del reino de Aragón en la Baja Edad Media. Asimismo, trabajar sobre las dinámicas institucionales y el mundo de las relaciones comerciales exige, necesariamente, prestar una atención especial a la sociedad, como conjunto cohesionado de grupos y organizaciones, y precisamente este aspecto constituye su tercer gran ámbito de interés historiográfico, concretado en el estudio de aspectos como la demografía o la prosopografía de las sociedades urbanas. Esta clasificación, no obstante, no pretende encuadrar la totalidad de una obra acumulada durante cuatro décadas —y que, como hemos visto en el apartado anterior, presenta una enorme cantidad de registros— sino, únicamente, servir de guía para apreciar las aportaciones del profesor Sesma a la reciente historiografía de tema medieval en España. 2.1. Política: las instituciones y sus agentes. A mediados del siglo xx, varias corrientes historiográficas contribuyeron a la renovación de la Historia política tradicional, heredada de la historiografía liberal decimonónica, mediante la progresiva configuración de un cuestionario que incluía enfoques y problemáticas sustancialmente diferentes a los predominantes hasta entonces. Como consecuencia de ello, la secuencia de personajes emblemáticos y hechos fundamentales en la construcción del pasado nacional fue siendo desplazada progresivamente por aspectos de corte sociológico (organizaciones y estructuras de poder) y antropológico (culturas y discursos políticos) que fueron dotando al estudio de lo político de una complejidad cada vez mayor y, sobre todo, de una cierta sintonía metodológica entre las diferentes escuelas de historioradores (Raphael, 2012: 202-204; Nieto, 2003). En España, uno de los autores más precoces en la incorporación de estos planteamientos fue, sin duda, Jaume Vicens Vives, quien supo expresar con claridad meridiana la importancia del estudio de los grupos sociales, sus motivaciones y estrategias, para comprender con precisión el sentido último de las instituciones y entidades políticas (Freedman, Muñoz, 2003: lxii-lxvii). Esta idea arraigó con firmeza en el pensamiento histórico de Ángel Sesma y así lo puso de manifiesto ya en su propia tesis doctoral, desarrollándola posteriormente al estudiar problemas fundamentales en la Historia política de la Corona de Aragón, como son el sistema parlamentario y la compenetración institucional entre los diferentes Estados que la integraron (Sesma, 1977: 27- 29 y 2013a: 14-15; Laliena, 2013: 17-18). Este enfoque teórico ha llevado al profesor Sesma a situar en el centro de la arena historiográfica una cuestión esencial, como es la cohesión y funcionalidad política de la Corona de Aragón, en tanto que suma de Estados territoriales definidos por su unidad política en torno a un principio de soberanía común (la monarquía), un rasgo que, como ha demostrado, para nada era incompatible con la diversidad jurídica propia del sistema feudal (Sesma, 1997a, 1999a, 1999c, 2000a, 2005e, y 2010a). Con una visión del pasado equiparable a la gran Historia definida por Fernand Braudel (Braudel, 2002: 23), el profesor Sesma ha interpretado la evolución política de la Corona en los siglos xiv y xv en la larga duración, deteniéndose especialmente en algunas de las coyunturas más relevantes por su influencia sobre el desarrollo histórico general, entre las que cabe destacar el origen y evolución de las Diputaciones del General (Sesma, 1991e: 11-76), la crisis política atravesada a finales del siglo xiv (Sesma, 1991a), el Interregno y el Compromiso de Caspe (Sesma, 1999b, 2011a, 2011b, 2012b) o la guerra civil catalana de mediados del xv (Sesma, 2006a). Una de las aportaciones más relevantes, en este sentido, se encuentra sin duda en el impulso de la edición y estudio sistemático de las actas de Cortes y parlamentos del reino de Aragón, publicadas junto con las correspondientes a las Cortes generales de la Corona, en la colección Acta Curiarum Regni Aragonum, a la que ya nos hemos referido. Actualmente, cuando la investigación sobre el pasado medieval del reino y la Corona de Aragón tiene en la documentación emanada de las Cortes una de sus canteras principales, no está de más recordar que hasta fechas muy recientes carecíamos de una mínima definición de esta tipología documental (Sesma, 1989e) y, lo que es aún más significativo, desconocíamos incluso la existencia de varias asambleas que hoy, gracias a esta intensa línea de trabajo, se consideran fundamentales para entender la Historia de Aragón en la Baja Edad Media. A partir del estudio de la compenetración política entre las entidades que, desde el siglo xii, conformaron políticamente la Corona de Aragón, y de la investigación realizada sobre el reinado de Fernando II, Ángel Sesma ha realizado también valiosas aportaciones a los debates más recientes sobre el sentido de la unión matrimonial entre Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, y, más concretamente, a la influencia de esta unión sobre las diferentes estructuras de poder vinculadas a su soberanía. Se trata, sin duda, de uno de los grandes temas de la historiografía española, cuyo alcance sobrepasa, con frecuencia, el terreno dominado por medievalistas y modernistas para adentrarse también en el de los especialistas en las edades antigua y contemporá- nea, especialmente en aquellos casos en los que se trata de inspeccionar los principios simbólicos de la identidad nacional. Desde la óptica de la renovada historia política a la que aludíamos anteriormente, la postura de Ángel Sesma en estos debates se ha orientado a poner en valor el papel de Fernando dentro de las sucesivas coyunturas políticas que se sucedieron a partir de 1469, especialmente en la Corona de Castilla. Un papel que, como ha demostrado, fue determinante para conservar el equilibrio político y la cohesión entre dos espacios de soberanía tan diferentes y abocados, en no pocas coyunturas durante casi cincuenta años, a su disgregación (Sesma, 1992a, 1996b, 2005c, 2006e, 2012a y 2015b: 15-20). No hay que olvidar, en relación con este aspecto, que al filo del año 2000 tuvo lugar en España la penúltima irrupción de la reina Isabel en el dominio público, con motivo del quinto centenario de su muerte (2004), y que este hecho sirvió entonces para reciclar, en el terreno historiográfico, no pocos mitos arrastrados secularmente en torno a su figura (Sesma, 2006e: 521-523; Jover, 1997: 69-73). Sin apartarnos de la senda marcada por el estudio del reinado de Fernando II, es preciso subrayar también la aportación de Ángel Sesma en torno al origen y puesta en marcha de los tribunales inquisitoriales en la Corona de Aragón. La Inquisicón fue, como él mismo ha puesto de manifiesto, uno de los pocos proyectos desarrollados conjuntamente sobre los dominios de las Coronas castellana y aragonesa —junto con todo lo derivado de la política internacional, la expulsión de los judíos y la reforma de la Iglesia— y su introducción en la primera de ellas formó parte de la estrategia implementada por Fernando II con objeto de fortalecer el poder real en todos sus Estados patrimoniales (Sesma, 2006e: 532-533; y 2013a: 171-184). La medida fue abiertamente contestada por las principales autoridades políticas de la Corona, reacción que dio lugar a una intensa crisis política con graves implicaciones sociales en Aragón, Cataluña y Valencia, cuyo alcance podemos apreciar en términos cientí- ficos gracias al trabajo de Ángel Sesma (Sesma, 1987a, 1989b y 2013a). 2.2. Economía: la fiscalidad y el comercio. Para muchos de los historiadores españoles formados en las décadas de 1960 y 1970, la Historia económica constituyó la prolongación natural de unos intereses historiográficos vinculados, inicialmente, al estudio del derecho y las instituciones, y heredados de la generación anterior. La recepción de la historiografía francesa asociada a la tradición de Annales fue determinante para ello, ya que por entonces temas como la Historia de las estructuras agrarias o el comercio estaban siendo trabajados en profundidad tanto por medievalistas como, sobre todo, por modernistas (Raphael, 2012: 119-123; Iggers, 2012: 99-103). Junto a las corrientes llegadas de Francia, la investigación dedicada a la Historia de la Corona de Aragón prestó también una atención especial a lo que se estaba haciendo al otro lado del Mediterráneo, en Italia, donde los trabajos de autores como Roberto S. Lopez, Mario Del Treppo o el propio Federigo Melis estaban ofreciendo resultados muy importantes a partir de fuentes similares a las que custodiaban los archivos aragoneses, catalanes y valencianos (Sesma, 2006d: 17-21). Ya hemos mencionado la importancia que la toma de contacto con la obra de Melis y, sobre todo, la estancia en el Istituto Datini, en 1973, tuvieron sobre los intereses historiográficos de Ángel Sesma a partir de entonces, por lo que, en este apartado, nos centraremos únicamente en los resultados más relevantes derivados de esta línea de investigación. Si el punto de partida era, como hemos visto, una institución global, como la Diputación del General en el reinado de Fernando II, no es difícil entender que la inmersión en el estudio de las relaciones económicas se produjera, para Ángel Sesma, a través de la fiscalidad de Estado. Concretamente, a partir del estudio de las generalidades, una tasa aduanera gestionada por las Cortes y la propia Diputación del reino, y en cuya rentabilidad se basaba la estabilidad económica de la hacienda aragonesa desde la segunda mitad del siglo xiv. Así, su primer trabajo sobre el tema, publicado en Anuario de Historia del Derecho Español en 1976, se convirtió muy pronto, como ya hemos apuntado, en una obra de referencia al poner de manifiesto las conexiones existentes entre el ámbito del poder político y el mercado a mediados del siglo xv, a través de la estructura fiscal controlada por la Diputación (Sesma, 1976a). A partir de ahí, Sesma continuó profundizando en esta línea mediante el estudio de las negociaciones desarrolladas en el ámbito parlamentario, donde la monarquía y los grupos dominantes en cada uno de los Estados de la Corona se disputaron el control de una renovada estructura fiscal. La serie de trabajos sobre este tema, publicados en su mayoría durante las décadas de 1980 y 1990 (Sesma, 1979a, 1983a, 1987b, 1988a, 1989a, 1992b, 1997b, 1997e y 2001b; Sesma, Sánchez, Furió, 2008b), se ha convertido en un pilar fundamental sobre el que sustentar los posteriores avances en el ámbito de la fiscalidad y las finanzas públicas tanto en Aragón como en Cataluña y Valencia, como han puesto de manifiesto numerosos autores (Ladero, 2015: 23-33). Asimismo, más recientemente, han tenido su continuación en un pormenorizado análisis de las sucesivas crisis financieras de la hacienda del reino, provocadas por el recurso continuado al endeudamiento censal (Sesma, 2015a). El conocimiento detallado de las estructuras fiscales del Estado ha sido un elemento fundamental para desarrollar la otra gran vertiente de su interés por el ámbito de la Historia económica, como es el mundo del comercio, sus agentes y los productos objeto de intercambio. Seguramente, su gran aportación en este sentido radica en haber contribuido decisivamente a desterrar la imagen de Aragón como un territorio interior, ligado a un sector primario de corto alcance y ajeno al proceso de comercialización que estaban experimentando, desde el siglo XIII, el resto de Estados del arco mediterráneo. La obra de Ángel Sesma ha proporcionado a la historiografía de tema económico enfoques, argumentos y, lo que no es menos importante, ediciones documentales para demostrar que la evolución del comercio aragonés en la Baja Edad Media estuvo en sintonía con la del resto de los Estados de su entorno y que, además, presentó ciertas singularidades debidas a fenómenos como la especialización o la demanda externa (Sesma, 1982a; Laliena, 2012: 13-14). Cabe destacar al respecto sus estudios sobre la exportación de materias primas y productos básicos, como la lana, el trigo y el aceite, destinados a abastecer los mercados catalanes, valencianos e italianos (Sesma, 1977b, 1985b, 1995b, 1997c, 1997d y 2001a, 2005b y 2010b: 345-362; y Sesma, Sarasa, 1977d) y su trabajo sobre la compañía Torralba, Manariello y Flexas, operativa con capital aragonés y catalán en la primera mitad del siglo xv (Sesma, 1985a). El resultado permite no sólo explicar mejor las propias dinámicas internas del reino de Aragón, sino que resulta imprescindible para entender el sentido de la actividad econó- mica en otros Estados peninsulares y mediterráneos (Iradiel, 1999: 36-49). Todos los trabajos inscritos en esta línea de investigación a los que nos hemos referido hasta aquí tienen en común haber sido elaborados a partir de una escala de amplio alcance, es decir, tomando como referencia un perimetro equivalente al reino en su totalidad o a alguna región extensa y bien cohesionada por factores económicos, como es el caso de la vía fluvial del Ebro o el maestrazgo turolense. No obstante, verificar las dinámicas que se desprenden del análisis general a escala local, a través de problemáticas particulares directamente vinculadas con los procesos económicos a medio y largo plazo, ha sido también un objetivo importante a lo largo de la carrera de Ángel Sesma. Las aportaciones realizadas en este sentido son muy numerosas y, entre todas ellas, nos gustaría destacar, por su relevancia, dos: el ciclo de trabajos dedicados a diferentes aspectos del desarrollo comercial de Huesca en el siglo XV, que van desde el mercado de trabajo a las ferias locales (2000b, 2005a, 2011d y 2012d); y un reciente estudio sobre las existencias de una tienda de menaje doméstico zaragozana de finales del siglo XV, en el que se tratan problemas como el consumo y los niveles de vida de la sociedad zaragozana (Sesma, Laliena, 2014d: 23-44). 2.3. Sociedad: la población y la prosopografía de las sociedades urbanas. La expresión «Historia social» ha funcionado en el último siglo como un inmenso paraguas capaz de abarcar por sí solo una enorme cantidad de corrientes e intereses historiográficos, cuyo nexo de unión radica, principalmente, en la definición de sujetos históricos colectivos, generalmente alejados de la cúspide del poder político y, en no pocos casos, directamente enfrentados con él. Sin caer en generalizaciones excesivas, resulta evidente que tanto la nueva Historia política como la Historia económica surgieron en Europa de la mano de un interés explícito por grupos sociales que encajaban, más o menos abiertamente, en ese perfil, especialmente cuando se trataba de definir a los agentes que participaron más directamente en los procesos de cambio político y/o económico (Juliá, 2009). Desde esta óptica, no será preciso insistir en que tanto la nueva Historia política como la Historia económica en las que se inscribe aquella parte de la obra del profesor Sesma que hemos analizado hasta ahora se encuentran, por definición, impregnadas de un cierto componente social, que, sin embargo, se encuentra mucho más acentuado en el tercero de los itinerarios que transitaremos aquí. Concretamente, aquél que parte de la demografía histórica y conduce hacia la prosopografía de las sociedades urbanas. Para buena parte de los discípulos de José María Lacarra, la demografía histórica ha constituido un método de trabajo ampliamente cultivado, ofreciendo, de hecho, importantes resultados tanto en Navarra como en Aragón. En el caso de Ángel Sesma, el interés por esta temática tuvo su primera parada editorial en un breve trabajo colectivo, de corte metodológico, publicado en 1981 y elaborado en colaboración con M.ª L. Ledesma, M.ª I. Falcón, C. Orcástegui, J.F. Utrilla y E. Sarasa (Sesma et al., 1981b). Aquella primera inmersión vino seguida, posteriormente, de un estudio dedicado específicamente a la villa de Monzón en los siglos xiii-xv (Sesma, 1986b); otro, sobre la Comunidad de aldeas de Teruel a mediados del siglo xiv (Sesma, 1991c); y un tercero en torno al poblamiento periurbano de Zaragoza a comienzos del Trescientos (Sesma, 2002b). Este bagaje proporcionó la base adecuada para que, en 1998, el profesor Sesma asumiera la dirección del proyecto colectivo que condujo a la publicación del libro La población de Aragón en la Edad Media (siglos xiii-xv), donde, además de incluir algunos trabajos ya publicados anteriormente, se introdujeron valiosas contribuciones inéditas (Sesma, Laliena, 2004a). Entre las aportaciones contenidas en aquella obra, merece la pena señalar las cuatro grandes conclusiones que él mismo formulaba al cerrar uno de los capítulos de su autoría, titulado «Sobre los fogajes generales del reino de Aragón (siglos xiv-xv) y su capacidad de reflejar valores demográficos». La primera de ellas es la estrecha relación existente entre métodos de recaudación e instrumentos de control sobre la población, en el marco de la construcción del Estado moderno. La segunda, la racionalidad y el consenso que presiden la toma de decisiones en el ámbito fiscal. Como tercera conclusión, Sesma destacaba la tendencia de los distintos grupos de poder a supeditar sus propios intereses al bien común, en el momento de asumir los repartos fiscales. Y, por último, la progresiva sofisticación de los instrumentos empleados en la recaudación, que se refleja en la mayor precisión de los propios fogajes conforme se avanza hacia el final de la Edad Media (Sesma, Laliena, 2004a: 45-49). De otro lado, el análisis de la población desde un punto de vista cuantitativo ha venido acompañado en la producción histórica de nuestro protagonista de un tratamiento específico sobre las dinámicas sociales de las villas y ciudades aragonesas y, especialmente, del estudio prosopográfico de sus grupos dirigentes. Como resultado de este planteamiento, a partir de comienzos de la década de 1990 ha venido sucediéndose una larga serie de trabajos dedicados al estudio de la red urbana de la Corona de Aragón, con especial atención a las conexiones establecidas entre los principales agentes sociales que, con unos rasgos perfectamente comparables, detentaban el poder político y el control económico en cada una de ellas (Sesma, 1991d, 2003b, 2003c, 2006f y 2007c). Como estudios de caso especialmente representativos, cabe destacar los estudios dedicados a las elites de la ciudad de Barbastro (Sesma, 1991b; Sesma, Laliena, 1999e), o el denso análisis sobre el mercado inmobiliario de Zaragoza y la participación en este negocio de grupos influyentes como el clero o los ciudadanos honrados (Sesma, 2007b). Por último, no quisiera concluir este apartado sin dejar de recordar un libro que ya hemos comentado en la primera parte del trabajo y que constituye, además de un texto extraordinario en cuanto a su valor narrativo, un espléndido ejercicio de Historia social. Me refiero a la obra colectiva Un año en la Historia de Aragón. 1492 (Sesma et al., 1992). Cada uno de sus capítulos proporciona distintas miradas sobre los aragoneses —sin historia, aunque no ánónimos— de finales de la Edad Media, cuyo análisis en profundidad nos trasladaría, a su vez, hacia otros horizontes historiográficos, como son la cultura, la justicia, la fe o la fiesta, por citar, tan sólo, algunos de los muchos terrenos en los que se adentra la obra. Asimismo, tampoco quedaría completo este recorrido por las aportaciones de Ángel Sesma en el ámbito de la Historia social sin mencionar que, a lo largo de su carrera, ha impulsado y dirigido varias tesis doctorales que se inscriben directamente dentro de esta tendencia. Las reflexiones aportadas por él mismo, como director de estos trabajos, a modo de prólogo o presentación de los textos que, finalmente, fueron publicados, permiten comprobar fehacientemente la profundidad de esa «sensibilidad hacia la acción de los agentes sociales» (Laliena, 2013: 18) que, de hecho, atraviesa el conjunto de su obra (Sesma, 1990b: 11-14; 2005f: 13-15; y 2012e: 5-10). Sirva de muestra el siguiente fragmento, tomado de la «Presentación» al libro de Juan Abella Samitier, Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera: No se puede, ni serviría de nada, reconstruir las vidas de todos los habitantes de un lugar. Tampoco es posible, ni conduce a ninguna parte, intentarlo con la repetitiva trayectoria de los lugares del reino. Ni siquiera en el caso de que existiera suficiente información para hacerlo nos permitiría conocer mejor la historia de Aragón. Sería como confeccionar un mapa del territorio a escala natural (…) Se trata de reunir convenientemente agrupadas las informaciones fragmentadas disponibles, para configurar un tejido de mayor consistencia que permita un reflejo nítido y lo más preciso posible de la sociedad y su evolución en el tiempo, mostrando las peculiaridades de los grupos y las clases sociales que la componen, las actividades, los recursos económicos, las relaciones políticas, las manifestaciones culturales, sin olvidar las individualidades existentes que muestran capacidades o actuaciones diferentes. (Sesma, 2012e: 7) Epílogo. Esta reflexión sobre la trayectoria académica y los itinerarios historiográ- ficos recorridos por José Ángel Sesma concluye aquí, pero su actividad científica continúa. En el momento de dar a imprenta este texto, un nuevo tomo del Acta Curiarum se encuentra en prensa, otro más de la colección Garba (dedicado a los problemas del consumo y la demanda) está en preparación y prosigue, a buen ritmo, la incansable tarea de transcripción de los libros de aduanas del General. Éstos son tan sólo algunos de los proyectos inmediatos de un historiador que, en vísperas de cumplir el trámite administrativo de su jubilación del profesorado, reconoce mirar «con cierta envidia a los que están en la línea de salida, por lo que poseen de ilusión y fe en su futuro». (Sesma, 2013c: 40). Ojalá que esa ilusión y esa fe en el futuro perduren en el ánimo de los estudiantes más jóvenes como han pervivido en el de Ángel Sesma durante todos estos años, porque ello será síntoma de que los historiadores continúan siendo fieles al compromiso contraído con su oficio y con la sociedad. Referencias bibliográficas. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
DE ARAGÓN A LA CÁTEDRA DE SAN ILDEFONSO. LOS PONTIFICADOS MEDIEVALES DE LOS ARZOBISPOS DE TOLEDO DE ORIGEN ARAGONÉS : FROM ARAGON TO SAINT ILDEFONSO’S CHAIR. MEDIEVAL GOVERNMENT OF ARAGONESE ARCHBISHOPS OF TOLEDO
dE ARAgÓn A lA CátEdRA dE sAn IldEfonso. los pontIfICAdos MEdIEvAlEs dE los ARZobIspos dE tolEdo dE oRIgEn ARAgonés. FROM ARAGON TO SAINT ILDEFONSO’S CHAIR. MEDIEVAL GOVERNMENT OF ARAGONESE ARCHBISHOPS OF TOLEDO. Enrique torija Rodríguez universidad Complutense de Madrid. Resumen: El presente artículo presenta las biografías de aquellos prelados originarios de la Corona de Aragón que ocuparon el arzobispado de toledo desde su restauración en el año 1086. En el mismo ponemos en relación sus individualidades con las del resto de arzobispos toledanos, su procedencia familiar, sus actuaciones como prelados en la sede primada y sus fallecimientos. Analizamos las causas que llevaron a estos extranjeros a ocupar el beneficio eclesiástico más importante del reino de Castilla que tenía anejo la cancillería del reino, inscritas dentro de las relaciones entre los dos reinos peninsulares. Abstract: this paper presents the biographies of these prelates from Crown of Aragon that were elected archbishops of toledo after the restoration of the archdiocese at 1086. In this study, we make a relation between their individualities and other archbishops of toledo, their familiar origin, their government like prelates in toledo and their deaths. We analyze the reasons that put them in the most important Castilian bishopric (and chancellors of the Kingdom) in spite of their foreign origin. these reasons fall whithin the context of Castilian-Aragonese relationships. Palabras clave: prelados aragoneses, biografía (historiografía), Arzobispos de toledo, Relaciones Castilla-Aragón, Casa de luna. Keywords: Aragonese prelates, biography (Historiography), Archbishops of toledo, Castille-Aragon relationships, House of luna suMARIo: 1.- Introducción. utilización historiográfica de la biografía. 2.- Encuadre de los prelados originarios de la Corona de Aragón en la relación general de arzobispos de toledo. 3.- don pedro de Cardona. 4.- El infante don sancho de Aragón. 5.- El infante don Juan de Aragón. 6.- don Ximeno de luna. 7.- don pedro de luna. 8.- Conclusión. EnRIQuE toRIJA RodRÍguEZ 1. Introducción. utilización historiográfica de la biografía las relaciones entre las coronas de Aragón y Castilla han sido tradicionalmente estudiadas desde la perspectiva de los tratos entre los reyes titulares de ambos reinos, sus enlaces familiares o los conflictos ocurridos entre ellos. sin embargo, con los aires llegados a la historiografía con la nueva Historia otros aspectos de las relaciones internacionales entre los diferentes estados del Medioevo comenzaron a ser de interés entre los historiadores, por ejemplo aquellas relaciones surgidas al amparo de las de gran nivel, como eran las monárquicas, en otros grupos sociales y profesionales. En el presente estudio mostramos una de sus vertientes, la eclesiástica, y más concretamente la influencia aragonesa conseguida a través de los prelados originarios de los diferentes territorios de la Corona de Aragón que fueron llamados a ocupar la sede primada, la más importante de las diócesis castellanas. Realizaremos el estudio a través de la descripción y análisis de sus biografías y de sus actuaciones mientras ocuparon el beneficio arzobispal toledano. durante los últimos años hemos asistido a un renacimiento de la biografía1 no sólo desde una perspectiva literaria sino también histórica, tras una larga crisis en la historiografía ocurrida tras la segunda guerra Mundial ocasionada paradójicamente por la metodología de la nueva Historia de la Escuela de los Annales y las corrientes marxistas. la misma reniega de la biografía por diversos motivos: desplazan a la historia política y militar, que ponía especial interés en los grandes hombres, por la historia económica, de las mentalidades y social, donde la colectividad, y no el individuo, juega un papel más predominante; frente a una narración de los acontecimientos se acude a la historia de las estructuras y tendencias, donde se diluye la intervención humana; y se centra en el análisis de formas de larga duración, en las que el período de vida de un hombre se hace menos nítido al igual que su influencia individual. simplificando, la Historia se convierte en una Historia de las estructuras, de las instituciones humanas o de las fuerzas sociales sin sujeto humano individual. El resurgir de la biografía histórica se viene dando en el panorama historiográfico de las dos últimas décadas coincidiendo con la crisis de la nueva Historia motivada, entre otras causas, por la pérdida de peso de los valores colectivos y sociales en la sociedad actual y el auge de los privados e individuales tras el fracaso de los sistemas políticos y económicos socialistas en la década de los 80 del siglo XX. precisamente es uno de los miembros de la Escuela de Annales, Jacques le goff, el que ha abogado por recuperar la biografía histórica utilizando las nuevas metodologías y concepciones historiográficas al considerar al individuo como miembro de un grupo y a la biografía, como estudio de los individuos, un complemento para el análisis de las estructuras sociales y del comportamiento colectivo. Afirma que a través de un sujeto, históricamente explicado, se puede mostrar la sociedad y el período al que está ligado, mostrando cómo ha impreso en ellos su propia personalidad. Ejemplo práctico de sus palabras son las excelentes biografías que ha realizado sobre el rey luis IX de francia2 y san francisco de Asís3 . se han propuesto4 diferentes formas de aproximaciones biográficas a la Historia. la primera sería la prosopografía, también conocida como biografía modal. no es propiamente una biografía y tiene diferencias con ella. la diferencia fundamental entre biografía y prosopografía es que “mientras la biografía pretende presentar al individuo y su personalidad, sin olvidar su inserción en el contexto social y político, la prosopografía aspira a considerar a un individuo dentro de un todo, sin destacar sus aspectos particulares”5 . otra definición acertada de dicho método la da Rafael narbona vizcaíno: “trata básicamente de reunir noticias biográficas individuales, irrelevantes e intrascendentes por sí mismas, con objeto de componer una biografía colectiva [...]. Constituye la individualización de las características comunes a un grupo de protagonistas históricos a través del estudio histórico de sus vidas”6 . El método prosopográfico nos ayuda no sólo a describir las instituciones, sino también a los grupos que las forman, sus posibles intereses económicos, lazos familiares, extracción social, redes clientelares,... Con ello se busca alcanzar el objetivo de humanizar las instituciones y no quedarnos sólo en los aspectos jurídico-políticos de las mismas. En palabras de Rafael narbona “la prosopografía nos permite $I . . . J$ hacer historia social de las instituciones”7 y se convierte en un punto intermedio entre el estudio de las estructuras y la biografía pura. la prosopografía ha sido muy utilizada para el estudio de las élites políticas y económicas. la segunda de las estrategias es lo que se ha calificado como “biografía y contexto”. la biografía conserva su pureza pero la época en la que vive el biografiado es analizada como un factor que explicaría su destino singular. Es la que más se entiende como biografía histórica y la que se ha utilizado habitualmente para estudiar a grandes hombres. la tercera de las aproximaciones se nombraría como “biografía y casos límite” en el que se realiza el análisis a través de un personaje marginado para definir dichos márgenes del campo social. Aquí están encuadrados muchos de los trabajos de tipo sociológico que se inscriben dentro de lo que se ha denominado “microhistoria” y de la historia de la vida privada. otras posibilidades que se abren es el de realizar biografías duales, comparando la evolución de dos personajes históricos en un proceso útil cuando uno se construye frente al otro, o biografías de grupo. Es en este contexto historiográfico en el que realizamos nuestro análisis de la huella dejada por los diferentes prelados de origen aragonés que se sentaron en la silla primada. utilizamos para ello, como no puede ser otra forma tras lo expuesto, la narración de sus biografías y su encuadre en la relación del resto de arzobispos toledanos. 2. Encuadre de los prelados originarios de la Corona de Aragón en la relación general de arzobispos de toledo. Antes de comenzar dicha descripción ubicaremos a estos arzobispos procedentes de los diversos territorios de la Corona de Aragón con el resto del episcopado toledano para ponerlos en perspectiva entre ellos. Comenzaremos con una pequeña tabla prosopográfica que pone en comparativa algunos atributos comunes en todos ellos. listado de arzobispos de toledo8 (en cursiva los de origen aragonés): <table><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Nombre</td><td rowspan=1 colspan=1>Inicio</td><td rowspan=1 colspan=1>Fin</td><td rowspan=1 colspan=1>Nacionalidad</td><td rowspan=1 colspan=1>Origensocial</td><td rowspan=1 colspan=1>Notas</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>Bernardo de Sedirac</td><td rowspan=1 colspan=1>1086</td><td rowspan=1 colspan=1>1124</td><td rowspan=1 colspan=1>Franco</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>Raimundo</td><td rowspan=1 colspan=1>1124</td><td rowspan=1 colspan=1>1152</td><td rowspan=1 colspan=1>Franco</td><td rowspan=1 colspan=1>-</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>3</td><td rowspan=1 colspan=1>Juan</td><td rowspan=1 colspan=1>1152</td><td rowspan=1 colspan=1>1166</td><td rowspan=1 colspan=1>CastellanolFranco?</td><td rowspan=1 colspan=1>-</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>4</td><td rowspan=1 colspan=1>Cerebruno</td><td rowspan=1 colspan=1>1167</td><td rowspan=1 colspan=1>1180</td><td rowspan=1 colspan=1>Franco</td><td rowspan=1 colspan=1>-</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>5</td><td rowspan=1 colspan=1>Pedro de Cardona</td><td rowspan=1 colspan=1>1181</td><td rowspan=1 colspan=1>1182</td><td rowspan=1 colspan=1>Catalan</td><td rowspan=1 colspan=1>AltaNobleza</td><td rowspan=1 colspan=1>Electo,no consagrado.Renunciaal alcanzarelcardenalato</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>Gonzalo Perez</td><td rowspan=1 colspan=1>1182</td><td rowspan=1 colspan=1>1191</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>7</td><td rowspan=1 colspan=1>Martin Lopez de Pisuerga</td><td rowspan=1 colspan=1>1192</td><td rowspan=1 colspan=1>1208</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>8</td><td rowspan=1 colspan=1>Rodrigo Jimenez de Rada</td><td rowspan=1 colspan=1>1209</td><td rowspan=1 colspan=1>1247</td><td rowspan=1 colspan=1>Navaro</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>9</td><td rowspan=1 colspan=1>Juan de Medina</td><td rowspan=1 colspan=1>1248</td><td rowspan=1 colspan=1>1248</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>10</td><td rowspan=1 colspan=1>Gutierre Ruiz de Olea</td><td rowspan=1 colspan=1>1249</td><td rowspan=1 colspan=1>1250</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>11</td><td rowspan=1 colspan=1>Sancho de Castilla</td><td rowspan=1 colspan=1>1251</td><td rowspan=1 colspan=1>1261</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Realeza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>12</td><td rowspan=1 colspan=1>Domingo Pascual</td><td rowspan=1 colspan=1>1262</td><td rowspan=1 colspan=1>1264</td><td rowspan=1 colspan=1>CastellanolNavarro?</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1>Electo, no consagrado</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>13</td><td rowspan=1 colspan=1>Sancho de Aragon</td><td rowspan=1 colspan=1>1266</td><td rowspan=1 colspan=1>1275</td><td rowspan=1 colspan=1>Aragones</td><td rowspan=1 colspan=1>Realeza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>14</td><td rowspan=1 colspan=1>Fernando de Covarrubias</td><td rowspan=1 colspan=1>1276</td><td rowspan=1 colspan=1>1280</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1>Electo,no consagrado.Depuestopor el Papa</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>15</td><td rowspan=1 colspan=1>Gonzalo Petrez</td><td rowspan=1 colspan=1>1280</td><td rowspan=1 colspan=1>1299</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1>Renuncia al alcanzar elcardenalato.Aparece en fuentescomo Gonzalo Pérez Gudiel oGonzalo Garcia Gudiel.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>16</td><td rowspan=1 colspan=1>Gonzalo Diaz Palomeque</td><td rowspan=1 colspan=1>1299</td><td rowspan=1 colspan=1>1310</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr></table> 8.- la leyenda es la siguiente: - número que ocupa en la sucesión de arzobispos tras la restauración de la sede en 1086 nombre - nombre con el que es conocido el arzobispo de toledo Inicio - Año de comienzo de su pontificado como arzobispo de toledo fin - Año de finalización de su pontificado como arzobispo de toledo (muerte u otras causas) nacionalidad - lugar de origen del arzobispo origen social - pertenencia del arzobispo de toledo a un grupo social en sus orígenes familiares notas - otros datos para la elaboración de la presente tabla hemos utilizado dos libros manuscritos de la biblioteca Capitular de toledo (bCt): la Historia de los arzobispos de Toledo, reyes y otras cosas de España de baltasar porreño (dos tomos, bCt ms. 27-21 y bCt ms. 27-22) y las Apuntaciones para la Historia de Toledo y sus arzobispos con epitafios de Juan bautista pérez (bCt ms. 27-27). se ha contrastado dicha información con el trabajo y estudio de Juan francisco Rivera Recio, Los arzobispos de Toledo en la Baja Edad Media (ss. XII-XV), toledo, diputación provincial, 1969. <table><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Nombre</td><td rowspan=1 colspan=1>Inicio</td><td rowspan=1 colspan=1>Fin</td><td rowspan=1 colspan=1>Nacionalidad</td><td rowspan=1 colspan=1>Origensocial</td><td rowspan=1 colspan=1>Notas</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>17</td><td rowspan=1 colspan=1>Gutierre Gomez</td><td rowspan=1 colspan=1>1310</td><td rowspan=1 colspan=1>1319</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>18</td><td rowspan=1 colspan=1>Juan de Aragon</td><td rowspan=1 colspan=1>1319</td><td rowspan=1 colspan=1>1328</td><td rowspan=1 colspan=1>Aragones</td><td rowspan=1 colspan=1>Realeza</td><td rowspan=1 colspan=1>Renunciaalasede toledanapara ser administrador delarzobispado de Tarragona.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>19</td><td rowspan=1 colspan=1>Ximeno de Luna</td><td rowspan=1 colspan=1>1328</td><td rowspan=1 colspan=1>1338</td><td rowspan=1 colspan=1>Aragones</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1>RecibeelarzobispadodeToledoal ser nombrado Juan de Aragonadministradorde Tarragona,dedonde era arzobispo.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>20</td><td rowspan=1 colspan=1>Gil Carrillo de Abornoz</td><td rowspan=1 colspan=1>1338</td><td rowspan=1 colspan=1>1350</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1>Renuncia al alcanzar elcardenalato</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>21</td><td rowspan=1 colspan=1>Gonzalo de Aguilar</td><td rowspan=1 colspan=1>1351</td><td rowspan=1 colspan=1>1353</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>22</td><td rowspan=1 colspan=1>Blas Fernandez de Toledo</td><td rowspan=1 colspan=1>1353</td><td rowspan=1 colspan=1>1362</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1>Conocido tambien como VascoFernandez de Toledo.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>23</td><td rowspan=1 colspan=1>Gome Manrique</td><td rowspan=1 colspan=1>1362</td><td rowspan=1 colspan=1>1375</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>24</td><td rowspan=1 colspan=1>Pedro Tenorio</td><td rowspan=1 colspan=1>1377</td><td rowspan=1 colspan=1>1399</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>25</td><td rowspan=1 colspan=1>Pedrode Luna</td><td rowspan=1 colspan=1>1403</td><td rowspan=1 colspan=1>1414</td><td rowspan=1 colspan=1>Aragones</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>26</td><td rowspan=1 colspan=1>Sancho de Rojas</td><td rowspan=1 colspan=1>1415</td><td rowspan=1 colspan=1>1422</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>27</td><td rowspan=1 colspan=1>Juan Martinez de Contreras</td><td rowspan=1 colspan=1>1423</td><td rowspan=1 colspan=1>1434</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>BajaNobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>28</td><td rowspan=1 colspan=1>Juan de Cerezuela</td><td rowspan=1 colspan=1>1434</td><td rowspan=1 colspan=1>1442</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>BajaNobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>29</td><td rowspan=1 colspan=1>Gutierre Alvarez de Toledo</td><td rowspan=1 colspan=1>1442</td><td rowspan=1 colspan=1>1445</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>30</td><td rowspan=1 colspan=1>Alfonso Carrllo de Acuna</td><td rowspan=1 colspan=1>1446</td><td rowspan=1 colspan=1>1482</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>31</td><td rowspan=1 colspan=1>Pedro Gonzalez de Mendoza</td><td rowspan=1 colspan=1>1482</td><td rowspan=1 colspan=1>1495</td><td rowspan=1 colspan=1>Castellano</td><td rowspan=1 colspan=1>Nobleza</td><td rowspan=1 colspan=1>Simultaneamente obispo deSiguienza.Primero nombradocardenal y mantiene elarzobispado.</td></tr></table>. Aunque la mayoría pertenecían a los más importantes linajes de la nobleza castellana, dado su carácter de sede primada y la enorme proyección política que tenían9 , observamos que cinco de los treinta y un arzobispos de toledo que ocuparon la sede primada durante la baja Edad Media tienen origen en la Corona de Aragón. son pedro de Cardona (1181-1182), el infante sancho de Aragón (1266-1275), el infante Juan de Aragón (1319-1328), Ximeno de luna (1328-1338) y pedro de luna (1403-1414). se dividen en tres bloques: uno inicial, casi anecdótico, personalizado en el canciller de Alfonso vIII, pedro de Cardona, en la segunda mitad del siglo XII; uno central, el más extenso en el tiempo y en influencia, con tres prelados de procedencia aragonesa a caballo entre los siglos XIII y XIv; y uno final protagonizado por pedro de luna, sobrino del papa benedicto XIII, en los inicios del siglo Xv. si atendemos a los orígenes sociales observamos la procedencia noble de la práctica totalidad de los mismos. Incluso en los casos sin datos como en algunos de los primeros arzobispos de origen franco es probable el origen nobiliario (Raimundo de toledo vino junto a bernardo de sedirac proveniente de francia desde la misma región, y como él es posible que procediera de la nobleza franca cuando se hizo monje cluniacense). la relevancia política de la sede primada hizo que algunos miembros de la realeza fueran sus titulares durante las épocas medieval y moderna. En la baja Edad Media ocurrirá en tres ocasiones, dos de ellas con miembros de la casa real aragonesa. Esta época de arzobispos-infantes, que comienza en 1251 con el infante sancho de Castilla, hermano de Alfonso X, se extiende por la etapa final del siglo XIII a los inicios del XIv con los infantes aragoneses sancho y Juan y coincide en el tiempo con la segunda fase de influencia aragonesa en la mitra toledana. la procedencia dinástica muestra un hecho relevante: si descartamos el breve pontificado de pedro de Cardona en el resto de los casos este origen vino de mano de únicamente dos linajes. uno de ellos, por la pertenencia a la realeza, fue el de la Casa de barcelona. El otro fue el de la Casa de luna, cuya huella será más profunda por los lazos de parentesco con otros primados que no limitan la influencia de la familia en toledo a sus dos arzobispos. 3. don pedro de Cardona. Algunos autores antiguos no le incluyen en la sucesión de arzobispos de toledo por haber sido sólo electo y no consagrado, pasando de don Cerebruno, que falleció en 1180, a don gonzalo pérez, elegido en $1 1 8 2 ^ { 1 0 }$ . sin embargo, sí fue confirmado por el papa y su elección está confirmada por dos bulas, una de Alejandro III y otra de lucio III. pedro de Cardona era hijo de Ramón folch, vizconde de Cardona, y de sibila, hija del conde Armengol de urgel11. no es de extrañar que un miembro de los Cardona, no natural de Castilla, ocupara un oficio de alto rango en la corte de Alfonso vIII ya que los condes de urgel estuvieron durante muchos años al servicio de los reyes de Castilla y león. su abuelo Armengol falleció en 1154 estando al servicio de Alfonso $\dot { \mathrm { V I I } } ^ { 1 2 }$ y es normal que otros caballeros catalanes sirvieran en tierras castellanas, ya fuera llamados por el de urgel o directamente por los reyes castellano-leoneses, y así queda contrastado en diferentes crónicas de la época donde de forma recurrente aparecen nombres de origen catalán. se desconoce su lugar de estudio, pero parece ser que residió un tiempo en Montpellier, quizá estudiado o enseñando, donde es probable que conociera a Alejandro $\bar { \mathrm { I I I } ^ { 1 3 } }$ . se doctoró en leyes, siendo un importante civilista, calificándosele en el necrologio de vich como doctor legum magnificus14. según el jurista italiano Juan basiano, contemporáneo suyo, pedro de Cardona fue el autor del epítome latino de la constitución griega que aparece en el Código de Justiniano (Cod. 6.4.4.), así como de la traducción latina de la constitución del emperador Zenón, que se registra en el mismo Cod. 184.108.40.206. desde el 23 de julio de 1178 firmó como canciller de Castilla y lo hizo hasta un documento del 4 de agosto de $1 1 8 2 ^ { 1 6 }$ . durante estos cuatro años el funcionamiento de la cancillería se fijó y se regularizó, con una producción documental relativamente elevada17. En su persona se unía la dignidad arzobispal y el oficio de canciller pero todavía no como algo propio del beneficio del prelado toledano. Antes de su promoción la sede primada llevaba vacante durante más de un año desde que el 12 de mayo de 1180 había fallecido el arzobispo don Cerebruno18. El día de navidad de 1180 el cabildo de toledo recibió permiso del rey para proceder libremente a la elección19 aunque dando a entender el monarca su interés por su canciller, que se encontraba en una misión ante el papa. El cabildo, sin saber si aceptaría o no, nombró compromisarios que fueron a la curia romana. Allí, con las cartas que les avalaban de Alfonso vIII y del cabildo y viendo que pedro de Cardona aceptaría, procedieron a su elección20. Antes de alcanzar este beneficio había sido abad de Husillos y nombrado subdiácono por el papa Alejandro III que tenía intención de retenerle en la corte pontificia21. Alejandro III confirmó la elección y la notificó al pueblo y al clero de toledo en bula dada en viterbo el 2 de julio de $1 1 8 1 ^ { 2 2 }$ . tras su elección permaneció un tiempo más en la Curia. Es posible que pasara una temporada en España, pues suscribe documentos reales en toledo en abril y mayo de $1 1 8 2 ^ { 2 3 }$ , pero nunca llegó a ser consagrado24. otra posibilidad es que no llegara a regresar a la península Ibérica, ocupado como estaba en su carrera eclesiástica en la sede Apostólica, y su inclusión durante estos años en documentos firmando como canciller se deba a la inercia y rutina burocrática25. En diciembre de 1181 lucio III le nombró cardenal presbítero de san lorenzo in Damaso26, y como tal aparece en una bula que el papa envía desde velletri al prior (deán) y canónigos de toledo el 3 de junio de $1 1 8 2 ^ { 2 7 }$ informándoles que pedro de Cardona había devuelto una deuda que mantenía con unos ciudadanos romanos. En la misma se le califica como $^ { \dag } [ . . . ]$ dilecto filio nostro P.(etro) tituli sancti Laurentii in Damaso presbitero Cardinali $I . . . J ^ { \prime \prime }$ , y se recuerda su filiación pasada con la Iglesia de toledo al añadirse la fórmula “[...] quondam electo vestro [...]”. Esto confirmaría que no fue consagrado como arzobispo, quedando sólo como electo de la sede, y que había renunciado al episcopado. la renuncia vendría motivada por su elevación al cardenalato ya que en esta época los purpurados debían hacer residencia en la Curia con lo que no podían ocupar otras sedes episcopales. según Jaffé suscribió varias bulas del papa lucio III desde el 18 de enero al 7 de julio de $1 1 8 2 ^ { 2 8 }$ . su nombramiento como cardenal a finales del siglo XII le convierte en el primer español y en el primer arzobispo de toledo en alcanzar esa dignidad. En un obituario de la catedral de toledo aparece el 26 de junio como día de su muerte pero sin especificar el año29. Algunos autores lo sitúan en 1182, ya que desde el 12 de enero de 1183 aparece otro cardenal con el título de san lorenzo in Damaso, Hubertus, suscribiendo documentos de lucio III, aunque Cardona sigue apareciendo en bula del 7 de julio30. Rivera Recio retrasa el fallecimiento hasta $1 1 8 3 ^ { 3 1 }$ por ello y por la suscripción que hace de diversos documentos castellanos, donde aparece como canciller en uno del 4 de agosto de dicho año. se ignora el lugar de su muerte y dónde fue enterrado ya que no parece que fuera en la catedral de toledo: sus antecesores y sucesores inmediatos de la época tenían por costumbre enterrarse en la capilla de san Andrés de la catedral32 pero no aparece en la lista de epitafios de la misma33. 4. El infante don sancho de Aragón su presencia en episcopologios y crónicas se limita en ocasiones a comentar su vinculación con la realeza y a narrar los hechos de su trágica muerte34. sin embargo, el personaje tuvo gran relevancia para la sede toledana tanto por las constituciones que otorgó regulando el funcionamiento del cabildo como por la impronta cultural que dejó en la misma. Era el cuarto hijo varón de Jaime I de Aragón y su madre era la segunda esposa del rey aragonés, violante de Hungría. se desconoce la fecha concreta de su nacimiento que debió tener lugar en la década de los 40 del siglo XIII, quizá incluso en 1250. desde pequeño fue destinado a la Iglesia, recibiendo beneficios eclesiásticos en su reino de origen: en 1254 Inocencio Iv le hizo arcediano de belchite en la diócesis de Zaragoza y se le hizo titular del arcedianato de tremp en urgel35 y capellán del papa Clemente $\mathrm { I V } ^ { 3 6 }$ . se desconoce su lugar de estudios, quizá parís o probablemente bolonia, universidad italiana a la que su padre el rey tenía gran estima y siempre se rodeó de consejeros que se habían formado $\mathrm { a l l i } ^ { 2 3 7 }$ . su presencia en Castilla y su conocimiento de ella no era algo nuevo cuando fue llamado a ocupar el arzobispado de toledo. En 1246 su hermana violante de Aragón se había casado con el entonces príncipe heredero Alfonso, futuro Alfonso X de Castilla, y había sido nombrada señora de valladolid. él mismo fue nombrado abad de valladolid, uno de los beneficios más ricos de Castilla, a finales de 1255 (su antecesor, el infante felipe, lo había sido hasta el 12 de octubre de ese año y sancho aparece como tal por vez primera el 15 de diciembre), cargo que ostentó hasta ser elegido arzobispo38. se tiene noticia de que poseía un palacio en la ciudad y que residía en él en $1 2 6 5 ^ { 3 9 }$ . su elección fue de compromiso para poner fin a una elección controvertida de la Iglesia de toledo. tras el breve pontificado del electo domingo pascual40, que había sido canónigo de toledo y el crucífero del arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada durante la batalla de las navas de tolosa, el cabildo toledano dividía sus votos entre dos candidatos: Armengol, arcediano de talavera, y el maestro Martín, deán de burgos y canónigo de toledo41. Al parecer las posturas eran irreconciliables con lo que se elevó la elección a urbano Iv. El papa se decantaba por el arcediano de talavera y quería que el partido del deán de burgos desistiera. pero el pontífice murió el 2 de octubre de 1265 y se tuvo que esperar a que Clemente Iv fuera elegido el 5 de febrero de 1266 para poner punto y final a la disputa. En bula dada en viterbo el 21 de agosto de dicho año42 el papa anuló las elecciones y designó al infante sancho de Aragón como arzobispo de toledo43, dispensándole de la edad44 y nombrándole administrador en lo pastoral y espiritual45. El papa alegó diversas causas en la bula para proceder a su elección: sobre todo que era su deseo acabar con la ruptura en la Iglesia toledana, motivada por la terquedad de ambos bandos, y que temía que si devolvía la capacidad de elección al cabildo se volvieran a encender las llamas de la discordia. otra motivación era que toledo estaba necesitado de un enérgico pastor en un momento de crisis económica. El colapso económico de la iglesia castellana en general y de la toledana en particular se debía al apoyo prestado a Alfonso X en su aventura imperial germana, conocida como el fecho del Imperio46. para él el idóneo era don sancho por su regio linaje y sus virtudes. sin embargo, no sólo esto influyó y el infante tuvo el apoyo de las cortes reales de Aragón y Castilla, en estos momentos en buenas relaciones47, que influyeron en la corte pontificia a favor suyo48. para ambos reinos era el candidato perfecto al estar vinculado a ambas familias reales (hijo del rey de Aragón y cuñado del rey de Castilla). Alfonso X podía tener además otros motivos: en una época en la que los arzobispos de toledo se hacían responsables personales de las deudas contraídas por su sede, al promover a un príncipe foráneo quizá el reino de su padre colaboraría a paliar las mismas. su consagración y primera misa de pontifical en la catedral de toledo tuvo lugar al año de su elección, el día de navidad de 1267, en presencia de Alfonso X de Castilla y de su padre Jaime I de Aragón. El propio soberano aragonés lo relata en su crónica Llibre dels feits donde comenta su venida a Castilla al enterarse de la elección de su hijo49. El papa le había otorgado el privilegio, en unas letras apostólicas dadas en viterbo el 3 de noviembre de $1 2 6 6 ^ { 5 0 }$ , de darle la facultad de conceder indulgencias por dos años y dos cuarentenas a los fieles que, debidamente preparados, asistieran personalmente a su primera misa solemne. su gobierno en el arzobispado de toledo estuvo muy centrado en las deudas y la crisis económica: la documentación que se conserva en el Archivo Capitular de toledo sobre él prácticamente versa en torno a los préstamos y a los libros. gracias a su influencia aragonesa entró en contacto con los banqueros de Montpellier, territorio de la Corona de Aragón, que disfrutaban de una gran prosperidad económica. la ciudad francesa era el punto de contacto de los reinos hispánicos con las sociedades de crédito italianas en pistoia, siena y florencia51, recibiendo el arzobispo préstamos de todos ellas. tal y como se esperaba su padre colaboró económicamente con él: el 12 de enero de 1268 concedió a su hijo 7.000 florines anuales de la moneda de Jaca mientras viviera el rey, que sobrevivió un año a don sancho, sobre los derechos regios en teruel a cambio de que le prestara servicio según el fuero de Aragón52. Realizó algunas misiones políticas para el rey Alfonso X. En 1269 asistió en burgos al matrimonio entre el infante fernando de la Cerda con blanca Capeto, hija de luis IX de francia, a los que veló53. En la revuelta nobiliaria de 1272 medió junto al infante fernando entre los rebeldes y el rey para poner paz54. debió ser un hombre muy culto, con una biblioteca personal de 73 volúmenes frente a los 66 que tenía la biblioteca capitular en ese momento. pocos en Castilla podían igualar tal cantidad de libros y la gran inversión en cultura en un momento en el que los libros eran tan valiosos como joyas55. los mismos versaban sobre materias dispares como derecho canónico y civil, teología, ciencia o filosofía56. A nivel pastoral parece ser que a pesar de su origen no tenía un gran apego por la vida cortesana y fue un hombre de Iglesia dedicado a ella. la documentación le acredita como residente en su diócesis durante la mayor parte del tiempo, con especial predilección por Alcalá de Henares, donde amplió el palacio comprando solares y casas adyacentes. no se dedicó al nepotismo de forma excesiva, rodeándose de colaboradores tanto aragoneses como nativos de toledo. Con él acudieron a toledo desde Aragón gente valiosa que entró al servicio de la catedral, como fue el caso de pedro pérez bonet, importante para la construcción del templo catedralicio, o Jofré de loaysa, que fue arcediano de toledo, doctor y escritor de una crónica que buscaba ampliar $D e$ Rebus Hispaniae del arzobispo Jiménez de Rada57. Corrió personalmente con los gastos de los procuradores del cabildo de toledo que asistieron al II Concilio de lyon pero no quedando muy claro si asistió personalmente58. Intervino y supervisó las diferentes vacantes episcopales ocurridas en sus obispados sufragáneos. otorgó varios ordenamientos codificando la vida capitular. El 5 de marzo de $1 2 6 7 ^ { 5 9 }$ reguló las formas para recibir el vestuario y los ingresos de los diezmos del pan y vino, cuyo cobro se arrendaban al mejor postor. también que el canónigo mansionario que residiera por tres meses, fueran continuos o no, desde la fiesta de san Miguel (29 de septiembre) recibiría íntegro el vestuario como si hiciera residencia personal el año entero. El 4 de febrero de $1 2 6 9 ^ { 6 0 }$ reglamentó el préstamo de Hita61. El mismo se repartía sólo entre los canónigos, no se tenía en cuenta a las dignidades, que alcanzasen el día de todos los santos (1 de noviembre), sirvieran o no en la iglesia. una tercera se promulgó el 1 de junio de $1 2 7 1 ^ { 6 2 }$ , en el que se estipuló que el clérigo de la catedral que muriera después del día de todos los santos recibiría los prestimonios y vestuarios del año siguiente. la última constitución conocida es del 5 de junio de $1 2 7 5 ^ { 6 3 }$ según la cual todo nuevo canónigo estaba obligado a entregar un paño nuevo de xamet con suficiente orifrés o 25 libras tornesas, o su equivalente en la moneda del momento, antes de percibir renta alguna de la iglesia. Mantuvo activa una política de cruzada, como los otros arzobispos de tole$\mathrm { d o } ^ { 6 4 }$ , desde muy pronto. Antes de ser consagrado y celebrar su primera misa se había sometido al ritual de tomar sobre sus vestiduras las insignias de cruzado contra los sarracenos, hecho que impresionó a Clemente Iv que concedió privilegios espirituales a cuantos militaban bajo sus banderas en una bula dada en viterbo el 11 de julio de $1 2 6 7 ^ { 6 5 }$ . Esta actividad guerrera le costó la vida66: en 1275, con el rey ocupado en el extranjero en su empresa alemana, los benimerines norteafricanos invadieron Castilla. El arzobispo don sancho, junto al por entonces regente el infante fernando de la Cerda, acudió a hacerles frente y proteger el adelantamiento de Cazorla, señorío suyo. El 21 de octubre en una escaramuza en las cercanías de Martos y torredonjimeno, en tierras de Jaén, luchó con ímpetu y se lanzó prácticamente sólo contra las líneas enemigas, siendo capturado por los musulmanes y muriendo allí su portaestandarte sancho duerta, su capellán y canónigo de toledo Martín pérez, así como Juan fernández de beleña y otros hombres y vasallos del arzobispo67. Mientras los sarracenos decidían a quién correspondía la presa, si al rey de Marruecos o al de granada, uno de sus captores decidió asesinarle para evitar que buenos musulmanes se enfrentaran a causa de un infiel. luego le decapitaron y le cortaron la mano donde tenía el anillo. Cuando llegó el grueso del ejército cristiano, bajo el mando de diego lópez de Haro, ya era demasiado tarde aunque recuperaron el cuerpo mutilado del arzobispo y la cruz primada. la cabeza y la mano con el anillo fue devuelta por el rey de granada tras serle solicitada por gonzalo Romero, comendador mayor de Calatrava, y junto al cuerpo fueron llevadas a enterrar a la catedral de toledo en la capilla de Reyes viejos, actualmente situada en la Capilla Mayor. pero las tribulaciones de su cuerpo no finalizaron con su muerte. El 8 de mayo de 1503 se levantó un acta68 sobre cómo fue encontrado un ataúd con su cuerpo mientras se cavaba con motivo de unas obras para hacer unas gradas en el coro. don sancho estaba enterrado vestido de pontifical de oro y plata y con una mitra con aljófar, oro y joyas preciosas que pesaron tres marcos. tenía un báculo enjoyado con la representación de la coronación de la virgen en su curvatura, que pesó seis marcos, al que le faltaban algunos cañones. Calzaba zapatos con aljófar con las armas de Castilla y Aragón en ellos. El peón que le encontró robó un anillo y una rosa que tenía en su mano tasados en 150 ducados. Huyó con una mujer casada de toledo pero fueron detenidos por la santa Hermandad, cuyos oficiales devolvieron ambas joyas a la catedral. En un piedra al lado del ataúd podía leerse su epitafio69. 5. El infante don Juan de Aragón la fase intermedia de arzobispos oriundos de la Corona de Aragón coincide, como dijimos, con la época de miembros de la realeza que ocuparon la silla de toledo, y al infante don sancho de Aragón, tras otros cuatro arzobispos, le siguió el también infante Juan de Aragón70. nacido en 1301 era el tercer hijo de Jaime II de Aragón y de su esposa blanca de Anjou. desde muy joven fue dedicado por su padre a la Iglesia y fue educado primero en la cartuja de scala dei de tarragona71 y luego en parís, donde ya se encontraba en la primavera de $1 3 1 8 ^ { 7 2 }$ . fue tonsurado por el papa Clemente v en Aviñón el 11 de junio de 1311 a la edad de 10 años y ese mismo año fue nombrado canónigo de león. Como príncipe de un reino importante como el aragonés disfrutó del patronazgo de altos miembros de la Iglesia como diversos cardenales y el propio papa. gracias a ello, antes de su promoción a toledo, recibió numerosos beneficios eclesiásticos: fue arcediano de Jerez en la Iglesia de sevilla, preboste de valencia, arcediano de guadalajara en la Iglesia de toledo y deán de burgos73. su padre le otorgó el título honorífico de canciller de Aragón. En 1316 la sede de tarragona quedó vacante y el rey Jaime II puso los ojos en ella para su hijo. pero se enfrentaba a la oposición frontal del papa Juan XXII que alegó que ni el hijo de un rey podía ser arzobispo a la edad de 15 años. El cardenal napoleón orsini aconsejó al rey desistir a favor de su primo felipe de Mallorca. Así, aunque no en su hijo Juan, la sede se ocuparía con un miembro de la Casa de Aragón. pero el rey persistió en la candidatura de su hijo. A cambio de que el rey renunciase a la misma, el papa, tras diversas presiones e intrigas, aceptó que Jaime II presentara un prelado de su elección y le prometió el rango de abad para el infante Juan. El rey propuso a Ximeno de luna, obispo de Zaragoza, para ocupar el arzobispado de tarragona. Al obispado de Zaragoza, ahora vacante, se trasladó a pedro lópez de luna, abad de Montearagón en ese momento, mientras que el infante Juan era nombrado su sustituto como abad de Montearagón74. una nueva oportunidad apareció ante el infante Juan y el rey Jaime II en 1319: la sede primada de toledo quedaba vacante. El rey de Aragón lo vio como un acontecimiento idóneo para reafirmar su influencia en Castilla durante la minoría de Alfonso $\mathrm { X I } ^ { 7 5 }$ y presionó ante el papa para lograr el nombramiento de su hijo. la corte castellana, ya de por sí dividida durante la minoría regia, también se encontraba escindida en este asunto: por un lado, la reina María de Molina se oponía a su nombramiento por estar bajo la influencia de un rey extranjero, por el gran poder que ostentaba el prelado toledano en la política castellana gracias a sus rentas y posesiones y por tener anexada dicha dignidad la cancillería de Castilla desde $\bar { 1 } 2 0 6 ^ { 7 6 }$ . por otro lado, el infante Juan de Aragón tenía el apoyo de don Juan Manuel, tutor del rey, casado con Constanza de Aragón y, por tanto, cuñado suyo. don Juan Manuel veía en ello una oportunidad de reafirmar su papel como regente. vencieron las presiones e intrigas de éste y de Jaime II y en noviembre de 1319 el pontífice confirmó la elección del infante Juan de Aragón como arzobispo de toledo77. su elevación al arzobispado estuvo marcada por el enfrentamiento desde el principio. fue consagrado en lérida y en el camino hacia su sede debía pasar por tierras zaragozanas, cosa que hizo con la cruz levantada delante de él tal y como le permitía una de sus prerrogativas como primado de España78. Escudándose en una concordia durante el pleito entre tarragona y toledo por la ordenación de la iglesia de valencia79 tras la conquista de la ciudad por Jaime I de Aragón en la que Rodrigo Jiménez de Rada renunció temporalmente, por deferencia, a este privilegio, los prelados zaragozano y tarraconense protestaron por la acción del infante y procedieron a excomulgarle. El rey Jaime II se puso del lado de su hijo en lugar del de los obispos de su reino motivando una ruptura con ellos. la causa fue avocada a la santa sede y finalmente el papa dio la razón al arzobispo de toledo, levantando la pena de excomunión. Con su patrono y cuñado don Juan Manuel surgieron también roces muy pronto. En 1321 don Juan Manuel quiso que el arzobispo le reconociera como regente, pero el prelado se negó alegando que debía esperar a ver qué opinaba su padre. El que el tutor creía que iba a ser un peón en su política actuaba más a favor de los intereses paternos. don Juan Manuel entró en ira y rompió sus relaciones con Juan de Aragón. Con la excusa de acompañar a su hermana violante a casarse con Carlos Iv de francia y de mediar entre angevinos y aragoneses por el control de sicilia el arzobispo abandonó temporalmente el reino de Castilla. durante su ausencia castellana asistió al concilio de tarragona de 1324. En 1325 don Juan Manuel le retiró, en venganza y alegando su ausencia de Castilla, el oficio de la cancillería del reino80. A nivel interno del arzobispado su acción buscaba mantenerlo pacífico en un reino turbulento por la minoría regia. un ejemplo lo tenemos al poco de llegar a su sede cuando el 25 de marzo de 1321 consiguió un acuerdo con los clé- rigos de talavera y sus aldeas sobre la contribución de diezmos81. las cortes de valladolid aceptaron en febrero de 1326 confirmar los derechos clericales y la inmunidad eclesiástica a petición del clero castellano-leonés, liderado por el arzobispo de toledo, a quien el rey Alfonso XI le dirigió una carta de privilegio sobre ello82. En los últimos días de su pontificado consiguió que el rey emitiera otro privilegio en el que se protegía a los comerciantes que acudían a las ferias de Alcalá y brihuega, las más importantes de la archidiócesis83. pese a sus problemas en Castilla su labor pastoral fue importante. se tiene la constancia de que celebró sínodos diocesanos en toledo en 1323 (la aplicación en la archidiócesis de lo emanado en el concilio nacional de valladolid de 1322), en Alcalá en 1325 (que sirvió para explicar algunas de las constituciones del sínodo anterior sobre la vida, honestidad y prebendas de los clérigos) y en toledo en 1326 (convocado por él pero presidido por su vicario general Juan vicente, donde se determinó la jurisdicción de los arcedianos, arciprestes y otros prelados menores; se trató sobre el dolo y la contumacia; y sobre la vida, honestidad, tonsura y hábito de los clérigos). Además presidió dos concilios provinciales84, uno celebrado en la propia toledo en 1324 (el cumplimiento de lo acordado en valladolid para toda la provincia eclesiástica) y otro que se celebró en Alcalá de Henares en junio de 1326 (que versó sobre la obligación que tenían los sufragáneos de prestar obediencia a su metropolitano y sobre la inmunidad y libertad de la Iglesia). Realizó una visita pastoral a la catedral de toledo, sin que conozcamos su fecha concreta, cuya documentación se conserva y tras la cual se dieron disposiciones para la celebración del oficio divino, la asistencia al coro y la forma de estar presente en el mismo85. Entre 1325 y 1326 la situación de Juan de Aragón en toledo se hace insostenible y empezó a sopesar la idea de cambiar de sede. Abandonó definitivamente Castilla en 1327 y regresó a Aragón. El arzobispado de Ruán, en el norte de francia, quedó vacante y se pensó en trasladarle allí, pero fracasó la idea por la oposición frontal de Carlos Iv de francia86. finalmente se decidió hacer el trueque con tarragona y se enviaron mensajeros al papa con la propuesta. Juan XXII aceptó en 1328 y entregó al infante la dignidad de patriarca de Alejandría y el cargo de administrador de la Iglesia de tarragona cuyo arzobispo, Ximeno de luna, fue nombrado nuevo arzobispo de toledo. Estando en su nueva sede no se olvidó de su antiguo arzobispado. El 22 de octubre de 1330 donó al cabildo de toledo el molino llamado “el picazuelo” en el río Henares, cerca de Alcalá, en un casal llamado burgicayo, que había comprado a Mateo pérez, arcipreste de Alcalá y mayordomo suyo, para que con sus rentas dotase el cabildo una limosna que él había instituido en la catedral de toledo para que trece pobres comieran diariamente87. las buenas relaciones con su antiguo cabildo y con el nuevo arzobispo de toledo se mantuvieron hasta su fallecimiento: en 1332 recibió de ellos una mitra con muchas piedras preciosas y dos fragmentos de lignum crucis del sagrario de la catedral de toledo, que puso en su cruz de oro, reservándosele su propiedad hasta que decidiera devolverlos88. falleció el 19 de agosto de 1334 en la sede tarraconense que administraba, donde fue enterrado89. 6. don Ximeno de luna su ascenso eclesiástico tanto en la Corona de Aragón como en la de Castilla está íntimamente relacionado con el ascenso de la Casa de luna90, de la que era miembro, y que culminó en la política castellana con la figura del condestable álvaro de luna y en la eclesiástica con la del pontífice de Aviñón benedicto XIII. Antes de su designación como arzobispo de toledo había sido durante más de veinte años obispo de Zaragoza y durante más de una década arzobispo de tarragona tras la vacante de 1316 a la que también aspiró el infante Juan de Aragón. durante su pontificado tarraconense se opuso a los privilegios primaciales del infante, que paradójicamente más tarde disfrutó como arzobispo de toledo. sucedió en la silla primada al infante Juan de Aragón el 17 de agosto de 1328 en el que por una disposición de Juan XXII el infante era nombrado administrador de la Iglesia de tarragona, de la que él era arzobispo, nombrándose a Ximeno de luna arzobispo de toledo. Aparte del interés del nuevo rey de Aragón, Alfonso Iv, de respetar los deseos de Jaime II de trasladar a su hijo Juan del arzobispado de toledo, el intercambio en las sedes se produce en una época de buenas relaciones entre Castilla y Aragón: la guerra de granada se había interrumpido en 1309 y se reanudó en 1327 por el joven rey Alfonso XI de Castilla con el apoyo del recién coronado Alfonso Iv de Aragón, que deseaba mantener un equilibrio peninsular tras la boda del rey castellano con María de portugal. Estas buenas relaciones se sellaron con el matrimonio del rey de Aragón con la hermana de Alfonso XI, doña leonor, el 1 de febrero de 1329. Alfonso Iv de Aragón perdía a un miembro de su familia en la sede primada pero al menos mantenía a un aragonés en ella. su llegada a toledo fue bien acogida en buena parte de Castilla, donde veían como se marchaba su antecesor, miembro de una casa real ajena, que había tenido graves problemas con los tutores del rey durante su minoría. su simpatía también era mayor ya que pese a ser oriundo de la Corona de Aragón había acabado siendo más proclive a los intereses castellanos por los diferentes enfrentamientos que había mantenido con el monarca aragonés, como el problema con la primacía cuando aún era arzobispo de tarragona91. sin embargo, a otra parte de Castilla no gustó en demasía que un no natural del reino ocupara una sede tan importante como la toledana, y en una petición de la cortes de Madrid de 1329, el año siguiente de ser trasladado, se solicitó al rey que sólo se dieran beneficios eclesiásticos a naturales del reino, con una clara alusión indirecta a que la silla de toledo estuviera en manos de un aragonés92. desde 1330 Ximeno de luna aparece firmando de nuevo como canciller de Castilla, y el 1 de agosto de 1331, mientras Alfonso XI se encontraba en Illescas, en tierras del arzobispado de toledo, se le restaura de forma oficial la Cancillería93 que había perdido la dignidad toledana durante los enfrentamientos de su antecesor el infante Juan con el tutor del rey don Juan Manuel94. sus relaciones con Alfonso XI fueron buenas, del que recibió algunos privilegios para el arzobispado. El 29 de julio de 1331 confirmó que el lugar de Esquivias era solariego del arzobispo y su cabildo frente a las pretensiones del mismo de ser lugar de realengo95 y el 15 de junio de 1332 protegió la jurisdicción episcopal en yeles96. las ferias de Alcalá y brihuega vuelven a ser motivo de la protección real a instancias de Ximeno de luna: el 16 de junio de 1334 el rey castellano las aforó y reafirmó la protección a los comerciantes y mercaderes que acudían a ellas97 y el 1 de junio de 1335 explicita que la exención de portazgo para las ferias regias no afectaba a las arzobispales98. El monarca mandará el 3 de agosto de 1334 al alcalde de toledo, por petición del arzobispo, que no permitiera que los ganados de la Mesta realizasen daños en las tierras de la Iglesia de toledo o de sus vasallos99. pastoralmente cumplió con sus deberes, realizando periódicamente la visita ad limina bianual ante la santa sede aunque fuera mediante procuradores100. la documentación muestra que fue habitual residente en su diócesis, especialmente en Alcalá de Henares. Mantuvo una actitud piadosa, por ejemplo cuando el 27 de agosto de 1333 otorgó indulgencias durante cuarenta días para aquellos que entregaran limosnas para la reparación y mantenimiento del lazareto de san lázaro de ocaña101. otorgó varios ordenamientos regulando la vida del cabildo y del clero secular toledano: el 27 de junio de 1330 suscribió tres documentos en los que se incompatibilizaba ser capellán y servidero en parroquia, impidió que se prometieran o promovieran nuevas canonjías como ya se había alcanzado el límite de cuarenta y obligaba a los servidores de la catedral, aunque fueran presbíteros, a que hicieran el servicio semanal102. El 24 de enero de 1332 realizó otra constitución que se refería a la actitud deficiente de los capitulares cuando estaban en el coro mientras se celebraban los oficios divinos, promulgando los remedios oportunos para terminar con este modo de actuar103. Es posible que estas constituciones emanaran de la convocatoria de sínodos diocesanos pero no se tiene constancia de ello. sin embargo, sí se tiene noticia de la celebración de un sínodo celebrado en Alcalá de Henares el 2 de agosto de $1 3 3 6 ^ { 1 0 4 }$ en el que se estipuló la celebración anual de sínodos, se reguló la entrega de los frutos del beneficio de un clérigo difunto y se redujo, para evitar vicios y pobreza, el número de fiestas de precepto especificándose cuáles debían guardarse. también se conoce la convocatoria de un concilio provincial en Alcalá de enero de $1 3 3 3 ^ { 1 0 5 }$ para defender la libertad e inmunidad eclesiástica en el que se procedió a excomulgar a aquellos que atacaban, rapiñaban e invadían los bienes de la Iglesia y de los clérigos y sus vasallos. falleció el 16 de noviembre de 1338 en Alcalá de Henares, según el obituario toledano una hora antes del amanecer. fue trasladado a toledo y enterrado el día 21 del mismo mes en la antigua capilla de san Andrés de la catedral106. 7. don pedro de luna su figura gira en torno a la de su tío el papa luna. nació alrededor de 1375 y era el hijo de Juan Martínez de luna, hermano de benedicto XIII, y de teresa de Albornoz, señores de las baronías de Illuecas y gotor, y fue doctor en decretos107. la sede de toledo sufría un largo interregno, inscrito en el contexto del Cisma de occidente, desde la muerte de pedro tenorio en 1399, con lo que debido a ello según lo estipulado en el Iv Concilio de letrán la provisión de la misma quedaba en manos del pontífice108. desde 1398 Castilla se había sustraído en la obediencia de los dos papas del Cisma109 pero, fracasada esa vía, Enrique III restauró la obediencia a benedicto XIII el 29 de abril de $1 4 0 3 ^ { 1 1 0 }$ con lo que la provisión de toledo pasaba a depender del papa de Aviñón. Existieron intentos de acabar con el interregno, como cuando el cabildo eligió al monje jerónimo Hernando yánez y antiguo canónigo de toledo pero éste no aceptó111. después eligieron al arcediano de guadalajara, don gutierre álvarez de toledo, pero el papa no confirmó la elección112. Además el rey tenía su propio candidato, su sobrino sancho de seis años e hijo de fernando de Antequera113, y envió camino de la curia pontificia a sus embajadores pedro fernández, contador, y pedro yáñez, doctor, para presentarse ante el papa con la propuesta114. El monarca castellano, tras la restauración de obediencia, tenía aún pendiente con benedicto XIII la ratificación de los beneficios eclesiásticos cubiertos durante el tiempo de sustracción y la provisión de la silla de toledo. En lo segundo Enrique III quería que el papa tuviera en cuenta dos cosas: que el que fuera prelado toledano iba a ser miembro del Consejo Real y lo dicho por las Cortes de Madrid de 1396, donde se habían quejado sobre dar provisiones a personas no naturales del reino115. los embajadores castellanos llegaron a tarascón en diciembre de 1403, pero el papa se había adelantado: el 30 de julio de ese mismo año había nombrado a su sobrino pedro de luna como nuevo arzobispo de toledo116. En lo tocante a los beneficios de la época de sustracción de la obediencia se llegó a un rápido acuerdo, pero no sobre la provisión toledana. El pontífice se veía con suficientes apoyos en Castilla, entre ellos el de la reina Catalina de lancaster y el de fernando de Antequera, que supo renunciar a la candidatura de su hijo para asegurarse la amistad de benedicto XIII y que le sería muy útil en el futuro, mientras Enrique III se obstinaba en ella. los embajadores castellanos aprovechando la llegada a la curia pontificia de la noticia de la muerte del cardenal de pamplona sugirieron a benedicto XIII que desistiera del nombramiento arzobispal de su sobrino y aprovechara el acontecimiento para nombrarle cardenal y dejar a Enrique III hacer su voluntad en lo tocante a la silla de toledo, pero el papa se resistió gracias al apoyo moral que recibía de diferentes miembros de la corte de Castilla. Enrique III enfureció ante la decisión pontificia y prohibió al cabildo y clero de toledo que recibieran al arzobispo y se le tuviera por tal el 18 de febrero de $1 4 0 4 ^ { 1 1 7 }$ , ordenando que se confiscaran las rentas de la mesa arzobispal y que éstas quedasen bajo el control de su tesorero Juan garcía de paredes. El papa no desistió y consagró a su sobrino en génova el 5 de julio de $1 4 0 5 ^ { 1 1 8 }$ . Mientras la sede sufrió el embargo real la administró el obispo de sigüenza don Juan de Illescas que, como gobernador de la misma, asistió a las Cortes de 1406 y a la muerte del rey tomó juramento a la reina Catalina y al infante fernando como tutores del rey-niño Juan $\mathrm { I I } ^ { 1 1 9 }$ . fue gracias a la muerte del rey cuando las relaciones entre el arzobispo de toledo y la corte castellana se suavizaron y permitieron su toma de posesión por el apoyo que su tío benedicto XIII tenía en los ahora regentes fernando y Catalina, tío y madre del nuevo monarca. la prohibición real se levantó y el arzobispo acudió como tal a las Cortes de guadalajara de 1408, tomando ese año por fin posesión de la sede primada. En dichas Cortes le acompañó, para quedarse en Castilla al servicio del rey, un sobrino suyo de corta edad, álvaro de luna, que con el tiempo se convertirá en condestable de Castilla, maestre de santiago y personaje vital en la historia política del reino castellano. su implicación en el gobierno eclesiástico de toledo es mínima y su papel se basó más en ser una pieza en la partida por el Cisma que jugaba su tío benedicto XIII que en tener una actuación propia. no residió habitualmente en el arzobispado, dejando el ejercicio de las actuaciones pastorales de toledo en manos de Enrique, obispo de Mileto120. sólo tenemos constancia de una breve constitución suya sobre la exención para los canónigos toledanos de la luctuosa, que se pagaba al obispo al fallecer un clérigo, y que envió al tesorero de la catedral pedro gonzález, vicario general de la archidiócesis, para que la pusiera en marcha121. no se conocen sínodos diocesanos ni concilios provinciales convocados por él. falleció, rondando los cuarenta años, el 18 de septiembre de 1414. Recibió sepultura en la capilla de san Andrés de la catedral, siendo luego trasladado a la capilla de santiago, el mausoleo que los luna se hicieron construir en un. EnRIQuE toRIJA RodRÍguEZ lugar privilegiado del templo catedralicio a instancias del condestable álvaro de luna y de su esposa Juana pimentel122. 8. Conclusión ya comentamos que las relaciones entre la Corona de Castilla y la Corona de Aragón se han estudiado a través de las interacciones entre los soberanos de las mismas y de las acciones diplomáticas y militares que dirigieron, dejando de lado otras posibilidades como serían las influencias eclesiásticas en ambos territorios. Habitualmente éstas venían motivadas por las primeras y, sin embargo, han sido menos tenidas en cuenta y de hacerlo han sido estudiadas a nivel de instituciones y no en el de sus individualidades. partiendo de la base de que la esencia de la Historia se encuentra en el estudio de la Humanidad en tiempos pasados, una historia excesivamente centrada en la de las instituciones puede llevarnos a cambiar nuestro objeto de estudio: pasar del hombre como tal y centrarnos en una creación del mismo, las instituciones. no conocer a los hombres que se insertan en ellas puede llevar a confusiones, como tratarlos a todos por igual, independientemente de la época y personalidad de los mismos, al tener sólo en cuenta la esencia jurídica del cargo que ocupan. por tanto, cuantos más datos conozcamos de ellos mejor, aunque sea bastante complicado sobre todo cuanto más pretérito es el tiempo que estudiamos. Al menos sería necesario conocer una serie de elementos básicos para comprender a los hombres insertos en sus instituciones, como podría ser la extracción social, su nivel cultural y educativo, sus creencias religiosas, sus inclinaciones políticas... no conocer estos elementos podría llevarnos a confusiones, como la de pensar, en un ejemplo actual, que todo presidente del gobierno es idéntico a su predecesor y a su sucesor teniendo en cuenta únicamente la funcionalidad de su cargo a través de lo que nos transmite la Constitución Española de 1978 y sin atender a su ideología política, su contexto personal o sus rasgos individuales. o, para un caso medieval concreto, equiparar al rey Enrique Iv de Castilla y a su hermana la reina Isabel la Católica en función de la concepción que se tenía de la Monarquía castellana en la época bajomedieval. si lo preferimos, tal y como hemos visto en este estudio, no es comparable la actuación como arzobispos de toledo de los infantes sancho o Juan con la del sobrino del papa luna, aunque ostentasen el mismo beneficio. Es por ello que la aportación que ahora hacemos al estudio de las relaciones eclesiásticas castellano-aragonesas se basa, como un primer paso, en el análisis y descripción de las individualidades de los arzobispos de toledo oriundos de la Corona de Aragón. lo hacemos, en lo que nos han permitido las fuentes y la producción historiográfica existente, respecto a aspectos comunes de todos ellos: nacimiento, origen familiar, educación, carrera eclesiástica anterior, forma en la que fueron elegidos arzobispos, relaciones con la monarquía castellana mientras ocuparon el beneficio, actuaciones pastorales y momento de su muerte. se encuentran semejanzas en todos ellos: los orígenes sociales son similares, procediendo de la alta nobleza o de la realeza, que en muchos casos ambas se confunden; pertenecen a un número reducido de linajes (los barcelona y los luna); tienen una formación académica y cultural muy alta (es destacable la figura del infante sancho de Aragón); meteóricas carreras eclesiásticas debido a su alta alcurnia; promociones al arzobispado en momentos de buenas relaciones entre ambos reinos, como en los casos de Jaime I con Alfonso X o de Jaime II con los tutores de Alfonso XI; y una intensa labor pastoral en la mayoría de los casos como cabezas de la Iglesia de Castilla que eran. Caso especial es pedro de luna tanto por su promoción, al no ser fruto de las buenas relaciones entre reinos sino por el contexto extraordinario del Cisma, como por el nivel bajo en su acción pastoral, que no debe achacarse sólo por ser un peón, que también, de su tío sino a la pérdida de la práctica toledana de sínodos y concilios provinciales desde 1379 precisamente en el momento que la Iglesia Católica sufre una crisis institucional y de autoridad motivada por su ruptura, que en la sede toledana se reflejó en una serie de arzobispos poco interesados por el mundo religioso y más por el político y las luchas de poder castellanas del siglo Xv. dicha práctica no se recuperará hasta un siglo después, cuando en 1473 el arzobispo Alfonso Carrillo de Acuña vuelva a convocar un concilio provincial en Aranda. de las fases en que dividimos la influencia aragonesa en el arzobispado, la central es la más importante tanto por su prolongación en el tiempo como en la impronta que dejaron. En los setenta y dos años que van desde 1266, en el que se instala a sancho de Aragón, hasta 1338, en el que fallece Ximeno de luna, prácticamente el $40 \%$ del tiempo (28 años) la sede toledana estuvo ocupada por prelados aragoneses. pero la importancia no sólo viene por una causa cuantitativa sino también cualitativa: el pontificado de sancho de Aragón será fundamental para la vida cultural de toledo y para la construcción del nuevo templo catedralicio que estaba realizándose desde los tiempos de. Rodrigo Jiménez de Rada. durante estos tres pontificados se otorgaron varias constituciones capitulares y presidieron sínodos y concilios provinciales que regularon la vida del cabildo toledano y de la archidiócesis durante décadas. la fase que comprende el gobierno de pedro de luna, a principios del siglo Xv, se inscribe dentro del ámbito del Cisma de occidente: benedicto XIII buscaba asegurar y afianzar las sedes de la península Ibérica a su obediencia, situando en ellas a gente de su confianza o de su familia. por último, no debemos olvidar que la influencia de los arzobispos de toledo aragoneses no finaliza con el año de su muerte. sólo si prestamos atención a cómo influyeron en la promoción de prelados toledanos posteriores vemos que su sombra es más alargada de lo que inicialmente parece. Es el caso de Ximeno de luna que será sustituido, aunque fuera de origen castellano, por su sobrino gil de Albornoz. o pedro de luna que sin proponérselo traerá a la corte castellana al que será el personaje político más importante del reino en la primera mitad del siglo Xv y cuya influencia sobre la Iglesia de toledo se materializará en la elección de su medio hermano Juan de Cerezuela como arzobispo y, a nivel artístico, en la impresionante capilla de santiago de la catedral primada que servirá de panteón familiar a su persona y a los suyos.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Federico Corriente, trayectoria académica de un arabista singular
FEDERICO CORRIENTE, TRAYECTORIA ACADÉMICA DE UN ARABISTA SINGULAR. FEDERICO CORRIENTE, ACADEMIC CAREER OF A UNIQUE ARABIST. M.ª José Cervera Fras Universidad de Zaragoza. Áng eles Vicente Universidad de Zaragoza. Resumen: Se recoge en este trabajo una semblanza de las actividades realizadas por el profesor Federico Corriente a lo largo de su fructífera vida académica y lo que han supuesto para la disciplina del arabismo. Se repasan aquí sus muy diversas e importantes aportaciones a la dialectología, la literatura o la historia. Palabras clave: lengua árabe, dialectología, poesía estrófica, Alandalús. Abstract: This paper is a biographical note including activities undertaken by Professor Federico Corriente along his fruitful academic career, and what they have meant to the discipline of Arabism. His very diverse and important contributions to dialectology, literature and history are reviewed. Keywords: Arabic language, dialectology, stanzaic poetry, Alandalus. Las labores de docencia e investigación del profesor Federico Corriente son ciertamente singulares por su diversidad y abundancia. Varias han sido las universidades españolas y extranjeras en las que ha impartido sus lecciones, y así podemos afirmar que ha practicado su magisterio en tres continentes, desde la Universidad de El Cairo (1962-1965) y la Universidad Muḥammad V de Rabat (1965-1968), pasando por la Universidad de Dropsie en los Estados Unidos (1968-1972), hasta desembarcar en España, donde ha sido catedrático en la Universidad Complutense de Madrid (1972-1976 y 1986-1991) y en la Universidad de Zaragoza (1976-1986 y 1991-2015), y algo que sorprenderá a muchos, por desconocido, investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en excedencia desde 1972. De todas estas instituciones, la Universidad de Zaragoza es en la que más años ha pasado, un total de treinta y cuatro en dos periodos diferentes, y en la que ha llegado a su jubilación como catedrático emérito; razón por la cual el Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos y su revista Aragón en la Edad Media han decidido dedicarle este artículo en homenaje, donde sus compañeras de despacho, discípulas y colegas, realizamos una breve semblanza de su trayectoria, pues es difícil recoger en unas pocas páginas una vida académica tan rica y fructífera. Su actividad docente no solo es diversa por el número de instituciones a las que ha estado adscrito, sino por su capacidad para enseñar en varias lenguas diferentes y distintas materias como lengua española, lingüística semítica, lengua hebrea, lengua etiópica, literatura árabe y, sobre todo, lengua árabe. En el terreno de esta última, tuvo el acierto de dotar a los estudiantes de lengua árabe en el mundo hispanófono y a los estudiantes de lengua española en el mundo arabófono de las herramientas necesarias para poder avanzar en el conocimiento de ambas lenguas. Nos referimos a la publicación del Diccionario español-árabe (Corriente, 1970), con varias reediciones, reimpresiones y actualizaciones (Corriente, 1988a), hasta la última publicada en colaboración con Ahmed-Salem Ould-Mohamed Baba (Corriente & Ould Mohamed-Baba, 2010), y del Diccionario árabe-español (Corriente, 1977a), también con varias reimpresiones, hasta la más actualizada, realizada con Ignacio Ferrando (Corriente & Ferrando, 2005). Casi únicos instrumentos en nuestro país de los que disponían en esa época profesores, estudiantes, intérpretes, traductores y todo aquel que quisiera aproximarse al estudio de esta lengua, hasta que en 1996 apareciera el Diccionario de árabe culto moderno: árabe-español, de Julio Cortés, una obra que no sustituiría las anteriores sino que venía a complementarlas, y así lo oímos de labios de uno de los catedráticos de lengua árabe de este país cuando afirmó que «lo Cortés no quita lo Corriente». A esta labor lexicográfica, hay que añadir además las sucesivas gramáticas de la lengua árabe, libros de textos y de ejercicios que han servido para la enseñanza y aprendizaje de esta lengua a tantos profesores y estudiantes, publicadas desde 1980 cuando apareció la primera Gramática Árabe (Corriente, 1980a), con múltiples ediciones y, posteriormente, la Introducción a la gramá- tica y textos árabes (Corriente, 1986a), también con reimpresiones y reediciones diversas (Corriente, 1990), y el Vocabulario árabe graduado, en colaboración con Juan Pedro Monferrer Sala y Ahmed-Salem Ould Mohamed-Baba (Corriente, Monferrer Sala & Ould Mohamed-Baba, 2013). Centrándonos ahora en la producción investigadora de Federico Corriente, llegamos a otro aspecto muy productivo. En su bibliografía se cuenta casi medio centenar de libros y cerca de doscientos artículos, además de otras tantas conferencias en cursos y congresos que han permitido acceder a sus conocimientos a gente procedente de diversas naciones y en varias lenguas. Su obra científica, además de muy amplia, es fundamental en muchos campos del arabismo y su relación con el mundo romance, cambiando incluso, en algunos de ellos, el rumbo de la investigación desde la base.1. Dentro del amplio mundo del arabismo, Federico Corriente se ha atrevido con casi todas las especialidades, entre las que destacamos la historia, la literatura y, sobre todo, la dialectología, especialidad en la que su obra es conocida a nivel internacional y ha creado escuela. Así pues, considerado pionero de estos estudios en España, es el fundador de un grupo de investigación que trabaja sobre los dialectos árabes magrebíes u occidentales y que le considera su maestro indiscutible. Su actividad se ha organizado en torno a siete proyectos de investigación trienales y consecutivos, entre 1990 y 2011, financiados por los distintos ministerios encargados de gestionar los planes nacionales de $_ { \mathrm { I + D + i } }$ y del que era el investigador principal.2 Los resultados de dichos proyectos se han dado a conocer como publicaciones individuales, pero en muchas ocasiones también como publicaciones conjuntas con algunos de sus discípulos y/o colegas, una actividad que ha sido la raíz de su relación de estrecha colaboración con la mayoría de ellos y que han creado esa atmosfera de ‘escuela’ de dialectología árabe magrebí a la que nos referíamos más arriba. Si algo se puede negar de Federico Corriente es el haber sido un investigador aislado en su rincón zaragozano, escribiendo sus obras como autor único y sin contar con un equipo, algo que se puede comprobar en las numerosas obras en coautoría citadas en este artículo. El árabe andalusí ha sido su tema de investigación predilecto, reconocido por él mismo, que incluso produjo un cambio en su vida. Su empeño en dar a conocer las fuentes que nos han transmitido datos sobre el andalusí se ha plasmado en la reedición continua de varias de ellas (ver infra las dedicadas a Ibn Quzmān), en la formación de doctorandos encargados de editar algunas otras en sus tesis doctorales, además de en la publicación de diccionarios y sucesivas gramáticas de esta lengua donde intenta sistematizar continuamente la información actualizada arrojada por los avances en los estudios realizados. Son muchos sus logros con los que hemos llegado a conocer mejor la variedad vernácula de la lengua árabe hablada por la población de Alandalús: desde el cambio de nombre, sustituyendo el antiguo ‘hispano-árabe’ que tantas connotaciones tenía, por uno más apropiado ‘árabe andalusí’,3 hasta la primera gramática completa de esta lengua tan poco conocida hasta ese momento, como necesaria para entender algunas de las fuentes de la época escritas en árabe medio. Hablamos del A Grammatical Sketch of the Spanish-Arabic Dialect Bundle (Corriente, 1977b), cuya publicación supuso un hito en los estudios de dicha variedad árabe. Posteriormente otras obras han sido dedicadas a actualizar la información sobre este dialecto, como Árabe andalusí y lenguas romances (Corriente, 1992), A Descriptive and Comparative Grammar of Andalusi Arabic (Corriente, 2012) y, su última obra al respecto, en colaboración con Christophe Pereira y Ángeles Vicente, Aperçu grammatical du faisceau dialectal arabe-andalou. Perspectives synchroniques, diachroniques et panchroniques (Corriente, Pereira & Vicente, 2015). Al conocimiento de la gramática de la lengua, por supuesto hay que añadir toda una labor lexicográfica que empezó con obras que recogían el vocabulario de las diversas fuentes de las que disponemos para conocer el árabe andalusí, como la de Pedro de Alcalá (Corriente, 1988b), el Vocabulista in Arabico (Corriente, 1989), el Glosario de Leiden (Corriente, 1991a) y el Dīwān de Ibn Quzmān (Corriente 1993). Tarea que tuvo como colofón la obra de recopilación A Dictionary of Andalusi Arabic (Corriente, 1997a). También se ha preocupado Federico Corriente de la relación del andalusí con las lenguas peninsulares, y es por ello que sus estudios de los arabismos son numerosos; destacamos aquí su Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance (Corriente, 1999), corregido y aumentado en una edición posterior en 2003. Hasta llegar a la obra que recoge toda esta actividad lexicográfica, Dictionary of Arabic and Allied Loanwords Spanish, Portuguese, Catalan, Galician and Kindred Dialects (Corriente, 2008a). El interés del Profesor Corriente por el léxico árabe, clásico y andalusí, y su relación con el romance, le ha llevado a fijar su atención en fuentes muy diversas, entre ellas los refranes, como la compilación que hizo con Hussein Bouzineb de los refranes de Alonso del Castillo (Corriente & Bouzineb, 1994), y los glosarios botánicos medievales. En relación con estos últimos, su investigación, en colaboración con Joaquín Bustamante y Mohand Tilmatine, sobre el de Abulxayr ha dado como resultado tres volúmenes (Abulxayr, 2004- 2010), uno con la edición del texto árabe en 2004, el segundo, publicado en 2007, contiene la traducción castellana y notas y, finalmente, los índices se publicaron en 2010. Su investigación sobre obras fitonímicas ha continuado con otro texto del mismo género, el botánico de Alidrīsī, cuya edición y traducción, en colaboración con Ibrahim Benmrad, Joaquín Bustamante y Ana María Cabo, están ya en prensa. Gracias a su meticuloso trabajo y a su continua dedicación para actualizar la información, hoy día podemos decir que el árabe andalusí es el dialecto árabe medieval mejor conocido. Así, sabemos que es el producto de la interacción entre los diversos dialectos árabes traídos por los invasores junto con el adstrato bereber de las tropas norteafricanas y el sustrato romance de la población local. El resultado de todo ello fue una lengua vernácula que llegó a ser la lengua dominante en territorio andalusí durante varios siglos y que tenía características únicas en el mundo arabófono; sirva de ejemplo, un ritmo prosódico cualitativo que distingue sílabas átonas y tónicas, en lugar del ritmo cuantitativo del árabe antiguo (Corriente, 1976a). Esta lengua tuvo el privilegio de convertirse en lengua literaria y, por ello, otro de los campos de estudio predilectos del profesor Corriente es la poesía estrófica, como veremos más adelante. Pero en el campo de la lingüística no todo su esfuerzo lo acaparó el árabe andalusí, nunca ha dejado de ser ese semitista de formación que le gusta situar y comparar la lengua estudiada con su entorno inmediato, aquí destacamos su tesis doctoral que con el título Problemática de la pluralidad en semítico: el plural fracto (Corriente, 1971a) consiguió el premio extraordinario de doctorado. A esta obra hay que añadir algunos artículos que marcaron su trayectoria en este campo (Corriente, 1971b, 1973, 1975 y 1976b), sus tres traducciones del etiópico (Corriente, 1983, 1984 y 2009) y, especialmente, la Introducción a la gramática comparada del semítico meridional (Corriente, 1996). Además, en el campo de la dialectología árabe, fue el cofundador de la revista Estudios de dialectología norteafricana y andalusí, junto a Jordi Aguadé, y coeditor de los trece volúmenes publicados entre 1996 y 2009, a lo que se suma la edición en colaboración con Ángeles Vicente de la obra Manual de dialectología neoárabe (Corriente & Vicente, 2008). También es el codirector de la colección Estudios de dialectología árabe, publicada en la actualidad por Prensas de la Universidad de Zaragoza y con once volúmenes aparecidos entre 2008 y 2016. La actividad investigadora de Federico Corriente va a permitir un avance significativo del conocimiento no solo del árabe andalusí y de su relación con otras lenguas, sobre todo las habladas en la Península Ibérica, sino también en otros campos como la literatura, el folclore o la historia. Así ha sido, por ejemplo, en el campo de la lírica romance y la poesía estrófica árabe, al que ha contribuido con varios trabajos. Es especialmente destacable su dedicación a la compleja obra de Ibn Quzmān, a la que se ha acercado en diversas ocasiones, siempre con el mayor rigor y su gran capacidad lingüística que le han procurado el éxito: desde la primera edición completa (Corriente, 1980b); la segunda, revisada tras nuevas lecturas, publicada en Egipto (Corriente, 1995) y premiada en 1996 por el Ministerio de Cultura de la República Árabe Egipcia a la mejor edición de textos árabes, y luego reeditada en Rabat en 2013, y tres ediciones de la traducción, la primera en 1984 (Ibn Quzmān, 1984), luego corregida en una segunda edición (Ibn Quzmān, 1989) y corregida y completada en la tercera (Ibn Quzmān, 1996). La métrica de la poesía estrófica andalusí quedó bien establecida a partir de su investigación, en la que destacamos sendos artículos (Corriente, 1982 y 1986b). Otras poesías de autores andalusíes han sido objeto de su estudio, como las de Aššuštarī (Corriente, 1988c) y de Ibn Alʕarabī (Corriente & Emery, 2004). A través del perfecto conocimiento de esas y otras fuentes, ha podido redactar una obra sobresaliente en la materia, Poesía dialectal árabe y romance en Alandalús (Corriente, 1997b), donde expone sus teorías y su extenso saber sobre ese tema controvertido tras meticulosos análisis de diversos autores andalusíes. Prueba de lo delicada que llegó a ser la cuestión en entornos romanistas e incluso entre algunos arabistas, es la publicación de Romania arabica. Tres cuestiones básicas: arabismos, «mozárabe» y «jarchas» (Corriente, 2008b). De la misma manera que en el campo de la lingüística, en la literatura tiene un tema de trabajo predilecto, la poesía estrófica como hemos señalado, y otros a los que se dedica esporádicamente. Nos referimos a la literatura árabe moderna, tema con el que comenzó sus investigaciones, y a la literatura árabe preislámica. Su trabajo sobre el teatro de Tawfīq Alḥakīm mereció el premio extraordinario de licenciatura de la Universidad Complutense de Madrid en 1963 y ese mismo año publicó la traducción al español del drama La gente de la caverna que había sido la base de esa Memoria (Alḥakīm, 1963). Poco tiempo después tradujo la novela El despertar de un pueblo del mismo autor (Alḥakīm, 1967). Su interés por la literatura árabe se ha mantenido y, así, intercalada con otros temas de estudio, ha seguido presente en sus publicaciones, como la traducción del original árabe de El profeta de Jubran Khalil Jubran en colaboración con Maḥmūd Ṣubḥ (Khalil, 1983). Pero no solo la literatura moderna ha sido objeto de su dedicación, también la antigua. En 1974 realizó la primera traducción al español de la antología tradicional de poesía árabe preislámica. Dicha traducción está hecha según los criterios, que él mismo expresa en la introducción, de claridad, fidelidad y análisis y se completa con una excelente introducción histórica y literaria (Corriente, 1974). La importancia de esa obra literaria y las novedades producidas en la investigación recomendaron su reedición, labor que emprendió años más tarde en colaboración con Juan Pedro Monferrer Sala. El resultado fue una nueva publicación actualizada y completada que revisa la traducción de los siete poemas editados anteriormente e incorpora tres nuevos, además de incluir adiciones en los comentarios literario e histórico y en el aparato crítico, lo que aporta más información, así como la actualización bibliográfica (Corriente & Monferrer Sala, 2005). Su interés por los textos andalusíes le ha llevado también a la edición crítica anotada y a la traducción de crónicas históricas y obras jurídico-administrativas andalusíes. Esas fuentes, tras pasar por su competencia lingüística y su laboriosa dedicación para establecer unas lecturas correctas, resultan textos de calidad, perfectamente establecidos y totalmente fiables para los investigadores y estudiosos de diversos campos, como la historia medieval, la jurisprudencia y la literatura árabe de la Península Ibérica. Así, es de destacar su contribución a la historiografía andalusí con la edición, en colaboración con Pedro Chalmeta y Maḥmūd Ṣubḥ, del quinto volumen de Almuqtabis de Ibn Ḥayyān (Ibn Ḥayyān, 1979), la traducción del mismo junto a María Jesús Viguera (Ibn Ḥayyān, 1981) y la traducción de la primera parte del volumen segundo en colaboración con Maḥmūd ʕAlī Makkī (Ibn Ḥayyān, 2001). Fruto de su profundo saber y un trabajo riguroso son también las ediciones, en colaboración con Pedro Chalmeta, de obras jurídico-administrativas andalusíes, como el formulario notarial de Ibn Alʕaṭṭār (Ibn Alʕaṭṭār, 1983) y el tratado de ḥisba de Assaqaṭī (Assaqaṭī, 2014). Así mismo, su edición y estudio de un texto aljamiado (Corriente, 1991b) ha contribuido a aumentar nuestro conocimiento, en este caso, de los últimos grupos de cultura arabo-islámica en la Península Ibérica. Este artículo es un punto y seguido porque Federico Corriente sigue con muchas ideas aún en el tintero. Ahora como colaborador extraordinario del mismo departamento en el que lleva 34 años seguirá dando sus consejos, escribiendo sus publicaciones, participando en congresos e impartiendo conferencias, y, de vez en cuando, deleitándonos con uno de esos ácidos prólogos donde no deja títere con cabeza. Honores: — Premio extraordinario de Licenciatura, Universidad Complutense de Madrid. — Premio extraordinario de Doctorado, Universidad Complutense de Madrid. — Miembro correspondiente de la Academia de la Lengua Árabe de El Cairo, desde 1992. — Premio del Ministerio de Cultura de la República Árabe de Egipto a la mejor edición de textos árabes (1995), por la del Dīwān de Ibn Quzmān. — Medalla de oro del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, concedida con ocasión del quincuagésimo aniversario de su fundación, en Madrid, 11/11/2000. — Homenaje de colegas y discípulos: Sacrum Arabo-Semiticum. Estudios en homenaje al prof. Federico Corriente en su 65 aniversario, editado por Jordi Aguadé, Ángeles Vicente y Leila Abu-Shams, Zaragoza, Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2005. — Concesión del escudo de la Universidad de El Cairo, 21/3/2007. — Certificado de aprecio del Departamento de Cultura e Información del Emirato de Ajman (Emiratos Árabes Unidos), el 13/3/2008. — Miembro del Instituto de Estudios Canarios. — Doctor honoris causa por la Universidad de La Laguna, 10/2/2015. Bibliografía: ABULXAYR ALʔIŠBĪLĪ (2004, 2007 y 2010), Kitābu ʕumdati ṭṭabīb fī maʕrifati nnabāt likulli labīb (Libro base del médico para el conocimiento de la botánica por todo experto), edición, notas, traducción castellana, correcciones e índices de J. Bustamante, F. Corriente y M. Tilmatine, 3 vols., Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. ALḤAKĪM, T. (1963), La gente de la caverna y tres piezas en un acto, traducción y nota de F. Corriente, Madrid, Instituto Hispano-Árabe de Cultura. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Hacer fortuna en la expansión mercantil bajomedieval. Tres grandes empresas de negocios zaragozanas a comienzos del siglo XV
HACER FORTUNA EN LA EXPANSIÓN MERCANTIL BAJOMEDIEVAL. TRES GRANDES EMPRESAS DE NEGOCIOS DE ZARAGOZA A COMIENZOS DEL SIGLO XV. MAKING A FORTUNE IN THE LATE MEDIEVAL COMMERCIAL EXPANSION. THREE INTERNATIONAL FIRMS IN ZARAGOZA BY THE BEGINNING OF THE 15 $^ { \prime \prime H }$ CENTURY. Sa ndra de la Torre Gonza lo Grupo de investigación CEMA. Resumen: Este trabajo presenta los resultados de mi tesis doctoral, que explora los objetivos y estrategias de las tres mayores empresas mercantiles de Zaragoza entre 1380 y 1430. La investigación se ha basado en el estudio de casos a partir de fuentes notariales para ofrecer una visión comparativa de los agentes sociales de la expansión comercial del reino de Aragón al final de la Edad Media. Este estudio profundiza en la abundante historiografía existente sobre mercados, economía institucional y elites urbanas, buscando contribuir a los debates actuales sobre formación del Estado moderno y desarrollo económico de la Europa premoderna. Palabras clave: Elites urbanas, Mercaderes, Banca, Historia Económica, Corona de Aragón. Abstract: This paper presents an overview of the findings of my doctoral dissertation, that explores the targets sought and the strategies performed by the three major firms settled in Zaragoza during the period 1380-1430. The research has relied heavily on notarial records, and offers a comparative insight into the social agents of the commercial expansion of the kingdom of Aragon. Thus, it builds further on the already extensive scholarship about trade, institutional economics, and urban elites, and seeks to contribute to the current debates on state-formation and economic development of pre-modern Europe. Key words: Urban elites, Merchants, Banking, Economic History, Medieval Crown of Aragon. «Entre los altres oficis que posen la cosa pública en bon estament són los mercaders, car terra on mercaderia corre e abunda, tostemps és plena, e fèrtil e en bon estament.» Francesc Eiximenis, Regiment de la cosa pública, capitol XXXIII1. El fragmento del franciscano reivindica por sí solo el papel que jugaron en el pasado los intercambios comerciales. El apoyo doctrinal desde la Iglesia a las nuevas oligarquías urbanas no deja lugar a dudas del cambio de mentalidad y los diferentes valores de la sociedad medieval europea respecto a momentos anteriores. Cada vez son más los estudios históricos que incluyen la Edad Media dentro de los análisis económicos de larga duración (van Zanden, 2001) y el interés actual por las dinámicas de crisis y crecimiento económico han situado en el centro de las miradas este momento de especial relevancia en el desarrollo del sistema económico hispano en época preindustrial (Álvarez/Prados, 2013). Hace cinco años perfilamos la propuesta de tesis doctoral con un trabajo que se insertaba en un plan ambicioso de largo recorrido.2 La respuesta a la pregunta que entonces nos formulamos sobre las implicaciones de la existencia de un puñado de grandes operadores económicos asentados en Zaragoza entre 1380 y 1430 llegó de la historia social, apoyada en un análisis cuantitativo de los datos económicos disponibles, para ofrecer una invitación a asomarse a los negocios al más alto nivel en el Aragón bajomedieval.3 Esta perspectiva ha visibilizado la capacidad de las actividades financieras y comerciales llevadas a cabo por esta elite de poder para explicar la transformación económica, política y social que tuvo lugar en el reino en las últimas centurias de la Edad Media y comprobar, además, el distinto calado regional que manifestó este proceso a nivel europeo. 1. Las implicaciones de la mercantilización de la sociedad aragonesa. La orientación del tema y las preguntas planteadas fueron el resultado de lecturas y reflexiones suscitadas por el contacto en centros de investigación europeos con diferentes colegas y modos de trabajar. Primero fue la historia de los mercaderes, después la historia económica anglosajona y, finalmente, la historia urbana de los Países Bajos (Tanzini/Tognetti, 2014; Abulafia, 2005; Murray, 2005; Gelderblom, 2013). No obstante, a pesar de que estas experiencias y lecturas fueron orientando el trabajo, éste presentaba su propia realidad histórica y unas fuentes precisas a las que interrogar para configurar el enfoque final de la tesis doctoral, que no resultó ser una respuesta mimética a lo que se había hecho en otros lugares,4 ni tampoco un intento de exaltación de los logros conseguidos en el pasado. El comportamiento de la elite de negocios de Zaragoza es la expresión de factores culturales e institucionales que se encuentran detrás del desarrollo político y económico de la región a finales del siglo xiv y comienzos del xv, de modo que, aunque la ausencia de estudios no justificaba por sí sola la realización de una tesis doctoral, la falta de reconocimiento historiográfico de la importancia del comercio interior frente al marí- timo fue un potente estímulo para evaluar el papel de la capital aragonesa como centro económico regional e internacional.5. A la hora de marcar las coordenadas de la investigación a desarrollar, partimos de la constatación de la importancia de un reducido grupo de mercaderes de la capital aragonesa que aparecían actuando en los mercados de productos (desde el grano a los paños), que movilizaban sumas de dinero muy elevadas a través de la formación de compañías comerciales, y que intervenían a gran escala en la financiación de la actividad estatal y en el mercado de la deuda pública institucional (De la Torre, 2012). Por todo ello, quedaba claro que se trataba de personajes de amplísima influencia social y una dimensión política excepcional en la coyuntura inmediatamente anterior a la aparición del fenó- meno de los ‘conversos’, momento en el que quedó alterada significativamente la composición de las elites urbanas en la Corona de Aragón (Sesma, 1991). Zaragoza era en ese momento una ciudad de considerable tamaño, capital del reino de Aragón, que contaba con instituciones propias dotadas de capacidad decisoria en materia administrativa, fiscal y de control del gobierno, y que capitaneaba una región interior muy vinculada con los espacios mediterráneos e intensamente comercializada gracias a una especialización de la producción con una amplia aceptación en los ámbitos mercantiles europeos (Laliena, 2012). Igualmente, el núcleo cronológico propuesto se concentra en cincuenta años que aportan argumentos más que suficientes de la importancia de las grandes empresas mercantiles de la Baja Edad Media como objeto de investigación adecuado para abordar determinados problemas sometidos a debate hoy en día (Sesma, 2010). Precisamente, la primera tarea delicada de la tesis fue definir el objeto de estudio. Íbamos a fijar nuestra atención en el círculo más restringido de los intercambios, esto es, en una elite. Concretamente, en las tres grandes empresas dedicadas al comercio y las finanzas establecidas en Zaragoza entre 1380 y 1430. Éstas comprendían un conjunto muy reducido de personas que se situaban en el escalón más alto de los negocios de la capital aragonesa y que formaron parte, por su importancia económica y social, de la elite de poder del reino (Sesma/Laliena, 2004). Sin embargo, una vez que tomamos contacto con las fuentes, quedó sobre la mesa una pluralidad de ocupaciones, actividades y sociedades que se compaginaba con la diversidad de las caracterizaciones jurídicas, profesionales y personales de nuestros sujetos de estudio.6 Se dibujaba así un grupo social cuyos miembros se identificaban por unos intereses (económicos, sociales, políticos) coincidentes y que poseían una identidad distintiva basada en unos comportamientos compartidos que les movilizaban, les aproximaban a las capas más altas de la sociedad y les separaban de los profesionales de menor categoría.7 Es más, según avanzaba la investigación, la categoría de ‘mercader’ (con la que se definían nuestros protagonistas masculinos en la documentación zaragozana) no alcanzaba a sintetizar sus actividades profesionales, pues eran comerciantes, banqueros, terratenientes e industriales, todo a un tiempo.8 De hecho, la mención expresa en el título de la tesis a una elite mercantil y financiera responde a nuestra convicción de que no es posible estudiar los intercambios comerciales sin comprender el papel del mercado financiero, pues una separación neta entre ambos ambientes es del todo inusual en el siglo xv (Igual, 2014; Casado, 2015). 1.1. Una historia económica de una elite social. Este esfuerzo de definición respondía a uno de los objetivos de la tesis doctoral, que era servir de base comparativa para elaborar cualquier trabajo de síntesis que exige el estado actual de nuestro conocimiento sobre las etapas del comercio regional y el funcionamiento de los primeros mercados financieros en la Corona de Aragón. 1.1.1. Viejos temas y nuevas líneas de investigación sobre los mercados. En su desarrollo, la investigación contó con una sólida base en los estudios clásicos, algunos de los cuales ya habían tratado ciertas cuestiones y preguntas que nos hacemos hoy; pero también asumimos los nuevos retos propuestos por la historiografía reciente, enriquecida últimamente con puntos de vista, conceptos y metodologías innovadores.9 La línea teórica que más se hace sentir en la tesis doctoral quizá sea la de los análisis regionales y el marco del mercado (Zuijderduijn, 2009; Dijkman, 2011), que han precisado en las últimas décadas el impacto de la comercialización de las sociedades europeas en el desarrollo económico del final de la Edad Media (Kowaleski, 1995; Epstein, 2009), donde la importancia de las elites internacionales y del comercio de gran recorrido se inserta de una manera nueva (Britnell, 2001). En el contexto historiográfico más inmediato, la tesis doctoral completa la imagen de la Corona de Aragón que ofrecen los estudios sobre los intercambios en las metrópolis costeras de Barcelona (Carrère, 1978; Coulon, 2004; Soldani, 2010) o Valencia (GuiralHadziiossif, 1989; Igual, 1998; Cruselles, 2011), y llama la atención sobre las regiones interiores del Mediterráneo, en línea con trabajos recientes (Laliena/ Lafuente, 2012). 1.1.2. Los protocolos notariales y tres estudios de caso. Dados los interrogantes a los que se pretendía dar una respuesta y las condiciones materiales y temporales para la realización del estudio, fue necesaria la acotación de fuentes para conseguir un análisis en profundidad de un puñado de individuos, cuyas relaciones, eso sí, podrían habernos llevado varias décadas de investigación. La base documental de la tesis doctoral se construyó sobre los protocolos notariales de Zaragoza. Conviene recordar que el volumen de información que éstos ofrecen es muy variable, pues depende de la producción de cada profesional y de la conservación de estos libros (un problema que nos ha afectado especialmente cuando se trataba de los notarios con los que nuestros sujetos trabaron una relación más estrecha). Los tipos documentales más comunes que se manejan son las cartas de procuración, expedidas para la representación ante tribunales, acompañamiento de mercancías y presentación de franquicias, o el cobro de rentas y deudas, seguidas de las comandas y reconocimientos de deudas, y albaranes de todo tipo (censales y rentas de inmuebles, mayoritariamente). Muy por detrás en número y frecuencia, encontramos compra-ventas, ajustes de cuentas (por servicios prestados, finalización de una compañía, etc.) y testamentos. Relativos a procesos judiciales constan sentencias y, más corrientemente, arbitrajes, mientras los inventarios o ejecuciones de bienes aparecen excepcionalmente en nuestro corpus. Las capitulaciones matrimoniales y los contratos de constitución y formación de compañías escasean. Todos ellos en conjunto ofrecen en el detalle un rico panorama, máxime cuando los notarios zaragozanos, que empleaban preferentemente la lengua romance (aragonés y catalán) para escriturar sus actos, dejaron constancia de usos legales y peculiaridades lingüísticas de su clientela.10. Con el fin de completar esta imagen y de evitar, al mismo tiempo, una visión sesgada, se optó por obtener un muestreo de documentación de otro tipo y procedencia suficientemente representativo, a pesar de ofrecer como resultado un corpus documental de naturaleza muy dispar. La carencia de documentación concejil contable en Zaragoza para las fechas que nos ocupaban fue suplida con los instrumentos registrados en sus protocolos por los notarios que en algún momento estuvieron al servicio de estas instituciones (Lafuente, 2016), mientras los privilegios, ordenanzas municipales y primeros pregones del gobierno urbano se trabajaron a partir de ediciones (Falcón, 2010 y 2011; Villanueva/Lafuente, 2015). Cuadro 1. Principales fondos archivísticos empleados <table><tr><td>TIPO</td><td>ARCHIVO</td><td>DOCUMENTO</td></tr><tr><td rowspan="2">·Documentacion Publica</td><td>·Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Zaragoza (AHPNZ) · Archivo Histórico Provincial de Zaragoza (AHPZ)</td><td></td></tr><tr><td>· Archivo Municipal de Zaragoza (AMZ) ·Arxiu Historic de la Ciutat de Barcelona (AHCB) · Arxiu Historic de Protocols de Barcelona(AHPB) ·Archivo Capitular de Barcelona</td><td>RealPatrimonio · Maestre Racional</td></tr><tr><td>·Documentacion Institucional</td><td>· Archivo Hist6rico Nacional (AHN) ·Archivo de la Corona de Aragón (ACA) · Archivos de la Diputacion de Zaragoza (AHDZ) · Archivo Diocesano de Zaragoza (ADZ),&quot;Extrava- gantes&quot; ·Archivo Histórico Provincial de Teruel (AHPTE)</td><td>Cartasreales Comunidad de Al- deasdeDaroca Comunidad de AldeasdeTeruel Diputacion del Reino de Aragón</td></tr><tr><td>·Documentacion Privada</td><td>· Arxiu Nacional de Catalunya (ANC) ·Biblioteca Nacional de Catalunya (BNC) ·Arxiu del Castell deVilassarde Dalt BibliotecaNacional · RealAcademiadelaHistoria · Archivo Histórico Nacional I Seccion de Nobleza ·Archiviodi StatodiPrato,Fondo Datini</td><td>Corte del Arzobispo de Zaragoza</td></tr></table>. Los fondos catalanes ayudaron a poner en contexto las actividades de las grandes empresas zaragozanas. Por su parte, los archivos familiares de la nobleza aragonesa proporcionaron testamentos, traspasos de propiedades (señoríos muy especialmente) e información genealógica y patrimonial complementaria interesante. El hecho de que la Comunidad de aldeas de Teruel haya mantenido su archivo muy completo y que la de Daroca conserve prácticamente completas las series de albaranes expedidos por los propietarios de su deuda pública durante el último cuarto del siglo xiv y todo el siglo xv, nos permitió contar con noticias muy relevantes sobre la gestión hacendística y financiación de estas instituciones.11 Entre este tipo de documentación contable, las piezas más excepcionales para nuestro estudio fueron los volúmenes entregados por el tesorero de la hacienda del reino o del arrendador de los ingresos del mismo a la Diputación de Aragón, dado que ofrecen una rica información sobre el funcionamiento económico de la institución, además de listados completos de acreedores del reino.12 Aunque, sin lugar a dudas, el Archivo de la Corona de Aragón resultó fundamental a la hora de aportar nuevas perspectivas a los negocios de las grandes empresas zaragozanas gracias a los volúmenes del fondo del ‘Maestre Racional’. Los libros de la tesorería del rey, reina e infantes se vaciaron sistemáticamente y acudimos de manera puntual a pergaminos, cartas reales y registros de la Real Cancillería en busca de referencias o fechas conocidas. Por último, la edición de las reuniones de Cortes y Parlamentos puso a nuestra disposición referencias directas a cuestiones legislativas (actos de corte, fueros), judiciales (greuges o agravios contra el rey y sus oficiales) y econó- micas (imposición de exacciones, ajustes de cuentas) que preocupaban a los representantes aragoneses y, muy especialmente, nos orientó sobre el funcionamiento de la hacienda del reino. Además, estas actas incluían noticias útiles que completaron y perfilaron las biografías de nuestros protagonistas masculinos con su asistencia a las sesiones, su presencia en comisiones y embajadas, el desempeño de cargos de representación o de otro tipo, o su participación en campañas militares. En lo que respecta al tratamiento de los datos obtenidos de fuentes tan dispares e incompletas, teníamos claro que la metodología debía responder a nuestro objetivo de abordar un tema de historia económica. La novedad de nuestro enfoque en la historiografía de la Corona de Aragón medieval residía en interrogamos por los componentes sociales y políticos de las actividades económicas, y no al contrario. Tomamos de la prosopografía13 las herramientas para abordar los estudios de caso que nos permitieron comprobar las diferentes opciones adoptadas en el plano económico, político y social por nuestros sujetos de estudio, que determinaron la formación y evolución de su patrimonio, las estrategias de inversión de capital y de gestión de su riqueza, los procesos de afirmación social o su recorrido político. Los seiscientos años que nos separaban de estas personas nos permitieron tomar suficiente distancia para que el análisis de sus actividades no fuera «un ejercicio erudito o de exaltación biográfica (o hagiográfica)»,14 sino que nos encaminara hacia problemas sociales profundamente vinculados al desarrollo económico. La reconstrucción de las trayectorias de las tres empresas (Donsancho, Coscó y Casaldáguila) más destacadas de la ciudad durante los cincuenta años que abarcaba este estudio sirvió para ilustrar los aspectos tratados. Optamos por una solución a medio camino entre la biografía y la prosopografía, de manera que los ejemplos excepcionales se situaran frente a los comportamientos habituales, tratando de no caer tampoco en la generalización gratuita. Asimismo, la noción de red como estructuración de los universos sociales resultó un modelo explicativo altamente aprovechable (Coulon, 2010). La introducción de este concepto (y como tal metáfora debe ser tomada en esta investigación, ya que no se pretendió llevar a cabo un ‘análisis de redes sociales’) facilitó reparar conjuntamente en sujetos, instituciones y lugares dentro de un sistema reticular en torno a centros que articulaban mallas más complejas, y comprender así mejor la realidad del Aragón bajomedieval. 2. Componentes económicos y sociales del éxito mercantil en la Corona de Aragón bajomedieval. A la hora de reflejar los resultados de la investigación por escrito, la estructura interna de la tesis buscó reflejar lo argumentado en las líneas precedentes. Tras una introducción que contiene la presentación del trabajo (en inglés), una síntesis de las principales líneas de investigación y del estado de la cuestión, y un marco histórico que contextualiza el estudio, en la primera parte se definen los mecanismos que sustentaban la trama industrial, comercial y bancaria de las grandes empresas a través de su estructura patrimonial y su organización interna. La segunda parte está dedicada al examen detallado de las actividades e inversiones, entre las que predominaron las financieras. En la tercera parte se establece la incidencia que esta elite tuvo en los procesos sociales y políticos que experimentó la capital aragonesa y el conjunto del reino. Cierran la parte expositiva unas conclusiones generales (en inglés) que amplían las conclusiones parciales que acompañan a cada capítulo. Finalmente, los anexos recogen los materiales que sirven de apoyatura a la explicación y una selección bibliográfica recupera los títulos más empleados. En conjunto, los resultados de la investigación han sido desiguales. Por un lado, las fuentes presentaban limitaciones y, por el otro, algunos de los temas planteados habrían requerido de otros trabajos monográficos que sirvieran de apoyo a nuestro análisis. La mayor laguna de este estudio tiene que ver con las actividades concretas y el rastreo de los orígenes sociales; no ha sido posible descender hasta el nivel de detalle de calidades de los productos, proveedores, clientes, organización interna, comunicación e información mercantiles.15 2.1. Grandes patrimonios: de los centros regionales productores de textil a la financiación de las instituciones. Si bien los aspectos culturales y simbólicos son interesantísimos, no debemos perder de vista que la afirmación social y política, personal y familiar venía dada en las sociedades urbanas medievales por el éxito económico y la acumulación de riqueza (Sabaté, 2008), lo que nos conduce a explorar la estructura, funcionamiento y estrategias patrimoniales de las tres grandes empresas de Zaragoza.16 Las características de la fortuna personal de Juan Donsancho, Beltrán de Coscó y Ramón de Casaldáguila se perfilaron en referencia a la composición de sus ingresos e inversiones en mercados públicos y privados, lo que permitió proponer el camino específico que seguía la constitución de los grandes capitales mercantiles de Aragón en este periodo: desde su origen en los centros económicos regionales hasta la captación de oportunidades excepcionales como la creación de los dos grandes negocios de finales del siglo xiv (la deuda pública censal y el impuesto de las generalidades, con la consiguiente implantación del sistema de arrendamientos)17 y la relación con el gran capital judío. Cuadro 2. Patrimonio de Beltrán de Coscó en 1410 a partir de su testamento y codicilos. Sorprende la capacidad de movilización de capitales de estas empresas.18 Beltrán de Coscó tenía reservadas en 1410, poco antes de fallecer, unas 10.500 libras jaquesas (21.000 florines de oro) en metálico para hacer efectiva al noble Pedro Jiménez de Urrea parte de la compra de un señorío. Según sus últimas voluntades, llegó a acumular un patrimonio personal aproximado de 100.000 libras jaquesas, de las cuales, algo menos del $20 \%$ se correspondían con sociedades comerciales (la sociedad de la tienda y una participación en dos compañías al quart diner, esto es, una cuarta parte para el comanditario y tres para el comitente), dos terceras partes con inmuebles en alquiler y títulos de deuda (ingresaba 2.500 libras procedentes del crédito censal cada año y 123 libras de inmuebles urbanos y fincas rústicas), y el resto con 17.000 libras de liquidez y 26.000 libras invertidas en señoríos. Tras su muerte, su familia y la de Ramón de Casaldáguila acaparaban en 1417 el $10 \%$ de los intereses satisfechos por el General de Aragón en forma de pensiones anuales por los títulos de deuda que poseían (un $5 \%$ del total emitido por el reino). Ninguna de las grandes empresas analizadas nació de las ‘buenas familias’ zaragozanas. Juan Donsancho, aunque de origen altoaragonés, creó su carrera de éxito alrededor de la corte real en Barcelona, y su esposa, Altadona de Mora, pertenecía a una familia de ciudadanos de Tortosa bien relacionada con la jerarquía eclesiástica. Los altoaragoneses Guillem y Pedro de Sora fueron sus hombres de confianza junto al escudero Sancho Lasierra, que tenía su propio obrador de pañería y una participación importante en el que el barcelonés Gabriel Ocello regentaba en Zaragoza a comienzos de siglo. En la misma dé- cada de 1370, hallamos en la capital aragonesa a Beltrán de Coscó como cabeza de su propia compañía. De Tárrega llegó con su esposa, Angelina Sesvalls, y también se hizo acompañar de mercaderes de esta localidad, como Guerau Sasala. Rápidamente alcanzó la ciudadanía e integró en su círculo próximo a personajes locales de gran peso en el panorama político de la Corona, tales como el consejero real Miguel de Capiella. Por su parte, la familia de Ramón de Casaldáguila ya era importante en Barcelona (su padre y su suegro formaron parte del Consell de Cent), donde habían llegado con una fortuna amasada en Manresa. De la mano de los mercaderes Francesc Merles y Jaume Despuig, Casaldáguila llevó consigo a la capital aragonesa al filo del cambio de siglo los vínculos creados allí, entre los que cabe destacar al barcelonés Bernat Quintana, que trabajaba estrechamente con la compañía de Francesco Datini en Aragón y al que le unían vínculos de sangre. Este fenómeno se encuadra dentro de una expansión del capital catalán hacia Aragón evidente ya en el segundo tercio del siglo xiv (Diago, 2013). A finales de la centuria, Zaragoza bullía de actividad económica, alimentándose del éxito de las nuevas sociedades mercantiles tras la irrupción de la Peste y el final de la contienda castellano-aragonesa. El sector textil, la ‘locomotora económica’ de finales de la Edad Media, experimentaba en las últimas décadas del Trescientos un momento especialmente feliz de protección y estímulo de su industria desde las instituciones de la Corona de Aragón, hasta el punto de ser considerada como utilidad de la cosa pública, de manera que cada centro urbano y estado se afanaba en la defensa de los intereses de este negocio. Los cambios políticos (el fin de los privilegios de los bearneses con la invasión de los condes de Foix, en 1398 y el cierre de la frontera en 1403 y la prohibición en 1406 de la importación a Castilla de paños procedentes de la Corona de Aragón) condicionaron las estrategias de las empresas comerciales que operaban atravesando las fronteras pirenaicas y del interior peninsular, pero no impidieron que se produjeran numerosos contactos en forma de sociedades o inversiones en compañías que conectaban el capital mercantil zaragozano con la red de intercambios del sur de Francia o con los flujos del comercio internacional dirigido desde Barcelona, que concebía el mercado castellano como una extensión del aragonés. 2.2. La tienda y la compañía. La organización de los negocios sirve de base explicativa para muchas de las cuestiones que se abordan en la tesis. La elite mercantil y financiera de Zaragoza estaba formada por empresas que adoptaron las principales innovaciones en gestión y organización del trabajo desarrolladas en los centros rectores del Occidente medieval.19 Socios, factores y agentes se unían a la forma asociativa básica y extendida, la firma familiar, para crear una estructura corporativa más compleja. La compañía fue la fórmula preferida para la ampliación de capital y la expansión empresarial, dada su capacidad de adaptación (tamaño, organización y extensión) a las demandas de las actividades y objetivos de sus miembros. De ahí que nos encontremos con una envergadura limitada de las empresas Donsancho, Coscó y Casaldáguila, lo que no les impidió actuar en términos de igualdad con otras compañías en la Corona de Aragón e incluso desenvolverse con efectividad en la arena del comercio internacional, dados el capital disponible para invertir, su estructura y su capacidad para intervenir directa o indirectamente en los principales mercados del momento. El negocio textil es la base de las mayores fortunas mercantiles de Zaragoza de finales del siglo xiv; es más, la tienda o botiga es la sede jurídica y física de la empresa. Desde el obrador de pañería que tenía en San Jaime (parroquia que albergaba en la década de 1370 a otros dos pañeros de éxito: Juan Donsancho y el bearnés Arnalt Lasala) hasta el gran patrimonio que transmitió a sus sucesores en 1411, Beltrán de Coscó se sirvió de la fórmula de la compañía para ampliar el capital de la sociedad familiar con la contribución de compañeros (sus alianzas con Arnalt de Araus, Bernat Ninot y Nicolau de Biota construyeron ramificaciones que abarcaban desde Olorón hasta Barcelona) y luego abrirla a la inversión del patriciado de la capital aragonesa, que encontraba en las taules de mercaderes un lugar seguro para guardar y hacer crecer sus ingresos. La parte correspondiente a Beltrán de Coscó en la compañía de la tienda estaba en 1404 valorada en 21.000 libras barcelonesas, lo que la sitúa a la cabeza de las sociedades barcelonesas y un capital comparable al de una compañía mediana de la Toscana como era la de Francesco Datini (Nigro, 2010). A la manera del pratense, la familia se valió de la pericia de socios y directores en las sucursales de Zaragoza y Barcelona, que trabajaban de manera autónoma y eran copartícipes de sus pérdidas y beneficios. En sus últimos años, Angelina Sesvalls y Beltrán de Coscó dejaron el contacto directo con clientes y proveedores en manos de Jaime Coscó (al que no les unían vínculos de sangre), una figura similar a Pedro de Sora, que contaba incluso con un espacio de trabajo dentro de la casa familiar de Altadona de Mora y Juan Donsancho. Contamos no menos de siete mercaderes en los actos notariales realizados por la empresa Coscó en 1401, a los que se sumaba una amplia red de representantes provistos de cartas de procuración que hacía posible una planificación de los negocios a gran escala y permitía a las cabezas de las empresas de la capital aragonesa ausentarse de la tienda y vigilar los progresos, concentrándose en las labores de dirección. Ramón de Casaldáguila creó un sistema de compañías donde un socio principal o un número reducido de compañeros mantenía contratos de sociedad legalmente independientes con regentes en diferentes lugares y/o negocios. A su sombra, muchos mercaderes prosperaron y acabaron encabezando sus propios proyectos, como Joan Tegell, factor de la tienda de Zaragoza, que mantuvo de manera paralela con Juan de Tolosa una sociedad para gestionar una botiga de draperia; Juan Fexas, que formó en 1425 junto a Juan de Manariello la sucursal aragonesa de la compañía Torralba (donde recabaron muchos de los empleados de Casaldáguila); o Juan de Mur, hijo del escudero Alfonso de Mur, recaudador de las generalidades nombrado por el manresano, y que heredó el control de las empresas de Casaldáguila. 2.3. Negocios oportunos. El comercio es uno de los aspectos en los que la investigación doctoral menos profundizó, ya que las actas públicas sólo muestran un resumen de los asuntos abarcados por estos grandes agentes económicos, cuyo día a día estaba contenido en sus libros contables, que lamentablemente no se han conservado. Aún así, resulta evidente que las empresas de Donsancho, Coscó y Casaldáguila dominaron los sectores económicos que la capital del reino era capaz de controlar, gracias a una tupida red y conexiones con agentes y factores en ciudades, ferias y puertos unidos por lazos familiares con ramificaciones en sus lugares de origen (Caspe, Manresa, Tárrega, Gerona, Olorón), y que no se confinaron a la ruta del Ebro o a los intercambios con el sur de Francia, sino que extendieron sus contactos para intervenir en el comercio atlántico, el transpirenaico y el mediterráneo. Coscó y Casaldáguila trabajaron con la compañía de Francesco Datini para sus intercambios en las ferias hispanas y en plazas internacionales como Brujas o Génova, donde adquirían paños flamencos para las coronaciones reales o pieles para vestir a la corte. En estos asuntos, la sede zaragozana de los Coscó centralizaba los pedidos que la tienda de Barcelona atendía directamente de la familia real, como los tejidos para decorar el palacio de Bellesguart, retiro de Martín I. Además de estos productos suntuarios, los objetos de intercambio respondían a los múltiples intereses económicos que las tres empresas eran capaces de asumir: lana y cereales castellanos, hierro navarro y vasco, tejidos del norte de Europa y del sur de Francia, o importaciones del Levante. El río Ebro fue la principal vía de comercio, pero no la única. Nos consta que Donsancho embarcó en una ocasión pastel y azafrán con destino al puerto de Bristol, y que participaba en compañías barcelonesas que intervenían en el comercio de larga distancia entre el Mediterráneo y el Atlántico en la década de 1380. El comercio de tipo especulativo, como los grandes cargamentos de trigo destinados al abastecimiento urbano en momentos de escasez (es el caso de los 3.000 cahí- ces de trigo enviados por Donsancho a Valencia en 1381 que se beneficiaron de los incentivos municipales a la importación de grano) se combinaba con el cotidiano suministro de materias primas para la industria manufacturera (Casaldáguila enviaba a comienzos del siglo xv por el Ebro cargamentos de más de 2.000 arrobas de lana procedente de Aragón y Castilla a Tortosa). Entre los secretos de su éxito no hay que minusvalorar el peso que el control de las generalidades pudo tener en los aspectos comerciales de las actividades profesionales de Donsancho, Coscó y Casaldáguila, pues estuvieron al frente de una estructura fiscalizadora que permitía tener controlados los precios a pie de calle, contar con enlaces locales y estar al día de las novedades diplomáticas. Cuando conocemos todas sus actividades e intereses (como en el caso de Beltrán de Coscó gracias a sus últimas voluntades), encontramos capitales distribuidos entre el comercio de lana, cereales y tejidos de su empresa familiar, compañías mercantiles con otros colegas, sociedades por partes de arrendamientos de impuestos, rentas señoriales, actividades bancarias, préstamos, inversión en censales y censos sobre propiedades inmuebles. Entre ellas, las actividades financieras sobrepasaron las expectativas iniciales de la investigación debido a su relevancia, complejidad e implicaciones. Frente a la imagen que la historiografía se había creado de un reino de Aragón retrasado especialmente en el desarrollo de la banca (Riu, 1990: 193), es un hecho que la elite financiera y mercantil de Zaragoza actuaba cotidianamente con descubiertos y dinero fiduciario. En 1417, la gente de Ramón de Casaldáguila escrituró títulos de deuda por valor de más de 7.000 libras jaquesas. Avales, pagos aplazados, compras por adelantado y otras formas de crédito constituían más de un $8 8 \%$ de sus actividades anuales ante el notario Antón de Aldovera. Es más, las principales operaciones que definen la banca moderna (depósitos, cambios y giros) estaban normalizadas entre los agentes económicos locales, que se adaptaron con las nuevas fórmulas a las necesidades de las sociedades, negocios y clientela del mercado aragonés (Conde, 1988). La estancias de la corte en Zaragoza dejaron huella en los protocolos de los notarios locales de este tipo de servicios, que estaban a la cabeza del sistema financiero de finales de la Edad Media. Así constatamos el contacto de Coscó y Donsancho con los grandes banqueros de la Corona (Descaus y d’Olivella, Gualbes y d’Usay) para trabajar como mediadores en el tráfico de capitales y numerario. Las cuentas abiertas en las taules de los mercaderes y/o banqueros ofrecían a su clientela facilidades de pago y el movimiento de dinero con instrumentos como la dita (orden de pago al dictado). Juan Donsancho ofreció frecuentemente estos servicios a la corona, apareciendo como ditor e plan pagador de la corte, y son frecuentes en los instrumentos notariales zaragozanos las referencias a estos documentos hológrafos y sellados, que tenían carácter probatorio por sí mismos. El negocio del dinero no deja de ser una de las facetas del comercio, consistente en comprar y vender capitales en diferentes puntos y obtener el correspondiente beneficio (Sánchez, 2006), pero los préstamos a gran escala asumidos por las empresas Donsancho, Coscó y Casaldáguila abarcaron todos los niveles del crédito (consumo suntuario e inversión son los más significativos) y alcanzaron a amplias capas de la sociedad aragonesa. La solvencia de estos personajes era conocida y por ello actuaban además como avalistas de grandes nombres, tales como el arzobispo zaragozano Lope Fernández de Luna, quien reconoció en su testamento en 1382 que estaba en deuda con Beltrán de Coscó por un montante cercano a las 16.000 libras jaquesas, que respondían a empréstitos (mediante el sistema del ‘mutuo’) y pagos a cuenta a terceros. El targarí trabó una estrecha amistad con Martín de Alpartir, canónigo del Santo Sepulcro y tesorero del prelado, que destacó por su actividad política y de mecenazgo artístico. Coscó era además hermanastro de Arnau Folquet, comendador de la orden de San Juan de Jerusalén, lo que le facilitó tratar de negocios directamente con el castellán de Amposta. La nobleza aragonesa fue parte principal de la clientela más relevante de Donsancho, Coscó y Casaldáguila, sin duda. Como consecuencia de la pérdida de capacidad para afrontar unos costes en aumento, este sector privilegiado encontró en sus empresas liquidez y métodos crediticios alternativos al préstamo hebreo tradicional, como préstamos (con o sin prenda) e hipotecas, arrendamientos de rentas, emisión de renta constituida (censales y violarios garantizados por los vasallos), y alienación de patrimonio. De una manera semejante se comportó la monarquía. Este negocio contaba con unos componentes extraeconómicos evidentes: detrás de grandes cantidades de dinero que se resolvían con créditos a corto plazo y altos intereses se intuye la existencia de relaciones privilegiadas de estos mercaderes de Zaragoza con la familia real y con el propio monarca, que enajenaba temporalmente piezas de extraordinario valor simbólico o emocional. Esta actividad pone de relieve su potencial para acceder a un mercado del crédito reducido y especial, y competir con otras ciudades de la Corona como Barcelona o Valencia. Las tres empresas analizadas prestaron sus servicios a la casa real aragonesa, pero es Juan Donsancho quien protagonizó una actividad inédita. De hecho, ofrece un ejemplo excepcional para observar la mecánica de endeudamiento de la corona en el último cuarto del siglo xiv. Sus compañeros eran funcionarios de la Corte, como el aragonés Berenguer de Cortillas y destacados miembros de las familias judías Alazar20 y de la Caballería. Todavía en vida de Pedro IV, Donsancho y Cortillas protagonizaron cesiones de censales sobre las aljamas y otros ingresos de la casa del rey (a un elevado $10 \%$ de interés), negociaciones y renegociaciones de crédito a corto plazo (mogubells, remogubells) y ventas con cartas de gracia de rentas de patrimonio real. En 1386, Donsancho estimaba que Violante de Bar y el infante Juan le debían unas 15.500 libras jaquesas (31.000 florines de oro) y, ya como rey, Juan I ingresó en la cámara de la reina en un solo día cerca de 8.000 libras a través de una operación de emisión de títulos de deuda constituida (ésta tenía, por lo general, una vida corta en estos casos) adquiridos por Beltrán de Coscó, Juan Donsancho y Berenguer de Cortillas. Dada la importancia de los préstamos, Donsancho recibía directamente los ingresos de la monarquía (dispenserías de los infantes, rey o reina), ya fuera porque el dinero entregado por las instituciones era desviado a su cuenta para reducir la deuda contraída, ya porque era él mismo quien recaudaba las rentas o impuestos de manera directa (fue el caso de la Marca o las primicias entregadas por el papa al rey de Aragón). La fortuna e influencia del mercader aragonés se diluyó con el cambio de siglo. A su nombre se habían hecho inversiones de gran importancia y la excesiva cercanía a la familia real le perjudicó seriamente, ya que su nombre apareció en 1396 en la lista de consejeros reales y otros miembros de la camarilla de Juan I salpicados por el escándalo. Las acusaciones eran muy serias y tenían que ver con una vía de financiación basada en la enajenación del patrimonio real,21 iniciada ya por Pedro IV, pero cuya legitimación (basada en las necesidades de defensa de la Corona) había perdido fuerza. El aragonés se vio involucrado en la denuncia de un entramado societario pensado para desviar dinero para el enriquecimiento privado por parte de consejeros, funcionarios reales, y mercaderes extranjeros como Luchino Scarampi. Y, aunque Juan Donsancho no salió mal parado, sus exigencias de cobrar lo adeudado por las arcas reales se toparon con las trabas contables y legales del Maestre Racional. Ante las Cortes reunidas en 1398 reclamó a Martín I en Zaragoza 31.500 libras jaquesas (63.000 florines) que todavía se le adeudaban por asuntos como el matrimonio de la infanta Juana, condesa de Foix. La caída de la empresa Donsancho coincidió con el ascenso de Beltrán de Coscó y Ramón de Casaldáguila. Mientras el primero se implicaba crecientemente en los negocios de la Corte, Coscó crecía en importancia bajo la protección del arzobispo cesaraugustano y se mantenía ocupado en los asuntos eclesiásticos sin mezclarse con la gestión del patrimonio real y la explotación de sus derechos e impuestos. Al mismo tiempo, atraía hacia sí la simpatía de los bearneses, que le abrieron las puertas hacia el comercio transpirenaico, hasta que un golpe de fortuna hizo que el infante Martín sucediera en el trono a su hermano y sus apoyos se consolidaron así en el poder. Antes de que sus intereses en Aragón llevaran a Ramón de Casaldáguila a instalarse definitivamente en Zaragoza hacia 1402, éste operaba desde Barcelona (donde él y su hermano Pere habían alcanzado la ciudadanía) a través de delegados como los barceloneses Pere Godens y Guillem Ferrer, factores de su tienda en la capital del reino, que se hicieron cargo de girar efectivo a la sede papal en Aviñón o del adelanto de dinero hecho a los infanzones aragoneses para que éstos cumplieran con su aportación a la defensa del reino. El salto hacia la posición de preeminencia financiera en la que se colocó Casaldáguila hasta su muerte fue la asunción del quitament de la Comunidad de aldeas de Calatayud. Se trataba de un rescate financiero, en el sentido actual del término, que ya se había intentado realizar sin éxito anteriormente, pero que en 1401 se concretó en un contrato firmado por la Comunidad con Casaldáguila con el objetivo de eliminar una deuda de casi 42.500 libras jaquesas en un plazo de diecisiete años, para lo que la compañía formada para la gestión de este negocio ingresaría de las aldeas más de 5.000 libras anuales. Sólo tres años más tarde, en las Cortes de Maella de 1404, Casaldáguila tuvo la oportunidad de demostrar que estaba capacitado para un proyecto aún mayor: la gestión económica del General de Aragón. Fue su entrada definitiva en la hacienda aragonesa, a cuya cabeza se mantendrá hasta su muerte en 1428 y cuya gestión heredará su último socio, Juan de Mur, un noble dedicado a la mercaduría. La recaudación de las generalidades era el mayor de los negocios (se llegaron a pagar más de 35.000 libras anuales por su arrendamiento hacia 1415) del reino. Se trataba de un impuesto aduanero que gravaba el tráfico comercial y que toda persona debía abonar sin excepción, de cuya percepción se ocupaban los administradores de la hacienda aragonesa, que además adelantaban los pagos de los salarios de los oficiales o el abono de los intereses de la deuda pú- blica. Destacados mercaderes ocuparon cargos de responsabilidad, como la supervisión de los puestos de aduanas de mayor tráfico comercial, asumida por nombres como Juan Fexas o Miguel Homedes. Esta actividad estaba fiscalizada por los diputados del reino y Casaldáguila respondía ante sus socios e inversores en la compañía gestora del arrendamiento del General. Tras casi dos décadas en solitario, apareció el mercader Jordi de Camprodón, ciudadano de Perpiñán, que en 1420 ejercía como administrador en nombre del manresano, quien figuraba como arrendador principal. A partir de este momento (ciclos de 1423, 1426 y 1428), contamos con más información acerca del complejo entramado que respaldaba el compromiso adquirido por el arrendador, que encabezaba un sistema societario por participaciones semejante al que regía las compañías navieras. Sin lugar a dudas, la financiación de las instituciones (a través de la adquisición de deuda pública, el arrendamiento de sus ingresos y la facilitación de transacciones financieras) fue clave en el éxito de Donsancho, Coscó y Casaldáguila. Su envergadura da muestra del amplio calado que consiguieron desde el nivel local al nacional y, muy especialmente, del estímulo que las necesidades de unas instituciones en transformación supuso para la introducción de innovaciones, como fórmulas societarias sofisticadas (un buen ejemplo son las compañías de participaciones que acabamos de mencionar) y el control de los instrumentos económicos más modernos para respaldar actuaciones que implicaron a las grandes empresas de Zaragoza con sociedades judías e italianas que operaban al más alto nivel en la Corona de Aragón con el fin de componer la infraestructura necesaria que hiciera posible, desde la financiación de una campaña militar a Cerdeña en 1409, hasta hacer llegar unas columnas desde Gerona y Barcelona para la construcción de la sede de la Diputación del reino en su capital a mediados de siglo. 2.4. El poder y la autoridad de los grandes mercaderes: capital económico, capital social y capital simbólico. El poderío económico de las empresas Donsancho, Coscó y Casaldáguila colaboraba en la construcción de la posición predominante de quienes las integraban, cuya progresión patrimonial, social y política se veía favorecida por la existencia de una relación privilegiada con la monarquía (ventaja considerable sobre la competencia), de una proximidad a la elite política, que facilitaba la confluencia de intereses públicos y privados, y de la realización de inversiones estratégicas para adquirir un título de nobleza que confirmase su estatus.22. Es innecesario insistir en que la renta feudal constituye la base de la formación patrimonial en la Baja Edad Media. La elite financiera y mercantil zaragozana se dedicó a formas privilegiadas de circulación y acumulación de riqueza como el arrendamiento de grandes impuestos o rentas, y la compra de señoríos, dado que la rentabilidad del dinero se encontraba en la banca de depósito, pero ésta no era capaz todavía a finales de la Edad Media de absorber toda la demanda. Los arrendamientos de derechos señoriales e impuestos ocuparon una parte muy importante (tanto por su volumen como por su extensión geográfica) de las actividades de sus miembros.23 Desde el nivel más local hasta la hacienda regia, pasando por arcedianatos y Comunidades de aldeas, todos ellos intentaban apuntalar sus cuentas con el arriendo de sus fuentes de ingresos ordinarias y extraordinarias, cuya percepción se entregó a grandes mercaderes. El análisis de estas actividades ha visibilizado una especialización de las personas dedicadas la práctica mercantil en Aragón y una tendencia en el interés de las grandes empresas por determinadas rentas. Así, Donsancho, Coscó y Casaldáguila estuvieron inmersos en negocios financieros creados y protegidos por el Estado (generalidades, fogaje, quema), pero no actuaron a nivel local (sisas, bienes de propios, etc.). Las fortunas amasadas en la inversión en proyectos de riesgo (comercio, finanzas) buscaban rentabilizar el capital que se apartaba para otros cometidos y encontraron la estabilidad y el prestigio en la adquisición de bienes raíces. Es más, el recurso al sistema de crédito a largo plazo como estrategia de promoción social resultaría un rasgo definitorio. La necesidad de liquidez de las instituciones y particulares aragoneses convirtió el negocio eventual del préstamo en una inversión duradera para la elite de negocios zaragozana de comienzos del siglo xv gracias a la consolidación del censal como fórmula de aplazamiento de la deuda (García Marsilla, 2002). Además de cubrir una necesidad de seguridad, la deuda consolidada permitió la rápida extensión geográfica y penetración local de las grandes fortunas mercantiles de la capital del reino. Fue la afirmación de su supremacía sobre otros poderes. El análisis de los destinos nos permitió descartar la inversión en medios de producción (industrial o agraria) como objetivo prioritario del capital de la elite financiera y mercantil zaragozana. Es más, el inmobiliario no es para sus miembros un negocio en sí mismo (a pesar de los productos financieros desarrollados como un sistema hipotecario), pues el capital invertido y los ingresos derivados de las rentas sobre bienes inmuebles son una pequeña parte del patrimonio de la empresa familiar. Comprobamos la adquisición de inmuebles por parte de Donsancho, Coscó y Casaldáguila en una fase temprana de formación del patrimonio familiar y societario. Se organizaba su gestión para la percepción de rentas al mismo tiempo que se creaba un espacio para los negocios en torno a la vivienda familiar y la tienda. La concentración en un mismo barrio de la parentela, empleados, socios y dependientes, próximos entre sí, afirmaba su presencia en la ciudad24 y, muy especialmente, facilitaba el acopio de parcelas de poder dentro de la circunscripción de la parroquia para acceder a los oficios municipales. En este sentido, no debemos dejar de lado la compra de señoríos, concebida como inversión económica, pero sobre todo como pieza fundamental en la promoción social de la elite de negocios aragonesa de comienzos del siglo xv, como demuestra que Beltrán de Coscó instituyera en sus últimas voluntades dos mayorazgos gracias a la compra de sendos señoríos en Aragón; una dinámica de adquisición que siguieron sus hijos y los de Ramón de Casaldáguila, que optaron, de hecho, por participar en la vida política aragonesa desde el estamento nobiliario. La instalación definitiva en Zaragoza de estas empresas no supuso, como era previsible, la ruptura de lazos con sus comunidades de origen, tal y como hemos señalado a la hora de identificar a sus colaboradores. Así lo atestiguan los legados testamentarios hechos por Beltrán de Coscó a instituciones pías y caritativas, pero también a la restauración de la muralla de Tárrega. Es más, su familia se hizo cargo en la capital aragonesa de la educación de dos hijos de su hermano, capiscol en Tortosa, al igual que hizo Ramón de Casaldáguila con un hijo natural de Pere de Casaldáguila. Pero, al mismo tiempo, no descuidaron su inserción en la comunidad de acogida, sino que se involucraron en la vida diaria de la ciudad: ofrecían liquidez a las familias importantes y adelantaban dinero a las instituciones, alquilaban inmuebles a sus empleados y a la gente de su entorno, y dirimían diferencias mediante arbitrajes (generalmente en asuntos profesionales). La ‘casa’ fue la unidad básica de cohesión y depósito de capital simbólico de las tres grandes empresas zaragozanas. Este círculo próximo de relaciones personales y profesionales comprendía a empleados y sirvientes, una camarilla de escuderos y jóvenes dependientes que les acompañaban, e incluso a los notarios, que llegaron a denominar ‘de casa’. El uso intensivo de los vínculos de parentesco en su organización económica sirvió de aglutinante para conformar una fuerte interacción social basada en prácticas familiares (sucesorias, patrimoniales, matrimoniales y educativas) orientadas a la reproducción, transmisión y reagrupamiento del patrimonio.25 A este respecto, mientras los matrimonios de los empleados buscaban hacer fuertes los lazos que conectaban a los miembros de la empresa (Nicolau Coscó, gestor de la tienda de Barcelona, casó con una hija de Domingo Sancho, socio de la compañía en la ciudad condal, y Juan de Mur acordó el matrimonio de María Heredia, sobrina suya, con Miguel Homedes, regente de su botiga), los enlaces de la segunda generación muestran otra estrategia, que rompía con la tendencia observada en los ciudadanos de Zaragoza de buscar afinidad profesional y perseguía, en su lugar, establecer relaciones sociales con familias que poseían un mayor capital simbólico o social. Angelina Sesvalls y Beltrán de Coscó casaron a sus hijas e hijos con Ramón de Mur, Baile General de Aragón, Juan de Moncayo, camarlengo del rey, Catalina Jiménez Cerdán, hija del Justicia de Aragón, María Enríquez de Lacarra, hija del mariscal de Navarra, y Violante Benedit, hija y hermana de mercaderes zaragozanos. En pocas palabras, las trayectorias analizadas son el resultado de una confluencia de educación, privilegio y matrimonio,26 y en la ejecución de estas estrategias para la promoción y reproducción social, las mujeres que integraban sus filas tuvieron un papel diferenciado de los hombres en muchos aspectos, pero igualmente imprescindible. Éstas pusieron en práctica cotidianamente unos conocimientos técnicos que compartían con sus parientes y subordinados, lo que las colocó en un lugar visible (De la Torre, 2014b). Los hijos varones que Eulalia de Voltres y Violante Satorre tuvieron con Ramón de Casaldáguila dividieron sus oportunidades de futuro entre Cataluña y Aragón. Mientras los mayores fueron orientados a la carrera militar, los menores lo hicieron al estudio del derecho canónico y a la carrera burocrática al servicio del tesorero del rey. Y aunque Bernat de Coscó, el menor de la familia, fue dirigido hacia la mercaduría por matrimonio y herencia, decidió armarse caballero e incluso protagonizar sonadas gestas cortesanas. La reproducción social es, en definitiva, la perpetuación del dominio económico, pero la base social de la elite en la que se insertaban las tres grandes empresas que nos ocupan se encontraba en modelos culturales preexistentes compartidos con otros grupos de poder (Narbona, 2013), en los que la cultura caballeresca aportaba el papel simbólico en los procesos de dominación y las ideologías urbanas introducían en los argumentos de distinción el concepto de ‘res publica’ y de ‘bonnum comune’, aunque tenía como rasgo definitorio el protagonismo de las relaciones basadas en la confianza y en los lazos clientelares (inherentes al desarrollo de actividades económicas en las sociedades preindustriales), que se aseguraban al compartir espacios de sociabilidad.27 El convento de San Francisco era sede de la cofradía de Santa Eulalia (de los mercaderes catalanes) y albergó los enterramientos de los integrantes de las grandes empresas analizadas y de su círculo social. Los frailes menores y Juan Donsancho acordaron en 1381 entregar una capilla al mercader para su familia frente a la puerta mayor de la iglesia, donde celebrarían sus aniversarios ante un altar erigido en honor de san Francisco. Por las mismas fechas, Miguel de Capiella encargaba un retablo al pintor Guillem de Leví y el costeado por Beltrán de Coscó sirvió en 1399 de modelo para otro retablo pintado por Juan de Leví. En la capilla de Santa María de los Ángeles, levantada a expensas de la cofradía de los catalanes, se enterró Arnalt de Araus. Ramón de Casaldáguila eligió el claustro como lugar de enterramiento, junto al cual quiso que descansaran sus restos Juan Ferriz, empleado del manresano y después de la compañía Torralba. Otro colaborador de esta última, el escudero Juan de Mur, que era originario de Tarazona, optó por una capilla dedicada a san Antonio de Padua, junto al ingreso del templo. Las grandes empresas trabajaron simultáneamente en integrarse en la comunidad local (sus miembros más destacados figuraban en primer lugar en las reuniones de sus respectivas parroquias, allí erigían una capilla familiar y donaban paños de oro) y en diferenciarse según unos derechos y privilegios propios, como la pertenencia a la cofradía de Santa María de Predicadores, conocida como ‘de los mercaderes’. No debe perderse de vista la importancia de espacios privilegiados de convivencia que facilitaban la proyección social, tales como las reuniones del concejo de la ciudad, de los brazos del reino en Cortes o las celebraciones de la monarquía. En la vida política, los varones de la elite de negocios destacaron por sus habilidades contables y de gestión, lo que derivó en el desempeño de los cargos públicos de mayor prestigio.28 Aunque queda pendiente esclarecer si éstos buscaban la intervención en la vida pública como muestra de su poder financiero y acceder así a la definitiva promoción social, o si bien planeaban la carrera política para estimular la promoción económica,29 la liberación de las obligaciones empresariales por delegación en socios y administradores permitió a Beltrán de Coscó y Ramón de Casaldáguila dedicarse en los últimos años de sus vidas a los asuntos políticos de la ciudad y el reino, de donde pudieron surgir los contactos que cristalizaron en sendas alianzas matrimoniales para su descendencia en ambos casos. De este modo, la dedicación a la vida políticoadministrativa encajaría dentro de una estrategia global: tras las fases de acumulación de capital económico, éste se transformaría en capital simbólico para instalarse definitivamente entre los grupos privilegiados de la sociedad de la Corona de Aragón. 3. Aragón al filo de la Modernidad (conclusiones generales) Uno de los resultados de la investigación doctoral fue identificar como el perfil predominante entre la elite mercantil y financiera del reino de Aragón de comienzos del siglo xv al ciudadano de Zaragoza que se definía profesionalmente como mercader y la tienda como pieza fundamental de la estructura empresarial. En este sentido, la tesis intentó mostrar la variación en la naturaleza de los negocios de acuerdo a un escenario político, económico y social concreto, cuya secuencia entre 1380-1430 sería la siguiente: importación de tejidos desde el norte de Europa y exportación de paños catalanes y del sur de Francia a Castilla, suministro de materias primas para el sector manufacturero en la cuenca del Mediterráneo y a través del Canal de la Mancha, concentración del negocio en la corte real, y finalmente, financiación de las instituciones locales y regionales. La elección de la capital aragonesa como base de operaciones supuso una expansión del volumen de comercio y flujo de capital, junto a un incremento de los beneficios para los agentes económicos más dinámicos de la ciudad. Al fijar nuestra atención en la empresa como la base de la organización social, económica y política de su elite financiera y mercantil a comienzos del siglo xv verificamos la adaptación de las estructuras familiares y corporativas hacia la acumulación de capital y la reproducción social. Sus miembros encontraron acomodo en la política regional y en la administración real haciéndose un hueco entre unos grupos de poder que se vieron forzados a redefinirse y reconocer a este poder emergente.30. Para finalizar, merece la pena detenerse en una serie de cuestiones clave que subyacen a lo largo de toda la tesis doctoral. La primera de ellas es el papel dominante de un limitado número de empresas que controlaban la economía del reino desde Zaragoza y que constituyen sólo una parte exitosa de un amplio abanico de operadores catalanes que actuaban en Aragón. El escenario local había cambiado claramente en la segunda mitad del siglo xiv, acompañado de un flujo de capital (también humano) que alcanzó el reino y que hizo posible que se estableciesen las condiciones idóneas para la creación de una activa elite de negocios en su capital. Se trata de una generación que converge en 1400, comenzando por Donsancho y Coscó, y continuada por Casaldáguila tras el Compromiso de Caspe. La cristalización de este grupo privilegiado integrado por unos cuarenta individuos no se explica por una ausencia de competencia; al contrario, se vio favorecida por una inteligente alineación con los intereses de la región. El segundo aspecto a tener en cuenta es su especialización: mientras Donsancho se centraba en la financiación directa de la monarquía, Coscó operaba en el aspecto comercial del negocio y Casaldáguila se volcó en el crédito a las instituciones aragonesas. Por último, destaca la continuidad de las actividades. Esto es particularmente evidente en las conexiones entre Casaldáguila y la compañía Torralba. Juan de Mur tomó el relevo del manresano como arrendador de las generalidades y tesorero del General de Aragón, mientras Juan Fexas se dedicó al comercio a gran escala por la ruta del Ebro. Un fenómeno de reemplazo generacional sin traumas que permitió que la empresa de Donsancho desapareciera por la falta de apoyos y la extinción biológica, que los miembros de la familia Coscó no abandonaran los negocios, a pesar de centrarse en la gestión de sus señoríos, y que los Casaldáguila capitalizaran la riqueza, títulos nobiliarios y contactos acumulados para asentarse entre las clases privilegiadas en Cataluña y Aragón. Por último, entre las contribuciones que pueden extraerse de esta tesis destaca la caracterización económica de Zaragoza en la Edad Media.31 La participación de su elite de negocios en todos los niveles del crédito y el recurso a todas las fórmulas a su alcance nos lleva a plantearnos la omnipresencia del crédito en la vida económica de la ciudad hacia 1400,32 una de las innovaciones técnicas que permitieron el establecimiento de estas empresas a través de complejas redes mercantiles, que tuvieron su impacto en los sistemas productivos y comerciales, dada su importancia social y política (Sesma/Laliena, 2009). En definitiva, el dominio de este reducido grupo de profesionales de los negocios es un tema con una elevada capacidad explicativa para comprender nuestro presente, pues, como definían Karl Marx y Friedrich Engels en La ideología alemana: «las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante».33 Y, dados los nuevos interrogantes que han ido surgiendo durante la realización de la tesis doctoral, este capítulo está todavía abierto. Referencias bibliográficas. ABULAFIA, D. (2005), «Mercati e mercanti nella Corona d’Aragona: il ruolo degli imprenditori stranieri», en Rafael Narbona (coord.), La Mediterrània de la Corona d’Aragó: segles XIII-XVI, Valencia, Universitat de València, 797-820. ÁLVAREZ-NOGAL, C., y PRADOS DE LA ESCOSURA, L. (2013), «The Rise and Fall of Spain, 1270-1850», Economic History Review 66, 1, 1-37. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La concesión de la infanzonía colectiva a la villa de Sos en 1458: The Granting of Collective Infanzonia to the Town of Sos in 1458
lA ConCEsIÓn dE lA InfAnZonÍA ColECtIvA A lA vIllA dE sos En 1458. THE GRANTING OF COLLECTIVE INFANZONIA TO THE TOWN OF SOS IN 1458. Juan Abella samitier IEs valle del guadalope (Calanda) Resumen: Este artículo pretende estudiar la concesión de un privilegio de infanzonía a la villa de sos en el año 1458. El trabajo analiza el contexto histórico en el que Juan II otorgó esta merced y la historia privilegiada de la localidad desde el siglo XIII. también se examinan las consecuencias que el privilegio originó a corto y medio plazo en la sociedad local, en la que finalmente se produjo una fusión entre los linajes tradicionales y los sectores más dinámicos de los vecinos enriquecidos. Palabras clave: Reino de Aragón, sos, baja Edad Media, baja nobleza. Abstract: this article aims at studying the granting of a privilege of infanzonía to the Aragonese town of sos in the year 1458. the study analyses the historical context in which Juan II granted the privilege and the history of the town from the 13th century. the consequences that the privilege originated in the local society, in which a fusion between the traditional lineages and the most dynamic sectors of the rich neighbors finally occurred, are fully discussed. Keywords: Kingdom of Aragon, sos, late Middle Ages, low nobility. 1. Introducción probablemente uno de los campos de estudio más complejos en la baja Edad Media sea el que se refiere al grupo social de la pequeña nobleza, debido a la amplitud y sobre todo a la heterogeneidad del colectivo. y es que bajo esta categoría se englobaban realidades muy diferentes, desde una minoría de linajes tradicionales que en Aragón desempeñaron algunas de las magistraturas más notables del reino, como la del Justiciazgo, hasta miembros de las elites urbanas que obtuvieron el ennoblecimiento como culminación de sus estrategias de ascenso social. también formó parte de la baja nobleza un contingente nada desdeñable desde el punto de vista numérico, aunque la propia naturaleza de sus componentes haya provocado que sea muy complejo el acercamiento a su realidad histórica; sería el caso de los habitantes de poblaciones que recibieron en la Edad Media un privilegio de infanzonía o hidalguía colectiva por parte de los reyes. precisamente la península Ibérica sobresale, junto a algunas regiones del Este de Europa, como uno de los espacios geográficos del viejo Continente en los que la nobleza fue más numerosa; así, si en francia, Italia o Alemania únicamente supuso entre el 1 y el $2 \%$ de la población1 , en la Corona de Castilla entre un 10 y un $15 \%$ pertenecía a la nobleza2 , sobre todo en los territorios norteños3 . Igualmente fue notable la presencia de nobles en navarra, condición que tenía el $20 \%$ de su población a mediados del siglo $\mathrm { X I V ^ { 4 } }$ . para el reino de Aragón la mejor imagen disponible de conjunto la representa el fogaje del año 1405, que se ordenó recoger en las Cortes celebradas en Maella. los datos reflejan que de un total de 42.227 casas registradas en todo el país, se asignó a la baja nobleza 4.072, esto es, el $9 \%$ del total; de las mismas, cerca de 2.900 hogares correspondieron a los vasallos de los infanzones, cuyas casas propiamente dichas ascendían a 1.114 en las veintiocho principales ciudades y villas que recibieron cartas de los diputados del reino comunicándoles el número de fuegos infanzones por los que debían contribuir. A éstos se deben añadir otras 1.267 casas de hidalgos que se han localizado gracias a los instrumentos de cobro del fogaje, ubicadas en 343 pequeños lugares de muy escasa población; en total pues, unos 2.381 fuegos, cerca del $\bar { 5 } { , } 6 \%$ del total, fueron de familias pertenecientes a la pequeña nobleza5 . Este dato es muy interesante si se compara con las cifras disponibles para la segunda mitad del siglo XIv en lo relativo a infanzones que disponían de arneses de guerra y monturas, capaces de ser movilizados en las campañas bélicas; así, Mario lafuente ha demostrado cómo en el inicio de la guerra de los dos pedros, entre 1356 y 1361, la nobleza aragonesa fue capaz de aportar entre 560 y 770 hombres a caballo, magnitudes que pudieron incrementarse en las décadas posteriores, pero que como mucho podrían haber alcanzado el $7 5 \%$ de las cifras que aporta el fogaje de $1 4 0 5 ^ { 6 }$ . Esto es, habría un porcentaje muy significativo de la población aragonesa del tránsito del trescientos al Cuatrocientos que, aunque a efectos de fiscalidad era considerada noble, no disponía de medios económicos suficientes para servir personalmente al monarca en el campo de batalla. la distribución geográfica de esta población no fue homogénea en el reino, sobresaliendo básicamente las zonas del pirineo y de las Cinco villas como aquellas que concentraron un mayor número de casas infanzonas. En la comarca cincovillesa, fronteriza con navarra, hubo enclaves donde los nobles alcanzaron un porcentaje muy significativo. Así, según los datos del fogaje de 1405, toda la población cristiana de Ejea de los Caballeros, cifrada en 300 hogares, fue asimilada a la condición hidalga, contribuyendo en el brazo de los caballeros. En Murillo de gállego y su aldea puendeluna, de 82 fuegos, 61 fueron de infanzones $( 7 4 , 3 \% )$ ; de las 240 casas de cristianos de tauste, 70 fueron de infanzones y 65 de francos $( 5 6 { , } 2 \% )$ ; en luna y sus aldeas los fuegos de nobles ascendieron a 62 sobre un total de 126 $( 4 9 , 2 \% )$ ; en sádaba había a comienzos del siglo Xv 20 casas de infanzones de un total de 68 $( 2 9 , 4 \% )$ ; en uncastillo y sus aldeas el porcentaje de hogares pertenecientes a la pequeña nobleza fue de un $2 4 { , } 0 3 \%$ (25 sobre 104); por su parte, luesia contaba con 46 casas de infanzones, orés con 30 y farasdués con cuatro, lo que revela la importancia numérica que tuvo la presencia de este grupo social en la comarca. Esta extensión notable de la infanzonía en varias localidades de la comarca exige preguntarse qué factores históricos propiciaron este fenómeno7. posiblemente el más decisivo consistió en que el territorio fue una de las fronteras permanentes del reino durante toda la Edad Media, en primer lugar frente al Islam y, una vez avanzada la Reconquista, frente a navarra. Así, ya en el año 1110 Alfonso I concedió a Ejea un importante fuero por el cual quienes se instalaron en la villa y sus propiedades gozaron de un estatuto jurídico de franqueza, ingenuidad y libertad, como contraprestación de la obligación de participar en las campañas militares del rey cuando fuesen convocados. la muerte del batallador y su complicada sucesión al morir sin hijos provocó la definitiva separación de Aragón y navarra, por lo que las Cinco villas se convirtieron en una de las principales fronteras del país; este hecho motivó que se extendiese la foralidad militar de la que disfrutaba Ejea a otras poblaciones limítrofes con navarra, como tiermas (1201), salvatierra de Escá (1208) o Castiliscar (1224)8 . la adquisición de estos derechos por parte de algunas localidades hizo que sus vecinos adquiriesen un rango asimilable al de la nobleza inferior al poder presentarse como francos, esto es, como personas que no estaban sujetas por vínculos de dependencia que implicaran cargas personales o económicas, puesto que uno de los rasgos definidores de la nobleza era precisamente la exención. Junto a estos privilegios tempranos de los siglos XII y XIII a diferentes enclaves, la ubicación fronteriza de la comarca favoreció el ennoblecimiento de nutridos grupos de habitantes como recompensa a su actuación en determinados enfrentamientos bélicos. de este modo Ramiro II concedió en el año 1136 una carta de ingenuidad y franqueza a una treintena de hombres de uncastillo, que incluyó tanto a laicos como a clérigos (entre los beneficiarios estuvieron el abad y el prior de la iglesia de san Martín), recompensando que se hubiesen opuesto a las acciones del tenente Arnaldo de lascum, que se había rebelado contra el rey aragonés para favorecer al monarca navarro9 . de igual manera hay constancia de que en los siglos XIII y XIv la Corona hizo infanzones a numerosos contingentes de población en la comarca, como sucedió en el año 1263 con trescientas cuarenta personas en luna o en el año 1307 con las cincuenta a quien Jaime II declaró infanzones ermunios con todos sus privilegios a la hora de establecerse en El Real provenientes de undués y de Avinués10. todo ello provocó que la presencia de infanzones en las Cinco villas fuese mucho más importante que en el resto del reino, siendo en ocasiones comparable a la de ámbitos geográficos cercanos como el navarro o el alavés; la plasmación institucional de esta realidad fue la progresiva participación en las Cortes de Aragón de los procuradores de sus villas cabeceras en el brazo de los caballeros y escuderos, y no en el de las universidades reales, justificándose este hecho por la concesión de privilegios de infanzonía universal por parte de la Corona a estas localidades11. 2. sos y el privilegio de infanzonía de 1458 la villa de sos se caracterizó en la Edad Media por ser una de las localidades fronterizas del reino, por lo que se vio afectada con cierta frecuencia por diferentes conflictos bélicos en los que Aragón se enfrentó con navarra. Además sos protagonizó un pleito enconado con la población navarra de sangüesa por hacerse con las tierras de El Real, despoblado de un enclave que había fundado la monarquía aragonesa en el tránsito del siglo XIII al XIv12. En lo que hace referencia a su población noble, el fogaje de 1405 únicamente aporta el dato de que en la villa había 80 fuegos, de los cuales al menos catorce pertenecían a la minoría judía, sin aclarar cuántos de los 80 eran de infanzones13. no obstante el grupo debía ser lo suficientemente numeroso para que en el año 1430, con motivo de la recaudación de las sisas que se habían decretado en las Cortes de valderrobres de 1429, cada uno de los estamentos que habitaban en sos, el eclesiástico, el infanzón y el de la universidad, eligiese sus propios diputados para recoger el impuesto14. la primera referencia precisa que se tiene sobre el número de nobles que vivían en sos es del 24 de noviembre de 1437, fecha en la que se celebró una reunión del capítulo de los infanzones en la capilla de santa María de la iglesia parroquial de san Esteban; a la asamblea acudieron quince escuderos que tenían diez apellidos diferentes15; esto es, a mediados de los años treinta del siglo Xv había en sos al menos diez familias hidalgas, que podían suponer algo más del $10 \%$ de la población total si se tienen en cuenta las cifras que aporta el fogaje de comienzos de siglo; el porcentaje, pese a ser más elevado que la media general del reino, estaba muy por debajo del nivel existente en otras localidades de la comarca de las Cinco villas. A este escaso peso demográfico debe unirse el modesto poder político del que disfrutaron los infanzones en sos en la primera mitad del siglo Xv, puesto que su representación institucional se limitó a uno de los siete jurados que se elegían cada año16, lo que evidentemente limitó su capacidad de actuación en el gobierno municipal. A todo ello debe añadirse que estas familias hidalgas tampoco sobresalieron por poseer un enorme poder económico y social, como atestigua que únicamente un linaje, los lozano, fuese titular de un señorío, el de gordués, un despoblado cercano a sos que ni tan siquiera mereció ser incluido en el registro confeccionado con motivo del fogaje de 1495, lo que demuestra claramente la modestia del lugar y de la posesión de los únicos infanzones de sos que pudieron presentarse ante la sociedad de su época como señores17. Esta situación varió con motivo de la concesión de la infanzonía colectiva a los habitantes de la villa por parte de Juan II el 30 de agosto de 1458, privilegio por el que se les otorgó todos los derechos de los que gozaban los vecinos de la cercana Ejea de los Caballeros, además de concederse a sos la merced de acudir a las reuniones de las Cortes de Aragón en el seno del brazo de la baja nobleza y no en el de las universidades, como hasta entonces había acaecido18. la razón por la que se concedió el privilegio estuvo estrechamente ligada al devenir histórico de la propia dinastía real. y es que apenas dos meses antes de la concesión de la merced, Alfonso v había fallecido el 27 de junio en nápoles a la edad de sesenta y cuatro años, disponiendo en su sucesión que su hermano, don Juan, heredase todos los territorios patrimoniales de la Corona de Aragón, mientras que concedió nápoles, conquista personal, a su hijo bastardo don fernando, duque de Calabria. posteriormente, el 25 de julio, día de santiago, Juan II juró los fueros del reino en la seo de Zaragoza ante la presencia del Justicia, ferrer de lanuza, siendo el juramento un requisito indispensable para que se le reconociese como rey19, con lo que el gobierno efectivo de Juan II comenzó a finales de julio; esto es, escasamente un mes después de subir al trono fue cuando confirió el privilegio de infanzonía a la villa de sos. Esta rapidez se explica en parte por las nuevas circunstancias políticas que la muerte de Alfonso v originó en el conflicto que desde hacía años enfrentaba a Juan II con su hijo, el príncipe de viana, ya que don Carlos marchó de nápoles a sicilia y desde allí escribió a su padre, a su madrastra y a las ciudades de barcelona, Zaragoza y valencia mostrando su propósito de obediencia y de paz para ser reconocido como heredero de la Corona de Aragón. A su vez, Juana Enríquez defendió los derechos de su hijo, el infante fernando, a quien el propio Juan II prefería, por lo que el 27 de julio de 1458 el monarca firmó una provisión nombrando a fernando duque de Montblanc, conde de Ribagorza y señor de balaguer, ducado y señoríos que correspondían al príncipe de viana según las capitulaciones matrimoniales que sus padres habían firmado hacía décadas20. En medio pues de problemas esenciales para la configuración del poder en la Corona de Aragón fue cuando se otorgó el privilegio de infanzonía a sos. En el documento se señalaron como méritos para dar tan notable dispensa los padecimientos que sufrió la localidad en las guerras pasadas contra Castilla y en el más reciente conflicto civil navarro en el que apoyó la causa de Juan II, lo que prácticamente había provocado su ruina21; asimismo se quiso recompensar a la población por el hecho de que hubiese nacido en ella el infante don fernando, en atención a las súplicas y continuos ruegos de la reina doña Juana y del propio infante22. Así pues, además de querer premiarse la fidelidad de una villa fronteriza en los recientes enfrentamientos bélicos, habrían sido las constantes peticiones de la reina e inclusive del pequeño fernando las que habrían llevado a la concesión de la merced regia. Evidentemente la participación del infante ha de ser puesta seriamente en duda, ya que con seis años de edad resulta muy difícil de creer que interviniera en esta problemática. En cambio sí que es muy revelador el papel de la reina como promotora del privilegio, puesto que, como se ha visto con anterioridad, precisamente en esas fechas tuvo que actuar con celeridad y determinación para defender la posición de su hijo como sucesor de Juan II; y es que al otorgar una prerrogativa tan importante a sos en ese complejo contexto de luchas por el poder se realzó el evento del nacimiento de fernando el 10 de marzo de 1452 y se resaltó la importancia política del mismo; concediendo una dispensa de tal envergadura lo que se hizo en el fondo fue engrandecer la figura de fernando en unos momentos en los que estaba en juego la sucesión de la Corona de Aragón, proclamando de forma pública que el alumbramiento del infante había sido un acontecimiento histórico relevante para la casa real aragonesa. En este sentido, la dispensa del privilegio de infanzonía el 30 de agosto de 1458 ha de insertarse dentro de una serie de medidas, como el nombramiento de fernando como duque de Montblanc, conde de Ribagorza y señor de balaguer, tendentes a fortalecer su posición frente a su hermanastro. En lo que se refiere a la villa, la infanzonía supuso la culminación de un largo proceso iniciado a finales del siglo XIII, en el que la Corona otorgó diversas gracias a sus pobladores, sobre todo en materia fiscal, como medio de recompensar sus servicios en las guerras, ya que su ubicación en la frontera los expuso frecuentemente a avatares bélicos que les afectaron muy negativamente. de este modo, Jaime II enfranqueció en el año 1292 a los hombres de sos ab omni tributo, cenis, peytis, cavelleriis, a redemptoribus exercituum et cavalcatarum et omnium aliarum exactionum a cambio de que anualmente cada casa le satisficiese tres sueldos, así como toda persona que tuviese bienes por un valor de 70 sueldos aunque no estuviese domiciliada en la localidad, debiendo entregarle asimismo el concejo como representante de la comunidad 50 cahíces de trigo y otros 50 de ordio por los derechos de molienda23. posteriormente, en el año 1302, Jaime II hizo francos a los sosienses de la lezda y del peaje, además de estipular que no le pagasen derechos de molienda a cambio de 300 sueldos anuales24. El siguiente hito en esta particular historia de exenciones tuvo lugar en plena crisis bajomedieval, cuando la población padeció los azotes de la peste y experimentó los nocivos efectos de la guerra de los dos pedros, como explicitó el propio Ceremonioso en el documento confeccionado el 10 de junio de $1 3 6 6 ^ { 2 5 }$ ; en el mismo, además de permitir la instalación en sos de extranjeros y de criminales, salvo herejes y sodomitas, reflejo de la delicada situación demográfica que atravesaba el enclave, el monarca, tras recordar las mercedes de las que ya disfrutaban sus habitantes, los enfranqueció del pago del monedaje, de los tres sueldos anuales que cada unidad fiscal le debía dar, y de los 300 sueldos y de los cahíces de cereal que el municipio le proporcionaba debido al monopolio regio sobre los molinos26. En suma, a partir de la segunda mitad de los años sesenta del trescientos los sosienses estuvieron totalmente exentos de la satisfacción de la pecha, de la cena, de la redención de hueste y cabalgada y del monedaje, una condición que en la práctica era muy semejante a la de los estamentos privilegiados de la sociedad feudal, como los infanzones y los clérigos, que tampoco hacían frente a este conjunto de cargas, no debiendo obviarse que en la época la equiparación entre exento e hidalgo fue bastante habitual27. En este sentido, la concesión de la infanzonía en 1458 por Juan II puede considerarse como el corolario de este proceso de enfranquecimiento continuo por parte de los reyes de Aragón a la villa28, en el que su estratégico emplazamiento, en plena frontera con navarra, fue esencial, ya que con el establecimiento de una notable libertad fiscal y autonomía administrativa se compensaban las amenazas y quebrantos que los conflictos bélicos generaban. Así pues, con la prerrogativa de 1458 los habitantes de sos pasaron de estar exentos de numerosas imposiciones a ser infanzones de pleno derecho, con lo que se reconoció formal y completamente su condición privilegiada, no sólo en el plano fiscal, puesto que Juan II también otorgó que, al igual que los hombres de la cercana Ejea de los Caballeros, pudiesen acudir a Cortes por el brazo de la pequeña nobleza. El hecho de que se tomase como modelo a Ejea29 evidencia igualmente la transcendencia que tuvo para la decisión regia la existencia en la comarca de varias localidades de realengo que gozaban de la infanzonía colectiva y que desde finales del trescientos pugnaron por conseguir el derecho a participar en las Cortes con los componentes de la baja nobleza, reivindicación que vieron satisfecha definitivamente en el siglo $\mathbf { X V } ^ { 3 0 }$ . de esta manera, en la concesión de la hidalguía a los sosienses se conjugaron tanto la presencia tradicional de importantes comunidades infanzonas en el territorio cincovillés como la política de larga duración de la monarquía de enfranquecimiento de la villa, a lo que se unió la particular coyuntura que se produjo a la muerte del Magnánimo en la que la dinastía fortaleció la figura del infante fernando frente a las aspiraciones del príncipe de viana de ser reconocido como heredero de Juan II en la Corona de Aragón. 3. las consecuencias de la concesión de la infanzonía colectiva en la villa. Aunque en un principio pudiese parecer que el privilegio de 1458 por el que se hizo infanzones a todos los habitantes de sos debió suponer un cambio radical en la configuración del poder y de la sociedad local al igualar en el estatus jurídico a todos los sosienses cristianos, la realidad fue muy diferente. y es que, a nivel interno, durante casi veinticinco años nada cambió. de este modo continuó el reparto de poder entre los linajes tradicionales, que siguieron contando con la cuota institucional que suponía el jurado de los infanzones, y los vecinos, que tenían hasta seis jurados para ser representados en el gobierno municipal. En este sentido es muy interesante la conservación de parte de unas actas de una reunión que posiblemente se celebró en $1 4 6 3 ^ { 3 1 }$ , esto es, después de la concesión del privilegio de infanzonía. Al parecer uno de los asuntos tratados fue el estatuto político que los nobles, es decir, los linajes tradicionales debían poseer. En el primer párrafo se estipuló que qualquiere cosa que mandara su jurado que e encara el alcalde que sia proveyto e honor de la villa, que son prestos e pereyllados fazer aquello qui su jurado lys hordenara e mandara. En el segundo se añadió que como los infancones si por ventura se desseparavan del regimiento de la villa que puedan usar de aquel con su jurado de los fidalgos e no mes de aquell e que sia en su mano de meter jurado de los fidalgos al regimiento de la villa, ante lo cual Eximeno d’Olleta e Alfonso, procuradores de los infancones, dixieron que protestavan que sus libertades lys fincasen en salvo, segunt havian costumbrado e que eran prestos fazer aquello que costumbrado su condicion fazer a la honor de la villa e del rey. En la reunión se insistió pues en la práctica que aseguraba la presencia de un jurado de los nobles en el principal órgano de gobierno municipal, al mismo tiempo que se intentó conseguir la aquiescencia de los infanzones para que obedeciesen lo que les ordenase su jurado y el alcalde (denominación con que a veces se referían al Justicia) para que se sometiesen a la autoridad pública, lo cual se facilitaba en gran medida por el hecho de que hubiese un magistrado que perteneciese a su mismo estamento. la protesta de los procuradores de los infanzones remarcando que, pese a su compromiso de acatamiento de las disposiciones de su jurado y del Justicia, sus derechos debían quedar intactos, muestra cómo el privilegio de 1458 no había conseguido en absoluto modificar las diferencias sociales existentes en sos, ya que no se produjo una fusión entre los diversos grupos, manteniéndose por el contrario el organigrama institucional tradicional que consagraba la división de la sociedad cristiana entre los infanzones tradicionales y el resto de sosienses a los que la merced de Juan II afectaba más en la teoría que en la práctica32. y es que hubo que esperar casi dos décadas y media más para que se diese un paso realmente significativo en la transformación social de la localidad cincovillesa. de nuevo fue un factor exógeno el que motivó cambios importantes en sos, al implantarse por parte de la monarquía la insaculación en la villa. Como es bien sabido, la dinastía de los trastámara protagonizó una profunda reforma en el sistema electoral de los municipios de realengo de la Corona de Aragón a mediados del siglo Xv con la instauración de la insaculación, medida que, además de incrementar el intervencionismo real en los concejos, persiguió terminar con los periódicos estallidos de violencia que padecían las ciudades y villas33. y es que el procedimiento hacía recaer el resultado final en la suerte y en la elaboración de las listas de insaculables por parte de delegados de la Corona, despersonalizándose de esta manera la elección. tras el ensayo que supuso su implantación en 1442 en Zaragoza34, la reina y lugarteniente doña María escribió el 1 de febrero de 1445 a los concejos de. Huesca, sariñena, Alquézar, Aínsa, barbastro, Ejea de los Caballeros, Jaca, tauste, sos, uncastillo, sádaba y Murillo de gállego, anunciándoles que el gobernador del reino y su asesor iban a introducir la insaculación en estas poblaciones35, con lo que la Corona hizo explícitas sus intenciones de instaurar este transcendente cambio institucional en las principales poblaciones del norte del país. A pesar de esta comunicación, los designios regios no se vieron satisfechos del mismo modo ni al mismo ritmo, ya que si en Huesca el nuevo sistema entró en vigor en 1446, en barbastro lo hizo en 1454, mientras que en Jaca fue Juan II quien asentó definitivamente la novedosa modalidad en $1 4 5 8 ^ { 3 6 }$ . En sos la insaculación se asentó bastante más tarde de lo previsto; fue el 1 de noviembre de 1482 cuando el concejo de la villa, reunido en la iglesia parroquial de san Esteban, le concedió el poder necesario al gobernador del reino, mosén Juan fernández de Heredia, para que eligiese a las personas que considerase más convenientes para que con el ensemble puedan fazer el saco o sacos de los officios de la dita villa e graduacion de las personas de aquella e qualesquiere ordinaciones cerca aquello necessarias37. Ese mismo día el gobernador nombró a una pequeña pero selecta comisión de cinco notables locales para que le auxiliasen en su labor, entre los que se encontraron dos infanzones, lozano Martínez y per Alfonso de Artieda38, lo que influyó, sin duda alguna, en las decisiones adoptadas, como demuestra el análisis de los resultados electorales del primer año en que se efectuó la insaculación, donde de los siete jurados seleccionados, dos fueron individuos que participaron en la comisión de los cinco consejeros del gobernador y un tercero fue pariente de otro consejero39. dos días después, el 3 de noviembre de 1482, volvió a congregarse el concejo en una asamblea en la que los infanzones renunciaron a sus exenciones fiscales, comprometiéndose a contribuir en las obligaciones de la villa, no se pudendo escusar de dezir “somos fidalgos et cetera”40; un segundo acuerdo que se adoptó en esta importante reunión fue la de que los infanzones pasaran a conformar con el resto de sosienses cristianos un único cuerpo segunt ques en la villa de Exea de los Cavalleros41, a la que, como en el privilegio de 1458, se volvió a tomar como modelo. A partir pues de la implantación de la insaculación se dio la unificación fiscal de los nobles con los vecinos y también la institucional, puesto que desde ese momento ya no se reservó a los hidalgos la cuota fija de los cargos públicos que durante generaciones había representado el jurado de los infanzones. Ello no significó que los hidalgos perdiesen poder, ya que desde la reforma optaron a los oficios municipales en completa igualdad. Así, el análisis de las nóminas de jurados desde 1483 a 1499 (año en que su número se redujo de siete a cinco) evidencia cómo en la práctica totalidad de ejercicios políticos hubo al menos un miembro de la nobleza tradicional que disfrutó de este cargo, siendo frecuentes los años en los que fueron dos infanzones y a veces hasta tres los que participaron en el gobierno local. las familias que resultaron más favorecidas por los cambios fueron los Artieda, los lozano, los Ampiedes, los sada y los olleta, que acapararon gran parte de las magistraturas de este periodo. de esta forma la unificación de finales del Cuatrocientos supuso para los linajes hidalgos más importantes la posibilidad de acceder con una mayor frecuencia a los órganos decisorios, con lo que fueron claramente beneficiados42. las novedades de 1482 ocasionaron también notables cambios en otros ámbitos de la sociedad. y es que, junto a las parentelas infanzonas tradicionales, la localidad contaba con un grupo de familias de vecinos enriquecidos que ocupaba frecuentemente las principales magistraturas municipales. Este sector social recurrió a una serie de estrategias matrimoniales y sucesorias con las que asegurar en el tiempo su situación de predominio. Entre las mismas destacó el enlace a través de matrimonios mixtos con linajes hidalgos, expediente al que acudió en el siglo Xv casi una de cada cinco mujeres pertenecientes a las familias de vecinos enriquecidos $( \mathrm { u n } 2 1 , 3 \% ) ^ { 4 }$ 3. pues bien, la unificación institucional y fiscal de 1482 supuso un cambio cualitativo de esta política, ya que hasta entonces, optar al ennoblecimiento por parte de los individuos de la elite villana significaba obtener un indiscutible prestigio social a la par que privilegios jurídicos, pero al mismo tiempo representaba un importante recorte en su participación en el concejo, puesto que el sistema político tan sólo reservaba un cargo de jurado para todos los hidalgos; sin duda, el precio exigido para acceder a la nobleza en sos era demasiado elevado, puesto que intervenir en el gobierno municipal suponía, entre otras cosas, influir en la política económica de la población, de la cual dependían en gran medida sus intereses. En este sentido, la reforma de noviembre del año 1482 facilitó el acceso a la nobleza sin que por ello se perdiese capacidad de intervención en el poder municipal, puesto que desde entonces el único hecho relevante para esta participación radicó en la inclusión en el censo de insaculables confeccionado44. A partir de este instante se inauguró un interesante fenómeno por el que varios miembros de la elite villana pasaron a ser mencionados en la documentación como escuderos e infanzones. Es cierto que con anterioridad se había producido aisladamente el ennoblecimiento de algunas familias por vía masculina, pero lo realmente novedoso fue que desde 1482 el fenómeno fue más abundante, ya que en el transcurso de treinta años hasta siete familias protagonizaron este itinerario; así, en los protocolos notariales se comenzó a calificar como escudero entre los componentes de la familia Carlos al carnicero Juan Carlos desde 1485, condición que mantuvo posteriormente su hijo sancho; entre los don blasco, el primer representante en merecer tal calificativo fue garcía don blasco a partir del año 1484, que conservaron sus hijos garcía y Juan, este último mercader; entre los garcía de urriés, gil fue escudero al menos desde el año 1511 y su pariente pedro desde 1514; el labrador garcía Zareco también gozó de esta posición como poco desde el año 1510, igual que el notario Juan de Murillo desde 1513 y el labrador Miguel de Agüero desde 1515; en el clan de los Español de niño fueron varios de sus miembros los que disfrutaron de ese estado desde finales del Cuatrocientos, como los notarios bartolomé y gil Español, el mercader Español de sos, gil y Juan de sos, y Alfonso Español45. En este interesante proceso influyeron tanto el privilegio colectivo de infanzonía de 1458 como los cambios institucionales de 1482, que hicieron que ser infanzón resultase atractivo sin tener que renunciar a la participación continua en el gobierno municipal. Igualmente fue decisiva en algunos casos la intervención del rey, como se desprende de la información recogida por. Miguel Español en 1627 para probar su infanzonía, en la que se aseguró que sus antepasados recibieron tal merced de fernando $\mathrm { I I }$ en torno a 1494 como recompensa por ciertos servicios, por lo que les otorgó licencia para ser armados caballeros, lo que según todos los testimonios recogidos en el siglo XvII hizo el rey de navarra el 23 de julio de $1 4 9 5 ^ { 4 6 }$ . En cuanto a los restantes individuos que se ennoblecieron, destaca cómo los Agüero, los garcía de urriés, los Murillo y los Zareco fueron designados por vez primera como escuderos en la documentación entre $1 5 1 0 \mathrm { ~ y ~ } 1 5 1 5$ , un periodo especialmente turbulento en la comarca debido a la conquista de navarra en 1512 por las tropas de fernando el Católico y sobre todo por la amenaza de invasión francesa, que motivó que en las Cortes celebradas en Monzón ese mismo año se satisficieran todas las peticiones del monarca y que la diputación ayudase posteriormente a reclutar los mil hombres de a caballo y los ocho o diez mil peones que se quisieron congregar en la propia sos para cerrar el paso a los franceses que habían penetrado por el Roncal47. Así, en la vecina villa de uncastillo se celebró una reunión del concejo en el mes de agosto de 1512 en la que se otorgó el poder suficiente al Justicia, a los jurados y a los cabos de las decenas para que eligiesen a los hombres necesarios para la guerra, con la condición de que los reclutados no estuviesen fuera más de un mes48; igualmente el 27 de agosto, el arzobispo de Zaragoza escribió a Ejea, tauste, sádaba, uncastillo y a otros lugares de la Junta de Ejea, prohibiendo que mercaderes y otras personas sacasen panes de estas localidades, ya que se debía aprovisionar con ese cereal al ejército real, ordenando que se pagasen al precio que había antes del conflicto, sumando un sueldo por cada cahiz de trigo y seis dineros por cada cahiz de cebada como compensación49. En este contexto bélico en el que se tiene constancia de que se reclutaron tropas en algunas poblaciones fronterizas como uncastillo, es bastante probable que miembros de las familias abonadas de sos aprovechasen las circunstancias para participar en la contienda y obtener como recompensa la nobleza50. de esta manera, se unieron las condiciones necesarias tanto a nivel local, con la desaparición de las cortapisas para la participación plena de los infanzones en los órganos de poder municipal, como a nivel general, con la oportunidad que supuso la guerra de navarra, para que varias familias de la elite villana se ennobleciesen. las concesiones de nobleza supusieron en muchos casos la intensificación de la larga política matrimonial de los grupos villanos enriquecidos tendente a emparentar con los infanzones. Así, el labrador Miguel de Agüero fue hijo de la infanzona toda de olleta y se casó con la recientemente ennoblecida María Español en torno al año 1499; garcía don blasco, poco antes de ser escudero, se unió con la noble María lozano alrededor de 1480; la infanzona María de sada fue la madre del labrador garcía Zareco, quien a su vez se desposó con la hidalga María de Artieda; Alfonso Español fue hijo de oria de olleta y se casó con Juana Calbo, sobrina del abad de leire que dotó a su pariente con 4.000 sueldos; el notario bartolomé Español, además de casarse con la noble Martina lozano, dio en matrimonio a su hija Isabel al infanzón Alfonso lópez de Artieda y a su hija María al hidalgo Antón de Monterde51. En suma, por las venas de gran parte de los nuevos infanzones ya corría sangre noble por vía materna, lo que se incrementó con sus propios enlaces con mujeres hidalgas, para posteriormente, en muchos casos tras el acceso oficial a la nobleza, casar a sus descendientes también con escuderos para de este modo consolidar definitivamente el estatus recién adquirido. todo ello facilitó que a finales del Medioevo se incrementasen las relaciones de los sectores más dinámicos de la sociedad con los viejos linajes, siendo estos crecientes matrimonios su expresión más notoria; así pues, junto al privilegio de infanzonía colectiva de 1458 y a la unificación de los hidalgos y los vecinos en 1482, el ennoblecimiento de varias familias villanas en las décadas posteriores sirvió para que ambos grupos estrechasen cada vez más sus lazos, difuminándose sus diferencias; el resultado final fue una elite mucho más compacta que consiguió aunar la riqueza que sus propiedades y sus actividades económicas les proporcionaban con el poder político por el acceso continuado al gobierno municipal y con el prestigio que la condición noble, antigua o nueva, les confería. si la concesión de la infanzonía de 1458 provocó a la larga sustanciales cambios políticos y sociales en el ámbito interno de la villa, igualmente tuvo consecuencias en su intervención en algunas de las instituciones más importantes del país. sos comenzó a acudir a las reuniones de Cortes en la difí- cil coyuntura de los años sesenta del trescientos, cuando la participación de navarra junto a Castilla en la guerra de los dos pedros puso en peligro a la comarca cincovillesa. posiblemente por eso la villa fue convocada por vez primera para las Cortes que tuvieron lugar en Monzón en el transcurso de los años 1362 y 1363, apareciendo en la nómina de poblaciones citadas en el cuarto puesto de entre las villas del reino, tras tauste52, otro enclave de las Cinco villas que se estrenó en este tipo de acontecimientos políticos. En la asamblea se tomaron medidas importantes para proceder a la defensa de Aragón, ordenándose que los habitantes de los pueblos cercanos a sos se refugiasen en la villa, que se fortificó al igual que el castillo de tauste; también se decidió incorporar los términos de El Real a sos con la finalidad de garantizar que el despoblado, ubicado en un lugar estratégico de los confines del reino, continuase perteneciendo a Aragón; por último, se enviaron tropas a la zona53. A partir de este momento crítico sos siempre fue llamada a Cortes por los sucesivos monarcas. El privilegio de 1458 de Juan II, además de convertir en infanzones ermunios a los habitantes de sos, les otorgó la merced de acudir a Cortes por el brazo de los caballeros e infanzones, como hacía Ejea. A este respecto debe indicarse cómo en algunas asambleas de la segunda mitad del siglo XIv los procuradores de Ejea de los Caballeros y de sádaba solicitaron sentarse con los caballeros e infanzones y no con las universidades, ya que alegaron que habían recibido privilegios de infanzonía universal, encontrando una tenaz oposición por parte del brazo real. sin embargo, en los inicios del siglo Xv los síndicos de Ejea, tauste y sádaba se colocaron habitualmente con los representantes de la pequeña nobleza sin que las universidades siquiera protestasen54, lo que demuestra cómo en este transcurso de tiempo lograron que sus pretensiones fuesen aceptadas. El hecho de que en el año 1458 la máxima autoridad política del país, el rey, dispensase a sos la facultad de intervenir en Cortes en el brazo de la nobleza inferior manifiesta asimismo cómo en el Cuatrocientos las tesis de las localidades cincovillesas fueron finalmente admitidas. la consecución de este estatus privilegiado no supuso únicamente un incremento del prestigio y del honor colectivo de la villa y de sus habitantes, sino que también significó la posibilidad de obtener ventajas fiscales concretas. Es por ello que el municipio sosiense siempre defendió esta prerrogativa, sobre todo cuando fue citado por la monarquía para ir a asambleas privativas de las universidades, como sucedió en el año 1503, en el que en una reunión del concejo se eligió como síndico al escudero Martín de Ampiedes para acudir en febrero a Zaragoza a una convocatoria de las universidades que debía tratar acerca de la concesión de un servicio y del reparo de la justicia, especificándose en la carta de procuración que Ampiedes pudiese firmar cualquier compromiso sin derogacion ni prejucio de nuestras liberatades [sic] de infanzonia y asiento del braco de los cavalleros, infancones en que nos asentamos y no en otra manera55, precaución que se siguió para que en el futuro no se pudiese alegar que sos debía sentarse en las Cortes con las universidades por haber participado en esta reunión particular del brazo real. 4. Conclusiones la complejidad de la realidad social de la baja nobleza en el Antiguo Ré- gimen es, sin duda alguna, una de las conclusiones a las que llegan los historiadores tras su estudio. El análisis del caso específico de sos confirma esta idea, ya que para una comprensión adecuada del fenómeno se debe optar por una visión que tenga en cuenta la larga duración y que además se realice desde varias perspectivas. En efecto, para entender en profundidad el significado histórico del privilegio de infanzonía colectiva de 1458, además de conocer las circunstancias concretas que propiciaron su otorgamiento, como fue el ascenso al trono aragonés de Juan II y su determinación de designar como su sucesor a su hijo fernando frente a las pretensiones del príncipe de viana, hay que remontarse más atrás en el tiempo. Más concretamente a la época de finales del siglo XIII y al siglo XIv en el que varias mercedes concedidas por la Corona a los habitantes de sos les eximieron de diversos impuestos y de rentas reales, con lo que la situación de los sosienses fue muy similar a la de los campesinos francos. El siguiente paso en la historia privilegiada de la villa tenía que ser pues el reconocimiento de la infanzonía de todos sus habitantes cristianos, lo que además casaba perfectamente con el hecho de que la comarca a la que pertenecía tuviese un alto porcentaje de población hidalga y un modelo al que tomar como referencia, como fue la villa de Ejea de los Caballeros. Igualmente hay que mirar más allá de 1458 para entender qué supuso realmente el privilegio para la sociedad del momento. A corto plazo, durante casi veinticinco años, nada cambió ni en lo institucional, ya que a los linajes tradicionales se les siguió reservando un jurado de los siete totales, ni en lo social, puesto que la documentación siguió denominando a los antiguos infanzones como tales, sin extender tal categoría al resto de cristianos. Hubo que esperar al año 1482 para que en el marco de la reforma del gobierno local que supuso la instauración de la insaculación por parte de la Corona se produjese una auténtica fusión institucional y fiscal entre los infanzones y los vecinos, a lo que posiblemente ayudó el privilegio de 1458 ya que según el mismo teóricamente todos los sosienses eran nobles y por tanto no debían persistir esas diferencias propias del pasado. de nuevo la realidad fue más compleja de lo que marcan los importantes documentos de 1458 y 1482, puesto que en los treinta años siguientes se intensificó la política matrimonial que unió a las parentelas hidalgas tradicionales con las familias de vecinos enriquecidos, lo que finalmente se tradujo en el ennoblecimiento particular de algunas de estas últimas. no obstante, los protocolos notariales siguieron reservando la denominación de infanzón, escudero o caballero a una minoría de la población, no generalizándose a todos los cristianos, lo que demuestra que, a pesar del privilegio de 1458, había familias más infanzonas que otras, bien fuese por tradición o por acumulación de poder. posiblemente fue en el ámbito de las relaciones de la localidad con el exterior donde se hicieron más efectivas las disposiciones de la merced de Juan II, puesto que presentarse en las Cortes de Aragón y frente a la fiscalidad como infanzones ermunios conllevaba beneficios materiales y de orden honorífico para todos los habitantes de la villa, siendo precisamente los términos de infanzonía, exención fiscal y asiento en Cortes junto a los caballeros los que terminaron por caracterizar no sólo a sos, sino también a uncastillo, sádaba, Ejea de los Caballeros y tauste durante el Antiguo Régimen56.
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11,913
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Los espacios comunales en las montañas septentrionales del reino de Valencia (s. XIII-XVI).: Communal Areas in the Northern Mountains of the Kingdom of Valencia (13th-16th Centuries)
LOS ESPACIOS COMUNALES EN LAS MONTAÑAS SEPTENTRIONALES DEL REINO DE VALENCIA (SIGLOS XIII-XVI) COMMUNAL AREAS iN THE NORTHERN MOUNTAiNS OF THE KiNGDOM OF vALENCiA ( $1 3 ^ { t h }$ -16th CENTURiES) Vicent royo pérez Universidad de Zaragoza email@example.com. Resumen: En este artículo, se pretende analizar la gestión de los espacios comunales en las comarcas de Els Ports, El Maestrat y L’Alcalatén, en el norte del reino de Valencia. Desde el siglo xiv, los concejos de la región asumen la dirección de los bienes comunales y desarrollan una compleja normativa que regula su uso. Esta legislación se contiene en los llibres d’establiments y es fruto del consenso alcanzado entre las instancias de poder presentes en el ámbito local. Nuestra intención es estudiar estas fuentes con el fin de conocer el régimen de aprovechamiento de los espacios comunales que implantan las villas y las comunidades rurales, un sistema que intenta preservar los derechos colectivos frente a los intereses particulares. Palabras clave: Comunidad rural, espacios comunales, llibres d’establiments, reino de Valencia, siglos xiii-xvi. Abstract: In this article, we try to analyse the management of communal areas in Els Ports, El Maestrat and L’Alcalatén region, in the north of the Kingdom of Valencia. From $1 4 ^ { \mathrm { t h } }$ Century, councils of the region took over the management of the communal lands and developed a series of rules aimed at regulating the use. These laws were contained in the llibre d’establiments and were result of consensus achieved between the different powers existing in the local area. Our aim is to study these sources with the purpose of knowing how towns and rural communities were administering communal areas, with a system intended to keep the communal rights above private interests. Keywords: Rural community, communal areas, llibres d’establiments, Kingdom of Valencia, $1 3 ^ { \mathrm { t h } } { - } 1 6 ^ { \mathrm { t h } }$ Centuries. 1. Introducción1. El estudio de los espacios comunales cuenta con una larga trayectoria en la historiografía peninsular. Tanto en Castilla como en la Corona de Aragón, se ha definido la caracterización de estas zonas de dedicación ganadera y forestal, se ha destacado su importancia en el desarrollo de las economías campesinas y se han escrutado los conflictos que desata su aprovechamiento por parte de los distintos grupos sociales. De hecho, la gestión de los comunales es un magnífico reflejo de las intensas contradicciones existentes en la sociedad rural y los intereses contrapuestos que se articulan alrededor del paisaje. Asimismo, los complejos sistemas de organización que se arbitran en los distintos territorios dan cuenta de los consensos que son capaces de alcanzar los diferentes actores sociales y también evidencian las modificaciones que introducen en el paisaje a medida que varía el equilibrio de fuerzas existente entre todos ellos.2. En el reino de Valencia, los espacios comunales adquieren una evidente importancia tras la conquista cristiana del siglo xiii. En el proceso de colonización, cristaliza el término jurídico emprius, que adquiere un doble significado. Por una parte, define el derecho de aprovechar colectivamente los recursos naturales y, por otra, se utiliza para identificar los pastos de uso comunal de los términos municipales (Beneyto, 1932: 15-19). La consecuencia directa es la articulación de un complejo diálogo entre los distintos grupos sociales que tiene sus primeras manifestaciones a principios del siglo xiv. Con una economía preferentemente agropecuaria, la explotación de los espacios comunales y la necesaria integración de agricultura y ganadería deviene una de las preocupaciones principales de los dirigentes de las comunidades rurales (Furió, 2001: 57-103). Esta atención cobra mayor relevancia aún en las zonas donde la ganadería es la actividad económica hegemónica y los recursos forestales son especialmente ricos, como sucede en la región septentrional del reino. Mapa 1. El reino de Valencia en el siglo XIV. Elaboración propia. Nuestra atención se va a dirigir a este espacio, con el objetivo de analizar el modelo de gestión del territorio que se articula en esta zona de montaña y comprobar el peso que adquieren los concejos en la administración de los comunales durante la Baja Edad Media. Esta aportación pretende abordar una de las carencias de la historiografía valenciana sobre el estudio del paisaje. Hasta el momento, se ha definido la morfología y la construcción social de los espacios irrigados en las llanuras aluviales (Esquilache, 2018) y en las zonas de interior (Torró, 2005: 301-356). De manera más fragmentaria, se ha caracterizado el paisaje de las regiones de montaña (Rabassa, 2005: 485-521; Royo, 2011: 123-141), se ha destacado la importancia de la ganadería en la región septentrional del reino (Guinot, 1992-1993: 257-274; Sánchez Adell, 1995: 445-487) y se ha acometido parcialmente la descripción de los espacios comunales (García Edo, 1990: 467-483). Sin embargo, las fuentes documentales permiten abordar un estudio sólido de los comunales en la zona montañosa que se extiende entre el río Millars y la frontera con Cataluña y Aragón. Encajadas entre las derivaciones surorientales del Sistema Ibérico y las llanuras costeras, las comarcas de L’Alcalatén, El Maestrat y Els Ports constituyen un paisaje marcado por la alternancia de altiplanos calizos, altas cornisas calcáreas y cuencas deprimidas recorridas por ramblas y ríos.3 Con una altitud media cercana a los 1.000 metros sobre el nivel del mar, las cotas más bajas se sitúan cerca de los 800 msnm, en los cauces más encajados, mientras que la cima se encuentra en los 1.813 msnm que alcanza el pico de Penyagolosa. Se configura, de este modo, un paisaje de montaña con espesos bosques de pinos, encinas, robles, sabinas, tejos, aladiernos y lentiscos, combinados con amplias zonas de matorrales y arbustos. En este terreno, la ganadería ovina ocupa una posición central en las estrategias económicas de los diferentes actores sociales desde el siglo xiii (Royo, 2010a: 25-56). Si a esto se añade la riqueza vegetal de la zona y las consiguientes restricciones que la propia orografía impone a la agricultura, se explica la ingente necesidad de arbitrar sistemas de gestión del territorio que permitan realizar una explotación eficiente de los diferentes espacios agrícolas, ganaderos y forestales.4. Existen buenas muestras de todo ello en las ordenanzas municipales promulgadas por los concejos de la región desde finales del siglo xiii hasta el primer cuarto del siglo xvi. Estas normas, recogidas en los llibres d’establiments, son producto de las negociaciones que llevan a cabo los grupos sociales que confluyen en los órganos de decisión existentes en el ámbito local, así que atestiguan los consensos alcanzados en relación con el paisaje y los recursos naturales. Permiten, pues, realizar un análisis sistemático del régimen de explotación de los comunales en la Tinença de l’Alcalatén, la Tinença de Culla y el término general de la villa de Morella, además del lugar de Albocàsser, tanto a nivel estrictamente local como también comarcal.5 Además, la regulación se renueva con el tiempo para amoldar el aprovechamiento de los diferentes recursos a las cambiantes necesidades colectivas e individuales, de modo que se pueden evaluar las transformaciones que se producen a lo largo de los siglos bajomedievales.6. Finalmente, es posible incorporar otros registros documentales que permiten comprobar el grado de efectividad de las normas locales en una cotidianeidad que resulta tremendamente compleja debido a la existencia de múltiples casuísticas particulares y al cruce de intereses, derechos y privilegios con frecuencia contradictorios. Ahora bien, más allá de los tópicos que aluden a una irresoluble conflictividad y una rigurosa separación de los diferentes espacios, se organiza todo un sistema de gestión del territorio, basado en la integración de las distintas actividades económicas y la preservación de los derechos colectivo, que le otorga al conjunto un gran dinamismo y una enorme plasticidad. Y todo ello tiene lugar en una región donde los comunales adquieren una enorme transcendencia desde la conquista cristiana del siglo xiii. 2. Una sociedad rural de montaña. La ocupación militar de la región septentrional valenciana tiene lugar entre 1231 y 1234. Justo después, se desmontan las estructuras andalusíes y se construye una nueva organización social del espacio bajo los parámetros feudales. Las circunscripciones musulmanas son sustituidas por señoríos —articulados alrededor de los castillos que encabezaban la anterior red de poblamiento— y en su interior se habilita una espesa trama de centros de población que constituyen la unidad básica de la nueva estructura territorial. En consecuencia, se fundan medio centenar de comunidades rurales, habitadas fundamentalmente por cristianos.7 Disponen, además, de un término municipal propio, normalmente bien delimitado en las respectivas cartas de población, aunque esta precisión no evita la reproducción sistemática de los conflictos entre los señores y los concejos por la fijación de las fronteras (Royo, 2017: 63-130; y 2018: 59-90). Mapa 2. La red de señoríos a mediados del siglo XIV. Elaboración propia. A través de los documentos de fundación, se instituyen centros con una personalidad jurídica propia, dotados con un organigrama de gobierno local que se reforzará con los años. Asimismo, la monarquía y los señores son conscientes del potencial paisajístico de la región y, para estimular la colonización y el desarrollo de la ganadería, implementan una serie de medidas.8 De este modo, conceden el derecho de aprovechar libremente los recursos naturales de los términos municipales y otorgan espacios comunales de uso exclusivo a las comunidades rurales, normalmente dehesas boyales para apacentar los animales de labor, llamadas bovalars. También delimitan dehesas de uso comunal donde el ganado menor de todos los habitantes de los señoríos pueden pastar libremente y favorecen la circulación de los rebaños mediante pactos que liberan de cualquier imposición la actividad ganadera.9 Gracias a todo ello, el campesinado dispone de unas infraestructuras básicas para el mantenimiento del ganado doméstico y, al mismo tiempo, se articula una trasterminancia y una trashumancia que une la costa valenciana y catalana con las montañas aragonesas (Sánchez Adell, 1971: 821-826). Estas condiciones facilitan que la ganadería ovina se convierta en el principal sustento económico de las explotaciones campesinas.10 De hecho, se constituye una amplia capa de pequeños propietarios de ganado, con rebaños formados por alrededor de medio o un centenar de ovejas y cabras, que conviven con grandes propietarios de ganado también de extracción campesina (Royo, 2010a: 30-40). Esta especialización ganadera, unida a la confluencia de intereses y privilegios muchas veces contrapuestos, requiere la puesta en marcha de complejos sistemas de gestión de los recursos disponibles en el territorio.11 Ahora bien, todo este proceso de articulación de la actividad ganadera y la consiguiente transformación del paisaje ya no está conducido por la clase señorial, sino por los concejos. Desde comienzos del siglo xiv, las comunidades rurales se encargan de vertebrar los modelos de explotación del espacio y los recogen en diferentes cuerpos normativos locales.12. Entre 1326 y 1328, en la bailía de realengo que encabeza la villa de Morella, el pequeño lugar de señorío de Herbers y las aldeas de Catí y Olocau del Rey redactan sendos libros de ordenanzas municipales.13 Es muy posible que esta actividad de compilación de códigos normativos locales sea extensible al resto de centros rurales de la comarca de Els Ports. Sin embargo, su acción choca con la política de la monarquía y la villa de Morella. Desde la época de la conquista, la Corona pretende consolidar la hegemonía del centro urbano sobre las nueve aldeas y los trece lugares de señorío que componen su término general y tiene la intención de convertir el distrito en un gran espacio ganadero y forestal de aprovechamiento comunal. En 1242, la reina Violante concede a los habitantes de la demarcación las dehesas de Vallivana y Salvassòria, a las que posteriormente se unen Gibalcolla y el valle de Vallibona, además del boalar de Talago (Royo, 2018: 93). En 1272, Jaime I les otorga la explotación de los bosques y, al año siguiente, decreta el libre aprovechamiento de las pasturas en toda la bailía por parte del ganado local, además de eximirlo del pago del herbaje.14 En estos privilegios, se percibe la inclinación real por otorgar a la villa las riendas de la gestión de los espacios colectivos y las pasturas locales del término general. Ahora bien, los centros rurales se oponen al acceso libre del resto de vecinos de la comunidad a sus términos municipales y a ceder la gobernanza de las dehesas comunales —algunas de ellas dentro de los distritos locales— a las autoridades urbanas. Se crea, así, una competencia que se resuelve de manera progresiva en favor de la villa.15. A lo largo del siglo xiv, diferentes sentencias reales y arbitrales confirman el libre uso de los pastos y los bosques del término general por todos los vecinos de la bailía y decretan que la villa detiene la gestión de estos espacios comunales, con la capacidad de elaborar e imponer la legislación pertinente.16. Mapa 3. La red de poblamiento a mediados del siglo XIV. Elaboración propia. Por su parte, las aldeas conservan en exclusiva los cotos ya existentes en los términos municipales, mientras que el resto de los vecinos del término general puede acceder a las otras zonas de pastura de los distritos locales. Los centros rurales también pueden emitir la normativa que consideren oportuna, aunque no puede contradecir las ordenanzas generales y tiene que ser aprobada por los jurados de Morella. Sigue este sistema el libro conservado en el Archivo Municipal de Castellfort, datado entre 1369 y 1374. El manuscrito contiene la normativa aplicable a todo el término general y, luego, se incluyen las leyes dictadas por el concejo de Castellfort, sancionadas por los jurados de Morella en 1374 (Guinot, 2006: 423-458). Este modelo de organización se mantiene vigente hasta la desintegración de la comunidad de villa y aldeas en 1691, pero a medida que pasa el tiempo el centro urbano afianza su hegemonía. En 1530, los dirigentes villanos deciden renovar el manuscrito porque el antiguo estaba molt vell e tot descuernat y squarterat (Guinot, 2006: 461). En él, recogen la normativa tradicional, actualizan algunas leyes e incorporan otras, pero en todas ellas se evidencia la preponderancia de la villa en la gestión de los comunales. En la Tinença de Culla, se parte de un planteamiento distinto, pero se alcanza una solución hasta cierto punto similar. El señorío está compuesto por ocho comunidades rurales con sus respectivos términos municipales, que gestionan de manera autónoma (Royo, 2017: 238-249). En 1345, Pere de Tous, maestre de la orden de Montesa, otorga a los concejos el derecho de uso comunal de los pastos y los bosques en toda la encomienda y la potestad para cobrar herbajes, lezdas y peajes a los campesinos y los ganados foráneos, a cambio de 1.600 sueldos anuales (Díaz Manteca, 1987: 299-307). De este modo, se crea la Setena dels herbatges de la Tinença de Culla y el distrito se convierte en un gran espacio de aprovechamiento comunal que, al mismo tiempo, respeta la autonomía de los distintos centros. Cada comunidad conserva una parte del término local para uso exclusivo de sus vecinos —también los boalares y las dehesas que estén dentro de este espacio, todo ello regulado por las ordenanzas municipales—, mientras que el resto del distrito es considerado de disfrute colectivo por todos los vecinos de la encomienda. Además, los síndicos de los concejos se reúnen dos veces cada año para repartir el coste de la renta que pagan a la orden, conocer el estado de los pastos, establecer las zonas que son de explotación colectiva y promulgar la normativa que regula su aprovechamiento.17 En consecuencia, se articula un modelo de administración del territorio que combina la explotación individual y colectiva de los términos locales, mediante una normativa que está recogida en los llibres dels capítols dels herbatges.18. Por último, en la Tinença de l’Alcalatén, todo parece indicar que las cuatro comunidades rurales que conforman el señorío —bajo dominio de la familia Urrea (Garcia Edo, 2019: 141-174)— gozan de libertad de pastos y explotación forestal en el distrito, aunque gestionan de manera autónoma los recursos naturales de los términos municipales respectivos.19 Al menos, así se desprende del llibre d’establiments de Llucena, que se comienza a redactar en 1412 e incorpora toda la legislación emanada del gobierno local hasta época contemporánea (Guinot, 2006: 22). La misma organización presenta el libro de ordenanzas de Albocàsser —una comunidad rural de la encomienda de Les Coves de Vinromà, bajo señorío de la orden de Montesa desde 1317-1319—, que se puede fechar en las décadas centrales del siglo xv (Guinot, 2006: 26-27). La base normativa de ambos manuscritos debe de recoger la tradición anterior, pero seguramente en esta centuria es necesario ajustar algunas medidas a causa de la crisis que experimenta la región. En el último cuarto del siglo xiv, comienza un descenso demográfico irreversible, provocado por la sucesión de epidemias de peste y carestías. A ello se suma una progresiva pérdida de interés de las compañías mercantiles italianas en la lana de la zona —cuya demanda había dinamizado la economía regional en las décadas precedentes (Royo, 2010a: 50)— y la incidencia de la guerra civil catalana (1462-1472). Todos estos factores dibujan una tendencia regresiva generalizada, que supone la pérdida de cerca del $50 \%$ de la población durante el siglo xv (Guinot, 1988: 249). Eso sí, aunque seguramente aumentan las diferencias en la sociedad rural, esta crisis no modifica su esencia. Según el censo de 1510, el peso de la ganadería sigue recayendo en una amplia capa de pequeños propietarios de ganado —con alrededor de un centenar de cabezas—, mientras unos pocos vecinos de cada lugar tienen rebaños que rondan el millar o millar y medio de reses.20 Ahora bien, a pesar de esta continuidad, la incidencia sobre el paisaje cambia y, por ello, es necesario adaptar las regulaciones medievales, que tienen especial interés en integrar la agricultura con los usos ganaderos y forestales predominantes. 3. Los espacios agrícolas, entre el uso particular y la explotación comunal. A pesar de la hegemonía de la ganadería, la agricultura tiene una lógica importancia en la economía campesina y en la organización del paisaje. Predomina el cultivo del cereal y la viña, pero también hay pequeños espacios de regadío y se dedican tierras a la producción del azafrán.21 Toda esta actividad agrícola se tiene que adaptar a las condiciones que marca el territorio y, en consecuencia, se articula un espacio agrario muy fragmentado, que ocupa los pocos llanos existentes, los fondos de valle y las laderas de las montañas (Royo, 2010b: 286). Estas parcelas dispersas conviven con las masías, unidades de explotación compactas que integran la vivienda del grupo familiar, las instalaciones auxiliares, los espacios de cultivo y amplias zonas de aprovechamiento ganadero y forestal (Royo, 2010b: 291-292). Las masías se encuentran repartidas por los términos bajo la lógica de sacar el máximo provecho a las tierras aptas para la agricultura y complementar esta actividad agrícola con la preferente dedicación ganadera. Las características del territorio y esta doble intencionalidad explican su proliferación por toda la región, hasta convertirlas en un elemento básico de organización del paisaje.22. En su interior y en el resto de los términos, los espacios agrícolas están incrustados en un territorio vertebrado a partir de criterios de explotación ganadera y forestal. Esta convivencia desencadena una problemática recurrente, pero la necesaria adecuación de las diferentes actividades obliga a la sociedad local a desarrollar mecanismos para integrar las zonas cultivadas en la dinámica ganadera y forestal predominante. En este sentido, en las ordenanzas locales se pena el robo de las cosechas, se prohíbe el acceso del ganado mayor y menor a las tierras ajenas que estén labradas o sembradas y se veta su acceso a las eras cuando todavía hay trigo o justo después de trillarlo. Unas restricciones similares se imponen en las huertas y los prados destinados a la producción de hierba (Royo, 2010b: 278-285). En consecuencia, se pena la mala gestión del agua y se establecen multas por el hurto o el consumo de las hortalizas y la hierba sin permiso del propietario. Esta aportación básica a la alimentación del ganado se complementa con los nutrientes que se obtienen en las tierras dedicadas al cereal. A pesar de la férrea imagen de protección de las zonas agrícolas que ofrecen los libros de ordenanzas, en todo momento se hace patente la preferencia hacia la ganadería y no se duda en convertir las parcelas en pastos si no se trabajan durante un cierto espacio de tiempo.23 Al mismo tiempo, se adoptan medidas que flexibilizan el uso de las tierras para una explotación ganadera. Para empezar, es común autorizar la entrada del ganado en las heredades propias en cualquier época del año. Otra práctica habitual es establecer el libre uso de los campos dejados en barbecho y los rastrojos para todos los vecinos del lugar. Eso sí, tienen que cumplir ciertas condiciones, que se imponen para minimizar los efectos adversos sobre los campos y la producción. En este sentido, no se permite introducir el ganado hasta pasados tres o cinco días después de haber llovido o nevado —tampoco mientras la tierra esté caliente, porque las pisadas de los animales compactan la tierra y dificultan la absorción de la humedad— y, sobre todo, es necesario esperar a entrarlo después de la recogida de las mieses. Esta explotación comunal de las parcelas particulares suscita reticencias, pero se toman las medidas oportunas para evitar que los campesinos pongan trabas y, así, se intenta garantizar el uso comunal de las tierras de cereal. En Herbers, se especifica en 1326 que, si alguien maliciosament s’esperarà de tirar dites garbes para retardar el acceso del ganado, los rebaños podrán acceder al campo sin ninguna restricción. También se dispone que, si alguien se deja las garbas en una parcela de la fiesta de San Miguel en adelante, las perderá y el ganado de cualquier otro vecino podrá entrar a pasturar. En 1369, en todo el término general de Morella este plazo se adelanta a Santa María de septiembre y, en 1530, se dispone que nadie pueda sembrar sólo los bordes de una tierra y dejar el centro en guayret o rostol o terra erma per estalviar erba porque, si lo hace, la heredad será de libre acceso a todo el ganado sin ninguna restricción (Guinot, 2006: 134-135 y 487). Ahora bien, al mismo tiempo existen mecanismos que protegen los derechos particulares frente a los colectivos en estas tierras de dedicación ganadera. Así pues, se permite a cada vecino reservar un campo sin labrar ni sembrar para producir hierba destinada al consumo de los rebaños propios. Estos coltives o mitjans son parcelas que se encuentran entre otras dos tierras dedicadas al cultivo del cereal, de modo que tienen que estar bien señaladas para evitar las infracciones. De hecho, estos campos requieren una atención especial por parte de las autoridades locales, preocupadas por minimizar los fraudes. En 1386, en la Tinença de Culla se prohíbe fer coltiva en las tierras comunales cuando se posea menos de una cahizada de tierra labrada y siempre que no se dañen cuevas, majadas o abrevaderos comunes. $^ { 2 4 } \mathrm { E n } \ 1 4 3 9$ , se especifica que cada vecino de cada lugar sólo podrá tener un campo de estas características, que además deberá estar a menos de dos trets de balesta del pueblo y será necesario que en la heredad haya una casa cubierta para que pueda pernoctar el ganado. Finalmente, en 1447 se modifican las normas anteriores y se dispone que, en adelante, una tierra sólo se podrá dedicar a este uso durante un año. Cuando acabe, se tendrá que poner en cultivo y se podrá cerrar otra parcela que en el ciclo anterior haya estado sembrada, pero esta coltiva tendrá que disponer de más tierra labrada que yerma (Barreda, 1986: 481, 497 y 502). Con estas medidas se pretende evitar la reducción excesiva del espacio agrícola y, especialmente, el cierre sistemático de una parte importante de las tierras para uso particular de sus titulares, en detrimento de los derechos colectivos. De hecho, en Albocàsser, se estipula que las coltives deben tener una extensión máxima de 12 palmos —cerca de 2,5 metros (Alsina, Feliu y Marquet, 1990)— de ancho. Si es así, los ganados ajenos tendrán que pagar una serie de penas por su acceso entre Santa María Magdalena y Pascua, aunque durante este tiempo se permite que cualquier vecino pueda obtener un jornal de hierba per a ses bèsties. Fuera de este plazo, el uso es libre para todos los habitantes del lugar, del mismo modo que también podrán introducir sus rebaños sin cometer ninguna infracción si el campo supera los 12 palmos de extensión (Guinot, 2006: 359 y 361). De este modo, se arbitra todo un sistema de aprovechamiento de las tierras de secano con uso ganadero que se sitúa a medio camino entre la explotación particular y el disfrute comunal.25. En parte, este modelo se aplica también a la viña. Como en el resto de las zonas de cultivo, se prohíbe el acceso a los campos ajenos, se pena el robo de los frutos y se limita la extracción de la madera y los sarmientos de las vides a los propietarios de las tierras. Ahora bien, esta restrictiva normativa se completa con otras ordenanzas que armonizan la producción vinícola con la ganadería. Generalmente, en todos los términos municipales las viñas se suelen concentrar en una o dos partidas llamadas Los Vinyets, que están situadas en zonas más o menos llanas y próximas a los cursos de barrancos y ríos (Royo, 2010b: 289). Más aún, estos espacios de producción vinícola se suelen situar dentro de cotos, denominados significativamente Devesa de les Vinyes, donde convive el cultivo de la viña con la pastura del ganado mayor y menor, la caza y la explotación forestal. Por tanto, las prohibiciones generalizadas de acceso a los campos suelen ser muy matizadas con el fin de agilizar la integración de los diferentes usos del suelo en los distintos momentos del año, dependiendo de los ritmos que marcan los ciclos agrícolas, pastoriles, cinegéticos y silvícolas. 4. Montes, boalares y dehesas. La hegemonía de la ganadería implica la necesidad de satisfacer la demanda de pastos que desencadena la presencia de reses de distintos tipos, de modo que se tiene que garantizar la variedad nutricional de los diferentes animales, con las particularidades que exige cada una de las razas. Por ello, a lo largo de los términos locales las zonas de pastura cubren vastas extensiones de terreno que comprenden espacios muy diversificados desde el punto de vista natural y que dibujan diferentes realidades simultáneas. Así pues, los regímenes de explotación y uso del suelo alcanzan una enorme complejidad, que se traduce en la articulación de enmarañados sistemas de aprovechamiento.26. Por norma general, los animales domésticos y el ganado menor consumen la hierba de los herrenales cuando están estabulados y aprovechan a lo largo de todo el año los rastrojos de las tierras de secano. Pastan, además, en las zonas yermas de los términos, unos espacios que son considerados de manera genérica como monte.27 Comparten este amplio espacio no delimitado con los rebaños procedentes de otros señoríos que cuentan con el privilegio de pastar libremente en los términos locales y señoriales, mientras que el resto del ganado extranjero tiene que satisfacer un canon por aprovechar estos espacios abiertos.28. Estos montes están vertebrados por caminos, azagadores, cuevas, majadas, abrevaderos, fuentes, balsas y corrales, que están bajo la custodia de los concejos. En consecuencia, regulan el área que les corresponde, realizan inspecciones para valorar su estado de conservación y dedican cada año una parte del presupuesto municipal a reparar los desperfectos.29 En la Tinença de Culla, por ejemplo, las cuevas deben tener una entrada de 10 alnas —alrededor de 10 metros (Alsina, Feliu y Marquet, 1990)—, mientras que entre este acceso y el primer campo tiene que haber como mínimo 30 alnas, para que los bestiars hi puxen jaure $e$ ·star contínuament. En esta misma dirección, también prohíben la introducción de colmenas de abejas a menos de 200 pasos de las majadas o las dehesas comunes debido a los molts danys que·s seguexen en los nodriments per no poder-se arracerar. 30 Además, cada año recorren los términos para revisar las posibles infracciones cometidas por los vecinos con tierras colindantes, pues algunos suelen mover los mojones y cultivan una parte del área que corresponde a dichas infraestructuras.31. De este modo, se protege unas instalaciones que son esenciales para la práctica ganadera y que están repartidas por toda la superficie de los términos municipales, aunque su número aumenta en las proximidades y en el interior de los vedados que se configuran en los respectivos distritos. De aprovechamiento comunal, estos cotos devienen auténticas reservas naturales que garantizan la variedad nutricional exigida por los diferentes tipos de animales presentes en las explotaciones campesinas. Por tanto, se establece una regulación diferenciada para cada espacio, según el ganado que accede, los recursos pastoriles y forestales que ofrece y las zonas agrícolas que hay en su interior (Ferrer, 1990: 485-539). Los boalares ocupan amplias extensiones de terreno que se ubican en zonas de monte relativamente llanas, encajadas entre cumbres más elevadas, que marcan sus límites.32 En su interior, existen algunas masas boscosas y, sobre todo, una vegetación formada a base de arbustos y una multitud de plantas forrajeras. Constituyen, por tanto, un excelente entorno para completar la alimentación del ganado de labor y los animales domésticos, sobre todo cerdos. Ahora bien, la degradación de los recursos naturales que puede provocar una excesiva explotación preocupa a las autoridades locales, que establecen una regulación muy estricta en su aprovechamiento. Así pues, es común que cada vecino sólo pueda introducir los animales que utiliza en el transporte y la labranza —normalmente, caballerías—, una o dos vacas con las crías y una o dos bestias que vayan sueltas, llamadas cerreres. Además, se les prohíbe pernoctar dentro de los boalares, de modo que todos estos animales están obligados a volver al pueblo por las noches o, como mínimo, recogerse en corrales siempre bajo la supervisión de un pastor.33. El resto del ganado mayor tiene vetado el acceso, incluso muchas veces también los cerdos. Con estas medidas, se quiere evitar, sobre todo, que los campesinos especializados en la compraventa de animales domésticos aprovechen los cotos colectivos en beneficio propio, pues manejan importantes cantidades de bestias que necesitan guardar y alimentar (Royo, 2009: 88- 96). Del mismo modo, también se pretende conservar los pastos para garantizar la nutrición del ganado menor de los carniceros.34 Los titulares de las instalaciones municipales son los únicos que pueden introducir rebaños de ovejas y cabras en los boalares, teóricamente sin ninguna restricción. Ahora bien, también se tiene conciencia de la limitación de los recursos. Por ello, en 1530 los jurados de Morella establecen que tampoco los carniceros pueden introducir su ganado en uno de los boalares comunes a todo el término general entre el 1 de abril y el día de San Miguel, per ço que la erba del dit bovalar en lo dit temps pugue multiplicar per fer servey en l’ivern al bestiar de carn (Guinot, 2006: 500). Además de los boalares, en los respectivos términos locales suelen haber varias dehesas, que se configuran como cotos preferentes para el ganado menor, en especial el de uso exclusivamente doméstico.35 Ahora bien, en realidad se acotan mucho las posibilidades de aprovechamiento de estas reservas fundamentalmente por dos motivos. En primer lugar y como ya se ha mencionado antes, muchas veces dentro de estas dehesas hay espacios dedicados al cultivo de la viña, de modo que estas zonas sustraen una parte importante de las reservas. En segundo lugar, el abastecimiento de carne es fundamental para el buen gobierno de los municipios y, en consecuencia, los titulares de los establecimientos locales gozan de privilegios en el acceso a las dehesas. Ambos aspectos reducen las posibilidades de uso y obligan a introducir variadas normas de explotación de los distintos espacios. En los viñedos, se suele vetar el acceso de todo tipo de ganado entre la primavera y el final de la vendimia, con el objetivo de proteger la cosecha.36 En cambio, se liberan durante el otoño y el invierno, así que los campesinos pueden introducir sus animales de labranza y sus rebaños de ovejas y cabras en las tierras propias. En este periodo, además, se rebajan a la mitad las penas por la intromisión del ganado en los campos ajenos. Incluso, atendiendo a la ubicación de las parcelas dentro de estos cotos ganaderos, se flexibilizan las condiciones de acceso dependiendo de las circunstancias.37 Se articula, por tanto, una serie de medidas que salvaguardan las cosechas e integran la actividad agrícola con la explotación ganadera predominante de estas reservas. Fuera de los espacios vinícolas, es común permitir que los vecinos introduzcan dos o tres bestias de labor, uno o dos cerdos y un reducido número de ovejas y cabras —que se sitúa entre dos y quince generalmente, además de las crías— a lo largo del periodo de descenso de la actividad agraria, siempre que algunas lleven cencerro, todas estén cuidadas por un pastor y vuelvan a pernoctar al pueblo o se recojan en un corral durante la noche. Ahora bien, la diversidad de espacios considerados como dehesa, la consiguiente variedad natural y la existencia de pretensiones divergentes en el seno de la comunidad acerca de los pastos obligan a articular normativas flexibles dentro de los propios términos, con el fin de adaptar las posibilidades de uso a la casuística particular de cada zona. Así sucede en Olocau, donde se documentan dos reservas en 1328 y en cada una existen diferentes condiciones de acceso. En la dehesa de La Serra, cada habitante tiene la posibilidad de pasturar hasta veinte cabezas de ganado menor e, incluso, un solo pastor puede conducir un rebaño formado con reses de dos propietarios distintos, siempre que no supere las 40 cabezas.38 En cambio, en la dehesa de Les Vinyes cada vecino podrá introducir todas las ovelles parides y 35 cabezas de baciu —es decir, ganado destinado a ser engordado y no a la cría— entre Navidad y el mes de marzo, mientras que, fuera de este plazo, sólo está permitido pastar a uno o dos corderos.39 Sin embargo, en la parte de la reserva que se queda del camino de La Mata hacia arriba, tan sólo pueden acceder dos reses de ganado menor por vecino. Estas condiciones se modifican en respuesta a los cambios demográficos que se producen en el siglo xv y, seguramente, a los intereses de los grandes propietarios de ganado, que consiguen una mayor disponibilidad de los espacios colectivos en beneficio propio. En las dos primeras décadas de esta centuria, se autoriza que cada habitante pueda introducir en la dehesa de Les Vinyes hasta 500 reses de ganado menor, pero sólo donde lo haga el carnicero. El número de cabezas de baciu se eleva a $5 0 ~ \mathrm { e } .$ , incluso, se admite la acogida del ganado que los vecinos tienen a medias de otros forasteros, siempre que se pague la pecha. Debido a la posible presión ejercida sobre los vedados, en 1424 se permite que cada habitante pueda tener dos reses en la parte de la dehesa conocida como La Solana, antes vetada.40 Ya en la segunda mitad del siglo xv, se intenta garantizar los pastos para los pequeños y medianos propietarios y, por ello, se crea una nueva dehesa entorn de la vila. Aquí, cada vecino sólo podrá introducir cuatro cabezas de ganado menor, mientras que se prohíbe el acceso durante todo el año a los bueyes y al ganado de la dula.41. Este variado abanico de posibilidades prácticamente no afecta a los carniceros, que pueden acceder a los boalares y las dehesas durante todo el año con los rebaños destinados a avituallar la carniceria. Aunque algunas veces se les pueda imponer alguna restricción,42 la situación más habitual es una libertad absoluta de acceso a las reservas. En las ordenanzas del término general de Morella de 1369, se permite a los carniceros de la villa entrar en la zona de viñedos situada dentro de la dehesa propia del centro urbano entre San Bartolomé y San Miguel, siempre que el ganado no penetre en los campos de cultivo ni esté entre plantes. Incluso, en 1530 se les autoriza a tener pastores forasteros, que a su vez pueden poseer sus propios rebaños y apacentarlos en los espacios comunes (Guinot, 2006: 440 y 488).43 En la bailía se toman también otras medidas que flexibilizan la entrada del ganado forastero en las dehesas de la demarcación en ciertas circunstancias. La villa de Morella es uno de los principales centros ganaderos y laneros de la región, de modo que recibe la visita de una multitud de mercaderes forá- neos (Royo, 2018: 132). Para estimular este trasiego, en 1369 se permite a los comerciantes de ganado introducir sus reses en los viñedos, los rastrojos y las tierras yermas que están dentro de las dehesas, siempre que no lo hagan entre plantes y en barbechos blandos. Además, en los caminos se les autoriza a que pexen la erba anan cab avant venint a les fires de Morella o al dijous al mercat per vendre sus rebaños. Incluso, se rebajan las penas impuestas por cometer infracciones en las tierras de cultivo y, entonces, cualquier persona que acuda a las ferias de San Juan y San Miguel sólo tendrá que abonar la mitad de las multas estipuladas en las ordenanzas (Guinot, 2006: 440). Estas medidas, seguramente promovidas por la elite ganadera y mercantil de la villa y las aldeas, supone una agresión directa a los derechos comunales y debe de intensificar los conflictos entre los habitantes de la bailía y los forasteros.44. No es la única actuación que favorece los intereses de una minoría. Las restricciones de acceso a las dehesas comunales y la posible saturación en algunos momentos de los montes dificultan a los grandes propietarios de ganado el mantenimiento de sus amplios rebaños. En este contexto, la masía se convierte en una pieza fundamental para sus estrategias económicas, pues permite a sus titulares —que coinciden con los campesinos más pudientes— apacentar el ganado propio. Incluso, cuando poseen más de una, las arriendan para repartir sus rebaños en distintas heredades, a cambio de permitir que los enfiteutas puedan disfrutar también de los pastos (Royo, 2010a: 31). El siguiente paso es cerrar estas explotaciones mediante la creación de dehesas particulares, llamadas cerrades, a las que sólo puede acceder el ganado mayor y menor de su titular. En un primer momento, cuando el balance de fuerzas entre los pequeños y los grandes propietarios de ganado está más equilibrado en el seno de las comunidades, se imponen estrictas normas para la creación y el mantenimiento de estos vedados particulares, ya que el acotamiento sistemático de los términos municipales puede suponer un peligro acuciante para los derechos colectivos. Así pues, se exige disponer de una extensión mínima, que es relativamente elevada para descartar a muchas pequeñas explotaciones. En Olocau, por ejemplo, se estipula en 1328 que sólo se podrá acotar una dehesa de una cahizada de superficie si en la masía hay otras diez cahizadas de tierra labrada y, en los casos en que esté deshabitada, el propietario debe tener una casa en buen estado, una era y puertas en los corrales.45. Esta normativa se rebaja unos años más tarde. En 1369, se legisla para todo el término general de Morella que se podrá habilitar un coto de dos cahizadas de extensión si se cuenta con cinco cahizadas de tierra en laurahó. Asimismo, si la heredad es tan grande que el propietario puede tener dos o más pares de bueyes para labrar, también se puede crear una dehesa de dos cahizadas por cada par, siempre que queden para trabajar para la otra pareja un mínimo de cinco cahizadas de tierra (Guinot, 2006: 444).46 Seguramente, estos cambios responden al interés de los mercaderes y los ganaderos de la villa y las aldeas, deseosos de aprovechar las enormes posibilidades de enriquecimiento que ofrecen los negocios con los mercaderes italianos, que se intensifican en el último cuarto del siglo xiv (Royo, 2010a: 28).47 Sin embargo, estas normas se extreman a medida que pasan los años, probablemente por los fraudes cometidos por los prohombres que poseen y conceden estos cotos particulares, así como también por la presión ejercida sobre los espacios comunales.48. En 1530, se exige que en la masía haya casa cuberta e tenguda en condret —en la norma de 1369 no era obligatoria— y se dispone que, si la heredad se divide entre más de un heredero, se tiene que mantener la extensión mínima de cinco cahizadas porque, si no, la dita devesa o cerrada sie perduda. Además, persiste el control de los jurados en todo este proceso, encargados de visitar la explotación, medirla y, si consideran que cumple las condiciones, expedir el documento pertinente, además de señalizar la dehesa.49 Ahora bien, la villa consigue imponer su hegemonía y se dispone que los cotos aprobados por los jurados de las aldeas tienen que ser también autorizados por el concejo común, bajo influjo de los jurados de Morella (Guinot, 2006: 474). Al fin y al cabo, a la elite ganadera del centro urbano le interesa mantener abierto el mayor espacio posible en los términos de las aldeas, debido a la saturación que debe de haber en el distrito particular de la villa a causa de la existencia de numerosas dehesas particulares. Por ello, implanta un control estricto de las tierras de uso particular y los espacios comunales, que a su vez atestigua el difícil equilibrio que se debe conseguir entre los intereses privados y los derechos colectivos. La consecuencia es que, con el tiempo, se articula un complejo sistema de explotación de los pastos, no exento de polémicas, que intenta integrar las actividades de la pequeña empresa campesina con otras prácticas orientadas a la especialización ganadera. En cierto modo, esta misma situación se reproduce en relación con el bosque. 5. La explotación forestal. Lejos de una lúgubre imagen de marginalidad, el bosque tiene una importancia capital en la reproducción de las economías domésticas.50 Fuente de animales cinegéticos, carbón, pastos, y madera, los campesinos visitan con asiduidad unas masas boscosas que se reparten entre los montes, los boalares y las dehesas, aunque todas merecen la misma consideración por parte de las autoridades locales. Entendidas como bienes comunales de los concejos, sus dirigentes son conscientes de su importancia para todos los miembros del colectivo, de modo que la normativa sobre su uso es más estricta que la que regula las actividades agraria y ganadera. De hecho, es común prohibir la extracción de los recursos naturales de los términos municipales o señoriales y, en la mayoría de los casos, se promueve su aprovechamiento sólo para cubrir las necesidades domésticas. Ahora bien, la flexibilidad se impone para satisfacer las demandas de las industrias locales y la especializada dedicación en ciertos lugares.51. En primer lugar, el bosque supone un aporte complementario a la dieta campesina gracias a la caza. Aunque es muy posible que existan grandes mamíferos en la región, la atención de las ordenanzas locales se centra en las pequeñas presas y en la volatería. De este modo, se estimula la caza de los animales peligrosos para los rebaños, como zorros y lobos, y se ofrece una recompensa para los cazadores, mientras que se acota la del resto de salvajinas.52 Son muy ilustrativas las ordenanzas de Olocau de 1328, donde se prohíbe cazar conejos en los márgenes o las paredes de los campos ajenos, especialmente con el sistema de caça apel·lada del ase. Tampoco se permite cazar perdices ab filat sin licencia de los jurados, que no pueden autorizar la caza con reclamo con otra perdiz en una jaula. También se regula la venta: las perdices no pueden superar los 8 dineros por presa y el precio de los conejos será de 9 dineros por pieza si está vestit y de 8 dineros si está despullat. Incluso, se estipula que, quien quiera comerciar con la caza, tendrá que mostrar las presas en la plaza tres días y, si pasado este plazo no las puede vender, entonces las podrá sacar fuera del término, siempre con licencia de los jurados.53. Los concejos extreman también la protección del bosque con normas claras y contundentes. Ante el peligro que puede suponer para su integridad, se prohíbe hacer fuego en cualquier parte de los términos, especialmente en montes, boalares y dehesas, bajo fuertes penas.54 Muchas veces, esta práctica se relaciona con una roturación de tierras que también es restringida. De hecho, para hacer fuego y rompre terra erma es necesario contar con el permiso de los jurados, que deben evitar una innecesaria —e, incluso, devastadora— deforestación.55 En este sentido, como sucede con la ganadería, el aprovechamiento maderero adquiere una relevancia que crece a medida que avanzan los siglos medievales en la región. En consecuencia, se endurecen las normas que rigen la explotación del bosque, con el objetivo de preservar su conservación y garantizar los diferentes usos que se dan a los recursos forestales. En la Tinença de Culla, en 1407 se permite que los jurados expidan licencias para hacer fuego en las tierras propias —aunque estén dentro de la zona comunal—, pero en 1444 se les prohíbe conceder estos permisos. Incluso, en 1454 se dobla la pena por hacer fuego sin permiso, que pasa de $1 0 \mathrm { a } 2 0$ sueldos (Barreda, 1986: 486 y 504). También aumenta la multa en el término general de Morella, que en 1369 es de 60 sueldos y, en 1530, asciende a 200 sueldos (Guinot, 2006: 431 y 483).56 En la bailía, incluso, se niega expresamente a los jurados de la villa y las comunidades rurales la posibilidad de autorizar la roturación de tierras dentro de los bosques comunes —bajo pena de 60 sueldos— (Guinot, 2006: 431), pues en este espacio tiene mucho más valor la madera que la tierra. La extracción de esta materia prima es esencial para las economías domésticas y, por ello, se tiene un especial cuidado en conservar la diversidad natural de los bosques. En consecuencia, sólo se autoriza cortar los árboles situados en los cotos comunes y los montes para fabricar los aperos de labranza, los utensilios de casa y las bigas que se utilizan en la construcción o la reparación de los inmuebles propios.57 Eso sí, la tala está restringida a las ramas secundarias, jamás se puede afectar el tronco principal. Incluso, se exige que se deje entre uno y tres palmos de pulgar en los troncos secundarios cortados para garantizar su reproducción. Además, se suele prohibir la extracción de la madera fuera de los distritos locales o señoriales, aunque toda esta restrictiva normativa que afecta a los usos domésticos convive con una intensa actividad maderera, que nutre la industria y el comercio. En el término general de Morella, la extracción de materia prima está controlada por los jurados de la villa y las aldeas, que expiden las licencias para que los vecinos puedan trabajarla. Estos permisos sólo tienen una vigencia de un mes y el beneficiario se debe comprometer a no sacar la madera del distrito. Eso sí, puede obtenerla en un bosque común o en otra zona dentro de un término municipal de un lugar y venderla en cualquier otro centro de la bailía, una directriz pensada para el abastecimiento de las industrias y el intenso sector de la construcción que se desarrolla en la villa.58 Por su parte, los carpinteros pueden actuar con una única licencia durante todo el año de mandato de los jurados, pero es necesario que declaren para qué o para quién sacan madera de los bosques comunes antes de hacerlo.59 De hecho, se incentiva que sólo extraigan madera cuando tengan un cliente, pues se pena con 60 sueldos a quien la corte y no sea capaz de venderla en el término general (Guinot, 2006: 426-427). En cambio, se permite vender fuera de la bailía la madera ya trabajada con permiso de los jurados, de modo que se estimula el proceso de transformación en el ámbito local para comerciar con productos ya elaborados.60 Incluso, se contempla la posibilidad de que algunos campesinos se especialicen en este comercio maderero, ya que se autoriza entrar y sacar madera del término general siempre que se pueda demostrar que ha sido obtenida en bosques extranjeros y sólo esté dentro de la demarcación durante ocho días (Guinot, 2006: 428-429). De este modo, se combinan los usos domésticos con una dedicación industrial y comercial que es especialmente activa en las zonas con mayor densidad boscosa, como Vallibona. En la Tinença de Culla también se adoptan las medidas necesarias para facilitar y, hasta cierto punto, fiscalizar la actividad. La madera de los bosques comunes puede ser aprovechada por cualquier vecino de la encomienda, aunque necesita la autorización de los jurados del lugar donde vaya a trabajar la materia prima.61 Además, debe declarar los animales que va a utilizar en la tala y el transporte y también las cargas de leña que obtiene, pues está obligado a satisfacer una tasa fija por ambos conceptos.62 Incluso, a partir de 1380 se permite vender la madera fuera de la encomienda —excepto a los carpinteros—, siempre que se pague la lezda y el peaje, y en 1407 se autoriza que los forasteros extraigan madera de los bosques comunes, con la condición que abonen las rentas pertinentes e introduzcan cualquier càrrega de vitualles o de mercaderia. 63 Ahora bien, la primera disposición es anulada en 1431, cuando también se endurecen las penas y se prohíbe la contratación de extranjeros para trabajar la madera (Barreda, 1986: 491-493). Seguramente, los crecientes intereses de los agentes locales en el negocio maderero y sus pretensiones de control sobre el mercado están detrás de estas correcciones, que también se aplican a los productos derivados que se consiguen de los árboles o de su tratamiento. En este sentido, el carbón, la cal, la tea, la pez y las cenizas constituyen otros de los bienes esenciales que se obtienen de las masas forestales, fundamentales para los hogares campesinos y para ciertas industrias que necesitan una potencia calórica destacada, como los hornos. En el caso del carbón, se fabrica durante el invierno mediante la combustión lenta de la madera en agujeros recubiertos de tierra, que se ubican en zonas abiertas de los montes.64 Este sistema de producción repercute directamente en el aprovechamiento integral del bosque, pues una mala gestión puede afectar a la explotación de los otros bienes forestales. En este sentido, el carboneo intensivo es hasta cierto punto incompatible con la ganadería y, sobre todo, con la actividad maderera. En consecuencia, la obtención de carbón se restringe a las necesidades de la pequeña explotación doméstica y se imponen condiciones de aprovechamiento que respetan el resto de los usos de los recursos forestales.65. Para empezar, queda reservado a los jurados el derecho de expedir las licencias para carbonear, que sólo pueden conceder a sus propios vecinos. De hecho, no se suele permitir que los forasteros hagan carbón, tea, pez o cenizas en los términos locales o señoriales y tampoco se autoriza su exportación fuera de dichos distritos. Igualmente, se intentan preservar ciertas especies arbó- reas, como las encinas y los robles, y se prohíbe su quema para obtener carbón y sus derivados. Lo mismo sucede con los pinos todavía verdes o los secos que alcancen una cierta altura, destinados a ser utilizados en la construcción.66 En última instancia, también se tiene especial cuidado en proteger árboles que son esenciales para la alimentación del ganado. En efecto, los animales rumiantes obtienen un excelente complemento dietético en las ramas y los brotes de ciertas especies, que les aportan fibras alimentarias y sales minerales. Por ello, se prohíbe talar los arbres de nodriment y tan sólo se permite que cada vecino pode robles, encinas y sabinas de los bosques comunes para alimentar su ganado propio, pero siempre bajo unas enormes restricciones. Así pues, no es posible que los animales coman directamente de las ramas de los árboles, sino sólo de las cepas, porque es fundamental respetar su integridad. Además, sólo se pueden desmochar con un cuchillo las ramas secundarias, dejando un mínimo de entre uno y tres palmos de pulgar para que pueda volver a brotar. Se precisa también que el consumo se debe reservar para ciertos casos en que, además, se pueda garantizar la reproducción de los árboles. Por ello, se añade que sólo se recojan ramas per necessitat y en cas de fortuna de temps, ço és, que comunament la terra fos coberta de neu. También se prescribe el uso ideal de este tipo de alimentación, es decir, per a obs de bèsties d’arada e de cabrits e de corders mentre seran en lo corral, e a obs de bèsties camatrencades, afollades e malaltes (Guinot, 2006: 433). En última instancia, en todos los libros de ordenanzas se apela a la responsabilidad de los campesinos y se les recuerda que intenten actuar sens afraudar los árboles.67. Unas disposiciones más estrictas aún se adoptan sobre las bellotas, un complemento necesario en la alimentación del ganado, especialmente para los cerdos. En los bosques comunales, se suele vetar la recogida de este fruto hasta San Miguel o San Lucas en el caso de los robles y hasta Todos los Santos en el caso de las encinas (Guinot, 2006: 434; Barreda, 1986: 479). Además, se prohíbe utilizar barras o ganchos, de modo que la recolección se debe hacer a mano, directamente de los árboles o del suelo.68 Se intenta, de esta forma, establecer un uso razonable de un producto que, además del ganado, también complementa la dieta de las personas, que pueden consumir los frutos producidos por ciertas especies.69. En definitiva, la lógica de aprovechamiento de este fruto ejemplifica el régimen de explotación del bosque. Como sucedía con los pastos, se insiste en preservar los derechos colectivos y mantener ciertas pautas de sostenibilidad de los recursos naturales, pero también se toman otras decisiones que repercuten directamente en los usos comunales de las masas forestales. La actividad maderera adquiere mayor transcendencia a medida que avanza la Baja Edad Media y se impone al carboneo, así que los concejos deben conjugar las prácticas de autoconsumo con una producción dirigida a la industria y la construcción. La armonización de las diferentes posturas exige la habilitación de un eficiente control de los espacios comunales y las actividades que se desarrollan en su interior. 6. Un ágil sistema de gestión. La complejidad del paisaje y los diversificados usos que se articulan sobre las distintas áreas de los términos locales y señoriales exige la puesta en marcha de un ágil sistema de gestión, que permita garantizar el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, evite las infracciones y disuada los abusos de las diferentes instancias de poder. Porque, en efecto, la administración del territorio en el ámbito local corresponde a los concejos, cuyas autoridades son las encargadas de elaborar la normativa, velar por su cumplimiento e imponer las sanciones que castigan los fraudes. Las leyes emanan de la reunión del justícia, los jurados y los prohombres que forman el consell, de modo que la regulación nace en última instancia de los representantes de la comunidad. Se trata, además, de una normativa que utiliza un lenguaje muy particular (Guinot, 2006: 10-16). Los libros de ordenanzas están compuestos por una serie de rúbricas, cada una de las cuales contiene una o varias disposiciones sobre una cuestión concreta, y comparten un rasgo distintivo, pues suelen estar expresadas de forma negativa. Aunque a veces enuncian los derechos de los vecinos, la mayoría de las leyes exponen las prohibiciones que existen sobre un espacio, una actividad o un recurso y contienen las multas que se impondrán en caso de infringir las restricciones. En este sentido, se articula un sistema punitivo que conoce una gran variabilidad, pues la multitud de circunstancias que rige el aprovechamiento de los comunales también diversifica las faltas y las consiguientes multas (Guinot, 2006: 16-21). Generalmente, la entrada de ganado en campos ajenos o en las reservas locales fuera de los plazos estipulados está penada con el pago de una pequeña cantidad de dinero que varía dependiendo de las circunstancias en que se produce la infracción. Las multas son mayores en el caso de los cerdos y las bestias mayores que respecto al ganado menor, mientras que siempre ascienden al doble si el delito se comete por la noche. Ahora bien, en todo momento se tiene constancia de la importancia de los comunales para las pequeñas empresas domésticas y las cantidades exigidas se mantienen dentro de límites razonables. Además, para evitar que su aplicación provoque fuertes desembolsos monetarios, se establece un límite de cabezas de ganado a partir del cual se satisface una única cantidad, independientemente del volumen de reses que hayan cometido la falta.70 A todo esto, siempre hay que sumar la restitución del daño causado en la cosecha, aunque en ocasiones se permite que el titular de la heredad decida si quiere percibir la multa o la indemnización. En el caso de los montes y las reservas, además de este sistema punitivo, también se pueden degollar algunas cabezas de ganado. De nuevo, se establecen cifras moderadas y se realizan excepciones.71 En cualquier caso, el degüello de un animal siempre es mucho más lesivo para las pequeñas explotaciones campesinas que el desembolso de un puñado de sueldos, porque el precio real de las reses en el mercado es mucho más elevado que el importe de las multas.72 Al fin y al cabo, se quiere recordar la importancia de estos espacios para la reproducción de la cabaña local y, al mismo tiempo, se pretende hacer ostentación de la dureza con que se castigan los ataques a los derechos comunales. En esta misma línea, también son más duras las sanciones impuestas por incumplir las normas relativas a cualquiera de los ámbitos de la explotación forestal. La pena suele acarrear una suma monetaria elevada, además de la pérdida del producto obtenido —madera, carbón o bellotas, por ejemplo— y el pago de una indemnización por el daño infringido al ejemplar en cuestión.73 En el término general de Morella hay que sumar otra medida fuertemente intimidatoria: si el infractor no puede satisfacer el importe de la pena, estará en la cadena un día por cada sueldo de multa que no pague. Se establece, por tanto, un disuasorio sistema de sanciones que intenta persuadir a vecinos y forasteros de cumplir la ley, especialmente en los espacios y los recursos que tienen que garantizar la pervivencia del grueso de familias campesinas. Además, la maquinaria que sostiene este modelo punitivo es tan amplia como las propias comunidades, pues el colectivo deviene el garante último de los derechos comunales. Así pues, en todos los libros de ordenanzas se indica que cualquier persona puede denunciar una infracción que haya visto dentro del término municipal y se creerá su versión si realiza frente al justicia el juramento de decir la verdad. La misma credibilidad tienen los propietarios de los campos y sus familiares más allegados —siempre que sean mayores de edad—, que también pueden aportar un testigo digno de fe para ratificar su exposición. Ahora bien, los prohombres que establecen las normas son conscientes de la existencia de odios viscerales en la comunidad y, por ello, limitan esta capacidad acusatoria, de modo que el inculpado también será creído si niega haber cometido la infracción bajo juramento.74. Asimismo, se impone que una única persona sólo pueda realizar dos o tres acusaciones cada día y que tenga que denunciar las infracciones en un plazo máximo de un mes después de haber visto o conocido el delito. Se intenta minimizar así el afán acusatorio de algunos vecinos y se pretende dotar de veracidad y agilidad a todo el sistema. En esta misma línea, se reconoce la posibilidad de no tener que acudir a la justicia cuando exista una falta, pues las partes implicadas pueden llegar a un acuerdo para rebajar la cuantía de la pena. Gracias a estas disposiciones, se flexibiliza el funcionamiento de un sistema de gestión que ya es muy denso debido a la multitud de situaciones que desencadena la intensa actividad agrícola, ganadera y forestal. Ahora bien, más allá de esta universalidad, la función principal de garantizar el cumplimiento de la ley y preservar la integridad de los diferentes espacios corresponde a los guardianes de los términos. Escogidos cada año por los jurados, normalmente son dos en cada lugar, llamados vedalers, y su radio de acción se extiende por toda la demarcación municipal, aunque pueden estar acompañados por otros messeguers o vinyògols que se encargan específicamente de cuidar de los espacios vinícolas, las dehesas o los bosques. Estos oficiales municipales ocupan una posición secundaria en el organigrama de poder local y reciben sueldos acordes con este nivel.75 Aún así, tienen una gran importancia en la vida cotidiana y, a causa de la magnitud de los términos, la diversidad de parajes y la múltiple casuística particular, su dedicación es casi exclusiva.76 Además, completan su salario fijo con la tercera parte de las prendas y las multas que gestionan de manera directa a lo largo de todo el año, de modo que obtienen cantidades de dinero, carne —de ganado y de caza—, cargas de leña y una gran variedad de frutos silvestres que diversifican sus ingresos.77. Su actuación también está marcada por las ordenanzas locales. Cuando observan una falta, los guardianes pueden tomar una prenda o realizar un degüello y tienen que formalizar la denuncia en la corte del justicia. Su versión es creída por el oficial local por el juramento que realizan cuando empiezan a desempeñar el cargo, pero se toman las medidas pertinentes para evitar los abusos. En algunos lugares, están obligados a llevar un registro de todas sus denuncias y en otros se les impide exigir penas que superen una cierta cantidad de dinero.78 En todos, el justicia inicia una investigación de oficio y toma declaración al denunciado, que debe ser creído si realiza el juramento al ofrecer su testimonio. Además, cuando surgen dudas acerca de la actuación del guardia, el justicia tiene que acudir a los jurados. Este aspecto es sumamente importante porque reconoce la preponderancia de estos oficiales locales en la gestión de los espacios comunales. En el término general de Morella, Llucena y Albocàsser, los jurados pueden actuar de oficio para presentar una denuncia frente al justicia o intervienen a petición de éste o del guardia cuando surgen dudas en el pleito. Llegados a este punto, como garantes de los derechos colectivos, estudian la causa e, incluso, pueden acceder al consejo de otros prohombres, a quienes pueden delegar la función de desplazarse al lugar de la infracción y evaluar los daños perpetrados en una cosecha, en un pasto o en un árbol. Estos tasadores reciben un salario por su trabajo y por su desplazamiento, satisfecho por aquél que es considerado culpable.79 Mientras todo esto sucede, el proceso judicial se paraliza y, cuando finaliza la investigación de los jurados, el justicia vuelve a intervenir para imponer la decisión que éstos han tomado. Ahora bien, en este contexto, el caso se puede resolver antes de regresar a la justicia ordinaria. Los jurados tienen la posibilidad de llegar a un acuerdo con el infractor y solucionar el conflicto estableciendo una cantidad consensuada en concepto de pena. En la Tinença de Culla, la adquisición de los derechos sobre los comunales por parte de las comunidades rurales concede un poder mucho mayor a los jurados de los respectivos lugares. Estos oficiales gestionan todos los asuntos relativos a las zonas colectivas y disponen de la capacidad suficiente para resolver las faltas. Así pues, tienen la potestad de decidir las causas sin necesidad de pasar por la corte judicial, realizar las pesquisas que consideren oportunas y ordenar el secuestro de bienes como prenda. Actúan, por tanto, con las mismas competencias que los justicias locales, aunque su ámbito de acción se restringe a los espacios comunales.80. En los lugares de la encomienda y en el resto de la región, los jurados también pueden hacer gracia en algunos casos y no cobrar las multas. Sin embargo, este derecho está muy restringido porque la caja municipal recibe una tercera parte de las penas y las prendas. Se determina que los jurados no pueden perdonar las faltas cometidas en los cotos comunales y los bosques, y tampoco pueden dejar de recibir la parte de las penas correspondiente al concejo. Si lo hacen, tendrán que abonar las cantidades pertinentes de sus propios sueldos. Estas medidas se toman porque interesa al colectivo mantener un flujo constante de ingresos y no minimizar el carácter disuasorio del sistema punitivo para preservar los derechos colectivos. Además, estas entradas de dinero y productos revierten nuevamente en beneficio de la comunidad, una circulación que retroalimenta el sistema y contribuye al mantenimiento de las infraestructuras comunales.81. Se pueden aplicar estas mismas premisas en el caso de la justicia, aunque con una pequeña diferencia que se vuelve muy notable. Si se descuenta la tercera parte de los jurados y aquélla que reciben el guardián o el acusador, la tercera parte restante de multas y prendas se la queda el justicia, que está obligado a entregar a los delegados reales o señoriales el dinero sobrante tras cubrir los gastos realizados durante su año de mandato.82 Por tanto, una fracción de esta tercera parte ya no vuelve a la comunidad, sino que beneficia a los poderes ajenos al colectivo campesino. Ahora bien, a pesar de esta última circunstancia, se articula un sistema de reparto de las sanciones que pretende mantener la implicación de todas las instancias de poder presentes en el ámbito local en la preservación de los derechos colectivos y los espacios comunales. 7. Conclusiones. El estudio de los espacios comunales muestra la existencia de un complejo sistema de gestión del paisaje y sirve para obtener una prismática visión de la sociedad rural que permite aprehender su diversificada realidad. Para empezar, todo el territorio comprendido dentro de los límites locales o señoriales es concebido como una unidad comunal que engloba en su interior variadas zonas con diferentes regímenes de aprovechamiento. Ahora bien, lejos de una imagen de férrea separación entre las distintas áreas, la documentación muestra la fisonomía de un paisaje dinámico, donde los diferentes elementos que lo componen se mezclan entre sí hasta crear una plástica proyección. Campos de cultivo, boalares, dehesas, montes y bosques son las piezas principales de un enmarañado mosaico construido y gestionado por las comunidades rurales, que son también las garantes del fino equilibrio que se establece entre los derechos particulares y los colectivos. Para empezar, los espacios agrarios son respetados y protegidos, pero la hegemonía de la ganadería conlleva la necesaria puesta en marcha de mecanismos que armonizan dicha actividad con la agricultura. Así pues, se arbitran sistemas de aprovechamiento colectivo de los campos que también salvaguardan los derechos de sus titulares. Esta práctica se inserta en una dinámica de uso comunal de los recursos naturales que es generalizada fuera de las áreas estrictamente agrícolas debido al predominio de los pequeños y medianos propietarios de ganado en el tejido social de la región. En efecto, los concejos garantizan el disfrute de los montes y las reservas a todos los miembros de la comunidad, con la intención de satisfacer las necesidades básicas de las explotaciones domésticas. Este objetivo y el peligro de degradación y malversación se traducen en la articulación de una normativa de uso muy restrictiva, que al mismo tiempo es suficientemente flexible para permitir el desarrollo de actividades basadas en una explotación intensiva de los recursos naturales. Por tanto, se articulan diferentes mecanismos y niveles de gestión de los bienes comunales que intentan proteger los derechos colectivos y compatibilizarlos con iniciativas dirigidas a la producción especializada y el mercado. Como es lógico, la convivencia no está exenta de tensiones y, en este complejo juego de equilibrios, tienen un papel fundamental los gobiernos locales. A nivel institucional, las comunidades rurales se consolidan a medida que avanza la Baja Edad Media y, con los jurados a la cabeza, asumen la administración del territorio. Por delegación señorial o real, los dirigentes locales gestionan de manera autónoma los espacios comunales y promulgan la normativa que regula su uso, una acción ejecutiva y legislativa que a su vez retroalimenta el proceso de fortalecimiento de las estructuras de poder local. Evidentemente, el proceso de diferenciación de la sociedad rural puede introducir ciertas distorsiones en la trayectoria de preservación de los derechos comunales por parte de los colectivos campesinos. Sin embargo, la articulación de los sistemas de explotación del paisaje es producto de la negociación y el consenso, un aspecto que permea las diferentes sensibilidades y otorga estabilidad a las normas sociales de aprovechamiento de los recursos naturales. Tanto en el interior de las comunidades rurales como en el ámbito de los señoríos o las bailías reales, las ordenanzas que regulan el uso de los diferentes espacios emanan de los organismos en los que reside la voluntad comunitaria. Como es lógico, cada uno de los asistentes tiene un peso distinto en cada una de las asambleas, aparecen intereses divergentes entre todos los miembros y algunos de ellos consiguen imponer su voluntad sobre los otros grupos. A pesar de todo esto, la normativa final no deja de ser el resultado de un proceso de discusión que exige alcanzar los acuerdos pertinentes. Del mismo modo, todos los agentes implicados de manera directa en la gestión del territorio participan en un sistema de administración que establece los contrapesos necesarios para evitar los abusos, las infracciones y los fraudes. Así pues, la comunidad entera se convierte en garante de la preservación de los derechos comunales y también se establecen los resortes preceptivos para que guardianes, jurados, justicia y prohombres puedan controlar la acción de sus colegas en todos los ámbitos relativos a los bienes comunales. En consecuencia, en la región de montaña del norte del reino de Valencia existe un complejo sistema de gestión del territorio que implica a todos los miembros de la sociedad rural y concede un protagonismo esencial a las distintas instancias de poder presentes en el ámbito estrictamente local. El consenso alcanzado entre todas ellas está en la base de la regulación del aprovechamiento de los recursos naturales y esto, a su vez, explica su perdurabilidad en el tiempo, pues las costumbres implantadas durante la Baja Edad Media mantienen su estructura básica hasta época contemporánea. Ahora bien, esta permanencia no significa que sean inmutables: a medida que cambian los equilibrios entre los diferentes actores sociales se introducen unas transformaciones que adaptan las prácticas tradicionales a las nuevas circunstancias. Ésta es una excelente muestra de la flexibilidad de estos sistemas de gestión del paisaje, ya que combinan la preservación de los derechos colectivos y la aparición de cambiantes intereses particulares. 8. Referencias bibliográficas. 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23,635
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Memorias del arzobispado de Tarragona (siglos XII-XIII): Memories of the Archbishopric of Tarragona (12th-13th Centuries)
THE MEMOIRS OF THE ARCHBISHOPRIC OF TARRAGONA(12th-13th CENTURIES) Resumen: El arzobispado medieval de Tarragona tejió una memoria sobre su autoridad, revestida de una identidad sagrada, que difundió los caracteres específicos de su potestad y de la realidad dominical. Las tradiciones sobre la sede tarraconense fueron establecidas durante los siglos xii y xiii, con aportaciones destacadas como la del prelado Benet de Rocabertí. Algunos elementos laudatorios y reivindicativos de sus mensajes fueron: la vinculada a la primera cristianización peninsular, la restauración de la Iglesia romana tardía, la reclamación de la primacía, la naturaleza sagrada de algunos obispos, la preminencia en la jurisdicción religiosa y dominical, el reconocimiento del apoyo y patrocinio pontificio. Abstract: These pages explain the making of an episcopal identity story. The medieval archbishopric of Tarragona wove a specific memory on episcopal authority, that defined a sacred identity, linked to the first Peninsular Christianization and with singular mechanisms of power. This tradition of the episcopal see was constructed contemporary and reinforced in subsequent times. Some key elements of these memories were: the restoration of the late-Roman Church, the sacred nature of the seat and of some bishops, the vindication of metropolitan and ‘first’ see, the religious authority in the region and against other powers, the recognition of pontifical support and patronage, the y los carismas religiosos. En resumen, el poder del arzobispo se dotó de una ideología que se apoyó en un conjunto de imágenes icónicas al servició de una narrativa legitimadora y para la afirmación de los poderes y las proyecciones de la mitra. Palabras clave: memoria, historia de la iglesia, historiografía, arzobispado de Tarragona, siglos xii-xiii. links with the major political powers, the religious charismae and the features of lordly power. In short, the archbishop’s power was supported by the tradition of the see and drew on a set of iconic images that became a story of legitimacy and authority. Key words: memory, church history, historiography, archbishopric of Tarragona, $1 2 ^ { \mathrm { t h } } - 1 3 ^ { \mathrm { t h } }$ centuries. 1. La confección de una historia episcopal1. Desde la sede arzobispal medieval de Tarragona se tejió una memoria específica sobre la autoridad episcopal de claro contenido ideológico, que ensalzaba su condición especial y específica en el marco de las relaciones de poder. Los distintos legados escritos de los prelados plenomedievales —en documentos, compilaciones o epigrafía—, contribuyeron a la confección y preservación de dicha memoria, que definía una identidad o potestad de orígenes y naturaleza sacra, sus funciones religiosas, y preponderaba su posición en distintos marcos relacionales, siempre remarcando la legitimidad proporcionada por el papado. Estas consignas e imágenes fueron confirmadas y amplificadas por las tradiciones textuales posteriores de la mitra, a modo de escritura de la escritura. A este respecto, la tradición fijada por los contemporáneos medievales, como la transmitida por el arzobispo Benet de Rocabertí, y la posteriormente elaborada por otros miembros del entorno catedralicio fueron modelando y resaltando rasgos de una autoridad arzobispal concreta, para su afirmación, publicidad y con carácter laudatorio. De este modo, en época moderna, el arzobispo Antonio Agustí, su cercano Pons d’Icart (Icart, 1572, Sánchez, 1954), o posteriormente los canónigos Josep Blanch (Blanch, 1985 [1665], Baró, 2009: 189-193) y Marià Marí, quien sigue a veces a J. Blanch (Marí, 1999 [1783]), produjeron obras o archiepiscopologios que recorrían la sede a través de la galería de retratos de sus titulares a modo de genealogías, destacando sus gestas, sus vínculos con otros poderes, que reivindicaban ciertas comprensiones relativas a la tradición de la cátedra, de su poder e identidad. En otro orden de cosas, aunque con una finalidad parecida orientada a resaltar el carisma eclesial de Tarragona, otros canónigos dieciochescos ofrecieron versiones de la historia eclesiástica de la ciudad, como Carlos González de Posada y Félix Amat (Jordà, 2006: 92). Esta historia sobre la sede tarraconense y su titular se fue configurando por distintas capas depositadas sucesivamente que fueron fijando y desarrollando temas concretos, que trataremos de singularizar en asuntos y tradiciones específicas. En este sentido, analizaremos el peso que tuvieron argumentos como la restauración de la Iglesia tardorromana, la condición primada o metropolitana, la autoridad religiosa en la región y frente a otros señores, el reconocimiento de la tutela y respaldo pontifical, los vínculos con los principales dignatarios políticos, los carismas religiosos y la potestad señorial, por mencionar ejemplos significativos. En este breve recorrido, que no pretende ser sistemá- tico ni exhaustivo, vamos a dedicar nuestra atención al Códice AB del Archivo Archiepiscopológico de Tarragona, conocido como el cartulario de Benet de Rocabertí (1252-1268). El arzobispo se preocupó de reunir en un magnífico volumen de pergamino copias de misivas pontificales, instrumentos de sus relaciones con los miembros del capítulo, con el rey y relativos a la administración eclesial, entre otros. Obedecía a la necesidad de fijar los derechos de la sede, de la cátedra arzobispal, en un momento convulso (Morera, 1954: 76- 82), aunque bajo el liderazgo de un prelado carismático y reformador. El afianzamiento de dicha memoria a partir del manuscrito respondió al periodo clave de la reivindicación, y en cierto modo, de consolidación de su autoridad. Sin embargo, es oportuno recordar que este volumen no fue elaborado de una sola pieza puesto que además de los documentos del mandato de Benet de Rocabertí, reúne instrumentos que van del siglo xii hasta principios del xiv en la segunda parte, siendo el más tardío del año 1314. La propia arquitectura del libro así lo señala y hay dos índices de los diplomas en las páginas iniciales, separando aquellos que van desde la página 92, a saber, los de la segunda parte2 de los que llegan a la 91 de la primera.3 La primera mitad originaria contiene documentos institucionales vinculados al arzobispado mencionado, mientras que la otra refiere cuestiones de carácter patrimonial, de algunas localidades y bienes del dominio de la mitra, que en algunos casos fueron copiados por notarios a finales del siglo xiii. El hecho que se añadiesen a este códice podría sugerir que fue entendido y visto como un recuento de documentación que legitimaba los derechos de toda índole del poder mitrado, como sucedió con la cuestión de la castellanía de Riudoms estudiada por Jordi Morelló (Morelló, 2018). El libro era en sí mismo una fuente de tradición y legitimación, que, por otra parte, mantuvo coherencia formal pese a los diversos momentos de su compilación. 2. Tradición de una sede restaurada. De mártires a santos y la vinculación al papado. En la tradición de la sede tarraconense fue muy importante el reconocimiento y realce del obispo de Barcelona, Oleguer, quien la restauró. Algunos elementos que reseñar son la redacción y reconocimiento como santo en la vida y milagros escrita en torno a 1140 (Flórez, 1775: 475, Aurell, 1999: 87- 90), su reconocimiento semihagiográfico como obispo cruzado y reconstructor de iglesias en Tarragona, concretamente de las obras de la catedral. Los archiepiscopológicos de P. d’Icart o de J. Blanch se hicieron eco de esta iniciativa (Sánchez, 1954: cap. 26, Blanch, 1985: 82), que formaría parte del relato hagiográfico (Mc. Crank, 1978: 174). La restauración estuvo muy determinada por un estrecho vínculo con el papado porque la ideología de la restauratio se desarrolló con la propuesta reformista, que asignaba un lugar preferente al pontífice (Mc. Crank, 1976- 77: 5-6) y la reactivación de los poderes diocesanos. De hecho, Urbano II había dirigido sendas misivas al conde de Barcelona y al obispo de Vic, en 1089 y 1091, para iniciar la restauración de Tarragona. La carta dirigida a Berenguer Sunifredo dedicaba la iglesia tarraconense a santa Tecla, y se indicaba que junto a san Fructuoso serían los patrones de la ciudad (Bonet, 2011: 73). En la donación de Tarragona a Oleguer por el conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, en 1118 para la restauración, manifestó la exaltación de la Iglesia y de Pedro, príncipe de los apóstoles, explicitándose la especial relación con la cátedra romana (Font Rius, 1969: doc. 49). Estos nexos con la sede petrina pueden relacionarse con las informaciones relativas a que Oleguer y posteriormente su vasallo, el normando Roberto Bordet, fueron a. Roma (Blanch, 1985: 82, Aurell, 1999: 88 y Chibnall, 1978: 404), lo que refleja la dependencia y amparo del pontificado como elementos definitorios de la tradición surgida en torno a la restauración. Por otra parte, cabe destacar, que el instrumento de 1118 fue asumido como principal en la historia de la ciudad y del arzobispado, por lo que fue trasladado a lo largo del tiempo y por distintas instituciones, como hiciese la cancillería regia,4 la municipalidad de Tarragona en 1336,5 o copiado por el canónigo Blanch (Blanch, 1985: 80-81). El diploma tuvo un valor fundacional y, en general, la restauración también lo tuvo como punto de partida de todos los desarrollos ulteriores. La narrativa sobre la restauración eclesiástica se forjó en distintas cancillerías y momentos, que compartieron la voluntad de señalar y enfatizar el abandono que la ciudad había padecido tras la conquista islámica. En este sentido, cabe preguntarse por qué se hacían evidentes los años de despoblado, que se fijaron en trescientos noventa años en la bula de Urbano II de 1091. Este documento fue muy apreciado en la historia episcopal, y fue trasladado como uno de los primeros registros en el Llibre de la Corretja del siglo xvi, 6 donde se reunieron diplomas medievales principales para la preservación de la memoria de la mitra. En otras referencias textuales, se indicaba que los musulmanes no habían permanecido en la urbe y ello, unido a la idea del despoblado, subrayaba el carácter únicamente cristiano de la misma. También Ramón Berenguer III, en la donación de Tarragona a Oleguer, la definió como lugar destruido y yermo. Este pasado de vacío, exagerado y no aplicable a todo el período parecía contener dos mensajes: el primero que la condición cristiana no había sido corrompida por los musulmanes; y, el segundo, que Oleguer consiguió y, en cierto modo, encarnó la restauración eclesiástica. El cronista normando Orderico Vitalis también prestó atención a la restauración eclesiástica conducida por el obispo de Barcelona, en contraposición con la falta de autoridad anterior. Su texto lo expresó metafóricamente al describir el estado de abandono de la basílica episcopal, donde habían crecido árboles y que relacionaba con la expulsión de los visigodos por los musulmanes (Chibnall, 1978: 403). Por otra parte, el nexo con la primera iglesia de Tarragona, así como con el papado, fueron ejes de la construcción de la memoria de la sede recuperada en el siglo xii. En relación con los orígenes, fue manifiesta la voluntad de ligarse con los primeros santos patones, como Tecla, y con el mártir local, el obispo Fructuoso (258/259). El texto martirial ha sido considerado el de mayor valor histórico sobre los inicios del cristianismo en Hispania (Pérez, 2012: 59). En la mencionada dotación del conde de Barcelona se recordaba que la sede había sido fundada in honore beatae Tecle virginis y pronto hubo en la ciudad una iglesia con dicha advocación (Villanueva, 1850-1852: 275). Cabe recordar la vinculación de la santa al apóstol san Pablo y la consiguiente proyección del carisma apostólico en la sede tarraconense. En este contexto, una más que probable leyenda indicaba que Oleguer había celebrado misa en el anfiteatro donde había padecido martirio el santo tarraconense, estableciendo una relación entre dicho lugar icónico del primer cristianismo y la resurrección de la Iglesia justamente a través de este primer arzobispo restaurador. El santo-mártir, seguramente el más antiguo de la Península, era la fuente de legitimidad de la restauración de la Iglesia triunfante. Poco después de la ocupación de la ciudad, se levantó una nueva iglesia, donde había habido una martirial visigoda en la arena del anfiteatro, conocida como Santa María del Milagro (Mansilla, 1955: 108-111 (1154). En realidad, la dinámica de la restauración fue muy compleja y alejada del relato victorioso sobre el primer obispo restaurador, quien todo apunta a que no pudo acceder a la cátedra y difícilmente estuvo en Tarragona. Las fuentes hagiográficas y otras eclesiásticas trataron de conceder un papel destacado al prelado restaurador quien, en cambio, no fue capaz de llevar a cabo la ocupación feudal de Tarragona y su territorio y en 1129 tuvo que confiar tal tarea al príncipe Roberto Bordet. Esta situación complicó mucho el afianzamiento del poder eclesial en las décadas centrales del siglo xii. Sin embargo, el episodio también formó parte de la memoria de la sede, como refleja el retablo de ‘san Oleguer’ en la catedral de Tarragona efectuado por Francesc Bonifàs en 1776, con una evidente posición de genuflexión por parte del normando, auténtico recuperador de la ciudad frente a Oleguer. Un escriba de la curia —y en un plano intermedio entre los dos protagonistas—, completa la imagen, quien tomó nota y legitimó el acto, en clara referencia a la importancia de los registros escritos a la hora de fijar las relaciones entre los mandatarios de la urbe recién ocupada. A pesar de su incapacidad por dominar la ciudad, el mencionado Oleguer fijó ideas fundamentales del discurso referente a la potestad de la sede de Tarragona. En este aspecto, evocó la restauración y la condición metropolitana de la misma hecha por los pontífices Gelasio II y Calixto II en la concesión de. Tarragona a Roberto Bordet, si bien recordaba la donación que le había hecho el conde Ramon Berenguer III (Font Rius, 1969: doc. 51). La reivindicación del papado como fuente de autoridad, e incluso de la condición metropolitana estaba presente en la construcción de una identidad diferenciada, que se alejaba de la autoridad condal y adquiría un carisma superior, incluso a nivel peninsular. El mismo Oleguer se situaba al frente de la Hispania Citerior recuperando un esquema provincial anterior y de mayor entidad que la propia tarraconense, con cierto posible rechazo a la primacía toledana (Faci, 1991: 482). Esta idea hispana estaba en el ambiente de la restauración y ocupación de la capital ya que el conde de Barcelona se autodenominó marchio hispaniarum al infeudar Tarragona a Oleguer. Otra figura notable en la memoria reconstruida de la sede episcopal fue Hug de Cervelló (1164-1171), arzobispo en tiempos convulsos que murió asesinado por la familia de los vasallos Bordet. Según reseñó el cardenal Baronio en el martirologio romano, su muerte tuvo lugar en el mismo año que la de Tomás Becket, mártir a manos del rey y beatificado poco después, como recogía el canónigo Blanch (Blanch, 1985: 102). Refirió una lectura que procedía de altas esferas romanas según explicitaba, que integró en el mensaje difundido desde la escribanía tarraconense. Este paralelismo era expresivo del carácter cuasi martirial del mitrado, que el canónigo Marí recogió con estos términos: Hugo havent imitat Tomàs de Canterbury, que lluitava per la jurisdicció i la llibertat de l’Església […] i deixà a la seva posteritat exemple i testimoni […] de fe. (Marí, 1999: 41). Además, el epitafio de la tumba del arzobispo Hug de Cervelló recordaba que fue asesinado por su vasallo, el príncipe de Tarragona y que por ello su familia había sido expulsada de todo el reino: per edictum regium expulsi, sed et bonis suis priuati (Blanch, 1985: 102 y Marí 1999: 41). El mensaje se articulaba acompañado de las bulas de Alejandro III —también custodiadas en la sede de Tarragona—, que avalaban la necesidad de expulsar y despojar del dominio a los normandos (Blanch, 1985: 100-101, Marí, 1999: xi y xiii). Asimismo, en el manuscrito Thesaurus sanctae metropolitanae ecclesiae Taraconensis, redactado por el mencionado canónigo Marí en 1783, también se compiló la bula papal destinada al rey por el asunto: ab mortem Hugoni archiepiscopo violenter inflictam. 7 A la par, la idea de martirio fue muy poderosa y entroncaba con la tradición mencionada sobre el obispo Fructuoso, que en cierto modo compartía Tecla, y que a través del asesinato del arzobispo Hug podía vincular con otros santos, como el primado de Inglaterra. En este caso se había establecido una analogía, que finalmente justificaba la expulsión de los culpables y la privación de sus bienes. El asunto era de tal importancia que quedó gravado en piedra para siempre en la tumba de Hug de Cervelló. La memoria oficial del entorno episcopal se esforzó por dejar patente que los Bordet desaparecieron del dominio tarraconense, con quienes el prelado había mantenido una intensa lucha y quedaba justificado de forma definitiva por el gran oprobio del asesinato. Esto no sucedió según lo previsto ni conforme a lo reseñado en estas fuentes eclesiásticas y, en cambio, el linaje mantuvo derechos y presencia en el ámbito tarraconense, aunque terminaron desapareciendo pasadas unas décadas (Bonet, 2011: 108). En el peso de la tradición sobre la santidad asociada a la figura del arzobispo, es oportuno mencionar a Juan de Aragón, arzobispo de Tarragona (1327- 1334), hijo de Jaime II, a quien se reconoció como beato: mori aquest arquebisbe ad opinió de sant (Blanch, II, 1985: 38) o en otros términos famós pels seus miracles (Marí, 1999: 88). Nos fijaremos en el discurso que se despliega en su magnífico sepulcro. Se tarta de un programa iconográfico muy cuidado, en el que los santos patrones, Tecla y Fructuoso, acompañaban al difunto, así como otros santos miembros de la estirpe de su madre, Blanca de Anjou, como san Luís de Anjou o de Languedoc, obispo de Tolosa, hermano de Blanca, san Luís rey de Francia o santa Isabel de Hungría. Es posible plantear que el arzobispo encarnaba la progresiva ‘sacralización’ de la casa de Aragón y que ello se había logrado, en buena medida, debido a su posición al frente de la sede de Tarragona. El conjunto monumental se aloja en el sancta sanctorum de la catedral, junto al altar, y está presidido por las reliquias de santa Tecla, que llegaron a la ciudad por mediación de los embajadores de su padre. Por otra parte, el epitafio destacaba que era hijo de Jaime II, que había sido arzobispo de Toledo a los diecisiete años, patriarca de Alejandría y administrador de la Iglesia tarraconense desde los veintiocho. Finalmente, se decía que había obrado milagros en vida y después de muerto. El difunto reunía el carisma de la sede tarraconense y de la ascendencia santa de la realeza francesa. Cabe recordar que gracias a la alianza de Jaime II con Blanca de Anjou se había liquidado el conflicto entre Aragón y el papado. Santidad personal, santidad familiar y de la sede tarraconense servían para revestir de excepcionalidad una figura, el cargo arzobispal, y la propia estirpe, arropada por la Iglesia y en la sede arzobispal (Bonet, 2011, 128-131). Dicha voluntad encajaría con el hecho que seguramente el arzobispo Arnau Sescomes, uno de sus albaceas, hubiese sido el ideólogo de esta sepultura monumentalizada (Español, 2018). Otros contextos locales y políticos, como los cambios en la metropolitanía en 1318, permiten también explicar la exaltación de la santidad del prelado de Tarragona en la persona de Juan de Aragón. Como se ha advertido, la vinculación a Roma fue un elemento primordial en la memoria episcopal y en la relaboración de esta desde sus escribanías, donde se fueron copiando bulas que avalaban la restauración y los ajustes posteriores (Marí, 1999: ii, iii, viii, xi, xii, xiii, etc.). Todo ello estaba relacionado con otros elementos como la condición de capital provincial romana ya mencionada, la condición martirial de Fructuoso y la carta del papa Siricio al obispo Himerio de Tarragona (385). Bajo las instrucciones pontificales, Himerio debería trasladar al resto de obispos hispanos los contenidos de la misiva, básicamente un código general de disciplina eclesiástica (Pérez, 2012: 77- 93), reflejándose la condición primera de esa diócesis con relación a las otras. Posteriormente, la bula de Urbano II de 1091 para la restauración se denominó Inter Primas Hispaniarum urbes. Todos estos aspectos estaban en el trasfondo de la reivindicación de la sede primada, a la que no renunciaron sus titulares. Se reclamó en concilios a lo largo de los siglos xii y xiii, planteándose para la Hispania Citerior (Flórez, 1770: 162-167) y se mantuvo en la tradición eclesiástica local a lo largo de los siglos. El papado revitalizó la provincia eclesiástica de la Tarraconensis, estableciendo sus derechos metropolitanos sobre las sedes de Girona, Barcelona, Urgell, Osona, Lleida, Zaragoza, Huesca, Pamplona, Tarazona y Calahorra en 1154 (Mansilla, 1955: doc. 92), pero obligó a su titular a reconocer al arzobispo de Toledo como primado bajo amenaza de privarle de palio (Mansilla, 1955: doc. 94), recordándoselo en ocasiones posteriores (Mansilla, 1955: docs. 95, 117, 125). Por tanto, el pontífice defendió los derechos primados de Toledo. Además, con posterioridad, se produjeron cambios en la autoridad tarraconense derivados de la obtención de la condición arzobispal por parte de Zaragoza en 1318 (Goñi Gaztambide, 2010). Con todo, en la tradición moderna de los archiepiscopologios se siguió reivindicando la condición primada, como se evidencia en el título de la obra de J. M. Blanch, Arxiepiscopologi de la santa església metropolitana i primada de Tarragona. La idea de la primacía continuó formando parte de la tradición y memoria sobre la cátedra tarraconense y sus eclesiásticos siguieron reclamando dicha condición al referirse a la misma como. J. T. Bessa, Sermon panegyrico de la glorosissima protohomartyr Santa Tecla, predicado en la Iglesia Cathedral de Tarragona, Ilustre Primada de las Españas en 1718 (Perea, 2007: 197 y otros ejemplos modernos y contemporáneos 101, 102 y 199). Incluso el término de sede primada ha sido utilizado por historiadores eclesiásticos próximos a la catedral como el destacadísimo J. Serra Vilaró (1934) y P. Batlle Huguet (1946). 3. Guillem de Montgri, ¿archebisbe de Tarragona, obispo electo (1233-1239) o sacristán de Girona? Entre las figuras y momentos del arzobispado plenomedieval cabe fijarse en Guillem de Montgrí y, en particular, en cómo y por qué fue reseñado en memorias posteriores. En la tradición de los archiepiscopologios fue reconocido como arzobispo o obispo electo: don Guillem de Montgrí archebisbe de Tarragona (Blanch, 1985: 143). Con todo, en la descripción de Blanch se especificaba que sólo fue arzobispo electo y que jamás quiso aceptar la prelatura, aunque insistía en las buenas obras que había hecho para la sede. También Marí expuso que permaneció sólo como electo, con el consentimiento pontifical (Marí, 1999: 58). En el registro de documentos de la sede —Índex Vell—, la versión sobre él es: Guillem de Montgrí, quí conqueri Eivissa i mai se volgué consagrar com arquebisbe, aunque mencionado como bisbe electe (Ramon, Ricomà, 1997: 120, doc. 450 y 122). En fuentes de ideario diferente, como en la crónica de Bernat Desclot, Guillem de Montgrí era identificado como arzobispo: com respòs l’arquebisbe de Tarragona (Soldevila, 1983: xv, 422), si bien en un sentido más bien genérico. Este sacristán de la catedral de Girona participó en la conquista de Ibiza con su pariente Bernardo de Santa Eugenia y aunque obtuvo una parte, más tarde amplió su dominación sobre las islas, comprando a título individual la de Nuño Sanç y la del infante de Portugal. En sus últimas voluntades dejó Ibiza y Formentera a la sede de Tarragona en 1247; haciéndose efectivo el legado tras su muerte en 1273. El testamento y el codicilo se copiaron en el códice de Benet de Rocabertí de forma íntegra, reconocido como sacristán de Girona; se había previsto que siempre arderían cinco velas frente al altar de santa Tecla, y se registró bajo el epígrafe: testamentum G. de Montegrino, sacriste Gerundensis. 8 Marí especificó en el recuento sobre este obispo electo que su legado testamentario y los codicilos se habían escrito en 1247 y 1248 (Marí, 1999: 60); detalles, por otra parte, que no ofrecía sobre los momentos finales de otros arzobispos. Por tanto, el destino de su herencia quedó bien explicitado en una fuente confeccionada años más tarde y recordada siglos después. Su trayectoria personal y el mismo testamento reflejan que actuó como un señor más en su contribución en la empresa de las Pitiusas, y que entendió que le correspondía por derecho de conquista. Según el Llibre dels feyts, Guillem de Montgrí propuso al rey Jaime I que le diera Ibiza en 1234, denominado como arzobispo electo; y se explicitaba que elet per arquebisbe de Tarragona: que ell ab son llinatge la conqueriria, e pus nós no l’havíem —decía el rey—, e havíem altres coses a fer, que ben devíem voler que ell la conquerís, per ço que hom digués que l’arquebisbe de Tarragona havia conquerida Eivissa, e ell la tenria per nós (Soldevila, 1983: 125, 62). De hecho, mientras Guillem vivió, disfrutó de los bienes conquistados, que probablemente nos permite explicar por qué Marí registró una constitución impulsada por el arzobispo electo, denominada Cum humana fragilitatis. El y los canónigos establecieron que el prelado y otras dignidades capitulares, que por «causas honestas», quisieran dejar sus cargos, dispondrían de lo que habían acumulado con «su esfuerzo y trabajo» mientras viviesen y tras su defunción dichos bienes y ganancias revertían en el nuevo titular del cargo (Marí 1999: 58-59). Marí recogía una información que, por una parte, reflejaba el interés de utilizar privadamente el patrimonio alcanzado por parte de Guillem de Montgrí y, por otra, advertía que el destino final del mismo debía ser el ‘retorno’ al dominio eclesial. Era una especificidad que, junto a la mención al legado testamentario en su archiepiscopologio, estaban fijando la legitimidad del señorío sobre el destacado dominio de Ibiza por parte del arzobispado de Tarragona. Estos datos y la presentación de la situación en textos contemporáneos y posteriores generan algunas cuestiones: ¿por qué no aceptó el cargo y renunció en 1239? ¿aspiraba a que los bienes conquistados terminasen en sus manos y las de su linaje? En todo caso, diversas fuentes —y no procedentes de la sede tarraconense—, como la misma crónica de Jaime I reivindicaban la condición de Guillem de Montgrí como figura ligada a la mitra y que era el origen de los derechos que aquella terminó disfrutando en Ibiza. De hecho, una bula de Gregorio IX especificaba que a su muerte y tras disfrutar de los derechos, revertiesen en la iglesia tarraconense: et post obitum tuum castra, insula et uilla prefata libere ad Tarraconensem Ecclesiam reuertatum (Blanch, 1985: 147-148). Es posible que Guillem de Montgrí hubiese previsto mantenerse como señor —él y quizás su estirpe, como hiciese durante su vida—, pero seguramente por mediación del arzobispado, del papado y seguramente del rey, tuvo que ceder. Se trataba, sin duda, de un hombre emprendedor, ambicioso, que también desarrolló actividad como comerciante, que quizás había caído en desgracia frente al papado y que, para Josep Maria Escandell, le habría costado el cargo del arzobispado (Escandell, 2010: 120-122). Por el contrario, Marc Sureda expone que Guillem de Montgrí gozó del reconocimiento del pontífice, quien aceptó una decisión que probablemente habría sido personal (Sureda, 2010: 201). En todo caso, siempre mantuvo el cargo de sacristán de Girona y recibió sepultura en el claustro de dicha catedral en un extraordinario e inusual sarcófago, aspectos que reflejan su lejanía respecto a la cátedra tarraconense e identificación personal con la gerundense. En 1273, poco antes de morir, actualizó su testamento y codicilo, conservado en el Llibre gran del sagristà major, que, como su epitafio (Marquès, 1970: 31), y su obituario fueron elaborados al servicio de la memoria del cabildo de Girona. El Martirologium ecclesiae Gerundensis (circa 1300) le presentaba como un hombre de Iglesia, que había sido combativo con los herejes siendo electo de Tarragona, conquistador de Ibiza y Formentera por la fe cristiana, fundador de comunidades de regulares y provisor de beneficios para la iglesia de Girona, algunos pagados con recursos del prepósito de Tarragona. Mencionaba derechos del arzobispado, pero detallaba todas las dotaciones a la iglesia gerundense. Por otra parte, se dedicó una oración a su sepulcro en la procesión del claustro (Sureda, 2010: 203-210). La tradición de la catedral de Gerona estuvo interesada en destacar los lazos del sacristán con aquella, que le atribuían una curiosa preponderancia frente a la metropolitana, y sobre todo confirmaban los derechos en beneficio de la diócesis gerundense que debía asumir Tarragona. En otro ámbito documental, en el códice C o Liber feudorum del reino de Mallorca custodiado en el Archivo Departamental de los Pirineos Orientales de Perpiñán se registraron varios juramentos de fidelidad del arzobispo de Tarragona y del prepósito al rey de Mallorca. En el juramento del arzobispo Rodrigo Tello a Jaime II por la mitad de las islas de Ibiza y Formentera en 1299, se especificaba que los arzobispos lo habían obtenido del sacristán de Girona, Guillem de Montgrí, quien hizo testamento y juró sobre los evangelios, que a su vez confirmó el rey, salvo retento nobis. En el reverso de la pá- gina se copió otro instrumento en el que el rey Jaime I hacía donación a $G$ . per eandem Terrachone electe.9 En este traslado, fechado el 7 de diciembre de 1234, casi un año antes de la conquista, el rey conquistador le ofrecía las Pitiusas, con una relación concreta de las salinas, lezdas y puertos, que era expresiva de los intereses sobre la explotación, y advertía que, si él diese el castillo y las islas a cualquier persona debería facere inde homagium et $\left[ \ldots \right]$ fidelitatem servare. A tenor de estas previsiones, Jaime I le reconoció como electo, a diferencia de la mención a sacristán en el homenaje arzobispal. Podría tratarse probablemente de un instrumento reelaborado, aunque la finalidad de la copia sería, a nuestro entender, recordar al prelado la razón del vasallaje debido al titular del reino de Mallorca. En posteriores juramentos efectuados por representantes de la sede se siguió manteniendo la referencia a Guillem de Montgrí como sacristán de Girona, como en 1312 o 1313.10 Además, esta dependencia vasallática fue objeto de resistencia por parte del arzobispo, como también registró el códice.11 No sólo hubo controversia sobre la ascendencia regia en relación con el feudo de Ibiza, sino que, en alguno de los instrumentos, como el de 1312, se mencionaba la parte de Nuño Sanç, que terminó en manos del sacristán Guillem de Montgrí. Esta documentación procedente de la cancillería del reino de Mallorca de la corte de Perpiñán refleja ciertas problemáticas sobre los derechos de la mitra de Tarragona en Ibiza. Se insistía en el hecho de que habían llegado de parte de Guillem de Montgrí, mencionado como sacristán, quien había obtenido los derechos de manos de Jaime I. Se quería mantener el recuerdo de que estos bienes habían sido originariamente de la corona y habían llegado a Guillem en primera instancia. El traslado de 1234 respondía, por tanto, a las exigencias de recuperar la memoria sobre las condiciones que articulaban los lazos de dependencia y la fidelidad del prelado con el monarca, recordándose expresamente la vinculación vasallática con el rey. Esto concuerda con la explicación de la cró- nica del Conquistador, que reconocía en Guillem de Montgrí, arzobispo electo, un ejecutor del arzobispado, que tendría la isla en feudo del rey. En definitiva, la peculiar y atípica situación de un arzobispo escogido, que no llegó a estar al frente de la diócesis, probablemente por intereses particulares y familiares, quizás por oposición pontifical, quedó desdibujada en una memoria entrelazada y a veces discordante, que fue formulada por varios discursos. Los diversos enfoques procedentes de la sede de Tarragona, de la cronística regia o de la corte del rey de Mallorca compartieron el cometido de justificar la adquisición de Ibiza por parte del arzobispo o su dependencia vasallática a la monarquía. Sin embargo, en la historiografía actual y como contrapunto a lo visto, se reclama la conquista de Ibiza para «las tierras de Girona», puesto que la «mitad de los hombres que acudieron eran del sacristán mayor de Girona y la repoblación fue casi exclusivamente gerundense» (Escandell, 2010: 129). No ha de sorprender, por tanto, que en la versión de Benet de Rocabertí, el más cercano en todos los sentidos, o más tarde en la corte mallorquina, fuese reconocido como sacristán de Girona, ni tampoco que desde el cabildo gerundense se subrayase dicha vinculación. 4. Una historia del arzobispado en el códice AB de Benet de Rocabertí y tradiciones posteriores. En todo el proceso de consolidación de la memoria y tradición de la sede, destaca la contribución del arzobispo Benet de Rocabertí (1252-1268), quien promovió la confección del Códice AB. Se trata de una pieza de excepción para conocer las noticias y documentos que este prelado quiso salvaguardar con ánimo de afirmar los derechos del mitrado e historiar los eventos que protagonizó y afectaron a la cátedra tarraconense. Este conjunto de traslados fue completado en momentos posteriores por otras manos y con criterios semejantes, aunque estos últimos prestaron mayor atención al recuento de los derechos dominicales y feudales. Benet de Rocabertí vivió una situación de máxima hostilidad por parte de los miembros del capítulo (Morera, 1954: 83), mantuvo relaciones difíciles con el rey Jaime I y tuvo proyección en la escena ‘internacional’. Algunas de sus acciones recortaron el peso de los canónigos en el gobierno de la sede, que coincidió con su intervención en la definición de las primeras instituciones urbanas municipales (Morera, 1954: 90). Es posible reconocer en sus acciones una preocupación por reformar el clero e intervenir en la organización eclesiástica de la diócesis e iglesias sufragáneas; ello se puso de manifiesto en la organización de tres concilios provinciales en 1253, 1256 y 1266 (Bonet, s. a.). Los desencuentros de Benet de Rocabertí con el cabildo catedralicio fueron ampliamente reseñados por J. Blanch, quien censuró al metropolitano, e indicó lo siguiente en la visión de conjunto de su mandato: De aquest archebisbe no.s troben sino plets, qüestions e inquietuts que llansaren a perdre la Iglésia (Blanch, 1985: 159-167). Una lectura muy crítica, aunque también destacó sus logros, como la celebración de los concilios, y alguna acción sobre el patrimonio. La mayor parte de la descripción de Blanch se centra en las confrontaciones entre el prelado y el capítulo y el prepósito, enfatizando los episodios violentos que se produjeron, algunos de ellos promovidos por los partidarios del arzobispo. Sin embargo, M. Marí, tributario en alguna de sus noticias de las de Blanch, registró mucho más sucintamente el conflicto con los canónigos, y ofreció una imagen menos partidista e incluso favorable a Benet de Rocabertí. En su archipiscopologio se registraron los logros en el terreno eclesiástico y la resolución pontifical en su favor en la disputa mencionada (Marí, 1999: 65-68). Las acusaciones de J. Blanch explicitan que los canónigos habían sido despullats de tantes coses con los llevave lo archebisbe y aluden, sobre todo, a la pérdida de parcelas de poder (Blanch, 1985: 160). Por otra parte, advertía de que el rey había intentado mediar sin éxito en el momento de máxima confrontación. Refería también la provisión de un árbitro por parte del papa, capellán suyo, Nicolás de Terracina, para poner fin a la situación, cuya concordia había sido rechazada por el mitrado. El nombramiento nos es conocido por las fuentes vaticanas (Rodríguez de la Lama, 1976: doc. 185). Justamente, gracias a las misivas romanas se vislumbra que desde que Benet de Rocabertí accedió a la cátedra episcopal, se produjo un cambio trascendente con respecto a la articulación de los poderes de la sede tarraconense y al afianzamiento de su figura. De este modo, un conjunto de bulas promulgadas por Inocencio IV entre 1252 y 1254 llegaron a manos del arzobispo para respaldar su control sobre beneficios eclesiásticos, concediendo el permiso para la obtención de determinados impuestos eclesiásticos y para que pudiese retener las vacantes o la cá- mara (Quintana, 1987, II: docs. 823; 816 y 944; 929 y 824). Esta intervención habría sido uno de los motivos de confrontación reseñados por J. Blanch. En suma, el pontífice defendía las condiciones para una mejor financiación y afianzamiento de la autoridad del arzobispo en la administración de la sede, reforzando su mando y recursos. Estas y otras situaciones convulsas están en el trasfondo de la confección del cartulario de Benet de Rocabertí, donde precisamente el soporte papal, como fuente de legitimidad, se puso de relieve a través de la compilación sistemática de las abundantes instrucciones romanas. La obra debería proporcionar cobertura jurídica en el contexto de las controversias mencionadas coleccionando diplomas acerca de las novedades sobre la organización de la sede y de las interacciones con el rey Jaime I, que, en definitiva, serviría para afirmar la autoridad arzobispal. En este sentido, el manuscrito aporta una radiografía de las cuestiones que la máxima dignidad quiso registrar, de su voluntad reformadora, de la defensa del despliegue de su poder, dependiente de las instrucciones papales, además de la atención a aspectos dominiales y de liderazgo orientados a fijar los derechos de la mitra. Estas últimas preocupaciones se fueron completando en décadas sucesivas. Por tanto, es indispensable estudiar este legado escrito desde el prisma de la elaboración de un recurso memorialístico, cuya intencionalidad de recapitular queda patente en cierta ordenación de las noticias, en los títulos en rojo que resumen buena parte de los documentos y en una elaboración cuidadosísima. No hay un orden cronológico estricto, pero la colocación de los diplomas, a menudo asociados y ordenados por temas, la existencia de dos grandes bloques y la descripción de los títulos reflejan que la elaboración del libro estuvo inspirada por criterios narrativos e intencionales. Es posible afirmar el arzobispo Benet de Rocabertí fue el primero en establecer una historia arzobispal, centrada en su mandato, para documentar sus acciones y afianzar su potestad, reforzada por la autoridad pontifical. Se elaboró una imagen que poco tenía que ver con la ofrecida por el canónigo J. Blanch siglos después. En los primeros folios, el volumen recoge informaciones relativas a la proyección evangelizadora en Túnez y a la capacidad militar del arzobispo como señor regional. Se trasladaron los permisos para que algunos eclesiásticos ejercieran la cura animarum en el norte de África en 1253 y 1256 y para que la misión pastoral se desarrollase sujeta al metropolitano: Petrus Solerio fecit obedientiam domino archiepiscopo.12 La disponibilidad de efectivos militares en la región o Camp de Tarragona fue probablemente objeto de preocupación por Benet de Rocabertí y se registraron los contingentes de cada localidad y los señores del territorio, alguno dependiente directamente de los cargos del cabildo: iste sunt militie quod tenetur pro domino archiepiscopo Terrachonensis.13 4.1. La autoridad pontifical y arzobispal en la organización eclesiástica y política. Las bulas pontificales constituyen una parte significativa de los documentos copiados desde las primeras páginas, y a menudo de forma sucesiva.14 Muchas de ellas centraron y fueron cerrando problemas de disciplina de los eclesiásticos, así como finalmente sobre el afianzamiento de la autoridad arzobispal respecto a ellos y a las sedes sufragáneas.15 Por citar algunos ejemplos, el papa confirió al prelado el derecho de nombrar los curas y conceder beneficios vacantes en la diócesis y el de conceder beneficios y dignidades en la ciudad y obispado.16 Otras misivas papales le proporcionaron prerrogativas respecto a los eclesiásticos, como en términos de remisión; absolver a los excomulgados y a los clérigos concubinos, ir en contra de estos clérigos o consentirles residir en sus iglesias.17 Asimismo, se trasladaron algunas atribuciones religiosas sobre los laicos: Quod possit hereticos a carcere liberare.18 Otras instrucciones romanas más genéricas no implicaron directamente al mitrado, como la destinada a los predicadores super inquisitione hereticorum facienda in regno et dominio regis Aragonensis o un privilegio concedido a los eremitas de Hispania por Urbano IV.19. Los asuntos vinculados a la vida eclesiástica en los que intervino el arzobispo son muchos y dejó constancia de su poder preponderante en las diócesis sufragáneas, como en la de Calahorra, en la confirmación del obispo de Lleida, Berenguer de Peralta, y en la comissio facta abbati Populeti super ecclesia Sancte Tecle de Xativa.20 También reseñó cartas de obispos, como el de Tarazona, quien reclamaba una prebenda en la iglesia vacante de Calatayud.21 Otros instrumentos hacían patente la autoridad arzobispal, como la suspensión del obispo de la Seu de Urgell en 1254, o la revocación de bienes vinculados a la mesa arzobispal o diezmos en las iglesias propias y sufragáneas.22 Asimismo, fueron consignados aquellos sobre la convocatoria del capítulo provincial por el papa y su desarrollo.23 Por otra parte, se puso de manifiesto las interferencias de los poderes laicos en aquello que debería ser competencia de la Iglesia, como la del rey cuando había revocado donaciones de iglesias, monasterios y religiosos que fuerant de reyalencho suo.24. En su conflicto con las dignidades del cabildo se cargó de argumentos canónicos y textuales para someterlas y recuperar el control sobre los beneficios, como aquellos que disfrutaba el camarero o acerca de los mismos durante las vacantes. Los nombramientos de los cargos también fueron registrados y amparados con otros traslados relativos a la intervención del pontífice en su provisión; y también se insertó la aceptación por parte de los beneficiarios de estos.25. Algunos diplomas copiados cumplieron más bien con cierta función informativa, ejemplificadora (Kempshall, 2011: 243) y de contexto jurídico ya que no estaban destinados a la sede tarraconense. No obstante, formaron parte de un discurso de reivindicación de la autoridad de la Iglesia y, a veces, respecto a los poderes regios. En este sentido entendemos que se copiase la bula de Inocencio IV dirigida al emperador Federico II para que observase las constituciones sobre los herejes: Littera apostolica in qua mandatur observari constitutiones Frederici imperatoris contra heréticos edicte;26 bula que se copió a renglón seguido de otra misiva destinada a los herejes del «reino y dominio del rey de Aragón» según se ha mencionado. Se completó con otra carta de Alejandro IV en contra de la herejía en Italia, con otra destinada a los dominicos para que hicieran inquisición a los herejes de los territorios sujetos al rey de Aragón y otra con más detalles sobre la persecución.27. Otras situaciones del tablero político fueron objeto de registro dada su autoridad metropolitana, y eso explica que se copiase un instrumento a propósito de que el papa había recibido bajo su protección al rey de Navarra.28 Además, cabe prestar atención a la comunicación de Alejandro IV al arzobispo instándole a que mandase al rey Jaime I que desistiese de que su hijo Pedro se casara con Constanza de Sicilia, hija del príncipe Manfredo.29. El respaldo del papado servía para todo y fue un argumento central de legitimidad en la actividad del arzobispo, como hizo directa e indirectamente en cuanto al rey Jaime I. En este sentido, se explica que se trasladase el documento de Inocencio III sobre privilegium domini regis Aragonensis super coronatione sua et uxore sue en tanto que proporcionaba una autoridad al mitrado, que quería recordar y retener en un momento complejo de su relación con el monarca.30 Semejantemente se copiaron otros escritos sobre asuntos que concernían a la interacción directa del pontífice con el rey, como en relación con los votos para ir a Tierra Santa o sobre el uso de la moneda en el reino.31 4.2. La afirmación del arzobispo frente al rey Jaime I. Las tensiones, relaciones y acuerdos entre el prelado y el rey Jaime I se fijaron en la memoria escrita de este arzobispado, haciéndose acopio de documentación en el cartulario. Las primeras diferencias se habían producido en los años cuarenta, e incluso el monarca se había negado a renovar el juramento de fidelidad en 1242, manifestándose el conflicto de forma abierta desde 1255 (Bonet, 2011: 159). En este contexto, el códice reunió muchas de las cartas que Jaime I le mandó directamente sobre asuntos diversos, algunas destinadas a la universidad o a sus representantes en la ciudad reclamándoles que jurasen fidelidad al arzobispo, y otras dirigidas al mitrado, capítulo, prohombres, ciudadanos y hombres del Camp para que aceptasen a su representante en Tarragona.32 La disputa entre Benet de Rocabertí y Jaime I se resolvió en el compromiso alcanzado en Lleida;33 y, asimismo, en el volumen se registró el instrumentum quomodus rex Aragonensis in curia Ilerdensis jurauit et promisit domino Archiepiscopo et prelatis $\left[ \ldots \right]$ Terrachonensis prouincie ipsos defendere, compilándose a este tenor otros actos jurídicos relacionados con la disputa entre ambos.34 Al mismo tiempo, se trasladaron instrucciones papales dirigidas a Jaime I «porque había injuriado y molestado al prelado» en el contexto de las diferencias mantenidas entre ambos.35. Por otra parte, en el códice se quiso recordar que Jaime I había recibido bajo su protección al prepósito y al capítulo en contra del prelado,36 había maniobrado a favor de los enemigos de Benet, e incluso había escrito al papa en contra de este.37 Asimismo, mantuvieron discordias por otros asuntos eclesiales.38 La narrativa mostraba las injerencias del rey en asuntos eclesiásticos y posiblemente este argumento contribuía a justificar, en parte, la confrontación con aquel y la necesidad de mantenerlo alejado de las cuestiones concernientes a la jurisdicción eclesiástica. A la luz de estos registros, resulta evidente que este fue uno de los temas que incidieron a la hora de confeccionar un texto que sirvió de apoyo para las reivindicaciones de la posición arzobispal frente al mandatario aragonés, recordando a su vez que las soluciones habían pasado por la intervención y el apoyo pontifical. Dada la importancia señalada de este antagonismo por uno de sus protagonistas, los escribanos de la sede fueron fieles a la tradición establecida por B. de Rocabertí y siguieron copiando los documentos referentes a estas controversias y soluciones.39. Una serie de ataques protagonizados contra la flota de Túnez por la armada del arzobispo en 1256 ocasionaron graves conflictos diplomático y mereció la reprobación del rey Jaime I, quien acusó a Benet de Rocabertí de haber roto la paz que mantenía con el rey de Túnez. Le culpó de haber asesinado la mayor parte de los musulmanes de las embarcaciones y de haber vendido los bienes o esclavos en Tarragona por treinta mil sueldos. Jaime I argumentó que la acción había minado su jurisdicción y había puesto en peligro las tropas que tenía en Túnez. En este contexto, seguramente se copió la bula pontifical de Inocencio IV en la que se legalizaba que los ciudadanos de Tarragona y de la diócesis pudiesen comerciar con los musulmanes y venderles ‘cosas prohibidas’: Quod possit absolvere illos qui portaberunt res prohibitas sarracenis $\left[ \ldots \right]$ omnes illos de civitate ac diocesis et provincia Terrachonensis;40 o los permisos sobre la predicación en Túnez concedidos por el arzobispo, aunque el volumen no se hizo eco del resto de sucesos. En cambio, en la fuente de la escribanía el Llibre de la Corretja de la decimosexta centuria se dejó constancia de las reclamaciones del monarca respecto de los daños ocasionados por el mitrado al mandatario tunecino.41 4.3 El poder dominial de la sede y los juramentos de fidelidad. Otros documentos regios fueron también objeto de traslado en esta memoria arzobispal, alguno afectaba únicamente al dominio de Tarragona, y en otros no había intervención del prelado (1229).42 Esto se debía al papel que el rey tenía en el dominio tarraconense, que fue objeto de divergencias y concordias con el arzobispo,43 que estuvieron presentes en otras compilaciones de carácter memoralístico de la sede44 y también se trasladaron en el Índex Vell del siglo xvii (Ramon, Ricomà, 1997: 117, 162, etc.). Por otra parte, en el LLibre de la Corretja se registraron algunos de los juramentos de fidelidad prestados por el rey de Aragón al arzobispo dada la dependencia vasallática que le debía en virtud del dominio de Tarragona, así como algunos requerimientos hechos por los arzobispos a los titulares del reino aragonés para el cumplimento del juramento.45 Sirva de testimonio el juramento de Jaime II en 1292 con los siguientes términos: dominus Jacobus Dei gratia rex Aragonensis $\left[ \ldots \right]$ iuravit Roderico archiepiscopo Tarrachona fidelitatem pro civitate et terminis Tarracone.46. Siempre en relación con la reivindicación del ejercicio de la máxima autoridad de Benet de Rocabertí, especialmente frente a otros señores, en el cartulario se fueron introduciendo documentos sobre juramentos de fidelidad de otros dependientes, como los de Bernat de Castelcir en 1266 o de Elisenda de Calder, explícitamente pro feudo […] tenet per episcopo.47 El interés por reunir por escrito las dependencias vasalláticas formó parte de la tradición memorialística de la sede tarraconense, presente ya en el códice AB, y que copió los juramentos de fidelidad al arzobispo en el Llibre de la Corretja, amén de los mencionados que le prestó el monarca. Se trasladaron una serie de juramentos de fidelidad que hicieron miembros acomodados de las sociedades de la región cuando este alcanzaba el cargo. Eran beneficiarios de feudos o posesiones procedentes de la mitra, como algunas élites locales o familias destacadas de la ciudad.48 Además, desde el último cuarto del siglo xiii y hasta el xv, el mitrado obtuvo los juramentos de fidelidad de algunas localidades del Campo en calidad de señor, como Montroig, Cambrils, Valls, el Pla de Santa María, Vila-seca, o incluso de los ciudadanos de Tarragona, que serían registrados en el Índex Vell (Ramon, Ricomà, 1997: 216, 217, 218, etc). Además de los asuntos vistos sobre los desencuentros del prelado con el cabildo y el rey Jaime I o de la insistencia en la estrecha vinculación del arzobispo con el papado, el manuscrito tenía la voluntad de historiar los jalones en los que se habían ido estableciendo las relaciones de poder y en torno a las propiedades en la ciudad y el Camp de Tarragona. En ese sentido, se recogió la noticia —una de las primeras del volumen—, sobre la sentencia pronunciada por el arzobispo Pedro de Albalate en 1248 respecto el proceso mantenido entre los vicarios o veguers de Tarragona y el prepósito.49 Es importante observar la voluntad de ‘historiar’ del códice, que reunió instrumentos acerca de la historia de las relaciones feudales de la ciudad y Camp de Tarragona, algunas incluso ajenas a la intervención del prelado.50 Esta documentación corresponde fundamentalmente a la segunda parte que contiene cerca de un centenar de diplomas con datos sobre la formación y gestión dominial. Se trata de un compendio de donaciones, compraventas, composiciones, establecimientos rurales y urbanos, y censos que afectaban a una serie de lugares del Camp de Tarragona del señorío arzobispal o de alguno de los cargos de la sede como Riudoms, Montroig, Cambrils, u otros menores como El Morell, La Masó, o también en Barcelona y Tarragona. Según se ha visto, un índice inicial permitía localizar las noticias, resumidas bajo epígrafes como: Censualia que archiepiscopus habebat in Monterubea $\left[ \ldots \right]$ et in Alcoverio.51 5. A modo de conclusión. La memoria arzobispal tarraconense en la plena edad media nos ofrece las claves para comprender cómo la afirmación de la figura del arzobispo se dotó de una amplia construcción ideológica, que a su vez se entrelazó y se confrontó, en ocasiones, con otras imágenes generadas desde la elaboración de otros relatos. En este sentido, la legitimidad de la mitra y de su titular radicaban en la tradición del primer cristianismo, en su sacralidad martirial, en la conexión directa con la santa sede, en el dominio patrimonial y señorial de Tarragona y región, en la posición preeminente frente a reyes y poderes laicos, y también respecto a eclesiásticos e incluso a otros obispos. El poder del arzobispo quedó arropado en la tradición impulsada y difundida desde la escribanía de la sede, que se valió de un conjunto de imágenes icónicas que se convirtieron en un relato de legitimidad, valorización y autoridad (Hobsbawn, Ranger, 1983: 9 y Kempshall, 2011). La restauración fue un hito en la formulación de un ideario sobre dicha potestad, con referentes fijados en los orígenes del primer cristianismo y que atribuyó un halo de santidad a los mitrados Oleguer y Hug de Cervelló reaccionando, así, a los tiempos difíciles que marcaron sus episcopados. Ya en el siglo xiv, culminó la idea de la santidad arzobispal reconocida en Juan de Aragón, que conectó con la sacralización de su estirpe, fortalecida desde la cátedra tarraconense. Por otra parte, la situación poco clara respecto del cargo y la figura del obispo electo o sacristán de Girona, Guillem de Montgrí, advierte de una realidad compleja en el liderazgo de la cátedra tarraconense. Las fuentes, más o menos contemporáneas y las de cuño historiográfico arzobispales se fijaron sobre todo en la transmisión de los derechos sobre Ibiza, siendo menos precisas en cuanto a su relación con la sede. Sólo poco después de mediados del siglo xiii, y para superar también otra etapa de conflictos que afectaron a la gobernanza de la misma sede, el prelado reescribió la historia de su mandato con el objetivo de legitimar su autoridad y apuntalar medidas de cierto calado reformista. El códice promovido por Benet de Rocaberí terminó albergando un recuento de las relaciones de poder eclesiales, políticas y feudales, así como de la formación y evolución de determinados patrimonios, siempre bajo la protección y de la mano del pontificado. 6. Referencias 6.1 Referencias de fuentes archivísticas. Archivo Histórico Archidiocesano de Tarragona (AHAT) Llibre de la Corretja, siglo xvi (Llc) Armario de la Mitra, Cartulario de Benet de Rocabertí (códice AB), siglos xiii-xiv (AB) Índex de los índices més moderns que es troben en lo arxiu de il.lustríssim senyor arquebisbe de Tarragona a 10 de juny de 1675 Marí, Marià, Thesaurus sancte metropolitanae ecclesiae tarraconensis, anno MDCCLXXXIII, 1783 (manuscrito) Archivo Histórico de Tarragona (AHT) Pergaminos: 57 Archivo Departamental de los Pirineos Orientales, Perpiñán (ADPO) Liber feudorum $C$ (LFc), folios 42r, 42v, 61r, 61r-v, 64r-v, 87v-88r, 88r-v y 89r-v. Archivo de la Corona de Aragón (ACA) Registros de Cancillería (RC), volumen 3. 6.2 Referencias bibliográficas. Aurell , Martín (1999), «Esclavage et croisade dans la ‘Vie et miracles’ de l’évêque Oleguer (1137) de Barcelona.» En Hommage à Pierre Bonnassie. Toulouse, Debax, 87-91. Batll e i Hug et, Pere (1946), Los tapices de la Catedral Primada de Tarragona. 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18,343
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Nós vivim e passam ab gran afany e misèria nostra vida e stat. Las dificultades económicas de una reina viuda. El caso de Margarita de Prades (v. 1410-1430). I. El Interregno y el reinado de Fernando de Antequera (1410-1416): Nós vivim e passam ab gran afany e misèria nostra vida e stat. The Financial Difficulties of a Widowed Queen. The Case of Margarita de Prades (w. 1410-1430). I. The Interregnum and the Reign of Fernando de Antequera (1410-1416)
NÓS VIVIM E PASSAM AB GRAN AFANY E MISÈRIA NOSTRA VIDA E STAT LAS DIFICULTADES ECONÓMICAS DE UNA REINA VIUDA. EL CASO DE MARGARITA DE PRADES (V. 1410-1430) I. EL INTERREGNO Y EL REINADO DE FERNANDO DE ANTEQUERA (1410-1416) NÓS VIVIM E PASSAM AB GRAN AFANY E MISÈRIA NOSTRA VIDA E STAT THE FINANCIAL DIFFICULTIES OF A WIDOWED QUEEN. THE CASE OF MARGARITA DE PRADES (W. 1410-1430) I. THE INTERREGNUM AND THE REIGN OF FERNANDO DE ANTEQUERA (1410-1416) Eduard JUNCOSA BONET Universidad Complutense de Madrid firstname.lastname@example.org. Resumen: En los últimos años se han incrementado considerablemente los estudios dedicados a las reinas medievales; sin embargo, se ha prestado una menor atención a lo que sucedía con aquellas que enviudaban. El presente artículo tiene como objetivo analizar en profundidad el prolongado periodo de viudedad de Margarita de Prades (1410-1430), el cual contrasta con su efímero reinado de poco más de ocho meses y medio. Todo un elenco de fuentes, en gran parte inéditas, custodiadas en los archivos reales, papales, nobiliarios, notariales y municipales nos servirá para reconstruir una realidad marcada por las graves y recurrentes dificultades económicas a las que tuvo que hacer frente esta reina fugaz. Teniendo en. Abstract: Whereas we have come to find a substantial increase in the number of studies focusing on medieval queens in recent years, less attention has been paid to those who became widowed. This article’s aim is to conduct a detailed analysis of the prolonged period of time that Margarita of Prades remained a widow (1410-1430), a considerably long period when compared to her short reign which lasted for just over eight and a half months. A wide range of largely unpublished sources kept in royal, papal, nobilty, notarial and municipal archives will provide us with the information needed to recreate a reality marked by the severe and recurring financial difficulties faced by this short-reigning queen. cuenta la amplitud del corpus documental manejado, y primando la exhaustividad por encima de una mera perspectiva de síntesis, se ha optado por dividir el artículo en dos partes, abordándose en esta primera los dos años de Interregno y el breve reinado de Fernando I de Aragón. Palabras clave: Margarita de Prades, reginalidad, reina viuda, Corona de Aragón, Casal de Barcelona, Interregno, dinastía Trastámara, Fernando I de Aragón, siglo xv. Considering the breadth of documents and prioritising thoroughness over a simple summary of viewpoints, a decision to split the article in two was made. This first instalment will offer us an insight into the two-year Interregnum and the brief reign of Fernando I of Aragon. Keywords: Margarita de Prades, queenship, queen dowager, Crown of Aragon, House of Barcelona, Interregnum, Trastamara dynasty, Fernando I of Aragon, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. […] considerants que la dita senyora reyna ere estada muller de lur rey e senyor, ere romasa vídua e pobra, e obligada a mantenir estat e honor reginal […] Parlamento general del reino de València, sesión del 27 de abril de $1 4 1 2 ^ { 1 }$ 1. Introducción: del dicho al hecho...2. Pocas horas antes de producirse su deceso, el rey Martín el Humano ratificó, en la cámara de la abadesa del monasterio de Santa Maria de Valldonzella,3 la donación mortis causa que había hecho a la reina Margarita de Prades, con quien se había casado in extremis en el ocaso de su vida. Mediante dicho instrumento, el monarca legó a su «coniugi nostre carissime presenti» el palacio real menor de Barcelona, con todas sus partes, derechos y pertenencias, junto con la torre de Bellesguard, situada en el territorio de Barcelona, y sus posesiones, así como la totalidad de las joyas y bienes muebles –se hallasen donde se hallasen y en manos de quien fuera–,4 ordenándole redimir los objetos preciosos que estuviesen empeñados, y concediéndole el permiso para poderlos exigir y poseer después de su óbito de forma libre y con plenos derechos. Con objeto de despejar cualquier duda o sospecha, el noble Roger de Montcada, el obispo de Mallorca (Lluís de Prades)5 y el protonotario real (Ramon Sescomes), en calidad de fedatario público, interrogaron al rey sobre sus últimas voluntades:6. Nobilis Rogerius de Montecatheno dixit haec vel simila verba in effectu: –Senyor, si àls és de vós que Déu nos faés tant de mal que us perdéssem, los vostres béns mobles, plau-vos que sien tots de la senyora regina? Et dictum dominus respondens dixit: –Hoc. \Testes et cetera/ Et post paulum, Rogerius Bernardus de Pallars dictus nobilis Rogerius dixit et cetera: –Senyor, vós havets dit que us plau-vos (sic) que tots los vostres béns mobles sien de la senyora regina, plau-vos que los dits béns mobles e les vostres yoyes sien de la senyora regina, e lo palau menor e la torre de Bellesguard? Et dictus dominus rex respondens dixit: –Hoc. Et deinde, cum fuissent domino regi predicto per episcopum et cetera dicta haec verba vel similia in effectu: –Senyor, algunes yoyes vostres són empenyorades, plauvos que sien quitades de vostres béns e que remanguen quíties a la senyora regina? Quiquidem dominus respondens dixit: –Hoc. Postea die sabbati XXXIª madii, dictus episcopus, reducens ad memoriam dicti domino regi predicta iam sibi die altera dicta et explicata, dixit hec verba vel similia in effectu: –Senyor, plaurà us plau-vos que vos tots los béns mobles vostres e yoyes vostres e lo palau menor e la torre de Bellesguard sien de la senyora regina e que’n sia feta carta de donació a la dita senyora? Respondens dixit: –Hoc. Et continuo, ego, dictus prothonotarius, repetens eidem domino verba predicta dixi: –Senyor, plauvos donchs que tots los béns mobles e yoyes vostres e lo palau menor de Barchinona e la torre de Bellesguard sien de la senyora regina e que li’n sien fetas cartes de donació e altres a tot son profit a consell de vostre vicecanciller? Respondens dixit: –Hoc. A pesar de todo ello, las cosas no serán ni tan sencillas ni tan bonitas como parece. Tras el fallecimiento del rey, el 31 de mayo de 1410,7 se inició la etapa de viudedad de la reina Margarita, la cual se prolongó durante dos décadas marcadas por una intensa e incesante lucha encaminada a sostener su vida y estatus reginal.8. A lo largo de las próximas páginas, van a exponerse y analizarse las vicisitudes que tuvo que atravesar esta reina efímera, silenciada o incluso maltratada por parte de la historiografía al no haber sido capaz de dar a la Corona la tan anhelada sucesión, hasta el punto de convertirla en culpable de la extinción de la dinastía barcelonesa.9 Para ello, se utilizará todo un amplio abanico de fuentes documentales, en su gran mayoría inéditas, provenientes de los archivos reales, papales, nobiliarios, notariales y municipales, con el fin de ofrecer una visión lo más amplia y detallada posible de las dificultades a las que hubo de hacer frente Margarita de Prades después que el rey expirase.10 2. La angustiosa situación de Margarita de Prades durante el Interregno. Durante el año de duelo o «any de plor», la reina viuda residió en Barcelona, entre la torre de Bellesguard y los palacios reales, bajo la estricta vigilancia de cuatro matronas de buena fama que debían controlar, en un contexto especialmente delicado, que no estuviese encinta y, sobre todo, que no pudiese quedar embarazada de alguien que no fuese el monarca.11 En la sesión del Parlamento general de Catalunya del 16 de febrero del año 1411, prácticamente nueve meses después de haberse producido el traspaso del rey, se dio por terminada la custodia.12. En este contexto empezó Margarita de Prades, a través de sus procuradores, a reclamar las asignaciones que le había hecho el difunto monarca para mantener su estatus reginal.13 La primera petición de la que tenemos constancia se presentó ante el Parlamento general catalán el 12 de noviembre de 1410. El noble Roger Bernat de Pallars expuso, en nombre de la reina, una carta especialmente interesante donde, haciendo uso del dramatismo, se detallan todas las demandas que planteaba la noble dama, sin dejar de aludir a los derechos que la amparaban: Molt reverend, egregi, noble e honorable Parlament, ab congoxa, dolor de cor e ab escampament de moltes làgrimes, vos recita la molt alta senyora reyna dona Margarita, relicta del molt alt e gloriós senyor, lo senyor rey en Martí de memòria e recordació loables, com aprés que la cruel e inhumana mort la ha viduada de son marit molt car, e príncep e senyor seu e vostre, adversant encara a ella fortuna, s’és trobada destituïda de totes assignacions a ella per lo dit senyor fetes per sustentació de sa vida e reginal estat, ne pot encara son dot, creix e altres drets demanar; per què la dita senyora, ço qui es dolorós a hoyr, no pot ne a sustentació de sa vida e stat en alguna manera proveir, posada en necessitat molt anxiosa, ha demanat consell a persones notables scients e fiables si per negun camí de justícia poria a tan estreta necessitat ésser proveït; e ha trobat que, per benefici special de les Constitucions generals de Catalunya, ella és posseïdora de tots los béns del dit senyor rey e dins l’any deu ésser alimentada, segons sa reginal excel·lència requer, dels dits béns, e lo dit any passat, deu fer los fruyts de aquells seus fins éntregament sia pagada en son dot, creix e altres drets;14 e llà hon lo dit benefici de les Constitucions no fos stat conegut per disposició de dret comú, poria la possessió dels dits béns, per special providència de dret, a ella obligats, avocar, e aquells tenir tro fos éntregament pagada en les dites coses. E per ço que lo present Parlament, qui és lum de intel·ligència, font de sciència e sapiència, e rabaça molt antiga e ferma de fealtat e naturalesa, vege clarament que la dita senyora no és ambiciosa ne emfruna de haver la presidència e regiment dels dits béns a ella per justícia pertanyents, segons li és donat entenent, volent en tots sos affers qui sien de algun assenyalat pes procehir e enantar ab consell e ordinació del dit Parlament, en lo qual ha singular confiança e devoció, prega affectuosament e estreta lo dit Parlament, e per deute de fealtat e naturalesa lo requer, que a 14 Margarita de Prades remite a una constitución de Pedro el Ceremonioso aprobada en las Cortes catalanas de Perpinyà del año 1351 (cap. 32): «Ab aquesta nostra constitutió per tostemps valedora sanccim que la muller, mort lo marit, encontinent aprés la mort de aquell, sie vista tots los béns de son marit posseir e, dins lo any de plor, de aquells béns en totas cosas a la sua vida necessàrias sie proveïda; aprés lo dit any, emperò, del plor, los fruyts de aquells béns faça seus, fins a tant que a ella en lo dot e sponsacili seus sie íntegrament satisfet; exceptadas, emperò, las mullers a las quals per lurs marits certs locs, o rendas, o altres béns de hont rendas annuals o esdeveniments puxan proveir, per seguretat de lur dot o sponsalici, seran assignats, en lo qual cas, aquells tant solament locs, o rendas, o béns sie vista posseir, e sobre aquells haja la sua provisió, e los fruyts seus faça de aquells. Ajustant que la muller en lo primer cas, ço és a saber, quant los béns del marit seu posseir sie vista, inventari començar, dins un mes aprés que la mort de son marit sabrà comptador, e dins altre següent complir, de tot en tot sie tinguda, en altra manera, de la provisió del any del plor, e del profit de fer los fruyts seus fretur ipso facto; per ço, emperò, no entenem los estrets a fer inventari de fer aquell en nenguna manera ésser desliurats» (Constitucions y altres drets de Cathalunya, lib. V, tít. 3, const. 1, p. 354). tot profit públich principalment, no oblidades les precipuïtats e prerogatives que les reyals stats e dignitats e semblant regne d’aquest merexen, la vulla consellar com se portarà en les dessusdites coses consellades, e que li plàcia, almenys per la honor del dit senyor e de sos regnes e terres, ínterim sens alguna dilació o trigua, a ses extremes e de aquí avant inportables necessitats, segons sa dignitat e reginal estat merexen, loablament proveir.15. De nuevo, pocos días más tarde, el caballero Manuel de Rajadell y el tesorero de la reina, Guillem de Busquets, solicitaron al Parlamento que diesen respuesta urgente a las peticiones de Margarita de Prades para que pudiese afrontar sus «inportables necessitats». El arzobispo de Tarragona, en nombre de toda la Asamblea, respondió que al día siguiente se dispondría a escuchar a la reina y a sus abogados, pero la promesa no se hizo efectiva hasta tres días después, cuando se atendieron las razones planteadas por los juristas Bernat de Gualbes, Aimó Dalmau y Guillem Ros.16 La deliberación y el acuerdo del Parlamento se pospusieron nuevamente, y no será hasta el 1 de diciembre que Rajadell y Busquets recibirán respuesta en estos términos: Lo Parlament, vistes les coses en la cèdula l’altre dia per part de la senyora reyna donada \contengudes/, e hoydes ses rahons e de sos advocats, se complany molt de aquelles, e ha gran desplaer de la necessitat urgent en què la dita senyora és posada. La dita cèdula e les rahons sobre les coses en aquella contengudes fetes contenen dos caps: lo primer que la dita senyora reyna troba de consell de sos advocats que pot e deu possehir \tots/ los béns de son marit, rey e senyor nostre, e ésser alimentada de aquells dins l’any de plor, e \passat l’any/ fer los fruyts seus fins éntregament sie pagada de sos drets; e sobre açò demane consell al Parlament. Lo segon cap és que, com ella sie posada en gran necessitat, \en l’endemig/ li vulle lo Parlament socórrer de alguna de què puxa son estat reginal sustentar. Al primer cap lo dit Parlament respon que, a present, no és loch ni temps de entrar li sembla ésser expedient entrar en los mèrits de aquell, ço és, si la dita senyora ha dret o no dret en haver e posseir los béns del senyor rey e la presidència de aquells, car açò no solament toca al Parlament de Catalunya, mas a tots los altres regnes e terres qui·s deuen, Déu volent, breument ajustar, e com seran justats, la senyora reyna o sos advocats porà fer e proseguir la present demanda. Al segon cap respon lo dit Parlament que ell entén que la dita senyora reyna deje sostenir si e son estat de aquells béns e emoluments de què lo senyor rey mentre vivie se sustentava, dels quals entén lo dit Parlament moltes coses considerades que deje ésser donada prioritat a la dita senyora regina, e sobre açò offer lo dit Parlament de fer ab la dita senyora instància e elegir algunes persones qui tracten ab la dita senyora de aquesta matèria e facen en açò o en aldre lo bé que poran ves aquella.17. Una vez pronunciadas estas palabras por parte del prelado tarraconense, este se dirigió a todos los reunidos para preguntarles «si ere lur intenció axí com ell havie dit», y todos respondieron unánimemente: «hoc, senyor». A pesar de este asentimiento, una semana después volvió a hacerse pública la resolución definitiva del Parlamento general del Principado, en unos términos bastante similares pero añadiendo algunos matices importantes, resaltándose que la determinación se había tomado «ab comuna concòrdia».18 En ambos casos, tras expresarse algunas palabras de comprensión y empatía con la situación que estaba atravesando la reina viuda, se alegó la imposibilidad de tratarse la cuestión de la posesión de los bienes del rey difunto hasta que no se reuniera un Parlamento general de la Corona en su conjunto, ya que afectaba al interés de todos los reinos y tierras, dándole a entender que el tiempo era incierto y que había asuntos mucho más graves por resolver, como el relativo a la sucesión (de algún modo, puede leerse la respuesta como un reproche a su fracaso en este sentido). Mientras que en lo relativo al mantenimiento de un pago para el sustento de la reina, se estableció el nombramiento de ciertos diputados para abordar el tema con ella sin que se entorpeciese el desarrollo de las sesiones. En cierta medida, el duro tono de la respuesta inicial del arzobispo fue suavizado en la resolución final adoptada por la Asamblea. Todo parece apuntar a que la situación no avanzó demasiado favorablemente para los intereses de la reina Margarita, dado que a principios de febrero del año 1411, de nuevo, el caballero Manuel de Rajadell expuso ante el Parlamento, en nombre y de parte de la viuda real, la reclamación para que fuese debatida su delicada situación, y que «super tantis et tam urgentibus necessitatibus [...] velit dictum Parlamentum debite providere».19. En un instrumento datado el 22 de abril, Margarita de Prades manifestó que, de acuerdo con la loable constitución general de Catalunya editada en Perpinyà –a la que hemos aludido anteriormente–, se consideraba poseedora de todos los bienes y derechos que fueron de su marido, el rey, de los frutos de esos bienes obtenidos después del año de luto, así como de todas las cosas que el monarca tenía o que le pertenecían y que le habían sido concedidas mediante la donación realizada por causa de muerte. Dicho todo esto, la reina viuda nombró a Guillem Busquets como su único procurador, después de haber revocado a todos los que hubiesen sido constituidos hasta entonces, a través de una escritura en la que se pone de relieve la confianza en la fidelidad, el trabajo y la lealtad de ánimo de su tesorero, convirtiéndole en: procuratorem nostrum, certum et specialem ac eciam ad infrascripta generalem […] ad petendum, ex[higend]um, recipiendum et habendum pro nobis, nominibus supradictis et quolibet ipsorum nomine insolidum, a quibuscunque universitatibus, corporibus, collegiis ac singularibus personis omnes et singulas peccunie quantitates nobis debitas et imposterum debendas [tam] racione reddituum nobis et Camere nostre pertinencium et quartorum seu quarte partis omnium emolumentorum dictorum regnorum et aliarum terrarum predictarum, quam alias quibusvis racionibus, iuribus sive causis, et tam in regno Aragonie q[uam quibus]cunque regnorum et locorum ac terrarum que fuerunt dicti domini regis et aliorum; et omnia eciam bona mobilia et iocalia et alias res nostras et nobis titulis supradictis aut altero ipsorum pertinentes, et omnia instrumenta et scripturas in posse quorum[cun]que notariorum et personarum existant.20. Viendo que la reunión de un único Parlamento para todos los territorios de la Corona de Aragón se retrasaba más de lo deseado, el noble Manuel de Rajadell consiguió que desde la Asamblea catalana se remitiesen cartas a los gobernadores y justicias de los reinos de Aragón, València y Sicilia con objeto de solicitar el socorro necesario para atender a las necesidades de la reina.21 Sin embargo, la ayuda no parece que llegara, puesto que el 1 de febrero de 1412 se presentó un síndico acreditado (Bonanat Pere) como enviado especial de Joana de Cabrera para defender «los fets de la reyna, ma filla», que solicitaba poder presentar, una vez más, sus derechos ante el Parlamento.22 Volvió a insistir en ello, recomendada por el papa Benedicto XIII, a mediados de marzo, haciendo alusión a la gran pobreza («magna egesitate») que estaba padeciendo su hija, hecho que motivó el nombramiento de una comisión formada por seis miembros de la Asamblea destinada a estudiar el caso.23 Uno de estos delegados fue el obispo de Girona, quien se encargó de plantear a la Asamblea la propuesta de ofrecer una determinada cantidad a la reina viuda a fin de que pudiese hacer frente a sus «extremes necessitats».24 Al día siguiente, después de haberlo discutido, se acordó concederle, bajo garantía firme, un préstamo de 3.000 florines de oro de Aragón con dinero procedente del General de Catalunya.25. Esta resolución conllevó que tanto Joana de Cabrera como su hija Margarita se dirigiesen al Parlamento congratulándose por la decisión y agradeciendo la ayuda concedida, solicitando que se enviasen cartas de parte del Parlamento general catalán al valenciano, así como algunas personas que intercedieran a favor de los asuntos de la reina.26 La petición fue atendida y, junto con los emisarios, Joana de Cabrera se desplazó a València. En la sesión de la Asamblea valenciana celebrada el día 13 de abril, la madre de Margarita de Prades se personó ante los representantes del reino para explicar «de paraula, […] com ella ere aquí de part de la dita senyora reyna, filla sua, la qual los saludava molt. E donà e liurà al dit Parlament, de part de la dita senyora, una letra, la qual per los scrivans de aquella fon lesta, e és del tenor següent»: La reyna d’Aragó e de Sicília. Venerable pare en Christ egregi, nobles e amats nostres. Per explicar a vosaltres la necessitat la qual havem en sostenir nostra reginal dignitat, e per haver de vosaltres aquella subvenció qui possible serà, van aquí la senyora nostra cara mare e l’amat camarlench e conseller nostre, mossèn Manuel de Rajadell, cavaller, largament informats de les dites coses e de nostra intenció. Pregam a vosaltres molt afectuosament que, per esguart e contemplació nostre, e com som estades muller de vostre rey, príncep e senyor, e considerant que per lo cas repentí de nostra viduïtat som empatxades a present en la recepció que lo dit senyor, per Cambra e sustentació de nostre reginal estat, nos havia assignades, e donant plena fe e crehença en tot ço que la dita senyora nostra cara mare e lo dit mossèn Manuel, e lla un d’ells de nostra part vos explicaran, axí com si per nós personalment vos era dit, ho vullats complir per obra, et serà cosa per la qual nos farets gran servey. Et si per vosaltres porem fer algunes coses, som prests de fer-ho de bon grat. Et sia l’Esperit sant lum e endreça en tots vostres affers. Data en lo palau major de Barchelona, sots nostre segell secret, a xxvi de març, any mccccxii. La reyna Margarita.27. Una vez expuesta la misiva de la reina, el noble Galceran de Sentmenat, como representante enviado por el Parlamento general del Principado, libró la carta credencial que le facultaba como emisario de dicha institución para explicar ante los diputados valencianos distintas cuestiones relativas al «empatxament feyt de les rendes e drets per Cambra assignats en aquex regne per lo molt al rey en Martí, de gloriosa memòria, a la molt alta senyora reyna dona Margarida, del dit senyor relicta»,28 pidiéndoles que tratasen el asunto «en tal manera que la dita senyora reyna haja sos drets e rendes, ab tota favor honesta, per poder sostenir son estat reginal, qui huy és molt freturós e posat en extrema necessitat, segons vosaltres sabets».29 Acto seguido, el caballero Manuel de Rajadell explicó los distintos puntos contenidos en ambas cartas con todo detalle y, a continuación, el obispo de València, «en loch, nom e veu del Parlament», respondió que se trataría la cuestión y se tomaría un acuerdo por parte de los allí reunidos, el cual tuvo lugar el día 27 de abril, después de un par de nuevas comparecencias de los emisarios para instar a que se tratara el asunto con la máxima celeridad posible.30 Finalmente, se resolvió que se otorgase un préstamo idéntico al concedido por el Parlamento general catalán, es decir, de 3.000 florines de oro a cambio de la promesa de devolverlos cuando se le requiriesen y obligando como garantía «totes e qualsevol assignacions per lo dit rey li sien estades fetes e d’ací avant se faran, e generalment tots sos béns».31. Sabemos que, en paralelo a todo este periplo institucional, la reina viuda, tal como era preceptivo, había encargado realizar, en septiembre de 1410, el inventario de todos los bienes de su difunto esposo,32 y que se apropió de una parte importante de las reliquias y de algunos objetos de valor que se hallaban en la capilla de Santa Maria del palacio real mayor de Barcelona,33 hecho que comportó la apertura de un proceso con la comunidad de los Celestinos, que eran sus custodios.34. En cualquier caso, la mayoría de joyas y objetos preciosos se tuvieron que vender o empeñar por parte de los albaceas testamentarios del monarca, al no disponer de suficiente capital para satisfacer las cuantiosas deudas y los elevados dispendios derivados del solemne funeral real.35 Así pues, una parte importante de dichos bienes fue entregada a la Diputación del General de Catalunya como caución de un préstamo de 10.000 florines que les hizo esta institución,36 y fueron vendidos, finalmente, con el beneplácito de los ejecutores del testamento real, en el año 1421.37 Dado que tal cantidad no bastó para cubrir los gastos, los albaceas lograron obtener otro préstamo de 11.000 florines más por parte del Parlamento general catalán.38. La complicada situación financiera de la reina viuda sirve también para explicar el fracaso de su proyecto de fundación de un monasterio de la orden del Santo Sepulcro, bajo la advocación de la Asunción de la Virgen, en la «insula de les Medes», a pesar de haber contado desde el principio con el beneplácito del papa Luna para su construcción.39. El 28 de junio de 1412, los miembros de la Asamblea reunida en Tortosa remitieron una carta a una amplia nómina de destinatarios, entre los que se encontraba la «molt alta e molt excel·lent senyora, la reyna dona Margarita», para notificarles que Fernando, «l’infant de Castella», había sido elegido y nombrado rey de Aragón.40 3. Privaciones y promesas incumplidas: el reinado de Fernando de Antequera. Los embajadores enviados por parte del Parlamento general del Principado para felicitar al rey y prestarle el debido homenaje solicitaron al nuevo monarca que le placiera tratar «benignament a la senyora reyna dona Margarita».41 Los hechos parecen demostrar que no fue exactamente así.42. En una carta firmada por la reina viuda el 21 de septiembre de 1412, esta se lamenta profundamente a uno de los miembros de su Casa, Pelegrí de Soler, de las «angoxes e affanys insoportables» con las que «passam e sostenim nostra Cort e stat reginal», mostrándose dispuesta a firmar un acuerdo con el gobernador de Aragón para poder percibir todo lo debido de las rentas y asignaciones que se le habían concedido en dicho reino. Del mismo modo, le agradece los trabajos que está llevando a cabo junto con otros servidores suyos en la defensa de sus intereses.43 Entre ellos se hallaba Leonard de Sos, consejero de la reina viuda y lugarteniente del maestre racional en la Corte real, a quien entregó una procura con poderes suficientes para reclamar al gobernador del reino de Aragón las rentas que Martín el Humano le había otorgado en concepto de arras y otros derechos para el mantenimiento de su Cámara.44 A raíz del enfrentamiento con el gobernador aragonés, que se negaba en redondo a conceder a Margarita de Prades las referidas rentas hasta que se satisficieran todas las deudas y pudiesen levantarse los secuestros, la reina viuda encomendó la causa a sus abogados con objeto de que defendiesen sus reclamaciones ante la audiencia del monarca, donde esperaba poder «al·legar miserabilitat».45. Con todo, a mediados de octubre, el rey Fernando I y las Cortes aragonesas reunidas en Zaragoza aprobaron, mediante un acto de Corte, la súplica presentada por el brazo de las ciudades mediante el cual se declararon nulas, entre otras cosas, todas las asignaciones «pro Camera» hechas por el rey Martín en el reino de Aragón.46 Ante una decisión tan lesiva, Margarita de Prades se dirigió al papa Luna suplicándole que tuviese a bien escribir al monarca para que se hiciese justicia sobre dicha privación, notificándole, asimismo, que «ans que rey fos declarat, […] lo Principat de Catalunya e regne de València nos occurrien en nostres necessitats», pero que «ara no havem manera tal, ne speram succors sinó de vostra Sanctedat, la qual humilment e devota supplicam nos vulla aydar […] per contemplació de nostra viduïtat».47 Finalmente, la intercesión del papa dio sus frutos, pues antes de acabar el año, Fernando I mandó entregar «generosament» 1.000 florines a la reina Margarita, orden que se hizo efectiva en el transcurso del mes siguiente.48. A principios de marzo de 1413, Margarita de Prades volvió a dirigirse al papa Benedicto XIII, a través de intermediarios, para que aceptase enviar a alguien de su parte ante el rey Fernando para rogarle que «nos vulla desembargar en nostre justícia sobre lo fet de nostra Cambra, car fins ara no n’havem pogut aconseguir, passant-nos per belles paraules», y le ruega que lo haga pronto, «car la triga és a nós molt anujosa per l’afany que passam en nostre viure».49. El Sumo pontífice no fue la única dignidad en quien buscó amparo la reina viuda en este contexto, sino que también dedicó esfuerzos en tejer una red de alianzas con otros personajes destacados que pudiesen implicarse en la defensa de sus intereses. Así, por ejemplo, mantuvo una relación epistolar bastante fluida con la reina Blanca de Navarra, viuda de Martín el Joven de Sicilia y futura esposa del infante Juan de Aragón, solicitándole su ayuda «en los nostres afers», ofreciéndole reciprocidad en la consecución de los suyos. Uno de los favores solicitados por Margarita de Prades a su hijastra fue que pidiese al maestre racional que admitiera un pago de 5.307 florines y medio de oro de Aragón para desempeñar ciertas joyas que habían sido tomadas como fianza por unas deudas del rey Martín.50. A pesar de la decisión adoptada en las Cortes, la reina Margarita no se rindió y, además de buscar el apoyo de personas influyentes, decidió conceder una nueva carta de procuración a favor del ciudadano zaragozano Ramón de Casaldáguila para que reclamase al baile general del reino y a los regidores y prohombres de la Comunidad de villas y aldeas de Daroca los 20.000 sueldos jaqueses que consideraba que se le debían.51. Finalmente, las presiones surtieron efecto, pues el 5 de abril de 1413 el monarca decidió conceder a la reina viuda una retribución que sirviese para compensar la retirada de los derechos de Cámara decretada en las Cortes, la cual ascendía a 10.000 florines de oro de Aragón anuales como sustento de su «statum reginale». Según establecía la disposición real, 2.000 florines tenían que provenir de las rentas de la secrecía de Palermo y los 8.000 restantes, de la Curia regia.52 Mientras tanto, al cabo de pocas semanas, el rey Fernando ordenó dar a Margarita de Prades otros 400 florines de oro «per rahó de graciosa concessió», haciéndose efectivo el pago prácticamente de inmediato; y al cabo de un par de meses mandó que se le entregasen otros 2.000 florines «en paga prorrata d’aquells $\mathrm { V I I I } ^ { \mathrm { M } }$ florins, los quals li és tengut donar en lo present any».53 Por su parte, el papa Luna, el 23 de mayo, emitió una bula mediante la cual concedió 1.000 florines de oro de Aragón a la reina Margarita para el sostenimiento de su estatus, los cuales tendrían que provenir de los derechos y rentas de la ciudad y diócesis de Tarragona, debiéndose pagar en dos partes.54. El día 7 de julio, la reina viuda concedió poderes a Bernat de Corbera para que, actuando como su procurador, pudiese reclamar en Sicilia los bienes que le pertenecían de Martín el Joven, puesto que, por disposición testamentaria, se los había legado a su padre, el rey Martín el Humano y este, a su vez, se los entregó a su esposa justo antes de fallecer. De igual forma, nombró a otros dos procuradores, Pere Batlle y Llorenç Redon,55 con el encargo de solicitar y percibir los 2.000 florines «sobre qualsevol peccúnies provinents a mans del mestre secret de Sicília i del vis-secret de Palerm», y sobre idéntica cuestión escribió a los embajadores del rey Fernando en la isla para que hiciesen cumplir el mandato real.56 En esa misma jornada, para abordar otro de los frentes que tenía abiertos, Margarita de Prades envió a dos mensajeros con sus respectivas credenciales ante el obispo, los jurados y el Consejo municipal de València para tratar «lo fet dels $\mathrm { I I I ^ { M } }$ florins, los quals lo General d’aqueix regne nos atorgà en temps que encara no era feta la declaració del rey», y para abordar la espinosa cuestión de las rentas que el rey Martín le había asignado para su Cámara en dicho reino.57 Exactamente una semana después, la reina se dirige a los diputados del General de dicho reino porque ha sabido que Fernando de Antequera había recibido un préstamo de su institución ofreciendo como garantía las rentas y derechos que el rey Martín el Humano le había asignado como derechos de Cámara y que todavía no había podido percibir porque no se habían saldado las deudas contraídas por su difunto marido, asegurándoles que tal satisfacción se cumpliría en breve, por lo que les pedía que «de les dites rendes […] per sustentació de nostre estat assignades» no hiciesen ningún contrato en su perjuicio.58 Antes de acabar el mes de julio, el rey Fernando I ordenó que se pagasen a la reina Margarita otros 2.000 florines de oro de Aragón «en paga d’aquells $\mathbf { X } ^ { \mathrm { M } }$ florins los quals lo dit senyor, ab carta ab segell pendent segellada, dada en Barchelona a V dies d’abril […], li assignà cascun any tro a tant que per justícia o en altra manera fos declarat si lo dit senyor era tengut pagar-li les assignacions per lo dit alt rey en Martí a ella fetes».59. Con todo, a mediados de noviembre, Margarita de Prades envió a Gabriel Tortós ante el rey Fernando de Antequera para explicarle «la urgent necessitat en què som posades»; también escribió a la reina Leonor de Alburquerque para pedirle que hablase con el monarca y le solicitara el cumplimiento de las promesas que le había hecho por carta y «supplicar-lo nos vulla provehir a nostre necessitat»; al secretario del rey, Diego de Vadillo, y a su confesor para que le hiciesen sentir «càrrec de consciència»; y pidió a su tío Alfons, duque de Gandia y condestable de Aragón, que intercediese por ella ante el monarca y que le ayudase a obtener las provisiones necesarias a fin de poder percibir los 2.000 florines que le habían sido asignados en el reino de Sicilia.60. Poco antes de acabar el mes, la reina viuda confirma haber recibido del monarca un total de 4.400 florines en distintos pagos, reclama los 3.600 florines restantes de la asignación proveniente de la Curia real, y una ayuda para las fiestas de Navidad. Del mismo modo, escribió a su confesor, el fraile Gabriel Tortós, para agradecerle todas las gestiones que había realizado hasta la fecha para obtener las provisiones necesarias tanto «per lo fet de Sicília com per lo fet d’Aragó», y le solicitó que, junto con el duque de Gandia y Bernat de Centelles, «vullats resupplicar lo senyor rey que li plàcia de socórrer-nos per les festes qui vénen, alsmenys de M florins, si possible és, si no, de DC, e restaran a compliment de aquesta anyada $\mathrm { I I I ^ { M } }$ florins». También se dirigió a Diego de Vadillo en agradecimiento por «el bon voler lo qual havets vers nostres afers», rogándole que suplicase al monarca: […] que ell vulla socórrer a nostre gran necessitat [...] com de ell, despuys és en esta terra, no hajam haüts sinó $\operatorname { I I I I } ^ { \mathrm { M } }$ CCCC florins, [...] ab los quals [...] havem malastragament sostengut nostre stat, majorment com la hora que·ls rebíem los devíam e encara no·ns bastaven en pagar lo deute que rocegàvem per nostra vida; e que li plàcia e vulla donar manera que no·ns faça viure de aquesta misèria, anant-li almoynant detrás, qui a ell és enujós e a nós molt vergonyós.61. Por otro lado, a su primo Bernat de Centelles y a su tío Alfons de Gandia les notificó que los 3.600 florines pendientes tenían que llegarle de las demandas del coronaje en Catalunya, haciéndoles la petición de que intentasen lograr del rey al menos 600 florines «ab què puscham pasar a acórrer a nostres companyes de qualque diner» y para pasar así con menos penurias las fiestas navideñas.62. Muy poco tiempo después de haber llevado a cabo todas estas gestiones, el rey Fernando I se dirigió a distintos oficiales suyos en el reino de Sicilia para ordenarles que hiciesen efectivo el pago de los 2.000 florines de oro a la reina Margarita de Prades, puesto que había sabido que aún no se había efectuado. Del mismo modo, les exigió que hicieran buen cumplimiento de justicia sobre la exacción y recuperación de ciertos bienes muebles que se hallaban en la isla y que pertenecían por derecho a su tía.63 Paralelamente, el monarca escribió a su consejero Ramon Sagarriga, gobernador de los condados de Rosselló y Cerdanya, para indicarle que se debían entregar 8.000 florines anuales a la reina viuda en virtud de la asignación que le había hecho.64 Nunca se llegó a hacer efectiva dicha promesa. A mediados de enero del año 1414, Margarita de Prades escribió al maestre de la orden de Montesa, a Bernat de Corbera y a Ferrando de la Vega para expresarles su agradecimiento por las buenas obras que tenía constancia que estaban llevando a cabo en relación con «los afers los quals nós havem en aquexa illa», y les rogó que siguieran trabajando en ellos hasta que se hiciesen efectivos de acuerdo con la justicia. Les informó de que el monarca había enviado una patente a diversos oficiales suyos en el reino insular en la que les exigía que le pagasen los 2.000 florines que le había asignado el 5 de abril anterior, solicitándoles que «vullats trebayllar sobre lo fet del moble e joyes qui aquí són qui foren del rey de Sicília, les quals aprés pertangueren al senyor rey, a qui Déus haja, los quals aprés nos ne feu donació». Además, les hizo saber que el monarca, «per les gran messions les quals li han convengudes fer aquest any, no·ns ha complidament poscut donar ço que promès nos havia per sustanir nostre stat».65 A pesar de todo lo dicho, la reina viuda dirigió otra carta a Pelegrí de Soler, con un tono más bien reprensivo, en la que le ordenó que no se pagasen 200 florines a Bernat de Corbera por sus servicios de la asignación que había de recibir, sino más adelante, de la venta de ciertos bienes muebles cuando se lograse recuperarlos.66. Una semana más tarde, sabemos que la reina viuda tenía intención de ir a Zaragoza para asistir a la coronación del rey Fernando,67 pero, según afirma en una carta, debido a «la necessitat en què som de diners, no podem acórrer als de Casa nostra per lurs despens», motivo por el cual solicitó a Juan de Luna que entregase 60 florines a su hermana Violante para que la pudiese acompañar.68 Quería aprovechar el viaje para arreglar «nostres afers» en dicho reino, los cuales no aclara pero que, muy probablemente, tenían que ver con aquellos 2.000 florines (o 20.000 sueldos jaqueses) «que·ls aldeans de Darocha nos havien a donar per lo quart».69 Ese era el motivo por el que envió a su procurador Llorenç Salvador para pleitear la causa ante el Justicia de Aragón, «com se diga que en altra manera no $\cdot _ { \mathrm { ~ S ~ } }$ pusquen haver».70 Después de haber escrito al rey sobre esta misma cuestión, solicitándole que se administrara justicia con celeridad «com sia necessària cosa a nós specialment per la fretura e afany que passam», la reina viuda también se dirigió a Berenguer de Bardaxí pidiendo su implicación en el hecho con diligencia, «car nostra necessitat és tanta que no podem pus, majorment car lo senyor rey no·ns attèn ço que promès nos ha de donar cascun any per nostre vida e stat».71. Transcurridos apenas dos días, Margarita de Prades decidió dirigir una extensa misiva al rey plagada de reproches y exponiéndole su difícil situación. Le acusa de que, debido al incumplimiento de sus promesas, está viviendo grandes penurias, y le recuerda, detalladamente, que todavía no ha percibido los 3.600 florines pendientes de la primera anualidad, recriminándole que ni siquiera había recibido los 600 florines que le había mandado dar en Navidad, y que tampoco le han llegado aún los 2.000 florines de Sicilia, ni los 2.000 de la Comunidad de Daroca. Tras solicitarle que no la haga vivir con tanta miserabilidad, teniendo que pedir, como si de limosna se tratara, aquello que era necesario para su vida, le advierte que le seguirá allá donde vaya para que así, al menos, pueda recibir el amparo de la Casa real, y le vuelve a recriminar que la haya desposeído, mediante acto de Corte, de las asignaciones que el rey Martín le había hecho en Aragón, algo que considera totalmente insólito e injusto. Si bien dicha carta ha sido publicada en alguna ocasión, y más allá de la exposición resumida de algunos de sus principales puntos, creo que la riqueza e interés de sus contenidos son tan elevados que se justifica plenamente su transcripción íntegra: La Reyna Margarita. Molt alt e molt excel·lent príncep e poderós senyor, molt car e molt amat nebot nostre, si los afanys e fretures los quals havem en sostanir nostre stat e vida a vós no eren manifestats o per nós personalment o per nostres letres o per mijanes persones, creem que vós no hauríets tant càrrech en no sotsvenir-nos en aquells, als quals creem sóts tengut, com haurets pus ne siats certificat. On, molt alt e molt excel·lent príncep e poderós senyor e nebot nostre molt car e molt amat, vos certificam que per ço com per vós no·ns és complit ço que ab vostra carta e en fe vostra nos havets promès de donar cascun any per la dita rahó, ans, lo qui a nós és assats dolorós de comptar, nos havets cessat lo primer any de complir ço que promès nos havíets, nós vivim e passam ab gran afany e misèria nostra vida e stat, car de $\cdot \mathrm { V I I ^ { M } }$ · florins que de vostres cófrens nos havets promosos (sic) de dar-nos, resten d’aquest any $\cdot \mathrm { I I I ^ { M } D C } \cdot$ · florins, los quals jatsia los nos haguéssets assignats sobre les demandes de la coronació no havem poscuts haver, ans nos és estat respost que per ço com vós, senyor, havets ordonat que no sia feta demanda als hòmens de la Sgléya, que los diners de la dita coronació no bastaran a pagar de la reyna dona Yolant, la qual és primera de la dita nostra dels dits $\cdot \mathrm { I I I ^ { M } D C } \cdot$ florins; ne pijor és, no havem haüts \los/ ·DC· florins los quals dels dits ·IIIMDC· florins nos havíats manats donar per les festes de Nadal passades, responent-vos que la letra no basta en dar-los-nos; és axí mateix ver que no havem haüts los $\mathrm { I I ^ { M } }$ · florins de Sicília, ne los ·IIM· florins que·ns havien a donar los aldeans de Darocha per ·II·I· quart, les quals totes quantitats creem vós pensats hajam haüdes; per què us pregam e supplicam a vós molt affectuosament que, per esguard e reverència de nostre senyor Déus, per lo qual vós sóts lo rey en la terra, e considerant nostra viduïtat e stat, e de qui som stades muller, ne lo grau de consanguinitat que havets ab nós, vós vullats fer no visquam ab aquesta miserabilitat tant gran e que vullats ordonar hajam manera de no haver-vos a demanar almoynant ço que per nostra vida havem mester, car si axí havem a viure, convendrà·ns, e axí u havem en propòsit de fer-ho prestament, que anem llà on vós siats e de seguir-vos continuadament, creents que com en casa vostra siam nos darets alguna manera la vida. Lo senyor rey marit e senyor nostre, a qui Déus dó sant repòs, nos cuydave haver ben provehides en nostra vida per les assignacions que·ns havie fetes en Aragó, les quals, ab acta de Cort, nos havets levades, nós no oydes ne appellades, qui és cosa may no hoyda que reyna, mort lo rey, sia stada desposada de la Cambra de tot. Sia beneyt. Déus, al qual plàcia per sa misericòrida e pietat vos vulla metre $\scriptstyle \left| \exp \right|$ cor e voler que vullats donar loch e manera no visquam en semblant manera; e no sens rahó de açò stam desolades o pahorugues, pensants pensa com en aquest temps passat, en lo qual havets grans e moltes quantitats <havets> de la terra, nos havets axí exoblidades en ço que per nostra vida nos havets promès de donar, e tpts temps viurem axí entrò nos hajats o les dites rendes restituïdes o altres en loch d’aquelles assignades. Aquestas totes coses a vós notifficam, pregants e supplicants-vos hi vullats provehir a honor vostra e consolació nostra; e plàcia a nostre senyor Déus que us vulla donar longa vida e bona, seny e saber, ab los quals, a laor e glòria sua, puscats regir e governar los regnes e terres per ell a vós comanats, ab exalçament de vostra Corona e victòria de vostres enamichs. Data en Barchelona, sots nostre segell secret, a X de ffebrer, any MCCCCXIIII. La reyna Margarita. Al molt alt e molt excel·lent príncep e poderós senyor, molt car e molt amat nebot nostre, lo senyor rey.72. A pesar de que conocemos mucho mejor el itinerario del rey Fernando de Trastámara que el de Margarita de Prades,73 su cotejo permite demostrar que, en gran parte, coincidieron en diversas villas y ciudades (tales como Morella, Montblanc, València, Perpinyà o Barcelona), por lo que es de suponer que la reina viuda hizo efectiva su amenaza. Otro elemento a resaltar de la carta es el lamento y la queja por recibir lo poco que le llegaba de las asignaciones reales después de la reina Violante de Bar, evidenciándose la rivalidad entre ambas reinas viudas que coexistieron en el tiempo.74 Ante esta nueva situación, motivada por el cambio de actitud, mucho más activa y beligerante, de Margarita de Prades frente al monarca, no es de extrañar que decidiera escribir al consejero y conservador de los dominios reales, Joan de Ribesaltes, para exigirle directamente que de las demandas de la coronación del rey le entregase 600 florines, «paga de IIIM DC florins, los quals nos resten de aquest any d’açò que·ns ha a donar [el rey] per nostra provisió».75. El 8 de marzo siguiente, el maestro portulano del reino de Sicilia, Ferrando de la Vega, escribió a la reina viuda para asegurarle que a lo largo del mes de agosto próximo iba a recibir las 70 onzas pendientes de la asignación de la primera anualidad que finalizaba el 5 de abril, una vez descontadas las 30 que se habían entregado a Bernat de Corbera por sus servicios. En total, Margarita de Prades tenía que percibir 300 onzas (equivalentes a unas 1.185 libras y con un valor ligeramente superior a los 2.000 florines de oro de Aragón). El último día de julio, la reina viuda escribió al mercader genovés «Pere Palomar» para que le hiciese llegar las 200 onzas de oro que le iba a entregar uno de sus procuradores, pidiéndole que entregase 55 libras a la mujer de su secretario, Pere Suau, y el resto (734 libras) a su mayordomo, Joan de Montbui. A este último le notifica que ha recibido parte del dinero de Sicilia y que, a pesar de haberle prometido a Bernat de Cruïlles que lo utilizaría para quitar unos censales, le solicita que le envíe una carta pidiéndole paciencia, «perquè puscham supplir a la necessitat que a present havem», y decirle que lo haría con el siguiente envío, que esperaba recibir en agosto o septiembre, o bien de los 2.000 florines que tenía que recibir de parte del rey provenientes del «quart de Darocha, lo qual ell nos ha atorgat que ha reebuts».76 Finalmente, el dinero prometido por Ferrando de la Vega, a pesar de la insistencia expresada por la reina Margarita en distintas ocasiones,77 no llegó en el plazo estipulado y un año más tarde, más concretamente, el 22 de mayo de 1415 le escribió para recordárselo, no solo que se le debían esas 70 onzas, sino que ya se había cumplido la segunda anualidad y todavía tenía que cobrarla completa, por lo que le recrimina que «nos sien degudes CCCLXX onzes», y le insta a que «vullats donar manera, pus vos ha plagut de pendre’n càrrech, que nós les hajam, car gran necessitat les havem, car del senyor rey, attesos los càrrechs que sovén li vé- nen, no podem haver axí com deuríem ço que deçà nos ha a donar», solicitándole que la mantuviese puntualmente informada, «car maravellades stam com no·ns havets scrit gran tepms ha».78 Entretanto, también escribió a su tío, Bernat de Cabrera, pidiéndole que le hiciese saber todas aquellas personas que tuviesen bienes que habían sido del rey Martín en Sicilia precisando qué poseían exactamente y pidiéndole que hiciese librar a su procurador todos los esclavos que tenía previsto enviarle, el cual habría de venderlos en la propia isla y entregarle las ganancias, afirmando que «més amarem los diners que se n’haurà aquí [Sicilia] que si venien daçà [Barcelona]». En un tono muy distinto, sobre este mismo asunto, escribió a Pelegrí de Soler por no estar cuidándose suficientemente de sus intereses, exigiéndole que le escribiera y se informase con premura y se implicara de lleno en «lo fet dels mobles e de les joyes e dels sclaus [...] havent-vos-hi en tal manera que isque aquel profit que possible sia».79 Seguramente alertado por la gravedad de las palabras de Margarita de Prades, Pelegrí de Soler le escribió de inmediato para notificarle que Bernat de Corbera se volvía a Barcelona y que hacía falta nombrar a un nuevo procurador para sustituirle en sus funciones. Los elegidos fueron dos: el mercader Jaume Massana, destinado a Sicilia, y el doncel García de las Heras, para poder recibir los bienes y joyas que habían pertenecido al rey Martín el Joven y que se hallaban en el reino de Cerdeña.80 Margarita de Prades escribió de nuevo a Pelegrí de Soler para recriminarle que hubiese permitido que se le pagara una suma tan elevada a Bernat de Corbera por unos servicios absolutamente infructuosos («sien stats despesos CC florins sens del moble res ne ha exit»). Aprovechó la misiva para aclararle que la donación causa mortis del rey Martín fue hecha de palabra y que, al día siguiente,81 se hizo la carta correspondiente, notificándole también que no iba a cobrar por sus trabajos del primer pago procedente de la isla, sino del segundo. En idéntica fecha, la reina viuda escribió al secreto de Palermo, Nicola Subtili, para decirle que le iba a pagar las 5 onzas, 16 carines y 8 granos que se había gastado en unos confites y panes de azucar que le había mandado desde la isla, instándole a que «prestament hajam nostra assignació».82. Una parte del dinero que Margarita de Prades recibió de Sicilia en julio la gastó al mes siguiente para pagar a «en Turell» la pensión de un censal (100 florines) y a «en Costa», para la elaboración de una cadena de oro, así como a los mercaderes «Guillem del Portici» y «Girardo Catani» para saldar otro préstamo de 100 florines y una deuda que ascendía a 23 libras, 19 sueldos y 3 dineros por una pieza de tela de aceituní.83. El 24 de septiembre, Benedicto XIII confirmó a la reina viuda la concesión de una pensión anual de 2.000 florines de oro de Aragón sobre los diezmos y beneficios pertenecientes al pontífice y a la Cámara Apostólica en las iglesias y diócesis de Tarragona y de València, la cual sería pagada en dos mitades a percibir en las fiestas de Navidad y de la Asunción de la Virgen.84 Antes de acabar el año también parecía desencallarse la cuestión del dinero que aún se le debía de la asignación real sobre la Curia; la reina viuda escribió a Bernat de Cruïlles para informarle de que había sido autorizada la cesión de los 3.200 florines que finalmente tendría que recibir de la recepción del coronaje del rey Fernando, los cuales esperaba poder cobrar a lo largo del mes de febrero siguiente;85 todo parece indicar que finalmente no fue así, pues a finales de febrero de 1415 Margarita de Prades dirigió una carta al rey Fernando I sobre «alguns grans et assenyalats prejudicis a nós fets» y le envía a Bernat de Gallach en su nombre para que «de nostra part los vos splique».86 A esos agravios pronto se sumaron otros relativos a la retención de las rentas de Margarita de. Prades en la Albufera por parte del baile general del reino de València, rompiéndose así el juramento que le había hecho «de fer-nos tenir sens algun prejudici nostra Cambra e los capítols del rey Martí».87. En este contexto, encontramos nuevos testimonios documentales relativos a unas deudas cada vez más asfixiantes. Así, mientras que, por un lado, se estaba dirimiendo una causa judicial entre uno de los procuradores de Margarita de Prades y un acreedor del rey Martín el Humano, por una deuda de 1.000 florines, reteniéndose como caución algunos bienes muebles del rey que no se precisan;88 por otra parte, enviaba a otro procurador para que lograse retrasar el cobro de la pensión de un censal que tenía que pagar pronto su madre y al que no podía hacer frente hasta que no recibiera nuevos ingresos («fins que·ls dits diners se reeben»);89 notifica que debe a Antoni Tallander, álias mossèn Borra, 94 florines de oro de Aragón por unas compras y un préstamo;90 y recibe el recordatorio de su tía, la abadesa de Valldonzella Constança de Cabrera, de que le debe 200 florines de oro.91 A todo ello se sumó la petición del veguer de Barcelona al rey Fernando I pidiéndole poder ajusticiar a Joan Ortells, el cual «és aquí en València, en casa de la dita senyora reyna Margarita, e lo qual [...] és ja delat de fer florins falsos e cartes falses».92. Todas estas circunstancias provocaron una nueva oleada de cartas emitidas por la reina viuda a distintos personajes, tales como el obispo de Huesca, el almirante o el adelantado mayor de Castilla, rogándoles con afecto que, en lo relativo a las cantidades que se le debían sobre la secrecía de Palermo, «vós fassats nós na siam prestament contentada».93 También se dirigió a su primo, Bernat de Centelles para exponerle la situación con mayor detalle: «de la nostra assignació [...] no havem encara reebuts ·LXX· onces qui·ns resten a compliment del any qui finí a ·V· de april de MCCCCXIIII, et tota la anyada qui ha finit are, a ·V· de april prop passat, axí que és en tot ·CCCLXX· onces», pidiéndole que hiciera todo lo posible para que «nós les hajam com ans puscats, com los hajam de gran necessitat». Asimismo, le notificó que el rey le había concedido otros 2.000 florines provinientes de Sicilia como parte de los 8.000 que debían proceder de la Curia real, solicitándole que le informase sobre «si ha manera que·ls puscham haver o no».94 Apenas transcurrido un mes, Margarita de Prades volvió a escribir a su primo insistiendo en que dedicara todos sus esfuerzos en hacer progresar las cuestiones relativas a la percepción de la asignación real, solicitándole «que vós façats que en tota manera hajam diners, car gran és la necessitat, axí com sabets, que n’havem».95 Con un tono bastante más reprensivo, la reina viuda se dirigió a Ferrando de la Vega para recriminarle que a pesar de haberle notificado que en breves días le enviaría el dinero de su asignación en el reino de Sicilia, y habiendo sido informada de que en realidad ya lo tenía en sus manos, todavía no disponía de él, exigiéndole que sin falta, «al pus tost que porets, nos vullats tremetre los dits diners».96. Pero, ante una situación tan desesperada, Margarita de Prades no se conformó con el envío de procuradores97 y misivas, sino que, aprovechando la ausencia del monarca, se personó ante las Cortes del reino de València para denunciar públicamente –se especifica claramente en el proceso que «proposà de paraula»– que el rey Fernando no le entregaba las asignaciones de rentas y derechos que había recibido por concesión del rey Martín, motivo por el cual pasaba «gran fretura e pobresa», pidiendo a los tres brazos reunidos en la Asamblea que «attès que era stada muller de lur rey e senyor, e considerat que no havia altre de què·s posqués sostenir, volguessen supplicar lo senyor rey que fos de sa mercè li volgués donar e tornar, o fer tornar, ço que lo rey en Martí li havia promès e donat»; además, solicitó que se le concediera un nuevo préstamo de 3.000 florines «atteses ses instants necessitats». Oídas sus palabras, el obispo de València respondió, en nombre de todos los presentes, que sobre tales cuestiones «la dita Cort del·liberaria prestament ço que rahonablement fer e enseguir se posqués».98 No tenemos constancia de que hubiese ninguna determinación al respecto. Una vez más, fue el papa Luna quien salió al rescate de la reina Margarita, pues le otorgó una nueva bula para que pudiese mantener con mayor decencia su estatus. Con ese fin, le concedió que la asignación de la pensión de 2.000 florines anuales que le había hecho el 24 de septiembre de 1414 sobre derechos y rentas provinientes de los diezmos y de los beneficios en las ciudades y diócesis de Tarragona y València se ampliara, con el objetivo de evitar dificultades en el pago, a los derechos y rentas pertenecientes al pontífice y a la Cámara Apostólica dentro de los reinos y tierras sujetas al rey Fernando de Antequera.99. Pocos días después de la emisión de la bula, Margarita de Prades escribió al Sumo pontífice para informarle de que las Cortes valencianas se habían interrumpido sin que el monarca hubiese obtenido ningún tipo de donativo, y que en relación con la petición al rey de «posar nostre fet en degut stament, nos ha dit que no ho podia fer, e sens que subvenció alguna no·ns ha feta se n’és anat». $^ { 1 0 0 } \mathrm { E l }$ monarca se dirigía a Perpinyà para acudir a las Vistas que tenían que celebrarse en esa ciudad catalana junto con otros monarcas y el rey de romanos Segismundo para intentar poner fin al Cisma de la Iglesia occidental.101. Sabemos que la reina Margarita también pretendía ir, y por ello le pidió ayuda al papa Benedicto XIII para poder emprender el viaje con sus galeras y, mediante su intercesión, «intentar finar los dits nostres afers».102 Sin embargo, en esta ocasión, el pontífice no respondió a su petición de ayuda y la reina viuda se vio obligada a hacer el trayecto desde València hasta Perpinyà a lomos de una mula.103. Los meses en los que Margarita de Prades estuvo en la capital del Rosselló fueron realmente intensos. Allí tuvo ocasión de participar en fiestas y veladas literarias, y conocer personalmente a algunos de los principales dignatarios de su tiempo, en los que dejó huella si tenemos en cuenta la relación epistolar que mantuvieron desde entonces. Fue precisamente en Perpinyà donde se afianzó su fama de dama «bella y gentil», convirtiéndose en musa para algunos poetas especialmente renombrados, como Oswald von Wolkenstein, Jordi de Sant Jordi, Lluís Icard, Arnau March, Arnau d’Erill, Pedro de Santa Fe o Íñigo Ló- pez de Mendoza (el Marqués de Santillana).104 Y también en ese escenario presenció, el día de Reyes del año 1416, el sermón de fray Vicente Ferrer mediante el que se promulgó la separación de la obediencia al papa Benedicto XIII. La reina Margarita envió una carta a su tío Lluís de Prades, el obispo de Mallorca y camarlengo del pontífice, explicándole detalladamente la ceremonia de sustracción,105 y a pesar de que no lo especifica en su misiva, según el padre Diago, en su prédica, el fraile dominico hizo responsable a la reina viuda del orgullo y la tozudez del papa Luna, que no quiso renunciar a la tiara, provocando el llanto amargo y la posterior penitencia de la de Prades.106 No sería de extrañar que Margarita llorase, pues con dicha declaración perdía a uno de sus más preciados valedores. Durante esta etapa, el volumen de cartas relativas a la gestión de «sus asuntos» y donde la reina viuda solía expresar, con mayor o menor intensidad y detalle, sus aprietos económicos, se redujo considerablemente, intensificándose de nuevo en el momento en que decidió abandonar, con enorme dificultad, la ciudad rosellonesa, a mediados de febrero del año 1416.107. Fue entonces cuando escribió a los dos hijos del rey Fernando. Por un lado, al infante Juan le notificó que su padre, a pesar de seguir estando muy delgado, había mejorado de la enfermedad que padecía y le recuerda, en calidad de virrey de Sicilia, la asignación que el monarca le había hecho anualmente de 2.000 florines de oro de Aragón sobre la secrecía de Palermo y de otros 2.000 sobre los cargadores de distintos puertos, como el de Castellammare, pidiéndole que «vullats fer hagem ço qui degut nos és per la dita raó, majorment com no hajam quaix altre de què·ns puscham sostanir».108 Por otro lado, al infante Alfonso le escribió para hacerle saber que su promesa de socorro no se había llegado a notificar a sus oficiales, motivo por el cual le pedía que «havent compació en nostra necessitat, qui al present és molt gran e tal que manera no havem ab què puscham axir d’aquesta vila [Perpinyà], vullats fer-nos lo dit socors».109. Así pues, a pesar de que el rey Fernando había escrito, a instancias de Margarita de Prades, al infante Juan110 y al tesorero del reino de Sicilia que «vol nós ésser pagada ans de totes altres assignacions e de qualsevol necessitats de la sua Cort», lo cierto es que los progresos en ese sentido fueron mínimos, hasta el punto de que la reina viuda se lamentaba de que «nostres fets aquí [Sicilia] stan axí adormits»;111 unos hechos en los que «no havem res finat ne fet ab lo dit senyor rey»,112 –siendo este uno de los principales objetivos de su viaje al norte– y en los que nada más pudo hacer, puesto que el monarca halló la muerte en Igualada al cabo de pocas semanas. Figura 2. Representación de la muerte del rey Fernando de Antequera en el Salterio-Libro de Horas de Alfonso el Magnánimo (British Library, Add MS 28962, f. 383v) [Wikimedia Commons] La situación financiera de la viuda de Martín el Humano siguió siendo muy delicada, e incluso más agobiante si cabe, a lo largo de los años sucesivos. De todos modos, el acceso al trono de Alfonso el Magnánimo y María de Castilla supuso un cambio sustancial en lo que se refiere a la implicación y al interés de los nuevos monarcas hacia Margarita de Prades, tal como podrá comprobarse en la segunda parte de este artículo. 4. Referencias 4.1. Fuentes. ACRA [=Acta Curiarum Regni Aragonum]. Tomo VIII: Cortes del reinado de Fernando I. Ed. José Ángel Sesma Muñoz. Zaragoza, Gobierno de Aragón – IberCaja, 2011. Acta Negotii Perpiniani. Documentos del Archivo de la Corona de Aragón referentes al encuentro de Perpiñán del año 1415. ed. Alberto Torra, Zürich, Lit Verlag, 2017. Bulario Aragonés de Benedicto XIII. 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22,912
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
El jueves de Cutanda, 900 años después. Estado de la cuestión y nuevas aportaciones sobre la batalla más importante de la expansión feudal del Valle del Ebro y sobre el ejército de Alfonso I El Batallador: The Thursday of Cutanda, 900 years later. State of the play and new contributions about the most important battle of the feudal expansion of the Ebro valley and about of the army of Alfonso I the Battler
EL JUEVES DE CUTANDA, 900 AÑOS DESPUÉS. ESTADO DE LA CUESTIÓN Y NUEVAS APORTACIONES SOBRE LA BATALLA MÁS IMPORTANTE DE LA EXPANSIÓN FEUDAL DEL VALLE DEL EBRO Y SOBRE EL EJÉRCITO DE ALFONSO I EL BATALLADOR. THE THURSDAY OF CUTANDA, 900 YEARS LATER. STATE OF THE PLAY AND NEW CONTRIBUTIONS ABOUT THE MOST IMPORTANT BATTLE OF THE FEUDAL EXPANSION OF THE EBRO VALLEY AND ABOUT OF THE ARMY OF ALFONSO I THE BATTLER. Darío ESPAÑOL SOLANA Universidad de Zaragoza ORCID: 0000-0002-0841-5732 email@example.com. Resumen: Presentamos un análisis y nuevas aportaciones al hecho de armas más importante durante la expansión feudal en el valle del Ebro en la Plena Edad Media, la batalla de Cutanda. Así mismo, realizamos una valoración de todo lo publicado en las últimas décadas respecto a la batalla, atendiendo a las interpretaciones de lo sucedido y a las últimas iniciativas e investigaciones. El trabajo, lejos de constituir únicamente una revisión de las fuentes y la bibliografía, profundiza en el estudio, como novedad, del fenómeno bélico desde una perspectiva historiográfica actualizada, focalizando la investigación en revisar y aportar nuevas conclusiones sobre la batalla y en conocer cómo era el ejército de Alfonso I el Batallador en 1120 en relación con la capacidad de leva y organización almorávide durante el mismo periodo. Asimismo, y como eje vertebrador, se ofrecen planteamientos para el tratamiento pragmático y organizativo de la guerra en la Plena Edad Media del sector nororiental de la Península Ibérica. Palabras clave: guerra medieval; Reconquista; Alfonso I el Batallador; reino de Aragón; valle del Ebro. Abstract: We present un analysis and new contributions to the most important battle during the feudal expansion in the Ebro Valley in the Middle Ages: the Battle of Cutanda. We also made an assessment of everything published in recent decades regarding the battle, taking into account the interpretations of what happened and the latest initiatives and research. The work, far from constituting only a review of the sources and the bibliography, delves into the study, as a novelty, of the warfare from an updated historiographic perspective, focusing the research on reviewing and contributing new conclusions about the battle, and on knowing how was the army of Alfonso I the Battler in 1120 in relation to Almoravid recruitment and organization during the same period. Likewise, and as a backbone, proposals are offered for the pragmatic and organizational treatment of warfare in the High Middle Ages of the northeastern sector of the Iberian Peninsula. Keywords: medieval warfare; Reconquista; Alfonso I the Battler; kingdom of Aragón; Ebro Valley. 1. Una revisión del relato del hecho de armas en su contexto estratégico: las fuentes y la bibliografía1. El 17 de junio de 1120, en algún lugar al norte del iqlim de Cutanda —actual provincia de Teruel— y en torno al hisn del mismo nombre, tuvo lugar uno de los hechos de armas más importantes de la expansión feudal del valle del Ebro y del sector nororiental de la Península Ibérica. Su retraído tratamiento por parte de las crónicas y las interpretaciones historiográficas contemporáneas han hecho de él, a pesar de su beligerancia y significación, un acontecimiento mal conocido y hasta cierto punto desplazado del relato expansivo, amparado este en un modelo de conquista sucesiva del territorio islámico. Tras rendir Zaragoza en diciembre de 1118, el ejército cruzado de Alfonso I el Batallador tomó Tudela en marzo de 1119 y Tarazona en el otoño de ese año, y dotó de fueros a Belchite en diciembre, estableciendo la foralidad del territorio recién conquistado en la rivera derecha del Ebro. El rey debió pasar el invierno en el valle medio, dado que en marzo de 1120 repobló Soria y esa primavera, por estímulo de unos de sus aliados, los gascones, se dispuso a conquistar los valles del Jalón y del Jiloca, estableciendo sitio a Calatayud. Ibrahim ibn Yusuf ibn Ta’yyasht, que había sido nombrado por el emir Alí ibn Yusuf — su hermano— gobernador de Sevilla en 1118 y a la postre máximo dirigente político y militar de Al-Ándalus en su ausencia, pone en marcha en el invierno de ese año una respuesta contundente ante los avances cristianos sobre la Marca superior. Todo indica que la desventaja numérica había sido la responsable de las dos fallidas respuestas anteriores: en septiembre de 1118, el wali de Granada, ‘Abd Allah ibn Mazdali, sortea el sitio zaragozano con un contingente de socorro y se establece en Tudela, al noreste, para tratar de reforzar a los asediados, pero le sorprenderá la muerte en noviembre; unas semanas después, es Tamim ibn Yusuf, el victorioso de Uclés y hermano del emir, quien desplaza un contingente desde Valencia —donde ejercía entonces el valiato— hasta las inmediaciones del campamento cruzado —en María de Huerva, según Zurita—, pero su inferioridad hace que se retire sin presentar batalla ante las protestas de los ulemas congregados. 2 En esta ocasión, Ibrahim ibn Yusuf recluta un ejército con probables mayores garantías de éxito a partir de las guarniciones gubernativas de Granada, comandados por Abu Muhammad ibn Tinagmar; 3 del hasd de Lérida, bajo el caíd Ibn. Zarada; de Valencia y Murcia, acaudilladas por Abu Ya’qub Yintan ibn Alí, hijo del emir y wali de Levante, 4 y del hasd de Molina, bajo las órdenes del andalusí Azzun ibn Ghalbun. Alfonso I el Batallador, enterado del avance del ejército musulmán, abandonó el asedio de Calatayud y le hizo frente con un ejército compuesto por sus propios vasallos, apoyado por un contingente de caballería reclutado por el duque de Aquitania, Guillermo IX el Trovador, quien había cruzado el Pirineo en mayo de ese mismo año 1120. El hecho de armas tuvo lugar en el territorio indicado, y supuso una estrepitosa derrota para las tropas combinadas de almorávides y andalusíes. Hasta ahora, apenas se ha realizado una aproximación reflexiva al desarrollo de la batalla, ni a las disposiciones tácticas que se llevaron a cabo o a las condiciones en que se produjo el choque fatal para el ejército islámico. Las consecuencias han sido narradas convenientemente. Quedó para Alfonso I expedito el control de la margen derecha del Ebro, desde el Sistema Ibérico hacia el Levante, así como los objetivos orientales hasta la desembocadura de este. Calatayud y Daroca capitularían días y meses después; los diplomas del reinado del Batallador mostrarán a partir de entonces que los objetivos militares serían Tortosa y Valencia. De los autores contemporáneos fue Codera el primero en hablar de Cutanda. 5 No obstante, el estudio de las fuentes y la reconstrucción de los hechos desde el ámbito académico hispano fue tomando forma a lo largo del siglo XX a partir fundamentalmente de los estudios engarzados, por un lado, en la conformación del relato vinculado a la reconquista y repoblación del valle del Ebro; y, por otro, con arreglo a la propia construcción historiográfica musulmana peninsular. En el primer caso, son los trabajos de Lacarra6 y Ubieto7 los que han marcado las líneas fundamentales desde los setenta y principios de los ochenta. Posteriormente, la obra de Lema Pueyo, 8 capital en la reunión de fuentes del reinado del Batallador y su construcción historiográfica, ha consolidado las bases de este relato. El hecho ha sido abordado también en otros trabajos monográficos como el de Cañada Juste, 9 que se lanza a una reconstrucción de lo sucedido y centra su argumento, entre otras cosas, en fijar el día exacto en que tuvo lugar. Desde la perspectiva de la historia musulmana son las publicaciones de Codera —ya citadas—, de Huici Miranda10 y de Viguera11 las principales al respecto. Conviene considerar también en este somero repaso las referencias a la batalla que se hacen en la obra de Lagardère, 12 a partir de la propia perspectiva de la historia almorávide; o las de Tucoo-Chala, 13 desde un prisma influenciado por la participación bearnesa en el conflicto. A partir de este contexto, y aludiendo a periodos recientes, se han reavivado los esfuerzos por conocer el desarrollo de la batalla y por localizar el campo donde tuvo lugar a partir de iniciativas locales y asociativas que han traído el conflicto nuevamente a la actualidad. Así, los trabajos de Ibáñez, Sáez y Casabona, 14 conjuntamente con la iniciativa de la asociación y proyecto Batalla de Cutanda, han profundizado, por un lado, en estudiar el itinerario que siguió el ejército almorávide en la provincia de Teruel, recogiendo la hipótesis que ya indicara Ubieto; 15 y, por otro, en la localización del campo de batalla en las inmediaciones de la pedanía de Cutanda, perteneciente al municipio de Calamocha. Para ello se han llevado a cabo campañas de prospección arqueológica en superficie desde 2017 a partir del uso de las nuevas tecnologías, contando con el apoyo de la Compañía de Desactivación de Explosivos del Regimiento de Pontoneros de Zaragoza, y se han realizado 104 sondeos como apoyo a las prospecciones geofísicas previas. Todos estos trabajos han servido para encontrar más de 7000 piezas en una superficie de 20 hectáreas, fundamentalmente de cerámica de varias épocas, que impelen a los investigadores a seguir con las campañas con el objeto de encontrar evidencias garantistas de carácter militar, como restos tecnológicos concretos —metálicos, principalmente— o posibles fosas de enterramiento de cadáveres, de las cuales todavía no se tienen evidencias. Es necesario no obstante hacer un ejercicio de revisión, ampliación y, sobre todo, problematización de este hecho histórico fundamental para la historia de la guerra en la Edad Media y la expansión feudal en el panorama peninsular. Nos interesa a este respecto no solo desmenuzar el relato del choque de armas en su contexto estratégico y organizativo, sino poner el foco aquí en las fuentes utilizadas y la interpretación que se ha realizado hasta la fecha, pues existen algunas de ellas que, a pesar de ser las más cercanas cronológicamente, se han tenido en menor consideración que otras. De entre las cristianas que describen el conflicto la más próxima en el tiempo a los hechos es la aquitana Crónica de Saint Maixent, 16 pues se termina en 1140. De los anales conservados, las Coronicas Navarras, 17 los Anales navarro-aragoneses hasta $I 2 3 9 ^ { 1 8 }$ —como continuación de los anteriores— o los Anales Toledanos Primeros19 atestiguan y fechan el hecho de armas; y de los Anales Compostelanos20 nace el argumento de que el Batallador puso sitio previamente al castillo de Cutanda. La Crónica de San Juan de la $P e \tilde { n } a ^ { 2 1 }$ (versión aragonesa), del siglo XIV, también refiere lo sucedido, dando algún dato inexacto. Posteriormente Zurita embebe la narración de lo sucedido en el mismo contexto del asedio a Zaragoza, relacionando el encuentro con el socorro almorávide de diciembre de 1118. 22 Juan Briz problematiza esta cronología en 1620 y diserta sobre la matanza ocurrida y la importancia del choque aportando datos mucho más ajustados. 23 Y en 1640 Pierre de la Marca, en su Historia de Bearn, 24 afina en su ubicación cronológica, indicando que el Batallador puso en fuga al ejército musulmán —aunque mezcla en este hecho la incursión posterior franco-aragonesa en el Levante. Las fuentes musulmanas merecen una atención especial. De entre las que los historiadores contemporáneos se han servido para narrar lo sucedido encontramos el Mu’yam al-Buldan, 25 de Yaqut al-Hamawi al-Rumi, concluido hacia 1228; el Al-Kamil fi l-Tariẖ, 26 de Ibn Al-Atir ʿIzz al-Din ʿAli ibn Muḥammad, una historia del mundo que finaliza en 1231; o la gran obra para el conocimiento de Al-Ándalus como es el Kitāb al-bayān al-muġrib fī ājbār mulūk alāndalus wa-l-maġrib, más conocido como Al-Bayan al-Mughrib, 27 escrito por Ibn ‘Idari al-Marrakusi en torno a 1312. 28 También se ha usado frecuentemente el relato de Ahmed Mohamed al-Maqqari contenido en su obra Nafh at-tib min gusn al-Andalus ar-ratib wa dikri waziriha Lisan Addin b. Al-Hatib, 29 compilada en el primer tercio del siglo XVII. Antes, en 1573, no obstante, el arabista hispano Luis del Marmol Carvajal también recoge lo sucedido en su descripción general de África. 30. Ahora bien, sobre algunas de tales fuentes hay que acotar algo preciso. Yaqut alHamawi era sirio y compuso su obra a partir de otras anteriores: no tuvo contacto directo con testigos de la batalla ni con historiadores que lo habían tenido; igual que Ibn Al-Athir, cronista —probablemente— kurdo nacido en Anatolia. Estos autores, a pesar de escribir cien años después de lo sucedido, lo hicieron a través de fuentes magrebíes o andalusíes de las que habían tenido conocimiento. Lo mismo que Al-Maqqari, que recoge en el siglo XVII en su obra una larga tradición de fuentes, algunas de las cuales hoy han desaparecido. Un análisis ecdótico de sus relatos nos lleva a reflexionar que tales cronistas orientales usaron como fuente los repertorios biográficos de autores andalusíes cercanos al hecho de armas. Es el caso del levantino Abū ‘Abd Allāh Muḥammad ibn al-Abbār (1199-1260), con las obras at-Takmila fi kitab as-sila, y, sobre todo, Mu'ŷam fi ashab Abu ‘Ali asSadafi. La primera es una ampliación a la obra del cordobés Khalaf ibn ‘Abd al-Malik ibn Bashkuwāl (1101-1183), contemporáneo al encuentro de Cutanda, que escribió Aṣ- ṣila fī ta'rīḫ a'immat al-Andalus, y que también aporta información de personajes que estuvieron en él. Del mismo modo hay que aludir a la obra del ceutí Al-Qadi ‘Iyad ibn Musa (1083-1149): Al-Gunya fī asmā' Šuyūji-hi. Estas fuentes aportan datos sobre lo sucedido en la batalla, que además sirvieron para los cronistas posteriores antes mencionados. Sin embargo, de un tiempo a esta parte no parecen haberse tenido como principales en la construcción del relato. Por ellas conocemos datos elementales, pero también periféricos. Sabemos, por ejemplo, que el ulema ‘Abd al-Raḥīm al-Tuŷībī se vio obligado a huir del castillo de Šumant —junto a Daroca— hacia Murcia inmediatamente después del desastre de Cutanda. 31 O que Al-Sadafi, ideólogo de la movilización de la yihad previa a la batalla, dejó a su hija Jadiya en Murcia teniendo apenas unos meses. 32 Porque el personaje central del hecho de armas, que incluso se erige como nexo de unión entre estas fuentes biográficas, es Abū ‘Alī Husayn b. Muhammad b. Firruh, al-Saraqusti al-Sadafī, Ibn Sukkara (1062-1120), jurista y asceta. Se trata de uno de los ulemas más importantes del periodo, que predicó la yihad desde —al menos— Játiva y Murcia hacia todo el Levante en los momentos previos a la expedición a Cutanda y que murió precisamente en el choque. Ibn al-Abbar dedicó a los integrantes de su escuela coránica el Mu’yam, clave para entender aspectos fundamentales de la batalla. De hecho, el propio Al-Qadi ‘Iyad fue su discípulo. 33 Por el Mu’yam sabemos que el choque definitivo se produjo justo después del salat al−asr u oración de la media tarde, es decir, cercano a la hora vespertina. En él perdió la vida Abu Laila Ahmed ibn Ibrahim34 y otro de los grandes ulemas que acompañaban a Al-Sadafi, Abu ‘Abd Allah ibn al-Faradj. 35 El día en que los fuqaha’ relacionados por Ibn al-Abbar, Ibn Bashkuwal y Al-Qadi ‘Iyad afirman que tuvo lugar la batalla es equívoco, 36 lo que nos que obliga a replantear si existieron varios enfrentamientos o escaramuzas en días distintos durante la aproximación del ejército almorávide antes de la desbandada final. 37 Al-Sadafi se unió a la expedición militar en muharram (abril-mayo), es decir, los voluntarios de la expedición, organizados por él, fueron reclutados en este periodo, un dato interesante para comprender el tiempo general de preparación que empleó Ibrahim ibn Yusuf. La expedición debió constituirse a partir de los cuarteles gubernativos del sur y de ahí hacia Levante, pues el propio al-Sadafi recorrió varias localidades para reclutar a los muttawwa’a o voluntarios. De hecho, por Ibn al-Abbar sabemos que los fuqaha’ e importantes hombres de religión voluntarios de la guerra santa que perecieron en Cutanda fueron treinta, a través de las biografías que reseña. La reflexión crítica en cuanto al uso de fuentes por parte de cronistas islámicos posteriores tiene su punto más álgido, a nuestro juicio, en el relato de al-Maqqari, acaso el más usado contemporáneamente en la interpretación de lo sucedido, pero que juzgamos equívoco. Este afirma que murieron 20.000 musulmanes, procedentes solo de los voluntarios y, por extraño que parezca, ni un solo guerrero del yund regular, lo cual extrae de Ibn al-Abbar, quien dice haberlo tomado a su vez de Ibn Modric al-Gazani, discípulo de Al-Sadafi. Conviene tener aquí cuidado con la literalidad. Pero seguramente la adaptación clave que de Ibn al-Abbar hace al-Maqqari es cuando relata la vuelta a Valencia del ejército, en el que se encontraba el jurista y luego cadí de Sevilla, Abū Bakr Muḥammad ibn ‛Abd Allāh Al-Arabi, quien preguntado por cómo había escapado con vida, responde «Soy como quien ha perdido tanto su tienda como su manto», en referencia a que «perdió todo lo que poseía en este mundo». 38 A despecho de que pueda haber influido la traducción moderna que Gayangos hace del texto de al-Maqqari, 39 Ibn alAbbar refiere las palabras de Al-Arabi de otro modo, que vienen a decir que «escapó aquel que dejó la tienda y la carga». 40 El problema es que se han primado las palabras de al-Maqqari, confusas, y no la fuente de donde las extrajo. Es obvio que tanto la información relativa a los voluntarios masacrados como las palabras de Al-Arabi deben considerarse en su sentido militar mas estricto. La masacre de voluntarios y la retirada del yund regular sin bajas, lejos de tomarse literalmente, debe interpretarse como que el ataque cristiano se centró tácticamente en el grueso de los muttawwa’a, a los que masacró e impelió hacia la desbandada; y la frase puesta en boca de Al-Arabi nos obliga a replantear el modelo táctico del choque, pues que el ataque tuviera lugar antes del ocaso y los supervivientes desbandados se vieran obligados a dejar el campamento solo tiene una explicación: el ejército almorávide fue atacado por sorpresa, lejos de una formación de batalla. 2. El mito de la batalla medieval y los problemas del historiador. Una aproximación a la realidad militar del valle del Ebro en los s. XI-XII. Constituyen seguramente el paradigma de la renovación hispana las tesis de García Fitz relativas a la superación del estudio de la batalla como único modelo historiográfico imperante hasta la segunda mitad del siglo XX.41 El autor recoge la tradición que otros estudiosos del fenómeno militar plenomedieval habían abordado ya para otros espacios europeos, los cuales hacia finales de siglo transigen con la idea que tal reflexión había pasado de ser un planteamiento revisionista a convertirse en la ortodoxia. 42 La guerra medieval, por consiguiente, tiene en la batalla su exponente más extemporáneo. La gran estrategia militar del Medioevo se fundamentaba en la guerra de desgaste y de posición; el choque armado constituía una rareza supeditada a momentos muy puntuales como consecuencia del riesgo político, económico y social que entrañaba. Pero sucede que el hecho de Cutanda representa por diversos motivos una anomalía dentro del mito de la batalla medieval. Desde el año 1000 hasta finales del siglo XII hay documentados 251 conflictos bélicos en el sector nororiental de la Península y el archipiélago balear. 43 De todos ellos, diecinueve fueron enfrentamiento armados entre facciones o ejércitos, de los cuales menos de la mitad podríamos decir que se desarrollaron como batallas campales en su estricto término. Ese mito de la batalla medieval como jalón paradigmático y aislado, que sobrevive en el ideario colectivo como una cuña clavada entre los procesos históricos y que resuena en las conciencias de aquellos que la vivieron, parece no aplicarse al caso del enfrentamiento decisivo habido en Cutanda. Sucede que cronistas e historiadores veían en la batalla un modelo sugestivo cuyo relato, frecuentemente trastocado, se amplificaba y se iba construyendo entre generaciones. Los enfrentamientos campales, como acontecimientos extraordinarios, concitaban demasiados ingredientes políticos, ideológicos, jurídicos y religiosos —incluso vinculados a la hagiografía con la irrupción de santos en ellos—, lo cual explica la singularidad con la que historiadores y cronistas coetáneos y posteriores la han recogido y contado. 44 Todos estos condicionantes, que suponen problemas que el historiador militar enfrenta comúnmente —acaso el de las cifras sea el más notable—, parecen quedar en un segundo plano en el hecho de armas que nos ocupa: Cutanda no necesitó de santos que intermediaran en la victoria; no es preciso confrontar grandes y desbordantes propuestas de cifras enfrentadas; ni su relato heredado se diluye en prolijas descripciones simbólicas, como sí sucede con otros enfrentamiento armados que han construido el acervo histórico hispano, a caballo entre el mito medieval y el suceso abordado con rigoroso pragmatismo en la contemporaneidad. Cutanda sí plantea algunos de los mismos problemas de interpretación que otras batallas, pero no añade histriónicos relatos simbólicos o alegóricos —a pesar de suponer el paradigma de lid campal entre cristianos y musulmanes—, simplemente porque ha ocupado un espacio hasta cierto punto recóndito en el relato —político y militar— de la expansión feudal del valle del Ebro. ¿Por qué? Cierto es que, en otros espacios geográficos europeos cuyas batallas han construido el ideario pasado colectivo, existen fuentes cronísticas coetáneas a los acontecimientos narrados cuyo relato es prolijo en detalles, fabulados o no. En el caso de Cutanda, las fuentes sobre las que se recuesta el relato son en su mayoría posteriores, aunque no es menos cierto que las más cercanas en el tiempo son unánimes al referirse al hecho de armas como «batalla», lo cual no debe extrañarnos ya que todo encuentro militar entre dos contingentes, fuera de grandes o pequeñas dimensiones, campal o no, se embebía dentro de su semántica actual45. La flaqueza con que las fuentes recuerdan el relato es síntoma inequívoco, a nuestro juicio, del modo en que se llevó a cabo; el contrapunto se compulsa al analizar las que nos narran lo sucedido en Zallaqa, Alcoraz, Uclés, Viadangos o Candespina, siendo la mayoría de menor envergadura. Otro de los asuntos a los que se enfrenta el historiador militar del Medioevo es al de las cifras. Cutanda no constituye una excepción. Es ya un argumento abundado por el medievalismo militar la deslealtad de número alguno dado por relatos que narran hechos de armas medievales. Todo ensayo heurístico superficial para acercarse a la realidad numérica de una batalla medieval se ve enfangado por la incertidumbre y el descrédito. No es que las fuentes quieran engañar intencionadamente. De hecho, incluso quienes presenciaron los mismos hechos de armas yerran y procrastinan de esta responsabilidad. La razón estriba en que la noción de número en la Edad Media era muy distinta a la que poseemos actualmente, no solo porque cualquier intento de cuantificación incurría en imposibilidad de exactitud dado el «localismo» y las aptitudes mentales del periodo, sino porque ambos conceptos: «guerra» y «cifras» nos han sobrevenido tan cargados de simbolismo que es imposible tomar cualquier tanteo como verosímil. 46 Existe suficiente literatura dentro del medievalismo militar occidental que trata este problema hermenéutico47; sin embargo, la historiografía que ha abordado el hecho de Cutanda ha colocado las cifras dadas por las fuentes en un lugar destacado, si bien la mayoría de autores ha asumido —obviamente— su improbabilidad. Nos estamos refiriendo a los 12.000 jinetes e «incontables infantes» que cuantifica Ibn Idari, a los 20.000 voluntarios que cita Ibn al-Abbad y repite al-Maqqari, o a los 15.000 «moabitas» que mataron los cristianos48 y los 2000 camellos que les aprehendieron, 49 como señala la Crónica de Saint Maixent.50 En este estudio, la aproximación a las cifras de Cutanda —y en general para los ejércitos enfrentados— se va a realizar considerando otras metodologías y analizando otras fuentes necesarias para el conocimiento militar del periodo. Como veremos, los ejércitos en esta época eran más modestos. 3. El ejército de Alfonso I el Batallador en 1120. Las relaciones feudales y sinalagmáticas entre las élites han constituido uno de los hilos argumentales más destacados de la literatura científica relacionada con el Estado feudal en el valle del Ebro de los siglos XI al XIII. A partir de las últimas décadas del siglo XI, estos vínculos de poder proliferaron como consecuencia de la expansión feudal y la transformación social —muy indicativa esta en el sector catalán—, que implicó el cambio de las estructuras sociales, jurídicas y políticas. En el valle medio la historiografía ha analizado y sentado las bases de estas ilaciones de poder entre tales élites desde hace décadas, caracterizadas por la tutela asumida por la realeza como elemento rector de todo el proceso de señorialización. Al hilo de tal coyuntura adquiere importancia el concepto de tenencia, una realidad feudal característica de los reinos de Aragón y Pamplona; los barones del reino veían satisfechos sus servicios militares y auxiliares al rey con parte del usufructo y la administración delegada de feudos que este les concedía pertenecientes a la honor regalis, cuya propiedad no detentaban, y que, por tanto, les adscribía a una empresa común que se mantendría indisoluble hasta bien entrado el siglo XIII. 51. A la sazón, buena parte de estas relaciones de poder se plasmaban en última instancia en servicios de guerra como obligación fundamental y definitoria de las mismas. Los barones a servicio del rey estaban obligados a la gestión de efectivos militares: su reclutamiento, estipendio, entrenamiento, reunión y mantenimiento ante los hechos de armas. Este amparo de tales estructuras militares activas mancomunaba recursos humanos para la guerra, pero también los recursos materiales y semovientes que esta requería. En este planteamiento general conviene por tanto determinar a qué estuvieron obligados específicamente los barones del reino ante la acechanza del ejército almorávide previa al encuentro de Cutanda; y, lo más importante, sobre quiénes de ellos recaía esta obligación. Analicemos, pues, desde una perspectiva pragmática la naturaleza, estructura y organización del ejército que Alfonso I el Batallador pudo reunir en junio de 1120. En los prolegómenos, el rey se encontraba en Pedraza de la Sierra, cerca de Segovia, 52 en diciembre del año anterior; y Lema Pueyo le supone durante los primeros meses de ese año repoblando el alto Duero; 53 en marzo concede fueros a lo pobladores de Soria, lo que indica que se encontraba todavía en ese territorio. Sin embargo, lo que resulta sintomático es que algunos de los principales seniores que ostentaban tenencias de la mano del rey se encontraban presentes en tal fecha —actuando como testigos—, a diferencia de la gran mayoría de los otros documentos donde únicamente se nombran como tenentes en sus respectivos señoríos. Esto indica que Alfonso I había preparado ya la campaña y la reunión de la hueste estaba en marcha. La reflexión fundamental radica en plantear algunos aspectos clave. El primero estriba en conjeturar hasta qué punto el rey de Aragón era conocedor de que Ibrahim ibn Yusuf había estado preparando durante el invierno —tal como Ibn Idari asegura— la expedición hacia la frontera norte. Una certeza total de ello le habría permitido reclutar y preparar la movilización de su ejército en vistas a reunirlo ante el avance del enemigo en los meses sucesivos. Puede ser prueba de tal cosa el hecho de que uno de los principales magnates del Batallador, el navarrogascón Lope Garcés, viajara ese mismo invierno a Aquitania para movilizar a los señores transpirenaicos, incluido el conde Guillermo IX de Poitiers; 54 el rey de Aragón contaba en esas fechas con las fuerzas militares que habían rendido la ciudad más importante del norte ibérico, Saraqusta, por lo que la contribución del dux Aquitanorum, estrictamente hablando, no era necesaria para rendir las últimas plazas del regnum caesaraugustanum en el Jalón y en el Jiloca. Es asumido el argumento de que, pasado ya el invierno, el rey se encontraba hacia el inicio de la primavera —no antes del mes de marzo, como hemos visto— en el asedio de Calatayud, y que, ante la aproximación del ejército norteafricano y andalusí, movilizó a los barones y vasallos del reino para hacerle frente. 55 El citado testamento de Lope Garcés informa de que fue redactado «in ipso maio quando uenit comes Pictauensis in Ispania», lo que parece confirmar que, en el momento en que tuvo lugar la batalla a mediados de junio, Alfonso I había empleado como mínimo un mes y medio en militarizar a sus vasallos y congregar apoyo externo. A despecho de que es muy probable que el rey supiera de la campaña almorávide con mucho más tiempo de antelación, esas seis u ocho semanas parecen ser la horquilla cronológica razonable. Al otro lado de la frontera, en contrapartida, aunque la puesta en marcha del contingente almorávide debió iniciarse a principios de junio, los dos meses previos tuvieron que estar destinados a la organización de la hueste en los cuarteles gubernativos de Al-Ándalus, a su reclutamiento y a la gestión de la logística. A nuestro juicio, el cerco inicial de Calatayud durante —con toda probabilidad— los meses de abril y mayo, no supuso sino la tentativa de controlar la madina que la hueste previsiblemente iba a dejar a la espalda en el momento del enfrentamiento final. Si aceptamos como plausible el hecho de que el contingente almorávide tenía por objetivo devastar el territorio recién sustraído y recobrar las ciudades y villas conquistadas, incluida Zaragoza, la acción del ejército cristiano saliendo al paso del contingente andaluso-lamtuní en el vértice del regnum caesaraugustanum debe interpretarse como una acción no tanto sobrevenida sino consecuentemente estratégica. 4. Serviant illas ad regem ubi fuerit suum corpus. Los seniores y la hueste del rey. Otro de los aspectos clave es entender que la foralidad conforme al servicio de lid campal se tuvo que llevar a cabo en toda su realidad: vasallos del rey, laicos y religiosos, estuvieron obligados a responder a la movilización militar desde los diversos rincones del reino. Pedro I había establecido durante su reinado (1094-1104) los fueros et usaticos de los infanzones y barones de su reino, que afectaban a todo el estamento de la caballería, con o sin honor; estos fueron ratificados en 1134 por el emperador Alfonso VII en Zaragoza. 56 En ellos se especifica claramente que los seniores que ostenten honores reales deben servir militarmente al rey durante tres meses al año —estando él presente— entre ida, permanencia en hueste y venida. Para el caso específico de la lid o batalla campal, el mismo fuero estipula que todo caballero debe socorrer al rey cum pane de tres días et non plus. Esta última fórmula parece destinada al miles o infanzón sin honor de rey o de señor, dado que el mismo fuero de los infanzones sin honor otorgado a los pobladores de Zaragoza en 1119 establece que aquel infanzón que no quiera acompañar al rey no reciba castigo por ello57. Resulta obvio, por tanto, que el rey, con ayuda de su curia regia, coordinaba a la sazón un complejo armazón feudo-vasallático con arreglo a las fórmulas legales establecidas con el objetivo de operar militarmente cada año con ayuda de los servicios de los seniores que gozaban de honores y tenencias reales. Estos barones estaban obligados a «socorrer» al rey en caso de lid campal, o lo que es lo mismo: a asistir con sus mesnadas a la batalla a llamamiento de este. Reunir todas las mesnadas de los barones del reino ante invasión o ejército enemigo de grandes dimensiones solo dependía de una cosa: el tiempo disponible para ello. El mayor número de hombres para la guerra lo aportaban los barones laicos del reino. Un vaciado, cotejo y análisis de los seniores y magnates que ostentaban honores reales en todo el territorio a partir de la documentación permite establecer que, como mínimo, las tenencias vigentes en la primavera de 1120 ascendían a un total de 145. Estos territorios de la honor regalis estaban administrados por un total de 72 seniores. El cuadro adjunto muestra los barones de Alfonso I el Batallador que ostentaban tenencias en Aragón, Pamplona, Sobrarbe, Ribagorza, Zaragoza y Castilla Vieja durante la primera mitad de 1120. Entre esta aristocracia guerrera existían tenentes que poseían un número amplio de honores junto a otros con tenencias más modestas o en menor número. Algunos magnates como Aznar Aznárez, Calvet, Castán de Biel, Fortún Garcés Cajal, Íñigo Galíndez, Íñigo Jiménez, Íñigo Sánchez, Jimeno Fortuñones, Lope Garcés, Lope López Almoravid, Sancho Johanes o Lope Garcés Peregrino administraban en torno a la primavera de 1120 entre cuatro y nueve tenencias, 58 alternando la mayoría de ellos distritos ubicados en el interior del reino y en la frontera con honores urbanas. Junto a estos primeros barones, fundamentalmente aragoneses y navarros, el Batallador contaba con la cesión de honores a otros magnates extranjeros, que, aun ostentando un número de tenencias menor en ese momento, su capacidad militar quedaba lejos de toda duda. Es el caso de los señores gascones que le habían asistido en la conquista de Zaragoza u otros que detentaban amplios señoríos alodiales con parte de su responsabilidad feudal repartida entre la honor regalis del rey de Aragón. 59 El cómputo final lo integraban un número amplio de seniores que administraban —como mínimo— entre una y tres tenencias; eran señores locales o pertenecientes a la aristocracia media, así como barones poderosos que en este momento administraban un número de tenencias menor. Algunos de estos últimos, años atrás, habían ocupado puestos en la curia regia u ostentado un número de tenencias más elevado. Es el caso de Ramiro Sánchez, nieto de García Sánchez III; de Pedro Tizón60 o de Sancho. Aznarez Azone —señor de Arnedo o Monzón cuatro años antes. 61 En cualquier caso, no conviene pasar por alto que algunos de estos seniores navarros y aragoneses ostentaban feudos y castellanías para otros monarcas que no eran sus señores naturales, lo que venía a complejizar la maraña feudal tejida en torno a las relaciones de poder. 62. Otro factor a tener en cuenta a partir del cómputo de tenentes analizados es que, como se ha escrito con anterioridad, el reinado del Batallador en su conjunto (de 1104 a 1134) supuso la proliferación de un número mayor de seniores con respecto a los reinados de su hermano y de su padre, 63 lo que sin duda coadyuvó al incremento y complejidad de las redes sociales aristocráticas características de este periodo. Sin embargo, el análisis de la lista de nobles revela que en este año de 1120 comenzaba a vislumbrarse una renovación generacional que se iría culminando, paulatinamente, en los años sucesivos. Los nobles que ostentaban un mayor número de tenencias y honores, además de sus amplios patrimonios alodiales, habían nacido en el reinado de Sancho Ramírez, por lo que pertenecían a la misma generación del rey. 64. Tabla 1. Tenentes y tenencias activas en los dominios del Batallador en la primavera de 1120. <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ato Fortunones</td><td rowspan=1 colspan=1>Falces</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ato Garces</td><td rowspan=1 colspan=1>Piraces</td></tr><tr><td rowspan=4 colspan=1>Aznar Aznarez</td><td rowspan=1 colspan=1>Funes</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>San Esteban deGormaz</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tudela</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Unzué</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Aznar Dat</td><td rowspan=1 colspan=1>Morella</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Aznar Galindez</td><td rowspan=1 colspan=1>Canears</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Aznar Galindez</td><td rowspan=1 colspan=1>Javier</td></tr><tr><td rowspan=3 colspan=1>Aznar Jiménez</td><td rowspan=1 colspan=1>Aoiz</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Navascues</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Oteiza</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Barbatuerta</td><td rowspan=1 colspan=1>Marcuello</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Murillo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Belenguer</td><td rowspan=1 colspan=1>Monzón de Campos</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Berenguer Gombal</td><td rowspan=1 colspan=1>Capella</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Castro Munones</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Bernat Ramón I</td><td rowspan=1 colspan=1>Benasque</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Fantova</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Bertrand de Carrion</td><td rowspan=1 colspan=1>Carrion</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Logrono</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Blasco Gallons</td><td rowspan=1 colspan=1>Lorota</td></tr><tr><td rowspan=4 colspan=1>Calvet</td><td rowspan=1 colspan=1>Abizanda</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Burgos</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Olson</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ubierna</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Calvet Johanes</td><td rowspan=1 colspan=1>Pamplona</td></tr><tr><td rowspan=5 colspan=1>Castan</td><td rowspan=1 colspan=1>Aguero</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Anies</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Anzano</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Biel</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Chalamera</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Centulo de Bigorra</td><td rowspan=1 colspan=1>Belchite</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tarazona</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Diego Lopez de Haro</td><td rowspan=1 colspan=1>Haro</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Falcon</td><td rowspan=1 colspan=1>Briviesca</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ferriz</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Eulalia</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Fortun Blasco</td><td rowspan=1 colspan=1>Pueyo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tena</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Fortun Dat</td><td rowspan=1 colspan=1>Barbastro</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Fortun Galindez</td><td rowspan=1 colspan=1>Manzanares</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Fortun Garcés</td><td rowspan=1 colspan=1>Tolosa</td></tr></table> <table><tr><td colspan="1" rowspan="5">Fortun Garcés Cajal</td><td colspan="1" rowspan="1">Gran6n</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Najera</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Tudela</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Uli</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Viguera</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Fortun Jimenez</td><td colspan="1" rowspan="1">Lizana</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="3">Fortun Johanes</td><td colspan="1" rowspan="1">Azara</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Monclus</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pomar</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">Fortun Lopez</td><td colspan="1" rowspan="1">Ayerbe</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Castroviejo</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Fortun Sanchez</td><td colspan="1" rowspan="1">Sarsa de Surta</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Galindo Cidez</td><td colspan="1" rowspan="1">Manzanares</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Galindo Garcés</td><td colspan="1" rowspan="1">Santa Cruz</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Galindo Johanes</td><td colspan="1" rowspan="1">Tamarite</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">Galindo Sanchez</td><td colspan="1" rowspan="1">Alcala</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Belchite</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Galo Galindez</td><td colspan="1" rowspan="1">Barbues</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Garcia Garcés</td><td colspan="1" rowspan="1">Besians</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Garcia Grimat</td><td colspan="1" rowspan="1">Castrillo de Murcia</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Garcia LopezAlmoravid</td><td colspan="1" rowspan="1">Lerin</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Gassion</td><td colspan="1" rowspan="1">Belorado</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="3">Gastón de Bearn</td><td colspan="1" rowspan="1">Huesca</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Uncastillo</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Zaragoza</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">G6mez Gonzalez</td><td colspan="1" rowspan="1">Pancorbo</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">Inigo Fortunones</td><td colspan="1" rowspan="1">Cerezo de Rio Tirón</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Larraga</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="4">Inigo Galindez</td><td colspan="1" rowspan="1">Abiego</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pena de SanSalvador</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sanguiesa</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sos</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="9">Inigo Jimenez</td><td colspan="1" rowspan="1">Buradón</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Burgos</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Campezo</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Castrojeriz</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Ejea</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Los Cameros</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Medinaceli</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Segovia</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Tafalla</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">Inigo L6pez</td><td colspan="1" rowspan="1">Soria</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Frias</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="4">Inigo Sanchez</td><td colspan="1" rowspan="1">Albalate</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Berdun</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Calasanz</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Calaterreb</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Inigot</td><td colspan="1" rowspan="1">Tobia</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="7">Jimeno Fortunones</td><td colspan="1" rowspan="1">Baztan</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Ena</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Gallipienzo</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Huarte</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Marzo</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Peralta</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Punicastro</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">Jimeno Garcés</td><td colspan="1" rowspan="1">Lumbier</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Rodellar</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Jimeno Gayzco</td><td colspan="1" rowspan="1">Luesia</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Jimeno Gayzco</td><td colspan="1" rowspan="1">Tarazona</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Johan Diaz</td><td colspan="1" rowspan="1">Arguedas</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Johan Galindez</td><td colspan="1" rowspan="1">Antill6n</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Lope Fortunones</td><td colspan="1" rowspan="1">Albero</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="4">Lope Garcés</td><td colspan="1" rowspan="1">Aibar</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Alfaro</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Estella</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Jubera</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="4">Lope Garcés Peregrino</td><td colspan="1" rowspan="1">Alag6n</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Gallur</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1"> Super Caesaragusta</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Tauste</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">Lope Iniguez</td><td colspan="1" rowspan="1">Borobia</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Aezcoa</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Lope Johanes</td><td colspan="1" rowspan="1">Arnedo</td></tr></table> <table><tr><td rowspan=2 colspan=1>Lope Johanes (cont.)</td><td rowspan=1 colspan=1>Bernedo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sorripas</td></tr><tr><td rowspan=4 colspan=1>Lope Lopez</td><td rowspan=1 colspan=1>Ans6</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Calahorra</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Oc6n</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sobala</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Lope Sanchez</td><td rowspan=1 colspan=1>Caure/Ugabre</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Oriol Aznarez</td><td rowspan=1 colspan=1>Cellorigo</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Pedro Jiménez</td><td rowspan=1 colspan=1>Alsasua</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Turbena</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pedro Muniz</td><td rowspan=1 colspan=1>Maranon</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pedro Tizon</td><td rowspan=1 colspan=1>Cervera de RioAlhama</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Per Petit</td><td rowspan=1 colspan=1>Bolea</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Loarre</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Pere Gisbert</td><td rowspan=1 colspan=1>Azanuy</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>San Esteban</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pere Mir de Entenza</td><td rowspan=1 colspan=1>Benabarre</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pere Ramón</td><td rowspan=1 colspan=1>Estada</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Ramiro Sanchez</td><td rowspan=1 colspan=1>Almuniente</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Erro</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>Ramón Amat</td><td rowspan=1 colspan=1>Chia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Perarrua</td></tr><tr><td rowspan=3 colspan=1>Sancho Aznarez Azone</td><td rowspan=1 colspan=1>Balentia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Buil</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Funes</td></tr><tr><td rowspan=5 colspan=1>Sancho Johanes</td><td rowspan=1 colspan=1>Alquezar</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Boltana</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Huesca</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ojacastro</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Poza</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tiz6n</td><td rowspan=1 colspan=1>Monzon</td></tr></table>. Esta reflexión no debe considerarse baladí, pues esto se traduce en que los seniores con mayor capacidad de concentración y movilización militar se encontraban por tal fecha entre los 50 y los 60 años, al igual que el rey; una senectud anticipada en lo militar —con valientes excepciones, como acaso la del propio monarca— que debía tenerse en cuenta para comandar físicamente cualquier acción militar de envergadura táctica. Desde los últimos años conocemos con mayor claridad cómo se desarrolló la colaboración ultrapirenaica en las conquistas del valle del Ebro. Tesis doctorales leídas y publicadas recientemente, 65 amén de diversos artículos y publicaciones de conjunto anteriores66 han ido perfilando cómo los caballeros francos tomaron parte primero en el fenómeno estrictamente bélico del contexto expansivo y, después, en la posterior repartición de honores y tenencias. Como hemos indicado, fueron dos grupos de señores ultrapirenaicos los que tomaron partido en la batalla. 67 Conviene hacer un ejercicio de desvinculación necesaria entre la conquista de Zaragoza de 1118 y la batalla de Cutanda de 1120 en lo que a la participación de los señores gascones se refiere. Y no es porque su afluencia no fuera significativa, sino porque parece probable que no todos permanecieron en el valle del Ebro tras la caída de la ciudad blanca; conocer, por consiguiente, qué barones fueron reunidos en el llamamiento militar de Cutanda en junio de ese año no es tarea fácil. Las crónicas no especifican qué señores cruzaron el Pirineo en 1118, ni cuantos caballeros o peones acaudillaron; tampoco cuántos se quedaron. Su aproximación solo puede hacerse en virtud de la información huidiza que dan las colecciones diplomáticas. Lo que sí parece evidente es que entre 1118 y 1120 coadyuvaron físicamente a la expansión feudal por el valle del Ebro aquellos que recibieron honores por parte del rey y de Gastón IV de Bearn, nuevo señor de Zaragoza. El cuadro de tenentes mostrado con anterioridad incluye a varios señores francos al servicio del batallador, algunos de los cuales se habían incorporado como vasallos reales en las décadas anteriores. Es el caso de Castán de Biel y su hermano Per Petit, o el ya nombrado Lope Garcés. Incluimos aquí la figura de Beltrán de Risnel, sobrino de Alfonso $\mathrm { I } , { } ^ { 6 8 }$ quien aun no siendo gascón tuvo protagonismo en el avispero castellano durante este periodo y, posteriormente, con Alfonso VII. Otros, en cambio, aparecen como señores a partir de la conquista de Zaragoza, y serán en lo sucesivo los tenentes más poderosos al lado del Batallador, como ya se ha indicado es el caso del propio Gastón y de su hermano. Céntulo de Bigorra. Pero también cabe nombrar a Gassion, 69 vizconde de Soule, que ostenta durante 1120 la honor de Belorado, 70 o Jimeno Gaizco, tenente de Luesia y de una parte de la recién conquistada Tarazona. Junto a estos barones, poseedores de honor y por tanto responsables de repartir castellanías entre sus conmilitones transpirenaicos, aparecen otros nombres sin honor de rey pero que estarían integrados en las mesnadas de los señores gascones, los cuales, de igual modo, permanecieron en el valle del Ebro tras la conquista de Zaragoza. 71 Parece el caso del vizconde Pierre II de Gabarret, pues era yerno del propio Gastón —casado con su hija Guiscarda. 72 También el de Arnau, vizconde de Lavedán; por la documentación sabemos que era vasallo de Céntulo de Bigorra y que en 1124 recibe heredades en Zaragoza de mano de Gastón de Bearn.73 Es el caso también de Español de Labourd. 74 Consta en 1119 por su parte una donación piadosa a la abadía de San Juan de Sorde al partir al asedio de Zaragoza75 e inmediatamente después aparece como subtenente de la honor de Uncastillo de la mano del propio Gastón de Bearn. 76 A igual que otros caballeros, sin duda procedentes de una capa social más baja, como García Forto de Aspe, Arnau de Gornes, Arnau Sobranzer, 77 Vidal de Condom, 78 Compagnon, 79 Ramón de Figueros, Guillem de Olorón, Raoul de Larassuna80 o Bonet de Burdeos, 81 los cuales recibieron, vendieron y adquirieron heredades tras la conquista de Zaragoza. 82. Resultaría una tarea no solo compleja sino, a todas luces, infructuosa tratar de discernir cuáles fueron los principales vasallos que acompañaron a Gaston de Bearn y Céntulo de Bigorra en el asedio de Zaragoza y en las campañas de los dos años siguientes. 83 La documentación relativa al gobierno de vizconde bearnés no es muy numerosa, 84 y no hay constancia de que algunos de sus principales barones estuvieran presentes en las expediciones cruzadas a Ispania. 85 Pierre de la Marca publica una edición bajomedieval del fuero de Morlaas para los habitantes de Orthez. Este documento no es más que una reproducción del fuero oficial, dado en 1220, que a su vez se trata, a juicio de Rogé, 86 de un trasunto del fuero primigenio, otorgado probablemente en 1101. El documento introduce una clausula concerniente a los hombres libres bearneses por la cual los exime de acudir en hueste a España, a excepción de que sea por propia voluntad. 87 Una fórmula que también el fuero de 1220 incluye como colofón a uno de los artículos.88 El propio fuero general del Bearn de 1188, reconstruido por Rogé, recoge otro artículo en donde se indica que los caballeros del vizconde están obligados a ayudar a la persona del rey contra sus enemigos cuando este se encuentre en tierra «contigua». 89 Parece evidente que, a tenor de la tradición jurídica —iniciada en 1080—, los caballeros y hombres libres del Bearn no estaban obligados a seguir a su señor en las expediciones cruzadas ni a otros llamamientos, a excepción de las obligaciones militares concernientes a su propio territorio o cercano a él. Y lo mismo sucedía con los vasallos del conde de Bigorra. 90 Por tanto, debemos reflexionar que aquellos caballeros que acompañaron a Gastón y a Céntulo desde 1118 hasta la muerte de ambos —1130 y 1134— lo hicieron por iniciativa propia a llamamiento de su señor, en aras de ganar gloria, botín y heredades en el valle del Ebro. Más complicado es, sin duda, aproximarnos a los caballeros que acompañaron a Guillermo IX el trovador, duque de Aquitania y conde Poitou, en la batalla de Cutanda. Son la Crónica de San Juan de la Peña y los Anales de Jerónimo Zurita —este habiendo tomado el dato de la crónica primera— las fuentes que nos informan de que Guillermo IX cruzó el Pirineo acompañado de 600 caballeros. No es una cifra descabellada, pero carecemos del modo con que demostrar el aporte. La única referencia de la identidad de los señores aquitanos que acompañaron al dux, dentro de este número, nos la da Boissonnade91: Il réunit a Bordeaux , pendant l’hiver de 1119-1120, jusqu’a 600 chevaliers, toute l’elite de ses vassaux aquitains: Helie Taleyrand de Périgord, 92 Raimond de Turenne, 93 Bardon de Cognac, 94 Aimar d’Archiac, 95 Geoffrei de Rochefort, 96 Guillaume de Gensac, 97 Etienne de Caumont, 98 auxquels se joignirent les principaux vassaux de Gascogne: Robert, vicomte de Tartas, 99 Amanieu d’Albret, 100 Pierre de Mugron, 101 Llobet, vicomte de Maremne, 102 Guillaume d’Heugas, évêque de Dax, 103. Bertrand, vicomte de Bayonne, Garcia Sanchez de Labourd, 104 les vicomtes de Soule105 et d’Arboucave.106. El documento de donación del propio conde de Poitou a la abadía de San Juan de Sorde que referenciábamos anteriormente, 107, citado también por otros autores, contribuye a una reflexión que vendría a respaldar en parte los datos que ofrece Boissonnade. Está fechado en 1120, y consta de la confirmación de varias heredades adscritas con anterioridad a la abadía en términos aledaños. El objeto de la donación y la invocación del propio duque: «Cum vero nomen Domini predicassed et omnem Xristianitatem exaltare voluisset, atque apud Ispaniam ad errores cultural destruendam tetendiset» sugieren en efecto que este se encontraba en el propio territorio del vizcondado de Dax, junto a la rivera del Gave de Olorón (emplazamiento de la abadía), presto a cruzar por el paso de Roncesvalles. Aparte de ello, lo interesante del documento reside en que dos de los personajes de la lista de arriba le acompañan presencialmente: García Sánchez, vizconde de Labourd, y Gassion, vizconde de Soule; y se cita al obispo de Dax —presente, con probabilidad—, junto a otros caballeros locales. 108 Por tanto, y siguiendo tales reflexiones, estaríamos ante indicios que respaldarían la identidad de algunos señores aquitanos dada por Boissonnade. En estas mesnadas de caballería cristiana se integró, tal como Ibn Idari nos informa, 109 la aportación del último emir de Saraqusta, destronado por los almorávides: Imad al-Dawla. Desde 1110 ostentaba en el exilio el feudo de Rueda de Jalón, como vasallo de Alfonso I. Es complicado aproximarnos al número de tropas que el emir destronado podía reunir y acaudillar en los años sucesivos a la pérdida de su dominio saraqustí, pero, si atendemos a las noticias aisladas que nos dan las fuentes, en tales periodos posteriores estuvo permanentemente rodeado de alcaides y hombres de leyes, 110 y estos últimos parece que habían experimentado un proceso de militarización en las últimas décadas como consecuencia de la actividad bélica motivada por la expansión feudal cristiana. 111 Tras la fitna, las taifas nacientes del valle del Ebro habían construido su ejército tratando de emular erráticamente un modelo califal cuya realidad era inalcanzable. 112 Estas estructuraron sus cuerpos militares desde inicio a partir del contingente fronterizo autóctono—denominado hasd—, del que eran responsables tras la disolución del califato. 113 Pero este proceso se dio a partir de una proto-feudalización evidente, que germinó en la creación de ejércitos semi-privados cimentados en la propia red clientelar del emir: mawali y esclavos, principalmente. Esta reformulación de las estructuras militares seguía vigente cuando los almorávides irrumpieron en la Península y destronaron uno a uno a los reyes de taifas. Imad al-Dawla mantenía un modelo similar a pequeña escala cuando fue expulsado de Zaragoza, amparando su señorío en una red clientelar que, a la sazón, no era muy distinta a la de los barones que acompañaban a Alfonso I el Batallador. Conviene no olvidar que muchos de sus partidarios huyeron con él, lo que implica que su concurso militar no debía ser irrisorio114. Prueba de su participación y de las buenas relaciones que entabló con los señores cristianos coaligados para la batalla supone la existencia en la actualidad del vaso de Leonor de Aquitania, que se expone en el Museo del Louvre. Como diversos trabajos se han encargado de demostrar en los últimos años, este vaso fue entregado por Imad al-Dawla —cuyo nombre aparece latinizado en la inscripción del objeto como Mitadolus, similar a como será conocido su hijo, Zafadola (Sayf al-Dawla)— en el contexto de la Batalla de Cutanda a Guillermo, el duque de Aquitania, y de ahí llegó a su nieta, Leonor, para más tarde recalar en el tesoro de la abadía de Saint-Denis. 115. A estos contingentes de caballería se unían también los enviados por monasterios y diócesis. Tanto unos como otros detentaban patrimonios, honores y responsabilidades feudales como los señores laicos, y se integraban en el engranaje militar aportando efectivos conforme a sus obligaciones feudales116. En algunos casos, muchos de los obispos de los siglos XI y XII fueron verdaderos señores de la guerra. 117 Hasta la exención establecida por Ramiro II en 1134, 118 abades y obispos estuvieron obligados a contribuir a la hueste real en caso de lid campal con los caballeros vasallos de sus dominios, muchas veces comandadas también por ellos mismos. Un ejemplo muy clarividente de contribución de los monasterios a la hueste real se observa en un documento extendido por el abad de San Victorián, Durán, en 1126. Este obligaba a su vasallo, el subtenente de Graus, Galindo Sanz, a acudir con su tienda y provisión militar a la hueste enviada por el monasterio, o poner un caballero a su servicio en caso de que el propio abad no fuera en la expedición. 119 Este ejemplo de Graus, como una de las villas más importantes dependientes del monasterio de San Victorián, puede acercarnos a una reflexión sobre el número de caballerías que los cenobios más poderosos del reino eran capaces de reunir en caso de lid campal. Por último, cabe nombrar a aquellos caballeros de la honor regalis que, aunque no tenían honor de rey o de señor, se integraban por propia voluntad la hueste regia. Estos caballeros, por lo general de baja cuna, militaban movidos por la promesa de botín o la posibilidad de ascender en el escalafón social merced a los méritos militares. En las tenencias administradas por los barones o seniores, la responsabilidad de reclutar a estos miles era responsabilidad de estos señores; los caballeros circunscritos a los feudos que dependían directamente de la administración del rey eran reclutados por sus agentes, o lo que es lo mismo, bajo responsabilidad de los merinos. La documentación del reinado de Alfonso I muestra un número total de 25 «meriznazgos»120 en la honor regalis, de los cuales solo uno no existía en 1120 —Calatayud—. Las fuentes en torno a esta fecha muestran un total de siete merinos activos: García Riculfo de Jaca, Fortún Galíndez — quien a la par poseía la honor de Manzanares—, Banzo Fortuñones, Jimeno Sánchez, Cipriano, Ato Fortuñones —poseedor de la honor de Falces— y Sancho Garcés —ya en fecha posterior, en 1124. Un estudio de la foralidad del periodo muestra que estos caballeros e infanzones sin honor tendían a enrolarse en los hechos de armas a pesar de no estar obligados, lo que sin duda implica que su número no era desdeñable. 5. Mesnadas y efectivos de caballería en la Batalla de Cutanda. Solo puede hacerse una aproximación numérica a los efectivos de caballería que pudo reunir Alfonso I el Batallador en junio de 1120 introduciéndonos en un complejo análisis en torno al núcleo organizativo militar de las tropas cristianas del valle: la mesnada o massonata, como indican las fuentes. El concepto no adolece de plasticidad, pues podía referir tanto al grupo básico de conmilitones doméstico en torno al señor feudal, como a la tropa reclutada y organizada por este en sus dominios, que incluía efectivos de caballería, de peonía y auxiliares. En lo que a nuestra aproximación concierne, el objetivo estriba en reflexionar en este apartado sobre el número de caballeros que un senior o ricohombre era capaz de integrar en la hueste del rey, cuya naturaleza abarcaba, por un lado, a los milites vinculados al señor principal —los caballeros de la casa, la espina dorsal de la mesnada—, pero también a otros caballeros reclutados en su tenencia, vinculados de uno u otro modo a su persona. 121 La documentación a lo largo y ancho del valle del Ebro nos da una muestra aproximada del número de integrantes que una mesnada de caballería podía tener. En 1118, Sancho Íñiguez, mesnadero navarro sin honor de rey, hace donación de sus ocho lorigas antes de partir en peregrinación a Jerusalén, contando la suya propia.122 En algún momento del siglo XI, Sancho Garcés reparte sus bienes entre sus conmilitones, distribuyendo catorce equipos militares entre armas, caballos y lorigas. 123 Alrededor de 1059, Oriol Íñiguez indica en su testamento que tiene doce caballos y diez brunias —lorigas de escamas—, por lo que armaba a una mesnada de doce caballeros. 124 Unos números que se pueden tomar como referencia; entre ocho y catorce parecen ser los caballeros que conformaban, a tenor de la documentación, el núcleo doméstico de la mesnada de un senior perteneciente a la aristocracia media. De hecho, una revisión pausada de la documentación del periodo parece sugerir que un noble local que ostentara una tenencia modesta o una castellanía podía congregar entre cinco y ocho caballeros, contándose a sí mismo. Y que aquellos seniores que administraban de dos a tres tenencias eran capaces de congregar unos cuantos más. Pero, ¿de qué cantidad total de caballeros estamos hablando? Para responder a esta pregunta conviene analizar algunos pactos feudales y conveniencias del periodo. El que suscriben en 1077 Ramón V de Pallars y Ermengol V de Urgel, por ejemplo, establece el número de caballeros con el que ha de satisfacerse el acuerdo feudal en lo militar: veinte. 125 El mismo número con el que Artau II de Pallars Sobirá se compromete a servir a Ramón V de Pallars Jussá en 1093, amén de admitir que ya tiene otros veinte a su servicio para acciones militares que no impliquen internarse en Ispania. 126 O los de Guillem Jofré, que se compromete a servir en 1118 a Ramón Berenguer III con otros veinte caballeros, es decir, los de su propia mesnada. 127 Un cómputo presencial que la documentación repite y que parece referir un estándar relativo a un número de caballeros con el que satisfacer servicios feudales. Lo que esta información parece querer decirnos es que tales cifras de caballería básica corresponden a lo que un mesnadero o senior era capaz de reunir para cumplir con sus obligaciones, lo que explicaría que tal número se estableciera en las mesnadas de apoyo que se prometen altos señores como los condes de Pallars y de Urgel. Pero, claro, conviene no dejarse alienar por procedimientos positivistas en este sentido, dado que la lógica multiplicidad de variables implicaba que, con probabilidad, pequeños mesnaderos aportaran mesnadas de ocho o diez caballeros, y otros seniores del mismo escalafón social, pero con mayor renta fueran capaces de reunir varias decenas. Por consiguiente, el número de veinte caballeros parece razonable no ya en términos cuantitativos exactos, sino que nos es útil en aras de considerar un cómputo promedio. Este número, no obstante, era más grande cuando se trataba de optimates, ricoshombres o barones. El puñado de estos grandes señores que actúan junto al rey en 1120 ostentan un número de tenencias superior al resto de seniores medios o locales, amén de poseer —o haber poseído— cargos en la propia curia regia y amplios territorios fundiarios; verdaderos señores de la guerra con una capacidad de reclutamiento mucho mayor que el resto. Cifras que ciertas fuentes escritas aproximan: según un documento de 1103 dado durante el reinado de Pedro I, Sancho Vita es recompensado por haber contribuido a la Batalla de Alcoraz con un contingente de 300 guerreros, entre efectivos de caballería y peonía; 128 o cuando un documento posterior —trasunto notarial, en análisis de Utrilla— afirma que el propio Fortún Garcés Cajal era capaz de reunir también $2 0 0 \textup { o }$ 300 hombres con sus rentas. 129 Como veremos con posterioridad, el computo relacional entre efectivos de caballería y de peonía, a tenor de tales cifras, nos indica que la mesnada montada de estos señores debía estar compuesta por alrededor de cuarenta caballeros, el doble que los seniores ordinarios. El mismo número con el que Alfonso I promete asistir al conde Pedro Ansúrez mediante pacto feudal por la zuda de Balaguer en 1106: cuarenta caballeros, con cuarenta caballos, y con una soldada para costearlos de 3000 sueldos. 130 Es una cifra promedio, por tanto, razonable para imputar la capacidad de reunión que cada uno de los barones y ricoshombres del Batallador tenía durante este periodo. Resulta por añadidura interesante analizar de qué modo los caballeros vasallos de estos seniores y barones se integraban en el núcleo doméstico de la propia mesnada señorial. Cuando Arnau de Palera se convierte en castellano de Guillem de Creixell, entre sus responsabilidades se cuenta la de aportar a su señor tanto sus propios caballeros como los adscritos al feudo que recibe. 131 De similar tenor, Galcerán de Cartella jura fidelidad a sus dos señores hermanos, y les promete que concurrirá con cuatro caballeros, incluido él mismo, en las expediciones de estos en Yspania. 132 Del mismo modo, caballeros aislados quedaban integrados en la mesnada de su señor natural en llamamiento a hueste o lid campal, 133 que incluso podía ser la de los propios monarcas. 134 Porque, y a colación de todas estas cuestiones, en el proceso de construcción de una mesnada feudal para la guerra jugaban un papel muy importante las denominadas caballerías de honor. 135 El rey, con la asignación de tenencias y honores, traducía los beneficios de estos feudos en unidades de renta para sus vasallos, seniores y ricoshombres, a partir de las cuales podían sostener y armar a los caballeros de sus propias mesnadas; este proceso se reproducía a menor escala entre señores y caballeros vasallos. 136 En Cataluña ya desde el siglo XI se usa el término kavallerias de terra para designar este concepto en términos fundiarios; 137 en Aragón y Pamplona resultan equiparables las dos yugadas de tierra que estipulan y ofrecen los reyes a sus tenentes para cada caballero que asienten en las nuevas tierras conquistadas —bajo el señorío jurisdiccional de la tenencia—, y cuya naturaleza las donaciones y fueros locales muestran durante la expansión feudal. 138 Pero andando la duodécima centuria, este concepto vinculado hasta el momento a la tierra y a su explotación compartirá protagonismo paulatino con otro tipo de caballería, 139 el consistente en involucrar rentas140 por el mismo valor que produciría el usufructo de estas porciones de terreno agropecuario. 141 Son los feudos de bolsa; o lo que es lo mismo: un feudo desprovisto de base territorial. Pero, ¿cuántos caballeros conformaban el ejército del emperador? En 1120 Alfonso I el Batallador era el príncipe y señor feudal con mayor capacidad militar de la España cristiana. El cuadro del capítulo precedente nos muestra, tal como indicábamos, un total de cincuenta y nueve seniores que administraban entre una y tres tenencias, 142 de los cuales treinta y seis poseían solo una. Si computamos una aportación de ocho caballeros —considerando la estimación al alta— por cada uno de ellos, estos señores podían aportar a la hueste real 288 caballeros. Tomando el cómputo medio de los veinte caballeros para el resto de seniores que administraban entre dos o tres tenencias, que eran veintiuno, habría que sumarle a esta cifra 420 caballeros más. De entre los doce ricoshombres hay que destacar a los que administraban en honor un mayor número de tenencias: seis. Ellos, en los que incluimos al principal señor de la frontera en este momento, Lope Garcés Peregrino, más los cruzados Gaston de Bearn y Céntulo de Bigorra —integrando al vizconde de Lavedán y al resto de vasallos—, serían los grandes señores que aportarían un promedio de cuarenta caballeros, a tenor de la información general que las fuentes nos dan sobre ellos y de los modelos similares de aportación caballeresca que hemos analizado. Los seis restantes detentaban cuatro tenencias cada uno, la mayoría alejadas de la frontera, por lo que su capacidad militar debió ser algo inferior, con un promedio entre los veinte caballeros de los seniores medios y los cuarenta de los ricoshombres. Todo este cómputo arroja una cifra de alrededor de 420 caballeros. Por consiguiente, en condiciones normales, el Batallador era capaz de reunir una cifra próxima a los 1200 caballeros a partir de la movilización feudal. Sin embargo, a esta evaluación hay que aplicarle algunas reflexiones necesarias. Tales datos serían válidos en el caso de una movilización general originaria de todos los rincones del reino. Pero a inicios de 1120 existían varios frentes problemáticos dada la coyuntura político-militar precedente. Por un lado, la repoblación soriana implicaba mantener armadas y activas las guarniciones de las tenencias clave para la defensa de la extremadura. Por otro, las posesiones del Batallador en torno a la frontera occidental de sus dominios alrededor de Burgos y Castilla la Vieja no podían ser desmilitarizadas; lo mismo que el territorio del alto Duero, que conectaba ambos espacios geográficos. 143 Todas estas guarniciones jugaban un papel fundamental en el control del territorio fronterizo, amén de constituir un espacio vertebrado militarmente frente a las posesiones de los enemigos del rey de Aragón en el avispero castellano. Un análisis de la documentación revela que, en las campañas militares que el emperador emprendió contra los señores gallegos, leoneses y castellanos, prescindió por lo general de movilizar a tenentes que administraban territorios fronterizos con el islam en el valle del Ebro. Y lo mismo puede decirse al contrario: la expansión feudal implicó la permanencia de las guarniciones castellanas en sus distritos; ni siquiera para la asedio de Zaragoza el Batallador planteó la posibilidad de movilizar a todas sus tropas leales en Castilla para engrosar el ejército cruzado. Por tanto, cabe concluir que, en la campaña de Cutanda, Alfonso I se vio obligado a prescindir de la movilización de tales sectores a riesgo de desmilitarizarlos. Tabla 2.1 Tenencias del Batallador en Castilla en 1120 <table><tr><td rowspan=1 colspan=2>Castilla y tierras burgalesas</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Posiciones estratégicas occidentales</td><td rowspan=1 colspan=1>Corredor de la Bureba, zonas orientales</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Burgos</td><td rowspan=1 colspan=1>Belorado</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Carrion</td><td rowspan=1 colspan=1>Briviesca</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Castrillo de Murcia</td><td rowspan=1 colspan=1>Cerezo de Rio Tirón</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Castrojériz</td><td rowspan=1 colspan=1>Frias</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Monzon de Campos</td><td rowspan=1 colspan=1>Granon</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Segovia</td><td rowspan=1 colspan=1>Ojacastro</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ubierna</td><td rowspan=1 colspan=1>Pancorbo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Poza</td></tr></table>. Tabla 2.2. Tenencias del Batallador en la extremadura y el Levante en 1120 <table><tr><td rowspan=1 colspan=2>Extremadura occidental y Levante</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Extremadura soriana</td><td rowspan=1 colspan=1>Alto Duero</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Borobia</td><td rowspan=1 colspan=1>Los Cameros</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Medinaceli</td><td rowspan=1 colspan=1>Castroviejo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>San Esteban de Gormaz</td><td rowspan=1 colspan=1>Posiciones estratégicas en el Levante</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Soria</td><td rowspan=1 colspan=1>Morella</td></tr></table>. Si recalculamos el número de caballeros aportados por los vasallos del rey atendiendo a los promedios indicados y restando los efectivos montados de las guarniciones no movilizadas, el número de caballeros que pudo reunir Alfonso I en la primavera de 1120 fue en torno a 900. A este cómputo habría que añadirle, por un lado, la propia mesnada regia, no menos de sesenta caballeros sostenidos con las rentas reales; 144 más los cuarenta que, como si de un ricohombre se tratara, pudo haber reunido Imad al-Dawla de entre los seguidores andalusíes que le eran leales y le habían seguido a su señorío de Rueda de Jalón —incluidos los contingentes cristianos que las fuentes le atribuyen. En el caso de las contribuciones episcopales, parece lógico atribuirles un promedio de veinte caballeros, como si de seniores laicos se tratase. Así, los obispos del reino: Esteban de Huesca, Guillermo de Pamplona, Ramón de Roda-Barbastro, Sancho de Calahorra, Pedro de Zaragoza y Miguel de Tarazona145 pudieron haber aportado 120 caballeros más. Para el caso de las abadías y monasterios, a tenor de la documentación, parece que pudieron aportar un número de caballeros variable pero menor que el estamento laico. Tomando pues las grandes abadías y monasterios en Aragón y Pamplona en 1120, más los caballeros que pudieron aportar otras congregaciones «extranjeras» con patrimonio dentro de los límites del reino, y considerando una aportación que podría oscilar entre dos y cinco caballeros por cada uno, 146 obtenemos una cifra de treinta hombres de a caballo más. Imposible es, no obstante, determinar cuántos caballeros sin honor integraron la hueste real por propia voluntad; a buen seguro algunas decenas, pero carecemos de evidencias con las que aproximar cifra alguna. En relación a la aportación transpirenaica del duque Guillermo, si tomamos como válida la relación de señores que Boissonade le atribuye y aplicamos cómputos similares en torno a la reunión de caballerías, observamos que de todos los señores indicados once pueden considerarse grandes barones aquitanos, frente a seis que estarían al frente de señoríos más modestos. Por tanto, la cifra razonable de caballeros que cruzó el Pirineo en mayo de 1120 habría que situarla en 560, próxima al número redondo del que hemos hablado y que las fuentes relacionan. Hablamos, pues, de un número aproximado en torno a los 1700 caballeros. Una hueste de caballería de muy grandes dimensiones para la época. Es obvio que la coyuntura política de este momento en la Península Ibérica, más las fundamentales aportaciones transpirenaicas, estuvieron detrás de unas cifras de tal magnitud. El imperator Alfonso I reunía bajo su persona un dominio que incluía vastos territorios y rentas en Aragón, Castilla, Vizcaya, Álava, Rioja, la extremadura soriana, el Moncayo y el alto Duero, Navarra, Sobrarbe, Ribagorza, Zaragoza e incluso distritos embolsados en el Levante, como Morella, o espacios en las sierras turolenses, lo que explicaría esta capacidad de reunir un ejército tan poderoso. 6. Et teneant ibi uno homine armato. Los peones y la movilización de la frontera. Lamentablemente carecemos de planteamientos metodológicos similares para aproximarnos a cuántos peones integraron la hueste real en junio de 1120. En el inicio de este año la frontera del regnum caesaraugustanum era todavía un espacio incierto y en proceso de administración política, jurídica y militar. Al decir de Ubieto (1981: 156-159), la caída de Zaragoza dos años antes significó en primera instancia también el control de villas —buldan— y castillos —husun— englobados en el ‘amal de la ciudad. En el eje del Ebro, el límite habría estado en Alfajarín, Fuentes y, en algún momento posterior, Pina; 147 por el oeste, Magallón, Fréscano, Mallén, Cortes, Cabañas y Novillas. Inmediatamente después caían Alagón, Cariñena148 y Belchite. De igual modo que, con probabilidad, Grisén, Pinseque, Torres de Berrellén, Utebo o Sobradiel. 149 También otras como Gallur, Pedrola, Boquiñeni o Luceni, a pesar de no aparecer en los documentos hasta varios años después, pudieron haber sido ocupadas en este momento. Zurita cita de igual modo la ocupación de Épila y Ricla, 150 ya en el valle del Jalón. Sea como fuere, se observa a partir de la documentación cristiana que la conquista y control de los núcleos del wilaya de Zaragoza hasta el distrito de Calatayud y Daroca se hizo tomando dos ejes principales: el del Jalón-Jiloca y el del Huerva-Aguas Vivas. Sin embargo, la dotación de fueros y asignación de honores de todo este vasto territorio en la orilla derecha del Ebro data con posterioridad a 1120, 151 a excepción de Belchite. Se trata, en consecuencia, de un momento en el que las estructuras feudales del nuevo espacio fronterizo estaban en construcción tras el colapso de organización islámica; además de que el territorio se encontraba en un proceso de reestructuración del poblamiento, en el que comunidades enteras se vieron abocadas a la emigración152 y otras nuevas estaban siendo incentivadas para repoblarlo. La equiparación entre campesinos y peones, característica de la Alta Edad Media, había comenzado a cambiar a finales del siglo XI. 153 El problema de la «desprofesionalización» consuetudinaria de la peonía azuzó desde los primeros años del siglo XII el interés de reyes y señores por eximir a algunas poblaciones de tales obligaciones militares, entre otros factores. De igual modo, se establecieron consignas para que, en lo sucesivo, fueran los tenentes quienes armaran a peones en los territorios que les eran cedidos o a cambio de los bienes recibidos en heredad, bien con sus rentas o bien asignándoles a modo de caballería una yugada de tierra. 154 Estos nuevos peones que venían a poblar la frontera eran tan campesinos como guerreros —muchas veces más lo segundo que lo primero—, porque habían sido espoleados asumiendo tal condición para repoblar un territorio en litigio. Es por ello que se observa en este periodo un paulatino interés por profesionalizar a los guerreros a pie que integraban las huestes feudales. El análisis de los fueros y cartas de población de Navarra y Aragón extendidas desde finales del siglo XI revela la constante de que los vasallos humildes del reino estaban forzados a defender al rey en lid campal con pan de tres días. 155 Pero estos campesinos no podían ser movilizados en su totalidad, porque los fueros locales les protegían al obligarles solo durante tal espacio de tiempo, entre ida, acción y venida. 156 Por tanto, eran movilizados aquellos villanos que vivían a un día de trayecto a pie del punto de reunión militar. Para el caso que nos ocupa, por consiguiente, solo debieron ser reunidos los campesinos armados que habitaban la nueva frontera. El régimen consuetudinario que obligaba militarmente a vasallos y hombres libres procedentes de esta debemos buscarlo en las cartas de población de Belchite, dada en 1119, y la de Super Caesaraugusta, que sirvió de base de la primera. Ambos fueros han de tomarse como el fundamento jurídico con el que entender la movilización militar de este territorio ante la batalla de Cutanda. El problema de reclutar masivamente a los peones campesinos de la frontera a despecho de desprotegerla se soluciona en estos fueros con la exención de hueste. 157 Y la respuesta ante lid campal se consigna con la cláusula ya manida «cum pane de tres días». Por tanto, el rey solo pudo haber movilizado a peones campesinos situados en el propio regnum caesaraugustanum, un territorio con una embrionaria asignación de tenentes, como hemos visto, y con una administración foral sesgada y en construcción, fundamental para guiar la movilización procedente de las plazas recién ocupadas. La mayoría de estos peones eran, por tanto, hispanomusulmanes recién subyugados, con una incierta preparación militar y con una dudosa lealtad a un orden feudal en proceso de instauración. Ante este impreciso panorama de movilización fronteriza, solo queda pensar que, en realidad, la peonía que engrosó la hueste del Batallador procedía de la leva real y señorial que merinos y nobles estaban obligados a reunir —de preferencia cristiana y con experiencia militar—, además de las compañías de mercenarios que incipientemente la documentación comienza a mostrar en este periodo y cuyo coste recaía sobre las rentas reales. Los primeros constituían compañías armadas y mantenidas tanto en las tenencias como en los territorios dependientes directamente del rey situados en la frontera. A medida que esta se desplazó hacia el sur, las villas y castillos mantuvieron en la retaguardia contingentes de peonía semi-profesionales especializados en las acciones de desgaste. 158 Tales bandas de guerreros fronterizos debían estar ligados a los señores feudales mediante algún tipo de servidumbre que los hacía dispuestos para apellidos, fonsados o huestes, independientemente de los fueros locales. Este modelo tiene su precedente en el reinado de Sancho Ramírez, cuando en 1092 se establecen clausulas de este tenor en el fuero de Luna. 159 Ya en 1110, en el fuero de Ejea, 160 este arquetipo de peón fronterizo vinculado a la honor regalis es una realidad que se repetirá en lo sucesivo. 161 En la documentación se observa que este modelo militar implicaba asentar peones ofreciendo la mitad de una caballería de tierra —una yugada— para cada uno. 162 Por consiguiente, a despecho de que es imposible establecer cifras aproximadas, parece plausible conjeturar que los peones así organizados para hueste o lid campal eran, al menos, el doble que los caballeros siempre y cuando se cumplieran estas ratios. Junto a este proceso, la expansión agraria implicó una multiplicación de las rentas feudales y por tanto la proliferación de cuerpos de mercenarios. Estos peones eran profesionales muy apreciados, ya que poseían los conocimientos técnicos para conformar excepcionales compañías de ballesteros. Pero mientras en Europa el procedimiento de alistar compañías a sueldo es una constante desde el siglo XI, 163 en la Península Ibérica, debido al modelo militar propio de la expansión feudal, no comienza a generalizarse hasta entrado el siglo siguiente. Mantener y enrolar a estas compañías dependía de los feudos de bolsa de las huestes señoriales o directamente de las rentas reales. En el sector nororiental de la Península este último fue el procedimiento más usado, visible desde el segundo tercio de la oncena centuria. 164 Encontramos documentación que muestra cuánto costaban las compañías de ballesteros contratadas en el siglo XII por el conde de Barcelona. Un diploma165 informa de las soldadas anuales que este pagaba a sus compañías de mercenarios, las cuales fueron gestionadas a partir de seis capitanes —les denomina archibalistariis. Al principal de ellos —Rebellinus— le abonaba el total a repartir entre todos los hombres que las integraron: cincuenta mancusos (2350 sueldos). 166 Luego ofrecía otras pagas extra al resto de capitanes supeditados al principal. 167 Además de ello, ofrece también para cada caporal animales de acémila y viaje. El documento tiene gran valor porque permite calcular el número de mercenarios que operaban para el conde Ramón Berenguer —III o IV—, lo que puede aproximarnos a una cifra similar para otros monarcas hispanos del periodo. Fijémonos ahora en estudios actuales a partir de fuentes fiables sobre cifras de contendientes para el lapso de tiempo que nos ocupa. Entre 1098 y 1125, los enfrentamientos en Tierra Santa entre cruzados y musulmanes vieron cómo la proporción oscilaba entre un caballero por cada dos peones y un caballero por cada cuatro peones, siendo uno a tres la más repetida. Solo en la Batalla de Ascalon (1099) la ratio fue de un caballero por cada siete. 168 Eso en los enfrentamientos en que intervino la peonía, porque en la mitad de los hechos de armas analizados solo participaron caballeros. Además, como la historiografía ha reflexionado ya en diversas ocasiones, las operaciones de los cruzados en Tierra Santa se caracterizaron por aportar números altos de peonía en proporción a los de la caballería, dado que esta no fue muy numerosa y necesitaba a la primera como apoyo. El documento Prisia servientum muestra cifras fiables y razonables de cómo era la contribución militar de la peonía francesa en 1194. La fuente especifica el número de peones —servientes— que los monasterios, comunas y distritos dependientes directamente del rey de Francia estaban obligados a aportar en caso de movilización militar. Son un total de 83 contribuyentes, de los cuales las ciudades son las que mayor número aportan: las hay que están obligadas a contribuir con solo tres peones, como Senones y Laudunum, y otras que lo hacen con doscientos e incluso más, como Compendium. 169 Las aportaciones de los monasterios son menores, desde unos pocos hombres a varias decenas. 170 La conclusión después de analizar la fuente es que el rey de Francia, a finales del siglo XII, disponía de 5.435 peones para movilizar, sujetos a distintas modalidades de servicio. No obstante, en función de la duración de este servicio y otras eventualidades, el monarca podía no disponer de todos ellos ante una invasión o un hecho de armas general sobrevenido, porque muchos de estos peones eran hombres libres y las comunas y vasallos se regían por realidades jurídicas que les protegían. Por tanto, no es viable pensar que Alfonso I pudo haber contado con un contingente inmenso de peonía procedente de sus dominios. Más bien se vio abocado a movilizar principalmente a los peones semi-profesionales del valle medio y el pre-pirineo que se habían ido integrando en la foralidad de frontera en las décadas anteriores. Estamos hablando de un espacio que comprendía las villas, castillos y tenencias del curso mediobajo del Arba y del Gállego, del Flumen y de los Monegros hasta el Alcanadre y el bajo Cinca; al que habría que adicionar el regnum caesaraugustanum recién subyugado y en proceso de integración en los engranajes feudales. Este vasto territorio, a tenor de las clausulas forales, pudo haber proveído de un número de peones, con y sin experiencia militar, cercano al mismo número del total de caballeros del reino, puesto que constituía más del $40 \%$ del territorio bajo dominio del rey navarroaragonés. A tal cifra habría que adicionarle la leva de villanos de la propia frontera, movilizados cum pane de tres días; los peones con heredades —o bajo estipendio— integrados en las mesnadas feudales de la nobleza —sargentos y sirvientes—171 procedentes de otros rincones del reino; amén de las compañías de mercenarios que, atendiendo a los números que otros conflictos europeos del periodo muestran, a los datos pecuniarios de la documentación del valle aquí reseñada y en relación a los costes de peonía de finales del siglo XII e inicios del XIII dados por Audouin para el caso francés, 172 podrían constituir un contingente bien entrenado de unos doscientos hombres armados más. Esto hace un total, a nuestro juicio, de alrededor de 3000 peones, una relación cercana a los dos hombres a pie por cada caballero. De los cuales, con probabilidad, solo los dos tercios serían guerreros con experiencia militar y convenientemente armados. 7. El modelo militar almorávide. Un análisis de su organización y reclutamiento en el primer cuarto del siglo XII. Existen en las fuentes musulmanas diversos cómputos de cifras militares para los conflictos habidos durante el dominio almorávide, pero todos suelen caer en los problemas que hemos abordado en capítulos precedentes. De todos ellos merece poner el foco en una noticia concreta que ofrece el Hulal al-mawsiyya. Esta crónica cuenta cómo Yusuf ibn Tasufin impuso en 1101 a su hijo Ali ibn Yusuf la obligación de mantener 17.000 caballeros en Al-Ándalus para ser nombrado heredero: 7000 en Sevilla, 1000 en Córdoba, 1000 en Granada, 4000 en Levante y el resto en los territorios fronterizos. $^ { 1 7 3 } \mathrm { Y }$ más adelante afirma que la soldada en Al-Ándalus era de cinco dinares por cada caballero del yund, además «de su suministro y el pienso de su caballo». 174 Pero de considerar estas cifras como razonables175, habría que tener en cuenta algunos aspectos: el coste de mantener las soldadas —más el dispendio en monturas, alimentos, armas y pertrechos— ascendería a más de un millón y medio de dinares, a los cuales habría que añadir los 500.000 más que costaba cada expedición de gran envergadura desde época amirí, por cada vez que hubiera que una movilización general hacia el norte. 176 Estos valores son similares a la inversión anual militar durante el califato —2.000.000 de dinares—, cuyo número de soldados profesionales mantenidos era también muy parecido. Sin embargo, para ser justos hay que admitir que lo que el Hulal explicita son caballerías, no efectivos totales. Si además hemos de adicionar a estas cifras los peones, el número de guerreros profesionales en Al-Ándalus sería mucho mayor. Los estudios de Lagardère asumen que, de forma aproximada, la peonía constituía el doble de efectivos que la caballería en el ejército almorávide. 177 Por tanto, estaríamos hablando de 34.000 peones repartidos por las gobernaciones de todo Al-Ándalus y las fronteras del norte. Sin embargo, nótese que todos estos efectivos —de ingente número— están supeditados a la propia exigencia de Yusuf ibn Tasufin, que no es más que un propósito cuya consecución por parte de Alí en su reinado es más que dudosa. De hecho, un análisis compositivo, táctico y estratégico de las campañas almorávides habidas entre 1086 y 1140, amén de las cifras barajadas para la época califal y amirí, revela que mantener un ejército permanente solo en Al-Ándalus de entre 20.000 y 25.000 hombres constituía, aproximativamente, su única realidad asumible. Unas cifras sensiblemente mayores a las que Ibn Idari e Ibn al-Jatib le atribuyen al califato durante el periodo amirí (978-1002)178, por ejemplo. Buena parte de la historia bélica lamtuní en este periodo, no obstante, está plagada de desastres, retiradas y desbandadas a causa de inferioridades numéricas o por el abuso de contingentes no profesionales mal entrenados. El segundo pilar básico de toda reflexión cuantitativa en este sentido pasa por reparar en los incipientes problemas internos del imperio almorávide durante este periodo. Solo dos meses antes de Cutanda había estallado una rebelión sin precedentes en Córdoba que se extendió hasta mediados de 1121. Con arreglo a un pretexto prosaico, los cordobeses se levantaron contra el poder del emir bajo un trasfondo que estuvo relacionado con las propiedades de los grandes linajes andalusíes de la ciudad, expropiadas por el bayt al-māl —tesoro— almorávide. 179 Un síntoma de los problemas económicos que el imperio estaba atravesando. Con todo, en la primavera de 1120 se dan los primeros conatos rebeldes en torno a la tribu de los Hargha y la confederación de los Masmuda, es decir: del movimiento almohade. Ibn Tumart, quien se había entrevistado con el propio emir meses antes, había comenzado a reunir seguidores y estaba soliviantando ideológicamente a los sectores más desafectos del imperio entre las tribus bereberes del Anti-Atlas.180. En el caso de la revuelta cordobesa, las fuentes narran cómo los sublevados arrinconaron a la guarnición almorávide en la ciudadela, lo que indica la insuficiencia de efectivos que sufría la urbe. En realidad, la crisis del imperio, como ciertos autores han analizado ya, 181 sobrevino en este periodo con gran fuerza, lo que se tradujo en una escasez de los efectivos de las diferentes gobernaciones y los desplazados a las fronteras. ¿Son estos indicios de debilidad casos aislados, o la capacidad militar almorávide estuvo realmente comprometida hacia finales de la segunda década del siglo XII? En efecto. Fuentes como ‘Abd al-Wahid propalan la desviación dogmática y la malversación fiscal de los velados, 182 que habría tenido consecuencias fatales en el campo militar, pues «los gastos no relacionados directamente con el mantenimiento de la estructura militar comprometieron seriamente la eficacia de los ejércitos musulmanes». 183 Basta analizar someramente los conflictos emprendidos por los velados en los años anteriores para confirmar que la pujanza militar del imperio se encontraba en franco retroceso. La campaña contra Barcelona de 1114, integrada por el yund de Levante, Zaragoza y la frontera de Lérida, se saldó con una estrepitosa derrota en Martorell, lograda a partir de un ataque por la espalda de las guarniciones barcelonesas. 184 Al año siguiente, el denuedo almorávide por alcanzar el Llobregat terminó con un efímero acecho a la capital y conatos de guerra de desgaste en su campo. En 1116, tropas salidas de Zaragoza devastaron el feudo de Imad-al-Dawla en Rueda de Jalón, en una acción menor. 185 En 1117 tuvo lugar el más claro ejemplo de esta debilidad. El propio emir, Ali ibn Tasufin, cruzó el estrecho con sus tropas personales de élite —el Hasam—, a las que unió el yund de Sevilla, de Córdoba y un largo número de voluntarios y guerreros de la yihad procedentes de estas demarcaciones y de Granada. El ejército se dirigió a Coimbra, a la que sometió a asedio durante veinte días, para luego levantarlo, fallando en su propósito de conquistarla. 186 El ejemplo de la pusilanimidad almorávide demostrada en las respuestas militares ante el asedio de Zaragoza durante 1118 por parte del ejército cruzado es otra muestra inequívoca, con dos actuaciones que nada pudieron hacer para levantar el sitio de los cruzados, tal como hemos relatado con anterioridad. Quedaba patente la incapacidad de los velados por reunir ejércitos numerosos. Y un año después, la toma de Coria (1119) tuvo lugar por estratagema y no por acción arrolladora, dado que los musulmanes sometidos entregaron la plaza a los almorávides. 187. En realidad, lo que todos estos datos nos indican es que la incapacidad del ejército almorávide en Al-Ándalus durante este periodo pareció deberse a un declive del número de los soldados regulares, como algunos autores han apuntado ya. 188 Lo más plausible es que durante los inicios de la crisis militar y política de los Lamtuna tales números con los que hemos iniciado el capítulo se vieran reducidos a la mitad. Esta carencia organizativa, motivada por problemas en la administración del bayt al-māl, tuvo que ser paliada por un reclutamiento masivo de voluntarios y guerreros de la yihad. Con un ejército disminuido profesionalmente y ampliado por el elemento muttawwi‘a, el poderío militar se vio notablemente reducido. De hecho, Ibn Qattan informa de que, en la campaña emprendida por el Batallador en 1129 hacia Andalucía, el emir se vio obligado a exigir como hecho excepcional y sin precedentes que los cadíes magrebíes del corazón del imperio le enviaran un contingente a la Península en apoyo a la invasión, a lo cual respondieron destinando 300 esclavos negros de élite. 189 Esta noticia nos muestra la excepcionalidad de las injerencias militares entre el Magreb y Al-Ándalus durante este periodo, lo que confirma que el contingente desplazado en 1120 carecía de tropas de más allá del Estrecho. Por tanto, el voluntariado se erigía como el otro gran pilar numérico de los ejércitos almorávides. Este voluntariado suponía el otro gran compartimento de los ejércitos islámicos occidentales. Se trataba de personas que, llamados por la guerra santa, eran reclutadas estacionalmente para formar parte de las campañas militares. Dentro de estos efectivos se encontraban aquellos voluntarios que guerreaban por voluntad propia de modo puntual o a llamada del yihad, así como los que entregaban su cuerpo y su alma a la defensa de la frontera de modo permanente (ahl ar-ribat). Sin embargo, conviene no dejarse engañar por el fanatismo con que a menudo se les ha revestido. Los muttawwi‘a, aunque peor armados que los guerreros regulares, sí podían tener preparación militar. Las fuentes muestran en ocasiones cómo los mandos de estos escuadrones, los fuqaha’ y ‘ulama’ — hombres de letras pero no de paz—, no carecían de preparación y habilidades marciales. 190 Quizás el caso más paradigmático es el de al-Sayrafi, consejero de Yusuf ibn Tasufin, cuya qasida constituye lo más parecido a un verdadero tratado militar del periodo. 191. Los prolegómenos del asedio de Coria y los propios de Cutanda muestran la realidad que estamos perfilando. En el invierno de 1120, Ibrahim ibn Yusuf preparó la expedición contando con el yund regular de Levante y de Granada, más las guarniciones de la frontera del alto Tajo y al otro lado del Sistema Ibérico, y de la frontera del Segre y el bajo Ebro —un contingente, a priori, menos numeroso que el que había liderado el propio emir en el fallido sitio de Coria tres años antes—. Sin embargo, los tambores del yihad redoblan con tanta fuerza en las fuentes que refieren la expedición de Cutanda porque, precisamente, una parte muy considerable de la columna organizada estaba integrada por muttawwi‘a. El papel asumido por Al-Sadafi en la predicación de guerra santa y el reclutamiento de alfaquíes y voluntarios lo erige como el verdadero ideólogo del proyecto, responsable del grueso de estos muttawwi‘a. Buena parte de los análisis emprendidos a partir de las fuentes con objeto de aventurar el número de ulemas, alfaquíes y cadíes que podían morir en martirio en expediciones militares en torno a finales del siglo XI y la primera mitad del siglo XII corren el riesgo de ser fallidos. La mayoría de ellas se reducen a dar nombres, no números. Sin embargo, esporádicamente se suelen consignar, tanto en noticias puntuales como en cómputos totales, algunas cifras que pueden resultar aquí interesantes. Algunas de estos datos reflejan que en choques de armas de similar tenor podían morir varias decenas de estos hombres de letras entregados a la yihad. 192 En el caso que nos ocupa, el estudio del Mu’yam de Ibn al-Abbar arroja un total de treinta discípulos de Al-Sadafi muertos el jueves de Cutanda. Es posible que pudieran ser más los que perecieron, no recogidos en las biografías del asceta levantino —y otros que consiguieron escapar de la matanza—, pero resulta una cifra concordante con la realidad militar del periodo. Estos hombres de religión y leyes comandaban ellos mismos pelotones de un número de hombres variable, o bien eran adscritos a los mismos en apoyo de un caíd con mayor especialización militar. En la organización islámica plenomedieval, tales escuadrones podían variar de entre ocho (‘akda) a cinco mil hombres $( r a y a ) ^ { 1 9 3 }$ —este último pelotón era dirigido directamente por el emir o un caíd supremo—, siendo el bend o compañía de cuarenta guerreros la unidad plausible, a nuestro juicio, a la que tales ulemas eran asignados, dado el tamaño razonable de los ejércitos. Por consiguiente, el número mínimo de voluntarios que integraron el contingente almorávide de Cutanda pudo ser de 1200 hombres, oscilando sus efectivos totales, a nuestro juicio, entre esa cifra y los 1800, considerando que hubo hombres de leyes que consiguieron escapar. Existe una discutible idea de que los ejércitos islámicos de la Plena Edad Media fueron la mayor parte de las veces superiores a los cristianos. Es muy posible que la tradición historiográfica del siglo XX y las tendenciosas narraciones de las crónicas estén detrás de ello. Pero frecuentemente estos no fueron tan numerosos, y menos en proporciones tan desiguales como con facilidad se ha escrito. Hacia finales del emirato de Yusuf ibn Tasufin, el ejército peninsular almorávide habría alcanzado su máximo apogeo, con números cercanos a los dados al inicio del capítulo. Sin embargo, dada la crisis que el imperio estaba atravesando, es seguro que estos efectivos habían descendido en la década siguiente. Por los indicios y noticias que dimanan de las fuentes, es plausible que hacia 1120 los 20.000 o 25.000 soldados que podían llegar a constituir el yund de AlÁndalus en tiempos pasados se hubieran reducido en más de un tercio a causa de los problemas económicos, las campañas fallidas y la imposibilidad de mantener las soldadas. Además de que las fronteras obligaban a sostener onerosas guarniciones en varios frentes militares que convenía no movilizar, y que cada expedición costaba cientos de miles de dinares al tesoro imperial. A esto, hay que añadir que el contingente que Ibrahim ibn Yusuf movilizó en la primavera de 1120 no constituía ni la mitad —por adscripción geográfica de los contingentes de cada gobernación— de todos los ejércitos distribuidos en Al-Ándalus. Si estos menguados cálculos los repartimos porcentual y geográficamente con arreglo a los caballeros que Yusuf impele a armar a su hijo Alí, los números resultantes explican muchas de las acciones y resultados militares acaecidos. De hecho, es muy probable que con verdadero esfuerzos Ibrahim pudiera reunir en la primavera de 1120 poco más de 2000 caballeros y unos 4300 peones, de los cuales el grueso lo integrarían los contingentes de Levante y de la frontera central y oriental. Una hueste profesional a la que habría que añadir las tropas voluntarias antes consignadas. Y este era, con probabilidad, el ejército más imponente que había visto Al-Ándalus desde que el emir en persona cercara Coimbra. 8. Conclusiones e inercias. En noviembre de 1120, el caíd de Lérida, Ibn Hilal, pactaba su subordinación a Ramón Berenguer III a cambio de su protección y que este le facilitara pasar con 200 caballeros a Mallorca. 194 Habían transcurrido cinco meses del desastre de Cutanda. Sin duda, el avance imparable del rey de Aragón y Pamplona había sentenciado, a priori, lo que quedaba de la frontera superior. Después del jueves de Cutanda, el día de San Juan caería Calatayud, y posteriormente todo el distrito del Jalón y del Jiloca, proyectando abarcar el centro y el este del Sistema Ibérico, el Levante, e inmediatamente la totalidad del valle del Ebro: Lérida —sobre la que el Batallador construye Gardeny en $1 1 2 3 ^ { 1 9 5 }$ —, Fraga y Tortosa. Pero, a pesar de lo providencial del encuentro, Cutanda no siguió ni ha seguido los mismos cauces propagandísticos de los que sí han gozado otros hechos de armas del mismo periodo. Es seguro que la explicación, debiendo huir de adocenados argumentos salpicados por el presentismo, haya que encontrarla en cómo se desarrolló una supuesta batalla que, en el fondo, no fue tal. Cutanda representa el modelo tan ignorado por la historiografía tradicional, pero al tiempo tan arquetípico de la guerra medieval: un encuentro difuso, en el que contingentes secuenciados atacan con recurrencia al enemigo, acampado o en movimiento, lejos del concepto de batalla prefijada de arengas épicas y haces ordenados, tan prodigado por la literatura especializada del siglo pasado. Las fuentes parecen abocetar un escenario militar de varios días donde dos ejércitos alternarían escaramuzas y guerra de desgaste, lejos de un campo de batalla al uso. Por tanto, la idea de batalla programada, de escuadrones careados, se diluye ante la evidencia de un choque confuso y caótico, fruto de un buscado recurso táctico por parte de la caballería cristiana. Estas noticias nos impelen a pensar que los cruzados consiguieron engañar de algún modo a los atalayeros musulmanes, de forma que, en algún momento cerca del ocaso del 17 de junio de 1120, se precipitaron contra el grueso acampado de los voluntarios de la yihad, consiguiendo acabar con buena parte de ellos o ponerlos en fuga; la ‘castramentación’ diferenciada de los ejércitos musulmanes fue una constante desde, por lo menos, época califal. No habría que desdeñar que tal desenlace sobrevenido se produjera tras varios días de tentativas, en las que el ejército cristiano pudo tratar de desestabilizar con escaramuzas, como se ha dicho, la columna acaudillada por los lamtuna. Por tanto, a nuestro juicio, aquella tarde, más que una batalla al uso, lo que se dio en el campo de Cutanda fue un ataque sorpresa, de proyección táctica, que desbarató las filas no profesionales de la yihad y empujó por inercia a retroceder a la caballería y la peonía andalusí y almorávide, incapaz de reaccionar por motivos que no podemos conocer pero que pueden columbrarse. Es sabido que, aun presentando tropas veteranas y cohesionadas, la desbandada de una parte de un contingente podía hacer huir por contagio, incluso contra voluntad, a toda una formación bien preparada. El factor clave de este estudio se ha centrado en la organización militar de ambos ejércitos. En relación al cristiano, se ha realizado un definido análisis de aproximación a los efectivos aportados, cuya metodología, ya usada antes por ciertos autores, 196 puede servir para conocer la capacidad militar de otros hechos de armas y campañas en periodos sincrónicos. En cualquier caso, el estudio nos ha servido para establecer marcos aproximativos en torno al número de efectivos de caballería y peonía, lo que sin duda coadyuva a una lectura del conflicto armado —en general— adscrita a reflexiones pragmáticas y más contiguas a parámetros relacionados con una renovación historiográfica vigente. Como hemos tenido oportunidad de comentar, el ejército que Alfonso I pudo reunir en el campo de Cutanda, con la inestimable colaboración de los señores transpirenaicos, fue de importantes dimensiones para la época, como también lo fue el movilizado por Ibrahim ibn Yusuf, a pesar de las dificultades económicas que el imperio estaba atravesando. Pero, a nuestro juicio, la supuesta superioridad de los velados no debió ser tal, no solo por las aproximaciones numéricas que arrojan nuestros análisis, sino por otros indicios que no deben tomarse como baladíes. El primero de ellos es que Alfonso I el Batallador no eludió el choque, todo lo cual debería ser lo suficientemente demostrativo de que atribuirle una inferioridad numérica carece sentido, y por los mismos argumentos tan denodados desde hace años por la historiografía contemporánea con respecto a la elusión o no del encuentro campal. Hasta la Baja Edad Media, todo ejército protegido por los muros de una plaza o ciudad bien fortificada tenía más posibilidades de resistir una campaña obsidional que el atacante de completarla. 197 Coria es un buen ejemplo, solo tres años antes. Si Alfonso I corrió el grave riesgo de confrontar sus tropas en campo abierto, las razones hay que buscarlas en la magnitud de su ejército en relación con la del enemigo. Por añadidura, sin menoscabo de que a nuestro juicio la hueste de Ibrahim fuera ligeramente superior, conviene no perder de vista que una parte de esta procedía de la frontera superior: de las tierras del Ebro oriental y en torno a la medina de Lérida. Si como se ha escrito recientemente, el ejército almorávide ascendió por el Levante hasta Teruel para llegar al llano de Cutanda desde allí en tres días, no parece razonable que las tropas de esta frontera hubieran bajado hasta Valencia —o se hubieran reunido en Teruel—, por lo que es muy probable que faltara una columna que acaso se aproximaba desde el este. Es solo una hipótesis, pero explicaría el movimiento táctico de los cruzados para cortar el paso hacia el Jiloca de la columna principal, y acaso su superioridad numérica circunstancial; y, por tanto, la clave de la victoria. Esto es algo que los estudios recientes sobre el itinerario no terminan de plantear a pesar de su evidencia. Nos seduce el hecho de acometer la definición de todo proceso político-militar medieval inherente a un territorio a partir del distanciamiento de modelos abundados con anterioridad. De hacerse desde una perspectiva bélica, no creemos que convenga leer el pasado como una sucesión de episodios militares sobresalientes, en donde las batallas hayan delimitado las etapas de progreso o cambio. Se admite no obstante que estas, en ocasiones, constituyeron un antes y un después en ciertos momentos clave durante la expansión feudal peninsular, 198 pero, con independencia de ello, no es menos cierto que los procesos expansivos constituyeron un continuum bélico activo, en el que la guerra de desgaste, la estrategia obsidional u otros paradigmas de enfrentamiento armado — puntual, esporádico, sobre un amplio terreno o con ejércitos en movimiento— coparon la realidad armada ordinaria. Este argumento no es nuevo, la renovación historiográfica aludida con anterioridad se ha fundamentado en este y otros preceptos. Si abordamos el estudio del pasado militar medieval bajo ellos, es necesario revisar cuántos «hitos» de armas no fueron tanto lo que se ha pretendido, y sí hechos más complejos y menos delimitables. Cutanda parece encajar en este modelo: un hecho de armas de importancia que había que abordar lejos de un contexto en aislamiento y cuestionando su categorización como una batalla más; y enclavado, por supuesto, en una concepción renovada y cabal de la guerra medieval en su marco holístico. Y eso es lo que hemos intentado. 9. Referencias bibliográficas 9.1. Fuentes. ABD ALLĀH IBN BULUQQĪN, Kitāb al-tibyān li-l-amīr ʿAbd Allāh ibn Buluqqīn, akhīr umarāʾ Banī Zīrī bi-Gharnātạ. Ed. Emilio GARCÍA GÓMEZ, El siglo XI en primera persona. Las “memorias” de ‘Abd Allā, último rey zirí de Granada destronado por los almorávides (1090). Madrid, Alianza, 1980. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Notas sobre la familia Lupiel de Calatayud (1482-1488)
NOTAS SOBRE LA FAMILIA LUPIEL DE CALATAYUD (1482 - 1488) ${ \bf M } ^ { \mathbf { a } }$ de la Encarnacion Marin Padilla. Es nuestra intencion ir dando a conocer en sucesivos trabajos las noticias que sobre los judios de Calatayud y su aljama hemos ido recogiendo en la investigacion llevada a cabo en el Archivo de Protocolos notariales de dicha ciudad sito en ella' y los datos que aportan sobre dicha comunidad judaica los procesos inquisitoriales incoados por el tribunal del Santo Oficio aragonés contra conversos bilbilitanos acusados de judaizar². Parte de estos procesos fueron estudiados para la elaboracion de la tesis doctoral³ y otros en posteriores investigaciones. Con estos trabajos trataremos de dar a conocer la vida de esta gran aljama judaica y de sus miembros en los afios que precedieron a la expulsion. Es imposible realizar dichos estudios con brevedad, porque.sobradamente pueden ser el objetivo de toda una vida. Durante anos hemos dedicado parte de nuestro tiempo a los procesos inquisitoriales contra judaizantes y,a partir de la lectura de la tesis,estamos tratando de completar las noticias recogidas en otros procesos con las que los Archivos de Protocolos notariales contienen. Se ha empezado por el de Calatayud. Los instrumentos publicos notariales muestran una actividad mercantil extraordinaria. Cristianos,moros, judios y conversos, muchos de los .cuales serian apresados y juzgados por el Santo Oficio,compran,venden,contratan,arriendan,cambian,edifican, juran,prometen,se obligan,reciben dinero en comandas y censos,forman companias mercantiles,se ponen a servicio y actuan como Procuradores unos de otros,arbitran,etc.Cada grupo, claro está,en distintos campos y segun sus conocimientos, posibilidades y medios; pero ante el notario desfilan indistintamente unos y otros para que dé fe publica de sus actos dispositivos y mercantiles.La vida de los seguidores de las distintas“leyes",sobre todo de conversos judios, por ser la que ahora nos ocupa,se muestra en un aspecto completamente distinto de lo vislumbrado en los procesos inquisitoriales que durante anos hemos estudiado y que son fuente extraordinaria para conocer la sociedad de finales del siglo XV.A través del estudio de los procesos se sabe cómo transcurrian las vidas de los conversos y de sus parientes y amigos judios; qué hacian desde la manana hasta la noche en una u otra época del ano.qué les interesaba;qué les producia alegria O tristeza;por qué se envidiaban O cuales eran los motivos por los que se respetaban; cómo se divertian; qué valores imperaban 'entre los más pobres e ignorantes que no eran exactamente los mismos que los que regian entre los más cultos o mas ricos;en que creian verdaderamente no solo respecto a religion, sino en relación con el mundo y la vida;y tambien,en muchas ocasiones,como comerciaban y se hacian competencia en los negocios. Con noticias de tan distintos aspectos y actividades procuraremos dar a conocer la aljama judaica de Calatayud y cada una de las familias integrantes de la misma en unos afos determinados. Trataremos en este trabajo de la familia Lupiel de Calatayud y de los principales miembros que la componian,entre los anos 1482 a l488,aunque a veces nos refiramos a hechos que tuvieron lugar antes o después.La base fundamental de este estudio ha sido extraida de los protocolos notariales de Juan Remón, notario real y habitante de Calatayud,y de los ünicos procesos inquisitoriales conservados en Zaragoza en los que algun miembro de la familia Lupiel aparece nombrado. F. Baer senala que los Aven Lupiel o Lopiel eran de Zaragoza y Calatayud y cita los nombres de Jahuda, Samuel y Salamon4. Son los mismos nombres que recoge M. Serrano y Sanz5 : Simuel Abenlopiel que aparece como adelantado de la aljama de Zaragoza en los anos 1466, 1467, 1475 y $1 4 8 5 ^ { 6 }$ ; Salamon Abenlopiel tambien adelantado de la dicha aljama en $1 4 9 1 ^ { 7 }$ ; un Tovi Abenlopiel,mayor,de Zaragoza;y Jeffuda Avenlopiel, de la villa de Epila,“cirrurgico”,que aparece nombrado el $1 1 . { \bf X } { \bf I } { \bf I } . 1 4 1 9 ^ { 9 }$ . Tal vez Jeffuda Avenlopiel, de Epila, sea el unico que puede tener relacion familiar directa con los Lupiel de Calatayud que vamos a estudiar, pues sabemos que Acach Lupiel y Jaquo Lupiel estuvieron viviendo en la dicha villa. Anteriormente M. Serrano y Sanz cita a un “Jeuda Abenlopiel",“jodio cilurgico”, que aprobaba una sentencia arbitral el 12.V.1403 en Zaragoza1o.. Por su parte J. Cabezudo Astrain ha estudiado documentos en que estos judios aparecen nombrados: Simuel Abenlopiel es citado como miembro de la aljama de Zaragoza para nombrar procuradores el 11.X.1463 en dicha ciudad11 ; Juda Abenlopiel, adelantado de la dicha aljama y Simuel Benlopiel, judio de ella, son nombrados en un documento hecho en la misma el 24.VIII.144412. Unos anos antes, el 7.I.1426 en Zaragoza, Jehuda Abenlopiel es nombrado, junto con otros judios, porque debian cierta cantidad de dinero 13. Cabezudo Astrain recoge,ademas,el testamento hecho 4F.BAER: Die juden im christlichen Spanien.Berlin,1929,T.I,päg.1095. 5M. SERRANO Y SANZ: Origenes de la Dominacion Espanola en America. Nueva Biblioteca de Autores Espanoles. Madrid,1918,T.XXV. 6 M. SERRANO Y SANZ: Origenes.. pägs. XIV-nota 3, XVI, XVII, XVII-nota 4 y XLIII-notas 1y 2 respectivamente. 7 M. SERRANO Y SANZ: Origenes... päg. XVI. 8 M. SERRANO Y SANZ: Origenes.. pág. XLVII. 9 M. SERRANO Y SANZ: Origenes... päg. XLI-nota 1. 10 M. SERRANO Y SANZ:"Notas acerca de los judios aragoneses en los siglos XIV y XV.Rev.de Archivos,Bibliotecas y Museos,T.XXXVII. 11 J.CABEZUDO ASTRAIN:“Nuevos documentos sobre judios zaragozanos’ Sef. XX (1960), II, pag. 411. 12 J. CABEZUDO ASTRAIN:“Noticias y documentos sobre los judios zaragozanos en el siglo XV". Sef. XIV (1954),II, pag. 377. 13J.CABEZUDO ASTRAIN:“Noticias y documentos.." pag.382. por Tovi Abenlopiel o Abenlobel,“metge"que vivia en Zaragoza, el 10.VI. 1484,otorgado ante el notario de dicha ciudad Juan de Altarriba14 . De la familia Lupiel han llegado hasta nosotros datos documentales,más o menos abundantes, sobre todo de cuatro personajes principales que nos permiten conocer .algunas de sus actividades como médicos y prestamistas. Eran cuatro y hermanos los principales miembros de la familia Lupiel de Calatayud de los que tenemos noticias en los anos 1482 a 1488.Acach Lupiel,maestre Jehuda Lupiel1'5,maestre Jaquo o Jaco Lupiel y maestre Juce o Yuce Lupiel. Los tres ültimos aparecen como “meges",“ciruganos” o“maestros en cirurgia".Los cuatro vivian en Calatayud en el ano l483,aunque algunos llevaran residiendo alli algunos afos antes. Antes de empezar a hablar de los cuatro hermanos Lupiel, nos referiremos·a sus padres, pues de ellos hay una mención en las primeras noticias recogidas. Estos habian sido vecinos del converso Leonardo de Santangel y de su mujer en Calatayud 16, por lo que tenian conocimiento de que dicho matrimonio judaizaba en todo.Leonardo,ademas,habia dejado a su hijo Alfonso,como heredero,ciertas vestiduras judaicas y aunque éste pretendia venderlas y por “manos de Davit Levi’ le daba rabi Joceu cincuenta sueldos por una, no se la quiso dar17. Aunque fue el propio Jaquo Lupiel quien, el 11.I.1489 en Calatayud18,habl6 de sus padres ante el tribunal del Santo Oficio 14J.CABEZUDO ASTRAIN:“Testamentos de judios aIaguueses .scI. AvI (17Ju), I,pags.142-144. 15 ApebesitHuddadasrbianosoesc 16 Z.AAT.Leg.15,n.o1 (16).Proceso contra el difunto Leonardo de Santangel,converso de Calatayud. El estudio de dicho proceso quedó recogido en mi tesis doctoral,T.III,pags.761-769. Leonardo de Santángel, vivia hacia 1454 en la juderia de Calatayud (fol. ${ \bf 2 3 0 v . }$ )y luego “cabe la placa de Sant Jaime”(fol. $2 2 8 \ \mathbf { v } . )$ .Estuvo casado con Margarita de Montesa (fol. ${ \bf 2 2 5 \ v . }$ )yera pariente de Haym Avenxuen,tal vez primo o hermano, pues los hijos de Haym,Cidillay Simuel,eran sobrinos suyos (fols. ${ 2 2 9 \ \mathbf { v } }$ y $2 2 3 { \ : \mathfrak { v } } . )$ : Aunque el Libro verde de Aragón.Documentos aragoneses publicados por I.DE LAS CACIGAS,Madrid,1929,pägs.42y 149,se refiere a“Azarias Ginillo", judio de Calatayud,y a sus descendientes los Santangel,no aparece nombrado Leonardo. 17 Z.AAT.dicho legajo y n.o,fol.233. 18 Dado que la mayoria de los instrumentos publicos notariales y testificaciones ante el tribunal inquisitorial citados tuvieron lugar en la ciudad de Calatayud,no se especificara dicha ciudad a partir de ahora,excepto en el caso en que se levara a cabo en otro lugar. aragonés,no dio sus nombres. Tenemos noticias de un Salamon Lupiel, que aparece como difunto el 11.II.1466 en Calatayud, al hablar de un majuelo de Ant6n Cortés,alias de Ateca, zapatero, y de Juan Cortés, notario e hijo suyo,ambos ciudadanos de Calatayud,majuelo que sito en “Melich", término de la dicha ciudad, afrontaba con otro de herederos de Salamon Lupiel,“quondam"19 . En realidad, nada induce a creer que Salamon fuera el padre de los cuatro hermanos Lupiel, por lo que esperamos en próximas investigaciones aportar algun dato sobre cual fue su verdadero nombre. Vivian los cuatro hermanos Lupiel en la juderia de Calatayud y lindaban sus casas unas con otras: las de Juce Lupiel con las de su hermano Jehuda, las de éste con las de Acach,que, a su vez, lindaban con las de Jaquo.Las cuatro casas daban a dos“carreras” eie. Pasamos a hablar ahora de cada hermano en particular y de las noticias recogidas sobre él, siguiendo un'orden alfabético,pues no hay indicio de cual fuera el mayor o menor de los cuatro. En este estudio daremos algunas noticias más de sus casas y de lo que. fue de ellas. ACACH LUPIEL. La noticia más antigua encontrada sobre él, entre los documentos consultados, es la que hace referencia al pleito que hacia 1468 mantuvo con su hermano Jehuda segun consta en el proceso del converso Pablo de Daroca²² . Jehuda tenia como procurador al dicho converso, por lo que Acach presentó una celula en la que pretendia que le retirara el cargo,alegando que por “ley” de judios,un cristiano no podia ser procurador entre dos de aquéllos.Cédula a la que el converso Pablo respondio con otra en la que arguia que segun rabi “Moyses de Egipto"23,el judio que se hacia cristiano no era cristiano,“antes era mal jodio”,diciendo:“Ysrrael Senistamat analpi²4 senistamat ysrael hu", segun afirmaba el testigo que constaba en el pleito²5.Todo esto lo contó al Tribunal del Santo Oficio en Calatayud,el 11.I.1489,ante el que compareció como testigo el propio hermano de ambos contendientes,el maestre“cirurgico” Jaquo Lupiel, comentando además que Pablo afirmaba que él era tambien judio y mas que judio²6. Aunque se afirma en el proceso que Acach y Jehuda Lupiel pleiteaban delante del baile de Calatayud²7, mas bien parece que lo hacian ante un tribunal judio, pues de otro modo no se explica el hecho de que el converso hablara tan libremente de si él se consideraba judio o cristiano. Las relaciones entre los hermanos debieron mejorar con los afos.El dia 5.X.1483,Gracia de Sayas,viuda de don Rodrigo de Sayas, que vivia en Calatayud, otorg6 haber recibido de maestre Juce Lupiel, maestre Jehuda Lupiel y Acach Lupiel, judios hermanos, aquellos 1OO sueldos²8 que le hacian de “cens e treudo” perpetuo cada ano el 12 de febrero los cuales eran de dicho dia y mes del 1483.Con ellos la viuda se daba por contenta hasta el 1O de febrero,de todos los_censos debidos“e recagados” hasta el dicho dia y les dio albaran29 . Otras veces Acach actuaba junto con su hermano Jaquo.El 25.IV.1485, Benito Ram, mercader y ciudadano de Calatayud, vendió al magnifico Juan de Funes,escudero del lugar de Paracuellos de Jiloca,aldea de Calatayud,40O sueldos censales, por precio de 40o sueldos,que otorg6 haber recibido.Dichos 40 sueldos eran de un “cens e treudo perpetuo” de 28O sueldos anuales,pagaderos el 15 de febrero,que los dos hermanos,Acach y Jaquo Lupiel, le habian vendido por 2.8OO sueldos en carta publica de venta censal, hecha en Calatayud el 4.II.1467 por el notario Antón de Miedes30. Conviene anotar aqui que al referirse a los hermanos Lupiel, el notario dice que vivian “olim” en la villa de Epila. De alli suponemos que vendrian a vivir a Calatayud, en donde aparecen como habitantes en 1483. Luego veremos que Jaquo tambien residió en La Almunia de Dofa Godina. El mismo dia que Benito Ram vendio a Juan de Funes los 40 sueldos dichos, vendió también o revendi6 a Jaquo Lupiel 20 sueldos censales de los 280 del predicho censal, por precio de 200 sueldos que otorgó haber recibido31. Unos dias después, el 4.V.1485 en la dicha ciudad y ante el mismo notario,Benito Ram otorgó haber recibido de Jaquo y Acach Lupiel todos los censos debidos y “recargados" que le pertenecian de aquellos 28O sueldos censales. Por lo que se consideraba bien pagado de todos los censos vencidos hasta el 15.I1.1485, exceptuando los 4O sueldos que, como hemos visto, vendió a Juan de Funes por $4 0 0 ^ { 3 2 }$. Entre el 4 de mayo y el 3O de junio, es decir, en esos cincuenta y seis dias del ano 1485,muere Acach Lupiel. El mismo dia 30 de junio,el ya nombrado escudero Juan de Funes, sin revocar otros procuradores suyos, nombró como tales a Lorenzo de Venecia y Miguel Garcés, notarios y habitantes de Calatayud,ausentes, especial y expresamente para en su nombre demandar, haber, recibir y cobrar, cualquiera de ellos,aquellos 40 sueldos censales y de treudo perpetuo,a pagar el 15 de febrero,en que los dichos Acach y Jaquo Lupiel le estaban obligados y para que pudieran hacer albaran. Es aqui precisamente donde, tras ei nombre de Acach Lupiel, aparece escrito “quondam"33. Pero los dos procuradores nombrados por Juan de Funes no debieron cobrarlos,pues todavia se vuelve a hablar de estos 40 sueldos censales. Siete dias despues, el 7.VI1.1485, Juan Remon, como notario publico,intimó a maestre Jaquo Lupiel que de aquellos 40 sueldos censales que cada afo pagaba a.Benito Ram, trapero,respondiese al magnifico Juan de Funes,a quien se los habia vendido,como hemos visto,el 25.IV.1485.A esta intimación notarial respondia maestre Jaquo lo siguiente:“que como sobre aquel censal huviesse jurado el dito Venito Ram em presencia del senyor bayle,no seyer suyo ni en ningun tiempo a Acach Lupiel, “quondam”,ni al dito Jaquo Lupiel, no haverles prestado ningun dinero,antes aquel censal seyer de maestre Huda Lupiel, y si alguna quantidat o quantidades de aquel se haviesse o han recebido, que aquellas havia recebido el dicho maestre Huda Lupiel, hermano suyo,porque el le fazia fazer albaran o albaranes de las dichas quantidades".Por tanto requeria al notario que hiciera carta publica de todas y cada una de las cosas predichas 34 . La respuesta que Jaquo Lupiel dio al notario puso de manifiesto lo que se pretendió ocultar: el acuerdo en vitud del cual el mandante Jehuda Lupiel confirió al mandatario Benito Ram poder para llevar a cabo en su lugar actos juridicos: en esta ocasion,la compra de un censal a sus propios hermanos; pero todo se descubrió al disponer Benito de él como cosa propia y vender una parte a Juan de Funes. A la muerte de Acach Lupiel acaecida,como hemos visto, entre el 4 de mayo y el 30 de junio de l485,sus casas pasaron a ser,por terceras partes indivisas,de sus tres:hermanos, Jehuda, Jaquo y Juce, como herederos suyos35. JAQUO LUPIEL. Fue quien explicó ante el tribunal inquisitorial el pleito que mantuvieron sus hermanos Acach y Jehuda36,y las palabras que en hebreo pronunció el converso Pablo de Daroca, cuando Acach pretendia que,por ser cristiano,no interviniera como procurador de su hermano en la disputa que ambos mantenian.Estos hechos los referia Jaquo,como testigo,el dia 11.I. 1489,testificacion que no pudo reproducirse por haber muerto antes de $1 4 9 2 ^ { 3 7 }$ . A la vez, Jaquo dio cuenta de la proximidad de la casa de sus padres con las del converso Leonardo de Santängel y de las vestiduras judaicas que éste legó a uno de sus hijos 8 . Supo también el tribunal por medio de Jaquo que hacia 1463, estando en el mercado de Calatayud con otros cristianos el converso Gabriel de Santa Cruz, mercader,disputando de las“leyes” con su hermano Jehuda,afirmó: “quando no la christiandat no me sirva para (sic) sino para cobrar los deudos con la espada en la mano, me sirve para mucho39. Pero pasemos a hablar de maestre Jaquo Lupiel y de sus negocios. Sabemos que con su hermano Acach habia residido en Epila. Viviendo en dicha villa,el 31.I.1466, Sancha, viuda de Pedro Trinquado,Aznar de Urgel, vecinos de Calatayud,Diego de Mufiana, zapatero,y su mujer Maria,vecinos de Ateca,aldea de Calatayud, confesaron tener en comanda de Jaquo Lupiel y de los suyos 450 sueldos40 . En un documento de fecha 11.IX.1473 del notario Antón de Abiego,citado por J. Cabezudo Astrain,se reunen los judios en la sinagoga de Epila para nombrar a Garcia de Vera, escudero de la villa,merino suyo;entre ellos aparece citado Jaco Lupiel, como “singular”(yahid) de la aljama41. Como hemos visto, también viviendo alli, Jaquo junto con su hermano Acach vendió un censal de 28O sueldos a Benito Ram, como mandatario de su hermano Jehuda 4² . recian ante el Tribunal fueran llamados uno o varios anos despues para que ratificaran sus testificaciones.Esta segunda y,a veces,tercera comparecencia,pedida por el Tribunal,nos permite conocer con bastante frecuencia,si el testigo vivia todavia; si se habia domiciliado en otra ciudad,villa o aldea,-pues entonces venia a testificar desde alli,o se tomaba alli su reproduccion-; si habia muerto,como en el caso de Jaquo Lupiel; si se fue en el destierro cuando el testigo era judio o si se convirtió. 38Z.AAT.Leg.15,n.o 1 (16),fol.233.Parece que se trataba de una camisa de rabi y dos“arrides”de los que se “echan los jodios por encima la cabeca":mismo legajo y numero, fol.228.A dichas vestiduras alude J.CABEZUDO ASTRAIN:“Los conversos aragoneses segun los procesos de la Inquisicion". Sef. XVIII (1958),II, pag. 282. 9Z.AAT.Leg. 15,n.o 1 (19),fol. 140.Proceso contra el difunto Gabriel de Santa Cruz,converso de Calatayud. C.APN. Leonardo de Santa Fe,1466, fol. $\Im \Im \textbf { v }$ .Era testigo con dos cristianos,Simuel Habrullo,vecino de Calatayud. 41J.CABEZUDO ASTRAIN: “La juderia de Epila". Sef. XVII (1957),I, päg.113. 42C.APN.Juan Remón,1485, fols. $\pmb { 1 2 5 \ v }$ ,126,206 v.,207,212 v.y 213. El 29 de octubre de l482 en Calatayud, Salamon Xambriel, como procurador de maestre Jaquo Lupiel, habitante entonces en La Almunia de Dona Godina,recibio 5O sueldos de los 200 que debian dos cristiamos a su principal, segun comanda hecha en Calatayud el 22.V.1481, recibida y testificada por el notario Francisco de Heredia. Salamon, en su nombre,otorg6 albarán43. Con las casas de maestre Jaquo Lupiel debió de haber algun problema que no vemos claro a través de los documentos examinados.Dichas casas estaban situadas,como hemos visto,en la juderia, lindando con las de su hermano Jehuda Lupiel y con “carreras” publicas por dos partes o con el Barranco. Pues bien,el 26.III.1483,a Juan Cortés,notario y ciudadano de Calatayud, como procurador que afirmó ser del noble don Lope Ximénez de Gurrea, senor de la baronia de Epila,“le plazio" que Jaquo Lupiel, judio maestro en la“cirurgia” y habitante de Calatayud,“attendido que el dicho su principal tenia vendicion de unas casas,sitias en la juderia de la dita ciudat al varranquo, que afruentan con casas de maestre Huda Lupiel, con casas del dicho don Lop Ximenez, e con el varranquo",“le plazio", deciamos,que “entrasse em possession pura real e corporal"de las dichas casas. Jaquo Lupiel con el notario y los testigos,en presencia del procurador,“consistient,entro em possession pura real e actual de las dichas casas de part de suso confrontadas; e en senyal de verdadera possession abrio y cerro las puertas ...ando e passeo por aquellas,e fizo otros actos possessorios que en los tales actos son acostumbrados facer pacificament e quieta sinse contradiccion de persona alguna". Luego Jaquo y el procurador pidieron al notario hiciera carta publica del acto,a la vez que a Juan Cortés “le plazio.. morasse por el dicho su principal e habitasse”en las dichas casas44 . Dos afios después, el 31.II.1485,Pedro Tris,notario y ciudadano de Calatayud,tambien como procurador de don Lope Ximénez de Gurrea,entró en posesion de las predichas casas que eran de don Lope,con las mismas ceremonias que lo habia hecho Jaquo Lupiel,“e a mayor cautela puso encima de la puerta ma 43 C.APN.Juan Remón,1482,fol. ${ \bf 2 9 0 ~ v }$ 、Eran testigos con un cristiano,Mosse Truchasy Vidal Catorze,ambos de Calatayud. 44 C.APN.Juan Remón,1483,fols $9 7 \textbf { y } 9 7 \textbf { v }$ .Fue testigo con dos cristianos, Simuel Romi,sastre de Calatayud. Obsérvese que en esta época algunos notarios actuaban como procuradores. yor... las armas del dicho senyor...". Tras requerir luego al notario para que hiciera una o muchas cartas publicas del hecho,Pedro Tris permitió que el honrado maestre Jaquo “romaniesse e estasse e morasse en las preconffrontadas casas del dicho senyor don Lope, con tal pacto empero que reconociesse e atorgasse tenerlas por él". Jaquo otorgó y reconoció tenerlas “e possedirlas por el dito senyor don Lop Ximénez de Gurrea,e no por otra persona alguna". Tambien en este caso el procurador pidi6 al notario levantara acta.Después,“quasi continuo”Pedro Tris en su dicha funcion “fue e accidio a una caleja que tiene una puerta haza la Plana, empero sin entrada ninguna a las casas de maestre Huda ni maestre Jaquo”,y también en el dicho nombre, tomó posesion de:la “dicha caleja,entro e sallio en aquella,abrio e cerro la puerta de aquella,e fizo otros actos possessorios paciffice". Y de nuevo pidio al notario hiciera instrumento publico del acto45. De estas lecturas puede deducirse que debió de ponerse en duda la propiedad de las casas que ocupaba Jaquo Lupiel,y el noble Don Lope se vio forzado a enviar un nuevo procurador para que quedara carta publica notarial de quién era el dueno real de las susodichas casas. Pero aun asi, resulta poco claro que Jaquo las ocupara graciosa y gratuitamente. $\scriptstyle \vdots { \bf P o r }$ qué no pagaba nada a “logro” como era $\cdot$ corriente en estos casos? Y, si pagaba algo a cambio de ocuparlas,ipor qué no se especifica nada en el documento? Tal vez, en sucesivas investigaciones en el Archivo,podamos conocer cuál era la verdadera situación por la que el noble era dueno de las casas que ocupaba Jaquo Lupiel, casas que sitas en la juderia lindaban con las de sus hermanos y que, veremos cuando Jehuda Lupiel venda las suyas,que éstas lindaban con las de su hermano Jaquo, sin hacer referencia alguna al noble don Lope. Es posible que la razón fuera mucho mas simple: que don Lope lo hiciera para evitar que Jaquo adquiriera la propiedad de las casas por usucapion o prescripcion adquisitiva. Un ano antes,en 1484, Jaquo Lupiel habia sido “bolsa” de la aljama de Calatayud 46. El dia 2.II.1486 Jaquo Lupiel, sin revocar a otros procuradores suyos, nombraba como tal a Sento Ficariel, maestro en cirugia de la villa de Pina,que estaba presente y recibio y aceptó la dicha procuracion. Esta era especial y expresa para que Sento, por él y en su nombre,obligando su persona y bienes,pudiera “demandar,haver,recebir e cobrar” cualesquiera cantidades a él debidas con “cartas o menos de cartas" publicas o privadas, y hacer albaranes de lo que cobrara; verder o revender “censes de censales ensemble con las suertes principales de aquellos", obligandose a “eviccion de acto, tracto,contracto vel alius"; “absolver,quitar e deffenecer”a cualquier persona que a él estuviera obligada; vender en su nombre casas, heredades,piezas, vinas,etc.; y hacer sacar cartas de poder de cualquier notario. Ademas le daba poder para pleitos47 . Siete meses después, el 18.X.1486 Jaime Remón, mayor de dias y ciudadano de Calatayud,“de su cierta sciencia”y certificado de su derecho,vendió a maestre Jaquo todos aquellos 1.100 sueldos que el difunto “Bendicho el Luengo",mercader y ciudadano de dicha ciudad, y Juce Lupiel, cirujano,le debian segun carta publica de comanda hecha el 24.VII.1486,recibida y testificada por el notario Alvaro de Gotor,de Calatayud. Se los vendio por otros 1.10O sueldos,que otorgó haber recibido. Pero cuando ese mismo dia Juan Remón,como notario publico, intimó a Juce para que respondiese de los 1.1OO sueldos a su hermano Jaquo, Juce contestó pidiendo al notario copia de lo a él notificado,a la vez que le rogaba no cerrase carta publica sin su respuesta,ya que él no debia nada a Jaime Remón ni sabia lo que le decia48 . Si a la redaccion de ambos instrumentos publicos asistieron vendedor,comprador y uno de los deudores,pues el otro habia fallecido,el revuelo y discusion que seguiria a estos actos debió de ser digno de presenciarse pues no era poca la cuantia de la deuda, y uno de los deudores ya no vivia; a no ser que todos supieran lo que habia realmente en este asunto. Pero las cosas no debian irle bien a maestre Jaquo Lupiel. El 27.X.1488, en presencia de los honorables Sancho de Monesa y Pedro de Moros, nuncios de la corte del justicia de Calatayud, compareció Lorenzo de Venecia, notario y ciudadano de la ciudad4,como procurador esta vez de Jaquo Lupiel, quien dijo ante notario y testigos “que como los ditos nuncios huviessen en dias pasados ydo a casa del dito maestre Jaquo,e prendar e huviessen prendado y executado en la dicha casa,que a cuyo mandamiento o por cuyo mandamiento lo havian executado, lo que executaron". A esto respondieron los nuncios afirmando “que por mandamiento del senyor justicia e de los officiales de la dita ciudat e que agora son, fueron a ia dita casa del dito maestre Jaquo et executaron e penyoraron dos licheras (colchas) blanquas cardadas, las quales de la dita casa saquaron e se trayeron consigo",basándose en el dicho mandamiento.El procurador entonces requirió al notario para que le hiciera carta publica testimonial de todo,“a conservacion del derecho del dito su principal para memoria en el tiempo sdevenidor";y los nuncios a su vez lo requirieron para que no cerrase carta publica “sinse su respuesta,por que havido de su consello farian lo que devrian"so .El mismo dia Lorenzo de Venecia,segun intervenia,daba respuesta a micer Domingo de Santa Cruz, jurista,el cual dijo que “havida copia y havido de su consejo que faria lo que devra”y que no cerrase carta publica sin su respuesta51.Dos dias después,el 29.X. 1488,Lorenzo de Venecia “fizo fe y relacion de la procura"que a él y a otros procuradores suyos hizo Jaquo Lupiel, a pleitos,“para requerir et protestar", segun constaba por carta de procura hecha en Calatayud el 5.X.1488, recibida y testificada por el notario que vivia en dicha ciudad Luis de Santángel5².Y ese mismo dia Jaquo Lupiel decia ante el notario que la “tenia por recebida.. por habida...53. Estas son todas las noticias recogidas hasta ahora de maestre Jaquo Lupiel que,como se ha dicho,habia muerto ya en 1492, por lo que no vivió los terribles y tragicos dias de la expulsion. En los documentos consultados no aparece noticia alguna ni de mujer,ni de hijos,ni acerca de su profesión como ocurre con sus otros dos hermanos médicos. JEHUDA LUPIEL. A través del estudio que de los conversos aragoneses se hizo en la mencionada tesis.doctoral,quedaba clara la estrecha relacion que entre estos nuevos cristianos y sus parientes y amigos judios existia.Un capitulo trataba en especial de la asistencia de los médicos judios a sus familiares y conocidos converso $\ S ^ { 5 4 }$ ·. Basandose en estos lazos de amistad maestre Jehuda Lupiel hizo algunas curas al converso Pedro Sanchez,alias el Recadero, ya sus hijos.En agradecimiento el converso le enviaba algunas veces fruta y melones55 . Fue también maestre Jehuda Lupiel médico de la conversa Maria López,a la que asistió en varias ocasiones en que estuvo a la muerte.Era grande la amistad y familiaridad que entre el médico y su paciente existia. Prueba de 'ello,por ejemplo,es que por una ventana de la casa de Jehuda, que debia dar o desde donde se veia “la carrera mayor de la juderia",miró Maria las“alegrias” que los judios hacian por el nacimiento del principe en medio de la dicha calle56 . 53 C.APN. Juan Remón,1488,fol.190. Tampoco acaba el instrumento como en los dos casos anteriores.Hay doce o trece lineas en blanco,aunque al final nombra a los testigos:un cristiano y el mismo Jaquo Avayut,que ahora,dice,viviaen Calatayud,“clamados et rogados" 54 M.aE. MARIN PADILLA: Contribucion al conocimiento de los ritos..T.I,capitulo LIV,apartado 6,pags.1.485-1.852.A ella me permito remitir al lector por no alargar mas este articulo. 55 Z.AAT. Leg.12, n. 3,2),fol.1.Proceso contra Pedro Sänchez,alias El Recadero, converso de Calatayud. 56 Z.AAT.Leg.16,n.O 4,fols.4v.y 6.Proceso contra Maria López,mujer de Pedro de Santa Cruz,mercader preso de Calatayud.Debe referirse aqui al nacimiento del principe Fernando en el ano 1452,luego Fermando II de Aragón.A traves del Proceso de Maria Lopez se sabe que ésta debio nacer hacia 1439,que la casaron con Pedro hacia 1452 ó 1453,y que en 1485,cuando murió el rey de Napoles Alfonso V, tambien estuvo viendo el "planto”que se hizo en la juderia. Véase sobre este tema mi tesis,T.II, pags.1.796-1.802. También los lazos de sangre mantenian la relacion entre conversos y judios. En el proceso de Jaime de Montesa5’ se dice que un judio Lupiel, “menge” de Calatayud,estaba casado con una hija de una prima hermana de Constanza de Montesa o Constanza Lopez, madre de Jaime58. Pues bien, cuando en 1471 tuvo este matrimonio una hijas9, la conversa Constanza envió a sus nietas Constanza la legitima, hija de Juan de Montesa,y Constanza la bastarda, hija de micer Jaime de Montesa,a que “estrenaran"60 a la madre judia, sobrina suya. Las nifias le llevaron reales O medios reales -explicó con poca precision la testigo que lo refirió al Tribunal- y alli en casa de la judia les dieron colacion de “esfrillas"61 de carne con vino blanco a las nifias y pasas a Ines la moza que las acompanaba²,a la que no dejaron entrar en la habitacion. Jehuda ademasde sus curas a algunos conversos les prestaba otra clase de ayuda que ellos le agradecian infinitamente. En el ano 1467 a 1468 maestre Jehuda Lupiel avisó del dia en que caia el ayuno de Haman o de la reina Ester al converso Luis de Heredia,portero del sefor Rey y vecino de Villarroya, que iba a su casa a curarse de una cuchillada. Luis, aconsejado por él, ayunó todo el dia y a la noche cenó en casa de Jehuda “a una mesa"’y de sus viandas62'. Pero dejemos a maestre Jehuda como médico y sepamos qué hacia en otras actividades de su vida, sobre todo en la económica. Conocemos que vivia en Calatayud hacia 1463 -si es que no habitó allf siempre- y que en el mercado discutia con el converso Gabriel de Santa Cruz de las “leyes judaica y cristiana"63. 57Z.AAt. Leg.32,n.o 1,fol.105. Proceso contra el converso Jaime de Montesa. La sentencia de dicho proceso fue recogida por M. Serrano y Sanz: Origenes... pags. DIX-DXV. 58 Puede referirse'a Jehuda, Jaquo o Juce,pero solo nos consta que fue Jehuda el ünico de los cuatro hermanos que tuvo mujer y una hija,segun los documentos estudiados. 59 Véase mi tesis,T. I, capitulo XLIV,apartado 5, pags.1.839-1.844. 60 Regalan, obsequian. 61 Empanadillas. 62 Z.AAT. Leg.32,n.1,fol. 105. 62' Z.AAT.Leg.24,n.o 7,1) fols.14 v.y 15. Proceso contra Luis de Heredia,Confesion de Luis el19.I1.1490. 63Z.AAT. Leg.15,n.o1 (19),fol. 140. De este mismo ano 1463,De Las Cagigas estudia un documento hecho en Calatayud el 6 de.junio en el que Martin Vellido,“baxador”’ y cirujano de.dicha ciudad,recibió 3OO sueldos en comanda del honorable maestre Jehuda Lupiel, judio ‘cirurgico" bilbilitano64 . Cerca de tres afios después,el 22.I.1466 en Calatayud,maestre Jehuda Lupiel junto con Martin Navarro,mercader y ciudadano de dicha ciudad,era nombrado ärbitro y amigable componedor para los pleitos, debates o cuestiones, tanto civiles como criminales,que fueran movidos y suscitados entre Brahem Cit Bon,sastre,y Jaquo de Ezra,zapatero,ambos de dicha ciudad, de una parte,y Mosse Cardeniel, cotamallero, también de alli, de la parte contraria. Estos tres judios se comprometieron y obligaron a loar,aceptar,aprobar y homologar la sentencia que pronunciaran los dos ärbitros bajo pena de 5O florines “en florines flamantes de oro en oro", pagaderos por la parte que no cumpliera la sentencia y divididos en dos mitades:una para la parte obediente y la otra para los cofres del senor $\scriptstyle \mathbf { R e y } ^ { 6 5 }$. Hacia 1468 Jehuda Lupiel mantuvo el pleito, comentado ya, con su hermano Acach66. De dos afos después tenemos documentos que dan prueba fehaciente de la actividad prestamista de Jehuda Lupiel, El 12:VI.1480,un labrador y un sedero,cristianos de Calatayud,otorgaron tener en comanda de Jehuda y de los suyos 200sueldos67,que se obligaron a restituir, gravando68algu nos de sus bienes69 . El 27.VII.1480,un escudero de Calatayud recibió en comanda de Jehuda Lupiel, judio “ciruxico” y de los suyos 300 sueldos, que se obligó a pagar respondiendo con algunos de sus bienes7o . El 29.I1.1481,un escudero y Juan Daza,hijo de Miguel Daza, difunto,ambos de Calatayud,otorgaron tener en comanda y recibido de Jehuda Lupiel l2O sueldos71 . El 5.X.1483 hemos visto como Jehuda con sus hermanos, Juce y Acach,debian un censo a Gracia de Sayas de 1OO sueldos anuales72. sigamos publicando; solo se especificaran los bienes y propiedades pertenecientes a judios,sin copiar lo que carece de interés,por ser repeticion de fórmulas conocidas. Conviene recordar que,generalmente,lo que se conserva en estos Archivos Histó- ricos de Protocolos Notariales son copias extractadas de los instrumentos publicos que recibian los interesados,en los que al final aparece la fecha,nombres de los testigosy la firma y signo notarial. Sirvan de ejemplo los documentos referentes a Calatayud y comentados por I.DE LAS CACIGAS:“Tres cartas publicas de comanda".Sef.VI (1946),I,pags. $7 3 { \cdot } 9 3 \ \mathbf { y }$ F.CANTERA BURGOS:“Cartas de comanda y venta referentes a judios y conversos de Calatayud". Sef.VI (1947),II,pags. 361-369.En los documentos notariales.conservados en estos protocolos aparece primero la fecha, luego los instrumentos que en ese dia se hicieron en tal lugar, villa o ciudad,yal final los testigos,sin que estéel signo notarial ni la firma.En el primer folio de cada protocolo el notario escribia su nombre,nombramiento,la ciudad en donde ejercia su oficio y el ano,teniendo siempre en cuentaque éste empezaba a partir del dia 26 de diciembre.Al final de algunos protocolos el notario solia poner: “deo gratia”u otras anotaciones curiosas que no podemos recoger aqui. Siguiendo con los protocolos notariales conservados en los Archivos,el notario,en ocasiones,al final de algunos instrumentos notariales,afirmaba que al interesado o interesados"..les plazio la present... (nombra la clase de instrumento de que se trata) fuesse por mi.. (nombre del notario) notario,largament ordenada non mudada la substancia etc.large ut licent.."(C.APN. Juan Remón,1485,fol.133). Pues bien,este instrumento largamente ordenado era el que recibian los interesados. Tambien se conservan en los Archivos de Protocolos otros más pequenos,en octavo que,todavia mäs escuetos,debian de servir al notario como indice de los instrumentos que realizaba en el aio,pues en ellos apenas aparecen fórmulas juridicas, se escriben solo los nombres de los comparecientes y no suele especificarse los bienes con los que respondian en casos de préstamos o comandas. Actualmente el protocolo notarial estä formado por las escrituras matrices con las firmas de comparecientes y testigos,si los hay,y signo,firma y sello del notario autorizante,siendo las copias de estas escrituras matrices,tambien signadas,firmadas y selladas por el notario,lo que se entrega al o a los interesados. 69C.APN. Forcen Lopez,1480,fol. ${ \bf 1 0 7 ~ v . }$ Fue testigo con dos cristianos,maestre Mose Alpastan,de Calatayud. 70.C.APN.Forcen Lopez,1480,fol.137.Era testigo con dos cristianos,Sento Benosillo,de Calatayud: 71 C.APN.Forcen Lopez,1481,fol.41. Era testigo con dos cristianos,Acach Enforma,de Calatayud. 72 C.APN.Juan Remon,1483,fols.357y 357 v. Al dia siguiente Benito Ximénez, mayor de dias y vecino del lugar de Terrer, aldea de Calatayud, recibió en comanda de maestre Jehuda Lupiel 9O sueldos, obligandose con sus bienes73 . El 17.XII.1483 Cinha, viuda de Juce Manyan,“metge”de Calatayud, certificada de su derecho y como propietaria de todos los bienes de su marido,vendió a maestre Jehuda Lupiel los 75 sueldos que le quedaban por cobrar de aquellos 135 sueldos que Juan de Ordiales,vecino del lugar de Ateca,aldea de Calatayud, debia a su marido segun carta publica de comanda hecha en dicha ciudad el 27.IX.1478, recibida y testificada por Pedro Ferrer, notario de alli. El precio era de 75 sueldos, que Cinha otorgó haber recibido, a la vez que se obligaba a “eviccion de acto, tracto, contracto...\*74. El 19.XII.1483,Mohoma Pastor,menor de dias,moro vecino de la moreria del lugar de Terrer, recibió en comanda de maestre Jehuda Lupiel 2OO sueldos,y se obligó con sus bienes75 . El 13.I.1484,Juan Donamilla,de Calatayud,recibió en comanda de maestre Jehuda un “cafiz” de buen trigo,limpio y mercadero de dar y recibir, y se obligó con sus bienes76 . El 7.III.1484, Simón de Santa Fe, sastre vecino de Calatayud, recibió _en comanda de Jehuda 12O sueldos y respondio con sus bienes77 . El 28.IV.1484,dos cristianos vecinos del lugar de Malanquilla recibian en comanda de Jehuda Lupiel 1OO sueldos, que prometieron restituir,obligandose con sus bienes7 . El 2.V.1484,Vicente Gonzalvez y Ant6n Ferrando, vecinos del lugar de Carenas,“simul e insolidum” confesaron tener en comanda y recibido de maestre Jehuda Lupiel 1OO sueldos,y se obligaron con sus bienes79. El 22.VI.1484, Juan de Pero Marta, menor de dias y su mujer Toda, vecinos de Calatayud, otorgaron tener en comanda y recibido de Jehuda Lupiel y de los suyos 30O sueldos, que prometieron restituir,obligándose con sus bienes8o . Y el 5.XII.1484, Ant6n de Morata y Catalina,conyuges, labradores y vecinos de Calatayud,confesaron tener en comanda de maestre Jehuda Lupiel 1OO sueldos y se obligaron con sus bienes81. Pese a los 1.010 sueldos que, fijandonos solo en los afos 1483 y 1484, prestó en comanda maestre Jehuda Lupiel, no parece que otros médicos judios de Calatayud, que reciben prestamos en comanda y censos, gozaran de muy buena posicion económica. Hay algo que no llegamos a ver claro detras de las ventas que de todos sus bienes “mobles e sedientes” hicieron algunos judios de dicha ciudad poco antes de su muerte. Este tema, tras el estudio de los documentos encontrados hasta ahora,que no aportan suficiente material, queda pendiente de un juicio valorativo futuro. Maestre Jehuda Lupiel el 8.VI.1485 vendió “agora e para todos tiempos jamas”a Jaime Jover, mercader-y vecino de Calatayud,“las casas, vinyas e bienes mobles suyos infrascriptos, primeramente": “unas casas donde de present habita, sitias en la juderia de la dita ciudat, que affruentan con casas de maestre Juce Lupiel cirujano hermano suyo,con casas de herederos de Acach Lupiel, hermano suyo, quondam, e con la carrera publica. Item la tercera part de las predichas casas que eran del dito Acach hermano mio,quondam, a mi pertenescient, como heredero em part de todos los bienes del dito quondam Acach Lupiel, indivisas e por partir entre el dito maestre Juce Lupiel e Jaquo Lupiel, hermanos suyos; que affruentan con las ante ditas casas donde él de present habita,con casas del dito Jaquo Lupiel, hermano suyo,e con carreras publicas de dos partes.Item una vinya suya sitia en el Campillo,término etc. que affruenta con vinya de herederos de micer Garcia de Valtierra,quondam, e con la carrera publica; ensemble con qualesquiere censes de censales e las suertes principales de aquellos,con las prorratas e censes corridos etc.,e que de aqui avant correran etc.,que él tenga e le pertenezcan sobre qualesquiere consejos e personas singlares,etc.,los quales quiso haver aqui por calendadas etc.,et qualesquiere cartas de comandas,deudos,depositos e otras qualesquiere obligaciones,etc.Ensemble con todos otros qualesquiere bienes mobles,assi como son: tacas,copas,picheles de plata,qualesquiere quantidades de dineros,florines,reales castellanos de oro,camas de ropa,almadraques, licheras de lana,lincuelos (sic) de lino,de canyamo, bonavas, oregeros,laceles,banquales, cortinas,caxas,caxones, tovajas, tovajones,alfacaras,calderos o otros qualesquiere vaxillos de arambre, ropas de vestir,assi de hombre como de muger,emsemble con los vaxillos vinales,dentro de las ditas casas estantes,etc.; los quales y las quales” le vendió por 25.0oO sueldos,que junto con el “alihara"8² otorgó haber recibido&3 y tomó “quinyan gamur mehach san84 en la falda e poder de Sento Cohen judio testimonio infrascripto'.“Et le plazio -termina el instrumento- al dicho maestre Huda, fuesse por mi, Johan Remon, notario,ordenada la present vendicion largament a todo provecho e validat del dito Jayme Jover"85 .Pero éste no tomaria posesion, al menos de las casas compradas a Jehuda, hasta unos meses despues. Entre el dia 8 de junio y el 12 de octubre del 1485 muere maestre Jehuda Lupiel, pues el mismo dia 12 el comprador Jaime Jover compareció ante el mismo notario Juan Remón, los testigos y la viuda&de maestre Jehuda Lupiel, “quondam”, tomó posesion de las dichas casas87,“e abrio e cerro las puertas de.aquellas,e pacifficament e quieta etc.,e fizo otros muchos actos possessorios sin contradiccion de persona alguna'. Tras lo cual requirió al notario para que hiciera carta publica. Despues y ese mismo dia Jaime Jover dio y otorgó a“loguero a la dicha viuda&& las mismas casas9,por tiempo de un ano a partir de ese dia,por precio de lOO sueldos pagaderos “por sus terces abancados", segun costumbre de la ciudad. El arrendador prometió y se obligó a no ‘tirargeles por otro mayor ni menor precio",y la arrendataria, tras tomar y recibir las casas a“loguero”, prometió y se obligó a su vez a “bien pagar aquel por sus terces abancados"; comprometiéndose ademas uno y otra con sus personas y bienes muebles e inmuebles, habidos y por haber90 . Tras la venta que de todos sus bienes hizo maestre Jehuda,las disputas y peleas surgieron en su familiaa su muerte.Tal vezla causa fuera el haber dejado hijos de distintas madres,segun veremos, que propiciaba la desaparicion para los ausentes de los 25.000 sueldos producto de la venta. Un dia después de que su viuda recibiera en alquiler las casas que poco antes habian sido de su marido,el 13.X.1485,en un instrumento publico del mismo notario se dice:“que como debates,questiones assin civiles como criminales sian O se esperen de haver” entre su viuda $\mathrm { O r o } ^ { 9 1 }$ ,Acach Lupiel9² y.Bonosa Lupiel93,hijos de ella “de la una part agents” y Azarias Lupiel, Sento Lupiel e Juce Lupiel, hermanos,“fillos del dicho quondam maestre Huda Lupiel de la part otra agents",ambas partes dejaban en manos de Jaime Jover, de Acach Pacagon,hijo del difunto Brahem Pacagon, y de Jaquo Lupiel, tio de ellos, para que en el plazo de quince dias y con la prórroga que les pareciera bien,arbitraran el litigio94.Todos se obligaron a cumplir lo que dichos ärbitros sentenciaran respondiendo con sus personas y bienes bajo pena de 500. florines de oro,divididos en tres partes:una para el senor Rey,otra para el.\`judge que de la tal conocera”y la tercera para la “part obedient e que terrna e complira lo que por ellos sera sentenciado"95. No aparecen mas noticias de cual fuera la sentencia de este litigio,ni de cómo terminó la cuestión,en el protocolo de este ano del notario Juan Remón ni en los de los afos l486,1487 y 1488 del mismo notario,consultados para este trabajo. Si hemos sabido algo mas de cuatro de sus hijos: los dichos Azarias,Sento y Juce Lupiel, y de Salamon Lupiel%. De un Salamon Lupiel que no parece sea el mismo hijo de Jehuda, hemos encontrado una noticia escueta.El 19.V.1487,al hacer testamento Juan López de Jaraba, tamborino y vecino de Calatayud decia entre otras cosas:“Item lexo,quiero,ordeno et mando que sian pagados... a Salamo Lupiel, judio de Calatayud, 8 sueldos que le debo9 . 94Era frecuente que en los litigios en que intervenian judios y cristianos,judios y moros o cristianos y moros,alguno de los ärbitros o amigables componedores fuera de la misma“ley”que la de los litigantes,aunque no necesariamente. 95 C.APN.Juan Remón,1485,fols.311y311 v.En los casos de arbitraje podia variar la cuantia pecuniaria de la pena -en este instrumento era muy alta- en caso de que no se cumpliera la sentencia arbitral,pero el reparto era con frecuencia el mismo que aparece en este instrumento. 96 Salamon Lupiel tal vez no apareció nombrado en el litigio que siguió tras la muerte de su padre,entre su viuda e hijos,por su corta edad.Sabemos que el 16.VII. 1492 el judio Ento Emforma actuaba como tutor de Salamon Lupiel, hijo de maestre Jehuda Lupiel, segun recoge G.BORRAS GUALIS:“Liquidacion de los bienes de los judios expulsados de Ia aljama de Calatayud". Sef.XXIX (1969),I,pags. 31-48,del protocolo notarial de Pedro Diaz,ano 1492;el seior Borras no da los folios de los documentos comentados en todo el articulo. De uno de los hijos nombrados,Azarias,sabemos que el 25.I.1481,dos cristianos hermanos,de Calatayud,y la mujer de uno de ellos,otorgaron tener en comanda de él 128 sueldos que habian recibido,obligandose con sus bienes98. Seis afos después, el 1.X.1487, Juce Lupiel, como procurador de su hermano Azarias,otorgaba haber recibido de Onequar el Ruvio,moro de la moreria de Calatayud,aquellos 78 sueldos que le tenia que dar a Azarias el dia y fiesta de San Juan Bautista.El dinero lo recibio de manos de Jaime Jover99,por lo que otorgó albaran de paga“e de recepta"ioo. Pero este pago que Onequar hacia,venia de la obligacion contraida un ano antes,cuando el 4.IV.i486 él y Mahoma el Ruvio, ballesteros,moros de la dicha moreria,“simul e insolidum” otorgaron haber recibido en comanda de Azarias Lupiel 617 sueldos respondiendo de ellos con parte de sus bienes. Pactaron que Onequar tenia que pagar 390 sueldos en cinco anos,cada ano 78 sueldos,siendo la primera paga el dia y fiesta de San Juan Bautista del l487,y asi hasta pagar los 390 sueldos. Los otros 227 “a cumplimiento” de los 617, tenia que pagarlos Mahoma en tres.afios, cada afo el dia y fiesta de San Juan Bautista 75 sueldos y 8 dineros, siendo la primera paga tambien en l487,y asi hasta pagar los 227 sueldos. Se obligaron Onequar y Mahoma con sus personas y bienes; Azarias prometió y se obligó a no exigir la dicha comanda antes de lo pactado y en los términos acordados,obligandose tambien en su persona y bienes. Y asi debio ocurrir, porque segun consta en nota al margen, el l3.VII.l491,“plazio” a Azarias Lupiel que la comanda fuese cancelada101. Creemos que el nombre que aparece al final de la cedulilla hebraicoaljamiada de Calatayud comentada por el profesor. Canteralo²,y el firmante de la misma es este Azarias Lupiel03 , hijo de maestre Jehuda. Sabemos que Yuce Lupiel absolvió el 16.VII.1492 de sus deudas a ocho moros de Calatayud104 . A Sento Lupiel, de Calatayud, solo lo hemos visto nombrado al aparecer como testigo instrumental el 14.VI.1486 en dicha ciudad105. JUCE LUPIEL. Sólo una vez aparece nombrado en los procesos incoados contra conversos bilbilitanos acusados de judaizar. Cuando el ya citado converso Luis de Heredia compareció ante el Tribunal del Santo Oficio confesó que siendo pequefio de ocho o nueve afios, preguntó a su madre:“Madre,los mochachos me llaman rezmellado; qué mal he huvido yo en mi miembro".Entonces su madre le explicó;“Fijo, tu aguelo Luys de Heredia truxo a casa unos jodios llamados maestre Juce Toriel (sic), médico,maestre Salamon Avayut,cilingiano y Huda Moreno,capatero;y el dicho maestre Juce Lupiel (sic) en presencia de los dichos jodios y de tu aguelo te circuncidio y te saquo una poca de sangre de tu miembro que te pusieron nombre Jaquobiquo y te estrenaron quatro reales y eras de edat quando te circuncidieron de edat de quatro o cinquo anos".Y terminó confesando Luis que desde pequeno hasta los catorce afos mas o menos estuvo en casa de su abuelo Luis de Heredia, zapatero,ya difunto10s’ El relato es conciso y claro como todos los de los procesos de esta época. Por los instrumentos publicos conservados en los protocolos consultados nos consta que actuaba como médico,pactando con sus enfermos las condiciones en que habia de curar y el dinero que recibiria por ello,ademas de figurar en comandas. Examinemos en orden cronológico las noticias encontradas. El 26.IV.1480,cuatro cristianos,uno de ellos acompanado de su mujer, otorgaron tener en comanda de maestre Juce Lupiel, judio “mege” de Calatayud,l50 sueldos y respondieron con sus bienes. Esta comanda fue cancelada por maestre Juce el 21.VIII. 1486 a la vez que otorgó albaran106. El 29.X.1482,una viuda cristiana y su hijo,vecinos de la villa de Torralba,aldea de Calatayud,recibieron en comanda de Juce 32 sueldos y respondieron de ellos con parte de sus bienes107. El 3.XII.1482, Juan Ferrandez, que vivia “de present”en Calatayud,de “su cierta sciencia” atendiendo y considerando que Juce Lupiel, cirujano,“le guarece y ha de guarecer,dios mediante, de cierto mal que tiene en las camas (piernas), por lo qual en satisfacion,aunque no edondigna,le ha de pagar seys florines de oro etc.". Por ello prometió y se obligó a que en sus “piedes ni en agenos no salrria” de la dicha ciudad ni de sus aldeas hasta haberle pagado los dichos seis florines.“Hoc en cara prometio e se obligo de yrle pagando la dicha quantia poquo a poquo a lo qual tener e complir obligo su persona e bienes108. El 31.XII.1482,Catalina, mujer de Martin de Sos, Pedro Bueno,hijo suyo,y Domingo Barral, vecinos del lugar de Ateca,“simul e insolidum” recibieron en comanda de Juce 5 florines de oro en oro y respondieron con sus bienes109. El 14.I.1483,Martin Roiz,vecino de Jaraba,aldea de Calatayud, recibió en comanda de Juce 12O sueldos y respondió “specialment...1io Item dos yeguas la una de pelo morzillo vel quasi et la otra de pelo bermejo vel quasi”que confesó y otorgó tenerlas "nomine precario” y por el dicho maestre Juce Lupiel111. El 30.IV.1483,Ferrando Torrellas,albardero de Calatayud, juró por la Cruz y los Santos Cuatro Evangelios de Nuestro Senor Jesucristo dar y pagar a Juce Lupiel 4 florines de oro en oro y 10 sueldos hasta ocho dias despues del Corpus Cristi “primero vinient inclusive", bajo pena de perjurio112. El 25.VIII.1483, Pedro de Segovia, confitero y habitante de “present” en Calatayud, juró como el anterior y por lo mismo dar y pagar a maestre Juce Lupiel, “en haviendole curado una fistole que le cura”,10 florines de oro,bajo pena de perjurio y obligacion de su persona y bienes1l3.Y por ultimo el 5 de octubre de este mismo ano lo hemos visto debiendo con sus hermanos, Acach y Jehuda,1OO sueldos censales a Gracia de Sayas. El 1.I1.1485, Catalina Serrana, viuda de Domingo Perdiguero, y su hijo Mateo Perdiguero, soguero, vecinos de Villarroya,aldea de Calatayud, confesaron haber recibido en comanda de Juce Lupiel l00 sueldos. En esta ocasion madre e hijo respondian con unas casas y fue condicion entre las dichas partes que dos meses despues de que maestre Juce hubiera curado a Domingol14 de las “plagas que tiene en el braco, que sian tovidos e obligados" pagarle los dichos 1oo sueldos.de la comanda; y.asi lo juraron. Por su parte maestre Juce prometio y se oblig6 “que si caso sera que si fasta un anyo” al dicho Domingolis "se le torrnavan las plagas del braco, de el torrnargeles a curar bien e complidament e de no levarle ni demandarle cosa alguna directament ni indirecta de medicina ni de nada de la cura que fara etc. dius obligacion”de su persona y bienes116. Ocho meses después,el I.XII.1485,el cristiano Andrés Calle 111 C.APN. Juan Remón,1483,fols.15 v y 16.Era testigo con dos cristianos, Namias Carffati. 112 C.APN. Juan Remon,1483, fol.147 v. Era testigo con un cristiano.Haziel Montero,albardero de Calatayud. 113 C.APN. Juan Remón,1483,fol. 270.Era testigo con un cristiano,Baruch Hazay, de Calatayud. 114 Debe referirse a Mateo. 115 Vuelve a poner Domingo. 116 C.APN. Juan Remón,1485,fols.24 v.y 25.Era testigo con dos cristianos, Jehuda Habrullo,de Calatayud. jero,vecino del lugar de Calmarza, confesó tener en comanda de maestre Juce Lupiel 2O florines de oro en oro.Y Juan Alonso, vecino del mismo lugar, juraba por Nuestro Sefor Dios,por la sefal de la Cruz y por los Santos Cuatro Evangelios de Nuestro Senor Jesucristo, dar y pagar a Juce, por todo el mes de marzo de 1486 inclusive, 40 sueldos bajo pena de perjurio y obligando a su persona y a todos sus bienesl17 . Un ano mas tarde, el 18.X.1486, hemos visto como Juce18 negaba deber con “Bendicho el Luengo” los 1.1O0 sueldos que Jaime Remón habia vendido a su hermano maestre Jaquo Lupiel. De nuevo aparece en los documentos consultados el nombre de Juce cuando ei 29.XII.1487 Miguel Vidal, cedacero de Calatayud, se obligaba a mantener y dar lo que necesitara a Juan9 ,“un pellicero que esta ferido,a el e a su hermano para servirlo de todo lo que menester havra, a conocimiento"de maestre Pedro Franco,barbero,de maestre Juce Lupiel, cirujano,Juan de Gotor y el tambien pellicero Miguel de Pamplona. Se oblig6 Miguel Vidal a cumplirlo con su persona y bienes120 . Por ultimo el cirujano Juce Lupiel vendio el 19.VI1.1492,a Juan Zapata de Azor, alguacil del Rey, dos comandas que a él le debian: una de 2.00O sueldos y la otra de 1.400, por precio ambas de 3.400 sueldosl21. Fue por tanto maestre Juce Lupiel el unico de los cuatro hermanos que vivió el desgarramiento que supuso la expulsión, junto con los hijos de su hermano Jehuda. Con esto terminamos las referencias personales que hemos logrado recoger en los_protocolos consultados de los hermanos Lupiel, que vivieron en Calatayud. Las noticias comentadas hasta aqui hacen referencia a los cuatro hermanos Lupiel actuando solo como particulares, pero icuales pudieron ser sus actividades como miembros de la comunidad judaica de Calatayud y como posibles componentes de la administracion de la misma?. Para conocerlas tenemos que examinar los documentos que hacen referencia a la aljama de Calatayud en estos anos y en los que aparecen nombrados clavarios,adelantados y otros judios “singulares"de ella.No nos sirven,por tanto,los documentos en los que la aljama bilbilitana pagaba censos que debia a particulares, pues entonces sólo aparece citado el judio “bolsa”de la aljama, que en el 1484 lo fue,como' hemos visto, Jaquo Lupiel. Tampoco nos sirven los documentos en los que la aljama pagaba la pecha ordinaria al Rey de 3.000 sueldos, que en 1482 los recibia don Luis Sanchez,baile y receptor general del reino de Aragónl2²,u otro tipo de impuestos en los que, pese a referirse a la aljama,no aparece nombrado judio alguno, como cuando el 7.XI.1487 en Calatayud,mosén Pedro Monterde, tesorero del senor arzobispo de Zaragoza y como lugarteniente del tesorero general del Rey,Gabriel Sanchez,recibió de la aljama bilbilitana los 3OO sueldos que ésta tenia que pagar de la cena de “absenciade manos de Calema Benardut, judio de la dicha ciudad y lugarteniente del adelantado de la aljama123. Pasamos por tanto, siguiendo un orden cronológico,a las noticias que interesan referentes a la aljama de Calatayud en estos anos. El 30.XII.1482,“plegada,congregada, si quiere ajustada el aljama de los clavarios,adelantados et singulares" judios de la juderia de Calatayud, en la “sinoga mayor, si quiere midras mayor, todos los otros (sic) sinogas, si quiere midrases cerrados"de la dicha aljama,donde se reunia para “tales e semblantes actos",por “clamamiento e publico pregon",hecho por Brahem CidiCaro,nuncio corredor publico de la aljama,entre los convocados aparece un miembro de la familia Lupiel, maestre Juce,pero sólo como singular de ella. Se convocaba esta reunion para testimoniar que Salamon Quatorze, Jaquo Pacagon y Mosse Alazan,éste ültimo difunto ya,habian sido clavarios,receptores e “bolsa de las pecunias e rentas”de la dicha aljama y que habian dado“bueno leal verdadero conto e razon del regimiento receptoria e administración", y considerando “havernos restituydo dado e pagado las quantidades,bienes e cosas que juxta los dichos contos e en otra manera dar,pagar e restituyr nos deviays,las quales quantidades bienes e cosas otorgamos haver havido".Por tanto, toda la aljama,presentes y ausentes “absolvieron,quitaron e deffenecieron"a los tres judios citados del “regimiento,claveria,bolsa e administracion del principio del mundo fasta el present e infrascripto dia"124 . Ningun miembro de la familia Lupiel estaba entre los judios que prestaron juramento,el 30.I.1485 en Calatayud,en presencia del magnfico don Miguel de Peralta,ciudadano de dicha ciudad y lugarteniente del baile de los judios y moros de ella. Se reunieron en esta ocasión los judios dentro de la Sinagoga,“si quiere midras mayor", con la “Tora em bracos em poder de rabi Juceffe",para jurar segun Fuero no “levar de logro ni cens a persona alguno (sic) si no es quatro dineros por livra cada mes,segunt por fuero es estatuydo125. Tampoco aparece miembro alguno de la familia Lupiel cuando el 8.I.1485 se volvió a reunir la aljama de Calatayud en la dicha sinagoga,por llamamiento hecho en esta ocasion por Davi Levi, nuncio y pregonero de la dicha aljama,quien “fizo fe y relación el demandamiento de los clavarios e adelantados de la dita aljama haver clamado e publicament cridado la dita aljama para oy dia present e ora etc. en do fueron presentes plegados."i26,para nombrar unánimemente precuradores suyos,no revocando los otros hechos por la aljama,a Pedro de Gotor y Luis López, notarios,a Acach Pacagon, hijo del difunto Mosse Pacagon,y a Yaquar Alfrangil,de la ciudad,ausentes.Todos ellos eran nombrados especial y expresamente para que en nombre y voz de la aljama pudieran presentar “qualesquiere provisiones, privilegios, letras e firmas de derecho a qualesquiere officiales”y de la presentación de aquellos,“fer fazer una o muytas cartas publicas". Se nombraba tambien al dicho Acach procurador a pleitos127. El 11.IV.1485, Juan Gascón,vecino del lugar de Maluenda, aldea de Calatayud, otorgó haber recibido de los clavarios,adelantados y aljama de los judios de dicha ciudad aquellos 5OO sueldos, que le hacian de “cens e treudo perpetuo" cada ano el 19 de diciembre,y que eran de la“solucion e paga”del dicho dia y mes del 1484.Juan Gascón recibia los 500 sueldos“por manos de Jaquo Lupiel, que habia sido precisamente este ano “bolsa”de la aljama128. No aparece ningun Lupiel cuando el 4.V.1485,reunidos los adelantados,clavarios y judios “aljamantes,aljama fazientes e representantes” en la Sinagoga Mayor,por llamamiento en esta ocasión de Acach Afla,nuncio o pregonero,todos unanimes y concordes hicieron procuradores de la aljama,no revocando los otros,a Brahem Aviayut129,de Zaragoza,Bonafos Argelet,de Huesca,y Jehuda Avayut, de Calatayud,ausentes.Era esta procuración para que especial y expresamente,en nombre y voz de la aljama,pudieran los dichos procuradores o dos conformes solamente, obligarse junto con los procuradores de Zaragoza y Huesca,“e no sin aquellos",al magnifico Juan de Pero Sánchez, ciudadano zaragozano,o“a quien el querra”,en una carta de comanda de 3o.ooo sueldos y aquéllos en su poder,otorgar haberlos recibido junto con los procuradores de las otras aljamas. Por“quanto las dichas aljamas ensemble con ellos,aquellos tienen ofrecidos dar para servicio de la magestat del senyor Rey". Los referidos procuradores, además,debian prometer, junto con los otros,“e non sin aquellos", restituir y devolver los 30.000 sueldos a Juan de Pero Sanchez o a quien el quisiera,obligando sus personas y todos los bienes muebles e inmuebles suyos y de la aljama130. No deja de ser curiosa la coincidencia de que fuera precisa 127 C.APN. Juan Remón,1485,fols. 35 v. y 36. Fueron testigos con el especiero cristiano Miguel Lopez,Salamo Jauli y Salamo Ava (en blanco),quiza Avayut,“clamados erogados". 128 C.APN.Juan Remón,1485,fols.106 y 106v.Era testigo con un cristiano,Calema Alpastan,menor de dias,de Calatayud. 129 Debe ser Avayut. 130 Siguen todos los requisitos y formulas juridicas acostumbrados en la época, fols. 132, $\mathbf { 1 3 2 \ v }$ .y133.Eran testigos con Juan de la Fuente,molinero,Salamon Cohen y Mosse Xambrel,de Calatayud. mente de manos del converso Juan de Pero Sänchez de quien recibieran los judios el dinero que tenian ofrecido dar “para servicio de la magestat del senyor Rey’, sin especificar mas.El mismo Juan en estos meses,con otros conversos aragoneses -entre ellos Jaime de Montesa-, intentaban formar una “bolsa’’ de donativos para impedir el establecimiento del Santo Oficio.En la tesis mencionadai3i y en nuestro trabajo presentado en el Homenaje al profesor José Maria Lacarra de Miguel13² quedaban recogidas, segun noticias de los procesos inquisitoriales,las entregas de dinero por parte conversa para evitar el establecimiento del tribunal de Santo Oficio en Aragón, o al menos del modo que se pretendia implantarlo. Cuatro meses después de estas entregas moria assinado en Zaragoza Pedro Arbues. Pero volvamos a la aljama de Calatayud.Cuando el 22.X.1487 se reunia de nuevo en la misma sinagoga,estaban presentes los hermanos Azarias y Sento Lupiel, hijos,como'hemos visto,de maestre Jehuda. Era la reunión para nombrar procuradores a Juan Alonso, Juan Remirez, notarios, Yaquar Alfrangil, de dicha ciudad,y a rabi Ezdra Catdax,que vivia en Zaragoza,ausentes, para que especial y expresamente pudieran presentar “qualesquiere privilegios suyos a ellos pertenecientes de qualquiere manera que sian a qualesquiere senyores o judges de qualquiere ley,estado e condicion", y para pleitos133 . No aparecen los Lupiel cuando el 25.X.1487 en Calatayud, entre los once judios que se personaron ante el notario y los testigos para manifestar como el magnifico micer Martinez,comisario o subdelegado,“en et cerqua de las usuras",les habia presentado una citacion criminal para que comparecieran ante él,en el plazo de diez dias,a “instancia del fisco de la magestat del senyor Rey",que ellos “obedeciendo mas y deseando fazer y complir lo que por part de la magestat del senyor Rey les sera mandado,que parten para donde quiere que su magestat estuviere,para comparecer delante de su alteza e dar'razones y fazer todo aquello que su alteza fuere y sea servido e en cara que fueran antes de agora partidos sino por estar ocupados e por indisposicion de sus personas”’no lo habian hechos.Por todo lo cual pedian al notario hiciera carta publica134. El 30.I.1485,como se ha visto, se afirmaba que se habia fijado la cuantia de cuatro dineros por libra de interés. Y era efectivamente cierta la enfermedad en el caso de Jehuda Nacan, trapero bilbilitano, pues a comprobarlo,tuvieron que ir ese mismo dia notario y testigos. Estaban sus casas en la juderia y lindaban_con las de Mosse Nacan y con vias publicas por dos partes135. En ellas encontraron a Jehuda Nacan echado en la cama y,tras mostrarles una pierna hinchada “con una plaga en ella pro aclipsado y atribulado que no se podia levantar ni andar ni yr alla a donde lo mandarian”, Jehuda pidió al notario que con lostestigos habia visto “que cierto estava bien aclipsado”y que tenia “la cama inflada con una canal ubierta”,que hiciera carta publica de que no se podia comparecer segun se les habia mandado en relación y “cerqua de las usuras", aunque él “quisiera cierto bien yr de la part de alla si bueno estuviera, pero que no podia levantarse de donde estava136 . Recuérdese que por esta época los préstamos en comandas O censos habian cesado practicamente, segun los protocolos consultados, por parte de los Lupiel; muertos Acach y Jehuda, los otros dos hermanos Jaquo y Juce no prestan dinero en comandas ni en censales. Por ultimo, cuando el 26.VI.1488 se reunia la aljama y clavarios de la juderia,como era usual, en la Sinagoga Mayor, por voz y llamamiento del nuncio Brahem Cidi Caro,entre los presentes tampoco figura ningun miembro de la familia Lupiel137. 134 C.APN. Juan Remón,1487,fols.200 y 200 v. Eran testigos en un otormamiento un cristiano y Brahem Lapapa, judio tejedor de Calatayud;yen otro un cristiano y Mosse,hijo de Acach Pacagon,judio habitante de Calatayud. 135 Sobre estas casas a las que tuvieron que ir para examinarlas los Inquisidores, volveremos a hablar en otro momento. 136 C.APN. Juan Remón,1487,fols.200 v.y 201.Era testigo con un cristiano,Brahem Namias,de Calatayud. Sobre este mismo asunto volveremos al tratar de otros judios bilbilitanos que si tuvieron que partir a donde su Magestad estaba, aunque no se especifica en que lugar,como hizo entre otros Brahem Alpastan (fols.201v.y 202). 137 Al no terminar el instrumento,-hay siete u ocho lineas en blanco-,no sabemos para qué se reunian en esta ocasi6n. C.APN. Juan Remón,1488,fol. 124.El tes. Segun los documentos comentados no parece que los hermanos bilbilitanos Lupiel tomaran mucha parte activa como miembros de la comunidad a la que pertenecian. Solo Jaquo Lupiel fue “bolsa de ella en 1484,como hemos visto. Es digno de encomio que de ningun miembro de la familia Lupiel, que vivió en Calatayud en estos anos conste que hubiera cambiado su “ley"’ mosaica por la cristiana. Los Lupiel no aparecen citados en el Libro Verde de Aragón138,ni en los más de doscientos procesos consultados existe la menor alusión a posibles lazos familiares con conversos,pues los sanguineos con la madre del converso Jaime de Montesa,a los que hemos aludido,eran por parte de la mujer de un judio Lupiel,“menge" de Calatayud. Estas son todas las noticias encontradas en los trabajos de investigación llevados a cabo hasta ahora,de los miembros de la familia Lupiel, que ahora comentamos, tres de los cuales se habian dedicado a la medicina, esa profesion que tantos judios aragoneses habian ejercido y a los que los monarcas de Aragón dispensaron conocida protección. Tenemos la seguridad de que a medida queavance nuestra investigacion hallaremos más noticias; aunque es trabajo lento siempre se acaba encontrando algun nuevo dato que completa las vidas desdibujadas que poco a poco vamos descubriendo. En el documento citado de fecha 3.XII.1482 se dice que la aljama esta reunida en la “sinoga mayor, si quiere midras mayor,todos los otros sinogas, si quiere midrases cerrados". Basandonos en él, no queremos terminar este trabajo sin recoger algunas noticias de las sinagogas de Calatayud,como anticipo de un futuro estudio de ellas. A. Neuman apunta que en Calatayud debieron haber siete sinagogas139, pero hasta el momento no tenemos conocimiento mas que de la existencia de tres: La Sinagoga Mayor, Sinagoga Vieja O Midras Mayor, que de las tres formas aparece nombrada, la Sinagoga Menor y de una tercera, que luego seria convertida en Iglesia del Senor “Sant Paulo". tigo cristiano del acto era Juan de Segovia,nuncio de la “enquesta"y habitante de Calatayud,junto con el judio bilbilitano Mordahay Avencrespo. 138 Libro Verde Aragón.Documentos aragoneses publicados por I. De Las Cagigas, Madrid,1929. 139 A. Neuman; The Jews in Spain.New York,1969,T.II,pag.150. La Sinagoga Mayor en donde, como se ha visto,solia reunirse la aljama estaba en la juderia y lindaba -sin especificar nunca en los linderos si era a derecha o izquierda- en i483 con casas de Salamo Hezi que daban a dos “carreras” publicas14o y en 1484 con casas de Acach Almuli, que adquirió por venta que le hicieron sus padres Jehuda Castiel y Reyna por la cantidad de 1.2OO sueldos141.En 1486 la “sinoga vieja” lindaba con casas de Jaquo Enrrodrich que daban a la via publica14²,con las que sigue lindando en l488, hasta que el 18 de marzo las vendió a su hermano Mayr Enrrodrich,que vivia en la villa de Almazan,del reino de Castillal43.En este mismo ano lindaba también la Sinagoga Mayor: con las casas de Salamo Avayut y su mujer Estella,que daban a una “carrera” publica y que vendieron el 19 de julio a mosén Juan Vicente, clerigo de la iglesia de Munebrega144 y con casas de Juce Hayat, que fueron tambien vendidas145.Se puede precisar,basandose en los documentos examinados,aunque los linderos apuntados han sido encontrados al hablar de las distintas casas judaicas y no en .los documentos que hacen referencia a la Sinagoga Mayor propiamente dicha,que ésta daba a la “carrera” mayor o principal de la juderia y lindaba con las casas de Juce Hayat,Salamo Avayut y su mujer Estella y con las de Jaquo Enrrodrich,en el ano 1488.De todas estas personas colindantes y de sus casas daremos noticias en un esbozo de plano de la juderia que esperamos completar. La Sinagoga Menor, situada en la juderia, lindaba en 1466 con casas de Yuce de Palenciuela, con casas de Yuce Pacariel, con “carrera” publica y con el Monte Viejo.En ella estaba radicada la cofradia de “Sombre Holim”,antes llamada de los “texedores"\*146. dor Juce Abencabra que, tras su conversion,recibiria el nombre de Martin de la Cabral47.Esta sinagoga, que tendria luego el nombre de Iglesia de San Pablo,estaba situada a la Puerta de la juderia,muy cerca de las casas que en 1485 ocupaba Pedro de la Cabra,escudero de Calatayud,uno de los descendientes del citado don Juce148.La iglesia de San Pablo lindaba en 1484 con unas casas, la mitad de las cuales eran de Jaquo Lapapa149 ,y su corral, en l466,con las casas de Pedro Tarazona,sitas a la Puerta de la juderia, que daban a la “carrera” por dos partes15o .Creemos que a esta sinagoga pudo referirse el profesor Cantera Burgos al hablar de la que él visitó,en mayo de l953,con el profesor Millas Vallicrosai51. Cuando pasados los anos, hacia 1478 aproximadamente,se abrió una puerta desde la iglesia de “sant Paulo,que era antes sinoga",que “sallia azia la juderia”, los judios “quexavanse mucho” de esto e intentaron “barrar” aquélla, porque tenian -afirmaban- “provision del Rey que no havemos de tener en la juderia sino ciertas puertas"is². Segun consta en el proceso de Isabel Lunel, su hijo Pedro'o su marido Jorge de la Cabra habian abierto la dicha puerta. Se afirmaba ademas que la familia hizo iglesia la antigua sinagoga,no por “devocion de la christiandat, sino porque los creyesen que eran buenos christianos",pues los Cabra,Pedro, suegro de Isabel, Jorge,su marido,y el hijo de ambos Pedro,apresado por la Inquisicion,“se estavan judios”pese a la conversión hacia anos de don Juce.Fue esa la razon por la que se decia que este Pedro,para que lo tuviesen por buen “christiano y por haverne dineros", mandó que se abriera la comunicación, aunque hubo testigos en el dicho proceso que afirmaron que la puerta la abrió su padre Jorge de la Cabra,pues cuando éste murió ya estaba hecha.Parece que Pedro mantuvo con los clavarios tratos para arreglar la cuestion de esa nueva salida de la juderia, ya que los judios lo maldecian por haberla abierto. También se afirma que Isabel Lunel y su hijo Pedro tenian dicha iglesia “en cargo",y que entregaron a ella muchas joyas,entre las que se encontraba un “calix" para decir misa, pues lograron “por ciertos beneficios" que se celebrara allf una, tres veces por semana153. Con esto terminamos el presente trabajo, primero de una serie que tenemos en proyecto, sobre los judios de Calatayud y su aljama. 153 Z.SC.Caja VI. El mismo proceso anterior, fols.32,32 v.,33,33 v.y 7; 29 v., 42 v.,63y 74v.de la Defensa. Esta iglesia de San Pablo no aparece citada ni hay noticias de ella en:Pérez de Nuerosy Aparicio;Martinez de Villar:Tratado del patronato,antiguedades,gobierno, yvarones ilustres de la ciudad,ycomunidad de Calatayudy su Arcedianado.Zaragoza,1958;Ignacio de Asso:Biblioteca Arabigo-Aragonesa;Prior de Monterde; Mariano del Cos:Segunda parte de las glorias religiosas de Calatayud y su partido, 1485;V.de la Fuente:Historia de la siempre augustay fidelfsima ciudadde Calatayud,1880,2.a ed. Zaragoza,1969;P.Flores:Espana Sagrada,T.XLIX;Quadrado:Espana,sus monumentosy artes.Su naturaleza é Historia,T.Aragón,Barcelona,1886;Lampérez y Romea:Historia de la arquitectura cristiana espanola en la Edad Media,Madrid-Barcelona,193o;Rubio Vergara:Guia de Calatayudy su comarca,Calatayud,1934;J.Ma Lopez Landa:Historia sucinta de Calatayud,Cuaderno 2.o,Edad Media,Zaragoza, 1949; Gaya Nuno:La arquitectura espanola en susmonumentos desaparecidos,Espasa-Calpe,Madrid,1961;Charles Davillier: Viaje por Espana,Ed.espanola,Madrid,1957;y Borras Gualisy Lopez Sampedro:Guia de la ciudad monumental de Caltayud,Madrid,1975.
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22,506
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La Castellanía de Amposta en 1466-1468 a través de sus capítulos provinciales
LA CASTELLANÍA DE AMPOSTA EN 1466-1468 A TRAVÉS DE SUS CAPÍTULOS PROVINCIALES. THE CASTELLANY OF AMPOSTA IN 1466-1468 THROUGH ITS PROVINCIAL CHAPTERS. Javier Ortiz-Arza Universidad del País Vasco. Resumen: Este estudio se centra en los Capítulos que la Orden de San Juan de Jerusalén celebró en su “provincia” o delegación aragonesa, la Castellanía de Amposta, en 1466-68. Un órgano colegiado que reunía a la alta jerarquía del priorato, y, como garante del poder legislativo y reflejo a menor escala del Capítulo General de la Orden, administraba el señorío a través de sus decisiones y disposiciones. Al mismo tiempo, se comprobará cómo los registros de las actas capitulares reflejan de forma clara el convulso clima sociopolítico de la época y cómo esta circunstancia condicionó los intereses de la Orden Hospitalaria en la Corona de Aragón. Palabras clave: Castellanía de Amposta, Orden de San Juan de Jerusalén, Capítulo Provincial, actas capitulares, Bernardo Hugo de Rocabertí. Summary: This article focuses on the Chapters the Order of Saint John of Jerusalem hold in its “province” or aragonese delegation, the Castellany of Amposta, in 1466-68, a collegiate institution that brought together thehigh hierarchy of the priorate, and, as a legislative power holder and a reflection at smaller scale of the Order’s General Chapter, runned the lordship through its decisions and arrangements. The article will also demonstrate how the records of the Chapters minutes show clearly the eventful social and political climate, and how this conditioned the Hospitaller’s interests in the Kingdom of Aragon. Keywords: Castellany of Amposta, Order of Saint John of Jerusalem, Provincial Chapter, Chapter minutes, Bernardo Hugo de Rocaberti. Introducción y objetivos. Un códice diplomático conservado en el Archivo Histórico Nacional, en la sección Órdenes Militares y el fondo “Orden de San Juan de Jerusalén, Lengua de Aragón”, es el núcleo principal de este estudio. El contenido de este manuscrito es doble, por un lado incluye las actas de diversos Capítulos que la Orden celebró entre 1466-1472 en su priorato aragonés conocido como Castellanía de Amposta, y, por otro, documentos emanados de estas reuniones que se consideró oportuno copiar, recopilar y conservar. Si bien por razones de espacio se ha limitado el análisis a las actas y la documentación del bienio 1466-68, tanto el mencionado volumen en toda su extensión como otros de similar contenido ofrecen un caudal de información de mucho interés para futuros estudios relacionados con esta Orden Militar y ámbito geográfico. En este caso, aprovechando el peculiar contexto histórico en que se enmarcan las fuentes analizadas, se ha pretendido realizar una aproximación a la realidad socioeconómica de la época desde la óptica de la propia Orden sanjuanista y con el extenso señorío de la Castellanía como escenario, con el objetivo de demostrar cómo la administración del territorio se vio absolutamente condicionada por un acontecimiento de primer orden que tuvo lugar durante estos años: la guerra civil catalana (1462-1472). Se comprobará, en definitiva, cómo los Hospitalarios de la Corona de Aragón atravesaron momentos de extrema dificultad en unos tiempos caracterizados por un clima de marcada conflictividad exterior que terminó por erosionar también el ámbito interno de la Orden. De forma paralela, se darán a conocer algunos aspectos relacionados con la administración de la Castellanía, y, en concreto, con el papel que desempeñaba el Capítulo en la misma, siendo algunas de sus funciones canalizar las relaciones con los vasallos o fijar tasas fiscales como las del relativamente desconocido tributo del capel. Por último, se definirán las características más formales de estas asambleas, desde el protocolo que implicaban, hasta el lugar de reunión, los asistentes o las cuestiones más relevantes que allí se debatían. Se incluirá, además, un breve apéndice documental como muestra de los documentos más significativos del registro analizado. La castellanía en 1466-1468. Si bien es necesario aludir a la importancia de aspectos como el insólito testamento de Alfonso I el Batallador o la disolución del Temple y posterior traspaso de sus propiedades al Hospital en el proceso de implantación de esta Orden en los dominios de la Corona de Aragón, no dejan de ser acontecimientos bien conocidos y documentados en lo fundamental, sobre los que, por tanto, no nos extenderemos más allá de su mención. Si nos trasladamos directamente a estas décadas finales de la Edad Media vemos ya a los sanjuanistas fuertemente arraigados en el territorio, y a la Castellanía de Amposta erigiéndose como uno de los señoríos más extensos y poblados del reino1 , con un centro de operaciones que ya no era el castillo de Amposta sino el palacio de la Zuda de Zaragoza, aledaño a una iglesia del siglo XII que había sido consagrada al patrón de la Orden, San Juan de los Panetes2 . Este complejo era el lugar de residencia del castellán, escribanía y archivo —como demuestra la propia existencia de estos libros de gestión— y el lugar donde se reunía habitualmente el Capítulo Provincial, aunque las reuniones pudieran celebrarse de forma circunstancial en otros puntos de la Castellanía, como Caspe3 , la Almunia de doña Godina (1338 y 1351) o Gandesa, donde existía una camera capitularis reservada para esta función4 . Aunque las intitulaciones dobles que encontramos con frecuencia en la documentación sugieren que el Capítulo compartía la autoridad señorial con el castellán, limitando en cierta medida su poder personal, lo cierto es que este último era uno de los cargos con más prestigio y poder de la Corona de Aragón, pues, por ejemplo, asumía el mando de la milicia Hospitalaria en las campañas militares de la Corona y formaba parte de la Curia real. Los ingresos del castellán provenían de las cambras —encomiendas sin comendador reservadas exclusivamente para su enriquecimiento personal— y de las restantes comandas de las que sí era titular. El castellán Bernardo Hugo de Rocabertí (1415-1479), la persona que ocupó el cargo durante este período, recibía las rentas de las cuatro cambras de la Castellanía y de la encomienda de Monzón5 . Los datos acerca de este personaje son escasos, pero sabemos que pertenecía a uno de los grandes linajes de la nobleza catalana de la época6 y es frecuente encontrar el apellido Rocabertí junto a los Sesé, Peralta, Heredia o Luna, entre otros, ocupando altos cargos en la jerarquía general de la Orden y también en la Castellanía. Los Rocabertí poseían un extenso patrimonio en la comarca del Ampurdán y formaban parte de una minoritaria aristocracia de sangre, los magnates o barones gerundenses, donde se incluían también otras familias preeminentes como los Cabrera, Cardona o Moncada7 . Durante el siglo XV aparecen tomando parte en algunos episodios importantes. Por ejemplo, tanto Guillén como Guerau de Rocabertí, barones de Cabrenys y padre y abuelo de Bernardo Hugo respectivamente, participaron en la conquista aragonesa de Nápoles8 , y el propio castellán junto a su hermano Pedro se implicó activamente en la guerra civil catalana como miembro del círculo íntimo de Juan $\mathrm { I I ^ { 9 } }$ . El futuro castellán aparece en 1449 en las actas de las Cortes como comendador de Alfambra de la Orden del Hospital y durante la guerra se dejó ver en algunos episodios militares junto a la causa realista, como la batalla de Calaf de 1465 o la campaña ampurdanesa del mismo año contra el condestable de Portugal, donde consiguió la victoria al mando de 2.500 hombres10. Esta buena sintonía con la Corona explica, sin duda, que en junio de 1462 el propio rey se dirigiera al Convento de Rodas recomendando que el cargo de castellán, vacante en ese momento, fuera entregado a Rocabertí, que desde ese año aparece ya a la cabeza de la Castellanía11. En 1466 los embajadores enviados a Roma solicitaron una confirmación definitiva, destacando tanto los notables méritos de Bernardo Hugo en beneficio de la Orden como su probada ancianidad12. Y es que, muy probablemente, su cargo era todavía provisional a la espera de ser confirmado por la autoridad pontificia, Pablo II, y por el maestre de Rodas. En los documentos emanados del Capítulo Provincial de 1466 aparece aún denominado como regente o comisario apostólico, —es decir, un delegado— pero en abril del siguiente año, quizás ya afianzado y sintiéndose legitimado por completo, exigió a sus comendadores el pago del llamado “derecho de capel”, una tasa que como nuevo y legítimo castellán le correspondía cobrar. En septiembre de 1467 aumentó su patrimonio personal al serle concedida desde Rodas la encomienda llamada Las Carboneras13 y en mayo de 1478 figuró entre los asistentes a Cortes, aunque desapareció de ellas en 1479 por lo que probablemente falleció en algún momento entre las dos sesiones14. Las responsabilidades de Rocabertí al mando de la Castellanía y sus compromisos en la Corte no le impidieron cultivar su faceta literaria, que quedó plasmada en su obra poética “La glòria d’amor”. Rocabertí tuvo la mala fortuna de gobernar en una etapa muy conflictiva en el seno de la Castellanía y de evidente incertidumbre política en la Corona de Aragón, inmersa en un estado de guerra civil. No es de extrañar que el castellán buscara rodearse de un círculo reducido de personas que al parecer eran de su total confianza. Estos frailes acuden personalmente y con regularidad a las reuniones capitulares, ocupan cargos de relevancia y no aparecen vinculados, como otros muchos comendadores, a ninguna clase de controversia interna. Uno de ellos era el receptor fray Luis de Fluvián15, el encargado, entre otras cosas, de recaudar en cada encomienda las cantidades que la Castellanía debía aportar a la caja central de la Orden en Rodas, la llamada responsión. El cargo de receptor, al que se pueden referir los textos también como recebidor del Tesoro o tesorero, había aparecido en fecha tardía con el propósito de agilizar y asegurar la percepción de las numerosas contribuciones que la sede central de la Orden recibía desde sus prioratos16. Se podría pensar que este fraile estaba emparentado con Antoni de Fluvián y de la Riviere, maestre de la Orden entre 1421-1437, tal vez por el interés del Convento por tener a una persona cercana supervisando la valiosa tarea de recogida y desvío de rentas hacia Oriente, aunque Pierre Bonneaud afirma —sin referencia alguna que lo argumente— que era simplemente un miembro de la pequeña nobleza valenciana17. Sería en todo caso, según Bonneaud, una persona cercana al rey y al maestre, que le habría concedido personalmente la encomienda de Barbastro18. Fluvián perdió el apoyo de Rodas en 1468 cuando se le responsabilizó de haber abandonado su encomienda de Calatayud en manos enemigas en el contexto de la guerra civil, pero no así el de Rocabertí, que demostrando la confianza que le merecía este fraile respondió nombrándole su lugarteniente personal19. Otros personajes cercanos al castellán y ocupados en tareas de relevancia eran los contadores, Gonzalo García, Pedro d’Orós y Domingo Cortés20, o los comendadores Juan y Luis de Azagra, seguramente parientes, y, en concreto este último, sustituto de Fluvián como receptor. Gonzalo de Ejea, comendador de Sarrión y Albentosa, realizaba habitualmente tareas de correo o informador, como sucedió en septiembre de 1466 cuando se le encargó elaborar un inventario de los bienes del fallecido Ferrari $\mathrm { R a m } ^ { 2 1 }$ , o en los primeros días de 1468, cuando es enviado al reino de Francia en busca del prior de SaintGilles, representante del maestre22. Tampoco pasa desapercibido el aprecio personal que Rocabertí debía sentir hacia el escribano Juan de Peralta23. Así lo podemos comprobar en la doble suscripción notarial que aparece al inicio24, aunque resulta más que evidente que la de Peralta no fue la única mano que participó en su redacción. Esta tarea seguramente fuese compartida, entre otros, con Domingo Monient, nombrado notario general de la Castellanía de Amposta en diciembre de $1 4 6 7 ^ { 2 5 }$ . El Capitol o Semblea Provincial. El Capítulo Provincial de la Castellanía puede ser mencionado en las fuentes como Capítulo General, prueba, quizás, de una cierta tendencia a la autonomía de este priorato con respecto al poder central. Era, en todo caso, un órgano colegiado que venía a complementar o limitar el poder personal del castellán. La periodicidad de las reuniones era aproximadamente anual y servía para poner en común aquellas cuestiones que se considerasen relevantes para el buen gobierno y administración de la Castellanía, paso previo a su posterior plasmación documental. Era también la ocasión indicada para el vasallo que deseaba comparecer ante su autoridad señorial y solicitar una merced, y también para recibir a los aspirantes a ingresar en la Orden. No obstante, dos aspectos predominaban sobre el resto en las sesiones, por un lado los económicos, es decir, la gestión de la producción de las encomiendas y la administración fiscal de las mismas y por otro la elección de los embajadores que anualmente debían acudir al Capítulo General de la Orden —en estos años celebrado en Roma— para informar sobre la situación de la Castellanía. El anuncio de reunión correspondía al castellán por medio de una carta abierta que fijaba la fecha de celebración del Capítulo y debía ser mostrada a cada uno de los invitados. Tal fue el proceso reflejado en un documento que circuló por el señorío durante los últimos días de 1467 convocando a los caballeros Hospitalarios de la Castellanía, que debían acusar recibo imponiendo su sello y rúbrica26. En 1466 el Capítulo arrancó el primer día de septiembre en Zaragoza y con el ritual, que, según se nos dice, era el rutinario: a son de campana segunt que otras veces la dita semblea, en la dita iglesia, por tales e semblantes actos es acostumbrado27. El lugar de reunión en esta ocasión, las casas nuestras de San Juan a las que se refiere el documento, fue sin duda el mencionado complejo que formaban el torreón de La Zuda y la iglesia de San Juan de los Panetes de Zaragoza. Allí se congregaron el castellán, comendadores y otros altos cargos, como los priores y abades, o los notarios y escribanos encargados de redactar los libros de actas y las copias diplomáticas. Otro aspecto clave del ceremonial previo era la legitimación documental que facultaba a determinadas personas para tomas asiento en la Asamblea28, como era exigido, por ejemplo, a los procuradores de los comendadores ausentes. En caso de que algún convocado no pudiera o no considerase oportuno acudir podía ser representado por otra persona, que debía mostrar a los demás presentes el poder que le facultaba para ello. Así, en el Capítulo de 1466 fue Ferrando Ram quien actuó en nombre de Juan Ram, un acaudalado fraile titular de hasta tres encomiendas29, y Francisco de las Cuevas hizo lo propio por Pedro Fernández de Heredia, comendador de Cantavieja30. Era cosa corriente que las encomiendas se administrasen in absentia, o que el clima de guerra e inseguridad reinante en la Corona de Aragón durante estos años disuadiera a los convocados a Capítulo de aventurarse por los caminos. Fray Azbert de Villamarí, comendador de Mallén, se escudó en la meteorología y en razones de seguridad para no acudir a la Asamblea en enero de 1468, y, en una carta que fue leída ante los convocados, otorgaba poderes de representación a Juan Pallás: visto el mal tiempo de vientos e frío que se ha girado, e por no lexar aquella fortaleza visto el mundo cómo anda, he deliberado remeter todas las cosas al dito mosser Pallás, el qual tiene poder por mí de comparecer ante la dita asamblea e fazer qualquiere cosa que yo podiesse fazer31. No obstante, como veremos en seguida, parece que los verdaderos motivos de Villamarí para ausentarse del Capítulo eran otros muy distintos. Las actas capitulares revelan que este fraile, también drapero de la Orden, un alto cargo del Convento, no contaba con la confianza de la Asamblea, que a finales de 1466 le había ordenado poner su encomienda bajo la obediencia del castellán32. Un caso de indisciplina tan manifiesto como habitual en estos años. Guerra, usurpaciones y rebeldía. La cronología propuesta para este estudio coincide con los años centrales de desarrollo de la guerra civil catalana (1462-1472), un conflicto bélico que afecto de manera directa a la Castellanía de Amposta y es sin duda la razón principal de los gravísimos problemas financieros y de control sobre sus propiedades que el señorío estaba padeciendo y que quedan perfectamente reflejados en las fuentes. Los datos sobre apropiaciones ilegítimas de dominios, destrucción y abandono de encomiendas, asedios, etcétera, son constantes en los textos, y la mayoría de asuntos tratados en los Capítulos de 1466 y 1468 guardaban relación con esta circunstancia y con el avance de la guerra. No debemos olvidar que la Castellanía siempre fue una delegación o provincia de un poder central, lejano y desde luego ajeno a todo lo que estaba sucediendo en la Corona de Aragón. El maestre de Rodas demandaba regularmente el cobro de las cantidades que le correspondían, quizás sin ser del todo consciente de la complicadísima situación que sus hermanos aragoneses estaban padeciendo. La principal preocupación de Rocabertí durante este período fue intentar extraer de las pocas encomiendas que aún le guardaban lealtad el porcentaje de beneficios que debía dirigirse al Tesoro central, la ya mencionada responsio33, y recuperar el dominio sobre las que se habían perdido. Lo cierto es que muy pocos comendadores se encontraban en condiciones de cumplir con sus deberes, ya fuera por los estragos que la guerra había ocasionado en sus comandas, o por insubordinaciones que podían manifestarse de diferentes maneras. Por un lado vemos a miembros de la Orden con título legítimo de propiedad, que, por la circunstancia que fuera, bien por simple incapacidad o por estar abiertamente enfrentados al castellán y Juan II, se negaban a liquidar sus deudas. Otros, siendo también frailes Hospitalarios, carecían del título de propiedad que les facultaba para ocupar la encomienda. No faltaban los abandonos —son frecuentes los anuncios de dominios despoblados y derruidos— y las encomiendas ocupadas por personas completamente ajenas a la Orden y enemigas en ese momento de la Corona, como castellanos. El resultado final, en cualquiera de los casos, era que esas comandas escapaban al control fiscal de la Orden y no producían ya ningún beneficio. La guerra civil originó serias fisuras en el seno de los Hospitalarios aragoneses. Hay menciones específicas a las devisiones e guerras en el Regno de Aragón e Principado de Catalunya y a los ocupadores e tirannos que asediaban y usurpaban las legítimas propiedades de la Orden34. La postura de Rocabertí de férreo apoyo al monarca no era ni mucho menos compartida por todos los frailes, y se encuentran abundantes datos que muestran a varios de ellos en conductas ambiguas o de desobediencia, cuando no de abierta rebelión. Quizás el caso más evidente en este sentido sea el de Juan Ram, que, sin renunciar a sus responsabilidades en la Orden —estaba, como hemos visto, presente en los Capítulos a través de su procurador— y siendo legítimo titular de varias encomiendas, no comulgaba con la política del castellán de apoyo a Juan II. En diciembre de 1466 sus encomiendas de Aliaga y Castellote se encontraban en situación de rebeldía, pues habían fecho la guerra al señor rey con los castellanos35, una circunstancia de la que el Capítulo culpó directamente a Ram condenándole a pagar los 22.000 sueldos que costaría restaurar y devolver ambas comandas a la obediencia de la Orden36. Al ya mencionado fray Azbert de Villamarí se le acusaba de un hecho similar, en este caso la ocupación de su castillo de Mallén por un tal Martín Vicent. Aunque el acusado se defendió argumentando que fue forzado a entregar la fortaleza37, sus explicaciones no convencieron a nadie, y la Asamblea concluyó en enero de 1468 que había renunciado a su encomienda al poner el castillo e vasallos de aquellas en personas laycas e fuera de la religión38. Todo parece indicar que las repetidas ausencias de Villamarí a las reuniones capitulares39 colmaron también la paciencia de los asistentes, que determinaron enviar en su busca a Pedro d’Orós, un hombre del círculo cercano a Hugo de Rocabertí. En similar situación que los dos anteriores se encontraba el receptor del Tesoro, Luis de Fluvián, con la diferencia de que él sí contaba con la confianza del castellán. Su encomienda de Calatayud aparece ocupada por un intruso, en este caso un tal Nuño de Paradinas, castellano40, pero mientras desde Rodas se le culpaba personalmente de la situación, tanto el castellán como el Capítulo no dudaban de su buena fe, y así se lo trasladaron al maestre a través de los embajadores41. De poco sirvió. La cuestión que abrió la Asamblea de comienzos de 1468 fue precisamente la pugna entre Fluvián y el candidato a sustituirle en el cargo, Luis de Azagra, y tras lo que debió de ser un intenso debate en el que muxas parablas dixeron, el castellán optó por entregar la receptoría a Azagra, argumentando que faría lo que el señor maestre de Rhodas le mandava por sus bullas e letras42. Otro caso manifiesto de morosidad y rebeldía fue el de Ramón de Siscar, comendador de Valencia y Horta, que adeudando importantes cantidades no se presentó en los Capítulos ni envió procurador43, procediéndose en consecuencia al embargo de sus bienes44. El comendador de Castiliscar Lope Díez de Escorón, por su parte, fue incluido entre los frailes conflictivos en el informe que los embajadores de la Castellanía trasladaron a Roma al cierre del Capítulo de $1 4 6 6 ^ { \bar { 4 } 5 }$ , al igual que los ocupantes de las encomiendas de Azcón y Mirambel, protagonistas de una disputa que salpicaba al que fuera castellán y maestre hasta su muerte en 1467, Pedro Sacosta, que entregó estas comandas a su hermano y nieto a modo de fianza. Como cabía esperar ambos se negaban a abandonarlas si no se atendían sus reclamaciones, que en el caso de Galcerán Cirera en Mirambel eran nada menos que cient mil sueldos e promessa de rey de dar una comanda46. No hay que olvidar otra realidad frecuente en estos tiempos y bien plasmada en las actas, como era la de aquellos individuos, que, aun siendo miembros de la Orden, se adueñaban de encomiendas sin que estas les hubiesen sido concedidas47. Tal fue el caso de los frailes Miguel Ferriz y García de Rebolledo, que ocupaban las de Huesca y San Juan del Temple sin titol legítimo o Gonzalo de Sesé, que hacía lo propio en Ambel48. Horta, Castellot y Aliaga, por su parte, se encontraban en este momento abandonadas49. De especial mención resulta la polémica surgida con el usurpador de Novillas, don Alfonso de Aragón fijo del señor rey, bastardo de Juan II, hermanastro de Fernando el Católico, antiguo maestre de la Orden de Calatrava y en estas fechas combatiente junto a su padre y Hugo de Rocabertí a favor de la causa realista en la guerra civil50. Era, pues, un aliado, pero en todo caso una persona ajena a la Orden y su presencia en una posición reservada a miembros genuinos era tolerada con reservas por el castellán, cuyas buenas relaciones con el monarca51 no le impedían en privado incluir el asunto de Novillas y don Alfonso entre los problemáticos52. El estado de guerra e inseguridad era una constante en la Castellanía de los años 1466 y 1468, circunstancias que quedan de manifiesto en las fuentes cuando se refieren a la destrucción de los lugares e villas de la Castellanía d’Amposta, profanación e perdición de las comandas e comendadores de aquellas53. El resultado, en cualquier caso, era siempre el mismo: la pérdida de dominio y control sobre la encomienda de donde ni responsión ni quales cargos de la religión no se pueden ni se esperan haver, de modo que muchas de las propiedades del Hospital en la Corona de Aragón no estaban en condiciones de procurar ningún tipo de renta. Los ingresos, en consecuencia, se desplomaron, y la Orden no podía cumplir con los pagos a Rodas ni tampoco asumir sus propias deudas internas. Este último aspecto quedó reflejado en sendas cartas remitidas el 28 de septiembre de 1466 al obispo de Tarragona y al patriarca de Alejandría, por un lado, y al concello de Tortosa, por otro, en relación a un censal que esa localidad adeudaba al Hospital. Tanta urgencia venía motivada por las presiones de los acreedores, y se identifica a uno en especial, un mercader valenciano de nombre Ferrux Beltrán54. Meses después la situación incluso empeoró, y se alude expresamente a las rebeliones como uno de los motivos de los impagos55. A comienzos de 1468 la situación era de especial gravedad, con noticias de asedios en algunos puntos de la Castellanía. El 10 de febrero se redactó un mandato del castellán y los miembros del Capítulo a los vasallos e havitadores del señorío ordenando la reparación de las estructuras defensivas de los municipios: signifficamos vos que es muy necessario por el bien público de vosotros e por conservación de las fuertes, castillos, barvacanas e cavas en las comandas e lugares de nuestra Religión en la Castellanía d’Amposta por razón de la guerra que present es e por les devenidor, por lo qual los vasallos de la Religión, veniendo el caso, se han a recoger dentro las dichas fortalezas o barvacanas con sus bivres, bienes, ropas e personas, seyendo menester, segunt en nuestra Castellanía es costumbrado fazer56. La elección de embajadores y el prior de Saint-Gilles. Si algo se repetía cada año en las reuniones capitulares era sin duda la elección de los representantes de la Castellanía que acudirían al Capítulo General de la Orden, en estos años celebrado en Roma. La figura del embajador era tanto más importante en estos tiempos si tenemos en cuenta que era la manera más eficaz de informar al maestre sobre la gravísima situación que afrontaba el señorío y la razón de los constantes impagos, la guerra. Con el propósito de que los delegados trasladaran un reflejo lo más aproximado posible a la realidad se redactaban minuciosas instrucciones que contenían todo aquello que estas personas debían poner en conocimiento del maestre y la Asamblea General del Hospital. Durante el Capítulo de 1466 se nombró embajadores a los frailes Luis de Fluvián, Luis de Acosta y Buyl Ladrón, acordándose entregar 2.000 sueldos a cada uno de ellos para cubrir los gastos de los cuatro meses que duraría su viaje, cantidad que podía incrementarse si los compromisos de los viajeros requerían más tiempo57. Los encargados de redactar las instrucciones, en noviembre de ese mismo año, fueron otros cuatro frailes nombrados a tal efecto, Gonzalo de Ejea, Alfonso de Marcilla, Juan de Azagra y Miguel Díez, y su contenido, si bien redunda en las cuestiones que se han venido mencionando, nos sirve para conocer qué medidas se tomaron para enfrentar la situación. Resulta incuestionable que el Capítulo se veía superado por las circunstancias, y solicitaba tanto al Papa Pablo II como al maestre libertades o poderes especiales que les permitiesen proteger los maltrechos dominios del Hospital en la Corona de Aragón. Se solicitó al pontífice una bula excomulgatoria para castigar a quienes ocuparan de forma ilegítima encomiendas o cualquier otra propiedad de la Orden58, y se reclamó la reforma de la regla a través de un nuevo estatuto que obligase a cada comendador a nombrar un lugarteniente encargado de administrar y vigilar la encomienda en ausencia del titular. El propósito era evidente: controlar el absentismo y evitar las usurpaciones de dominios59. Con la intención de agilizar la administración del señorío, el objetivo fue conseguir un permiso para unir, dividir y reformar encomiendas cuando se estimase necesario60, todo ello sin descartar la acción directa, ya que se elevó una petición que implicaba la unión de armas contra usurpadores y rebeldes61. Más de un año después, en enero de 1468, tan sólo uno de los deseos del Capítulo había cristalizado, la alianza militar. El día 26 del mismo mes se estableció que toda aquella persona que havra ocupado o daquí adelant ocupara castillos, villas, lugares e términos de aquellos vasallos, bienes, rendas, drechos e otras cosas pertenecientes a la dicha religión e Orden de Sant Johan disponía de diez días para replantearse sus acciones, de lo contrario se convocaría a los comendadores, priores y demás cargos de responsabilidad de la Castellanía para que en auxillio e favor al dicho senyor castellán contribuyeran a la recuperación de los bienes usurpados, aportando un número de hombres con sus buenos rozines e armas, que variaría según el caso. Así, el propio castellán colaboraría con vint hombres de cavallo mientras que las encomiendas con entre dos y tres dependiendo de su tamaño y potencial económico62. La reacción de la alta jerarquía del Hospital a todos estos requerimientos fue, con toda seguridad, mucho menos contundente de lo esperado en Zaragoza. Consistió en programar una visita a la Castellanía del prior de San Gil, lugartenient del Capitol General, para comprobar la veracidad de lo manifestado por los embajadores63, una medida que implicaba necesariamente lentitud, sin contar con el considerable retraso del emisario. Los meses transcurrían y el prior no aparecía, ante la desazón del Capítulo, que, nuevamente reunido a comienzos de 1468, se lamentaba de la demora64, acordaba enviar en su busca a Gonzalo de Ejea portando un nuevo informe, e insistía en augurar un horizonte cada vez más apocalíptico, refiriéndose en concreto a la total destrución de la Castellanía si no se tomaban medidas con celeridad65. Ramón Ricart, prior de Saint-Gilles, no llegó hasta Mayo de ese año, pero lo hizo con altísimas expectativas, pues fue presentado como visitador e reformador general de la Castellanía de Amposta, y de forma extraordinaria se convocó una nueva sesión capitular por orden del propio Ricart, que estaría presente en ella66. De carácter monotemático, las reuniones transcurrieron analizando la misiva enviada a la Corte por este representante maestral y la respuesta recibida. La relación de encomiendas ocupadas hecha por Ricart es de mucho interés —sirvan como muestra los ejemplos apuntados en páginas anteriores, que se repiten— con especial mención al caso de Ulldecona, que se encontraba ahora en manos del maestre de la Orden de Montesa, y curiosamente el asiento aparece subrayado y más adelante señalado por una manícula67. La respuesta del rey en lo tocante a los rebeldes no resulta sorprendente. El monarca ordenó que los usurpadores sean punits e castigats y corran con todos los gastos derivados de la recuperación de les villes e castells de les tals desobedients68, como paso previo e indispensable antes de poner los dominios en poder de personas leales a la Orden. Respecto a la polémica en torno a su hijo y la encomienda de Novillas, no solo no se resolvió como hubiera sido del agrado del Hospital, sino que en su orden de restituir el priorato de Cataluña Juan II colma de beneficios a Alfonso. El 2 de Junio Hugo de Rocabertí anunció dicho restablecimiento con todas sus comendas e pertenencias sin empaxo alguno, e de pagar a don Alonso d’Aragón de las rentas, comandas e bienes de la Castellanía qualesquiera ynmiendas e recompensas que por la dicha causa se haya a fazer69. Un rápido vistazo a la Castellanía dos años después nos muestra una situación más apacible. La guerra y los asedios continúan, y los asistentes al Capítulo de 1470 se lamentaban de los gastos que origina la defensa de sus castillos y bienes, aunque parece que los pagos se efectuaban ya con más regularidad. Se ordenó a los embajadores enviados a Roma mostrar los libros de cuentas al maestre, resaltando los buenos pagamientos que el dicho castellán e comendadores han fecho a pesar de los considerables gastos bélicos. En general, las instrucciones de este año contrastan con el pesimismo de épocas pasadas, pues nos informan de que el stado de la Castellanía por gracia de nuestro sennor Dios sta oy bien. Parece que la mayoría de encomiendas estaban ya ocupadas por personas leales a Hugo de Rocabertí y comenzaban a rentar, a excepción de una bien conocida, la comanda de Nouillas, la qual tiene don Alonso, fijo de sennor rey, la qual fray Foxá trebaja e por el castellán e comendadores le es fecha toda aquella ayuda e cara que fazer se puede, pero el adversario es tanto grande que no es de marauillar. Un caso, este de Novillas, llamado a enquistarse e incluso a empeorar, pues en estas fechas el rey otorgó también a su hijo la encomienda de La Almunia70. Las relaciones con los vasallos. Además del desarrollo de la guerra y sus efectos sobre el señorío, creemos que es necesario referirse a otro tipo de cuestiones que quedan bien reflejadas en estos papeles y no están exentas de interés. Exceptuando las menciones, ya indicadas, a la tradicional limosna de San Juan de los Panetes, es palmaria la ausencia de datos relativos a actividades caritativas, de evidencias que demuestren la existencia de algún complejo hospitalario, o, en definitiva, de algún indicio acerca de posibles labores que redundaran en beneficio de los vasallos a imagen de aquella organización austera y altruista concebida por el beato Gerardo en la Jerusalén cristiana. Sin que la falta de información signifique necesariamente que estos aspectos no estuvieran presentes en la Castellanía de mediados del siglo XV, los registros muestran a los Hospitalarios aragoneses de esta época como una autoridad señorial rentista e inmovilista, preocupada únicamente por extraer de las encomiendas los beneficios necesarios para engrosar la fortuna de sus notables miembros y las arcas del Tesoro de Rodas. Este hecho bien pudiera responder a una situación circunstancial —la complicadísima coyuntura económica no permitía por el momento centrarse en otras cuestiones—, o reflejar una tendencia progresiva por parte de los sanjuanistas aragoneses hacia el abandono de su esencia fundacional. Sí se encuentran referencias a actividades asistenciales, por ejemplo, en Rodas durante las mismas fechas, como la construcción en 1440 de un nuevo hospital71, o en otros lugares de señorío Hospitalario como Pisa, donde existía un sanatorio de 20 plazas atendido por un médico y un matrimonio que recibían únicamente 22 florines anuales para el mantenimiento del edificio72. Al margen de esta observación, el resto de relaciones que la Orden establecía con los vasallos y habitantes de la Castellanía pueden reducirse a dos: concesión de mercedes y nombramientos. Como ya se ha indicado, el Capítulo era la ocasión propicia para muchos de presentarse ante la autoridad señorial y elevar sus súplicas. Así lo hizo un tal Pedro Puyol, mercader de Monzón, el primer día de septiembre de 1466, rogando al Capítulo la ratificación de un contrato del que no se aportan más datos. Se ordenó entonces reconocer el documento a Pedro d’Orós y Domingo Cortés, y, encontrándolo adecuado, se procedió a la confirmación de su contenido73. Dos días después, los congregados en Zaragoza recibieron a Pedro. Mañez, habitante de Mallén, quien, levantándolo a la vista del castellán, faze a vuestra reverenda señoría occular hostensión, mostró un escrito que le facultaba para plantar vid, con fadiga, loísmo e comiso74, en una parcela de nombre “El Majuelo Tierno”, la cual habría cultivado y mantenido con anterioridad pagando regularmente el treudo75 acordado con el comendador, que eran setze sueldos dineros jaqueses en cada un anyo, y solicitaba le fuese confirmado ese derecho. El Capítulo resolvió que debía efectuarse una visita al terreno, visa occulariter dicta vinea, para corroborar que lo dicho por Mañez era cierto, como paso previo a atender su petición76. Muy reverend senyor e honorable semblea. Devant vuestra senyoría comparece Miguel Sanz, scudero, hauitant en la ciudat de Huesca77. Así se presentaba ante el Capítulo el 28 de enero de 1468 este Miguel Sanz, pretendiendo que la Orden le concediera en treudo perpetuo una heredad llamada La Hortiella —perteneciente a la encomienda de San Juan de Huesca y recién recobrada del enemigo por el comendador Miguel Ferriz— a cambio de cincuenta sueldos anuales. La Asamblea accedió también en esta ocasión a los deseos del vasallo. En la misma situación se encontraba un lugar conocido como “Camposines”, arrebatado a los rebeldes y reclamado por el concejo de La Fatarella para su explotación y puesta en cultivo78. El Capítulo solicitó a cambio de la merced un pago en especie consistente en nueve caffices de trigo meytadenco de ordio $e$ de trigo79 mesura de Tortosa, que debían ser abonados anualmente cada 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de María. El trato incluía el ademprio80, esto es, el ejido o tierras comunales, y excluía la juridición civil e criminal, fornos, molinos e dominicatura81. Existe también información relacionada con miembros de minorías religiosas. El 24 de septiembre de 1466 el castellán ordenó a Alfonso d’Ixar, notario de Monzón, que recibiese el juramento del judío Abraham Benfalu para hacerse cargo de la escribanía en la aljama de esa localidad por renuncia de Astruch Aborrabe, que es biexo e por su antigüidat no puede regir las notas e escrevanía que tiene en essa villa e aljama82. El Capítulo podía recibir en primera instancia los votos de los candidatos a ingresar en la Orden, una formalidad que en estos tiempos adquiría una utilidad adicional debido a lo complicado que resultaba encontrar lealtades sólidas y asegurar la propiedad sobre las encomiendas y demás dominios. La Castellanía recibía periódicamente desde el Convento un número limitado de licencias para nombrar nuevos caballeros, sargentos o donados83, que recibían las tierras recuperadas de manos enemigas con la intención de ponerlas de inmediato bajo la obediencia y el control fiscal del señorío: la semblea aquesto quiere para comandarles las fortalezas de la Religión e no stén en poder de seculares84. Los aspirantes debían ser nobles y solteros, y, aunque las urgencias bélicas podían motivar que las designaciones se hicieran in situ, generalmente el último trámite debía ser la ratificación maestral85. La regla y los estatutos expresaban a este respecto que qualquier fidalgo o ciudadano honrado que querrá poner su fijo en cavaller e frayre de la Religión de Sant Johan, primero lo deue presentar personalment en capitol o semblea de la Castellanía o priorado de do es natural86. Con esta premisa, el 28 de enero de 1468 el Capítulo consideró idóneo e sufficient al hijo de Juan Albión, noble y vecino de Zaragoza, qui son ciudadanos honorables e preeminentes de la dicha ciudat, y no encontró problema en aceptarlo como frayre cavallero de la Orden de San Juan87, sin embargo, tanto esta persona como otro candidato llamado Juan Farcén tuvieron que esperar al visto bueno definitivo del maestre, que llegaría a través de su lugarteniente, el prior de Saint-Gilles de Francia, al que el Capítulo solicita días después licencia de fer dos frayres, es a saber, Johan Farcén e Bertholmeu Albión, los quales son stados aceptados por la semblea88. Eran habituales los nombramientos de priores conventuales, una figura que estaba presente en cada encomienda y sin duda implicaba gran prestigio —no hay más que fijarse en las características de la documentación que acompañaba a estas investiduras—. El 4 de septiembre de 1466 se entregó el priorato de Samper de Calanda a Pedro Ros por renuncia del anterior titular, Juan de Tremps, expidiéndose un documento en lengua latina y validado mediante sello pendiente89. Esto nos indica que se utilizó el pergamino como soporte, un material que en estas fechas se reservaba ya para los documentos de especial relevancia. Estos priores debían estar, además, facultados para la cura de almas. Ros recibió esta capacidad de manos del arzobispo de Zaragoza, que a su vez actuó por orden de Rocabertí según un documento datado en Tudela el 13 de noviembre de este mismo año90. Nos han llegado también noticias de una polémica a tres bandas que afectó a vasallos del señorío, Hugo de Rocabertí y Gastón IV de Foix, una Casa con la que el castellán ya había tenido algún roce en el pasado91. El 30 de septiembre de 1466 se redactó un mandamiento ordenando a Juan Sanz, García Lalanda, Pedro Lozano, Juan Bernat y García de Marta, vecinos de Castiliscar, que no pudieran llamarse ni actuar como caballeros por haber sido armados en Alfaro de forma irregular por el conde de Foix, cuando segunt la ley Despanya e fueros e costumbres del Regno de Aragón e hombre pachés o villano o de condición, senyor alguno, cavallero non pueda fazer ni armar si no solament el senyor rey o a quien él lo manda fazer por su comissión. Rocabertí recuerda a estas personas, que al parecer estaban causando algunos alborotos en la localidad, que no son caballeros ni sus hijos hidalgos y jamás lo serán, y les ordena personarse ante él en un plazo no superior a diez días desde el momento que recibieran la notificación92. El derecho de capel. Por último, es necesario referirse a la función del Capítulo como organismo fijador de las cantidades que se cargaban sobre las encomiendas a través de tributos como la ya mencionada responsión. En el registro estudiado se hizo traslado de un documento que aporta interesantes datos acerca de otro impuesto, en este caso poco conocido: la tasa del capel. Ya se ha visto en páginas anteriores cómo Hugo de Rocabertí fue hasta 1466 un simple regente o delegado de la autoridad pontificia, y de qué forma los embajadores de la Castellanía llevaron instrucciones precisas de solicitar al maestre una ratificación definitiva que consolidase su liderazgo. Desde entonces, seguramente con esa confirmación ya en sus manos, comienza a intitularse como castellán y no como comisario apostólico. Pero el testimonio que confirma esta circunstancia es una escritura de abril de 1467 donde el castellán solicita formalmente a las encomiendas el pago del capel, un impuesto que el documento explica de la siguiente manera: quando por vacación de la Castellanía d’Amposta es proueydo en otra persona de castellán d’Amposta in Christo iure le pertenesce el drecho clamado del capel, según las antigas tachas de la Religión. Vemos que era, por tanto, un tributo de carácter personal que se venía recaudando desde tiempo atrás y que cada encomienda debía abonar al castellán cuando accedía al cargo. Es posible que el término “capel” aludiera al sombrero utilizado por el clero con el que, quizás, se escenificaba la “coronación” del nuevo castellán. El Capítulo fijaba las cantidades, que se cobraban de forma variable según el potencial de cada comanda, y han quedado reflejadas en el documento que se incluye en el apéndice. Estos datos nos sirven, además, para conocer la capacidad económica de las encomiendas, habida cuenta que las diferencias eran importantes. La bailía de Cantavieja, por ejemplo, debía pagar a Rocabertí 3.000 sueldos, mientras que la encomienda de Torrente de Cinca únicamente $1 0 0 ^ { 9 3 }$ . Conclusiones. Los registros capitulares de la Orden de San Juan en la Castellanía de Amposta que se conservan en el Archivo Histórico Nacional son una fuente histórica de especial interés, y constituyen un caudal de información que arroja luz sobre temas muy diversos. El volumen utilizado para este estudio se enmarca en un contexto cronológico muy determinado, el de la guerra civil catalana, y en sus páginas queda demostrado cómo la contienda afectó profundamente a la Castellanía. Todo parece indicar que la división polí- tica existente en la Corona de Aragón alcanzó también a algunos frailes del Hospital, que durante este bienio 1466-68 aparecen en situación de abierta rebeldía contra el castellán y su círculo íntimo, negándose a saldar sus deudas con la Orden y a presentarse ante la Asamblea, o llegando incluso a hacerles la guerra junto a los enemigos del rey Juan II. Son igualmente abundantes las menciones a la ocupación de encomiendas por parte de personas ajenas al Hospital, entre ellas el infante don Alfonso de Aragón, o por miembros legítimos que en actitud de desobediencia las ocupaban sin contar con la pertinente licencia. Muchas otras comandas se encontraban abandonadas o completamente arruinadas a causa de la guerra. Otras, sufrieron asedios, y hubo necesidad de reforzar sus estructuras defensivas. En líneas generales, se puede afirmar que durante el bienio 1466-68 la Orden había perdido el control de gran parte de sus propiedades en la Castellanía de Amposta. En consecuencia, las encomiendas ya no producían las rentas necesarias para la correcta administración del señorío, que no podía afrontar sus deudas internas ni tampoco cumplir con los pagos debidos al Convento de Rodas. La respuesta del maestre fue enviar a un delegado, Ramón Ricart, prior de SaintGilles, que verificaría la situación sobre el terreno y actuaría de mediador y representante maestral ante el rey Juan II. Se inició entonces un proceso de restablecimiento del orden, recuperación de dominios, entrega de los mismos a personas leales al castellán y castigo de rebeldes, que debieron cargar con los gastos que la empresa originó. Dos años después, en 1470, la situación había mejorado. Los pagos a Rodas se efectuaban con mayor regularidad, y varias encomiendas se encontraban ya bajo control del Hospital y produciendo beneficios, a excepción del enquistado y agravado caso de don Alfonso de Aragón y la encomienda de Novillas. Se puede afirmar que existía una dualidad de poder entre el Capítulo Provincial y el castellán. Ambos, a un mismo nivel, representan la autoridad señorial, tienen sello propio con el que validan los documentos y toman en conjunto las decisiones que afectaban al devenir del señorío. Estas reuniones incluían a los comendadores, priores, abades y demás personajes de relevancia de la Castellanía de Amposta o sus legítimos apoderados, y de todos los debates como de la plasmación documental de los mismos se tomaba asiento en libros registro como el que nos ocupa. El principal cometido del Capítulo era la administración fiscal de sus dominios y la fijación de tasas como la responsión o el capel, sin olvidar la elección de los embajadores que en representación de la Castellanía acudían al Capítulo General de Roma. De manera accesoria, las reuniones capitulares servían para escuchar las súplicas de los vasallos, realizar nombramientos de cargos o recibir a nuevos caballeros. Pocos datos encontramos en las actas capitulares acerca de actividades caritativas u hospitalarias, aquellas que desde su fundación en la profunda Edad Media habían popularizado el nombre de la Orden de San Juan de Jerusalén a lo largo de la Cristiandad. En su lugar encontramos una oligarquía señorial rentista e inmovilista que parece haber abandonado la esencia fundacional de sus orígenes. Apéndice documental 1 1466, septiembre 3. Zaragoza. Fray Bernardo Hugo de Rocabertí, comisario apostólico en la Castellanía de Amposta, y el Capítulo Provincial de dicho priorato ordenan una visita a la tierra llamada “El Majuelo Tierno”, de la encomienda de Mallén, antes de confirmar el uso de la misma a Pedro Mañez tal y como éste les solicita en la súplica inserta. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folio 9r-9v. Littera comissoria Petri Manyes. Frater Bernardus Hugonis de Rocaberti, etcétera, et nos fratres Ludouicus de Fluuián, Calatayud, Petrus d’Exea de Sarrión e de Aluentosa, Buyl Ladrón de la Almunia, Johannes d’Açagra de Sant Johan d’Oscha, Alfonsus de Marcilla de Alfambra, Ludouicus d’Açagra Templi Osce, Petrus d’Orós de Torrent de Cinca, Micael Díez de Anyón, preceptores, Dominicus Cortés, prior maior conuentus ville de Casp, Raymundus Tudón, conuentualis conuentus ville de Casp et abbas de Calamera, Grauiel Barbarán, prior Sancti Iohannis ciuitatis Cesarauguste et de Ambel, et Petrus Ros, et Franciscus de Cueuas, procurator venerabilis fratris Petri Ferdinandi de Heredia, preceptoris de Cantauiella, Tristandus de la Porta, procurator fratris Iohannis d’Escaues, preceptoris de Xalamera, Paulus Tolsa, procurator fratris Galuani Tolsa preceptoris d’Enzinacorba, Iohannes Diez, procurator fratris Lupi Diez d’Ezcorón, comendator de Castelsiscar, et Gizpertus de Tolosa, procurator fratris Iohannis de Alcaniz, comendator de Barbastro, de la Horta, de Iunzano e de Sant Miguel de Fozes. Et deinde tota Asamblea dicti Ordinis et Castellanie, in ecclesia Sancti Iohannis domorum ciuitatis Cesarauguste conuocate et ad sonum campane congregati. Venerabile religioso nostro fratri Michael Díez, preceptori d’Anyon, et Iohanni Pallas, iureperito, procuratori venerabilis fratris Azberti de Villamari, preceptoris de Mallén, presentibus. Salutem et veram fiduciam in comisis. In dita nuestra venerable Asamblea comparuit honorabilis Petrus Manyes, miles, hauitator ville de Mallén, qui quandam in escriptis obtulit suplicationis cedulam, tenoris seguentis: Muy noble, reuerendos e magnífficos senyores. A vuestra reverenda señoría expone Pero Manyes, hauitant en la villa de Mallén, que como en días pasados el reuerendo e magníffico fray Azbert de Villamari, traper de Rodas e comendador de la comanda de Mallén del Orden de la santa casa del Ospital de Sant Iohan de Iherusalem, le haya dado a trehudo perpetuo con fadiga, loysmo e comiso e con otras diuersas condiciones en la carta de la tributación contenidas e especifficadas $/ / 9 \mathrm { v }$ la meytat de la tierra clamada el Malluelo Tierno de la dicha comanda, pora plantar hi vinya. En la qual mitat de tierra él haya plantado vinya e aquella tiene e poside de present podando e cauando aquella e teniendo e seruando las condiciones de la atributación e paguando el treudo, que es setze sueldos dineros jaqueses en cada un anyo el primero de janero o hun mes aprés al dicho comendador o a su legítimo procurador, segunt que de lo sobredito consta más largament por la carta de la atributación, de la qual faze a vuestra reverenda señoría occular hostensión. E agora por quanto dubda el dicho suplicant, que pues tiene la dicha vinya plantada e bien conreada, a causa de algunas maluadas personas le poria seyer tirada por el dicho comendador o por otro successor suyo en grant preiudicio suyo e de su drecho, por tanto suplica el dicho Pedro Manyes a vuestra reuerenda señoría quieran la dita atributación e todas e cada unas cosas en aquella contenidas lohar e aprobar, ratifficar e confirmar en tal manera, pues ha fecho las despesas en plantar la dicha vinya e conrear aquella, que el dicho suplicant e los suyos no puedan en tiempo alguno seyer espoliados de la dita vinya, paguando el dicho trehudo e seruando las condiciones de la dicha atributación. E haun que de iusticia e buena razón lo sobredicho se deua fazer encara el dicho suplicant lo haurá a vuestra reuerenda señoría a singular gracia e merce. Altissimus etcétera. Qua quidem cedula modo prefixo oblata, ydem suplicans debite suplicauit ut contenta in dita suplicacione exsequeremur. Et nos visa preinserta cedula ad plenum, confidentes de industria et vestrorum probitate omnia et singula in preinserta suplicacione contenta, vobis duximus comitenda et comittimus seriem per presentem, ita tamen quod vos personaliter accedatis ad dictam villam de Mallén et visa occulariter dicta vinea, clamada el Malluelo Tierno, et contractu estabilimenti eiusdem et contenta in eodem si uobis bene uisum fuerit ipsum contractum et contenta in eo iuxta eorum $/ / ^ { 1 0 \mathrm { r } }$ seriem confirmetis, laudetis et aprobetis vice et nomine nostrum et dicti nostri Hordinis, atribuentes vobis super predictis omnibus et singulis cum incidentibus, dependentibus et emergentibus ex eysdem omnes vices nostras serie cum presenti. Datum in ecclesia domorum sancti Iohannis Iherusalemitani ciuitatis Cesarauguste, durante celebracione dicte generalis asemblee, III die mensis septembris, anno a Natiuitate Domini millesimo CCCC LXVI. 2 1466, septiembre, 4. Zaragoza. Fray Bernardo Hugo de Rocabertí concede el priorato de Samper de Calanda a Pedro Ros por renuncia del anterior titular, Juan de Tremps. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folios 10r-10v. Collatio fratris Petri Ros. Frater94 Bernardus Hugonis, etcétera. Religiosso in Christo nobis karissimo fratri Petro Ros, dicte domus. Salutem in Domino. Ad grata et accepta seruitia per vos nobis impensa et que de cetero prestari esperamus ob hoc prioratum sancti Petri de Calanda dicti Ordinis, de presenti vacante per puram resignationem in manibus nostris de eodem facta per fratrem Iohannem de Tremps, vltimum posesorem eiusdem. Ea propter, ad nostram collationem seu dispossitionem deuolutum cum omnibus suis iuribus et emolumentis per religionem nostram et eius nomine per preteritores predecessores vestros solitus haberi, percipi et leuari cum omnibus oneribus et seruiciis diuinis dicto prioratuy espectantibus per vos habendum, tenendum, regendum et administrandum quamdiu vixeritis in humanis benefaciendo et honeste viuendo, deuote presentium de consillio fratrum nobiscum asistentium tanquam bene merito et condigno conferimus et donamus et in eodem prouidemus et vos investimus quo circa vniuersis et singulis fratribus et preceptoribus dicte Castellanie presentibus et futuris signanter preceptor sancti Petri de Calanda $/ / ^ { 1 0 \mathrm { v } }$ sub virtute secunde odedientie et hominibus et vasalliis dicte Castellanie et dicti loci de Calanda sub debito fidelitatis homagii quo nobis et dicto nostro Ordini sunt astricti, dicimus et mandamus quatenus vos, dictum fratrem Petrum Ros, in posessionen pacificam dicti prioratus inducant et inductum manu teneant a moto ad inde quolibet illicito detentore. Si quis sit quem95 nos per presentes, amobemus et decernimus firmiter admonendum habendo vos in possesionem dicti prioratus manu tenendo ubique respondeant et responderi faciant de vniuersis iuribus et emolumentis ecclesie ipsius, quoquomodo pertinentibus, prout hactenus prioribus predecessoribus vestris in dicto prioratu responderi est asuetum et debet, et nullum obstaculum aut impedimentum ponant aut presumant alia ratione seu causa. In cuius rey testimonium presentes vobis feci et sigillo impedenti iussimus comuniri. Datum in ciuitate Cesarauguste, IIII die mensis septembris, anno quo supra. 3 1466, septiembre, 8. Zaragoza. Bernardo Hugo de Rocabertí, comisario apostólico en la Castellanía de Amposta, manda que sean embargados los bienes de fray Ramón de Siscar, comendador de Valencia, por no haber efectuado los pagos debidos al Tesoro de Rodas. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folio 6v-7r. Littera emparatum fructuum. Fray Bernat Huc de Rocaberti, etcétera. A los amados e fieles nuestros, los bayles, justicias, jurados, conçellos, alamines, aliamas e uniuersidades de las comandas e baylías nuestras de Azcón, de Mirabet, de Horta e de Torrent, de Valencia e a qualesquier lugares e mienbros e tributarios de aquellas e de qualquier dellas. Signifficamos vos cómo en la dicha nuestra general semblea hauemos oydos e pasados todos los contos que los comendadores e comandas de la Castellanía de Amposta son tonidos al nuestro común thesoro de Rodas, entre los quales se es trobado que el reuerendísimo senyor Maestro de Rodas, olim castellán de Amposta, por las comandas de Azcón, de Mirabet es tonido al dicho común tesoro de Rodas fins a la present jornada sixanta seys mil $\mathrm { C C ^ { \mathrm { { o s } } } }$ quaranta quatro sueldos e seys dineros. E el venerable fray Ramón de Síscar por la comanda de Valencia es tonido dar de arrerages fins a la present jornada XII mil XXXI sueldos; e por la comanda de Horta, XII mil DCCCLXXXXVII sueldos. Por la qual razón, maguer clamado, el dicho fray Síscar no es venido a la dicha semblea ni dado de sí razón alguna en fazer las dichas pagas en gran danyo del común Tesoro e cargo suyo. Por lo qual el procurador del maestre y el conuento y común Tesoro de Rodas deuidament nos ha requerido que huiéssemos por testados e emparados todos e qualesquier fruytos, rendas y dreytos que por qualquiere vía, forma y razón siades tonidos dar e pagar al dicho Orden e al dicho senyor maestre, olim castellán, ni al dicho fra Síscar por razón de las dichas comandas o tributarios como comendadores ni encara qualesquiere arrendadores suyos como primero se han los drechos e rendas que el dicho común Tesoro ha en las dichas comandas. $/ / ^ { 7 \mathrm { r } }$. E por tanto por la fieldat que a nos e al dicho nuestro Horden sodes tonidos e en pena de dos milia sueldos a los coffres del dicho común Tesoro aplicaderos, vos decimos y mandamos que qualesquiere fruytos, tributos, peytas, rendas, drechos e emolumentos que al dicho Orden e al dicho senyor maestro, olim castellán, e a comendador <Síscar>, soys tonidos en qualquiere manera, que aquellos tengades en poder vuestro por testados, emparados, interdeziendo vos ius las ditas penas todo linage de alienación e transportación de aquellos aduertientes vos no fagáys el contrario si las penas sobredichas deseháys euitar. Datum ut supra. 4 1466, septiembre, 24. Zaragoza. Bernardo Hugo de Rocabertí manda a Alfonso d’Ixar, notario de Monzón, que reciba el juramento del judío Abraham Benfalu para hacerse cargo de la escribanía de la aljama de los judíos de esa localidad por renuncia de Astruc Aborrabe, notario de dicha aljama. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folios 11v-12r. Fray Bernat Huc de Rocaberti etcétera. Al amado nuestro Alfonso d’Ixar, notario de la villa nuestra de Monzón. Salut e buen amor. Por parte de Astruch Aborrabe, judío, nos hes seydo suplicado que actendido que es biexo e por su antigüidat no puede regir las notas e escreuanía que tiene en essa villa e aliama, que le placía de su voluntat las dichas notas encomendássemos a Abrham96 Benfalu, judío e vasallo nuestro de aquexa aliama nuestra de Monzón. E nos confiantes de vos la comissión de las dichas notas fazedera al dicho Abrám, a vos encomendamos assí e en tal manera que en presencia vuestra el dicho Abram jure, segunt su ley, de hauerse bien e lealment en la $/ / ^ { 1 2 \mathrm { r } }$ comissión de las dichas notas e en el usso e exercicio de la dicha escriuanía e en todos los actos de aquella, dándole por tenor de la present plena facultat de testifficar e en forma pública redegir todos e qualesquiere actos que los judíos notarios en aquexa aliama han acostumbrado testifficar e fazer. E en testimonio de lo qual mandamos fazer las presentes, silladas de nuestro sillo e signadas de nuestra mano. Dada en la casa nuestra de Sant Johan de Caragossa, el XXIIII día del mes de setiembre del anyo sobredicho. 5 1466, septiembre, 30. Zaragoza. El castellán de Amposta ordena a Juan Sanz, García Lalanda, Pedro Lozano, Juan Bernat y García de Marta, vecinos de Castiliscar, que no puedan llamarse ni actuar como caballeros por haber sido nombrados por el Conde de Foix sin autorización real. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folios 12v-13r. El castellán d’Amposta. Hombres97 buenos. Entendido hauemos no con poca displicencia que vos, Johan Sanz, García Lalanda, mayor Pero Loçano, Johan Bernat e García de Marta, vasallos e vezinos del lugar nuestro de Castelliscar, fictament e dolossa e en gran frau e enganyo e en preiudicio del señor Rey e nuestro e de la nuestra Religión, e en danyo grant del concello e lugar nuestro de Casteliscar, hauríades ydo a los términos de la villa de Alfaro e suplicado al conde de Fox que vos fiziesse caualleros. E ya sea que segunt la ley d’Espanya e fueros e costumbres del Regno de Aragón e hombre pachés o villano o de condición, senyor alguno, cauallero non pueda fazer ni armar si no solament el senyor Rey o a quien él lo manda fazer por su comissión e no otro alguno. Empero vosotros contra toda iusticia e razón, affirmado vos esseyer fechos caualleros por el conde de Fox, la qual cosa fablando con su honor, él ni otri sino que sea Rey fazer non podía nin puede, vos nombráys caualleros e vuestros fijos fidalgos. Lo qual no soys nin podéys esseyer e ius aquel color ponéys escándalo e bolicio en el dicho lugar, en grant lessión e danyo irreparable $/ / ^ { 1 3 \mathrm { r } }$ de la cosa pública, del dicho lugar e de los habitantes en aquella e total destrucción e crebantamiento de los priuilegios, usos e costumbres del dicho lugar e en grant offensa e danyo nuestro e de nuestra Religión. Por tanto vos decimos e mandamos que vos o alguno de vos non vos nombredes caualleros ni fidalgos ni personas priuilegiadas en el dito lugar ni usedes de la llamada cauallería ni perturbedes a los jurados, concello, vezinos e habitadores del dicho lugar en sus usos e priuilegios de penyorar e prohibir vos que como clamados caualleros non rompades ni escaliedes tierras algunas en los dichos términos de Casteliscar ni fagades otras cosas a vosotros prohibidas, ius las penas prohibidas e espressadas en las sentencias arbitrales dadas e promulgadas antiguament entre el concello e fidalgos del dicho lugar, o si razones algunas hauéys por las quales lo sobredicho fazer no deuades aquellas, vengades ad allegar a la ciudat de Caragossa personalment, deuant de nos, a las casas de Sant Iohan, do habitamos, dentro de diez días aprés que la present vos será presentada. En otra manera instant $\mathrm { e l } ^ { 9 8 }$ procurador del dicho concello e en continuacio de vosotros, procediremos contra vosotros, vuestras personas e bienes, segunt que por fuero, iusticia e razón e segunt los estabilimientos de nuestra religión trobaremos esseyer fazedor. Dada ut supra. 6 1467, enero, 18. Monzón. El castellán de Amposta cede al concejo de La Fatarella el lugar de Camposines, que se encontraba despoblado, para su puesta en cultivo a cambio de nueve cafices de trigo anuales que se entregarán al castellán y al comendador de Azcón. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folios 23r-24v. Tributacio uniuersitatis loci de la Fatarella. Fray Bernat Huc de Rocabertí, etcétera. A los fieles e amados nuestros los bayle, jurados e hombres buenos del concello e uniuersidat nuestra de la Fatarella, de la comanda e baylía nuestra de Azcón. Salut e buen amor. Attendientes e considerantes nos hauer comisado e preso a mano nuestra el término culto e inculto del lugar siquiere partida de Camposines, miembro de la dita nuestra baylía de Azcón, por la despopulación de aquel por causa de la guerra et a los que affruenta con términos de Mora de Azcón de Corberá e Saluatierra. E por quanto es bien de nuestra Religión e haument de aquella que el dito término no remanga inculto e algunos singulares del dito lugar de la Fatarella culturauan en el dito término//23v, hauemos deliberado, a suplicación vuestra, dar a trehudo perpetuo a vos e a la dita uniuersidat el dicho término, segunt que deliberadament a vos lo damos al dito trehudo perpetuo con fadiga, loísmo, comiso e con las condiciones inffrascritas. Primerament, que la dita uniuersidat de la Fatarella concellalment en cada un anyo sea tonida perpetualment pagar a nos e a la comanda, comendador e baylía de Azcón nueue caffices de trigo meytadenco de ordio e de trigo, mesura de Tortosa, segunt es acostumbrado pagarse el dicho trehudo en tiempos pasados, pagaderos en cada un anyo el día e fiesta de Santa María de setiembre e assí en cada un anyo. La qual paga comencará del día de Santa María de setiembre primero ueniente en hun anyo e assí en cada un anyo perpetualment en semblant día e fiesta. E queremos que no pagando el dito término sea caydo en comiso. E vos damos el ademprio del dicho término cumplament excepto la juridición ciuil e criminal, fornos, molinos e dominicatura de aquel, las quales en nos detenemos. E que non podades vender, alienar ni permutar el dicho término en persona alguna, eclesiástica nin seglar, dantes e otorgantes a vos plena facultat de culturar e escaliar el dicho término, según en tiempos pasados es acostumbrado. Mandantes, por la presente, al regidor de Azcón e qualesquier otros que la present seruen e no contrauengan ante aquella seruen cumplidament. Dada en el castillo nuestro de Monzón, el diziocheno dia del mes de janero, del anyo de la Natiuidat de nuestro Señor mil CCCC sixanta siete. $/ / ^ { 2 4 \mathrm { r } }$ 7 1467, abril 22. Zaragoza. Fray Bernardo Hugo de Rocabertí reclama a cada encomienda el pago del llamado «derecho del capel» que le corresponde por haber sido confirmado en el cargo de castellán. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folios 22r-22v. Littere comissorie pro recuperando porcionem capucii. Fray Bernat Huc de Rocaberti, etcétera. A los amados e fieles nuestros los justicias, bayles, jurados, concellos, uniuersidades e hombres buenos de las villas e lugares e comandas nuestras de la Castellanía d’Amposta, e a cada uno de vos a quien las presentes preuendrán e presentadas sean. Salut e buen amor. Bien crehemos no ygnorades que quando por vacación de la Castellanía d’Amposta es proueydo en otra persona de castellán d’Amposta in Christo iure le pertenesce el drecho clamado del capel, según las antigas tachas de la Religión, e como nueuament sehamos proueydo por nuestro señor el Papa e por el Capitol General del dicho Orden último, en Roma celebrado, et ipso foro hayamos succeydo en el drecho del dicho capel. Por tenor de las presentes, intimantes vos lo sobredicho, vos rogamos, encargamos e mandamos quanto más estrechament podemos e por la fieldat que al dicho nuestro Orden soys tonidos que el dicho drecho de capel a nos, como dicho es, pertenescient según la tacha, la qual sellada e autenticada vos enviamos, sacada de los regestros de la Religión, que $I / ^ { 2 2 \mathrm { r } }$ , lo que a cada uno de vos toca paguedes planament e sens dilación alguna en manera que mas despessas ni congoxas no sintades, e será cosa que en su caso e lugar muy mucho vos lo agradeceremos. E por cobrar el dicho drecho de capel hauemos fecho nuestro general comissario, procurador e receptor a Gaspar Sanz, official e seruidor nuestro, al qual en virtud de las dichas penas vos mandamos que hayades por comissario, procurador e official nuestro, e le déys conseio fauor e ayuda en todas las cosas que por $\mathrm { ^ { d } } { }$ requeridos seredes toda dilación cessant. Dada en las casas nuestras de Sant Johan de Caragossa, a XXII del mes de abril del anyo susodicho. Las tasas sobredichas, sacadas del patrón de la Castellanía por mí, Johan de Peralta, notario, e del dicho senyor castellán, secretario, e aquellas por su mandado son según se siguen: Primo, los lugares de la comanda de Sant Johan d’Osca, mil sueldos Item, la comanda de Torrent de Valencia, mil sueldos Item, la comanda d’Orta e lugares de aquella, mil sueldos Item, la baylia de Cantauiella toda entera, tres mil sueldos Item, la comanda de Monzón e lugares de aquella, CCC sueldos Item, la comanda de Billell con Sarrión e Aluentosa, DCC sueldos Item, la comanda de Enzinacorba, mil sueldos Item, la comanda de Mallén, mil sueldos Item, la comanda de Alfambra, setecientos sueldos Item, la comanda de Samper de Calanda, cincientos sueldos Item, la Bata e Junçano, cincientos sueldos Item, Xalamera, Beluer, Santalezma e Estix, DC sueldos Item, la comanda de Nouillas, cincientos sueldos Item, la comanda de Calatayud e Villaluenga, cincientos sueldos//22v Item, la comanda d’Anyón, setecientos sueldos Item, la comanda <de Barbastro>, trecientos sueldos Item, la comanda de Ulldecona, mil sueldos Item, la comanda de la Almunia, setecientos sueldos Item, la comanda de Alberit, trecientos sueldos Item, la comanda d’Ambel, cincientos sueldos Item, la comanda de Castelsiscar, CCC sueldos Item, la comanda de Mirambel, CCC sueldos Item, la comanda de Torrent de Cinca, cient sueldos Item, la comanda de Caragossa, mil seyscientos sueldos Item, la comanda de Casp, mil sueldos Item, la baylia d’Azcón, dos mil sueldos Item, la baylia de Mirabet, dos mil sueldos99. Fuerunt expedite <tres> alie similes littere et fuerunt comissari dompnus Johannes Darmyo, Johannes de Luna et Martinus d’Exea, ecétera, large. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folios 24r-24v. Frai Bernat Huch de Rocaberti, de la Santa Casa del Espital de Sant Johan de Iherusalem, humil castellán d’Amposta. A los venerables e honestos religiosos nuestros todos, los comendadores e frayres, priores e abbades de la Castellanía d’Amposta, e o a sus regidores, procuradores e administradores, e a sus logarestenientes e a qualquiera dellos a los quales las presentes prouendrán. Salut en nuestro Senyor Ihesu Christo. Instant e requerient el venerable e religioso nuestro fray Loys d’Açagra, comendador del Temple d’Osca, receptor en la dicha Castellanía por el senyor maestro, conuento e común tessoro de Rodas, por las urgentes necessidades de nuestra Religión e del dicho común Tesoro de Rodas, e por dar horden en las cosas e actos de la dicha nuestra Religión100, fechos en el Capitol General del dicho Orden, último en Roma celebrado, lo qual es de suma necessidat con los comendadores e frayres con nos asistentes, hauemos deliberado mediant la gracia diuinal conuocar, tener e celebrar Capitol General de la dicha Castellanía en las casas $/ / ^ { 2 4 \mathrm { v } }$ de Sant Johan del Espital de la ciudat de Caragossa el vicéssimo quinto día del mes de janero primero vinient. Por aquesto, a vosotros e a cada uno de vos, decimos e mandamos firmement y estrecha en virtud de santa obediencia, que vosotros sehades personament con nos en la ciudat de Caragossa el dicho vinticinqueno día de janero e con vos traygades vuestras responsiones e los arrerages por vosotros deuidos al dicho común tesoro de Rodas e qualesquiere otras cosas que seades tonidos dar e paguar fins a la present jornada, e los albaranes que paguado hauedes de la semblea últimamente celebrada por el prior de Portugal en el monesterio de Santa Fe fasta hoy. Otrosí, vos dezimos y mandamos que leyda que hauréys la present, hi pongades cada uno de vos su sillo y vos sotascribades de vuestra mano en senyal de recepción, y la entredes al portador de la present por tal que ignorancia de la presentación de aquella no sea allegada. E no fagáys el contrario, si las penas sobredichas desehades euitar. Dada ut supra. Ell castellán d’Amposta. Vista por mí, fray Azbert de Villamarí, a III de janero. Vista a IIII de jenero por Martín Vicent, procurador del senyor don Alfonso de Aragón por la comanda de Nouillas. Vista por mí, Ferrando de Frexano, vicario d’Alberit, a $\mathrm { V } ^ { \mathbf { o } }$ de janero y el dicho senyor comendador es contento de fazer todo lo en la dicha littera contenido. Vista por mí, Anthón de la Torre, alcayde d’Ambel e procurador de fray Goncalo de Sesse, a $\mathrm { V } ^ { \mathrm { o } }$ de janero. Vista por mí, fray Grauiel de Barberán, prior de Santa María del Temple de la ciudat de Caragossa, día martes a X de janero anno VIIIº. Vista por mí, Sabastián de García, alcayde de Anyón, a $\mathrm { V } ^ { \mathrm { o } }$ de janero. Vista por mí, frare Luys de Fluuiá, comanador de Calatayud e receptor de la Castellanía, a VIII días del mes de giner. Protestant que lo dit comanador fray d’Açagra non eser legitem receptor, etcétera. Vista por mí, frare Boyl de Ladró, comendador de la Almunya, present a hobeyr lo contengut en la littera. 9 1467, diciembre, 31. Zaragoza. El castellán de Amposta nombra notario general de la Castellanía a Domingo Monient. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folio 25r. Fray Bernat Huch de Rocabertí, de la santa casa del Spital de Iherusalen, humil castellán d’Amposta. Al amado nuestro Domingo Monient, natural del lugar nuestro de Chiprana, así como a ydóneo e suficient al officio de notario, confiantes de vuestra bondat e por el sagrament en poder nuestro prestado de bien e lealment vos hauer en el oficio de notaría, por aquesto en notario general <en>101 toda la Castellanía nuestra d’Amposta, por las presentes vos creamos, constituímos et hordenamos así que por toda nuestra Castellanía podáys usar e recebir e testificar qualesquier scripturas et hotros instrumentos públicos e priuado e aquellos redigue en pública forma, segunt que hotros notarios de nuestra Castellanía han costumbrado e suelen fazer, por nuestra actoridat e decreto; e que en iudicio e fuera de judicio le sea atribuyda plena fe, poniendo en aquellos vuestra subscripción e la autoridat nuestra. Mandantes, por las presentes, a qualesquier frayres súbditos nuestros e a qualesquieres vasallos nuestros, que a vos hayan e tengan por notario e den plena fe en vuestros actos. Mandantes vos seyer feyta la present e sellada con nuestro siello pendient. Dada $\mathrm { e n } ^ { 1 0 2 }$ las casas nuestras de Sant Johan de Caragossa, die última del anno de mil CCCC LXVIII103. 10 1468, enero, 28. Zaragoza. El castellán y la Asamblea Provincial convocan a fray Azbert de Villamarí por considerar que ha renunciado a su encomienda de Mallén al ponerla en manos de personas ajenas a la Orden. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folio 27r. Muy reuerendo mosser e caro hermano. Por algunos negocios concernientes grautment el bien de la Religión e honor vuestra, senyalladament por quanto aquí se es publicado vos hauríades renunciado vuestra encomienda de Mallén e puesto el castillo e vasallos de aquella en personas laycas e fuera de la religión, lo qual no podemos creher, es de suma necessidat que vos vengáys de la part daqua personalment vista la present. E assí vos lo rogamos e encargamos, e en caso que no fuesse en vuestra facultat o recussássedes venir, lo que no crehemos, nos será forcado prouehir e prouehiremos en lo sobredicho según trobaremos ser fazedor, vuestra absentia no obstant. E por esta causa vos enuiamos a fray Pedro d’Orós, comendador de Torrent de Cinca, informado plenariament de nuestra intención, e de la nuestra present semblea, al qual vos placia dar plena fe e indubia crehençia de todo lo que de part nuestra e de la dicha semblea vos esplicará, poniéndolo por obra como de vuestra virtud speramos. De Caragossa, die et anno prefixis. Al muy reuerendo mosser e caro hermano don fray Azbert de Villamari, comendador de Mallén e draper de Rhodas. El castellán, comendadores e frayres de la Castellanía d’Amposta en semblea aiustados a vuestra honor prestos. 1468, enero, 28. Zaragoza. El castellán de Amposta y los miembros del Capítulo Provincial de la Castellanía, atendiendo a la súplica inserta, conceden a Miguel Sanz, escudero y habitante de Huesca, a cambio de cincuenta sueldos anuales, una heredad llamada La Ortilla que había estado hasta ese momento en manos del enemigo. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folios 34r-34v. Confirmatio tributationis Michaelis Sanz. Frater104 Bernardus Hugonis de Rocaberti, sacre domus Hospitalis Sancti Johannis Iherusalemi, humilis castellanus Emposte, et nos, fratres Ludouicus de Fluuián, Calataiubi et Villaluenga, Huyl Ladrón Almunie, Johannes d’Açagra Sancti Johannis Osce, Gondisaluus d’Exea Sarrionis et Aluentose, Raymundus Síscar Torrentis Valencie et Horte, Ludouicus Daçages Templi Osce et receptor in Castellania Emposte, Michael Ferriz Sancti Johannis Osce, Petrus d’Oros Torrentis, insigne preceptores, Dominicus Cortes, prior de Casp et abbas Ontinyene, Michael Durán, regiens prioratum Almunie, Raymundus Tudon abbas Calauere, Petrus Puyazuelo, prior curatus105 de Casp, Johannes Giner, abbas Vallonaris, Bertholomeus de Luna, prior Sancti Johannis Montissoni, Petrus Caxal, prior Sancti Johannis Cesarauguste, Johannes Pallas, procurator fratris Azberti de Villamari, preceptoris de Mallén, Franciscus de Cueuas, procurator fratris Petri Ferdinandez de Heredia, preceptoris Canthauetule, Michael Garzes de Marcilla, vicarius Alfambre, procurator fratris Alfonsi de Marcilla, preceptoris Alfambre, Paulus Tolsa, procurator fratris Galuani Tolsa, preceptoris Enzinacorbe, honeste Michaeli Sanz, scutiffero hauitatore ciuitatis Osce. Salutem in Domino. Per parte vuestra coram nobis fuit oblata suplicacio tenoris sequentis: Muy reuerend senyor e honorable semblea. Devant vuestra senyoria comparece Miguel Sanz, scudero, hauitant en la ciudat de Huesca, el qual, con toda reuerencia, suplicando espone e dize que entre otras tierras pertenescientes a la comanda de Sant Johan de la ciudat de Huesca hay una heredat clamada La Hortiella siquiere el hospital de La Hortiella, la qual faze de trehudo a la dicha comanda cinquanta sueldos. De luengos tiempos ha que aquellos que han detonido la dicha heredat no han paguado los dichos treudos, ni encara reconoscían la dicha heredat seyer de la dicha comanda ni a daquella trehudera contra la verdat. E las cosas así estando el reuerend don fray Miguel Ferriz, comendador de la dita comanda de Sant Johan106 de la dicha ciudat, ha cobrado la dicha heredat para la dicha comanda e por quanto aquella estaua totalment dirruyda e hauía menester mucha cura ha aquella, dado e otorgado al dicho suplicant con cargo del dicho trehudo de los ditos cinquanta sueldos, paguaderos en cada anyo durant la vida del dito suplicant. E por quanto dessea la dita dación seyer válida, suplica a las vuestras senyorías queraes configurar la dita dación o concessión de la dita heredat fecha al dito suplicant e otorgar a dársela de nueuo para él e para sus herederos con el dicho trehudo perpetuo de los cinquanta sueldos paguaderos en cada un anyo, por tal que el dito suplicant con mayor voluntat pueda entender en la mylloración de la dicha heredat, lo qual el dicho suplicant reputará a singular gracia e merced, etcétera. Et nos visis contentis in dicta suplicatione et in presenti instrumento $/ / ^ { 3 4 \mathrm { v } }$ de super inserto rationibus et causis in dictis instrumento et suplicatione contentis, predicta omnia et singula contenta iusta ipsius seriem et tenorem laudamus, confirmamus et aprobamus. Si sic est et nostrum decretum et actoritatem eydem imponimus et pro eorum corroboracione sigillo nostro impendenti sigillari mandamus. Dada ut supra, XXVIII januarii. 12 1468, febrero, 10. Zaragoza. El castellán de Amposta y los miembros del Capítulo Provincial ordenan que sean restauradas las fortalezas y demás estructuras defensivas de los lugares de la Castellanía para que sus habitantes puedan resguardarse en ellas durante la guerra. AHN, Sec. Órdenes Militares, Códice L. 607, folios 33v-34r. Prouissio reparacionis fortalicis. Fray Bernat Huch de Rocaberti, de la Santa Casa del Spital de Sant Johan de Iherusalem, humil castellán d’Amposta, e nos los comendadores e frayres de la dicha Castellanía, en asamblea conuocados e congregados en las casas nuestras de Sant Johan de Caragossa, según es costumbrado. A los amados e fieles nuestros, todos los vasallos e hauitadores en las comandas e baylías nuestras e a qualesquiere otros de la Castellanía nuestra de Amposta. Salut e buen amor. Signifficamos vos que es muy necessario por el bien público de vosotros e por conseruación de las fuertes, castillos, baruacanas e cauas en las comandas e lugares de nuestra Religión en la Castellanía d’Amposta por razón de la guerra que present es e por les deuenidor, por lo qual los vasallos de la Religión, veniendo el caso, se han a recoger dentro las dichas fortalezas o baruacanas con sus biures, bienes, ropas e personas, seyendo menester, segunt en nuestra Castellanía es costumbrado fazer. Por tanto mandamos, hordenamos e declaramos en la present nuestra semblea que toda hora que qualquiere comendador querrá obrar, cobrir e reparar las murallas e torres foranas e las barbacanas e cauas necesarias, según a él parecerá en los castillos e fortalezas que terna que los vasallos e consexo de tal villa o lugar sean tonidos de dar $\mathrm { e } ^ { 1 0 7 }$ ayudar de todos los jornales necessarios para la dicha obra, es a saber: Que de los dichos jornales se hayan de fazer e conrear la lenya e piedra para la calcina e <algenz> que mester será, e más traer tierra e lenya para fazer regola e tella que mester será, e más carrear e tirar con sus bestias e jornales toda la piedra, arena, calcina ${ < } \mathrm { e }$ algenz>, agua e las otras cosas necessarias e manobra que mester hi serán pora la dicha obra. E más, hordenamos e declaramos que qualquier comendador que tales obras e reparaciones fazer querrá, que sea tonido de paguar todos los maestros, assín para tapiar como aparedar de piedra, o en otra manera; e los maestros que farán la calçinia, <algenz>, tella e regola, e assí mesmo haya de paguar la fusta, clauos e maestros que la obrarán por $/ / ^ { 3 4 \mathrm { r } }$ forma e manera que sea conseruación de las dichas fortalezas e propiedades, e benifficio e seguridat de los bienes e vasallos de nuestra Religión, a los quales mandamos por la fidelidat que nos son tonidos, que por ninguna cosa ni razón no recusen fazer las cosas susodichas si las penas de infieldat e inobediencia desehan euitar. Dada ut supra, etcétera.
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23,109
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
¿Asturias, Covadonga, Pelayo? Asturias, Covadonga, Pelayo?
¿ASTURIAS, COVADONGA, PELAYO? ASTURIAS, COVADONGA, PELAYO? Resumen: La trascendencia atribuida tradicionalmente al ‘constructo PelayoCovadonga’ me incitó a examinar la presunta historicidad de dicho evento. Para ello se ha partido del análisis de los datos aportados por las propias crónicas asturianas, contrastándolos con los de la única fuente coetánea (Crónica del 754), y cotejarlos finalmente con la tardía versión de las fuentes árabes, Crónica de San Juan de la Peña y Libro de San Voto. De paso, obligó a afinar el significado geopolítico de Galicia, resultando que aquel sonado encuentro bien podría no haber tenido lugar en Asturias…. Palabras clave: Asturias, Covadonga, Pelayo, crónicas asturianas, fuentes árabes, siglo VIII. Pedro CHALMETA GENDRÓN Universidad Complutense de Madrid firstname.lastname@example.org. Abstract: Transcendancy traditionally attributed to the ‘construct PelayoCovadonga’ push me to re-examinate the supposed historicity of that event. For this purpose, we started from the analysis of the informations' accuracy given by the Asturian Chronicles, checking them with the only contemporary source (Chronicle of 754), before starting to collate them finally with the late version given by the Arabic sources, Crónica de San Juan de la Peña y Libro de San Voto. Analysis that deals with a more accurate understanding of the geopolitical meaning of Galicia, and reaching a new conclusion: it seems that the famous battle had not to be located in Asturias... Key words: Asturias, Covadonga, Pelayo, Asturian chronicles, Arabic sources, 8th century. 1. Historia1. Tras aquella crédula fase infantil en que andábamos firmemente convencidos de que los Reyes Magos eran los encargados nocturnos de traer los merecidos regalos a los niños buenos —fase 0 que aprovecharon para inculcarnos escolarmente que la gesta de Covadonga inició los ocho siglos de nuestra gloriosa ‘Reconquista’—, el inicio de la madurez, el asomo de las primeras dudas y «la luz del entendimiento me hace ser muy comedido», 2 fueron desvaneciendo ilusiones e incitando a comprobar la veracidad de determinadas creencias. Entre otros puntos, ha llevado al análisis —a la exclusiva luz de los datos y evidencias materiales conservados— de determinado episodio de la historia peninsular. Concretamente, lo relativo a la —presunta— actuación de un tal Pelayo quien, en el primer tercio del siglo VIII, en una cueva del monte Aseuva, habría resistido primero, y exterminado luego a 187.000 caldeos, victoria iniciadora de la ‘Reconquista’. 3. Obligado paso previo es definir que se entenderá por los términos utilizados. Para el DRAE, Historia es: «Narración y exposición verdadera de los acontecimientos pasados y cosas memorables, sean públicas o privadas. Disciplina que estudia y narra cronológicamente los acontecimientos pasados». Como tal, constituye una actividad sujeta a la imprescindible asepsia y rigor universal. The essential point about scientific method is that it meets problems as problems and searches for the best solution, irrespective of prejudices and chauvinism. We do not ask who is right, but ask what the truth is. Searching for the truth we collect data and analyze them with cool heads, with uncompromising honesty, unbiased by interest or sentiment, fear or hatred. 4. No hacerlo equivale a corroborar aquello de «La historia es el más peligroso de cuantos productos han sido elaborados por la química intelectual. Sus propiedades son harto conocidas: hace soñar, embriaga a los pueblos, les genera falsos recuerdos, exagera sus reflejos, perpetua sus viejas llagas, atormenta su reposo, les lleva al delirio de las grandezas o a la manía persecutoria, vuelve amargas a las naciones...». 5 Pero es de señalar que el juicio de Paul Valéry no apuntaba tanto a la historia como al mito, «narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico». Hemos pasado de un conocimiento respaldado documentalmente y comprobado, a un acto de fe, de «creencia en algo sin necesidad de que esté avalado por la experiencia o la razón, o demostrado por la ciencia». Así como toda creencia es a priori respetable, su aceptación y seguimiento no tienen por qué ser obligados. Tampoco basta para convertir un mito —por muy nacional que sea— en historia. Huelga decir que no trataremos aquí de determinar cuál es la verdadera fe que nos ha de salvar (o su variante de ideología políticamente correcta) sino de averiguar qué pasó en la primera mitad del siglo VIII peninsular. 2. Fuentes. Del temprano enfrentamiento entre conquistadores árabes y autóctonos peninsulares se ocuparon —con extensión muy diversa— Crónica del 754, 6 Albeldense (883), Crónica de Alfonso III $\pm$ 914-20), ʻĪsā b. Aḥmad al-Rāzī (m. post 977), Ibn Ḥayyān (m. 1076), Aḫbār mağmūʻa (s. XI), Fatḥ al-Andalus (1102-10), Silense (entre 1109-35), Libro de los santos Voto y Félix (mitad s. XII), Ibn al-Aṯīr (m. 630/1233), Ximénez de Rada (m. 1247), Lucas de Tuy (m. 1249), Ibn ʻIḏārī (m. 1313), Crónica de San Juan de la Peña (1369-76), al-Maqqarī (m. 1631) y al-Ġassānī (escribe su Riḥla post 1691). Los geógrafos árabes, al centrar su interés en el territorio de Alandalús, no aluden más que excepcionalmente a la foránea zona norte no aportando dato alguno7 y la total ausencia de restos materiales (ni monedas, ni mucho menos precintos de plomo de reparto) de aquel periodo en los territorios situados por encima de la linea Coimbra – Pamplona reducen drasticamente el uso de posibles fuentes no cronisticas. De éstas, únicamente la primera de las mencionadas, la Crónica del 754, es contemporánea de los hechos narrados. Y esta única fuente coetánea sitúa en los Pirineos el mencionado enfrentamiento entre un ejército árabe, dirigido por ‘Abd al-Malik, contra población peninsular. Intentaremos aclarar unos puntos básicos, aunque no por ello menos dudosos y discutidos: ¿dónde? ¿cuándo? ¿quién? ¿cómo? Ello se hará, en primer lugar, analizando el grado de credibilidad de las fuentes; en segundo lugar, subrayando las incongruencias e inexactitudes; y, por último, procurando encontrar la posible causa agente de la creación de este relato. Todo ello partiendo de las fuentes, nunca de las conclusiones vertidas por diversos estudios de la —supuesta— carismática victoria de Covadonga. Es decir, adoptando una posición que, al quererse científicamente aséptica, está en las antípodas de quien se autodefinía manteniendo que «la historia Pelayo-Covadonga forma un bloque homogéneo que no admite correcciones ni retoques», «no debería tomarse la mayor o menor exactitud de las precisiones topográficas como prueba de su carácter fidedigno», «la cronología de la victoria de Pelayo no debería hacerse sobre cronologías obsoletas, Albeldense, Rotense, ni sobre correspondencias con gobernadores islámicos». 8 Afirmaciones que plantean una cuestión metodológica de cierta trascendencia, entonces ¿cuál es el criterio objetivo preconizado? Quede también sentado que, personalmente, al no «considerar el relato medieval como acta fidedigna, reflejo directo del suceso histórico», y no teniendo sino una limitada «confianza en la fiabilidad de las crónicas [asturianas]»9 procederé a su contraste sistemático con las otras fuentes existentes. Sin olvidar que ningún historiador digno de tal nombre puede, sin previo análisis, prescindir ni obviar científicamente lo afirmado por la única fuente coetánea (y de extraordinaria precisión), la Crónica del $7 5 4 , ^ { 1 0 }$ que reza: ʻAbd al-Malik, reprendido por una orden del príncipe, [motivada] por no haber logrado cosa alguna de provecho en tierras de los Francos, sale inmediatamente de Córdoba con todo el ejército, con el propósito de aniquilar a los habitantes de las cumbres pirenaicas. Pero, al dirigir su expedición por lugares angostos, nada próspero consigue y, después de perder a muchos de sus soldados, se vuelve por caminos extraviados, convencido del poder de Dios, a quien habían pedido misericordia los pocos cristianos que retenían las cumbres [de los montes]. 11. La localización del evento es clara: contra los habitantes de las cumbres pirenaicas Pirinaica inabitantium iuga12— y está doblemente aludida, puesto que especifica que respondía a «una orden del príncipe, [motivada] por no haber logrado cosa alguna de provecho en tierras de los Francos —in terras Francorum. De donde se desprende que estamos ante: a) una región sin relación alguna con el mar; b) la expectativa/exigencia califal de reanudar las provechosas aceifas de al-Samḥ, ʻAnbasa, al-Ġāfiqī, Yūsuf b.ʻAbd al-Raḥmān in terras Francorum; c) parece apuntar a una reafirmación del dominio andalusí y lo emprendido por Ibn Qaṭan sería, así mismo, una campaña programada para lograr botín —prosperum eveniret; recordemos que había sido, cuando menos parcialmente, desencadenada por la impaciencia del califa Hišām por disponer de unos ingresos similares a los conseguidos durante las campañas en Septimania y Provenza; d) lógicamente, hubo de dirigirse a una zona susceptible de generar los ingresos previstos; lo cual apunta hacia una comarca cuyo suelo y clima permitiesen dicha producción, un somontano de las cumbres —Pirinaica iuga—, zona que está fuera del control andalusí; e) dicha campaña habrá de fecharse durante el segundo año de gobierno de Ibn Qaṭan, concretamente durante el verano de 116/734. El autor de la mencionada Crónica del 754, quien no dejaría de presenciar el desfile de partida de «todo el ejército», la dirección de marcha y, a su regreso, de oír la voz pública de «no haber conseguido cosa alguna de provecho, perdido muchos soldados, volviendo por caminos extraviados», está consignando un evento. Por aquel entonces el gobernador, quizás «convencido del poder de Dios, de quien habían impetrado misericordia los pocos cristianos que retenían las cumbres de los montes», tal vez ya hubiera logrado reducir a los somontanos pirenaicos, pero sin que la expedición haya sido 'rentable'. Casualmente ¿o no? la única fuente coetánea de los hechos narrados sitúa en dicha cordillera el primer encuentro —posterior al de Mérida y a la resistencia oscense— entre autóctonos y conquistadores, fechándolo durante el gobierno de ʻAbd al-Malik b. Qaṭan (114-116/732-734). Texto en mano, resulta que donde estamos es en los Pirineos; entre otras razones porque no hay necesidad de pasar por Covadonga para ir de Córdoba a Francia, y no habían trascurrido ni dos años desde que, antes de enfrentarse a Carlos Martel, ʻAbd al-Raḥmān al-Ġāfiqī tuviera que «atajar por las montañas de los vacceos en su cruce de los Pirineos». 13 Sin embargo, ha sido la narración de la Crónica de Alfonso III, situando el enfrentamiento en Covadonga, y que atribuye a Pelayo —con la divina colaboración necesaria14— haber dado muerte, allá por el primer tercio del siglo VIII, a 187.000 caldeos, la que se ha mantenido popularmente hasta hoy.15 Aunque ésta sea, con mucho, la más extensa de todas las fuentes, también es posterior en casi dos siglos al evento que suponen reflejar. 3. El contexto. Dado que la Crónica de Alfonso III (‘madre de Covadonga’ y, con mucho, la más extensa de todas las fuentes) atribuía a Pelayo —con la divina colaboración necesaria— haber dado muerte, allá por el primer tercio del siglo VIII, a 187.000 caldeos, parece previo y necesario tanto histórica como procesalmente comprobar la existencia real de tales hechos o demostrar que el interfecto no pudo haber estado presente en aquel lugar en el momento en que se habrían perpetrado. También se ha de tener en cuenta que dicho relato de las crónicas asturianas no surgió hasta 200 años después del evento que pretenden describir. Pelayo16 habría sido espatario de Vitiza y Rodrigo. La Albeldense (c. 881-883) lo aupaba a hijo del duque Favila, en vida del cual habría residido en Tuy: Iste in vita patris in Tudense hurbe Gallicie residit. Probablemente desterrado allí cuando Vitiza expulsó de Toledo a su padre: ab hurbe regia expulit. Lógicamente, es de suponer que muy afecto al círculo del poder no sería. Razón por la cual es probable que no militase en las filas del ejército aniquilado17 en el encuentro del Wādī Lakko ni en el de Écija. Siguió viviendo en Galicia, explícita o implícitamente cubierto por los pactos de Mūsā con los poderes locales de la cuenca del Duero o, mejor aún, por los de ʻAbd al-ʻAzīz durante su campaña galaico-portuguesa. Cuando Alandalús abarcaba «desde la fortaleza del [río] Barū / Vero [hasta] la de Lugo». Pues en aquel entonces es cuando «durante su emirato fueron conquistadas muchas ciudades —madāʼin kaṯīra— que habían quedado [sin reducir] por su padre».18. La única fuente contemporánea de aquel entonces, la Crónica del 754, recoge cómo «[En la era hispánica 749], el reino godo peninsular19 fue destruido por el general Mūsā y hecho tributario...» y, «era [hispánica] 753... 97 de los árabes, en tres años, ʽAbd alʽAzīz había pacificado toda España, sometiéndola al yugo del censo». $^ { 2 0 } \ \mathrm { E n } \ 8 2 8$ , Chronicon Moissiacense precisaba que aquello solamente había requerido un par de años —infra duos annos Sarraceni pene totam Spaniam subjiciunt—. Medio siglo después, Albeldense reconocía que «los árabes poseyeron la tierra junto con el reino... y que los godos eligirían de entre ellos mismos condes que reunieran los pechos [debidos] al rey por todos los habitantes del territorio…». 21 Rotense afirmaba: «Por todas las provincias de España [los árabes] pusieron gobernadores, y durante varios años pagaron tributo al rey de Babilonia». 22 Cosa que De Rebus Hispaniae, IV, I precisaba: «[nombraron] prepósitos que cobrasen el censo y tributos a los pobres, viñadores y agricultores cristianos que habían sido autorizados a quedarse».23 Pero son las fuentes árabes las que aportan más detalles: «Desde Toledo, Mūsā se lanzó en algara, conquistando las ciudades, hasta que se le sometió [todo] Alandalús. Entonces, le vinieron las gentes de Ğallīqiya pidiendo capitular.»24 Es el «Arabes omnia occuparunt... Sarraceni enim totam Hispaniam occupaverant» de De Rebus Hispaniae. O el «toda. Hispania fue ocupada por los sarracenos hasta la provincia de Arles. Cosa que se hizo en menos de 14 meses». 25. Es de destacar que, durante siglos, aquello fue considerado como un mero enfrentamiento político-militar. Nadie hablaba de ‘musulmanes’, empezando por la fuente más antigua. La contemporánea Crónica del 754 señalaba el inicio de la conquista con un objetivo, y desapasionado: «los Sarracenos entraron en Hispania», 26 refiriéndose a los invasores como Arabum y a los bereberes como maurum; definición étnica paralela a la del seudo Denys de Tell Mahré $( \pm 7 7 0 )$ hablando de los Tayyayé de las estepas siro-mesopotámicas. Albeldense señala la «ingressio Sarracenorum in Spania», seguida de «bellus inter Guti et Sarraceni», invasores que son: Ismahelitas, Mauri, Araba. Aunque la Crónica de Alfonso III los etiqueta normalmente de Caldeos, no ignora que son Arabes, Sarracenos. Si, todavía en el siglo XII, un arzobispo de la talla de Rodrigo Ximénez de Rada (y tan militante contra los almohades) escribe su Historia Arabum, tal vez sería hora de dejar de privilegiar abusivamente el aspecto religioso, para centrarnos en su esencia de conquista militar. Epistemológicamente, se impone tratar de concretar el significado, y ámbito geográfico de aquel regnum Gothorum, totam / omnem Spaniam, Araves tamen regionem / patria simul cum regno oppreso conquistados por Mūsā (95/714) y ʻAbd alʻAzīz (97/716). «Nadie les salía al paso como no fuera para pedir la paz / illā bi-ṭalab al-ṣulḥ», «las pocas ciudades restantes se ven forzadas a la paz»; espléndidamente vertido por «le fizieron pleytesia» de la Crónica del Moro Rasis: Mūsā b. Nuṣayr, [a diferencia de su actuación en las zonas conquistadas por fuerza de armas], confirmó a los cristianos que estaban en refugios / maʻāqil inaccesibles y altas peñas [el uso de] sus bienes y religión, a cambio de pagar la ğizya, [decisión que permitió a los pactados] conservar sus posesiones en los territorios del norte / arḍ al-šamāl, por haber pactado conservarlos [a cambio] del pago de un tributo [gravando] las tierras de frutales y de sembradura, tal como [antaño] hiciera el Profeta con los palmerales y tierras de los judios de Ḫaybar... En Alandalús no quedó lugar conquistado a punta de espada por los musulmanes y que pasase a su poder sin que Mūsā b. Nuṣayr lo dividiese entre sus [hombres], excepto 3 comarcas: Santarén y Coimbra al Poniente y Ejea al Levante. [Las tierras conquistadas] fueron quinteadas y repartidas... [a diferencia de las de las regiones] del norte que fueron las que pactaron, donde los cristianos conservaron la propiedad de las tierras y árboles. Tratándose de Alandalús, algunos sabios antiguos afirman que la mayor parte fue sometida mediante capitulación / futiḥa ṣulḥan, excepto unos pocos lugares / mawāḍiʻ conocidos por cuanto, tras la rota de Rodrigo, los musulmanes no tropezaron con lugar / balad alguno que no se sometiese por capitulación / aḏʻanū ilā l-ṣulḥ, razón por la que los cristianos que les habitaban, continuaron con sus tierras y propiedades. 27. Ximénez de Rada definía a dichos autóctonos como ‘aliados’ / foederatus; 28 estatus corroborado por Albeldense que lo hacía derivar de «haber mediado pacto firme y palabra inalterable». 29 «Los Arabes sometieron a los [godos que no cayeron en el encuentro de Wādī Lakko y Ecija] mediante acuerdos de paz». 30 Esto mismo era lo recogido por De los godos que permanecieron en las ciudades hispanas: 31 […] entre godos y sarracenos se desarrolló constante guerra durante 7 años, mientras conservaban la ciudad de Ubilbila. 32 Pero, tras este septenio, embajadores circulan entre ellos, y así llegaron al pacto firme y acuerdo inmutable de que [los godos] desmantelarían todas las ciudades y habitarían en las aldeas y lugares, y que todos los de su gente elegirían de entre ellos mismos unos condes que reunieran los pechos del rey entre todos los habitantes de la tierra. 33. Uno de estos pactados sería Pelayo, puesto que permaneció disfrutando de sus posesiones durante un septenio. 34 De hecho, cuando el obispo Opa trataba de convencerle de que depusiera su rebellio, 35 insistía en que ello «te permitirá el tranquilo disfrute de tus muchos bienes y goce de tu [pasada] amistad con los Arabes».36. Según la Crónica de 754, «[En la era hispánica 749] el reino godo de Hispania fue destruido por el general Mūsā y hecho tributario..., era [hispánica] 753,... 97 de los árabes, en tres años, ʽAbd al-ʽAzīz había pacificado toda Hispania, sometiéndola al yugo del censo.»37 La Rotense señalaba cómo «Por todas las provincias de España [los árabes] pusieron gobernadores, pagando tributo durante varios años al rey de. Babilonia». 38 Situación que será también la recogida por Ximénez de Rada.39 Énfasis puesto en el cobro de tributos, evidenciando que la conquista omeya de la Península Ibérica (como la del resto del imperio árabe) obedeció, mayormente, a objetivos económicos.40 Consecuencia de este propósito recaudador fue que esas zonas 'excluidas' enumeradas infra no despertasen interés (tampoco apenas lo hicieron en el reino visigodo). Comarcas (en gran parte coincidentes con las caracterizadas por una 'economía de montaña') donde, por no generar más allá de un hipotético, y escaso, superávit, no había nada que rascar. 41 Al ser zonas sometidas sin haber mediado conquista, no hubo paso, ocupación ni —en una primera fase— asentamientos de conquistadores. 42 Explicando así la total ausencia de restos materiales —los ‘feluses de la conquista’—, en la enorme franja comprendida entre el mar Cantábrico y el valle del Tajo. Un vacío que contrasta con su abundancia en Septimania (concentrados en la zona de Narbona) y, muy especialmente, el número de plúmbeos precintos de reparto del botín de conquista hallados.43 De hecho, ese postulado del absoluto dominio territorial hispano afirmado por la Crónica de Alfonso III no tardaba en autocontradecirse cuando excluía «Alava, Vizcaya, Aizone y Orduña, como Pamplona44 y Berrueza»45 del área de omnes provincias Spanie. Visión aceptada por Ximenez de Rada que descarta «algunas zonas montañosas de Asturias, Vizcaya, Álava, Guipúzcoa, de los Rucones y de Aragón». 46 Para la Crónica de San Juan de la Peña, los supervivientes de la rota del Wādī Lakko: E feita la dita perdición o conquista, los xpistianos qui de dita batalla o persequcion podieron escapar, se derramaron et fueron enta las fuerças de las montanyas de Sobrarbe, de Ribagorça, de Aragon, de Bieroça, de Arcide, Ordoya, de Biscaya, de Alaba et de Asturias, do fisieron muytos castiellos et muytas otras fuerças, do se pudiessen receptar et defender de los moros. Et todas aquestas tierras fincaron en poder de xpistianos, que ningun tiempo moros non las pudieron possedir.47. Exclusión que abarcaría también la zona asturiana donde, pese a un posible momentáneo 'reconocimiento de hegemonía' y 'sumisión a distancia' con secuelas tributarias, no parece haya habido nunca presencia física árabe48 anterior a las aceifas de Ibn Buḫt, la de Ibn Muġīṯ y, muy especialmente, la sonada expedición de Almanzor a Santiago de Compostela. Una exención que se habría visto truncada por la actividad de ʻUqba b. al-Ḥağğāğ al-Salūlī (116-23/734-41), cuando éste «allego mui grant poder, et fue sobre Galicia49 et ganola, et fue luego sobre Pamplona et ganola et entrola por fuerça, et partiose dende et vinosse para Navarra, et ganola, et gano a Lupo (Alava) et Magarona (¿Aragón?), et gano otras muchas tierras que aun tenían los christianos».50 Tras iniciar su gobierno andalusí, ʻUqba «conquistó todo el país hasta [llegar a] Narbona, [campaña durante la cual] conquistó Ǧallīqiya, Alava y Pamplona. 51 En Ǧallīqiya no quedó caserío / qarya alguno por conquistar, excepto la Peña / al-ṣaḫra donde se había metido un 'rey' / malik al que le decían Pelayo / Balāy, con 300 hombres...»52. La actividad de los iudices de Ibn Qaṭan, el procurante de la Crónica Albeldense, los prefectos de la Crónica de Alfonso III, así como la de los praepositos de De Rebus Hispaniae, evidencian que no tienen nada de ‘gobernadores’. Su cometido no pasaba de meros cobradores de vectigalia, censum, tributa. También son ansiosos recaudadores, fiscalmente exigentes / Iudicesque eius prerepti cupiditate. 53 Razón por la que la ‘autoridad’ gijonense, (que no dispone de fuerzas armadas), habría de esperar a que el ‘rey de Córdoba’ le envíe un destacamento para intentar prender a Pelayo. Plausible entendimiento que obliga a replantearse el significado del contexto adjudicado al levantamiento. Ello se hará partiendo de las propias fuentes que recogían ese episodio y tratando de aquilatar su veracidad, en función de: posible $\neq$ imposible. En Crónica Albeldense, XV (redactada en 881-883) dice que «Tras la ocupación de Spania por los Sarracenos, este [Pelayo] fue el primero en iniciar la rebelión contra aquellos en Asturias, reinando Yūsuf en Córdoba y aplicando Munnuza, en la ciudad de Gijón, 54 las disposiciones sarracenas sobre los ástures. Este [Pelayo] mató a los enemigos ismaelitas junto [con su jefe] Alcama». 55 Habida cuenta de que el gobierno de Yūsuf b. ʻAbd al-Raḥmān al-Fihrī en Alandalús abarca el periodo 129-38/747-56, resulta que Pelayo (m. 737) habría conseguido obrar el inusual, e inaudito, portento de seguir ganando batallas tras llevar nueve años difunto y debidamente sepultado. 56 Milagros y minucias cronológicas aparte, se afirmaba que el ‘reinado’ cordobés de Yūsuf era sincrónico de la actividad de su procurador in Iegione cibitate. Localización que, al implicar un dominio sarraceno, exige documentar ¿quién? ¿cuándo? ¿cómo se realizó dicho sometimiento? Ṭāriq no fue; certeza evidenciada por no coincidir con el recorrido de su algara del 711.57 Y tampoco pudo ser Mūsā, pues ya vimos que —pese al contumaz empeño de Sánchez Albornoz— 58 fuente alguna sugiere que sus tropas llegasen a rebasar Pamplona.59 Por tanto habría que imaginar la —supuesta— ocupación de Gijón como efectuada durante el gobierno de al-Ḥurr (98-100 / 713-6). Algo que no cuadra con «su trienio de dirigirse a la Galia narbonense y mantenerse en la Iberia citerior». 60 Desacuerdo que conlleva una disyuntiva: reconocer que estamos ante algo que nunca se dio; o, en caso de admitir su realidad, implicaría que fue de tan nimia importancia que fuente alguna consideró digno de interés el señalarlo.61 Recordando la vigencia del principio que 'de un argumento a silentio nunca se puede inferir la existencia de lo no expresado', sorprendía el desconocimiento manifestado por la Crónica de 754 de ese —presunto— levantamiento asturiano. Y más todavía cuando recogía el enfrentamiento de los Pirinaica inabitantium iuga contra Ibn Qaṭan; 62 un silencio que resultaba aún más clamoroso, y anómalo, cuando se le compara con el espacio consagrado a la batalla de Poitiers de 114/732,63 o el desastre de la ġazwat alašrāf, cuando la gran rebelión norteafricana del 739-40 acabó, en 123/741, con el ejército de Kulṯūm a orillas del Wādī Sabū. 64 Por excepcional, sigue siendo sorprendente no solo lo bien informado que está el autor de la inigualable Crónica del $7 5 4$ de un acontecimiento que transcurrió a $1 . 3 0 0 \mathrm { k m s }$ de Córdoba, y que un hispano se interesase por describir una futura ‘salvación de Europa’. Asombro reforzado por cuanto parece que lo esperado hubiese sido pensar en términos de una autóctona «liberationem patriae adhuc sperans», en vez de detallar algo ocurrido 455 kms más allá de la Penínnsula y de los Pirineos... ¿Quién era ese «Munnuza, apoderado/procurador de las disposiciones sarracenas sobre los astures / Sarracenorum iussa super Astures procurante»? Crónica de Alfonso III, $ { \mathbf { n } } ^ { \mathbf { o } } \ \&$ señala: «Por aquel entonces era prefecto en aquella región asturiense, en la ciudad de Gijón, [un hombre] llamado Munnuza, compañero de Ṭāriq».65 Tras sepultar en la ribera del río Deva a 63.000 caldeos,66 la Crónica Silense (post 1109) señala: «Durante aquel cataclismo era gobernador en Gijón, ciudad marítima de Asturias, cierto moro llamado Musa, el que según va dicho, después de Táric había hecho guerra al rey de los godos Rodrigo». De Rebus Hispaniae, IV, i, de Ximénez de Rada (m. 1243), lo hacía «prefecto de la región de Gijón, cristiano confederado de los Árabes».67 Pero lo cierto y verdad es que —volveremos sobre este punto— ninguna fuente menciona a Munnuz alguno fuera del «unus ex Maurorum gente nomine Munnuz... preparat adversos Spanie Saracenos» eliminado, cerca del 731, en Cerretania, por ʻAbd alRaḥmān al-Ġāfiqī, antes de iniciar su algara de Poitiers...68 El Ismahelita Alcamane, muerto [por Pelayo] en no sé sabe dónde, resultaba todavía más evanescente.69 Como resulta difícil suponerlo una simple mala transcripción que oculte al gobernador Ibn Qaṭan (114-6/732-4), más bien parece podría ser reminiscencia del laḥmī ʻAbd alRaḥmān b. ʻAlqama, señor de Narbona / ṣāḥib Arbūna, tenido por «el caballero de los andalusíes», que mató de un saetazo a Balğ en 124/742; aunque tampoco cabe descartar al ṯaqafī Abū Ġālib b. Tammām b. ʻAlqama (m. 822) —cuyo nombre fue considerado como buen agüero del futuro éxito—, formando parte de los que fueron a 'rescatar' de los bereberes al Inmigrado como paso previo a su desembarco en Almuñécar y, posteriormente, enviado para reducir al rebelde zaragozano al-Ḥusayn, siendo después nombrado gobernador de la Frontera. En ambos casos, volvemos a estar también en tierras aragonesas, tal vez para no dejar solo al cerretano Munnuz... Para la Crónica de Alfonso III (versión Rotense), la causa de la rebeldía radicaría en que los irresistibles encantos de la hermana de Pelayo habrían despertado la incontenible rijosidad de Munnuza, de donde derivase un desacuerdo entre cuñados... Todo encajaría, si antaño la belleza de la hija del conde Don Julián había provocado la ‘perdida de España’, la pulchritudine de la hermana de Pelayo70 desembocaría en la necesaria liberationem patriae, Spanie salvus... Sin jugar a propheta post eventu anticipando la evolución posterior, veamos cuáles son las afirmaciones de dicha fuente: Los árabes, tras someter a todas las provincias hispanas, les impusieron recaudadores que cobrasen los tributos, siendo el [encargado] de la región asturiana [y residiendo] en la ciudad de Gijón un hombre llamado Munnuza compañero de Ṭāriq. Estando aquel desempeñando su cargo [...] Lo de compar Tarec, equiparándole en rango al conquistador, podría reflejar que el tal Munnuza hubiese sido quien sometiera Asturias, 71 quedándose luego de administrador de la zona. El caso es que «Pelayo, sintiéndose oprimido por el dominio de los Ismaelitas [en su residencia de Tuy, por tanto, tras el sometimiento de Galicia por ʽAbd al-ʽAzīz] marcha con su hermana a Asturias / oppressus... Asturias ingressus est». 72 Desde allí habría sido despachado en comisión de servicio a Córdoba por. Munnuza / legationis causa misit. Ciudad donde Tarec está de rey, enviando primero [unos pocos] soldados a Munnuza y después, cuando Pelayo está ya en el monte Aseuva, ordenando salga de todo Alandalús incontable ejército ( $1 8 7 . 0 0 0 \mathrm { h } .$ ) bajo el mando de su socio Alkama. 73. Empezando por el principio: Ṭāriq nunca fue ‘rey’ pues jamás llegó siquiera a gobernador (wālī, amīr,) ni tampoco aʻāmil, y no pasó de simple mawlā de su señor. Pequeña precisión que hace le sobre razón a la Crónica Albeldense para ignorarle y encabezar correctamente con Muzza iben Nozehir su lista de «los caudillos árabes que reinaron en Hispania». 74 Item más, la actividad peninsular de Ṭāriq estuvo limitada al 92/711, aporía cronológica que obligaría a simultanear conquista y rebeldía, amén de escamotear, como mínimo, los 7-8 años pelagianos que mediarían entre la conquista y ese —supuesto— primer levantamiento armado. 75 Pero entremos en materia con el análisis del 'milagro de Covadonga'. Pelayo, huyendo del destacamento enviado para apresarle, se echa al monte / montana petens y, con un grupo de lugareños se refugia en una cueva del monte Aseuva, 76 donde es elegido caudillo / princeps. Viene el ejército y plantan sus innumerables tiendas (con capacidad de albergue para $1 8 7 . 0 0 0 \mathrm { h } .$ ) frente a la cueva. El obispo Opa, que acompañaba a Alkama, intenta que Pelayo deponga su actitud. Fracasada la negociación, se inician las hostilidades, montándose las catapultas que empiezan a disparar. Pero, cuando proyectiles y flechas llegaban a la cueva donde está la casa / domum de la Santa Virgen María,77 en chocando con el campo de fuerza de su aura, rebotaban / revertebant sobre quienes las arrojaban, matando a muchos (20.000 árabes según Rebus). Los pelagianos lanzan un contrataque, exterminando a Alkama junto con 104.000-124.000 caldeos, y apresando a Opa. Los 63.000 supervivientes fugitivos, aprovecharon que su camino de retorno pasaba por allí, para hacer un poco de escalada / in vertice montis Aseuva ascenderunt, antes de descender por el lugar de Amuesa a la Liébana, donde son sepultados por un corrimiento de tierras en el rio Deva. Munnuza, enterado del desastre, huye de la ciudad marítima de Gijón, siendo apresado y muerto con sus hombres. Tomarse en serio la descripción física del supuesto evento de Covadonga, tal como aparece descrito por las crónicas asturianas, resulta un tanto difícil. Comenzando por las características materiales del terreno: Se nos habla de «una gran cueva de donde sale un rio llamado Enna» confundiendo el Deva con el Gueña.78 ¿Dónde está esa altura / tumulo ascendens ante la cueva que sirve de púlpito al obispo para su parlamento? Además, antes de la difusión de la megafonía y omnipresencia del móvil, el ruido de la cascada imposibilita cualquier conversación con alguien situado en un plano inferior al de la boca de la cueva. De donde se desprende que el parlamento Opa-Pelayo fue un diálogo de sordos o, mejor aún, pura invención, pese a que el obispo no vacile en recabar el testimonio confirmatorio del auditorio (los 187.000 árabes allí acampados), pues «vosotros habéis oído cómo [Pelayo] me ha respondido», lo cual implicaría que los atacantes gozaban de un oído agudísimo y que el héroe hablaba con voz estentórea. Pasemos ahora a la capacidad humana de la cueva: ya vimos que Aḫbār cifraba en «300 hombres los que se habían metido en la Peña / al-ṣaḫra con Pelayo. Durante los combates y acoso, [parte] de sus seguidores murieron de inanición, mientras otros optaron por someterse. [Con ello] disminuyó [el número de sus seguidores] hasta quedar reducido a 30 hombres que —según se dice— no tenían ni 10 mujeres». La alimentación de 310 individuos plantea un evidente problema de logística, y parece harto difícil que la producción mielera de las abejas silvestres diera para tanto. Incluso reducidos a la cuarta parte de su número inicial, los pelagianos no andarían sobrados de espacio, circunstancia que subraya lo inverosímil de la capacidad de la cueva, cifrada por la Silense y Ximenez de Rada: «donde escasamente cabrían $6 { - } 7 . 0 0 0 \ \mathrm { h } . { \gg } ^ { 7 9 }$ Las catapultas / eriguntur fundibali son voluminosas y pesadas máquinas de asedio (utilizadas para batir las defensas de lugares fortificados). El transporte de esos enormes artefactos de combate es tarea irrealizable mientras no haya mediado el imprescindible desmontado por piezas. Aceptar su presencia y utilización implica que se trajeron, a lo largo de casi $1 . 0 0 0 \ \mathrm { k m s }$ , desde Córdoba, cuyo 'rey' habría previsto su necesidad y programado su acarreo, en la impedimenta de los 187.000 soldados que iban a requerir de su empleo. A todas luces, tamaño despliegue de fuerzas y material para reducir a medio puñado de lugareños constituye una exageración.80. La existencia —presunta— de tantos milites atacantes reflejaría unas cifras simbólicas (con precedentes bíblicos). Un claro afán por magnificar un episodio 'nacional-reconquistador', similar al que llevará las crónicas galas de 1375 a alinear 375.000 guerreros en la batalla de Poitiers. Magnitudes que tocan a vísperas del estupendo recuento del tropel de curiosos parisinos anegados, recogido por Rabelais en su Gargantúa y Pantagruel. Cuando el gigante, «tras abrir su bella bragueta, sacó su picha al aire y meó tan reciamente a los mirones que ahogó a 264.018, recuento que no incluye el número de mujeres y niños». 81 Descendiendo desde la capital gala a nuestra Asturias, resulta evidente que una cifra de 187.000 sarracenos occisos en Covadonga es algo difícil de aceptar. Durante la Edad Media, nunca tan pocos mataron a tantos, pues cada pelagiano habría acabado personalmente con 4.133 enemigos (6.233 si contabilizásemos también los caídos ‘indirectos’).82 Compárese tamaña degollina con las bajas del ejército califal en Simancas (327/939), cifradas en la ridícula cantidad de quasi tria milia vel amplius por Anales Castellanos $I . ^ { 8 3 }$ Aceptar aquella disparatada magnitud de muertos en Covadonga supone admitir que las pérdidas sufridas habrían provocado, en Alandalús, tal reducción de los varones con capacidad militar que, posteriormente, solo pudieron alinear menos del cuarto de lo anterior. Así Fruela, en su victoria del 747 en Pontubio, solo habría occiso a $5 4 . 0 0 0 \ / $ LIIII milia Caldeorum interfecit; las tropas de Carlomagno en Roncesvalles no pasaban de 36.000 caballeros; Alfonso II mató en Lutos (794) a Muġīṯ con 70.000 / LXX milia árabes; en 225/840, son muertos los 50.000 /quinquaginta milia Sarracenorum acompañantes de Maḥmūd b. ʻAbd al-Ǧabbār; en Albelda, Ordoño derrota a Mūsā b. Qasī, con muerte de 10.000 magnates / decem milia magnatorum y de su yerno García. Puesto que se afirmaba que aquel desaforado tropel de sarracenos atacantes de Covadonga había salido de Alandalús, parece pertinente compararlo con los efectivos posteriores, califato inclusive. «El imam Ibn Muʻāwiya (m. 172/788) ordenó comprar esclavos / mamālik de todas partes. Llegó a tener [alistados] 40.000 beréberes y esclavos en su dīwān, pues hubo de renunciar a seguir apoyándose en los árabes... [Desde entonces] dominó / istaẓhara Alandalús con [tropas] esclavas y su ğund.» 84 Ibn Ḥawqal (m. 977) afirmaba que «Nunca [el califa] ‛Abd al-Raḥmān [al-Nāṣir], ni ninguno de sus antepasados y predecesores, [llegó] a tener más de 5.000 caballeros asalariados inscritos en su rol / dīwān». 85 De hecho, el ejército califal alineado en Simancas-Alhandega (327/939) no rebasaba los 10.000-12.000 hombres y Anales Castellanos I le atribuye «unas 3.000 bajas». 86 Las dolencias sufridas por Almanzor durante su última campaña, le habían llevado a exclamar: «¡tengo 20.000 hombres a sueldo / murtaziq inscritos en el rol de mi [ejército] pero ninguno está tan mal como yo!»87 A título comparativo, si dejamos de considerar los recursos militares de una provincia para contabilizar los de todo el imperio omeya: Cuando el califa Hišām b. ʻAbd al-Malik se enteró del desastre de la Ġazwat alašrāf (123/741) juró hacer padecer a los [bereberes lo que significa] una cólera árabe. ¡Enviaré en su contra un ejército cuya vanguardia esté en su país mientras la zaga esté todavía aquí!88. Juró que, si vivía [lo suficiente], enviaría contra los [bereberes] 100.000 hombres, todos cobrando soldada. Después 100.000 [más y así sucesivamente] hasta que no quedasen sino el mismo, sus hijos y nietos, sorteando entonces quien habría de ir y, si le tocaba, marcharía en persona. 89. Cifras que obligan a poner en duda pudiera haber algo de verdad en aquellos 187.000 milites porque, también en historia, rige aquello de «lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible». Todavía no repuesto de la sorpresa de encontrarme a Munnuza de gobernador de Gijón, casi muero del sobresalto de tropezar, en descampado, con 187.000 armatorum trayendo catapultas, en tiempos de Yūsuf. Sarta de dislates que, al socavar la credibilidad de lo narrado por la Crónica de Alfonso III, terminó despertando la insidiosa sospecha de que localidad, fecha y autoría de 'Covadonga' bien pudieran ser del mismo jaez e idéntica invención. Lo cierto y verdad es que dos tercios de las afirmaciones vertidas, al encerrar imposibles cronológicos 90 o materiales, no resisten un análisis objetivo, mientras las demás, 91 unidas a los elementos novelescos que componen el resto del relato, constituyen precisamente lo que está por demostrar en este argumento circular. Terca realidad que conlleva la necesidad de intentar averiguar a qué propósito podría responder ese acumular tantos datos irreconciliables. 4. El ‘constructo Pelayo-Covadonga’. Salta a la vista la desproporcionada extensión concedida por la Crónica de Alfonso III a determinado haz de noticias. Pelayo-Covadonga ocupa casi la mitad de toda la crónica. Este episodio constituye la base, subyacente en todos los acontecimientos posteriores, cuya utilidad se limita a confirmar, prolongando y justificando la premisa fundamental —y fundacional—. 92 La dinastía asturiana sería heredera —y restauradora— del pasado reino de Toledo, de ahí su ‘neogoticismo’, orgullosamente proclamado / Omnemque Gotorum ordinum sicuti Toleto fuerat, tam in ecclesia quam palatio in Obeto cuncta statuit. Pero es que, además, habría de ser adecuadamente magnificada por constituir cronológicamente la primera en alzarse contra los invasores, levantamiento armado que no cesaría de acumular victorias y recuperaciones territoriales / Asturum regnum... exoritur, iniciando un proceso ideológico de restauratio, salvación de España y reconstrucción del ejército godo, 93 mediante la tan traída ‘reconquista’. De acuerdo con ese afán por ennoblecer el origen del —presunto— ‘fundador’ está el afirmar que «Pelayo era hijo del duque Favila de estirpe real / ducis ex semine regio». Aunque la Rotense solo lo conocía como «espatario de los reyes Vitiza y Rodrigo», existió una tradición que convertía a aquel duque en hermano de Rodrigo, parentesco que podría justificar fuese llamado ‘primo / confrater’ por el obispo Opa. Por su parte, la Albeldense lo hacía «hijo de Vermundo y nieto de Rodrigo.» ${ } ^ { 9 4 } \mathrm { Y } ,$ para magnificar la entronización de Pelayo, en vez del objetivo «ser escogido caudillo por un vulgar concejo de destripaterrones asturianos»95 de la Rotense, «era elegido como príncipe suyo por aquellos godos, de estirpe regia que, no habiendo muerto a hierro y hambre, se dirigieron a Francia, aunque la mayor parte se metieron en la patria de los asturianos», 96 de la versión Sebastián. El resultado final sigue siendo el mismo, pero hay una notable disparidad de procedimiento. Frente a una ramplona designación hecha por los villanos locales —sin un mal noble— estaríamos ante una selecta, aristocrática —y ‘de clase’—, elección interna realizada por forasteros, con exclusión de los residentes. Una intachable aclamación nobiliaria de un primum inter pares (en aplicación del derecho electivo de los próceres de sangre real) realizada dentro de la más pura tradición visigótica. Admirable, y perfecta, elección/entronización que lo reúne todo, menos un pequeño detalle: haberse olvidado de establecer la presencia de los votantes/electores y obispos. Así como la participación lugareña recogida por la Rotense es admitida por todos, la de tantos linajudos de la versión Sebastián plantea muchas —y razonables— dudas. Pocos miembros de la nobleza visigoda habrían quedado, pues ya vimos que la conquista de Hispania se realizó esencialmente mediante acuerdos de paz, de federación, 97 cosa materialmente avalada por la presencia de los mencionados precintos de plomo. «[El de Córdoba] fue el único de los ‘reyes’ (mulūk al-Andalus) que fuera capturado, pues [todos] los restantes se entregaron por capitulación o huyeron», 98 extremo confirmado por la crónica del Moro Rasis: «et nunca rey ovo en España que prendiesen, sinon este que todos los otros mataron, o se pleytearon, et acogianse a las pleytesias que con ellos ponían»; y aceptado por Rebus, III, xxiii: «Ninguno de los nobles hispanos fue apresado, por cuanto todos capitularon o se aliaron». 99. Escasísimos serían aquellos de estirpe regia que huyeron: «Cuando los Godos oyeron de sus derrotas en Wādī Lakko y Ecija, Dios llenó sus corazones de pavor... se dispersaron por los cerros, mientras los más valientes subieron a Toledo». Ciudad de donde escapó su metropolitano Sinderedo, quien no paró hasta Roma / Romanie patrie sese adventat. 100 Ante el avance de los bereberes de Ṭāriq, las gentes corren en busca de refugio, lógicamente hacia tierras conocidas y prósperas, la Tarraconense y los Pirineos, con su paso a Septimania. Observación que implica corregir el destino atribuido a los ‘supervivientes godos, de estirpe regia’ y entenderla como un más sensato «la mayor parte se dirigieron a Francia, aunque algún que otro se metiera en tierra de los asturianos». 101 Sígase pues el orden descrito en el Libro de San Voto y por la Crónica de San Juan de la Peña.102 El grupo, poco homogéneo, de estos refugiados, llamados hispani y también goti, ha sido objeto de estudio por Luis García Moreno.103 Éste, basándose en el praeceptum pro Hispanis de 812, afirmaba que un $30 \%$ de los 41 enumerados llevaban nombres góticos, y la concesión (en 795) a Juan de la aprisión de Fontejoncosa, (donde erigió una iglesia dedicada a santa Leocadia)104 por su victoria ad Pontem, mientras sus hombres llevaban nombres oriundos de Castilla y de la zona navarro-aragonesa. Son familias de elevada posición social, reflejada por la importancia de las aprisiones concedidas y por ser considerados fideles y no vassi del monarca. Gentes que, además de lograr auparse a puestos de máxima responsabilidad, impusieron parte de su mentalidad y costumbres en el país vecino, antes de tomar parte activa, con Bero princeps Gothorum, en la conquista de Barcelona por Ludovico Pío. Incidentalmente, si la presencia de navarro-aragoneses en tierras carolingias era lógica por ser colindantes, la de toledanos y castellanos supondría un escoger dónde refugiarse y medrar, descartando la —presunta— opción asturiana.105 Cronológicamente, es de destacar que la presencia de estos hispani no es secuela directa de la rota del Guadalete del 711, sino del desencanto autóctono derivado del hundimiento de la soñada perspectiva de una alternativa ‘cristiana’ suscitada por la fracasada expedición del 778, capitaneada por el mismísimo Carlomagno por el valle del Ebro.106. Volviendo a ese postular que la dinastía asturiana era heredera y legítima restauradora del pasado reino de Toledo implica una continuidad ‘visigótica’ que está muy lejos de estar materialmente probada. Esta —presunta— herencia legitimadora conlleva también una obligación por cuanto revindicar la primacía obliga a estar constantemente dando un paso al frente, hay que ser el primero en todo, se ha de dar ejemplo. No hacerlo equivale a perder la cara y —a medio o largo plazo— la autoridad y el poder. De donde esa necesidad de pregonar que: «iste [Pelagius] primum contra eis [Sarracenis] sumsit revellionem in Asturias». Caben dos interpretaciones, una limitada y regional: ‘éste fue el primero que, en Asturias, se rebeló contra los Sarracenos’, mientras la otra es amplificativa y peninsular: ‘[en toda Hispania] éste fue el primero que se rebeló contra los Sarracenos [levantamiento que tuvo lugar] en Asturias’. En ambos casos, subrayando una primacía en la resistencia y silenciando los 7 años de constante lucha protagonizada por los oscences.107. Dónde tuviera lugar ese enfrentamiento fundador es cosa discutible, empezando por el hecho de que la Albeldense no localizaba expresamente el encuentro de Covadonga en ese emplazamiento. A mayor abundancia, hace décadas que Juan Gil subrayaba: […] la expedición de ʽAbd al-Malik b. Qaṭan ofrece paralelos notabilísimos con el relato de la Batalla de Covadonga según el relato de las fuentes norteñas [...] Aunque para Crónica 754 la batalla tuvo lugar en los Pirineos, no es decisivo, habida cuenta de la imprecisión con que utilizaban los antiguos los términos geográficos, pues para ellos el término Pirineos engloba también la cordillera Cantábrica. Un hispano y un historiador, Paulo Orosio $( \mathrm { m } . \pm 4 2 0 )$ , engloba en el nombre genérico Pirineo también la cordillera cantábrica [...] En el relato de la Crónica Mozárabe se halla muy posiblemente el núcleo de lo que dos siglos más tarde sería narrado como batalla de Covadonga, y que la denominación Pirineos es lo suficientemente vaga como para localizar el encuentro donde se quiera. 108. Imprecisión geográfica rechazada por Roger Collins, pero postulada, y mantenida, por la interpretación de Luis García Moreno109 y seguidores, quienes sostienen que se ha de entender Asturias donde las crónicas latinas ponen Pirineos. Tal vez, pero se han olvidado documentar por qué no se puede entender Pirineos donde ponía Asturias. Tampoco cabe ignorar que los conquistadores, carentes de un previo conocimiento de la Península, adoptaron las designaciones locales: la Gallaecia devino la Ǧallīqiya árabe. Un término que, aparte de su sentido geográfico tenía otro, político: el de ‘insumiso territorio norteño de Alandalús’ (como analizaremos más adelante). Así mismo, tal vez convendría dejarse de anacronismos y renunciar a ese terco empeño por mantener que la imprecisión de los términos geográficos utilizados por los antiguos seguía siendo todavía vigente a finales del siglo IX y principios del siglo X, cuando se redactaron dichas crónicas asturianas. 110 Máxime, porque ya vimos supra, que la crónica de Alfonso III distinguía nítidamente divisiones político-geográficas más menudas. So pena de entregarse en brazos de la imaginación, o de la ideología, cualquier hecho histórico ha de ser entendido en función de su contexto. El de la primera mitad del siglo VIII hispano es el de la ‘pérdida de Hispania’, —«tota Ispania occupata per sarracenos»—, consecuencia del desvanecimiento del estado visigodo. La desaparición de las pasadas estructuras políticas conlleva —en aquellos casos donde no fue inmediatamente sustituida por la arabomusulmana de los conquistadores— un vacío que propicia el surgimiento de poderes locales, ‘caciques’, que van a regir de facto sus diminutas comarcas. Fenómeno que, lejos de ser privativo de la zona asturiana, se dio en múltiples lugares del Norte; concretamente en aquellos que tanto la Crónica de Alfonso III y Rebus Hispaniae como la Crónica de San Juan de la Peña afirmaban «siempre han estado en poder de sus gentes /a suis reperitur semper esse possessas». Zonas cuyo número ha de completarse con la suma de «Alcolea de Cinca, Monzón, Tamarite, Pedro, Albelda, Almotaxa, Vallena, Loribas, Larchen et quando los moros entraron en Espania, las gentes que moraban en estos castillos fizieron pleytesia con los moros et fincaron en sus castillos et los moros con ellos sin contienda» de la crónica del Moro Rasis. Aceptemos, pues, que en las primeras décadas posteriores al 711 se constituyeron, más o menos sincrónicamente, un rosario de entidades autónomas/independientes en el Norte de Iberia, todas al margen del dominio político andalusí y y nunca poseídas por los moros. 111 ‘Nacimientos’ indocumentados cuya cronología resulta imposible de establecer, así como el momento exacto en que pasaron de una práctica autonomía a plenamente independientes, tanto por ‘olvido’ de la superestructura arabomusulmana o por enfrentamiento armado. Se trata de estructuración, reorganización de comarcas donde las gentes, probablemente estimuladas por la llegada de los escapados de las primeras batallas, «aquellos cristianos que pudieron escapar [de la rota del Guadalete], tanto sometidos a dominio [sarraceno] como fugitivos por escondrijos, encaramados en lugares montañosos y errantes por diversos lugares, [son] quienes quieren construir torres y fortificaciones por todas partes». 112 Bien entendido que tanto fecha como modalidad exacta de este proceso no pasan de constituir meras puntualizaciones, oportunas, pero de reducida trascendencia; a no ser que su génesis se convierta en fijación, por mor de haberla erigido en raíz generadora de la divina restauración de un —supuesto— pasado nacional; con lo que tenemos servida la ideología de “reconquista” (tan querida de Sánchez-Albornoz y epígonos). Incidentalmente, dicha corriente refleja su obsesión por «le démon des origines» y su afición a explicarlo todo mediante una causa única justificadora, a posteriori, de nuestro pasado. Aunque pueda parecer difícilmente creíble, resulta que a ningún cronista se le ocurrió fijar la fecha de tan trascendental victoria. Ximénez de Rada tampoco recogía fecha alguna, tanto en De Rebus como en la Historia Arabum, donde ni siquiera mencionaba ni aludía a ese encuentro. Silencio causante de que nos quedemos sin saber en qué día, mes o año sucedió la meteorología que presidió aquel encuentro —¿nevaba, llovía o brillaba el sol? ¿fue en primavera, verano, otoño?— tras haber tenido a bien precisar que la derrota del Guadalete fue «El 11 de noviembre de la era 752, los árabes, dominada la tierra junto con el reino, mataron a muchos». 113 ¿Cómo es que silencian la revancha y desquite de aquel descalabro, borrado con el exterminio de 187.000 árabes? ¿Nadie pensó en conservar para la posteridad el recuerdo de cuando fue el victorioso alumbramiento y acto fundacional de la dinastía astur? Si, como buenos cristianos, se acordaban de celebrar el nacimiento de J. C., ¿por qué ignorar su efeméride ‘nacional’? ¿Cómo es que se anota la fecha del óbito pelagiano —«fallecido de muerte natural, en la era $7 7 5 \rangle$ , o que Favila fue «en la era 777, muerto por un oso»114 y se olvidan de datar la milagrosa Covadonga? Todas las diversas fechas propuestas responden a cálculos regresivos, son hipótesis deducidas, lo cual explica el porqué unos datan en el 718, 720 o 722 lo que otros ponían en 737...115 Tamaña inconcreción provocaría automáticamente que semejante relato, con tantas incógnitas circunstanciales, no sería de recibo en sede judicial alguna y tampoco parece que concurra causa razonable conocida para admitirla en términos de verdad histórica... 5. Fuentes cristianas no-asturianas. Puesto que no está claro dónde ni cuándo se inició este proceso de ‘autonomía indígena’ es preciso analizar las huellas conservadas de otras alternativas. $^ { 1 1 6 } \mathrm { E n }$ este sentido, conviene recordar las numerosas ocasiones en que los monarcas visigodos se vieron obligados a dirigir expediciones de castigo a la zona vasco-pamplonesa-cerretana —sin olvidar que allí estaba Rodrigo en visperas del Wādī Lakko—, situación que se volverá a repetir en época andalusí. A priori, cabía esperar que las Genealogías de Roda viniesen a aportar datos que departiesen entre localización asturiana y su alternativa pirenaica de los primeros encuentros pugnaces entre autóctonos y andalusíes. Desgraciadamente, dicha fuente no cubre el siglo VIII, iniciandose con la mención (812) del aragonés Aznar Galindones y la del pamplonés Enneco Garseanis (925), en las que no se vislumbra atisbo alguno de que se sintieran vinculados al ‘constructo PelayoCovadonga’. Inesperadamente, en plena ofensiva propagandístico-historiográfica de exaltación asturiana del ‘relato de Covadonga’, resulta que tampoco la Crónica Albeldense los entroncaba cuando señala asépticamente: «En la era 914 (año 876) empieza la lista de los reyes pamploneses... En la era 944 (año 906) surgió en Pamplona un rey de nombre Sancho Garcés... magnifico guerrero contra las gentes de los ismaelitas; causó múltiples desastres a los sarracenos». 117 Ni los moradores de la zona vasco-pamplonesa-cerretana ni tampoco los asturianos dan señales de tener a aquellos por herederos del mencionado esquema geográfico-cronológico piramidal, base ideológica —y presuntamente material— del avance ‘re-conquistador’ cristiano medieval... En este sentido resulta inequívoco el enfoque de la Crónica de San Juan de la Peña «al desentenderse de lo contenido en las crónicas castellanas relativo a los cristianos que se refugiaron en Asturias, eligiendo como rey a Pelayo [porque aquello no nos atañe], dado que nuestro objetivo es tratar exclusivamente de los reyes de Aragón y Navarra». 118 Dicho de otra forma, el devenir de las tierras situadas al norte del Ebro no provenía ni era consecuencia de la —supuesta— victoria de Covadonga e ideología derivada. Aceptemos también un hecho básico, subrayado por todas las fuentes: los huidos ante el victorioso ataque y penetración de los conquistadores se habían subido a las montañas. Esencialmente las del norte, donde el Pico Aneto culmina en $3 . 4 7 8 \mathrm { ~ m ~ }$ . Casualmente ¿o no? la única fuente coetánea de los hechos narrados sitúa en la cordillera pirenaica el primer enfrentamiento ‘nuevo’ 119 documentado entre autóctonos y conquistadores, fechándolo durante el gobierno del mencionado ʻAbd al-Malik b. Qaṭan. 120 Allí donde este «prevenir los ataques francos / ut Francorum insultibus obviaret» de la versión de Historia Arabum apunta a que lo reclamado por la reprimenda califal del 115/733 fuese la exigencia de un contraataque (que borrase el mal sabor del encuentro de Tours/Poitiers). En cualquier caso, seguimos estando en las estribaciones del sistema pirenaico y, tanto Ibn al-Aṯīr como al-Maqqarī hablan de «hacer una incursión por el territorio vasco / arḍ al-Baškuniš». Para Moro Rasis: «Abdelmeque fijo de Açan/Qaṭan, et este fue mui mal rey, et pusso mui mal los fueros, et destruyo la tierra de los Bacazos / Wašqa y la de los Viscares / Baškuniš». Según Ximénez de Rada, 121 fielmente vertido por Estoria de los árabes: […] queriendo los canpos pireneycos penetrar, con munchos de los antedichos de los suyos en los llanos de Çeltyberia refuyendo se acojó. E la voz de los christianos, que a los oidos del Señor subía contra el tirano, ganó la sentençia del juyçio divino. 122. Compárense los textos supra recogidos con el ‘constructo Pelayo-Covadonga’, narrado a través de la Crónica Albeldense (post 883), la Crónica de Alfonso III (post 920) y la Crónica Silense (post 1019) que no son sino una tardía traslación del encuentro pirenaico123 —cuanto más tardía, más precisa y concreta— al que reelaboran, situándolo en Asturias, adobándolo con topónimos locales. No parece si no que la versión alfonsina esté practicando el juego de la oca, ‘del Gállego/Galicia pirenaica a la galaica del cuadrante noroeste y tiro porque me toca’. Los pinnacula se ubican ahora en un montem magnum cui nomen est Aseuva..., en una gran cueva / in latere montis antrum... ex qua spelunca magna flubius egreditur nomine Enna; el convictus de Dei potentia se concreta en Domini vindictam, iudicio Domini, y también se feminiza al situarse en Cova Sanctae Mariae, ad domum Sanctae semper virginis Mariae. El parte de bajas de los multis bellatoribus perditis se cifra en $1 2 4 . 0 0 0 + 6 3 . 0 0 0 \mathrm { h } .$ . Aquellos innominados loca angosta y per devia/dubia se concretan con admirable precisión: «los Caldeos subieron a la cima del monte Auseva, y por el cortado del monte que el pueblo llama Amuesa, descendieron precipitadamente al territorio de la Liébana... Por la cima del monte, el cual está situado sobre la ribera del río Deva, junto al predio que se llama Gosgaya». 124 Tras conseguir que resulte audible un sonido todavía sin emitir, aprovechando la providencial casualidad y prodigiosa coincidencia, unas pocas —presuntas— identificaciones, probablemente sugeridas por la casi homonimia de devia/dubia con Deva, de Libie con Liban/Liébana, sumadas al insignificante anacronismo de retrotraer al 720 un incipiente culto mariano —que es muy posterior— nos brindan en bandeja el ‘milagro de Covadonga’. ‘Milagro’ creado ex professo para ‘apadrinar’, justificándolo ideológicamente, el nacimiento del reino ovetense... Pero existe todavía otra fuente, cristiana, no aprovechada: el aragonés Libro de los santos Voto y Félix (LSV), de mediados del siglo XII, que alude al enfrentamiento de tropas árabes con unos sublevados durante el gobierno de Ibn Qaṭan: Pedro CHALMETA GENDRÓN. Aquellos cristianos que habían conseguido escapar [de la derrota del Guadalete], tanto sometidos a dominio sarraceno como fugitivos por escondrijos, encaramados en lugares montañosos y errantes por diversas partes, [son] quienes quieren construir torres y fortificaciones por todas partes. [De éstos], un grupo de más de 200 fueron a un alto monte, [actualmente] llamado Orol/Oroel, en la provincia de Aragón donde, en llegando al espacioso y delectable lugar llamado Panno /la Peña, empezaron a levantar muros. Actividad que provoca que: el rey de Córdoba Abdarraman Iben Mo'avia envíe al ejército de toda la tierra de Hispania [bajo el mando] de un jefe llamado Abdelmelik Iben Qatan, con orden de recorrer toda la tierra de Aragón, incluidos los montes Pirineos, arrasando hasta los cimientos cuantos muros y fortificaciones pudieran acoger y defender aquellos cristianos, que no querían servir al rey de Córdoba. y que ʻAbd al-Malik fue a dicho monte [Orol/Oroel] cuyo flanco es llamado Rubeo, 125 y habiendo plantado sus tiendas en el llano de Panno / la Peña, asaltó [aquel reducto], arrasando los muros hasta sus cimientos, tal como se puede ver actualmente, llevando en cautividad a sus mujeres, hijas y niños. 126. Fuente cuyos datos son reproducidos, a veces literalmente, por la Crónica de San Juan de la Peña (CSJP), terminada en 1376: Sinsabores que los sarracenos infligieron a los cristianos que habían permanecido en la tierra. Tras aquella persecución u ocupación [en que el rey Rodrigo fue vencido y toda Hispania ocupada por los sarracenos] aquellos cristianos que pudieron escapar se dispersaron huyendo a los refugios y fortificaciones de los montes de Sobrarbe, Ribagorza, Aragon, Bieroza, Arcide, Ordoya, Bizcaya, Alava y Asturias donde construyeron muchos castros y muchas otras fortificaciones, donde pudiesen hacerse fuertes y defender de los sarracenos. Todas aquellas tierras permanecieron en poder de los cristianos, sin que los moros las poseyesen nunca. Aquellos cristianos que huyeron a Asturias, eligieron rey a Pelayo, tal como se contiene en las crónicas castellanas, mientras solo trataremos aquí de los reyes de Aragón y Navarra... Unos 300 cristianos que habían escapado de las manos sarracenas se retiraron en tierra de Aragón, en un monte llamado Uruel, cerca de la ciudad de Jaca, poblando después una tierra vecina llamada Peña, que hoy es San Juan de la Peña, donde comenzaron a construir grandes fortificaciones de castros, muros y fosos donde se pudiesen defender de los enemigos de la fe cristiana. Pero antes de que esta fortificación estuviese completa, llegó a oídos del monarca de Córdoba, llamado Abdaramen Aben Moncavia que los cristianos estaban construyendo grandes fortalezas y defensas en dicho lugar llamado Peña, y si no se les estorbaba podía seguirse gran daño para los sarracenos. En cuanto dicho monarca de Córdoba lo supo, movido por la ira, envió por un caudillo súbdito suyo llamado Abdalmelic Abancatan, para que inmediatamente fuese con gran tropa de caballos e infantes a correr las regiones aragonesas, quemando y pegando fuego a todos los lugares, derribando las fortificaciones, sin piedad matando y apresando los cristianos. Dicho caudillo Abdalmelic, obedeciendo dicho mandato real, con tropa de a caballo y peones fue rápidamente a dicha fortaleza llamada Peña, y habiendo plantado sus tiendas en la parte de Bocarove, atacó fuertemente dicha fortaleza de la que se apoderó por fuerza de armas, sin que ningún cristiano se librase de ser muerto o cautivo, arrasando los cimientos de dicha fortaleza tal como se ven actualmente. 127. Cronológicamente, es preciso corregir la errónea atribución al «regi Cordubensi nomine Abderraman Iben Moʻavia» de la orden conminando a Ibn Qaṭan a moverse, «praecepit, decretam regi Cordubensi, mandatum del almançor de Corduba». El «a principalia iussa» de la Crónica del 754 no aludía al emir ʻAbd al-Raḥmān I, sino al califa damasceno Hišām b. ʻAbd al-Malik; entre otras razones, porque el gobierno de Ibn Qaṭan no abarcó más que los años 732-734, y el emirato de ʻAbd al-Raḥmān no se iniciaba hasta el 755. Aunque no cabe desechar totalmente la posibilidad de que el monje zurcidor de la Crónica de San Juan de la Peña haya superpuesto, a la campaña llevada a cabo por Ibn Qaṭan, la del emir en 781, «cuando corrió la tierra de los politeístas, que sometió, saqueando y cautivando. Las zonas afectadas fueron la de Pamplona, llegó hasta Calahorra y conquistó Viguera, destruyendo las fortalezas de aquella región. Cargó luego contra el país de los Vascones y Cerretanos». 128 Pero, una vez corregida aquella errónea atribución de la orden de marcha, queda un relato (sin intervención de mujeres, elementos legendarios ni milagros) coherente y merecedor de análisis.129. Inclusive una lectura somera de los datos relativos al ‘constructo PelayoCovadonga’ comparándolo con el relato de aquel periodo en la Crónica del 754, el Libro de los santos Voto y Félix y la Crónica San Juan de la Peña depara una sorpresa. No coinciden autor, lugar, fecha ni desenlace. Resulta que no estamos hablando de lo mismo, por la sencilla razón de que, paradójicamente ¿o no? quizás por referirse a tierras aragonesas, dichas fuentes no concuerdan con los datos contenidos en el haz de crónicas latinas asturiano-castellanas. Empezamos por una diferencia fundamental que, tal vez por no ser llamativa, suele pasar desapercibida. Todo el ‘constructo Pelayo-Covadonga’ es una historia épica, con tintes y reminiscencias bíblicas, montada alrededor de un solo individuo, cuyas hazañas encomia y ensalza. Es Pelayo quien, agobiado por la dominación ismaelita, se mete en Asturias con su hermana, es despachado en comisión de servicio a Córdoba, escapa, sube a la montaña, se refugia en una caverna, es elegido príncipe, parlamenta con Opa, capitanea la lucha, crea el Astororum regnum que regirá durante 18 años en Cangas. Actuación unipersonal, de un protagonista ejemplar, por lo que todo está redactado en singular.130 En cambio, tanto el Libro de los santos Voto y Félix como la Crónica de San Juan de la Peña utilizan siempre el plural, un pie forzado impuesto por estar relatando los avatares de un grupo. La acción ya no es la de un caudillo, ahora se ha tornado colectiva, reflejando el devenir de un grupo, pluripersonal. Son gentes que huyen, se refugian, se asientan, inician la construcción de muros, pueblan, soportan un asalto, cuyas mujeres y prole son apresadas. Aquí no hay ningún Pelayo, «ex semine regio principem elegerunt» y se ignora quién o quiénes les capitanearon. En vez de «unos lugareños que iban a concejo / quantoscumque ad concilium properantes o —democráticamente— todos los asturianos / omnes Astores... in unum collecti quet et sibi Pelagium principem elegerunt», ahora son: aquellos que pudieron escapar [de la rota del Guadalete], tanto sometidos a dominio [sarraceno] como fugitivos por escondrijos, encaramados en lugares montañosos y errantes por diversas partes, quienes quieren construir torres y fortificaciones por todas partes. [De éstos], un grupo de más de 200 fueron a un alto monte, llamado Orol/Oroel, en la provincia de Aragón donde, en llegando al lugar llamado Panno/la Peña, empezaron a levantar muros. Habiendo llegado a oidos del gobierno cordobés dicho esbozo de resistencia, va a provocar una reacción: la expedición de ʻAbd al-Malik b. Qaṭan, cuyo objetivo asignado era «recorrer toda la tierra de Aragón incluidos los montes Pirineos, arrasando hasta los cimientos cuantos muros y fortificaciones pudieran acoger y defender aquellos cristianos, que no querían servir al rey de Córdoba». Campaña y cometido evidentemente no encargados por el emir ʻAbd al-Raḥmān b. Muʻāwiya sino por el califa damasceno Hišām. Pero el resultado es que, bien fuese mandado o motu proprio, el mencionado ʻAbd al-Malik «fue a dicho monte [Orol/Oroel] cuyo flanco es llamado $R u b e o ^ { 1 3 1 }$ y, habiendo plantado sus tiendas en el llano de Panno / la Peña, asaltó [el reducto], arrasando sus cimientos, tal como se puede ver actualmente, llevando en cautividad a sus mujeres, hijas y niños». Aquí, no habiendo mediado milagro similar al —supuesto— de Covadonga, el resultado fue el lógico: «Vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos, / que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos». En cualquier caso, el botín humano no pasaría de escaso cuando al-Rāzī e Ibn Ḥayyān afirmaban que «[los cristianos] no tenían ni 10 mujeres». Lo reducido de las presas se traslucía también en el escueto «Ibn Qaṭan corrió la tierra de los vascos, retirándose salvo / ġazā arḍ alBaškuns wa ‛āda sāliman», con el que Ibn al-Aṯīr condensaba aquella campaña.132 De hecho, la única fuente coetánea apostillaba: «[las tropas andalusíes] se retiraron a las llanuras, regresando a su patria por caminos apartados / sese recipit in plana repatriando per dubia». Cabe una hipotética reconstrucción del probable trayecto de esta expedición de ʻAbd al-Malik b. Qaṭan. Seguiría la calzada romana que enlazaba Caesaraugusta con Beneharnum, pasaría —al igual que Wamba en su campaña para reducir al duque Paulo— ante Pennam Rubeam / Peña Rueba (Murillo de Gállego), cruzando la sierra de la Peña por el puerto de Santa Bárbara, remontando y asolando luego el fértil valle del Aragón y la canal de Berdún. Esto, si no se decantó por ir directamente desde Peña Rueba a su objetivo de [San Juan de] la Peña por el difícil (pero más corto) trayecto / per loca dirigens angusta de Yeste, Anzánigo, Bernués, Botaya. De acuerdo con el Libro de los Santos Voto y FéliJ estableció su campamento, preliminar al asalto, en el llano de la Peña / fixere tentoria in planitie Panni. Si había venido en directo, el lugar escogido sería la explanada de San Indalecio (Botaya), en una posición dominante y cercana a su objetivo. En cambio, caso de haber remontado el Aragón, «fixit ibi tentoriis a parte de Boçarove» de Crónica de San Juan de la Peña. Nombre que correspondería a Bozarruego (entiéndase en la unión del Estarrún —que nace en aquel barranco— con el Aragón) siendo fonéticamente posible que el topónimo Ascara refleje el lugar donde plantaron sus tiendas. Inclusive partiendo de Santa Cruz de la Serós (más próxima por estar al pie de San Juan), la subida hasta el objetivo sigue siendo harto empinada y ardua. Tras la expugnación de [San Juan de] la Peña, cabe suponer que pasarían por Jaca, 133 retirándose —sese recipit in plana repatriando per dubia— por un hipotético — y difícil— puerto de Monrepós para desembocar en la hoya de Huesca. Última parte de cuya exactitud no hay indicio de que deba ser preferido a un retorno, desandando el camino de ida, para terminar aterrizando in planis Celtiberiae. La defensa de los cristianos, en posición ventajosa, causó numerosas bajas en las filas enemigas asaltantes / multis suis bellatoribus perditis. Y el indeterminado, e inconcreto, «Xpiani tandem preparavi pinnacula retinentes» de la Crónica del 754 parece aludir a cierto statu quo en el que los andalusíes no consiguieron controlar las cumbres. En concreto, dado que el encuentro de la Peña revistió cierta dureza, su impacto no dejaría de imprimir su huella en el recuerdo local. Los gobernantes cuidaron de enfatizar su vinculación con la heroica memoria de aquel lugar; de hecho, tanto los primeros condes aragoneses como los monarcas Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I lo habrían escogido como lugar de sepultura. 134 Compárese con el nulo aprecio manifestado hacia el —supuesto— emplazamiento del milagroso ‘triunfo de Covadonga’, donde los vencedores, pese a haber aniquilado manualmente a 120.000 ismaelitas, no levantaron monumento conmemorativo alguno, monasterio ni capilla, y tampoco quisieron ser enterrados a su sombra...135. Se advierte enseguida que tenemos cifrado el tamaño de las fuerzas cristianas (punto ignorado de las crónicas asturianas y derivadas): 200-300 / amplius quam ducentos, trecenti itaque christiani vel circa, quienes en vez de refugiarse ad montem magnum, cui nomen est Aseuva, lo hacen «en un alto monte llamado Uruel/Oroel, (cerca de la ciudad de Jaca), en Aragón y después poblando una tierra vecina llamada Peña, actual San Juan de la Peña». 136 No recurrieron al amparo de una pequeña caverna / coba, antrum, spelunca sino que se resguardaron en el espacioso abrigo / latebra que, posteriormente, cobijará al monasterio de San Juan de la Peña. En vez de hacer constar que «Pelayo estaba en el monte Aseuva [al frente de] sus compañeros», aquí se desconocía quién pudiera ser el caudillo cristiano. Quien mandaba la numerosa caballería e infantería atacantes de toda Hispania —sin precisar que fuesen 187.000 soldados137— es un duce nomine Abdalmelik Iben Qatan, en lugar del Alkama de las crónicas asturianas. Así como dichas fuentes ignoraban cuál fuese el nombre del lugar donde los sarracenos plantaron sus tiendas, aquí se concreta precisamente in supradicto monte, ex latere quod vocitatur Rubeo/Boçarove.138 Pero lo más destacable es que los cristianos, faltos de la divina intervención / Domini magnalia, sufrieron una toma por asalto, rematada con el arrasado de la construcción hasta sus cimientos, seguido del cautiverio de los supervivientes,139 condensado por la CSJP en un «no escapó cristiano alguno, siendo todos muertos o cautivos».140. Está claro que nos encontramos ante una crónica que refleja una tradición local, conservadora de una visión desde la capital andalusí. Empezando por contabilizar en «más de $2 0 0 ~ /$ amplius quam ducentos» el tamaño de las fuerzas cristianas (cifra que desde al-Rāzī consta en todas las fuentes árabes, pero desconocida de las crónicas asturianas y derivadas). El Libro de los santos Voto y Félix es la única fuente en dar, con inaudita exactitud de transcripción, la filiación completa de ʻAbd al-Malik [b. Qaṭan] / Abdelmelik Iben Qatan. También era excepcional por localizar nominalmente dónde y cómo se inicia la reorganización de los fugitivos, precisando inclusive el lugar donde acamparon los andalusíes. El resultado final del encuentro, nada favorable para los cristianos, apunta también a una fuente árabe. Así mismo, es innegable que alude a un encuentro de cierta importancia, fechable con el reducido margen de error de unos pocos meses, localizado en un punto preciso de la geografía peninsular. También es obvio que no concuerda con la data, ubicación y trascendencia que las crónicas asturianas atribuyen al ‘encuentro de Covadonga’. Dado que, tanto estas crónicas como las aragonesas parecen estar aludiendo al mismo evento —aunque no coincidan más que en los bandos enfrentados— parece obligado tratar de resolver dichas discrepancias. 6. Fuentes árabes. Antes de proceder al análisis global del ‘constructo Pelayo-Covadonga’, expondremos los datos de las fuentes árabes; con la sorpresa de encontrarnos no ante una visión propia, sino un claro reflejo, por contaminación, del bloque asturiano.141 Ello parece ser consecuencia del horror vacui de la historiografía andalusí ante el silencio de sus crónicas que, al no conceder relevancia a un posible enfrentamiento acaecido entre 718-740, dejaban indocumentado el inicio del estado asturleonés, adversario de la formación cordobesa. Al no disponer de versión propia del nacimiento de aquel reino, adoptaron el relato genético de las crónicas asturianas, el cristiano, creado a principios del siglo X. De siempre, el emirato-califato andalusí había procurado estar informado de lo que ocurría más allá de su frontera septentrional. Buenas pruebas son: «las noticias del reino godo» y lo detallado de «la noticia de la entronización del tirano Ramiro hijo de Ordoño sobre los leoneses». 142 Ignoramos cuanto tiempo tardaría al-Rāzī en tener conocimiento del constructo Pelayo-Covadonga. En cualquier caso, no parece se pueda retrasar más allá del 941, cuando los 7 meses de estancia de Ḥasdāy, —invertidos en intentar conseguir la liberación de Muḥammad b. Hāšim al-Tuğībī, cautivo desde Alhandega—, pusieron a aquél en contacto con la versión ‘oficial’, la de la Crónica de Alfonso III que corría por la capital leonesa desde ca. 920. ʻĪsā b. Aḥmad al-Rāzī (m. 379/989) dice: durante los días de ʻAnbasa b. Suḥaym al-kalbī143 se sublevó, en tierra de Ǧallīqiya, un malvado bárbaro, al que le decían Balāy, quien reprochó [su apatía] a los cristianos de Alandalús, animando a los francos a defender de los [ataques] musulmanes, [las tierras] que todavía conservaban, cosa que no habían anhelado [anteriormente]. En Alandalús, los musulmanes ya se habían impuesto a los cristianos, expulsándolos, pues habían conquistado su país hasta llegar a Narbona en tierra de Francia, tomando Pamplona en Ǧallīqiya, 144 no quedando [nada en manos cristianas] excepto la Peña / al-Ṣaḫra, donde se había refugiado un 'rey' al que le decían Balāy. Allí se metió con 300 hombres, que los musulmanes no dejaron de combatir hasta que sus seguidores murieron de hambre, quedando reducidos a 30 hombres y 10 mujeres, sin más alimento que la miel que recogían en las hendiduras de la peña. Con esta [miel] se sustentaron hasta que los musulmanes se cansaron de aquel asunto, teniéndoles por insignificantes y diciéndose 30 bárbaros ¿qué [daño] puede derivarse de ellos? Pero, con el tiempo. aquel asunto suyo se agravó y creció [de tal forma] que no se puede disimular.145. En el año 133/750-1 murió el mencionado Balāy, sucediéndole su hijo Favila, habiendo reinado Balāy 19 años y su hijo dos. Tras ellos reinó Alfonso hijo de Pedro, abuelo de estos alfonsíes cuyo reinado llega hasta hoy, tomando aquellas [partes] de su territorio que los musulmanes [antaño] les habían tomado. 146. Ibn Ḥayyān (m. 469/1076) menciona que: en época de ʻAnbasa b. Suḥaym se sublevó en Ǧallīqiya un malvado bárbaro llamado Balāy, quien reprochó a los bárbaros su larga huida, atizando sus ánimos hasta incitarles a la rebelión y a defender su tierra. Desde entonces los cristianos empezaron a rechazar a los musulmanes de aquellas tierras que seguían [estando] en sus manos y a proteger a sus mujeres, [cosa] que anteriormente no habían deseado. Hay quien dice que no había quedado en tierra de Ǧallīqiya, ni en aquellas que están más arriba,147 aldea que no hubiesen conquistado, excepto la peña donde se refugió ese bárbaro [...] sus compañeros fueron muriendo de hambre hasta no quedar más que unos 30 hombres y cerca de 10 mujeres, sin otro alimento que la miel de los panales de las colmenas que tenían en la peña. En cuya escabrosidad no dejaron de resistir hasta que los musulmanes se cansaron de aquel asunto, teniendo la actitud de aquellos [cristianos] por intrascendente y diciéndose 30 bárbaros ¿qué [daño] puede derivarse de ellos? Pero, con el tiempo, aquel asunto suyo se agravó, propagó y adquirió tal importancia que no se puede disimular. Después suya reinó Alfonso, abuelo de los famosos grandes reyes de su estirpe. 148. Ya vimos que «Tras iniciar [en 116 / 734] su gobierno andalusí, ʻUqba conquistó todo el país hasta [llegar a] Narbona, [campaña durante la cual] conquistó Ǧallīqiya, Alava y Pamplona.149 En Ǧallīqiya no quedó caserío / qarya alguno por conquistar, excepto la Peña / al-Ṣaḫra donde se había metido un 'rey' / malik al que le decían Pelayo / Balāy, con 300 hombres. [Los árabes] no dejaron de combatirles y acosar hasta que [parte] de sus seguidores / aṣḥāb murieron de inanición, mientras otros optaron por someterse. [Con ello] disminuyó [el número de los suyos] hasta quedar reducido a 30 hombres que —según se dice— no tenían ni 10 mujeres. [Estos seguidores de Balāy] habrían subsistido comiendo miel silvestre y guareciéndose en la peña, hasta que los musulmanes, al no terminar de reducirles, los dejaron diciendo: “30 bárbaros / ʻilğ no pueden hacer nada”. Les tuvieron en poco, pero con el tiempo, aquel asunto terminó por convertirse en grave problema». 150. Es de señalar que el mismo Ibn ʻIḏārī (m. 1ª mitad s. XIV), Bayān, II, 14 afirmaba que el autor de la Bahğat al-nafs (1184) afirmaba «haber leido en cierto libro de los noárabes —fī baʻḍ kutub al-ʻağam—, que los musulmanes llegaron hasta Lawṭūn (¿Autun?) capital de los francos, apoderándose de cuanto está antes, excepto los montes de Carcasona, los de Pamplona y la peña / ṣaḫrat Ǧallīqiya, 151 peña donde no quedaron con el rey de Ǧallīqiya más que 300 hombres, diezmados por la muerte, el hambre y el asedio. 152 Cuando no quedaron más que 30, 153 los soldados que les asediaban los tuvieron en no merecedores de cuidado, y los dejaron. Pero su número no dejó de crecer hasta llegar a ser causa de la expulsión de los musulmanes de Ǧallīqiya, que es Qaštīla». ¿Dónde estaba esa ṣaḫrat Balāy / Peña de Pelayo que alguno colocaba en Ǧallīqiya? La fuente —quizás al-Ḥiğārī (m. 1195) de Ibn al-Aṯīr y al-Maqqarī154— hace a Mūsā, «tras ‘rebotar’ contra el ídolo, dirigirse a país enemigo, matando, cautivando, derribando iglesias y quebrando campanas hasta llegar a la Peña de Pelayo sobre el Mar Verde / albaḥr al aḫḍar». Con lo cual el montem magnum, cui nomen est Aseuva se ha reducido a una simple peña / ṣaḫra (cuyo propietario resulta ahora ser Balāy); eso si, reclasificada en finca con vistas al mar, ¿en primera línea de playa del tropical y soleado Océano Índico?155 Descartada aquella localización, examinemos el contexto. Tras conquistar Zaragoza, Mūsā penetra en el país de los francos, queriendo llegar a Constantinopla por tierra, pero desiste, desandando lo recorrido tras leer la inscripción del ídolo encontrado en una llanura desierta. Vuelve a dirigirse a territorio enemigo por otro lado, conquistando la fortaleza de Bārū / Vero, desde donde envía destacamentos [por la zona, uno de los cuales] alcanzó la Peña de Pelayo. Estamos en Aragón, con una primera acometida en dirección noreste (Tarraconense o Narbonense). La segunda sería norteña, partiendo del rio Vero156 y no hace falta hacerla progresar hacia el oeste, pues antes de llegar a Gallaecia habría de atravesar zonas cuya densidad de población, prosperidad y cristianización no daba entonces para tanta muerte, saqueo y destrucción de iglesias, por tanto, limitándose a la zona cerretano-navarra. Estaríamos ante una contaminación más del ‘constructo Pelayo-Covadonga’ montado por la propaganda alfonsí y adoptado por la historiografía árabe posterior al siglo X. 157. En tiempo de ʻAnbasa, un malvado barbáro, llamado Balāy b. Fāvila, que gozaba de prestigio entre los suyos, se sublevó en tierra de Ǧalīqa contra los árabes que gobernaban los confines de aquella región, expulsándolos de allí y reinando dos años. 158. Algunos historiadores dicen que el primero que reunió a los fugitivos cristianos de Alandalús después de la victoria árabe, fue un barbáro, llamado Balāy, [Era uno] de las gentes de Aštūriyaš, en Ǧallīqiya. Estuvo como rehén, respondiendo de la sumisión de la gente de su tierra, pero escapó de Córdoba, en tiempo del [gobernador] al-Ḥurr b. ʻAbd al-Raḥmān al-Ṯaqafī [97-9 / 716-9], segundo de los emires árabes de Alandalús. Esto fue a los seis años de la conquista, el año 98. [Entonces] los cristianos, unidos a [Pelayo], se sublevaron contra el delegado / nāʼib de al-Ḥurr, al que expulsaron, apoderándose del país, donde siguieron reinando hasta ahora, habiéndose sucedido 22 reyes suyos hasta finales [del califato] de al-Nāṣir. 159. Resulta que lo narrado por todos estos textos procede de las crónicas asturianas. También es de señalar que ninguno es anterior al ‘relato madre’ de al-Rāzī, de la segunda mitad del siglo X; un relato que no es sino traslado de lo que le han contado. Obsérvese también la discordancia de las datas, deducidas de su atribución al gobernador, supuestamente coetáneo, al-Ḥurr (97-100/716-9), ʻAnbasa (103-107/721- 726), ʻUqba (116-123/734-741), Yūsuf (129-138/746-756),160 con propuestas que irían del 718 al 746. Cuando los textos árabes anteriores al siglo X (que no habían oído hablar del encuentro de Covadonga) lo incorporaron, lo hacen reproduciendo su fuente, protagonismo de Pelayo incluido: la providencialista versión cristiana recién acuñada en Asturias. Dicha copia (prácticamente textual) del constructo Pelayo-Covadonga no infirma ni confirma su validez, únicamente documenta que, en el siglo X, los cronistas árabes no disponían de un relato propio y desconocían el texto de la Crónica del 754.161 7. Ǧallīqiya. Sabido es que la adecuada localización de un evento viene subordinada al correcto entendimiento de los topónimos aludidos. Habiendo anteriormente tratado de concretar el significado y ámbito geográfico del regnum Gothorum, totam/omnem Spaniam se impone hacer otro tanto con Ǧallīqiya, Ǧallīqa, Ǧalaq. El significado que se suele dar a Ǧallīqiya es el de Galicia, y —subsidiariamente— el de formación asturleonesa. Pero, aparte de dicho significado, en otros casos alude a un ‘insumiso y montaraz territorio norteño de Alandalús no vinculado con Asturias’. Circunstancia que obliga a replantearse dónde han de ubicarse todos y cada uno de los eventos mencionados que tienen lugar en / bi-Ǧallīqiya.162 Ya apuntamos que, aunque el término Ǧallīqiya se refiere, las más de las veces, al territorio y formación galaico-astur-leonesa, no siempre fue así, pues otras veces esconde una realidad geopolítica muy distinta, sita en los Pirineos. Conviene recordar que, en esa zona, la Cerretania (con sus belicosos habitantes que no depusieron las armas hasta el 718) era comarca montañosa, abarcando las cabeceras de los ríos Aragón y Gállego, colindando con el este de Pamplona. Del nombre Ǧal.q de esta última corriente de agua deriva el apelativo de Ǧalliqī, homónimo del Ǧallīqī gallego, similitud fonética y gráfica generadora de confusiones tanto entre los autores latinos163 como árabes. Confusiones que han motivado atribuciones erróneas, de cierta trascendencia al trastocar protagonistas y localización de determinados eventos.164. Empezando por el principio. «Cuando toda la región [de Zaragoza] se fue sosegando y serenaron los ánimos de los [indígenas] que habían capitulado, Mūsā envió a los musulmanes a Ifranğa». 165 Por tanto, en dirección Norte y no Oeste. «Mūsā se lanzó en algara, conquistando las ciudades, hasta que se le sometió [todo] Alandalús. Entonces le vinieron las gentes de Ğallīqiya pidiendo capitular. [Tras acceder a lo] solicitado por dichas gentes, Mūsā conquistó/sometió la región de los Vascones / bilād al-Baškuniš, penetrando en sus tierras hasta llegar a unas gentes / qawm [tan pobres] que iban desnudas como las bestias». 166 Un testigo afirmaba: «Fui uno de los que algarearon en Alandalús con Mūsā, hasta llegar a Zaragoza, [punto] más lejano que alcanzamos con él, pues no la rebasamos sino un poco». En cambio, la Crónica del 754 parecía indicar una penetración más profunda: «Spaniam citeriorem usque ultra Caesaraugustam... depopulat». Para Moro Rasis, habrían ocupado la cuenca del Río de las Olivas / wādī al-zaytūn (Cinca) y Fraga, 167 Alcolea... «et quando los moros entraron en Espania, las gentes que moravan en estos castillos fizieron pleytesia con los moros et fincaron en sus castillos et los moros con ellos sin contienda». De Boltaña/Barbitania168 (la Bretania de Moro Rasis): «Et quando los moros entraron en Espania, allegaron mucho de su fazienda, segun el que la suelen allegar; que despues que la ovieron fiçieron della escudo contra los christianos... Et Bretania ha villas y castillos mui fuertes en su termino, de los quales el uno es el castillo de Bubester / Barbastro et yaze sobre la fuente que naze sobre el rio [Vero]... Barbastro, metrópoli destacada, donde el Islam había florecido desde las primeras conquistas de Mūsā b. Nuṣayr». Datos que implican que el ‘Alandalús de Mūsā’ terminaba en el Sobrarbe, en una zona limitada por las cuencas de los ríos Ara y Vero-Cinca.169 Seguimos estando en una dirección claramente enfocada hacia el Norte y no al Oeste. Esta homonimia de la Galicia atlántica con la Galicia pirenaica se daba ya en Moro Rasis: «Et Zaragoza yaze sobre el rio de Ebro [...] et ha y un río con que riegan muchas huertas en Galicia, que ha nombre Galiton, et es de tierra de Zaragoza». «Saragosse se trouve sur l'Èbre: ce fleuve reçoit à Saragosse un affluent, le rio Gállego / nahr Ǧalliq, qui vient des montagnes de Vasconie/Cerdagne / ğabal al-Sirṭāniyyīn; il permet l'irrigation de nombreux jardins potagers». 170. Los Annales Petaviani recogen que, durante su campaña del 778, en su intento de apoderarse de Zaragoza, «aquel año, nuestro señor el rey Carlos, con gran ejército fue a tierra de Gallicia, adquiriendo la ciudad de Pamplona». $^ { 1 7 1 } \mathrm { E n } \ 8 2 7$ , moros y sarracenos [pirenaicos] colaboran con Aizon para devastar la Cerretania.172. En 164/781, durante su campaña contra Zaragoza, «ʻAbd al-Raḥmān I corrió la tierra de los politeístas que sometió, saqueando y cautivando. Las zonas afectadas fueron las de Pamplona, llegando hasta Calahorra y tomando Viguera, destruyendo las fortalezas de aquella región. Cargó luego contra el país de los Vascones / bilād alBaškuns y el de los Cerretanos / bilād al-Sirṭānīs». 173. En 186/802, los Banū Qasī persistieron en la disidencia, acogiéndose al politeísmo y congregando a los habitantes de Pamplona, Alava y al-Qilāʼ, Amaya, sus vecinos de Cerretania y otros.174. En 228/843, durante la segunda campaña contra Pamplona del emir ʻAbd alRaḥmān II, «Mūsā b. Mūsā y su aliado García Iñiguez, príncipe de los vascones, salieron al paso de su caballería junto a los pamploneses, cerretanos, gallegos / alsirṭāniyyīn wa-l-ğallīqiyyīn, gentes de Alava y al-Qilāʼ y otros que habían podido reclutar, en grandes contingentes». 175. En 256/870, tras su rebelión en Huesca, ʻAmrūs b. ʻAmr, atacado por las tropas emirales, se aliaba con Ġarsiya b. Wanniqo y los sirṭāniyyīn.176. La aceifa del príncipe al-Munḏir en 882 contra los Banū Qasī, siguiendo luego hacia las tierras de los politeístas, atacando Solano de Cartagena, en la cuenca alta del Gállego y Santacara en la orilla derecha del río Aragón.177. En 294/907, Lubb b. Muḥammad es muerto en una emboscada de la gente de Pamplona y de los cerretanos que querían vengar la derrota sufrida en Tarazona por Alfonso [III] con los cristianos de Ǧalīqiya, Alava, al-Qilāʼ y Pamplona. 178. En 325/937, cuando el califa al-Nāṣir reduce a Muḥammad b. Hāšim al-Tuğībī, el documento / amān de rendición de éste estipulaba «el cese de su colaboración con los politeistas, habiendo de cortar toda relación, tanto manifiesta como oculta, desde los confines del territorio de Barcelona, Sirṭāniya, Pamplona, Alava, al-Qilāʼ y Ǧallīqiya, no manteniendo correspondencia ni relación comercial alguna». 179. Ibn Ḥawqal (m. post 367/978), al describir la frontera oriental de [la península andalusí] / mašriq hāḏihi [al-ğazīra] decía: «[comprende] desde los [confines] orientales de [la comarca] del Gállego / fa-min mašāriq Ǧallīqiya hacia el estrecho occidental, abarcando el territorio de Zaragoza, los aledaños de Huesca, Tortosa y el conjunto de los paises de los francos por la parte continental». 180. Cuando al-Masʻūdī (m. 956) pasaba revista a los pueblos del norte, tras alabar el valor de los francos / al-ifranğa, dice: «los ‘gallegos’ / al-ğalāliqa: son los más valientes y peligrosos, hasta el punto de que un gallego puede plantar cara a varios francos». Como Galicia no ha colindado nunca con las Galias, las posibilidades de un pugnaz enfrentamiento directo entre dichas etnias tienden a cero; los aludidos serán gallego-cerretanos. Un grupo geoétnico cuyas brillantes ejecutorias de esforzados guerreros181 encaja a la perfección con el que, en 734, Ibn Qaṭan le dedicase la primera aceifa conocida y datada, apareciendo también en cuantos encuentros se produjeron cerca de sus dominios. Belicosidad de la población del arco subpirenaico Huesca-JacaPamplona que, menos de medio siglo después, viene brillantemente avalada por el hecho de ser dichos cerretanos182 los causantes del sonado descalabro sufrido en portum de Sicera / porz de Sizer (Siresa), porz d'Aspre por la zaga del ejército carolingio cuando, en el año 778, se retiraba tras haber intentado adueñarse de Zaragoza. Allí, en Cerretania, es donde Rolando intenta quebrar su espada Durendal para que no cayese en manos sarracenas.183 El que dichos cerretanos sean político-culturalmente clasificados entonces como gentibus Sarrazenorum, Sarrazins d'Espaigne, en nada altera su combatividad ni desplaza su ubicación geográfica.184. En cambio, no hay indicio claro que permita conjeturar en cuál de las dos Galicias se producían las capturas de esclavos exportados desde Alandalús / min ğihat Ǧallīqiya, Ifranğa, Lombardia y Calabria.185. De acuerdo con los datos conocidos, resultaría que la génesis y difusión del ‘relato del primer enfrentamiento’ (post conquista) habría seguido el stemma: La exactitud y posible veracidad de las crónicas asturianas, en cuanto atañe al ‘constructo Pelayo-Covadonga’, resulta más que dudosa en materia de autoría, localización, cronología e importancia. 186 Unas incertidumbres a las que —paradójicamente— las fuentes árabes, lejos de aportar un enfoque distinto y versión propia, continúan difundiendo el núcleo del relato ‘áulico’ asturiano. Las únicas voces discordantes son la coetánea y cristiana Crónica del 754 y —siglos después— el Libro de los santos Voto y Félix, más tardío pero conservador de una tradición local.187 El intento de compaginar los datos asturianos con los ‘pirenaicos’ arroja unos pocos resultados: Tras el Guadalete y Ecija, (descartando así mismo la de los emeritenses), la primera resistencia frente a la conquista árabe fue la septenaria de Huesca,188 seguida de la actividad que provocó la expedición de Ibn Qaṭan.189. Expedición de Ibn Qaṭan del 734 (único encuentro textualmente documentado y datado por una fuente coetánea) atacando «los habitantes de las cumbres pirenaicas / Pirinaica inabitantium iuga» con el propósito de destruir las ¿Asturias, Covadonga, Pelayo? defensas (muros, fosos) que estaban realizando. Concretamente en el alto valle del Aragón, en [el futuro San Juan de] la Peña, es decir en la Galicia cerretana, lejos de la zona cántabro-gallega. Allí no hubo ningún Pelayo. El encuentro no se saldó con ninguna aplastante victoria cristiana. Compárese con el —supuesto— envío de 187.000 soldados, provistos de maquinas de asedio, para acabar, en fecha deducida (718-22), con un puñado de lugareños refugiados en una pequeña cueva del monte Aseuba. Ø De haberse producido algún choque en Covadonga habría sido con un reducido destacamento árabe. Dado que allí nunca hubo 187.000 atacantes, también resulta imposible su derivada de 124.000 muertos a espada, ni sepultados otros 63.000. De donde se desprende que tampoco hay porque creerse que «el cuadrante noroeste fuese el escenario de la aparición del primer foco de resistencia». En consecuencia, los tesoros de erudición, antaño desplegados por Sánchez Albornoz, para reconstruir la —supuesta— retirada musulmana de Covadonga a Causegaudia / Cosgaya, yerran totalmente el blanco por no basarse en la descripción de un hecho real sino sobre el ‘invento’ del constructo ideológico de Alfonso III.190. Dos hechos emergen como irrefutables: a) en los Pirineos hubo un encuentro en 734; b) en cambio, la realidad, lugar y fecha de un presunto enfrentamiento en Asturias depende totalmente de la ciega admisión de un ditirámbico alegato de parte interesada y, por tant, dista de ser indiscutible. 8. Conclusión. Insisto y me vuelvo a reafirmar en que, a la luz de las crónicas y evidencias materiales, sin hacer interferir materia de fe, solo resultan históricamente aceptables y datables: 1. Un encuentro en los Pirineos entre Ibn Qaṭan, mandando Cordoba exiliens cum omni manu publica (que no llegaba ni de lejos a $1 8 7 . 0 0 0 \ \mathrm { h } .$ ) y unos insumisos locales subvertere nititur Pirinaica inabitantium iuga, cuyo número sería de amplius quam ducentos, trecenti itaque christiani vel circa. Encuentro que habría tenido lugar durante el verano del año 115-116/733-734, 191 con el arrasado del reducto sito en el abrigo del [futuro San Juan de] la Peña, desconociéndose el nombre del caudillo cristiano. 2. Un —presunto— encuentro en Covadonga, entre el 718 y 740, reduciéndolo a una refriega local con un pequeño destacamento árabe, (posteriormente magnificado con fines dinástico-propagandísticos) no es a priori descartable. Aunque si parece habría de aceptarse que el relato de las crónicas asturianas más que responder a la descripción de un hecho real, no pasaría de tardía traslación del encuentro pirenaico, aderezándolo con la invención del ‘constructo PelayoCovadonga’. 3. Pese a las muchas dudas que la —presunta— realidad histórica del legendario ‘constructo Pelayo-Covadonga’ suscitan en cualquier mente racional, no cabe ir (mientras no surjan nuevas fuentes) mucho más allá de reconocer ‘solo Dios sabe lo que haya podido ocurrir —o no— por aquel entonces en Asturias’. En cualquier caso, tanto si algo sucedió como si no, es claramente inexacto, y resulta abusivo, querer convertirlo en una de ‘las grandes batallas de la Reconquista’. Incidentalmente, reconquista se define como «conquistar una plaza, provincia o reino que se había perdido». Sin el inexcusable requisito de pérdida previa no cabe re-conquista alguna, máxime cuando ya vimos que la inmensa mayoría de la Península se había sometido mediante pactos. Sin haber comulgado previamente con la creencia medieval de la «perdida de España», no cabe 're-conquista' alguna. Dicha reclasificación no altera en absoluto los eventos, localización y fechas vertebradores de los avances y expansión medieval cristiana, que siguen siendo inamovibles, solo cambia la base del título de adquisición. En vez de ‘recuperación’ han de ser etiquetados objetivamente de ‘toma, incorporación territorial’. Intentar rebatir un mito es empresa titánica por lo que parece difícil esperar que este análisis consiga convencer a los fieles del dogma del ‘constructo Pelayo-Covadonga’. Tampoco les iba dirigido, sino a aquellos no-creyentes que alguna vez se hayan planteado la cuestión prejudicial: ¿Pelayo-Covadonga fue un hecho real? o ¿es un mero mito fundacional? Eso sí, con repercusiones tangibles en nuestro devenir medieval y moderno. 9. Referencias bibliográficas 9.1. Fuentes. AHBĀR MAĞMŪʻA: crónica anónima del s. XI. Ed. y trad. Emilio Lafuente Alcántara. Madrid, Real Academia de la Historia, 1867. CHANSON DE ROLAND. Ed. Léon Gautier. Tours, A. Mame et fils, 1887. CHRONIQUE du (pseudo) Denys de Tell Mahré/Chronique de Zuqnin. Trad. Jean-Baptiste Chabot. Paris, E. Bouillon,1895. CRÓNICA ALBELDENSE. En Juan Gil Fernández, José L Moralejo y Juan Ignacio Ruiz de la Peña, Crónicas Asturianas. Oviedo, Universidad, 1985. CRÓNICA DE ALFONSO III. En Juan Gil Fernández, José L. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Cinco biografías académicas en el 70 aniversario de la revista Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón
CINCO BIOGRAFÍAS ACADÉMICAS EN EL 70 ANIVERSARIO DE LA REVISTA ESTUDIOS DE EDAD MEDIA DE LA CORONA DE ARAGÓN. FIVE ACADEMIC BIOGRAPHIES ON THE 70 thANNIVERSARY OF THE JOURNAL ESTUDIOS DE EDAD MEDIA DE LA CORONA DE ARAGÓN. En este volumen de Aragón en la Edad Media hemos querido abrir tres secciones de contenidos —editorial, dossier y artículos— para celebrar el 70 aniversario de nuestra antigua revista, Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón (EEMCA), fundada en 1945 por el profesor José María Lacarra. Su último número de una serie de diez se publicó en 1975. Dos años después, en 1977, la presente revista la sustituyó como publicación oficial del Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza. Si EEMCA hubiera sido una profesora universitaria nacida en 1945 ahora en 2015 viviría su jubilación académica a los setenta años de edad. El símil no es baladí. Su cumpleaños coincide con el de una generación entera de personas que han dedicado la vida a la docencia, la investigación y la gestión en muchos centros e instituciones de educación superior. De hecho, en nuestro Departamento son cuatro profesores y una profesora todavía activos los que podemos considerar, si se me permite, de la «generación EEMCA». Aprovecharemos el 70 aniversario de la revista para rendirles homenaje con un dossier especial compuesto por sus cinco biografías académicas. Diversos autores y autoras los han retratado en una especie de exposición colectiva que muestra un quinteto de vidas paralelas que ahora se jubilan por imperativo de las fechas en que nacieron: Federico Corriente (14 de noviembre de 1940), Sebastián Andrés Valero (29 de noviembre de 1945), Asunción Blasco Martínez (10 de mayo de 1946), José Ángel Sesma Muñoz (7 de julio de 1946) y Esteban Sarasa Sánchez (14 de noviembre de 1946). De la trayectoria del Dr. Federico Corriente, catedrático emérito de Estudios Árabes e Islámicos y colaborador extraordinario del Departamento, se ocupan las profesoras María José Cervera y Ángeles Vicente, compañeras en su área de conocimiento. La historia académica del Dr. José Ángel Sesma, catedrático emérito de Historia Medieval, ha estado a cargo de su discípulo Mario Lafuente, profesor ayudante doctor. El retrato de la Dra. Asunción Blasco, catedrática de Ciencias y Técnicas Historiográficas, lo ha realizado Juan Antonio Barrio, profesor titular de Historia Medieval de la Universitat d’Alacant, no sólo por ser ella también alicantina sino especialmente por su legado de estudios sobre judíos y conversos de gran interés para el propio autor de la semblanza. En lo que concierne a la trayectoria del Dr. Esteban Sarasa, profesor titular de Historia Medieval, la persona elegida para redactarla ha sido la Dra. Ana Isabel Lapeña, que fue profesora de esta misma área de conocimiento en la Universidad de Zaragoza. Por último, el artículo sobre el Dr. Sebastián Andrés, profesor emérito de Historia Medieval, lo ha escrito el doctorando Raúl Villagrasa, máster en Investigación y Estudios Avanzados en Historia por la Universidad de Zaragoza. El dossier no termina con esas cinco biografías académicas. El colofón del mismo lo pone un texto inédito con los índices de los diez volúmenes de la revista Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón que recoge al final un listado alfabético de todos los autores que publicaron en la misma a lo largo de 1945-1975. Estos índices son un instrumento útil para conocer con detalle los contenidos de una revista que todavía no está digitalizada ni en acceso abierto al público, con lo que las dificultades de consulta son mayores. Esperamos que en un futuro próximo sea posible preparar la edición digital para su libre consulta en internet con las debidas autorizaciones legales. Estos índices de EEMCA que presentamos en el último texto del dossier van precedidos necesariamente por la advertencia escrita por el profesor José María Lacarra al comienzo del primer volumen de 1945. No podía ser de otra manera. Ahí defendía la idea de fomentar y unificar los estudios que de manera dispersa se habían ido editando en multitud de publicaciones sobre la historia de Aragón en la Edad Media. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) —que detenta la titularidad legal del EEMCA— había acordado crear el 27 de enero de 1943 el Centro de Estudios Medievales de Aragón (CEMA), incorporado después a la Escuela de Estudios Medievales del propio CSIC. La revista constituyó pues el órgano de expresión de un centro investigador ubicado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, siendo además el origen de una potente escuela de medievalistas bajo la batuta de Lacarra. Para quienes deseen saber más sobre el Centro de Estudios Medievales de Aragón y la llamada Escuela de Medievalismo de Zaragoza pueden leer los artículos de María Isabel Falcón y José Ángel Sesma publicados en Medievalismo. Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales, núms. 10 (2000) y 16 (2006), págs. 337-347 y 257-267 respectivamente. En esta editorial nos quedaremos con varias ideas importantes que provienen de ellos. El profesor Lacarra y el CEMA entendían ya entonces el concepto de Edad Media aragonesa no como algo local y restringido, sino abarcando toda la historia política e institucional de la Corona de Aragón y Navarra en la Edad Media en su sentido más amplio posible. Por ese motivo, la revista EEMCA no sólo recogió trabajos sobre el reino de Aragón, sino también de todos los países de la Corona e incluso del reino de Navarra, cuya historia en muchos momentos fue inseparable de la de Aragón, y así quedó latente en la advertencia del primer volumen de 1945. Por añadidura, las publicaciones derivadas de las tesis de licenciatura y doctorado de aquellos años engrosaron el contenido de la revista, concebida como portavoz de un espacio de investigación de elite que se integraba dentro del propio CSIC, a la vez que en el marco docente de la Facultad. La sección de la revista que aparecía al final de cada volumen bajo el epígrafe Información atrajo la atención de los principales centros de investigación medieval de ámbito internacional con los que se establecieron buenos contactos. Se comenzó también a reunir una biblioteca especializada en la que se incluyeron ejemplares de otras revistas con las que se mantuvieron intercambios. Algún día habrá una tesis doctoral que escriba la historia del CEMA y del EEMCA y, por qué no, la de la revista actual Aragón en la Edad Media. Pero, por ahora y en espera de que así sea, nos conformaremos con visibilizar aquí una publicación cuyo legado intelectual ha llegado con fuerza hasta el presente. Una parte del profesorado del Departamento ha constituido en homenaje a aquel antiguo centro fundado por Lacarra un Grupo de Investigación Consolidado que se denomina precisamente CEMA, Centro de Estudios Medievales de Aragón, dirigido por José Ángel Sesma. De igual modo, el Área de Estudios Árabes e Islámicos ha creado otro Grupo Consolidado de Investigación denominado Árabe e Islam en Aragón que dirige Ángeles Vicente. Y también otra parte del profesorado ha constituido el Grupo Consolidado de Investigación Aplicada DAMMA, cuyas siglas corresponden a Documentos y Archivos. Medievales y Modernos de Aragón, dirigido por Asunción Blasco. El legado investigador y gestor muy presente en el EEMCA está bien latente en el siglo XXI como puede verse, al margen incluso de otras iniciativas individuales o colectivas que no cito aquí pero que suman más esfuerzos, si cabe, para mostrar el dinamismo de nuestro Departamento. De igual modo, la presente revista, nuestra portavoz actual, convertida ya en una publicación digital en abierto dentro de la plataforma Open Journal System y con un consejo editorial de ámbito internacional, se sigue realizando paralelamente en versión impresa tan sólo por mantener un centenar de intercambios con otras revistas y publicaciones periódicas que nutren ahora la hemeroteca de la Biblioteca de Humanidades María Moliner de la Facultad de Filosofía y Letras. Antes era la biblioteca especializada de la Escuela de Estudios Medievales del CSIC, ubicada en el propio Departamento, la que tenía su propia hemeroteca y se alimentaba de los intercambios de entonces. Ahora, sin embargo, todo está centralizado y revierte a los fondos generales de la Biblioteca de la Facultad como sucede en todas partes. Pero el espíritu de la red permanente de intercambios de publicaciones sigue y seguirá en la medida de lo posible. Ése es un legado más del EEMCA. Es interesante observar cómo el profesor Lacarra escribía en el año 1977 para la presentación del número 1 de nuestra revista Aragón en la Edad Media que los historiadores aragoneses hasta entonces habían sido muy parcos en adentrarse en la historia económica y social, más atentos a la historia de las instituciones claves del reino como la monarquía y las cortes. Tal vez con esas afirmaciones reconocía implícitamente que Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón había potenciado sobre todo el análisis de aspectos políticos e institucionales al son de otros tiempos historiográficos. De hecho, para dejar bien claro el cambio de ruta la nueva revista se apellidó Estudios de Economía y Sociedad en los siete primeros volúmenes de 1977-1991. Incluso, la historia general de la Corona de Aragón y Navarra que había inspirado los volúmenes del EEMCA dejó paso a un interés preferente por el reino de Aragón a tono con aquellos años de efervescencia de la historia de las nuevas comunidades autónomas como la aragonesa, cuyo estatuto se aprobó en 1982. Eran los tiempos de las primeras historias, enciclopedias, compendios y atlas de Aragón como sucedía en otras partes del estado que comenzaban a hacer memoria colectiva de un rico pasado menospreciado por la visión centralista de la dictadura de Franco. En ese sentido, el EEMCA fue un motor de rehabilitación firme para la historia de la Corona de Aragón y Navarra a contracorriente del mundo académico coetáneo que le tocó vivir. Tan lejos llegó este otro legado suyo que finalmente se ha conseguido que Aragón en la Edad Media vuelva a defender aquel concepto amplio e integrador que en su día promovió el profesor Lacarra para sus Estudios, el de extender el ámbito de investigación de los artículos que puedan presentarse a todos los países de esa monarquía multiestatal, internacional y euromediterránea que fue la Corona de Aragón. De todas estas cosas que he dicho hablarían con mayor conocimiento de causa por su excelente bagaje personal y profesional nuestros queridos colegas y amigos Sebastián Andrés, Asunción Blasco, Federico Corriente, Esteban Sarasa y José Ángel Sesma. Ellos y ella han sido testimonios directos con sus vidas en paralelo de lo que fue investigar en aquellos años sesenta y setenta que vieron el final de un tiempo político y de una manera oficial de entender la historia bastante diferente a lo que ha venido después. El desarrollo de sus carreras académicas en los años ochenta, noventa y en los inicios del siglo XXI les habrá producido cierta sensación de vértigo, de demasiados cambios respecto al mundo de sus maestros, que es el suyo propio. Pero aquí y ahora siguen activos con una mirada privilegiada sobre todo lo acontecido. Y al igual que ellos se parecen más a sus maestros que a sus discípulos, sus discí- pulos se parecen más a ellos que a los que vengan después. Algo así es un símbolo claro de continuidad, que no de continuismo. Al día de hoy, uno de los valores más grandes que atesoran nuestros homenajeados es sin duda el de la mirada en profunda retrospectiva sobre unos tiempos que ya no volverán. Es como estar ya en lo alto del monte y divisar todas las tierras alrededor con la seguridad que permite la sabiduría y el equilibrio. A pesar de ello, es probable que cuando imaginen el futuro crean que lo que pueda suceder ya no tenga mucho que ver con lo que ellos vivieron, pero habrá algo que sí seguirá conectando su quehacer y sus vidas con las de generaciones futuras. Me refiero a los valores del esfuerzo, la responsabilidad, la cooperación, el intercambio positivo de saberes y, especialmente, el respeto a las generaciones precedentes en lucha abierta contra la gerontofobia. Todo ello deberá seguir existiendo porque sin esa ideología académica, sin ese vaivén entre la ciencia y la vida, la universidad no será universidad. En suma, que les queda mucho por delante, que necesitamos su presencia para seguir viviéndolos como referentes a imitar. Sucede algo parecido con nuestra revista de hoy, que necesita recuperar de vez en cuando el espíritu académico que forjó aquella magna serie de Estudios de la Edad Media de la Corona de Aragón, pionera en interdisciplinariedad e internacionalización. Vaya pues todo el cariño, el afecto y el reconocimiento del Consejo Editorial de nuestra revista y de todo el Departamento hacia quienes en estos años van a ver en uno u otro instante su jubilación académica, que será a todas luces una nueva etapa llena de retos y plena de vida. Germán Navarro Espinach Director de la Revista Aragón en la Edad Media
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Aculturación en la frontera. La arabización de los muladíes en la Marca Superior: Acculturation on the Border: The Arabization of Muwallads in the Upper March
ACULTURACIÓN EN LA FRONTERA. LA ARABIZACIÓN DE LOS MULADÍES EN LA MARCA SUPERIOR. ACCULTURATION ON THE BORDER:THE ARABIZATION OF MUWALLADS IN THE UPPER MARCH. Yuliya Ra dosla vova Miteva Universidad de Veliko Tarnovo. Bulgaria. Resumen: El Resumen: Hacia el año 714 las tropas árabo-beréberes consiguen establecer un dominio firme y duradero sobre el territorio de valle del Ebro. Se inicia la etapa andalusí en la historia de Aragón. Y, sin embargo, más allá de los hechos políticos, no conocemos muy bien los procesos de cambio cultural que experimentó la población local a consecuencia de la conquista. No se ha analizado el impacto cultural de este acontecimiento. Como suele ser habitual, la historia política ha eclipsado casi por completo la historia cultural. Por esta razón, en el presente trabajo se intenta reconstruir el proceso de aculturación que experimenta la población hispano-goda del valle del Ebro a partir del siglo VIII. Se analiza el proceso de cambio cultural de los autóctonos en sus dos facetas principales: la islamización y la arabización lingüística. Palabras clave: Aculturación, arabización, islamización, muladíes, Frontera Superior. Al-Andalus. Abstract: Towards the year 714 the Arab-Berber troops managed to establish a firm and lasting domain over the territories of the Ebro valley. The Andalusi-Arabic period in the history of Aragon began. However, beyond the political facts, we do not know very well the processes of cultural change that the local population experienced as a result of the conquest. The cultural impact of this event has not been analyzed in detail. As usual, political history has almost completely eclipsed cultural history. For this reason, in this paper we try to reconstruct the process of acculturation experienced by the Hispano-Gothic population from the $8 ^ { \mathrm { t h } }$ century onward. We analyze the process of cultural change in its two main facets: Islamization and the linguistic arabization of the natives. Key words: Acculturation, arabization, Islamization, muwallads/muladíes, Upper March of al-Andalus 1. Los tagarinos, los hombres de la frontera. En árabe el término tagr (pl. tugur) ‘marca’ o ‘frontera’ no designó una lí- nea fronteriza, en el sentido actual, sino una amplia zona periférica que limitaba con la dar al harb, es decir, con el territorio de los infieles. Hay que tener en cuenta que el tagr era móvil. Las fronteras entre al-Andalus y los estados cristianos del norte se movieron constantemente en uno u otro sentido al ritmo de las acciones militares. Algunas de las ciudades de la frontera cambiaron varias veces de manos. Permanecían un tiempo bajo la autoridad andalusí, para volver posteriormente a manos cristianas y viceversa. Esta inestabilidad de la frontera favoreció el desplazamiento continuo de las comunidades que vivían en este territorio. Grupos de población cristiana del sur se trasladaban al norte, comunidades musulmanas de la frontera emigraban al sur. Los movimientos humanos tuvieron consecuencias demográficas, económicas y sociales. Tuvieron también su reflejo en el terreno lingüístico, aunque no siempre disponemos de las fuentes necesarias para analizar estos procesos en profundidad. Las marcas fronterizas de al-Andalus gozaron de cierta autonomía administrativa, política y cultural. En su estudio sobre la frontera en época omeya, Manzano Moreno (1991) constata la existencia en estos territorios de una serie de poderes locales que escaparon al control de la autoridad omeya y mostraron gran capacidad de resistencia a los intentos de los soberanos de someterlos. Eran como pequeños estados dentro del estado. Es difícil saber cómo transcurría la vida de las comunidades urbanas y rurales que quedaban bajo su jurisdicción. Las fuentes oficiales no reflejan esa realidad fronteriza y solo algunas referencias aisladas nos permiten vislumbrar la complicada red de asentamientos humanos en las zonas de la frontera y sus complejas relaciones con el poder central. Las marcas fueron un territorio habitado y su población tenía características propias. Los zegríes/ tagarinos u ‘hombres de la frontera’ vivieron no solo entre dos estados, sino también entre dos lenguas, dos religiones y dos culturas y participaron, en cierta medida, de ambas realidades. Podemos hablar incluso de una tercera «cultura de la frontera». Esto no significa que los límites entre las identidades de los musulmanes y de los cristianos hubieran desaparecido. Al contrario, aquí hubo dos grupos, con clara conciencia de su identidad, que vivieron enfrentados y en permanente guerra, pero la proximidad facilitó los contactos entre ellos, y tal contacto ya implicaba cierto conocimiento del otro. Abu Bakr al-Turtushi describe a un interesante personaje de la Frontera Superior, contemporáneo del rey zaragozano al-Muqtadir, que en un momento determinado de la lucha fue capaz de adoptar la identidad de un cristiano, vistiendo su traje, pero lo más significativo es que hablaba su idioma «por haber vivido —dice al-Turtushi— en su vecindad y haber tenido mucho trato con ellos» (al-Turtushi, 1931: 334). Es imposible saber si esta anécdota refleja una situación generalizada o un hecho excepcional. En cualquier caso, se trata de un testimonio que confirma la permeabilidad de la frontera y la idiosincrasia de su gente. «El “tagr al-Andalus” —señala Manzano Moreno (1991: 389)— es también un ámbito lleno de claroscuros y de realidades muy poco conocidas. Algunos de sus sectores se encuentran literalmente borrados del mapa ideal de nuestras fuentes y en ellos sólo es posible intuir la existencia de poblaciones que, libres de todo control administrativo, es muy posible que fueran sujetos de intrincados procesos de asimilación cultural o creadores de originales desarrollos legales». Gracias a autores como Chalmeta (1991) y Manzano Moreno (1991), hoy ya conocemos un poco mejor las marcas fronterizas andalusíes y a su gente. Pero ¿es posible reconstruir su historia cultural? El presente artículo intenta responder a esta pregunta, poniendo el énfasis en los procesos de cambio cultural que experimentaron a partir del siglo viii. 2. La conquista del valle del Ebro. La Frontera Superior, con capital en Zaragoza, comprendía los territorios que se extienden desde Nájera hasta Lérida a través del valle del Ebro, abarcando también zonas más al norte, en la región de Huesca y Barbastro. Incluía los distritos de Tortosa, Tarragona, Lérida, Barbitaniya, Huesca, Zaragoza, Tudela y Calatayud. Albarracín y Teruel formaban parte de la Marca Media con capital en Toledo (Manzano Moreno, 1991: 51-52; Viguera Molins, 1995: 15-17). La conquista de la región del Ebro fue rapidísima y, en palabras de Millás Vallicrosa (1946: 63-64) «tuvo casi el carácter de un paseo militar». La población local no opuso ninguna resistencia, con pocas excepciones, lo cual dio lugar al establecimiento de pactos entre los conquistadores y las élites autóctonas. El objetivo principal de los invasores fue dominar las ciudades y las plazas fuertes, donde se establecieron los primeros contingentes árabes. El contacto entre autóctonos y foráneos empezó precisamente en el ámbito urbano y la islamización y la arabización se propagaron desde las ciudades, afectando en primer lugar a la población local urbana (Sénac, 2007: 143-153). Las circunstancias en las que se produjo la conquista favorecieron la permanencia de los autóctonos en sus lugares de origen. Aquí no hubo un éxodo masivo de la población y tampoco una colonización importante. Ignoramos el número de beréberes que pudieron asentarse en la Marca Superior. Sin embargo, la toponimia sugiere el establecimiento de tribus norteafricanas en Mequinenza, Hisn Zanata, Cinegia, Monzalbarba, Fabara, Aqabat Malila, Yarawa, Saddina, Hisn al-Barbar, Cotema, Oseja, Lagata, Letux, Nepza y Azuara (Sarr, 2013: 209-230). Al parecer, la presencia beréber fue más importante en la Marca Media, en Teruel y Albarracín (Viguera Molins, 1995: 82). Según la historiografía tradicional, el número de los contingentes árabes en la Marca fue superior al número de los beréberes. No se trató de asentamientos tribales, sino de individuos o familias de origen árabe que se establecieron en distintos puntos de la Marca, donde fijaron su residencia y empezaron a crear sus propias redes clientelares (Molina Martínez y Ávila Navarro, 1985: 85-88). Los asentamientos árabes fueron relativamente numerosos en la capital, Zaragoza, y en la cuenca meridional del Ebro. La densidad y la demografía del poblamiento apenas se vieron alteradas después de la conquista. Este hecho prometía el mantenimiento del statu quo y ciertas continuidades del pasado. Sin embargo, los cambios no tardaron en llegar. Muchas de las familias prominentes de la zona adoptaron el Islam en el momento de la firma de los pactos. «Lo que sucede entonces —dice Laliena Corbera (1996a: 298)— es un fenómeno que uno tiene la tentación de calificar de “traición” de las clases dirigentes frente a una “lealtad” de las clases inferiores, no ya al estado visigodo en sí, sino especialmente a las formas culturales de todo el período anterior». Y, efectivamente, el cambio religioso, lingüístico y cultural alcanzó primero a los grupos de poder, pero la «lealtad» del pueblo a las señas de identidad tradicionales tampoco fue incondicional. La actitud de las élites pronto fue imitada por la mayoría de la población urbana y rural de la Marca, que también tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos. En el siglo viii el conjunto del territorio actualmente aragonés quedó oficialmente sometido al dominio musulmán. En los territorios más septentrionales, sin embargo, hubo un dominio político meramente nominal que muy pronto se vio cuestionado por los poderes locales pirenaicos. No fue así en el valle del Ebro, donde la presencia de los árabes se dejó sentir tempranamente. Por ello, es importante distinguir entre las zonas directamente ocupadas y colonizadas por los árabes y los beréberes y aquellas otras que solo fueron sometidas al Islam indirectamente, por una obligación tributaria intermitente, y que fueron controladas a distancia por guarniciones musulmanas establecidas en determinados puntos estratégicos (Viguera Molins, 1990: 51). Lógicamente, el impacto de los procesos de arabización e islamización no fue el mismo en las dos zonas de influencia. Sin embargo, es muy difícil trazar el límite entre el área de sumisión temporal y la de ocupación permanente. Con este objetivo se ha recurrido a la toponimia. Según Viguera Molins (1990: 51; 1999: 30-32), es posible trazar una línea divisoria entre las zonas donde la presencia de toponimia árabe es rarísima y las zonas donde esta toponimia es abundante. Los nombres de lugar de origen árabe se concentran sobre todo por debajo de una línea virtual que empieza desde Almusara y Almoster, en Tarragona, sigue por Alcoletge y Alguaire, en Lérida, remonta por Albelda y Alquézar, en Huesca, baja al Ebro por Alfaro, Azagra y Alcanadre y termina en Alberite y Albelda, en Logroño. Este, precisamente, sería el escenario de los dos grandes procesos de cambio que pasamos a analizar. 3. La islamización en la Marca Superior. No conocemos muy bien el desarrollo del proceso de islamización en la Marca Superior. Souto Lasala (1996: 304-305) apuesta por una islamización rápida y generalizada de la población autóctona. Según Viguera Molins (1999: 29), la islamización de la población del valle del Ebro alcanzaría el $50 \%$ en pleno siglo x y llegaría al $90 \%$ a principios del siglo xii, tal y como propone Bulliet (1979: 114-127) para al-Andalus en su totalidad. Sénac (2007: 143- 153), por su parte, cree que el proceso de islamización fue muy lento y que una parte importante de la población de la Marca Superior conservó la religión cristiana hasta mediados del siglo xi. Es difícil determinar el ritmo del proceso de conversiones al Islam. Sabemos el punto de partida y el resultado final, pero ignoramos las etapas de desarrollo del proceso. Sin duda, hubo diferencias importantes dependiendo, entre otros factores, de la modalidad de la conquista. Huesca podría ser un buen ejemplo de ello. Según al-Udri (Granja, 1967: 507-508), durante la conquista, esta plaza resistió un asedio de siete años, y cuando la situación de la población se hizo insostenible, los oscenses pidieron el amán, ‘la paz’: «Los que se convirtieron al Islam siguieron siendo dueños de sus personas, sus bienes y sus privilegios, pero los que continuaron en la fe cristiana hubieron de pagar la capitación». Al-Udri, que escribe en el siglo xi, y desde la perspectiva del tiempo transcurrido, decía que en esta ciudad no había verdaderos árabes descendientes de los conquistadores, haciendo, sin duda, referencia al origen muladí de la mayoría de los oscenses. Según este testimonio, una parte de la población de Huesca adoptó el Islam en el momento de la conquista. Otros siguieron en la fe católica. Hubo cierta continuidad episcopal en la ciudad, donde las fuentes citan los nombres de dos obispos de finales del siglo viii y comienzos del siglo ix que aún mantenían sus nombres latinos, Nitidio y Frontiniano (Durán Gudiol, 1995: 30). En las zonas rurales alrededor de Huesca también se constata la presencia de comunidades cristianas en el siglo ix. Es conocida la historia de las dos jóvenes, Nunilo y Alodia, que fueron decapitadas en Alquézar el año 851. Se trataba de dos hermanas, hijas de un matrimonio mixto, su padre era musulmán y su madre cristiana. Fueron condenadas por apostatar del Islam, la religión en la que habían nacido. La mención de un intérprete durante el juicio hace pensar que la arabización no había llegado aún a generalizarse en esta zona de la Frontera (Sénac, 2007: 143-153). Como pone en evidencia este episodio, hubo una etapa de fluctuaciones y de indiferenciación del estatus religioso de muchas personas durante los siglos viii y ix. La afiliación religiosa de algunos andalusíes de la época era ambigua (Fierro, 1995: 245-246). La presencia de cristianos en la región de Huesca, sin embargo, no puede servir como un argumento para negar el avance de la islamización en la zona. Los resultados de la investigación arqueológica muestran la existencia de una densa red de hábitats musulmanes rurales en este espacio fronterizo. Se han contabilizado unos sesenta asentamientos islámicos en la región de Huesca y unos treinta en la de Barbastro (Sénac, 1991: 393). Las dos realidades coexistieron. La población cristiana, mayoritaria en el siglo viii, fue disminuyendo debido a las conversiones al Islam, aunque quedaron también núcleos de resistencia. Teniendo en cuenta que en la Marca no hubo una colonización árabe-beréber importante, hemos de reconocer, con al-Udri, que la mayoría de los musulmanes eran hijos y nietos de cristianos y judíos que en un momento dado habían abrazado el Islam. No conocemos muy bien el desarrollo de este proceso, pero sí su resultado final. La densidad de la población mudéjar del valle del Ebro, que se constata a partir de la conquista cristiana, nos permite concluir que prácticamente la totalidad de los autóctonos profesaban el Islam a principios del siglo xii. Esto, por supuesto, no niega la posibilidad de la permanencia de comunidades cristianas en la Marca Superior. Se dice que las iglesias de Tudela, Barbastro, Huesca y Zaragoza pervivieron hasta la conquista cristiana. Sin embargo, si hemos de juzgar por el estado en el que se encontraba la iglesia de Santa María de Zaragoza en vísperas de la conquista aragonesa, hemos de concluir que la situación de los mozárabes, si quedaban algunos, debió de ser muy precaria (Lacarra, 1976: 144- 146). Sin duda, la islamización no hubiese prosperado en la sociedad andalusí sin el respaldo de las élites autóctonas. Durante la mayor parte del siglo ix los territorios de la Frontera Superior estaban bajo el control de familias de origen indígena: los Banu Qasi, Banu Amrus, Banu Shabrit y Banu Rashid. Los epó- nimos de estos linajes no tardaron en concertar vínculos de wala’1 con las familias árabes que se afincaron en la Frontera después la conquista (Manzano Moreno, 1991: 232). La wala’ fue una de las vías más rápidas y seguras hacia la conversión religiosa y la aculturación. Según Lorenzo Jiménez (2009: 179- 180, 2010a: 209-232), fue una práctica habitual en la Marca Superior, que permitió a muchos linajes locales entrar en la órbita de poder de los omeyas y consolidar su dominio en la zona. Los muladíes controlaban sobre todo el área occidental y central del valle, y se mantuvieron en el poder hasta finales del siglo ix (Viguera Molins, 1999: 28-30). Consiguieron implantar en sus dominios «una soberanía casi independiente con respecto al poder central» (Manzano Moreno, 1991: 233). Sin embargo, esta situación no frenó los procesos de islamización y arabización de las comunidades indígenas bajo su control y no despertó un movimiento de resistencia cultural. Las élites autóctonas, que se habían convertido al Islam en los primeros tiempos, nunca renunciaron a su nueva religión. Habían roto con el pasado visigodo definitivamente, sustituyendo las señas de identidad latinocristianas por las árabo-islámicas. Sus referentes culturales estaban en Córdoba y en Oriente. Los muladíes no intentaron evitar la asimilación cultural, al contrario, aspiraban a ella. La disidencia política que mostraron con respecto al gobierno central no los llevó al cuestionamiento de su lealtad cultural a los parámetros árabo-islámicos (Manzano Moreno, 2011: 324-325). En la Marca Superior no hubo, al parecer, un gesto de reivindicación cultural, como fue la vuelta al cristianismo de Omar Ben Hafsun. Tanto los Banu Qasi como los Banu Amrus se mantuvieron fieles al Islam. Lo demuestra la onomástica de las dos familias muladíes, donde, de vez en cuando, aparece algún nombre de reminiscencias hispanas, como Lubb o Fortún, pero en general, los nombres se mantienen dentro de la tradición islámica (Viguera Molins, 1981: 64; Manzano Moreno, 1991: 427). Estos linajes rivalizaron con Córdoba y entre sí por el control político del territorio, pero no se plantearon un cambio de dirección y una marcha atrás en el proceso de islamización y arabización que ya habían iniciado sus mayores. Como en el resto de al-Andalus, los principales focos de islamización en la Marca Superior fueron las ciudades. Los testimonios arqueológicos de este proceso son indiscutibles. En Zaragoza se han localizado dos grandes cementerios de época andalusí: la Maqbara bab al-Quibla y la Maqbara bab Tulaytula, donde se han exhumado unas mil quinientas tumbas de rito musulmán, de una amplia cronología que va desde el siglo viii hasta comienzos del siglo xii (Galve Izquierdo, 2018: 99-162). La mezquita aljama de Zaragoza, fundada en el siglo viii, fue ampliada hasta en tres ocasiones (Hernández Vera, 2004: 75-85). En el año 856-857, el gobernador de Zaragoza, el muladí Musa b. Musa, encargó la primera ampliación de la sala de oraciones. Más tarde, probablemente en el siglo x, se llevó a cabo una segunda remodelación, que no ha sido reflejada en las fuentes escritas, pero que ha dejado huellas arquitectónicas. La tercera y última ampliación del recinto data de la segunda década del siglo xi y fue realizada por Mundir I (Souto Lasala, 1989: 392-404). Según Corral Lafuente (1987: 44-45), las sucesivas ampliaciones de la mezquita obedecen no solo al desarrollo urbano que se observa en Zaragoza desde el siglo ix, sino también al crecimiento de la umma por las conversiones al Islam. ¿Cuáles son las claves que explican el éxito de la islamización en el valle del Ebro? El intenso proceso de urbanización que se desarrolló en la Marca a partir del siglo ix dio un impulso a los procesos de islamización y arabización. Cuando los árabes llegaron al valle del Ebro, en el año 714, los únicos núcleos urbanos fueron las sedes episcopales de Zaragoza, Huesca, Tarazona, Calahorra y Pamplona. La mayoría de la población aragonesa vivía entonces en el campo (Corral Lafuente, 1987: 25). Los musulmanes asignaron nuevos gobernadores en estas ciudades y empezaron a reorganizar la administración de todo el territorio circundante. En época andalusí, la red urbana se amplió con la fundación de nuevas medinas: Calatayud, Tudela y Daroca (s. ix), Barbastro y Fraga (s. x) y Albarracín (s. xi). El resultado de este proceso fue que el valle del Ebro se convirtió en una de las áreas más urbanizadas de al-Andalus (Viguera Molins, 1995: 23). Los principales núcleos urbanos fueron Albarracín, Barbastro, Borja, Calatayud, Daroca, Huesca, Tarazona y Zaragoza. Las fuentes otorgan el estatuto de ciudad también a núcleos de población como Calanda, Cutanda, Ejea, Fraga, Monzón, Mequinenza, Ricla y Rueda de Jalón. Zaragoza fue la capital de la Marca y la ciudad más densamente poblada, que contaría, a mediados del siglo xi, con alrededor de 20.000 habitantes; Huesca tendría entre 6.000 y 7.000; Calatayud, Tudela y Lérida en torno a los 5.000; Barbastro, Daroca y Fraga rondarían los 3.000 habitantes, y Balaguer, Tarazona, Ejea, Borja y Albarracín en torno a los 2.000 (Corral Lafuente, 1991: 275). Un factor clave en el proceso de islamización de los autóctonos fue la labor de los ulemas. Podemos definirlos como los guías espirituales de la comunidad (Marín, 1992a: 147-176). Su conocimiento del Corán y de la Tradición del Profeta los convertía en las máximas autoridades en cuestiones legales. Además, eran los censores morales de la comunidad, que velaban por el estricto cumplimiento de la ley islámica (Fierro, 2011: 143-151). Zaragoza fue uno de los importantes focos de islamización en al-Andalus, si hemos de juzgar por el elevado número de ulemas que ejercieron en esta ciudad entre los siglos viii y ix. La mayoría de ellos llevaba nisbas árabes,2 un porcentaje muy elevado en comparación con otras ciudades andalusíes de la misma época (Fierro y Marín, 1998: 86-88). Muchos habían hecho la rihla, ‘el viaje de estudios’, fuera de al-Andalus. Al regresar a la Marca, fundaban sus propias escuelas y tejían redes locales de transmisión del conocimiento. Gracias a ellos, la ciudad se convirtió en un centro de enseñanzas de primer orden que rivalizaba con Córdoba e incluso llegó a superarla a partir del siglo xi. Pero Zaragoza no fue el único foco de islamización en la Marca Superior. Huesca y Tudela también se convirtieron en importantes centros de estudio. Sus ulemas mantenían estrechos contactos tanto con la capital de la Marca como con las ciudades del Norte de África y de Oriente (Fierro y Marín, 1998: 88-90). Incluso ciudades de pequeño tamaño como Daroca tuvieron, ya tardíamente, cierta trascendencia intelectual gracias a la labor de sus ulemas (Ortega, 1996: 15-32). En el siglo viii los ulemas en al-Andalus procedían exclusivamente de las élites guerreras árabes y beréberes. Con el tiempo, sin embargo, esta tendencia cambió. Casi el $40 \%$ de los ulemas cuya vida trascurre a lo largo del siglo ix eran descendientes de indígenas conversos al Islam (Fernández Félix, 2003: 27-38). Esos muladíes estaban imbuidos de cultura oriental. Habían adquirido su formación en árabe, algunos incluso habían viajado a Oriente, y ahora ayudaban, con su enseñanza y con su ejemplo, a difundir el Islam y la lengua árabe entre sus vecinos. Un factor que contribuyó enormemente al proceso de orientalización de la población local fueron precisamente los viajes de estudio. Durante el período omeya, la Marca Superior fue un territorio prácticamente aislado del resto de al-Andalus, pero completamente abierto al mundo oriental. Sus ulemas preferían estudiar en Qayrawan antes que en Córdoba (Molina Martínez y Ávila Navarro, 1985: 100-101). Durante los siglos viii al x sus contactos con distintas capitales orientales fueron muy frecuentes. Gracias a los viajes y estancias de estudio fuera de al-Andalus, la cultura oriental llegaba al valle del Ebro de forma directa. La costumbre de hacer la rihla fue una de las claves del proceso de orientalización de la Marca (Bosch Vilá, 1960: 54-59; Bramón, 1989: 140; Marín, 1992a: 154-173). El proceso de islamización planteaba un problema de orden lingüístico. En algunos casos, la conversión se produjo en contextos ya arabizados. Es lógico pensar que los autóctonos que adoptaron el Islam a partir del siglo x ya sabían árabe, al menos las comunidades urbanas. Pero en otros casos el cambio de religión se adelantó al cambio de lengua. Huesca sería un ejemplo de ello. Sabemos que una parte de los oscenses adoptaron el Islam en el momento de la conquista, a principios del siglo viii, cuando el árabe no había penetrado aun en la región. Este sería uno de los ejemplos más tempranos de la existencia de muladíes de habla romance. A medida que avanzaba el proceso de islamización, aumentaba la comunidad de los musulmanes romanceparlantes. $\it { i } \mathrm { C o m o }$ se transmitió el Islam entre unas comunidades indígenas que desconocían el árabe? Es necesario suponer que los primeros ulemas y alfaquíes, muchos de ellos autóctonos, leían el Corán en árabe, pero lo comentaban en romance. Es más que probable pensar que el sermón del viernes resonara en romance en las primeras mezquitas andalusíes. «El Islam —dice Vallvé Bermejo (1999: 107)—, como todas las grandes religiones, recurrió desde el principio a misioneros indígenas o autóctonos para recitar y comentar el Corán y los fundamentos de la tradición musulmana sin necesidad de abandonar la lengua propia». Hubo, por tanto, una antigua tradición de difusión y adoctrinamiento en el Islam a través del romance verná- culo. En las comunidades que finalmente adoptaron el árabe como lengua de uso esa tradición se vio interrumpida. Sin embargo, en los núcleos donde la arabización llegó más tarde, la vivencia del Islam en romance, como demuestran más tarde las comunidades mudéjares de Castilla y Aragón, debió ser una práctica bastante extendida. 4. La arabización en la Marca Superior. Frente a las visiones continuistas del pasado, que negaban la importancia del proceso de arabización, hoy en día ya sabemos que la conquista árabe cambió radicalmente la historia lingüística peninsular. Durante muchas décadas se ha afirmado que tan solo una élite culta y selecta de la sociedad andalusí conoció el árabe y que la inmensa mayoría de la población autóctona no llegó a arabizarse nunca. La realidad mozárabe y mudéjar que se ha ido conociendo en los últimos años desmiente esta afirmación y demuestra que el proceso de arabización fue muy generalizado y alcanzó a la mayoría de los andalusíes, tanto en el ámbito urbano como en el rural. Este proceso no conoció límites de carácter étnico o confesional e involucró tanto a los autóctonos — cristianos, judíos y muladíes— como a los beréberes que se establecieron en la Península después de la conquista. Pero ¿qué evidencias tenemos de la arabización en la Marca Superior? A la hora de estudiar el proceso de arabización, conviene establecer dos niveles de análisis que se corresponden con dos tipos de fuentes de distinta naturaleza. Esto nos permitirá observar los cambios que se producen en los dos registros de lengua, el oficial y el coloquial, porque tanto los nativos como los invasores árabes estaban inmersos en una situación de diglosia. En los registros altos se servían del latín y/o del árabe clásico, lenguas de uso exclusivamente escrito, mientras que en el registro oral, recurrían al romance, al árabe andalusí o al beréber, las tres lenguas de comunicación más extendidas en al-Andalus.3 Teniendo en cuenta que solo una minoría culta e instruida dominaba el latín y el árabe clásico, podemos decir que la diglosia no estaba generalizada en la sociedad andalusí, sino limitada a aquellos sectores de la población que tuvieron acceso a una formación lingüística (Corriente, 2005: 186). La diglosia se caracteriza por el uso de una variedad como lengua vernácula y de otra variedad como lengua escrita. Sin embargo, las dos modalidades de lengua no necesariamente tienen que ser de la misma familia lingüística. Son muy frecuentes los cruces entre lenguas de distintas familias. La evolución lingüística en al-Andalus produjo, según Vicente (2006: 25), diglosias híbridas entre el modelo autóctono (latín-romance) y el modelo importado (árabe clásico-árabe dialectal/beréber). Este modelo de diglosia se refleja en dos tipos de fuentes. Por un lado, están las fuentes que demuestran el empleo del árabe clásico como lengua oficial del estado andalusí, en los registros altos de la expresión escrita. Por otro lado, contamos con una serie de testimonios en árabe andalusí que nos permiten acceder, aunque de forma indirecta, al registro oral, a la lengua/lenguas de comunicación habitual. 4.1. El árabe clásico. Son pocos los monumentos epigráficos en árabe de la Frontera Superior que han sobrevivido hasta la actualidad (Barceló, 2016: 100-102; Martínez Enamorado, 2018: 373-387). Sin embargo, hay suficientes pruebas para afirmar que el árabe clásico fue la lengua de representación oficial de las sucesivas dinastías que gobernaron la Marca a lo largo de todo el período andalusí. Los epígrafes de carácter fundacional, las leyendas en árabe de las monedas acuñadas en la Marca, las inscripciones funerarias, entre otros ejemplos, evidencian el uso exclusivo del árabe clásico en la esfera oficial. «La epigrafía —en tanto que manifestación de las clases dominantes, el poder estatal y las élites sociales que lo sustentaban— desempeñaba una función eminentemente propagandística en su contexto de origen» (Martínez Núñez, 2015: 23). Un claro ejemplo de ello son las inscripciones coránicas que decoraron las paredes del palacio de La Aljafería de Zaragoza (Lasa Gracia, 1987: 246-288; Cabañero Subiza y Lasa Gracia, 1989-1990: 193-198, 201-204). Sin duda, en la Marca Superior hubo muchos edificios públicos y privados que mostraban en sus fachadas epígrafes en árabe, como la lápida de la alcazaba de Tarazona (Barceló, 2016: 102-107), o el arco de Maleján, Borja (Lasa Gracia, 1992: 121-122). La mayoría de estos monumentos no superaron la prueba del tiempo. Otros fueron destruidos conscientemente con el propósito de borrar hasta el último vestigio del pasado andalusí. Sin embargo, lo poco que queda no deja lugar a las dudas. Todo lo que se escribió en el Aragón musulmán —sobre piedra, mármol o marfil, sobre tela o sobre pergamino—, se escribió en árabe clásico. Las monedas que salieron de las cecas andalusíes de Zaragoza, Tudela, Huesca, Lérida, Tortosa y Calatayud llevaron epígrafes en lengua árabe (Canto García et al., 2000: 203-213). Un ejemplo lo constituyen los fragmentos de dírhams hallados en la tumba $\mathrm { n } ^ { \mathrm { o } } 1 0 0$ de la Maqbara Bab al-Quibla de Zaragoza (Galve Izquierdo, 2018: 99-162). La moneda es un instrumento del Estado y, en este sentido, la presencia del árabe en el numerario andalusí que circulaba en la Marca Superior cumplía una función simbólica evidente. Mostraba el estrecho vínculo que existía entre el poder político local y la lengua del estado cordobés. El árabe clásico fue la lengua oficial del estado andalusí y consta su empleo en la administración, en la diplomacia, en el servicio religioso, en la literatura, y también en la educación. La iniciación en el Islam venía acompañada de la instrucción en la lectura y en la escritura del árabe. Este hecho explica la abundancia de alifatos sobre hueso que se han localizado en varios yacimientos arqueológicos de la Marca Superior. De hecho, es una de las zonas de máxima concentración de escápulas con alifato. Aquí se han localizado once de los veintisiete ejemplares peninsulares conocidos: uno en Osma, tres en Lérida, dos en Huesca, dos en Calatayud, otros dos en Zaragoza y uno en Ná- jera (Doménech Belda y López Seguí, 2008: 255; Juste Arruga y García Calvo, 1992: 196-198; Justes Floría y Royo Guillén, 2018: 56). La mayoría han sido datados en época Omeya. En algunos aparece solo el alifato (Montón Broto, 1995-2000: 193-195). En otros, éste viene acompañado por la basmala (Cebolla Berlanga et al., 1997: 113-117 y 128-129). Los investigadores no dudan de su uso didáctico (Zozaya, 1986: 111-126; Doménech Belda y López Seguí, 2008: 247-253). Estas tablillas sirvieron como modelos que los alumnos usaban para memorizar el alifato y adiestrarse en la escritura. Porque, como decía Ibn ‘Abdun: «A los maestros de escuela incumbe proporcionar a los alumnos […] una bella letra, una buena dicción, una hermosa recitación del texto alcoránico y el conocimiento de las pausas y acentos al recitar» (García Gómez y Lévi-Provençal, 1981: 91-92). Los alifatos sobre hueso no son los únicos testigos materiales del proceso de enseñanza y aprendizaje del árabe en la Marca Superior. Los alumnos dispusieron, además, de tratados gramaticales y de diccionarios de la lengua árabe. Los tagarinos estuvieron entre los primeros andalusíes en conocer el Kitab al ‘ayn, el famoso diccionario de al-Jalil. Fue un beréber de Zaragoza, Qasim ben Tabit (m. 915), quien introdujo la obra en al-Andalus (Bosch Vilá, 1960: 54-56; Molina Martínez y Ávila Navarro, 1985: 89-90). Al margen del uso oficial e institucionalizado de la lengua árabe, nos han llegado también testimonios de su empleo por parte de particulares. La epigrafía funeraria puede ser un buen ejemplo, como demuestran las inscripciones árabes de las lápidas funerarias de Nasr ibn ‘Abd al-Rahman, localizada en Azuara (Codera, 1912: 150-152), y de Nabir, hallada en el solar del antiguo Convento de San Agustín, en Zaragoza (Galve Izquierdo, 2018: 99-162), ambas del siglo xi. Otro ejemplo podría ser el acta de compraventa de un campo en Sobradiel, de 1117, en la que intervinieron Abd al-Rahman b. Muhammad al-Azdi y Muhammad b. Abd al-Samad b. Suleiman b. Atia al-Tamimi (García de Linares, 1904: 174). La práctica de escribir en árabe no solo llega hasta la época de la Reconquista, como demuestra este documento de 1117, el más antiguo del fondo árabe del Archivo de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, sino que continúa en los siglos posteriores. Los mudéjares de Aragón se encargaron de mantener viva la tradición de la enseñanza y el uso del árabe clásico en los siglos bajomedievales (Miteva, 2017: 121-128 y 148-156). Con los testimonios que hemos aportado queda lo suficientemente probada la hegemonía del árabe clásico en la Marca Superior. El árabe sustituyó por completo al latín en la administración del estado, en la enseñanza, en las ciencias y en las artes. La única excepción fue la producción escrita en hebreo que generó la comunidad judía. 4.2. El árabe andalusí. Es mucho más difícil, sin embargo, documentar el proceso de cambio de lengua en el ámbito de la oralidad, es decir, demostrar el abandono del romance vernáculo y la adopción del árabe andalusí como lengua de uso cotidiano por parte de los muladíes de la Marca Superior. Porque el uso del árabe no se limitó a la escritura. La población autóctona experimentó un proceso de arabización muy profundo, no solo en el registro alto, sino también en el coloquial. Teniendo en cuenta la historia política de la Marca Superior, sus complejas relaciones con Córdoba, la densidad de la población indígena y el carácter fronterizo de la zona, podríamos suponer que aquí la arabización fue más tardía y más lenta que en las provincias meridionales de al-Andalus. Esto, sin embargo, no significa que la arabización de la población local no llegara a producirse o que solo alcanzara a las élites intelectuales, como se afirmaba hasta hace poco. Tanto la antroponimia como la toponimia de la zona, entre otros indicios, vienen a demostrar que la mayoría de la población local tagarina adoptó el árabe andalusí como lengua de comunicación habitual. En los dos primeros siglos del dominio andalusí en la Marca se dieron todos los cruces posibles entre origen étnico, adscripción religiosa y preferencias onomásticas: algunos muladíes habían adoptado los nombres árabes, mientras que otros mantenían sus patronímicos tradicionales. Incluso se da el curioso caso de una familia árabe de la Marca Superior, los Banu Furtish, que reciben su nombre del apodo romance de su antepasado Sulayman ibn Salih «el fuerte» (Molina Martínez y Ávila Navarro, 1985: 88-89). Los apodos romances, sin embargo, no pueden ocultar la tendencia a la adopción del sistema onomástico árabe por parte de la población local, que se observa desde el siglo viii. Según Viguera Molins (1995: 132-133), la difusión de la antroponimia árabe entre los muladíes es un claro indicio de su arabización lingüística. Esta comunidad mantuvo su fidelidad al sistema onomástico árabe incluso después de la Reconquista. En su estudio sobre la antroponimia de los mudéjares de Aragón, Laliena Corbera (1996b) constata la pervivencia de este modelo onomástico en los siglos xii y xiii. Hasta la conversión al cristianismo en el siglo xvi, los nombres propios más frecuentes entre los mudéjares de Navarra y Aragón fueron Muhammad, Ibrahim, Ali, Yusuf, Musa, Abdallah, Faray y Ahmad (Laliena Corbera, 1996b: 155). Además, siguió vigente el uso del nasab y son abundantes también las nisbas de carácter tribal o toponímico que vinculaban a las personas con alguna de las destacadas familias árabes de la Marca Superior, los Tuyibí, los Ansarí o los Mudarí. La antroponimia es un marcador de confesionalidad, aunque hay notables excepciones, como, por ejemplo, la difusión de la onomástica árabe entre las comunidades cristianas y judías dentro y fuera de al-Andalus. La antroponimia, sin embargo, no puede ser interpretada como un reflejo exacto de la adscripción de un individuo o grupo de personas a una determinada comunidad lingüística. Dicho de otro modo, la adopción de la onomástica árabe por parte de los muladíes de la Marca Superior no implica necesariamente el abandono del romance como lengua vernácula y su sustitución por árabe andalusí. No obstante, la toponimia puede ser un indicador de arabización algo más fiable. Los topónimos pertenecen al registro oral, a la lengua de uso cotidiano, y a la hora de buscar su étimo hay que partir siempre del dialecto (Corriente, 1987: 77). En un estudio sobre la toponimia mayor de origen árabe, Corral Lafuente (1999) llega a la conclusión de que el porcentaje de macrotopónimos árabes en Aragón no alcanza el $10 \%$ . En la provincia de Huesca la densidad de toponimia árabe es aún menor, apenas un $5 { , } 5 \%$ , mientras que en Zaragoza y en Teruel el porcentaje aumenta hasta el $1 1 { , } 5 \%$ . La misma impresión de escasez se desprende del estudio de Laliena Corbera (2012: 648) basado en fuentes cristianas, que analiza el volumen de topónimos árabes en la diócesis de Huesca inmediatamente después de la conquista aragonesa. El autor cita diecisiete topónimos árabes, que representan poco más del $8 \%$ del total. Es muy arriesgado, sin embargo, interpretar estos datos como un indicio de la escasa arabización lingüística de la Marca Superior. Como ha señalado Barrios García (1982: 117), los macrotopónimos son más estables y resistentes al cambio que los microtopónimos. Estos últimos cambian con mayor frecuencia porque están estrechamente ligados a las transformaciones del paisaje agrario o urbano. Los cambios lingüísticos y culturales que ocurren en una comunidad tienen un reflejo más directo e inmediato sobre la toponimia menor. Esto significa que el recuento y el análisis de los microtopónimos registrados en las fuentes árabes y latinas podrían modificar sensiblemente la correlación entre topónimos de origen árabe y latino. La quinta parte de los topónimos que se localizan en la diócesis de Huesca hacia el año 1100 tiene un remoto origen romano (Laliena Corbera 2012: 647-649). Esto significa que la población de la Marca mantuvo buena parte del sustrato de topónimos preislámicos, pero no niega el éxito de la arabización. Una de las razones que justifican la conservación de la toponimia preislámica en la zona tiene que ver con la estabilidad de la población local y con las pautas de asentamiento de los árabes y beréberes que llegaron a este territorio. Un alto porcentaje de hábitats de la Marca Superior tiene un origen preislámico. La población local permaneció en sus lugares de origen después de la conquista y sobre este poblamiento indígena se superpuso el aporte foráneo. Pero los árabes y los beréberes no «desbautizaron» las localidades en las que se establecieron. Generalmente, respetaron las antiguas denominaciones. Los poblados que recibieron el nombre de una tribu árabe o beréber corresponden, por lo general, a nuevas fundaciones (Guichard, 1995: 310-312). A la hora de considerar el volumen de topónimos árabes, hay que tener en cuenta que la conquista aragonesa fue tan violenta que muchas comunidades musulmanas fueron aniquiladas y gran parte de sus hábitats destruidos. Muchos topónimos de origen árabe y beréber desaparecieron antes de ser registrados en las fuentes escritas. El volumen de toponimia árabe en uso durante la etapa andalusí fue mucho mayor de lo que las fuentes dejan ver. Aragón, junto con Andalucía y Levante, es una de las tres zonas de la Península donde se ha conservado un mayor número de topónimos de origen árabe (Corriente, 1987: 76). Otro indicio de la arabización de los muladíes de la Marca Superior son las interferencias del dialecto andalusí que registran las fuentes escritas en árabe clásico. Apenas quedan fuentes lingüísticas directas del árabe andalusí aragonés de época islámica. La mayoría de los datos se encuentran en fuentes indirectas y tardías, de época mudéjar y morisca (Ferrando, 1998: 36). No obstante, estos documentos demuestran inequívocamente el uso cotidiano del árabe andalusí en el seno de las comunidades musulmanas aragonesas. Muchos rasgos fonéticos y morfológicos que detectamos en estas fuentes solo se explican desde la fonética y la morfología del árabe andalusí. Estos dialectalismos se infiltraron en el registro clásico que pretendían usar los escribanos y los copistas, revelándonos una realidad lingüística —el uso cotidiano del árabe— a la que no tenemos otra forma de acceder. Los arabismos en las hablas aragonesas constituyen otro testimonio de la arabización. Son fruto del prolongado contacto entre las dos comunidades lingüísticas en este punto de la geografía peninsular. En época andalusí, el contacto se produjo a través de la frontera y tuvo como protagonistas a los cristianos arabizados que emigraron de la Marca al norte de Aragón. Ya en época cristiana, fueron los mudéjares aragoneses quienes transmitieron el léxico árabe a los colonos del Norte. En los dos casos, se trata de préstamos del árabe andalusí de la Frontera, transmitidos por vía oral, que confirman que los tagarinos hablaron árabe (Corriente, 1998). ¿Cómo explicar el éxito de la arabización en la Marca Superior? Sin duda, la clave está en el contacto humano entre las dos comunidades lingüísticas. Los conquistadores árabes no se establecieron en ciudades-guarnición aisladas de los núcleos de población; al contrario, se dispersaron por todo el país. Muchas de las villas y alquerías en las que se establecieron los miembros del ejército árabe ya existían con anterioridad, como demuestra el hecho de que, tiempo después, estos hábitats seguían conservando su nombre preislámico (Manzano Moreno, 2010: 106). Los conquistadores casi nunca optaron por crear nuevos enclaves y prefirieron establecerse en medio de la población sometida para controlarla mejor y administrar sus recursos con mayor eficacia (Manzano Moreno, 2011: 279). Estas pautas de asentamiento les permitieron crear vínculos muy estrechos con la población indígena. La forma en que se había producido la conquista y la ocupación del valle del Ebro, sin encontrar apenas resistencia por parte de la población local, favoreció los intercambios y los procesos de asimilación lingüística y cultural. La islamización fue un factor decisivo en el proceso de arabización lingüística. El hecho de que el Corán estuviera escrito en árabe, confirió un carácter sagrado a esta lengua e impulsó su expansión en los territorios recién incorporados al Islam (Bramón, 1989: 139). El deseo de garantizar una lectura y una interpretación correcta del mensaje del Profeta exigió, a su vez, la promoción de los estudios de la lengua y de la gramática árabe (Sáenz-Badillos, 2002: 29-35). Conocer bien la lengua resultaba esencial para la correcta interpretación y aplicación del derecho islámico. La actitud de la élite autóctona es otra de las claves que explican el éxito de la aculturación. La islamización y la arabización en al-Andalus empezaron por los grupos de poder que, con su ejemplo, marcaron las pautas de comportamiento de los estratos sociales inferiores. Hay constancia de que los muladíes de clase alta recibieron instrucción en lengua árabe. Por ejemplo, Ibn alQutiya cuenta cómo los hijos de Musa ibn Musa recitaban poesía clásica durante su estancia en Córdoba en la segunda mitad del siglo ix (Lorenzo Jiménez, 2010b: 228-230; Manzano Moreno, 2007: 233-234). Se había producido un cambio generacional irreversible entre la generación del conde Casio, probablemente formado en latín, y la de sus nietos, los Banu Qasi, que preferían el árabe. El latín y el romance cayeron en desuso en la Marca Superior, porque no tuvieron el respaldo de una élite autóctona que promoviera su uso. Esta élite, movida por razones prácticas, estaba más interesada en adquirir una buena formación en árabe clásico, lengua que ya había alcanzado un alto prestigio tanto dentro como fuera de al-Andalus. No es, por tanto, una casualidad o una anécdota sin mayor trascendencia que Alfonso III de León enviara a su hijo, el futuro Ordoño II, a formarse en la corte de los Banu Qasi de Zaragoza, donde vivió hasta 886. La urbanización fue otro factor que contribuyó al proceso de arabización. Durante los siglos viii y ix la Marca Superior experimentó un intenso proceso de urbanización. Se desarrollaron los núcleos ya existentes y se fundaron ciudades de nueva planta. Las ciudades funcionaban como polos de atracción para la población extraurbana y como potentes centros de islamización y arabización. Muchos tagarinos se formaron fuera de al-Andalus, con los reputados maestros de Túnez y Egipto, y volvieron a la Marca impregnados de cultura oriental. Aquí fundaban sus propias escuelas, donde enseñaban en árabe (Bosch Vilá, 1960: 54-59; Bramón, 1989: 140). Algunos tagarinos destacaron en el campo de la gramática (Molina Martínez y Ávila Navarro, 1985: 104). Y, por último, la inmigración de muchos intelectuales del sur de al-Andalus a la Marca Superior, después de la caída del califato de Córdoba, jugó un papel muy importante en su desarrollo cultural y en el proceso de arabización (Bosch Vilá, 1960: 59-67). En el siglo xi, debido a la compleja situación política que se vivía en la capital andalusí, muchos intelectuales cordobeses buscaron refugio en la Frontera. La Taifa de Zaragoza recibió un importante aporte humano, responsable no solo del aumento de la densidad demográfica, sino sobre todo de su desarrollo cultural. Los intelectuales musulmanes y judíos que llegaron desde Córdoba contribuyeron enormemente al prestigio cultural de la Taifa (Bosch Vilá, 1960: 35; Molina Martínez y Ávila Navarro, 1985: 101- 102, 104-107). La islamización y arabización de los núcleos urbanos, que ya habían avanzado mucho en los tres primeros siglos, llegaron en esta época a su culminación. 5. El destino del romance autóctono. Sabemos que durante un tiempo, difícil de precisar, en la Marca Superior se mantuvieron las estructuras socio-económicas y culturales previas a la conquista. El árabe clásico se impuso como la lengua oficial del estado y como el único vehículo de la expresión escrita. En el ámbito de la oralidad, sin embargo, el árabe andalusí coexistió durante siglos con el romance que hablaban los autóctonos antes de la conquista. El romance, en sus múltiples variedades, fue la lengua vernácula de la mayoría de la población andalusí, con independencia de su adscripción confesional, hasta el siglo x, cuando triunfa el proceso de arabización lingüística (Corriente, 2008a: 85; 2008b: 97-98). Sabemos que todo proceso de cambio de lengua pasa por una etapa más o menos prolongada de bilingüismo. El reto está en determinar cuánto tiempo duró el bilingüismo árabe-romance en la Marca Superior y cuándo podemos dar por extinto el romance andalusí en este tramo de la frontera. Algunos autores (Simonet, 1888; Ribera y Asín, 1912; Lacarra, 1979, 1987; García Marco, 2004; Peñarroja Torrejón, 2008) han sugerido la posibilidad de que las comunidades musulmanas del valle del Ebro todavía hablaran romance en la época de la Reconquista. Simonet fue uno de los primeros autores que defendieron la continuidad del romance autóctono hasta el siglo xii. «Téngase en cuenta —dice este autor (1888: CII)— que el romance castellano fue lengua propia y nativa en todo el territorio conocido por Aragón, […] y así el idioma que allí se habla desde remota edad, no fue importado por los conquistadores». Según Simonet, la misma afirmación es extrapolable a Navarra, donde el «idioma castellano» fue propio y nativo de la población autóctona a lo largo de toda la Edad Media. Simonet ni siquiera menciona la presencia del euskera en este ámbito de la geografía peninsular, o del árabe, en ciudades como Tudela, que estaban plenamente integradas en el estado andalusí. La tesis continuista anunciada por Simonet fue defendida también por Ribera y Asín. En la introducción al catálogo de Manuscritos árabes y aljamiados de la Biblioteca de la Junta (1912) estos autores afirman que los muladíes de la Marca Superior no llegaron a arabizarse nunca. El proceso de islamización de estas comunidades no llevó al abandono del romance que hablaban sus antepasados en el momento de la conquista árabe. «Los moriscos aragoneses —dicen Ribera y Asín (1912: XXI-XXII)— creían que sus antepasados habían hablado en árabe y que después, perdida la memoria de la lengua arábiga, hablaron en romance. Nosotros hemos llegado a sospechar que los musulmanes aragoneses jamás dejaron de usar el dialecto o romance aragonés. […] A nuestro juicio, los moriscos aragoneses no tuvieron nunca, como lengua familiar, el árabe». Según Lacarra (1987: 227), la mayoría de los musulmanes de la Marca Superior descendían de los hispano-romanos e hispano-visigodos que aceptaron el Islam en el siglo viii, de lo que se deriva, automáticamente, que la mayor parte de ellos hablara romance hasta la Reconquista. Lacarra no tiene en cuenta, sin embargo, que, independientemente de su origen étnico, las comunidades pueden cambiar no solo de religión, sino también de lengua. Guichard (1995: 37) le reserva un lugar a la duda, afirmando que es posible que no todo el territorio andalusí fuera lingüísticamente homogéneo y que hubiera regiones no del todo arabizadas. Es curioso que piense precisamente en los mudéjares aragoneses, que no hablaban árabe, bien porque perdieron su uso después de la Reconquista, bien porque nunca lo habían hablado. Guichard no descarta la posibilidad de que los dialectos romances resistieran al impacto del árabe en las regiones más septentrionales de al-Andalus y, en concreto, en la Frontera Superior. Frago Gracia (2007: 106), por su parte, cree que cuando los reconquistadores llegaron al Ebro las mozarabías aún debían de conservar algo de su romance antiguo, pero muy pronto se vieron asimiladas y su romance se fundió con el romance norteño que traían los colonos. Este autor vincula el mantenimiento del romance a la pervivencia de comunidades mozárabes. Sin embargo, apenas se constata la presencia de comunidades cristianas en la región en vísperas de la conquista aragonesa (Lacarra, 1987: 230-231). Esto significa que si el romance autóctono se mantuvo fue gracias a las comunidades musulmanas y judías, no a los mozárabes. Peñarroja Torrejón (2008) es uno de los últimos autores que ha planteado la tesis del mantenimiento del romance autóctono en el valle del Ebro durante la etapa andalusí. Este autor presupone una vigencia generalizada del romance en todo el territorio de la Marca Superior, incluidas las tierras bajas turolenses, hasta la frontera con Valencia y la Cataluña meridional. Peñarroja Torrejón plantea una tesis, a mi juicio, discutible, según la cual el romance del valle del Ebro y el aragonés septentrional fueron idénticos desde el punto de vista lingüístico. En su opinión, no se observa ninguna diferencia sustancial entre el romance de la Marca Superior y el aragonés primigenio de las áreas septentrionales. Los hechos centrales del vocalismo y del consonantismo de ambas modalidades coinciden, según él, en lo fundamental. «La Reconquista —señala este autor— no debió, pues, de traer grandes novedades lingüísticas al área aquí estudiada, donde la confluencia entre ambas modalidades (‘mozárabe’ nativo y ‘aragonés’ norteño, si es que entre ellos existía una clara separación fisonómica y no estamos ante un mero espejismo de taxonomía) sería lo característico, al menos hasta la expansión castellana» (Peñarroja Torrejón, 2008: 632). La idea de la fusión del romance autóctono andalusí con los romances del norte es una de las viejas tesis de Simonet y un tópico muy arraigado en la historiografía. En mi opinión, la realidad lingüística y social en el espacio aragonés fue algo más compleja. Para empezar, no existió, ni antes, ni después de la conquista islámica, una modalidad aragonesa unificada (Enguita Utrilla, 2010). El territorio del actual Aragón ya estaba lingüísticamente fragmentado antes de la conquista islámica. La razón que explica esta fragmentación y la falta de uniformidad lingüística es la distinta intensidad de la romanización de esta zona de la Península, así como la influencia de las lenguas prerromanas, que actuaron como sustrato lingüístico. Mientras que en la zona del valle la romanización y latinización fueron tempranas e intensas, en la zona pirenaica el proceso de romanización resultó más tardío y menos intenso (Enguita Utrilla y Lagüéns Gracia, 2004: 67). Podemos decir, por tanto, que el romance que hablaban las comunidades del valle del Ebro fue distinto de los romances que se hablaban en los valles pirenaicos y que la distinción entre alto y bajo aragonés ya existía en la etapa preandalusí. A estas diferencias iniciales se superpuso la nueva frontera lingüística y cultural que se fue constituyendo después de la conquista islámica. La islamización y arabización, tan intensas en el valle del Ebro, no llegaron hasta los altos valles del Pirineo, lo que hizo que las comunidades del norte se distanciaran cada vez más de las poblaciones del sur. El habla de los montañeses siguió evolucionando de acuerdo a sus propias tendencias, expuesta a las influencias tanto septentrionales como meridionales. Es más, cada uno de los tres condados que se constituyeron en el espacio pirenaico tuvo una trayectoria histórica y lingüística diferente. El Aragón primitivo estaba vinculado al sur francés y a Navarra. Sobrarbe recibió una impronta franca más marcada aún y estuvo más expuesto al influjo andalusí, mientras que Ribagorza se mantuvo siempre dentro de la órbita oriental catalana (Enguita Utrilla, 2010: 139). Este ‘aragonés’ norteño del que habla Peñarroja Torrejón fue, y sigue siendo en la actualidad, un conjunto de hablas muy diversificadas. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que a partir del siglo viii el romance del valle del Ebro entró en contacto con el árabe y el beréber, sobre todo en aquellas zonas donde la población arabófona y berberófona fue más importante. El resultado de este contacto de lenguas y de las interferencias fonéticas, morfológicas y léxicas que generó fue la creación de una modalidad romance andalusí autóctona, que difería tanto de las hablas aragonesas septentrionales como de las otras variantes del romance andalusí, el de la Marca Media (Toledo) o del Levante (Valencia y Murcia). Aun partiendo de una supuesta homogeneidad lingüística del ámbito aragonés con anterioridad a la conquista árabe, los acontecimientos históricos que tuvieron lugar después del 714 rompieron esta homogeneidad y dejaron su huella lingüística en la zona. El romance del valle del Ebro evolucionó en un contacto directo con el árabe andalusí. Las hablas aragonesas septentrionales también debieron sentir este impacto, aunque en menor medida, porque ahí era más perceptible el influjo del eusquera, del francés y del catalán. La población de la Marca Superior experimentó un profundo proceso de arabización lingüística. La supervivencia de comunidades romanceparlantes no niega el alcance y la profundidad de la arabización. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los autóctonos había abrazado el Islam. Los muladíes de la Marca, como los de Córdoba o Toledo, pretendían fusionarse con los árabes, y el dominio de su lengua era un requisito indispensable en este proceso de asimilación lingüística y cultural. No tenemos datos para medir el grado de su identificación con el romance que hablaban sus mayores, pero no debió ser muy alto. El romance delataba el origen autóctono de las personas que lo hablaban, y los muladíes hacían todo lo posible por disimular y ocultar este origen. Por eso creo que la reconquista y la colonización del valle del Ebro significaron un cambio profundo en el mapa étnico y lingüístico de la zona. Sénac (1991: 401) prefiere hablar incluso de «ruptura». Reducir los complejos procesos de conquista y colonización a una simple fusión o confluencia de dos modalidades lingüísticas inteligibles, como plantea Peñarroja Torrejón, nos parece simplificar en exceso y, por ello mismo, falsear la compleja realidad social que se originó a raíz de la conquista árabe y sus inevitables implicaciones lingüísticas. Los colonos que llegaron al valle del Ebro a partir del siglo xii tenían diverso origen y procedencia y hablaban distintas lenguas. No representaban solo al ‘aragonés’ norteño, sino también al navarro, el eusquera, el castellano, el occitano, el provenzal o el catalán. En la mayoría de los casos, estos colonos entraron en contacto con comunidades autóctonas monolingües en árabe. Más que de confluencia de variedades, cabe hablar, en estos casos, de un conflicto de lenguas y de un serio problema de comunicación. Si hubo comunidades, cristianas, musulmanas o judías, que aún conservaban su antiguo romance, situación que no podemos descartar, aunque no debió ser muy frecuente, este encuentro entre romanceparlantes del norte con romanceparlantes del sur no debió ser fácil tampoco, porque las dos modalidades romances habían evolucionado de forma diferente y autónoma durante más de cuatro siglos, expuestas a influencias lingüísticas distintas. Lacarra (1987: 227) cree que no había una frontera lingüística entre los reconquistadores y la población local. Parece, sin embargo, que sí hubo una frontera religiosa, lingüística y cultural entre lo aragonés y lo andalusí, y esta frontera interior permanecería mucho después de la reconquista del territorio de la Marca Superior, gracias a la permanencia de la población mudéjar. No sabemos si la arabización supuso la pérdida del romance en todo el territorio de la Frontera Superior. Podemos plantear, como mera hipótesis de trabajo, la posibilidad de la pervivencia del romance entre algunas comunidades del valle del Ebro, pero es imposible demostrarlo. Su propia naturaleza de lengua minoritaria, estigmatizada y sin uso en la escritura, convierte al romance en una realidad inaprensible. Y es que no tenemos prácticamente ninguna referencia a la lengua hablada por la población de la Marca Superior en vísperas de la conquista aragonesa. Los únicos indicios de la existencia de grupos romanceparlantes son una observación escueta en un poema de Ibn Gabirol y la referencia a la aljamía de Zaragoza en la obra de Ibn Buklaris. Ibn Gabirol (1021-1070) atestigua el empleo del romance por algunas comunidades judías del valle del Ebro: $\ll \mathbf { S u }$ lengua es extraña a la lengua hebrea y [el pueblo] no conoce la lengua judía. La mitad habla en lengua cristiana, y la otra mitad en la lengua de los hijos de Qedar, tan oscura» (Sáenz-Badillos, 1980: 15). De acuerdo con algunos autores, como Maíllo Salgado (2002: 280) o Corriente (1997: 338-339), la comunidad judía andalusí se arabizó, sin perder el romance como lengua vernácula. Aquí tenemos un testimonio de ello. No sabemos a qué comunidades se refería exactamente Ibn Gabirol y tampoco si mantuvieron el romance hasta el final, pues el dato es de mediados del siglo xi y quedaba tiempo aún hasta el inicio de la Reconquista. Es imposible saber si la misma duplicidad de situaciones existía también entre las comunidades musulmanas. El otro testimonio no hace referencia a ninguna comunidad religiosa en concreto, pero el autor que nos ha transmitido los datos, Ibn Buklaris, también era judío. Vivió entre la segunda mitad del siglo xi y principios del xii, es decir, en la época en la que empieza la conquista aragonesa de los territorios de la Marca Superior. En el Kitab al-Musta’ini (1106), un tratado de farmacología, Ibn Buklaris hace referencia a la aljamía o romance de Zaragoza y cita los nombres latinos y romances de decenas de plantas medicinales. La interpretación de este tipo de fuentes, sin embargo, no está exenta de problemas. Los glosarios botánicos, agronómicos y médicos andalusíes a menudo han sido utilizados como fuente para el estudio del romance andalusí, porque, a pesar de haber sido redactados en árabe, contienen palabras en otras lenguas, entre ellas, el romance. El primero en explotar esta cantera fue Simonet en su Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes (1888). Muchas de las afirmaciones que hace Simonet en este estudio han sido criticadas por los arabistas posteriores. Barceló (1997: 270-275) y Corriente (2008b: 98-100) insisten en la necesidad de reeditar las fuentes que utilizó Simonet, y recomiendan prescindir de los datos lingüísticos que ofrece, porque sus lecturas contienen muchos errores. Lo que hace más grave la situación es que fueron reproducidas infinidad de veces por los mozarabistas posteriores, que no pudieron acceder a los manuscritos originales y confiaron ciegamente en Simonet. Pero las manipulaciones que hizo Simonet de las formas originales de los supuestos romancismos no son el único problema. Algunos autores (Vicente, 2006: 56) han expresado sus reservas sobre la validez de estas fuentes como testimonios de la pervivencia del romance. En efecto, ¿cómo podemos estar seguros de que los fitónimos que aparecen en estas obras les fueron transmitidos a sus respectivos autores por autóctonos romanceparlantes, en entrevistas de campo y en exploraciones directas? Es así como interpretaban los datos muchos mozarabistas, que usaban los glosarios como prueba incuestionable de la vigencia del romance a lo largo de todo el período andalusí. Sin embargo, esta no es la única interpretación posible. En la mayoría de los casos estos términos fueron transmitidos por vía libresca. Los autores de los tratados de medicina y farmacopea copiaban obras anteriores, donde ya venían especificados estos nombres. En este caso, los romancismos pierden todo su valor informativo y probatorio para el tema que nos ocupa, ya que no reflejan el estado lingüístico en el momento en que fueron compuestos esos tratados, sino, en todo caso, un estado anterior ya superado. Por tanto, es muy arriesgado usarlos como testimonio del mantenimiento del romance, sobre todo a partir del siglo xii. Pero existe otra posible interpretación. Podría tratarse de préstamos romances incorporados al árabe andalusí. Como es lógico, el árabe no disponía de palabras para nombrar estas realidades ibéricas y tomó los nombres de las plantas, como otros tantos términos técnicos, de los romances autóctonos. Aun en el supuesto de que se tratase de entrevistas de trabajo en comunidades lingüísticas concretas, siempre quedará la duda de si estos fitónimos fueron romancismos en el árabe andalusí de unas comunidades ya monolingües en árabe o muestras directas de un romance vivo. ¿Cómo hay que interpretar los fitónimos del Kitab al-Musta’ini de Ibn Buklaris? Cuando habla de la ayamiya de Saraqusta, ¿hace referencia a una lengua viva y en uso? En el prólogo, el propio autor reconoce que ha manejado varias fuentes escritas: «He reunido para cada medicamento —dice Ibn Buklaris— todos los nombres que he encontrado dispersos en abundantes libros» (Labarta, 1981: 189-190). Labarta (1983: 168-169) ha identificado algunas de estas fuentes: Ibn Yulyul, al-Zahrawi, Ibn Yanah, Ibn Wafid, Ibn alYazzar. En su opinión, la obra de Ibn-Buklaris es una recopilación de fragmentos extraídos de diferentes autores, tanto orientales como occidentales. Los abundantes sinónimos romances que cita ya figuraban en los tratados farmacológicos anteriores que él consultó para componer su obra. Según Labarta, las referencias a la aljamía de Zaragoza, en concreto, podrían proceder de Ibn Yanah o de Ibn Yulyul. Es posible que en la Zaragoza de fines del siglo xi y principios del xii, sobre todo en la campiña circundante, se hablase aún romance. No se puede descartar la posibilidad de que en el Maestrazgo o la Sierra de Albarracín o en las regiones septentrionales de Huesca el romance hubiera podido mantenerse entre montañeses y campesinos. Pero no podemos generalizar esta situación a toda la Marca, ni convertir lo anecdótico en norma. La historia de la lengua está escrita en las isoglosas que marcan las fronteras entre los diversos espacios lingüísticos en la Península Ibérica. En Orígenes del español, Menéndez Pidal intentó hacer un mapa de los dialectos «mozárabes» en el momento de la Reconquista. «Al Este, —dice este autor— respondiendo al mayor retraso de la reconquista allí, el punto donde cesan los dialectos primitivos está mucho más septentrional que al Oeste, pues se halla en la comarca de Benabarre (Menéndez Pidal, 2001 [1926]: 120)». Esta comarca se encuentra muy cerca de la línea que marca la frontera entre la zona donde la toponimia árabe es escasa, al norte, y la zona donde esta toponimia es abundante, al sur (Viguera Molins, 1990: 51). Según Menéndez Pidal, en la comarca de Benabarre, que fue reconquistada en 1058, las isoglosas de los rasgos del aragonés y del catalán se entrecruzan, indicando que ahí permanece el dialectalismo primitivo. Un poco más al sur, sin embargo, en las vecinas comarcas de Monzón y Tamarite, reconquistadas casi un siglo después, los límites del aragonés y del catalán son coincidentes, revelando ser efecto de la Reconquista. Según Menéndez Pidal (2001 [1926]: 119), «allí el dialecto no se desarrolló primitiva y sedentariamente, sino que es dialecto de emigración, llevado como de un golpe, ya en estado de completo desarrollo, por los reconquistadores aragoneses o catalanes que repoblaron y reorganizaron, respectivamente, los territorios de Monzón y de Tamarite. La lengua de los mozárabes resultó aquí insignificante frente a las lenguas invasoras del Norte». El romance tenía más posibilidades de sobrevivir en los territorios reconquistados antes del siglo xii. 6. Conclusiones. La arabización de los muladíes de la Marca Superior es un hecho incuestionable. Se ha aportado un número de testimonios más que suficientes para aceptar el éxito del proceso de cambio de lengua. Este cambio alcanzó a la sociedad andalusí en su conjunto, pero fue especialmente intenso y profundo en el seno de la comunidad muladí. Los muladíes, los neomusulmanes de origen autóctono, tenían más de una razón para arabizarse. La más importante fue su deseo de integrarse en la sociedad andalusí en igualdad de condiciones con los árabes. El árabe se impuso como lengua dominante tanto en el registro alto como en el coloquial y, en este sentido, la Marca Superior no evolucionó de forma divergente al resto de provincias andalusíes. Su condición fronteriza y su lejanía de la capital omeya no impidieron el avance de los procesos de islamización y arabización. La abundancia de testimonios escritos en lengua árabe, sin embargo, no niega la posibilidad de la supervivencia de comunidades romanceparlantes en la Marca. Se trataría de comunidades minoritarias, asentadas en la periferia de las ciudades o en zonas rurales alejadas y de difícil acceso, que no experimentaron de forma directa el influjo aculturador de las medinas islámicas o donde la arabización empezó más tarde y no dio tiempo de que el proceso culminara, ante el avance de la conquista aragonesa. El número de estos indígenas «no conectados» fue disminuyendo a lo largo del tiempo, debido a la intensidad de la arabización, pero no podemos descartar la posibilidad de su supervivencia incluso hasta la época de la Reconquista. Con ello no pretendo resucitar las viejas tesis continuistas de Simonet y Ribera, que negaban la arabización de la población autóctona, y defendían a ultranza el mantenimiento del latín y del romance «mozárabe» como unas señas de hispanidad inalterables. Y, sin embargo, quiero dejar abierta esta línea de investigación. Sería interesante localizar, en caso de que existieran, a estas comunidades romanceparlantes o bilingües en árabe y romance andalusí, situarlas en un mapa, e intentar explicar los límites de su aculturación y las razones de su resistencia. Referencias bibliográficas. Bar celó, Carmen (1997), «Mozárabes de Valencia y ‘lengua mozárabe’», Revista de Filología Española, 77, 3/4: 253-279. Bar celó, Carmen (2016), «Epígrafe hudí de la Azuda de Tarazona», Mainake, 36: 99-110. Barr ios Gar cía , Ángel (1982), «Toponomástica e Historia. Notas sobre la despoblación en la zona meridional del Duero», En la España Medieval, 2: 115-134. Bosch Vilá, Jacinto (1960), El reino de taifas en Zaragoza. Algunos aspectos de la cultura árabe en el valle del Ebro. Zaragoza, Institución Fernando el Católico. Bra món, Dolors (1989), «La cultura musulmana en el valle del Ebro». En VV.AA, Historia de Aragón. I. Generalidades. Zaragoza, Institución Fernando el Católico, vol. 1: 137-144. Bulliet, Richard W. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Tensiones nobiliarias en torno a la villa de Luna al advenimiento de Jaime II (1291)
TENSIONES NOBILIARIAS EN TORNO A LA VILLA DE LUNA AL ADVENIMIENTO DE JAIME II (1291) Francisco de Moxó y de Montoliu. Las relaciones de las ciudades con el estamento nobiliario a partir del siglo XIII constituyen sin duda uno de los puntos que mayor interes estan concitando hoy dia entre los medievalistas y en el que queda aun una interesante labor de investigación por realizar. Por lo que a Aragón se refiere, la concentración de la atención de los investigadores de unos anos a esta parte en el estudio de las.Cortes ha aumentado aun si cabe el interés del tema,ya.que afecta profundamente a la identidad más o menos sustantiva o interdependiente de los brazos en ellas representados. El sistema de las honores con su siempre amenazante inestabilidad, la posibilidad de su fraccionamiento dentro de una misma villa y la posicion ambigua de mesnaderos,caballeros e infanzones entre los ricohombres y los demas ciudadanos o campesinos, dan una particular complejidad al problema. Por otra parte estä la posesión de signo iusprivatista de heredamientos en el término de una villa de diversos nobles y aun del mismo Rey (en lucha muchas veces entre si), susceptibles de transmisiones inter vivos y mortis causa,y la relacion de honores y posesiones con los de los lugares circunvecinos, todo lo cual viene a complicar extraordinariamente la cuestion. Hay mucho por dilucidar aun en ese campo en la historia aragonesa. Aqui quisiera recoger simplemente algunos datos referenees a la villa de Luna a fines del siglo XIII, reciente aun el nacimiento,en medio de los conflictos unionistas, de las Cortes aragonesas, tratando de hacer luz sobre las causas de las disputas nobiliarias que asolaron los términos de la villa en esa época y que acabaron colocandola cada vez mas bajo el control de la Corona. Cuando Jaime II, procedente de Sicilia,desembarcaba el 6 de Agosto de l291 en Barcelona y convocaba Cortes en Zaragoza para el 14 de Septiembre a fin de recibir el juramento de sus nuevos subditos, una lucha enconada devastaba desde algun tiempo atrás la villa de Luna entre Ruy Ximénez de Luna -Procurador que fuera de Valencia hasta l286 y desde entonces Comendador de Montalban- y su pariente Lope Ferrench de Luna,rico e influyente personaje del Reino que, tras figurar como uno de los promotores en el nacimiento de la Unión en 1283,en tiempos de Pedro III, habia llegado a ocupar,en el reinado de su hijo y sucesor,una posición de primer plano al lado del Rey. Poco_despues de narrar la muerte de Alfonso III, acaecida el 17 de Junio de l291, dice asi Zurita: “Y porque en el mismo tiempo don Lope Ferrench de Luna y don Ruy Ximénez de Luna traian grandes bandos y corrian y estragaban los términos de la villa de Luna y toda aquella comarca,procuró el infante1 que se concordasen, porque tenian el reino puesto'en armas.Y de Teruel se pasó a Huesca: y no pudiendo ponerlos en treguas,proveyó que se guardase el estatuto que se habia hecho en Zaragoza sobre los bandos y diferencias que entre si tenian,y no hiciesen mal ni dafo en la villa de Luna"(An.IV,CXXII). No era la primera vez en el siglo que Luna era teatro de las luchas nobiliarias.Ya mas de 30 anos antes,en 1258,los mismos Lope Ferrench y Ruy Ximénez,apoyando al hermano del primero, Artal de Luna,habian defendido sus derechos al honor ante la donación de la villa hecha por Jaime Ial infante Alfonso. Sabemos además que en 1243 el padre de Artal y Lope Ferrench, Artal tambien de nombre, habia absuelto a Jaime de la pignoración de Luna,Sora y El Castellar por 2O.OOO maravedis².Mas graves y prolongadas fueron anos despues las disensiones cuando, entre 1270 y 1275,con motivo del desacato de Artal de Luna a la autoridad real, las diferencias de éste con la Corona se entrelazaron con la lucha del Infante heredero Pedro con su hermanastro Fernan Sanchez de Castro .Durante los primeros afos del reinado de Pedro III volveria la tranquilidad a la villa.Pero pronto la intervención en Sicilia -en la que por cierto tomaran parte los cuatro miembros principales de la Casa de Luna- tendra un doble efecto importante para Luna: de un lado, su vinculacion a la defensa del Reino ante una posible invasion francesa por Navarra4;de otro, su participación en la génesis de la Unión en el juramento de Tarazona renovado en Zaragoza en $1 2 8 3 ^ { 5 }$ .Es interesante constatar que,en este momento, la honor de la villa no es detentada por miembro alguno del linaje de Luna sino por Artal de Alagón. Durante el reinado de Alfonso III (1285-1291) los Luna, especialmente en el ano más conflictivo de 1287,se mantienen fieles al lado del Rey. Sin embargo la_agitacion nobiliaria no deja de repercutir en la villa; y asi, el 25 de Agosto de 1286 vemos que Alfonso se queja de los nobles que impiden pagar “redditus et iura nostra” en Luna y otras villas7. El 28 de Junio del afo siguiente dirige una carta a las ciudades y villas de Aragón -Luna entre éstas- ofreciendo proteccion contra los nobles rebeldes 2.ACA,Perg.Jaime II n. 929. como Pedro de Ayerbe, Jaime Perez·(ambos infantes de sangre real), Ximeno de .Urrea y otros, dando el 24 de Octubre una orden de embargo de los “hereditamenta $.$ et alia bona seu jura quae aliqui nobiles milites seu infangones inimici nostri ibi habent". La villa de Luna pese a todo ello asiste regularmente'a las reuniones de Cortes desde 1286 en. adelante, como lo seguiria haciendo hasta l3O1, siendo con Egea,Tauste y Sarinena una de las cuatro villas convocadas 8 veces·a Cortes en ese periodo;cifra sólo superada con 9 veces por‘Alcaniz’.Luna,cuya poblacion habra crecido notablemente pesar de todas las vicisitudes mencionadaslo,es una de las 15 villas de Aragón que, con las 5 ciudades de Zaragoza,Huesca, Jaca,Barbastro y Tarazona, tuvieron voto en Cortes. En 1283,en la Carta de compromiso de'la Unión respecto a las villas del clero,figuraba entre las 25 “villas grandes" de Aragón11 . Llegamos asi al momento de la disension que nos ocupa, mencionada como hemos visto por Zurita,surgida a finales del-reinado de Alfonso por causas que los autores califican de oscuras o en buena parte desconocidas.Voy a tratar de aportar algunos datos que,sin llegar quizas a una solucion definitiva del problema; pueden indicar,a modo de hipótesis de trabajo,algunas lineas convergentes hacia su explicacion, iluminando los hechos y relacionando entre si y con la villa de Luna a sus protagonistas. Creo que ante todo hay un hecho particularmente significativo sobre el que no se ha reparado suficientemente.y que antecede en pocos meses al inicio de la contienda.Se trata precisamente de la muerte de Artal de Luna,el hermano mayor de Lope Ferrench de quien ya hemos hablado,acaecida el 3O de Octubre de 1289. Existe en la Real Academia de la Historia de Madrid un interesante codicilo con copia coetánea de su testamento,seguido de 10 documentos relacionados con la testamentaria1². Artal, con un pa 8 ACA R. 73 f.9 vO. 9 G. Antón I pp. 447. y 450.- Cf.del mismo autor “Las Cortes aragonesas en el reinado de Jaime II" en AHDE 1977 p.670. 10 J.Briz “H.a de S. Juan de la Pena"1620,p.558.- Sefiala que en 1268 hubo de construirse la iglesia de San Valentin “en'atendencia que la poblacion de Luna avia crecido mucho y su primitiva.iglesia no era bastante para sus moradores". 11 G. Ant6n II, p.51. 12. RAH. Col. Sal. Ms. M-78 ff. $\mathbf { 8 1 ^ { 0 } - 3 7 v ^ { 0 } }$ .Ver en el Apendice Documental,1,la transcripcion del Testamento. sado turbulento en tiempos de Jaime I, muere endeudado.Aunque deja a su unica hija legitima Urraca Artal,entre otras cosas,un heredamiento en Luna y casas y molinos en Puendeluna, sin olvidar a su prole ilegitima y otros legados,se ve claramente que ha de apoyarse en su hermano.Este,para. facilitar la ejecucion del Testamento, le ha entregado libre dos dias antes la mitad que le correspondiera de Paterna (herencia de la abuela de ambos M.a Fernandez) a cambio de que le deje los castillos y villas de Erla y Sora,cercanos a Luna: operacion que no seria desventajosa para Lope,que el 31 de Octubre promete a los albaceas completar lo que falte tras la venta de Paterna. iSerian cuestiones derivadas de este Testamento las que harian saltar poco después la chispa de la disensión?.De hecho pocos meses después,el 3 de Agosto de 1290 sabemos que la viuda de Artal, Maria Leyet, que nada recibiera por otra parte en el Testamento, tiene causa contra su cufado Lope Ferrench por Paterna, Sora y Erlal³. Nada de extrano tendria pues, que Ruy Ximénez de Luna,pariente de Artal y Lope Ferrench como perteneciente a la rama de los Fernández de Luna o de la luna jaquelada,y con intereses tambien en la villa de Luna como veremos luego,se viese mezclado en la disputa familiar originada por este motivo quedando del lado de la viuda de Artal o de su heredera Urraca Artal casada con Pedro Cornel. Observemos la configuracion progresiva de los dos bandos para acabar de comprender el juego de los intereses en torno a Luna.En realidad la nobleza estaba ya dividida,como hemos visto,en el reinado de Alfonso III. El infante Pedro de Ayerbe y su consuegro Pedro Cornel habian llegado a entrar en tratos con el gobernador frances de Navarra sobre su aceptación de Carlos de Valois como Rey de Aragón,al agravarse la situacion con la alianza Francia-Castilla en Junio de $1 2 8 8 ^ { 1 4 }$ .Alfonso habia logrado capear el temporal acelerando la politica de pacificacion que conduciria al final de su reinado al Tratado de Tarascon y aceptando el 11 de Marzo de 129O en las Cortes de Zaragoza -a las que asistieron los Luna y Pedro Cornel asi como la villa de Lunalas condiciones de los nobles para luchar contra Francia1'. Entretanto,el 29 de Marzo del 89,pocos meses antes del Testamento y muerte de Artal de Luna, Alfonso III, por un cambio con Ruy Ximenez de Luna,le habia dado en feudo una serie de villas recibidas a su vez “per concambium” de Pedro Cornel16 . Iniciado ya el conflicto entre los Luna en l29O,la llegada al afo siguiente de Jaime II sin renunciar al trono sicilianol7,elevaria a un nivel politico,agrandando y consolidando los bandos, la disputa familiar. A los antiguos descontentos como Cornel y Urrea se unirian algunos de aquellos que, como Artal de Alagón y el propio Ruy Ximénez de Luna mas habian apoyado a Alfonso III y se sentian ahora frustrados por el rumbo inicial del reinado de su hermano.Y asi, en las Cortes de Zaragoza de 1291 vemos aparecer, frente a la nobleza fiel al nuevo Rey en la que se encuentren Lope Ferrench de Luna y Pedro Fernández de Hijar1&,un grupo disidente formado por Cornel, Artal y Blasco de Alagón, Ximeno de Urrea y Ruy Ximenez de Lunal9.Al mismo tiempo los estratos inferiores de la nobleza y las villas aparecen como hostiles y cansados ante la disension de los ricohombres que “els uns per enveya dels altres volien ambargar la dita Cort, ja fos co que generalment tota la cavalleria et la Cort volges molt et desigas l'endrecament de la terra et del dit senyor Rey". Y sobre un punto concreto de devolución de castillos-rehenes se nos precisa poco despues que habia “gran diversitat entre els richs homens d'una part,els mesnaders e la cavalleria,els sindichs de les ciutats e de les villes de 'altra2o.Luna figuraba por supuesto, representada por sus procuradores Pedro de Jaca y Garcia Lovello, entre las villas presentes. Por fin el 15 de Diciembre en Calatayud,con ocasion de las vistas de Monteagudo entre Jaime II y Sancho IV, y por mediacion de éste,se firmaria la Concordia entre los dos bandos con la salvedad de Pedro Cornel que con su hijo Ximeno acababa de prestar homenaje a Carlos de Valois, despidiéndose del Rey y no regresando hasta 1293,cuando la politica de Jaime I se dirigia ya con pasos cada vez mas firmes hacia la meta de Anagni. Recordemos que buena parte de la aproximacion entre Aragón y Castilla correspondió precisamente a la labor de Lope Ferrench de Luna²1. Sin embargo, tras una breve tregua, la lucha entre los bandos nobiliarios iba a reanudarse pronto,prolongandose con diversas vicisitudes hasta 1294. La muerte de Artal de Alagón en $1 2 9 5 \ \mathbf { y }$ la de Ruy Ximénez de Luna en 1296 enmarcarian el final de este periodo de contiendas²². No me detendré en la exposicion de las mismas, ya detalladamente realizada en las_paginas que Regina Sainz de la Maza dedica al Comendador de Montalban en su excelente obra sobre la Orden de Santiago en Aragon23.Solo quisiera senalar antes de terminar algunas circunstancias particulares que creo conviene no olvidar para su mejor comprensión. Es ütil echar una mirada a los lugares próximos a Luna y sus vinculaciones nobiliarias. Ya hemos visto como Sora y Erla pasaban de Artal a Lope Ferrench y la reclamacion de la viuda de Artal en 1290.No surtiria ésta efecto pues en 1300 nos consta que al menos Sora pertenecia aun a Lope Ferrench, Procurador de Arag6n desde $1 2 9 7 ^ { 2 4 }$ y que ya en 1283 controlaba Puendeluna y más tarde todo el comercio en la frontera navarra²5 .Recordemos las casas y molinos tambien en Puendeluna que Artal dejaba a Urraca en su Testamento. Tomando el curso del Arba, Biel pertenecio a los Cornel, hasta que Pedro Cornel, el 28 de Mayo de 1293,vendio “Castrum et vila”a Jaime II permutando al mismo tiempo con el Rey la heredad de Luna que recibiera por su mujer Urraca Artal26 Además de ser yerno de Artal de Luna, Cornel era pariente de los. Ayerbe y de los Urrea²7 ;y una Eva de Urrea fue abuela paterna de Artal de Alagón28.Este poseia El Frago gracias a su matrimonio con Teresa Pérez -la hija de Pedro III e Inés Zapata- que lo habia heredado de su primer marido Garcia Romeu².Ya dijimos cómo Alagón habia tenido ademas Luna en honor hacia 1283:quizas seria privado entonces de ella, O más tarde por su actitud rebelde a Jaime II. Pero hay otra zona de Aragón que pone asimismo en contacto a los Alagón con los Luna y más en concreto con Ruy Ximénez. Me refiero a la cuenca del rio Martin. Ali estan Montalban -la encomienda de Ruy Ximénez de Luna-,Alcaine -heredad de los Alag6n30 Oliete- perteneciente'tambien a los Alagon y cuna posiblemente de la viuda de Artal de Luna y del yerno de Ruy Ximenez Martin de $\boldsymbol { \mathrm { L i e t } } ^ { 3 1 } - \boldsymbol { \mathrm { y } }$ , despues de pasar por Hijar y de rendir sus aguas al Ebro, Sástago,patrimonio igualmente de los Alagón desde los tiempos de Jaime $\mathbf { I } ^ { 3 2 }$ ,. En 1294 vemos cómo Ruy Ximénez de Luna,que en el temor de su vejez y la solicitud por los suyos se ha ido acercando progresivamente al bando real y a Lope Ferrench enfrentändose con sus primeros aliados Artal de Alagón y Pedro Cornel, dona al Rey entre otras cosas su Castillo y heredamiento de Luna,bajo ciertas condiciones de proteccion y auxilio económico a su familia en el futuro. El 2 de Febrero del 95,poco después de perder a su hijo mayor homónimo,casa por segunda vez con Teresa Sánchez de Huerta y le obliga el dicho Castillo y la torre de Miana,dandole fiadores a Lope Ferranch y a su segundo hijo $\cdot$ varón Ximeno de Luna³³.Finalmente,el 10 de Enero del 96,pocos meses antes de la muerte del Comendador, Jaime II recibe bajo su proteccion a Ruy Ximénez y a su familia y bienes34 . La documentacion de Jaime II referente a Luna es ya constante -con el parentesis de las expediciones sicilianas de 1298 y 1299- despues de la muerte de Ruy Ximénez. En l297 Jaime visita Luna desde donde expide un documento35 ; nombra Capellän y Justicia; consigna las rentas del heredamiento real por la tenencia de Sadaba; cambia a Quintavalle una heredad en Murcia por otra en Luna36.En el Registro de Rentas y Bailio General de Aragón, iniciado en 1294 y realizado en los anos sucesivos, vemos la honor de Luna distribuida por el Rey entre Pedro Cornel (que tenia el tributo de los cristianos_y tambien las honores de Egea, Tauste y El Castellar) y Pedro Martinez de Luna (que tenia ei tributo de los judios y habia casado ya por esta época con Violante, hija de Artal de Alagón,detentando las honores y rentas de numerosos lugares). Estos datos tiene que ser posteriores a 1297, fecha en que se indica la concesion de un heredamiento en Luna en dicho Registro³7. En 130o Luna es convocada a la campana de Murcia y el Rey prohibe que se haga pagar a caballeros e infanzones la redención del ejército38,en 13oi se convoca a Luna por ultima vez a Cortes en este reinado, jurando al primogénito Jaime como heredero39. En 13O2 Jaime II escribe desde Jaca a la viuda de Ruy Ximénez anunciandole su proposito de pasar unos dias en Luna en compafia de su joven esposa Blanca de Anjou y disponiendo prepare al efecto el Castillo o Palacio para su hospedaje40. Afos mas tarde la'villa sera donada por el Rey sucesivamente al infante Jaime'en $1 3 1 5 ^ { 4 1 }$ y al infante Alfonso en $1 3 2 0 ^ { 4 2 }$ ;y no. FRANCISCO DE MOXO Y DE MONTOLIU volvera a los Luna hasta que Pedro IV la venda al futuro Conde y. tio suyo Don Lope en 134343. APENDICE DOCUMENTAL. I 1289,Octubre,30, Zaragoza. Testamento de Don Artal de Luna. RAH Col. Sal. Ms.M-78, ff. $\bf { 8 r ^ { 0 } - } \bf { l } \bf { l } \bf { v ^ { 0 } }$ “Sepan todos quantos esta presente carta veran que nos don Artal de Luna puesto en enfermedat mas en nuestro buen seso e en nuestra buena memoria,temiendo las penas dinfierno,cobdiciando venir a la gloria de paradiso,femos est nuestro postrimero Testament e ordinamiento de todos nuestros bienes mobles et sedientes por esto que quando a Dios nuestro seynor plazera fer su voluntat de nos que passaremos dest siglo al otro,que entre la nuestra muller dona Maria Layet e los nuestros herederos ninguna contencion non pueda nazer; primerament oviendo fe e devocion en la gloriosa Santa Maria del monesterio de Beruella quella seha rogadera por nos al precioso Ihesu Christo quel aduga la nuestra anima a la gloria de paradisso.Esleymos nuestra sepultura en la Esglessia de Santa Maria del sobredito monesterio de Beruella,e mandamos el nuestro corpe alli seher enterrado.Et lexamos e stablimos para todos tiempos jamas dos capellanias en la dita Esglesia de Santa Maria de Beruella que canten dos cappellanos monges cada dia missas de requiem por nuestra anima e de nuestro padre e de nuestra madre e de todos les filles (sic: parece retocado) defundas.E lexamos para servir e cantar las ditas cappellanias la villa nuestra d'Alanzan setiada en la ribero d'Ebro con toos (encima:sus) terminos iermos popbladores,con sotos yerbas aguas e con todos sus dreytos e pertenencias que a la dita villa pertanexen e por qualquiere manera pertenexeer deven a la senyoria daquella francha e quita liura si nes de ningun retenimiento; la qual villa lexamos por a servir e cantar las ditas cappellanias como dito es a los monges e al monesterio de Beruella sobreditos a lur propia heredat fendo empero servir e cantar las ditas cappellanias como dito es e ordenado de suso.Et quellos aquella dar ni alienar ni partir de las ditas cappellanias non puedan. Et queremos e mandamos que por a fer nuestra sepultura honradament e por enmendar e pagar todos nuestrs deudos tuertos iniurias,aquellas que son scriptas en una cedula scripta por mano de don fray Domingo de Fontova confesor mio siellada con nuestro siello e todos los otros que por verdat seran trobados,e por a pagar todas nuestras lexas en est nuestro Testament diuse conenidas,que seha vendida por nuestros spondalleros diuses scriptos el Castiello e la villa de Paterna setiada en el regno de Valencia,porque ell noble don Lop Ferranch de Luna hermano nuestro dio e desenparo a nos la sus meytat con el dreyto quel yavia por apagar todas nuestras deudas,tuertos,iniurias e lexas.Et del precio que avra del dito Castillo e villa de Paterna quen seha feyta nuestra sepultura honradament e pagados todos nuestras deudas, tuertos,iniurias e lexas de conseillo e volentat de don fray Domingo de Fontova confesser nuestro e del guardian de la casade los frayres menores de saragoza que por tiempo sera ho de qualquiere delos quanto trobado serä.Et si el precio que nuestros spondalleros avran del sobredito Castiello e villa de Paterna non compliria fer nuestra sepultura e pagar todos nuestros deudos,tuertos,iniurias e lexas queremos e mandamos que nuestro hermano_ don Lop Ferrench de luna cumpla el romanent que fincarä a pagar del dito Testament seguent quel prometio a nos que se obligaria a nuestros spondalleros.Et por esto lexamos al noble don Lop Ferrench de Luna hermano nuestro a su propia heredat el Castillo e la villa Derla con todos sus terminos dreytos e pertenencias que pertenexen e por qualquiera manera pertenexer deven a los ditos Castiellos y villa a la seynoria d'aquellos.El qual Castielle e villa parte termino con Luna con Sora con Exea e con Gurrea.Item lexamos al dit don Lop Ferrench de Luna hermano nuestro el Castiello e la villa de Sora a su propria heredat con todos sus terminos dreytos e pertinencias que pertenexen a por qualquiera manera pertenexer deven a los ditos Castiellos, villa e al seynoria daquellos.El qual castillo e villa parte termino con Exea con Tahust con Erla e con Cuneta los quales Castillos e villas nos a el lexamos damos e queremos que aya en recompensación e enmienda de la meytat del Castiello e la villa de Paterna quel dio e desenparó a nos por a complir nuestro Testament a puer tortos que nos a el tenemos. Encara oltra aquello que sea obligat de pagar todos nuestros deudos tuertos iniurias e lexas que montan (tachado y corregido encima montaren?) ultra cinquanta mil solidos de jaqueses.Los quales Castillos e. villas queremos e mandamos que aya franchos liures e quites por dar vender, enpenyar,alienar,posedir he dar e por a fer delos todas suas proprias voluntades por todos tiempos jamas.Item lexamos a dona Orraca Artal filla nuestra por sedient las casas e los molinos nuestros de la Puent de Luna e por mobles seycientos morabatins alfonsis d'oro.El castillo e la villa de Tuno.El heredamiento nuestro de Luna seguent quel fue dado en cassamiento.Et lueguo que nos seremos finado sehan rendidos los ditos Castiello e villa de Tuno,el heredamiento de Luna e las Casas e los mollinos de la Puent de Luna a la dita dona Erracha Artal e fer daquellos todas suas proprias voluntades.Et con esto seha pagada de todos nuestros bienes mobles et sedientes en las ditas cassas e molinos de la Puent de Luna et en los ditos DC morabitines.La stablimos e la femos heredera encara en el Castillo e la villa.de Tuno en la heredat de Luna que nos le diemos en casamiento en pos dias nuestros asi que en nengun tiempo ela ni otra por ella neguna cosa demandar non pueda en nuestros bienes.Item lexamos a Elvira Lopiz filla nuestra quatrozientos morabitins alfonsins d'oro a fer delos todas sus proprias voluntades. Itemlexamos a Teresa filla nuestra quatrozientos morabitins alfonsies d'oro a fer delos todas sus proprias voluntades.Item lexamos a Maria Artal filla nuestro Cinccentos morabitins alfonsies d'oro a fer dello todas sus propias voluntades.Item lexamos a sanxo ferrandez a ssan duerta a Sancho ramires fillos nuestros a cada uno delos Cient morabitins alfonsies d'oro.Item lexamos a Marquesa filla de don Pero Martinez de Luna Cient morabitins. Item lexamos a Lop Exemenis cent solidos Item lexamos a las nuestras criadas _por el servicio que feyto nos han que les sean partidos por nuestros spondaleros seguent que ellos ben visto sera Tres mille solidos Item lexamos a la casa de los fayres menores de Borja Cent morabitins que mandamos a lobra de los quales en son pagados partida; el romanent que les sea dado seguent que por verdat sea trobado.Item lexamos a la casa de los frayres menores de Caragoza por a la tabla Cent solidos.Item lexamos al espital de Roncesvaylles Cent solidos.Item lexamos a la casa de Santa maria de Oliva Cinquanta solidos. Item lexamos a Jordan darbre por a su adobo seycientos solidos. Item lexamos Alaman ermano nuestro por entrar en orden dos mulas e sus pannos seguent quel converran. Item lexamos a Pero Lopes fillo de Gomes Cient solidos. Item lexamos a San de Lavata Cient solidos.Item lexamos a Garcia Xemenis de Fillera Cient solidos. Item lexamos a Pero Lopec de Lavata Cient solidos, Item lexamos a Sancho Lopec cient solidos. Item lexamos a Pero ferrer Cinquanta solidos. Item queremo e mandamos e atorgamos que finque salvo todo su dreyto en todas cosas e por todo a la noble dona Maria Layet muller nuestra_porque no es nuestra volontat que ella perda nenguna cosa de su dreyto.Item queremos e mandamos que est nostre testament sia ultimo e por todos tempos.valedero e que nengun otro que nos daqui adalant ficiessemos valor nenguna non aya antes sea casso e vano como si feyto no fuessxe et.todos los otros feytos antes dest finque cassos e vanos como si feutos non fossen e si por aventura en est nostre testament oviesse nulla paraula duptosa que fuesse contra nuestra anima aquella queremos que sea entendida a profeyto de nuestra anima e si en las otras cosas que no son de lanima oviesse alguna cosa dupdosa o escura o superflua aquella_queremos seher entendida e interpretada a profeyto del dito noble don Lop Ferrench de Luna hermano nuestro e de sus herederos.Esleymos spondalleros nuestros quest nuestro testament cumplan sines danno dellos e periglo de lures animas de conseyllo e volentat de los sobreditos Don fray Domingo e Guardian dela casa delos Freyres menores de Caragoca que por tiempo sera o de qualquiere dellos que ante sea trobado a don Ferrand Doblitas Don Miguel d'Assin e a don Xemen de Costellan cavalleros vassallos nuestros que presentes son. Item queremos e mandaos que si dieus faria su volentat que finassen todos los sobredichos spondaleros nuestros antes que est nuestro Testament sea complido quel sobredicho. FRANCISCO DE MOXO Y DE MONTOLIU guardian de la casa de los frayres menores de Caragoca que por tiempo sera meta spondaleros nuestros que cumplan est nuestro Testament e valgan assi en todas cosas e por todo como si nos los oviessemos puestos.Et damos fiancas quest nuestro testament fagan complir e seguir segunt que ordenado es de suso a don Pero·Ortis de Bactan cavallero e Garcia Lopec de Luna escudero. Et nos don Pero Ortis e Garcia Lopic de Luna por tales fiancas nos otorgamos segont que dito es de suso.Testimonios don Johan Gil Tarin el mayor e don Galacian de Tarba merino de Caragoca.Feyto fue aquesto dos dies exient el mes de octobre Era MCCC XX septima. $\ S i g + \eta o$ de mi Garcia Xemeno de Luna notario publico de Caragoca que por mandamiento del sobredicho noble Don Artal de Luna esto scrivie e radie e emende en la $\mathbf { X }$ regla O dize avian e sobre scrivie en la XXI Regla o dize mobles e sedientes. 1300,Agosto,29. Zaragoza. Jaime II ordena a Arnaldo de Planells restituya los bienes tomados en prenda o embargados a los caballeros e infanzones de Luna por razón de fonsadera y no les moleste mas por ello en el futuro. ACA R. 116 fol. $\mathbf { 8 0 ~ r ^ { 0 } }$ . “Portario nostro Arnaldo.de Planellis,salutem. Intelleximus ex parte militum et infantionum de Luna quod vos,ratione alfonsaderie seu redemtionis exercitus quam pro parte nostra exigitis aba hominibus peytariis de Luna,pignorastis et occupastis aliqua de bonis dictorum militum et infantionum et'ulterius minamini pignorare.Ideoque cum milites et infantiones pro peytaris non debeant pignorari vobis dicimus et mandamus quatenus pignora predicta restituatis visis presentibus militibus et infantionibus supradictis,nec ratione predicta ipsos in aliquio molestetis.Datum Cesarauguste III Kal. Septembris anno predicto.Bermardus ·de Averso mandato regis facto per procuratorem Turasone. 3 1302, Julio,4. Jaca. Jaime II ordena a Teresa, viuda de Ruy Ximénez de Luna, haga preparar el castillo o palacio de Luna' para su próxima estancia en la villa con Blanca de Anjou. ACA R. 199 fol. $9 9 ~ \mathbf { r } ^ { \mathbf { o } }$ . ‘Nobili et dilecte dompne Teresie uxori quondam nobilis Roderici Eximini de Luna, salutem et dilectionem. Significamus vobis quod nos una cum illustrissima domine Regina consorte nostra recedentes de Jacca faciemus transitum per locum de Luna ubi proponimus per dies aliquos comorari. Quapropter vobis dicimus et mandamus quatenus castrum sive palacium de Luna incontinenti mundari et preparari faciatis sic quod possimus in eo abiliter residere. Datum Jacce III nonas Juli anno quo supra".
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Cristianas, judías y musulmanas en la ciudad de Huesca a finales de la Edad Media
CRISTIANAS, JUDÍAS Y MUSULMANAS EN LA CIUDAD DE HUESCA A FINALES DE LA EDAD MEDIA. CHRISTIAN, JEWISH AND MUSLIM WOMEN IN HUESCA DURING THE LATE MIDDLE AGES. Crist ina Pé rez Ga lán Universidad de Zaragoza - Grupo CEMA. Resumen: Cristianas, judías y musulmanas en la ciudad de Huesca a finales de la Edad Media es un trabajo de historia urbana redactado desde una perspectiva de género que analiza la presencia, ámbitos de actuación, relaciones y actividades de las oscenses de finales del Cuatrocientos. Se fundamenta en documentación archivística inédita, especialmente protocolos notariales, y se estructura en cinco grandes apartados, en los que se analizan las etapas de la vida de las mujeres de las tres culturas así como la participación femenina en el mundo laboral y la economía urbana. La religiosidad de todas ellas se analiza también a través de testamentos y registros iconográficos. Palabras clave: Historia de las Mujeres; Reino de Aragón; Huesca; siglo xv; Multiculturalidad. Abstract: Christian, Muslim and Jewish Women in the City of Huesca during the Late Middle Ages is a work of urban history written from a gender perspective that analyses the presence, spheres of activity, relations and duties of these women in the $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. The dissertation is based on unpublished archive documentation, and is structured in five big sections, which analyze the stages of women lives’, from their education to their death. Similarly, their participation in the labour sphere is analysed, as well as their religiosity through wills and iconographic registry that have lasted to our days. Key words: Women’s History; Kingdom of Aragon; Huesca; $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ Century; Multiculturalism. 1. Introducción1. En octubre de 1928 Virginia Woolf fue invitada a pronunciar dos conferencias en sendos colegios femeninos de la Universidad de Cambridge. De aquellas jornadas en las que fue convocada para enseñar a «mujeres jóvenes, hambrientas pero valerosas, inteligentes pero destinadas a convertirse en maestras de escuela por docenas», según anotó en su diario, nació A Room of one’s own, «Un cuarto propio», uno de los libros fundamentales del pensamiento feminista del siglo xx. En ese volumen, Woolf recomendaba a las jóvenes que tuvieran un cuarto propio, un espacio en el que poder dedicarse a su labor intelectual con privacidad y autonomía, con una cerradura en la puerta, escribe, y quinientas libras anuales para su manutención, o, más bien, su independencia, pues esa cantidad les permitiría trabajar en tareas que las realizasen y que les reportasen felicidad. Como llega a decir en un momento de la obra, «el dinero dignifica lo que, si no se paga, es frívolo» (Woolf, 2003: 96). En aquellas conferencias, y posteriormente en el texto de Un cuarto propio, Woolf reflexionaba sobre la función de espejo mágico y magnificador que las mujeres habían sido para los hombres a lo largo de la Historia, y la necesidad de reajustar la óptica y describir con precisión la realidad. La motivación de la autora británica y su aguerrida defensa de lo que después se daría en llamar estudios de género, sumados a la financiación concedida para mi proyecto investigador por el Gobierno de España, legitimaba, en cierta manera, mi Tesis Doctoral, destinada a estudiar a otras mujeres valientes, hambrientas e inteligentes como las que inspiraron a Woolf: en mi caso, a las cristianas, judías y musulmanas de la ciudad de Huesca a finales del siglo xv. 2 A lo largo de sus páginas Woolf se pregunta cómo vivían las mujeres del común de la Inglaterra de los siglos xvi o xviii, qué ocurría con aquellas que escribían, pintaban, o, simplemente, tenían que sacar adelante sus hogares. Ese reajuste de la mirada hacia el pasado y hacia el presente que proponía y con la que fantaseaba la escritora británica es la motivación fundamental de esta Tesis, con la que espero y confío en haber contribuido, mínima y humildemente, al avance del conocimiento. Como señala Nuria Varela, «el trabajo feminista de los últimos años ha proporcionado material suficiente como para rastrear la historia escondida y silenciada y recuperar los textos y las aportaciones del feminismo durante todo este tiempo. Ha sido tan beligerante el ocultamiento del trabajo feminista a lo largo de la historia que (…) el trabajo de recuperación de nuestra historia añadirá a la genealogía del feminismo nombres, acciones y textos desconocidos hasta ahora» (Varela, 2011: 14-15). Es, pues, a esta genealogía del feminismo a la que Cristianas, judías y musulmanas en la ciudad de Huesca a finales de la Edad Media aspira a contribuir desde sus páginas, presentando modelos femeninos activos y empoderados de su tiempo. 2. Fuentes, metodología y objetivos. Cristianas, Judías y Musulmanas en la ciudad de Huesca a finales de la Edad Media analiza, desde una perspectiva de género, la plural sociedad oscense de finales del Cuatrocientos, sus leyes y costumbres, estableciendo un diálogo entre las visiones teóricas y los datos empíricos. El trabajo pretende ser un estudio intercultural, que se sirve de la excepcional situación de la Península Ibérica en la transición de la Edad Media a la Moderna y de la coexistencia de las tres culturas en una ciudad de tamaño medio, como Huesca, para tratar a las mujeres que la habitaron como un todo, en un gendered context, a decir de Elisheva Baumgarten, (Baumgarten, 2008: 214) y no como minorías separadas o excluyentes, tal y como se había venido realizando en la historiografía peninsular (Morant et al., 2005). Hasta ahora no se han publicado apenas análisis de las fuentes inéditas centrados en la coexistencia de las mujeres de las tres religiones, pues los trabajos que han abordado conjuntamente a judías, musulmanas y cristianas han utilizado fuentes editadas y han tendido a centrarse en personajes históricos concretos de diferentes siglos, trazando esencialmente semblanzas biográficas (Fuente, 2006). En otros lugares del continente, como Perpiñán, sí se han realizado esfuerzos en la dirección que se propone en esta Tesis Doctoral, pero con fuentes algo diferentes a las aquí utilizadas (Winer, 2006). Cabe señalar ahora, sin embargo, que los estudios sobre las mujeres medievales del Reino de Aragón —fundamentalmente centrados en las cristianas, judías y conversas zaragozanas— han ido adquiriendo pujanza y un lugar relevante dentro del panorama nacional e internacional en los últimos veinte años, con figuras tan destacadas como María del Carmen García Herrero, y son una referencia y un modelo excelente de aproximación historiográfica. No obstante, hasta la fecha carecíamos de un estudio de conjunto que analizase la realidad de las mujeres de las tres religiones en un espacio y tiempos concretos, y es nuestra pretensión presentar este para la ciudad de Huesca, siempre en la medida de nuestras posibilidades y con los fondos disponibles a nuestro alcance, que configuran un corpus inédito y extenso. Huesca es un observatorio documental privilegiado de la presencia y actividad de cristianas, judías y musulmanas, que hasta ahora permanecía casi inexplorado, pues los esfuerzos investigadores más recientes se habían dedicado al estudio de las élites políticas y el gobierno urbano (Iranzo, 2005). Así, cabe reconocer que entre los objetivos de la Tesis, que es fundamentalmente un trabajo de exhaustiva investigación archivística, se cuentan el examen de las relaciones familiares de los diversos grupos sociales en las tres religiones y los roles desempeñados por las mujeres en las expectativas, actitudes, comportamientos y estrategias de cada uno de estos grupos. Se trata de reconstruir el sistema de género que tuvo lugar en la Huesca de finales de la Edad Media para observar cómo el rango, la edad y el estado civil determinaban las opciones legales y económicas de las mujeres y entender, así, las vidas de las cristianas, judías y musulmanas. Debe señalarse además que, como es bien sabido, en la Europa medieval la religión fue un factor básico de organización en torno al cual se constituyeron las unidades sociales. La religión, casi más allá que la capacidad económica y la clase social, determinaba la pertenencia a una mayoría o una minoría, como también prefijaba el género, y son categorías imprescindibles para el análisis. Sin embargo, en ocasiones, las oscenses trazaron redes relacionales sin importar en exceso la religión de cada una de ellas a la hora de afrontar proyectos y negocios o de prestarse ayuda mutua, cuidados y atenciones, cuestiones que quedan demostradas a través de las historias de vida que he elaborado de algunas de las protagonistas de este trabajo, así como en las disposiciones testamentarias o en los enlaces matrimoniales, cuyas estrategias permitieron en ocasiones consolidar linajes, afianzar dominios e incrementar patrimonios (Pérez, 2014: 217-240). Para alcanzar estos objetivos, la Tesis Doctoral plantea un esquema que casi podría calificarse de orgánico, pues se ha adaptado a los hallazgos documentales y al flujo de información extraída de los mismos con el objetivo de recoger el relato más completo tanto de las trayectorias vitales como del contexto socioeconómico de las mujeres de las tres culturas de Huesca. La Tesis Doctoral se inicia con un somero estado de la cuestión sobre la ciudad de Huesca, enclave históricamente significativo del Reino de Aragón. Huesca era, como todo el Occidente medieval cristiano y feudal, un espacio mayoritariamente rural. Ya desde el siglo xii la ciudad forma parte de la red de las villas y urbes que vertebran la ordenación territorial de Aragón. Al igual que otros puntos del reino como Jaca, Tarazona, Ejea, Daroca o Albarracín, Huesca «sirve como enlace entre la economía agrícola de los valles y la ganadera de las montañas, organiza los intercambios mercantiles interiores y se configura en punto intermedio para el tráfico de mercancías que traspasaba fronteras. (…) Su privilegiada ubicación, en la rica comarca del Somontano y en el eje de comunicación Cantábrico-Mediterráneo, la convirtió desde la Plena Edad Media en una ciudad-mercado siempre en una proyección modesta, circunscrita al ámbito comarcal y con una dependencia a las actividades agropecuarias o afines del entorno rural» (Sesma, 2005: 5). Posteriormente, se incluye un sucinto repaso a la corriente historiográfica en la que se enmarca, la Historia de las Mujeres. La producción científica es tan amplia —casi podría decirse inabarcable—, que se ha optado por citar al comienzo de cada capítulo los títulos más destacados de la bibliografía según la temática referida. Lo cierto es que redactar un trabajo como este, de Historia de las Mujeres de la Península Ibérica, en 2015, supone contar con una amplísima bibliografía, un mimbre firme y seguro, que permite avanzar por comparación y por oposición, y que se construye desde los estudios pioneros redactados en la década de los setenta y los ochenta del siglo xx, hasta las investigaciones más recientes y específicas, que permiten analizar los comportamientos y tendencias observados entre las cristianas, judías y musulmanas de Huesca y las mujeres, fundamentalmente las cristianas, de otras partes de la Península o de otros lugares europeos, especialmente para lo referido a las judías, tan bien estudiadas las del territorio askenazí (Baumgarten, 2004, 2008; Klein, 2007), o, para el caso de las musulmanas, las provenientes del norte de África (Marín, 2000, 2002, 2005; Shatzmiller, 1994). Esta Tesis Doctoral se fundamenta, como señalábamos arriba, en un exhaustivo trabajo archivístico, centrado especialmente en los fondos de protocolos notariales conservados en el Archivo Histórico Provincial de Huesca. Para la segunda mitad del siglo xv, marco cronológico del trabajo, el Archivo conserva 350 volúmenes, que suman un total de 45.514 folios, según los datos proporcionados por el propio centro. Se han vaciado de forma intensiva los protocolos, excepto aquellos que por su mal estado de conservación no se pudieron consultar en formato físico ni electrónico. Además de los protocolos notariales, se revisaron también los llamados Papeles de Justicia, que relatan los procesos habidos ante el Justicia o su Lugarteniente, así como los que tienen lugar ante instancias auxiliares, un fondo aparentemente menor pero de gran interés conservado en ese mismo archivo. De igual manera, en el Archivo Municipal de Huesca consultamos los Libros de Actas de la ciudad, que recogen las minutas de las reuniones del Concejo, que contienen sugerentes noticias. Además, los Procesos de Inquisición en los que se vieron implicadas mujeres oscenses y que se custodian en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza también me han sido de gran utilidad para entender la religiosidad de las conversas y sus relaciones con judías y cristianas. Una parte sustancial del fruto de este trabajo de investigación se pone de manifiesto en el apéndice documental, conformado por 111 documentos, de los cuales 107 permanecían inéditos hasta ahora. En él se incluyen instrumentos de naturaleza variada: capitulaciones matrimoniales, testamentos, contratos, compraventas, firmas de moza, noticias extraídas de los Libros de Actas de la ciudad, informaciones recogidas por los notarios del Concejo, encargos artísticos y cartas públicas de muerte. Los documentos de naturaleza judicial —arbitrajes, sentencias, edictos inquisitoriales— complementan el panorama temático que se aborda en la Tesis, y permiten comprender y contrastar lo manifestado en el cuerpo del trabajo. En el apéndice se transcriben otros documentos menos habituales, como los perdones conyugales, además de una carta pública de separación de cuerpos y un contrato de amancebamiento, entre otros. Las mujeres de las minorías religiosas quedan representadas notablemente en el apéndice, en el que se incluyen la mayoría de las noticias inéditas halladas sobre ellas, desde las cartas de procuración de las judías a los documentos de naturaleza económica emanados del quehacer cotidiano de las musulmanas. Respecto a la naturaleza de las fuentes, pese a que el objeto de estudio son las mujeres de las tres culturas, cabe reconocer que esta Tesis se sustenta en fuentes cristianas. En primer lugar, porque son la inmensa mayoría de las conservadas; en segundo, por la inevitable barrera del idioma —su autora no lee hebreo ni árabe, idiomas en los que, por otro lado, apenas se conservan documentos—; y, en tercero, porque la presencia de mujeres de todas las grandes religiones en las fuentes cristianas permite establecer un diálogo entre todas ellas y observar cómo se relacionaban unas y otras. Al reparar en que los grupos diferentes funcionan de manera muy similar las preguntas historiográficas cambian, pues debemos formularnos nuevas cuestiones basadas en lo que sabemos de cada comunidad, explorar a las otras y regresar a nuestras fuentes con nuevos conocimientos e interpelaciones. Es interesante historiográficamente, además, ponderar la presencia o ausencia de unas y otras en la documentación, pues permite reflejar con mayor precisión el peso de unos grupos y otros en el entramado urbano oscense. Los silencios, en casos como este, resultan de lo más elocuentes. 3. Hipótesis y hallazgos. Para detallar las hipótesis y hallazgos de Cristianas, judías y musulmanas en la ciudad de Huesca a finales de la Edad Media seguiré el esquema de la propia Tesis, que recorre la vida de las mujeres y su participación en la economía o su relación con el marco jurídico existente. Así pues, comenzando por la infancia y la juventud, y haciendo nuestras las palabras de Gerda Lerner, puede decirse que históricamente, la educación ha servido para formar a las personas en las habilidades específicas que de ellas necesitaba la sociedad. Durante milenios, la educación se impartía en la familia bajo la forma de aprendizaje. «Los recursos y las oportunidades en este sistema educativo se distribuían en función de la división sexual del trabajo, y estaban diseñados para encajar a niños y niñas en su rol sexuado. Las niñas, a menudo, adquirían habilidades que, aunque asignadas según la división de género, les equipaban con el conocimiento necesario para sobrevivir en el caso de quedarse viudas o solteras» (Lerner, 1993: 22-23). La búsqueda de esos aprendizajes brinda uno de los hallazgos de este trabajo, la certificación documental de la existencia en Huesca de una escuela gestionada por una mujer, Elvira de Pomar, señora de Alerre, al menos desde 1463. El caso de Elvira de Pomar es especialmente relevante además por su cronología, puesto que permite documentar una escuela por primera vez en el Reino de Aragón y adelanta, en algo más de veinte años, el hallazgo de la senyora maestressa del listado de parroquianos de San Gil incluía en $1 4 8 5 \ \mathrm { y }$ al maestro de ninyos que el Fogaje de 1495 ubicaba en Barbastro, únicos casos documentados hasta ahora en Aragón por María del Carmen García Herrero (García, 1990: I, 125). Pero fuera de este espacio de formación excepcional dirigido o patrocinado por la señora de Alerre, cristianas, judías y musulmanas aprendían con sus madres y en el ámbito doméstico, como afirmaba Lerner, los conocimientos necesarios para gestionar, en un futuro, sus propios hogares, bien fueran los quehaceres de una casa, bien la gestión de un hogar de mayor tamaño y presupuesto con personas a su cargo, en el caso de las jóvenes de más alta extracción social. El segundo de los itinerarios formativos de las muchachas oscenses era el servicio doméstico. Mediante las llamadas firmas de moza, de las que la documentación oscense no conserva un número muy elevado, muchas de las niñas y jóvenes de clases bajas se incorporaban al servicio como lavanderas, fregonas o recaderas, y a la vez que adquirían la formación necesaria para el desempeño de la tarea que les había sido encomendada, que se convertiría en su oficio en el futuro, este trabajo les reportaba el capital suficiente para acceder al mercado matrimonial. Por otro lado, dada la escasez de documentos relativos a estos periodos iniciales de la vida, para estudiar la infancia y la juventud de las oscenses contamos con el soporte teórico de tratados, manuales y libros de pensamiento de las tres grandes religiones. Aunque son numerosas las fuentes literarias conservadas, destacaré una por cada grupo religioso de las utilizadas: en el Llibre de les dones de Francesc Eiximenis, el Sefer Hasidim y el Compendio de Medicina de Ibn Habim se periodiza la vida femenina en bloques que parecen determinados por la disponibilidad sexual de las mujeres. A estos autores medievales las mujeres les interesaban, a grandes rasgos, en tanto en cuanto debían ser criadas o debían dedicarse a la crianza. Las niñas y jóvenes, podría decirse, pasan de estar al cuidado de sus madres a ser madres, tarea para la cual son formadas y preparadas en los estadios iniciales de sus vidas, y que supone, para la mayoría de ellas, un momento crucial. La maternidad es, pues, un hecho cultural y político que justifica y estructura la sociedad patriarcal. El embarazo y la crianza dejan un rastro documental interesante en múltiples niveles, que de nuevo une y separa a las oscenses. La crianza se afronta de maneras diferentes según la religión, y es por eso por lo que las obligaciones maternales no son las mismas para todas las oscenses. Judías y musulmanas podían, por ejemplo, renunciar a la crianza de sus hijos e hijas, como hizo la judía Soli Carnerón en 1486. A Soli, aún con la mishná —la ley— de su lado, su familia política persiguió tras negarse a amamantar al hijo que tuvo con Salomón Çurí, de quien había enviudado antes del nacimiento del pequeño (Benedicto, 2009: 499-501; más sobre él en Pérez, 2015: 85-88). Las musulmanas, por su parte, tenían y tienen el derecho a ser compensadas con un salario o rida por los trabajos que suponen la lactancia y la crianza (Zomeño, 2000: 256-259), fenómeno que también se documenta entre las cristianas, como se pone de manifiesto gracias al acuerdo firmado en 1484 entre Caterina de Val, viuda de Juan de Orduña, y su suegro, para que la viuda pudiera «lactar, criar y alimentar» a Johanico y Martinico, sus hijos. El abuelo de los pequeños reconoció ante el notario Martín de Almorabet que Caterina tenía que «posar muchos trabajos y bienes» para sacar adelante a los niños, por lo que se le concedía la propiedad del peculio de su marido, no sólo el usufructo, excepto las casas en las que habitaba junto a los pequeños, aportando así un nuevo documento a este interesante fenómeno de la lactancia materna remunerada (García y Pérez, 2017). Por su parte, la lactancia mercenaria, una práctica común aunque no masiva en la Baja Edad Media aragonesa, apenas deja rastro documental en Huesca. Mientras en otras ciudades, como Zaragoza, se conservan contratos de nodrizaje, el reducido tamaño de esta urbe y la facilidad para cerrar los acuerdos de viva voz causan el efecto contrario en la capital oscense. En las aproximadamente tres mil fichas que componen la base de datos de esta Tesis Doctoral no consta un solo contrato de nodriza, y apenas se han hallado menciones a estas profesionales más allá de legados puntuales en los testamentos. Sin embargo, no es razonable pensar que no hubiera nodrizas en Huesca, siendo la hipótesis más plausible la falta de costumbre de poner por escrito determinados contratos, llevados a cabo probablemente de manera más informal. Como los propios Fueros de Aragón reconocían, la obligación de cuidado de los padres también recaía, en ocasiones, sobre las hijas. En las páginas de Cristianas, Judías y Musulmanas aparecen mujeres como María de Santa Cruz, quien en su extenso y emotivo testamento, que se incluye en el apéndice, se ocupa de su padre, un anciano minusválido y dependiente para el que garantiza la mejor de las atenciones hasta el final de sus días: E veyendo en la salut del dito mi padre que mientre viva sia servido e le sia ministrado cumplidament todo lo necessario, rogando e encargando al dito Gil d’Estallo, marido mio, que por reverencia de [tachado: la passion de nuestro senyor] Dios tienga al dito mi padre en su casa e en su // vivanda e por amor mio al qual dito mi padre con los bienes mios pertenescientes a la dita mi anima, heredera suso dita, faga servir e dar e ministrar cumplidament al dito mi padre el comer, bever, vestir e calçar e de tenerlo sano e enfermo durant su vida e darle liberament todas las cosas neccesarias pora sustentacion de su vida, por manera que en aquello no le fallesca res ni cosa alguna tanto quanto vivira, fasta que lo haya feyto sepultar do a el sera visto, de manera que sia total descargo de mi anima peccadora. E que por ninguna persona no le pueda seyer tirado si aquel le plazera tener que de los ditos mis bienes se pague cumplidament a su voluntat \lo razonable/ e segunt a su buena consciencia sera visto. Et si al dito Gil de Stallo, marido mio, // no le plazera aquel tener ni receptar, que en aquel caso por los ditos mis spondaleros sia el dito mi padre comendado ad alguna fiel e buena persona, que del con diligencia e cura le sia ministrado e feyto el servicio e las cosas sobreditas cumplidament, pagandole condecentment de los ditos mis bienes durant la dita su vida. Et quando sera finida la vida del dito mi padre, si de mis bienes hi sobrara pora fazer aniversario o aniversarios, quiero e ordeno que por mis spondaleros infrascriptos sian conprados en lugar o lugares tutos e seguros, los quales mis aniversario o aniversarios se hayan a celebrar e fazer \e se celebren e fagan/ en la Seu de la dita.3. Las muestras de amor familiar no acaban en María de Santa Cruz. Sabemos gracias a las noticias recogidas en los libros de Actas que el Hospital de Nuestra Señora de la Esperanza de Huesca cumplía la función de orfanato (Pérez, 2013a: 304). Las madres en apuros económicos o circunstancias vitales complicadas, como la atravesada por Blanca de Ezpalau, una conversa a quien el portero del convento de franciscanos de Huesca dejó embarazada, podían acudir a la institución asistencial y entregar a las criaturas, facilitándoles así, quizá, un futuro mejor y evitando soluciones más radicales como el infanticidio (Pérez, 2014: 222-223). He hallado otros documentos de padres preocupados por sus hijas «accidentadas» como María, la hija del ciudadano oscense Bernardo de Sabayés, para quien él dispone en su testamento, dictado en 1464, manutención vitalicia, o Martinica, la hija bastarda del mercader Bernart de Luch, quien al ver acercarse el final de su vida, encomendaba a la pequeña a sus propios padres en un documento fechado un año antes. En cambio, otras mujeres como Violante de Lobato negociaron compensaciones económicas por cuidar a sus madres y a sus hijas, pese a que era una norma recogida por los Fueros de Aragón. Ahora bien, la trayectoria de las oscenses no puede estudiarse sin prestar atención a una institución fundamental como el matrimonio, y a la que se dedica buena parte de la Tesis Doctoral. En la Edad Media el matrimonio cristiano no se constituía o celebraba en un único acto, sino en varios —generalmente entre dos y tres— (García, 1990; Gaudemet, 1993). Así, a las promesas matrimoniales o palabras de futuro le seguían las palabras de presente, el verdadero acto con valor constitutivo de la unión. Estas palabras, que leemos y casi escuchamos en las fórmulas que los documentos recogen y reproducen, eran pronunciadas ante testigos y familiares y, en ocasiones, un notario. La confusión existente y la lucha por el monopolio jurisdiccional entre la Iglesia y las autoridades civiles se reflejan tanto en el texto como en el apéndice, en el que se incluyen ejemplos de todas las formas posibles de organizar la convivencia. Las tipologías del matrimonio cristiano bajomedieval son analizadas y contrastadas documentalmente con ejemplos de los diferentes estratos de la sociedad oscense. Promesas matrimoniales como la de Toda los Royos y Guillem de Claragos, quienes en un breve documento redactado en 1458 daban fe de sus planes y plazos para contraer matrimonio. Su enlace se regiría por capitulaciones dictadas mediante arbitraje, otra de las fórmulas en las que las mujeres, a través de figuras como las de las árbitras Leonor de Siscar y Teresa de Híjar, de quienes nos ocuparemos más adelante, también intervienen en la Huesca bajomedieval; o el testimonio recogido en los Libros de Actas de la ciudad correspondiente a los años 1474 y 1475 de la hija de Martín de Gabarre, de quien leemos su alegato de defensa por las promesas intercambiadas entre ella y Tomás de Agudo, que son claro ejemplo de la naturaleza difusa y algo caótica del matrimonio en el Cuatrocientos. A lo largo del periodo estudiado, la Iglesia tratará de imponer su sanción al proceso mediante la solemnización del matrimonio en la faz de la iglesia. Algunos de los enlaces celebrados cumplían a la perfección con los pasos establecidos, como el de Águeda de Rajadel, quien no en vano era sobrina del chantre de la catedral de Huesca, y el guantero Nicolás de Cardejón, cuyos capítulos, dictados en 1481, bien podrían servir como modelo matrimonial ideal. A cualquier escala social «colocarse» en un buen matrimonio, utilizando la expresión de la época, era una cuestión clave para el desarrollo vital de las mujeres, por lo que vieron, las de mayor rango, cómo su entorno elegía sus parejas por ellas, llegando a condicionarles incluso la recepción de la herencia a que contrajesen matrimonio a juicio de los albaceas y ejecutores testamentarios, fenómeno que se documenta asimismo en la Huesca de finales del Cuatrocientos. Pero además de las tres tipologías matrimoniales de las que la Tesis Doctoral presenta ejemplos suficientes y diversos, los hombres y mujeres de finales de la Edad Media desarrollaron otras formas de convivencia, como el amancebamiento, que queda representado a través del contrato que firmaron Nadal Durit y Teresa de Salcedo en 1453, único documento de este tipo que he hallado entre los conservados en los fondos notariales oscenses. En este capítulo también se estudian las fiestas de boda, un momento culminante y cargado de significado en la vida de muchas mujeres medievales, que supone además una ruptura del orden cotidiano y en el que ellas cuentan con un protagonismo indiscutible. Previamente a la celebración y la fiesta, madres, padres, abuelos y familiares o, en su defecto, tutores y tutoras, habían invertido tiempo y esfuerzo en concertar los matrimonios. Los ejemplos son múltiples: desde la humilde Antona de Anciniello, una viuda que en 1477 ruega por carta al ciudadano Pedro Palacio que negocie el matrimonio de su hijo «como si fuera pariente», hasta los calculados movimientos de las elites urbanas, como las previsiones de Martín de Lacambra, destacado ciudadano oscense que ocupó diversos cargos en las décadas centrales del Cuatrocientos, para sus hijas o los buenos enlaces que las judeoconversas diseñaron para las suyas, emparentando con los grupos privilegiados de la ciudad de Huesca, son objeto de estudio en esta Tesis. Las celebraciones, en ocasiones masivas y excesivas, y las aportaciones familiares, estipuladas en acuerdos y capitulaciones, dejan igualmente su rastro en la documentación notarial y legal, como ocurre, por ejemplo, en las Ordenanzas de Huesca de 1285, en las que se delimita claramente y con gran detalle qué es y qué no es una celebración adecuada, quién tiene derecho a participar de la misma y cuáles son los regalos que invitados y contrayentes pueden intercambiar. De entre los muchos documentos que se refieren en estos sub-apartados del trabajo posee gran interés salvoconducto ofrecido por las autoridades oscenses a una novia —Beatriz de Oriz— y su familia, originarios de Lérida, quienes debían desplazarse hasta Huesca para celebrar una solemnización y fiesta de boda en un momento en el que la ciudad estaba inmersa en luchas de banderías. El matrimonio se había celebrado por poderes en los respectivos lugares de origen de los novios, pero era necesaria la presencia de la novia en la ciudad para que los recién casados confirmaran la unión mediante cópula carnal. Estos y otros elementos permiten observar y describir la cotidianeidad de las oscenses de finales de la Edad Media, y ponerla en relación con las de las mujeres de otros espacios peninsulares, tanto a través de las fuentes documentales como de las literarias o iconográficas, de entre las que destacan, por ejemplo, las descripciones de las bodas en Los hechos del Condestable don Miguel Lucas de Iranzo, celebradas en 1457. Pero no puede olvidarse que el matrimonio es, esencialmente, un contrato que da comienzo a una sociedad con intereses económicos, cuestión que se refleja en las capitulaciones cristianas y las ketubás judías. De nuevo aquí se observan tendencias comunes en las mujeres de las tres religiones, y es que, de una forma u otra, los acuerdos matrimoniales que firman tienen por objeto su protección. La fórmula «ni decebida ni enganyada» de los documentos cristianos, o las reclamaciones patrimoniales que moras como Yel Marguán o Zorate Alguazir realizaron ante notario a finales del Cuatrocientos, refuerzan la idea de protección de las mujeres, siempre, eso sí, en la medida de las posibilidades que ofrece el marco legal de cada religión y contando con lo que hemos dado en llamar las transferencias propias de la convivencia. Los archivos oscenses custodiaban centenares de capitulaciones matrimoniales cristianas (hemos analizado unas 250 para este trabajo) algunas de las cuales se incluyen en el apéndice. Pero además la investigación nos ha llevado hasta otros documentos tan interesantes como la reclamación de la moza de Sancho de Aso, quien en 1486, para proteger su honor y demostrar su virtud solicita ser esperimentada por una madrina (es decir, examinada ginecológicamente por una partera), puesto que ella, aseguraba, no había mantenido relaciones sexuales con el joven que la pretendía, no había transgredido la norma y no quería que su fama se viera afectada. De igual manera, al estudiar las capitulaciones de las mujeres cristianas se advierten las estrategias matrimoniales y patrimoniales, así como un modelo femenino de comportamiento diferente, al que la documentación oscense denomina «señora mayora» —y que en otros lugares del Reino, como Zaragoza, adopta la denominación de señora poderosa— (García, 1990). Este vocablo describe a una mujer, generalmente viuda, a la que se le confiere capacidad para administrar bienes más allá de lo que le permite la normativa foral que rige la mayoría de las uniones en el Aragón bajomedieval, entroncando, en parte, con la idea altoaragonesa de Casa, una institución que agrupaba una serie de bienes bajo reglas y dominios específicos y que podía quedar en manos femeninas si el grupo familiar o las circunstancias así lo indicaban. Son muchas las cristianas —e incluso alguna judía—, que alcanzan esa categoría de «señoras mayoras» de una serie de bienes (tiendas, negocios o empresas familiares) para los que generalmente sus maridos les conceden plenos poderes y total capacidad de administración a perpetuidad, sin importar, como ocurría en la viudedad foral, si casaban de nuevo o no. En las capitulaciones matrimoniales en las que aparecen mencionadas estas mujeres poderosas lo más habitual es que se haya pactado una cohabitación entre los recién casados y la madre de uno de ellos, bien fuera porque el objeto de herencia, la casa familiar, era compartida, o bien porque la madre y señora mayora administraba una tienda o se dedicaba a un oficio concreto que pensaba seguir ejerciendo hasta el final de sus días. Esta particular denominación de «señora mayora», se documenta, en ocasiones, en donaciones inter vivos, testamentos o renuncias de bienes —o de su administración— (Pérez, 2015: 182-192). Sirve como ejemplo la capitulación matrimonial de Pedro Lores y María Sopena. En ella, la viuda María López de Rasal, madre de Pedro, cede a su hijo la mitad de todos sus bienes, con la condición de que ella quede como señora de la otra mitad: Primerament traye el dicho Pedro Lopes en ayuda e socorro del dito su matrimonio con la dicha Maria Sopenna, sposa suya, son a saber la mitat de todos los bienes que los ditos Maria de Rasal, madre suya, et Johan de Lores, ermano suyo, mobles e sedientes e por si movientes, nonbres, dreytos e acciones a ellyos e qualquiere dellyos pertenecientes en qualquiere manera o tal manera e condicion que la dita Maria de Rasal, madre suya, quede senyora e mayora de la dita mitat de los ditos bienes e acciones durant tiempo de su bida e no mas, con la qual condicion que sean el dito Pedro, sposo sobredito, que la dita Maria Sopenna, sposa suya, aya aquellya part e drecho que muxer deve aver en bienes esdevenidos de matrimonio e asignados e traydos segunt los fueros del regno de Aragon, los quales bienes le dan e asignan luego depresent los ditos Maria de Rasal e Johan de Lores.4. Respecto a las mujeres de las minorías existe una diferencia esencial con las cristianas, que es la posibilidad de repudio y divorcio que tanto judías como musulmanas podían sufrir por imperativo legal, ya que no estaba en su mano tomar ninguna de estas dos decisiones. Zorate Alguazir y Alí del Pex, habitantes de la ciudad de Huesca, deshicieron su matrimonio, cuestión que podemos probar gracias a un documento de un notario cristiano de 1486. En él, los hasta entonces cónyuges firman una carta de comanda que certifica su separación y detalla las operaciones económicas que ésta tiene como consecuencia, mediante la que Zorate recibe todos los bienes que había aportado al contraer matrimonio. En la Tesis Doctoral se estudian además otras soluciones a la convivencia, como el levirato, del que se incluye un ejemplo de 1445 publicado por Eugenio Benedicto que consideramos relevante para su conjunto, puesto que según algunos investigadores era una práctica poco frecuente en Sefarad. Entre las cristianas contamos con un documento excepcional, una carta de separación de cuerpos entre Toda de Rosiello y Pedro de Longares otorgada en la década de los setenta del siglo xv. La vida de ambos, a decir del testimonio de amigos y parientes, corría grave peligro, pues los malos tratos eran constantes y mutuos, por lo que se les concedió una suerte de divorcio en forma de separación y resolución de reparto de bienes como si hubieran enviudado, y así se hace constar en la sentencia que también se incluye en el apéndice. Las disposiciones económicas del matrimonio de las cristianas en el Aragón bajomedieval, marcadas por los Fueros y Observancias del Reino, tienen como consecuencia fundamental y diferenciadora la viudedad foral, una institución nacida con la Compilación de Huesca de 1247 que coloca a las viudas aragonesas en una situación sustancialmente diferente —podría decirse mejor— que la de sus homólogas en otros reinos peninsulares. Ls viudas, pues, independientemente de su religión, son quienes más presencia tienen en la documentación oscense bajomedieval, tanto notarial como municipal o judicial. Su particular estatus les confiere capacidad de gestión y las habilita para intervenir y participar de actividades económicas y procesos judiciales, lo que incrementa su visibilidad. La viudedad foral, en resumida explicación, permite que el cónyuge supérstite disfrute de los bienes privativos del premuerto y de la parte que le correspondía también en los bienes comunes, que se añaden a los que ya poseía como propios (García, 2005: 155-176). Podía, igualmente, renunciarse a ese derecho, y en los matrimonios de las clases más capaces económicamente suele ser una de las condiciones estipuladas en las capitulaciones. También cabía la posibilidad de que la madre viuda renunciara a su derecho al contraer matrimonio alguno de sus hijos, como hizo en 1476 María de Alcolea, madre del escudero Blasco de Azlor, para traspasarle el patrimonio. Así, muchas oscenses hubieron de gestionar capitales y negocios mientras se ocupaban, cómo no, del cuidado de sus hijos y pupilos, puesto que era frecuente que algunas viudas, en calidad de familiares o de personas de buena consideración, fueran nombradas tutoras y curadoras de niños y niñas huérfanas y desamparadas. Otras, por su parte, podían ser designadas propietarias de bienes inmuebles de los que habían de tomar posesión, como hicieron, por ejemplo, las magníficas Aldonza de Gurrea y su hija, María López de Gurrea, con el castillo y lugar de Cuarte mediante su procurador, el ciudadano Martín de la Cambra, en 1479. Muzate Xidet, viuda mora, también hubo de tomar posesión mediante procurador de una tienda sita en la plaza de Florién de la ciudad de Huesca, tarea que encomendó a Zaat de Albalentia en 1474, por citar algunos de los ejemplos detallados en la Tesis Doctoral. En el capítulo dedicado a las viudas y mujeres solas optamos por trazar una decena de historias de vida. Estas biografías nacen de la reconstrucción documental de la trayectoria de algunas de las viudas más influyentes de la Huesca de finales del Cuatrocientos, gracias, fundamentalmente, a los documentos generados por sus operaciones económicas. Las actividades económicas de las viudas judías y musulmanas también son objeto de nuestra atención en este apartado: ejercen como procuradoras de familiares y amigos, bien de otras mujeres, bien de varones de su entorno; resuelven lo relacionado con los negocios que habían heredado y recibido al cambiar de estado, como los préstamos que el viudo de Muzate Pridet, Abraham de Marguán, había dejado sin cobrar en vida y que reclama ella en 1471, o las numerosas procuraciones que Astruga Darsán lleva a cabo para otras judías de su entorno, a las que le unían, en ocasiones, vínculos familiares, hacia finales de la centuria. Una de las trayectorias más destacadas es la de la conversa Violant de Alcolea, una de las mujeres más poderosas de la Huesca de finales del Cuatrocientos, quien tras enviudar del jurista y ciudadano Manuel Lunel, comienza a aparecer de manera constante en la documentación notarial oscense con una estrategia clara, pues es una hábil mujer de negocios: se dedica a la compraventa y el crédito, dos actividades muy lucrativas que le permitirán, con los beneficios generados en algo menos de diez años, retirarse de la esfera pública, como puede inferirse de la documentación notarial. La sociedad bajomedieval asumía el crédito como un recurso inevitable y cotidiano, y algunas viudas como Violant de Alcolea podían camuflar la prohibida pero segura usura a la que se dedicaban mediante las numerosas comandas que hallamos a su nombre. Las operaciones económicas llevadas a cabo por Violant en sus primeros años de viudez, entre 1476 y 1486, le sirven para organizar su patrimonio e incrementarlo notablemente. Dado su carácter judeoconverso, es frecuente además verla negociar con hombres y mujeres de la minoría semita, con quienes interactúa a lo largo de toda su vida. Su comportamiento más habitual consistía en adquirir una propiedad (desde casas enteras hasta porciones de campos, llamadas fajas en la documentación notarial) y, acto seguido, alquilarla a los que hasta entonces habían sido sus propietarios, quienes se la habían vendido, probablemente, por una necesidad acuciante de liquidez. La viuda está al corriente del pago de sus treudos, cantidades para las que redacta numerosos albaranes, puesto que de no ser así se arriesga a perder su viudedad, como se estipulaba en los Fueros, y nombra además procuradores y procuradoras, normalmente miembros de su familia, que la ayudarán a gestionar su extenso patrimonio en lugares o momentos puntuales. Otra de sus ocupaciones, al menos según lo que muestran los registros notariales, era el préstamo de efectivo en cuantías diversas. Violant de Alcolea compra y vende deuda de particulares o de instituciones, y a lo largo de los documentos en los que aparece hasta 1496, fecha probable de su muerte, son abundantes las cartas de comanda en las que un particular o institución se compromete a devolverle una cantidad de dinero en un plazo no muy amplio. Es una práctica que, podríamos decir, hereda de su marido, pues estando viuda cancela algunos préstamos que había gestionado él. Ella parece ser una fuente de cré- dito rápido para aquellos que están de paso por la ciudad, y presta a vecinos de otras poblaciones del entorno, de lo que se deduce que su fama como prestamista era conocida en toda la ciudad e incluso en los aledaños (Pérez, 2017). Hacia el final de sus días, Violant de Alcolea redactó, al menos, dos testamentos y un codicilo. El primero de los testamentos está rubricado en 1489, y el último, aunque conservado en el protocolo correspondiente a los años 1480- 1484, está fechado claramente al comienzo en 1496. Nuestra hipótesis de la mala colocación del documento, en un protocolo de un año erróneo, se sustenta en datos indirectos como la aparición de una «Violant, viuda» en el Fogaje de 1495, momento en el que la ciudad contaba con 616 fuegos y que comenzó a inventariarse por la carrera de Salas, una de las vías principales de la urbe (Serrano, 1997: 149). Ambos testamentos difieren de manera sustancial, pues en el primero los herederos universales son sus sobrinos, Blasco de Azlor y micer Johan Serra —a los que ella llama nietos—, y, en el último, el destinatario y ejecutor es el Hospital de Nuestra Señora de la Esperanza de Huesca. Cabe la posibilidad de que en los siete años que separan ambos documentos las circunstancias de los familiares de Violant se modificasen. El objetivo esencial es que su vida ultraterrena y el cuidado de su alma se financien de manera suficiente, por lo que dispone importantes cantidades de dinero para los frailes predicadores, donde se enterrará, para el monasterio del Carmen de Huesca y para otros lugares como Santa María de Salas. De igual manera, Violant, que no tuvo hijos —o no le sobrevivieron—, destina gran parte de su capital a obras pías, y en ambos testamentos se muestra su profunda espiritualidad y su particular devoción por la Virgen María —que si bien parece real no está exenta de dudas por la naturaleza conversa de nuestra protagonista—. Las biografías restantes presentan trayectorias que repiten los patrones de mujeres poderosas —aunque a menor escala que Violante de Alcolea—, pero igualmente preparadas para gestionar sus casas y sus negocios, y con voluntad y autoridad suficiente para hacerlo. Entre ellas se cuentan las historias de Sancha de Puértolas, viuda desde 1454, quien se hizo cargo de la tienda de telas de su segundo marido; María Pérez de Bordalba, que ejerció como procuradora de sus cuñadas, las Alcolea, durante las décadas de los sesenta, setenta y ochenta del siglo xv; y Francisca de Pueyo, viuda del notario Blasco. Colduras, muerto en 1486, así como de la judía Soli Alfrangil y la musulmana Muzate Pridet, quien, como se ha señalado con anterioridad, reclamó lo que le pertenecía, según las leyes territoriales aragonesas, de los bienes del que había sido su marido, Abraham de Marguán. El quinto capítulo de la Tesis Doctoral está dedicado a la actividad femenina en el mundo laboral y presenta una estructura diferente al resto de la obra. Pese a los esfuerzos por analizar de manera conjunta, —en ese gendered contex del que hacíamos mención al inicio—, a las mujeres de las tres religiones, las sustanciales diferencias normativas y legales nos llevaban a una aproximación diferenciada en algunas de las cuestiones planteadas en los capítulos iniciales, como la educación de niñas y jóvenes o el matrimonio. Sin embargo, la actividad laboral femenina permite un estudio de conjunto, estructurado en torno a los ámbitos de actuación, los oficios y ocupaciones de las mujeres, sin las divisiones religiosas preexistentes. Así pues, hemos generado siete categorías diferentes, desde las empleadas en el servicio doméstico hasta las trabajadoras de mayor cualificación, como parteras, nodrizas, árbitras, tasadoras o procuradoras, sin dejar de lado a aquellas instaladas en los márgenes de la sociedad, como las prostitutas y alcahuetas, para el análisis de esta realidad. Muchas de las jóvenes oscenses empleadas en el servicio doméstico, una ocupación al alcance de mujeres de baja extracción social, fundamentalmente cristianas y musulmanas, accedían mediante ese trabajo a los conocimientos y habilidades necesarias para llevar una casa y alcanzar una dote suficiente para contraer matrimonio. Además, permitía a las familias, en origen, eliminar una carga y garantizar el futuro de sus descendientes, así como mejorar la economía familiar, por lo que era una solución común y abundante. A través de las llamadas firmas de moza, un documento de naturaleza indefinida, podemos establecer pautas de comportamiento y extraer los datos esenciales del proceso: las partes involucradas, la duración del contrato y el salario y formas de pago del mismo. Generalmente, cuanto más lejano era el origen de la moza empleada, más larga la duración del contrato. De igual manera, se aprecia en la documentación la diferencia entre mozas serviciales y criadas, siendo estas últimas tratadas de manera desigual, casi como prohijadas, que las primeras, meras empleadas del hogar o el negocio familiar en el que se incorporaban. De la observación de las mujeres que trabajan en el sector se extraen además, dos conclusiones interesantes. Por un lado, las mujeres musulmanas, empleadas frecuentemente en el servicio doméstico en Huesca, no tenían reconocida en la legislación su capacidad de ganar un salario, y es común que en sus firmas sean los familiares varones quienes recojan la soldada al comienzo, en el mismo momento de la firma del contrato, aunque autoras como Shatzmiller reconocen que cuando los muftíes tienen que resolver cuestiones económicas de esta índole, terminan por reconocer la capacidad de las mujeres de manejar sus ingresos (Shatzmiler, 1997: 201-202). Por el otro, la capacidad de las mujeres aragonesas de casi cualquier estamento y condición para reclamar lo que les pertenecía por derecho ante los tribunales y cortes de justicia se pone de manifiesto con reclamaciones como la de María de Latintas, quien en 1463 inició una causa contra el mercader Martín de Bolea, su empleador, por una deuda que éste había contraído con ella, pues no le había entregado setenta sueldos, unas calzas y unos zapatos que se le adeudaban de su soldada. La moza presentó incluso testimonios a su favor en la causa, como el de Andrina, la mujer de Bernat de Bello, quien relataba así, como se recoge en los Libros de Actas de la ciudad, lo ocurrido: Deposo e dixo que ella sabia que quando partio de su casa contoron la dita Maria e el dito Martin de Bolea e todo conto pasado quedo quel dito Martin le avia de dar XXXX sueldos e tres pares de calcas e hun par de capatos e X sueldos contantes. En aquestion e apres juro la dita Maria que pas vio conto present la muller de Bernart de Belloch e resto que pagadas las especias e el mege resto que lavia de dar XXXX sueldos, tres pares de calcas e hun par de capatos e encara X sueldos que costavan que estaban en questiones.5. Los trabajos relacionados con la vida y la muerte, desde comadronas y nodrizas hasta las hospitaleras o defunteras, es decir, las encargadas de cuidar enfermos y/o preparar los cadáveres para su entierro y organizar funerales, son también ocupaciones feminizadas, bien fuera por necesidad o tradición. De esta cuestión, la realidad oscense del Cuatrocientos ofrece una muestra pequeña pero significativa. La presencia femenina en todo lo relacionado con los cuidados del cuerpo y la salud es constante e innegable. Tal y como ha señalado Montserrat Cabré en muchos de sus trabajos, la cosmética y las prácticas médicas y terapéuticas constituyeron una importante rama de saber femenino, que se transmitía de madres a hijas generación tras generación, y que en ocasiones se ponía por escrito, bien en forma de compilaciones, bien en forma de breves notas, como la oración contra la fiebre malediza y una receta para madurar y obrir que hallé entre la documentación oscense, en las guardas de los protocolos notariales (Cabré, 2000; 2005). Atender los partos o examinar el cuerpo de sus congéneres son dos de las ocupaciones para las que las mujeres están preparadas y que ejercen de forma indudable. Otro de los sectores con notable presencia femenina es el de alimentación, especialmente todo lo relacionado con la manufactura y venta de pan, donde se documenta una numerosa cantidad de mujeres ocupando puestos en toda la escala de responsabilidad, desde el amasado, el horneado o la venta, además de las dueñas de hornos de la ciudad. Dada la importancia fundamental de este alimento en la dieta, y las etapas de carestía que la ciudad había atravesado en las décadas anteriores, la normativa municipal regula el proceso de fabricación y venta del pan, lo que genera, en ocasiones, reclamaciones ante los jurados de la ciudad. En una de las declaraciones por un conflicto generado por el comportamiento de Pedro Cavero y Juana Domenech declara ante los oficiales municipales Simona de Bolea, quien en 1476 describe el proceso, y en cuyo relato la presencia femenina es significativa (Pérez, 2015: 349. AP. DOC. 51). Comprar y vender son tareas vinculadas igualmente a lo femenino. Desde las grandes mercaderas como Madona Angelina de Colonia, quien desarrolló la mayor parte de su actividad en la primera mitad del siglo xv, (Sesma, 2005: 31-32) a ejemplos más humildes, como Marién de Marguán y Marién Ben Rala, que formaron parte de compañías mercantiles a finales del Cuatrocientos en Huesca, encontramos mujeres que gestionaron pequeños negocios, como la tienda de ropa para criaturas de Jayma Nasarre, o la farmacia de Gracia Liçagaray, así como las tiendas de Gayate de Menestral o Fátima de Alfarrán, dos mujeres musulmanas que poseían y alquilaban espacios comerciales. Muchas oscenses, tanto cristianas, como judías, como musulmanas, manejaron sus propios negocios, especialmente durante su viudez, amparadas en el marco legal foral. Por otro lado, uno de los descubrimientos más interesantes de esta Tesis Doctoral es la certificación documental de que las mujeres conocen el valor y el precio de los objetos, y que son bien consideradas por ello. Algunas de ellas, como ocurría en la Alemania de comienzos del siglo xvi (Wiesner, 1990), ejercieron como tasadoras de bienes en operaciones de compraventa para las que eran convocadas, así como en la preparación de ajuares y regalos de novia o en la confección de inventarios. Estas tasadoras, de las que dimos noticia hace unos años (Pérez, 2013b), se ponen en relación con las otras mujeres que conocen el valor de las cosas, y de quienes se esperan juicios justos y ponderados: las árbitras, arbitradoras y amigables componedoras. En la ciudad de. Huesca encontramos, en las décadas de los ochenta y noventa del siglo xv a dos mujeres, Leonor de Siscar y Teresa de Híjar que ejercieron este oficio que les conecta a otras mujeres aragonesas bajomedievales, a quienes investigó y describió María del Carmen García Herrero (García, 2005: 353-383). Por último, pero no menos importante, en estos trabajos en los que participan las mujeres que conocen el valor de las cosas, como se denomina al epígrafe en la Tesis Doctoral, hemos decidido incluir a las procuradoras, ocupación que de nuevo contiene representación de féminas de las tres culturas. A finales de la Edad Media en Huesca no resultaba extraño que las mujeres actuasen como procuradoras de sus familiares o de personas cercanas de su entorno. Muchas eran nombradas para recaudar pagos o deudas pendientes, así como para llevar a cabo ventas de bienes muebles e inmuebles. Nos sirve como ejemplo el caso de Leonor de Pomar, quien en 1480 cuando hubo de cobrar unos bienes que le debía Catalina, mayordombresa de Martín de Pomar, nombró procuradora suya a Guallarda de Labau, la mujer de Martín, «pora demandar, haver, recebir e cobrar de Catalina, mayordombresa del senyor don Johan Perez de Ayerbe, una toca e hun tocaxo que tiene enpenyada por quatro carlines e de Johana Sese media toca e hun collet por entallar lental e atorgar haver recebido a pleytos con poder de substituir e jurar etcetera» (Pérez, 2015: 374). Las procuradoras también podían ejercer como albaceas o ejecutoras testamentarias, como hicieron María de Alcalá y Elvira de Tarazona, a quien la primera encomendó el cumplimiento de sus últimas voluntades en 1452. Por su parte, entre las minorías de la ciudad, ésta era también una ocupación común. Çuleyman de Albaho, notario musulmán establecido en Valencia, nombró procuradora suya a su hermana Gayate, que vivía en Huesca. Y en 1458, Gento Levi, habitante de presente en Huesca, nombró diversos procuradores para sus asuntos, entre los que se contaba su mujer, Dueña Dalmachugui. El último de los epígrafes se dedica a las trabajadoras sin cualificación que se sitúan en los márgenes de la sociedad, fundamentalmente prostitutas y alcahuetas. Ambos grupos son estudiados a través de documentos relacionados con el ejercicio de su trabajo, en los que se menciona y ubica el burdel de Huesca, así como mediante noticias sobre relaciones mixtas entre hombres musulmanes y prostitutas cristianas, comportamiento que se perseguía incansablemente por parte de las autoridades municipales. Entre las noticias relacionadas con prostitución y alcahuetería encontramos también denuncias sobre tráfico de personas, como la operación que Teresa, una alcahueta, llevó a cabo con Franci Torén, quien intentaba prostituir a su nieta con un grupo de curas en 1472. En aquel año, el notario del Concejo, Antón de Bonifant, Pedro y Antón Carnoy declaraban que una mujer llamada Teresa, casada con Alfonso de Tuernas, era «alcagueta verdadera», y ofrecía a su nieta a uno —o varios— capellanes a los que habían visto besarla. Unos años antes el mismo notario recoge una noticia de cariz similar, en la que Franci Toren quería amigar a su nieta con alguien para saldar una deuda, pero le aconsejaron «que no vendiese su sangre». Franci trajo de Sigena a su casa de Huesca a una nieta suya llamada Ysabel, a la que según el relato de Pere Ponz pretendía casar. Sin embargo, otras noticias apuntan que la muchacha había sido vendida a un tal Ereber por tiempo de dos años y precio de 200 sueldos, aunque Franci tenía que tenerla en su casa. En la información, finalmente, se recoge la voz de Ysabel, quien asegura que «devant el dito su tio dizia la dita Ysabel: “mas queria que me dasez hun marido por dolient que fuese que no ser amiga de ninguno”. E a oydo dezir que hun dia armo la ballesta por matar a Ereber, e que ella le tiro el pasador e sende muyto escalancados» (Pérez, 2015: 381) La religiosidad femenina es el último de los ejes temáticos de Cristianas, judías y musulmanas en la ciudad de Huesca a finales de la Edad Media, y los más de 300 testamentos que he consultado, la fuente primordial que permite conocer tanto la presencia y representatividad de las mujeres en los momentos finales de la vida como parte de su pensamiento y creencias. Dictar testamento era una práctica habitual entre las mujeres de toda clase y condición y era, además, casi una obligación legal y moral, puesto que los Fueros, Usos y Costumbres de Aragón así lo indicaban y regulaban mediante el fuero De Testamentis (Savall y Penen, 1991: I, 240). La testadora debía ordenar sus bienes en la mejor forma y manera posibles, distribuyéndolos con cuidado y atención, para evitar posteriores enfrentamientos entre sus herederos. Es por eso por lo que estos documentos permiten conocer algunas de las prácticas y focos devocionales y funerarios de las cristianas oscenses, desde la elección del lugar de sepultura y los aditamentos de la misma a la celebración de misas pro remedio animae, con sus lógicas de acumulación y repetición, que todas ellas encargaban en la medida de sus capacidades económicas. De otro lado, nada es casual en la Edad Media, y mucho menos en lo que toca a la muerte y la vida ultraterrena. La mayoría de las oscenses deseaban ser inhumadas junto a sus seres queridos, y si era posible elegían como lugar de descanso eterno un espacio privilegiado dentro del recinto sacro. Un lugar óptimo era el espacio adyacente a la pila bautismal, como solicitaron en sus testamentos datados en 1486 y 1491 respectivamente Blasco Colduras y Francisca de Pueyo, ubicación que, a ojos de los hombres y mujeres bajomedievales, evitaba las penas infernales y garantizaba un mejor y más rápido acceso al Paraíso. Se ha prestado igualmente especial atención a los encargos de aniversarios y capellanías, que permiten estimar la capacidad económica de las fallecidas, así como a fenómenos tan interesantes y aún inexplicados como los treintanarios de San Amador, u otras costumbres menos frecuentes como los banquetes funerarios. La Tesis aborda otras cuestiones aparentemente menores, como la importancia de la luz y el sonido o las ofrendas y procesiones funerarias. A través de las donaciones testamentarias también se reflexiona en torno a la transmisión de bienes simbólicos y los afectos de las testadoras. Las ropas y vestimentas eran bienes muy preciados en la Baja Edad Media, y en el caso de las de luto, que servían para expresar duelo, se llevaban además para demostrar cierta posición social y capacidad económica, como ocurría con el paño de Orienza, o bien eran traspasadas de un usuario a otro, incrementando así su capital simbólico. El mapa devocional oscense pivotaba en torno a dos grandes ejes. Por un lado, los conventos de las órdenes mendicantes, especialmente los franciscanos, y, por el otro, las grandes iglesias y parroquias de la ciudad, en concreto la Catedral, San Pedro el Viejo y San Lorenzo, los centros que con más demandas de inhumación y misas cuentan en la documentación analizada. Otros emplazamientos de especial devoción entre las oscenses eran Santa María de Salas, Santa María y San Miguel de Almudévar o Santa Quiteria del Monasterio del Carmen, a tenor del número de misas encargadas en los citados lugares. Así mismo, al igual que en otros lugares, los testamentos de las aragonesas sirven para descubrir los legados píos y las instituciones caritativas beneficiadas por las cristianas, que en el caso de Huesca eran, fundamentalmente, el Hospital de Nuestra Señora de la Esperanza y la Almosna, y para observar las redes de solidaridad femenina: las más poderosas dotaban con generosidad a las necesitadas que les rodeaban, bien con cantidades significativas de dinero, bien con bienes materiales como joyas y ropas. Otro de los aspectos más interesantes de la religiosidad femenina bajomedieval, y al que nos hemos referido en trabajos previos a esta Tesis Doctoral es el mecenazgo, una práctica que se situaba a medio camino entre la piedad y el deseo de adquirir notoriedad y fama ultraterrena mediante la comisión y financiación de obras artísticas, que posibilita conocer tanto la espiritualidad de las mujeres como su forma de ver y estar en el mundo (Pérez, 2013c). Algunas oscenses invirtieron una parte de su capital para hacer perdurar su memoria mediante la financiación de obras de arte, fundamentalmente retablos. El mecenazgo no es una práctica exclusivamente femenina, pero el empeño de algunas mujeres por hacer destacar su individualidad y su linaje mediante las obras artísticas que comisionaban es significativo. Lo entendemos, además, como una forma más de participar en la vida pública y una alternativa para la proclamación de la propia identidad femenina. Los contratos de retablos que he hallado entre los fondos notariales, además de los testimonios iconográficos que han pervivido, tanto en Huesca como en otros puntos del Reino de Aragón, permiten presentar un panorama actualizado y necesario para reconstruir tanto la identidad como la devoción de muchas de ellas. De todos ellos se da buena cuenta en las páginas de la Tesis Doctoral. Por último, cabe señalar que estudiar en la medida de las posibilidades de las fuentes documentales e iconográficas la religiosidad de las mujeres de las minorías, especialmente de las judeoconversas, es un aspecto que garantiza profundizar indudablemente en el conocimiento de su cotidianeidad, sus relaciones inter religiosas y sus trayectorias y estrategias de vida. Las conversas oscenses mantenían, más o menos veladamente, los ritos y prácticas religiosas semitas, lo que supuso, para muchas de ellas, persecuciones, castigos y hasta la muerte. A ellas hemos dedicado trabajos complementarios a esta Tesis (Pérez, 2014), por lo que ahora nos centraremos en los testamentos de mujeres judías dictados ante notarios cristianos, una práctica poco común, pues, de un lado, los judíos no estaban obligados a dictar testamento, y, del otro, es significativo que quieran hacerlo ante cristianos —probablemente conversos—. Se han conservado cinco testamentos de judías oscenses, tras cuya lectura pueden extraerse las siguientes conclusiones: existía en Huesca un fossar de los judíos, y es allí donde muchas de ellas quieren ser inhumadas; son conscientes de la finitud de la vida y de la hora incierta de la muerte, y manifiestan, como las cristianas, su preocupación ante este momento; les concierne también su sepultura y alguna de ellas reserva parte de sus bienes para la confección de una lápida. Entre las judías las postrimerías de la vida se presentan como un momento óptimo para demostrar afectos y cuidar a las personas del entorno, siendo muy relevante la permanencia en la fe semita o la conversión al cristianismo, como ocurrió con los descendientes de algunas de ellas; de nuevo las ropas y joyas, objetos de valor material y simbólico, se ven dotadas de una relevancia notable en el reparto de bienes que consignan los testamentos. Por último, podemos señalar que las judías que testan pretenden mejorar la vida de quienes les rodean evitando conflictos de un lado y concediendo generosas lejas a las instituciones asistenciales judías del otro. El papel predominante desarrollado por las mujeres en las ceremonias del duelo y en las demostraciones públicas de dolor, así como la fuerte presencia de una cultura de lo macabro en la Baja Edad Media peninsular, les concede un lugar destacado en los momentos finales de la vida, que los legisladores trataron de regular sin demasiado éxito en la Huesca de finales de la Edad Media. Para concluir este texto tan sólo querría citar un párrafo de una de las múltiples lecturas de estos años en los que he estado dedicada a la investigación y la redacción de esta Tesis Doctoral. En 1960, en el prólogo de la reedición de una de sus grandes obras, El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen, Philippe Ariès relataba de esta forma tan acertada la sensación que la doctoranda percibe cuando ve, o más bien intuye, el final de su trabajo, la culminación de sus hipótesis. Tras años de revisar documentación, buscar y leer la bibliografía, siempre inabarcable, de conversaciones, viajes e intuiciones sobre la Huesca bajomedieval, las palabras de Ariès describen a la perfección las experiencias vividas en ese proceso: Dicen que los árboles no dejan ver el bosque, pero el período más interesante de la investigación sigue siendo el momento en que el historiador comienza a tener una visión de conjunto, cuando todavía no se ha disipado la bruma que cubre los horizontes lejanos, de suerte que no se ha distanciado de los detalles de los documentos en bruto y que éstos conservan aún toda su lozanía. Su mayor mérito no es quizás tanto el de defender una tesis como el de comunicar a sus lectores la satisfacción de su hallazgo; el de sensibilizarlos, como lo ha sido él mismo, a los colores y a los senderos de lo desconocido (Ariès, 1987: 9). Sensibilizar es, a mi entender, la palabra clave de este fragmento. Lo que cualquier autora desea conseguir con su investigación es hacer partícipes a los y las hipotéticas lectoras, bien sean investigadoras, bien público generalista, de sus hallazgos. En mi caso particular, dar a conocer la existencia, las relaciones, los trabajos y la mentalidad de las cristianas, judías y musulmanas que habitaron la ciudad de Huesca en el tránsito de la Edad Media a la Modernidad. Entenderlas, estudiarlas e incorporarlas a la vida, a la investigación y a la forma de mirar el pasado y el presente ha sido la motivación fundamental de este trabajo que, por otro lado, aspira a ser tan sólo una aportación más en el esfuerzo común de ampliar los senderos de lo desconocido y redescubrir a nuestras antepasadas, nuestra genealogía de mujeres poderosas, para escribir la historia lo más ajustada a la realidad posible, esto es, también en femenino. Referencias bibliográficas. ARIÈS, P. (1987), El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen, Madrid, Taurus. BAUMGARTEN, E. (2004), Mothers and Children. Jewish family life in Medieval Europe, Oxfordshire, Princeton University Press. BAUMGARTEN, E. (2008) “A Separate people? Some directions for comparative research on medieval women”, Journal of Medieval History , 34, 2, 212-228. BENEDICTO, E. (2009), “Estampas de la vida judía y sus particularidades. Huesca, siglo xv”, Sefarad, 69:2, 491-505. CABRE I PAIRET, M. 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PUBLICACIONES DEL DEPARTAMENTO DE HISTORIA MEDIEVAL, CIENCIAS Y TÉCNICAS HISTORIOGRÁFICAS Y ESTUDIOS ÁRABES E ISLÁMICOS DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA\*. Revista Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón 1 (1945) 344 págs. 2 (1946) 580 págs. 3 (1948) 776 págs. 4 (1951) 744 págs. 5 (1952) 853 págs. 6 (1956) 553 págs. 7 (1962) 832 págs. 8 (1967) 808 págs. 9 (1973) 736 págs. 10 (1975) 840 págs. 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Tomo 3 – Cortes del reinado de Pedro IV/2, edición a cargo de Carlos Laliena Corbera, Zaragoza, 2008: 1365/1366 – Cortes de Zaragoza y Calatayud. 1367 – Cortes de Zaragoza. 1371/1372 – Cortes de Caspe, Alcañiz y Zaragoza. 1375 – Cortes de Tamarite de Litera. Tomo 4 – Cortes del reinado de Pedro IV/3, edición a cargo de José Ángel Sesma Muñoz, Zaragoza, 2006: 1375/1376 – Cortes Generales de Monzón. Tomo 5 – Cortes del reinado de Pedro IV/4 y Juan I, edición a cargo de José Ángel Sesma Muñoz, Zaragoza, 2009: 1381 – Cortes de Zaragoza. 1383/1384 – Cortes Generales de Monzón, Tamarite de Litera y Fraga. 1388/1389 – Cortes Generales de Monzón. Tomo 6 (2 vols.) – Cortes del reinado de Martín I, edición a cargo de Germán Navarro Espinach, Zaragoza, 2008: 1398/1400 – Cortes de Zaragoza. 1404 – Cortes de Maella. 1405 – Fogaje General de Aragón. Tomo 7 (2 vols.) – Parlamentos del Interregno, edición a cargo de José Ángel Sesma Muñoz, Zaragoza, 2011: 1411/1412 – Parlamento de Alcañiz y Zaragoza. 1412 – Compromiso de Caspe. 1412/06/28 – Sentencia del Compromiso de Caspe. Tomo 8 – Cortes del reinado de Fernando I, edición a cargo de Germán Navarro Espinach, Zaragoza, 2009: 1412 – Cortes de Zaragoza. 1413/1414 – Cortes de Zaragoza. Tomo 9 (2 vols.) – Cortes del reinado de Alfonso V/1, edición a cargo de María Teresa Iranzo Muñío, Zaragoza, 2007: 1423 – Cortes de Maella. 1427/1428 – Cortes de Teruel. 1429 – Cortes de Valderrobres. 1435 – Cortes Generales de Monzón. 1436 – Cortes de Alcañiz. Tomo 10 (3 vols.) - Cortes del reinado de Alfonso V/2, edición a cargo de Carlos Laliena Corbera y María Teresa Iranzo Muñío, Zaragoza, 2016. 1439 – Cortes de Zaragoza. 1441/1442 – Cortes de Alcañiz-Zaragoza. 1442 – Cortes de Zaragoza. 1446/1450 – Cortes de Zaragoza. Tomo 11 (2 vols.) – Cortes del reinado de Alfonso V/3, edición a cargo de Guillermo Tomás Faci, Zaragoza, 2013: 1451/1454 – Cortes de Zaragoza. Tomo 12 – Juan II (En preparación): 1460 – Cortes de Fraga. 1461 – Cortes de Calatayud. 1467 – Cortes de Zaragoza. 1469/1470 – Cortes Generales de Monzón. Tomo 13 – Cortes del reinado de Fernando II/I, edición a cargo de Cristina Monterde, José Ángel Sesma y Blanca Ferrez, Zaragoza, 2019: 1484 – Cortes Generales de Tarazona. 1488 – Cortes de Zaragoza. 1493 – Cortes de Zaragoza. Tomo 14 – Fernando II (En preparación): 1495/1496 – Cortes de Tarazona y Fogaje General del Reino. Tomo 15 (2 vols.) – Cortes del reinado de Fernando II/3, edición a cargo de José Ángel Sesma y Carlos Laliena, Zaragoza, 2017: 1498 – Cortes de Zaragoza. 1502 – Cortes de Tarazona. Tomo 16 (2 vols.) – Cortes del reinado de Fernando II/4, edición a cargo de Cristina Monterde Albiac, Zaragoza, 2011: 1510 – Cortes Generales de Monzón. 1512/1514 – Cortes Generales de Monzón. 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Special Issue: Women’s World-Women’s Word: Female reflected in the Arabic dialects. Colección Área de Estudios Árabes e Islámicos. Corriente, Federico, Léxico estándar y andalusí del Dîwân de Ibn Quzmân. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1993. Ferrando, Ignacio, 23 contratos comerciales escritos por los judíos de Toledo en los siglos XIII y XIV: edición completa y estudio lingüístico de los datos judeo-árabes y andalusíes. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1994. Corriente, Federico y Bouzineb, Hussain, Recopilación de refranes andalusíes de Alonso del Castillo. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1994. Ferrando, Ignacio, El dialecto andalusí de la marca media: los documentos mozárabes toledanos de los siglos XII y XIII. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1995. Ould Mohamed Baba, Ahmed-Salem, Estudio dialectológico y lexicológico del refranero andalusí de Abû Yahyà Azzajjâlî. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1999. Vicente, Ángeles, El dialecto árabe de Anjra (norte de Marruecos). 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La revista Aragón en la Edad Media es una publicación digital (e-ISSN: 2387- 1377) e impresa (ISSN: 0213-2486) de periodicidad anual que recoge investigaciones originales o balances historiográficos inéditos sobre la historia medieval de cualquiera de los antiguos territorios de la Corona de Aragón. El consejo editorial está formado por especialistas reconocidos en la materia de ámbito internacional. Se aceptan artículos en castellano, catalán, inglés, francés, italiano y portugués. La revista está indexada en múltiples bases de datos: DICE, RESH, MIAR, ISOC, Regesta Imperii, Latindex, Dialnet, Repertorio de Medievalismo Hispánico, etc. Los originales se envían a través de la plataforma Open Journal System de la Universidad de Zaragoza: <https://papiro.unizar.es/ojs/index.php/aem> Cualquier consulta puede dirigirse al correo <email@example.com>. La revista se reserva el derecho de rechazar cualquier original que, por criterios formales o de calidad, considere que no es necesario que inicie el proceso de evaluación. Dicha decisión se comunicará a los autores en un plazo máximo de un mes desde la fecha de recepción. No se admiten estudios que, simultáneamente, se hallen en proceso de evaluación para su edición en otra revista científica. Cuando la dirección de la revista confirme la admisión a trámite de un artículo éste pasará a ser revisado por al menos dos evaluadores externos. En un plazo máximo de tres meses desde la fecha de recepción se informará sobre la aceptación o rechazo del mismo. Si los artículos superan el proceso de evaluación, los autores deberán incorporar, en su caso, las modificaciones sugeridas por los evaluadores. Además, deberán adaptar escrupulosamente los originales al formato requerido por la revista. De otro modo, la dirección se reserva el derecho de devolvérselos a los autores y no publicarlos hasta que lo cumplan. Cuando un texto haya sido profundamente reestructurado podrá ser sometido a un nuevo proceso de evaluación para confirmar su edición. Las primeras pruebas de impresión de los artículos siempre serán corregidas por la dirección de la revista. Los derechos de edición corresponden a Prensas de la Universidad de Zaragoza. Finalmente, los autores recibirán una separata del artículo en formato pdf. Los artículos no podrán superar la extensión de 95.000 caracteres con espacios (notas, espacios y bibliografía incluidos). Después del título en el idioma original del artículo se incluirá su traducción al inglés. A continuación se indicará el nombre y apellidos del autor y correo electrónico de contacto, debajo, la institución en la que desarrolla sus actividades en el idioma original. Los estudios irán precedidos de sendos resúmenes de entre cinco y diez líneas en castellano y en inglés (abstract). Asimismo, se incluirán de tres a cinco palabras clave (keywords) en castellano e inglés. Entre los dos resúmenes y sus respectivas palabras clave, no se superarán nunca los 1500 caracteres con espacios incluidos. Deberá constar explícitamente el título del trabajo (preciso y breve, conteniendo el mayor número posible de palabras clave). Si es muy largo, se recomienda la división en título y subtítulo. Por lo que respecta al texto, se remitirá preferentemente en formato Word en un único documento o archivo; en caso contrario, se indicará en hoja aparte el nombre de cada documento y su orden. Para evitar confusiones, los originales habrán de presentarse con las páginas numeradas de forma correlativa. El interlineado, los márgenes, tipo de letra y otras características de formato serán uniformes, con la única excepción de las citas extensas, que llevarán sangría mayor y un cuerpo de letra menor. Las citas que no vayan en párrafo aparte se presentarán entrecomilladas, nunca en cursiva. Las llamadas de nota irán tras el signo de puntuación cuando acompañen a éste. No se debe dejar ningún espacio antes de la llamada de nota, vaya ésta tras signo de puntuación o tras cualquier letra. Las ilustraciones, si las hubiera, se entregarán en formato tiff —con una resolución de $3 0 0 \ \mathrm { p p p - }$ por separado con sus pies, indicando cuál ha de ser su ubicación aproximada en el texto. Se aportará la información pertinente acerca de su procedencia y sobre la propiedad de las imágenes. Para el resalte o grafismo enfá- tico se evitará el uso de negritas, mayúsculas y subrayados y se usarán cursivas. En relación con los distintos apartados y subapartados, se evitarán en la medida de lo posible numeraciones innecesarias (el cuerpo de la letra, su estilo y su ubicación en la página reflejarán adecuadamente la jerarquía de los epígrafes). Las citas bibliográficas se integrarán en el texto principal del artículo mediante el sistema Harvard según el modelo (Apellido del autor, año: páginas), por ejemplo: (Lacarra, 1972: 13-18). Las entradas del apartado bibliográfico del final del artículo se compondrán siguiendo las pautas que se indican a continuación: Artículo de revista: APELLIDOS del autor, Nombre (año), «Título del artículo», Título de la revista, volumen, número: páginas. Ejemplo: LACARRA DE MIGUEL, José María (1979), «Introducción al estudio de los mudéjares aragoneses», Aragón en la Edad Media, 2: 7-22. Libro completo: APELLIDOS del autor, Nombre (año), Título. Lugar de edición, Editorial. Ejemplo: LACARRA DE MIGUEL, José María (1972), Aragón en el pasado. Madrid, EspasaCalpe. Capítulo de libro: APELLIDOS del autor, Nombre (año), «Título del capítulo.» En Nombre y Apellido del responsable de edición del libro, mención de responsabilidad en abreviatura: coord., dir., ed., Título del libro. Lugar de edición, Editorial: páginas. Ejemplo: SÁNCHEZ, Manuel (2010), «La monarquía y las ciudades desde el observatorio de la fiscalidad.» En José Ángel Sesma, coord., La Corona de Aragón en el centro de su historia, 1208-1458. La Monarquía aragonesa y los reinos de la Corona. Zaragoza, Grupo de Investigación CEMA: 45-66. Por último, los originales habrán de atenerse a los siguientes criterios. — En las abreviaturas se situará el punto antes de la letra volada (ejemplos: M.ª, n.º). — No se confundirán abreviaturas con símbolos: éstos no llevan punto al final ni marca de plural (km, g, h). — No se separarán las letras de las siglas entre sí mediante puntos ni espacios. En plural las siglas son invariables (los PC, las ONG, los ISBN). Las palabras se separarán con un solo espacio, nunca con dos o más. Figurarán en cursiva todas las palabras —excepto nombres propios— y expresiones aisladas que no estén en el idioma principal del artículo. Figurarán con tilde y con diéresis las mayúsculas que las exijan, en castellano o en cualquier otro idioma. No se dejará espacio antes de los signos de puntuación simples (punto, coma, dos puntos, punto y coma, puntos suspensivos) ni antes de la primera palabra ni después de la última de un texto entrecomillado, entre paréntesis, entre corchetes, entre signos de interrogación o exclamación y entre rayas. La direcciones WEB se escriben entre signos landas. Ejemplo: <https://papiro.unizar.es/ojs/index.php/aem> — La raya o guion largo $( - )$ , de uso equivalente al de un paréntesis, debe distinguirse perfectamente del guion corto (-). No añadir punto tras cierre de interrogación o exclamación ni, por descontado, tras los puntos suspensivos, que siempre serán tres. Como comillas principales se usarán las latinas (« »). — Si una parte de un texto entre comillas latinas (« ») fuese entrecomillado, se emplean las inglesas (“ ”). Cuando se define o traduce una voz, esta última se escribe en cursiva y la definición/traducción entre comillas simples (‘ ’) y en redonda. — Si hay apéndice documental, los documentos irán numerados en caracteres ará- bigos, y en cada uno de ellos se hará constar la fecha (año, mes y día) y lugar, el regesto y la signatura. — Las referencias a Archivos se darán desarrolladas la primera vez que aparecen. Después se utilizarán las siglas, sin puntos entre ellas (ACA, AHN). — Cuando se cita un folio (f.) o folios (ff.) de un manuscrito o impreso, deberá especificarse si se trata del recto (f. 1 o 1r) o del verso (f. 1v). Universidad Zaragoza. Vicerrectorado de Política Cientíca Departamento de Historia
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Dehesas antiguas, pastores foranos y jurisdicciones cuestionadas: conflictividad ganadera a fines de la Edad Media en la Comunidad de aldeas de Daroca: Ancient Pastures, Foreign Shepherds and Contested Jurisdictions: Livestock Conflict in the Late Middle Ages in the Comunidad de aldeas de Daroca
DEHESAS ANTIGUAS, PASTORES FORANOS Y JURISDICCIONES CUESTIONADAS: CONFLICTIVIDAD GANADERA A FINALES DE LA EDAD MEDIA EN LA COMUNIDAD DE ALDEAS DE DAROCA. ANCIENT PASTURES, FOREIGN SHEPHERDS AND CONTESTED JURISDICTIONS: LIVESTOCK CONFLICT IN THE LATE MIDDLE AGES IN THE COMUNIDAD DE ALDEAS DE DAROCA. Lidia C. All ué Andrés y María Luz Rodrig o-Estevan Université Toulouse 2 Jean Jaurès / Universidad de Zaragoza firstname.lastname@example.org / email@example.com. Resumen: Desde la expansión del Reino de Aragón hacia el sur a partir del siglo xi, los ganaderos fueron colonizando y poniendo en cultivo las nuevas tierras conquistadas a los musulmanes. La orografía del reino favoreció la trashumancia entre las regiones del valle del Ebro, donde los ganados permanecían en invierno y los ricos pastos de verano de los Pirineos y el Sistema Ibérico. Los numerosos privilegios reales que desde el siglo xiii obtuvo la Casa de Ganaderos de Zaragoza entraron pronto en conflicto con los de la Comunidad de aldeas de Daroca, dando lugar a innumerables y costosos pleitos. La sentencia arbitral de 1501 fue un intento infructuoso de poner paz entre dos. Abstract: Since the expansion of the Kingdom of Aragon towards the South from the $1 1 ^ { \mathrm { t h } }$ century, cattle breeders colonised and cultivated the new lands conquered from the Muslims. The kingdom’s orography favoured transhumance between the regions of the Ebro Valley, where the cattle remained in winter and the rich summer pastures of the Pyrenees and the Iberian System. Since the $1 3 ^ { \mathrm { t h } }$ century, the advantageous privileges of the Casa de Ganaderos de Zaragoza soon came into conflict with those of the Comunidad de aldeas de Daroca, resulting in countless and costly lawsuits. The arbitration award of 1501 was an unsuccessful attempt to bring poderosas instituciones deseosas de defender sus derechos a toda costa. Palabras clave: Comunidad de aldeas de Daroca, Casa de Ganaderos de Zaragoza, trashumancia, sentencia arbitral, conflictos ganaderos, siglo xv, Reino de Aragón. peace between two powerful institutions eager to defend their rights at all costs. Key words: Comunidad de aldeas de Daroca, Casa de Ganaderos de Zaragoza, transhumance, arbitration award, livestock conflicts, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century, Kingdom of Aragon. 1. Introducción1. La expansión del reino de Aragón hacia el sur durante los siglos xi y xii fue efectiva gracias no solamente a las tropas que lucharon contra el enemigo y protegieron la frontera, sino también a los ganaderos —venidos sobre todo de los Pirineos— y colonos que se desplazaron hasta las nuevas tierras y las pusieron en explotación. Con la incorporación de nuevos espacios, las posibilidades de llevar los ganados a pacer a lugares cada vez más alejados posibilitó la trashumancia. Esta actividad se vio favorecida por la diversidad orográfica del reino, con áreas elevadas de montaña, ricas en pastos de verano y valles en los que poder apacentar a los animales en invierno (fig. 1). Dentro de Aragón se distinguen dos zonas especialmente interesantes para esta actividad, separados por el valle del Ebro: los Pirineos y el Sistema Ibérico. Puesto que en esta región los suelos no son especialmente fértiles —salvo allá donde hay fuentes de agua— ni los pastos abundantes, los ganaderos zaragozanos de la Cofradía de San Simón y Judas enviaron sus ganados a estas dos zonas, practicando lo que se denomina en la historiografía sobre el tema como ‘trashumancia corta’, con desplazamientos no superiores a $2 5 0 \mathrm { k m }$ (fig. 2). El uso de los pastos, hierbas y aguas, sumado al auge de la ganadería,2 dieron como resultado la aparición de numerosos conflictos entre concejos, señoríos e instituciones, especialmente a partir del siglo xiv. La que más pleitos generó fue, sin lugar a dudas, la Casa de Ganaderos de Zaragoza, cuyos pastores provocaban antipatía allá donde fueran debido a unos ventajosos privilegios que acumularon a lo largo de siglos y que amenazaban con esquilmar los recursos de los habitantes del resto de poblaciones y señoríos. Figura 1. Orografía de Aragón. $\circledcirc$ Lidia C. Allué Andrés. En línea discontinua se marca la extensión de la Comunidad de aldeas de Daroca. Figura 2. Movimientos trashumantes de la cabaña ganadera zaragozana. $\circledcirc$ Lidia C. Allué Andrés. Dentro de las cuatro comunidades de aldeas existentes en Aragón, la de Daroca es la que sostuvo más litigios con la cofradía de ganaderos zaragozana. Su clima árido y sus suelos mayoritariamente desfavorables para las actividades agrícolas impulsaron el desarrollo de la ganadería desde la conquista misma de Daroca en 1120. Sus abundantes pastos, aunque de menor calidad que los de los Pirineos, la convertían en una región muy atractiva a los ojos de los zaragozanos quienes, debido al constante aumento de su cabaña, se vieron en la imperiosoa necesidad de buscar amplias zonas en las que alimentar a sus animales. Por su parte, uno de los pilares económicos de la comunidad darocense fue la actividad ganadera, especialmente la ovina, por lo que no es de extrañar que defendiesen sus pastos y hierbas con uñas y dientes de los zaragozanos.3 Los conflictos fueron tan abundantes y tan costosos que ambas instituciones, junto con Longares y la Comunidad de aldeas de Albarracín, recurrieron al rey para que promulgase una sentencia arbitral en 1501. Como era de esperar, dicha sentencia no fue respetada y los conflictos se sucedieron hasta la desaparición de la Comunidad de aldeas de Daroca en 1837 (Diarte, 1993). 2. Casa de Ganaderos de Zaragoza versus Comunidad de aldeas de Daroca: dos instituciones en constante lucha. Tanto la Comunidad de aldeas de Daroca como la Casa de Ganaderos de Zaragoza son dos instituciones bien conocidas a través de la historiografía publicada, aunque sin duda la primera ha sido menos estudiada.4 A continuación, analizamos con brevedad algunos puntos clave necesarios para comprender los motivos de la confrontación que motivó la promulgación de la sentencia arbitral de 1501. 2.1. La Casa de Ganaderos de Zaragoza. Tras la conquista de Zaragoza en diciembre de 1118, Alfonso I concedió un fuero a la ciudad en el que se establecía que los zaragozanos —no solamente los ganaderos— podían utilizar libremente los montes del término para apacentar sus ganados, obtener leña menuda, extraer piedra, hacer carbón y realizar otros aprovechamientos a la par que eran declarados exentos del pago del herbático —o herbaje— y de la lezda. Diez años más tarde, en febrero de 1129, los zaragozanos recibieron otro fuero que incluía el célebre Privilegio de Veinte o Tortum per tortum gracias al cual, en caso de recibir cualquier tipo de agravio dentro de las tierras reales, podían tomar prenda y exigir reparación del acusado en Zaragoza u otro sitio. En este fuero se encuentran, además, los antecedentes de la denominada pastura universal, pues contemplaba la concesión del derecho a que el ganado zaragozano pudiese pacer en cualquier monte propiedad del rey situado dentro del término de la ciudad, así como a beneficiarse de todos los derechos derivados que este privilegio llevaba anexo tales como el uso de abrevaderos reales o la recogida de leña, entre otros.5. Consciente de su falta de apoyos dentro de la nobleza y de la turbulenta situación política en torno a su persona, el joven monarca Jaime I decidió ganarse a base del reconocimiento de privilegios el afecto y apoyo de diversos sectores sociales. Y uno de los primeros fue el de los ganaderos de Zaragoza.6 Con tan sólo diez años de edad, en 1218, el rey otorgó a este colectivo el derecho a tener jurisdicción propia y un juez con competencia civil y criminal para sustanciar cualquier pleito en el que se vieran envueltos los rebaños de la ciudad, sus dueños o sus pastores. En 1229 Jaime I les concedió otro privilegio en el que se nombra por primera vez de manera expresa la Cofradía de San Simón y Judas, popularmente conocida como Casa de Ganaderos de Zaragoza (Canellas, 1988: docs. 4-5). Sucesivos privilegios favorecieron el poder y beneficios de los zaragozanos, como por ejemplo en 1235, cuando el privilegio de la pastura universal se amplió y se extendió a todos los montes y a toda la tierra del rey, es decir, mucho más allá del término de Zaragoza. No obstante, había dos dehesas antiguas que el monarca se guardaba para sí: la de Sigena y la Retuerta de Pina. (Canellas, 1972: I, doc. 60) Tampoco podían los zaragozanos penetrar en los boalares o dehesas boyales —reservadas para el apacentamiento de los animales de tiro— ni en los montes vedados7 o cerrados existentes antes de la concesión de la pastura universal (Canellas, 1988: doc. 7). Como era de esperar, todas estas ventajas no gustaron nada a las localidades dependientes del rey, sobre todo porque se rompía con la antiquísima tradición de la alera foral. Este término aparece por primera vez en el Fuero de Jaca (1077) y supone el aprovechamiento de los pastos de dos localidades vecinas por los pastores de ambas, poniendo como única condición que el ganado pueda ir y volver en el mismo día y que fuese, como máximo, hasta las eras del pueblo vecino;8 de ahí la expresión «de sol a sol y de era a era». A partir de 1235 los zaragozanos podían explotar los pastos de cualquier lugar de realengo, pero los de la ciudad eran de uso exclusivo de sus habitantes, rompiéndose así la reciprocidad. 2.2. La Comunidad de aldeas de Daroca. Daroca fue tomada en 1120 y se le concedió un extenso territorio que fue la base sobre la que se conformó la Comunidad de aldeas de Daroca a partir de 1248 (fig. 3). Esta institución —y distrito jurisdiccional— es la más antigua de las cuatro comunidades de aldeas que existieron en Aragón y acabó desapareciendo por una Orden Real en 1837. Localizada en el suroeste del reino, estuvo situada en la frontera con Castilla, lo cual favoreció, entre otros muchos aspectos, las razzias de ganado tanto por parte de los darocenses como de los castellanos. La accidentada geografía y un clima extremo, sumado a la pobreza general de sus suelos y a otras variables, configuraron unos patrones de poblamiento caracterizados por aldeas de pequeño tamaño muy cercanas las unas a las otras, sin grandes centros de población que fuesen capaces de organizar mínimamente el territorio. El hecho de que parte de los repobladores fuesen ganaderos también favoreció el pequeño tamaño de los lugares. Esta actividad requiere de grandes superficies de tierra destinadas al alimento de los animales, por lo que en caso de haber muchos habitantes en un lugar se rompería el equilibrio entre las parcelas dedicadas al alimento de los lugareños y las reservadas a los rebaños.9. A partir del siglo xiv comenzaron a ser abundantes los pleitos entre localidades vecinas por los términos de cada una. No hay que perder de vista que, en el fondo, lo que estaba detrás de esos conflictos era el aprovechamiento de tierras destinadas a pastos, leñas, caza... (Fernández, 1993: 23) ya que en ese momento se alcanzó el máximo demográfico de la comunidad darocense y sus habitantes necesitaban más superficie para cultivar cereales y apacentar ganado. Especialmente para esto último, puesto que la actividad ganadera fue un vector económico muy importante en esta región. Figura 3. Las sesmas de la Comunidad de aldeas de Daroca durante la Edad Media. $\circledcirc$ Lidia C. Allué Andrés (2018). Al contrario de lo que se podría pensar, el importante descenso demográfico originado por las crisis bajomedievales —con la Peste Negra y la Guerra de los Dos Pedros a la cabeza— no alivió estas disputas, antes bien las acrecentó. Pero no tanto entre aldeas vecinas, sino entre la Comunidad de aldeas de Daroca y la Casa de Ganaderos de Zaragoza. El abandono de numerosas parcelas que habían estado destinadas a la agricultura, sumado a una importante reconfiguración de los patrones de poblamiento,10 hizo que los zaragozanos viesen esta tierra como muy atractiva, dada la amplia disponibilidad de pastos nuevos. Desde la concesión del fuero de Daroca en 1142 se intentó mantener la paz entre agricultores y ganaderos, estableciendo la obligación de los primeros de vallar sus parcelas para impedir que las bestias pudiesen entrar en ellas y estropear las cosechas. Este mismo deseo de evitar conflictos entre unos y otros se ve en las primeras ordenanzas de la Comunidad, sancionadas por Jaime I en 1256 (Campillo, 1915, doc. 11). Este rey, que también buscó apoyo entre las ciudades y comunidades de aldeas para defenderse de los nobles levantiscos, fue precisamente el que les otorgó el privilegio de 1248 que supone el hito fundacional de la comunidad darocense.11. En 1270 se reguló por escrito12 el aprovechamiento de las dehesas y boalares, cuya creación o, si era el caso, ampliación, se dejó en manos de los denominados sesmeros.13 Con tal autorización, la Comunidad, a través de sus representantes territoriales, podía crear sus propias dehesas y boalares, cuyo uso y disfrute quedaba reservado a los habitantes de la aldea en la que se situaban. A modo de ejemplo, la documentación atestigua cómo quedaron delimitadas las dehesas de Lagunas en 1328,14 de Used en $1 3 3 3 ^ { 1 5 }$ o de Caminreal y Torrijo del Campo en 1338,16 en un período cronológico, como ya hemos señalado, en los que la población era numerosa y los problemas por el acceso a los pastos iban en aumento.17. Aunque los sesmeros quedaron facultados para delimitar dehesas y boalares, era necesario que el rey confirmase estas acciones para considerarlas legales. A fin de cuentas, la comunidad estaba sometida a los Fueros generales que garantizaban al rey esta potestad, a la cual nunca renunció la monarquía, muy consciente de los conflictos y problemáticas interterritoriales que tal cesión podía acarrear. Por ello, en 1326, Jaime II no tuvo ninguna duda al decidir considerar nulas las dehesas creadas varios años antes en algunas aldeas darocenses y que no habían sido confirmadas por el monarca (Corral, 1987: 210). Además de esta función de proponer adehesamientos que debían quedar autorizados posteriormente por el rey, los sesmeros fueron revestidos de capacidad jurídica para solucionar los conflictos entre vecinos por temas de bienes comunales, amojonamientos, términos, caminos, acequias, boalares, dehesas... así como para regular la manera en la que las dehesas debían ser explotadas mediante las actividades permitidas en ellas, estableciendo, por ejemplo, su cierre durante todo el año o su apertura en determinados meses.18 En 1270 quedaba prohibida expresamente la entrada de los ganados extranjeros, ya fuesen trashumantes o privilegiados, como era el caso de los rebaños zaragozanos.19 Ello entraba en colisión con otras decisiones regias y abría un conflicto directo con los pastores de la Casa de Ganaderos y con su derecho —reconocido por el monarca mediante emisión de privilegio—, de ir a pacer por todos los montes situados dentro de los términos del reino. Otro oficio fundamental por su rol dentro de las disputas que van a comentarse a continuación es el de vedalero ${ } _ { 1 } 2 0$ o montero, también llamado guardamonte. Cuando en 1270 se estableció la forma en la que las dehesas y los boalares debían ser explotados, se ordenó que cada aldea tuviese dos guardamontes. Ellos eran los encargados de velar por que se respeten las normas establecidas para las dehesas, boalares y montes en general, denunciando a quienes las infringían (Campillo, 1915: 41, doc. 28). Los zaragozanos estuvieron siempre muy atentos a que fuesen los vedaleros quienes prendían a sus pastores, alegando en caso contrario que el acto era nulo e ilegal. 3. Aproximación a los conflictos ganaderos de la Comunidad de aldeas de Daroca en la Baja Edad Media. Los enfrentamientos entre agricultores y ganaderos han sido una constante a lo largo de la historia. En los siglos medievales, el derecho consuetudinario oral se recogió y complementó por escrito como parte del proceso de desarrollo y consolidación de las formaciones políticas feudales de la Europa cristiana. En el caso aragonés, desde el siglo xi, los sucesivos ordenamientos legales —desde los primitivos fueros locales y privilegios reales hasta la posterior compilación foral y la actividad legislativa de las Cortes—, aludieron a las obligaciones y derechos de unos y otros. La reiteración de fueros, ordenanzas y normativas durante todo el período medieval en regular diversos aspectos de la economía agropecuaria evidencia que la conflictividad generada fue continua y de difícil resolución (Rodrigo, 2003: 80). Diversas legislaciones, pactos y acuerdos que se han conservado —ya desde el fuero de 1142 y las primeras ordenanzas de la Comunidad darocense de 1256—, insisten en que los ganaderos, sean de donde sean— no provocasen daños en el pan ni en el vino. Además de las tensiones intravecinales por los daños causados en los cultivos que ponen en evidencia las normativas y sistemas de guarda locales,21 también hubo enfrentamientos entre los vecinos de distintos pueblos de la comunidad, siendo por lo general el sesmero el encargado de mediar entre unos y otros y tomar las decisiones adecuadas. Por ejemplo, en 1474 un ganadero de Villareal denunció a los de Villafranca del Campo porque dos años antes habían apedreado a su pastor y se llevaron dos ovejas en prenda (Fernández, 1993: 137). Rara vez se recurrió al rey, al menos hasta finales del siglo xv. Una excepción la encontramos en 1332, cuando los vecinos de Herrera de los Navarros se quejaron al monarca de que los pastores de Luesma estaban entrando en sus boalares, aparentemente con el permiso del procurador del rey, yendo así en contra de los estatutos (Campillo, 1915: doc 307). Frecuentes fueron también las disputas entre los habitantes de Daroca y los de la comunidad, aunque en este caso hay que comprender que no sólo se luchaba por la explotación de la tierra en sí sino, sobre todo, por perpetuar la jurisdicción que Daroca había tenido sobre las aldeas. A medida que éstas compraban privilegios al rey, la villa perdía una parcela de poder sobre ellas y algunas prerrogativas fundamentales, como el derecho a pacer en sus montes. De acuerdo con una sentencia arbitral de 1442, los carniceros de Daroca podían llevar a sus animales a los ademprivios —terrenos comunes de pastu$\mathrm { ~ \ r a ^ { 2 2 } ~ }$ — de las aldeas vecinas, siguiendo el principio de la alera foral. Sin embargo, en 1500 se inició un proceso a instancia de un carnicero de Daroca que acusó a los vecinos de Orcajo de no haberle dejado entrar a pacer en sus términos, a pesar de tener derecho a ello.23 La toma de ganado en calidad de prendas o penyoras también fue una habitual manifestación de la conflictividad cotidiana en el ámbito ganadero entre aldeanos y vecinos de Daroca (Rodrigo, 2000: 640). Otro aspecto conflictivo entre las aldeas y Daroca fue la llegada de ganados castellanos a las ferias de la villa. Estas expediciones transitaban amparadas por el privilegio de feria y provistas de cartas de guiaje que permitían la libre circulación tanto a la ida como a la vuelta de la reunión comercial. Sin embargo, los aldeanos de las poblaciones más cercanas a las fronteras castellanas vieron en estos trasiegos la oportunidad de sacar algún rédito económico asaltando y prendando a ganaderos del reino vecino bajo el pretexto de que habían entrado ilegalmente a pastar en sus términos. También los ganaderos castellanos buscaron la excusa de la celebración de ferias para, sin tener guiajes, invadir las tierras circunvecinas. Estos conflictos acabaron en rápidos procesos judiciales sustanciados ante el Justicia de Daroca, como el protagonizado en 1431 por Joan Gil, un vecino de Santed, acusado falsamente de asaltar y prendar a Joan Ferrandez de Manzanares y a otros ganaderos castellanos de caprino y ovino que acudían a la feria de septiembre de Daroca (Rodrigo, 2000: doc.270). Un tercer nivel de enfrentamiento se dio entre la Comunidad de aldeas de Daroca y otros territorios de la Extremadura aragonesa, especialmente con la vecina y limítrofe Comunidad de aldeas de Teruel. Así, se conserva la sentencia de 1342 correspondiente a un pleito por cuestiones de límites y en el que determinados abrevaderos, dehesas y boalares fueron uno de los ejes del conflicto entre ambas comunidades aldeanas.24 En 1400 los ademprivios fueron, de nuevo, motivo de una disputa en la que el procurador de la reina Violante de Bar, Berenguer de Bardají, ordenó a los representantes turolenses que no realizasen procedimiento alguno contra los de Daroca y trabajasen por solventar cualquier debate o cuestión suscitada por los terrenos limítrofes de pasto.25. Pero de mucha mayor trascendencia, duración e intensidad fueron los conflictos generados con la principal institución pecuaria aragonesa, la Casa de Ganaderos de Zaragoza.26 Los primeros pleitos de los que tenemos constancia datan de las dos últimas décadas del siglo xiv,27 aunque fueron cada vez más frecuentes en la centuria siguiente. La escalada de la tensión entre ambas instituciones fue tal que ambas partes solicitaron la intervención de la monarquía para poner fin a tantas disputas. Ya en 1407 Martín I concedió un privilegio —hoy perdido— a la comunidad darocense por el cual se permitía a los oficiales de la misma prendar a los pastores zaragozanos que entrasen con sus ganados dentro de los límites de la Comunidad de aldeas de Daroca. El privilegio contemplaba multas de 1000 florines de oro a los infractores, una cantidad muy importante de dinero que indica, sin duda, la firme voluntad regia de atajar tales intromisiones y evitar conflictos mayores.28. A pesar de ello, este privilegio no debió tener la eficacia perseguida: en 1414 el rey ordenó de nuevo a los zaragozanos, así como a los pastores y vecinos de las otras comunidades de aldeas, que se guardasen de entrar en las dehesas y boalares de la comunidad de Daroca, puesto que contaban con un privilegio que lo prohibía expresamente y que había sido sancionado por los sucesivos monarcas.29 El auge de las cabañas ganaderas de estos lugares y la escasez de pastos y hierbas en sus tierras de origen impulsaba a los ganaderos a enviar a sus pastores a la región de Daroca desafiando prohibiciones y multas que, a la vista de los acontecimientos, no resultaron disuasorias. Quizá las apelaciones y recursos judiciales a diversas instancias evitaron la ejecución de las sanciones y abrieron otras vías de solución.30. Setenta años más tarde tuvo lugar un plegamiento et concordia entre la Comunidat de Daroqua e la Casa de Ganaderos (Fernández, 1993: 137-138). El documento confirma que los enfrentamientos por la invasión de dehesas y boalares continuaron siendo habituales a lo largo del Cuatrocientos. Tantos años de pleitos tuvieron que generar no sólo una creciente tensión social sino, sobre todo, un pesado desembolso económico, con un continuo deterioro de las finanzas aldeanas. De ahí que los intentos por establecer acuerdos y concordias se multiplicasen en las últimas décadas del siglo xv, aunque los resultados de cada nuevo pacto siguieron siendo tan infructuosos como los firmados hasta entonces. El último conflicto antes de la sentencia arbitral de 1501 es un proceso abierto en 1500 por parte de la Casa de Ganaderos y la villa de Longares —dependiente de la ciudad de Zaragoza— contra las comunidades de aldeas de Daroca y Albarracín.31 Los problemas giraban en esas fechas en torno a tres ejes: la jurisdicción del Justicia de Ganaderos, las dehesas antiguas y los pastores que no eran vecinos de Zaragoza pero que, del mismo modo que hacían los zaragozanos, llevaban sus ganados a las tierras de la Extremadura aragonesa. Con respecto a las prerrogativas jurisdiccionales de la Casa de Ganaderos, ya hemos señalado que desde 1129 los habitantes de Zaragoza —y no solamente quienes poseían ganado—, gozaban del derecho de prender y juzgar en la ciudad a cualquier persona que les agraviase, siempre que dicho perjuicio se cometiese dentro de las tierras de realengo. Por su parte, el Justicia de Ganaderos tuvo desde 1218 la jurisdicción civil y criminal con la que poder enjuiciar a cualquiera que atentase contra los privilegios de los pastores y ganaderos zaragozanos. Para agilizar más los trámites, los acusados no tenían derecho a ser defendidos por abogados o procuradores, lo que garantizaba una sentencia a favor de los zaragozanos en la mayor parte de las ocasiones. Los cofrades defendían que su Justicia tenía este poder en todas las tierras de realengo, algo con lo que los afectados no estuvieron de acuerdo dando lugar a numerosas disputas y reclamaciones de índole jurisdiccional. El tema de las llamadas ‘dehesas antiguas’ es más complejo y a la larga siguió provocando muy diversos conflictos, ya que quedó abierto a la interpretación del privilegio de la pastura universal. Recordemos que en 1129 los zaragozanos obtuvieron el permiso del rey para poder apacentar sus ganados en los montes reales que estuviesen dentro del extenso término municipal de la ciudad. La situación se complicó en 1235, cuando Jaime I hizo extensible este derecho a todos los montes y tierras de realengo de Aragón, llevando así los límites físicos de este privilegio mucho más allá del alfoz de Zaragoza; no obstante, el monarca se reservaba para sí el uso y disfrute de dos dehesas antiguas: Sigena y La Retuerta de Pina. Todo esto entraba en conflicto directo con el privilegio otorgado a los vecinos de la Comunidad de aldeas de Daroca, según el cual solamente ellos podían disfrutar de sus dehesas y boalares. Ante las continuas infracciones de los zaragozanos y para dar más legitimidad a sus reivindicaciones, los darocenses defendieron que sus dehesas también eran antiguas y que, por tanto, debían ser respetadas al igual que las de Sigena y Retuerta de Pina, argumento que los de Zaragoza nunca aceptaron. Por último, la complejidad de la situación se acentuaba con el hecho de que fueron frecuentes los pastores que trabajaban para los ganaderos zaragozanos pero que no gozaban del estatuto de vecindad de la ciudad, circunstancia ésta que, en teoría, les impedía disfrutar del privilegio de la pastura universal. Los aldeanos elevaron sus quejas en reiteradas ocasiones alegando que ello suponía una violación todavía más flagrante de sus derechos; sin embargo, el asunto de los pastores foranos no parecía preocupar o molestar a los cofrades zaragozanos de San Simón y San Judas. 4. La sentencia de 1501. Tras llegar a un consenso en 1500, las partes implicadas en el proceso decidieron recurrir al rey con el objetivo de que emitiese una sentencia arbitral. Antes de mediados del siglo xv este recurso al arbitrio real era una practica poco habitual; sin embargo, se hizo cada vez más frecuente a medida que los pleitos, con sus correspondientes dilaciones legales, se enquistaban sin solución generando malestar y tensión social. Y tanto reyes como reinas promocionaron y participaron activamente en la mediación y arbitraje para solventar conflictos de muy diversa índole, entre ellos los pleitos ganaderos (Pardillos, 2006; Gómez, 2012; García Herrero, 2015). El 29 de marzo de 1501 se firmó dicha sentencia en Ronda y fue entregada un par de meses después, el 27 de mayo, a Domingo Spanyol y Pedro Lalueça, notarios públicos de Zaragoza. Se conservan dos copias, la primera en el Archivo de la Casa de Ganaderos32 y la segunda en el fondo de la Comunidad de aldeas de Daroca, dentro de la sección Diversos del Archivo Histórico Nacional.33. El primero de los conflictos se debe a la cuestión de la jurisdicción del Justicia de ganaderos. Mientras que los de Zaragoza alegaban que su Justicia podía intervenir en todas las tierras de realengo dentro del reino, los de Daroca y Albarracín defendían que esto no era cierto, ya que su poder se limitaba al término de la ciudad. Además, acusaban al Justicia de ser parcial en los juicios, ya que «sin oyr partes y sin processo, condena por solo dicho con juramento del pastor» (zaragozano, se sobreentiende), por lo cual se consideraban muy agraviados. Puesto que el tiempo que el rey tenía para emitir la sentencia era limitado, y juzgando que no estaba suficientemente informado de esta cuestión, sentenció que mientras investigaba mejor el asunto, el Justicia de ganaderos podría seguir ejerciendo su legítima jurisdicción, pero sobreseer «en reintegras fechas y facederas». De este modo, el monarca esperaba rebajar un poco la presión entre ambas partes. Con respecto a las disputas por las dehesas antiguas, los de la comunidad darocense se quejaban de que los pastores de la Cofradía de San Simón y Judas no las respetaban, aun sabiendo que estaban protegidas por privilegio real como ya se ha visto. Además, las presentaron como antiguas para dotarlas de mayor protección, algo con lo que los de Zaragoza no estuvieron de acuerdo. De hecho, los zaragozanos reclamaron poder apacentar y disfrutar de todos sus derechos, puesto que contaban con un privilegio de pasto por todos los montes del reino. Fernando II volvió a considerar que no sabía lo suficiente del tema ni cuáles eran las dehesas antiguas que poseía la Comunidad. Por ello, encargó a Domingo Agustín, lugarteniente del baile y a Jayme de la Cavallería, lugarteniente del maestre racional, que fuesen a averiguar qué dehesas poseía cada una de las aldeas, si son «antiguas antes del dicho privilegio del rey don Jayme o si son despues fechas, y como y con que auctoridad las han hecho y si son necessarias para cada una de las dichas aldeas». 34 Para ello les concedió un plazo de tres meses desde la recepción de la sentencia. Aunque el rey reconoció los privilegios de Alfonso I y de Jaime I que otorgaban a los zaragozanos la pastura universal, «salbando pan y vino y exceptadas las dehesas antiguas de la dicha Comunidad y sus aldeas», establecía que, hasta que el trabajo de averiguación estuviese hecho, los de Zaragoza no podrían entrar en ninguna de las dehesas de la Comunidad. El problema de los pastores que no eran vecinos de la ciudad tampoco pudo solucionarse en ese momento. Por tercera vez, el monarca estableció que antes de emitir una sentencia era necesario informarse convenientemente. Para ello envió a sus oficiales a averiguar quiénes eran los pastores que trabajaban para los ganaderos de la Cofradía, si efectivamente eran vecinos o no de la ciudad y el tamaño de sus rebaños, algo que también causaba molestias en ambas comunidades de aldeas, que se quejaban de que eran demasiado numerosos y que estaban perjudicando enormemente a sus propios ganados. Dentro de la sentencia hay un apartado específico para los conflictos por derechos de pasto entre las localidades de Longares35 y de Cariñena; en realidad, con la Comunidad de aldeas de Daroca en general. Los de Longares arguyeron que, a pesar de haber establecido en el pasado algunos pactos para poder apacentar sus ganados en los pastos de Cariñena, los de esta villa les vetaban la entrada. Por su parte, los de Cariñena negaron la existencia de cualquier tipo de acuerdo, algo que la comunidad darocense confirmó. El monarca se consideraba de nuevo incapaz de emitir un juicio inmediato sobre el tema, así que hasta que se viese capaz de ello, ordenó que todo siguiese como hasta ese momento y que ambas partes se guardasen de causar daños y perjuicios a la otra. Es posible que el conflicto entre estos dos lugares gire en torno a la pardina de Lagunas, un pueblo abandonado, como tarde, a comienzos del siglo xv y que estaba situado entre ambos términos.36 Recordemos que cuando una aldea quedaba deshabitada, el término se transformaba jurídicamente en pardina y se arrendaba a alguna población vecina a cambio de una suma de dinero que iba a parar a las arcas de la Comunidad.37 Resulta curioso que en el caso de Lagunas no empezase a ser arrendado por Cariñena hasta 1703. Dada la ausencia de investigaciones centradas en este tema, resulta imposible saber la causa. ¿Estaba anexionada de manera ilegal a Cariñena, como sucede con otras pardinas aragonesas? ¿Lo estaba de manera legal, pero se ha perdido —o todavía no se ha localizado— la documentación que lo acredita? ¿Estaba arrendada a Cosuenda, la única aldea de la Comunidad, junto con Cariñena, que limitaba con Lagunas? En todo caso, visto el celo con el que la Comunidad guardaba sus dehesas y pastos, resulta complicado creer que existiese un pacto entre Cariñena y Longares, puesto que la primera contaba con la pardina de Lagunas para apacentar a sus rebaños y no tendría necesidad de traspasar los límites de la Comunidad para ir hasta los pastos de Longares. Tampoco parece probable que lo hiciese a cambio de una cantidad determinada de dinero, ya que seguramente aparecería mencionado como causa de peso para probar la existencia del pacto. La sentencia arbitral resulta llamativamente ambigua, puesto que el monarca no se pronunció de manera firme sobre ninguno de los temas abordados. No es de extrañar, sin embargo, puesto que la villa de Longares y las comunidades de aldeas de Daroca y Albarracín eran vasallas suyas y la Casa de Ganaderos una institución muy poderosa en el ámbito territorial regnícola. Es posible que el monarca buscara algo de tiempo para ser lo más justo que pudiese y ofender con su dictamen lo menos posible a cualquiera de las cuatro partes implicadas en el proceso. A pesar de ser tan poco resolutivo, el rey no se privó de imponer un elevado precio como pago de la realización de la sentencia, que recayó principalmente en la Comunidad de aldeas de Daroca. A él hubo que darle un par de guantes, pagaderos a partes iguales por cada una de las cuatro partes implicadas. Las remuneraciones de todos los que habían intervenido directa o indirectamente en la elaboración del documento ascendió a 2700 sueldos, sin contar con el salario debido a Gil Spannol, encargado de redactar el proceso de 1500 y que todavía no había tasado su trabajo. Ese monto se dividió en cinco partes, cuatro de las cuales debían ser abonadas por la Comunidad de aldeas de Daroca y la quinta por la Casa de Ganaderos, villa de Longares y Comunidad de aldeas de Albarracín a partes iguales. Además, debía de pagarse en un plazo de 15 días desde la recepción de la sentencia arbitral. A la vista de la dinámica de resolución del conflicto, resulta poco sorprendente saber que esta sentencia arbitral no fue respetada. Los litigios continuaron, especialmente aquellos relacionados con el tema de las dehesas antiguas y los pastores que no eran vecinos de Zaragoza. Se volvieron a abrir nuevos procesos hasta que en 1559 se firmó una concordia —que no sería terminada y promulgada hasta un año después— que pretendía poner fin, de una vez por todas, a los enfrentamientos entre la Comunidad de aldeas de Daroca y la Casa de Ganaderos.38. Por ella sabemos que los de Zaragoza acusaban a los de la Comunidad no solamente de hacer nuevas dehesas tras la promulgación de la sentencia — algo que parece prohibido, aunque no se menciona en ningún momento— sino además de ampliar las que ya tenían. En dicha concordia se afirma que no queda claro si los enviados del rey nunca llegaron a hacer su trabajo o si los documentos fruto del mismo se perdieron. En cualquier caso, nadie estaba seguro de cuáles eran las dehesas antiguas de la Comunidad, aunque los ganaderos de Zaragoza seguían sin considerar justo que no pudiesen aprovechar sus pastos, fuesen antiguas o no. Tampoco se había solucionado la cuestión de los pastores que no eran vecinos de Zaragoza. Desde el siglo xiii y hasta la promulgación de la concordia fue habitual que los oficiales de la Casa de Ganaderos visitasen los lugares en los que tenían previsto que sus empleados fuesen a apacentar los ganados, para presentar los privilegios de la cofradía a los habitantes del lugar (Pascua, 2012: 219). A partir de 1560, los pastores que quisieran partir hacia tierras de la Comunidad debían presentarse ante el Justicia de ganaderos, probar que eran vecinos de la ciudad y declarar el tamaño de su rebaño. De este modo, antes del 8 de mayo de cada año se enviaba a unos mensajeros para que entregasen en las aldeas el listado de los pastores que se presentarían en sus términos y el tamaño de los rebaños que llevaban con ellos. Resulta redundante decir que, una vez más, este acuerdo no supuso el fin de los enfrentamientos entre estas dos poderosas instituciones. 5. Conclusiones. La expansión del Reino de Aragón hacia el sur con el fin de conquistar las tierras en manos de los musulmanes permitió obtener nuevos y extensos territorios que, por sus características orográficas, fueron muy favorables para el ejercicio de la actividad ganadera. Además de la ganadería estante, se practicó la trashumancia corta, principalmente entre el Valle del Ebro y las zonas montañosas de los Pirineos y del Sistema Ibérico. Los ganaderos de la Cofradía de San Simón y Judas de Zaragoza obtuvieron a lo largo del tiempo importantes privilegios que hacían de ella una asociación muy poderosa, lo que provocó el recelo y la antipatía allá donde fueran sus pastores. Aunque al principio los ganados zaragozanos frecuentaron las tierras de Albarracín y Teruel, los continuos conflictos con las villas y aldeas de las estribaciones del Sistema Ibérico promovieron un temprano interés por los aprovechamientos ubicados en la región ocupada por la Comunidad de aldeas de Daroca. Pero los vecinos de estas tierras tampoco estaban dispuestos a que los zaragozanos pisotearan sus derechos, principalmente los relacionados con el uso de pastos y dehesas. Los pleitos fueron cada vez más numerosos y la tensión entre ambas instituciones fueron en aumento, lo que sumado a la ingente cantidad de dinero que ambas partes tuvieron que desembolsar en cada juicio, llevó a buscar la intervención del monarca como mediador y pacificador, de modo que emitiese una sentencia arbitral que pusiese fin a unas tensiones que ya eran seculares. El 29 de marzo de 1501 Fernando II promulgó dicha sentencia —que también incumbía a la villa de Longares y a la Comunidad de aldeas de Albarracín—, pero sus contenidos no fueron respetados ni observados, generando nuevos enfrentamientos. El arbitraje real se requirió y se produjo pero, en la práctica, quedó sin efecto alguno. 6. Referencias bibliográficas. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Cuarenta años de Aragón en la Edad Media (1977-2017): María Luz Rodrigo-Estevan
EDITORIAL. CUARENTA AÑOS DE ARAGÓN EN LA EDAD MEDIA (1977-2017) FORTY YEARS OF THE JOURNAL ARAGÓN EN LA EDAD MEDIA (1977-2017) En mayo de 1977 se produjo la jubilación de don José María Lacarra en la cátedra de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza. Su excelente aportación investigadora y su brillante trayectoria académica en la Universidad de Zaragoza hizo posible la renovación de los estudios sobre el Aragón medieval a través, fundamentalmente, de la creación del Centro de Estudios Medievales de Aragón (1941) y de la publicación de la revista de investigación de Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón (1945-1975). Tras la supresión de las subvenciones para la edición de dicha revista (EEMCA), el volumen 10 (1975) se convirtió en el último número de una prestigiosa publicación que durante tres décadas dio a conocer trabajos monográficos sobre la historia medieval de los territorios y sociedades de la Corona de Aragón y del antiguo reino de Navarra, acogió la transcripción y estudio de diversas fuentes históricas y ofreció traducciones al castellano de monografías extranjeras poco conocidas.1. No obstante, enseguida fue posible retomar el proyecto editorial de Lacarra. Gracias al apoyo del Fondo nacional para el desarrollo de la investigación científica, sus discípulos y quienes, desde el Departamento de Historia Medieval, habían «colaborado, convivido y aprendido con don José María Lacarra, maestro de medievalistas»,2 aportaron sus investigaciones para dar forma a un renovado proyecto editorial que daría cabida a una variada serie de trabajos tendentes a abrir nuevos cauces en la investigación histórica aragonesa. De este modo, en 1977 y bajo una nueva denominación, Aragón en la Edad Media, la revista del Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza emprendía una etapa plena de renovados retos y objetivos investigadores. En la presentación del primer número de Aragón en la Edad Media José María Lacarra señalaba la urgente necesidad de rellenar los llamativos vacíos de conocimiento sobre economía y sociedad en el Aragón medieval. Vacíos generados por el peso secular de una historiografía cuya producción científica se había centrado durante décadas en el estudio de las instituciones públicas aragonesas —el rey, la Cortes, el justicia, las libertades aragonesas…—, «posponiendo otros aspectos para el mejor conocimiento de las estructuras demográficas, económicas y sociales sobre las que podían asentarse esas instituciones públicas» y, seguía afirmando Lacarra, «esto es tanto más de notar cuanto que Aragón cuenta con una obra modélica, la Historia de la economía política de Aragón (Zaragoza, 1789) con la que Ignacio de Asso se adelantó a su tiempo tanto en cuanto a los planteamientos como a información». Así pues, —y con estas premisas— no es de extrañar que el primer número de la ‘nueva’ revista departamental Aragón en la Edad Media no sólo delimitase el objeto de estudio al reino de Aragón, sino que a través de sus subtítulos Estudios de economía y sociedad en la Baja Edad Media, Estudios de economía y sociedad (siglos xii al xv), y Estudios de economía y sociedad, explicitase su inicial vocación temática. La revista pretendía, en suma, dar a conocer el trabajo que las nuevas generaciones de investigadores y docentes del Departamento de Historia Medieval estaban realizando, de temática diversa y relacionada con las estructuras demográficas, económicas y sociales sobre las que se asentaban las instituciones públicas aragonesas. Tales estudios se acompañaron, generalmente, con la edición de fuentes documentales inéditas procedentes de diversos depósitos y fondos archivísticos: Archivo de la Diputación de Zaragoza, Real Patrimonio del Archivo de la Corona de Aragón, Archivo Municipal de Zaragoza…. A partir de 1989, y con la aparición del número 8, realizado en homenaje académico al profesor emérito Antonio Ubieto Arteta (fallecido en 1990), la revista iniciaba una segunda etapa. El volumen reunió una cincuentena de estudios sobre el Aragón medieval firmados por investigadores procedentes no sólo del ámbito histórico sino también del literario, artístico, lingüístico, jurídico o filosófico, entre otros. Además, este primer número de la revista en homenaje a un profesor del Departamento constituyó el precedente de toda una serie de homenajes académicos que hasta el número 16 (2015) mantuvieron similar formato y concepto.3. De referencia obligada es la publicación del número 9 (1991). De una parte porque este volumen inauguraba una segunda época de la revista, con un consejo de redacción (director, secretario y vocales) nombrado a tal efecto por el Departamento y con el abandono de todo subtítulo, quedando únicamente la denominación principal, Aragón en la Edad Media, al objeto de abrir la publicación a temáticas de estudio más amplias en consonancia con las corrientes historiográficas más innovadoras. Y, de otra parte, porque la revista canalizaba en sus páginas las aportaciones fruto del Primer Seminario de Historia Medieval, celebrado en mayo de 1991 bajo el título «Avances recientes en la historia de al-Andalus: arqueología y sociedad». Este y los sucesivos seminarios organizados por el área de Historia Medieval entre 1991 y 2007 respondían al interés del profesorado por crear un foro de análisis y discusión en torno a las metodologías y temáticas de investigación más renovadoras y actuales. Sin duda, su celebración permitió enriquecedores contactos académicos y el intercambio de conocimientos entre investigadores de diversas procedencias geográficas y ámbitos de trabajo científico, además de posibilitar la participación del alumnado de segundo y tercer ciclo en reuniones donde destacados estudiosos nacionales e internacionales llegaron a Zaragoza para presentar sus avances investigadores. Con la intención de dar una mayor entidad y visibilidad a estos seminarios, y a partir de la segunda reunión, las contribuciones y debates de este foro de conocimiento fueron reunidos y publicados en forma de anejos de la revista bajo el título Aragón en la Edad Media. Sesiones de trabajo. Así pues, con el número que ahora se publica, Aragón en la Edad Media ha cubierto una larga andadura de cuarenta años en la que se han editado 28 volúmenes de la revista y 11 monográficos con las sesiones de trabajo organizadas entre 1993 y 2007. Un esfuerzo editorial de tantas décadas bien merece un estudio bibliométrico con el objetivo de analizar la actividad científica de la revista a través de diversos indicadores. Por ello se incluyen en este número los sumarios de los veintiocho números de Aragón en la Edad Media y de los once seminarios anejos así como el índice de autores que han colaborado en la revista a lo largo de estos cuarenta años de trayectoria.4. Realizar una atenta lectura de los sumarios y hacer un recorrido por el índice de autores no deja de ser impactante para quienes hemos estado vinculados al Departamento de Historia Medieval durante todos o buena parte de los últimos cuarenta años y hemos conocido a quienes pusieron en pie la revista con su esfuerzo de gestión5 y con la aportación de sus resultados investigadores. Cada sumario constituye un excelente retrato de las inquietudes científicas y de las líneas temáticas abiertas por dos generaciones de docentes e investigadores del departamento de Historia Medieval.6 Desde los miembros más veteranos a los investigadores más jóvenes, pasando por quienes, desde otros departamentos y universidades, mantuvieron con ellos y ellas estrechos y fructíferos contactos intelectuales. Cada estudio publicado lleva implícita una historia de vida académica, de cursus honorum, y contiene contribuciones fundamentales para el avance del conocimiento histórico del Aragón medieval en su más amplia acepción geográfica. Algunos de estos trabajos constituyen el resultado de una larga trayectoria investigadora; otros, en cambio, muestran las primeras aportaciones de trabajos que, con el paso de los años, culminaron en tesis de licenciatura y tesis doctorales, y en la publicación de estudios monográficos y de colecciones documentales. En su conjunto, todos estos artículos constituyen la base de obligada referencia que subyace en las actuales investigaciones sobre el reino de Aragón en los siglos medievales. En los últimos años, la dictadura de los índices de calidad de las revistas científicas ha modificado, sin duda alguna, el perfil de colaboraciones de la revista. La exigencia de obligada apertura de la publicación a autores no vinculados con la institución editora, la Universidad de Zaragoza, o lo que es lo mismo, la absurda minusvaloración curricular de los trabajos científicos publicados en el seno de la propia universidad de referencia, ha acabado con la finalidad primigenia de Aragón en la Edad Media: ser el órgano de expresión de la producción científica de quienes de un modo u otro —en calidad de personal docente o investigador, de miembros permanentes o eventuales, de catedráticos, titulares, asociados, ayudantes, becarios o doctorandos—, conforman las tres áreas de conocimiento que integran el Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza. La producción científica se mueve en la actualidad en el universo de los factores de impacto, de los índices de calidad, visibilidad y citación, de las bases de datos, de la internacionalización, de las leyes e indicadores bibliométricos… Y ello nos aboca, ante todo, a seguir trabajando, a seguir reinventándonos día a día para que Aragón en la Edad Media se consolide —a través de la edición en papel y la edición electrónica— como órgano de expresión de quienes, desde dentro y desde fuera de la Universidad de Zaragoza, siguen investigando y explorando nuevas perspectivas de estudio.
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A Pilar Pueyo Colomina en su jubilación académica.: To Pilar Pueyo Colomina on the occasion of his retirement
EDITORIAL. A PILAR PUEYO COLOMINA EN SU JUBILACIÓN ACADÉMICA TO PILAR PUEYO COLOMINA ON THE OCCASION OF HIS RETIREMENT. La revista Aragón en la Edad Media ha recogido en los volúmenes de 2015 y de 2019 las biografías académicas de seis docentes e investigadores de nuestra universidad que, tras una dilatada y fecunda trayectoria profesional, alcanzaron la jubilación. Cuatro de ellos ejercieron como profesores en el área de Historia Medieval y había sido discípulos directos de don José María Lacarra. Nos referimos a José Ángel Sesma Muñoz, Esteban Sarasa Sánchez, Sebastián Andrés y Juan Fernando Utrilla Utrilla, cuyos nombres apuntamos siguiendo la cronología de sus jubilaciones. Otro de los profesores, Federico Corriente, desarrolló su actividad docente e investigadora en el seno del área de Estudios Árabes e Islámicos, recientemente desgajada del hoy denominado Departamento de Historia de la Universidad de Zaragoza para formar parte del Departamento de Lingüística y Literatura Hispánicas. Y, en el área de Ciencias y Técnicas Historiográfica era la profesora Asunción Blasco Martínez la que protagonizó la última de una serie de jubilaciones como la de María de los Desamparados Cabanes Pecourt y la de otras profesoras que comenzaron su cursus honorum como discípulas de don Ángel Canellas López. Este cúmulo de jubilaciones de toda una notoria generación de docentes e investigadores se ha culminado en el curso académico 2020-2021 con el final de la carrera laboral en el área de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la historiadora barbastrense Pilar Pueyo Colomina, última discípula en servicio activo del profesor Ángel Canellas. Concluye, además, una larga década que se ha visto notablemente afectada por la disminución del encargo docente de las áreas de conocimiento de Historia y, en consecuencia, por los continuos ajustes de plantilla derivados de la reestructuración de la oferta académica en titulaciones de cuatro años de duración y la especial incidencia del desgajamiento de la antigua licenciatura en Geografía e Historia en los actuales grados de Historia, Historia del Arte, Geografía y Filosofía. Aragón en la Edad Media —publicación en la que la profesora Pueyo participó activamente como secretaria en dos momentos críticos de su historia, entre junio de 1999 y junio de 2003 y, unos años más tarde, entre junio de 2007 y junio de 2014—, ha querido incluir en el número 33 (2022) un sencillo pero sincero y sentido reconocimiento a su trayectoria académica a través de una aproximación a décadas de trabajo y logros. Hace un año aproximadamente cursamos una invitación a participar en la revista a la profesora de la Universidad de Valencia, María Milagros Cárcel Ortí, quien amable y generosamente aceptó de inmediato el compromiso. La elección no fue al azar: la doctora Cárcel Ortí es una excelente conocedora de la faceta docente e investigadora de Pilar Pueyo debido a la cercana relación profesional y personal que ambas han mantenido a lo largo de unas trayectorias científicas confluyentes tanto en campos de estudio como en responsabilidades docentes. Durante décadas de afinidades, la profesora Cárcel también ha tenido la oportunidad de aproximarse a otras facetas que, aunque inherentes al oficio docente e investigador académico, Pilar Pueyo ha desarrollado con especial destreza. Me refiero a su compromiso con la gestión académica y con la gestión administrativa dentro y fuera del ámbito universitario. La doctora Pueyo ha sido gestora en la revista Aragón en la Edad Media, como acabamos de señalar, pero también en la organización de congresos, jornadas y encuentros científicos del área de Ciencias y Técnicas Historiográficas y en las tareas departamentales. Además, su dedicación y profesionalidad se han extendido al ámbito académico nacional e internacional a través de su participación, entre otras, en el Comité Internacional de Diplomática o en la Junta Directiva de la Sociedad Española de Ciencias y Técnicas Historiográficas. Aunque compendiar en unas cuantas páginas una dilatada y fructífera carrera profesional constituye una tarea extremadamente compleja, María Milagros Cárcel ha resuelto el encargo de manera satisfactoria, como era de esperar. En su trabajo nos ofrece un detallado recorrido por la labor docente e investigadora de la profesora Pilar Pueyo, en el que incluye, entre otros aspectos, una valoración de los logros académicos y de las vías de investigación iniciadas y consolidadas por la doctora Pueyo. Y, a modo de cierre, nos presenta un exhaustivo repertorio bibliográfico. Sirvan estas líneas para expresar públicamente a la profesora María Milagros Cárcel Ortí nuestro más sincero agradecimiento por la aceptación del compromiso y por la entrega en tiempo y forma del resultado final que ahora ponemos a disposición de los lectores de la revista. Dos aspectos esenciales que han caracterizado el transcurrir laboral de la profesora Pilar Pueyo han sido, por un lado, la absoluta entrega mostrada a la hora de abordar el proceso de enseñanza-aprendizaje en las aulas universitarias y, por otro, el alto grado de respeto y consideración manifestado en las cotidianas interacciones con su alumnado. Pilar Pueyo Colomina. Desde la asunción de sus primeras clases prácticas en 1976, esta dedicación le ha permitido durante más de cuarenta años trasmitir conocimiento y pasión por la paleografía, la diplomática, la numismática y la epigrafía, por la bibliología, por la crítica y la investigación documental, por la historia del documento y por el tratamiento del patrimonio documental. Varias generaciones de estudiantes de los diversos planes de estudio de Filología, Historia e Información y Documentación en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza han tenido la oportunidad de aprender con su magisterio y han valorado muy destacadamente en todos los procesos de evaluación su actitud, su guía y su buen hacer dentro del aula y, fuera de ella, en las tutorías y en los archivos. Como colegas vecinas de despacho en la vieja facultad, tuve la oportunidad de seguir de cerca el cotidiano y disciplinado ritmo de trabajo de Pilar Pueyo. En no pocas ocasiones me hizo partícipe de planteamientos y problemáticas de estudio en fuentes documentales que ambas manejábamos en nuestras investigaciones y sobre las que pudimos intercambiar experiencias, resultados y proyectos de una manera extremadamente afable y cordial. Nuestro contacto en los últimos años ha sido más continuado si cabe, a pesar de ocupar espacios físicos más alejados tras abandonar nuestra vieja facultad y acomodarnos provisionalmente en otro edificio universitario. En esta última etapa hemos acometido, junto con otros colegas, la compleja tarea de formar parte de tribunales y comisiones de acceso a plazas docentes; en todas y cada una de las experiencias en este ámbito, sus actuaciones constituyen un ejemplo de compromiso y honestidad en una tarea que siempre requiere de especial rigor, meticulosidad y celo para garantizar la transparencia de los procesos y los resultados de selección. Ahora comienza para ella una nueva etapa llena de ilusionantes proyectos investigadores cuyos resultados esperamos con impaciencia. Proyectos personales y en equipo en los que focaliza su atención tras cesar la intensidad de sus labores universitarias. Con el más sincero reconocimiento a su buen hacer y dedicación profesional en el área de Ciencias y Técnicas Historiográficas, en el departamento de Historia, en la facultad de Filosofía y Letras y en la Universidad de Zaragoza, quiero cerrar estas líneas señalando que Pilar Pueyo Colomina ha constituido y constituye un referente como docente entregada y apasionada, un modelo como investigadora disciplinada y generosa, un espejo como gestora honesta, eficaz y cercana… y, sobre todo, un ejemplo de colega positiva y siempre constructiva que, con su gran sencillez y calidez humana, con su deferencia y afabilidad, continúa invitando a compartir pensamientos, experiencias y emociones en cada reencuentro.
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Hacienda local y redes financieras en la Cataluña bajomedieval: los tesoreros del municipio de Gerona (1350-1440)
Hacienda local y redes financieras en la Cataluña bajomedieval : Los tesoreros del municipio de Gerona (1355-1443)1 municipal treasury and financial networks in late medieval catalonia : the treasurers of gerona city council (1355-1443) Alb ert Reixach Sala Institución Milá y Fontanals (CSIC) Resumen: El presente artículo pretende analizar la figura del clavari de les imposicions de la ciudad de Gerona, tesorero principal y oficio fundamental de la administración municipal que cristalizó, igual que en la mayoría de poblaciones catalanes, durante la segunda mitad del siglo XIV. Se presta especial atención a la treintena de individuos que ocuparon dicho cargo entre 1355 y 1443. Así se aportan datos prosopográficos sobre sus actividades profesionales, extracción social, trayectorias y relaciones, a fin de interpretar mejor las instituciones locales. Palabras clave: Hacienda municipal, Cataluña bajomedieval, redes financieras; política local. Abstract: This essay aims to analyze the office called clavari de les imposicions in the city of Girona, the most important local treasurer and a crucial position within the municipal administration that cristalyzed, like in most Catalan towns, during the second half of the 14th c. Major attention is devoted to the group of around thirty individuals that occupied this office between 1355 and 1443. In so doing, it provides prosopographical data about their professional activities, social background, careers and relationships, as a means to better interpret local institutions. Keywords: Municipal treasury, Late Medieval Catalonia, financial networks, local politics. Introducción. El primer día del año 1364, reunido en el convento de franciscanos, el consejo general de la ciudad de Gerona, cuyos miembros acababan de ser elegidos, resolvía que el cambista Ramon Medir se ocupara (él y nadie más que él) de percibir el arriendo de impuestos indirectos bajo control del municipio para pagar las rentas emitidas por la universitas y de no destinar dichas cantidades a ningún otro fin. Sobre todo en esto último insistían las instrucciones que tenía que seguir el tesorero municipal de reciente creación y que pronto sería conocido como clavari de les imposicions.2. El presente trabajo se propone, precisamente, analizar la figura del clavari de les imposicions de la ciudad de Gerona, oficio por excelencia de una administración financiera que cristalizó, como en la mayoría de municipios catalanes, en las décadas de 1360 y 1370. Asimismo, el estudio de los individuos que ocuparon dicho cargo de clavari entre 1355 y 1443 ha de permitirnos realizar una primera aproximación a una prosopografía de mayor alcance acerca de los sujetos que articularon el arca común del municipio gerundense con las redes financieras de la época.3. Para todo ello nos basaremos en un vaciado exhaustivo de las ricas series del archivo municipal de Gerona conservadas para el periodo analizado y que incluyen libros de actas, correspondencia, registros notariales elaborados por el escribano del consejo y libros de cuentas.4 Además, completaremos la mayor parte de datos biográficos con la información que nos ofrecen los también nutridos fondos de los distintos notarios que actuaron simultáneamente para clientela privada en la notaría real de la ciudad. 1. La aparición de la clavaria de les imposicions en el proceso de consolidación de la hacienda local (1350-1360) Antes de entrar a analizar los rasgos principales del cargo de clavari de les imposicions y el perfil de los individuos que lo ocuparon, veamos brevemente cuándo y cómo apareció la administración que regía en un contexto histórico preciso y adaptándose a las novedades financieras e institucionales. Uno de los elementos fundamentales de este proceso fue, sin lugar a dudas, el endeudamiento de la universitat de Gerona, que contribuyó decisivamente a consolidar la hacienda local como en muchos otros lugares del principado. En efecto, en paralelo al afianzamiento definitivo del sistema fiscal municipal, nacía un cargo destinado a gestionar el pilar central de dicho sistema, esto es el pago de la deuda pública a largo plazo, que se asentó de manera irreversible en las finanzas locales tras los cuantiosos subsidios otorgados al rey durante la Guerra de los dos Pedros (1356-69).5. De hecho, la cristalización de esta nueva tesorería específica alrededor de 1360 culminaba un proceso iniciado en la década de 1340. Entonces, ante las crecientes demandas fiscales de la Corona, las primeras emisiones de rentas vitalicias y perpetuas (violaris y censals) y la prolongación de los periodos de recaudo de impuestos indirectos a cargo de las administración municipal, los regidores empezaron a nombrar a vecinos ajenos al ejecutivo para que se ocuparan de forma temporal de la gestión de los ingresos que generaba la venta temporal de las imposiciones, con los que se debía hacer frente a la deuda.6 De todos modos, entre aproximadamente 1355 y 1385, con el recurso casi sistemático ante la mayoría de necesidades a la emisión de rentas consignadas al conjunto de impuestos indirectos, el clavari de les imposicions se convertiría definitivamente en un cargo de nombramiento anual y la clavaria de les imposicions en una verdadera institución.7. Este nuevo tesorero era llamado así porque justamente le fue asignado el producto del arriendo anual por parte del gobierno municipal de los impuestos indirectos aplicados sobre el consumo y la circulación de productos y mercancías (imposiciones o sisas) y que debían destinarse a la satisfacción de los intereses y, hasta donde fuera posible, a la amortización de las rentas vitalicias o perpetuas (violaris y censals) emitidas por el conjunto de la comunidad ciudadana. En el caso de Gerona, además, el nuevo clavari se escindía de una tesorería municipal preexistente, controlada por uno de los seis regidores (jurats) que se intitulaba tenedor de las cuentas de este órgano de magistrados locales y que, en adelante, pasaría a denominarse clavari dels jurats.8. Con el establecimiento del clavari de les imposicions, tuvo lugar cierta reestructuración de la hacienda municipal que, evidentemente, entrañaba un sistema más complejo de cajas y administraciones allende el arriendo de impuestos indirectos y el pago de la deuda. A lo largo de todo el periodo entre aproximadamente 1355 y 1445 hubo necesidades de moneda por motivos muy diversos: desde demandas fiscales ligadas a la guerra hasta la obligación de mejorar el por separado unas cuentas de los ingresos devengados exclusivamente por el arriendo de las imposiciones por parte de los regidores de las de los emolumentos generales de la administración municipal: AMGi, I.1.1., n.2, f. 155v-157v, 1356/11/17. Esta novedad local probablemente estaba vinculada a transformaciones de mayor alcance en la gestión de las ayudas fiscales pactadas entre el estamento real y la monarquía a propósito de expediciones marítimas para el control de la isla de Cerdeña. En pocas palabras, en el donativo aprobado en el Parlamento de Vilafranca del Penedès de 1353 se estipuló por primera vez de manera clara que las autoridades municipales podían retenerse una parte de lo recaudado mediante impuestos indirectos para que pagaran directamente los intereses de la deuda emitida con el fin de financiar la ayuda: Sánchez & Orti, 1997b: doc. XII (1353/03/15-04/2, 3, 24 i 29), p. 116. Por ende, parece razonable que el gobierno de la ciudad tuviera la precaución de distinguir claramente esta parte y de gestionarla al margen del resto de fuentes fiscales o ingresos. Algunas de estas novedades ya fueron apuntadas por C. Guilleré: Guilleré, 2004: 39-55. Obviamente, encontramos figuras muy parecidas al clavari de les imposicions a partir de la misma época en otros municipios a lo largo y ancho de la Corona de Aragón. Sin embargo, según señala M. Sánchez, cabe destacar no tanto el fenómeno de división o duplicación de clavaries como la propia existencia de contabilidades separadas y, sobre todo, el carácter cerrado que adquirió la dedicada a la gestión del determinante binomio imposiciones/deuda: Sánchez, 1999: 472. En ese sentido, a partir de 1364 la clavaria de la ciudad de Barcelona se separó en dos (por un lado, la clavaria de l’assignació, dedicada a la gestión de la deuda censal; por el otro lado, la clavaria comuna, orientada a cubrir otros gastos de funcionamiento o extraordinarios), aunque permaneció en manos de un único oficial: Orti, 2007: 274. Por otra parte, se documenta la existencia de un tesorero llamado clavari dels anuals que pagaba pensiones de rentas en la ciudad de Manresa ya en 1364 (Torras, 1999: 165-166), y la existencia episódica (y como consecuencia de una crisis financiera) de una clavaria dels censals separada de la clavaria comuna en Valls entre 1407 y 1415 (Morelló, 2001: 887-891). Asimismo, en Valencia, en el año 1367, apareció el cargo de clavari de censals, encargado de satisfacer los intereses de la deuda, al lado de una clavaria comuna: García Marsilla, 2002: 252-256. En cuanto a otros casos de poblaciones del reino de Valencia: Furió, 1999: 52-53, 59. sistema de murallas u otras obras públicas, de organizar la defensa de la ciudad, de abastecerla de grano en tiempos de carestía, de enviar embajadas a la corte del rey, de preparar celebraciones extraordinarias en motivo de entradas de autoridades o de costear procesos judiciales en los que estaba inmersa la comunidad, entre otros hechos más esporádicos. Como consecuencia de todo ello, pudieron nombrarse desde el consejo municipal síndicos específicos y crear administraciones ad hoc, con cierta autonomía durante poco más de un año, pero sin llegar nunca a institucionalizarse ni el cargo ni la administración. Por otra parte, ante este nuevo panorama de las décadas de 1360 y 1370, el antiguo tesorero, miembro del ejecutivo, se limitó a regir una caja con partidas de procedencia variada y destinada a finalidades aún más diversas y cambiantes en función de las mencionadas necesidades y de la constitución (o no) de cajas específicas. En un principio, el clavari dels jurats recibía la mayoría de derramas, recurso fiscal ya bajo control del municipio desde finales del siglo XIII que siguió utilizándose hasta las primeras décadas del siglo XV y de forma muy puntual posteriormente, quedando relegado a un segundo plano por los impuestos indirectos. Como contrapartida, este tesorero acabó obteniendo lo devengado por el arriendo de las barras o derechos de entrada y salida a la ciudad de mercancías de forasteros cobrados para propósitos específicos y por el arriendo anual del control de los pesos y medidas.9. Sin embargo, según apuntábamos, el uso tan recurrente que se hizo, en las últimas décadas del siglo XIV, de las emisiones de rentas consignadas sobre las imposiciones para hacer frente a la mayor parte de urgencias y el consiguiente peso creciente de la deuda censal muchas veces obligó a orientar casi todas las fuentes fiscales al alcance del municipio al servicio de ésta. De ahí que la clavaria de les imposicions ganara tanto protagonismo a partir, sobre todo, de las décadas de 1370 y 1380.10 2. El cargo de clavari de les imposicions: nombramiento, funciones y evolución entre 1355 y 1443. Presentados sus orígenes, cabe indicar que el clavari de les imposicions era designado cada año por los jurats, a veces, pero no siempre, con el beneplácito del consejo. La elección acostumbraba a tener lugar entre el primer y el tercer mes de cada año, poco después del inicio de la legislatura que suponía, el día 1 de enero, el nombramiento de los nuevos integrantes del consejo de ochenta miembros, de los seis regidores (jurats), de los tres auditores de cuentas y de los dos supervisores urbanísticos (sobreposats de les obres).11 Además, tenía lugar poco después del inicio del ejercicio económico que representaba, en las postrimerías de diciembre, la subasta de impuestos para el año venidero por parte de los regidores salientes. Y, finalmente, coincidía con el comienzo en enero del calendario de pagos de las pensiones anuales de los títulos de deuda. A pesar de quedar al margen de los mecanismos consuetudinarios de renovación de oficios municipales del día de año nuevo, parece que a lo largo del periodo estudiado siempre se accedió al cargo de clavari de les imposicions por designación y a cambio de una retribución establecida por los regidores o el consejo. A diferencia de otras localidades catalanas, no se documentan concesiones temporales a financieros que actuaran a título privado, ni el hecho de otorgar el oficio en pública almoneda.12. Ello no obsta para que, como veremos, el desarrollo inicial de la clavaria de les imposicions, entre principios de la década de 1350 y comienzos de la siguiente, se fraguara precisamente a medio camino entre la banca privada de la ciudad y del arca común, se eligieran siempre vecinos con un perfil personal muy cercano al mundo de las finanzas o, más tarde, en circunstancias puntuales, se registren ofertas de varios individuos para desempeñar el oficio sin remuneración o a cambio de un salario por debajo de lo habitual. Asimismo, puede constatarse que prácticamente todos los individuos que fueron nombrados clavaris permanecieron en este puesto durante más de un año, hasta llegar a media docena de ejercicios seguidos o, de modo excepcional, a más de veinte (Cuadro 1). Por lo que respecta a sus funciones, como hemos apuntado, el clavari de les imposicions era el tesorero que se ocupaba, en esencia, de la percepción del arriendo de los impuestos indirectos a varios individuos o compañías.13 Con ello pagaba mensualmente las pensiones de las rentas emitidas por la universidad; también los distintos salarios ordinarios del municipio, a saber, de los cargos políticos elegidos el 1 de enero y de los abogados, procuradores, escribanos, alguaciles y a veces médicos con una pensión a cargo de la ciudad, amén de retenerse su propia retribución. Todo ello ya quedaba así dispuesto en las instrucciones, elaboradas por el consejo y los jurats, que los clavaris juraban en la toma de posesión del oficio durante las décadas de 1360 y 1370.14 A finales de este último decenio, sus atribuciones, obligaciones y actuaciones fueron definitivamente reguladas en distintas provisiones del infante Juan, primogénito del rey Pedro el Ceremonioso y duque de Gerona, especialmente en unas ordenanzas promulgadas en 1377, corregidas en 1379 y ratificadas en forma de privilegio perpetuo en 1386.15. Con pocas variaciones, los registros contables que se conservan, producto de la rendición de cuentas anual a la que estaba obligado dicho tesorero, muestran la relativa continuidad de los mecanismos expuestos hasta mediados del siglo XV.16 No obstante, cabe advertir que el peso efectivo y el margen de actuación del clavari de les imposicions respecto a otras cajas o administraciones ligadas al municipio pudieron variar en función de la coyuntura y de la evolución de la hacienda local. Así, por ejemplo, en ciertos episodios como el de finales de la década de $1 3 6 0 \mathrm { e }$ inicios de la siguiente se documenta el recurso a la consignación directa del pago de las rentas a las imposiciones, o sea que tenían que hacerlo efectivo los propios arrendatarios de estos impuestos.17 Y, junto a ello, a pesar de varias provisiones reales que las prohibían, fueron habituales prácticas como la compensación fiscal, o sea la posibilidad de que los acreedores de rentas se cobraran los pagos semestrales en contraprestación de alguna deuda fiscal, sobre todo lo que tenían que tributar en las derramas e, incluso, lo que debían del precio del arriendo de imposiciones.18 A consecuencia de dichos mecanismos, la moneda no siempre pasó por las manos del clavari, sino que este oficial pudo limitarse a certificar que los pagos se habían saldado. Obviamente, todas estas prácticas se vieron favorecidas por el hecho de que la mayor parte de acreedores del municipio fueron, al mismo tiempo, habitantes de la ciudad y, por ende, contribuyentes de ella y potenciales arrendatarios de impuestos. Asimismo, tenemos constancia del ejercicio por parte del citado clavari de otras funciones normalmente desarrolladas, según hemos explicado más arriba, por comisarios específicos, como la emisión de rentas o la renegociación de la deuda, la reclamación de impagos (tarea para la que en ciertas ocasiones se creó un cargo de tesorero ad hoc) o, en fases más tardías, la coordinación del abastecimiento de víveres para la ciudad.19 Esta dinámica también se registra en otras poblaciones.20 Además, en algún periodo concreto, se unificó la caja de las imposicions y la de los jurats, con el aparente propósito de encontrar fórmulas que dieran más fluidez a la satisfacción de los gastos.21 En definitiva, a pesar de la existencia de una tendencia general que se mantuvo, el cargo de clavari de las imposicions estuvo sometido a ciertas mutaciones más o menos puntuales. 3. Una prosopografía de los clavaris de les imposicions de Gerona 3.1. Presuntos rasgos comunes de los clavaris. Los cambios que acabamos de apuntar deben tenerse en cuenta a la hora de analizar cuáles eran los rasgos de los individuos que desempeñaron dicho oficio. A los gerundenses que fueron designados clavaris de les imposicions se les podrían suponer ciertas competencias técnicas, conocimiento de los mercados y solvencia económica. Todo ello sin olvidar que probablemente contaban con el consenso de los diversos grupos con intereses en la hacienda local, especialmente el de las familias con mayor peso político y el de las que destacaban entre el colectivo de los acreedores, amén de instancias no menos influyentes como la corte real. Precisamente, la bibliografía disponible para casos relativamente próximos al de Gerona o de otros territorios acerca de tesoreros de municipios tiende a destacar tanto los elementos económicos como los políticos y, aún más, la interrelación entre ambos.22. Veamos a continuación si todas estas presunciones resultan ciertas en el caso de los 28 individuos que ocuparon el cargo de clavaris de les imposicions en el municipio de Gerona entre 1355 y 1443.23 Para ello intentaremos, mediante el método prosopográfico, determinar su extracción social, ámbitos de actividad profesional, patrimonios, las respectivas carreras en las distintas administraciones públicas, así como sus vínculos familiares, clientelares y la posible inserción en diversas redes.24 3.2. Un patrón común, pero con variantes. En primero lugar, cabe destacar que, salvo tres excepciones que comentaremos más adelante, quienes desempeñaron el oficio de clavari pertenecían al sector mercantil y formaban parte de la mà mitjana o estamento medio de la comunidad política de la ciudad (cuadro 1). La constatación, en efecto, no resulta demasiado sorprendente.25 De todos modos, tratemos de observar cuá- les eran los atributos de los distintos sujetos que actuaron de tesoreros a la luz de las coyunturas que atravesó la administración financiera del municipio entre 1355 y 1443. Como se ha intentado explicar en otro lugar, el concurso de cambistas o banqueros de la propia ciudad de Gerona resultó fundamental en la progresiva vertebración de un sistema fiscal y financiero municipal en las décadas centrales del Trescientos.26 En concreto, desde el decenio de 1330, los regidores recurrieron a los establecimientos de estos banqueros para la captación de crédito. Ello desembocó, en el contexto de la extraordinaria difusión de la deuda pública municipal a partir de los años 1350, en el control por parte de dichos cambistas del producto de los impuestos indirectos, que, como se ha explicado más arriba, se consignaron al pago de las rentas emitidas. En consecuencia, la alternancia, entre 1355 y 1366, de los banqueros Ramon Medir y Ponç Malarç al frente de un cargo todavía en gestación supuso una institucionalización de las funciones financieras que desde décadas antes venían desempeñando estos titulares de taules de canvi privadas. Sin embargo, a finales de la década de 1360, asistimos a la aparición de nuevos actores, cuyo perfil también debemos poner en relación con nuevas coyunturas. Superada la etapa llamémosla de los cambistas, comerciantes de todo tipo se sucedieron al frente de la clavaria de les imposicions: desde exitosos mercaderes como fueron los comerciantes de telas Bernat Ferrer o Jaume Beuda hasta boticarios que no quedaron nunca al margen de ciertos circuitos comerciales como Miquel Vilar o Guillem Coll. Entre todos ellos, algunos tenían una marcada orientación hacia el comercio de grano, productos textiles, pieles o esclavos, aunque lo más habitual es que combinaran más de una línea de negocio.27 Además, muchos entregaron productos en comandas comerciales con destino a varios puntos del Mediterráneo, otros, incluso, eran los socios capitalistas de sociedades mercantiles o tenían participaciones en ellas, y algunos, además, en embarcaciones de uso comercial.28 Sea como sea, en su conjunto, estos comerciantes eran hábiles en el manejo de dinero propio y ajeno, y algunos eran capaces de realizar operaciones muy similares a las de los banqueros sin ser titulares de un establecimiento propiamente bancario.29. Más allá de sus respectivos oficios y actividades profesionales, podemos documentar que todos, en mayor o menor medida, poseían inmuebles urbanos, equipamientos como molinos, explotaciones agrarias (desde casas fuertes o mansiones rurales hasta mansos), campos y huertos, además de percibir censos sobre todo este tipo de bienes o ser titulares de otras rentas como diezmos eclesiásticos.30. Asimismo, vemos que participaban de forma asidua en el arriendo de frutos y emolumentos percibidos por instituciones eclesiásticas o linajes aristocráticos.31 Algunos de ellos también formaron parte de las compañías organizadas para el arriendo de la colecta de las generalitats dels draps, los impuestos sobre la producción y circulación de tejidos cobrados por la Diputación del General de Cataluña.32 Y, como no podía ser de otra manera, en su mayoría se muestran muy activos en la esfera del crédito, tanto en el ámbito estrictamente privado como en el generado por la extraordinaria difusión de la deuda pública.33 De ahí que todos adquirieran o heredaran en algún momento de sus vidas violaris y censals (rentas vitalicias o perpetuas) emitidas por varias poblaciones del área cios del mercado, como L. Tord en la carnicería o G. Julià en la zapatería: AHG, Gi-11, vol. 24, s.f., 1403/04/06; AHG, Gi-06, vol. 107, s.f., 1405/11/17. Asimismo, P. Ferrer y B. Hospital tenían al menos un molino en el complejo destinado a la molienda de cereales para la población gerundense: AHG, Gi-05, vol. 414, s.f., 1386/05/01; ACA, C, reg. 1082, f. 19v, 1368/01/15. J. Beuda, en cambio, adquirió una torre equipada con un molino dedicado al procesamiento de la grana de pastel en las afueras de la ciudad: AHG, Gi-05, vol. 411, s.f., 1383/07/20. Unos pocos poseían algún edificio fortificado junto a caseríos y tierras de labranza, como M. Vilar en su entorno más inmediato: AHG, Gi-01, vol. 411, s.f., 1432/06/20; AHG, Gi-02, vol. 196, ff. 128r-129v, 1439/08/20. Otros simplemente tenían un conjunto de parcelas, quizás mayor de lo que las fuentes consultadas nos sugiere, como F. Trilla en el término de Juià y B. Ferrer y su mujer en el de Celrà: AHG, Gi-05, vol. 331, s.f., 1363/01/10; AHG, Gi-07, vol. 48, s.f., 1374/01/31. A otro nivel, por ejemplo, J. Beuda percibía numerosos censos sobre casas (AHG, Gi-05, vol. 414, s.f., 1386/05/23) y F. Santceloni sobre piezas de la huerta periurbana de Gerona (AHG, Gi-01, vol. 113, f. 7v, 1376/01/10). Finalmente, cabe señalar que P. Trilla era señor del diezmo de la parroquia ampurdanesa de Verges (AHG, Gi-09, vol. 35, s.f., 1408/03/31). En conjunto, véase sobre la necesidad de tener siempre presente la idea de diversificación de inversiones y de evitar falsas dicotomías entre ámbitos urbanos y rurales: Sabaté, 2009: 1-3. 31 A modo de ejemplo, B. Cerir participó, junto a varios artesanos conciudadanos suyos, en el arriendo de rentas asignadas al obispo de Gerona (AHG, Gi-05, vol. 460, s.f., 1386/06/08); J. Cavalleria en el de las correspondientes a la camarería del monasterio de Sant Pere de Galligants (AHG, Gi-04, vol. 95, s.f., 1427/12/03); mientras que G. Coll licitó en las del castillo principal de una importante familia de aristócratas, los Cruïlles (AHG, Gi-07, vol. 92, s.f., 1438/07/16). 32 B. Ferrer formó parte del grupo de arrendatarios de la colecta en la demarcación de Gerona de los años 1368,1373 y 1375, y del cuadrienio 1378-82 (donde también encontramos a J. Beuda): AHG, Gi-05, vol. 291, s.f., 1369/07/19; Ibid.., vol. 303, s.f., 1373/03/18, Ibid., vol. 306, s.f., 1375/01/05, vol. 313, f. 203v, 1381/09/24. El draper P. Tortosa también estuvo entre los miembros de alguna compañía de estas décadas de 1370 y 1380, igual que B. Hospital: AHG, Gi-07, vol. 53, s.f., 1375/12/08; AHG, Gi-05, vol. 313, f. 120v, 1380/12/18, AHG, Gi-03, vol. 32, f. 22r, 1382/04/18, AHG, Gi-09, vol. 15, s.f., 1389/03/04. M. Santacília, por su parte, participó en los arriendos del distrito gerundense de los periodos 1412-13, 1416-19, 1419-22, 1422-25 (en los tres últimos casos, junto al mercader P. Tortosa y L. Tord, entre otros socios) y 1425-28: ACA, G, G-24, vol. 4, f. 13r, 1412/05/18; Ibid., vol. 6, f. 12r-v, 1416/05/05; Ibid., vol. 6, ff. 65r-v, 1419/05/13; Ibid., vol. 6, f. 112v, 1422/05/14; ACA, G, G-54, vol. 1, ff. 191r-192v). Y B. Vilarnau también lo hizo probablemente en el trienio 1428-31: ACA, G, G-54, vol. 1, ff. 232r-233v. A propósito de las estructuras fiscales y financieras de la Diputación del General del principado: Orti, 2011: 119-137. 33 Acerca de los circuitos financieros en el área de Gerona, véase Sales, 2011: 135-154 nororiental del principado, del Rosellón y, ya en el siglo XV, por la mencionada Diputación del General.34 Además, existen muestras claras del hecho de que los que ocuparon el oficio de clavari eran reputados como buenos conocedores del mercado de la deuda, puesto que fueron escogidos por particulares para invertir sumas importantes en los lugares que considerasen.35. Evidentemente, compraron títulos vendidos por el municipio de Gerona, del cual fueron acreedores. En ese sentido, sin estar entre los más pudientes, Bonanat Cerir, clavari en varios ejercicios entre 1380 y 1390, o el mercader Pere Ferrer, que lo fue sólo en 1378, se hallaban entre la veintena de censalistas que poseían capitales superiores a 10.000 s.b. cuando sus títulos de deuda fueron novados en 1377.36 Aún más llamativo es el peso de Jaume Beuda que, tras servir al municipio durante un lustro entero, acumuló un gran patrimonio y adquirió varios censales para la dotación de diversas obras pías en los primeros años del siglo XV.37. Deberíamos fijarnos, por otra parte, en la consideración fiscal de estos tesoreros, a priori indicativa de su nivel de riqueza. Si nos basamos en una derrama de 1390, podemos observar que, entre unos 1360 contribuyentes, sólo el mencionado Jaume Beuda y Francesc Santceloni se encuentran entre los 10 más grabados; y Bernat Ferrer, Guillem Julià, Francesc Trilla, el heredero de Pere Ferrer y Bonanat Cerir entre los 40.38. En suma, todo ello probablemente nos pone de relieve que, por norma general, no estamos ante las mayores fortunas de la ciudad de Gerona del periodo. De hecho, como ya se ha apuntado, sólo se adscriben al estamento superior de la comunidad, o sea a las familias que se denominaban de la mano mayor, Francesc Santceloni, el cambista Ponç Malarç y Narcís Gornall. Además, dejando a un lado el incuestionable perfil elevado del primero, los otros dos, aun perteneciendo al estamento mayor, no compartían los rasgos más comunes de sus principales miembros. En pocas palabras, no llegaron nunca a ejercer el cargo de regidor (jurat) a diferencia de parientes directos suyos, probablemente al no pertenecer a las ramas principales de las respectivas familias.39. Si, finalmente, tratamos de detectar cuáles eran los aspectos coincidentes en las trayectorias político-financieras ligadas al municipio de los individuos que ocuparon el cargo de clavari de les imposicions, observamos vías bastante dispares (cuadro 1). Huelga decir que por ley no estaba permitido combinar en un mismo año el desempeño de un oficio municipal con el arriendo de impuestos indirectos, aunque sí se contemplaba la posibilidad de adquirir rentas emitidas por el municipio o concederle préstamos.40. Dicho esto, constatamos que, con pocas salvedades, los diferentes tesoreros, con mayor o menor frecuencia, ocuparon alguna vez el cargo de regidor (jurat) de su respectivo estamento, el de auditor de cuentas o el de tasador de derramas, tanto antes como después de ser clavaris.41 Sin embargo, ninguno de ellos destacó demasiado respecto a otros ciudadanos. Por otra parte, los que poseían comparativamente un currículum más completo de cargos, de representaciones de la ciudad en el exterior y, asimismo, de participaciones en el arriendo de impuestos o de préstamos a la hacienda local fueron nombrados justamente tesoreros en los años de dificultades financieras del último tercio del siglo XIV e inicios del siguiente; un dato sin duda a retener.42 3.2 Del individuo a las redes financieras y políticas. Sea como fuere, no podemos limitar el análisis al perfil estrictamente personal de la nómina de individuos que fueron clavaris de les imposicions. No se trataba de hombres con habilidades financieras ajenos a la sociedad de la época, sino de gerundenses con sus compañeros de profesión, sus socios o sus avaladores, así como sus parientes, sus alianzas familiares y sus allegados en general. En esta sentido, cabe señalar que en la toma de posesión del cargo un par o más de conciudadanos acostumbraban a comprometerse a aportar avales para el nuevo tesorero.43 Asimismo, como ya hemos apuntado, pese a no constituir por lo general las fortunas más importantes de la ciudad, sí que se tuvieron una notable capacidad de crédito fruto de su integración en los circuitos financieros de la época. No en vano, y aunque resulte difícil de rastrear en las fuentes contables conservadas, la gestión de la clavaria suponía a quien desempeñaba el oficio efectuar anticipos y préstamos para hacer frente al calendario de pagos, en especial para aquellos que más años se perpetuaron en el cargo y controlaron otras cajas aparte de la de los impuestos indirectos, como ejemplifica la larga trayectoria de Miquel Vilar.44. Las aptitudes técnicas, cierta solvencia y, sobre todo, la inserción en las redes comerciales y financieras eran, por tanto, una condición indispensable para ser nombrado tesorero. No obstante, sin negar la importancia de estos aspectos, resulta difícil pensar que nadie pudiera llegar a un puesto tan decisivo en la administración financiera si no era con el suficiente respaldo. De hecho, la mayor parte de ellos, sin formar parte de la cúspide social de la ciudad, sirvieron a los intereses de los más poderosos en lo económico y lo político. Y ello tal vez tenga relación con la forma en la que, como hemos visto, el cargo de clavari era elegido, o sea a discreción del ejecutivo y la aprobación posterior del consejo. En cualquier caso, documentamos que muchos de ellos, a pesar de ser comerciantes o pertenecer al estamento medio, estaban emparentados con los grandes ciudadanos gerundenses.45 Esta circunstancia también se registra en otros lugares.46 Asimismo, algunos, sin ser parientes, actuaron como agentes de prohombres destacados en asuntos particulares.47. Con todo, aún parece más llamativa otra dimensión. Y es que, por ejemplo, un hermano de Ramon Provençal trabajara en la tesorería del infante Juan, primogénito del Ceremonioso, coincidiendo con una época de notables exigencias de la corte real entre finales del decenio de 1360 y mediados del siguiente, que G. Julià estuviera casado en segundas nupcias con una hija de Bonanat Nadal, notario y escribano del rey Juan I, o que G. Coll fuera pariente de otro oficial regio.48 Algo parecido podría desprenderse del caso de Pere Tortosa, comerciante y, a la par, durante muchos años, gestor de negocios de Jaspert de Campllong, funcionario destacado de la tesorería del rey, y una de las grandes fortunas gerundenses y con más poder durante la segunda mitad del siglo XIV.49. Todas estas observaciones seguramente nos llevarían a la cuestión del emplazamiento de los municipios dentro de las estructuras políticas del principado bajomedieval y de la influencia que pudo ejercer en ellos el entorno regio mediante los estrechos lazos trabados con las elites locales. Sin querer entrar aquí en este complejo tema, sólo podemos añadir una constatación más. Mientras que no parece que el ejercicio del cargo de clavari fuera el paso inevitable para acceder al ejecutivo del gobierno local, sí que sucede, y tal vez no sea coincidencia, que algunos de los que lo desempeñaron llegaron también a ocupar ciertos puestos en la administración real o en la de la Diputación del General. Hubo quienes fueron lugarteniente del veguer o bailes reales en la misma Gerona o en otras localidades, en general (aunque no siempre) después de haber sido los actores principales de la hacienda local.50 Por ende, tal vez la tesorería de la capital gerundense fuese un buen lugar para ganar prestigio ante una eventual carrera dentro de la administración real o la del General, o un puesto en el que formarse los vástagos de familias que ya se habían introducido en las filas del funcionariado de la Corona. Si volvemos a centrar la mirada en el municipio, debemos insistir en la importancia de las relaciones de los tesoreros en el plano personal o político fijándonos en un último aspecto. Como se ha tratado de mostrar, el oficio de clavari de les imposicions conllevaba, excepto en coyunturas puntuales, un gran control de las finanzas. Por ello se intuye que pudo ser un oficio propicio para que los principales acreedores de la hacienda local (en una proporción importante los que también contaban con mayor presencia en el gobierno municipal) promovieran en él un pariente de una rama secundaria que pudiera ser, al mismo tiempo, tío, primo o cuñado de varios ciudadanos de peso. Puede aducirse aquí el caso de Narcís Gornall quien, a pesar de pertenecer a una familia acaudalada y con un vasto patrimonio sin ser el heredero principal de ella, y, en cambio, habiéndose casado con la hija de un pañero y dedicado sobre todo el comercio, tenía entre sus parientes cercanos algunos de los principales censalistas de las décadas de 1370 y 1380.51. En otras circunstancias precisas, las grandes familias pudieron ponerse personalmente al frente de la administración financiera. Intereses como los creados sobre los títulos de deuda emitidos por una institución no eran intereses de una única persona, sino que estas rentas muy a menudo se encontraban en la base de la economía de toda una familia, e incluso podían constituir el sólido nexo de unión de muchos matrimonios. Así, destacan dos ocasiones en las que una gran familia se situó, a través de sus miembros principales, al frente la administración la clavaria de les imposicions. Nos referimos a los ejercicios de 1397 y 1400, una etapa de colapso en el pago de la deuda censal, cuando un hombre de la talla de Francesc Santceloni, miembro activo de la mano mayor y descendiente de una familia patricia protegida por la casa real, se ofreció a los regidores para administrar la tesorería sin percibir ningún salario por ello.52 4. Consideraciones finales. La presente aproximación a un análisis prosopográfico a los individuos que fueron clavaris de les imposicions en la ciudad de Gerona entre 1355 y 1443 nos permite extraer varias conclusiones. En una primera parte, hemos repasado los orígenes de esta tesorería de la capital gerundense destinada en exclusiva a los ingresos del arriendo de los impuestos indirectos bajo control del municipio y destinados al pago de los intereses de las rentas (violaris y censals) vendidas en nombre de la comunidad. Y hemos comprobado que la clavaria llamada de les imposicions cristalizó en el momento que la deuda se consolidó definitivamente alrededor de 1360 y la situación exigió novedades institucionales. Su aparición se acompañó de una reestructuración de la hacienda que incluía alguna otra administración e incluso tesorería, especialmente la que seguía controlada por los miembros del ejecutivo. Después de un periodo de varios ajustes, a la altura de 1390 las funciones del responsable de la clavaria de les imposicions, nombrado a veces de forma unilateral por los regidores y otras reunido todo el consejo, pero siempre según criterios más bien políticos, quedaron fijadas. Con todo, en algunos aspectos se produjeron cambios marcados por la coyuntura, como la ampliación de competencias y tareas de dicho tesorero o de las fuentes fiscales que debía administrar. Asimismo, la investigación prosopográfica nos ha mostrado que la práctica totalidad de los ocupantes del oficio fueron miembros del estamento medio de la ciudad. Asimismo, podemos refrendar las características comunes más o menos previsibles de la habilidad en el manejo del dinero, el conocimiento de los mercados y la inserción en las redes comerciales y financieras del momento, en el sentido de que ponían al servicio de las finanzas públicas estructuras de negocio, circuitos e información de gran utilidad. Sin embargo, los resultados obtenidos nos advierten de la necesidad de contemplar la diversidad de perfiles y trayectorias más allá de los rasgos mencionados, sobre todo si atendemos a las etapas cambiantes por las que pasó la hacienda local de Gerona en un periodo de tiempo relativamente largo. Dificultades financieras o intereses creados pueden inducirnos a destacar otras vertientes de las figuras de estos tesoreros como serían sus vínculos familiares o contactos de todo tipo. Sin duda, estos contactos invitan a reflexionar acerca de la importancia de conceptos como el de capital relacional a la hora de comprender el papel ejercido por individuos no excesivamente ricos o poderosos aunque bastante activos en organismos como las administraciones locales. En definitiva, según se ha procurado exponer, el análisis de los sujetos que se ocuparon de la gestión del endeudamiento a largo plazo y de los resortes fiscales principales del municipio de Gerona puede proporcionarnos algunas de las claves más interesantes para interpretar la institución, su funcionamiento y, sobre todo, su incardinación en las redes financieras y en las estructuras sociales y políticas de la época. Referencias Bibliográficas. Abella Samitier , J. (2009), «La deuda pública de los municipios aragoneses en los siglos XIV y XV», Anuario de Estudios Medievales, 39/1, pp. 47-64. Boadas Raset , J., Casellas Serra , Ll. E. 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Narcis Gornall,comerciante,mayor</td><td colspan="1" rowspan="2">1379,1380,1381,138258</td><td colspan="1" rowspan="1">mostassaf 137959</td><td colspan="1" rowspan="2">arrend.imposicio del vino 1377arrend.imposici6 del vino 1378arrend. imposici6 del pescado 1383arrend.imposici6 del pescado1383-84</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">tasador de derrama 1380tasador de derrama 1381</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">11.Bonanat Cerir,comerciante,mediana</td><td colspan="1" rowspan="2">1382,1383,1391,1392</td><td colspan="1" rowspan="1">mostassaf 1373auditor de cuentas 137860jurat mano mediana 1380mensajero ante corte del duque 1380</td><td colspan="1" rowspan="1">arrend.imposicio del vino 1377prestamo 1380prestamo 1385prestamo 1393</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">sindico emision deuda 1385sindico emision deuda (1386-88)clavari dels jurats 1386sindico emision de deuda 1386mensajero ante corte del rey 1387encargado obras de las murallas 1389elector 1389auditor de cuentas 1390tasador de derrama 1391elector 1392tasador de derrama 1392-93jurat mano mediana 1393sindico emision de deuda 1397tasador derrama1399</td><td colspan="1" rowspan="1"></td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">12. Joan Marc6,no oficio,mediana</td><td colspan="1" rowspan="2">13841393</td><td colspan="1" rowspan="1"> jurat mano mediana 1379</td><td colspan="1" rowspan="1">arrend.imposicio de la harina 1371</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">jurat mano mediana 1383-84elector 1390jurat mano mediana 1392-93clavari dels jurats 1392jurat mano mediana 1396sobreposat de les obres 1397sindico emision de deuda 1397sindico emision de deuda 1399sindico para préstamo a la ciudad 1400</td><td colspan="1" rowspan="1">arrend.imposicio del vino 1385préstamo 1400</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">13.Jaume Beuda,comerciante,mediana</td><td colspan="1" rowspan="1">1385,1386,1387,1388,1389,1390</td><td colspan="1" rowspan="1">sindico emisi6n de deuda 1386 y 1387jurat mano mediana</td><td colspan="1" rowspan="1">fiad.imposicio del vino 1380préstamo 1386prestamo 1403</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">14.Pere Net,comerciante,mediana</td><td colspan="1" rowspan="1">1394,1395,1396</td><td colspan="1" rowspan="1">tasador de derrama 1399</td><td colspan="1" rowspan="1">fiad.vectigal de la lonja de mar1415-19</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">15.Miquel Santacilia,comer-ciante,mediana</td><td colspan="1" rowspan="1">1398,1409,1410,1411</td><td colspan="1" rowspan="1"></td><td colspan="1" rowspan="1">arrend.imposicio dels censals 1402arrend.imposicio de las mercancias1403arrend.imposicio de la carne 1405arrend. imposicio del pescado 1414arrend. imposicio de la carne 1416fiad.imposicio de la carne 1421arrend.imposicio del pescado 1421arrend.imposici del pescado 1424</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">16.Pere Trilla,no oficio,mediana</td><td colspan="1" rowspan="1">1399</td><td colspan="1" rowspan="1">Mensajero ante corte gobernador general de Cataluna1401mensajero ante corte del rey 1402jurat mano mediana 1411-12mensajero ante corte del rey 1412elector 1414mostassaf 1414sobreposat de les obres 1429</td><td colspan="1" rowspan="1">arrend.imposicio de la carne 1401arrend.imposicio de la harina 1401arrend.imposicio de los cabritos1401fiad.imposicio de la carne 1402prestamo 1418</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">17.Francesc Santceloni, nooficio,mayor</td><td colspan="1" rowspan="2">1397,1400</td><td colspan="1" rowspan="1">auditor de cuentas 1389sindico emision de deuda 1389auditor de cuentas comision especial 1392sindico emision de deuda 1396jurat mano mayor 1397mensajero ante corte del rey 1397</td><td colspan="1" rowspan="2">arrend.de barra 1399-1400arrend.de barra 1401préstamo 1401arrend.de barra 1410arrend.imposicio del vino 1412</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">sindico emision de deuda 1398tasador de derrama 1399mensajero ante corte conde de Ampurias c.1401sindico emisi6n de deuda 1401-1402sindico de la ciudad a Parlamento 1410-11mensajero ante corte del rey 1412jurat mano mayor 1417sobreposat de les obres 1419</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">18.Guillem Julia,comerciante,mediana</td><td colspan="1" rowspan="2">1401,1402,1403,1404,1405,1406</td><td colspan="1" rowspan="1">elector 1401</td><td colspan="1" rowspan="2"></td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">clavari dels jurats 1401,61tasador de derrama 1403jurat mano mediana 1410,</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">19.Lluis Tord,comerciante,mediana</td><td colspan="1" rowspan="2">1407,1408,1413,1414</td><td colspan="1" rowspan="1">auditor de cuentas 1403elector 1407</td><td colspan="1" rowspan="2">arrend.imposicio del vino 1402arrend.imposicio de la carne,1403arrend.imposicio de la carne 1404arrend. imposicio de la carne 1405arrend.imposicio del pescado 1406arrend.imposicio de las mercan-cias1406arrend.imposicio de los cabritos1406préstamo 1414fiad.imposicio de la carne 1421arrend. imposicio del pescado 1421arrend. imposicio del pescado1424arrend.imposicio de la harina1427</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">jurat mano medianayclavari dels jurats 1410-1412jurat mano mediana 1416</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">20.Pere Tortosa,comerciante(mercader),mediana</td><td colspan="1" rowspan="2">1411</td><td colspan="1" rowspan="1">jurat mano mediana 1404jurat mano mediana 1409</td><td colspan="1" rowspan="2">arrend.imposicio de la carne 1392arrend.imposicio del vino 1393fiad.imposicio del vino 1395arrend.imposicio del vino 1399arrend.imposicio harina 1403arrend. imposicio harina 1412fiad. imposicio del grano 1412</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">jurat mano mediana 1422</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="2">21.Jaume Gironella,escribano,menor-mediana</td><td colspan="1" rowspan="2">1412</td><td colspan="1" rowspan="1">jurat mano menor 1397jurat mano menor 1407elector 1412</td><td colspan="1" rowspan="2">arrend.imposicio del pescado 1420</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">jurat mano menor y clavari dels jurats 1416elector 1432auditor de cuentas 1434jurat mano mediana 1436</td></tr></table> <table><tr><td rowspan=3 colspan=1>22.Miquel Vilar,boticario,menor</td><td rowspan=3 colspan=1>1415,1416, 1417,1418-1423,2 1424,1425,1426,1427,1428,31429,1430,1431,1432,1433,1434,1435,1436,1437,1438</td><td rowspan=1 colspan=1>elector 1412auditor de cuentas 1412jurat mano menor 1414tasador de derrama 1414</td><td rowspan=3 colspan=1>arrend. imposicio del grano 1405arrend.imposicio de la harina1412-16préstamo 1424préstamo 1425prestamo 1426prestamo 1427prestamo 1428prestamo 1433prestamo 1436</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>son 1417elector 1419sindico emision de deuda 1419sindico emision de deuda 1421elector 1422elector 1423sindico emision de deuda 1424elector 1426sindico emision de deuda 1426elector 1427sindico emisi6n de deuda 1427clavari dels jurats 1428-38elector 1429sindico emision de deuda 1429sindico emision de deuda 1430elector 1432sindico emision de deuda 1432elector 1432jurat mano menor 1440</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>prestamo 1428prestamo 1433</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>23.Bernat Vilarnau,comerciante,mediana</td><td rowspan=2 colspan=1>1439</td><td rowspan=1 colspan=1> jurat mano mediana 1431jurat mano menor1435</td><td rowspan=2 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>sindico préstamo a la ciudad 1440jurat mano mediana 1443sobreposat de les obres 1444jurat mano mediana 144764</td></tr><tr><td rowspan=2 colspan=1>24.Joan Cavalleria,comerciante,mediana-mayor</td><td rowspan=2 colspan=1>1440</td><td rowspan=1 colspan=1>jurat mano mediana1428sobreposat de les obres 1429/</td><td rowspan=2 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>jurat mano mayor 1444jurat mano mayor 144865</td></tr></table> <table><tr><td rowspan="2">25.Guillem Coll,boticario, menor</td><td rowspan="2">1441</td><td>auditor de cuentas 1423</td><td rowspan="2">fiad.imposicio del vino 1427-28 fiad.imposicio de la carne 1439</td></tr><tr><td>jurat mano menor 144766 jurat mano menor 1444</td></tr><tr><td>26.Jaume Gironella,jr., comerciante,menor- mediana</td><td>1442-1443/0667</td><td>jurat mano mediana 1451 sobreposat de les obres 1356 jurat mano mediana 145768</td><td></td></tr><tr><td>27.Jaume Feliu Calv6,nota- rio,mediana</td><td>1443/06-1269</td><td></td><td></td></tr></table> 54555758596061 1 5 664 656 8
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18,055
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Vida y empresas del cardenal Lluís Joan del Milà: promoción eclesiástica y mecenazgo entre Italia y la Corona de Aragón
VIDA Y EMPRESAS DEL CARDENAL LLUÍS JOAN DEL MILÀ: PROMOCIÓN ECLESIÁSTICA Y MECENAZGO ENTRE ITALIA Y LA CORONA DE ARAGÓN. LIFE AND ENDEAVOURS OF CARDINAL LLUÍS JOAN DEL MILÀ: ECCLESIASTICAL PROMOTION AND PATRONAGE BETWEEN ITALY AND THE CROWN OF ARAGON. Álvaro Fernández de Córdova Miralles Universidad de Navarra. Resumen: El presente trabajo ofrece una aproximación biográfica a Lluís Joan del Milà, sobrino del papa Calixto III y futuro “cardenal de Albaida”. Partiendo de su promoción eclesiástica al amparo de su tío, se analiza su actividad al servicio de Pío II y Paulo II, su proyecto señorial en tierras valencianas, sus contactos intelectuales y las empresas artísticas impulsadas en Roma, Viterbo y el valle de Albaida. En el ámbito político-eclesiástico se contemplan sus ambiguas relaciones con la Corona y su gobierno en las dió- cesis de Segorbe y Lérida, donde las preocupaciones familiares asfixiaron sus responsabilidades pastorales. Son las luces y las sombras de este prelado del Renacimiento que vivió entre dos penínsulas en intensa transformación artística y religiosa. Palabras clave: Lluís Joan del Milà, Colegio cardenalicio, Promoción eclesiástica, Roma, Corona de Aragón, Valencia, Lérida, Mecenazgo artístico, Humanismo. Abstract: This paper provides a biographical approach to Joan Lluís del Mila, nephew of Pope Callistus III and future “Cardinal of Albaida”. Beginning from his ecclesiastical promotion under the patronage of his uncle, it analyzes his activity in the service of Pius II and Paul II. It goes further to investigate his project to establish a feudal lordship in the region of Valencia, his contacts in the intellectual circles, and the artistic projects that he promoted in Rome, Viterbo and the Albaida Valley. In the politico-ecclesiastical sphere, his ambiguous relationship with the Crown and his government in the dioceses of Lérida and Segorbe, where the family concerns suffocated his pastoral responsibilities, are examined. These are the lights and shadows of the Renaissance prelate who lived between two peninsulas that were undergoing intense artistic and religious transformation. Keywords: Lluís Joan del Milà, College of Cardinals, Ecclesiastical Promotion, Rome, Crown of Aragon, Valence, Lerida, Patronage, Renaissance Humanism. La figura de Lluís Joan del Milà, conocido como “cardenal de Albaida”, no ha sido objeto de ningún estudio monográfico que vaya más allá de escuetas semblanzas más o menos documentadas1 . El personaje comenzó a surgir desde las brumas de la imprecisión histórica gracias a las notas de Lorenzo Cardella y Alfonso Chacón, completadas más tarde por la erudita información de Villanueva. En el siglo XX, Llorens Raga, Pascual i Beltrán, y especialmente Rius Serra y Batllori aportaron precisiones documentales sobre la familia y la carrera eclesiástica de algunos de sus miembros. Gracias a ello se ha podido trazar más recientemente el itinerario vital del personaje en las líneas que le han dedicado Goñi Gaztambide, Pons Alòs, Hinojosa Montalvo y París. Con todo, las investigaciones no han dejado de ampliar nuestro conocimiento, especialmente sobre su promoción a la sombra de su tío Calixto III (Navarro Sorní), su patrimonio señorial en el valle de Albaida (Terol i Reig) o el castillo-palacio que allí hizo levantar (Soler i Molina). Falta sin embargo un estudio global que incorpore a estos materiales las huellas que el cardenal dejó en Roma, sus contactos intelectuales y empresas artísticas que explican sus proyectos en Valencia y Lérida, o sus singulares relaciones con el poder real durante el reinado de Juan II y Fernando el Católico. Sólo una fecunda integración de estos elementos permitirá comprender la personalidad y el legado de este cardenal del Renacimiento que vivió entre dos penínsulas —la ibérica y la italiana— en uno de los períodos de mayor intensidad artística y cultural. 1. A la sombra de Alfonso de Borja. Como los Borja, los Milà eran una familia de ciudadanos de Játiva, documentada al menos desde principios del siglo XIV, que prosperó gracias a los cargos ocupados en la ciudad, a los oficios cortesanos otorgados por Alfonso el Magnánimo y a las prebendas eclesiásticas recibidas por la influencia del cardenal Alfonso de Borja. Lluís Joan era el segundo hijo de Joan del Milà y Centelles († 1460) —caballero y señor de Massalavés— y de Caterina de Borja, hermana de Alfonso de Borja, obispo de Valencia, cardenal y futuro Calixto III. Fruto de este matrimonio, cuyas capitulaciones datadas en $1 4 4 7 ^ { 2 }$ deben proceder de un momento anterior3 , nacieron tres hijos: Pere, Damiata y Lluís Joan. El ascenso eclesiástico de Alfonso de Borja debió provocar el traslado a Roma de la familia Milà-Borja con todos sus efectivos procedentes de Nápoles o de Valencia. Al grupo del rey pertenecía Pere —el hermano mayor de Lluís Joan— que sirvió a Alfonso V como camarero y en las guerras de Nápoles donde fue gobernador de Tropea y de otras tierras de Calabria hasta su fallecimiento en $1 4 5 5 ^ { 4 }$ . Lluís Joan había nacido en Játiva hacia 1432/1433 y como segundón fue destinado a la carrera eclesiástica que inició a los nueve años a expensas de su tío. Éste presionó al rey Alfonso para que lograra en su favor el primer beneficio vacante de la colegiata de Játiva (26.XII.1441) y solicitase a Eugenio IV una dispensa que le permitiera acceder a una canonjía en la catedral de Valencia a pesar de su corta edad (12.VII.1443), además de una reserva de una canonjía y una cabiscolía en la colegiata setabense5 . Del cardenal Borja obtuvo además una reserva de cuatro canonjías en la catedral de Valencia — una de las cuales adjudicada para Lluís Joan cuando quedara libre— pero al no producirse la vacante obtuvo antes el nombramiento de canónigo y chantre de la colegiata de Játiva (8.VIII.1447). Poco después el cardenal tuvo que intervenir cuando algunos competidores obstaculizaron la canonjía valenciana reservada a su sobrino, y gracias a una bula de Nicolás V expedida al efecto, Lluís Joan pudo posesionarse de ella en abril de 1448. El rey no dejó de exigir su contraprestación, reclamando al cardenal 2.000 ducados por la provisión de las dos canonjías concedidas a sus sobrinos Milà y Borja, recordándole que si se negaba a pagar debería renunciar a ellas (1.II.1449)6 . Debió ser en 1450 cuando Alfonso de Borja hizo venir a Roma a sus cuatro sobrinos —los hermanos Pere Lluís y Rodrigo de Borja, junto con Lluís Joan y su hermano Pere del Milà— con la idea de formar su propia clientela catalana-aragonesa que le ayudase en su ministerio pontificio y perpetuase el patrimonio económico familiar7 . Rodrigo y Lluís Joan fueron destinados a la carrera eclesiástica y su educación fue encomendada al humanista Gaspare da Verona, que tenía en Roma una prestigiosa escuela frecuentada por estudiantes pertenecientes a familias representativas de la ciudad o formaban parte del séquito de eminentes prelados, como Gabriele Marcello, pariente del cardenal Pietro Barbo, familiares del cardenal Luis d’Albret, o jóvenes destinados a tener un papel relevante en el ámbito cultural romano como Aldo Manuzio, Marcantonio Coccio “Sabellico”, Giovanbattista Valentini “il Cantalicio” que mantendrá estrechos vínculos con los Borja, y muchos otros estudiantes extranjeros que superaban en número a los romanos8 . Allí se pusieron de manifiesto las excelentes cualidades de Rodrigo, al cual Lluís Joan “apenas se le puede comparar, pues, aunque es su hermano [en realidad su primo] no posee la elocuencia, la presencia, ni la afabilidad del vicecanciller”. Más adelante, el poderoso cardenal envió a sus sobrinos a Bolonia, donde C. Piana documenta su presencia en los primeros años de la década de $1 4 5 0 ^ { 9 }$ . Allí Rodrigo figura como testigo en dos actas notariales de nómina de procuradores por parte de un cierto Gabriel Rovira de Girona (7.VIII.1452), y en 1453 es Lluís Joan, recién nombrado obispo de Segorbe, quien designa como procuradores para los asuntos materiales de su diócesis a su hermano Pere y, para los espirituales, a su tío el cardenal (9.III.1453)10. Durante este tiempo, el prelado residió en una casa contigua a la capilla de San Mamas, no lejos de las sedes del Estudio de Derecho, gozando de mayor holgura económica que su primo Rodrigo por pertenecer a una familia mejor asentada. El cardenal Borja impulsó con empeño la carrera beneficial de Lluís Joan: en junio de 1449 le otorgó una canonjía en la catedral de Valencia que fue obstaculizada por el gobernador del reino de Valencia —Juan de Aragón— y fue reabierta gracias a la intervención de Alfonso el Magnánimo que necesitaba el apoyo del cardenal en la concordia que estaba negociando con el clero de sus reinos. Aprovechando su posición de ventaja, Alfonso de Borja también obtuvo del pontífice con el consentimiento del rey el deanato de la colegiata de Játiva (30.IX.1450) para Lluís Joan —que debió ceder su canonjía de la Seo setabense a Rodrigo— y una canonjía en Lérida con dispensa de residencia (27.X.1450)11, cuyas rentas percibía a través de una nube de procuradores valencianos y catalanes nombrados por su $\mathrm { t } \acute { 1 } 0 ^ { 1 2 }$ . De esta manera el cardenal ponía en manos de la familia los beneficios de su tierra natal. En la comunicación que envió al cabildo setabense afirmaba que, de ese modo, la iglesia en la que había recibido las aguas del bautismo tendría entre su clero a dos sobrinos suyos, a los que consideraba como hijos, con lo que buscaría con mayor fervor la exaltación de esa iglesia13. Para salvaguardar los beneficios de posibles competidores, Nicolás V le otorgó, a suplicación suya, reservas pontificias que fueran en perjuicio de las prerrogativas a él concedidas. Finalmente Lluís Joan recibió la administración del obispado de Segorbe (29.I.1453) y de Santa María de Albarracín, vacante por fallecimiento del obispo Gispert Pardo de la Casta, con ciertas restricciones por la edad14. El cardenal obtuvo el consentimiento regio a cambio de ceder a Berenguer de Sos, clérigo de Barcelona recomendado por el rey, el deanato de la colegiata setabense y la canonjía valentina que poseía su sobrino. En la pugna por Segorbe intervino el propio hermano de Lluís Joan, Pere del Milà, que prestó al rey 7.000 ducados para apoyar la provisión, con promesa de restituírselas si no se llevaba a efecto (23.I.1453)15. Alfonso el Magnánimo se puso manos a la obra escribiendo a Nicolás V y al colegio cardenalicio recomendándole para Segorbe frente a las pretensiones del cabildo y la oligarquía de la ciudad16. Dos años después Lluís Joan fue nombrado obispo y destinó como vicario suyo al obispo de Doria (Cerdeña), Juan Anadón, que gobernó con sus oficiales Fernando Fraile y Juan Marqués. De esta época se ha conservado la matriz de su bello sello episcopal, con la imagen sedente de la Virgen María en un trono ricamente decorado en la mitad superior, y en la mitad inferior las armas del prelado timbradas por la mitra: escudo partido con el buey pasante (Borja) en la mitad de derecha y un milano (Milà) en la zona superior, mientras un león rampante ocupa la zona inferior de la izquierda, con la leyenda “LUDOVICI – IOHANIS – DEL – MILA – EPS – SEGROBRICEN – ET ALBARRZIN”17. Pertrechado por tal cantidad de beneficios y mientras culminaba sus estudios en Bolonia, el joven Milà dio forma a una casa cada vez más nutrida de servidores. Nombró como procuradores en la Curia a su tío el cardenal, al juez pontificio Bernat Rovira y al médico Pere Climent; en la diócesis valentina al canónigo y vicario general Antoni Bou y al oficial episcopal Jaume Sala; y en la diócesis de Lérida al doctor en leyes, Juan de Altavit18, al canónigo y vicario general Ramón Rossell, a los canónigos Joan Secastella y Vicent Sopeira y al beneficiado Pere Cardona, todos ellos familiares suyos (14.X.1450)19. 2. De la legación de Rávena a la púrpura cardenalicia. La elección pontificia de Calixto III en 1455 tuvo importantes consecuencias en la vida de sus dos sobrinos, que regresaron inmediatamente a Roma para asistir a la coronación. El nuevo papa nombró a Lluís Joan vicario general y gobernador de Bolonia en sustitución del cardenal Besarión, ampliando su jurisdicción con facultades de legado a latere a los territorios de Rávena y la Romaña (13.VI.1455). Dos meses antes Calixto III había ordenado que los familiares de su sobrino fueran tenidos como familiares suyos (20.IV.1455) 20, y no eran pocos, pues la comitiva en su viaje a Bolonia alcanzaba las cien personas (17.VI.1455). A pesar del mal tiempo, el 29 de junio la ciudad recibió con júbilo a los dos sobrinos, especialmente al joven gobernador —“hombre de encomiable vida y gentileza”21— que entró por la puerta Mayor bajo palio de zendale azurro con los enviados del Senado romano, saliendo a su encuentro los ancianos y gonfalonieros. Además, las autoridades urbanas quisieron festejar al nuevo gobernador corriendo el Palio de San Pedro. Milà se alojó en el palacio episcopal con su numerosa comitiva (29.VI.1456), incluido su teniente el doctor Bartolomé Castillo, beneficiado de Segorbe22, superando ampliamente los treinta estudiantes que las autoridades locales exigieron a su primo Rodrigo en noviembre de 1455 para adecuarse a las condiciones del palacio Gregoriano en que se alojaba. Dado el vínculo de parentesco que ligaba a ambos eclesiásticos, la decisión de residir en alojamientos separados tan distintos podría deberse a dos opciones políticas diversas aunque convergentes donde Milà asumía un particular protagonismo23. Desde el punto de vista académico ambos primos pudieron frecuentar las lecciones de derecho hasta el mes de agosto, a no ser que se incorporaran en octubre al nuevo curso académico24. El 18 de agosto de 1456 obtuvieron una dispensa de no haber estudiado Decreto en un año entero, lo que indica su aplicación al derecho civil durante este tiempo, sin descuidar otros intereses como la licenciatura en teología a la que asistió como protonotario apostólico Ludovico Borgia el 27 de abril de 1456. Como Rodrigo, debió frecuentar las lecciones del prestigioso canonista Andrea Barbazza y probablemente de Antonio Sampieri, Antonio della Volta y Battista Sampieri. Ambos obtuvieron la licenciatura a través de un rigoroso et privato examine gracias a una dispensa que les exoneraba del examen público, probablemente por su formación curial, laureándose con el parecer favorable de todos los doctores25. Aunque algunos autores acusan de impericia al nuevo legado26, hay que tener en cuenta que Milà asumió el cargo en un momento de progresivo debilitamiento de la legación pontificia frente al reforzamiento del poder de la magistratura del Collegio dei Sedici y de la familia de los Bentivoglio dentro de ésta27. Su necesidad de congraciarse con los poderes fácticos se plasma en el permiso otorgado a los Sedici en septiembre de 1455 de ofrecer un regalo a Santi Bentivoglio con motivo de su matrimonio. En realidad, durante su legación no pudo hacer nada que no agradase a los Sedici o a los Bentivoglio, pues —como decía Givanni Battista Savelli— el gobernador pontificio que marchaba a Bolonia no era legatus sino ligatus, al estar gravemente imposibilitado de ejercer el gobierno que teóricamente se le reconocía28. Lluìs Joan mantuvo su autoridad con un cierto protagonismo ceremonial. En agosto, dos meses después de su llegada, apoyó el nuevo proyecto de cruzada de su tío saliendo en procesión a San Petronio para dar lectura al breve pontificio y comenzar la predicación de la cruzada a cargo de un agustino venido de Roma29. Al año siguiente, el legado hizo sonar las campanas de la ciudad y encabezó la procesión con todas las reliquias para festejar la victoria de Belgrado (Hungría) contra los turcos de Mehmet II el 21 de julio de 1456. Aunque no podemos establecer sus vínculos directos con los fermentos religiosos de la ciudad, durante su gobierno se aprecia un particular impulso mendicante, con el traslado desde Ferrara a su ciudad natal (c. 1456) de la boloñesa Caterina de’ Vigri que, con un grupo fervoroso de hermanas, fundó el convento de clarisas del Corpus Domini, donde llevó una vida ejemplar hasta el punto de ser precozmente beatificada30. A este fenómeno de movilidad de las órdenes religiosas también pertenece la introducción (c. 1455) de la orden de los gerolimiti que después de instalarse en San Cristoforo delle Muratelle se trasfirieron a la iglesia de Santa Ana. A Calixto III no le retuvo la edad ni su supuesta incapacidad cuando decidió elevar a sus dos sobrinos a la dignidad cardenalicia. El proyecto era de dominio público en noviembre de 1455, pero fue en el consistorio de las Témporas de Adviento cuando el papa deslizó su propuesta ante la oposición del colegio cardenalicio, que no pudo vencer ni siquiera hablando personalmente con cada uno de los purpurados. Unos alegaban que los candidatos “eranno tri putti, ed era una vergogna a fargli cardinali”; otros se negaban a admitir a ultramontanos, es decir no italianos; y había quien consideraba que otras personas lo merecían en mayor medida31. Sin embargo, al acercarse la Cuaresma de 1456 el papa retomó la idea incluyendo en la nómina cardenalicia a algunos candidatos de los príncipes que, al alarmar a los cardenales, éstos se darían por satisfechos con la elevación de unos pocos, aunque fueran los sobrinos del papa. Aunque en el consistorio del 20 de febrero se dijo que no se había elegido a ningún cardenal, en realidad se había concedido el capelo a Rodrigo, Lluís Joan y a Jaime de Avis —hijo del infante Juan de Portugal— con el consenso unánime de los presentes (20.II.1456), que no pudieron ocultar su recelo hacia aquellos tres jóvenes “de óptima índole” que no sumaban la edad de un sólo cardenal32. Lluís Joan ya era presbítero pero Rodrigo y Jaime de Avis eran diáconos. La promoción se mantuvo en secreto por temor al despecho del rey de Nápoles y el duque de Milán que habían sido burlados en sus demandas cardenalicias, y además, los cardenales tenían la aviesa intención de no reconocerlos si el papa moría antes de su publicación. De todas formas, conviene precisar que su oposición no se basaba en la calidad moral de los elegidos, sino en su juventud o en sus orígenes humildes pues como señala el cronista castellano— el papa “pospuso todo al cuidado de sublimar a sus jóvenes sobrinos, hijos de sus hermanas y de padres bajísimos, y de carácter nada glorioso ellos mismos, al honor cardenalicio”33. Alfonso el Magnánimo reaccionó airadamente acusando al pontífice de practicar un nepotismo vergonzoso al tiempo que se negaba a reconocerle como soberano de Nápoles amenazando su proyecto dinástico34. A los recelos del monarca se añadía la promoción de Pere Lluís Borja, nombrado en aquellas fechas capitán de los ejércitos pontificios con el propósito de entregarle en un futuro no muy lejano el vicariato de Benevento y Terracina, y finalmente el mismo reino de Nápoles. Los dos nepotes pudieron desplazarse a Roma en el mes de octubre para asistir al consistorio en el que Lluís Joan recibió el título de los Santos Cuatro Coronados que antiguamente ostentaba su tío. Los dos nuevos cardenales se erigían entonces en el núcleo duro de la clientela catalana-aragonesa de un pontífice cada vez más alejado de la tutela de Alfonso el Magnánimo y empeñado en construir un patrimonio familiar eclesiástico en los territorios del reino de Valencia. Sin embargo, no iba a ser tan fácil. El enfrentamiento con el rey de Aragón por impulsar un futuro concilio en 1456, provocó el bloqueo de los nombramientos episcopales en la Corona de Aragón35. De ahí que el papa echara mano de provisiones extra-ibéricas para sostener a sus sobrinos; Lluís Joan recibió la reserva de un beneficio en la abadía boloñesa de Santa Cecilia de Comaria (25.V.1456), el permiso de conferir los beneficios vacantes en su obispado los meses alternos (7.VI.1456), ciertas expectativas para Saboya (24. IX.1456), y la reserva de beneficios que vacaren en el territorio de su legación y en los dominios del duque de Milán hasta alcanzar la suma de 7.000 florines (30.XII.1456)36. En virtud de estas concesiones recibió en fecha incierta la encomienda de las abadías de Grasano y San Iannuario en el Piamonte37. Durante este tiempo, Lluìs Joan intervino en el conflicto que enfrentó al papa con algunos capítulos catedralicios y entidades eclesiásticas de la Corona de Aragón sobre el pago de la décima en los primeros meses de 1457. No estaba claro que su recaudación estuviera a cargo de los colectores o los cardenales que poseían estos beneficios, como Milà, que poseía el episcopado de SegorbeAlbarracín, cuyo capítulo apelaba a ciertos privilegios de exención38. El 7 de enero de 1457 regresó a Bolonia investido de amplias facultades civiles y criminales, mientras el papa seguía llenando sus arcas con una montaña de beneficios: el arcedianato de Bolonia (27.I.1457), la prepositura de San Marta Extramuros de Novara (17.II.1457) —con renta de 780 ducados anuales—, los monasterios benedictinos de los Santos Víctor y Corona y San Jenaro en la diócesis de Vercelli (26.II.1457), valorados respectivamente en 300 y 200 florines; más adelante le otorgó el monasterio de San Breme en la diócesis de Pavía (10.VII.1457), el hospital de los pobres de Puente Rheni —cerca de Bolonia— (23.X.1457), el monasterio de San Benigno de Muleyo en Vercelli (17.II.1458), los monasterios de Durano y San Mercurial en Forli (31.V.1458)39. Ninguno de estos beneficios se hallaban en el reino de Aragón, donde Alfonso el Magnánimo censuraba la obsesión del papa por “impinguare questi soy nepoti” (26.II.1457). De ahí que el fallecimiento del monarca (27. VI.1458) hiciera pronunciar al pontífice el salmo CXXIII: “laqueus contritus est, et nos liberati sumus”. Al día siguiente Calixto III convocó un consistorio extraordinario en que entregó la sede de Valencia a su sobrino Rodrigo de Borja, cediendo los beneficios que dejaba vacantes a su primo Lluís Joan: concretamente, la dignidad de sacristán en la catedral de Valencia, el deanato en la colegiata de Játiva y la iglesia parroquial de Cullera, que le reportaban anualmente 1.000 libras turonesas parvas (30.VI.1458)40. Para compensar las escasas rentas de Segorbe y tras el intento frustrado de promoverle a la sede de Burgos (9.III.1457), Calixto III le asignó una pensión de 2.000 ducados sobre los frutos de la mesa episcopal de Gerona, sede que acababa de entregar a Cosme de Montserrat contra el parecer de Juan II de Arag $\mathrm { \acute { o } n ^ { 4 1 } }$ . Como advierte Navarro Sornì, esta complicada maniobra que soslayaba el recurso más sencillo de entregar a Lluís Joan la sede de Gerona y a Cosme la de Segorbe, obedecía a la estrategia nepotista del primer papa Borja, consistente en consolidar una dinastía episcopal en los territorios del reino de Valencia: los obispados poseídos por sus sobrinos en las tierras del Reino no debían salir de su poder, para que después pasaran a otros miembros de la familia42. Esta política no evitó ciertas tensiones entre los miembros del clan, pues Milà hizo causa común con Cosme cuando el rey aragonés intentó colocar en Gerona a su candidato con la ayuda de Rodrigo de Borja, a quien prometió la libre posesión de Valencia si le apoyaba. El conflicto duró un año entero hasta que la diplomacia del vicecanciller y la tenacidad de Juan II lograron convencer a Milà de que renunciara a los dineros de Gerona por una pensión sustitutoria en el verano de 1459. Años más tarde, el obispo gerundés Joan Margarit atribuirá a esta política de componendas con los prelados absentistas el origen de los descontentos que suscitaron la guerra civil en Cataluña43. 3. Magnificencia y representaciones sacras al servicio de Pío II. Lluís Joan se encontraba en Bolonia cuando recibió la noticia de la enfermedad de su tío. Partió el 4 de agosto con dos ciudadanos boloñeses, pero la muerte del papa le sorprendió de camino, llegando a Roma cinco días después del deceso (11.VIII.1458). Tanto él como Rodrigo sobrevivieron a la caza de catalani que se desencadenó y —aunque no hay pruebas categó- ricas44— tal vez encargó junto a éste el sepulcro de mármol que albergaría los restos de Calixto III en la capilla vaticana de Santa Maria delle Febbre, atribuido al taller de Andrea Bregno45 o a ciertos artistas lombardos instalados en Roma46. Se trataría de uno de los primeros gestos documentados de la sensibilidad artística de un cardenal a quien se ha atribuido el famoso relieve de la Virgen con el Niño en alabastro de la catedral de Segorbe, que podría ser donación suya o de su hijo el canónigo, y no de Rodrigo de Borja como se ha afirmado47. En el cónclave celebrado en agosto, los dos purpurados sostuvieron la candidatura de Pío II, especialmente Milà que le votó desde el primer escrutinio animado por los agentes milaneses48. El nuevo pontífice no olvidaría este apoyo mostrando durante su mandato una especial confianza en el prelado valenciano. Al año siguiente, éste se encontraba entre los ocho cardenales que acompañaron al pontífice a la dieta de Mantua convocada para hacer frente a la expansión otomana: el 18 de abril se hallaba en Siena49, el 9 de mayo participó en el solemne ingreso de Pío II en la ciudad de Bolonia, y pocas semanas después se hallaba en Ferrara alojado en el palacio del señor de Carpi (22.V.1459)50. Milà entró en Mantua cabalgando “con gran pompij” y escoltado por un séquito de 90 o 100 personas a pie y a caballo; una comitiva inferior a las 200 o 250 monturas que llevaba Rodrigo de Borja. Para entonces nuestro cardenal parecía tan avejentado que se le atribuían diez años más de los que contaba —38 años, cuando en realidad rondaba los 26— destacando su delgadez y fealdad pues “era magro e de pocho e brutto aspetto”51. Lluís Joan participó en el Congreso (1.VI.1459) y asistió a la prestación de obediencia de los embajadores de Juan II de Aragón por el reino de Sicilia que el papa acababa de otorgarle52. Sin embargo las relaciones con el rey se vieron comprometidas por la vacante de la diócesis de Lérida que el cardenal —con la aquiescencia de Pío II— pretendía permutar por la sede menos rica de Segorbe (7.X.1459), abandonando así el antiguo proyecto de su tío sobre las sedes levantinas, y aumentar sus rentas con una pensión sobre la mitra de Vich (12.X.1459). Juan II intentó disuadirle ofreciéndole el obispado de Mallorca o el de Palermo a través de la mediación de Rodrigo, pero Milà sólo estuvo dispuesto a renunciar a Lérida a cambio de una compensación económica de 2.000 florines anuales que el monarca quiso reducir a la mitad. Al final cedió el rey y Lluís Joan se hizo con la sede ilerdense previa renuncia a la sede de Segorbe (12.XI.1459), recibiendo una pensión anual de 1.000 florines de oro aragoneses de ésta sede episcopal y una pensión similar de las rentas de Vicenza53. La noticia se transmitió al cabildo el 9 de octubre de 1460, y el prelado —que debió recibir entonces la consagración episcopal— tomó posesión el 23 de febrero del año siguiente a través del procurador Juan de Alcañiz54. Pío II no se limitó a apoyar su promoción episcopal. En abril de 1460, mientras se ausentaba de Roma, le encargó —junto a los cardenales Ludovico Scarampo, Alain de Coetivy y Juan de Torquemada— la misión de concertar al general de las tropas pontificias Napoleone Orsini con Ferrante de Nápoles para defender el reino ante las pretensiones de Juan de Anjou55. Sin embargo, el cardenal valenciano no parecía mostrar mucho entusiasmo por el gobierno de la Iglesia. El 21.VI.1461 anunció su propósito de marcharse a Siena huyendo de los calores romanos56, y en otoño se desentendió de la promoción cardenalicia a pesar de las insistentes consultas del papa57. Durante estos meses vigilaba las intromisiones de su primo el vicecanciller en su diócesis de Lérida, como ocurre el 6 de octubre en que le escribe quejándose de haber provisto una canonjía sin haberle consultado, y le envía a Gaspar Sanç, “consanguineo meo”, para informarse58. El vicecanciller le contestó enseguida aclarándole que el beneficiado era Bartomeu Vallescar, antiguo servidor de Calixto $\mathrm { I I I } ^ { 5 9 }$ . Ambos cardenales no se limitaron a distribuir beneficios entre los miembros de su clientela. En marzo de 1462 Lluís Joan contaba con un “bellissimo palazo” en Roma comparable al que estaba construyendo su primo en la antigua Cancillería, hoy palacio Sforza-Cesarini60. Se trata de un importante precedente del proyecto residencial que el cardenal desarrollará más tarde en Albaida. No fue su única empresa artística en la Ciudad Eterna, pues entre 1455 y 1458 impulsó labores de embellecimiento en la basílica de los Santos Cuatro Coronados, iniciadas por su antiguo titular, Calixto III, y centradas en la reparación de puertas, escaleras, ventanas y muebles del palacio y la capilla episcopal61. Un momento significativo y desconocido en las biografías del cardenal es su participación en la magnífica celebración del Corpus Christi que Pío II protagonizó en Viterbo en $1 4 6 2 ^ { 6 2 }$ . En aquella competición artística y devocional en que el papa encargó a los cardenales la decoración de los diferentes tramos de la procesión, Milà se ocupó de cubrir la parte final, es decir, la plaza que se abría ante la catedral de San Lorenzo (Piazza del Duomo) y llegaba hasta el palacio episcopal. El cardenal decoró este espacio con tapices pintados o estampados suspendidos de grandes vigas ligadas con cuerdas que atravesaban ambos lados de la plaza, donde dispuso un altar, que tenía a su derecha el trono del papa con los sitios cardenalicios, y a la izquierda los asientos de los obispos, protonotarios y abades. Se trataba de una construcción de madera semejante a la capilla vaticana de tiempos de Pío II, es decir, la antigua de San Nicolás decorada por fra Angelico, con forma de aula y ábside al fondo63. A un lado de la plaza se erigió en posición elevada el sepulcro de la Virgen María, y más arriba, a la altura de los tejados de las casas, se escenificó el Cielo con Dios sentado en majestad, rodeado de ángeles, santos y astros luminosos. Los Comentarii de Pío II describen la magnífica ceremonia, deteniéndose en el misterio de la Asunción de la Virgen representado en la zona adjudicada al cardenal del Milà64. Finalizada la Misa y tras la bendición del papa, un niño disfrazado de ángel anunció el inminente prodigio: de pronto se abrió el sepulcro y apareció una espléndida niña que elevada por los ángeles dejó caer su cinturón y fue alzada hasta la gloria del Cielo. El Hijo salió a su encuentro, la besó en la frente y la presentó al Padre colocándola a su derecha. Después, una multitud de espíritus celestes rompieron a cantar y a hacer sonar los instrumentos musicales mostrando el júbilo de la gloria celeste. La multitud reunida era tal que el papa invitó al pueblo a ocupar los prados que se extendían tras el palacio pontificio y desde allí les bendijo concediendo la indulgencia plenaria de los pecados. El cardenal del Milà también se ocupó de adecentar el antiguo palacio, donde ofreció a Pío II y a los cardenales un banquete “como suelen celebrar los reyes”, tasado en 500 ducados65. Las estancias se habían decorado “con gran magnificencia” (cardinalis cuncta magnifice exornavit) aprovechando el cortile que se apoyaba sobre altas arcadas con una fuente en su centro adornada “con oro y plata”. También se cubrieron los muros con preciosos tapices representando “antiguas historias memorables que mostraban el exquisito ingenio del artista que los había elaborado”; sin olvidar las cámaras y salas adornadas con “panni razi e di seta di gradissimo valore”. Para el banquete, se usó vajilla pesada de oro y plata, y un grupo de cantores hizo sonar sus liras. Pío II pondera en sus Comentarii su excelente organización, la agradable conversación (grata colloquia) o las bromas honestas (sales honestate conditi) que hicieron correr las horas. De los testimonios coetáneos se deduce la capacidad de nuestro cardenal de formar equipos de trabajo, contratando a artesanos, albañiles y artistas que levantaron los grandiosos escenarios del drama sacro y la residencia palacial. Ello pone de manifiesto no sólo la sensibilidad artística y religiosa del prelado valenciano, sino su capacidad de implicarse en proyectos comunes del colegio cardenalicio participando activamente en la vida artística y espiritual de la Italia del Renacimiento. 4. Entre Lérida y Roma. A pesar de la intensa actividad romana, el cardenal deseaba regresar a la península Ibérica. El enfrentamiento de Juan II con el Principado había llevado a su apogeo la guerra civil en Cataluña, donde Enrique IV había sido proclamado soberano por la Generalitat. El 16 de mayo de 1463 el nuevo monarca escribió a Milà y a Borja exponiendo la situación, defendiendo sus derechos al trono y suplicándoles que no proveyeran beneficios eclesiásticos a petición de Juan $\dot { \mathrm { ~ I I } } ^ { 6 6 }$ . No era una propuesta teórica pues, poco antes, su lugarteniente en Cataluña había exhortado a Lluís Joan a no vulnerar la jurisdicción civil incoando un proceso contra Simón García, abogado laico de Lérida, y por tanto no sometido a jurisdicción eclesiástica (30.IV.1463)67. Pío II encargó entonces al cardenal valenciano que buscase por todos los medios el fin de las hostilidades en Cataluña (1.IX.1463)68, pero éste demoró su viaje varios meses hasta que —con la presencia alentadora del condestable de Portugal en tierras catalanas— decidió partir con una nueva recomendación del papa en la que se suprimían las sanciones de la bula anterior y se enfatizaban las bendiciones en caso de llegar a una concordia (18.III.1464). Partió de Roma el 5 de abril de 1464 y en el mes de julio se encontraba en Lérida, donde llegó con las tropas reales para negociar la rendición de la ciudad asediada por Juan II. El cardenal intervino en las capitulaciones que pusieron fin a la guerra (6.VII.1464), extendiendo su actitud apaciguadora sobre el personal ausente, especialmente Manuel de Montsuar, vicario del anterior obispo de Lérida, presidente de la Generalitat de Cataluña y uno de los principales cabecillas de la rebelión69. Milà logró que adoptara una estricta neutralidad política cuando se refugió en Lérida en septiembre de 1464, y más adelante le restablecería en el oficio de vicario general gobernando ya Fernando el Católico70. Al poco de llegar a la ciudad, el prelado juró las constituciones de su Iglesia en el palacio episcopal y recibió la prestación de homenaje del cabildo (20.VII.1464)71. Poco después acogió las solicitudes de los regidores para reducir las insistentes peticiones del rey exigiendo hombres y dinero sin tener en cuenta la penuria que padecía la ciudad72. A él le tocó normalizar la vida eclesiástica y económica mediante reuniones permanentes con el cabildo en el palacio episcopal. Según Lladonosa, el prelado no defraudó las expectativas puestas en él, mostrándose con el personal eclesiástico y los ciudadanos clemente y generoso, presto a servirles en lo posible, a pesar de haber sostenido con los dirigentes de la ciudad alguna enojosa cuestión por intemperancia de sus familiares contra el primer paher mosén Nicolás Pou en su propio domicilio. El pueblo tampoco olvidó que gracias al cardenal pudo conservar el tesoro de sus franquicias y le mostró singular afecto en los comienzos de su pontificado en que residió en la diócesis7 3. En 1466 se desplazó a Valencia con una escolta de 35 caballeros armados y fue recibido con todos los honores $( 5 . \mathrm { V I } . 1 4 6 6 ) ^ { 7 4 }$ . En el palacio del obispo situado en la calle Zaragoza— residía su madre Caterina, a la que llamaban “Milana”, en una situación desahogada si tenemos en cuenta el robo de “or e argent e perles e coses de molta valua” que sufrió el 10 de enero de 1469; dato expresivo de la afición al lujo y el tren de vida que la familia habría alcanzado. Al año siguiente Lluís Joan volvió a Roma (10.II.1467), donde mantuvo una cierta distancia de los asuntos y de la estima de Paulo II. La peste difundida en la Urbe en julio de 1468 le obligó a marcharse con otros purpurados, instalándose en el monasterio cisterciense de San Salvatore sul monte Amiata (Toscana). Allí le escribió el cardenal Iacopo Piccolomini-Ammannati (1422- 1479) alegrándose de su cercanía e invitándole a su residencia de Pienza (16. $\mathrm { V I I } . 1 4 6 8 ) ^ { 7 5 }$ . La relación es significativa pues en torno a Ammannati se reunía uno de los principales círculos humanistas y de difusión de manuscritos antiguos. El propio Iacopo, discípulo de Guarino de Verona y de Leonardo Bruni, y secretario privado de Eneas Silvio Piccolomini, el futuro Pío II, mantenía correspondencia con otros eclesiásticos españoles como Pedro González de Mendoza, el datario Francisco de Toledo y entre sus familiares se encontraba Rodrigo de Santaella76. En una misiva posterior, Ammannati informó a Lluís Joan de los últimos acontecimientos en Europa Oriental enviándole una copia de las cartas de Matías Corvino —rey de Hungría— sobre la reanudación de las operaciones militares contra el rey de Bohemia, Jorge Podiebrad77. Aunque no conocemos las respuestas, esta correspondencia es un interesante testimonio de los intereses que Milà debía compartir con el prestigioso cardenal, especialmente en la política de la Santa Sede ante la expansión otomana, uno de los objetivos que más había absorbido las fuerzas de Calixto III y Pío II. En esta época el cardenal valenciano también debió relacionarse con el joven poeta de Amelia, Antonio Geraldini, desplazado a la península Italiana con su tío Angelo como agente diplomático de Juan II. Entre 1467 y 1468 Antonio le enderezó una oda encomiástica en versos líricos latinos —de rigurosa imitación horaciana78— que se conserva en la colección de 23 poemas dedicados a Paulo II y a otros cardenales como Besarión o el propio Rodrigo de Borja79. El opúsculo viene precedido por el poema De pace per. Paulum II Italiae reddita, datable en los primeros meses del 1468, donde se celebran los esfuerzos papales por unir a los príncipes cristianos frente a la amenaza otomana, objetivo de la misión diplomática de los Geraldini que sintonizaba con las preocupaciones del cardenal del Milà. En su oda dedicada a éste durante su encuentro en una villa de recreo, Antonio elogia su virtud (virtu[t]is specimen) y su ardua scientia con metáforas campestres, ponderando estas aptitudes como los lirios olorosos que decoran los campos, las vides el rodrigón que las sostiene o las fragrantes violetas sobre los prados; de ahí que condenar sus méritos al silencio sea tan injusto como abandonar a los héroes de la Antigüedad —Héctor, Aécides de Épiro, Ulises, Eneas y Rómulo— al olvido de la laguna Estigia, o confinar a los Césares al opaco Tártaro. Más allá de los tópicos laudatorios, conviene retener las dos cualidades que sobresalían en el cardenal: una honestidad moral que —en algunos aspectos— se deteriorará con el tiempo, y una sabiduría que debía ser el fruto más granado de su esmerada educación. Lluís Joan permaneció algún tiempo más en Roma, pues el 15.X.1468 se le documenta en el consistorio cardenalicio80. Durante este período Juan II solicitó su ayuda para obtener algunas provisiones, como la concesión a sus nietos Juan y Alfonso del archidiaconado de Játiva, y el de Daroca con el priorato de Roda respectivamente (10.III. 1469)81. Milà recibió este tipo de encargos junto a su primo el vicecanciller Rodrigo de Borja, que mostraba más ganas de afincarse en Roma, pues Lluís Joan gozaba de mala salud y el clima romano le resultaba lo suficientemente adverso como para anhelar el regreso a la península Ibérica. Teodoro Llorente señala que un servidor suyo oriundo de Carrícola, en el valle de Albaida, le ponderó la virtud de sus aguas para sanar los padecimientos que le aquejaban, “vino a probarlas, y tan bien le sentaron, que no quiso volver a la Ciudad Eterna”82. 5. La construcción de un estado señorial bajo Fernando el Católico. El cardenal no permaneció mucho tiempo en Italia. A fines de 1469 asistió en representación de la diócesis de Lérida a las Cortes de Monzón convocadas por Juan II. Junto a su nuevo vicario, Manuel de Montsuar, el obispo de. Lérida logró que aquellas Cortes fueran favorables a los intereses del cabildo y el gobierno de la ciudad, quienes recibieron el 22 de diciembre la feliz noticia de la derogación de la ley que a modo de veto mantenía el rey contra el colegio catedralicio83. La intensa actividad de aquellos meses exigió al obispo permanecer en Monzón. El 23 de enero de 1470 regresó a Lérida con su vicario, pero el 31 volvió a partir a la villa del Cinca donde intercalaba su intervención parlamentaria con visitas a la corte para recuperar las localidades de Alfés, Sunyer, Pellenes, Vallfogona y las tierras de los Sancliments para el capítulo catedralicio84. Sin embargo los intereses del cardenal comenzaron a desplazarse al valle de Albaida, donde cada vez eran más frecuentes sus escapadas. En 1471 compró la villa a Beatriz Català de Valeriola, junto a los lugares cercanos de Carrícola, Bufali, Palomar, Benissoda y Adzaneta, que le permitieron crear la base territorial sobre la que materializar sus planes de fundar una sólida casa nobiliaria85. Se trataba de unos territorios alienados por Pedro IV de Aragón durante la guerra con Castilla, y que Juan II volvió a subastar en 1471 perdiendo el resto de la jurisdicción que le quedaba para afrontar los gastos de la guerra civil catalana. La compra desagradó a los habitantes de Albaida por la nueva alienación que suponía, y si el dominio del cardenal multiplicó los conflictos fiscales al menos atenuó las manifestaciones de violencia feudal que habían imperado en las últimas décadas86. Lluís Joan comenzó entonces su proyecto edilicio más ambicioso: el palacio de Albaida, cuya primera fase constructiva debió desarrollarse entre 1471 y 1477, pues en este último año hizo donación de la baronía de Albaida a su hijo otorgándole el fortalitio seu dominali hospitio de la villa, es decir, la fortaleza o residencia señorial87, donde él mismo se hallaba retirado con toda su familia88. Una “familia” que, por otra parte no dejaba de crecer, pues deshonrando su condición de eclesiástico el cardenal se juntó con una dama leridana llamada Àngela o Angelina Ram que le dio un número incierto de hijos: Jaume —primer conde de Albaida—, Lluís —canónigo de Segorbe y de Játiva—, y Caterina —futura condesa de Almenara por su casamiento con Gaspar de Pròixida—89; a los que, según otros autores, deben añadirse Perot90, Francesc —sacristán (1494) y canónigo (1498) de Zaragoza— y Alfons, deán de Játiva91. El palacio comenzó a edificarse aprovechando las torres y el muro que formaban parte de la antigua muralla. Tendría una planta en $L$ , con patio adjunto, un acceso fortificado y la gran torre de Poniente, donde se conserva el escudo familiar de los Milà. Se trataba por tanto de una residencia nobiliaria que tendía a encerrarse sobre sí misma, íntima y poco comunicada, buscando probablemente el lujo y la suntuosidad de los interiores que el cardenal gustaba decorar, como en su residencia romana. De hecho, su gran fachada da al interior del patio de armas, destacando al exterior la sólida construcción de sus tres torres cuadradas, levantadas con materiales pobres de tapial y mazonería. El cardenal contaba además con otro palacio en Valencia, donde residía parte de la familia, el palacio episcopal de Aspa (Lérida) donde pasó algunas temporadas en los últimos años de su vida, y una casa noble en Carrícola asociada a la figura de Catalina Parra92. El 27 de junio de 1472 se presentó en Valencia para recibir a su primo Rodrigo de Borja, recién nombrado por Sixto IV como cardenal legado93. Milà salió a recibirle en la puerta de San Vicente con los cuatro obispos de su casa. Probablemente ambos trataron entonces los proyectos dinástico-territoriales que acariciaban y se materializaron respectivamente en la creación del condado de Albaida por Juan II y el ducado de Gandía por Fernando el Católico. A diferencia de este último, el señorío de Albaida era un territorio más inestable, sometido a las violencias feudales sobre un campesinado que se afanaba por conservar la protección de la Corona y veían con recelo las pretensiones señoriales del cardenal. Meterse en aquel avispero estuvo a punto de costarle la vida, pues en 1472 fue objeto de un atentado de “tres lançades” cuando regresaba a Albaida por el camino real cerca de Catarroja94. Entre 1474 y 1478 Lluís Joan se hallaba de nuevo en Albaida resolviendo pequeños conflictos con el consell de Cullera —cuya rectoría ocupaba desde 1476 junto a la de Sueca— a causa de la reforma de la abadía que las autoridades urbanas pretendían sostener con las rentas del cardenal95. Éste también tenía quejas contra la Corona, pues en enero de 1475 encontramos su nombre entre los firmantes de las 560 reclamaciones presentadas a Juan II por los más diversos estamentos de Barcelona poco después de la invasión francesa del Rosellón96. Mientras tanto gobernaba desde la distancia su diócesis de Lérida, oponiéndose a que los franciscanos trasladaran su convento de San Lázaro a la parroquia de San Juan, y les animó a reedificar su casa en cualquier lugar de los extramuros de la ciudad97. Su vicario y colector pontificio desde 1472, Manuel de Montsuar, acudió varias veces a visitarle a Albaida para solucionar la candente cuestión de las constituciones de la catedral que Juan II se resistía a confirmar, y en especial para manifestarle los ardientes deseos de sus diocesanos de que regresara a su sede98. Sin embargo el cardenal se limitaba a efectuar pequeños desplazamientos, fijando su residencia en conventos dominicos donde mantenía cultivadas tertulias con la lectura de clásicos de la Antigüedad pagana y cristiana, como las epístolas de San Jerónimo o los textos de Virgilio que en 1476 leía su secretario a sus amistades barcelonesas99. Sus preocupaciones señoriales se concentraron en el matrimonio de su hijo Jaime con Leonor de Aragón, nieta de Juan II, a quien el monarca otorgó el título de conde en 1477, y a quien el obispo donó la baronía y villa de Albaida (26.V.1478) prometiéndole una renta para su manutención de más de 30.000 sueldos anuales que quedó en papel mojado mientras los ingresos del cardenal alcanzaban los 168.000 sueldos anuales100. Aquel mismo año éste obtuvo además la encomienda del monasterio benedictino de San Vicente (Lérida) y el de San Benigno (Dijon) en la diócesis de Langres (15.VI.1478), percibiendo unas rentas que al año siguiente le permitieron aumentar su patrimonio con la compra de Bélgida a los Bellvís. Aunque es posible que Milà abandonara la península Ibérica en 1477-78 o en el verano de 1482, en la Curia se reprochaba su ausencia “buscando sus propias cosas y no las de Jesucristo, mirando al bien privado más que al público, olvidado de sus deberes sacerdotales”101. El curial Jacobo Gherardi da Volterra consideraba una traición el abandono de sus deberes ante la Sede Apostólica por una vida cómoda “entre sus amigos y parientes”. Menos crítico resulta el comentario de su antiguo maestro Gaspare da Verona al comentar las razones del cambio de residencia por “maiore pace atque quiete suae domi fruens, pinguibus beneficiis gaudens, praesertim Ilerdensi episcopatu glorioso”. Buscaba, en suma, la tranquilidad y los prestigiosos recursos que le permitieran vivir una vida sosegada (“vitam pacatissimam ducit”)102. No parece que a Fernando de Aragón le agradara la conducta del cardenal. Tras la caída de Otranto en manos de los turcos, le exhortó repetidas veces a dirigirse a Roma para ayudar al papa como pensaban hacer otros prelados castellanos y aragoneses (19 y 20.II.1481)103. Es posible que el papa también reclamara su presencia y —según Teodoro Llorente— el cardenal le envió desde Carrícola una larga epístola alegando su delicada salud y la necesidad de reposo, para terminar diciendo: “Bonum est nos hic, in Carricola nostra, cum Catalina Parra”, tal vez una amante del cardenal104. Aunque se ha barajado su posible traslado a Roma en el verano de $1 4 8 2 ^ { 1 0 5 }$ , no parece que Milà se moviera de su retiro levantino. Desde allí exigía al obispo de Vich —Guillem Ramón de Moncada— una pensión de 300 ducados que había logrado a través de sus contactos en la Curia y a pesar de las protestas de Fernando el Católico (20.III.1483)106. Su poder también se extendía al monasterio de Santa María de Roda donde obtuvo el priorato contra el candidato de la comunidad y la voluntad del rey, quien no pudo impedir que Inocencio VIII diera la razón al cardenal uniendo el priorato a la mesa episcopal ilerdense (5.XI.1489)107. El asunto de la pensión sobre el obispado de Vich dio lugar a un largo y tedioso enfrentamiento con Fernando de Aragón, que sumó a los reproches que éste hacía al cardenal por el incumplimiento de las promesas hechas a su hijo Jaime con motivo de su matrimonio con su sobrina Leonor de Aragón (12.VIII.1489 y 18.VII.1494)108. El conde de Albaida decidió cobrarse aquellas cantidades presentándose ante el cabildo leridano como procurador del obispo en 1491, en que data una carta de éste a los canónigos anunciando la llegada de su hijo109. Sin embargo el conde sólo logró exasperar al cabildo por las extorsiones y simonías cometidas, sin que sirvieran de nada los requerimientos y amenazas del rey (6.VI.1494)110. Tampoco parece que el auxiliar del obispo Vicente Trilles lograse calmar los ánimos, pues sólo conocemos sus querellas con el cabildo recogidas en las actas incompletas del sínodo convocado por el cardenal en Alfes (20.XI.1494). A estos pleitos se sumó el que mantuvieron sus vicarios con el gobierno municipal de Lérida (paheria) por la percepción de los diezmos en el verano de $1 \bar { 4 } 8 9 ^ { 1 1 1 }$ . Probablemente, arroje luz sobre este contencioso las contestaciones ofrecidas por el cardenal en junio de 1491 que se conservan en el archivo capitular112. Tras la visita de una delegación de los pahers a Albaida, Milà delegó toda la cuestión en su vicario, Manuel de Montsuar, a quien dotaba de tales poderes que sólo le quedaba la investidura episcopal113. Mientras tanto otro sobrino del cardenal, el noble Lluís del Milà i de Borja, promovía los descontentos de los estudiantes del Estudio General de Lérida en julio de 1492, exigiendo a las autoridades enviar emisarios a Barcelona para informar de los hechos114. A pesar de estos episodios, Fernando el Católico continuó solicitando favores al cardenal, “amigo nuestro muy caro”, como la concesión de la canonjía vacante por fallecimiento de Montsuar para el hijo del gobernador de Cataluña Requesens de Soler (17.XI.1491)115, o la cesión de la abadía de San Juan de las Abadesas, en el obispado de Vich que Milà tenía in comendam, en favor de Vidal de Valgualnera, familiar de Alejandro VI y “persona muy acepta a nuestro seruicio” (30.III.1493)116. En 1492 —sintiendo tal vez que su vida llegaba al ocaso— obtuvo licencia pontificia para disponer de sus bienes por testamento, y dos años después Fernando comenzó a urdir combinaciones a cuenta de los beneficios que quedarían vacantes si la enfermedad del cardenal se lo llevaba a la tumba. Sin embargo, aún le quedaban algunos años de vida al obispo de Lérida que no dejaba de exasperar al rey por el incumplimiento de sus promesas en la restauración de las iglesias, casas, fortalezas y castillos del obispado, cuya ruina conocía el Católico por los informes del cabildo. A la desidia del cardenal por enriquecer o reparar los edificios, se sumaban ahora las quejas de extorsión y escándalo contra ciertas personas allegadas. El monarca puso sobre aviso al lugarteniente general de Cataluña —el conde de Ribagorza— que al cerciorarse de la verdad de las acusaciones ordenó el secuestro de las rentas del obispo. Asustado, se limitó a entregar la mezquina cantidad de 6.000 sueldos para reparar la sacristía de la catedral ilerdense (22.XI.1498) incendiada en 1490 con graves pérdidas entre los ornamentos litúrgicos que allí se guardaban. Cuando se produjo la catástrofe una legación presidida por su vicario Montsuar se había desplazado al Albaida y a la corte instalada en Granada para solicitar la colaboración del cardenal y del rey117. De resultas de aquellas conversaciones el prelado promulgó un decreto impreso en 1498 concediendo indulgencias a los que contribuyesen a la reparación de la sacristía o a la construcción de la sillería del coro118. Con ello pretendía apoyar económicamente la restauración de la capilla y estimular la devoción de los fieles recordando las “quasi infinites relí- quies” de la catedral. Tibias medidas para un prelado que se había convertido en el mayor acreedor censalista de Llombai cuando esta baronía fue comprada por Joan de Borja en 1494. Tres años más tarde añadió a su patrimonio la baronía de Otos gracias al millón y medio de sueldos que le reportó la venta de Planes; cifra equiparable a los préstamos que la ciudad de Valencia otorgó a Fernando el Católico entre $1 4 8 \bar { 4 } – 9 4 ^ { 1 1 9 }$ . Como se ha señalado, esta concentración de títulos era el resultado de una política de adquisiciones desplegada a lo largo de quince años, según una estrategia semejante a la de los Borja de Gandía tendente a la creación de un mini-estado en las comarcas valencianas de las montañas. El gobierno de estas tierras no fue, sin embargo, asunto fácil pues en 1498 el conde de Albaida se enzarzó en un áspero conflicto con Francesc Aguiló de Romeu, señor de Petrer, Albalat y otros señoríos, con episodios de violencia y enojosos recursos a la autoridad que acabaron resolviéndose en favor del conde. Mientras tanto, el colchón económico era garantizado por las saneadas rentas del cardenal caracterizadas —según Terol i Reig— por su diversificación, internacionalización y origen eminentemente eclesiástico pues procedían de los beneficios acumulados, cuyo capital era reinvertido en el mercado valenciano de los censales120. Esta entente económico-familiar no impidió que se suscitaran conflictos entre el cardenal y su hijo por el gobierno y las rentes del valle de Albaida. En 1502 el primero denunció las arbitrariedades de su heredero al usurpar las rentas de la villa cometiendo violencias contra sus habitantes y atentando contra sus propios derechos como “senyor, detenidor e possehidor de la dita vila e condat de Albaya”121. Por esta razón el cardenal inició acciones legales ante la Real Audiencia de Valencia, logrando que el virrey le restituyese las funciones fiscales que se había apropiado el conde. 6. Actividad pastoral y avatares familiares. De su actividad episcopal en Lérida, casi siempre delegada, contamos con unas breves notas relativas a la visita pastoral ordenada en 1497 y al sínodo celebrado por su procurador Martín Juan de Alcoleia en abril de $1 5 0 0 ^ { 1 2 2 }$ . Manuel de Montsuar fue su vicario y administrador desde que Milà le reintegrara en el oficio hasta su fallecimiento en $1 4 9 1 ^ { 1 2 3 }$ . Fue sustituido por Vicente Trilles, que consagró el santuario de la Mare de Déu de Butsènit (1495) y confirió la tonsura al leridano Miguel Cavala. En el ámbito litúrgico, el obispo confirmó en 1484 el orden en las procesiones de las rogaciones y dictó ciertas prescripciones recogidas en el misal y el ritual de la diócesis que mandó imprimir en fecha y lugar desconocido124. Bajo su mandato se editó el primer breviario impreso en Cataluña: el Breviarium Ilerdense publicado el 16 de agosto de 1479 por el impresor alemán Enric Botel, y del que se conserva un magnífico ejemplar impreso sobre vitela y decorado a mano125. Años después, el mismo Botel acometió entre 1495 y 1498 la edición del misal del obispado, y en esta última fecha imprimió en catalán el decreto de indulgencias anteriormente citado que constituye un raro testimonio de los inicios de la imprenta en Lérida126. M. Jiménez Catalán también se hace eco de un Missale mixtum carente de indicaciones tipográficas que “fue impreso en Lérida en la época del obispo D. Luis del Milà”127. Durante su mandato se unieron las cofradías de San Salvador y de Santa María la Antigua, recibiendo nuevas ordenaciones y privilegios gestionados por Manuel de Montsuar en $1 4 8 2 ^ { 1 2 8 }$ . También debió prestar su apoyo al antiguo hospital de Santa María de Lérida pues sus armas —representadas en un bello escudo ojival en bajorrelieve— adornan la galería septentrional del patio129. El cardenal tampoco perdió su gusto por los objetos suntuarios o la actividad de la escolanía de la catedral. El 8 de noviembre de 1503 recibió del cabildo valenciano una colección de ornamentos sagrados que incluía una capa de damasco blanco “ab fresaüra e capiró brodats d’or e de seda, ab ymatges brodades d’or e de seda, e dos troços de fresaüra ab dos ymages brodades d’or e de seda”; una casulla de damasco con encajes de oro y seda, un cortinaje de ceutí carmesí (“en lo qual ha dos cortines e cel e un crobrellit e dos tovalloles”; y un “sinal de damàs blanch, ab les flors de seda verda e de grana”130. Ornamentos que podrían estar relacionados con el lujoso terno (casulla y capa pluvial) de Calixto III conservado en el museo diocesano de Lérida y realizado en Roma hacia 1455-1458, que pudo haber donado Milà131. También se ha atribuido al cardenal el encargo o donación de la Vera Cruz conservada en la iglesia arciprestal de Albaida: un excepcional relicario de $6 3 , 7 ~ \mathrm { c m }$ de alzada que debió contener alguna reliquia o la sagrada forma en la procesión del Corpus Christi132; devociones ambas que Lluís Joan promovió en Bolonia, Viterbo, y probablemente en Lérida a juzgar por el decreto de indulgencias de 1498. Durante su mandato se emprendió la restauración de la capilla de la catedral y la restructuración del nuevo coro imitando el modelo de Zaragoza y Tarragona realizados por el taller de Franci Gomar. El contrato fue firmado en 1497 por el capítulo catedralicio y los maestros de obra Joan Just y Antonio Virto, o Bierto, que tenía taller en Zaragoza y realizaron la obra entre 1500 y $1 5 0 2 ^ { 1 3 3 }$ . Se renovó la doble sillería, se instaló una nueva tribuna para el predicador y se encargó un nuevo órgano al tallista barcelonés Climent Carbonell para reemplazar el que se destruyó en el incendio de $1 4 8 3 ^ { 1 3 4 }$ . Aunque es difícil precisar la responsabilidad del prelado, no sería difícil advertir su interés por este embellecimiento de la catedral, y el auge de las representaciones sagradas durante su gobierno. Nos referimos a la celebración del Corpus Christi y del misterio de la muerte y Asunción de la Virgen recuperada en 1497 con la procesión del enterramiento de la Madre de Dios y el drama representando el ascenso de su alma al cielo. Aunque se ha conjeturado la influencia de Valencia o del misterio de Elche135, la reactivación del misterio ilerdense podría estar relacionada con los gustos del que fuera uno de los principales organizadores de la fastuosa celebración de Viterbo de 1462. El obispo de Lérida también mantuvo relación con el Estudio General de Lérida donde estudiaron algunos de sus sobrinos: el valenciano Francì del Milà, datado en 1497; su hermano Lluìs del Milà, que en 1491 cursaba en la Facultad de Letras cuando defendió ante sus autoridades el fuero eclesiástico de algunos estudiantes, pues él mismo era beneficiado de la capilla de San Valerio en la sede ilerdense136; o Pere del Milà, que estudiaba leyes en 1490 y el 30 de octubre fue designado por su tío para el oficio de vicario general de la diócesis137. Mientras tanto en Roma se consideraba a Milà un cardenal ausente “que se encuentra en España desde hace treinta años” (28.IX.1500)138. Alejandro VI le apoyaba desde la distancia concediéndole la dispensa de estar ausente de Roma sin prejuicio de sus derechos cardenalicios (30.VII.1496), y otorgó diversos beneficios a sus familiares, especialmente sus hijos Francesc y Alfons, que en 1494 fueron nombrados respectivamente sacristán de Zaragoza y canónigo y deán de la colegiata de Játiva139; sin olvidar a su sobrino Francesc del Milà en su solicitud de una canonjía en la catedral de Barcelona en 1474, o el propio conde de Albaida, a quien el papa facilitó el ingreso en la orden militar de Santiago de la Espada (30.VII.1496)140. Entre los familiares del cardenal que permanecían en Italia habría que contar a su sobrina Adriana del Milà —encargada de algunas damas borgianas del Vaticano— y su nieta Juana del Milà d’Aragó —hija del conde de Albaida— que casó en 1506 con Jofré de Borja, hijo legitimado de Alejandro $\mathrm { V I ^ { 1 4 1 } }$ . En el séquito que acompañó a Lucrecia Borja a Ferrara en 1502 también figuraba un Jofré del Milà “nepote del papa”142. Finalmente cabe recordar a Joan del Milà, hijo de Pere del Milà y sobrino del cardenal, a quien el papa se empeñó en casar con su sobrina Isabel Lucrecia de Borja Lançol. Tras una inicial orientación eclesiástica como abad comendatario de San Salvatore en Chiusi (24.VII.1462)143, Pere había servido a Juan II en la guerra civil y acabó desplazándose a Roma donde murió en $1 4 9 8 ^ { 1 4 4 }$ . La relación con su esposa Isabel Lucrecia no fue fácil, a tenor de las quejas que ésta hacia llegar a su tío por las vejaciones a las que se veía sometida por no recibir los 6.000 sólidos prometidos en el contrato matrimonial para el sostenimiento de su casa (13.III.1494)145. Sea como fuere, el matrimonio manifiesta el interés de Alejandro VI por no perder los lazos con sus primos valencianos. Durante sus últimos años de vida, el cardenal del Milà mejoró sus relaciones con Fernando el Católico. El 16 de diciembre de 1500 escribió al monarca lamentándose de un insulto que había recibido en su villa de Albaida. El rey prometió castigarlo si se repetía y más adelante le agradeció que hubiera retirado la excomunión lanzada en la querella por la pensión del obispado de Vich, pidiéndole que hiciera lo mismo en el asunto de la abadía de San Victorián146. Aquel año Lluís Joan pagó 800 ducados por el impuesto de la décima contra el turco y 1.000 sueldos por los gastos de la guerra de Pallars como súbdito del rey147. Otra cuestión era la de sus beneficios, cuyas rentas intentaba traspasar al conde de Albaida por vía de concordia o coadjutoría contra el parecer del rey, que en 1502 escribió al embajador en Roma mostrando su oposición a aquellos enjuagues y su perplejidad ante la reclamación del cardenal sobre la abadía de San Victorián en virtud de una bula de Paulo II (20.X.1503)148. El prelado no mostraba demasiados escrúpulos hacia las actividades delictivas de su clero, que se arrimaba a su protección para escapar de la justicia. El 27 de noviembre de 1507 el alcalde Soler comunicaba al cardenal “ço que lo Reverendíssim Senyor Cardenal demane a tots capellans e coronats un gran dret que té sobre aquells que serie cosa de grandíssim dany a la Ciutat e als poblats de aquella si no s’i fa cara”149. Dos años después, en abril de 1509, el fiscal del obispo liberaría a dos tonsurados delincuentes que habían sido detenidos por la autoridad civil. Poco sabemos de los últimos años de nuestro biografiado. En abril de 1507 el rey solicitó al papa el nombramiento de Joan de Requesens como coadjutor del cardenal de Albaida “que agora está muy enfermo y en la hedad decrepita a causa de lo qual haunque quiera no puede regir el dicho obispado”150. Éste había dado al rey su conformidad, accediendo a la designación de Requesens como su sucesor en la sede, a cambio de entregar a un hermano del conde de Albaida 10.000 sueldos de pensión sobre las rentas de la diócesis. Mientras tanto el rey Católico podía contar con el voto del cardenal en un hipotético cónclave en julio de 1507151. La fecha de su fallecimiento ha sido objeto de múltiples conjeturas, probablemente por la larga enfermedad que mermó sus capacidades. Los datos que aportamos desmienten la fecha de 1504 que Pascual i Beltrán152, y Villagrasa y Teruel153 proponían para su deceso. Otro grupo de autores lo datan a fines de 1507: Escolano y Chacón el 10 de septiembre de $1 5 0 7 ^ { 1 5 4 }$ , Goñi Gaztambide el 22 de septiembre155, y Vieira en 10 de diciembre del mismo año156. En realidad, en noviembre de 1507 el maestro de ceremonias Paris de Grassis aún lo da por vivo y el 22 de diciembre de 1508 no lo menciona entre los cardenales difuntos157. Con razón Villanueva lo sitúa en el palacio leridano de Aspa en marzo de $1 5 0 8 ^ { 1 5 8 }$ . Los conflictos con las autoridades leridanas obligan a retrasar su fallecimiento hasta noviembre de 1509 por lo menos, en que el cardenal escribía al bayle quejándose de los problemas de recaudación que encontraba en el Valle de Arán (5.XI.1509)159. De ahí que podamos dar por buena la fecha del 9 de diciembre de 1510 que Eubel y Batllori aportan para su fallecimiento160. Una tradición señala que al sentirse enfermo quiso trasladarse al valle de Albaida y en el camino se halló tan desfallecido que el barón de Bélgida le llevó a su palacio, donde expiró161. Sus restos se enterraron en la “capilla de Alcoleya”, hasta que en 1511 fueron trasladados a la catedral de Lérida. Finalmente en 1574 llevaron su cuerpo a la iglesia del convento dominico de Santa Ana fundado por el cardenal en la villa de Albaida, tal vez para que sirviera de panteón familiar. Conclusiones. El juicio de los historiadores no han sido benévolo con el personaje al que se dedican estas páginas: sus contemporáneos reprocharon al cardenal su indolencia y desidia en ejercicio de sus cargos eclesiásticos a los cuales había accedido más por vínculos familiares que por cualidades personales. Woodward le considera una persona de una capacidad mediocre que no dejó ninguna impronta en la historia de la Iglesia, desapareciendo pronto de la escena política italiana162. En realidad, Lluís Joan formaba parte de una generación de eclesiásticos que, como Rodrigo Borja, trató de conciliar sus intereses familiares y sus responsabilidades eclesiásticas con un indudable desequilibrio en favor de las primeras. Sin duda no estuvo a la altura del proyecto que su poderoso tío dispuso para él, y su figura quedó eclipsada por la de su primo, con quien compartió sus carencias morales sin contar con su salud física ni sus cualidades políticas. Sin embargo, Milà mostró una capacidad de integración en el ambiente curial romano, estrechando relaciones con personajes de la talla del cardenal Ammannati, el humanista Gaspare da Verona o el poeta Antonio Geraldini, y se ganó la confianza del propio Pío II. Todo ello revela que estamos ante un hombre de cierta talla intelectual y una sensibilidad artística desarrollada en sus empresas italianas e hispanas. Su acción pacificadora en Bolonia y en Lérida refleja su temperamento conciliador, y su proyecto señorial en el condado de Albaida su voluntad de colaborar con el poder real, aunque no faltaran desencuentros por cuestiones fiscales o jurisdiccionales. Con razón su contemporáneo Gonzalo Fernández de Oviedo le describe como un “valeroso príncipe de la Iglesia de Dios” preocupado por el patrimonio familiar pues “fue fama que le dejó [a su hijo el conde de Albaida] un gran tesoro”163. Estas capacidades no acabaron de encajar con su perfil de un hombre de Iglesia. Los juicios en este sentido han sido implacables entre los historiadores. Goñi Gaztambide afirma que “su acción como obispo fue funesta y como cardenal, nula”164, limitándose a esquilmar sus diócesis —como señala Pons Alòs— “en beneficio del crecimiento de su patrimonio familiar”165. De ahí que pueda considerarse al cardenal un fruto estéril del nepotismo de Calixto III, paradigma de cardenal secularizado que asfixió con sus intereses familiares sus responsabilidades eclesiales. Su absentismo, su amancebamiento, y el uso de sus rentas en beneficios particulares constituyen lacras difícilmente justificables. Todo ello no impide que el cardenal tuviera algunas iniciativas litúrgicas y editoriales que proporcionan algunos destellos en su labor pastoral donde su autoridad no dejó de hacerse presente. Quizá sea éste el campo donde mejor se aprecien las sinergias religiosas y culturales entre la península Ibérica y la Italiana que el cardenal de Albaida, con sus luces y sus sombras, fue capaz de unificar y promover.
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19,957
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Mercado de ocasión de joyería y piezas de orfebrería. Subastas judiciales en Segorbe medieval.: Second-hand Market for Jewelery and Goldsmith’s Pieces. Judicial Auctions in Medieval Segorbe.
MERCADO DE OCASIÓN DE JOYERÍA Y PIEZAS DE ORFEBRERÍA. SUBASTAS JUDICIALES EN SEGORBE MEDIEVAL. SECOND-HAND MARKET FOR JEWELERY AND GOLDSMITH’S PIECES: JUDICIAL AUCTIONS IN MEDIEVAL SEGORBE. Joaquín APARICI MARTÍ Universitat Jaume I de Castelló ORCID: 0000-0002-8102-4033 firstname.lastname@example.org. Resumen. Aproximación a un activo mercado en el siglo XV de objetos y enseres de ocasión. Las piezas de orfebrería y joyas, entregadas como garantía del pago de una deuda, pudieron cambiar de manos gracias a las subastas judiciales por impago. Los precios más baratos facilitaron la participación en este tipo de comercio de un amplio abanico social en el Segorbe del siglo XV. Palabras clave: orfebrería, joyería medieval, subasta, mercado de ocasión, siglo XV, medieval Segorbe. Abstract: An approach to an active market in de $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ Century for used objects and household goods. The goldsmiths’ pieces and jewelery, delivered as guarantee of the payment of a debt, were able to change hands thanks to judicial auctions for nonpayment. Cheaper prices allowed participation in this type of commerce of a wide social range in the Segorbe of the $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. Keywords: goldsmith, medieval jewellery, auction, used market, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century, medieval Segorbe. Joaquín APARICI MARTÍ 1. Introducción1. Las investigaciones sobre la orfebrería medieval del Alto Palancia (Castelló) se han vinculado principalmente a los espacios religiosos, concretamente la arciprestal de Jérica y la sede episcopal de Segorbe. La investigación muestra la labor de orfebres y plateros habitantes en Valencia que trabajaban por encargo cubriendo la demanda de determinados productos sacros. Otros profesionales, sin embargo, residían en la comarca. Por ejemplo, en la ciudad de Segorbe se documenta para todo el siglo XV a un total de 19 profesionales, entre los que se detecta la presencia del grupo judeo-converso con seis artesanos. Los datos recogidos2 con referencia a sus actividades responden a manufacturación o reparación de piezas del ámbito religioso (relicarios, cruces, incensarios, etc.) como en 1423 cuando el justicia segorbino tenía «emparats» de manos del argentero Dionís Capellades, «cert argent que pesa VIII marchs», como garantía de su compromiso para hacer una cruz para la sede de Albarracín. O en 1451 el también platero Pere Monçonís recibía 16 ss 6 ds «per fer hun peu e adobar lo ensenser ab miga onza, un quart, d·argent que y més» (Pérez 1935; Pérez 1936; Rodríguez et al. 1995; Aparici 1998; Borja 1999; Candela 2020). Existen también estudios que tratan sobre piezas singulares, como el cáliz producido por el mecenazgo del obispo Bartolomé Martí a fines del siglo XV, o el sículo-normando de marfil conservado en el museo catedralicio segorbino y que tiene una cronología más temprana (Montolío 2017; Montolío y Cercós, 2020). Como indica Olucha (1992: 298), en la provincia de Castelló, los objetos de orfebrería religiosa medieval son bastante variados y se han conservado muchos, a pesar de frecuentes y graves reveses, señalando en particular las cruces y custodias procesionales, cálices, relicarios, arquetas y crismeras. Este tipo de producción en plata fue muy importante a nivel de toda la Corona de Aragón (Heredia 2011), desarrollándose en los últimos años un renovado interés por esta temática, con estudios sobre la platería y joyería en el reino de Aragón, caso de Zaragoza o de Jaca y su diócesis (Gómez de Valenzuela 2017 y 2022). En el caso castellonense abundan ejemplos medievales procedentes de los talleres con punzón de Valencia (Candela 2016) así como ejemplares de los talleres con punzón morellano y de Catí (De Sanjosé 2013). Pero también, las noticias y documentos existentes muestran que fueron muy frecuentes los objetos de orfebrería civil para particulares. Algunas de estas piezas formaron parte del comercio que quedó registrado en las aduanas fronterizas que separaban los reinos de Aragón y Valencia, como por ejemplo en el lugar de Barracas, por donde collares, anillos, brazaletes, piedras, perlas, coral o paternostres, fueron declarados profusamente a mediados del XV (Villanueva 2008), precisamente un tipo de piezas que aparece frecuentemente asociado al gusto femenino en el Aragón bajomedieval, tanto entre las mujeres casaderas como también entre las prostitutas (Villanueva 2014). Y es que la gente común tenía acceso a piezas ornamentales de oro y plata, a joyas o elementos suntuarios que podían mostrar, de un lado, la moda y estética socio-cultural acorde al período histórico; pero también la cotidianeidad de que un bien material preciado sea susceptible de ser monetarizado ante una eventualidad que lo requiera. Por ello, la noticia de piezas de orfebrería, de objetos conteniendo oro y plata, de joyas con piedras engastadas, etc., está presente en numerosos inventarios de bienes post-mortem redactados ante notario (Fernández 1969; Gómez de Valenzuela 2017). Pero esas piezas también se documentan en las actas judiciales, base del presente estudio. En este caso, su listado es el paso previo a una posible subasta, quedando la incidencia recogida bajo dos formas diferentes de anotaciones en los libros de asignaciones del justicia segorbino. Por un lado, encontramos las inscripciones judiciales por impago (de una cuantía considerable), documentos en los que se procede a inventariar aquello que se halla en la casa del deudor, anotando los objetos localizados hasta que se considera que el montante que se pudiera obtener con su posterior subasta pudiera satisfacer la cuantía adeudada y el pago de las costas. Por consiguiente, suele tratarse de inventarios parciales, aunque en ocasiones muy completos, que nos permiten aproximarnos al universo material de los deudores. El otro tipo de anotación documental utilizada preferentemente en esta investigación es la subasta efectiva de las garantías individualizadas (penyores) que se dejan como prenda de una obligación de deuda contraída que no ha sido satisfecha, obligación que generalmente es de menor cuantía económica que cuando se procede a la inscripción judicial de bienes. El período de tiempo estipulado en esas obligaciones para saldar la deuda suele ser de diez días, transcurridos los cuales se inicia el proceso de notificaciones previo a la subasta. Ante el justicia segorbino se establecieron contratos privados (bajo la forma de obligaciones) que atañían a diversos ámbitos como la prestación de servicios, la compra de bienes (paños, cereal, animales, lana, herramientas, tierras), el préstamo amigable, etc. La obligación recogía un lapso temporal para saldar el precio convenido entre las partes, ofreciendo el deudor bajo la fórmula «obliga-hi sos béns», la garantía con la que saldar el monto estipulado en caso de impago. En ambos casos, tanto la inscripción de bienes con subasta, como la subasta individualizada, dinamizaron semanalmente el mercado de ocasión con productos de segunda mano, poniendo a disposición del público un amplio abanico de oportunidades con enseres y útiles de uso cotidiano que iban desde ropajes de cama e indumentaria a herramientas, libros, armas, joyas, etc, en un conjunto de transacciones directas que implicó a todos los sectores sociales de la ciudad. Además, uno de los elementos fundamentales de este tipo de intercambio fue que todas las ventas debían pagarse al contado, en moneda contante, quedando excluidos los pagarés y pagos aplazados (García 2022: 319). Sin embargo, las subastas no siempre funcionaron igual. En 1473 se procedió al inventario de bienes del difunto «apotecari» Pere Palomar. Sus herederos se repartieron los inmuebles, pero sin embargo respecto a los bienes muebles consideraron oportuno que «los pots, medecines e altres aynes de apothecari, los quals si exien a la plaça no s·i trobaria bonament compradors, sinó a gran menyscapte per ço com en Sogorb apenes y a dos apothecaris», a fin de obtener un valor más justo decidieron que dos tenderos tasasen todos los bienes. Ciertamente, las herramientas específicas de su oficio podrían atraer, o no, a los posibles compradores. Pero esa fue la excusa de los herederos para tratar de obtener un mayor beneficio. El inventario va más allá de lo que contenía su «botiga», y muestra gran cantidad y variedad de indumentaria, menaje del hogar, mobiliario, armas, elementos decorativos, vajilla y elementos de cocina, contenedores, etc., que podían interesar a un público menos selecto. Por contra, en otras ocasiones directamente no había nadie interesado en la puja. En 1493 el corredor Joan Dies notificaba al justicia segorbino que había procedido a haver corregut e subastat certa adava atrobada en la casa del dit Johan de Monçó, la qual per éser molt dolenta e no rebedora que era de mes de hun any, lo dit tudor e curador no trobava comprador, e a major descàrech de aquell la lliurà al dit Johan Dies, corregués aquella, lo qual feu relació que en aquell temps que fonch a ell acomanada la subastació de la dita adava, que podia éser en lo jener proppasat, ell corregué la dita adava per los llochs acostumats de la dita ciutat portant-ne la dita adava e huna scudella, e que no havia trobat qui preu algú a aquella donàs, com era tant dolenta que encara per a les guallines no la volien comprar. 3 2. Atesorar oro y plata. En 1460 se procedió a la inscripción judicial de bienes de casa del segorbino Joan de Cutanda, a instancia del tintorero Pere Xerom, por el alquiler debido de unas casas.4 Entre otros muchos enseres, y por el tema ahora propuesto, destacamos: Ítem una cadeneta de adzebega, ítem una capceta redona dins lo qual havia hun collaret ab grans de argent e de coral, e una nòmina guarnida de broquat. Ítem hun cofre blanch ab pintes de negres, ab pany sens clau, en lo qual foren trobades les coses següents, primo unes ores ab lo offici de la creu e de nostra dona sancta Maria ab dos gafets de argent. Ítem una canasta de canya nova en què foren atrobades les coses següents, ítem cinch platonets o femallets de argent. Ítem hun caxonet ab huyt pesals de pesar florins, hun rastre de paternostres de adzabega, ítem huna beta de perles menudes. Ítem una capceta ab onze sous onze diners, e hun florí d·or falç, e los dos reals falsos. Ítem una capça de fust en la qual foren atrobades les coses següents: primo una correga lo parche de broquat, cap e civella, e quatre platons de hor. Ítem una capceta ab dos arracades de ambre ab fulletes de hor, ítem tres manilles de vidre, ítem dos rubins engastats en dos anells d·or. Ítem miga guasseta de argent. Ítem altra capça de fust en la qual atrobam, ítem una corregeta streta lo parche de seda tenada, cap e civella, quatre platonets de argent. En esta casa encontramos abundante presencia de objetos que podemos considerar preciosos por los materiales empleados en su fabricación, y que muestra la moda y el gusto social del momento atendiendo a las diversas funciones que adopta. Su propietario los tenía guardados dentro de diversas cajas y cajitas para dotarlos de mayor presencia y conservación. Como materiales se indica el oro, la plata, la atzaveja, 5 las perlas, el coral, el rubí, 6 el ámbar7 e incluso el vidrio. Como elementos de indumentaria y atavío aparecen las correas y cintas de brocado8 o seda con platons, 9 los collares, una nòmina, 10 los pendientes (arracades), una ristra de paternosters, 11 unos brazaletes (manilles), dos anillos, una guasseta, 12 unas pesas para el peso de las monedas (incluyéndose alguna pieza monetaria falsa), o un libro con cierres de plata (gafet). Otros inventarios segorbinos muestran, aunque sin tanta abundancia y profusión de piezas, la cotidianeidad de la presencia de esos pequeños tesorillos susceptibles de ser rápidamente monetarizados y puestos en circulación ante una necesidad sobrevenida. Y quienes los atesoraron fueron gentes del común, labradores, artesanos, tenderos, ciudadanos, mudéjares, etc. 13, y en algún caso concreto, mujeres.14 De igual manera, algunas piezas aparecen en los legados testamentarios.15 Con algunos de esos listados, la variedad merceológica de piezas se amplía con las tazas,16 las copas, las jarras (picher), las cucharillas (culleretes), las alferides, 17 la aguja o alfiler (agulla), el agnus, 18 la insimera, 19 la branca de corall20 o el crucifijo. Y como materia hasta ahora no mencionada unimos una piedra engastada, la turquesa.21 Además, el inventario de 1533 reproduce una serie de comparaciones que permiten entender al lector las dimensiones de las piezas, pues menciona «una branca de coral tan grueça com el dedo pequenyo guarnida de plata», o los treinta granos de plata dorados «tan grueços com garvanços». Prácticamente se trata de los mismos objetos que se catalogan en la producción civil de Zaragoza en el mismo período (Gómez de Valenzuela 2017). Aun así, ciertamente aquellos individuos mejor posicionados social y económicamente podían atesorar un mayor volumen de piezas.22 Con todo, estas personas tampoco estaban exentas de los vaivenes de la economía, y, al igual que el resto, podían recurrir a esos depósitos de orfebrería y joyas para poder hacer frente a gastos inesperados. Un ejemplo puede ser el de Federico de Aragón, conde de Luna y señor de Segorbe. Las penurias económicas del conde no se muestran exclusivamente con la gran cantidad de contratos censales que llevaron a la quiebra su empresa feudal al no poder hacer frente a los pagos. Su libro de escribanía, conservado en Segorbe, muestra también varios documentos en los que se inventarían sus piezas de plata, y se empeñaron o prepararon para ello, todo ante la acuciante necesidad de numerario por su participación en las empresas italianas junto al monarca Alfonso V (Aparici 2013). De hecho, el propio rey se vio obligado, al igual que Federico, a empeñar su vajilla de plata y elementos suntuarios para sufragar su campaña napolitana en 1421 (Conde 2000). Como decimos, Federico se vio en la misma situación y sabemos que en enero de 1421 Berenguer Escuder, habitante en Tortosa, tenía en garantía algunas piezas del conde valoradas, en su conjunto, en 550 ss.23 Sin embargo destaca un segundo listado por su volumen y cantidad, recogido bajo el epígrafe «Memorial del argent del senyor comte, e lo pes de cascuna peça». 24 En él se contabilizaron un total de 41 piezas de plata, algunas doradas, a saber 10 platos, 2 palanganas o platos hondos (bacins) siendo uno de ellos con broch d·ayguamans (cañón alargado para verter líquido), 3 jarritas de boca ancha (terraç), 1 jarra (picher), 1 copa, 7 tazas, 1 tapadera para la copa (sobrecop), 2 partes del salero, 12 escudillas25 y 2 piezas desconocidas (por rotura del documento), conjunto que asciende a un peso global aproximado de 18 quilogramos y 164 gramos de plata. 26. Joaquín APARICI MARTÍ. Cuadro I. Piezas de plata inventariadas propiedad de Federico de Aragón.27 <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Primerament pesa la I dels plats majors blanch</td><td rowspan=1 colspan=1>VI marchs,III quarts.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>L·altre plat blanch de tallar, pessa</td><td rowspan=1 colspan=1>VI marchs, mitja onza.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item lo I baci ab broch d·ayguamans, pesa</td><td rowspan=1 colspan=1> VI marchs, I onza i mitja.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l-laltre baci pesa</td><td rowspan=1 colspan=1>VI marchs, III onzes, I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item lo primer terrac pesa</td><td rowspan=1 colspan=1>I marchs,II onzes i mitja.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l·altre terrac pesa</td><td rowspan=1 colspan=1>I marchs,II onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l-altre terrac pesa</td><td rowspan=1 colspan=1>I marchs, I onzes, mitja quarta.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item lo picher del tast, tot daurat, pesa</td><td rowspan=1 colspan=1> I marchs, I onzes, mitja,I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item la copa del senyor (daurat)</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, I onzes i mitja.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item la taca de tast (daurat)</td><td rowspan=1 colspan=1> VII onzes, mitja, I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item lo sobrecop (daurat)</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, I onza, mitja,I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Item la primera taca daurada dins, pesa</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, VI onzes i mitja.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item 1:altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l·altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l:altra pesa</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, I onzes i mitja, I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item 1-altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march,I onzes, mitja, I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item 1·altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes, I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item la I part del saler pesa</td><td rowspan=1 colspan=1>III onzes, I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Item l·altra part</td><td rowspan=1 colspan=1>IIII onzes, I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Item lo primer plat dels blanchs</td><td rowspan=1 colspan=1>I march,III onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item 1·altre</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item1altre</td><td rowspan=1 colspan=1>I march,III onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>[roto]</td><td rowspan=1 colspan=1>[roto] march,II onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>[roto]</td><td rowspan=1 colspan=1>[roto] march,III onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Item l·altre plat</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, IIi onzes i mitja.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l·altre</td><td rowspan=1 colspan=1>I march,II onzes mitja.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l·altre</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes i mitja.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l·altre</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes, I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item 1:altre</td><td rowspan=1 colspan=1>I march,II onzes,III quarts i mig.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Item la primera scudela pesa</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, IlI onzes i mig quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item1-altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march,III onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item1-altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march,I onzes, mig quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item1altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes, I quart i mig.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item 1:altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item 1:altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes, mig quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item 1:altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes, I quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l:altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l·altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l·altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march,I onzes, mig quart.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item 1:altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march, II onzes.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Item l-altra</td><td rowspan=1 colspan=1>I march,III onzes, I quart.</td></tr></table> 3. Las subastas judiciales. En mayo de 1426, Bertomeu Roselló pelaire de Segorbe, para resarcirse de 207 ss 1 d que había prestado a Joana la Calleresa, «fembra pecadriu», más los gastos que se pudieran derivar, designaba a la corte de justicia para proceder a la subasta el conjunto de garantías que Joana había aportado. Como no se localizó a dicha mujer en la ciudad de Segorbe, el 22 de mayo se asignó curador de los bienes a Esteve d’Asio, y se le concedió 5 días de gracia para satisfacer la deuda. El 8 de junio el sayón y corredor hizo relación del mandato al curador, y finalmente el 10 de junio se procedió a la subasta pública de bienes, entre los cuales nos interesa ahora el siguiente listado: Ítem, sobre uns paternosters negres de adzebeja ab lo cordó de seda blau e negre e ab son boca de seda e d·or ab sa flocadura; ítem sobre uns altres paternosters de adzebeja de [llevalleta] ab lo cordó de seda burell e negre; ítem sobre una nòmina de adzeytuní vermell envellutat; ítem sobre cert argent trencat que pesa mija onza; ítem dos monyequeres de argent les quals pesen dues onze menys mig millarés. 28. En Segorbe, parece ser que la plaza del mercado se convirtió en el centro focal de las subastas, tal y como reza un documento de 1446 relacionado con la almoneda de bienes de un presbítero fallecido, «in dicta placea predicte civitate Sugurbi, ubi tunc mercatum civitatem eiusdem celebrabatur presentibus gentibus in multitudine copiosa ad dictum mercatum concurrentibus». 29 Sin embargo, no era el único espacio. Otra almoneda, la de los bienes de Jaume Gascó, se efectuó fraccionada en el tiempo (8 sesiones) desde el 16 de septiembre de 1493 al 5 de junio de 1494, mostrando que algunas sesiones de la subasta se realizaron en el arrabal de la ciudad y otras en la plaza del mercado.30. Sea como fuere, cada una de las piezas de joyería y plata de la Calleresa, «fou venut e trantat [...] com a més de preu donant»: «dues monyequeres de argent a rahó de XIII sous per onza que pesen dues onzes menys mig millarés, que pujen suma de XXV sous X diners» a Francesc d’Esplugues, sastre (25 ss 10 ds). «los paternosters de llevalleta» a Domingo Pérez, iluminador (6 ss 4 ds). – «una nòmina» a Domingo Pérez (1 s 9 ds). – «los paternosters de adzebeja» a Gonçalbo, escudero de Pere Johan (8 ss). – «miga onza de argent trencat» a Daniel de l’Ort, albardero (4 ss 6 ds). Joana, prostituta de oficio, posiblemente originaria de Cáller (Cerdeña), había pedido un préstamo, ofreciendo como garantía de su devolución toda una serie de bienes que, casi con total seguridad, era el conjunto de sus posesiones. Ausente de Segorbe, se procedió a la subasta de aquellos, en una puja al mejor postor. Diversas ropas, zapatos, algún cofre, madejas de estopa, un peine de marfil, un espejo, un puñal, y algunas joyas muestran el universo material inmediato de aquella mujer. Tras la subasta, todos sus bienes fueron adquiridos por otras personas, a un precio asequible.31 Pagados los gastos, quedaron 199 ss 3 ds que se entregaron a Roselló, quien obviamente no recuperaba la cantidad monetaria inicialmente adeudada, pero sí conseguía a través de la subasta hacerse con algunos de los bienes a un determinado precio, seguramente más barato, de manera que posiblemente se compensaría la pérdida.32. Así pues, no hay reparos en comprar los bienes de una prostituta. Se procedió a la redistribución de los mismos, a precios más económicos, con la posibilidad de su reutilización o reacondicionamiento. Los precios no eran fijos, aunque también es cierto que dependían de las características de la propia pieza. La media onza de plata fracturada que compró Daniel de l’Ort le costó 4 ss 6 ds, es decir, una onza equivaldría a 9 ss. Sin embargo, las muñequeras adquiridas por Francesc d’Esplugues se pagaron a razón de 13 ss la onza. En estas operaciones, bajo control judicial, circulaba una cierta cantidad de dinero amonedado, puesto que uno de los elementos fundamentales de ese tipo de mercado de ocasión era que todas las ventas debían pagarse al contado y en moneda metálica contante (García 2022: 319). Como hemos indicado anteriormente, las actas judiciales segorbinas del medievo, en su formato de asignaciones, contienen numerosas anotaciones por las que una persona, «per paga a si fahedora» (para resarcirse) de una cantidad adeudada por otra persona con motivo de un servicio efectuado, una venta de un producto, o un préstamo, asignaba a subastar la prenda o garantía que había dejado como fianza del pago de la deuda contraída. Una vez pasado el plazo estipulado en el contrato u obligación, se asignaba aquella garantía a subasta pública. Con su venta, se trataba de saldar la deuda y de pagar los gastos generados en el procedimiento por el salario del corredor, el escribano, etc. Esta era una situación que queda reflejada en los libros de actos del justicia segorbino conservados desde fines del siglo XIII. Por ejemplo, en 1286 el justicia condenó al argenter judío Mossé, a entregar una taza de medio marco de plata fina obrada a Guillermo d’Aguilseu, taza que se había comprometido a dar como pago de cierto vino que le había comprado. Sin embargo, el judío no había cumplido con la obligación. Pocos meses después el judío Astruch Sucrán acudía ante el justicia para iniciar el proceso de subasta de un «vaso de plata» que tenía como garantía del pago de 54 ss que le debía Joan de Monzón, vecino de Jérica. También en 1332 se reconocía ante el justicia que Domingo de Luna debía 60 ss, o «una taça ${ \mathrm { d } } \cdot$ argent valent aquells», al judío Jucef Morquart, hijo de Jafia. En 1387 Domingo Pérez de Magallón y su yerno. Mateo Aster fueron condenados a pagar 98 ss que debían a na Sibilia, como precio para poder recuperar la garantía que le habían ofrecido, a saber «una corretga d·argent ab parche blau de seda, e per mich una via de seda vermella e vert, et entre dos pars de fulla de oronel daurats, un plató pla blanch d·argent». 33. Algunos de los documentos presentados en el siguiente cuadro II manifiestan que la subasta se efectuaba por los mencionados motivos, como el impago de un préstamo amigable (1413, Joan de Sadorní; 1421, Bertomeu d’Esplugues o Bertomeu Castelló; 1423, Antón Marín; 1426, Elvira viuda de Joan de Noguera; 1460, Pere Alcayt o Mateu Aragonés); un préstamo comunitario a Caudiel (1493, Joan Pérez del Castellar, doncel); el precio de unos paños (1460, Mateu Aragonés bajador); por cierta cantidad de lanas (1493, Hamet Abdulmalen); por cereales (1493, Hamet Sangarén); o también por cierta cera (1493, Alí Esquerdo). Cuadro II. Piezas de oro, plata y joyería librados como garantía de pago. 34 <table><tr><td colspan="1" rowspan="1">Producto</td><td colspan="1" rowspan="1">Valor de la deuda</td><td colspan="1" rowspan="1">Fecha</td><td colspan="1" rowspan="1">Deudor</td><td colspan="1" rowspan="1">Insta</td><td colspan="1" rowspan="1">Comprador y precio</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una taca d-argent.</td><td colspan="1" rowspan="1">77 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1401/02/17</td><td colspan="1" rowspan="1">Pere Vanyo,hostalero</td><td colspan="1" rowspan="1">Violant, viuda deRamón de'Ort,converso</td><td colspan="1" rowspan="1">Subasta 05/03 aDaniel Leonis por69 ss.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una monyequera de plata.</td><td colspan="1" rowspan="1">16 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1401/04/15</td><td colspan="1" rowspan="1">Francescd'Esplugues</td><td colspan="1" rowspan="1">JoanBeneyto,herrero</td><td colspan="1" rowspan="1">30/04, se da porcontento y retorna la munequera.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Dues cintes d-argent, en launa [...] parche [...] blaude seda ab trevols abhuytanta-tres platons, colos cabos; e altra cinta ablo parche blau ab XLVplatons als caps; una tacad-argent que pesa entre totvint-siet oncas e XI quarts.</td><td colspan="1" rowspan="1">286 ss 6ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1401/05/05</td><td colspan="1" rowspan="1">MartinVanyo elmenor</td><td colspan="1" rowspan="1">JoanMarques</td><td colspan="1" rowspan="1">13/07, Vanyo seda por contento yretorna las piezas.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Dues cintes d-argent, launa ab samaster de sedavert, con dotze plantons,la civella e lo cap, e conuna cadeneta. Item l-altralo samaster [...]</td><td colspan="1" rowspan="1">110 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1401/05/06</td><td colspan="1" rowspan="1">MartiGarcez deMarcilla, senor deTorcas</td><td colspan="1" rowspan="1">FrancescFillach</td><td colspan="1" rowspan="1">27/09,Fillach sequeda con lascintas.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una copa de argentdaurada dintre e de fora,ab senyals de mig deangels,ab deu ales,abtres peus breschats,dintrefigures de dones</td><td colspan="1" rowspan="1">100 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1413/02/07</td><td colspan="1" rowspan="1">MaestreAntoni,barbero</td><td colspan="1" rowspan="1">Joan deSadorni,licenciadoen decretos</td><td colspan="1" rowspan="1">24/02, Sadorni lacancela.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Un anell d-argent daurat ab Il perles chiques e una pedra morada.</td><td colspan="1" rowspan="1">4 ss 10ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1414/04/12</td><td colspan="1" rowspan="1">Munyoz,escudero,fiador deManelMamblella</td><td colspan="1" rowspan="1">MateoAragones</td><td colspan="1" rowspan="1">14/05, Aragones se da porcontento.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una gonella de dona dedrap vermell, ab onze platons d-argent ab les manegues forrades delleng vert.</td><td colspan="1" rowspan="1">27 ss2ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1414/06/15</td><td colspan="1" rowspan="1">TodaAparici</td><td colspan="1" rowspan="1">Francesc dePuigmolt6,pelaire</td><td colspan="1" rowspan="1">Subasta 09/07,aPere d'Assio por31 ss.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una correga d-argent, lo parche vermell ab los platons blanchs d·argentque son LXxVII platons,cap e civella.</td><td colspan="1" rowspan="1">194 ss 10ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1421/01/30</td><td colspan="1" rowspan="1">Joan deMonc6n, por sus sobrinosherederos deMiquel deMong6n.</td><td colspan="1" rowspan="1">Herederos de Miquel deMonc6n</td><td colspan="1" rowspan="1">Es entregada al justicia, quien la reintegra a Joan a cuenta de sututela.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Dues correges d-argent, la una ab lo parche vert e vermell ab los platons de temps antich, los unsredons xichs e los altres grans, ab son cap e civella, de la qual fallenxiii platons; é l-altre ab lo parche vermell, los platons plans blanchs dela qual non fall plato, ab son cap e civella</td><td colspan="1" rowspan="1">154 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1421/02/05</td><td colspan="1" rowspan="1">Un vecinode Andilla</td><td colspan="1" rowspan="1">Bertomeud'Esplugues,corredor</td><td colspan="1" rowspan="1">22/02, Bertomeu se da porcontento ycancela.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una correja d-argent abplatons redons a duestires,e blanchs, son cap ecivella, ab lo parche vert.</td><td colspan="1" rowspan="1">220 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1421/04/05</td><td colspan="1" rowspan="1">PereAlfajarin elmenor,deBarracas</td><td colspan="1" rowspan="1">Miquel Frare</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Un anell d-argent dauratab un forat on hi havia pedra o perlla, jatsia que no y ha res.</td><td colspan="1" rowspan="1">7 ss 6ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1421/06/03</td><td colspan="1" rowspan="1">No se indica</td><td colspan="1" rowspan="1">BertomeuCastell6,especiero</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Huna taca a manera de anab sobredaurada que pesa ix honcas tresquartes.</td><td colspan="1" rowspan="1">Finiquitotrabajoalbacea</td><td colspan="1" rowspan="1">1421/08/29</td><td colspan="1" rowspan="1">Bernat, hijode BernatMercader,ballestero deValencia</td><td colspan="1" rowspan="1">JaimeGoncalvo,especiero</td><td colspan="1" rowspan="1">Subasta 14/10,Francesc Palomarpor 121 ss 7ds</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una copa d-argent.</td><td colspan="1" rowspan="1">60 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1421/10/11</td><td colspan="1" rowspan="1">Guillem Oller y sumujer</td><td colspan="1" rowspan="1">Marti Reboll</td><td colspan="1" rowspan="1">Empara porMiquel Ximénez,hostalero</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una correga d'argent, la qual és lo parche blau de seda, ab obra verda per mig, ab cap de civellad-argent daurats, en lo qual cap havia una figurad-om spullat, ab xxiii platons daurats.</td><td colspan="1" rowspan="1">26 ss 6ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1421/11/19</td><td colspan="1" rowspan="1">Artald'Alag6,sastre</td><td colspan="1" rowspan="1">JoanAragones elmenor,pelaire</td><td colspan="1" rowspan="1">02/12, Aragones se da porcontento, y restituye lacorrea.</td></tr></table>. Mercado de ocasión de joyería y piezas de orfebrería. Subastas judiciales en Segorbe medieval <table><tr><td colspan="1" rowspan="1">Producto</td><td colspan="1" rowspan="1">Valor de la deuda </td><td colspan="1" rowspan="1">Fecha</td><td colspan="1" rowspan="1">Deudor</td><td colspan="1" rowspan="1">Insta</td><td colspan="1" rowspan="1">Comprador yprecio</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una taca o copetablancha que pesa cinchonzes.</td><td colspan="1" rowspan="1">33 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1423/04/20</td><td colspan="1" rowspan="1">DomingoPasqual,tendero</td><td colspan="1" rowspan="1">AntónMarin,labrador</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una correja d-argent ablo parche de seda vert,blanch e vermell, en la qual ha L platonsserranischs,los hunsdaurats,los altresd-argent blanch, et centplatons xichs redons loshuns daurats e los altresblanchs d-argent ab son cap e civella sensborrello, la qual pesa XIIonzes.</td><td colspan="1" rowspan="1">132 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1426/01/25</td><td colspan="1" rowspan="1">Joan deMontalban,de El Toro.</td><td colspan="1" rowspan="1">Bertomeud'Esplugues,corredor</td><td colspan="1" rowspan="1">18/02, Bertomeu se da porcontento.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una manteta de bervi de Flandes vermella forrada de terzenell negre, e sobreuns paternosters de adzebeja ab lo cordo de seda vermell.</td><td colspan="1" rowspan="1">21 ss 6ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1426/03/26</td><td colspan="1" rowspan="1">Teresa,mujer dePaulo de Montpalau</td><td colspan="1" rowspan="1">Elvira, viudade Joan deNoguera</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una copa d-argent ab son peu, daurada de dins e defora, pesant set onzes e mija e tres argencos.</td><td colspan="1" rowspan="1">?</td><td colspan="1" rowspan="1">1441/06/13</td><td colspan="1" rowspan="1">SanchoL6pezd'Any6,arrendadorimposicionesmenores.</td><td colspan="1" rowspan="1">Sindico yobrero demuros deSegorbe</td><td colspan="1" rowspan="1">Subastado ycompado por Jaume de I'Ort, argentero, por 92ss 2 ds.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Dues arraquades de or abcada set pomets de or ehun pomet de ambre en cascuna, en e sobre hun anell sancer de or ab unapedra de balaix, e en esobre altre anell trenquat que fall hun poch ab una turqueseta, e en e sobre una verga de or hun poquet trenquada.</td><td colspan="1" rowspan="1">55 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1444/03/07</td><td colspan="1" rowspan="1">Isabel deMonraval, viuda demosénFrancesc deGilabert,donzell,habitante en Castellnou.</td><td colspan="1" rowspan="1">Bernat Frare,calonge de laSeu deSegorbe.</td><td colspan="1" rowspan="1">13/05,Frare se dapor contento.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Un parell de manilles d·orfi, les quals pesen [enblanco],item sobre xii alferides d-argentdaurades que pesen [enblanco] e sobre xxi cases de perles enfre grans e xiques que pesen [enblanco], item un capell delenz ab lo frontal deperles.</td><td colspan="1" rowspan="1">400 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1444/12/02</td><td colspan="1" rowspan="1">HacemBorreguaalias Pedro, mudejar.</td><td colspan="1" rowspan="1">Miqueld'Aranda,labrador</td><td colspan="1" rowspan="1">01/02/1445, Aranda se da porcontento.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1"> una cadeneta d-or quepesa tres onces.</td><td colspan="1" rowspan="1">i?</td><td colspan="1" rowspan="1">1460/01/23</td><td colspan="1" rowspan="1"> Joan Alegre</td><td colspan="1" rowspan="1">AntonAragones</td><td colspan="1" rowspan="1">26/01 se da porcontento.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">quinze botons de perles menudes e hun collaret de perles menudes ab gransde corals e grans d-argent.</td><td colspan="1" rowspan="1">20 ss6ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1460/03/13</td><td colspan="1" rowspan="1">Teresa mujerde DomingoCorachan, deViver.</td><td colspan="1" rowspan="1">PereAlcanyis</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">hun hanell dor a senyalde carrasqua, hun fermalld·or fi ab tres perles grosses e hun randat dehor.</td><td colspan="1" rowspan="1">75 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1460/03/14</td><td colspan="1" rowspan="1">Ramón del'Ort, notario</td><td colspan="1" rowspan="1">Pere Alcayt</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1"> item un rastre de corals de alzebetga en los quals hiha Xxxxv patersnostres enfilath ab cordet de seda negra e al cap un floch deseda.</td><td colspan="1" rowspan="1">?</td><td colspan="1" rowspan="1">1460/03/15</td><td colspan="1" rowspan="1">Martid'Ucanya</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td><td colspan="1" rowspan="1">Entregado al justicia de voluntad de Joanade Burgos.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una taca plana de argent ab titol ab sol daurat que pesa set onzes e mija.</td><td colspan="1" rowspan="1">105 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1460/05/12</td><td colspan="1" rowspan="1">Joan Garcia</td><td colspan="1" rowspan="1">MateuAragones</td><td colspan="1" rowspan="1">21/05, Aragones se queda con lataza.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Hun picher de argent trenquat sens ansa, que pesa vint e huyt onzes emiga.</td><td colspan="1" rowspan="1">91ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1460/08/09</td><td colspan="1" rowspan="1">Bonanatd'Esplugues,sastre</td><td colspan="1" rowspan="1">Mateu Aragones,bajador,ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">30/08, Aragones se queda con elpicher.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Huna correja d-argent.</td><td colspan="1" rowspan="1">44 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1472/07/01</td><td colspan="1" rowspan="1">FranciscoSegura, deEl Toro.</td><td colspan="1" rowspan="1">Joan Diez,sastre</td><td colspan="1" rowspan="1">Carta al justiciade El Toroavisando de lasubasta.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Una capa blanca e dos manilles d-argent.</td><td colspan="1" rowspan="1">45 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1472/08/12</td><td colspan="1" rowspan="1">BonanatCesperes,menor</td><td colspan="1" rowspan="1">JaumeGocalbo,ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Hun gesaran de argentdaurat.</td><td colspan="1" rowspan="1">23 ss 9ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1493/02/11</td><td colspan="1" rowspan="1">AndresMaganya</td><td colspan="1" rowspan="1">HametSangaren,mudejar</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Hun sagell de or smaltat ab senyal de agulla.</td><td colspan="1" rowspan="1">80 ss</td><td colspan="1" rowspan="1">1493/02/21</td><td colspan="1" rowspan="1">Joan Vicent,pelairedegent enSegorbe</td><td colspan="1" rowspan="1">HametAbdulmalen,de Azuevar.</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Huns patresnostres negres ab cinquanta-huyt gransde or redons, e huna [...] de coral ab quatre perles.</td><td colspan="1" rowspan="1">84 ss 8ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1493/04/30</td><td colspan="1" rowspan="1">FrancescPalomar, apotecari.</td><td colspan="1" rowspan="1"> Ali Squerdo, mudejar</td><td colspan="1" rowspan="1">Nc</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Cinc correges, les quatre ab parge blau e platonades de argent, e lahuna vermella per semblant platonada de argent, e huna taca plana.</td><td colspan="1" rowspan="1">355 ss 4ds</td><td colspan="1" rowspan="1">1493/05/20</td><td colspan="1" rowspan="1">JoanCamariellas,sindico deCaudiel portoda laUniversidad</td><td colspan="1" rowspan="1">Joan Pérezdel Castellar,donzel</td><td colspan="1" rowspan="1">Subasta 18/12,mosén Bernat de Xulbé, presbitero,por 355 ss 4 ds. Pero las restituye a los jurados deCaudiel por elmismo precio,mas 21 ss degastos.</td></tr></table>. Mercado de ocasión de joyería y piezas de orfebrería. Subastas judiciales en Segorbe medieval <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Producto</td><td rowspan=1 colspan=1>Valor de la deuda</td><td rowspan=1 colspan=1>Fecha</td><td rowspan=1 colspan=1>Deudor</td><td rowspan=1 colspan=1>Insta</td><td rowspan=1 colspan=1>Comprador y precio</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>hun libre nomenat NaturaAngelical e hun spillguarnit de argent</td><td rowspan=1 colspan=1>32 ss</td><td rowspan=1 colspan=1>1493/11/14</td><td rowspan=1 colspan=1>Pere deLantorn,pelaire</td><td rowspan=1 colspan=1>Joan Sancho,pelaire</td><td rowspan=1 colspan=1>Nc.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Una caxa d-argentdaurada, marquada, lisaab lo peu pintat.</td><td rowspan=1 colspan=1>100 ss</td><td rowspan=1 colspan=1>1496/05/17</td><td rowspan=1 colspan=1>MiquelGasc6, pelaire</td><td rowspan=1 colspan=1>MaestreAndrésFrances, manya.</td><td rowspan=1 colspan=1>Nc.</td></tr></table>. En este listado, nuevamente observamos la presencia de un amplio abanico social que participa en las subastas: mujeres, mudéjares, artesanos, notarios, ciudadanos, presbíteros, etc. A ello se une el ámbito geográfico que hace que Segorbe, como nudo de una red de conexiones capilares en la comarca, atraiga hacia sí una parte de las posibles demandas y necesidades de los habitantes del entorno (Jérica, Azuévar, El Toro, Viver, Caudiel, Castellnou, Andilla, Barracas, Torcas). Ahora bien, unidos todos los datos de subasta del cuadro II más las noticias sobre la subasta de bienes de la Calleresa, sólo el $3 0 , 7 6 \%$ de las piezas cambian efectivamente de manos; otro $3 8 , 4 6 \%$ no consta qué ocurre con ellas; y un $3 0 , 7 6 \%$ recoge la cancelación de la subasta por estar satisfecho quien insta, o recoge el retorno de la garantía al deudor. Además, en este cuadro II aparece toda una serie de nuevas piezas que hasta ahora no habían surgido, como un sello esmaltado, una redecilla o malla pequeña (geseran), un encaje (randat), un vaso (anab), unos botones, un frontal de perlas, una vara (verga) o un espejo decorado con plata. Alguna de las piezas muestra una descripción que permite visualizar mentalmente su formato, como el anillo con señal de carrasca, el sello con señal de aguja, «un cap de civella d·argent daurats, en lo qual cap havia una figura d·om spullat; una copa de argent daurada dintre e de fora, ab senyals de mig de àngels, ab deu ales, ab tres peus breschats, dintre figures de dones». Y como nuevo material engastado, el balaix (especie de rubí de color rosáceo). Incluso más allá del interés comercial, la relativa escasez de metales preciosos y el valor que estos podían alcanzar, obligaron a la reutilización y reacondicionamiento de las piezas ya existentes, o de aquellas que mostraran defectos, taras o estuviesen en desuso. Algunas podían repararse, si bien una medida bastante recurrente fue su fundido para recuperar el material que contenían y utilizarlo en nuevas creaciones (Villanueva y Rodrigo 2022). En nuestro caso hemos visto piezas rotas y deterioradas que, seguramente, pudieron tener ese fin, como la media onza de «argent trencat» que había sido de Joana la Calleresa; «hun picher de argent trenquat sens ansa» que era de Bonanat d’Esplugues; un «anell trenquat que fall hun poch ab una turqueseta, e en e sobre una verga de or hun poquet trenquada», que habían sido de Isabel de Monraval. O el sintomático «anell d·argent daurat ab un forat on hi havia pedra o perlla, jatsia que no y ha res», que compró el especiero Bertomeu Castelló, quien seguramente buscaría una piedra que engastar en dicho hueco. 4. El otro mercado. Robo de joyas y fraude monetario. Obviamente, las subastas judiciales ponían en circulación una parte de las piezas disponibles en manos de particulares. Sin embargo, el robo de las mismas también estuvo muy presente en el Segorbe medieval. En 1414 el justicia detuvo en el hostal de Joan Mateu a dos ladrones castellanos (Joan de Arévalo y Joan de Arellano) acusándolos de robo. Los detenidos confesaron haber robado a un joven cerca de Moya, en Castilla, y que después habían vendido un escudo por 6 ss 4 ds en el lugar de Alcublas. Registrados por la autoridad, Joan de Arévalo aún tenía escondido «un collaret de perles ab botons d·argent». En 1430 Lorenç Crespo, sastre comorant en Segorbe, denunció a Domingo Súnyer, también sastre comorant e hijo del difunto Joan Súnyer, de Rubielos (Teruel), porque le había robado una «correja d·argent e uns paternosters de coral», aunque acabó reconociendo que no podía probar ni fundamentar su acusación. Años más tarde, en 1460, ante Pasqual Torrezella, justicia de Segorbe, comparecía Joana Barrachina mujer de Joan Torrent, de Segorbe, exponiendo que el pasado domingo por la noche ella èssent fora de casa, serie vengut a la dita sua casa Joffre, çabater moço de Loys Barrachina, çabater de la mateixa ciutat, acompanyat ab altres hòmens, e li haurien derobada la casa en axí que li trencaren les tancadures de la porta e dels cofrens que dins la cambra eren, e se li·n han portat la major part de la roba, johells axí com anells e segell d·or, collar de perles, dinés e altres coses. Aun así, el 25 de dicho mes Joana acabó por retirar la acusación. Aunque el caso más rocambolesco documentado se produjo en julio de ese mismo año. Ante el lugarteniente de justicia compareció Domingo Cervera zapatero y expuso que su hija Teresa, «a tracte e giny» de Catalina del Vayo, hija de Johan del Vayo, «haga pres certs béns de casa de aquell dit en Domingo, e aquells dits béns la dita na Catalina haga negat tenir». Engatusada por Catalina, Teresa había sustraído ciertos objetos de casa de su padre. Ahora «sia stat fet scorcoll en casa de la dita Catalina, e aquella tota hora ho haga negat». A pesar de la negación de Catalina, finalmente en dicha casa, amagat dins una màrfega, e sobre aquella haver-s·hi posat la mare de la dita Catalina qui stà malalta e tolta, que no·s llevà ni·s girà si no la llevam e no la girem. Allí encontraron a la madre de Catalina acostada sobre un jergón, enferma e impedida, teniendo que alzarla para poder apartarla y ver qué había debajo. Y entonces se dieron cuenta que staven amagats en la dita màrfega», entre otros enseres como tovallas, camisas o briales, «una capça en la qual se trobaren les coses següents, primo un rastre de paternostres, ítem hun rastre gran de grans de argent daurats, ítem una correga de argent ab lo parche de seda negra, ítem quatre draps de cap de fil e seda e altres joyes de poqua stima. A pesar del escondite, todo lo robado había sido localizado.35 Pero en otras ocasiones, el robo implicaba un contexto cronológico muy amplio sin vista de resolución. En 1472 Joan Ivanyes el mayor, padre de Joan Ivanyes el menor, acusaba al pelaire Pere Mançanera, vecino de Valencia, de tener en su poder un rubí que pertenecía a su hijo, respondiendo Mançanera que la acusación era falsa. Los testigos rememoraron el enfrentamiento entre ambos y el supuesto robo del rubí varios años atrás, cuando Ivanyes trabajaba en Valencia en casa de Mançanera.36. Era esta una situación que se daba en otros lugares de la corona de Aragón, como en Zaragoza, Echo o Sinués, donde los ladrones tenían predilección por las alhajas y orfebrería religiosa, llegando en alguna ocasión a quebrar las piezas para poder vender el metal (Gómez de Valenzuela 2017: 49). Finalmente, queremos dedicar unas líneas a la presencia de monedas de valor falso o menguado. El inventario de bienes de Joan de Cutanda de 1460 ya nos prevenía de esa posibilidad, puesto que se documenta entre sus bienes «una capceta ab onze sous onze diners, e hun florí d·or falç, e los dos reals falsos». Es decir, realmente se habla de falsificaciones de un florín de oro (11 ss) y dos reales de plata (18 ds cada real). E incluso a fines del siglo XV, el libro de asignaciones del justicia segorbino transcribe un pregón o crida de 1493 que informa de la circulación en el reino de Valencia de ciertas monedas, castellanas y ducados, que contenían menor cantidad de metal precioso, lo que redundaba en perjuicio de la cosa pública. Para garantizar el peso correcto, se ordenó que las monedas se pesasen en el «pes del contrast» de la ciudad de Valencia, al cargo del cual se facultó a Joan Bonet.37 También la ciudad episcopal dispuso de ese tipo de peso a fines de la centuria, quedando en manos de un profesional de los metales preciosos, el platero segorbino Miquel de Monçonís, quien renunciaba al cargo en el año 1500, documentando posteriormente al frente del mismo, en 1508, al «apotecari» Nofre Estornell.38 5. Conclusión. La sociedad segorbina tuvo acceso a piezas de orfebrería, platería y joyería de obra civil gracias a un activo mercado de ocasión generado a través de las subastas judiciales por impago. Precios posiblemente más económicos ponían al alcance de un nutrido grupo de potenciales compradores, elementos suntuarios y de engalanamiento que de esa forma pasaban de unas manos a otras. Además, los inventarios muestran el atesoramiento de esas piezas que, como decimos, se podían convertir en capital líquido para sufragar una deuda. Si respecto a la obra religiosa se han conservado algunos ejemplos, mucho más difícil resulta para la obra civil, puesto que las piezas, deterioradas en ocasiones, se reutilizaron para transformarlas, dándoles una nueva vida; o se fracturaron en afán del reaprovechamiento de los metales y piedras preciosas. Pero el dinamismo del sector se pone de manifiesto por la abundancia de ejemplos, por el intercambio constante y por la presencia de los profesionales que a estos menesteres se dedicaron. 6. Referencias bibliográficas. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Asunción Blasco y la renovación de los estudios sobre conversos y judíos en Aragón durante la Edad Media
ASUNCIÓN BLASCO Y LA HISTORIA DE LOS JUDÍOS Y CONVERSOS EN ARAGÓN DURANTE LA EDAD MEDIA. ASUNCIÓN BLASCO AND THE HISTORY OF JEWISH AND CONVERTS IN ARAGON DURING THE MIDDLE AGES. Juan Antonio Barrio Barrio Universidad de Alicante. Resumen: El artículo analiza la trayectoria académica e investigadora de la profesora Asunción Blasco Martínez, Catedrática de la Universidad de Zaragoza. El objetivo del trabajo es realizar un homenaje académico a la doctora Asunción Blasco Martínez, a partir de una valoración historiográfica de su trayectoria investigadora en dos de sus líneas de investigación más fecundas, la dedicada a los judíos aragoneses, su línea de investigación de referencia y sus estudios sobre los conversos de judíos de Aragón. También se analiza su carrera académica y docente, con especial incidencia en las asignaturas orientadas al estudio de los judíos y conversos de judío aragoneses. Palabras clave: Asunción-Blasco, Judíos, Conversos, Aragón, Juderías. Abstract: The article analyses the academic and research career of Asunción Blasco Martínez, a tenured professor at the University of Zaragoza. It pays academic tribute to Dr Asunción Blasco Martínez through a historiographical assessment of her research career in her two most productive research strands, dedicated to the Jews of Aragon, her primary line of research, and her studies into Jewish-Converts in Aragon. It also analyses her academic and teaching career, looking particularly at subjects that focus on Jewish Converts in Aragon. Keywords: Asunción-Blasco, Jews, Conversos, Aragon, Jewish, Quarters. Asunción Blasco en su despacho de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza. Fotografía: Germán Navarro Espinach. Me sorprendió de forma muy grata la petición realizada desde el Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos para la elaboración de un artículo homenaje a la Catedrá- tica de Paleografía, Asunción Blasco Martínez. Las razones esgrimidas para mi elección, eran mi calidad de especialista en la materia y las relaciones científicas que había mantenido en los últimos años con la doctora Blasco Martínez, que me ha tratado siempre con gran amabilidad a la hora de socorrerme, con sabios consejos y recomendaciones de todo tipo los cuales me parecieron admirables procediendo de una distinguida académica y científica. En el plano personal, me hace ilusión pensar que la común condición de alicantinos, debería ser un motivo más que justificado para resultar la persona idónea para la elaboración del presente artículo. Asunción Blasco Martínez nació en Alicante, pero ha desarrollado toda su actividad científica y académica en la Universidad de Zaragoza. Licenciada en Filosofía y Letras, sección de Historia por la Universidad de Zaragoza, presenta su tesis de licenciatura el 17 de junio de 1971 con la calificación Sobresaliente «cum laude» y recibiendo el premio «García Arista». Desde los inicios de su carrera académica ha permanecido adscrita al Departamento de Paleografía, que cuando finaliza su licenciatura era dirigida por el profesor D. Ángel Canellas López (1913-1991). Becaria de investigación FPI durante cuatros años (1972-76). Una parte decisiva de su carrera académica se nutre de la oportunidad que le brindó conocer al profesor David Romano (1925-2001)1 entonces Catedrá- tico de la Universidad de Barcelona y que se convirtió en su maestro y ejerció una influencia considerable en su formación sobre el judaísmo, lo que se vería posteriormente reflejado en la elaboración y lectura de su tesis doctoral sobre los judíos de Zaragoza. Entre los autores que mayor influencia han ejercido en su obra podemos destacar además de al mencionado David Romano, a Julio Valdeón,2 Jaume Riera y Yom Tov Assis. Tuvieron que pasar dieciséis años desde el final de sus estudios de licenciatura, para llegar a la lectura de su tesis doctoral, que era un proceso muy diferente al actual. Eran trabajos de investigación de larga trayectoria y de gran densidad y calado, con tesis que superaban con creces los 3000 folios. La tesis doctoral fue leída el 25 de junio de 1987 en la Universidad de Zaragoza y constaba de 10 volúmenes de 350 páginas aproximadamente cada uno. El final de la beca y compromisos de su familia le llevan a abandonar temporalmente la Universidad y pasar dos años (1977-78) en Estados Unidos, donde conoció a muchos profesores judíos, compartió muchos momentos familiares y religiosos con familias judías y pudo disfrutar plenamente del ciclo festivo judío desde dentro. Esta experiencia marcó su vida y su investigación. A su vuelta de Estados Unidos, tuvo que esperar cuatro largos años a poder opositar a una plaza universitaria en la Universidad de Zaragoza. Fecundo tiempo dedicado por entero a la investigación de su tesis y su intenso trabajo archivístico en los fondos de Cancillería del Archivo de la Corona de Aragón y en diferentes archivos aragoneses. Tras un primer periodo en el Departamento de Paleografía de Zaragoza en calidad de ayudante, pudo promocionar merecidamente a la categoría de profesora titular en febrero de 1992. Dos meses después accede al grupo de investigación del Institute for Advanced Studies Hebrew University of Jerusalén,3 donde permaneció seis meses en calidad de Fellow. Fue una estancia y fructífera para la doctora Blasco, ya que pudo trabajar en el seno de un grupo de investigación internacional de reconocido prestigio, presidido por H. Beinart. Dicha experiencia le facilitó los mejores medios disponibles para un investigador en Historia de los judíos a principios de la década de los noventa del siglo XX, que no estaban en ese momento al alcance de la mayoría de investigadores en España, le permitió dinamizar su visión del mundo judío y ampliar sus horizontes y conocimientos científicos sobre la Historia de los judíos. Su inmersión en las actividades investigadoras le ha permitido dirigir desde $2 0 0 8 ~ \mathrm { e l }$ grupo Consolidado de Investigación Aplicada DAMMA (Documentos y Archivos Medievales y Modernos de Aragón). Ha participado asimismo en diferentes proyectos de investigación del CSIC.4 La gestión administrativa le ha permitido dirigir la prestigiosa revista Aragón en la Edad Media entre 2007 y 2014. La docencia encomendada a Blasco Martínez en los diferentes niveles del ámbito universitario fue orientada hacia asignaturas propias del Área de Ciencias y Técnicas Historiográficas, pero también hacia asignaturas que mostraban la incipiente vocación de historiadora de A. Blasco. Dichas asignaturas son: Los judíos en los Estados Hispánicos en la Edad Media, los Judíos en la Corona de Aragón en la Baja Edad Media, Mentalidades y forma de vida de los judíos hispanos en la Baja Edad Media, Mujeres de minorías religiosas: judías y musulmanas y Judíos y Conversos en la Corona de Aragón: de la aceptación al rechazo. En la diplomatura de Biblioteconomía y Documentación impartió las asignaturas Historia del documento y la Historia de los depósitos documentales, en la licenciatura de Historia: Patrimonio Histórico Documental y Bibliología, y en el grado de Historia: Escritura y Sociedad. Estas asignaturas de Historia, definen a la perfección el perfil y la trayectoria académica e investigadora de Suni Blasco. Su profunda vocación por la Historia, su aquilatada formación como historiadora total, y su pasión por la historia de los judíos y su compromiso con la historia de las mujeres. Intensa e inmensa formación, gran pasión y fuerte y profundo compromiso ético y social, son algunas de las virtudes que jalonan la trayectoria universitaria de una mujer que quiso ser paleógrafa y diplomatista, que acabó siendo una gran historiadora y que vinculó su vida profesional e investigadora, a la de un pueblo olvidado y perseguido en España, los judíos. 1. La recuperación histórica de los judíos de Zaragoza. Dos grandes hitos jalonan la trayectoria historiográfica de Blasco Martí- nez. El principal y más destacado, sus estudios sobre los judíos de Zaragoza, los de Aragón, la Corona de Aragón y los hispanos en general y en menor medida, las aportaciones que ha realizado al estudio de los conversos de judío. En este homenaje a la trayectoria investigadora de la doctora Blasco, nos vamos a centrar en su producción científica sobre los judíos y los conversos de judío de Aragón durante la Edad Media.5. Su brillante tesis doctoral sobre los judíos de Zaragoza, supone un inmenso reto intelectual, para una licenciada universitaria con formación en Paleografía y Diplomática. Hay que resaltar además, que desde sus primeras publicaciones y participaciones en congresos, se aprecia esta tensión vital, entre su primera comunicación presentada en 1981 (Blasco, 1982: 243-249) dentro de la temática judía y su segunda comunicación inserta en el mundo de la archivística (Blasco, 1983a: 83-91). Su profunda pasión por el universo judío se impondrá y una parte muy destacada de su primera trayectoria científica se orienta hacia el análisis de los judíos de Zaragoza. Su tesis doctoral será, en este sentido, un jalón fundamental en la definición de su orientación como historiadora. Una historiadora que, desde su inicial formación en la Paleografía y Diplomática, aportará un profundo conocimiento de la documentación archivística.6 Una investigación apoyada siempre en una prospección en los archivos intensa, centrada sobre todo en el Archivo de la Corona de Aragón, Archivo del Real Patrimonio en Barcelona y Archivo Histórico de Protocolos de Zaragoza. La recuperación de la Historia de los judíos de Zaragoza, la inicia Blasco con la presentación de una comunicación invitada en el prestigioso Colloque de Pau (Blasco, 1986a: 177-202). En las jornadas d´història del jueus a Catalunya celebrada en Girona en 1987 (Blasco, 1990c: 175-221) presenta un breve resumen de su tesis doctoral leída en julio del mismo año (Blasco, 1987a). La tesis, en concepción, metodología, estructura, organización, etc., muestra el perfil historiográfico que va a definir la trayectoria científica de la doctora Blasco. Historia total, al abordar en una exposición coherente, global y transversal todos los aspectos del relato histórico: apartado documental e historiográfico, evolución urbana, análisis social, económico, político, demográfico, etc. A partir de los planteamientos fundamentales de la Historia social, la tesis incorpora parámetros propios de la Historia político-institucional, la Historia de las mentalidades, la Historia económica, la Sociología, la Antropología y la Historia del Derecho. La tesis está dividida, a partir de una gran introducción, en seis capítulos. En la introducción son abordados los objetivos de la investigación, análisis de la bibliografía y la documentación utilizada. Además de documentación de carácter estatal, la autora es precursora de generaciones posteriores, que sustentaron una parte importante de sus investigaciones en los protocolos notariales.7. El primer capítulo «La judería» define la precisión habitual de la autora en todos sus estudios (Blasco, 1988b). En el mismo se estudia de forma exhaustiva y detallada la evolución, extensión, límites y composición de todos los elementos urbanísticos y arquitectónicos de la judería de Zaragoza. Son desglosados y analizados todos los componentes de la judería zaragozana: puertas, calles, plazas, instalaciones comerciales y productivas (carnicería, pescadería, panadería, taberna, alcaicería, bercería), los baños, el cementerio, la sinagoga mayor y las sinagogas menores. La evolución cronológica y la ampliación espacial de la judería con la construcción de una judería nueva. Asimismo estudia el modelo de vivienda y el tamaño de las casas, analizando en profundidad la cultura material de los hogares judíos, la distribución espacial de las casas judías en dos plantas, desde el sótano hasta la zona noble «el palacio». El segundo capítulo se centra en el apartado de las instituciones políticas del judaísmo zaragozano, abordando la organización interna de la aljama judía de Zaragoza. Se incluyen todas las reglamentaciones y ordenaciones de la aljama8 en el siglo XIV, la organización institucional y política de la comunidad, y el papel desempeñado por las principales magistraturas de la misma. Incluye también un análisis de una figura central en el judaísmo hispánico, el rabí, con la trayectoria de los judíos más relevantes que ocuparon dicho puesto. El tercer capítulo «Instituciones sociorreligiosas de la aljama», publicado en la revista Sefarad, escudriña uno de los aspectos definidores del judaísmo de la diáspora medieval, la sociabilidad y la cohesión a través de la organización de fuertes instituciones sociorreligiosas con amplias funciones asistenciales y caritativas. La sinagoga centraliza estas aspiraciones de los judíos en la Edad Media. Junto a ella surgen instituciones benéficas y asistenciales, que facilitan a los judíos pudientes cumplir con uno de los elementos fundamentales del judaísmo, la limosna y la asistencia caritativa.9. El cuarto capítulo sobre «el sistema judicial» es imprescindible para entender la peculiaridad de la trayectoria histórica de los judíos en la Península Ibérica, desde su definitiva instalación tras la segunda destrucción del templo y hasta la expulsión de España de 1492. En este fecundo tiempo de coexistencia con cristianos y musulmanes, los judíos, organizados en aljamas propias, pudieron disponer de sus propios jueces y leyes y, por ello, de un sistema judicial específico propio, lo que no les libró de caer puntualmente en las redes de la Inquisición medieval (Blasco, 1987b: 81-96).10 Blasco Martínez evidencia con este revelador trabajo el papel de la heurística, al revisar y escudriñar la fuentes de forma crítica y, sobre todo, al ser capaz de localizar fuentes manuscritas originales, inéditas y de primera mano, frente al uso abusivo que en ocasiones se ha realizado de forma prioritaria de las fuentes impresas de carácter normativo para acometer estudios sobre la Inquisición medieval española. En su trabajo demuestra que la Inquisición tenía herramientas y capacidad para actuar contra los judíos. Lo hizo de forma puntual, ya que entre la fecha de implantación de la Nueva Inquisición (la Moderna) y la expulsión de los judíos, transcurrió poco tiempo y además en los primeros años de actuación de la Inquisición española, la prioridad absoluta era actuar contra el criptojudaísmo. El capítulo V «Hacienda y fiscalidad de la aljama», plasma lo adelantado de la propuesta de la autora, que ha demostrado la trascendencia de los estudios de hacienda y fiscalidad aplicados a las minorías religiosas en la Península Ibérica, ya que los datos obtenidos de los mismos trascienden el análisis económico para aportar información sobre la composición sociológica de la comunidad. De nuevo se percibe la autonomía siempre controlada por la corona de la aljama, en la gestión de la hacienda y la fiscalidad sobre la comunidad judía (Blasco, 1993a: 335-362), incluso con un caso excepcional documentado de forma magistral por la doctora Blasco que nos muestra la concesión de una franquicia a un matrimonio de cortesanos judíos (Romano, 1988b: 25-37), por la aljama a instancia de la Corona (Blasco, 2002d: 537-548). Los datos permiten mensurar el nivel de vida de la comunidad, sus ingresos económicos, su riqueza, su estratificación socio-económica. Aparecen reflejadas las familias con más poder económico y político en la aljama de Zaragoza, los Alazar y los Caballería. El estudio de toda la tributación, gastos e ingresos de la aljama es exhaustivo y extraordinariamente detallado y preciso. El capítulo VI titulado «La actividad laboral» (Blasco, 1990e: 439-461), estudia las actividades económicas y profesionales de los miembros de la aljama. Investigación que permite superar visiones estereotipadas sobre la especialización del pueblo judío en determinadas actividades, préstamo, medicina, para ofrecernos un crisol poliédrico, con evidente predominio de las actividades artesanales e industriales, en las que la comunidad judía de Zaragoza alcanza un evidente nivel de especialización que le permite abarcar una enorme miríada de oficios especializados (Blasco, 1988d: 113-131), que cubren prácticamente todas las industrias habituales en una gran ciudad como Zaragoza, desde el sector textil (Id., 2006: 63-81) y el comercio de paños (Id., 2003a: 223-240) y tejidos (Id., 2005c: 587-612), las tenerías (Id., 2012-2013: 99- 110), metal, madera, y también el sector servicios (Id., 1993b: 645-656) y las actividades comerciales (Id., 1999c: 141-173) en sus diferentes niveles de especialización (Id., 1989b: 405-450). Es evidente destacar la presencia en la comunidad de los oficios más relacionados con el universo judío: prestamistas, médicos, plateros o traductores, entre algunas de las profesiones altamente cualificadas y con un elevado nivel profesional, en los que los judíos sobresalían por encima de otros grupos religiosos en la Península Ibérica. Por otra parte, la actividad comercial deviene muy intensa en el interior de la judería, con un elenco nutrido y variado de pequeños comerciantes. La tesis de Asunción Blasco debe ser analizada con la perspectiva que el paso del tiempo ofrece al historiador para poder contextualizarla en el momento de su ejecución y la trayectoria resultante en la carrera de su autora. Desde este prisma, la tesis doctoral de la doctora Blasco y desde un escrutinio realizado con el máximo rigor desde su lectura hasta el tiempo presente, es percibida como un trabajo que sigue vigente. Es una obra que planteó metodologías novedosas y ofreció conocimientos de primera magnitud, frente a tesis doctorales hoy olvidadas y que han permanecido ignotas con el paso del tiempo, ya que fueron leídas únicamente para cumplir el trámite administrativo y el protocolo que marcaba la ordenación vigente. Tesis cuyo contenido no se ha publicado por completo y a día de hoy sigue habiendo capítulos desconocidos. Frente a ello, la tesis de la doctora Blasco fue desde una perspectiva científica muy pertinente en su día y lo sigue siendo en el momento presente. La tesis de Blasco es paradigmática y modélica en todos los aspectos a revisar (incluso desde el juicio más severo e inquisitorial que se pueda realizar sobre dicho trabajo). Es una tesis que sustenta toda una trayectoria investigadora, alimentando y nutriendo una investigación que a lo largo de los últimos años ha mostrado vitalidad, frescura, inconformismo e innovación. Desde una tesis bien fundamentada y mejor construida, se puede sostener una fecunda y rica investigación que va emergiendo de cada uno los recovecos de la misma, y va desarrollando, transformando, reconstruyendo, retroalimentando y creando nuevos paradigmas y nuevas vías de conocimiento sobre los sólidos cimientos de una tesis elaborada para pervivir y perpetuarse en el tiempo. La capacidad que muestra la autora en su primera y gran obra de investigación para reconstruir, recrear y gestar la historia de una comunidad del Trescientos, desaparecida en 1492 y olvidada durante muchos siglos, ha forjado en la doctora Blasco un carácter científico profundamente riguroso, con un gran talento para abordar el análisis histórico, con una capacidad de trabajo descomunal y con un rigor heurístico en el tratamiento de las fuentes prodigioso. A pesar de lo exhaustivo y completo de su trabajo realizado en la tesis doctoral sobre los judíos de Zaragoza, el continuo trabajo de Blasco Martínez en los archivos, le ha permitido seguir profundizado de forma magistral en la Historia de los judíos de Zaragoza. Un trabajo muy estimulante para los jóvenes investigadores e historiadores, fue el publicado en la revista Sefarad, referencia señera de los estudios sobre el judaísmo, sobre la contratación de un nuevo rabino por la aljama de Zaragoza en 1454. La doctora Blasco demuestra la inabarcable capacidad de las fuentes históricas para la constante renovación del conocimiento científico. El hallazgo de un pequeño cuadernillo en el interior de un registro notarial, que incluye noticias sobre el nombramiento de un nuevo rabino por la aljama de Zaragoza, para sustituir al rabino que finalizaba contrato y con la consiguiente posibilidad de enfrentamiento interno en la aljama y por ello la intervención de la monarquía, imponiendo el nuevo rabino. El documento redactado en lengua romance es en sí un hallazgo muy relevante, ya que lo habitual era redactar dichos documentos en hebreo y ante un escribano judío (Blasco, 2007: 71-109). Aspectos fundamentales de la Historia de la alimentación de la aljama judía de Zaragoza, también han sido temas de referencia para la doctora Blasco, con un estudio sobre la producción y comercialización del vino entre los judíos de Zaragoza (Blasco, 1989b: 405-450). En su tesis doctoral Blasco Martínez había abordado la cuestión de la autonomía judicial de la aljama de Zaragoza. Otro tema sobre el que volvió en un trabajo que se publicó en la revista Sefarad en 1993 (Blasco, 1993a: 335-362). En un trabajo muy innovador presentado en el V Congreso Internacional «Encuentro de las Tres Culturas», celebrado en Toledo en enero de 1988, pero publicado en 1995 (Blasco, 1995c: 153-182), realizaba un estudio de la práctica de la medicina, estudiando al mismo tiempo tanto los médicos como los pacientes, de las «tres culturas» que coexistían en Aragón: judíos, musulmanes y cristianos. El estudio contrastaba la situación de la medicina en Aragón comparando la realidad de cada una de las comunidades étnico-religiosas que vivían en el reino de Aragón. Lo habitual en este tipo de estudios, era y es analizar cada una de las tres comunidades por separado. 2. Los judíos de Aragón y su proyección historiográfica. Desde los inicios de su carrera investigadora, Blasco Martínez muestra su interés en el conocimiento del mundo judío en el reino de Aragón. Esta fecunda línea de investigación que ha atravesado toda su trayectoria académica se inicia con un trabajo sobre las juderías del reino de Aragón publicada en las $I V$ Jornadas sobre el estado actual de los Estudios sobre Aragón (Blasco, 1982: 243-249). Este trabajo define de forma paradigmática el doble compromiso de Blasco Martínez, específico sobre el mundo judío y geográfico y centrado sobre todo en dos observatorios principales, Zaragoza y el reino de Aragón. Es una primera aproximación al tema, a través de un estado de la cuestión, una referencia detallada de las fuentes y bibliografía sobre la materia y una breve propuesta de metodología y prospectiva. En el estudio de los judíos de Aragón los contenidos sobre los que ha gravitado la investigación de Blasco Martínez han sido analizados desde una perspectiva de Historia social e Historia de las mentalidades (Blasco, 1988c: 39-59). Sus estudios sobre los judíos de Aragón comprenden trabajos de análisis general sobre la comunidad judía medieval del reino de Aragón y estudios sobre cuestiones puntuales referidos a juderías específicas de dicho reino, como Huesca (Blasco, 1995a: 107-121), Teruel (Id., 1997c: 13-43; 2007a: 195-206; 2007b: 143-177; 2015: 215-250), Alagón (Id., 2011b: 379-404), Ejea de los Caballeros (Id., 2013: 220-231), además de sus exhaustivos estudios sobre los judíos de Zaragoza. Ha realizado también alguna aproximación a juderías no aragonesas (Blasco, 1995b: 989-999 y 1996b: 151-164) y a la presencia de judíos de otros reinos en tierras aragonesas (Id., 2006a: 241-258). Asimismo se ha ocupado de analizar la identidad de los judíos hispanos (Blasco, 2001c: 205- 225 y 2006b: 217-218), de examinar las diferentes fuentes que pueden servir de referencia para el estudio de los judíos peninsulares (Id., 1999b: 113-139), de definir y explicar el significado del término «Sefarad», como topónimo hebreo que fue utilizado para designar «al extremo más occidental del mundo conocido, es decir la entidad geográfica formada por la península ibérica y las islas Baleares» (Ib.: 114), de hacer un balance crítico de la historia de los judíos españoles y aragoneses desde múltiples perspectivas y desde todas sus vertientes (Ib.: 122 y ss.; Blasco, 2000b: 121-153) y de estudiar las motivaciones y las consecuencias de la expulsión de los judíos de España (Blasco, 2005b: 9-36) y analizando también una problemática muy específica y que no había sido abordada en profundidad, los mecanismos de expulsión de los judíos dependientes del poder señorial: en concreto, se centra en el observatorio de la expulsión de judíos dependientes de la Orden del Hospital (Blasco, 1999d: 155-175), sin olvidarse desde su faceta de paleógrafa de escudriñar las «fuentes perdidas sobre la expulsión de los judíos del reino de Aragón» (Blasco, 1993-1994: 175- 187). En otro trabajo ha abordado la temática del ocio y del trabajo en el mundo hispánico judío (Blasco, 2002b: 103-133). Una aportación muy sobresaliente, innovadora y precursora, es el análisis de la relación de los judíos con musulmanes y cristianos en la Edad Media (Blasco, 2004b: 71-101; 2004c: 154-166). Es un tema complejo de acometer, ya que las fuentes tienden a trazar los perfiles individualizados de cada una de las minorías étnico-religiosas, siendo complicado encontrar referencias a relaciones, interconexiones o rasgos de sociabilidad (Barrio, 2013: 57-66) entre las diferentes comunidades que coexistieron en la Península Ibérica en la Edad. Media. El resultado final de esta interesante investigación es constatar la existencia de relaciones entre las tres comunidades, pero sin llegar a cuajar las mismas en una auténtica convivencia de las tres culturas que casi siempre se miraron con recelo, e incluso, en ocasiones puntuales, con odio. En el número 18 de la revista Medievalismo publicada en 2008, se incluían dos excelentes artículos que analizaban la evolución historiográfica reciente de los estudios sobre los mudéjares y los conversos de judío. El primero publicado por Echevarría Arsuaga (2008: 45-65) y el segundo por Montes Romero-Camacho (2008: 109-247). Ambos ponen de manifiesto una realidad palmaria, los estudios sobre las minorías étnicas-religiosas en España han discurrido en paralelo, sin apenas rozarse. El trabajo de Blasco Martínez sobre la relación de los judíos hispánicos con los musulmanes y los cristianos fue un neto avance epistemológico en este sentido (Blasco, 2004b: 71-101). En relación a las obras de temática general, uno de sus primeros trabajos abordaba con un amplísimo repertorio documental, y con un planteamiento del trabajo muy original, un recorrido por la Historia de los judíos de Aragón desde dos perspectivas, la historia externa y la historia interna de los mismos (Blasco, 1988c: 39-59). En el primer apartado reflexionaba sobre cuestiones que pueden no ser consideradas en este tipo de estudios, pero que alcanzan una gran repercusión en el desarrollo de la historia de colectivos étnicos-religiosos, como los judíos hispánicos. Cuestiones como las guerras, las epidemias, los ataques que sufrieron los judíos por parte de los cristianos o las controversias religiosas en el contexto del desarrollo de la ideología antijudía (Monsalvo, 1985) en la Península Ibé- rica repercutieron de forma notable y directa y con efectos muy negativos en la vida de miles de judíos y judías españoles y aragoneses. En el segundo apartado, y a través del paradigma del observatorio privilegiado de la aljama de Zaragoza, que la autora ha estudiado y diseccionado al detalle, realiza una Historia de los judíos de Aragón a través de su intra-historia, con el análisis desglosado del barrio judío, de la aljama y su organización interna y de su hacienda, del sistema judicial y de la actividad laboral y profesional de los judíos aragoneses. Son varios los trabajos que ha dedicado a realizar síntesis históricas sobre los judíos aragoneses y análisis heurísticos, propuestas metodológicas y balances historiográficos sobre el estudio del judaísmo aragonés (Blasco, 1991a: 13-97 y 1993a: 335-362) y sobre las investigaciones realizadas sobre el mismo en los primeros años de la década de los noventa del siglo XX (Id., 1994b: 51-83). En este trabajo se evidencia la vigencia y el elevado nivel cuantitativo y cualitativo de los estudios sobre el judaísmo en dicha época tras los avances realizados en la década anterior, época dorada para la historiografía sobre los judíos y conversos peninsulares.11 En otros ha analizado vertientes específicas del judaísmo aragonés, el artesanado (Blasco, 1993d: 115-142), o cuestiones de gran complejidad para el estudio del judaísmo medieval español, como la de los malsines (Id., 1994a: 83-90), difícil en la propia definición del término en su vertiente histórica y complicado de analizar por la opacidad de las fuentes en esta cuestión, pero que tuvo una trascendencia extraordinaria, ya que fue causa de fuertes tensiones en el interior de las aljamas y generó la pérdida de considerables recursos económicos, por las elevadas multas que debía acometer la aljama ante la acusación a judíos de la misma de ser malsines. Asimismo las investigaciones sobre los malsines judíos debe ser la referencia para acometer futuras investigaciones sobre la posible continuidad de dicha figura entre las comunidades de los judeoconversos españoles.12. Blasco Martínez se ubica en el elenco de historiadores que han innovado la Historiografía Medieval Española, accediendo a los archivos de protocolos notariales, entre ellos el de Zaragoza. Fruto de sus investigaciones en los registros notariales, ha podido constatar la escasez de testamentos emitidos por los judíos de esa y de otras ciudades aragonesas,13 lo que contrasta con la proliferación de los registrados en los fondos notariales entre los miembros de la comunidad cristiana (Blasco, 1990d: 127). Algunos de estos testamentos de judíos excepcionalmente eran emitidos ante notarios cristianos, aunque lo habitual es que fueran escriturados por los notarios («soferes») judíos (Blasco, 1993b: 645-656). Otro de sus estudios sobre los judíos aragoneses, vuelve a incidir en un tema poco frecuente: los análisis sobre la Historia de los judíos españoles, más ocupada sobre cuestiones políticas, económicas, sociales o religiosas. En la Historia de las mentalidades, una de las vertientes más destacadas es el análisis del ocio, cuestión que ya fue puesta de relieve por Johan Huizinga en su obra de referencia Homo Ludens (Huizinga, 2007). El ocio dentro del concepto lúdico de la vida, tiene en los juegos de azar una de sus manifestaciones más evidentes en los siglos finales de la Edad Media, sobre todo con la irrupción y el extraordinario éxito del juego de naipes a partir del siglo XV en los reinos hispánicos. De nuevo, nos encontramos ante un excelente trabajo, que basado en una intensa búsqueda de documentos, realiza una extraordinaria aportación al avance del conocimiento en relación al papel del juego en las aljamas judías de Aragón. El rol de los juegos de azar en estas comunidades es analizado desde diferentes perspectivas, como el estudio de la legislación sobre el juego en el judaísmo, y la legislación concreta que fue emitida por los reyes aragoneses sobre las aljamas judías de Aragón, el papel de la tahurería para judíos en la regulación legal del juego y las vías de recaudación tributaria a partir de las multas que generaba el incumplimiento de la rígida legislación sobre el juego. También es interesante la constatación que realiza de las escasas tahurerías exclusivas para judíos. En Aragón, la ciudad de Zaragoza disponía de su propia tahurería para judíos, pero dado que en otras ciudades no se dada esta situación, ello propició que se autorizase la práctica de los juegos de azar a los judíos junto a los cristianos, lo que provocó las correspondientes tensiones sociales. La comunidad judía estuvo sometida a numerosas presiones externas, políticas, fiscales, económicas, sociales y religiosas, y también a las tensiones internas (Blasco, 2000b: 121-158), de unas aljamas, que veían reducido el número de sus integrantes, mermados sus recursos económicos y sometidos a presión fiscal por parte de la Monarquía y al constante y reiterado recelo de las clases populares cristianas. En el contexto de la publicación de la obra coordinada por Esteban Sarasa y centrada en el estudio del reinado de Jaime I en Aragón y Cataluña, Blasco Martínez, participó con un capítulo en el que realizaba un estudio de los judíos de Aragón en el siglo XIII, en época de Jaime I. Dado que el grueso de los estudios de la doctora Blasco se había centrado en los siglos XIV y XV, sin duda supuso un notable esfuerzo bibliográfico, de búsqueda de fuentes y de indagación en una nueva vía de investigación (Blasco, 2009b: 97-134). Una de sus últimas obras dedicadas a los judíos del reino de Aragón, es el análisis de la cultura material de los judíos aragoneses a través del estudio de los objetos conservados y la reconstrucción de los espacios materiales a través de las fuentes documentales. En el primer apartado estudia los objetos, los libros manuscritos, los libros impresos, las inscripciones lapidarias y los edificios. En el segundo analiza el concepto de barrio judío y su sinagoga y, a partir del mismo, realiza una reconstrucción histórica de todos los barrios judíos y todas las sinagogas del reino de Aragón en la Edad Media tratando de deslindar entre lo que se sabe de cierto y lo que carece de rigor científico (Blasco, 2014: 183-220). 3. Juderías, Aljamas y Sinagogas del reino de Aragón. Espacios privilegiados de estudio. El observatorio privilegiado de las juderías y las aljamas judías del reino de Aragón, ha sido una de las prioridades en la investigación histórica de Blasco Martínez, definiendo con claridad ambos conceptos (Blasco, 1990c: 175-221 y 2009d: 22-44). Las comunidades judías que se agruparon en los principales centros urbanos aragoneses, se constituyeron en aljamas (comunidad jurídica reconocida dentro de la ciudad cristiana), residiendo en barrios propios dentro de cada urbe, denominados juderías. Ambos universos, el humano o comunidad de judíos —aljama— y el espacio urbano diferenciado —judería— han sido abordados en numerosos estudios por Blasco Martínez. La recuperación de la memoria histórica de las juderías y sinagogas aragonesas, ha sido una tarea ingente, sobre la base de una exhaustiva búsqueda, localización y recopilación documental, realizada durante las décadas que abarcan la investigación de la doctora Blasco Martínez. Hoy se conocen a la perfección los espacios históricos de las juderías y sinagogas medievales aragonesas, en buena parte, gracias a los trabajos de la doctora Blasco Martínez (Blasco, 2014: 183-220). Sobre las diferentes aljamas judías que se constituyeron en el reino de Aragón, el principal hito investigador en la trayectoria de Blasco Martínez ha sido el estudio de la aljama de la capital del reino, en amplios y numerosos estudios monográficos dedicados a la misma, en su tesis doctoral ya reseñada en el primer capítulo del presente artículo. Algunos de estos estudios se podrían englobar dentro de la Historia social y la Historia de las mentalidades. Por ejemplo, el de una mujer judía denunciada por adulterio en la aljama de Zaragoza en el siglo XIV (Blasco, 1986b: 105-112 y 1989c: 99-120). También se ha interesado por la evolución econó- mica de las aljamas aragonesas: así, se ocupa de investigar las actividades laborales de la aljama judía de Zaragoza en el contexto de la evolución de las economías urbanas peninsulares en el siglo XIV (Blasco, 1990e: 439-461). El cambio institucional de algunas aljamas aragonesas y el importante papel de la fiscalidad propia de las aljamas judías, a través del hallazgo de las ordenanzas tributarias de la aljama de Huesca en 1337, le permitió a Blasco Martínez analizar la fiscalidad específica de una aljama judía en un destacado centro urbano aragonés. El estudio adquiere especial interés, ya que muestra la ausencia hasta la fecha de la ordenanza de «un sistema organizado para que la aljama oscense recaudara los fondos precisos para cubrir sus gastos» (Blasco, 1995a: 108), que fue subsanado con la promulgación del importante documento estudiado por Blasco Martínez y que muestra que la tributación en la aljama gravitaba sobre un «impuesto obligatorio sobre el consumo del pan, la carne y el vino» (Ib.). Asimismo ha abordado en estudios de carácter global el análisis de las aljamas judías aragonesas, desde una perspectiva de conjunto del judaísmo aragonés. Uno de sus primeros trabajos, presentados en las IV Jornadas sobre el estado actual de los Estudios sobre Aragón, se ocupaba de realizar un balance sobre los estudios y las investigaciones en torno a las juderías de Aragón en la Baja Edad Media y las posibilidades de estudios indicando la autora el tipo de fuentes y la bibliografía a utilizar y la metodología y prospectiva necesarias (Blasco, 1982: 243-249). Junto a los numerosos estudios sobre aljamas y juderías aragonesas, en varios de sus trabajos analizó de forma concreta y exhaustiva algunas de las instituciones más relevantes del judaísmo aragonés. Concretamente uno de ellos se ocupaba del estudio de las principales instituciones sociorreligiosas de los judíos de Zaragoza, las sinagogas, las cofradías y los hospitales (Blasco, 1989e: 227-236; 1990a: 3-46 y 1990b: 265-288). En uno de sus trabajos publicados sobre la judería de Teruel, incidía en el estudio de sus sinagogas (Blasco, 1997c: 13-43). En otro trabajo muy relevante se ha ocupado de forma monográfica del estudio de las sinagogas de Aragón (Blasco, 2003b: 188- 227), trazando un mapa que muestra con claridad la densa y tupida red de sinagogas que jalonaron el reino de Aragón y son la mejor muestra de la extraordinaria vitalidad que adquirieron los judíos aragoneses. Este trabajo es la aportación más destacada de Blasco Martínez al estudio de las sinagogas aragonesas. En el mismo disecciona y detalla a partir de un trabajo documental minucioso, fruto de diez años de compilación documental, las principales características de las juderías aragonesas, empezando por las posibilidades que las fuentes documentales puedan aportar al estudio de las mismas. Desde esta perspectiva y a partir de la utilización de documentación de archivo, elabora un exhaustivo mapa de la sinagogas de Aragón, analiza las dinámicas seguidas para la implantación de una sinagoga, el papel desempeñado por la Iglesia y la Corona a la hora de intervenir y controlar los oratorios judíos, siendo una de las claves de la evolución del judaísmo hispánico en los siglos finales de la Edad Media. Por una parte el interés de la Corona por incrementar el número de judíos en sus territorios, incluso concediendo la posibilidad de ampliar los espacios de las juderías existentes y creando nuevas juderías en ciudades cuyas juderías históricas estaban densamente pobladas. El caso de la ciudad de Valencia es paradigmático a este respecto. Pero estas pretensiones, como apunta muy acertadamente Blasco, chocaban con los intereses de la Iglesia, que desde 1234 y por iniciativa del Papa Gregorio IX había legislado sobre el control que quería implantar sobre las sinagogas, intentando evitar su proliferación y la construcción de edificios de nueva planta. La propia Iglesia, que tenía intereses urbanísticos en las ciudades peninsulares, será la que luchará por evitar la ampliación de los recintos o espacios urbanos ocupados por judíos, siendo este uno de los factores a tener cuenta para poder interpretar desde perspectivas poliédricas lo sucedido en las juderías de la Corona de Castilla y de la Corona de Aragón en 1391. En el mismo trabajo analiza la tipología de las sinagogas aragonesas, diferenciando con claridad entre las sinagogas mayores, las menores, las semipúblicas y las privadas. Asimismo, establece las principales características de los edificios sinagogales aragoneses, fijando la planta rectangular como la más habitual. Finaliza su trabajo estudiando los objetos de culto, los mecanismos que tenían los judíos aragoneses para adscribirse a una sinagoga, que era, además de lugar de culto, escenario de sociabilidad, de reunión de la aljama o sede judicial. El ocaso de las comunidades judías aragonesas viene simbolizado por el cierre de sinagogas y la erección en el solar de las mismas, de iglesias cristianas. También crítica los excesos y falsedades a la hora de identificar restos atribuidos a cultura material de los judíos aragoneses: «Por desgracia apenas quedan restos arqueológicos de sinagogas dignas de crédito, aunque últimamente existe un afán casi enfermizo por encontrar sinagogas y cementerios judíos en los lugares más recónditos de nuestra comunidad autónoma» (Ib.: 192). En uno de sus últimos trabajos publicados ha realizado una reconstrucción histórica de todas las juderías y sinagogas aragonesas, a través del estudio exhaustivo de las fuentes documentales que se han conservado con referencias a la ubicación, localización, extensión, tipologías, etc., de dichos espacios cenitales para el desarrollo de la vida de los judíos aragoneses (Blasco, 2014: 183-220). 4. Los conversos de judío. Nuevos métodos, nuevos planteamientos. Las difíciles relaciones entre judíos y cristianos en la Península Ibérica en el contexto de la crisis social y económica de la segunda mitad del siglo XIV, son uno de los detonantes de los graves sucesos acaecidos en 1391. Uno de los resultados de los ataques a las juderías hispánicas en 1391, fue la conversión masiva de numerosos judíos al cristianismo y las dudas que generó dicha conversión en la Iglesia cristiana. Como fruto de todas estas tensiones y para convencer a los que habían permanecido firmes en su fe, se produjo la convocatoria de debates entre rabinos judíos y teólogos cristianos. Uno de dichos debates, el que más repercusión tuvo en el reino de Aragón es el debate de Tortosa, abordado en uno de sus trabajos por la doctora Blasco (Blasco, 1997b: 259-288). Tras los terribles sucesos de 1391, la siguiente fecha controvertida para la Historia del judaísmo hispánico, está relacionada con la disputa de Tortosa (1413-1414) y con la campaña de conversiones de judíos al cristianismo emprendida por Fray Vicente Ferrer. Tras un momento de intensa presión sobre las aljamas judías españolas en los primeros años del siglo XV, en la Corona de Aragón sucederá un periodo de relativa calma e incluso esperanza, coincidiendo con el reinado de Alfonso V (1416-1458). Blasco Martínez en un marco tan perfecto, como fue la celebración del XVI congreso internacional de Historia de la Corona de Aragón celebrado en Nápoles en 1997, analiza el fenómeno de la conversión de judíos durante la primera década del reinado de Alfonso V (1416-1426), en diferentes vertientes y perspectivas de análisis, desde una revisión crítica del propio concepto converso y su uso historiográ- fico, las razones y las ventajas e inconvenientes para la conversión, una cuantificación del número de conversiones, la procedencia social y la actividad laboral de los conversos, los apellidos adoptados por los bautizados, la sinceridad o no de la conversión y el papel que va a desempeñar el converso en relación con la sociedad judía que acaba de abandonar y en el seno de la cristiana a la que se acaba de incorporar. Se ha ocupado de la identidad conversa fijando su atención en el elevado número de conversos con apellidos hagiográficos (Blasco, 2004: 121- 44). Ha asumido la metodología prosopográfica para abordar la trayectoria de dos destacadas familias de judíos aragoneses, los Caballería y los Alazar (Blasco, 1999d: 155-175). En el caso de la familia Caballería, la mayoría se convirtió al cristianismo tras el adoctrinamiento de Tortosa14 y algunos de sus miembros se mantuvieron en la «fe de sus mayores», (Blasco, 1999d: 11), mientras que en la familia Alazar, sucedió lo contrario, ya que casi «todos los Alazar se mantuvieron firmes en su fe hasta el momento de la expulsión», (Id., 1999d: 12) o la identificación de un impresor judío afincado en Híjar a finales del siglo XV (Blasco, 2002c: 75-89) y la de un judío cortesano que fue perpuntero del rey de Aragón (Id., 2003c: 321- 347), del que además, y en sendos estudios analizó el adulterio de su mujer (Id., 1986b: 105-112), y el seguimiento de la trayectoria de Alazar Golluf y su familia (Id., 2009e: 481-580), o de los Nahón de Zaragoza (Id., 2012: 243-252). El estudio prosopográfico de algunas de las familias de conversos más importantes de Aragón ha sido otro de los compromisos históricos de Blasco Martinez. Un estudio dedicado al origen troncal de la familia Santángel, de origen aragonés y asentada en Valencia, donde desarrollaba su más destacada trayectoria económica, política y social (Blasco, 1992: 119-132). También ha estudiado la actividad de conversos de judíos de Zaragoza que actuaban como juglares, ministriles y «sonadores» (Blasco, 1998: 49-72). Este último era un oficio que permitía a sus practicantes decir la «verdad del bufón» (Montes, 2008: 124). Hay que reseñar su valiosa aportación al estudio de los conversos españoles, presentada en las «Tables rondes à Carcassone» celebrada en octubre de 2003 y publicada tres años después (Blasco, 2006b: 207-234). Un trabajo muy rico en propuestas e innovaciones metodológicas, planteaba, entre otras cuestiones, una crítica a la generalización del tratamiento del colectivo converso; y coincidiendo en las mismas jornadas con una crítica historiográfica similar realizada por Narbona Vizcaíno que planteaba «...la apriorística consideración de un grupo converso compacto, cohesionado confesional, social e incluso étnicamente, sujeto a unas directrices comunes y generales, al que se le impone un itinerario histórico único, difícil de eludir para todos los integrantes de aquel grupo, sin posibilidad de desviaciones, heterodoxias o situaciones sociales singularizables. Un tema de estudio monográfico y especializado, el de los judíos y conversos, creado por los historiadores, y una consideración historiográfica que bien pudiéramos calificar de segregacionista respecto a otros problemas simultáneos e interconectados de la historia medieval» (Narbona, 2006: 236). Cuestión que fue abordada y continuada posteriormente por otros historiadores (Barrio, 2008b: 239-258). En este destacado trabajo de Blasco Martínez presentado en un congreso en 2003 y publicado en 2006, ampliaba de forma considerable las iniciales y sugerentes aportaciones que había realizado en un congreso celebrado en 1997 (Blasco, 2000a: 841-859), proponiendo tanto una crítica a las vías básicas de investigación de los conversos y a la vez esbozando los puntos centrales que la historiografía debía tener en consideración en las futuras investigaciones sobre conversos y judíos, el propio concepto y significado del vocablo «converso», la identidad de los conversos y su identificación, el controvertido problema histórico de la conversión de los judíos al cristianismo, la actitud de los cristianos y los judíos ante los conversos, lo que provocó a mi juicio el mal llamado «problema converso» (Benito, 2001), los tipos de conversos, el universo o mundo de este colectivo y el papel de la mujer ante la conversión. Un trabajo definitivo y decisivo que fija y determina de forma crítica los principales aspectos de la historia de los conversos españoles y define los paradigmas que debe seguir la investigación sobre dicho grupo en los próximos años. 5. El compromiso con la Historia de Género. El compromiso de Blasco Martínez con la historia de las mujeres judías se inicia con la presentación de una ponencia en el IX Congreso Mundial de Estudios Judíos celebrado en Jerusalén en 1985 (Blasco, 1986b: 105-112). Esta línea de investigación asociada a la Historia de Género se ha visto incrementada de forma considerable en las dos últimas décadas, la última del siglo XX y la primera del siglo XXI. Es muy interesante el extraordinario hallazgo documental por parte de Blasco Martínez, de una denuncia de adulterio cursada contra una mujer judía de la aljama de Zaragoza en el siglo XIV (Ib. y 1989c: 99-120). En sus investigaciones con registros notariales del archivo de protocolos de Zaragoza, Blasco Martínez ha localizado unos fondos de enorme interés para la Historia de Género de la comunidad judía de Zaragoza y es el hallazgo de cinco testamentos de mujeres judías (Blasco, 1990d: 127) y a través de los cuales ha podido indagar en el significado de la muerte para las mujeres judías de Zaragoza (Id., 1991d: 77-120). Otro de sus acercamientos a la Historia de las mujeres judías aragonesas, lo hizo en relación a un tema que ha sido objeto de una intensa renovación historiográfica en los últimos años, siendo el trabajo de Blasco Martínez, en este sentido, pionero en las investigaciones sobre la Historia de las Mujeres y su relación con la escritura; y en este estudio tan cardinal, la investigación se realiza sobre un colectivo muy poco estudiado, las mujeres judías, demostrando que las mujeres judías aragonesas, en general, no sabían escribir y el importante papel desempeñado por las mujeres en la sociedad judía. Las mujeres judías aprendían de sus madres, por vía oral, los principales conceptos, preceptos y rituales del judaísmo y de la misma forma lo transmitían a sus hijas y lo siguieron haciendo las mujeres judías expulsadas de España en la diáspora sefardí (Blasco, 1997: 349-368). Los espacios de sociabilidad de las mujeres judías ha sido otra de las cuestiones de referencia historiográfica abordada por Blasco Martínez, a través de los modelos de actitudes sociales de las mujeres judías aragonesas, extrapoladas perfectamente al mundo judío medieval. El espacio doméstico es el lugar de inclusión de las mujeres judías y el público el de exclusión. La referencia en el título a «reina por un día», alude al día del matrimonio de las mujeres judías, cuando adquieren un protagonismo excepcional (Blasco, 2010: 91- 106). La violencia de género era frecuente en la Edad Media (Vinyoles, 2008: 72-93), en sus diferentes dimensiones: violencia sexual, doméstica o difamaciones, y a ella no escaparon ni las mujeres judías (Blasco, 2011a: 67-90 y 2011b: 379-404) ni las conversas (Cantera, 2007: 29-42). 6. El concepto y el vocabulario histórico. El primer artículo publicado por Asunción Blasco lo dedicó a definir el término «Ebreismo» como sinónimo de judería (Blasco, 1981: 111-113). En este trabajo muestra lo que ha sido uno de los referentes intelectuales en su trayectoria investigadora, el uso de las fuentes documentales inéditas para realizar a partir de las mismas aportaciones relevantes y destacadas al conocimiento científico. En otro trabajo aborda el significado del vocablo «matar» (Blasco, $1 9 8 9 \mathrm { a }$ : 259-278) en el aragonés medieval, a través del estudio de un caso singular y excepcional, el de un carnicero cristiano contratado para trabajar en la carnicería de la aljama de los judíos de Zaragoza, concluyendo que la voz matar podía ser empleada por los zaragozanos del siglo XV para «expresar la acción de proporcionar los animales que habían de ser sacrificados y para todo lo relacionado con la matanza» (Ib.: 266). En su primer estudio sobre las sinagogas de Aragón, inicia el mismo con una perfecta aclaración entre los diferentes vocablos o conceptos para diferenciar entre la sinagoga propiamente dicha, la madrasa o casa de estudio y el oratorio o casa de oración para un uso más restringido (Blasco, 2003b: 192). Una de sus aportaciones más interesantes y susceptibles de generar la correspondiente polémica historiográfica es la referida a su conceptualización del vocablo converso, que entiende debe ser aplicado únicamente a los judíos que han recibido el bautismo, pero que no debe ser utilizado para designar a los hijos o nietos del converso bautizado, al haber nacido ya cristianos (Blasco, 2000a: 841-859). 7. La divulgación histórica de los judíos aragoneses. Blasco Martínez se ha ocupado también de la alta divulgación histórica en relación a la Historia de los Judíos Hispánicos en general y a la de los judíos aragoneses en particular. Con contribuciones relevantes en revistas históricas de amplia tirada en España (Blasco, 2001b: 82-87), en catálogos de exposiciones (Id., 2002a: 118-141; 2006: 329-337; 2009: 22-44; 2005a: 209-222 y 2007: 195-206), en libros de divulgación histórica y cultural (Id., 2001a), en iniciativas de apoyo al turismo cultural del patrimonio judío en la Comunidad de Aragón (Id., 2004d). 8. Otras líneas de investigación. Su dilatada investigación sobre los judíos y conversos se ha visto enriquecida a lo largo de su trayectoria académica con la especial atención dedicada al notariado, mudéjares, cultura escrita, libros, archivística, la iglesia.... Valoración final. Conocía la trayectoria profesional de la doctora Blasco Martínez, por la lectura de alguno de sus trabajos sobre judíos y conversos de judío que había utilizado en mis investigaciones. En algunos momentos de mi trayectoria profesional, tuve la oportunidad de contactar con ella por correo electrónico, intercambiando trabajos y sobre todo planteándole algunas dudas e inquietudes intelectuales en torno al fascinante mundo de la trayectoria vital de los conversos españoles durante el siglo XV. La extraordinaria oportunidad que se me ha ofrecido de elaborar el presente trabajo, me ha permitido recorrer una extensa y dilatada trayectoria profesional, académica, científica y humana de una gran investigadora, que destaca por su total vocación por la Historia, su aquilatada formación como historiadora total, y su pasión por la Historia de los judíos y su compromiso con la Historia de las mujeres. Blasco Martínez ha mostrado en su obra científica una intensa e inmensa formación, gran pasión, y fuerte y profundo compromiso ético y social. Son algunas de las virtudes que jalonan la trayectoria universitaria de una mujer que quiso ser paleógrafa y diplomatista, que se convirtió en una gran historiadora y que vinculó su vida profesional e investigadora, a la de un pueblo olvidado y perseguido en España, los judíos. La doctora Blasco ha forjado un carácter científico meticuloso y sólido, con un gran talento para abordar el análisis histórico, con una capacidad de trabajo descomunal y con un rigor heurístico en el tratamiento de las fuentes prodigioso. Una de sus grandes aportaciones historiográficas, es la recuperación del registro documental generado por el colectivo de los judíos aragoneses en la Edad Media, la elaboración de su Historia y el rescate de la memoria histórica de las juderías y sinagogas aragonesas. Ha sido una tarea ingente, sobre la base de una exhaustiva búsqueda, localización y recopilación documental, realizada durante las décadas que abarcan la investigación de la doctora Blasco Martínez. Hoy se conocen a la perfección los espacios históricos de las juderías y sinagogas medievales aragonesas, en buena parte, gracias a los trabajos de la doctora Blasco Martínez. Bibliografía sobre judíos y conversos de Asunción Blasco Martínez (1981), «“Ebreismo” sinónimo de judería», Sefarad, XLI-1, 111-113. (1982), «Juderías en Aragón en la Baja Edad Media», IV Jornadas sobre el estado actual de los Estudios sobre Aragón, Alcañiz, (noviembre de 1981), Zaragoza, 243-249. (1986a), «Los judíos de Zaragoza en el siglo XIV: su evolución social», Minorités et marginaux en Espagne et dans le Midi de la France (VIIe-XVIIIe siècles). Actes du Colloque du Pau, 27-29 mai 1984, París, 177-202. (1986b), «Avance de estudio de un caso de adulterio en la aljama de Zaragoza (siglo XIV)», Proceedings of Ninth World Congress of Jewish Studies. Jerusalem 1985. Division B. Vol. I, Jerusalem, 105-112. (1987a), Los judíos de Zaragoza en el siglo XIV, Tesis doctoral, Zaragoza, 10 vols. 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24,717
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Un manuscrito medieval aragonés inédito en la biblioteca de UCLA: la Ordenación de la cofradía de San Julián de Teruel (BETA manid 5960)
UN MANUSCRITO MEDIEVAL ARAGONÉS INÉDITO EN LA BIBLIOTECA DE UCLA: LA ORDENACIÓN DE LA COFRADÍA DE SAN JULIÁN DE TERUEL (BETA manid 5960) A UNIQUE MEDIEVAL ARAGONESE MANUSCRIPT AT THE UCLA LIBRARY: THE ORDENACIÓN DE LA COFRADÍA DE SAN JULIÁN DE TERUEL (BETA manid 5960) Óscar Pe re a Rodrígue z Proyecto PhiloBiblon. Resumen: Este trabajo presenta el manuscrito 170/307 de la Charles Young Library de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), catalogado pero inédito, que contiene las ordenanzas de una cofradía medieval prácticamente desconocida, ubicada en la ciudad de Teruel bajo la advocación de San Julián. La mayoría de los artículos fueron redactados en 1402, aunque tiene varios añadidos posteriores, del siglo xv y del siglo xvi. Se realiza la descripción codicológica del manuscrito de acuerdo a las normas de PhiloBiblon (BETA manid 5960) y se hace una edición comentada del texto, conforme a modernos criterios de edición. Palabras clave: Charles Young Library, UCLA, codicología, cofradías, ordenanzas, PhiloBiblon, crítica textual, textos medievales. Abstract: This paper describes a catalogued but rare manuscript (call number 170/307) held by the Charles Young Research Library at UCLA, in which one can find the by-laws of a barely known medieval confraternity, located in the city of Teruel and devoted to St. Julian. Most of these by-laws were written around 1402, although it does also include another group of them added later, during the $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ and the $1 6 ^ { \mathrm { t h } }$ centuries. The paper also contains the codicological description of the source according to PhiloBiblon standards (BETA manid 5960), together with a commented edition of the text based on modern textual criticism. Key words: Charles Young Library, UCLA, codicology, confraternities, bylaws, PhiloBiblon, textual criticism, medieval texts. 1. El manuscrito de la Ordenación de la Cofradía de San Julián de Teruel1. La Charles E. Young Research Library de la Universidad de California en Los Ángeles (más conocida por el acrónimo UCLA) posee un códice que, si bien no puede ser calificado como desconocido, pues su catalogación data de 1991,2 sí se puede decir que ha pasado totalmente desapercibido en el ámbito académico del medievalismo hispánico. Me estoy refiriendo a la Ordenación de la cofradía de San Julián de Teruel, manuscrito conservado en la citada biblioteca norteamericana con la signatura 170/307.3. El códice reposa en las baldas californianas desde el año 1963,4 cuando fue comprado en España tal vez al mismo Ángel Sangros cuyo ex-libris figura en la portada como antiguo dueño, a la derecha de la anotación «Códice original» y una cifra que parece ser ‘1518’. El otro elemento destacable de los folios iniciales del códice es el dibujo, a lápiz, del escudo de la cofradía, en el que aparecen mencionados los tres principales santos a cuya advocación estuvo dedicada la vida en hermandad de los miembros de esta agrupación: San Julián, San Bartolomé y Santa Quiteria. El tipo de letra utilizado y la iconografía de este grabado parecen indicar que fue dibujado allí con bastante posterioridad a la redacción de los estatutos, puesto que, en términos de estilo, el escudo se asemeja más a los típicos de finales del siglo xvi, que es también la última fase de redacción de las ordenanzas contenidas en este manuscrito. No hay otros indicios iconográficos que nos lleven a pensar que el códice fue confeccionado para otros motivos que no fueran de tipo práctico, es decir, para recoger las ordenanzas de la cofradía. Por lo tanto, no es un manuscrito de lujo sino uno de tipo convencional, pues, al margen del grabado ya visto, tan solo el folio inicial del texto presenta otros elementos llamativos, en este caso una inicial iluminada y motivos decorativos vegetales en la parte inferior del mismo. Ambos detalles se pueden ver en la imagen siguiente, en la cual también se muestra la alternancia de colores típica del códice, los títulos de capítulos y ordenanzas en tinta roja, mientras que la tinta oscura es la preferida para el texto principal. Figuras 1 y 2. Portada y primer folio del manuscrito, ambos en pergamino. Otra de las características básicas del códice es que presenta una doble numeración en varias de sus hojas. Para empezar, todos los folios están paginados del 1 al 115 en números arábigos, con letra y tinta del siglo xx. Además, en el número 17 de esta paginación moderna encontramos el primer resto de la foliación original del códice, en números romanos, y que se extiende desde aquí hasta el final del mismo (Ir-Lr). En la edición del texto haremos referencia a esta doble numeración cuando así sea posible, con el fin de facilitar la consulta del original a cualquiera que estuviese interesado en hacerlo. En términos materiales, el manuscrito es de pergamino, tanto los folios como la encuadernación, de tamaño cuarto. El número de líneas escritas en cada folio oscila entre las 13 (51/XVIIIr) y las 22 (111/XXXXVIIIr). Las demás medidas quedan sintetizadas en la tabla siguiente: Óscar Perea Rodríguez <table><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Altura (mm)</td><td rowspan=1 colspan=1>Anchura (mm)</td><td rowspan=1 colspan=1>Paginas /Folios</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Encuadernacion</td><td rowspan=1 colspan=1>190</td><td rowspan=1 colspan=1>133</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Hoja</td><td rowspan=1 colspan=1>188</td><td rowspan=1 colspan=1>133</td><td rowspan=1 colspan=1>51/XVIIIr</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Caja de escritura</td><td rowspan=1 colspan=1>125</td><td rowspan=1 colspan=1>89</td><td rowspan=1 colspan=1>51/XVIIIr</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Hoja</td><td rowspan=1 colspan=1>188</td><td rowspan=1 colspan=1>132</td><td rowspan=1 colspan=1>111/XXXXVIIIr</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Caja de escritura</td><td rowspan=1 colspan=1>138</td><td rowspan=1 colspan=1>99</td><td rowspan=1 colspan=1>111/XXXXVIIr</td></tr></table>. Un aspecto fundamental a tratar en la descripción del códice es la existencia de diversas manos de diferentes copistas, correspondientes a otras tantas épocas en las que se fueron añadiendo capítulos y ordenaciones posteriores a la fecha de su primigenia redacción. A través de este esquema el lector obtendrá una mejor idea de todo este entramado de fechas y escribas. <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Copista</td><td rowspan=1 colspan=1>Tipo de letra</td><td rowspan=1 colspan=1>Paginas /Folios</td><td rowspan=1 colspan=1>Ano</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mano A</td><td rowspan=1 colspan=1> g6tica aragonesa</td><td rowspan=1 colspan=1>1-11</td><td rowspan=1 colspan=1>1402</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mano F</td><td rowspan=1 colspan=1>humanistica redonda</td><td rowspan=1 colspan=1>12-14</td><td rowspan=1 colspan=1>1557</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mano A</td><td rowspan=1 colspan=1>g6tica aragonesa</td><td rowspan=1 colspan=1>17/Ir-68/XXVIv</td><td rowspan=1 colspan=1>1402</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mano B</td><td rowspan=1 colspan=1> g6tica libraria</td><td rowspan=1 colspan=1>68/XXVIv-109/XLVIIr</td><td rowspan=1 colspan=1>1503</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mano C</td><td rowspan=1 colspan=1>humanistica cursiva</td><td rowspan=1 colspan=1>110/XLVIIv</td><td rowspan=1 colspan=1>1503-1524</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mano D</td><td rowspan=1 colspan=1>humanistica cursiva</td><td rowspan=1 colspan=1>110/XLVIIv-111/XLVIIIr</td><td rowspan=1 colspan=1>1529</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mano E</td><td rowspan=1 colspan=1>humanistica cursiva</td><td rowspan=1 colspan=1>112/XLVIIv</td><td rowspan=1 colspan=1>1551</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mano F</td><td rowspan=1 colspan=1>humanistica redonda</td><td rowspan=1 colspan=1>113/XLIXr</td><td rowspan=1 colspan=1>1557</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mano G</td><td rowspan=1 colspan=1>humanistica cursiva</td><td rowspan=1 colspan=1>114/XLIXv-115/Lr</td><td rowspan=1 colspan=1>1574</td></tr></table>. A la vista del cuadro, parece claro que la redacción original de la obra comenzó en 1402, y que se dejaron a propósito varios folios en blanco después del índice inicial, confeccionado ese mismo año. Casi todas las ordenanzas (42 de un total de 67 conservadas en el manuscrito) fueron copiadas y concertadas en el año 1402; entre 1503 y 1523 se añadieron $2 0 \mathrm { m } \mathrm { \acute { a } s }$ , mientras que las 5 últimas se añadieron una por año, cada una de las posteriores manos del manuscrito, en los años 1524, 1529, 1551, 1557 y 1574. El copista de 1557 (mano F) añadió también varios capítulos al índice que se comenzó en 1402, además de algunas anotaciones marginales de gran valor, pues a veces sirven para explicar diferencias entre los pagos de multas exigidos en unas épocas y otras. Fig. 3. Mano A (f. 1r). Fig. 4. Mano B (f. 29r). Fig. 5. Mano C (f. 47v). Fig. 6. Mano F (f. 49r). La cofradía de San Julián, la turolense,5 no aparece mencionada en los exhaustivos recuentos de tales instituciones efectuados por Navarro Espinach para la Edad Media hispánica,6 y por Tello Hernández para las del reino de Aragón,7 como tampoco lo está en el trabajo de Pérez Pérez sobre las documentadas en Teruel,8 si bien casi todos los aspectos cotidianos y espirituales que se comentan en este estudio respecto a otras cofradías turolenses casan muy bien con el contenido de estas ordenanzas. Sí parece que se conocía la existencia del hospital asociado, al menos desde 1348,9 y que todavía continuaba existiendo en 1529,10 pero las menciones que hemos conservado son muy escasas en la documentación aragonesa de la que disponemos. Todos estos factores hacen muy atractivo el análisis profundo de estas ordenanzas, para poder solventar de forma conveniente todas las incógnitas que hoy día presenta el estudio de esta enigmática cofradía aragonesa medieval. Por ello, procedo en este trabajo a efectuar lo que me ha parecido más urgente: acometer la descripción codicológica del manuscrito y editar el texto. El objetivo primordial es, desde luego, dar a conocer su contenido para que pueda ser leído y analizado por los historiadores e investigadores especialistas en las corporaciones asistenciales de la España medieval, en general, y de la Corona de Aragón, en particular. 2. Criterios de edición. Para la presentación gráfica del texto he procurado seguir las indicaciones de algunos buenos manuales sobre escritos medievales y renacentistas.11 He prestado bastante atención a las particularidades léxicas y morfológicas del aragonés del siglo xv,12 en especial las referentes a las especificidades del habla turolense.13 He tratado también de alejarme de forma absolutamente consciente del extremo paleografismo que afecta a muchas ediciones de textos de los siglos xv y xvi, pues no dudo en ofrecer las que son mis lecturas del documento, en consonancia con los nuevos tiempos de la edición de documentos de la Edad Media.14 La búsqueda de documentación en los repertorios lexicográficos más habituales, como los diccionarios de la Real Academia Española (DRAE) y de Autoridades (Autoridades),15 se ha hecho casi siempre mediante la consulta en línea tanto de CORDE como del NTLLE.16 No he anotado de forma exhaustiva la mucha riqueza léxica y morfosintáctica del texto, pues es labor que queda pendiente para otra ocasión. Solo me he limitado a aclarar aquellas palabras o expresiones que pudieran presentar dificultades de comprensión al lector actual. En resumen, los criterios que se han utilizado para editar el texto son los siguientes: • Se regulariza el uso de $i / j / y$ , reservando $i$ para los valores vocálicos, mientras que $j / y$ se reservan para los consonánticos. • Se regulariza el uso de $\nu / u$ , reservando $u$ para los valores vocálicos y $\nu$ para los consonánticos. • Se resuelve en et la nota tironiana $( \& )$ , puesto que la grafía presente en el texto cuando no se usa la abreviatura es mayoritariamente esa, aunque ocasionalmente los escribas del siglo xvi también se valgan de ‘e’ o incluso de ‘y’. • Se resuelve el signo general de abreviación nasal como $n$ , excepto las situadas en vocales previas a consonante bilabial (‘b’ o ‘p’), que se hace en $m$ , puesto que así aparece en bastantes ocasiones. De hallarse una $n$ delante de bilabial es porque así lo recogió el escriba, oscilación por otra parte muy frecuente en los textos de esta época. • Se modernizan r / rr y s / ss según su uso actual, en tanto que aparezcan en posición inicial o final de la palabra (dos y no doss; reverençia, y no rreverençia). Se respeta la consonante doble original en caso de estar situada en interior de palabra (onrra indistintamente de onra), además de en las terminaciones verbales de subjuntivo (fuesse indistintamente de fuese). En todos los demás casos se obvia la consonante geminada ociosa (fazemos y no ffazemos; oficiales y no officiales; aceptar y no acceptar). • Utilizo la tilde para distinguir formas verbales sin hache de las conjunciones y/o preposiciones actuales $\acute { e }$ tenido / e tenido), y también para distinguir palabras con grafías ausentes (dó por doy). Asimismo, marco con tilde los pronombres personales apocopados cuando por su situación en la frase pueden inducir a error en su función sintáctica (nós [=nosotros] devemos / nos devemos). • Se resuelven las contracciones mediante apóstrofo (d’estos, y no destos). • Se utilizan los guiones oblicuos $( \setminus / )$ para indicar una reconstrucción interlineal efectuada por el copista. • La puntuación y la acentuación se realiza conforme a los criterios ortográficos actuales. Se resuelven las abreviaturas más habituales sin dejar constancia de ello. En caso de duda, se recurre a la anotación a pie de página. • Los numerales romanos se transcriben conforme al orden romano, no al medieval (IV, y no iiij). El mismo criterio se aplica a la foliación en romanos del manuscrito. 3. Edición del texto [5] Capítulo primo. De mantener la lámpara, a II. Capítulo del convivio, a II. Capítulo del conto17 que án de dar los mayordomos viejos a los nuevos, a III. Capítulo del conto, a III. Capítulo de los mandamientos, a IV. Capítulo de confradre que enfermare de fuera de la ciudat, a IV. Capítulo de cómo cada un [6] confradre á de dar XII dineros por cada un anyo, en memoria de ciertos Paternostres que cada uno es tovido18 de dar por confradre defuncto, a VI. Capítulo de la misa de requiem del domingo siguiente que se dize por confradre defuncto, a VII. Capítulo del mandant que muriere en casa de confradre, a VIII. Capítulo de confradre que [7] fijo dexare de hedat, que sea cogido en esta companya, a IX. Capítulo de ir a velar confradre –o confradresa– que estudiere enfermo, a X. Capítulo de plegar a capítol en do el pelustre mandare, a X. Capítulo de pelustre o mayordomos que por el sayón fueren amonestados de ir a velar o a soterrar, a XI. Capítulo de quien favlare [8] sin la carta, a XI. Capítulo de plegar del capítol, a XI. Capítulo de quand fueren plegados a capítol, que aciendan una candela de tres dedos, a XI. Capítulo de confradre que viniere a menos, a XII. Capítulo de jugar a juego ninguno a sequas,19 a XIII. Capítulo que los mayordomos tengan los bienes de la conpanya, a XIII. Capítulo de quien defendiere penyos, a XIV. [9] Capítulo que si el mayordomo o el pelustre ovieren a fer camino, que sean tovidos dexar lugartenient, a XIV. Capítulo de crecer en la carta, a XIV. Capítulo de quien cayere judez, a XV. Capítulo de la entrada, a XV. Capítulo de quien beviere en taberna el día del sitio, a XVI. Capítulo del que batiere la carta, a XVI. Capítulo del banyar del defuncto, a XVII. Capítulo de quien morrié fuera de la ciudat, que sea tenido dar por cada anyo XII dineros, a XVII. [10] Capítulo de confradre que ha querella de otro confradre, dé V sueldos, a XVIII. Capítulo de fijo de confradre que muriere de hedat de X anyos, a XVIII. Capítulo que cada un confradre venga a misa el II domingo del mes, a XIX. Capítulo de quien sacare guchiello20 pora otro, a XIX. Capítulo de quien se mandare en orden, a XX. Capítulo de quáles penas án de dar conto los mayordomos et de quáles no, a XXI. [11] Capítulo de quien batiere la manda el día del sitio, a XXII. Capítulo de quien entrare en esta companya, que sea tovido dar casa con penyos, a XXII. Capítulo de la licencia del oficial, a XXIII. Capítulo qu’el demandador sea tovido dar conto por cada domingo e cada Paschua, a XXIV. Capítulo del conto cómo se deve dar. Capítulo de cómo los mayordomos et hospitalero deven meter en seguro lo de la companya et espital.21 Capítulo del confrare que se saliese de la companya, XXIV.22 [12] Capítulo del que desonrrare adalgún oficial de la companya, XXVI. Capítulo del que deshonrrare algún cofadre de la companya, XXVII. Capítulo cómo se deven guardar todos los capítulos que en el presente son escriptos, XXVII. Capítulo de cómo se deven nombrar oficiales de dicha companya, XXIX. Capítulo de parar sitio en cada un año a toda la companya, un año día de Sant Julián y otro año día de Sant Bartholomé, ff. XXX. Capítulo del clérigo que hará falta en su mesa el día de la missa, ff. XXX. Capítulo del que se llevare vianda ninguna el día que la companya comerá, XXII. [13] Capítulo de la ordenación de la cambra, XXXIII.23 Capítulo de los que querrán entrar cofadre, XXXIV Capítulo si algún cofadre querrá part de la cambra de la dicha companya, XXXV. Capítulo cómo deven nombrar los administradores de la dicha cambra, XXXVII. Capítulo del que no querrá aceptar el oficio de la administración de la dicha cambra, XXXVIII. Capítulo si algunos confadres querrán desfazer la dicha cambra, cómo se ha de regir, XXXVIII. Capítulo qu’el espitalero tenga cargo del conto de la cambra, XL. Capítulo que los doze nombren spitalero que sea útil y tomar seguro d’él, ídem, 40.24 [14] Capítulo qu’el mayordomo lleve cada domingo el libro de todos los confradoreses et confradoresas; y si no, peche X sueldos, XLI. Capítulo de nombrar oficiales y de quien no querrá aceptar, XLII. Capítulo de la pena de los cantores, XLIII. Capítulo de la procesión del día de Santa Quiteria, ídem. Capítulo del conto que deven dar los mayordomos, XLIV. Capítulo qu’el conto que comerán día de Sant Julián se dé y que sea por todo el año desde henero, XLV. Capítulo cómo se debe meter en seguro de la companya, XLVI.25 [17-Ir] Esta es la ordenación de la confradría de senyor Sant Julián, de la ciudat de Teruel. En el nonbre del nuestro senyor Ihesu Christo et de la virgen Sancta María, su madre, et $a ^ { 2 6 }$ honor de todos los sanctos de Dios, en la era de mil et CCCC et XL,27 aquesta hermandat et aquesta companya establecen los [18-Iv] cofradres de senyor Sant Bartholomé et de Sant Julián de Teruel, en nombre et en advocació de Sant Bartholomé \et Sant/ Julián, fazemos et ordenamos nuestras posturas segunt que d’aquí adelant es scripto et ordenado a fieldat28 del señor Rey de Aragón et $a ^ { 2 9 }$ hondra de la ciudat de Teruel. Et ordenaron las posturas que se siguen. Capítulo primo: de mantener la lámpara. [19-IIr] Primerament, prometemos mantener una lámpara que arda de noche et de día delant del altar del dito senyor Sant Julián. Capítulo del convivio.30. Otrosí establecemos que el día et fiesta del dito santo, que fagamos nuestro convivio todos los confradres ensemble,31 et que demos a comer a VI pobres assín como a nós mismos. Et qualquiere [20-IIv] confradre que otra cosa de comer aduxiere sobre taula, sino lo que los mayordomos darán, peche VI dineros. Et luego, otro día siguient, que fagamos nuestro capítol general et ordenemos el provecho de la conpanya, et pongamos mayordomos pora todo el anyo, es a saber, un pelustre32 et dos mayordomos. Et el pelustre del anyo passado tome esta carta en la mano et dela al pelustre [21-IIIr] nuevo et a sus companyeros, los quales la companya avrán esleídos. Et tengan el oficio todo el anyo, dins33 pena de X sueldos jaqueses. Del conto que án de dar los mayordomos viejos a los nuevos. Otrosí, establecemos et ordenamos que del día del dito sancto al día de Sancta María de março, sean tenidos los mayordomos viejos a los nuevos de darles conto entro34 al dito día de [22-IIIv] todas las datas e receptas. E si no lo farán, que corran en pena de $\mathrm { X }$ sueldos por cada día que faldrá35 de no dar conto. Del conto. Ítem, establecemos que si los ditos mayordomos nuevos serán requeridos de tomar conto por los ditos mayordomos nuevos e no lo farán, que corran en pena de V sueldos por cada día que encorrerán de no recebir el dito conto, seyendo requerido por los [23-IVr] di\tos mayordomos de suso ditos. E cualquiere confradre que rogara por aquestos, que corra en pena de II sueldos. De los mandamientos. Otrosí, establecemos que si algún confradre los mandamientos d’esta companya no observare, luego sea echado d’ella si non se repintiere. Enpero clamando mercé36 a la companya, que le vala; et peche por la falta II sueldos. [24-IVv] De confradre que enferme. De a cabo,37 establecemos que si algún confradre d’esta companya enfermare o muriere fuera de la ciudat de Teruel, et a la dita ciudat se mandara aduzir, que vaya nuestro pelustre con X companyones por el dito defuncto o enfermo. Et sean los ditos X de nuestros confradres, en tanto que puedan ir et venir al día. Et son los [25-Vr] mo/jones Alfambra, Elpovo, La Puebla, Vallacroich, Villel, Los Rodenales, Beças, Celha, Villarquinado. Et qualquiere de los companyeros que, por el pelustre o por el sayón,38 fueren amonestados et ir no $\hat { 1 } ^ { 3 9 }$ querrán, que pechen cada III sueldos. Et quando el dito cuerpo aduxieren, que lo salgamos a recebir todos los confradres a la puerta de la dita ciudat, por do el [26-Vv] cuerpo entrara; et el que no í fuere, que peche aquella misma pena. Et venido el cuerpo, que vayamos todos los confradres con él a su casa o allí do sus amigos tovieren por bien. Et quando el pelustre con sus X companyeros querrán ir por el enfermo o por el defuncto, que vayan con missión del mismo, si lo oviere; et si de lo suyo non lo oviere, que vayan con missión [27-VIr] de la companya. Et otrosí, fagan ordenadament la missión de la sepultura. Et el que no fuere al fer40 de la fuessa,41 que peche II dineros; et el que non fuere al soterrar, que peche VI dineros. Capítulo de cómo cada un confradre á de dar XII dineros. Otrosí, establecemos et ordenamos que cada confrade o confradressa sea tenido dar XII dineros por cada anyo en memoria de [28-VIv] cier/tos Paternostres que cada uno á de dar por los defunctos. E aquestos sea tenido de coger el almosnero42 que por la dita companya será esleído; e de la sobredita almosna se pague lo siguient: primerament, VI dineros para fazer la fuesa de confradre mayor; e de chiquo, IV dineros. Segundament, a cada uno de los que los levaran las andas, doblen dineros. Tercerament, que de la dita [29-VIIr] al/ mosna, si á visitado algún confradre pobre de la dita companya aviendo mandamiento por la dita companya, si lo avrá nescessario. Quintament, que quando los mayordomos viejos al día sobredito de Sancta María de março darán conto –segunt dito es–, que el dito almosnero viejo sea tenido de dar conto segunt el día et las penas sobreditas al dito almosnero nuevo que posa/do [30- VIIv] por la dita companya. De la missa. Ítem, establecemos que al confradre defuncto, que el domingo siguient todos los confradres le seamos tenidos dezir una misa de Requiem conventual por su ánima. Et qualquiere confradre que no í viniere seyendo amonestado, sea tenido de pechar la pena asín como por la sepultura. Et de que fuere dicha la mi/sa, [31-VIIIr] que salgamos sobre la fuesa, et después que vayamos con el clérigo que dirá la misa a render gracias a la casa del confradre defuncto. Aquesti43 mismo oficio sea fecho por las confradoresas et por las mulleres de los confradres defunctos. De mandant que muriere en casa de confradre. Otrosí, establecemos que si por aventura algún mandant muriere [32-VIIIv] en casa de confradre, que todos los confradres seamos al soterrar, dins la pena desús44 dita por el confradre. E si muriere de noche, non iríamos a velar. Et si toviere de qué, peche a la companya XII dineros et al sayón VI dineros. Et esto recapde el confradre do muriere; et si non lo recabdare, péchelo el confradre en cuya casa muriere el mandant. [33-IXr] De confradre que fijo dexare. Otrosí, establecemos que si algún confradre muriere et dexare fijo de hedat, sea cogido en esta companya dando una livra de cera. Et si fijo non dexare, su muller finque confradresa mientre mantuviere biudedat. Capítulo de ir a velar confradre o confradresa. Otrosí, establecemos que si algún confradre, o su muller, enfermare, [34- IXv] que lo vayamos a velar cada noche dos confradres, si menester fuere. Et si más de dos confradres, II, oviere menester el pelustre í de enbiar, 45 enbíe tantos quantos menester í fueren. Et qualquiere que por el sayón fuere amonestado et ir no í querrá, peche IV dineros. Et si negare que non fuere amonestado, el sayón sea credido por su jura. Et si el sayón jurar non quisiere, peche la pena sobredita. [35/Xr] Capítulo de plegar capítol. De a cabo, establecemos que si por aventura, por algunos negocios, el pelustre mandara llegar los confradres, el sayón vaya a d’amonestar los que vengan et que se pleguen a do el pelustre mandara. Et si el sayón no trobare al confradre en su casa, dígalo a su muger, si la oviere, o a su mensatge. Et el que no í viniere, peche II dineros; et si fuere [36/Xv] amones/tado pora capítol et no í viniere, peche otrosí IV dineros. Et qualquiere confradre que fuere amonestado pora capítol general et no í viniere, que peche VI dineros. De mayordomo que fuere amonestado. Otrosí, establecemos que si el pelustre o los mayordomos pora vellar, o asoterrar, o a capítol, por el sayón fueren amonestados et non í vinieren, peche el pelustre XII dineros et sus companyeros cada VIII dineros. [37/XIr] De quien favlare sin la carta. De a cabo, establecemos que ninguno non sea osado de favlar en capítol sinon con la carta en la mano. Et si lo fiziere, peche cada vegada VI dineros et luego sean cogidos. Del plegar del capítol. Otrosí, establecemos que quandoquiere que el pelustre capítol quisiere plegar, diga al sayón en quál lugar se plegarán o en quál hora. Capítulo de [38/XIv] cómo aciendan una candela. De a cabo, establecemos que los primeros confradres que a capítol se plegaran exida de misa maitinal, quando fueren plegados V confradres, enciendan una candela de tres dedos. Et el confradre que amonestado fuere et non verná, peche IV dineros. Et si la candela quemada viniere, peche dos dineros. De quien fuere amonestado de ir a velar o a soterrar. [39/XIIr] Otrosí, establecemos que si algún confradre de esta companya, por algunos negocios, a capítol, o a velar, o a soterrar, o a qualquiere otra cosa, fuere amonestado por el sayón, et no í podrá venir, véngase46 a escusar al pelustre et demándele licencia; et si non lo fiziere, peche por la falta XII dineros. De confradre que viniere a menos. De a cabo, establecemos [40/XIIv] que si por aventura algún confradre d’esta companya viniere a vegedat o a pobredat, o acaso que non avrá nada et non lo podrá ganar, mandamos que nuestro pelustre le dé vida convinent de los bienes de la conpanya, fasta que lo pueda ganar o que Dios lo tome a su part. Et si por aventura viniere a mengua por juego, non seamos tenidos de ayudarle en nenguna cosa. [41/XIIIr] Capítulo de jugar a juego. Otrosí, establecemos que ningún confradre non sea osado de jugar a ningún juego a sequas –exceptado a ballesta– et que no puedan prestar a onzenas. Et el confradre que lo fiziere, peche por cada vegada V sueldos el uno y el otro, et luego sean cogidos. Et el confradre que por él rogare, peche otro tanto; et sea creído por su jura el cofradre que lo veía. Et que sea tenido [42/XIIIv] de restituir lo que le avrá ganado al otro. Capítulo que los mayordomos tengan los bienes. De a cabo, establecemos que el pelustre et los mayordomos que tengan en su poder los bienes de la companya en $\mathrm { l u r ^ { 4 7 } }$ tiempo, et pónganlos en escripto. Et recapden todas las otras cosas por guisa que buen conto den a la companya. Et si por culpa d’ellos algunas cosas se menosca/ban [43/XIVr] de la companya, que lo pechen ellos a la companya. Capítulo de quien defendiere penyos. Otrosí, establecemos que ningún confradre no sea osado de defender penyos nin revellar al sayón por qualquiere manera. Et si lo fiziere, que peche VI dineros. Et si al pelustre o a sus companyeros, peche XII dineros. Et si a la companya revella repenyos, peche V sueldos. Et si [44/XIVv] pechar non los quisiere, sea echado de la companya et nunqua í sea cogido. De lugartenient. De a cabo, establecemos que si el mayordomo, o el pelustre, o el sayón, por algunos negocios, ovieren a fer camino, que sean tovidos dexar lugartenient. Et si non lo fizieren, pechen por cada vegada XII dineros. De crecer en la carta. Otrosí, establecemos que los confradres d’esta companya [45/XVr] puedan en esta carta acrecentar capítoles a utilidat et provecho de la companya. De quien cayere judez.48. De a cabo, establecemos que qualquiere confradre d’esta companya que cayere Iudex, sea tovido dar a esta companya un carnero que vala V sueldos. Et si almotaçaf,49 dé medio carnero o II sueldos. Et si oviere qualquiere otro oficio, o casare, sea tenido dar XII dineros pora un quarto. Et qualquie/re [46/XVv] confradre clérigo d’esta confradría que50 oviere rectoría, o calongía, o vicaría, dé a esta companya un carnero que vala V sueldos. Et si misa cantare, de nuevo dé medio carnero o dos sueldos; et si evangelio, XII dineros pora un quarto. Et si fuere prior, medio carnero o dos sueldos. Et si mayordomo de capítol o terciero, dé XII dineros. Capítulo de la entrada. Otrosí, establecemos que [47/XVIr] qualquiere confradre que en esta companya querrá entrar, entre plaziendo a los companyeros et dé una livra de cera. Capítulo del que beve en taverna. Ítem, establecemos que ningún confradre non beva en taverna el día del sitio.51 Et si lo fiziere, peche VI dineros. Et si algo le acaeciere, non seamos tenidos de ferle oficio ninguno. Capítulo del que batiere la carta. Otrosí, establecemos et [48/XVIv] ordenamos que si algún confradre toviere esta carta en la mano, et por sanya la echare en tierra, peche XII dineros. De quien falso testimonio $^ { 5 2 }$ fará. Ítem, establecemos et ordenamos que todo confradre que falso testimonio fará a su cofradre, et provado·l será, sea echado d’esta companya. Pero, clamando merced, que·l puedan perdonar pechando V sueldos; et luego le sean cogidos. Capítulo de banyar el defuncto. [49/XVIIr] Otrosí, establecemos que todo confradre que por el pelustre fuere amonestado de banyar o de adobar el cuerpo del defuncto, o de tomar el escanyo o de fer la fuesa, et non lo fiziere, que peche III dineros luego. De quien morare fuera la ciudat. Ítem, establecemos et ordenamos que qualquiere confradre que, por razón de ganados o de molinos, o por cualquiere otra manera, oviere a morar [50/ XVIIv] fuera de la ciudat de Teruel et non verná a velar o a capítol, que faga de restitución a la companya, por cada un anyo, XII dineros, porque los companyeros avrién dar fuera de la ciudat por qualquiere d’ellos, si menester fuere. De quien se querellare de otro. Otrosí, establecemos et ordenamos que qualquiere confradre que oviere querella de otro confradre por qual/quiere [51/XVIIIr] razón, non sea osado de querellarse a ninguno fasta que sea fadigado53 en la companya. Et si el contrario fiziere, que peche por cada vegada XII dineros; et luego sean cogidos. Querella de otro, dé V sueldos. Ítem, establecemos et ordenamos que si algún confradre oviere querella de otro confradre d’esta companya, dé V sueldos ayuso, que la companya sean poderosos [52/XVIIIv] de entregar al querelloso. Et si se agravare, el rebel sea echado de la companya et no í sea cogido. De fijo de confradre de X anyos. Otrosí, establecemos et ordenamos que si muriere fijo de algún confradre d’esta companya, et fuere de X anyos asuso54, que todos confradres lo vayamos a fer todo su oficio et a velar, como se contiene en capítulo. Et si de X anyos ayuso55 fuere, no·l seamos teni/dos [53/XIXr] sinon al soterrar, et no a otra cosa nenguna. Et el que no í fuere, peche IV dineros. Que cada uno venga a misa el II domingo. Ítem, establecemos et ordenamos que qualquiere confradre digo que sea de la dita conpanya sea tenido venir el segundo domingo del mes, segunt es ordenado por la dita companya, asín como los legos son tenidos de venir al dito domingo del dito mes, [54/XIXv] dins la pena del dito lego. Et si el dito clérigo no querrá venir al dito domingo, que sea tenido de pagar una misa o un sueldo; e asín los ditos legos, cada una misa o I sueldo. De quien sacare guchiello pora otro. Ítem, establecemos et ordenamos que si algún confradre sacare guchiello pora otro confradre, sea echado de la companya. Et si clama/re [55/XXr] mercet, perche II sueldos et finque en la companya. Otrosí, si denostare a otro cofradre o pelea mesclare, peche por cada vegada XII dineros. De quien se mandare enterrar en orden. Ítem, establecemos et ordenamos que si algún confradre o confradresa de la dita companya se querrá enterrar de fuera de la ciudat en alguna orden, et mandara que le digan su misa en [56/XXv] la parroquia en do será vezino, aprés56 que lo lieven a la dita orden, que non seamos tenidos de levarlo sino fasta la puerta de la ciudat, como es acostumbrado por los clérigos de capítol. Et si por aventura mandara que su oficio le fagan en la otra orden, primerament que seamos tenidos de levar el cuerpo a su parroquia a eferle57 oír un responso aprés levarlo fins58 a la orden e ferle [57/XXIr] su oficio complido, con tal condición que pague V sueldos a la companya por el esgasto59 que se fará de la cera. En otra manera, que non seamos tenidos a cosa nenguna. De quáles penas án de dar conto los mayordomos. Otrosí, establecemos et ordenamos que qualesquiere mayordomos que por anyo serán puestos por la dita companya, sean tenidos de secutar60 todas las penas que en los sobre/ditos [58/XXIv] capítoles serán trobadas, seyendo merecedor alguno de los confradres que aquellas puedan levar $\mathrm { \ t r { 0 } } ^ { 6 1 }$ haver fin de paga a consellos de la dita companya. E de todas las penas que secutarán por todo el anyo sean tenidos de dar conto segunt el día et las penas sobreditas en el capítol tercero. Et receptado las penas que levaran por no ir al defuncto o a la defuncta, et de no ir [59/XXIIr] a misa et de no ir a capítol quando serán amonestados, de aquestas non sean tenidos de dar conto; ante, puedan ser a sus proprias voluntades de aquellas. De quien batiere la manda el día del sitio. Ítem, establecemos et ordenamos que qualquiere confradre que el día del sitio del Senyor Sant Julián, estando asentado a tavla en el convivio, no $s e ^ { 6 2 }$ agra/dare [59/XXIIv] de la vianda que en la dita yantar o convivio será dada a toda la dita companya, e si por qualquiere otra causa o sanya trosament63 la manda batiere en tierra, que peche V sueldos. Et el confradre que por él rogare, que peche X sueldos. Capítulo de quien entrare en esta companya dé casa. Otrosí, establecemos et ordenamos que qualquiere que en esta companya querrá [61/XXIIIr] entrar, sea tenido de dar casa con penyos.64 E si no avrá casa con penyos e alguno la porná por él, que aquesti se segure del entrador a su propria voluntad, car65 si aquel faloria66 o sendeira,67 que la dita casa con penyos sea tenido pagar la entrada, car el pelustre ni el mayordomo no curarán de demandar sino al que da casa con penyos. Capítulo de la licencia del oficial. [62/XXIIIv] Ítem, establecemos et ordenamos que, aviendo licencia de senyor oficial de la ciudat de Teruel, que el nuncio de la companya pueda sacar penyora68 o penyoras de casa del clérigo confradre de la dita companya, asín como á poder de sacar del confradre lego dins la pena de suso contenida. [63/XXIVr]69. Qu’el demandador dé conto cada domingo. Otrosí, establecemos et ordenamos que qualquiere demandador que puesto será por la dita companya sea tenido de render todo aquello que cogerá por cada domingo de Paschas, o otras fiestas o días que sean de demandar, qu’el otro demandador70 sea tenido de dar conto de la demanda que fará aquel día que demandara; e $s \hat { t } ^ { \dag 1 }$ por [64/XXIVv] aventura no lo fará, que corra en pena de XII dineros por cada un día que no lo fará. Capítulo del confradre que se saliere de la companya. Ítem, como a toda persona se expecte virtut de costancia et no tornar atrás de lo que promete et se obliga, et si el contrario fá,72 es razón que sea castigado; por tanto, ordenamos que si algún confradre d’esta companya, por alguna causa o ra/ zón [65/XXVr] dixiere «no quiero estar d’esta companya», o «salirme quiero d’ella», que aquesti tal que semblantes paraulas73 dirá sea requerido con el sayón d’esa dita companya diziéndole que torne a la dita companya et se penida74 d’esas paraulas que avrá ditas. Et si aquel dirá al dito sayón que no quiere ser nin tornar, que por más descargo d’esa dita companya que gelo diga el pelustre de aque/lla [66/XXVv] que agora es o por tiempo será. Et si el dito confradre estará en su pertinación o su rebeldía como de primero, de no tornar a la dita companya, mandamos que el domingo aprés siguient de la última consultación o reqüesta fecha por el dito pelustre, la dita companya le faga dezir su misa conventual en su iglesia et parroquia, con sus candelas encendidas, et le lieven sus gracias [67/ XXVIr] a la puerta de aquel, así propriament como si fuesse muerto et sepelido. Et pague de pena a la dita companya por las espensas que fará XXX sueldos, por los quales sea fecha execución en vienes de casa de aquel por el pelustre de la dita companya, o por el juez de la dita ciudat, así como por debto et obligación, con carta iutgada, fecha et otor/gada [68/XXVIv]75 por aquel $\\scriptstyle \mathsf { \backslash } _ { 0 }$ por el oficial eclesiástico pueda ser executado/.76 Et si caso será qu’el juez lo avrá a fazer, áya por su entrega et execución V sueldos, así como acostumbra fazer aver por entrega fecha en su cort con carta iutgada en bienes de algún debdor.77. Capítulo del que desonrare adalgún78 oficial de la companya.79. Ítem, queremos et hordenamos que si algún confradre, por fechos e cosas toquantes a esta companya, desonrará o dirá palabras injurio/sas [69/XXVIIr] al pelustre, o a los mayordomos, o al sayón, $\scriptstyle \mathrm { \backslash } \mathbf { o }$ algún otro caballero d’ellos/,80 así en capítol como fuera de capítol, que por cada una vegada encorra en pena de V sueldos a bien levar. Capítol del que desonrrare adalgún confadre.81. Ítem, asín mismo, queremos et hordenamos que si los mayordomos, o alguno d’ellos, o el pelustre, o el sayón, por fecho de la companya, en capítol o fuera de capítol, desonrara adalgún confradre, o le dirá palabras inj/uriosas [70/XXVIIv], que áya de pena, por cada una vegada, V sueldos; estos a bien levar, la qual pena sea para la companya. Capítol tracta cómo devemos guardar todos los capitols que en esta regla son escriptos.82. Ítem, ordenamos e queremos que todos los capitols de aquesta nuestra regla contenidos no nos obliguen a sagrament nenguno; mas sia/mos [71/XXVIIIr] obligados a pena pecuniaria, e aquesta bien levada por el pelustre et mayordomos. Todo aquesto sobredito e hordenado queremos que sea en nuestra companya observado e bien guardado. E aquel que lo guardara bien, de Dios e de la Virgen Sancta María avrá buen gualardo;83 e aquel que vidiere que no lo guarda bien, arrepiéntase de lo pa/sado [72/XXVIIIv] e guárdese84 de lo porvenir, porque la su ánima non sea traída en temptación. Amén. E non se piensen los ditos confradres que son puestos de jus85 ley, mas son libres de jus la gracia de Dios e de la Virgen Sancta María, que ella sea rogadora a Dios por nós. Amén. Capítulo de cómo deven esleír86 oficiales.87 [73/XXIXr] Ítem, por el poder a nosotros dado et atribuido por toda la dita companya, ordenamos que para el día de la fiesta de senyor Sant Julián, del mes de Jenero primero vinient que contará a Nativitate Domini Nostri Quinquagesimo tercio,88 et de allí adelant en cada I anyo, que XV días antes de la dicha fiesta echem et esliam oficiales para que en todo el anyo [74/XXIXv] rigan, procuren, administren durant su anyada subsiquient et complidament fins a la otra fiesta de senyor Sant Julián. Los quales oficiales son segund se sigue: son, a saber, primerament, XII regidores. Espitalero. Mayordomo. Pebostre. Cantores. Demandadores;89 et todos et qualesquiere otros oficiales necesarios a la dita companya. Et los quales, durant su anyo, cada uno sea tovido bien lealment [75/XXXr] et con grant diligencia haverse en su oficio. Et sean tovidos servir, regir, administrar cada uno su anyada conplidament, es a saber: de la fiesta de senyor Sant Julián fasta la otra fiesta subsiguient inclusive. En manera que cada uno de los ditos oficiales rigan90 et sirvan su anyo complidament. Capítol de parar sitio.91. Ítem, ordenamos que en cada un anyo d’aquí avant se pare un sitio a toda la companya de [76/XXXv] pan, vino et carne, et de otras cosas necesarias segund dito es; empero que se pare un anyo en el día de Sant Barthomé, del mes de agosto, et luego, en el otro anyo subsiguient, que se pare en el día de Sant Julián, en el mes de jenero. Capítulo del clérigo que fará falta en su mesa [el]92 día de la misa. Ítem, ordenamos que qualquiere clérigo de aquesta companya, ateniendo la mesada de dezir la misa ordinaria cada domingo [77/XXXIr] en la ermita de Sant Julián; et el día que fallirá áya de pena V sueldos: los tres sueldos pora·l espital et los \otros dos/ sueldos pora el mayordomo et espitalero. Et que sea tovido de emendar otro día la misa; et que si no la emendara, que áya aquella misma pena compartida \otra/ ves. Et así matex,93 al mayordomo de los clérigos sea tovido de enbiar [...]94 [78/XXXIv en blanco] [79/XXXIIr] Capítulo del que se llevare vianda d’enguna. De nuevo ordenamos que el día que la companya comerá, si alguno se llevará vianda, que peche V sueldos. Et si algún confradre rogare por él, que peche diez sueldos, y esto sin nenguna remisión. [80/XXXIIv en blanco]. [81/XXXIIIr] Capítulos de la ordenación de la cambra que se faze en el Spital de senyor Sant Julián et de senyor Sant Bartholomé. Ítem, primerament hordenamos que cada un confadre de aquesta sancta companya séannos tenidos a dar una fanega de trigo neto et limpio, de dar et de tomar. Et el confadre o confadres que non ternán trigo [82/XXXIIIv] que puedan dar et sían tenidos a dar un fiador, para que por él sía compartida una fanega de trigo. Et aquesto sía cullido et pagado fasta el día de Sant Bartholomé del mes de agosto primero vinient. Et si pasado el dito día alguno o alguos avrá que non áyan dado la dita fanega de trigo,95 aquellos puedan seyer [83/ XXXIVr] penyorados, o convenidos, o en qualquier otra forma una vegada, et muchas, fasta aver restituido la dita part pertenescient a él o a ellos; et sían tenidos pagar qualquier misiones que por la dita companya se farán. Pero si í primero darant de los doze, o la mayor parte d’aquellos, et si por los doze o la mayor part non querrán pagar, [84/XXXIVv] sían convenidos daván justicia, seguns es dicho de suso, etcétera. Capítulo de los que querrán entrar confradres en aquesta companya. Ítem segundo, ordenamos que de oy avant qualsequiere persona o personas que querrán entrar confradres en aquesta sancta companya, sían tenidos dar menos de la entrada una fanega de trigo [85/XXXVr] para comprar la dita fanega de trigo; et encara que dé la entrada, tenga tiempo a pagar seguns ordenación et costumbre antiga de la dita fanega de trigo, no áyan tiempo antes aquella luego: aun restituyan dentro de quinze días aprés de entrado justa obligatión et convenimiento que en el primero capítol [86/XXXVv] es mencionado. Et en otra forma, no pueda seyer acogido ni acogidos, etcétera. Capítulo tercero. Si algún confradre querrá part de la cambra. Ítem tercero, ordenamos que aprés fecha la cambra et acomplido todo el pan en uno, algunos confradres avrán menester entre anyo de dito pan que aquel o aquellos allí vieran meter en segund [87/XXXVIr] aquella persona que por el dito espital et companya terná el cargo del dito trigo et aprés por aquello que tomara, complido el tiempo, pueda no pagando deván de los docze, o la mayor part de aquellos seyer convenido o convenidos et por mandamiento puedan seyer penyorados et las penyoras rendidas a tercero día. Et si por los doc/ze [88/XXXVIv] o la mayor parte non querrán fazer la razón, que en tal caso puedan seyer convenidos devant96 del juez \o del oficial clérigo/ et levados a toda execución fasta seyer contento el dicho administrador. Et en tal caso, los ditos XII o la mayor parte non puedan dar tiempo nenguno nin áyan tal poder por tal que la dita canbra siempre aumente et non deminuyere, et [89/ XXXVIIr] áyan a responder por fanega, etcétera. Capítulo quarto: cómo deven esleír los administradores. Ítem quarto, ordenamos que los docze o la mayor part de aquellos puedan eleír97 un confradre o o dos que tengan cargo de la dicha adminstración del dicho trigo et dar buen conto et razón de aquel. Et aprés que por los dichos docze o la mayor part serán electo [90/XXXVIIv] o electos, el dicho administrador o administradores, aquestos sían tenidos meter en seguro al dicho spital et companya de la dicha acomanda del trigo et administración de aquel, et en aquella levar bien et lealment, et non parcial. Et si caso que el confadre o confadres o administradores el contrario fazían, en tal caso, por los dichos XII o la mayor parte, los [91/XXXVIIIr] pueda seyer dada en el dicho su anyo un conjunto con ellos que adminstre, etcétera. Capítulo V: de los que no querrán aceptar el oficio de la adminstración. Ítem quinto, ordenamos que aprés electo o electos el dicho adminstrador o adminstradores, que aquel día qu’ellos que tal oficio o adminstración no querrán en sí [92/XXXVIIIv] ac/ceptar, que aquel o aquellos, et cada uno de aquellos, encorra98 en pena de trenta sueldos, et que la dicha pena o penas sían para las necesidades del dicho espital, etcétera. Capítulo VI: si algunos confrades querrán desfazer la dicha cambra, cómo se án de regir. Ítem sexto, ordenamos que si en algún tiempo por [93/XXXIXr] algunos confadres u la mayor parte de la companya quisiesen dezir o dixiessen que la dicha canbra no querían, antes que se desbaraten, 99 aquello non se pueda fazer por nenguna manera ni maña, si ya por capítol general no seyendo todos colocados et nenguno no sea discrepante. Et si en el dicho capítol general la dicha cambra desfazía, que en tal caso [94/XXIXv] to/do el dicho pan, trigo o panes que en la dicha cambra avrá se vendan, et que los dineros que de aquel pan o panes saldrán non se puedan dividir ni partir por confadres ni por iguales partes; antes, sían puestos en rendas et sensales100 et aumentadores pora el dicho spital sobre propiedades foreras, franquas et quitas, etcétera. Capítulo VII: en cómo [95/XLr] el spitalero tenga cargo del conto de la canbra. Ítem séptimo, ordenamos qu’el dicho electo o administrador sía el spitalero que oy es, o por tiempo será. Et si án con ellos mayordomos, que le ayuden. Pero el dicho spitalero sía tenido a dar conto et razón del dicho trigo, et no otri,101 sinon tan solament quando le ayuden a plegar el pan [96/XLv] a la dicha canbra. Et visto el cargo que tenemos, que de oy avant se puedan í tornar a echar de los que han servido ya en los anyos pasados, etcétera. Et áyan de sabido, por el treballo que avrán para una yantar, quinze sueldos en cada uno anyo. Capítulo décimo:102 en cómo los docze sían tenidos de esleír spitalero. Ítem décimo, ordenamos [97/XLIr] que los docze que oy son, o por tiempo serán, sían tenidos a esleír spitalero que sía ombre útil et suficient pora la dicha administración et tomar seguro de aquel. Et si caso vinía que por el dicho electo por ellos, o la mayor parte d’ellos, aquel administrava mal et no dava conto ni razón de lo que recibrá posinventario con aquellos gravios seguns consta [98/XLIv] en el capítol tercero, que en aqueste tal caso todos los docze, et cada uno por sí, sían tenidos a los danios et menoscavos que por el dicho administrador en la dicha canbra o acomanda se fará. Ítem, ordenamos103 que el mayordomo que es, o por tiempo será, que lieve cada domingo el libro, por que ofrezcan los que querrán. Et si non se levara, que peche III sueldos, aplicados para necesidades del spital. [99/XLIIr] De esleír oficiales et del que no quiera aceptar. Ítem, stablescemos et ordenamos que cada et quando et toda hora que aquesta conpanya ordenara et mandara plegar capítulo, que el mayordomo faga monir104 a los confradres. Et el confradre que sía monido et no í deverná,105 que peche de pena XII dineros. Et como serán plegados, que puedan a su buen arbitrio esle/ír [100/XLIIv] los oficiales: primerament, XII regidores; espitalero; mayordomos; pelustre; cantores; demandadores; et qualesquiere otros oficiales necesarios a la dicha companya. Los quales durant su anyo sean tovidos106 bien et lealment, et con grand diligencia haverse en su oficio. Et aquel que por la companya será esleído et no lo querrá aceptar, que [101/XLIIIr] pague de pena XXX sueldos pora el hospital de la dicha companya,107 de la qual pena no le sea havida mercet ninguna. Et qualquiere que rogara por él, que page la dicha pena. De pena de los cantores. Ítem, ordenamos et stablescemos que los cantores que serán esleídos por la dicha companya, et si no viniere cada domingo a oficiar, que pague de pena quatro dineros, los dos dineros pora los cantores [1020/XLIIIv] et los otros dos dineros pora·l ospital; et estos a bien levar. Capítol de la procesión del día de Sancta Quiteria. Ítem, stablescemos et ordenamos que todos anyos, en cada un anyo, seamos tovidos et obligados el día de Sancta Quitheria, del mes de mayo, de fazer huna procesión primerament a Sancto Domingo, que es camino de Valencia, et de allí a Sancta María de Castialvo, et de allí a Sancta María de Villespén, que \es/ en la vega de la dicha ciudat; [103/XLIVr] et que vayamos todos confrades en toda la dicha procesión. Et el confrade que no í deverná, que pague de pena dos sueldos et seis dineros jaqueses, de la qual sean los VI dineros pora los mayordomos de la conpanya et los dos sueldos pora·l hospital. De la qual dicha pena no sea havida merced ninguna, et ningún confrade non sea gosado108 de rogar por él; et el que rogara por él, que pague la dicha pena sin [104/XLIVv] remedio alguno. Capítol del conto que deven dar los mayordomos. Ítem, otrosí ordenamos et establescemos que los mayordomos que oy día son, o por tiempo serán, sean tenidos dar conto de su administración desde el día del sitio, contando así: que el anyo que comerán al día et fiesta de senyor Sant Bartolomé del mes de agosto, sea tenido a dar conto fasta XV días del mes de septiembre aprés siguient. [105/XLVr] Ítem,109 asimismo el anyo110 que comerán el día et fiesta de senyor Sant Julián sean tenidos dar conto et razón fasta por todo el dicho mes de genero et ocho días del mes de febrero aprés siguient. Et de allí avant, el mayordomo o hospitalero viejo encorra en pena por cada un día que será requerido de dar el dicho conto et aquel no dará, et restituirá a los mayordomos et hospitalero nuevos, es a saber, de diez sueldos. Et asín mismo, si los dichos mayordomos vie/jos [106/XLVv] et hospitalero requieran a los dichos mayordomos et hospitalero nuevos que tomen el conto, et si aquel no querrán tomar, por cada día que el contrario farán, los dichos mayordomos et hospitalero encorran en la dicha pena. Et que en aquestas dichas penas, qualquiere que rogara por ninguno d’ellos corra en pena de dos sueldos, et así aquesto a los doze o a qualquiere d’ellos como a qualquiere otro confradre d’esa conpanya. Et aquesto porqu’es hun [107/XLVIr] gran danyo et perdimiento et diminución del dicho hospital et companya. Et asimismo, los contadores, o alguno d’ellos, en aquel día que el conto se dará distinrán o distinrá, que encorran o encorra en la dicha pena de dos sueldos. Et qualquiere que rogare por ninguno d’ellos, que encorra en la dicha pena como de suso dicho es; et sean las dichas penas pora·l hospital, etcétera. Et asimismo, dins la sobre dicha hordenación et penas se entiende a [108/XLVIv] qualsequiere otro confradre o confradesa que tenga de administración \de la companya et hospital/.111. Capítulo cómo se deven meter en seguro lo de la companya. Ítem, otrosí establecemos et ordenamos que, aprés dado el conto por los mayordomos et hospitaleros viejos, et serán cargadas las restas, si avrá a los mayordomos et hospitalero nuevos que de allí avant los XII electos de la companya no puedan dar nengunt conto; et si lo dan, que aquel no sea valedero, por tal que es grand danyo del dicho hospital. Et si aquestos por sí darán conto, que aquel [109/XLVIIr] sea nulo; antes sía a cargo de los dichos mayordomo e el hospitalero que atales rentas o recargas ternán cargadas. Et que los mayordomos et hospitalero, aprés que le serán cargadas las dichas recargas, aquellos sean tenidos de meterse en seguro de los dichos tenidos e recargas. Et si no lo fazen aquellos, de allí avant tengan a cargo suyo e áyan a dar fin e paga dentro de un mes jus la pena sobredicha. [110/XLVIIv]112. Capítol de cómo los seis son tenidos el día de la misa conventual a cobrar los medios esqueros. Ítem, que los seis son tenidos, mayordomo e ospitalero, sean tenidos de ir el día de la misa conventual, luego enpués de misa, a coger los medios esqueros y esqueros113 de los que no havrán, y de confrades y de las cofradiesas. Si aquel día no podrán, vayan otro día que ellos querrán; y esto dentro de ocho días. Si no fueren, que queden solos los esqueros y medios esqueros a cargo de los seis, y hospitalero y el mayordomo se les juren, con el casero de la casa, dentro de fuero de ocho días. Ordenación. A XXV del mes de agosto, anyo mil quinientos veinte y quatro, teniendo capítol general el día de la misa conventual, fue concordado por todos, e todos concordes y nenguno discrepante, que cada un cofadre pueda servir y sea tenido de servir dos oficios de canbrero y spitalero, o mayordomo y spitalero. Y que del un [111/XLVIIIr] oficio al otro haya de vaquar tres anyos; y si pasados los tres anyos no lo querrá seyer, que pague de pena treinta sueldos. Y que nengún oficio de las cequias, hobrero ni regatero no lo pueda escusar, sino que sea spitalero, canbrero o mayordomo de otras companyas, que lo tal lo tenga por scusado. Testigos fueron presentes el venerable mosén Johan, maestro, y Francisco Pérez, labrador, judgada, etc. Ordenación. A ocho días del mes de jenero, anyo mil quinientos veinte y nueve, plegado en principal de los confadres de la companya, enpués de la misa conventual, ordenaron que qualquiere que havrá seído mayordomo, spitalero o canbrero, y después verná por derecho que sabrá cualquiere otro oficio y no aceptara el dicho oficio, que encurra en pena de diez sueldos, y no más. Y si no havrá servido nengún oficio, que tenga de pena treinta sueldos, como antiguamente se acostumbrava de pagar. Mosén Johan, maestro espitalario, y Francisco Pérez. [112/XLVIIIv] Ordenación. A XII de jenero del anyo mil quinientos cinqüenta y uno, teniendo capítol general en el día del senyor Sant Julián, fue concordado e mandado $[ \ldots ] ^ { 1 1 4 }$ [113/XLIXr] ... –la en la casa y no en la ciudat, so pena de cinquo sueldos. Ordinación. A X de enero del anyo MDLVII, establecieron todos los confradres conformes que el día de Sant Vicente en cada un anyo los oficiales que son $^ { - 0 }$ por tiempo serán– y tuvieren administración […] companya áya de dar y den licencia con pago del spitalero; y el cambrero áya de dar de todas las obligaciones y censos í venidas, so pena de perder el salario que por esto facen dar. Y ansí mesmo, nos lo pueda donar de su administración e sea sacado de su oficio; e si lo haze, sea de ninguna cor… [114/XLIXv]. A veinte y ocho días del mes de agosto del año contado del nascimiento de nuestro señor Jesús Christo de mil quinientos setenta y quatro, en capítulo general todos los confadres conformes, ordenaron que de oy adelante haya de haver en el granero dos llaves: la una haya de tener uno de los seis en capítulo y la otra el cambrero. Y el dicho seis tenga dicha llave hasta el día de Santas Cruces de mayo, y dicho día dé y restituya la dicha su llave a el dicho cambrero asta el día que dure la casa del spitalero o cambrero. Y así sea de aquí en adelante, lo qual se ordenó por voluntad de muchos de los confrades, que se podía consejar por que sea visto que el día de Santa Quiteria se ordena e faga conto para lo que conbiene a la compañía [...]115 [115/Lr] [...]116 Rodrigo Galán. Quesada. Per Antón. Gallego. 114 El resto del folio, unas 12 líneas, está ilegible debido a que el pergamino ha corroído la tinta hasta hacerla lábil y borrosa. He solicitado permiso para realizar una reproducción hiperespectral de todos estos folios finales del manuscrito, con el objetivo de poder acercarnos en el futuro lo máximo posible a su contenido. 115 Las dos últimas líneas de este folio son, otra vez, ilegibles. 116 Figura aquí, en el recto del folio de guarda final, una lista de nombres, de la cual reproduzco los que puedo leer en la actualidad (todos menos el que figura en la primera línea), a la espera de nuevo de aplicar técnicas de imagen hiperespectral al manuscrito. Óscar Perea Rodríguez. Ángel de Villasar. Johan Martínez de Arosa. Morador. Galçerán Pérez. El fillo de Miguel de la Vega. Pedro Sancho. El fillo del Vayo. 4. Referencias bibliográficas. Al arcos, Emilio (1968), Fonología española. Madrid, Gredos. Al var, Manuel (1987-2002) Estudios sobre el dialecto aragonés. Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», I (1987), II (1998) y III (2002). Al var, Manuel y Bernard Pottie r (1987), Morfología histórica del español. 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19,496
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
"Super facto creditorum Camerae in Aragonia". Las consecuencias del endeudamiento censal de Benedicito XIII a lo largo del siglo XV
SUPER FACTO CREDITORUM CAMERAE IN ARAGONIA LAS CONSECUENCIAS DEL ENDEUDAMIENTO CENSAL DE BENEDICTO XIII A LO LARGO DEL SIGLO XV. SUP ER FACTO CR EDITORU M CA MERA E IN ARAGONIA . THE CONSEQUENCES OF THE INDEBTEDNESS OF BENEDICT XIII IN THE COURSE OF THE 15TH CENTURY. Jordi Morell ó Bage t Institución Milà i Fontanals, CSIC (Barcelona) Resumen: Como continuación de un anterior trabajo en el que se abordó el origen de la deuda censal de Benedicto XIII, el autor realiza ahora un seguimiento del problema planteado en torno a los llamados censales de la Cámara Apostólica a lo largo del siglo xv. Tal seguimiento concierne a las dificultades para pagar las pensiones y a los pactos suscritos con los representantes de los acreedores con vistas a utilizar el producto de diferentes subsidios autorizados por el papado al pago de los atrasos y a la amortización integral de esas rentas. Así, un problema afectando en primera instancia a una serie de beneficios eclesiásticos acabó repercutiendo fiscalmente sobre todo el clero de la Corona de Aragón. A lo largo del proceso vemos intervenir a varios actores, tanto eclesiásticos como laicos, que tuvieron a su cargo diferentes cometidos de gestión. Palabras clave: Corona de Aragón, Benedicto XIII, censalistas de la Cámara Apostólica, subsidios, beneficios eclesiásticos. Abstract: As a continuation of a previous work that addressed the origin of the indebtedness via «censal» of Benedict XIII, this time the author tracks the problem posed by the so-called «censales of the Apostolic Camera» throughout the $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. This concerns the difficulties in paying the annuities and the agreements signed with the representatives of the creditors so as to use various subsidies authorized by the papacy to pay the arrears, also in order to achieve the full amortization of those rents. Thus, a problem in the first instance affecting a number of ecclesiastical benefices ended up having an impact on all the clergy of the Crown of Aragon. We find several actors, both lay and ecclesiastical, involved throughout the proccess developing different management tasks. Key words: Crown of Aragon, Benedict XIII, Apostolic Chamber creditors, subsidies, ecclesiastical benefices. 1. Preámbulo1. El problema suscitado en torno a los llamados censalistas de la Cámara Apostólica es un tema sobre el que hasta ahora casi nadie había prestado atención.2 De hecho, uno de los principales referentes historiográficos de la época que aquí nos interesa, como es el libro de Küchler, no contiene ninguna alusión al respecto, y ello pese a llevar a cabo una reconstrucción de la cronología de los subsidios eclesiásticos durante el extenso reinado de Alfonso V o de haber abordado la cuestión de la apropiación de las rentas de la Cámara Apostólica.3 Pese a todo, no es un tema que hubiera pasado del todo desapercibido. Rius Serra, en su recopilación de datos sobre personajes vinculados con la corte del primer papa Borja, dejaba constancia, al menos, de que el problema venía de la época de Benedicto XIII.4 Baucells, en su artículo dedicado al subsidio eclesiástico de 1451, hacía alusión a otra exacción impuesta por Nicolás V un año antes para hacer frente a la deuda contraída por ese papa. Por su parte, Navarro Sorní, en la serie de trabajos por él realizados en torno a las relaciones entre Calixto III y Alfonso V da alguna referencia puntual, por ejemplo, cuando alude a la misma contribución, cuyo objetivo, según ese autor, fue redimir los beneficios arrendados a prestamistas por la Cámara Apostólica en tiempos de Benedicto XIII.5 Y como pusiera de manifiesto Madurell, tal cuestión fue aflorando en las sucesivas reuniones celebradas por el clero de la provincia Tarraconense durante el periodo comprendido entre 1455 y 1469. A excepción del último trabajo mencionado, esas referencias solían ser demasiado breves para poder hacerse una idea cabal de cuál fue el problema planteado en torno a la deuda censal de Benedicto XIII, de ahí que me propusiera comenzar una línea de investigación encaminada a sacar a la luz todo lo que el tema pudiera dar de sí. De entrada, era primordial abordarlo en su origen —en la misma época de Benedicto XIII—, como así hice en un artículo aparecido hace ya algunos años,6 pero una vez hecho esto quedaba por ver toda la historia posterior. Así pues, en este momento me propongo retomar el tema de los censales de la Cámara Apostólica para ver cuál fue su evolución a lo largo del siglo xv, qué implicaciones tuvo para el clero de la Corona de Aragón, cómo se intentó solucionar y hasta cuándo perduró en el tiempo. En suma, el trabajo que presento enlaza con la primera parte ya publicada, que necesariamente, y para mejor comprensión de lo que se va explicar aquí, será necesario resumir previamente. A mi modo de ver, el tema objeto aquí de estudio presenta tres facetas distintas. En primer lugar, se trata de una cuestión crediticia por cuanto tiene su punto de partida en una operación orquestada en tiempos del papa Benedicto XIII que desembocó en una masiva emisión de deuda en el marco de la colectoría de Aragón, esto es, mediante la venta de una serie de «censals morts» con vistas a obtener prontamente un capital con el que poder afrontar el elevado gasto que dicho pontífice necesitaba para defender su causa en la época del Cisma. Como es sabido, esta forma de crédito conllevaba el pago de una pensión anual mientras no se efectuase la devolución íntegra de la suma prestada, momento en el que se cancelaría el contrato y demás obligaciones anexas; y dado que no había fijado un determinado plazo para tal devolución, el tiempo de vigencia de esas rentas podía alargarse durante años, a veces incluso durante más de un siglo, mientras la titularidad de la renta en cuestión iba cambiando de manos. En segundo lugar, se trata de una cuestión beneficial, ya que los censales a la sazón emitidos estuvieron garantizados sobre todos los derechos y rentas que la Cámara Apostólica (a saber, el organismo gestor de las finanzas papales)7 percibía en la Corona de Aragón —stricto sensu, la ya citada colectoría— y, más en particular, sobre una serie de beneficios que eran detentados por dicho pontífice aragonés como titular de los mismos. En tercer lugar, también es un tema que concierne a la fiscalidad, dado que acabó repercutiendo sobre todo el clero de la Corona de Aragón cuando éste se vio obligado, a mediados del siglo xv, a hacer frente a una serie de contribuciones encaminadas a conseguir la total extinción de esa deuda censal. En toda esta problemática encontramos implicados, pues, diferentes actores. En primer lugar el papado, comenzando por el propio Benedicto XIII, que fue el inductor del endeudamiento, y siguiendo por otros pontífices del Cuatrocientos, sobre todo Nicolás V (1447-1455) y Calixto III (1455-1458), que tomaron una serie de disposiciones para intentar zanjar el problema. No en balde, era una cuestión que también era de la incumbencia del papado, como el primer papa Borja se avino a reconocer: «Nos qui prefatum debitum necnon Camere Apostolice et cleri pertinet».8. En segundo lugar, también los monarcas de Aragón se ocuparon del tema, sobre todo durante la época en la que pasó a funcionar una Cámara Apostólica Real como resultado de la apropiación llevada a cabo por Fernando I a raíz de la sustracción de obediencia a Benedicto XIII en 1416, situación que fue mantenida por su hijo Alfonso el Magnánimo hasta 1429. Como veremos, esa situación supuso un inconveniente para la percepción regular de los censales de la Cámara Apostólica. En tercer lugar, la denominación «acreedores de la Cámara Apostólica» aludía inicialmente a aquellas personas que invirtieron en la compra de las rentas emitidas en tiempos de Benedicto XIII y a las que más tarde fueron adquiriendo la propiedad de esos títulos de deuda, ya fuera por herencia, compra o por otras vías. Y finalmente, tenemos como actor al clero de la Corona de Aragón, que tuvo que asumir el coste de la extinción de esa deuda censal en su faceta de contribuyente de diferentes subsidios impuestos por tal motivo. A todos ellos los vemos actuar a través de sus respectivos representantes: desde los nuncios u otros comisarios apostólicos destinados a la Corona de Aragón, pasando por algunos funcionarios de la Administración Real, los procuradores de los acreedores y los síndicos del clero —escogidos en las asambleas eclesiásticas—, hasta los recaudadores de la colectoría de Aragón, e incluso los arrendatarios y administradores de aquellos beneficios que habían quedado asignados al pago de las pensiones. Cronológicamente, el tema estuvo latente durante largo tiempo, pues se fue prolongando más allá de la guerra civil catalana, y a nivel documental aún puede rastrearse a lo largo de la primera mitad del siglo xvi. Para saber cuál fue la evolución ulterior del problema planteado por los censales de Benedicto XIII, ha sido necesario revisar, en primera instancia, distintas fuentes publicadas —como algunas vaticanas— a la vez que me he ido nutriendo de información totalmente inédita tomada de diferentes archivos, no solo eclesiásticos. Así, por ejemplo, el Archivo Histórico de Protocolos de Barcelona tiene inventariados varios libros de negocios referidos de forma exclusiva al tema que nos ocupa, todos ellos pertenecientes al mismo notario, Bartomeu del Bosc, que también se ocupó de la redacción del libro de actas conciliares utilizado por Madurell en el trabajo ya aludido. Para llevar a cabo mi investigación, ha sido necesario vaciar gran parte de la documentación notarial aludida, además de poder hacer acopio de mucha otra información dispersa en tanto que localizada en distintos fondos archivísticos. 2. Al comienzo de todo: el endeudamiento censal de Benedicto XIII. Como ya se ha indicado, el máximo responsable de la génesis de esa deuda fue el papa Benedicto XIII (1394-1423). De entrada, no debería sorprender que fuera, precisamente, un papa aragonés (natural de la provincia eclesiástica de Zaragoza, como alguna vez se indica) quién optó por recurrir a esta fuente de financiación, pues se trata de una modalidad de crédito ya por aquel entonces muy extendida en la Corona de Aragón (en Cataluña, como en Mallorca y Valencia, algo menos en Aragón), y convertida en la principal forma de endeudamiento de los municipios y otros organismos públicos como las Diputaciones del General.9. Y es que tampoco la Iglesia, a pesar de sus reticencias iniciales, pudo quedar al margen de la expansión del censal, ya fuera como beneficiaria y perceptora de pensiones, ya fuera, otras veces, endeudándose a través de esa vía para subvenir a sus necesidades más perentorias. La legitimización del censal por parte del papado (en particular, la bula de Martín V de $1 4 2 6 ) ^ { 1 0 }$ sirvió para confirmar lo que era ya una realidad en el ámbito eclesiástico. Sin duda, el endeudamiento censal del papa Benedicto XIII habría podido contribuir, en buena medida, a esa posterior legitimización, como punto de partida a partir del cual otras instituciones religiosas (por ej., cabildos catedralicios) pudieron recurrir al mismo expediente para satisfacer algunos subsidios u otras obligaciones pecuniarias. Situémonos, de todas formas, en la época de ese papa. A principios del siglo xv, en plena lucha por conseguir el reconocimiento internacional de su designación como único papa legítimo, las arcas del pontífice aviñonés se encontraban completamente exhaustas; así lo reconocía el propio Benedicto en noviembre de 1405 a propósito de una orden dada a su tesorero para tomar a crédito importantes sumas de dinero. La situación financiera fue de mal en peor a raíz de la desafección de Francia y el hecho de tan solo poder contar con el apoyo de la monarquía aragonesa y del clero súbdito de ésta. La defensa de la legitimidad de este papa exigía un nivel de gasto muy elevado para seguir moviendo todos los hilos de la diplomacia, incluido el mantenimiento de una fuerza militar para protegerse de sus enemigos. Ante esa situación de extrema necesidad, Benedicto XIII facultó a su tesorero, Francesc Climent Sapera, para poder contraer un importante crédito (200.000 fl.) de cualquier persona, fuera seglar o eclesiástica, pudiendo hipotecar, para ello, los bienes del papa y de la Iglesia, más en concreto, pudiendo vender o tomar en prenda todas las joyas u otros objetos de valor que pertenecían al papa y a la Cámara. Al mismo tiempo, nombró a diversos comisarios con el encargo de proceder a la emisión de deuda censal en todo el ámbito de la Corona de Aragón. Así pues, la contratación de crédito censal no la hizo el papa en persona, sino sus comisarios actuando en nombre de la Cámara Apostólica. Los principios básicos de la emisión de esas rentas se encuentran expuestas en una constitución papal publicada el 1 de agosto de 1407, en la que, entre otras cosas, se aumentaba la suma inicial a 250.000 fl.a. De esta manera, Benedicto XIII pasó a ser el primer pontífice $- \mathtt { y }$ probablemente el único— en hacer uso de esa modalidad de crédito. Como he dicho, la operación de venta de censales fue llevada a cabo por distintos comisarios nombrados por dicho pontífice.11 De todas las cláusulas recogidas en los correspondientes contratos podemos resaltar las siguientes: a) Se trataba de ventas de carácter perpetuo (el propio Benedicto XIII ya advirtió del hecho de que seguirían en vigor incluso después de su muerte) y como era de rigor, se acompañaban de una carta de gracia, por la cual se procedería a la cancelación del contrato cuando el prestatario devolviese a la otra parte el capital recibido en préstamo. b) Los comisarios encargados de contratar los censales renunciaban a todo privilegio papal y clerical (esto es, a cualquier derecho que pudiera esgrimir el papado o la Cámara Apostólica) y se sometían, para cualquier cuestión que pudiera surgir entre las dos partes implicadas, al fuero civil, en concreto, al de la curia del veguer de Barcelona mediante la correspondiente escriptura de terç que sería registrada en el libro de «la cort del veguer». Además, cada transacción se acompañó de una advertencia de excomunión —o sentencia de veto— dictada por la autoridad eclesiástica competente en cada diócesis, a saber, los oficiales episcopales. c) Y como garantía del pago de las pensiones, se ofrecían, en primera instancia, las rentas que dicho pontífice percibía sobre una serie de beneficios de los que aún seguía siendo titular, esto es, de beneficios que el cardenal Pedro de Luna se había retenido cuando fue proclamado papa; y, en segunda instancia, todas las rentas que pudiera percibir la Cámara Apostólica en el ámbito de la Corona de Aragón, incluyendo en ello cualquier tipo de prestación que pudiera ser reclamada al clero de las diócesis existentes en ese ámbito.12 A partir de entonces, se acostumbró a establecer una distinción entre una obligación especial —sobre los beneficios del papa— y otra general, que podía extenderse a todos los derechos y rentas que la Cámara Apostólica percibía en los territorios del monarca aragonés que habían sido proaviñoneses, lo que dejaba abierta una vía que acabaría materializándose en una serie de subsidios. En mi primer trabajo sobre la cuestión había documentado cerca de un centenar de censales vendidos, los cuales habrían podido reportar la mitad, más o menos, de la cuantía que se pretendía conseguir $( = 2 5 0 . 0 0 0$ fl.a.). La mayoría de estas emisiones fueron realizadas a un tipo de interés del $7 , 1 4 \%$ . El total de las pensiones que tendrían que ser satisfechas a partir de entonces se puede situar entre 83-86.000 sueldos. Sin duda, se trataba de una importante carga para los beneficios directamente consignados a pagar esas pensiones, y en cierto modo también para la Cámara Apostólica como institución avaladora de ese endeudamiento; ya en 1410 se tenía conciencia de la carga que todo ello suponía al reconocer «que Camera ad diversa censualia mortua ac multa expensarum onera obligata penitus est exhausta».13. La gran mayoría de las personas que tuvieron parte en este «negocio» eran de Barcelona, y ello seguiría siendo así a pesar de la progresiva dispersión de esas rentas a manos de otros propietarios titulares, en función, pues, de la dinámica del mercado secundario. Entre los principales inversores de esos censales había varios mercaderes; al respecto, destaca Bertran Nicolau con una pensión de 250 lb.14 También había nueve juristas y dieciséis miembros de la nobleza de bajo rango (caballeros y donceles), algunos de ellos identificados también como funcionarios regios. De hecho, aunque fueran los mercaderes los que acaparaban un mayor número de rentas, quienes habrían invertido más capital en esos censales eran, precisamente, esos pequeños nobles. Entre los primeros perceptores de esas pensiones de censal, también había clérigos (canónigos y presbíteros) y algunas instituciones eclesiásticas, sobre todo conventos femeninos. No en balde, se había dejado abierta la posibilidad para que también los eclesiásticos pudieran invertir en la compra de esas rentas; la mayoría de ellos lo habría hecho, además, a título privado. Parece que con ello se ponía fin a cualquier restricción que hubiera existido hasta entonces en el sentido de impedir la concurrencia en este tipo de negocio crediticio de las personas eclesiásticas, esto es, como compradores y ya no como meros beneficiarios de traspasos realizados a su favor por anteriores titulares laicos. Super facto creditorum camerae in Aragonia. Las consecuencias del endeudamiento censal… 2.1. Beneficios hipotecados. Después de las ventas realizadas, y en base a las garantías estipuladas en cada contrato, se procedió a la toma de posesión, por parte de los acreedores de la Cámara Apostólica, de los distintos beneficios consignados al pago de las correspondientes pensiones. A quiénes a partir de entonces fuesen arrendatarios o administradores de esos beneficios se les advertía para que respondieran a los representantes de los acreedores de la Cámara Apostólica de todas las rentas que debían al titular del beneficio, al tiempo que se notificaba a los distintos enfiteutas para que pagaran sus censos de acuerdo con esas nuevas circunstancias. Ya desde un principio, se procedió a una redistribución de las pensiones de censales entre los diferentes beneficios consignados, en función de la valoración de sus rentas. De esta manera, los beneficios mayores habrían pasado a tener un mayor número de pensiones asignadas. Al respecto, tenemos documentado, aunque solo para un cierto número de pensiones, qué beneficios tenían asignados. Cuadro 1. Pensiones consignadas a cada beneficio, 1418. (Recapitulación del cuadro 1 del Apéndice) <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Beneficio</td><td rowspan=1 colspan=1>n.de pensionesadscritas</td><td rowspan=1 colspan=1>Cuantias alcanzadas</td><td rowspan=1 colspan=1>Valoracion fiscalde cada beneficio</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Camareriade Zaragoza</td><td rowspan=1 colspan=1>32</td><td rowspan=1 colspan=1>1.597 lb.1 s.2 d.b.</td><td rowspan=1 colspan=1>468 1b.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pabordias (abril/mayo) deValencia</td><td rowspan=1 colspan=1>18</td><td rowspan=1 colspan=1>827 1b.8 s.10 d.b.</td><td rowspan=1 colspan=1>451 1b.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sacristia de Tortosa</td><td rowspan=1 colspan=1>6</td><td rowspan=1 colspan=1>276 lb.7 s.6 d.b.</td><td rowspan=1 colspan=1>200 1b.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Enfermeria de Segorbe</td><td rowspan=1 colspan=1>2</td><td rowspan=1 colspan=1>90 1b.b.</td><td rowspan=1 colspan=1>48 1b.</td></tr></table>. La valoración fiscal de esos beneficios —de acuerdo con los registros decimales de la época— asciende a 1.167 libras,15 frente a las sumas adscritas al pago de las pensiones, que dan un total de poco más de 2.812 libras. Como se ve, la valoración fiscal solo cubre un $4 1 { , } 5 \%$ de la cantidad que debía ser satisfecha cada año en el pago de esas pensiones, y desde este punto de vista no parece tener correspondencia con el valor beneficial real que, sin duda, sería mayor y más acorde con las cantidades que quedaron consignadas a cada beneficio.16 Ahora bien, si las rentas de esos beneficios iban destinadas en buena medida al pago de las pensiones, además de tener que cubrir los gastos corrientes de administración, ¿quién habría estado dispuesto, a partir de entonces, a entrar en posesión de alguno de estos beneficios de los que apenas podría esperar obtener ningún rédito para sí mismo? Esta circunstancia explicaría por qué algunos de estos beneficios, sino todos, pasaron a ser administrados en régimen de encomienda, esto es, a través de eclesiásticos comendatarios.17. Más allá de las cuestiones que afectaban directamente a esos beneficios, el endeudamiento censal de Benedicto XIII también tuvo repercusiones sobre el propio clero de la Corona de Aragón, a partir de cuando éste fue obligado a contribuir en la amortización de esa deuda censal. Ya el propio Benedicto XIII pensó utilizar con ese fin una décima que había concedido a Martín $\boldsymbol { \mathrm { I } } - \boldsymbol { \mathrm { y } }$ que éste no pudo acabar de disfrutar al sobrevenirle la muerte— mediante una prórroga de siete años más. Con todo, las circunstancias de entonces dieron al traste con ese plan, y la décima en cuestión tuvo que ser revocada, por lo que no se habría conseguido gran cosa de cara a la amortización de esa deuda.18. Por otra parte, las obligaciones creadas por el endeudamiento censal de Benedicto XIII no se vieron afectadas por la retirada de la obediencia. Así, mientras otras actuaciones llevadas a cabo por este pontífice, en especial por lo que respecta a la colación de beneficios, fueron anuladas tras su defenestración,19 no ocurrió lo mismo con la deuda que había sido contraída vía censal. En efecto, como ya se ha indicado antes, puesto que la cuestión concernía al fuero civil, las pensiones debían seguir siendo satisfechas a quié- nes siguieran siendo sus legítimos titulares. No obstante, y como veremos a continuación, la prolongación del Cisma en la Corona de Aragón resultó ser un inconveniente para que los diferentes acreedores concernidos en este asunto —en torno a setenta— pudieran cobrar sus rentas con normalidad. 3. Las dificultades hasta la concordia de 1456. A partir de la sustracción de obediencia de Fernando I al papa Benedicto XIII (1416), y de la consiguiente confiscación de los derechos de la Cámara Apostólica, mantenida durante los primeros años del reinado de Alfonso el Magnánimo, los perceptores de censales asignados sobre los beneficios que ya conocemos se quedaron sin poder percibir sus pensiones.20 En efecto, durante este periodo ciertamente anómalo, que había de durar hasta 1429, los derechos y rentas de la colectoría de Aragón fueron empleados por el fisco real para fines propios, ya fuera directamente o más bien como garantía de nuevas deudas contraídas por dicho fisco, en los gastos que la monarquía estaba sosteniendo a favor de la unidad de la Iglesia y siguiendo por las negociaciones mantenidas a lo largo de estos años en torno a la restitución de la obediencia al nuevo sucesor romano de San Pedro (Martín V), mientras se mantenía al papa Luna recluido en Peñíscola.21. Ya en 1416, Alfonso el Magnánimo emitió disposiciones a favor de los acreedores.22 A fines del mismo año, el rey volvía a dirigirse a los colectores de la Cámara Apostólica intervenida para que prestaran el juramento que los acreedores les pedían —según la forma de los contratos— como garantía para poder cobrar sus pensiones atrasadas junto con ciertos gastos ocasionados.23 En la práctica no se debieron pagar, razón por la cual los acreedores recurrieron al legado apostólico Alamán Adimaro para que intercediera a su favor. $^ { 2 4 } \mathrm { E n } 1 4 1 8$ el monarca volvía a tomar cartas en el asunto dando órdenes expresas a quienes pagaban rentas a cuenta de algunos de los beneficios asignados para que respondieran de todo ello al procurador designado por los acreedores de la Cámara Apostólica.25 Y como tal procurador se cita a Climent del Vall, el primero que tenemos documentado en representación de ese colectivo. El hecho, por otra parte, que muchos de esos acreedores fueran barceloneses, está en buena lógica con el intento de mediación realizada por el municipio de la ciudad condal en las cortes que a la sazón se estaban celebrando en Sant Cugat del Vallés.26 El propio monarca optó por trasladar la cuestión, a través de sus embajadores, a la corte romana, a la espera de un pronunciamiento papal.27 Al principio de la carta se nos recuerda brevemente cuál era el origen del problema: ...quod ad annis pluribus olim dominus Benedictus, pro supplendo sumptibus et expensis quos et quas eum subire opportebat necessario pro direccione et prosecucione negotiorum unionis ecclesie sacrosancte, ut promptius et festinancius peccunias haberet, nonnullis nostris subditis omnes et singulos redditus, proventus et jura Camera Apostolice obediencie sue generaliter et nonnulla beneficia per viam censualium mortuorum cum certo annuo onere pensionis specialiter obligavit, ypothecavit et intra manus creditorum eorumdem posuit et inmisit, prout in publicis documentis hinc inde confectis hec et alia plenius continentur. Con todo, fue la reina María quién, haciéndose eco de la problemática planteada por los acreedores de la Cámara Apostólica, dio curso a una orden dirigida a todos los colectores para que cumplieran con el pago de las pensiones debidas cuando así fueran requeridos por miembros de dicho colectivo. Esos pagos debían ser hechos «de emolumentis dicte Camere», esto es, de todos los ingresos que percibía la colectoría de Aragón.28 Lo cierto es que seguimos registrando quejas a lo largo de todo el periodo, aunque parece que en 1425 se llegó a algún tipo de acuerdo —en alusión a la firma de cierto contrato—, por el cual se facultó a Pere Pujades, canónigo de Barcelona, a pagar todas las deudas pendientes a partir de las rentas que iría percibiendo de los subcolectores que él mismo podría designar al frente de cada diócesis.29 Por el momento, a falta de poder profundizar en otros aspectos de la documentación conservada, no voy a detenerme a analizar cómo se llevó a cabo esa gestión.30. Tras el concilio de Tortosa de 1429 y de la consiguiente restitución de la Cámara Apostólica al papa romano, los acreedores seguían persistiendo en sus reclamaciones. Así, según se declara en 1430,31 éstos estaban dispuestos a recurrir a la corte del veguer para recuperar las muchas cantidades que se les debían. Para evitar que esto sucediera, los oficiales del rey recibieron orden de ejecutar los bienes de la Cámara Apostólica a cuenta de las sumas debidas, toda vez que se daba aviso a los arrendatarios de los beneficios afectados para que respondieran de sus arrendamientos a las demandas formuladas por los acreedores. Asimismo, se dio orden a los respectivos maestres racionales de Valencia y Aragón —donde estaba al frente del cargo Pedro de la Cavallería— de inspeccionar las cuentas concernientes a las pabordías de Valencia, la sacristía de Tortosa y la camarería de Zaragoza, para el periodo comprendido entre 1415 y 1418; y, una vez hecho esto, deberían entregar esas cuentas al procurador de los acreedores.32 Todo ello estaba encaminado a facilitar el retorno a la normalidad y para asegurar a los acreedores la percepción de sus pensiones. Así pues, la deuda contraída por Benedicto XIII, pese a la defenestración de este papa y a los problemas planteados en la época de la apropiación regia de las rentas de la Cámara Apostólica, continuaba estando plenamente vigente. Nada ni nadie podía arrebatar un derecho que una serie de particulares habían adquirido legalmente en base a las condiciones estipuladas en los correspondientes contratos de sus censales. Sea como fuere, es a lo largo de estos años cuando vemos actuar a diferentes representantes de los acreedores. Ya he hecho alusión a Climent del Vall, que tenemos documentado a partir de 1418. De él tan solo sabemos que era ciudadano de Barcelona y, en principio, no figura en la nómina de censalistas de esos años. Esta persona tenía por misión ocuparse de la administración de las rentas de los beneficios consignados: «pro habendo et apprehendo ad manus ipsorum creditorum census, redditus, decimas [diezmos]» y otros derechos especialmente obligados, y también intervenir en los arrendamientos que fueran realizados sobre esas rentas.33. En 1430, junto al propio Climent del Vall, aparece actuando otro procurador, el doncel Antic Almugàver, que luego fue sustituido por el ciudadano barcelonés Joan Llull.34 De ese año, justamente, tenemos disponible una lista parcial de los acreedores en la que están incluidos estos dos.35 A partir de entonces, parece que dicho colectivo estuvo representado por miembros pertenecientes a dos sectores distintos —el ciudadano y el militar—, lo cual no implicaría dejar al margen a los eclesiásticos que también formaban parte del mismo colectivo. A pesar de las medidas instadas por la monarquía en 1430, los atrasos en el pago de las pensiones debieron de persistir bastantes años más, de manera que no había otra solución que establecer algún tipo de acuerdo. Fue el papa Nicolás V quién tomó cartas en el asunto, mandando como nuncio a un hombre de su máxima confianza, el cartujano Joan de Nea (o Enea),36 con amplios poderes para tratar con los censalistas lo que fuera más conveniente para la Cámara Apostólica. Dicho nuncio, de conformidad con el clero de las dos provincias eclesiásticas, habría tenido un papel fundamental en el establecimiento de la concordia suscrita en Barcelona el 23 de marzo de 1450, que meses más tarde se avino a ratificar el mismo pontífice romano, considerando que era de utilidad.37. Como no hemos podido localizar esa concordia, todo lo que sabemos de ella es a partir de referencias indirectas. Su principal cometido era ocuparse de liquidar los denominados «darreratges» o «pensions cessades». Previamente, se calculó el volumen de toda la deuda, tanto de las pensiones como de otros gastos ocasionados, por un total de 27.362 lb. 11 s. 1 d. A partir de ahí, se llegó a una composición por la que la parte deudora se comprometía a librar 12.000 libras en el plazo de dos años. Ahora bien, dado que los beneficios consignados no alcanzaban a pagar tal cantidad (de hecho, solo rendían para el pago de las pensiones anuales), se pensó recurrir a otro expediente, concretamente, al establecimiento de un subsidio que debería ser satisfecho por todo el clero de la Corona de Aragón. De tal subsidio se encargaría el propio Joan de Nea, que fue nombrado colector general de la Cámara Apostólica en las dos provincias eclesiásticas (Tarragona y Zaragoza), junto con las dos diócesis agregadas de Elna y Mallorca.38 3.1. Los subsidios de la década de 1450: una forma de «socialización» de la deuda censal de la Cámara Apostólica a todo el estamento eclesiástico. Nicolás V fue el primer papa romano en autorizar un subsidio en relación al tema que nos ocupa. En bula fechada el 23 de agosto39 dicho pontífice otorgaba un subsidio caritativo —de acuerdo con la tradicional nomenclatura cancilleresca papal— afectando a todos los beneficios eclesiásticos existentes en los dominios occidentales de Alfonso el Magnánimo, aquellos, justamente, que habían sido de la obediencia de Benedicto XIII. Dicha exacción fue tasada a razón de 2 sueldos por libra «juxta taxacionem veri valoris», esto es, de acuerdo con la actualización llevada a cabo unos años antes sobre las tasas beneficiales,40 y tendría una validez de dos años, comenzando en la Navidad de 1450. Su principal destino era el pago de las indicadas $1 2 ~ \mathrm { m i l }$ libras, sin descartar posibles luiciones de censales, para poder exonerar a los beneficios que estaban especialmente obligados a esa carga censal. En todo caso, se advertía que tales luiciones debían ser realizadas a provecho de dichos beneficios y no de sus titulares. Asimismo, si alguno de esos beneficios tenía superávit, también eso se destinaría a las operaciones de luición. La bula en cuestión se acompañaba de otras disposiciones concernientes a algunas de las sedes en las que se localizaban los beneficios directamente afectados por esa deuda. En concreto, se daba licencia al obispo y al capítulo de canónigos de Tortosa para vender censales a mejor «for» con los que poder amortizar aquellos otros que estaban consignados sobre la sacristía, todo ello con vistas a conseguir el rescate («in liberacionem dicte sacristie et suorum censualium») en un corto plazo de tiempo.41 Una disposición similar fue establecida por lo que respecta a la camarería de Zaragoza.42 Ciertamente, no era la primera vez que los cabildos recurrían a la emisión de ese tipo de rentas para hacer frente a determinados gastos, como sabemos a propósito del pago de anteriores subsidios eclesiásticos; como ya he indicado antes, las censuras y demás restricciones que pesaban sobre las entidades eclesiásticas en el sentido de no poder contraer obligaciones crediticias de esa índole habían dejado de tener efecto hacía tiempo. Ahora bien, por lo que respecta a la provincia de Zaragoza, se consideró que el establecimiento de aquel subsidio podía provocar disturbios entre el clero, motivo por el cual se optó por otra modalidad impositiva (medios frutos) que, teóricamente, supondría gravar a la mitad las rentas eclesiásticas, pero solo durante un año, según se anota en otra bula expedida el 25 de agosto del mismo año (1450).43 En cualquier caso, el objetivo seguía siendo el mismo: el pago de las indicadas $1 2 \mathrm { m i l }$ libras por la parte que correspondiese a esa provincia. De su gestión, tanto del subsidio de la Tarraconense como de esta otra exacción, se encargaría el recién nombrado colector Joan de Nea. En la Tarraconense quizás no hubo disturbios, pero la recaudación del subsidio no pudo llevarse a cabo por las dos razones alegadas más tarde por el propio clero: por una parte, por considerar que la tasa de 2 sueldos era excesiva; y, por otra, por coincidir con otras exacciones que tenían que satisfacer a la monarquía (más que nada, en relación con el nuevo subsidio impuesto en 1451).44 Desde el punto de vista del clero, todos esos subsidios eran «intolerables» y excesivos.45. Ciertamente, la confluencia de ambas exacciones pudo suponer el solapamiento de algunas pagas a lo largo del mismo año de 1451. En febrero, el obispo y cabildo de Girona escribían una carta a las otras sedes episcopales de la provincia (Vic, Barcelona, Lleida, Tarragona, Tortosa, Urgel y Elna, menos la de Valencia, que no se menciona) y en ella se decía lo siguiente: ante los rumores que corrían de que fray Joan de Nea, comisario «in factis creditorum Camerae Apostolicae», había impuesto una talla de 12 dineros por libra que debía pagarse en mayo, y acto seguido ya estaba pidiendo otra contribución para pagar el subsidio al rey, se hacía necesario convocar una asamblea del clero en Barcelona —o bien instar al arzobispo a convocarla—, para poder tratar de este asunto. Merece la pena transcribir un fragmento de esa carta:46. Ffra Iohan de Neya, entés havem que vos novament [...] havets imposat tall de XII drs. per llra. e sabets bé que vos assò no podets fer per lo decret de Constança, e més no que ignorats lo subsidi attorgat novament al senyor rey de CLXXXm ducats47 una tant gran somada no poran portar aquestes dues províncies, d’ont nosaltres merevellants-nos molt de la novitat per vos feta, no consultats nos e contra la concòrdia com dit és maiorment ésser pessant asse(re)nt-vos que·ns apar ésser ben rahonable haguessets dades altra rahó de vos matex que no havets, havem delliberat de appellar-nos e de recórrer a tots los remeiis que puxam, plaurie’ns molt vos reposassets a qualque bon mijà per dar repòs a nos e a vos, e pregam-vos-ne hajam vostra intensió. La invocación al concilio de Constanza no era banal, por cuanto al comisario apostólico se le recriminaba de haber actuado de forma unilateral, sin contar con el consentimiento del clero.48 A pesar de todo, la recaudación de este subsidio se intentó reactivar unos años más tarde. Tenemos constancia de que el subcolector del obispado de Girona, el paborde Berenguer Guerau de Cruïlles, fue el encargado de cobrar las dos pagas establecidas a razón, cada una, de 1 sueldo («pro unaquaque libra verorum valorum»), la primera en octubre de 1454 y la segunda justo un año después.49 Pero nada más sabemos al respecto. En julio de 1455, el setabense Calixto III, sucesor de Nicolás V, redujo la tasa a 18 dineros por libra en lugar de los 2 sueldos iniciales.50 Tal medida no habría servido para gran cosa, pues ya en agosto, el mismo papa mandó paralizar el subsidio en razón de que no se estaban llevando de forma rigurosa las cuentas de los atrasos sobrevenidos desde el año 1450; tal paralización debía durar hasta cuando se pudiera acordar con los acreedores una suma razonable a cuenta de esos atrasos. Solo cuando se hubiera dado satisfacción a las tres sumas indicadas, esto es, a las $1 2 ~ \mathrm { m i l }$ libras pendientes de la concordia con Joan de Nea, junto con las 5.000 destinadas a exonerar las dos pabordías de. Valencia —este dato es nuevo— y la suma que pudiera ser acordada por los atrasos de los últimos años (hasta 1455), tanto el clero como la Cámara Apostólica podrían quedar por fin libres.51 El hecho es que no se estaba dando cumplimiento a lo acordado en 1450, por lo que los acreedores volvieron a amenazar con recurrir al veguer de Barcelona para que tomase medidas de tipo coercitivo, como así parece que sucedió. Ahora bien, si inicialmente el subsidio de Calixto III tan solo era un reposición del que había establecido su predecesor para liquidar los «arreratges», luego se postuló como solución final al problema, esto es, de cara a conseguir la total extinción de los censales con vistas al «deslliurament de la Cambra Apostòlica» y del clero de la Corona de Aragón, y más concretamente, para conseguir la liberación de los beneficios especialmente obligados a esa deuda, de ahí la invocación, una vez más, a los dos tipos de obligación (general y especial) que tenía contraída esa deuda censal: «vist la Cambre Apostòlica ésser per virtut dels contractes en certa forma als dits crehedors obligade, haguda consideració com en temps de pape Benet […] foren les obligacions e impigneracions axí specials com generals fetes». Así aparece expuesto en una asamblea del clero de la Tarraconense, que no fue reseñada por Madurell, pero que resulta especialmente ilustrativa de la situación previa al establecimiento del nuevo subsidio, ya que en ella se hace un repaso general a las discusiones y negociaciones habidas hasta entonces.52. La asamblea en cuestión se celebró en la casa del capítulo de Barcelona el 25 de febrero de 1456 («són stats convocats e congregats a parlament los prelats e capítols qui en semblants actes han acustumat e deuen entrevenir, e congregats los bisbes, abbats e síndichs dels capítols de la dita província de Terragona e diòcesi de Elna»), coincidiendo con la celebración de las cortes en la misma capital catalana, a las que también debían asistir los representantes del estamento eclesiástico.53. En la misma acta tomada por el notario Bartomeu del Bosc,54 se incide, de entrada, en las vejaciones que había tenido que soportar el clero a raíz de las ejecuciones llevadas a cabo por el veguer de Barcelona: «...com per causa e occasió de les exequcions fetes en lo clero de les províncies de Terragona e Seragoça, diòcesis de Mallorques e Elna, per lo veguer de Barchinona a instància dels crehedors de la Cambra Apostòlica... lo dit clero [estaba] opprés, congoxat e molt vexat». Acto seguido se aludía a la concordia suscrita en 1450 por mediación de Joan de Nea sobre las pensiones cesadas y al subsiguiente subsidio impuesto por el papa Nicolás para el pago de las $1 2 \mathrm { m i l }$ libras. Por las razones ya apuntadas más arriba, se reconocía que tal subsidio no había servido al propósito que tenía señalado: «la dita imposició de dos sous per llra. no hage hagut effecte ne exequció ne los dits crehedors no sien stats satisfets de les dites XIIm llres. juxta forma dels dits capítols». De ahí, pues, la ofensiva de los acreedores recurriendo a la vía más expedita (y vejatoria para el clero), pero que era la que estaba contemplada en sus contratos, esto es, mandando confiscar por medio del veguer las rentas de los eclesiásticos de la diócesis de Barcelona y otras diócesis vecinas, y haciendo depositar «totes les peccúnies» en la Taula de la ciudad. El clero no se quedó de brazos cruzados, sino que contraatacó de la forma que tenía acostumbrada cada vez que los laicos intervenían sus bienes o rentas, o sea, invocando la constitución De invasoribus, pretendiendo con ello que los acreedores habían incurrido en las penas contempladas en tal constitución55. Así estaban las cosas, y aún podrían ir empeorando si no se encontraba una pronta solución. El posible acuerdo pasó a girar en torno a la imposición de un nuevo subsidio. En el curso de las negociaciones entabladas entre ambas partes, el clero se mostraba conforme a pagar el subsidio establecido por el papa (a razón de 18 dineros por libra y a lo largo de tres años), si con ello se conseguía liberar a la Cámara Apostólica y al clero de la general obligación que recaía sobre ellos. Con todo, los acreedores eran de la opinión que la posible suma que pudiera ser obtenida a partir de esa tasa no sería suficiente para el pago de las $1 2 \mathrm { m i l }$ libras y de todas las restas pendientes.56 A cambio, sin embargo, de recibir cierta cantidad por libra (en relación, pues, con la imposición de un subsidio), estaban dispuestos a aceptar que la Cámara Apostólica y el clero quedasen exonerados de su obligación general. Aun así, querían que se les pagase los «róssechs pactats», y que los beneficios especialmente obligados «fossen en tanta part descarragats, que les rendes de aquells bastasen d’aquíavant (a) paguar los dits crehedors e que róssechs alguns no s. i poguessen fer». Por todo ello, consideraban, en base al examen de las cuentas generadas por una y otra parte, que serían necesarias ni más ni menos que $5 5 ~ \mathrm { m i l }$ libras barcelonesas, lo que implicaría elevar la susodicha tasa a 3 sueldos por libra (1 sueldo/año). Los eclesiásticos, por su parte, estaban dispuestos a consentir algún tipo de exacción en tiempo y pagas que fueran soportables para ellos, pero sin barajar ninguna suma en concreto. Sin embargo, como aún no se había alcanzado ningún acuerdo, esas negociaciones estaban a punto de romperse. Fue entonces cuando se optó por recurrir a personas particulares que «emprenguessen acceptar del clero la quantitat rahonable de certa cosa per lliura e fer delliurar aquell en quant necessari sia e la Cambre apostòlica de la general obligació dels dits crehedors». Las personas que aceptaron responsabilizarse de este arduo negocio fueron estas tres: Francesc Desplà, miles domiciliado en Barcelona, Luis de la Cavallería, ciudadano de Zaragoza, y Joan Francesc Boscà, ciudadano de Barcelona. Se trata de la primera aparición en escena de unos personajes que a partir de entonces iban a tener un gran protagonismo en el tema que nos ocupa. Según se indica en el documento que estamos siguiendo en este momento, estos tres acreedores mantenían la demanda de 3 sueldos por libra (1 sueldo/ año) y que una vez satisfecha tal exacción, liberarían a la Cámara Apostólica y al clero de su obligación general, y aún «quitarien los benifficis specialment obligats, essent aquesta la final e darrera intenció dels dits tres crehedors». En cambio, entre el clero había diferentes opiniones: unos postulaban pagar 2 sueldos por libra, tal y como ya se había estipulado en la época del papa Nicolás; otros abogaban por 2 sueldos y medio, a pagar en cinco años a razón de 6 dineros/año, siempre que se obtuviera la aprobación del papa. En el intento de convencer a los tres acreedores, también se barajó la posibilidad de poner una tasa de 2 sueldos y medio, pero reduciendo el periodo a tres años en lugar de a cinco (a razón de 10 dineros/año) junto con todas las restas que pudieran ser recuperadas de manos de los subcolectores de anteriores subsidios. Como sobre esto no había consenso, el clero reunido en Barcelona optó, finalmente, por elevar una demanda al papa Calixto III (como se indica al respecto: «deliberadament fan la dita remissió no podent-se altrament concordar») para que dictara un pronunciamiento final. Los acreedores, por su parte, también se comprometerían a cancelar a su cargo todas las prendas («empares») que habían hecho depositar en la Taula de la ciudad sobre los bienes y rentas de los eclesiásticos, hasta el mes de mayo, cuando se preveía que el papa ya habría tomado una decisión concluyente. El clero congregado les asignaba todas las restas pendientes de los subsidios pretéritos a objeto de poder servir de ayuda a los gastos soportados para llevar a efecto esa concordia; en caso contrario, tendrían que restituir tales restas sin poder volver a usar de la general obligación. Esto último era un punto fundamental sobre el cual se quería incidir una y otra vez, ya que implicaría liberar al clero de cualquier acción de represalia contra sus bienes y rentas, como las que habían sufrido hacía poco. Así pues, todos esos pactos fueron suscritos, como se indica en el mismo documento, «ab efecte que tots los creadors faran la renunciació de la general obligació». 57 El clero se comprometía a no poner ningún impedimento al subsidio que comenzaría a recaudarse a tenor de la concordia que sería suscrita por el papa o su comisario con los acreedores; en caso contrario, éstos podrían recuperar todos los derechos que tenían antes de la renuncia que habrían hecho. En el caso también de que los acreedores ya hubieran recibido alguna cantidad de subsidio, tendrían que restituirla al clero «en peccúnia nombrant o en les luycions que hauran fetes» hasta un monto de 6.000 libras, que sería descontado de las $1 2 \mathrm { m i l }$ estipuladas en la anterior transacción —en relación, pues, al pacto suscrito en $1 4 5 0 -$ . Por su parte, los tres acreedores (Desplà- Boscà-Cavallería) se obligaban a que, medio año después de la última tanda del subsidio, tendrían que haber amortizado («quitats e luïts») todos aquellos beneficios que estaban especialmente consignados a esa deuda. Todo esto fue acordado en febrero de 1456 en el marco de la susodicha asamblea de la Tarraconense, por el momento al margen de lo que pudiera decidir el clero de Zaragoza y su provincia. A finales del mismo mes y año, concretamente, el 26 de febrero, se firmaron unos capítulos con los tres acreedores, por los cuales el clero de la Tarraconense consentía a la exacción del subsidio destinado a la luición de los censales y a cambio de que los demás acreedores renunciasen, en un plazo de seis meses «post publicationem dicti subsidii», a sus generales obligaciones; y si alguno de ellos no quisiera hacerlo, se llevaría a cabo la luición de sus censales, como si de una medida de castigo se tratara. Para proceder a la ejecución de lo acordado, dicha provincia eligió a nueve personas, entre las cuales había Joan Andreu Sorts.58 Esta comisión y los tres acreedores establecieron otros acuerdos acerca de la administración de algunos de los beneficios especialmente consignados sobre esa deuda censal.59. Entre tanto, fue necesario establecer la forma definitiva del subsidio: la tasa a 2 sueldos y medio por libra, y el periodo de tiempo a tres años (y tres pagas de 10 dineros cada una, que hacen un total de 30 dineros), comenzando en julio.60 En otra bula del 7 de junio, el papa Borja adjuntó como colector del subsidio al propio Joan Andreu Sorts, a la sazón canónigo sacristán de Urgel, junto con los restantes eclesiásticos que ya habían sido designados previamente.61. Pese a lo dispuesto en la bula papal, la fecha de inicio para la recaudación de este subsidio tuvo que retrasarse hasta el mes de octubre.62 De ello tenemos constancia en el obispado de Vic, donde aparece actuando como subcolector fray Ferrer Joan de Marimon, prior de Santa María de Meiá (diócesis de Urgel). Así, con fecha del 27 de septiembre de 1456, dicho subcolector se presentó a la hora de vísperas en el coro de la catedral en presencia de un escribano y mandó colgar en las puertas del templo un cartel en donde se informaba por extenso del establecimiento del subsidio que había impuesto el papa. Más en concreto, se instaba a los eclesiásticos de ese obispado a satisfacer la primera tanda a razón de 10 dineros por libra de los veros valores de sus rentas, dándoles de plazo todo el mes de octubre. El pago se haría en casa de mossèn Joan Saconomina, monje mayor de la sede vigatense, que fue nombrado por Marimon como receptor y exactor del subsidio en su lugar. Quien no se aviniese a pagar, incurriría en las preceptivas penas de excomunión y entredicho lanzadas por los comisarios, los cuales también tenían potestad de invocar al brazo secular, lo que supondría privar a los recalcitrantes de sus oficios y beneficios. El mismo día, fray Marimon nombró como nuncio a su servicio a un tal Ramon Armanyagues, quién hizo juramento de regir bien su oficio y hacer verídica relación de todo lo que iba a gestionar. Asimismo, nombró a otros nuncios —también laicos— para cubrir distintas zonas del obispado.63 Todos ellos quedaban encargados de difundir la noticia de la imposición del subsidio por toda la diócesis y de poner carteles en cada iglesia, que debían dar personalmente a quién encontrasen en el lugar o fijar ellos mismos a las puertas de los templos en caso de no poder localizar al párroco.64. Cuadro 2. Cronología de exacciones vinculadas a la cuestión de los censales de la Cámara Apostólica <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ano</td><td rowspan=1 colspan=1>Exaccion</td><td rowspan=1 colspan=1>Ambitoterritorial</td><td rowspan=1 colspan=1>Duracion</td><td rowspan=1 colspan=1>Tasa</td><td rowspan=1 colspan=1>Colectoresgenerales</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1450</td><td rowspan=1 colspan=1>Subsidio deNicolas V</td><td rowspan=1 colspan=1>Provincia deTarragona,ademas de losobispados deElna y Mallorca</td><td rowspan=1 colspan=1>2 anos</td><td rowspan=1 colspan=1>2 s. por lb.(10%)</td><td rowspan=1 colspan=1>Joan de Nea</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1450</td><td rowspan=1 colspan=1>Mediosfrutos</td><td rowspan=1 colspan=1>Provincia deZaragozad</td><td rowspan=1 colspan=1>1ano</td><td rowspan=1 colspan=1>?</td><td rowspan=1 colspan=1>Joan de Nea</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1455-1456</td><td rowspan=1 colspan=1>Subsidio deCalixto III</td><td rowspan=1 colspan=1>Provincias deTarragona yZaragoza juntocon Elna yMallorca.</td><td rowspan=1 colspan=1>3anos</td><td rowspan=1 colspan=1>1,5 s. por Ib.(7,5%),aumentado a2.5 s. por lb.(12,5%)</td><td rowspan=1 colspan=1>(entre otros)Guillem Pong deFonollet, Jaumed&x27;Eixarc,y JoanAndreu Sorts.d</td></tr></table> $a$ Exceptuando el obispado de Segorbe, que no sabemos si quedaría liberado de esa contribución o si estaría incluido en la otra provincia. $b$ Guillem Ponç de Fonollet era hijo del mercader Guillem de Fonollet (o Fenollet), que administró fondos camerales en la época de Benedicto XIII (al respecto, véase Morelló 2012); y también fue censalista de la Cámara Apostólica. Guillem Ponç aparece en la lista de acreedores de 1456 respecto de un censal que habría heredado de su padre, asignado sobre la camarería de Zaragoza, tal como se recoge en el cuadro I del Apéndice. Su carrera beneficial comenzó en 1427 como sacristán en la sede de Barcelona, un año después fue nombrado por Alfonso V como promotor de sus negocios en la curia romana; ya en tiempos de Calixto III, ejerció como vicario general del obispo de Barcelona; en 1456 (24.X) obtuvo permiso para poder actuar como protonotario por la Santa Sede fuera de Roma, y acabó siendo promovido a la dignidad episcopal en 1458, cuando se le asignó la iglesia de Huesca. Junto con Joan Soler, fue nombrado colector de la décima contra el turco de Calixto III (1455) (Rius Serra, 1927: 251-252) (Navarro Sorní, 2003: 183). Así pues, ya contaba con una experiencia previa cuando se le encargó la colecta del subsidio que ahora nos ocupa. $c$ La mención a este eclesiástico figura en AEV, Cambra Apostòlica (1456-60), s.f., Sign. ACF 4426. Como Guillem Ponç de Fonollet, también era doctor en decretos. Canónigo de la catedral (para ser más precisos, paborde, según Pons Alós y Cárcel Ortí), ejerció como oficial y vicario general del obispado de Valencia (Pons Alós-Cárcel Ortí, 2001: 106). Fue rector de Albaida; a fines de 1457 también se le confirió la parroquia de Torrent (Rius Serra, 1927: 250). Nos consta, por otra parte, que intervino en la recaudación de la décima calixtina en los obispados de Valencia y Orihuela; ARV, MR, Cambra Apostòlica, n.º 9812, f. 189r. Asimismo, actuó como síndico en varias de las asambleas provinciales de este periodo, por lo menos a partir del concilio de Lérida de 1460, y siempre en representación del obispo de Valencia (Madurell, 1947: 134-135, 137 y 146). d Inicialmente citado como canónigo de la Seo de Urgel, pasó luego a serlo de la catedral de Barcelona. Al decir de Julia Conesa, fue uno de los canónigos más influentes del cabildo; véase un extracto biográ- fico en Conesa (2017) v.2: 70 (agradezco a la autora la consulta de su tesis). A pesar de los diferentes cargos y las muchas ocupaciones que tuvo a lo largo de su extensa vida, también fue promotor de obras artísticas como el retablo de San Sebastián y Santa Tecla, donde aparece representado como figura donante; véanse más datos en Jardí (2009): 472-474. Aquí me propongo incidir en otras actividades menos conocidas de este personaje. Además de dar a conocer la cronología de los subsidios que hemos estado comentando, también es necesario incidir en algunas cuestiones acerca de los contribuyentes concernidos: de entrada, eran exacciones que afectaban a todos los beneficios eclesiásticos de la Corona de Aragón, esto es, a todo el clero, estuviera exento o no de la jurisdicción episcopal, fuera secular o regular, sin hacer salvedades con ninguna orden, fuera masculina o femenina, religiosa o militar (así figura, por ejemplo, en el cartel mandado publicar por el subcolector de Vic), de tal modo que también se incluían las órdenes mendicantes.65 En general, debían contribuir todos aquellos que percibían rentas eclesiásticas en los dominios occidentales del rey de Aragón, por lo que también podía alcanzar, en principio, a los administradores de limosnas, misas de aniversarios y demás causas pías. Los únicos eximidos serían, como de costumbre, los cardenales,66 así como los beneficios que tuviera adscritos el propio papa, como era el caso de la mensa episcopal de Valencia, que Alfonso de Borja ya poseía antes de ser investido como papa con el nombre de Calixto III. Por otra parte, los beneficios que estaban empeñados a los acreedores quedaban exonerados de cualquier contribución, tanto por razón de subsidios como por décimas (no en balde, la época coincide con la exacción impuesta con motivo de la cruzada contra el turco), siendo esta exoneración válida por un periodo de veinte años, en virtud de una bula papal de 1456.67. Concerniente al subsidio consignado a la luición de los censales de la Cá- mara Apostólica conocemos algunos datos globales sobre la recaudación prevista en la diócesis de Valencia, en donde actuó el canónigo Jaume Eixarc.68 La cantidad con la que debía contribuir el clero de la diócesis valentina daba 6.845 libras, esto es, aplicando la tasa establecida (2 sueldos y medio por libra) a la base imponible, que sumaba un total de 54.761 lb. 4 s. 10 d. Esas cuentas fueron enviadas a uno de los acreedores de la Cámara Apostólica en Barcelona.69 3.2. La concordia de 1456 (a propósito del subsidio) Según las bulas de Calixto III, toda la recaudación del subsidio debía ser puesta a disposición del trío Desplà-Boscà-Cavallería; a ellos debían rendir cuentas todos los colectores, incluyendo en esto tanto los comisarios principales como los subcolectores de las diferentes diócesis. Así pues, para llevar a cabo su misión principal (recordemos: la total extinción de la deuda censal de Benedicto XIII), esos tres individuos tuvieron que operar estrechamente con los comisarios eclesiásticos encargados de la percepción del subsidio —comisarios que pudieron ser designados por aquellos tres—, pues, a partir de las cantidades que les fueran transferidas, irían realizando las luiciones. Según la información de que disponemos, primero tuvo lugar un acuerdo entre los tres acreedores y los diferentes nuncios pontificios que tenían potestad para gestionar este asunto (en principio, Jaume Girard, obispo de Barcelona, y Guillem Ponç de Fonollet, a los que luego se incorporarían Joan Andreu Sorts y Jaume Eixarc, oficial de Valencia).70 Este acuerdo obtuvo la aprobación del papa el 8 de septiembre de 1456, considerando, como se indica en la misma bula, que redundaba «in evidentem utilitatem nostram sedis et camerae, necnon cleri beneficiorum, personarum et ecclesiarum praedictarum».71 Más tarde, en virtud de la concordia establecida el 23 de octubre entre, de una parte, los representantes de la Tarraconense y la diócesis de Elna,72 y, de otra, los comisarios/colectores del subsidio (Guillem Ponç de Fonollet y Joan Andreu Sorts, estos dos teniendo el consentimiento de los tres acreedores), los primeros aceptaban contribuir en el subsidio impuesto por dicho pontífice a razón de 2 sueldos y medio por libra «per luïció dels benifficis per la Cambra Apostòlica specialment obligats», esto es, lo aceptaban sin ninguna condición y prometiendo retirar cualquier apelación interpuesta por este motivo. Por su parte, los dos citados comisarios renunciaban a ejercer toda acción de fuerza contra el clero de la Tarraconense («prometen de sospendre les censures per ells fulminades per rahó del dit subsidi o la primera tanda de aquell»); mientras tanto, se esperaría que también el clero de la provincia de Zaragoza se pronunciase a favor del pago del subsidio; por tal motivo, debía ser elegida una persona que visitaría la provincia vecina para tratar de conseguir su adhesión. El dinero recaudado en el ámbito de la Tarraconense se depositaría en el sagrario de la catedral de Barcelona, concretamente, dentro de una caja que estaría guardada con tres llaves repartidas entre el deán de la catedral (mossèn Bernat de Casasaja), el comisario Fonollet y los tres acreedores. En función del numerario disponible, se irían realizando las luiciones respecto de aquellos censales que percibían los censalistas de Barcelona; en cambio, en aquellas diócesis donde también había algún censalista, se utilizaría en primera instancia el dinero que pudiera ser recaudado en la misma diócesis, y sólo si quedaba un sobrante, se enviaría a Barcelona para usarlo con el mismo propósito. Llegados hasta este punto, y antes de proseguir con otras cuestiones, veamos quiénes conformaban el colectivo de acreedores en esa época. 4. Los acreedores de la Cámara Apostólica a mediados del siglo xv. Hasta ahora, como ya expuse en mi anterior trabajo sobre la etapa inicial, teníamos identificados los censalistas que comenzaron a percibir pensiones de censales en los años inmediatamente posteriores a las primeras emisiones realizadas. Para la etapa que estoy analizando aquí, contamos con una lista parcial de 1430 (cf. nota 35), y otra de 1456.73 Esta otra parece estar completa; no en balde, la anotación de los nombres de todas las personas que formaban parte de ese colectivo tenía una finalidad precisa: expresar la renuncia a las generales obligaciones que tenían adquiridas en razón de sus contratos, como así fue aceptado por la mayoría de ellos.74. Cuadro 3. Lista de acreedores de la Cámara Apostólica (v.1456) <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Grupos</td><td rowspan=1 colspan=1>Listado de nombres</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Militares (9)</td><td rowspan=1 colspan=1>Guerau Gilabert de Cruilles noble,mossen Franci Despla caballero,Jaume Pere Janer(y Bernat Miquel de Juia),FranciMarc donzell,JoanyJaume Antoni de Palou,y Francesc Sassala,además de Ginebra, viudade Jaume Bertran.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadanos deBarcelona (33)(foraneos)</td><td rowspan=1 colspan=1>Francesc,Joan [Francesc] y Joan Brigid Bosca,Ramon Despla y Eleo-nor,mujer de Francesc Despla,Berenguer,Joan,Pere y Romeu Llull,Pere Joan Conesa,Galceran Dusai,Joan Galceran Dusai?,Felip Foixalias de Ferrera,Joan de Marimon,Ramon Marquet?,Ramon Merles,Galceran Benetd&x27;Ortal,Pere Sestrada y Berenguer Seiol.Otros (presuntamente ciudadanos barceloneses):Bertran Desvall, Ber-nat y Pong de Gualbes,Bernat de Marimon,Mateu de Soler, JaumeGenis de Vallseca y Joan Benet Viceng.Mercaderes (4): Jaume Desquer alias Despuig,Lloreng Martina,RafaelOller y Joan de Torralba,además de Joana,mujer de Pere Doy,patrónde nave.Luis y Pedro de la Cavalleria,ciudadanos de Zaragoza.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Eclesiasticos (5)(conventos yotras institucionesreligiosas)</td><td rowspan=1 colspan=1>El precentor de la sede de Barcelona [seria Francesc Despla] y GuillemPong de Fonollet, sacristán; ademäs de tres presbiteros vinculados a lamisma sede:Pere Siurana,Rafael Uruga y Francesc Totesaus.La Mercé,Valldonzella (Nicolau Lor, procurador),Jonqueres y SantaAnna,ademas del monasterio de Montalegre.La iglesia de Santa Maria del Mar y el hospital de la Santa Creu deBarcelona.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Institucioneslaicas</td><td rowspan=1 colspan=1>Diputados del General de Cataluna.</td></tr></table>. Como vemos, el colectivo en cuestión estaba configurado por una cincuentena de personas, además de varios entes eclesiásticos, sobre todo conventos. La principal novedad sería la incorporación de la Diputación del General de Cataluña, cuyo censal le habría sido transferido por algún particular. Por otra parte, la mayoría de ellos continuaban siendo instituciones y personas domiciliadas en Barcelona.75. A partir de entonces, como ya se ha visto, la representación del colectivo de censalistas de la Cámara Apostólica estuvo conformada por mossèn Francesc Desplà, Joan Francesc Boscà y Luis de la Cavallería. Los tres figuran en la lista de acreedores que acabo de dar, donde también encontramos a otros miembros de sus respectivas familias.76 Dado el protagonismo que pasaron a tener en la gestión de este asunto, no está de más indagar, en la medida de lo posible, sobre sus orígenes familiares. 4.1. Las familias Desplà, Boscà y Cavallería. Los Desplà representan a una familia de «ciutadans honrats», una de cuyas ramas fue ennoblecida. El tal Francesc era descendiente de Joan Desplà «dit major», que fue tesorero de los reyes Martín I y Fernando I (y «conseller en cap» de Barcelona durante la época del Interregno). Se trata de la rama nobiliaria de los Desplà. Francesc o Francí Desplà, alias de Conomines, pertenece a la oleada de nueva nobleza promocionada por la monarquía Trastá- mara, ya que fue investido como caballero por el propio Alfonso el Magnánimo.77 El representante de los acreedores de la Cámara Apostólica pudo ser tanto este primer Francesc Desplà (muerto después de 1462) como su hijo homónimo, que debió de suceder a su padre al frente del mismo cargo o responsabilidad. Este otro también ejerció como Maestre Racional del rey, por lo menos hasta 1488. Por su parte, Joan F. Boscà pertenecía a otra familia de «ciutadans honrats» de Barcelona y señores, por lo menos desde 1459, de la villa de Cubelles. Este personaje es conocido por sus inclinaciones literarias, ya que es autor de unos anales o Memorial històric de la época que le tocó vivir, sobre todo del periodo de la guerra civil catalana. Hijo de Joan Brígid, que fue clavario de Barcelona, también ocupó diferentes cargos de tipo económico en la ciudad: fue, según Morales, cónsul de la Lonja de Mar y guardián de monedas. Como toda su familia, perteneció al ala moderada de la Biga —el partido de la oligarquía barcelonesa—, de manera que, al estallar la guerra, se posicionó a favor del rey e incluso participó en la organización de la Diputación Realista de Tarragona, motivo por el cual sufrió represalias sobre sus propiedades. Después de la guerra —cuando, según el registro del notario Ginebret, aparece inscrito como consejero del rey—, fue recompensado con el cargo de Racional de la Diputación. A su muerte, en 1480, uno de sus hijos pasó a ocupar sus mismas funciones, siendo también continuador del Memorial.78. Así pues, ambos personajes procedían del mismo medio social.79 Según parece, el propio Joan F. Boscà tenía vínculos familiares con los Desplà.80 Por otra parte, cabe destacar sus actividades profesionales como interventores de distintos organismos públicos, lo que tendría mucho que ver también con el papel que ambos desempeñaron al frente del colectivo de acreedores de la Cámara Apostólica. Tan o más interesante es el caso de Luis de la Cavallería, que siempre aparece registrado como ciudadano de Zaragoza, aunque estuviera actuando en Barcelona. Como es sabido, los Cavallería/Caballería eran una importante familia zaragozana de origen judío.81 Algunos ocuparon importantes cargos al servicio de la nueva monarquía. El jefe del clan, Bonafós (cristianizado, tras su conversión, como Fernando), fue tesorero de Fernando I; uno de sus hijos, Pedro, famoso jurista, fue Maestre Racional de Aragón (como se ha visto, en 1430 se le encargó revisar las cuentas de los censales de la Cámara Apostólica); y otro descendiente (Alfonso) llegó a ser primer presidente del Consejo Supremo de Aragón, y amigo personal de Fernando II.82 Durante el reinado de Alfonso el Magnánimo, algunos miembros de esta familia despuntaron como prestamistas de la corona.83. Los Cavallería se expandieron por otras ciudades de la Corona de Aragón, estableciendo enlaces con algunas poderosas familias conversas: en el caso de Barcelona, con los Bertran.84 Uno de ellos (Felipe) ya se documenta como ciudadano barcelonés a mediados del siglo xv, siendo su profesión la de mercader y cambista.85 No sabemos cuál sería la conexión familiar de Luis, siempre citado como ciudadano de Zaragoza,86 con los Cavallería barceloneses. Como otros miembros del linaje zaragozano, también estuvo al servicio de la monarquía, pues en alguna de la documentación que manejamos se lo cita como tesorero de Juan II; en relación con otros Cavallería, lo encontramos vinculado a un Alfonso, cuyo grado de parentesco con él desconocemos, y a un hijo homónimo, que devino clérigo.87. Ahora bien, ¿qué llevó a un representante de esta familia de conversos a tener parte en la cuestión de los censales de la Cámara Apostólica? Sin duda, habría que considerar factores diversos: la proximidad de esta familia con los Trastámaras y el hecho de ostentar importantes puestos en la administración real; también teniendo en cuenta la implicación en todo este asunto de la camarería de Zaragoza, que era una canonjía importante por lo que a percepción de rentas se refiere, y el hecho de poder operar a partir de las redes comerciales establecidas entre Cataluña y Aragón por miembros de la propia familia junto con otros mercaderes relacionados con ellos. Sea como fuere, Luis de la Cavallería asumía, en cierto modo, la representación aragonesa frente a los otros dos acreedores barceloneses. En todo caso, estas tres personas desempeñaron un rol diferente del que habían tenido, hasta entonces, otros representantes de aquel colectivo, por cuanto su misión principal era la de llevar a cabo la amortización de los censales de la Cámara Apostólica, de ahí que se les pusiese la etiqueta de «dominos jus luendi». Además, también pasaron a actuar sobre los beneficios especialmente consignados sobre esa deuda censal de la forma que veremos acto seguido. 4.2. Beneficios «intervenidos» Ya sea a causa de problemas de tipo contable o por otros motivos que desconocemos, entre los tres encargados de liquidar la deuda censal surgieron algunas fricciones, lo que desembocó en una sentencia arbitral dictada el 1 de julio de 1458 por los ya conocidos fray Joan de Nea y el canónigo Joan Andreu Sorts.88 En ella se alude al repartimiento que habían hecho sobre los beneficios de Benedicto XIII, a saber: Francesc Desplà se había adjudicado la pabordía de abril de Valencia; Joan F. Boscà hizo lo propio con la pabordía de mayo de Valencia; finalmente, Luis de la Cavallería tuvo asignada la camarería de Zaragoza. Tal reparto se hizo a condición de poder proponer como titulares de esos beneficios a sus hijos segundones: así, Luis de la Cavallería júnior pasó a ser camarero de la sede zaragozana;89 la pabordía de abril de Valencia quedó en posesión de Lluís Desplà,90 mientras que Pere Boscà, hijo de Joan Francesc, pasó a ocupar la otra pabordía (la de mayo).91 Los demás beneficios implicados (enfermería de Segorbe, sacristía de Tortosa, camarería de Tarragona) debían quedar a disposición común del consorcio Desplà- Boscà-Cavallería, de manera que serían éstos los que decidirían qué personas podrían ocupar tales beneficios. Ello traduce un cierto grado de patrimonialización de esos beneficios, sobre todo de los tres que fueron objeto de la repartición, que a partir de entonces quedaron «a disposició particular de quiscú d’ells». Ahora bien, si ésta era una forma de asegurar un porvenir a algunos miembros de esas familias y de promocionar sus respectivas carreras eclesiásticas, el principal objetivo seguía siendo el mismo: el de utilizar las rentas de esos beneficios para ayudar a pagar los gastos de la luición de los censales, junto con el dinero procedente del subsidio.92 Todo lo que no bastara al pago de las luiciones y demás gastos tendría que ser suplido de los bienes propios de los tres citados acreedores, proporcionalmente al valor dado a cada beneficio. Para ello, se señalan las siguientes valoraciones convenientemente actualizadas: la pabordía de abril era valorada en 12.500 sueldos, la de mayo en 7.000 sueldos y la camarería de Zaragoza en 21.000 sueldos («les quals quantitats declaram ésser los vers valors dels dits tres beneficis»). Realizando la correspondiente conversión monetaria: 975 lb. las dos pabordías juntas y 1.050 lb. la camarería. [compárense estas cifras con las expuestas en el cuadro 1] Asimismo, tras esa sentencia, el mismo Joan Andreu Sorts, esta vez junto con Guillem Ponç de Fonollet,93 daban potestad a los nuevos titulares de aquellos tres beneficios para que, de acuerdo con lo dispuesto por el papa, pudieran proceder a arrendar sus rentas «en aquelles persones ecclesiàstiques o laiques ab les quals lur condició poran fer millor» por un período de veinte años (como ya se ha dicho, era el periodo durante el cual esos beneficios quedaron exonerados del pago de cualquier subsidio), y ello debía mantenerse en vigor independientemente de los cambios que pudieran darse en la titularidad o de si quedaban vacantes. Así pues, tal era el periodo de tiempo que se estimaba necesario para lograr la total extinción de la deuda censal, lo que nos llevaría hasta 1478.94. Por otra parte, los contratos de aquellos censales que fueran redimidos, se harían llegar a manos de Fonollet y Sorts para pasar a ser custodiados en el archivo de la provincia de Tarragona, pero quedando a disposición de los arrendatarios toda vez que tuvieran necesidad de obtener alguna copia con la que poder defenderse frente a posibles reclamaciones, y siempre a condición de devolver al archivo todos los documentos sustraídos. A propósito de Joan Andreu Sorts, podemos destacar su papel omnipresente en todo este proceso, pues también pasó a ser administrador de los derechos de la camarería de Zaragoza y las pabordías de Valencia, una tarea que debió alternar con la recaudación del subsidio impuesto a todo el clero de la Corona de Aragón. Se trata, por otra parte, del mismo personaje que fue vicario general del arzobispado de Tarragona, y como tal participó en algunas de las asambleas de la Tarraconense de este periodo.95. Justamente, en las asambleas reseñadas por Madurell se trató en diferentes ocasiones del tema que nos ocupa, ya desde el concilio celebrado en Cervera en 1457. Más tarde se hace referencia al subsidio consignado a los tres acreedores que ya conocemos y a la concordia firmada con ellos por parte de los comisarios de la provincia. Llegados a 1460, se da cuenta, aún en el marco de la asamblea celebrada en Barcelona, de cierta comisión constituida por el clero de la provincia para estudiar la cuestión de la luición de los censales de la Cámara Apostólica.96 La subsiguiente asamblea o parlamento de Lérida del mismo año se convocó, en principio, para seguir gestionando este asunto.97 Y como queda recogido en ciertos capítulos emanados de esa reunión, el propó- sito era actuar con la máxima diligencia para no dar ocasión a alegaciones de estar incumpliendo la concordia firmada entre la provincia y los tres acreedores. Asimismo, se advertía que si estos no cumplían su misión en el plazo que tenían prefijado de seis meses, que a la sazón ya prácticamente estaría a punto de vencer (como se recordará, era el plazo marcado luego de la finalización de la recaudación del subsidio para llevar a cabo la luición de los beneficios consignados a esa deuda), se procedería a saldar las cuentas pendientes.98 5. La amortización de los censales de la Cámara Apostólica en la segunda mitad del siglo xv. Aunque ya anteriormente se habría podido realizar la amortización de algún censal (a propósito del subsidio establecido en 1450), fue después de la mencionada concordia con los tres acreedores cuando se pudo avanzar de forma más decidida en ese objetivo. Al parecer, estaba establecido que la segunda tanda del subsidio no podía ser ejecutada si antes no se habían realizado ya algunas luiciones.99 Pues bien, según una de las fuentes consultadas, sabemos la cantidad que, procedente de la primera tanda, fue empleada en tal menester por parte del consorcio Desplà- Boscà-Cavallería: «Han pagat e convertit los dits tres creedós en luïció e quitament dels censals de la Cambra segons se mostra per àpoques e cauteles fermades e dites fetes en la taula de la ciutat de Barcelona»: 8.990 libras respecto del total recaudado, que era de 9.100 libras.100 No sabemos qué censales habrían sido redimidos en esa primera fase del proceso, pero sí estamos informados de las amortizaciones —totales o parciales— realizadas en 1460-1461. El hecho es que todo se iba ejecutando a partir de las cantidades libradas directamente por algunos de los subcolectores que operaban en las diferentes diócesis,101 cuando no eran cantidades depositadas en la Taula de Canvi de Barcelona mediante dites mandadas escribir por Joan Andreu Sorts, como colector y principal comisario, y satisfechas a través de diversos mercaderes, entre los cuales se hace mención, por ejemplo, a Felip de la Cavallería, ciudadano de Barcelona.102. Entre los beneficiarios de esas luiciones, figuran Nicolau Carroç de Arborea, noble domiciliado en Cerdeña, y algunos eclesiásticos, como la abadesa (sor Elionor de Rajadell) y demás monjas clarisas del convento de San Antonio de Barcelona, o sea, tanto de censalistas que ya teníamos incluidos en la lista de 1456 como de otros que no.103 En algún caso, también se optó por pactar reducciones, esto es, mediante rebajas del tipo de interés, lo que suponía pagar una pensión menor.104 Otra de las tareas encomendadas al trío Desplà-Boscà-Cavallería fue la de hacer frente a las sumas adeudadas, de acuerdo aún con la transacción que suscribiera en su día el comisario Joan de Nea.105. Por encima de todo, destaca la suma satisfecha a Joan Almugàver, caballero domiciliado en Barcelona, hijo del ya difunto Antic Almugàver, de $4 0 \ \mathrm { m i l }$ sueldos (2.000 lbs.) en concepto de «arreratges». 106. A lo largo de todo este proceso, se dejan traslucir problemas de orden técnico-contable, ya que las cuentas realizadas hasta entonces no estaban muy claras y fue necesario ir calculando una por una para proceder luego en consecuencia: un buen ejemplo de ello serían las cuentas finiquitadas con el caballero Joan de Palou. No voy a detenerme a comentarlas (véase el cuadro 2 del Apéndice y las correspondientes cifras allí expuestas); tan solo me interesa destacar la magnitud de las cantidades debidas a todo el colectivo en concepto de atrasos, pues se llegan a contabilizar más de 23.000 libras, la mitad de las cuales adjudicadas a la camarería de Zaragoza. El hecho es que había muchos censales que no pudieron ser redimidos en el plazo marcado. Además, no todos los censalistas habían hecho la renuncia que se les pedía, mientras otros volvieron a interponer recursos ante el veguer de Barcelona.107 En definitiva, las expectativas habrían quedado frustradas de cara a conseguir la completa liberación de la Cámara Apostólica y de los beneficios especialmente consignados; mientras tanto, el clero de la Corona de Aragón seguía estando expuesto a las acciones legales de los acreedores. Para acabar de complicar la situación, la guerra civil de 1462-1472 iba a traer otros problemas afectando a la recaudación del subsidio: al parecer, los subcolectores no pudieron rendir cuentas con los tres acreedores del dinero que habían recaudado, el comisario Joan Andreu Sorts perdió parte de sus libros contables (más tarde se alude a la sustracción, en septiembre de 1462, de las cuentas que tenía este comisario en su casa, correspondientes a los años 1460, 1461 y 1462) y, por otra parte, estaba el tema de las confiscaciones llevadas a cabo por el rey sobre los censales que percibían los rebeldes de Barcelona, liderados por el General de Cataluña. Al respecto, existió una sentencia emitida por Joan Andreu Sorts en 1477 sobre deudas pendientes del tiempo de la guerra,108 toda vez que se hace alusión, por otra parte, a cierto pacto suscrito por los tres acreedores con los diputados del General ya antes de la guerra, en 1458. Naturalmente, las pensiones de aquellos censales que no pudieron ser redimidos debían seguir siendo satisfechas en las fechas asignadas. En el marco del concilio celebrado en Barcelona en 1469, se da cuenta del establecimiento de un gravamen semanal a fin de atender a varias necesidades, incluyendo el pago de los censales de la Cámara Apostólica.109. El hecho es que, no sólo durante la guerra sino también durante los años subsiguientes, muchos de los censalistas barceloneses que percibían censales sobre la Cámara Apostólica no pudieron cobrar sus pensiones a causa de las consiguientes donaciones realizadas por el rey a favor de sus leales. Entre los perjudicados encontramos a Bernat (o Bernardí) Rossa, clérigo de Vic obtentor de un beneficio en la iglesia del monasterio de Pedralbes, que a la sazón tenía adscrita una pensión de censal sobre las rentas de la camarería de Zaragoza con un tipo de interés del $6 { , } 6 \%$ . El trío Desplà-Boscà-Cavallería le hizo una oferta en 1478, por la cual podría recuperar la posesión de dicho censal junto con el cobro de las futuras pensiones, pero a condición de rebajar el tipo de interés al $5 \%$ , como ya habían hecho otros acreedores; en caso contrario, seguiría sin poder cobrar su pensión.110 El interpelado habría acabado aceptando la oferta, de acuerdo con la «reductio» que se registra en el volumen del notario Ginebret con fecha algo posterior.111. Después del citado conflicto bélico, siguió recaudándose, si es que se había interrumpido, el subsidio destinado a la luición de estos censales en todas las diócesis de la Corona de Aragón. Durante todo este tiempo, Joan Andreu Sorts no sólo continuó actuando como uno de los dos comisarios eclesiásticos situados al frente de esa recaudación, sino también como administrador de las rentas de las pabordías de Valencia y la camarería de Zaragoza, de ahí que tuviera distintos procuradores operando en una y otra ciudad para gestionar las consiguientes rentas beneficiales. A propósito de la camarería zaragozana, se señalan ciertas dificultades a causa de la dispersión de sus rentas por todo el reino de Aragón y por inconvenientes interpuestos por parte de los señores temporales de los lugares de donde debían extraerse, todo lo cual iba en detrimento de los propios arrendatarios, «e axí moltes rendes de la dita cameraria se perden e van a mal per aquests respectes e molts altres». Ello motivó la revocación del procurador Bartomeu Gascó, ciudadano de Zaragoza,112 y su sustitución por el propio camarero (mossèn Luis de la Cavallería), creyendo que de esta manera las cosas irían a mejor. El nuevo arrendatario (un mercader zaragozano llamado, en nuestras fuentes, Lleonard Eli)113 se comprometió a satisfacer cada año —a lo largo de los cuatro que debía durar el arrendamiento— todos los gastos de vestuario y demás cargos ordinarios a los que estaba obligada la camarería para con la sede de Zaragoza; hecho esto, entregaría al comisario Sorts 9.000 s.j. para pagar las pensiones a las cuales estaban adscritas las rentas de este beneficio; todo lo que sobrara sería empleado, al parecer, en la luición de esos censales. En cuanto a la cantidad destinada al pago de las pensiones, también fue acordado crear un depósito anual de 200 lb.b. a favor de Sorts, a cuenta de las pensiones confiscadas a los rebeldes.114 Justamente, uno de los beneficiarios de esas confiscaciones había sido Gonçalvo de la Cavallería, a quién el rey le había hecho donación de algunas pensiones.115. Por lo que respecta a las pabordías de Valencia, después de las cuentas gestionadas durante el periodo 1455-1467, que dieron superávit, vinieron otras cuentas para el periodo 1468-1476 que fueron deficitarias a causa de «róssechs diffícils de exigir». Para intentar recuperar esas rentas fue acordado que se recurriría tanto al vicario general del obispo de Barcelona como al veguer de la misma ciudad. El comisario Sorts recibiría de los albaceas de quien administró esas rentas (se alude a mossèn Joan Pedró, presbítero beneficiado en la Sede de Valencia) hasta 47.000 reales de Valencia, en diversos plazos. Esta concordia fue suscrita con la intervención, y aprobación, de los procuradores de los tres acreedores que detentaban el «jus luendi», así como también de los procuradores de los dos pabordes de Valencia (Lluís Desplà y Pere Boscà) y del camarero de Zaragoza (Luis de la Cavallería).116. La administración de Joan Andreu Sorts fue contabilizada por un total de dieciséis años, concretamente, para el periodo comprendido entre el 1 de mayo de 1462 y el 30 de abril de 1478. El propio Sorts pidió presentar la rendición de cuentas al término de ese periodo —en fecha posterior, pues, al mes de abril de $1 4 7 8 -$ , ya que aún no tenía disponibles las cuentas de su procurador de Zaragoza.117 Ya a principios de 1479, Francesc Desplà, Joan Francesc Boscà y Alfonso de la Cavallería, éste último como sucesor de Luis, emplazaron a dicho canónigo a rendir cuentas de todo lo que había administrado del subsidio hasta la fecha,118 pero al respecto se planteaban ciertos problemas: primero, porque pedía un salario muy elevado y, por otra parte, sólo daba razón de sumas percibidas por él y no por las que había percibido junto con el otro comisario (Fonollet), entonces ya difunto. Asimismo, Sorts entregó un libro que decía haber confeccionado con mucho trabajo (de ahí seguramente la postulación de sus honorarios) donde se mostraba «lo procehit del dit subsidi, quals personas ho han rebut e en poder de qui per vosaltres, als quals consignat era, és pervengut». Sin embargo, se trataba de una recomposición a posteriori de esa contabilidad, ya que a causa del tiempo transcurrido (y que la mayor parte de los subcolectores ya habían fallecido), también a causa de los disturbios de 1462 (otra vez en alusión a la dispersión, al inicio de la guerra, de las cuentas que tenía en su casa) y de otros motivos de índole administrativa, mucha de esa documentación se había perdido o extraviado. El libro en cuestión no se ha conservado, pero disponemos de otras fuentes documentales que nos indican el balance final de esa contabilidad. En mayo del mismo año (1479), Joan Andreu Sorts dió aviso a todos los subcolectores del subsidio, como también a sus herederos o albaceas (en relación aún con el subsidio establecido por Calixto III en 1456), para que rindieran cuentas de sus colectas no a él sino a una persona designada por el consorcio Desplà-Boscà-Cavallería.119 No en balde, al canónigo Sorts se le recriminaba que había sido negligente y no había recaudado todo lo que podía exigir al respecto.120 En concreto, de la recaudación del subsidio había recibido casi $1 4 ~ \mathrm { m i l }$ libras (exactamente 13.953 lb. 18 s. 4 d.), aunque esa suma, una vez hechas determinadas correcciones sobre algunas partidas, sería algo menor a tenor de la sentencia dictada en 1482 a propósito de la serie de reclamaciones postuladas por los Desplà y los Boscà sobre la gestión llevada a cabo por Sorts.121 En cumplimiento de dicha sentencia, éste tuvo que transferir a la. Taula de Canvi de Barcelona las algo más de 2.000 libras anotadas como resta de saldo.122. Después de todo lo expuesto, no hay duda de que Joan Andreu Sorts tuvo un papel central en todo este asunto. Como se verá después, él mismo se convirtió en acreedor al adquirir uno de los censales de la Cámara Apostólica que luego traspasó a un familiar en virtud del testamento que realizó en 1503. 5.1. Pervivencia del problema de los censales de la Cámara Apostólica en época posterior. Parece evidente que la total extinción de la deuda censal de Benedicto XIII no se consiguió, sino de manera muy parcial. Entre 1478-1480 tenemos registradas algunas luiciones más, pero aún quedarían muchos censales sin amortizar. Por otra parte, no tenemos constancia del establecimiento de otros subsidios sobre el clero más allá de los anotados para la década de 1450, aunque habría que seguir investigando al respecto. Sea como fuere, la cuestión de la amortización de los censales de la Cámara Apostólica pasó a ser gestionada por otros tres acreedores descendientes de los primeros titulares, esto es, por Alfonso de la Cavallería (la sustitución parece coincidir con el hecho de que Luis de la Cavallería pasara a desempeñar el cargo de tesorero real) y Joan Valentí Boscà, hijo de Joan Francesc, en este caso a partir de 1480.123. Lo cierto es que, aún durante la primera mitad del siglo xvi, subsistían pensiones percibidas sobre la camarería de Zaragoza y las pabordías de Valencia. En un registro notarial conservado en el ACB aparecen recogidos diversos instrumentos relacionados con el pago, por parte de los titulares de esos beneficios, de algunas pensiones a favor de diferentes personas; en ocasiones se trata de pagas satisfechas por comendadores o bien por mercaderes actuando como arrendatarios de las rentas de esos beneficios. Por el momento, no podemos evaluar cuántos censales quedarían por rescatar, cuando, por otra parte, aún se estaban realizando luiciones de manera más o menos puntual.124 Muy probablemente, estas amortizaciones serían hechas a partir de los ingresos obtenidos de los propios beneficios, que por aquel entonces debían estar gravados por un número menor de pensiones o, en todo caso, estarían supeditados a un volumen de transferencia más llevadero. He escogido, un poco al azar, dos ejemplos de luición: uno de 1505, correspondiente al censal que a la sazón percibía un caballero barcelonés, y otro de 1514, respecto del censal que tenía adjudicado un pariente del canónigo Sorts. Ambos casos son interesantes por el hecho de contener la cronología de los sucesivos traspasos de esas pensiones de censal, desde la fecha de creación hasta su amortización o final cancelación. En el primer caso, Pere Berenguer Barutell, miles domiciliado en Barcelona confiesa recibir de Lluís Desplà, paborde de abril, y Llorenç Basset, paborde de mayo (en la sede de Valencia) 23.325 s.b. por la luición de la pensión que satisfacía el 25 de julio sobre los bienes, derechos y emolumentos de la Cámara Apostólica, y especialmente sobre los réditos de las indicadas pabordías. Además del precio de la luición, también se le pagaba la pensión íntegra de 1503 (77 lb. 15 s.) y una prorrata de la de 1504 (54 lb. 12 s.). Dicho censal se remontaba en su mayor parte al que vendió el comisario Francesc de Blanes a Nicolau Bassa, apotecario de Barcelona, según instrumento suscrito en Tarragona por el notario Pere Granyana con fecha del 30 de agosto de 1407. Este censal fue tasado a un interés del $6 { , } 6 \%$ (2.000 sueldos de pensión y 30.000 sueldos de precio). Pocos años después, el comprador hizo cesión de su censal a favor de Guerau de Palou, ciudadano de Barcelona, según quedó anotado por el notario Francesc de Manresa en la misma ciudad el 24 de septiembre de 1407. Éste lo traspasó a su vez a su único hijo y heredero Jaume Antoni, doncel, según constaba en su testamento realizado el 18 de diciembre de 1434, recogido por el notario barcelonés Pere Andreu. Posteriormente, fue objeto de una luición parcial, por un capital de 333 lb. 15 s., según fue escriturado por el notario que ya conocemos, Bartomeu del Bosc, el 23 de febrero de 1459. El hijo de Jaume Antoni de Palou, de nombre Jaume Guerau, era quién debía haber adquirido el censal si las circunstancias lo hubieran permitido; sin embargo, como rebelde y afecto a la causa contra la monarquía, el traspaso de padre a hijo no se llevó a cabo. Juan II, hallándose a la sazón en Tortosa, lo adjudicó a fecha de 27 de agosto de 1466 al citado Pere Berenguer Barutell, aunque al parecer éste ya había recibido previamente cierta cantidad de ese censal. Y finalmente llegamos a fecha 24 de enero de 1505, cuando se realizó la luición completa del censal (después de casi un siglo de vida) con un tipo de interés que se había mantenido igual que al principio. Como de costumbre, todas las escrituras generadas a propósito de esa renta, comenzando por el instrumento de venta y la escriptura de terç suscrita en la curia del veguer de Barcelona, fueron debidamente canceladas. En el segundo caso fue Joan Sorts, mercader y Maestre Racional del rey, quién reconocía al arzobispo de Zaragoza, aunque ausente (lo era Alfonso de Castilla y de Aragón), como administrador o comendador de la camarería, y a su procurador, Joan Sacirera, miles «familiar» del prelado, de haber sido satisfecho con 1.000 libras correspondientes al precio de una pensión de 1.000 sueldos que percibía anualmente el 24 de octubre sobre los derechos de la Cámara Apostólica, y más especialmente sobre las rentas de la indicada camarería. Al precio de la luición se le adjuntaba otra cantidad (21 lb. 12 s. 3 d.) correspondiente a la prorrata de la pensión. Dicho censal fue vendido por Vicenç Sagarra, abad de Áger y canónigo de Tortosa, en tanto que comisario de Benedicto XIII, a favor del mercader barcelonés Bertran Nicolau, a fecha de 24 de octubre de 1409 y con intervención del notario de Barcelona Bernat d’Esplugues. La pensión era de 5.000 s.b. y se vendió por 3.000 libras a un tipo de interés, por tanto, del $8 { , } 3 3 \%$ . Recordemos que este censal se situaba en el primer puesto del ranking —en cuanto a la cuantía consignada— de todos los vinculados a la Cámara Apostólica. Como es sabido, dicho mercader repartió toda su fortuna entre diversas instituciones religiosas; la renta en cuestión fue a parar, a título de donación, al prior y convento de predicadores de Barcelona, recibiéndolo en nombre de cierto oratorio que luego fue trasladado a dicho establecimiento mendicante; así quedó registrado por el notario barcelonés Arnau Lledó con fecha del 4 de mayo de 1419. Años más tarde (1434), los 5.000 sueldos de la pensión fueron transferidos en dos partes: una mitad (2.500 s.) pasó al mercader de Barcelona Joan de Torralba, que la compró por 30.000 sueldos (correspondiente a la mitad del capital inicial);125 y la parte restante a Francesc Desplà, ciudadano barcelonés (diferente, pues, de su homónimo militar), en dos instrumentos que fueron expedidos el mismo día $- 1 5$ de marzo—, pero por dos notarios diferentes: Antoni Brocat y Antoni Vinyes. Sin embargo, el segundo comprador no llegó a satisfacer la cuantía y dicha parte de censal tuvo que ser restituida a los frailes dominicos, según sentencia dictada por dos jueces en la escribanía de la corte del veguer, ya en 1466. De manera que este censal estuvo más de treinta años en manos de F. Desplà126 sin haber dado cumplimiento a la transacción econó- mica (entre tanto, no sabemos quién estuvo percibiendo la pensión, si es que se pagó), pero el caso expuesto no deja de ser sorprendente por la tardanza en la resolución judicial. Finalmente, dicha parte volvió a ser vendida por el mismo convento a un canónigo de Barcelona, ni más ni menos que Joan Andreu Sorts. Efectivamente, éste adquirió la correspondiente pensión (2.500 s.) al mismo precio (30.000 s.) que había satisfecho el comprador de la otra parte, según instrumento notarial del ya citado Antoni Vinyes con fecha del 10 de junio de 1478.127 Como vemos, los dominicos habrían hecho un buen negocio vendiendo el censal que recibieron a título de donación, en principio sin desembolsar nada, por un total de $6 0 ~ \mathrm { m i l }$ sueldos. Naturalmente, esta parte de la pensión que ahora nos ocupa continuaría estando adscrita a la camarería de Zaragoza. En 1482 el entonces camarero Llorenç de la Cavallería llegó a un acuerdo con el canónigo Sorts, en calidad de administrador de las rentas de ese beneficio, para reducir la pensión a 1.000 sueldos (y el capital a $2 0 \mathrm { m i l }$ ), según quedó registrado por el notario Bartomeu Costa, sénior, el 17 de septiembre. Más tarde, en el testamento fechado el 20 de junio de 1503, nuestro canónigo legó este censal a su sobrino Joan Sorts.128. Ambas operaciones de luición fueron convenidas a través de la Taula de Canvi de Barcelona. Ni qué decir tiene, habría otras muchas operaciones realizadas a lo largo de esa época que podrían ser sacadas a la luz a partir de un vaciado exhaustivo del correspondiente registro notarial, en el cual también se documenta el pago de todas aquellas pensiones que aún no habían sido redimidas.129. Por otra parte, ya nada sabemos en relación con los demás beneficios consignados a los censales de la Cámara Apostólica, si es que habían podido ser liberados más tempranamente de tal obligación, pues la mayoría tenían un menor número de pensiones asignadas, o si cabría pensar en una gestión al margen de la que he venido exponiendo hasta aquí.130. En suma, no todos los censales emitidos a cuenta de la Cámara Apostó- lica pudieron ser rescatados, aunque, por el momento, no estamos en condiciones de hacer una evaluación global al respecto. Con todo, en el supuesto de que se hubiera destinado un mínimo de $2 3 \mathrm { \ m i l }$ libras a las operaciones de amortización a partir de lo recaudado del subsidio (a las 9.000 libras destinadas a tal menester de la primera tanda sumamos las 14.000 indicadas en el balance final del canónigo Sorts), aún estaríamos lejos de la cifra barajada como volumen total de capital tomado inicialmente en préstamo (en torno a $6 0 ~ \mathrm { { m i l } }$ lb.). Si no se pudo hacer más, sería por culpa de los cuantiosos «darreratges» que también debían ser satisfechos del subsidio. Sea como fuere, el problema creado por Benedicto XIII a principios del siglo xv había quedado más o menos resuelto en la década de 1480 y a partir de entonces ya no sería una cuestión considerada preocupante ni para el papado, cuya última disposición al respecto, por lo que sabemos, data de 1472 (cf. nota 98), ni tampoco para el clero de la Corona de Aragón, que, según parece, ya no se vio obligado a tener que satisfacer ningún otro subsidio por este motivo. De persistir el problema, éste quedó circunscrito al reducido ámbito beneficial que aún se mantenía vinculado a la obligación crediticia. 6. Conclusión. La situación de la Cámara Apostólica, o para ser más precisos, de la colectoría de Aragón, es un exponente más —en el contexto de la Corona de Ara$\mathrm { { g o n - } }$ de una serie de instituciones que se endeudaron a tal punto que tuvieron que poner en práctica parecidas estrategias para intentar aminorar el impacto de esa deuda pactando con sus acreedores algún tipo de modificación o renegociación de las condiciones inicialmente establecidas. En el caso abordado aquí, el problema trasciende el ámbito estricto de la Corona de Aragón por cuanto también afectó, aunque fuera de soslayo, al papado, de ahí también el interés de determinados pontífices por intentar dejar el asunto, de algún modo, zanjado. Asimismo, fue una cuestión que involucraba a la Iglesia en dos facetas digamos contrapuestas: como parte obligada en esa deuda y a la vez como parte acreedora, dada la inclusión de algunos eclesiásticos e instituciones religiosas entre aquellos que adquirieron el derecho a percibir esas rentas. Más allá de relacionarse con la gestión de algunos beneficios eclesiásticos, el tema tuvo repercusiones fiscales sobre el clero en su conjunto, pues sobre éste recayeron diversas contribuciones destinadas a liberar a la Cámara Apostólica y al propio clero de los problemas creados por esa deuda censal frente a las legítimas reclamaciones esgrimidas por el colectivo de acreedores. La recaudación de los sucesivos subsidios autorizados por Nicolás V y Calixto III fue dificultosa, primero por coincidir con otras contribuciones que debía percibir la monarquía.131 Más tarde, los desbarajustes provocados por la contienda civil del Principado llevaron a posponer la liquidación final del último subsidio hasta principios de la década de 1480. Con todo, la década 1450 fue una etapa crucial para intentar solucionar el problema. Aunque hubo diferentes agentes eclesiásticos interviniendo en esta cuestión, los más destacados fueron Joan de Nea, Guillem Ponç de Fonollet y sobre todo Joan Andreu Sorts. Además del rol que tuvieron como comisarios de algunos subsidios, estos eclesiásticos ejercieron como mediadores en distintas concordias o sentencias arbitrales, y en el caso del canónigo Sorts, también como administrador principal de tres de los principales beneficios de cuantos estaban hipotecados a esa deuda. Y por lo que respecta a los representantes del colectivo de los acreedores, destaca, por encima de todo, el trío Desplà-Boscà-Cavallería, que jugó un papel de primer orden a raíz de la constitución de su consorcio en 1456. Aparentemente, estos tres individuos fueron meros gestores dedicados a la amortización de los censales de la Cámara Apostólica, pero no sabemos muy bien si utilizarían esta situación para obtener ganancias de tipo crematístico, ya sea anticipando sumas o especulando sobre las rentas de los beneficios, cuya administración pudieron controlar en parte. Todo esto estaría al margen de otro tipo de contraprestaciones, como fue la adjudicación —a favor de sus respectivos hijos, seguramente como forma de asegurarles una carrera eclesiástica— de la camarería de Zaragoza y las dos pabordías de Valencia. Esos beneficios quedaron temporalmente eximidos de contribuir en ningún tipo de contribución eclesiástica, esto es, en la medida en la que sus rentas siguieron estando consignadas en buena parte al pago de las numerosas pensiones que no pudieron ser rescatadas, cuyo pago aún seguía estando vigente en la primera mitad del siglo xvi. Sea como fuere, aquí he intentado aportar algo de luz a una administración que, a fin de cuentas, no debió de ser un mal negocio para los tres acreedores, pues de otro modo habrían renunciado a seguir al frente de aquélla ni tampoco hubieran permitido que otros miembros de sus familias ocuparan sus puestos. 7. Referencias bibliográficas. Ál vare z Pale nzuel a, Vicente (1977), Extinción del Cisma de Occidente: la legación del Cardenal Pedro de Foix en Aragón (1425-1430), Madrid, Universidad Autó- noma. Ál vare z Pale nzuel a, Vicente (1986), «Últimas repercusiones del Cisma de Occidente en España», En la España Medieval, V: 53-80. 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Pensiones consignadas a cada beneficio (1418) — ACA, C, reg. 2921, ff. 43v-45r (Zaragoza); ff. 47r-48r (Tortosa-Segorbe); ff. 48r-49v (Valencia) Camarería de Zaragoza <table><tr><td colspan="1" rowspan="1">Censalista</td><td colspan="1" rowspan="1">Condicion</td><td colspan="1" rowspan="1">Cuantia de la pension</td><td colspan="1" rowspan="1">Fechade cobroa</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Bertran Nicolau, mercader</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">250 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[24.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">precentor de la Sede de Barcelona</td><td colspan="1" rowspan="1">Eclesiastico</td><td colspan="1" rowspan="1">121 1b. 8 s. 6 d.</td><td colspan="1" rowspan="1">[8.X / 8.IV]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Francesc de Vilanova</td><td colspan="1" rowspan="1">Noble</td><td colspan="1" rowspan="1">100 1b.b</td><td colspan="1" rowspan="1">[28.VII]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Ramon Pallares, Joan Sesavaces,menor, Bartomeu Gras,Sibila, viuda deArnau Ferrer, y Miquel de (Seud)</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadanos</td><td colspan="1" rowspan="1">100 1b.e</td><td colspan="1" rowspan="1">[28.VI]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">herederos de Ramon de Blanesd</td><td colspan="1" rowspan="1">Noble</td><td colspan="1" rowspan="1">78 1b. 13 s. 10 d.</td><td colspan="1" rowspan="1">[1.IX]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Francisca, viuda de Arnau de Blanese</td><td colspan="1" rowspan="1">Noble</td><td colspan="1" rowspan="1">[61 Ib. 2 s. 6 d.]</td><td colspan="1" rowspan="1">[1.IX]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Roger de Pinós y Caterina, hija deBertran de Pinos</td><td colspan="1" rowspan="1">Noble</td><td colspan="1" rowspan="1">57 1b. 17 s. 2 d.</td><td colspan="1" rowspan="1">[29.1X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Andreu Merles, sucesor de Pere Merles</td><td colspan="1" rowspan="1">Noble</td><td colspan="1" rowspan="1">57 1b. 3 s.</td><td colspan="1" rowspan="1">[22.IX]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Joana, mujer de Galceran de Sentmenat</td><td colspan="1" rowspan="1">Noble</td><td colspan="1" rowspan="1">56 1b. 19 s. 10 d.</td><td colspan="1" rowspan="1">[9 0 10.IV]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Ferrer y Lluis de Gualbes,Marc Turell,Ramon de Pla, Simó de Marimon,Antoni Bussot, Gines Almugaver, PereMarquet y herederos de Francesc Terreé</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadanos</td><td colspan="1" rowspan="1">50 1b!</td><td colspan="1" rowspan="1">[28.VI1]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Alamanda, viuda de Bernat de Juiag</td><td colspan="1" rowspan="1">Noble</td><td colspan="1" rowspan="1">[50 1b.]</td><td colspan="1" rowspan="1">[3.V /3.X1]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Guillem de Fonollet, mercader</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">50 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1"></td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Nicolau Bassa</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">50 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[4.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Margarita, mujer de Bartomeu de Palou</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">50 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[27.VII 07.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pere Muntsoleres, presbitero beneficia-do en la Sede de Barcelona</td><td colspan="1" rowspan="1">Eclesiastico</td><td colspan="1" rowspan="1">47 1b. 10 s.</td><td colspan="1" rowspan="1">[24.IX]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Ferrer de Gualbes</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">40 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[3.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Blanca, viuda de Ramon Botella</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">35 1b.15 s.</td><td colspan="1" rowspan="1">[14.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pere Regacol, canónigo de Barcelonah</td><td colspan="1" rowspan="1">Eclesiastico</td><td colspan="1" rowspan="1">32 1b. 15 s.</td><td colspan="1" rowspan="1">[8.IX]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Andreu Bosquet</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">30 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[14.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pere Sacalm</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">30 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[3.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Caterina, viuda de Pere Girgós</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">25 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[28.IX]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Convento de Jonqueres</td><td colspan="1" rowspan="1">Eclesiastico</td><td colspan="1" rowspan="1">25 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[8.IX]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Bonanat Pere, licenciado en leyes</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">25 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[26.IX]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Nicolau Cosc6, mercader</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">25 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[28.IX]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Francesc Formós,del oficio de MaestreRacional</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">25 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[11.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Joan Bosca</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">25 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[12.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Joana, mujer de Bernat de Puigi</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">25 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[31.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pere Pujada, canónigo de Barcelona</td><td colspan="1" rowspan="1">Eclesiastico</td><td colspan="1" rowspan="1">22 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[30.1X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pere de Pla,presbitero</td><td colspan="1" rowspan="1">Eclesiastico</td><td colspan="1" rowspan="1">15 1b.</td><td colspan="1" rowspan="1">[18.1X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Guillem de Pla, presbitero beneficiadoen la Sede de Barcelona</td><td colspan="1" rowspan="1">Eclesiastico</td><td colspan="1" rowspan="1">12 1b.17 s. 3 d.</td><td colspan="1" rowspan="1">[11.X]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Isabel, viuda de Pere Bosca</td><td colspan="1" rowspan="1">Ciudadano</td><td colspan="1" rowspan="1">11 1b. 13 s. 4 d.</td><td colspan="1" rowspan="1">[30.IX]</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">sor Graida,monja clarisa</td><td colspan="1" rowspan="1">Eclesiastico</td><td colspan="1" rowspan="1">11 1b. 5 s. 9 d.</td><td colspan="1" rowspan="1">[26.IX]</td></tr></table> $a$ En la fuente de referencia, la fecha de cobro no se indica, pero podemos incorporarla, en la mayoría de casos, a partir de la información contenida en los libros de ápocas de unos años antes. Por ello ponemos esas fechas entre corchetes. $b$ Respecto de una pensión que totalizaba 250 libras, redistribuida por la parte restante (150 lb.) entre otras personas, no sabemos si de forma temporal o definitiva. $c$ Como parte de la pensión que tenía el noble Francesc de Vilanova. $d$ Serían Arnau y Francina, según tenemos registrado en el libro de ápocas. $e$ En nuestra fuente, las pensiones de las viudas de Bernat de Juià y Ramon de Blanes aparecen intercambiadas, probablemente por un lapsus del escribano del registro. $f$ Como parte de la pensión que tenía el noble Francesc de Vilanova. $g$ En nuestra fuente, a esta viuda se le adjudican 61 lb. 2 s. 6 d., que no obstante era la pensión que debía percibir la viuda de Arnau de Blanes, anotada a continuación. $h$ Respecto de un censal que inicialmente había sido del convento de Junqueres, luego de Nicolau Pujalt, patrón de nave, y finalmente de dicho canónigo. $i$ Sucedió a su madre Pasquala, viuda de Joan Navarro. Pabordías de Valencia <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Censalista</td><td rowspan=1 colspan=1>Condicion</td><td rowspan=1 colspan=1>Cuantia de la pension</td><td rowspan=1 colspan=1>Fechade cobro</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Antic Almugaver</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>235 1b.14 s.</td><td rowspan=1 colspan=1>1.XI</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Joan de Conomines</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>75 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>28.VII</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pere Mates,formenter</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>55 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>25.X</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Margarita, viuda de Bartomeu de Palou</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>501b.</td><td rowspan=1 colspan=1>27.VII</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Blanca, viuda de Bernat Lunes, jurispe-rito,y demas herederos de Pere Lunes</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>501b.</td><td rowspan=1 colspan=1>28.VII</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Convento de la Mercéa</td><td rowspan=1 colspan=1>Eclesiastico</td><td rowspan=1 colspan=1>50 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>20.IX</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Guillem Martina, panero</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>50 1b.b</td><td rowspan=1 colspan=1>15.X</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Joan Llull</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>50 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>25.X</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Agnes, viuda de Joan Llull, tutora deJoanet, hijo de Romeu Llull</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>44 1b. 6 s.</td><td rowspan=1 colspan=1>25.X</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Guillem de Soler</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>38 1b. 6 s. 8 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>27.VII</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Joaneta, viuda de Francesc Foix,del ofi-cio de Maestre Racional</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>25 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>26.IX</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Miquel de Palou</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>23 1b. 6 s.8 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>28.VII</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Violant,viuda de Pere de Puigverd,cambista</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>18 1b. 11 s. 6 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>21.XI</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bartomeu Castlar, presbitero beneficia-do en la sede de Barcelona</td><td rowspan=1 colspan=1>Eclesiastico</td><td rowspan=1 colspan=1>17 1b. 4 s.</td><td rowspan=1 colspan=1>4.XI</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Francesc Serra, presbitero beneficiadoen la sede de Barcelonae</td><td rowspan=1 colspan=1>Eclesiastico</td><td rowspan=1 colspan=1>15 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>4.XI</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Lluis Marc</td><td rowspan=1 colspan=1>Noble</td><td rowspan=1 colspan=1>12 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>[27.X]</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Caterina, mujer de Pere Serra</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>10 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>27.X</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Violant, mujer de Pere Serra</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>8 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>[27.X]</td></tr></table> $a$ Censal comprado por fray Gabriel Mas, como procurador y ecónomo de dicho convento, y Bartomeu Saifores, residente allí mismo. $b$ Anteriormente percibía una pensión de 105 libras, a veces desglosada en dos pagas de 50 y 55 lb. $c$ Tanto éste como el clérigo anotado antes compraron su parte del censal como personas laicas. Sacristía de Tortosa <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Censalista</td><td rowspan=1 colspan=1>Condicion</td><td rowspan=1 colspan=1>Cuantia de la pension</td><td rowspan=1 colspan=1>Fechade cobro</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Francesc d&x27;Ortals,doctor en leyes</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>125 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>1.1</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pere de Puig</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>50 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>29.XI</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bartomeu Castlar, presbitero de la sedede Barcelona</td><td rowspan=1 colspan=1>Eclesiastico</td><td rowspan=1 colspan=1>30 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>21.VIII</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bartomeu de Palou</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>27 1b.19 s.</td><td rowspan=1 colspan=1>28.XI</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Fray Mateu Ferran,del convento deSanta Ana</td><td rowspan=1 colspan=1>Eclesiastico</td><td rowspan=1 colspan=1>27 1b.10 s.</td><td rowspan=1 colspan=1>31.I</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Guillem de Soler y su mujer Leonor</td><td rowspan=1 colspan=1>Ciudadano</td><td rowspan=1 colspan=1>25 1b.14 s. 6 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>28.XI</td></tr></table>. Enfermería de Segorbe <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Censalista</td><td rowspan=1 colspan=1>Condicion</td><td rowspan=1 colspan=1>Cuantia de la pension</td><td rowspan=1 colspan=1>Fechade cobro</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Margarita, mujer de Manuel de Rajadell</td><td rowspan=1 colspan=1>Noble</td><td rowspan=1 colspan=1>50 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>23.XI</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Alamanda, mujer de Bernat de Juiaa</td><td rowspan=1 colspan=1>Noble</td><td rowspan=1 colspan=1>40 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>3.V /3.XI</td></tr></table> a Arnau de Blanes era un pequeño noble (donzell) de la Bisbal d’Empordà. La misma viuda aparece indicada como perceptora de otra pensión asignada sobre la camarería de Zaragoza. Deudas contabilizadas al caballero Joan de Palou a raíz de la concordia establecida con Desplà-Boscà-Cavallería (1458). — AHPB, Primus liber negotiorum (1457-1460), s.f., sign. 199/40 a Esta cifra viene a coincidir más o menos con la suma de las cantidades debidas por la camarería de Zaragoza, las pabordías de Valencia y la sacristía de Tortosa, pero dejando al margen los restantes beneficios consignados a la deuda censal de Benedicto XIII. <table><tr><td colspan="1" rowspan="1">Bloque A</td><td colspan="1" rowspan="1">Pensiones</td><td colspan="1" rowspan="1">Capital(tipo de interés)</td><td colspan="1" rowspan="1">Observaciones</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Camareria deZaragoza</td><td colspan="1" rowspan="1">501b.</td><td colspan="1" rowspan="1">700 1b. (7,14%)</td><td colspan="1" rowspan="1">Aparte pension de 121 Ib.8 s.6d. que percibia su tio “cabiscolde la Seu&gt; ya difunto.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pabordias deValencia</td><td colspan="1" rowspan="1">50 1b.23 1b.6 s.8 d.</td><td colspan="1" rowspan="1">750 1b. (6.6%)326 1b.13 s.4 d.(7,14%)</td><td colspan="1" rowspan="1"></td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sacristia deTortosa</td><td colspan="1" rowspan="1">7 1b.16 s.2 d.</td><td colspan="1" rowspan="1">109 11.6 s. (7,14%)</td><td colspan="1" rowspan="1">Aparte de otra pension,quizás yaextinguida,de 27 lb.9 s.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Suma:</td><td colspan="1" rowspan="1">131 lb.2 s.10 d.</td><td colspan="1" rowspan="1">1.885 lb. 19 s.4 d.</td><td colspan="1" rowspan="1"></td></tr></table> <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bloque B</td><td rowspan=1 colspan=1>Debito de laspensiones</td><td rowspan=1 colspan=1>Parte adjudicadaa Joan Palou</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Camareria deZaragoza</td><td rowspan=1 colspan=1>11.554 lb. 15 s.2d.</td><td rowspan=1 colspan=1>361 lb.12 s.4 d.50 1b.50 1b.163 lb.4 s. 7 d.878 1b.3 s.7 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>Por el censal de 50 lb.;pension de 1449;apensión de 1450;《darreratges&gt; de 1450 《enca&gt;;por el censal de su tio.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pabordias deValencia</td><td rowspan=1 colspan=1>7.716 1b. 13 s.3 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>373 lb.12 s.4 d.50 1b.109 1b.18 s.251b.174 lb.7 s.23 1b.6 s.8 d.55 lb.1s.11 d.80 lb.-4 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>Por el censal de 50 lb.;《per los menyscaps de fruits&gt; de1446 a 1450;《darreratges&gt; de 1450 《enca&gt;;prorrata de 4 meses fins a la jornade&gt;:Del otro censal;《per los menyscaps de fruits&gt; de1446 a 1450;《darreratges&gt;de 1450 《enca&gt;《per lo que ha falgut&gt; de 1446a 1450</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Sacristia deTortosa</td><td rowspan=1 colspan=1>2.951 lb.9 s. 4 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>273 lb.14 s.41 lb.18 s.6d.12 1b.3 lb.8 s.11 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>Por el censal de 27 lb.9 s.[no especifica mas]《darreratges&gt; de 1450 《enca&gt;[no especifica mäs]</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Restantesbeneficiosb</td><td rowspan=1 colspan=1>1.000 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>73 1b. 16 s.7 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>《per sos censals e de la cabis-colia&gt;</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Suma:</td><td rowspan=1 colspan=1>23.221 1b.17 s.9d.</td><td rowspan=1 colspan=1>2.799 1b.4 s.9 d.</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr></table> $a$ «Que s’aturà lo cardinal de Foix». Con respecto a lo que también se indica más abajo acerca de la recuperación de la camarería, me remito a la nota 55. $b$ Se indican los siguientes: los prioratos de Palera y Sant Pere de Riudebitlles, la camarería de Tarragona, la canonjía/enfermería de Segorbe, el arcedianato de Andorra y las capellanías de Vic. <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bloque C</td><td rowspan=1 colspan=1>Cuantias debidasa los acreedorespor otros gastos</td><td rowspan=1 colspan=1>Parte adjudicadaa Joan Palou</td><td rowspan=1 colspan=1>Observaciones</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>2.000 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>186 lb.- 10 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>Gastos realizados hasta 1450</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>220 1b.</td><td rowspan=1 colspan=1>7 1b.10 s.</td><td rowspan=1 colspan=1>Por recobrar la posesion de lacamareria de Zaragoza</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>49 1b.14 s.</td><td rowspan=1 colspan=1>4 lb.12 s.2 d.</td><td rowspan=1 colspan=1>Por un error de cälculo sobre eltotal calculado de 22.222 lb.11s.9d.</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Suma:</td><td rowspan=1 colspan=1>2.269 1b. 14 s.</td><td rowspan=1 colspan=1>198 1b.3 s.</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr></table> <table><tr><td>Deuda total A+B+C</td><td></td><td>4.883 lb. 6 s. 11 d.</td><td>Segun el documento: 4.884 Ib.7 s. 11 d.</td></tr></table>
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Cinco meses del inicio de un reinado: la Aljafería de Zaragoza y Pedro el Ceremonioso (enero-mayo de 1336).: Five months of the beginning of a reign: the Aljaferia of Saragossa and Peter de Ceremonious (January-May 1336)
CINCO MESES DEL INICIO DE UN REINADO. LA ALJAFERÍA DE ZARAGOZA Y PEDRO EL CEREMONIOSO (ENERO-MAYO 1336) FIVE MONTHS OF THE BEGINNING OF A REIGN: THE ALJAFERIA OF SARAGOSSA AND PETER DE CEREMONIOUS (JANUARY-MAY 1336) Álvaro CANTOS CARNICER Investigador independiente email@example.com. Resumen: El presente artículo examina la documentación existente sobre el palacio de La Aljafería de Zaragoza en los primeros casi cinco meses del reinado de Pedro IV de Aragón, período que pasó por completo en Zaragoza. La febril actividad que se desarrolló en el palacio durante la estancia regia comprendió, entre otras cosas, recepciones, nombramientos, concesiones reales, renovaciones de privilegios y homenajes de tipo feudal. También se celebraron en esos meses las festividades de la coronación del rey y se firmó un importante tratado con don Juan Manuel. Palabras clave: palacio de La Aljafería, Aragón, Pedro IV de Aragón, recepción, coronación real, homenaje feudal, siglo XIV. Abstract: This paper reviews the surviving documentation about Aljaferia palace of Saragossa during the first five months of the reign of Peter IV of Aragon, period that the king spent completely in Saragossa. The hectic activity of the palace in that period involved, among other things, receptions, appointments, granting or renewal of privileges and feudal homages. It also was the place where the celebrations of the king’s coronation were held and an important treaty with the Castilian nobleman Juan Manuel was signed. Keywords: Aljaferia Palace, Aragon, Peter IV of Aragon, royal reception, royal coronation, feudal homage, $1 4 ^ { \mathrm { t h } }$ century. 1. Introducción1. Pedro IV de Aragón comenzó su reinado en Zaragoza a finales de enero de 1336 y continuó en la ciudad hasta los primeros días de junio, no saliendo de ella durante esos casi cinco meses y fijando su residencia en el palacio de la Aljafería. En este escenario se produjo el primer contacto del monarca con sus súbditos, sucediéndose las recepciones, nombramientos, concesiones o ratificaciones de privilegios, prestaciones de homenaje... También desarrolló su actividad diplomática en relación con Castilla, Granada y otros territorios y se realizaron las celebraciones de la coronación del rey. La narración de estos hechos quedó condicionada en su conjunto, desde un primer momento, por la Crónica del Ceremonioso, 2 completada en algunos detalles por la de Jerónimo Zurita.3 A falta del libro de cuentas del merino de Zaragoza, el conocimiento de esta etapa de casi ciento treinta días se deja completar en algunos de sus detalles a través de la documentación del Archivo de la Corona de Aragón y, en menor medida, de otras fuentes archivísticas, más bien escasas, recogidas en gran parte en la historiografía moderna. Ésta, en cualquier caso, ha abordado de manera dispersa y poco extensa este momento de la historia de Zaragoza y de la Aljafería. 4. Este trabajo realiza una relectura de la información de este período referente a la Aljafería, con la intención de confeccionar un tejido coherente del devenir de dicho edificio en los primeros cinco meses de 1336, reuniendo el máximo de datos disponibles. A pesar de su esquematismo, las noticias permiten registrar una serie de actos y acontecimientos que acaecieron en el palacio y constatan la presencia de una larga nómina de personajes, de variada condición y procedencia, con los que esbozar un fresco fragmentario de la política cortesana en La Aljafería. 2. Los inicios del reinado; el conflicto con la madrasta; la casa del rey y la continuidad de los funcionarios reales. Alfonso IV de Aragón murió el 24 de enero de 1336 en Barcelona. 5 Su hijo el infante Pedro, procurador general desde 1328 (Lalinde 1965: 62 y 519), tenía entonces 16 años y se hallaba en Zaragoza, alojado en el monasterio de San Francisco. Una vez celebradas las exequias del rey Alfonso en la Seo, se mudó de inmediato a la Aljafería. Enseguida, el nuevo monarca informó de la muerte de su padre a las más altas personalidades extranjeras6 (Girona 1934: 261-262) y a algunos familiares, como su tía abuela Isabel7 (López de Meneses 1950: 181-182). Desde esos primeros momentos comenzó una incesante llegada de visitantes a la Aljafería con el deseo de presentarse ante el joven Pedro en el inicio de su reinado. 8. El rey Alfonso había donado a su segunda esposa, doña Leonor de Castilla, y a los hijos que tuvo con ella —los infantes Fernando y Juan— cuantiosas posesiones en la Corona de Aragón, especialmente en el reino de Valencia. Su hijo el entonces infante Pedro había cuestionado la validez de tales donaciones, lo que desencadenó la enemistad con su madrastra. En parte por ello, Pedro había pasado buena parte de su adolescencia en Aragón, acompañado de sus principales valedores. Entre ellos destacaron Pedro López de Luna, arzobispo de Zaragoza, 9 el señor de Cadrete Miguel Pérez Zapata, su ayo Miguel Pérez de Gurrea, el abad de Montearagón Jimeno de Gurrea, que era hermano de su ayo, y García de Lóriz, tesorero de Alfonso IV, quienes lo protegieron durante su etapa de infante en el conflicto entablado con su madrastra.10. También perteneció a este círculo inmediato de fidelidades el infante don Jaime, conde de Urgel, su hermano, que más adelante sería nombrado Procurador General.11 En el arranque del reinado, la Crónica de Pedro El Ceremonioso hace referencia a alguno de los citados —como el arzobispo de Zaragoza y el abad de Montearagón—, pero también a otros altos eclesiásticos y nobles que formaron parte de la élite más cercana al monarca. Entre ellos, Lope de Luna, señor de Segorbe y sobrino del arzobispo zaragozano; 12 Juan Jiménez de Urrea padre, que era señor de Biota y El Bayo, y su hijo Juan Jiménez de Urrea;13 el señor de Alfajarín, Jimeno Cornel, y sus hijos Pedro Cornel y Ramón Cornel; 14 y los hermanos Blasco de Alagón y Juan Jiménez de Urrea, hijos de don Artal de Alagón (Garcés de Cariñena 1983: 298). De entre los mencionados, los Cornel se acabaron posicionando del lado de la reina doña Leonor. 15 Además de los nobles y altos eclesiásticos, el rey recibió en sus primeros días en la Aljafería a las gentes honradas que conformaban las elites urbanas y representaban a las principales ciudades y villas de Aragón.16. Doña Leonor se refugió en Castilla cuando su marido murió en enero de 1336 y desde allí presionó para que se respetasen sus derechos y posesiones y los de los infantes, sus hijos. A tal fin, desde Castilla se enviaron a Zaragoza diversos emisarios que probablemente fueron recibidos en la Aljafería: en el mes de febrero comparecieron ante el rey de Aragón Gonzalo García y fray Juan, respectivamente mayordomo y confesor de doña Leonor; 17 en marzo o abril llegó Men López de Toledo, enviado por el rey de Castilla con el fin de defender ante Pedro IV los intereses de doña Leonor y sus hijos; y desde la Aljafería el 20 de abril fue enviado Juan Ruiz de Moros a Castilla con la respuesta del nuevo monarca.18. El 10 de febrero, el rey nombraba a su canciller el arzobispo de Zaragoza, como procurador para tratar de su boda con la infanta Juana de Navarra y disponer todo lo referente a los castillos que se daban como rehenes (Moxó 1990: 497, doc. 261). El 28 del mismo mes fueron enviados mensajeros —Ferrer de Canet, Francesc de Santcliment y Burguet de Sarrià— a Aviñón para parlamentar con el papa Benedicto XII y el rey de Francia sobre las negociaciones de paz con Génova (Rodrigo 2013: 398-402). El 6 de marzo, el rey pedía a su camarero, Lope de Gurrea, que le enviara a Zaragoza (sin duda desde Barcelona) el libro de los Milagros que había sido de su padre, el rey Alfonso. 19. En Cuaresma, entre mediados de febrero y finales de marzo, El Ceremonioso recibió también en la Aljafería a los oficiales y cortesanos de su padre. Según la crónica real, algunos de ellos, los más útiles, fueron mantenidos en sus puestos, mientras que a otros se les dieron otras funciones fuera de la corte o violarios.20 Entre los miembros de la casa del rey, el arzobispo de Zaragoza, Pedro López de Luna, fue uno de los que continuaron en sus funciones; había sido nombrado ya por Alfonso IV canciller vitalicio, cargo en el que fue confirmado por Pedro IV el 1 de marzo, ampliando incluso sus facultades. 21 Rodrigo Díaz, caballero y doctor en leyes, había sido desde 1326 canciller del infante Pedro y vicecanciller de Alfonso IV entre 1328 y 1331, cargo que siguió ostentando con Pedro IV entre 1336 y $1 3 4 0 ^ { 2 2 }$ . El maestro Alatzar, médico judío de Alfonso IV, siguió siendo físico de la casa real con el nuevo monarca. 23 Como más adelante se verá, Bernardo Badía conservó su cargo de capellán y custodio de la Aljafería con Pedro IV, quien mantuvo también como cuidador de los leones de la Aljafería al judío Açach Arruetí.24 Miguel Pérez Zapata tuvo continuidad como consejero real, desempeñando un notable papel en el consejo de Pedro IV desde el inicio del reinado, 25 al igual que lo hizo García de Lóriz, tesorero de Alfonso; 26 ambos ostentaron altos cargos en años posteriores. Más adelante veremos cómo la información sobre el banquete de la coronación proporciona datos sobre otros nombramientos. Adelantamos aquí el de Lope de Luna como mayordomo del rey en Aragón (Sesma y Lafuente 2013: 4). La documentación permite constatar asimismo que, cuando Pedro accedió al trono, numerosos funcionarios pasaron de la casa del infante a la casa del rey conservando la misma función. Fueron los casos de Lope de Gurrea, que ya desde comienzos del reinado aparecía como camarero mayor y portero mayor.27 O de García Pérez Pepín, como sobreacemilero, 28 García de Sant Pol, como maestro, 29 Gil Martínez como caballerizo, 30 Guillem Galcerán como sastre, 31 Domingo Novales como armero32 y. Ferrando Pérez como halconero. 33 Igualmente Sancho de Ayerbe, confesor del infante continuó con tal función cuando éste se convirtió en rey (Girona 1934: 240, 253). En otros casos, hubo funcionarios que pasaron de la casa del infante a la del rey cambiando de puesto desde el inicio del nuevo reinado o posteriormente. Por ejemplo, Pedro Jordán de Urriés, despensero del infante Pedro, fue nombrado tesorero real entre 1336 y 1339.34 Martín López d’Orna, panadero mayor del infante, se desempeñó en 1345-1346 como despensero mayor. 35 Gil Pérez de Buisán había servido como lugarteniente del infante y cuando éste accedió al trono fue nombrado notario guardasellos en sustitución de Bonanato Ça Pera (Casula 1967: 26). El cargo de maestre racional se mantuvo en la misma familia pues Pericó Marc sucedió a su padre Pere Marc justo con el cambio de reinado. 36 Pelegrín de Oblitas fue juez y lugarteniente del canciller en la casa del infante y luego merino de Zaragoza.37 Y el cargo de baile general de Aragón se mantuvo en las manos de Martín Garcés de Marcilla en la transición de un reinado a otro.38 3. Marzo de 1336: el conflicto con los infantes Pedro y Ramón Berenguer. Según la Crónica del rey y los Anales de Zurita, a los pocos días del comienzo del reinado Pedro IV recibió la visita de sus tíos, los infantes Pedro y Ramón Berenguer, y de otros muchos nobles y caballeros de Cataluña, entre ellos el arzobispo de Tarragona Arnau Sescomes, el obispo de Barcelona Ferrer de Abella, el conde de Pallars Arnau Roger, Ot de Moncada, Ramón de Cardona, Guillem de Cervelló, el vizconde de Rocabertí, el castellán de Amposta don Sancho de Aragón y el prior de Cataluña fray Arnaldo Dolms. También llegaron hasta su presencia síndicos y procuradores de ciudades y villas de Cataluña, así como prohombres de Barcelona. Los catalanes pidieron al nuevo rey que, antes de coronarse, fuera a Barcelona con el fin de jurar sus usatges y constitucions pero él, aconsejado por los aragoneses, decidió no salir de Zaragoza antes de ser coronado. Los catalanes, considerando que con ello se rompía la tradición precedente, se volvieron a Cataluña, quedándose en la ciudad solamente Ot de Moncada y Ramón de Peralta.39. Zurita añade que, a la hora de tomar la decisión sobre su permanencia en Zaragoza o su ida a Barcelona, el rey recibió la presión de los ricos hombres y caballeros aragoneses, que comparecieron ante él el 17 de marzo (sin duda en la Aljafería) y le dijeron que conocían la pretensión de los catalanes de que fuese primero a Barcelona para que le prestasen fidelidad y homenaje y les jurase públicamente, entre otras cosas. Los aragoneses le solicitaron que, antes de coronarse, jurase en cortes sus fueros y usos y confirmase a prelados, religiosos, barones, mesnaderos, caballeros, infanzones y procuradores de ciudades y villas de Aragón y Ribagorza y de los lugares del reino de Valencia bajo fuero de Aragón; así mismo le pidieron que la coronación y la fiesta de su caballería se celebrase en Zaragoza y que jurase el estatuto de Jaime II sobre la unión de los reinos de Aragón y Valencia y del condado de Barcelona. Este grupo de nobles aragoneses, a los que se sumó el infante don Jaime, conde de Urgel y hermano del rey, estaba formado por la mayoría de los arriba citados y otros ricos hombres —Ato de Foces, Ramón de Peralta, Gonzalo Díaz de Arenós, Felipe de Castro, Juan Fernández de Luna— y caballeros mesnaderos —Gombaldo de Tramacet, Tomás Pérez de Foces, Jimén Pérez de Pina, Sancho Pérez de Pomar, Lope de Gurrea el mayor, Miguel de Gurrea, Garci Fernández de Castro y García de Lóriz. También había ciudadanos nombrados por el capítulo y consejo de la ciudad de Zaragoza. Tras narrar este episodio, Zurita añade que se agraviaron mucho los infantes don Pedro y don Ramón Berenguer y el arzobispo de Tarragona y el procurador de Cataluña y otros que quisieran ordenar el regimiento de la casa del rey y poner los oficiales que les parecían ser necesarios; y publicaban que se gobernaba por mal consejo en mudar la forma que tuvieron sus antecesores (Anales, libro VII, cap. 28: 401-402). con lo cual todos los prelados y barones catalanes dejaron Zaragoza salvo los dos citados en la Crónica. Este episodio de la estancia y marcha de los representantes catalanes debe ser puesto en relación con un hecho que es bien conocido a través de varios documentos del Archivo de la Corona de Aragón. 40 Se trata de un enfrentamiento entre el monarca y sus tíos, los infantes Pedro y Ramón Berenguer, sobre el consejo al rey en lo referente a la ordenación de su casa. El rey había pedido consejo sobre el gobierno de sus reinos y tierras y le fue dado no solo por parte de los infantes sino también, a decir de ellos, por los arzobispos de Tarragona y Zaragoza, el castellán de Amposta, el prior de Cataluña, el abad de Montearagón, los jurados de Zaragoza y los síndicos y mensajeros de Barcelona, Valencia, Lérida y Gerona. Pero, de forma paradójica, una vez escuchado el consejo, el rey respondió que sabía ordenar su casa y que no quería asesoramiento alguno sobre este tema. Esto lo sabemos gracias a una carta que los infantes entregaron poco después al rey, datada el 14 de marzo de 1336, 41 en la cual exponían en qué consistía el consejo que tanto ellos como las otras personas citadas le habían dado. Se lo habían expuesto muchas veces, a decir de ellos, y le proponían igualmente que, si no le parecía bien, convocase parlamento o consejo general de sus gentes en un lugar adecuado de sus tierras y que pusiera en buen estado sus reinos. En primer lugar, dado que el monarca era joven, tenía escaso tesoro y rentas, el reino tenía grandes peligros y era fundamental que un buen príncipe tuviera buenos oficiales y compañía honrada, los infantes le sugirieron en la carta que su consejo fuera limitado y elegido por el rey de entre todos sus hombres, atendiendo la opinión de sus más cercanos. Debía mantener a los que eran capaces y, si necesitaba más consejeros de los que tenía, debían ser elegidos entre los mejores de los reinos y tierras del rey. Éste y sus consejeros deberían nombrar igualmente buenas personas para hacerse cargo de los principales oficios, confirmando a quienes hubieran demostrado su capacidad y relevando al resto. A decir de los infantes, con el consejo de los consejeros debían ser reconocidas las companyes de la corte (que serían posiblemente las personas dedicadas al servicio de la casa y familia del rey). Su número había de reducirse, de manera que las rentas reales fueran suficientes para su mantenimiento, permaneciendo los mejores y los que más habían servido a Pedro IV en su juventud o durante el reinado de su padre. La información sobre las rentas reales debía ser conocida por los consejeros y uno de ellos estaría a cargo de pagar los salarios de consejeros y companyes, así como la vestimenta de estos últimos. Dos de los consejeros dormirían delante del rey y estarían encargados de enseñarle a amar y temer a Dios, honrar a las gentes, observar las buenas costumbres y mantener una buena nutrición. Los oficiales regios en las ciudades y demás lugares, que habían de ser buenos y justos, serían ordenados contando con el asesoramiento de los consejeros. Finalmente, los infantes aconsejaban en su carta al rey que no hiciera donaciones y alienaciones notables y dañosas para sus reinos. Dicha carta fue entregada a Pedro IV de inmediato, pues el mismo día 14 el rey, en la Aljafería, sin duda tras recibir la carta de manos de los mismos infantes, ordenó a Pedro y Ramón Berenguer que no salieran de su corte ni de Zaragoza hasta no tener deliberación y acuerdo pleno sobre lo expuesto en la misiva, a fin de responderles debidamente pues lo escrito en ella parecía haberse hecho para difamación, turbación y división y no por celo debido. El monarca ordenó al notario Juan Pérez de Aterreu que hiciese carta pública de este mandato, 42 atestiguada por Jimeno de Luna, arzobispo de Toledo y Gil Pérez de Buisán, escribano mayor y «tinent les segells» del señor rey. 43 Los infantes respondieron que habían permanecido en la ciudad entre un mes y cinco semanas y habían dado buen y leal consejo al rey. Después, esa misma jornada, se fueron de la presencia del rey y, por orden de Pedro IV, su portero mayor Lope de Gurrea se trasladó hasta el Monasterio de San Francisco, donde se hallaban los infantes, con el fin de recordarles que todavía debían terminar de darle consejo sobre el estado y provecho de la corona real y sus reinos. Lope cumplió el mandato regio y el notario Juan Pérez levantó carta pública de ello, siendo testigos los nobles don Ramón de Peralta y don Ramón de Ribelles. Los infantes respondieron que observaban y cumplían todos los mandamientos del rey pero que no creían que esta orden fuese legal ni que procediese del rey, por lo que se disponían a partir de la ciudad; consideraban que habían aconsejado mejor que otros y de manera leal, recta y plena al monarca, para su beneficio y el de sus reinos y volvían a pedirle que cumpliera con los consejos que ellos le habían dado.44. El día 17 de marzo, el monarca hizo reunir en su habitación (in camera sua) del palacio de la Aljafería a una serie de personas y mandó al notario público Ramón Sicart que leyera públicamente el escrito que transcribía literalmente la carta de los infantes y exponía la respuesta que les daba.45 El rey señalaba que, nada más leer la carta, dijo a los infantes que, contando con su consejo y el de algunos prelados, mensajeros de las ciudades yotras personas, se disponía a ordenar su casa y aplicar dicho consejo. Y con el fin de que el consejo dado por los infantes fuera reconocido y ejecutado, les mandó que no se fueran de Zaragoza, orden que los infantes incumplieron y, por tanto, se desentendieron de la tarea de nombrar personas junto al rey y completar el consejo dado de palabra y por escrito. Pedro IV refutaba la acusación de los infantes de que anteriormente a la carta hubiera rechazado su consejo y se mostrara autosuficiente; más bien, el rey había obrado al contrario, convocando a los infantes y pidiéndoles consejo sobre algunos asuntos importantes. Por su parte, el monarca les acusaba de haber convocado sin su autoridad a algunos prelados y ricoshombres a los que el rey no había llamado, teniendo coloquios y juntas, evitando así que se diera al rey consejo de manera directa e inmiscuyéndose en asuntos para los que no habían sido requeridos: 46. D’açò que deyts que nos avíem feyta resposta a vosaltres ans de la dita vostra letra que nos nos sabríem ordonar la nostra casa e que sobre açò no volíem vostre consell, vos responem que bé sabets vosaltres que nos vos avíem apellats e demanats de consell d’alcuns afers grans e necessaris que toquen molt nos e el bon estament de nostres regnes e terres. E vosaltres convocats per vos mateys e sens volontat e autoritat nostra alcuns prelats e richs homens que nos no avíem apellats e tinets vostres colloquis e consistoris ab aquells avíets desviat que sobre allò directament consell nos fos donat e metíets vos en altres coses de que [e]ncara no erets demanats. El monarca reconoció que si había pronunciado algunas de las palabras que los infantes le recriminaban, pero lo hizo tras haber tenido noticia de los hechos citados y enseguida rectificó declarando delante de los infantes y de los prelados, ricoshombres y mensajeros de Barcelona y Lérida y otras muchas personas, que quería que su casa fuese ordenada con su consejo y el de otras buenas personas, y que ello le placía mucho. E per ço, nos havens alcun moviment de la manera que teníets, dixem vos les dites paraules ho semblants. Empero notoria cosa és que no romanguem en les dites paraules, ans encontinent e sens alcuna miga, en presencia de prelats e de richs homens e dels misatgers de Barchinona e de Leyda e d’altres molts, vos dix hom de part nostra clarament que volíem que la nostra casa fos ordonada de bones persones ab consell vostre e dels altres desús nomenats e que en açò no enteníem a metra (sic) alcuna dificultat, ans nos plahia molt […] Y reprochó a los infantes haber publicado las citadas palabras en reprensión suya, callando la rectificación regia: esguardada nostra edat e nostra senyoria no convenia a vosaltres metre en scriptura segellada ne publicar denant tuyt a reprehensió nostra aquelles paraules que tant havets meses a avant en les quales no romanguem. Ni devíets callar e jaguir ço que de part nostra vos fo respost com en alló romanguessem segons que saben tots aquells qui presens (sic) hi eren. y no haber hablado con él si sus palabras necesitaban corrección. En definitiva, Pedro IV consideró que la conducta de los infantes no había sido buena y que no habían obrado como decían de palabra ni como ponían por escrito: E si les nostres paraules havien ops esmena devíets nos o dir a part segons honestat e caritat e nos reeberem ho bé e patientment per les quals coses e altres moltes que no cal explicar apar que la manera que avets tenguda en los afers no es bona ne par que mostrets per obra ço que deyts de paraula e posats per escrit. Finalmente, en lo referente a los consejos contenidos en la carta de los infantes, el rey reiteró su voluntad de ordenar su casa y regir sus reinos con la ayuda y gracia de Dios y de la Virgen María y, si los infantes no querían estar, con el consejo del resto de buenas gentes que velaban por su honor y el buen estado de sus tierras: Quant al consell contengut en la dita vostra letra, vos responem que nos ab la aiuda e ab la gràcia de Deu e de madona Santa Maria, qui saben la nostra dreta intenció, e ab consell d’aquells dels desusdits qui esser hi volrran e ab altres bones persones qui zelan per nostra honor e per lo bon estament de nostres regnes e terres, pero vosaltres no y volets esser, entenem ordonar nostra casa e nostre consell e regir los regnes que deus nos ha comanats en tal manera que sia plaent a deu e honor e profit a nos e a nostres sotsmeses. La orden real de realizar la carta pública fue dada en presencia de los mensajeros de las ciudades de Zaragoza, Valencia, Barcelona, Lérida y Gerona, sin duda en la Aljafería. La lectura del escrito en palacio la realizó el notario Ramón Sicart en presencia del rey, del infante don Jaime —conde de Urgel y vizconde de Ager—, el arzobispo de Zaragoza y canciller del rey, el obispo de Barcelona Ferrer de Abella, el abad de Montearagón Jimeno López de Gurrea, el conde de Pallars Arnau Roger, los nobles Ramón de Peralta, Ramón de Ribelles y Gonzalo de Arenós, los nuncios de las ciudades de Valencia, Barcelona, Lérida y Gerona y otros muchos. A continuación, mandó el rey hacer instrumentos públicos, siendo testigos Rodrigo Díaz, archidiácono de Daroca en la Iglesia de Zaragoza y el vicecanciller Rodrigo Díaz, ambos consejeros del rey, Juan Fernández, doctor en leyes, y Bernardo de Rexach, juez de la corte regia. El martes 19 de marzo, el rey replicó a lo que los infantes le dijeron en el Monasterio de San Francisco.47 Decía que los mandamientos que les hizo fueron justos y que no bastaba el consejo dado de palabra y por escrito por los infantes el citado jueves, «porque convenía e era e es necessario que se metiesse en obra por nominación de buenas e suficientes personas, porque en aquello e no en paraulas está el proveyto del consello», y los infantes se habían alejado del rey contra su voluntad y mandamiento y desentendiéndose de la ejecución del consejo. No le valía la excusa de que habían estado en la ciudad cinco semanas, pues en ese tiempo alguno de ellos había mantenido «consistorios e consellos» con prelados, nobles y enviados de las ciudades sin el consentimiento del rey, y no habían respondido sobre cosas importantes y sobre las que se les había pedido consejo. Así, dado que durante las cinco semanas no habían aconsejado al rey y se habían alejado de su lado, el monarca, en compañía de otros, ordenó y aumentó su consejo con personas buenas y capaces para regir sus reinos en servicio de Dios y provecho de sus gentes. El rey pidió al notario que esto escribía que hiciese carta pública. Estuvieron presentes don Pedro Noes de Vera, consejero, y don. Pericó Marc, maestre racional del rey. El notario fue Juan Pérez de Aterreu, escribano del rey y notario público. Aunque no se especificaba en el documento que estas actuaciones tuvieran lugar en la Aljafería, parece lo más factible. Tenemos, en suma, tres versiones diferentes para un mismo conjunto de acontecimientos. La crónica de Pedro IV sitúa la marcha completa de los representantes catalanes en un momento temprano y la basa exclusivamente en los deseos del rey de no ir a coronarse a Barcelona, con todo lo que ello conllevaba. Zurita mantiene esta versión, pero añade la pretensión de algunos catalanes de ordenar el regimiento de la casa del rey y de nombrar cargos, así como su convencimiento de que el rey estaba mal aconsejado. Los documentos del ACA dan una visión diferente y añaden detalles nuevos que mueven a recomponer las versiones cronísticas. Por una parte, sitúan minuciosamente el desarrollo de los acontecimientos: los infantes habían llegado a Zaragoza entre un mes (don Ramón Berenguer) y cinco semanas (don Pedro) antes del 14 de marzo, es decir, entre el 8 y el 13 de febrero aproximadamente. El episodio en que el rey desestimó su consejo se pudo producir en la primera mitad de marzo, al igual que el momento en que rectificó y se mostró complacido por el consejo recibido. El 14 de marzo, los infantes entregaron su carta al rey. Poco después se fueron de la ciudad. El 17 de marzo respondió el rey. Cuando ese día fue leída su carta en la Aljafería, estaba acompañado todavía de numerosos catalanes (Arnau Roger, Ramón de Ribelles, los nuncios de las ciudades de Barcelona, Lérida y Gerona), por lo que no todos se habían marchado en bloque ni por las mismas razones. En el escrito de los infantes no se menciona en ningún momento como causa de agravio la decisión del rey de no ir a Barcelona. La razón principal de su disgusto era, según expresaron por escrito, la arrogancia del rey, el cual había desestimado el consejo dado por ellos y por otras personalidades diciendo que sabía ordenar su casa y no necesitaba consejo para ello. El rey reconoció parcialmente esta cuestión pues, según él, había escuchado el consejo de los infantes, pero éstos se habían comportado deslealmente al tener contactos con prelados y nobles sin su autorización y al entrometerse en asuntos en los que no habían sido requeridos. Eso es lo que, según el rey, habría desencadenado el conflicto y motivado su comportamiento, que pronto rectificó. Posteriormente, siguiendo la versión del monarca, los infantes perseveraron en su negativa conducta al difundir su censura a la actuación de aquél en vez de optar por resolver el asunto hablando directamente con el rey. Este aspecto tampoco es mencionado en la crónica del Ceremonioso, aunque Zurita sí que señala brevemente como causas del conflicto las desavenencias en torno al consejo dado por los infantes y a la ordenación de la casa real. Por otra parte, los documentos custodiados en el archivo real sitúan, como se ha visto, a bastantes personalidades catalanas en la lectura de la carta en la Aljafería el 17 de marzo, lo que las coloca del lado del rey y no de parte de los infantes, que ya se habían ido de la corte, situación que permite cuestionar la unidad de acción de los representantes catalanes. Finalmente, hay que hacer observar que ese mismo día Zurita sitúa la llegada de los nobles y ciudadanos aragoneses a presencia del rey para pedirle que permanezca en Zaragoza, episodio que no hemos logrado contrastar con los documentos conservados en el ACA; de poderse corroborar, mostraría el empeño de la elite aragonesa por defender sus posiciones y ratificar la decisión del rey de quedarse en la ciudad. Por tanto, es factible que se mezclasen varias causas en este desencuentro. Los infantes se marcharían principalmente por las discusiones y desavenencias personales con el rey en lo referente al consejo al monarca y a las reprensiones de éste; y otros catalanes, no todos, lo harían específicamente por la negativa del rey a ir a Barcelona. La discusión entre Pedro IV y los infantes encontraba terreno abonado en los hechos de los años precedentes. El infante Pedro de Ribagorza había acariciado la idea de ser nombrado heredero de la corona en detrimento de su sobrino cuando su hermano, el infante Alfonso, realizó la expedición a Cerdeña; pero al regresar éste, Jaime II hizo jurar heredero a su nieto el infante Pedro (Cortes de Zaragoza, 1325), lo que motivó la irritación de Pedro de Ribagorza, apoyado por los Cornel. 48 El infante Pedro, por otra parte, se había posicionado a favor de la reina doña Leonor y de las donaciones dadas a ella y sus hijos, siendo la cabeza de la facción enfrentada a la del arzobispo y don Lope de Luna, partidarios del futuro Pedro IV. 49 Todo ello ayuda a explicar la desconfianza del nuevo rey hacia sus tíos y también la actitud crítica y en cierto modo rebelde de los infantes, ya que sus observaciones suponían en cierta medida un ataque al entorno aragonés del rey y sus principales representantes (Beauchamp 2009: 568). En medio de estos acontecimientos, el 11 de marzo Pedro IV convocaba cortes aragonesas a celebrar en Zaragoza el octavo día tras la fiesta de Pascua, esto es, el 8 de abril (Sesma y Lafuente, 2013: 3-6). 4. Fines de marzo e inicios de abril: juramento sobre el castillo de Ódena; prestaciones de homenaje; tratado con el rey de Granada. El 26 de marzo de 1336, el rey firmaba en la Aljafería un interesante documento por el que prometía y juraba a los prohombres y la universidad de la villa de Igualada que no vendería, infeudaría o alienaría el castillo de Ódena ni los derechos feudales que tenía sobre él, su término y sus pertenencias, lo cual extendía a sus sucesores. Mencionaba en el cuerpo del documento el asedio al que su padre sometió a la fortaleza para recuperarla del vizconde de Cardona y subrayaba la fuerza militar del castillo y su importancia para mantener la seguridad de los habitantes de la zona. Al final, expresaba así su juramento de respetar lo prometido, tocando los evangelios: Et ut predicta omnia et singula firma semper remaneant et illesa, iuramus per Deum et eius sancta quatuor evangelia, manibus nostris corporaliter tacta, premissa omnia et singula firmiter tenere, servare, attendere et complere et in nullo contrafacere vel venire aliquo iure, modo, ratione vel causa. Se hicieron dos instrumentos públicos, uno para los hombres de Igualada y otro para guardar en el archivo real —in archivo nostro. Asistieron al acto como testigos el arzobispo de Zaragoza, el archidiácono de Daroca, Rodrigo Díaz, y los consejeros Arnaldo de Moraria y Arnau Ballester. Actuó como notario Domingo de Biscarra.50. En la Aljafería se llevaron también a cabo homenajes de boca y manos al rey por diversos feudos, renovando los ya realizados en reinados precedentes. Entre ellos destacan los que se hicieron por posesiones en Cerdeña, siempre según la costumbre de Italia. El 19 de marzo, Bonanato Ça Pera, que había sido notario guardasellos de Alfonso IV, prestaba a Pedro IV su homenaje por la villa de Serrento, en la curatoría de Nuraminis y por la villa de Pahuli, en la curatoría de Campidano; los testigos fueron el noble Ramón de Ribelles y Domingo Gualit, juez de la corte; el escribano y notario fue el guardasellos del rey, Gil Pérez de Buisán.51. El 20 de marzo prestó homenaje Climent de Salavert —escribano de Alfonso IV y de Pedro IV— por las villas y lugares de Ussana, Sizerre, Turris, Bachu, Sidriani, Giane y Sussia, así como por sus bosques, en la curatoría de Dolia o Bonavoyla; firmaron como testigos Lope de Gurrea (portero mayor), Pedro Ruiz de Azagra52 y Miguel de Gurrea, todos consejeros del rey; y como escribano y notario actuó Jimeno Garcés de Fillera.53 El 5 de abril, casi en las vísperas de la coronación del rey, prestaba su homenaje Arnau Ballester —que había sido escribano de porción de Alfonso IV y que era consejero de Pedro IV— por las villas de Sulaminis, Sirio y Sahanno, en la curatoría de Bonavoyla, por las de Setalia y Santa María de Claros en la curatoría de Campidano, por las de Sanuaneri y Villamagro, en la curatoría de Decimo (?) y por las salinas de Janari (?) en el reino de Lugudor. En esta ocasión los testigos fueron otros dos consejeros reales: el noble Ramón de Ribelles y Ferrer de Abella, obispo de Barcelona; y de nuevo dio fe el escribano y notario Gil Pérez de Buisán.54 El rey también se desplazó en este período al monasterio de San Francisco para que le prestaran homenaje por feudos sardos. Así quedó registrado en tres casos el 26 de marzo.55. En esta misma fecha, 26 de marzo, se produjo también la renovación del tratado de paz y amistad con el rey Yusuf de Granada por cinco años. Pedro IV recibió a los representantes granadinos y envió a Granada a Pascual Cirera. 56 5. Inicios de abril. La coronación de Pedro IV y sus celebraciones. El sábado 6 de abril, el rey se dispuso a partir de la Aljafería para dirigirse a la Seo, donde tendría lugar la coronación el día siguiente. Las personas que le acompañaron en ese trayecto –y que seguramente salieron con él desde el palacio—, fueron el arzobispo de Zaragoza, los obispos de Lérida, Santa Justa y Tarazona, el abad de Montearagón, Ot de Moncada, Juan Jiménez de Urrea padre, Juan Jiménez de Urrea hijo, Jimeno Cornel, Blasco de Alagón, Ramón de Peralta, Pedro Cornel, Ramón Cornel y Tomás Cornel.57 Según Bonifacio Palacios, la coronación de Pedro IV habría seguido un ceremonial confeccionado expresamente para la ocasión, conservado en un códice de El Escorial, que ofrece datos de cómo pudo haber sido el acontecimiento. En él se indica que, para la ocasión, el rey debía ser vestido por caballeros. La indumentaria que Pedro IV tenía que portar al salir de la Aljafería era una saya castellana escarlata y, sobre ella, una garnacha escotada de terciopelo rojo y de paño de oro a modo del señal real, es decir, con las barras rojas y doradas en vertical; el manto había de ser del mismo tipo y debía llevar calzas de escarlata nuevas y, en la cabeza, un cordón de perlas. Un rico hombre aragonés —acompañado de otros dos— debía portar la espada y las espuelas de plata delante del rey. Detrás, el rey, montando un caballo blanco. Y detrás de él, otro rico hombre aragonés —flanqueado por otros dos— portaba las armas, esto es, el escudo, el pendón y la capellina con señal real. Asimismo, dado que la salida del palacio se había de hacer hacia la hora de vísperas, había que portar numerosos blandones en el cortejo; con ellos y delante del portador de la espada, cabalgaban hijos de caballeros hasta la catedral.58 El portador de la espada fue Juan Jiménez de Urrea, acompañado de Pedro de Luna y Pedro Cornel; y el que llevaba las armas, Gonzalo Díez de Arenós, en compañía de Ramón de Peralta y Ato de Foces.59. El rey durmió en la sacristía de la Seo y al día siguiente, domingo 7 de abril, tuvo lugar la coronación en la catedral; el rey fue también armado caballero. 60 En su regreso a la Aljafería, su indumentaria era diferente a la antes descrita, dado que en la sacristía, antes de ser coronado, el ceremonial indicaba que debía cambiar algunas prendas por otras: calzas de terciopelo obradas de perlas, zapatos de terciopelo rojo con el señal real; sobre la saya escarlata, túnica de trapo de seda blanca, puños de terciopelo rojo obrados con oro, perlas y piedras preciosas; debía portar estola como las de los diáconos, en terciopelo rojo obrado con perlas y oro; cinto de seda blanca; y, sobre todo ello, dalmática muy rica, de terciopelo rojo obrado con perlas, oro y piedras preciosas. En el brazo izquierdo lucía un manípulo de terciopelo rojo obrado con perlas, oro y piedras preciosas. El caballo blanco del monarca portaba sobreseñales blancos de seda y, mientras cabalgaba de regreso al Palacio, Pedro IV debía llevar el cetro en la mano derecha y el pomo en la izquierda. Un cordón de seda muy largo, enganchado al freno del caballo, unía al monarca con los miembros del cortejo, que iban a pie: más cerca del rey los ricoshombres, después los mesnaderos, luego los caballeros, los ciudadanos de Zaragoza y de otras ciudades del reino, los hijos de caballeros y otras gentes. El que llevaba la espada iba delante del rey y el que llevaba las armas cabalgaba detrás, cada uno acompañados por otros dos, siendo los ricos hombres arriba citados.61. La crónica del rey no habla de cordón de seda sino de cadenas de plata a modo de riendas a ambos lados, que serían llevadas alternativamente por los prohombres de Zaragoza y las ciudades y villas de Aragón, los prohombres del reino de Valencia y algunos de Cataluña, además de los hermanos del juez de Arborea (Mariano y Juan); los aragoneses se negaron en un principio a que las llevaran los sardos, pero Pedro IV permitió que todos participaran. El texto cronístico confirma que hasta su llegada al palacio el rey cabalgó con el cetro en una mano y el pomo en la otra.62 Otra fuente archivística corrobora que el caballo sobre el que montaba el rey estaba cubierto de paños de seda blanca: «sedensque super equum pannis albi coloris siricis cohopertum».63. Según el ceremonial aragonés, al llegar al palacio el rey debía ir a su cámara y cambiarse de nuevo de ropa, vistiéndose con pellote y manto de paño de oro. A continuación, se dirigía a la mesa para comer, con la corona en la cabeza, el cetro en la mano derecha y el pomo a la izquierda. La crónica del Ceremonioso indica que el palacio estaba encortinado y tapizado con muchos ricos paños de oro, de seda y de otras clases y que, en la comida, el monarca se acompañó de su hermano el infante don Jaime y de muchos prelados, ricoshombres y caballeros. Junto a los prelados y nobles aragoneses, asistieron también al banquete los prohombres de ciudades y villas de Aragón, así como los invitados valencianos, catalanes y sardos.64 El ceremonial citado indica que los que debían situarse en la mesa del rey eran los arzobispos y obispos y, en concreto el arzobispo de Zaragoza a su derecha, pero todos separados de él y a un nivel más bajo. El rey debía poner el cetro y el pomo en la mesa, respectivamente a su derecha y a su izquierda (Salvá y Sáinz, 1849: 567-568). El banquete estuvo amenizado con cantos y melodías de juglares tanto de la tierra como de otros lugares.65 Entre los juglares no cualificados, sin especialización instrumental concreta, el monarca tenía a su servicio al portugués Fernando Pérez y a su mujer, Sancha. Los trompadores y timbaleros desempeñaron también un papel importante en las ceremonias cortesanas. 66 A los juglares y otras gentes participantes debía dar el rey sus vestiduras al terminar las celebraciones (Salvá y Sáinz 1849: 568). Pedro IV indica en su crónica que en el banquete se hicieron algunos nombramientos de la casa real, prefigurando los oficios de las futuras Ordinacions, promulgadas en 1344: el ya citado Lope de Luna intervino como mayordomo; Juan Fernández de Luna trajo las viandas, que posteriormente se definiría como la función de los «escuders portants lo taylador real»; Blasco de Alagón cortó con los cuchillos ante el rey, actuando como trinchante —futura función de los «escuders devant Nós tallar ordonats»; Felipe de Castro abanicó al rey; Alfonso de Luna y de Jérica trajo el vino; Pericó de Montcada se ocupó del pitxer y Gombaldo de Tramacet de los bacins. 67 Estas tres últimas funciones son algo ambiguas; las dos primeras pudieron ser desempeñadas por el botellero o el copero. 68. Tanto ese día como los dos siguientes se abrió el palacio a cualquier tipo de visitante para comer, llegando a acudir más de 10.000 personas según recoge la crónica real. 69 En todo caso, los banquetes fueron calificados de grandiosos y espléndidos también en la documentación archivística: «[…] per duos dies fuerunt convivia grandia et explendida omnibus epulare volentibus celebrata». 70. Las asambleas de cortes fueron convocadas en Zaragoza para justo después de la coronación, con inicio el 8 de abril y desarrollo en La Seo y en el refectorio del convento de Santo Domingo. Pero en los días y semanas posteriores a la coronación real se produjeron también una serie de actos de gobernanza, posiblemente desde la propia Aljafería, tal y como exponemos a continuación. 6. De abril a mayo. Envío de oficiales reales. Otras prestaciones de homenaje. Entre estos actos destaca el envío a Cataluña de los nuevos vegueres, bailes y otros oficiales recién nombrados por el rey, a los que se dieron sus correspondientes cartas acreditativas. A tenor de las fuentes narrativas, en algunos lugares no se quisieron obedecer estas instrucciones pues el rey no había jurado los privilegios y costumbres de Cataluña, por lo que fue necesario mandar nuevas misivas, en tono más conminativo, lo que provocó la petición de disculpas por parte de los prohombres de ciudades y villas catalanas como Barcelona, Lérida, Gerona y otras, que acudieron a Zaragoza y recibieron el perdón del monarca.71. Por otro lado, el 22 de abril de 1336 tuvieron lugar en la capilla de la Aljafería dos homenajes de boca y manos al rey. Uno de ellos lo prestó Domingo de Elsón, vecino de Aínsa y procurador de Ramón Castany de Laspuña, caballero, por la parte del feudo que poseía en el castillo y villa de Bielsa. 72 Domingo de Elsón presentó el instrumento público de su procuración hecho en Barbastro por el notario público Pedro de Castellblanch el 6 de abril. El homenaje fue realizado según los usatges de Barcelona y las consuetudines de Cataluña y el rey invistió a Domingo de Elsón en nombre de Ramón Castany con dicha parte del feudo. El pergamino indica que el homenaje se hizo por la «parte» del feudo que Castany poseía en Bielsa porque solo tenía la mitad del feudo, que había sido dividido en dos mitades a fines del siglo XIII, al ser heredado por García y Jimeno de Viella, nietos de Arnaldo de Viella, que lo había poseído en 1280.73 García vendió su parte a Ramón Castany74 pero dado que esta venta se hizo sin el consentimiento real, el feudo fue embargado por el monarca; un sobrino del comprador, también llamado Ramón Castany —que bien pudo ser el que juró en 1336—, lo obtuvo de nuevo a cambio de prestar juramento de homenaje a Jaime II en 1310 y atenerse al cumplimiento de los deberes inherentes al feudo; sabemos que este homenaje de manos y de boca se hizo según los usatges de Barcelona. En época de Alfonso IV (1327-1336), en un año indeterminado, Ramón Castany aparece ya prestando homenaje junto a Sancho de Feaça de Viacamp como señor del resto del feudo —constituido por Bielsa, Javierre y Tramasaguas. El servicio del feudo era un caballo armado.75. El otro homenaje fue prestado por García Pérez de Castellblanc por el castillo y la villa de Cunchillos, lugar cercano a Tarazona, que tenía en feudo, también según los usatges y consuetudines de Cataluña: Noverint universi quod die lune intitulata decimo kalendas madii anno domini millesimo $\mathbf { \displaystyle C C C ^ { o } }$ tricesimo sexto, serenissimo ac magniffico principe ac domino, domino Petro, Dei gratia Rege Aragonum, Valentie, Sardinie et Corsice, comiteque Barchinone, in capella sui regii palatii Aliaffarie civitatis Cesarauguste personaliter constituto, Garsias Petri de Castellblanc fecit homagium ore et manibus iuxta usaticos Barchinone et consuetudines Cathalonie ipsi domino Regi pro castro et villa de Conchiellos in Aragonia iuxta civitatem Tirazone sitis, cum suis terminis et pertinentiis ac iuribus universis que pro dicto domino Rege tenentur in feudum. Quod homagium dominus Rex predictus recepit et investivit dictum Garciam Petri de feudo predicto, salvo semper in omnibus iure ipsius domini Regis et alterius cuiuscumque. Et de predictis tam dictus dominus Rex quam Garsias Petri voluerunt fieri duo instrumenta publica per alphabetum divisa quorum alterum penes dictum dominum Regem maneat et alterum tradatur Garsie Petri predicto. Actum est hoc in capella palatii regii Aliaffarie civitatis Cesarauguste die et anno in prima linea supra contentis. Testes sunt qui presentes fuerunt Petrus Roderici de Açagra, dominus de Vilafelig, Petrus de Monte Pavone et Garsias de Sancto Paulo, consiliarii domini Regis. 76. Dicho feudo pertenecía ya a los Castellblanc —en concreto a Bertrán de Castellblanc— en 1317, sucediendo a Lope López. En 1323, García Pérez de Castellblanc había hecho homenaje por el castillo de Cunchillos a Jaime II en nombre propio y como tutor de los hermanos Juan, Elvira y Diego Pérez de Castellblanc, entre los cuales el feudo había sido dividido por su padre; no obstante, en 1328 el mismo García Pérez hacía el homenaje a Alfonso IV en solitario.77. Tanto en el caso de Bielsa como en el de Cunchillos, la prestación del homenaje de 1336 responde sin duda al deseo del rey de renovar los homenajes de sus vasallos al comenzar su reinado. La expresión «homenaje de boca y manos» —homagium ore et manibus— incluía dos elementos: la inmixtio manuum, por la que el vasallo colocaba las manos juntas en las del señor, que las cerraba sobre ellas, y que simbolizaba la autoentrega del vasallo al señor y la aceptación de tal hecho por éste; y el osculum o beso, mediante el cual se confirmaban las obligaciones contraídas por ambas partes. 78. En ambos homenajes, los testigos fueron los mismos: Pedro Ruiz de Azagra, señor de Villafeliche, Pere de Montpaó79 y García de Sant Pol, 80 todos ellos consejeros del rey, así como el notario y escribano del rey, Bertrán Desvall. 81 Y cabe suponer que las ceremonias se realizaron de manera sucesiva. Como se ha dicho, en ambos casos la documentación especifica de idéntico modo —al comienzo y al final del texto—, el lugar donde se realizaron estos actos, que fue la capilla del palacio de la Aljafería. Así, tras la intitulación se dice: «in capella sui regii palatii Aliaffarie civitatis Cesarauguste»; y en la data tópica: «in capella palatii regii Aliaffarie civitatis Cesarauguste». Álvaro CANTOS CARNICER. Antes de concluir el mes de abril, los prohombres de Valencia y síndicos y procuradores del reino homónimo suplicaron al rey que acudiese a Valencia en cumplimiento de sus privilegios. Y también comparecieron ante el rey los prohombres y síndicos catalanes, que pidieron de nuevo al monarca que fuera a Cataluña para confirmar sus usatges y constituciones. En ambos casos, la petición se hizo apoyada en carta pública. El rey se reunió con sus consejeros durante varios días para determinar adónde se dirigiría a continuación, si a Cataluña o a Valencia, decidiendo finalmente ir primero a Lérida para luego encaminarse a Valencia, satisfaciendo así a todos. Tal decisión disgustó solamente a los prohombres de Barcelona, que consideraban que las ceremonias de juramento y confirmación de los usatges debían hacerse allí y no en Lérida. Pero el rey decidió finalmente mantener la ruta Lérida-Valencia.82 El 29 de abril, el rey convocó a los catalanes para que el 1 de junio en Lérida le prestaran fidelidad y homenaje por sus feudos. 83. Iniciado el mes de mayo, la renovación del homenaje por la Peña de Aznar Lagaya y por Juslibol, prestados por el arzobispo de Zaragoza Pedro López de Luna el 3 de mayo, no tuvo lugar en la Aljafería sino en el palacio arzobispal, adonde el monarca se desplazó.84 Más adelante, el 16 de mayo, el rey recibía dos homenajes —esta vez en la Aljafería— por feudos en Cerdeña y según la costumbre de Italia; en ambos homenajes, actuaron como testigos los consejeros regios Oto de Moncada, Lope de Gurrea (portero mayor) y Rodrigo Díaz (vicecanciller); y el escribano y notario fue Climent de Salavert. Uno de los homenajes corrió a cargo de Ferrer de Manresa, procurador del canónigo urgelense Arnaldo Burgués, y Francisca —esposa de Simón de Podio, jurisperito de Barcelona)—, tutores de Iacmonus, pupilo, hijo y heredero universal del ciudadano de Barcelona Jacobo Burgués; los feudos eran las villas o lugares de Sibiola y Baratoli, en la curatoría de Bonavoyla. 85 El otro homenaje lo realizó Bernat de Boixadors, consejero del rey, por las villas o lugares de Pahula, Nuras, Torralba, Orto Jacob, Levestar, Villanova, Quía, Salvosaltu (?), Malfeta, Cuqui y Fontana Donessa, en la curatoría de Nuras.86 7. Las últimas semanas del rey en Zaragoza 7.1. El tratado con don Juan Manuel (17 de mayo de 1336) El tratado firmado por Pedro IV y don Juan Manuel se produjo en el contexto del inicio del deterioro de las relaciones entre las coronas aragonesa y castellana a causa de la discordia existente entre el nuevo rey aragonés y Leonor de Castilla. Además, dentro de Castilla se vivía por entonces una situación de enorme agitación. Se habían rebelado contra Alfonso XI dos importantes miembros de la nobleza castellana: don Juan Núñez y don Juan Manuel.87 Éste último, hijo del infante don Manuel, no sólo era uno de los nobles castellanos más poderosos, sino que además era tío del rey de Aragón. Andaba enemistado con el rey de Castilla porque, además de que éste había repudiado a su hija Constanza Manuel, se oponía al matrimonio de ésta con el infante portugués don Pedro. Don Juan Manuel se había confederado con Juan Núñez y con el rey de Portugal Alfonso IV, enfrentado con su yerno Alfonso XI por ignorar a doña María de Portugal, su esposa legítima y convivir con doña Leonor de Guzmán, su amante (Anales libro VII, caps. 31 y 33). En este contexto de dificultad, don Juan Manuel y sus aliados vieron la posibilidad de atraerse al nuevo monarca aragonés a su causa, habida cuenta de la hostilidad de Pedro IV hacia su madrastra, motivo esencial de las mencionadas tensiones entre Aragón y Castilla. De hecho, don Juan Manuel empezó a mandar representantes a la corte aragonesa con bastante anterioridad a la firma del tratado. Al poco de morir Alfonso IV, don Juan Manuel había enviado sus condolencias al nuevo rey de Aragón por medio del fraile franciscano Ramón de Masquefa, según nos indica la carta de agradecimiento de Pedro IV, emitida el 2 de marzo. 88 El 12 de marzo de 1336 se registraba en la corte aragonesa en Zaragoza la presencia de Clement Sánchez, escribano de don Juan Manuel, para tratar sobre el matrimonio de la hija de éste y sobre cantidades adeudadas al noble castellano por la dote de su mujer Constanza, ya fallecida. 89 Poco después, en un momento impreciso, era recibido de nuevo por el Ceremonioso fray Ramón de Masquefa, que al parecer fue reenviado por el aragonés con un memorial en que se delineaban los aspectos principales del tratado.90. Más adelante, el 15 de mayo, el rey expedía en Zaragoza (probablemente en la Aljafería) el documento por el que concedía a don Juan Manuel el título de duque de Villena, 91 lo que representaba un avance respecto al título de Príncipe de Villena que le había sido concedido por Alfonso IV en 1334. 92 El documento de 1336 indica que don Juan Manuel pidió al rey que pudiera intitularse duque o príncipe, a lo que el rey asintió, indicando que le concedía el título de duque y que podía intitularse príncipe o duque de Villena.93 Los testigos que asistieron fueron el infante Jaime, el arzobispo de Zaragoza, Ot de Moncada, Lope de Luna y Pedro Cornel. La fecha de concesión de este título es anterior en dos días a la firma del tratado entre el rey de Aragón y el magnate castellano, al contrario de lo que indica Zurita. La petición de don Juan Manuel al rey sobre el uso del título pudo haberse hecho a través de alguno de los enviados de don Juan Manuel antes mencionados, pero es verosímil que el mismo procurador que firmó el tratado que comentamos a continuación fuera el que recibió de Pedro IV el pergamino con la concesión del título ducal. El 17 de mayo se firmó en la Aljafería el tratado entre Pedro IV y don Juan Manuel, reflejado en un pergamino conservado en el Archivo de la Corona de Aragón. 94 El documento indica que el representante de don Juan Manuel fue Pero Jiménez, señor de Alcaudete, vasallo de don Juan, que actuó como procurador suyo (el pergamino incluye la carta de procuración que lo acredita). En él, tanto el rey de Aragón como don Juan Manuel —a través de su representante— prometieron ser amigos verdaderos y leales, amar al otro, quererse de buena fe y sin engaño y ayudar y defender tanto sus personas como sus tierras y gentes —en lo referente al rey de Aragón, solo concierne a los reinos de Aragón y Valencia. 95 La promesa y juramento del rey de Aragón es la siguiente: […] ponemos e prometemos a vos, dito don Johan, maguer absent assí como si fuéssedes present, e a vos, dito Pero Ximénez, assí como a procurador del dito don Johan ante nos present e en nombre suyo recibient, que Nos seremos daquesta hora a delant amigo verdadero e leal del dito don Johan et lo amaremos e el querremos bien, a buena fe, sin engannyo, e que vos ayudaremos et vos faremos valía a defensión de vuestra persona e terras con las gentes de nuestros regnos de Aragón e de Valencia. E a mayor firmeza destas cosas, juramos sobre la cruz et los santos evangelios de nuestro senyor, por nos corporalment tannydos, aquesto tener e complir. Et desto fazemos pleyto e homenage a vos, dito Pero Ximénez, recibient como a procurador et en nombre del dito don Johan de guardar e fer guardar las ditas cosas e cadauna dellas daqueste día fasta diez annos continuament complidos. Ambas partes juraron cumplir el acuerdo e hicieron mutuamente pleyto e homenage de guardarlo durante diez años. El documento indica expresamente que fue redactado en la Aljafería, sin especificar el espacio concreto96 y firmaron como testigos el arzobispo de Zaragoza y canciller y los consejeros del rey Ot de Moncada, Miguel Pérez Zapata, Lope de Gurrea (portero mayor) y García de Lóriz. 97 El escribano fue Bernat Despuig. Giménez Soler presenta otro documento de la misma fecha, también realizado en la Aljafería. Se trata de una carta en la que Pedro IV comunicaba a don Juan Manuel haber recibido a fray Ramón de Masquefa y a don Pedro Jiménez, señor de Alcaudete, y que mandaba hacer «la carta de las posturas e la carta del ducado», refiriéndose sin duda a los documentos en que se reflejaba el pacto o convenio y la concesión del título de duque. Pedro IV también le anunciaba el envío de dichas cartas a través de sus mensajeros para que el infante las confirmase con su sello e hiciese «pleito et homenage» de guardar los acuerdos ante el escribano del rey de Aragón Juan Pérez de Aterreu; finalmente, el rey pedía al infante que redactase unas cartas de reconocimiento comprometiéndose a no acuñar moneda por haber recibido el ducado.98. El pergamino en que se reflejó el acuerdo fue llevado a don Juan Manuel directamente por Pedro Jiménez y la carta datada en la misma fecha pudo haber sido llevada por este mismo noble o enviada poco después; en ella, se menciona al representante del rey de Aragón ante don Juan Manuel, Juan Pérez de Aterreu. Más adelante, el 13 de junio de 1336, don Juan Manuel ratificó el acuerdo con el rey de Aragón mediante un pergamino realizado en Alcanavant; 99 en él, el noble castellano decía haber leído la carta expedida por Pedro IV con el acuerdo suscrito por ambos, transcribiendo todo su contenido; a continuación, prometía y aseguraba de buena fe y sin engaño los puntos del convenio (amistad sincera y leal hacia el rey de Aragón, ayuda y defensa) y hacía jura, pleito y homenaje respecto a ello. Adjuntaba además el contenido de la carta de procuración expedida en Zaragoza el 23 de mayo, llevada por Juan Pérez de Aterreu, escribano del rey, en la que éste no solo le daba poderes para recibir de don Juan la ratificación del acuerdo sino también para obtener del mismo el compromiso de no acuñar moneda en sus territorios situados dentro del reino de Valencia y de utilizar allí únicamente la moneda corriente en el mismo. Como indica Zurita, Pedro IV realizó el tratado con don Juan Manuel por el gran poder de éste en el reino de Valencia y porque significaba una ayuda importante en su conflicto con el rey de Castilla (Anales libro VII, 30: 409). Pero ¿se puso en práctica en algún momento la ayuda militar por alguna de las partes en cumplimiento del tratado? Sabemos que, poco después de desnaturalizarse del rey de Castilla, don Juan Manuel solicitó esta ayuda, amparándose en el tratado, el 14 de agosto de 1336, cuando Pedro IV se hallaba en Valencia. Zurita apunta que el rey de Aragón y su consejo decidieron primero atacar las posesiones de Pedro de Jérica, defensor de doña Leonor, desatendiendo la ayuda a don Juan Manuel. 100 Sin embargo, hay constancia de que Pedro IV ayudó en cierta medida a don Juan Manuel en la defensa de sus posesiones valencianas contra los ataques castellanos (Cabezuelo 2017: 183); sendas cartas remitidas por el rey desde Valencia el 18 de octubre de 1336 a don Sancho Manuel — hijo de don Juan Manuel— y a doña Juana Núñez demuestran que el Pedro IV envió ballesteros y gente a caballo para ayudar a levantar el sitio de Lerma, en que se hallaba Juan Núñez, aliado de don Juan Manuel.101. Don Juan Manuel requirió de nuevo ayuda a Pedro IV durante el parlamento de Castellón de Burriana, a inicios de 1337. En esa ocasión, el auxilio le fue negado por boca del infante don Pedro, alegando que deseaba evitar el mal para su rey y sus reinos.102 Finalmente, don Juan Manuel firmó una concordia con el rey de Castilla en abril de 1337. 103 A mediados de julio, en la junta celebrada en Daroca para continuar con la resolución del conflicto entre Pedro IV y su madrastra, el infante don Juan Manuel ya aparece como representante de los castellanos para negociar con su interlocutor aragonés, el infante don Pedro. El resultado de tales negociaciones fue el perdón a Pedro de Jérica y el mantenimiento de la mayor parte de las posesiones y derechos de doña Leonor y sus hijos.104. Pedro IV no mencionó en absoluto en su crónica el tratado que firmó con don Juan Manuel en la Aljafería, omitiendo así la razón fundamental de la petición de auxilio militar de don Juan Manuel, que fue el citado tratado. Y tal vez la omisión del dato fue premeditada para no tener que justificar que el aragonés le negase su ayuda, incumpliendo, por tanto, lo convenido en el acuerdo suscrito. 7.2. El nombramiento de Bernardo Badía como custodio del hospitium de la Aljafería (21 de mayo de 1336) El 21 de mayo de 1336 fue nombrado Bernardo Badía, capellán del rey, custodio del hospitium105 de la Aljafería. El rey hizo constar que tal nombramiento era vitalicio y se realizaba en atención a los servicios prestados a su padre y a él mismo, y que todavía seguía prestando diariamente con ánimo infatigable —«et que cotidie impendere non cessatis animo indefesso». Además de realizar todos los servicios que el cargo llevaba aparejado según la costumbre, Badía debía celebrar o hacer celebrar una misa diaria en la capilla del palacio. Los ingresos asociados al cargo fueron 12 dineros jaqueses al día en concepto de salario y 70 sueldos jaqueses anuales para la vestimenta, a recibir en la fiesta de la Resurrección para la vestimenta. 106 El dinero provendría de los réditos del almudí de la sal de Zaragoza; por ello, paralelamente el rey ordenaba a Pedro de Torres, como administrador de las salinas del almudí de Zaragoza por don Lope de Luna, que le hiciera el pago de las cantidades citadas a él o a quien enviara para tal fin, en los momentos en que se acostumbraba a realizar los pagos a los anteriores custodios. 107 Esta frase y lo anteriormente dicho invita a pensar que Bernardo Badía era nombrado custodio por primera vez; no obstante, nos consta que ya Alfonso IV había otorgado la custodia de la capilla de la Aljafería a un tal Bernardo Badía —y sin duda se trata de la misma persona— en 1332. 108 Aunque el documento de Pedro IV no hace referencia a una confirmación o ratificación del nombramiento, parece que fue así, teniendo en cuenta además la alusión a la prestación de importantes servicios por parte de Bernarndo tanto al rey Pedro como a su padre. Llama la atención el hecho de que el custodio del palacio sea un sacerdote. En realidad, así consta desde al menos la época de Jaime I, que había ya concedido la custodia de la Aljafería a Domingo Juan; en el año 1300, Jaime II estableció que fuera presbítero el que custodiara la Aljafería; Domingo Juan, que seguía siendo el custodio del palacio y celebraba cada día la misa y otros oficios en él, cobraba ya entonces la misma cantidad que Badía 36 años más tarde; el rey dispuso, en todo caso, que a su muerte heredasen la custodia del palacio sus hijos, de los cuales solo uno de ellos era presbítero.109 Domingo Juan murió en 1329, momento en que le sustituyó Pedro Marín como capellán y custodio de la casa —domus— de la Aljafería hasta 1332, en que fue reemplazado por Badía, probablemente tras su muerte.110. La información muestra que Pedro IV remuneró a Badía de forma semejante a sus antecesores y que la función de capellán y de custodio andaban unidas desde hacía decenios. Según Borrás, esta unidad de funciones pudo deberse a que en los siglos XII y XIII predominase en la Aljafería la condición de parroquia sobre la de palacio (Borrás, 2008: 182), o el marcado predominio de la función residencial sobre la militar en el período que nos ocupa. De hecho, el nombramiento de Badía como custodio en 1332 se incluyó en el registro Castrorum, 111, donde figuraba junto a los alcaides de las principales fortalezas aragonesas, lo que sugiere funciones equivalentes como custodio, pero sin que se pueda esperar una dirección militar. Sólo más adelante, a causa de la crisis bélica de mediados del siglo se documenta un tenedor o tenente laico en la Aljafería que asumió, entre otras, las funciones castrenses (Campo, 2005: 199-203). 7.3. Sobre el uso del agua del Huerva (22 de mayo de 1336) Otra noticia del mismo período hace referencia a la traída de aguas. La finca rústica de la Aljafería se regaba en parte por medio de la llamada acequia de la Romareda, procedente del río Huerva, la mitad de cuyas aguas había sido vendida perpetuamente a Jaime II en 1306. Unos años después, en 1311, el mismo rey cedió parte del agua que le correspondía de dicha acequia a las religiosas del convento de Santa Inés mientras no se necesitase para la Aljafería. 112 El 25 de abril de 1328, Alfonso IV concedió a Ato de Jasa, habitante de Zaragoza, de manera vitalicia —«dum vobis fuerit vita comes»—, el privilegio de utilizar para regar sus posesiones el agua de la acequia del Huerva, compartida por la Aljafería y el convento de Predicadoras, en la medida en que quedaran satisfechas las necesidades tanto del palacio como de las religiosas, lo que se expresaba con las palabras «complementum habuerint»: Álvaro CANTOS CARNICER. Nos Alfonsus, dei gratia Rex Aragonum et cetera, ad suplicationem quorumdam domesticorum nostrorum, cum presenti carta nostra concedimus vobis, Athoni de Iassa, habitatori Cesarauguste, quod cum Aliaffaria nostra civitatis predicte et etiam predicatrices ipsius civitatis complementum habuerint de aqua que discurritur a rivo de la Huerba versus Aliaffariam, prout ipse predicatrices eam recipere consueverint ipsamque dimiserint, possitis dictam aquam accipere pro rigandis vestris honoribus ac vestris voluntatibus faciendis absque alia servitute seu tributo. Hanc autem concessionem nostram vobis facimus dum vobis fuerit vita comes.113. Pedro IV, el 22 de mayo de 1336, ratificó esta concesión a Ato de Jasa pero le hizo otra más: tras su muerte, su hija María Gil podría servirse igualmente de dicha agua para el riego u otros usos de la misma manera que su padre, siempre que las necesidades de la Aljafería y de las monjas predicadoras quedasen cubiertas114; pero se hacía constar que esta última concesión duraría solo mientras lo quisiera el rey: Cum presenti, concessionem predictam iuxta sui seriem laudamus, aprobamus, ratifficamus ac etiam confirmamus. Et nichilominus, volentes vos gratia prosegui et favore, concedimus Marie Egidii, filie vestre, post obitum vestrum dictam aquam quam recipiat et recipere possit pro regandis honoribus et possessionibus predictis ac etiam suis voluntatibus sine aliquo tributo vel servitute faciendis in casu quod predicta Aliafaria et dicte predicatrices complementum habuerint de aqua iamdicta iuxta formam superius conceptam […] Dictam autem concessionem, noviter per nos dicte Marie Egidii filie vestre factam, durare volumus dum nobis placuerit et non ultra. 7.4. Otras decisiones del rey en Zaragoza (enero-mayo de 1336) Además de los actos protagonizados y los escritos datados en el palacio de la Aljafería durante estos meses de inicio de su reinado, Pedro IV expidió numerosos documentos desde su cancillería que no indican el lugar concreto donde se realizaron. Es de presumir que salieran en su mayoría de la Aljafería, sede de la corte. A veces, el documento pudo realizarse en el palacio, aunque describiera hechos acaecidos en otro lugar de la ciudad. Así, por un pergamino firmado el 3 de mayo sabemos que el rey, estando en las sesiones de cortes, recibió a representantes de Jaca, quienes le mostraron un documento con la confirmación de los privilegios de la ciudad por Alfonso IV, y le pidieron que también él los ratificase y confirmase. Una actuación similar protagonizó fray Bartolomé, abad del monasterio de Santa María de Rueda, que ante los reunidos en cortes pidió al rey la confirmación de los privilegios del cenobio, como consta en un documento fechado el 1 de mayo. 115 Las cortes, que se celebrarían en la Seo o en el convento de Predicadores, fueron convocadas para el 8 de abril, de modo que los documentos expedidos por la cancillería real fueron emitidos casi un mes después, probablemente desde la Aljafería, cuando las sesiones de cortes habían finalizado. Algunos documentos que se expidieron en abril y mayo fueron confirmaciones de privilegios de ciudades y villas, —Zaragoza,116 Aínsa, Jaca, Huesca y ${ \mathrm { S o s } } ^ { 1 1 7 } -$ afectaron a determinados grupos sociales —como los caballeros e infanzones de Ejea118— o a individuos como Lope de Luna, que el 13 de abril fue confirmado como señor de Segorbe y Huesa.119 El rey también reconoció privilegios a conventos y monasterios. A la confirmación de Rueda de Ebro, se sumaron otras. El 24 de abril Pedro IV confirmó las posesiones del monasterio de Veruela. 120 Cuatro días más tarde, el 28 de abril, Pedro IV firmaba diversos privilegios ya dados por anteriores monarcas al convento de Predicadores de Zaragoza, entre ellos el que le permitía poder disponer de Abdallá Bellito y su descendencia para las obras del cenobio. 121 Finalmente, el 23 de mayo, sabemos que el rey confirmaba desde Zaragoza las donaciones y privilegios de las menoretas de Santa Clara de Huesca (Ubieto 1967: 637). Nada más finalizar mayo, el rey se preparó para abandonar la Aljafería y Zaragoza e iniciar el camino hacia Lérida, ciudad en la que entró el 3 de junio, lo que quiere decir que estuvo en Zaragoza probablemente hasta uno o dos días antes de esa fecha. 122 8. Reflexiones finales. El análisis y revisión de las fuentes documentales ha permitido determinar la notable actividad de Pedro IV en la Aljafería durante el comienzo de su reinado en Zaragoza. Desde el palacio debió salir la correspondencia por la que Pedro informó a sus familiares y a las grandes personalidades extranjeras de la muerte de su padre, que había tenido lugar el 24 de enero. En primer lugar, hemos tratado de referenciar personas y acontecimientos en los espacios del palacio real de Zaragoza. En cuanto a la identificación de las elites cortesanas, se ha podido situar a los miembros de la nobleza y de la Iglesia más cercanos al rey. El inicio del nuevo reinado requirió, en primera instancia, que se delineasen los planes de boda del rey Pedro con Juana de Navarra, siendo nombrado procurador de este asunto el arzobispo de Zaragoza. La documentación permite la reconstrucción de los nobles laicos y eclesiásticos y los prohombres más destacados de la Corona aragonesa. La mayoría de ellos formaron parte del consejo real y de la casa del rey, acompañando al monarca con asiduidad en estos primeros meses de estancia en el palacio real zaragozano. Destaca especialmente la presencia del infante don Jaime hermano del rey, del arzobispo de Zaragoza Pedro López de Luna (canciller), del vicecanciller Rodrigo Díaz y de otros nobles como Miguel Pérez Zapata, García de Lóriz, Lope de Gurrea (portero mayor), Ot de Moncada, Lope de Luna, los Juan Jiménez de Urrea (padre e hijo), o Jimeno Cornel y sus hijos Pedro y Ramón. Otros hombres, citados como muy cercanos al rey en las narraciones cronísticas, fueron el abad de Montearagón Jimeno López de Gurrea y los hermanos Blasco de Alagón y Juan Jiménez de Urrea, que eran hijos de don Artal de Alagón. Durante estos meses se procedió a renovar la casa del rey, parte de cuyos miembros se pueden reconocer. Se detectan numerosas continuidades respecto al reinado anterior, con traspasos de miembros de la casa del infante, algunos con la misma función, a la nueva casa del rey; cabe citar al camarero y portero mayor Lope de Gurrea, al maestro García de Sant Pol, al confesor Sancho de Ayerbe o al sobreacemilero García Pérez Pepín. También por entonces fueron renovados otros oficiales y altos cargos. La cabeza visible del organigrama, con una manifiesta continuidad desde el reinado anterior, fue el canciller, oficio que siguió desempeñando Pedro López de Luna, arzobispo de Zaragoza. La Aljafería fue escenario, por otra parte, de las visitas de nobles, prelados, síndicos, mensajeros, procuradores y prohombres de villas y ciudades y de otros ciudadanos de sus territorios con el deseo de presentar sus respetos al nuevo monarca, de prestarle consilium o tratar sobre asuntos concretos, como en el caso de la visita de eclesiásticos y nobles catalanes en los momentos iniciales o de numerosos nobles aragoneses el 17 de marzo. Buena parte de estos notables aparecen en palacio continuamente, a tenor de la documentación conservada, pues actuaron como testigos en la firma de documentos regios o estuvieron presentes en los diversos actos de la coronación del rey. Entre las elites catalanas destacan los infantes Pedro y Ramón Berenguer —tíos del rey—, el arzobispo de Tarragona, los obispos de Barcelona y de Lérida, el conde de Pallars, Ramón de Cardona, Guillem de Cervelló, el vizconde de Rocabertí, Pericó de Montcada, el castellán de Amposta y el prior de Cataluña. Entre los aragoneses fue recurrente la presencia, además de los ya referenciados, del obispo de Tarazona, de Ato de Foces, Ramón de Peralta, Felipe de Castro, Juan Fernández de Luna, Pedro de Luna, Gombaldo de Tramacet, Tomás Pérez de Foces, Jimén Pérez de Pina, Sancho Pérez de Pomar, Miguel de Gurrea y Garci Fernández de Castro. Y, entre los valencianos, destacaron Gonzalo Díaz de Arenós y Alfonso de Luna y de Jérica. Desde Cerdeña estuvieron presentes en la coronación del rey los hermanos del juez de Arborea y el obispo de Santa Justa. La documentación permite conocer a otros notables de diversa procedencia que también estuvieron en la Aljafería como testigos en la firma de los documentos expedidos por el rey: Jimeno de Luna (arzobispo de Toledo), el noble Ramón de Ribelles, Rodrigo Díaz (archidiácono de Daroca y consejero), Juan Fernández (doctor en leyes), los doctores de la corte Bernardo de Rexach y Domingo Gualit, los consejeros regios Pedro Noes de Vera, Arnau Ballester, Arnaldo de Moraria y Pedro Ruiz de Azagra (señor de Villafeliche), Pericó Marc (maestre racional) y Pere de Montpaó. Y como fedatarios públicos o escribanos actuaron Gil Pérez de Buisán (notario guardasellos del rey), Juan Pérez de Aterreu, Ramón Sicart, Jimeno Garcés de Fillera, Domingo de Biscarra, Beltrán Desvall, Climent de Salavert y Bernat Despuig. El palacio de la Aljafería fue también testigo de un airado conflicto entre el rey y sus tíos, los infantes Pedro y Ramón Berenguer, a quienes el monarca acusó de reunirse con personas que no le agradaban y cuyo consejo desestimó en primera instancia; para expresar su consejo al rey y describir lo ocurrido, los infantes entregaron a éste una carta, probablemente en la Aljafería, pues fue allí donde inmediatamente, el 14 de marzo, el monarca mandó hacer carta pública sobre el tema. El 17 de marzo, el rey hizo leer en público, en la Aljafería, la respuesta que dio a sus tíos. El período examinado se inserta en una etapa de tensiones con Castilla, sobre todo por la enemistad entre el nuevo rey y su madrastra. La actividad diplomática en relación a la corte castellana también se dejó sentir en la Aljafería, donde probablemente fueron recibidos los enviados de Leonor de Castilla y Alfonso XI, Gonzalo García, fray Juan y Men López de Toledo, y desde donde se envió a Juan Ruiz de Moros. El palacio real fue también punto de recepción de los mensajeros del infante don Juan Manuel —fray Ramón de Masquefa y Clement Sánchez—, enfrentado en aquel entonces con el rey de Castilla. Y fue en la Aljafería donde firmó Pedro IV diversos acuerdos con el infante castellano, entre ellos, la concesión del título de duque de Villena y un tratado de colaboración mutuo entre el 15 y 17 de mayo. La actividad diplomática con los reinos peninsulares incluyó también la renovación del tratado de paz con el rey de Granada el 26 de marzo. En la Aljafería tuvo lugar igualmente, tanto antes como después de la coronación, la renovación de homenajes feudales de boca y manos al rey, de los cuales solo algunos quedaron registrados: Bonanato Ça Pera, Climent de Salavert, Arnau Ballester, Bernat de Boixadors y Ferrer de Manresa (procurador de Arnaldo Burgués y Francisca) por feudos sardos; Domingo de Elsón, procurador de Ramón Castany de Laspuña, por Bielsa; García Pérez de Castellblanc por Cunchillos. Pero el palacio real no tuvo la exclusividad de estos actos: otros homenajes recibidos tuvieron lugar en las mismas fechas en el monasterio de San Francisco y en el palacio arzobispal. La firma de diversas concesiones y privilegios por parte de Pedro IV también se sitúa en el palacio zaragozano; en sus estancias el rey concedió a los habitantes de Igualada la promesa de no alienar el castillo de Ódena; y probablemente en este edificio se ratificó la concesión a Ato de Jasa y su hija de la utilización condicionada del agua de la acequia Romareda. Y de la Aljafería partió el rey con su séquito la tarde del 6 de abril para ser coronado y armado caballero en la catedral el día siguiente; también fue el escenario de un enorme banquete que continuó los dos días sucesivos. Tras la coronación, el palacio fue testigo del envío de oficiales a Cataluña, de las disculpas de los prohombres de ciudades y villas catalanas que no habían aceptado los nombramientos de oficiales regios y de las conversaciones con los representantes valencianos y catalanes sobre el inminente desplazamiento del monarca por esos territorios, dando por cerrada la etapa inicial de su reinado en su palacio zaragozano de la Aljafería. En segundo lugar, hemos tratado de contrastar la información proveniente de la documentación archivística y las narraciones de la crónica de Pedro IV. El episodio del enfrentamiento del rey con sus tíos ha revelado contradicciones entre ambas fuentes: la crónica regia atribuye la marcha de los infantes de Zaragoza a la negativa del rey a irse a coronar a Barcelona, y los documentos de archivo la fundamentan en las discusiones mantenidas, con centro en el orgullo del monarca y las «intrigas» de sus tíos. De forma adicional, hemos constatado que no todos los representantes catalanes abandonaron Zaragoza con los tíos del rey. Otra diferencia concierne al tratado firmado con don Juan Manuel, omitido en la crónica regia pero recogido en los anales de Zurita y perfectamente documentado en los archivos; la omisión por parte de Pedro IV pudo deberse a la necesidad de ocultar el incumplimiento del pacto de asistencia armada firmado con el infante castellano. En tercer lugar, las fuentes escritas proporcionan informaciones muy limitadas en lo relativo al palacio real en sí mismo: fisonomía, estancias, elementos muebles… Sabemos que el custodio de la residencia u hospitium de la Aljafería continuó siendo, desde fines del reinado anterior, el capellán del palacio Bernardo Badía, ratificado en su cargo el 21 de mayo. No se documentan obras en el período de nuestro estudio ni tampoco hemos hallado menciones a obreros ni maestros de obras. Ello no obsta para que las hubiere, pero no se han conservado los libros del merino, que podrían proporcionar tal información. Es posible que todavía fuera maestro de obras del palacio Audella Alcateni, que había asumido el cargo en noviembre de 1333; 123 o tal vez ya hubiera sido sustituido por Jayel de Terrer, activo en 1340.124 Probablemente ya se habían concluido las obras de reparación necesarias en octubre de 1331, ante el mal estado que presentaba parte del edificio. 125. Entre los objetos muebles apreciados que rodearon la estancia de Pedro en el palacio, tenemos noticia del ‘Libro de los Milagros’, propiedad de su padre y que el rey ordenó traer de Barcelona, desconociendo cualquier dato más sobre este manuscrito. También nos consta la ornamentación del palacio con telas y tapices de gran riqueza en las fiestas de la coronación; la especial vestimenta del rey y los objetos que acompañaron al monarca en el cortejo que salió del palacio y volvió a él (espuelas, espada, escudo, pendón, capellina…). También sabemos de los libros y documentos que custodiaba la cancillería regia, algunos de los cuales hemos citado y utilizado en este artículo, y que se guardaban en un arca y sala destinadas a tal fin, como indica la carta sobre el castillo de Ódena —in archivo nostro. Finalmente, somos conocedores de que parte del agua destinada al servicio del palacio de la Aljafería provenía del río Huerva, a través de las derivaciones de la acequia Romareda. Las únicas estancias del edificio que cita la documentación, además del archivo, son la capilla y la cámara del rey. La primera es mencionada en relación a Bernardo Badía, que debía celebrar allí una misa diaria, así como a propósito de los homenajes de Domingo de Elsón y García Pérez de Castellblanc, que se llevaron a cabo «in capella palatii regii Aliaffarie civitatis Cesarauguste». La capilla referida pudo ser la de San Martín y Santa María en su versión original, antes de la reforma que se ha conservado hasta nuestros días; en aquellas fechas aún no se había construido la capilla de San Jorge. Quizá sea la alcoba del rey la mencionada el 17 de marzo, cuando el monarca, «constitutus personaliter in camera sua Aliafarie civitatis Cesarauguste», mandó leer la carta de los infantes castellanos y la respuesta regia a ella. La expresión «in camera sua» resulta ambigua, pudiendo referirse a su dormitorio personal, suficientemente espacioso para reunir a las catorce personas citadas y otras muchas —et plurium aliorum126—, si tal alcoba pudiera identificarse con la que se erige en la actualidad junto al salón del trono del palacio musulmán.127 El ceremonial aragonés de coronación también contiene una referencia a ella: el rey, al llegar a sus casas, debía ir a su cambra para cambiarse de ropa y salir nuevamente vestido para asistir al banquete (Salvá y Sainz 1849: 567). Por último, resulta de interés el registro de apelativos usados en la documentación para denominar a la Aljafería en estos meses. La recepción de la carta de sus tíos el 14 de marzo, tuvo lugar «en la casa real de l’Aliafaría».128 En una ocasión, se alude al palacio como hospitium (alojamiento) cuando se encarga su custodia a Bernardo Badía «hospitii nostri Aliafarie civitatis Cesarauguste». 129 En las ceremonias feudales de homenaje es mencionada la capilla del palatii regii de la Aljafería. En otras ocasiones, los documentos se limitan a citar el palacio y la ciudad: «in Aliafaria sua Cesarauguste»130, «in Aliafaria regia civitatis Cesarauguste»131 o «in Algaffaria civitatis Cesarauguste»132 o fórmulas parecidas como «Aliafaria del senyor rey de la ciudat de Çaragoça»133 o «Aliaffaria nostra civitatis predicte». 134. Álvaro CANTOS CARNICER. Teniendo en cuenta estas referencias, la Aljafería es denominada «palatium regium», «casa real» y «hospitium» del rey, poniéndose el énfasis en la condición palaciega y residencial del edificio y quedando relegada la función militar a la que no se alude en ningún documento. 9. Anexo. Sucesión temporal de acontecimientos de Pedro IV en la Aljafería135. Enero de 1336 — 24: Muere el rey Alfonso IV en Barcelona. — 25: Celebración de las exequias en la Seo de Zaragoza. — 25 ó 26: TRASLADO DEL NUEVO REY a la Aljafería. — Desde el 25 ó 26: RECEPCIÓN EN LA ALJAFERÍA de nobles, altos eclesiásticos y gentes honradas de ciudades y villas de Aragón. Febrero de 1336 — 3: El rey informa a los principales reyes europeos, al Papa y a otras personalidades de la muerte de su padre. — 8-13: Llegada de los infantes Pedro y Ramón Berenguer a Zaragoza. El rey los recibe junto a nobles, prelados y ciudadanos catalanes. — 10: El rey nombra al arzobispo de Zaragoza procurador para tratar de su boda con la infanta Juana de Navarra. — 13: Comienzo de la Cuaresma (Miércoles de Ceniza). Durante la cuaresma, el rey recibe a oficiales y cortesanos de su padre, manteniéndolos o no. — 23: El rey ordena que su camarero mayor, Lope de Gurrea, reciba del que fue camarero mayor del rey Alfonso ciertas vestiduras de éste y las done a Juan López de Boyl. — 24: El rey ordena a su armero, Domingo de Novales, que entregue al vizconte de Rocabertí, Jaufredo, las armas y arneses del rey Alfonso guardados en Barcelona. — 24: El rey informa a su tía abuela Isabel de Aragón (reina de Portugal) del fallecimiento de Alfonso IV. — 28: El rey envía mensajeros a Aviñón para hablar con el papa Benedicto XII y el rey de Francia. — s.d.: Pedro IV recibe a fray Ramón de Masquefa, enviado por don Juan Manuel para transmitirle sus condolencias. s.d.: Pedro IV recibe a Gonzalo García y fray Juan de parte de Leonor de Castilla. Marzo de 1336 1: Pedro IV confirma el nombramiento del arzobispo de Zaragoza Pedro López de Luna como canciller «ad vitam», ampliando sus facultades. 1-13: El rey es aconsejado por los infantes y por otros ciudadanos. Los infantes tienen coloquios y juntas con diversas personas, lo que no agrada al rey. Al poco, desestima ese consejo. Más adelante, rectifica. 2: El rey agradece las condolencias de don Juan Manuel, expresadas a través de su enviado el fraile Ramón de Masquefa. 6: El rey pide a su camarero Lope de Gurrea el Libro de los Milagros de su padre para llevarlo a Zaragoza. 11: El rey convoca cortes aragonesas a celebrar en Zaragoza el $g ^ { o }$ día tras la Pascua de Resurrección. 12: Clement Sánchez, escribano de don Juan Manuel, está en Zaragoza para tratar sobre el matrimonio de la hija de don Juan y otros asuntos. 12 a 31 (aprox.): recepción real de fray Ramón de Masquefa, enviado de don Juan Manuel, para acordar el futuro tratado; reenvío de un memorial con los aspectos principales del tratado. 14: Entrega al rey de la carta de los infantes Pedro y Ramón Berenguer. 14: EL REY, en la Aljafería, REALIZA CARTA PÚBLICA Y ORDENA A LOS INFANTES no dejar Zaragoza. Pero los infantes van al Monasterio de San Francisco, a donde es enviado por el rey Lope de Gurrea; los infantes le vuelven a dar sus razones y poco después se van de Zaragoza. 17. Nobles y ciudadanos aragoneses visitan al rey para pedir que jure y confirme en Cortes a nobles, prelados y oficiales del reino y que celebre en Zaragoza su coronación. (Zurita). 17: EL REY MANDA LEER al notario Ramón Sicart en su habitación de la Aljafería su respuesta a los infantes ante nobles, eclesiásticos y ciudadanos de Aragón, Cataluña y Valencia. 19. El rey replica a los infantes sobre lo que dijeron el día 14 en el monasterio de San Francisco. 19. HOMENAJE PRESTADO por Bonanato Ça Pera en la Aljafería por sus feudos en Cerdeña. 20. HOMENAJE PRESTADO por Climent de Salavert en la Aljafería por sus feudos en Cerdeña. 26: REALIZACIÓN EN LA ALJAFERÍA del acto y documento por el que el rey promete no alienar el CASTILLO DE ÓDENA. 26: Pedro IV renueva el tratado de paz con el rey Yusuf de Granada. 26. El rey recibe en el Monasterio de San Francisco tres homenajes por feudos sardos. 31: Día de Pascua de Resurrección. — 5: HOMENAJE PRESTADO por Arnau Ballester en la Aljafería por sus feudos en Cerdeña. — 6: SALIDA DEL REY POR LA TARDE DE LA ALJAFERÍA hacia La Seo para ser coronado al día siguiente. — 7: Coronación de Pedro IV (domingo posterior al día de Pascua) en la Seo. — 7: CORTEJO DE REGRESO A LA ALJAFERÍA, donde tiene lugar el BANQUETE. — 8 y 9: LA ALJAFERÍA SIGUE ABIERTA para cualquier visitante que quiera comer allí. — 8: Comienzo de las Cortes de Zaragoza. — 8 y ss.: Solicitud al rey de confirmación de privilegios de los representantes de Jaca y el abad del monasterio de Rueda en las sesiones de Cortes. — 8 y ss.: Nombramiento y envío de nuevos oficiales a Cataluña. — 8 y ss.: Petición de los representantes valencianos y catalanes para que el rey se se dirija a Valencia o a Cataluña. — s.d. (principios o mediados de abril): Pedro IV recibe a Men López de Toledo, enviado del rey de Castilla, para defender los intereses de su hermana doña Leonor. — 13: El rey confirma a Lope de Luna como señor de Segorbe y Huesa. — s.d. (desde mediados de abril): El rey manda nuevas cartas a las ciudades y villas catalanas que no habían aceptado a los oficiales nombrados por el rey. Días después, recepción regia de los prohombres de dichas ciudades y villas para pedir perdón por el desacato. 20: Pedro IV envía a la corte castellana a Juan Ruiz de Moros. 20, 24 y 26: Expedición de documentos por el rey referentes al monasterio de Veruela. 22: HOMENAJE DE BOCA Y MANOS EN LA CAPILLA DE LA ALJAFERÍA de Domingo de Elsón, procurador de Ramón Castany de Laspuña, y de García Pérez de Castellblanc. 26: Expedición de confirmación de privilegios de los habitantes de Sos. — 26: Expedición de confirmación de privilegios, usos, franquicias y libertades de los caballeros e infanzones de Ejea. — 28: Expedición de confirmación de privilegios del convento de Predicadores de Zaragoza. 29: El rey convoca a los catalanes el 1 de junio en Lérida. Mayo de 1336 — 1: Expedición de confirmación de los privilegios de Aínsa y del monasterio de Rueda. — 3: Homenaje prestado al rey en el palacio arzobispal, por el arzobispo de Zaragoza por la Peña de Aznar Lagaya y Juslibol. — 3: Expedición de confirmación de los privilegios de Jaca. — 6: El rey asigna un salario de mil sueldos barceloneses anuales al médico de la casa real, el maestro Alatzar. — 15: Expedición de la concesión a don Juan Manuel el título de Duque de Villena. — 16: HOMENAJE PRESTADO ANTE EL REY EN LA ALJAFERÍA por dos feudos en Cerdeña. Mayo de 1336 (cont.) — 17: FIRMA EN LA ALJAFERÍA DEL TRATADO entre Pedro IV y don Juan Manuel (a través de su procurador, Pero Jiménez, señor de Alcaudete). 17: EXPEDICIÓN DE CARTA DE PEDRO IV A DON JUAN MANUEL sobre la recepción de fray Ramón de Masquefa y don Pedro Jiménez y la entrega de «la carta de las posturas e la carta del ducado» cuya recepción debía confirmar el infante con su sello y hacer pleito y homenaje de guardar los acuerdos ante el escribano real Juan Pérez de Aterreu. — 17: Expedición de confirmación regia de los privilegios de Huesca. 21: Nombramiento de Bernardo Badía, capellán del rey, como custodio del hospitium de la Aljafería. Orden regia a Pedro de Torres, administrador de las salinas del almudí de Zaragoza, para que se encargue del pago de la remuneración de Badía. 22: Pedro IV ratifica la concesión a Ato de Jasa, y tras su muerte a su hija María Gil, del uso del agua de la acequia del Huerva, una vez satisfechas las necesidades de la Aljafería y el convento de monjas predicatices. 23: Pedro IV expide en Zaragoza carta de procuración de Juan Pérez de Aterreu ante don Juan Manuel. — 23: Expedición de confirmación de donaciones y privilegios de las menoretas de Santa Clara de Huesca. Junio de 1336 — 2 (aprox.): Pedro IV abandona Zaragoza en dirección a Lérida. — 13: Don Juan Manuel ratifica en Alcanavant el acuerdo suscrito con Pedro IV en Zaragoza. 10. Referencias bibliográficas. ABELLA SAMITIER, Juan (2009), Selección de documentos de la villa aragonesa de Sos (1202- 1533). Zaragoza, Institución Fernando El Católico. 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30,212
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Explotación económica de los musulmanes del valle del Ebro: parias y almotexenas abonadas a los reinos de Aragón y Navarra durante el siglo XI.
EXPLOTACIÓN ECONÓMICA DE LOS MUSULMANES DEL VALLE DEL EBRO: PARIAS Y ALMOTEXENAS ABONADAS A LOS REINOS DE ARAGÓN Y NAVARRA DURANTE EL SIGLO XI. ECONOMIC USE OF MUSLIMS IN THE EBRE VALLEY: PARIAS AND ALMOTEXENAS PAID TO THE KINGDOMS OF ARAGON AND NAVARRE DURING THE 11TH CENTURY. Adrián Elías Ne gro Cortés Universidad de Extremadura, Cáceres. Resumen: Este trabajo busca descubrir los pagos que recibieron los reinos de Aragón y Navarra de los musulmanes durante el siglo xi. La principal institución que se analizará son las parias, pagos realizados desde los poderes políticos musulmanes hacia los cristianos para asegurarse la paz, pero también estudiaremos la almotexena, un tipo de impuesto que se aplicaba sobre los habitantes musulmanes de aldeas fronterizas. A continuación iremos desgranando las referencias documentales a almotexenas en Aragón y a parias en Aragón y Navarra para cerrar nuestro estudio con una cronología aproximada de los pagos. Palabras clave: parias, frontera, Aragón, Navarra, siglo xi. Abstract: This text aims to unveil the payments received by the kingdoms of Aragon and Navarra from Muslims during the $1 1 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. The main institution we will analyse are the parias, which were payments made by the Muslim taifa kingdoms to Christian kingdoms to assure peace. Also we will study the almotexena, which is a taxation that was imposed on the Muslim inhabitants of little villages in the frontier between Aragon and Zaragoza. Afterwards we will explain all the references in archive documentation to almotexenas in Aragon and parias in Aragon and Navarra to end with an approximate chronology of the payments made. Key words: parias, frontier, Aragón, Navarra, $1 1 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. 1. Introducción. El objetivo de este trabajo es realizar una cronología de los pagos que los musulmanes del valle del Ebro realizaron a los reinos de Aragón y Navarra durante el siglo xi. La principal institución que vamos a analizar son las parias, que son pagos que una entidad política musulmana, bajo coacción militar, abonaba a una entidad política cristiana, en moneda, a cambio de un cese inmediato de los hostilidades o el mantenimiento de una situación de relativa paz. (Negro, 2013: 383). Hemos incluido también en el estudio la almotexena, que era un tributo que abonaban las poblaciones musulmanas que vivían en zonas fronterizas bajo el dominio teórico de la taifa de Zaragoza, pero que en la práctica ésta ya no podía defender, por lo que estas localidades se encontraban en una especie de tierra de nadie, quedando a merced de los ataques aragoneses. La analizaremos porque pensamos que es un concepto que es próximo al de paria, aunque no idéntico. Por otro lado, algunos autores como Laliena (1996: 121), igualan almotexenas y parias. Si bien el tema de las parias ya ha sido parcialmente analizado con anterioridad para los casos aragonés (Lacarra, 1981a) y navarro (Rodríguez Latorre, 1995: 249), hasta el momento no se ha realizado una relación cronológica completa de todos los pagos y de las referencias documentales y cronísticas a estos en Aragón y Navarra, ni en el conjunto de la Península Ibérica. Tampoco se había estudiado en profundidad la institución de la almotexena, que aparece en la documentación aragonesa del siglo xi. Los pagos de parias han sido estudiados con anterioridad para otros escenarios y cronologías. Un buen ejemplo es el ya clásico trabajo de Grassotti sobre Castilla-León (Grassotti, 1964) en el que asocia parias y botín en un estudio que abarca desde los primeros abonos en el siglo xi hasta el reinado de Alfonso XI. Bishko trató el tema también para Castilla (Bishko, 1980: 50-51) con el objetivo de descubrir de dónde salió el dinero para abonar el famoso censo a Cluny, que se inició bajo el reinado de Fernando I. En fecha más reciente García Fitz (García Fitz, 2002: 63) consideró estos pagos como una parte clave de la estrategia de debilitamiento y disolución establecida por Alfonso VI de cara a facilitar el avance de las tropas castellanas hacia el sur. También contamos con un recién publicado estado de la cuestión realizado por Negro en 2017. La zona catalana, donde encontramos las primeras referencias documentales a las parias, también ha gozado de atención por parte de los estudiosos del fenómeno. El primer estudio de las parias, basado principalmente en documentación de archivo, fue realizado por Balari en 1899 (Balari, 1964: 333- 336) dentro de su obra Orígenes históricos de Catalunya. Otros autores han analizado tangencialmente las parias catalanas, por ejemplo Balañá (1993: 110) recoge un resumen de los pagos a mediados del siglo xi; Salrach (1987: 323) considera las parias como un elemento esencial en la centralización del poder en manos del conde de Barcelona; y Bonnassie (1975: 867) ofrece una lista de los reinos taifas que podían estar pagando parias a los condados catalanes. Kosto (2001: 13) considera que las entregas monetarias estarían detrás del despegue económico de la zona catalana durante la segunda mitad del siglo xi. También Negro analizó la realidad de las parias para el caso del reino nazarí de Granada entre 1246 y 1464 (Negro, 2013); este autor puso de manifiesto que el reino granadino abonó parias durante aproximadamente la mitad de su trayectoria política, aunque los pagos tuvieron una importancia mucho menor que en el caso de las parias del siglo xi. Resulta difícil hacer un recorrido por todo lo que se ha escrito sobre las parias, ya que cualquier autor que ha tratado el siglo xi tanto para el lado musulmán como para el lado cristiano, bien en manuales generales o en obras sobre cualquier aspecto más concreto del período, aborda el tema. No obstante, los trabajos citados se encuentran entre los más destacados. Las parias tuvieron su origen en la frontera bizantino-musulmana durante el siglo vii, extendiéndose en ese mismo escenario hasta el momento de las Cruzadas, aunque en ningún momento aparecerá el vocablo ‘paria’ en la documentación procedente de esta frontera. Un ejemplo de estos pagos es descrito por Teófanes, cronista bizantino del siglo viii, en el siguiente pasaje: «In this year peace was concluded between Romans and Arabsil after Mauias had sent an embassy, because of the rebellion (la guerra civil contra ‘Ali) offering that the Arabs should pay the Romans a daily tribute of 1,000 solidi, one horse, and one slave». (Teófanes el Confesor, 1997: 464). Los primeros pagos de parias que encontramos en la Península Ibérica datan de la década de 1040. Son entregas monetarias efectuadas desde las taifas de Zaragoza, Lleida o Tortosa al condado de Barcelona. Entre 1050 y 1090 los reinos cristianos, sobre todo la Castilla de Fernando I, el más poderoso, someterán a los diferentes reinos taifa a pagos de parias. Por ejemplo, nos consta que Castilla cobró parias de Sevilla, Toledo, Badajoz, Granada y Zaragoza. La taifa hudí era la que tenía una situación geopolítica más complicada: encajonada entre Aragón, Navarra, Castilla y los condados catalanes, sus parias fueron siendo entregadas unas veces a unos reinos y otras veces a otros. El régimen de parias del siglo xi llegó a su fin con la entrada de los almorávides y su conquista de las primeras taifas, pero resurge de nuevo en el período de las segundas taifas, cuando Ibn Mardanish (Lacarra, 1952: 522) y Sayf al-Dawla, el Zafadola de las crónicas cristianas (Pérez, 1997: 72), abonan cuantiosos pagos a Castilla y Aragón. Finalmente desde 1246 el reino nazarí de Granada pagará parias a Castilla hasta que en 1492 la desaparición de este reino, última entidad política musulmana en la Península Ibérica, acabe definitivamente con esta fuente de beneficios. Aragón y Navarra obtuvieron dinero de la taifa de Zaragoza bien en forma de parias, bien a través de almotexenas de los musulmanes que vivían en zonas fronterizas (solo en el caso aragonés). Ello fue debido a que la hudí era la taifa más cercana y su capacidad militar impedía a los reinos cristianos acceder a otras taifas musulmanas más alejadas. Algo que sí conseguió la Castilla de Alfonso VI, que llegó a someter a parias a taifas tan lejanas a su territorio como Granada (Abd Allah, 1981: 228). 2. Parias y almotexenas abonadas al reino de Aragón. El testamento de Sancho III el Mayor de 1035 será el que determine la geografía política de los reinos cristianos durante la plena y la baja Edad Media peninsular. Este rey navarro dividió sus reinos entre sus cinco hijos. Al primogénito, García, le dio el territorio de la dinastía, Navarra. A otro hijo, Fernando, le concedió el reino de Castilla. El reino de Aragón recayó en otro de sus retoños, Ramiro I, que reinó hasta 1063, cuando perdió la vida en la campaña contra Graus. A los dos hijos menores les otorgó los condados de Sobrarbe y Ribagorza, pequeñas unidades territoriales que pronto quedarían subsumidas en el reino de Aragón. Aragón contaba con una desventaja estratégica respecto de Castilla. Mientras que la frontera sur de Castilla —el mal llamado desierto del Duero— apenas fue colonizada por los musulmanes y, por tanto, el reino castellano gozaba de más espacio tanto para expandirse militarmente como para crecer económicamente mediante roturaciones y presuras, el valle del Ebro, que se situaba en la frontera sur de Aragón, había sido ampliamente colonizado por los musulmanes y éstos habían construido fortalezas para defender esta frontera, como por ejemplo Barbastro o Graus. Por tanto, el territorio del reino aragonés, pequeño y muy montañoso, unido a la potencia militar zaragozana, dificultó en primera instancia expediciones de conquista hacia el sur. A título ilustrativo, cabe recordar que entre la capital del reino de León, León, y la siguiente ciudad musulmana de importancia, Toledo, había cerca de $4 0 0 ~ \mathrm { k m }$ de zona poco poblada. Por el contrario, entre Jaca, sede de la corte aragonesa, y Huesca había $7 0 \mathrm { k m }$ llenos de fortalezas defensivas. Además, las primeras ofensivas aragonesas se toparon con feroz resistencia a cargo de los zaragozanos, sufriendo derrotas como la de Graus en 1063 o la reconquista de Barbastro a cargo de los hudíes en 1065. La primera victoria de consideración que los cristianos obtuvieron en la zona, la toma de Barbastro en 1064, no fue obtenida por los ejércitos aragoneses, sino por una amplia coalición de cruzados franceses y normandos que además solo pudieron retener la ciudad nueve meses. Todo ello dificultó y retrasó el avance aragonés hacia el sur. Mientras Alfonso VI tomaba Toledo en 1085, hasta 1096 no conquistó Pedro I Huesca y hasta 1118 no pudo hacerse Alfonso I con Zaragoza (a solo $1 4 3 \mathrm { k m }$ de Jaca). 2.1. La almotexena o almutegena. El primer testimonio documental que tenemos de pagos de musulmanes a Aragón es un diploma de Ramiro I de 1049 en el que el monarca hace una donación al monasterio de San Victorián. Aparte de otra serie de bienes, se dona a este monasterio «de quantas almotexenas ad nostram partem prehendiderimus de Maritero usque in Esera et de serra de Arb in intro» (Viruete, 2013: 396). El editor de este diploma afirma que es una paria, sin embargo no entraría dentro de la definición que nosotros hemos aportado del fenómeno. Tampoco aparece el vocablo paria en ningún momento. En 1049, la zona a las que hace referencia el diploma —el valle del río Ésera y la sierra de Arbe— era una zona fronteriza con la taifa de Zaragoza con todas las implicaciones que eso conlleva. De hecho, la zona está dentro del área de influencia de Barbastro, de la que dista unos $3 0 \mathrm { k m }$ . Había formado parte del gran reino navarro de Sancho III, quien edificó en 1023 un castillo en Abizanda, en el centro de la sierra de Arbe. Pero no podemos concluir con seguridad si Aragón dominaba políticamente la zona en este momento, probablemente se tratara de una zona fronteriza sin un dominador claro. Lo que se dona al monasterio es un tributo que pagan los musulmanes, al que se denomina almotexena. Esta institución fue definida por Tomás Faci como «una variante fonética o mala lectura de ‘almotacena’, esto es, el derecho que cobraban los almotacenes o vigilantes de los mercados» (Tomás, 2013: 378) y, según él, no aparece mucha documentación en la que haya referencias a esa almotexena. Para Lapesa, el vocablo ‘almotexena’ y sus variantes ‘almotexania’, ‘almotogena’, ‘almudegana’, ‘almudegena’ y ‘almutegena’ significan impuesto o contribución y se trataría de una palabra de origen árabe, sin concretar nada más (Lapesa et alii, 2003: 39-40). Para Corriente, el vocablo ‘almotexenas’ se referiría a los poblados mudéjares y, por metonimia, la recaudación de tributos que generaban (Corriente, 2003: 398). Para nosotros, su origen sería el vocablo del árabe clásico mudağğan que deriva de la raíz $d \mathrm { - } \breve { g } \mathrm { - } n$ que también da origen a la palabra mudéjar, por ejemplo, y que significa ‘someter, domesticar’. Mudağğan, por su forma, sería el participio pasivo de un verbo en forma II y significaría ‘el sometido, el que se somete’. Por lo tanto pensamos, basándonos en su origen etimológico, que la almotexena sería un tributo especial impuesto a los musulmanes que vivían en esa zona fronteriza que carecía de un dominador claro, siendo zona sin dueño. El sometimiento a Aragón sería económico, pero no político. Dado que no hemos encontrado referencias a almotexenas a partir del siglo xii y la tributación mudéjar, estudiada por Ledesma (1996), no recoge este término, pensamos que al caer estas localidades bajo el dominio efectivo del reino de Aragón la almotexena quizás fuera sustituida por otra figura tributaria. Las referencias a recaudaciones de ‘almotexenas’ en la documentación, siempre en Aragón, se refieren a territorios que no forman parte del reino aragonés y que están en estas zonas fronterizas cuyo dominador no está claro. Otro ejemplo de almotexena lo encontramos en un documento fechado en 1035, pero que es falso. En este documento aparece una referencia a almotexenas obtenidas de Abbarola (actual Alberuela de Laliena, Huesca) y de Gradus (Graus) «Et dono [i]psa decima de ipsa almutegena que ad mea parte est de Gradus usque ad Abbarola de paie et de uino de auro de argento de trappoz de omnia que inde accipio uel de inceps accipiturus sunt» que se donan al monasterio de San Victorián (Viruete, 2013: 286) pero Aragón no tomó Graus de manera definitiva hasta 1083, bajo el reinado de Sancho Ramírez (Ubieto, 1981: 84). El documento, según Martín Duque, es una falsificación realizada en el scriptorum del monasterio de San Victorián a partir de la segunda mitad del siglo xii (Viruete, 2013: 132), por eso se da la fortaleza de Graus como ya tomada. Además contamos una sentencia otorgada por Pedro I en 1095 resolviendo una disputa entre San Victorián y Santa María de Alquézar sobre este tema: «Contendebant super illam ecclesiam de Nabal et super decimam de almudegena quod dedit rex Ranimirus avus meus et pater meus Sancius ad Sanctum Victorianum, de Albarola usque in Gradus de tota almudegena, totam decimam ab integro […] et habeat sancte Marie Alquezari similiter et tota alia almudegena de pane et vino» —(Ubieto, 1951: 234)—, que probablemente dio la idea al falsificador del otro documento. Como vemos en ambos documentos, la almotexena se puede pagar en especie —pane et vino—, se podría pagar en metal precioso —auro et argento— o una combinación de ambas, como da a entender la donación supuestamente a cargo de Ramiro I. Dado que este documento es falso, albergamos ciertas reservas sobre el uso de metal precioso en el pago de estas contribuciones. Pensamos más bien que, dada la escasa monetización del reino aragonés en el siglo XI (Utrilla, 2006: 543), estos tributos se pagarían regularmente en especie, sin perjuicio de que algún mercader mudéjar pudiera conseguir moneda árabe de oro o plata acuñada en Zaragoza mediante el comercio y pudiera optar por pagar en moneda, dado que la almotexena se cobra en zonas fronterizas. El resto de veces que este vocablo aparece en la documentación lo hace en contextos más generales. En el Libro de la Cadena del obispado de Jaca encontramos otra referencia en un documento fechado en 1076 en el que se determinan los límites y privilegios del obispado de Jaca: «Concedo quoque et corroboro eisdem canonicis decimam telonei regalis de Iacca atque decimam tributi regalis de Yspania et almutegenam de villis Hispaniae» (Sangorrín, 1921: 66). No se hace referencia concreta a las villas, aunque la zona de Hispania hace referencia a la zona sur del obispado de Jaca, según Sangorrín. Es muy probable que así sea, pues las localidades que nos han aparecido explícitamente en las fuentes como pagadoras de almotexena pertenecen a ese ámbito geográfico. En general, el vocablo Hispania en la documentación altomedieval se refiere a zonas dominadas por los musulmanes, una de las razones por la que concluimos que las aldeas pagadoras de almotexena aún no formarían parte integrante del reino de Aragón. En 1083 Sancho Ramírez dona al monasterio de San Juan de la Peña la cuarta parte de las almotexenas de Sangarrés, Vicién, Pueyo de Vicién, Tabernas, Buñales, Torres de Violada, Torres de Almuniente, Barbués, Callén, Almudévar, Formígena y Pitellas, poblaciones que ya se encuentran al sur de Huesca, que no será conquistada hasta 1096 (Salarrurana, 1909: 63; Canellas, 1993: 71). En 1100 su hijo Pedro confirmará esta donación (Ubieto, 1951: 323). Tanto Huesca como su zona sur, donde se sitúan las localidades que abonan almotexena, serían conquistadas por Pedro I, por lo que en 1083 aún no forman parte del reino de Aragón, sino que están en esa zona fronteriza sin dominador claro a la que hemos aludido anteriormente (Ubieto, 1981: 118- 119). Estas doce poblaciones vuelven a ser mencionadas como pagadoras de almotexena en 1101, en una carta de permuta entre Pedro I y el abad Sancho de San Juan de la Peña (Ubieto, 1951: 349). En otro documento, fechado en 1095 y conservado en el Archivo de la Corona de Aragón aparece la donación de «tres uillas almotexanias de mauris», sin especificar de qué poblaciones se trata (Ubieto, 1951: 267). De ese mismo año es otro diploma otorgado por la condesa doña Sancha, hija de Ramiro I y hermana de Sancho Ramírez que dona al monasterio de San Pedro de Siresa «tres uillas almotexanias de mauris quas dedit mihi frater meus rex Sancius […] nomina earum sunt Molinus, Askasas et Conilgena» (González Miranda, 1955: 199-200), aldeas situadas en el término municipal de la localidad de Monforte-Lascasas, a $8 ~ \mathrm { k m }$ al sur de Huesca, donde se sitúa el aeropuerto oscense en la actualidad (Pastor Sánchez, 2005). Éstas le habían sido cedidas por su hermano. Es de destacar la referencia a «mauris» o moros como pagadores del impuesto en ambos documentos. A veces los vocablos almotexena y paria aparecen en el mismo documento pero refiriéndose a realidades distintas. Por ejemplo, en un diploma de 1093 en el que Sancho Ramírez confirma una serie de donaciones realizadas por él y su hijo Pedro a la iglesia de Jesús Nazareno situada en el castillo de Montearagón, próximo a Huesca, se le concede a esta iglesia la décima parte de las almotexenas que se recibían del territorio que se encuentra entre los ríos Gá- llego y Alcanadre, cuya extensión es bastante grande. Pero un poco más abajo aparece el vocablo parie: «Damus quoque decimam parie quam persoluunt iudei habitantes in uilla qui dicitur Lizarrarella». El vocablo ‘paria’ deriva del verbo latino pendo, «pagar». Por ello ‘paria’ en el siglo xi y anteriores también puede significar cualquier tipo de pago y no necesariamente el abonado por reinos musulmanes. En este caso, parie hace referencia a los tributos pagados por los judíos de la zona de Lizarrarella, no localizada completamente en la actualidad, pero que según Miranda (2008: 187) podría corresponder al barrio campesino de Lizarrara absorbido por Estella, la propia Estella o la población de Sangüesa. En cualquier caso, se trataría de una localidad perteneciente al reino de Navarra situada relativamente lejos de la frontera, por lo que no es una paria, simplemente el tributo que los judíos habían de abonar a la corona aragonesa. Del examen de estas referencias podemos concluir que durante el siglo xi la almotexena fue un tributo que se cobraba a los musulmanes que vivían en poblaciones fronterizas entre la taifa de Zaragoza y Aragón, que se situaban en el lado zaragozano de la frontera pero que la taifa hudí ya no controlaba y por ello se encontraban en una especie de tierra de nadie. Los reyes aragoneses contaban con esos ingresos y disponían de ellos: donaban parte de ellos a instituciones eclesiásticas o los repartían entre su familia. Son tributos con vocación de continuidad, pagados por musulmanes, pero a título individual. No es un estado taifa, ni siquiera una fortaleza independiente quien se hace cargo de pagar la almotexena, sino que son los propios habitantes musulmanes de una población que no tiene un dominador claro. Por todo ello, no creemos que esta institución sea una paria. Es una almotexena, una institución diferenciada. La almotexena se trataría de una institución privativa de la zona aragonesa, puesto que solo aparece en la documentación de este reino entre 1049 y 1110, fecha a partir de la cual no encontramos más referencias. 2.2. Las parias. En la documentación aragonesa también encontramos varias referencias a parias. La primera es del reinado de Ramiro I (1035-1063), de fecha indeterminada. Es un juramento de fidelidad de Ramón IV o V, conde de Pallars, al rey aragonés, que formaba parte del archivo condal de Barcelona. El conde de Pallars se compromete, entre otras cosas, a no interferir en los pagos de parias que recibe el rey aragonés. Al igual que la fecha, no queda muy claro qué poderes musulmanes pagan, pues las parias que se cobran proceden ex partibus Hispaniae. Esta expresión aparece repetidamente en documentación catalana y probablemente se refiera a Zaragoza y Lleida. También se fijan condiciones en el caso de que las parias se incrementen, otra cláusula que veremos continuamente repetida a lo largo de la documentación, tanto catalana como aragonesa (Baigés et alii, 2010: 196-197). Por lo tanto, se espera que la paria se vaya incrementando con el tiempo. En 1063 Ramiro I y su hijo y sucesor Sancho Ramírez dotan la diócesis de Jaca porque acababa de ser restaurada en un concilio provincial. Entre otras cosas, se le da a esta diócesis «ex ipsis tributis que recipimus in presenti uel recipere debemus aut in futuro Deo miserante recipiemus de Caesaraugusta necnon et Tutela de omnibus terciam partem ipsius decimationis supradicte ecclesie et episcopo concedimus et donamus.» Se le concede un tercio de la décima parte de las parias —llamadas en este texto tributos— pagadas por Zaragoza y Tudela (Zurita, 1976: 70). Recordemos que Tudela no fue conquistada por Aragón hasta febrero de 1119. Formó parte del reino hudí hasta la caída de éste en manos de los almorávides. El hecho de que se cite en este documento en pie de igualdad con Zaragoza nos hace pensar que Tudela podía tener cierto grado de autogobierno en ese momento. De 1069 data un pacto entre Al-Muqtadir, rey de Zaragoza y Sancho Ramí- rez de Aragón en el que se acuerda que el rey aragonés protegerá a la taifa hudí en contra de sus enemigos, probablemente Navarra y los condados catalanes. Hay cierta discusión sobre quién es el Sancho que menciona el texto. Lacarra (1981b: 84-86), el primer historiador contemporáneo que dio a conocer el tratado, afirmó que Al-Muqtadir estaba firmando el pacto con Sancho Garcés IV de Navarra; y otros historiadores, como Lapeña, coincidieron con esta propuesta (Lapeña, 2004: 166). Pero nosotros seguimos la opinión de Laliena, que afirma fundadamente que el Sancho al que se refiere el pacto es Sancho Ramírez de Aragón (Laliena, 2009: 203). A cambio de la protección de Aragón, Al-Muqtadir tiene que entregar «mille numos de auro bono per singulos meses sicut in ligamento transacto confirmatum est, et det illi ex inde denantatos quinque millia numos de auro bono per quinque menses futuros, est primum mensis mense aprile era M.C.VIIª et de supradictis quinque millia, habeat ex eis in ora istius ligationis duo millia quingentos numos auro bono, et ipsos alios duo millia quingentos qui remanent ut uadat pro eis suus fidelis de suos bonos barones ad Caesaraugustam et adducere faciet eos in exitu de isto mense primo maio» (Lacarra, 1981a: 92- 93). Es decir, tenía que pagar mil dinares todos los meses, como decía un pacto finalizado —ligamento transacto—, que nos da a entender que este pacto que examinamos no es el primero ni el único que existió, sino que habría algún tratado de protección anterior que ligaba a ambos reyes. Como es lógico, los reyes de Zaragoza y Aragón no podían reunirse cada mes para que Al-Muqtadir pagara sus parias, así que se arbitra el siguiente procedimiento: los cinco mil dinares que corresponderían a los pagos de los cinco siguientes meses se pagarán en dos plazos de 2.500 dinares, el primer plazo se haría inmediatamente efectivo tras la firma del pacto y el segundo se haría efectivo a finales del siguiente mes de mayo, cuando una embajada aragonesa de confianza vaya a visitar Zaragoza. De este pacto deducimos que Zaragoza llevaba pagando la cantidad de 1.000 dinares mensuales durante un período de tiempo relativamente largo, que sin duda superaba el año. Pensamos que existirían más tratados anteriores a éste, pero desgraciadamente sólo se ha conservado otro posterior, de 1073 entre Al-Muqtadir y, esta vez sí, Sancho Garcés IV de Navarra, que se tratará en el apartado dedicado a Navarra. En 1091 Sancho Ramírez, junto a su sucesor Pedro, concedió a la iglesia consagrada a San Pedro de la fortaleza de El Castellar una parte de las parias percibidas del reino hudí de Zaragoza: «damus ei de ueteri paria Caesarauguste ciuitatis quantum dari solet Pampilonensi ecclesie; de noua uero paria totam decimam» (Canellas, 1993:124-125; Moret, 1969: 173). La fortaleza, llamada Supercaesaraugusta en la documentación, se estaba construyendo en ese momento. Además también concedieron a esta iglesia la décima parte de los ingresos obtenidos en botines y algaras: «Damus etiam de portu et de salinis, de ortis et de molinis, de omni algaria et azaria que fecerint habitatoris iam dicti castri totam decimam, et regali parte similiter.» (Moret, 1969: 173) Según este documento, con anterioridad a 1091 Aragón estuvo recibiendo parias de Zaragoza. Parte de esas parias se entregaron al obispado de Pamplona —que estaba bajo el gobierno aragonés desde $1 0 7 6 -$ y se pretendía obtener un nuevo abono de parias en un futuro inmediato. Los restos de la fortaleza de El Castellar se encuentran en el término municipal de Torres de Berellén, que está a unos $3 0 ~ \mathrm { k m }$ de Zaragoza, camino de Tudela. Se trata de un castillo que se edificó muy al sur: recordemos que Huesca no se conquistó hasta 1096 y cinco años antes se está construyendo una poderosa fortaleza $1 0 0 \mathrm { k m }$ al sur de esta ciudad. La fortaleza de El Castellar se construyó con el propósito de presionar militarmente a la taifa de Zaragoza. De hecho el nombre que se le da a la fortaleza, «Supercaesaraugusta», es muy expresivo. Por eso el diploma vaticina que se va a recibir un nuevo envío de parias en un plazo breve de tiempo, de ahí la referencia a «nova paria» y su distinción de la «veteri paria». La «nova paria» que se pretendía conseguir es probablemente superior a la «veteri paria» que Zaragoza estaba pagando. Si analizamos detenidamente esta concesión real, da la impresión de que Sancho Ramírez estaba siendo muy generoso. El rey aragonés pretendía que los habitantes de esta fortaleza estuviesen bien provistos y trataba de animar a posibles pobladores a habitarla. La distinción entre «nova paria» y «veteri paria» no es sino otro privilegio, se esperaba cobrar más, gracias al elemento coactivo que representaba la fortaleza de El Castellar. Este objetivo probablemente se cumplió. En 1093 Sancho Ramírez realizó unas donaciones al monasterio benedictino de San Ponce de Tomeras con motivo de la entrada de su hijo Ramiro —futuro Ramiro II, tras la muerte de su hermano Alfonso I sin descendencia—, en la institución a la temprana edad de siete años. Entre estas donaciones aparecen las siguientes: «Similiter dono pariam et tributum ac fabricam que mihi soliti erant facere ipsi hismaelite cum omnibus seruitis que debent facere», sin especificar más. Y más abajo podemos leer que: Simili modo dono decimam de paria predicti castri [Argedas] et de termino suo […] Similiter dono ipsam decimam de illa paria de castro quod dicitur Ualterra et Quatreti et de omni termino suo, cum ecclesiis et capellanis suis que ibidem erunt si uoluntas Dei fuerit, cum decimis et primiciiis simulque oblationibus et pertenenciis suis cum omni ecclesiastico suo. De este documento deducimos que se están obteniendo parias locales, es decir, parias pagadas por fortalezas concretas, no por entidades políticas mayores. Los lugares a los que se refiere el documento son las actuales poblaciones de Arguedas y Valtierra, en Navarra y sabemos que no estaban bajo el control de la corona aragonesa en ese momento, 1093. Del tercer topónimo, «Quatreti,» que no hemos podido identificar, debía estar próximo a Arguedas y Valtierra, que distan entre sí unos $9 \mathrm { k m }$ y están a $2 0 \mathrm { k m }$ al norte de Tudela. Pero son localidades situadas al norte del Ebro, mientras que Tudela está al sur. Valtierra estuvo gobernada por la taifa de Zaragoza en 1093. Lo sabemos porque fue el escenario de una batalla en enero de 1104 en la que Pedro I derrotó al ejército hudí matando a su rey taifa, Al-Mustain y porque además el documento que estamos analizando utiliza la fórmula «si uoluntas Dei fuerit». Las parias se estaban cobrando, pero no había aún iglesias ni capellanías establecidas en el territorio, cosa evidente si permanecía bajo dominio musulmán. Sólo si era la voluntad de Dios se conquistaría ese territorio y los ingresos producidos por diezmos y primicias podrían empezar a llegar a las arcas del monasterio de San Ponce. Otra población cercana bajo dominio musulmán en el momento de ser citada es Tauste. Según un documento de 1094, un décimo de las parias que se obtenían de Tauste fue donado al monasterio de San Juan de la Peña: «Hoc est donatiuum, unam uineam de Sancto Atriano et una terra in Arrotellares et decimam de paria de Tobustum» (Salarrurana, 1909: doc. LI). Tauste no fue conquistada por Aragón hasta 1105, lo cual excluye la posibilidad de que se trate de una almotexena, que sólo se cobraba en zonas fronterizas sin dominador claro. También contamos con dos menciones cronísticas a este fenómeno que comentaremos a continuación. Al contrario que ocurre con la documentación, la cronística, para el caso de Aragón, aporta muy pocos datos. En los Anales de Cataluña leemos que en 1063 comenzaron los pagos de parias de Huesca a Aragón. (Feliù, 1999: 307) La Crónica de San Juan de la Peña afirma que el rey de Huesca pagó parias en 1090 (Orcástegui: 1983: 37) a Sancho Ramírez. Esta noticia aparece también en los Anales de Navarra de Moret, que la sitúa un año antes, en 1089 (Moret, 1967: 159). En 1092 volvió a exigir parias a los oscenses, pero éstos decidieron buscar un acuerdo secreto con Alfonso VI, prometiéndole el doble de lo que le pagaban a Aragón (Orcástegui: 1983: 38), que no sabemos a cuánto ascendía. Castilla, como veremos posteriormente, a veces apoyó al reino de Zaragoza contra Aragón, por ejemplo en el caso de Graus y es posible que mandara apoyos a Huesca a cambio de una buena cantidad de dinero. Aunque también es posible que todo el episodio no sea cierto, pues el autor de esta crónica no tenía mucha simpatía por los castellanos y pone énfasis en la traición de éstos, después de que el rey aragonés le apoyara en Toledo. 3. Las parias recibidas por Navarra (1035-1076) El reino de Navarra tras la muerte de Sancho III el Mayor en 1035 quedaba en una situación muy comprometida. Su territorio estaba encajonado entre los recién creados reinos de Castilla y Aragón. Además, tenía pocas opciones de expandirse hacia el sur a costa de los musulmanes, aunque sí que realizaron algunas campañas militares. En 1076 el rey navarro Sancho Garcés IV fue empujado por un barranco y murió. Las sospechas sobre la autoría recayeron sobre su hermano e hipotético sucesor, Ramón. Los nobles navarros se negaron a reconocer como rey al presunto asesino de Sancho Garcés IV, con lo cual Navarra quedó sin rey. Esto fue aprovechado por Castilla y Aragón, que se repartieron el reino. Castilla conquistó la zona de La Rioja y Aragón se anexionó el resto del reino. Sancho Ramírez llegó hasta Pamplona y fue proclamado rey de Navarra. A partir de 1076 y hasta la muerte de Alfonso I en 1134 Aragón y Navarra formarán una única entidad política, con lo que abordaremos únicamente las parias recibidas por Navarra entre 1035 y 1076. Según Moret, que cita a otro autor, Luis del Mármol, Navarra impondrá parias a los gobernantes de Huesca y Zaragoza en 1046 tras una campaña victoriosa contra Calahorra y Tudela (Moret, 1967: 725). De 1052 data un documento que es la referencia más antigua que hemos encontrado hasta el momento en la documentación navarroaragonesa relativa a las parias, entendidas como tributos pagados por los musulmanes. Se trata de la referencia contenida en la fundación del monasterio de Santa María de Nájera, al que el rey García Sánchez III dota con una serie de propiedades, pero además le concede a este monasterio «Parie uero uel tributa mee terre uel illius quod Deus mihi uel meis succesoribus deinceps usque in eternum de terra sarracenorum dederit, do et confirmo decimam partem Sancte Marie» (Rodríguez de Lama, 1976: 45). No queda especificado de dónde provenían las parias, que probablemente vendrían de Zaragoza o quizás de alguna población fronteriza como Tudela. El siguiente documento que hace referencia a parias es el importante tratado de 1073 entre Al-Muqtadir y Sancho Garcés IV de Navarra, publicado por Lacarra (1981b: 91-92; Falcón, 1998: 44). Es un pacto de alianza, similar al que hemos analizado anteriormente de 1069 entre Sancho Ramírez y Zaragoza, cuyo fin principal fue proteger a la taifa hudí de los ataques del rey aragonés, aunque no el único, pues se alude a que Al-Muqtadir podría hacer uso de los soldados navarros «in aliquas partes» en caso de necesidad. El rey navarro se ponía a disposición de Al-Muqtadir para defenderle y le otorgaba la posibilidad de convocar nobles navarros para defender Zaragoza si necesitaba auxilio armado. A cambio de todo ello, Al-Muqtadir se comprometía a pagar doce mil dinares al año (Lacarra, 1981b: 94-95) —es decir, exactamente lo mismo que tributaba a Sancho Ramírez en 1069—sin especificar el modo en que se habría de realizar la entrega. Además, abría la posibilidad de entregar plata como pago, especificando que por cada dinar debería entregarse, en tal caso, 7 dirhams de plata, es decir, un total de 84.000 dirhams de plata. También, como en el pacto de 1069, se hace referencia a «in ipsos ligamentos primus scriptum est in tali modo», es decir, a acuerdos anteriores que no se han conservado. Este nuevo acuerdo debió tener vigencia como máximo hasta 1076, fecha en la que Sancho Ramírez llegó al trono navarro. Ya bajo gobierno aragonés, contamos con algunas referencias documentales que atestiguan que el obispado de Pamplona recibía algunas cantidades de dinero procedentes de las parias. Ya en el documento de 1091 de dotación de la iglesia de El Castellar queda claro que con anterioridad a esa fecha Pamplona está recibiendo dinero. En otros dos documentos, uno datado en 1097 y otro entre 1105 y 1115, donde se confirman los beneficios del obispado de Pamplona encontramos más referencias a parias. En el de 1097 el obispo Pedro solicitaba del Papa Urbano II la protección apostólica y que confirmase sus límites y privilegios. Entre sus privilegios figuran las «pariam Cesarauguste civitatis siue de ceteris sarracenorum terris tuo episcopatui adiacentibus quas a regibus et principibus impetrasti uel impertraueris» (Goñi Gaztambide, 1997: doc. 68), es decir, las parias de Zaragoza y otras ciudades bajo el gobierno musulmán, que no quedan especificadas. El documento fechado entre 1105 y 1115 es una reclamación del abad de Leire, Raimundo, y sus monjes contra este mismo Pedro, obispo de Pamplona. Ambos religiosos estaban litigando por una serie de beneficios eclesiásticos entre los que aparecen «quadringentos solidos de paria Caesarauguste» (Goñi Gaztambide, 1997: Doc. 107). Este testimonio no tiene valor para fechar entregas de parias, porque es posterior a cualquier pago de parias a Aragón; de hecho el reino hudí de Zaragoza cae en 1110 en manos de los almorávides. Pero permite confirmar la cantidad que pagaba Zaragoza, ya fuera a Aragón o a Navarra: 12.000 dinares anuales. Es la cantidad que aparece en los pactos de 1069 y 1073, y que queda confirmada por la evidencia archivística. Recordemos lo que decía el documento de 1063 en el que se dotaba la dió- cesis de Jaca. Se concedía a esta diócesis «ex ipsis tributis que recipimus in presenti uel recipere debemus aut in futuro Deo miserante recipiemus de Caesaraugusta necnon et Tutela de omnibus terciam partem ipsius decimationis supradicte ecclesie et episcopo concedimus et donamus», es decir, la décima parte de la tercera parte. La décima parte de 12.000 dinares son 1.200 dinares y la tercera parte de 1.200 dinares son 400 dinares. Precisamente, estos son los 400 dinares anuales que reclamaba el abad Raimundo de Leire como beneficio eclesiástico, pese a que ya hacía algún tiempo que no se cobraban. 4. Conclusiones. La almotexena es una institución propia del reino de Aragón, que no se encuentra en otros lugares. La alta densidad de población de la frontera aragonesa, en contraste con el despoblamiento de la frontera castellana, hace que existan pequeñas aldeas susceptibles de ser sometidas a tributo por parte del poder central aragonés, de ahí que el vocablo sólo aparezca en documentación aragonesa. Sin embargo, no podemos asimilar los pagos de almotexena a los pagos de parias, pues constituyen una realidad distinta. Las parias eran pagadas por los poderes centrales, reinos como la taifa de Zaragoza y la taifa de Lleida, mientras que las almotexenas eran abonadas por pequeñas aldeas y era un tributo de capitación que debían pagar los musulmanes sometidos (mudaggan) que habitaban en esas poblaciones, de acuerdo a su origen etimológico. Es prácticamente igual a la yizya pagada por los cristianos que vivían bajo el poder islámico, que es el origen de la almotexena. Las parias debían entregarse en oro o metal acuñado, mientras que las almotexenas fueron pagadas normalmente en especie. Asimismo, la almotexena sólo se cobraba en Aragón, mientras las parias son abonadas también a otros Estados cristianos peninsulares. Además, las parias, como se demuestra en los pactos de protección firmados por Al-Muqtadir implicaban una ayuda militar en el caso de que otros poderes cristianos como Castilla atacasen Zaragoza. La almotexena, al ser un impuesto, no implicaba una obligación de defensa del territorio. No obstante, existen similitudes entre ambos tipos de pagos: ambos derivan de la explotación del territorio musulmán y constituían una fuente extra de ingresos muy importante. En definitiva, la almotexena refleja que amplias partes de la zona norte de la taifa de Zaragoza habían escapado al control hudí de tal manera que los aragoneses podían imponerles pagos de impuestos, aunque aún se considerasen territorio hudí como se deduce de las referencias documentales a Hispania o villis hispaniae. Los hudíes no podían imponer su dominio en el territorio fronterizo, de ahí que a medida que el reino de Aragón fue avanzando hacia el sur las localidades que tenían que abonar almotexena aumentasen. Además, estas acciones empobrecían la zona, empeorando la situación del reino zaragozano. Por tanto, las parias fueron una fuente de beneficios muy importante para Aragón durante su período formativo y también, aunque en menor medida, para Navarra. El dinero recibido a través de las almotexenas y las parias sirvió para afianzar el poder de la Corona, que era la receptora del dinero y, en segunda instancia, se encargaba de redistribuirlo en el circuito económico aragonés, principalmente a través de las donaciones a instituciones eclesiásticas que eran los motores económicos del reino. También se gastó dinero en la construcción de grandes obras públicas como fortalezas o edificios religiosos. Una gran parte de la documentación que hace referencia a parias y almotexenas tiene que ver con donaciones de esos beneficios a instituciones eclesiásticas. Los reyes consideraron que ese dinero era recibido gracias a la voluntad divina y les pareció de justicia destinar una parte sustancial a instituciones eclesiásticas. La dotación de la diócesis de Jaca o las donaciones a monasterios como San Juan de la Peña o Santa María de Nájera son ejemplos de esta redistribución. Y los monasterios y diócesis favorecidos por la Corona consiguieron de este modo distanciarse de otros posibles competidores que les pudieran hacer sombra. Este dinero donado a la Iglesia posibilitó la financiación de varias construcciones de importancia como la catedral de Jaca —cuya edificación inicial en estilo románico se inició en 1077—, o como el actual monasterio de San Juan de la Peña, comenzado en 1071. Las parias y las almotexenas se utilizaron, así mismo, para aumentar el potencial militar y la presión sobre los reinos de taifa, como sucedió también en Cataluña. La construcción y dotación de la fortaleza denominada Supercaesaraugusta (El Castellar), muy cercana a Zaragoza, es un expresivo ejemplo de cómo estos ingresos ayudaron al avance hacia el sur. Gracias a estas exacciones, Aragón pudo permitirse construir y mantener ocupada una fortaleza muy cercana al corazón del reino hudí. Y también sirvieron para favorecer a personas fieles al rey y a sus familiares, como se aprecia en el caso de Sancha, quien recibió de su padre Ramiro I las almotexenas de tres aldeas. Con respecto a la cronología de las almotexenas en el reino de Aragón, los testimonios más antiguos datan de 1049. Esta institución es citada siete veces en la documentación aragonesa hasta 1101, datándose el resto de alusiones en 1076, 1083, 1093-1095, 1095, 1100 y 1101. Pese al lapso de tiempo transcurrido entre la primera referencia (1049) y la segunda (1076) que hemos localizado, pensamos que la almotexena fue un impuesto que no se dejó de cobrar en ningún momento durante la segunda mitad del siglo xi, si bien el espacio en que se cobró se fue desplazando progresivamente hacia el sur a medida que el reino de Aragón ampliaba sus límites territoriales. La cronología de las parias es más compleja de fijar, pues Aragón sólo captó parias de la taifa hudí de Zaragoza. Como Zaragoza pagó parias a Castilla, Navarra, Barcelona y el propio reino aragonés, el problema radica en determinar cuándo pagó a cada uno de estos poderes políticos. Dada la naturaleza de las parias que, en definitiva, constituyeron un pago a cambio de protección militar, pensamos que bien pudieron pagarse a un poder cristiano cada vez, a pesar de que la pugna de los reinos cristianos entre sí por obtener estos pagos, fue feroz. En Navarra contamos con la referencia más antigua, que data de 1046. Es una referencia cronística y, por lo tanto, menos fiable que la recogida en la documentación, pero parece plausible que Huesca y Zaragoza pudieran haber sido sometidas a parias tras esta campaña militar. La siguiente referencia, de 1052, es documental y se encuentra en la donación de García III al monasterio de Santa María la Real de Nájera. Desde 1055 a 1073 se establece una cesura de tiempo en la que pensamos que Navarra no obtuvo parias de Zaragoza. La primera referencia documental al cobro de parias en Aragón es anterior a 1063 pero de fecha indeterminada. La siguiente es la dotación de la diócesis de Jaca en 1063 y la que nos aparece a continuación es el famoso pacto entre Al-Muqtadir y Sancho Ramírez de 1069, pero que hace referencia a acuerdos anteriores. Por lo tanto, sería plausible sostener que entre 1060 y 1070 Aragón estuvo captando las parias de Zaragoza. La referencia cronística de los Anales de Cataluña atestigua, en este mismo sentido, que en 1063 Aragón estuvo cobrando parias. Pero a partir de 1073 las parias cambiaron de manos y viajaron hacia Navarra, como recoge el pacto entre Al-Muqtadir y Sancho Garcés IV. Este acuerdo alude, así mismo, a acuerdos anteriores firmados por ambos monarcas, por lo que podemos retrasar hasta 1070 la fecha de inicio de esta segunda oleada de parias hacia Navarra. En 1076 Navarra quedó dividida entre Castilla y Aragón, haciéndose Sancho Ramírez con el título de rey de Navarra, por lo este territorio desaparece de la escena política como territorio independiente. Entre 1069 y 1091 no se han localizado referencias a pagos de parias a Aragón, lo cual nos hace llegar a la conclusión de que no existieron. A partir de 1091 en Aragón entraron de nuevo pagos de parias hasta, al menos, la batalla de Valtierra de 1104 y, probablemente, hasta el final de la existencia del reino hudí. No obstante, la última referencia documental al pago de parias data de 1094 y por ello no estamos en condiciones de precisar más sobre el tiempo que la taifa zaragozana estuvo pagando parias a Aragón. No obstante, hay evidencias a tener en cuenta: existe prueba documental de que efectivos militares castellanos encabezados por García Ordóñez apoyaron a Al-Mustain contra Aragón en la batalla de 1096 en Valtierra (Reilly,1988: 283), lo que demuestra que los castellanos habrían pasado a cobrar las parias hudíes y por ello auxiliaron a los zaragozanos contra Pedro I. La cantidad percibida anualmente probablemente sería el equivalente a 12.000 dinares, ya fuera todo en oro o parte en oro y parte en plata, como se deduce de los pactos firmados por Al-Muqtadir y el pleito entre Leire y Pamplona. En 1110 los almorávides tomaron Zaragoza y acaban las posibilidades cristianas de seguir captando dinero de los hudíes. El análisis de los pagos de parias es un instrumento esencial para entender la Península Ibérica del siglo xi. Un instrumento del cual se valieron los cristianos para aprovechar la debilidad musulmana en ese nuevo balance de fuerza que se estableció en la Península Ibérica tras la caída del Califato. 5. Referencias bibliográficas. Abd All ah [1981] El siglo xi en primera persona. Las memorias de Abd Allah, último rey zirí de Granada, destronado por los almorávides (1090). Madrid, Alianza. Baigés Jardí, Ignasi J., Gaspar Fel iù, Josep M. Sal rach , dirs., (2010) Els pergamins del arxiu comtal de Barcelona: de Ramón Berenguer II a Ramón Berenguer IV. Volum I. Barcelona, Fundación Noguera. Bal añá i Abadía, Pere (1993) Els musulmans à Catalunya (713-1153): assaig de síntesi orientativa. Sabadell, Ausa. Bal arí Jovany, José (1964) Orígenes históricos de Cataluña. San Cugat del Vallès, Instituto internacional de cultura románica - Abadía de Sant Cugat del Vallés. (Primera edición, Barcelona: Hijos de J. Jepús, 1899). 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Pobres y marginados en el primitivo Aragón
POBRES Y MARGINADOS EN EL PRIMITIVO ARAGON\*. Antonio Ubieto Arteta. Es un tema que no ha interesado a los historiadores aragoneses,a no ser en aspectos muy concretos,centrados generalmente sobre el zaragozano Hospital de Nuestra Senora de Gracia'. En el campo hospitalario hay poco más. $\mathbf { M ^ { a } }$ .Luisa Ledesma Rubio y $\mathbf { M ^ { a } }$ .Isabel Falcon Pérez han dedicado una pagina a las instituciones hospitalarias en Zaragoza a partir del siglo $\mathbf { X I I } ^ { 2 }$ . Y por supuesto,en cada historia local existen unas anotaciones sobre los hospitales de su poblacion, que todavia estan por recoger en un estudio de conjunto. Las noticias y estudios sobre esclavos siguen donde las dej6 Ramos Loscertales³. Texto de la conferencia pronunciada el 1 de julio de 1983 en la Universidad de Barcelona. 1. Cfr.Joaquin GIMENO RIERA,La casa de locos de Zaragoza y el Hospital de Nuestra Serora de Gracia (Zaragoza 1908); Juan MUNOZ SALILLAS,Privilegios a favor del Hospital de Nuestra Senora de Gracia,en“Anuario de Derecho Aragonés”,1 (Zaragoza 1944), p.143-165; Aurelio BAQUERO,Bosquejo hist6ricodel Hospital Real y General de Nuestra Serora de Gracia (Zaragoza 1952); J.DOLSET CHUMILLA,El hospital provincial de Nuestra Senora de Gracia (Zaragoza 1956);Fernando ZUBIRI VIDAL,Consideraciones hist6ricas sobre algunos hospitales de Zaragoza y su provincia,en “Archivo de Estudios Medicos Aragoneses",20-21 (Zaragoza 1972). 2. Cfr. Zaragoza en la baja Edad Media (Zaragoza 1977),p.128. 3. Cfr. José Ma.RAMOS LOSCERTALES,El cautiverio en la Corona de Arag6n durante los siglos XIll, $x m y . x \nu$ (Zaragoza 1915). La asistencia juridica para defender los intereses de los pobres, que generalmente se documenta en Europa a principios del siglo XV, no ofrece en Aragón estudios de conjunto; y solo tenemos unas breves päginas sobre el "procurador de los pobres" y sobre el “abogado de los pobres"del municipio de Zaragoza, que aparecen documentados desde $\bar { 1 4 1 4 ^ { 4 } }$. Pero que apareceran mas tempranamente, ya que en Sevila (1337), y Valencia (1357),existen con anterioridad. Por otro lado,no es dificil anunciar tal aparicion,ya que los “Fueros de Aragon",ensu libro I,titulo 10,senalan que en el caso de que las personas miserables, no lo hubiesen hecho,bien por su edad o por pura imbecilidad,el juez les darä abogado, aunque no lo pidan. Y esta disposicion estuvo vigente mientras los fueros tuvieron vida. Asi,el 21 de marzo de 1281 el rey Pedro II de Aragón ordenaba al zalmedina de Zaragoza que -segun el fuero- nombrase abogado para que defendiese a “ciertas viudas que no pueden tener abogado” en un pleito contra el concejo de la ciudad de Zaragoza6. Un precedente claro de “abogado de los pobres”, si no es el mismo. El problema habrä que restringirlo a saber si en un momento determinado se institucionaliza el cargo de “abogado de los pobres”al nombrar una persona determinada, para una época concreta, haya o no personas a las que defender, que quizas ocurra a principios del siglo XV.Y,con el nombramiento de este cargo, su paralelo y complementario de “procurador de los pobres". Otra institucion que tambien ha llamado la atenci6n es la del “Padre de Huérfanos”,que se encuentra en diversos territorios. Se preocupaba a la tutela sobre los menores desvalidos,fundamentalmente,en todas sus variantes. Y, naturalmente,con el correr de los siglos fue variando sus funciones. Aparece en gran cantidad de poblaciones aragonesas,desde 1475 (que se documenta en Zaragoza) hasta la abolición de los “Fueros de Aragón",en $1 7 0 7 ^ { 7 }$ 4. Cfr.Maria Isabel FALCON PEREZ, Organizacion municipal de Zaragoza en el siglo XV(Zaragoza 1978),p. 152-155. 5. Cfr.Agustin BERMUDEZ AZNAR,La abogacia de pobres en la Espana medieval, en "Asistencia aos pobres na Peninsula Ibericadurantea Idade Media",1(Lisboa1973),p. 148-149. 6. Publica Angel CANELLAS LOPEZ, Coleccion diplomática del concejo de Zaragoza, 2 (Zaragoza 1975), n. 211. 7. Cfr. José GUALLART Y LOPEZ DE GOICOECHEA, El padre de huérfanos en el municipio de Zaragoza,en “Primera semana de Derecho Aragones"(Jaca i942)" (Zaragoza 1942),p.19-26;Angel SAN VICENTE,El oficio de Padre de Huerfanos en Zaragoza (Zaragoza 1963). Es seguro que apareceran testimonios documentales mas antiguos, ya que los “Fueros de Aragón” tienen entre sus disposiciones las que permiten la aparicion de la institucion,pues regulan ampliamente la potestad sobre los huérfanos que hayan heredado bienes de sus padres. De regular la vida de los huerfanos heredados a la de los desheredados existe un paso facil de atravesar en una sociedad como la aragonesa de la Edad Media. Queda por ultimo por senalar el interés que ha existido en Arag6n por estudiar los peregrinos, precisamente en relacion con el camino de Santiago.Pero peregrinos de todas las clases sociales, lo que hace rebasar la amplitud del tema aqui propuesto. Un ultimo apunte antes de adentrarme en el campo especifico que me corresponde tratar. Los estudios sobre historia aragonesa medieval se han fijado precisamente en dos etapas concretamente: la Alta Edad Media, insistiendo en los siglo XI y XII, precisamente porque en esos siglos Navarra y Aragon generalmente estuvieron regidas por un mismo monarca; y el siglo XV,buscando la documentacion municipal o la propia del reino. Pero en general quedan los siglos XII y XIV,que apenas han producido estudios de conjunto,aunque los publicados sean muy interesantes para concretar otros campos alejados de los que ahora interesan. Hay datos sobre pobres y marginados en los fueros cortos y en las cartas pueblas: en los Fueros de Aragon; los hay en las multiples donaciones que se han publicado; en las listas de monedajes; en los libros de limosnas que se convervan en bastantes parroquias aragonesas,ya en época mas tardia que la que voy a tratar. El estudio que sigue se podria hacer, dando una visi6n muy general y poco puntual, yuxtaponiendo los datos recogidos. Pero la generalizacion del tema le hubiese quitado intensidad. Y, por otro lado, dificilmente me hubiese permitido introducir algunos elementos que trataré,sobre unos marginados que no acostumbran a considerarse en la tematica al uso. LOS MAS ANTIGUOS MARGINADOS: LOS MEZQUINOS ARAGONESES. Cronol6gicamente los más antiguos marginados que encuentro en Aragón son los“mezquinos”. La voz “mezquino"es de origen posiblemente persa, que se introdujo conla venida de los musulmanes ala Peninsula Iberica; yha llegadoaequivaler a “miserable, desgraciado y pobre”, lo mismo que en árabe, pasando incluso a otras lenguas europeas. Se caracterizaron por ser siervos de la gleba,enajenables con la heredad a la que estaban adscritos; su condicion era hereditaria, siguiendo los hijos la suerte de los padres. Podian ser empenados, donados,vendidos y poseidos a medias. De los productos conseguidos con su trabajo,los mezquinos pagaban a los seiores de las tierras una serie de tributos que se cifraban en galletas de vino,arrobas de cereales,pares de gallinas u otras aves y un numero determinado de panes; ademas de prestar ciertos servicios personales en las fincas explotadas directamente por el dueno. Por otro lado,debian abonar a la Iglesia los correspondientes diezmos y primicias. Como contrapartida,tenian el derecho —si se puede denominar asi-- de disponer libremente de sus bienes propios en favor de los centros religiosos,bien vendiéndolos,bien cambiandolos'. La cronologia aportada se ha fijado en unos pocos documentos que van desde 1068 hasta 1115,preferentemente sobre los fondos de Leire y de San Juan de la Peia. Pero la existencia de estos marginados se documenta muy anteriormente.Asi, el ano 893, refiriendo acontecimientos muy anteriores, se senala que se habia “dispersado el monasterio de Navasal con sus mezquinos".Ymás adelante se alude a la pardina de Castillón,cuyos habitantes habian sido“mezquinos de Navasal"i0. A partir de 893 y hasta enlazar la serie con las menciones dadas en el trabajo reseiado antes hay relativamente abundantes datos cronologicos de 1025,1027,1033,1034,1042,1047,1060y 1061'. Tiene gran atractivo la plasmación geografica de los lugares donde vivian estos mezquinos, ya que indirectamente solucionan un problema histórico interesante. Vivieron en el valle de Anso (Navasal),Acumuer, Botia,antellaoasillovillabg; Estenoz, Banastón y Santa Maria de Baon y Oros Bajo,con otras menciones que los colocan en Buesa, Embun, Binies y Cartirana. Una zona aragonesa situada muy al Norte,que tiene como centro geo 8. Cfr.Eduardode HNOjOSA,Mezquinos y exaricos.Datos para la historia de la servidumbre en Navarray Arag6n,en“Homenajea D.Francisco Codera en su jubilacion del profesorado"(Zaragoza 1904),p.523-531. 9. Cfr.articulo reseiado en la nota anterior. 10. Publica Antonio UBIETO ARTETA,Cartulario de San Juan de la Pena,en“Textos Medievales",6(Valencia 1962), $\bar { \mathbf { n } } ^ { \circ }$ 6. 11. Cfr. edici6n citada,documentos numeros 41,42,44,62,63,79,95,157 y 166. grafico la Canal de Berdun y la actual poblacion de Jaca. Pero que reciben para diferenciarlos una denominacion teóricamente musulmana, aunque ellos inexcusablemente llevan siempre nombres relativos al mundo cristiano,y entregan los diezmos y primicias a la Iglesia. Conjuntando todos los elementos disponibles se puede sentar la teoria que (cronologia desde 893; religion cristiana,denominación musulmana y zona tipicamente pirenaica) fueron los continuadores de los pobladores que vivian alli a principios del siglo VIII, cuando los musulmanes Organizaron dentro de su primera mitad la vida en las zonas montanosas, abandonadas administrativamente a'mediados del mismo siglo. Otro elemento importante es el final de las apariciones cronologicas, que Hinojosa situ6 en el ano 1115,en texto procedente del monasterio navarro de Leire. Los ultimos documentos aragoneses que aluden a los mezquinos son muy interesantes, precisamente por referirse a la misma persona que actu como dadora. Hacia el ano 1098 Blasquita de Biniés,en presenciade la condesa Sancha,daba al monasterio de San Pedro de Siresa los mezquinos que tenia en Binies y en Bralavilla,citando los nombres de ellos y dando toda clase de precisiones12. Pero unos anos más tarde,entre 1110 y 1113,ampliaba la donación al citado monasterio de Siresa,e incluia esta clausula: “Doy con esto sobredicho todos mis mezquinos que tengo y debo tener en Binies y Bralavilla"13. “Los mezquinos que tengo y debo tener” está indicando que el conjunto de mezquinos de esas poblaciones no es ya el grupo humano compacto que durante siglos ha cultivado las tierras de Binies, sino que al menos algunos de ellos “debieran”estar en Binies; pero que no estaban. En 1096 se habia conquistado Huesca: en 11Oo,Barbastro.A partir de 1118,en la mayor parte del valle del Ebro,con la conquista de Zaragoza, surgia la necesidad de asentar pobladores cristianos en todas las tierras hasta entonces musulmanas, lo que haria que los fueros de_poblacion declarasen libres a cualesquieras personas que alli llegasen.Y hay que suponer —ya que los textos no lo indican—que la mayor parte, si no todos los mezquinos de la zona pirenaica, se trasladaron a las tierras entonces repobladas,donde alcanzaron su libertad, dejando de ser un grupo de marginados. De momento la ultima mencion que conozco de mezquinos en Aragón se puede datar hacia 1118, cuando Sancho Iniguez hacia testamento antes de salir hacia Jerusalén y disponia de unos mezquinos que tenia en Buesa y Embun14. OTROS MARGINADOS: LOS COLLAZOS. Una de tantas redacciones de los “Fueros de Aragón"senala que “solian seer en Aragón unos omne villanos, que eran clamados collacos; e eran sozmetudos e tan grant servitut que muytas de vezes los fillos de lures seiores decian que los devian partir por medio con un cuytiello". “E despues esdevinose que aquellos collacos peleáronse con lures seiores, e leva(nta)ronse contra ellos; e tanto que despues vinieron a conposicion e a paramiento con lures senores; e fiziéronles cierto treudo des alli enant; e que fincase aquella mala costumpne que avian con ellos". “E despues, por aquel paramiento que fizieron, fueron clamados villanos de parata,ellos e todos lures fillos que vinieron despues". “E es a saber que entr' ells fizieron muytos paramientos; sobre los quales fizieron aquest: “Que quantas que vezes lures avian mester fidanca en ningun logar, que ellos hy ayan de entrar; e que los en saquen de menos de dano". “E si una vegada aquel villano serä encorrudo en la fiancaria, que su senor no lo en quiera saquar post; que una vegada aya pagado por el, después no es tenudo que li entre fianca, si no quiere"5. La documentacion sobre “collazos” aragoneses parece escasa. De momento senalaré que en noviembre de 1082,estando en Loarre,Sancho Ramirez,rey de'Aragón, donaba a su collazo Pedro Sanchez,“a causa de los servicios que le hizo y cada dia le hacia",una heredad sita en Luesia que habia sido de Lope Garcez,para que la tuviese ingenua, libre e infanzona, en su propiedad y de sus descendientes16. Donacion que testimonia que la degradacion de estos marginados fue mas tardia. Y que habra que confirmarla con un estudio más amplio. 14.Publica DURAN GUDIOL, Colecci6n diplomatica de la catedral de Huesca,1 (Zaragoza 1964),p. 149,n.121. 15.Fueros de Arag6n,edicion preparada por Antonio GARGALLOMOYA,parrafo 73. 16. Publica DURAN GUDiOL,Coleccion diplomatica de la catedral de Huesca,1 (Zaragoza 1964),n.46. LOS PRISIONEROS DE GUERRA. Otro grupo'de marginados lo constituy6 desde época muy temprana en el Aragon cristiano el de los“prisioneros de guerra”. Naturalmente,los datos antiguos son muy escasos y no pueden proceder de las fuentes cristianas,sino de las musulmanas.Con todo se puede rastrear indirectamente su existencia en Aragon desde el siglo IX, por lo menos.Las noticias aparecen en las biografias de personajes relacionados generalmente con la población de Huesca, sita en la frontera. El oscense Ahmad ibn Yusuf ibn Mu'addin murió el ano 919.Sus bió- grafos senalan como datos vitales mas importantes el hecho de que viajase y que rescatase y diese libertad a ciento cincuenta prisioneros musulmanes17. Posiblemente fuese padre del anterior otro oscense llamado Yusuf ibn Muaddin ibn ‘Aysun al-Mu'afari (Abu 'Umar),que vivió entre 877 y 921. Además de ofrecer sus biógrafos una serie de maestros a los que escuchó, sefialan que fue hombre piadoso y que habia rescatado del cautiverio a cerca de cien prisioneros18. El"prisionero de guerra" fue importante porque inició una especie de negocio lucrativo. O bien el “prisionero de guerra" era mano de obra barata; o, si procedia de clases economicamente elevadas del mundo musulman,pagaba sustanciosos rescates. Asi, tres musulmanes tudelanos, posiblemente hacia el ano 936,fueron hecho prisioneros por los cristianos—no sabemos si pamploneses o aragoneses-—y sólo lograron la libertad después de pagar como rescate cincuenta mil dinares.Pero hay que tener en cuenta que estamos ante personajes importantes en el mundo administrativo musulman, pues se trataba del cadi de Tudela ('Umar ibn Yusuf ibn Musa ibn Fad ibn Jasib al-Umawi (Abu Hafs),al que se conocia por Ibn alImam), junto con su hijo y su hermano19. La presencia de prisioneros de guerra musulmanes en el Arag6n cristiano estä constantemente documentada a lo largo de toda la Edad Media. Recuérdense los textos de Ibn Hayyan,que hablan de mil quinientas j6venes aprisionadas en Barbastro el ano 1O63 que quedaron en manos del “Jefe de la caballeria de Roma”,evaluando en unas cincuenta mil las personas que quedaron reducidas a cautividad20. Las cifras evidentemente fueron exajeradas. Sobre estos prisioneros y con objeto de conocer sus formas de vida en el Aragón altomedieval solo habrä que recordar un capitulo del“Fuero de Jaca",otorgado posiblemente el ano 1077: “Si algun hombre tomase en prenda a un sarraceno o sarracena de su vecino (de Jaca), que lo ponga en mi palacio; y el dueno del sarraceno o sarracena le dé pan y agua,porque es hombre y no debe ayunar como bestia"21. En sentido inverso tambien existieron cautivos cristianos aragoneses entre los musulmanes. Siempre se ha recordado que el rey Ramiro I de Arag6n dejó sus bienes muebles divididos en tres partes,destinándo una de ellas“para los cautivos y para hacer puentes y para construir castillos en la frontera de los moros que estaban por hacer"22. Los testamentos aragoneses ofrecen noticias sobre cautivos. El realizado por el senor Sancho Galindez y su esposa Urraca es muy amplio y detallado,ordenando que “cuando nuestros hijos partan las heredades, que saquen sendos cautivos por nuestras almas"23, lo que no es muy claro, pues no se sabe si son cautivos cristianos o musulmanes. Pero hay cautivos de todas las clases sociales,aunque en territorio enemigo todos se conviertan en marginados. El ano 1069 los senores aragoneses Ato, Sancho Fortunones y Fortun Inigones daban al monasterio de San Juan de la Pena un palacio y un excusado en Larues como compensación de la ayuda que el monasterio les habia prestado para conseguir la liberacion de“nuestro hermano mayor,don Ato"24. La documentacion es relativamente abundante sobre estos cautivos; y, preferentemente,sobre los que volvieron a reinsertarse en su medio primitivo. Pero tales reinserciones no parecen faciles. Hay un testimonio impresionante de un habitante de las cercanias de Huesca. 20. Cfr.textos en Antonio UBIETO ARTETA, Historia de Aragon. La formacion territorial (Zaragoza 1981),p. 57. 21. Cfr. Fuero de Jaca, edicion de Antonio UBIETO ARTETA,Jaca: Documentos municipales.971-1269,en“Textos Medievales",43 (Valencia 1975),p.51,n. 24. 22. Cfr. testamento de 1059 y su renovacion en 1061, (Publica Antonio UBIETO ARTETA,Cartulario de San Juan de la Pena,en“Textos Medievales”,9(Valencia 1966). 23. Publica Eduardo IBARRA,Documentos particulares corspondientesal reinado de Sancho Ramirez (Zaragoza 1913),p.7,documento 1,datado en 1063 con evidente error. 24.Publica IBARRA,Documentos particulares,n.°29,p. 71-72. Un tal Inigo Sanz de Laves contaba el ano 1118 que seis anos antes “vino Avin Alfag (el almorávide Ibn al-Hayy) a tierras de Huesca con gran multitud,y nos llevaron los sarracenos,y nos pusieron en la carcel y en cadenas, y nos acuciaron el hambre y la sed y muchas penas. Y después de muchas penas y muchos trabajos, seis anos despues de la cautividad,Dios misericordioso y celebrante el senor Fortun Dat",tal cautivo consigui6 la libertad, a condicion de que pagase por el rescate quinientos mizcales de oro, siendo fiador el citado Fortun Dat, que por otros documentos sabemos que actuaba como tenente de varios lugares,de los cuales el mas importante eia la poblaci6n de Barbastro. El ex-cautivo cuenta que no consiguió ayuda ni de sus parientes, ni de sus amigos, para pagar los quinientos mizcales de oro. Ante las dificultades acudió a los monjes de San Pedro el Viejo de Huesca para ofrecerles en venta la heredad que tenia en Ayera (Huesca); los monjes le ofrecieron mil sueldos jaqueses por tal heredad,a condicion de que consiguiera permiso del rey Alfonso I el Batallador para venderla. Inigo Sanz de Laves acudió al cerco de Zaragoza, donde estaba el monarca aragonés, y consiguió tal permiso25. El final de esta aventura no lo cuenta el documento. Pero es evidente que la venta se realizó, ya que el documento figura en el cartulario de San Pedro el Viejo.La posibilidad que tenia Inigo Sanz de Laves era muy escasa.Debia pagar 500 nizcales de oro,equivalentes'a mas de 3.500 sueldos jaqueses. Y los monjes de San Pedro el Viejo le ofrecian solo 1.0o0,escasamente la cuarta parte del dinero necesario para comprar la redencion. $\dot { \iota }$ Volveria a la cautividad? $\displaystyle { i ^ { \prime } }$ Tendria que donarse a algun centro religioso de por vida? Los documentos oscenses no vuelven a hablar de este personaje. Piadosamente'pensaremos que sus parientes y amigos suplirian la cantidad que faltasen para alcanzar el monto de la suma debida. Recordemos el milagro de Santo Domingo de Silos sobre un cautivo cristiano que vivia en Zaragoza hacia 1090,recogida por Grimaldo. Existió en Arag6n una institución muy interesante en relacion con los cautivos,tanto cristianos como musulmanes, instituci6n que se encuentra en otros fueros de frontera espanoles. Me refiero al “Exea”,que fundamentalmente dirigia las caravanas de recuas que iban y regresaban desde Teruel a territorio musulmán, llevando tanto mercancias como ganado. El Fuero latino de Teruel, en 1177, es terminante a este respecto: "Mando que todo exea, antes que entre en el oficio,dé fiadores vali 25.Publica José M. LACARRA, Documentos para el estudio de la reconquista y repoblación del valle del Ebro,en “Textos Medievales",62(Zaragoza 1982),n.53,fechado en 1118. dos en el concejo de que la recua que él condujese seria salva, tanto a la ida como a la vuelta. Porque el exea debera pagar todo dano que le aconteciese a la recua, exceptuando danio de hurto,deuda propia y mérito de malhecho". “El exea juzgue a los peleadores en las recuas y haga justicia en la recua". "Y si el exea fuese probado de infielen el concejo,que sin remedio sea 1horcado". “Cualquier exea cobre por exeazgo un áureo jucefino por cada cien carneros,cabras u ovejas.Dos sueldos por cada buey o vaca,de las cuales el rey tendra dos partes.De cada bestia mayor recibir& doce monedas; de cada asno,seis dineros,de los cuales el rey recibira dos partes". “De la misma forma, de cada cautivo que saliese por dinero,tendrä la décima parte de su redencion; la cual el cautivo además de la redención es obligado de rendir y de pechar”. “Del moro que saliese a cambio de cristiano,o de cualquier otro cautivo que por otro saliese, tenga un aureo jucefino, pero no mas". “El exea cuide al cautivo en su casa y lo custodie hasta que lo conduzca a su propia tierra”. “Y por el alimento el exea reciba un aureo jucefino,tanto si lo alimenta un dia como si muchos"26. Además de estos menesteres el Fuero turolense todavia le hace itervenir en otros extremos que ahora nos interesan. Dentro de este espiritu surgido en torno al exea de Teruel, que intervenia en la redencion de cautivos,no puede extrafar que en octubre de 1188 el rey Alfonso II de Aragón ordenase que la orden de Santo Redentor existente en sus reinos se asentase en Teruel, donde deberia construir su propia residencia y dedicarse a la redencion de cautivos27. Pero este ya es un tema que escapa al marco cronol6gico que me he propuesto. 26. Cfr.El fuero latino de Teruel,edicion preparada y con estudio preliminarpor Jaime CARUANA GOMEZ DE BARREDA(Teruel 1974),p. 408-409,n.° 507.Tambien aparece en el texto romance. 43 27.Publica el documento Faustino D.GAZULLA,La Orden del Santo Redentor,en “Boletin de la Sociedad Castellonense de Cultura",10(Castell6n 1929),p.38-40. LOS PEREGRINOS. Se tiende a incluir al peregrino dentro de este concepto de “pobres y marginados".Pero es evidente que esto resulta muy generalizador,ya que al rey Luis VII de Francia -que hizo la peregrinacion a Santiago y pas6 por Jaca- no se le puede incluir dentro del grupo28. Con todo,el peregrino siempre produjo un sentimiento de protección en las autoridades de todos los paises y tiempos. En Aragón el primer dato documental sobre peregrinos acostumbra a relacionarse con unos aranceles de aduanas otorgados por el rey Sancho Ramirez (1076-1094) sobre los portazgos que se cobraban en Jaca y Pamplona,de“acuerdo con los usos de mis parientes",lo que obliga a suponer que en tiempos del rey Sancho el Mayor (1004-1035) ya existian,pues sólo en ese momento los reinos de Pamplona y Aragón habian estado unidos con anterioridad al monarca otorgante,el citado Sancho Ramirez. En estos peajes se establecia que los peajeros“Dell romero no prendan cualquier cosa.Y de cada tres capas de romeo,no tomen cualquier cosa.Y si fuesen tres companeros que llevasen un “trosellum"(recado,en espanol castizo) para su viaje y hasta siete companeros,los portaleros no tomen nada". Sigue luego con los romeos comerciantes, con datos que no interesan, para terminar con esta frase:“De las minucias que los mezquinos romeos llevan para el viaje,los portaleros no tomen ninguna cosa"29. Dificilmente estos peregrinos podrian dejar rastros en la documentacion,ya que su paso efimero y-en su mayoria— escasos recursos no transmitian textos escritos. Sin embargo queda un importante resto monumental,en lo que, segun la Guia de Peregrinos de Aimerico Picaud,era uno de los tres hospitales mas importantes del mundo, junto con Roma y Jerusalén: “Tres columnas muy necesarias para sostener sus pobres instituyó el Senor en este mundo... Son estos hospitales, puestos en sitios adecuados, lugares santos,casas de Dios,reparación de los santos peregrinos,descanso de los necesitados,consuelo de los enfermos,salud de los muertos, proteccion de los vivos. Asi,quienquiera que haya edificado estos lugares sacrosantos,sin duda alguna poseerä el reino de Dios".El tercer hospital importante del mundo era el de Santa Cristina del Somport, sito en lo alto del valle de Canfranc,en la actual provincia de Huesca. Los origenes de este hospital están llenos de leyendas,como ocurre siempre que los datos documentales faltan.Pero se pueden rastrear,a base de los textos conservados.La noticia tardia de la paloma —simbolo de la paz— que se posa en un boj,y eso hace que alli se levante un Hospital, responde a una tradicion tan difundida en ia Cristiandad como posiblemente absurda. Documentalmente sólo se puede aceptar que el mes de marzo de 1078 el rey Sancho Ramirez de Aragon estaba en el Hospital de Santa Cristina del Somport3o,mientras que los documentos de sus tres hijos los reyes Pedro I,Alfonso Iel Batallador y Ramiro II el Monje confirmaron siempre los privilegios que habia dado su padre el rey Sancho Ramirez a Santa Cristina del Somport. Asi la construcción del Hospital del Somport -que a mediados del siglo XII seria considerado como uno de los tres mäs importantes del mundo— se levantaria con motivo de la construccion de toda la infraestructura realizada por los reyes Sancho Ramirez de Aragón y Alfonso VI de Castilla entre los anos $1 0 7 0 \ y 1 0 9 0$ ,por citar cifras redondas,para afirmar el “Camino de Santiago”. Pero el interes del Hospital del Somport en el tema que ahora me preocupa quizas esté mas en'la forma de financiar los gastos que indudablemente originaron las atenciones recibidas por los posibles peregrinos, ya que las tierras que le pertenecian apenas eran aprovechables,pues sólo contaba con una pequena extension del alto valle del rio Aragon, improductiva a no ser en el aprovechamiento de las yerbas de sus montes y el pescado del mismo rio. El rey Pedro I ofreció doscientos sueldos anuales, pero no parece mucho. El sistema fue interesante, consintiendo los monarcas que se creasen unas “cofradias”de Santa Cristina,tanto en Francia como en Espana. Actualmente se conservan las listas de cofrades de poblaciones hoy situadas tanto en Aragón como en Navarra o la region de Pau,en Francia. Estas cofradias se documentan antes del aio 1122,y ofrecian gracias espirituales a cambio de determinadas prestaciones,que eran de distintas clases. Afortunadamente se conserva el pacto de cofradia establecido por el prior Bernardo,algunos religiosos y seglares de Jaca,realizada por las mismas fechas,lo que la transforma en una de las mas antiguas existentes en Espana. No tiene fecha,pero se puede datar entre 1115 y 1122. Se establece para la sustentacion de los pobres de Cristo y la atenci6n 30.Sobre este punto ver Antonio UBIETO ARTETA,Los primeros aros del Hospital de SantaCristinadelSomport,en“PrincipedeViana,n.104y105(Pamplona196),p. 267-276, que resumo. de los enfermos,bajo la forma de caridad que se_denomina cofradia,y principalmente para atencion a los cofrades que en Santa Cristina sufren el peso del frio. Los nuevos cofrades ofrecen sus bienes temporales en el presente a cambio de los bienes perpetuos que Cristo habia prometido.Y por ello, tan pronto como puedan,deberán mostrar su caridad. Se establece en principio que la nueva cofradia constaria de 12O cofrades; y cuando muriese alguno,se admitiria otro nuevo para que el numero se conservase.constante.Se nombra prior al presbitero Bernardo; y decano,al canónigo jaqués Guillermo; y habrä unos prepósitos,que regiran la cofradia. Cuando se les llamase para ejercer la caridad y limosna,cada uno entregaria antes de la comida seis dineros,se separaria la sexta parte para los pobres antes de la comida; de lo restante comerian los cofrades “caritative";y de lo sobrante,se reservaria para los pobres de Santa Cristina.En la mesa permanecerian en silencio y humildemente; con alegria, pero sin voracidad ni ebriedad,administrando los prepósitos las cosas necesarias. Saldrian de la mesa sin tumulto; y con sobriedad volverian a sus cosas. Al dia siguiente oirian maitines y misa,irian luego a capitulo,donde cada uno expondria sus culpas.Recibirian humildemente el correctivo correspondiente. Si un cofrade estando en la mesa confundiese a otro,sabiéndolo,en el capitulo seria vengado, segun la costumbre regular. Si le pegase,de la misma forma fuese vengado. Si contusion o llaga produjese,quede bajo la sentencia de dos priores: y además pagarä el precio de la cura. Si algun cofrade dentro o fuera estuviesen renidos o litigados,su causa expondrian a los prepósitos; la causa se veria en cabildo,y segun la apreciación del cabildo recibiria cada uno. Si algun cofrade por soberbia dejase el cabildo y lo llevase fuera el juez: o lo soluciona segun el juicio de su cabildo,o paga 30 sueldos de multa y se le expulsa de la cofradia. Cuando enfermase un capitular, seria visitado por lo demás.En la hora de la muerte cada uno daria un dinero para cantar misas; un obolo para dar pan a los pobres;y otro óbolo para encender velas desde el momento de la muerte del enfermo hasta el de enterrarlo. Si el cofrade fuese pobre,del comun de los cofrades se atenderia durante la enfermedad, y se le enterraria. Si un pobre enfermase el dia de emprender el camino y muriese, se le atenderia del comun o del propio de cada uno. Si un cofrade necesitase dinero por pobreza o necesidad, del comun de los cofrades se le prestarian hasta 10 6 20 sueldos, bajo un avalador; y terminado el tiempo senalado lo devolveria. Si un cofrade,en salud o enfermedad,diese algo mueble a la cofradia, se darian cuatro partes a Santa Cristina; y la quinta parte se la quedaria para la cofradia. Si diese alguna heredad, ésta seria de Santa Cristiana,pero los frutos se dividirian en cinco partes: cuatro para Santa Cristiana y la quinta para la cofradia. Si alguno faltase en tiempo de reunion, se le esperaria; y si no llegase, se colocaria entre los cofrades un pobre por el que faltaba. Que nadie faltase a las reuniones,cabildos,visitas,a no ser por causa excepcional, ni llegase tarde.En caso contrario pagaria cinco sueldos.Y si fuese contumaz, seria expulsado. Cuando muriese algun cofrade,se comunicaria a los que estaban en Santa Cristina para que celebrasen vigilias, salmodias y santos sacrificios, tanto en Santa Cristina como en sus dependencias. El documento es ilegible al final, y carece de fecha, pero se puede datar a principios del siglo XII.Es presumible que en los diferentes lugares donde existian cofradias de Santa Cristina el sistema economico seria semejante. Pero la evaluacion económica de los ingresos para sostener el famoso Hospital la desconocemos. LA CASA DE LA LIMOSNA DE JACA. La institucion de la“Casa de la Limosna”en la catedral de Jaca la instituy6 (1077-1086) el obispo Garcia (1076-1086) “para la recepcion de los pobres”,dotandola espléndidamente.Le entreg6 las cuartas de todos los réditos del obispado de Jaca que los clérigos abonaban al obispo; las de las labranzas de la iglesia jacetana; las de las labranzas de las obediencias que los canonigos no habitaban y de las decimas del telóneo de Jaca y de las condenas y de todas las oblaciones de todos los difuntos.Se exceptuaban lo que era propio de la Limonas, con respecto a los oferentes,de las terneras,corderos,vacas y bueyes de dicha iglesia y de las oblaciones que el pueblo ofrecia en la Misa,de las cuales solo seria la décima parte.De la misma forma se le entregaban los residuos que quedasen en el refectorio después de la cena31. 31.Publica Antonio DURAN GUDIOL, Coleccion diplomatica de la catedral de Huesca, 1(Zaragoza 1964),p. 129,n.°105. Contiene la dotacion de la casa de la limosna de Jaca, hecha a imitacion de la de Jaca,donde se cuenta toda su historia.Esta datada hacia el ano 1108. La documentacion posterior llama indistintamente “Casa de la Limosna"o“Albergueria” a esta institucion. Asi, en marzo de 1084 el rey Sancho Ramirez de Aragón daba a“la albergueria de Jaca”la villa de Barós,con todas sus posesiones; le otorgaba permiso para construir un molino rotero en el rio Aragón, con los mismos usos que tenian los molinos del rey en Jaca, pudiendo moler grano a cualquiera que lo llevase; y, ademas,anadia la donacion de un excusado en Arresella. A este documento el rey Pedro I le anadió en fecha imprecisa la facultad de comprar en la villa de Artaso cuanto pudiesen los encargados de la albergueria32. Las donaciones a la casa de la limosna de Jaca continuaron en lo sucesivo.En enero de 1086 el futuro rey Pedro Ide Arag6n,siendo infante,con motivo de su boda con la reina Inés, daba a la Limosna de San Pedro de Jaca un excusado llamado don Garcia de Arcusa con sus hijos y descendencia. Y,siendo ya rey,el dia que conquistó Huesca, lo que tenia en la ciudad en las tiendas, tierras,vinas,huertos y molinos“para la sustentación de pobres y de leprosos", a excepcion de lo que antes él y su padre habian dado.Anadia ademas una donación anual de cien sueldos de dineros, mientras él viviese33. Esta es la primera mencion que tenemos de leprosos en Arag6n. Y la primera mencion de la existencia de un “Hospital” que conozco en Aragón remonta al ano 1139,cuando el papa Inocencio II confirmaba a la catedral de Huesca todas sus posesiones, entre las que figura el hospital de Jaca,con todas sus posesiones34. Pero debe tenerse en cuenta que para entonces se confirman posesiones que tenian varios anos de existencia. Hay un elemento que considerar. El monasterio de San Juan de la Peiia,como todos los benedictinos, tuvo un monje limosnero,que atendi6 a los pobres en virtud de practicar las obras de misericordia y de cumplir las mismas normas dadas por san Benito.Lo mismo ocurrió en las catedrales,donde habia un canonigo limosnero,tanto en Huesca como en Zaragoza. Pero si pasamos al campo de lo civil existe un elemento importante. Los_sucesivos fueros dados a Jaca_ por Sancho Ramirez (1077), Alfonso I el Batallador (1106),Ramiro II el Monje (1134) no aparece ni una sola vez disposicion alguna sobre los pobres. En cambio,en los fueros 32.Publica DURAN GUDIOL,Coleccion diplomatica de la catedral de Huesca,n.49. 33.Publica Antonio UBlETO ARTETA, Coleccion diplomatica de Pedro I de Arag6n y Navarra (Zaragoza 1950),p.211. 34. Cfr. bula“Pie postulario" de 19 de abril de 1139.publicada en KEHR,Papsturkunden in Spanien. Navarra und Aragon,II (Berlin 1929), n.35,p.326. de noviembre de 1187 el rey Alfonso II de Aragón concedia que cualquier habitante de Jaca pudiese disponer de sus bienes; en caso de no hacerlo, pasarian a sus proximos parientes: y,en el de no tenerlos,“sus cosas se den a los pobres"35. Estamos ante un elemento importante. La asistencia a los pobres hasta el siglo XI y principios del XI ha sido una funcion desarrollada por la Iglesia y los grupos eclesiales (monasterios y limosna catedralicia). Pero ya en 1187 aparece la atencion a los pobres por parte del conjunto de los habitantes de Jaca. Como las series documentales municipales sólo podemos referirlas a Jaca desde el siglo XI, ya que las demás ciudades importantes sufren el trauma de la conquista por los reyes cristianos, no podemos fijar con exactitud el momento en que se produce este cambio de mentalidad. Pero, con todo,se puede senalar que entre 1134 y 1187 se produce un cambio importante -al menos en Aragon-: la atencion a los pobres deja de ser un problema fundamentalmente de los grupos religiosos para convertirse en un problema de toda la sociedad,con lo cual se laitiza. El conjunto de los pobladores de Jaca,representados por sus dirigentes, podrán disponer de ciertos fondos para atender a los pobres.Pero de su forma, manera y lugar no tenemos de momento mas elementos. Aunque la asistencia a los pobres en los siglos siguientes estará en manos de la Iglesia,ya en el siglo XII—al menos en Jaca— habia pasado en parte a un estadio socializado. Este fenómeno plantea problemas sobre su origen, que no pretendo solucionar aqui, sino indicar una via de investigacion a seguir. Parto de dos hechos constatados: a) En la Espana musulmana desde siempre se documenta la asistencia a pobres y marginados,incluso con la existencia de una leproseria en la C6rdoba del siglo X. b) Cuando los cristianos aragoneses ocuparon las grandes ciudades (Huesca, Barbastro y Zaragoza) precisaron respetar gran parte o practicamente todo el sistema administrativo municipal, incluso con los mismos nombres y funciones que tenian sus detentadores en época anterior, pues el originado en Jaca con su fuero de 1077 era insuficiente.Asi, encontramos los cargos de zalmedina, zabazoque, zabacequias (éste ha persistido en Arag6n hasta principio del siglo XX,con la denominacion de“Salvacequias") y otros. La conjunción de ambos elementos en el mundo cristiano aragonés podria originar el surgimiento de algunos hospitales de tipo civil en la Zaragoza de mediados del siglo XII,lo mismo que en otras distintas poblaciones.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
A Juan Fernando Utrilla Utrilla en su jubilación académica: una vida dedicada a la docencia y la investigación: To Juan Fernando Utrilla Utrilla in his academic retirement: a life dedicated to teaching and research
Aragón en la Edad Media 30 2019. CONSEJO EDITORIAL. DIRECTORA María Luz Rodrigo Estevan (Universidad de Zaragoza) SUBDIRECTOR Germán Navarro Espinach (Universidad de Zaragoza) SECRETARIA Concepción Villanueva Morte (Universidad de Zaragoza) VOCALES Ignasi Baiges i Jardí (Universitat de Barcelona) Asunción Blasco Martínez (Universidad de Zaragoza) José Luis Corral Lafuente (Universidad de Zaragoza) María del Carmen García Herrero (Universidad de Zaragoza) Carlos Laliena Corbera (Universidad de Zaragoza) Rafael Narbona Vizcaíno (Universitat de València) Flocel Sabaté i Curull (Universitat de Lleida) Philippe Sénac (Université Paris 4) Francesco Senatore (Università di Napoli) José Ángel Sesma Muñoz (Universidad de Zaragoza) Sergio Tognetti (Università di Cagliari) Juan Fernando Utrilla Utrilla (Universidad de Zaragoza) ASESORES. Jean-Loup Abbé (Université de Toulouse), Juan Antonio Barrio (Universitat d’Alacant), Alexandra Beauchamp (Université de Limoges), Maria Bonet (Universitat Rovira i Virgili de Tarragona), José Vicente Cabezuelo (Universitat d’Alacant), Enrique Cantera (UNED, Madrid), Javier Castaño (CSIC Madrid), María Barceló (Universitat de les Illes Balears), Brian Catlos (Colorado University), Pietro Corrao (Università di Palermo), Carlos De Ayala (Universidad Autónoma de Madrid), María Isabel Del Val (Universidad de Valladolid), José Ramón Díaz de Durana (Universidad del País Vasco), Luis M. Duarte (Universidade do Porto), Paul Freedman (Yale University), Antoni Furió (Universitat de València), Ángel Galán (Universidad de Málaga), Francisco García Fitz (Universidad de Extremadura), Blanca Garí (Universitat de Barcelona), Enric Guinot (Universitat de València), David Igual (Universidad de Castilla-La Mancha), Nikolas Jaspert (Universität Heidelberg), Juan Francisco Jiménez (Universidad de Murcia), Manuela Marín (CSIC Madrid), José María Monsalvo (Universidad de Salamanca), José Manuel Nieto (Universidad Complutense de Madrid), Angela Orlandi (Università di Firenze), Eloísa Ramírez (Universidad Pública de Navarra), Roser Salicrú (CSIC, Barcelona), Lluís To (Universitat de Girona) Este número se publica con la financiación del Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos y el Vicerrectorado de Política Científica de la Universidad de Zaragoza $©$ Los autores $©$ Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza $©$ De la presente edición, Prensas de la Universidad de Zaragoza. Edita: Prensas de la Universidad de Zaragoza. Depósito Legal: Z 4444-2008 ISSN: 0213-2486 ISSN electrónico: 2387-1377 https://doi.org/10.26754/ojs_aem/02132486. Imprime: Servicio de Publicaciones. Universidad de Zaragoza. ÍNDICE. Editorial. A Juan Fernando Utrilla Utrilla en su jubilación académica. Una vida dedicada a la docencia y la investigación. María Luz Rodrigo-Estevan, Germán Navarro Espinach, Concepción Villanueva Morte.. Artículos. Juan Fernando Utrilla Utrilla. Trayectoria universitaria e investigación. Carlos Laliena Corbera.. 23 Des meules neuves pour un pain meilleur ? Un forgeron perpignanais et son commerce de meules (1410-1422). Aymat Catafau . 55 El primer testamento del rey Pedro El Ceremonioso. (I) Edición. Stefano M. Cingolani 71 Dehesas antiguas, pastores foranos y jurisdicciones cuestionadas: conflictividad ganadera a fines de la Edad Media en la Comunidad de aldeas de Daroca. Lidia C. Allué Andrés, María Luz RodrigoEstevan 121 Memorias del arzobispado de Tarragona (siglos xii-xiii). María Bonet Donato . 143 La antroponimia de Ejea de los Caballeros en el siglo xiii: Un análisis de la documentación parroquial (1241-1299). Marcelino Cortés Valenciano.. 169 Guerra en el Valle del Ebro en la segunda mitad del siglo xi: geoestrategia y control militar de los recursos económicos en el noreste peninsular. Darío Español Solana.. 211. La herencia de un tejedor valenciano en el siglo xv. Nueva edición del manuscrito de Segorbe. Germán Navarro Espinach y Joaquín Aparici Martí .. 243 La escribanía del Concejo de Teruel en la Baja Edad Media: evolución e injerencia monárquica. Alejandro Ríos Conejero . 295 La relación de Alfonso III de Aragón (1285-1291) con la monarquía inglesa. Francisco-Saulo Rodríguez Lajusticia.. 325 Alimentar la ciudad en tiempos de guerra. El abastecimiento cárnico de Valencia durante la Guerra de los Dos Pedros (1356-1366). Pablo Sanahuja Ferrer.. 351 El priorato de Santa Cilia de Panzano (Huesca) en el siglo xii. Roberto Viruete Erdozáin 371. Ane xos. Publicaciones del Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza .. 391. Normas generales para la presentación de originales . 403. Editorial. To Juan Fernando Utrilla Utrilla on the Occasion of his Retirement: A Life Dedicated to Teaching and Research. María Luz Rodrigo-Estevan, Germán Navarro Espinach, Concepción Villanueva Morte . Article s. Juan-Fernando Utrilla Utrilla: Academic and Research Trajectories. Carlos Laliena Corbera.. 23 Do New Millstones Make Better Bread? A Blacksmith from Perpignan and His Millstone Trade, 1410-1422. Aymat Catafau . 55 The First Will of King Peter The Ceremonious. (I) Edition. Stefano M. Cingolani .. 71 Ancient Pastures, Foreign Shepherds and Contested Jurisdictions: Livestock Conflict in the Late Middle Ages in the ‘Comunidad de aldeas de Daroca’. Lidia C. Allué Andrés, María Luz Rodrigo-Estevan 121 The Memoirs of the Archbishopric of Tarragona $1 2 ^ { \mathrm { t h } } { - } 1 3 ^ { \mathrm { t h } }$ Centuries). María Bonet Donato . 143 The Anthroponymy of Ejea de los Caballeros in the $1 3 ^ { \mathrm { t h } }$ Century (1241- 1299): An Analysis of Parochial Documentation. Marcelino Cortés Valenciano.. 169 War in the Ebro Valley in the Second Half of the $1 1 ^ { \mathrm { t h } }$ Century: Geoestrategy and Military Control of Economic Resources in the Northeast of the Iberian Peninsula. Darío Español Solana... 211. The Heritage of a Valencian Weaver in the $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. New Edition of the Segorbe Manuscript. Germán Navarro Espinach y Joaquín Aparici Martí.. 243 The Court Scribe of the Council of Teruel during the Late Middle Ages: Evolution and Royal Interference. Alejandro Ríos Conejero . 295 The Relationship between Alfonso III of Aragón (1285-1291) and the English Monarchy. Francisco-Saulo Rodríguez Lajusticia.. 325 Feeding the City in Times of War. Meat Supply in Valencia during the War of the Two Peters (1356-1366). Pablo Sanahuja Ferrer... 351 The Priory of Santa Cilia de Panzano (Huesca, Spain) in the $1 2 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. Roberto Viruete Erdozáin . 371. Anne xe s. Publications of the Department of Medieval History, Historiographic Sciences and Techniques and Arab and Islamic Studies of the University of Zaragoza... 391. Guidelines for Contributors . 403. EDITORIAL. A JUAN FERNANDO UTRILLA UTRILLA EN SU JUBILACIÓN ACADÉMICA: UNA VIDA DEDICADA A LA DOCENCIA Y LA INVESTIGACIÓN. TO JUAN FERNANDO UTRILLA UTRILLA ON THE OCCASION OF HIS RETIREMENT: A LIFE DEDICATED TO TEACHING AND RESEARCH. María Luz Rodr igo-Este van Germán Navarr o Espinach Concepción Villanue va Mor te Universidad de Zaragoza. En el volumen 26 de Aragón en la Edad Media, correspondiente al año 2015, el artículo editorial sirvió para presentar un dossier especial compuesto por cinco biografías académicas, coincidiendo con el 70 aniversario de la antigua revista Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón. Entre esas biografías estaban las de tres discípulos del profesor José María Lacarra que habían llegado ya a su jubilación tras una dilatada trayectoria profesional. Nos referimos a José Ángel Sesma, Esteban Sarasa y Sebastián Andrés. Tras ellos parecía que se había puesto punto y final a la escuela de medievalistas de Lacarra en la Universidad de Zaragoza. Sin embargo, aún quedaba en activo otro discípulo, el profesor Juan Fernando Utrilla Utrilla, catedrático de historia medieval en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza. Y en el curso 2018-2019 ha alcanzado la jubilación. Por ese motivo, el número 30 de la revista Aragón en la Edad Media, publicación en cuya gestación y nacimiento en 1977 participó activamente el profesor Utrilla, incluye una aproximación a su trayectoria académica, redactada por el que fue uno de sus alumnos a finales de los años setenta, Carlos Laliena. Dicho estudio va precedido por un repertorio bibliográfico exhaustivo de las publicaciones de Juan. Fernando Utrilla y se completa con una selección de colaboraciones firmadas por algunos de sus más allegados discípulos y colegas, todos ellos integrantes del ámbito relacional surgido de una larga e intensa actividad docente e investigadora. Sirva todo ello como reconocimiento a sus muchos años de dedicación exclusiva a la universidad. El profesor Utrilla siempre ha sido un docente querido por el alumnado, a causa, especialmente, de la empatía, la pasión y la sabiduría que le han caracterizado desde aquellas primeras clases que impartió con un contrato de profesor ayudante en 1970, hace ahora la friolera de cincuenta años. Nacido en Zaragoza en 1948, había estudiado Filosofía y Letras en nuestra universidad en la promoción de 1965-1970, doctorándose finalmente en 1981 con una tesis dirigida por Lacarra sobre el Fuero General de Navarra. Desde entonces, entre los hitos más destacados de su trayectoria está el cargo de subdirector del Colegio Universitario de Huesca en los años anteriores a su traslado y toma de posesión en 1990 como profesor titular de historia medieval en la Facultad de Zaragoza. Destaca también su nombramiento una década después como director del Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográ- ficas y Estudios Árabes e Islámicos en 2000. Y la cumbre de su carrera ha sido sin duda el acceso al cuerpo de catedráticos de universidad en 2012, pasando a coordinar desde 2016 el Grupo de Investigación Signos y documentos: Cultura escrita y sociedad en Aragón (siglos XII-XVIII), cuyo acrónimo es SIGYDOC. El legado de publicaciones que deja al medievalismo hispánico está presidido sin duda por la última edición sobre El Fuero General de Navarra (Pamplona, 2003). Sin embargo, no hay que perder de vista que el profesor Utrilla siempre ha trabajado en equipo con otros investigadores publicando obras conjuntas de referencia como Agua y paisaje social en el Aragón medieval. Los regadíos del río Aguasvivas en la Edad Media, en colaboración con J. Á. Sesma y C. Laliena (Zaragoza, 2001); Aragón, puerta de Europa. Los aragoneses y el Camino de Santiago en la Edad Media, junto a J. Á. Sesma, C. Laliena y M.ª T. Iranzo (Zaragoza, 2005); o Espacios de montaña: Las relaciones transpirenaicas en la Edad Media, editado con G. Navarro (Zaragoza, 2010). Este último libro en concreto ilustra otra de las fortalezas de su trayectoria acadé- mica, la vinculación durante años a la Comunidad de Trabajo de los Pirineos y a la red internacional de investigación RESOPYR. Desde que en su etapa formativa participara en diversos seminarios en el Centre d’Études Médiévales de Poitiers, el profesor Utrilla siempre mantuvo una vinculación clara con la historiografía francesa por delante de cualquier otra. Las palabras que le dedica el profesor Aymat Catafau en las primeras líneas del trabajo seleccionado para este número de la revista son ejemplo de esta estrecha vinculación. Mientras tanto, las Semanas de Estudios Medievales de Estella han sido su referente historiográfico más claro en el contexto específico del medievalismo hispánico por herencia sin duda del querido maestro José María Lacarra, fundador y promotor de las mismas desde 1963. Jornadas medievales de Estella, julio de 1973. De izquierda a derecha: J. Ángel Sesma, Ángeles Líbano, Isabel Falcón, Juan F. Utrilla, José M.ª Lacarra, M.ª Luisa Ledesma y Carmen Orcástegui. Foto: Archivo Juan F. Utrilla. Quienes firmamos estas palabras pertenecemos a una generación casi veinte años posterior a la del profesor Utrilla y desde hace mucho tiempo hemos tenido el placer de trabajar con él en el Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos, un viejo departamento que, a punto de extinguirse como tal y pasar a conformar el nuevo Departamento de Historia, le acoge en su nueva condición de colaborador extraordinario tras la jubilación. Con la mirada en retrospectiva, la imagen que nos queda de él es la de un docente volcado a su alumnado, un investigador serio y riguroso, un gestor concienzudo e impecable. El profesor Utrilla es una persona apasionada por su trabajo que ha defendido siempre el espíritu universitario como un valor que debe seguir vivo en esta que es la institución superior de cultura por excelencia. Y eso que forma parte de una generación de maestros medievalistas que ha vivido un cambio abismal en la forma de concebir el mundo universitario. Sin embargo, es de aquellos que siempre ha estado ahí dispuesto a seguir adelante muy a pesar de que las novedades vertiginosas de los últimos años han disuelto la mentalidad académica con la que él se formó en el franquismo y postfranquismo. El compañerismo y la sensación de formar parte de un colectivo de personas que constituimos el departamento, más allá de su propia individualidad académica o del pequeño entorno de las personas más allegadas, le han hecho plantearse por principio la importancia de trabajar en equipo, cuidar las relaciones personales y estar pendiente de todos esos cambios que no paran de producirse en el ámbito universitario internacional. Fue y sigue siendo un hombre de orden y formas en la estela de un tiempo que ya no volverá, con todo lo que trajo de positivo a la cultura académica. Atrás quedan esos cafés por las mañanas con otros profesores de la Facultad, los viajes congresuales, la burocracia imparable en la gestión, las comisiones académicas, las excursiones con el alumnado de Historia Medieval de España, su asignatura preferida. Ecos lejanos nos vienen todavía a la cabeza en torno a sus clases prácticas estimulantes sobre fuentes documentales medievales en la antigua licenciatura de historia. Con eso y con todo, a pesar del inexorable paso del tiempo, el reconocimiento del alumnado a su labor y la estima de sus colegas constituyen una savia maravillosa, entre otras cosas, para que el profesor Utrilla afronte en adelante con alegría esta nueva etapa de su vida que supone la jubilación académica. Y ahora sí, tras su jubilación, podemos decir que se pone fin a la tantas veces nombrada generación Lacarra del medievalismo aragonés, todo un modelo de escuela que ha sido reconocido y sigue siéndolo con gran aprecio por el medievalismo español en su conjunto. Que estas palabras sirvan de felicitación con nuestros mejores deseos en nombre de todo el Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza y, por supuesto, en representación del consejo de redacción de la revista Aragón en la Edad Media, en la que tantas veces ha publicado nuestro querido colega y amigo el profesor Juan Fernando Utrilla. Toledo, octubre de 2018. Juan Fernando Utrilla, en su último año docente, con un grupo de estudiantes (promoción 2016-2020) de la asignatura España Medieval, del Grado en Historia. Foto: M.ª L. Rodrigo. Producción bibliográfica de Juan Fernando Utrilla Utrilla. María Luz Rodr igo-Este van Universidad de Zaragoza 1. Monografías 1977 Falcón Pére z, Isabel, Carmen Or cáste gui Gr os, José Ángel Se sm a Muñoz y Juan Fernando Utr illa Utr illa, Antología de textos y documentos de Edad Media. I: El Occidente europeo. Valencia, Anubar. 201 páginas. 1981 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, Las series asistemáticas del Fuero General de Navarra. Estudio y edición crítica. (Resumen de Tesis Doctoral). Zaragoza, Universidad de Zaragoza. 16 páginas. 1985 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, Libro del monedaje de 1397. Zona del Cinca y La Litera (Huesca). Zaragoza, Anubar. 169 páginas. 1987 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, El Fuero General de Navarra. Estudio y edición de las redacciones protosistemáticas (series $A y B )$ . Pamplona, Institución Príncipe de Viana. Volumen I: 445 páginas. Volumen II: 371 páginas. 1988 Clar am unt, Salvador y Juan Fernando Utr illa Utr illa, La Corona de Aragón. Vol. 2. La génesis de la Corona de Aragón: desde la invasión almorá- vide hasta la muerte de Ramón Berenguer IV. Barcelona, Aragó. Versión bilingüe en castellano y catalán. 304 páginas. 1996 VV.AA., La presa de Almonacid de la Cuba. Del mundo romano a la Ilustración en la cuenca del río Aguasvivas. Madrid: Gobierno de Aragón, Departamento de Educación y Cultura, Confederación Hidrográfica del Ebro, MOPTMA. 316 páginas. 1998 Lalie na Cor ber a, Carlos y Juan Fernando Utr illa Utr illa, eds., De Toledo a Huesca: sociedades medievales en transición a finales del siglo xi (1080- 1100). Zaragoza, Institución Fernando El Católico. 306 páginas. 1999 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, El nacimiento de Aragón, Zaragoza, Caja Inmaculada. Coleccción CAI-100. 94 páginas. 2000 Se sm a Muñoz, José Ángel y Juan Fernando Utr illa Utr illa, Antología de textos sobre economía aragonesa medieval. Zaragoza, Mira. 257 páginas. 2001 Se sm a Muñoz, José Ángel, Juan Fernando Utr illa Utr illa y Carlos Lalie - na Cor ber a, Agua y paisaje social en el Aragón medieval. Los regadíos del Aguasvivas en la Edad Media. Zaragoza, Ministerio de Medio Ambiente, Confederación Hidrográfica del Ebro. 266 páginas. 2003 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, El Fuero General de Navarra. Edición y versión Pamplona, Fundación Diario de Navarra. Colección Biblioteca Básica Navarra. Vol I: 362 páginas; vol. II: 323 páginas. 2005 Rábade Obr adó, María del Pilar, Eloísa Ram íre z Vaquer o y Juan Fernando Utr illa Utr illa, La dinámica política. Historia Medieval. (Historia de España Istmo, VII). Madrid, Istmo. 2005 Se sm a Muñoz, José Ángel, Juan Fernando Utr illa Utr illa, Carlos Lalie - na Cor ber a y María Teresa Ir anzo Muñío, Aragón, puerta de Europa. Los aragoneses y el camino de Santiago en la Edad Media. Zaragoza, Gobierno de Aragón. 352 páginas. 2010 Utr illa Utr illa, Juan Fernando y Germán Navarr o Espinach, editores, Espacios de montaña. Las relaciones transpirenaicas en la Edad Media. Zaragoza, Universidad de Zaragoza / RESOPYR. 292 páginas. 2. Capítulos de libro 1988 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Los territorios de la Corona de Aragón: la expansión por el Mediterráneo (1229-1479) y sus repercusiones.» En Guillermo Fatás, director, Aragón en el mundo. Zaragoza, Caja Ahorros Inmaculada: 99-112. 1989 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Capítulo 9. La administración del reino de Aragón y su organización territorial.» En Antonio Ubieto Arteta, director, Enciclopedia Temática de Aragón. Historia I. Tomo 8. Zaragoza, Moncayo: 169- 185. 1989 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Capítulo 11. La Hacienda del Reino y el sistema tributario aragonés en la Edad Media.» En Antonio Ubieto Arteta, director, Enciclopedia Temática de Aragón. Historia I. Tomo 11. Zaragoza, Moncayo: 204-219. 1988 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «El reino de Aragón desde la llegada de los almorávides (1086) hasta la muerte de Ramón Berenguer IV (1162).» En Salvador Claramunt y Juan Fernando Utrilla Utrilla, La Corona de Aragón. Vol. 2. Barcelona, Aragó: 176 páginas. 1990 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Orígenes y expansión de la ciudad cristiana. Huesca, de la conquista (1096) a la plenitud medieval (1300)» En Carlos Laliena Corbera, coord., Huesca. Historia de una ciudad. Huesca, Ayuntamiento de Huesca: 105-130. 1991 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «El nacimiento de la Corona de Aragón.» En Guillermo Fatás Cabeza, coord., Historia de Aragón. Zaragoza, Heraldo de Aragón: 193-216. 1993 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Pedro II (1196-1213)» En Guillermo Fatás Cabeza, director, Los reyes de Aragón. Zaragoza, Caja Ahorros Inmaculada: 73-80. 1996 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «La sociedad cristiano-aragonesa en los siglos xi y xii.» En Historia de Aragón. II: Economía y Sociedad. Zaragoza, Institución Fernando el Católico: 313-326. 1996 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Propiedad territorial y mercado de la tierra en Huesca (1096-1230): una aproximación a través de las fuentes eclesiásticas.» En Carmen Frías Corredor y Pedro Rújula, coords., Tierra y campesinado. Huesca, siglos xi-xx. Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses: 11-47. 1996 S e sm a Muñoz, José Ángel, Juan Fernando Utr illa Utr illa y Carlos Lalie - na Cor ber a, «Del mundo andalusí a la Ilustración: regadío, sociedad y poder en el entorno de la gran presa de Almonacid de la Cuba (siglos x-xv).» En La presa de Almonacid de la Cuba. Del mundo romano a la Ilustración en la cuenca del río Aguasvivas. Madrid: Gobierno de Aragón, Departamento de Educación y Cultura, Confederación Hidrográfica del Ebro, MOPTMA: 157-312. 2002 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Aragón en la Edad Media: Una síntesis histórica.» En Aragón, de Reino a Comunidad. Zaragoza, Cortes de Aragón: 25-41. 2004 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «El real monasterio de Sijena en la Edad Media.» En Mariano de Pano y Ruata, Real monasterio de Santa María de Sijena. Zaragoza, Caja Inmaculada: 43-82. 2004 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «El monedaje de Huesca de 1284. (Contribución al estudio de la ciudad y de sus habitantes).» En José Ángel Sesma Muñoz y Carlos Laliena Corbera, coordinadores, La población de Aragón en la Edad Media (siglos xiii-xv). Estudios de demografía histórica. Zaragoza, Leyere: 281-348. 2004 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «La población de Calatayud y su Comunidad de aldeas ante la crisis demográfica del siglo xiv (1350-1414).» En José Ángel Sesma Muñoz y Carlos Laliena Corbera, coordinadores, La población de Aragón en la Edad Media (siglos xiii-xv). Estudios de demografía histórica. Zaragoza, Leyere: 403-467. 2004 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Demografía medieval: La población y el poblamiento en el valle del Cinca y en La Litera (Huesca) a fines del siglo xiv.» En José Ángel Sesma Muñoz y Carlos Laliena Corbera, coordinadores, La población de Aragón en la Edad Media (siglos xiii-xv). Estudios de demografía histórica. Zaragoza, Leyere: 559-594. 2007 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «La conquista de Teruel y la formación de la extremadura turolense.» En Dimas Fernández-Galiano Ruiz, coord., Tierras de Frontera. Zaragoza, Gobierno de Aragón: 51-58. 2010 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Formación territorial, expansión y articulación política de la Corona de Aragón (1162-1410).» En José Luis Corral Lafuente, coordinador, $\it { i Q u e }$ fue la Corona de Aragón? Zaragoza, Prensa Diaria Aragonesa: 21-31. 2018 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «La expansión de la corona de Aragón por el Mediterráneo (1229-1458).» En José Luis Corral Lafuente, dir., La Corona de Aragón. Zaragoza, Prensa Diaria Aragonesa: 99-115. 3. Artículos en revistas y en actas de congresos 1973 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Cortes de la Corona de Aragón.» Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, IX: 681-683. 1973 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Estudios sobre derecho medieval.» Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, IX: 683-685. 1973 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Historia económica.» Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, IX: 685-691. 1973 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «Historia eclesiástica.» Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, IX: 692-699. 1977 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «La zuda de Huesca y el monasterio de Montearagón.» Homenaje a don José María Lacarra de Miguel en su jubilación del profesorado. Estudios medievales. Zaragoza, Anubar. Vol. I: 285-306. 1977 Utr illa Utr illa, Juan Fernando, «El monedaje de Huesca de 1284. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Los orígenes del derecho general aragonés. Del fuero de Jaca a los Fueros de Aragón de 1247: The Origins of the Aragonese General Law: From the 'Fuero de Jaca' to the 'Fueros de Aragón' of 1247
LOS ORÍGENES DEL DERECHO GENERAL ARAGONÉS: DEL FUERO DE JACA A LOS FUEROS DE ARAGÓN DE 1247. THE ORIGINS OF THE ARAGONESE GENERAL LAW: FROM THE FUERO DE JACA TO THE FUEROS DE ARAGÓN OF 1247. Vicent Gar cía Edo Universitat Jaume I. Resumen: En este artículo estudiamos tanto las fuentes documentales como el proceso de redacción de los Fueros de Aragón promulgados por el rey Jaime I en 1247, que constituyen la base del derecho general aragonés. Establecemos una clara distinción entre los Fueros y el Vidal Mayor, una obra de mera literatura jurídica con la que se les suele confundir. También analizamos las adiciones a dichos Fueros hechas durante el resto del reinado de este monarca, así como otras realizadas a mediados del siglo xv, que por el hecho de figurar ya incluidas en la primera edición incunable de 1476-77 de los Fueros, se las ha considerado siempre y sin razón como parte del texto primitivo. Palabras clave: orígenes del derecho aragonés, legislación de Jaime I, fueros de Aragón de 1247, Vidal Mayor, reino de Aragón, siglo xiii. Abstract: In this article we study both the documentary sources and the drafting process of the Fueros de Aragón promulgated by king Jaime I in 1247, which constitute the basis of Aragonese general law. We establish a clear distinction between the Fueros and the Vidal Mayor, a work of mere legal literature with which they are often confused. We also analyze the additions to these Fueros made during the rest of the reign of this monarch, as well as others made in the mid-fifteenth century, which because of the fact already included in the first incunable edition of 1476-77 of the Fueros, are he has always mistakenly considered part of the primitive text. Key words: Origins of the Aragonese law, Legislation of Jaime I, Fueros de Aragón of 1247, Vidal Mayor, kingdom of Aragon, $1 3 ^ { \mathrm { t h } }$ Century 1. Introducción. El Fuero latino extenso de Jaca1 se comenzó a redactar durante el reinado de Sancho Ramírez (1064-1094), con la intención de aplicarlo solo en dicha ciudad desde el momento mismo en que se convirtió en la primera capital del reino de Aragón. No obstante, hay indicios más que razonables que permiten creer que también se utilizó, muy a finales del siglo xi, para confeccionar el Fuero latino extenso de Huesca, cuando después de su conquista pasó a convertirse en la nueva capital del reino; si bien no es posible establecer por el momento la verdadera dimensión del primitivo fuero oscense. A partir de 1119, recién conquistada Zaragoza y convertida en la tercera y definitiva capital de Aragón, se redactó un nuevo fuero, también en latín, del cual hemos conservado una gran parte del articulado, lo que permite saber que también deriva directamente del citado Fuero de Jaca. El Fuero de Zaragoza2 se extendió a numerosas poblaciones del Valle del Ebro y otras zonas más o menos próximas, a través de cartas de población en las que se autorizaba su uso. Entre todas estas localidades destacan Borja y Tarazona que, por su importancia, no se limitaron a tener solo reconocido de forma genérica el Fuero de Zaragoza, sino que en cada una de ellas se preocuparon por generar un derecho local con nombre propio. Sin embargo, no en todos los casos se procedió del mismo modo. Conforme avanzó la conquista cristiana por gran parte del centro y sur de Aragón, coincidiendo con el territorio de las cuatro grandes comunidades de villas y aldeas de Calatayud, Daroca, Teruel y Albarracín, en cada una de ellas se promulgaron fueros de naturaleza y contenido diverso que nada tenían que ver con los anteriores y, salvo en contadas excepciones, no se expandieron más allá de los términos generales de sus respectivas comunidades. Y tampoco parece que tuvieran influencia alguna a mediados del siglo xiii cuando, por mandato del rey Jaime I se convocaron las Cortes de Huesca de 1247, con el fin de aprobar y promulgar el primer gran cuerpo legal de Fueros de Aragón, redactado en latín por los juristas de la Cancillería Real, en su mayor parte a partir de los fueros municipales de Jaca, Huesca, y Zaragoza. Esta elección no debe sorprendernos puesto que dichos textos presentaban un contenido muy homogéneo, al proceder de una fuente común, y durante más de un siglo habían demostrado su eficacia en buena parte del reino de Aragón. La redacción de los Fueros de 1247, de los que se conserva un importante número de copias medievales manuscritas, tanto de la versión oficial y original latina3 como de las traducciones en romance4 realizadas en los siglos xiv y xv, ha despertado en muchas ocasiones el interés de los historiadores. Por ello existe una abundante bibliografía al respecto, sobre la que no podemos ocuparnos en este artículo por razones de espacio, con importantes aportaciones sobre la cuestión en la mayor parte de los casos, si bien en otros hay confusiones y errores de interpretación relativos a la autoría de la obra, la negación de que el latín fuera la lengua de redacción original, la discusión sobre el número inicial de libros o partes en que se dividió el texto original latino y, sobre todo, la falsa creencia de la existencia de una versión breve, o Compilatio Minor de dichos Fueros, que fue la promulgada por Jaime I en dichas Cortes, y una versión extensa, o Compilatio Maior, que se identifica con el texto del Vidal Mayor, obra redactada por el jurista y obispo de Huesca, Vidal de Canellas, a instancias del rey, inmediatamente después de que se promulgaran los Fueros, con el fin de que los juristas dispusieran de una obra complementaria, sin valor legal pero sí consultivo, explicativa o aclaratoria del contenido de los aproximadamente 336 artículos de que constaba el nuevo texto legal,5 y en la que al mismo tiempo se añadieron otros muchos textos que, sin ser propiamente comentarios a esas leyes, fueran de ayuda para la comprensión del significado de otras instituciones jurídicas vigentes en la época, no citadas expresamente en los Fueros de 1247. En las páginas que siguen, trataremos de hacer una reconstrucción razonada de la forma en que se llevó a cabo el largo proceso al que acabamos de referirnos, aportando las pruebas necesarias que demuestran que los orígenes del derecho aragonés pueden explicarse de una manera bastante más sencilla de lo que acostumbramos, parecida a la de otros reinos medievales peninsulares, gracias a la existencia suficiente de documentos que, si son estudiados e interpretados en su justa medida proporcionan, si no todas, al menos la mayor parte de las claves necesarias para comprender mejor el largo proceso iniciado en Jaca en la segunda mitad del siglo xi y completado en Huesca en los primeros días de enero de 1247, cuando el rey Jaime I promulgó el primer cuerpo legal extenso de aplicación en todo el reino de Aragón. 2. El Fuero latino extenso de Jaca. A comienzos de su reinado, Sancho Ramírez (1064-1094) concedió a los hombres de Jaca un importante privilegio, que podemos considerar la primera manifestación escrita de un derecho propio de la ciudad, si bien el documento que lo acreditaba no ha llegado a nuestros días, aunque su existencia puede deducirse de la lectura de un privilegio posterior, promulgado en 1134, durante el reinado de Ramiro II, en el que se transcribe y confirma el contenido del manuscrito perdido que, al menos, constaba de dieciséis artículos; los mismos que figuran en un segundo privilegio6 que los historiadores convienen en situar en el año 1077, cuando Sancho Ramírez concedió a Jaca el título de ciudad, y aprovechó la ocasión para añadir ocho disposiciones nuevas, con lo cual este segundo privilegio, escrito en latín y llegado a nuestros días a través de una copia del siglo xii, consta de un total de veinticuatro artículos y, a falta del primero, suele ser erróneamente considerado como el texto más antiguo de derecho municipal jacetano,7 y se le conoce habitualmente como «el Fuero de Jaca»; ello origina una nueva confusión pues, un texto de tan corta extensión y contenido no parece que pueda ser considerado sino como una carta puebla, o un mero privilegio, sin tan siquiera llegar a alcanzar la categoría de fuero municipal breve si lo comparamos con otros textos similares del siglo xi. Confusión que al mismo tiempo ha restado protagonismo a la existencia del verdadero Fuero de Jaca, que es la versión latina extensa que, con ese nombre, se desarrolló tras la erección de Jaca en ciudad. Así pues, tan pocas normas e independientemente de su enorme importancia, no eran bastantes para atender las necesidades que en sus primeros momentos tenía la ciudad de Jaca en materia jurídica, aunque es más que probable que los juristas que trabajaran en aquellos momentos al servicio del todavía incipiente concejo municipal, con la denominación que tuviese, o aquellos otros que estuvieran ejerciendo su oficio al servicio de la corona, en una no menos incipiente pero imprescindible oficina precedente de la futura cancillería real, estuvieran empleando algún derecho anterior de origen hispánico, o transpirenaico, a tenor de la procedencia de muchos de los hombres, de la condición social que fuera, que acudieron en apoyo del rey de Aragón y en busca de fortuna, participando en las campañas militares de conquista de tierras aragonesas a los musulmanes. Razón por la cual no nos cabe duda de que muy poco después de la promulgación de estos dos privilegios, unos y otros propiciasen la redacción de un derecho complementario del concedido hasta esos momentos —necesario para la ciudad en cualquiera de sus facetas, especialmente en materia civil, penal y procesal—, y dedicasen también una atención especial al estatuto de los infanzones, una clase social muy singular, que tuvo un papel verdaderamente notable desde los orígenes del reino, y así se les reconoció en el articulado de ese nuevo derecho, o Fuero latino extenso de Jaca. En las últimas décadas del siglo xi cualquier texto, de la naturaleza que fuese, estaba siempre escrito en latín. Era la lengua de la cultura y, por tanto, también la del derecho, lo que significa que es la que se empleaba no solo para la redacción de cualquier nuevo texto legislativo, sino también para la totalidad de documentos de aplicación del derecho.8 Y en esa lengua fue en la que escribieron el Fuero latino extenso de Jaca los anónimos juristas responsables de su lenta elaboración, pues fue resultado de muchos años de trabajo, así como de mejoras y ampliaciones realizadas a lo largo de más de un siglo, como se desprende de la documentación conocida actualmente, lamentablemente no tanta como sería de desear.9. Hasta hace muy poco tiempo conocíamos el texto completo del Fuero extenso de Jaca, pero solo en romance occitano, a través de una traducción efectuada en el paso del siglo xiii al xiv y conservada en dos manuscritos, uno de esta última centuria citada. Desde su publicación (Molho, 1964: 15-162) fue considerado por muchos historiadores y sin más prueba que la de su mera existencia, como la versión original del texto, algo imposible por las razones que acabamos de señalar. Muy recientemente, sin embargo, se ha podido demostrar (García Edo, 2017: 39-66) que un par de textos jurídicos latinos existentes en un códice10 misceláneo del siglo xiii —que recoge también documentación más antigua— publicados hace casi un siglo,11 son en realidad dos importantes fragmentos del Fuero latino extenso de Jaca y que en conjunto constituyen unas dos terceras partes de los 287 artículos de que constaba el texto a finales del siglo xii y comienzos del xiii. A partir de su análisis podemos señalar que, en líneas generales, se trata de un primer bloque de 59 artículos, que se corresponde de modo incompleto con los artículos 1-61 (y algunos posteriores) de la versión romance del texto; y un segundo bloque de 155 artículos, que se corresponde también de manera incompleta con los artículos 170 a 287 de esa misma versión romance. Como en el encabezamiento de este segundo opúsculo se dice que daba comienzo un libro, podemos suponer que en origen el Fuero latino extenso de Jaca constaba de dos libros o partes, de los que afortunadamente nos quedan estos dos amplios fragmentos y, aunque el resto a fecha de hoy no se conoce, desde el punto de vista del contenido esa falta la compensa la existencia de la traducción romance antes citada. No es preciso que nos detengamos ahora en glosar el éxito que tuvo el texto del Fuero latino extenso de Jaca desde sus orígenes, pues muy pronto comenzó a expandirse dentro y fuera de Aragón, especialmente en Navarra. El rey Sancho Ramírez ya lo concedió a la villa de Sangüesa y, andando el tiempo, Alfonso I de Aragón se lo confirmó en 1117. Un año antes había comenzado a ejercer como justicia real don Pedro Jiménez (act. 1116-1129), fundador de la Casa de Urrea, quien debió tener algún protagonismo en esta iniciativa desde tan alto oficio, como también debió tenerlo a partir de 1119 para aplicarlo en Zaragoza, tras su conquista, en donde al menos desde 1124 ya empieza a citarse en la documentación ordinaria de las escribanías públicas con la denominación forum Cesarauguste. También fue durante el reinado de Alfonso I cuando el Fuero de Jaca se implantó en Alquézar (1124) y Aínsa (1125), lo cual podría tener un significado mucho mayor del que unas simples donaciones de esta naturaleza aparentan a primera vista, pues son fechas muy tempranas y esa importación del derecho municipal jacetano vendría a significar que los habitantes de las tierras del Somontano y Sobrarbe carecían de un derecho propio y suficiente para atender sus necesidades en materia jurídica, lo cual es un asunto muy importante a considerar dentro de cualquier estudio de conjunto relativo a los orígenes del derecho aragonés. 3. El Fuero latino extenso de Huesca. Poco tiempo duró la capitalidad de Jaca, pues por todos era conocido que ese título pasaría a ostentarlo la ciudad de Huesca cuando se conquistase a los musulmanes, hecho que sucedió en noviembre de 1096 durante el reinado de. Pedro I de Aragón. No es sino hasta el mes de agosto de 1100 cuando encontramos el documento más antiguo llegado a nuestros días, que algunos califican como la carta fundacional de la ciudad:12 un privilegio del rey Pedro I de Aragón que concede carta de ingenuidad a los pobladores de Huesca presentes y futuros, y con ella les exime del pago de lezda y otros censos, exigiendo a cambio fidelidad hacia su persona y las de sus descendientes. No podemos dudar de la importancia de este privilegio pero no cita ni sugiere cuál sea o haya de ser el régimen jurídico extenso de la ciudad, necesario para regular las relaciones diarias de sus habitantes, y que sin duda ya debía existir, tal como había sucedido décadas atrás en Jaca, al convertirse en capital del reino de Aragón. Hemos avanzado bastante en ese sentido en los últimos años, hasta el punto de poder proponer para Huesca un itinerario similar al realizado en Jaca a la hora de redactar su fuero extenso, si bien con un matiz, pues existiendo un texto legislativo de cierta consideración y prestigio en la que hasta esos momentos era la capital del reino, no parece que hubiera demasiada necesidad de generar un derecho totalmente distinto en la ciudad de Huesca, sino aprovechar el existente, aunque sí fue preciso redactar el articulado complementario necesario para atender a las necesidades propias de la nueva capital del reino, no contempladas hasta ese momento por el derecho jacetano. Actualmente se sigue considerando ejemplo de ese primer derecho extenso oscense, el contenido de dos manuscritos (Ubieto, 1991: 29-30), a cuya mención nos limitaremos, pues no alteran el discurso de estas páginas y, en cambio, necesitan ser mejor estudiados, para poder determinar en la medida de lo posible qué son en realidad. El primer manuscrito se corresponde con el citado fragmento inicial del Fuero latino extenso de Jaca, y el motivo de traerlo a colación radica en el hecho de que en dos de sus artículos figura cambiado el nombre de Jaca por el de Huesca,13 lo que demuestra que el original fue reutilizado con ese propósito, si bien no sabemos cómo evolucionó con el paso del tiempo. A esa pregunta se podría responder, seguramente, con el análisis del segundo manuscrito, que aparenta ser la versión completa de un original perdido, llegada a nosotros en traducción romance. Consta de 263 artículos, y lo primero que hay que decir de él es que se trata de un texto derivado del Fuero extenso latino de Jaca, con el que coincide en un número importante de artículos pero no en todos, como queda en evidencia a través de la única edición existente (Molho, 1964: 201-274). Su identificación como versión romance del Fuero extenso de Huesca también es razonable (Ubieto, 1991: 30), en especial a partir del contenido del artículo $1 1 0 ~ \mathrm { d e l }$ texto, que parece una disposición real, ordenando que el justicia y a los prohombres de Huesca tengan una participación activa en el nombramiento de los escribanos públicos de la ciudad, con el fin de garantizar que sean buenos profesionales y no incurran en delitos de falsedad. 4. El Fuero extenso latino de Zaragoza. A mediados de diciembre de 1118 el rey Alfonso I de Aragón consiguió materializar la que sin duda fue la más grande de sus hazañas, la conquista de Zaragoza a los musulmanes. La ocupación de la ciudad marcó el punto y final de un sueño pero, al mismo tiempo, significó una enorme responsabilidad pues había que comenzar a repartir casas y tierras entre quienes con esa intención participaron de la campaña militar y había que instalarlos y dar leyes que sirvieran para marcar no solo sus relaciones con la corona sino también entre ellos mismos. Ese derecho no tardó en hacerse patente: la primera manifestación escrita la encontramos en un documento14 fechado en el mes de enero de 1119, en virtud del cual el rey Alfonso concedía vobis, totos populatores de Çaragoza qui ibi estis vel in antea ibi veneritis populare, unos buenos fueros que ya disfrutaban en ese momento los infanzones de Aragón. Esto no significaba concederles con carácter general todo el conjunto de normas escritas que, de manera genérica, pudieran caracterizar en ese momento a los infanzones aragoneses —y que en aquel momento ya eran muy numerosas—, sino únicamente dos o tres, según hagamos el cómputo al leer el texto. Con lo cual, es fácil entender que no son leyes suficientes para poder marcar la vida de los primeros habitantes de Zaragoza quienes, sin duda alguna y desde el momento mismo en que la ciudad comenzó a tener una cierta estructura administrativa, apenas unas semanas después de su conquista, necesitaría un texto legislativo lo más extenso y completo posible, para su buen gobierno y el de sus habitantes. Nos estamos refiriendo a lo que con carácter genérico denominamos Fuero latino extenso de Zaragoza (García Edo, 2015), un texto legal que está documentado a partir del año 1124, y del que además ahora ya conocemos con bastante aproximación el aspecto que mostraba en la primera mitad del siglo xii, lo que permite suponer, como también veremos en estas páginas, que debió comenzar a utilizarse muy poco después de la concesión de enero de 1119 a la que nos acabamos de referir. Efectivamente, a través de los extensos fragmentos latinos conocidos actualmente del contenido del Fuero de Zaragoza en la primera mitad del siglo xii, podemos comprobar que fue igualmente resultado de la adopción como fuero propio del Fuero latino extenso de Jaca, en vigor por aquellas fechas desde finales del siglo xi, que los juristas de la Cancillería del rey Alfonso I y los de la ciudad de Zaragoza adaptaron a las necesidades que pudieran tener. Esta adaptación se llevó a cabo conservando el articulado jacetano que resultaba de utilidad y añadiendo un número indeterminado de fueros nuevos procedentes de otras fuentes documentales conocidas, como el Fuero de Huesca, aparte de los que redactaron ex profeso de acuerdo con las características de la nueva capital del reino de Aragón. El nuevo Fuero de Zaragoza surtió los efectos esperados, pues la sociedad a la que iba destinado no era muy distinta, aunque sí más numerosa, que la de la ciudad de Jaca en donde se gestó, de manera que no solo se mantuvo, mejoró y amplió a lo largo del siglo xii y comienzos del xiii, sino que también se aplicó a un destacable número de poblaciones aragonesas, algunas tan importantes como Borja o Tarazona, e incluso se exportó a partir de 1232 a tierras valencianas, en los inicios de la conquista del reino a los musulmanes, aplicándose a través de las respectivas cartas de población a un buen número de poblaciones de sus comarcas más septentrionales. 5. Los Fueros de Aragón de 1247. No hay duda alguna de que la principal manifestación del derecho histórico aragonés la constituye el cuerpo general de sus Fueros, promulgados en asambleas de Cortes celebradas entre finales del siglo xii y comienzos del xviii. De todos ellos los historiadores se han interesado especialmente por el estudio de los correspondientes a las Cortes de Huesca de 1246-47, porque dieron lugar a la implantación de un texto legislativo extenso para el conjunto del reino, cerrando de ese modo un largo periodo de tiempo en el que el derecho aragonés no fue sino la suma de un amplio mosaico de derechos locales, distintos los unos de los otros, con las consecuencias que tal circunstancia pudiera provocar. Los Fueros de Aragón de 1247 también se redactaron en latín y esa fue, además, su versión oficial hasta el fin de la época foral. A falta de los manuscritos originales, actualmente conocemos once copias de los siglos xiv y xv, todas ellas muy homogéneas aunque contengan numerosas variantes propias de este tipo de manuscritos, más de forma que de fondo, al estar realizadas por distintos escribanos. Entre las variantes destacan los cambios de posición de algunos de sus artículos, a veces por olvido, que se salvan habitualmente colocándolos en otro punto cualquiera del manuscrito; aunque en ocasiones el cambio de lugar deriva del criterio del jurista, o del comitente, al considerar que en una nueva posición encajan mejor por razón de la materia tratada. Desde finales del siglo xiii o principios del xiv comenzaron a realizarse las primeras traducciones de la versión latina de los fueros aragoneses a lenguas romance, con el fin de facilitar su acceso a sectores sociales algo más amplios. Actualmente se conocen cuatro manuscritos escritos en castellano-aragonés y el fragmento de un quinto, el más antiguo de todos, escrito en lengua occitana. No tuvieron carácter oficial ni transmiten un mismo texto, sino que se trataba de iniciativas privadas para uso de juristas que, en algún caso, seguían con mayor o menor fidelidad la versión latina aunque a veces incluyeron extensos pasajes de otras procedencias, razón por la cual no constituyen la mejor vía para tener un conocimiento real de la primera compilación de Fueros de Aragón, ni son recomendables para los historiadores en general, a la hora de llevar a cabo según qué tipo de estudios quieran realizarse, por las confusiones a que pueden dar lugar. Frente a tan alto número de manuscritos, no conservamos documentación complementaria de la Cancillería de Jaime I que pudiera arrojar alguna luz sobre la manera en que se gestó la redacción de este nuevo texto legislativo. Por esta razón solamente podemos intentar aproximarnos a los hechos por vías indirectas, en especial a través del propio prólogo del texto, lo que produce unos resultados bastante pobres, aunque a fecha de hoy son los únicos fiables, por estar contenidos en un texto de caràcter legal. Y, a pesar de que el prólogo no es una ley por sí misma, no es menos cierto que tanto en este como en otros muchos textos de naturaleza similar se aprovecha la introducción para justificar su redacción, de forma más o menos extensa. Tenemos la convicción de que los Fueros de 1247 debían estar ya redactados antes de la apertura de las sesiones de las Cortes de Huesca presididas por el rey Jaime I, ya que no es posible que en el siglo xiii se compusiera, debatiera y promulgara un texto que consta de alrededor de 336 artículos, que deriva y mezcla contenidos de fuentes documentales muy diversas; teniendo igualmente en cuenta que la presencia de Jaime I en Huesca es posterior al 18 de diciembre de 1246, y el 6 de enero de 1247 los Fueros ya estaban promulgados. Como mucho, se puede presumir que en dichas sesiones se debatiría sobre puntos muy concretos, aunque también esto parece improbable por la estricta fidelidad de la mayor parte del articulado a las fuentes documentales de derecho aragonés que utilizaron los legisladores responsables de su elaboración. Éstos no pudieron ser otros sino los juristas de la Cancillería Real quienes, por mandato del rey, debieron establecer contactos con representantes legales de los brazos de las Cortes, en especial de la nobleza y las ciudades y villas, lo que les permitiría conocer su punto de vista y exigencias, así como reunir un conjunto variado de fuentes legales caso que no las tuvieran, casi todas aragonesas, a partir de las cuales se llevó a cabo la redacción del borrador de los nuevos fueros aragoneses. Ello no significa que el resultado fuera del agrado de los juristas de la Cancillería ni del propio monarca, porque a lo largo del proceso de redacción del texto quedaron patentes las exigencias de los brazos de las Cortes, deseosos de mantener el derecho tradicional aragonés vigente. La corona, en cambio, preferiría introducir en Aragón los principios del ius commune, la nueva corriente de pensamiento jurídico procedente de Italia, basada en el antiguo derecho romano-justinianeo, mucho más amplio y rico que cualquier otro derecho en vigor en esos momentos por tierras europeas, y que los reyes deseaban implantar en sus reinos, puesto que era muy útil para reforzar a la institución monárquica. La firmeza de los aragoneses, manifestada en muchas otras ocasiones, también se mantuvo esta vez, de tal manera que con disputas con el rey, o sin ellas, no accedieron a rebajar sus deseos de mantener su derecho foral, por lo que el texto de los Fueros de Aragón de 1247 está redactado únicamente a partir de fuentes documentales reconocidas y aceptadas por ellos; y el monarca no tuvo más remedio que promulgar el texto legislativo resultante de los trabajos realizados por los juristas de la Cancillería, quienes trataron de darle un orden que recordara el esquema del Codex justinianeo, tarea verdaderamente imposible dadas las características de cada texto. 5.1. El escenario de la iniciativa legislativa. En el año 1245 y tras la toma del castillo de Biar, el rey Jaime I dio por acabada la campaña militar de conquista del reino de Valencia, poniendo fin a doce años de guerra con los musulmanes e inaugurando, aunque por no demasiado tiempo, un insólito periodo de paz que quiso aprovechar para llevar a cabo importantes iniciativas, tanto de carácter político como jurídico, entre las que destacó su deseo de dotar de un derecho territorial extenso al reino de Aragón, el más antiguo de los estados que integraban su corona.15 Así se desprende de la lectura del prólogo latino de los Fueros de Aragón, testimonio directo y único16 de la voluntad del rey. Traemos aquí algunos pasajes de la versión en romance occitano del texto, poco conocido y al parecer la más fiel al original latino (Martínez Díez, 1980: $6 9 - 9 2 ) ^ { 1 7 }$ que ya se ha publicado en más ocasiones, en donde podemos comprobar la preocupación del rey, en época de paz, por dotar al reino de Aragón de unos fueros conformes al papel y a la importancia del primer reino de su corona: […] entendentz proveder al temps de la patz lo nostre entendement als Fueros d’Aragón, per los quals aquel regne es cabo de la nostra alteza […] Ello no significaba tener que comenzar de cero, sino que reconocía la existencia de textos forales en vigor, sobre cuya naturaleza no se pronuncia, aunque señala que era necesario modificarlos y mejorarlos en debida forma, para lo cual había decidido convocar a las Cortes de Aragón: Mas per ço que·ls nostros feytz sían feytz plus sàviament, els Fueros d’Aragón anadén e trahén e exponén e profitosament emendantz, en la ciudad d’Osca general cort mandamos aplegar. A esas Cortes asistieron el infante don Fernando de Aragón tío del rey, los obispos de Zaragoza y Huesca, los ricoshombres don Pedro Cornel, que era mayordomo de Aragón, don Guillem de Entenza, don García Romeo, don Rodrigo de Lizana, don Jimén de Foces y don Artal de Luna, todos ellos citados expresamente; pero también un número importante de caballeros e infanzones, cuyos nombres no se detallan; así como representantes de distintas ciudades y villas del reino, tampoco nombrados de forma particular. Se señala después que, en presencia de todos ellos, se hicieron leer los Fueros, tal como aparecían en numerosos escritos de sus antepasados: […] los Fueros d’Aragón, así como per moltz escriutz de nostres antecessors los trobams, en nostra presencia fazemos legir. Hecho lo cual, se respetaron todas aquellas cosas que convenía mantener, se eliminaron las superfluas y poco provechosas, se corrigieron las malas redacciones así como los textos oscuros con el fin de dar lugar a interpretaciones más correctas y, finalmente, con todo ello se confeccionó un nuevo volumen manuscrito, ordenado por títulos, al que se trasladaron algunas cosas cambiadas de lugar y se modificaron otras. Todo esto se hizo en presencia de los brazos de las. Cortes, que también dieron su aprobación, si bien una opinión autorizada considera que estas solo tuvieron un papel deliberativo,18 pues el rey no compartió su tarea legisladora con nadie, lo cual es muy probable que fuera cierto: Todas las cosas dels quals gardadas, e las sobrefluitatz treytas, e las no profitosas cosas complidas, el que no deçía bien, o era escur, por convinentz entrepretacions expost, sotz volumen e certans títols dels anticx fueros algunas cosas moviemos e corregiemos, e la escuritat d’aquels declaramos, lo cosseyl e la esmança de todas las devant ditas personas de tot en tot atorgant. También se indica que los nuevos Fueros cumplían la doble función de corregir los daños que causaban a la señoría los antiguos, así como la de respetar todas las libertades de los aragoneses adquiridas hasta ese momento: Per aquestos Fueros en moltas cosas, las quals los anticx fueros ara sens gran dan de las cosas temporals e perigle de las almas, no por çelo de iusticia, mas cobdiciosa maleza, tormentavan a la nostra seynnoría, per aquels alguna cosa no acrexem, ni de las acceptals franqueças dels nostros sotzmessos delivrarán. Tal como sucede en otros tipos de documentos, de contenido mucho más breve pero idéntico origen, el discurso de los juristas de la Cancellería finalizaba, poniendo en boca del rey, el mandato a todos los oficiales reales, fuesen bayles, justicias, zalmedinas, jurados, jueces, alcaides, junteros o cualesquiera otros, así como al conjunto de los aragoneses, para que a partir de ese momento usasen los nuevos Fueros en todos los actos y todos los pleitos que se originasen en la vida diaria y, en todo cuanto no estuviese contemplado en los mismos, se acudiese al sentido común y a la moderación; declarando que todos aquéllos que los incumpliesen serían debidamente castigados. Pecaríamos de ingenuos si nos limitásemos a aceptar sin más todo lo anterior, pues los juristas del rey no podían hacer otra cosa sino utilizar un lenguaje diplomático enmarcado dentro de un discurso breve, en donde no se hiciese otra cosa sino prestigiar la figura de Jaime I, presentándolo como un gran legislador, al acometer una iniciativa de tal envergadura, así como persona respetuosa con la tradición foral aragonesa, dejando patente, eso sí, la necesidad de corregir las antiguas leyes en todo aquello que pudiera suponer daño a los propios aragoneses, o a la propia corona en su relación con ellos. Sin embargo, el prólogo de los Fueros de Aragón no es más que eso, un texto introductorio. Y aunque contiene interesantes afirmaciones no se dicen todas las verdades, lo que no significa que se mintiese a conciencia, aunque se omitieron datos y acciones que actualmente podemos recuperar parcialmente, gracias a la documentación conservada, a través de cuyo análisis podemos entender mejor el transcurso de los hechos y delimitar mejor el proceso de gestación del nuevo texto foral. 5.2. Duración de las Cortes de Huesca de 1246-47. Esta es una cuestión relativamente fácil de responder desde hace bastante tiempo, si bien no ha preocupado a los historiadores, a pesar de ser determinante para comprender que en tan corto periodo de tiempo y, a pesar de lo afirmado en el prólogo de los Fueros al que nos acabamos de referir, era absolutamente imposible que se redactaran durante las pocas sesiones de Cortes celebradas, dadas las dificultades puramente materiales existentes, siquiera fuese para seleccionar los textos procedentes de las diferentes fuentes documentales utilizadas, reagruparlos siguiendo el orden que conocemos actualmente, negociar y debatir antes de la redacción definitiva y, finalmente, promulgarlos. La documentación conocida actualmente no contiene información alguna de cuándo se llevó a cabo la convocatoria de Cortes en Huesca, pero sí nos dice que el rey Jaime I, que era quien tenía que presidirlas, todavía se encontraba en Zaragoza el día 17 de diciembre de 1246,19 lo que significa que a poco que tardara en desplazarse a Huesca con su cortejo, caso que lo hiciera en esa fecha, su viaje duraría al menos un par de jornadas y aún pasaría algun día más antes del comienzo de las sesiones. En cuanto a su clausura se refiere, no sabemos la fecha exacta pero sí muy aproximada, pues el día 6 de enero de 1247,20 con los Fueros aprobados y promulgados por el rey, éste ordenó al jurista y obispo de Huesca, Vidal de Canellas, que fiziesse dreiturera compilación de los Fueros, assí como savio omne, lo cual significaba, por un lado, que el texto de los Fueros estaba aprobado, y además que Vidal de Canellas no había sido el autor material de los mismos, aunque es evidente que estuvo presente en las sesiones, pues su nombre aparece entre los asistentes y, por tanto, pudo haber participado también activamente en los debates previos a la obtención del consenso de los estamentos reunidos, caso de haber sido necesario hacerlo. 5.3. Preparación del borrador de los Fueros de 1247. Desechando la idea de que pudieran haberse confeccionado en las dos semanas que duraron las Cortes de Huesca, para tener una idea aproximada del tiempo necesario para llevar a cabo la preparación y redacción de los Fueros de 1247, hemos de tratar de averiguarlo a través de la comparación con alguno de los ejemplos parecidos de su época, de los que tenemos algún tipo de información al respecto. Así pues, si para redactar la Costum de la ciutat e regne de València de 1238, que consta de un total aproximado de 1475 artículos o fueros, se tardaron nueve meses en completarlos; y si casi otro tanto podemos afirmar de las Costumes de Tortosa redactadas entre 1272 y 1273, que tienen una extensión similar a las leyes valencianas; para una obra de 336 artículos que, como en Valencia, redactaron los juristas de la Cancillería Real, habríamos de suponer para los nuevos Fueros de Aragón un tiempo de redacción proporcional, y por tanto no debería ser inferior a dos o tres meses. Lo que no sabemos es cuándo comenzaron los juristas de la Cancillería Real a trabajar en el borrador del texto. Y además, hay que tener en cuenta que para poder iniciarlo no solo era necesario tener una idea muy clara de lo que se pretendía, sino poder disponer de las fuentes documentales necesarias que, a posteriori, sabemos que casi todas ellas eran de procedencia aragonesa, pero en origen no sabemos si los juristas del rey tenían otras pretensiones y más adelante tuvieron que mudar de criterio. En ese supuesto, tampoco sabemos si en los archivos de la Cancillería Real existía copia de todos los ordenamientos jurídicos necesarios para comenzar las tareas de redacción de dicho borrador de los nuevos Fueros, o si tuvieron que solicitar a los representantes de las brazos de las Cortes copias de los textos precisos, lo cual, en cualquiera de las variables, supone un tiempo muy superior al que la brevedad de la asamblea deja entrever. Como en el prólogo de los Fueros se dice que el rey quiso aprovechar el tiempo de paz que se abrió tras la finalización de la campaña militar de conquista del reino de Valencia, nos hemos de ceñir a un periodo de tiempo que va desde mediados de 1245 hasta finales de 1246, es decir, aproximadamente año y medio, tiempo suficiente para establecer contactos, reunir documentos y redactar un buen borrador del texto que, finalmente, pudo ser sometido a juicio de las Cortes21 aragonesas a finales de 1246, y aprobado en la primera semana de 1247 en un solemne acto con el que se iniciaba una era nueva en la historia del derecho aragonés. 5.4. Fuentes documentales de los Fueros de 1247. La voluntad del rey estaba clara: el reino de Aragón era el más antiguo de los estados de la corona aragonesa y necesitaba un derecho territorial. El problema, sin embargo, consistía en definir el tipo de obra que se quería o se podía realizar, tarea que estaba encomendada a los juristas de la Cancillería Real. Estos, sin embargo, no podían actuar con plena libertad, como hicieron en Valencia en 1238, pues si en aquella ocasión actuaron a su gusto y redactaron un texto extenso basado en la antigua legislación romano-justinianea, sabían que en Aragón las circunstancias eran otras y tratar de introducir el ius commune una utopía; por tanto tuvieron que adaptarse a la realidad de la situación y volver a edificar con los materiales ya existentes. Es probable que hubiera dudas a la hora de seleccionar los textos, puesto que en Aragón había varias tradiciones jurídicas, algunas de ellas muy potentes, aunque muy pronto debió primar la opción del derecho que más se utilizaba en el centro y norte del reino, porque no solo la capital sino también varias de las poblaciones más importantes de dicho territorio empleaban, aunque con ciertas diferencias, el modelo común del Fuero latino extenso de Jaca. Es conveniente precisar, sin embargo, que el cuerpo legal jacetano empleado en la redacción de los Fueros de 1247, no es exactamente el mismo que se utilizó en Zaragoza a partir de 1119, sino una forma un poco más desarrollada del mismo, que se corresponde con las versiones en romance conocidas actualmente; lo que significa que, gracias a esta circunstancia y al hecho de que los Fueros de 1247 se redactaron originalmente en latín, podemos conocer de manera muy aproximada el aspecto que tenía la versión latina desarrollada del Fuero extenso de Jaca, en los casi dos centenares de artículos que se utilizaron en el ordenamiento de 1247. Además del Fuero latino extenso de Jaca, a fecha de hoy hemos podido identificar otras fuentes documentales utilizadas en la redacción de estos fueros aragoneses. Se trata del Fuero de Estella de 1164 (Lacarra/Martín, 1969), del que proceden algo más de una veintena de artículos (García Edo, 2015: 360-380), el privilegio o carta de fueros de las Cortes convocadas en 1208 por Pedro II, así como un conjunto significativo de privilegios reales otorgados por el rey Jaime I a los aragoneses, con anterioridad a los Fueros. Faltan todavía por identificar unos 30-35 artículos. Todas estas otras fuentes documentales también se redactaron originalmente en latín, por lo que es un tanto absurdo afirmar, como hacen algunos historiadores, que los juristas, tanto los que estaban al servicio de la Cancillería Real como cualesquiera otros que trabajasen a sueldo de nobles y caballeros, o para las ciudades y villas aragonesas, todos perfectos conocedores del derecho aragonés y del latín, escribieran en romance aragonés los Fueros de 1247 y, una vez aprobados por las Cortes, los tradujeran de nuevo al latín, que es la versión oficial de los mismos, sin salirse ni un ápice del texto de las distintas fuentes documentales originales, cosa materialmente imposible. La suma de los artículos de todas las fuentes conocidas de los Fueros de Aragón supone el $89 \%$ de los 336 artículos de que estos constaban según el manuscrito de la Catedral de Tortosa citado anteriormente, lo cual nos permite afirmar que los legisladores no hicieron otra cosa sino componer un texto basado en su práctica totalidad en fuentes de derecho aragonés de carácter local vigente en esos momentos, aunque común a bastantes poblaciones del reino, así como otros textos otorgados por la institución monárquica desde comienzos del siglo xiii e igualmente vigentes. Por lo que Aragón adquirió como carta de identidad de todo el reino una repetición de cuanto ya conocía y le era propio, y se negó o, simplemente no se planteó, abrirse a nuevos campos, con mano de las propuestas que de haberse aprobado hubieran efectuado, sin duda alguna, los asesores legales y los notarios de la Cancillería Real —que ya habían hecho del ius commune de tradición romano-justinianea un extraordinario banco de pruebas en un texto legislativo extenso, cuando redactaron en 1238 la Costum de la ciutat e regne de València. Aragón decidió seguir su propio camino, y al rey Jaime I no debió quedarle otra opción sino la de buscar una solución práctica, a través del encargo a Vidal de Canellas del libro que conocemos como Vidal Mayor, del que más adelante nos ocuparemos. Veamos ahora algunas de las características de todos estos textos legales, pues poca atención se les ha prestado hasta el momento, a pesar de que sin ellos no hay manera de entender de manera global el proceso de redacción de los Fueros de Aragón de 1247. 1.- Fuero latino extenso de Jaca22 2.- La versión C del Fuero extenso de Jaca23 3.- Fuero de Estella de 1164 4.- Fueros de Aragón de las Cortes de 1208 5.- Documentos de la Cancillería de Jaime I 6.- Fueros no identificados 5.4.1. El Fuero latino extenso de Jaca. La fuente principal de la redacción de los aproximadamente 336 artículos de los Fueros de Aragón de 1247 la constituye la versión última del Fuero latino extenso de Jaca, surgida en el paso del siglo xi al xii y ampliada a lo largo de esta última centuria, dando lugar a una nueva versión de la cual actualmente no conocemos la existencia de manuscrito alguno, aunque sí una traducción romance del mismo, efectuada a finales del siglo xiii o comienzos del xiv y que recibe el nombre de Versión A de dicho fuero desde su publicación (Molho, 1964: 15-162). Aproximadamente 168 de los 313 artículos de este fuero extenso de Jaca se incorporaron al nuevo articulado de los Fueros de Aragón de 1247, lo que viene a representar un $50 \%$ del total.24 5.4.2. La llamada versión C del Fuero latino extenso de Jaca. La segunda fuente documental en importancia es un texto derivado del Fuero extenso de Jaca, solo conocido en versión romance y señalado con la letra C desde que se publicó (Molho, 1964: 300-502). Consta de 325 artículos y, al compararla con la versión A, comprobamos que coinciden únicamente en unos 140 artículos, lo que significa que alrededor de 185 artículos de esta versión C se redactaron en otro momento, seguramente posterior a la redacción A, que se considera la más antigua. En 1247 un manuscrito de esa versión C estaba en manos de los juristas de la Cancillería, quienes incorporaron 84 de sus artículos al texto de los nuevos Fueros de Aragón.25 5.4.3. Fuero de Estella de 1164. Aunque es muy conocida la influencia que ejerció el Fuero latino extenso de Jaca en el derecho navarro, en cambio no lo es el hecho de que en 1247 la Cancillería Real de Jaime I utilizó como fuente documental de los Fueros de Aragón, el Fuero de 1164 de la población navarra de Estella (García Edo, 2015: 360-380), a partir del cual se redactaron un total de 26 fueros nuevos, en bastantes casos transcritos literalmente, de los cuales destacamos, por su posición, los artículos 1 y 2 de los fueros aragoneses, que se refieren a las penas en que incurrirían quienes asaltasen las iglesias o agrediesen a eclesiásticos, una singularidad aunque solo hasta cierto punto, pues era frecuente que en los textos legislativos se hablase en primer lugar del derecho de Dios, como es el caso, y después del de los hombres, lo cual sucede a partir del tercer fuero. 5.4.4. Fueros de Aragón de las Cortes de 1208. En enero de 1188 el rey Alfonso II de Aragón celebró Cortes en Huesca; en ellas se promulgaron un total de 12 disposiciones o fueros, con carácter territorial, tal como se desprende de la copia llegada a nuestros días. Sin embargo y por lo que sabemos en estos momentos, no parece que se utilizaran en la redacción de los Fueros de 1247. A diferencia, sí se utilizaron los acuerdos de la segunda asamblea de Cortes aragonesas, celebrada en mayo de 1208 por el rey Pedro II de Aragón26 también en la ciudad de Huesca; en ella se dictaron 21 artículos o fueros, de los cuales 17 se trasladaron a los nuevos Fueros de Aragón, catorce directamente y tres por vía indirecta, pues previamente habían sido aprovechados por los juristas de la Cancillería para componer otros tantos párrafos del texto de las Constituciones de Paz y Tregua concedidas por Jaime I a los aragoneses en el año 1235; el texto completo de estos tres párrafos de las constituciones se incorporó a los Fueros de Aragón. 5.4.5. Documentos de la Cancillería de Jaime I. En los Fueros de 1247 y, a pesar de su notable extensión, suelen pasar bastante desapercibidos los privilegios reales aragoneses, copiados a veces completos e integrados en el cuerpo general de su articulado. Son una rareza, incluso una extravagancia, porque los términos fuero y privilegio tienen un origen y un significado distintos, pero a veces los segundos se integran artificialmente en la posición que por temática les corresponde dentro de los primeros, bien sea por voluntad del rey, de los legisladores, o de los copistas de los manuscritos, que llevan a cabo una acción de esa naturaleza por razones de comodidad o de operatividad. No se trata, a veces, de documentos completos sino de artículos sueltos o fragmentos de la parte dispositiva de los mismos y, al cabo del tiempo, de muchos años incluso, al pasarlos a otro soporte, esas adiciones se regularizan e incorporan al cuerpo legislativo general como si se tratase de verdaderos fueros.27 A fecha de hoy pueden identificarse en los Fueros de Aragón de 1247, un total de 19 disposiciones procedentes de distintos privilegios completos u otro tipo de concesiones reales. La mayoría son textos preexistentes promulgados durante los reinados de Pedro II y su hijo Jaime I de Aragón, pero hay un par de ellos que aparentan haber sido redactados expresamente por los juristas de la Cancillería Real, con motivo de la redacción del Código de 1247. De esos 19 documentos, y de acuerdo con el manuscrito de la catedral de Tortosa que nos sirve de referente, 9 se encuentran copiados entre los 336 fueros de que consta el cuerpo legal de esta versión, y los 10 restantes se encuentran copiados a continuación, formando parte de las adiciones realizadas a lo largo del reinado de Jaime I. Esta posición no es la misma en todos los manuscritos latinos conocidos actualmente de los Fueros de Aragón. También hay en algunos manuscritos copias de tres privilegios reales que no figuran en el de Tortosa, y es probable que se incorporaran a los Fueros de 1247 bastantes años después, tal vez incluso después de la muerte de Jaime I, de los cuales también dejamos constancia por considerarlo de interés. Los 9 fueros del códice de Tortosa que proceden de la Cancillería Real y se incorporaron al cuerpo de los Fueros de 1247 son los que figuran a continuación, citados a partir de las primeras palabras con las que dan comienzo, después de la intitulación real, en su caso: 1. Universis terrarum atque regnorum...28 2. Statuimus firmiter precipiendo...29 3. Constituit rex Iacobus quod pater...30 4. Statuit rex Petrus quod magnates...31 5. Statutum est quod homines...32 6. Intendentes paci et tregue tocius...33 7. Constituit rex Iacobus quod si animal...34 8. Item, constituit quod si homo occiderit...35 9. Ad honorem eius qui dixit: Non...36. Los 10 fueros del códice de Tortosa que proceden de la Cancillería Real, pero figuran como adiciones a los Fueros de 1247, son los siguientes: 1. Nullus in sacris ordinibus...37 2. Actor ponatur in possessione...38 3. Appellare constituit rex Iacobus...39 4. Iuras tu iudeus, per illum...40 5. Item, si infançon a rege...41 6. Dixit dominus rex apud Turolium...42 7. Sacramentum sarracenorum...43 8. Establimos e femos fueros nuevos...44 9. In Dei nomine. Cum status...45 10. Per nos et omnes successores...46. Los 3 fueros que no figuran en el códice de Tortosa y que, procedentes de la Cancillería Real, se encuentran en otros manuscritos de los Fueros de Aragón de 1247 son los siguientes: 1. Paci et treuge totius regni Aragonum...47 2. Rex potest monetam quantamcumque...48 3. Quando super confirmatione...49 5.4.6. Fueros por identificar. A fecha de hoy queda por identificar la fuente documental de unos 30- 35 artículos del cuerpo legal de 1247, según la versión del manuscrito de Tortosa. 6. Derecho canónico en los Fueros de Aragón de 1247. Existe un buen estudio que hace un interesante análisis de la importancia de la canonística en el articulado de los Fueros de 1247 (García García, 1996: 27-41), aunque en nuestra opinión parte de un juicio erróneo, al apoyarse en el hecho de que «entre los confirmantes de sus normas se contaban muchos obispos y otros prelados», lo cual contrasta con la breve relación de los mismos que, según el prólogo de los Fueros son únicamente dos, los obispos de Zaragoza y Huesca, quienes asistieron a la asamblea de Cortes aragonesas como era su obligación y su derecho, al formar parte del estamento eclesiástico de las mismas. Sin embargo, no es este el argumento principal de nuestro desacuerdo, sino el hecho de que cuando analizamos todos los fueros vinculados al derecho canónico que cita dicho autor, casi en ningún caso se trata de textos nuevos sino redacciones preexistentes. Salvo error, únicamente son dos los artículos que parecen haberse redactado adrede para los Fueros de 1247. El primero50 se refiere a la regulación de los días festivos en el calendario judicial, que seguía los preceptos que marcaba la Iglesia, razón por la cual se prohibía cualquier actividad en los tribunales de justicia los domingos y demás fiestas de guardar. Sin embargo, y dada la permanente itinerancia del rey a lo largo y ancho de la geografía de los reinos de la corona aragonesa, la curia regia podría despachar cualquiera de esos días, si encontrándose de paso en algún lugar del reino de Aragón se viera en la necesidad de hacerlo. Más importante parece la prohibición de la práctica de lo que se venía llamando el juicio de Dios, interpretado a partir de la prueba del hierro candente, la del agua hirviendo o cualquier otra similar, a la que eran sometidos los acusados de determinados delitos. Este fuero sigue la doctrina del derecho canónico al respecto, aunque llama la atención el hecho de que tratándose de una disposición que afectaba únicamente al reino de Aragón, el monarca la hizo extensiva a todos los reinos y señoríos de su corona y, por esta declaración, se evidencia con claridad que la redacción fue obra de los juristas de la Cancillería Real.51 7. ¿Qué aprobaron las Cortes aragonesas en 1247? Todo el trabajo llevado a cabo por los juristas de la Cancillería Real dio como resultado una obra distribuida en ocho libros o partes, dispuesta con un cierto orden y coherencia y constituyendo un texto que en su conjunto constaba de alrededor de 336 artículos o fueros, según la versión del manuscrito de Tortosa, si bien hay pequeñas diferencias, en cuanto al número y ubicación de algunos artículos cuando lo comparamos con los restantes manuscritos conocidos, ninguno de los cuales puede considerarse prototipo de los demás, según se desprende de la tabla realizada al efecto. Así pues, de acuerdo con el contenido del manuscrito de Tortosa, la distribución de los Fueros de Jaime I por libros y rúbricas es la siguiente: <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>N° orden</td><td rowspan=1 colspan=1>Fueros</td><td rowspan=1 colspan=1>Titulo de su primera rubrica</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Libro 1</td><td rowspan=1 colspan=1>1-75</td><td rowspan=1 colspan=1>De sacro sanctis ecclesiis</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Libro 2</td><td rowspan=1 colspan=1>76-140</td><td rowspan=1 colspan=1>De privilegio absentium causa rei publice</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Libro 3</td><td rowspan=1 colspan=1>141-180</td><td rowspan=1 colspan=1>De pena temere litigantium</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Libro 4</td><td rowspan=1 colspan=1>181-218</td><td rowspan=1 colspan=1>De mandati</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Libro 5</td><td rowspan=1 colspan=1>219-239</td><td rowspan=1 colspan=1>De prohibitis donationibus</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Libro 6</td><td rowspan=1 colspan=1>240-259</td><td rowspan=1 colspan=1>De conditione infangonatus</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Libro 7</td><td rowspan=1 colspan=1>260-285</td><td rowspan=1 colspan=1>De pace</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Libro 8</td><td rowspan=1 colspan=1>286-336</td><td rowspan=1 colspan=1>De custodibus carcerum</td></tr></table>. Los manuscritos latinos de los Fueros de 1247 no señalan el lugar en donde finaliza la obra y comienzan las adiciones efectuadas durante el resto del reinado de Jaime I. Pero, en cambio, sí aparece una clara indicación de final en dos de los manuscritos que transmiten versiones, y en ambas lo hacen tras el fuero en romance del texto.52 Eso se corrresponde con el fuero Ad honorem eius qui dixit “non temptabis dominum Deum tuum”, candentis ferri..., relativo a la prohibición del juicio de Dios, al que nos acabamos de referir. 8. Adiciones efectuadas durante el resto del reinado de Jaime I. El manuscrito de Tortosa contiene todavía 30 fueros más, hasta un total de 366, que suponemos añadidos por orden cronológico, lo cual parece lógico, si bien solo uno de ellos —inserto en la rúbrica De elongatione debitorum y que da comienzo con las palabras Dixit dominus rex apud Turolium—, está fechado (octubre de 1259). Algunos fueros posteriores a éste son, en realidad, transcripciones de privilegios reales anteriores a 1247, que pudieron haberse incorporado en cualquier momento en atención a su interés. La relación finaliza con un fuero relativo a los daños causados por perros de caza, único de la rúbrica De canibus de caça. Queremos hacer mención ahora al hecho de que el anónimo escribano del manuscrito dejó en ese punto concreto del manuscrito un claro espacio en blanco, para transcribir a continuación el texto de los mal llamados Fueros de Ejea de 1265. Aunque habitualmente se les califique como fueros nuevos, en realidad no son producto de una asamblea de Cortes, sino de un pacto a distancia entre el rey Jaime I y la alta nobleza aragonesa de la época, en un momento de duro enfrentamiento entre ambas partes por razones políticas que no interesan en esta ocasión. Durante las negociaciones, las comunicaciones entre bandos se realizaron a través de mensajeros desde lugares distintos del entorno de Ejea, y todos con las armas listas por si fuera necesario utilizarlas. Las disputas finalizaron con la aceptación por parte del rey de las diez peticiones que fueron solicitadas por la nobleza. De este documento, tal como figura incluido en la versión del manuscrito de Tortosa, nos interesa destacar dos características particulares: la primera es que nos facilita la versión latina del texto del acuerdo, cuando todas las demás copias conocidas hasta el momento están escritas en aragonés y, la segunda, que omite una cláusula que sí figura en el resto de manuscritos, mediante la cual el rey disponía que en adelante el Justicia de Aragón fuera siempre un caballero.53 9. Los fueros dudosos de Jaime I de 1247. Hace casi una década se publicó la edición crítica de la versión original latina de los Fueros de Aragón de 1247 (Pérez Martín, 2010), en cuyo estudio preliminar se dieron a conocer las características de los once manuscritos medievales de los mismos llegados a nuestros días, así como las similitudes y diferencias que presenta cada uno de los diez primeros al ponerlos en comparación con el que le sirvió de referencia para llevar a cabo su trabajo. Este no es otro sino el del manuscrito más reciente de dichos fueros aragoneses, conservado en la biblioteca del castillo de Perelada. Es de finales del siglo xv según este autor y sirvió de base para la realización de la primera edición incunable de los Fueros de 1476-77, hasta el punto que el manuscrito, dice, «coincide plenamente con el texto impreso [...] incluso en los errores».54. Pues bien, dichos diez manuscritos, todos del siglo xiv y primera mitad del siglo xv, omiten un número variable de fueros que, sin embargo sí están en el manuscrito de Perelada. Es difícil evaluar dichas omisiones, si no se hace a través de una tabla informatizada que permita hacer una comparación de todos ellos, realizada la cual y, salvo error, hemos podido constatar que el número de fueros que únicamente figuran en el manuscrito de Perelada es de 17, a saber: <table><tr><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">Si equus,equa, mulus...</td><td colspan="1" rowspan="1">1.3.3655</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">Statuimus ut vir sine...</td><td colspan="1" rowspan="1">2.5.2</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">Item,nullum debitum..</td><td colspan="1" rowspan="1">2.13.6</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">Si lis vertitur inter...</td><td colspan="1" rowspan="1">3.7.5</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">Si unus frater..</td><td colspan="1" rowspan="1">3.9.5</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">Si filius remanserit...</td><td colspan="1" rowspan="1">3.9.8</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">Item,si aliquis habuerit.</td><td colspan="1" rowspan="1">3.10.4</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">Nullus homo cuius...</td><td colspan="1" rowspan="1">4.3.4</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">9</td><td colspan="1" rowspan="1">Cuiuscumque conditionis..</td><td colspan="1" rowspan="1">4.3.5</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">Si conductum animal...</td><td colspan="1" rowspan="1">4.4.2</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">Qualiscumque homo...</td><td colspan="1" rowspan="1">4.13.3</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">12</td><td colspan="1" rowspan="1">Ad refrenandam...</td><td colspan="1" rowspan="1">4.13.4</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">13</td><td colspan="1" rowspan="1">Forus est quod si...</td><td colspan="1" rowspan="1">5.2.2</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1"> Quando super...</td><td colspan="1" rowspan="1">7.7.3</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">15</td><td colspan="1" rowspan="1">Forus antiquus est...</td><td colspan="1" rowspan="1">7.17.2</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">Quicumque fuerit consultor...</td><td colspan="1" rowspan="1">7.20.1</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">Si autem pro debitis...</td><td colspan="1" rowspan="1">8.7.7</td></tr></table>. Este número56 es muy inferior al que figura en la edición crítica, que asciende a 27 fueros, aunque esa circunstancia tiene una explicación bastante clara, a partir de una nota que figura en el manuscrito de Perelada, al comienzo del libro, justo al final de la tabla alfabética del contenido de los fueros, y que se refiere precisamente a estos fueros extravagantes, que en dicho volumen se señalan con dos puntos negros puestos dentro de la letra capital de cada uno de ellos, o al lado: Fori habentes duos punctos nigros intus caputliteram, vel ad latera, fuerunt adinventi in aliquibus voluminibus fororum antiquorum; sunt signati, ut cognoscantur; et sunt inserti, ne aliunde perquirantur: vel margines deturpent.57. Entendemos que el anónimo copista de la segunda mitad del siglo xv quiso hacer una compilación lo más completa y perfecta posible y, sin dudar de su buena voluntad, bien a partir de un ejemplar manuscrito que obrase en su poder, o que se molestó en encargar o realizar por sí mismo, posteriormente y por iniciativa propia se preocupó de cotejar su contenido con el de otros manuscritos de los Fueros que pudieran estar en manos de diferentes instituciones o particulares, y añadió todos aquellos textos que consideraba que figuraban como fueros en dichos manuscritos, pero no en el suyo. Una vez satisfecho con el resultado, realizó o encargó la confección de una copia de cierta solemnidad, con el texto todo seguido, limpio y cuidado, en donde hizo la advertencia de la procedencia de los textos señalados con puntos, como acabamos de mencionar. Del total de tales 27 fueros, según cómputo en la edición crítica, hemos podido comprobar que 10 sí que figuran en alguno de los otros manuscritos llegados a nuestros días pero no en la mayoría ni tampoco en los más antiguos. Y, respecto de los 17 restantes, efectivamente, no tenemos noticia alguna hasta su inclusión en el manuscrito de Perelada; lo cual nos hace dudar de si realmente unos y otros procedían de la redacción primitiva, o se trataba de añadidos realizados en diferentes momentos a lo largo del siglo xv, por conductos y por razones que en este momento no son conocidas. Sea como sea, estos añadidos pasaron a ser considerados como auténticos fueros de Jaime I a partir de la edición incunable de 1476-77, algo que está muy lejos de corresponderse con la realidad. No es momento ahora para dedicar más tiempo al asunto, aunque sí para advertir del hecho, ya que eso significaría que alrededor de un $8 \%$ de los Fueros de 1247 —un porcentaje nada despreciable—, en realidad tienen un origen bastante dudoso. 10. El Vidal Mayor, un encargo un tanto singular. El encargo del rey Jaime I, antes referido, fue muy concreto y la persona de Vidal de Canellas, obispo de Huesca, la idónea para materializarlo, pues no solo era un destacable miembro de la Iglesia y, por tanto, persona nada sospechosa para los aragoneses, sino además reputado jurista formado en la universidad de Bolonia, razones más que suficientes para considerarle capaz de escribir un libro que sirviera para interpretar mejor los Fueros recién aprobados ya que, al estar basados casi exclusivamente en fuentes de derecho aragonés vigente, era necesario disponer de una obra complementaria que pusiera en relación ese viejo derecho nuevo con las corrientes de pensamiento jurídico de procedencia italiana que estaban expandiéndose de forma imparable por gran parte de Europa Occidental y a las que ni el rey Jaime I ni los juristas de la Cancillería Real podían darles la espalda, por ser un fenómeno de tanta envergadura y trascendencia que, a finales del siglo xiii, se apoderaría de las mentes y los modos de practicar el derecho de todos los juristas en ejercicio en esos momentos en los reinos de la Corona de Aragón.58. Conviene destacar que cuando el rey pidió al obispo que hiciese una dreiturera compilation, la primera palabra no significaba únicamente que había de ser recta, justa, o correcta, —puesto que así entendida en la petición del rey, sería como descalificar el trabajo recién aprobado por las Cortes y promulgado por la Corona—, sino que ofrecía la posibilidad de llevar a cabo una obra mucho más amplia y abierta a la introducción de adiciones de naturaleza muy diversa, entre las cuales cabían a la perfección las procedentes de los textos de ius commune, que no era otra cosa sino la forma con que se denominaba al derecho que desde hacía más de un siglo se venía estudiando y enseñando en la Universidad de Bolonia, basado en el análisis y adecuación del antiguo derecho romano-justinianeo a las necesidades que en materia jurídica pudiera tener la sociedad europea de la época, plasmándolo tanto en las prácticas diarias de los tribunales de justicia como en la redacción de sus respectivos ordenamientos jurídicos de carácter territorial.59. No era tarea fácil, sin embargo, la de hacer concordar los textos romanos con los forales, como pone de manifiesto el propio Vidal de Canellas al final del prólogo de su obra, pero para salvar su responsabilidad lo explica, advirtiendo cuál había sido su solución al respecto: E otrosí, maguer que avemos feito mentión a cada començamientos de los libros, de sendos títulos, empero cada un libro d’estos IX libros ha sus títulos, seguiendo ordenadament de cada materia, segúnt que está escripto de iuso más complido et más ordenament. Et otrosí de los quoales libros ordenamos algunos títulos seguientes, e por el desacordamiento del dreito sulta de juristas, sin valor legal alguno. A pesar de ello son bastantes los historiadores que piensan que los Fueros de Aragón y el Vidal Mayor son, respectivamente, una compilación Minor y otra Maior, respectivamente, de los fueros aragoneses, lo que equivaldría a decir que en el reino de Aragón hubo a partir de 1247 dos textos constitucionales simultáneos, lo cual ni era posible ni tenía sentido. Como es natural y a la luz del conocimiento que nos proporciona toda la documentación foral aragonesa de los siglos xii y xiii llegada a nuestros días, no podemos en modo alguno compartir esta opinión y algunas otras de naturaleza menor, derivadas de la misma, a las que hemos tratado de responder en todos los casos a través de la redacción de estas páginas, aunque deberá tener un tratamiento y una extensión mucho mayor en otro momento, a través de una monografía sobre los Fueros de Aragón de 1247, según la versión del manuscrito de la catedral de Tortosa, el más antiguo conocido, que puede arrojar mayor luz a todo el proceso de gestación del primer gran texto legislativo aragonés que nos ocupa ahora. 59 Y en el nivel práctico que supone este encargo, significaba poder relacionar el orden seguido en la redacción de los ocho libros de los Fueros de Aragón, que en parte ya se había intentado distribuir de ese modo, con el esquema de los nueve libros del Códex de Justiniano, considerado un referente en el siglo xiii a la hora de hacer consultas puntuales y citas de textos, así como para redactar nuevas leyes de carácter singular, o incluso textos legislativos extensos, como el de la Costum de la ciutat e Regne de València de 1238, distribuida siguiente el orden del código romano, o la Costum de Tortosa de 1273, basada en parte en la valenciana, que siguió ese mismo sistema. et del fuero oviémoslo a ordenar en otra manera, assí como es de fazer las peyndras et de los peynnos, e como las peyndras sean cosas avantables en iuditio segúnt costumpne d’este fuero, los títulos d’eillos entre los appareillamientos de iuditio lo poniemos $[ . . . ] ^ { 6 0 }$. Llevado este asunto a la realidad del reino de Aragón, conviene señalar que Vidal de Canellas no tenía como misión la de escribir un libro que sustituyera a los nuevos fueros aragoneses, sino que los explicara a los juristas que lo leyesen, de modo que llevó a cabo una obra que permitía un fácil acceso al conocimiento de cualquier institución foral, pero además posibilitaba a los lectores ampliar conocimientos en muchas otras materias ya que el Vidal Mayor era muchísimo más extenso que el texto legislativo aragonés de referencia,61 así como un instrumento muy útil para agilizar acciones ante los tribunales de justicia: Et es a ssaber que nos avemos ordenados aquestos fueros en IX libros et por sendos títulos, en tal guisa que cada I letrado más aýna trobe lo que querrá quando querrá dar iuditio, segúnt que se siegue más ordenadament por los títulos de iuso continuadament complidos et escriptos. Et otrosí, por aqueillo que muitas vezes los mezquinos omnes pierden lur dreito por alongança de iudicio, mas desd’uey más quada una iustitia, oýdo el clamo, puede entender en quoál logar del libro es el fuero que pertaynnesce ad aqueill clamo, si la iusticia es letrado, e si non fuere letrado, fága-lo guardar ad algún letrado, que aýna podrá probar aqueilla que demandará, si bien catare los títulos et bien parare mientes en el ordenamiento que se siegue. 62. Por tanto, Vidal de Canellas, perfecto conocedor de ese ius commune que estudió durante sus años de estudio en Bolonia, no alteró el texto de los Fueros latinos de Aragón recién aprobados por las Cortes aragonesas y distribuidos en ocho libros o partes,63 cosa que era evidente que no podía hacer, pero tampoco nada le impedía que a la hora de realizar su trabajo, de acuerdo al dreito romano, lo hiciese dividiendo su libro en nueve partes, que son las mismas que encontramos en el Codex del emperador Justiniano,64 aunque no pudo hacer concordar de la manera que hubiera deseado los contenidos del código aragonés con el código romano, por las evidentes carencias del primero. Ya habrá ocasión en otro momento para analizar con mayor detalle el contenido y el significado del Vidal Mayor. Baste ahora con decir que los Fueros de Aragón promulgados a comienzos de enero de 1247, y en lengua latina, son el único texto oficial de los mismos a partir de ese momento, y todas las adiciones que se realizaron en las tres décadas siguientes, especialmente reflejadas en el manuscrito conservado en la Catedral de Tortosa, se situaron por orden de aparición al final de ese libro octavo y último en que se dividió la obra desde el inicio; y no fue sino hasta mucho después del fallecimiento de Jaime I cuando se añadió un libro noveno, y más adelante algunos más, en los que se incluyó la nueva legislación resultante de los acuerdos tomados por las asambleas de Cortes aragonesas celebradas a lo largo del siglo xiv, cuestiones estas que no forman ahora parte de nuestro trabajo. 11. Conclusiones. De todo cuanto se contiene en los capítulos anteriores, que hemos tratado de explicar con la mayor claridad posible a pesar de la complejidad del análisis de las fuentes documentales utilizadas, podemos establecer las conclusiones siguientes: Primera. El Fuero latino extenso de Jaca, redactado en gran parte a finales del siglo xi y comienzos del xii, se constituyó desde 1096 en la fuente principal del Fuero latino extenso de Huesca, y a partir de 1119 en la del Fuero latino extenso de Zaragoza. Un siglo después, también se utilizó como fuente principal para la redacción del texto original latino de los Fueros de Aragón de 1247. Segunda. Los autores de los Fueros de 1247 fueron los juristas de la Cancillería Real, pues las huellas de su trabajo están muy presentes a lo largo de todo el articulado, tanto a través de la experta selección de los textos empleados en su redacción, a fin de darles un contenido y una estructura que anteriormente no tenían; como preocupándose por añadir de su propia mano algunos artículos necesarios, sin entrar en contradicción con el derecho aragonés preexistente, cosa que materializaron poniéndolos en boca del rey, pues solo ellos podían actuar de ese modo por razón del oficio que desempeñaban. Tercera. De los 336 artículos de que constan los Fueros de Aragón de 1247, según la versión del códice de Tortosa, alrededor de 250 proceden de dos manuscritos del Fuero latino extenso de Jaca, transcritos literalmente en la mayor parte de los casos. Cuarta. Otras fuentes documentales, todas escritas en latín —Fuero de Estella, Privilegio de 1208, Documentación de la Cancillería Real—, permiten identificar unos 50 fueros más (no incluimos adiciones a los Fueros de 1247), la mayoría también copiados de forma literal a partir de dichas fuentes. Quinta. La suma de resultados de los apartados anteriores, indica que conocemos la procedencia de alrededor del $89 \%$ del articulado de los Fueros de 1247; lo cual nos permite afirmar que los legisladores no realizaron una obra original sino que se limitaron a adaptar textos de derecho aragonés preexistente, sin entrar a valorar otras posibilidades, lo que dio como resultado que el ius commune de tradición romano-justinianea tardase mucho en implantarse en la legislación foral aragonesa. Sexta. Los Fueros de Aragón de 1247 se redactaron originariamente en latín, tal como lo estaban todas las fuentes documentales utilizadas; y se distribuyeron desde el primer día en ocho libros, nunca en nueve, y así se mantuvieron con carácter oficial a lo largo de toda la época foral. Desde finales del siglo xiii, comenzaron a realizarse traducciones romance de los mismos, aunque se trataba de iniciativas privadas con finalidad práctica, para acercar los Fueros a quienes desconocían la lengua latina, pero nunca sustituyeron al texto oficial latino ni adquirieron valor legal alguno. Séptima. La comparación de todos los manuscritos latinos conocidos de los Fueros de Aragón de 1247, permite concluir que la copia del Archivo de la Catedral de Tortosa es la que transmite la versión más próxima al texto original promulgado por Jaime I, y la única que incluye a continuación lo que aparenta ser una relación completa de los otorgados desde entonces hasta la finalización de su reinado. Octava. Esa comparación también permite comprobar que hay un total de 17 fueros que únicamente figuran en el manuscrito latino de los Fueros de 1247 conservado en el castillo de Perelada, y otros 10 que solo se encuentran en uno o dos manuscritos, pero no de los más antiguos, lo que hace pensar que puede tratarse en ambos casos de redacciones efectuadas en el siglo xv, y por tanto son adiciones o «falsos fueros», que no formaban parte del texto original promulgado por Jaime I en 1247. Novena. El Vidal Mayor no es un texto legal sino una enciclopedia jurídica, seis veces más extensa que los Fueros de 1247. Tenía una finalidad práctica muy concreta, pero en ningún caso era la de sustituir el texto foral recién aprobado, razón por la cual nunca fue sometido a examen por las Cortes de Aragón ni confirmado oficialmente por el rey, aunque como libro de consulta tuvo un enorme éxito durante siglos. Décima. Los Fueros de 1247 constituyen el único cuerpo legal aprobado por las Cortes celebradas en Huesca y promulgado por el rey Jaime I. Tienen carácter y personalidad propia y ese fue uno de los motivos por los que su redacción original latina se mantuvo intacta a lo largo de los siglos, y así aparece en todos los manuscritos oficiales y en todas las ediciones impresas. Las traducciones romance del texto no tenían valor legal alguno, y solo muy limitado desde el punto de vista histórico, razón por la que en estas páginas casi no se las ha tenido en consideración. En cambio, sí que tienen un enorme interés desde una perspectiva lingüística, si bien esa es otra cuestión sobre la que no es necesario extendernos ahora. Referencias bibliográficas. Barr er o Gar cía , Ana María (2004), «La difusión del Fuero de Jaca en el Camino de Santiago», El Fuero de Jaca, vol. II: Estudios. Zaragoza, El Justicia de Aragón: 113-160. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Fronteras marítimas en el Mediterráneo bajomedieval. Incidencias, conflicto y negocio entre la Corona de Aragón y Túnez a partir de un episodio de 1413: Maritime Frontiers in the Late Medieval Mediterranean. Incidents, Conflict and Business between the Crown of Aragon and Tunis Based on an Occurrence of 1413
FRONTERAS MARÍTIMAS EN EL MEDITERRÁNEO BAJOMEDIEVAL. INCIDENCIAS, CONFLICTO Y NEGOCIO ENTRE LA CORONA DE ARAGÓN Y TÚNEZ A PARTIR DE UN EPISODIO DE 1413. MARITIME FRONTIERS IN THE LATE MEDIEVAL MEDITERRANEAN. INCIDENTS, CONFLICT AND BUSINESS BETWEEN THE CROWN OF ARAGON AND TUNIS BASED ON AN OCCURRENCE OF 1413. Carlos Cr espo Ama t\* J. Leonardo Soler Milla \*\* Universidad de Alicante. Resumen: En el presente artículo se aborda una de las manifestaciones de la frontera marítima de la Corona de Aragón en el Mediterráneo bajomedieval a través de una incidencia naval de 1413 que demuestra la complejidad de las realidades socio-económicas de naves y mercaderes en las que la violencia, el negocio, la pluriconfensionalidad, la ambigüedad jurídica, la solidaridad, entre tantos otros aspectos, formaban parte de un todo. Palabras clave: Frontera marítima, Mediterráneo, Corona de Aragón, Magreb, cristianos, musulmanes, judíos, violencia, conflicto, negocio, siglo xv. Abstract: This article will reveal one of several manifestations of the maritime frontier of the Crown of Aragon in the Late Medieval Mediterranean based on a naval occurrence of 1413. This incident demonstrates the complexity of the socio-economic realities in which violence, business, the varieties of faith, the legal ambiguity, solidarity, among many others, were part of a whole. Key words: maritime frontiers, Mediterranean, Crown of Aragón, Maghreb, Christians, Muslims, Jews, violence, conflict, business, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. 1. Introducción1. El estudio de la frontera —en singular, sin más concreción que la que sugiere su significante— no es, en absoluto, un campo de investigación reciente. Incluso prescindiendo de la vetusta inquietud política hacia ella, el interés por la frontera en retrospectiva ha ocupado una posición central en la producción historiográfica europea desde, al menos, el segundo cuarto del siglo xx. Sin embargo, la temática es fecunda y se mantiene en permanente estado de actualización, toda vez que siguen sorprendiendo los resultados de estudios diversos en sus objetivos y planteamientos y las nuevas reflexiones en torno a la definición y las particularidades de la frontera y los espacios fronterizos surgidos de equipos y trabajos de investigación que han enriquecido el análisis al abrir nuevas vías de aproximación y descubrir problemáticas hasta entonces inexploradas. Es así como la proliferación de estudios en las últimas décadas ha alcanzado tan alto grado que la complejidad que encierra el fenómeno, en tanto que sujeto histórico, ha derivado en un estado en el que es posible identificar tantas fronteras como vías de aproximación existen a las múltiples manifestaciones de las mismas.2. En el fondo, sin embargo, la variabilidad de la frontera puede reducirse a sus dos expresiones naturales más elementales: la terrestre y la marítima. Y aunque —para el caso que aquí interesa— a lo largo del periodo medieval hispánico, y específicamente durante la Baja Edad Media catalano-aragonesa, la terrestre fue la frontera por definición, reconocible y aun tópica en la realidad peninsular cristiana por su linde inconfundible con Granada, la otra expresión de la frontera, la frontera marítima, fue siempre otro espacio de contacto y de proyección política, socioeconómica y religioso-cultural tan dinámico como aquélla; si no más, por cuanto su existencia no estaba únicamente —e, incluso, fundamentalmente— condicionada a la pervivencia andalusí representada por el reino nazarí, sino también a la hegemonía musulmana en el sector occidental de la dār al-Islām o, lo que es lo mismo, Berbería. No obstante, la frontera marítima sigue adoleciendo de un corpus teórico que la defina y la singularice frente a la frontera tradicional. Por ello su incidencia en la Baja Edad Media o, mejor dicho, el rol de la economía en las sociedades mediterráneas de los siglos xiv y xv en las que se desarrolló este fenómeno $- \mathrm { y }$ , por consiguiente, las actividades socioeconómicas típicas y cotidianas de los espacios de frontera—, debe situarse en el plano de las diferentes visiones de frontera y de espacios fronterizos aportadas por la historiografía medievalista. Los estudios iniciales, tanto para el área castellana y portuguesa como para la Corona de Aragón, mostraron un interés por la frontera marítima no en tanto que sujeto histórico, sino como expresión, por otra vía —la marítima—, de los avances de la conquista militar frente al Islam peninsular, destacando la importancia de la flota castellana y catalano-aragonesa en la toma de las principales ciudades costeras o fluviales.3. El reclamo de una especificidad de la frontera marítima y origen de lo que hasta hoy se ha consolidado como una línea de investigación especializada en los estudios fronterizos es, en buena medida, mérito de J. E. López de Coca (1978; 1997; y 1999), quien ha tipificado los diferentes niveles de definición de la frontera marítima en base a las improvisadas políticas de defensa de la costa, la incidencia económica del corso y la piratería y las repercusiones de la formación de redes de cautiverio.4. Las medidas adoptadas por los poderes políticos peninsulares a fin de proteger el litoral, con el establecimiento o la implementación, a lo largo sobre todo del sigo xv, de nuevos medios arquitectónicos y humanos más o menos efectivos han sido estudiadas para toda la fachada mediterránea, desde el Rosellón hasta las costas de Málaga, por diversos grupos de investigación,5 aun cuando las fuentes cristianas no permiten siempre dilucidar la facticidad de las disposiciones que contienen y los textos medievales árabes (Alarcón y García de Linares, 1940; Zomeño, 2001; Salicrú, 2009) son escasos en número y en información sobre la frontera del mar (Arié, 1990: 265; López de Coca, 1997: 395). En el caso catalano-aragonés, y específicamente en el valenciano, los trabajos realizados coinciden en destacar la escasa efectividad de la defensa de la costa debido, por una parte, a la inoperatividad de la red de torres vigías y del sistema de avisos ante la incapacidad de las haciendas locales de hacerse responsables de su mantenimiento y, por otra, al carácter accidentado del litoral, que forma extraordinarios refugios naturales donde piratas y corsarios podían aguardar el momento oportuno para llevar a cabo una terraçania o resguardarse en caso de ser perseguidos (Ferrer, 1988: 169-170); López de Coca, 1997). En efecto, el corso y la piratería son, por la conmoción política y social que generaban, las manifestaciones en negativo que más reflejo documental han dejado y por ello las que, junto al comercio6 y el resto de intercambios transfronterizos, más interés han suscitado en la investigación medieval. Para el ámbito de la Corona de Aragón existen numerosos y bien documentados trabajos que, desde perspectivas y observatorios diferentes, han identificado y explicado episodios de piratería y corsarismo, especialmente del siglo xv. Se trata, en algunos casos, de obras ya clásicas por la resonancia historiográfica que han tenido y, en otros, de aportaciones más recientes a la temática realizadas con nuevos enfoques y una exhaustiva heurística de base archivística. Suficientemente conocidos son los trabajos de Maria Teresa Ferrer i Mallol (1987), José Hinojosa (1975; 1978; 1985; 1987; 1988; 1989; 1990), Anna Unali (2007), Andrés Díaz Borrás (1986; 1988a; 1988b; 1990; 1993) y Roser Salicrú (1998; 1999a; 1999b; 2000; 2002; 2007; 2018), entre otros. La aproximación a las repercusiones de la formación de redes de cautiverio, en último lugar, se ha desarrollado en la línea de lo que J. E. López de Coca ha calificado de neurosis granadina (1982: 651) entre las poblaciones cristianas costeras, así como en las estrategias, instituciones y actitudes diseñadas para el rescate y redención de cautivos (Díaz, 1986: 337-353; Ferrer, 1988; López de Coca, 1989; López de Coca, 1997: 400-411 y 406-407; Cabezuelo: 1997-1998: 43-58). No obstante, esta vía historiográfica parece más una ampliación del marco de la investigación hacia el medio marítimo respecto al mismo fenómeno documentado en la frontera terrestre que una orientación específica dentro del estudio de la frontera marítima. A pesar de la plétora historiográfica descrita, todavía hoy la frontera peninsular de los siglos bajomedievales no se ha desprendido enteramente de su reminiscencia a la conquista y el avance militar al abrigo de un programa ideológico-religioso, y por ello continúa a veces remitiendo a la frontera entre Castilla y Granada; una frontera, por lo tanto, eminentemente terrestre. Pero aun cuando el fenómeno se hace extensivo al resto de formaciones políticas peninsulares, la frontera se define por oposición al reducto islámico de alAndalus en la Península y consiguientemente, de nuevo, por su manifestación terrestre. En el ámbito de la Corona de Aragón, en efecto, los estudios de los últimos treinta o treinta y cinco años han reclamado el carácter fronterizo del mediodía valenciano, esto es de la gobernación de Orihuela, por la intensidad con la que valencianos y granadinos traspasaban los límites con la finalidad normalmente de saquear y obtener botín. Solo algún estudio puntual ha llamado la atención sobre la frontera marítima valenciano-granadina (Cabezuelo y Soler, 2006; Barrio, 2011-2013). Parece, en consecuencia, que la idea, harto frecuente en el medievalismo peninsular, de una frontera con el Islam se asocia, tanto por tierra como por mar, a la frontera con Granada, eludiendo así un mar Mediterráneo que, sobre todo en el reino de Valencia —por su ubicación geográfica—, no sólo era frontera con el sultanato nazarí sino, de forma mucha más amplia, con el Islam occidental, y concretamente con las tierras de Berbería. El giro de la investigación hacia esta última concepción de la frontera marítima ha sido, en gran medida, resultado de los estudios realizados en el marco del proyecto de investigación sobre «El Mediterráneo medieval desde el observatorio de la Corona de Aragón. Conflictividad e intercambios económicos» dirigido desde la Institució Milà i Fontanals del Consejo Superior de Investigaciones Científicas por la doctora M. T. Ferrer i Mallol, con una publicación monográfica como hito fundamental en el análisis del tema (Ferrer, 1987) y una rigurosa reflexión elaborada por R. Salicrú i Lluch en torno a sus características, significado y realidades, que se plantea como un sugestivo punto de partida para los estudios, todavía exiguos, de frontera marítima (Salicrú, 2000). En su análisis de la frontera marítima, la doctora Salicrú expone aquellas características que distinguen esta manifestación fronteriza, por oposición a la frontera terrestre, y la define como una frontera humana y a la vez natural $- \mathtt { y }$ per se arriesgada—, desprovista de concreción espacial de lo político, omnipresente, ubicua, independiente de las fronteras terrestres y, por extensión, condicionada a las iniciativas individuales 2. Salir mercantilmente y llegar en modo bandido: negocio, astucia y buena guerra en la costa tunecina. Los años finales del siglo xiv e iniciales del xv representan un periodo convulso de la historia de la Corona de Aragón. Durante su reinado, Pedro el Ceremonioso trató insistentemente de mediatizar el gobierno de Sicilia, consiguiendo finalmente coronar a su nieto —e hijo primogénito del futuro rey Martín el Humano— en el trono siciliano, si bien de forma perecedera: pues, aunque Martín el Joven reinó en solitario la isla desde 1402 —cuando, tras el fallecimiento de su esposa, rechazó la paz de Catania de 1372 que convertía al rey de Trinacria en feudatario y tributario de Juana, reina de Nápoles y, en virtud del tratado, también de Sicilia—, su muerte siete años más tarde puso fin a la rama sículo-aragonesa. Y aunque el rey Martín el Humano se coronó tras esta situación rey de Sicilia, su muerte prematura dejó de nuevo la isla en un vacío de poder sólo atemperado por la actuación de su esposa, Blanca de Navarra, que asumió la vicaría del reino hasta que la decisión adoptada en el compromiso de Caspe de 1412 puso fin al interregno en los territorios de la corona aragonesa y situó a todos ellos bajo el reinado de Fernando I (Claramunt, 2002-2003; Borguese, 2013: 344-348; Belenguer, 2015). La comunidad hebrea fue la gran perjudicada de la inestabilidad que imperó durante ese tiempo, máxime tras los asaltos a las juderías en 1391, cuando las tensiones entre cristianos y judíos se enardecieron. En un contexto así, la guerra, la piratería o la mala fortuna podía ser consustancial a las agresiones, a los asaltos y al cautiverio de judíos, como también de musulmanes, especialmente cuando estas minorías procedían del reino de Granada o de la costa norteafricana (Hinojosa, 2006-2008: 23). En el caso de la comunidad hebrea, además, el riesgo de sufrir un ataque de manos de grupos cristianos catalano-aragoneses se había incrementado desde que, tras los mencionados asaltos —y pese a los intentos de la Monarquía por normalizar las relaciones sociales con los judíos, al amparo de una política regia de protección—, el antisemitismo arraigó en amplios sectores de la sociedad (Hinojosa, 2008: 105). Especialmente el comercio con las costas norteafricanas desencadenaba riesgos y era origen de problemas recurrentes debido a la confluencia de embarcaciones en sus puertos con fines mercantiles. La ruta de Berbería, que unía los puertos del Levante peninsular con los de Ceuta, Orán, Argel, Annaba, Bugía y Túnez, era recorrida por un heterogéneo grupo de mercaderes en busca de oro, esclavos y otras mercancías (Unali, 2007: 160-161), así como de mercados en los que redistribuir ciertos productos agropecuarios y recursos naturales o donde contratar servicios a bajo coste. La interculturalidad, solidaridad y violencia entre cristianos, musulmanes y judíos que como consecuencia se generaba en estos puntos de encuentro marítimos eran una consecuencia de los contactos transfronterizos y convergían con frecuencia en el vínculo más connivente entre ellos: el comercio (Salicrú, 2002). Por ello la denuncia interpuesta en la corte de la bailía general del reino de Valencia por un judío siciliano a finales de 1413 resulta útil para comprobar cómo, a pesar de su activo rol como dinamizador de una variada gama de contactos, la práctica del comercio podía ocasionalmente activar otros procesos que rebasaban los intereses mercantiles. Tal es el caso sufrido por Abrahim Genim ese año durante el desarrollo de su empresa mercantil marítima en la costa tunecina.7. A mediados de mayo de 1413 este judío de origen palermitano o catanés había firmado un contrato de fletamento con otro siciliano para desplazarse modo mercatorio desde Palermo hasta la ciudad de Túnez, puerto de entrada a Ifriqiya $- \mathrm { y }$ junto al de Orán, el más dinámico de la costa norteafricana—, y llevar a cabo sus negocios mercantiles (Valérian, 2006; Valérian, 2016). Junto al fletador, el patrón —Guglielmo di Gordato, de Trapani— y el escribano, a bordo del San Giuliano, que así es como se llamaba la barcha grossa contratada, iban varios mercaderes de Sicilia que habían adquirido derechos de porte para llevar sus mercancías al puerto de destino. Brachono Givi, Shabtai Sabeti o Abraham di Hue son los nombres de algunos de ellos, evidenciando una clara filiación hebrea. En el San Giuliano embarcaron, en efecto, muchos mercaderes judíos cuya procedencia suponía en el contexto político mediterráneo de 1413 que Genim y varios de los hombres de la nave trapanesa eran vasallos del rey de Aragón, si bien no todos eran originarios de Sicilia: los había de Palermo, Trapani, Catania y Mesina; otros eran de Málaga; y algunos mercaderes procedían incluso de Barcelona. Había también varios hombres de negocios de Venecia y de otras partes de Italia, mientras que de los restantes nada se especifica sobre su origen, o tal vez eran cristianos —pues los había, aunque en reducido número. Tabla 1. Compañía del San Giuliano <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Nombre</td><td rowspan=1 colspan=1>Oficio</td><td rowspan=1 colspan=1>Origen</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mehl Ahmad</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1>Sicilia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bartolomeo Simone Andree</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Palermo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Isac Burji()</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1>Peninsula Ibérica (εMalaga?)</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Diego di Cantitura</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Abrahim Genim()</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Palermo (εo Catania?)</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Antonio della Gente</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Venecia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Brachono Givi()</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Palermo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Guglielmo di Gordato</td><td rowspan=1 colspan=1>patrón de barco</td><td rowspan=1 colspan=1>Trapani</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bartolomeo Guglielmi()</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Palermo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Abraham di Hue()</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1>Sicilia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Giacomo Giovanni di Jaela</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Genova</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Brachono Jam()</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Palermo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tommaso Leccavela</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Genova</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bernat ca Nou</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Barcelona</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pappagallo (y sus marineros)</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1>Sicilia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Isac Rabbi()</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1>Sicilia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Judah Roti()</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1>Peninsula Ibérica (εMalaga?)</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Boaz Sabeti()</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Palermo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Shabtai Sabeti()</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1>Sicilia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Abraham()</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Trapani</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Battista</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr></table>. La composición del grupo de mercaderes a bordo del San Giuliano es un indicio del éxito del modelo comercial autónomo que eclosiona en Sicilia a finales del siglo xiv y se consolida a comienzos del xv. Efectivamente, en el San Giuliano habían embarcado varios judíos venecianos y de otras ciudades italianas e, incluso, cristianos procedentes de Italia; sin embargo, la participación estos mercaderes es aquí residual y dista mucho de la anterior dependencia de los sicilianos de los medios genoveses y venecianos para llevar a cabo sus empresas marítimas mercantiles. Por su parte, la presencia en la barca de granadinos, tal vez también de castellanos y, sobre todo, de catalanes responde a la situación estratégica de Sicilia para el desarrollo del comercio mediterráneo y, por consiguiente, a los vínculos que durante mucho tiempo mantuvieron los habitantes del litoral ibérico con la isla, donde siempre habían sido bien recibidas sus embarcaciones para realizar travesías marítimas a lo largo de los dos sectores del Mediterráneo, máxime en el caso de los catalanes cuyo interés por el mercado de esclavos norteafricanos era compartido por sicilianos y concentró a no pocos catalanes en Trapani y Catania participando en él (Duran, 2005: 69, 72 y 81). En las bodegas del San Giuliano habían sido cargadas, en Palermo o en Trapani —única escala del viaje—, varios centenares de mercancías por las que se pagaron los correspondientes derechos de aduana en el puerto tunecino y por las que se solicitaron salvoconducto al sultán de Ifriqiya, que concedió vía libre para el tránsito y comercio a lo largo del territorio tunecino de las mercancías y mercaderes embarcados. Tabla 2. Mercancías cargadas en el San Giuliano <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Mercancia</td><td rowspan=1 colspan=1>Cantidad</td><td rowspan=1 colspan=1>Mercancia</td><td rowspan=1 colspan=1>Cantidad</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>algod6n en hilo</td><td rowspan=1 colspan=1>3 quintales,14rollos</td><td rowspan=1 colspan=1>joyas</td><td rowspan=1 colspan=1>[]</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>alumbre</td><td rowspan=1 colspan=1>16 sacas</td><td rowspan=1 colspan=1>orchilla</td><td rowspan=1 colspan=1>3 gerres</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>azafran</td><td rowspan=1 colspan=1>30 rollos</td><td rowspan=1 colspan=1>plomo</td><td rowspan=1 colspan=1>86 quintares</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>azufre</td><td rowspan=1 colspan=1>1 carratell</td><td rowspan=1 colspan=1>queso</td><td rowspan=1 colspan=1>66 hilos</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>carbonato de plomo</td><td rowspan=1 colspan=1>3 barriles</td><td rowspan=1 colspan=1>tartaro</td><td rowspan=1 colspan=1>1bota</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>cobre</td><td rowspan=1 colspan=1>]</td><td rowspan=1 colspan=1>textiles</td><td rowspan=1 colspan=1>[]</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>confite de azucar</td><td rowspan=1 colspan=1>1 carretell</td><td rowspan=1 colspan=1>trigo</td><td rowspan=1 colspan=1>[]</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>hilo de oro</td><td rowspan=1 colspan=1>3 caixetes</td><td rowspan=1 colspan=1>vino</td><td rowspan=1 colspan=1>3 botas</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>hoja de lat6n</td><td rowspan=1 colspan=1>80 docenas</td><td rowspan=1 colspan=1>yeso</td><td rowspan=1 colspan=1>[]</td></tr></table>. Tras partir de Sicilia, la barcha de Guglielmo di Gordato estuvo navegando durante algunos días, vía directa a Túnez, hasta llegar el 9 o el 10 de junio de ese mismo año a su lugar de destino, donde coincidió con otra nave que había partido de Valencia el 7 de marzo. Francesc d’Àries, mercader de Valencia, fue el fletador de la nave, llamada Sankt Christophorus y propiedad de Johannes Kohls, natural de Gdansk, en la histórica y hanseática región de la Pomerania. Figura 1. Itinerarios del Sankt Christophorus y del San Giuliano. Aunque de origen germánico, el Sankt Christophorus se definía por su nota de interculturalidad incluso antes de su disposición en el grao de Valencia, pues la compañía de a bordo estaba integrada no sólo por marineros y mercaderes del Sacro Imperio, sino también por flamencos, gascones, portugueses o venecianos, entre otros. En total, veintiocho personas navegaban junto a Johannes Kohls, entre marineros, servidores y dos auxiliares cuya presencia valida la naturaleza móvil, abierta y humana de la frontera marítima: los trujamanes. A bordo iban también dos pilotos de procedencia mallorquina y un escribano de Valencia, además de otros marineros de la Corona de Aragón. Asimismo, en la travesía de vuelta viajaron también varios pasajeros, los más de ellos mercaderes de Barcelona y de Valencia, además de Nicolau Julià, que ejercía de agente mercantil de d’Àries en Túnez y dirigía junto a él la sociedad mercantil encargada de esta empresa. Tabla 3. Compañía del Sankt Christophorus (ida y/o vuelta) <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Nombre</td><td rowspan=1 colspan=1>Oficio</td><td rowspan=1 colspan=1>Origen</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Hendrik van Amerongen</td><td rowspan=1 colspan=1>ministril</td><td rowspan=1 colspan=1>&amp;Condado de Flandes?</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Francesc d&x27;Aries</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Valencia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pere Baiona</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>iBarcelona?</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Andreu Cardona</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Antoni Castell</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Lluis d&x27;Eixarc</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Valencia?</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Arnau Falc6</td><td rowspan=1 colspan=1>tabernero</td><td rowspan=1 colspan=1>Valencia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Arnau Frasquet</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bernat Gilabert</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Valencia (εresidente en Fez?)</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bernat Godall</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Valencia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Jan de la Haye</td><td rowspan=1 colspan=1>ministril</td><td rowspan=1 colspan=1>iCondado de Flandes?</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1> Jan Hendrik</td><td rowspan=1 colspan=1>ministril</td><td rowspan=1 colspan=1>&amp;Condado de Flandes?</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pietro Jacomart</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1>Venecia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bernat Gironi</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Barcelona</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Nicolau Julia</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Valencia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Johannes Kohls</td><td rowspan=1 colspan=1> patrón de barco</td><td rowspan=1 colspan=1>Gdansk (residente en Valencia)</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Jordi Macip</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1>Mallorca</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Leonardo Mannelli</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Florencia (residente en Valencia)</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pere Marti</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Valencia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Marti Mir</td><td rowspan=1 colspan=1>pelaire</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Wilhelm Moll</td><td rowspan=1 colspan=1>trujaman</td><td rowspan=1 colspan=1>Sacro Imperio</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bertomeu Nicolau</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Barcelona</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Joan Pomer</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Peniscola</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bernat Pons</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Valencia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Esteve Puig-Ginest6s</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>Valencia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bartolomeo di Rello</td><td rowspan=1 colspan=1>mercader</td><td rowspan=1 colspan=1>&amp;residente en Tunez?</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Pere de Roda</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Marti Sanchis</td><td rowspan=1 colspan=1>marinero</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Henrik</td><td rowspan=1 colspan=1> trujaman</td><td rowspan=1 colspan=1>Noruega</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Hermano Julia</td><td rowspan=1 colspan=1>fraile (Frailes Menores)</td><td rowspan=1 colspan=1>iresidente en Tunez?</td></tr></table>. El fletamento fue firmado en Valencia el 25 de febrero de 1413 «con la intención y propósito de ir mercantilmente» al puerto de Túnez, haciendo escala en las principales ciudades comerciales de los reinos de Valencia, Castilla, Granada y Tlemecén.8 Entre las cláusulas pactadas, d’Àries hizo incluir, en primer lugar, la contingencia de un eventual desplazamiento a las ciudades de Orán o de Alcudia —la actual Ghassassa, cerca de Melilla—, durante los veinticinco días del tiempo de plancha en el puerto de Túnez. En segundo lugar, entre las escalas fijadas para la travesía de vuelta a Valencia propuso dos días útiles y cargables en algún puerto magrebí, previamente comunicado al patrón de la nave, y ocho días con las mismas características en la ciudad de Málaga. En tercer lugar, el contrato incluía una cláusula que permitía prorrogar el tiempo de actividad establecido hasta en diez jornadas, pagaderas al patrón de la embarcación por el duplo del importe diario acordado. Finalmente, se incorporó un acuerdo que el fletante expresaba en los siguientes términos: «inito et conveneo quod omnes proventus sive percatis, quomodocumque et qualitercumque deveniant supra dicte navi sint propria vestri, dicti mercatoris [Francisci Daries]». En las circunstancias descritas se produjo el avistamiento entre ambas naves, el Sankt Christophorus y el San Giuliano, un encuentro propiciado por la dilación del tiempo de plancha en Túnez. Lo importante de la concurrencia de ambas embarcaciones en el golfo tunecino es que, desde el momento en que Francesc d’Àries tuvo conocimiento de la condición de los bienes embarcados en el San Giuliano, su actitud y la de sus hombres se ajusta al estilo «bandido», —more predonis—: ante la negativa de la tripulación a permitirles el acceso a la embarcación, los predones primero la asaltan con fuerza y violencia y luego con razonamientos capciosos intentan convencer a los asaltados de sus justos derechos sobre las mercancías. En el acto depredador contra los judíos de la barca siciliana, d’Àries fundamentó esos justos derechos en un argumento jurídico cuya legitimidad era indudable, desde su perspectiva y la de sus seguidores, mientras los saqueadores confiaran en su validez: amparándose en la condición religiosa de sus propietarios y obviando el vasallaje compartido por asaltantes y asaltados, redujeron las mercancías judías a la categoría «de buena guerra». Que la compañía del Sankt Christophorus era consciente de la ilegalidad de la acción lo demuestra el intento por eliminar cualquier prueba del crimen, y prioritariamente el cartulario del escribano del San Giuliano, que a instancia de d’Àries fue robado por el escribano de la nave alemana y –no en vano– mozo del mercader valenciano. Sin embargo, la magnitud del botín exigía la complicidad no sólo del fámulo de d’Àries y del resto de sus subalternos, sino también de varios hombres de Johannes Coleth, que en efecto participaron en el saqueo. Y, aunque pueda resultar ilógica la decisión de unos marineros de arriesgar su seguridad, actuar contra las autoridades de un país musulmán —garante mediante salvoconducto de las mercancías apresadas— y colaborar en una operación depredadora de la que no obtendrían ningún beneficio directo, una última cláusula del fletamento desvela la comprometida situación en la que aquéllos se vieron envueltos. Cuando en febrero de 1413, mediante instrumento público, se firmó el mencionado contrato en Valencia, Johannes Coleth había dado a flete su embarcación al través o «d’alt a baix». Esta modalidad de alquiler naval se había difundido en la práctica contractual catalano-aragonesa de fletamentos de embarcaciones durante la segunda mitad del siglo xiv como consecuencia de las transformaciones del comercio marítimo mediterráneo operadas desde finales del siglo xiii y a lo largo de aquella centuria y revirtió en un mayor interés de los hombres de negocios mediterráneos por mercancías de reducido valor añadido y, por ello, en la necesidad de transportar mercancías heterogéneas y en grandes cantidades que exigían una amplia disponibilidad de espacio en las bodegas de las naves. El fletamento al través o «d’alt a baix» se caracterizaba, así, porque el alquiler afectaba a totalidad de la nave, dividida en unidades de carga o «quintarades» (García Sanz, 1978: 245-248). Sin embargo, el mercader valenciano no sólo se procuró todo el espacio de la nave susceptible —por derecho marítimo— de alquilar a un fletador para el transporte de mercancías, sino que además se reservó la propiedad de todas las «quintarades» de los marineros —y en espacio de carga similar al de ellos— que debería pertenecerles según la «costumbre de España». Amén de la incidencia de la «costumbre de España» en el fletamento firmado entre d’Àries y Coleth, y en general en el ámbito marítimo,9 en función de este mismo derecho consuetudinario todas las eventuales ganancias derivadas del desarrollo de una empresa marítima mercantil debían repartirse en tres partes iguales: una correspondería al mercader que había fletado la embarcación, otra a la nave y una tercera a la compañía.10 Asimismo, el Llibre de Consolat de Mar establece que un número determinado de «quintarades», debía repartirse entre los marineros que habían trabajado durante el viaje en tanto que porcentaje sobre el producto del flete.11. Abarcando todo el espacio de carga del Sankt Christophorus, d’Àries podía obtener mayor beneficio del fletamento. Así, aunque los marineros hubieran teniendo derecho a una parte del botín, éste no podría haber sido embarcado en el Sankt Christophorus por quedar todas las «quintarades» de la nave en propiedad del mercader de Valencia; y, contrariamente, aunque ésta hubiera tenido espacio para cargar la parte del botín de aquéllos, no podrían haberlo hecho por no tener reconocido en el contrato de fletamento un derecho de apropiación parcial del mismo. De esta forma, d’Àries se encontraba ante una situación muy favorable para negociar con los marineros dispuestos a colaborar en el asalto, mediante la cesión de algunas «quintarades», haciéndose con una porción del botín mayor de lo que por derecho o costumbre le pertenecía. En efecto, el acuerdo alcanzado entre d’Àries y algunos hombres de Coleth no satisfizo a toda la compañía, especialmente a su propio agente mercantil en Túnez, Nicolau Julià. La intransigencia del factor de d’Àries respecto al acto depredador cometido contra los judíos sicilianos suponía un serio problema para su éxito y precipitó episodios de violencia verbal que traspasaron el límite de la distensión y provocaron que aquél temiera por su seguridad. Al fin y al cabo, la violencia era un mecanismo que la tensión provocada por la facticidad del delito hacía surgir como mecanismo de autoprotección, en general, y de salvaguardia de los intereses personales, en particular: cuando, el 8 de junio de 1413, el Sankt Christophorus partió del puerto de Túnez dispuesto a emprender el viaje de regreso a Valencia, Nicolau Julià no había podido cargar en la embarcación todos los cueros que había fletado a su socio d’Àries para llevar a la capital valenciana a causa del espacio ocupado en las bodegas por las mercancías judías, debiendo en consecuencia dejar un millar de aquellas pieles en la capital tunecina. Así que, consciente de que una actuación en contra de lo establecido por las autoridades de Ifriqiya podría comportar la retención o toma en prenda de las mismas, Julià empezó a mostrarse nervioso, profiriendo gritos y vilipendios a los miembros de la compañía que habían participado en los hechos. La reacción de éstos fue contundente: recurrieron a la extorsión y, amenazando con darle mal viaje o arrojarlo al mar, consiguieron su silencio condicional hasta Valencia. Pero d’Àries debía aún resolver otro problema antes de llegar a Valencia, pues, aunque la nave no se había desplazado a Túnez en modo pirático, los judíos asaltados eran vasallos del rey de la Corona de Aragón y gozaban de su protección; de manera que los beneficios eventuales del viaje se habían conseguido malo modo. Unos bienes ilegítimos como los embarcados en la nave alemana no podrían haberse descargado y comercializado en la capital valenciana sin pasar antes por la corte del baile general, donde además d’Àries habría debido declarar el botín y renunciar a una parte del mismo; así que, de acuerdo al itinerario de regreso a Valencia establecido en el contrato de fletamento, descargó en Málaga las mercancías de los judíos de Sicilia y durante ocho días las distribuyó allí, en Almería y en Granada. No es baladí la elección de esta escala en la travesía de vuelta que hizo incluir d’Àries en el fletamento. Participando de la penetración del grupo mercantil cristiano de Valencia en el reino de Granada durante la primera mitad del siglo xv, Francesc d’Àries comenzaba por el año en que ocurrió el episodio descrito a orientar sus intereses mercantiles hacia la costa granadina, hasta el punto de establecer allí centros de operación desde los que dirigía sus inversiones durante intervalos de tiempo variables. Así, si en 1412 participaba ya en el comercio con Granada avalando una galeota que recorría el trayecto Almería-Málaga desde Valencia (López Pérez, 1995: 200; Salicrú, 2007: 224), en 1415 se había afincado en Málaga y mantenía estrechos contactos comerciales con la ciudad de Granada, estableciendo para ello una red mercantil en la que agentes musulmanes actuaban de intermediarios de sus negocios granadinos.12 Sus relaciones con la sociedad granadina le acercó incluso a la élite dirigente nazarí, hasta el punto de mediar ante ellos por los reyes aragoneses y de conseguir del sultán el monopolio de importación y venta de la sal en el reino de Granada.13 Su vinculación con los principales centros económicos granadinos fue permanente a lo largo de la vida de este mercader valenciano, como demuestra el que en 1452, en un momento ya de avanzada edad, entregue en ofrenda una arroba de velas de sebo a la iglesia de los mercaderes cristianos de Almería, donde poseía también una casa propia (Hinojosa, 1978: 120; Hinojosa, 1987: 100; Salicrú, 1999b: 127; Salicrú, 2007: 216). 3. Manifestaciones de la frontera marítima. El episodio descrito en los párrafos anteriores demuestra que, en la medida en que el Mediterráneo no estaba incorporado a ningún espacio político de los poderes marítimos, cualquier actuación de uno de ellos o, incluso, de un súbdito a título individual podía tener vía libre; y no sólo frente a otro poder polí- tico o vasallo, sino que muchas veces la frontera se situaba en el interior de las compañías marítimas, propiciando fenómenos de interculturalidad, solidaridad y violencia que se intensifican cuando hay minorías étnico-religiosas por medio (Salicrú, 2000: 693-694). El mar quedaba por encima de las realidades políticas de la frontera terrestre, porque las traspasaba en función de la voluntad humana y de la lógica del beneficio económico. Así entendida, la concepción de la frontera marítima no depende tanto de la nacionalidad, o la procedencia de las personas o las mercancías, como de las iniciativas individuales. Francesc d’Àries conocía muy bien el desconcierto que generaba el mar en tanto que frontera marítima, de modo que cuando tuvo conocimiento de la obediencia de los judíos del San Giuliano al rey de Aragón, un simple mecanismo de despersonalización de «el otro» fue suficiente para perpetrar sus actos. Alegando el desconocimiento del vasallaje compartido por asaltantes y asaltados, sus acciones podían ser legítimas sobre unas mercancías tomadas en virtud de la condición de sus propietarios. El argumento «de buena guerra» se presenta así como una particular institución jurídica a merced de la confusión en el mar y aplicable en función de las ventajas y desventajas que una eventual capción pudiera implicar en relación a los objetivos impuestos, una decisión que debe tomarse, además, de forma inmediata, en condiciones extremas y bajo estados de fuerte excitación, por lo que no cabe esperar que se base en una evaluación correcta (Torró, 2008: 442). Cuando la negativa de algunos marineros truncó los planes de d’Àries, el mercader valenciano se vio obligado a negociar con ellos. Ello explica la participación de algunos miembros de la compañía en la capción de un botín por lo demás ilegítimo y, sobre todo, permite comprender la rápida liquidación de las mercancías apresadas en Málaga y Granada y, con ello, la eliminación de toda prueba, además de la elusión del pago ante la autoridad valenciana. De todo ello se desprende la utilidad de la fuente utilizada para profundizar en el conocimiento de la frontera marítima. En el medievalismo hispánico, en general, y en el catalano-aragonés en particular, son numerosos los trabajos sobre la frontera terrestre; no tanto los centrados en la otra frontera, por lo demás estudiada a partir de registros de Cancillería, ricos en datos sobre episodios de violencia intercultural y/o internacional, reclamaciones por actos de piratería y confesiones de cautivos. Pero, junto a los legajos cancillerescos, también los libros de bailía general contienen una valiosa información sobre los negocios marítimos, los delitos cometidos en el mar, las autorizaciones para armar barcos y practicar el comercio exterior, etc. Asimismo, los protocolos notariales y otros fondos conservados en el Archivo Municipal de Valencia —en concreto las lletres misives— presentan amplias posibilidades de estudio y no constituyen vías agotadas de investigación. En rigor, el recurso a una u otra fuente está condicionado al tipo de estudio a realizar y, por ello, a las múltiples expresiones de la frontera marítima. Si, ante todo, la frontera marítima puede manifestarse en tanto que frontera natural y en tanto que frontera humana —dimensión, esta última, que no puede ignorarse, en la medida en que condicionaba no sólo la navegación, sino también la vida marítima y la serie de actividades que llenaba de significado su existencia—, parece lógico que la investigación pionera en los estudios fronterizos sobre el Mediterráneo bajomedieval centre su atención en ambas dimensiones, sin subordinar una a la otra. El ejemplo de Abrafim Genim, de principios de 1413, es un reflejo evidente de la realidad del Mediterráneo bajomedieval. Si, tal y como la ha definido Roser Salicrú la frontera marítima venía determinada, o se desplazaba, con cada nave, e incluso —a juzgar por la composición de las compañías mercantiles— en el interior de la misma, el contacto entre dos embarcaciones sin embargo podía situar la frontera en un límite transmutado que no siempre corresponde con una frontera terrestre. El mar, pues, a lo largo del periodo bajomedieval quedó por encima de las realidades políticas de la frontera terrestre, porque las traspasaba en función de la voluntad humana y de la lógica del beneficio económico. Así entendida, la concepción de la frontera marítima no dependía tanto de la nacionalidad, o la procedencia de las personas o las mercancías, como de las iniciativas individuales. Sólo así se comprende que las comunidades musulmanes y judías, frente y junto al grupo social mercantil cristiano, alcanzaran un volumen comercial notable en el tráfico norteafricano, diseñando estrategias y mecanismos de integración y negocio y, también, conociendo los problemas de mantenimiento, supervivencia y éxito de inversiones en este tráfico comercial, como los propios de la frontera marítima mediterránea —corso, piratería y/o formas de violencia—, la exclusión de redes económicas, el favoritismo fiscal y las detenciones e impedimentos puntuales de sus actividades. El desarrollo de unas formas de negocio condujo a construir específicas y notables empresas musulmanas y judías, como la reseñada, unos sistemas de relación con las colonias cristianas —junto con sus correligionarios en el Magreb y el sultanato nazarí—, no exentas de intermitencias y apoyos específicos en los que, junto a las cotidianidades suscitadas en la frontera marítima, funcionaban también los lazos de solidaridad y negocio con mercaderes e instituciones cristianas. Referencias bibliográficas. Alar cón, Maximiliano A.; Gar cía , Ramón (1940), Los documentos árabes diplomáticos del Archivo de la Corona de Aragón. Madrid-Granada, Escuelas de Estudios Árabes de Madrid y Granada. Ar ié, Rachel (1990), L’Espagne musulmane au temps des Nasrides: 1232-1492. París, De Boccard, 1990. Bar celó, Carmen; Labar ta , Ana María (1990), «Los cuadernos árabes del reino de Granada: bibliografía y perspectivas», Cuadernos de la Alhambra, 26: 113-119. 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16,593
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Procesiones y religión cívica en Zaragoza. Los pregones del Concejo entre 1450 y 1500
PROCESIONES Y RELIGIÓN CÍVICA EN ZARAGOZA. LOS PREGONES DEL CONCEJO ENTRE 1450 Y 1500. PROCESSIONS AND CIVIC RELIGION IN ZARAGOZA: THE COUNCIL PROCLAMATIONS BETWEEN 1450 AND 1500. Inmaculada Mel ón Juncosa Universidad de Zaragoza. Resumen: El Archivo Municipal de Zaragoza conserva gran número de pregones entre 1450 y 1500. En muchos de ellos, los jurados de la ciudad convocan a los zaragozanos a participar en distintas procesiones religiosas. Su lectura permite confeccionar una tipología procesional, estudiar las devociones más comunes, describir las rutas procesionales habituales y analizar el papel de las autoridades civiles en un fenómeno típicamente religioso para concluir si podría hablarse de religión cívica en la Zaragoza de la segunda mitad del siglo xv. Palabras clave: religión cívica, procesiones, pregones, Zaragoza, siglo xv, 1450-1500. Abstract: The Municipal Archives in Zaragoza keep a large number of proclamations between 1450 and 1500. In many of these, the aldermen summon the inhabitants to participate in various religious processions. Through detailed reading, it is possible to make a processional typology, to study the most common devotions, to describe processional routes and to analyse the role of the civil authorities in these religious events to conclude whether it might be possible to speak of civil religion in Zaragoza in the second half of the $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. Key words: civic religion, processions, proclamations, Zaragoza, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century, 1450-1500. 1. Introducción. El estudio de las procesiones presenta múltiples facetas, desde las puramente devocionales y rituales hasta las económicas, culturales, identitarias y simbólicas. Los historiadores se han acercado a él desde la especificidad del dogma cristiano y desde la universalidad de los referentes antropológicos, pero también con la visión cercana y diferenciadora de los estudios locales en las distintas ciudades europeas. Desde las obras de Vauchez y Chiffoleau de los años $8 0 \mathrm { y } 9 0$ del siglo xx sobre la espiritualidad y la religión cívica, se han multiplicado los estudios sobre procesiones y otro tipo de rituales para ciudades como París, Tours, Angers, Brujas, Bolonia, etc. También la ciudad de Zaragoza ha sido objeto de atención por parte de historiadores e historiadoras del ámbito de la Corona de Aragón. Este artículo pretende enraizarse dentro de esta corriente y seguir la estela de trabajos como los de Falcón Pérez, Mateos Royo, Rodrigo Estevan, Narbona Vizcaíno, Serrano Martín, Buesa Conde, Del Campo Gutierrez, Tello Hernández y Jean Pierre Barraqué entre otros.1. Se pretende realizar un análisis de las procesiones religiosas en la Zaragoza de la segunda mitad del siglo xv utilizando para ello la información que proporcionan al respecto los Libros de Pregones.2 Para este estudio se han seleccionado los 132 pregones de convocatoria de procesiones emitidos en la ciudad entre 1450 y 1500 por orden de los jurados de Zaragoza. Estos pregones que se han conservado no sólo proporcionaron información imprescindible a los zaragozanos en su día a día, sino que contenían cláusulas prohibitivas, mandatos o incluso sanciones para los que contraviniesen las órdenes municipales. Convenía, pues, hacerlos llegar a todos los rincones de la ciudad y no es difícil imaginar que los pregoneros al servicio del Concejo gritaron sus pregones no sólo desde la propia sede del gobierno municipal sino desde de múltiples ubicaciones. Estos lugares fueron conocidos por todos —razón por la que no se considera necesario mencionarlos en el propio pregón— y los moradores de la urbe acudían a ellos con regularidad para ponerse al corriente de las disposiciones de los munícipes. De esta forma, y estudiando la relación de las procesiones con los poderes locales tanto por lo que respecta a la organización como al simbolismo que supone el control del espacio urbano, se busca concluir si es posible aplicar el concepto de religión cívica postulado por Vauchez (1995: 1): «l’ensemble des phénomènes religieux —cultuels, dévotionnels ou institutionnels— dans lesquels le pouvoir civil joue un rôle déterminant, principalement à travers l’action des autorités locales et municipales.» En el centro de esta definición se encuentra el problema de la apropiación de los valores religiosos por los poderes civiles locales que son, en determinado momento, lo suficientemente fuertes como para tomar la iniciativa en este ámbito sin encontrar excesiva resistencia u oposición de las autoridades eclesiásticas. Para este autor (Vauchez, 1995: 2) es posible hablar de religión cívica cuando la comunidad civil se arroga prerrogativas más o menos extensas en el campo religioso, como por ejemplo la gestión de donativos para la construcción de edificios religiosos, la gestión económica de los hospitales y las obras de caridad y un cierto control sobre las reliquias de los santos o la organización de las procesiones. Este fenómeno, que se habría producido en los últimos siglos de la Edad Media, habría estado impulsado por distintos factores como la necesidad de las autoridades locales de estimular un sentimiento de unidad, identidad y paz social en un momento de tensión entre los grupos urbanos o la aspiración de las élites de controlar los asuntos de interés común y mantener su posición de privilegio. El primer problema que el propio Vauchez encuentra es el peligro de asimilar la noción de religión cívica a un movimiento de secularización abierto o incluso larvado. Se trataría más bien de un proceso que llevaría aparejados dos objetivos. Por un lado, crear un vínculo sagrado entre la ciudad y las autoridades municipales a través del control de las prácticas religiosas; por otro, revestir a la autoridad civil de un carácter sagrado, de forma que se potenciara su legitimidad. En este control del fenómeno religioso no existiría necesariamente una rivalidad entre el poder civil y el religioso sino, más bien, un círculo de beneficio mutuo. Como en todo tipo de religión, el papel de los ritos y ceremonias es también esencial en la religión cívica. El rito proporciona una experiencia vital y, en el caso de los ritos colectivos, la participación en él es valiosa para la totalidad del grupo. El rito y la celebración religiosa reflejan a la par que crean una cosmovisión a través de los símbolos. Para los que participan en las ceremonias, estas son «materializaciones, realizaciones, no solo de lo que creen, sino que son también modelos para creer en ello.» (Geertz, 2003: 108) Las procesiones están íntimamente ligadas a las fiestas y constituyen, en muchas ocasiones, el rito principal. Podemos definirlas como desfiles religiosos en grupo que recorren un lugar como muestra de fe. En función de las ciudades y sus circunstancias, es posible trazar una tipología procesional, analizar las devociones y motivos procesionales y estudiar qué tipo de autoridad las origina. Por lo que respecta a su naturaleza, las procesiones son acontecimientos colectivos (al contrario que las peregrinaciones), lo que añade una dimensión social a su carácter litúrgico. En una procesión general, el espacio que forma la ciudad juega un papel fundamental. Lo divino sale del templo a la calle, borrándose los límites entre el espacio sagrado y el profano. Las calles por las que pasa la procesión se colocan bajo la protección divina y se someten a las normas del espacio religioso. Simultáneamente, lo profano entra en lo sagrado, lo cual exige extremar el cuidado para que no haya riesgo de contaminación (Leone, 2014: 315-316). A finales de la Edad Media, en algunas ciudades europeas comenzaron a formarse sistemas procesionales en los que se mezclaba liturgia, política y sociedad. En ellos, los motivos, la frecuencia y la autoridad de la que parte la organización de la procesión son factores primordiales para formular una tipología. Entre los motivos ocupan un lugar destacado la devoción al Cuerpo y Sangre de Cristo y a la Virgen y la veneración a los santos patronos de la ciudad —tendencia que se intensificó a finales de la Edad Media. Aunque las ciudades podían tener un patrón principal, muchas de ellas contaron también con una cohorte de santos protectores. Las razones para elegir un santo patrón fueron múltiples, pero una de las determinantes fue la presencia en la ciudad de las reliquias del santo, que tanto la ciudad como la iglesia en la que se custodiaban intentaban promocionar. 2. Las procesiones en la Zaragoza de la segunda mitad del siglo xv. El gran número de cridas de procesión presentes en los Libros de Pregones apunta al papel que jugaron estas ceremonias religiosas tanto para las autoridades municipales como para toda la sociedad civil zaragozana de la Baja Edad Media. En especial, las procesiones solemnes significaban para los munícipes la ocasión de hacer visible su autoridad a través de la organización y gestión de las mismas; para los vecinos, su implicación en la res publica y su colaboración con el bien común; para Zaragoza en general, la ocasión de mostrar su importancia y su identidad como ciudad. La documentación presenta gran irregularidad en la cadencia anual de las procesiones zaragozanas. Es de suponer que parte de los pregones se hayan perdido con el paso del tiempo, pero no deja de sorprender el hecho de que, en años cercanos, el número de llamamientos a los vecinos a participar en procesiones sea tan dispar. (Figura 1). NÚMERO DE PROCESIONES ENTRE 1450 Y 1459 Figura 1. Llamamientos a procesiones zaragozanas entre 1450 y 1459 según los Libros de Cridas. (Elaboración propia). En cuanto a la tipología procesional, conviene, en primer lugar, diferenciar entre lo que constituiría un ciclo procesional regular y las circunstancias que llevarían a las autoridades a recabar la participación ciudadana en momentos específicos. Atendiendo a la periodicidad, es posible clasificar las procesiones en la ciudad de Zaragoza en dos grupos: a) Procesiones ordinarias o regulares. Aparecen en la documentación casi todos los años o los pregones las califican de procesiones acostumbradas; son utilizadas por las autoridades para crear una identidad urbana. b) Procesiones ocasionales o extraordinarias. No se ajustan a un calendario sino a condiciones excepcionales en la ciudad o el reino y muestran claramente las preocupaciones de la ciudad en coyunturas específicas (guerras, pestes, etc.). 2.1. Procesiones ordinarias o regulares. Seleccionando las procesiones de carácter ordinario a las que aluden los pregones, es posible establecer un calendario —teniendo en cuenta la presencia de algunas variantes— a lo largo del periodo 1450-1500: — 20 de enero: san Fabián y san Sebastián. — 12 de marzo: san Gregorio (en la década de los 50 del siglo xv ). — Antes del 18 de marzo: san Braulio (solo existe la crida de 1452 anterior al mes de mayo). — 25 de marzo: Encarnación de la Virgen María. — 16 de abril: santa Engracia. — 23 de abril: san Jorge, desde 1461. — Primer domingo de mayo: santa Catalina de Siena (solo existe la crida de 1465 en la que se ordena que se celebre su fiesta cada año). — Corpus Christi (fecha móvil). — 19 de junio: san Gregorio y san Lamberto desde 1481. Entre 1459 y 1481 la festividad de San Gregorio cambia de marzo a los alrededores del día 20 de junio. Julio, primer domingo siguiente a la octava de san Pedro y san Pablo (29 de junio) desde 1493 (Llompart, 1988: 250): Ángel Custodio. En los años 50 del siglo xv los pregones anuncian la fiesta entre los meses de mayo y junio. En 1481, la crida de la fiesta de san Gregorio y san Lamberto menciona la coincidencia, hasta ese año, de la fiesta del Ángel Custodio y la de san Lamberto (19 de junio). — 3 de noviembre: santos Mártires. — 8 de diciembre: Concepción de la Virgen María. — 28 de diciembre / 8 de enero: santos Inocentes. En función de la devoción a la que atienden, podemos dibujar cuatro grandes grupos procesionales y analizar su vinculación con las autoridades civiles, tanto municipales como reales. 2.1.1. Las devociones cristológicas. Las dos festividades de carácter cristológico en la Zaragoza de finales del siglo xv son el martes de Pascua de Resurrección y el Corpus Christi,3 ambas ligadas a la identidad de la ciudad. Con motivo de la primera, se celebraba una procesión ordinaria al Hospital de Gracia4 de la que nos ha quedado constancia en dos pregones de $1 4 6 5 ^ { 5 }$ y 1486.6 Esta procesión del martes de Pascua podría estar en relación con la elección de cargos mayores y menores del Hospital que, como menciona Falcón Pérez (1980: 194) tenía lugar el primer miércoles después del domingo de Resurrección, es decir, al día siguiente. Por lo que se refiere a la celebración del Corpus Christi en la capital aragonesa, las primeras noticias se remontan a $1 4 2 3 \ \mathrm { y } ,$ en el periodo estudiado, se detecta una creciente implicación del Concejo en su organización y control. En estos cincuenta años contamos con quince pregones de Corpus Christi,7 cada vez más elaborados y prolijos en detalles. A medida que pasan los años aparecen en ellos elementos nuevos —como la utilización de candelas, carrozas para los entremeses o múltiples prohibiciones a los vecinos y, en especial, a las minorías religiosas— que tienden a perpetuarse en la liturgia procesional construyendo un evento progresivamente más complejo y festivo. Es precisamente este creciente carácter lúdico y sus excesos lo que lleva a las autoridades a extremar, con el paso del tiempo, las medidas de orden público y el decoro debido al sacramento, manifestándose también de este modo una mayor implicación del poder civil en la celebración. Así, si bien en $1 4 5 0 ^ { 8 }$ el Concejo solo prohíbe, bajo pena de 5 sueldos, ir a caballo por donde transite la procesión, a partir del año $1 4 7 2 ^ { 9 }$ tal infracción supondría la pérdida de la cabalgadura a beneficio de la ciudad; en $1 4 5 5 ^ { 1 0 }$ se prohíben caretas, juegos y cohetes bajo pena de cárcel; en $1 4 5 9 ^ { 1 1 }$ la prohibición se amplía a los entremeses de carácter deshonesto y los disfraces de diablo (a no ser que el individuo vaya en el entremés del infierno) y en $1 4 7 4 ^ { 1 2 }$ se decretan penas de azotes para los que osen disfrazarse de fraile o capellán. Los dramas religiosos vinculados en buena parte con esta fiesta y conocidos como entremeses están relacionados con el modelo de evangelización promovido por las órdenes mendicantes. Al ser realizados a modo de teatro ambulante, en calles y plazas y sobre carros decorados, era imprescindible la colaboración de las autoridades civiles que debían organizar el espacio y el momento en el que tendrían lugar, hacer compatible estos dramas con la actividad diaria de la ciudad y garantizar el orden público durante los mismos. Los entremeses del Corpus de Zaragoza aparecen citados por primera vez en los pregones en 1459: Item mandan los ditos jurados que qualquier persona que hira en los entremeses que en la dita fiesta se faran o por la carrera por do la dita procession ha de passar que yra cubierto de caraça o con habito de diablo que no pueda hir en la dita procession ni por la dita carrera sino que vayan ensemble et en la companya de aquellos qui fazen el entremes del infierno.13. Permitir que las personas circularan disfrazadas por las calles atentaba contra el decoro de la fiesta, pervirtiendo el sentido religioso del drama y potenciando el elemento lúdico. Además, los disfraces y caretas trastocaban el orden social y perturbaban la tranquilidad de las calles, motivo por el que las autoridades eran especialmente estrictas sobre el dónde y cuándo estaban tolerados. Era necesario regular el espacio en el que tendrían lugar los entremeses por dos motivos fundamentales: primero, por el riesgo, comentado anteriormente, de borrar los límites entre el espacio sagrado y el profano; segundo, por la propia logística del evento, ya que concentrar los actos permitía un control y una organización más sencilla a las autoridades. Por eso, en Zaragoza, la celebración de entremeses se regulaba en tiempo y espacio, variando según los años: en el Mercado, a las dos del mediodía (1459);14 en la plaza de la Diputación, el cap de la carrera, la casa de micer Guallat, el Mercado y delante de casa de micer Paulo (1472);15 en el Mercado después de comer (1476);16 en la plaza de la Seo primero y en el Mercado después de comer (1480).17. Esta última crida insiste en que la gente se abstuviese de celebrar entremeses en otros lugares bajo pena de severas multas. Sin embargo, en lo que parece una claudicación ante la evidencia de la popularidad de los entremeses y la dificultad de controlar el desbordamiento festivo, en 1488 una coletilla añade que «fecha la procession se puedan desfresar et fazer caraças et entremeses por alegria de la fiesta».18 Con el paso del tiempo, se incrementaron también las disposiciones que afectaban a la limpieza y decoración del espacio público, a las minorías étnico-religiosas y a la presencia en la procesión de las reliquias de los santos locales, aspectos que se analizarán más adelante. 2.1.2. Las devociones marianas. El 7 de diciembre de 1450 se registra la única mención a la Inmaculada Concepción, aunque la propia crida refiere la costumbre de celebrar la fiesta en el monasterio de San Francisco: […] como en la Santa Sinodo de Basilea ultimament celebrada se haya declarado dever seyer tenida por los fieles christianos la fiesta de la Conçepcion de la Virgen Maria la qual es cras martes e se celebrara su fiesta do se costumbra celebrar et festivar en el monesterio de Sant Ffrancisco de la dita ciudat […]19. Recordemos aquí la defensa de este dogma por la comunidad franciscana y la influencia de esta orden en la Corona de Aragón. La ciudad asume esta influencia franciscana y se suma, con la comunidad de hermanos, a la fiesta de la Inmaculada Concepción —dogma decretado en el sínodo de Basilea de 1439, defendido desde Juan Duns Scoto por los franciscanos y combatido, entre otros, por los dominicos. La disolución del sínodo por el papa Eugenio IV dejó sin efecto todas las disposiciones, entre ellas el referido dogma que no sería definitivamente declarado por la Iglesia hasta la publicación de la bula Ineffabilis Deus de 1854. En Zaragoza, esta fiesta se encontraba especialmente ligada al gobierno de la ciudad ya que desde 1333 la Inmaculada se convirtió en patrona de los oficiales municipales, agrupados bajo dicha advocación (Tello, 2013: 80). Desde que en 1414, Fernando I dotara a la ciudad de sus ordenanzas, la provisión de cargos municipales se celebró el día 7 (en ocasiones el 8) de diciembre; de esta forma, los fastos de la Inmaculada adquirían mayor solemnidad y se hacía posible contar con los nuevos cargos electos (Falcón, 2011b: 182).20 Un pregón de 1450 anunciaba a los zaragozanos la concesión de 140 días de indulgencia a todos los que acudieran a celebrar la fiesta. Animando de esta forma a la participación de los vecinos, los nuevos cargos municipales se garantizaban su visibilidad y reconocimiento en la ciudad. A pesar de ello, la mención a fiesta de la Inmaculada desaparece de los Libros de Pregones en fechas posteriores. 2.1.3. Las devociones a santos y ángeles. Permítaseme en este punto alterar el orden jerárquico y hablar primero de las devociones a santos y ángeles, por motivos de organización del discurso, para terminar en el siguiente apartado con los patronos y votos de la ciudad. La mayor parte de las devociones a santos y ángeles están de uno u otro modo vinculadas con la ciudad o el reino del que es capital, quizá a excepción de la devoción a Santa Catalina de Siena y la devoción a los santos Fabián y Sebastián. La celebración de estos santos el 20 de enero parece responder a una devoción popular ya en marcha en 1450, año en el que se celebra una procesión al monasterio del Carmen. Recordemos que es este un año de peste y que san Sebastián estaba considerado como un santo protector ante este tipo de catástrofes. No en vano, a finales de la Edad Media había surgido un tipo de representación del santo similar al de las vírgenes de Misericordia en las que san Sebastián protegía de la peste a los fieles que buscaban cobijo bajo su manto. En 1455, y atendiendo a la devoción que la ciudad guarda a los santos, se decide convertir la fiesta en ordinaria y guardarla como el domingo: […] por quanto la dita ciudat ha en grant devocion et reverencia los gloriosos martires senyor sant Ffavyan e sant Sevastian de los \quales/ en cada un anyo se faze grant fiesta e solempnidat en el monasterio del Carmen de la dita ciudat e por tal que sian intercessores con Nuestro Senyor Dios que por su infinida clemencia quiera guardar e preservar aquesta ciudat de toda pestilencia es stado deliberado que la fiesta de los ditos Santos Martires sia tenida e guardada daqui adelant cada un anyo en la dita ciudat.21. El resto de las procesiones ordinarias en honor a los santos o ángeles guardan una relación más estrecha con la ciudad. Este es el caso de la fiesta de los Santos Inocentes,22 en la que se procesionaba al Hospital de santa María de Gracia partiendo de la Seo a las 7 horas. En 1486, el pregón nos informa de que el sermón estuvo a cargo del «reuerent maestre Benet, ffrayre del Monesterio de Santa Maria de Jhesus»,23convento de hermanos franciscanos fundado en 1447 y situado en el arrabal de Altabás. No sabemos nada más de la identidad de tal predicador, pero el hecho de que se especifique su nombre parece indicar que se estaría recurriendo a una figura conocida para atraer a una mayor cantidad de público. La relación de esta fiesta con el Hospital de Gracia ha sido explicada por Raúl Villagrasa en su libro sobre la red hospitalaria en Aragón: El término «inocentes» hacía referencia a los niños, o en el caso del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, los expósitos de los que se hacía cargo […] En segundo lugar, los dementes también comenzaron a identificarse en época medieval con estos Inocentes […] Es interesante observar que ambas fechas, el 28 de diciembre y el 8 de enero, y ambos grupos, huérfanos y dementes, comparten festividades en época medieval […] Tanto unos como otros, expósitos y locos, siguieron siendo mantenidos por el Hospital de Nuestra Señora de Gracia más allá del siglo xvi. (Villagrasa, 2016: 65-68) La implicación del Concejo en esta institución es evidente ya que, para su sostenimiento, el Hospital contaba con rentas administradas por el municipio (Muñoz, 1944: 150); además, parte de la recaudación de las multas impuestas por el Concejo se aplicaban al Hospital, como refieren los pregones en múltiples ocasiones: «…dius pena de veint sueldos yrremisiblement levaderos de aquell o aquellos que contra lo sobredicho en cosa alguna vendran aplicaderos al spital de santa Maria de Gracia».24. Devociones comunes en la Corona eran san Jorge y el Ángel Custodio. Hay que apreciar en ellas su importancia para la construcción de la identidad de Zaragoza como capital del reino de Aragón, un reino que era, a su vez, cabeza simbólica de la Corona. Disponemos de cuatro pregones de la fiesta de san Jorge (23 de abril): el de 1472 —con procesión a la capilla de san Jorge en la Aljafería— y los de 1478, 1479 y 1486 a la iglesia de santa María del Temple. La figura de san Jorge estuvo desde su aparición vinculada a la milicia cristiana. Desde finales del siglo xi su culto esta atestiguado en tierras catalanas y aragonesas, «proliferando apariciones como San Jorge Matamoros en las batallas contra los infieles» (Narbona, 1996: 316). Pedro IV (1336-1387) impulsó la devoción a san Jorge en la Corona de Aragón como santo protector en la batalla. Así, durante la guerra contra Pedro I de Castilla, los ejércitos aragoneses avanzaron tras la enseña del santo (Narbona, 1996: 316) y los obispos le dedicaron misas diarias para lograr su favor (Lafuente, 2008). La devoción a san Jorge se generalizó en muchas partes de la Corona. En Valencia, por ejemplo, la fiesta se observaba ya en 1343 y en Zaragoza se dedicaba una capilla al santo en el palacio de la Aljafería unos años más tarde. En 1407 comenzó a celebrarse fiesta en Mallorca y en 1456 en Cataluña. Sin embargo, hubo que esperar a 1461 a que Juan II ordenara que fuera fiesta oficial en Aragón, como recuerdan dos de las cridas del Concejo (22 de abril de 1478 y 22 de abril de 1479): […] por solempnizar la fiesta del glorioso Senyor sant Jorge […] porque el Senyor Rey manda ffestivar la ffiesta juxta los actos de la cort de Calatayut se ffazen solempne processione en la fforma e manera que se ha acostumbrado fazer en Valencia e en otros regnos.25. Se trata de una fiesta fomentada desde el poder y que se refuerza en la baja Edad Media. La festividad se ha de guardar por orden del rey, del Padre Santo y de los Fueros del Reino con la solemnidad del domingo, es decir, sin realizar trabajo alguno. No hablamos aquí de una devoción popular sino más bien de la nobleza y de la monarquía, institución que se sirvió de la figura de san Jorge como instrumento para aglutinar al estamento militar y asentar su poder. Esta relación entre monarquía y divinidad es un fenómeno bastante generalizado en Europa a partir del siglo xiii, y está en consonancia con el fortalecimiento del poder monárquico en la configuración de los grandes estados europeos. La monarquía inglesa, por ejemplo, conoció una vinculación especial también a San Jorge expresivamente documentada; mientras la castellana, por su parte, continuó desarrollando su relación con Santiago. (Lafuente, 2008: 435-336) Los pregones de los años 1478, 1479 y 1486 anuncian procesiones en honor a san Jorge con destino a la desaparecida iglesia de Santa María del Temple, en plena guerra con el reino de Granada. De forma excepcional, en 1472, la ciudad había acudido por la fiesta y en procesión de acción de gracias a la capilla de san Jorge en la Aljafería. El motivo hay que encontrarlo en el hecho de que el futuro Fernando II se encontrara residiendo en el palacio. Unos días antes, había entrado en la ciudad bajo palio y ahora príncipe y reino celebraban la recuperación del Rosellón y la Cerdaña, territorios patrimoniales del rey de Aragón desde Jaime I y —debido a las tensiones en Cataluña— en litigio con Francia. [...] gracias a Nuestro Senyor Dios de la rendicion fecha de la villa de Perpinyan e todo el condado de Rossellon e Cerdanya a la obediencia e dominio del Senyor Rey es deliberado fazer solempne procession cras jueves dia del glorioso martir e cavallero Sant Jorge a la capiella e yglesia suya de la Aljafferia.26. La fiesta del Ángel Custodio y su auge en la Corona de Aragón a finales de la Edad Media fue estudiada por Llompart ya en los años $7 0 \mathrm { y } 8 0$ del siglo xx . Para este autor, se trató de un culto fundamentalmente municipal. Los ayuntamientos actuaron de intermediarios entre la piedad litúrgica y la piedad popular y sacaron la fiesta de sus capillas a las calles (Llompart, 1988: 252- 254). En el caso de Zaragoza, menciona la existencia de una capilla del Ángel en las Casas del Puente en 1479 y de un ordenamiento municipal que regulaba la fiesta desde 1493. La comitiva solemne que sale de las Casas del Puent o Ayuntamiento hacia la Seo, donde tiene lugar el oficio, va presidida por una bandera con la figura del Custodio y las armas de la ciudad […] La porta el jurado cuarto o quinto, al que flanquean, en guardia de honor, dos consejeros municipales. (Llompart, 1988: 256) Aunque este autor afirma que esta fiesta solo nos es conocida por el ordenamiento de 1493, las cridas nos proporcionan una descripción muy similar para el año 1500: […] façer procession general en cada y un anyo del dicho Angel Custodio et levar la bandera et figura de aquel en aquella, la qual fiesta et procesión sea de façer cras domingo. Por tanto dizen, intiman et mandan que cras domingo, a las seys horas, sean plegados et ajustados a la Seu uno de cada casa para acompañar la dicha procession, la qual partira de la Seu yra por la Freneria et Cuchilleria al cap de la carrera et a Sant Per, a las Botigas Fondas, la Carrera Nueva adelante al Mercado et volvera la Carrera Mayor abaxo, al cap de la carrera, a Sant Jayme drecha via por la Cuchillerya, a la plaça et a la Seu et a donde se fara el officio et sermon.27. Son estas, sin embargo, fechas muy tardías para una devoción que, en otros reinos de la Corona, parece estar en marcha desde finales del siglo xiv . En este sentido, los pregones del Concejo hacen posible remontar la fiesta del Ángel Custodio varias décadas al dejar testimonio de la existencia de una fiesta ya en los años 50 del siglo xv , aunque no vinculada a las casas consistoriales. El 20 de junio de 1450 los jurados de la ciudad ordenan anunciar la celebración de una procesión al monasterio del Carmen con motivo de la fiesta del Ángel Custodio. Se insta a los vecinos a participar en la misa y sermón, ya que el arzobispo otorgará por ello 120 días de indulgencia.28 El destino procesional es el mismo en 1455, aunque en este caso la fecha del pregón es el día 17 de mayo y sabemos que la procesión tendrá lugar en domingo. Parece que en la década de los 50 existe ya una devoción relacionada con el monasterio del Carmen, sin una fecha determinada entre los meses de mayo y junio. Esto encajaría mejor también con la existencia de imágenes como la de Pero Joan realizada antes de 1450, para ser colocada en la Puerta del Ángel de la ciudad o el retablo de la capilla de las Casas del Puente: No sabemos cómo era dicho retablo, pero la tradición dice que la imagen del Ángel Custodio de alabastro atribuida a Pere Joan, hoy conservada en el Museo de Zaragoza (inv. 156), era propiedad de la casa consistorial y que pudo trasladarse posteriormente a la Lonja de mercaderes, construida justo detrás de las Casas del Puente. En nuestra opinión, si en la capilla de las Casas del Puente había un altar con dicha advocación, y teniendo en cuenta que allí había trabajado Pere Joan hacia 1443, podría conjeturarse que la escultura hoy custodiada en el museo procedería del retablo que se menciona en 1496. Una opción plausible es que los patronos de este segundo altar de la capilla del consistorio —si es que los años cuarenta ya existía, lo que a día de hoy no podemos corroborar con documentos—, encargasen la obra al artista que poco antes había ejecutado el retablo que presidía el altar principal. (Velasco, 2014-2015: 333 y 335) Desde el monasterio del Carmen, la fiesta cambió de emplazamiento antes de 1481, fecha en la que la crida de la procesión por san Gregorio y san Lamberto nos informa de que la celebración tiene ya lugar entonces, como explicaba Llompart, en la capilla de las Casas del Puente.29. Dos santos locales cierran este apartado: san Braulio (obispo de Zaragoza en el siglo vii ) y san Lamberto (santo agricultor martirizado en la ciudad en el siglo iv ). Aunque en el santoral romano se dedica el 26 de marzo a la festividad de san Braulio, parece que en Zaragoza se celebraba antes del día 18 (Fatás, 2009: 12) si bien la única crida que menciona esta devoción no señala ni el día ni el mes. En 1452, el arzobispo de Zaragoza ordena que la ciudad conmemore al santo, antiguo obispo de la ciudad, todos los años y que se haga procesión a la iglesia de Santa María la Mayor. El orgullo de la ciudad por contar entre sus hijos con figura de tal erudición es parejo con el que demuestra sentir por el humilde agricultor Lamberto, decapitado al negarse a abjurar de su fe en 304, y al que se denomina «conciudadano de aquesta ciudat».30 La devoción a san Lamberto está íntimamente ligada al voto de la ciudad a san Gregorio, motivo por el que ambos santos se estudiarán juntos en el apartado siguiente. Tanto en el caso de san Braulio como en el de san Lamberto sus cultos se vinculan a la existencia en la ciudad de las reliquias de sus cuerpos. Estas cumplen una doble función: por un lado, son muestra viva y palpable de la presencia de Dios, fuente directa del poder divino, cuya principal misión es la de realizar milagros y prodigios; por otro, forman parte de las tradiciones y signos identitarios que la ciudad considera un deber proteger. En el caso de San Braulio, el pregón nos informa de que «su cuerpo yaçe en la yglesia de. Santa Maria la Mayor de la dita ciudat»,31 f actor que contribuyó a revivir la memoria del santo. La invención del cuerpo de San Braulio, obispo de Zaragoza (631-651), bajo el atrio de Santa María la Mayor seguida de su traslado al presbiterio del templo cesaraugustano junto al relato de los primeros milagros que obró aparece descrita en un pergamino fechado en 1272 que se conserva en el Archivo de Nuestra Señora del Pilar, de cuyo contenido se conoce una segunda versión del siglo xiv en la Biblioteca Nacional de Francia. En dicho documento descansa una tradición constante y mantenida hasta hoy que sitúa los restos del prelado bajo el altar mayor de la basílica, de donde sólo han sido movidos en circunstancias excepcionales. (Ainaga y Criado, 2008: 66) El aprecio de la ciudad por estas reliquias es visible en la existencia ya en 1312 de dos relicarios de la cabeza y del brazo del obispo (Ainaga y Criado, 2008: 68); sin embargo, los pregones estudiados nunca mencionan su cabeza como una de las que desfilaban por las calles de la ciudad en los momentos más solemnes. La exposición de estos objetos sagrados a la vista, el más poderoso de los sentidos según los teólogos medievales, ejercía una influencia moral, incitaba a la piedad y coadyuvaba al efecto que producían los himnos, cantos, antífonas y sermones. La figura 2 muestra el empleo de los relicarios con las cabezas de los santos en el periodo estudiado.32. En el caso de las procesiones del Corpus Christi, se registra la presencia de los bustos relicarios (denominados cabezas en las fuentes) de santa Engracia y san Lamberto desde 1474, a los que se añadió en 1486 el de santa Bárbara, continuando sin interrupción hasta el final del periodo. Este hecho guardaría relación con la mayor solemnidad de la fiesta e implicación del Concejo a medida que van pasando los años (como se ha hecho notar con anterioridad). Los pregones nos informan también del aviso a los vecinos (tanto cristianos como moros) de la obligación —bajo pena de veinte sueldos— de mantener limpias las calles por las que habrían de pasar las reliquias, tal y como corresponde al decoro y respeto debido a las mismas. En algunas ocasiones especiales (e.g. 1477, 1478 ó 1486), la víspera de la procesión general se organizaba otra para acompañar las cabezas de los santos desde la iglesia de Santa Engracia a la Seo, donde pasaban la noche. <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>ANO</td><td rowspan=1 colspan=1>MOTIVO PROCESIONAL</td><td rowspan=1 colspan=1>RELIQUIA (cabezas)</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1474</td><td rowspan=1 colspan=1>Corpus Christi</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Engracia</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1476</td><td rowspan=1 colspan=1>Corpus Christi</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Engracia ysan Lamberto</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1477</td><td rowspan=1 colspan=1>Rogativa lluviaysanidad</td><td rowspan=1 colspan=1>San Lamberto</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1478</td><td rowspan=1 colspan=1>Rogativa lluvia y sanidad</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Engracia ysan Lamberto</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1479</td><td rowspan=1 colspan=1>Corpus Christi</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Engracia ysan Lamberto</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1480</td><td rowspan=1 colspan=1>Corpus Christi</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Engracia ysan Lamberto</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1481</td><td rowspan=1 colspan=1>Corpus Christi</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Engracia ysan Lamberto</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1486</td><td rowspan=1 colspan=1>Corpus Christi</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Engracia,san Lamberto y santa Barbara</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1486</td><td rowspan=1 colspan=1>Accion de gracias victoria del rey yfestividad de san Gregorioysan Lamberto</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Engracia ysan Lamberto</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1488</td><td rowspan=1 colspan=1>Corpus Christi</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Engracia,san Lambertoysanta Barbara</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1488</td><td rowspan=1 colspan=1>Accion de gracias victoria del rey</td><td rowspan=1 colspan=1>San Vicenteysan Lorenzo</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>1500</td><td rowspan=1 colspan=1>Corpus Christi</td><td rowspan=1 colspan=1>Santa Engracia,san Lamberto y santa Bärbara</td></tr></table> 2.1.4. Los patronos y votos de la ciudad. Si alguna devoción identifica a Zaragoza de forma clara es la de sus santos patronos y los votos hechos por la ciudad: santa Engracia, los santos Mártires y san Gregorio, todos ellos vinculados a la iglesia de Santa Engracia, como se explicará a continuación. Entre 1450 y 1480, siete pregones nos informan de la convocatoria de procesión con motivo de la festividad de san Gregorio. La pregunta que cabe hacerse es ¿de qué san Gregorio se está hablando? Parece existir cierta confusión o quizá asimilación entre san Gregorio Magno —sexagésimo cuarto papa y uno de los Padres de la Iglesia (540-604)— cuya persona se conmemora el 12 de marzo, y san Gregorio Ostiense, fallecido en 1044 y cuya fiesta se celebra el 9 de mayo. Los pregones del 11 de marzo de 1450 y del 10 de marzo de 1459 convocan procesiones al monasterio de Predicadores, en do la invocación del dito santo es. 33 La fecha es claramente indicativa de que se trata de san Gregorio Magno y, por lo que respecta al destino de la procesión, sabemos que en 1493 el convento de Predicadores de Zaragoza encargó en 1493 al platero Pedro Durant un busto relicario para custodiar reliquias de este papa (Criado, 2000: 220). Tanto la crida de 1459 como otra de 1470 especifican claramente que la procesión de san Gregorio se hace por honor de senyor sant Gregorio papa. 34. En 1450 la procesión parece ser más una rogativa por buen tiempo que una procesión ordinaria; sin embargo, todo cambia en 1458 con una plaga de langosta. Según el pregón de 1459, la procesión se convoca por honor de senyor sant Gregorio papa a suplicacion del qual Nuestro Senyor Dios quiso tirar en el anyo passado la lagosta, 35 coletilla que a partir de entonces aparecerá en todos los pregones por la fiesta del santo. La vinculación de san Gregorio Magno con la langosta persiste todavía en el siglo xvii y Juan de Quiñones (1620: cap. III, ff. 50r. y 51v.) nos proporciona una explicación: en tiempos del papa Estéfano VI las langostas cubrían la tierra por lo que el pontífice rezó a san Gregorio Magno, bendijo agua con la que se regaron los campos y las langostas cayeron muertas. Pero un poco más adelante el mismo autor menciona una historia parecida protagonizada por san Gregorio Ostiense: debido a una plaga de langosta y pulgón persistente, los habitantes de Calahorra, Pamplona y Tarazona acudieron al papa, que envió a Gregorio, obispo de Ostia. Tras misas y penitencia las langostas huyeron y los campos quedaron limpios.36. No tenemos registros entre 1459 y 1462 relativos a la devoción a san Gregorio, pero en 1463 descubrimos que la procesión ha cambiado de destino (a partir de ahora y hasta el final de la serie se encamina a Santa Engracia) y de fecha (primero en un día variable en el mes de junio y, desde 1481, el día 19 de ese mes). Además, en $1 4 8 1 ^ { 3 7 }$ (aunque solo en ese año), el santo cambia ligeramente de nombre y pasa de denominarse Gregorio a Gorgonio. Criado Mainar (2000: 219) hace referencia al encargo a Pedro Durant en 1497 de un segundo busto relicario: esta vez para custodiar las reliquias de san Gregorio Ostiense en la iglesia de San Pablo. Curiosamente, el documento que incluye este autor en el apéndice nos habla de una testa o cabeça de argent de Sant Guorguonio con cuerpo e mitra de obispo (Criado, 2000: 232), lo que coincide con el cambio de denominación del santo en el pregón y apunta a una desviación o una convergencia en la devoción a los dos santos. Sea uno u otro Gregorio, los pregones nos informan de que se prohíbe toda actividad económica hasta que acabe la procesión «como sia voto de la ciudat».38 El cambio en el destino procesional a la iglesia de Santa Engracia en 1463 podría estar relacionado con la custodia en este templo de la reliquia de la cabeza de san Lamberto —mencionada en el apartado anterior, y cuya festividad se celebra el 19 de junio— y el intento de las autoridades de enaltecer la figura del santo local. Como hemos indicado, la fiesta pasa de marzo a junio y en 1481 se ordena que en adelante san Gregorio y san Lamberto se celebren juntos el día 19 de junio: Et por quanto la dicha festividat de Senyor Sant Lambert fasta aqui concorria con la fiesta del Angel Custodio, que se celebra en la capilla de las Casas del Puent, et no podia ser festivada como requeria al servicio de Nuestro Senyor Dios et honor del glorioso martir conciudadano de aquesta ciudat, el vicario general de voluntad de la dicha ciudat ha mandado para cras martes, dia de Sant Gorgorio, que la dicha festividat de Senyor Sant Lambert sia festividat, el qual dia sia guardado assi como el dia del domingo.39. Para mayor solemnidad, y en adelante, veremos cómo los pregones indican que los jurados que estén en la ciudad se reúnan en las Casas del Puente y acudan, junto con el capítulo y otros ciudadanos, a oír vísperas a Santa Engracia al son de trompetas, atabales y tamborinos.40 La música, además de realzar la procesión y darle un sentido festivo, silencia las voces y los murmullos, proporciona ritmo a la marcha de los procesionantes y coordina sus movimientos para que todo el grupo camine al unísono. La procesión del día siguiente partía a las siete de la mañana con destino a Santa Engracia, prohibiéndose en tal día. El martirio de santa Engracia y sus dieciocho compañeros en 303 dio lugar a una devoción que ha pervivido casi sin interrupción hasta nuestros días. Es un ejemplo de elaboración, rememoración y vinculación de estas figuras a la ciudad, que sirve a esta como elemento identitario desde que el primer sínodo provincial de la Tarraconense en 592 instituyera la fiesta de los Innumerables Mártires el 3 de noviembre. El templo de las Santas Masas, que alberga los restos de estos mártires cristianos, mantuvo vivo su recuerdo incluso en época musulmana. En el año 985, debido al asalto de Barcelona por Almazor, un cristiano llamado Moción, hijo de Fruia, fue hecho prisionero y llevado a Córdoba. Después logró volver a Zaragoza, donde murió en el 986. Al hacer testamento dejó a «Sancta María que est sita in Çaragotia y a las Santas Masas qui sunt foris muris», cien sueldos. (Cía, 2001-2002: 22-23) Ambas devociones dieron lugar a dos procesiones anuales (16 de abril y 3 de noviembre), a las que hay que sumar la ya mencionada de san Gregorio al mismo templo. De esta forma, esta iglesia se convirtió en el destino procesional más frecuente en la segunda mitad del siglo xv en Zaragoza (Figura 3). NÚMERO DE PROCESIONES ENTRE 1450 Y 1459 Figura 3. Destinos procesionales en Zaragoza entre 1450 y 1500. (Elaboración propia). Desde el siglo xi la iglesia de las Santas Masas estuvo vinculada al obispo de Jaca (en 1063 Paterno, obispo de Zaragoza, realizó la cesión) y a la sede de Huesca. Tras la conquista de la ciudad en 1118 el obispo don Pedro de Librana ratificó la donación además de ceder al obispo de Huesca la parroquia de San Gil y otros territorios.42 La iglesia de las Santas Masas o de Santa Engracia aparece mencionada en documentos de los siglos xiii y xiv, como dos bulas papales de 1206 (del papa Alejandro VI) y 1300 (del papa Bonifacio VIII), dejando constancia de la importancia de este templo en la ciudad (Cía, 2001- 2002: 24-26). Siguiendo los datos aportados por Cía Blasco (2001-2002: 30-38), en 1320 reaparecieron los restos de la santa y se produjo un significativo avance en la devoción por parte de la ciudad. En 1405 Benedicto XIII regaló a la iglesia de Santa Engracia un busto relicario para custodiar la cabeza de la mártir lusitana y en 1423 quedó fijado el voto de acudir en procesión a la iglesia de las Santas Masas, voto al que hace mención, por ejemplo, un pregón de 1450.43. En 1431 llegó a la sede de Zaragoza el arzobispo Dalmau Mur, quien impulsó obras de renovación en el templo. Estas obras son mencionadas en el pregón de santa Engracia de 1455, en el que se prohibió levantar fiemos debido al mal olor que entraba en la iglesia. Un tercio de la multa impuesta, si se contravenía la orden, iría a parar a las obras de la iglesia (otro tercio a las del puente y otro tercio al acusador).44 La importancia que fue adquiriendo no sólo el templo sino también la devoción a la santa está reflejada en la prevalencia de esta festividad sobre otras de la ciudad. Es lo que ocurre en 1465, año en el que la procesión al Hospital de Gracia con motivo del martes de Pascua se pospuso al domingo siguiente por haber sido el martes día de santa Engracia y haberse celebrado su fiesta.45. En 1480 Santa Engracia fue declarada patrona de la ciudad y se redactó el estatuto sobre su festividad, que quedó fijada definitivamente el 16 de abril (día en el que ya se venía celebrando). Y la fiesta de los Innumerables Mártires se mantuvo el 3 de noviembre. A partir de esta fecha, los pregones de santa Engracia se vuelven más elegantes en el lenguaje e incorporan las razones de la celebración: (...) attendidos los muchos miraglos que en la present ciudat se han fecho y fazen continuament por la intercession de los gloriosos y bien abenturados Martires que en ella recibieron martirio por la fe de Nuestro Senyor Jesuchristo Dios y redemptor nuestro y actendida la mucha devocion que la ciudat tiene en la Casa de Senyora santa Engracia patrona qui es de aquella.46. Además de la procesión —en la que se reparte limosna a niños y pobres— se celebraron vísperas en Santa Engracia, a las que debían acudir los jurados que se encontrasen en la ciudad, el capítulo y el consejo acompañados de trompetas, atabales y tamborinos. 2.2. Procesiones ocasionales o extraordinarias. Son estas procesiones las que nos hablan más claramente de las verdaderas preocupaciones de la ciudad y de la implicación de las autoridades civiles en su devenir diario. La figura 4 muestra los cuatro motivos procesionales extraordinarios en el periodo estudiado y el claro predominio de las rogativas y acciones de gracias relacionadas con el clima, las pestes o las plagas $( 6 2 \% )$ . 2.2.1. Rogativas y acciones de gracias relacionadas con el clima, las plagas o las pestes. En una economía de base agrícola, el clima y las plagas conformaban uno de los principales desvelos de los ciudadanos y sus dirigentes. Un mal año podía dar lugar a hambrunas, muertes y disturbios en la ciudad, y las autoridades eran conscientes de la importancia de una cosecha adecuada para el bienestar de la res publica. En los registros estudiados, destacan los años 1450, 1455 y 1478, aunque la falta de datos en algunos hace que el panorama que arrojan los Libros de Pregones resulte en este sentido parcial. Buesa Conde (1987: 48-49), utilizando los libros de Actos Comunes, refiere: una sequía en 1471 (año que no aparece en los pregones), que limitó los gastos de la procesión del Corpus; una mala cosecha de cereales en 1477 (año para el que disponemos de dos rogativas) y 1490; una plaga de langosta en 1494; — brotes de peste en 1450, 1468 y 1495 (años para los que no disponemos de pregones). Figura 4: Motivos procesionales extraordinarios, 1450-1500. (Elaboración propia). No obstante, no hace mención del año 1478 para el que, además de contar con siete cridas de rogativa, disponemos de un ejemplo de rogativa múltiple en el que el mismo pregón anuncia cinco procesiones diferentes en días sucesivos: «fazer cinquo solempnes processiones porque Nuestro Senyor Dios por su santa clemencia quiera tirar la pestilencia de aquesta ciudat.»47 Las autoridades pidieron máxima devoción en las procesiones y que los participantes llevasen candelas encendidas. Dos cridas más adelante, da la sensación de que esta rogativa no fue del todo eficaz y la ciudad dispuso organizar una nueva procesión a Santa María del Pilar. La preocupación de las autoridades parece extrema y para que Dios escuchase los ruegos de su pueblo, atemorizado por el peligro de la peste, las cabezas de santa Engracia y san Lamberto salieron en la comitiva y se ordenó que mozas y niños descalzos las acompañasen. En otras ocasiones se organizaron las rogativas por buen tiempo o sanidad aprovechando la celebración de procesiones ordinarias, especialmente las de san Gregorio y san Lamberto (relacionadas con las plagas de langosta), san Fabián y san Sebastián, el Ángel Custodio, etc. Si todo fallaba, la ciudad contó con otras devociones a las que recurrir: — En el monasterio de San Agustín, santa María de Piedad, (dos procesiones en 1450 y una en 1470).48 — En el monasterio de Predicadores, san Pedro Mártir, santa María del Milagro, santa María del Rosell y san Vicente.49 — En el convento de Altabás, san Marcos (25 de marzo).50 — En la iglesia de San Miguel de los Navarros (procesión en 1455) y en la capilla de san Miguel de la Seo (procesión en 1463 y 1470), san Miguel Arcángel. 51 — En el monasterio de San Francisco, san Bernardino (célebre predicador franciscano); en el monasterio de las Predicadoras, san Cristóbal; en el monasterio de las Clarisas de Santa Catalina, santa Catalina de Alejandría; en el monasterio del Carmen, santa María de la Consolación; en la iglesia de Santa Engracia, la Virgen de los Mártires y en la iglesia de San Pablo, santa María y san Blas. 2.2.2. Procesiones relacionadas con la salud real. Entre 1462 y 1479 Zaragoza estuvo preocupada por la salud de Juan II y se multiplicaron las procesiones rogativas a la Seo, Santa María del Pilar (templos relacionados con la monarquía) y San Miguel de los Navarros (arcángel de cualidades sanadoras). El rey sufría de gota, estaba casi ciego y había tenido que delegar funciones de gobierno en su hijo Fernando, al que había nombrado recientemente rey de Sicilia. Las procesiones por su salud tuvieron un carácter solemne, quedando prohibido que la ciudad recuperase su ritmo económico hasta que se hubiera dado por concluido el ritual: «ninguno no sia ossado obrar ni parar tiendas fasta que la dita procession sia pasada.»52 La preocupación se dispara en 1479 y se ordena procesión solemne «por suplicar a Nuestro Senyor Dios quiera dar salut al senyor rey porque esta enfermo.»53 2.2.3. Celebraciones religiosas con contenido político o militar54. Desde 1479 el reino tiene un rey joven, Fernando II, y solo en 1483 sabemos que unas calenturas han puesto en peligro su salud.55 Tras la muerte de Juan II, es el momento de la sucesión real, de la monarquía entendida como cuerpo perpetuo del rey (Kantorowicz, 1957: 314-372). Con motivo de su coronación, Fernando II multiplica su presencia en la ciudad y se hace visible en entradas reales y procesiones solemnes que establecen un diálogo entre la ciudad y el monarca y transmiten el mensaje político del poder del rey. Entre todos ellos, cabe mencionar la celebración, anunciada mediante pregón del día 6 de julio de 1479, de una solemne procesión a la Seo en la que estarán presentes las cabezas de santa Engracia y de san Lamberto. La implicación de la ciudad en el acontecimiento es total, desde sus santos patronos hasta los oficios y cofradías a los que se ordena ir en la procesión «con las luminarias en la forma e manera que acostumbran ir en la fiesta del Corpus Christi.»56. A la misma idea de la continuidad sucesoria apunta la importancia del primogénito. En 1478 otra crida anunció el nacimiento del príncipe Juan: […] como la senyora reyna de Castilla es parida e ha parido hun gentil principe e primogenito de Castilla. E por tanto el dicho senyor rey manda que sean fechas gracias a Nuestro Senyor Dios que ha querido bien livrar del parto a la dicha senyora reyna.57. Su calidad de primer hijo varón del entonces heredero al trono aragonés hizo que el príncipe Juan fuese también importante para la casa de Aragón. Ello fue motivo de celebraciones en la capital y razón de que el Concejo ordenase que todos acudieran a misa a la Seo para celebrar la festividad de las santas Justa y Rufina, patronas de Sevilla, ciudad donde había tenido lugar de nacimiento del príncipe Juan. La guerra, especialmente si el reino resultaba victorioso, fue un arma de increíble efecto propagandístico para la monarquía, a la vez que proporcionaba la ocasión de que la comunidad expresase su lealtad y su implicación con el poder mediante rogativas y acciones de gracias. Santa María la Mayor fue el destino preferente para este tipo de procesiones, especialmente a partir de 1481 y en relación con la idea de cruzada. Los pregones relacionados con las campañas militares de la monarquía en el periodo estudiado pueden clasificarse en cinco grupos: 1. Campaña por el control de Cataluña. Se convocaron dos procesiones a Santa María la Mayor y tres a Santa Engracia (dos de ellas coincidiendo con la festividad de san Gregorio). El Concejo ordenó que los vecinos se volcasen en demostraciones de alegría cuando las noticias fueran favorables. 2. Rendición de la villa de Perpiñán a la autoridad de Juan II. Inscrita en la lucha por la recuperación de los condados de Rosellón y Cerdaña (1472), un pregón de este año informa que la procesión en honor a san Jorge se convirtió en acción de gracias por la rendición de estos condados y se acompañó de grandes «illuminarias e alumatas por los campanales e otros lugares de la dita ciudat segunt en tales casos es costumbrado fazer».58 3. Guerra contra Portugal por la sucesión a la Corona de Castilla. Un pregón de $1 4 7 6 ^ { 5 9 }$ parece estar relacionado con la victoria en la primera campaña de Toro (1 de marzo de 1476) en el trascurso de la guerra de sucesión castellana, momento especialmente delicado para Fernando e Isabel. Como elemento de propaganda interna hacia su padre y hacia el propio reino, y tras la firma de la Concordia de Segovia en 1475, Fernando aparece mencionado en el pregón con el título de Rey de Castilla, lo que no vuelve a repetirse en ninguna de las cridas estudiadas. La ciudad procesionó solemnemente a Santa Engracia y celebró la victoria por la noche con hogueras, lumbres en los puntos más altos de la ciudad (campanarios) y repique de campanas. 4. Guerra cristiana contra los turcos. La invasión otomana en 1480 de Otranto —ciudad de la Corona de Aragón en el Adriático— había adquirido tintes dramáticos y su recuperación a manos aragonesas en septiembre de 1481 debió haber sido, por tanto, considerada y propagada por las autoridades como el triunfo de la universitas christiana, con el rey a la cabeza, frente a su enemigo natural. En octubre de 1481 el Concejo zaragozano se implicó en estas celebraciones con una procesión de acción de gracias a la Seo y con bailes, hogueras y alegrías, obligando a participar en los actos bajo la amenaza de sanción de cien sueldos. La mezcla de odio y terror que despertó el enemigo otomano se refleja con toda claridad en la Crida de la procession e alumatas de la muerte del Turquo del 12 de junio de 1481. La ciudad se hizo eco de la «gloriosa nueva que el presente dia es venida de la muerte del nefandissimo Turco et de otros capitanes, consexo et exercito suyo»,60 ordenó hacer esa noche alegrías, luminarias y repiques de campanas y conminó a todos, bajo pena de cien sueldos, a limpiar los alrededores de las casas por delante de las cuales debía pasar la procesión a Santa María del Pilar. 5. Guerra de Granada. En los pregones, 1486 y 1488 son los años de la campaña granadina, de la que pueden destacarse dos aspectos: por un lado, los esfuerzos (incluidos los de las autoridades municipales) por convencer a la población de la necesidad de la empresa por el bien de la res publica y de la universitas christiana; y, por otro, el desarrollo de la política regalista de los Reyes Católicos en sus negociaciones por la renovación de la Bula de Cruzada. Los éxitos del verano de 1486 llegaron a Zaragoza y las celebraciones tuvieron lugar en seis ocasiones, bien en domingo (probablemente para no interferir con la actividad de la ciudad) bien coincidiendo con las festividades de san Gregorio, san Lamberto, san Pedro y san Pablo. Especial importancia se concedió a la toma de la ciudad de Loja y el pregón del 10 de junio explica cómo el rey «en exaltamiento de la santa ffe catolica cristiana prosiguiendo la santa empresa con su exercito contra los infieles del regno de Granada personalmente ha tomado la ciudat de Locha del regno de Granada que es ciudat en fortaleza y grandeza muy principal en el dicho regno.»61 Se ordenó la celebración con actos acostumbrados (procesiones y luminarias) pero, como propaganda, convino dar también a los vecinos un acto festivo que les hiciera recordar el día: una corrida de toros. El 25 de junio, las autoridades anunciaron la toma de las plazas de Íllora y Moclín celebrada con cohetes y ruidos por toda la ciudad, y fuegos en el campanal et cimbori de la Seu.62. Conviene hacer notar cómo las celebraciones de carácter marcadamente político se concentran entre el final del reinado de Juan II (1479) y el inicio del reinado Fernando II (figura 5). La baja Edad Media es el momento en el que muchas ciudades están construyendo, o en ocasiones poseen ya, un elaborado sistema de rituales cívicos. Sin embargo, estos comenzaron a quedar supeditados al creciente poder de la monarquía en la transición hacia la Edad Moderna. Este incremento bien podría ser un indicio de que algo estaba empezando a cambiar en la cultura política de la ciudad y del reino del que Zaragoza era capital. NÚMERO DE PROCESIONES CON CONTENIDO POLÍTICO POR DÉCADAS. Figura 5. Procesiones con contenido político documentadas (1450-1500). (Elaboración propia). 2.2.4. Celebraciones relacionadas con las jerarquías eclesiásticas y canonizaciones. Además de un pregón del 13 de julio 1483 que anuncia la canonización del glorioso sant Buenaventura, 63interesa destacar aquí dos cridas de 1455 que informan de la elección del papa Calixto III y de la organización en la ciudad de sendas procesiones, la primera a San Miguel y la segunda a la Seo. Las dos procesiones son, esencialmente, rogativas contra la plaga de langosta y la peste que se aprovecharonn para dar noticia de la «eleccion de nuestro senyor el padre santo Calixto papa tercio»64 habida cuenta de que «Nuestro Senyor Dios que nos ha querido dar padre santo et vicario de Jesucristo de nuestra nacion et patria.»65 En efecto, Alfonso de Borja había nacido cerca de Valencia en 1378, de familia proveniente de dicha villa zaragozana y fue elegido papa en 1455. Junto a las claras ventajas políticas que podía reportar la elección de un papa de la Corona de Aragón, es imposible dejar de asociar este pregón con un cierto orgullo ciudadano por el nombramiento de un compatriota y el papel que en tal orgullo juega el sentimiento de identidad y de pertenencia a una comunidad específica. 3. Las rutas procesionales. Las procesiones presentan algo más que el carácter ritual analizado anteriormente. Para Kuchenbuch, Morsel y Scheler (2010: 143), «les processions doivent être conçues comme des phénomènes spécifiquement spatiaux (c’està-dire des pratiques spécifiques de l’espace)». Podemos entender este espacio en una doble vertiente: el espacio interno, definido por el orden procesional de los participantes en función de su edad, sexo, posición social, etc.; para Sanmartín Arce (1988: 158), estas posiciones serían testimonio de un orden simbólico, expresivo de una jerarquía semántica. Y el espacio dibujado por la propia procesión en movimiento. A través de recorridos procesionales reiterados, la ciudad toma posesión de su territorio y conciencia de su identidad, asociando ésta a la tradición o costumbre. Por lo que se refiere al espacio interno, lamentablemente los pregones proporcionan poca información de los participantes o del orden que ocuparían en la comitiva. Habitualmente se pide que participe una persona de cada casa —más si es posible— bajo pena de cinco sueldos. A veces, el pregón recuerda que esta persona debe ser adulta, dando al lector la sensación de que, en algunas ocasiones, esta participación podía no ser bienvenida por los zaragozanos, quienes enviaban a los niños para cumplir con la orden del Concejo. Hombres y mujeres se concentran antes de la procesión en diferentes lugares (las Casas del Puente y la Seo respectivamente) lo que parece indicar que también en la procesión ocuparían posiciones distintas. En momentos de extrema necesidad, como rogativas por la peste o lluvias, se pide que los niños vayan descalzos y las mozas, en cabellos e incluso que los cofrades acudan con candelas encendidas. Se ha comentado también anteriormente la participación de los bustos relicarios y de los músicos en las procesiones. En cuanto al orden, sólo una crida de 1500 indica que los cofrades procesionen en el lugar hordenado $e$ graduado, sin que hayamos podido averiguar cuál era éste.66. Disponemos de más pistas acerca de los recorridos procesionales, sus puntos fundamentales y su importancia en la construcción del espacio urbano y en la identidad colectiva. 3.1. Factores que conviene tener en cuenta. Desde un punto de vista antropológico, la procesión supone la delimitación y sacralización de un espacio comunitario ligado a la figura circular del movimiento. El trayecto de la procesión no sigue siempre el camino más corto, sino que está mediatizado por varios factores. El primero de estos factores lo constituyen las limitaciones prácticas, como el propio diseño de la ciudad, con calles estrechas por las que no podía pasar una comitiva procesional o la necesidad de evitar que la cabeza de la procesión alcanzara la cola en el momento en el que ésta salía del templo. Zaragoza a mediados del siglo xv (Lesdesma y Falcón, 1977: 44-96) es una ciudad con un doble amurallamiento. En primer lugar, un muro de piedra que limita el espacio de la antigua ciudad romana67 y en el que se abren cuatro puertas (puerta del Puente al norte, puerta de Toledo al oeste, puerta Cinegia al sur y puerta de Valencia al este) y varios trenques y postigos. Este primer reciento murado, que englobaba unas cuarenta y seis hectáreas, se mantuvo con muy pocas modificaciones tanto en su trazado original como en sus accesos principales hasta la baja Edad Media: El muro de piedra no sólo no perdió su funcionalidad sino que conservó, también, su evidente potencial simbólico, al convertirse en el elemento que distinguía a la población encuadrada en la ciudad que, a partir de entonces, se convirtió en la gran capital de la monarquía aragonesa. (Lafuente, 2016: 233) En segundo lugar, un muro de rejola, más exterior, que rodeaba toda la ciudad: La superficie delimitada por la nueva muralla prácticamente triplicaba la acotada por el muro de piedra, aunque incluía tanto espacios urbanizados como amplias zonas de explotación agropecuaria. (Lafuente, 2016: 234) La mayoría de las calles eran estrechas, con bancos y tablados que impedían un trasiego fluido, y con alternancia de huertas y viviendas. Sólo las calles principales —como la calle Mayor, las calles del Mercado o la calle Nueva— eran amplias y permitían que las procesiones circularan sin problemas, por lo que casi todos los trayectos hicieron uso de ellas en mayor o menor medida. Además, subir por la calle Mayor y bajar por la calle Nueva saliendo por el Mercado parecía ser un recorrido lo suficientemente estirado como para que no se encontrasen cabecera y cola de la procesión. El segundo de los factores es el deseo de las élites ciudadanas de hacerse visibles en estas celebraciones. Debido a ello las procesiones transitaban por los lugares más representativos de la ciudad (calles anchas, mercados y plazas) y pasaban también por delante de las casas de los notables. La figura 6 muestra la situación aproximada de estas viviendas de notables, a juzgar por los recorridos procesionales descritos en los pregones. Como puede observarse, éstas se ubican entre el cap de la carrera y San Gil, a lo largo de la calle Mayor, en las proximidades de Santa María la Mayor y en las inmediaciones del Mercado, punto de máxima exposición. En esta zona, los pregones solamente mencionan la casa de don Luis de Palomar en la calle de Teresa Gil. Finalmente hay que tener en cuenta la topografía religiosa (localización de los templos) y la importancia simbólica de algunos lugares y de la ciudad misma. Figura 6. Ubicación de las viviendas de notables en las rutas procesionales. (Elaboración propia). 3.2. Descripción de las rutas procesionales. Con excepción hecha de dos rutas que partiendo desde Santa Engracia llegan a la Seo o a Santa María la Mayor para trasladar las reliquias de la santa para la procesión del día siguiente (figuras 7 y 8), todas las procesiones partieron de la Seo. La catedral es el centro del poder religioso y se encuentra situada junto al corazón político de la ciudad, las Casas del Puente. Si comparamos estas dos primeras rutas podremos observar una característica común con muchas de ellas: el camino más corto no siempre fue el preferido porque los recorridos zigzagueantes permitían que la procesión fuese más larga dando ocasión a los munícipes y sus galas de ser vistos por sus vecinos durante más tiempo. Dividiremos las rutas en dos grandes grupos: procesiones circulares y procesiones de ida y vuelta. Figura 7. Traslado de las reliquias de Santa Engracia a la Seo de San Salvador. (Elaboración propia). Figura 8. Traslado de las reliquias de Santa Engracia a Santa María la Mayor. (Elaboración propia). 3.2.1. Procesiones circulares: de la Seo a la Seo. A este grupo corresponden fundamentalmente las procesiones del Corpus Christi. La figura 9 muestra el sentido habitual norte-sur; el sentido sur-norte (figura 10) es excepcional para el año 1454, sin que podamos llegar a adivinar el porqué del cambio. Para que el conjunto simbólico que formaba la procesión tuviese sentido, el recorrido había de ser siempre igual y aunque la ruta sur-norte cubriese las mismas calles, fue descartada al año siguiente. Tradición e identidad van unidas en la aprehensión simbólica del territorio y, una vez consolidadas, las rutas se alteran lo menos posible. Figura 9. Recorrido circular habitual N-S de la procesión del Corpus. (Elaboración propia). Figura 10. Recorrido circular excepcional $| { \mathsf { S } } { \mathsf { N } } |$ de la procesión de Corpus en 1454. (Elaboración propia). Un recorrido central permitía un desfile visualmente potente y ordenado de todos los estamentos de la sociedad: autoridades religiosas, ediles y oficiales municipales, cofradías y vecinos. Sin un destino determinado, lo fundamental en estas rutas fue poder recorrer las zonas principales de la ciudad incluido el Mercado. En el mundo urbano de la baja Edad Media plazas y mercados eran enclaves principales de la vida social y símbolos del pleno apogeo de la ciudad frente al campo. Espacios polivalentes que actuaban como centros del comercio, escenarios de las acciones judiciales, corazones del poder político, núcleos informativos, lugares de ocio común y de celebración. En algunas ciudades se potenciaba una de las plazas para que cumpla este papel en exclusiva. En el caso de Zaragoza, este centro vital parece estar compartido entre la plaza de la Diputación (sede del poder político y eclesiástico) y el Mercado, situado al otro lado de la puerta de Toledo y centro de la vida económica ciudadana. Con ocasión de la celebración de procesiones y fiestas, el Mercado cedía su espacio al rito religioso, a los entremeses, corridas de toros y bailes: […] cras domingo empres de comer se correran toros en el Mercado.68 […] por veneracion de la dita fiesta se fagan en la dicha ciudat carros e entremeses. Los quales por no dar empacho a la dita procesion solament se ffaran en el Mercado de la dita ciudat e apres de comer.69 3.2.2. Procesiones de ida y vuelta. La mayoría de las procesiones tuvieron como destino una de las iglesias de la ciudad, incluida la propia catedral, donde se celebraba el oficio y sermón de la festividad o rogativa. Durante las procesiones, el espacio quedaba delimitado por su recorrido de forma que podemos hablar de procesiones tras la muralla romana, tras el muro de rejola y extramuros. Casi siempre, estos tipos dependen de la topografía religiosa (localización de la iglesia) de forma que las procesiones únicamente salieron extramuros si las iglesias a las que se encaminaban estaban situadas más allá del muro de rejola, como las de los conventos de Altabás y Jesús. No debemos perder de vista la importancia simbólica de la muralla. La muralla crea la ciudad, la separa del campo formando una unidad territorial bien delimitada, dibuja un círculo protector del espacio y es elemento identitario de la comunidad urbana. No son muy frecuentes las procesiones que permanecen limitadas por la muralla romana. Sin embargo, en ocasiones, el mismo destino cuenta con dos rutas, una corta tras el muro romano y otra larga fuera de él. Es el caso de las procesiones a Santa María la Mayor (fi gura 11), que en los últimos años del período y, en especial, con motivo de la acción de gracias por los éxitos en la campaña de Granada parecen preferir la ruta larga, más visible gracias a su paso por el Mercado. Todo lo contrario que el trayecto interior, más piadoso e intimista, de 1474 a la Seo con motivo de una rogativa por la salud de Juan II, que evita los lugares más transitados de la ciudad (fi gura 12). Figura 11. Rutas lineales larga y corta en las procesiones a Santa María la Mayor. (Elaboración propia). Salir de este primer círculo protector supone atravesar una de las puertas, edificios emblemáticos que cierran el paso a la ciudad de cualquier elemento externo a la vez que permiten la comunicación controlada con el exterior. Las salidas en función de la dirección son las siguientes: a) La puerta de Toledo, en el extremo oeste de la calle Mayor, que conectaba con el Mercado y el barrio de San Pablo (desde el siglo xiii , zona de ensanche muy amplia y poblada, cotizada por notarios y mercaderes). Desde 1440 en sus torres se ubicaron las cárceles reales. Fue la salida natural de las procesiones con dirección oeste, que habitualmente retornaron por la misma puerta o por el trenque de la calle Nueva (figuras 13 y 14). También salían por esta misma puerta las procesiones en dirección sur que vuelven a entrar por la puerta Cinegia (figura 15). Mucho menos frecuentes son las que utilizan para salir en las direcciones anteriores el trenque de la calle Nueva. De forma excepcional se hace en 1500 con destino al monasterio de Predicadores (figura 16) y en las procesiones a Santa María del Temple (figura 17), que alargan de esta forma la primera parte del recorrido hasta llegar a su destino. b) La puerta Cinegia permitía dar salida a las procesiones que se encaminaban a San Miguel (figura 18) o Santa Catalina al sudeste (figura 19) y que retornaban por la puerta de Valencia, haciendo así el recorrido más largo que si volvieran sobre sus pasos. c) La puerta de Valencia da salida a las procesiones con dirección noreste (figura 20), que vuelven por la misma puerta. d) La puerta del Ángel, al norte. Es la única que permite salir totalmente fuera de los muros (figura 21). En todos los recorridos descritos, se está hablando de procesiones por las calles de la ciudad, pero en algunas ocasiones las cridas mencionan desfiles procesionales en el interior de las iglesias, aunque la información que proporcionan es muy escasa y no permite un análisis en profundidad. Figura 12. Procesión a la Seo en 1474. Rogativa por la salud del rey Juan II. (Elaboración propia). Figura 13. Procesión a la iglesia de San Martín del Portillo. (Elaboración propia). Figura 14. Procesión a la iglesia de San Martín del Portillo. (Elaboración propia). Figura 15. Procesión a la iglesia de Santa Engracia (Elaboración propia). Figura 16. Procesión al monasterio de Predicadores en 1500. (Elaboración propia). Figura 17. Procesión a la iglesia de Santa María del Temple. (Elaboración propia). Figura 18. Procesión a la iglesia de San Miguel de los Navarros. (Elaboración propia). Figura 19. Procesión al monasterio de Santa Catalina. (Elaboración propia). Figura 20. Procesión al monasterio de San Agustín. (Elaboración propia). Figura 21. Procesiones a los conventos de Altabás y Jesús. (Elaboración propia). 3.3. El control del Concejo. El éxito de este complejo sistema procesional dependía en buena parte de la habilidad de las autoridades municipales para gestionar estos acontecimientos. Había que conseguir la participación de todos, evitar conflictos, controlar el espacio y vigilar el comportamiento de las minorías religiosas. La propia acción de pregonar la noticia por distintos puntos de la ciudad supone ya, en sí misma, un conocimiento y control del espacio urbano que era jerarquizado, probablemente en función de su importancia simbólica, demográfica, económica o social. Este control era fundamental para garantizar que nadie pudiese esgrimir como excusa una deficiencia en la trasmisión de la información: Et por tal que alguno de lo sobredito ignorancia no pueda allegar los ditos jurados mandan fazer la present crida por los lugares acostumbrados de la dita ciudat.70. Por la devoción debida, pero también con objeto de que la fiesta luciera en todo su esplendor, casi la totalidad de los pregones exigen que los vecinos limpiasen, barriesen y regasen las calles si la procesión pasaba por delante de sus casas. A veces se pedía también que retirasen los tablados y carros que pudieran entorpecer la circulación y, en las fiestas más solemnes como el Corpus Christi, que se adornasen las ventanas con velas y paños. En cuanto a la limpieza de zonas comunes, se ordenaba que las calles se cubriesen de juncos y paja para evitar el contacto del Sacramento con el barro y el polvo. Las minorías religiosas se hacen más visibles en los pregones a medida que pasa el tiempo. Si bien parece que las procesiones al monasterio del Carmen (figura 22) pudieron atravesar la morería (en 1450 se dice que la procesión irá por la Cedaçeria et por la Fferreria et Moreria al Carmen71), todas las que se encaminaron al este o sudeste (rutas 7 y 10) evitaron pasar por la judería, ya que el contacto podría contaminar el ritual. Pero los imponderables ocurrían, así que era mejor preverlos. Por eso, el Concejo mandaba que durante las procesiones, en especial la del Corpus Christi, «todas las casas de los jodios e moros que sallen a carreras de cristianos hayan a estar cerradas»72 que ni judíos ni moros se atreviesen a mirar la procesión desde las ventanas y que aquél que se encontrase en la calle en el momento de pasar la procesión sea tenido genollarse. 73 Se prohibió también que durante las procesiones los judíos trabajasen en lugares donde pudieran ser vistos por cristianos. Se trataba, por tanto, de evitar agravios que pudieran alterar el orden público. Figura 22. Procesión al monasterio del Carmen. (Elaboración propia). Que la ciudad mantenga la paz y el orden fue otra de las prioridades de las autoridades. Por lo que respecta a las armas, los jurados ordenaron que […] persona alguna no sea osada levar spada ni armas algunas por la ciudat dig pena de perder aquellas certificando a qualesquiere personas que levaran aquellas les seran tiradas et seran perdidas sin remision alguna de las cobrar.74. Y para evitar altercados y no estorbar a la propia procesión se prohibió […] andar a cavallo por do la dita procession ira fasta que la dita procession sia passada e tornada a la Seu ius pena de perder la cavalgadura aplicadera a la ciudat, ni star acavallo en la plaça de la dita Seu mientre se faran los ditos entremeses ius la dita pena.75. Tanto el ambiente festivo como la sensación de identidad común que propicia la celebración de ritos y celebraciones colectivas pueden provocar excesos no deseados contra las minorías, excluidas por su otredad. Era necesario mantener el control del orden en las calles y en la celebración del Corpus de 1479 los jurados ordenaron que […] todas e qualesquiere personas de qualquiere ley, stado o condicion sian que ninguno sea osado coser o lligar cohetes en las ropas de persona alguna nin de judio o moro nin tirarles a los dichos judios capirotes nin fazerles mal, danyo o injuria dius pena de cinquenta açotes et estar cient dias en la carcel sin remission alguna.76. Para garantizar el cumplimiento de las normas municipales se impusieron multas (la mayoría de las veces) u otro tipo de penas. Las multas oscilaron entre los 5 y los 100 sueldos dependiendo de dos factores principales: la solemnidad del acontecimiento y la pertenencia del sancionado a una minoría religiosa. Habitualmente se sancionó con entre 5 y 10 sueldos la no asistencia a los actos. Hay que tener en cuenta que muchas de las procesiones llevaban aparejada la interrupción de las actividades económicas (como la apertura de comercios) hasta la finalización de las mismas y todas ellas la exigencia de que al menos un miembro de cada casa abandonara su rutina diaria para acompañar la comitiva. Esta alteración del ritmo diario no siempre fue bienvenida por los vecinos. Sanciones similares se aplicaron por no cumplir las ordenanzas de limpieza, trabajar durante la fiesta o no llevar cirios en la procesión. En algunas zonas especiales, como la Cedacería, o si las cabezas de los santos debían pasar por el recorrido, las multas por limpieza aumentaban normalmente hasta los 20 sueldos. En ocasiones excepcionales, la multa por limpieza llegó hasta los 50 (e.g. procesión del Corpus Christi de 1500) ó 100 sueldos (procesión de acción de gracias por la recuperación de Otranto en 1483). Llaman poderosamente la atención las multas a las minorías religiosas, que van aumentando con el paso del tiempo. En ocasiones, estas sanciones económicas evolucionaron hasta convertirse en penas físicas o de cárcel (en los primeros años del periodo se multa con 30 sueldos a los judíos que no se arrodillen al paso del Sacramento mientras que, en los años finales, la pena será de azotes). Se multaba, por ejemplo, con 60 sueldos a los judíos o moros que trabajasen durante el Corpus y a los que fueran hallados en las ventanas mirando la procesión. Las autoridades aplicaron también confiscaciones, como la pérdida del caballo o de las armas a quienes desoyeran la prohibición de llevarlas. Las sanciones físicas y las penas de cárcel se reservaron para las minorías religiosas o las trasgresiones blasfemas. Así, ir disfrazado con hábitos de fraile o capellán solía llevar aparejada pena de 8 días de cárcel o de azotes y no arrodillarse al paso del Corpus —en este punto los pregones suelen hacer mención explícita a los judíos o moros— también derivó en pena de azotes. En su mayor parte, el importe de las multas, tanto en dinero como en especie, fue a parar al común de la ciudad, aunque en ocasiones se dividía en tres partes. Si éste era el caso, un tercio solía corresponder al acusador, otro tercio al común de la ciudad y el último tercio a la iglesia de destino o a diferentes actuaciones del Ayuntamiento. En función de los momentos vemos como las prioridades variaron: las obras del puente (en 1455) o el Hospital de Gracia (desde 1478), cuyo control financiero dependía del Concejo de Zaragoza. En casos excepcionales, un tercio de la multa se destinó al monarca, como se estipula en el pregón del Corpus Christi de 1480 (atendiendo a la fecha, probablemente con objeto de financiar los gastos militares de la Corona). 4. Conclusión. Los Libros de Pregones han resultado ser una fuente documental de indudable interés para el estudio de las procesiones religiosas en la Zaragoza de la segunda mitad del siglo xv . Una lectura detallada permite dibujar un sistema procesional ordinario —con rutas regulares y basado en el calendario litúrgico y devocional cristiano— al margen del cual, y cuando las circunstancias lo requirieron, se organizaban todo tipo de rogativas, acciones de gracias y celebraciones. Nuestra fuente ha desvelado las devociones más comunes, algunas de ellas de carácter cristiano general (como la devoción al Corpus Christi o algunas advocaciones marianas) y otras específicas de la Corona de Aragón o la ciudad de Zaragoza (como el Ángel Custodio o los santos Mártires). Analizando las procesiones extraordinarias es posible deducir cuáles fueron las preocupaciones del día a día de la ciudad y cuáles estaban relacionadas con el papel de Zaragoza como cabeza del reino. Algunas procesiones parecen surgir de la iniciativa pastoral de las congregaciones religiosas (en especial franciscanos y dominicos), interesadas en impulsar la devoción por figuras venerables de su orden (san Vicente Ferrer, santa Catalina de Siena, san Bernardino, etc.) o afirmar su posición con respecto a ciertas cuestiones dogmáticas como la Inmaculada Concepción de la Virgen. De forma más o menos directa, la autoridad real se halla detrás de un segundo grupo de procesiones, especialmente desde finales del reinado de Juan II. Éstas estuvieron, en parte, motivadas por circunstancias excepcionales —principalmente las guerras y la salud del rey— y, en parte, por la condición de la ciudad como capital de Aragón y por su importancia simbólica para la Corona. Las autoridades municipales se encontraron detrás de muchas de las procesiones extraordinarias. En momentos de crisis meteorológica o de producción, el Concejo hizo suyos los desvelos y preocupaciones de los vecinos recurriendo al poder divino. No fue una implicación del todo desinteresada puesto que una de las funciones de los munícipes consistía en mantener el orden público. El Concejo de la ciudad fue esencial en la formación de la devoción a los santos locales. El orgullo que la ciudad sentía por ellos, en especial por sus mártires, se hizo patente en algunas de las cridas y la importancia que para Zaragoza tuvo el templo de Santa Engracia queda reflejada en las tres procesiones anuales de carácter ordinario. Independientemente del tipo de procesión, las autoridades locales jugaron siempre un papel fundamental en la organización, desarrollo y vigilancia de la misma. En este sentido, podría decirse que el Concejo controlaba el espacio urbano tanto a nivel físico como simbólico, creando unas rutas procesionales que cumplieron una función integradora de la comunidad cívica y cristiana a la par que excluyente de las minorías religiosas. Finalmente, este estudio pretendía determinar si era posible aplicar el concepto de religión cívica para el caso de la Zaragoza de la segunda mitad del siglo xv . Acabamos de mencionar el papel fundamental que jugaron las autoridades municipales en la organización de las procesiones religiosas. Los pregones presentan, además, a un Concejo implicado en la gestión financiera de instituciones de caridad, como el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, al que fueron destinadas muchas de las multas impuestas por contravenir sus disposiciones. Aunque no parece que la Iglesia llegara a perder el control de las preciadas reliquias de los santos locales, custodiadas en los diferentes templos de la ciudad, su utilización en rogativas de iniciativa municipal o en procesiones relacionadas con el poder real parece indicar cierto poder de decisión sobre su participación en las mismas. Por otra parte, el complejo sistema procesional descrito, tanto en sus tiempos como en sus espacios, contribuyó, por un lado, a hacer visibles a las autoridades municipales y a crear un vínculo entre ellas y la divinidad y, por otro, a reforzar el sentimiento de unidad e identidad de la propia ciudad. En suma, debemos concluir que las autoridades locales en la Zaragoza de la segunda mitad del siglo xv jugaron un papel determinante en el fenómeno religioso, lo que permite hablar de una religión cívica. 5. Referencias bibliográficas. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Rompiendo la jerarquía de la mesa. Emulación social, alimentación y materialidad en la literatura catalana bajomedieval.: Breaking the Hierarchy of the Table: Social Emulation, Food and Materiality in Late Medieval Catalan Literature.
ROMPIENDO LA JERARQUÍA DE LA MESA: EMULACIÓN SOCIAL, ALIMENTACIÓN Y MATERIALIDAD EN LA LITERATURA CATALANA BAJOMEDIEVAL. BREAKING THE HIERARCHY OF THE TABLE:SOCIAL EMULATION, FOOD AND MATERIALITYIN LATE MEDIEVAL CATALAN LITERATURE. Luis Almena r Fernández Universitat de València firstname.lastname@example.org. Resumen: Este artículo supone un acercamiento al fenómeno de la emulación social en el ámbito de la alimentación y los objetos que la rodeaban. Para ello se estudian algunas de las obras más representativas de Ramon Llull, Francesc Eiximenis y Vicent Ferrer, quienes criticaron fieramente la moral de los individuos corrientes y humildes que deseaban comer y beber como los ricos. A partir de las percepciones y consideraciones incluidas en sus escritos, se aborda qué aspectos de la alimentación de las élites podían reproducir las clases populares, cómo se difundían las modas alimentarias y por qué todo ello era tan duramente atacado por estos autores. Palabras clave: emulación social, alimentación, materialidad, literatura catalana, Baja Edad Media. Abstract: This essay represents an approach to the phenomenon of social emulation as to feeding and the objects around it. Some of the most representative works by Ramon Llull, Francesc Eiximenis and Vicent Ferrer are studied for this purpose, for they fiercely criticized the moral of those ordinary and humble individuals that wished to eat and drink like the rich. Relying on the perceptions and statements contained in their writings, this essay addresses which aspects of the food of the elites could be reproduced by common people, how food fashions could spread, and why it all was so severely attacked by these authors. Keywords: social emulation, food, materiality, Catalan literature, later Middle Ages 1. Introducción1. Durante el curso de la Baja Edad Media la alimentación adquirió un papel esencial como indicador de estatus y posición social. Es conocido cómo la sociología de la alimentación estaba definida por una marcada «jerarquía de los alimentos», dado que los productos consumidos, su proceso de preparación y su presentación variaba profundamente de un sector social a otro. No obstante, se suele pasar por alto que esta jerarquía era, antes que nada, una «construcción mental», marcada por el acceso regular que los grupos sociales tenían a cada alimento (García Marsilla, 1993: 187). En la práctica, la jerarquía de la mesa podía flexibilizarse hasta, de hecho, romperse, dado que las clases populares podían emular los ritos alimentarios de los grupos privilegiados. Esto último lo sabemos porque diversos eclesiásticos de la época, autores de las más conocidas obras de carácter moralizante del período bajomedieval escritas en catalán, se dedicaron a atacar estos comportamientos, como Ramon Llull (1232-1315/1316), Francesc Eiximenis (1330-1409) y Vicent Ferrer (1350-1419). Llull y Eiximenis son especialmente conocidos entre los historiadores de la alimentación, dada la atención que le dedicaron como un ámbito de la vida que incitaba pecados como la gula y la codicia (Trias, 1996: 689-698; Trias, 1995: 845-856; Eiximenis, 1983). Su interés no era casual. Formaba parte de su preocupación por las nuevas realidades económicas y sociales que estaba comportando la naciente economía de mercado, entre ellas el rol central que adquiría la comida como un ámbito que reproducía las desigualdades sociales. De ahí que también escribieran, desde una postura reaccionaria, sobre temas como el crédito, el comercio, la riqueza o la misma idea del lucro personal, que chocaban con la moral y la ética cristiana más tradicional. La proliferación de este tipo de obras fue un fenó- meno visible en el norte y el sur de la Europa bajomedieval desde el siglo xiv, coincidiendo así con el alto grado de comercialización que las sociedades occidentales estaban alcanzando, así como con la mejora de los niveles de vida y de la cultura material de las clases populares (Todeschini, 2005: 151-230; Howell, 2010: 1-48; Petrowiste, 2018: 1-14; Furió, 2011: 17-56; Dyer, 2005: 132-139). La emulación social, es decir, la imitación de los modos de vida de los grupos privilegiados por parte de las clases populares, ha de entenderse pues como una de esas nuevas realidades de la época. Como concepto se presenta inseparable de otros muchos profundamente enraizados en la sociología y en las ciencias sociales, como el de «distinción», «lujo» y «moda» (García Marsilla, 2019a: 14 y ss; De Vries, 2008: 46-47). Como realidad histórica, la emulación social constituye una de las explicaciones más recurridas para comprender muchos de los cambios en la cultura material del período bajomedieval. Es conocido cómo nuevos objetos cotidianos proliferaron entre las clases populares desde mediados del siglo xiv, y muchos de ellos eran productos tradicionalmente exclusivos, propios de las casas y hábitos de vida de los sectores más ricos y privilegiados (Furió, 2011: 37-50; García Marsilla, 2014: 227- 244; Dyer, 2005: 126-157). Esto es una muestra de que muchos de los grandes cambios en la realidad material de la mayor parte de la población pudieron tener una inspiración en las formas de vida de las clases altas, como revela, entre otras cosas, la proliferación en esta época de normativas suntuarias por todo el panorama europeo, así como de modas directamente inspiradas en las cortes reales o en las pautas de consumo que se desarrollaban en las grandes urbes (Martínez Martínez, 1991: 115-140; Mugueta y Osés, 2002: 107-118; Brouquet y García Marsilla, 2015; Muzzarelli y Campanini, 2003; García Marsilla, 2014: 227-244). El objetivo de este trabajo es realizar un acercamiento a la emulación social en el ámbito de la alimentación y los objetos que la rodeaban a través de estos autores: ¿Hasta qué punto percibieron que las clases populares emulaban la cocina y la etiqueta de los grupos privilegiados?2 Con el fin de aproximar esta cuestión, este trabajo se divide en cuatro partes. La primera analiza la percepción de la alimentación y su materialidad como un ámbito de ostentación que pudiera imitarse. La segunda parte explora qué aspectos de la alimentación de las élites emulaban las clases populares y por qué las criticaban estos autores. La tercera estudia los valores, de prestigio o humildad, que se atribuyen a los enseres con los que se preparaban y servían los alimentos en estas obras. Finalmente, la cuarta parte indaga sobre cómo se pudieron transmitir las modas alimentarias entre los diversos sectores de la sociedad medieval de manera que tal emulación fuera posible. 2. La alimentación como distinción: contra golafres y curiosos menjadors. Los escritores de la literatura moral en lengua catalana eran bien conscientes de que la alimentación servía de pretexto a los poderosos para realizar un alarde de su riqueza y honor de cara a sus iguales, por un lado, y frente al resto de la sociedad, por el otro. Sobre esto quien más escribió fue sin duda Francesc Eiximenis, en el tercer volumen de su obra monumental Lo crestià. Aquí el franciscano ataca recurrentemente al «rich hom aquell que menjava delicadament e vestia porpra e draps preciosos» (Eiximenis, 1929-1932: vol. 4, 229). Tal actitud no era sino una extensión del pecado de la gula, y por ello, quienes la llevaban a cabo aparecen definidos como golafres («glotones»). Estos desarrollaban un sentido de la etiqueta singular, pero no por puro placer, sino porque buscaban distinguirse de sus iguales. Golafres eran aquellos «qui ço que menjen no·u volen menjar axí com los altres ho menjen comunament» (Eiximenis, 1983: 84). A estos pecadores no les bastaba, por ejemplo, con beber mucho vino y de muy buena calidad, sino que estudiaban cuidadosamente la copa donde lo servían, si su material era el oro o la plata, y todo ello para que los incitara a beber más: La quarta mala circunstància del peccat de gola sí és, apparellar la vianda massa curiosament e massa preciosa, axí com fan aquells qui ço que menjen no·u volen menjar axí com los altres ho menjen comunament, mas tostemps hi volen qualque specialitat en quinya que manera; car si los altres ho menjen en olla, ells ho volen en ast o en pa, o en caçola o en altra manera, e ço que los altres acostumen menjar ab una sabor, ells n’i volen quatre si fer-se pot. […] No·ls basta beure molt vy e bo, ans encara estudien que lo vexell ab què·l beuen sia bell e curiós e preciós qui·ls provoch a més beure. (Eiximenis, 1983: 60) Y es que el franciscano no tenía ningún reparo en criticar por esto no solo a los nobles y a los ricos burgueses, sino a los mismísimos reyes de la Cristiandad, a causa de sus exuberantes banquetes. En estas comidas, que se prolongaban durante días, tenía lugar un farragoso despliegue de suculentos y exóticos manjares, objetos singulares de oro y plata, que se acompañaban de bailes, músicos y sirvientes de lo más diversos (Riera, 2013: 65-100; Riera, 1995-1996: 181-205). Eiximenis consideraba esto una terrible abominación, que desprestigiaba las más dignas casas, porque era evidente que lo que buscaban los poderosos no era solo comer, sino dedicarse a «ensenyar lur magnificiència e a dilatar lur honor e preu e fama que no per neguna altra cosa»: Per aquest peccat són huy desnostades moltes cases de prínceps en lo món, la taula dels quals era tan excesiva en quantitat e en multitut de molts me[n]jars e en qualitat de curiosos apparellaments que era abhominació a nostre senyor Déu, car despenien, aprés una missa que hagueren hoÿda, quaix tot lo jorn a estar en taula més a ensenyar lur magnificiència e a dilatar lur honor e preu e fama que no per neguna altra cosa. (Eiximenis, 1983: 87) Si el servicio y el despliegue de los alimentos a la mesa aparecen considerados —y, en consecuencia, atacados— por ser un marcador intencionado de estatus, lo mismo puede apreciarse con la manera de preparar las comidas. Eiximenis también abominaba de la «cuyna de fumositats e de superfluïtats» de las clases altas, que distinguía de la «cuyna comuna» de las clases populares (Eiximenis, 1929-1932: vol. 4, 175 y 234-235). Y es que la distinción también se buscaba en la cocina, haciendo que las cosas no supieran u olieran como normalmente lo hacían. Eiximenis arremetía también contra los curiosos menjadors, es decir, quienes «ço que los altres acostumen menjar ab una sabor, ells n’i volen quatre si fer-se pot» (Eiximenis, 1983: 84). Esto era algo fundamental, porque la dieta de las clases populares era mucho más monótona en ingredientes y en experiencias sensoriales que la de las clases altas, que podían permitirse el acceso a las especias, al azú- car y a otros productos de fines similares (García Marsilla, 2010: 111-125). Y así, estos personajes no se privaban de buscar nuevas técnicas culinarias, introduciendo nuevos artilugios y procesos que alteraran el sabor habitual de las viandas: «si los altres ho menjen en olla, ells [los curiosos menjadors] ho volen en ast o en pa, o en caçola o en altra manera» (Eiximenis, 1983: 84). Precisamente, los famosos libros de recetas de época bajomedieval, como el Llibre de Sent Soví o el Llibre del Coch, tenían como finalidad ser una especie de manual de cocina de vanguardia para los cocineros profesionales de los grandes nobles y burgueses, que pudieran satisfacer esta inquietud por la sorpresa y la distinción en las comidas (Llibre de Sent Soví, 2014; Nola, 2012). 3. Comiendo como ricos siendo pobres. Con todo, la idea de llenar de sabor las comidas o de ornamentar ricamente las mesas, propia de reyes y de nobles, atrajo cada vez más a las clases populares. Esto se deduce de una variedad de críticas que estos autores realizaban en sus obras, y que se orientaban a dos cuestiones fundamentales. La primera era que anhelar ser como los ricos entraba en contradicción con los valores más básicos de austeridad y humildad que habían caracterizado la vida y virtudes de Jesús de Nazaret. Lo deseable y lo que había que anhelar era la pobreza, y no la riqueza. Lo venerable era tener una vida aspra, o sea, austera, mesurada, casta y pobre; y esta debía apreciarse en los aspectos que autores como el mallorquín Ramón Llull identificaban como signos fundamentales de riqueza personal: el comer, el vestir y el dormir («aspres viandes, aspre llit, aspres vestiments») (Llull, 1982: 139). En consecuencia, el apego a los bienes materiales que podía sentir un miembro del pueblo llano, como un artesano o un campesino, debía plasmarse en términos meramente funcionales. Así lo explica Vicent Ferrer en uno de sus sermones, en el que desglosa lo que ha de amarse en el mundo y el orden en el que hacerlo: primero Dios, luego el alma, luego el prójimo, luego la salud y, por último, los «béns mundanals». Estos debían amarse «axí com fa lo obrer los sturments a son offici. Lo notari ama la ploma, lo tinter, lo paper; lo laurador ame los bous, lo aradre, lo càvech; lo fuster, l’axa, la serra, lo escarpe, etc.; car sens aquells no porien obrar» (Ferrer, 1971-1988: vol. 3, 190-191). En definitiva, se recomendaba tener apego solo por las posesiones que fueran útiles para desempeñar el cometido de cada individuo en el seno de la sociedad feudal. El segundo motivo de crítica hacia la imitación de las clases altas era mucho más sugerente. Los pobres que buscaban distinguirse de sus iguales comiendo y bebiendo como los ricos eran igualmente golafres, pero tal actitud era de una vileza muy superior, porque los pobres debían comportarse como tales. Esto se aprecia en un breve capítulo de Lo Crestià de Eiximenis, que trata, como bien expresivamente reza el título, sobre «aquells qui són pobres e volen viure e menjar curiosament» (Eiximenis, 1983: 92-93). Aquí se explica que ser pobre y no actuar como tal comportaba no poder ser correctamente identificado dentro de la jerarquía social, lo cual conllevaba muchos problemas. Eiximenis lo justificaba desde una óptica bastante condescendiente, argumentando que, si los pobres no mostraban su pobreza, los ricos no querrían darles limosnas y caridades: Lavors, ensenya l’om que és copiosament golafre cant ve que és pobre, e encara vol viure curiosament, e fa son poder de usar en son menjar e beure de les millors coses que troba, ne que pot haver. Aquesta és un[a] tan gran viltat que provoca [a] aquells qui·u ven de negar-los almoyna e tot benifet. (Eiximenis, 1983: 92-93) Bajo esta argumentación subyacía un problema mucho mayor, y es que la imitación de las clases altas atentaba contra el orden natural de las cosas porque podía llevar a no poder distinguir al rico del pobre. Es por ello que, casi un siglo antes de Lo Crestià, Ramon Llull entendía la imitación del estilo de vida de las élites como un acto perverso y, literalmente, diabólico. El mallorquín lo ejemplificaba ni más ni menos que con la historia de Lucifer, dado que este había sido un ángel que, en lugar de sentirse complacido con su condición, se sentía superior al resto de seres celestiales. Tal sentimiento le había llevado a tratar de ascender hasta el nivel de su creador, que era Dios, quien a causa de esta ambición ilegítima acabó condenándolo a ser el señor de los infiernos. Llull extrapolaba esta historia para atacar la figura del pobre orgullós¸ un término que también utilizaba Eiximenis junto al de pobre delicat (Eiximenis, 1983: 67). Se trataba de personajes humildes con la avidez de ser iguales a las clases altas «en riquesa e en honrament». Esto era moralmente reprochable porque comportaba menospreciar a sus iguales, lo que subvertía el orden social pues el deseo de ascenso no acababa nunca: «si és ergullós e és sabater, tu volràs ésser draper; e con seràs draper, volràs ésser burguès; e con seràs burgès, volràs ésser cavaler; e de cavaler volràs ésser comte; e de comte a rey, e de rey a emperador. E si més podies pugar, més volrries puyar» (Llull, 1972: 152): En aquest món home ergullós seguex la manera que·ls dimonis agueren con foren creats àngels; cor l’ome pobre ergullós desija ésser egual al rich home en riquesa e en honrament, e con és puyat a aquella riquesa e aquell honrament, mensprea aquell qui li és egual, e vol ésser sobre él en nobilitat e en riquesa, e desiga ésser egual a altre home qui li és desús en riquesa e en honrament; e enaxí no està en àls mas en voler puyar e en menysprear son egual. E per açò aytals hòmens són semblants als demoniis, qui menysprearen los àngels benignes en so que volgren ésser pus nobles que éls, en quant volgren ésser semblantz a Déu. (Llull, 1972: 151) El peligro era, por tanto, que la emulación social se tradujera en verdadera promoción social y que los sectores populares lograran conquistar mejores escalafones en la pirámide de la sociedad feudal. Sin ser tan explícito como lo era Llull, Eximenis debía de compartir también esta preocupación, a juzgar por una crítica que realiza en Lo Crestià a los campesinos que se ordenaban sacerdotes no por devoción, sino para tener una vida más cómoda, de «bons menjars e fin vestit, e belles claustres e grans honors». Para el franciscano, estos campesinos estaban engañando a la sociedad (habían «enganat lo món»), pero también se engañaban a sí mismos, porque en el fondo seguían siendo campesinos, a pesar de haber cambiado su estilo de vida, su vestimenta, sus alimentos y tener mayores comodidades (Eiximenis, 1983: 67). Tal afrenta, sin embargo, no quedaba sin castigo, y quienes se atreviesen a instrumentalizar de forma tan banal el servicio a Dios podían esperar un importante vacío moral, que llevaba a no poder encontrar placer en ninguno de esos pequeños lujos: Yo, pobre e rustical, en casa de mon pare amvides podia umplir lo ventre famolent de pa de mill; jamés no·y beguí quaix sinó aygua; lo meu lit era la pallaça sola; la mia companyia eren los bous e les ovelles; los meus negocis eran parlar e tractar de laurar e de cavar, de plantar e de regar, e de fems e de basses. Ara, despuys que só ecclesiàstich, no puch trovar sabor en negun pa fort; pochs són los vins qui·m plàcien; mos vestirs són preciosos e mon lit emperial; disput de diversitats de menjars de carns e de peys, de salses e de fruytes; los reys condempne, los bisbes jutge, [e] los cavallers tinch per pajeses. De pajès no faç menció. (Eiximenis, 1983: 69)3. Con todo, las obras de Llull y Eiximenis fueron escritas para las élites de la sociedad. La condena a estos individuos humildes que se comportaban de manera acomodada podía ser dura y rotunda, puesto que no eran la audiencia de estos textos. Vicent Ferrer, un fraile dominico famoso en la Valencia y la Europa del siglo xv, tuvo una participación mucho más activa con el pueblo llano a través de sus sermones. En estos se reproducía el mismo mensaje, pero en un tono lógicamente más cándido e instructivo, que buscaba la receptividad del pueblo más de lo que podían hacer Llull o Eiximenis. Vicent Ferrer ilustraba su rechazo a la emulación social a través del caso de un hombre pobre que deseaba vestirse como un rico. En el sermón, el pobre se admiraba de los ropajes de otro individuo, que envidiaba profundamente: «O, tan ben vestit va aquell, ¿e yo no só fill de rich hom, que puch anar axí com aquell?». Ferrer, en este ejemplo, lo disuadía amablemente de sus intenciones, aludiendo de nuevo a la figura virtuosa del Cristo pobre: «Met la una orella sobre Jesuchrist. Pensa que ere pobre: «E yo deyg ésser pobre axí com aquell e per amor d’ell»» (ambas citas en Ferrer, 1971-1988: vol. 3, 57). El mensaje era hacer ver la pobreza como algo deseable, y no la riqueza. «Les riquees no les devem molt desigar», puede leerse en otra parte de estos sermones (Ferrer, 1971-1988: vol. 6, 103). Eiximenis también recomendaba la abstinencia y la templanza, evitando la «superfluïtat en menjar, beure, dormir, veure e oir» (Eiximenis, 1929-1932, vol. 4, 234-235). Con ello se pretendía desalentar a aquellos que querían vivir materialmente mejor y, en definitiva, se instaba a la aceptación del estatus social con el que se había nacido. La glorificación del conformismo y el rechazo a lo que hoy en día llamaríamos entrepreneurship, de hecho, es un elemento más en el pensamiento de estos autores en su lucha contra la emulación y la promoción social. El caso más ilustrativo es un sermón de Ferrer donde se habla de un labrador que anhela ser como un zapatero. La razón es que al campesino todo le iba mal, porque trabajaba mucho, no tenía hijos y no tenía buenas cosechas. El zapatero, en cambio, «tots diez enriquie», a pesar de trabajar a jornal y no tener propiedades. En la historia, el labrador le pregunta al zapatero cuál es su secreto. Este confiesa que posee un «tresor en un camp»; el campesino desea verlo y el zapatero accede a enseñárselo. Después de varios periplos no llegan al tesoro, porque el zapatero, de camino, para en una iglesia a escuchar misa, obligando al campesino a estar con él, se hace tarde y se vuelven a casa. Esto se repite durante varios días, hasta que el zapatero confiesa que su tesoro era, en realidad, esa asistencia diaria a misa, y que avanza en la vida con la ayuda de Dios. El campesino, por el contrario, había descuidado sus obligaciones cristianas al dedicar tanto tiempo a trabajar la tierra por querer prosperar en su explotación. La fórmula del bienestar estaba, pues, en el conformismo del zapatero y no en el trabajo duro del campesino: «Sapiats que aquest és lo camp del tresor, que quiscun dia yo·y vinch, e per açò he ço que he mester. Mas vós haveu aquexes possessions e bestiars qui us occupen, e lexau lo serví de Déu, e per ço no podeu avançar res.» E d’aquí avant lo laurador hoí missa cada dia, e abundà en riquees. (Ferrer, 1971-1988: vol. 3, 103-104) Con todo, estos autores no solo ayudan a identificar la existencia de un proceso de emulación social de la gastronomía de las élites, sino que ellos mismos pudieron haber sido influyentes a la hora de combatirla. No puede ser una coincidencia lo similar que es su lenguaje a los preámbulos de las normativas suntuarias que proliferaron desde el siglo xiv por la Península Ibérica y otros escenarios europeos, coincidiendo con la mejora de la cultura material de las clases populares (García Marsilla, 2015: 561-591, esp. 561-565; Muzzarelli y Campanini, 2003; Crouzet-Pavan, 2007). La normativa de 1345 de la ciudad de Valencia, la más antigua que se conserva de este lugar, se justificaba porque «les gents, per sugestió e engan del demoni e per mal ús, facen moltes vanitats e sobrefluitats, les quals desplaen a Déu e no-s fan a honor sua ne a profit del proïsme» (García Marsilla, 2015: 572-573). Estas leyes tenían el fin explícito de disuadir a las clases populares de las actitudes que podían implicar algún tipo de exhibición de los lujos asociados a los grupos privilegiados. Fueron promulgadas fundamentalmente por los grupos dirigentes de las grandes ciudades, con los que los autores de muchas de estas obras tenían una importante vinculación. Eiximenis quizás sea el caso más claro, pues dedicó algunas de sus obras a las autoridades municipales de la ciudad de Valencia. Del famoso Regiment de la cosa pública, por ejemplo, se disponía de un ejemplar en la sala de reuniones del consell y los jurats para su consulta, atado a una mesa con cadenas (García Marsilla, 2015: 575). Aunque estas normativas son conocidas sobre todo por sus limitaciones al consumo textil, muchas afectaban también a aspectos relativos a la alimentación. Se legislaba sobre los banquetes de las bodas y aquellos organizados por las organizaciones confraternales, que tenían un marcado carácter popular, fijando el número de invitados, la calidad y cantidad de piezas de las vajillas de plata y también los alimentos servidos. Desde 1372, de nuevo en Valencia, se promulgaron prohibiciones del consumo de carne de ave en estos eventos, la más cara y exclusiva, que pronto se ampliaron a otros animales jóvenes de carne muy tierna, como la ternera, el cabrito y el cochinillo. El uso de vajillas de plata, además, quedaba restringido a las bodas y al cubierto de la novia (García Marsilla, 2015: 585). 4. La materialidad de la alimentación y sus valores culturales. Si los alimentos, las técnicas culinarias y las maneras a la mesa podían ser emuladas, los objetos involucrados en estos procesos no se quedaban al margen. Esta literatura aporta ideas sobre lo que pudo ser el significado cultural de ciertos enseres vinculados a la alimentación, algunos de ellos con claras atribuciones «de clase». De hecho, puede apreciarse una «jerarquía de dignidades» bastante congruente con la propia «jerarquía de la mesa», pero con matices muy sugerentes. Las vajillas de plata y oro aparecen en estas obras asociadas a los más altos valores de honor y de prestigio. Ramon Llull las consideraba ya en el siglo xiii directamente a la altura de las joyas, por ejemplo, cuando refería al modo de vida de los nobles, hablando de sus «copes d’aur e d’argent e les altres joies de què ornen lus taules e umplen llurs caixes» (Llull, 1982: 239-240). Tiempo después, Vicent Ferrer hablaba sobre las virtudes de la plata explicando que, en cuanto a dignidad, estaba a medio camino entre el plomo y el oro, materiales de los que se hacían los «calzes e taces», de manera que podía considerarse que recibía una virtud de cada uno: «del plom sofisticació, e de l’or dignitat» (Ferrer, 1971-1988: vol. 5, 151). En cualquier caso, tanto el oro como la plata reciben también críticas en estas obras, pues aparecen asociadas a la ostentación como una actitud perniciosa que estimulaba multitud de pecados. En los sermones de Vicent Ferrer, por ejemplo, se define la avaricia como la voluntad de «sostener honors, ben mengar, ben beure, bona cavalcadura, vexella d’argent» (Ferrer, 1971-1988: vol. 4, 74). En otra ocasión, el mismo autor refiere al pecado de la vanidad, ejemplificándolo con el caso de un alto dignatario eclesiástico que tenía una vida de gastos desenfrenados, explicando que «tant són los encontinaments e los cavalls e mules e vexella d’argent e de or, e vestís e forradures, que la renda no·y baste» (Ferrer, 1971-1988: vol. 5, 147). En los escritos de Llull, por otro lado, la ostentación de la riqueza a través del oro y la plata aparece ridiculizada en una anécdota en la que un cardenal se arrodilla delante de una mujer «tota ornada d’aur e d’argent e de pedres precioses» con el fin de avergonzarla, diciendo que lo hacía porque «era semblant a ídola» (Llull, 1982: 239). En contraste con los metales preciosos estaban los materiales que no expresaban honor ni prestigio pues, de hecho, se vinculaban con valores opuestos. Los utensilios de madera, por ejemplo, son identificados con ideas de pobreza y humildad. El ejemplo más claro está en una metáfora de Vicent Ferrer en la que argumentaba que Dios intenta sacar lo mejor de todas las personas, pero no todas son igualmente receptivas a su mensaje. Para explicarlo ponía el caso de cuatro platos llanos (talladors), fabricados de oro, plata, estaño y madera. Todos pueden exponerse a la luz del sol, pero nunca brillar con la misma intensidad debido a la naturaleza del material. El brillo, en efecto, es más moderado conforme disminuye la dignidad del material del plato, hasta llegar al ejemplar de madera, cuya capacidad de reflejar la luz del sol es nula (Ferrer, 1971-1988: vol. 4, 109-110). Ahora bien, y por mucho que se denostaran como indignas estas vajillas de madera, en la práctica podían ser aceptables incluso para reyes y nobles. Los privilegiados no siempre utilizaban los metales preciosos en las comidas cotidianas, particularmente cuando no era necesario mostrar el prestigio familiar. Prueba de ello es que las vajillas de plata eran empeñadas de manera recurrente cuando no iban a utilizarse. Esta fue una práctica común entre la nobleza bajomedieval europea, apreciable en la Corona de Aragón en el caso de monarcas como Alfonso el Magnánimo, o de nobles como los duques de Gandía (García Marsilla 2010: 153; García Marsilla, 1996-1997: 33-47; Conde, 2000: 185-196). Mientras tanto, la nobleza podía recurrir a las vajillas de madera con naturalidad, siendo conscientes de que no era un material digno de su posición. Esto se aprecia en una carta ni más ni menos que del rey Pedro el Ceremonioso, quien solicitaba que se recuperara con urgencia la vajilla de plata empeñada de la corte porque se necesitaba para una futura comida de Navidad, a la cual iban a asistir personalidades destacadas del reino de Francia. «En altra manera», afirmaba el monarca, «en grant vergonya poríem venir» (Fontbona y Soberanas, 1991: 172, n. 16): Lo rey d’Aragó. Manam-vos expressament sots pena de la nostra mercé que tot aquell argent o vexella nostra que és empenyora en poder d’En Jaume Oliver o de qualsevol altres persones tràscats e quítets, e aquells nos tramétats de continent, per tal manera que l’hajam per a festa sens faylla o triga, que en altra manera en grant vergonya poríem venir, que entre altres coses nos fallen tayladors d’argent, que no n’avem si no·l nostre. E quant convidam null hom de recapte han li a portar la vianda en tallador de fust. E com nos siam en loch on nos venen fer reverència molts del Regne de Ffrança, per $\mathrm { c o \cdot u }$ volem ne soffrerriem que per mal recapte vostre en les dites festes de les dites coses fossem envergonyits. (Fontbona y Soberanas, 1991: 172, n. 16)4. La madera era, por tanto, inaceptable de cara a las grandes ocasiones al menos en lo que concernía al cubierto del rey, de la familia real y de los invitados principales, pero aun así se podía encontrar en uso entre sirvientes y comensales de rango más modesto. En los libros de cuentas de una serie de viajes que realizó la reina María de Luna en 1403, por ejemplo, constan grandes compras de platos «per servir en palau les dones e donzelles» (García Marsilla, 2018: 23, n. 86). Unos años antes, en un evento tan importante como el banquete de la coronación de Martín el Humano, que tuvo lugar en 1399, se encargaron 20.000 platos hondos (escudelles) y 16.000 platos llanos (talladors) de madera, seguramente para los asistentes de menor rango (Fontbona y Soberanas, 1991: 173). Si en el caso de la plata y la madera las valoraciones de estos autores pueden parecer poco sorprendentes, el caso de otros materiales llama más la atención por la difusión que alcanzaron durante el período bajomedieval. La cerá- mica de mesa, por ejemplo, aparece considerada con una dignidad igualable a la de la madera, es decir, como un producto ordinario, austero y humilde. Así lo ilustra un sermón de Vicent Ferrer al hablar de San Valero, obispo que renunció a su cargo y a todas sus riquezas con el fin de poder acercarse al pueblo. La sobriedad a la que había consagrado su nueva vida se hacía visible en no comer rodeado de plata durante las comidas, como correspondía a su anterior estatus, sino de madera y, además, de cerámica. Según Ferrer, «quan se dinave a sa taula, no·y tenie argent, sinó una cullera chiqua, mas terra o fusta […] O, quinya humilitat!» (Ferrer, 1971-1988: vol. 3, 154). A la cerámica se le atribuye en este pasaje, pues, una dignidad incompatible con el estilo de vida de los privilegiados. Esta idea se repite en otros autores, como Francesc Eiximenis. Este destacaba la cerámica dorada, producida en la villa de Manises mediante la técnica del reflejo metálico, como una de las maravillas del mismo reino de Valencia. En un conocido pasaje introductorio del Regiment de la cosa pública explicaba que «lo papa e los cardenals, e los prínceps del món […] stant maravellats que de terra se puixa fer obra axí excel·lent e noble» (Eiximenis, 1927: 32-33). Lo llamativo, según Eiximenis, no era solo la belleza de las piezas decoradas en dorado, sino que esta se alcanzara mediante un producto fabricado «de terra». La cerámica no aparece considerada entre estos autores, por tanto, como un material apropiado para las clases altas per se. No obstante, podía elaborarse tanto y causar un efecto tan sorprendente que, en la práctica, podía atraer su atención. Y es que en lo que refiere a la materialidad de la alimentación, la emulación social se plasmó en este tipo de enseres, caracterizados por su fragilidad y amplias posibilidades estéticas, que permitían expresar connotaciones lujosas a pesar de ser ampliamente asequibles. Se ha dicho que las cerámicas doradas que proliferaron por los hogares de las sociedades del Mediterráneo, de hecho, imitaban las vajillas de oro y plata de las élites europeas (Goldthwaite, 1989: 1-32). Bienes de estas características han sido denominados historiográficamente como bienes de lujo popular o populuxe y, de hecho, han sido identificados como una pieza clave en las llamadas «revoluciones del consumo» a lo largo de la época preindustrial (Fairchilds, 1994: 228-248). El caso de la cerámica es el más conocido, pero no el único, ya que entre estos bienes de lujo popular habría que incluir también al vidrio, muy apreciado en la época por las posibilidades estéticas que ofrecía la maleabilidad del material. El vidrio siguió un proceso parecido de difusión entre los grupos populares al menos desde finales del siglo xiv (Capellà, 2015; Riu, 2008: 83- 87; Veeckman, 2002).5 $\dot { \zeta } \mathrm { Q u } \dot { \mathrm { e } }$ consideración recibe el vidrio en estas obras literarias? En los pocos casos en los que se habla de este material, en general, se hace en positivo, elogiando su transparencia natural como una virtud. Esto era algo que pocos materiales podían lograr en el período medieval, y que se convirtió en una cualidad apreciada sobre todo a la hora de degustar las bebidas para conocer su calidad. La única referencia que hemos podido encontrar es una brevísima mención de Eiximenis al hablar de los vinos en mal estado, que podían confundirse con los vinos blancos y dulces porque amarilleaban en los vasos: No t’esguarts lo vy cant tot grogueja en la taça daurada, o cant veuràs la sua color resplandir en lo bell e net vidre, car deus pensar que lo vy que axí està és un gran traÿdor, car fa bella cara defora e appar tot blan e dolç cant entra dins, mas a la fi, cant dins sia, ell te mordrà axí com a serp mortal e enveninada fins a la mort de la tua ànima, e encara de ton cors e de ta fama, axí com damunt és largament dit. (Eiximenis, 1983: 61) Sabemos por otras fuentes, no obstante, que este material alcanzó una popularidad inmensa en el transcurso de la Baja Edad Media incluso entre las clases altas. A principios del siglo xvi, el Mestre Robert afirmaba en el Llibre del coch, uno de los más célebres libros de cocina catalanes, que los nobles preferían el vidrio sobre la plata como material para sus copas. Al dar indicaciones sobre cómo servir la bebida de manera apropiada, expresaba abiertamente que «realment crech que qualsevol senyor deu mas amar beure ab vidre que no ab argent, perquè lo vidre, majorment aquell que és de selicorn, no $\operatorname { s e } { \cdot } \mathrm { n }$ porie e·nenguna manera emmetginar», es decir, que no se le podía añadir veneno («metgines») a la bebida: «e vet así la rahó perquè los grans senyors amen més beure en vidre que no e·nenguna altra cosa» (Nola, 2012: 31). 5. La transmisión de las modas en los ritos alimentarios. Compartieran las clases populares estos valores o no, si estas imitaban las prácticas culinarias y la etiqueta de los privilegiados, tal y como revelan estos autores, debía de existir un proceso de transmisión en tanto que modas. Explicar cómo se difundían las modas en los ritos alimentarios es mucho más complicado que en el caso de otros ámbitos, como el vestido y sus complementos, que es el tema con el que se suele asociar el estudio de la moda. Los privilegiados —y entre ellos los mismos monarcas—, escogían cuidadosamente sus prendas para exhibirlas en actos políticos e institucionales, invirtiendo enormes fortunas en una imagen personal que las clases populares podían conocer con facilidad (García Marsilla, 2019b: 151-167). Los contextos sociales más comunes de la alimentación y los objetos que la rodeaban, por el contrario, se desarrollaban en el ámbito privado, en el seno del hogar, siendo más difícil el poder observarlos. Con todo, existen diversas maneras mediante las que las clases populares podrían haber visto estos enseres en pleno funcionamiento, a juzgar por algunas referencias en las obras de los autores estudiados. Los sirvientes de los privilegiados y las clases acomodadas, por ejemplo, conocían sobradamente estos objetos, que limpiaban y guardaban a diario. Vicent Ferrer menciona en un sermón que, tras los banquetes, los criados domésticos acudían a la mesa a recoger los platos y las sobras, para luego comérselas ellos mismos: En aquest sermó he pensat que tenga la manera que tenen pobres servidors en casa de algun senyor on servexen, que quan lo senyor ha mengat e finit lo dinar, vénen los pobres servidors e prenen los cantells de les taules, cerque què puxen mengar. (Ferrer, 1971-1988: vol. 6, 159) Pero incluso los más pobres y humildes sin relación directa con personajes acomodados podían conocer la gastronomía de las élites, cuando pedían las sobras de los banquetes en las puertas de sus palacios y grandes casas. Era recomendable que los mismos privilegiados buscaran esta práctica para la purga de su alma de cara a la vida próxima. En ese sentido, Eiximenis aconsejaba que las primeras porciones que salieran de ollas y espetos fueran directamente a los que pedían limosna: Tantost com sies en taula te n’aja lo cor que la primera cosa que hix de l’ast o de la olla sia partida axí que la primera porció baja a Déu, ço és, als pobres, e majorment e amagadament als vergonyats. (Eiximenis, 1983: 106) En una de sus recurridas críticas a la glotonería también disuadía al lector de ingerir y lamer hasta la última gota de caldo de las escudillas, porque era preferible dejar las sobras para los más necesitados: Nuyl temps no entres tan pregon en la escudella que vingues a fregar-la per res del món, ans ne lexa queucom per amor de Déu e dels pobres e per bon nodriment. (Eiximenis, 1983: 122) Las clases populares podían conocer así los manjares de los ricos, sin necesidad de entrar en sus viviendas. Los alimentos se les proporcionaban como limosna fuera del hogar, depositándolos en sus propios platos traídos de casa. Esta última práctica la recoge Ramon Llull en Evast e Blanquerna, en la descripción de la boda que un draper rico había organizado para desposar a su hija con un caballero. A la puerta de la casa se agolpaban «molts pobres qui esperaven que hom los faés almoina del romanent de ço qui roman a la taula», para lo cual cado uno había acudido con su propia escudilla para los alimentos y con una copa para el vino: Con fo hora e temps que tots aquells de l’alberg hagren menjat, aportà hom lo relleu de la taula als pobres. Cascun pobre hac sa escudella, son anap, on reebés ço que hom li donava per amor de Déu. Evast no hac en què reebés les cols que hom li volia donar, ni no hac anap ni selló en què metés lo vi, e pregà un pobre que, per amor de Déu, li plagués que en la sua escudella e en lo seu anap reebés la seua part […] Molt foren lo draper e tots los altres meravellats de la humilitat d’Evast. (Llull, 1982: 60) Acceder al espacio privado de las clases altas o interactuando con él de diferentes maneras podía comportar así conocer su gastronomía. Esto era el primer escalón en la transmisión de las modas en el comer. Ahora bien, ¿cómo se difundían estas prácticas entre los diferentes estratos de la sociedad medieval? Desde luego, si se aspiraba a reproducir estas comidas hacía falta adquirir los enseres involucrados en esta cocina de alta alcurnia, como los espetos para los asados y las ollas para las salsas, o las mismas piezas de cerámica donde servirlas. En estas cuestiones, el mercado de segunda mano cumplió un papel central (García Marsilla, 2019a: 14). En la Corona de Aragón, en los llamados encants o almonedes, se concentraban a un precio más asequible bienes que procedían de las casas de todo el espectro social, de nobles, notarios y grandes mercaderes, y entre sus compradores no faltaban miembros del pueblo llano, como los artesanos de las grandes urbes, pero también los campesinos de sus inmediaciones (García Marsilla, Navarro Espinach y Vela Aulesa, 2015: 312- 316). A partir de ahí, la difusión de estas prácticas culinarias hubo de ser mucho más rápida, entre sectores sociales entre los que las relaciones sociales y económicas eran mucho más fluidas. En relación con esto último, acceder como invitado a una vivienda, fuera por amistad o interés, cobraba una importancia fundamental. Las comidas de sociabilidad, o eventos como bodas y celebraciones populares, debieron de constituir así el mecanismo final y más fundamental de difusión de las modas en el comer entre los humildes. Los antropólogos de la alimentación destacan la importancia de los food events, de las comidas como «instrumentos de diplomacia social», que cumplen una función de representación atractiva a todas las clases sociales (Douglas e Isherwood, 1979: 88-89). No debe ser una coincidencia que Francesc Eiximenis recomendara invitar a menudo a comer a casa a aquellos «on senyoria has, e, lla on no la has». Esta parte de su obra, el conocido «Com usar bé de beure e menjar» del tercer volumen de Lo Crestià, ha de entenderse en sí misma como un manual de instrucciones para asegurar una comensalidad propicia a los objetivos deseados. Ello constituye una muestra de la preocupación por el buen trato a estos invitados a quienes había que causar una buena sensación, por lo que era muy importante mostrar buen gusto y buenos modales en las comidas. Eiximenis recomendaba, por ejemplo, compartir con los invitados el tallador, el plato llano de uso común del que todos los comensales cogían la comida con las manos, acción que suponía un gesto de amistad y cercanía muy intensa. De hecho, esta cualidad del tallador hizo que el franciscano recomendara a los maridos compartirlos con sus mujeres como señal de respeto. En cambio, opinaba que era mejor que los hijos tuvieran un plato propio, separado del de los padres, para evitar que pensaran que estaban al mismo nivel: Tostemps serva honor a ta muller que meng ab tu en un tallador, e la convida del millor si és fembre de bé, car tostemps te’n amarà e te’n prearà més. Null temps mengs en un tallador ab tos infants ne ab ton servent, mas ten-los en humiltat e sots tu matex axí que t’hajen en reverència. (Eiximenis, 1983: 108) 6. Conclusión. Llull, Eiximenis y Ferrer eran conscientes de que la alimentación podía instrumentalizarse para mostrar riqueza y honor, tanto en la presentación como en el sabor de los alimentos. Esos «pobres orgullosos» que tanto criticaban tenían mecanismos mediante los cuales podían conocer la gastronomía de los privilegiados, desde trabajar para ellos como sirvientes en sus palacios a recibir sus limosnas a las puertas de los mismos. A partir de ahí, estos grupos sociales debieron de atreverse a cocinar y comer como ellos. Era entonces, al romperse la jerarquía de la mesa, cuando surgía la abominación. La preocupación de estos autores por una sociedad glotona marcada por el pecado de gula y la avaricia enmascaraba, pues, algo mucho más inquietante: que no fuera posible distinguir a los ricos de los pobres. Y lo que era aún peor, que estos no solo se comportaran como ricos, sino que acabaran accediendo a sus posiciones, de manera que la emulación se convirtiera en promoción social, y que la sociedad feudal desapareciera tal y como la conocían. La relevancia del pensamiento de estos autores solo hay que verla en su probable influencia en las normativas suntuarias, que frenaban de manera legal esos comportamientos que tanto les alarmaban no solo en las modas en el comer, sino también en el vestir. Con todo, estamos lejos de comprender completamente la relevancia de la emulación social en los grandes cambios en la cultura material y la vida cotidiana de las clases populares. El estudio de estos autores permite constatar que existían actitudes emulativas en la alimentación y su materialidad y entender el porqué de las críticas hacia esta. Conocer su relevancia social, constatando los aspectos concretos en los que la alimentación se manifestaba, es algo mucho más complejo. Y es normal, porque es más fácil conocer cómo se originaban las modas entre las élites que rastrear cómo se difundían entre las clases populares. Se hace necesario así investigar la difusión de enseres, prácticas y modos de vida concretos, a partir de la combinación de fuentes documentales de tipo muy diverso. En cualquier caso, y como apunte final, habría que precisar que la emulación social fue solo una de entre las muchas fuerzas conductoras de los cambios en las actitudes de consumo que experimentaron las clases populares en el otoño de la Edad Media. Y, además, tampoco hay que olvidar que, incluso si se emulaba, también se asimilaba: habrá que intentar comprenden cómo esos nuevos hábitos se incorporaban al estilo de vida y a la cotidianeidad del grueso de la sociedad medieval y, ante todo, aspirar a entender qué se buscaba con ello. 7. Referencias 7.1. Edición de fuentes. Eiximenis, Francesc [1983], Com usar bé de beure e menjar. Normes morals contingudes en el «Terç del Crestià». Edición de Jorge García. Barcelona, Curial. Eiximenis, Francesc [1929-1932], Terç del crestià. Edición de Martí de Barcelona y Feliu de Tarragona, 4 vols. Barcelona, Barcino. Eiximenis, Francesc [1927], Regiment de la cosa pública, edición de Daniel de Molins de Rei. Barcelona, Barcino. Ferrer, Vicent [1971-1988], Sermons. Edición de Gret Schib, 6 vols. Barcelona, Barcino. Llibre de Sent Soví [2014], Edición de Joan Santanach. Barcelona, Barcino. Llull, Ramon [1982], Llibre d’Evast e Blanquerna. Edición de Salvador Galmés. Barcelona, Edicions 62. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Guerra en el valle del Ebro en la segunda mitad del siglo XI: geoestrategia y control militar de los recursos económicos en el noreste peninsular: War in the Ebro Valley in the Second Half of the 11th Century: Geoestrategy and Military Control of Economic Resources in the Northeast of Iberian Peninsula
GUERRA EN EL VALLE DEL EBRO EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XI: GEOESTRATEGIA Y CONTROL MILITAR DE LOS RECURSOS ECONÓMICOS EN EL NORESTE PENINSULAR. WAR IN THE EBRO VALLEY IN THE SECOND HALF OF THE $I I ^ { t h }$ CENTURY: GEOESTRATEGY AND MILITARY CONTROL OF ECONOMIC RESOURCES IN THE NORTHEAST OF THE IBERIAN PENINSULA. Darío Español Sol ana Universidad de Zaragoza email@example.com. Resumen: La guerra en los albores de la Plena Edad Media hispana alcanzó dimensiones holísticas, pues estaba presente de modo ubicuo en todas sus estructuras sociales y políticas. Durante la segunda mitad del siglo xi, los príncipes cristianos del valle del Ebro iniciarán la conquista del llano, poniendo en marcha estrategias militares de diversa naturaleza no solo contra el Islam, sino entre ellos mismos. Este artículo analiza uno de los aspectos fundamentales para comprender la guerra en ese periodo: la geoestrategia. Y desde una doble perspectiva: la geografía militar y el control de los recursos económicos como base de las acciones militares. Palabras clave: guerra medieval, reconquista, geoestrategia, historia militar, valle del Ebro, siglo xi. Abstract: The war in the beginnings of the Hispanic Middle Ages reached holistic dimensions, because it was ubiquitously present in all its social and political structures. During the second half of the $1 1 ^ { \mathrm { t h } }$ century, the Christian sovereigns of the Ebro valley will begin the conquest of the plain, starting military strategies of various kinds not only against Islam, but among themselves. This article analyzes one of the fundamental aspects to understand the war in that period: geostrategy. With a double perspective: military geography and the control of economic resources as the basis of military actions. Key words: medieval warfare, reconquest, geoestrategy, military history, Ebro valley, $1 1 ^ { \mathrm { t h } }$ century. 1. Introducción1. El pensamiento estratégico a lo largo de la historia tiene su génesis en la distinción entre la biê —βίη— y la mêtis —μῆτιϛ— que hiciera Homero en la Ilíada. La primera alude al sentido estricto de la fuerza y del ímpetu; a la acción de enfrentarse al enemigo directamente. La otra, en contrapartida, propugna el uso de la astucia y la añagaza para conseguir los fines, así como la práctica consciente e institucionalizada del ingenio como arte supremo con el que ganar la guerra. Homero personificaba ambas virtudes en los dos héroes por antonomasia: Aquiles y Ulises (Freedman, 2019: 54). A partir de esta confrontación, la mêtis ocupará un espacio fundamental en el arte de la guerra clásico, cuya resonancia alcanzará a la tratadística ulterior —fundamental para entender la guerra en nuestro periodo—, y reverberará permanentemente en el pensamiento estratégico de la Baja Edad Media y la Edad Moderna. En el siglo iv Vegecio es explícito cuando indica que la mejor opción es siempre evitar el enfrentamiento abierto, optando siempre que sea posible por la sorpresa o el golpe psicológico en el adversario.2 De similar tenor habla el Strategikon en el siglo vi, haciendo hincapié en la capacidad del strategos para lograr la victoria eludiendo las acciones directas en la medida de los posible.3 Los tratados alto y plenomedievales posteriores guardan un mayor equilibrio entre fuerza e ingenio. El Strategikon de Kekaumenos (siglo xi) aconseja al general que actúe con astucia pero también con firmeza, asumiendo que con ambas acciones se ganan las guerras: con el enfrentamiento directo y con la estratagema.4 Al-Harawi (siglo xii) también exhorta en similares términos, pero una lectura general de su tratado denota su inclinación hacia la manipulación de la debilidad del enemigo y al aprovechamiento del ingenio como herramienta para lograr la victoria, considerado más valioso que la propia fuerza mal desperdiciada. Parece, pues, que la tradición tratadística identifica desde antiguo el propio desempeño de la estrategia con la mêtis, es decir, el modo de concatenar acciones que permitan la consecución de los objetivos militares sacrificando cuantos menos recursos mejor. Es lo que Liddle Hart identifica con las estrategias de aproximación indirecta. La duda radica en conocer si los príncipes cristianos y musulmanes diseñaron las operaciones de guerra y conquista instruidos en este pensamiento estratégico recogido por la tratadística. Para algunos autores la identificación de acciones y estrategias reconocibles en los tratados respondería más a soluciones lógicas dadas en tales momentos que a una aplicación sistemá- tica de estos magisterios (Guveira Monteiro, 2009; Morillo, 2002). La Geoestrategia es una disciplina reciente, subsidiaria de la Geopolítica y de la propia Estrategia militar. Si bien es cierto que tomó forma en el pasado siglo xx entre los subcampos de la ciencia militar, su procedencia se ha ido construyendo desde diversas ópticas que han aunado los postulados más clá- sicos de la geografía con el de la estrategia y otras áreas de estudio militares. No existe un consenso sobre su definición. Celilier dice de ella: «La Geoestrategia, hermana menor de la Geopolítica, forma con ella un homogéneo díptico que de este modo ofrece al político y al militar igual método de aproximación a los problemas necesariamente conexos en el mundo actual» (Celilier, 1979: 51). Por tanto, parece razonable hilvanar en su constructo la política y la guerra. Hacia un mayor acercamiento conviene entender que «la geoestrategia es la interpretación estratégica de la geografía, así como la geopolítica es la interpretación política de la misma realidad» (Bolivar Ocampos, 2012: 27). En cualquier caso, geografía y estrategia militar son elementos que siempre han ido de la mano. Aunque su mixtura como campo de conocimiento sea reciente, las planificaciones militares del pasado han necesitado de la consideración y del conocimiento del paisaje y la orografía para su desarrollo. 2. La consideración de una geografía militar en el siglo xi. La documentación catalana del siglo xi es pertinaz en el uso de fórmulas jurídicas que traslucen el modo de concebir el territorio en la Edad Media. La expresión […] de tuos kastros aut kastellos, rochas vel puios, condirectos vel heremos, terra et honore, alodes vel fevos, comitatus vel comitatu […] se repite en decenas de documentos, procedentes de distintas manos y de distintas instituciones. El ánimo por nominar a la tierra de modo holístico para un efecto estrictamente jurídico deja aquí una impronta de la consideración espacial en la mentalidad de la Plena Edad Media. El hombre medieval entendía el medio geográfico a partir de una dualidad irrefutable, que a su vez resultaba aplastantemente utilitaria y lógica. Por un lado, el espacio sometido, dominado, accesible. Por otro, el inculto o que era incapaz de controlar. Heremo vel populato. El concepto de ordenación del territorio actual es ajeno al pensamiento medieval; la consideración territorial como superficie medible, ordenable o abarcable se presentaba como un constructo peregrino. Este mismo territorio natural, a la sazón, incluso coqueteaba con el imaginario colectivo vinculado a lo inhóspito de lo desconocido (Castro Hernández, 2015: 30). No es menos cierto, empero, que desde el propio siglo xi las sociedades medievales cristianas asisten a una evolución del propio concepto (Souvirón Bono, 2012: 316). El hombre parece ir desquitándose del paradigma ideológico altomedieval que considera el territorio como un todo integrante de la creación divina y la configuración del mundo, para acercarse a él desde presupuestos más terrenales que van a rodearse de concepciones científico-filosóficas. Ahora bien, la forma de interpretar el mundo puede acercarnos al pensamiento que pergeñó las estrategias militares en un tiempo determinado, pero se antoja necesario descender hacia evidencias o pesquisas más funcionales si queremos acercarnos a una realidad pragmática. En términos de geografía militar, lo conquistable es aquello que el hombre domina. Bien es cierto que jurídicamente hablando este no se olvida del yermo —todo lo que no está ocupado o construido—, porque en algún momento puede llegar a dominarlo y por tanto constituir sujeto jurisdiccional. Pero el interés estratégico se centra sobre los espacios antropizados. Cuando el yermo fija el interés del hombre es porque se hace necesario controlarlo como paso previo para conquistar algo habitado, construido y/o transitable. La inexistencia de pensamiento cartográfico en el periodo feudal hace que se conciba el territorio como un constructo colectivo de límites difusos,5 pero en términos efectivos se interpreta como una amplia retícula de puntos conectados cuya naturaleza es sináptica. Cada uno de estos puntos —ciudades, villas, castillos, mansos, almunias, atalayas…— ejerce influencia antrópica sobre un área circundante que se describe en términos cualitativos y no mensurables.6 Asimismo, los límites de la propiedad no se construyen en base a unidades de medida, sino a partir de referencias concretas —afrontaciones o propiedades colindantes—. Cuando la documentación alude a unidades de medida —cuantitativas— en relación a superficie o área, estas siempre son utilitarias y relativas —caso de la yugada o la parasanga—, nunca matemáticas o cartográficas.7 El estimulante reto del historiador militar consiste en delinear unos parámetros mentales que permitan a su vez comprender cómo se planificaba la guerra y la conquista del territorio sin representaciones gráficas del espacio terrestre. No existió modo de comprender la realidad espacial a través de la cartografía; los mappae mundi no eran fines en sí mismos, sino representaciones mentales con propósitos didácticos (Souvirón Bono, 2012: 323) que recogían «la geografía virtual de la Biblia» y «los jirones de erudición clásica que todavía continuaban prendidos en la memoria colectiva» (Tyerman, 2019: 439). La información geográfica en los siglos xi y xii constituía un universo discursivo que aunaba elementos profanos con legendarios, y que para territorios concretos se organizaba a través de factores empíricos recolectados a partir de conocimientos que se transmitían de forma oral o por escrito. La experiencia de los viajeros, las narraciones o el conocimiento de los actores locales construían esta sabiduría, y a partir de ella se edificaba cualquier empresa que debiera desarrollarse en el territorio. También la guerra. Ese medio antrópico vertebrado reticularmente se comunicaba entre sí mediante itinerarios de viaje, tiempos de desplazamiento y etapas, para el caso de las rutas principales (Ferreira Priegue, 1994: 48). El ejemplo más evidente lo tenemos en las obras de los grandes geógrafos andalusíes. Pero la actividad militar se amparaba frecuentemente en el conocimiento de rutas secundarias, caminos, veredas, senderos de bosque, puentes, pasos de montaña, vados y lugares para cruzar ríos, o en noticias relevante sobre topografía o vientos dominantes. $\it { i C o m o }$ trazar una estrategia militar sin ese conocimiento, que contemple tiempos de desplazamiento, características de las vías, caudales de los ríos y tantas otras variables? La procedencia de las noticias podía ser variada y las fuentes lanzan frecuentes guiños para la realidad hispana y en concreto para el valle del Ebro. La existencia de guías entre la tropa es permanente8 y debieron constituir una pieza clave en toda planificación, bien asesorando a los generales o incluso estando presentes en la misma.9 Pero no constituyeron el único recurso. No debemos desdeñar la información que podía recaudarse a partir de las noticias de los propios comerciantes, de los espías y agentes de inteligencia infiltrados, de los prisioneros liberados y de toda actividad militar precedente. De hecho, la gran cantidad de menciones a cautivos que la documentación muestra nos está indicando la existencia de un permanente trasiego de prisioneros, como ha sido ya documentado anteriormente. Por lo que es necesario pensar que la cautividad constituyó, en el fondo, una fuente de información —no solo geográfica— muy necesaria para la guerra. Sin obviar el poder de un elemento recurrente en la guerra medieval, que lejos de constituir únicamente un recurso de guerra de desgaste, dotaba a comandantes de algo más valioso: información geográfica. Nos referimos a la cabalgada. El movimiento de tropas a caballo, más o menos numerosas, fue una herramienta de gran valor porque cumplía funciones de reconocimiento del terreno. No es extraño, consecuentemente, ver a príncipes cristianos de tanto en tanto comandar estas cabalgadas,10 pues a la sazón el conocimiento del territorio por parte del líder era fundamental para establecer las estrategias. Tradicionalmente se ha venido arrogando a las cabalgadas señeras intenciones de desgaste y obtención de botín, pero en las acciones rápidas sin caravanas o acémilas, el botín en especie es difícilmente transportable. 3. Accidentes geográficos y guerra. Durante el califato una de las constantes fue la dificultad del ejército califal para soslayar orografía accidentada, algo que también parecen replicar los ejércitos de las taifas del valle del Ebro. Tal parecen indicar las acciones de socorro sobre plazas perdidas situadas a pie de sierra, en mayor medida que las que estaban ubicadas en el interior de valles o entre cadenas montañosas. La constitución de un ejército de devastación acostumbrado a acciones rápidas y profundas de desgaste en lugar de acciones de conquista concurre en planificar largas travesías, por lo que el grueso del ejército debe viajar con la impedimenta y sus acémilas. Algo que acarrea problemas para franquear vados o atravesar barrancos y que se muestra como una ventaja para un enemigo aprovisionado y con bases logísticas próximas; a pesar, no obstante, de que la tratadística coetánea describe cómo actuar en tales supuestos. Así se evidencia en el desastre de Simancas de 939, cuando los cristianos aprovecharon el paso de las tropas de an-Nasir por un barranco para tratar de dividir y hostigar al grueso desde su vanguardia.11 Fue una constante de los ejércitos andalusíes, no obstante, el interés por hacer la batalla en el llano,12 algo que condicionaría su falta de predisposición para hacer la guerra en valles o territorios montañosos. Incluso el uso de la orografía puede darnos las claves del genio militar de los líderes, definiendo modelos o tendencias tácticas y estratégicas. Alfonso el Batallador era dado a ‘castramentar’ a los pies de una loma, colocando seguramente batidores en su parte más elevada y usando el accidente como elemento de protección,13 como por ejemplo durante la campaña que llevó a cabo en Al-Ándalus entre 1125 y 1127. El uso de los accidentes por parte de los lí- deres de modo deliberado es una constante, siempre según las condiciones del enemigo y las posibilidades propias. En esa misma campaña, el gobernador Tamim, hermano del emir Alí ibn Yusuf, mandó mudar el campamento de la protección de una hondonada a la cima de una colina durante las escaramuzas con el Batallador en la Batalla de Arnisol.14 Unas acciones que tienen su reflejo en la sabiduría militar. Así lo demuestra Al-Hulal al-mawsiyya con el poema en forma de loa y consejo que el ulema Abu Bakr ibn al-Sayrafi dedicó a Yusuf ibn Tasufin, entre cuyos versos le indicaba rodearse de un foso al plantar el campamento, aunque estuviera persiguiendo al enemigo o fuese él el perseguido; que no dejase río detrás de sí cuando se encontrasen con él; y que dispusiera el combate, a ser posible, al atardecer, dejando detrás de sí un desfiladero que pudiera ser bien defendido.15. Si nos centramos en la expansión feudal en el valle del Ebro durante la segunda mitad del siglo xi, sin duda las protagonistas fueron las sierras exteriores del Prepirineo. Esta muralla calcárea constituye un sistema kárstico resquebrajado por barrancos y cauces, por la que los afluentes del Ebro se han ido abriendo paso perpendicularmente desde hace millones de años entre valles y simas, creando una barrera natural de complejo franqueo. Durante el siglo xi los reyes y señores feudales evidencian una preocupación «estatal» por comunicar de forma transversal este territorio complejo,16 lo que demuestra que el principal problema de la planificación militar fue una logística que presentaba demasiados inconvenientes.17 En una orografía como tal, los tiempos de recorrido varían, las etapas se acortan, los caminos son estrechos y las distancias visuales se difuminan o se condicionan a variables como la altitud, la climatología o la accesibilidad. Las estaciones logísticas también deben reconsiderarse. De igual modo, tienden a apocoparse o concentrarse los puntos estratégicos, dado que se simplifican las vías y los pasos cuanto más difícil es el territorio. 4. El control de los recursos económicos en la guerra plenomedieval. Dentro de la geoestrategia es necesario también prestar atención a un elemento capital que define en cierto sentido la propia naturaleza estratégica del enfrentamiento armado. Se trata del control de los recursos económicos como parte del conflicto. Consuetudinariamente se ha tendido a historiar el hecho militar motivado —y englobado— por las propias dinámicas feudales. Se ha concebido la expansión y la inversión de recursos militares en aras de la consecución de objetivos como consecuencia de todo lo interrelacionado con la maquinaria feudal,18 pero sin reparar en fundamentos más propios de una realidad estrictamente militar. Desde una perspectiva militarista, pues, sin menoscabo de que tales pretextos constituyeran fines últimos en sí mismos, los teatros de operaciones obligaban a los estrategas feudales a interpolar movimientos y decisiones movidos por cuestiones más pragmáticas y cotidianas. Somos conscientes de que la finitud de las fuentes es un obstáculo para reflexionar sobre la motivación real de cada acción militar, de cada propuesta de conquista; pero la guerra a la largo de la historia se ha movido por objetivos militares menos idealistas y más funcionales. Es aquí cuando se esparcen sobre el tapete aspectos relacionados con el dominio de los recursos económicos, o con el control y bloqueo de comunicaciones fluviales y terrestres, entre otros aspectos. Este es un tema que todavía no ha sido plenamente bien abordado para nuestra época. La parquedad de las fuentes, en todo caso, nos obligaría a historiar este asunto de forma comparada, echando mano de la constatación de indicios, la problematización activa y seguramente el apoyo de otras disciplinas, ajena alguna de ellas a las propias Humanidades. Como se expondrá más abajo, es complicado considerar —a riesgo de que resulta una obviedad— si junto a las pretensiones de conquista clásicas contra una u otra plaza existieron otras motivaciones inherentes al éxito del propio conflicto: la obtención de recursos —mineros, acuíferos o saliníferos19—; la interceptación de tradicionales rutas de paso o comercio; o el acceso a espacios de alto nivel económico como consecuencia de la obtención de conocimiento previo a la conquista.20. García Fitz ya incluyó acertadamente la dimensión económica imbricada entre los objetivos de las acciones militares, fundamentalmente en las de desgaste (García Fitz, 1998: 90-100). Es evidente que el leitmotiv último de toda campaña bélica es el económico, así como los que de él se derivan o se interrelacionan.21 De hecho, se puede identificar en cualquier conquista un interés por la propia expansión de las élites dirigentes. $\it \Omega _ { \mathrm { i } } \mathrm { N o }$ es esa, realmente, una motivación económica en sí misma? Pero cuando aludimos a objetivos económicos lo estamos haciendo desde una panorámica coyuntural, insertos en la propia dinámica de la guerra emprendida; más relacionados con su tratamiento estratégico para favorecer la propia capacidad o dañar la del enemigo que con fines expansivos en sí mismos. Y a sabiendas de que se trata de un tema de investigación y análisis muy jugoso, cuyo tratamiento en profundidad trascendería las limitaciones —y metas— de este artículo, conviene reflexionar sobre los recursos por antonomasia, que no fueron ajenos a la estrategia militar del periodo: el oro y la sal. 5. La fiebre del oro. Los siglos viii y ix vieron cómo Al-Ándalus reacuñaba dinares a partir del numerario visigodo y bizantino (De Villar Iglesias, 2016: 185). ‘Abd al-Rahman III, ya en el siglo x, trazará una política para cambiar esto y controlar la producción aurea africana canalizando su suministro hacia la Península Ibérica.22 Desde ese momento la moneda andalusí alcanzará una pureza del $90 \%$ (De Villar Iglesias, 2016: 250), jamás antes conocida. El oro se convirtió en uno de los elementos de legitimación califal, no solo porque posibilitó el saneamiento del tesoro estatal, sino porque incrementó el acceso a la riqueza y los intercambios comerciales. Todo este oro procedía de las minas del Sudán Occidental23 y para lograr su flujo y recepción el califa omeya pergeñó una política de control de las tribus bereberes a fin de garantizarse el abastecimiento del metal precioso a través de las rutas que partían desde sus minas y recorrían el Sahara y el Magreb hasta llegar al Estrecho.24. Sin embargo, el control de las rutas caravaneras desató el conflicto entre Al-Ándalus y el califato fatimí.25 La guerra por la fiebre de oro subsahariano se extendió durante las décadas centrales del siglo x, hasta que los fatimíes trasladaron su capital a Egipto en 969. En un principio, ‘Abd al-Rahman III conquistó Ceuta y Melilla y estableció un protectorado en el Magreb atrayéndose a la confederación de los Zanata y otros Estados, pero los fatimíes respondieron controlando las principales ciudades caravaneras. Más tarde, con la amenaza fatimí atemperada, Al-Hakam II y Almanzor consolidarán el poder andalusí sobre este territorio, garantizando el abasto de esclavos y oro hacia la Península. Todo esto se truncó con la llegada de la fitna. Tras la disgregación del califato, las taifas asistieron a una verdadera crisis del oro y también de la plata. Las líneas de suministro con el Magreb se cortaron y la calidad de la moneda decayó (Prieto y Vives, 1926: 95-102) desde las primeras décadas del siglo xi.26 Solo siguieron acuñando moneda de oro de buena ley los hamudíes, fundamentalmente porque ganaron la fidelidad de parte del Magreb, manteniendo los resquicios de estas rutas (De Villar Iglesias, 2016: 252). Sin embargo, esto contrasta con una sociedad andalusí ávida de este metal precioso. Las taifas requirieron durante su existencia perentoriamente de metales nobles para la acuñación de moneda, como elemento de legitimidad emiral y a causa del drenaje constante de los reinos cristianos de este metal en forma de parias. La adquisición de oro y plata iba a redefinir en lo sucesivo el teatro de operaciones y, por consiguiente, la estrategia militar. En el caso de los emires de las taifas, el monopolio y gestión de las rutas comerciales con el Magreb por parte del poder califal en el siglo x había eximido a sus antecesores de muchas preocupaciones en lo que concierne a su circulación en Al-Ándalus y sus demarcaciones. Para los embrionarios principados feudales, con excepción del condado de Barcelona, la entrada de oro había sido hasta ese momento exigua y testimonial.27 Pero en este momento la coyuntura se invierte y el oro va a entrar de lleno en la planificación estratégica peninsular. Los poderes islámicos tuvieron que importarlo de manera individual, pues las rutas que abastecían al califato se habían desviado o ya no existían, de modo que solo quedaba reacuñar, batir con menos ley y encarar la geopolítica a través de una estrategia que permitiese su adquisición, lo que también implicó adscribirse a la advocación de uno y otro califa según se garantizase con ello una estabilidad comercial y un aprovisionamiento de metales preciosos.28 Sin embargo, la codicia de los reyes y condes cristianos entró en ese juego. ¿Dónde estaba, pues, ese oro que marcó el devenir estratégico en el sector nororiental de la Península? Qué duda cabe que una parte procedía del periodo anterior, en el que los metales preciosos habían abundado.29 Bastaba con reacuñar sobre numerario califal. Pero es evidente que este relativo superávit no fue suficiente. A partir de los últimos años de la fitna el volumen de acuñaciones de los distintos poderes taifales, así como su ley y sus características, experimentaron un proceso de calidad a la baja y con intermitencias. Ya bien entrado el siglo xi mantuvieron una cierta calidad las monedas de las taifas de Sevilla y Zaragoza, las de los hamudíes y en menor medida las de las taifas de Levante.30 Anteriormente, entre 1009 y 1031, este fenómeno se observa en las monedas de hamudíes, de Muyahid en Denia y de los saqaliba, Mubarak y Muzaffar, en Valencia —de plata—; todo parece indicar que estos gobernantes lograron mantener durante la fitna un flujo de metales preciosos africanos hacia sus cecas. Los hamudíes por el poder que supieron extender sobre el Magreb; en el caso de Denia y Valencia, por su capacidad marítima y portuaria. Pero después el desplome de la ley en las acuñaciones fue general. Solo batieron dinares de oro de cierta calidad a lo largo de siglo xi los abadíes sevillanos y los tuyibíes y hudíes zaragozanos. En el caso de los primeros, la falta de plata (Grañeda Miñón, 2008; Ariza Armada, 1995: 234-235) hizo que el oro fuese para ellos el metal de referencia en las acuñaciones, lo que hace barruntar que durante todo esta centuria continuaron conectados a las rutas del oro sudanés a través de los puertos del Estrecho. En el caso de los emires zaragozanos, sus conexiones de invocación califal con Sevilla y su gran estrategia consistente en dominar Tortosa, Denia y Valencia —posteriormente— parecen evidencias por mantener el abastecimiento de oro. Ahora bien, la emisión aurea de la taifa zaragozana también vio mermada su ley y calidad entrado el siglo xi, como demuestran los restos numismáticos o la incapacidad de pagar parias en oro y verse obligados a hacerlo en plata (Ariza Armada, 1995: 238) que sería, seguramente, vellón. La carencia de metales preciosos obligó a los poderes islámicos a fraccionar los dinares, incluso a acuñar en electro —mezcla de oro y plata—, como por ejemplo en Toledo o Valencia, como luego veremos.31. Sin embargo, a pesar del decrecimiento, buena parte de la geopolítica de esta centuria se va a fundamentar en la obtención de oro, como demuestra la entrada de los poderes cristianos en la carrera por obtenerlo, sea a través del comercio o de las parias. En el caso catalán la circulación de numerario andalusí se documenta ya desde 970. A partir 1018 Barcelona acuñó mancusos (Bonassie, 1987: 163.168), lo que nos está indicando que la materia prima debió importarse en forma de pesas o lingotes —mizcales—, sin descartar que parte de la moneda barcelonesa tuviera su origen en la reacuñación de numerario andalusí. Su entrada tuvo que ser por vía del comercio o como producto de acciones militares, fuesen contractuales o coercitivas. En el caso aragonés, Utrilla ya especifica que en la primera mitad del siglo xi las monedas que circularon eran hispanomusulmanas (Utrilla Utrilla, 2006: 545). A partir de la segunda mitad de la centuria, el crecimiento económico del reino de Aragón parece evidente (Utrilla Utrilla, 1995) y fue cuando tuvieron lugar las primera acuñaciones32 y la documentación muestra más profusamente la existencia de bienes en metales preciosos no amonedados. Es seguramente la historia de las guerras cidianas la más aireada en la tradición historiográfica de la Plena Edad Media española. La amplia bibliografía que se ha dedicado al tema relata con enfoques diferenciados los acontecimientos ocurridos desde la década de los 70 del siglo xi hasta la conquista de Valencia por los almorávides en 1102, donde la figura de Rodrigo Díaz alcanzó perfiles «hagiográficos» (Guichard, 2001: 49). Por el camino quedaron los denominados primer y segundo sitio de Valencia —habiendo sufrido, a la sazón, muchos— y la capitulación de la ciudad en junio de 1094. Pero de toda la densa bibliografía al respecto, citada y por citar, no se ha tratado con profundidad un aspecto que nos parece de capital importancia para la geoestrategia: el oro de Valencia. Bonnassie afirmó que esta ciudad se había convertido en la llave de las rutas del oro (Bonnassie, 1987: 429), motivo por el cual su interés geopolítico habría sido capital desde el último tercio del siglo xi. La historiografía, en general, ha sido parca al respecto, quizá porque las fuentes disponibles no permiten profundizar en el asunto. Con todo, existen demasiados indicios de que la ciudad del Turia ejerció una influencia geopolítica muy significativa. Prácticamente todos los príncipes más poderosos de la Península de ese momento, tanto cristianos como musulmanes, mostraron interés por poseerla, a excepción quizá de los abadíes sevillanos que tenían el interés puesto en otros puntos del Levante. $\ d _ { i } \mathrm { N o s }$ están sugiriendo sus monedas de aceptable ley —a causa del acceso a las rutas de oro por el sur— el desinterés por entrar en la batalla geopolítica por el control del segundo punto de entrada del metal precioso? En medio de este avispero político, entre 1065 y 1102 Valencia fue asediada, desgastada, cercada u ocupada política o militarmente en múltiples ocasiones; constituyó, por antonomasia, el principal foco de interés geopolítico peninsular. Podemos argüir que la carencia de gobiernos musulmanes fuertes y su dependencia efímera de Toledo primero y Castilla después pudieron favorecer desde inicios de los ochenta del siglo xi el interés por controlar una gran ciudad con salida al mar. Pero las fuentes ofrecen más indicios que respaldarían el interés por un oro con apellido valenciano, sin menoscabo de que estos y otros pretextos también influyeran. Hasta mediados de siglo, en la documentación catalana los pactos feudales o transacciones muestran el oro andalusí como elemento de cambio o valor. Las primeras acuñaciones de oro barcelonés aparecieron en el primer tercio de siglo, de mano del encargado del tesoro de la condesa Ermessenda33 y probablemente a imitación de las acuñaciones hamudíes (Ibrahim, 1988: 265-266). Durante todos los años centrales y hasta el último cuarto de siglo aproximadamente la monete que hodie currit Barchinonam fue la referencia de cambio de la economía barcelonesa, que también estuvo vigente en el resto de condados.34 Sin embargo, el panorama cambió a partir de la década de los sesenta. Desde entonces las menciones al oro de Valencia se hacen mucho más frecuentes.35 Posteriormente, desde los ochenta, estas fueron constantes y ubicuas sobre todo en la documentación barcelonesa: […] ex auro bono de Valencia,36 […] mancusos xx de auro monete Valencia,37 […] donacionem mancusos x auri rroals de Valencia, 38 […] datos x milia solidos ad valentem de auro de Valencia legitimo tamen […],39 […] nummos quinque auri Valencie monete $[ \ldots ] , ^ { 4 0 } [ \ldots ]$ manccusus xii de auro de Valencia, qui est churibile in Barchinona. 41 Desde tal fecha hasta finales de siglo todo oro barcelonés pactado, hablado o mentado procedía de allí. Durante veinte años el oro de Valencia fue el elemento de más alto intercambio y pacto en la documentación catalana hasta que, a principios del siglo xii, con la conquista de esta ciudad por los almorávides, los morabatinos desbancaron a la moneda valenciana y a la designación generalizada para referirse a este metal precioso. Veinte años a través de los cuales, precisamente, discurren las guerras cidianas y el avispero levantino, convirtiendo a la urbe en el objetivo geopolítico principal de la Península. ¿Tenía Valencia la capacidad de producir o importar este metal precioso en gran cantidad? Si analizamos las monedas emitidas en el siglo xi por esta taifa, nos encontramos información dispar. De las primeras que tenemos constancia son los dírhems de Mubarak y Muzaffar (1011-1020), con un alto contenido en plata. No se conocen monedas áureas de este periodo. Desde 1043-1044, ‘Abd al-‘Aziz (1021-1061) acuñó dírhems y dinares. Estos últimos, en fracciones, el principal indicio de la carencia de oro y que también evidenciaron las otras taifas. Sus dírhems presentan una plata de muy baja ley, llegando incluso a acuñar en cobre. Abd al-Málik (1061-1064) batió también fracciones de dinar, pero de electro, y con bajo contenido de plata. Durante la dependencia de la taifa de Toledo se acuñaron dinares de electro pero también de oro, aunque de baja ley. Las acuñaciones posteriores de al-Qádir presentan mayor peso, pero muestran los mismos patrones: dinares de oro de baja ley y de electro (García Lerga y Ruiz Sánchez, 2003: 93-124). La dinámica de amonedación de Valencia, como vemos, se muestra similar a la del resto de taifas, repitiendo pautas de acuñación caracterizadas por la escasez de plata —tras las primeras décadas de la centuria— y el fraccionamiento de los dinares. Hacia mitad de siglo se observa un repunte en el uso del oro, más acusado hacia el último cuarto, pero este oro siempre fue de baja ley. Por consiguiente, las características de la moneda valenciana en este periodo no parecen coincidir con el renombre de su metal. Esta popularidad tuvo que deberse a la capacidad de producirlo o de importarlo, y no tanto de acuñarlo. No conocemos yacimientos áureos en el Sarq al-Andalus, ni en periodo posterior ni en la actual Comunidad Valenciana. Esto no implica que no existieran, pero en caso afirmativo hubieron de tener la capacidad de producir de modo industrial, lo cual no parece plausible. Con todo, la geoestrategia se hubiera centrado en controlar los puntos de extracción y su industria en lugar de la propia ciudad. De modo que esta fama debió residir en la capacidad de importación dentro de sus muros: a través del mar. Es muy probable que hacia la mitad del siglo xi Valencia fortaleciera su conexión con las rutas mediterráneas que transportaban este metal y que tenían a Sicilia y Túnez, por ejemplo, como puntos comerciales clave. Por alguna razón que desconocemos se habría erigido como la puerta de entrada del poco oro que pudo atraerse en ese periodo, considerando no obstante que Murcia acuñó más y de mayor calidad en Levante y que Almería se erigió como la verdadera entrada de oro a inicios del dominio almorávide, pues se tiene constancia de que acuñó masivamente. La introducción durante esta época de numerario de otros Estados islámicos, como el fatimí,42 podría estar indicándonos la entrada de oro desde el Mediterráneo. Casi todos los hallazgos de monedas fatimíes —las más numerosas tras las propias andalusíes— han tenido lugar en Levante. Se trata de tesoros cuantiosos y de buena ley, datados en esta época y anteriores (Doménech-Belda, 2002: 481-490).43 Sin duda otros puertos mediterráneos pudieron haber atraído este tráfico, pero no está claro que sus capacidades portuarias y comerciales, así como otras dinámicas que se nos escapan, pudieran igualar a las del puerto valenciano.44 Sin soslayar que el renombrado oro de Valencia pudiera aludir a un apelativo fundamentado en la costumbre, como un distintivo consuetudinario que no explica una realidad sino que reproduce un epíteto instalado en la tradición. Sin embargo, de ser así, su denominación no se habría detenido abruptamente tras la conquista almorávide y la irrupción de los morabetinos. Interrogantes que todavía quedan en torno a la motivación geopolítica y geoestratégica más poderosa de este periodo, y que marcó el ritmo de los enfrentamientos y de la gran estrategia no solo del valle del Ebro y del Levante, sino de toda la Península. 6. Sal y estrategia militar. El otro gran recurso con importancia geoestratégica fue la sal. Es probable que el interés por hacerse con ella no se haya considerado como merece a la hora de analizar la estrategia en el valle del Ebro. La sal es un mineral con una importancia capital a lo largo de la historia en general y de la Edad Media en particular. Se puede afirmar que sostenía las economías preindustriales, pues era un conservante natural de los alimentos. La alimentación anual de las familias, villas, ciudades o ejércitos, el comercio marítimo y terrestre o el transporte de bienes de consumo dependían del uso corriente de este mineral. La sal ha sido objeto de transacción e intercambio y ha motivado guerras y crisis a lo largo de la historia. En Cataluña es bien conocida la importancia de la sal procedente del señorío de los Cardona (Méniz Márques, 1987; Galera Pedrosa, 1996), que erigió a esta familia vizcondal como una de las más poderosas. Su pujanza económica se basaba en la exportación del mineral procedente de sus dominios (Gual Camarena, 1965; Malartic, 1983), en un territorio donde el control de este bien estratégico no estaba en manos del Estado condal, como demuestra ampliamente la documentación.45 La sal de Cardona, que no era la única que se producía en el territorio,46 se exportaba a través del puerto de Barcelona, rivalizando con los emporios salineros de Venecia o Génova. En el ámbito navarroaragonés el planteamiento albergaba algunas diferencias. Los reyes de Aragón y Pamplona trataron de arrogarse en la medida de lo posible la jurisdicción sobre las salinas, consideradas en la práctica como una regalía. Pero esta propiedad no fue exclusiva de reyes, pues también la compartieron con otros poderes feudales (Lapeña Paúl, 1984: 155-174). A la muerte de Sancho III el Mayor, el joven reino de Aragón tuvo que depender de explotaciones salinas que no habían detenido su rendimiento desde el periodo anterior. El ámbito pamplonés gozaba en torno al año mil de buenos yacimientos, como los de Salinas de $\mathrm { O r o } ^ { 4 7 }$ o Ucar.48 Sin embargo, la documentación del periodo muestra una concentración de explotaciones en la zona de bisagra ubicada en las altas Cinco Villas y la Jacetania. En este territorio, en los siglos x y xi se explotaban yacimientos como los de Nuro y Obano,49 Salvatierra de Esca,50 Escalete51 o Salinas de Jaca,52 en la frontera entre los reinos de Pamplona y Aragón. Para la zona central y oriental del joven reino cristiano —Sobrarbe y Ribagorza— están bien documentadas las llamadas salinas continentales y fuentes saladas pirenaicas (Mata Perelló, 2009). Algunos de estos yacimientos occidentales, empero, quedaron en el limes entre los territorios de Ramiro I y García III de Pamplona una vez fueron repartidos los dominios de Sancho el Mayor a partir de 1035. La gestión de este recurso en el llano presentaba otras características. Para el siglo xiii las principales explotaciones salineras en la actual provincia de Huesca y en la ribera del Ebro se situaban en los yacimientos ubicados en Remolinos, Bujaraloz, Sástago, Agón, Aguinaliu, Juseu, Calasanz o Peralta, entre otros (Arroyo Ilera, 1961: 254), a los que habría que añadir alguno más, como Naval. Constituyeron con toda seguridad los principales puntos de abastecimiento salino de los poderes islámicos en el propio valle y al norte del Ebro.53 De entre ellos, la documentación coetánea y posterior y la tradición etnológica nos obliga a destacar los tres núcleos más importantes del valle medio: el primero el entorno salinero de Calasanz y Peralta,54 el segundo el de Naval y su territorio,55 y el tercero el de los yacimientos de Torres de Berrellén y Remolinos, a ambos márgenes del Ebro. Tres espacios ricos, con gran tradición, que siendo los yacimientos de mayor calado del territorio tuvieron que abastecer de sal a las madinas y localidades islámicas del valle medio y el Segre. Tres espacios que, a la sazón, se convirtieron en tres de los puntos geoestratégicos más calientes de la expansión feudal aragonesa. ¿Casualidad? El entorno salino de Calasanz fue objetivo militar durante cincuenta años.56 En 1048 Arnau Mir de Tost conquistaba Gabasa y trataba de asediar Calasanz. La primera, enclavada en un barranco, carece de valor militar o visual. En 1057 cercó Caserres del Castillo, y seis años más tarde, en 1063 y junto a Ramón Berenguer I, conquistó la mitad del núcleo salinero: Pilzán, Purroy y Estopiñán, fortificando una bolsa estratégica en la línea natural de expansión aragonesa y urgelitana. Las tentativas contra Calasanz siguieron, a pesar de controlar ya el acceso a Balaguer o a Tamarite con las plazas de alrededor: en 1090 la conquistó Ermengol IV.57 Pero es Pedro I quien en 1098 la expugnó definitivamente.58 Consta en la documentación de este periodo su pleno rendimiento salinero. A buen seguro el factor estrictamente estratégico de este territorio fue un acicate, dado que estaba conformado por plazas a pie de sierra que controlaban una planicie de unos doce kilómetros al sur hasta San Esteban de Litera y Tamarite, todavía musulmanas entonces, y con visibilidad de Monzón y el Pueyo de Barbastro. Además, este territorio oriental de la Sierra de la Carrodilla, ubicado entre la alta Litera y la baja Ribagorza, constituye uno de los espacios mineros más ricos de Aragón y el más copioso en algunos minerales fundamentales de toda la actual provincia de Huesca. Estopiñán y Caserres son ricos en aerinita59, pero sobre todo destacan por su abundancia como ningún otro territorio en hematita, magnetita u olivino60. Los dos primeros minerales constituyen la veta más común de óxido de hierro, que es la materia prima de la que se extrae este metal. Por consiguiente, nos encontramos ante un territorio de gran valor geoestratégico.61. Sabemos por un documento de Jaime I de 1274 de la concesión a las salinas de Naval del monopolio de venta de un «territorio que abarcaba desde Monegros a Canfranc» (Conte Cazcarro, 2013: 96). Al margen de consideraciones útiles para la época en que el documento fue producido, en lo que a nosotros concierne nos está informando de la capacidad descomunal de abastecimiento de esta explotación; a la sazón, era la cabeza de un territorio saliní- fero de primera magnitud.62 Por la documentación del periodo sabemos que esta plaza tenía almunias y localidades dependientes63 y que los yacimientos menores de su periferia funcionaban en el momento de la conquista cristiana.64 De nuevo nos encontramos ante un espacio a pie de sierra, adyacente al Cinca y que se caracteriza también por el interés en recobrarlo por parte del poder islámico una vez se ha ocupado. No tenemos noticias de que fuera conquistada por la fuerza las dos veces que fue tomada, lo que no quiere decir que no existiera un asalto en la primera de sus conquistas. Esto debió suceder allá por 1084, con un cerco previo a Secastilla, que también poseía salinas. Posteriormente fue recobrada por al-Musta’in II —seguramente a finales de 1092 o en 1093—, y fue en 1095 cuando Pedro I la ocupó definitivamente a través de un pacto con los barones locales. Sin duda, esta élite no solo detentaba la explotación de las salinas65 sino también la capacidad autónoma de negociación. El caso más paradigmático es el tercero. En 1091 Sancho Ramírez instaló una plaza fortificada poniendo en práctica un tipo de operación militar denominada dislocación estratégica, en medio de territorio enemigo para controlar Zaragoza. Tradicionalmente se ha considerado al castillo «Super Caesaraugusta» de El Castellar como un verdadero puesto avanzado con el que «fomentar la inseguridad entre los musulmanes de los valles del Gállego y el Jalón» (Laliena Corbera, 1996: 142). La existencia en la documentación de una antigua paria y de una nueva paria significaría la consecuencia de la amenaza de este castillo de aproximación. Ahora bien, es necesario plantear de nuevo si el interés de este enclave fue estrictamente militar o también económico. El Castellar se enseñorea eficazmente del espacio con la mayor capacidad de producción salinera del Ebro,66 culminando un reguero de saladares que se prolongaban desde Valtierra hasta el Gállego (Arroyo Ilera, 1961: 255). En la margen izquierda, las salinas de Remolinos documentan un valor de 8.000 sueldos en 1269;67 y las de la margen derecha se extendían desde illa alhandeca de Pola usque ad terminum de Alhozean.68 Un territorio salinífero de unos 25 kilómetros de amplitud, con yacimientos en pleno rendimiento69 a uno y otro lado del cauce y que abarcaría, de este a oeste, Remolinos, Pola —atalaya desaparecida, hoy una partida de Torres de Berrellén—, Santa Inés, El Castellar, El Molino, Sobradiel y Alfocea (Gascón Ricao, 2007), todos ellos puntos a su vez fortificados —hisn o almenaras—. «Super Caesaraugusta» se sitúa en el centro de esta línea de extracción salinífera fortificada, en la desembocadura del Jalón y controlando un espacio con yacimientos conectados por barcas, con capacidad para vigilar y preparar una defensa y seguramente con apeaderos fluviales a orilla contraria del enemigo.70 A tenor de la amplitud del yacimiento y la distancia con Zaragoza, era seguramente el principal foco de abastecimiento de sal de la ciudad. Por consiguiente, lo más seguro es que el valor estratégico de «Super Caesaraugusta» trascendiera lo meramente militar para abarcar el del control de los recursos, privando de sal a la madina o entorpeciendo un abastecimiento de vital importancia. No es casualidad, pues, que los mayores puntos de fricción estratégica durante la reconquista aragonesa comprendieran las explotaciones más importantes de sal en el cauce y al norte del Ebro.71 7. Conclusiones e inercias. Si analizamos desde una perspectiva genuinamente militar los hechos bélicos del pasado observamos que detrás de cada planificación siempre existe un interés geoestratégico vinculado al control o privación de recursos económicos del adversario. Esta perspectiva militar permite trascender la concatenación de acontecimientos políticos y bélicos sin interpretación para dotarlos de argumentos estratégicos, tomando incluso modelos anteriores. La motivación por el control de la sal o de los metales preciosos —entre otros recursos— estuvo presente en las decisiones estratégicas, y eso es lo que hemos tratado de interrelacionar en este artículo, como síntesis de un proyecto de investigación de mayor calado en el que nos vemos inmersos en este momento. Sobre la expansión feudal en el valle del Ebro se ha escrito e historiado en las últimas décadas lo necesario. La jugosidad de las fuentes, como todo el mundo ya conoce, no se compara con las bajomedievales o modernas. Su finitud, por tanto, nos obliga a condicionar un relato que corre el riesgo de concebirse como un arma de doble filo: por un lado, insta al historiador del periodo alto y pleno medieval a amojonar un redil discursivo cuyos trazos más gruesos —y por tanto más visibles— son la historia del propio poder y las instituciones, vedando elementos tan en boga en los últimos años como la historia social o la historia económica. Aparentemente, sin solución de continuidad. Por otro, esta finitud tiende a agotar el armazón reflexivo, cuando precisamente el campo considerable de lo desconocido debiera constituir acicate con el que plantear nuevos espacios de reflexión o lecturas auxiliares de tales fuentes. Considero con firmeza que a veces se nos olvida que la expansión feudal en el valle del Ebro desde la segunda mitad del siglo xi fue una guerra. Y como tal, de igual modo a como sucedía y había sucedido en otros periodos a lo largo y ancho del orbe, retuvo condicionantes basales propios del genio militar necesario para alcanzar los objetivos que una guerra motiva, sean ideológicos, espirituales, de poder, de ascenso social o de riqueza; tantos de los cuales han sido desarrollados ya. Por tanto, se hace necesario acercarnos a esos aspectos más próximos al propio hecho militar para recluir y analizar —en la medida de lo posible— cada acción expansiva y dotarla de sentido. Me refiero a su contexto inmediato. En este artículo hemos desarrollado unas reflexiones de tipo general sobre dos de los recursos económicos más importantes de la Edad Media: el oro y la sal. Y lo hemos hecho no tanto como elementos coadyuvantes en la construcción del relato económico o de poder del periodo como en su importancia geoestratégica —y por tanto bélica— inmediata: la perentoria necesidad de poseerlos para bien propio en el transcurso de una guerra, o, y casi más importante aún, la improrrogable obligación de privar de ellos al enemigo. El oro y la sal son los más importantes, pero en futuras reflexiones, y echando mano de otras disciplinas —con las que al historiador tradicional le cuesta tanto pertrecharse—, no deberíamos obviar la importancia geoestraté- gica de controlar las vetas de hierro,72 el carbón, los recursos madereros, el agua, el estaño, minerales diversos, etcétera, como fundamento menos idealista —o idealizado— del secular devenir del hombre. Ahora bien. Es de justicia acotar que en modo alguno estamos de acuerdo con la premisa de que los señores feudales ampararan todas sus motivaciones de conquista en pretextos económicos o pragmáticos. No piense el lector que todas las reflexiones desarrolladas aquí pretenden invalidar el relato de la conquista del valle que se ha construido desde los años cincuenta del siglo xx. En absoluto. Las motivaciones económicas, desde un prisma estrictamente estratégico, fueron a nuestro juicio solo un condimento necesario en la planificación militar, insertado como un componente más dentro de las dinámicas feudales, ideológicas y políticas que motivaron la conquista del valle. Pero ello no es óbice para que admitamos que en un plano ejecutivo la fijación de objetivos militares tuvo que ampararse en criterios operacionales, aunque a la postre el resultado final diera en la aprehensión total del territorio y su inserción en las dinámicas feudales de los estados. No obstante, en el transcurso de la guerra, y desquitados de conocer el resultado final con el que reflexionamos hoy, el encaje de decisiones y acciones militares ordinarias respondía en tiempo real, obviamente, a intereses y objetivos amparados en la materialidad. O lo que es lo mismo, en el campo del estratega. 8. Referencias 8.1. Fuentes documentales (según su citación abreviada) Ad-Tadkira (Kitab al-Taḏkira al- Harawiyya fi l-ḥiyal al-ḥarbiyya, de ʻAli b. Abi Bakr al-Harawi) Sourdel -Thom ine, Janine, ed. (1961-1962), «Les conseils du Sayh al-Harawi a un prince ayyubide», Bulletin d’etudes orientales, 17: 205-268. Al-Bayan I (Al-Bayan al-Mugrib, Ibn ‘Idari) Maíll o Salg ado, Felipe, ed. (1993), La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas. Salamanca, Universidad de Salamanca. Al-Bayan III (Al-Bayan al-Mugrib, Ibn ‘Idari) Huic i Miranda, Antonio, ed. (1963), Ibn ‘Idari. Al-Bayan al-Mugrib. Nuevos fragmentos almorávides y almohades. Valencia, Anubar. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La conquista cristiana de los castillos de Castielfabib y Ademuz y su inclusión en el reino de Valencia (1210-1261): The Christian Conquest of the Castles of Castielfabib and Ademuz and their Inclusion in the Kingdom of Valencia (1210-1261)
LA CONQUISTA CRISTIANA DE LOS CASTILLOS DE CASTIELFABIB Y ADEMUZ Y SU INCLUSIÓN EN EL REINO DE VALENCIA (1210-1261) THE CHRISTIAN CONQUEST OF THE CASTLES OF CASTIELFABIB AND ADEMUZ, AND THEIR INCLUSION IN THE KINGDOM OF VALENCIA (1210-1261) Alberto-Jesús Mar tínez Bedmar Universitat de Barcelona. Resumen: El presente artículo estudia la conquista cristiana de los castillos de Castielfabib y Ademuz en 1210 por Pedro el Católico, suceso mal tratado y marginado en las historiografías valenciana y aragonesa. Este episodio se estudia a través de la búsqueda de antecedentes de esta campaña militar, así como de las consecuencias que tuvo. Por otro lado, se analiza el encaje territorial que tuvieron las villas de Castielfabib y Ademuz desde la creación del reino cristiano de Valencia en 1240 con la promulgación del Costum por Jaime el Conquistador, hasta la redacción de los fueros romanceados en 1261, donde se incorpora explícitamente estas villas en el reino de Valencia. Palabras clave: Castielfabib, Ademuz, Pedro II el Católico, Jaime I el Conquistador, Reino de Valencia, siglo xiii. Abstract: This paper studies the Christian conquest of the castles of Castielfabib and Ademuz in the year 1210 by the king Peter the Catholic, a badly treated and marginalized event in the Valencian and Aragonese historiographies. This episode is analysed through the search of the background of this military campaign, as well as the consequences it had. On the other hand, it is studied the territorial fir that had the villages of Castielfabib and Ademuz since the creation of the Christian kingdom of Valencia in 1240 with the enactment of the Costum, by James the Conqueror, until the drafting of the Catalan Furs in 1261, where explicitly incorporates these villages in the kingdom of Valencia. Key words: Castielfabib, Ademuz, Peter II the Catholic, James I the Conqueror, Kingdom of Valencia, $1 3 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. 1. Introducción1. El estudio de la historia de las villas y castillos de Castielfabib y Ademuz durante el siglo xiii ha sido escaso, limitándose su aparición a referencias breves y poco concisas que, en la mayoría de los casos, transmiten la misma información sin valoración previa, pudiendo caer los autores en problemas de transmisión. El territorio comprendido por las históricas villas de Castielfabib y Ademuz tiene una ubicación separada del resto de tierras valencianas —se hallan en la cabecera del Turia, en el primer tramo de paso del río en territorio valenciano— y quizá por ello acostumbra a caer en el olvido de las investigaciones sobre el reino de Valencia. En estas tierras se distingue el corredor fluvial del Turia, que no se debe confundir con el cauce principal del río. Por motivos de asentamiento defensivo o poblacional, grandes fortalezas como la de Castielfabib y la de Alpuente se encuentran ubicadas, respectivamente, sobre un afluente del Turia —el río Ebrón— y en un barranco —el denominado barranco del Reguero— (Vázquez-Esparza, 2015: 462). A esta localización geográfica se suma el hecho de la temprana conquista cristiana de estos castillos, que tuvo lugar más de veinte años antes del inicio por Jaime el Conquistador de las campañas de conquista del reino de Valencia, y veintiocho años antes de que se conquistara la ciudad de Valencia. Su incorporación a la corona aragonesa fue realizada por el padre del Conquistador, Pedro el Católico, siendo esta conquista en la campaña del verano de 1210 su gesta militar contra los musulmanes más exitosa. Como se ha indicado, el principal problema que se encuentra en el conocimiento de la historia de la conquista de los castillos de Castielfabib y Ademuz es su inclusión difuminada en estudios generalistas, a pesar de ser una gesta bastante bien documentada. El siguiente obstáculo se halla en los trabajos en torno al origen del reino cristiano de Valencia; la cuestión de la inclusión de estos castillos en los límites regnícolas, debido a un período de dudas y ambigüedades que duró más de una veintena de años, apenas ha sido estudiada en el marco de investigaciones más amplias. Por todo ello, este estudio tiene el interés y motivación de tratar la conquista cristiana de los castillos cristianos de la cabecera del Turia valenciano, es decir, los de Castielfabib y Ademuz, desde los más remotos antecedentes de esta campaña, hasta su realización, siguiendo a través de las fuentes documentales su paso a manos cristianas hasta la conquista de la ciudad de Valencia y la cuestión de su incorporación definitiva al nuevo reino cristiano de Valencia, confirmada expresa y explícitamente por el rey más de tres décadas después de su conquista. Para llevar a cabo esta investigación se han utilizado principalmente fuentes documentales primarias, tanto publicadas como inéditas, además de fuentes secundarias que contextualizan el tema y que de manera específica aluden, en mayor o menor medida, a las villas de Castielfabib y Ademuz durante el siglo xiii. En los apartados siguientes vamos a abordar, en primer lugar, los antecedentes de la conquista cristiana de los castillos de Castielfabib y Ademuz, fijando un marco cronológico entre los años 1142 y 1210, el mismo año de la conquista, comprendiendo los reinados de Ramón Berenguer IV, Alfonso el Trovador y Pedro el Católico. A continuación, nuestra atención se centra en la conquista de Pedro el Católico de 1210, analizando tanto los sucesos previos que condicionaron la campaña militar como sus consecuencias posteriores. El mantenimiento de los castillos y villas de Castielfabib y Ademuz en manos cristianas entre la conquista de estos en 1210 y la capitulación de la ciudad de Valencia en 1238 constituye otro de los aspectos abordados en esta investigación. Y, finalmente, analizamos el proceso de inclusión de las villas de Castielfabib y Ademuz en el nuevo reino cristiano de Valencia, que culminó en 1273. 2. Los antecedentes de la conquista cristiana de Castielfabib y Ademuz (1142-1210) La importancia de los castillos y poblaciones musulmanas de Castielfabib y Ademuz en el proceso de expansión militar de la Corona aragonesa viene avalada por las fuentes documentales conservadas, las cuales indican la voluntad de los monarcas catalanoaragoneses de conquistar las tierras de la cabecera del Turia valenciano desde mediados del siglo xii hasta que, finalmente, este anhelo fue cumplido por Pedro el Católico a principios del siglo xiii. Efectivamente, aunque la conquista del posteriormente denominado reino cristiano de Valencia se realizó en el segundo cuarto del siglo xiii, la voluntad de tomar esas tierras fue un objetivo para las coronas castellana y aragonesa en sus respectivos proyectos de expansión militar hacia el sur. Gual (1953) señala la intención de la monarquía castellana de dotar una salida mediterránea a sus territorios así como la del rey aragonés Alfonso el Batallador (1104-1134), que pretendió alcanzar esta salida al mar para dirigirse a una nueva campaña cruzada en Tierra Santa mediante la toma de algunas plazas y el ataque y sometimiento a tributo de otras. Años más tarde, los cambios políticos en al-Andalus favorecieron que el conde catalán Ramón Berenguer IV quisiera reducir los reductos musulmanes en los territorios al norte del Ebro, consiguiendo también el reconocimiento, en 1151 con el tratado de Tudillén, por parte de Castilla de un área de expansión aragonesa comprendida entre la cordillera Ibérica y las estribaciones de la Penibé- tica (Gual, 1953: 170-172). El propio Ramón Berenguer IV, como príncipe de Aragón, al confirmar el fuero de la villa de Daroca en noviembre de 1142, estableció unos límites meridionales del término foral darocense que comprendían no sólo Teruel, sino también «[…] Castill Sauib, a Demuz, a Serreilla, ad Alpuent, a la Cirab, a Tor Alba, a Montan, a Linares […]» (Agudo, 1992: 52; Gual, 1953: 188; Guinot, 1995, 15: Zurita, 1967: 202). Pero estos bordes no se correspondían con un dominio efectivo del territorio por ellos comprendido, sino, como señalan Enric Guinot y otros autores, se trató más bien de la delimitación de un área de influencia para la expansión de dicho Concejo, o para el pastoreo o para el saqueo, pero sin que hubiese ni control sobre ese territorio ni un repoblamiento cristiano del mismo (Guinot, 1995: 15). También en época de Ramón Berenguer IV se produjo la donación a los templarios de la quinta parte de los castillos de Castielfabib, Ademuz, El Cuervo y Serrella, según se deduce de un documento posterior donde se cambia esta quinta parte por el castillo de Ascó, siendo esta permuta renovada también en tiempos de Alfonso el Casto (Gual, 1953: 189). En ambos casos, se desconocen las fechas exactas: […] In comutatione, videlicet, et cambium illus quinte partis quam in Deimus et Castello Habib et Corvo et Serella eorumque terminis, Dei gratia per nos noviter a sarracenis ablatis, ex donaciones felices recordacionis avi nostri Raimundi, comitis Barchinone, et confirmationem patris nostri bone memorie Ildefonsi regis […]2. En época de Alfonso II el Casto (1162-1196), el 20 de marzo de 1179, se firmó el tratado de Cazola entre las coronas de Castilla y Aragón, que actualizaba los límites establecidos veintiocho años atrás en el tratado de Tudillén (1151), reconociendo los derechos de conquista de Aragón sobre Valencia y su territorio, en concreto, sobre Valencia, Xàtiva y Biar con todas sus pertenencias, y todo el reino de Dénia hasta la villa de Calp, quedando al sur, en el distrito de Murcia, el área de influencia castellana y su derecho de anexionarla (Gual, 1953: 207; Guinot, 1995: 20-22). Los límites que establece este tratado, fijados en los distritos musulmanes de Valencia, Xàtiva y Dénia, como afirma Enric Guinot, fueron los territorios que en 1240 formaron el reino cristiano de Valencia (Guinot, 1995: 22). A fin de poder comprender el estado de esta región en vísperas de la conquista cristiana de 1210, es necesario realizar una aproximación al territorio de la cabecera del Turia valenciano, allí donde se ubican los castillos de Castielfabib y Ademuz. Por el norte, limitaban con el señorío de Albarracín y con las villas del eje del Turia, conquistadas por Alfonso II el Casto: Teruel, Villel y Libros (Gual, 1953: 207). Por el lado oriental se encuentra la población de Manzanera, incorporada por Pedro el Católico en 1202 y donada a Berenguer d’Entença el 6 de junio de ese mismo año3 con la misión de repoblarla y defenderla de los sarracenos (Alvira, 2010a: 459-461). Hacia el sureste se hallaba parte del territorio musulmán de Alpuente, mientras que por el suroeste estaba la villa castellana de Moya —poblada el mismo año 1210 (Guinot, 1995: 19)— en la frontera occidental de la cabecera del Turia controlada por la corona de Castilla. Esta situación dibuja una bolsa de territorio musulmán, prácticamente rodeada de territorio cristiano, en el que el único eje articulador con los restantes territorios musulmanes era el eje fluvial del Turia, estando todos los castillos de la cabecera del Turia valenciano en una posición de culde-sac. (Mapa 1). Con anterioridad a la conquista cristiana de los castillos de Castielfabib y Ademuz, ya se había expresado la voluntad por parte de los monarcas aragoneses de incorporar dicho territorio, como pone de manifiesto el fuero de Daroca de 1142 y las posteriores donaciones de una quinta parte de estos castillos realizadas por Ramón Berenguer IV y su hijo Alfonso II el Casto a la orden del Temple. Mapa 1: Castielfabib y Ademuz en la cabecera del Turia valenciano, en los límites del reino cristiano de Valencia entre la promulgación del Costum y 1270. Fuente: Vázquez-Esparza (2015) 3. La conquista cristiana de los castillos de Castielfabib y Ademuz (1210) Como se ha indicado, hacia 1210 la región de la cabecera del Turia valenciano era un territorio musulmán prácticamente acorralado por tierras cristianas, de Castilla por poniente y de Aragón por el área septentrional y occidental. En esa fecha se produjeron dos acontecimientos que repercutieron en la toma de la decisión de emprender una campaña bélica contra los castillos de Castielfabib, Ademuz y otros, llevándose a cabo de este modo la acción militar más fructífera contra los musulmanes del reinado de Pedro II el Católico (1196-1213). Según Martín Alvira, desde 1207, el rey aragonés empezó a movilizarse contra los almohades, acelerando los preparativos militares entre los años 1208 y 1209. En febrero de 1210, el papa Inocencio III puso, precisamente, a Pedro II de Aragón como ejemplo para el rey Alfonso VIII de Castilla a través del arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, diciendo que «inflamado por el celo de la fe ortodoxa, ataca la perfidia de los sarracenos». De esta manera trataba de inducir al monarca castellano a imitar la actitud combativa contra el Islam del rey de Aragón (Alvira, 2016: 130). El primer hecho que repercutió en las acciones del monarca aragonés fue la fundación y población por parte de Alfonso VIII de Castilla de la villa de Moya, situada al sur de los castillos y poblaciones que aquí se estudian, relativamente próxima al cauce del río Turia. Dicha acción, realizada en la primavera de 1210 (Alvira, 2000: 174), venía a consolidar la frontera castellana con el territorio musulmán valenciano a través de la fundación de una nueva localidad y su población de colonos del norte de Castilla, además de conceder fuero a la villa de Moya. Esta acción desagradó a los almohades, los cuales enviaron una protesta al monarca castellano por la población de Moya, señalando que este hecho violaba el acuerdo de paz, pero Alfonso VIII no atendió la reclamación y se preparó para la guerra (González, 1960: 117-118 y 982). Este asunto igualmente pudo disgustar al monarca aragonés, al verse alterados los límites del territorio que se le adjudicó para conquistar en el tratado de Cazola de 1179. El segundo acontecimiento —que quizás fue consecuencia de la población de la villa de Moya (Alvira, 2000: 174-175)— que sirvió de detonante para la ejecución de la campaña de 1210 de Pedro II el Católico fue un ataque marítimo almohade a la costa catalana, que las fuentes musulmanas describen así: […] Este año4 se dirigió Sayyid Abū-l-‘Ulā, el mayor, almirante de las escuadras de los dos países, el país de Barcelona con todas las naves allende el Estrecho y del Andalus, contra la resistencia y oposición de la gente del país [...] y se apoderó de muchos pertrechos y riquezas y fué la más hermosa expedición para los musulmanes y la de mejores resultados y la más completa victoria que obtuvieron los guerreros marinos y la que más fuertemente hirió los corazones de los infieles. (Huici, 1953: 258) La exposición de los hechos que realiza la crónica musulmana del Anónimo de Madrid parece indicar que este ataque marítimo contra la costa catalana fue la causa principal de la campaña de verano de 1210 de Pedro el Católico, […] A raíz de este estrago fue el apoderarse el Barcelonés de los castillos de Valencia en este año que historiamos. (Huici, 1953: 258) Con estos precedentes, el monarca aragonés estaba dispuesto a emprender la guerra contra los almohades de Valencia, materializándose este ataque en la campaña de julio y agosto de 1210, en la cabecera del Turia valenciano. Según Zurita, Pedro el Católico estaba en Monzón a finales de marzo de 1210 y «allí mandó juntar sus ejércitos para hacer guerra a los moros del reino de Valencia» (Zurita, 1967: 331). Sin embargo, no es hasta mediados de junio de 1210 cuando el rey de Aragón se encuentra en Teruel en disposición de empezar la campaña bélica en la zona (Alvira, 2010b: 1113-1114). Efectivamente, queda documentado que el 21 de junio de 1210 Pedro el Católico confirmaba dos donaciones al monasterio de Poblet durante el asedio de Ademuz: «in obsidione Castri de Deymuz» (Alvira, 2010b: 1115-1119). Unos días más tarde, el primero de julio, el monarca se encontraba en el asedio del castillo de Castielfabib realizando varias concesiones al abad y monasterio de Piedra: «in obsidione Castel Fabib» (Alvira, 2010b: 1123-1124); «in obsidione de Castiel Habib, kalendas iulii» (Ledesma, 1991: doc. 156).5. Después de estas menciones, pasa un mes y medio en el que no hemos encontrado referencias documentales a los castillos de este estudio; no obstante, es posible que Pedro el Católico y quienes lo acompañaron en esta campaña continuaron asediando los castillos de la cabecera del Turia valenciano. La siguiente noticia localizada es del 18 de agosto de 1210, cuando, desde Castielfabib, el rey hizo donación de la villa y castillo de El Cuervo —al norte de Castielfabib, en el curso del río Ebrón—, recién conquistados a los musulmanes, a García Romeu, concediéndole todos los derechos e indicando los límites de sus términos (Alvira, 2010b: 1125-1126).6. Unos días después, el 24 de agosto de 1210, Pedro el Católico otorgaba un privilegio por el que hacía francos a los hombres de Calatayud. La data del documento dice «in captione Castelli Habib» (Alvira, 2010b: 1127- 1128); es decir, el castillo de Castielfabib ya había sido tomado por el monarca aragonés. No obstante, esta fecha se puede precisar más a través del estudio de las crónicas cristianas del momento. Así, el Chronicon Dertusense $\boldsymbol { I I }$ dice que en «Era . $\mathrm { . M ^ { a } C C ^ { a } C L V I I I }$ , anno . $. { \bf M } ^ { \circ } { \bf C } { \bf C } { \bf X } ^ { \circ }$ ., caput est Castrum Habibi a rege .VIIIº. die post assumptionem beate Marie» (Iranzo, MartínIglesias, 2015: 272), es decir, que Castielfabib fue tomado el octavo día después del 15 de agosto, festividad de la Asunción de María; debido al cómputo inclusivo medieval, la fecha señalada en la crónica es el 22 de agosto (Iranzo, Martín-Iglesias, 2015: 289). La toma de Castielfabib y Ademuz tuvo una gran repercusión en las crónicas y anales del momento, quedando referenciada en las Gesta Comitum Barchinonensium: «Nam castrum de Afabib et multis aliis strenuissime occupavit» (Alvira, 2010c: 1658, 1672, 1674; Alvira, 2016: 137); también en el Chronicon Rotense: «Anno $\mathbf { M } ^ { \mathrm { o } } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \mathrm { o } } \mathbf { X } ^ { \mathrm { o } }$ Petrus rex, filius eius, anno $\mathrm { X V } ^ { \mathrm { \circ } }$ cepit castellum Daimuz et de Corbo et de Serrellas et de Castellofabiu» (Alvira, 2016: 138); y en las Crónicas de los Jueces de Teruel, donde en el manuscrito A dice «Fue preso Ademuz et Castiel Fabib que lo tenían los moros», y el manuscrito del AHT anota: «En esti año fueron presos Castiel y Ademuz que eran de moros» (López Rajadel 1994: 82-83; Floriano, 1954: 22). Acerca de la conquista cristiana de los castillos de Castielfabib y Ademuz, una de las crónicas musulmanas traducidas por Ambrosio Huici Miranda aporta interesantes datos para comprender el desarrollo de los acontecimientos: […] Este año se apoderó el enemigo barcelonés de los castillos de la región de Valencia y los tomó por asedio y ataque; la mayoría de sus habitantes se le rindió por capitulación y a unos los llevó a su país y otros llegaron a tierra musulmana. (Huici, 1953: 258) Esto confirma el asedio a las fortalezas de la cabecera del Turia valenciano por parte de los cristianos, tal y como se indica en la documentación aragonesa, pero aporta que los habitantes se rindieron por capitulación, y que unos fueron llevados a tierras cristianas y otros marcharon hacia territorio musulmán. No obstante, la imagen de despoblación que ofrece esta cró- nica pudo diferir de la realidad que se vivió: hubo habitantes de las poblaciones de Castielfabib y Ademuz que fueron a tierras musulmanas después de la conquista, pero quizá otros se quedaron en esas localidades, según se deduce por documentación posterior que menciona población musulmana en estos lugares.7. La documentación cristiana sigue mostrando la presencia de Pedro el Católico en Castielfabib. El 26 de agosto donó la iglesia de Castielfabib a la orden del Hospital, con sus diezmos y primicias, y además el lugar de Las Eras, al norte de la población, fijando unos límites para construir una iglesia y unos oratorios, todo ello por la ayuda prestada por los hospitalarios en la toma de Castielfabib.8 El mismo día, el rey de Aragón otorgó carta puebla a Castielfabib y, además, entregó a Artaldo de Alagón el Castell de Cabres, cerca de Benifassà, para poblarlo (Alvira, 2010b: 1129-1131; Gual, 1989: 106). Y al día siguiente, 27 de agosto, el notario del rey Ferrer selló un privilegio a los judíos de Zaragoza (Alvira, 2010b: 1131-1132). A finales de mes, el día 30 de agosto, Pedro II se encontraba en Teruel (Alvira, 2010b: 1132-1133). Pero de nuevo volvió hacia Castielfabib el primero de septiembre, para otorgar un fuero y carta puebla a esta villa (Riba, 1915: 239-241). Acerca del fuero de Castielfabib, existe problemática debido al documento que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid,9 el texto jurídico se compone del fuero de Teruel romanceado en aragonés, pero el topónimo Castiel10 aparece raspado o tachado en gran parte de sus apariciones, siendo sustituido por el de Albarracín o Teruel. Otra duda es la datación del documento: $\ll [ \dots ]$ Dada en Castiel las kalendas de setiembre, era ·M·CC·XLVII· […]» (Riba, 1915: 241), correspondiendo este año al 1209, debiéndose tratar de un error de escritura, ya que el Pedro el Católico no se encontraba en ningún otro lugar similar a Castiel en agosto o septiembre del año 1209.11 Este documento indica la voluntad real de perdurar el dominio y control del territorio recién incorporado a la corona. Tras el éxito de esta gesta militar, se inició un periodo de entusiasmo para el rey. El 6 de septiembre Pedro el Católico concedía a la orden del Hospital y al castellán de Amposta todas las mezquitas de Borriana y su término, dando permiso para edificar iglesias cuando se tomase a los musulmanes (Utrilla, 2017: 48); también, estando en Villafeliche el 1 de septiembre, recompensó a los templarios, con donaciones y privilegios, donde destacan los concedidos sobre Tortosa en reconocimiento a su labor en la campaña de la cabecera del Turia valenciano que originó la toma de los castillos de Castielfabib, Ademuz, El Cuervo y Serrella: […] cum laudabili caterva fratrum viriliter nobis assistit in exercitu quem facimus contra sarracenos quando, divina gratia cooperante, cepimus castrum de Deymuz et Castellum Habib et castellum quod dicitur Lo Corvo et castellum quod dicitur Serrella […] (Alvira, 2010b: 1139-1142; Gual, 1953: 235) Según el historiador Francisco Diago (1613) —que consultó los archivos reales en el siglo xvii—, para el mantenimiento y prosperidad de las nuevas poblaciones conquistadas, es decir Castielfabib y Ademuz, el rey «[…] otorgó a sus nuevos pobladores, y a los que quisiessen serlo de allí adelante, grandes exempciones, y una muy liberal franqueza de muchas imposiciones y derechos». El mismo autor indica que $\twoheadleftarrow \mathrm { H e }$ la visto en el Archivo de la Baylia de Valencia, en un libro grande de las otorgadas a pueblos deste Reyno, en la hoja ciento y trynta y cinco», fechada en el 22 de septiembre en Perpiñán (Diago, 1613: 270-271). A pesar de la precisión de la noticia, el monarca aragonés no se encontraba en Perpiñán en esa fecha, sino que estaba entre Villafeliche y Calatayud (Alvira, 2010b: 1142). No obstante esta mala datación, la noticia confirma la voluntad del rey de Aragón de mantener las nuevas conquistas en territorio valenciano. El 23 de octubre de 1210, el monarca aragonés cambió la quinta parte de los castillos de Castielfabib, Ademuz, El Cuervo y Serrella —que, como se ha dicho anteriormente, habían sido donados por su padre, Alfonso el Casto, y abuelo, Ramón Berenguer IV a los templarios—, por la donación en alodio del castillo y la villa de Ascó, confirmando sus privilegios (Alvira, 2010b: 1147- 1149; Gual, 1953: 235-237). Después de la exitosa campaña del verano de 1210, se observa en Pedro el Católico la voluntad de emprender la conquista del territorio valenciano, que se inició con las capitulaciones de Castielfabib, Ademuz, El Cuervo y Serrella, poblaciones que se encuentran regadas por el Turia o sus afluentes y que forman parte del eje natural que conduce a la ciudad de Valencia (Gual, 1953: 172). El 5 de noviembre de 1211, el monarca aragonés otorgó a los templarios la alquería de Ruzafa, en la huerta de Valencia, con su torre y todos sus términos para cuando se tomase; de forma similar, el 22 de mayo de 1213, Pedro II hizo donación al Temple del castillo y villa de Culla para cuando se ganasen (Gual, 1953: 238). Acerca del factor humano que participó en la campaña de conquista, se puede realizar una aproximación a través de la documentación expedida en esas fechas, cuyo estudio permite percibir la enorme repercusión que tuvo la acción militar en la corona de Aragón y en los reinos limítrofes. Por el lado eclesiástico, estuvieron presentes los obispos de Tarazona —García Frontín— y de Zaragoza —Ramón— (Alvira, 2010d: 2504); además la campaña contó con la presencia de efectivos de las órdenes del Temple,12 del Hospital,13 de Calatrava14 y de Santiago.15 El grupo principal estuvo formado por nobles aragoneses,16 aunque el número de catalanes que participaron no es nada despreciable.17 Finalmente colaboraron algunas milicias urbanas18 y algunos nobles castellanos19 y navarros.20 Y, como era habitual, se constata la presencia de varios notarios del rey.21. En resumen, podemos afirmar que las conquistas de la campaña del verano de 1210 en la cabecera del Turia valenciano se vieron influenciadas e incitadas por la fundación y población de Moya por parte de los castellanos, y por un ataque marítimo a la costa catalana por parte de los almohades. En respuesta, Pedro el Católico decidió hacer la guerra a los musulmanes valencianos en la región de la cabecera del Turia. Después de un asedio de casi dos meses, los castillos capitularon y el rey otorgó fuero a Castielfabib, y franquezas a Ademuz con la intención de perdurar la conquista y consolidarla. Además, la documentación refleja la intención de la Corona de realizar más conquistas en territorio valenciano. 4. El mantenimiento de Castielfabib y Ademuz en manos cristianas (1210-1238) Tras haber analizado la conquista cristiana de los castillos de Castielfabib y Ademuz por parte de Pedro el Católico en el verano de 1210, en este apartado se quiere mostrar la evolución de estas tierras entre el año de su conquista en 1210 y de la conquista de la ciudad de Valencia en 1238, debido a que existe una controversia sobre la permanencia de estas tierras bajo control de la Corona, habiendo autores que defienden que, inmediatamente después de la conquista cristiana, cayeron de nuevo en manos musulmanas. Estas casi tres décadas constituyen un periodo con un importante vacío documental en lo que se refiere a la región de la cabecera del Turia valenciano. De la década 1210-1220, sólo se conocen dos noticias relativas a los castillos de Castielfabib y Ademuz. La primera es una referencia indirecta castellana de los Anales Toledanos I: El arzobispo D. Rodrigo de Toledo fizo cruzada, e ayunto entre peones e caballeros mas de ducentas veces mil, é entró á tierra de moros de part de Aragon dia de S. Matheus Evangelista, é priso tres castiellos, Sierra, é. Serresuela, é Mira. Despues cercó á Requena dia de S. Miguel, é lidiaronla con almagenequis, e con algarradas, e con delibra, é derrivaron torres, é azitaras, é non la pudieron prender, é murieron y mas de dos mil christianos, é tornaronse el dia de san Martin, era MCCLVII. (Huici, 1913: 356) En esta breve nota consta que Rodrigo Jiménez de Rada tomó los castillos de Sierra, Serresuela y Mira, entre finales de septiembre y principios de noviembre, y que entró por territorio aragonés a tierras musulmanas. El primer aspecto de interés se refiere al castillo de Serresuela, uno de los castillos tomados por Pedro el Católico nueve años atrás —el de Serrella—, del cual se desconoce su ubicación pero debió estar entre Ademuz y Alpuente, quizás al sur de la actual Santa Cruz de Moya, pudiendo tratarse del castillo de Sierra. El segundo aspecto destacable es que el ataque a los musulmanes parece que se produjo desde el reino de Aragón, entrando en Santa Cruz de Moya. Y, para ello, resulta necesario que las villas y castillos de la cabecera del Turia valenciano fueran cristianas. Se conoce otra referencia procedente del testamento de Gil de Lihori, fechado el primero de enero de 1220: Gil de Lihori dejaba a su hijo Furtado de Lihori todas las propiedades que poseía en la villa de Ademuz —que consistían en casas, molinos, hornos, viñas y otros bienes—, y los otros hijos tenidos con su esposa Urraca recibían en herencia las propiedades sitas en la villa de Castielfabib y en la ciudad de Teruel; además, el testador añadía una cláusula mediante la cual, en caso de no tener descendencia, las propiedades de Ademuz deberían pasar a la orden del Temple, y las de Castielfabib a la del Hospital (Mur, 1988: 316-318). Esta muestra de diversas posesiones en estas poblaciones puede ser indicativo de una continuidad aragonesa desde el momento de la conquista y de las franquezas concedidas por Pedro el Católico con la finalidad de atraer población y repoblarlas. El 27 de diciembre de 1223 el rey Jaime el Conquistador confirmaba el fuero de Castielfabib y las donaciones realizadas por su padre a esta villa: «[…] Don Iagme por la gracia de Dios, rey d’Aragón e compte de Barçelona e señor de Montpeller, qui esto lauda e atorga e confirma» (Riba, 1915: 241- 242). En un contexto inminentemente previo al inicio de la conquista por Jaime el Conquistador de los territorios que formaron el reino cristiano de Valencia, se encuentra el vasallaje ante el monarca aragonés de Abū Zayd, antiguo gobernador almohade de Valencia, realizado el 20 de abril de 1229 en Calatayud (López, 1995: 35; Zurita, 1967: 431). En estos pactos, el almohade se comprometió a poner en manos cristianas seis castillos —Peníscola, Morella, Culla, Ares, Xèrica y Segorbe— y el monarca aragonés prometía entregarle los castillos de Castielfabib y Ademuz, a condición de darle uno de ellos cuando hubiese tomado, al menos, tres de los seis castillos citados (Barceló, 2000: 23; López, 1995: 36). Es decir, la cesión de Castielfabib y Ademuz a Abū Zayd se aplazaba hasta que el musulmán pudiera cumplir lo acordado (López, 1995: 37). En el año 1231, el antiguo gobernador almohade de Valencia no debió satisfacer el pacto contraído con Jaime el Conquistador, porque éste concedió, a fecha de 26 de febrero, a Sancho el Fuerte de Navarra diversos castillos en prenda por un préstamo concedido por el navarro, entre los que figuran Castielfabib y Ademuz).22 Sin embargo, esta situación no se prolongó más de un año, pues en marzo de 1232, el rey aragonés rescató los castillos de Castielfabib y Ademuz del poder de Sancho el Fuerte.23. La elección por parte de Abū Zayd de los castillos de la cabecera del Turia valenciano no es casual. Según Pedro López Elum, estas plazas tenían una óptima ubicación para poder emprender acciones militares contra Alpuente, Domeño y Tuéjar, poblaciones ubicadas sobre el curso del Turia o afluentes, y para pretender atacar poblaciones como Chelva o Chulilla (López, 1995: 40). Otra referencia conocida sobre las villas de este estudio es de origen eclesiástico, fechada el 30 de septiembre de 1232. El arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, llevó a cabo una división de diezmos entre el obispo y el cabildo de Segorbe y en ella se enumeran las plazas recién incorporadas: Tormón,24 El Cuervo, Castielfabib, Ademuz, Vallanca25 y Santa Cruz de Moya.26 Desde este año hasta la capitulación de la ciudad de Valencia el 9 de octubre de 1238, no se ha localizado ninguna otra mención a las poblaciones de Castielfabib y Ademuz. Podemos concluir que las primeras décadas de permanencia en la cristiandad de los castillos y villas de la cabecera del Turia valenciano constituyen un periodo histórico bastante desconocido debido a las escasas referencias documentales que se han conservado. No obstante, se puede afirmar que el territorio se mantuvo en manos cristianas, a excepción del desconocido castillo de Serrella, el cual, por estar ubicado más al sur, era el más expuesto y en algún momento entre el 1210 y el 1219 se perdió, siendo recuperado en 1219 por el arzobispo de Toledo. El empeño que puso Pedro el Católico en poder lograr una ocupación permanente de este territorio, junto con el testamento de Gil de Lihori del año 1220 y la confirmación de los fueros de Castielfabib por Jaime el Conquistador en 1223, hacen pensar que el territorio de la cabecera del Turia valenciano no se perdió en favor de los musulmanes. Finalmente, Jaime el Conquistador incluyó en los pactos con Abū Zayd la entrega de los castillos de Castielfabib y Ademuz, aunque parece que nunca estuvieron bajo dominio del musulmán. No obstante, estas plazas quedaron un tiempo bajo el control del rey navarro Sancho el Fuerte, a quien el rey aragonés puso en prenda ambos castillos entre los años 1231 y 1232, en garantía de un préstamo. 5. La inclusión de las villas de Castielfabib y Ademuz en el reino de Valencia (1238-1273) Como hemos señalado en los apartados anteriores, los castillos y villas de Castielfabib y Ademuz fueron tomadas por Pedro el Católico en el año 1210 y permanecieron en manos cristianas hasta el momento de la conquista de la ciudad de Valencia en 1238. Durante estos veintiocho años, ambas poblaciones formaron parte del reino de Aragón, dado que aún no existía ninguna entidad territorial cristiana diferente donde adscribir estas localidades. Pero, como se ha dicho, ambas eran parte del reino musulmán de Valencia, tal y como indican las fuentes almohades: «se apoderó el enemigo barcelonés de los castillos de la región de Valencia» (Huici, 1953: 258). Y también las fuentes cristianas: en 1179, por la firma del tratado de Cazola, se otorga el derecho a conquistar los distritos de Valencia, Xàtiva y Dénia al rey de Aragón; fruto de la unión de estas unidades territoriales islámicas bajo dominio cristiano surgió el reino de Valencia en 1240 (Guinot, 1995: 20-22). Con todo esto, sería lógico pensar que las villas de Castielfabib y Ademuz se incluyeron desde este momento inicial en el nuevo reino de Valencia, pero existe una gran duda y controversia. La primera noticia que se dispone en este periodo es anterior a la fijación de unos límites del reino de Valencia en la primavera de 1240. Se trata de la promesa del rey Jaime el Conquistador —fechada el 13 de febrero de $1 2 4 0 -$ de entregar al señor de Albarracín, Pedro Fernández de Azagra los castillos y villas de Castielfabib y Ademuz27 por un periodo de dos años, a empezar a contar en la fiesta de san Juan Bautista —es decir, el 24 de junio $^ { 2 8 } -$ , pudiéndose ampliar esta concesión inicial de dos años.29 De esta promesa no se ha encontrado información posterior, luego es posible que se llevara a cabo y que el señor de Albarracín ejerciera su poder sobre los castillos y villas de Castielfabib y Ademuz entre el 24 de junio de 1240 y el mismo día de 1242. En la primavera de 1240, estando Jaime el Conquistador en la ciudad de Valencia, promulgó el Costum, primer texto legislativo propio de la ciudad y reino de Valencia con el que se crea jurídicamente el reino cristiano de Valencia (Guinot, 1995: 31). Esta concesión es el origen del derecho foral valenciano, si bien inicialmente fue un fuero municipal otorgado a la ciudad de Valencia con la voluntad y el propósito de hacerse extensivo a la totalidad del recién creado reino. De esta primera obra legislativa no se conserva ningún original del año 1240, sino copias posteriores que generan el problema de diferenciación de partes originales y añadidos o modificados del primitivo texto concedido por Jaime el Conquistador (Chabás, 1902: 16-18). El carácter municipal del Costum es constatado también en su primera rúbrica —De termino regni et civitatis Valentie—, donde se tratan los límites del término general de la ciudad de Valencia, así como los primitivos bordes del reino, de una manera breve y no muy clara; también muestra el área de expansión de esta ley, dado que aparecen lugares que aún estaban bajo control musulmán, como es el caso de Biar, que se conquistaría posteriormente, en el año 1245 (Chabás, 1902: 29-33). El texto de esta primera rúbrica es el siguiente: Vocamus et volumus ut regnum Valentie appelletur et sit a rivo de Uldecona usque ad terminum de Biar, et a mari usque ad Alventosam et Almazaneram et ad Sanctam Crucem et ad finem terminorum de Requena, qui dividunt terminum versus Castellam. (Guinot, 1995: 31) Esta delimitación muestra de manera clara las fronteras con el territorio de fuera de la corona de Aragón; sin embargo, en cuanto a los límites internos, la frontera más clara es la septentrional, en el río Ulldecona. La frontera con el reino de Aragón es poco clara. Se sitúa en el río Albentosa, pero dicho curso de agua no cubre la totalidad del borde entre territorio valenciano y aragonés, existiendo una gran parte de límite confuso. El siguiente punto de referencia citado, Santa Cruz de Moya —aldea de Moya—, era una villa cuyo término, según la referencia, habría de extenderse desde el de Requena hasta llegar al de Albarracín. Con tal definición territorial del nuevo reino cristiano no se puede afirmar la inclusión y pertenencia en el nuevo reino de los castillos y villas de Castielfabib y Ademuz. Veintiún años después, a inicios de abril del año 1261, Jaime el Conquistador juró en las Cortes celebradas ese año en la ciudad de Valencia los fueros romanceados del reino de Valencia, versión que traduce a la lengua catalán la versión anterior latina, es decir, el Costum, y, a diferencia del texto latino, la versión romance muestra unos límites mejor definidos. En este caso, el texto jurídico sí que especifica la pertenencia de los castillos y villas de Castielfabib y Ademuz al reino de Valencia: «[…] e de la serra de Javalambre axí com ix a Castell Phabib e a Ademuç, e aquest dos castels són del regne de València; e de Ademuç, axí com va al terme que parteiz Ares e Santa Creu, […]» (Guinot, 1995: 31-32). Al comparar las rúbricas de las versiones de 1240 y 1261, la principal diferencia es la mayor precisión y descripción del territorio en la de 1261, aunque, en esencia, está renovando los mismos límites, aclarando posibles zonas de confusión, siendo la principal que aclara la relativa a la cabecera del Turia valenciano. Para Enric Guinot, las villas de Castielfabib y Ademuz no pasaron a formar parte del reino de Valencia hasta 1261 (Guinot, 1995: 45-46); no obstante, a continuación presentamos un amplio estudio en el que se analiza la documentación relacionada con Castielfabib y Ademuz entre los años 1240 y 1261 y a partir del cual trataremos de valorar esta inclusión. El primer punto de controversia del Costum de 1240 relacionado con las fronteras se encuentra en el segundo testamento de Jaime el Conquistador, datado el primero de enero de 1241 (Soldevila, 1995: 17; Rodrigo, 2009: 74), es decir, casi inmediatamente después que la promulgación del Costum. En este, el rey aragonés, divide sus posesiones territoriales entre su hijo Alfonso, a quien le dejaba todo el reino de Aragón y toda Catalunya, Ribagorza, Pallars, Arán y el dominio del condado de Urgell, mientras que dejaba a su hijo Pedro y a la reina Violante el Rosellón, el Conflent, la Cerdanya y el Vallespir, todo el reino de Valencia, el reino de Mallorca, junto a Menorca y el derecho del infante Pedro de Portugal sobre la isla de Ibiza; y, además, dejaba las villas de Castielfabib y Ademuz, y de Montpellier (Soldevila, 1995: 18-19).30 De este testamento se infiere que en 1241 los castillos y villas de Castielfabib y Ademuz no se encontraban incluidos en el reino de Aragón o, de estarlo, no se desea que sean entregados al infante Alfonso; en todo caso, parece que se encontraban más próximos a la órbita valenciana, dado que se expresa el deseo de entregarlos al infante Pedro. Un segundo punto de controversia se halla en el reparto testamentario de Jaime el Conquistador fechado el 19 de enero de 1248 (Rodrigo 2009: 78). El problema respecto a esta fuente es que, en la actualidad, se encuentra perdida y sólo se conoce la referencia que realiza en sus Anales Jerónimo Zurita, quien pudo consultar el documento en el siglo xvi. En este testamento, el rey aragonés dividió sus posesiones entre cuatro de sus hijos: al primogénito, Alfonso, habido de su matrimonio con Leonor de Castilla, le dejó el reino de Aragón; a Pedro, el primero de los que tuvo con Violante de Hungría, le hizo heredero de Catalunya y del reino de Mallorca; a Jaime le correspondió todo el reino de Valencia; y a Fernando le dejó el Rosellón y la Cerdanya (Zurita, 1967: 551- 553). Lo más interesante de esta división es que fija límites a cada territorio, dando al reino de Valencia los límites ya conocidos en 1240, a excepción que aclara algún punto, como es el caso de las poblaciones de la cabecera del Turia valenciano: […] Por la parte de septentrión eran los límites del reino de Valencia como se continuaban los términos de Castelfabid, Adamuz y Alpuente; y parten término con los de Moya y van a dar en Requena […] (Zurita, 1967: 552). La descripción deja claro que estas localidades se consideraban incorporadas al reino de Valencia. Aunque el uso de esta fuente puede ser controvertido al faltar el documento original y no poder contrastarse su contenido, la noticia no hace sino que confirmar lo que el monarca plasmó en su segundo testamento siete años atrás, donde dejaba las villas de Castielfabib y Ademuz vinculadas a la herencia del reino de Valencia. La siguiente referencia a las poblaciones de la cabecera del Turia valenciano que hemos utilizado es del 4 de junio de 1254, cuando Jaime el Conquistador prometió respetar las caballerías que Álvaro Pérez de Azagra, señor de Albarracín, tenía en diversas poblaciones aragonesas y valencianas, entre las que se encontraban Calatayud, Teruel, Jarque, Castielfabib, Ademuz y Alpuente.31 Un mes después, el 6 de julio, el rey aragonés hacía promesa de no quitar estas caballerías al señor de Albarracín, enumerando los lugares: «[…] et de Castel Haviv, et in villa de Daymuz, et in Alpont […] et in aliis locis in Aragonia […]».32 La mención a Aragón tiene en este documento un sentido amplio que incluye todos los dominios del rey de Aragón, ya que Alpuente no pertenecía al reino de Aragón, pero ello plantea una nueva duda respecto al encaje territorial de Castielfabib y Ademuz. El 7 de febrero de 1256 Jaime el Conquistador firmó un acuerdo con Álvaro Pérez de Azagra, señor de Albarracín, reconociendo los derechos que el noble poseía sobre diversos lugares entre los que se encuentra Ademuz: Conocida cosa sia a todos los omnes quomo nos, don Jayme, por la gracia de Deus, rey de Aragón, et de Mayorcas, et de Valencia, comte de Barcelona et de Urgel, et señor de Montpeller, prometemos a vos, Albar Pérez de Açagra que aquella honor que agora a vos de present libramos et la que teniades por nos, ço es, a saber [cita las poblaciones de Calatayud, Jarque, Daroca y Teruel] et Adaymuz con todos sus dreitos, que non vos los tolremos ante queramos, que toda esta honor que la tengades de toda vuestra vida […]33. Pero en esta relación no se hace mención especial a la adscripción territorial de la localidad. No obstante, en el mismo documento el monarca aragonés pone bajo protección del señor de Albarracín los castillos de Biar y Almenar: «[…] Ponemos vos en fialdat el castiello de Byar et el castiello de Almenar […]».34. Según Enric Guinot (1995: 46), el 8 de agosto de 1257 Jaime el Conquistador nombró unos oficiales para esclarecer las reclamaciones de daños causados en zonas fronterizas con Castilla, estableciendo uno para Aragón, que controlaría desde Alfaro hasta Requena, y otro para Valencia, que controlaría desde Albentosa hasta el mar y hasta donde limitaba el reino de Valencia con el de Aragón y el de Murcia, refiriendo que ni Castielfabib ni Ademuz pertenecían al reino de Valencia. Pero estos límites no se correspondían a la realidad, dado que el territorio valenciano limitaba al norte de Requena con el término general de Moya, al menos de Sinarcas hasta Arcos de las Salinas, o, como mucho, hasta Castielfabib. El mismo autor también indica que Jaime el Conquistador nombró a Ramón Guillem d’Entença como sobrejuntero de todas las villas y castillos valencianos situados entre el Júcar y el Ulldecona, y hasta los términos de Aras de Alpuente, Albentosa y Chelva. Pero en estos lí- mites se encuentra el mismo problema que en el caso anterior, ya que excluyen territorios como Alpuente o Arcos de las Salinas que pertenecían en ese momento al reino de Valencia.35. Con posterioridad a 1261 existe un conflicto —fechado a finales del mes de septiembre de 1270— entre la villa de Castielfabib y el consejo de la villa castellana de Moya por los límites entre ambos términos y reinos, en el territorio llamado Cireso, que se identifica con la aldea castielera de Arroyo Cerezo, a poniente de la villa.36 (Mapa 2) Finalmente, en un documento dirigido a la villa de Castielfabib datado el 23 de junio de 1273, Jaime el Conquistador confirma la pertenencia de la villa al reino de Valencia y obliga a sus vecinos a que se rijan por los fueros de Valencia y no por los de Aragón ni por los de Teruel. Noverint universi quod nos, Iacobus, etc. per nos et nostros damus et convedimus vobis universis et singulis hominibus de Casteyll Havib, presentibus et futuris et successoribus vestris imperpetuum quod sitis de termino Regni Valentie et quod in omnibus causis civilibus et criminalis ac etiam in peytis, cenis, exercitibus, cavalcatis et eorum redemptionibus, caloniis, iusticiis et omnibus aliis exactionibus regalibus, utamini et teneamini uti secundum forum Valentie et non secundum forum Aragonie vel Turolii, set in omnibus et per omnia exerveamini ad forum Valentie ut superius continetur. Mandantes etc. Data Valentie, novem kalendas iulii anno Domini $\mathbf { M } ^ { \circ }$ CCº [LXX] tertio.37. Recapitulando lo expuesto, se puede sostener que Castielfabib y Ademuz ya pertenecían al reino de Valencia con anterioridad a la redacción de los fueros romanceados de 1261, pudiendo haber pertenecido incluso desde la elaboración del Costum en 1240, dado que la documentación de dicha década liga el territorio de la cabecera del Turia valenciano con el reino de Valencia, como queda de manifiesto en los testamentos de Jaime el Conquistador de 1241 y de 1248. No obstante, la documentación muestra importantes lagunas y discordancias que hacen que definir fronteras claras a partir de la información que aporta, sea una tarea compleja y casi imposible y el propio contenido de los documentos resulta contradictorio en ocasiones. 6. Conclusiones. Tras realizar este análisis sobre la conquista e inclusión en el reino de Valencia de las villas de Castielfabib y Ademuz, se pueden extraer las siguientes conclusiones: La intención de conquistar los castillos de Castielfabib y Ademuz viene, al menos, de tiempos de Ramón Berenguer IV, cuando en 1142 quedaron incluidos dentro del territorio delimitado por el fuero de Daroca y se hizo donación a la orden del Temple una quinta parte de ambos castillos; donación que fue confirmada por su hijo y futuro rey de Aragón, Alfonso el Casto. La conquista de los castillos de Castielfabib y Ademuz en el verano de 1210 se vio impulsada por la fundación y población de Moya por los castellanos y por un ataque marítimo a la costa catalana por parte de los musulmanes. Estos hechos decidieron a Pedro el Católico a hacer la guerra contra los almohades valencianos. Después de casi dos meses de asedio, los castillos capitularon y el monarca otorgó fuero a Castielfabib y franquezas a Ademuz, quedando patente la intención de perdurar la conquista, consolidarla y, además, la documentación muestra la voluntad regia de realizar más conquistas en territorio valenciano. Mapa 2: Castielfabib y Ademuz en la cabecera del Turia valenciano después de 1270. Fuente: Vázquez-Esparza (2015) Los territorios conquistados por Pedro el Católico en 1210 se mantuvieron en manos cristianas, a excepción de Serrella, que se perdió en fecha desconocida y fue tomada por los castellanos en 1219. De los años comprendidos entre el 1210 y el 1238 se conserva escasa documentación; no obstante, se puede afirmar que este territorio no se perdió sino que se mantuvo bajo dominio cristiano. A la luz de las noticias documentales, la incorporación de las villas de Castielfabib y Ademuz al reino de Valencia es un asunto complejo, aunque consideramos que pertenecieron a Valencia con anterioridad a los fueros romanceados de 1261, quizá incluso desde la misma promulgación del Costum en el año 1240, a tenor de los testamentos de Jaime el Conquistador de 1241 y 1248, en los cuales se relacionan las villas de Castielfabib y Ademuz con el reino de Valencia. 7. Referencias bibliográficas. Agudo Romeo, M.ª del Mar (1992), El fuero de Daroca. Zaragoza/Daroca, Centro de Estudios Darocenses de la Institución Fernando el Católico. Alvira Cabr er , Martín (2000), Guerra e ideología en la España medieval: cultura y actitudes históricas ante el giro de principios del siglo XIII. Batallas de Las Navas de Tolosa (1212) y Muret (1213). Madrid, Universidad Complutense de Madrid, (tesis doctoral). 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Los escritos de Francesc de Aranda. Un breve opúsculo sobre la amistad: The Writings of Francesc de Aranda. The Possible Autorship of a Brief Treaty on Friendship
LOS ESCRITOS DE FRANCESC DE ARANDA. LA POSI BLE AUTORÍ A DE UN OP ÚSCULO SO BRE LA AMIST AD. THE WRITINGS OF FRANCESC DE ARANDA. THE POSSIBLE AUTORSHIP OF A BRIEF TREATY ON FRIENDSHIP. Josep Vicent Ferre Dom íng uez Alta Inspección de Educación, Valencia firstname.lastname@example.org. Resumen: El caballero aragonés y donado Francesc de Aranda (1346-1438) ha sido estudiado preferentemente desde la óptica de su actividad pública como consejero real, partícipe en el Compromiso de Caspe, asesor del papa Benedicto XIII, benefactor de Teruel y del monasterio de Portaceli. En este trabajo se trata un aspecto suyo menos conocido: la obra escrita. Además de una descripción general de su bibliografía, se presenta una copia inédita del siglo xix de un breve tratado sobre la amistad, procedente de la cartuja citada. En el artículo se aborda la presunta autoría de Aranda, su concepción de la amistad y el carácter autobiográfico del manuscrito. Asimismo, se describe la relación personal con su sobrino y heredero Martín Martínez de Marcilla, así como las hipótesis sobre una afirmación contenida en el opúsculo: que. Abstract: Francesc de Aranda, Aragonese knight and donated carthusian (1346-1438), has been mainly considered from the perspective of his public activity as royal counsellor, commissioned in the Compromise of Caspe, advisor to Pope Benedict XIII, and benefactor of Teruel and the Portaceli charterhouse. This paper tackles a less known aspect of his life: his written work. After a general description of his bibliography, we look into a $1 9 ^ { \mathrm { t h } }$ century unpublished copy of a brief treaty on friendship found in the Portaceli charterhouse. The article explores the presumed authorship of Aranda, his conception of friendship and the autobiographical nature of the manuscript. Also, we describe Aranda’s personal relation with his nephew and heir, Martín Martínez de Marcilla, and delve into an intriguing statement in the en aquel momento ya estaba escrita en romance la historia de los amantes de Teruel, que consideraba «verdadera y muy auténtica». treaty: The “true and very real” story of Lovers of Teruel may have already been written at that moment on romance language. Palabras clave: Francesc de Aranda, Cartuja de Portaceli, Tratado sobre la Amistad, Amantes de Teruel, Corona de Aragón, siglos xiv-xv. Keywords: Francesc de Aranda, Portaceli charterhouse, Treaty on friendship, Lovers of Teruel, Crown of Aragon, $1 4 ^ { \mathrm { t h } } { - } 1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ centuries. 1. Noticias sobre la obra escrita del donado aragonés. La mayoría de monografías y artículos sobre el caballero y donado de la cartuja valenciana de Portaceli Francesc de Aranda (Teruel 1346-Serra 1438) inciden fundamentalmente en su actividad política como consejero de los reyes Juan I el Cazador y Martín El Humano y de la reina María de Luna, en su participación activa en representación de Aragón en el Compromiso de Caspe, en su papel como asesor del papa Benedicto XIII en los vaivenes del cisma de Occidente y en su cualidad de bienhechor tanto de Teruel como del monasterio citado.1 Sin embargo, las noticias sobre sus escritos son escasas. Probablemente, la constante actividad pública de Aranda mermó el tiempo que dedicó a la lectura, el estudio y a su producción literaria. Una parte de su obra se ha perdido y los estudiosos de su figura apenas citan sus aportaciones. En el siguiente cuadro tratamos de reflejar una visión global de las obras que se le atribuyen y de los autores que las citan y que analizaremos a continuación: <table><tr><td rowspan=2 colspan=6>LEONCIVERA GARCIA ESTEBANAnales MIRALLESPUIG-RIGAU Culturade ORTIZ ESTEBAN El donado Escritores ypre-PortaceliCompendioBiografia de Cartujacartujos...humanismo..(1653) (1777) (1923) (1952) (2001) (2002)</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>(1952)</td><td rowspan=1 colspan=1>(2001)</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Tratado de</td><td rowspan=2 colspan=1>X</td><td rowspan=3 colspan=1>X X</td><td rowspan=3 colspan=1>X</td><td rowspan=3 colspan=1>X</td><td rowspan=3 colspan=1>X</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Confesion</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>General</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ordenanzas</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=3 colspan=1>X X</td><td rowspan=3 colspan=1>X</td><td rowspan=3 colspan=1>X</td><td rowspan=3 colspan=1>X</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Almoina</td><td rowspan=1 colspan=1>X</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Teruel</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Papeles</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=3 colspan=1></td><td rowspan=3 colspan=1>X</td><td rowspan=3 colspan=1>X</td><td rowspan=3 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>sobre</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>el Reino</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Otros</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=3 colspan=1></td><td rowspan=3 colspan=1></td><td rowspan=3 colspan=1>X</td><td rowspan=3 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>tratados</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>espirituales</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Depósito</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=3 colspan=1></td><td rowspan=3 colspan=1>X</td><td rowspan=3 colspan=1></td><td rowspan=3 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>en favor</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Portaceli</td><td rowspan=1 colspan=1></td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Epistolario</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>X</td><td rowspan=1 colspan=1>X</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Allegationes</td><td rowspan=1 colspan=2></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>X</td></tr></table>. I. El manuscrito titulado «Tratado para ejercer la confesión general» desapareció con la exclaustración del siglo xix de la cartuja valenciana de Portaceli, situada en el término municipal de Serra. El monje cronista Joan Baptista Civera (Alcoi 1575-Serra 1655) no la cita en las biografías de Aranda incluidas en sus tres obras sobre los monjes de dicho convento,2 pero en el «Catálogo de escritores» incluido en la parte final de la Segunda parte de los Anales de Portaceli (ff. 300-301) escribe que: Francisco Aranda nació en la ciudad de Teruel de padres nobles y ricos, y después fue pobre donado de esta casa. Tomó el hábito el año de 1398, fue persona tan estimada del Papa Benedicto XIII y de los Reyes de Aragón como ya difusamente escrivimos en su vida; y assí agora solo añado que con no haver estudiado más que la lengua latina nos dexó compuesto un tratado del modo de hazer confessión general harto bueno (aunque por estar escrito en lenguaje valenciano antiguo algunos no entenderán algunas palabras). Pienso copiarle y juntarlo con los tratados del p. D. Bonifacio, para que se conserve la memoria de tan insigne varón en esta casa pues tanto le debe. Murió el día de S. Martín del año 1438. Ni tuvo tiempo Joan Baptista Civera para llevar a cabo la copia del manuscrito, ni nos ha llegado el original de Aranda. En cambio, todos sus biógrafos citan esta obra. Así, el notario Ortiz (1777: 31), refiriéndose a la vida de devoción del donado, escribe: «Buena prueba es de esta observancia el método que formó para executar una Confesión general con tal disposición y claridad, que descubre las bellas luces de su talento». Manuel Esteban (1923: 456), al referirse a los últimos días de Aranda, afirma que «en años anteriores, había producido su preclara inteligencia un piadosísimo libro de mística; y empapándose de su lectura, pasaba muchas horas», cuyo título era Tratado competentísimo de la Confesión General. García Miralles (1952: 161), que considera al donado un reconocido escritor, le atribuye «un tratado manuscrito sobre la Confesión general» que supone desaparecido, tal vez, entre las ruinas de Portaceli en 1835. También Puig-Rigau (2001: 29) adjudica a Aranda la autoría de un Método abreviado para la confesión, del que se dice que era muy apreciado en su tiempo, mientras que León Esteban (2002: 205) se limita a citarla como obra perdida. Así pues, hay una cierta unanimidad sobre la composición de este tratado, aunque se le nombre de manera diferente (Tratado del modo de hacer confesión general, Tratado manuscrito (o competentísimo) sobre la confesión general, Método abreviado para la confesión), y sobre el indudable valor del mismo y su posterior pérdida. Además, debía estar escrito, como afirmó Civera, en valenciano, circunstancia bastante lógica, ya que era la lengua predominante en el monasterio en el siglo xv, idioma que, por otra parte, no era extraño a Aranda que utilizó el catalán en algunas de sus cartas.3. II. También hay consenso sobre la autoría de las ordenanzas o reglamento de la Institución y distribución de la Almoyna de Santa María de Teruel, escritas en el año 1421. Así lo recoge Civera en la Segunda Parte de los Anales de Portaceli: «el año 1421 viéndose en la quietud y sosiego de su celda empezó a escribir las dichas ordinaciones» (f. 102). Asimismo, Ortiz afirma que el monje donado redactó las ordenanzas de la administración, fundada por él mismo, de la distribución del producto de las salinas de Armillas (que los reyes Martín el Humano y María de Luna le habían regalado) para repartirlo entre los pobres de Teruel: «Escribiólas en el año 1421 con tal disposición, que apenas se halla dificultad en ellas» (Ortiz, 1777: 23). Añadía Ortiz que, en el momento de la redacción de su biografía, las ordenanzas originales se encontraban en el archivo de Portaceli. Por su parte, García Miralles (1952: 161-162), con base en las afirmaciones del erudito aragonés Félix de Latassa (1733-1805) en Bibliotecas Antigua y Nueva de escritores aragoneses (1884), atribuye a Aranda un reglamento con el título arriba citado. Asimismo, aparecen mencionadas las ordenanzas en Puig-Rigau (2001: 29) y León Esteban (2002: 209). Las ordenanzas regulaban la fundación realizada por Aranda en favor de los pobres vergonzantes de Teruel, que podían beneficiarse perpetuamente de los productos de 61 eras con la correspondiente salobre, situadas en las salinas de Armillas. Aunque se perdió el manuscrito existente en el archivo de la cartuja, hay un texto de las mismas incluido en el volumen depositado en el Archivo Histórico Provincial de Teruel: «Copia del Testamento del venerable Don Francisco de Aranda y de la Institución de la Santa Limosna de la ciudad de Teruel, fundada por el mismo. Sacada del libro cabreo existente en el Archivo del Excmo. Ayuntamiento de dicha Ciudad por Don Damián Colomés y Peydro».4. La primera página del documento de las ordenanzas dice: «Verdadero y fiel extracto del original de la Institución escrita en pergamino de la Santa Limosna de la Ciudad de Teruel, Reino de Aragón. Instituida y fundada en la Iglesia Catedral, en otro tiempo Colegiata de la siempre Virgen María de dicha Ciudad, por el ilustre varón Don Francisco de Aranda, Donado de Nuestro Señor Jesucristo y de su casa o monasterio de Portaceli, de la orden de los Cartujos, diócesis de Valencia...» El volumen contiene diversos documentos que pasamos a detallar a continuación. En primer lugar, encontramos el testamento de Francesc de Aranda, redactado en la cartuja de Portaceli el 19 de mayo de $1 4 0 2 ^ { 5 }$ (pp. 2-19). A continuación se incluye el compromiso de los regidores de Teruel y protectores de las salinas de la Limosna de Santa María de Teruel, en el lugar de Armillas, de componer un libro sobre la fundación y administración de las mismas (pp. 19- 20); la carta pública de la donación, ordenación y disposición de las salinas, realizada por Francesc de Aranda en Portaceli el 5 de marzo de 1421 y leída en Teruel el día 10 del mismo mes (pp. 20-44); la aceptación y aprobación de dichas ordenanzas por los regidores de Teruel, asumiendo las obligaciones allí incluidas, acto ejecutado a continuación del anterior (pp. 44-49); la carta pú- blica de donación de las salinas de Armillas realizada por el infante don Martín y su mujer María de Luna a mosén Francesc de Aranda, de 11 de agosto de 1383 (pp. 49-55); la publicación y notificación de la aceptación de la donación anterior, hecha en Tamarite de Litera por Francesc de Aranda ante el Justicia de Aragón Domingo Cerdán, de 28 de febrero de 1384 (pp. 56-57); y la toma de posesión de las salinas de la Limosna de Teruel efectuada por Pedro Fernández de Aranda, hermano de mossén Francesc, otorgadas en nombre del rey por el fiel Pedro Martínez de Aranda, del lugar de Huesa, el 18 de marzo de 1384 (pp. 57-64), de la cual hay también una copia en el Archivo Histórico Provincial de Teruel.6. A continuación, se incluye una nueva escritura pública de Francesc de Aranda, de 31 de julio de 1427, en la que encarga a Martín Martínez Marcilla, alias de Aranda, y al secretario de la Sala de Teruel, Pedro Sánchez de Valdeconejos, que conste en documento lo que ya era una costumbre: que los hombres buenos de Armillas gestionasen una era de las salinas, cuyas rentas y emolumentos se destinasen a los pobres vergonzantes de dicho lugar. Tal petición había sido hecha por los jurados de Armillas el 28 de junio anterior. El 28 de septiembre los comisionados transmiten a los regidores la voluntad de Aranda, los cuales aceptaron su decisión, para que conste en documento pú- blico (pp. 65-73). La carta de poder se encuentra también en el Archivo Histó- rico Provincial de Teruel.7. Seguidamente se incluyen la segunda ordenación sobre la reedificación de la Limosna —hecha por el propio Francesc de Aranda el 6 de junio de 1438 en Portaceli, y leída en Teruel ante los regidores de la ciudad por su procurador mosén Bartolomé Teruel, el día 15 siguiente, siendo aprobada por aquellos (pp. 73- 93)— y la ordenación tercera realizada también en Portaceli por Francesc de Aranda el 25 de junio del mismo año, sobre la elección de los procuradores y distribuidores de las salinas (pp. 93-96). Finalmente, el manuscrito presenta un índice general y un índice alfabético de nombres comunes. Así pues, gracias al manuscrito anterior de Colomés nos han llegado las ordenanzas primitivas de las salinas de Teruel de 1421, junto con las dos ordenaciones posteriores de 1438 y la extensión de los beneficios de los pobres de Teruel a los de Armillas, datada en el año 1427. Asimismo, se incluye la escritura de la donación real de las mismas, la aceptación y la toma de posesión de los años 1483 y 1484. Y, además, en primer término, el testamento de Aranda de 1402, pues las ordenanzas de la distribución de las rentas y emolumentos anuales de las salinas para los pobres se dictaron en carta pública en cumplimiento de una cláusula del mismo. La copia de Colomés pudo realizarse entre 1882 y 1897, período en que el bibliotecario y profesor residió en la capital turolense. Por tanto, conservamos el reglamento u ordenanzas de las Salinas de la Limosna de Santa María de la ciudad de Teruel, las cuales están bajo la protección, régimen y gobierno de los Regidores de la ciudad de Teruel, documento que tiene un carácter fundamentalmente administrativo. De los autores que han escrito sobre Aranda, tan solo encontramos un compendio de las ordenanzas en Manuel Esteban. En una extensa nota a pie de página incluye las disposiciones de 1421, divididas en ocho apartados, así como las añadidas en 1438, que estructura en otros cinco apartados y otros dos más aclaratorios (Esteban, 1923: 427-428). III. García Miralles, siguiendo la obra de Latassa, atribuye a Aranda la autoría de Algunos papeles y memorias sobre intereses del Reino. Afirma que «estos papeles, perdidos por desgracia o sepultados en algún recóndito archivo, deberían tener el interés de unas Memorias del viejo político aragonés» (García Miralles, 1952: 162). También los cita Puig-Rigau (2001: 29), que seguramente se basa en la noticia anterior. Desconocemos tanto su existencia como su contenido. IV. Puig-Rigau (2001: 29) atribuye a Aranda Otros tratados espirituales que no se especifican. Es probable que, además del método sobre la confesión, el donado turolense redactase en la soledad de su celda de Portaceli algunos escritos breves sobre temas diversos de espiritualidad. En cualquier caso, tampoco nos han llegado. ¿Podría ser el opúsculo sobre la amistad que después analizaremos uno de ellos? V. García Miralles (1952: 171-173) reproduce un documento consistente en el texto de un depósito de 5.000 sueldos reales de moneda corriente en el reino de Valencia, que Aranda entregó en 1437 al prior de la cartuja de Portaceli, Pedro Ferrer, para ayudar a resolver las necesidades materiales de la casa. En opinión de este autor, «su redacción no puede ser más diáfana ni más ceñida, sin dejar lugar a vacilación o tergiversaciones; resplandeciendo una vez más el sentido práctico que el gran donado tenía de la beneficencia, como varón que conocía perfectamente las inextricables pasiones del corazón humano» (García Miralles, 1952: 162). Este texto está escrito en valenciano y fija las condiciones de la entrega que se hace para «servidumbre y obligación de comprar las cosas de las que sea necesario hacer provisión cada año», así como el lugar y la forma en que se debía custodiar y administrar dicho depósito. El dinero, que procedía del capital de las salinas de la Limosna de Teruel, había de depositarse en sitio seguro, con cerradura de tres llaves, una en posesión del prior y las otras de dos monjes, señalando Aranda las condiciones en que determinadas cantidades de dinero podían utilizarse y tenían que ser devueltas. Sobre el citado depósito se dice en el Catálogo de Benefactores de la cartuja de Portaceli que «Lo dit reverend mossén Francés de Aranda, lo any 1437, que fou un any ans de la sua mort, deixà 5.000 sous en depòsit dels quals se ampràs lo prior ab consulta dels antichs» (Eixarch et alii, 2020: 41). VI. Puig-Rigau (2001: 29) menciona un «Epistolario» de Aranda, del que «se reproducen varias cartas en el Apéndice del libro de Sebastián Puig y Puig, Pedro de Luna, último papa de Aviñón. Por su parte, León Esteban (2002: 205-208), ofrece, con base en este Apéndice de Puig y Puig, una descripción somera de su contenido. El libro de Puig (1920), además de algunas epístolas recibidas por Aranda, reproduce las siguientes cartas enviadas por él. En primer lugar, una carta de Alfonso de Exea y de Francesc de Aranda rogando a Francesc Climent que consienta en su nombramiento como obispo de Barcelona y enviándole la minuta autógrafa de la carta que le ha ordenado escribir Benedito XIII (06.04.1410). Está escrita en latín (p. 529-530). El destinatario, Francesc Climent Sapera (1348-1430), era secretario de Benedicto XIII y en el momento de la misiva ejercía como obispo de Tortosa, pero había sido nombrado para tomar posesión de la diócesis de Barcelona. En segundo lugar, una carta de Aranda al obispo Climent sobre el mismo tema (06.04.1410). Escrita en catalán (p. 531-532). El prelado tomó posesión del obispado de Barcelona en el mes siguiente. En tercer lugar, una carta autorizando a Climent, en nombre de Benedicto XIII, para levantar el entredicho de Zaragoza con motivo de la coronación del Rey (09.02.1414). Está escrita en catalán (p. 543). Climent continuaba como obispo de Barcelona. En cuarto lugar, una carta al rey Fernando I de Aragón acerca de la conferencia que el monarca iba a mantener con Benedicto XIII en Morella y del congreso de los judíos en Tortosa (23.06.1414). Redactada en aragonés (pp. 543-545). En quinto lugar, otra carta a Fernando I de Aragón quejándose, en nombre de Benedicto XIII, de los excesos reales de jurisdicción (24.06.1414). Escrita en aragonés (pp. 545-546). En sexto lugar, otra carta de Aranda al rey Fernando de Aragón informándole de las embajadas a Navarra y Castilla y de los acuerdos de la conferencia de Morella (22.09.1414). En aragonés (p. 546). En séptimo lugar, otra carta al rey de Aragón manifestándole que Benedicto XIII había autorizado al propio Aranda para que fuese a donde el monarca estimase oportuno (08.11.1414). En aragonés (p. 547). En octavo lugar, una carta dirigida al patriarca Climent (28.05.1430), redactada en latín (pp. 617-618). Desde 1420, por su participación en la resolución del cisma, Francesc Climent fue nombrado Patriarca de Jerusalén por Martín V. Aunque desde finales de 1429 fue designado, por segunda vez, arzobispo de Zaragoza, Climent residió en Barcelona hasta su muerte. Aranda escribió la carta desde Ulldecona y le mostraba sus deseos de verle en Tortosa. Asimismo, le comunicaba su deseo de regresar al monasterio de Portaceli, objetivo que aún no había conseguido. Según León Esteban (2002: 208), este regreso se produjo en 1437, el año anterior a su deceso, después de haber resuelto varios encargos de la reina María, esposa de Alfonso V de Aragón. En noveno lugar, Climent y París (2016: I, 170-174) atribuyen a Aranda una larga carta en catalán sin firma, escrita entre el 28 de marzo y el 4 de abril de 1410, que también reproduce Puig (1920: 526-528), aunque este autor la considera anónima. En la epístola, Aranda parece responder una carta del obispo Climent rogándole con diversos argumentos que aceptase la designación como arzobispo de Barcelona. Por el contexto y contenido de la misma, la atribución es verosímil. Además de estas nueve misivas recogidas por Puig, hemos encontrado mencionadas algunas cartas más en diversos autores que han abordado la vida y obra de Aranda. Teresa Ferrer Mallol (1999: 560-562), en un excelente artículo sobre la actividad como consejero real de Aranda, transcribe una de ellas y cita otra. En la primera, fechada el 24 de septiembre de 1395, Aranda informaba al infante Martín del cumplimiento de las misiones que le había encomendado en Trápani y en la corte de su hermano el rey Juan I; además, le comunicaba diversas noticias y le anunciaba la pronta salida de refuerzos hacia Sicilia. La carta fue enviada desde Capellades, lugar donde se había refugiado María de Luna, la esposa del infante Martín, con su madre y algunos nobles, huyendo de la peste. Por otra parte, la epístola no reproducida es una respuesta de Aranda (19.01.1406) en la que, a propósito de una copia de la enfeudación del reino de Nápoles solicitada por el Papa, «encargó el asunto al comprador del papa, Diego Navarro, que había permanecido en Aviñón, donde estaban los registros, porque él se encontraba con Benedicto XIII en Savona» (Ferrer Mallol, 1999: 543). Para esta autora, Aranda «fue una persona de una trayectoria sinuosa, que parece haber amado mucho el poder, puesto que siempre procuró estar a la sombra de quien lo ostentaba». Pero, además, afirma que «sus usos lingüísticos denotan también su adaptabilidad cortesana» (Ferrer Mallol, 1999: 547). Así, por ejemplo, las dos cartas mencionadas están escritas en catalán, lengua que Aranda conocía por sus largas estancias en Cataluña cuando era joven; en cambio, como hemos podido comprobar en las cartas recogidas en el volumen de Puig, otras misivas estaban escritas, bien en latín, bien en un aragonés propio de las tierras meridionales del reino (Enguita, 2008; Tomás, 2020), sobre todo cuando el rey ya era Fernando de Antequera. Por su parte, Joan Baptista Civera, en la Segunda parte de los Anales de Portaceli (f. 105), consideraba a Aranda una persona sabia e instruida, siguiendo las afirmaciones del canónigo aragonés Vicencio Blasco de Lanuza (1563-1625): Nuestro mossén Francés fue hombre muy docto aunque algunos ignorantes por haver sido donado cartuxo han pensado que no lo fue. Como si no se compadeciessen las letras con la humildad; y ser por letras philósofo y theólogo insigne, y por oficio y exercicio de humildad carbonero como lo fue el santo Obispo de Neocesárea, sucessor de S. Gregorio Taumaturgo. Por ello, afirma que, aunque no tuviese muchos estudios, Aranda era una persona culta que dominaba el latín. Además, como muestra del lenguaje que utilizaba, Civera transcribe una breve carta —fechada el 19 de mayo de 1423) que obraba en su poder, escrita en valenciano, que el caballero aragonés dirigió al clérigo de Valencia Antonio Riera, a propósito de un depósito que quería hacer de 400 florines o 4.000 sueldos para las «provenciones» y otras necesidades de la casa: Reverendo Domino Anthonio Riera: Cariss(i)me D(omi)ne. Bé sabets com rahonant entre vos y mi sobre les necessitats de aquesta casa, et comemorant la depòsit que voliets fer dels cccc flor(ins), o iiii m(ilia) sous, diguets que don Prior sen podria servir per fer les provensions o altres necessitats de la casa. E aprés ho diguets mi present al dit don Prior. E per çò como lo constitut acta als Priors que de depòsit algú sens voluntat del deposant no se prevesquen; e lo dit Prior veig quen està escrupulós no contrastant ço que lin diguets. Prech vos que per cèdula escrita de vostra mà o escrivint en aquest albarà lin declarets per scrit vostra intenció. E som a vostre voler, a XIX de Mai M.cccc.xxiii. A vostre voler aparellat Ffrancesch de Aranda. Dat a Déu en Portaceli. Por último, quedan otras cartas y documentos de Aranda en distintos archivos, sobre todo en el de la catedral de Barcelona, algunos estudiados por Climent y París (2016). Además, citamos, por su interés, «la carta pública en descargo de Francisco de Aranda, de 2 de julio de 1389, Monzón, expedida en cuatro pergaminos, según se especifica en la clausura, y en la que se copia el proceso contra el conde de Prades por calumnias contra dicho Aranda, a quien acusó por carta enviada al rey a Zaragoza en agosto de 1388 de envenenar al infante Jaime, delfín de Gerona».8. VII. Finalmente, León Esteban (2002: 208) afirma que «los investigadores del Cisma, le atribuyen las Allegationes in favorem Benedicti XIII; y creo no sin razón, dado que como autor de las mismas aparece el Auditor de Palacio, y hasta 1417 al menos lo fue Aranda». Se basa en una afirmación anterior de Baucells que cita el códice número $1 3 3 { \mathrm { ~ d e l } }$ archivo de la catedral de Barcelona, obra del «auditor camerae», titulado Allegationes contra quandam litteram missam per anticardinales, de cinco folios (1r-5v), en el que se impugna la potestad del Concilio de Constanza y se defiende el poder del papa Benedicto XIII sobre el mismo. No obstante, Baucells no atribuye el manuscrito a Aranda, sino con reservas al cardenal aragonés Jimeno Dahe, que ejerció el cargo de auditor de la Cámara en el período 1417-1422, en que pudo redactarse el escrito; aunque añade: «O bé hom pot pensar en Francisco de Aranda o en Fernando Martínez, auditors així mateix almenys en 1414-1416» (Baucells, 1985: 80). Por tanto, la atribución de las Allegationes a Francesc de Aranda es dudosa. Podemos concluir, pues, que de la obra escrita de Aranda únicamente han llegado las Ordenanzas de la fundación de la Limosna de las salinas de Teruel, redactadas en 1421, con sus modificaciones posteriores, y el texto del depósito dinerario que en 1437 donó a Portaceli. Son escritos de carácter administrativo y económico, redactados por escribanos o notarios de la época, que transcribían la voluntad del donado, como también su testamento de 1402, sobre el que volveremos más adelante. En relación con sus cartas, tampoco son escritos personales del donado cartujo, que transmitan su pensamiento, sino epístolas relacionadas con su actividad como asesor y consejero real y papal. Por otra parte, de existir, no han perdurado ni los apuntes de tipo político, ni las obras de espiritualidad, como tampoco el tratado sobre la confesión, que pudo ser el escrito más importante y loado. Por todo ello, cabe pensar que, ocupado a lo largo de su vida en sus quehaceres públicos y políticos, no le quedó mucho tiempo para dedicarse en el silencio de la celda a la reflexión, el estudio y la escritura. Incluso en su época de cartujo, Aranda fue un hombre más del siglo que del yermo. 2. Una copia del siglo xix de un documento procedente de Portaceli. Un manuscrito de 1859 titulado Varios apuntes, de Efrén Beltrán, incluye un papel «escrito por el Venerable D. Francisco Fernández de Aranda, Caballero Aragonés natural de la muy noble Ciudad de Teruel de aquel Reyno».9 El texto atribuido a Aranda tiene una extensión de cuatro folios, escritos por ambas caras, conteniendo un total de 159 líneas más el título citado. Al final del mismo se añade un autógrafo del autor del manuscrito: «Es copia del cuaderno de cosas de la Cartuja de Portaceli del lego Vicente encargado del Conde de Olocau y que puse copiado de mi puño y letra. Olocau de Liria a 24 de agosto 1858. Efrén Beltrán». Efrén Beltrán Calpe (1834-1901) fue un ciudadano que se movía en los círculos literarios de final de aquel siglo en Valencia. Los apuntes de Beltrán, atribuidos a Aranda, pertenecen a su juventud, ya que debía tener alrededor de 24 años. Sabemos que entre las conferencias que impartió en sus últimos años de vida destacan la dedicada a Dasí en $1 8 9 9 ^ { 1 0 }$ y las dictadas en 1900 en la sede de Lo Rat Penat, sobre cerámica valenciana y sobre el aragonés Francisco Aranda (Cebrián y Navarro 2014: 8).11 Por tanto, Beltrán pudo disertar no sólo sobre la biografía y virtudes del donado cartujano —del que se conocían las aportaciones de Ortiz (1777) y la entonces reciente de Tarín Juaneda (1897)—, sino también sobre el escrito en torno a «la amistad» que había copiado en su juventud. Beltrán aseguraba que el escrito de Aranda era una copia extraída de un Cuaderno de cosas de la Cartuja de Portaceli, que estuvo en posesión de un lego llamado Vicente. A causa de la exclaustración de 1835 el cuaderno debió ser sacado del monasterio por el lego o por cualquier otra persona, acabando finalmente en manos de Beltrán. Si comprobamos la relación de monjes y conversos que habitaban la cartuja en los años previos a la desamortización, descubrimos que en la relación del año 1829 había quince monjes, dos de ellos diáconos, y siete hermanos conversos, uno de los cuales era fray Vicente Poveda, que a la sazón ya tenía 79 años de edad.12 En la relación de septiembre de 1835, un mes después de haber sido suprimida la cartuja, sigue apareciendo fray Vicente Poveda, situado en primer lugar en la relación de los diez legos que permanecieron en el monasterio hasta su cierre.13 Los legos cartujos eran los que se dedicaban a «aquellos trabajos necesarios para el sostén material de la comunidad» (Fuster, 2003: 52). Por otra parte, en la documentación de la cartuja también encontramos diversas noticias referentes a la población de Olocau.14. Así pues, no es extraño que un lego como Vicente Poveda, con una larga vida de clausura, pudiera encargarse de los asuntos del conde de Olocau y de la relación del mismo con Portaceli, y que, además, al abandonar el convento llevase consigo un cuaderno que contenía determinadas anotaciones sobre aspectos relacionados con la casa, tales como una biografía de la venerable Inés de Moncada o el tratado atribuido a Aranda, que después llegó a manos de Beltrán, quien también debía tener alguna relación con Olocau y realizó la copia que ha llegado a nuestros días. 3. El contenido del manuscrito. El contenido del manuscrito sobre la amistad que transcribimos en la parte final de este trabajo y cuya autoría puede ser atribuida —tal y como argumentamos más adelante— a Francesc de Aranda, recoge las características que presenta la amistad para un noble religioso en el contexto cultural, socioeconómico y político de finales del siglo xiv y las primeras décadas del siglo xv. En primer lugar, la amistad queda definida en el manuscrito como el afecto sincero y recíproco de trato honesto entre dos personas que se quieren. Entendida de este modo, la amistad contiene una serie de cualidades: amor, sinceridad, honestidad y trato mutuo. Ahora bien, solo con lo anterior no se alcanza la auténtica amistad, y, en este sentido, Aranda se sitúa en la línea de la concepción agustiniana de la amistad. Así, la verdadera o plena amistad requiere también la presencia de Dios, por lo que añade que la amistad ha de darse «entre personas de verdadero temor de Dios». Para San Agustín no podía existir verdadera amistad si el amigo no lo es primero de la Verdad misma, de manera que solo «ama verdaderamente al amigo quien ama a Dios en el amigo». En ese caso, el alma del amigo se hace una con el alma del otro. Por ello, el texto recoge que «la amistad es el bálsamo consolador donde uno descansa todo el peso de su corazón acongojado y las penas de su alma con las de la otra, que por ello la comprende...». También cita el autor del manuscrito a San Leandro, quien escribió que «a los que te distinguen con su afecto, entrégales el tuyo en justa reciprocidad, de manera que el amor que ofrezcas supere el que recibas» (Leandro de Sevilla, 1979: 191); y a San Juan Crisóstomo quien, en su Homilía sobre San Mateo, 60 señala que «el amor que tiene por motivo a Cristo es firme, inquebrantable e indestructible». Por tanto, para Aranda el amor al prójimo, la amistad, el afecto mutuo, nace y se fundamenta en el amor a Dios, tal y como defendían los santos padres. Asimismo, Aranda también previene sobre la desvirtuación de la amistad honesta en cuanto aparece la farsa, la falsedad y la infamia, como también defendía Agustín de Hipona, quien alentaba a no alimentar sospechas porque eran el veneno de la amistad. Sin embargo, no hay referencias en el manuscrito a autores clásicos (Aristóteles, Cicerón, Séneca, etc.), algo recurrente entre los tratadistas medievales que disertaron sobre la amistad. Así pues, Francesc de Aranda no abordó la amistad desde una perspectiva teológica, como Ramón Llull en el Llibre d’Amic e Amat y en el Llibre d’Evast e Blanquerna, ni desde un punto de vista jurídico, como lo hicieron Las Partidas de Alfonso X, sino desde una posición moral, defendiendo un tipo de amistad verdadera en la línea del «amor complido» de don Juan Manuel (Villa, 2016: 191-210), aunque manteniendo siempre la subordinación a Dios de la amistad humana. En segundo término, el manuscrito presenta un recorrido histórico que muestra el modo en el que la amistad ha sido estimada en todos los tiempos y culturas. Pone como ejemplo la representación iconográfica de la amistad en los asirios, babilonios y egipcios, donde ya era valorada positivamente, así como entre los mahometanos y sarracenos, citando un libro sobre el valor de la amistad que leía de niño y cuya acción transcurría en Albarracín. Esta visión diacrónica concluye con el cristianismo para el que la amistad también resultaba fundamental, ya que Jesucristo se encarnó para redimir a los hombres y conservar la paz eterna, dando muestras de una amistad honesta con la samaritana y la Magdalena. Por último, el escrito aplica la concepción de la amistad a un caso particular. El final de una amistad y la separación de dos amigos por la muerte de uno de ellos puede ser la causa de que el otro renuncie al mundo y a los bienes temporales y se dedique a mantener viva su memoria. Pero para ello, era necesario no deberse a nadie. Para el autor del texto, dicha opción por la soledad y la clausura no podía llevarla a cabo una persona casada, ya que ésta se debía fundamentalmente a su familia. De esta manera, justificaba su opción por la vida monacal en Portaceli. $i ^ { \mathrm { E s } }$ pues el texto sobre la amistad un relato autobiográfico? 4. La presunta autoría de Francesc de Aranda. El encabezamiento del texto sobre la amistad que transcribimos en este trabajo atribuye la autoría del mismo a Aranda quien, en 1398, cumplidos los 52 años, tomó el hábito de cartujo en el monasterio de Portaceli, donde profesó y al que estuvo adscrito como donado hasta su muerte en 1438. No obstante, durante largos períodos de tiempo no permaneció recluido en el mismo, ya que su presencia fue requerida en varias ocasiones por el papa Benedicto XIII, asesoró al rey Martín el Humano y formó parte del consejo de Fernando de Antequera. Es probable, pues, que desde 1402, en que se introdujo en el círculo íntimo del papa, hasta 1437, un año antes de su fallecimiento, mantuviese una vida poco monacal y nada retirada del mundo, permaneciendo en Portaceli en contadas ocasiones, a pesar de lo que relatan algunas crónicas de la Orden. Dos años antes de su profesión religiosa, en 1396, falleció el rey Juan I de Aragón de manera accidental. Aranda estaba en la corte regia como consejero y había sido un personaje de confianza tanto para el monarca como para su esposa, la reina Violante. Unos años antes, en 1388, el fallecimiento repentino de un infante —de cuya muerte se culpó en principio a Aranda, su ayo— pudo enturbiar la relación. Algunos historiadores afirman que estuvo preso en el castillo de Morella, aunque Ferrer Mallol (1999: 535) no admite el hecho arguyendo que no se tiene constancia documental de ello y que siguió actuando como procurador de la reina y, posteriormente, formó parte del consejo del nuevo rey Martín el Humano, hermano de Juan I, y de su esposa María de Luna. Garrido (2010: 9) señala que la corte del rey Martín se caracterizó por su sobriedad clerical, pues en las audiencias regias menudearon franciscanos, dominicos y cartujos: «Fou el regnat dels fra Francesc d’Aranda, fra Francesc Eiximenis, fra Vicent Ferrer, Fra Pere Martí, fra...». Las circunstancias de la muerte del infante y del propio Juan I pudieron influir en el estado de ánimo de Aranda, que optó por la vida religiosa. Quizás es la idea que quería transmitir en el manuscrito. La muerte del rey, con el que mantenía una amistad honesta, pudo obligarle a renunciar a todo lo que el mundo le convidaba, a sus halagos, honores y bienes temporales, retirándose del siglo para tener en su memoria a aquél, para que «en medio del silencio, de la oración y entre varones santos llore aquella muerte de persona tan estimada». El carácter imprevisto y accidental de la misma, pudo ser decisivo; en palabras que recoge Tasis (1959: 283) del Manual de Novells Ardits, «E fo descalvacat en lo camí on li venç lo mal, e, ans que fos a Girona, morí e fo-hi portat mort». Bien es cierto que, aunque Aranda explica en su reflexión sobre la amistad, los motivos por los que optó por la soledad monacal tras el fallecimiento del rey Juan I, el noble cartujo no afirma de manera explícita que el amigo muerto fuese el monarca. En cualquier caso, asevera Aranda que su decisión fue libre y voluntaria, porque no estaba casado, no tenía familia y no se debía obligatoriamente a nada ni a nadie, con lo que podía acabar sus días en el monasterio para «poder sin testigos orar y llorar por la amistad». Ahora bien, ¿pudo existir un motivo último que hubiese llevado a Aranda a escribir unas páginas sobre la amistad? Cuando murió Juan I, es probable que Aranda temiese la posibilidad de caer en el ostracismo, como solía pasar con algunos miembros del consejo privado del monarca fallecido, por lo que optó por hacerse religioso, promesa que, según Juan Bautista Civera, había llevado a cabo en 1396 en el altar de Santa Ana de una iglesia de Barcelona, dos años antes de ingresar en Portaceli. No obstante, Aranda no eligió hacerse «monje del claustro» o «padre», oficio para el que hubiese sido admitido de inmediato, sino que escogió el estado de «donado», en el cual podía mantener la propiedad y disposición de sus bienes, al tiempo que le permitía gozar de un régimen propio adaptado a sus necesidades, ya que toleraba el hecho de salir y entrar con plena libertad de la cartuja. Desde esta perspectiva, el opúsculo sobre la amistad puede comprenderse como la justificación teórica de su decisión de abandonar el mundo ante los ojos de aquellos con los que había compartido hasta entonces una ajetreada vida personal y social. Pero, además, a lo largo del escrito Aranda introduce otros elementos que refuerzan la posibilidad de adjudicarle la autoría del manuscrito. En primer lugar, se intuye que tenía una formación culta, ya que afirma que leía desde la infancia. No es nada extraño, ya que sus padres Pedro Fernández de Aranda y Sancha Pérez pertenecían a «la nobleza aragonesa» (García Miralles, 1952: 143), aspecto que coincide con lo que de Aranda indican las crónicas y biografías. En segundo lugar, afirma que había estado en la «corte con el rey D. Juan de buena memoria», tema al que ya nos hemos referido, citando dos personas, «Garcerán y Aloy», que habían estado junto a él. Del segundo no tenemos noticias fehacientes, pero el primero debía ser Bernat Galcerán de Pinós, sobre el que hemos encontrado múltiples referencias.15. En tercer lugar, hay que aludir a la afirmación de que Teruel era su ciudad natal. Todas las biografías indican que Aranda nació en dicha ciudad en 1346 y que tenía dos hermanos: Juan, que era doctor en leyes y que en algunos momentos aspiró a ostentar algún oficio eclesiástico, y Pedro que trabajaba en la administración real. Pedro tomó posesión de las salinas de Armillas, en representación de Francesc, en el año 1384, pero falleció en Valencia en 1386 (Ferrer Mallol, 1999: 532).16 Por su parte, Juan ya había muerto también en 1402, cuando Aranda dictó su último testamento, en el que consta que el donado era el heredero universal de los bienes de este hermano suyo. También indica Aranda que fue en Teruel donde acaeció la historia de amor y muerte de $\mathrm { D ^ { a } }$ Isabel de Segura y D. Diego Martínez de Marcilla, que ya estaba escrita en romance. Sobre este aspecto volveremos más adelante. En cuarto lugar, hay en el opúsculo una referencia a «la guerra de nuestros mayores para reconquistar lo que habían conquistado». Según Manuel Esteban (1923: 415) tanto la familia paterna, como la materna, de Aranda «adquirieron sus principales títulos por haber peleado en la conquista de Valencia». Debía ser, pues, un mérito que los miembros de la familia tenían a gala y del que presumiría el mismo donado. Por último, el autor cita un libro sobre la amistad que leía en su infancia, cuyo protagonista era un tal Asarach del reino de Albarracín. Los estudios sobre una aljama sarracena y la existencia de mudéjares en dicha villa pueden dar cierta verosimilitud a la afirmación del donado aragonés (Basáñez 1999; Navarro y Villanueva 2002; Navarro y Villanueva 2003). Como consecuencia de todo lo anterior, resulta plausible la atribución a Aranda de este pequeño tratado sobre la amistad. Podría datarse entre 1398 y 1402, es decir, el período en que ingresó y permaneció unos años en la cartuja, bajo la dirección espiritual del maestro de novicios, fray Bonifacio Ferrer. En el opúsculo Aranda justifica su opción por el retiro y la soledad y expone su concepción de la amistad como un factor decisivo para la elección tomada. No obstante, hay una serie de elementos que pueden poner en tela de juicio la adjudicación: el hecho de que ni Civera ni ningún otro autor de la Orden hiciese nunca referencia alguna a este papel escrito por Aranda; el estilo y la lengua empleada, ya que de ser el original obra del cartujo, lo más probable es que estuviese escrito en catalán/valenciano o en el aragonés de la época; y finalmente su afirmación sobre la narración en romance de la historia de los amantes de Teruel, ya que las últimas investigaciones sobre la misma sitúan su origen literario en la segunda mitad del siglo xv, mientras que Aranda remonta dicho origen, cuanto menos, al siglo xiv. Todo ello nos obliga a profundizar en otros aspectos de la vida del noble cartujo aragonés, para poder descifrar las dudas anteriores, aunque siempre dentro de la prudencia exigida por la incertidumbre sobre el origen del manuscrito. 5. El testamento de Francesc de Aranda. El 31 de enero de 1398, a los 52 años, Aranda tomó el hábito de donado en la cartuja de Portaceli. Seguramente, había otorgado algún testamento previo. Así, Ferrer Orts y Ferrer del Río (2015: 49) apuntan la posibilidad de que lo hiciese antes del ingreso, cuando ya tenía tomada la decisión de vestir el hábito. Manuel Esteban (1923: 421) escribe que fue dictado en Teruel el 19 de mayo de 1398 ante el notario Pedro Sánchez de Valdeconejos, desprendiéndose de sus bienes temporales; pero puede tratarse de un error en la datación, ya que el mes y día señalados coinciden con los del testamento auténtico, redactado cuatro años después. Sea como fuere, el 19 de mayo de 1402 Aranda dictó su último testamento conocido en Portaceli, en presencia del vicario fray Francisco Angresola y del conrer o procurador fray [Francisco] Gisbert, como representantes del monasterio, dos testigos vecinos de Valencia y el notario citado. En el preámbulo manifiesta su voluntad de despojarse de todos los bienes temporales para ceñirse al voto de pobreza y de que éste fuese su último testamento, quedando revocados, casados y anulados todos los testamentos y codicilos anteriores que hubiese podido hacer o firmar. En primer lugar, nombró como albaceas al prior, o al vicario en su ausencia, que fuese del Monasterio de Portaceli y a tres ciudadanos: Guillem Mulet, de Barcelona, y Luis Gamir y Martín Martínez de Marcilla, ambos de Teruel, indicando que este último era sobrino suyo. Como ya hemos apuntado, en el momento de la redacción ya habían fallecido sus hermanos Juan y Pedro, así como sus padres. Aranda especificaba, en primer lugar, una serie de pequeños legados: 50 florines de oro a su sobrino Martín López, por haber sido el criado de su hermano micer Juan; 100 a Antonia Pérez de Mora, hija de un notario de Teruel, para su dote; y otros 100 a Felipe Díaz, ciudadano de Albarracín. Más adelante, ordenaba el legado para el monasterio de Portaceli consistente en una suma respetable para el mantenimiento de cuatro monjes, 35 sueldos barceloneses de renta para blandones de cera del altar mayor para determinadas festividades litúrgicas y la donación más conocida: Quiero y ordeno que de mis bienes se paguen en cada año en la fiesta de Navidad a dicho convento, durante el tiempo de mi vida, mil sueldos barceloneses, los cuales prometí dar a dicho convento, en vida mía, por reverencia y amor a Nuestro Señor, antes de que fuera recibido de Donado de dicho Monasterio. La cual promesa y limosna yo hice de palabra y con intención que, aunque después no me quisieran recibir de Donado, no por ello dejara de dar cada año de mi vida dichos mil sueldos, para las necesidades de dicho convento o casa de Portaceli.17. Asimismo, por ser Aranda el heredero universal de los bienes de su hermano Juan, legaba al sobrino mutuo Martín Martínez de Marcilla determinados bienes, entre los que se incluían unas casas de su padre con bodega y cubas, otras casas procedentes de Don Sancho Martínez, una viña y más de 400 sueldos jaqueses censales sobre diversas heredades. No obstante, imponía una serie de condiciones, entre ellas que, en último término, los bienes debían pasar al monasterio de Portaceli si Martín carecía de hijos legítimos. Asimismo, pagadas cada año al convento cartujo las deudas y pagos pendientes, el resto de las rentas y emolumentos de las salinas de Armillas debían ser distribuidos a los pobres en la forma en que determinase Aranda mediante carta pública —que redactaría posteriormente, en 1421— o como decidiesen sus tres albaceas o el prior de Portaceli en su sustitución, si faltasen aquellos. Y nombraba administrador de las salinas a su sobrino Martín Martínez de Marcilla, a quien impuso una serie de obligaciones. Elaboración propia. Finalmente, Aranda instituyó como heredero universal de los restantes bienes muebles y raíces al propio Martín, y en segundo lugar a su hijo e hijas. Y con carácter supletorio, si los anteriores no cumplían determinadas obligaciones, al prior y convento de Portaceli, pero manteniéndose siempre firme la manda de la distribución de las rentas anuales de las salinas para los pobres. A pesar de ello, en la carta de 1421 incluyó una nueva prevención: si los regidores de Teruel no aceptaban la voluntad de Aranda sobre la administración de las salinas y el destino de sus rentas y emolumentos, se adjudicaría todo ello a la Limosna (Almoina) de la Seo de Valencia, creada en 1303 por el obispo Ramón Despont y llamada vulgarmente l’Almoina d’En Conesa, por ser su primer prepósito o pavorde el clérigo valenciano Ramón Conesa. Podemos concluir, pues, que hubo tres grandes beneficiados por la herencia de Aranda: los pobres de Teruel, el convento cartujo de Portaceli y su sobrino Martín Martínez de Marcilla. En repetidas ocasiones encontramos referencias a este último. Así, M.ª Teresa Ferrer afirma que «los Aranda estaban emparentados con los Marcilla» y que Martín «era sobrino de Aranda» (Ferrer Mallol, 1999: 532 y 545). Además, el propio donado se refiere a él manifestando su parentesco. Así, el testamento indica que era sobrino tanto suyo como de su hermano Juan; en la carta de procuración de 1421 para la administración de las salinas es citado como «querido consanguíneo mío»; y en las ordenaciones de la Limosna señala que es su sobrino. Es decir, que a menudo quiso significar la relación familiar, además del gran afecto que sentía por Martín. Para Ríos (2016: 281-282) este nombramiento como heredero universal es un ejemplo de la libertad con la que algunos eclesiásticos disponían de sus bienes en favor de sus familiares más cercanos. Pero ¿cuál fue el grado de parentesco entre ambos? En un pergamino de 1386 hemos encontrado un dato sorprendente.18 Se trata de una venta que se realiza con permiso de la vecina de Teruel, doña Oliva Martínez, viuda, «mujer que fue», del honrado Pero Fernández de Aranda, que no era otro que el padre de Francesc de Aranda. En dicha escritura, uno de los testigos fue «el discreto Martín Martínez de Marcilla, menor de días», que bien pudiese ser el nieto de doña Oliva. Así pues, parece que Pedro debió enviudar, casarse de nuevo y tener, al menos, una hija, Constanza Fernández de Aranda, que se casó con García Martínez de Marcilla, hijo de Elsa Martínez de Marcilla (Angulo, 2006: 100). García y Constanza tuvieron un hijo llamado Martín. Así, en el escrito de aceptación por éste de la herencia de Aranda, formalizado en Portaceli el mismo día del testamento, consta que el nombre completo del heredero de nuestro donado era Martín Martínez de Marcilla y de Aranda.19 Y, además, en este documento Martín indica que los honorables Pero (o Pedro) Fernández de Aranda y doña Oliva Martínez eran «padre e madre vuestros» —refiriéndose a Francesc de Aranda—, e «agüelos myos». El hecho del parentesco entre Aranda y Martín es harto conocido, como vemos en el libro de benefactores de Portaceli. Así, en una donación que hizo el sobrino en 1415, se anota: Martino Martínez, nepote Francisci de Aranda. (Eixarch et alii, 2020: 33). L’any 1425 rebé dit prior [Pere Ferrer]… de Martí Martínes de Marzella, nebot de mossén Francés d’Aranda 220 sous. (Eixarch et alii, 2020: 42). Y en el texto del depósito que Aranda concede a Portaceli en el año 1437, se hace referencia a Martí Martínez de Marccilla nebot meu..., que colaboró también en la realización de algunas obras de la cartuja (García Miralles, 1952: 171). Este Martín Martínez de Marcilla pudo ser camarero de la corte de la reina María de Luna y quien ejerció como embajador de la misma reina ante el papa Benedicto XIII (Javierre, 1942: 91, 127 y162). De hecho, se conservan los capítulos de la comisión que el 18 de febrero de 1404 redactó la monarca citada en Valencia, por la que encargaba a Martín Martínez de Marcilla, embajador cerca de la santa sede aviñonense, que pidiese licencia al Papa para que Aranda pudiese abandonar Roma ya que, dada su habilidad e inteligencia, era necesario que acudiese a la corte para ayudar a la reina a hacer testamento (Javierre, 1942: 268-270). Años más tarde, en 1412, en el Compromiso de Caspe, Martín aparecía cerca de Aranda: «Fue sobrino de Don Francisco Fernández Pérez de Aranda Martín Martínez de Marcilla, Capitán que por la Corona de Aragón en dicha elección llevó el Estandarte» (Ortiz, 1777: 28). Así pues, no debió perder nunca la relación con su tío, como evidencian algunos aspectos sobre la administración y procuración de las salinas. También mantuvo una presencia pública en Teruel, donde pudo ocupar diversos cargos públicos. En su estudio sobre los Marcilla, Navarro (2002: 743-750), afirma que esta familia está documentada en Teruel desde el siglo xii. De hecho, hay noticias sobre diversos Martín Martínez de Marcilla: el canónigo hermano de García, el señor de los molinos de la Vega Dornos, el llamado «de la Balsa», «los de los Molinos», el de Aranda, el de la «Puerta Nueva» e, incluso, alguno de la rama de los señores de Escriche. A pesar de que en algún momento se les ha identificado, consideramos que los Marcilla de Aranda y los Marcilla de los Molinos conformaron dos ramas diferentes de la misma familia, ya que Elsa Martínez de Marcilla, la abuela de Martín Martínez de Marcilla y de Aranda, tenía también un hermano llamado Martín, del que descendían otros caballeros con el mismo nombre. Así lo confirma un documento, citado por López Rajadel, procedente de la Biblioteca de Cataluña, fechado el 21 de noviembre de 1421 en Teruel: Martín Martínez [de Marcilla], alias de Aranda, ante el notario Jaime Navarro, de Teruel, entregó a su hija Constanza, casada con Martín Martí- nez [de Marcilla], alias de los Molinos, las casas y heredad que tenía en Concud como compensación de los 12.000 sueldos que le había de entregar para su dote matrimonial. (López, 2008: 138). Además de Constanza, Martín también tuvo otra hija, como se desprende de un pergamino de 1429, en el que es mencionada la hija como «Catalina Martínez de Marziella, alias de Aranda» y el padre como «don Martín Martí- nez de Marziella, alias de Aranda, scudero». Dicho documento, transcrito por Ríos (2020a: 191-196), recoge la partición de los bienes de don Martín Martí- nez de Marcilla, alias de Aranda, y su mujer María Pérez Celadas, entre sus dos yernos Pedro Martínez de Marcilla y Martín Martínez de Marcilla, señor de los Molinos.20 Así pues, podemos afirmar que Martín tuvo, al menos, dos descendientes: sus hijas Constanza y Catalina, casadas con dos hermanos, Martín y Pedro, respectivamente, ejemplo para Ríos (2020b: 457-458) de los desposorios intrafamiliares de los principales clanes de la oligarquía turolense. Y, además, en el testamento de Aranda se cita la existencia de un hijo de Martín Martínez de Marcilla, como ya hemos indicado, el cual como muestra de la frecuente homonimia también se llamó Martín (Ríos, 2020a: 94). Por otra parte, el apelativo de escudero se repite en otros documentos. Así, por ejemplo, en 1428, a propósito de una venta se le nombra como Martínez de Marziella, alias de Aranda, scudero, habitant en la dita ciudat de Teruel.21 Es probable, pues, que una declaración de nobleza que, en el año 1402, otorgó el rey Martín I en favor del vecino de Teruel Martín Martínez de Marcilla, fuese para el propio sobrino de Aranda, a causa del ascendente que éste debía tener sobre el monarca. Así pues, Martín Martínez de Marcilla y de Aranda no solo fue el heredero universal del cartujo, sino un familiar con el que el donado mantuvo una relación personal, pues aparecen unidos en la administración de las salinas, en las donaciones a Portaceli, en la actividad pública regia y papal, etc. No es extraño, por tanto, que Aranda conociese los pormenores de la familia Martínez de Marcilla. Un último inciso. Si la herencia de Aranda fue a parar a un Marcilla, —paradójicamente la herencia de la rama más noble y conocida de los Marcilla, la de los señores de Escriche—, acabó en poder de la obra pía que había fundado Aranda. Así lo afirma López Rajadel: «Sabemos con certeza que los bienes de los Martínez de Marcilla, señores de Escriche, fueron legados a la Santa Limosna, que tutelaba el concejo de Teruel» (López, 2016a: 48). Cuando en 1479 murió sin descendencia el doncel Francisco Martínez de Marcilla, el título nobiliario pasó al canónigo García, primo suyo, pero […] en su última voluntad dejó heredera universal de todos sus bienes a la entidad benéfica que había fundado unos cincuenta años antes el consejero real Francés de Aranda, luego retirado en la cartuja de Serra, en Valencia. Esta entidad, por disposición de su fundador, quedó a cargo del concejo de Teruel y de los canónigos de santa María. Se la conocía como la “Santa Limosna” o “Almosna de Santa María”. (López, 2016a: 28). Así pues, los bienes acabaron en manos de la fundación de Aranda, entre los cuales también podía estar el códice 353 de la Biblioteca de Cataluña, el que contiene la narración más antigua de los Amantes de Teruel. 6. La cita de Aranda sobre los amantes de Teruel. En el opúsculo que nos ocupa atribuido a Aranda, hay una referencia a los amantes de Teruel como paradigma de la amistad: En mi ciudad natal murió D(oñ)a Isabel de Segura por amor, y esto está comprobado, a D(o)n Diego Martínez de Marcilla, y en romance está escrita esta historia y es verdadera y muy auténtica; así es que si estos dos amantes murieron por amor... Aunque tradicionalmente se ha datado el suceso de los amantes de Teruel en el año 1217 y se ha ratificado su fondo histórico (Sotoca, 1979), las últimas investigaciones acerca del hecho histórico y los relatos literarios sobre el mismo ponen en tela de juicio tanto la tradición oral, como la historicidad de las narraciones. Guardiola (1988: 59-72) habla de una narración antigua de la Historia de los Amantes de Teruel. Se basa, para ello, en el protocolo de 1619 del notario de Teruel Juan Yagüe de Salas, que considera el primer documento escrito conservado sobre los amores entre un Marcilla y una Segura, aunque matiza que es una copia de una historia anterior. Como el protocolo notarial contiene una nota del año 1555, escribe que «se puede afirmar objetivamente que es, al menos, de 1555. No obstante, por razones filológicas, se puede datar a finales del siglo xiv» (Guardiola, 1988: 60). En su opinión, […] la Historia de los Amantes de Teruel antigua se considera, pues, como la manifestación más genuina de la tradición. Pero debe tenerse en cuenta que no es la primera versión ni la más extensa. Su anónimo autor nos dice en dos ocasiones que, puesto que la historia es larga de recontar, él la abrevia. Luego los hechos se narraban antes con una extensión mayor, dándose algunos detalles que hoy se ignoran. (Guardiola, 1988: 61). Así pues, defiende la autenticidad de Historia de los Amantes de Teruel antigua, añadiendo que «los esfuerzos por localizar algún manuscrito o hallar una mención directa del mismo harían un buen servicio de corroboración, pero no son esenciales para dar firmeza los estudios basados en ella. Su autenticidad está fuera de toda duda». (Guardiola, 1988: 68-69). Mientras que Vega y Sotoca (1976: 45) argumentaron que el texto primitivo de la relación de los amantes databa posiblemente del primer tercio del siglo xiv, en principio Guardiola (1978: 28) lo situó documentalmente a finales del siglo xv, aunque consideraba que la tradición turolense era anterior a 1350. Por tanto, si la afirmación de Aranda es verídica, refuerza la hipótesis de la existencia de un manuscrito del siglo xiv. Ana C. Bueno estudió también dicho «papel antiguo», llegando a la conclusión de que existía una tradición oral previa que narraba los hechos de los amantes, pero que el documento más antiguo se puede fijar, en cambio, en la segunda mitad del siglo xv. Analiza exhaustivamente toda la tradición literaria desde el momento en que aparecen las primeras muestras de la leyenda amantista. La profesora afirma que el «papel escrito de lengua antigua» citado en el protocolo notarial de Yagüe es el primer documento dedicado exclusivamente a los Amantes. Pero, además, considera que se trataba de un documento de uso restringido para dar noticia de un suceso relevante (Bueno, 2012: 76). Por su parte, para López Rajadel, el escrito de «letra antigua» que Yagüe encontró en el «archivo pequeño» del concejo de Teruel, el de la administración de la Limosna de las salinas de Armillas fundada por Aranda, es el texto del manuscrito 353 de la Biblioteca de Cataluña que contiene el «Libro del linaje de los Marcilla», junto con la «Historia de los amantes de Teruel», que formaba parte de aquél. Afirma que el texto escrito de la leyenda «surge de un nobiliario de los Marcilla, señores de Escriche, que lo mandan hacer para honrar la supuesta genealogía noble de su linaje; algo muy de moda en el siglo xv» (López, 2016a: 10). Considera que es la mención más antigua conocida: «No hay ninguna cita anterior a los amantes turolenses. Todas las referencias a esta pareja literaria se producen a partir del siglo xvi. Es después de este momento cuando nace la tradición» (López, 2106b: 33; López, 2016c: 37). Dichas afirmaciones chocan frontalmente con la presumible afirmación de Aranda de que la historia ya estaba escrita en romance. En caso de ser verdadera, el relato escrito de los amantes sería necesariamente anterior a 1438, fecha de la muerte del donado, aunque nos inclinamos a pensar que el opúsculo, de ser auténtico, debió escribirse entre 1398 y 1402, cuando había ingresado en Portaceli. Ello podría coincidir con la afirmación de Guardiola, que defiende la existencia de una versión antigua del manuscrito de los amantes en los años finales del siglo xiv, tesis que también recoge Linage (1999: 910). Por otra parte, el texto atribuido a Francesc de Aranda defiende la autenticidad histórica del relato. Probablemente, los Martínez de Marcilla propugnaban la legitimidad de la tradición, que se habría transmitido de unas generaciones familiares a las siguientes, de manera que la leyenda se consideraba un acervo común del linaje. La familiaridad de Aranda con los Marcilla le habría hecho conocer de cerca ese relato compartido. No obstante, hay un aspecto que choca con las investigaciones más modernas sobre el tema, el de los nombres de los protagonistas. En cuanto al nombre del masculino, Aranda le llama «Don Diego Martínez de Marcilla». Si leemos el «papel antiguo», según el códice 353 de la Biblioteca de Cataluña, el nombre era Juan: «En Teruel era un joven clamado Juan Martínez de Marcilla, de tenor vint dos años» (López, 2016a: 174). Es la opinión comúnmente aceptada. Ubieto Arteta (1979: 9), defensor de la fidelidad histórica del relato, señaló que «Juan parece coincidir mejor con la posible realidad, ya que Diego resultó extraño en Teruel hasta el siglo xv».22. No obstante, López Rajadel afirma que en la época en que la tradición sitúa la historia tampoco se ha hallado rastro escrito de ningún Martínez de Marcilla llamado Juan. Refiriéndose a la primera mitad del siglo XIV, dice: «No se encuentra ninguna cita en este tiempo a ningún miembro del clan que se llamase Juan Martínez de Marcilla: el primer individuo llamado así, como el protagonista de la Historia de los Amantes, que se mencione en documentación conocida, será de un siglo más tarde, de comienzos del siglo xv» (López, 2008: 22). En cuanto a la protagonista, el relato original la llama «Sigura, hija de Pedro Sigura». Para López Rajadel la designación por el apellido «es un dato más que refuerza la opinión de que nuestra historia amantista tiene más de relato de ficción que de narración histórica», ya que la semianominia aplicada a los personajes femeninos es un recurso literario medieval (López, 2008: 25). En la misma línea, Ana C. Bueno (2012: 267-268) escribe: […] este silencio en la denominación de Isabel fue común hasta bien entrado el siglo xvi. La imposición de un nombre, cuya genealogía ha sido postergada por la crítica, podría deberse (igual que su omisión) a una causa literaria y estar relacionada su elección con la trascendencia del romancero en territorio aragonés, en el que un número significativo de protagonistas de amores contrariados y bodas estorbadas se llamaban Isabel. Asimismo, en otras obras del siglo xvi, como la historia de los amantes incluida en el relato de viajes de Bartolomé Villalba y Estañá El pelegrino curioso y grandezas de España (1577) y la tragedia de Rey de Artieda, Los amantes (1581), ningún protagonista es llamado por su nombre, sino por su apellido, Marcilla y Segura. Sería en la tradición literaria posterior cuando se incorporaron al relato los nombres de Juan o Diego y de Isabel. Así pues, volviendo al escrito atribuido a Aranda, podemos formular dos hipótesis interpretativas: La primera de ellas es que sea un relato del siglo xix, escrito por algún fraile o devoto de la cartuja de Portaceli, sobre el ingreso en religión de Francisco de Aranda y atribuido de manera ficticia a éste como si fuese un relato autobiográfico. Esta posición se puede fundamentar en tres razones: no hay ningún testimonio ni en Civera ni en ningún otro volumen de la orden o de otros autores que trataron sobre Aranda que cite este opúsculo; el primer documento escrito existente sobre los amantes pertenece a la segunda mitad del siglo xvi, fecha del manuscrito 353 de la Biblioteca de Cataluña, tal como defiende López Rajadel; y el asunto de los nombres: el de Diego no aparece en Teruel hasta el siglo xv y es incorporado al relato por la tradición literaria posterior, mientras que el de Isabel puede ser un añadido del mediados del siglo xvi, en que estaba de moda a causa del nombre de Isabel de Portugal, esposa de Carlos V. La segunda hipótesis es que sea un relato escrito originalmente por el propio Aranda, que algún fraile de Portaceli copió y tradujo del lenguaje antiguo —valenciano o aragonés— al castellano de su época, realizando alguna modificación, como, por ejemplo, la actualización del nombre de los amantes de acuerdo con la tradición literaria barroca y anteponiendo el tratamiento de respeto o nobleza (don y doña). A favor de esta hipótesis podemos argüir también tres motivos: la probabilidad de que Aranda escribiese en la soledad de la celda algunos opúsculos y tratados, la mayoría desaparecidos, y que éste se hubiese conservado gracias a algún fraile que lo depositó en el archivo; los visos de verosimilitud de las referencias históricas y personales que aparecen en el texto; y el hecho de que el documento que nos ha llegado es una versión del opúsculo original escrita en el siglo xix, por lo que es posible que el copista cambiase o adaptase alguna parte del original, como los nombres de los amantes, a la tradición literaria de la época en que hizo la transcripción. El copista fue plenamente consciente de que estaba continuando la tarea que empezó Aranda y que su contribución consistía en la adaptación del lenguaje y en la actualización de algún aspecto, como pudo ser el nombre de los amantes. Lo importante era, pues, el resultado final, para lo cual transcribió e interpretó el texto a la manera de los tiempos en que lo recompuso. Mientras que la primera hipótesis, que considera el opúsculo como una obra del siglo xix, concuerda con las últimas investigaciones publicadas sobre los amantes de Teruel, la atribución de la autoría del mismo a Aranda, con la inclusión de algunas modificaciones posteriores que recomponen el texto, es plausible si nos atenemos al contenido global del escrito. La duda sobre la historicidad del romance de los amantes no invalida por sí sola la paternidad intelectual del donado. A falta de un análisis lingüístico del original —ya que nos ha llegado una copia traducida y, probablemente, modificada—, el escrito sobre la amistad sería la única obra conocida de Aranda, más allá de su epistolario y de documentos administrativos y económicos referidos a lo largo de este trabajo: el testamento de 1402, las ordenanzas de las salinas de Armillas de 1421 y sus modificaciones, las cartas de poder conferidas para determinados asuntos jurídicos y negocios o el depósito de dinero para la cartuja de Portaceli de 1437. El papel de 1858 nos presenta, por tanto, un Aranda diferente, un fraile cartujano que reflexiona sobre la amistad auténtica y aborda esta cualidad humana desde una óptica histórica y personal, mostrando la esencialidad de la misma para el ser humano. El tema los amantes de Teruel quizás sea secundario en el conjunto del opúsculo, pero constituye un motivo de discusión sobre la autenticidad o no del mismo. Y, por otra parte, le confiere un cierto interés, sobre todo para la legión de entusiastas de dicha tradición, bien para reafirmarse en la evidencia histórica de los hechos datados en 1217, de donde arrancaría el relato oral y posteriormente escrito, bien para aferrarse a la tesis de la creación literaria del drama como origen de una leyenda viva que aún perdura. 7. Transcripción del manuscrito «Escrito por el Venerable D. Francisco Fernández de Aranda, Caballero Aragonés natural de la muy noble Ciudad de Teruel de aquel Reyno. La amistad es, entre dos personas que se quieren, afecto sincero y recíproco de honesto trato, cuando esta amistad es entre personas de verdadero temor a Dios Nuestro Señor. Así es que los antiguos pueblos de Asiria, donde estuvo la ciudad de Babilonia en la parte del Asia, y que no tenían creencias ni creían en el verdadero Dios, sino que estaban consagrados a dioses profanos, estimaban la amistad representándola por: Una joven hermosa coronada con ramas de granado en flor, y a los pies de esta le ponían un perro echado, representando en ello la lealtad que este animal representa, con una rama de olivo también en flor en su mano derecha demostrando con ello la honestidad y la virtud. Los egipcios después, pueblo más adelantado que aquellos, y que ya contaban con academias públicas en las que se celebraban fiestas paganas en honor a sus divinidades, la presentaron la amistad por medio de: Una joven sentada abrazando a otra joven y un genio como el del amor que sobre sus cabezas ponía sus manos, y otro señalando con su dedo al genio del bien y la honestidad. Así pues, los pueblos paganos estimaban la amistad y respetaban a las personas que tenían amistades sinceras, así como tenían leyes muy severas para los que abusaban de ella valiéndose de artimañas indignas del que hace lo contrario de lo que dice y demuestra públicamente. En todos los tiempos se ha estimado la amistad, no solo entre los paganos y gentiles, sino entre los hijos del Corán o de Mahoma, pues llenas están las páginas de las obras de estos falsos creyentes de heroicos hechos que, durante la guerra de nuestros mayores para reconquistar lo que habían conquistado, llevaron a su fin y muchas veces hasta la muerte por salvar a un amigo. En romance está escrito un libro de lo que llevó por la amistad adelante un tal Asarach en el Reyno de Albarracín, que cuando niño leía muchas veces y nunca me cansaba de ello. Si los paganos y los sarracenos tanto estimaban la verdadera amistad, qué no seremos nosotros, los que sabiendo lo que vale creemos en un Dios verdadero y lleno de misericordia, que por amor al hombre y no perder la amistad este con Él, lo redimió para que conservase la paz eterna. Bálsamo de mirra y nardo es la amistad honesta entre dos personas aunque estas sean de diferente sexo, pues en el mundo siempre suele pensarse lo contrario de lo que verdaderamente es y siempre lo peor, y cuántas veces no se engañan los hombres cuando ven que uno ama a una mujer y ambos se buscan y tienen coloquios, pensando estos el mal, cuando muchas veces estos coloquios son honestos y de amor de caridad cual Dios Nuestro Señor manda y su Santísima Madre la Virgen Santísima, y digan sino los que esto no creen porque Jesús tuvo coloquios, y esto que era Dios verdadero, con la samaritana y con la Magdalena sino para atraerse sus almas pecadoras y salvarlas de una muerte eterna, como nos lo dice S. Agustín y sobre todo San Leandro y S. Juan Crisóstomo al exhortarnos sobre estos puntos, todos ellos admitidos por los más conocedores santos de las cosas de este mundo, que no es otra cosa sino como los farsantes que dicen cuando representan alguna comedia lo que no sienten, y que muchas veces a mí, estando en la corte con el rey D(o)n Juan de buena memoria, me decían Garcerán y Aloy, que más llorarían por la pena que tenían por la muerte el uno de su s(eñ)or padre y el otro de su hija, que se reirían y harían reír. De ello viene que en teniendo un trato con otra persona, aunque sea honesta y virtuosa, pronto se la infama y se tiene por cierto lo contrario de lo que es virtud y amor por el trato continuo de la amistad que ata los dos corazones en fuerte nudo, como el hecho en los cabos de una cuerda. Siempre dicen los Padres que conocen el corazón del hombre, que la amistad es el bálsamo consolador donde uno descansa todo el peso de su corazón acongojado y las penas de su alma con las de la otra, que por ello la comprende, y más si la que lo dice y se desahoga es tachado por culpable siendo inocente. Si agradecemos la memoria del amigo ausente, cuánto más no agradeceremos la del amigo presente; si estimamos a este y amparamos por amor a la viuda y al huérfano del amigo muerto y nos exponemos por salvar la suya y les damos nuestro pan y nuestra casa, todo por la amistad de su padre, qué no será de la persona que nos compadece y que teniéndonos una amistad verdadera nos consuela estando uno en aflicción sin merecerlo. En mi ciudad natal murió D(oñ)a Isabel de Segura por amor, y esto está comprobado, a D(o)n Diego Martínez de Marcilla, y en romance está escrita esta historia y es verdadera y muy auténtica; así es que si estos dos amantes murieron por amor, también al separarse dos amigos que se quieran bien y que por esta causa sincera de uno de los dos, siendo esta por amistad sino honesta y sin otro fin, que el otro renuncie a todo lo que el mundo le convida y da, no solo de halagos y honores como de sus bienes temporales, y se retire para tener en memoria al amigo que ha muerto del siglo, y en medio del silencio de la oración y entre varones santos llore aquella muerte de persona tan estimada, si es que esta persona su estado no se lo impide, pues el que no se debe a sí mismo no puede disponer de él, y así no tiene derecho el casado a tener amistades con otro más que con su señora esposa y sus hijos, como ésta con el esposo y también sus hijos, porque no se debe a sí mismo, sino a su familia; por ello yo que no me debo a nadie he dispuesto de mi voluntad, con la misericordia de N(uestro) S(eñor) Jesucristo, pues es cierto que si me hubiese debido, no me hubiese retirado a esta Santa Casa, para con el beneplácito de Dios N(uestro) S(eñor) y su S(anta) Madre acabar los días de mi vida para honra y gloria del que es tres veces Santo, y para de esta manera poder sin testigos orar y llorar por la amistad que debas esta resolución. Alabado sea para siempre N(uestro) S(eñor) Jesús Cristo Daus Leo».23 8. Referencias bibliográficas. Ang ulo y Sá inz d e Ba ra nda , Jaime (2006), «El archivo de los Asensio de Ocón», Teruel. Revista del Instituto de Estudios Turolenses, 91/2: 87-125. Ba sá ñez Villa luega , M.ª Blanca (1999), Las morerías aragonesas durante el reinado de Jaime II. Catálogo de la documentación de la Cancillería Real. Volumen I (1291-1310). Teruel, Instituto de Estudios Turolenses y Centro de Estudios Mudéjares. Ba ucells i Reig , Josep (1985), El fons “Cisma d’Occident” de l’arxiu Capitular. Catàleg de còdexs i pergamins. Barcelona, Institut Estudis Catalans. Bueno Serra no, Ana Carmen (2012), Los amantes de Teruel a la luz de la tradición folklórica: del Decamerón de Boccaccio al drama romántico de Hartzenbusch. Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, Centro de Estudios Cervantinos e Instituto Investigaciones Filológicas de la UNAM. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
El memorial de actos del notario Joan Abat de Zaragoza entre 1493 y 1510
EL MEMORIAL DE ACTOS DEL NOTARIO JOAN ABAT DE ZARAGOZA ENTRE 1493 Y 1510. MEMORIAL ACTS OF THE NOTARY JOAN ABAT FROM SARAGOSSA BETWEEN 1493 AND 1510. Juan Carlos Gracia Las heras Universidad de Zaragoza. Resumen: El artículo estudia un importante documento inédito, como es el memorial de actos del notario Joan Abat de Zaragoza entre los años $1 4 9 3 \mathrm { ~ y ~ } 1 5 1 0 .$ , conservado en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Zaragoza, permitiendo investigar las diferentes tipologías documentales existentes y la clientela que hace uso de sus servicios, así como el estudio de los notarios como figura fundamental, como depositarios de la fe pública, en la sociedad aragonesa de los siglos XV y XVI. Palabras clave: documento, memorial, notario, Joan Abat, Zaragoza. Abstract: The article examines an important unpublished paper, the memorial acts of the notary Joan Abat from Saragossa between 1493 and 1510, preserved in the Historical Archives of Notarial Protocols in Saragossa. We can investigate different types of existing documents and the clients make use of his services, as well as the notarial study as main characters, as custodians of the public faith, in the society in Aragon on 15th and 16th centuries. Key words: document, memorial, notary, Joan Abat, Saragossa. Introducción. Los notarios, como depositarios de la fe pública, tuvieron un papel relevante durante la Edad Media y la Moderna, siendo una figura imprescindible en la vida cotidiana, de modo que todo acto social desempeñado con el fin de reglamentar una relación debía ser consignado, necesariamente, por ellos. De ahí que los protocolos y registros sean fuentes idóneas para investigar el mundo de las relaciones familiares (matrimonios, herencias), de los negocios entre particulares (ventas, endeudamientos) y de la justicia privada (arbitrajes), entre otros temas. Además de registrar los actos entre particulares, los notarios se encargaban de poner por escrito los asuntos derivados de la administración por parte de los dos grandes organismos de gobierno de la ciudad de Zaragoza: el concejo y la parroquia. Es aquí donde radica la importancia de los fondos notariales para conocer el ejercicio del poder y su repercusión sobre el entramado urbano. La sofisticación burocrática experimentada por las instituciones en los siglos bajomedievales permitió la especialización de estos profesionales en campos concretos, asociados frecuentemente a corporaciones de oficios determinados o a colectivos profesionales, existiendo así corporaciones que cuentan con notarios propios (mercaderes, ganaderos) y notarios que trabajan sobre todo con profesionales de un mismo sector, con hombres de negocios extranjeros o con la población de una determinada parroquia. En la sociedad zaragozana de los siglos XIV y XV, la cultura de la fe pública a través del notario estaba plenamente consolidada, por lo que la consulta de protocolos y registros es esencial para cualquier investigación de carácter prosopográfico (Sesma, Laliena y Navarro, 2006: 7-20). Sin duda alguna en Aragón, a finales del siglo XV, la burocracia que impregnaba las actuaciones de las instituciones públicas estaba profundamente extendida a las demás actividades de la sociedad. La práctica habitual de plasmar por escrito los compromisos y decisiones más simples de la vida cotidiana hacía depender a toda la población de la palabra escrita. Pero ni todos sabían escribir, ni mucho menos hacer y usar los documentos de acuerdo con las normas establecidas, lo que además del prestigio social alcanzado por el arte de la notaría, hizo imprescindibles a sus titulares. El control y monopolio de la lengua y la escritura significaba poder, un gran control que estaba siendo acaparado por una casta minoritaria de notarios. La escribanía y el notario siempre han atraído a ciertas esferas del conocimiento. Historiadores, juristas y notarios han mostrado su interés por conocer la importancia de este arte u oficio del que ya se tiene constancia de su existencia en época bizantina, y los investigadores aragoneses no han sido ajenos a esta tendencia (Forcadell, 1986: 117-134). Se han utilizado mucho por eruditos desde principios del siglo XX (Abizanda, 1917; y Serrano y Sanz, 1914) especialmente para estudios de Historia del Arte (monografías de San Vicente, etc.) (Almería, 1987: 19-74, Eiras, 1992: 45-68 y Muñoz, 1996: 391-397). Con la intención de marcar un punto inicial en las investigaciones, hay que iniciar la nómina con Ricardo del Arco y Garay. Este erudito aragonés rastreó a fondo la labor y la obra de Vidal de Canellas, obispo de Huesca y compilador de los distintos Fueros de Aragón en la obra jurídica conocida como Vidal Mayor (1247), primera codificación general de leyes que regirán en el reino de Aragón, efectuada en el reinado de Jaime I (Arco y Garay, 1951: 23-112). Resulta imprescindible citar también a Mariano Alonso Lambán, que trabajó en el notariado altomedieval y publicó un formulario aragonés anónimo del siglo XVI (Alonso, 1968). La mención al profesor Ángel Canellas López se antoja igualmente de obligado cumplimiento por sus investigaciones referidas al notariado en España en el siglo XIV (Canellas, 1989: 99-140), a los documentos notariales en la legislación foral aragonesa (Canellas, 1992: 65-82) y a la cultura de los escribanos y notarios de la Corona de Aragón (Canellas, 1988: 5-38). Del máximo interés son también las aportaciones formuladas por el jurista José Cabezudo Astráin, que realizó un excelente trabajo referido a un notario en Zaragoza en el siglo XV (Cabezudo, 1954: 435-464) y al valor histórico del protocolo notarial (Cabezudo, 1958: 369-388), al igual que los notarios José Luis Merino Hernández (Merino, 1986: 135-154) y José Bono Huerta, que abordaron la importancia de la diplomática notarial (Bono, 1992: 73-88). Es interesante destacar asimismo la obra de la profesora Asunción Blasco Martínez, centrada en el notariado en Aragón (Blasco, 1994: 189-273). Este trabajo, en concreto, analiza el devenir de la institución notarial desde sus orígenes hasta su definitivo asentamiento en el siglo XVI. Este recorrido está marcado por acontecimientos de índole jurídica, que ayudan a entender en toda su extensión la esencia de la institución notarial. No menos importantes son sus estudios sobre el notariado de minorías religiosas, mudéjares (Blasco, 1993:109-133) y judíos (Blasco, 1993: 645-656) durante los siglos XIV y XV, y de gran interés su estudio sobre la lucha entre los notarios reales y los notarios de número de Zaragoza a través del proceso judicial incoado contra el notario general Joan Cavero en 1368 y 1369 (Blasco, 2000: 45-64). Es obligado señalar las aportaciones realizadas por Cristina Monterde Albiac para el estudio del notariado aragonés en el siglo XIV (Monterde, 1999: 1089-1098) y el capítulo de Germán Navarro Espinach sobre los notarios y el estado aragonés en los siglos XIV y XV (Navarro, 2004: 39-63) y su contribución sobre archivos notariales (Navarro, 2005: 109-131). Así como también los libros editados en la colección «Fuentes Históricas Aragonesas» de la Institución Fernando el Católico de Ana del Campo Gutiérrez (Campo, 2011 y 2014) y Susana Lozano Gracia (Lozano, 2012), que demuestran el interés que existe en la actualidad por conocer y estudiar al notariado medieval aragonés. En esta línea, hay que mencionar igualmente varias aportaciones recientes dedicadas al estudio de la cofradía que los agrupaba, tanto por parte de Antonio Cortijo Ocaña en cuya obra incluye como apéndice los estatutos de la cofradía de San Luis de notarios de la ciudad de Zaragoza (aprobados en 1328) sobre los que se modelan las instrucciones de la de escribanos de Huesca y Daroca (Cortijo, 2004); como por Carlos Sancho Domingo donde a partir de un documento hallado en el Archivo del Colegio de procuradores de Zaragoza, analiza los primeros pasos de la cofradía de los notarios reales (1366, 1396 o 1399), erigida como contrapunto a la fundada por los notarios de número o de caja de esa ciudad (Sancho, 2012: 245-272). No podemos dejar pasar por alto las últimas tentativas de investigación que se han generado con la elaboración de trabajos académicos de DEA, como el de David Fernández Villanova sobre la sociedad del Bajo Aragón en los protocolos notariales del siglo XV (Fernández, 2011); en esa misma línea, pero a través de las villas de Alcaine y Oliete y gracias a una ayuda del Instituto de Estudios Turolenses se presentó otro a cargo de Sergio Martínez García (Martínez, 2010: 67-93). A los que hay que sumar los trabajos fin de máster, como el de Francisco Javier Lacueva Used acerca del mundo escriturario y el papel que jugó el notariado en la Zaragoza de la época de Alfonso el Magnánimo en el marco del Máster en Investigación y Estudios Avanzados en Historia (Lacueva, 2012); o desde el Máster en Estudios Hispánicos: Lengua y Literatura, el de Mateo Montes Fano que versó sobre el léxico de la vida cotidiana en el Libro de testamentos del notario Vicente de Rodilla (1384-1407) (Montes, 2012) La Baja Edad Media protagoniza una demanda progresivamente ascendente de los servicios del notario. La sociedad siente la necesidad de autentificar todos los actos, de producir una memoria escrita que sirviera en un futuro. Este fenómeno es el que favorece la presencia de cientos de notarios en la ciudad y la promoción de este colectivo de profesionales. La producción de cartas públicas ante notario expresa como ninguna otra la vida cotidiana, el pulso del día a día. Por ello, son insustituibles en lo que respecta al estudio del comportamiento individual, de la familia y sus generaciones e incluso del transcurso de la vida pública. Los protocolos y registros notariales de Zaragoza se conservan en su mayoría en el Archivo Histórico de Protocolos de Zaragoza, que custodia en la actualidad el Colegio de Notarios de la ciudad. Ante notario se testifica los más variopintos actos. Destacan por excelencia las capitulaciones matrimoniales, los testamentos, los codicilos, pero también, sentencias arbitrales, contratos, además de aquellos referentes a negocios propiamente económicos, como son los albaranes, las comandas, los censales, las compraventas, las donaciones o los alquileres, entre otros. La gran variedad de tipología documental enriquece continuamente las listas nominales, y no sólo eso, sino que además de las relaciones personales revelan comportamientos propios del ámbito económico, político e incluso cultural. El colectivo aragonés del arte de la notaría había crecido de forma considerable a finales de la Edad Media. En el Archivo Histórico de Protocolos de Zaragoza se conservan libros de 147 notarios del siglo XV, es decir, aproximadamente unos cincuenta más que los que existieron en el siglo XIV, y concretamente entre 1468 y 1493 se llegan a censar un total de 113 notarios (Navarro, 2004: 53-54). En el caso de los notarios de caja de las ciudades, para entrar a formar parte de ese grupo privilegiado era preciso que se produjese una vacante y, sobre todo, ser propuesto por el Colegio, lo que sólo se lograba si se pertenecía al grupo minoritario dirigente de la corporación. El acceso a una de las cuarenta notarías de Zaragoza se producía por el trámite ordinario, es decir, siendo previamente notario de creación real. Los únicos que podían tener notaría abierta al público y, por tanto, ejercer la profesión libremente, eran los notarios de caja. Como puede imaginarse, dentro de la evolución de esta casta de notarios, cerrada y endogámica, la aparición de una vacante y su inmediata ocupación por parte de un nuevo titular era uno de los momentos más trascendentales del esquema de estrategias corporativas y familiares. En resumen, la venta y sucesión hereditaria de las notarías eran prácticas comunes en Aragón, donde el notario tenía el derecho y la obligación de guardar las notas que servían de base para redactar el documento original, tanto los libros de notas (manuales o protocolos) como los registros (o copias en extenso y sin abreviaturas de esos documentos). La enseñanza de la disciplina notarial seguía siendo una trasmisión privada a través del magisterio individual de otro notario. Así se facilitaba que las claves para la práctica del arte de la notaría constituyeran un secreto profesional, cuyo acceso quedaba limitado a un número determinado de apellidos, donde los hijos sucedían a los padres, sin solución de continuidad, en la explotación del monopolio de la fe pública y en el control del gran poder derivado de la información recogida en los protocolos y registros que guardaban en sus oficinas y traspasaban a sus sucesores junto con los formularios para descifrarlos (Sesma, 1992: 325-332). Los formularios son colecciones especiales de fórmulas y documentos copiados de actas anteriores o nuevas, que servían a los notarios de consulta o de modelo para redactar otras escrituras notariales con precisión jurídica y ahorro de tiempo y trabajo. De muy larga tradición, los formularios se dan en todos los tiempos porque cubren necesidades comunes a todas las épocas de la actividad notarial. El alto desarrollo alcanzado por el notariado aragonés incentivó la aparición de una literatura notarial y consecuentemente de unos instrumentos de trabajo entre los que cuentan los formularios,1 subsidios indispensables en la labor de la notaría para una rápida y correcta confección de los documentos tanto en latín como en romance. No cabe la menor duda de que los protocolos y registros notariales son unas de las más ricas fuentes para un estudio prosopográfico, tanto por la diversidad de la tipología documental que presentan como por su más variada información, especialmente social y económica, pero es importante subrayar que no es una fuente de fácil aprovechamiento. Sólo para los años centrales del siglo XV disponemos de la conservación aproximada de un centenar de notarios con una producción muy variable, pero no podemos olvidar que la localización de esta fuente también está dispersa en otro tipo de archivos, como es el caso del Archivo Histórico Municipal de Zaragoza, en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza e incluso también en el Archivo de la Corona de Aragón, sin descuidar la consulta de estos depósitos documentales cuyos fondos pueden contribuir a la ampliación del tema estudiado. El depósito principal del Archivo de Protocolos de Zaragoza está constituido por sus protocolos notariales centenarios, que vienen a ser más de 10.000, siendo el más antiguo de principios del siglo XIV (concretamente del año 1316 y corresponde a un protocolo del notario Domingo de la Figuera; y el siguiente de 1319 del notario Miguel Pérez de Tauste) (González, 1986: 231- 247). Refiriéndose a la nómina de los notarios que aparecen en el Archivo Notarial se han realizado varios índices cronológicos, uno de ellos es el de Miguel Ángel Castán y Alegre, que incluye el nombre de los notarios desde el año 1322 a 1876, con su correspondiente número de folio del inventario en que se encuentra cada uno (Castán y Alegre, 1993: 193-208), y un segundo estudio es un artículo metodológico de Fernando Zulaica Palacios que recoge un apéndice de notarios zaragozanos, éste solamente del siglo XIV (Zulaica, 1992: 193-207). Centrándonos ahora en los libros de protocolos notariales, éstos son manuscritos donde cada notario apunta los actos de un cliente. Comienzan a crecer conforme se desarrollan las ciudades europeas, ya que va incrementando el volumen de negocios y el notario da fe pública de ellos a cambio de una ganancia. En Zaragoza, los documentos notariales conservados en el archivo se organizan en dos grandes tipos: los protocolos, que es el libro en sucio, donde la mayor parte de actos se encuentran cancelados, lo que equivale a las actas y/o notas tomadas por el escribano o por alguno de sus ayudantes en el momento de celebrarse el acto que se pretende testificar; y los registros, que son los traslados, en limpio y extenso, de las anotaciones tomadas previamente en el protocolo. A lo largo del tiempo y, especialmente, en las últimas décadas, ha podido ser identificada la gran mayoría de todos los fondos conservados en el archivo, aunque, en algunos casos, esta labor ha sido imposible y por ello quedan todavía algunos legajos clasificados como «Papeles sueltos». La práctica de plasmar por escrito y ante notario compromisos mercantiles, acuerdos particulares y decisiones de la vida cotidiana, se desarrolló con gran vigor desde muy temprano entre las gentes de la Corona de Aragón. Por ello, conservamos un volumen enorme de noticias que afectan a un elevado número de hombres y mujeres de todas edades, religión y categoría social y un sinfín de tipos y variedades documentales que brindan una base de datos inagotable para acercarnos a las sociedades que las generaron. 1. Legislación foral e historia del notariado aragonés. El estado feudal aragonés tendió a consolidarse desde el siglo XIII con la elaboración de unas leyes comunes para todo su territorio. La primera de ellas se trata de una compilación de fueros y costumbres propias, elaborada en ocho libros por el obispo Vidal de Canellas en Cortes celebradas por el rey Jaime I en la ciudad de Huesca el año 1247, que recogió la primera doctrina notarial aragonesa. Dicho prelado escribió además una glosa a la citada compilación conocida como el $\ll { }$ Vidal Mayor», donde se integraba con claridad la función básica del notariado en el entramado institucional del Estado. A partir de entonces, la simple intervención del notario en un documento le confería a éste su carácter público, en calidad de transmisor de la autoridad real a todos los efectos por vía de la delegación, puesto que era la monarquía quien nombraba al notario y le permitía desempeñar su oficio por todo reino (Bandrés, 1984: 49-62). Con anterioridad a la compilación foral de 1247 no se conocía la institución notarial como depositario de la fe pública, ya que ella quedaba reservada a la intervención de la autoridad (ya fuese real, judicial o eclesiástica), aunque sí se observa la presencia de notarios en documentos antiguos. Las noticias que tenemos para conocer los siglos que preceden a la instauración del notariado (siglos XII y principios del XIII) son muy escasas, puesto que no contamos con protocolos notariales y solamente disponemos de documentación dispersa por algunos archivos, ello nos hace pensar en la existencia de muy pocos notarios. Resulta difícil determinar con exactitud cuando surgió en Aragón la figura del notario como depositario de la fe pública y a qué se debió este hecho (Blasco, 1994: 189-273). La propuesta más aceptada alude a la influencia italiana en la implantación de la institución notarial en Aragón y considera que el notariado se afianza de forma progresiva gracias a la tradición romanista existente en el s. XIII. Desde los fueros de 1247 la facultad de nombrar notarios para la emisión de documentos públicos acabó pasando de la monarquía a las otras instituciones del Estado, y en 1283, el Privilegio General de Pedro III, con efecto de fuero emanado de las Cortes de Zaragoza, ratifica la facultad de los jurados de los gobiernos municipales para nombrar notarios en sus términos y distritos. Desde entonces van a convivir en la ciudad varias clases de notarios: los generales o reales, los de caja o del número de cuarenta y los eclesiásticos o apostólicos. Los notarios reales eran designados por el rey para desempeñar su oficio notarial por todo el reino y podían ser generales (que carecían de adscripción a un lugar concreto extendiéndose su competencia a todo el reino), y los incardinados en un oficio notarial concreto, ya sea en la corte del zalmedina, tribunales de justicia, etc. Los notarios públicos designados por las ciudades o villas merced a los privilegios recibidos del monarca, hará que se produzca una lucha a finales del siglo XIII entre el rey que no quería perder el derecho a nombrar notarios y las ciudades que reivindicaban ese cometido. Llamados «de caja» por las mesas de cajones que tenían ante el público en la puerta de sus casas, donde otorgaban asuntos y negocios confiados a su autorización y custodia. Por último, los notarios eclesiásticos eran clérigos que recibían el oficio de notario directamente del Papa o del obispo, y únicamente podían ocuparse de asuntos de la Iglesia. En virtud de privilegios reales, los notarios públicos de la ciudad consiguieron hacerse con el monopolio de la escrituración documental en Zaragoza. Mientras los notarios reales disponían de una jurisdicción más amplia que los anteriores, que se extiende por todo el reino de Aragón e incluso el de Valencia (Cárcel, 2008: 163-183), pero sin derechos a ejercer su oficio dentro de la ciudad, no faltando discrepancias entre ambos colectivos (Blasco, 2000: 45-64). Cada uno de ellos dispone incluso de cofradías distintas: los notarios de caja, la de San Luis, y los reales, la de Santo Tomás de Aquino; es más, se reúnen en monasterios diferentes, los primeros en San Francisco y los segundos en Santo Domingo (Navarro, 2004: 49). Durante el siglo XIV, los notarios generales se querrán equiparar a los notarios de número en una lucha entre el monarca, que se reservaba el derecho a nombrar notarios reales, y las autoridades urbanas, que conservaban la prerrogativa de nombrar a los de caja, como así lo acreditan los estatutos firmados en 1295 y ratificados en las Cortes de Zaragoza de 1300. A fin de controlar el número de notarios, a finales del siglo XIII se impuso el principio de numerus clausus o numerus certus, mediante el cual el soberano fijaba mediante privilegio y casi siempre a iniciativa de los dirigentes de la ciudad, el número máximo de notarios que podían ejercer el oficio en el municipio. En el reglamento suscrito en 1295 por los jurados de Zaragoza se disponía que los notarios elegidos por ellos debían de pertenecer al número de la ciudad, siendo confirmado por Jaime II el numerus certus en 1300 y 1320. Con la finalidad de garantizar a estos profesionales de la notaría el vivir dignamente de su oficio, se redujo el número de notarios de sesenta a cuarenta. Pese a esta limitación del número de notarios públicos, los enfrentamientos con los notarios generales eran continuos, obligando al rey a mediar en muchos asuntos y a intervenir desde principios del siglo XIV. Jaime II reconocía a los notarios de caja de Zaragoza el privilegio exclusivo de testificar en la ciudad toda clase de contratos; también recordaba que como notarios públicos de Zaragoza, no podían ejercer su oficio fuera de su demarcación; y a los notarios generales les limitaba sus atribuciones y les ordenaba que se abstuvieran de ejercer el oficio para el que habían sido nombrados en las ciudades donde había notarios de caja. En 1336, Pedro el Ceremonioso ordenaba de nuevo que los notarios generales no se entrometieran en la realización de escrituras pú- blicas de Zaragoza, y en las Cortes de Monzón de 1362 (Sesma y Lafuente, 2013) se establecía la obligación de que los notarios indicaran su lugar de residencia en la subscripción. Pese a todas estas medidas, el enfrentamiento entre estas dos clases de notarios estuvo a la orden del día y fueron cuantiosos los casos de pugnas de ambos. Muchas de estas normativas fueron confirmadas por monarcas posteriores como Juan I, Alfonso V, Juan II y Fernando II a finales del siglo XIV y XV. Los aspirantes al oficio de la notaría debían de reunir ciertos requisitos indispensables, como ser hombres libres, seglares, cristianos, de buena fama y de buenas costumbres, y estar censados en el lugar donde desempeñaban el oficio. Además, desde las Cortes de Zaragoza de 1372 se reservaba el ejercicio del notariado en Aragón exclusivamente a los aragoneses que estuvieran domiciliados en el reino, con lo que la condición de aragonés se exigía a todos los que actuasen en este territorio. También debían escribir correctamente y tener nociones de derecho, gramática y técnica formularia, para lo que debían estar un mínimo de dos años aprendiendo el oficio y otros tanto practicando en una escribanía antes de examinarse y empezar a trabajar por cuenta propia si alguna vacante lo permitía. En verdad, el notario ejercía una función pública y era servidor del Estado, ya que éste era el que dictaba a través de fueros y acuerdos de corte o de privilegios reales las reglas de funcionamiento del arte notarial (Blasco, 1994: 205-210). Un aspecto importante que habría que destacar es la condición de seglar en el oficio. Ya aparecía este aspecto en la Compilación de 1247, donde se especificaba que un clérigo no podía ser notario, de manera que si un notario recibía el sacramento del orden sacerdotal debía ser privado del oficio. Durante el siglo XV se preocuparon, además, de fijar la edad mínima de sus profesionales de la notaría: se establece en veinte años, seis más que los requeridos para acceder a la mayoría de edad civil que estaba en los catorce según las Cortes de Calatayud de 1461. Más tarde, se retrasó hasta los veintidós en las Cortes de Monzón de $1 5 3 3 \mathrm { e }$ incluso a los veinticinco en las Cortes de la misma ciudad en 1547, para volver de nuevo a los veintidós en las Cortes celebradas en 1626 en Barbastro y Calatayud; en este último caso se exigía la fe de bautismo para acreditar la edad. En los contratos de aprendizaje se observa que la finalidad perseguida era aprender el oficio de la escribanía o de la notaría, ya que no recibían estipendio e incluso en ocasiones solían pagar por la enseñanza, manutención y el vestido en dinero o en especie; o bien era el notario el que ponía los medios para que pudiese aprender el oficio, y había ocasiones en el que el maestro le permitía acceder a la escribanía de un notario general. El tiempo de aprendizaje variará según los años, en 1471 se dispuso en dos años la obligatoriedad de practicar el arte notarial, en 1533 pasó a tres años y en 1547 a cuatro: dos años con el notario de caja y otros dos con un notario judicial o causídico. Los alumnos para realizar las prácticas exigidas en la escribanía de justicia, podían frecuentar la Real Audiencia de Zaragoza, la del Justicia de Aragón o la del Zalmedina, pero las prácticas o el aprendizaje junto a un notario fueron poco a poco desapareciendo y se fue imponiendo la exigencia de la superación de un examen para los nuevos notarios. Prueba que se realizaba ante dos examinadores que eran expertos letrados, uno clérigo y otro seglar, capaces de acreditar las aptitudes del que pretendía desempeñar el oficio de la notaría. El numerus certus de cuarenta notarías limita bastante el desempeño del oficio en la ciudad, así que había que esperar a que una de ellas quedase vacante por fallecimiento, renuncia expresa del titular, en persona o a través de procuradores, o privación por no cumplir debidamente el oficio. Para adquirir una de ellas existen dos formas; una a través de la compra directa, esta opción requiere de una suma de dinero considerable, es por ello que se reserva a las familias más pudientes. No obstante, también es posible que jóvenes consigan una notaría de caja de la ciudad. La otra vía para adquirir una de las cuarenta notarías de caja consiste en la transmisión patrimonial de la misma, preferiblemente por herencia o por matrimonio. Lo lógico es que cuando un notario tiene un hijo, un nieto o un sobrino de su misma profesión, éste sea quien suceda en la escribanía y disponga de sus libros. Y no es de extrañar que resulte imposible distinguir el trabajo de una generación a otra, sobre todo debido a la dificultad que genera la homonimia para las investigaciones. Las capitulaciones matrimoniales dan buena muestra de la posibilidad de adquirir la tan deseada notaría de la ciudad. El matrimonio se convierte en el trampolín para dar el salto a la ciudad, a sus notarias y a la honorabilidad que confiere su trabajo. El traspaso formal se realiza a través de una carta pública de renuncia, a no ser que se acuerde un aplazamiento de la cesión. El parentesco con un notario de caja implica una serie de derechos sobre la notaría, aunque son los jurados los que en última instancia deben proveer el oficio de la notaría de número de. Zaragoza. Entre las competencias de los jurados estaba el traspaso de notarías: hipotecar aquellas por sus titulares, venderlas por defunción del notario, permitir la herencia en algún hijo, depositar los protocolos del notario muerto en la notaría de otro para su custodia y efectos oportunos, entre otras muchas (Falcón, 2006: 11) 2. La notaría de caja de Joan Abat. Signo del notario zaragozano Joan Abat2. Ya sabemos que en el reino de Aragón, la mayoría de las ciudades establecieron un número fijo de notarios, los llamados notarios de «caxa», con despacho, o de número. A modo de ejemplo podemos citar los 40 de Zaragoza, 10 en Calatayud ó 15 en Huesca. No ocurría lo mismo en Navarra, Cataluña, Valencia y Mallorca. Uno de estos notarios de caja en Zaragoza fue Joan Abat. Para conocer a este notario pude localizar su «familia notarial» en una obra importantísima para el conocimiento del notariado de finales del siglo XV y principios del siglo XVI como es el Summario del origen y principio y de los privilegios, estatutos y ordinaciones del colegio de los notarios del número de cuarenta, examinado y visto por el doctor micer Jayme Augustin del Castillo y de Espital, por comisión y mandato de los señores jurados de la dicha ciudad, una reimpresión facsímil realizada por el Ilustre Colegio Notarial en 1995 del impreso en Zaragoza por Pedro Bernuz en el año 1548. En esta obra se localiza a Joan Abat dentro de una notaría de caja de la ciudad de Zaragoza junto con su «familia notarial», siendo titular de la misma a mediados del siglo XVI, don Pedro Martínez de Insausti junior, junto a sus predecesores al frente de la misma. (Del Castillo, 1548: 33v) 2.1. Titulares de la notaría y posible ubicación. Esta notaría de caja estuvo ocupada inicialmente por Bartolomé Soriano, que ejerció alrededor de las décadas de 1430 y 1440, siendo además nombrado síndico y procurador en 1423, consejero por la parroquia de San Juan del Puente y jurado del concejo de Zaragoza respectivamente en ambas fechas; falleció en 1455. La heredó Domingo Roldán, quizá su yerno, aunque también pudo trasmitirse por compra y luego pasó a manos de Juan Cavero, y más tarde a Pedro López de Ansón (se conservan sus libros notariales de 1450- 1483), mayordomo de la cofradía de los notarios de caja y notario de la Diputación del Reino en 1482-1483. Llegó finalmente a Joan Abat, que es el notario que ocupó el periodo final de la Edad Media y los inicios del Renacimiento. Bien porque Joan Abat no tuvo hijos o porque la vendió o traspasó a uno de los escribientes, recayó en Pedro Martínez de Insausti senior, ya en época moderna, y luego en su hijo. Es precisamente aquí donde realmente se puede observar el inicio de un «linaje» familiar, que en otros casos ya se inaugura en la Edad Media, observable en otras notarías donde hay tres o hasta cuatro generaciones de una misma familia al frente de la notaría (Alfonso Martínez, Pedro Martínez de Alfocea o Pedro Serrano). Cada sucesor de la notaria de caja mantiene las escrituras de su antecesor, hasta que los notarios decidieron hacer un archivo común. Eso quiere decir que Joan Abat tuvo en su casa los protocolos, bastardelos y registros de Bartolomé Soriano, Domingo Roldán, Joan Cavero y Pedro López de Ansón, si se conservaban, ya que la pérdida de documentación o los casos de incendios eran habituales como se observa en el caso del notario de caja Miguel Francés, donde la documentación de los siete notarios anteriores se le quemaron a su padre o abuelo que también habían regentado la notaría. (Del Castillo, 1548: 26) En otro orden de cosas, averiguar dónde tenía radicada su oficina o notaría de caja Joan Abat es una tarea harto complicada. El plano de Zaragoza de hacia 1472 propuesto por la profesora Isabel Falcón, puede dar alguna pista de dónde podía estar ubicada, pero sin lugar a dudas, va a ser el estudio de su clientela la que nos va a brindar mayor información al respecto. En el siglo XV, la ciudad de Zaragoza estaba dividida en quince demarcaciones parroquiales, nueve se consideraban mayores (Santa María la Mayor, San Salvador, San Pablo, San Felipe, Santa Cruz, San Juan del Puente, Santa María Magdalena, San Gil y San Jaime o Santiago) y seis menores (San Lorenzo, San Juan el Viejo, San Pedro, San Andrés, San Nicolás y San Miguel de los Navarros), aunque es muy difícil saber con exactitud la porción de ciudad que correspondía a cada una de ellas (Lozano, 2006: 135-151). La parroquia era la unidad política y económica y el templo parroquial el lugar de reunión donde se solventaban los asuntos que afectaban a la demarcación, y se realizaba el nombramiento de procuradores y representantes cuando la ciudad creció, y finalmente consejeros, cuando se creó el consejo de la ciudad a finales del siglo XIV. Una primera hipótesis que he barajado es que estuviese instalada la notaría en la parroquia de San Pablo, zona comercial y de ensanche de Zaragoza, que alcanzó un considerable crecimiento a partir del siglo XIII.3 Es la parroquia que tenía mayor amplitud territorial, apreciándose tres zonas diferenciadas en su interior: la zona de los Tejares y el barrio de Predicadores hasta la Puerta de Sancho, los Campos del Hospital y del Toro y el Mercado. Considerando que en esta última zona donde se llevaban a cabo la gran mayoría de las transacciones comerciales de la ciudad, no sería descabellado pensar que la notaría estuviese alojada en esta parroquia, debido a la gran presencia de mercaderes y artesanos entre la clientela del notario. Otra posibilidad que me he planteado sobre la situación de la notaría me lleva a otra parroquia como es la de Santa Cruz, un tramo de la calle Mayor a la que pertenecía, así como la Carrera de Santa Cruz, en la que estaba la iglesia y el cementerio parroquial; otra calle documentada en el siglo XV es la calle de la Traición. Me hace especular esta localización por la presencia en esta parroquia de la Casa de los Torrero, concretamente de los hermanos Miguel y Pedro, y posiblemente también Jaime de Santa Cruz, tres de los clientes más importantes de este notario. Una última suposición fue el potencial asiento de la notaría de Juan Abat en la parroquia de San Miguel de los Navarros,4 y cada vez le he ido dado mayor valor e importancia. El incremento demográfico en el espacio comprendido entre el muro de piedra y el de tierra aconsejó la construcción de una parroquia que con la de San Pablo recogiese a todo el desperdigado vecindario. En 1260 ya se nombra entre las parroquias zaragozanas. De las dos parroquias existentes en el dilatado distrito de la población, la de San Miguel era mucho menos importante que la de San Pablo, por su escaso vecindario, pues estaba ocupada por campos, granjas dispersas y caminos. La poca feligresía de San Miguel aumentó a finales del siglo XV al incorporarse a esta parroquia parte de la de San Gil, además del propio crecimiento demográfico que tuvo. Albergaba, además, los monasterios de San Agustín, el convento de Santa Catalina (uno de los mejores clientes de Joan Abat) y desde $1 4 2 5 ~ \mathrm { e l }$ hospital de Nuestra Señora de Gracia que también figura entre su clientela (Falcón, 1981: 54-56). En relación con los fondos del propio notario Joan Abat, se conservan documentos entre los años 1493 y 1510, recogidos en siete libros de protocolos5 y nueve libros de registros,6 más otros dos sueltos. Junto a ellos, existe un memorial de actos,7 posiblemente realizado tras el fallecimiento del notario, por algún familiar o por algún escribano de su notaría, que nos da a conocer una información valiosa y que ha sido objeto de nuestro estudio para la obtención del Diploma de Estudios Avanzados (Gracia, 2014: 13). Las dimensiones de los dos primeros libros de registros (años de 1493 a 1496), de los libros de protocolos, del memorial de actos y del libro de anotaciones son de $2 2 ^ { \circ } 5 \mathrm { ~ x ~ } 1 6$ centímetros cada uno. Mientras que los libros de registros entre 1497 y 1510 tienen un mayor formato siendo de $3 2 \mathrm { ~ x ~ } 2 3 \mathrm { ~ c m }$ . La mayoría de ellos están encuadernados en pergamino y escritos en letra gótica cursiva aragonesa de finales del siglo XV con ciertas influencias de la escritura humanística, y con profusión de abreviaturas. Tabla 1: Documentación del notario Joan Abat en el Archivo de Protocolos Notariales de Zaragoza <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Signatura</td><td rowspan=1 colspan=1>Contenido</td><td rowspan=1 colspan=1>N.°Folios</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>4331</td><td rowspan=1 colspan=1>Libro de Registros de 1493 y 1494Libro de Registros de 1495 y 1496</td><td rowspan=1 colspan=1>222383</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>4332</td><td rowspan=1 colspan=1>Libro de Protocolos de 1497Libro de Protocolos de 1498Libro memorial de actos del notarioManual de anotaciones del notario</td><td rowspan=1 colspan=1>16317075118</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>4333</td><td rowspan=1 colspan=1>Libro de Protocolos de 1500 y 1501</td><td rowspan=1 colspan=1>469</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>4334</td><td rowspan=1 colspan=1>Libro de Protocolos de 1502 y 1503</td><td rowspan=1 colspan=1>448</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>4335</td><td rowspan=1 colspan=1>Libro de Protocolos de 1504 y 1505</td><td rowspan=1 colspan=1>625</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>4336</td><td rowspan=1 colspan=1>Libro de Protocolos de 1506 y 1507Libro de Protocolos de 1508,1509 y 1510</td><td rowspan=1 colspan=1>392306</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>5846</td><td rowspan=1 colspan=1>Libro de Registros de 1497Registros sueltos de 1498Libro de Registros de 1499Libro de Registros de 1500</td><td rowspan=1 colspan=1>19316149186</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>5847</td><td rowspan=1 colspan=1>Libro de Registros de 1501 y 1502Libro de Registros de 1503,1504 y 1505</td><td rowspan=1 colspan=1>313262</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>5848/5849</td><td rowspan=1 colspan=1>Libro de Registros de 1506 y 1507Libro de Registros de 1508 y 1509Registros sueltos de 1510</td><td rowspan=1 colspan=1>24719121</td></tr></table>. La primera tarea realizada ha sido la transcripción de las diez rúbricas o memoriales de actos continuados en los protocolos del notario zaragozano Joan Abat (1493-1510). Un total de más de 4.000 ítems, que recogen los respectivos documentos indexados y el registro de cuantos personajes y actos notariales han aparecido en ellos. La segunda fase de la indagación, tras finalizar la lectura y vaciado del memorial, se ha centrado en clasificar personajes y documentos –según su tipología o categoría jurídica– para pasar a continuación a analizar la trascendencia que han tenido en grupos sociales y religiosos y en el ambiente cultural de la ciudad. 2.2. Tipologías documentales en el memorial de actos. Los protocolos notariales son el resultado escrito de las notarías y, a este respecto, es preciso señalar que los notarios no han modificado substancialmente sus procedimientos de actuación a lo largo de los siglos. La persona o personas que desean que quede constancia de un hecho acontecido en un lugar concreto o de lo que se ha dicho en un determinado lugar, contratan a un profesional que posee la facultad conferida (de iure) por una autoridad (rey, señores o ciudades) y reconocida (de facto) por todos los conciudadanos para ser fedatario público y para dejar constancia escrita de los acontecimientos que ha visto o de los testimonios que han sido manifestados ante él. Esta facultad de plasmar por escrito lo que se ha producido o lo que se ha dicho ante él, fija lo sucedido o mencionado para el tiempo futuro como un acontecimiento o un testimonio verdaderamente realizado. Se añade el testimonio de testigos que avalan y confirman que eso que se ha plasmado en el papel es lo que auténticamente se ha dicho o ha sucedido y no otra cosa. El notario da fe y los testigos testifican sobre lo que ven o lo que se dice ante ellos. Los protocolos notariales están llenos, por ejemplo, de compromisos para realizar una determinada actuación o un determinado pago que no se cumplió ni abonó jamás, ya que lo que interesaba a los contratantes en el negocio jurídico era precisamente la posibilidad de solicitar la ejecución de ese compromiso que se convertía, de esa manera, en un medio coercitivo para el cumplimiento del contrato que realmente interesaba que se produjera y, en caso de incumplimiento, obtener una compensación, generalmente desproporcionada. Se crea una tipología de actos testificados por los notarios, dando como resultado la creación de formularios, que sirven al notario y a los oficiales para saber cómo se redacta un documento perteneciente a cada una de las tipologías documentales. En estos formularios se aprecia que los actos testificados por el notario contienen unas fórmulas o cláusulas fijas para cada tipo que se inscriben generalmente al comienzo y al final de los actos, variando exclusivamente los aspectos substanciales del acto: personas, objetos, cantidades, plazos, etc. Muchos de estos actos se encuentran relacionados entre sí, es decir, unos actos son consecuencia de otros realizados previamente o viceversa. Entre la tipología documental notarial más frecuente puede destacarse la siguiente: albaranes, capitulaciones, capitulaciones matrimoniales, cartas de perdón, censales, luiciones, comandas, contracartas, compraventas, compromisos, sentencias arbitrales, donaciones, firmas de aprendizaje, inventarios y repartos de bienes, locación o logueros, permutaciones, procuras y sustituciones, terrajes, testamentos y codicilos, las testificaciones o requerimientos y treudos. En las páginas del libro memorial de actos del notario zaragozano Joan Abat, podemos diferenciar tres apartados en su estructura claramente diferenciados: a la izquierda, el tipo de documento (ápoca, comanda, constitución, censal...), la parte central estaría destinada para los intervinientes o nombres de personas que participan en ese acto, sin ningún tipo de explicación ni desarrollo del documento; y la parte derecha, donde figura el folio correspondiente del Libro de Protocolo en el que se encuentra redactado dicho documento.8. Seguidamente, entraré a valorar los tipos documentales más habituales que he podido observar en este libro de actos de Joan Abat entre los años 1493 a 1510, y que aparecen reagrupados en la siguiente tabla adjunta. Tabla 2: Distintas tipologías documentales del libro de actos de Joan Abat (1493-1510) <table><tr><td colspan="1" rowspan="1"></td><td colspan="1" rowspan="1">1493-1497</td><td colspan="1" rowspan="1">1498-1501</td><td colspan="1" rowspan="1">1502-1505</td><td colspan="1" rowspan="1">1506-1510</td><td colspan="1" rowspan="1">TOTAL</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">APOCA</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td><td colspan="1" rowspan="1">215</td><td colspan="1" rowspan="1">331</td><td colspan="1" rowspan="1">239</td><td colspan="1" rowspan="1">806</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">COMANDA</td><td colspan="1" rowspan="1">126</td><td colspan="1" rowspan="1">236</td><td colspan="1" rowspan="1">246</td><td colspan="1" rowspan="1">118</td><td colspan="1" rowspan="1">726</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">CONSTITUCION</td><td colspan="1" rowspan="1">95</td><td colspan="1" rowspan="1">121</td><td colspan="1" rowspan="1">112</td><td colspan="1" rowspan="1">85</td><td colspan="1" rowspan="1">413</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">VENTA</td><td colspan="1" rowspan="1">81</td><td colspan="1" rowspan="1">83</td><td colspan="1" rowspan="1">94</td><td colspan="1" rowspan="1">72</td><td colspan="1" rowspan="1">330</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">ALBARAN</td><td colspan="1" rowspan="1">155</td><td colspan="1" rowspan="1">86</td><td colspan="1" rowspan="1">-</td><td colspan="1" rowspan="1">二</td><td colspan="1" rowspan="1">241</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">TESTAMENTO</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">81</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">165</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">TRIBUTACION</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">47</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">35</td><td colspan="1" rowspan="1">128</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">FIRMADEMOZO</td><td colspan="1" rowspan="1">35</td><td colspan="1" rowspan="1">31</td><td colspan="1" rowspan="1">33</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td><td colspan="1" rowspan="1">120</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">CENSAL</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">47</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td><td colspan="1" rowspan="1">19</td><td colspan="1" rowspan="1">93</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">COMPROMISO</td><td colspan="1" rowspan="1">41</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">92</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">PROCURA</td><td colspan="1" rowspan="1">41</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td><td colspan="1" rowspan="1">85</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">ARRIENDO</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">78</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">C.MATRIMONIAL</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">31</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">77</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">PROMESA</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">64</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">LOCACION/LOGUERO</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">63</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">SUBSTITUCION</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">54</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">RECONOCIMIENTO</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">50</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">DIFINIMIENTO</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">18</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">INTIMACION</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">31</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">COMISSO</td><td colspan="1" rowspan="1">15</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">RENUNCIA</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">29</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">CANCELACION</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">INST. OBITUS</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">TERRAJE</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">SENT.ARBITRAL</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">19</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">INVENTARIO</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">18</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">DONACION</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">CAPITULACION</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">15</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">PRORROGACION</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">PRESENTACION</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">LICENCIA</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">OBLIGACION</td><td colspan="1" rowspan="1"></td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">CODICILO</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">PARTICION</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">-</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">POSESION</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">二</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">INDEMNIZACION</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">-</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">PROLACION</td><td colspan="1" rowspan="1">二</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">CARTA DE GRACIA</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">-</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">PAZETTREGUA</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">-</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td></tr></table>. Habría que destacar que son cinco los tipos documentales que predominan por encima de todos ellos, a saber, las ápocas (806), comandas (726), constituciones (413), ventas (330) y albaranes (241), que suponen más de la mitad en número de todos los documentos que figuran en el libro memorial de actos, destacando de una manera sobresaliente dos tipos documentales como son las ápocas y las comandas. (Ver gráfica 1) Gráfica 1: Tipologías documentales más repetidas. Estas cinco tipologías documentales, que suman 2.516 ítems de los 4.078 que hay en el memorial de actos, representan un $6 1 { , } 7 \%$ de la documentación total. Destacan los documentos de tipo económico, esto es, las actividades desarrolladas entre particulares que aportan información sobre bienes muebles e inmuebles, sus abonos, sus pagos aplazados o préstamos. Claro ejemplo de ellos son las comandas, las ápocas y las compraventas o ventas, e incluso podemos considerar los albaranes para observar el predominio de las transacciones económicas. El albarán $( 6 \% )$ era una certificación acreditativa de un pago, una donación, partición, reparto de bienes, etc., que contaba con un modelo formulario propio, apareciendo un apartado con la confesión, el nombre del receptor o receptores de los bienes o pagos sobre los que se redacta el documentos y la expresión hauer hauido/ recibido (Lagüéns, 1992: 53). Las comandas $( 1 7 8 \% )$ , que son la segunda tipología documental más numeroso, tenían varias acepciones, destacando la comanda como depósito y la comanda mercantil; ambas pueden entenderse como un préstamo medieval, una categoría contractual en la que el prestatario reconoce y otorga haber recibido del prestamista una suma en dinero o en especie y promete devolverlo bajo la obligación de su persona y bienes, renuncia a todo tipo de acción judicial o procedimiento que pueda ir en contra de lo estipulado y, finalmente, hace un juramento que le compromete a devolver el préstamo en plazos establecidos y convenidos. Sería una designación legal, en la cual un deudor confiesa haber recibido cierta cantidad y se compromete a pagarla o devolverla. Las comandas son actas públicas extremadamente versátiles, que pueden corresponder a hechos muy variados de la vida económica: préstamos de consumo, renegociaciones de deudas y rentas atrasadas, adelantamiento de numerario, encomienda propiamente dicha de unos bienes o simplemente la garantía del cumplimiento de un contrato con especificación de su valor concreto. Los documentos más numerosos son las ápocas $( 1 9 8 \%$ ), recibos o cartas de pago, que va aparecer ininterrumpidamente a lo largo de todo el memorial. Permiten constatar la importancia del notario como fedatario de las relaciones económicas de la sociedad aragonesa bajomedieval. Junto a ellas, las constituciones $( 1 0 , 1 2 \%$ ) y las ventas o compraventas $( 8 , 1 \% )$ , informan sobre la posesión y el movimiento de la propiedad a un nivel más cotidiano. Permiten analizar la repartición de la propiedad entre los grupos sociales, en un lugar y en un momento determinado, al igual que revelan datos sobre la movilidad de las tierras y propiedades. Constituyen ricos contratos con fórmulas y cláusulas que nos ofrecen pistas sobre la sociología de los compradores y vendedores, la situación, la extensión y el cultivo de las parcelas vendidas, el régimen de propiedad, las causas y efectos de las compraventas y los sistemas variados de pago, entre otras muchas cosas. Un segundo grupo documental, no menos importante, estaría formado por los testamentos (165), firmas de mozo/a (120), tributaciones (128), censales (93), compromisos (92), procuras (85) y contratos matrimoniales (77). (Ver gráfica 2). Gráfica 2: Otras tipologías documentales. De los 1.562 ítems ( $^ { 3 8 , 2 \% }$ del total) que no pertenecen a las cinco tipologías documentales más numerosas, 760 ( $1 8 \%$ del total y el $4 8 { , } 6 \%$ de los 1.562 ítems) pertenecen a firmas de mozo, tributaciones, testamentos, compromisos, procuras, contratos matrimoniales y censales. Gran importancia tienen los testamentos, aquel negocio jurídico formal, unilateral, personalísimo, en virtud del cual el causante regula su sucesión por causa de muerte, mediante la institución de uno ó más herederos y otras disposiciones. Mediante el testamento, el testador declara su última voluntad disponiendo de bienes y de asuntos que le atañen en presencia del notario y testigos. Disponemos de un muestrario variopinto que va desde labradores, carniceros, pasando por sastres, tintoreros, pelaires, mercaderes, un hostalero, un batihoja…, hasta viudas y doncellas, escuderos y notarios. Las capitulaciones matrimoniales son pactos que adoptan forma capitular, realizados por las partes interesadas en la regulación de un matrimonio. Básicamente se ocupan de cuestiones de índole económica, pero también pueden regir aspectos personales e incluso sucesorios. Las capitulaciones son más abundantes cuanto mayores son los intereses económicos y sociales puestos en juego a la hora de tomar estado, y en ellas la parte femenina del contrato suele estar representada por la joven que aparece acompañada por sus familiares (García, 1990: 169). Pongamos un par de ejemplos, como son las firmadas entre micer Alonso López y Brianda de Eli o aquellos capítulos refrendados entre Juan Talayero y Juana de Alfajarín. Son, pues, un tipo de contrato celebrado por los que van a casar y a veces por los ya casados, junto con sus parientes más próximos, como constitución y ley fundamental que deberá regir las relaciones jurídicas creadas y las que con el tiempo se irán derivando de los esponsales. Contiene cláusulas principales de herencia, dote y arras, además de otras secundarias, como la renuncia al suplemento de la legítima. En suma, son el verdadero código que establece la consideración y el destino de los bienes de una familia, más incluso que el testamento. De mucho valor para el estudio de la actividad artesanal son los contratos de aprendizaje o firmas de mozo, que es como aparecen citados en el memorial, destinados a aprender un oficio. Mediante este contrato o firma, un joven entra como aprendiz al servicio de un patrón, éste le enseñará el oficio y le mantendrá. El aprendiz aportaba el trabajo, y recibía la enseñanza del oficio, alimentos y bebida, vestido y calzado. Son significativos los casos de Juan de Estúñiga con el mercader Salvador de Suñén o por parte de Martín García, corredor, a Felipe de Santángel. Los contratos de aprendizaje resultan una fuente de primera magnitud para el estudio de cuestiones relacionadas con los oficios, los sistemas de contratación, las condiciones de trabajo, la evolución del artesanado, etc. Dentro de este segundo grupo de documentos también se encuentran las tributaciones, que consistían en el pago de tasas en dinero o en especie (Zulaica, 1992: 193-208). Y los censales que fueron un instrumento financiero muy extendido por la Corona de Aragón, usado como mecanismo de financiación tanto para particulares como para organismos públicos. Consistían en una perpetuidad emitida como deuda pública, es decir, un inversor cedía un capital a cambio de recibir una pensión o canon anual, de manera perpetua como contrapartida del capital donado (Abella, 2009: 47-64). Otro documento importante es la procura, que es el instrumento de representación más frecuente existente en los protocolos notariales. Se trata de un documento que convierte a otra persona (procurador) o a varias en un alter ego del que concede la carta de procuración. Se concede de forma indefinida con plenos poderes o para cumplir determinados objetivos: cobrar, ir a juicio, etc. (García, 1991: 31-53). Por último, estarían los compromisos, documentos que, mediante el arbitraje, establecen un acuerdo privado entre las partes para erigir en instancia del conflicto a un tercero o terceros (control social). Es decir, se trata una estipulación contenida en un contrato por la que las partes acuerdan someter a arbitraje las divergencias que surjan con ocasión del cumplimiento o la interpretación del contrato o un testamento, o cualquier otra cuestión controvertida que exista entre ellas. Figuran más de 50 tipos diferentes de documentos notariales, incorporándose otros que se citan en menor número, no por ello menos importantes, como por ejemplo, reventas (7), provisiones (2), aceptaciones (5), revocaciones (6), elecciones (4), mandatos (2), perdones (5), juramentos (9), protestas (5), locaciones (8), fianzas (2), resignaciones (2), liberaciones (3), consentimientos (3), comisión (1), contracartas (2), pensiones (2), carta de hermandad (1), concordias (2), asignaciones (4), nominaciones (3), etc. En resumen, podemos observar la gran tipología de documentos notariales que aparecen reflejados en el libro memorial de actos. Más de 50 tipos diferentes de documentos notariales, que permiten valorar lo fundamental que era la figura del notario dentro de la sociedad de finales del siglo XV y principios del siglo XVI, y calibrar lo importante que son los fondos notariales conservados para el estudio de temas tan diversos como la economía, artesanado e industria, comercio, familia y sociedad, e incluso para la realización de trabajos relacionados con la cultura, el arte y la religión. 2.3. La clientela del notario zaragozano. Entre el total de la clientela, que son más de 2.800 clientes los que han hecho uso de los servicios de Joan Abat durante los 18 años que discurren entre 1493 y 1510, nos vamos a centrar en aquellos que han tenido a partir de 10 servicios, siendo 59 los clientes. Si observamos la gráfica 3 habría 33 personas con entre $1 0 \mathrm { ~ y ~ } 1 5$ servicios, 6 entre $1 6 \mathrm { y } 2 0$ servicios, 10 entre 21 y 30, 7 clientes entre 31 y 99 servicios, y finalmente sólo 3 con más de 100 documentos ante notario. Gráfica 3: Número de servicios notariales de los clientes más habituales. Fijándonos en el patronímico de los clientes del notario Joan Abat, se puede apreciar que con bastante frecuencia aparecen nombrados notarios. Ejemplo de ello son Pedro de la Abadía, Miguel de Blesa, Joan de Campo, Jaime Forner, Martín Jaime, Lorenzo Loriz, Antón Pérez, Miguel de Villanueba, Joan de Aguas, Pedro de Alfajarín, Joan de Altarriba, Miguel de Anyon, Joan Aruego y Pedro de Lalueza. La dedicación de su clientela es muy diversa: desde campesinos o agricultores como Jaime Ceres, Miguel de Ancor, Bartolomé de Barrachina, Antón de Uller, Arnal Sánchez, Antón Jaime, Vicente Joan, Joan Domínguez, Jaime Dueso, Pedro Fuster, Domingo Gil, Joan Manrique, Joan Más, Joan Bernat o Martín de Benavente (todos ellos aparecen en el libro memorial de actos como labradores) pasando por mercaderes, como Salvador de Sumien, Joan Sánchez, Nicolás de Vi, Francisco López, Joan Gómez, Miguel de Ara, Bartolomé de Corte o Bernat de Roda. Es significativo que éste último mercader hiciera uso de los servicios de Joan Abat en más de 150 ocasiones. Otros profesionales anotados son tintoreros (Miguel Gómez, Joan de Tareal), calceteros (Pedro Vera, Jaime Manuel), sastres (Joan de Campos, Martín Ramón), tejedor (Monit de la Abadía), zapatero (Joan Fryat), bonetero (Joan de Moros), pintores (Miguel Martínez y Gil de Vallés) (Lacarra, 1986: 35-48), carnicero (Andreu de Sosado), librero (Joan Uguet), relojero (Pedro Rasil), ganadero (Joan de Otal), argentero (Joan Sánchez), barbero (Joan de Jusina), velero (Joan de Sanct Joan), especiero (Pascual Rodrigo), bergier (Joan Spinet), pelaire (Joan de Bual) o bajador (Joan de Tapia). Por lo tanto, se puede observar la relación que existía entre la figura del notario y los oficios, siendo los servicios de los notarios muy habituales en la vida de la sociedad de finales del siglo XV y principios del siglo XVI. Habituales clientes de Joan Abat fueron también las órdenes religiosas o personajes eclesiásticos: el convento de San Lázaro, el monasterio de San Agustín, el convento de San Francisco, el convento de Santa Engracia, las monjas de Santa Clara, y cofradías como la de Santa María de Agosto y la de Santa María de la Piedad, entre otras. A esta clientela de tipo religioso podemos sumar los presbíteros (Pascual Domingo, Blas Julián y Gimeno Paraíso), abadesas de monasterios (María Ruíz y Gracia Nogueras) e incluso monjas (Catalina Sánchez) y frailes (fray Francisco Sanz, fray Luis Méndez). Dentro del grupo de la clientela de tipo religioso, el monasterio-convento de monjas de Santa Catalina, con su abadesa al frente, Gracia de Nogueras, son los clientes que en un mayor número de veces requieren de los servicios de esta notaría, aproximadamente unas 80 veces. Asimismo, aparecen tres personajes muy importantes relacionados con el desarrollo de la imprenta en Zaragoza. En primer lugar, aparece el apellido Hurus, los hermanos Pablo y Joan, impresores alemanes del último cuarto del Cuatrocientos, que fundaron y dirigieron una de las imprentas más importantes de España, la de Zaragoza. Junto a él, aparece Jorge Coci, extraordinario impresor alemán que en 1500 se establece en esta ciudad y Bolff Appentegger (Pallarés, 2008: 193-207). Entre los clientes más selectos se encuentra también el propio rey don Fernando, concretamente a través de dos compromisos que se realizan en el año 1493 con nobles aragoneses, coincidiendo con el inicio de la documentación notarial que se conserva de este notario. Son 59 clientes los que tienen más de diez servicios notariales. Entre ellos seis son notarios (son los casos de Joan Aruego, Bartolomé Aznar, Jaime Carnoy, Pedro Lalueza, Pedro Pérez de Anyon y Miguel de Villanueba). Junto a ellos también hay media docena de religiosos o clérigos, serían: Martín de Alfajarín, que es clérigo capellán en la ciudad de Zaragoza, Bartolomé Canceller, clérigo racionero de San Juan de los Panetes de Zaragoza y fue procurador del ilustre don Juan de Aragón, conde de Ribagorza y Castellán de Amposta, de la orden de San Juan de Jerusalén, fray Joan de Gotor, que fue comendador de la encomienda de La Almunia de doña Godina, de la Capellanía de Amposta, procurador y receptor general del común tesoro de Rodas, Martín de Gurrea, fue clérigo e infanzón, fray Joan de Mur, infanzón y alguacil del rey, y fray Pedro de Santángel, micer y canónigo de la Seo de Zaragoza y procurador. Dentro de esta misma clientela hay personas que ocupan un cargo político o un puesto administrativo importante dentro de la sociedad, o incluso muy unido a la figura del monarca, claros ejemplos son Gabriel Sánchez, que fue tesorero general del Consejo del Rey y consejero; Martín de Torrellas, tesorero general del rey en la ciudad; Pedro Sánchez, que además de mercader era procurador del señor Alonso Sánchez, lugarteniente del tesorero general del rey en la ciudad y en el reino de Valencia; Joan Talavera, procurador del magnífico Miguel Velázquez, protonotario del rey; Antón Agustín, que fue infanzón y mercader, y además procurador de otro Antón Agustín, que fue jurista del consejo del rey; micer Lorenzo Molón como lugarteniente del Justicia de Aragón; o Joan Talayero, mayordomo de la cofradía de notarios reales. Relevante, con mucho, es el número de mercaderes, eso sí, casi siempre compaginando este oficio con sus funciones como procuradores, y pertenecientes a la infanzonía. Ejemplo de ello son: Pedro de la Cabra (mercader), Bernat Daroca (mercader), Joan Ferrando (mercader y procurador), Gualart de Jeyras (mercader), Bernat de Jasa (mercader), Pedro de Joan Sánchez (mercader y procurador), Gil de Luna (mercader), Francisco de Ribas (mercader), Bernat de Roda (mercader), Joan Sánchez (mercader, procurador), Francisco de Sancta Cruz (infanzón, mercader), Jaime de Sancta Cruz (mercader), Miguel y Pedro Torrero (infanzones, mercaderes y procuradores). Frente a otras personas que nos aparecen en el libro memorial de actos y en protocolos como procuradores, como Vicent de Bordalva, infanzón y procurador del tesorero real Gabriel Sánchez; Jaime de Ejea, procurador del señor Joan de Aragón, conde de Ribagorza y Castellán de Amposta, y comendador de la encomienda de San Juan de Jerusalén en Zaragoza; Francisco Comor, notario, infanzón y procurador del Monasterio-Convento de Santa Catalina; o Pedro de Val, infanzón y procurador. Entre las familias que aparecen como clientes de Joan Abat en el libro memorial de actos es, sin lugar a duda, el linaje de los Caballería el más importante y numeroso. Es un apellido español que llevó una de las más poderosas familias de origen judeoconverso de la Corona de Aragón, cuya actividad financiera posibilitó que alcanzase una situación clave en la administración de la hacienda y en política (Serrano y Sanz, 1918: 160-184 y Vendrell, 1943: 115-154). El miembro más prominente de ella fue Alfonso de la Caballería, un político del reinado de los Reyes Católicos que ejerció varios cargos en la ciudad de Zaragoza y en el reino de Aragón y llegó a ser vicecanciller desde 1484 y primer presidente del Consejo de Aragón (1494-1506). Intentó impedir el decreto de expulsión de los judíos de 1492. En la documentación de Joan Abat, llegan a figurar hasta 19 personas que se apellidan Caballería, destacando micer Luis y Alfonso de la Caballería como juristas, Ludovico, Ferrando y Pedro de la Caballería como mercaderes y Lorenzo de la Caballería como procurador de Joan de Aragonia, castellán de Amposta. Siguiendo con las minorías étnico-confesionales, el profesor Germán Navarro ya identificó hasta 65 documentos en los que figuraban mudéjares, cuya tipología de actos venía encabezada por una mayoría de comandas (en total 42), seguido de siete ventas, una reventa, cinco procuras, tres ápocas, dos albaranes, una indemnización, una creación de alamín, un compromiso y un reconocimiento de casas (Navarro, 2005: 130-131). No pueden faltar en este elenco las mujeres, saliendo repetidamente el nombre de dos, ambas viudas. Una de ellas es Donosa de Pertusa, viuda del honrado Luis de Alberuela. Desde los primeros años (siempre que se cita va acompañada del nombre de su marido quomdam, y que fue jurado) es una de las más importantes clientas, ya que aparece en más de 70 ocasiones. Luis de Alberuela fue hijo de Juan López de Alberuela, un mercader y ciudadano de Zaragoza; su hermana Catalina de Alberuela era viuda del escudero Jaime de Val. Se conoce el testamento de Juan de Alberuela de 1491 estando embarazada Donosa Pertusa, y se nombra tres hijos; ese mismo año Donosa, ya viuda, renuncia a la herencia de su marido en favor de sus vástagos e igualmente renuncia a la tutela de sus tres pupilos llamados Martín, Juan y Luis de Alberuela (Lozano, 2007: 312). Y el nombre de la segunda mujer es María de Villanova, viuda de Martín Torrellas, que fue tesorero general del rey. En vida de su marido, ella ejercía de procuradora de su esposo. Martín Torrellas fue hijo de Pedro de Torrellas, ciudadano y conservador del patrimonio real del reino de Aragón y consejero en 1469 y 1471, zalmedina en 1469 e impugnador de cuentas en 1470, fallecido dejando testamento en 1478; su madre fue Aldonza de Torla, tuvo tres hermanos, su tío fue el caballero Juan Torrellas, y en 1480 se produce la firma del contrato matrimonial con su esposa María Villanova, donde la madre de la desposada Violante Manent ofrece 500 sueldos de censales sobre el General de Aragón, vendiéndolo nueve años más tarde por 7.500 sueldos (Lozano, 2007: 1883-1884). Por último, haré alusión a los nombres concretos de los clientes más singulares que figuran. Una vez más llama la atención que de los cinco más destacables, cuatro de ellos sean mercaderes y el quinto sea una institución religiosa como fue el convento-monasterio de Santa Catalina. El más citado en el memorial de actos es Bernat de Roda, que aparece en 158 ocasiones, fue escudero, mercader y ciudadano de Zaragoza, y en 1482 se casó con María de Sangüesa, que era hija de Arnal de Sangüesa, que también fue escudero, mercader y habitante de Zaragoza y de Violante Colón, conocido a través de una capitulación matrimonial fechada el 9 de enero de 1482 conservada en el archivo parroquial de Báguena en Teruel (Pardillos, 2008: 601-613). Menos noticias tenemos del segundo nombre que corresponde a Pedro de Joan Sánchez, mercader y procurador, ciudadano de Zaragoza, que aparece hasta en 141 ocasiones, en muchas de ellas junto al nombre de Joan de Joan Sánchez, que correspondería al de su hermano, ambos compartiendo tareas comerciales y figurando en distintos documentos del memorial. El tercer lugar lo ocupa Miguel Torrero, que aparece con 111 servicios, acompañado en muchas ocasiones de su hermano Pedro Torrero; ambos eran infanzones mercaderes de la ciudad de Zaragoza. En la actualidad se conserva la Casa de los Torrero, en la calle San Voto, junto a la plaza Santa Cruz, actual sede del Colegio de arquitectos, que debió construirse en 1508, como vivienda del tan próspero mercader.9. Seguidamente con 87 presencias ante notario está Jaime de Santa Cruz, mercader bilbilitano de origen converso, quien al parecer había tenido arrendadas las rentas de los lugares de Luco y Burbáguena (Canellas, 1984: 23-45). Y en cuanto al monasterio de Santa Catalina, se enumeran –como ya se ha dicho- un total de 80 servicios relacionados con esta orden religiosa. Fue el convento para mujeres más antiguo de Zaragoza, denominadas Clarisas o Dueñas Menoretas de Santa Catalina, que fundó en 1235 doña Ermesinda de las Cellas, tía de Teresa Gil de Vidaure, esposa de Jaime el conquistador, junto al monasterio de religiosos benitos de Santa Engracia. El parentesco con Jaime I hizo que el cenobio quedase desde sus inicios bajo protección real. Las Dueñas Menoretas contaban con algunas propiedades diseminadas por la ciudad, una de ellas en la plaza del Mercado lindando con casas de un astero que las tenía a treudo del Hospital. Disfrutaban además de privilegios y donaciones habituales, de 500 sueldos de las rentas del rey en Zaragoza que les eran entregados anualmente por el merino (Falcón y Ledesma, 1977: 118). Situado actualmente en la calle San Miguel frente a la calle de Santa Catalina, el monasterio es un magnífico ejemplo de mudéjar aragonés, quedando sólo parte de la iglesia tras la desaparición de todas las dependencias monacales en los Sitios de Zaragoza en el siglo XIX y, en el XX, por motivos urbanísticos. Tabla 3: Relación de la clientela más representativa del notario. <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cliente</td><td rowspan=1 colspan=1>Servicios</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Agustin, Ant6n</td><td rowspan=1 colspan=1>41</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Alfajarin, Martin de</td><td rowspan=1 colspan=1>12</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Aruego, Joan</td><td rowspan=1 colspan=1>28</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Aznar, Bartolomé</td><td rowspan=1 colspan=1>14</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bolea,Tomas de</td><td rowspan=1 colspan=1>11</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Bordalva, Vicent de</td><td rowspan=1 colspan=1>72</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cabra, Pedro de la</td><td rowspan=1 colspan=1>14</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Canceller, Bertolomé</td><td rowspan=1 colspan=1>21</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Carnoy, Jaime</td><td rowspan=1 colspan=1>12</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cavallera, Ferrando de la</td><td rowspan=1 colspan=1>16</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cavalleria,Luis de la</td><td rowspan=1 colspan=1>29</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cavalleria,Pedro de la</td><td rowspan=1 colspan=1>22</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cavalleria, Sancho de la</td><td rowspan=1 colspan=1>12</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cavalleria,Lorenzo de la</td><td rowspan=1 colspan=1>13</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Comor,Francisco</td><td rowspan=1 colspan=1>10</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Cortes, Joan</td><td rowspan=1 colspan=1>10</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Coscon, Dionis</td><td rowspan=1 colspan=1>10</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Daroca, Bernat</td><td rowspan=1 colspan=1>13</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ejea, Jayme de</td><td rowspan=1 colspan=1>18</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Ferrando, Joan</td><td rowspan=1 colspan=1>17</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Funes, Pedro de</td><td rowspan=1 colspan=1>13</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Garcia, Martin</td><td rowspan=1 colspan=1>10</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Gotor, Joan de</td><td rowspan=1 colspan=1>18</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Gurrea, Martin de</td><td rowspan=1 colspan=1>24</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Gurrea, Miguel de</td><td rowspan=1 colspan=1>12</td></tr></table> <table><tr><td colspan="1" rowspan="1">Jeyras, Gualart de</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Jasa, Bernat de</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Joan Sänchez, Joan de</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Joan Sänchez, Pedro de</td><td colspan="1" rowspan="1">141</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Lalueza, Pedro</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">L6pez, Joan</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Luna, Gil de</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Martinez, Joan</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Mol6n,Lorenzo</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Mur, Joan de</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pérez de Anyon,Pedro</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pertusa, Donosa de</td><td colspan="1" rowspan="1">72</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pueyo, Guillem del</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Ribas,Francisco de</td><td colspan="1" rowspan="1">15</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Roda, Bernat de</td><td colspan="1" rowspan="1">158</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Roda, Pedro de</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sanchez, Gabriel</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sanchez, Joan</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sánchez, Pedro</td><td colspan="1" rowspan="1">41</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sanct Angel, Pedro de</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sta.Catalina, Monjas de</td><td colspan="1" rowspan="1">80</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sancta Cruz, Francisco de</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sancta Cruz, Jaime de</td><td colspan="1" rowspan="1">87</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Sancta Cruz, Joan de</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Spital, Bernat del</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Talayero, Joan</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Talavera, Joan</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Torrellas, Martin de</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Torrero, Miguel</td><td colspan="1" rowspan="1">111</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Torrero,Pedro</td><td colspan="1" rowspan="1">15</td></tr></table> <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>Val, Pedro de</td><td rowspan=1 colspan=1>14</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Vera, Martin de</td><td rowspan=1 colspan=1>24</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Villanova, Maria de</td><td rowspan=1 colspan=1>13</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>Villanueba, Miguel de</td><td rowspan=1 colspan=1>11</td></tr></table> 3. Conclusión y Perspectivas de Investigación. No son pocas las publicaciones que, aunque muy desiguales, se han realizado a nivel nacional y europeo relacionadas con la institución del notariado, ni tampoco son escasos los trabajos donde la documentación notarial es la fuente principal utilizada. Y es que las series de protocolos o registros, pese a su carácter privado, son unas fuentes de gran interés para el estudio de la Edad Media, ya que reflejan la vida cotidiana de la población en las múltiples actuaciones que recogen y su análisis permite la elaboración de amplias listas, todo un elenco prosopográfico para el estudio de la sociedad en la Baja Edad Media. De hecho, en los últimos años el trabajo sobre registros notariales, inventarios, ordenanzas, libros de cuentas aduaneros, procesos judiciales y otros materiales documentales del tardo Medievo nos está obligando a reflexionar sobre el estatuto de la escritura en la sociedad aragonesa de este período (Sesma y Laliena, 2014: 12). Para ello es necesario conocer, en clave de perspectiva comparada, los grandes trabajos realizados en el resto de los territorios que pertenecieron a la Corona de Aragón. Gran riqueza de las investigaciones llevadas a cabo en Valencia, donde por encima de todo hay que destacar los trabajos de José María Cruselles relativos al conocimiento del notariado de Valencia y de la documentación notarial de los Archivos del Reino y de Protocolos del Patriarca (Real Colegio Seminario de Corpus Christi). Igualmente importantes son los estudios de Rosa María Blasco Martínez sobre el notariado y los protocolos notariales en la legislación foral del reino de Valencia, los de $\mathbf { M } ^ { \mathrm { a } }$ Luisa Cabanés Catalá sobre las fuentes para el estudio del notariado alicantino, los de Vicent Lluis Simó Santonja sobre el notariado valenciano entre los siglos XIII y XVIII, los de Vicente Pons Alós sobre la práctica notarial valenciana medieval con el estudio de los libros de notarios y los de Enrique Taulet Rodriguez Luejo sobre los antecedentes y el origen del notariado valenciano. No menos interesantes son los trabajos realizados en Cataluña, empezando por los de Lluís Figa Faura sobre la formación del notariado en Cataluña junto al estudio de los formularios notariales y los estudios sobre libros notariales catalanes de Laureà Pagarolas i Sabaté. A los que hay que sumar las investigaciones llevadas a cabo en Baleares por Antonio Planas Roselló sobre el notariado en la Mallorca de los siglos XIII y XVIII o por Lope Pascual Martínez sobre el notariado en la Baja Edad Media en Cataluña, Valencia y Mallorca. Sobre el reino de Navarra, destacar los estudios de tres investigadores como son Santos García Larragueta sobre el notariado navarro, Julia Pavón Benito acerca del notariado y el mundo urbano en la Navarra del siglo XIII y los más recientes de Juan Carrasco Pérez dedicados al notariado y la hacienda pública en los siglos XIII al XV. Situación muy distinta se puede apreciar en los territorios que pertenecieron a la Corona de Castilla. Cualquier análisis de la perspectiva investigadora que ofrecen los fondos notariales castellanos de la Baja Edad Media exige apreciar, en primer lugar, la relativa escasez con la que han llegado hasta nosotros dichas fuentes. Mientras que para ciertas áreas de la Corona de Aragón, de Italia o de Francia pueden contabilizarse cientos o miles de protocolos conservados de la misma época, para la mayoría de las ciudades y villas de la antigua corona castellana sólo disponemos de algunas unidades o decenas, si existe la fortuna de que hayan sobrevivido esos pocos volúmenes, lo que no siempre es el caso. Ante esta situación, se han dado dos respuestas, por un lado, la gravedad de las pérdidas archivísticas provocadas por guerras, saqueos, incendios y desastres o accidentes durante los siglos modernos y contemporáneos, y la segunda tiene que ver con la negligencia de las autoridades y de los propios notarios de la época a la hora de guardar los libros redactados y el hipotético incumplimiento de las normativas que podían estipular el traspaso y preservación de los registros entre escribanos. Hasta 1502 no se sancionó de forma definitiva la obligación de custodiar dichos protocolos para el futuro. Una tercera consecuencia que ha surgido entre los investigadores, es la reducida presencia del escribano público en el centro del tejido social en la Corona de Castilla, si lo comparamos con la presencia de los notarios en la Corona de Aragón como fedatarios públicos. La escasez de registros impone un obstáculo patente al despliegue de las investigaciones, pero no ha impedido en absoluto que se realicen grandes análisis y síntesis. Brevemente destacaremos los estudios sobre los inicios del notariado pú- blico en el reino de Castilla realizados por $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } }$ Dolores Rojas Vaca, los orígenes del notariado madrileño: los escribanos públicos en el siglo XV de $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } }$ Pilar Rabade Obrado, los del notariado de Sevilla de $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } }$ Luisa Pardo Rodrí- guez, los trabajos sobre documentación notarial y notariado en Asturias en el siglo XIII de $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } }$ Josefa Sanz Fuentes, el estudio del notariado en Galicia por Manuel Lucas Álvarez y el más particular sobre Notarios, notarías y documentos en Santiago y su tierra en el siglo XV de Mercedes Vázquez Bertomeu o la aproximación a la institución notarial de Cantabria desde sus orígenes a la Ley del notariado de Rosa María Blasco Martínez. Por último, citar a dos investigadores preocupados por el estudio de las fuentes notariales, como son Ricardo Córdoba de la Llave para el caso de Andalucía y de David Igual Luis sobre los fondos notariales de Castilla, sobre todo los referentes a los archivos en la ciudad de Valladolid. En cuanto a mi investigación sobre el libro memorial de actos del notario zaragozano Joan Abat, me ha supuesto una primera toma de contacto con la documentación notarial, sobre el conocimiento del notariado aragonés, los archivos notariales (Pagarolas, 2007), las tipologías de documentación notarial, el conocimiento de las clientelas del notario y de la importancia que tuvieron los notarios en la sociedad aragonesa de los siglos XV y XVI como depositarios de la fe pública y como figura esencial para reglamentar las relaciones, sobre todo, sociales y económicas, de la sociedad zaragozana del momento analizado, ayudando, en definitiva, a comprender mejor su funcionamiento y su idiosincrasia. Pero aún han quedado muchos temas en el tintero, por ejemplo, desvelar el itinerario personal y familiar del propio notario, detectar las vicisitudes de su faceta profesional, la herencia recibida y el traspaso de su notaría, aderezar con datos más concisos y ricos sobre la clientela, enfocar hacia una consulta mucho más profunda de los protocolos y sobre todo de los libros de registros que se conservan de él en el Archivo de Protocolos Notariales de Zaragoza. Todo ello me gustaría completarlo y darle proyección con la realización de una futura tesis doctoral sobre la vida y el trabajo de este notario zaragozano, abordando un estudio exhaustivo de todos sus actos emanados y de su exclusiva clientela. Realmente las perspectivas de investigación de la documentación notarial son inmensas. Sus actos y su variada tipología documental brindan a los futuros investigadores grandes posibilidades de análisis y la definición de posibles líneas de investigación (Extremera, 2006: 37-49). Pero aún queda mucho camino por recorrer. De ahí, la importancia de que se proceda al inventariado y catalogación completa de la documentación de los archivos. Fig. 1: Libro de Protocolos de Joan Abat (1498) Fig.2: Libro de registros de Joan Abat (1493-94) Fig. 3: Portada del memorial de actos (1493-1510) Fig. 4: Contraportada del memorial de actos (1493-1510) Fig. 5: Primera página del memorial de actos (1493) Fig. 6: Detalle del interior del memorial de actos (1499) Fig. 7: Interior del Libro memorial de actos de Joan Abat (año 1505) Referencias Bibliográficas. ABELLA, J. (2009), «La deuda pública de los municipios aragoneses en los siglos XIV y XV», Anuario de Estudios Medievales, 39/1, 47-64. ABIZANDA, M. (1917), Documentos para la historia artística y literaria de Aragón procedentes del Archivo de Protocolos de Zaragoza, 3 vols., Zaragoza, La Editorial. ALMERÍA, J. A. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Publicaciones del Departamento
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Tomo 4 – Cortes del reinado de Pedro IV/3, edición a cargo de José Ángel Sesma Muñoz, Zaragoza, 2006: 1375/1376 – Cortes Generales de Monzón Tomo 5 – Cortes del reinado de Pedro IV/4 y Juan I, edición a cargo de José Ángel Sesma Muñoz, Zaragoza, 2009: 1381 – Cortes de Zaragoza. 1383/1384 – Cortes Generales de Monzón, Tamarite de Litera y Fraga. 1388/1389 – Cortes Generales de Monzón. Tomo 6 (2 vols.) – Cortes del reinado de Martín I, edición a cargo de Germán Navarro Espinach, Zaragoza, 2008: 1398/1400 – Cortes de Zaragoza. 1404 – Cortes de Maella. 1405 – Fogaje General de Aragón. Tomo 7 (2 vols.) – Parlamentos del Interregno, edición a cargo de José Ángel Sesma Muñoz, Zaragoza, 2011: 1411/1412 – Parlamento de Alcañiz y Zaragoza. 1412 – Compromiso de Caspe. 1412/06/28 – Sentencia del Compromiso de Caspe. Tomo 8 – Cortes del reinado de Fernando I, edición a cargo de Germán Navarro Espinach, Zaragoza, 2009: 1412 – Cortes de Zaragoza. 1413/1414 – Cortes de Zaragoza. Tomo 9 (2 vols.) – Cortes del reinado de Alfonso V/1, edición a cargo de María Teresa Iranzo Muñío, Zaragoza, 2007: 1423 – Cortes de Maella. 1427/1428 – Cortes de Teruel. 1429 – Cortes de Valderrobres. 1435 – Cortes Generales de Monzón. 1436 – Cortes de Alcañiz. Tomo 10 – Alfonso V (En preparación): 1439 – Cortes de Zaragoza. 1441 – Cortes de Zaragoza. 1442 – Cortes de Zaragoza. 1446/1450 – Cortes de Zaragoza. Tomo 11 (2 vols.) – Cortes del reinado de Alfonso V/3, edición a cargo de Guillermo Tomás Faci, Zaragoza, 2013: 1451/1454 – Cortes de Zaragoza. Tomo 12 – Juan II (En preparación): 1460 – Cortes de Fraga. 1461 – Cortes de Calatayud. 1467 – Cortes de Zaragoza. 1469/1470 – Cortes Generales de Monzón. Tomo 13 – Fernando II (En preparación): 1484 – Cortes Generales de Tarazona. 1493/1494 – Cortes de Zaragoza. Tomo 14 – Fernando II (En preparación): 1495/1496 – Cortes de Tarazona y Fogaje General del Reino. Tomo 15 – Fernando II (En preparación): 1498 – Cortes de Zaragoza. 1502 – Cortes de Tarazona. Tomo 16 (2 vols.) – Cortes del reinado de Fernando II/4, edición a cargo de Cristina Monterde Albiac, Zaragoza, 2011: 1510 – Cortes Generales de Monzón. 1512/1514 – Cortes Generales de Monzón. Colección Garb a. Colectánea de estudios sobre temas de Historia Medieval. José Ángel Sesma Muñoz y Carlos Laliena Corbera (coords.), La población de Aragón en la Edad Media (siglos XII-XV). Estudios de demografía histórica, Zaragoza, 2004. José Ángel Sesma Muñoz y Carlos Laliena Corbera (coords.), La pervivencia del concepto. Nuevas reflexiones sobre la ordenación social del espacio en la Edad Media, Zaragoza, 2008. José Ángel Sesma Muñoz y Carlos Laliena Corbera (coords.), Crecimiento económico y formación de los mercados en Aragón en la Edad Media (1200-1350), Zaragoza, 2009. José Ángel Sesma Muñoz (coord.), La Corona de Aragón en el centro de su historia (1208-1458). La Monarquía aragonesa y los reinos de la Corona, Zaragoza, 2010. José Ángel Sesma Muñoz (coord.), La Corona de Aragón en el centro de su historia (1208-1458). Aspectos económicos y sociales, Zaragoza, 2010. José Ángel Sesma Muñoz (coord.), La Corona de Aragón en el centro de su historia (1208-1458). El Interregno y el Compromiso de Caspe (1410-1412), Zaragoza, 2012. Carlos Laliena Corbera y Mario Lafuente Gómez (coords.), Una economía integrada. Comercio, instituciones y mercados en Aragón, 1300-1500, Zaragoza, 2012. José Ángel Sesma Muñoz y Carlos Laliena Corbera (coords.), De la escritura a la Historia (Aragón, siglos XIII-XV). Estudios dedicados a la profesora Cristina Monterde Albiac, Zaragoza, 2014. Colección Mancuso. Monografías de Historia Medieval con apéndice documental. María Teresa Iranzo Muñío, La peripecia del puente de piedra de Zaragoza durante la Edad Media, Zaragoza, 2005. Carlos Laliena y Julián Ortega, Arqueología y poblamiento. La cuenca del río Martín en los siglos V-VIII, Zaragoza, 2005. José Ángel Sesma Muñoz, Los idus de diciembre de Fernando II. El atentado del rey de Aragón en Barcelona, Zaragoza, 2006. Enrique Mainé Burguete, Ciudadanos honrados de Zaragoza. La oligarquía zaragozana en la Baja Edad Media (1370-1410), Zaragoza, 2006. María Luis Cercós Vallés y Javier Medrano Adán, Mirambel entre dos mundos. Paisaje y comunidad en el Maestrazgo a fines de la Edad Media, Zaragoza, 2011. Mario Lafuente Gómez, Dos Coronas en guerra. Aragón y Castilla (1356-1366), Zaragoza, 2012. Sandra de la Torre Gonzalo, Construir el paisaje. Hábitat disperso en el Maestrazgo turolense de la Edad Media, Zaragoza, 2012. Área de Estudios Árabes e Islámicos Revista Estudios de Dialectología Norteafricana y Andalusí 1 (1996) 245 págs. 2 (1997) 249 págs. 3 (1998) 229 págs. 4 (1999) 247 págs. 5 (2000-2001) 313 págs. 6 (2002) 273 págs. 7 (2003) 213 págs. 8 (2004) 296 págs. Homenaje a Peter Behnstedt en su 60 aniversario. 9 (2005) 290 págs. 10 (2006) 297 págs. 11 (2007) 185 págs. 12 (2008) 155 págs. 13 (2009) 265 págs. Special Issue: Women’s World-Women’s Word: F reflected in the Arabic dialects. Colección Área de Estudios Árabes e Islámicos. Corriente, Federico, Léxico estándar y andalusí del Dîwân de Ibn Quzmân. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1993. Ferrando, Ignacio, 23 contratos comerciales escritos por los judíos de Toledo en los siglos XIII y XIV: edición completa y estudio lingüístico de los datos judeo-árabes y andalusíes. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1994. Corriente, Federico / Bouzineb, Hussain, Recopilación de refranes andalusíes de Alonso del Castillo. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1994. Ferrando, Ignacio El dialecto andalusí de la marca media: los documentos mozárabes toledanos de los siglos XII y XIII. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1995. Ould Mohamed Baba, Ahmed-Salem, Estudio dialectológico y lexicológico del refranero andalusí de Abû Yahyà Azzajjâlî. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1999. Vicente, Ángeles, El dialecto árabe de Anjra (norte de Marruecos). Estudio lingüístico y textos. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 2000. Abu-Shams, Leila, Estudio lingüístico y textual del léxico relativo a la cocina y la alimentación en el dialecto árabe de Rabat (Marruecos). Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 2002. Actas de Congresos. Aguadé, Jordi / Corriente, Federico / Marugán, Marina (eds.), Actas del congreso internacional sobre interferencias lingüísticas arabo-romances y paralelos extraiberos. Zaragoza, 1994. Aguadé, Jordi / Cressier, Patrice / Vicente, Ángeles (eds.), Peuplement et arabisation au Maghreb occidental. Dialectologie e histoire. Madrid-Zaragoza: Casa de Velázquez-Universidad de Zaragoza, 1998. Colección Estudios de Dialectología Árabe. Federico Corriente & Ángeles Vicente (con la colaboración de F. Abu-Haidar, J. Aguadé, P. Behnstedt, J. Dickins, O. Jastrow, A.-S. Ould Mohamed-Baba, P. Sánchez, M. Vanhove, A. Zaborski). Manual de dialectología neoárabe. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2008. Ahmed-Salem Ould Mohamed-Baba, Refranero y fraseología ḥassānī. Recopilación explicación, estudio gramatical y glosario. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2008. Simon Lévy, Parlers arabes des Juifs du Maroc. Histoire, sociolinguistique et géographie dialectale. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2009. Christophe Pereira, Le parler árabe de Tripoli (Libye). Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2010. Montserrat Benítez Fernández, La política lingüística contemporánea de Marruecos: de la arabización a la aceptación del multilingüismo. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2010. Mohamed Meouak, Pablo Sánchez, Ángeles Vicente (eds.) 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Serie Estudios Árabes e Islámicos (IEIOP) Ibn Hayyân, Crónica de los emires Alhakam I y ‘Abderrahman II entre los años 796 y 847 [Almuqtabis II-1]. Mahmud Ali Makki y Federico Corriente Córdoba (trads.). Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2001. Ángeles Vicente (ed.). Musulmanes en el Aragón del siglo XXI. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2004. Aly Aben Ragel, El Libro Conplido en los Iudizios de las Estrellas. Partes 6 a 8. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2005. Vicent Barletta, Gestos Clandestinos: la literatura aljamiado-morisca como práctica cultural. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2005. Alberto Montaner Frutos & Alfonso Boix Jovaní, Guerra en Sarq al-Andalus: las batallas cidianas de Morella (1084) y Cuarte (1094). Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2005. Jordi Aguadé, Ángeles Vicente & Leila Abushams (eds.). Sacrum Arabo - Semiticum. Homenaje al prof. Federico Corriente en su 65 aniversario. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2005. Christy Bandak, Libros de los buenos proverbios. Estudio y edición crítica de las versiones castellana y árabe. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo 2007. George T. Beech, The brief eminence and doomed fall of Islamic Saragossa. A great center of Jewish and Arabic learning in the Iberian Peninsula during the $I I ^ { t h }$ century. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2008. Hans-Jörg Döhla, El libro de Calila e Dimna. Nueva edición y estudio de los dos manuscritos castellanos. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2009. Nuria Martínez de Castilla Muñoz, Una biblioteca morisca entre dos tapas. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2010.
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Investigar la Edad Media. Del Máster a la Tesis. Un taller interdisciplinar de la Universidad de Zaragoza en pleno ocaso de los antiguos programas de doctorado
INVESTIGAR LA EDAD MEDIA. DEL MÁSTER A LA TESIS. UN TALLER INTERDISCIPLINAR DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA EN PLENO OCASO DE LOS ANTIGUOS PROGRAMAS DE DOCTORADO. RESEARCHING THE MIDDLE AGES. FROM MASTER TO PHD. AN INTERDISCIPLINARY WORKSHOP AT THE UNIVERSITY OF ZARAGOZA AT THE CLOSE OF THE OLD DOCTORAL PROGRAMS. En marzo de 2016 nació el Workshop “Del Máster a la Tesis”, organizado por el Programa de Doctorado Historia, Sociedad y Cultura: Épocas Medieval y Moderna de la Universidad de Zaragoza, en la línea de los talleres de doctorandos que se vienen realizando en los últimos años tanto a nivel nacional como internacional, con una función formativa esencial. El objetivo que planteaba era iniciar una serie de encuentros informales en los que los investigadores en formación pudieran compartir el progreso de sus trabajos y crear un foro de debate e intercambio de ideas. Este taller perseguía un enfoque transversal mediante el cual reunir a alumnos y alumnas de diversos programas de máster y doctorado relacionados con la Edad Media y la temprana Modernidad. En esta ocasión participaron dieciocho personas en las disciplinas de Historia, Filología y Arqueología Medieval. Las comunicaciones giraron alrededor de diversos aspectos de la Edad Media: economía, política, sociedad, cultura y religiosidad. El workshop se dividió en dos sesiones, la primera moderada por el doctor Germán Navarro Espinach, del Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islá- micos, y la segunda por la doctora María del Carmen Marín Pina, del Departamento de Filología Española. La formación de las elites urbanas y el estudio de su composición y reproducción a partir del método prosopográfico fue uno de los temas centrales, tratado de manera sucesiva por Alejandro Ríos, en relación a la oligarquía bajomedieval de la ciudad de Teruel, por María Jesús García Arnal, acerca de la creación de una identidad y una memoria cívicas en la Huesca del Doscientos, y por Cristina García García, que debatió la naturaleza de los problemas internos del cabildo catedralicio de Pamplona en el transcurso del siglo xiii y su proyección social. Desde una aproximación económica, Simonetta Figus expuso los resultados que se desprenden de su tesis referida al comercio y la sociedad urbana de Castel de Cáller (Cerdeña) en el siglo xiv, y María Viu, a su vez, mostró la importancia de la actividad de la compañía de Joan de Torralba y Juan de Manariello en la Corona de Aragón durante la primera mitad del siglo xv. Ambos estudios ejemplifican la vitalidad de la que gozan en la actualidad las investigaciones relativas al mundo comercial y a sus agentes, especialmente en el Mediterráneo, y la importancia que siguen teniendo las fuentes económicas, en este caso concreto los libros de cuentas de dos compañías mercantiles de la Corona de Aragón, los Benet y la Torralba-Manariello respectivamente. El mundo rural figuró gracias a la intervención de Javier Lázaro, que explicó las características de los constantes conflictos en los que se veían implicados los ganaderos del Pirineo bajomedieval y, en particular, los graves enfrentamientos que tuvieron lugar a comienzos del siglo xv entre Jaca y el valle bearnés de Aspe. La conexión entre Estado e Iglesia articuló las intervenciones de Jaime Elipe, que examinó la figura de Alonso de Aragón (1467-1520), hijo ilegí- timo de Fernando el Católico y uno de los arzobispos más poderosos de Zaragoza, y de Esther Tello, que introdujo la problemática de la transferencia de rentas eclesiásticas a la monarquía durante el reinado de Pedro IV (1350-1387), un trabajo que se sitúa en la línea de los recientes estudios relativos a las fiscalidad y finanzas de la Corona de Aragón. La política exterior fue explorada por Gonzalo Franco, que se interesó por las relaciones diplomáticas entre Aragón e Inglaterra a lo largo de la Baja Edad Media, mientras que Jesús Domínguez se ocupó de los círculos más inmediatos de la realeza para hablar sobre la composición de la corte de Alfonso II (1164-1196) y Pedro II (1196-1213). Las pautas culturales que encuadraban la evolución de las sociedades de los siglos xv y xvi se vieron reflejadas en un aspecto significativo, la labor asistencial y sanitaria, que manifestaba un modelo de relación entre las elites urbanas y las clases peligrosas. Raúl Villagrasa trató la creación de los grandes hospitales aragoneses en el siglo xv en Zaragoza y otras ciudades así como los profundos cambios que estaban teniendo lugar en este tipo de instituciones, que pasaban de un formato local y de reducido tamaño a organismos de gran calado y economía compleja. María Ángeles Montanel analizó las actividades benéfico-asistenciales de la cofradía de Santa Fe de Zaragoza, a partir del testamento fundacional de Miguel de Capiella, un prohombre de finales del siglo xiv cuyo legado se transmitió hasta el mundo moderno a través de esta corporación. En consonancia con lo anterior, María Giménez se acercó desde la perspectiva de los estudios de género a la historia de la medicina, para comparar la concepción del cuerpo femenino según los tratados de ginecología de la época con la práctica obstétrica ejercida por las propias mujeres. La literatura fue otro de los temas que vertebraron la jornada. Nuria Aranda y Daniela Santonocito explicaron la difusión a través de la imprenta de dos obras literarias escritas a caballo entre las épocas medieval y moderna. Los títulos escogidos fueron los Siete sabios de Roma y el Libro de la montería, respectivamente, que se trataron desde un punto de vista textual y editorial. Isabel Solano con una óptica más teórica, utilizó los planteamientos conceptuales de Mijaíl Bajtín en torno al carnaval y la cultura popular para analizar los elementos burlescos y satíricos del Decamerón de Bocaccio. La cultura lúdica estuvo también presente con Pedro Giménez a través del juego de azar y de mesa en la Daroca bajomedieval, quien incidió en el impacto social y económico del ocio. Por último, la cultura material contó con la contribución de Aránzazu Mendívil sobre la cerámica andalusí de Saraqusta, en la que combinaba el examen de los restos arqueológicos con el de las fuentes escritas, como por ejemplo, tratados de cocina y agricultura, para establecer un repertorio de las producciones alfareras de esta capital. El balance final del taller fue muy positivo, tanto por la alta participación como por la calidad de las intervenciones presentadas. Brindó la posibilidad de compartir los avances de las investigaciones doctorales y de enriquecerlos gracias al posterior debate y al carácter transversal de las exposiciones, en el que se integraron contenidos y metodologías de diferentes disciplinas. Por otro lado, se pudo observar la continuidad entre las líneas de estudio incipientes y la historiografía precedente, pero también la adaptación de esas pautas a las nuevas corrientes en los respectivos campos. Sin lugar a dudas, los resultados fueron altamente satisfactorios, de modo que la dirección de Aragón en la Edad Media ofreció la posibilidad de dar a conocer, más allá de las sesiones y en un soporte formal, aquellas comunicaciones que guardaran relación con la forma y la temática de la revista. Cinco son las autoras y autores que publican en este número sus contribuciones, después de haber pasado la correspondiente revisión por pares: Nuria Aranda, Simonetta Figus, Aránzazu Mendívil, María Ángeles Montanel y Alejandro Ríos. Quienes entonces coordinamos el encuentro y hemos recogido estas colaboraciones en el dossier queremos agradecer a todos los participantes de esta primera edición Del Máster a la Tesis su gentileza al aceptar las condiciones que les impusimos, así mismo al Programa de Doctorado y su coordinador la disponibilidad para impulsar esta reunión y a la dirección de la revista Aragón en la Edad Media la generosidad que ha tenido al prestar sus páginas para los trabajos surgidos de este taller. Por añadidura, la misma dirección de la revista quiso ampliar este dossier que inicialmente derivaba del Workshop con los balances de resultados producidos por el cúmulo de hasta ocho tesis doctorales cuyas lecturas se concentraron en nuestro Departamento entre diciembre 2015 y febrero 2016, debido a la extinción del antiguo Programa de Doctorado de Historia Medieval. Para ello se les ofreció a sus autores y autoras que publicasen una síntesis de las mismas en la revista con el objetivo de consolidar este dossier monográfico sobre investigar la Edad Media, del máster a la tesis. Al final, cinco de los ochos nuevos doctores enviaron sus artículos resumiendo pues la mayoría de las tesis presentadas, cuyo listado ordenado por fecha de presentación pública en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza es el siguiente: — Cristina Pérez Galán, Cristianas, judías y musulmanas en la ciudad de Huesca a finales de la Edad Media, dirigida por la profesora Carmen García Herrero (fecha de lectura el 14 de diciembre de 2015). — Lambros Kotsalas, El significado de la presencia de la Corona de Aragón en Romanía ( $2 ^ { a }$ mitad del s. xiv - s. xv), dirigida por el profesor Esteban Sarasa Sánchez (18 de diciembre de 2015). — Francisco Javier Lacueva Used, El mundo escriturario y el papel del notariado en la Zaragoza de Alfonso V el Magnánimo (1416-1458). La contribución al estudio social, económico y cultural de una época y su trascendencia, dirigida por el profesor Esteban Sarasa Sánchez (15 de enero de 2016). — Sandra de la Torre Gonzalo, La élite mercantil y financiera de Zaragoza en el primer tercio del siglo xv (1380-1420), dirigida por el profesor Carlos Laliena Corbera (18 de enero de 2016). — María Teresa Sauco Álvarez, Actividad económica y transformación so cial en la ciudad de Barbastro durante la Baja Edad Media, dirigida por el profesor José Ángel Sesma Muñoz (22 de enero de 2016). — Ester Casorrán Berges, Santa María la Mayor de Zaragoza a través de sus documentos (1118-1318). Historia, devoción y tradición, dirigida por la profesora Asunción Blasco Martínez (26 de enero de 2016). — Julián M. Ortega Ortega, La dawla raziniyya. Súbditos y soberanos en la taifa de Santa María de Oriente, dirigida por el profesor Carlos Laliena Corbera (27 de enero de 2016). — María Bejarano Gordejuela, Los Graduales de tempore (ss. xiv-xvi) del Archivo de la Catedral de Barbastro: pervivencia de la tradición aquitana (ss. xi-xii) en las formas litúrgicas del anni Circulus, dirigida por la profesora María de los Desamparados Cabanes Pecourt (5 de febrero de 2016). En suma, en el amplio dossier de diez artículos que ocupa este nuevo número de la revista cinco de ellos corresponden a los resúmenes de las tesis de Bejarano, De la Torre, Lacueva, Pérez Galán y Sauco, mientras que los participantes del Workshop que están en vías de doctorarse corresponden, recordemos, a los trabajos de Aranda, Figus, Mendívil, Montanel y Ríos. Gracias a todos ellos por el interés que han manifestado hacia los encargos que les hemos planteado tanto las coordinadoras del Workshop como el director de la revista. El número 27 del año 2016 deviene así un aporte de actualidad de vanguardia para la historiografía medieval de la Corona de Aragón. Germ án Na va rro Espina ch Director de la Revista Aragón en la Edad Media. Ma ría Viu Fa ndos Ma ría Jesús Ga rcía Arna l Coordinadoras del Workshop Investigar la Edad Media Contratadas predoctorales de la Universidad de Zaragoza
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La compilación de Huesca. Apuntes sobre el proceso de redacción.
LA COMPILACIÓN DE HUESCA. APUNTES SOBRE EL PROCESO DE REDACCIÓN. THE HUESCA COMPILATION. DRAFTING PROCESS NOTES. Miguel Carabias Orgaz IES El Greco. Toledo. Resumen: En este trabajo se analiza el proceso de elaboración de la Compilatio Minor o Compilación de Huesca a partir de su primitiva redacción en lengua romance, la cual sería posteriormente traducida para conformar la versión latina oficial. Para ello, cotejamos el texto con diversas fuentes de la legislación altoaragonesa inmediatamente anterior, de la que procede en gran medida el texto de los Fueros de Aragón. Palabras clave: Derecho medieval, Fueros de Aragón, Compilación de Huesca, Fueros de Jaca, legislación altoaragonesa. Abstract: In this work we analyze the Compilatio Minor or Compilación de Huesca writing process, from its early composition in the Romance language, and translated afterwards to become the official Latin version. To do that, we compare the text with several sources of the immediately preceding Higth Aragon legislation, from which most of the text of the Fueros of Aragon is derived. Keywords: Medieval law, Fueros of Aragon, Compilación de Huesca, Fueros of Jaca, Higth Aragon legislation. 1. Los Fueros de Aragón. Primera redacción en lengua romance. Recientemente daba a conocer la existencia de un documento de mediados del siglo $\mathrm { X I I I ^ { 1 } }$ que contiene parcialmente el texto romance aprobado en las Cortes de Huesca de 1247. Se trata de un folio manuscrito sobre vitela que hallé formando parte de la encuadernación de un legajo de mediados del siglo XVI y que doné a la Biblioteca Nacional de España (RES/286/2). El manuscrito presenta unas dimensiones de $1 5 0 \mathrm { ~ x ~ } 2 1 0 \mathrm { ~ m m }$ y su caja de escritura es de $1 1 5 \mathrm { ~ x ~ } 1 7 6 \mathrm { ~ m m }$ . El texto está copiado a línea tirada, con veintiséis renglones tanto en el recto como en el vuelto, y su contenido se distribuye en diez párrafos, sin rúbricas ni títulos. La letra del documento es gótica textual, con rasgos de la primera época, y el análisis paleográfico ha permitido situarlo cronológicamente en torno al año 1250, es decir, en fecha muy cercana a la redacción de los Fueros de Aragón. Con respecto a la lengua empleada, se pueden identificar algunos rasgos característicos del romance aragonés (la conservación del grupo inicial latino kl-, el posesivo de tercera persona lures o la conservación de -d- intervocálica en determinados contextos). Aunque recoge un breve pasaje del libro segundo, este documento tiene un extraordinario interés. En primer lugar, porque es el testimonio documental más antiguo de los Fueros de Aragón; en segundo lugar, porque coincide casi puntualmente con la versión latina oficial, tanto en su contenido como en la ordenación de sus capítulos. Es, por tanto, más que probable que se trate del único testimonio hasta ahora conocido de la primera redacción en lengua romance de los Fueros, sobre la cual se llevó a cabo la traducción latina que estuvo vigente hasta el siglo XVIII. La redacción que se recoge en este manuscrito, a la cual he llamado CA, se hizo en lengua vulgar para que pudiera ser comprendida y discutida por todos los asistentes a las cortes. Inmediatamente después fue traducida al latín, que era la lengua de la cancillería, y se le añadieron los títulos o rúbricas correspondientes —de romancio in latinum translatis, et sub debitis titulis collocatis—. Dicha traducción se hizo, además, de forma literal, palabra por palabra, de manera que hoy puede reconocerse con facilidad. 2. La Compilación de Huesca. Precedentes en la legislación altoaragonesa. Los Fueros de Aragón de 1247 eran fruto del empeño legislador de Jaime I, quien trataba de fijar un texto que remediara la falta de documentos forales fiables en su reino, dotando además a Aragón de un único código legal que pudieran utilizar los jueces en la resolución de sus pleitos. Para ello, había ordenado reunir cuantos textos recogían la tradicional legislación aragonesa, procediendo a su lectura, selección y corrección, añadiendo luego algunas disposiciones nuevas y, por último, dotando al conjunto de un ordenamiento sistemático: …Foros Aragonum, prout ex variis praedecessorum nostrum scriptis collegimus, in nostro fecimus auditorio recitari, quorum singulis collationibus discussa omnia subtilius, et detractis supervecuis et inutilibus, completis minus bene loquentibus, et obscuris competentibus interpretationibus expositis, sub volumine et certis titulis antiquorum Fororum, quosdam ammovimus, correximus, supplevimus, ac eorum obscuritatem elucidavimus, omnium dictarum personarum consilio et convenientia penitus annuente. Ahora bien, ¿cuáles fueron esas fuentes utilizadas y en qué medida se valieron de ellas los juristas de 1247 para confeccionar el nuevo código que conocemos como Fueros de Aragón? $\mathrm { \ i D e }$ qué manera se adaptaron esos materiales al nuevo código? En resumidas cuentas, ¿qué relación existe entre la Compilación de Huesca y el derecho aragonés anterior? Es sabido que la Compilación de Huesca se fundamenta en gran medida en la legislación de origen jaqués o altoaragonés precedente, sin embargo ésta ha llegado a nosotros a través de escasos testimonios, en ocasiones fragmentarios y contradictorios entre sí y, en cualquier caso, recogidos en códices materialmente elaborados con posterioridad a 1247. Sabemos también que Sancho Ramírez concedió un fuero a Jaca, cuya redacción seguramente se remonta al último tercio del $\mathrm { X I } ^ { 2 }$ , que poco después fue concedido dicho fuero a Sangüesa y Estella y, a lo largo del siglo XII, se dio a diversas poblaciones de Aragón y Navarra: Aínsa, Alquézar, San Cernín de Pamplona, Puente la Reina, etc. Incluso llegó a algunos puntos de la corona de Castilla, como San Sebastián3 . Pero aquel primer texto foral, muy breve y redactado en latín, había llegado a ampliarse de forma considerable a finales del siglo XII o comienzos del XIII. En primer lugar, en cuanto al espacio geográfico de aplicación, pues ya en 1187, cuando Alfonso II confirmaba los fueros, éstos se extendían mucho más allá de las montañas jacetanas —el antiguo fuero local se había “territorializado”4 —. Por otro lado, había llegado a ser un corpus normativo que no se reducía ya a los veinticuatro capítulos de la concesión de Sancho Ramírez, sino que incluía un conjunto de normas procedentes de la tradición, las cuales ya empezaban a ponerse por escrito. Los “foristas” incorporaban las “antiguas costumbres” y utilizaban materiales diversos para elaborar sus propias recopilaciones. Tal como señala Delgado. Echeverría5 , se había producido una ampliación “por vía consuetudinaria y judicial al amparo de la libertad”. Desde comienzos del siglo XIII, podemos suponer que existía, en palabras de Morales Arrizabalaga6 , “una tradición jurisprudencial común en el espacio que tiene como capitales a Jaca, Huesca, Zaragoza, Tudela, Pamplona, Estella…”. Y, aunque nos encontramos con testimonios escritos en que el fuero recibe diversos nombres, dependiendo del lugar para el que se redactaron, lo cierto es que todos esos testimonios responden a una misma tradición jurídica. Tal como apuntó Delgado Echeverría7 , “todos estos textos están relacionados entre sí” y —lo que para nosotros es más importante— “resultan imprescindibles para estudiar la Compilación de Huesca”. Sin embargo, como ya he dicho, nos encontramos con recopilaciones elaboradas en el ámbito privado, por parte de “conocedores del fuero” o “foristas”, que las utilizaban interesadamente y las mostraban tan sólo cuando podían obtener algún beneficio de ello. No existía aún en Aragón un código con carácter oficial que pudieran utilizar los jueces durante sus pleitos, sino muchas y diversas recopilaciones que no siempre coincidían o que incluso a veces se mostraban contradictorias. En buena medida, esta falta de documentos fiables —nulla scriptura certa vel autentica— y las malas prácticas de algunos “foristas” motivarán el proyecto legislador de Jaime I y la aprobación, durante las Cortes de Huesca de 1247, de la llamada Compilatio Minor. A continuación trataremos de identificar algunas conexiones entre aquel derecho tradicional altoaragonés y la Compilación de Huesca, señalando algunas fuentes que pudieron utilizarse en el proceso de elaboración del nuevo código. En este análisis, resulta sumamente revelador el texto conservado de la primera redacción romance $( C A )$ , pues aunque se trata de un breve pasaje que recoge diez capítulos o fueros, representa el nexo de unión entre ese derecho tradicional y el texto latino oficial. 3. Fuentes documentales. Es posible suponer cierta uniformidad en torno a un cuerpo legal de origen jaqués hacia la primera mitad del siglo XIII, pero lo cierto es que no se han conservado testimonios documentales anteriores a 1247. Además, aunque los manuscritos que conservamos parecen reflejar en muchos aspectos el estado del derecho anterior a las Cortes de Huesca, algunos de ellos pueden haber sido manipulados con posterioridad para acomodarlos a la nueva legislación. Cuando, desde 1247, el derecho aragonés quedaba unificado y todos los fueros anteriores eran derogados, los “foristas” trataron de resistir y mantener sus viejas recopilaciones, pues deseaban ante todo conservar su independencia. Así pues, algunos testimonios manuscritos conservados pueden ser adaptaciones del antiguo derecho altoaragonés en las que fueron eliminados los preceptos no admitidos en 1247, encontrándonos con redacciones enmendadas e interpoladas. En palabras de Canellas, nos hallamos ante un fuero “rejuvenecido”8 . Un caso paradigmático lo hallamos en el manuscrito que Molho llamó $A ^ { 2 }$ , donde se inserta, antes del Fuero de Jaca, una serie de 55 capítulos destinados a completar el texto con disposiciones de la Compilación de Huesca. En efecto, todas estas adiciones remiten a pasajes de 1247 que no figuran en la redacción $A$ . Nos encontramos, pues, con una dificultad añadida a la hora de establecer la antigüedad de los testimonios conservados. Podemos datar aproximadamente el manuscrito o el códice que los contiene, sin embargo, como señaló Morales Arrizabalaga, “es arriesgado extrapolar conclusiones desde el continente al contenido”. Pese a todo, este mismo autor proponía como testimonios más antiguos los que tienen “aspecto judicial”, es decir, los que presentan casos individuales en que los “foristas” podrían haber actuado como árbitros recurriendo a la tradición. Después, con los años, se iría produciendo un proceso de abstracción y generalización. Morales consideró que aquella transformación podía verse especialmente en alguno de los códices editados por Ramos Loscertales9 . Por su parte, Molho señaló algunos de los indicios que podrían delatar una mayor antigüedad en las colecciones legislativas aragonesas: un texto menos desarrollado, la mezcla de redacciones latinas con expresiones romances o el hecho de que no encontremos referencias a un usus terrae. Teniendo, pues, estas consideraciones a la vista, resumiremos brevemente cuáles son los testimonios documentales con los que contamos. Dejando a un lado el fuero breve otorgado por Sancho Ramírez, que ya dijimos fue redactado seguramente en el último tercio del siglo XI, podemos señalar los siguientes: • La denominada por Molho redacción $A ^ { p }$ , que recoge tan sólo cuatro capítulos contenidos en un documento del Archivo Municipal de Pamplona. Se trata del traslado de una carta escrita en 1342 por los jurados de Jaca, dirigida a los Veinte de Pamplona para informarles acerca de algunos capítulos del Fuero sobre los que había ciertas dudas. Dichos jurados envían la redacción correcta de los cuatro capí- tulos, en un latín muy contaminado, tras haber cotejado los ejemplares del Fuero que tenían los navarros con los nuestros antigos et con el padron d’aqueillos. Esto llevó a Molho a suponer que existió un códice original del Fuero y a considerar $A ^ { p }$ un “vestigio de una redacción arcaica”10, poniéndolo en relación con $C P$ , a la que también atribuye gran antigüedad. • La Compilación privada de derecho aragonés $( C P )$ , que fue publicada bajo este nombre por Ramos Loscertales11. Se recoge en un cuadernillo intercalado en el manuscrito 225 de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza, conocido también como Códice Villarense. Molho destaca su carácter arcaico, que le permite fecharla hacia el segundo tercio del siglo XII, y considera relevante que no haga alusión a un usus terrae concreto y localizable, así como el hecho de que esté redactada en un latín mezclado con formas romances. La pone en relación con $A ^ { p }$ y se pregunta si podría reflejar una redacción perdida del Fuero de Jaca12. También sugiere que tanto $C P$ como $A ^ { p }$ podrían estar relacionadas con el Fuero de Estella y con la que denomina redacción $Z ^ { 1 3 }$ . • La llamada por Molho redacción $A$ , que aparece recogida en las versiones $A ^ { I }$ , $A ^ { 2 } \mathsf { y } A ^ { z }$ , y es considerada por este autor como “la primera recopilación romanceada extensa del Fuero”14, pues aunque los tres manuscritos que la contienen son posteriores a 1247, recoge el estado del derecho aragonés a comienzos del siglo XIII. La versión $A ^ { I }$ se halla en un códice de la Biblioteca Nacional de España copiado en el siglo XIV. La versión $A ^ { 2 }$ se encuentra en un códice de los Archivos Nacionales de París bajo las siglas J.J.O.O; también fue copiado en el siglo XIV, presenta un texto idéntico al de $A ^ { I }$ , solo que más completo, y viene precedido de una serie de adiciones $( A D )$ que remiten a la Compilación de Huesca. La versión $A ^ { z }$ fue publicada parcialmente por Lasala15 y un siglo más tarde en su totalidad por Ángel Canellas16, contiene veintiún capítulos en que se mezcla la lengua romance con expresiones latinas, y Molho17 la puso en relación con la redacción $A$ , pues coincide con los capítulos 151-171 de $A ^ { 2 }$ , aunque reconocía variantes que le llevaron a pensar que procedía de un arquetipo diferente al de $A ^ { I }$ y $A ^ { 2 }$ . Canellas databa el documento entre los años 1240 y $1 2 7 0 ^ { 1 8 }$ . • La recopilación $U$ forma parte del Códice Villarense de la Universidad de Zaragoza y fue publicada por Ramos Loscertales19, quien la consideró “la más antigua forma de redacción del derecho aragonés”, adaptada por un jurisconsulto de Zaragoza en el primer tercio del siglo XIII. Reconoció en ella un núcleo principal que relaciona con los Fueros de Jaca, al cual se añaden algunas disposiciones de Borja. Molho, por su parte, la consideraba obra de un “mediocre latinista de Borja”, el cual habría traducido un original romance o intensamente romanceado20. Más modernamente, el texto ha sido editado de nuevo como “Fueros de Borja y Zaragoza”21, recogiendo algunas adiciones no incluidas por Ramos Loscertales, y se ha propuesto como fecha probable de su redacción el periodo 1144-1155. • La recopilación $R L$ fue también publicada por Ramos Loscertales22. Molho atribuyó su redacción a un clérigo letrado de Huesca, que da un latín pulimentado y más correcto que el de $U .$ Se halla en el mismo códice, a continuación de la anterior. Contiene, intercalados, diversos capítulos pertenecientes a la Lex Visigothorum, colecciones canónicas, sentencias de San Isidoro y otros textos. Al igual que $U$ , es una copia fragmentaria, materialmente elaborada quizá poco después de 1247, aunque redactada hacia comienzos del siglo XIII. • La que Molho llamó redacción $B$ se halla recogida en un solo códice del siglo XIV, que se conserva en los Archivos Nacionales de París bajo las siglas J.J.C.C. Molho la consideró una “recopilación iruñense”23, estimando que fue redactada con posterioridad a 1247, pese a que es la redacción pamplonesa más antigua. A diferencia de la redacción $A$ , que es asistemática, Molho observa en $B$ un “esbozo de sistema, rudimentario e incompleto”. • La redacción S fue publicada por Lacarra y Martín Duque24 a partir, sobre todo, de un manuscrito de la Biblioteca de la Universidad de Salamanca, que es del siglo XIV. Se trata de otra recopilación pamplonesa derivada del fuero de Jaca, más desarrollada y posterior a $B$ . • Las redacciones $C .$ , $D$ y $E$ fueron consideradas por Molho como “redacciones iruñesas sistemáticas”25. Intuye este autor un arquetipo único del que derivan todas ellas. $C$ y $E$ presentan algunas diferencias, mientras que $D$ es considerada por Molho una traducción navarro-aragonesa de $C$ . La redacción $C$ nos ha llegado en un códice de finales del siglo XV o comienzos del XVI. En cuanto a $D$ , se halla en un manuscrito del XIV, al igual que los dos códices que recogen la redacción $E ^ { 2 6 }$ . Todas ellas reflejan redacciones posteriores a 1247. 4. Cotejo de las fuentes. El proceso de redacción. Seguidamente, trataremos de poner en relación algunos pasajes significativos de la primitiva redacción romance de la Compilación de Huesca $( C A )$ con diversas fuentes del derecho altoaragonés anterior a 1247. Particularmente relevantes serán, como veremos, las redacciones más próximas en el tiempo a los Fueros de Aragón: la llamada redacción $A$ y las recopilaciones $U$ y RL. No nos detendremos a considerar, sin embargo, las variantes que se refieren a la lengua en que están escritos los diversos textos, pues no siempre son claras las fronteras entre los distintos romances, e incluso entre éstos y el latín, que en ocasiones aparecen mezclados. Da la sensación de que nos encontramos con formas híbridas, tal vez con cierto tipo de koiné. Además, la lengua empleada en las obras jurídicas puede reflejar con frecuencia un uso profesional que se aparta del verdadero estado lingüístico de aquella época27. Como mucho, podemos suponer un carácter más “oficial” a los textos redactados parcial o totalmente en latín, frente a los textos más claramente romances. a) Redacciones A y U. En primer lugar, observamos que la redacción de $U$ suele mostrarse menos desarrollada que la de A, pues ésta amplía el texto, situándose habitualmente a medio camino entre la redacción latina de $U$ y el texto romance de la Compilación de Huesca (CA): (U 32) De homine qui comparat hereditatem uel accipit illam in pignus, fidantie et testes habent esse de illa uilla in qua est hereditas; et quod fidantie uel testes uideant hereditatem. Et si hoc non faciunt, possunt hereditatem perdere qui comparant uel accipiunt in pignus, propter hoc quod nesciunt unde intrant fidantias uel testes, et ille similiter non scit de quo accipit fidantias aut facit testes, et possunt inde exire bono iure. (A 193) D’om qui compra o pren en peynnora alguna heredat, las fianças e’ls testimonis, segont fuero, deuen esser d’aquela uila on es la heredat, et encara que las fianças ueyan aquela heredat e’ls testimonis atresi que per cert aquelas fianças sapian de qual heredat son fianças e’ls testimonis atresi. E si en tal manera no es feyt, aquel hom qui compra la heredat la pot perdre, o qui la pren pynnora, car no saben dod son las fianças ni los testimonis; et altresi aquel qui compra la heredat o la pren en pynnora no sap de la heredat qui’s n’a pres fianças o qui n’a feyt testimonis e asi la pot perdre. Por su parte, $C A$ presenta una redacción que, estando más cerca de A, supone la introducción de novedades, tanto en la redacción como en el contenido: (CA 6) De aquel que conpra o recibe en pennos alguna heredat, aquella misma fidança et los testigos, segunt del fuero, deuen seer de aquella uilla o es la heredat, et deuen saber et ueder aquella misma heredat, que por cierto sepan de qual heredat son fidanças et testigos, que si assi feito non fuere, el conprador o el que el pennal recibe puede a ella de cierto perderla, qual la fidança et los testigos non saben ont son fidanças o testigos. Exament, qui conpra o en pennos recibe, si non recibe testigos et fidança del heredat puede a ella por l’qual fallimiento perder, et si assi pudieren seer auidos los testigos o las fidanças del lugar o de la uilla o fuere la heredat, seya auida. O si auer no la pudieren, seya auida del regno, de qual que lugar, seyan buenos et leales o de cruz. Finalmente, sobre el texto romance de $C A$ , se lleva a cabo una traducción literal, que será la versión latina oficial (CH): (CH 2.11.4) De illo qui emit aut accepit in pignus haereditatem aliquam, ipsae fidantiae et testes, secundum forum, debent esse de ipsa villa ubi est haereditas, et debent scire et videre ipsam haereditatem, ut pro certo sciant de qua haereditate sunt fidantiae et testes, quod, si ita factum non fuerit, emptor, aut qui pignale accepit, potest de facili eam amittere, quia fidantiae aut testes nesciunt unde sunt fidantiae aut testes. Similiter, qui emit aut in pignus accipit, si non accipit testes et fidantiam de haereditatae, quam accipit, potest de facili eam amittere. Et si commode poterunt haberi testes vel fidancie de loco vel villa, ubi fuerit hereditas, habeantur; vel si haberi non poterunt, habeantur de regno, cuiuscumque loci sint, boni et legales, vel de cruce. b) La recopilación RL. Con respecto a los capítulos contenidos en la recopilación $R L$ , con frecuencia presentan un contenido muy similar al de $A$ , con la sola diferencia del idioma en que están escritos. Es cierto que en ocasiones los capítulos de $R L$ están menos desarrollados que los de A en relación con la Compilación de Huesca, pero también podemos encontrar algún capítulo en que $R L$ se muestra más cercano a la redacción de CH que la versión romance de $A$ : (A 9) Aquel qui es fiança per altre per auer o per altre cosa no pot esser razonador en aquel feyt metex per que es fiança. (RL 8) Si quis fuerit fidanza pro aliquo homine pro peccunia aut pro alia qualibet causa, postea in eodem facto pro quo est fidanza, non potest esse aduocatus eius. (CH 1.10.07) Si aliquis homo fuerit fidancia pro aliquo homine pro pecunia vel pro alia qualibet causa, postea in eodem facto pro quo est fidantia, non potest esse advocatus eius. Por otro lado, aparentemente casi todos los capítulos de las recopilaciones $U$ y $R L$ tienen su equivalente en A, e incluso siguen el mismo orden. Podría decirse que se complementan, llenando dos grandes grupos del articulado de $A$ , y rara vez se producen coincidencias de contenido entre ellas. Sin embargo, en algunas ocasiones sí encontramos dichas coincidencias, y son éstas las que aportan la información más interesante. El contenido de los capítulos de U 2, 5, 6, 52, 55, 58, 107, 123, 126, 64/109/154 equivale, respectivamente, al de los capítulos de RL 10, 34, 26, 9, 20, 41/42, 38, 55, 45, 33. Y en tales casos, mayoritariamente, el contenido de A se halla más próximo al texto de $R L$ , figurando luego en la Compilación de Huesca con algunos añadidos: (RL 10) […] De femina de uillis istud est fuerum: quod debet per suas dotes habere unam casam coopertam de duodecim biegas, et unam arenzatam de uinea, et unum campum de semenatura de uno arrobo de trico in uoce de linar, et suas joyas et uestes integre, et unum bonum lectum cum suis aparamentis, et duas bestias de arata cum suis complimentis, de melioribus scilicet bestiis que habebunt maritus et ipsa. Et in qualicumque hora habuerit prolem tantummodo et lucem uideat iam dicta mulier perdit suas dotes. In aliis causis que habuerunt accipiat suam partem sicut est fuerum. (A 13) De femna uilana es atal fuer: que deu per ses dotz auer una casa cuberta de XII bigas e una arinçada de uinnas, e un campo de semnadura d’un arrouo de trigo en uoç de linar, e sos uestiduras entegrament e sos ioyas, et un leyt ben parado dels millos draps que son en casa, e dos bestias d’arada de las millos de casa ab sos apareyllament. Pero si a criatura del marit, uiua la criatura o no, solament que ueya lum, la uilana pert sos dotz. En las altras cosas que an, prenga ella sa part asi com es fuer, e un iugo de bestias e un lit entegre. (CH 5.03.04) Villana debet habere per suas dotes, unam domun coopertam, in qua sint XII bige, et unam arençatam vineam, et et unum campum, in quo possit seminare unam arovam tritici in voce linaris, et suas vestes integre, et suas ioyas, et unum lectum bene paratum de melioribus pannis, qui sint in domo, et duas meliores bestias de domo, aptas ad laborandum, cum omnibus suis aparamentis. Tamen, si susceperit a viro filium, solummodo quod vivus nascatur, amittit villana suas dotes, licet incontinenti moriatur. Et in aliis rebus, que in domo fuerint, habeat secundum forum similiter partem suam. Quod, si non habet domum de XII bigis, det aliam in qua plures bige sint ultra XII, et ipsa accipiat partem integre, et medietatem omnium mobilium indifferebter, et medietatem immobilium omnium, que ex quo ambo fuerunt, pariter sunt lucrati. Es cierto que encontramos algún caso en que A se muestra más cercano al texto de $U ,$ , pero incluso entonces la Compilación de 1247 prefiere seguir la lectura de $R L$ . Así ocurre en el siguiente capítulo, en que podemos observar que $C A$ se aleja de $A$ y vierte al romance con bastante fidelidad el texto de $R L$ : cosa, quar no es fuero, quar si christian testimoni un atal feyt auia torna, no s’en trobaria nengun christian que fes testimoni per sarrayn o per iudeu. (RL 55) Inter christianum et sarracenum et iudeum non habet tornam de batalla locum, set unusquisque defendit se ab altero per iuram planam de omni facto, tam de percussionibus quam de aliis causis uniuersis. Verumtamen si christianus agit de aliquo facto contra iudeum et uoluerit probare quod obicit contra illum, necessarii sunt ei duo testes, christianus scilicet et iudeus. Judeus probat contra christianum de omni facto cum christiano et iudeo. Christianus probat contra sarracenum cum christiano et sarraceno. Similiter sarracenus probat de omni facto contra christianum cum sarraceno et christiano. (CA 2) Torna a batalla no a lugar entre cristiano et jodio et moro, mas qual se defendiere del otro por propio sagrament en toda razon, enpero quiscuno jure por su ley. Enpero si el cristiano contra el jodio a carta sobre alguna cosa et lo quisiere prouar, por II testigos, et assaber cristiano et jodio son i menester. Et el jodio exament contra el cristiano, prueua con jodio et cristiano. Exament contra’l moro, en toda cosa prueua con cristiano et moro, et el contrario. El moro exa misma ment, prueua en toda cosa contra’l judio con moro et jodio. Como ya se ha comprobado anteriormente, la redacción romance de CA se traduce al latín, en esta ocasión de manera literal, y el proceso hace que $C H$ ya no presente el mismo texto latino que RL: (CH 2.10.07) Torna aut batalla non habet locum inter christianum et iudaeum, aut sarracenum, sed quisque defendit se de alio proprio sacramento in omni causa; tamen quod quilibet iuret secundum suam legem. Veruntamen, si christianus cum iudaeo habeat causam super aliqua re, et volverit illud probare, duo testes, scilicet, christianus et iudaeus sunt ibi necessarii. Iudeus similiter contra christianum, cum christiano et iudeo probat. Christianus similiter contra sarracenum in omni causa probat cum christiano et sarraceno, et e converso. Sarracenus similiter probat in omni causa contra iudaeum cum sarraceno et iudaeo, et e converso. c) Otras fuentes. Existe también una serie de capítulos de la Compilación de Huesca que no tienen su equivalente en U, RL ni A. Sin embargo, podemos encontrarlos en las redacciones más tardías, C, $D$ y E. Así sucede en el siguiente caso: Además, hay un conjunto de capítulos que no aparece en ninguna de las redacciones que hemos considerado como posibles fuentes de la Compilación de Huesca. Tal es el caso de CA 1, CA 3 y $C A \ 1 0 .$ Alguno de ellos, sin embargo, se encuentra en el códice $A ^ { 2 }$ , pero se trata de una adición o interpolación posterior de las que ya hemos hablado: (CA 3) Muitas uegadas alguno de qual condicion que seya non quisiere fer testimonio a otro omne de qual condicion quiere que seya, el sennor o la cort de aquel lugar o habitare aquel testigo constrigan a el fer el testimonio. (AD 20) Qvantas que uegadas algun, de qual quere condition […] lo seynnor o la iusticia del logar on estara aquel testimoni lo forçara de fer testimoni de uerdat. 5. Conclusiones. A partir del cotejo de los diversos testimonios conservados, cabe extraer algunas conclusiones sobre las posibles fuentes utilizadas en la redacción de los fueros de 1247. a) Redacciones A y U. En primer lugar, parece probable que la redacción $A$ sea, de los testimonios conservados, el más estrechamente emparentado con la Compilación de Huesca, pues casi todos los capítulos de aquélla tienen su equivalente en ésta, y el contenido de sus párrafos se aproxima, más que en ninguna otra redacción, al texto de 1247. También podemos advertir que la recopilación $U$ guarda estrecha relación con A y, por tanto, con la Compilatio Minor. Sus 155 capítulos originales coinciden aproximadamente con amplios pasajes de la redacción $A$ , e incluso conservan su mismo orden. Lo más habitual es que el contenido de $U$ aparezca ampliado en $A$ y que el texto de la Compilación de Huesca introduzca, a su vez, algunas innovaciones. Además, todos los capítulos de $U$ que tienen su equivalente en el texto de 1247 se hallan también en $A$ . Da la impresión de que $A$ se sitúa a medio camino entre el texto de $U$ y el de los Fueros de 1247. Ramos Loscertales ya había señalado, después de cotejar la recopilación $U$ con la versión $A ^ { I }$ , que “la forma de redacción conservada por la recopilación es más antigua que la del texto lemosín $[ A ^ { I } ] ^ { \prime }$ ”, añadiendo que “el contenido de la mayoría de los capítulos es el mismo [en ambos], siendo las variantes, por lo general, aclaratorias del sentido”28. Por su parte, Molho comprobó sobre casos concretos que $U$ suele presentar un texto menos desarrollado y preciso que el de $A$ , admitiendo que este último sería una ampliación o refundición de fecha posterior29. La mayor antigüedad de $U$ quedaría confirmada por el hecho de que presenta un texto menos desarrollado, e incluso por el uso de un latín bastante incorrecto mezclado con expresiones romances; pero también por la estrecha analogía que presenta con respecto a la llamada redacción $A ^ { p }$ , en la que ya dijimos había visto Molho el vestigio de una redacción arcaica. Observemos el siguiente caso: (Ap 3) De espada uel de cuytiello qui lo trayt in villa muro çinta et ferit jnde, abet calonja quingentos sol., et si matat, mill sol. De alia ferida de pueno o de petra, LX sol., cun testes que abeat. E si non ferit, no abet colonia vel torna auta que perdat illo pugno. (U 103) De spata uel cultillo qui trahit in uilla muro cinta et ferit inde, habetur calonia $D$ solidos; et si occidit, mille solidos. De alia ferida de pugno uel de petra, LX solidos, cum testibus quos habeat. Set si non ferit, non habet caloniam nec tornam uel quod perdat pugnum. b) La recopilación RL. Con respecto a RL, ya dijimos que sus capítulos casi siempre presentan un contenido semejante al de $A$ , con la sola diferencia del idioma en que están redactados. Sin embargo, mientras que en algunas ocasiones la redacción A se encuentra más cerca de la Compilación de Huesca, en otros casos es $R L$ la que se muestra más próxima. Además, hay algunos capítulos de $R L$ que, teniendo su equivalente en $C H .$ , no se hallan en la redacción A. Se trata concretamente de los capítulos 11, 15, 36. Resulta, por tanto, plausible que ambas redacciones representen dos tradiciones independientes, aunque cronológicamente muy cercanas. También hemos podido comprobar, en nuestro cotejo de los textos, que en aquellos casos en que $U$ y $R L$ contienen capítulos equivalentes, la redacción $A$ casi siempre presenta un texto más desarrollado, al igual que $R L$ , lo cual parece confirmar la mayor cercanía cronológica de $A$ con respecto a $R L$ , y de ambas con respecto al texto de los Fueros de Aragón. Sin embargo, en alguna ocasión $A$ se muestra más próxima a $U$ , e incluso entonces la Compilación de Huesca sigue manteniéndose más cercana a $R L$ , lo cual confirmaría que $A$ se halla en la misma tradición textual que $U .$ , frente a $R L .$ . Por supuesto, debemos ser sumamente cautelosos en este punto, por cuanto ya hemos visto que los textos pueden haber sido objeto de alteraciones posteriores a 1247. Pero, a la vista de los testimonios, sí podemos identificar dos fuentes utilizadas en la redacción de la Compilación de Huesca. Una de ellas estaría representada por $A$ y $U _ { ☉ }$ , que se hallan estrechamente emparentadas, aunque reflejan seguramente dos momentos distintos en su evolución. La otra fuente quedaría representada por $R L$ , que es un testimonio fragmentario de una redacción perdida. Porque seguramente $R L$ , tal como defendió Molho30, sería parte de un texto mayor, quizá una amplia recopilación del derecho tradicional jaqués de la que se extraería $R L$ para adaptarla a los usos del valle del Ebro. Parece, por tanto, poco probable que $U$ y $R L$ fueran refundidas en A para formar una “recopilación de recopilaciones”, tal como apuntó Ramos Loscertales31, y mucho menos que formaran parte de las cuatro recopilaciones que imaginó el profesor Meijers32. c) Otras fuentes. Ya hemos visto que en $C A$ se recogen también algunos capítulos que no aparecen en $A$ ni en ninguna de las recopilaciones $U$ y RL. Sí los encontramos, en cambio, en C, $D$ y $E$ . Este hecho podría permitirnos señalar la existencia de, al menos, otra fuente distinta de las ya mencionadas, la cual se habría utilizado igualmente en la confección del texto de la Compilación de Huesca. Sin embargo, debemos considerar la posibilidad, ya apuntada más arriba, de que se trate de una interpolación posterior. No olvidemos que las redacciones $B , C , D$ y $E$ presentan un cierto ordenamiento sistematizado, a imitación de los Fueros de Aragón, lo cual las hace sospechosas. Por otro lado, la existencia de capítulos en la Compilación de Huesca que no tienen correspondencia con ninguna de las redacciones emparentados con el derecho altoaragonés anterior a 1247 puede ser interpretada de diversas maneras. Podríamos suponer que se utilizaron fuentes de las que no ha quedado testimonio documental; puede tratarse también de capítulos creados ex novo en 1247; incluso podrían haberse tomado contenidos de una tradición legislativa transmitida de forma oral, hecho sobre el cual ya incidió Antonio Ubieto33. Finalmente, todos estos materiales tan diversos quedaron aglutinados, durante las Cortes de 1247, en un solo texto romance $( C A )$ , el cual fue aprobado e inmediatamente vertido al latín, convirtiéndose en la versión oficial de los Fueros de Aragón $( C H )$ . Otra cosa es que, a lo largo de los siglos XIV y XV, fueran surgiendo diversas versiones romanceadas de la Compilatio Minor, pero éstas ya serían traducciones más o menos libres, muy divergentes entre sí, que estaban destinadas a facilitar la interpretación del texto, tal como expuse en su momento34.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Comerciantes gerundenses en Valencia. La cofradía de San Narciso (siglos XIV-XV)
COMERCIANTES GERUNDENSES EN VALENCIA. LA COFRADÍA DE SAN NARCISO (SIGLOS XIV-XV)1. GIRONA TRADERS IN VALENCIA. THE CONFRATERNITY OF SAINT NARCISSUS (13th -14th CENTURIES) Juan Martínez Vinat2 Universitat de València. Resumen: En este artículo se establece un estudio de caso sobre el corporativismo valenciano medieval a través del análisis de la Cofradía de San Narciso, fundada a mediados del siglo XIV por unos comerciantes gerundenses afincados en Valencia. El examen de sus ordenanzas, la composición social de los cofrades y el análisis de sus propiedades permiten conocer mejor la realidad de una asociación que destaca por ser la primera cofradía de extranjeros instituida en Valencia. Palabras clave: Cofradía, Valencia, Gerona, San Narciso, comerciantes. Abstract: In this article we present a case study about Valencian corporatism through the analysis of the Confraternity of Saint Narcissus, founded in the midfourteenth century by a group of Girona traders settled in Valencia. The exploration of their ordinances, alongside the social composition of their properties, allows to understand better the reality of an association which outstands for being the first foreigns’ brotherhood established in Valencia. Keywords: Brotherhood, Valencia, Gerona, Saint Narcissus, traders. En favor de la mercaderia, los sien fets privilegis e gràcies especials, e honors majors que a les altres gents, e mai no siguin rebutjats ni destorbats d´allí on vinguin, sigui de terra d´enemics, sigui de terra d´amics. (Francesc Eiximenis, Regiment de la cosa pública, cap. XXXIV). 1. Introducción. Acercarse al estudio del movimiento confraternal y corporativo durante la baja Edad Media, desde una perspectiva socio-política e institucional, supone enfrentarse al análisis de los componentes que caracterizaron estas asociaciones, las cofradías medievales, nacidas en el ámbito de la participación colectiva con fines caritativos, religiosos y de asistencia mutua. Pero, al mismo tiempo, se deben tratar cuestiones relativas a sus capítulos y ordenanzas, a sus reformas y adiciones, así como a las motivaciones que las sustentaban, sin olvidar los datos de carácter sociológico que pueden aportar las redes de individuos asociados e integrados a través de mecanismos de cohesión que sobrepasan los marcos legales.3. Ahora bien, el análisis de estas formas de asociación voluntarias que eclosionaron durante el periodo bajomedieval por toda Europa occidental no debe reducirse exclusivamente al examen de sus ordenanzas, pese a ser imprescindibles.4 Se hace necesario contrastar las normativas —actas capitulares, privilegios, provisiones, etc.— con su plasmación práctica, tanto en el seno de una corporación —estructura y funcionamiento de una cofradía concreta— como en el ámbito de las relaciones interconfraternales, detectando particularismos y extrayendo características generales mediante un estudio comparativo. En este sentido, la investigación de las cofradías, religiosas o de oficio, constituye un elemento imprescindible encuadrado en el marco global de la historia de las sociedades, el cual se orienta hacia el análisis de las clases y grupos sociales, así como de sus variadas categorías socio-profesionales. Durante el periodo bajomedieval la afirmación de los derechos de cada sujeto pasaba por la incorporación a un orden colectivo a través del cual se le confería una existencia reconocida, constituyendo un cuerpo social al que pertenece y que le permite escapar de la disgregación que caracterizaba el mundo medieval.5 En otras palabras, la cofradía religiosa era, en la Edad Media, la principal forma de asociación cívica permitida, fuera de la cual no se podía concebir la vida en la sociedad, al menos hasta el siglo XV. Desde esta perspectiva, las reflexiones en torno al asociacionismo confraternal deben ir más allá de la visión utópica del carácter devocional que planteaba Miquel Llop para todas las cofradías medievales,6 pasando a una interpretación más amplia de estas asociaciones que convergen como «centros de gravedad de la vida pública medieval, el espejo en el que se reflejaban también los conflictos y los problemas generales de la sociedad», convirtiéndolas en observatorios privilegiados de las pautas de comportamiento y las actividades de un gran número de miembros que forman parte de ellas o se benefician de su ayuda, constituyéndose así en protagonistas de la historia social (Navarro, 2005:28). En el presente artículo abordaré el tema desde un caso particular, la cofradía de San Narciso de Valencia, fundada a mediados del siglo XIV por unos mercaderes procedentes de Gerona afincados en la capital del reino. La singularidad de la asociación radica en ser la primera cofradía valenciana instituida por un grupo social foráneo al reino.7 Existen otros precedentes en el marco peninsular y especialmente en la Corona de Aragón de cofradías de extranjeros que evidencian no sólo el dinamismo social inter-territorial en el mundo del asociacionismo corporativo, sino también una de sus características intrínsecas, la importancia de los componentes nacionales como factor de identidad social en tierras extrañas. No obstante, las cofradías nacionales han sido objeto de un estudio dispar, preponderando un mayor peso historiográfico referido a las colonias de mercaderes europeos en los reinos peninsulares en detrimento de los trabajos que versan sobre los comerciantes de una determinada nacionalidad de la Península Ibérica y sus actividades en otro territorio del marco peninsular (Navarro, 2006:155-157). Para el caso valenciano, buscando la significación demográfica y la importancia económica de la presencia extranjera, destacan los trabajos centrados en un colectivo tan numeroso como son los italianos (Lapeyre, 1985; Mainoni, 1985; López Elum, 1975; Hinojosa, 1976:62-78; Navarro, 1994; Igual y Navarro 1997; Igual, 1998; 2007; Navarro, Igual y Aparici 1999) y, en menor medida, alemanes (Llop, 1970; Hinojosa, 1976:81-84; 1989) y franceses (Romestan, 1967; 1985; Hinojosa, 1976:78-80). Por el contrario, los historiadores han prestado menor atención a las actividades realizadas por mercaderes extranjeros procedentes de otros reinos de la Corona o bien de los estados cristianos peninsulares, a excepción de algunos estudios sobre la presencia de inmigrantes castellanos, aragoneses y catalanes en el reino de Valencia (Roca Traver, 1976; Salvador, 1989; 1993; Cebrián, 1990; Cabanes, 1997; Cruselles, 1997; Puñal, 1997; Navarro, 2002; Aura, 2005; Ferrer Navarro, 2008). Dentro de este último grupo se inserta el estudio sobre la cofradía de San Narciso. Al igual que la corporación de mercaderes gerundenses, conocemos la existencia de otras asociaciones de extranjeros, intra y extra peninsulares, en el ámbito de la Corona de Aragón, como es el caso de la cofradía de alemanes de Barcelona fundada en 1492 bajo la advocación de Santa Bárbara (Jaspert, 2005); o la erección de la cofradía de Santa Eulalia de mercaderes catalanes establecida en Zaragoza en 1383 (Falcón, 1978). En Valencia, la cofradía de San Narciso instaurada a mediados del siglo XIV constituirá el único caso de corporación nacional hasta finales del siglo XV, con la implantación de dos nuevas asociaciones de extranjeros: la cofradía de San Jerónimo de velluters o fabricantes de terciopelos de seda en 1477 compuesta por un importante nú- cleo de comerciantes gerundenses (Navarro, 1996; 2000) y la cofradía de genoveses, posteriormente conocida como Nuestra Señora de la Consolación, San Juan Bautista y San Carlos Borromeo en 1487 (Igual, 2000). 2. El origen de la cofradía de San Narciso. La primera noticia que se conoce sobre la fundación de la cofradía de San Narciso se remonta al año 1356, según José Mariano Ortíz, y procede del último testamento de Guillem Amalrich, comerciante natural de Gerona, recibido por el notario Jaume Espígol a 8 de enero de 1356, en el cual legaba 50 sueldos para la fábrica de la Cofradía de San Narciso de los Gironeses.8 Dicha confraria o almoina, según se usa indistintamente en la documentación valenciana, estuvo formada en origen por unos mercaderes de Gerona afincados en la ciudad de Valencia durante el reinado de Pedro el Ceremonioso, el cual les daría reconocimiento como institución doce años después, el 15 de septiembre de 1368, al aprobar los capítulos de la cofradía.9. En el preámbulo del privilegio concedido por el monarca a petición de alcuns ciutadans e vehins e mercaders de la ciutat de Girona e del bisbat de aquella, se vislumbran las causas que habían llevado a los gerundenses establecidos en Valencia, axí art de mercaderia exercents com en altra manera, a fundar la cofradía de San Narciso. Junto con los motivos religiosos —a honor e reverència de nostre senyor Déu Ihesu Christ e del benaventurat sent Narcís, bisbe màrtir, e cors sant de Girona—, se informa que fue creada una almoyna para que los cofrades que a ella perteneciesen pudiesen tener honor en caso de fallecimiento, según su estamento, haciéndose cargo del sepelio los demás miembros de la cofradía. La advocación a San Narciso, patrón de la ciudad de Gerona, estaría justificada a razón del famoso «milagro de las moscas» que, según la leyenda, tuvo lugar en el asedio a Gerona de 1285, cuando nostre senyor Déu donà excel·lent victoria al molt alt senyor en Pere, de bona memòria rey d´Aragó, contra los francesses qui injustament volien occupar e pendre e assí subjugar lo realme d´Aragó.10 Tras la conquista de Sicilia por Pedro el Grande y la declaración de Cruzada contra la Corona de Aragón proclamada por el papa Martín IV después de excomulgar al monarca aragonés, el rey de Francia Felipe III el Atrevido decidió tomar posesión de los nuevos dominios concedidos por el pontí- fice a su hijo Carlos de Valois e invadió tierras catalanas. La ciudad de Gerona fue sitiada por el ejército francés entre junio y septiembre de 1285. A falta de apoyos, el 7 de septiembre la ciudad capitulaba ante Felipe III, sin embargo el monarca francés hubo de retirarse inmediatamente debido a la derrota sufrida por su flota en la batalla de Formigues a manos del almirante Roger de Lauria, además de las dificultades de aprovisionamiento de su ejército y la epidemia de disentería que asoló sus tropas tras ser atacados por una plaga de moscas, tal y como señala la crónica de Bernat Desclot: E nostra Senyor d´altra part, qui tota vegada mantén los humils e poneix los orgullosos, tramès-los demunt en aquella ost pastilèncias, e malaltias, e fam e totes malas venturas. Car primerament los tramès pastilèncias de mosques…axí que bé·n morien en aquella ost, per aquelles mosques, .IIII. mília cavalls de preu e ben .XX. mília d´altres, sens tot ssi, que hanch la plaga que Déus donà en Egipto al rey Farahó no poch ésser major que aquesta (Desclot, 1988:91-95). La tradición posterior vincularía la epidemia a un castigo divino. Durante uno de los asaltos a la ciudad, los franceses habían ocupado la colegiata de Sant Feliu de Gerona, extramuros, profanando el cuerpo del obispo y mártir San Narciso que se custodiaba en su interior, dejándolo abandonado cerca de un estercolero. Tras ser recogido por un humilde carpintero, del interior del sepulcro habría salido un numeroso enjambre de moscas causando gran mortandad entre las milicias francesas, de la cual habría resultado víctima el propio monarca francés, quien fallecería en Perpiñán en octubre de ese mismo año a causa de la enfermedad (Fabrellas, 1901:109-126; Colomer, 1981). A raíz del famoso «milagro de las moscas», la devoción a San Narciso se extendió por toda la diócesis a lo largo del siglo XIV, alcanzando incluso otros territorios de la Corona de Aragón. La vinculación a Valencia, dentro del imaginario local, se debe a otra leyenda relacionada con las moscas que recoge Gaspar Escolano en su obra, al hablar del origen de la cofradía de San Narciso: Despues andando los tiempos, acerto a vivir en esta ciudad de Valencia un mecanico de nacion Frances; el qual tenia en su servicio un criado natural de Girona: y con el escozentor que desde entonces les queda a los Franceses, muchas vezes mofava el amo con el criado del cuento, como de cosa fabulosa. Ofreciose en esto querer yr el Girones a visitar sus padres, y a la despedida del amo, le pidio por escarnio que le truxesse a la buelta una de las moscas del sepulcro de Sant Narciso. Prometiole el criado de traersela: y partio para su tierra: donde despues (…) se la traxo al Frances por de Girona. El le recibio con braços abiertos; y como luego le pidiesse con mofa, si se havia acordado de la mosca, el criado le respondio que si; y entregandole el cañuto, apenas le tuvo en las manos, y le destapo para verla, que salio y le pico tan venenosamente en la mano, que murio. A la memoria de tan espantoso castigo, y devocion del Santo, los mercaderes de Girona que por entonces se hallaron en nuestra ciudad, labraron la cofradria de San Narciso (Escolano, 1972:lib. V, cap. XIX). Al margen de los elementos fabulosos ligados a la fundación de la cofradía, resulta evidente que la veneración a San Narciso fue transmitida por los mercaderes gerundenses residentes en Valencia, incluso es probable que alguno hubiese pertenecido a la confraria de Sant Narcís de la iglesia de Sant Feliu, que había sido fundada en 1307 en Gerona por el canónigo y sacristán Guillem Socarrats, con motivo de la construcción de un nuevo sepulcro para el santo (Marquès, 1994; 2007).11 Sabemos también que la colegiata de Sant Feliu percibía limosnas para el culto procedente de los pueblos circundantes, recogidas a través de aplegadors ambulantes, e incluso que dichos colectores actuaban en ciudades pertenecientes a otras diócesis como Lérida, Tarragona, Zaragoza (1333) y Valencia (1346). No es casualidad que en 1346, diez años antes de la erección de la cofradía, el cabildo de Sant Feliu solicitase al obispo de Valencia, Ramon Gastó, que permitiese la actuación en Valencia de un aplegador, el cual portaba una capillita de San Narciso, para postular las obras del templo en aquella diócesis (Marquès, 2001:133-134).12 Cinco años después el obispo de Valencia Hug de Fenollet, antiguo canónigo y pavorde de Gerona, otorgaba una letra común permitiendo al colector de San Félix y San Narciso de Gerona pedir limosna en la diócesis de Valencia (Cárcel, 2000-2002:692).13. No debe ser tampoco coincidencia que la fundación de la cofradía se produzca el mismo año en que Vidal de Blanes, oriundo de Gerona, fuera elegido nuevo obispo de Valencia por el cabildo de la catedral, el 23 de junio de 1356. Teniendo en cuenta además que, hasta ese momento, había sido abad de Sant Feliu, iglesia a la que continuó dotando durante su estancia en Valencia (Pons, 2014).14 Poco después, en 1359 el obispo concedía cuarenta indulgencias a todos aquellos fieles de la diócesis que ayudasen con limosnas a la cofradía de San Narciso (Cárcel, 2000-2002:751). Sin duda, el prelado valenciano jugaría un papel importante a la hora de trasladar las principales advocaciones gerundenses a la ciudad de Valencia, al mismo tiempo que suponía un impulso notable para la recién creada cofradía de San Narciso, emulando la existente en Sant Feliu de Gerona. Sin embargo, la presencia de comerciantes catalanes en Valencia no se reduce exclusivamente al apoyo del sector eclesiástico, de clara ascendencia gerundense. Tanto para la monarquía como para los gobiernos locales el comercio constituía una preocupación esencial, condición indispensable para la prosperidad de la cosa pública15 y máximo exponente del progreso de la urbe (Rubio Vela, 1981; Navarro, 2004; 2014a:286). Entre los siglos XIV y XV la ciudad de Valencia se consolidaba como centro de producción industrial y de intercambio imitando la estructura tradicional del comercio catalán e impulsando su concurrencia mediante la adopción de comportamientos y prácticas mercantiles y financieras similares. En este proceso jugaron un papel importante los mercaderes inmigrantes procedentes de Cataluña, los cuales fomentaron la reproducción del grupo de comerciantes locales, así como la transformación del mercado y del mundo empresarial valenciano.16. Por lo que respecta al gobierno municipal, tras la peste de 1348 los jurados de la capital potenciaron la industria textil, favorecida por la llegada de extranjeros intra y extra peninsulares, hasta convertirse en el eje de la actividad manufacturera urbana. A su vez, el comercio exterior valenciano, gracias a la dominación política de la ciudad, configura por estas fechas una red de intercambios que sitúa el área catalana, desde Tortosa al Rosellón, como segunda zona de interés para los productos valencianos, tras Mallorca, con una importancia sustancial de los puertos de la Costa Brava gerundense (Hinojosa, 1999:209, 221-223). A la inversa, la ciudad y el reino de Valencia constituía una dirección habitual de los productos gerundenses, ocupando el segundo lugar tras Sicilia y representando cerca del $20 \%$ del conjunto de transacciones comerciales realizadas entre 1320 y 1400. Los intercambios se producían por mar, siendo necesario un contrato de flete, o por tierra, canjeando los productos gerundenses —frutos secos y paños— por cueros, cereales y sobretodo arroz (Guilleré, 1994:392-394). Los contactos comerciales entre Gerona y Valencia no sólo fueron intensos, sino que contaron con el apoyo de la Corona a través de medidas que fomentaban el intercambio de productos entre ambas ciudades y la creación de sociedades mercantiles mixtas. En la sociedad valenciana bajomedieval era frecuente la constitución de compañías mixtas, en las cuales como mínimo la mitad del grupo mercantil procedía del exterior. Conocemos la existencia de una compañía mercantil fundada en Valencia en 1449 cuyo objeto social era el comercio con la ciudad de Gerona (Garcia y Madurell, 1986: 210-212; Cruselles, 2001:101-111). También es frecuente encontrar sociedades mercantiles gerundenses actuando en Valencia al menos desde 1327 (Guilleré, 1984:45- 52). El 25 de mayo de 1315 el rey Jaime II otorgaba un privilegio a todos los ciudadanos y habitantes de Gerona eximiéndoles de pagar todos los derechos de pasaje que pudiesen existir en los reinos de Valencia, Aragón y Cataluña (Guilleré, 1984:7).17 Del mismo modo, el 12 de marzo de 1334 Alfonso IV, en una carta remitida a los jurados de la ciudad de Gerona, recordaba que no se debía exigir pasaje a los ciudadanos de Valencia ni a sus animales —ne in civitate Gerunde passagium exhigatur a civibus Valentie illach transeuntibus neque ab ipsorum animalibus carricatis—, por ir en contra de las ordenanzas (Alanyà, 1972:244).18. Al menos durante el siglo XIV la política económica de la monarquía se encaminaba a potenciar el crecimiento del comercio valenciano a través de la estrategia de concesión de licencias y privilegios de importación y exportación a extranjeros, facilitando así los intercambios entre los dos territorios señalados. La creación de la cofradía de San Narciso de Valencia, así como la aprobación de diversas ordenanzas entre 1368 y 1391, se inscriben en este contexto general de desarrollo mercantil y financiero que se produce bajo la cobertura que ofrecía el poder real. 3. Las ordenanzas (1368-1391)19. Durante la Edad Media, las ordenanzas o estatutos de una cofradía constituyen el reglamento interno de carácter benéfico-asistencial al que deben acogerse todos los miembros de una asociación religioso-profesional. Su importancia, no excluyente de otro tipo de documentación, radica en la información que aportan sobre la estructura y regulación interna de esta micro-institución, las motivaciones y fines que persigue, así como el desarrollo de su organización administrativa y su evolución a lo largo del tiempo. Para la cofradía de San Narciso de Valencia conocemos la existencia de cinco ordenaciones aprobadas por la Corona, cuatro de ellas concedidas por Pedro IV (1368, 1371, 1374 y 1384) y una por Juan I (1391). Como apuntábamos anteriormente, las primeras ordenanzas o capítulos aprobados por la monarquía están fechadas en Barcelona el 15 de septiembre de 1368.20 El privilegio otorgado por el Ceremonioso viene a ser la confirmación de los capítulos fundacionales de la cofradía, lo cual no quiere decir que la institución nazca en este periodo dado que su presencia está avalada al menos desde 1356, pero desde la fecha en que se concede la gracia y se promulgan sus ordenanzas la cofradía alcanza una existencia legal de la que carece hasta la fecha. De hecho, en el preámbulo del privilegio fundacional se menciona cómo desde la erección de la cofradía hasta ese momento habían surgido algunas necesidades en relación a la reunión anual que celebraban el día de San Narciso en una casa de hòmens de religió de la ciudad de Valencia, además de los pertrechos que requerían para enterrar a sus difuntos, lits e draps notables e bells, los cuales precisaban fabricar de nuevo. Por este motivo, los ciudadanos y vecinos de Valencia solicitaban licencia al monarca para establecer ordenanzas, ya que açò bonament no puxen sens licència e auctoritat real. El documento de 1368 consta de doce capítulos, los cuales versan a grosso modo sobre los enterramientos de los cofrades, la erección de una capilla, la inscripción en la cofradía, el número de cofrades permitido, la celebración de los capítulos y la comida anual. En relación a los sepelios, los cofrades solicitaban poder tener lit, ciris e draps honrats para poder transportar a los miembros difuntos, al igual que acostumbraban a realizar otras cofradías de la ciudad (cap. I); a su vez, los mayorales tenían potestad para elegir dos o tres cofrades que debían acompañar al enfermo hasta su recuperación o fallecimiento, en caso contrario los desobedientes deberían pagar una libra de cera per obs de la dita luminaria (cap. III); durante el funeral los cofrades y cofradesas debían portar sengles candeles o ciris en la mà de valor de quatre diners o més mientras acompañaban el cuerpo del difunto y estaban obligados a recitar las oraciones pertinentes en la sepultura en el plazo de ocho días (cap. V y X). 21. La recepción de los nuevos cofrades debía ser avalada previamente por el capítulo, siempre que el requirente fuera de bona fama, vida e condició y pagase una cuota de entrada de 10 sueldos.22 Los hijos e hijas de los cofrades, siempre que obedecieran las ordenanzas, formarían parte de la corporación sin necesidad de ser requeridos por los mayorales. En caso de fallecer antes de ser recibido como cofrade pero tras haber abonado los gastos de inscripción, la cofradía tenía por obligación encargarse de su sepultura (cap. VI, VIII). Si alguien solicitaba ser inscrito in articulo mortis podía ser admitido pagando 20 sueldos, per tal com no han ajudat a sustentar la almoyna, axí de oracions com de pecunia23 (cap. VII). El número máximo de cofrades admitidos era de 100 en el caso de los hombres y 150 en el de las mujeres. Además, podían tener un andador per aplegar a tota ora que necessari sia (cap. XII). Al mismo tiempo, se les permite a los mayorales de la cofradía poder construir capilla o capillas en la iglesia de San Juan del Mercado o en cualquier otra iglesia de la ciudad de Valencia, así como dotarlas y celebrar misas por el alma de los cofrades.24 Allí tendría lugar también el banquete anual el día de San Narciso, 29 de octubre, para menjar e fer pietança en senyal de caritat e per tal que tots los de la dita almoyna se coneguen (cap. IV y XI). Las comidas de cofrades o ágapes fraternos constituyen una práctica común dentro del movimiento confraternal valenciano, compartida con otras cofradías del marco peninsular y europeo, cuyo origen se remonta a las primeras comunidades cristianas, aunque presenta antecedentes relacionados con los cultos paganos (Giordano, 1983:23-24; Cavero, 2002:15-16; Cárcel, 2013). La pietança o pitanza consistía en la distribución de una ración de comida que los mayorales repartirían entre los pobres o la comunidad religiosa que les acogía. Las primeras ordenanzas permitían también celebrar capítulo tres veces al año para atender los asuntos de la cofradía en cualquier monestir o casa d´hòmens de religió de la ciutat de València que eligieran los mayorales, los cuales tendrían lugar el último domingo de febrero, el último de junio y el domingo más cercano a la festividad de San Narciso. En cada asamblea general los cofrades debían pagar 18 dineros (1 s. y 6 d.) para sustentar a la corporación25 (cap. IX). Finalmente, se les concede poder establecer nuevas ordenanzas y provisiones en el futuro para mantener el estamento honorable de la cofradía (cap. XII). Haciéndose eco del último capítulo, apenas tres años después de la concesión de los primeros estatutos, los cofrades de San Narciso solicitaban la aprobación de nuevas ordenanzas según figura en el privilegio otorgado por el monarca dado en Tortosa el 22 de marzo de 1371.26 En el nuevo reglamento se informaba que la cofradía, originariamente formada por mercaderes gerundenses, había pasado a constituirse en una asociación mixta, ya que alcuns ciutadans e vehins de València se metessen en aquella per la bona obra de caritat que en aquella es feya. Un ejemplo similar lo constituye la cofradía de Santa Eulalia de mercaderes catalanes fundada en Zaragoza en 1383, con sede en el convento franciscano. En 1461 los frailes del convento solicitaron al monarca Juan II que reformase sus estatutos debido a la reducción del número de miembros por absencias e muertes de los confrayres es en total royna traí- da e por tal forma adnichilada que de present no se trova en esta ciudat nengun cofrade, por lo que se pide al rey licencia para que puedan formar parte de ella vecinos y mercaderes locales, perdiendo así su carácter originario (Falcón, 1997, doc. 194; Navarro, 2009:175; Tello, 2013:95-96). Con la recepción de los nuevos miembros locales, la institución había establecido nuevos capí- tulos, por lo que era necesario que el monarca revocara y corrigiera algunos de los concedidos en 1368. El privilegio otorgado por el Ceremonioso en 1371 consta de siete capítulos, cinco de ellos referidos a correcciones y dos redactados ex novo. El primer capí- tulo hace mención al cuarto apartado del reglamento de 1368 en el que se permitía construhir capella o capelles en la església de sent Johan del Mercat o en qualsevol església.27 Tras un incendio ocurrido en la iglesia de San Juan, los cofrades decidieron mudarse a la catedral para celebrar allí la fiesta y solemnidad de San Narciso, hecho que generó divisió e contrast entre·ls confrares sobre el lugar donde debía erigirse nuevamente la capilla. Ante esta disyuntiva, los mayorales solicitaron al monarca que la capilla, fiesta y solemnidad se realizasen en la iglesia de San Juan y no en otro lugar, segons que abans del dit cremament era acostumat de fer. Además, se les concede potestad para poder obligar a los cofrades a pagar las tasas necesarias para la reconstrucción de la capilla y evitar así la división entre los miembros. De las penas impuestas la mitad sería confiscada para las arcas reales y la otra mitad para la almoyna (cap. I y II). Los otros tres capítulos enmendados se refieren a la inscripción de los nuevos cofrades. Pese a que las anteriores ordenanzas dejaban claro que la recepción debía ser aprobada por el capítulo, algunos mayorales, haciendo abuso de su autoridad, permitían el acceso a la cofradía per favor o amistat, por lo que se establecía que en el futuro si algún cofrade era inscrito de otra forma que no fuera en capítulo no sería considerado miembro (cap. III). Asimismo, se modificaban las cuotas a pagar por los requirentes que falleciesen antes de acceder a la asociación, que pasaba de 10 a 50 sueldos y se reducía la tasa de los solicitantes enfermos de 20 a 10 sueldos (cap. IV y V). Finalmente, los mercaderes gerundenses suplicaron al monarca que añadiese a las ordenanzas reformadas dos nuevos capítulos: en uno se indica que la junta directiva, renovada anualmente, estaría formada por cuatro mayorales, dos de los cuales debían ser de la ciudad de Gerona o de su obispado segons que fo ordenat en lo començament de la dita almoyna y para evitar división entre los cofrades (cap. VI). La asociación pasaba así a constituir, de manera oficial, una junta de mayorales mixta, formada por dos cofrades valencianos y dos gerundenses. Se trata de la primera cofradía nacional que presenta estas características de connivencia con la menestralía autóctona de la capital. Algo similar ocurrirá en 1477 con la erección de la cofradía de San Jerónimo u oficio de fabricantes de terciopelos de seda de Valencia, denominado Art de Velluters, que, al igual que la de San Narciso, presentaba una junta directiva compuesta, formada al cincuenta por ciento por maestros valencianos y genoveses (Navarro, 1996; 2000:81-90). En el último capítulo se les concede la posesión de una esquella o campana portátil que sería utilizada por el andador para congregar a los cofrades en las sepulturas y capítulos de la cofradía, según acostumbraban a realizar otras cofradías de la ciudad (cap. VII). Esta disposición final entrará en conflicto con las ordenanzas de las cofradías de San Jaime y Santa María de la Seo de la ciudad de Valencia, las cuales contaban con la misma prerrogativa de poder usar esquilas o campanas para convocar a sus cofrades.28 Ante esta situación Pedro el Ceremonioso revocará el privilegio anterior y concederá la facultad exclusiva a la cofradía de San Jaime, en detrimento de las cofradías de Santa María y San Narciso, —«...confratria sancti Jacobi quadam specialitatem seu prerrogatia et nulla alia confratria, congregatio vel elemosina facta vel fienda ut premititur campanas portatiles et precones haberent»—, según privilegio dado por el monarca el 15 de julio de 1371 a la cofradía jacobea (Roca Traver, 1957: 76-77). No obstante, los problemas volverán a surgir en el siglo XVII según se infiere de la provisión hecha por la Audiencia a instancia de la asociación jacobea el 21 de abril de 1621, dirigida al notario y síndico de la cofradía, Martí Tomás, por la cual se le prohíbe a la corporación de San Narciso que sus andadores acudan a la convocatoria de sepulturas portando campanetes, por ser prerrogativa de la cofradía de San Jaime.29. El 20 de octubre de 1374 el rey confirmaba las ordenanzas de 1368 y concedía nuevos capítulos a la cofradía permitiéndoles emitir censales, con o sin luismo y fadiga, para poder dotar la capilla e instituir aniversario, dobla y luminaria, siempre que no sobrepasara el valor de 30 libras (600 sueldos).30. Además, podían aumentar el número de cofrades, que pasaba de 250 (100 hombres y 150 mujeres) a 300 inter hominus et mulierum.31 Pocos años después, el 7 de junio de 1384 el monarca, a través del infante Juan, otorgaba un nuevo privilegio a la cofradía por el cual se establecía que la mujeres cofradesas cuyos maridos hubiesen fallecido no fueran computadas en el número de 300 y se ampliaba el acceso a los presbíteros.32 Ambas provisiones evidencian el desarrollo y crecimiento de la cofradía durante el último tercio del siglo XIV. Las últimas ordenanzas de la cofradía fueron concedidas por Juan I según privilegio dado en Zaragoza el 20 de junio de 1391.33 En el documento se aprueban diez nuevos capítulos per augmentació e profit de la dita confraria, en la qual se complexen les set obres de misericòrdia, los cuales constituyen una auténtica carta de amortización en virtud de la cual la cofradía de San Narciso compraría una casa en la parroquia del Salvador de la ciudad de Valencia, así como diversos censales, siempre que no superasen los 15.000 sueldos. Como reza el primer capítulo: Primerament, que com la dita confraria e confrares de aquella hajen fort necessari un alberch en la dita ciutat de València, en lo qual los majorals e confrares de la dita confraria se puxen ajustar e fer cò que en la dita confraria sia necessari. Que·ls dits majorales e confrares de la dita confraria, qui ara son o per temps seran, no contrastants furs, privilegis o prohibicions del regne de València, vedants que béns de realench no puxen ésser venuts, alienats o en altra manera en mà morta, puxen licite et impune comprar e perpetualment posehir un alberch dins la dita ciutat de València, e censals dins o fora la dita ciutat, lo preu dels quals alberch e censals no sobrepuig quinze mil sous de reyals de València, havent senyor los dits alberch e censals aprés que ensemps o departidament per los dits majorals, presents o esdevenidors, comprats seran per amortizats e aquells a cautela ara per ladonchs senyor vos amortizats. A raíz de la aprobación de este capítulo Benítez Bolorinos señala que la cofradía de San Narciso habría sido la primera de las estudiadas en solicitar licencia para tener en posesión un alberch donde realizar actos de la hermandad como reuniones entre mayorales y cofrades, capítulos, comidas, entierros, etc. (Benítez, 1998:145). En realidad, el honor corresponde a la cofradía de San Jaime, que en 1283 habría recibido licencia para poderse congregar en su sede confraternal (Teixidor, 1895:341; Roca Traver, 1957:74; Martínez Vinat, 2014). Los restantes capítulos aprobados por el rey especificaban que, en caso de que la venta de censales comprados gracias a la presente concesión ab carta de gràcia, fueran de los ya adquiridos anteriormente por licencia de su predecesor —los 600 sueldos censales emitidos para dotar la capilla—, serà feta lluïció o remença y se les permitiría a los mayorales y cofrades que de los precios obtenidos pudiesen comprar alcuns censals ab carta de gràcia o perpetuals ab luisme o fadigua, o convertir aquells o part d´aquells en la compra del dit alberch o obres d´aquell (cap. II). Una vez fuese comprado el alberch a disposición de la cofradía, los tres capítulos anuales se celebrarían en la casa confraternal, el primero en el mes de febrero, el segundo en junio y el último en octubre (cap. III), así como los parlamentos per llevar qüestions, bregues e divisions, rendiciones de cuentas y otros negocios de la asociación (cap. IV). La casa de la cofradía podría ser utilizada también la jornada que se celebrara el aniversario general en la Seo para la elección de cargos (mayorales y consejeros) y para la recepción de los nuevos cofrades (cap. V). Además, la sede confraternal sustituiría a la iglesia de San Juan como centro donde celebrar la comida anual y la pietança del día de San Narciso. En caso de que la festividad del patrón recayera en viernes o sábado, los cofrades podían cambiar la fecha del banquete al domingo siguiente. Ese día los cofrades tenían la obligación de acudir a misa en la capilla de San Narciso e invitar al convite al obispo o los presbíteros que celebraran la misa mayor, así como a dos frailes a su elección con sus acompañantes, uno que predicara la misa en la jornada de San Narciso y otro después del ágape en el alberch (cap. VI, VII y VIII). Por último, la sede social podía ser aprovechada a modo de hospital para instalar literas en las que dar descanso y atención a los cofrades envejecidos, pobres o enfermos; y para congregar un día al año a todas las cofradesas per legir-los alguns capítols necessaris a servir la dita confraria (cap. IX y X). 4. Los cofrades 4.1. Estructura y gobierno. Por lo que respecta a la organización interna, la junta de gobierno de la cofradía de San Narciso estaba presidida por cuatro mayorales laicos desde su fundación, dos de los cuales debían proceder de la ciudad u obispado gerundense al menos desde 1371 (Benítez, 1998:72). A partir del siglo XV se permite acceder al puesto también a los clérigos. Desde 1391 los mayorales eran elegidos cada año por el capítulo en la sede confraternal y, al finalizar el mandato, debían rendir cuentas sobre las labores desempeñadas. Pese a ser un cargo anual, podían ser reelegidos nuevamente pasados algunos años. Entre sus funciones administrativas figuraban la elección del centro de celebración del capítulo hasta 1391, la compra del material y bienes de la cofradía, la recepción de los cofrades junto con el capítulo, la propuesta de los beneficiados, la formación de turnos para velar a los enfermos, la elección de personas encargadas de servir e tallar en lo dit menjar, la imposición de tasas y multas, evitar disputas entre los cofrades y la posibilidad de reprenderlos cuando realizaran algún acto reprobado por las ordenanzas.34 Para evitar abusos sus competencias estaban limitadas y sometidas al capítulo, la reunión colegial de todos los miembros de la cofradía, únicamente se les permitía desde 1383 poder socorrer y ayudar a los cofrades venidos a menos sin necesidad de consultar a la asamblea de cofrades.35 A menudo el primer mayoral solía compaginar el cargo mayor con los oficios de clavario o escribano de la cofradía. A partir de la documentación estudiada hemos podido localizar 37 mayorales de la cofradía de San Narciso correspondientes a 11 mandatos distintos en un periodo comprendido entre 1376 y 1483: Cuadro 1. Mayorales de la cofradía de San Narciso de Valencia (1376-1483) <table><tr><td rowspan=1 colspan=1>CofradeOLIVER,FrancescCASSET,PereCASTELLAR,PereFERRER,RomeuMARTf, Sanxo</td><td rowspan=1 colspan=1>CargoMayoral y clavarioMayoralMayoralMayoralMayoral</td><td rowspan=1 colspan=1>OficioCongrer=DraperSaboner</td><td rowspan=1 colspan=1>Ano13761377</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>VILELLA, BertomeuFENOLLOSA,JoanMOLINER,ArnauRIGOLF, Jaume</td><td rowspan=1 colspan=1>Mayoral yclavarioMayoralMayoralMayoral</td><td rowspan=1 colspan=1>MercerSederMercader</td><td rowspan=1 colspan=1>137813911378</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>CAERA, JoanMARf,PereMONTSANT,Pere de.SENT-POL, Joan</td><td rowspan=1 colspan=1>MayoralMayoralMayoralMayoral</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>Antes1382</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>DESPONT,FrancescBORRELL,BertomeuFELICES,NicolauLLORENC,Pere</td><td rowspan=1 colspan=1>Mayoral y clavarioMayoralMayoralMayoral</td><td rowspan=1 colspan=1>Notari-</td><td rowspan=1 colspan=1>1382</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>LOPIC,LoisALARCO,PereCACANILL, NicolauCARBONELL,Vicent</td><td rowspan=1 colspan=1>Mayoral y escribanoMayoralMayoralMayoral</td><td rowspan=1 colspan=1>NotariMercader</td><td rowspan=1 colspan=1>1383</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>FERRANDEC, ArnauFERRANDO,PascualMARTI, JoanPELEGRf,Pere</td><td rowspan=1 colspan=1>MayoralMayoralMayoralMayoral</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>1385</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>GARf, MiquelPERERA, NicolauRIBAU,Berenguer</td><td rowspan=1 colspan=1>MayoralMayoralMayoral</td><td rowspan=1 colspan=1>BrunaterNotariDraper</td><td rowspan=1 colspan=1>1391</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>ANDREU,BernatSALVAT,TomasGUITARD,BernatJORDA,Pere</td><td rowspan=1 colspan=1>Mayoral yclavarioMayoralMayoralMayoral</td><td rowspan=1 colspan=1>1</td><td rowspan=1 colspan=1>1404</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>AGUILAR, JoanGINER,FrancescOLIVER, JoanVINYOLES,Domingo</td><td rowspan=1 colspan=1>Mayoral y clavarioMayoralMayoralMayoral</td><td rowspan=1 colspan=1></td><td rowspan=1 colspan=1>1419</td></tr><tr><td rowspan=1 colspan=1>AGRAMUNT, Joan</td><td rowspan=1 colspan=1>Mayoral</td><td rowspan=1 colspan=1>Prevere</td><td rowspan=1 colspan=1>1483</td></tr></table>. Por debajo de los mayorales y a menudo ligado a ellos emerge el oficio del clavario, encargado de la administración de las cuentas de la cofradía, que contará con un ayudante o companyó al menos desde la primera mitad del siglo XVI. En el capítulo celebrado en octubre de 1419 se aludía a la mala gestión del clavario anterior al no informar del estado de las cuentas de la asociación, si la dita confraria deu res o és franqua, como se acostumbraba a realizar el día de San Narciso, por lo que la corporación era carregada de gran deute y desconocía si podía celebrar el banquete anual y hacer frente a otros gastos. Ante esta situación, el capítulo acuerda y ordena que en la asamblea general celebrada cada año en octubre el clavario tenga la obligación de manifestar públicamente a todos los cofrades reunidos en qué punto se encontraban las deudas de la cofradía. En caso de no realizar la rendición de cuentas perdería el derecho a percibir un salario.36. A estos cargos principales se añadirán sucesivamente otras dignidades como los consellers o ayudantes de los mayorales, atestiguados al menos desde 1377 y cuyo número era de cuatro, su elección se producía tras el nombramiento de los mayorales, el día del aniversario general. El elenco de oficiales se completaba con el oficio de notario o escrivà de la cofradía, encargado de redactar las actas capitulares, así como cualquier documento concerniente a la asociación. A partir del Libro de Estatutos conocemos los nombres de tres escribanos de la cofradía: Martí Boïl (1377), Bonanat Monar (1378) y Loïs Llopiç (1383). Junto a los mayorales y los consejeros tenían voz para proponer a los nuevos beneficiados. Durante el siglo XV aparece también la figura del síndico que actúa como representante, delegado o procurador de la cofradía en asuntos institucionales, normalmente relacionados con la Corona.37 Estará asistido por un sotsíndic al menos desde 1521. Entre los cargos menores uno de los más antiguos y reglamentados era el de los andadores, cuya presencia está testimoniada desde el privilegio fundacional de 1368. Al igual que en otras asociaciones actuaban a modo de mensajeros, enviados directamente por los mayorales, encargados de avisar a los cofrades para las reuniones del capítulo, comida, entierros, aniversarios y demás conmemoraciones. La cofradía de San Narciso contaba con dos andadores renovados anualmente, los cuales percibían un salario de 40 sueldos cada uno per sos treballs de ajustar e plegar los confrares. A su vez, cada faena realizada estaba remunerada, así percibían 2 sueldos cada vez que convocaran lo cors de confrare a sepultura; 1 sueldo 6 dineros a repartir entre los dos mensajeros por cada albat (infante fallecido) de sirviente de cofrade; 1 sueldo 6 dineros por convocar a desposorios de hijo o hija de cofrade y 1 sueldo 6 dineros entre ambos por congregar a los miembros de la cofradía a la misa de aniversario por el alma de los hijos de cofrade.38. Desde 1371 los andadores debían portar una esquila o campana portátil delante del cuerpo del difunto, congregando a los cofrades al entierro.39 Su indumentaria estaba reglamentada desde el capítulo celebrado en octubre de 1382, debiendo vestir en cada acto de la cofradía mantos blaus de quatre en quatre anys e vermells de sis en sis anys, al igual que acostumbraban a realizar otras corporaciones.40 Además de los actos de la almoina, los andadors de la cofradía de San Narciso ataviados con vestits de sachs eran requeridos por el gobierno local, junto con las asociaciones más importantes de la ciudad, para convocar a sus cofrades ab gramalles negres de màrrega e capirons en los aniversarios celebrados a la muerte de los monarcas y miembros de la familia real. Así sucede en las exequias celebradas en Valencia por el fallecimiento de Martín el Humano (1410, junio 3), Alfonso el Magnánimo (1458, junio 28), Juan II (1479, enero 29), Fernando el Católico (1516, febrero 5) y Carlos I (1558, octubre 19) (Carreres Zacarés, 1930-1935:340-341 t. I; 608-610, 668, 764, 854, 871 t. II). Por último, la cofradía contaba también con dos mozos o macips encargados de portar los lits, caxes e banch o banchs para transportar los cuerpos de los cofrades difuntos. Tales sirvientes podían pertenecer o no al cómputo de cofrades, aunque tras desempeñar su cargo tenían derecho a recibir todos los honores correspondientes a los cofrades de pleno derecho y percibir un salario anual de 20 sueldos cada uno. Asimismo, cada vez que portaran lo lit major e caxa del cofrade fallecido recibirían 1 sueldo 3 dineros y por transportar lo lit dels albats cada macip cobraría 1 sueldo.41. Los cofrades restantes que no desempeñaran cargos en la institución debían someterse a las directrices marcadas por la junta directiva.42 Como ya hemos visto, el número máximo de miembros permitido era de 250 (100 hombres y 150 mujeres) desde 1368, aumentado a 300 a partir de las ordenanzas de 1374. La presencia significativa de las mujeres estaría avalada no sólo por constituir un número mayor que de hombres, sino al considerar a las viudas, desde 1384, al margen del cómputo total de cofrades, por lo que la cifra de cofradesas podía ser superior. Su participación en la cofradía se centraba básicamente en aspectos religiosos y benéfico-asistenciales, siendo congregadas una vez al año para la lectura de capítulos referidos a su servicio en la corporación. En concreto, el capítulo celebrado en 1381 establecía que para mayor devoción de la cofradía totes les dones confraresses debían asistir a los actos religiosos portando cirios y mantilles o capes morades o blaves, pudiendo ser también negras, durante los primeros quince años como cofradesas, salvo que·ls puxa ésser prorrogat si necessari serà.43. Entre otras restricciones, las mujeres tenían vetado el acceso a los cargos administrativos de la asociación y se les prohibía formar parte de otra cofradía ajena a la de San Narciso desde el capítulo celebrado en 1383. Dicho impedimento se debe a una práctica habitual en la institución según la cual las cofradesas, ignorando ser partícipes de los beneficios de la cofradía, se meten, es fan o prenen los ciris de altres confraries, en vilipendi o menyspreu de la dita confraria de Sent Narcís. Ante esta situación, el capítulo consideraba que las mujeres debían estar en la confraria d´on és son marit, e no ésser de major ni millor condició que aquell, por lo que ordenaba a los maridos que impidiesen a sus cónyuges la entrada en otras cofradías, en caso contrario ambos serían expulsados de la corporación. Pese a las limitaciones impuestas, algunas cofradesas continuarán formando parte de otras cofradías de renombre, como la de San Jaime de Valencia. En concreto, las mujeres de los cofrades de San Narciso Antoni Olzina, Francesc Pàmies, Jaume Rigolf, Simó de la Rua y Berenguer Serra aparecen inscritas en los listados de cofrades de la asociación jacobea (Martínez Vinat, 2013:102-128). 4.2. Parroquias y oficios. En relación a la categoría social y procedencia de los miembros de la cofradía, por desgracia no se ha conservado ningún libro de cofrades anterior a 1530 que nos permita trazar una evolución clara del número de asociados, sus mecanismos de integración en la sociedad civil local o su trayectoria política a lo largo del tiempo. No obstante, el Libro de Estatutos de la cofradía contiene dos listados muy interesantes que incluyen la relación de nombres de los cofrades reunidos en capítulo que aprobaron la institución de un beneficio de 300 sueldos en 1377 y la concesión del obispo del toque de la campana mayor de la catedral en las ceremonias religiosas de la asociación, en 1378.44. En el primero de ellos aparecen congregados 257 cofrades, 189 hombres y 68 mujeres, mientras que en el listado de 1378 únicamente se menciona la reunión de 118 cofrades varones, la mayoría de ellos incluidos también en el primer listado, por lo que en total, para el periodo comprendido entre 1377 y 1378, la cofradía contaba al menos con 264 miembros de pleno derecho, a lo que habría que sumar los cofrades ausentes en ambos capítulos cuya cifra nunca superaría el número de trescientos. Cotejando estos datos con otras fuentes documentales contemporáneas hemos podido identificar la procedencia por parroquias de 118 cofrades, así como la situación profesional de 69 miembros de la cofradía.45. Atendiendo a la distribución de los cofrades en la red parroquial urbana no existe una circunscripción única que englobara a los miembros de la cofradía de San Narciso, más bien al contrario su presencia se reparte por cada una de las doce parroquias de la ciudad, siendo preponderantes los distritos de San Martín, Santa Catalina y San Juan del Mercado. De los 118 cofrades analizados, el grupo mayoritario $- 2 1$ miembros— estaba encuadrado en la parroquia de San Martín $( 1 7 \% )$ , seguido de cerca por los 19 cofrades afincados en Santa Catalina $( 1 6 \% )$ , o los 16 residentes en la parroquia de San Juan $( 1 3 \% )$ . En una escala intermedia aparecen las parroquias de San Pedro o Santa María (la catedral) con 11 miembros $( 9 \% )$ , Santa Cruz con 10 $( 8 ^ { \prime } 5 \% )$ , Santo Tomás con 9 $(7 \% )$ , San Bartolomé con 8 $( 6 \% )$ y los vecinos de San Bartolomé con 7 cofrades afincados $(5 \% )$ . Los distritos parroquiales de San Nicolás, con 5 asociados $(4 \% )$ , San Andrés $( 2 ^ { \prime } 5 \% )$ y San Salvador $( 2 ^ { \prime } 5 \% )$ con 3 cada uno, ocuparían los centros residenciales con menor afluencia de cofrades. Por lo que respecta a los oficios, un sector importante dentro de la cofradía lo constituían los notarios siendo el grupo profesional más numeroso, al igual que ocurría en otras cofradías como la de San Jaime o Santa María de Valencia.46 Para el último tercio del siglo XIV hemos podido localizar al menos quince notarios que pertenecieron a la cofradía de San Narciso: Ramon Bernat, Martí Boïl, Joan Çaera, Bernat Esquerre, Antoni Eximeno, Nicolau Felices, Arnau Ferrer, Loïs Llopis, Arnau Moliner, Bonanat Monar, Ramon Obac, Bernat Pere, Jaume Perera, Nicolau Perera y Pere Rovira. Algunos de ellos pertenecían al Colegio de notarios de la ciudad, que se había fundado en 1369 bajo la advocación de San Lucas, por lo que a menudo se encontraban con el inconveniente de asistir a los servicios requeridos por ambas instituciones. En la provisión real otorgada a los notarios por Pedro el Ceremonioso el 20 de abril de 1384 se especificaba que, dado que algunos notarios de dicho Colegio eran al mismo tiempo cofrades de Santa María, San Jaime o San Narciso, serían excusados de participar de las actividades propias del colegio en favor de la cofradía a la cual estaban adscritos: Item, cum aliqui notarii de dicto Collegio sint nunc et in futurum confratres laudabilis confratrie beatissime Virginis Marie et aliqui alii laudabilis confratrie beati Jacobi dicte civitatis Valencie, et aliqui alii elemosine sancti Narcisi, si aliquociens acciderit quod eadem die et hora vocentur ad servicium alicuius dictarum confratriarum vel dicte elemosine et dicti Collegii, taliter quod ipsi confratres personaliter utrique servicio non possent comode interesse; hoc casu illi qui confratres fuerint ut prefertur una et eadem die et hora deserviendo dictis confratribus vel elemosine, a servicio dicti Collegii excusentur (Alanyà, 1972:326).47. Tras los notarios, el sector profesional más destacado lo constituyen los corredores de comercio que actuaban como agentes mediadores en operaciones mercantiles y financieras. La cofradía de San Narciso contaba entre sus filas al menos 8 corredors entre 1377 y 1378, algunos de los cuales acabarían desempeñando cargos en el gobierno municipal como consellers d´ofici: Jaume Berenguer, Nicolau Desplugues, Martí Escuder, Jaume Guerau, Guillem Mateu, Francesc Perpinyà, Bernat Ponç y Pere Torà. El elenco socio-profesional de la cofradía a finales del XIV se completaba con un variado repertorio de oficios formado por 4 corretgers, 4 aluders, 4 drapers, 4 peraires, 3 mercaders, 3 sastres, 3 taverners, 2 esparters, 2 candelers, 2 carnicers, 1 argenter, 1 batifuller, 1 blanquer, 1 cabanyer, 1 congrer, 1 especier, 1 ferrer, 1 frener, 1 mercer, 1 peller, 1 pellicer, 1 pescador, 1 quinter, 1 seder, 1 tapiner y 1 porter real.48 4.3. La participación política. El último punto a tratar en relación a los cofrades se centra en delimitar el grado y la naturaleza de la participación de los miembros de la cofradía de San Narciso en la vida política de la ciudad. La vinculación de la corporación al gobierno municipal valenciano entre los siglos XIV y XV es una constante que se puede indagar a partir de los datos referidos a la circunscripción parroquial y la adscripción profesional de cada cofrade. A raíz de la atención dedicada a los asuntos colectivos, y del prestigio derivado de ello, los prohombres de la cofradía de San Narciso trascendieron las funciones estrictamente religiosas y asistenciales de la asociación para convertirse en un organismo de encuadramiento social, a título individual, que les permitía entrar a formar parte de la representación política de la mano media en el Consell municipal valenciano. Los cofrades de San Narciso, formados como hemos visto por una amalgama social que trasciende las identidades profesionales, supo integrarse en el seno de la clase dirigente que desempeñaba cargos públicos en la ciudad de Valencia durante el periodo bajomedieval. Sin embargo, esta estrategia de promoción social se centraba básicamente en su participación en las consejerías de parroquia y de oficio, siendo infrecuente su acceso a las altas magistraturas que monopolizaban el gobierno municipal, como sí sucedía en la cofradía de San Jaime de Valencia.49. De los 196 cofrades varones identificados entre 1377 y 1378 únicamente el ciudadano Jaume Jofré desempeñó el cargo de Jurat en el año 1376, además de ser elegido conseller hasta en seis ocasiones por la parroquia de Santa María entre 1368 y 1394. En una escala inferior se sitúa el notario Joan Çaera, el cual sería elegido conseller por la parroquia de San Martín en 1385 y Justícia de 300 sous en el año 1394. Al igual que otras corporaciones, las diferencias son evidentes entre unos cofrades y otros, desde miembros que ejercen una única vez un cargo municipal hasta cofrades que monopolizan ciertos escaños durante toda su vida, desde aquellos que ocupan una sola plaza, ya sea en una o varias ocasiones, hasta individuos que se caracterizan por el desempeño de distintas consejerías y magistraturas en el curso de su vida política. Además de los ejemplos señalados, entre los miembros más destacados de la asociación sobresale el notario Ramon Obac, el cual fue elegido conseller del oficio notarial en el año 1364, para después desempeñar durante cinco años el cargo de Escrivà de la Sala del Consell entre 1365 y 1370, pocos años después, en 1375, sería nombrado conseller por la parroquia de San Nicolás. No obstante, la diversidad de cargos desempeñados no constituye una práctica habitual entre los cofrades de San Narciso. Algunos de ellos se caracterizan por ocupar un cargo municipal en un año determinado, como por ejemplo el corredor Pere Torà quien será elegido conseller d´ofici en 1389 representando a su corporación profesional, o el pañero Pere Real nombrado conseller de parròquia por Santo Tomás en 1389. Por último, encontramos también miembros de la asociación que se caracterizan por ejercer una única plaza en años sucesivos, llegando a monopolizar una magistratura hasta en siete u ocho ocasiones. Es el caso de Ramón Serra que desempeñará el cargo de conseller d´ofici hasta en ocho ocasiones en representación de los corretgers entre 1363 y 1389, o bien el del cofrade Jaume Alfonso, el cual será elegido conseller por la parroquia de Santo Tomás en ocho ocasiones, entre 1370 y 1394. La participación activa y constante de los cofrades de San Narciso en las instituciones reguladoras de la sociedad civil evidencia el peso político de la institución, pródigamente representada en el Consell de la ciudad de Valencia. Del total de 196 cofrades varones identificados en los capítulos de 1377 y 1378, un número considerable de ellos $- 6 8 -$ aparece desempeñando al menos un cargo en el gobierno ciudadano, lo que representa algo más de una tercera parte de los miembros de la cofradía, el $34 \%$ de los cofrades. Su plena integración en la vida pública de la ciudad refleja así una de las características más significativas del corporativismo medieval valenciano, la utilización de mecanismos de cohesión y afirmación de los derechos del colectivo, extensible a los miembros individuales, y su desarrollo mediante el reconocimiento de los poderes públicos, articulado mediante el acceso a las magistraturas municipales y su incorporación a las filas del patriciado urbano. 5. Las propiedades 5.1. Las capillas de San Narciso. A partir de las ordenanzas anteriormente analizadas podemos constatar, entre otras posesiones de la cofradía, la erección de dos capillas bajo la advocación de San Narciso, la primera en la iglesia de San Juan del Mercado y la segunda en la catedral de Valencia. Si bien es cierto que los estatutos de 1371, aprobados tras el incendio de la iglesia de San Juan, obligaban a celebrar los oficios religiosos en la iglesia originaria, la revocación posterior del privilegio real terminaría por conceder una mayor importancia a la capilla ubicada en la Seo, pese a las reticencias de algunos cofrades. Es posible que la vinculación de la cofradía al obispo Vidal de Blanes y a su sucesor, Jaume d´Aragó, que había sido canónigo de la catedral de Gerona, jugara un papel determinante en este proceso. Sobre la fundación de la capilla de San Narciso en la iglesia de San Juan del Mercado sabemos que fue ordenada construir por los ciutadans, vehíns e mercaders de Gerona habitants en València a comienzos de la década de los 30 del siglo XIV. A dicha capilla y a sus fundadores fueron otorgadas diversas indulgencias por algunos obispos, según consta en privilegio escrito en pergamino dado en Aviñón el 12 de septiembre de 1334.50. No conocemos la fecha exacta en que se fundó la capilla en la catedral, aunque debió suceder entre los años 50 y 70 del siglo XIV, cuando los cofrades hubieron de mudarse a la iglesia mayor. La capilla se ubicaba al lado de la de San Bartolomé, en la actual capilla de San Luis Obispo, en el espacio que ocupaba el Cuarto del punto, que fue vestuario de pavordes, beneficiados y archivo de los libros de coro (Sanchis Sivera, 1909:349), y que, actualmente, se utiliza como depósito del Archivo-Biblioteca de la Catedral de Valencia. Su impulsor habría sido el canónigo y pavorde de la catedral de Valencia mossèn Berenguer de Pau, natural del obispado de Gerona y antiguo capiscol de la colegiata de Sant Feliu, el cual habría promovido la gran devoció que havia al gloriós bisbe e màrtir sent Narcís fomentando la construcción de una capilla y beneficios perpetuales en la Seo valentina.51. Siguiendo la documentación de la cofradía, el 29 de agosto de 1376, el obispo Jaume d´Aragó había autorizado la permuta de la capilla de Santa Tecla —ubicada al lado del coro— por la de San Narciso de la catedral de Valencia —al lado de la capilla de San Bartolomé—, y concedía a esta última poder asignar un presbítero en la capilla, altar e invocación de San Narciso que debería celebrar misas y servir en ores diurnals e nocturnals, servicio por el cual percibiría cada año por caridad 20 sueldos reales de Valencia y otros 20 que debían abonarse al beneficiado de Santa Tecla el día de San Narciso. El motivo del cambio no era otro que honrar a la cofradía mudándose a altre loch pús notable que d´abans no era. La capilla estaría dotada de todos los ornamentos de altar necesarios: misales, lámparas, cirios, cubiertas, vestimentas, calzado, retablos, etc., sufragados por la corporación, y se les permitía colgar las señales de la cofradía, siempre y cuando mantuvieran las del primer instituidor, Ramon Ferrer.52. Tras la permuta de las capillas el obispo y cabildo de Valencia otorgaron a los cofrades de San Narciso nuevas concesiones en la catedral: poder cantar misas anuales e instituir beneficios perpetuos; construir bancos levadizos para evitar estorbos en el pasaje; celebrar el oficio propio de San Narciso en la Seo igual que se acostumbraba a realizar en la ciudad de Gerona; conmemorar la solemnidad del patrón con órganos; poder realizar procesiones hasta el altar de San Narciso tal y como solía hacer la cofradía de San Jaime, aunque sin el derecho a usar capas; facultad para utilizar una cruz u otros ornamentos en los enterramientos y aniversarios del mismo modo que las cofradías de Santa María y San Jaime; adornar con rejas de hierro la capilla y tener una lámpara de aceite ante el altar encendida de noche y de día.53. A raíz de dichas gracias y mercedes, el 17 de mayo de 1377 los cofrades de San Narciso, reunidos en capítulo, instituyeron beneficio de 400 sueldos, dobla de 50 sueldos y aniversario de 100 en el altar de San Narciso de la catedral, según consta en escritura realizada por el notario Bonanat Monar, cofrade de la misma (Sanchis Sivera, 1909:502).54 El primer beneficiado propuesto por la cofradía sería el presbítero Jaume Esquerre, el cual tendría como obligación celebrar misas continuamente en el altar y rezar por las almas de los cofrades, cofradesas y de todos los fieles difuntos, así como asistir a los entierros con un cirio de color rojo.55 Era el encargado de leer los capítulos y ordenaciones a los nuevos cofrades. Al mismo tiempo, tenía prohibido obtener otro beneficio y permanecía exento de pagar las tasas de entrada, capítulos y comida exigidos al resto de cofrades. La cofradía pagaría al capellán 400 sueldos anuales, la mitad el día de San Narciso y la otra mitad el día de Pentecostés. Así consta también en la visita realizada a la catedral por el vicario general Pere Solanes en mayo de 1396. Además de la capellanía instituida por la cofradía y que en este momento regentaba el presbítero Pere Urcau, la visita a la capilla de San Narciso de la catedral realizada en 1396 identificaba otro beneficio fundado por el caballero Berengarius de Pano (Cárcel y Boscá, 1996: 202-203). Una vez el puesto quedase vacante, por fallecimiento o renuncia, el cargo solamente podía ser ocupado por un presbítero hijo de algún cofrade. El beneficio se mantendría durante todo el siglo XV y, tras permitir el acceso a los clérigos, los capellanes continuaron siendo siempre miembros de la cofradía. Como señala el Dietari del Capellà d´Alfons el Magnànim, el 7 de agosto de 1477 morí mossén Johan Gill, beneficiat en la Seu del benefici de Sant Narcís (Miralles, 2011:448). La dotación de la capilla y altar de San Narciso no estuvo exenta de ostentación, evidenciando el poder adquisitivo de la asociación al menos durante el periodo bajomedieval. El 3 de junio de 1378, un año después de instituir el beneficio en la catedral, el clavario y mayoral de la cofradía, Bertomeu Vilella, contrataba los servicios del famoso pintor Llorenç Saragossà para la confección de un retablo destinado al altar de la cofradía ubicado en la Seo, por el considerable precio de 100 florines de oro iniciales, de una cantidad mayor. Se trata, según los expertos, del primer retablo documentado encargado por una cofradía valenciana.56. Laurentius Saragoçà, pictor et civis civitatis Valencie, scienter confiteor et in veritate recognosco vobis, Bartholomeu Vilella, clavario et maiorali in presenti anno confratrie Beati Narcisi, quod per solvistis michi voluntate mee numerando centum florenos auri Aragonie, in solutione prorata maioris quantitatis pro quia est meum convenium que habeo facere retrotabulum ad opus altaris beati Narcisi, constructi in sede Valencie. En octubre de ese mismo año, el obispo de Valencia Jaume d´Aragó y el cabildo catedralicio concedían privilegio a la cofradía autorizando que la campana mayor morlana de la Seo tocase el día del aniversario general de San Narciso y en el entierro de sus cofrades. A su vez, los mayorales y miembros de la cofradía se ofrecían a pagar a la catedral la mitad de todos los gastos que se derivaran de adobar, reffer e tornar la dita campana, en cas que ço que Déu no vulla se trencàs o prengués algun dany. En virtud de lo dispuesto, la cofradía pagaba al cabildo 25 florines de oro para mantener la campana mayor.57 En el año 1436 se permitía a la cofradía poseer campana propia, con el nombre del santo, que se ubicaría en el Micalet o torre campanario, según consta en los libros de fábrica de la catedral (Cruilles, 1876:77-79, t. II; Teixidor, 1895:279, t. I). Ya en época moderna, la campana de sant Arcís sería fundida de nuevo por Lluís Trilles en noviembre de 1529, a expensas de la cofradía de San Narciso, siendo mayorales de la misma el cirujano Pere Verduch, Antoni Moret, Lluís Carrasquer y Joan Sopena, según aparece en la inscripción de la campana que aún se conserva en la catedral de Valencia.58. En 1431 el capítulo de la Seo, en nombre del obispo Alfonso de Borja, concedía licencia a la asociación narcisa, representada por el clavario Miquel Gil, para poder celebrar los aniversarios en la catedral.59 En el año 1470, según el llibre d´obres de la catedral, se realizaron obras de ornamentación en la capilla, culminando el pavimento (Sanchis Sivera, 1909:349). Once años después, en marzo de 1481, el clavario, mayorales y demás cofrades, solicitaron al cabildo poder utilizar los restos de la capilla de San Andrés y San Simón, con el fin de construir un osario y una sacristía donde custodiar la imagen de la cofradía que era utilizada en las solemnidades (Sanchis Sivera, 1909:350). Para mayor veneración de la capilla y devoción al culto de San Narciso en Valencia, el 26 de agosto de 1385 los mayorales de la cofradía solicitaron al obispo de Gerona, Berenguer d´Anglesola, y al cabildo de Sant Feliu, una reliquia del santo custodiado en la colegiata gerundense.60 Según el documento, la cofradía valenciana conservaba desde hacía años un hueso del dedo pulgar de la mano de San Narciso —I ors de polze—, reliquia traída por el canónigo Berenguer de Pau y algunos mercaderes naturales de Gerona para inculcar su devoción en Valencia, car d´abans lo dit sant no·y era axí en memòria o conexença. Sin embargo, tras ennoblecer la capilla con retablos, rejas de hierro, luminarias y señales de la ciudad de Gerona, los cofrades de San Narciso decidieron cambiar el relicario de cobre que conservaba dicha reliquia por uno nuevo de plata, descubriendo con sorpresa que la reliquia había desaparecido. Ante este desafortunado hecho, los mayorales decidieron enviar al presbítero. Felip de Palau a la sede gerundense con el fin de obtener la tan ansiada reliquia, asegurando que ésta sería honorablemente conservada al igual que otras tantas reliquias que se custodiaban en la catedral.61. El culto a las reliquias, no exento de componentes supersticiosos, sería una pasión generalizada en la segunda mitad del siglo XIV, provocando una continua solicitud e intercambio de ellas. Prueba de ello es la misiva enviada al obispo gerundense en 1385, no obstante, nueve años después la reliquia no había sido remitida a la catedral valenciana. Ante esta situación, el 19 de mayo de 1394, los jurados de la ciudad de Valencia, a instancia de los mayorales de la cofradía, solicitaban nuevamente la reliquia en una carta dirigida al obispo de Gerona, al abad y cabildo de Sant Feliu y, como intercesores, a los jurados de la ciudad catalana.62 Como reza la carta: (…) En aquesta ciutat, a laor e servii de nostre senyor Déu e singular devoció del benaventurat senyor sent Narcís, martre, e sots invocació d´aquell, és fundada una loable confraria en cert nombre de notables ciutadans nostres, axí clergues com lechs, hòmens e dones. E a veritat crexerien molt més les dites devoció e confraria si de les relíquies, ço és, del reverent cos o ossa del dit sant martre en vostra ciutat reposant, era tramesa ací alcuna notable partida reverencialment conservadora. On, senyors, com, a laor e glòria de Déu e del dit sant martre, hajam affecció desijable al creximent de les dites devoció e confraria, vostra honorable saviea e bona amistat pregam cordialment que·us plàcia, ensemps ab los senyors bisbe e reverent e honorable abat e covent de la ecclésia de Sent Pheliu de Gerona, en la qual lo dit reverent cos jau, a cascuns dels quals d´aquesta raó scrivim, fer e curar ab acabament que nostre bon desig desús dit sia prestament complit (…). A pesar de las súplicas de la cofradía y del gobierno municipal la reliquia solicitada nunca llegó a Valencia. Casi un siglo después, los jurados de Valencia intentarían nuevamente su adquisición enviando primero una misiva en 1484 al senyor abat e venerables los canonges e pabordres de la esglèsia col·legiada de sent Feliu de la ciutat de Girona, solicitando una reliquia a su elección para aumentar el culto y devoción del santo entre los cofrades y el pueblo de Valencia, que és en gran veneració e devoció lo dit preciós sanct, e lo seu dia és molt festivat ab grandíssima solemnitat. Dos años después, los jurats dirigían una carta casi idéntica al obispo de Gerona, Berenguer de Pau, avalada por el cabildo de la catedral de Valencia.63. Por otro lado, la actividad religiosa no se reducía exclusivamente a fomentar el culto al santo patrón en la catedral. Además de la capellanía de San Narciso y el altar instituido en la Seo, la cofradía contaba con otro beneficio fundado en la iglesia de San Salvador por Fernando Vinyals, ciudadano de Valencia, bajo la invocación de San Luís, según figura en su último testamento en poder del notario Bertomeu Avenella (1375, abril 7). En 1385 el presbítero Gabriel Rosinyol era presentado por los mayorales como capellán. Dicho beneficio estaría dotado con una renta anual de 400 sueldos, los cuales habrían sido amortizados por licencia real dada por el rey Juan I el 20 de junio de 1391.64. Asimismo, en el año 1396 el ciudadano Martí Exemeneç de Biota legaba a la cofradía mil sueldos reales de Valencia para la consignación de obras pías, según consta en su último testamento en poder del notario Bertomeu de la Mata (1396, abril 15). En 1404, los mayorales Bernat Andreu, Tomás Salvat, Bernat Guitard y Pere Jordà compraban con ese dinero ochenta y tres sueldos y cuatro dineros censales, sin luismo ni fadiga, de los cuales se destinaban diez sueldos anuales a repartir, el día en que se celebrara el aniversario por el alma del testador, entre los presbíteros beneficiados de la iglesia de San Esteban de Valencia pro eius anima parentum et beneffactorum suorum et omnium fidelium deffunctorum.65 5.2. La Casa-Cofradía de San Narciso. Las ordenanzas otorgadas por Juan I en junio de 1391 concedían a la cofradía licencia para poder tener un alberch o casa confraternal donde poderse congregar en la ciudad de Valencia, así como diversos censales, siempre y cuando no sobrepasaran la cantidad de 15.000 sueldos reales. En virtud de esta disposición, el 12 de agosto de 1391 los mayorales de la cofradía de San Narciso, Bertomeu Vilella, Nicolau Perera, Miquel Garí y Berenguer Ribau, compraban una residencia libre de cargas a Joan de Ripoll, situada en la parroquia de San Salvador de la ciudad de Valencia, en lo carrer major apel·lat del pont dels Catalans, por un precio estipulado de 9.000 sueldos. La cofradía pagaría de entrada 3.800 sueldos y 400 sueldos anuales durante los siguientes trece años. El motivo aducido por los cofrades no era otro que poderse reunir libremente, menjar e tenir capítols e parlaments, e fer altres obres bones e necessàries a la dita confraria.66. El alberch se ubicaba en el solar que ocupan actualmente las casas número 21 a 25 de la calle del Salvador de Valencia. Antiguamente, el tramo que transcurría por esta calle desde la parroquia homónima hasta la confluencia con la calle de Viciana se llamó Carrer Matjor de San Salvador y el resto hasta el puente de la Trinidad o dels catalans recibió primero el nombre de Catalans, hasta el siglo XV, posteriormente pasaría a denominarse Carrer de Sant Narcís en honor a la cofradía y cárcel posterior (Carboneres, 1980:42; Rodrigo Pertegás, 1923:342; Orellana, 1923-1924: v.I:247; v. II:338-341). En la sede confraternal los cofrades edificaron un aula capitular amplia y cubierta para poder celebrar los tres capítulos anuales tenidos en febrero, junio y octubre. Allí tendría lugar también la recepción de los nuevos miembros y la elección de los mayorales, consejeros y demás cargos de la institución el día de San Narciso; el banquete anual y la pitanza; así como la rendición de cuentas de mandatos anteriores (mayorales, clavarios, etc.), asambleas y otras reuniones y asuntos concernientes a la cofradía. Sabemos también que la casa era aprovechada por los oficiales reales, debido a sus dimensiones, para resolver juicios ajenos a la cofradía, como el concerniente a Galcerán Martorell, hermano del escritor Joanot Martorell, contra Inés de Portugal y su esposo por el lugar de Llíber (Alicante) en 1446: … Cola Militano e mossén Pere de Siscar, cavallers, alguatzirs del molt alt senyor rey...havien fet en la casa de la confraria de Sent Narcís de la ciutat de València, hon acostumen de tenir la sitiada e ffer juhí… (ARV. Gobernación, lib. 2272, m. 3, f. 19v. En Villalmanzo, 1995:doc. 782:478-479). Además, la sede servía a la cofradía como centro asistencial tras habilitar un espacio con literas donde amparar y cuidar a los cofrades más desfavorecidos. En el primer capítulo celebrado tras la compra del alberch, el 14 de octubre de 1391, se prohibía terminantemente a los mayorales y cofrades de San Narciso el uso de la sede para fines privados, ya fueran bodas, esponsales o cualquier otro compromiso ajeno a la corporación. Sin embargo, en un capítulo posterior esta ordenanza fue revocada, permitiendo prestar la casa de la cofradía para bodas de cofrades o hijos de cofrade, siempre que no supusiera coste alguno a la institución. El primero en celebrar su enlace matrimonial en la sede confraternal sería precisamente el mayoral Bertomeu Vilella67. A nivel jurisdiccional la casa de la cofradía dependía directamente del rey y sólo podía ser vendida con carta de amortización, siempre que no se vulneraran los fueros, privilegios o prohibiciones del reino de Valencia. Tras la cabrevación de los bienes de realengo de las manos muertas, incluidas las cofradías,68 ordenada por Alfonso el Magnánimo a mediados del siglo XV en un intento de establecer el control del patrimonio real, el 18 de junio de 1448 comparecía ante los comisarios reales delegados Joan Assensi, brunater, clavario y síndico de la cofradía de San Narciso, manifestando que la asociación poseía un alberch o casa apel·lada de la dita almoyna, situada en la parroquia del Salvador en virtud de ciertas gracias y licencias de amortización concedidas por sus predecesores, las constituciones de 1368 y las ordenanzas de 1391.69. A finales del quinientos, durante el reinado de Felipe II, la situación de la cofradía había decaído considerablemente debido a las deudas contraídas y la mengua del número de cofrades. La precariedad económica y las desavenencias entre los miembros de la cofradía se presentan como causas más factibles del declive de la corporación. A finales del siglo XV algunos cofrades se habrían trasladado al municipio de Albuixec, en la comarca de l´Horta Nord de Valencia, fundando una nueva asociación que recibió por nombre Real Cofradía de San Narciso y Nuestra Señora de Albuixech, la cual dependía directamente de la catedral valenciana (Sanchis Sivera, 1922:30-31). Debido a las necesidades económicas de la corporación en 1582 la casa confraternal sería alquilada para la representación de espectáculos teatrales, los cuales tenían lugar en la sala capitular, amplia y cubierta, que hubo de ser adaptada para las representaciones, levantando el escenario y habilitando bancos para el público El aula capitular sería utilizada como medida provisional mientras se procedía a la construcción de la Casa de Comedias de La Olivera (Sirera, 1986:29). Un año después, las relaciones con el cabildo catedralicio se torcerían a raíz de un proceso que enfrentaba a la cofradía, representada por el presbítero y mayoral Joan Agramunt, contra el capítulo de la Seo y los procuradores de los pobres de Cristo.70. Poco después, en 1586 se produjo un incendio provocado en el Archivo del Racionalato de la Casa de la Ciudad que inutilizó los bajos que servían de prisión ordinaria, por lo que hubo de trasladar a los presos comunes a la casa de la cofradía de San Narciso por ser espaciosa, y a los reclusos de mayor rango a las Torres de Serranos (Ortíz, 1778:23-24; Carreres, 1930-35: t. II:991; Escolano, 1972: t. V, cap. XIX). Según Orellana, tras el incendio se liberaron todos los presos que no estaban por causa grave, capital o enorme, repartiendo el resto entre las Torres de Quart, cárceles de la Inquisición, del Oficialato Arzobispal y Torre de la Diputación, para pasar después a la Cárcel de San Narciso y a las Torres de Serranos (Orellana, 1923-24: v. II: 338-341). El suceso se produjo la noche del 15 de febrero, aprovechando que todo el pueblo se encontraba en la vega del Palacio Real celebrando juegos públicos en honor del monarca Felipe II que había visitado la ciudad. Tras el siniestro, los jurados tomarían la determinación de cambiar el emplazamiento colaborando con 300 libras para habilitar la cofradía como prisión provisional: Ítem, emprestem bon asentiment e consentim empera que de les peccú- nies de dita administració de la Casa Nova de dita ciutat, se subvencionen fins en suma de tresenttes liures moneda real de València, per a obrar com se ha de fer en acomodar les presons en la casa e cofradia de Sent Narcís de la dita ciutat o en altra part (AMV. M.C., A-110, f. 433v. En Serna, 1990:54-55). La decadencia de la cofradía, acuciada por las deudas, culminaría con la venta de su sede confraternal a la ciudad para ser utilizada como presidio, por el precio de 4.600 libras, según consta en escritura realizada ante el Escrivà de la Sala el 11 de septiembre de 1592 (Teixidor, 1895: t. II: 356; Cruilles, 1876:78).71 Tres años después, el 11 de febrero de 1595, la cofradía compraría una nueva casa social ubicada en la parroquia de San Andrés de Valencia, en lo carrer vulgarment dit de Sent Jordi, por el precio de 5.050 libras.72 A partir de este momento, la antigua casa-cofradía pasó a denominarse Cárcel de San Narciso y de esta forma, señala Escolano, la cofradía vino por este camino a ser sepulchro de las moscas enojosas u pesadas de la República, que lo son los hombres de mal vivir (Escolano, 1972). Tras la venta de la casa de la calle del Salvador, la corporación acabaría hermanándose con la cofradía de Nuestra Señora de Albuixec y San Narciso que dependía directamente de la iglesia metropolitana de Valencia.73 Hasta finales del siglo XVIII los cofrades residentes en la ciudad de Valencia continuaron celebrando sus capítulos y reuniones en la nueva casa sita en la parroquia de San Andrés, en la calle de San Jorge o del Centenar.74 Por último, en el mes de septiembre de 1793 la sede confraternal sería vendida en favor del Hospital General por el precio de 1.900 libras, venta de la cual se hizo escritura ante notario el 13 de enero de 1794.75. A partir de esta fecha la cofradía de San Narciso de Valencia se trasladaría al municipio de l´Horta Nord, tras más de cuatrocientos años afincados en la capital del reino. Una vez formalizada la venta, el dinero sería invertido en la cancelación de los censos quitables y en la reforma de la casa-cofradía de Albuixec, que pasaría a ser residencia oficial de la cofradía al menos hasta mediados del siglo XIX, atendiendo a la documentación conservada. Todavía en la década de los ochenta del siglo XIX, según información oral, los cofrades celebraban el banquete anual, además de recibir la visita del cabildo en septiembre, en la festividad de Santa María de Albuixec. Finalmente, la cofradía acabaría desapareciendo en algún momento de finales del siglo XIX y principios del XX, perdurando hasta 1939 un altar bajo la advocación de San Narciso en la capilla de san Vicente Mártir de la catedral de Valencia. (Sanchis Sivera, 1909:346). El declive de la asociación en los albores del siglo pasado pondría fin a más de quinientos años de historia de una de las asociaciones más importantes e influyentes de la ciudad de Valencia durante todo el periodo bajomedieval, la cofradía de San Narciso. Referencias Bibliográficas. Alanyà , L. (1972), Aureum opus regalium privilegiorum civitatis et regni Valentie, ed. facsímil, Valencia. Aura Gómez , A. (2005), «Los mercaderes catalanes en la ciudad de Valencia durante la Guerra Civil del Principado (1462-1472)», La Mediterrània de la Corona d´Aragó, segles XIII-XVI & VII Centenari de la Sentència Arbitral de Torrellas, 1304-2004. XVIII Congrés d´Història de la Corona d´Aragó, Valencia (coord. R. Narbona Vizcaíno), vol. I, pp. 1114-1128. Benítez Bolorinos , M. (1998), Las cofradías medievales en el Reino de Valencia (1329-1458), Universidad de Alicante. Bofarull , M. (1876), «Gremios y cofradías de la Antigua Corona de Aragón». 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Puentes medievales en la provincia de Huesca: aspectos económicos y sociales
PUENTES MEDIEVALES EN LA PROVINCIA DE HUESCA: ASPECTOS ECONOMICOS Y SOCIALES\*. M.a Teresa Iranzo Munio. INTRODUCCION. Aunque constituye un t6pico comenzar un trabajo incidiendo sobre la importancia del tema que se va a exponer,lamentablemente en este caso resulta obligado, puesto que hace ya mas de veinte anos que M. Riu incluia el estudio de los puentes medievales como uno de los puntos basicos de su propuesta metodológica' y,desde entonces,si bien se han publicado aportaciones interesantes,la atencion general que se les ha prestado resulta escasa, especialmente teniendo en cuenta la multiplicidad de aspectos que el tema comporta².La investigacion de los puentes medievales se ve difi. Las siguientes lineas son parte, actualizada, del texto de la Tesis de Licenciatura que con el titulo Contribucion al estudio de la red viaria aragonesa medieval fue leida en la Facultad de Filosofia yLetras de Zaragoza el 23 de junio de 1980,recibiendo la calificación de sobresaliente cum laude. 1. M.RIU y RIU,“Problemas arqueol6gicos de la transicion al mundo medieval. Orientaciones metodol6gicas”en ISymposiumde Prehistoria Peninsular,1962,p.274. 2. En lo referente a Espana,se han estudiado aspectos arqueológicos de época visig6tica ymusulmana: E.CAMPS CAZORLA en Historia de Esparia dirigida por MENENDEZ PIDAL,T. III, La Espana visig6tica, Pp. 520-522; L. TORRES BALBAS,“La supuesta Puerta de los Panaderos y los puentes de la Granada musulmana"en Al-Andalus XIV (1949),pp.419-430; GARCIA BOIX,“Los puentescalifales de Madinat-alZahira"en Al-Mulk,4(1964-65) pp.47-57;son tambien utiles en este sentido los trabajos dedicados a época romana que tratan en cierta medida los puentes medievales: ABASOLO,Las comunicaciones de la época romana cn la provincia de Burgos. Bur cultada,vale decir delimitada,por la naturaleza de la documentacion disponible,muy fragmentaria y parcial’. Otros inconvenientes son: la “identidad”arqueológica de las obras,la ausencia de estudios globales sobre el trazado de la red viaria,la resistencia que ciertos toponimos oponen a la identificacion,etc.,por mencionar solo los más inmediatos.A pesar de todo ello, se impone realizar un esfuerzo de aproximaci6n. En primer término,la existencia de cualquier puente supone la definición puntual de un tramo de camino, precisamente en el lugar en que se hace franco un obstáculo importante para la comunicacion4, lo que permite completar la configuración espacial del sistema en que se integra. En sentido estricto,el puente es un elemento de la infraestructura material de las comunicaciones y, como tal, indicativo de la capacidad de una formación social para resolver un problema concreto que tiene implicaciones inmediatas en sus actividades comerciales y en la jerarquizaci6n del habitat humano5. Por otro lado,en el puente convergen una serie de peculiaridades que lo configuran como instrumento social, econ6mico y tactico.Es un objeto gos,1975 yC.FERNANDEZ CASADO,Historia del puente en Espana.Madrid,1980. Epigraficos:F.BOUZA,“Restos epigraficos de una puente medieval desaparecida"en Cuadernos de Estudios Gallegos,XX(1965) pp.379-381; PLATERO FERNANDEZ, “El puente de Moura7os. Inscripcion medieval a orillas de Ulla,Golada (Pontevedra)” en El Museo de Pontevedra,XXXII (1978) pp.105-114.Toponimicos: J.A.FRAGO, “Toponimos de la Ribera quesuponen laexistencia de puentes"en Archivo de Filologia Aragonesa,XXVIII-XXIX (1981).Relacionados con la repoblacion: JIMENEZ DE GREGORIO “Tres puentes sobre el Tajo en el Medievo"en Hispania, XIV(1954) pp. 163-226; J.P.MOLENAT,“En Espagne a la fin du XIVe siecle; la naissance de Puente del Arzobispo: une relecture"en Le Moyen Age,LXXXVI(1980) pp.233-249.Como parte de un sistema viario:MOLENAT,“Chemins et ponts du Nord de la Castille au temps des Rois Catholiques"en Melanges de la Casa de Velazquez,VII(1971) pp.115- 162;CABESTANY,“Vias de comunicacion medievales en la cuenca del rio Francoli (Tarragona)”en XV Congreso Nacional de Arqueologia,pp.1203-1210;UBIETO, “Los caminos que unian a Arag6n con Francia durante Ia Edad Media"en Communicationsdans la Péninsule Ibérique au Moyen-Age.Paris,1981,pp.22-27.Generales: CARUANA,“Los puentes de Teruel”en Teruel,3(1950) pp.35-65;LEDESMA, “Aportacion al estudio del Ebro a su paso por Zaragoza: el puente de piedra"en $_ { I V }$ Congreso de Historia de la Corona de Aragon,Palma de Mallorca(1959),pp.325-336. 3. Solo los itinerarios se pueden considerar fuente especifica.No hay ninguno completo para la Edad Media; los posteriores-VILLUGA,i546,yMENESES,1576-son puntuales y,todo lo mas,descriptivos.Para Arag6n,es fundamental el redactado en 1610 porJ.B.LABANA,Itinerario del Reino de Aragón,ed.Zaragoza,1895.Elresto de la documentación ofrece datos esporádicos y poco expresivos: menciones como limite de heredades o destinatarios de legados testamentarios son los mas frecuentes. 4. Esta es la critica mas importante que se ha hecho al Repertorio. de VILLUGA (ed. Madrid,1950):no cita la forma de franquear los rios. 5. Ver C.M.CIPOLLA ed. Historia economica de Europa I.Edad Media.Barcelona, 1979,cap.8; para Aragón, J.L.CORRAL,“El sistema urbano aragonés en el siglo XV"en Homenaje a Lacarra,V(1982) p.201. econ6mico porque su construccion supone un alto coste de inversion que, finalmente,solo se ve compensado por el rendimiento que de él se obtiene, pues supone un beneficio inmediato para la totalidad del sistema productivo y su explotacion constituye una saneada fuente de ingresos pecuniarios.En cuanto que son los poderosos quienes estan en condiciones de afrontar los gastos de construccion, son tambien los beneficiarios de su rentabilidad; el puente deviene asi un util de poder y se integra en la dinamica de la sociedad. Esto solo es valido para el periodo medieval, que carece de una organizacion administrativa capaz de responsabilizarse de la edificacion de obras publicas.Como obra de ingenieria, es signo de la capacidad tecnica de la sociedad,pero la especializacion que su ereccion exige es patrimonio de un grupo reducido,e incluso marginal7,lo que comporta una dimensi6n inasible para el resto de la comunidad. Por ello, la mentalidad popular dota al puente de ciertos rasgos “magicos”, involucrandolo en mitos y leyendas,motivados por otra de sus caracteristicas intrinsecas: la perdurabilidad. Todo lo que permanece mas alla de las generaciones de los hombres se integra en su universo mental con tendencia a rozar la categoria de lo sobrenatural8.La religiosidad,más o menos encauzada por la ortodoxia, contiene todas estas manifestaciones; y en lo que a la época medieval concierne, la Iglesia -que construye y posee puentes-influye decisivamente en esta vertiente. La problematica especifica que plantea el estudio de los puentes medievales se cifra,en primer lugar, en aprender a diferenciarlos; éste es uno de los problemas mas graves porque ia técnica constructiva tiene una vigencia temporal que,unida a la continua utilizaci6n -que impone reconstrucciones insertas de modo imperceptible en la obra-hace dificil establecer de manera categ6rica si un puente conocido solo de visu es medieval o no. Seguidamente hay que determinar la exacta ubicaci6n de los puentes conocidos documentalmente, procurando asimismo una definición cronol6gica estricta (la amplitud del periodo medieval contempla una evolucion “estilistica" que tambien se plasma en los puentes). A continuacion se impone averiguar la funcion concreta que los puentes desempenan: comercial,militar—elementos constitutivos de un sistema defen 6. C.M. CIPOLLA,op.cit., p. 300. 7. Son itinerantes y forman poblados al lado de la obra,cfr.J.A.FERRER BENIMELI, “Signos lapidarios en el romanico y g6tico espaiol"en Estudios de Edad Media de la Corona de Arag6n,X(1975) pp.311-318. 8. Lo mismo sucede con los castillos y las catedrales,edificios-clave de la arquitectura medieval. 9. S6lo cuando se cuenta con datos auxiliares,como inscripciones,lapidas,etc.,se puede certificar la fecha.Respecto al problema de la perduracion de las técnicas constructivas hasta el siglo XVIII,cfr.Obras publicas en la Hispania romana.Madrid,1980,p.16,y, especialmente ABASOLO,op.cit.,p.31. sivo—,meramente viaria—ejemplo tipico de puentes “de peregrinación" en el Camino de Santiago—,etc.Para terminar,conviene recopilar los datos que se hayan obtenido de la documentacion relativos a los aspectos administrativos peculiares.Los puentes,como elementos con personalidad juridica propia,entidades legalmente capaces de poseer bienes,dan lugar a órganos administrativos(cofradias,ponteros,bailes,etc.),que exigen un estudio detallado. ASPECTOS TECNICOS10. Dentro del mundo occidental, la técnica de construccion de puentes en piedra tiene su origen en la civilizacion romana; la ingenieria antigua alcanzó una rara perfección en sus obras,ofreciendo soluciones que perduraron hasta la introduccion revolucionaria de nuevos materiales.En los puentes medievales se perpetuan muchas caracteristicas de etapas precedentesl’ y el tradicionalismo es un obstáculo para establecer Ias diferencias12.Por otra parte,la fragmentacion espacial de la sociedad medieval favorece la adopcion de soluciones distintas,además de dificultar la difusión de los adelantos: no hay un nivel técnico uniforme. Cronol6gicamente, hay que tener en cuenta también la renovación que supuso el trazado de los arcos góticos.En resumen,aunque se pueden enunciar algunas caracteristicas generales,sólo estudios detallados de cada ejemplar en concreto permitirän el establecimiento de conclusiones mas definitivas13. El material empleado viene, l6gicamente,determinado por la facilidad de consecucion y acarreo al lugar de construcción.Lo más frecuente es el uso del cascote,en general con un revestimiento de sillares bien escuadrados,y es también comun el aparejo de sillarejo.El mortero suele estar compuesto por arena,agua y cal ordinarial4. Al contrario de lo que acostumbra a suceder en los romanos,los puen 10.Para bibliografia,cfr.nota2yLAMPEREZ,Arquitectura civil espanola de los siglos I alXVIl,t.II,Arquitectura civil.Madrid,1922. 11. Cfr.ASTRE“Techniques médievales et modernes: les matériaux du pont médiéval de laDaurade"en Annales du Midi,63(1951) pp.349-354. 12. El unico intento plausible para establecer una tipologia cronol6gica es el de ABASOLO,J.A.op. cit.,p.29-31. 13. Ala misma conclusion llega J.LIZGUIRAL,Puentes romanos delconvento Cesaraugustano.Tesis de Licenciatura inédita. Zaragoza,1982,p.235(a quien agradezco la consulta del trabajo),que propone la estereometria como alternativa,esto es,estudios de modulacion,sistema que emplea con éxito en ejemplos concretos romanos. 14. Se ha propuesto el analisis quimico del mortero como posible indice cronol6gico: el método utilizado por el C.R.Arq.de Caen estä detallado en DE BOUARD,A. Manual de arqueologia medieval, pp.339-342. tes medievales tienen una calzada muy estrechal5,de modo que en algunos casos parece dificil el paso holgado de una carreta y casi imposible el cruce de dos vehiculos. Esto se debe a que un puente estrecho presenta menor dificultad en el levantamiento del arco,al reducirse la profundidad de la b6veda, uno de los inconvenientes mas graves por la utilizacion de sucesivas cimbras.El perfil en cuesta muy pronunciada -diferente del suave “lomo de asno"- es tambien caracteristico.La fuerte pendiente por ambos lados estä motivada por el deseo de emplear la menor cantidad posible de material sobre pilas y estribos,es decir, para aligerar el peso que estos elementos sustentantes han de soportar.Con idéntica finalidad se usan arquillos que perforan los estribos con vanos en arcos de medio punto O en ojo de buey; estos arcos sirven tambien para facilitar el desague en las avenidas y su presencia proclama la pervivencia de las técnicas romanas16. El trazado del arco o de los arcos supone el punto culminante de la construccion y es el problema técnico mas dificil de resolver. Un tipo de puente, de tradicion romana pero que se siguió construyendo,es el de arco de medio punto con apoyos laterales naturales: un tajo del rio ofrece sus propias paredes como estribos; en este caso,el perfil resultante es horizontal. En los siglos XIII yXIV,la revalorizacion del arco apuntado propicia una solucion ideal para los de gran luz, ya que es mas facil de levantar - por exigir cimbras menores-y permite un alivio en los empujes laterales asi como en el dovelaje;el arco apuntado acentua el perfil en cuesta. Cuando el cauce es muy a:mplio,se impone la seriacion de arcos, que se suelen articular en torno a uno central de mayor luz,constituyendo una gradacion hasta las riberas17. Por los demás,estän presentes tambien en esta tipologia otras variantes:arcos rebajados,irregulares,con mas de dos centros,etc.En términos generales,los arcos son macizos,esto es,configurados como bóvedas formadas por anillos paralelos unos a otros o bien dos roscas en los extremos con un relleno entre $\mathbf { s } i ^ { 1 8 }$ ·. Si bien la tendencia que se observa es procurar aligerar el peso, el deseo de construir de un modo estable19 y el uso del cascote suelen produ 15. Cfr.LIZ GUIRAL,J. op. cit. p. 56 y 236-8. 16. Obras publicas en la Hispania romana p.16. 17. Los puentes con vanos,arcos y de perfil horizontal son romanos o de época moderna: Merida seria el mejor ej. de lo primero y cualquier puente castellano-Cabezón-de lo segundo. 18. LIZ, J. op. cit. p. 46 cita el estudio de CHOISY sobre el puente de Avignon con la reutilización de cimbras hasta configurar la boveda de este modo peculiar,es tambien pervivencia romana las dovelas,que exigen una especializacion muy determinada. 19. En el documento de contratacion de la obra del puente de Zaragoza se especifica que las pilas deben ser lo suficientemente anchas como para albergar molinos en ellas. La prueba de su solidez estä en que en el derrumbe del arco central no les afect6; se conoce documentalmente el acaecido en 1435 y graficamente el que plasm6 J.B. MARTINEZ DEL MAZO en el lienzo de 1643. cir un espesor mayor del conveniente en pilas y estribos -su volumen puede llegar aser equivalente a dos tercios del vano20,loque provoca una obstruccion del curso de agua que favorece la socavacion de los cimientos. Para estos problemas,se arbitran dos tipos de soluciones: una coyuntural,asentar las pilas sobre isletas existentes en el lecho del rio, incluso en el caso de que esto obligue a una disimetria en el trazado; y otra estructural, la presencia de tajamares, generalmente de seccion triangular, que,al atacar el frente de las aguas, disminuyen las presiones que éstas pueden ejercer sobre la pila. Los espolones,adosados a las pilas aguas abajo, ofrecen la contrapartida estatica a estas tensiones. Los tajamares tienen un comportamiento peculiar en los puentes medievales, en los que,en contraposicion a los romanos, coronan la obra hasta el pretil21 manteniendo la misma estructura que en su planta, e incluso plasmandose en la propia planta de la via,con lo que,de paso, configuran apartaderos que alivian la angostura de la calzada. La funcion militar que desempenan algunos_puentes medievales da origen a una serie de construcciones de caracter defensivo. No son infrecuentes las torres en ambos extremos (Toledo),en la cabeza y en el centro (Besalu) o s6lo en el centro (Frias); las torres de cabeza pueden ser edificaciones similaresa las puertas de las ciudades, con dos cuerpos laterales y un patio central (Zaragoza); naturalmente, las torres son puntos de control que se emplean con tal finalidad, v. gr. como centro de recepcion de impuestos. Las almenas decoran algunos puentes como parapetos defensivos (Zamora). Otras construcciones se anaden a la obra, modificando ligeramente su aspecto exterior: esculturas de santos (Toledo),capillas en el centro o en un extremo (Ballobar, Martorell), molinos en los machones (Tudela, Zaragoza), etc. ASPECTOS ECONOMICOS. En la edificación de un puente se conjugan muchas variables pero, sin duda,la más determinante es de orden económico.Se puede concluir, con J.P.Molenat22,que la propia estructura de la sociedad medievalera elobstáculo fundamental para la existencia de una red viaria adecuada, porque los elevados costes de construccion -desembolso inicial- y mantenimiento convierten al puente en una obra cara. Para la Alta Edad Media, la escasez de documentacion cifrada que se conserva impide aproximaciones,factibles ya con las fuentes bajomedievales.El conflicto que, en 1349, enfrenta a los vecinos de Bielsa con los de Ainsa porque los primeros cobraban peaje en el puente situado a la entrada de la villa, provoca la respuesta del concejo de Bielsa, que aduce en su favor el haber realizado un contrato con los maestros constructores,a quienes se entregaban cuatrocientos cincuenta sueldos jaqueses,ademas de proporcionarles los materiales necesarios,cuyo coste total ascendia a mil sueidos23. Sobre el puente de Zaragoza se conserva un libro de cuentas,comenzado en 1401, que proporciona informaci6n muy interesante no solo sobre los gastos generales sino tambien en lo concerniente al material empleado en la obra y a los gastos menudos que este concepto suponia24. Es indudable que los archivos locales guardan mas noticias de este tipo25. Aunque los aspectos constructivos conllevan la inversion mas elevada, los puentes_planteaban tambien gravosas cargas de mantenimiento para conservar la fabrica en buen estado26, atender las reparaciones y, especialmente,para subvencionar los desperfectos producidos por las riadas y las dificultades técnicas que ofrecia la estabilidad de algunos arcos, con propension al derrumbamiento: son bien conocidos,en este sentido, los avatares del puente de Zaragoza, cuyo atrevido arco central se cayó en 1435 provocando cinco muertos²7; asimismo,tampoco eran desdenables los destrozos provocados por las guerras. Todo estas consideraciones conducen directamente al apartado más complejo y principal inconveniente que plantea la edificacion de un puente:la financiacion de las obras.En buena logica,hay una doble posibilidad: que un solo ente -sea persona privada o comunidad- se encargue de asumir los gastos; o bien, de modo indirecto,gracias a aportaciones marginales,cuya cuantia oscila grandemente, que pueden ser voluntarias O forzosas. Si bien la segunda variante es mas frecuente,tampoco es inusual una combinación de ambas,sobre todo en los casos de donativos espontaneos destinados a obras concretas. Son pocos los ejemplos conocidos en que todo el dinero proceda de 23.Publ.T. NAVARRO,Documentos linguisticos del Alto Arag6n. New York,1957,d. 113, p. 163. 24. Archivo Municipal de Zaragoza,ms.47,publicado en parte por HERRANZY LAIN, Zaragoza,1887.Por su peculiar interes,estoy preparando una edici6n completa.Ei puente ha sido estudiado por LEDESMA,“Aportaci6n al estudio...”(cit. nota 2) y FALCON,Zaragoza en el siglo XV.Morfologia urbana, huertas y término municipal. Zaragoza,1981. 25. Archivo Municipal de Teruel, perg.3: gastos de mil sueldos ocasionados por el arquitecto.Agradezco la noticia a A.Gargallo. 26. Ver mäs abajo el ejemplo del puente de Castejón,en el que se invierten cada afio cuatro mil sueldos. 27.Cfr.LEDESMA,“Aportaci6n...",p.334-335. una unica fuente28. Evidentemente,esto solo puede suceder en ámbitos económicamente poderosos: clases privilegiadas o entidades de saneada hacienda. En la provincia de Huesca destacan algunos notables: entre 1059 y 1061,Ramiro I redactó dos versiones de su testamento29,donde,ademäs de destinar un tercio del legado monetario a la reparacion del puente de Cacaviello (Triste)30, especificaba que con el sobrante se construyese otro sobre el rio Aragón. En fecha imprecisa,pero dentro del reinado de su sucesor,Sancho Ramirez (1O63-1094),el conde Sancho Galindez habia comenzado la ereccion de un puente que estaba todavia sin finalizar a la hora de testar3', por lo que encomendó al beneficiario de sus bienes -el monasterio de San Juan de la Peia--que destinase la mitad de las rentas de la donacion para culminar los trabajos32.Debe suponérsele una cierta solvencia económica a Ramón de Uncastillo,quien,antes de 1199,construye un puente sobre el Guatizalema en el término de la parroquia de Pueyo de Fananas; mas tarde,levanta junto a él un hospital para pobres y, en la fecha citada,entrega ambos al obispo de Huesca33.El ejemplo de Puendeluna permite deducir que, puesto que el concejo es propietario del puente y sus habitantes se denominan promiciarii de Luna et adiutores predicti pontis et omnibus successoribus vestris qui eundem pontem manutenuerint et possederint,aquél era responsable de su financiacion34. Como se ha dicho, son dos los medios de proporcionar ayuda econó- mica a un puente y se diferencian,a nivel operativo,en que unos son voluntarios y otros obligatorios. Ingresos frecuentes,pero generalmente marginales por su cuantia, son las mandas o legados que se contienen en los testamentos, presencia que obedece a la comun creencia de que auxiliar monetariamente a la construccion de puentes es una obra de caridad35. 28.Por eso se recalca como excepcional el hecho de que se declarase libre de impuestos de paso el puente construido por Pedro Tenorio,arzobispo de Toledo,a sus expensas,cfr. MOLENAT,“En Espagne alafin...". 29. Publ.UBIETO,Cartulario de San Juan de la Pena,T.II,d.150 yd.159. 30. Se trata de un bello ejemplar,generalmente considerado romano,al servicio de la via hacia la Galia;actualmente se halla bajo las aguas del pantano de La Peia ypuede verse,en parte,en época de sequia. 31. El que se citen en este tipo de fuente no es en absoluto casual, pues los testamentos son especialmente valiosos para conocer la existencia de puentes. Publ.E.IBARRA, Documentos correspondientes al reinado de Sancho Ramirez (1063-1094),T.II,d.57. Es posible que la cita corresponda a los restos actuales de un estribo a la entrada del valle de la Garcipollera. 33. Publ.A. DURAN,Coleccion Diplomatica de la Catedral de Huesca,d: 560. Hoy no quedan restos del puente que,situado en un tajo del rio,desapareció por causa de una riada. 34. Ver mas abajo. 35. Ver lo referente a mentalidades. Esta peculiaridad fue puesta de relieve ya por J. BALARI,Origenes historicos de Cataluna,Barcelona,1899,p.684. En este sentido,los textos son tambien aleatorios, pero permiten justificar la existencia de algunos puentes que no han dejado otro rastro documental: asi sucede con el de Monflorite y el de Castejon de Arbaniés36,ambos sobre el rio Flumen. Es paradigmätica al respecto la frase del testamento de Ramiro I,pro captivos redimere et pro pontes facere. El cuadro Iintenta plasmar graficamente la cronologia y topografia de los datos conocidos para la zona estudiada,no obstante,para evaluar correctamente el volumen de los donativos, habria que considerar las dimensiones de los que se destinan a otros fines caritativos. Al margen de la via esponlanea de los legados testamentarios, los puentes son destinatarios de otras donaciones que,asimismo,revisten un caräcter piadoso.Normalmente son las instancias de poder quienes concitan este género de aportaciones.Es,por ejemplo, el sistema arbitrado por Alfonso II para recaudar fondos con destino al puente de Castejon,sobre el Cinca: un documento de $1 1 9 4 ^ { 3 7 }$ autoriza la constitucion de un limosnero en las iglesias de Lerida y de las principales ciudades y villas de Arag6n que diariamente pida limosna.Las autoridades eclesiasticas recurren a las mismas practicas,ofreciendo indulgencias como contrapartida a esta beneficencia; en 12O7 lo hace el obispo de Lerida, propiciando la aportacion económica de los fieles de su diocesis38; en 1247,el papa Inocencio IV responde a los ruegos de los canónigos de Montearagón sobre la edificacion de un puente, concediendo indulgencias a los diocesanos de Huesca, Zaragoza y Tarazona que constribuyan pecuniariamente a la obra39.El clero secular participa de esta misma inquietud y los puentes aparecen mencionados, junto con la iluminacion de iglesias,los hospitales y las obras eclesiasticas,como receptores de la cuarta parte de los diezmos y oblaciones que los rectores de las iglesias debian abonar, segun recogen las constituciones sinodales de la reunion habida durante el episcopado de Domingo Sola (1235-1269); es posible la existencia de una rubrica analoga en el sinodo celebrado por Vidal de Canellas en $1 2 4 3 ^ { 4 0 }$ . Detras de otros tipos de donaciones o contribuciones se adivinan motivos politicos y/o económicos; asi parece que deben interpretarse sen 36.Cartulario de San Pedro el Viejo de Huesca: 1228,junio,fol.133r.-v.;1238,diciembre, 28, fol. 18r.-19v. 37. AHN,Cartulario Magno,T.VI, p.128,n.127; publica OLIVEROS,Historia de Monzón. Zaragoza,1964,pp.537-8,atribuyéndoloa Alfonso IV.Este dato yciertos legados permiten suponer una reconstruccion en torno a esa fecha. 38. AHN,Cart. Magno,T.VI,p.77,n.76; ver tambien RIUS SERRA“Benedicto XIII y laconstruccion de puentes”en Analecta Sacra Tarraconensia VII (1931),pp.359-60: 1407-25-V. 39. AHN,Clero,carp. 642,n. 12. Cfr. RIUS,op.cit.,pp.357-8: 1405-1-IV,que incluye tambien a quienes trabajen por si mismos. 40.D.BUESA,“Los sinodos de Huesca-Jaca en el siglo XII”en Aragón en la Edad Media,I(1979) pp.76-81. das entregas de bienes realizadas por Pedro II al puente de Castejon: en 1206 se trata de unos molinos4l y,en 1213,de una bastida42. Con una finalidad utilitaria,los hombres de Barbastro contribuian a la construcción del mencionado puente,y la magnitud de sus aportaciones es la razón que aducen ante Pedro IV en la protesta que elevan,en l337,por estar sujetos al pago del pontaje que aili se cobraba: ipsi in prosequtione causa pontis Montissoni labores plurimas et expenssas sustinuerint43. La aportacion obligatoria por antonomasia es el impuesto de uso denominado “pontaje”o“pontazgo”. La documentacion lo revela como el sistema de financiacion mas eficaz y casi unico en la practica. Sin embargo, tanto su imposici6n como su arbitrio plantean problemas.En primer lugar, porque no siempre se puede cobrar por la utilizaci6n efectiva del paso, sino que el impuesto se concibe como el rédito a largo plazo de una inversion con destino a un puente todavia noen pie; l6gicamente, tambien es posible que se aplique a los usuarios del cruce fluvial o vado mediante barcas o construcciones en madera, en prevision de fabricas estables en piedra44.Al parecer, en Castilla eran frecuentes las derramas,recaudaciones entre los interesados en que el proyecto del puente en cuestion se llevase a efecto45. En principio, debia de tratarse de un ingreso propio de la hacienda regia46, y es efectivamente el rey quien autoriza las imposiciones y concede las exenciones, pero,en la practica,el rey enajena en multiples circunstancias estas rentas, por lo que el numero de receptores aumenta; sin embargo,siempre parece conservar ciertas atribuciones sobre ellos47.Respecto a su administracion, J. Caruana sostiene, para los siglos XII y XIII, que el mayordomo real-funcionario encargado de la casa del rey- tiene como atribucion la vigilancia sobre portazgos, pontajes y todo lo que afecta al 41.AHN,C6d.1032,n. 126. 42. Cit. MIRET,Les cases de Templers y Hospitalers en Catalunya.Barcelona,1910,p. 265. 43. Espana Sagrada,T.XLVIII,p.30 y Apéndice XVII,p.230. 44. Este tipo de impuestos ocasionales ha sido poco estudiado.Se conocen algunos barcajes en la zona: en Albalate, por el Cinca, en 1227 (publ.HUICI-CABANES,Documentos de Jaime I de Aragón,d.9O);entre Monz6n y Castejon,motivo de una concordia entre los Templariosylos vecinosde la villa,en1173 (AHN,Cartulario Magno,T.VI,pp. 317-318,n. 250),etc. 45. Cfr.MOLENAT,“Chemins et ponts..." pp.117-118. 46. Asi se refiere expresamente en un documento de 1293 (publ. NAVARRO,Documento linguisticos.., d. 67): porque el peage es dreyto del senyor rey antigament et acostupnadament... 47. Esto es particularmente evidente en las exenciones,cfr.los Fueros de Arag6n,libro V (ed.SAVALL Y PENEN,Zaragoza,1866) Ut pedagia,pontagia, portatica et aliae exactiones a privilegiatis non exigantur. träfico de mercancias48. No obstante,un documento de Pedro IV remite el maestre racional de la curia regia como fiscal de las rentas obtenidas por este concepto49. La imposicion de pontajes da lugar a una compleja casuistica, excesivamente prolija, pero,en términos generales,la autoridad real sancionaba el cobro del impuesto,aunque el rey no fuera directo beneficiario de su producto, que revertia en los propietarios de la obra, o de las rentas que engendraba,o bien en los senores del territorio en que estaba ubicada. Los documentos que contienen estas provisiones suelen detallar en extremo todas las circunstancias que concurren en la regulacion, especificando las diferentes cantidades que se han de abonar por los distintos conceptos: jinetes o peones, ganado mayor o menor, animales con carga o tirando de carros, etc. (los datos conocidos se han integrado en un cuadro para facilitar la consulta). Todo ello provoc6 la aparicion de jurisprudencia especifica: en 1348, Pedro IV se dirigia a sus recaudadores instandoles a que lo cobrasen s6lo en los lugares estipulados por los fueros y el Privilegio General50. Tambien habia contrapartida, privilegios de exencion de pagu, que dan lugar a pleitos, etc.51. El pontaje tiene dos funciones o dos sentidos: es una fuente de ingresos desarrollada para dotar de medios pecuniarios la edificaci6n de un puente; sirva,entre otros, el ejemplo de Sarinena,que,en 1442, recibe el privilegio de la reina Maria,Lugarteniente General del Reino,de imposicion de un pontaje para erigir uno52. Paralelamente,las rentas que producen los puentes mediante este impuesto de transito se emplean para subvenir las necesidades de las poblaciones donde estan localizados, o sus instituciones, destinandose a otros fines diferentes o ajenos por completo a la estructura viaria,uso acorde con el sistema econ6mico medieval. Boltana proporciona el dato mas grafico al respecto: estando el castillo sin alcaide, la tenencia del mismo,junto con el senorio de la villa, es solicitada al rey. Alfonso V por Juan de Bardaji a cambio de algunos servicios por él prestados; los vecinos protestan ante el rey, que promete mantenerlos independientes de la jurisdicci6n senorial y crea un pontaje,cuyos beneficios constituyen el salario del alcaide53. En ocasiones, se instrumentaliza el pontaje como garante de la construccion,y asi debe interpretarse la donacion que,en fecha imprecisa,hizo Alfonso II a la orden de San Redentor de la lezda que se cobraba en el puente de Fraga54, teniendo en cuenta que,en 1188, habia concedido la propiedad del mismo con la condicion de que se reedificase en piedra y se atendiesen sus necesidades y mantenimiento por la Orden55. Idéntica maniobra se llev6 a cabo con la alcantara de Zaragoza,cedida a S. Millan de La Cogolla y, luego,a San Salvador56. Finalmente, los pontajes se conciben como medio de resarcir los gastos ocasionados por la ejecucion del puente; ésta es, por ejemplo,la razón de que Jaime II estipule, en 1312, que el pontaje que se ha de cobrar en Monzon —en un puente cuya construccion autoriza por instancias de los habitantes de la villa- sea efectivo en los diez afos siguientes a la conclusión del paso57, con lo que evitaba que se percibiese sin haber levado a término la edificacion,circunstancia que no era infrecuente58. La funcion económica que tienen los puentes se manifiesta tambien en las implicaciones derivadas del hecho de que constituyen un elemento fundamental de la red viaria. Formando parte de un camino,el puente sirve para posibilitar o facilitar la comunicacion de hombres, mercancias e ideas. En io que concierne estrictamente al comercio,resultaria superfluo insistir aqui en la importancia que, para el mismo,tiene una base material de comunicaciones adecuada59; en el Arag6n medieval es bien evidente el papel estrategico que cumplen algunos de los grandes puentes, situados precisamente en vias de interés economico o puntos neurälgicos de tränsito: Jaca, Puendeluna, Monzon, Zaragoza,ocualquier poblacion que actue como centro comarcal: Alcaniz, Tarazona, etc., posiblemente,el mejor ejemplo de esto es el continuado esfuerzo de la ciudad de Zaragoza en la consecucion de un puente sobre el Ebro60. Lamentablemente, la documentación de la provincia de Huesca es poco explicita en casos concretos.Hacia 1142 se menciona la lezda que se cobraba en el puente de Castejon sobre las mercancias causa vendicionis6l. Un par de noticias bajomedievales manifiestan el interes de los concejos por el buen estado de los puentes: la primera data del aio 135O y es una concordia entre los vecinos del valle de Gistain y los de Ainsa,mediante la cual aquéllos se comprometen a reparar el camino real hacia Francia, establecer posada para caminantes y construir y mantener un puente suficiente para personas y animales sobre el Cinca,en Plan².En 1404,los jurados y prohombres de Jaca conceden a los vecinos de Barós licencia de paso libre para sus ganados con la condicion de que no obstruyan el puente63,refiriéndose al llamado “de la Lana",sobre el rio Gas,en el camino de Jaca a Barós,que hoy persiste con la misma denominacion64.Por ultimo,el aprovechamiento que se hace de los estribos y pilas de los puentes para la construccion de molinos es también indicativo del valor e interés que éstos ofrecen económicamente65. Todos estos datos conducen,en resumen,a la conclusión de que el puente se conforma como un objeto susceptible de explotacion econ6mica por cuanto es fuente directa de beneficios,que suelen concretarse en rentas monetarias.La utilidad de este tipo de ingresos es bien sabida,y no es vano que las Ordenes Militares一al margen de lo aleatorio de la documentaci6n— jueguen un papel primordial: en Huesca,son propietarias de los reéditos de dos de los puentes mas importantes,Fraga y Castejon, aspiran constantemente a la concesion de privilegios reales sobre los mismos. Su protagonismo no debe ocultar frecuentes ejemplos de senorios laicos que, ademas de poder exigir prestaciones personales,indudablemente obtuvieron beneficios monetarios66. ASPECTOS SOCIALES, JURIDICOS Y ADMINISTRATIVOS. Los puentes,en si mismos, son considerados como figuras juridicas plenas7 y se reconoce su capacidad legal para poseer bienes y negociar con ellos.En este sentido,son entidades diferenciadas e internamente “autó- nomas”; asi es concebido y definido el puente de Fraga ab tota la honor sua et ab totes les rendes et exides qualsque sien et en qualque loch aquela alqueria guaaynarpoetz.8;yenorreiuadelpentefoauneulia conjunto con el constructor -magister- y el contrato que éste tiene para dar fin ala obra: en la transaccion que con él hace su propietario,especifica sicut rex lacobus mihi et predicto ponti dedit.sic reddo vobis predictos homines (él y su esposa) cum omnibus rebus suis69. Tal status juridico conlleva una administracion propia y especializada. Cada una de las funciones que se desarrollan en torno al puente exige la existencia de unas personas encargadas de su ejecucion.Se citan los maestros,responsables de la cuestion tecnica de la edificación,con los que se concertaban contratos70; los aspectos economicos dan origen a unadiversidad de tareas,l6gicamente bien determinadas: un limosnero recolecta en las iglesias71, los recaudadores de impuestos se encuentran en los puntos de peaje72, un capataz -operarius- gestiona las rentas,un supervisor general—recognitor-actua como una suerte de inspector general de los trabajos y hacienda73, etc. Todas estas voces designan oficios concretos, pero la más comun e indefinida en sus atribuciones es la de “pontero”,que suele responder al cuidado general y que,al menos en un caso74,resulta equiparable a capellan y comendador, sin que se pueda deducir del texto la tarea correspondiente. Otro tipo de cargos revisten un matiz asistencial,en el sentido religioso del término.Las organizaciones mejor estudiadas son,quiza, las cofradias impropiamente denominadas “de constructores”de puentes75, integradas por laicos y eclesiasticos, instituciones que se desarrollan en Europa desde fecha temprana con constituciones diversas en sus normas y tambien con distintas finalidades que se centran,sin embargo,en la atención y cuidado de la obra del puente.En Castejón se documenta una en torno a 12o7;compuesta asimismo por frailes y legos, tiene su asiento en un hospital para pobres situado junto al puente; es receptora de algunas donaciones reales76 yel obispo de Lérida demanda limosnas para atender sus piadosas tareas,entre las que no es la menor la vigilancia de la construccion77.Ademas de las cofradias, hay capellanias ubicadas en las iglesias anejas a los puentes,que son atendidas por presbiteros78, los cuales, en ocasiones,se intitulan “beneficiados de la puente", puesto que se subvencionan con sus rentas.Igualmente existian capillas e iglesias servidas por clérigos dependientes de la jerarquia correspondiente79. Idéntico cariz tiene la asistencia dispensada a pobres y peregrinos en los hospitales, recintos que suelen encontrarse aparejados con los puentes, sobre todo en áreas de peregrinaci6n80. Existia la posibilidad de que hubiese edificios en los que radicaba fisicamente la organización administrativa del puente: las “casas del puente” son famosas en Zaragoza por ser sede de las reuniones del concejo;en Huesca, hay una homónima en Castejon81. La articulacion del puente dentro de la estructura economica y social se inserta como un instrumento de dominacion, tanto a nivel senorial - propietarios con jurisdicci6n dominical— como local —concejos y universidades-.Este proceso es correlativo al que sigue la propia dinámica organizativa de la construcción. El concepto de obra publica es indiscernible durante la Edad Media, y ajeno a ella: los bienes son particulares -el puente es propiedad de personas juridicas privadas: Ordenes Militares, concejos,senores, el rey-y, para poder utilizarlos,es preciso pagar los derechos correspondientes a quienes se han erigido en explotadores de esta fuente de beneficios; sólo en este sentido los puentes son publicos, lo que quiere decir de uso comun. 76. MIRET,op. cit.p.265 y AHN,Cartulario Magno,T.VI, pp.101-102, n. 98. 77. AHN,Cartulario Magno,T.VI,p.77 n.36. 78. Iglesia de El Puente (Sabinanigo): DEL ARCO,“El Archivo de la Catedral de Jaca” en Boletin de la Real Academia de la Historia LXV (1914) p.57.Castej6n: AHN Cartulario Magno T.VI,“Libro Verde de la Encomienda de Monz6n". 79.P.ej. Ripol,cuya iglesia provoca un pleito entre la Sede de Lerida yel Temple de Monz6n,cfr.FOREY,The Templars in the“Corona de Arag6n",Londres,1973,pp.38,41 y 274;y AHN,OO.MM.,Carp. 667 n.23,1261,III,5. 80. DURAN,op.cit.d. 560; Archivo de la Catedral de Huesca: Libro de la Cadena p.170 n.304;Archivo San Pedro el Viejo Huesca:Cartulario de San Pedro,fols.58v-59r. 81.AHN,Cartulario Magno,T.VI,101-102,n. 98. Las instancias de poder tienden a apropiarse de los objetos a traves de los cuales ejercen su dominio y control, economico y politico&2, categoria que incluye los habitualmente considerados “monopolios senoriales”,como los molinos83. Los senores detentaban un derecho jurisdiccional sobre un territorio, que les facultaba para imponer prestaciones personales -ya citadas—,aplicables a caminos y puentes, y rentas sobre Ios servicios que determinados instrumentos de uso colectivo prestaban,en raz6n de la inversión en ellos realizada y de su dominio eminente.De ahi la apelación, no demasiado infrecuente,a la exclusividad del derecho a construir puentes y, por consiguiente,a lucrarse de sus rentas&4,lo cual es, en definitiva, una defensa por los senores de sus prerrogativas. Solo muy tardiamente los gobiernos “centrales” fueron conscientes del interes politico que, para ellos, tenia el control de la infraestructura viaria y,aun asi, sus escasos recursos constrenian la efectividad de sus planteamientos85; en cualquier caso, no parece que este estadio tuviese vigencia en Aragón en la época en que,por el contrario,Castilla experimentaba una renovacion de planteamientos politicos--Reyes Catolicosy una acorde legislaci6n al respecto&6,aunque los resultados no fueron económicamente positivos. MENTALIDADES: RELIGION Y SUPERSTICION. Desde la época romana se ha conferido a los puentes un contenido religioso-de ahi la etimologia de pontifice-,rodeándolos de manifestaciones paganas que la Iglesia procuró cristianizar87. Ya se ha dicho que son caracteres intrinsecos del puente los que le convierten en un objeto extraordinario, susceptible de apropiaci6n por la mentalidad popular: la magnitud de la obra y su_persistencia. Esto hace que pervivan en su entorno ciertos rasgos magicos,que suelen plasmarse en leyendas.No es rara la denominacion de “Puente del Diablo”,referente siempre a la parti 82.Cfr. el caso de Castej6n por los Templarios; CABESTANY,op. cit.,p.1206, menciona el del arzobispo de Tarragona en su dominio seiorial. 83. Cfr. ORCASTEGUI,M.C.“Notas sobre el molino hidráulico como instrumento de trabajo y dominacion enel Aragon medieval (siglos XII-XV)"en Aragón en la Edad Media II(1979) pp.97-133. 84. De tal caracter es el pleito que mantiene el monasterio de San Clemente de Toledo,consiguiendo que los reyes prohiban la construccion de nuevos puentes que perjudican su propiedad,cfr. JIMENEZ,op. cit., pp. 172-181 y 194. 85. Cfr. CIPOLLA, op. cit. p. 290. 86. Ver MOLENAT,“Chemins et ponts..." y PEREZ BUSTAMANTE,op. cit., p. 164. 87. Cfr.SCHNURER,L'eglise et la civilisation au Moyen Age,Paris 1935,t.2pp. 652-672, yLE GOFF,Lacivilisation de l'Occident Medieval,Paris 1964,p.21. cipacion de las fuerzas ocultas y poderosas en la construcci6n; el atrevimiento técnico se explica concitando el concurso del demonio,mediante un pacto en el que el arquitecto vende su alma&8: en Huesca, reciben este apelativo el puente del congosto de Olvena,el situado bajo el embalse de Mediano, etc. Por otra parte, el deseo comun de que los puentes se perpetuen en pie induce a concentrar en ellos signos y simbolos beneficos que intentan conjurar las habituales destrucciones y derrumbes.La actuacion de la Iglesia es mas evidente en este área: proliferan las efigies de santos y las cruces89, hay muchas capillas en las cabeccras, etc. En especial, se tiende a santificarlos, colocandolos bajo la advocacion de ciertos santos protectores o salvificos, a los que se suelen atribuir milagros relativos a la buena conducci6n o a las mismas construcciones: Saint Bénézet seria el ejemplo mas clasico; en Huesca,son frecuentes las dedicaciones a San Nicolas, San Salvador, San Crist6bal o San Miguel,que,en este caso,supone precisamente la antitesis del demonio. La extendida concepcion de acto de caridad hace que las distintas autoridades religiosas estén presentes en la construccion, sobre todo,de capillas y hospitales anejos a los puentes, asi como en la potenciacion de esta vertiente, mediante concesion de indulgencias y otros bienes que ya sc han mencionado. Es representativa al respecto la frase del obispo de Leri$\mathbf { d } \mathbf { a } ^ { 9 0 }$ :Nulli dubitum est quin id opus inter cetera misericordie opera debeat excellentius conputari. Dentro de esta tónica, hay que enmarcar el peculiar esfuerzo llevado a cabo en el Camino de Santiago,que ha dado lugar a famosos santos como Domingo de la Calzada y Juan de Ortega91. En Huesca hay dos ejemplos: San Miguel de Jaca y el puente de Martes92. Hay noticias abundantes de que se ayuda a la construccion de puentes para facilitar el camino a los peregrinos,pero esta observacion no debe inducir a la creencia de que siempre era gratuito el paso; solo sucede asi excepcionalmente93. 88. Sobre el puente de Mediano situa la tradici6n la muerte a traicion del rey don Gonzalo. STEINMANN, op. cit.,recoge la leyenda del puente de San Martin de Toledo.GARCIA BOIX,op.cit.,da una referencia del mismo tipo. 89. CABESTANY,op. cit., p. 1208. 90. AHN,Cartulario Magno,T.VI, p.77 n.76,1207,XII.1. 91. Cfr. VAZQUEZ DE PARGA,LACARRA y URIA, Las peregrinaciones a Santiago, Madrid,1949,pp.22,25y 175. 92. Ibid. p. 19. 93. Ver mas arriba la actuacion del arzobispo Pedro Tenorio,cuyo puente esta en relacion con ia peregrinacion ai santuario de Guadalupe, JIMENEZ DE GREGORIO,op.cit. da tres versiones de la leyenda en torno a su construccion. II. Puesto que resulta virtualmente imposible incluir aqui todas las citas documentales -en la esperanza de que el mapa cumpla en parte este cometido- sirvan como ejemplo dos puentes que traen a colaci6n sendos problemas.En primer lugar,Puendeluna, sobre el rio Gallego,puente situado en un tramo fundamental del tradicional camino en Huesca hacia Navarra por las Cinco Villas94. En 1206,el rey Pedro II concede licencia para poblar el lugar de Rosel —donde habia un vado-,que situa iuxta pontem qui de novo construitur in fluvio qui dicitur Galleco95 y entrega a Fernando,abad de Montearag6n, las decimas y primicias de los pobladores del mismo.Los extremos del problema son: la construccion de un puente en una via de comunicacion importante da lugar a un asentamiento humano e, incidentalmente,a que los tributos eclesiasticos reviertan en una entidad religiosa que intentara beneficiarse y potenciar esta circunstancia.En octubre del mismo anio,el puente,denominado de Rosel, recibe un legado testamentario de diez sueldos; el doble le dedica otro redactado cuatro anos después96: estas dos citas son indicio suficiente de que, efectivamente,la edificación se estaba realizando por entonces.En 1212 se define ya con claridad la postura de la abadia de Montearagón frente al concejo de Luna, entidad que lleva a cabo la construccion: en febrero,el abad Fernando dona al pontero y primicerios de Luna la iglesia que el monasterio habia edificado junto al puente —dedicada a San Nicoläs- a cambio de un censo anual de un áureo alfonsi, reservandose el dominio sobre la misma y sus posesiones si el lugar se puebla97; delimita el puente de Arrosel, inter terminos de Luna et de Ayerb.Unos meses más tarde,el abad entreg6 al concejo de Luna la iglesia con todas sus posesiones y los beneficios obtenidos por sus cofrades de modo que, si en Rosel se instalaba finalmente una población,las décimas y primicias se repartiesen a medias entre abadia y concejo,dotando con ellas una plaza de sacerdote y otra de escolar en la iglesia; en esta ocasi6n, el puente recibe ya el nombre de Luna98.En 1237,es receptor de otro legado similar a los aludidos99. Ya en 1315,el pontaje que se cobra en Luna es evaluado en ochenta sueldos anuales y se computa entre las Rentas Reales,estando concedido por el rey,a violario,en favor de un particularlooLa magnitud de los restos actuales, con sillares de buen tamano, indica las dimensiones de esta obra que, durante todo el periodo medieval, posibilitó el trafico humano y mercantil entre ambas orillas del Gallego. El puente de Castejon, que se mantuvo en pie hasta 1907, ha pervivido en el toponimo de la poblacion mas cercana: el medieval Castelo Ceboler o Cepolario-llamado durante cierto tiempo“del puente de Monz6n"— y suscita complejos problemas significativos de la explotacion por una orden militar. A. Ubieto defiende la hipotesis de un origen romano para el puente, formando parte de la via Ilerda-Oscalo1; se basa en argumentos hist6ricos, toponimicos y arqueol6gicos.La poblacion se reconquist6 en 1099,cuando result necesario controlar un paso del rio para atacar Barbastro; al establecer Pedro I los limites de esta poblacion,se menciona el lugar por primera vez. Conquistada Monzón,es evidente la importancia económica del puente -unica posibilidad de crucar el Cinca-: en él se cobra una lezda por las mercancias. La ordenacion_politica del territorio impone el cambio,entre Ramón Berenguer IV y Pedro de Estopinan, de la tenencia del castillo de Castejon y el citado impuesto por el de Monz6nl02, entregado poco despues a los Templarios; éstos, en fecha indeterminadal03, reciben de Pedro II castillo y pontaje. Con anterioridad, Alfonso II habia concedido que se instaurasen limosneros para recaudar fondos destinados al puente104, que, en 1206 y 1213,obtuvo sendas donaciones reales: unos molinos y una bastida105;en1207 el obispo de Lerida concedio indulgencias a quienes ayudasen a la construccion y a una cofradia que atendia un hospital-de San Salvador-para pobres y transeuntes106. A lo largo de la primera mitad de siglo,el puente recibe varios legados que hacen pensar en una reconstruccion107. 100. CODOIN,T. XXXIX, pp. 150-151. 101.UBIETO $\mathbf { \mu } ^ { * * } \langle i \mathbf { n }$ puente romano?" en Caesaraugusta VI(1955) p. 243-251. Rebate esta opinion LOSTAL,Arqueologia del Arag6n Romano,Zaragoza,1980,p.37-8 102.MIQUEL,op. cit.,d. 26 y 44 y CODOIN,VI,d. CXXXVII y CLXII. 103.AHN,C6d. 1032,n. 118.Hasta entonces lo tenia en feudo Berenguer de Tamarite, quiza hijoo nietodel anterior.Por otro lado,en1173(AHN,Cart.MagnoT.VI,p.317- 8,n.250) hay una concordia entre el comendadory los vecinos de la villa de Monzon sobrelanavegacion fluvialdel Cincaentreel pueyodelcastilloyelpuente de Castejon. 104.AHN,Cart. Magno, T.VI,p.128,n.127: 1194. 105. MIRET, Les cases..., p. 265. 106.AHN,Cart. Magno,T.VI,p.77, n.76. 107.DURAN,op.cit.,d.416,702y722; Cart.S.Pedro el Viejo,ff.13r.-v.y04r.-105r. El Temple se hace efectivamente con el dominio util del puente,la villa y el castillo de Castej6n en 1219,pagando un censo anual de mil sueldos a Jaime I08,cantidad que se reduce ala mitad cinco anos despues,aduciendo los gastos del comendador por el reino y las escasas rentas que producian estas posesiones109;sinduda,los motivos fueron politicos.En1247 el rey realiza un acuerdo con la Orden,instando aque las rentas del puente se invirtiesen en su reparacion de modo que el paso fuera comodol10 A fines de este siglo,la situacion estä configurada por el pontaje que reciben los Templarios-pago del que son eximidos en 1290 los habitantes de Barbastro, Monzon,Monclus,Huesca,Lerida y Zaragozall-y el peaje que alli cobraba el rey,englobado en los derechos “de ultra puertos” y arrendado a particulares por trescientos noventa sueldos en $1 \dot { 2 } 9 7 ^ { 1 1 2 }$. La“crisis”del XIV se plasma en la presion del Hospital —sucesor en la poblacion-por recibir autorizaciones reales para el cobro de pontaje: en 1334 Alfonso IV debio conceder uno por cuatro anos; al expirar este plazo-marzo de 1337-,Pedro IV lo prorroga por otro cuatrienio,insistiendo en que los beneficios se inviertanen la edificacionl13.En julio del mismo ano, los vecinos de Barbastro intentan evitar esta exaccion bajo proteccion real,por los gastos que habian efectuado en la obral14. Un extenso documento,datado en Barcelona el 21 de febrero de 1343,contiene el acuerdo entre el rey y el castellan de Amposta con importantes provisiones para el puenteli5.En la primera parte se expone una sucinta historia de la obra: Jaime I habria donado puente e iglesia al monasterio de Alaon para que cuidase la obra y mantuviese tres presbiteros bajo patronazgo real; esto acaeció antes de 1219,en que el rey donó a censo el castillo y la villa de Castejon a la Orden del Temple; de esta Milicia pasó a poder del Hospital: el comendador de Monzon,segun la sentencia resultante, se obligaba al mantenimiento del puente y de los religiosos que atendian la iglesia asi como a satisfacer una cantidad al rey,la cual—deducidos 108.AHN,C6d.1032,pp.134-7,n.81(cit. MIRET,Itinerari de Jaume I "el Conqueridor", Barcelona,918,p.33).Enyode220,lcsadelpete,uecuentacouc tor,recibe una donaci6n: AHN,Cart. Magno,T.VI, pp.101-2,n.98. 109.AHN,C6d.1032,pp.137-8,n.82y Cart. Magno,T.VI,p.184,n.197. 110.HUICI-CABANES,op.cit.,d. 467. En su Crónica (ed. SOLDEVILA,Barcelona, 1971) el rey menciona que cruzó este puente en 1265. 111. UBIETO,Coleccion Diplomatica de Pedro I de Arag6n y Navarra, Zaragoza,1951,p. 110, nota 25. 112.NAVARRO,op. cit.,d. 67; CODOIN,T. XXXIX,p.295. Era,evidentemente,el unico puente,pues solo en 1312 la universidad de Monzon recibe autorizacion de Jaime II para hacer uno alli: ACA,reg. 209, f. 175. [13.AHN,Cart. Magno,T.VI,pp. 140-1,n.143. 114.Espana Sagrada, XLVII,p.30 y Apendice XVII,p. 230. .15.AHN,Cart. Magno,T.VI,pp. 142-7, n. 145. los gastos de dos nuevas capellanias- debia invertirse en la obra; se eximia al Hospital del pago del censo por la villa y el castillol16. A pesar del dictamen, el pleito sobre las rentas del puente proseguia; Pedro IV llega finalmente a un convenio con el castellän: el comendador de Monzón deberia invertir todos los anos cuatro mil sueldos hasta que el puente esté totalmente edificado en piedra y sea estable; proveerian esta cantidad las rentas de la Bailia de Monzon y un capataz recibiria el dinero,responsabilizandose de su inversion; se regula la situacion y salario de los presbiteros y se nombra un recognitor de que las disposiciones se cumplan.La inversión anual-asignada a los lugares de Estiche,Pomar, Santa Lecina, Castej6n y Binaced—deberä renovarse si el puente cae,siendo asi la Orden responsable perpetuamente de que se mantenga en pie; los clérigos, pagados a cargo del peaje y peso de Monzon,se denominaran “beneficiados de la puentel7Elreyabsuelveal Hospital decualquierotracarga,excepto las mencionadas.A continuaci6n,Pedro IV expidió otro documento 一 que resume la concordia- regulando el pontaje que se habia de cobrar, identico al de 1337, cuya exaccion duraria hasta que el puente se hallase terminado. Como este privilegio se habia extinguido en 1341, entre esta fecha y 1343 debieron tener lugar todos los problemas con el Hospital a que el rey se refierel18. En cualquier caso,de la magnitud de la obra y del interés por ambas partes_ es evidencia este documento. Sin embargo,a nivel de comunicaciones,la construccion de un nuevo puente en Monzon —por privilegio de Jaime I en 1312- acab6 definitivamente con la preponderancia del puente de Castejon119. \*116.Ibid.,pp.145-6,con fecha 20 de enero,contenido en el doc.anterior. 117.AHN,Cart. Magno,T.VI,“Libro Verde de la Encomienda de Monzón". 118. Cfr. ACA,Cartas Reales, caja 6,d.747 y caja8,d. 1069. 119. UBIETO, $\mathbf { \mu } ^ { * } { \bf { \dot { \zeta } } } _ { i } \mathbf { U } \mathbf { n }$ puente romano?”, p. 249. CUADRO I <table><tr><td>Fecha</td><td>Puentedestinatario</td><td>Cantidad</td></tr><tr><td>1059-29-VII</td><td>Cacaviello</td><td>1/3 bienes</td></tr><tr><td>1061-15-III</td><td>sin determinar</td><td>1/3 bienes</td></tr><tr><td>1082</td><td>Garcipollera?</td><td>indeterminada</td></tr><tr><td>post 1150</td><td>Castej6n</td><td>1/2 vina</td></tr><tr><td>1206-X</td><td>Luna</td><td>10 ss.</td></tr><tr><td>1209-3-II</td><td>Castej6n</td><td>100 ss.</td></tr><tr><td>1210-VII</td><td>Castej6n/Luna</td><td>20 ss./10 ss.</td></tr><tr><td>1228-VI</td><td>Castejon/Monflorite/</td><td>5ss./5ss./</td></tr><tr><td></td><td>Castejonde Arbanies</td><td>3ss.</td></tr><tr><td>1237-13-VIII</td><td>Luna/Fananas/Castejon</td><td>2 ss. c/u</td></tr><tr><td>1238-28-XII</td><td>Monflorite/Cast.Arbanies</td><td>5 ss.c/u</td></tr><tr><td>1242-5-VI</td><td>&quot;Ferrer Salmonis”</td><td>10ss.</td></tr><tr><td>1244-19-XI</td><td>Ainsa</td><td>1 cahiz trigo</td></tr></table>. CUADRO II <table><tr><td>Fecha/lugar</td><td>peon</td><td>jinete</td><td>animal cargado</td><td>animal conductor</td><td>ganado mayor</td><td>ganado menor</td></tr><tr><td>1312-Monzón</td><td>1ob.</td><td>1din.</td><td>1din.</td><td></td><td>4ob.</td><td>10ob.</td></tr><tr><td>1337-Castejon</td><td>1ob.</td><td>1 din.</td><td>1din.</td><td>1 din.</td><td>4ob. 4ob.</td><td>4ob. 4ob.</td></tr><tr><td>1343-Castejon 1442-Sarifiena</td><td>1ob. 1ob.</td><td>1din. 1din.</td><td>1 din.</td><td>1 din.</td><td>1ob.</td><td>1/2 ob.</td></tr><tr><td>1456-Boltana</td><td>1din.</td><td>2 din.</td><td>1 1</td><td>一</td><td>一</td><td></td></tr></table>. Lam.I.PUENTEDEFANLO.SobreelrioGallego.Suvoladuradurantela guerracivil(1936-39)permiteobservarelrellenodecascoteyelcr:idadoaparejo externo;en el intradósdel arco central son visibles losmechinalesparala cimbra.EscitadoenelS.XIV,dandonombreaunacircunscripcionadministrativa:elJusticiadodePuentedeFanlo.Actualmenteha sidoreconstruido. Lam.II.PUENTEDESANTALIESTRAYSANQUILEZ.Sobreel rio Esera,noaparecemencionadoenladocumentación,pero susrasgosestructuralessonelocuentes:perfilencuestapronunciada,calzadaestrecha,tajamares deseccion triangularymarcadosen plantaconfigurando apartaderos.
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17,035
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Patrimonio histórico. El azafrán medieval de Gúdar-Maestrazgo.
HISTORIC HERITAGE. THE MEDIEVAL SAFFRON OF GÚDAR-MAESTRAZGO. Joaquín Aparici Martí Universitat Jaume I. Castelló. Resumen: Producto de escasa entidad física, pero alto valor económico, el azafrán cultivado en determinadas zonas de la Corona de Aragón durante la Edad Media permitió establecer circuitos de intercambio a nivel internacional. Presentamos ahora una de esas zonas de producción. Palabras clave: patrimonio, azafrán, Edad Media, Corona de Aragón. Abstract: Product of scarce physical entity, but high economic value, the saffron produced in certain areas of the Crown of Aragon during the Middle Ages allowed to stablish circuits of interchange at international level. Now we present one of those areas of production. Key words: heritage, saffron, Middle Ages, Crown of Aragon. 1. El producto1. Especia de uso culinario, históricamente el azafrán ha servido a su vez como elemento en farmacopea, como ingrediente en perfumes o como colorante natural. De laboriosa recolección y preparación, la productividad, que no la producción, puede justificar la denominación de la especia como «oro rojo», así como también fundamentar el elevado precio final del mismo. De la misma manera, permite demostrar a su vez la existencia de toda una picaresca a su alrededor que, mediante la adulteración del producto, trata de aumentar todavía más si cabe el beneficio obtenido en su comercialización. El azafrán comercializado es el conjunto de estigmas, desecados o en polvo, obtenidos de la flor que produce la propia planta del azafrán. Nacida de un bulbo, en el extremo superior del tallo encontramos las flores que poseen pé- talos de color violáceo, tres estigmas de color escarlata (los briznes), así como estambres de color amarillento. Son los estigmas los que se usan para la obtención del azafrán, mientras que los estambres formarían un subproducto sin valor comercial pero que, en ocasiones, podía ser utilizado para la adulteración. La planta como tal acepta una enorme variedad de condiciones ecológicas, tanto edáficas (suelos), como climáticas, si bien preferentemente se sitúa su cultivo en climas templados continentales, o mediterráneo de transición continental, con inviernos frescos y veranos calurosos y secos, y con precipitaciones no muy abundantes a lo largo del año, emplazando el área de cultivo en unas altitudes entre 600 y 1200 metros (Rubio, 2007: 202-203). Posiblemente, estas circunstancias geo-climáticas pueden explicar la importancia alcanzada por este producto como cultivo durante la Edad Media en ciertas zonas interiores de Cataluña y de Teruel. La cebolla del azafrán se planta a fines de junio, en surcos con una profundidad de 20 centímetros que la protegerá de las inclemencias climáticas. Durante el otoño se produce la floración del azafrán, en un lapso de 15 a 25 días, entre mediados de octubre y noviembre. Cada día nacen nuevas flores que son recogidas manualmente durante las primeras horas para evitar que la insolación las marchite. Generalmente es la segunda semana de floración la que ofrece un mayor volumen de producto, menguando progresivamente a partir de ese momento. Recogidas en cestos de mimbre, las flores se extienden en casa para su aireado y posteriormente se procede al desbriznado (obtención de los estigmas) procurando no romperlos y que mantengan el color rojizo, sin tonos amarillentos (de los estambres) ni violáceos (de los pétalos). En esta labor la intensidad del trabajo es importante, reuniéndose generalmente los miembros de la familia para poder aumentar la productividad, puesto que para obtener un quilogramo de azafrán seco se precisa de la manipulación de unas 100.000 flores aproximadamente. Pero el proceso continúa con el tueste a fuego lento de los briznes, formando con éstos una especie de torta de entre 0,5 y 1 centímetro de grosor, para conseguir la eliminación del agua que contienen, labor compleja puesto que un exceso de tueste restaría valor al producto, y una deshidratación incorrecta podría provocar la putrefacción del mismo. Finalizado el proceso, el azafrán resultante se almacena protegido de la luz, de la humedad y del aire, para conservar así el aroma y el color hasta que se produzca su posterior comercialización (Rubio, 1997: 55-74 y 2007: 205). 2. El azafrán en los territorios peninsulares de la Corona de Aragón. Sobre el valor medieval del azafrán, se pueden argumentar varias ventajas en su cultivo (Verdés, 2008: 227-228). La primera es que podía funcionar como «producto ahorro» pues, tras el desecado, su conservación quedaba asegurada durante un lapso de tiempo que podía durar varios años, aspecto que, unido a su elevado valor económico con respecto a su escasa entidad material, lo convertían en un elemento para cubrir gastos en cualquier momento inesperado. Una segunda ventaja es que, a pesar de la necesidad de mano de obra, el rendimiento es muy elevado y podía incluso aumentar si se lograban reducir los costes de la explotación circunscribiendo su cultivo al potencial de trabajo que poseía cada unidad familiar. Una tercera ventaja era su perfecta adaptación al policultivo medieval, puesto que el principal esfuerzo en la cosecha del azafrán (octubre a noviembre) no interfería en gran medida en el resto de actividades agrarias, además de que el azafrán proporcionaba un rendimiento casi inmediato y que, en caso necesario, rápidamente la parcela cultivada podía reconvertirse en campo de cereales. Finalmente, no podemos olvidar la demanda comercial del producto, que lo hacía atractivo gracias a su elevado precio. Por ello, a la especialización agraria en su producción en determinadas regiones italianas e hispánicas se unió su comercialización hacia los mercados del norte de Europa que demandaban dicho producto (Petino, 1951). En los diversos territorios peninsulares que conforman la Corona de Aragón se desarrolla el cultivo del azafrán durante la Edad Media. Desde inicios del siglo xiv se documenta en tierras catalanas la producción y exportación de azafrán hacia las ferias de Champagne y la región de Flandes. Por ejemplo, desde Manresa entre 1334 y 1356 se documentan más de un centenar de viajes hacia dichos destinos, con importantes cantidades de este producto que, en su global, ascienden a la nada desdeñable cantidad de 5 toneladas y 178 quilogramos (Rafat, 1993: 270-279). Por las mismas fechas, lugares como Cardona muestran también una importante producción y almacenamiento. Se une además la consideración social del «valor» del producto pues diversas mandas testamentarias son sufragadas, por orden del testador, con el valor que alcanza el azafrán (Galera, 2015: 540). Con todo, parece ser que es la primera mitad del siglo xv la que marca el momento de máximo auge, con un gran protagonismo del producto autóctono en ámbito europeo, y con la atracción suscitada sobre el interés de los comerciantes alemanes (Diago, 2002). De hecho, la importancia del azafrán catalán es tal que hubo que tomar disposiciones para evitar el fraude, tanto en el proceso de secado como en su posterior comercialización, con órdenes y constituciones reales que se datan en 1353, o con la legislación emanada desde la diputación, institución que en 1442 reúne a personas expertas en el comercio del azafrán para tratar de nuevo las ordenanzas emitidas sobre su elaboración y comercialización, pues éstas habían provocado ciertas protestas. De hecho, las ordenanzas enviadas por la diputación a las autoridades locales muestran un gran interés por el control total sobre el circuito que sigue el azafrán, con la reglamentación sobre su producción y elaboración castigando el fraude, la regulación estricta de su comercialización, la creación de un personal cualificado capaz de asegurar el cumplimiento de la normativa (veedor del safrà), y por último, la organización de una fiscalidad que grave la exportación de tan preciado producto (dret d’eixida del safrà). A fines del siglo xiv, poblaciones como Cardona, Vilafranca del Penedés, Igualada, Cervera, Tárrega o Balaguer forman parte de la ruta del azafrán camino a Barcelona (Galera, 2015: 542). En 1441 sigue manteniéndose el listado como tal, ampliándose con Montblanc, Guissona, Santa Coloma de Queralt o Calaf entre otras, como principales núcleos de producción y comercialización del azafrán (Verdés, 2001). Ese azafrán se encaminó inicialmente hacia la ciudad de Barcelona que se convirtió en importante puerto de distribución del producto ya a fines del siglo xiv. Para ese período se documentan hasta 8 contratos que hacen referencia directa a la exportación del azafrán con destino a Flandes (Polonio, 2012: 380- 383).2 Además, el azafrán y su comercio por parte de mercaderes de las compañías alemanas (Diago, 2002) es actualmente objeto de investigación utilizando como fuente documental las series conservadas relativas al derecho alemán y saboyano entre 1425 y 1445 (Casado, 2014 y 2014-2015). El listado del derecho real sobre el comercio de los alemanes, datado en 1443 y conservado en Barcelona, muestra a varios mercaderes alemanes (Jous Hompis, Johan de Colunya, Gaspar de Vat, o Jaume Rostenegater de Ulm) importando productos textiles, como lienzos de Suavia, fustanes, telas y cañamazos de los Países Bajos, así como también metal. Mientras, en el lado de las exportaciones destacaba especialmente el azafrán.3 Como ejemplo, el 26 de enero Mateu Stany y Joan de Colunya declaran sacar 300 libras de safrà contrafet d’Orta y otras 240 libras de safrà d’Orta. El mismo día, Jous Hompis declara sacar otras 900 libras de safrà d’Orta y 440 libras de safrà contrafet. También se menciona la variante de safrà d’oli mercader (Schulte, 1923: 513-515). No sólo hay diversas variantes de azafrán comercializado4 sino que además, en los ítems documentados, en ocasiones se indica que el producto sale por tierra (como el 1 de marzo) o en naves italianas como las galeras florentinas (el 26 de abril). Y respectivamente, la vía terrestre se dirige hacia Perpiñán y la vía marítima hacia Génova. Ahora bien, la pujanza del comercio internacional del azafrán catalán parece entra en cierto declive como consecuencia de la guerra civil que sufre aquel territorio (1462-1472), y que pudo propiciar el desplazamiento de los centros de comercio del azafrán hacia tierras aragonesas y valencianas (Verdés, 2001: 759). Con todo, en ambos territorios ya se documenta el cultivo y comercio de dicho producto con anterioridad al citado momento bélico. Los mismos mercaderes alemanes que actúan en Cataluña se interesan también por el azafrán aragonés, en una dinámica similar de exportación como pone de manifiesto el registro zaragozano de 1430. En este documento, los 57 ítems que muestran la salida de mercancías desde Zaragoza hacen referencia exclusiva al azafrán, si bien en algunos de los ítems el declarante indica que compró el producto en Cataluña, hacia donde es remitido para que abone el impuesto. Por ejemplo, en diciembre, Jous Hompis manifestà que havia comprat en Cathalunya 195 libras de azafrán, y que fonch remés a Barcelona per pagar lo dret (Schulte, 1923: 507-510). De la misma manera, las tablas de recaudación de la «collida» de Huesca muestran esa exportación. Dicha «collida» cubría la frontera con el territorio catalán al norte del río Ebro y percibía las tasas del tráfico de las rutas terrestres de esa zona hacia la ciudad de Barcelona, así como también la vía fluvial del Cinca y el Mequinenza, ya sobre el Ebro, en ruta hacia Tortosa. En Huesca se han conservado algunos registros, y en ellos se hace referencia al azafrán. Para el período comprendido entre agosto de 1449 y agosto de 1450 se muestran 1050 asientos de salidas, de los que 106 hacen referencia al azafrán, así como otros 51 de los 305 asientos de salidas de la tabla fragmentada e incompleta del período que ocupa desde junio a agosto del año 1447 (Sesma, 2005). En el primer caso, el volumen de azafrán consignado a su paso por la tabla ascendía a poco más de 296 libras, mientras que, en el segundo, el global alcanzaba algo más de las 96 libras y 7 onzas. En el ámbito turolense también se documenta la producción del azafrán.5 Muniesa, un lugar del común de Huesa, ubicado en un ámbito geográfico privilegiado por encontrarse en el centro de un triángulo natural que une la zona de Daroca con Teruel y Zaragoza, la documentación notarial pone de manifiesto la importancia económica de su cultivo. De 1442 data una ordenanza en la que se penaliza con 2 sueldos el arriendo de tierras a forasteros que pretendan plantar azafrán. A fines de siglo, se prohíbe incluso la venta de la cebolla a los foráneos, es decir, a aquellos que no son del común de Huesa. Incluso se crea una tabla de control de las salidas del azafrán, siendo controlada en 1478 por Luis de Rodiella, quien precisamente era uno de los principales mayoristas del comercio del azafrán (Martínez, 2012: 322-324). Pero, además, en dicha zona se documenta a mercaderes catalanes contratando la compra del azafrán a la colectividad de vecinos de Muniesa, al menos hasta 1460, momento en que serán sustituidos por mercaderes aragoneses, aunque el ciclo del azafrán seguía manteniendo el camino de exportación hacia tierras catalanas. Incluso en 1498 se documenta a dos mercaderes de origen alemán, Luís y Gaspar Solicofer, comprando azafrán en Muniesa y Daroca. Otro de los territorios de la Corona de Aragón que participa en la producción y comercio de este producto es el reino de Valencia, ya desde inicios del siglo xiv. Así, algunas comandas mercantiles registradas en protocolos notariales durante la primera mitad de dicha centuria muestran una cierta variedad de productos agrícolas valencianos de consumo selecto o de dedicación industrial que son exportados hacia otros territorios. Entre dichos productos se documenta el azafrán, con destino hacia Túnez (1 comanda), las islas de Cerdeña (1 comanda) y Mallorca (1 comanda), o Andalucía (1 comanda). Así, por ejemplo, en 1326, los mercaderes Guillem Magencosa y Miquel Tolsá se reconocen mutuamente llevar en comanda diversos artículos, entre los que estaba el azafrán, en dos naves que van a realizar una travesía desde la costa valenciana a Sevilla (Mira, 2005). En el transcurso del siglo xv se documenta el cultivo del azafrán en ámbitos geográficos valencianos diversos, tanto al sur como al norte del reino. En junio de 1422 Francesc Barceló expide hacia Nápoles en el ballenero de Bertolí Joan, de Denia, 10 libras de azafrán valenciano para el rey, a precio de 33 sueldos por libra. También la zona entorno a Elda produce alazor, variante del azafrán (safrà boit) a fines del siglo xv. En 1496 los alemanes de la pequeña compañía compraron un global de 210 arrobas de este producto (Guiral, 1989: 420-422).6 Mientras, al norte, en 1498 se documenta el cultivo de azafrán en una población próxima a tierras turolenses, Caudiel, en la tenencia de Jérica.7. El azafrán valenciano es, al igual que el aragonés y catalán, objeto de exportación en ámbito europeo. En octubre de 1440 el mercader veneciano Nicolau Vener exporta un total de 39 arrobas de alaffor (azafrán bastardo), estimadas en 48 libras (López, 1975). En 1446, Johan Lorenço, un marinero portugués de la villa de Viana, en calidad de procurador de Mair del Porto, judío portugués, reconoce que Joan Solanes, mercader de Valencia, le ha pagado 7 libras 12 sueldos 6 dineros restantes a pagar por 9 libras y 10 onzas de azafrán. $^ 3 \mathrm { E n } 1 4 5 1$ , el mercader florentino residente en Valencia Bonjohan Johan Fillaci, por él mismo y por su sociedad, junto a Lorenç Soler y Pere Pardo, asegura con 100 libras por cada uno, a Rafael de Bellpuig, sobre 4 piezas de paños de lana en una bala y otros productos entre los que se documenta una caja grande con 27 libras de azafrán, cargados en la playa de Valencia en la galeata patroneada por un tal Gallardet, francés, navegando hacia Berbería o la España musulmana, descargando, cargando, y regresando a Valencia.9. Con todo, el azafrán valenciano también es exportado vía terrestre. En los registros de declaración de mercancías de salida por la aduana de Segorbe, para el amplio período que ocupa desde 1463 hasta 1490, el azafrán suma un modesto total de 11 libras y media más 69 onzas y media que salen de territorio valenciano hacia tierras aragonesas. Como vemos, cantidad casi anecdótica, pero presente (Villanueva, 2007: 204). Y en la Plana de Castelló documentamos su uso como colorante en 1394, cuando se pagaba cierta cantidad de dinero por el azafrán comprado por el consejo municipal de Vila-real para acolorar les dites diademes de los apóstoles que se hacían para la representación teatral del viernes santo.10 3. La zona Gúdar-Maestrazgo. Regesta documental. Ahora, la pretensión es dar a conocer otro ámbito geográfico productivo del azafrán, como son las tierras de confluencia entre la Sierra de Gúdar y el Maestrazgo, en sus dos vertientes, la aragonesa y la valenciana. La zona, con una altitud media por encima de los 1000 metros, con un clima mediterráneo continentalizado y una gradación forestal según nivel de altura, presenta en su conjunto las características necesarias que permiten el cultivo del azafrán. La zona aparece tradicionalmente vinculada a la explotación ganadera y a un hábitat en ocasiones disperso para aprovechar al máximo los posibles rendimientos del terrazgo, documentándose numerosas masías por los términos de las poblaciones allí situadas (en la zona de Teruel núcleos como Cantavieja, La Iglesuela, Mirambel o La Cuba, y en zona castellonense núcleos como La Mata, Vilafranca, Olocau o Cinctorres). Las relaciones sociales, humanas y económicas entre los habitantes de esa zona de confluencia son constantes a lo largo de la edad media (Navarro y Aparici 2008; Aparici, 2010). En dicho ámbito geográfico documentamos, a nivel agrario, la presencia de parcelas (sorts, tros, banqual, terra) sin mayor especificación que la indicación que son de tierra, aunque en ocasiones se relaciona con el cultivo cerealístico (definidos en la documentación con sustantivos como tric, avenes, speltes, forment). También se hace mención a otras parcelas con ferreginals, viñas y parrales, huertos, carrascales, etc. Pero además ese territorio también fue, durante los siglos xiv y xv, zona de producción de azafrán, tanto en las estribaciones de la vertiente turolense como en la castellonense. La pista inicial nos la ofrece el consejo municipal de Mirambel cuando consigna, entre sus gastos, pagos efectuados con azafrán, que en 1475-1476 suponen un montante de 46 sueldos 5 dineros, pero que en el bienio 1488-1489 asciende ya a los 444 sueldos 2 dineros (Navarro, 2008: 43-45). Partiendo de esa base, hemos iniciado una serie de búsquedas en la documentación conservada en el Archivo Notarial de Morella11 que ha reportado los datos que comentamos a continuación (un total de 76 documentos cuyo regesto y numeración se pueden consultar más abajo). Básicamente, el conjunto de noticias nos informan de la compra-venta anticipada del azafrán, obligándose el vendedor a entregarlo ya recogido, en alguna fase de elaboración (separación de estambres o en bri, ya seco o sech, documentos 1, 23, 34, 35, 37, 42, 43, 46, 57) aunque lo normal es que se establece la compra anticipada respecto del global de la cosecha que se espera obtener en relación con una determinada superficie de tierra (cahizada, suerte, bancal), por lo que la cantidad final de producto queda supeditada a las posibles variaciones en dicha cosecha (doc. 24, 26). En ocasiones se especifica que se trata de la cabeza o cebolla plantada del azafrán, cabota o caboça de safrà (doc. 15, 25, 47, 48, 59, 67, 73). También en ese sentido se documentan contratos de venta anticipada del azafrán plantado, pero en porciones de tierra que no pertenecen al vendedor, quien especifica que el azafrán es suyo pero que aquel está en una parcela de otro propietario (doc. 11, 27, 30, 32, 33, 36, 38, 54, 60). Su cultivo se circunscribe a una serie de poblaciones limítrofes, ubicadas unas en ámbito turolense y otras en ámbito castellonense, pero vecinas, al fin y al cabo. De un lado encontramos numerosas menciones al azafrán plantado en La Mata, aldea de Morella (doc. 2, 27, 41, 54, 55, 56, 62, 63), en Vilafranca (doc. 3, 4, 6, 8), Olocau (doc. 7, 27, 68), Cinctorres (9, 28, 40, 45, 53), La Todolella (60), El Portell de Morella (65), la masía de Celumbres (14, 29) o Saranyana (61). Las menciones en ámbito turolense son algo menores, a saber, La Cuba (11, 17, 73), Cantavieja (56), Mirambel (12, 58) o La Iglesuela (69). Aún así, podemos observar esa dualidad geográfica a su vez a través de la vecindad del comprador y vendedor establecida en el contrato (doc. 24, 42, 47, 62, 64, 65, 67, 69) y que amplía la geografía hacia poblaciones como Fortanete, Cantavieja o Mosqueruela. Cabe unir también que la documentación permite en ocasiones hipotetizar sobre la posible existencia de ciertas zonas del término municipal que aglutinaron, en un espacio próximo, las parcelas de cultivo de azafrán, pues los lindes mencionados así lo indican (doc. 12). Sin embargo, la documentación disponible no nos permite observar que el cultivo del azafrán tuviera un peso específico o destacado en la zona, o en alguno de los términos municipales. Posiblemente su cultivo respondiera a un interés de diversificación agraria para la obtención de un mayor rendimiento económico del terrazgo debido al valor del producto. Las noticias, puntuales, sólo permiten ver la difusión capilar de su cultivo en una amplia zona interior que muestra parcelas en diversos núcleos habitados, pero poco más. Por ello, no es extraño observar como una misma parcela de tierra o sort aglutina cultivos de viña, tierra o sementera de cereal al mismo tiempo que el azafrán, como por ejemplo un troç de terra e safrà tot ensemps (doc. 45, 54, 55, 56, 58, 62). Por otro lado, la importancia del azafrán y de su valor económico se puede observar en alguno de los documentos que muestra dicho producto como garantía de pago en determinadas operaciones efectuadas ante notario (doc. 11, 61), o que tiene un importante componente social según se muestra en determinados legados testamentarios o en la partición de bienes de un difunto entre sus herederos, consignándose en numerosas ocasiones que el azafrán restará común hasta el momento de su partición (doc. 3, 48, 49, 50, 51, 52, 58). También cabe indicar que algunos de los participantes en este comercio de compra-venta reiteran su presencia en esta actividad, bien como propietarios del azafrán plantado en el parcelario y vendiéndolo de forma anticipada como Domingo Carbó en 1415 y 1420 (doc. 10, 22, 26), bien con menciones a la propiedad del parcelario, caso de Miquel Carbó en 1439 y 1444 (doc. 48, 56), o bien como compradores que, a través del azafrán, diversifican sus posibles inversiones, como Ramón d’Alp que compra el azafrán de varias parcelas en 1420 y 1427 (doc. 27, 38). O también una combinación de ambos, como el habitante de La Cuba Pere Batle, propietario de parcelas con azafrán en Mirambel que vende en 1416 (doc. 12) y posteriormente comprador del producto en 1429 y 1438 (doc. 42, 47). También podemos mencionar la posible actividad especulativa del vecino de Cinctorres Arnau Agulló, quien en agosto de 1421 compró el azafrán plantado en la tierra de Domingo Calbo, en la Torre de Navalles, por 22 sueldos 7 dineros, y en octubre de ese año vendía el azafrán plantado en dicha tierra por 41 sueldos, casi duplicando su inversión (doc. 30, 32). Sin embargo, en ninguno de estos casos, ni su actividad resulta estable a lo largo de los años, ni tampoco hemos podido observar la conexión de esa producción y comercio local con los mercaderes foráneos, ni tampoco atisbar el destino hacia el que se dirigía el azafrán de la zona, bien Aragón o bien Cataluña. Sólo en una ocasión hemos documentado a un comprador que procede de la zona de la Plana de Castelló, de la localidad de Nules (doc. 59), y que paradójicamente, según otros documentos, estaba en la zona comprando animales de tiro. Finalmente, sólo uno de los documentos (50) nos permite seguir también, aunque sólo en parte, los trabajos relacionados para la obtención-preparación del azafrán, pues se menciona el rasclar, los raedós, despues el esbrinar así como la colocación o disposición del producto antes de su venta como azafrán seco.12. Regestas documentales 01/ 1392, septiembre 19 (ANM, prot. 63). Domingo Gorch vecino de La Mata confiesa haber recibido de Martí Escoriola, de La Mata, 66 sueldos en señal y paga de 4 libras de safrà sech que le ha vendido, producto que le entregará en fiesta de Todos Santos. 02/ 1392, septiembre 22 (ANM, prot. 63). Miquel Pastor, vecino de La Mata vende a Guiamó Roselló un safranar sito en el Coscollar, lo qual és en la mia eretat, precio de 300 sueldos, de los que Guiamó reconoce adeudar 215 sueldos. 03/ 1392, noviembre 27 (ANM, prot. 68). En la partición de los bienes del difunto Pere Coloma, de Vilafranca, entre su viuda Valera de Collados, y el hijo de ambos Pere Coloma junto a su esposa Lucia, se reparten los bienes muebles de casa, ovejas y cabras, varias parcelas de tierra y una casa. Queda en común la sementera que hay en la era, un pajar, la era, útiles de cocina y pesos que hay en un patio, así como ítem, romanen los saffranars e los safrans comuns, en axí que de continent que serà cullit, se haie a partir. 04/ 1394, marzo 29 (ANM, prot. 69). Sancho Catalá, vecino de Vilafranca, confiesa deber a Andreu Navarro 106 sueldos precio de cuiusdam safranaris que le vendió, sitos en una masada en término de Vilafranca, al lado del boalar del carnicero, a pagar a Todos Santos. 05/ 1395, octubre 17 (ANM, prot. 71). Pere Coll, vecino de Vilafranca, en atención a cierta cantidad que debe a Antoni Florenç, vecino de Vilafranca, por razón de cereales, cede sus derechos contra el notario Sancho Sanz por 152 sueldos y el censo debido ratione dicti safranaris de quibus est obligatus in libro curie, así como contra Domingo Centelles por otros 88 sueldos y el censo debido ratione cuiusdam safranaris de quibus est obligatus in libro curie. 06/ 1396, octubre 15 (ANM, prot. 73). Ramón Blasco, vecino de Vilafranca, confiesa deber al herrero Joan Ivanyes 63 sueldos razón de un safranar que éste le vendió, sito en la tierra de Antoni Florenç, en término de Vilafranca, en la partida de Les Cingles, a pagar a san Miguel. 07/ 1400, noviembre 2 (ANM, prot. 115). Benet Vinaxa, vecino de Olocau, confesó deber a Guiamoneta viuda de Jaume Altafulla, 3 cahices de azafrán a entregar el próximo mes de mayo. 08/ 1410, abril 2 (ANM, prot. 150). En el contrato de Joan Estrader como munter e meseguer para guardar los cultivos del Vilafranca de los ciervos, corzos, cabras montesas, cerdos salvajes y otras bestias, por tiempo de 5 años, si indica en un ítem que debe guardar especialmente los safranars e pesolades e guareyts, si bien a continuación se indica que lo dit Johan no sia tengut d’esmenar les dites tales dels safranars, pesolades e guareyts, mes dels dits blats e altres coses segons en les cartes de la mesegueria és contengut. 09/ 1413, noviembre 25 (ANM, prot. 159). Domingo Doménech y su esposa María, vecinos de Cinctorres, donan el ajuar a su hijo Guillamó, compuesto por casa, cereal, moneda contante, cubas de vino y varias parcelas de tierra y viña. Se unen los cinco cahices de azafrán plantado, del millor que han. 10/ 1415, noviembre 6 (ANM, prot. 120). Domingo Casanova, vecino de La Todolella y Aparici Blasco, vecino de La Mata, confesaron deber a Domingo Carbó, de La Mata, 276 sueldos 6 dineros precio de 11 libras y 3 cuartos de azafrán, a pagar en santa María de septiembre. 11/ 1416, mayo 17 (ANM, prot. 121). Joan Espinosa y Oria, vecinos de La Cuba, confesaron deber a Nicolau Trullench, vecino de Cantavieja, 22 sueldos precio de 4 fanegas de trigo, a pagar hasta santa María de septiembre. Como garantía del pago ofrecen lo safrà e l’ort. 12/ 1416, diciembre 3 (ANM, prot. 121). Pere Batle, vecino de La Cuba vende a Bertomeu Vilaplana, vecino de Mirambel, hun troz de safrà que yo tinch e posseesch en lo terme de Mirambell, loch apellat al barranch de La Cuba, en la terra del senyor Castelan, que afronte ab lo barranch e ab safranar de Bernat d’Alp, por un precio de 24 florines. 13/ 1417, diciembre 5 (ANM, prot. 122). Nadal Sola vecino de La Mata confiesa deber a Domingo Blasco, cordelero de La Mata, una libra y media de azafrán, bo, bel e mercader, a entregar el día de san Martín. 14/ 1418, diciembre 16 (ANM, prot. 159). Antoni Moliner vecino de Cinctorres confiesa deber a Domingo Lestreri, vecino del mismo lugar, 22 sueldos 6 dineros precio del azafrán plantado que le ha vendido situado en Les Solanes de Cellumbres, a pagar el día de Todos Santos. Se canceló el 28 de octubre del año siguiente. 15/ 1418, diciembre 19 (ANM, prot. 159). Jaume Guardiola vecino de Cintorres confiesa deber a Mateu Albaro, del mismo lugar, 51 sueldos precio de 3 cahices de safrà en caboça, bo, bell e reebedor, a pagar el día de Todos Santos. Se canceló el 13 de noviembre de 1419. 16/ 1418, diciembre 30 (ANM, prot. 159). Domingo Salvador, vecino de Cintorres, confiesa deber a Antoni Moliner, vecino de dicho lugar, 91 sueldos precio de 2 cahices, 5 barcillas y 1 quartal de azafrán plantado que posee debajo la dehesa d’en Girona, a pagar hasta Todos Santos. 17/ 1419, enero 11 (ANM, prot. 65). Redactados los documentos en La Cuba, Jordán d’Alagó y su esposa Pascuala confesaron deber a Pere Miquel, vecino de Cantavieja, 2 cahices de trigo que les había prestado, a pagar hasta mayo. Como garantía del pago le ofrecen una suerte de tierra con azafrán sita en el Colet d’en Sabater, frente la viña de Simó Mir. A continuación, son Joan Espinosa y su esposa Oria quienes confiesan deberle otros 81 sueldos 6 dineros por préstamo, a pagar hasta mayo. Le ofrecen como garantía del pago el azafrán que tienen en la tierra d’en Vallés, en la masía de Durbán. 18/ 1419, octubre 25 (ANM, prot. 159). Partición de bienes muebles e inmuebles entre na Pascuala y sus hijos. Algunos se mantienen comunes, como la palla, los safranars e les sementeres, e la verema que ara pengen e són en les dites heretats. 19/ 1419, diciembre 28 (ANM, prot. 159). Domingo Salvador, vecino de Cintorres, confiesa deber a Guiamó Castellano, del mismo lugar, 174 sueldos precio de 3 cahices de cereal y otros 3 cahices de azafrán plantado que posee en el Collet d’en Sebastià, en su heredad, a pagar hasta Todos Santos. 20/ 1420, enero 2 (ANM, prot. 159). Domingo Albaro vecino de Cinctorres confiesa deber a Jaume Maçana, del mismo lugar, 86 sueldos precio de cereales y azafrán plantado, a pagar hasta Todos Santos. Se canceló el 12 de octubre del 1421. 21/ 1420, enero 17 (ANM, prot. 159). Pere Guardiola el menor y Guiamó Gisquerol, vecinos de Cinctorres, confiesan deber a Bertomeu Marçá, vecino de dicho lugar, 67 sueldos 6 dineros precio de azafrán plantado, a pagar en fiesta de Todos Santos. 22/ 1420, enero 25 (ANM, prot. 124). Nicolau Favara vecino de La Mata confiesa deber a Antoni Rocafort, de La Mata, 17 florines razón de mercadería de azafrán, a pagar en 15 días. 23/ 1420, febrero 24 (ANM, prot. 159). Pere Vilanova y Antoni Torrelles, vecinos de El Forcall, junto a Nicolau Guerrero vecino de Cinctorres, confiesan deber a Francesc Montlober, notario de Cinctorres, 112 sueldos 9 dineros precio de safrà en bri que le han comprado, a pagar en fiesta de santa María de agosto. 24/ 1420, mayo 29 (ANM, prot. 124). Arnau Jover, vecino de La Cuba, confesó deber a Domingo Carbó 70 sueldos por hun banquall de safrà, a pagar hasta san Miguel de septiembre. 25/ 1420, junio 10 (ANM, prot. 159). Pere Guardiola el menor y Domingo Salvador, vecinos de Cinctorres, confiesan deber a Domingo Calbo, vecino del mismo lugar, 32 sueldos precio de azafrán en caboça, a pagar hasta Carnestoltes. 26/ 1420, septiembre 5 (ANM, prot. 124). Nadal Sola confesó deber a Domingo Carbó vecino de la Mata, 70 sueldos per hun tros de safrà, a pagar en Navidades. 27/ 1420, diciembre 15 (ANM, prot. 124). Bartomeu Vallés hijo de Bartomeu, y su esposa Francesca, venden a Ramón d’Alp 8 cahices de azafrán plantado que tienen en la tierra de Bernat Terça, en término de Olocau, en la partida de Les Lomes. También le venden 32 ovejas. Añaden además otros 2 cahices de azafrán plantado en la tierra de Joan de Vilanova en término de La Mata, así como una suerte de tierra franca con el azafrán allí plantado situada en término de La Mata en el lugar llamado La Loma. También le venden una viña en La Mata en el barranco de La Cova, todo en conjunto por 500 sueldos. A continuación, Bartomeu Vallés el padre, Pascuala y Joan de la Torre, le venden otros 8 cahices de azafrán plantado en la tierra de Joan de Vilanova, por 117 sueldos 6 dineros. 28/ 1421, enero 2 (ANM, prot. 159). Arnau Agulló vecino de Cinctorres confiesa deber a Jaume Guardiola, vecino del mismo lugar, 88 sueldos 6 dineros precio de azafrán plantado que Jaume posee en una tierra en la partida dels Fontanals, a pagar hasta Todos Santos. 29/ 1421, marzo 10 (ANM, prot. 159). Domingo Lestreri, vecino de Cintorres, alquiló a Domingo Agulló vecino del mismo lugar, una serie de tierras y casetas en la masada de Celumbres, por tiempo de 5 años y bajo ciertas condiciones. Entre ellas se hace mención a que queda para Lestreri una poqua persolada que ara y ha, ab I puntalet après per a persolar, roman al dit Lestreri per a plantar saffrà mentre tenir se vulle. 30/ 1421, agosto 25 (ANM, prot. 159). Arnau Agulló vecino de Cinctorres confiesa deber a Domingo Calbo, del mismo lugar, 22 sueldos 7 dineros precio de un trozo de azafrán plantado en una suerte de tierra en la Torre de Les Navalles que de él compró, mentre tenir se vulle franch de loguer, a pagar hasta Todos Santos. 31/ 1421, agosto 27 (ANM, prot. 64). Pere Çavall, notario habitante en La Mata, vende a Jaume García, vecino de Cantavieja, un safranar sito en término de Cantavieja, en la partida del Donatiu, por precio de 100 sueldos jaqueses, cantidad que se compromete a satisfecer en dos pagas. 32/ 1421, octubre 21 (ANM, prot. 159). Antoni Agulló vecino de Cinctorres confiesa deber a Arnau Agulló, del mismo lugar, 41 sueldos precio de un trozo plantado de azafrán que le ha comprado y que Arnau posee en la tierra de Domingo Calbo, en la Torre de Les Navalles, a pagar a san Miguel. Se canceló el 25 de noviembre de ese año. 33/ 1422, diciembre 7 (ANM, prot. 159). Antoni Agulló vecino de Cinctorres, en paga de 50 sueldos de los 57 sueldos y 6 dineros que debe a Arnau Pallarés, del mismo lugar, le vende el azafrán plantado que posee en Los Tosçals, en un trozo de tierra que antaño era suyo, pero ahora es de Antoni Castellano. Se compromete a tenir e posseir lo dit safranar a tant de temps com ell lo y havie tenir, franchament sens loguer. 34/ 1425, enero 2 (ANM, prot. 160). Bernat Bilba, vecino del Forcall confiesa deber a Alfonso Sorolla, vecino de Cinctorres, 200 sueldos precio de azafrán en bri, a pagar hasta san Miguel. 35/ 1426, enero 3 (ANM, prot. 160). Nicolau Escrivà, vecino de Cinctorres, confiesa deber a Jaume Maçana, vecino del mismo lugar, 98 sueldos precio de lana y de safrà en bri, a pagar en dos mitades. Se canceló el 27 de octubre del 1427. 36/ 1426, marzo 19 (ANM, prot. 125). Antoni Coloma vecino de La Mata vende a Nicolau d’Alp tot lo meu saffrà lo qual jo tinch en la terra de Berthomeu Roquafort, precio de 5 florines. 37/ 1426, octubre 27 (ANM, prot. 160). Bernat Porta y Jaume Vilella, vecinos de Olocau, confiesan deber a Jaume Maçana, vecino de Cinctorres, 200 sueldos precio de safrà en bri, a pagar 80 sueldos en fiesta de san Joan, y el resto a santa María de agosto. 38/ 1427, enero 23 (ANM, prot. 125). Antoni Coloma vecino de la Mata vende a Ramón d’Alp tot lo meu saffrà que yo tinch en la terra de Pere Casanova, en la Solana, precio de 44 sueldos. 39/ 1427, febrero 10 (ANM, 160). Partición de bienes entre na Ferrera y sus hijos, en Cinctorres. Se mencionan los 3 cahices de azafrán plantado, más o menos, que están en una suerte de tierra en la partida Dels Fontanals, y que corresponden a los hijos. 40/ 1428, mayo 17 (ANM, prot. 160). Partición de bienes entre na Guiamona, viuda de Joan Galindo, vecino de Cinctorres, y su hijo Joan. Entre las numerosas parcelas, se menciona que romanen comuns e per partir lo saffranar que és en lo dit troç de terra del Colomer d’en Domènech, así como las sementeras que en esos momentos cuelgan en el resto de parcelas. La parcela con el azafrán se situa en término de Cinctorres, en el camino que va al Forcall. 41/ 1428, agosto 25 (ANM, prot. 186). Miquel Martí, vecino del Forcall confiesa deber a Pere Casanova, vecino de La Mata, 80 sueldos raó de dos caffiços de safrà plantat que de vos comprí, a pagar 15 días después de la próxima fiesta de Todos Santos. 42/ 1429, marzo 23 (ANM, prot. 187). Pere Batle, habitante en La Cuba, confiesa deber a Joan Tallada, habitante en La Mata, 2 libras y 3 onzas de safrà sech por razón de préstamo, a entregar en Todos Santos. Se canceló el 26 de noviembre de ese año. 43/ 1429, mayo 14 (ANM, prot. 161). Bartomeu Ferrer, vecino de Ortells, confiesa deber a Alfonso Soriano, vecino de Cinctorres, 250 sueldos precio de safrà en bri que le ha comprado, a pagar a Santa María de Agosto. 44/ 1429, diciembre 15 (ANM, prot. 187). Antoni Anyó, vecino de Olocau, confiesa deber a Joan Tallada, habitante en La Mata, 105 sueldos restantes del precio de azafrán que le compró, a pagar hasta santa María de agosto. 45/ 1434, octubre 4 (ANM, prot. 165). Jaume Rosinyol, sastre, y su esposa Joaneta, vecinos de Morella, venden a Pasqual Molinos un troç de terra e safrà tot ensemps, sito en Cinctorres, en la partida de debajo del Peiró de debajo de la villa, frente el camino que va a Les Nogueretes y tierras de Domingo Lestreri y de Antoni Castellano, precio de 310 sueldos. 46/ 1436, febrero 26 (ANM, prot. 162). Bartomeu Vives y su esposa Calatayú Aguilar, vecinos del Portell, confesaron deber a Gabriel Tárrega, notario de Cinctorres, 123 sueldos restantes del precio de forment e safrà en bri que le compraron, a pagar hasta fiesta del Corpus. 47/ 1438, febrero 13 (ANM, prot. 242). Pere Baylle (o Batle), vecino de La Cuba, confiesa deber a Paulo Pedro, vecino de Morella, 2 cahices y medio de cabota de safrà, bo, bel, redon e rebedor a mesura del regne de València, a pagar hasta el día de santa María de agosto. 48/ 1439, febrero 1 (ANM, prot. 242). En el testamento de Antoneta, esposa de Miquel Carbó el menor, entre su legado se hace mención a que su hijo Antoni recibirá, antes de la partición, 4 cahices de cabota de safrà plantat a conocida de los albaceas. 49/ 1439, febrero 12 (ANM, prot. 242). En la venta de bienes de los hijos de Bernat Alcalá y de su esposa se consignan los 18 sueldos que pagó el notario de La Mata Domingo Gorch por quatre faneques de safrà comú dels dits pubills. 50/ 1439, septiembre 10 (ANM, prot. 242). Ramón Rocafort, en calidad de tío, tutor y curador de los bienes, hijos y herederos de su hermano difunto Bartomeu Rocafort, vecino de La Mata, pide inventario de bienes que tocan a los pubiles. Entre los animales, ropas, armas, etc… se menciona que recayó a parte de los pubiles 5 libras de azafrán seco, así como 6 cahices de azafrán plantado poco más o menos. A continuación, se realiza la venta de bienes para sufragar los gastos, indicándose que se pagó por rasclar el azafrán, 20 dineros. A los labradores o raedors del azafrán, 9 dineros. A continuación, se consigna el gasto a los esbrinadors, a saber por desbriznar el azafrán, primero pagó a la mujer del sastre Pascual Roselló (ítem tachado). A continuación, pagó en esbrinar el azafrán que eran 25 libras, a los desbriznadores en conjunto, 25 sueldos. Les pagó también un cesto de cebollas por 5 dineros, así como una libra y media de queso por 6 dineros, tres cántaros de vino por 6 sueldos, trigo para comer en cantidad de 3 barcillas, así como un sueldo por 2 libras de candelas de sebo para dezbrinar. También incorpora un ítem o anotación por colocar todo el mencionado azafrán, a coneguda. Finalmente consigna que vendió el azafrán seco de los pubiles, que alcanzó un peso global de 5 libras 1 onza y 1 cuarto, por un total de 160 sueldos 10 dineros. 51/ 1440, febrero 7 (ANM, prot. 243). En la división de bienes del difunto Antoni Osset, le corresponde a su hija Guiamoneta casada con Pere Prunyonosa, vecinos de Olocau, los béns mobles e safranars. 52/ 1440, abril 24 (ANM, prot. 243). En el codicilo al testamento de Guiamó Rosselló, deja éste a su esposa María la mitad de una casa, un mantón, y una viña que ella aportó, así como tot lo safrà que nos tenim e tendrem en aquell temps que yo defaliré. El testamento se publicó el 9 de agosto de ese mismo año. 53/ 1441, noviembre 30 (ANM, prot. 249). Domingo Gassulla, vecino del Portell confesó deber a Antoni Castellano, vecino de Cinctorres, 197 sueldos 6 dineros precio de azafrán a pagar hasta Navidad. Se canceló el 31 de diciembre de dicho año. 54/ 1443, octubre 25 (ANM, prot. 244). Guillem Cerdá, presbítero vicario perpétuo de La Mata, vende a Paulo Pedro, habitante en La Mata, 1 cahiz de cabota de safrà plantado este año, en la partida de la Punta d’en Vilanova, término de la Mata, en una suerte de tierra de (en blanco). Añade también el azafrán que tiene en la viña de Martí Remiro, sita en el Peiró de debajo de la villa, precio de 300 sueldos. 55/ 1444, junio 19 (ANM, prot. 244). Nicolau Escuriola y su esposa Beatriu, habitantes en La Mata, venden a Guillem Cerdá, presbítero vicario perpé- tuo de La Mata, 2 cahices 9 barcillas de azafrán plantado en un trozo de tierra o viña que confronta con otras viñas, precio de 110 sueldos. Después Cerdá, con consentimiento del matrimonio, reconoce deber dicha cantidad a Bartomeu Blancafort, notario del Forcall, cantidad que el matrimonio le adeudaba precio de una mula de pelo moreno. 56/ 1444, agosto 3 (ANM, prot. 244). Martí Remiro habitante en La Mata vende a Guillem Cerdá, presbítero vicario perpétuo de La Mata, un cahiz de azafrán plantado que él tiene en la viña o tierra de Miquel Carbó, en la partida de la Costa de na Bernada, frente el camino viejo, la cuesta y camino que va a Cinctorres, afrontado con otras viñas, por precio de 30 sueldos. 57/ 1444, diciembre 24 (ANM, prot. 265). Ramón Aguilar, habitante en Les Alberedes en término de Portell, confesó deber a Domingo Martí, rector de la iglesia del Portell, 220 sueldos precio de safrà en bri, a pagar hasta santa María de agosto. Se canceló el 1 de octubre de 1448. 58/ 1445, noviembre 17 (ANM, prot. 244). Berenguer Capeyra vecino de Mirambel dona a su esposa Bartomeua una serie de bienes muebles, cubas, casas y tierras. Entre ellas se menciona una viña cerca del lugar de Mirambel con el azafrán que en ella está plantado. 59/ 1446, enero 21 (ANM, prot. 244). Joan Gil confiesa deber a Antoni Besaldú, vecino de Nules (en la Plana de Castelló), presente, 3 cahices de cabota de safrà a pagar el día de santa María de agosto. 60/ 1451, agosto? (ANM, prot. 245). Antoni Romeu habitante en La Mata vende a Joan Marmaneu, vecino de La Mata, todo el azafrán que tiene en el puerto de la Todolella, en una suerte de tierra de mosén Jaume d’Urries que ahora posee Antoni Bovill, así como una cuba de vino de 30 cántaros, todo por precio de 2 cahices y 4 barcillas de forment. 61/ 1452, febrero 8 (ANM, prot. 245). Pere Piquer vecino de La Todolella y Martí Remiro, habitante en La Mata, confiesan deber a Pere Cabanes, mercader vecino de Morella, 80 sueldos razón de cereal, a pagar hasta santa María de agosto. Como fiador principal ofrecen a Joan Bellvís. Se añade que Remiro ofrece como garantía a Bellvís cuatro cahices de azafrán plantado que él tiene en el Salt de Saranyana. 62/ 1452, junio 28 (ANM, prot. 196). Arnau d’Alp y su esposa Gabriela habitantes en La Mata, venden a Ramón Çavall, notario vecino de Cantavieja, huna sort de terra e vinya ab lo safrà plantat que en aquella $\acute { e s }$ , sita en la. Mata en la partida de la Mesquita. Unen otras dos sorts de tierra en Olocau, precio conjunto de 300 sueldos. 63/ 1453, octubre 26 (ANM, prot. 246). Pere Agulló y su esposa Francisca venden a Joan Marmaneu, una sort de terra e vinya e safranar e lo sementer, que afronta con otras parcelas y con el río. Añaden otra suerte de tierra en la partida de la Hortolana, en La Mata, con la sementera que allí hay. No indican precio. 64/ 1454, agosto 27 (ANM, prot. 246). Joan Avinyó habitante en La Mata confiesa deber a Guiamó Marmaneu, vecino de Cantavieja, 77 sueldos por el azafrán plantado, a pagar mitad en san Miguel y mitad en Pascua Florida. 65/ 1455, febrero 28 (ANM, prot. 266). Joan Yago, herrero habitante en Fortanete, cede a Pascual Escuder, vecino de Mosqueruela para resarcirlo en parte de 290 sueldos que le adeuda, dos cahizadas y media de azafrán plantado que Yago posee en un trozo de tierra sito en Portell, en la partida de la Serra. 66/ 1455, abril 24 (ANM, prot. 197). Nicolau Royo, habitante en La Mata cede 8 cahices de azafrán plantado, a (en blanco) para resarcirle por razón de 2 paños de burel, permitiendo que pueda vender dicho azafrán. 67/ 1455, abril 25 (ANM, prot. 266). Joan Blasco y su esposa Dolceta, vecinos de Portell confesaron deber a Joan Pastor, masovero habitante en la Torre de Joan Martí, en término de Cantavieja, 3 cahices y 1 fanega de safrà en cabota, en calidad de permuta por un rocín de pelo negro que les ha dado Pastor. El azafrán lo entregarán en Portell el día de santa María de agosto. Se canceló el 24 de agosto de 1455. 68/ 1455, diciembre 17 (ANM, prot. 197). Joan Aznar y su esposa Francesca, vecinos de Olocau, venden al notario de dicho lugar Francesc Castellano 7 cahices de azafrán plantado en una tierra sita en término de Olocau, así como lo sementer en otras tres parcelas, precio global de 700 sueldos. 69/ 1460, marzo 17 (ANM, prot. 198). Jaume Yagüe, vecino de la Iglesuela reconoce deber a Sancho Altabas, vecino de Cantavieja, 150 sueldos jaqueses precio de un bóvido de pelo rojizo y cierta cantidad de cebada, a pagar hasta Todos Santos. Como garantía de pago obliga un safranar que yo tinch en lo terme de la Esglesiola, en la partida de les Fontanelles, que afronte ab terra de vos dit Sancho Altabas de dues parts, e ab camí públich e ab heretat de Sancta Maria del Cit. Acto hecho en la Mata de Morella. 70/ 1462, febrero 15 (ANM, prot. 247). Joan Aznar el mayor, vecino de Olocau, confesó deber cierta cantidad a Joan Catalá, vecino de La Mata. Indica que le vendió un par de bóvidos, así como nueve libras de cabota de çafrà plantado en una suerte de tierra en la partida de la Condonyera, frente al barranco. 71/ 1462, marzo 2 (ANM, prot. 247). Testamento de Lorenç Monlober vecino Forcall, quien legó a su hijo una viña, una cuba de vino, unas casas y tres cahices de cabota de safrà. 72/ 1462, abril 23 (ANM, prot. 198). Antoni Gralla y su esposa Úrsula, habitantes en La Mata, confesaron deber a Joan Mançana, vecino de dicho lugar, 123 sueldos 4 dineros por razón de safrà plantat que le compraron, a pagar hasta Navidad. 73/ 1462, noviembre 7 (ANM, prot. 247). Miquel Sorribes, vecino de La Cuba vendió a Joan Loça, vecino de La Mata, 4 cahices de cabota de safrà plantat en huna sort de terra mia, francha, sita en el plano del secano, precio de 100 sueldos. 74/ 1482, abril 18 (ANM, prot. 286). Francesc Joan vecino de Forcall confiesa deber a Pere Mormeneu, 9 cahices de bota de çafrà per rahó de un tros de safranar que le ha comprado en una heredad que Mormeneu posee en la partida de Les Solanes plantado del primer año. 75/ 1488, octubre 4 (ANM, prot. 279). Gabriel Scuriola, de La Mata, es condenado en un arbitraje a satisfacer un pago de 50 sueldos, que puede ser sustituido por una libra de azafrán seco junto con un cahiz de cereal. 76/ 1502, abril 10 (ANM, prot. 293). Bernat Vilanova, habitante en La Mata, arrienda a Francisco Batle vecino de Palanques una masía que está parte en término de Luco y parte en término de Forcall, a 6 cosechas y censo de 3 cahices de cereal, pudiendo Vilanova mantener por un año el azafrán que ara y tinc. 4. Conclusiones. Ofrecemos al investigador un global de 76 regestos documentales relativos al cultivo y comercio del azafrán en un ámbito geográfico interior, de carácter montañoso, como es la zona de Gúdar-Maestrazgo, que pone en contacto dos áreas históricas y administrativas diferenciadas, pero vecinas y en continua ósmosis social, económica y cultural durante la Edad Media. A su vez, reivindicamos el valor del azafrán como patrimonio cultural e histórico que marcó, y ha marcado hasta no hace muchos años, parte del saber agrario de las gentes que habitan en la vertiente turolense de la zona ahora estudiada. Además, estas líneas permiten completar un poco más el puzle relativo a las zonas productoras (y/o exportadoras) del azafrán dentro del ámbito de los territorios de la antigua Corona de Aragón. Dicho cultivo y comercio a nivel local y comarcal queda atestiguado, al menos y según la documentación disponible, entre 1392 y 1502. Con todo, reconocemos la dificultad de vislumbrar el impacto que este cultivo pudo tener en la economía doméstica familiar, así como también los posibles cauces para una ulterior comercialización del producto más allá del propio ámbito local o comarcal. 5. Referencias bibliográficas. Aparici Martí, Joaquín (2010), «Ósmosis socio-económica entre territorios limítrofes. La permeabilidad del Maestrazgo turolense y castellonense en los siglos xiv y xv». Studium, Revista de Humanidades, núm. 16, pp. 39-56. 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16,981
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La batalla de Sanluri: un pretexto para una nueva interpretación nacionalista e identitaria de la historia medieval sarda: The Battle of Sanluri: A Pretence for a New Nationalist and Identitarian Interpretation of Sardinian Medieval History
LA BATALLA DE SANLURI: UN PRETEXTO PARA UNA NUEVA INTERPRETACIÓN NACIONALISTA E IDENTITARIA DE LA HISTORIA MEDIEVAL SARDA. THE BATTLE OF SANLURI: A PRETENCE FOR A NEW NATIONALIST AND IDENTITARIAN INTERPRETATION OF SARDINIAN MEDIEVAL HISTORY. Luciano Ga llina ri CNR – Istituto di Storia dell’Europa Mediterranea email@example.com. Resumen: Este artículo analiza el actual uso e interpretación en términos nacionalistas e identitarios de los efectos polí- ticos, económicos y socioculturales de la batalla de Sanluri entre aragoneses y sardos (30 de junio de 1409), que preparó el camino para la definitiva conquista ibé- rica de la isla. Uso e interpretación que confirman los principios de las Ciencias Sociales y de la persona, según los cuales la memoria y el pasado se reordenan y reconstruyen de acuerdo a las necesidades del presente de los que recuerdan y reconstruyen. Palabras claves: Cerdeña aragonesa, Giudicato de Arborea, Batalla de Sanluri, siglos xiv-xv. Abstract: This article analyses the current use and interpretation in nationalist and identitarian terms of the political, economic and socio-cultural effects of the battle of Sanluri between Aragonese and Sardinians (30 June 1409), which paved the way for the ultimate Iberian conquest of the island. Use and interpretation that confirm the principles of the Social and Personal Sciences, according to which memory and the past are reordered and reconstructed according to the needs of the present of those who remember and reconstruct. Keywords: Aragonese Sardinia, Giudicato of Arborea, Battle of Sanluri, $1 4 ^ { \mathrm { t h } } 1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ centuries. 1. Premisa. Después de mucho tiempo vuelvo a ocuparme de la batalla de Sanluri que tuvo lugar en Cerdeña el 30 de junio de 1409 entre el ejército aragonés1 —bajo las órdenes del rey Martín de Sicilia, quien luchó en nombre de su padre, Martín el Humano, rey de Aragón y de Cerdeña y Córcega—, y el sardo dirigido por Guillermo II Vizconde de Narbona, el último juez de Arborea.2 Un acontecimiento que, junto con las Capitulaciones de San Martín del 29 de marzo de 1410 —que produjeron una secesión del núcleo histórico del Giudicato de Arborea— considero una especie de vertiente del largo camino institucional y social que, tras el asesinado del juez Hugo III (1375-1383) y su hija y heredera en un levantamiento en Oristano, comenzó la última fase de la multicentenaria vida del ‘estado’ sardo.3. Fui impulsado a volver a este tema fundamentalmente por el uso y la interpretación en términos nacionalistas e identitarios de los efectos políticos, económicos y socioculturales de la batalla en la actual historia de Cerdeña. Este intento contemporáneo de reinterpretar la historia de la Edad Media sarda que no se limita a la batalla, por supuesto— confirma muy claramente los principios de las Ciencias Sociales y de la persona, según los cuales la memoria y el pasado se reordenan y reconstruyen de acuerdo a las necesidades del presente de los que recuerdan y reconstruyen4 . A menudo —y este es también el caso de la historia del Giudicato de Arborea y la batalla de Sanluri— estas necesidades operan a un nivel inconsciente en las mismas personas que tratan de reconstruir ese pasado y esa memoria. No se puede decir que sea nada extraño, salvo que esta lectura de la historia medieval sarda tiene claros reflejos en el intento de construir una identidad de los sardos actuales, con finalidades políticas que van más allá del trabajo histórico, pero que no deberían ignorar lo que dicen las fuentes, ni sustituir el contenido de una fuente primaria —el documento— por lo que es su exégesis por parte del investigador. Esta actitud —desgraciadamente muy difundida en parte de la historiografía sobre Cerdeña— que ahora puede presumir de una larga y arraigada tradición— pudo basarse también en una relativa escasez de fuentes públicas y privadas producidas en la isla.5. Una actitud que es aún menos justificable cuando las mismas fuentes documentales sobre el acontecimiento militar de la batalla atestiguan repetidamente que no hubo una nació sardesca unida, como se quiere presentar, sino que, por el contrario, los documentos certifican la coexistencia de diferentes ‘almas’ políticas —y quizás incluso ideológicas— dentro de la sociedad giudicale. Volveremos más tarde sobre este importante punto. Además, otro elemento relevante que debe tenerse en cuenta en la evaluación de aquellas interpretaciones nacionalistas e identitarias del pasado es que sus autores no mencionan fuentes documentales ni narrativas y ni siquiera muchos trabajos científicos que han sido publicados incluso recientemente.6 Fuentes y textos que no permiten apoyar tal clave de interpretación de la historia de la isla y, específicamente, de la del Giudicato de Arborea que ha sido sobrecargada con ciertos significados a posteriori. Una última consideración: volver a un tema que traté hace casi treinta años me permite ahora retomar algunas de mis interpretaciones historiográficas. El paso del tiempo me ha hecho cambiar de opinión sobre el estatus jurídico de los jueces y sus ‘estados’, que en aquel momento yo consideraba como reyes y reinos por mi pertenencia a una ‘escuela’ académica e historiográfica. Sólo unas investigaciones posteriores me permitieron acceder a nuevas fuentes y nuevas herramientas exegéticas, que me convencieron de que los jueces casi nunca fueron reyes —con unas pocas excepciones limitadas— y que los territorios gobernados por ellos nunca fueron reinos en el sentido jurídico tradicional del Occidente medieval cristiano (Gallinari, 2009).7 Si no, incluso en ese caso, con limitadas excepciones, cuando las dos autoridades universales occidentales los consideraron como tales para su beneficio personal. Pero esta opinión mía no es una diminutio para los Giudicati sardos. Todo lo contrario: para mí es muy estimulante que los jueces fueran los últimos descendientes institucionales del antiguo gobernador romano de la provincia imperial de Cerdeña (Praeses o Iudex Sardiniae), creado a mediados del siglo vi por el emperador Justiniano al reincorporar la isla al Imperio romano. Desde este punto de vista, los jueces y los Giudicati son un ejemplo muy claro de la longue durée de instituciones romano-bizantinas, que llegaron hasta las dos primeras décadas del siglo xv. Un unicum en la cuenca euromediterránea occidental de la baja Edad Media que, a cambio, estaba repleta de reyes y reinos. 2. La larga tradición de la lectura ‘nacionalista’ de la historia giudicale. Como acabamos de subrayar, la historia medieval de la isla ha estado plagada de valores y referencias nacionalistas e identitarias, en el sentido contemporáneo de ambos términos. Pero esta tendencia interpretativa no se remonta al siglo xix, el periodo de las narraciones históricas con carácter nacional por excelencia. De hecho, ya a finales del siglo xvi y principios del xvii un sentido identitario sardo surgió en las clases altas y en algunos intelectuales isleños que, sin negar su componente hispano, trataron de reconocerse cada vez más como algo diferente de los nativos (naturales) de los demás reinos de la Corona de España.8. Si damos un salto temporal hacia adelante, queremos enfatizar que la lectura identitaria y nacionalista de la historia de los Giudicati está también arraigada en parte de la historiografía de todo el siglo xx y de las primeras décadas del siglo xxi sobre Cerdeña, en la que ocupa un lugar privilegiado la antigua cuestión del estatus jurídico de los jueces sardos en general, y de los de Arborea en particular. Los historiadores siguen divididos sobre si considerarlos reyes o no y, por lo tanto, si considerar sus ‘estados’ como reinos o no.9. Incluso uno de los dos estudiosos reconocidos como los (re)fundadores de la historia medieval sarda a principios del siglo xx tuvo actitudes interpretativas partidistas y pro-Arborea, aunque escribió tras la publicación a mediados del siglo anterior de unos pergaminos que reescribieron la historia giudicale, llenando los numerosos vacíos documentales (en su momento mucho mayores que los actuales) con revelaciones inesperadas e ingenuamente excesivas para ser auténticas. Documentos que fueron definitivamente declarados falsos por la Academia de las Ciencias de Berlín en 1870, desacreditando a los historiadores de la isla y a otros estudiosos que los habían considerado auténticos.10. El mencionado académico fue el jurista Arrigo Solmi —el otro fue Enrico Besta—, quien sentó una base sólida para una línea de interpretación que no se quedaba anclada a lo que las fuentes afirmaban literalmente, sino que añadía, en el mismo nivel hermenéutico, también las consideraciones del historiador. Obsérvese cómo el jurista intentó responder a la pregunta básica de la verdadera naturaleza de la relación entre los reyes de Aragón y los jueces de Arborea: […] non erano tutti questi potenti [Doria, Malaspina, Gherardesca, Arborea e Sassari] ugualmente soggetti alla corona aragonese? […] è certo che il giuramento di fedeltà prestato, dagli altri antichi signori dell’isola, era identico, nella sostanza, a quello di qualunque altro signore feudale; […] Ben diverso doveva essere il punto di vista di quegli antichi signori [i giudici d’Arborea], rimasti in realtà autonomi […] Il fondamento del loro potere nell’isola aveva preceduto, nel suo nascere, lo stesso dominio aragonese; ed era quindi, per indole, diverso da quello che nasceva da una comune concessione feudale.11. En estas líneas ya hay in nuce una serie de distorsiones en la visión de la relación entre los monarcas de Aragón y los gobernantes de Arborea a partir de Mariano IV (1347-1375). La primera de ellas es la yuxtaposición que Solmi hizo entre el juramento de fidelidad hecho por los jueces de Arborea —y descrito con precisión en el contrato jurídico-institucional de infeudación del Giudicato— y el personal punto de vista del mandatario sardo sobre esta relación, según la opinión del jurista, al menos: «[...] il giudice [...] chiese di citada. Una psiquiatra sarda Rudas (1997: 69-76), tras confirmar los objetivos económicos más evidentes, supuso que la ausencia de fuentes sobre la Edad Media «que negaba a los sardos una historia y una identidad» («che negava ai Sardi una storia e un’identità») causaría a los falsificadores y a las capas superiores de la sociedad isleña de la segunda mitad del siglo xix una herida narcisista que podría estimular «la invención de padres, según fantasías totipotentes» («l’invenzione di padri, secondo fantasie totipotenti»). 11 Solmi (1910): «[…] ¿no estaban todos estos poderosos [los Doria, Malaspina, Gherardesca, Arborea y la ciudad de Sassari] igualmente sujetos a la corona aragonesa? [...] es cierto que el juramento de lealtad prestado por los demás antiguos señores de la isla era idéntico, en sustancia, al de cualquier otro señor feudal; [...] El punto de vista de esos antiguos señores [los jueces de Arborea], que permanecieron en realidad autónomos, debe haber sido muy diferente [....] La fundación de su poder en la isla había precedido, en su nacimiento, al mismo dominio aragonés; y por lo tanto, era, por su carácter, diferente del que surgió de una concesión feudal común.» essere considerato, come lo era, un potente sovrano, non un qualunque barone del regno [...]» mientras que «[a ciò] faceva contrasto la concezione feudale rigida del re, che tendeva a considerare il giudice alla stregua di ogni altro vassallo della Corona».12 Consideramos esta actitud sumamente indicativa de un modus operandi presente en otros estudiosos13 y nos detenemos todavía en las consideraciones historiográficas de este académico precisamente porque era un jurista y no un historiador de modo que, cuando hablaba de instituciones y derecho, algunas de sus afirmaciones tenían (teóricamente) más fundamento, y porque esta interpretación tuvo un gran éxito historiográ- fico y la encontramos como base de muchos otros textos sobre la historia de los jueces hasta hoy. Esto ha tenido efectos negativos para un conocimiento más exacto de la historia institucional y jurídica de los Giudicati sardos y de Arborea en particular.14. Desde la misma perspectiva exegética, uno de los recientes estudios con una declarada matriz interpretativa nacionalista e identitaria de la historia sarda muestra numerosas desviaciones conceptuales del autor a propósito de los protagonistas políticos de la historia sarda. Es el caso de la interpretación de la acción política de la Nació sardesca que aparece mencionada en las actas del Parlamento celebrado en Cerdeña por Pedro IV en 1355, al mismo tiempo de la primera insurrección de Mariano IV. Según el autor de este trabajo, con ocasión de este levantamiento toda la Nació sardesca «”sceglie” il proprio sovrano, [… e] afferma se stessa come soggetto politico e non puramente linguistico-culturale, attraverso questa relazione con una sovranità propria.»15 Así que, de acuerdo con esta interpretación, el protagonista de la acción jurídico-política fue todo el pueblo sardo dotado de soberanía. Tal reconstrucción histórica, por muy sugerente que sea, choca con la realidad de numerosas fuentes, algunas de ellas incluso de origen giudicale, que —de momento— atestiguan que en sus dos levantamientos contra el rey aragonés (1353-1355 y 1363-1375), Mariano IV fue el único protagonista de la acción política y militar del Giudicato, a diferencia de lo que ocurrió con sus sucesores, que hubieron de enfrentarse a muchos intentos de limitación de sus poderes por parte de la oligarquía giudicale. Además, el mismo Mariano tuvo que recurrir a medios de persuasión que contemplaban la violencia para reclutar nuevos soldados para su ejército y para que muchas aldeas del Regnum Sardinie et Corsice depositaran sus cereales en los almacenes arborenses y no lo entregaran a los oficiales reales16. Y hay que considerar también que hubo parte del pueblo sardo que permaneció sujeta a otras autoridades: como el Regnum y los señoríos de los Doria. Además, hablar de la univocidad de todo el pueblo sardo como si fuera un sujeto político unitario en apoyar una lucha nacionalista e identitaria desde la época de Mariano IV hasta la de su hija Leonor —1347-1392— no tiene en cuenta las divisiones e incluso los enfrentamientos sangrientos que se produjeron en la misma sociedad giudicale en ese período de tiempo, según atestiguan por numerosas fuentes. Basta con recordar el asesinato de dos jueces en un cuarto de siglo —Hugo III en 1383 y Mariano V en 1407— y la creación del Marquesado de Oristano en 1410, para entender que numerosas fuentes no se tienen en cuenta porque invalidarían esta clave de lectura, que quiere mostrar cómo ya en ese período histórico “el” pueblo sardo estaba unido y consciente de su identidad nacional, histórica y política. 3. ¿Hubo una sola nació sardesca desde Hugo III de Arborea hasta Guillermo II de Narbona (1375-1420), según las interpretaciones nacionalistas...? Como dije en la premisa, para interpretar de manera más eficaz la batalla de Sanluri con todos los significados y las consecuencias que tuvo entonces y que podría tener hoy, es necesario tomar en consideración los últimos cuarenta y cinco años de existencia del Giudicato de Arborea. Las fuentes históricas de este intervalo cronológico muestran una sociedad giudicale repetidamente sacudida por fuertes tensiones sociales y por varios intentos de una oligarquía no identificada —a veces declaradamente de Oristano, a veces, en cambio, de todo el Giudicato— que trató de poner límites al poder de la dinastía de los jueces y, en algunos casos intentó, incluso, eliminarlos de la gestión del poder. Un acontecimiento que ocurrió, en parte, con la creación del Marquesado de Oristano en 1410. Examinemos con más detalle la presencia de estas fuertes tensiones en la sociedad giudicale, que dieron lugar a una verdadera implosión de la misma. Si es cierto que la batalla de Sanluri fue ganada militarmente por los aragoneses, es igualmente cierto que el Giudicato, que sobrevivió once años más, terminó implosionando desde el interior, como lo demuestran muy eficazmente también algunos documentos relativos a los preparativos de la batalla misma, que examinaremos más adelante, además de las mencionadas Capitulaciones de San Martín.17. El primer ejemplo de un importante cambio institucional/dinástico y de la aparición de otros protagonistas en la vida política del Giudicato enfrentados a la dinastía es el asesinato del juez Hugo III junto con su hija Benedetta, ocurrido tal vez el 6 de marzo de 1383, a raíz de un levantamiento en la capital giudicale.18 Lo que nos interesa señalar aquí es que ya unos años antes de la muerte del gobernante, las fuertes tensiones sociales provocaron un conspicuo escape de exiliados arborenses hacia Castell de Càller, la capital del Regnum aragonés. Este fenómeno adquirió tales dimensiones que en 1379 —a mediados del gobierno de Hugo III— un tercio de los ingresos aduaneros de la ciudad se dedicó al mantenimiento de aquellos.19. La confirmación de la extrema fragmentación de la sociedad arborense en esta coyuntura histórica se encuentra en un documento emitido el 17 de junio de 1383 por Leonor de Arborea, que sustituyó a su hermano en el trono giudicale en nombre de su hijo Federigo Doria Bas. El documento informa sobre la coexistencia de unos grupos políticos con objetivos muy diferentes, que en algunos casos ya no contemplaban la presencia de la dinastía al frente del Giudicato, es decir, que no estaban satisfechos con la eliminación de Hugo III. Es interesante notar que en esta carta al rey Pedro IV de Aragón la nueva iudicissa emitió un juicio diferente sobre las dos facciones políticas mencionadas, lo que podría significar que tal vez los destinatarios del peor juicio fueron los responsables del asesinato de su hermano: [...] Post mortem infelicis germani mei [...] ad meam devenit notitiam quod omnes Sardi insule Sardinie erant in pessimo constituti estamento, nam aliqui pretendebant se reddere Comuni Janue et aliqui nequissimi proditores pro se ipsos dominari querebant Civitates et Castra huius insule [...]20. Si Leonor se limitó a informar al soberano de la existencia de quienes habrían querido someterse a la autoridad del Común de Génova,21 no hizo lo mismo con los exponentes de la otra facción que aspiraban a una autonomía autóctona del Giudicato, pero sin la presencia de la Casa de Arborea. Estos fueron marcados como nequissimi proditores. Al final, entre las dos facciones que competían para obtener el poder y un tercer grupo político —ligado a la dinastía de los Bas Serra y liderado por. Leonor— fue este último el que obtuvo el trono giudicale gracias quizás al apoyo de la Corona de Logu, esto es, de la Asamblea de los hombres libres del Giudicato. Tal vez se debió a los mayores contactos de Leonor dentro del Giudicato y fuera de él (piénsese, por ejemplo, en el Común de Génova).22 Pero quizás también porque los miembros de la Corona de Logu consideraron que Aimery de Narbona, hijo y heredero de su hermana mayor —Beatriz Bas Serra, fallecida en 1377— era un completo desconocido para los sardos, aunque fuese a él a quien le correspondiese el trono giudicale según lo dispuesto por el juez Mariano IV.23. Si bien la situación en el Giudicato de Arborea parecía momentáneamente pacificada, en realidad las fuentes documentales muestran que las divisiones internas continuaron en los años inmediatamente posteriores. Ya en 1385 otro documento procedente de la isla muestra una vez más un grupo de poder activo en contra de la dinastía de los jueces. El documento no proporciona los nombres de sus autores, que se llamaban a sí mismos Sardinie populus. Ellos se declararon listos para volver «ardentius ad veram obedienciam dicti domini regis» y obtener el perdón real.24. Hay otros puntos propuestos por este documento que son muy interesantes, ya que ofrecen más detalles sobre la fragmentación de la sociedad giudicale. Entre otros, los firmantes de estos capítulos propusieron al rey que diera el Condado del Goceano a la reina, y que incluso le pidiera que se convirtiese en «ipsius populi advocata.»25 Por si ello no fuera suficiente, los autores del texto propusieron al soberano de Aragón dividir el tesoro de los jueces de Arborea en tres partes iguales: dos para el rey y la tercera para los suscriptores sardos de este acuerdo.26 Todo esto dejaba entender que la dinastía giudicale no debía sobrevivir. Las peticiones de esta facción política pro-aragonesa no parecen muy diferentes de las presentadas ante el rey Martín el Humano por Leonardo Cubello, vicario giudicale, y que llevaron a la firma de las Capitulaciones de San Martín en 1410. En este caso también, se trató de una iniciativa de una parte de la oligarquía arborense, que deseaba reanudar relaciones pacíficas con los aragoneses sin la mediación institucional de los jueces. Lamentablemente, las fuentes no permiten saber con certeza si el grupo que se definió Sardinie populus y los oligarcas arborenses que apoyaron a Leonardo Cubello en 1410 eran las mismas personas o, al menos, miembros de las mismas familias ya que, como hemos dicho, el documento de 1385 no contiene ningún nombre, a diferencia de las mencionadas capitulaciones. Asimismo, de momento las fuentes ni siquiera nos permiten relacionar directamente la propuesta del Sardinie populus con otro acontecimiento ocurrido el año siguiente, que aparentemente tenía como objetivo, una vez más, la eliminación de toda la familia giudicale. Entre febrero y abril de 1386, dos documentos informaron al rey Pedro IV del intento de fuga de Brancaleone Doria de la torre de San Pancracio en Castell de Càller, donde estaba custodiado. La responsabilidad de este plan fue atribuida a Francisco Squinto —mayordomo de Leonor de Arborea— ya que pretendía convertirse en ‘señor’ de la isla tras matar al conde de Monteleone, a la misma iudicissa y a su hijo, el juez juramentado Federigo.27 Uno de los dos documentos contiene otros detalles interesantes para nuestro tema. El rey fue informado que, según un testigo ocular, el pueblo que acudió a la prisión de Oristano pareció estar del lado de la dinastía giudicale y de Brancaleone Doria, considerados defensores de la paz con los aragoneses. Y por esta razón los nombres de la iudicissa, de su esposo y de Federigo fueron aclamados por la gente de allí, que actuó contra los partidarios de la guerra, incluyendo entre ellos a Squinto y su familia.28 En este momento, por lo tanto, la familia giudicale podía contar con un apoyo (¿de una parte?) del pueblo de Oristano que le permitió permanecer al mando del “estado” sardo, a pesar de algunos conflictos internos. Unos meses después, el 10 de septiembre de 1386, Pedro IV escribió a Brancaleone Doria una carta muy interesante pidiendole que proveyese lo necesario para la devolución de la dote de Sibil.la de Montcada —esposa de Juan de Arborea, hermano del juez Mariano IV († 1375)— ya que iba a suceder en la herencia («heretat»: bienes y títulos) del dicho juez, en nombre de su esposa Leonor, y tendría a su disposición los bienes de dicha noble mujer.29. La heretat mencionada en el documento se refería al juez Mariano IV, ya que él había embargado por la fuerza la persona y los bienes de su hermano Juan de Arborea. Esto es correcto, pero Leonor no heredó directamente esa heretat de su padre, noticia de la que no hay rastro en las fuentes conocidas y que parece poco creíble. De hecho, esto habría supuesto un debilitamiento del Giudicato y posibles enfrentamientos entre Hugo III, que habría heredado un Giudicato mermado de zonas muy estratégicas, y su hermana Leonor, que según Mariano IV ni siquiera debía suceder en el trono giudicale que en cambio habría pertenecido a su hermana mayor Beatriz, en caso de muerte de Hugo III.30 Por lo tanto, a la muerte de Mariano, en 1375, la heretat, junto con el trono giudicale y todas las demás propiedades de la Casa de Arborea pasó a manos de su sucesor Hugo III hasta su muerte en 1383 y, tras la toma de poder por parte de Leonor, en nombre de Federigo, hijo suyo y de Brancaleone Doria, esa heretat estaba nominalmente a disposición de ella como se infiere del documento emanado por el rey Pedro IV. Dicho esto, el elemento más importante del documento del rey aragonés quien conocía muy bien la Casa de Arborea— es que plantea muchas preguntas al historiador sobre la situación real de la dinastía giudicale. De hecho, el soberano afirma rotundamente que Brancaleone Doria iba a suceder en la herencia del juez —Mariano IV o Hugo III importa poco— y en su documento no hay la más mínima referencia al hijo Federigo, ya juramentado como juez por los arborenses y que teóricamente, como tal, había heredado los bienes de los jueces de Arborea anteriores. Esto podría significar dos cosas para el propio rey: en primer lugar, que Federigo ya no era el juez legítimo (¿porque ya estaba muerto o por otra razón?) y, en segundo lugar, que no había otro hijo legítimo de la pareja Brancaleone/Leonor que pudiera heredar el título giudicale. En realidad tres años antes, el 19 de diciembre de 1383, Pedro IV había informado a los representantes del Parlamento reunidos en Montsó que el conde de Monteleone le había prometido quedarse en la Península Ibérica hasta que los arborenses entregaran como rehén, —para asegurar el mantenimiento de la paz—, al joven Federigo, «fill unigènit comú al dit mossèn Brancha et a la noble dona Alienor d’Arborea, muller sua, lo qual Ffrederich és jurat, segons que.s diu, en jutge d’Arborea». Parece difícil creer que el rey aragonés se equivocase a propósito de un asunto de esa relevancia en una circunstancia histórica tan delicada.31Sólo en estas dos circunstancias el título giudicale podría pasar de Leonor a su marido.32. Tal vez la fecha del documento dirigido a Brancaleone Doria —10 de septiembre de 1386— podría ser considerada como una referencia ante quem de la muerte del joven Federigo Doria Bas. A pesar de eso, el 6 de enero de 1388 en un documento emitido por la iudicissa aparece otro hijo suyo («nobili Mariano filio nostro carissimo») para quien ella pidió al gobernador general de Cerdeña que designara un tutor con el fin de deshacer el homenaje rendido a Mariano por las comunidades y los individuos que residían fuera del Giudicato.33. Siempre con respecto a este tema, es igualmente interesante otro documento emitido el 20 de enero de 1388 por Leonor de Arborea. La iudicissa declaró —de manera explícita esta vez— que ella actuaba de acuerdo con las directivas claras de los representantes de las ciudades y Curadorias arborenses que eran llamadas a firmar el acuerdo de paz con el rey. En calidad de tutor fue indicado Giacomo de Vieri, miles y ciudadano de Oristano.34. De momento desconocemos si se había propagado en Cerdeña el eco de las declaraciones de Pedro IV sobre el conde de Monteleone y sobre su designación como nuevo juez de Arborea en lugar de su esposa. Sin embargo, si el juez Federigo había muerto realmente antes del 10 de septiembre de 1386, entonces incluso en Arborea habrían sabido que, en ausencia de otro heredero legítimo de la pareja Brancaleone/Leonor, el conde de Monteleone iba a ascender al trono giudicale en nombre de su esposa. A estas alturas —quizás porque no confiaba en el Doria, quizás porque no estaba segura que podría controlarlo, o quizás también porque en ese momento el conde era prisionero de los aragoneses en Castell de Càller— la oligarquía arborense decidió jurar como juez a Mariano, tal vez hijo natural de un miembro de la pareja. Este hipotético estatus de Mariano V lo habría convertido en un gobernante institucionalmente más débil que otro heredero legítimo. Esta decisión podría explicar la razón por la que Brancaleone gobernó el Giudicato de manera sumamente centralizada desde que fue liberado el 2 de marzo de 1390 hasta la muerte de Mariano V en 1407, tras otro levantamiento en Oristano que le privó del vínculo formal con el poder sobre el Giudicato (Gallinari, 1996). Estas fuentes y también otras que se remontan al 1388, cuando se firmó la Ultima Pax Sardinie, atestiguan que la situación en Cerdeña continuó siendo fluida en aquel periodo. Además, aunque la familia giudicale había superado estos difíciles momentos, la documentación muestra una vez más su debilidad política e institucional y los repetidos intentos de la oligarquía arborense de tenerla bajo control. Una doble debilidad: una externa a la familia, según la cual —aunque Brancaleone Doria fuera un hombre mucho más temido que amado, y con importantes contactos personales con el Común de Génova y otros sujetos políticos fuera de la isla— los arborenses y los sardos en general no se unieron incondicionalmente a la lucha contra los aragoneses que planeó tras su liberación. La otra debilidad, la interna a la dinastía, fue la oposición de la misma iudicissa Leonor al enfrentamiento deseado por el marido (Gallinari, 2013: 267). Y eso habría impulsado al Doria a aliarse «cum nonnullis [...] satellitibus et hominibus male vite insule prelibate» para recuperar todas las localidades y fortalezas del Regnum conquistadas por los jueces en las décadas anteriores, que habían sido devueltas al soberano aragonés con la paz de 1388.35. En el discurso que vamos haciendo sobre la fragmentación de la sociedad giudicale, no nos parece una coincidencia que precisamente por parte del conde de Monteleone empiece a ser utilizada ampliamente —a lo mejor por primera vez de manera tan explícita— la expresión nació sardesca con un significado más político que etnocultural en unos discursos que confiaron a la Casa de Arborea la protección de los derechos de todo el pueblo sardo, y no sólo de los súbditos del Giudicato. Reivindicaciones hechas por el Doria y algunos de sus seguidores para desconocer los derechos del soberano aragonés sobre Cerdeña y presentarse como los defensores de todos los “sardos” unidos, aunque ya hemos demostrado que, al menos en las dos últimas décadas del siglo xiv, esa unidad no exitió en absoluto. Y aquí profundizamos aún más en el discurso que subyace a algunas de las más recientes interpretaciones nacionalistas de la Batalla de Sanluri y de la historia final del Giudicato. 4. ¿Una nació sardesca o más nacions sardesques (según las interpretaciones nacionalistas)? El 17 de junio de 1390, en una carta al gobernador aragonés Joan de Montbuy, Brancaleone Doria declaró que la Casa de Arborea se sentía investida con la representación política no sólo de sus súbditos sino de toda la nació sardescha, en cuyo nombre había firmado la paz de 1388 con el rey Juan I de Aragón. Asumía, por lo tanto, la tarea de defenderla y hacer justicia en caso de que fuera víctima de los aragoneses.36 El conde de Monteleone utilizó un fuerte argumento nacionalista con un tono más ideológico que jurídico, ya que reivindicó para la Casa de Arborea el derecho a defender también a los sardos que vivían en el Regnum, aunque estuvieran directamente sometidos a la autoridad soberana. En mi opinión, este ‘discurso foucaultiano’ de Brancaleone Doria mostraría que para él en ese preciso momento histórico los sardos del Giudicato serían sólo una parte de la más amplia nació sardescha. De hecho, esta no indica un único sujeto político. Este último es el objetivo del Conde de Monteleone, quien, para lograrlo utilizó las arriba mencionadas argumentaciones, forjando al mismo tiempo una identidad étnica —antropológicamente hablando— pero también política para la nació sarda en agudo contraste con los aragoneses.37 La fictio legal del Doria volcó la relación jurídica establecida por la investidura feudal, que hacía del monarca ibérico el señor natural de todos los sardos de la isla. Y lo hizo yuxtaponiendo una naturalitas natural —disculpen el juego de palabras— porque era original (de todos los sardos que habían nacido y vivían en la isla) con una naturalitas “artificial” que procedía del Derecho —es decir, de la investidura pontificia del Regnum— que él no reconocía. Sin embargo, unos meses más tarde, el 11 de agosto de 1390, el propio Brancaleone Doria pareció negar sus anteriores declaraciones al informar a Joan de Montbuy que no podía devolver al rey unas aldeas en el marco del tratado de paz de 1388, porque ni siquiera la Casa de Arborea había nunca ejercido su autoridad en el territorio de aquellas. Y esto porque sus habitantes (los Barbaricini) querían autogobernarse y no obedecer a ningún señor.38 En un tono que podría parecer irónico y casi provocador, el Doria invitó al gobernador aragonés a intentar someterlos. Una hazaña que ya había costado caro a los jueces de Arborea, que varias veces trataron de extender su autoridad sobre las diversas aldeas que teóricamente poseían en esa parte de la isla. Si no era una mentira para no devolver los territorios en disputa a los aragoneses, estas declaraciones —junto con otras pruebas documentales de la época de los jueces Hugo II y Mariano IV—,39 parecerían llamar la atención del historiador sobre el estatus jurídico real de las regiones más interiores de la isla: ¿estaban sujetas a la autoridad del Giudicato o a la del Regnum o, finalmente, eran independientes de ambos? Una pregunta a la que no es fácil responder con precisión. De otro lado, los Barbaricini que residían en las regiones montañosas de la isla, en un área mucho más extensa que el territorio conocido hoy en día como Barbagie, parecen una minoría política etnocultural auto-marginada, con una fuerza perturbadora incluso antes de la presencia ibérica en Cerdeña, ya que se había mostrado, igualmente, independientes del Común de Pisa (Gallinari, 2019b: 352). Estos datos parecen mostrar una situación insular de fluidez institucional e identitaria que no encaja bien con la interpretación nacionalista que tiende a incluir a todos los isleños en la categoría de una única nació sardescha en el sentido político que se quiere dar a esta expresión. Sin embargo, a pesar del posible bando político de los Barbaricini, el duro enfrentamiento entre aragoneses y sardos con un trasfondo nacionalista continuó en los años inmediatamente posteriores alimentado por los discursos del Conde de Monteleone y no sólo. Así lo demuestra una carta que Pietro Marongio, podestà de la ciudad de Sassari, escribió el 6 de enero de 1392 al Gobernador General Joan de Montbuy; en ella formuló un “discurso” nacionalista cargado de un fuerte sentimiento de oposición étnica e identitaria que se percibe en el uso de los pronombres personales «nosaltres / vos». Un discurso en el que también se puede captar un componente identitario urbano muy fuerte en Sassari, que estaba vinculado a sus antiguas prerrogativas comunales. Sin mencionar la referencia hecha al concepto legal de naturalitas de los sardos en su propia isla y, específicamente, en la ciudad de Sassari, y que resulta muy similar a la analizada anteriormente en el documento de Brancaleone Doria al mismo oficial aragonés, y que contrastaba con el uso hecho por los soberanos aragoneses. Y esta similitud no es sorprendente porque el podestà de Sassari formaba parte del Consejo que apoyaba al conde de Monteleone en su lucha ideológica, política y militar contra los aragoneses.40. Brancaleone Doria enfatizó aún más estas declaraciones políticas —con gran energía y determinación, así como con desvergüenza— en una carta dirigida al Gobernador General del Regnum Sardinie que debe datarse entre junio de 1392 y junio de 1393. Un documento que, por sus características, suele ser citado por los historiadores que quieren hacer hincapié en la independencia del Giudicato de Arborea. El texto aparece como una especie de manifiesto jurídico y político de las reivindicaciones que el conde declaró llevar a cabo en nombre del Giudicato. En síntesis, el conde afirmaba haber obtenido «senyoria i domini» en el Giudicato gracias a su esposa, la iudicissa Leonor, hija y heredera de su padre, Mariano IV, y que la Casa de Arborea tuvo el señorío en Cerdeña durante quinientos años. Otro elemento muy importante que Brancaleone destacó fue que su señorío sobre el Giudicato y toda la Nació Sardesca no se debía a ninguna autoridad externa. Ni siquiera a la Sede Apostólica que, en cambio, había confiado ese señorío al rey de Aragón.41. Los mismos argumentos fueron utilizados por el Doria para (re)fundar también la senyoria de su familia, presente en la isla desde hacía trescientos años, según él, y también independiente de reyes y reinas.42. Hay que destacar otro elemento significativo en la economía del discurso nacionalista e identitario. Ni siquiera Brancaleone Doria en los momentos de máximo enfrentamiento con los ibéricos habló de Arborea como de un reino, y de su esposa —su conexión al poder giudicale-—como de una reina. El hecho de que en estos años de finales del siglo xiv se produjeron muchí- simos cambios en la sociedad sarda es confirmado también por la probable promulgación en los últimos años de la década de los $8 0 \mathrm { y }$ los primeros de los 90 del siglo XIV de una versión renovada de la Carta de Logu (CdL), un có- digo de leyes civiles y criminales del Giudicato de Arborea que fue reeditada por la iudicissa Leonor.43 Esto se afirma explícitamente en el preámbulo de este importante documento jurídico: Sa Carta de Logu (...) fata per issa bona memoria de juigui Mariani padri nostru (...) non sendo correpta per ispacio de annos VI passados, como per multas variedadis de tempus bisognando sa veridadi de necessidadi corregire.la, et emendari, considerando sa variedadi, e mutacioni dessos tempos (...) et issa condicioni dessos hominis, qui est istada (...) multu permutada.44. De estas declaraciones se desprende que «para preservar la justicia y la condición pacífica, tranquila y buena del pueblo» y por el «buen hacer de la Republica sardisca», la iudicissa se había visto en la necesidad de en 43 Lupinu (2010:54). El glotólogo explica bien las dificultades para llegar a una datación más precisa de la Carta, que se deben a las divergencias textuales entre el manuscrito y el incunable y las demás impresiones. El primero de ellos afirma que la Carta no fue corregida durante más de seis años, mientras que en el incunable el texto habla de más de dieciséis años (p. 3). Tal vez debe haber habido ediciones de la CdL anteriores a la de Mariano IV, que forma la base de la nueva reedición de Leonor. A este respecto Soddu (2019: 95) recuerda que Hugo III reclamó renovar la legislación e ir en contra de la CdL —que establecía que un asesino podía escapar de la pena de muerte pagando una sanción de mil liras— al decretar que el asesino debía ser colgado. En realidad, la legislación conocida no incluye tal sanción pecuniaria sustitutiva; por lo tanto, esta sería una referencia indirecta a una CdL más antigua y desconocida. 44 Lupinu (2010:54): «La Carta de Logu (...) hecha por la buena memoria del juez Mariano, nuestro padre (...), al no haber sido corregida durante más de séis años, ahora es necesario corregirla y enmendarla, considerando las muchas variaciones y el cambio de los tiempos (...) y la condición de los hombres, que (...) ha cambiado mucho (...).» La fecha de la muerte de Mariano IV (1375) plantea otros problemas de datación. De hecho, si añadimos a 1375 al menos seis años la nueva edición de la Carta sería reeditada en 1381, o sea durante el gobierno de Hugo III; en cambio, si añadimos a 1375 al menos dieciséis años, según el texto del incunable, la Carta sería reeditada por Leonor, en 1391. $\therefore \mathrm { Y }$ si la referencia al período de más de seis años en el texto del manuscrito es una parte superviviente de una versión anterior de la Carta pensada por Hugo III, que también parece evocada por Soddu (2019: 95)? mendar y adaptar el Código redactado por su padre más de dieciséis años antes.45. La iudicissa citó como razón de su acción precisamente el considerable cambio de tiempos y costumbres: un indicio de una sociedad en rápida evolución tal vez, incluso, bajo la presión del continuo enfrentamiento militar, económico y político con los aragonenses. Sin olvidar, por supuesto, todas las tensiones internas del Giudicato que ya mencionamos.46. En la CdL de Leonor se reivindica la prerrogativa más importante de los gobernantes medievales, el poder legislativo. Los juristas de la CdL parecen haber querido proponer la imagen de un rex iustus (o regina iusta, en nuestro caso) impulsado a actuar por la necesidad de restablecer una relación más equilibrada entre las dos realidades, la trascendente y la inminente, cuyo balance se vio comprometido por los cambios de los tiempos y la propia condición de los hombres, cada uno de los cuales estaba más inclinado a hacer el mal.47. Una interpretación reciente del preámbulo de la CdL desarrolla un discurso totalmente diferente, que muestra algunos deslices conceptuales que, desde cierto punto de vista, recuerdan a los de Arrigo Solmi que ya comentamos. Il proemio della CdL rende infatti evidente il tentativo di tenere insieme un soggetto istituzionale che non può parlare e agire istituzionalmente a nome della Sardegna, dato che il titolo di “Regno di Sardegna” è nelle mani 45 Lupinu (2010:54): «pro conservare sa justicia e pacifichu, tranquillu et bonu istadu dessu pobulu»; «bonu operari dessa Republica sardischa». 46 Olla Repetto (1979: 137-138 y 170-172) señaló que el orden institucional del Giudicato que surge de este importantísimo documento atestigua cómo el “estado” sardo de finales del siglo xiv se encontraba en una fase evolutiva, rica en elementos contradictorios, con estructuras arcaicas en las que se basaban otros derivados de las experiencias municipales italianas. 47 En las afirmaciones de la CdL encontramos —quizás— ecos del pensamiento de Juan de Salisbury y de la producción de Santo Tomás de Aquino, utilizados por los juristas arborenses para construir una imagen real de Leonor, basándola en el deber de justicia que recaía sobre el rey por las causas naturales de su institución. Por lo tanto, su rectitud se identificó con la función de gobierno. Ver Senellart (1995: 128, 135-136 y 165); y para más detalles, Gallinari (2009: 367-370). En cuanto a las influencias jurídicas de la CdL y la presencia de juristas en la corte de los jueces, remito a las consideraciones de Soddu (2019: 97) para quien surge claramente la aportación de personalidades procedentes del mundo pisano, que ya actuaban en Castel di Castro y Villa di Chiesa (hoy Cagliari e Iglesias) y que, tras la conquista aragonesa de esos territorios, encontraron a menudo refugio en Oristano. del sovrano della Corona d’Aragona a cui lo ha conferito la chiesa romana, e tuttavia parla e agisce moralmente a nome della Sardegna, o ancor meglio, di quel soggetto che nella pace del 1390 appare sotto il nome di nació sardesca schierato totalmente a fianco di Eleonora. (Sedda, 2019a: 24-25)48. De nuevo, como hace un siglo con Solmi, vemos un estudio que se desvía de un nivel de análisis jurídico —la existencia de un rey y un reino de Cerdeña que incluye a todos los habitantes e instituciones de la isla, pero en manos de un soberano “extranjero”— a otro nivel de naturaleza moral, que permite al Giudicato de Arborea hablar en nombre de la Nació sardesca. Una nació sarda que a veces Sedda interpreta como el pueblo del Giudicato de Arborea y otras veces como todo el pueblo sardo, incluyendo también a los súbditos directos del rey de Aragón o de los Doria. En realidad, si leemos el texto del proemio con atención, resulta que la iudicissa cuando utiliza la expresión republicha sardischa se dirige explícitamente al pueblo del Giudicato de Arborea, es decir, a sus súbditos. Ya que en el preámbulo se refiere a «su rennu nostru» o al «Iuighadu nostru» de Arborea, como ella lo definió, es decir, al territorio que ella gobernaba como iudicissa y para cuyos súbditos estaba promulgando la actualización de un código de leyes y normas. No hay ninguna parte en la que se pueda entender que el concepto de la republicha sardischa deba extenderse automáticamente a todo el pueblo sardo, incluyendo a los habitantes del Regnum o de los señoríos de los Doria, porque estas dos realidades institucionales tenían sus propias leyes y autoridades de referencia. Esta extensión sólo podría ser admitida si el Giudicato hubiera conquistado toda la isla y, por lo tanto, si todos los isleños se hubieran convertido en súbditos del mismo. El proemio se dirige al Giudicato de Arborea y a sus habitantes, que son la republica sardisca. El deslizamiento de los conceptos jurídicos a los que aludíamos anteriormente se encuentra en el análisis de Sedda entre tres términos y tres planteamientos. De hecho, después de referirse a la “relación sintagmática” en el Proemio de la CdL entre los conceptos de respublica y pobulu, ya destacada por anteriores juristas, ambos atribuibles a los sujetos del Giudicato de Arbó- rea, el estudioso introduce la tercera noción, la de nació (sardesca), en cuyo nombre Leonor de Arborea «habla y actúa moralmente», pero que nunca se mencionó en el Proemio. Aquí aparece la voluntad del estudioso de homologar esta última noción a las de pobulu y respublicha extendidas por él a todos los habitantes de Cerdeña, una interpretación que parece tener más una finalidad política actual que la reconstrucción de los acontecimientos de finales del siglo xiv. Puede observarse también la referencia en el Proemio al «pobulu totu dessa dicta terra nostra et dessu rennu de Arbaree» («todo el pueblo de dicha nuestra tierra y del reino de Arborea»), que ha sido interpretada como una clara alusión a todos los isleños que no residían en el Giudicato.49 En realidad, esta referencia plantea más de una dificultad de interpretación: el término dicta (dicha) parece referirse a algo que ya se ha mencionado (la tierra), pero del que no hay rastro, y por lo tanto no está claro a qué se atribuye.50 Tal vez sea una parte sobreviviente del texto de ediciones anteriores de la CdL. Creo que una confirmación más de la identificación de la nació sardesca con los súbditos del Giudicato de Arborea, —y por lo tanto con el pobulu y la respublicha sardischa, y no con todos los sardos de la isla—, se puede encontrar también en las cartas en las que el rey de Aragón, Martín el Humano, comunicó la victoria en la batalla de Sanluri a los principales soberanos europeos. En ellas, como dice Sedda, el rey definió como traidora y rebelde a su autoridad la nació sardesca, indicada «al singular, toda junta» («al singolare, tutta insieme»). Pero quien se rebelaba era el Giudicato de Arborea o, mejor dicho, la dinastía al mando de aquel que seguía con su voluntad de oposición a los aragoneses, teniendo que enfrentarse varias veces por esta razón con algunos súbditos que a lo largo del tiempo habían mostrado actitudes pro-aragonesas. Igualmente, no se rebelaban todos los sardos que vivían en las zonas aún sujetas a la autoridad del rey. Una afirmación —esta de la compacidad de la nació sarda— que Sedda basa en el documento de Leonor del 17 de junio de 1383, en el cual comunicaba a Pedro IV su asunción del poder sobre el Giudicato con la ayuda de todos sus buenos sardos y la buena voluntad de todo el pueblo sardo. Pero estas eran declaraciones políticas, que debían mostrar la validez de las reivindicaciones hereditarias de Leonor, la cual sabía bien que debía obtener el reconocimiento del rey de Aragón. Y que fueron “discursos” de propaganda política y que el pueblo sardo no era compacto también se demuestra por la mención que la misma iudicissa hizo de varios grupos “políticos” que se disputaban el poder en Arborea en ese momento. Ninguna de estas contradicciones emerge en la interpretación nacionalista, aunque, sin embargo, aparezcan incluso en fuentes posteriores procedentes del Giudicato. Ni siquiera una sola vez, el académico plantea el problema de que la dinastía giudicale y, en concreto, Leonor y sus juristas, hubieran recurrido a los conceptos de pobulu, respublicha sardischa y nació sardescha para consolidar la dinastía y el “estado” sardo que fueron sacudidos repetidamente por conspiraciones, ataques personales e intentos de pacificación con los soberanos aragoneses ajenos a los mandatarios del Giudicato. Ni una sola vez se ha planteado la hipótesis de que los recursos a aquellos conceptos fueran deseos o planes de la iudicissa y de la dinastía del Giudicato, que querían completar el proyecto de Mariano IV de conquista de toda Cerdeña. Una dinastía que ejerció su poder en Arborea durante más de veinticinco años después de la promulgación de la CdL, llegando a dominar casi toda la isla justo antes de la batalla de Sanluri. Por el contrario, según Sedda, gracias a la transferencia de poder del Rennu d’Arbarée «alla republica sardisca ovvero una comunità depositaria di un bene comune e unita da un “dovere” [la legge che essa stessa liberamente si dà]», aquel Rennu se presenta como un «soggetto che vuole parlare istituzionalmente a nome della Sardegna (…) e si auto-costituisce in quanto (…) soggetto politico sardo che oggi diremmo statuale» (Sedda, 2019b: 33).51. Si esta transformación del Giudicato en un “estado” político ocurrió con la publicación de la CdL en 1391/1392 ¿cuál era la naturaleza jurídica del Rennu d’Arbarée antes de esas fechas, a pesar de todas las leyes que los jueces habían (libremente) promulgado, entre otras, las diferentes versiones de las CdL y el Código Rural promulgado por Mariano IV a mediados del siglo xiv? Si quisiéramos salvar este intento de leer la historia del Giudicato entre finales del siglo xiv y principios del xv, habría que subrayar que, una vez más, la protagonista fue la dinastía gobernante, que intentaba hacer frente a las crisis internas y externas tratando de compactar el Giudicato a través de la inclusión en la republica sardisca —es decir, en sí mismo— de los sardos sometidos a otras autoridades. Una inclusión que podía lograrse mediante la conquista armada de los territorios externos o la adhesión voluntaria de los “otros” sardos al proyecto político de la dinastía de los jueces. Un proyecto de unificación de toda la isla bajo su propia autoridad que más de dos siglos antes, en 1164, la Casa de Arborea había logrado con la concesión del título de Rex Sardiniae al juez Barisone I, por parte del emperador Federico I Barbarroja. Y ello sin ningún protagonismo —al menos en las fuentes conocidas— del pueblo de Arborea o de Cerdeña.52. Por razones de espacio, no podemos detenernos en todas las fuentes que muestran las fracturas políticas de la sociedad arborense, así que damos un pequeño salto adelante en el tiempo con el análisis de dos documentos muy estimulantes de la época del rey Juan I de Aragón y posteriormente continuaremos con una rápida reseña de los años inmediatamente anteriores a la Batalla de Sanluri. El 22 de mayo de 1393 Juan I de Aragón respondió a una carta de los prohombres y cónsules de Oristano, fechada el 5 de diciembre de 1392, declarándose feliz de que hubieran decidido reconocerlo como su legítimo señor y dispuesto a aceptar que volvieran a su obediencia. Cuidadosamente, el soberano atribuyó la responsabilidad de la revuelta a Brancaleone Doria, contra quien él preparaba un poderoso ejército. La invitación del rey dio sus frutos. El 1 de julio de 1393 señalaba que muchos miembros de la nació sardesca y otros sujetos no identificados querían someterse a su autoridad y que, sobre todo, querían inducir a comunidades enteras y a otros individuos a hacer lo mismo, a pesar de que temían la reacción de Brancaleone Doria y sus partidarios.53. Pese al entusiasmo del rey aragonés, la situación de hostilidad continuó durante mucho tiempo. En el verano de 1405 el rey Martín el Humano envió directamente al juez Mariano V unas propuestas de paz elaboradas por la Corte ibérica, a través de su embajador Joan de Vallterra. Esta misión contribuyó a aumentar las tensiones entre el juez, a favor de un acuerdo con los aragoneses, y su padre Brancaleone Doria, tenazmente hostil a esta opción. El fracaso de la misión de Vallterra puso de manifiesto para la Corona de Aragón la necesidad de recurrir a las armas para defender los derechos del rey, como afirmó en su momento Martín el Joven, rey de Sicilia e hijo del soberano de Aragón. Este clima de profunda división política —que encaja muy bien con lo que hemos estado viendo desde la época de Hugo III— se materializó en dos acontecimientos violentos: el 9 de octubre de 1408 el rey Martín de Aragón informó al concejo de Mallorca que el juez Mariano V de Arborea había sido asesinado y que, tras su muerte, los habitantes de Oristano y de toda Arborea se habían rebelado contra Brancaleone y lo habían sitiado en su castillo de Monteleone.54. Hace muchos años planteamos la hipótesis de que el culpable del asesinato de joven juez fuera un grupo de poder, cuyos integrantes nos son desconocidos. Un grupo que podría estar relacionado con la eliminación de Hugo III en 1383, con la propuesta del Sardinie populus en 1385 y quizás también, de alguna manera, con el intento de Squinto de matar a la familia giudicale en 1386. Una posible causa del asesinato de Mariano V podría ser que este grupo político creyó que esta acción era la única manera de eliminar a Brancaleone. Doria de la escena política giudicale —ya que el juez no lograba imponer al padre su voluntad de paz con los aragoneses— y, al mismo tiempo, eliminar la dinastía Bas Serra que había iniciado el estado de beligerancia contra los aragoneses más de medio siglo antes. Seguimos creyendo que el principal sospechoso del asesinato de Mariano V pudo haber sido el grupo político de oligarcas y funcionarios giudicali liderados por Leonardo Cubello, que en 1410 tomó realmente el poder sobre un tercio del territorio del Giudicato, justo en la zona de la capital Oristano —siempre protagonista de todos los levantamientos contra los jueces— y de las curadorías que la rodeaban. 5. Intentos de una lectura ‘nacionalista’ de Sa Battalla de Sanluri. Antes de comenzar a examinar la reciente historiografía sobre la Batalla de Sanluri, hay que subrayar que, como ocurre para muchas otras partes de la historia bajomedieval de la isla, este importante acontecimiento militar sólo se conoce a través de fuentes ibéricas. Esta documentación ofrece unos elementos interesantes de reflexión, no sólo sobre el evento militar, sino también sobre los preparativos y las expectativas de ambas partes. Por supuesto, no es un pequeño problema historiográfico no tener ningún documento del lado sardo que ofrezca una versión de acontecimientos tan importantes y llenos de implicaciones para la historia sarda: las fuentes isleñas permitirían al historiador contrarrestar la narración de los vencedores. Por lo tanto, es necesario proceder con gran cautela en la reconstrucción de los acontecimientos y sus protagonistas, sobre todo a la luz de recientes lecturas ‘nacionalistas’ de este evento bélico. Sin embargo, las pocas fuentes a disposición del historiador, leídas con detenimiento, contribuyen a cuestionar décadas de reconstrucciones historiográficas no sólo sobre la batalla en sí, sino también sobre toda la relación político-institucional entre el Giudicato de Arborea y los reyes de Aragón. Otro elemento importante que hay que tener en cuenta al abordar la batalla de Sanluri es la gran visibilidad que ha tenido este acontecimiento en las últimas décadas en Cerdeña, tanto en el ámbito de la investigación profesional como en el de la divulgación histórica, especialmente desde 1997, cuando se organizó su primera recreación histórica, concebida por el estudioso de Sanluri, Gianni Mereu. Este acontecimiento ha alimentado sin duda alguna el florecimiento de nuevas interpretaciones nacionalistas e identitarias de Sa Battalla —en lengua sarda— y, más en general, de toda la historia de los últimos dos siglos de la Edad Media de Cerdeña. A pesar de la lectura de esta batalla realizada por cronistas y analistas medievales y modernos, así como por los historiadores del siglo xix —que no podemos examinar aquí—, a partir de la década de 1980 aparece una marcada interpretación nacionalista del enfrentamiento militar.55 Hubo quien en esa derrota vio solo el principio del fin de un sueño de autonomía sarda frente a autoridades externas, y la desaparición del sujeto político que había tratado de encarnar ese sueño: el Giudicato de Arborea y sus gobernantes. También en este caso, la evaluación del evento militar muestra una participación emocional que afecta el discurso realizado. Veamos un ejemplo: Malgrado la sonante sconfitta, Il regno di Arborea —nucleo e lievito della “Nazione Sarda”— rimaneva inviolato con tutti i suoi territori storici intatti, compresi gli ultra giudicali del settentrione. (...) le istituzioni statali erano ancora tutte valide. L’esercito, non incalzato dal nemico, pur ridotto della metà e demoralizzato era —volendo— facilmente riorganizzabile. Quindi, Sanluri non fu l’ultimo atto della nostra statualità, la fine del sogno di una Sardegna dei Sardi; la quale —se si vuole— deve essere ricercata meglio nel periodo successivo insieme alle ragioni del rapido declino e crollo dell’antico e glorioso “giudicato” sardo.56. La participación personal del historiador en estas declaraciones es evidente en el uso de expresiones como «nuestra independencia» (nostra statualità) o como «el fin del sueño de una Cerdeña de los Sardos», que en realidad era una Cerdeña bajo la dinastía de los jueces y no de un gobierno asambleario. Sin mencionar la valoración que realiza el autor sobre que el Giudicato de Arborea había permanecido inviolado en su núcleo histórico, obviando señalar que, en los nueve meses siguientes a la batalla, las partes meridional y oriental de la isla regresaron bajo la autoridad aragonesa, lo que hizo que se volviera a la situación de la primera revuelta del juez Mariano IV a mediados del siglo xiv. El autor de estas consideraciones ha insistido mucho en los últimos decenios en su relectura nacionalista de la historia de Cerdeña, en la que se incluye también la batalla de Sanluri, que se considera como uno de los principales acontecimientos de la historia de la actual República Italiana, ya que ésta procede del Reino de Italia que a su vez deriva del Reino de Cerdeña y Córcega (Casula, 1997 y 2012). En esta perspectiva historiográfica llegamos a una situación paradójica, porque para dar a la historia de Cerdeña el brillo, la dignidad y la relevancia que, según el historiador, probablemente no tenía, se atribuye la representación de la “sardidad” política, cultural, etc.... a una institución —el Reino de Cerdeña y Córcega— que durante los siglos tuvo básicamente solo el título “de Cerdeña”, como indicación geográfica. Una institución que desde la Edad Media hasta la llegada de los Saboya a principios del siglo xviii nunca fue gobernada por un mandatario insular y en cuya sociedad las clases dirigentes locales, tanto civiles como religiosas, tuvieron dificultades para alcanzar posiciones apicales incluso en la edad moderna. Y, al parecer, no se considera en cambio que esta institución —el Reino— causó la desaparición de Arborea, el último representante de los cuatro Giudicati de la isla, evoluciones sardas de una institución de antiguo origen bizantino, gobernadas por dinastías locales durante siglos, con leyes escritas en lengua sarda y costumbres desarrolladas localmente. A propósito de la participación personal de los estudiosos en su investigación, hay otro ejemplo de una interpretación más reciente de la batalla y del papel del ‘pueblo’ sardo en ella, que se revela muy interesante. Su autor afirma explícitamente que no fingirá «di non avere una posizione rispetto al passato» («no tener una posición respecto al pasado»); y añade que la derrota en Sanluri es todavía «il segno di una lunga lotta di liberazione e il germe di un valore di libertà per i sardi e per la Sardegna che ancora ci interpella.»57 Un valor de libertad perseguido por la Nació sardesca que «”sceglie” il proprio sovrano [el juez de Arborea en lugar del rey de Aragón], [e] che afferma se stessa come soggetto politico.»58. Para corroborar este discurso sobre la voluntad de libertad —perseguido según el estudioso a veces por la nació sardesca y a veces por la republicha sardischa— se mencionan dos ‘discursos’ políticos de carácter libertario e identitario realizados por dos jueces: Mariano IV y su hijo Hugo III. Sedda recuerda que el primero se llamaba a sí mismo rey de los sardos, sin señalar, sin embargo, que las fuentes que lo decían son los procesos por rebelión y lesa majestad instruidos contra él por oficiales aragoneses. La esencia de este ‘discurso’ también flotaría en la campana que alababa a la «patria liberacionem», y que fue fundida por orden del juez Hugo III (Sedda, 2019a: 22). Sin embargo, ambos ejemplos, una vez más, se refieren a dos miembros de la dinastía de los jueces que se enfrentaron a ultranza con los aragoneses y no se pueden atribuir a otros sujetos políticos del Giudicato, de la republica sardisca o de la nació sardesca. Dos jueces que necesitaban compactar y animar a sus súbditos —los tradicionales del Giudicato y especialmente los de las regiones insulares arrebatadas a los ibéricos— para sostener un enfrentamiento contra un enemigo más poderoso. Este largo excursus se debe siempre al mismo académico, quien asumió que es difícil pensar que al menos una parte de esas aspiraciones y valores no estuviera presente en la batalla de Sanluri.59 Por ello le parece difícil «sottostimare l’impatto che l’assenza di un sovrano sardo, legittimato da un’appartenenza “naturale” alla nazione Sarda, poté avere sull’esito della Battaglia e sui destini del regno di Arborê.»60. Sin embargo, las fuentes ofrecen un cuadro muy diferente, caracterizado una vez más por una profunda laceración en la sociedad giudicale que contribuyó en gran medida a la derrota y desaparición de Arborea. Una carta del rey de Sicilia, Martín el Joven, del 29 de enero de 1409 informa de la existencia de algunos oficiales sardos que gobernaron junto con el vizconde de Narbona Guillermo II («officiali di li Sardi li quali règinu»). En la misma carta se afirma, asimismo, que unos oficiales del Giudicato no bien definidos y el propio vizconde estaban dispuestos a reconocerse como vasallos del rey de Aragón pagando 300.000 florines y otro tributo al rey siciliano. En ese documento hay otra declaración de Martín el Joven que destaca perfectamente la precaria situación del frente sardo: según el monarca, los sardos estaban muy indecisos y ni siquiera sabían si habrían mantenido o abandonado la villa de Sanluri. Para reiterar el estado de ánimo de los arborenses, añadió que su última y desesperada elección se debatió entre aceptar la batalla o confiar en el aire pestilente (palúdico) de la capital giudicale que les habría liberado del peligro que tenían encima («adesperats abandonar-se a la battalla o al aire d’Oristany qui’ls deliure») (Fois, 2019: 106-108). La división de la sociedad arborense se percibe también en otros significativos episodios. Por ejemplo, en la clara negativa a reparar las murallas de Sanluri expresada por la gente de la villa a Guillermo II durante una asamblea que tuvo lugar entre finales de febrero y principios de marzo de 1409 (Fois, 2019: 113). Y más significativo, si cabe, es otro acontecimiento relatado por el rey de Sicilia en una carta a su padre fechada el 5 de mayo de 1409. El joven soberano declaró que sabía que los sardos habían ordenado a los habitantes de las granjas de la Curadoria de Marmilla y otros distritos cercanos que se refugiaran en las fortalezas del territorio; a esta orden los habitantes respondieron negativamente, añadiendo que no querían morir y que querían darse a quien iba a ganar (Fois, 2019: 115). Esta falta de cohesión social arborense se refleja muy bien en el comportamiento del ejército giudicale durante la batalla.61 Una batalla que fue buscada y obtenida por Martín de Sicilia, quien entendió bien el nivel de disolución del Giudicato y, por lo tanto, la posibilidad de no “contentarse” con las ofertas sardas y aprovechar la posibilidad de realizar una hazaña bélica y caballeresca digna de sus antepasados. Sin embargo, ni siquiera todos estos elementos son suficientes para evitar otra lectura nacionalista de este acontecimiento y del período inmediatamente anterior que es proporcionada por otro académico que enfatizó el pobre e inexacto conocimiento de la sociedad giudicale por parte del vizconde de Narbona, malinterpretando el importante papel de la Corona de Logu, que él entendía «non come un fattore di coesione delle strutture dell’Antico giudicato, ma come uno strumento di controllo del suo operato.»62 Una situación que habría afectado la capacidad defensiva de Arborea en un momento tan delicado y que, por lo tanto, habría causado la derrota militar y política del Giudicato cuya responsabilidad fue de Guillermo II. Pero en la misma página y en una posterior, el filólogo afirma que Martín el Joven hizo referencia explícita al hecho de que los sardos tenían el control de las finanzas arborenses («los sarts senyoregen et han la moneda en lur poder»). Una situación que no debería haber complacido al vizconde de Narbona.63 Y, sobre todo, una situación que las fuentes conocidas hasta ahora no atestiguan para los anteriores jueces de Arborea. El académico continúa en esta clave de lectura que favorece la legitimidad de la acción política de los protagonistas sardos —según él, de la Corona de Logu y Leonardo Cubello— sobre la de Guillermo II quien, sin embargo, era el legítimo juez. De hecho, afirmó que el Cubello, bajo el mandato de la Corona, habría determinado el fin de Arborea, aunque, sin embargo, estaba convencido «di salvare il potere, la memoria e la storia della terra».64 En realidad, esta interpretación de los hechos choca con algunos elementos. En primer lugar, actualmente no tenemos ningún documento que atestigüe que la Corona de Logu hubiese tomado las decisiones que le atribuye este estudioso. Y, en segundo lugar, cuando Leonardo Cubello firmó las Capitulaciones de San Martín en 1410, sólo un tercio del territorio giudicale le siguió en el acuerdo con los aragoneses: esto significa que la Corona de Logu se dividió en dos partes, y que la parte que decidió volver a la obediencia real fue la minoritaria, al menos a juzgar por la extensión del territorio giudicale que permaneció bajo la autoridad del vizconde durante otros diez años. Esta interpretación pro-sarda nos parece que se manifieste aún más con declaraciones como la que sigue: La corona salvò Oristano e sacrificò il giudicato; […] Mentre il visconte vendeva i diritti, i Cubello tenevano viva la memoria degli Arborea, giungendo nel 1437 a legare il Marchesato all’antica infeudazione del giudicato da parte di Alfonso come procuratore di Giacomo il giusto.65. Atribuir la responsabilidad de esas decisiones a toda la Corona significa no considerar los numerosos documentos que hemos mencionado anteriormente, que muestran que incluso la oligarquía arborense era todo menos monolítica en torno a la política de la dinastía giudicale. Significa, sin embargo, hacer un discurso identitario y nacionalista que quiere mostrar una compacidad arborense que no existió, ni siquiera en 1410, en un momento tan crucial, así como no existió ni siquiera antes de la Batalla de Sanluri. Y tampoco se puede afirmar que Cubello quisiera mantener vivo el recuerdo de los Arborea, ya que, por el contrario, fue él quien propuso al lugarteniente real Pere de Torrelles la supresión del nombre de Arborea porque era indeseable para el rey de Aragón.66 Se puede plantear la hipótesis de que esta actitud de Cubello fuera dictada también por la conveniencia para él de que el nombre de Arborea desapareciera —al menos oficialmente— del territorio ahora sometido a su autoridad personal y a la de la nueva dinastía que se iniciaba con su persona, la de los Marqueses de Oristano.67. Pero la culminación del discurso nacionalista se alcanza con la declaración de que las iniciativas de la Corona de Logu se debieron al hecho de que «la perfezione dell’aderenza del giudice-visconte all’istituzione giudicale fosse stata pari a zero e che viceversa sia stato avvertito come prevalente in lui l’animus di cavaliere e barone francese.»68 Básicamente, la derrota en Sanluri y la desaparición del Giudicato de Arborea fue culpa del vizconde que, en menos de un año, no se adhirió «perfectamente» a la sociedad arborense y a sus ideales. Esta es una interpretación mucho más fácil y evocadora, que sin embargo es desmentida por otra, mucho más concreta, propuesta por numerosas fuentes contemporáneas, algunas de las cuales han sido destacadas en este trabajo: al menos desde la época de Hugo III la sociedad giudicale estaba profundamente dividida en su interior respecto a la gestión del poder y a las relaciones políticas con los reyes de Aragón. 5. Conclusiones. La batalla de Sanluri ha sido un excelente pretexto para hacer algunas reflexiones sobre diversas tendencias historiográficas recientes que tratan de re-proponer una imagen de la historia giudicale del final de la Edad Media con fuertes connotaciones identitarias y nacionalistas de tipo demasiado moderno, que no se encuentra reflejada en las fuentes disponibles. Hemos intentado mostrar los vínculos entre estas recientes relecturas y una tradición historiográfica sarda que tiene más de un siglo de existencia, confirmando una necesidad muy arraigada —a veces inconsciente, a veces no— en unos intelectuales isleños de reconstruir de esta manera un pasado considerado glorioso, para que sirva como base cultural y política de la sociedad sarda actual. Base que, sin embargo, muestra más de una grieta, ya que los estudiosos que actualmente defienden esas nuevas lecturas identitarias y nacionalistas no tienen en cuenta partes relevantes no sólo de la historiografía italiana sino también de las diversas fuentes sobre los argumentos que utilizan como base de sus afirmaciones. Documentos que no apoyan sus hipótesis reconstructivas de una Cerdeña de los sardos, todos unidos bajo una común bandera nacionalista. Al contrario, en nuestra opinión, las fuentes muestran una sociedad giudicale con muchas divisiones, pero que era vital y dinámica con diferentes actores y sus distintas exigencias: la de la centenaria dinastía de los jueces de Arborea, que vio su papel considerablemente reducido tras la llegada de los aragoneses a Cerdeña; pero también la de la oligarquía giudicale que, desgraciadamente, sólo en contadas ocasiones hasta ahora aparece en los documentos, y que nos revela proyectos políticos para una sociedad diferente de la deseada por los jueces y que estuviera en paz con los ibéricos. Visiones distintas que condujeron a violentos enfrentamientos que en los años 80 del siglo xiv sentaron las bases del asesinato de dos jueces y de varios intentos de separar el destino del “estado” isleño del de los jueces, causando la implosión política e institucional del Giudicato de Arborea hacia 1410/1420. Además, al examinar las fuentes inmediatamente anteriores a la batalla de Sanluri, parecen evidentes las profundas laceraciones de la sociedad giudicale, incluso en las diversas capas de la oligarquía. Comunidades enteras se negaron a colaborar en la defensa del territorio y se declararon dispuestas a darse al vencedor del enfrentamiento militar. A estas divisiones internas del pueblo arborense hay que añadir los contrastes entre él y los demás sardos habitantes en el Regnum respecto a la beligerancia casi continua con los ibéricos desde la época de Mariano IV. Como puede observarse, son muchos los estímulos para una lectura de la historia de Cerdeña en los siglos xiv y xv que coloca a la isla y a sus protagonistas institucionales y políticos en el amplio debate jurídico y filosófico sobre el poder y el orden social en toda Europa Occidental en aquel período histórico. 6. Referencias bibliográficas. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
El patrimonio real de Aragón a fines del siglo XIV. Los dominios y rentas de Violante de Bar
EL PATRIMONIO REAL EN ARAGON A FINES DEL SIGLO XIV: LOS DOMINIOS Y RENTAS DE VIOLANTE DE BAR por $\mathbf { M } ^ { \mathsf { a } }$ . Luisa Ledesma Rubio. Dentro de la linea de trabajos emprendidos por el Departamento de Historia Medieval de Zaragoza,relativos al patrimonio real en Aragón, publiqué en fechas recientes el Libro de Cuentas del merino de Jaca de los afos 1389 a 1399.Ello me incitó a continuar el estudio de una época en la que la politica hacendistica de'la Corona, con todo su complejo entramado,presentaba una serie de problemas que dejaban traslucir el caos fiscal, al que vendria a poner coto la nueva dinastia Trastamara. Al no existir una auténtica centralizacion del erario publico, concepto éste muy impreciso para las mentes de la época,el patrimonio real a fines del siglo XIV se hallaba fragmentado en distintas parcelas o ámbitos fiscales. Junto a los dominios del monarca administrados por el baile general de Aragón, se hallaban los asignados al heredero de la Corona y a su esposa, cada uno con sus respectivas tesorerias y con una nutrida corte de funcionarios encargados de la gestión financiera,la percepción de rentas y la aplicacion de los impuestos inherentes a la jurisdiccion civil y criminal sobre los habitantes de. los territorios correspondientes. Encontramos ademas los dominios y rentas vitalicias asignados a la reina viuda, asi como a otros miembros de la dinastia reinante, tambien administrados por sus oficiales propios. Unicamente el cargo de maestre racional puede ser considerado como un servidor de la administracion central, por contabilizar los bienes del patrimonio en los estados de la Corona. Pero,ademas,ya a partir del siglo XIII se habia iniciado la escalada de enajenaciones,hipotecas,asignaciones de las rentas publicas a la nobleza,a entidades religiosas y a particulares, que llegó a su cénit en la segunda mitad del siglo XIV con el reinado de Pedro IV y el de su hijo y sucesor Juan I. El hambre monetaria, comun a las cortes europeas en esta centuria,se vio agravada en Aragón por la financiacion de las empresas mediterraneas,la larga contienda castellano-aragonesa, la peste,el hambre y sus secuelas. Los arbitrios regulares del Estado eran insuficientes para compensar los cuantiosos gastos, y aun el recurso frecuente de echar mano de impuestos extraordinarios votados en Cortes,no pudo paliar el manifiesto desequilibrio entre el haber y el debe. En este panorama de la hacienda en el reino de Aragón, destaca el papel desempenado por la esposa de Juan I, Violante de Bar, en torno al cual se centra el presente trabajo.El fasto de su corte, sus prodigalidades y las deudas acumuladas, venian a sumarse a la débil voluntad de su esposo,quien puso en sus manos no sólo abundantes rentas del patrimonio real sino _también amplios poderes en el regimiento de los dominios de la Corona. El matrimonio del infante Juan,primogénito de Aragon, con la princesa angevina Violante de Bar. La tirantez de relaciones mantenidas entre Pedro IV y su primogénito constituye una de las notas dominantes en los ültimos anos del reinado.No fue ajena a estas desavenencias entre padre e hijo la boda del infante con la princesa Violante de Bar, que contravenia los diversos planes politico-matrimoniales del monarca aragonés. En 1372,el infante Juan, para quien su padre habia creado el ducado de Gerona,contrajo matrimonio con Matha de Armagnac, que falleció en Zaragoza seis afos después, sin haberle sobrevivido descendencia masculina. No tard6 Pedro IV en proponer a su hijo un nuevo matrimonio,iniciando todo un despliegue de embajadas tendentes a afirmar la politica expansiva de la Corona de Aragón en el Mediterraneol, frente a la actitud personalista del principe que gestionaba por su propia cuenta las posibilidades de un acercamiento a Francia. El monarca francés,Carlos el Sabio,veia con agrado el emparentar con el primogénito de Aragón,y asi le propuso la boda con Violante, hija de su hermana Mariay de Roberto duque de Bar2. Durante unos meses una serie de misivas y embajadas se cruzaron entre Juan y la corte francesa, al parecer sin el conocimiento o expreso asentimiento del monarca aragonés?.No obstante debió por fin vencerse su resistencia, y durante los meses de junio y julio de l379 el infante daba a sus consejeros y camarlengos poderes para tratar sobre la dote “propter nupcias" asignada a Violante y recibirla en su nombre,después de efectuar los trámites pertinentes; documentos que fueron refrendados por Pedro $\mathbf { I V ^ { 4 } }$. La cantidad acordada fue de 60.0oO francos de oro de cuno francés, pagaderos en dos etapas5. El rey de Francia firmaba una clausula en la que se estipulaba respecto a la libre disposición de dicha cantidad por su sobrina, bajo la condicion de que, si no tuviera hijos, seis meses después de la muerte de Juan se hiciera restitución a su viuda de dicha cantidad6. Por parte de la Corona de Aragón se asignaban a la nueva duquesa de Gerona 1O.0oo florines de oro anuales en calidad de dote al rey de Aragón para tratar de su matrimonio,bien con el monarca o con su hijo Juan,ofreciendo su reino para unirlo a la Corona de Aragón.Sus propósitos fracasaIon ante los designios personales de Pedro $\mathbf { r v }$ de unirse en matrimonio a Sibila Forcia y su proposito de casar a su primogénito con la infanta de Sicilia para afianzar su dominio de Ia isla (ACA. Reg.1263,fol $3 2 ~ \mathrm { v } ^ { 0 } . 3 3 , 3 7 ~ \mathrm { v } ^ { 0 } ~ \mathrm { y } ~ 1 9 8 ~ \mathrm { v } ^ { 0 } )$ 2 Respondiendo a tal propósito,los mensajeros de Juan hicieron varios viajes a Paris (ACA.Reg.1657,fol.20, $2 5 { - } 2 5 \ \mathbf { v ^ { 0 } } \ \mathbf { y } \ 9 2 \ \mathbf { v ^ { 0 } } )$ .Juan se buscaba aliados,entre ellos su cufiado el conde de Ampurias y su hermano Martin (ACA.Reg.1657, fols. $\mathbf { 4 9 y 6 8 } $ . 3 Enterado Pedro IV escribe a su hijo para que desista de sus propósitos (ACA. Reg. 1263,fol.138),pero el infante tenia ya empenada su palabra (ACA.Reg.1746, fols $1 4 \ \mathsf { v } ^ { 0 } \ \mathsf { y } \ 2 1 \ \mathsf { v } ^ { 0 } { \cdot } 2 2 \ \mathrm { \rangle }$ . 4 ACA.Canc.reg.1635,fols. 248-2S4.Entre los testigos figuraba el mayordomo de la reina Sibila.Rubricaron tambien los documentos concernientes a la dote,Bruno de Escahues,secretario del infante y notario del rey de Aragón,y Teobaldo de Hocie,notario del rey de Francia. 5 El dia de la boda serian entregados 3o.ooo francos,los otros restantes en el plazo de un ano.El instrumento de la obligacion hecha por el rey Carlos de Francia acerca de la dote, fue dado en octubre de 1379 (ACA.Canc.reg.1807,fol $\mathbf { 1 - 1 \ v ^ { 0 } } .$ .La apoca de la recepcion de los primeros 30.ooo francos se conserva (ACA. Canc. reg. 1807, fol $8 \times 0 . 9 )$ pero no he encontrado sin embargo la correspondiente a la segunda cantidad. 6.ACA.Canc.reg.1635,fol. 250-252. y “cámara", sobre las rentas de varias villas catalanas y sobre la aljama de judios de Calatayud7. La boda de la princesa angevina con el primogénito aragonés tuvo lugar en Montpellier el 2 de febrero de $1 3 8 0 ^ { 8 }$ ,y pocos meses después el infante revocaba las donaciones de pensiones de censales o violarios que habia hecho en su dia a Matha de Armagnac,al mismo tiempo que transferia a Violante las rentas y emolumentos que su anterior esposa habia disfrutado9 . Las asignaciones por “camara" a la duquesa de Gerona. El traspaso de bienes y jurisdicciones se pormenoriz6 poco después en sucesivos documentos expedidos desde Perpinan por la cancilleria del principe. Se trataba de rentas, pechas,lezdas, peajes, feudos, subsidios, cenas de ausencia reales,impuestos sobre redencion de ejército y otros emolumentos provenientes de causas civiles y criminales sobre ciudades y villas en el principado de Catalufa y en el reino de Valencia. Constituia tambien un importante lote el relativo al reino de Aragón, donde correspondian a la duquesa de Gerona derechos sobre los lugares del Puent y del Pueyo, en el valle de“Bieu", villa y aldeas de Murillo,rentas de las salinas de Remolinos y del Castellar, otras en las salinas de Arcos y de Gallel,y las derivadas del almodi de la sal de Zaragoza.Las aldeas de la Comunidad de Teruel deberian abonar diversos tipos de rentas y de pechas. A ellas se sumaban las abonadas por las aljamas de Zaragoza,Huesca y Jaca10. Todas estas concesiones respondian a la condici6n expresa del disfrute por la esposa del primogenito de la Corona de bienes del real patrimonio que se le asignaban por camara con caracter vitalicio. Pero bien pronto se hizo notar el deseo del infante de incrementarlos, considerando no eran suficientes al rango y necesidades de su nueva esposa.En octubre de ese mismo ano l380,le concedia los réditos, frutos, pechas y demás juros de Tarazona, Jaca, Canfranc, Candanchu de Sallent y Biescas “como correspondia a la mujer del primogénito o a la reina de Aragón". Se incluian ademas los réditos de las aljamas de judios y sarracenos de los mencionados lugares, sobre los que tendria mero y mixto imperio,con las composiciones pecuniarias que conllevaba la jurisdicción civil y criminal. Al mismo tiempo comunicaba a todos los nobles, ciudadanos y concejos, asi como a los arrendadores de las aljamas, recaudadores y demas oficiales del fisco regio,que debian obedecer a la duquesa de Gerona y a los procuradores designados por ella, como expresión clara de su omnimoda jurisdicción11. Hasta el ano l387, fecha de su ascension al trono,los documentos de cancilleria referentes a la administraci6n de estos bienes fueron rubricados por el infante. Recordemos que Pedro IV le habia confiado la gobernación del reino,siguiendo la tradición de la monarquia de instruir al heredero de la Corona en la práctica del gobierno. Pero la parte detentada por ambos cónyuges y la jurisdiccion aneja se hallaban perfectamente delimitadas,aun cuando Juan en los primeros anos de su matrimonio ejerciera esas tareas de asesoramiento. Velando por la buena marcha de las propiedades de su esposa, expedia en marzo de 1381 un documento dirigido a los justicias y oficiales de Tarazona, Jaca y Canfranc, haciéndoles ver que las licencias que venian efectuando a diversas personas para sacar trigo y otros granos iban en perjuicio de los intereses de la duquesa de Gerona, por lo que ordenaba las revocasen.En el mismo sentido mandó suspender los arrendamientos en aquellas localidades,efectuados sin el consentimiento del despensero oficial,exigiendo se restituyese su precio de tal forma que la duquesa recibiera los emolumentos que le correspondian sin embargo algunol2. Durante estos anos se perfilan lo que serian las cuantiosas rentas en Aragón de la futura reina. Sus propiedades iniciales se engrosaron por sucesivas donaciones de su consorte. El infante tenia por concesión real, hecha en l360, todos los reditos o pensiones vacantes en el reino, que otorgó ahora a su esposa. Tal sucedi6 tras la muerte de la viuda del noble Pedro Jordan de Urries; Violante percibiria 4OO sueldos anuales sobre las casas de la Orden del Hospital en Huesca, 5O0 sueldos sobre el monasterio de Veruela,otros 5O0 sueldos sobre Uncastillo y 40O sobre las antiguas casas del Temple de Huescal3 . En noviembre de l382, siguiendo esta politica, Juan le traspasaba derechos sobre la aljama de judios de Zaragoza, por un valor de 4.3Oo sueldos anuales14.Al ano siguiente expide un documento por el que le da cierta licencia sobre la aljama de judios de Jaca,permitiendole vender censales de muertos o violarios hasta la cantidad de lO.0oO sueldos, para que pudiera atender a los gastos de jurisdiccion sobre aquella ciudadi5.Asimismo le concede la percepcion de multas por fraudes,ventas prohibidas y alienaciones de herbajes, montes O predios que se hicieran en Aragón, que correspondian siempre al rey o a su primogénito;Violante podria exigir ese derecho de los juros reales y percibir las sumas aplicadas a los infractores tanto se tratara de particulares como de concejosl6.Estas y otras concesiones, las diversas Ordenes a los administradores de las salinas realesl7 y otras sobre la percepcion de las cenas de ausencial8, iban acompafadas de amenazas de fuertes sanciones a aquellos oficiales que obstaculizaran los derechos o cobro de rentas de la duquesa. No eran con todo suficiente estas fuertes remuneraciones a los dispendios de su corte. Independientemente de los salarios a despenseros, oficiales y gestores de sus finanzas, la nutrida camarilla de la duquesa de Gerona,las dotes a sus doncellas y el boato que se desplegaba en su entorno,requeria en ocasiones echar mano de recursos de urgencia entre los que no se excluian los préstamos usurarios. En 1384, obligada a solucionar varios débitos “sub magnis mogubellis”(a 6 dineros por libra), Pedro IV y el infante se aprestaron a poner remedio a tal situacion. Segun decian, temian por la “vorágine de la usura", para lo cual se vendió a la universidad y jurados de Jaca,por 1.2OO florines de oro de Aragón,el maravedi que se cobraba cada septenio; dicha cantidad la percibiria Violante por tener la ciudad asignada por camara19. Por estas fechas las intrigas cortesanas y en particular la lucha abierta entre la reina Sibila de Forcia contra su entenado el infante Juan, tras algunas intermitencias, iban a agriar las relaciones entre Pedro IV y su heredero.La alianza de éste con su cunado el conde de Ampurias provocó también serios problemas para la paz de la Corona, y el monarca puso trabas a su primogenito respecto a la administración del reino que le habia confiado20. Por otra parte,las Cortes de Monzón,reunidas en 1383, habian denunciado los graves danos que para el patrimonio real se derivaban de las exacciones y corrupcion de los malos consejeros que rodeaban tanto al monarca como a su hijo el duque de Gero$\boldsymbol { \mathrm { n } } \mathsf { a } ^ { 2 1 }$ . En esta misma tónica, la privanza de Constanza de Perellós en la corte de Violante irritaba al rey,ante la negativa de su nuera de acatar la orden real y apartar a aquella dama de su lado,a la que, segun alegaba la duquesa, habia confiado la custodia de los pequenos infantes22. El monarca escribió. a su hijo, que se encontraba en Zaragoza, con órdenes terminantes al respecto,induciendo al Justicia de Aragón y al zalmedina de aquella ciudad para que tomaron cartas en el asunto23.La resistencia del infante, 19'ACA.Canc.reg.1808,fols.117-119 vo. .20 ZURITA,Anales,vol. 4, pag. 693. 21 Fueron presididas por Pedro IV,pero fue el infante don Martin quien en nombre de los de la Cort present6 por via de suplica varios capitulos.Entre ellos destaca el siguiente: “..es cosa publica e notoria a tots vestres sotmeses... que en la cort del senyor duch,encara en la vestra cort de algun temps a enca se te esserva fort poca justicia,e que en vestres terres et senyoria se fan grans et importables exaccions e extorsions, e ab tot allo vestro patrimoni es disminuit,entant que es quasi a extrem depereclitacio... et son en causa molts mals hommes de consell,e de casa del dit senyor duch.." (Arch. Diputacion de Zaragoza, Ms.2,fol. $4 3 9 { \bf v } ^ { 0 }$ .Tambien se denunciaban las ventas y alienaciones del patrimonio real y la demanda a las gentes de grandes cantidades de dinero y joyas por vias de corrupcion. (Ibidem, fols. 439 $\mathbf { v ^ { 0 } } \mathbf { \bot } 4 4 1 \mathbf { v ^ { 0 } } $ .No obstante las mismas Cortes hicieron donaciones de lugares y castillos al hermano de la reina Bermardo de Forcia,que recibi6 entre otros los castillos de Borjayde Magallon. dominado por su esposa, llevó a Pedro IV a desheredarle momentáneamente como inobediente y rebelde24 . La situacion tomaba visos de una guerra civil, que vino a agravar el desorden fiscal existente.Los subditos de la Corona quedaban a merced de jurisdicciones en litigio entre los miembros de la familia real, del estamento nobiliario o de las autoridades concejiles,cuyos respectivos oficiales percibian impuestos y exigian derechos,reclamados luego por la parte oponente que consideraba allanados los suyos. En 1385 Violante tenia ya dificultad de percepción de réditos en Jaca y su comarca, donde el merino rehusaba entregarle la mitad de los emolumentos por homicidios que le correspondian por camara25. En julio de ese mismo ano el duque de Gerona expresaba su indignacion a Jacobo Pastor de la tesoreria del rey, por haber recibido de los jurados de Jaca,Canfranc, Biescas,Sallent y Tarazona algunas cantidades pertenecientes a Violante, entre ellas el impuesto de maravedi recaudado en Canfranc y en Jaca.Amenazaba con requisar los bienes de dicho comisario con todos los gastos de las misiones efectuadas por su culpa26. Estas infracciones o interferencias por parte de los agentes locales O por los del rey,lógicamente se agravarian durante la estancia del infante en Zaragoza,a que antes aludimos, debido a la delicada situacion creada entre padre e hijo.Pedro IV habia llegado a pregonar en sus reinos que no obedecieran a su primogenito27. No es de extranar por tanto que este expidiera una orden a todos los receptores de rentas en Aragón, recordandoles que habia dado a su consorte la cuarta parte de todos los emolumentos de su curia pertenecientes a él desde que comenz6 a ejercer la gobernaci6n del reino.Por consiguiente sobre los agentes fiscales contraventores de su mandato recaeria la pena de 1.000 florines de oro28. La confiscacion de los bienes de Sibila de Forcia y su-incorporacion a los de la reina Violante. En enero de l387 se encontraba el infante convaleciente de una grave enfermedad, cuando tuvo noticia de la muerte de su padre,con el que al parecer se habian suavizado las relaciones. Pero en el testamento de Pedro IV se anadia una cläusula, por la que, si bien nombraba a Juan heredero de los dominios de la Corona de Arag6n, ordenaba a sus subditos no le prestaran juramento de fidelidad en caso de que no cumpliera todos los pormenores de su ultima voluntad29 . Se abria ahora una nuevo capitulo en el que el nuevo rey descargaria su odio y venganza contra su madrastra Sibila de Forcia30.Inmediatamente de haber sido ésta condenada a prisión Juan I daba orden a los bailes y administradores para hacer requisa de todos sus bienes y rentas,confiando el “secuestro“ al consejero y tesorero real Pedro Marrades,y amenazando con la multa de 2.000 florines de oro a todo aquel que se mostrara negligente en cumplir su cometido.En el correspondiente documento de cancilleria se daba como razón de esta drastica medida el haber sido acusado la reina Sibila de“grandes crimenes"31. Todos los bienes de Sibila de Forcia y de su hermano Bernardo pasaban ahora a su sucesora en el trono Violante de'Bar32.La suma total de este traspaso ascendia a 179.716 sueldos barceloneses mas 66.059 sueldos jaqueses33 .Si desglosamos las cantidades correspondientes al reino de Aragón arrojan las siguientes cifras: .29 ZURITA,Anales, vol.4, pag.713. 30.El infante Martin,nombrado lugarteniente por su hermano Juan I,fue encomendado para que tomara las medidas oportunas contra Sibila y su camarilla,por haber abandonado al rey en su lecho de muerte y por Iobar en su palacio (ZURITA,Anales,vol.4,pags.717 y 718). 31 ACA.Canc.reg.1971,fols. $\ 4 8 4 8 \ \mathsf { v } ^ { 0 }$ y fol.49.Los cronistas acusaron a la reina de hechicera (Vid. ZURITA,Anales,4,päg.718). .32 Documentos citados en nota anterior. Expedidos.desde Barcelona en febrero y marzo de l387, hacen expresa referencia a los bienes de Sibila,que en su mayor parte radicaban en el reino de Valencia. 33Segün consta en ACA.Real Patrimonio,Maestre Racional, $\pmb { n ^ { 0 } }$ 2641,(sin foliacion) Vid. Apendice. Calatayud, sobre peaje 8.000 ss. jaqueses Teruel, demanda de la ciudad 5.000‘ “ ; peaje y peso 3.500“ J demanda y otros derechos de la aljama de judios 14,459 ss. 10 d.jaq. demanda de las aldeas de la Comunidad 20.000 ss. jaq. .5 pecha de las aldeas de la Comunidad 3.800‘“ Borja, con toda su jurisdiccion podia valer por ano 10.000 ss. jaq. Magallón, valfa por un ano 200 “. Del resto, 164.616 sueldos barceloneses procedian de las rentas en el reino de Valencia,y 15.1OO sueldos barceloneses de las de Cataluna. No obstante de la suma global debemos restar 25.OoO sueldos anuales, cantidad que se asign6 posteriormente a Sibila de Forcia en concepto de pensión vitalicia,y algunas otras por salarios de oficiales y abogados34. A estas elevadas cantidades que pasaban a la nueva reina de Aragón deben anadirse otras donaciones que le fueron otorgadas por su esposo.En diciembre de ese mismo ano l387, primero de su reinado, Juan I le permutaba varios lugares en Cataluna asignados por camara (Manresa, Berga con sus aljamas,Bafolas y San Vicente de Camos entre otros) por la ciudad y aldeas de Daroca con sus correspondientes aljamas de judios y moros, frutos, lezdas, pechas,peajes,exencion de ejército y cabalgada,cenas de ausencia, composiciones de delitos, etc.35.Segun el libro de cuentas del real patrimonio ascendian dichas rentas anuales a 4O.0oO sueldos jaqueses, pagaderos por la Comunidad de Daroca,más 1.0oO sueldos de la aljama de judios de la ciudad,de las que deducidos ciertos_ gastos arrojaban un saldo de 37.2OO sueldos jaqueses anua$\mathbf { l e s } ^ { 3 6 }$ . Tambien se transferian a Violante 5OO sueldos jaqueses anuales sobre la aljama de Calatayud con toda su jurisdicci6n, que venian a sumarse a los 26.873_ sueldos barceloneses que percibia ya siendo duquesa de Gerona37.El documento referente a estas concesiones sobre Daroca y Calatayud se extendió por duplicado,dirigido uno al baile general de Cataluna y otro al judio Alazar Golluf, regente de la tesoreria de la reina, la que a su vez daba poderes a Francisco de Aranda,de la curia del monarca, para recibir en su nombre el homenaje de sus procuradores y oficiales propios y para efectuar las gestiones pertinentes a esta permuta entre ambos conyuges38. En el apéndice documental hacemos relación de las rentas y bienes sitos en Aragón que detentó Violante de Bar como duquesa de Gerona y al comienzo del reinado de Juan I, segun los libros de cuentas del real patrimonio del Archivo de la Corona de Aragón. Los registros de cancilleria aportan mayor numero de datos,que nos permiten pormenorizar algunas de sus atribuciones y la percepcion de las distintas clases de ingresos.Con ello se facilita una mayor comprension de la mecanica fiscal en el reino,en una de las ultimas etapas de la dinastia en el regimiento de los estados de la Corona. Los dominios y jurisdiccion de Violante de Bar en el reino de Aragon. La reina ejercia plena jurisdicción sobre Jaca y sus montanas, uno de los seis merinados que a efectos administrativos se dividia el territorio aragonés. En 1387 Juan I confirmó a Violante las rentas de este distrito que le habia asignado ya a raiz de su matrimonio. La cifra anual, comprendidos los réditos de la aljama de judios y los peajes de Jaca y de Canfranc, fue valorada en unos 5.220 sueldos jaqueses mas 350.sueldos barceloneses39. Los derechos de la reina incluian los peajes,el almodi y otras rentas de la ciudad,del lugar de Canfranc y del castillo de Candanchu. El trasiego de mercancias por los puertos del Pirineo central y la correspondiente percepcion de peajes constituia una lucrativa fuente de ingresos, particularmente en Sallent y en el valle de Tena, pero en parte estuvieron arrendados o fueron alienados40 . Revertian también a la reina parte de las calonas forales aplicadas en el merinado de Jaca.Las atribuciones del merino comprendian no sólo la percepcion de multas por infracciones de peaje en los puertos sino también el cobro de calonas por homicidios o danos fisicos a las personas,variando su cuantia debido a la variada casuistica y segun que los homicidas y sus victimas fueran de villas de realengo,pertenecientes a lugares de senorio nobiliario o en los casos mixtos en que sólo uno de ellos estaba bajo dependencia senorial41 . Los salarios del merino y sus lugartenientes,los jornales a los guardas de los puertos y toda la burocracia inherente a la jurisdiccion de Violante sobre el merinado suponia considerables gastos. Unicamente el cobro de peajes,el impuesto de monedaje,los arrendamientos y los impuestos provenientes de la aljama compensaban el saldo,en ocasiones deficitario,que arrojaba la percepcion de tasas por los delitos criminales O por el trafico de mercancias vedadas. En las proximidades'de la comarca jacetana,la villa de Murillo y el valle de “Bieu" con sus aldeas se hallaban asimismo bajo su jurisdicción,desde que en l385 su esposo le transmitiera sus derechos, liberando a los hombres de estos lugares de los homenajes y. Asi,el dean y canonigo de la iglesia de San Pedro percibia 3oO sueldos,laiglesia de San Andrés de los Godos 120 sueldos sobre las marcas del peaje de Canfranc y de Candanchu,la iglesia de Santa Elena mantenia una capellania de 2OO sueldos sobre el peaje mayor de Jaca,y el comendador del Temple de Huesca 27O sueldos /Capbreude las rentas edreytos pertenescientes et pertenescer devientes al senyor reyde Aragon et su Corona real en las ciudades,villas et lugares del regno d'Aragon,ACA. Real Patrimonio,reg.2659,fol. $1 3 6 { \mathfrak { v } } ^ { 0 }$ a 138).En los folios $\mathbf { 1 3 9 - 1 3 9 \ v ^ { 0 } }$ del mencionado cabreo se consigna como se cobraban los peajes en Canfranc y Candanchú, por una serie de productos que se detallan. 41En los documentos de Cancilleria,reg.1808,fols. $\mathbf { 1 3 6 - 1 3 6 \ v ^ { 0 } }$ ,fols. $\mathbf { 1 6 0 - 1 6 0 \ v ^ { 0 } \ ; }$ / fols. $\mathbf { 1 6 1 - 1 6 1 \ v ^ { 0 } }$ se especifica que el rey o su primogénito tenian el derecho de percepcion de la mitad de los emolumentos por “homicidios"de Jaca y su merinado, cedidos ahoraa Violante de Bar.El hecho de la reclamaciona las autoridades concejiles en $1 3 8 0 \textbf { y } 1 3 8 5$ por parte del infante de estos derechos de su esposa,nos hace suponer que los ingresos provenientes de la aplicacion de calonas en los tribunales de justicia jacetanos,se repartian por igual entre el fisco regio y el concejo de la villa.Estos documentos de cancilleria vienen pues a aclarar algunos extremos que no quedaron suficientemente perfilados en mi trabajo $_ { E l }$ librodeCuentasdelMerinado deJaca,publicado en“Aragón en la Edad Media,I,Estudios de economia $\mathbf { y }$ sociedad en la baja Edad Media",Universidad de Zaragoza(1977),pägs.133-173. En el libro de cuentas del merino tan sólo se habian consignado los ingresos de Violante. juramento de lealtad a él debidos. A partir de esta fecha,las horcas, palos y demas enserias, simbolos de la posesion del mero y mixto imperio, habian sido erigidos por el procurador de Violante42. La reina tuvo tambien,a partir del afo l391, toda una amplia gama de derechos jurisdiccionales sobre la villa de Tauste,extensivos tanto a la poblacion cristiana como a judios y sarracenos. Junto a la posesion de vinas,.campos y aguas pertenecientes al patrimonio regio,y monopolios de hornos, molinos y carnicerias,sus ingresos provenian del derecho de cena, pechas,censos,exención de hueste y cabalgada y redencion a las gentes del impuesto de maravedi. Ademas, como era norma habitual; el senorio comprendia la jurisdiccion alta y baja,civil y criminal sobre los habitantes, con la correspondiente percepción de las calonas impuestas por los tribunales a los infractores de la ley43. La concesion regia de la villa de Tauste, efectuada en Zaragoza en el palacio de la Aljaferia, tenia caracter vitalicio.No obstante en caso de que el rey o sus sucesores quisieran hacer la correspondiente luicion y recuperar el senorio deberian entregar a Violante 25.000 florines de oro de Aragon. Ahora el monarca ordenaba al justicia y jurados de la villa, asi como a todos sus vecinos de cualquier ley o condici6n, tuvieran a la reina como sefiora natural, por lo cual debian prestarle el debido homenaje y juramento de fidelidad. Aun cuando en las clausulas del contrato entre los reales conyuges se explicitaba no podria salir la villa del patrimonio regio, los sindicos y procuradores del concejo de Tauste presentaron a Violante un memorial en defensa de sus intereses, que la reina tuvo que aceptar como contrapartida del homenaje prestado por sus nuevos vasallos44. Los capitulos o suplicas de las autoridades concejiles reflejaban el sentir de una comunidad como entidad juridica.Conscientes de sus derechos, vetaban cualquier posible mutacion de senorio,caso harto frecuente en esta época,donde la enajenacion por los monarcas de las villas de realengo dejaba a su habitantes a merced de la potestad nobiliaria,sin aquellos frenos o limites que imponia la legislacion foral aragonesa bajo cuyo amparo se escudaban los subditos de la corona. -En primer lugar la reina y sus oficiales deberian observar los privilegios, fueros,usos y costumbres del reino de Aragón que regian en la villa de Tauste. Tenian ademas que jurar no alienar la villa por venta o donacion a ninguna persona, sino tan solo al rey o a la Corona real de Aragón. -Si la reina o sus oficiales agraviaran a los hombres de la villa, éstos podrian apelar al rey o al Justicia de Aragón. -El concejo recababa su derecho de sello en todos los contratos y escrituras. -Puesto que la villa se habia poblado de acuerdo con dos condiciones juridicas,la de infanzones y la de hombres francos,deberian respetarse sus sendas libertades. -La reina no podria constrenir al concejo a establecer mas oficiales que los ya fijados. Tambien debia comprometerse a no poner justicia foraneo; éste seria hidalgo de condicion y de los mas idóneos del lugar, como siempre se habia acostumbrado. -En otro orden de cosas, los de Tauste hacian valer los derechos del concejo sobre montes, dehesas y algunos hornos y molinos. Recordaban asimismo como los hombres francos tenian por titulo de compra el impuesto de cena de ausencia del rey y del gobernador de Aragón y el del maravedi. Todos estos capitulos fueron aceptados y jurados por la reina que rubricó el documento,al igual que lo hicieron el justicia, los sindicos y los procuradores del concejo de Tauste. Respecto a la villa de Tarazona,los derechos vitalicios de Violante de Bar a raiz de su matrimonio incluian además de los réditos de las aljamas varios emolumentos procedentes de la poblacion cristiana.Entre ellos se contaban el peaje de la villa,que se recogia en el lugar de Vera, el mesuraje y derechos del almodi del pan (a razón de un almud por carga), el impuesto de maravedi y las calofas de los homicidios45. Como en otros lugares del reino, se siguió aqui la politica de arrendamiento de los derechos V tambien la venta de diversas rentas a personas allegadas a los monarcas46. En los libros de cuentas del real patrimonio se anota pertenecian a la reina ademas de Tarazona los lugares de Santa Cruz y Mal6n47. Circunstancias de otra indole engrosaron sus propiedades en la comarca. Las Cortes de Monzón de 1384 habian concedido a Bernardo de Forcia las villas de Borja y de Magallon48,pero tras la expropiacion de los bienes de esta familia pasaron a poder de la nueva reina49. Las rentas que emanaban de la jurisdiccion sobre Borja fueron estimadas en el ano 1387 en 10.000 sueldos anuales, las de Magallon en 200. También en las tierras al sur del Ebro los dominios de la Corona en manos de la reina Violante destacan por su envergadura,tal era el caso de la Comunidad de Daroca que a partir de 1387 le fue asignada a titulo vitalicio. Al pago de rentas por la poblacion cristiana se sumaban los ingresos aportados por las aljamas50. Daroca, con una larga tradicion ganadera,poseia grandes exenciones y privilegios en aras de la productividad de la comarca,lo que no obstaba para que sus habitantes sufrieran los efectos de la fiscalidad,mas acusada a partir del reinado de Pedro IV.Las aldeas de la Comunidad, segun vimos,abonaban anualmente 37.20O suel 45 Vid.apéndice documental y ACA. Capbreu, fols. $\mathbf { 6 8 9 6 9 v ^ { 0 } }$ 46 Ibidem, fol. ${ \pmb 6 8 } { \pmb v } ^ { 0 }$ y $_ { 7 0 \mathbf { y } }$ ACA.Canc.reg.1981,fols. $7 6 \times 0 . 7 7$ 47 ACA.Real Patrimonio,M.R. $\pmb { \mathrm { n } } ^ { \pmb { 0 } }$ 1698,fols.3,29,57 y 83. 48 ZURITA,Anales,4, päg. 691. 49Vid. Apéndice. En Real Patrimonio,M.R. $\bar { \mathbf { n } ^ { \dot { \mathbf { o } } } }$ 1698, fols. 3 $\yen 28$ ,se dice que Borja habia sido comprada por el arzobispo de Zaragoza.A su muerte la heredó su hermana Toda Pérez de Luna $\mathbf { y }$ posteriormente pasaron sus rentas a la reina.Se omite pues aqui el breve dominio de la villa por Bernardo de Forcia.Respecto a Magallón, segun el mismo manuscrito, $\mathtt { n o - 1 6 9 8 }$ ,fols. $_ { 3 \infty }$ , $2 9 \ y \ 8 3 \ \mathbf { v } ^ { 0 }$ ,perteneciaal vizconde de Rocaberti que la vendió luego a Juan I,haciendo francos a los hombres de la villa. 50Vid. Apéndice y ACA.Real Patrimonio,M.R. $\pmb { n ^ { 0 } }$ 1698, fols. $2 8 { \mathfrak { v } } ^ { 0 }$ , $\mathbf { 5 6 \ v ^ { 0 } \ y \ 8 2 \ v ^ { 0 } }$ · En el Capbreu, fol. $7 5 ~ \mathbf { v 0 . 8 0 ~ v 0 }$ ,se dice que el rey tenia el peaje y peso,la pecha ordinaria de las aldeas,el montazgo de los ganados extranos,los derechos de los cozuelos del pan,el derecho de ejército $\pmb { y }$ cabalgada,la tercera partede las calofias, la jurisdiccion civil y criminal de los moros de Burbagena y los derechos sobre la aljama de judios,desaparecida ya en tiempos de Fernando I.Ademäs las rentas de la aljama mora por un valor de 7Oo sueldos, el moravedi pagado por los moros $\mathbf { y }$ algunos treudos sobre tiendas $\pmb { y }$ patios.Sobre las rentas del peaje de Daroca pesaban algunas cargas y asignaciones. dos jaqueses a la reina a partir de habérsele concedido por permuta.Esta concesion pudo responder al deseo de Juan I de concentrar los bienes de su esposa en el reino de Aragón,lo que venia a facilitar la gestion de los oficiales y agentes fiscales en áreas de acción contiguas,ya que también la Comunidad de Teruel quedaba bajo su jurisdiccion. Quiza sea este ültimo el caso que se nos presenta más llamativo respecto a los poderes de la reina Violante,mas alla de la simple percepcion de las rentas y emolumentos acostumbrados. Teruel habia recibido la categoria de ciudad en 1347. Amparada en sus fueros, con un caracter marcadamente localista, hacia valer frecuentemente en Cortes sus reivindicaciones en defensa de sus privilegios. Pero tanto en el seno de la ciudad como en algunos lugares de la Comunidad, se arrastraba la lucha de banderias de linajes y venganzas que alteraban la paz y el orden publico. En 1395 Rubielos constituia uno de esos focos de perturbacion. Ya en 1382 se habia pronunciado sentencia contra las banderias51,pero los Sixones y los Bonfills habian violado la tregua impuesta por la Corona,matando a Miguel Fortunio habitante del lugar. Informados del hecho los reyes, dieron órdenes al juez para la busqueda de los culpables52. Es lógico pensar que las tensiones internas motivadas por los bandos en pugna, propiciaran los fraudes y mala administración de algunos agentes fiscales. Juan Jiménez de Heredia,baile de Teruel, denunciaba a los reyes la corrupción, negligencia,crimenes y excesos que se venian cometiendo.Era entonces procurador de la reina en la Comunidad Pedro Marrades y como tal debia atender al aspecto crematistico de las fuertes penas aplicadas a los infractores de la ley,que recaian tanto sobre sus personas, suspendiéndoles del oficio, como sobre sus bienes.En el mismo orden de cosas se le habia encomendado la investigación de aquellos fraudes y negligencias cometidos en los dominios de Violante53.Lo mismo respecto a controversias surgidas por limites y mojonamientos; las autoridades locales, sobrejunteros y demas oficiales debian cumplir rectamente su cometido, bajo pena de la multa de 1.0oo florines de oro que revertirian a la hacienda real54 . El epicentro de las luchas entre linajes lo constituia la ciudad de Teruel. Conocida es la secular contienda mantenida entre los Marcilla y los Mufioz55,una de las más notorias luchas privadas que asolaban el reino y que venian a agudizar la crisis económica inherente a la guerra, a las devastaciones ocasionadas por las Companias armadas y a los estragos de la peste. A principios de l395 Violante comunicaba al rey la gravedad de los problemas que atenazaban a Teruel y sus aldeas, que ponian en peligro la buena marcha de sus negocios y rentas. Juan I remitió al juez y alcaldes de Teruel órdenes terminantes para solventar el asunto; documento que contiene elementos de informacion muy precisos6.Por parte del partido de los Marcilla estaban implicados los siguientes individuos:Pedro Martinez de Marcilla mayor, Juan Garcesir vecino de la Puebla mayor, Geraldo Bovet,Martin Martinez de Marcilla (hijo de idem),Miguel Pérez Sadornil,Antonio Martinez de Marcilla,Miguel Pérez de Marcilla mayor, Juan Fernández de los Arcos escudero,Francisco Martin de las Cuevas,Garcia Martin de Marcilla, Pedro López de Maluenda,y Fortun de Sesa.Por parte de los Munoz,Pedro Sanchez Munoz mayor, Juan Sanchez Munoz y Luis Sanchez Mufoz. Uno y otro bando habian prometido entregar al.tesorero,a partes iguales,un total de 2.60O florines de oro.Pero los oficiales designados efectuaban constantes misiones para cobrarlos, por lo que el monarca exigia ahora se pagara sin demora la pena pecuniaria sobredicha.La justicia real pretendia con estas composiciones en dinero,que revertian al erario,acallar las rencillas de ambos bandos. Tambien contribuy6 a redondear los ingresos de la reina Violante el impuesto de monedaje. Como es sabido, se trataba de uno de los recursos hacendisticos del patrimonio real, llegando a transformarse en un impuesto ordinario que se cobraba cada siete anos a todos los subditos de la Corona a.partir de la posesion de un minimo base de bienes materiales. Como norma general tan sólo estaban eximidos de su pago en las ciudades de realengo los caballeros armados,en función de. su obligada contribucion a las campanas belicas. En algun caso,tal sucedia en Teruel en la época que analizamos, se lucraban de la exenci6n los judios francos por expresa concesion real. Entre los escasos libros de monedaje que se han conservado en los registros de cancilleria de la Corona de Aragón destaca como uno de los mas completos el de la ciudad de Teruel y sus aldea, finalizado en el ano i387.Constituye una pieza clave fundamental para el conocimiento de la demografia de la zona57. El 10 de septiembre de 1384 fue librada a Guillén Pérez de Celadas una carta de la reina Sibila confiandole la colecta del maravedf de la Comunidad de Teruel, tras lo cual deberia presentar la debida apoca. La lentitud en la confeccion del censo fiscal y la correspondiente “collida” del maravedi explica que en 1387,al fallecer Pedro IV de Aragón,la colecta del impuesto estuviera inconclusa.Por consiguiente tras la confiscacion de los biene's de Sibila de Forcia, la reina Violante como nueva beneficiaria se apresuró a comunicar al recaudador Guillén Pérez de Celadas que agilizara su misión. Segun carta del 26 de julio de ese mismo ano le ordenaba se presentara en el plazo de 2O dias en su curia para rendir cuentas. El total de lo recaudado ascendió a 5.557 “morabetinos", que a razon de 7 sueldos jaqueses por maravedi58 suponian un total de 38.899 sueldos jaqueses, de los cuales correspondian 72l maravedis a la ciudad de Teruel, mas 51 de los moros contribuyentes de la misma. El resto provenfa de las aldeas y lugares de la comunidad turolense. Derechos sobre las aljamas de judios y sarracenos. Dentro del patrimonio real en Aragón usufructuado por Violante de Bar, destacaban los ingresos provenientes de las más importantes aljamas. Ya aludimos al hecho de hacerse constar en las capitulaciones matrimoniales y en la subsiguiente ampliación de la camara de la duquesa de Gerona, la adjudicación que se le hacia de rentas y derechos jurisdiccionales sobre judios y sarracenos en Zaragoza, Huesca, Jaca, Calatayud y Tarazona59. En Tarazona durante el ano 1383 surgieron problemas respecto a su jurisdiccion sobre las aljamas,que parecia lesionar presuntos derechos del concejo. Aun cuando el infante Juan conmin6 a las autoridades con la pena de l.OoO morabetinos, las suplicas de los jurados le hicieron revocar esta medida.Por fueros y privilegios concedidos por los monarcas,Tarazona tenfa ciertos derechos sobre sus aljamas, por lo que el infante llegó a una avenencia, concediendo al baile de la ciudad la jurisdiccion sobre los litigios entablados entre cristianos e “infieles”y la_correspondiente percepcion de las composiciones pecuniarias. Estas se dejaban al libre arbitrio del justicia de la localidad60. A principios del reinado de Juan I,las aljamas de Tarazona se estimó aportaban a la reina l.696 sueldos jaqueses al $\mathtt { a } \tilde { \Pi } \mathtt { o } ^ { \mathtt { i } }$ . · Aunque de otra indole tambien se presentaron dificultades en Jaca.Los mandaderos de los'judios hicieron llegar en 1383 sus quejas al infante Juan sobre las alteraciones sufridas en el recinto de la guderia. Los cristianos frecuentemente penetraban en aquel barrio y, no sabemos si deliberadamente o no, con sus danzas y “demas solaces” provocaban disturbios,en perjuicio de las personas y bienes de los alli residentes.La orden dada por el infante en nombre de su esposa atendia al ruego de sus vasallos, prohibiendo que nadie, salvo los dos o tres jurados cristianos designados,tendria. acceso al recinto de la guderia,bajo pena de loO sueldos jaqueses que se aplicarian a los “cofres" de Violante.Los insolventes sufririan 1OO dias de prision en la cärcel comun de la ciudad.El baile,su lugarteniente y los jurados cristianos deberian hacer cumplir esta orden sin negligencia, so pena de sufrir las penas debidas. Podemos dudar de la total eficacia de estas medidas,puesto que se mandó pregonar la orden una vez al ano en los lugares acostumbrados62. La jurisdiccion de Violante de Bar sobre Jaca suponia una total separacion de las funciones de los tribunales judios y cristianos. La poblacion hebraica debia de abstenerse de entrar en comanda O custodia de pleitos_en poder de los cristianos,bajo pena de 500 florines de oro63.Ni siquiera los oficiales del entonces primogénito y gobernador de Aragón debian de interferir la jurisdiccion de su esposa sobre los habitantes de Jaca,tanto judios como cristianos. Cuando en l385 a instancias del procurador fiscal prendieron a Juda Avengoyo,el principe mandó liberarle y remitirlo a la aljama con el proceso correspondiente; una vez promulgada la sentencia deberia remitirse a la curia de la duquesa de Gerona para que se proveyera lo pertinente al caso64 . Los judios de Jaca abonaban anualmente a Violante 2.460 sueldos jaqueses, por treudo, pecha y cena real de ausencia65. La más importante aljama de judios en el reino de Aragón era la de Zaragoza. Comprendia un amplio sector dentro del recinto amurallado de la ciudad en su ángulo sudeste extendiéndose ademas por la parroquia de San Miguel, donde alternaban sus viviendas con las de los cristianos. Las actividades artesanales y mercantiles de los judios zaragozanos respondian a una larga tradicion y al creciente desarrollo de la ciudad a.partir del siglo XII. Se contaba por lo tanto entre las que aportaban mayores beneficios al erario aun cuando la realeza tuviera que claudicar en mas de una ocasión en lo tocante a la autonomia de los órganos rectores de esta comunidad66. Pedro IV habia permutado con su primogénito la villa de Real a cambio de concederle 4.3oO sueldos anuales sobre la aljama de judios de Zaragoza,réditos que percibiria en dos tandas,2.300 sueldos en el mes de mayo y 2.Oo0 en el de septiembre.El infante, poco después de contraer matrimonio con Violante, cedió estos derechos a su esposa67. Buena parte de las rentas abonadas por los judios zaragozanos estaba en manos de la nobleza,merced a la concesión de cartas de gracia por los monarcas68.Esto ocasionó algunos litigios, tal fue el entablado por Pedro Fernández de Hijar, que en 1381 reclamó en nombre de su hijo 4.OoO sueldos sobre la juderia zaragozana,alegando habérsele asignado por caballerias de honor.El pleito fue llevado ante la corte del Justicia de Aragón, pero la orden del primogénito de la Corona fue terminante;los Fernández de Hijar debian cesar en toda reclamacion y no exigir nada a la población judia, ya que aquellos réditos correspondian por derecho a la duquesa de Gerona69. Los réditos de la aljama judia percibidos por Violante a comienzos del reinado se estimaban en 8.3QO sueldos jaqueses al ano, que percibia ya a raiz de su matrimonio; mas 75O sueldos asignados a partir de 138770. Los derechos de la reina sobre las aljamas de Zaragoza provenian de la “venta"o “carta de gracia” efectuada por Juan I a su favor, por el precio estipulado de 20.0oo florines de oro.Sus poderes,a perpetuo,comprendian la jurisdiccion civil y criminal, alta y baja,y todos los réditos, pechas, impuesto de monedaje y cenas de ausencia de judios y sarracenos. En el contrato se consignaba la clausula de derecho de retracto,de tal forma que cuando el rey quisiera redimir esta jurisdicción,restituiria a Violante o a los suyos los 2O.0oo florines;en contrapartida la reina no pondria obstaculos a dicha luicion71. El senorio sobre la comunidad hebraica de Zaragoza no estuvo exento de problemas. La convivencia de judios y cristianos en un mismo distrito (la parroquia de San Andrés se hallaba en plena guderia) habia provocado dificultades y enfrentamientos.Aun cuando Zaragoza no conoció las violentas vejaciones contra los judios, comun por aquellos anos a muchas ciudades espanolas,es posible que el clima de aguda tensión a nivel general tuviera alli algunas repercusiones.Violante en 1393 daba órdenes a su merino y comisario respecto al problema planteado por la movilidad de muchos judios zaragozanos,que perjudicaba a la propia aljama, sobre la que recaian los impuestos no satisfechos por los pr6fugos. Todo aquel que cambiara de residencia deberia saldar antes sus deudas con el erario bajo pena de 5OO morabetinos.Los oficiales de la reina prohibirian a los judios marchar de la ciudad con sus bienes, hasta no haber cumplido aquel requisito72. Entidad de mucho menor relieve constituia la aljama mora de Zaragoza, puesto que las gentes que integraban la Moreria de la ciudad eran en su mayor parte modestos agricultores y artesanos. Desde hacia tiempo habia sufrido los efectos de la despoblacion, acrecentada por los estragos de los sucesivos brotes de peste a lo largo del siglo XIV. A fines de la centuria,la penuria de sus gentes les habia hecho recurrir a usuras y censales y estaban obligados a los judios con grandes cargas,por lo que se veian imposibilitados de satisfacer los réditos debidos.La reina en 1395,considerando su precaria situacion,alargó a cuatro anos el plazo del pago de los 2.0oO sueldos que le adeudaban73. Otra aljama judia notable era la de Calatayud.En 1386 habian abonado a Violante de Bar 5.000 florines de oro74.En 1387 se valoraron sus rentas en 26.873 sueldos barceloneses que se incrementaron con 5Oo sueldos jaqueses 75. Correspondian tambien a la reina algunos réditos de la aljama de judios de Huesca,de menor envergadura,si nos atenemos al libro de cuentas del real patrimonio76. Mayores beneficios reportaba la de Teruel, ingresos que pasaron a Violante por la obligada renuncia de Sibila de Forcia, por un valor de 14.459 sueldos jaqueses anuales77. La juderia turolense gozaba de algunos privilegios, tales como la exencion del im 72 ACA.Canc.reg.2045,fols. $4 7 4 7 { \bf v } ^ { 0 }$ 73 ACA.Canc.reg.2045,fols. $1 2 2 { \bf \ v ^ { 0 } } { \bf - } 1 2 3 { \bf \ v ^ { 0 } }$ 74 ACA.Canc.reg.1808,fols. $1 7 7 \ \mathbf { v ^ { 0 } - } 1 7 8$ · .75 Vid.Apéndice. Segun el citado Capbreu en fol. $_ { 7 2 \ \mathbf { v } ^ { 0 } }$ ,Fernando Irecibia 5.100 sueldos jaqueses y 23.O72 sueldos,11 dineros barceloneses,que habian sido alienados por Juan Iy Violante y despues incorporados al Patrimonio real por Martin I. $7 6 3 0 0$ sueldos barceloneses segun ACA. Real Patrimonio,M.R. $\mathbf { n ^ { o } }$ 2641.Con Fernando Ila pecha ordinaria y el treudo sumaban 6.O61 sueldos jaqueses (Capbreu,fol.109). 77 Vid. Apéndice.Las rentas de la aljama de judios de Teruel fueron alienadas en el reinado de Juan Iy después incorporadas por Martin I(Capbreu,fol. ${ 8 6 ~ } \tau ^ { 0 }$ 0. puesto de monedaje78. En cuanto a la de los moros hacia de pecha ordinaria 80O sueldos anuales y 2OO por cena de ausencia. Ademas Violante recibia 10O sueldos por derecho de“besant"79. Finalmente cabe mencionar la aljama de judios de Daroca que abonaba anualmente 1.ooo sueldos jaqueses8 y la de Alcaniz que aportaba 2.00081. Como era frecuente en la hacienda real,algunos de los gestores en el reino de Aragón eran judios,eficaces como colectores de rentas y con suficiente aval económico para hacerse cargo de la arrendación de los monopolios reales. En la documentación de cancilleria referente a Violante de Bar, destaca la figura de Alatzar Golluf, vecino de Zaragoza y perteneciente a un conocido linaje judfo de esta ciudad. No sólo fue el encargado del cobro de rentas en las juderias del reino, sino que.durante unos afios figuró como regente de la tesoreria de la reina. Fue también depositario de sus joyas,algunas de las cuales empen6 en su nombre&2. Derechos sobre las salinas. Una de las regalias tradicionales de la Corona la constituian la explotacion de las salinas del reino,asi como la distribucion de la sal'y la percepcion de tasas fiscales en los “almodi",locales comerciales para su venta.Se trataba de un producto bäsico en la condimentación de alimentos e industria de salazones. Su compra a base de un determinado cupo, por cada fuego o cabeza de familia, era una obligada gabela. En Aragón las salinas de Remolinos,a pocos kilómetros de Zaragoza, venian siendo objeto de especial interes por parte de los monarcas. Pero sobre los derechos reales pesaban una serie de cargas,por asignaciones a entidades :de relieve o a nobles y caballeros83. En la etapa que ahora nos ocupa Pedro IV habia otorgado a su heredero los derechos de la explotación,parte de cuyas rentas concedio éste a Violante al contraer matrimonio. En diciembre de l382 el duque de Gerona como gerente de los bienes de su esposa daba órdenes a su despensero Juan de Epila respecto al negocio de Remolinos. Al parecer fallaba la extraccion de la sal efectuada hasta entonces en un pozo proximo a la iglesia de San Imberto, pero en el mismo termino, en un lugar llamado la Cuesta del Royal, existia sal “buena y limpia", por lo que mandaba se procediera a perforar. Se autorizaba a venderla a 6 dineros jaqueses por pesa recibida84. Al ano siguiente Miguel de Capiella, promotor y consejero de los negocios de la curia real, era requerido sobre la tasacion de la apertura de esta nueva salina, rogandole no se demorara esta gestion en perjuicio de los intereses de la duquesa de Gerona, segun comunicaba el mencionado procurador Juan de Epila85. Siguiendo el procedimiento habitual de la Corona de arrendar alguno de sus monopolios, con el fin de asegurarse unos ingresos anticipados y eximirse de los riesgos de la gestion directa,Alatzar Golluf, procurador de Violante,arrend6 en 1386 a Juan Garcia de Borja las salinas de Remolinos, al mismo tiempo que el almodi de la sal del mercado de Zaragoza. El tiempo de arrendamiento qued6. Alatzar habia sido redimida la joya por el tesorero de la reina (ACA. Canc.reg. 1807, fols. $3 2 { - } 3 3 \ \mathbf { v ^ { 0 } } \ y \ 3 2 \ \mathbf { v ^ { 0 } } { - } 3 3 )$ : .83 Asi el Justicia de Aragón recibia sobre las rentas y derechos de las salinas 2.000 sueldos por razón de su salario.El procurador fiscal del rey 5Oo sueldos.El merino de Zaragoza 1.Ooo sueldos por dos caballeriasa él asignadas. Jimeno de Tauste 1.000 sueldos.El capellan de la Aljaferia de Zaragoza 5Oo sueldos.El convento de la Orden de San Juan 135 sueldos.El monasterio de Veruela 80o cahices de sal que podian vender en Alagón.El convento de Menoretas de Zaragoza 5Oo sueldos. Mossen Fadrique de Urries caballero 5O0 sueldos.Ant6n de Ia Grunyella otros 500, y la misma cantidad de 5Oo sueldos el noble Anton de Luna y Sancho Scudero alcayde de Ruesta. En cuanto al concejo del lugar del Castellar,por tener una barca franca en el rio Ebro,percibia de las rentasde las salinas 4Oo sueldos.(Capbreu, fol. ${ \ 6 3 \ \pmb { v 0 } }$ a 65).Existian ademas asignaciones de sal tanto de Remolinos como del Castellar a diversas comunidades religiosas $\mathbf { y }$ al concejo del Castellar para uso propio (Capbreu, fol. $6 5 { \cdot } 6 6 ~ \mathsf { v } ^ { 0 }$ . fijado en tres anos,contaderos desde el 24 de marzo de dicho an086. Dada la importancia de Zaragoza como cabeza del reino, se trataba de abastecer a su poblacion.El tallador, Juan Garcia, fue autorizado para extraer abundante sal y trasladarla a la ciudad en distintas etapas dentro del margen de su arrendamiento. Se debia esperar a la época del ano en que las aguas del Ebro permitieran su acarreo,puesto que,como decian, en el verano el rio venia “pocho",por lo que el transporte redundaria en perjuicio del erario real y del propio arrendador. Los oficiales del rey debian_ dejar al libre arbitrio de Juan Garcia todo lo pertinente al acarreo87. A principios del reinado de Juan I se estimaba en 2.0oO sueldos jaqueses la percepción por parte de la reina sobre las salinas de Remolinos, una vez pagados los "carrechs88. Otras salinas próximas a las anteriores eran las del Castellar89, asignadas tambien a Violante por cámara,al traspasarle los bienes que usufructu6 en su dia Matha de Armagnac. En la Comunidad de Teruel destacaban las salinas de Arcos y de Gallel. La primera de ellas,una de las mas importantes del reino de Aragón,provenia de manantiales de agua salada de las colinas circundantes.Del agua estancada, tras su evaporación en la época estival, se obtenia abundancia de sal capaz de abastecer a la comarca y aledafos. Tributaba 12.0oO sueldos,de los cuales se pagaban diversas cargas por valor de 7OO sueldos90.Los 11.300 sueldos restantes que percibia anualmente la reina91 fueron alienados a diversas personas durante el reinado de Juan $\boldsymbol { \mathrm { I } } ^ { 9 2 }$. Las primicias de las diocesis del reino. Pedro IV el Ceremonioso,obligado en mas de una ocasión a echar mano de los bienes eclesiasticos para sufragar los gastos de la contienda castellano-aragonesa,habia tomado las primicias de las diocesis del reino de Aragón,arrendando incluso las del arzobispado de Zaragoza por un periodo de 6 anos, sin el consentimiento del prelado Lope Fernändez de Luna. Inmediatamente de subir al trono Juan I, las autoridades eclesiasticas iniciaron una serie de gestiones para dirimir con el nuevo monarca los.problemas existentes93.Acababa de tomar posesión de la sede de Zaragoza el aragonés Garcia Fernández de Heredia (arzobispo electo ya desde 1383),que considerando'se acababa el plazo de la arrendación de las primicias de su diocesis suplicaba al nuevo rey revocase la ocupacion y arrendacion de las mismas. Le secundaban en sus reivindicaciones Geraldo,obispo de Lérida; Francisco,obispo de Huesca; y Diego,obispo de Segorbe y Albarracin. Idéntica suplica fue dirigida a la reina respecto a la parte por ella detentada. Juan I consideraba no debia mudar lo efectuado por su padre, pero, tras algunas deliberaciones y en atención a los servicios prestados por Garcia Fernández de Heredia,su consejero,revocó la arrendacion de las primicias del arzobispado de Zaragoza bajo los siguientes postulados. De las primicias deberian hacerse tres partes,de las cuales el rey y la reina sólo podrian tomar dos de ellas por espacio de 6 afios;la tercera restante se aplicaria a la reparación y mantenimiento de las iglesias del arzobispado en aquellos lugares de donde provenia su pago. Trascurridos los 6 anos fijados, pasaria integramente su percepcion a la libre disposicion de las iglesias. Para la venta de las primicias se diputaban dos personas en calidad de comisarios, uno puesto por el rey y la reina, cargo que recayó en Juan don Sancho mercader de Zaragoza, y el otro por el arzobispo de Zaragoza, que confió esta mision a Julian Vercell bachiller en decretos.Ambos comisarios percibirian 1.500 sueldos de salario. 93 Todos los capitulos de esta avenencia sobre las primicias se hallan en ACA.Canc. reg.2022,fol.1a 11 vo. En otro de los capitulos de la avenencia se estipulaba que la parte correspondiente al monarca se asignaria a la reparación de los castillos de Juan y Violante. Las primicias de los lugares propios del arzobispo de Zaragoza no estaban comprendidos en este atorgamiento,como tampoco era el caso de aquellos nobles que las acostumbraban a recibir como rentas propias y no las utilizaban para la reparacion de las iglesias. En cambio eran aceptadas las de Zaragoza y sus aldeas y las de las ciudades de Daroca y Teruel. También el obispo de Lérida concedia a los reyes durante seis anos la mitad de las primicias de las iglesias de su diocesis situadas en Aragón, que se destinarian a la reparación de los castillos y lugares de realengo fronterizos. A parecido acuerdo se llegó con el obispo de Huesca,con la salvedad de las de Lanaja,Almudévar, Vembre, Marcuello y Anzano, por pertenecer al cabildo y la mesa comunal del mismo. Mosén Diego,obispo de Segorbe y Albarracin,otorgaba a los reyes la mitad de las de su diocesis,por el mismo periodo de seis afos,en atencion a la necesidad de reparar las iglesias encastilladas de las fronteras de Aragón con Castilla,que habian sufrido grandes danos debido a la larga guerra mantenida entre ambos reinos.Quedaba exceptuada de esta concesión la ciudad de Albarracin y otros lugares de seforio que no habian acostumbrado a pagar. Los obispos de las cuatro diocesis, a saber, Zaragoza, Huesca, Lerida y Albarracin, se atenian a la cláusula acordada respecto a la posible merma o retraso en el envio a los monarcas del producto de las primicias.En caso de guerra los lugares afectados se someterian a una investigacion para demostrar sus: presuntas excusas. El comisario Juan don Sancho recibió garantias por parte de Juan I y de la reina respecto a ciertos retrasos en el pago por parte de los lugares de Ejea, Tauste,Pina,Alcafiz y Montroig,donde las devastaciones sufridas en los ultimos afios habian inferido a sus habitantes una grave merma en sus economias. El comisario tenia ya en sus manos 5.0oo florines,el resto,que no pudiera cobrar,le seria restituido por la curial real. A pesar de ésta y otras dificultades en la cobranza, y las fuertes cantidades adeudadas94, la arrendacion de las primicias efectuada al comisario real ascendi6 a 63.0oo florines de oro,que los reyes Juan y Violante declararon haber recibido.Ello nos da idea de lo que supuso para el erario la transitoria regalia. En la otra vertiente podemos apreciar cómo los contribuyentes del reino de Aragón se veian atenazados porla fiscalidad de ambos poderes, el espiritual y el temporal. De las villas de la Corona solamente algunas, como era el caso de las aldeas de la Comunidad de Teruel, decian haber recibido de tiempo atrás privilegios de exención de primicias,que se les exigia ahora exhibir para demostrar su vigencia95. No debe extranarnos que los no privilegiados opusieran resistencia a los agentes fiscales. Tal fue el caso,a mediados de 1388, de los vecinos de Maella, Caspe, Castellot,Torrecilla de Valmadrid y Mezalocha, que no sólo rehusaron el pago sino que pretendieron ampararse en la firma de derecho ante el Justicia haciendo frente al arrendador del monarca. Juan I conminó a los oficiales del reino a quebrantar aquellas resistencias bajo pena de la pérdida de sus oficios. El gobernador y el Justicia de Arag6n deberian ayudar a los sobrejunteros en su dificil tarea96. Próximo a finalizar el breve reinado de Juan I, $\mathbf { s u } \cdot \mathbf { \tau }$ derecho sobre parte de las primicias del reino de Aragón quedaba en pie. Las atribuciones de Violante,acrecentadas por su real consorte, le hacian posesora de buena parte de estas rentas eclesiasticas. En noviembre de 1394 el monarca desde Barcelona recordaba a los oficiales de las respectivas tesorerias de ambos cónyuges cómo todos los cómputos provenientes de las aldeas de Daroca y Teruel pertenecian a la reina,asi como los de Borja,Magallón.y Tauste, de los que Violante tendria la mitad y la otra mitad el arrendador Juan don Sancho.Del resto de los lugares, tanto propios como asignados por camara, la reina percibiria la tercera parte y el arrendador las dos restantes.En el documento de cancilleria se alegaba los derechos sobre primicias concedidos a los reyes por el papa Clemente97. \*\*\* 94El arzobispo de Zaragoza debia pagar 5.0oo florines en 5 anos,es decir 1.0oo florines al ano.(Ibidem fol. $\mathbf { 1 0 \ v ^ { 0 } } .$ . 95 Ibidem fol. $8 \times 0$ 96 ACA.Canc.reg.2022,fols. ${ 2 9 \mathrm { v } ^ { 0 . 3 0 } }$ 97 ACA.Canc.reg. 1856,fols. $7 4 - 7 4 \ \times 0$. Al tratar de emitir un juicio sobre Violante de Bar, debemos remitirnos al formulado por Jerónimo Zurita, pionero de nuestra historia documentada. Junto a la imagen que nos ofrece de una corte entregada a las danzas, trovas y poesia vulgar y girando en torno a la fuerte personalidad de la reina98,el mismo cronista aragonés describe en breves pinceladas el papel politico por ella desempefado,al afirmar-que no resolvia el rey Juan cosa alguna sin el parecer de su esposa, que era por lo tanto la que se ocupaba de los negocios tanto de guerra como de paz99. El enorme poder que podemos apreciar puso en sus manos, el trasiego de dominios y rentas, las frecuentes enajenaciones y la corrupción de sus consejeros, habian mermado sensiblemente el patrimonio de la Corona e incrementado las deudas. Nada mas ascender al trono Martin I se incoó proceso contra los consejeros,domésticos y curiales del anterior reinado,acusados de grandes depradaciones; si bien fueron absueltos todos los encartados. Pero el nuevo rey inició la tarea de recuperacion de los bienes del patrimonio real,y su primer paso fue la firma en septiembre de l398 de unos capitulos con su cunada Violante sobre el reajuste de los derechos de cámara que venia disfrutando. Como afirma M.a Teresa Ferrerl00 la pragmatica de 1399 del rey Martin, declarando la inalienabilidad del patrimonio de la Corona, sentaba una base.legal para impedir nuevas enajenaciones. No obstante la redencion del patrimonio tropezaba con la escasez de recursos por parte de los monarcas para pagar el precio de los bienes. Las Cortes aragonesas de 1398-1400 aportaron 130.000 florines de. oro para este fin. Pero los acuerdos de Martin I con la reina viuda quedaron en punto muerto y no olvidemos que.ésta detentaba la parte mas substanciosa de los bienes de.la Corona sitos en Aragón, entre ellos las mas importantes aljamas. 98 ZURITA,Anales,4 päg.729 y 730. 99 Ibidem pägs.771y 792. 100Vid.FERRER MALLOL, $\mathbf { M } ^ { \mathbf { a } }$ T.,Ei patrimonioreial enelsEstats catalanoarago nesosa la fi del segle XIv.En“Anuario de Estudios Medievales"7 (Barcelona 1970-71), pags.351-491. Este interesante trabajo se centra en el proceso de recuperacion del patrimonio de la Corona realizado por Martin I,si bien contiene tan solo breves alusiones al reino de Aragón. 、El paso decisivo seria dado por Fernando Ide Trastamara.En su reinado se llevó a buen fin el inventario de los bienes de la Corona y se acometió con firmeza la'empresa de luicion y rescate de rentas y dominios alienados101. Con su gestion el monarca trató de poner remedio a los males derivados de la multiplicidad de jurisdicciones,los abusos burocraticos y el desorden fiscal que habian dominado los ultimos anos de la anterior dinastia, en los que constituy6 un factor decisivo la desmedida ambicion de Violante de Bar. 101En fechas recientes,ultimado ya el presente trabajo,se ha editado el vol. XLVII de la Coleccion de Documentos Inéditos del Archivo de la Corona de Aragón,Rentasreales de Aragón de la época de Fernando I (1412-1416). Introduccion,.transcripcion y glosario por Francisco VENDRELL GALLOSTRA. (Barcelona 1977): Alli se transcribe el “Capbreu de las rentas e dreytos pertenescientes et pertenecer devientes al senyor del regno d'Aragón"(ACA,Real Patrimonio,reg.2659).En las notas de mi trabajo he hecho referencia a los folios del “Capbreu",de facil comprobación con la publicacion de Francisca Vendrell aqui resenada. Por otra parte,Esteban SARASA SANCHEZ incluye en su tesis de doctorado un capitulo dedicado a la hacienda real en la época de Fernando I,donde se analiza cumplidamente los diversos aspectos del problema. APENDICE DOCUMENTAL. Los lochs, rendes e drets dius scrits havie la senyora reyna dona Yolant quant comenca a regnar, los quals ti eren stats asignats per cambra essent duquessa: En Arago. Primerament sobre la aljama dels jueus de Calataiub. XXVI mille DCCCLXXIII ss. barc. Item sobre les salines de Arquos e de Gallel. XI mille CCC ss. jacc. Item la aljama dels jueus de Alcaniz que val per any. II mille ss. jacc. Item sobre la aljama dels jueus de Saragoca. VIII mill CCC ss. jacc . Item les salines de Remolins qui pagats carrechs valien per any. I mille ss. jacc. Item la ciutat de Taracona, la aljama dels jueus de la qual val per any MCCLXVI ss. jacc.E laaljama dels moros CCCCXXX ss. jacc.Elo peatge e pes II mille ss. jacc., que son en suma. III mille DCLXXXXVI ss. jacc. Item la ciutat de Jaqua,la aljama dels jueus,la qual val per any II mille CCCCXX ss. jacc.et CCCL ss. barc.E los peatges de Jaqua e de Canfranch qui poden valer un any ab altre II mille DCC ss. jacc., que son en suma. V mille CCXX ss. jacc. et CCCL ss. barc. Item sobre la aljama dels jueus de Oscha. CCC'ss. barc. Item les cenes del regne de Arago que poden valer per any. III mille ss. jacc. MARIA LUISA LEDESMA RUBIO. Summa maior deles rendes que la dita senyora havie en Arago per cambra al temps que comenca a regnar. XXVII mille DXXIII ss. barc. et XXXVII mille DXVI ss. jacc.1. Lesciutats,viles,castells,lochs,rendes e altres drets dius scrits son pervenguts a la dita senyora reyna per titol de donacio per lo senyor rey a ella feta. $E$ per transacio e donacio fetes per la reyna dona Sibilia et per mossen Bernat de Fortia al dit senyor e a la persona havent causa de aquell. En Arago Primerament sobre lo peatge de Ca lataiub. VIII mille ss. jacc . Item Terol ab les sues aldeyes per cambra qui val co es per demanda de la ciutat V mille solidos.Et per lo peatge e pes III mille D solidos. Et per demande e altres drets de la aljama dels jueus XIII mille CCCC LIX solidos X dineros.E per la demanda e altres drets de la aljama dels moros M C solidos.Et per la demanda deles aldeyes XX mille solidos.E per la peyta deles dites aldeyes la qual se recib per mans del judez de la dita ciutat III mille DCCC solidos,que son en suma. XXXXVII mille DCCCLIX solidos X dineros jacceses. Item la vila de Borja en propietat ab tota juridiccio qui pot valer por any. X mille ss. jacc. Item lo loch de Magallo qui val per any. CC ss. jacc. 1 En el reino de Valencia al comienzo del reinado las rentas sumaban 18.5Oo sueldos barceloneses,destacando las que provenian de la Albufera por un valor de 15.500 sueldos barceloneses.En Cataluna ascendian a 44.6Oo sueldos barceloneses.La suma total de las rentas de Violante al comienzo del reinado era por lo tanto de 90.620 sueldos barceloneses más 37.516 sueldos jaqueses. Summa maior de les rendes que a la dita senyora son pervenguds en Arago per la transacio de la reyna dona Sebilia e de mossen Bernat de Forcia. LXVI mille LIX ss. X d.jacc.2. Item ha la dita senyora per permutacio que feu ab lo senyor rey de la ciudat de Manresa e de les viles de Cervera e de Berga e les jurisdiccions de la ciutat de Daroqua ab ses aldeyes per cambra a vida suya,les quales valen per any,pagats carrechs,ab XXX mille solidos que fan les dites aldeyes per demanda.E ab M solidos que val de renda la aljama dels jueus de la dita ciudat. XXXVII mille CC ss. jacc. Item ha la dita senyora per raho de la dita permutacio la aljama dels jueus de Calataiub a vida sua ab tota jurediccio,que val ultra los XXVI mille DCCCLXXIII ss.barc. dius scripts. D ss. jacc. Item ha la dita senyora per titol de compra la aljama dels jueus de Saragoca ab tota jurediccio en la qual ha derenda ultra los VII mille CCC solidos jacc.dius scripts. DCCL ss. barc. Item ha la aljama dels moros de la dita ciudat de Saragoca per semblant titol e ab tota jurediccio Item ha la dita senyora ab titol de permutacio o venda quel senyor. MARIALUISA LEDESMARUBIO rey ·li feu per lo castell de Sanct Marti de Subirats,lo lochde Tahust qui val de renda. Nichil3 3 La suma de todas las rentas que se consignan en el manuscrito 2641,a saber, las que tuvo Violante de Bar como duquesa de Gerona más todas las otras acumuladas al principio del reinado de Juan I,ascendian a 281.099 sueldos barceloneses mas 141.274 sueldos 10 dineros jaqueses.De estas cantidades fueron deducidos 5O.520 sueldos barceloneses y 5.5oo sueldos jaqueses,por la pension vitalicia concedida a Sibila de Forcia y diversos salarios a abogados,procuradores,escribanos,alcaldes,etc.
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20,962
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Los Cronica Comvnia: una crónica latina de origen barcelonés del siglo XIII. Edición y estudio
LOS CRONICA COMVNIA: UNA CRÓNICA LATINA DE ORIGEN BARCELONÉS DEL SIGLO XIII. EDICIÓN Y ESTUDIO\*. THE CRONICA COMVNIA: A BARCELONIAN LATIN CHRONICLE FROM XIIIth CENTURY. EDITION AND STUDY. Jose Carlos Martín-Iglesias Universidad de Salamanca (USAL) Resumen: Este artículo ofrece la editio princeps de los Cronica comunia, una compilación de noticias de carácter analístico redactada en Barcelona en el último tercio del siglo XIII. Junto con la edición del texto y el estudio de su transmisión manuscrita y sus fuentes, el artículo presenta la posición de esta obra dentro de la tradición de los denominados annales Barcinonenses, la traduce y analiza la veracidad de las noticias históricas que contiene. Palabras clave: Anales, Historiografía, Corona de Aragón, Cataluña, Edad Media. Summary: This article provides the editio princeps of Cronica comunia, a compilation of annalistic news written in Barcelona in the last third of the $\mathrm { X I I I ^ { t h } }$ Century. In addition to editing the text and the study of its manuscript transmission and its sources, the paper presents the position of Cronica comunia in the tradition of so-called annales Barcinonenses, translates the work and analyzes the accuracy of the historical information it conveys. Keywords: Annals, Historiography, Crown of Aragon, Catalonia, Middle Ages. 1. Introducción: la familia de los annales Barcinonenses. Los Cronica comunia (Díaz 1356) son una breve compilación analística que abarca la historia del mundo desde Adán hasta el año 1270 d. C., fecha en la que concluyen con la muerte de Luis IX de Francia en Túnez1 . Han permanecido inéditos hasta la fecha. Por su origen y por el tipo de noticias que recogen, los Cronica comunia pertenecen a la tradición historiográfica de los cronicones Barcinonenses, según expresión de Coll Alentorn2 . Es decir, unos textos organizados en forma de anales con abundantes noticias sobre la ciudad de Barcelona, de origen barcelonés y carácter civil frente al carácter fundalmente monástico, o al menos eclesiástico, de otras tradiciones historiográficas de la Cataluña medieval. Es frecuente asimismo que estos cronicones, o anales, por utilizar una denominación más de nuestro tiempo, se transmitan en manuscritos de contenido eminentemente jurídico. De acuerdo con el estudio de Coll Alentorn, el origen de esta tradición parece remontar a mediados del siglo XII, en que se compiló el denominado Cronicón de Sant Cugat (ca. 1153-1162), el testimonio más antiguo conocido de la época de gestación de esta familia de anales3 . Los siguientes testimonios conservados son el denominado Cronicón de Skokloster (Díaz 1035)4 (ca. 1180)5 y el Chronicón Mallorquín (citado también como Chronicon Maioricense, Annales Maioricenses y Chronicon regis Roberti) (Díaz 1236) (ca. 1239)6 . Todos ellos fueron redactados en latín. Llegamos así a los Cronica comunia, cuya datación tradicional se sitúa hacia el año 1270, pero quizás deba retrasarse algunos años y situarse hacia 1276, como veremos. Los annales Barcinonenses compilados a partir de esta fecha alternan el latín con el catalán. En esta última lengua están redactados el Cronicó Barceloní I (ca. 1295-1301) y el Cronicó Barceloní II (ca. 1298)7 . En el siglo XIV esta tradición analística habría continuado en latín, de acuerdo con Coll Alentorn, con los denominados Chronicon Barcinonense $I$ (Díaz 1999) (hasta 1311) y Chronicon Barcinonense II (hasta 1311), ambos del reinado de Jaime II de Aragón (1291-1327), probablemente de hacia $1 3 2 3 ^ { 8 }$ . En realidad, se trata de una misma obra, que denominaré Annales Barcinonenses anni 1311, transmitida por el manuscrito Paris, BnF, lat. 4671A, de finales del siglo XV y origen catalán, ff. viira-ixvb9 . Por esas mismas fechas se habría compuesto, todavía según la opinión de Coll Alentorn, el Chronicon Barcinonense III (ca. 1323-1327), inédito hasta el momento y conservado en el códice Madrid, Biblioteca Nacional, 18060, de finales del siglo XIV, ff. $1 3 8 \mathrm { r } { - } 1 4 2 \mathrm { r } ^ { 1 0 }$ . Este manuscrito conserva en los ff. 138r-143r un corpus historiográfico formado por diferentes piezas, estrechamente relacionadas algunas de ellas, en efecto, con la familia de los annales Barcinonenses. Éstas son las siguientes: ff. 138r-142r, el Chronicon Barcinonense III de Coll Alentorn, en el que se distinguen tres partes, a saber, 23 entradas que abarcan desde la conquista de Barcelona por Almanzor en 985 hasta la de Valencia por Jaime I de Aragón en 1238 (ff. 138r-139r), 15 entradas que abarcan desde la expulsión de los sarracenos de Barcelona en el año 801 por Luis el Piadoso (814-840) hasta la muerte de Luis IX de Francia en 1270 (f. 139r-v), y 47 entradas más que comienzan con un cómputo de los años del mundo desde la creación hasta el nacimiento de Cristo y concluyen con el inicio de la expedición contra Cerdeña y Córcega en 1323, en tiempos de Jaime II de Aragón (1291-1327) (ff. 139v-142r), en virtud de esta última datación estos anales deberían denominarse simplemente Annales Barcinonenses a. 1323; f. 142v, unos pequeños anales que comienzan con el nacimiento de Cristo y dedican la última entrada a una victoria del rey Ramiro I de Asturias (842/3-850) contra el invasor gracias a la asistencia del apóstol Santiago, noticia que aparece fechada en la era 872 (a. 834)11, la datación de todas estas noticias por la era hispánica explica que las dos últimas entradas de esta parte estén dedicadas a comentar el modo de reducir la era hispánica al año de la encarnación, para lo que se utiliza un ejemplo referido al año 1300 (f. 142v); ff. 142v-143r, una breve noticia titulada De compoto Lodonyci notabile, consagrada a explicar la equivalencia entre los años de la encarnación y la datación por los reinados de Luis VI de Francia (1108-1137) y Luis VII de Francia (1137-1180); y f. 143r, un pequeño párrafo sobre los soldados más valerosos entre los griegos y romanos, los judíos y los cristianos, entre los que se incluye a Godofredo de Bouillon (†1110) como personaje más moderno. Todavía dentro del siglo XIV pueden citarse otros dos anales de la familia barcelonesa compilados en centros monásticos de Gerona, unos en Santa María de Ripoll y los otros en Sant Feliu de Guíxols. Los primeros (Díaz 2125), redactados en latín y sólo parcialmente publicados, fueron reunidos hacia 1334 y se conservaban en un manuscrito de Ripoll de finales del siglo XIV que parece perdido12. Coll Alentorn no les da título alguno, pero en virtud de su datación podrían denominarse simplemente Annales Barcinonenses a. 1334. Los segundos son aún menos conocidos, puesto que siguen inéditos. Coll Alentron señala que se conservan en el códice Gerona, Biblioteca Pública, 97 y que su última de entrada lleva fecha de $1 3 9 2 ^ { 1 3 }$ . He podido consultar el manuscrito gerundés y puedo proporcionar alguna información suplementaria. El códice, ejecutado en el último tercio del siglo XV, transmite los anales de Sant Feliu de Guíxols en los ff. ff. ${ 8 2 } \mathrm { { v a } } { - 8 3 } \mathrm { { r a } } ^ { 1 4 } .$ . Este texto está escrito en catalán y lleva por título «Kalendaris de molts fets antichs que·ls bons reys de Aragó han fets en pendre ciutats he viles de poder de moros he d’altres fets, segons que·s seguéxan». Comienzan con la conquista de Barcelona por Almanzor en el año 985, si bien el suceso aparece fechado erróneamente en 980: «En l’any de la incarnatió .dccclxxx. fou prese Barchinona». La última entrada lleva fecha de 1312, pero, tal y como señaló Coll Alentorn, es un error por el año 1392: «L’any de la natiuitat .mcccxii. passà l’infant don Martí, duc de Mont Blanc, ab gran stoll en Cicília». Llama la atención, por otro lado, que la antepenúltima entrada se presente fechada en 1475: «L’any .mcccclxxv. intre l’infant de Malorques ab . $\boldsymbol { \mathrm { I I } } ^ { \mathrm { m } }$ . lances e fou gran mortaldat he fam en aquel any». Pero se trata claramente de un error de copia por 1374 ó 1375, pues la noticia versa sobre la invasión de Cataluña por parte de Jaime IV de Mallorca, iniciada en 1374 y que concluyó al año siguiente con la muerte del infante15. En la historia de Cataluña el año 1374 es famoso asimismo por haber sido «l’any de la fam»16. En definitiva, esta nueva pieza podría recibir la denominación de Annals de Barcelona de 1392. El siguiente testimonio se sitúa ya a comienzos del siglo XV (ca. 1405), se trata del Cronicón de Guillermo Mascaró, el único de un autor conocido de esta tradición historiográfica17. Coll Alentorn se refiere a él con la denominación de Chronicon Barcinonense IV. Está inédito y se conserva en dos manuscritos: Barcelona, Biblioteca de Cataluña, 485, del siglo XV, ff. $2 4 1 \mathrm { r } { - } 2 5 9 \mathrm { r }$ y ff. 271v-272v (continuación del f. 246v), y su apógrafo Madrid, Biblioteca de la Real Academia de la Historia, 9-4560 (olim 9-19-4-63), cuadernillo $\boldsymbol { \mathrm { n } } ^ { \circ } \boldsymbol { \mathrm { I } } ^ { 1 8 }$ , ff. 2r-13r y 14r-31r, una copia ejecutada en el siglo XIX por Jaime Villanueva19. Si bien Mascaró murió en 1405, su cronicón recoge dos entradas sobre los años 1405 y 1406 añadidas por un poseedor posterior del manuscrito y una entrada final correspondiente al año 1452 que parece ajena en buena medida al resto de la obra. Ésta, aunque redactada en latín, incluye alguna sección en catalán, sobre todo hacia el final. Sólo unos pocos años después parece haber sido compilado el denominado Chronicon Vlianense (ca. 1409), todo él en latín20. Su título se debe a que se conservaba en un manuscrito del monasterio de Santa María de Ullá (Gerona), hoy desaparecido21. Hay que añadir a esta lista unos últimos anales, poco conocidos, denominados por su editor Cronicón de los Dominicos de Mallorca, por conservarse en un manuscrito del siglo XVII que perteneció al convento de Santo Domingo de la Orden de Predicadores en Mallorca: Palma de Mallorca, Archivo del Reino de Mallorca, C-4739, ff. $3 8 \mathbf { r } \mathbf { - } 4 1 \mathbf { v } ^ { 2 2 }$ . La más antigua se refiere a la conquista de Barcelona por los sarracenos en el a. 985 (fechada en el a. 900 en la obra) (f. 38r) y la más reciente corresponde al año 1552 (f. 41v). Las noticias presentan un cierto desorden cronológico. Las que versan sobre los siglos X-XIV están redactadas en latín (ff. 38r-40r), mientras que las de los siglos XV-XVI aparecen en catalán, con abundantes diferencias ortográficas con respecto a la única edición disponible (ff. 39v-41v). Las siete primeras entradas de esta compilación heterogénea (f. 28r) fueron copiadas de un misal de la iglesia de Argentona (Barcelona) del año 1189 y recogen noticias características de la familia de los Barcinonenses desde el ataque de Almanzor contra Barcelona en 985 hasta la conquista de Siurana de Prades por Ramón Berenguer IV en $1 1 5 3 ^ { 2 3 }$ . 2. Los Cronica com vnia. Esta obra se ha conservado en dos manuscritos barceloneses de mediados del siglo XIV, es decir, bastante posteriores a la época de redacción del texto24. 1) Barcelona, Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona (AHCB), 1G-9 (olim L-9) (A), conocido como Llibre dels Usatges de Ramón Ferrer o simplemente Usatges de Ramon Ferrer, ff. $3 4 \mathrm { r a } { - } 3 5 \mathrm { v b } ^ { 2 5 }$ . Es un códice formado por cuatro partes bien diferenciadas. La primera (ff. 1r-131v), que es la que aquí interesa, fue ejecutada hacia 1346-1348 en el taller del notario Ramón Ferrer a iniciativa del Consejo de Ciento de la ciudad de Barcelona. El códice no adquirió su forma actual hasta 1365 aproximadamente. 2) Barcelona, AHCB, 1G-10 (olim L-10) $( B )$ , conocido como Llibre Verd I, ff. $3 4 \mathrm { { r a } } { - 3 5 \mathrm { { r b } } ^ { 2 6 } }$ . Como el anterior, es un códice formado por varias partes, de las que interesa sólo la primera (ff. 1r-154v y 205r-373r), ejecutada también en el taller de Ramón Ferrer en los mismos años que el volumen precedente, de nuevo por encargo del Consejo de Ciento de Barcelona. El manuscrito quedó completado en un primer momento hacia 1370, pero con posterioridad, aprovechando unos folios en blanco, se añadieron dos documentos del año 1383 (ff. 400r-402v) y casi un siglo después otros dos de los años 1438-1439 (ff. 195r-197v). El estudio fundamental de Riera Viader y Rovira Solà sobre estos códices defiende que se trata de dos manuscritos ejecutados de manera independiente y simultánea27. Ésta es asimismo la impresión que se obtiene de la colación de las dos versiones de los Cronica comunia. En efecto, $A$ no puede haber sido copiado de $B$ , pues en la entrada $\boldsymbol { \mathrm { n } } ^ { \circ }$ 5 el copista de $B$ cometió un error debido a un salto de ojo, pasando de la forma «euangelium» de esa entrada $\mathrm { n } ^ { \circ } ~ 5$ a la forma correspondiente de la entrada siguiente. Así, frente al texto de $A$ en ese pasaje (f. 28va): «Anno Domini $\mathbf { X L } ^ { \mathbf { a } }$ Matheus euangelium scripsit. Anno Domini $\mathrm { { X L I I I } } ^ { \mathbf { o } }$ Marchus euangelium edidit», en $B$ se lee (f. 34ra): «Anno Domini . $\mathbf { X L } ^ { \mathbf { o } }$ . Matheus euuangelium edidit». A su vez, al menos en otro pasaje $B$ transmite una lectura más correcta que $A$ , pues ésta coincide, frente a $A$ , con el testimonio de la fuente. Es el siguiente, correspondiente a la entrada $\boldsymbol { \mathrm { n } } ^ { \circ } \ 4 , 2$ , donde en $B$ se lee (f. 34ra): «Et anno Domini $\mathbf { X X X ^ { o } } \mathbf { I I } ^ { \mathbf { o } }$ idem Iohannes decollatus est», y en $A$ (f. 28va): «Et anno Domini $\mathbf { X X I I I } ^ { \mathbf { o } }$ idem Iohannes decollatus est». Sin duda, la variante correcta en este caso es la de $B$ , pues es la de la fuente indudable del pasaje, a saber, el Chronicon pontificum et imperatorum de Martín de Opava $( \dagger 1 2 7 8 / 9 )$ , que dice así (p. 408,26): $\mathrm { \ll E t }$ anno 19. Iohannes cepit predicare baptismum penitencie. Anno autem 32. idem Iohannes decollatus est»28. Es evidente, en consecuencia, que $B$ no ha podido copiarse tampoco de $A$ . Ambos ejemplares contienen un error llamativo en la entrada $\mathbf { n ^ { o } } \ 1 2$ , pero al tratarse de dos volúmenes ejecutados de forma simultánea en un mismo taller de copia, resulta dudoso si el error estaba ya en el arquetipo o se debe en ambos casos a un error de interpretación de las abreviaturas del original, pues cabe sospechar que pudo haber un intercambio de ideas entre los copistas del citado taller, dado que las manos que copian los Cronica comunia en uno y otro códice parecen diferentes. Esta entrada, fechada en el año 1093 y situada, como le corresponde en virtud de su datación, entre otras relativas a los años 985 y 1100, dice así: «Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { X } \mathbf { C I I I } ^ { \mathbf { o } }$ , kalendas marcii, fuit interfectus dominus Berengarius Tarrachonensis archiepiscopus, Arnaldus Guillelmi et Raymundus Montischateni in Valencia». Es evidente que la noticia, incomprensible en buena medida en la versión de estos manuscritos, se refiere al asesinato del arzobispo de Tarragona Berenguer de Vilademuls en 1194 a manos de Guillermo Ramón de Moncada, luego vizconde de Bearn como Guillermo $\mathrm { I } ^ { 2 9 }$ . La solución del pasaje puede deducirse fácilmente a partir del texto de los Annales Barcinonenses a. 1323 de Madrid, BN, 18060, donde se lee esta misma noticia así, en el f. 138v: «Anno domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { X } \mathbf { C I I I } ^ { \mathbf { o } }$ kls. marcii fuit interfectus dns. Berengarius Tarrachone archiepiscopus a $\mathbf { G } ^ { \mathbf { o } }$ .  R. montischateni in Vallen.». Vemos, entonces, que el error de la datación remonta con toda probabilidad al arquetipo, pero no el error que afecta al resto de la entrada. Evidentemente la construcción del ablativo agente con la preposición «a» fue reinterpretado como la inicial de «Arnaldus» por un copista que no sabía demasiado latín ni conocía, por supuesto, los hechos históricos, y de ese modo el ablativo agente «a $\mathbf { G } ^ { \mathbf { o } }$ .» («a Guillelmo») se transformó en el nominativo «Arnaldus Guillelmus». Además, al final de la noticia la abreviatura «Vallen.» se interpretó como «Valencia», cuando, en realidad, habría debido ser transcrita como «Vallensi» o «Vallense». Otro error común de ambos manuscritos se lee en la entrada $\mathfrak { n } ^ { \circ } 9 { , } 2$ : «iuxta palacium Neromanum», donde hay que entender, tal y como se lee en la fuente: «iuxta palacium Neronianum»30. Y otros muchos errores afectan a las dataciones de las noticias recogidas en esta pequeña crónica, lo que hace sospechar que el arquetipo estaba ya plagado de ellos. Por lo que se refiere a las fuentes del texto, el autor de los Cronica comunia se sirvió ampliamente del Chronicon pontificum et imperatorum de Martín de Opava. Esta obra es la fuente de las entradas $\mathrm { n } ^ { \mathrm { o } } \ 1 { - } 1 0$ , $\mathrm { n } ^ { \mathrm { o } } ~ 2 5 { - } 2 6$ y, probablemente, $ { \mathbf { n } } ^ { \mathbf { o } } \ 3 9$ del cronicón barcelonés (de esta última sólo parcialmente). Veamos algunos ejemplos: Cronica comunia. Chronicon pontificum et imperatorum 2. 1 Anno eodem quo Christus natus fuit, tulit eum Iosep in Egiptum. 2 Quo ingrediente, corruerunt idola Egipti iuxta uaticinium Ysaye. $^ 3 \mathrm { E t }$ sicut traditur, non fuit in Egipto templum in quo non corruisset ydolum. $^ { 4 } \mathrm { E t }$ in $\operatorname { V I I } ^ { \mathbf { o } }$ anno a natiuitate sua de Egipto reuertitur in Iudeam. 7. Post passionem Domini, regnante Tiberio imperatore, Poncius Pilatus propter multas acusaciones contra ipsum factas a dicto Tiberio in exilium Viennam Burgundie mittitur et propter multas calamitates, quas ibidem sustinuit, se propria manu interfecit. p. 408,27-29: Eodem anno, quo natus est, tulit eum Ioseph in Egiptum. Quo ingrediente corruerunt ydola Egypti iuxta uaticinium Ysaye. Et sicut traditur, non fuit in Egypto templum in quo non corruiset ydolum. Et in 7. anno a natiuitate sua de Egypto reuertitur in Iudeam. p. 444,22-24: Post passionem Domini dictus Tyberius imperator imperavit annis 5. Poncius Pilatus propter multas accusaciones contra ipsum factas a Tyberio in exilium Viennam Burgundie mittitur et propter multas calamitates, quas ibidem sustinuit, se propria manu interfecit. p. 409,29-40: Passi sunt autem Petrus et Paulus ultimo anno Neronis: Petrus quidem in via Aurelia ibique sepultus iuxta palacium Neronianum in Vaticano ubi crucifixus est, Paulus uero ad aquas Salvias in via Hostiensi. Tempore autem Cornelii pape Greci furati corpora sanctorum apostolorum, ut ipsa in Greciam deferrent, asportabant. Sed demones habitantes in ydolis divina coacti virtute clamabant: Viri Romani, succurrite, quia dii vestri auferuntur. Fideles hoc intelligentes de apostolis, infideles uero de suis diis, multitudo adunata fidelium et infidelium illos persequitur. Quod uidentes Greci apud cathacumbas apostolorum corpora in puteum proiecerunt. Sed a beato Cornelio papa sunt inde extracta. Sed cum in dubium verteretur, que essent ossa Petri vel Pauli, orantibus fidelibus et ieiunantibus, divinitus responsum habuerunt, quod maiora ossa sunt predicatoris, minora vero piscatoris. Que tamen post beatus Silvester dicitur cum lance equaliter ponderasse et consecrando utriusque ecclesiam in utraque utriusque ossa collocasse. 25. 1 Anno Domini mºcxcviiiº ordinem fratrum Predicatorum incepit sanctus Dominicus in partibus Tholosanis, ubi contra hereticos uerbo et exemplo predicabat. $^ 2 \mathrm { Q u i }$ p. $^ { 4 3 8 , 4 0 - 4 1 \mathrm { ~ + ~ } } \mathrm { ~ F ~ }$ . 439,28-30: $\ll$ Ordinem fratrum Predicatorum incepit sanctus Dominicus in Tolosanis partibus, ubi contra hereticos uerbo et exemplo predicabat, anno <table><tr><td>deffunctus est et sepultus Bononie anno conuersionis sue XVII. 26.1Anno Domini MccvI incepit sanctus Franciscus ordinem fratrum Minorum prope ciuitatem Assissii apud Sanctam Mariam de Porciuncula.²Qui anno XxII conuersionis sue defunctus est et nominabatur ante suam conuersionem Iohannes. 39.Anno Domini MccLxvIIl,kalendas decembris,obiit Clemens Ius papa,seruus Dei,qui prius uocabatur Guido Folquix, nacione Prouincialis,et duxerat uxorem et habuerat prolem,postea fuit archiepiscopus Narbonensis,postea cardinalis Sabinensis, ad ultimum uocatus fuit ad summum pon- tificem et sedit in pontificatu annis tribus, mensibus nouem,diebus uiginti et uno.</td><td>Domini 1198...Hic Reate beatum Domini- cum,inuentorem et magistrum ordinis Pre- dicatorum,Bononie sepultum et miraculis innumeris coruschantem canonizauit anno Domini 1233,a confirmacione ordinis anno 18,a morte eius anno 11.》 p.438,42-45:“ Ordinem uero fratrum Minorum incepit sanctus Franciscus prope ciuitatemAssisinam apud Sanctam Maria de Porciuncula,anno Domini 12O6,pontifica- tus eiusdem domini Innocencii anno 14,qui fuit annus conversionis ipsius,a quo post 24.anno defunctus est.Qui Franciscus ante suam conuersionem uocabatur Iohannes.》 p.441,3 + 441,6-8 : Clemens nacione Pro- vincialis de villa Sancti Egidii sedit annis 3,mensibus 9,diebus 21...Hic uxorem et liberos habens,primum fuit famosus advo- catus et regis Francie consiliarius.Deinde mortua uxore propter vitam et scienciam laudabilem primo Podiensis episcopus et post Narbonensis archiepiscopus,tandem Sabinensis episcopus (add.et Cardinalis</td></tr></table>. Es interesante observar cómo en la entrada $\boldsymbol { \mathrm { n } } ^ { \circ } 2 5 { , } 2$ el autor de los Cronica comunia ha cometido un error de interpretación de la fuente. Así, escribe: $\ll$ Qui deffunctus est et sepultus Bononie anno conuersionis sue $\operatorname { X V I I I } ^ { \mathbf { o } } \rangle \rangle$ , afirmando que Domingo de Guzmán murió en el año 1233, el decimoctavo desde la fundación de la orden de los Predicadores (a. 1215), mientras que la fuente atribuye al año 1233 no la muerte del santo, sino su canonización, doce años después, en realidad, del fallecimiento de Domingo de Guzmán $( \dag \ 6 . \mathrm { V I I I . 1 } 2 2 \bar { 1 } ) ^ { 3 1 }$ . Por otro lado, el uso del cronicón de Martín de Opava apunta al a. 1276 como terminus post quem de redacción de los Cronica comunia. En efecto, de acuerdo con el estudio de la tradición manuscrita de la obra de Martín de Opava efectuado por el editor del texto, ésta se ha conservado en tres grandes recensiones: A, B y $\mathbf { C } ^ { 3 2 }$ . De ellas, B representa la última versión del autor y puede fecharse hacia 1268/71. Mientras que la recensión C sería el resultado de adiciones incorporadas por distintos autores y se habría completado hacia 1276, pues incluye, además de una serie de añadidos a lo largo del texto, una continuación en las noticias dedicadas a los papas de Roma que concluye con Inocencio V († 22.VI.1276). Y es precisamente esta recensión C la que manejó el autor de los Cronica comunia. Lo prueba el hecho de que las entradas dedicadas a Domingo de Guzmán y Francisco de Asís $( \mathrm { n } ^ { \mathrm { o } } ~ 2 5 – 2 6 )$ están basadas en sendas adiciones del cronicón de Martín de Opava propias de la recensión $\mathrm { C } ^ { 3 3 }$ . Conviene añadir al final de esta presentación del texto que los Cronica comunia siguen el sistema de datación habitual en la Cataluña medieval de los siglos XII-XIV en el que el nuevo año no empieza hasta el 25 de marzo, festividad de la Anunciación (entradas $\mathsf { n } ^ { \circ } 2 9 - 3 0 , 3 3 ) ^ { 3 4 }$ . 3. Edición crítica35. Ofrezco a continuación la editio princeps de los Cronica comunia. Tomo como testimonio fundamental la versión conservada en $A$ , que en general es más correcta que la de B. Numero las entradas de acuerdo con lo que parece ser la idea original del autor. En efecto, si bien en los dos manuscritos el texto aparece copiado sin distinción de entradas, en ambos se marcan de forma especial una serie de mayúsculas, escritas en un tamaño mayor y en color (rojo y azul de forma alternativa en los dos códices) frente al uso general de la tinta negra empleada para copiar el resto de la crónica. He seguido estas marcas a la hora de distribuir el texto en cuarenta entradas. Numero además cada una de las oraciones de las entradas para facilitar la forma de cita. El título es el mismo en los dos códices. Cronica comunia 1. Fuerunt ab Adam usque ad natiuitatem Christi completi anni v mille cxcix. 2. 1 Anno eodem quo Christus natus fuit, tulit eum Ioseph in Egiptum. 2 Quo ingrediente, corruerunt idola Egipti iuxta uaticinium Ysaye. $^ 3 \mathrm { E t }$ sicut traditur, non fuit in Egipto templum in quo non corruisset ydolum. $^ { 4 } \mathrm { E t }$ in $\operatorname { V I I } ^ { \mathbf { o } }$ anno a natiuitate sua de Egipto reuertitur in Iudeam. 3. Anno Domini xvii Pilatus factus est preses in Iudea. 4. 1 Anno Domini $\mathbf { X I X } ^ { \mathbf { o } }$ Iohannes babtista cepit predicare babtismum penitencie. $^ 2 \mathrm { E t }$ anno Domini $\mathrm { { X X X } ^ { o } { I I } ^ { o } }$ idem Iohannes decollatus est. 5. Anno Domini $\mathrm { ~ X L ~ } ^ { \circ }$ Matheus euangelium scripsit. 6. Anno Domini $\mathrm { X L I I I } ^ { \mathbf { o } }$ Marchus euangelium edidit. 7. Post passionem Domini, regnante Tiberio imperatore, Poncius Pilatus propter multas acusaciones contra ipsum factas a dicto Tiberio in exilium Viennam Burgundie mittitur et propter multas calamitates, quas ibidem sustinuit, se propria manu interfecit. 8. Herodes, qui Iohannem babtistam occiderat et sub quo passus est Christus, cum Herodiade uxore sua apud Viennam in exilio mittitur ibique ambo miserabiliter moriuntur. 9. 1 Passi sunt apostoli Petrus et Paulus ultimo anno Neronis crudelissimi imperatoris: Petrus quidem in uia Aurelia ibique sepultus iuxta palacium Neromanum in Vaticano, ubi crucifixus est; Paulus uero ad Aquas Saluias in uia Hostiensi fuit decapitatus. 2 Tempore autem Cornelii pape Greci furati sunt corpora dictorum apostolorum et, ut ipsa in Greciam deferrent, secum asportabant. 3 Set demones in Rome ydolis habitantes diuina coacti uirtute clamabant: Viri Romani, succurrite, quia dii uestri auferuntur  ! 4 Ffideles hoc intelligentes de apostolis, infideles uero de suis diis, multitudo adunata fidelium et infidelium, illos persecuntur. 5 Quod uidentes Greci apud cathacumbas apostolorum corpora in puteum proiecerunt, set a beato Cornelio papa fuerunt inde abstracta. 6 Set cum in dubium uerteretur que essent ossa Petri et que Pauli, orantibus fidelibus et ieiunantibus, diuinitus responsum habuerunt quod maiora ossa sunt predicatoris, minora uero piscatoris. 7 Que tamen post beatus Siluester dicitur cum lante equaliter ponderasse et consecrando utriusque ecclesiam in utraque utriusque ossa collocasse. 10. Anno ${ \mathrm { \Delta V I } } ^ { \mathbf { o } }$ dicti Neronis imperatoris Senecha Cordubensis, patruus Lucani poete, preceptor Neronis, uita et sciencia preclarus, incisione uene et haustu ueneni iussu Neronis periit. 11. Anno Domini dcccclxxxvº, kalendas iulii, regnante Lotario rege Franchorum, fuit obcessa ciuitas Barchinone a paganis et fuerunt interfecti quingenti milites cum Borrello comite in Vallense, in loco qui dicitur Ruuiranus, et eorum capita adduxerunt apud Barchinonam et cum fundibulo proiecerunt in platea ante ecclesiam sanctorum Iusti et Pastoris et eadem die capta fuit ciuitas. 12. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { X } \mathbf { C I I I } ^ { \mathbf { o } }$ , kalendas marcii, fuit interfectus dominus Berengarius Tarrachonensis archiepiscopus, Arnaldus Guillelmi et Raymundus Montischateni in Valencia. 13. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } ^ { \mathbf { o } }$ minus uno anno ceperunt christiani ciuitatem Iherusalem. 14. Anno $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } \mathbf { I } ^ { \mathbf { o } }$ decessit dominus Raymundus comes de Sancto Egidio. 15. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C I X } ^ { \mathbf { o } }$ , $\mathrm { \bf X I I } ^ { \mathrm { \bf 0 } }$ die aprilis, incepit domus de Cistella. 16. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C X I I I } ^ { \mathbf { o } } ,$ kalendas februarii, capta fuit ciuitas Maioricarum. 17. Anno Domini mºcºxxxvº obiit Ollegarius episcopus Barchinonensis et Tarrachonensis archiepiscopus. 18. Anno Domini $\mathrm { M } ^ { \mathrm { o } } \mathrm { C X L V I I } ^ { \mathrm { o } }$ capta fuit ciuitas Almarie a Raymundo Berengarii comite ${ \mathrm { \Delta V I } } ^ { \mathbf { o } }$ kalendas nouembris. 19. Anno Domini mºcxlviiiº, pridie kalendas ianuarii, capta fuit ciuitas Dertuse a domino Raymundo Berengarii comite. 20. Anno Domini mºcxlixº, kalendas nouembris, fuerunt capte ciuitas Ilerde et uilla Frage a proxime dicto comite. 21. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C L I I I I } ^ { \mathbf { o } }$ , ${ \mathrm { \Delta V I } } ^ { \mathbf { o } }$ kalendas decembris, fuit capta Ciurana a predicto domino comite. 22. 1 Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } \mathbf { L } \mathbf { X } \mathbf { V } \mathbf { I I } ^ { \mathbf { o } }$ , ${ \mathrm { V I I I } } ^ { \mathbf { o } }$ idus augusti, obiit Raymundus Berengarii comes Barchinone, princeps Aragonum et marchio Prouincie. 2 Qui claustra Yspanie fregit ac ciuitates Almarie et Deroche, Ilerde, Dertuse et Frage et omnia que sunt citra flumen Yberis cepit. 23. Anno Domini mºclxxxº, idus septembris, sol passus fuit eclipsim. 24. Anno Domini mºclxxxºviiiº, ${ \mathrm { \mathbf { V I } } } ^ { \mathbf { o } }$ nonas octobris, capta fuit ciuitas Iherusalem. 25. 1 Anno Domini mºcxcviiiº ordinem fratrum Predicatorum incepit sanctus Dominicus in partibus Tholosanis, ubi contra hereticos uerbo et exemplo predicabat. 2 Qui deffunctus est et sepultus Bononie anno conuersionis sue xviiiº. 26. 1 Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { V I } ^ { \mathbf { o } }$ incepit sanctus Franciscus ordinem fratrum Minorum prope ciuitatem Assissii apud Sanctam Mariam de Porciuncula. 2 Qui anno $\mathrm { X X I I I } ^ { \mathbf { o } }$ conuersionis sue defunctus est et nominabatur ante suam conuersionem Iohannes. 27. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { X I } ^ { \mathbf { o } }$ fuit interfectus Petrus de Serrato episcopus Barchinonensis. 28. Anno Domini $ { \mathbf { M } } ^ { \mathrm { o } } { \mathbf { C } } { \mathbf { C } } ^ { \mathrm { o } } { \mathbf { X } } { \mathbf { I } } { \mathbf { I } } ^ { \mathrm { o } }$ , xviiº kalendas augusti, factum fuit prelium inter paganos et christianos apud Vbedam et eodem anno $\mathrm { \bf X I I } ^ { \mathrm { \bf 0 } }$ kalendas augusti fuit capta ciuitas Vbede. 29. Anno Domini $ { \mathbf { M } } ^ { \mathrm { o } } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \mathrm { o } } \mathbf { X } { \mathrm { I I } } ^ { \mathrm { o } }$ , ${ \mathrm { \bf X } } { \mathrm { \bf I } } ^ { \circ }$ kalendas aprilis, fuit aspersa moneta de quaterno a domino rege Petro. 30. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { X } \mathbf { X } ^ { \mathbf { o } }$ , $\mathbf { X } ^ { \mathbf { o } }$ kalendas marcii, fuit aspersa moneta de duplencho a domino Iacobo rege Aragonum. 31. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { X } \mathbf { X } \mathbf { I } \mathbf { I } \mathbf { I } ^ { \mathbf { o } }$ , nonas nouembris, capta fuit Damiata a paganis. 32. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { X } \mathbf { X } ^ { \mathbf { o } }$ , pridie idus septembris, iuit dominus Tarrachonensis archiepiscopus cum suo exercitu ad insulam Euiçe et eodem anno quinto idus augusti cepit castrum de Euiça. 33. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { X } \mathbf { X } ^ { \mathbf { o } }$ mensibus ianuarii, februarii et marcii fuit uendita in Barchinona quarteria frumenti lvi solidis et quarteria ordei xl solidis. 34. 1 Anno Domini mºccºxxxviº, idus septembris, illustris dominus Iacobus rex Aragonum cum comitibus et aliis multis nobilibus de terra sua aplicauit ad insulam Maioricarum cum ducentis triginta tribus uelis et factum fuit ibi campestre bellum inter christianos et sarracenos et fuit ibi interfectus Guillelmus de Montecatheno cum xxiiii militibus. $^ 2 \mathrm { E t }$ eodem anno pridie kalendas ianuarii fuit capta ciuitas Maioricarum a domino rege prefato. 36. Anno Domini mºccºxxxviiiº, $\mathrm { I I I I } ^ { \circ }$ kalendas octobris, fuit capta ciuitas Valencie a dicto domino rege Iacobo et in sequenti anno $\mathrm { I I I } ^ { \mathbf { o } }$ nonas iulii sol passus est eclipsim hora ${ \mathbf { V I } } ^ { \mathbf { a } }$ . 37. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { L } \mathbf { X } \mathbf { V } \mathbf { I } ^ { \mathbf { o } }$ Karolus, frater Ludouici regis Francie, comes Prouincie, cepit Apuliam, Calabriam et Ciciliam et deuicit in campo apud Beneuentum Matfredum regem Cicilie. 38. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { L X V I I I } ^ { \mathbf { o } }$ , $\mathrm { I I I I } ^ { \circ }$ nonas augusti, dominus rex Iacobus fecit fieri uelum ut iret ultramare et reuersus est $\mathrm { I I I I } ^ { \mathbf { o } }$ nonas septembris in Aquis mortuis. 39. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { L } \mathbf { X } \mathbf { V } \mathbf { I I I } ^ { \mathbf { o } } ,$ , kalendas decembris, obiit Clemens $\mathrm { I I I I } ^ { \mathrm { u s } }$ papa, seruus Dei, qui prius uocabatur Guido Folquix, nacione Prouincialis, et duxerat uxorem et habuerat prolem, postea fuit archiepiscopus Narbonensis, postea cardinalis Sabinensis, ad ultimum uocatus fuit ad summum pontificem et sedit in pontificatu annis tribus, mensibus nouem, diebus uiginti et uno. 40. Anno Domini $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { L X X } ^ { \mathbf { o } }$ fecit fieri uelum in Aquis mortuis contra sarracenos Ludouicus, Dei gracia rex Francorum, ${ \mathrm { \Delta V I } } ^ { \mathbf { o } }$ nonas iulii et aplicuit Tunicium cum filiis suis et uxoribus filiorum suorum et nono kalendas augusti cepit Cartaginem et ibi mortuus est in pace. Apparatus criticus 2,1. ioseph $:$ iosep A. 2,2. post corruerunt add. ydo $B ^ { l }$ . 4,1. xixº: xxixº $B ^ { 2 }$ . 4,2. xxxºiiº A (cum fonte), xxiiiiº B. 5. ${ \mathrm { X L } } ^ { \circ } : { \mathrm { X L } } ^ { \circ } : A$ . || euangelium  : euuangelium B. || scripsit om. B. 6. anno domini $\mathrm { X L I I I } ^ { \mathbf { o } }$ marchus euangelium om. B. 7. tiberio1  : tyberio B. || acusaciones : accusaciones $B$ . || tiberio2   : thiberio $B$ . 9,1. et: e $B ^ { I }$ . || palacium $:$ palatium B. || neromanum $:$ neronianum intellege cum fonte. 9,2. deferrent  : defferrent B. 9,3. auferuntur  : aufferuntur B. 9,4. persecuntur A (cum fonte), prosecuntur $B$ . 9,7. lante  : lance intellege. 11. dcccclxxxvº : dcccclxxxv A. || lotario $:$ lothario $B$ . || obcessa : obsessa intellege. || post borrello add. milite $B ^ { l }$ . || proiecerunt: proiescerunt $B ^ { 2 }$ . 12. montischateni $:$ montiscatheni B. 15. $\mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } \mathbf { I } \mathbf { X } ^ { \mathbf { o } } : \mathbf { M } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { C } ^ { \mathbf { o } } \mathbf { I } \mathbf { X } ^ { \mathbf { o } }$ B. || cistella scripsi, cistell. codd. 16. februarii  : febroarii $B$ . || maioricarum scripsi, maioric. codd. 17. mºcºxxxvº  : mºcxxxvº B. 18. almarie  : almaue B. 19. mºcxlviiiº  : mºcxlviii B. 20. mºcxlixº  : mºcxlix B. 21. $\mathbf { M ^ { o } C L I I I I } ^ { \circ } : \mathbf { M ^ { o } C ^ { o } L I I I I } ^ { \circ } B .$ || ciurana : siurana B. 22. mºclxviiº : mºcºlxºviiº B. 23. mºclxxxº : mºcºlxxxº B. 24. mºclxxxºviiiº : mºcºlxxxºviiiº B. 25,1. mºcxcviiiº : mºcxcºviiiº B. 25,2. deffunctus $:$ defunctutus B. 26. franciscus B (cum fonte), francischus A. || porciuncula $B$ (cum fonte), portiuncula A. 27. mºccºxiº  : mºccºxi A. || barchinonensis scripsi, barchn. codd. 28. $ { \mathbf { M } } ^ { \mathrm { o } } { \mathrm { C C } } ^ { \mathrm { o } } { \mathbf { X } } { \mathrm { I I } } ^ { \mathrm { o } }$ : millesimo ccºxiiº B. 31. mºccºxxiiiº  : millesimo $\operatorname { C C } ^ { \circ } \mathrm { X X I I I } ^ { \circ } \ B$ . 33. februarii $:$ febroarii B. 34,1. mºccºxxxviº : mºccxxxºviº B. || septembris $:$ septenbris B. || maioricarum scripsi, maioric. codd. || montecatheno : monthecatheno B. 34,2. fuit $:$ ffuit B. || maioricarum scripsi, maioric. codd. 35. mºccºxxxviº : mºccºxxxºviº B. 36. mºccºxxxviiiº : mºccºxxxºviiiº B. 36. rege iacobo $:$ iacobo rege B. 37. mºccºlxviº : millesimo ccºlxviº B. || matfredum $:$ matffredum B. 38. mºccºlxviiiº  : millesimo ccºlxºviiiº B. || ultramare $:$ ultra mare B. 39. mºccºlxviiiº : mºccºlxºviiiº B. 40. mºccºlxxº : millesimo ccºlxxº B. || nono : ixº B. Fontes 1. Biblia 2. corruerunt – ysaye $:$ cfr Is. 2,18. 2. Auctores antiquiores 1 fuerunt – cxcix $:$ Mart. Opp. chron. p. 408,20-21. 2. anno – iudeam : Mart. Opp. chron. p. 408,27-29. 3. anno – iudea : Mart. Opp. chron. p. 408,25. 4. anno1 – est $:$ Mart. Opp. chron. p. 408,26. 5. anno – scripsit  : Mart. Opp. chron. p. 409,5. 6. anno – edidit : Mart. Opp. chron. p. 409,5. 7. post – interfecit $:$ Mart. Opp. chron. p. 444,22-24. 8. herodes – moriuntur $:$ Mart. Opp. chron. p. 444,24-26. 9. passi – collocasse  : Mart. Opp. chron. p. 409,29-40. 10. anno – periit : Mart. Opp. chron. p. 445,2-3. 25,1. anno – predicabat : Mart. Opp. chron. p. 438,40-41. 25,2. qui – xviiiº : Mart. Opp. chron. p. 439,28-30. 26. anno – iohannes $:$ Mart. Opp. chron. p. 438,42-45. 39. nacione prouincialis … sedit – uno $:$ Mart. Opp. chron. p. 441,3. || duxerat – sabinensis $:$ Mart. Opp. chron. p. 441,6-8. 4. Traducción anotada. Crónica general 1. Transcurrieron desde Adán hasta el nacimiento de Cristo 5199 años. 2. El mismo año en que Cristo nació, José lo llevó a Egipto. Al entrar aquél allí, los ídolos de Egipto se vinieron abajo según la profecía de Isaías. Y según se cuenta, no hubo en Egipto un solo templo en el que el ídolo no se viniese abajo. Y el séptimo año después de su nacimiento regresa a Judea. 3. En el año del Señor 17 Pilatos fue nombrado prefecto en Judea. 4. En el año del Señor 19 Juan el Bautista comenzó a predicar el bautismo de la penitencia. Y en el año del Señor 24 este mismo Juan fue decapitado. 5. En el año del Señor 40 Mateo escribió su evangelio. 6. En el año del Señor 43 Marcos publicó su evangelio. 7. Después de la pasión del Señor, durante el reinado del emperador Tiberio, Poncio Pilatos fue enviado al exilio a Vienne de Burgundia por el citado Tiberio debido a las numerosas acusaciones vertidas contra él y, debido a las muchas penalidades que allí soportó, se dio muerte con su propia mano. 8. Herodes36, que había hecho matar a Juan el Bautista y bajo el que Cristo padeció la pasión, es enviado al exilio a Vienne junto a su esposa Herodías y allí ambos mueren de forma miserable. 9. Padecieron la pasión los apóstoles Pedro y Pablo el último año del crudelísimo emperador Nerón: Pedro, en efecto, en la vía Aurelia y allí fue sepultado junto al palacio de Nerón en el Vaticano, donde fue crucificado; Pablo, por su parte, fue decapitado en la vía Ostiense junto a Aquae Salviae. A continuación, en tiempos del papa Cornelio37, unos griegos robaron los cuerpos de los citados apóstoles y los llevaban consigo para transportarlos a Grecia. Pero los demonios que habitaban en el interior de los ídolos de Roma, forzados por el poder de Dios, comenzaron a gritar: “¡Varones romanos, acudid rápidamente, pues vuestros dioses están siendo robados!”. Los griegos, al ver esto, arrojaron los cuerpos de los apóstoles dentro de un pozo en las catacumbas, pero fueron sacados de allí por orden del bienaventurado papa Cornelio. Y puesto que era dudoso cuáles eran los huesos de Pedro y cuáles los de Pablo, después de que los fieles hubiesen orado y ayunado, recibieron una respuesta desde el cielo que decía que los huesos más grandes eran los del predicador y los más pequeños los del pescador. No obstante, se cuenta que más adelante el bienaventurado Silvestre38 los hizo pesar en una balanza distribuyéndolos en dos partes de peso equivalente y, tras consagrar las iglesias de uno y otro, colocó los huesos de los dos apóstoles en ambas. 10. En el año sexto del citado emperador Nerón el cordobés Séneca, tío paterno del poeta Lucano, preceptor de Nerón y personaje ilustre por su vida y sus conocimientos, perece por orden de Nerón tras abrirse las venas e ingerir veneno. 11. En el año del Señor 985, en las calendas de julio, durante el reinado del rey de los francos Lotario, fue asediada la ciudad de Barcelona por los paganos y fueron abatidos quinientos soldados junto con el conde Borrell en el Vallés, en el lugar que tiene por nombre Rovirans, y llevaron sus cabezas hasta Barcelona y mediante una catapulta las arrojaron en la plaza delante de la iglesia de los santos Justo y Pastor y ese mismo día la ciudad fue conquistada39. 12. En el año del Señor 1093, en las calendas de marzo, fueron asesinados don Berenguer, arzobispo de Tarragona, Arnaldo Guillermo y Ramón de Moncada en Valencia40. 13. En el año del Señor 1099 conquistaron los cristianos de la ciudad de Jerusalén41. 14. En el añor del Señor 1101 falleció don Raimundo, conde de San $\mathrm { G i l } ^ { 4 2 }$ . 15. En el año del Señor 1109, el día 12 de abril, se fundó la casa del Císter43. 39.- En esta noticia se mezclan dos sucesos diferentes: por un lado, la conquista y saqueo de Barcelona por Almanzor el 6 de julio de 985 (si bien, el asedio comenzó el 1 de julio, tal como indican los Cronica comunia), precedida por una batalla de difícil identificación en la que el conde Borrell II de Barcelona (947-992) fue derrotado (probablemente, en efecto, en Rovirans, cerca de Tarrasa); y por otro, la muerte del citado conde, acaecida el 30 de septiembre de 992 y sobre la que se sabe muy poco. Sobre la conquista de Barcelona, vid. Michel Zimmermann, “La prise de Barcelone par Al-Mansûr et la naissance de l’historiographe catalane”, Annales de Bretagne et des pays de l’Ouest, 87 (1980), pp. 191-218 ( $\sqsupseteq$ “La presa de Barcelona per Al-Mansur i el naixement de la historiografia catalana”, en Idem, En els orígens de Catalunya. Emancipació política i afirmació cultural, Barcelona, Edicions 62, 1989 [Llibres a l’abast, 248], pp. 71-97); Gaspar Feliu Montfort, La presa de Barcelona per Almansor: història y mitificació, Barcelona, Institut d’Estudis Catalans, 2007, pp. 18-20. Sobre el episodio final del lanzamiento de las cabezas de los defensores abatidos, vid. Manuel Sánchez Martínez, “La expedición de Al-Mansur contra Barcelona en el 985 según las fuentes árabes”, en Catalunya i França meridional a l’entorn de l’any Mil. Colloque international. C.N.R.S./ Generalitat de Catalunya. Hugues Capet 987-1987. La France de l’an Mil, Barcelona, 1991, pp. 293-301, en las pp. 299-300. Sobre Borrell II, vid. Salvador Claramunt Rodríguez, “Borrell II”, DBE, vol. 9, pp. 210-212. 40.- Como he indicado más arriba, la noticia, corrupta en la versión transmitida por los Cronica comunia, hace referencia al asesinato de Berenguer de Vilademuls, arzobispo de Tarragona, víctima de Guillermo Ramón de Moncada (luego vizconde Guillermo I de Bearn) († 1224), en 1194. La crítica moderna fecha este suceso el 16 de febrero de 1194, vid. M. Coll, “Aperçu”, cit., p. 15. 41.- Reconquista de Jerusalén durante la Primera Cruzada el 15 de julio de 1099, vid. Hans Eberhard Mayer, The Crusades, Oxford, Oxford University Press, 19882 , pp. 55-57; Steven Runciman, “The First Crusade: Antioch to Ascalon”, A History of the Crusades, vol. 1. The First Hundred Years, ed. Marshall W. Baldwin, Madison-London, The University of Wisconsin Press, 19692 , pp. 308-341, en las pp. 336-337. 42.- Raimond de Saint-Gilles, conde de Toulouse como Raimond IV (1093-1105). Murió combatiendo en Tierra Santa en los años posteriores a la Primera Cruzada, durante el asedio de Trípoli, el 28 de febrero de 1105, vid. Harold S. Fink, “The Foundation of the Latin States, 1099-1118”, A History of the Crusades, vol. 1, cit., pp. 368-409, en la p. 396. 43.- Existe aquí, sin duda, otro error de transmisión del texto, pues en los manuscritos conservados se lee simplemente $\ll \mathrm { X I I } ^ { \circ }$ die aprilis $\gg$ , pero la fecha correcta sería, en latín: $\ll \left. \mathbf { X } \mathbf { I } \right\| ^ { \circ }$ die kalendas aprilis $\gg$ , el duodécimo día antes de las calendas de abril, esto es, el 21 de marzo. La referencia del año también es incorrecta, pues la abadía de Císter fue fundada por Robert de Molesmes en 1098, vid. JosephMarie Canivez, “1. Cîteaux (Abbaye)”, DHGE, vol. 12, cols. 852-874. 16. En el año del Señor 1113, en las calendas de febrero, fue conquistada la ciudad de Mallorca44. 17. En el año del Señor 1135 murió Olegario, obispo de Barcelona y arzobispo de Tarragona45. 18. En el año del Señor 1147 fue conquistada la ciudad de Almería por el conde Ramón Berenguer el sexto día antes de las calendas de noviembre46. 19. En el año del Señor 1148, la víspera de las calendas de enero, fue conquistada la ciudad de Tortosa por el conde don Ramón Berenguer47. 20. En el año del Señor 1149, en las calendas de noviembre, fueron con quistadas la ciudad de Lérida y la villa de Fraga por el conde citado inme diatamente antes48. 21. En el año del Señor 1154, el sexto día antes de las calendas de diciem bre49, fue conquistada Siurana por el citado conde50. 22. En el año del Señor 1167, el octavo día antes de los idus de agosto51, murió Ramón Berenguer, conde de Barcelona, príncipe de Aragón y mar qués de Provenza52. Éste quebrantó las barreras de Hispania y conquistó las ciudades de Almería, Daroca, Lérida, Tortosa y Fraga y todos los territorios que están a este lado del río Ebro. 23. En el año del Señor 1180, en los idus de septiembre53, el sol sufrió un eclipe. 24. En el año del Señor 1188, el sexto día antes de las nonas de octubre54, fue conquistada la ciudad de Jerusalén55. 25. En el año del Señor 1198 santo Domingo fundó la orden de los Hermanos Predicadores en la región de Tolosa, donde predicaba con su palabra y su ejemplo contra los herejes. Éste murió y fue sepultado en Bolonia en el año decimoctavo desde el inicio de su nueva vida religiosa. 26. En el año del Señor 1206 fundó san Francisco la orden de los Hermanos Menores en las cercanías de la ciudad de Asís, junto a Santa María de la Porciuncula. Éste falleció en el año vigésimo cuarto del inicio de su vida religiosa y antes de ella tenía por nombre Juan. 27. En el año del Señor 1211 fue asesinado Pedro de Cirach, obispo de Barcelona56. 28. En el año del Señor 1212, el decimoséptimo día antes de las calendas de agosto57, se produjo un combate entre los paganos y los cristianos junto a Úbeda y ese mismo año, el duodécimo día antes de las calendas de agosto58, fue conquistada la ciudad de Úbeda59. 29. En el año del Señor 1212, el undécimo día antes de las calendas de abril, fue acuñada la moneda de cuaterno por el rey don Pedro60. 30. En el año del Señor 1221, el décimo día antes de las calendas de marzo, fue acuñada la moneda de duplo por el rey de Aragón don Jaime61. 31. En el año del Señor 1223, en las nonas de noviembre, fue capturada la ciudad de Damieta por los paganos62. 32. En el año del Señor 1225, la víspera de los idus de septiembre63, se desplazó a la isla de Ibiza junto a su ejército el señor arzobispo de Tarragona64 y ese mismo año, el quinto día antes de los idus de agosto65, conquistó el castillo de Ibiza. 33. En el año del Señor 1225, durante los meses de enero, febrero y marzo se vendió en Barcelona una cuartera de trigo por 56 sólidos y una cuartera de cebada por 40 sólidos66. 34. En el año del Señor 1236, en los idus de septiembre67, don Jaime, ilustre rey de Aragón, en compañía de sus condes y de otros muchos nobles se dirigió desde su tierra a la isla de Mallorca con doscientas treinta y tres naves y allí tuvo lugar una batalla campal entre los cristianos y los sarracenos y fue abatido allí Guillermo de Moncada con 23 soldados68. Y ese mismo año, la víspera de las calendas de enero69, fue conquistada la ciudad de Mallorca por el citado rey, don Jaime. 35. En el año del Señor 1236 fue conquistada la villa de Burriana por el citado rey don Jaime70. 36. En el año del Señor 1238, el cuarto día antes de las calendas de octubre  71, fue conquistada la ciudad de Valencia por el citado rey don Jaime y el año siguiente, el tercer día antes de las nonas de julio72, el sol sufrió un eclipse en la hora sexta. 37. En el año del Señor 1266 Carlos, hermano del rey Luis de Francia y conde de Provenza, conquistó Apulia, Calabria y Sicilia y venció en batalla campal junto a Benevento al rey Manfredo de Sicilia73. 38. En el año del Señor 1268, el cuarto día antes de las nonas de agosto74, el rey don Jaime hizo desplegar las velas para dirigirse al otro lado del mar y regresó a Aigues-Mortes el cuarto día antes de las nonas de septiembre75. 39. En el año del Señor 1268, en las calendas de diciembre, falleció el papa Clemente IV, el siervo de Dios, que con anterioridad tenía por nombre Guido Folquix, originario de la Provenza, y había estado casado y había tenido descendencia, y que después fue arzobispo de Narbona, más tarde cardinal de Sabina y finalmente fue llamado a desempeñar el puesto de sumo pontífice y permaneció en el pontificado durante tres años, nueve meses y veintiún días76. 40. En el año del Señor 1270, el sexto día antes de las nonas de julio77, Luis, rey de los francos por la gracia de Dios, hizo desplegar las velas en Aigues-Mortes para atacar a los sarracenos y se dirigió a Túnez con sus hijos y las esposas de sus hijos y el noveno día antes de las calendas de agosto78 conquistó Cartago y allí murió en paz.
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17,189
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La laguna turolense de Tortajada y la Huerta de Valencia. Gestión política y financiación de una obra hidráulica (1456-1457) : Tortajada Lagoon in Teruel and the Valencian Huerta. Political Management, Financing and Obstacles of a Medieval Water Engineering Project (1456-1457)
LA LAGUN A TUROLENSE DE TORT AJADA Y LA HUERT A DE VALENCI A. GESTIÓN POLÍTIC A Y FIN ANCI ACIÓN DE UN A OBRA HIDRÁULIC A (1456-1457) TORTAJADA LAGOON IN TERUEL AND THE VALENCIAN HUERTA. POLITICAL MANAGEMENT, FINANCING AND OBSTACLES OF A MEDIEVAL WATER ENGINEERING PROJECT (1456-1457) Agustín Rub io Vela Investigador independiente firstname.lastname@example.org. Resumen: Este estudio, basado en fuentes valencianas, se centra en el análisis de las gestiones políticas del gobierno municipal de Valencia para realizar en 1457 un trasvase del agua de la laguna turolense de Tortajada. El objetivo de esta actuación era incrementar el nivel de las acequias de la Huerta, afectadas por una fuerte sequía. Se aborda, asimismo, la financiación de la empresa y los obstáculos que encontró. Palabras clave: Valencia, Aragón, Teruel, regadío, ingeniería hidráulica, siglo xv. Abstract: This study, based on Valencian sources, focuses on the political efforts of the Valencia municipal government, in 1457, to transfer water from the Tortajada lagoon in Teruel (Spain). The objective of this action was to increase the level of the irrigation canals of the Huerta, affected by a severe drought. The research also addresses the financing of this venture and the obstacles it faced. Key words: Valencia, Aragón, Teruel, irrigation systems, water engineering, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. Para Joaquín Celma Giménez y Fernando Franco Jubete, amigos muy queridos, ingenieros ambos. En la más célebre e importante obra cronística valenciana medieval, el Dietari del capellà d’Alfons el Magnànim, bajo la rúbrica «De la gran secada», Melcior Miralles, su autor, dio noticia de la prolongada sequía que azotó las tierras valencianas en los años 1455, 1456 y 1457: En l’any de .M.CCCC.LV, e .LVI. e .LVII., fonch tan gran secada en regne de València que molts rius se són sequats, la major part de les fonts seques, molts lochs no tenen aygua per poder beure, l’Albufera de València totalment venir a sequar, que no y romàs hun pex; los esplets e fruyts de les terres són perduts per la gran sequada. (Rodrigo, ed. 2011: 236). Las disposiciones municipales de esas fechas corroboran plenamente la información del dietarista y muestran la muy profunda preocupación por la gravedad de un problema que en la época se interpretaba como castigo divino por los pecados de los hombres; se organizaron numerosas procesiones ad petendam pluviam que recorrieron las calles de la ciudad,1 cuyos regidores —los jurats— enviaron reiteradamente misivas a los monasterios del reino para que los religiosos orasen por el cese de la «gran secada» y el envío de lluvias.2. El contexto era propicio para que el gobierno de la urbe adoptase medidas encaminadas a regular el escaso caudal del Turia que llegaba a las acequias de la Huerta. En situaciones así, cuando las cosechas peligraban por falta de agua y se hacía visible la amenaza del hambre, era normal que los ediles interviniesen con cierta contundencia incluso más allá de su ámbito jurisdiccional, como hicieron en 1413 al tener noticia de maniobras irregulares en poblaciones del curso alto del río que impedían el riego de los campos de la capital, con el consiguiente malestar de sus gentes, descrito de manera bien elocuente: «gran brugit e rumor en lo poble, no podents molre blats a lur vida, ne podents regar lurs splets» (Rubio 1998: 250-252). Pero en esta ocasión los gobernantes de la capital no se limitaron a actuar en el ámbito geográfico más próximo, sino que pusieron la vista en el agua de la lejana laguna aragonesa de Tortajada, ubicada a unos $5 \mathrm { k m }$ al noroeste de la ciudad de Teruel, para llevar a cabo un proyecto tan ambicioso como sorprendente: conducir el agua de aquella laguna hasta el río Alfambra, afluente del Turia —o Guadalaviar—, con el fin de aumentar su caudal y aliviar así la situación de las menguadas acequias valencianas. Este proyecto de trasvase, a diferencia de otros que se intentaron llevar a cabo sin éxito en la centuria anterior con las aguas del Júcar (Martínez Ortiz 1980), se realizó en 1457, aunque con resultados insatisfactorios, «tan pobres que el experimento, tras un recorrido muy breve, cayó en el mayor de los olvidos», afirma Juan J. Morales Gómez (2016: 195-219) en un notable, detallado y documentado estudio monográfico sobre la obra, en el que puso de relieve el importante reto que significó en unos tiempos en que «las limitaciones técnicas y la fragmentación jurisdiccional» constituyeron obstáculos difíciles de superar. Dicho estudio es obligado punto de partida del artículo que aquí comienza, elaborado con nueva información procedente de fuentes valencianas, complementarias de las turolenses en que se fundamenta el análisis del citado investigador, lo que nos permite profundizar en varios aspectos de aquella interesante empresa de ingeniería medieval: la gestión política del gobierno municipal de Valencia que la hizo posible, su financiación por los propietarios de la Huerta y los obstáculos que encontró. 1. Prolegómenos del proyecto (1456) Una misiva fechada el día 2 de octubre de 1456, al tiempo que nos proporciona la primera noticia del proyecto, da cuenta de la intervención en él de un personaje singular: Pietro Vecchio, un «ingeniero» de origen italiano afincado en Valencia, citado en la documentación como Pero Vetxo, que era experto en ingeniería hidráulica, además de serlo en armas de fuego y mecanismos de relojería.3 En la carta, los jurats se dirigen al juez de las aldeas de Teruel para informarle de que el polifacético Vecchio, junto con otro ciudadano, Pere Domingo, habían sido enviados «al loch de Tortejada» con el encargo de «regonèxer, veure e mirar certa aygua qui és en lo terme del dit loch, si la poran obrir per donar-la tota al nostre riu» y para pedir que les diera su apoyo en la tarea.4 Veinte días más tarde, los regidores valencianos acordaban que a Vecchio y Domingo les fuera pagado su trabajo,5 indicando que habían ido a la zona para conocer y evaluar in situ las aguas que eran el motivo del proyecto. En la orden de pago, además de consignar que el viaje y estancia había durado ocho días, se indica con claridad cuál era el objetivo: «per veure e escandallar certa aygua o laguna de aygua de Torejada, que·s diu se porà lançar en lo riu d’Alffambra e venir a la present ciutat.»6. Después de esto, el primer paso que dieron los jurados fue dirigirse a Joan Olzina, consejero real y hombre de gran influencia, que había servido durante más de dos décadas a Alfonso el Magnánimo como secretario en la corte napolitana, donde había actuado siempre como valedor del gobierno municipal de Valencia (Rubio 1995: 94-98). El prócer, que se encontraba por esas fechas en esta ciudad, donde vivía con su familia tras su larga etapa italiana, era titular de la bailía de la comunidad de las aldeas de Teruel. No ejercía personalmente este cargo, que debió de ser una prebenda vitalicia concedida por el monarca a su fiel servidor.7 Tenía otras importantes propiedades en el reino de Aragón, donde era señor de la Honor de Huesa y de la baronía de Segura —en el de Valencia poseía Alcosser de Planes—,8 lo que explica que su influencia se proyectara mucho más allá de las murallas de la ciudad en que habitaba. También se explica que los ediles valencianos recurrieran a Olzina en cuanto tuvieron la certeza, por el informe técnico de Vecchio, de que podía llevarse a cabo el proyecto del agua de Tortajada, ya que la localidad formaba parte de la comunidad de aldeas de Teruel, cuya bailía ostentaba aquél. Y Olzina no perdió tiempo. El 27 de octubre escribió desde Valencia a Juan Martí nez de Monteagudo, procurador general de dicha comunidad, una carta en la que le comunicaba que se había dirigido a un experto de la zona, Rodrigo de Marquina, para que le diese su opinión sobre la posibilidad de hacer llegar hasta Valencia el agua de la laguna de Tortajada a través del Alfambra: «por lançarla en el rio por manera que aquella agua podiesse venir aqua» —léase acá—, lo que implicaba hacer una acequia desde la laguna hasta el río «abriendo aquella conqua do sta aquella agua e trayendola por la costa, ayuso de Torretajada, fin al rio de aquella». El prócer deseaba saber cuál era el parecer de Marquina, pues tenía dudas sobre las informaciones que le habían suministrado y quería cerciorarse de su fiabilidad: «car verdat es que algunos lo han visto e levan judicio que no me satisfaze assay.» Y solicitó también la opinión de Martínez de Monteagudo; le rogaba que, en caso de que no le fuese posible viajar hasta Valencia para informarle personalmente —«si no soys en deliberacion de venir aqua»—, se la enviase por escrito, y que sondeara a Marquina sobre la obra: «si es cosa de el querarla emprender o no, e por quanta suma o quantidat.» En los párrafos finales de la misiva, publicada, fechada y analizada por Morales (2016: 202-204, 217- 218), Olzina señalaba el beneficio que el proyecto supondría para Valencia en caso de hacerse realidad: «la sobredicha empresa faria a esta ciudat, por crecer el agua de la huerta, si sabia que s’ende pudiesse seguir, bon efecte.» El citado autor subraya que el baile absentista demostraba tener muy precisa información de las características y naturaleza de la masa lacustre. Podemos afirmar ahora, sin temor a equivocarnos, que ello era así, y que se debía a que Olzina conocía el informe que Vecchio había realizado y entregado a los ediles valencianos tras el viaje de exploración a la laguna, concluido pocos días antes. También Morales (2016: 203) ha querido ver en la epístola un hábil intento de Olzina por «implicar a la Comunidad en el proyecto» y «sondear tácitamente» a Martínez de Monteagudo, «máxima autoridad, cuyo beneplácito para la puesta en marcha del proyecto es, en primera instancia, imprescindible.»9. Lo cierto es que la petición del baile, que había pedido celeridad en la respuesta, fue atendida de inmediato. Efectivamente, en una nueva carta al procurador fechada en Valencia el 16 de noviembre, el poderoso consejero real acusaba recibo del memorial que había solicitado a él y a Marquina, y le hacía saber que ya obraba en poder de los jurados de la ciudad, «los cuales habían quedado muy complacidos tanto por la información recibida, como por la buena predisposición hacia el proyecto de los dos remitentes» (Morales 2016: 204). Joan Olzina no parece haber actuado como mediador entre las autoridades municipales valencianas y las turolenses, sino más bien como miembro del patriciado valenciano que, para favorecer los intereses de su ciudad, hizo uso de su influencia como baile de la comunidad de Teruel, cuyo solícito procurador se comunicaba directamente con los ediles de Valencia a finales del año. En efecto, el 28 de diciembre, éstos respondían a la carta que Martínez de Monteagudo les había dirigido para informarles de la elección, por parte de las aldeas, de personas comisionadas para tratar «sobre lo contracte e concordar del traure de l’aygua de la lacuna.» El procurador, que parece favorable a la obra, era informado a su vez del nombramiento de un ciudadano que viajaría hasta la zona, comisionado por el gobierno municipal para llevar la empresa a buen término: «per donar principi e orde degut en los affers, havem elet e diputat certa persona conciutadà nostre.» Y le pedían que, con el mismo correo que le llevó la carta, les comunicara en qué lugar y fecha podría celebrarse la reunión entre las partes, que deseaban fuese lo antes posible: «vos plàcia avisar e concertar ab los dits elets per part de les dites aldees a quin dia e en qual loch aquels seran justats per tal que lo dit nostre conciutadà vaja en cert axí de loch com de dia. E açò, si us plaurà, que sia lo pus prest que al món serà posible.»10 Así se daba comienzo, tras los prolegómenos, a una nueva fase: la de las negociaciones encaminadas a hacer posible la realización de un proyecto de trasvase cuya viabilidad se suponía acreditada. 2. Gestiones para un acuerdo. Vicent Calbet, prohombre de cierto relieve de la ciudad de Valencia,11 fue la persona designada por los jurats para viajar a tierras aragonesas y negociar el acuerdo con los regidores de las aldeas. El 21 de enero los jurados ordenaron el pago de veinte florines «per la anada de les aldees de Terol», que había realizado en las semanas previas y que duró diez días, «sobre·l fet de la aygua de Tortajada». El comisionado, durante ese tiempo, debió de asistir a la reunión que se había solicitado para un primer encuentro —la del 6 de enero de 1457 (Morales 2016: 205)—; posteriormente acudió a «Rubiols e altres lochs de les aldees de Terol» con el propósito de «menejar e concordar la exida de la dita aygua ab los regidors de les dites aldees»; y, finalmente, «acompanyat ab alguns altres», estuvo en Tortajada «per veure e regonèxer la dita aygua e lacuna.»12. A mediados de febrero, una vez terminado este primer encuentro con los turolenses, las actas municipales de Valencia dan fe detalladamente del proceso iniciado. Fue uno de los jurats, Miquel Andrés, quien, en la sesión del Consell general —una suerte de parlamento municipal formado por más de un centenar de consellers, representantes de los oficios y distritos parroquiales de la ciudad, cuya consulta y aprobación de las decisiones de los jurats era preceptiva— celebrada el día 18,13 expuso con precisión el objetivo: se trataba de que cierta agua existente «en lo terme de Tortajada, aldea de Terol, la qual era en molt gran quantitat e no aproffitava allí on estava a res», pudiese beneficiar a la ciudad y a la Huerta, para lo cual había que hacerla llegar hasta «hun riu appellat d’Alfambra, lo qual era molt prop de la dita lacuna de la aygua», cuyo caudal confluye «en lo nostre riu de Guadalaviar». Hizo saber a los consellers presentes en aquella sesión plenaria que la empresa «no costaria res a la ciutat, o almenys molt poch», pues sería sufragada por los propietarios —hereters— de tierras de la Huerta, así como el envío de expertos a la zona —sin duda refiriéndose al viaje de Pietro Vecchio y Pere Domingo— para estudiar su viabilidad: «la qual lacuna d’aygua havien fet algunes vegades veure e regonèxer a algunes persones expertes que y havien tramés». El obstáculo era la posible negativa de los habitantes de la comarca, que consideraban que la salida del agua de la laguna podía disminuir la de los manantiales, o incluso secarlos: […] los de les aldees entorn se dubtaven que, si aquella aygua se trahia d’allí e li daven decorriment en lo dit riu, algunes fonts que y havia per aventura ne valrien menys $\mathrm { o } { \cdot } \mathrm { s }$ secarien e·n reportarien algun dan. (Doc. 5) De ahí la necesidad de alcanzar un acuerdo que fijase por escrito las obligaciones de cada una de las partes: «certes obligacions per la ciutat als de les aldees e los de les aldees a la ciutat». Una vez expuesto el asunto, el Consell general, tras debatirlo, dio su aprobación y encomendó la tarea de llegar a ese acuerdo a los jurats, los cuales, solos o con la ayuda de otros —«ab aquelles persones que y volran demanar, si demanar-n’i volran»—, quedaron autorizados a proceder de la manera que consideraran más útil para la ciudad. Asimismo, la asamblea municipal otorgó poderes al síndic para actuar legalmente —él o la persona designada para sustituirlo— «per a les dites coses e per rahó de la dita aygua». Las gestiones dieron comienzo. Pocos días después, una misiva del 21 de ese mismo mes dirigida por los jurados valencianos «al molt honorable et savi mossén En Pere de Reus, scrivà de manament del senyor rey», prohombre de Rubielos de Mora,14 indica que éste se había entrevistado en esa localidad con Vicent Calbet. En la carta, los regidores se muestran satisfechos de su buena disposición, que habían sabido por información de Calbet: […] nos és stada feta de vós et de vostres universitats molt bona relació sobre lo fet de l’aygua de Tortejada, de la qual cosa som stats molt contents, mostrant haver bona voluntat fer per nosaltres e aquesta ciutat. (Doc. 6) Le notificaron la decisión de dar poderes a un comisionado que viajaría a aquella comarca, acompañado de un notario, para negociar con los representantes allí nombrados un compromiso entre las partes, por lo que le pedían que concertase una fecha para esa reunión y se la hiciera saber, a fin de que los enviados partieran a su debido tiempo.15 3. Enfrentamiento con Teruel. Pero unos días antes, las autoridades locales de Teruel —«los consell, justícia e jurats de la ciutat de Terol»— habían escrito y enviado a las de Valencia una misiva cuyo contenido no ha llegado hasta nosotros, pero que conocemos por la respuesta que dieron los jurats el 7 de marzo.16 El texto de esta epístola refleja el fuerte malestar de los ediles turolenses por los contactos que hubo entre los delegados de Valencia y los oficiales de las aldeas, con amenaza obstruccionista por parte de aquéllos: «contrast o empaig a nostres ministres fahedor en lo traure de la dita aygua»; y da cuenta de que, frente a esos reproches, los regidores valencianos adoptaron una postura beligerante: las autoridades de la ciudad de Teruel se entrometían en un asunto que no era de su incumbencia ya que las aguas en cuestión —alegaban los jurats— pertenecían a la aldea de Tortajada y sólo a ella, a pesar de que su término particular se encontrara en el término general de Teruel. No obstante, les aseguraban, en términos apaciguadores, que tenían intención de informarles del proyecto más adelante —«volents ab vostres honorables savieses comunicar com se devia fer»— y que si no lo habían hecho era por encontrarse en fase inicial y por un retraso en la llegada de un documento de aprobación solicitado a la Corona como paso previo. Un dato éste de interés al que se refieren a continuación. Las aguas de aquella laguna, según habían sabido, no eran aprovechadas ni proporcionaban servicio alguno a Teruel y sus aldeas, y nunca habían sido extraídas del lugar en que nacían, lo que les proporcionaba un argumento legal importante: las aguas que «no eren stades jamés derivades del loch on havien naixença», como era el caso, «no eren de alguna universitat o de particulars». De ahí que sólo a la Corona correspondía tomar decisiones sobre ellas, por lo que […] havem recorregut a l’il·lustríssim senyor rey de Navarra, lochtinent general de la sacra majestat del senyor rey, del qual, per los dits esguarts, havem obtesa ampla concessió de la dita aygua e facultat de traure aquella. (Doc. 7) Y, efectivamente, consta que la ciudad de Valencia había actuado y conseguido una licencia expedida en Barcelona por Juan de Navarra, cuyo pago fue ordenado por los jurats a mediados de marzo en presencia de Vicent Calbet, que actuó de testigo: […] sis lliures per lo cost de la carta o provisió de licència obtenguda del senyor rey de Navarra, lochtinent general, per lo fet de la aygua de Tortajada.17. En esa misma epístola del 7 de marzo, tras hacer saber a los ediles de Teruel que Valencia había sido facultada por la Corona para extraer agua de la laguna, los jurats confesaban que, antes de disponer de la licencia real, ya eran conscientes de la necesidad de llegar a un acuerdo con el concejo turolense y con los regidores de las aldeas, «per no haver contrast algú». De ahí su decisión de enviar un representante con esa finalidad, que si aún no había partido era por estar a la espera del documento real: «e ja vos fora stat tramés un misager nostre sinó perquè y ha donada dilació la tramesa que havem fet per la dita real provisió.» Terminaban la misiva pidiendo apoyo a los corresponsales y comunicándoles que muy pronto llegaría a ellos ese representante con la única misión de informarles ampliamente. Y, efectivamente, el 23 de marzo comparecía ante el concejo de Teruel Vicent Calbet en calidad de missatger —embajador en el sentido medieval de esta palabra—, provisto de sus credenciales, para pedir que se permitiese hacer el trasvase a fin de que crecieran las aguas del río, «por tal que los huertos e veguas de Valencia, de la qual se riegan, huvies mas abundancia» (Morales 2016: 206). 4. Las negociaciones de Vicent Calbet. Aunque el asunto era competencia del síndic de Valencia, cargo que desempeñaba desde el año 1435 el notario Joan Marromà, las gestiones en Aragón fueron llevadas a cabo personalmente por el ya mencionado Vicent Calbet, a quien aquel alto funcionario municipal hubo de hacerle carta de procuración para que pudiera actuar en su nombre. El texto de ese documento indica con claridad cuál era el proyecto: […] quandam aquam ciuisdam lacune posite satis prope locum de Tortajada, aldea civitatis et seu comunitatis Turolii extrahi facere ab eadem lacuna et eici in rivum vocatum d’Alffambra et inde decurrere per alium rivum dictum de Gualadaviar ad dictam civitatem Valentie. Y también, que las negociaciones con las autoridades aragonesas habían de hacerse en virtud y de acuerdo con lo establecido por el Consell general el día 18 de febrero: […] si, ratione decurrimenti dicte aque, aliquod dampnum universitatibus civitatis predicte Turolii seu eius aldearum eveniret, fuit delliberatum et concordatum fieri ordinari et firmari dictis universitatibus aliquam capitulam et seu obligationes pro parte dicte civitatis Valentie, certis modis, retionibus et conditionibus in eidem contenti ad quod reffertur pro dictarum universitatuum indempnitate.18. Provisto de los documentos acreditativos que lo facultaban, Calbet se desplazó de nuevo a tierras turolenses. Fueron dos los viajes que realizó. En un acuerdo fechado el 14 de mayo, el gobierno municipal ordenó que se le pagaran ambos desplazamientos, que, con la estancia, le ocuparon un total de 33 días. En uno fue acompañado por el notario Joan Domingo, que cobró por 19 días,19 lo que quiere decir que el otro viaje duró 14 jornadas. Sus gestiones fueron fructíferas. Pese al malestar de las autoridades de la ciudad de Teruel por las conversaciones iniciales, tres días después de la petición que Calbet les hizo personalmente, aceptaron el proyecto. Pero con una serie de condiciones encaminadas a evitar cualquier perjuicio derivado del trasvase y con la exigencia de que la mitad de los que trabajasen en las obras fuesen de Teruel y la otra mitad de las aldeas. Sobre esas bases fue firmado el acuerdo el 25 de abril (Morales 2016: 206-207). También hubo acuerdo con la comunidad de aldeas. Aunque el texto definitivo no ha llegado a nosotros, conocemos algunos puntos de un borrador inicial que Calbet envió a los jurados para que lo estudiaran. Gracias a la misiva de respuesta de éstos, fechada el 5 de mayo, tenemos noticia, aunque parcial, de varias cláusulas provisionales del documento, que seguía aún pendiente de firma.20 Desde Teruel el 28 de abril y desde Mosqueruela el 3 de mayo, Calbet había enviado información a los jurats de «los capítols novellament forjats per part de la comunitat de les aldees de Terol», realizados en un contexto de confrontación entre las aldeas y la ciudad, al que los valencianos se refieren como «la discresia e divisió que és entre ciutat e aldees». Los ediles, deseosos de alcanzar un acuerdo. aunque no a cualquier precio, consideraban aceptable el texto en líneas generales, a excepción de algunas de sus cláusulas, que deberían de matizarse con añadidos o correcciones. Una se refería a la evaluación de los posibles daños provocados por la acequia que conduciría el agua desde la laguna hasta el Alfambra; se mostraban muy favorables a que, en caso de que hubiese desacuerdo entre las partes sobre la cuantía de los daños, actuara como árbitro el baile de la comunidad de aldeas, esto es, el secretario Joan Olzina o quien le sucediera en la bailía, pero con la condición de que fuesen evaluados «dos o tres meses aprés que l’aygua exirà e·straure per la céquia fahedora». En otra se referían a lo improcedente de la exigencia de la comunidad de aldeas de que los trabajos en las obras fuesen realizados en su totalidad por habitantes de éstas —«tots los que han a treballar en traure de la dita agua sien de les dites aldees»— por ser contrario a «lo concordat ab la ciutat de Terol». También aceptaban la construcción, por cuenta de Valencia, de un puente en un lugar concreto, «a coneguda de mestres», siempre que la obligación fuese únicamente hacerlo, no mantenerlo posteriormente. 5. Las obras. El primer día de julio de 1457 los jurats tomaron una decisión indicativa de que el acuerdo ya se había firmado, puesto que eligieron «regidors e administradors de la aygua de la lacuna de Tortajada, que·s deu d’allí traure, lançar e decórrer en lo riu d’Alffambra, e d’allí en lo riu de Guadalaviar que ve a la present ciutat.» La designación, que había sido acordada de antemano —«segons ja és stat divisat de paraula»—, recayó en cuatro acequieros (sequiers) de la Huerta: Bernat d’Almenara, de la acequia de Moncada, Guillem Llorenç y Joan Pérez, de la de Mislata y Pere Martí, de la de Favara. Los cuatro, allí presentes, recibieron del gobierno municipal «tot lo poder que és necessari per açò que dit és», y el clavari les entregó seis mil sueldos —«en compte dels quals sien tenguts donar bon compte e rahó en poder de l’honorable racional»—, dinero que habría de ser recobrado por la ciudad, además del que ya se había «despés, bestret e pagat tro açí per causa de la dita aygua, axí en missatgers e correus com en altra qualsevol manera».21. La noticia, ya conocida (Glick 1988: 119; Morales 2016: 207), es interesante por varias razones. La principal, porque señala que el proyecto de trasvase, aunque dirigido y gestionado políticamente por el gobierno municipal, era sufragado por los regantes de Huerta. Prueba de ello es que ese mismo 1 de julio de 1457, la cantidad de seis mil sueldos fue transferida a las arcas municipales por Antoni del Miracle al clavari de quitaments, a ruegos de los jurats y del síndic de la ciudad, «ad oppus extraendi et portandi ad dictam ortam aquam quandam vocatam de Tortexada, in termino civitatis et aldearum Turolii». Un dinero que habrían de pagar los sequiers o síndics de las acequias de la Huerta —«ad onus solvendi dictis cequiariis et seu sindicis cequiarum ipsarum»—, cuyos propietarios esperaban obtener un gran beneficio: «ad comodum et utilitatem magnam ut tunc esperebatur omnium habitantium et terris tenentium in dicta orta».22 La intención era que los sequiers se encargaran de la ejecución de obra.23 Y, en efecto, fueron los cuatro citados acequieros quienes dirigieron in situ la canalización exigida para que se hiciera efectivo el desembalse del agua de la laguna en el río Alfambra. El 5 de julio, cuatro días después de aquella transferencia de dinero, los jurats escribieron dos cartas, una destinada a «los juez, alcaldes e regidors de la ciutat de Terol» y otra «als molt honorables e savis senyors los juez, regidors e procurador de la comunitat de les alde[e]s de Terol», para informarles de la llegada inmediata a aquellas tierras de Calbet con el fin de ejecutar el acuerdo negociado: «Nosaltres trametem de present en aquexes parts lo honorable En Vicent Calbet e altres persones per donar orde e entendre degudament e ab effecte de la aygua de la lacuna de Tortejada». Les rogaban que diesen fe a todo cuanto les dijera «en la dita matèria de part de nosaltres» y que le prestasen apoyo.24 Las otras personas referidas en la correspondencia sólo podían ser los cuatro acequieros enviados a la zona por su experiencia y conocimientos prácticos en materia de canales de riego.25. Los sequiers ya se encontraban en el lugar cuando llegó Calbet, que les habría de entregar una misiva de los ediles fechada el 6 de julio: «Lo honorable En Vicent Calbet, portador de la present, va en aquexes parts per esser ab vosaltres e metre en lo millor orde que se porà, comanadament, lo traure de l’aygua d’aquexa lacuna». Aunque el objetivo era el mismo para todos, tenían que acometer tareas diferentes: la de Calbet era de carácter político, por lo que su presencia sólo era necesaria unos días, tras los cuales volvería a Valencia; los sequiers debían permanecer mientras durasen las obras de canalización, de cuyo pago tenían que encargarse al ser los depositarios del dinero; por ello los jurats les pedían que actuaran con diligencia para que Calbet pudiera retornar lo más pronto posible, y que le pagaran «per tant temps com haurà vacat, anant, stant e tornant, a rahó de dos florins o XXII sous d’aquesta moneda per cascun dia. E per res no y haja falla». Asimismo, tenían que hacer entrega a un notario de Teruel de los cincuenta reales de plata acordados entre él y Calbet por actos diversos sobre el acuerdo, uno de los cuales parece dar fe de cierta oposición en la ciudad: […] per lo contrari dels capítols fermats entre la dita ciutat de Terol de una part, e ell, dit En Vicent Calbet, en nom d’aquesta ciutat, de la part altra, e altres actes reebuts per lo dit notari sobre la dita aygua de la dita lacuna.26. A mediados de agosto, los jurats se dirigieron por carta a «los qui han càrrech de la aygua de Tortejada», los sequiers. Uno de ellos, Joan Pérez, que se había tenido que desplazar a Valencia por dinero para proseguir las obras —volvió tras haber recibido 3.000 sueldos—, les había informado «del punt en què està lo fet de la aygua» y trajo buenas noticias, aunque no ocultó la existencia de obstáculos, que les pidieron superar por razones económicas: «Pregam-vos que, tant com en vosaltres sia, se desempaixe, per escusar tantes despeses a la ciutat». La misiva da cuenta, asimismo, de trabajos en los manantiales de la zona: «Axí mateix vos pregam que, de les dues fons, doneu orde e manera que la aygua de aquelles, si fer se pot, vingua axí mateix ací». Se deduce que la obra estaba en curso y que los ediles tenían la convicción de que iba a culminar con éxito.27 6. Un último obstáculo y culminación del proyecto. Avanzado este mismo mes de agosto de 1457, cuando el proyecto estaba llevándose a cabo, llegaba a Valencia una noticia que revela la persistencia de la oposición de la ciudad de Teruel. Los jurados dan cuenta de ello en una epístola dirigida el día 22 a «los judez, alcaldes, regidors e officials de la ciutat de Terol», de la que sería portador Vicent Calbet. En la carta manifestaban su contrariedad por lo sucedido a «En Loís Pérez, judez de les aldees de Terol», quien «volch passar per la lacuna de Tortejada per vesitar aquella e pregar los obrés entenguessen en expedició de la dita obra per honor e utilitat de aquesta ciutat»; después de esta visita, al proseguir su viaje, «faent sa via de la Pobla, en lo camí, seria stat aguaytat e pres per alguns officials d’aquexa ciutat e portat a aquella». Afloraba de nuevo la enemistad persistente entre los regidores de la ciudad de Teruel y los de las aldeas, avivada por el trasvase. El juez de las aldeas, favorable a la realización del proyecto, había sido apresado, tras su visita a la obra in fieri, por orden de las autoridades turolenses, lo que los jurados de Valencia consideraron una acción contraria a sus intereses y causante de gran malestar: […] de què havem haüd molt gran desplaer, axí perquè, faent visita de les dites obres de aquesta ciutat, és stat pres, com per sguart de la persona del dit En Loís Pérez, lo qual tota hora havem conegut haver bona voluntat en totes les coses concernents honor e útil d’aquesta ciutat.28. En la documentación aragonesa hemos encontrado una carta sobre este asunto. La dirigió desde Sarrión, el 14 de agosto del mismo año, Juan Martí- nez de Monteagudo, procurador de la comunidad de las aldeas, a Francisco Escuder —un jurista de la zona que gozaba de la confianza de Joan Olzina—,29 para pedirle la convocatoria en Rubielos de una reunión de sus regidores, motivada «por el asunto del apresamiento por parte del juez y oficiales de la ciudad de Luis Pérez, juez de la Comunidad».30 Se desprende del texto que las obras contaban con el beneplácito de las autoridades de la comunidad, pero no con el de la ciudad de Teruel, que seguía reticente a pesar del acuerdo firmado. El incidente parece enmarcarse en una enemistad de profundo calado entre la ciudad y las aldeas, a la que los jurats se refieren de manera explícita en la carta del día 22, en la que se ofrecían a actuar de mediadores: Creem bé que la discresia e differència que és entre aqueixa ciutat e les dites aldees engendren tals novitats e malenconies. Sab Déus que·ns desplau molt, e volentés, si nostra intervenció hi era saludable, nos interposaríem ab bona voluntat en tot ço que fos benavenir, honor e proffit de abduy les parts, perquè del contrari no·s poden seguir sinó dans e inconvenients masa grans. (Doc. 14) Es obvio que, pese a estas palabras, equidistantes en apariencia, los ediles valencianos estaban alineados con una de las partes; de ahí que, invocando al rey ausente y a la amistad entre ambas ciudades, solicitaran a sus colegas de Teruel la puesta en libertad de Luis Pérez: […] pregam-vos, ab quanta affecció podem, vos plàcia, per servir del senyor rey, majorment en absència de la sua majestat, cessar de fer novitat en la persona del dit En Loís Pérez e delliurar aquell de la dita presó graciosament.31. Este contratiempo es la última noticia que hemos sabido encontrar sobre el proyecto, que ya estaba en fase muy avanzada, a juzgar por la información, breve, pero precisa y elocuente, suministrada por las Crónicas de los Jueces de Teruel: la obra acabó con éxito antes de que pasara un mes, el día 14 de septiembre, fecha en que «començo a correr el agua de la laguna por la cequia que fizo la ciudat de Valencia a costa suya» (Morales 2016: 208 y 209).32 7. El coste económico. Aquella obra ambiciosa obligó a hacer una considerable inversión de dinero que dejó secuelas en Valencia. Es posible evaluar su cuantía, pues los gastos fueron derivados por el gobierno municipal a los propietarios de la Huerta, beneficiarios del trasvase, que debieron ser los que instaron a los ediles a emprender las acciones políticas para llevarlo a cabo y que desde el principio aceptaron sufragar su coste. Consta, efectivamente, que Antoni del Miracle entregó al municipio el 1 de julio de 1457, en concepto de préstamo, 6.000 sueldos destinados a financiar la obra de la laguna de Tortajada, cuya devolución habrían de asumir los sequiers y síndics de todas las acequias: «pertinerunt et veniebant ad onus solvendi dictis cequiariis et seu sindicis cequiarum ipsarum dicta de causa ut obligati fuerant».33 Un revelador modus operandi que demuestra la coordinación que, en este caso, hubo entre la institución municipal y los organismos de los propietarios agrícolas, entidades con intereses y objetivos no siempre coincidentes (Martínez 2014: 62). Las gestiones emprendidas por el gobierno local de Valencia para la cancelación de la deuda generada, de la que era legalmente responsable, comenzaron en octubre de 1458. Los días $1 0 \mathrm { ~ y ~ } 1 3$ , un verguer de la ciudad, por orden de los jurados, comunicaba a cada uno de los síndics del comú de las once acequias de la Huerta34 las cantidades que tendrían que transferir a las arcas municipales, que en conjunto superaban los 13.300 sueldos, dinero que correspondía a los gastos realizados «en la llaguna de Tortajada [...] per traure aygua e aquella descórer per lo riu de Guadalaviar, del qual se regua tota la orta de València».35 Consta que en noviembre del año siguiente, el síndic de la acequia de Quart hizo entrega al racional de la ciudad de la cantidad que le había sido asignada, más los intereses de un año, por lo que «de ací avant lo dit comú és franch e delliure de totes les despeses que són stades fetes a Toretajada per voler metre l’aygua de la laguna en lo riu de València». Ese dinero fue transferido por Pere Çacruella, ayudante del racional, 36 a Antoni del Miracle en julio de 1460 para pagar una parte de los 6.000 sueldos «que d’ell foren preses per obs de la dita aygua».37 La cancelación definitiva de la deuda tuvo lugar en noviembre de ese mismo año. El día 22, el prestamista reconocía haber recibido del gobierno de la ciudad aquellos 6.000 sueldos, más otros 1.200 por los intereses de tres años generados por demora en el pago por parte de las acequias, salvo la de Montcada, cuyos responsables ya habían entregado al clavari de quitaments Joan Gómiz los 4.500 sueldos que les correspondía pagar «ad oppus (sic) extrahendi et portandi aquam predictam de Tortejada ad dictam ortam».38. La información documental permite precisar que el coste de la empresa fue de algo más de 14.500 sueldos: los 13.367,25 reclamados a las acequias, más los 1.200 de los intereses por demora. Información valiosa en otro aspecto: de soslayo, permite calcular la extensión aproximada del área irrigada de la Huerta de Valencia a mediados del Cuatrocientos, tanto en su totalidad como en cada una de las partidas, al haber establecido los ediles que el gasto fuese repartido de manera proporcional entre las once acequias entonces constituidas, «a raó de VIIIIº diners per caffiçada». En la siguiente tabla quedan reflejadas las cifras: Tabla 1. Dinero reclamado en 1458 por el gobierno municipal de Valencia a los síndicos de las acequias de la Huerta, correspondiente a los gastos ocasionados por las gestiones para traer el agua de la laguna de Tortajada. (AMV, Cort del racional. Penyores, $\mathsf { q } ^ { 2 } { \boldsymbol { - } } 1$ , ff. 68v-69v). <table><tr><td>Nombredel sindico</td><td>Acequia</td><td>Extension regada (en cahizadas) *</td><td>Dinero a pagar (en sueldos)</td></tr><tr><td>noble En Gener Rabaca</td><td>Favara</td><td>2300</td><td>1725</td></tr><tr><td>mossén Baltasar Bou</td><td>Mislata</td><td>[1120]</td><td>840</td></tr><tr><td>mossén Jaume d&x27;Almenar</td><td>Algiros</td><td>[553]</td><td>414,75</td></tr><tr><td>En Lluis Calbet, ciutada</td><td>Rovella</td><td>[500]</td><td>375</td></tr><tr><td>En Pere Andreu, especier</td><td>Rambla</td><td>[850]</td><td>637,5</td></tr><tr><td>En Miquel Ruvio</td><td>Tormos</td><td>[1600]</td><td>1200</td></tr><tr><td>En Vicent Ferrer, ciutada</td><td>Rascanya</td><td>[1200]</td><td>900</td></tr><tr><td>En Bernat Noguera</td><td>Petra</td><td>[900]</td><td>675</td></tr><tr><td>En Bernat Almenara</td><td>Montcada</td><td>[6000]</td><td>4500</td></tr><tr><td>En Pere Ferrer, mercader</td><td>Faitanar</td><td>[2000]</td><td>1500</td></tr><tr><td>En Jaume de Muncó</td><td>Quart</td><td>800</td><td>600</td></tr><tr><td>TOTAL</td><td></td><td>17.823</td><td>13.367,25</td></tr></table> \* Las cifras de cahizadas que figuran entre corchetes han sido calculadas a partir de la cantidad de dinero asignada. La cahizada, equivalente a $4 . 9 8 6 , 4 8 \ : \mathsf { m } ^ { 2 }$ (Domingo 1981-82: 8-9), corresponde aproximadamente a 0,5 hectáreas. 8. Nota final. Nos encontramos ante una actuación hidráulica singular, sin parangón en la España bajomedieval. Existen estudios que dan noticia de obras y proyectos de trasvase entre ríos —hemos aludido al intento de aumentar el caudal del Turia con aguas del Júcar en el siglo xiv—, pero no de canalizaciones como la de Tortajada, insólita tanto por tratarse del agua de una laguna, no de un cauce fluvial, como por estar ubicados el punto de partida y el punto de llegada en reinos distintos; lo cual añadía, a las dificultades técnicas, dificultades políticas. A pesar de todo, los obstáculos fueron superados. Sin embargo, aunque el proyecto se llevó a cabo con éxito, en la práctica fue un fracaso a juicio de Morales (2016: 215), que escribe al respecto, con acierto: Desde un punto de vista rigurosamente pragmá tico, el episodio resulta casi trivial: un conducto que apenas debió funcionar unos meses y que, siendo generosos, fuera de una cierta efectividad puntual, que no podemos evaluar pues carecemos del menor indicio, como recurso regular se demostró totalmente incompetente. Efectivamente, sabemos que a finales del 1457 había terminado el largo periodo de sequía que padeció Valencia,39 y que al año siguiente la situación volvía a ser normal en la Huerta; la obra del trasvase, por tanto, en caso de que hubiera supuesto un aumento significativo del caudal del Turia, sólo pudo haber aliviado brevemente la situación de los campos valencianos. Por otro lado, no hay noticia de que en tiempos posteriores se hiciera uso de aquella infraestructura, que se iría destruyendo con el paso de los años hasta quedar olvidada, y de la que aún quedan restos bien visibles.40 Así pues, hemos de aceptar que la obra hidráulica, si bien se realizó con éxito, fracasó en sus objetivos, tanto a corto como a largo plazo. Ahora bien, aunque por su escasa o nula trascendencia es lícito considerar aquella empresa una curiosa anécdota del pasado, el análisis de su gestación, desarrollo y culminación resulta iluminador desde una perspectiva histórica. Cabe destacar la ambición técnica del proyecto, en el que intervino el italiano afincado en Valencia Pietro Vecchio, claro precedecesor de los «mecánicosingenieros» de ese origen que trabajaron en la España del siglo xvi, según señalamos en otro lugar (Rubio: 2020). También nos ha permitido conocer aspectos inéditos, recónditos, de las sociedades valenciana y aragonesa, de sus relaciones, intereses y necesidades, así como de los comportamientos y conflictos de sus clases dirigentes. En la génesis de la empresa, motivada por la escasez de agua del río Turia, confluyeron intereses políticos y económicos de las oligarquías de Valencia; en su alambicada financiación, los terratenientes de la Huerta actuaron en connivencia con el gobierno de la urbe, cuyo poder e influencia explica que se pudiera llevar a buen puerto un proyecto que había de ser ejecutado en un territorio bajo jurisdicción de una entidad municipal perteneciente a otro reino de la Corona. Desde la perspectiva aragonesa, el asunto hizo aflorar viejos enfrentamientos, de profundo calado, entre las clases dirigentes de la ciudad de Teruel y las de la comunidad de aldeas; el interés de éstas por la realización de la obra hidráulica y la reticencia mostrada por aquéllas, son una manifestación de los intereses opuestos de ambas oligarquías, unidas por la preocupación ante la posible incidencia negativa del trasvase en el caudal de los manantiales de la zona, y rivales a la hora de reservar para los habitantes de sus respectivos ámbitos territoriales una participación en los trabajos, como mano de obra. 9. Anexo documental. Documento 1 1456, octubre, 2. Valencia. Los jurados de Valencia informan al juez de las aldeas de Teruel del viaje que han emprendido Pietro Vecchio y Pere Domingo, ciudadanos de Valencia, al lugar de Tortajada con el fin de estudiar un posible trasvase al río Turia de agua existente en su término. —AMV, LM 23, f. 53v. Al molt honorable mossén e molt savi lo juez de les aldees de Teroll. Molt honorable e molt savi mossén: Petro Vetxo e En Pere Domingo, ciutadans d’aquesta ciutat, van aquí, al loch de Tortejada, per regonèxer, veure e mirar certa aygua qui és en lo terme del dit loch, si la poran obrir per donar-la tota al nostre riu. Per què, mossén molt honorable e molt savi, vos pregam, ab tanta affecció quanta podem, que en tot lo que necessari hauran los vullau haver singularment per recomanats, axí com nosaltres faríem per vós en son loch e cas. E si algunes coses per vostra honor podem fer, som prests. E sia la Sancta Trinitat ab vós. Scrita en València, a II d’octubre de l’any mil CCCCLVI. Los jurats de València, a vostra honor apparellats. Documento 2 1456, octubre, 22. Valencia. Los jurados de Valencia acuerdan que se paguen 16 timbres, equivalentes a 160 sueldos, a Pietro Vecchio y Pere Domingo, en concepto de salario de ocho días, por su viaje y estancia al término de Tortajada para estudiar si el agua de la laguna puede hacerse llegar hasta Valencia canalizándola hasta el río Alfambra. —AMV, MC 36, ff. 137v-138r. (Al margen) Que Petro Beixo e En Pere Domingo fossen pagats de l’anar a scandallar l’aygua de Tortajada. Die sabbati, vicesima tertia dictorum mensis et anni, los honorables En Johan de Nàtera, En Riambau de Cruÿlles, mossén Johan de Vilarrasa, En Miquel Andrés, En Vicent Alegre e En Loís d’Alpìcat, jurats de la ciutat de València, en cambra de consell secret, provehiren que a Petro Vecho e a·N Pere Domingo sien donats e pagats setze timbres, valents cent sexanta sous, ço és, a cascun d’ells huyt timbres, o fet compliment per salari de huyt dies que han vaccat anant, stan e tornan a cert terme de Terol per veure e escandallar certa aygua o laguna de aygua de Torejada, que·s diu se porà lançar en lo riu d’Alffambra e venir a la present ciutat. Testimonis, En Pere Valero e En Franesch Remolins, verguers. Documento 3 1456, diciembre, 28. Valencia. Los jurados de Valencia informan a Juan Martínez de Monteagudo, procurador de las aldeas de Teruel, del envío de una persona comisionada para llegar a un acuerdo con las personas nombradas por dichas aldeas sobre la extracción de agua de la laguna de Tortajada, de cuya elección él les había informado, y le piden que concierte cuanto antes el encuentro y comunique el lugar y el día. —AMV, LM 23, f. 66r. Al molt honorable mossènyer e molt savi En Johan Martínez de Montagut, procurador de les aldees de Terol. Molt honorable mossènyer e molt savi: Vostra letra havem reebut avisant-nos del que són stats elets e deputats per part d’aquexes aldees sobre lo contracte e concordar del traure de l’aygua de la lacuna ab aquesta ciutat e part d’aquella. Nosaltres, mossènyer, per donar principi e orde degut en los affers, havem elet e diputat certa persona conciutadà nostre; per tal, emperò, com nos par sia cosa rahonable que lo dit nostre conciutadà vaja de les parts delà sobre açò a loch cert e a dia cert, havem [volgut] scriure-us abans, pregants vos affectuosament vos plàcia avisar e concertar ab los dits elets per part de les dites aldees a quin dia e en qual loch aquels seran justats per tal que lo dit nostre conciutadà vaja en cert axí de loch com de dia. E açò, si us plaurà, que sia lo pus prest que al món serà possible; e del què haureu fet e concertat vos plàcia avisar-nos ab lo portador de la present, lo qual vos trametem solament per aquesta rahó. Rescrivint-nos ab bona confiança de tot ço que voldreu façam per la honor vostra. E tinga-us en sa guarda la sancta Trinitat. Scrita en València a XXVIII dies de deembre de l’any mil CCCCLVI. Los jurats de València, apparellats a vostra honor. Documento 4 1457, enero, 21. Valencia. Los jurados de Valencia ordenan pagar 20 florines a Vicent Calbet por su viaje y estancia de diez días en Rubielos de Mora y otras aldeas de Teruel para llegar a un acuerdo con sus regidores sobre la extracción de agua de la laguna de Tortajada, $y$ otros 5 florines por gastos que hubo de hacer en su visita a la laguna, donde fue en compañía de otros. —AMV, MC 36, f. 163r (Al margen) Que a·N Vicent Calbet fossen pagats XX florins per la anada de les aldees de Terol. Die veneris, vicesima prima mensis ianuarii anno a nativitate Domini millesimo quadringentesimo quinquagesimo septimo, los honorables En Johan de Nàtera, En Miquel Andrés, En Vicent Alegre e En Loís d’Alpicat, quatre dels honorables jurats en l’any present de la dita ciutat, justats en cambra de consell secret, provehiren que a l’honorable En Vicent Calbet, ciutadà, lo qual de lur ordinació és anat al loch de Rubiols e altres lochs de les aldees de Terol sobre l’aygua de la lacuna que és prop lo loch de Tortajada per menejar e concordar la exida de la dita aygua ab los regidors de les dites aldees, sien pagats vint florins, per deu dies que ha vaccat en lo dit viatge, anant, stant e tornant, a rahó de dos florins per dia. E més, cinch florins per sguart de algunes despeses que necessàriament li ha convengut fer per veure e regonèxer la dita aygua e lacuna, a la qual és anat personalment acompanyat ab alguns altres. Presents testimonis foren a les dites coses los honorables micer Francesch Mascó e micer Jacme Garcia, doctors en leys, habitadors de València. Documento 5 1457, febrero, 18. Valencia. $E l$ jurat de Valencia Miquel Andrés, tras informar al Consell general del proyecto de trasvase del agua de la laguna de Tortajada, de sus ventajas para la Huerta, de su escaso coste y del envío de expertos al lugar, solicita autorización para pactar un acuerdo con las aldeas de Teruel sobre las condicione; el Consell accede a ello y da poderes al síndic para actuar. —AMV, MC 36, f. 168rv. (Al margen) Sobre·l fet de la aygua de Tortajada. Item, fon proposat per lo dit honorable En Miquel Andrés, que una aygua havia en lo terme de Tortajada, aldea de Terol, la qual era en molt gran quantitat e no aproffitava allí on estava a res, la qual havien pensat haver-la, si possible era, e fer-la engranar en hun riu appellat d’Alfambra, lo qual era molt prop de la dita lacuna de la aygua, per ço com l’aygua d’Alfambra entra e engrana en lo nostre riu de Guadalaviar; la qual cosa seria gran beneffici de la dita ciutat e orta de aquella, e crehien no costaria res a la ciutat, o almenys molt poch, car los hereters se dehia ho pagarien, e los molins se crehia en algun temps no molrien a tandes; la qual lacuna d’aygua havien fet algunes vegades veure e regonèxer a algunes persones expertes que y havien tramés. Emperò, per ço com los de les aldees entorn se dubtaven que, si aquella aygua se trahia d’allí e li daven decorriment en lo dit riu, algunes fonts que y havia per aventura ne valrien menys $_ 0 \cdot \mathrm { s }$ secarien $\mathrm { e } { \cdot } \mathrm { n }$ reportarien algun dan, per la qual rahó era stat tractat e menejat de aquestes coses; perquè eren restats de fer certes obligacions per la ciutat als de les aldees e los de les aldees a la ciutat segons en capítols d’aquén ordenats era contengut, proposaven-ho a l’honorable consell hi proveís axí com li plagués. E lo dit honorable consell, hoÿda la dita proposició e haüd rahonament sobre les dites coses, remés aquelles als honorables jurats, ab aquelles persones que y volran demanar, si demanarn’i volran, e que y facen tot lo que sia útil e benefici a la dita ciutat e cosa pública de aquella, donant poder al síndich que, feta la obligació necessària a la dita ciutat per qualsevol persones o universitats, puxa ell fer qualsevol obligació o obligacions a qualsevol persones o universitats, e obligar-hi los béns de la dita ciutat, ab totes aquelles clàusules e cauteles necessàries per a les dites coses, e per rahó de la dita aygua; e si lo dit síndich anar no y porà lla on se deurà fer la dita obligació o contracte, hi puxa substituir en son loch la persona que plaurà als honorables jurats, e donar-li tot lo poder que ell ha, car tot ço que·n faran l’onorable consell, ara per lavors, ho ha per ferm e grat, axí ab qualsevol despeses que y convendrà fer com alias. Documento 6 1457, febrero, 21. Valencia. Carta de los jurados de Valencia a Pedro de Reus para agradecer su buena disposición a alcanzar un acuerdo sobre el agua de Tortajada y pedirle que, con el mismo correo portador de la carta, comunique el día en que el comisionado de la ciudad, enviado a la zona junto con un notario, pueda reunirse con los representantes designados por él. —AMV, LM 23, f. 76r. Al molt honorable et savi mossén En Pere de Reus, scrivà de manament del senyor rey. Molt honorable e savi mossén: Per honorable En Vicent Calbet, ciutadà nostre, nos és stada feta de vós et de vostres universitats molt bona relació sobre lo fet de l’aygua de Tortejada, de la qual cosa som stats molt contents, mostrant haver bona voluntat fer per nosaltres e aquesta ciutat; la qual cosa vos regraciam molt, e conexereu axí matex, si res [per] vós ne per ells porem fer, ho farem de molt bona voluntat. Avisant-vos que lo consell d’aquesta ciutat ha donat poder al síndich de aquella, o qualsevol persona per nosaltres elegidora si lo dit síndich anar no y porà, de fer qualsevol obligació o obligacions necessàries a vosaltres fer per rahó de la dita aygua. E per ço que la persona que y hirà ab hun notari per part d’aquesta ciutat no perdan aquí temps, vos pregam que, per a la jornada que voldreu sien aquí, nos trametau ha dir per lo portador de la present, qui no va per àls; he seran-hi no fallint; hi fareu, si us plaurà, axí mateix, que los qui per vostra part hi seran necessaris, sien en la dita jornada. E si algunes coses per vostra honor podem fer, som prests. E guart-vos la sancta Trinitat. Scrita en València a XXI de l’any mil CCCCLVII. Los jurats de València, a vostra honor apparellats. Documento 7 1457, marzo, 7. Valencia. Respuesta de los jurats de Valencia a las autoridades locales de Teruel, que les han expresado en una misiva su malestar por los contactos con los oficiales y regidores de las aldeas sobre el agua de la laguna de Tortajada; les dan cuenta de las gestiones realizadas para llevar a cabo el proyecto, sus razones jurídicas y su base legal, y les comunican la próxima llegada de un enviado con la única misión de explicarles sus intenciones. —AMV, LM 23, ff. 90r-91r. Als molt honorables e savis senyors los consell, justícia e jurats de la ciutat de Terol. Molt honorables e molt savis senyors: Vostra letra havem rebuda per En Salvador Gençor, mercader de aquesta ciutat, feta a XVII del proppassat mes de febrer. La qual bé entessa, e haüda informació del dit exhibidor de aquella a la qual vos referim en la dita vostra letra, vos responem que no deveu esser maravellats de nosaltres si havem comunicat ab los officials e regidors de les a[l]dees de aquexa ciutat sobre lo traure de la aygua de la lacuna que és en terme de Tortejada, segons dieu en vostra letra; ans nosaltres havem hagut admiració gran de vostres honorables savieses, car si a vosaltres, honorables senyors, hagués plagut atendre a nostres procehiments ja fets, e los que entenem fer en lo dit negoci, no hauríeu molta necessitat de parlar de contrast o empaig a nostres ministres fahedor en lo traure de la dita aygua en una part de la dita letra, jatssia en altra part nos mostreu haver molta voluntat e desig de fer tot ço que fos honor e utilitat de aquesta ciutat. Car en veritat està que nosaltres havem comunicat ab los officials de les dites aldees per saber la intenció de aquells quina era en lo dit fet, considerat que la dita aygua és en terme de la dita aldea de Tortejada propri e particular, jatssia fos en terme general de aquexa ciutat; e de continent, volents ab vostres honorables savieses comunicar com se devia fer, nos fon dit que aquexa ciutat, e encara les aldees, haurien poch a fer en açò, considerat que la dita aygua no era útil o no servia a ús o ampriu algú vostre o de les aldees, e que, jatssia les aygües que són dedicades a alguns usos o amprius fossen donades als heret[er]s e regants de les dites aygües, emperò, aquelles que no eren stades jamés derivades del loch on havien naixença, axí com és aquesta, no eren de alguna universitat o de particulars. E per la dita rahó, volents provehir al dit dupte, havem recorregut a l’illustríssim senyor rey de Navarra, lochtinent general de la sacra majestat del senyor rey, del qual, per los dits esguarts, havem obtesa ampla concessió de la dita aygua e facultat de traure aquella. E, ans de executar la dita facultat, no·ns volem oblidar la comunicació e concòrdia ab vostres honorables saviesses ans de totes coses fahedora, ja deliberada dies ha per nosaltres ans de recórrer al dit senyor rey de Navarra, lochtinent general, e encara la concòrdia dels regidors de les dites aldees per no haver contrast algú ab aquells fahedora; e ja vos fóra stat tramés un misager nostre sinó perquè y ha donada dilació la tramesa que havem fet per la dita real provisió. Per què, senyors molt honorables, confiants de la bona voluntat que tots temps en vostres virtuoses persones e en aqueixa ciutat havem conegut vers aquesta ciutat, e la qual benivolència per vostra letra nos significau, havem deliberat trametre-us un misatger de aquesta ciutat sols per aquesta rahó, lo qual serà plenament informat de la intenció nostra, offerints-vos, per part de aquesta ciutat, fer tot lo possible per la honor e utilitat de aquexa ciutat. E haja-us en sa special protecció e gràcia recomanats lo Sperit Sant. Scrita en València, a VII de març de l’any MCCCCLVII. Los jurats de València, a vostra honor apparellats. Documento 8 1457, mayo, 5. Valencia. Los jurados de Valencia exponen por carta a Vicent Calbet su parecer, favorable en general, al acuerdo que está negociando con la comunidad de aldeas de Teruel, cuyo texto les había enviado, aunque se muestran contrarios a algunas de las cláusulas y aceptan otras, pero estableciendo ciertas condiciones. Al molt honorable mossènyer e molt savi En Vicent Calbet, ciutadà e missatger de la ciutat. Molt honorable mosènyer e molt savi: Ayer reeben (sic) una vostra letra, feta en Terol a XXVIII d’abril, e huy ne havem reebut un altra, feta en Mosquerola a tres del present mes, e avem vists los capítols novellament forjats per part de la comunitat de les aldees de Terol ab les gloses a aquells fets. Tothom pot conèxer que la discresia e divisió que és entre ciutat e aldees engendria grans sospites e no volem assats condescendre al que la rahó vol; quesvulla sia, nosaltres som contents de tots los dits capítols e gloses d’aquells, exceptada algunes coses que ara direm, [ço] és: que som contents que lo tercer sia lo molt honorable mossènyer Johan Olzina, secretari e batle de la dita comunitat, e lo que aprés serà batle per mort d’aquell, ab condició, emperò, que les coses se agen veure, declarar e determenar decisivament dos o tres meses aprés que l’aygua exirà e·straure per la céquia fahedora, car puix la dita aygua feta sobre al riu d’Alfambra, bé·s porà veure dins dos o tres meses teps (sic) si farà dan o dapnaje o no. Item, quant al pont que demanen, nosaltres som contents de fer-lo fer en lo loch per ells devisat, bé e de continent, a coneguda de mestres; però, puix una volta serà fet acabadament, que d’allí avant no sia a pus tenguda aquesta ciutat a obrar-lo ni tenir en condret, car bacallars e males gents lo poran rompre, e per ço no és rahó que València hi sia tenguda. Item, nos par molt impertinent que la dita comunitat vulla que tots los que han a treballar en traure de la dita agua sien de les dites aldees, e seria contra lo concordat ab la ciutat de Terol. ¿Perquè us par que en aquella manera deja passar, e si àls se mudava seria dubtòs de inconvenients? Item, quant a la submissió que demanen a nosaltres, plau que, puix la dita comunitat, en lo que ella se obliga e promet fer, se sotsmeta al for e juridicció, jutge e regidor per nosaltres en regne de València, que aquesta ciutat, en lo que és tenguda fer, se sotsmeta al for e juredicció del jutge e ell elegidor dins lo regne d’Aragó; e en aquesta forma e manera nos par cosa egual e decent, car si àlls nos va o avem laygut o·ns fahien algun empaig, rahó és que nosaltres hajam remey, axí com ells lo volen. E si axí seran contents aquexos senyors, axí com creem que seran; si no, veniu-vos-ne decontinent e no façau ni fermeu capítols ni cosa alguna en altra manera. E guart-vos la sancta Trinitat. Scrita en València a V de maig de l’any MCCCCLVII. Remetem-vos los capítols que tramessos nos haveu. Recomanen-se molt a vós mossènyer lo racional e scrivà. Lo correu és estat content dels dos timbres que scrit havem. Los jurats de València, a vostra honor apparellats. Documento 9 1457, mayo, 14. Valencia. Los jurados de Valencia ordenan pagar 66 florines a Vicent Calbet por dos viajes a tierras de Teruel, por el asunto del agua de Tortajada, que le ocuparon 33 días, $y I 9$ florines al notario Joan Domingo, que lo acompañó en uno de ellos durante 19 días. —AMV, MC 36, f. 179v. (Al margen) Que a·N Vicent Calbet fossen pagades trenta sis lliures, sis sous per dos viatges per aquell fèts a Terol sobre·l fet de la aygua de Tortajada. Die sabbati, quarta decima madii anno a nativitate Domini millesimo quadringentesimo quinquagesimo septimo, los honorables En Johan de Nàtera, En Riambau Cruÿlles, En Vicent Alegre e En Loís d’Alpicat, quatre dels honorables jurats de la ciutat de València, en cambra de consell secret justats, present lo honorable racional, proveïren que a l’honorable En Vicent Calbet, ciutadà de la dita ciutat, fossen donats e pagats de la peccúnia comuna de aquella sexanta sis florins, valents trenta sis lliures, sis sous reals de Valencia, per lur salari, a rahó de XXII sous per cascun dia, per dos viatges per aquell fets en les parts de Terol, de lur manament e ordinació, per lo fet de l’aygua de Tortajada, en lo qual viatge ha vagat anan e stan e tornan trenta tres dies. E a l’honorable e discret En Johan Domingo, notari, deenou florins, valents deu lliures, nou sous, lo qual és anat ab lo dit En Vicent Calbet per la dita rahó, on ha vagat deenou dies, a rahó de onze sous per cascun dia, les quals quantitats munten a suma de quaranta sis lliures, quinze sous, de les quals sia fet albarà, dreçat al clavari de les dites peccúnies comunes. Presents testimonis foren a les dites coses, En Berthomeu Just e En Francesch Remolins, verguers. Documento 10 1457, julio, 1. Valencia. El gobierno municipal de Valencia elige como regidores y administradores del agua de la laguna de Tortajada a cuatro sequiers, que reciben 6.000 sueldos de las arcas municipales con el compromiso de su restitución, junto con el dinero invertido por la ciudad en esa empresa. —AMV, MC 36, f. 13(b)v-14(b)r. (Al margen) Com comanaren lo regiment de la agua de Tortajada als tres cequiés de Moncada, Mizlata e Favara. Dicta die, veneris prima mensis iulii anno a nativitate Domini millesimo quadringentesimo quinquagesimo septimo, los honorables En Pere de Ripoll, En Galeàs Johan, mossén Jacme d’Almenar, En Johan Gómiz e N’Anthoni del Miracle, cinch dels honorables jurats en l’any present de la dita ciutat, justats en cambra de consell secret, present lo honorable racional, elegiren en regidors e administradors de la aygua de la lacuna de Tortajada, que·s deu d’allí traure, lançar e decórrer en lo riu d’Alffambra e d’allí en lo riu de Guadalaviar que ve a la present ciutat, en certa manera e segons ja és stat divisat de paraula, los dits honorables En Bernat d’Almenara, çequier de la cèquia de Moncada, En Guillem Lorenç e En Johan Pérez, çequiers de la çéquia appellada de Miztalla, e En Pere Martí, çequier de la çéquia de Favara, presents e acceptants, donant-los tot lo poder que és necessari per açò que dit és. Los quals çequiers, en presència dels dits honorables jurats, notari e testimoni davall scrits, confessaren haver haüts e reebuts dels dits honorables jurats, per mans de l’honorable En Pere Eximénez, clavari comú, en paga prorata de les despeses necessàries fahedores en ço que dit és, sis mília sous reals de València, en compte dels quals sien tenguts donar bon compte e rahó en poder de l’honorable racional. E no res menys, simul et insolum, prometeren e s’obligaren als dits honorables jurats, presents e acceptants, restituir e tornar los dits sis mília sous, e tot lo interés que havia corregut tro al dia de la restitució d’aquells, ensemps ab totes messions fetes e faedores, e encara tot ço e quant se demostrarà la dita ciutat haver despés, bestret e pagat tro açí per causa de la dita aygua, axí en missatgers e correus com en altra qualsevol manera, obligant quant a açò tots lurs béns, simul et insolum, renunciant a benefici de partida, acció, nova e vella constitució, e al fur de València, que vol que·l principal sia convengut ans de la fermança, ans cascú d’ells hi sia obligat per lo tot. Presents testimonis foren a les dites coses, En Francesch Remolins e En Pere Valero, verguers dels dits honorables jurats. Documento 11 1457, julio, 5. Valencia. Los jurats de Valencia informan a las autoridades locales de la ciudad de Teruel y a las de la comunidad de sus aldeas, de la llegada de Calbet con la misión de ejecutar el acuerdo sobre el agua de la laguna de Tortajada, y solicitan su apoyo. —AMV, LM 23, ff. 108v-109r. Als molt honorables e savis senyors los juez, alcaldes e regidors de la ciutat de Terol. Molt honorables e savis senyors: Nosaltres trametem de present en aquexes parts lo honorable En Vicent Calbet e altres persones per donar orde e entendre degudament e ab effecte de la aygua de la lacuna de Tortejada. Pregam-vos affectuosament vullau donar fe e creença en tot ço e que lo dit En Vicent Calbet vos dirà en la dita matèria de part de nosaltres, havents per recomanat aquests affers ab tota favor e prerogativa, segons de vostres honorables savieses indubitadament speram. E serà cosa que molt vos agrayrem. Rescrivints-nos fiablement de tot ço que voldreu façam per la honor de vosaltres. E tinga-us en sa guarda la sancta Trinitat. Scrita en València, a V dies de juliol de l’any MCCCCLVII. Los jurats de València, a vostra honora apparellats. Fiat altra similis directa als molt honorables e savis senyors los juez, regidors e procurador de la comunitat de les alde[e]s de Terol. Documento 12 1457, julio, 5. Valencia. Carta de los jurados a los sequiers enviados a la laguna para informarles de la llegada de Vicent Calbet con la misión de ejecutar el proyecto de trasvase y les piden pagar los trabajos desempeñados por aquél, así como los del notario de Teruel que había dado fe de actos suyos motivados por la oposición de esta ciudad. —AMV, LM 23, f. 109r. Als honrats e cars amichs En Bernat d’Almenara, En Johan Pérez, En Guillem Lorenç e En Johan Pérez, cequiers. Molt honorables e cars amichs: Lo honorable En Vicent Calbet, portador de la present, va en aquexes parts per esser ab vosaltres e metre en lo millor orde que se porà, comanadament, lo traure de l’aygua d’aquexa lacuna. Plàcia-us desempacharlo e donar tal diligència e forma en ço que dit és, que lo dit En Vicent Calbet prestament se’n puxa tornar de les parts deçà; però, pagar e contentar-le’n per tant temps com haurà vacat anant, stant e tornant, a rahó de dos florins o XXII sous d’aquesta moneda per cascun dia, e per res no y haja falla. E més avant pagareu, si us plaurà, cinquanta reals d’argent a un notari de Terol que dirà lo dit En Vicent Calbet, los quals diu que·s concordà ab ell pochs dies són passats per lo contrari dels capítols fermats entre la dita ciutat de Terol de una part, e ell, dit En Vicent Calbet, en nom d’aquesta ciutat, de la part altra, e altres actes reebuts per lo dit notari sobre la dita aygua de la dita lacuna. E guart-vos la santa Trinitat. Scrita en València, a VI dies de juliol de l’any MCCCCLVII. Los jurats de València, a vostra honor apparellats. Documento 13 1457, agosto, 14. Valencia. Carta de los jurados a los enviados a la laguna de Tortajada en la que agradecen las noticias que les han hecho llegar por medio de Joan Pérez, a quien han entregado 3.000 sueldos, que llevaría en su viaje de retorno; les piden actuar con celeridad para evitar gastos y hacer lo posible para que el agua de dos manantiales llegue también a Valencia. —AMV, LM 23, f. 120v. Als molt honorables los qui han càrrech de la aygua de Tortejada. Molt honorables senyors: Per Johan Pérez havem reebut una letra vostra de creença, e, aquella per aquell explicada, havem haüd gran plaer de ço qui·ns ha dit del punt en què està lo fet de la aygua. Pregam-vos que, tant com en vosaltres sia, se desempaixe, per escusar tantes despeses a la ciutat. Trametem-vos per lo dit En Johan. Pérez tres mília sous. Axí mateix vos pregam que, de les dues fons, doneu orde e manera que la aygua de aquelles, si fer se pot, vingua axí mateix ací. E guart-vos la Sancta Trinitat. Scrita en València a XIIII d’agost de l’any mil quatrecents cinchquanta set. Los jurats de València, qui us saluden. Documento 14 1457, agosto, 22. Valencia. Los jurados de Valencia expresan a las autoridades de la ciudad de Teruel su disgusto por el apresamiento de Luis Pérez, juez de las aldeas, cuando se disponía a visitar las obras que se llevan a cabo en laguna de Tortajada, y solicitan su libertad. —AMV, LM 23, ff. 120v-121r. Als molt honorables e savis senyors los judez, alcaldes, regidors e officials de la ciutat de Terol. Molt honorables e savis senyors: Ab algun enuig havem entés que, tornats de certes parts hon era anat, lo honorable En Loís Pérez, judez de les aldees de Terol, volch passar per la lacuna de Tortejada per vesitar aquella e pregar los obrés entenguessen en expedició de la dita obra per honor e utilitat de aquesta ciutat, e aprés, faent sa via de la Pobla, en lo camí seria stat aguaytat e pres per alguns officials d’aquexa ciutat e portat a aquella; de què havem haüd molt gran desplaer, axí perquè, faent visita de les dites obres de aquesta ciutat, és stat pres, com per sguart de la persona del dit En Loís Pérez, lo qual tota hora havem conegut haver bona voluntat en totes les coses concernents honor e útil d’aquesta ciutat. Creem bé que la discresia e differència que és entre aqueixa ciutat e les dites aldees engendren tals novitats e malenconies. Sab Déus que·ns desplau molt, e volentés, si nostra intervenció hi era saludable, nos interposarem ab bona voluntat en tot ço que fos benavenir, honor e proffit de abduy les parts, perquè del contrari no·s poden seguir sinó dans e inconvenients masa grans. Pregam-vos, ab quanta affecció podem, vos plàcia, per servir del senyor rey, majorment en absència de la sua majestat, cessar de fer novitat en la persona del dit En Loís Pérez e delliurar aquell de la dita presó graciosament. Les quals coses aquesta ciutat vos haurà a molt grat e molt acceptes, segons d’aquestes coses havem imformat pus largament lo honorable En Vicent Calbet, conciutadà nostre, portador de la present, a les paraules del qual vos pregam vullau donar plena fe e crehença, havent per recomanat lo dit En Loís Pérez, segons de vosaltres, senyors, e de vostra bona amistat indubitadament speram. E serà cosa que us agrayrem tant que més no poríem, segons dit havem. Rescrivint-nos fiablement de tot ço que voldríeu façam per la honor de vosaltres e d’aquexa ciutat. Tinga-us en sa guarda la Santa Trinitat. Scrita en València a XXII dies d’agost de l’any mil CCCCLVII. Los jurats de València, a vostra honor apparellats. Documento 15 1458, octubre, 10-13. Valencia. Los jurats de Valencia comunican a los síndics del comú de las once acequias de la Huerta la cantidad que cada uno debe transferir a las arcas municipales por los gastos realizados en la laguna de Tortajada para el trasvase de agua al Guadalaviar. —AMV, Cort del racional. Penyores, $\boldsymbol { \mathrm { q } } ^ { 2 }$ -1, ff. 68v-69v. +Ihesus, Alpha et O[mega]+. A X de octubre de l’any MCCCCLVIII. En Pere Valero, verguer dels honorables jurats, féu relació que en lo dit dia havia presentada la ceda de la tenor següent al noble En Giner Rabaça, axí com ha síndich del comú de la sèquia de Favara: “De part de l’honorable En Guillem Çaera, racional de la ciutat de València, jutge delegat del senyor rey a totes les causes dels deutes deguts e devedós a la dita çiutat, instant l’onorable En Johan de Marromà, notari e síndich de la dita ciutat, manau al magnífich noble En Giner Rabaça, en son nom propri e axí com ha síndich e procurador del comú, singulàs e reguants de la sèquia de Favara, que, dins X dies primervinents, comptadós de la presentació de la present avant, haja donat e pagat a l’honorable E Johan Gòmiç, ciutadà, clavari del quitament de la dita ciutat, mill e setcents vint e cinch sous de reals de València, per lo dit comú e singulars de aquell deguts a la dita ciutat per rahó dels despesses fetes e per la dita ciutat bestretes en la llaguna de Tortajada, aldea de la ciutat de Terol, en les parts, per traure aygua e aquella descórer per lo riu de Guadalaviar, del qual se regua tota la orta de València, les quals despeses, tantes quantes fossen tocants al dit comú, lo dit noble En Giner Rabaça, en les dites noms, promés e se obligà pagar a la dita ciutat ab carta rebuda per lo discret En Johan Domingo, notari, a XVI de mag de l’any MCCCCLVII. Les quals despesses, partides per cafiçades seguons lo nombre de aquelles, vénen a raó de VIIIIº diners per caffiçada. E com les cafiçades del dit comú sien $\Pi ^ { \mathrm { m } } \mathrm { C C }$ cafiçades, prenen suma dels dits MDCCXXV sous a la dita rahó. En altra manera sia certificat que si dins lo temps no haurà les dites quantitats pagades, serà procehyt a la execució de aquelles, seguons que per justícia serà faedor”. Respòs que faria lo que degués. En lo dit jorn, lo dit En Pere Valero féu relació que havia presentada la dita ceda, inseratur ut supra, a l’honorable mossén Baltazar Bou, en son nom propri e com ha síndich del comú de la sèquia de Mizlata, que dins X dies agués pagat a l’honorable En Johan Gòmiz DCCCXXXX sous. Respòs que faria so que degués. En lo contrascrit jorn, féu relació En Pere Valero, verguer, que en lo dit dia havia presentada la contrascrita ceda, inseratur ut supra, a l’honorable mossén Jacme d’Almenar, en son nom propri e com ha síndich del comú de la sèquia de Algiròs, que dins X dies agués pagat a l’honorable En Johan Gòmiç, ciutadà, CCCC XIIII sous, VIIII diners. Respòs que faria so que degués. En lo dit dia féu relació lo dit En Pere Valero, verguer, que en lo dit dia havia presentada dita ceda, inseratur ut supra, a l’honorable En Luís Calbet, ciutadà, en son nom propri e com a síndich del comú de la sèquia de Rovela, que dins X dies agués pagat a l’honorable En Johan Gòmiç CCCLXXV sous. Respòs que faria so que degués. En lo dit dia, lo dit En Pere Valero, verguer, féu relació que en lo dit dia havia presentada la sobredita ceda, inseratur ut supra, a·N Pere Andreu, specier, en son nom propri e com a síndich del comú de la sèquia de Rambla, que dins X dies agués pagat a l’honorable En Johan Gòmiç, ciutadà, DCXXXVII sous, VI. Respòs que faria lo que degués. Dimecres a XI del dit mes de octubre e any. En Pere Valero, verguer, féu relació en lo dit dia que havia presentada la dita ceda, inseratur ut supra, a·N Miquel Rúvio, en son nom propri e com a síndich del comú de la sèquia de Tormos, en lo dit dia, que dins X dies agués pagat a l’honorable En Johan Gòmiç MCC sous. Respòs que faria lo que degués. En lo dit dia, lo dit En Pere Valero féu relació que en lo dit dia havia presentada la dita ceda, inseratur ut supra, a l’honorable En Vicent Ferer, ciutadà, en son nom propri e axí com ha síndich del comú de la sèquia de Rascaya, que dins X dies agués pagat a l’honorable En Johan Gòmiç, ciutadà, DCCCCº sous. Respòs que faria so que degués. +Ihesus, Alpha et O[mega]+. En lo prop dia de dimecres, XI del dit mes de octubre e any. En lo dit dia, En Pere Valero, verguer, féu relació que en lo dia matex havia presentada la dita ceda, inseratur ut supra, a·N Bernat Noguera, en son nom propri e axí com ha síndich del comú de la sèquia de Petra, que dins X dies agués pagat a l’honorable En Johan Gòmiç, ciutadà, DCLXXV sous. Respòs que faria so que degués. Digous, a XII del dit mes e any. En lo dit dia, En Pere Valero, verguer, féu relació que en lo dia matex havia presentada la dita ceda, inseratur ut supra, a·N Bernat Almenara, en son nom propri e axí com a síndich del comun de la sèquia de Muncada, que dins X dies agués pagat a l’honorable En Johan Gòmiç, ciutadà, IIIIm D sous. Respòs que faria so que degués. Divendres, a XIII del dit mes e any. En lo dit dia, En Pere Valero, verguer, retulit que en lo dia matex havia presentada la dita ceda, inseratur ut supra, a·N Pere Ferer, mercader, en son nom propri e com ha síndich del comú de la sèquia de Faytanar, que dins X dies agués pagat a l’honorable En Johan Gòmiç, ciutadà, MD sous. Respòs que faria so que degués. Documento 16 1459, noviembre, 16. Valencia. Jaume de Munçó, síndic del comú de la acequia de Quart, entrega a Pere Çacruella, ayudante del racional, las treinta libras asignadas a la citada acequia para el pago de la deuda del agua de Tortajada, más dos libras por los intereses de un año de demora, entregadas a Antoni del Miracle para su cancelación. —AMV, Cort del racional. Penyores, $\boldsymbol { \mathrm { q } } ^ { 2 }$ -1, f. 69v. Divendres, a XVI de nohembre del dit any MCCCCLVIIII, per manament del dit magnífich racional, En Jacme de Munçó, vehí del loch de Quart, síndich del comú de la cèquia de Quart, féu depòsit, en poder de l’honorable En Pere Çacruella, de trenta lliures de reals de València, de una part al dit comú tachades, a rahó de VIIII diners per cafiçada, per DCCC cafiçades de la dita çéquia, e de dues lliures de altra part per lo interés de hun any que ha corregut a càrech del dit comú; enaxí que, ara e per a[ra], de ací avant lo dit comú és franch e delliure de totes les despeses que són stades fetes a Toretajada (sic) per voler metre l’aygua de la laguna en lo riu de València. Aquesta partida fonch lliurada per lo dit En Pere Çacruella, de manament del dit honorable racional, a l’honorable N’Anthoni del Miracle, en paga prorata del que li és degut per rahó de sis mília sous que d’ell foren preses per obs de la dita aygua. E axí consta per albarà fermat per lo dit N’Anthoni Miracle, fet de mà pròpria per mi, Jacme Beneyto, scrivà de la Sala, a XXIIII dies del mes de juliol de l’any MCCCCLX. E per ço, de manament del dit honorable racional, yo, dit Jacme Beneyto, liuré-li, e cancel·lí la dita partida. 10. Referencias bibliográficas. Ferrag ud , Carmel, y Ga rcía Ma rsilla , Juan Vicente (2015), «The great fire of medieval Valencia (1447)», Urban history, 43: 1-17. Glick, Thomas F. (1988), Regadío y sociedad en la Valencia medieval. Valencia, Del Cenia al Segura. Góm ez Zorra quino, José Ignacio (2011), «La Bailí a General de Aragó n y sus oficiales (siglos xvi-xvii)», Pedralbes, 31: 9-46. Ma rtínez Ortiz, José (1980), «Precedente histórico del trasvase Júcar-Turia. Un proyecto de construcción de canal y aprovechamiento de las aguas del siglo xiv». En Primer Congreso de Historia del País Valenciano, vol. II. Valencia, Universidad de Valencia: 527-538. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Últimas voluntades de Martín I el Humano (30 y 31 de mayo de 1410)
ÚLTIMAS VOLUNTADES DE MARTÍN I EL HUMANO (30 Y 31 DE MAYO DE 1410) THE LAST WILL OF MARTIN I THE HUMANE, KING OF ARAGON (30th / 31st MAY 1410. Carlos López Rodríguez Archivo de la Corona de Aragón (ACA) Resumen: Se estudia un cuaderno inédito conservado en el Archivo de la Corona de Aragón que contiene el manual de las notas tomadas por el protonotario real Ramon Sescomes los días $3 0 \mathrm { ~ y ~ } 3 1$ de mayo de 1410, durante la agonía y muerte del rey Martín I. Este cuaderno contiene la minuta del acta de la declaración de la última voluntad del monarca sobre la sucesión en la Corona de Aragón, cuya autenticidad había sido puesta en duda por la historiografía moderna. Se incluyen además otras declaraciones y donaciones realizadas por Martín I durante sus dos últimos días de vida, cuyo  conocimiento cambia la percepción que se tenía sobre el fallecimiento del último rey de la Casa de Barcelona. Abstract: This article investigates an unpublished register preserved in the Archives of the Crown of Aragon containing notes taken by the protonotary Ramon Sescomes on 30 and 31 May 1410, during the agony and death of King Martin I. It contains the minutes of the last will statement about the succession of the monarch, whose authenticity had been questioned by modern historiography. This document includes statements and donations made by Martin I during his last two days of life which changes our perception of the death of the last king of the House of Barcelona. Palabras clave: Martín I. Interregno (1410-1412). Compromiso de Caspe. Archivo de la Corona de Aragón. Keywords: Martín I, Interregnum (1410- 1412), Compromise of Caspe, Archives of the Crown of Aragon. Los episodios que llevaron a la crisis sucesoria abierta con la muerte del rey Martín I son tan conocidos, se han relatado y analizado en tantas ocasiones, que parece ocioso volver sobre ellos, aunque por sus consecuencias sigan alimentando los debates entre historiadores1 . Aquí nos limitaremos a aportar algunos documentos desconocidos hasta la fecha, que arrojan algo de luz sobre ciertos puntos oscuros o que han dado lugar a interpretaciones equívocas. 1. Últimas horas del rey Martín I. El día 29 de mayo de 1410, tras la cena, el monarca enfermó gravemente. Desde el 13 de mayo de ese año, había trasladado su residencia desde la torre de Bellesguard, que había adquirido a fines de 1408 por convenirle a su salud y a la cual se aficionó y que embelleció con mejoras2 , al monasterio de Valdonzella, donde hasta entonces había estado de paso muy esporádicamente3 . Parece que la mudanza se debió a las obras que se ejecutaban en la torre de Bellesguard4 . En Valldonzella falleció hacia el mediodía del 31 de mayo5 . Naturalmente, la cronística de la época se hace eco de este suceso6 , tanto la del área de la Corona de Aragón7 como la castellana8 , sin muchos datos concretos pero con bastantes juicios de valor. La fuente cronística cercana más detallada (en realidad, la única) sobre las últimas horas del monarca es la de Lorenzo Valla, escrita hacia 1445 en el entorno de la corte de Alfonso el Magnánimo9 . A él se debe la interpretación comúnmente más aceptada, que hace ver el origen de la crisis sucesoria en la predilección del rey Martín por Federico, su nieto ilegítimo, y en sus movimientos para conseguir primero su legitimación y después su proclamación como sucesor, mientras da largas a los otros candidatos, comenzando por el conde de Urgell, cosa que al final acabaría beneficiando a Fernando de Antequera. A su vez, la fuente de Valla para estos sucesos de la corte real es el conocido mosén Borra, el bufón del monarca, que lo fue también de Alfonso el Magnánimo, en cuyo círculo áulico coincidieron ambos10. Los episodios tal como los narra Valla son suficientemente sabidos: el rey enfermó gravemente tras cenar en abundancia el día 29 de mayo y, después de pasar muy mal la noche y el día siguiente, recibió, casi al filo de la medianoche del 30 de mayo, una embajada de las Cortes de Barcelona encabezada por Ferrer de Gualbes para instarle a declarar sucesor; poco antes, en un acceso, Margarita de Monferrato, madre de Jaume d’Urgell, había sacudido al rey para que se pronunciara a favor de su hijo, sin éxito; mientras, los embajadores sicilianos le suplicaban que les diera a Federico como su rey; el día 31 Gualbes se presentó de nuevo con los representantes de las Cortes para levantar acta pública de la voluntad del monarca sobre que la sucesión se realizara por justicia, a lo que el rey respondió “hoc”, por dos veces más, antes de fallecer11. En honor a la verdad, Valla no se decanta categóricamente por ninguna de las causas de fallecimiento barajadas (la peste o fiebres, la ingesta bienintencionada de medicinas para estimular la procreación, los efectos de una cena abundante o la dispepsia complicada con las enfermedades que venía padeciendo el monarca), aunque se haga eco del rumor de un posible envenenamiento (mediante un ave opíparamente preparada para la cena) por mano de la esposa y la madre del conde de Urgell. Al transmitir este rumor palatino, Valla se ganó ser vilipendiado por buena parte de la historiografía catalana12. De su relato han bebido, con más o menos adornos literarios, gran parte de los historiadores posteriores a la hora de referir e interpretar los hechos del Interregno, especialmente Zurita, que fue quien gracias a su enorme prestigio más contribuyó a su difusión, si bien con más comedimiento, pues pasó por alto la alusión al envenenamiento y otras circunstancias del fallecimiento, aunque sí recogió la escena de Margarita de Monferrato sacudiendo al rey en su lecho de muerte para que declarara sucesor a Jaume d’Urgell13. Esta relación de la enfermedad, agonía y fallecimiento del rey Martín I fue reproducida a mediados del siglo XVII por Diego de Monfar (cuya obra permaneció inédita hasta 1853)14, en un contexto político muy convulso en Cataluña. Este autor añadió algunos juicios de valor de su propia cosecha, de modo que la real respuesta que Valla, a pesar de ser manifiestamente trastamarista, consideró “clara”, “delicada” y “llena de afecto”, se conviertió en “indeterminable”, irresoluta (como ya opinó Tomic), e incluso en dejación de los derechos de su nieto15. Esta percepción iría creciendo con el tiempo. En 1855, pasados dos años de la edición de la obra de Monfar, Florencio Janer aduce como prueba “en que consta la irresolución del rey D. Martín el Humano, para nombramiento de sucesor” el acta de su última voluntad16. Fue esta una idea que caló hondo en la historiografía moderna, tanto la de orientación catalanista o urgelista, como en la de tendencia castellanista o trastamarista, que se formaron en el contexto ideológico del nacionalismo, añadiendo tintes negativos (indecisión, obstinación, irresponsabilidad), a la actuación de Martín I por su empeño en favorecer a su nieto ilegítimo17. Culminó con la obra de Daniel Girona i Llagostera, médico, historiador y dirigente de la Unió catalanista, quien sin más datos que los proporcionados por Valla supuso que Martín I murió de un ataque de coma urético, producido por los efectos que tuvo un régimen de alimentación fuerte (para inducir la procreación) sobre un hombre obeso, enfermo de cuartanas y probablemente diabético18. Todo ello le hace dudar de que realmente estuviera en la plenitud de sus facultades mentales cuando contestó a las preguntas contenidas en el acta de su última voluntad, por lo que supone que fue falsificada por los enemigos del conde de Urgel. Esta versión conspirativa de los hechos fue aceptada por un catalanismo político que se identificaba retrospectivamente con el urgelismo como opción nacional, antes y después de la Guerra Civil, hasta consagrarse con Ferran Soldevila19 (quien atribuyó la maniobra a Violante de Bar) y continuar hasta hoy20. 2. Dudas sobre la autenticidad del acta de la última declaración del rey Martín I. El acta con la última voluntad del rey Martín I, a la cual se refirió ya Valla, tuvo una importancia capital en el desencadenamiento de los sucesos del Interregno y en su desenlace final. El primero en editarla fue Diego de Monfar, a mediados del siglo XVII. Su fuente fue un traslado notarial que se leyó en la sesión del Parlamento catalán de 22 de octubre de 1411. La obra de Monfar no vio la luz hasta 1853, gracias a Próspero de Bofarull21. Unos años antes, el propio Bofarull la había publicado según la copia que se encuentra en el ACA, Real Cancillería, Procesos de Cortes, núm. 18, fols. 1057v-1059r, que se corresponde con la sesión del 22 de octubre de 1411 ya mencionada22. En 1855 la publicó de nuevo Florencio Janer23, pero sin citar su fuente y suprimiendo las suscripciones notariales. La editó otra vez en 1862 Víctor Balaguer24, sin mencionar tampoco su fuente, que fue Janer. Como parte integrante del volumen 18 de los Procesos de Cortes del ACA, fue publicada una vez más por la Real Academia de la Historia, en $1 9 0 4 ^ { 2 5 }$ . A partir de esta edición ha sido publicada en muchas ocasiones26 y parafraseada muchas más. Su original, sin embargo, no estaba localizado, lo que ha dado lugar a interpretaciones que en seguida examinaremos. Como es bien sabido, en el acta se contiene cómo el día 30 de mayo, hacia las once de la noche, compareció ante el rey Martín, enfermo en la cámara llamada de la “Abadesa” del monasterio de Valldonzella, una representación de las Cortes catalanas encabezada por Ferrer de Gualbes, consejero de Barcelona, pero cuyos miembros no se especifican, y preguntó al rey si quería que la sucesión de los reinos, después de su muerte, fuera para aquel al que correspondiera “por justicia”, a lo cual el monarca contestó afirmativamente con un simple “hoc”. Al día siguiente, 31 de mayo a hora de tercia, se presentó de nuevo esta comisión y Gualbes reiteró su pregunta añadiendo si deseaba que de su respuesta se hiciera carta pública. El rey de nuevo contestó con el monosílabo “hoc”. Esta pregunta fue repetida otra vez por el protonotario real, Ramon Sescomes, y se obtuvo la misma respuesta. Finalmente, el protonotario levantó el acta, que fue firmada por varios testigos. Su contenido fue ya mencionado en julio de 1410 por el gobernador de Cataluña27, aunque este documento no se conoció por el original sino a través de un traslado notarial de 29 de julio de $1 4 1 1 ^ { 2 8 }$ , que fue redactado a petición del parlamento catalán en su sesión de 2 de julio de 141129. El acta fue solicitada el 10 de octubre por Joan Dezplà, embajador del Parlamento de Cataluña ante el parlamento aragonés reunido en Alcañiz30. El 22 de octubre se leyó el traslado de 29 de julio de 1411 ante el parlamento catalán, que no se contentó con esta copia que los diputados de la Generalitat habían podido obtener del antiguo protonotario Ramon Sescomes sino que acordó examinar el instrumento original31. En la sesión de 31 de octubre de 1411 se leyó una carta enviada al Parlamento por los diputados de la Generalitat en la que se relataba que no habían conseguido el instrumento original porque Sescomes alegaba no haber sido pagado aún. A esta carta el Parlamento respondió ordenando que se le dieran 500 florines de Aragón, 200 por ese instrumento y $3 0 0 \mathrm { m } \mathrm { \acute { a } s }$ que se le adeudaban por otros trabajos32. El protonotario respondió en persona, acudiendo ante el Parlamento en Tortosa, el $1 ^ { \circ }$ de diciembre, para reiterar que ya había presentado un traslado y exponiendo que había razones para no mostrarlo en su forma original, a no ser ante todos los parlamentos congregados y sólo si antes se le pagaba convenientemente. El Parlamento se conformó, pues no urgía el original al disponer de un traslado auténtico33. De nuevo el 31 de marzo de 1412, el arzobispo de Tarragona y Bernat de Gualbes, jueces compromisarios, escribieron desde Caspe para solicitar al Parlamento de Cataluña algunos documentos, entre ellos “la carta que fonch feta de la disposició de la successió remesa a la justícia rehebuda per lo dit En Comes”34. Pero todavía el 14 de abril los diputados del General reconocieron que debían 10.000 sueldos a Sescomes por sus salarios, por lo que aún faltaba el traslado del testamento del rey Martín, en poder del antiguo protonotario35. Aunque el 9 de mayo de 1412 los tres compromisarios catalanes en Caspe (Pere Sagarriga, arzobispo de Tarragona; Guillem de Vallseca y Bernat de Gualbes) solicitaron de nuevo el acta, tuvieron que conformarse con una copia auténtica, sin pretender examinar el instrumento original36. Las reticencias de. Sescomes a entregar un original sin que se le pagaran antes sus cuantiosos salarios han dado pie a toda clase de especulaciones historiográficas. En efecto, todo ello llevó a Girona i Llagostera a cuestionar su veracidad para considerarla una falsificación o manipulación de la época. A la luz de esta presunción interpreta las peticiones del Parlamento de Cataluña y las respuestas dilatorias dadas por el protonotario Sescomes. A estas añade otras objeciones: el hecho de que en ninguna de las sesiones de Cortes se menciona la elección de Ferrer de Gualbes ni los otros electos para que los representasen ante el rey en su lecho de muerte; el que los brazos eclesiástico y militar no estuviesen representados en esa comisión; que las cuestiones sobre la sucesión se planteasen con tanta vaguedad y con fórmulas poco prolijas; o que la respuesta del monarca fuese tan breve, lo que hace sospechar que el soberano se encontraba en un estado de inconsciencia moral y de insensibilidad física, privado del uso cabal de su conocimiento. Todo fue posible porque el monarca moribundo estaba rodeado de acérrimos enemigos de Jaume d’Urgell, que son los testigos que firman al pie del documento y que urdieron esta hábil intriga antiurgelista para manipular la voluntad real, conspiración que fue la que movió el proceso hasta culminar, merced a las maquinaciones del papa Benedicto XIII y del infante Fernando de Castilla, en la sentencia de Caspe37. La hipótesis de la falsificación del acta tuvo amplia y rápida acogida entre los historiadores catalanes de mediados del siglo XX, que defendían la candidatura urgelista: el nacionalista Ernest Moliné y Brases38, Félix Durán i Cañameras39, Vicens Vives40, e incluso alguien tan trastamarista como Manuel Dualde41. Por aquellos años, sólo Ramón Menéndez Pidal defendió con firmeza su autenticidad42. La opinión de considerar su elaboración como una impostura que respondía a una conspiración antiurgelista alentada por la reina. Violante para favorecer a su nieto Luis de Calabria se impuso gracias a Ferran Soldevila quien, en su respuesta a Menéndez Pidal, dedicó muchas páginas y muy apasionadas a demostrar la falsedad de este documento, haciéndose eco de los razonamientos de Girona43. Tras exponer las maniobras dilatorias del protonotario Ramon Sescomes y otros compromisarios para entregar el acta reclamada por el Parlamento de Cataluña (que califica de “comedia”), concluye: “L’acta original pogué continuar en l’inconegut i hi continua encara, perquè aquesta és l’hora que no ha aparegut”44. Pero el original del acta de la última voluntad del rey Martín I existe y está localizada. Y va acompañada con otros documentos no menos interesantes. 3. El cuaderno de últimas voluntades del rey Martín I. Siempre se ha tenido clara conciencia de las tremendas consecuencias políticas de la escueta respuesta (“hoc”) dada por Martín el Humano. Por su importancia, el acta en la que se consignó su última voluntad adquiere un valor extraordinario. Como se desconocía el paradero del original, se pudo poner en cuestión su autenticidad. Sorprendentemente, se encuentra consultable desde mediados del siglo XIX, encuadernada en un volumen del ACA con la signatura: Generalidad, vol. 962, fols. 23-25 y 38, de la segunda numeración inferior. Debo este hallazgo a un informe oficial del Sr. Jaume Riera, archivero del ACA, evacuado en el año 2009. Se trata de un volumen misceláneo en el que se mezclaron hasta cinco cuadernos y varios papeles sueltos procedentes del fondo documental de la Generalidad de Cataluña, que ingresó muy desordenado en el ACA en 1828. Debieron encuadenarse juntos cuando se clasificaron y reordenaron las series documentales de este fondo, en tiempos del archivero Manuel de Bofarull. Entonces se dio al volumen resultante el título: “Corts de 1409”, aunque en 1985 se advirtió el error y su naturaleza miscelánea, indicando con claridad cada una de las piezas que lo integraban. Encabezando el primer cuaderno, figura la nota antigua que sigue: “Lo dedit proces es ya en lo proces gros de dita cort, comensa en lany 1405 y passe fins lany 1410, sino es a la fi en fulles 74 en auall que son les donas fettes per dit rey”. Con el término “procés gros” se refiere al conjunto de procesos existentes en una gran caja de madera que a fines del siglo XVI se conocía en los inventarios del Archivo Real de Barcelona como “Procés Gros fet sobre la electió feta per les nou persones… eletes per a investigar, dicesir y publicar la successió de la corona real de Aragó”. Este proceso contenía las actas de los compromisarios de Caspe, en borrador y en limpio, unidos ambos ejemplares al proceso del Parlamento de los catalanes ya en el siglo XVI. Fue extractado por Próspero de Bofarull, en 1848, para abrir la “Colección de Documentos Inéditos del Archivo de la Corona de Aragón”. Después, fue la fuente para la edición preparada por la Real Academia de la Historia, entre 1903 y 1906, en los tomos VII-X de la colección “Cortes de los antiguos reinos de Aragón y Valencia y principado de Cataluña”, que es la que han manejado los historiadores desde entonces45. Un investigador apresurado que hojeara el volumen N-962 del fondo de la Generalidad y tropezara con la advertencia de la primera hoja de que su contenido (referido en realidad al primer cuaderno de este libro misceláneo) estaba incluido en el “Procés gros”, y por tanto, ya editado modernamente, lo haría a un lado para buscar otra documentación inédita. Concentremos nuestra atención en el segundo cuaderno de este volumen que, como se advierte en la moderna nota archivística puesta al principio del libro, se trata de un “Capbreu o manual de notes preses el dia de la mort del rei Martí pel seu protonotari Ramon ses-Comes, amb postil·les del jurista Esperandéu Cardona” tomadas los días 30 y 31 de mayo de 1410. Sabemos que el notario Sescomes, de quien no se conserven protocolos en los archivos notariales46, ocupó este oficio en la cancillería de Martín I cuando fue infante. Ya por entonces tenía la costumbre de redactar los documentos a su cargo directamente sobre los registros, de manera que estos se encuentran llenos de correcciones47. Veremos que este es el caso del cuaderno que nos ocupa, lo que añade a su valor histórico un interés extraordinario. Sescomes se promociona como protonotario real cuando Martín fue coronado y se mantuvo en el cargo con Fernando $\mathrm { I } ^ { 4 8 }$ . El cuaderno tiene formato folio, a excepción de las dos hojas que se especificarán, y se encuentra en buen estado, salvo por la humedad que ha manchado la esquina superior derecha, afectando las tintas. El manual de Sescomes contiene las notas o documentos que se resumen en la relación que sigue, en la cual se indican los folios, según la numeración moderna del cuaderno —a lápiz, en el margen inferior derecho— más su equivalencia con la antigua del volumen entero, si la tiene: [a] 26 de agosto de 1443. Mandato del veguer de Barcelona al notario Joan Despujol para que se libre a Eleonor de Cervelló el traslado de la donación de la torre de Bellesguard, hecha mortis causa por el rey Martín a favor de la reina Margarita el 31 de mayo de 1410. [F. Ar-v]. $1 4 { , } 5 \mathrm { ~ x ~ } 2 2 \mathrm { ~ c m }$ . 1. 31 de mayo de 1410. “Domine regine Margarita donacio causa mort[is] eidem facta per regem quondam”. F. 1r-v $\stackrel { } { = }$ ff. 73 y 74r-v: se dieron dos números para el mismo folio). [Sigue en el núm. 7]. 2. 31 de mayo de 1410. El rey Martín restituye al abad y convento de Santa Maria de Ripoll la posesión y jurisdicción criminal de las villas y parroquias de Sant Esteve d’Olot, Sant Cristòfol les Fonts y Sant Andreu del Coll. F. 2r-v $\stackrel { } { = }$ f. 75r-v). 3. 31 de mayo de 1410. El rey Martín, en descargo de su conciencia, reintegra a Joana, condesa de Ampurias, la jurisdicción de Vinçà, en la veguería de Conflent, que había ocupado indebidamente a su marido, el difunto Pere, conde de Ampurias. F. 3r-v $\overleftarrow { }$ f. 76r-v). 4. 31 de mayo de 1410. El rey Martín, por causa de sus muchos servicios, hace donación ínter vivos, en plena propiedad, del castillo de Juià, sito en la veguería de Gerona, a favor de su consejero y mayordomo Ramon de Blanes. Ff. 4r-5v ( $\sqsupseteq$ ff. 75r-78v). 5. [30 de mayo de 1410]. Acta de la confirmación del testamento de Martín I a favor de su hijo Martín de Sicilia, y de la donación mortis causa a la reina Margarita. F. 6r-v ( $\overleftarrow { }$ ff. 79r-v). 6. Sin data [30-31 de mayo de 1410]. Apostillas de Esperandéu Cardona. F. 7r-v ( $\circleddash$ f. 80r-v). 7. 31 de mayo de 1410. [Final del núm. 1]. F. 8r-v $\sqsupseteq$ f. 81r-v). 8. 31 de mayo de 1410. Esta pieza contiene dos instrumentos. El primero (f. 9r-v) consiste en un documento incompleto, sin data, mediante el cual el rey Martín, sin hacer mención a su enfermedad, restituye a Guillem Ramon de Moncada en el marquesado de Malta y condado de Augusta que fueron confiscados a su padre, [Guillem] Ramon de. Moncada, por Martín el Joven. El encabezamiento (“Petro de Sancto Minato, militi, pro castro de Pals”) se refiere al segundo documento, (que comienza al f. 9v, a continuación del anterior), datado el 31 de mayo de 1410, mediante el cual el rey Martín I empeña a Pere de Sentmenat, su camarero y mayordomo, el castillo de Pals con todos sus derechos y pertenencias. Ff. 9r-12v $\circleddash$ ff. 82r-85v). 9. 31 de mayo de 1410. “Donacio Regni Sicilie facta Egregio Ffrederico”. Ff. 13r-16v ( $\stackrel { } { = }$ ff. 86r-89v). 10. 31 de mayo de 1410. El rey Martín hace donación mortis causa de 20.000 florines de oro a Pere de Cervelló, su consejero y mayordomo, que se harán efectivos solo en caso de fallecer el monarca (f. 17r). En el documento que sigue a este, el rey Martín I hace donación ínter vivos al mismo Pere de Cervelló de otros 20.000 florines de oro (f. 17v). F. 17r-v $\sqsupseteq$ f. 90r-v). 11. 31 de mayo de 1410. El rey Martín hace donación vitalicia de la alcaidía del Real de Valencia y su capilla, vacante por muerte de Gil de Puig, a favor de su camarero Luis Aguiló. F. 18r-v $( = \mathrm { f } . 9 1 \mathrm { r } \mathrm { - } \mathrm { v } )$ . 12. Sin data [31 de mayo de 1410]. Nombramiento de Pere de Torrelles como tutor de Federico de Aragón y administrador en su nombre del reino de Sicilia, y juramento que por él hace Ramon de Torrelles. [Sigue en el núm. 19]. F. 19r-v $( = \mathrm { f } . 9 2 \mathrm { r } \mathrm { - } \mathrm { v } )$ ). 13. Sin data [31 de mayo de 1410]. El rey Martín hace donación ínter vivos, en pleno alodio, a su camarero Ramon de Torrelles de las rentas y derechos reales percibidos en Calatayud, una vez que concluya el usufructo vitalicio que sobre ellas percibe su esposa, la reina Margarita. F. 20r-v ( $\sqsupseteq$ f. 93r-v). 14. 31 de mayo de 1410. El rey Martín, por descargo de su conciencia, restituye a Guillem Ramon de Moncada el marquesado de Malta, como heredero de su padre, Guillem Ramon de Moncada, a quien fue expoliado por Martín el Joven. Firman como testigos presentes en este acto: fray Miquel de Quintana, electo de Monreale de Sicilia, confesor; fray Berenguer de Rajadell, abad de Ripoll; Roger de Moncada, camarlengo; Pere de Cervelló, mayordomo; Ramon de Sentmenat, camarero; Francisco de Aranda, donado de Portacoeli, Luis Aguiló, camarero. Figura tachado Guerau Alemany de Cervelló, gobernador de Cataluña. Ff. 21r-22v $\left( = \right.$ ff. 94r-95v). 15. 30 y 31 de mayo de 1410. Acta de la última voluntad de Martín I sobre la sucesión de sus reinos. F. 23r-v $\mathop { \left. \sum \right.} =$ sin número de folio). 21 $\mathrm { ~ x ~ } 2 2 , 5 ~ \mathrm { c m }$ . 16. Sin data [30-31 de mayo de 1410]. Acta de la declaración de Martín I sobre el gobierno de Cataluña y los oficiales trienales. F. 24r-v $\ l =$ f. 96r-v). 17. 30 de mayo de 1410. Acta de la confirmación del testamento de Martín I a favor de su hijo Martín de Sicilia, y de la donación mortis causa a la reina Margarita. F. 25r-v $\sqsupseteq$ f. 97r-v). 18. En blanco. F. 26r-v $\sqsupseteq$ f. 97r-v). 19. [Final del núm. 12]. F. 27r-v $\stackrel { } { = }$ f. 98r-v). 20. Sigue inserto el cuaderno núm. III del volumen misceláneo, constituido por el “Procés informatiu sobre l’administració passada dels Diputats, incoat en virtud d’una comissió reial firmada el 15.I.1432.” Ff. 99 a 109 de la numeración original. 21. 31 de mayo de 1410. El rey Martín hace donación mortis causa a Ramon de Sentmenat, en recompensa por sus servicios, del mero y mixto imperio, y toda la jurisdicción civil y criminal, alta y baja, sobre Polinyà, y sobre los mansos que posee en la parroquia de Santa Maria de Santiga, en la veguería del Vallès. Ff. 28r- 29v $\left( = \right.$ ff. 110r-111v). 22. 31 de mayo de 1410. El rey Martín hace donación ínter vivos a Ramon de Torrelles, en recompensa por sus servicios, del dominio directo y derecho alodial sobre el castillo de La Roca [del Vallès], el cual poseía Torrelles por compra. Ff. 30r-31v $\overleftarrow { }$ ff. 112r-113v). 23. 31 de mayo de 1410. El rey Martín dona a Ramon de Sentmenat la primera castellanía o alcaidía vacante en el principado de Cataluña y reino de Mallorca. F. 32r-v ( $\underline { { \underline { { \mathbf { \Pi } } } } } =$ f. 114r-v). 24. 31 de mayo de 1410. El rey Martín hace donación ínter vivos a Berenguer Arnau de Cervelló del dominio directo y alodial sobre los castillos de Vilademàger, Pontils y Santa Perpètua, que ahora posee por donación paterna Martí Joan de Cervelló, su hijo. Ff. 33r-34v $\sqsupseteq$ ff. 115r-116v). 25. 31 de mayo de 1410. El rey Martín, por descargo de su conciencia, reintegra el puerto de Canet a Pere de Fenollet, vizconde de Illa y Canet, a quien había sido confiscado. F. 35r-v $( = \mathrm { f . ~ } 1 1 7 \mathrm { r - v } )$ . 26. 31 de mayo de 1410. El rey Martín hace donación a Ramon de Sentmenat, por su vida y la de un hijo, de la alcaidía de la casa real de Valldaura, con un salario anual de 1.500 sueldos barceloneses. Ff. 36r-37v ( $\sqsupseteq$ ff. 118r-119v). 27. 30 y 31 de mayo de 1410. Traslado del acta notarial de la última voluntad del rey Martín I sobre la sucesión de sus reinos, realizado el 29 de julio de 1411. F. 38r-v $\stackrel { } { = }$ f. 120r-v). Merced al primer documento, señalado con la letra [a], que precede al cuaderno pero que no forma parte de él, sabemos que las escrituras del protonotario Ramon Sescomes fueron a parar a manos de Joan Despujol, notario y escribano real, el cual en 1410 era sustituto del protonotario, y en cuyo poder estaban al menos en 1443, cuando a instancias de la entonces propietaria de la torre de Bellesguard, Elionor de Cervelló, inmersa en pleitos con algunos acreedores del rey Martín, se solicitó un traslado de la donación de Bellesguart que este monarca había hecho en su lecho de muerte a favor de su esposa la reina Margarita. Las vías por las cuales este cuaderno llegó después al archivo de la Generalitat nos son desconocidas por ahora. Todos los documentos están datados los días 30 y 31 de mayo, lo que deja ver que hubo una gran actividad en torno al monarca moribundo. Se desvanece así la imagen que teníamos hasta ahora, en la cual unos episodios trascendentes habían transcurrido sin dejar rastros documentales. Ciertamente, hasta el mismo 31 de mayo se fechan todavía varias sentencias y otros actos de la Audiencia real (ubicada en el Palacio real de Barcelona), expedidos en nombre del monarca si bien firmados por Bonanat Pérez, regente la cancillería; por Esperandéu Cardona, el vicecanciller, o por otros oficiales49. Sin embargo, el grueso de documentos suscritos por el soberano en persona se interrumpe el 27 de mayo de $1 4 1 0 ^ { 5 0 }$ . Sólo firmó tres el 28 de mayo. En dos de ellos, se ordenaba entregar a la reina Margarita las cortinas de raso de “drap d’Espanya” del difunto infante Martín (que posiblemente llevarían sus armas)51. En otro se libraba una importante cantidad en Sicilia a Ramon de Torrelles, quien tuvo a su cargo a Federico de Aragón durante el Interregno52. Acaso estos documentos pudieran estar en relación con la solemne ceremonia de legitimación de Federico que, según Valla, se preparaba para tres días más tarde, el domingo $1 ^ { \circ }$ de junio. Precisamente sobre su nieto trataban dos de las tres cartas registradas que el rey Martín firmó el 29 de mayo (quizá antes de la cena fatal). En ellas agradecía al médico Francesc de Granollac y al caballero Antoni Torrelles las noticias sobre la buena salud de Federico, conde de Luna, y les encarecía su cuidado53. Hay otro intrigante documento firmado el 29 de mayo, del cual se conserva el original: se trata de una carta credencial ante el rey Ladislao de Nápoles a favor de Dionisio d’Òdena, para tratar de ciertos asuntos que no se especifican54. Lo más sorprendente es que el único documento firmado por Martín I y despachado a través de la cancillería el día 30 de mayo, durante su agonía (la cual, por lo que dice Valla, fue larga y dolorosa) se refiera a la busca y captura de un esclavo doméstico que se ha fugado de Bellesguard55. $\therefore \mathrm { P o r }$ qué huía y por qué el rey distrae sus últimas fuerzas, poco antes de expirar, para ordenar el apresamiento de este hombre? Nunca lo sabremos. Sin salir de las suposiciones, podemos pensar que los rumores, verídicos o infundados, sobre la muerte del rey corrían ya en la corte durante su agonía. Rumores que no han dejado rastros documentales y que abrieron las puertas a todas las sospechas. Con el cuaderno de últimas voluntades del rey Martín I a la vista, lo primero que llama la atención es la abundancia de escrituras otorgadas por el soberano en su agonía, lo que contradice el espeso silencio documental en el que hasta ahora parecía sumido el moribundo y que, en opinión de varios historiadores, se debía a su supuesto estado de insensibilidad física y psíquica. Constatamos pues que, con independencia de la habitual fórmula notarial que deja constancia de la plena conciencia del moribundo para validar sus últimos actos jurídicos, el rey Martín desplegó una notable actividad durante sus últimas horas. O, al menos, en torno suyo se desplegó una notable actividad jurídica. Procedamos por orden de importancia de los documentos. 4. El original del acta con la última voluntad de Martín I. En primer lugar, señalado con el núm. [15], hallamos el original de la nota o minuta del acta de la que se ha considerado la última voluntad del rey Martín I, un papel de $2 1 \ \mathrm { c m }$ . de ancho por $^ { 2 2 , 5 \mathrm { ~ c m } }$ de alto, con el texto redactado y tomado al vivo por el protonotario Sescomes, cuya existencia se puso en duda. A esta se refiere con cierto detalle el tantas veces citado traslado que fue presentado al parlamento catalán en 22 de octubre de 1411, como existente en el protocolo o libro de notas del protonotario Sescomes56, que es precisamente el que estamos examinando. El documento tiene todos los visos de ser auténtico, con tachaduras y enmiendas, y sin las fórmulas notariales de encabezamiento y cierre del acta, como redactado en los instantes en que los sucesos están ocurriendo. Aunque básicamente coincide con el que ya fue publicado a partir del traslado que se presentó al parlamento, por sus ligeras variantes no exentas de interés, damos aquí su reproducción [Fig. 1] y su trascripción: Senyor, nosaltres (tachado: XII) elets per la cort de Catalunya som assi davant la vostre magestat, humilment suplicant vos queus placia (tachado: vullats) fer dues coses les quals son e redunden en sobirana utilitat de la cosa publique de tots vostres regnes e terres. La primera, quels vullats exortar de haver entre si amor, pau e concordia per ço que Deus los vulla en tot be conservar. La segona queus placia (tachado: vullats) de present (tachado: despendre) manar a tots los dits regnes e terres vostres que per tots lurs poders e forçes façen per tal forma e manera que la successio dels dits vostres regnes e terres (tachado: perveynen a aquell) apres opte vostre perveynen a aquell que per justicia deura pervenir com aço sia molt plasent a Deus e sobiranament profitos a tota la cosa publique e molt honorable e pertinent a vostra reyal dignitat. Et hiis dictis, addens etiam dictus Ferrarius verbis per eum jam dictis [interlineado: per eum prolatis, cum dictus dominus rex nullum tunc dedisset ad predicta responsum (?)], dixit hec verba vel similia in effectu: Senyor, plau vos quels (tachado: dits) regnes (tachado: et) e terres vostras sien e pervinguen a aquell al qual pertanguen per justicia? Et dictus dominus rex tunc respondens dixit: Hoc. De quibus petiit dictus Ferrarius publicum fieri instrumentum per me notarium supradictum. Que fuerunt acta die et hora, loco et anno predicáis, presente me dicto prothonotario et notario ac pro testibus talibus. Postea die sabbati XXXIª madii anno predicto, circa horam tertie dicti diey, dictus Ferrarius de Gualbes (tachado: existens) constitutus personaliter ante presenciam dicti domini regis [interlineado: cum aliis de dicta curia cum eo electis dixit] in presencia mei dicti notari et testium suscriptorum (tachado: dixit in effectum), reducens ad memoriam dicto domino regi verba per eum supra dicto domino regis per eum jam prolata, dixit: Senyor, plau vos quels dits vostres regnes e terres sien e pervinguen a aquell al qual pertanguen per justicia e quen sia feta carta publica? Dictus dominus rex respondens dixit: Och. Et cum etiam ego dictus notarius interrogasset dictum dominum de predictis et si (tachado: et) erat talis eius intentis, videlicet, quod regna et terras suas predictas sunt et perveniant illi cui de iure pertineant, (tachado: respondit: och. De quibus) et quod inde fiat publicum instrumentum, respondit och. De quibus omnibus dictus Ferrarius, nomine suo et aliorum ut dixit de Curia supradicta, petiit et requisivit fieri instrumentum per me notario ac testibus supradictis. Fig. 1. ACA, Generalidad, vol. 962, f. 23r de la segunda numeración inferior. A este texto sigue el borrador del protocolo del instrumento notarial de 29 de julio de 1411, tal como se presentó ante el parlamento catalán el 22 de octubre de $1 4 1 1 ^ { 5 7 }$ , con numerosas enmiendas, tachaduras e intelineados, que en sustancia no alteran su redacción. Pero en el cuaderno de notas del protonotario Sescomes, además de la minuta original, se encuentra un ejemplar en limpio de este traslado, que constituye la pieza núm. [27], la que lo cierra. El texto de esta pieza corresponde fielmente (salvo diferencias mínimas, como “plàcia-vos” por “plàcie-vos”) al que ya conocemos, pero la sucesión de grafías indica los pasos en su elaboración. En una primera fase, se redactó el acta original (desde el principio “Pateat universis quod die veneris…” hasta la segunda respuesta del rey del día 31, “de quibus omnibus”), con una cuidada letra de molde librario. Este texto sufrió todavía algunas modificaciones que debieron ser coetáneas a esta primera redacción, realizadas por el protonotario Sescomes: se interlineó la intitulación del rey, que se había abreviado; se hicieron algunas correcciones menores (por ejemplo, en la abreviatura de la palabra “protonotario”); y, sobre todo, se añadió en el margen inferior del folio la cláusula notarial de cierre al acta del día 30 de mayo y la suscripción de los testigos presentes ese $\mathrm { d } \mathrm { f a } ^ { 5 8 }$ (aunque al guillotinar el volumen para su encuadernación se perdió parte del texto). Corregido por el protonotario, al acta se añadió además la cláusula notarial de cierre, la suscripción de los testigos del día 31 y los signos de dos notarios de Barcelona, Bernat Mateu y Antoni Brocard. Con esto, el instrumento público al cual el rey dio su consentimiento quedó redactado en forma. Posteriormente, se añadió al margen superior del folio la fórmula de anuncio del traslado notarial hecha por Sescomes (”Hoc est traslatum…tenor talis est”), el signo y suscripción de Genís Almogàver, regente la veguería de Barcelona, hecho el 29 de julio de 1411; y finalmente, de su mano, el signo de Sescomes, cerrando todo el documento, que fue el presentado ante el parlamento catalán en la sesión de 22 de octubre de 1411. Así pues, el cuaderno de Sescomes nos proporciona, en relación con este importante suceso, la minuta, el acta pública original y la nota de su traslado. No se puede pedir más. Volvamos a la minuta original de la última voluntad del rey Martín I, señalado con el número [15], que es el documento más interesante por ser el más inmediato a los acontecimientos. Hay una variación de gran significado histórico. Según esta minuta, Gualbes, tras hacer sus dos primeras preguntas al rey, repitió la segunda con otra fórmula, pues el rey no contestaba (“cum dictus dominus rex nullum tunc dedisset ad predicta responsum”), expresión que desapareció de la versión final, que fue la presentada al Parlamento. Esto nos hace más comprensible la escena, que Soldevila no entendió con razón, pues nos muestra al monarca actuando según su costumbre, al permanecer como adormilado y en silencio unos instantes antes de pronunciarse sobre una cuestión delicada, lo que desorientaba a sus interlocutores, como hizo con la embajada que le propuso designar a Luis de Calabria como sucesor, o como había hecho poco antes con la madre del conde de Urgel en aquel mismo lecho de muerte59. Tan notable como este detalle resulta el hecho de que, en esta misma pieza de papel, al dorso e invertidas, están escritas, con otra tinta aunque quizá de la misma mano, tres columnas de nombres (algunos de ellos con una cruz al margen izquierdo), la del medio y la derecha con encabezamientos [Fig. 2]. Las listas son como siguen: 1ª columna: Episcopus Maioricarum. Roger Bn. de Pallars. Bn. de Fortia. R. Torrelles. R. de Sentmanat. Ffrancesc de Aranda. $2 ^ { a }$ columna: Super officis. (Cruz) Petrus de Cervilione. Bisbe de Mallorques. (Cruz) R. de Sentmenat. Ffrancesc d’Aranda. (Cruz) Seguerius de Perapertusa. Luis Aguilo, domicellus. $3 ^ { a }$ columna: Per la successio. (Cruz) Guerau Alemany de Cervello. (Cruz) Pere de Cervello. (Cruz tachada) R. de Sentmenat. (Cruz) Roger de Muntcada. Bisbe de Mallorques. Francesc d’Aranda. Luis Aguiló. Fig. 2. ACA, Generalidad, vol. 962, f. 23v de la segunda numeración inferior. La tercera columna se corresponde con los testigos que suscribieron el acta notarial de la última voluntad del rey Martín en la noche del 30 de mayo de 1410, a falta de Guillem Ramon de Moncada, de la rama catalana de los señores de la baronía de Aitona y copero del rey, que precisamente firmó el último, razón por la cual quizá ya no fue incluido en esta lista que provisionalmente debió redactar el protonotario casi al tiempo de tomar esta nota. La cruz, claramente añadida en un momento posterior al margen izquierdo de esta columna, debió responder a la primera intención del notario Sescomes de ir señalando a los que también firmaron el acta del día 31. De ahí precisamente el error de incluir a Ramon de Sentmenat y tachar después su cruz, pues ya no firma como testigo el día 31, ni tampoco Roger de Moncada ni el obispo de Mallorca, aunque sí Francisco de Aranda y Luis Aguiló. Estas vacilaciones, en una lista que no deja de ser un mero recordatorio del protonotario para su uso personal, son comprensibles en momentos de gran agitación como los que debían ser aquellos instantes en las habitaciones del rey, con entradas y salidas repentinas y continuas de los grandes personajes. Pero el protonotario consiguió al menos a cinco de los ochos testigos que el día anterior habían suscrito el acta60. La veracidad de este papel la confirma el hecho de que el traslado notarial de 29 de julio de 1411 se refiera a estas listas de testigos puestas de modo informal al pie de la nota que contiene el acta de la última voluntad del rey Martín I (“Hoc est translatum…tenor est talis”)61. Adviértase que Sescomes especifica que la nota fue firmada por la mayor parte (“major pars testium”) pero no la totalidad de los testigos (que sin duda no eran todas las personas que asistieron) presentes en la escena. El hallazgo de esta pieza de papel desmonta las modernas acusaciones de falsedad o manipulación que se dirigieron contra el acta de la última voluntad del rey Martín. Ciertamente, alguna fórmula y las preguntas que se realizaron según consta en las notas de Sescomes difieren en cuestiones de detalle respecto de la redacción en limpio del acta, porque fueron más directas y menos retóricas. Creemos que las diferencias obedecen más bien al deseo del protonotario de pulir estilísticamente el instrumento final, cuya publicidad y trascendencia preveía, por mero prurito profesional. Pero, además, el acta nos informa de que, junto con la cuestión de “la successió”, como se indica claramente en las listas de testigos, en aquella escena se dilucidó al menos otro asunto, que se denomina “super officis”. ¿En que consistía? Nada ha dicho la historiografía sobre este punto, que es de una importancia extraodinaria, como lo demuestra el hecho de que el monarca y su entorno más inmedito trataran de resolverlo en sus últimas horas de vida. Lo podemos conocer ahora, gracias al cuaderno de notas del protonotario Sescomes, rompiendo así la imagen creada de que, en su lecho de muerte, el rey Martín se limitó a contestar a una pregunta sobre la sucesión, casi agónicamente —si es que lo que realmente se entendió como un “sí” no fue un mero estertor, como se ha llegado a afirmar. En efecto, la cuestión “super officis” a la que se alude en las notas de Sescomes, refiriéndose a los testigos que habían de suscribir algún tipo de acta, se entiende a la vista del núm. [16] de las piezas incluidas en este cuaderno, en el folio siguiente (f. 24r). Las notas se repiten, primero como borradores con emiendas y tachaduras en la mitad superior del folio, y después en limpio, en la mitad inferior de la misma cara de ese folio, y cuya trascripción —la de las notas en limpio— es como sigue: [a] Senyor, placieus que donets poder a la Cort de Cathalunya que en cas que vos deffallissets, ço que Deus no vulla, ells puxen elegir algunes notables persones qui hagen poder de regir e governar lo dit Principat axi com si per la vostra persona eren elets (tachado en el borrador: fins, senyor, que fos vist per justicia vist —sic— dit principat la successio del dit principat e dels regnes e terras vostres a quis pertanyeren per justicia). Et dictus dominus Rex, respondens, dixit no. Etc. [b] No. Mossen Roger, no entenats que so que dehim digam per que vosaltres abdos perdats vostres Governacions ne encara los officials trienals. [c] Plau a vos, senyor, quels dits Governadors e altres officials triennals remanguen en lurs officis. [d] Et dictus dominus Rex respondendo (sic) dixit hoc. Estamos ante algunas palabras que salieron de la boca del monarca moribundo, que no se limitó a responder afirmativamente a todas las preguntas que se le hicieron en aquellos duros momentos, sino que, en primer lugar, se negó a la que tenía un alto contenido político que iba en detrimento de la autoridad real, como la propuesta de dar poder a las Cortes de Cataluña para elegir personas que gobernaran el Principado, contenida en el párrafo [a]. Hizo después observaciones de su propia boca, dirigidas a los gobernadores de Cataluña y Mallorca, que estaban presentes, en el párrafo [b]. Y aceptó por último la propuesta modificada que expresaba con precisión su voluntad, en los párrafos [c] y [d]. De las notas de Sescomes conteniendo este acta, parece que no se levantó un instrumento notarial en forma, ni nadie se interesó por la voluntad del rey en este asunto, pero parte de los episodios del Interregno se explican a la luz de esta manifestación del soberano: la razón por la cual los gobernadores y otros oficiales trienales —que tuvieron tanta importancia en el desarrollo de los acontecimientos— continuaron en sus puestos, o la explicación de por qué las Cortes no pudieron sustituir el gobierno real que quedaba suspendido por la muerte del soberano mediante el nombramiento de una regencia sujeta al parlamento (lo que en realidad hubiera significado suplantar el poder real), lo que obligó a buscar otras fórmulas jurídicas más complejas para resolver la situación creada sin detrimento del poder monárquico. Esta declaración de la voluntad real, junto con el acta sobre la sucesión de los reinos, parece formar parte de una estrategia de Martín I, que se entiende a la vista de otras manifestaciones y documentos de los que el protonotario Sescomes tomó nota. No es la única sorpresa que nos depara este folio 24. Basta con girarlo, para encontrarnos con más información inédita de una importancia extraordinaria. $\dot { \iota } \mathrm { Q u e }$ encontramos allí? Dos listas de nombres y el borrador de otro texto. La primera lista corresponde, como se indica junto a la llave que los agrupa, a “Los elets per la Cort de Cathalunya”. Los nombres son los que siguen: Mossen l’abat de Ripoll. Mossen Johan Nadal. Mossen Ferrer d’en Pujol. Mossen lo prior de Tortosa. Roger. Bn. de Pallars. Mossen Bernat de Fortia. Mossen Berenguer d’Olms. Mossen Matheu Cardona. Ferrer de Gualbes. Ffrancesch Marquet. Micer Miquel de Navers. Bn. Mongat. La segunda lista aparece bajo el título: “Los XII consellers”, con estos nombres: Mossen lo vezcomte d’Illa. Mossen P. de Cervello. Mossen Pons de Ribelles. Mossen Manuel de Rajadell. Mossen n’Esperandeu Cardona, vic. Lo Maestre Racional. Micer Johan dez Pla, tresorer. Micer Bonanat P. Micer Johan Sirvent. Johan dez (tachado: Pla) Vall, fill d’en P. dez Vall. Micer Simon Sunyer. P. Sarta. Lo que nos proporcionan estas dos listas, pues, es la relación de miembros de una de las habituales comisiones mixtas de las Cortes, compuesta por representantes de los tres brazos del parlamento y por un número equivalente de consejeros reales, que se nombraban para las cuestiones más delicadas, como parece ser la visita que se hizo al monarca para sus últimos actos. La primera lista incluye los nombres de los electos de los estamentos que acompañaron a Ferrer de Gualbes, tal como se menciona en el acta sobre la sucesión del rey Martín, y cuyo número, recuérdese, aparecía en las notas de Sescomes, aunque se eliminó en su redacción final. Se despeja así una de las dudas e incovenientes, alegados por Girona y Soldevila, respecto al desconocimiento que teníamos de los miembros de esta comisión en la que, ahora lo sabemos, no interviene ningún obispo que pudiera reclamar para sí la preeminencia protocolaria, por lo que bien pudo corresponder a Gualbes la función de portavoz de la comisión, tal y como se recoge en el acta tantas veces citada. Tampoco obsta el que no se encuentre en el proceso de Cortes el nombramiento de esta comisión. El propio Soldevila acepta que este era un hecho corriente en la mecánica parlamentaria de la época, y que el acuerdo de enviar esta comisión ante el rey y su nombramiento pudo hacerse sin que conste en el proceso, e incluso que esta decisión pudo tomarse si no a espaldas de las Cortes, sí fuera de las sesiones, que eran muy poco frecuentadas62. Sin contar al regente de la cancillería, Bonanat Pérez, que presidía la sesión, solo hubo 20 asistentes el día 29 de mayo y 14 el día $3 0 ^ { 6 3 }$ . Conocemos las asistencias de los miembros de esta comisión de 24 personas (doce electos y doce consejeros) a las sesiones de las Cortes durante el mes de mayo64. A la del día 29, asistieron por los eclesiásticos: Berenguer de Rajadell, abad de Ripoll; Joan Natal (como procurador del arzobispo de Tarragona), Ferrer d’en Pujol (procurador del obispo de Barcelona) y Joan Ciurana (prior de Tortosa, como procurador de la iglesia de esa diócesis). Los cuatro integraban la comisión y habían representado al estamento eclesiástico a lo largo de las sesiones del mes de mayo. También asistieron ese día los procuradores de los abades de Montserrat y Santa María d’Arlés. Por los nobles acudieron Berenguer d’Olms, Mateu Cardona (ambos en la comisión) y Ramon de Blanes, que era mayordomo del rey. Tanto Olms como Cardona parecen actuar como representantes de los caballeros en estas sesiones del mes de mayo, meramente formales, pues se limitan a prorrogarse. El mismo papel parecen desempeñar Roger Bernat de Pallars y Bernat de Fortià respecto de los nobles. En el extremo opuesto, ninguno de los donceles que habitualmente asistieron en esas semanas (especialmente, Berenguer de Caxas) se integra en la comisión, pues este grado inferior del brazo militar pierde su representación a favor de los mayores del estamento (nobles y caballeros). Por último, Ferrer de Gualbes, Francesc Marquet y Joan dez Vall asisten como síndicos por Barcelona, junto con otros representantes de las ciudades y villas reales, como Miquel de Navers y Simon Sunyer (síndicos de Lérida), Berenguer Mongat (síndico de Vilafranca de Conflent) y Pere Sarta, (síndico de Manresa). Ahora bien, algunos de estos representantes de las villas reales se incorporan a la comisión de 24 personas por la parte del rey, en tanto que “consejeros”, a fin de hacer paritaria esta comisión, y aprovechándose del hecho de que algunos de ellos son doctores en derecho, como Simon Sunyer o Joan Sirvent, quien en otras sesiones había acudido por el brazo eclesiástico como procurador de la iglesia de Elna. Por parte de los consejeros, participan lo que podríamos denominar el “núcleo” del Consejo real65: Pere de Fenollet, vizconde de Illa y Canet, camarlengo del rey desde 1399 y hombre de gran confianza del monarca; Pere de Cervelló, copero de Martín como infante en 1387 y su mayordomo desde 1396; Esperandéu Cardona, vicecanciller; Pere Savall, maestre racional; Joan Dezplà, tesorero; y Bonanat Pérez, regente la cancillería. Como hemos visto, la comisión de consejeros reales fue completada con los caballeros Pons de Ribelles y Manuel de Rajadell66, con dos doctores en derecho (Joan Sirvent y Simon Sunyer) y con dos síndicos populares (Pere Sarta y Joan dez Vall). Regresemos de nuevo a la pieza núm. [16]. ¿De cuándo datan todas estas notas: de la noche del 30 de mayo o de la mañana del 31? No aparece ninguna fecha, pero ciertos extremos de este papel permiten aventurar algunas suposiciones. En este mismo folio, pero con la escritura en sentido longitudinal, hay otro texto que transcribimos: Considerants que estants en aquest humanal cors viuvim (sic) a temps per divinal permissio en la terra, molt mes devem desijar obtenir lo Regne celestial ab los sants, e que tant pus fortment devem per tembre la mort (tachado: inevitable) sobtosa quant la certitu (sic) no dubtosa de la mort inevitabla (sic) a nos se acosta. Emperamor da (cortado al fin de la línea) d’aço (sic) sabents al regne celestial no podem pervenir tro quel (tachado: lo) nostre cors haja complida la ley nat- (cortado al fin de la línea) e (tachado: mo) per mort sia tornat en la terra de la qual som certs que es estat produhit, renovellador apres per gracia, per anticipada cautela disposam pervenir a disposicio testamentaria mentre son en tranquillitat de (tachado: pensa raho) pensa e ab ferma raho, e de la abtesa del temps se offer oportuna. Emperamor d’aço, invocada la gracia del Sant Sperit e demanada homilment venia de nostres peccats, revocants expressament e de certa ciencia tots altres e quals sevol (sic) testaments e codicils si alguns per nos ne son estats fets o seran atrobats, salves e exceptades les coses deius afirmades, fem e ordenam aquest nostre testament en lo qual la nostra perfeta volentat e disposició de nostres regnes e terres puxe esser atrobada. Aquí se interrumpe el texto. No se corresponde con el testamento que Martín I otorgó el 2 de diciembre de 1407 ni conocemos que se haya extendido ningún instrumento o declaración suya en estos términos. Lo que nos indica este documento inconcluso es que, en algún momento durante la agonía del soberano, se preparó el borrador de un testamento nuncupativo, pergeñado por los consejeros y electos que figuran en el mismo folio, mediante el cual el soberano manifestara claramente su voluntad respecto de la sucesión de los reinos. Este borrador no debió obtener el respaldo o bien de todos los consejeros que rodeaban al moribundo o bien del propio rey. Pero en el folio siguiente, el 25r, que corresponde a la pieza núm. [17] del cuaderno de Sescomes, hay otro documento que aporta alguna luz al asunto. Este mismo documento está copiado en la pieza núm. [5], con algunas pequeñas diferencias. Y su importancia también es extraordinaria, por lo que damos aquí la trascripción del núm. [17], con sus variantes respecto a la pieza núm. [5] indicadas en nota: Pateat universis quod die veneris qua computabatur tricesima madii anno a nativitate Domini millesimo CCCCº decimo67, undecimam oram68 noctis eiusdem die, serenissimo domino Martino69, Dei gracia rege Aragonum, Sicilie70, Valencia, Mairoicarum, Sardinie, Corsice, comite Barchinone, duce Athenarum et Neopatrie ac etiam comite Rossilionis et Ceritanie (tachado: existente) personaliter existente in quadam camera monasterio Vallis Domicelle vocata de la Abadessa71, corporali detento infirmitate, de qua mortis periculum pertimebat, in suo tamen sensu cum firma loquela72, cum honorabilis et religiosus Ffranciscus73 d’Aranda, donatus (tachado: Po) monasterii de Portaceli dixisset dicto domino Regis (sic) haec verba vel similia in effectu: Senyor, per vostra senyoria fon feyt et fermat molt ha testament en lo qual fahiets hereu74 lo senyor rey75 vostre fill,76 plau vos, senyor, confirmar lo dit testament axi que en lexes e altres coses romanga en sa plena força e valor. Et dictus (tachado: R) dominus Rex respondens dixit hoc. Et incontinenti reverendus dominus Ludovicus Maioricarum Episcopus77, qui presens $\mathrm { i b i } ^ { 7 8 }$ erat, dixit haec verba vel similia in effectu: Senyor, (tachado: vos havets feta donacio a la aquesta confirmacio (sic) que fets seria prejudicial a la donacio que havets feta a la senyora Regina) placieus que aquesta confirmacio que fets sia feta sens prejudici de la donacio per vos feta a la senyora Regina, plau vos, senyor (interlineado: axi). Qui respondens, dixit hoc. Et ex tunc ego dictus notarius et prothonotarius dixi dicto domino Regi haec verba: donchs (sic) senyor, (tachado: vos confirmats) a vos plau que la dita confirmacio sia feta sens perjudici de la donacio per vos feta a la senyora Regina (interlineado: e que de tot sia feta carta publica). Et dictus dominus Rex respondens dixit och $( s i c ) ^ { 7 9 }$ . Et sic confirmavit testamentum predictum ita quod in legatis et aliis in eo contentis stet et remaneat in suo pleno robore et valore sine tamen prejudicio donacionis per eum facte dominis Regine predicte. De quibus omnibus80 fuit factum de voluntate dicti domini Regis presens publicum instrumentum in testimonium omnium premissorum81. Que fuit acta die, loco et anno predictis, presente me dicto notario et prothonotario et presentibus testibus etcetera82. La pieza núm. [17] parece ser la minuta original, con sus tachaduras y enmiendas, tomada en presencia del monarca, mientras que, en vista de su redacción y de las correcciones introducidas en el texto, la núm. [5] es ya una versión en limpio que pudiera considerarse el acta pública a la cual da su consentimiento el rey, aunque no sea todavía la definitiva, porque, a falta de las suscripciones notariales y a juzgar por las apostillas añadidas al final del documento, tal y como se procedió con el acta sobre la sucesión de los reinos, se somete todavía a la revisión de alguien cuya identidad desconocemos. La letra de este revisor último no parece que se corresponda con la de Esperandéu Cardona, vicecanciller del rey, tal como la conocemos por sus notas autógrafas incluidas en la pieza núm. [6], en el folio que sigue a esta versión, cuyo texto es muy breve y casi desaparecida la tinta por efecto de la humedad. Su lectura es dificultosa pero damos aquí su trascripción: CARLOS LÓPEZ RODRÍGUEZ. Quare ego Esperandeus Cardona olim vicecancellarius domini regis non vidi abreviaturam seu scedam huius instrumenti (1,5 cm ilegible) super substancia instrumenti set videtur michi quod atenta substantia [hic] expressa instrumentum istud (2 cm ilegibles) bonas clausulas et bonam expressivam. Sperandeus. Esperandéu Cardona fue vicecanciller de 1389 a 1396 y otra vez desde $1 4 0 3 ^ { 8 \bar { 3 } }$ . Martín I lo había designado como uno de sus albaceas en su testamento de 2 de diciembre de 1407, que fue recibido precisamente por Ramon Sescomes84. De mano de Cardona parecen ser una parte de las otras apostillas que salpican los instrumentos que se incluyen en el cuaderno de notas de Sescomes. No se puede garantizar que esta apostilla se refiera a esta acta de la voluntad del rey Martín confirmando su testamento, aunque sea la interpretación más probable, pero sí nos permite concluir que Esperandéu Cardona conocía los instrumentos jurídicos que se elaboraron en la cámara real durante la noche del 30 y la mañana del 31 de mayo de 1410. Por otro lado, con solo el análisis grafológico, es inseguro atribuir a individuos concretos estos documentos, notas y glosas. La apostilla que figura al pie de la pieza núm. [17] quizá sea obra del propio Sescomes, porque algunos rasgos coinciden con su escritura, como se puede deducir de la suscripción hecha de su mano al final del traslado del acta con la voluntad del rey Martín I sobre la sucesión, núm. [27] del cuaderno de Sescomes, tal como hemos visto. En cualquier caso, lo que nos indican estas apostillas —tanto la que viene al pie del núm. [17] como la núm. [6] y otras— es que los juristas del círculo real más inmediato (Sescomes y Esperandéu Cardona, como mínimo, que habían intervenido en la redacción del testamento del monarca) revisaron el contenido de estos instrumentos sin encontrar reparos. Ahora bien, sabemos que al final de la minuta del acta sobre la sucesión de los reinos (pieza núm. [15]) se relacionaron tres listas de nombres, la primera sin título, y las otras dos bajo los encabezamientos “Per la successió” y “Super officis”, que se corresponden con los testigos que suscribieron dos de las sucesivas actas que se prepararon durante la noche del día 30 de mayo. Atendiendo a que en aquellas horas se realizaron tres manifestaciones de voluntad real diferentes (la relativa a la sucesión de los reinos, cuyo portavoz fue Ferrer de Gualbes; la de los oficios trienales, y la de la confirmación del testamento), parece que esta primera columna sin título contenga los testigos que debían suscribir el acta de confirmación del testamento de. Martín I (“Episcopus Maioricarum; Roger Bn. de Pallars; Bn. de Fortia; R. Torrelles; R. de Sentmanat; Ffrancesc de Aranda”), cuyos portavoces fueron, precisamente, el obispo de Mallorca y Francisco de Aranda, y en el cual está, significativamente, Ramon de Torrelles, hermano de Pere de Torrelles, tutor de Federico de Aragón, más dos caballeros de la comisión de electos de las Cortes catalanas (Roger de Pallars y Bernat de Fortià). En este caso, se respetaron las precedencias protocolarias (cuya infracción se ha esgrimido como un argumento —no muy fundamentado, en nuestra opinión— para descalificar el acta hasta ahora conocida), pues fue el obispo de Mallorca quien tomó la palabra. Fijemos ahora nuestra atención en la pieza núm. [17], porque es de una importancia capital. En primer lugar nos informa, como ya ocurrió sobre el acta relativa a los oficios trienales, que el rey manifestó durante sus últimas horas su voluntad respecto a cuestiones vitales bajo una misma fórmula y procedimiento, que se repite, esto es, accediendo o negando a preguntas que se le realizan, y dando su consentimiento para que se levante acta pública de su voluntad. En este caso, el rey se ratifica en su testamento de 2 de diciembre de 1407, que afecta en primer lugar a las mandas y legados que allí hizo, sin perjudicar por ello a la reina Margarita, con la cual se había casado posteriormente y por tanto podía quedar excluida de la herencia. Pero con esta declaración, el rey sabía que confirmaba también la condición de heredero universal de sus reinos a favor de su difunto hijo Martín el Joven y de sus descendientes, tal como lo establecía en la última clausula, sustituyéndolo en caso de muerte por su hijo varón primogénito legítimo, nacido de legítimo y carnal matrimonio, sustituyendo a su vez a este por cualquier otro de los hijos varones legítimos de Martín el Joven, procreado de carnal matrimonio, por orden de nacimiento85. En este caso parecería que el rey pensara que pudiera incluirse a Federico una vez legitimado86. Pero, ¿con qué alcance? 5. Donación de Sicilia a Federico de Aragón. Sobre el nieto del rey tratan otros dos documentos fundamentales de este interesantísimo protocolo de Sescomes. Son los que hemos señalado como núm. [9] y núm. [12]. El primero de ellos, [núm. 9], lleva por título: “Donacio regni Sicilie facta Egregio Ffrederico”. Por tratarse de un documento inédito, damos aquí su trascripción: Ihesus. In nomine domini nostri Ihesu Xhristi et virginis Marie, matris sue. Pateat universis presentis seriem inspecturis quod nos Martinus, Dei gratia Rex Aragonum, Sicilie, Valencie, Maioricarum, Sardinie et Corsice, comes Barchinone, dux Athenarum et Neopatrie ac eciam comes Rossilionis et Ceritanie, erga vos, dilectissimum nobisque carissimum nepotem nostrum sive net egregium Ffredericum, filium naturalem illustris Martini regis Sicile ducisque Athenarum et Neopatrie, filii primogeniti et unigeniti nostri carissimi memorie recolende, ex ipso primogenito nostro tunc soluto et muliere quadam tunc soluta genitum, ac per santissimum in Christo patrem dominum dominum summum pontificem et nos legitimatum et abilitatum specialiter et nominatim ad succedendum in Regno insule Sicilie et insulis eidem adiacentibus infrascriptis, munificencie dexteram extendentes ac cupientes vos in primordalibus vestris auspicis vestreque infancie inicio florido premunire aliquali civili potencia quem Rex regum potentem edidit alti regalis sanguinis quo trahitis originem sublimitatis prospecta. Affectantes vos dictum Egregium nepotem nostrum sive net regio favore prosequi et ad regiam dignitatem honorabiliter attollere, insiguire ac eciam sublimare, gratis et certa ciencia (tachado: motu nostro proprio) affectu intimo ducti quem ad vos gerimus et (tachado: ac) spontanea voluntate, per nos et omnes heredes et sucesores nostros quoscumque donacione, scilicet, pura, perfecta, simplici ac irrevocabili que dicitur inter vivos prout de iure, constitucione, foro aut aliter quovismodo melius valere potest ac poterit in futurum ac illis eciam via, modo et forma quibus intencioni vestri dicti egregii Ffrederici et vestrorum melius valeat adaptari, damus et ex causa donacionis concedimus vobis dicto egregio Ffrederici, licet a nostri presencia absenti, et prothonotario nostro ac notario subscripto pro vobis ut infra patet stipulanti et vestris et quibus volueritis perpetuo, totum ab integro Regnum (tachado: Sicilie) insule Sicilie cum insulis eidem adiacentibus, civitatibus, villis, terris, castris, populacionibus, (añadido al margen, de otra mano: mero et mixto imperio ac gladis et animadversionis potestate) jurisdiccionibis, preheminenciis, gabellis, tractis, subvencionibus, juribis, relevi, solaciis et aliis redditibus, juribus et pertinenciis universis et singulis ad ipsum regnum et insula eidem adiacentes quomodocumque et qualitercumque spectantibus et spectare debentibus (añadido al margen, de otra mano: nil seu nullo excepto vel reservato nobis aut successoribus vel heredibus nostris). Exigentes et actollentes vos, dictum egregium Ffredericum, in regem et dominum dicti regni et insularum eidem adiacentium, sic quod deinde vos, memoratus egregius Ffredericus, et vestri intitulemini perpetuo et nominemini reges regni insulae Sicilie, et sitis dignitate et honoribus regalibus plenarie insigniti. Hanc itaque donacionem et ex causa donacionis concessionem facimus nos, dictus rex, per nos et nostros successores quoscumque vobis dicto egregio Ffrederico, nepote nostro sive net carisimo tanquam benemerito et condigno et vostris et quibus volueritis perpetuo, de toto ab integro dicto regno cum insulis eidem adiacentibus et aliis superius designatis prout melius, utilius, plenius et comodiosius ac perfecte intelligi sive dici possit et intencioni vestri adaptari ad omnem salvamentum et bonum et sanum intellectum vestri et vestrorum in predictis successorum. Et extrahimus de et cum presenti predicta omnia et singula quae vobis donamus de iure, dominio, proprietate et posse nostri et nostrorum et alterius cuiuscumque persone. Eademque omnia et singula in vestrum vestrorumque ius, dominium, possessionem et posse mittimus et transfferimus irrevocabiliter, pleno iure ad habendum, tenendum omnique tempore pacifice possidendum et ad omnem vestram vestrorumque voluntatem inde libere faciendam, sine contradiccione et impedimento nostri et nostrorum et alterius cuiuscumque persone. Promittendes tradere vobis aut tutori vestro vel balio aut cui volueritis loco vestri possessionem corporalem seu quasi predictorum omnium et singulorum que vobis donamus vel vos aut vestri, si volueritis, ex libera licentia et facultate plenaria quas in, de et cum presenti vobis conferimus quamque liceat nobis vel nostris revocare seu modo aliquo impedire alia, scilicet licentia seu mandato a nobis vel nostris minime expectato seu postulato possitis, et vobis ac vestris dictoque vestro tutori vel balio liceat per vos seu vestrum tutorem vel balium predictos aut procuratorem vel procuratores vestra et eorum propriis auctoritatibus quandocumque, scilicet et incontinenti cum vobis et eisdem placuerit ipsam possessionem corporalem seu quasi et alia pertinencia ad ipsum possessionem apprehendere, et aprehensa penes vos licite retinere. Nos enim integram donec ipsam possessionem vobis vel vestris predictis corporaliter et de facto tradiderimus vel vos aut vestri seu tutor vel balius vester aut procurator seu procuratores vestri eam apprehenderitis seu apprehenderint ut est dictum, constituimus et facemus nos predicta omnia (tachado: fuerit (?) de iure vel de facto aut alias de predicta) quae vobis supra donamus (tachado: tenemus seu possidere aut tenere censemur illud) pro vobis et vestro nomine (tachado: procuratorio) possidere seu quasi. Volentes et expresse consentientes quod virtute horum verborum et ex iuris disposicione ipsa possessio habeatur de presenti in vos et vestros pro traslata ac si per nos (tachado: a nobis personaliter) vobis seu vestris tutori vel balio seu procuratori aut procuratoribus realiter et de facto tradita extitisset. Et ex causa huiusmodi donacionis et alias damus, cedimus et mandamus vobis et vestris et quibus velitis omnia iura omnisque vices, voces et acciones reales et personales, mixtas, utiles et directas, ordinarias et extraordinarias et alias quascumque nobis competencia et competere debencia ac debentes in predictis omnibus et singulis que vobis supra donamus et concedimus et contra quascumque personas et res, ratione eorum et exercicium eciam nostrum dictarum accionum et iurium. Quibus possitis in iudicio et extra uti, agere et experiri quemadmodum nos possemus aut huiusmodi donacionem et iurium ac accionum, cessionem et eciam postea quandocumque. Nos enim, ponentes vos dictum egregium Ffredericum in locum et ius nostrum, facimus et constituimus vos et vestros in eisdem dominos et procuratores ut in rem vestram propriam ad faciendum inde vestras omnimodas voluntates. Salvo tamen semper onere, solucionis, census, debiti (interlineado, de otra mano: et fidelitatis) sacrosante Romane Ecclesie et ipsius ecclesie directo dominio a qua predictum regnum et supradicta omnia et singula que vobis supra donamus et concedimus, tenemus in feudum. Mandantes serie huius publici instrumenti quod vice epistole gerere volumus, in hac parte universis et singulis prelatis, comitibus, vicecomitibus, nobilibus, richis hominibus, militibus et generosis, capitaneis, castellanis et officialibus nostris vel eorum locumtenentibus necnon quibusvis universitatibus, corporibus, collegiis et judeorum ac sarracenorum aliamis et singularibus earumdem ac aliis quibuscumque personis ad quas presentes pervenerint et pertineant (tachado: infrascripta) supradicta quod vos dictum Ffredericum et vestros pro eorum regibus et dominis naturalibus habeant et teneant vobisque et vestris pareant, respondeant et obediant in, de et super omnibus et singulis, in et de quibus nobis ante presentem donacionem debebant et tenebant respondere, parere ac eciam obedire ac pro eis vobis et vestris aut tutori seu balio, procuratori seu procuratoribus vestris homagium faciant et fidelitatis debitum juramentum. Nos enim cum dictum juramentum et homagium vobis aut dictis tutori vel balio, procuratori aut procuratoribus vestris prestiterint nunc pro tunc absolvimus eosdem omnes et singulos ab homagio, juramento et fidelitate et quavis alia obligacione quibus nobis astricti sunt pro predictis quod vobis dicto egregio Ffrederico et vestris donamus et concedimus vel alias quomodolibet obligati. Promittimus itaquod vobis dicto egregio Ffrederico licet a nostri presencia absentibus ut presentibus (añadido al margen, de otra mano: et tutori ac balio vestris) necnon et prothonotario ac notario subscripto tanquam publice persone habere a nobis pro vobis et omnibus illis quorum interest et intererit ac interesse potest et poterit legitime stipulanti et recipiente, ac eciam juramus per Dominum Deum et eius sancta quatuor evangelia, manibus nostris corporaliter tacta, in posse dicti prothonotari nostri ac notari subscripti predicta omnia et singula, prout superius a nobis sunt dicta, rata, grata et firma habere et per nos et successores nostros tenere et conservare eaque attendere et complere et contra non facere vel venire ratione ingratitudinis aut aliquis iuris causa vel eciam ratione sub bonorum nostrorum omnium ypoteca. Mandantes cum presenti, quam vice epistole gerere volumus, quod in hoc casu heredi aut successoribus nostris quibuscumque magistro justiciario dicti regni Sicilie, justiciariis, admirato, senescallo maiori Panormi, capitaneis et juratis ac aliis universis et singulis officialibus nostris et eorum locumtenentibus cuiuscumque condicionis existant in dicto regno et insulis eidem adiacentibus constitutis et constituendis, quod donacionem et concessionem nostras huiusmodi teneant inviolabiliter et observent et non contraveniant nec aliquem contravenire permittant aliqua ratione, iure seu causa, non obstante lege sive iure dicente donaciones propter ingratitudine vel alia quamvis causam (nota al margen, de otra mano: vide si sunt necesarie alie rerum) posse revocari vel irritari cum lege, et omnibus aliis legibus, usibus, consuetudinibus et aliis quibuscumque hiis obviantibus expresse et de certa ciencia renunciamus. Et supplentes ex nostre regie plenitudine potestatis omnem deffectum. Siquis forsitan intervenerint in predictis, volumus quod de hiis fiant et tradant vobis et vestris ac aliis quorum intersit tot quot volueritis et voluerint publica instrumenta. Actum est hoc in monasterio Vallis Domicelle territori Barchinone in quadam camera vocata de la abadessa, tricesima prima die madii anno a nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \mathrm { o } } \mathbf { \Lambda } { \mathrm { C C C C } } ^ { \mathrm { o } }$ decimo. Signum [espacio en blanco para el signo] Martini etc, qui (tachado: hec) predicta laudamus (tachado: concedimus; interlineado: firmamus) et juramus. Testes sunt qui (interlineado: ad predicta) presentes fuerunt. Nunca antes se había editado este texto, que juzgamos auténtico por sus elementos formales, y veraz, por su inclusión en el protocolo del protonotario y notario que asistió en sus últimas horas al rey Martín I. Era de una importancia extraordinaria, por lo que no es de extrañar que hubiera intereses para mantenerlo oculto, pero no fue desconocido por los contemporáneos, pues el procurador de Federico, Ramon de Torrelles, comunicó su existencia, aunque de modo indirecto, al Parlamento de Cataluña durante la sesión de 4 de abril de $1 4 1 1 ^ { 8 7 }$ . Lo reclamó Fernando de Antequera después de su designación, mediante una carta datada el 3 de septiembre de 1413 (el mismo día que juró ante las cortes aragonesas), dirigida a Ramon de Torrelles88. No ha podido pasar desapercibido a los historiadores, aunque sólo se haya conocido por referencias indirectas y no su tenor89, pues por afectar directamente a la sucesión en Sicilia y sentar un precedente en la de los territorios patrimoniales de la Corona (Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca y Cerdeña) hubo gran interés en hacer mucha sombra sobre su existencia, lo que fue fácil por las lúgubres y precipitadas circunstancias en las que se otorgó, sólo ante una reducida camarilla de servidores reales90. En efecto, esta donación ínter vivos planteaba el problema central de la sucesión a la Corona de Aragón. Por lo general, se acepta que todo el proceso fue provocado por el deseo de Martín I de promover al trono a su nieto ilegítimo, para lo cual era fundamental la decisión del papa, a su vez muy preocupado por la cuestión del Cisma91. Federico nunca había sido abandonado por su real familia. Nacido hacia 1403, junto con su hermana pasó muy pronto a Barcelona, donde su abuelo, que le profesó un gran afecto, le educó, encargando su custodia a Antoni de Torrelles y su mujer, auxiliados por sus hijos Pere y Ramon92. En la primavera de 1409 se proyectó su enlace matrimonial, con Violante, hija de Jaime de Prades93. No cuajó pero es un indicio de que el rey Martín se preocupaba por el futuro de su nieto. El 14 de abril de 1409, había legitimado a Federico, para suceder a su padre en el condado de Luna y señorío de Segorbe y también para sucederle en el reino de Sicilia, excluyendo sus reinos patrimoniales (Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca y Cerdeña), en caso de que muriera sin hijos legítimos el infante Martín94. A su vez, este, en la primera cláusula de su testamento otorgado en Cagliari a 25 de julio de 1409, había instituido muy claramente a su padre como su heredero universal. Con la misma claridad, en la segunda cláusula dotó a Federico con el condado de Luna, sin más legados ni sustituciones. No olvidó tampoco dotar a su hija natural Violante y a las madres de ambos niños, Tarsia Rizzari y Agatuzza de’Pesci respectivamente, que encomendaba a su padre95. No obstante estas limitaciones testamentarias, después de la muerte de Martín el Joven cuajó en Sicilia un interés por tener como rey a Federico, alentado por Martín $\boldsymbol { \mathrm { I } } ^ { 9 6 }$ , sin que el afecto del viejo monarca por su nieto fuese suficiente para vencer los reparos legales y sin que este favoritismo excediera estrictamente de lo que atañía a la sucesión del reino de Sicilia (continuando la tradición de los reyes aragoneses respecto de la vinculación de esta isla con la Corona), excluyéndole de los reinos patrimoniales, como ya lo había dejado bien claro en su legitimación de 14 de abril de 1409 y como parece mantenerse en la legitimación otorgada por Benedicto XIII el 20 de agosto de $1 4 1 0 ^ { 9 7 }$ , que debió ser la prevista para el $1 ^ { \circ }$ de junio de ese año y que hubo de aplazarse por el inesperado fallecimiento de Martín $\boldsymbol { \mathrm { I } } ^ { 9 8 }$ . La donación del reino de Sicilia a su nieto la complementó el rey, a causa de su menor edad, con el nombramiento de un tutor y administrador en su nombre de aquel reino, cargo que recayó en el gran privado del rey Pere de. Torrelles99, instrumento que se extendió también en la mañana del 31 de mayo de 1410 y que que se perfeccionó con el juramento del cargo que en su nombre, por estar ausente como capitán general de Cerdeña, prestó su hermano Ramon de Torrelles100. Se trata del documento señalado con el núm. [12] (que acaba en el núm. [19]) del protocolo de Sescomes. Con él, Martín I revalidaba la tutoría de Federico que, con muy amplios poderes, ya había asignado a Pere de Torrelles el 22 de agosto de 1409, en un instrumento en el que específicamente el monarca se refería a su nieto como pupillo “per nos jam legitimato”101. Como se sabe, muerto su poderoso tutor Pere de Torrelles y abandonado por Benedicto XIII, la causa de Federico quedó desamparada. 6. Legados a la reina Margarita. De este grupo de actos e instrumentos jurídicos con los cuales el rey Martín arregló su herencia y sucesión durante la noche del día 30 y la mañana del 31 de mayo, destaca también el que inicia el protocolo de Sescomes: la donación mortis causa a la reina Margarita, esposa del monarca. De este documento, teníamos noticias indirectas y fue el que explica que el cuaderno de Sescomes saliera de nuevo la luz en 1443 con motivo de las reclamaciones surgidas por su causa. En su versión completa, lo creemos también inédito, por lo que damos aquí su trascripción: (Al encabezamiento:) Domine regine Margarite donacio causa mortis eidem facta per dominum regem quondam. (Al margen, de otra mano): Est in libro et p. In Christi nomine. Pateat universis quod nos Martinus Dei gratia rex Aragonum, Sicilie, etc. Corporali detenti infirmitate de qua mortis periculum pertimemus, (tachado: animadvertentes quod nos) (interlineado, de otra mano: in nostro tamen pleno sensu cum firma loquela quia)102 die erina (interlineado, de otra mano: ex causa mortis nostre instantis) habentes (tachado: respectum) debitum respectum ad grata, multum placida et accepta servicia per vos serenissimam Margaritam, conjugem nostram carissimam, nobis prestita et que continue in huiusmodi nostra infirmitate impeduntur103 dedisse104 et concessisse105 vobis (tachado: dicte) serenissime Margarita, coniugi nostre carissime, omnia bona nostra mobilia et eciam omnia jocalia nostra quae habemus aut nobis pertineant ubicumque sint et in posse quorumcumque personarum existant, et eciam palacium nostrum minus quod est in civitate Barchinone situatum, necnon eciam domum nostram de Bellesguard territori Barchinone. $\mathrm { E t } ^ { 1 0 6 }$ quod yocalia nostra quae impignorata existunt pro certis peccunie quantitatibus redimeantur de aliis bonis nostris ab hiis quibus impignorata fuerunt, ita quod vos ea omnia haberetis quita107, libera atque francha108. Et eciam voluisse109 et ordinasse110 quod per confirmacionem quam ipsa die erina fecimus de testamento per nos facto nullum fieret perjudicium ipsi donacioni ac concesioni vobis dicte regine per nos (corregido de otra mano: facte) ante confirmacionem (tachado: su) predictam, propterea volentes donacionem et concessionem predictas debitum sortiri effectum et in futurum publicis mostrari eciam documentis. Tenore presentis, gratia et nostra certa sciencia111 pro uberiori et firmiori ac habundanti cautela premissorum donacione scilicet que dicitur causa mortis donamus112 vobis, eidem serenissime Margarita coniugi nostre carissime presenti, (tachado: dictum) palacium nostrum minus (interlineado: predictum) quod est in dicta civitate Barchinone situatum, cum omnibus suis menbris (sic), juribus et pertinenciis universis, et eciam dictam domum nostram de Bellesguard territori Barchinone cum omnibus suis possessionibus, tenedonibus et aliis (tachado: suis) juribus et pertinenciis universis, necnon omnia yocalia atque bona nostra mobilia supradicta que habemus aut nobis pertineant ubicumque sint et in posse quorumcumque personarum existant. Volentes eciam et ordinantes quod dicta (tachado: jo) yocalia nostra que impignorata existunt pro certis peccunie quantitatibus redimantur de aliis bonis nostris ab hiis quibus impignorata fuerunt, ita quod vos ea omnia habeatis quitia, libera atque francha ut prefertur. Hanc itaque donacionem causa mortis facimus vobis dicte regine ut prefertur de omnibus et singulis supradictis113 sicut melius dici potestet intellegi ad vestri salvamentum et bonum eciam intellectum. Et promittimus solemne stipulacione, intervenientibus vobis prefate regine et prothonotario ac notario infrascripto tanquam publice persone pro vobis et pro aliis eciam personis quorum interese et intererit legitime paciscenti et stipulanti, sub obligacione bonorum nostrorum, quod heredes seu sucesores aut11 4 manumisores nostri quicumque predicta omnia et singula per nos vobis supra (tachado: donata) causa mortis donata habebunt115, tenebunt et observabunt116 et in nullo contrafacient vel venient aliquo iure, causa vel eciam ratione. Actum est hoc in monasterio Vallis Domicelle territorio Barchinone tricesima prima madii anno a nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \circ }$ CCCCº decimo. (Tachado: Testes sunt) Signum Martini etc, qui haec concedimus et firmamus. Testes sunt qui presentis fuerunt (tachado: nobiles Rogerius Bernardus de Pallars), (intercalado y tachado: Geraldus Alamanii de Cervilione, gubernator [sigue la línea en el f. 8, pieza núm. 7] Cathalonie), (tachado: Petrus de Cervislione (sic) maiordomus), [sigue la línea en el f. 8, pieza núm. 7:] (tachado: Raymundo de Sancto Miniato, camerario, militibus), Francisco d’Aranda, donato Porte Celi et Ludovico Aguilo domicello. Item nobilis Rogerius de Montecatheno dixit haec vel simila verba in effectu. Senyor, si als es de vos, que Deu nos faes tant de mal queus perdessem, los vostres bens mobles, plau vos que sien tots de la senyora regina. Et dictum dominus respondens dixit hoc. (Intercalado: Testes) etc. Et post paulum (tachado: Rogerius Bernardus de Pallars) dictus nobilis Rogerius dixit etc: Senyor, vos havets dit queus plau vos que tots los vostres bens mobles sien de la senyora regina, plau vos que los dits bens mobles e les vostres yoyes sien de la senyora regina e lo palau menor e la torre de Bellesguard. Et dictus dominus rex respondens dixit hoc. Et deinde cum fuissent domino regi predicto per episcopum [et cetera] dicta haec verba vel similia in effectu: Senyor, algunes yoyes vostres son empenyorades, plau vos que sien quitades de vostres bens e que remanguen quities a la senyora regina. Quiquidem dominus respondens dixit hoc. Postea die sabbati XXXIª madii dictus episcopus reducens ad memoriam dicti domino regi predicta iam sibi die altera dicta et explicata dixit hec (sigue el texto en el f. 8, que equivale a la pieza núm. [7]) verba vel similia in effectu: Senyor (tachado: plauraus) plau vos que (tachado: vos) tots los bens mobles vostres e yoyes vostres e lo palau menor e la torre de Bellesguard sien de la senyora regina e quen sia feta carta de donacio a la dita senyora, respondens dixit hoc. Et continuo ego dictus prothonotarius repetens eidem domino verba predicta dixi: Senyor, plau vos donchs que tots los bens mobles e yoyes vostres e lo palau menor de Barchinona e la torre de Bellesguard sien de la senyora regina e que lin sien fetas cartes de donacio e altres a tot son profit a consell de vostre vicecanciller, respondens dixit hoc. De quibus etc. [Al f. 8v:] Al molt honorable senyor en Francesc de Alçamora etc. Las correcciones marcadas en nota corresponden a las realizadas por Esperandéu Cardona. Las marcadas en el texto son de otra mano, que parecen ser las del protonotario, y que recogen las observaciones de Cardona. El papel conserva los dobleces por donde fue plegado, y al dorso el sobrescrito: “Al molt honorable senyor en Francesc de Alçamora etc.” Este fue un notario que ejerció en Barcelona desde fines del siglo XIV y que pertenecía al círculo de escribanos reales117. Debió de ser uno de los escribanos que trabajaron intensamente durante los días $3 0 \mathrm { ~ y ~ } 3 1$ de mayo en la preparación de los numerosos instrumentos que integran el protocolo de Sescomes: en este caso, se le remitió la minuta del acta con la declaración del rey Martín en relación con la herencia de la reina Margarita, que había de formalizarse en esta pieza núm. [1]. Como vemos, esta pieza tiene dos partes. La primera, por orden topográ- fico, es el instrumento de donación; le sigue el acta con la expresión de la voluntad del monarca respecto de este asunto, anterior en el tiempo a aquella: constituyen el juego de actio y conscriptio como fases sucesivas de la génesis documental tan estudiada por los diplomatistas. Salvo Roger Bernat de Pallars (de quien sabemos que estaba en otras listas de testigos de aquellos días), los otros cinco testigos (Guerau Alemany de Cervelló, Pere de Cervelló, Ramon de Sentmenat, Francisco de Aranda y Luis Aguiló) lo fueron también del acta de la última voluntad del rey Martín del día 30 de mayo, y todos ellos, menos Ramon de Sentmenat, figuraron también en la del día 31 de mayo. Las fórmulas del acta de donación a favor de la reina Margarita coinciden con las que ya conocemos sobre la sucesión de los reinos, sobre los oficios y sobre la confirmación del testamento. En la fase de la actio, durante la noche del 30, actuando un personaje de la corte como portavoz, se interroga al monarca sobre su voluntad, quien manifiesta su aquiescencia mediante una simple afirmación (hoc) a la misma pregunta hecha bajo diversas fórmulas por distintos individuos, para despejar cualquier duda o sospecha, incluidas las de enajenación mental del moribundo; el día 31 se reitera este procedimiento, añadiendo en boca del protonotario, como fedatario público, la fórmula que permita redactar los instrumentos jurídicos pertinentes (lo cual constituye lo que en términos diplomáticos se conoce como iussio-rogatio); se suscribe el acta por un número suficiente de testigos, que desde luego no son necesariamente todos los presentes al acto y, finalmente, ya en la fase de conscriptio, se redacta el documento en cuestión, que por las especiales circunstancias del caso ha de hacerse a toda prisa para llegar a expedirlo antes de la muerte del otorgante, de modo que se solapan cada uno de los sucesivos estados diplomáticos de la génesis documental (imbrevatio, mundum, recognitio, registratio, validatio). El protonotario, el vicecanciller y los escribanos debieron estar trabajando toda la noche del 30 al 31 de mayo para llegar a tiempo y tener listos los documentos antes de que el monarca falleciera, pues el tiempo corría en su contra (hasta el punto de que, en el resumen que encabeza el documento, el rey figura ya como difunto). Al acta del día 30 en favor de la reina Margarita se hace referencia al principio del tenor de la donación del día 31. También en este documento se menciona la confirmación del testamento hecha, como vimos, el día 30. Félix Duran i Cañameras mencionó este documento, del que dijo no conocerse ni el original ni la copia auténtica, sino solo una copia registrada en el f. 66 del registro “Diversorum secundus” del Archivo Municipal de Barcelona118. La donación mortis causa a favor de la reina Margarita fue ejecutada, al contrario de lo ocurrido con la del reino de Sicilia a Federico. En septiembre de 1410, la reina Margarita procedió a inventariar los bienes muebles que se encontraban en el palacio real mayor, la librería, la capilla real y el guardarropa119. El 12 de noviembre de 1410, la reina viuda, a través precisamente de Roger Bernat de Pallars, presentó ante el Parlamento de Cataluña una solicitud para entrar en posesión de los bienes que fueron del rey Martín y ser alimentada de ellos en el año de duelo, y después cobrar sus frutos hasta que fuese pagada su dote y lo que le pertenecía. Los parlamentarios no quisieron entrar a disputarle este derecho y aceptaron esta reclamación hasta que se declarase sucesor de la Corona120. La reina estuvo en posesión de la torre de Bellesguart y del palacio real menor de Barcelona, además de las joyas y otros bienes que le dejó su marido, con grandes dificultades pues sus apuros económicos fueron siempre considerables121. La donación mortis causa a la reina Margarita se menciona en un documento de 1419, exhumado por Duran i Cañameras, mediante el cual el rey Alfonso el Magnánimo le autorizó a vender, establecer en enfitéusis o empeñar los palacios que había heredado de su primer marido122. 7. Otras donaciones. Por último, en el protocolo o cuaderno de notas de Sescomes, junto a estas declaraciones de la voluntad del rey Martín I y los instrumentos notariales que la formalizaban, hay un grupo de documentos que contienen donaciones mortis causa o ínter vivos, realizadas por el monarca el último día de su vida, a favor de varios de sus servidores mas cercanos. Todos están expedidos en nombre del rey Martín I, refieren que el monarca se encuentra enfermo en peligro de muerte pero con su plena conciencia y habla (según la apostilla de Esperandéu Cardona hecha en la donación a la reina Margarita), y vienen datadas: “Actum est hoc in monasterio Vallis Domicelle territorii Barchinone in quadam camera vocata de la Abadessa tricesima prima die madii anno a nativitate Domini $\bf M ^ { \mathrm { ~ o ~ } } C C C C ^ { \mathrm { { o } } }$ decimo regnique nostre quintodecimo”. Son las piezas núms. [2, 3, 4, 8, 10, 11, 13, 14, 22, 23, 24, 25 y 26]. Con estas donaciones el rey Martín recompensó, en sus últimas horas de vida, a sus más inmediatos servidores, algunos de los cuales le rodeaban en su lecho de muerte, como Pere y Ramon de Sentmenat y Pere de Cervelló, mayordomos; Luis Aguiló y Ramon de Torrelles, camareros; o el abad de Ripoll, Berenguer de Rajadell, su confesor. De otros, como Ramon de Blanes, mayordomo, o Berenguer Arnau de Cervelló, camarlengo, no tenemos constancia que estuvieran presentes en estas escenas, pero tales mandas de última hora así parecen atestiguarlo: no todos los individuos que asistieron dejaron constancia documentada123. Finalmente, hay dos casos en el que el monarca actúa movido por escrúpulos de conciencia, como son las restituciones de bienes a la condesa de Ampurias y a Guillem Ramón de Moncada, de la rama siciliana de los condes de Augusta. Como ocurre con los instrumentos relativos a Federico o a la reina Margarita, todos estas concesiones in artículo mortis van con las apostillas jurídicas de Espereandéu Cardona y con las correcciones del protonotario Sescomes, que las recogen, además de introducir por su cuenta otras enmiendas de estilo y observaciones menores, a veces reveladoras. Por ejemplo, en el núm. [22], al referirse el instrumento a la donación a favor de Ramón de Torrelles, se añade un interlineado con la expresión: “tanquam bene merito et condigno”, fórmula que se incluye en otras concesiones reales dadas ese mismo día en beneficio de otros servidores pero, en esta, una señal al pie remite a una nota, de letra de Sescomes, que en un tamaño ínfimo dice: “credo que hec verba non sint neccessaria” (f. 30r), muestra de esa mezquindad burocrática tan característica de las oficinas públicas que pervive a través de los siglos. 8. Conclusiones y valoraciones $\wr S \mathrm { e }$ mantuvo oculto este cuaderno y las disposiciones en él contenidas? Dado el número de asistentes, el secreto no era factible, porque se trataba además de documentos públicos. Con independencia del protonotario (a quien hemos visto en determinado momento amenzar veladamente con revelar su contenido ante todos los parlamentos y complicar así aún más el proceso de declaración de sucesor), del vicecanciller, o del escribano, los testigos que suscribieron las actas o los documentos eran los únicos que podían estar al cabo de todo lo ocurrido en aquellas últimas horas. Su trayectoria política divergió. No es cierto que todos estuvieron ligados por unos mismos intereses o se declararan acérrimos antiurgelistas. Lo fue Guerau Alemany de Cervelló, gobernador de Cataluña, partidario inicial de Luis de Calabria, muy activo en todos los sucesos del Interregno y que se pasó después al bando trastamarista, al cual prestó grandes servicios124. Francisco de Aranda, hombre de trayectoria sinuosa, gozaba de la confianza de Benedicto XIII y fue un activo agente papal: sabedor del legado a favor de su nieto hecho por Martín I en su agonía, fue en principio partidario de Federico de Luna pero después varió su posición en el mismo sentido que el papa y san Vicente Ferrer y se adhirió al voto a favor de Fernando de Antequera125. Por el contario, el catalán Guillem Ramon de Moncada fue un firme urgelista, llevado más bien por sus relaciones familiares, pero sin dejarse dominar por el sectarismo, porque en un principio llegó a apoyar a Luis de Calabria y después sirvió a Fernando de Antequera, aceptando la sentencia de Caspe y sin dejarse arrastrar a la revuelta del conde de Urgel. Pere de Cervelló, inmerso también en las discusiones políticas del Interregno, defendió en última instancia la candidatura de Federico, aunque murió en 1414 siendo camarlengo del infante Alfonso. El día 30 de mayo firmaron también el acta con la voluntad de Martín I, como testigos, Lluís de Prades, obispo de Mallorca (fiel a Benedicto XIII, a cuyas órdenes estuvo hasta la muerte); Ramon de Sentmenat, que falleció ese mismo año, y Roger de Moncada, gobernador de Mallorca, partidario de Jaume d’Urgell. Sus posiciones políticas, pues, tampoco fueron coincidentes, como no lo fueron la de otros individuos que aparecen en los documentos expedidos los días 30 y 31 de mayo. Es el caso de Roger Bernat de Pallars y Bernat de Fortià, que incluso militaron en partidos opuestos, sin que pueda decirse de ellos que en mayo de 1410 fueran declaradamente antiurgelistas, partidarios de la reina Violante, agentes del infante Fernando o defensores de Federico. Si no ocultación, sí hubo, por causas diversas —incluido el interés crematístico de Sescomes— una cierta discreción respecto a lo dispuesto por el rey Martín en sus últimas horas, especialmente en lo relativo a las materias políticas. No se conoció el contenido exacto del instrumento con la donación del reino de Sicilia otorgada a favor de Federico, ni nadie la reclamó nunca durante el Interregno. Tampoco trascendió la declaración real sobre una regencia o sobre los oficios trienales, si bien se sabía de ella de algún modo, porque fue lo que permitió a los gobernadores seguir en sus puestos y convocar los parlamentos para designar sucesor, sin que se requiriera un traslado de esta declaración. En otros casos, sabemos que algunos de estos instrumentos que afectaban a particulares fueron expedidos en su pública forma, porque en la matriz registral del protocolo de Sescomes se hace constar, en la cláusula de autorización del notario que cierra el tenor de la escritura, las correcciones y enmiendas realizadas sobre el mundum de la copia entregada a los beneficiarios, por ejemplo en el núm. [14]126. De hecho, se conserva el documento de fecha 4 de octubre de 1441 mediante el cual Alfonso V confirmó a Ramon de Sentmenat la donación que el rey Martín hizo a su padre in artículo mortis de la jurisdicción del lugar y parroquia de Polinyà, el día 31 de mayo de 1410, en Valldonzella, que se corresponde con nuestra pieza núm. [21]127. Obsérvese que las correcciones indicadas en la cláusula de cierre del notario coinciden con las que se señalaron ya en el protocolo de Sescomes128. Como se dice en este documento de confirmación de 1441, Ramon de Sentmenat hijo, desconocedor del instrumento de donación de 1410 (“non informatus de tenore preinserte carte”), en 13 de abril de 1435 había obtenido de Alfonso V otra concesión de la jurisdicción sobre Santiga, lo que es un indicio de la ignoracia que se tuvo del protocolo de Sescomes. En las ciencias naturales, la explicación más sencilla acostumbra a ser la más probable. La imagen de la muerte de Martín I a la luz del protocolo de Sescomes nos muestra una visión algo diferente de la que teníamos hasta ahora, más natural y menos conspirativa, pero en realidad humana y políticamente más compleja y rica. Durante su agonía a lo largo de la noche del día 30 y la mañana del 31 de mayo de 1410, el rey Martín no contestó “hoc” tres veces a la misma pregunta reiterada en otras tantas ocasiones, como se creía hasta ahora, sino una docena de veces a preguntas diferentes. No se trata de una cuestión anecdótica. Esto ya no puede interpretarse como el estertor de un agonizante privado de sus facultades129, porque además consta que en una ocasión se negó a lo que le pedían, a propósito del nombramiento de una regencia. La muerte del rey fue inesperada, pero no súbita. Incluso aceptando el peor de los escenarios posibles (su hipotético envenenamiento), el cuaderno de Sescomes nos deja ver que tuvo tiempo para ordenar sus asuntos por encima de intrigas palaciegas, existieran o no: realizó numerosas donaciones, se ratificó en su testamento de 1407, donó el reino de Sicilia a su nieto, pensó sus respuestas antes de darlas, se levantaron varias actas sobre asuntos de gran calado, se prepararó un borrador de testamento nuncupativo que no prosperó… El soberano fue plenamente consciente de las dificultades de la sucesión y de la invalidez jurídica en que podían incurrir sus actos de última hora, formalmente revisados como mínimo por el vicecanciller y el protonotario. Martín I pudo hacer una señal inequívoca de que su voluntad era dejar sus reinos a Federico (como procedió con Sicilia), pero no fue así, lo que pone en cuestión la interpretación de Valla. A los otros candidatos ni siquiera los mencionó, aunque tuvo ocasión de hacerlo. Por lo que parece a la vista del cuaderno de sus últimas voluntades, Martín I se mantuvo coherentemente hasta su última hora en la vía por la que había optado desde el otoño-invierno de 1409-1410: la de dilucidar la sucesión por justicia130. El significado polí- tico de esta decisión es ya una cuestión de debate historiográfico.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La ciudad de Daroca según el libro de Actas de 1473
LA CIUDAD DE DAROCA SEGUN EL LIBRO DE ACTAS DE 1473. José Luis Corral Lafuente. SUMARIO. Introduccion. La organizacion del Concejo Antecedentes. Las reformas del siglo XV. El sorteo de los oficios. Los oficiales de la ciudad: El justicia. El lugarteniente de justicia. El notario. El procurador. El juez. El almutazaf. Los jurados. Los regidores. Los consejeros. Ciudadanos primeros y segundos. Menestrales y labradores. Los oficiales nombrados por el concejo: Los montaraces. El marcador del argent. Los veedores del argent. Los vifadores. El obrero. El procurador general o sindico. La composicion social del concejo. La Hacienda Municipal. Los ingresos del concejo: Los ingresos por arriendo. Los ingresos de los posteros. Ingresos por alquiler de propiedades. Ingresos por penas impuestas por los oficiales. Los gastos: Censales. Pagos de encuestas. Pensiones de los oficiales. Costo de la cavalgada a Perpinän. Trabajos para el concejo. Gastos de escribania Fiestas. Alcanzada del procurador. Las murallas. Varios. Daroca en el sistema urbano aragonés. El ärea de influencia de Daroca. La localizacion de Daroca. APENDICE I.- Cuentas generales del concejo de Daroca en 1473. APENDICE II.- Salarios y precios en Daroca en 1473. Notas. LAMINA I.- Gastos e ingresos del concejo de Daroca en 1473. LAMINA II.- Daroca en la segunda mitad del siglo XV. LAMINA II.- Rango de las ciudades y villas aragonesas a fines del siglo XV y ärea de influencia de Daroca. LAMINA IV.- Relacion rango-tamano en las_25 ciudades y villas de mayor tamano en Aragón a fines del siglo XV. Bibliograffa. INTRODUCCION. La Historia urbana del Aragón medieval comienza a tener un importante desarrollo en los ultimos anos1 ,siguiendo las pautas marcadas por J. M.a Lacarra² . Zaragoza ha sido la mejor y más profusamente estudiada de todas las ciudades medievales aragonesas,gracias sobre todo a las imprescindibles y constantes aportaciones de M.a I. Falcón² .El resto de las ciudades y villas importantes tienen una bibliografia muy desigual. ·. Daroca cuenta con algunos libros que resumen de un modo genérico toda su historia,pero o son demasiado antiguos o carecen de una sistematica cientifica4 ;recientemente S. Quilez ha realizado una aportación fundamental,pero es mucho todavia lo 1 Buena muestra de ello han sido las IV Jornadas de Estudios sobre Aragón,celebradas en Alcaniz en noviembre de 1981.En las actas,que apareceran en breve,M.a I.FALCON y J.L. CORRAL sistematizan la bibliografia existente sobre las ciudades en Aragón en la Edad Media y resumen las aportaciones realizadas hasta el momento.En las I Jornadas de Teruel la profesora FALCON (1979a) presentaba un breve estado de la cuestion sobre las villas aragonesas en la Edad Media.La propia doctora FALCON presentaba al coloquio sobre la ciudad espanola en los siglos XIII al XVIII celebrado en La Räpita (Huelva),en septiembre de 1981,una comunicación sobre las ciudades medievales aragonesas. Antes que los propios historiadores hispanos fueron JURGENS (1926),VERLINDEN (1936) y LOMBARD-JOURDAN.(1938) quienes se interesaron por hacer un balance de los estudios sobre historia urbana en Espana durante la Edad Media. Pronto comenzaron los investigadores locales a resenar y a resumir los trabajos sobre la historia de los nucleos urbanos espanoles: LACARRA (1952 y 1959),UBIETO (1952),FONT RIUS (1955a y 1969), MARTIN DUQUE (1956),GARCIA DE VALDEAVELLANO (196O) y LACARRA y FONT RIUS (1977). 2LACARRA,1950 y 1958. 3FALCON,1975;1976a; 1976b;1977;1978;1979b y 1981. 4Anónimo,1978; BELTRAN,1954; BLASCO,1870; ESTEBAN,1959...etc. 5 S. QUILEZ presentó su tesis de licenciatura en la Facultad de Letras de Zaragoza en mayo de 1978,en la que estudiaba un cartulario de privilegios de Daroca conservado en el Archivo Municipal de Zaragoza, con documentos de 1142 a $\mathbf { 1 3 6 3 \ y }$ uno anadido de 1398.Una parte de este trabajo lo publico en esta misma revista en 1980. que queda por hacer en la historia de la ciudad de Daroca6 . En este trabajo estudiamos la organizacion municipal de Daroca a través del libro de actas del concejo de la ciudad del ano 1473, ünico de los siglos medievales que se conserva en el Archivo Municipal de Daroca (AMD) . LA ORGANIZACION DEL CONCEJO. Daroca tuvo una evolucion urbana muy acelerada desde 1142 hasta 123o.En un siglo triplica la superficie de la Darwaca musulmana.Pero a partir de este momento se detiene su expansión,e incluso retrocede ante las agudas crisis del siglo XIV, para no recuperarse hasta la segunda mitad del siglo XVI. En la segunda mitad del siglo XV Daroca cuenta con una organización municipal plenamente consolidada, tras una larga evolución de más de trescientos anos . Antecedentes. La primera organización estable del concejo de Daroca data del fuero concedido en 1142 a la villa por Ramón Berenguer $\mathbf { I V ^ { 1 0 } }$ 6 Actualmente estamos ultimando nuestra tesis doctoral sobre la Comunidad de Daroca en la Baja Edad Media (siglos XII y XIV). Con M.a J.CERVERA e I. UBIETO presenté una comunicacion sobre el recinto amurallado de Daroca a las IV Jornadas sobre Aragon de Alcaniz y tengo preparados para imprimir $\pmb { L } \pmb { a }$ evolucion urbana de Daroca y Rentas de fincas urbariusen Daroca en el siglo XV y en preparacion Daroca y su entorno en la Baja Edad Media:un modelo de'aprovechamiento agricola del entorno en la Baja Edad Media.Ademas estaen curso de excavacion el recinto amurallado de la ciudad,dirigida por mi mismo en colaboracion con M.a J. CERVERA e I. UBIETO.Esta ya en imprenta la memoria de la excavacion correspondiente a la campana de 1981. 7 El Archivo Municipal de Daroca se encuentra instalado provisionalmente en unas dependencias del ayuntamiento,en tanto se restaure el edificio tradicional,en el cual estan previstas dos salas para su ubicacion definitiva. 8 Recientes consultas en el Archivo Colegial de Daroca nos han proporcionado un material inestimable para determinar la poblacion yel flujo demografico en Daroca a lo largo de la Edad Media. 9 QUILEZ (198o,11o-121) explica el desarrollo y las circunstancias del cargo del justicia,pero falta un estudio en profundidad de la evolucion del régimen municipal desde sus origenes hasta su consolidacion en el siglo XV. 10 El fuero ha sido publicado por MUNOZ Y ROMERO (1847,534-543),CAMPILLO (1915),ESTEBAN (1959,n.o 1). QUILEZ transcribió la copia del cartulario que. Debió existir un fuero anterior, ya que en 1129 Alfonso I concedia a la villa de Caseda (Navarra) los fueros de Daroca y Sorial1 . Mucho se ha especulado sobre este primer fuero,afirmando incluso que se podia tratar de un fuero extenso,a modo del de Teruell².Pero este primer fuero debió de consistir simplemente en una carta de población amplia,muy semejante al fuero de 1142, en que el principe de Aragón Ramón Berenguer concede una carta y confirmacion13 , ratificando una serie de preceptos y leyes concedidas con anterioridad. En este fuero ya se contemplan algunas magistraturas del concejo y de representacion real que se seguirán manteniendo en el siglo XV; en concreto el juez,los alcaldes (llamados desde el siglo XII jurados), los andadores (regidores ?),el justicia,el escribano (luego notario),el almutazaf, los guardas de la dehesa, los vifadores y los barones (o corredores de ventas),e incluso aparece ya el cargo de merino como representante financiero del rey14 . Las reformas del siglo XV. Queda claro que el cambio de dinastia en l412, tras el Compromiso de Caspel5,supone un cambio sustancial en las estructuras de poder en Aragón. El cambio socio-politico lleva consigo un cambio decisivo en la administración de los municipios aragoneses,notándose frente al autogobierno anterior una progresiva influencia en la provision de cargosl6 .Buena muestra de la reorganizacion en la administracion de las ciudades y villas del reino estudio en su tesis de licenciatura (1978,n.° 1). Recientemente M.a del Mar AGUDO ha presentado su tesis doctoral sobre El lexico del fuero de Daroca (septiembre 1981);un breve avance lo publicó en 1979. 11 "...don et concedo vobis vicinos de Cassda tales foros quales habentillos popu. latores de Daroca et de Soria" (MUNOZ Y ROMERO,1847,474). 12 El fuero de Teruel que hoy se conoce es una redaccion de mediados del siglo XIII; aunque el original fuera concedido en 1177 por Alfonso II,el que se conserva es una modificacion ampliada a lo largo de la primera mitad del siglo XIII. 13 Ego Raimundus... facio hanc cartam et confirmationem ad barones et populatores de Daroca.Desde ahora citamos las menciones al fuero de Daroca por la edicion de Campillo de 1915. (Fuero de Daroca, 321). 14 Sobre el cargo de merino: LEDESMA (1977)y ORCASTEGUI y SARASA (1977). 15 SARASA, 1981. Es la mas completa y reciente monografia sobre el Compromiso. 16 LEDESMA,1969,672. es la gran cantidad de ordenanzas y disposiciones legales que se promulgan a lo largo de la primera mitad del siglo $\mathbf { X V ^ { 1 7 } }$. En Daroca estas reformas se aplicarán sucesivamente desde la llegada de los Trastamaras al poder.En l425 Alfonso V le concedia el privilegio de nombrar a 14 guardias y un jefe para que celasen la ciudad por la nochel8.En 1444 la reina dona Maria, esposa de Alfonso V, concedia unas ordinaciones a la ciudad19 ; Alfonso V dictaba algo después una serie de normas para la elección de justicia20. El sorteo de los oficios. El concejo era llamado a reunion en las casas comunes y universales de la ciudad de Daroca a son de trompeta²1 por el nuncio y pregonero publico²² .A fines de cada ano se reunian los oficiales y se procedia a la renovación de los cargos. En la reunión de fines de l472 se reunieron el justicia,el lugarteniente de justicia, el juez,4 jurados, 3 regidores, 3 consejeros y 16 ciudadanos y vecinos23 . Constituido el concejo de ciudadanos se procedio al sorteo de los oficios. Todos los oficios de la ciudad fueron sorteados, incluso el de justicia²4 . Los nombres de los ciudadanos que tenian derecho a ejercer cargos municipales se guardaban en una caja cerrada con cuatro llves25 ,en Zaragoza eran solo tres26 . Esta caja se colocaba encima de la mesa de la Corte del concejo. La caja contenia una serie de bolsas con los nombres de los ciudadanos que podian desempenar cada cargo. Estas bolsas eran examinadas con anterioridad para que no hubiese fraude.Para la extracción de los nombres en el sorteo se llamaba a un nifio pequeno, de aspecto menor de diez afios²7. Cada bolsa contenia el nombre de los habiles para cada cargo, de modo que habia una bolsa para la elección de notario,otra para la de justicia,procurador,etc... Se sorteaban los oficios por orden de jerarquia, salvo el del notario del concejo que se realizaba en primer lugar,y a continuacion el de justicia, siguiendo todos los demás oficios. Los nombres de los ciudadanos y vecinos escritos en un boleto de papel de pergamino, se introducian en un redolino, bolsa de cera o de madera²& .Los redolinos con los nombres de los aptos para cada oficio se depositaban en un bacin lleno de agua, que a su vez se cubria con un pano²9 . El nino metia la mano bajo el pano y tomaba un redolino del bacin. El nombre que contenia se leia en voz alta y quedaba habilitado de inmediato para el cargo. Una vez sorteado el oficio se recogian todos los redolinos y se guardaban en su bolsa y luego en el cajon que contenia todas las bolsas. A continuacion se procedia a la extracción del siguiente oficio de igual manera,y asi hasta que se acababa el sorteo con la provision de todos los cargos. Los oficios que se sorteaban eran los siguientes30 . <table><tr><td>OFICIO</td><td>N.° DE VECINOS QUE ENTRAN EL SORTEO</td><td>NOMBRE DE LOS ELEGIDOS PARA 1473</td><td>CARGOS SALIEN- TES DE 1472</td></tr><tr><td>Notario</td><td>8</td><td>GabrielRamirez</td><td></td></tr><tr><td>Justicia</td><td>14</td><td>Juan López Beltran Juan Donato</td><td></td></tr><tr><td>Lugarteniente de Justicia</td><td>9</td><td>Juan Ram</td><td>Pedro Sanchez Aznar</td></tr><tr><td>Procurador</td><td>10</td><td>Juan Cristian</td><td></td></tr><tr><td>Juez</td><td>116</td><td>Juan Lopez Beltran Gabriel Ramirez</td><td></td></tr><tr><td>Almutazaf</td><td>69</td><td>Juan Lopez de Aza- gra</td><td></td></tr></table> 27 Actas 1473,f. 2v. 28 En Zaragoza los teruelos o redolinos eran de cera (FALCON,1978,20). 29 Actas 1473,f.2v. 30 Id.,ff. 2v-5. 7 Jurados 95. Regidrs Primeros 15 Regidores Segundos 37 Regidores Menestrales 4 Regidores Labradores 18 5 Consejeros 11. Bartolome Cle- Antón Lopez mente Mufioz Jimeno Clemente Francisco del Lagar Juan del Villar Pedro de Bello Leonardo de Santa Lope de Huetedo Pau Miguel Alegre Pedro Garcia, ju Juan Palaciano rista Pedro Garcia, ju- ·Leonart de Santa rista Pau Juan Fierro Maestre $\pmb { G } ^ { \mathbf { a } }$ Sebastian Andreés Alejandre Juan Lopez Beltran Lazaro Forment Juan Donato Antón Moreno Maestre Gabriel Jimenez Juan Aimar Pascual Sanchez Anton Lopez Mufoz Juan de Molina Miguel de Urrea,espadero Juan de Orera Izquierdo. Ciudadanos primeros 14 Ciudadanos segundos 1 Menestrales 28 Labradores 18. Los elegidos debian habitar en la ciudad con su familia la mayor parte del ano31. Una vez nombrados los nuevos oficiales se procedia a elegir una serie de cargos del concejo,para lo cual se reunian los oficiales entrantes y los salientes en la sala secreta de la casa del concejo y designaban a los montaraces, al marcador del argent y a los veedores del argent3² y al procurador33 o sindico general34,que debian jurar ejercer bien sus cargos35 . 31 Id.,f.3v. 32 Id.,f. 5v. 33 Id. 34 Id.,f. 8v. 35 Id.,f. 10v. A continuacion juraban ante la Cruz y los cuatro Evangelios observar y guardar los Fueros, Privilegios, Libertades,Usos y Costumbres del Reino de Aragón y los Estatutos y Ordenanzas de la Ciudad de Daroca durante el tiempo que permaneciesen en sus cargos y ejercerlos bien et lealment, sipartando todo odio, amor, temor $y$ dono, debiendo de preocuparse de evitar cualquier mal y conseguir todo bien a la ciudad36 . La caja con las bolsas del sorteo se guardaba de nuevo en el archivo del concejo,que estaba cerrado por tres cerrajas, cuyas llaves tenian el notario, el juez y el justicia7. El concejo se reunia en las casas de la ciudad todos los vier$\tt { n e s } ^ { 3 8 }$ . Los oficiales de la ciudad. El concejo,y por tanto los que lo componian,eran la expresión juridica y publica de la comunidad local de ciudadanos39 . En todas las ciudades y villas importantes de Aragón era muy semejante su composicion40 . EL JUSTICIA. Era el cargo mas importante. del concejo de la ciudad.Presidia el gobierno concejil y la administracion civil y criminal41 . Ya se cita en el fuero de Daroca de 1142. Si aceptaba el cargo sin el consentimiento del concejo podria ser apedreado y allanada su casa4² ,pues en el fuero se establecia que ningun vecino de Daroca pueda aceptar el cargo contra la voluntad del concejo43 , por lo que parece que dicho cargo era nombrado directamente por el rey,pero debia de ser aprobado por el concejo de Daroca.El justicia aumentarä progresivamente su poder a costa del senor de la villa, hasta llegar·a detentar todas sus funciones cuando desaparezca éste a principios del siglo XIII44 .El nombramiento real para el cargo de justicia parece general en todas las ciudades y grandes villas aragonesas, aunque los concejos intervinieron cada vez mas45 .En Zaragoza recibia el nombre de zalmedina46 y fue elegido directamente por el rey hasta 1256 en que pasó a designarlo el monarca segun una lista de seis ciudadanos que le proponia el concejo47,en 1414 se volvió al nombramiento real directo,pero en 14i8 se tornó a la elección indirecta por el rey segun una terna a propuesta del concejo de Zaragoza48 .En Huesca el justicia es la maxima autoridad municipal49 . Los monarcas nombraron directamente al justicia de Daroca en algunas ocasiones,aunque las libertades que gozaba la ciudad lo impidieran. Esta situacion habia planteado problemas de enfrentamiento en el siglo XIV entre el rey y la entonces villaso. El procedimiento de elección de justicia desde 1257 lo analiza S.Quilez ampliamente, sefalando la evolucion del cargo entre 1257 y $1 3 6 4 ^ { 5 1 }$ . De los 4i justicias documentados por-S. Quilez entre 1280 y l364,11 fueron elegidos directamente por el rey y 19 por terna,y de 11 no se conoce el procedimiento\$² .Las disputas por la forma en que se debia de hacer el nombramiento fueron constantes. Asi,en 1292 Jaime II ordenaba que fuera elegido un justicia para Daroca de su camara,en tanto decidia la disputa entre los vecinos de Daroca, ya que unos pedian un justicia de designacion real y otros que fuera elegido por los vecinos53. Actuaba en todos los aspectos de la vida de la villa, salvo en los tributarios que los ejercian los oficiales realess4 . 44 LACARRA,1963,218. 45 FONT RIUS,1954,178. 46 FALCON,1975,531. 47 Id.,532. 48 Id. 49 ARCO,1913,113. 50 QUILEZ, 1980,110. 51 Id., 110-121. 52 Id., 113-114. 53 ACA,Reg. 94,fol. 78;regesta CAMPILLO,1915,serie 2.a, n. 87. 54 QUILEZ,1980,112. El procedimiento de elección real o por terna se sustituyó por el de insaculacion de la bolsa correspondiente5s,aunque desconozco en que momento debió establecerse este cambio, pero ha de fecharse a comienzos del siglo XV. El sueldo del justicia del siglo XV era de 5OO sueldos56 .Recibia ademas la mitad de los derechos de escribania de su coste y otros cobros por penas y caloniass7 . EL LUGARTENIENTE DE JUSTICIA. Actuaba como auxiliar del justicia y ponia en ejecucion las decisiones civiles y criminales58.Su salario era de 1OO sueldos anuales59 . EL NOTARIO. Era el primer oficio en ser insaculado6o .Actuaba como escribano y secretario del concejo, y daba fe de los acuerdos tomados por la ciudad y llevaba personalmente el registro de las sesiones del concejo y la confeccion del libro de actas del municipio.Cobraba por su trabajo 4Oo sueldos anuales61,ademas de cobrar diferentes can tidades segun los documentos que certificaba6² . EL PROCURADOR. Actuaba como nuncio y delegado del concejo en asuntos a tratar fuera de la ciudad6 . No hay que confundirlo con el cargo de procurador general o sindico, como explicaremos mäs abajo. EL JUEZ. Era el principal funcionario de la administracion de justicia en los municipios64. Ya existia el cargo en 1142; estaba encargado de juzgar los delitos cometidos dentro de los términos de.Daroca65 . 55 ESTEBAN,1959,156. 56 Actas 1473,f.81v. 57 ESTEBAN,1959,158. 58 Anónimo,1878,16-17. 59 Actas 1473,f.81v. 60 Id.,f. 2. 61 Id.,f. 82. 62 Id., ff. 90v y 96. 63 Id., f. 101v. 64 FONT RIUS,1945,418. 65 Fuero de Daroca,326. Actuaba como alcaide de la ciudad y como juez de penas y multas66.Ejecutaba algunas resoluciones del concejo referido a derechos de aguas67. Se encargaba de la guarda de los presos que estaban retenidos en la cárcel68 . Sus atribuciones eran fundamentalmente judiciales69 . Estaba encargado de guardar el sello de la ciudad7o,para lo que recibia 1O sueldos anuales para la cera71 .La.retribucion por su trabajo era de 5O sueldos7² . EL ALMUTAZAF. La figura del almutazaf se recoge ya en el fuero como encargado de hacer guardar en la villa de Daroca los pesos y medidas73, siendo su cargo elegido por el concejo74 .Acompanaba al juez en algunas visitas ordenadas por el concejo75 ,con el encargo de comprobar pesos y medidas7 y de velar por la buena marcha de las transacciones mercantiles77 . Cobraba parte de las penas impuestas por algunos delitos78, pero no tenia un salario fijo. LOS JURADOS. Eran los principales representantes del municipio79 . Su numero no era igual en todos los concejos aragoneses8o .Eran 7 en Daro$\mathbf { c a ^ { 8 1 } }$ , en recuerdo de las 7 parroquias por las que eran elegidos en 66 MARC0S,1976-77,103. 67 Actas 1473,f.11. 68 Id.,f. 82v. 69 AZNAR,1905,12. 70 ESTEBAN,1959,161. 71 Actas 1473,f.82v. 72 Id. 73 Fuero de Daroca,338. 74 CHALMETA,1970,151. 75 Actas 1473,f. 11. 76 Anónimo,1878,16 y MARCOS,1976-77,103. 77 AZNAR,1905,17. 78 ESTEBAN,1959,162. 79 ARCO,1913,113. 80 El numero de jurados solia coincidir con el de las parroquias de cada ciudad; au que sucesivas normas reales fueron modificando su numero. 81 Actas1473,ff.3v-4 y MARCOS,1976-77,103. los siglos XI y $\mathbf { X I V } ^ { 8 2 }$ . No aparecen citados en el fuero, pero han de equivaler a.los que el propio fuero denomina como alcaides83, como senala Rafael Esteban84 . Formaban una especie de cabildo concejil o corporacion que asistia al justicia&5. Solian pertenecer a las clases mas elevadas; en Zaragoza se sacaban de entre los ciudadanos mas pudientes86. Formaban el auténtico nucleo del concejo. No tienen un salario fijo en las cuentas de la ciudad, pero conocemos una orden de Alfonso V por la que establecia que las aldeas debian de pagar 250 sueldos a cada jurado el 1 de diciembre de cada ano&7.. LOS REGIDORES. Eran oficiales menores del concejo,en numero de $4 ^ { 8 8 }$ . Eran elegidos en 4 bolsas independientes. En una bolsa se sacaba el regidor primero&9,de otra diferente el regidor segundo,de la bolsa de labradores se sacaba el regidor de labradores y de una cuarta bolsa el regidor de menestrales o de oficiales90 . A los regidores primero y segundo se les asignaba el mantenimiento de las vias publicas, fuentes y caminos de la ciudad; y a los oficiales y labradores la conservacion de ramblas,acequias, puentes y rios91.Cobraban cada uno de ellos 10O sueldos al ano por su salario92 . LOS CONSEJEROS. Eran $5 ^ { 9 3 }$ .Tenian unas funciones similares a las de los regido$\cos ^ { 9 4 }$ .Cobraban un salario de 3O sueldos anuales95 . 82 QUILEZ,1980,110y MARCOS,1976-77,103. 83 Fuero de Daroca,326. 84 ESTEBAN,1959,159. 85 FONT RIUS,1954,278. 86 CANELLAS,1954,278. 87 CAMPILLO, serie 1.a, numeros 613 y 614. 88 ESTEBAN,1959,162 89 Actas 1473,f.4. 90 Id., f.4. 91 ESTEBAN,1959,162-163. 92 ACTAS1473,f.83v. 93 Id.,f.5. 94 ESTEBAN,1959,162. 95 Actas 1473,f.83. CIUDADANOS PRIMEROS Y SEGUNDOS. Eran 2,y cada uno de ellos se extraia de su bolsa correspondiente% . No se especifica cual era su trabajo en el concejo. MENESTRALES Y LABRADORES. De las dos bolsas se sacaba un nombre de cada una97.Por la similitud de estos dos cargos con los de los consejeros bien pudieran actuar estos cuatro ultimos oficios como ayudantes de los anteriores o como suplentes. Los oficiales nombrados por el concejo. Habia una serie de cargos que no se cubrian mediante el sorteo, sino por eleccion de los miembros del concejo entrante y saliente98 . MONTARACES. Eran $7 ^ { 9 9 }$ . Actuaban como guardias de los montes, prados y la dehesa del concejo. Eran una especie de alguaciles rurales. MARCADOR DEL ARGENT. El puesto fue ocupado en 1473 por un mercader1oo .Actuaba como corredor de las ventas,y controlaba la buena marcha del mercado. Equivale probablemente al sayón que cita el fuero de $1 1 4 2 ^ { 1 0 1 }$. VEEDORES DEL ARGENT. Actuaban como ayudantes del marcador del argent,regulando asi mismo las transacciones.En 1473 fueron nombrados 2,uno de ellos era un notario102. VINADORES. No eran elegidos directamente por el concejo.Los oficiales insaculados nombraban a 14 hombres,2 por cada uno de los 7 96 Id.,f.5. 97 Id. 98 Id. 99 Id.,f.5v. 100 Id. 101 AZNAR,1905,21. 102 Actas 1473,f.5v. pagos o términos donde habia vinas, que eran los de Valantiguo, Ancho,Luco,El Prado, Jalagra,Los Huertos y El Val.Estos elegidores designados por el concejo eran quienes nombraban a los vinadores del ano el dia 27 de diciembrelo3.Eran los guardas de los vinedos104 . OBRERO. Los jurados debian de recorrer al menos una vez al ano las murallas de la gran ciudad y nombrar al encargado de repararlas y mantenerlas en buen estado10s. PROCURADOR GENERAL O SINDICO. Actuaba como tesorero del concejo y depositario de los fondos económicos de la ciudad1o6 .Todos los oficiales debian de rendirle cuentas, tanto de los ingresos, por el cobro de impuestos o multas, como de los gastos. Llevaba las cuentas del concejo de la ciudad y debia hacer balance general económico al terminar su ejercicio. Cobraba por su trabajo 5OO sueldos anuales107. La composicion social del concejo. Toda entidad o centro de poblacin con un órgano de gobierno propio constituia una Universitas108 .Para mantener su independencia tuvieron que pugnar constantemente con los monarcas108. La composición social del concejo ciudadano fue variando en función de las relaciones de poder dominantes.El ingreso en la ciudad suponia la liberación de todos los vinculos de dependencia senoriali10 . El fuero concedido a Daroca en 1142 supuso para la villa la implantacion de una clase social burguesa, en cuanto que “franco de carta” y “burgués” aluden en el Aragón de la Baja Edad Media a una misma condicion social1i1 .Aunque la redaccion 103 Id.,f.31. 104 AZNAR,1905,f.27. 105 Actas 1473,f.27. 106 ESTEBAN,1959,163. 107 Actas 1473,f. 82. 108 ARCO,1953,250. 109 FONT RIUS,1946,496. 110 GIBERT,1957,201. 111 GARCIA DEVALDEAVELLANO,1975,203. del fuero de Daroca es dudosa y hay influencia del derecho castellano,la orientacion hacia el derecho aragones es manifiesta112 . A fines del siglo XII, pero sobre todo durante el XIII, las ciudades de la Peninsula habian llegado a una organizacion municipal clara y definitoria113. El derecho regio se fue imponiendo al derecho municipal114 a partir del siglo XIII. Pero a la vez el municipio,debido al desorden económico,entró a lo largo del siglo XIV en una franca decadencial1s. En toda Europa el patriciado urbano se fue haciendo con el control de los cargos municipales, bien del concejo bien como representantes del rey. Asi por ejemplo,D. Pedro de Jérica, tio de Pedro IV, fue merino de Darocal18.En Castilla los caballeros comenzaron a ocupar los cargos municipales a fines del siglo XIII y en poco tiempo lograrian hacerse con su control119 , acabando por desterrar a las asambleas concejiles que habian actuado entre los siglos X y XIV120 . El concejo estaba constituido por “hombres buenos", vocablo que, si en un principio designaba a los miembros de la nobleza, pronto se extendió a los habitantes de los concejos,pues como aquellos constituian una entidad plural privilegiada12i .Al concejo de Daroca eran llamados los ciudadanos y vecinos122 que estaban insertos en el padron de la ciudad123, sin expresar ninguna diferenciacion de tipo económico. Todos los vecinos podian asistir a la reunion constitutiva del nuevo concejo,con lo que todas las clases urbanas estaban representadas. La diferenciación econó- mica queda clara para la provision de los oficios, llegando incluso a establecerse en un mismo oficio cargos de primera y de segunda clase124 . Los oficios más importantes eran desempenados por los ciudadanos de más elevado rango social. Tan sólo entre 14 nombres se elegia el justicia,mientras que en sorteo para el cargo del juez entraron 116 nombres. Suponiendo que los nombres no se repitiesen para la eleccion de dos cargos distintos, fueron 466 los ciudadanos y vecinos con opcion a ocupar algiun cargo125., lo que implica que cada cabeza de familia podia ocupar un puesto en el concejo, siempre segun su situacion socio-economica126 . Es significativo el marcado caracter laico de los concejos municipales, sin permitir que la Iglesia se entrometiera en las tareas del gobierno ciudadano127. En Daroca no hay mencionado ni un solo clérigo que participe'en la administracion municipal. Por el contrario, los conversos ocuparon numerosos cargos a partir sobre todo de $1 3 9 1 ^ { 1 2 8 }$ Entre los oficiales de Daroca hay algunos cuyo nombre,como Leonardo de Santa Pau,puede indicar una anterior filiacion hebraica. Todo el siglo XV sumirä en una profunda crisis a los grandes municipios,crisis que culminara en la época fernandinal29 .Pero las reformas no fueron tan profundas como supuso A. Canelas que interpretó que la intervención de Fernando I en 1487 en Zaragoza supuso relegar a los patricios fuera del gobierno municipal130;Fernando I trato de reformar la administracion municipal para acabar con la autonomia de los concejos aragoneses frente al poder reali31 y no acarreó de ningun modo el fin del poder del patriciado, pues la clase social y las familias que regentaron el poder municipal tras la intervencion real de 1487 siguieron siendo las mismas132. 124 Actas 1473,f.5. 125 Id.,ff.2v-5. 126 Esos 466 serian poco mas o menos los fuegos de Daroca en 1473. 127 CARRETERO,1956,223. 128 MARQUEZ,1957,503. 129 FONT RIUS,1955b,12. 130 CANELLAS,1959,149. 131 Sobre las reformas municipales de Fernando I son importantes los dos estudios de VICENS VIVES (1952 y 1965). 132 FALCON,1979b,262. LA HACIENDA MUNICIPAL. La hacienda de Daroca fue perfeccionando sus fuentes de ingresos a Io largo de los siglos medievales133.La situacion,economica del reino era lo bastante precaria134 como para que la ciudad de Daroca reflejase la realidad del reino.La situación se complicaba con los constantes pleitos que mantenia la ciudad con sus aldeas. Los ingresos del concejo. En cuatro grandes partidas se centraban todos los ingresos: Los ingresos por arriendos: Eran los mas importantes que recibia la ciudad,ascendiendo a 19.386 sueldos y 4 dineros. Arriendo de las correduras mayores:El arriendo de este derecho era de 7OO sueldosl35 . Se encargaba de abastecer el mercado de la ciudad de una serie de productos como el trigo, legumbres, hortalizas, frutas... El arrendatario podia ser de fuera de la ciudad pero los corredores que contratase para la vigilancia y el cobro de los impuestos debian ser vecinos de Daroca136. Arriendo del tablaje: El arrendatario tenia como mision regular los juegos de azar y destreza que se celebrasen en la ciudad. Se convertia a la vez en un oficial del concejo con la mision de vigilar que no se produjesen juegos prohibidos. Podia imponer penas de 6O sueldos ó 60 dias de cárcel ó 6O azotes si sorprendia a alguien jugando a los juegos prohibidos, llegando su jurisdiccion hasta media legua a la redonda de la ciudad137.Los juegos permitidos eran los dos dados, la parella, las staques, el tejo,la balesta, la pelota y rifar una vega138 . 133 Sobre la formación de las haciendas municipales es importante el trabajo de ALVAREZ DE CIENFUEGOS (1963). 134 Sobre este tema es imprescindible el trabajo de CABANES (1975)y las constantes aportaciones de A.SESMA. 135 Actas 1473,f.33. 136 Id.,f. 34. 137 Id.,f. 38v. 138 Id.,f.38. Arriendo de las correduras menores: El arrendatario controlaba la venta de vino en la ciudad.De cada carga de vino que se vendia cobraba 4 dineros,2 del vendedor y 2 del comprador139 . Arriendo de las tretzenas del pan: El arrendatario debia de preocuparse para que en la ciudad hubiese siempre provisión de pan; para lo cual debia de asignar 4 tiendas para su venta en la calle Mayor,2 en el barrio de Santiago y 2 en el de San Andrés. En tiempo de feria el numero de puestos de venta se elevaba a $6 ^ { 1 4 0 }$ . El pan era un producto intervenido por el concejo y su venta clandestina estaba rigurosamente prohibida141 . Arriendo del cabecage: Incluia a los bueyes, vacas y otros animales del concejo, asi como la explotación de la dehesa de la ciudad142 . Arriendo de las panaderias: Por cada cahiz de trigo que entrase en el almudi de la ciudad el arrendatario recibia una cantidad que era inversamente proporcional al precio del trigo. Asi si el cahiz valia 32 sueldos y 6 dineros recibia l4 onzas y si valia 15 sueldos y 6 dineros,29 onzas.Estos dos precios son el mäximo y el minimo que se establecen para el precio del cahiz de trigo143. Arriendo de los herbages: Consistia en mantener provistas a las carnicerias de la ciudad de carne144. Los carniceros tenian prohibido degollar reses para los moros y judios,que disponian de sus propias carnicerias14s. Otros arriendos: Se arrendaba ademas el aprovechamiento del corral de la ciudad, mediante la explotacion de su estiercol146, el arar del mercado147., la lena148, la comercializacion de los 139 Id.,f. 39v. 140 Id., f. 140. 141 Id.,f. 46v. 142 Id.,f.50. 143 Id.,f. 53v. 144 Id.,f.56. 145 Id.,f. 61. 146 Id.,f.40. 147 Id.,f. 40v. 148 Id., f. 41v. pescados149 y las sisas150. Los ingresos de los posteros. Constituian el segundo capitulo en importancia.Los pecheros cotizaban por parroquias, segun la siguiente distribucion1si. PARROQUIAS POSTEROS CONTRIBUCION Santa Maria 21 961 ss.y3 ds. San Juan 8 395 ss.y 7 ds. San Miguel 37 1668 ss. y 9 ds. Santo Domingo 33 1511 ss.y 3 ds. Santiago .. 17 768 ss.y9 ds. San Andrés 26 1188 ss.y 9 ds. San Pedro 36. 1646 ss. y e ds. Esta contribución de los vecinos cubria, al igual que en Zarago$\pmb { z } \mathbf { a } ^ { 1 5 2 }$ ,el deficit que pudiera haberse producido. En Daroca en 1473 cada pechero tuvo que pagar 45 sueldos, si bien habia que anadir una pequena cantidad por parroquia. Ingresos por alquiler de propiedades. No tenia el concejo grandes propiedades en la ciudadi53 ; se limitaban a 6 casas,una tienda,un corral en la moreria,la casa del burdel publico,una tejera en las eras y dos cuevas con sendos patios bajo el castillo.Recibia además 15 sueldos por la explotacion de la olleria,en manos de un musulmán,y 62 sueldos y 6 dineros por derechos en las carnicerias, En cuanto a fincas rusticas sólo poseia un huerto por el que se pagaban 35 sueldos anuales y una pieza en el término de la Pedrosa que rentaba 5O sueldos154 . 149 Id.,f.42v. 150 Id., f.54v. 151 Id., ff. 70-71. 152 LEDESMA,1969,685. 153 Id.,ff.73v-74v. 154 Id., f. 74. Ingresos por penas impuestas por los oficiales. El total recaudado fue de 1229 sueldos15s . Entre estos oficiales se encuentran el regidor primero,4 consejeros,el notario,el ciudadano primero,el lugarteniente de justicia,el justicia y el procurador general. En esta partida quedaban incluidos los ingresos procedientes de las calonias que habian tenido que pagar los que habian cometido algun delito. Los gastos. Eran muy variados. La mayor parte correspondia a gastos extraordinarios: Censales. Constituian la partida más voluminosa con un total de 12.159 sueldos y 4 dineros156. Enjugaban gran parte del gasto publico a modo de deuda publica1s7 . Pagos de encuestas. Por delitos cometidos en Daroca tenian derecho al cobro de parte de las penas impuestas el arzobispo de Zaragoza con 2.300 sueldos, Juan de Ejea con 5Oo sueldos y el gobernador general de Aragón con 10oo sueldos158. Pensiones de los oficiales. Ya hemos detallado mas arriba cual era el salario de cada oficio en el concejo darocense. En total suponia 31OO sueldos. Pero existian además una serie de pagos por determinados servicios extraordinarios que en 1473 supusieron 1401 sueldos y 6 dineros. A todo ello hay que sumar 8O2 sueldos y 4 dineros por los viajes realizados por los oficiales fuera de la ciudad para resolver asuntos de la misma. Suman en total 5303 sueldos y 10 dineros. Costo de la cavalgada a Perpinan. La ciudad·de Daroca envió 7 caballeros a Perpinan como contribucion del concejo darocense a la pacificacion definitiva de los estados de la Corona, sobre todo Catalufa, tras la guerra que en ésta sostuvo Juan II'de 1467 a 1472. Los gastos de esta cavalgada corrieron a cargo del erario de la ciudad,ascendiendo a 379O sueldos. Los caballeros que debian_de ir a Perpifan enviaron a una serie de representantes suyos. Entre los siete caballeros estaban Juan Palaciano, Miguel Alegre y Pedro de Bello,jurados en $1 4 7 3 ^ { 1 5 9 }$ , que enviaron a su hijo y a Mateo Garcia respectivamente,mientras que Pedro de Bello fue personalmente16o . Mandaba la hueste Bartolome Clemente, tambien jurado16i,que actuaba como capi$\tan ^ { 1 6 2 }$ . Los expedicionarios estuvieron fuera tres meses163,cobrando por cada mes 170 sueldos164. Trabajos para el concejo. El concejo tenia que realizar una serie de gastos de mantenimiento de la ciudad, para lo que tenia que contratar a una serie de peones. Estos trabajos se referian obras en edificios propiedad del concejo como las carnicerias165,en la casa del burdeli66,en la casa del concejol67, en el corral de los bueyes168 o en las ca$1 1 0 5 ^ { 1 6 9 }$ y fuentes17o.Este afo de 1473 apenas hubo obras de importancia en la ciudad; tan solo un retejado de 5OO tejas en la casa del concejol71 y una reparacion leve en las puertas de la ciudad172 . Corria además con algunos gastos en la reparacion y limpieza de acequias173, riego de vifias174, riego de la dehesa175, etc. 159 Id.,f. 4. 160 Id.,f. 90. 161 Id.,f. 3v. 162 Id.,f. 90v. 163 Id.,f.96v. 164 Id.,f.90. 165 Id.,f. 91. 166 ld. 167 Id.,f. 67. 168 Id.,f. 95. 169 Id.,f. 97. 170 Id.,f. 96v. 171 Id., ff. $\$ 23,456$ 172 Id.,f. 97v. 173 Id.,f.97. 174 Id.,f. 97v. 175 Id.,f.83. Gastos de escribania. Otro capitulo importante eran los gastos de escrivania que tenia que abonar el concejo por la documentacion que de éste emanaba. Los pagos se hacian a notarios por escribir una senten$\dot { \mathbf { c } } \dot { \mathbf { i } } \mathbf { a } ^ { 1 7 6 }$ O por el coste de la ejecucion de un albaran177. El total por este concepto supuso 288 sueldos y 3 dineros, a lo que hay que sumar los 295 sueldos que recibieron los correos que llevaron las cartas y los documentos; todo ello sumaba 583 sueldos y 3 dineros. Fiestas. Los gastos de las fiestas corrian a cargo del concejo.La musica formaba parte importante de las mismas, asi como las corridas de toros. Entre los musicos se citan el charamellero,el rabetero, el azamarero,el tamborilero,el trompeta,el tocador de sonajas y el tocador de cafias178. El gasto por festejos se elevó a 236 sueldos y 2 dineros. Alcanzada del procurador. Por gastos del procurador se pagó una elevada suma, que ascendio a 4:28 sueldos y 10 dineros179 . Las murallas. Un gasto importante para las arcas municipales era el mantenimiento de las murallas de la ciudad,fundamentales,no sólo para su defensa, sino para la de toda su Comunidad e incluso para la de todo el reino de Aragón, como se demostró en la guerra contra Castilla de 1356 a 1369,en la que gracias a sus murallas Daroca fue la unica plaza fuerte que resistió a los castellanos. La ciudad mantenia un presupuesto anual de 5OO sueldosi8o .Durante las ferias se protegian las puertas de la ciudad con un cuerpo especial de guardias, a los que el concejo abonó 88 sueldos181. Gastos varios. Dentro de la logica variedad de gastos son importantes los 469 sueldos y 11 dineros por recompensas y agradecimientos a 176 Id.,f. 96. 177 Id.,f. 95. 178 Id.,ff.98-98v. 179 Id.,f.84. 180 Id.,f.68. 181 Id., ff.94-94v. favores realizados a.la ciudad, 225 sueldos y 6 dineros por donativos a hospitales y por beneficencia182, 480 sueldos por donativos a hospitales y por beneficencia182, 480 sueldos por donativos a la iglesia183, 37 sueldos y 6 dineros por alquiler a la tienda de la carniceria y por la casa de la harinai84,7O sueldos por los gastos de la carcel de la ciudad18s,152 sueldos por materiales diversos,475 sueldos y 2 dineros por materiales de construcción empleados en obras y 66 sueldos y 1 dinero por gastos del dia del Corpus186. Un gasto adicional para el erario publico era la construcción del pellerinch o picotal87. La picota se guardaba en casa de un mestro carpintero y se instalaba en la plaza publica.La picota se instalaba mediante tablas, clavos y yeso por unos maestros de obras musulmanes que lo dejaban fijado188. La ejecucion de los castigos publicos la hacia un verdugo o moro de varas que era de Calatayud. Ese ano se azotó a dos hombres en la picota, uno de ellos fue azotado en la feria de San Mateo189. DAROCA EN EL SISTEMA URBANO ARAGONES. Daroca era una de las ciudades mäs importante's del Aragón medieval, nacida a la vez de la riqueza comercial y del caracter defensivo, bases fundamentales del sistema urbano medieval190. Como cabeza de Comunidad organizaba economica y administrativamente un amplio territorio. Era una ciudad de tipo medio,con algo más de 2OoO habitantes, con un importante mercado regional y una incipiente clase artesana y mercantil, pero sin relaciones habituales con los mercados “extranjeros"191. 182 Id.,f. 78. 183 Id.,f.78-78v. 184 Id.,f. 82v. 185 Id. 186 Id., f. 93. 187 FALCON,1981,29. 188 Actas 1473,f.85v. 189 Id.,f. 99. 190 BAREL,1977,525. 191 ENNEN, 1956,411. Dependia en primera instancia de Zaragoza,auténtica cabeza rectora en el sistema urbano medieval aragonés,y a su vez dentro del gran espacio oriental de la Peninsula regido por Barcelona19². A escala de Aragón, Daroca se presenta como una ciudad de alto rango, con una gran importancia económica y administrativa.La ombinación de estos dos elementos,el económico y administrativa.La combinación de estos dos elementos, el económico, por lo que' supone de organización espacial de una región y la creación de un sistema social diferenciado,y el politico-administrativo,por lo que implica de centralización de los servicios juridicos y militares,son los aspectos decisivos para determinar la importancia de las ciudades medievales193 . Daroca une en si las dos funciones. Por una parte es el mercado natural del campo de Bello, campo de Romanos y el Jiloca medio, zonas de marcado carácter agricola y ganadero,y a la vez su privilegiada situacion la convierte en centro politico,administrativo y militar del territorio; de ahi que no sólo fuera cabeza de Comunidad, sino también de Sobrecollida194. El área de influencia de Daroca. El ärea de influencia directa de Daroca eran las 116 entidades de poblacion que integraban su Comunidad. La forma del campo de influencia tiende a ser regular195 ,aunque una serie de circunstancias ajenas modifican en la realidad el campo de influencia que adquiere formas irregulares, similares a una ameba196. En el caso de Daroca hay dos barreras politicas,el área de influencia de Calatayud, que llega hasta Villafeliche y la de Zaragoza, que llega hasta Longares,que limitan su ärea de influencia hacia el oeste y hacia el norte; por el contrario el rio Jiloca y la falta de un cucleo importante y con capacidad de organizar un espacio hasta Teruel, posibilita que el campo de influencia hacia el sur se alargue por el curso del Jiloca197.La frontera con Castilla es un limite politico decisivo que corta radicalmente la posibilidad de expansion politica y administrativa,aunque se mantiene, muy reducido, un cierto influjo economicol98 . Las areas agricolas (campo Romanos,campo de Bello y Jiloca medio), junto con las principales vias de comunicacion, contribuyen a determinar el espacio real de influencia de la ciudad199.. La localizacion de Daroca. En la baja Edad Media las grandes ciudades aragonesas estan separadas entre si por unos 80 kilómetros,es decir,unos dos dias de viaje, con una pequefa ciudad mercado entre ellas200. Daroca dista poco mas o menos esos kilometros de Zaragoza y Teruel, situandose Carinena entre Daroca y Zaragoza y CalamochaMonreal entre Daroca y Teruel. Por otra parte Calatayud,a unos 40 kilómetros,actua a la vez como ciudad principal y como ciudad intermedia,al igual que Daroca con respecto a la propia Calatayud201. Hemos elaborado un cuadro en el que se refleja la relación rango-tamafio (rang-size)zo2 de las 25 ciudades y villas de mayor poblacion de Aragón a fines del siglo XV, teniendo en cuenta que la importancia de una ciudad no es necesariamente paralela al numero de habitantes203, siguiendo el censo de $1 4 9 5 ^ { 2 0 4 }$ . A Daroca 198 LOsCH,1954,341. 199 LLOYD Y DICKEN,1972,26. 200 RUSSELL,1972,174. 201 Para Flandes,NICHOLAS (1978,524) ha establecido en la Baja Edad Media un esquema urbano segun el cual las ciudades tienden a desarrollarse siguiendo un modelo aproximado de rango-dimension. Las ciudades-mercado abarcan un radio de 10 a $1 5 ~ \mathrm { { k m } }$ .y dependen a su vez de una capital regional que centraliza los servicios mäs especializados en una zona de 80 a $1 5 0 \mathrm { \ k m } ^ { 2 }$ 202 La formulacion de la ley rango-tamanio (rang-size) se atribuye tradicionalmente a ZIPF,en 1949 (Cit.CERYCKE,1971,72).Consiste en el desarrollo de Ia formula $\bf { P _ { n } } = \bf { P _ { 1 } } / \bf { r _ { n } }$ ; de donde $\mathbf { P _ { \overline { { n } } } }$ es la poblacion de la ciudad de rango n, $\mathbf { p _ { 1 } }$ la poblacion de rango 1,es decir,la mayor de la region, $\mathbf { y } _ { \mathbf { \lambda } \mathbf { n } }$ el rango que le corresponde a la ciudad estudiada (DERYCKE,1971,73;RUSSELL,1972,24y GARNER,1971,246). 203 CHRISTALLER,1966,18.En el Aragón del siglo XV Jacay Albarracin son mucho mas importantes administrativamente e incluso en cuanto a_su capacidad para organizar economicamente un territorio que Tamarite,Fraga o Tauste, que sin embargo las superan en poblacion. 204 Segun el censo elaborado por las cortes de Tarazona en 1495 (GARULLO,1972 y LACARRA,1972). le corresponde el rango 7, con una poblacion de 482 vecinos (unos 2169 habitantes). La poblacion de rango 1 es Zaragoza,con 3984 vecinos (unos 17.9oo habitantes). En la lamina IV se aprecia que la curva de distribucion teórica de la poblacion se asemeja bastante a los puntos que reflejan la poblacion real, aunque Zaragoza destaca con respecto a las 14 mayores ciudades, que son deficitarias en relacion con ella. La población teórica que le deberia de corresponder a Daroca segun el rango que ocupa con relacion a Zaragoza seria de 569 vecinos, es decir,87 mas de los que realmente tiene. En resumen Daroca permanece a fines del siglo XV anquilosada en unas plenas estructuras económicas feudales, sin ninguna fuerza que pueda contribuir ni tan siquiera a cuestionar el feudalismo como modo de produccion dominante, pese a que en la ciudad de Daroca se congregaban los ünicos elementos activadores de la vida económica. Los artesanos y mercaderes utilizaban el mercado darocense para satisfacer sus propias necesidades de consumo, no para acumular capital20s. Daroca aparece a fines del siglo como una pequena ciudad donde se centralizan una serie de actividades económicas,sobre todo de mercado y como centro productor de algunas manufacturas,pero -de ningun modo como centro difusor o activador de fuerzas protocapitalistas. APENDICE I Cuentas generales del Concejo de Daroca en 1473. Entradas. Pagos por pechas entre las parroquias . 8141 ss., 7 ds. Por arriendo de los derechos de la ciudad 19386 ss.,2 ds. Por rentas de las propiedades municipales 508 ss.,10 ds. Por penas impuestas por los oficiales 1229 ss. Total 29265 ss., 7 ds. Salidas. Censales 12159 ss., 4 ds. Pagos de encuestas 3800 ss., Pensiones de oficiales (con gastos extraordinarios) 5303 ss.,10 ds. Cavalgada a Perpinan 3790 ss. Gastos de escribania 583 ss.,3 ds. Fiestas . 236 ss.,2 ds. Gastos del procurador 4528 ss., 10 ds. Murallas y defensa de las puertas 588 ss. Trabajos del concejo en la ciudad 840 ss., 1 d. Varios 2791 ss.,2 ds. Total 34574 ss., 6 ds. Deficit del afio 5.309 ss.y 11 ds. APENDICE II Salarios y precios en Daroca en 1473. Salarios. Jornales de peones.. ${ \begin{array} { r } { 1 \ { \mathrm { s s } } , 6 \ { \mathrm { d } } { \mathrm { s } } . } \\ { 1 \ { \mathrm { s s } } . 8 \ { \mathrm { d } } { \mathrm { s } } . } \\ { 2 \ { \mathrm { s s } } . \quad . \ } \\ { 2 \ { \mathrm { s s } } . , 4 \ { \mathrm { d } } { \mathrm { s } } . } \\ { 2 \ { \mathrm { s s } } . , 6 \ { \mathrm { d } } { \mathrm { s } } . } \\ { 3 \ { \mathrm { s s } } . } \\ { 3 \ { \mathrm { s s } } . , 6 \ { \mathrm { d } } { \mathrm { s } } . } \end{array} }$ Jornal de los picapedreros Jornal de maestro de obras. Precios 1 capón . 4 ss. 1 pernil de cerdo de 7 libras 11 ss.,7 ds. 1 polla . 2 ss.,8 ds. 1 carnero de 14 libras 8 ss.,14 ds. 1 gallina 2 ss. 1 novillo 100 ss. 1 cäntaro de vino tinto 1 ss.,2 ds. 1 cäntaro de vino blanco 2 ss. 1 cahiz de cebada 12 ss. 1 cesta de cerezas 2 ss.,6 ds. 1 cerraja con su llave 5 ss. 1 pergamino.. 1 ss. 1 cerrojo con anillos y llave 3 ss.,6 ds. 1 onza de cera 4 ds. 1 tabla gruesa 4 ss. 1 tabla 1 ss.,1 1/2 ds. 1 viga 20 ss. 1 libra de clavos 10 ds. 1 libra de clavos 8 ds. 25 tejas 1 ss. 1 cantaro 4 ds. 1 pera de cal 6 ss. 1 carga de yeso 1 ss.,6 ds. 1 carga de yeso 1 ss.,8 ds. 1 almodi de yeso 15 ss. Gastos: 1. Hospitales,iglesia y beneficencia: $^ { 2 , 3 } _ { \mathbf { \Omega } ^ { \mathbf { 0 } } }$ 2.- Salarios: $^ { 1 8 , 8 ~ \% }$ 3.- Censos: $3 6 , 1 \ \%$ 4.- Pago al procurador: $^ { 1 3 , 4 \% }$ 5. Gastos de escribania: $5 , 7 9 \%$ 6.- Pagos de encuestas: $^ { 1 0 , 6 \% }$ 7. Obras en la ciudad a cargo del concejo: $1 0 { , } 6 \%$ 8.- Gastos por preparacion de fiestas: $1 \%$. GASTOS. Ingresos: 1.- Pechas de las parroquias: $^ { 2 7 , 8 } \%$ 2.- Arriendos de ios derechos concejiles: 66,2 % 3.- Rentas urbanas y rusticas: $1 , 7 \%$ 4.- Cobro por calonias: $4 , 2 \%$. LAMINA II DAROCA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XV 1.- Iglesia de Santa Maria. 2. Iglesia de Santiago. 3.. Iglesia de San Juan. 4. Iglesia de San Miguel. 5. Iglesia de Santo Domingo. 6. Iglesia de San Andres. 7. Iglesia de San Pedro. 8.- Convento de la Trinidad y hospital de San Marcos. 9.- Convento de San Francisco. 10.- Convento de la Merced. 11.- Casa del Concejo. LAMINA III RANGO DE LAS CIUDADES Y VILLAS ARAGONESAS A FINES DEL SIGLO XV Y AREA DE INFLUENCIA DE DAROCA 1. Zaragoza 2.- Calatayud 3. Tarazona 4.- Alcaniiz 5.- Huesca 6. Borja 7.- DAROCA 8.- Barbastro 9.- Ejea 10.- Teruel 11.- Carinena 12.- Monzón 13.. Caspe 14.- Villarroya 15.- Alcorisa 16.-Tauste 17.- Villafeliche 18.- Belchite 19.- Alag6n 20.-Montalban 21.- Albalate 22.- Tamarite 23. Hijar 24.- Fraga 25.- Villarroya. LAMINA IV RELACION RANGO-TAMANO EN LAS 25 CIUDADES Y VILLAS DE MAYOR TAMANO ENARAGON A FINES DEL SIGLO XV. Nota: DAROCA, de rango 7,estä indicada con un circulo en blanco. Poblacion real Poblacion teorica. BIBLIOGRAFIA. AGUADO,P.,1903-1904,Ordenanzas municipales de Huesca en 1445,Rev. de Huesca,I(y unico). AGUDO ROMERO,M.a del M.,1979,El lexico del fuero de Daroca,IJornadas sobre Aragón,II, pp. 650-651. ALVAREZ DE CIENFUEGOS, I.,1963,Notas para el estudio de la formacion de las haciendas municipales,en Homenaje a Ramón Carande,II, pp. 1-19. Anonimo,1908,Sobreel gobiemo de Alcaniz enel siglo XV,Bol.Hco.y Gco.del Bajo Aragón,II,pp.292-294. 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19,149
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
'Non ha portto alcuno, ma sola spiaggia'. La actividad marítima valenciana en el siglo XV
NON HA PORTTO ALCUNO, MA SOLA SPIAGGIA.LA ACTIVIDAD MARÍTIMA VALENCIANAEN EL SIGLO XV. NON HA PORTTO ALCUNO, MA SOLA SPIAGGIA. VALENCIAN MARITIME ACTIVITY IN THE 15TH CENTURY. David Ig ual Luis Universidad de Castilla-La Mancha. Resumen: El artículo pretende examinar el papel de los puertos del reino de Valencia en el proceso de desarrollo econó- mico del territorio durante el siglo XV. Tras afirmar la importancia de la actividad marítima medieval en este espacio, la investigación comienza con una aproximación descriptiva a su geografía portuaria. El análisis del autor continúa a través de cuatro puntos: las infraestructuras que poseían los puertos valencianos, lo que estos aportaban al dinamismo social, su contribución a la proyección de la economía local y, finalmente, la relación que establecían con áreas interiores. Se podrá observar así el funcionamiento de más de cuarenta embarcaderos valencianos que, probablemente, constituyeron dentro del reino un verdadero sistema portuario. Palabras clave: Puertos, economía, comercio, Reino de Valencia, siglo XV. Abstract: The article aims to examine the role of ports in the Kingdom of Valencia in the process of economic development of the territory in the $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. Asserting the importance of medieval maritime activity in this area, the research begins with a descriptive approach to its port geography. The author’s analysis continues through four points: the infrastructure of Valencian ports, their contribution to social dynamics and to the external impact of the local economy and, finally, the relationship established by the ports with interior areas. It will be possible thus to observe the development of more than forty Valencian ports that probably formed within the Kingdom a true port system. Keywords: Ports, economy, trade, Kingdom of Valencia, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. 1. La importancia de la actividad marítima en Valencia. Las palabras con las que encabezo el título de este trabajo1 forman parte del diario de viaje de un anónimo mercader milanés que recorrió varios países europeos a finales de la segunda década del siglo XVI. En el transcurso de su periplo, dicho mercader llegó a Valencia en 1519 y, entre las cosas que llamaron su atención, se encontraba una terra quale si domanda il Grado (el grao). Esta tierra era el embarcadero marítimo de la ciudad de Valencia y distaba unos tres kilómetros de la propia capital. Pero en ella, en ese grao, según describía nuestro visitante, non ha portto alcuno, ma sola spiaggia, y tal playa he molto periculosa, et perhò pochi navilij fano scalla lì, anze niuni, se non quelli tengono necessitate per mercantie per Valentia, et anche quelle non si accostano alla terra, ma stano in mare meza lega o circa, et scaricano con le barchette; le altre fano tutte scalle in Cartagena e in Alicante (Monga, ed. 1985: 145). La trascendencia que otorgaba el milanés al sistema de descarga mercantil verificado en la ribera valenciana no era casual. Durante el siglo XV y los primeros años del XVI, aunque prolongando tendencias anteriores, Valencia se había convertido en un punto clave para las redes costeras europeas de transporte, comunicación y comercio. Incluso, para algunos tráficos, había llegado a ser entonces una especie de cierre del ciclo de intercambios del Mediterráneo antes de adentrarse en el Atlántico (Igual, 2001a: 135). No obstante, la ciudad no se halló sola en esta dinámica. A su alrededor, otros lugares litorales del antiguo reino valenciano se vieron absorbidos por las actividades no sólo comerciales generadas por el mar y participaron, con mayor o menor intensidad, de las múltiples líneas de relación vertebradas por su medio. Así, es posible afirmar que la historia valenciana del Cuatrocientos y de inicios del Quinientos, al menos en su vertiente económica, sería inconcebible sin el cuadro de referencia marítimo, el cual sirvió en paralelo también de tejido conector de bastantes realidades locales (Iradiel, 1996: 156). En la concreción de semejantes circunstancias influyó obviamente la disposición geográfica del territorio, cuya frontera oriental estaba ocupada en su totalidad por una alargada franja costera. Esta no sólo equilibraba la también amplia frontera occidental interior que separaba Valencia de Castilla y Aragón, sino que actuaba además como terminal preferente de diversas rutas que partían precisamente de comarcas castellanas o aragonesas. Pero, en la importancia del movimiento marítimo valenciano, jugó asimismo su papel la enorme función de arrastre que desempeñó en el conjunto del reino su capital. Una urbe que integró a fines del Medievo el impulso de un sector mercantil y naval muy similar al del resto de la Corona de Aragón, al lado del dominio de un ámbito agrícola rico en productos exportables pero deficitario en otros de primera necesidad, lo que obligaba a obtenerlos por el comercio. El mantenimiento de este binomio sectorial y la posición ribereña de la metrópoli valenciana, con la clara orientación que se derivaba de ello, brindaron a los circuitos mediterráneos, a sus protagonistas humanos y a sus estructuras materiales la relevancia global que estoy comentando (Igual, en prensa). Partiendo de tales fenómenos, lo que pretendo en el presente texto es resumir algunos de los principales datos conocidos sobre la actividad marítima valenciana de la última centuria medieval. En ese resumen marginaré temas que deberían incorporarse a una visión más global de dicha actividad, como la construcción naval o el corso y la piratería entre otros, para centrarme en aquellos asuntos que estimo más relevantes de cara a entender la función de los puertos del ámbito valenciano en el proceso de desarrollo económico de un espacio como el nuestro. Esos asuntos girarán alrededor del triángulo territorio/ciudad/mar y de la dialéctica ciudad/mar/puerto, lo que permitirá contextualizar los elementos que se detecten de la realidad valenciana en el seno de dos debates historiográficos más generales. El primero, el de la relación de cada ciudad con su puerto o, mejor, de cada área urbana con su espacio portuario, entendido este no sólo como la línea de contacto con el agua, sino como aquella superficie suficientemente vasta como para posibilitar operaciones de transferencia entre el mar y la tierra (Jehel y Racinet, 1999: 283 y 287). La discusión al respecto ha permitido dibujar el puerto como un factor de fijación de los lugares urbanos y de su desarrollo, pero también ha generado diversos conceptos («ciudades portuarias», «ciudades-puerto» o «puertos sin ciudad», por ejemplo) bajo los que subyace, a veces, la dificultad de asumir unívocamente la relación mencionada. Dichos conceptos pueden verse recogidos en dos congresos ya clásicos sobre la problemática, como son I porti come impresa economica (Cavaciocchi, ed. 1988) y Città portuali del Mediterraneo. Storia e archeologia (Poleggi, ed. 1989), especialmente en los estudios de Rietbergen y Heers respectivamente (Rietbergen, 1988; Heers, 1989). En realidad, sin embargo, la controversia sobre la relación entre ciudades y puertos se vislumbra hasta hoy en numerosas obras, que superan muchas veces en su interés los límites de la época medieval (Chaline, dir. 1994; Manneville, dir. 2001; François e Isaacs, ed. 2001; Arízaga y Solórzano, ed. 2005; Centro di Cultura e Storia Amalfitana, 2005; Simbula, 2009; Augenti, 2010; Guerber y Le Bouëdec, ed. 2013). El segundo debate al que aludía es el de interpretar en términos de «sistema portuario» los vínculos existentes entre diversos fondeaderos de un espacio determinado. En su aproximación interdisciplinar a los puertos catalanes de los siglos XII-XIII, y avanzando cronológicamente en sus conclusiones más allá del siglo XIV, Silvia Orvietani ha razonado la posibilidad de utilizar dicha noción dentro de las costas ibéricas de la Corona de Aragón, desde el momento en que en su interior existían unos pocos puertos mayores y otros muchos embarcaderos menores muy activos, que interactuaban y eran interdependientes entre sí (Orvietani, 2001: 264). Para el resto de la Península Ibérica y para otras áreas del Mediterráneo y el Atlántico, se ha evidenciado en diferentes regiones la definición de dicho sistema en cuanto a que se producían relaciones intensas entre escalas vecinas y conectadas con un mismo contexto econó- mico o, nuevamente, en cuanto a la división en un mismo ámbito entre centros navales que articulaban el más importante entramado viario y bases secundarias que constituían un apoyo fundamental para el dinamismo del sistema (Malpica y Fábregas, 2012: 108-109; Massa, 2001: 16-17; Penet, 2005: 273; Tranchant, 2005: 30; Vaccari, 2007). Como se verá, la Valencia bajomedieval fue construyendo situaciones similares a estas últimas, lo que parece otorgar validez a la aplicación en su caso de la idea de «sistema portuario» (Cruselles, 2007: 104; Igual, 2013a: 59-62). Pero ello, a condición de no olvidar los posibles problemas de coherencia y de conflictividad interna del «sistema» y, también, de no establecer una rígida asociación entre cada hipotético «sistema portuario» y un ámbito político-jurisdiccional determinado.2 En cualquier caso, todos estos argumentos deben ayudarnos a enmarcar el hecho de que, en la dicotomía económica entre litoralidad y continentalidad en la que se hallaron ciertas poblaciones valencianas comandadas por su capital (Díaz y otros, 1986: 1), y por los motivos ya aducidos y por otros que se expondrán en lo sucesivo, la opción escogida por algunas de ellas fue la primera, la de la proyección al mar. 2. Una aproximación descriptiva a la geografía portuaria. Esa proyección se vio pronto apoyada por la iniciativa de la monarquía. Tras la conquista cristiana del reino en el siglo XIII, los soberanos aragoneses (como también los reyes castellanos que controlaron áreas alicantinas hasta principios del XIV) emprendieron de inmediato una política de concesión de licencias y privilegios tanto para institucionalizar el establecimiento de determinados cargaderos en la costa, como para autorizar la realización en ellos de obras de mejora. Muchos de estos puertos no eran en absoluto novedosos, sino que poseían una herencia musulmana. Sea como fuere, la acción de los monarcas en este terreno se justificó por el hecho de que, por ordenamiento foral, las riberas y los fondeaderos marítimos pertenecían al dominio público, aunque estuvieran enclavados en zona señorial (Garcia, 1996: 29; Igual, 2013b: 729- 730).3 Esto no evitó, sin embargo, que en el incentivo a esta actividad terciaran simultáneamente algunos nobles territoriales.4. Gracias a las estrategias promotoras de los poderes, sabemos que en 1251 se permitió en Valencia la construcción de un puente de piedra y de un camino para conectar la capital con su grao (Cortés, ed. 2001: 73 y 151-152). Entre 1252-1271, los vecinos de Alicante obtuvieron exenciones fiscales para facilitar los transportes hacia el litoral, y hasta vieron cómo el propio rey castellano Alfonso X loaba su puerto calificándolo como de los buenos et de los mas sennalados que a en Espanya. Y prerrogativas parecidas consiguió en el período 1265-1284 el embarcadero del Cap de l’Aljub (actual Santa Pola), que hacía las veces de desembocadura al Mediterráneo de Elche (Hinojosa, $1 9 8 9 \mathrm { a }$ : 152 y 154; 1989b: 313). Finalmente, un poco más tarde, en 1291, una nueva orden real dejaba entrever el posible desarrollo de relaciones costeras hacia el norte del reino, en el espacio entre Castellón y Burriana. Dicho desarrollo debió venir propiciado aquí por la fijación de varios caminos de unión entre las villas y el mar, cuyas citas más precoces en el caso de la misma Castellón se remontan a 1260.5. Las noticias que acabo de reseñar son sólo algunos hitos destacados en el inicio de un proceso que llevó a la larga, y dentro de la evolución que va del siglo XIII al XVI, a la instauración progresiva en el este valenciano de una auténtica red portuaria. Hacia 1325, los núcleos básicos y quizá más grandes de esa red serían los constituidos por los cargaderos reales de Castellón, Burriana, Sagunto, Valencia, Cullera, Gandía, Denia y Alicante (Ferrer, 1975: 105; Hinojosa, 1989b: 311). Pero, ya entonces, existían otros lugares de estiba mercantil, normalmente más pequeños y de titularidad señorial. Todos ellos (los de realengo y los de señorío) configuraron una geografía de escalas marítimas que figura reflejada en los mapas que constan al final del trabajo. Estos mapas nacen de la confrontación de diversas informaciones archivísticas y bibliográficas, y pienso que dibujan los rasgos esenciales de la mencionada red portuaria durante la Baja Edad Media y la temprana Edad Moderna, con independencia de que la consulta de otras referencias hubiera permitido ampliar y matizar (o lo permita en el futuro) el elenco de embarcaderos que brindo.6. Comienzo el repaso de esa geografía por las comarcas septentrionales del reino, las de la actual provincia castellonense. En esta demarcación, al rol sobresaliente ya resaltado de Castellón y Burriana por el sur se unió el de Peñíscola por el norte, localidad promovida como foco exportador por la Corona desde el mismo Doscientos. Mientras, entre dicho siglo y el XIV se produjo el despegue de Vinaroz, Benicarló y Alcoceber —de nuevo por el norte— y de. Almazora y Nules —por el sur— (Ferrer, 1975: 108-110; Igual y Soler, 2006: 95-96 y 100; Rabassa, 2005). Pero la nómina de puertos de la zona todavía puede completarse más, con la adición de otras playas que son citadas en distintas fuentes fiscales de 1459-1525 como emisoras de acarreos navales hacia la ciudad de Valencia: son las de Alcalá de Chivert, Capicorp, Cabanes, Oropesa, Benicasim, Moncófar y Almenara, ubicadas en el centro-sur del área.7 En total, pues, según mis datos, hasta quince puntos de la costa castellonense fueron considerados como cargaderos en algún momento del período esbozado en los mapas, todos los cuales representaban la salida al exterior de comarcas rurales más o menos dilatadas. Si avanzamos hacia las tierras centrales del reino, en el entorno más próximo a Valencia, una docena de lugares fueron utilizados también como centros de trato marítimo, algunos ya durante los siglos XIII y XIV, pero casi todos como mínimo entre finales del XV y principios del XVI: Canet, Sagunto, Puzol, El Puig, Masamagrell, Foyos, Valencia, Cullera, Gandía, Miramar, Piles u Oliva.8 Con todo, y evidentemente, en esta área predominó desde siempre el grao de la propia Valencia, cuyas malas condiciones físicas no eran de ningún modo una invención de ese viajero italiano que he señalado al abrir estas pá- ginas: su playa era baja y arenosa y no contaba con accidentes geográficos que la resguardaran de los vientos, lo que dificultaba el acceso de la navegación (Hinojosa, 1989a: 151; Guiral, 1989a: 71). Ello, tal vez, favoreció el éxito de una bahía cercana y relativamente más protegida como la de Cullera, en la desembocadura del río Júcar. De hecho, algunos autores bautizan a este segundo fondeadero como un verdadero «antepuerto» natural de Valencia, en el que solían refugiarse los navíos que tenían su destino final en la capital. Incluso en 1453, las mismas autoridades de Valencia sondearon la viabilidad de acomodar por su parte un muelle seguro en la villa de Cullera, proyecto del que se ignora su dictamen (Díaz y otros, 1986: 11). El recorrido por la trama portuaria regnícola debe concluir con la observación de las comarcas meridionales alicantinas. Aquí, y nuevamente en la transición hacia el Quinientos, unos diecisiete puntos de embarque comparecen en la documentación fiscal: Pego, Vergel, Ondara, Denia, Jávea, Murla (?), Teulada, Benisa, Moraira, Calpe, Altea, Benidorm, Villajoyosa, Alicante, Elche-Cap de l’Aljub, Guardamar y La Mata.9 Pero el conocimiento de la trayectoria bajomedieval de muchos de ellos permite distinguir en su interior focos de significación secundaria (Moraira, Calpe, Altea, Villajoyosa o el Cap de l’Aljub), frente a otros más trascendentes. Entre estos últimos estarían el de Denia, de fortísima tradición musulmana; el de Jávea, que fue básico en el siglo XV para el transporte de frutos secos a Flandes o a Italia; los de Guardamar y La Mata, en los límites del territorio y especializados durante la misma centuria en la exportación de trigo y sal, respectivamente; y, en particular, el de Alicante, que llegó a ser a fines del Cuatrocientos el caladero más importante del reino tras el de Valencia (Hinojosa, 1986; Soler, 2007 y 2008). Muy conocida es, a este respecto, la frase con la que otro viajero (en este caso, el alemán Jerónimo Münzer) relataba en octubre de 1494 el movimiento diario de este puerto: Aquel día había allí [en Alicante] veintiséis naves de Vizcaya, de Flandes, etc., que allí se cargan de vino y de otras cosas (Münzer, 1991: 63). En definitiva, y recapitulando, más de cuarenta lugares de carga y descarga salpicaron el litoral valenciano entre los siglos XIII-XVI, bien de una manera constante, bien quedando agrupados en ciertas fases sobre todo del final de esta etapa plurisecular. Y entre todos ellos se distribuyeron las que serían funciones materiales típicas de estos emplazamientos: intercambio de mercancías, abastecimiento de agua y víveres para los navíos, reparaciones y protección, soporte de la actividad pesquera, misiones militares o piráticas, etc. (Jehel y Racinet, 1999: 282; Melis, 1984: 69-70).10 Pero, como se habrá visto, y recalco esta idea, dicha cuarentena de puertos surge del análisis de unas informaciones muy específicas que, además, casi siempre suponen el reconocimiento que los poderes monárquicos o señoriales hacían de tales embarcaderos de algún modo (por vía de licencia o de declaración arancelaria). Por tanto, tal realidad impide descartar la existencia de otras playas del reino aparte de las registradas por mí donde pudieron verificarse asimismo quehaceres marineros, las cuales —dichas playas— o aparecen en fuentes distintas a las que he estudiado, o escapaban a cualquier control oficial al desplegarse en ellas tareas fraudulentas o de contrabando.11. Sea como fuere, la institucionalización de la red descrita no se ejecutó sin problemas, porque, una vez autorizados los diferentes cargaderos, solían abrirse disputas entre ellos en las que prevalecían causas económicas ligadas a la necesidad de eliminar o dañar a competidores en la atracción de los negocios mercantiles y, también, razones jurisdiccionales y fiscales vinculadas a veces a la distinción entre puertos de realengo y puertos de señorío. Tales conflictos fueron suscitados, cómo no, por la ciudad de Valencia: por ejemplo, en 1359 y 1405 contra Castellón con motivo de la concesión de permisos para extraer coses vedades, ya que la ciudad de La Plana reclamaba autonomía sobre el tema, mientras que las autoridades reales de la capital se negaban a ello.12 Sin embargo, quizá más sustanciales al respecto fueron los debates planteados a nivel comarcal y que, de nuevo por ejemplo, provocaron en 1318 la pugna entre Benicarló y Peñíscola (Igual y Soler, 2006: 96) y, hacia la dé- cada de 1430, entre Alicante y Elche por un lado (Hinojosa, 1996: 281-282) y entre Castellón y la vecina población de Almazora por el otro (Igual, 1997: 67-68). Lo más notable de estos pleitos, que tal vez servirían de muestra microanalítica de esas «crisis marítimas interterritoriales» que ha enunciado Andrés Díaz Borrás (Díaz, 2002: 380),13 sería apreciar que conducían paulatinamente en ocasiones a la implantación de un cierto orden jerárquico dentro de la geografía marítima del reino, puesto que la resolución de las luchas perjudicaba a unos fondeaderos y beneficiaba a otros, quedando estos últimos en posición preeminente a la hora de imponer sus designios. Estaríamos así ante una plasmación regional más de las consecuencias de una tendencia muy común que, desde otras áreas mediterráneas ibéricas, se ha calificado como la «alteridad competitiva» entre puertos próximos (Bonet, en prensa), o que, desde territorios europeos, ha recibido el título de «complementariedades y rivalidades» entre embarcaderos marítimos (Curveiller, 2005). 3. Las características de una infraestructura precaria. Ahora bien, hasta aquí he estado hablando continuamente y de forma indistinta de puertos, embarcaderos, cargaderos, etc. Antes de seguir, creo conveniente aclarar con exactitud qué tipo de infraestructura portuaria estaba presente en las costas valencianas de la época. Y sobre esto existe una coincidencia general entre los historiadores. Como es bien sabido, el término «puerto» suele llevar implícitos dos conceptos: el de lugar ribereño salvaguardado que ofrece abrigo a las naves, o el de simple sitio aprovechable para el comercio marítimo. De ambas definiciones, sólo la segunda sirve para la mayoría de puertos regnícolas. Estos son, ante todo, meros puntos de intercambio, sencillas localizaciones en las playas que han recibido por conveniencia la calificación de «puertos» y que, además, gozaban de escasas instalaciones artificiales, cuando disponían de ellas, porque no siempre era de ese modo (Díaz y otros, 1986: 2). A causa de dicha situación, no es extraño que la documentación medieval valenciana brinde normalmente a estos establecimientos el título exclusivo de carregadors, cargaderos. Por casi todas partes, los estudios al respecto enfatizan la precariedad de unas edificaciones portuarias que tan apenas contemplaban diques rudimentarios y algunos inmuebles de madera. Así se percibe en Castellón y sus villas colindantes, donde las únicas construcciones atestiguadas en el litoral en pleno siglo XV son las de barracas que pertenecían a pescadores o, incluso, a municipios que no tenían acceso directo al mar; las de puentes que ayudaban a la comunicación; y las de pequeñas alhóndigas empleadas como almacenes o como albergues de viajeros. Con estos mínimos fundamentos materiales, es lógico que los fondeaderos castellonenses fueran usados sólo por navíos de poca capacidad, aptos para circulaciones de cabotaje (Igual, 1998b: 118-119). Si queremos ilustrar estos argumentos con datos heurísticos, valga señalar que, en 1419, los jurados de Villarreal acordaron que sie feta per la dita vila una barraqua a la mar, en lo terme de Burriana, segons solia ésser en temps passats, e açò per continuar lo aempriu que la dita vila ha en lo dit terme (Aparici, 1996: 131). En 1454, dos pescadores declararon ante la Bailía General de Valencia que el baile de Almazora les había confiscado la clau de una barracha que aquells han fet prop les mars affrontants ab la dita vila de Almaçora, donde guardaban los utensilios de su oficio. Unos años antes, en 1433, el Consell de Castellón mandaba reparar lo pont de la mar appellat de la fusta porque estaba destruido, e les gents que havien a fer sos fets e negocis a la mar per lo dit pont bonament no poguessen passar sens perill, magorment ab bèsties. Y en 1482, por último, ante el peligro de un ataque de galeras genovesas, las mismas autoridades ordenaron que a despeses de la vila sia feta una fortalea en la dita casa de alfòndech [...] e allí sien recollits e receptats tots los pescadós del guerau e tràgol de Castelló e encara les robes e mercaderies dels vehins e habitadors de la vila e dels passants per aquella.14. En apariencia, no tan grave era la situación hacia el sur del reino, también durante el Cuatrocientos. El Cap de l’Aljub (que, recordémoslo, era el ancladero de Elche) ha llegado a ser catalogado como una especie de «complejo portuario». Sea o no exagerada esta fórmula, lo cierto es que, como mínimo, allí se levantó una torre, un edificio denominado el cortijo en el que se ubicaban diversas tiendas en què·ls mercaders meten la roba e les mercaderies lurs, una iglesia, un horno y algunos aljibes (Hinojosa, 1989b: 320-321). Muy cerca, en Alicante, se hallaría tal vez el puerto medieval mejor acondicionado de todo el ámbito valenciano, comparativamente hablando, tanto por su naturaleza como por sus infraestructuras. Fundado en un espacio con suficiente calado y protegido de los vientos, disponía de un moll e carregador para el atraque de las embarcaciones, al que ciertas informaciones atribuyen una longitud de 200 pasos. Ese muelle se complementaba con almacenes de depósito e instalaciones defensivas y, para hacer frente a los gastos de su mantenimiento, se contó con la financiación de un impuesto peculiar alicantino (el dret de mollatge), cuya regularización se conoce a partir de 1490 (Hinojosa, 1989a: 152 y 157; Hinojosa, 1994: 98-99; Paternina y Cabanes, 1992). Sin embargo, en el tema de las características físicas de los puertos, el caso más atrayente vuelve a ser el de la ciudad de Valencia, donde, pese al intensí- simo tráfico desarrollado, nunca existió a lo largo de la Baja Edad Media una estructura permanente de estiba comercial. Nuevamente, el mercader milanés de 1519 andaba acertado en sus apreciaciones, sólo que esta vez, y como se habrá visto, las mismas son extensibles al conjunto de cargaderos regnícolas. En el grao de la capital, y por estímulo de la monarquía, se había creado desde el siglo XIII la Vilanova del Grau de la mar, un auténtico núcleo satélite dependiente de Valencia y consagrado por entero a las actividades marítimas, que pudo disponer entonces de ingenios para facilitar el atraque y la salida de embarcaciones (Igual, 2013b: 730). Con el paso del tiempo, las barracas iniciales de las que constaba dicho núcleo fueron sustituidas por casas, por atarazanas, por almacenes para conservar los cargamentos y por hostales donde concurrían marinos, pescadores, comerciantes y transeúntes. En este contexto, los únicos embarcaderos construidos lo eran siempre con tablas perecederas que necesitaban reparaciones constantes.15 Tales deficiencias trataron de subsanarse con propuestas alternativas que cuajaron, en 1483, con el levantamiento de un pont de fusta a manera de muelle que era propiedad del noble valenciano Antoni Joan y, en 1491, con la elaboración por parte del veneciano Giovanni Caboto di Montecolunya (o Montecatalunya) del proyecto de un puerto con varadero de piedra que finalmente no surtió efecto, entre otras causas por su elevado coste (Díaz y otros, 1986: 10-14; Belenguer, 2012: 261- 265). A pesar de todo, es muy significativo comprobar cómo estas últimas iniciativas fueron casi simultáneas a otras del mismo tenor emprendidas, por ejemplo, en Barcelona y en Málaga, quizá como síntoma de una preocupación bastante difundida entonces en la Península Ibérica por mejorar las instalaciones portuarias (Hinojosa, 1996: 271-272). No obstante, y por encima de cualquier solución técnica, los problemas infraestructurales de Valencia se superaron a través del sistema que ya comentaba nuestro viajero lombardo. Es decir, mediante el transporte supletorio en barcas de pequeño calado que se dirigían hacia las naves, ancladas a una distancia prudencial de la costa para no encallar, y que llevaban hasta ellas los productos exportados o traían a tierra los importados (Guiral, 1989a: 73-79; Igual, 1998a: 135-136). Este mecanismo, por supuesto, no era en absoluto exclusivo de la costa valenciana (Aurell y Puigarnau, 1998: 34-35; Simbula, 2009: 27-28 y 74). Su despliegue ponía en marcha en Valencia los esquemas de control fiscal y político de las autoridades reales y, por ello, quedó fijado que el trasvase de los cargamentos debía realizarse en un espacio de la playa capitalina comprendido dins los dits límits següents, ço és, del cantó de l’alfòndech d’en Joan de Limotges fins al cantó de l’alfòndech d’en Bernat Lorenç, como se estipulaba en 1468.16 Al parecer, este segundo alfòndec se encontraría en la desembocadura del río Turia (Díaz y otros, 1986: 3-4). Lo que demuestran todos estos datos es que, en general, el papel de los rasgos materiales de los puertos era poco relevante a la hora de incardinarlos dentro del proceso de desarrollo valenciano. Más importante sería para esa incardinación la concreción de sistemas como el que acabo de anotar para Valencia, que probablemente sería utilizado también en otras partes del territorio, y en el que se combinaban múltiples variables sociales y económicas. Pero nada de esto era inusual en los ambientes euromediterráneos. Casos que podrían ser análogos se registran entre las villas costeras del norte ibérico (Arízaga y Solórzano, 2007: 121 y 139-140). Tampoco en Barcelona existió hasta el siglo XV un puerto de construcción artificial (Cruselles, 2007: 103- 105; Cuadrada, 2001: 166), mientras que en Sevilla la infraestructura portuaria tuvo asimismo hasta el siglo XVI un aspecto muy poco espectacular y con múltiples carencias, lo que no impidió a la capital hispalense convertirse en uno de los núcleos marítimos más dinámicos del suroeste continental (Bernal y Collantes de Terán, 1988: 779-787; Ladero, 1989: 133-139; González y Bello, 1996: 217-218). La reiteración de ejemplos como estos apunta que, si bien las instalaciones de carga y descarga permanentes se hallaban entre los acondicionamientos útiles para cualquier sociedad portuaria medieval, su existencia no era indispensable. De hecho, el urbanismo y los elementos de gestión de las actividades navales sólo se perfeccionaban en ocasiones en proporción a la internacionalización rápida del comercio o a un aumento en el tamaño medio de las embarcaciones que circulaban por los mares (Jehel y Racinet, 1999: 286; Simbula, 2009: 27).17 Por ello, a la postre, e insisto en la cuestión, otros factores más allá de lo técnico podían coadyuvar durante la Baja Edad Media al éxito o al fracaso de un cargadero: desde la herencia histórica hasta la naturaleza del emplazamiento, pasando por la posición del puerto en las rutas de comunicación y transporte y, sobre todo, por la riqueza y el potencial de desarrollo productivo y de consumo del espacio donde se situaba el fondeadero (Hinojosa, 1996: 264-267). 4. Los puertos y el dinamismo de la sociedad. Contando con los condicionantes ya observados, la red de cargaderos valencianos no dejó de jugar funciones socioeconómicas muy destacadas en el seno de las realidades locales, como han resaltado siempre para el XV numerosas investigaciones. Entre esas funciones, una de las primeras que cabría apuntar sería la que otorga a dichos puertos una significación como elementos dinamizadores de la sociedad y de diversificación de sus componentes. Y es que, como algunos han llegado a afirmar, las ciudades litorales mediterráneas cobijaban en su interior un cuerpo social tan abigarrado como los buques que fondeaban en ellas (Hinojosa, 1989a: 162). Considero innecesario, por ser suficientemente conocido, recalcar con detalle este aspecto en el caso de la urbe valenciana. Pese a la existencia de la Vilanova del Grau, fue la capital la que terminó alojando los centros de decisión marítimo-comercial y la residencia de buena parte de los sectores profesionales afectados por la actividad portuaria, ya fueran autóctonos o extranjeros, ya fueran mercantiles o derivados de la amplia gama de oficios nacida al amparo de dicho grao (barqueros, hostaleros, arrieros, etc.). Incluso, desde el punto de vista urbanístico, marineros y pescadores dispusieron de barrios especiales situados durante siglos dentro de los límites tradicionales de la ciudad, y hasta hubo unas atarazanas en el recinto urbano, aunque en 1406 estaban ya casi en desuso. Estas convivieron con otras atarazanas levantadas en la costa, que se componían de cinco naves con cubierta de doble vertiente sobre arcos apuntados con contrafuertes exteriores, y que fueron el eje de desarrollo de una industria naval propia (Hinojosa, 1996: 276-277; Guiral, 1980: 248-253).18. Así, Valencia se convirtió al final del Medievo hasta cierto punto en una verdadera «ciudad portuaria», en el sentido de que es posible apreciar en ella signos de una relativa correspondencia entre movimiento marítimo, progreso económico, expansión física y complejidad humana. No obstante, menos arriesgado sería calificarla tan sólo de «ciudad con puerto» ante la distancia existente entre el centro urbano y la costa19. Mientras, y salvando las oportunas distancias, muy directa fue también en Alicante la relación entre la ciudad y su cargadero. Aquí, al menos en el tránsito del siglo XV al XVI, la influencia del puerto se configuró como motor indispensable del crecimiento urbano y de la pluralidad de unos horizontes sociales que abarcaban mercatores, agricolas, artifices atque mechanicos, según reproducía en 1490 el privilegio de Fernando el Católico por el que la villa alicantina era elevada al rango de ciudad (Hinojosa, 1994: 108). Con todo, no cabe duda de que el resto de la cuarentena de núcleos regní- colas que he mencionado antes desde los que se ejecutaban tareas marítimas no ofrecía un panorama tan rico como el de estos dos focos principales. De esas restantes poblaciones ribereñas, algunas (como Castellón, Peñíscola o Denia) pudieron destacarse por su potencialidad política y demográfica, por su peso histórico o por su posición en zonas de auge comercial. Pero la mayoría de ellas respondería probablemente al modelo de esos «puertos sin ciudad» que José Hinojosa ha estimado aplicable al territorio bajomedieval valenciano. Es decir, puertos asociados a lugares que vivían vueltos hacia el mundo agrario y para los que el ámbito marítimo era un mero complemento no especializado de la base rural y tenía, por tanto, un escaso arraigo social y muy poca capacidad de generar mutaciones de carácter urbano (Hinojosa, 1996: 279-280 y 282-283).20 La veracidad de esta hipótesis volvería a incidir, entre otras cosas, en el porqué del hecho que casi todos los embarcaderos del reino contaran con las infraestructuras precarias a las que ya se ha aludido: al fin y al cabo, dichos embarcaderos no constituían para muchas villas el eje fundamental de su desarrollo. Ahora bien: aun admitiendo estas posibilidades, es innegable la atracción que ejercía el mar sobre estas otras comunidades más ruralizadas, ya que también en ellas se producían a través de dicho mar fenómenos de dinamización social, aunque sólo afectaran a sectores minoritarios y elitistas de cada población. Al respecto, me gustaría exponer el ejemplo de una localidad costera que he podido estudiar: se trata de la villa castellonense de Almazora, la cual, como se observa en los mapas finales del artículo, se ubicaba al lado de Castellón, una de las capitales administrativas y económicas de las comarcas del norte valenciano. Justo de mis trabajos sobre la zona procede el resumen que expongo a continuación (Igual, 1997, 1998b, 1999a y 1999b). Casi desde el mismo instante de su conquista por Jaime I en 1234, el devenir histórico de Almazora quedó determinado por tres factores esenciales: el primero, de tipo político-jurisdiccional, la pertenencia al señorío del obispado de Tortosa; el segundo, de carácter demográfico, el reducido peso cuantitativo frente a los lugares vecinos de los habitantes de esta población, que siempre sumaron durante el Cuatrocientos un número inferior a los trescientos fuegos fiscales (en la primera mitad del siglo) y a los ciento cincuenta (en la segunda); y el tercero, de índole económica, consistente en el bloqueo que para las posibilidades de éxito de la villa implicaba la presencia en la comarca de municipios tan dominantes como Castellón y Villarreal, los cuales pertenecieron normalmente al realengo, con lo que la monarquía tendió siempre más a favorecer la prosperidad de ambos frente a las aspiraciones del núcleo tortosino. En apariencia, pues, Almazora no gozaba de condiciones originarias muy halagüeñas para su desarrollo. Sin embargo, a lo largo del siglo XV, la población manifestó unas dosis de apertura social y de movilidad económica que podrían considerarse a priori bastante sorprendentes, al menos en mi opinión. Los cimientos de semejante realidad habría que buscarlos en diversos elementos. Entre ellos se encontraba el papel dinamizador que desempeñaron internamente dos instituciones mercantiles fundadas el mismo año (1398), con las que se buscaba la melioracionem ville: una feria, que debía durar veinte días en el mes de noviembre; y, sobre todo, por lo que aquí interesa, un carregador marítimo, por el que se autorizó el tráfico de cereales, vino y otros productos, confirmando el uso que las rutas de navegación hacían tradicionalmente de la playa almazorense, incluso desde épocas anteriores a la medieval. Este cargadero funcionó de forma más o menos constante hasta finales del siglo XVI, y sus efectos sobre la sociedad de Almazora pueden cifrarse en dos aspectos: el primero, la consolidación de un sector pesquero de escala más reducida que el comercial, pero de mayor trascendencia para la economía local y que, además, mantuvo lazos de negocio con Castellón, Burriana, Nules, Sagunto y Valencia;21 y el segundo, el estímulo a una actividad de intercambio que suponía la exportación a Valencia de partidas agropecuarias. Así, los registros arancelarios del manifest de mar de la capital del reino entre 1488-1494 inscribieron hasta quince llegadas desde Almazora de embarcaciones pequeñas que transportaban cebada, arroz, trigo, miel, lana, nueces, cera y madera.22 Y lo que es más importante: en esas exportaciones solían participar entre otros unos pocos apellidos almazorenses que integraban la élite de la comunidad rural, como los Rei y los Albinyana, una familia —esta última— de probable origen catalán y constituida a finales del XV por algún mercader que expandió sus intereses económicos por otras partes de la Corona de Aragón. De esta manera, en el seno de una localidad eminentemente campesina por el balance de su economía y por la caracterización mayoritaria de sus vecinos, las relaciones marítimas contribuyeron en hipótesis junto a otros factores a introducir matices sociales y a implantar estrategias de promoción que avalaron el bienestar no tanto del conjunto de la comunidad, como de un sector de su minoría dirigente. $\dot { \iota } \mathrm { Q u e }$ quiero decir con todo esto? Por descontado, no pretendo asegurar que el ejemplo de Almazora sea extensible sin más a las otras poblaciones ribereñas valencianas que he identificado bajo la fórmula de «puertos sin ciudad». Lo único que deseaba resaltar es que, aparte de la clara influencia que manifestaba la actividad costera en las dos ciudades principales del reino desde la percepción portuaria (Valencia y Alicante), también en los núcleos menores rurales dicha actividad podía dejar sentir un cierto peso cualitativo. Desde esta óptica, el caso almazorense sería quizá comparable al de otro centro pequeño de comercio establecido en el litoral catalán (Tossa de Mar), sobre el que ha podido analizarse entre 1357-1703 su labor de exportación naval por medio del cabotaje tanto hacia Barcelona como hacia Valencia (Zucchitello, 1982 y 1991).23 No obstante, al menos para el ámbito valenciano, el problema seguiría siendo el de evaluar el alcance cuantitativo de ese peso comentado de lo marítimo en los espacios no urbanos. 5. La proyección exterior de la economía local. Pero las noticias reseñadas de Almazora son asimismo útiles por otra cuestión: a través de las exportaciones que he señalado desde esta villa castellonense hacia Valencia puede apreciarse que otra de las funciones que asumía la trama portuaria regnícola era la de favorecer la proyección exterior de las economías locales. Algo, por otra parte, muy lógico. Esa proyección se hacía en la Valencia bajomedieval alrededor de una triple dirección. En primer lugar, e insistiendo en lo ya visto, hacia la propia capital valenciana, que absorbió una porción esencial de las salidas navales de los pequeños fondeaderos del territorio. Toda una pléyade de embarcaciones ligeras efectuaba reiterados desplazamientos de cabotaje a lo largo del litoral del reino,24 buscando llevar a la metrópoli partidas agrarias y, en menor medida, materias primas industriales (Furió, 2010: 401-403; Igual, 2009: 237-242). Era, pues, el abastecimiento urbano lo que justificaba esa transferencia de recursos, aunque no hay que rechazar la posibilidad de que un porcentaje de las mercancías acumuladas en la ciudad del grao fuera reexportado a otros espacios. En cualquier caso, la frecuencia de estas circulaciones era notable. Si volvemos a los documentos del manifest de mar de 1488-1494, el número de barcos que varaban en Valencia procedentes del resto del reino se situaba en niveles de entre el 31 y el $46 \%$ del total, cifras en las que solían descollar las barcas originarias de tres puertos septentrionales (Vinaroz, Benicarló y Peñíscola) y de dos meridionales (Alicante y Denia) (Guiral, 1989a: 34-36; Igual, 2001a: 151; Igual y Soler, 2006: 105). Siempre a finales del XV, cereales y frutos secos componían el grueso de semejantes transportes, lo que imponía una periodización de los envíos a lo largo del año muy dependiente de los ritmos estacionales de producción agrícola. De todas formas, el dominio de este tipo de partidas no evitaba la presencia más o menos esporádica y en escasa cantidad de cargamentos como metales, pescado, fibras, pieles o manufacturas. Y ello, tanto desde el sur del reino (Hinojosa, 1994: 85-88) como, al parecer en menor magnitud, desde el norte: en 1488, diez declaraciones fiscales de naves de Benicarló anotaron la entrada en Valencia de aceite, guixes, miel, plomo, lana, carbón, habas, trigo y cebada.25. El significado abastecedor de estos tráficos hacía que, para asegurar su llegada sobre todo en momentos de carestía, la capital no dudara en usar los instrumentos de control que ostentaba sobre las poblaciones de su costa. Así se entienden, también durante la última centuria medieval, las ocasiones en que a estas poblaciones arribaban desde Valencia órdenes prohibitorias de la salida de alimentos del reino, especialmente de cereales, tal y como ocurrió en 1462 con Castellón y Burriana, y en 1484 con Castellón, Moncófar, Sagunto, Cullera, Denia y Jávea (Guiral, 1989a: 364 y 370).26. Casi como una prolongación natural de los anteriores recorridos se presenta la segunda línea de esa proyección exterior que indicaba: la que tocaba los otros mares ibéricos de la Corona de Aragón, los de Cataluña y Baleares. Los vínculos pluriseculares de los caladeros valencianos con Barcelona, Tarragona, Tortosa, Mallorca o Ibiza, por resaltar sólo algunos casos, testimonian la trascendencia de un tráfico de relativa intensidad, que podía seguir siendo de cabotaje y que aportaba mercancías heterogéneas de reducido valor pero importantes para el consumo, encabezadas de nuevo por los productos alimenticios y, después, por las materias primas textiles (Iradiel, 1996; Cuadrada y Orlandi, 1994: 6-23, 29-31, 34 y 44-47). Por ello, no es sorprendente encontrar barceloneses que se proveían de miel en Burriana; fletes desde Castellón que llevaban vino a las Baleares o coses vedades a Cataluña; o transportes de Alicante a Mallorca que conducían aparejos de esparto, frutos secos, vino, pescados o tintes (Carrère, 1977: 331; Hinojosa, 1994: 84-85; Igual y Soler, 2006: 95-104; Vaquer, 1991: 115). Incluso no faltó la creación de compañías mercantiles consagradas a los negocios en este ámbito: en 1500, el tendero valenciano Jaume Almenara, el mercader barcelonés Jaume Riera y el vecino de Onda Gil Pérez de Banyatos concordaron una asociación para comerciar lanas y cueros que debían ser posats en mar en lo grau de Borriana, per remetre aquells en la ciutat de Barcelona o lla hon la dita companyia millor li parexerà.27. Finalmente, la tercera dirección que marcó el impulso exterior de los puertos valencianos fue la que los conectó con los trayectos más internacionales: aquellos que vertebraban la comunicación entre las diferentes áreas del Mediterráneo occidental o que abrían esta cuenca marítima hacia Oriente y hacia el Atlántico, y para los que las playas regnícolas suponían puntos de atraque con entidad propia o escalas intermedias de apoyo en itinerarios más amplios. Estos trayectos eran articulados obviamente por las mayores embarcaciones medievales y afectaban, salvo excepciones, tanto a los cargamentos agrarios (acarreados aquí en volúmenes más apreciables) como a los elementos típicos del gran comercio: paños, tintes, fibras y especias. En tales corrientes, la inserción de Valencia y su reino sólo se consolidó a partir de 1375, y por motivos bien conocidos. Desde entonces, a la feliz ubicación geográfica del territorio en la intersección entre el norte y el sur del oeste mediterráneo y en el camino que llevaba al océano, se unieron tres factores: por un lado, la reorganización interna del espacio agropecuario con la progresiva creación de especializaciones comarcales sobre arroz, azúcar, pasas, almendra, azafrán, sal, grana o lana; por el otro, el auge de la manufactura textil valenciana; y por último, la reordenación de los mismos circuitos internacionales, cada vez más lanzados hacia el mundo occidental y atlántico. De esta manera, la costa valenciana comenzó a configurarse como un ámbito atractivo no sólo de exportación mercantil, sino también de consumo de cuantiosas importaciones. Ello permitió el engarce de vínculos estables con el norte de África, con la Italia peninsular meridional y la insular, con el litoral atlántico ibérico y, como mayores índices de la expansión autóctona, con el centro-norte de Italia y con Flandes (Iradiel, 2006). En este contexto, la entrada en el XV vino marcada por el protagonismo de la producción lanera del norte valenciano y, como reflejo de ello sobre la actividad marítima, por la importancia de los puertos más septentrionales (desde Vinaroz hasta Almenara) en la incorporación del reino a las rutas euromediterráneas (Melis, 1990: 239). Pero, desde mediados del mismo siglo, otras mercancías locales invadieron —por así decirlo— los escenarios costeros, e hicieron perder peso relativo a dicha fibra y a sus áreas de recolección. Desde ahora, las comarcas del centro-sur valenciano ascendieron al primer plano en la construcción de la realidad económica, como distribuidoras de algunos de los artículos que he citado hace poco: arroz, azúcar, frutos secos o sal (Ferrer, 2001; Igual, 1998a: 417-418; Igual, 2000; Iradiel, 2006). Y todo esto se producía mientras la ciudad de Valencia iba asumiendo un rol director sobre el territorio, primero sometido a los centros empresariales asentados en Barcelona y, después, más autónomo en la regulación del tráfico regional. Valga como muestra de estas últimas circunstancias el caso de los intercambios mantenidos por el litoral valenciano con la Italia septentrional y con Flandes entre 1450-1500 (Cruselles, 1991; Hinojosa, 2007; Igual, 1998a: 315- 317 y 403-418; Igual, 2001a: 129-132; Igual, 2009: 243-248). En ambos itinerarios, la capital actuaba como cabecera de partida de los transportes o como etapa de confluencia o intermedia de circulaciones que zarpaban de Cataluña, Mallorca o las propias costas italianas y flamencas. Pero, fuera del modo que fuera, sí que era en dicha capital donde se acordaba una parte de los fletes y seguros que organizaban contractualmente el comercio. Y esos fletes y seguros estipulaban circuitos multilaterales que podían pasar esporádicamente por cargaderos castellonenses; también por puertos catalanes, mallorquines o de fuera de la Corona de Aragón (Cartagena, Málaga o Almería, por ejemplo); y casi siempre, y esto hay que remarcarlo, por los graos centro-meridionales valencianos (Cullera, Gandía, Denia, Jávea, Benidorm, Villajoyosa, Alicante o La Mata). Aquí, y ya antes de 1450, la conveniencia quizá de evitar pérdidas de tiempo llevó a fijar a veces en Denia y Jávea los fondeaderos habituales de las naves que debían marchar particularmente al Atlántico, mientras que desde Valencia salían barcas auxiliares que llevaban a las radas alicantinas las cosechas destinadas a los mercados foráneos que los operadores urbanos habían venido almacenando durante meses (Cruselles, 1994: 172). Con esta disposición de las vías marítimas, la urbe de Valencia afianzó su papel como foco ordenador de exportaciones no sólo en el conjunto de su reino, sino incluso en zonas cercanas a él. De hecho, el eje entre Valencia, Tortosa y Cartagena se convirtió, al menos —lo repito— para las dos rutas indicadas (las de Italia y Flandes) y en la cronología de la segunda mitad del Cuatrocientos, en el espacio más habitual sobre el que Valencia pudo imponer sus objetivos navales. Un espacio en el que, más que una oposición entre puertos, se dibujaría mejor en esos instantes una complementariedad entre los nú- cleos afectados por los enlaces. 6. A modo de conclusión: de la costa al hinterland. Hasta aquí, hemos visto a los puertos como elementos dinamizadores de la sociedad y como mecanismos de proyección hacia el exterior de las economías locales. Con ambos rasgos, los efectos del movimiento ribereño valenciano quedaban restringidos en lo esencial a la estrecha franja costera de la región. Sin embargo, es indudable que los ecos de dicho movimiento llegaron más allá, hacia un hinterland que comprendió a lo largo de la Baja Edad Media no sólo la suma de las comarcas interiores valencianas, sino también determinadas áreas limítrofes del antiguo reino de Aragón y de la Corona de Castilla. Evidentemente, las producciones de las que he hablado que se proyectaban hacia fuera procedían tanto de los distritos más próximos al litoral regnícola como de ese hinterland aludido, y ello obligaba a disponer de redes de negociación que facilitaran la canalización de tales cargamentos a las playas y su posterior difusión (Sesma, 2005). Algo parecido ocurriría a la inversa, a la hora de distribuir los objetos que viajaban por Europa y el Mediterráneo y que, una vez alcanzadas las costas valencianas, podían propagarse también hacia el interior. Los ejemplos ya estudiados al respecto son muy numerosos. Así, en estas páginas de cierre podrían comentarse las exportaciones autóctonas de frutos secos y sal o las importaciones de especias, paños y demás manufacturas. No obstante, tal vez los análisis más destacados se han elaborado alrededor de la lana (para el tráfico de salida del territorio) y del pastel (para el de entrada). En el caso de la lana, y con el transcurso de los siglos, el espacio valenciano se constituyó simultáneamente como foco productor y como eje circulatorio de remesas ajenas a él, lo que revirtió en la existencia de múltiples lugares que consideraban este litoral como terminal de descarga de los excedentes de la fibra textil. Entre esos lugares estuvieron primero, a inicios del Cuatrocientos, las villas del norte de Valencia (lo sabemos ya) y del sur de Aragón, y después, durante el resto de la centuria y sobre todo a partir de 1475, también las tierras centrales de la misma Valencia y Castilla. En el caso del pastel, su importación marítima a Valencia desde la Lombardía en la segunda mitad del XV fue absorbida en gran medida por empresas ligures y lombardas, las cuales demostraron una elevada habilidad en la penetración comarcal desde el núcleo capitalino. Estos operadores foráneos tejieron vías dilatadas de reparto del tinte, que quedaron más concentradas en esta oportunidad dentro de las fronteras del reino valenciano, aunque sin desdeñar de nuevo algunas áreas castellanas y aragonesas que hallaron ocasionalmente en Valencia su fuente de suministro del material. No creo que sea necesario seguir por este camino, no sólo porque los argumentos que se acaban de exponer los he desarrollado en otras partes,28 sino porque, al final, todas las situaciones valencianas aducibles en relación con el levantamiento de redes merceológicas y su conexión costera coinciden en tres conclusiones fundamentales: primera, en estimar que en la organización de dichas redes jugó un rol importante la articulación de los diversos sectores emprendedores presentes en el territorio, con especial atención a la imbricación lograda en el siglo XV entre operadores locales y extranjeros; segunda, en observar los puertos regnícolas como extremos de largas cadenas de intercambios desplegadas sobre el ámbito peninsular y para las que tales embarcaderos significaban puntos finales de proyección o puntos iniciales de arranque distributivo; y tercera, en calibrar el a veces extenso alcance geográ- fico que suponían los movimientos costeros de los productos y la también a veces intensa ramificación del capital comercial y marítimo sobre el mundo rural. Se confirmaría, de esta manera, que las posibilidades de comunicación de cada puerto con su hinterland (y el tamaño de este) eran un factor clave —otro más— a la hora de justificar la función económica de los emplazamientos litorales (Malpica y Fábregas, 2012: 108-109). Pero, como muchos de los asuntos a los que me he referido a lo largo del texto, nada de esto es excepcional, ya que sólo denota la concreción a escala regional de dinámicas bastante generalizadas al conjunto euromediterráneo de finales del Medievo. Intentando recapitular lo dicho, gracias a tales dinámicas es posible asegurar en hipótesis que la buena posición de Valencia y su área de dominio en los itinerarios de relación, la disponibilidad de un amplio y fructí- fero transpaís y, siempre al menos en el Cuatrocientos, la recreación de un contexto que articulaba espacios y puertos mayores y menores de modo jerárquico y aparentemente «sistémico», fueron algunas de las condiciones que consintieron el desarrollo costero local. Y ello, hasta el punto de compensar las precarias infraestructuras señaladas y que abonarían de entrada la noción de un presunto «fracaso portuario» valenciano. Algo que, a la luz de muchas de las ideas que he desgranado, debería matizarse o, como mínimo, afirmarse con más prudencia (Igual, en prensa). En este sentido, y por finalizar con las palabras del mismo interlocutor con el que he abierto este trabajo, el mercader milanés que visitó Valencia en 1519, y que tanto énfasis ponía en describir las pésimas circunstancias materiales del grao de la capital, no podía evitar añadir que, todavía entonces y pese a todo, la urbe era una bella città et mercantille y, a su juicio, estaba integrada por un contingente demográfico compuesto por anime 100.000 (Monga, ed. 1985: 142-143). Sin duda, a los ojos de este viajero, la inexistencia de un puerto artificial no había sido un obstáculo decisivo para el progreso ciudadano. Referencias Bibliográficas. ALBIACH, C., y otros (1994): «L’inventari de Jaume Cabanes, drassaner (1413- 1414): una font per a l’estudi del lèxic naval a la València de començaments del segle XV» en A. Ferrando y A. G. Hauf, ed., Miscel·lània Joan Fuster. Estudis de llengua i literatura, Valencia-Barcelona, vol. 8, 139-188. APARICI, J. 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Lugares de embarque localizados en tierras valencianas durante la baja edad media y la temprana edad moderna. En letra normal figuran los embarcaderos documentados, mientras que en letra cursiva constan otros topónimos. (Fuentes: Véanse supra las fuentes y referencias del apartado 2 del artículo, especialmente las incluidas en las notas 7, 8 y 9). MAPA 1: Lugares de embarque de las comarcas castellonenses. MAPA 2: Lugares de embarque de las comarcas valencianas. MAPA 3: Lugares de embarque de las comarcas alicantinas
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21,237
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Actividad económica y transformación social en la ciudad de Barbastro durante la Baja Edad Media
ACTIVIDAD ECONÓMICA Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL EN LA CIUDAD DE BARBASTRO DURANTE LA BAJA EDAD MEDIA. ECONOMIC ACTIVITY AND SOCIAL TRANSFORMATION IN THE CITY OF BARBASTRO DURING THE LATE MIDDLE AGES. Ma ría Teresa Sa uco Álva rez\*. Resumen: El objeto de estudio del presente artículo es la ciudad de Barbastro en la Edad Media, desde sus orígenes como baluarte defensivo musulmán hasta su evolución como ciudad de significativa importancia a lo largo de la Baja Edad Media. Esta investigación presta especial atención al desarrollo de las estructuras de poder de la citada urbe durante el siglo xv, en un momento en el que, gracias a la riqueza de las fuentes, se ha podido constatar con detalle el proceso madurativo del gobierno municipal y la imbricación del mismo con la irrupción en el panorama social del contingente converso. Palabras clave: Barbastro, gobierno municipal, oligarquía local, conversos. Abstract: The study object of this article is the city of Barbastro (Aragón, Spain) in the Middle Ages, from its origins as a defensive Muslim bulwark to its evolution as a city of significant importance throughout the Late Middle Ages. This research pays special attention to the development of the power structures of that city during the fifteenth century, at a time when thanks to the richness of documents, the maturation process of the municipal government and the interweaving of this development with the entry into the social landscape of the convert contingent have been noted in detail. Key words: Barbastro, municipal government, local oligarchy, convert contingent. El tema principal de la tesis doctoral Actividad económica y transformación social en la ciudad de Barbastro durante la Baja Edad Media fue seleccionado a partir de la relevancia de este enclave en época medieval dentro de la red urbana del reino de Aragón y de la riqueza de las fuentes documentales, a lo que se sumaba la carencia de un completo análisis sobre el citado objeto de estudio. Además es necesario incidir en que tal elección estaba integrada dentro de un proyecto de investigación de mayor envergadura, titulado Prosopografía de las sociedades urbanas en Aragón, siglos xiv-xv. Estrategias sociales y comportamientos individuales en los grupos dirigentes urbanos, subvencionado por el Ministerio de Educación y Ciencia y dirigido por el catedrático don José Ángel Sesma Muñoz. A partir de esta línea de investigación se llevaron a cabo varias tesis doctorales sobre destacados enclaves urbanos aragoneses que hasta ese momento apenas habían sido estudiados, con la finalidad de obtener mediante el conjunto de tales investigaciones un panorama global lo más detallado posible del entramado urbano aragonés y de sus estructuras sociales y económicas.1. Las fuentes documentales medievales que han perdurado sobre la ciudad de Barbastro son abundantes, de variada tipología y, sobre todo, complementarias. Gran parte de esta documentación se encuentra depositada en archivos de Barbastro, de Huesca y de otras pequeñas localidades de la zona que han conservado fondos medievales, principalmente pergaminos, como en Adahuesca, Alquézar y Salas Altas. En el caso del Archivo Municipal de Barbastro, los fondos custodiados son de una gran riqueza, ya que atesora la colección más completa de pergaminos, actas del concejo y protocolos notariales, además de numerosos legajos que aportan notable información sobre la época analizada. La citada colección de protocolos de este archivo queda complementada con la depositada en el Archivo Histórico Provincial de Huesca. El resto de archivos consultados, entre los que se encuentra el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, el Archivo Histórico de Protocolos de Zaragoza, el Archivo Histórico Nacional y el Archivo de la Corona de Aragón, han permitido ampliar los lí- mites de la investigación al encontrar documentación de materias diversas, fundamentalmente relacionada con la gestión de la ciudad por parte del monarca, como localidad de realengo, y también sobre el patrimonio de las familias nobiliarias más importantes de este territorio, entre las que destacan los linajes Entenza y Castro. Tras llevar a término la parte heurística de la investigación, fue necesario perfilar las líneas fundamentales de estudio. Esta reformulación del esquema de trabajo tras la labor de campo en los diferentes archivos consultados sirvió para ponderar la necesidad de detallar el proceso madurativo del gobierno municipal barbastrense durante el siglo xv, clave para comprender la evolución de la ciudad a finales del citado período. Este eje principal fue complementado con el análisis de las diferentes fuerzas de poder y su imbricación en la formación de una sólida estructura concejil, de creciente complejidad a lo largo de los siglos bajomedievales. De esta manera concejo, conversos y nobleza pasaron a conformar la estructura básica de la presente investigación, tres líneas de análisis totalmente interrelacionadas entre sí y fundamentales para comprender la sociedad barbastrense bajomedieval. 1. La formación de las estructuras de poder de la ciudad. El devenir de la ciudad de Barbastro en la Edad Media estuvo marcado por su estratégica ubicación como baluarte defensivo en una zona de transición entre las sierras pirenaicas y la depresión del valle del Ebro, aunando una orografía muy contrapuesta con un relieve escarpado al norte que se suaviza progresivamente conforme se desciende hacia el sur, favoreciendo el establecimiento de núcleos de población a medida que se amplían las posibilidades agrícolas y comerciales. La proximidad de los ríos Cinca y Ésera suponía una vía clara de acceso directo de norte a sur y las extensas llanuras de los somontanos permitían la comunicación de este a oeste, zona en la que destacan las depresiones de Huesca y Barbastro, conformando una vía de comunicación natural y un espacio de ocupación permanente. Esta ubicación privilegiada explica tanto el origen del asentamiento a partir de un castillo defensivo musulmán, establecido con anterioridad al siglo ix, como su rápida conversión en madina poco tiempo después, así como la repercusión de su conquista por Pedro I en el año 1100, episodio significativo en el avance cristiano y hecho crucial para la ciudad. Barbastro estuvo totalmente influenciada por las características derivadas de este hecho, ya que en ese momento fue reconocida su titularidad como ciudad y como sede episcopal de manera estratégica, con la finalidad de reforzar su posición y alentar el avance cristiano frente a la presión musulmana. Por este motivo el monarca dotó a este enclave de una titularidad y unas franquicias que marcaron la personalidad jurídica de la ciudad durante los siglos subsiguientes (Laliena, 1996). El hecho de que algunas de las concesiones se hubieran extinguido con el tiempo o ciertos privilegios se hubieran diluido como consecuencia lógica de la evolución del contexto histórico, no mermó lo más mínimo la capacidad de reivindicación de Barbastro de los citados privilegios, al considerar que tales franquicias y libertades eran connaturales a su estatus de ciudad. A partir de este momento la población cristiana se fue estableciendo en la ciudad y las estructuras institucionales fueron emergiendo progresivamente, incrementando su complejidad con el paso de los siglos. Las citadas concesiones dispensadas por el monarca mediante la carta de población del año 10992 y, muy especialmente, a través del fuero otorgado en el 1100,3 fueron la base de la personalidad jurídica de la ciudad sobre la que se fue engarzando el organigrama concejil, en constante evolución durante los siglos ulteriores. Este fuero dotó a la población barbastrense de un estatus privilegiado mediante la concesión de la infanzonía a todos sus pobladores, considerándolos francos, libres e inmunes. Esta merced tan significativa, concedida con el propósito de premiar a los participantes en la conquista de la plaza y promover su poblamiento, influyó notablemente en la formación de los órganos de gobierno de la ciudad, propiciando la participación de los infanzones en el concejo municipal desde época temprana, hecho que llevaba implícita la contribución en determinadas cargas tributarias. A pesar de que el privilegio conferido por Pedro I era extensivo a todos los pobladores de la ciudad, lo cierto es que en ningún caso supuso una homogeneización de los distintos grupos sociales, sino que en todo momento fueron patentes las diferencias entre los infanzones de natura y los de población,4 dando lugar a frecuentes pugnas por el control del gobierno urbano. Estos enfrentamientos fueron habituales durante los siglos xiii y xiv, etapa en la que tanto infanzones como caballeros habían accedido a las magistraturas de justicia y jurados. El deseo, por parte de los ciudadanos, de restringir el acceso de la nobleza al gobierno urbano, en un intento por proteger su propia preeminencia dentro del organigrama concejil, dio lugar a la formación de bandos de gran significación que promovieron episodios de especial violencia, lo que implicó la intervención regia. El pacto entre infanzones y ciudadanos por el buen gobierno de la ciudad no se estableció hasta el siglo xv, a pesar de que con anterioridad ya se había llegado a acuerdos puntuales. Nobles, infanzones y ciudadanos desequilibraron a menudo la frágil estabilidad existente entre estas fuerzas en su afán por controlar los principales resortes del poder municipal. Esta delicada situación también se vio afectada por las pretensiones sobre Barbastro de algunas familias nobles de renombre, como la casa de Castro y, especialmente, la casa de Entenza, que ejercieron en determinados momentos una presión excesiva sobre la ciudad en su empeño por imponer su primacía señorial. A ello debe sumarse que Barbastro era un feudo del rey, territorio de realengo, por lo que la ciudad no sólo debía fidelidad al monarca, sino que determinados bienes y rentas de la ciudad correspondían a la Corona. Aunque los beneficios obtenidos de las propiedades de realengo fueron del todo insuficientes para sustentar la administración regia, se trataba de unos ingresos atractivos que los diferentes monarcas del reino se aprestaron a preservar al máximo ante posibles alienaciones por parte de los nobles o ante injerencias del gobierno municipal. Por esta razón el infante Pedro, futuro Pedro IV, otorgó en 1329 unas ordenanzas a la ciudad de Barbastro con el fin de regular la protección de tales regalías, permitiendo que los jurados ciudadanos eligiesen a doce hombres buenos, escogidos asimismo entre los ciudadanos, para que tratasen con los jurados sobre los derechos y libertades concernientes a las regalías del rey, así como para defender las franquezas y privilegios de la ciudad, estableciendo que toda aquella persona que fuera en contra de tales premisas sería privada de participar en los oficios concejiles de manera vitalicia.5. El baile local de Barbastro, como agente de la administración real y guarda del patrimonio del monarca, era un cargo cuyo nombramiento fue realizado hasta el siglo xv por el rey. Este oficial debía salvaguardar los bienes que el monarca tenía en la ciudad y estaba encargado de recaudar las rentas correspondientes a dichas regalías (Ladero, 1994: 31-93). El baile no tomaba parte en la elección de los cargos del concejo, pero como representante de rey debía velar por su correcto funcionamiento. Por esta razón los jurados entrantes debían jurar su cargo ante el justicia de la ciudad o, en su defecto, el lugarteniente de justicia, pero también debía estar presente el baile local.6 La administración de justicia en la ciudad quedaba en manos del justicia, de manera que el baile no tenía capacidad de detener a ninguna persona si no era por mandamiento del justicia o su lugarteniente. En el siglo xiii los caballeros e infanzones de Barbastro ya habían accedido a los oficios de justicia y jurados de la ciudad, hecho que dio lugar a multitud de controversias en el municipio. Los ciudadanos, en un intento por preservar su preeminencia en el concejo, obstaculizaron al máximo su acceso a los cargos municipales, derivando en una situación tan insostenible que el concejo hubo de solicitar ayuda al rey para conservar la paz en la ciudad. Tras la recepción de su súplica, Jaime II intentó pacificar dicha situación en 1295 mediante un escrito en el que instaba a la ciudad a restituir tanto a caballeros como a infanzones en los oficios de justicia y jurados, como se había venido realizando hasta ese momento de manera habitual. En cambio el consejo local, entendido como magistratura colegiada con funciones de asesoramiento al capítulo del concejo, continuó reservado a los ciudadanos hasta finales del siglo xiv. Por tanto se observa un acceso en época temprana de caballeros e infanzones a las magistraturas de justicia y jurados, pero el resto de cargos, incluido el de los consejeros, quedaron vetados a los nobles hasta fines del Trescientos. El enfrentamiento entre los grupos nobiliarios y la clase dirigente de los ciudadanos por el poder se mantuvo durante los decenios siguientes, llegando a su punto culminante en 1387, momento en el que el gobierno de la ciudad solicitó de nuevo ayuda al monarca a causa de la situación insostenible que se estaba viviendo en la ciudad, lo que llevó al concejo a renunciar temporalmente a la facultad de elegir justicia. Este cargo era el de mayor relevancia dentro del organigrama concejil de la urbe, ya que tenía funciones gubernativas y judiciales, tanto en cuestiones civiles como criminales, y con jurisdicción tanto en la ciudad como en sus términos. El primer justicia de la ciudad fue Ato Galíndez, según consta en el fuero de Barbastro del año 1100, por designación real.7 Pero a partir de esta elección inicial, el rey confirió dicha libertad a la ciudad, aunque no se trató de una cesión plena, ya que el monarca debía confirmar a la persona elegida por el concejo. Ramos y Loscertales considera que esta licencia, también recogida en el fuero de Alquézar, no era propia del derecho aragonés, por lo que pudo estar influida por el derecho castellano o, más probablemente, proceder de la normativa sobrarbense, según la cual los infanzones de dicho territorio elegían a su justicia dentro de la curia regia (Ramos, 1981: 4). A pesar de que dicha concesión aparecía claramente en el fuero de Barbastro y fue confirmada en numerosas ocasiones por diferentes monarcas, en muchos casos hubo reticencias por parte de la Corona para permitir que tal designación correspondiera a la ciudad, ya que la elección del cargo de justicia podía ser una interesante vía de injerencia real en el gobierno municipal. Pero tal merced fue fuertemente defendida desde el concejo, el cual no estaba dispuesto a renunciar a la gran autonomía que le confería el hecho de poder elegir justicia entre sus conciudadanos.8 Así lo corroboró a principios del siglo xiv Jaime II, después de haber expresado sus recelos sobre tal concesión, lo que le llevó a iniciar una investigación sobre dicho asunto mediante la revisión de todos los privilegios concedidos por sus antecesores a la ciudad. Finalmente concluyó que había de ratificar, de nuevo, la facultad de la ciudad para elegir anualmente en el mes de octubre tanto al justicia como a los jurados de Barbastro, subrayando que la confirmación del cargo de justicia debía ser realizada por el monarca o por el baile general en su defecto, mientras que la elección de los jurados no necesitaba ratificación alguna por parte del rey.9. En 1387 Barbastro estaba viviendo un momento de excepción en el que las luchas entre bandos se habían adueñado de la ciudad y desde el gobierno municipal se temía una «irreparable destruccion».10 Vista la imposibilidad de mediación, el concejo barbastrense solicitó ayuda a Juan I, dejando en sus manos la elección del justicia de la urbe durante dos años, pero siempre sin lesión de los fueros, privilegios, libertades y franquezas de la ciudad. Pasado ese plazo el monarca continuó designando al justicia de la ciudad durante un tiempo bastante prolongado, lo que lleva a pensar que la situación de excepción generada por la lucha de bandos no mejoró inmediatamente tras la intervención regia.11. La ciudad de Barbastro tardó varios decenios en recuperar la facultad de elegir al justicia, ya que en torno a 1415 dicha designación todavía perduraba en manos del monarca.12 Se trataba de un momento especialmente cambiante para la ciudad, marcado por la conversión forzosa de los judíos barbastrenses en torno a 1414 y la incautación del patrimonio de la familia Entenza por parte de la monarquía en 1417, a causa de su parentesco con Jaime II, conde de Urgel, como represalia por su levantamiento contra el rey Fernando I (Sesma, 2011; Sesma, 2012; Rubio, 2012: 265-291; VV.AA., 2013). Estos dos acontecimientos afectarían al devenir de la ciudad en los decenios posteriores, así como al desarrollo del gobierno municipal, especialmente por la rápida integración de los judíos conversos en el organigrama municipal. Una vez que el concejo recuperó la potestad de nombrar justicia en el siglo xv, se volvió a practicar un reparto en el ejercicio del cargo entre caballeros e infanzones y ciudadanos, como ya se había realizado durante el xiv. Otra fecha significativa para la ciudad fue 1454, año en el que tuvo lugar en Barbastro una reforma del proceso de elección de los oficiales del concejo, al igual que había acontecido en muchas otras ciudades de la Corona de Aragón, que supuso pasar de elegir a los miembros del concejo mediante cooptación a utilizar el procedimiento de la insaculación, uno de los sistemas electorales más difundidos durante el Antiguo Régimen (Torras, 1986: 341). En algunos casos se había pasado de la cooptación a un sistema que combinaba cooptación y azar, mediante el uso de sacos, como en las ciudades de Zaragoza y Valencia, pero en Barbastro no se observa esta fase intermedia (Batlle, 1988: 68; Falcón, 1978; Hinojosa, 1988: 42; Narbona, 2007: 113-150). Hasta esa fecha, los oficiales del concejo barbastrense habían sido elegidos mediante cooptación. En 1445, uno de los pocos años previos a la reforma insaculatoria del que han perdurado actas del concejo, los oficiales salientes prometían «bien et lealment haver et esleyr los officiales a utilidat de la cosa publica»,13 habiendo de designar al justicia, seis jurados y al notario de la ciudad. De la misma forma que se había realizado un reparto del ejercicio del cargo de justicia entre ciudadanos e infanzones, también se estableció una cuota en el caso de los jurados, de manera que cuatro de ellos habían de ser ciudadanos y otros dos hidalgos, pacto posteriormente plasmado en las ordenanzas insaculatorias de 1454. El hecho de que los oficiales salientes fueran los encargados de nominar a los entrantes generó abundantes discordias. En 1453 el número de habitantes y ciudadanos de Barbastro que habían iniciado firmas de derecho u otras provisiones contra el concejo por no haber entrado a formar parte del gobierno municipal fueron tan elevados, que el concejo tuvo que amenazar con emprender acciones legales contra ellos, según la normativa fijada en los estatutos de la ciudad.14. La primera ciudad del reino de Aragón que asumió el sistema insaculatorio fue Zaragoza, entre 1442 y 1443. Pocos años después, en 1445, la reina María, como lugarteniente del rey Alfonso V, estipuló que este sistema debía ser establecido en determinadas ciudades, villas y lugares del reino,15 entre las que se encontraba Barbastro. El ritmo de implantación fue muy diverso, como puede deducirse de que en la localidad barbastrense no se introdujera la citada reforma hasta nueve años después, mientras que en otros núcleos de población se impuso el nuevo sistema de forma casi instantánea. En general se observa una introducción paulatina del sistema insaculatorio en el reino durante el reinado de Alfonso V, produciéndose su verdadera difusión durante el reinado de Fernando II. La implantación del sistema insaculatorio en 1454 en Barbastro como medio para elegir a los cargos concejiles validó el reparto de oficios entre los grupos urbanos, ratificando de esta manera el pacto existente desde hacía dé- cadas entre ciudadanos e infanzones para el gobierno de la ciudad, aunque quedó patente el claro predominio de los ciudadanos. Pero el equilibrio de poder fijado mediante tales ordenanzas tuvo una vigencia relativa, ya que durante la segunda mitad del siglo xv las reformas del sistema fueron constantes, con la consiguiente elaboración de nuevas bolsas, momento determinante en el reparto de poder. La clave de la cristalización de este sistema, impulsado por el monarca y alentado por los grupos urbanos, fue la legitimación en el poder. Se trataba de un sistema que, aunque permitía la injerencia real, dotaba a los grupos dirigentes de cierta autonomía (Falcón, 1978: 87). Según Torras i Ribé, este sistema fue positivo para la regulación de la vida social y política de las ciudades, ya que sirvió para plasmar de manera fehaciente el reparto de poder entre los distintos grupos sociales que formaban parte del gobierno urbano, estipulándose una formulación estamental. Por tanto, se introduce un concepto de representación ciudadana proporcional a la «calidad, riqueza e influencia intrínseca de cada estamento en el seno de la sociedad» (Torras, 1986: 343) y no al número de habitantes, por lo que el ciudadano deja de ser miembro de la colectividad y pasa a ser el individuo de una clase. En las ordenanzas de Barbastro otorgadas en 1454 (Arco, 1946: 455-468; Angoy, 1984: 147-159), promulgadas por Juan de Navarra, gobernador de Aragón y futuro rey, se subraya la necesidad de corregir la corrupción y nepotismo surgidos de la cooptación mediante la introducción del sistema insaculatorio, con la finalidad de lograr el «dreçamiento e reparacion del regimiento de la ciudat, de modo que se evitaran discordias e debates que se parellavan suscitar sobre el dito regimiento e se perpetuara paz e concordia entre los ciudadanos e fidalgos».16 En dicho documento se estipula el número de cargos que debían conformar el concejo, así como si debían ser ocupados por ciudadanos o por infanzones, y el cursus honorum que debían realizar los oficiales. El concejo quedaba integrado por 28 personas, repartidas entre los cargos de justicia (1), jurados (6), almutazafes (2), bolsero (1) y consejeros (18),17 elegidos mediante doce bolsas.18. En el caso del oficio de justicia fueron creadas dos bolsas, la de «justicia de ciudadanos» y la de «justicia de fidalgos», ya que este cargo debía elegirse de forma alterna entre ambos grupos, aunque con preeminencia del contingente ciudadano, ya que el redolino se extraía durante dos años de la bolsa de los ciudadanos y, al tercer año, se alternaba la bolsa y se utilizaba la de los infanzones. Para la elección de los jurados se crearon inicialmente cinco bolsas, tres de ciudadanos y dos de infanzones. Las bolsas de los ciudadanos eran las de prior de los jurados, jurado segundo y juez de misa matinal y la de jurados tercero y cuarto. Mientras que en el caso de los infanzones se formó la bolsa de jurado primero y juez de misa matinal de los infanzones y la de jurado segundo. Los consejeros debían ser dieciocho, doce ciudadanos y seis infanzones, pero su elección se realizaba en grupos de seis, ya que los consejeros ciudadanos debían ser extraídos de dos bolsas distintas, la de los consejeros ciudadanos más honorables y la de los consejeros de menor dignidad. En cambio los infanzones únicamente contaban con una bolsa de consejeros. Otros cargos que debían ser electos mediante redolinos y que, por tanto, se necesitaba crear las bolsas, eran el de bolsero y almutazafes, ambas integradas únicamente por ciudadanos. Además también se creó desde un primer momento la bolsa para elegir a los procuradores para Cortes generales, integrada por ciudadanos, y la bolsa de mensajeros para otras cuestiones, formada por ciudadanos e infanzones. La extracción de redolinos en estos dos últimos casos se llevaba a cabo únicamente cuando la ocasión lo requería, por lo que dicha elección no se realizaba el mismo día que el resto de los cargos ni existía un número determinado de personas que debiesen ejercer tales oficios. A lo largo de la segunda mitad del siglo xv se fueron creando nuevas bolsas o se modificaron algunas de las descritas en las ordenanzas de 1454. Este documento sirvió para ratificar el pacto existente desde hacía décadas entre ciudadanos e infanzones para el gobierno de la ciudad, aunque quedó patente el claro predominio de los ciudadanos en el caso de los cargos relevantes del concejo, ya que controlaban de forma mayoritaria los cargos de justicia, jurados y consejeros y dominaban totalmente los cargos de bolsero y almutazaf, lo que suponía supervisar los aspectos económicos del municipio, así como la contabilidad del concejo. En el caso de los cargos de justicia, jurados y consejeros, los porcentajes de participación eran idénticos, ya que tanto en el caso de los jurados como en el de los consejeros, el $67 \%$ eran ciudadanos. En el caso del justicia, teniendo en cuenta el ciclo temporal de tres años, durante los cuales el cargo era ejercido dos veces por ciudadanos y una por infanzones, se constata la misma cifra de participación del $67 \%$ . A pesar de que este acuerdo mostrase una clara predominancia del grupo ciudadano, era bastante favorable para los infanzones si se compara con otras ciudades que habían llegado a realizar pactos similares, como en el caso de Huesca (Iranzo, 2005). Las Ordinaciones reales de la ciudad de Barbastro de 1657 dejan constancia de la larga perduración del pacto forjado entre los ciudadanos e infanzones de la ciudad, existente todavía en el siglo xvii: Por quanto la experiencia ha mostrado ser conveniente al buen gobierno de la ciudad de Barbastro la union que en tienpos se hizo en los oficios de ella de infançones y ciudadanos y como tal los comissarios reales, nuestros predecessores, la han siempre prorrogado, por tanto, confirmando, prorrogando y aprobando la dicha union, estatuymos y ordenamos que aquella se continue, prorrogue, observe y guarde de la forma que hasta aqui se ha observado y guardado, la qual Nos continuamos y prorrogamos por tiempo de treinta años (Ordinaciones reales de la ciudad de Barbastro, 1657: 1-2). Mediante la regulación del ritmo de crecimiento o cambio de las bolsas, con el fin de evitar desequilibrios o desórdenes, se establecieron las pautas del cursus honorum que podían realizar los oficiales hasta acceder al justiciado. Aquellas personas que desearan ser jurados debían solicitar su admisión para la bolsa de jurados tercero y cuarto, si eran ciudadanos, o de jurado segundo de hidalgos, en el caso de que fueran infanzones. A partir de aquí podían ir ascendiendo por las bolsas de jurados de forma progresiva, respetando los lapsos de tiempo estipulados y la cantidad límite de personas que podían cambiar de bolsa. Tanto los jurados segundo, tercero y cuarto de ciudadanos como el segundo de hidalgos debían permanecer como mínimo dos años en las citadas bolsas, siempre a partir de la fecha de su ingreso. Una vez que hubieran accedido a las bolsas de prior de los jurados o de jurado primero de hidalgos, respectivamente, debían permanecer en ellas un mínimo de un año. Tras todos esos pasos, ya se encontraban en disposición de optar al justiciado de la ciudad. En este sentido el cursus honorum de los infanzones era más corto, ya que únicamente tenían que pasar por dos cargos antes de optar al de justicia, pero debe tenerse en cuenta que los infanzones únicamente accedían a ese puesto clave una vez cada tres años, ya que los otros dos años el oficio era ejercido por ciudadanos. Para controlar el acceso a los cargos de mayor relevancia, tanto al de justicia como a los de prior de los jurados, jurado segundo de ciudadanos, jurado primero de hidalgos, así como el de bolsero, únicamente se aceptaba la inclusión de una persona en cada una de dichas bolsas durante la ceremonia de promoción, que tenía lugar cada dos años. Este número se incrementaba a dos en el caso del resto de las bolsas de jurados, de almutazafes y de consejeros de hidalgos, y a tres en las dos bolsas restantes de consejeros, es decir, las correspondientes a los ciudadanos de mayor y menor dignidad. Solamente se contemplaba como excepción que en el caso de que las bolsas de justicia y jurado primero de hidalgos se hallaran casi vacías a causa del fallecimiento de sus miembros, entonces se pudieran añadir más redolinos de una sola vez hasta llegar a seis en total junto con los que ya formasen parte de dichas bolsas. Conforme avanza la segunda mitad del siglo xv se observa una dificultad creciente a la hora de elegir a nuevos oficiales, ya que en algunos casos el número de personas hábiles era totalmente insuficiente debido a que parte de los miembros de cada bolsa ya habían sido designados oficiales, por lo que debían respetar el plazo de tiempo estipulado para volver a ejercer el cargo, y otro porcentaje había fallecido, lo que mermaba considerablemente las opciones. Esta detallada reglamentación del cursus honorum permitía una rotación de las elites dentro de las magistraturas, pero también suponía una perpetuación en el poder, ya que los jurados salientes podían ser incluidos en la bolsa de consejeros al año siguiente de salir del cargo y ejercer este nuevo oficio pasado un año de haber sido jurados. Esta permanencia en el poder se hizo más patente todavía al incluir la figura de los «consellyeros de piet» dentro de la nómina del concejo a partir de los años 60 del siglo xv, los cuales eran los jurados salientes del año anterior. Por tanto, cuando un individuo entraba a formar parte de una bolsa, no sólo tenía la posibilidad de ejercer un oficio, sino que iniciaba toda una carrera dentro del gobierno municipal. Además de ello, el hecho de ser seleccionado y aceptado como miembro hábil para ser insaculado suponía todo un reconocimiento de su condición estamental (Santamaría, 1988: 25). El acceso o promoción entre bolsas no era un proceso sencillo, ya que los candidatos no sólo debían esperar dos años a que se convocase el acto, cumplir los requisitos, acatar los plazos de promoción y esperar que fuera favorable la votación mediante la fabeación, sino que además su solicitud debía ser admitida, circunstancia que no acontecía en todos los casos. La elección de personas que no hubieran probado su hidalguía para ejercer cargos correspondientes a los infanzones o que se consideraran dudosas generó numerosos conflictos, lo que llevó al concejo a acordar que toda aquella persona que se declarase infanzón, pero no lo hubiera probado, sería considerado inhábil para ejercer los correspondientes oficios. En 1457 se realizaron las primeras modificaciones de las ordenanzas de 1454, a pesar de que habían sido otorgadas con una validez de 10 años, mediante una comisión de la reina María otorgada el 15 de marzo de ese mismo año (Arco, 1946; Angoy, 1988). Como indica Iranzo, era frecuente la realización de este tipo de reformas en diferentes fases, ya que en un primer momento se establecían las bases generales del sistema y, posteriormente, se pergeñaban los detalles en función de las necesidades concretas de cada lugar (Iranzo, 2005). La realidad es que, además de las correcciones llevadas a cabo en 1457, durante toda la segunda mitad del siglo xv la estructura concejil barbastrense se fue haciendo más compleja, incrementando progresivamente tanto el número de cargos como el de personas que formaban parte del concejo. El 30 de junio de 1466 fueron otorgadas nuevas ordenanzas por el gobernador del reino,19 a causa de la pérdida de vigencia de las disposiciones anteriores, de 1454. Y lo mismo aconteció en 1475, año en el que se requirió de nuevo al monarca la renovación del privilegio de la insaculación durante diez o quince años más.20. En 1486, tras once años de la última reforma del proceso insaculatorio, la elección de los oficiales sufrió graves irregularidades, ya que dejó de utilizarse la extracción de los cargos mediante ceruelos21 y los oficiales pasaron a ser elegidos de nuevo mediante cooptación ejercida por los jurados de los tres años precedentes, correspondientes a 1483, 1484 y 1485. Los cargos designados fueron los mismos que en años anteriores, excepto en el caso del capdeguayta, 22 cargo que desapareció definitivamente del organigrama concejil barbastrense. En el caso de la elección de los consejeros no fue posible lograr la unanimidad entre todos los miembros electores, lo que llevó a plantear otras opciones de selección. Finalmente tales discrepancias se solventaron al acordar que los consejeros de 1486 fueran los oficiales del trienio anterior, a los que se añadieron seis personas más para llegar al número de veintiuno, elección irregular que se produjo de nuevo en 1487.23. A partir de 1489 se reestableció la elección de los cargos municipales mediante el sistema de la insaculación, según las ordenanzas nuevas dadas por Alonso de Aragón, lugarteniente general del reino y arzobispo de Zaragoza, hijo natural de Fernando el Católico, por las que le abonaron 3000 sueldos al monarca en 1490.24 Esta nueva regulación, si bien retomó parte de las directrices de estatutos precedentes y reimplantaron la insaculación en la ciudad, no sirvieron para recuperar totalmente el orden quebrantado en la organización concejil barbastrense durante los últimos años, hecho que aprovechó el monarca para intervenir en el gobierno de la ciudad (Aranda y Sanz, 2003: 55). Esta injerencia real se materializó en 1492 al ordenar a la ciudad que se sobreseyera la extracción de los oficios. Posteriormente el monarca encargó al jurista Luis de Castillón, ciudadano de Zaragoza, como asesor del gobernador del reino, la reparación de las capitulaciones de selección de cargos de la ciudad, «atendido los grandes desordenes que en cada extraccion se fazian».25 Cinco meses después, el 8 de agosto de 1493, el rey Fernando confirmó en Barcelona las ordenanzas elaboradas por Luis de Castillón, con una validez de diez años, por lo que el concejo tuvo que abonar 3000 sueldos en Zaragoza como pago por tal reparación.26. Durante la Baja Edad Media, el concejo barbastrense tuvo un relevante papel de gestión sobre la producción y el comercio de productos básicos, por lo que aplicó férreas medidas de control con el fin de promover la autosuficiencia de la ciudad y garantizar la subsistencia de la población, además de fomentar la protección del consumidor local (Mateos, 2005-2006: 105-132). Para lograr estos objetivos se impusieron desde el concejo políticas intervencionistas en momentos críticos, con el fin de evitar conflictos y asegurar los productos básicos para la población, y medidas proteccionistas en etapas con un rendimiento agrícola más pujante. El arrendamiento de bienes raíces y monopolios era una vía significativa de ingresos para el concejo barbastrense, el cual los transfería mediante subasta pública al mejor postor, que solía pertenecer a los grupos más pudientes de la ciudad, habitualmente conversos. Entre los monopolios cedidos por el gobierno municipal para su gestión destaca principalmente el comercio de aceite, las taulas de las carnicerías y el puesto del pescado (Falcón, 1997: 239-274; Falcón, 1999: 191-218; Mateos, 2003: 51-77; Sánchez, 2010: 45-66). La zona correspondiente al actual Somontano de Barbastro se caracterizaba por la producción de trigo, vino y aceite en la Baja Edad Media (Navarro, 2006: 87-100). El paisaje agrícola barbastrense estaba dominado por viñedos y olivares, además de grandes zonas de pasto que fueron creciendo a lo largo del siglo xv, debido a la necesidad de alimentar a las cabañas ganaderas y así disponer de carne y otros productos para la subsistencia de la ciudad y zonas limítrofes. Los cultivos de cereal también estuvieron presentes en este territorio, donde se cultivó primordialmente trigo y cebada, pero también centeno, ordio, segal y mijo. Pero a pesar de este panorama, el cultivo del cereal no fue lo suficientemente productivo como para garantizar el correcto abastecimiento de Barbastro en época bajomedieval. Por este motivo el concejo, como supervisor del abastecimiento de alimentos de la ciudad, tuvo un interés constante por conseguir una correcta provisión de grano, especialmente de trigo, patente desde el siglo xiv. En las ordenanzas dadas por la ciudad en 1396 (Vázquez, 2011), ya se refleja esta preocupación por paliar los problemas de desabastecimiento de la ciudad, ya fuera por escasez de la materia prima como por falta de personal que pudiera desempeñar las labores necesarias para que tanto los cereales como el pan cocido pudieran llegar hasta el consumidor. Por este motivo correspondía a los oficiales del concejo «cura carnis, panis et aliorum ad habundantium vittualium in dicta civitate».27 Los almutazafes debían controlar que hubiese «bastamento de pan cozido e de carne, por manera que toda persona por su dinero en de pueda comprar» (Vázquez, 2011: 39). Además el gobierno municipal también debía encargarse de nombrar a los paniceros, así como establecer los precios de venta. Se trataba de un ámbito muy controlado desde el gobierno municipal, por ese motivo no se dudó en actuar contra todo aquel que hiciese «pan franco» en la ciudad. La necesidad de abastecimiento de cereal, en concreto de trigo, llevó al concejo a tener que ir al encuentro de proveedores en otras zonas. La búsqueda de este producto se realizó inicialmente en localidades circundantes, como Binaced, a 25 kilómetros de distancia. Pero la imposibilidad de hallar las cantidades de grano necesarias en momentos de escasez supuso que los mercaderes tuvieran que viajar a zonas algo más alejadas, como Sariñena y Ontiñena, a 45 y 60 kilómetros de Barbastro, respectivamente, e incluso recurrir a transacciones de mayor distancia y llegar a importar trigo desde Cataluña. Así aconteció a mediados de siglo, momento en el que la escasez de este cereal en la ciudad dio lugar no sólo a importaciones puntuales de larga distancia, sino incluso a pactos que asegurasen una provisión regular semanal de trigo para comercializarla cada martes, día de mercado en Barbastro (García Marsilla, 1993: 95-144; Narbona, Cruselles, 1995: 305-332; Orti, 1999: 423-445; Cateura, 2006; Guinot, Mira, 2008: 137-161; De la Torre, 2016: 185-210). El aceite también era uno de los productos regulados desde el concejo a finales de la Edad Media. Las medidas que se hubieron de tomar desde el gobierno municipal con respecto a este producto variaron considerablemente en función de las características de la producción. El concejo implantó desde políticas intervencionistas en la venta al por menor en momentos de carestía, con la finalidad de controlar los precios y evitar la inflación, hasta medidas proteccionistas en momentos de mayor bonanza, centradas en frenar totalmente la importación de este producto, aunque fuera desde lugares tan cercanos como Alquézar, Colungo o Adahuesca, apenas a 25 kilómetros de la ciudad. La comercialización de otros productos tan relevantes como la carne y el pescado también estuvo marcada por las directrices municipales. En el caso de la carne, había tres puntos de venta, aunque únicamente dos eran controlados desde el concejo, que arrendaba su uso. Estos puestos estaban situados en el Mercado y Riancho28 y eran gestionados por población cristiana. El tercer lugar de abastecimiento era la carnicería de los moros, situada en La Fustería. Este último establecimiento, perteneciente a la familia Entenza desde su concesión a Pedro II de Urgel por parte de Pedro IV en el siglo xiv, se convirtió en una fuente constante de conflicto entre los Entenza y el concejo. La concesión original especificaba que se trataba de una carnicería para los moros, pero en fecha temprana ya se vendía carne a los cristianos. Esta irregularidad, considerada muy grave, dio lugar a que el concejo prohibiese totalmente a la población cristiana que comprase en dicho establecimiento, amparándose en que el privilegio del siglo xiv únicamente hacía referencia al comercio con sarracenos y, en cambio, se estaban vendiendo «carnes, assi de carnero como de otros animales, a saber es, de bueyes, crabones, corderos y terneros, y por aquel precio que cada qual de los dichos animales en la dicha carneceria se havian acostumbrado vender no solamente a los dichos moros, mas ahun a los cristianos de la dicha ciudat e otros qualesquiere que a la dicha ciudat viniessen y de aquellas quisiesen comprar».29 Las disputas con el concejo sobre este tema fueron aparentemente zanjadas por el rey Alfonso V el 18 de noviembre de 1453 mediante un privilegio en el que el monarca rubricaba el derecho a «vender en la dicha carneceria carnes, no solamente a los moros, mas ahun a los cristianos»,30 pero a pesar de esta intervención, el conflicto perduró hasta bien entrado el siglo xvi. En cambio las tablas del Mercado y de Riancho estaban bajo control directo del concejo, que procedía a arrendarlas periódicamente. Únicamente debía tenerse en cuenta que el arrendatario de uno de los puestos no podía tomar parte en el otro, ya fuera de manera directa o indirecta, con el fin de evitar un excesivo monopolio de la comercialización de carne por parte de la misma persona. El puesto de Riancho tenía más beneficios que el del Mercado, por lo que normalmente se arrendaba por un precio superior. Era frecuente sacarlo a subasta antes que la taula del Mercado, para intentar conseguir un buen negocio también en el segundo caso.31. En Barbastro también se consumía pescado fresco, seco y salado, marítimo y fluvial. Se trataba de productos muy delicados, de rápida putrefacción, por lo que una correcta manipulación y transporte eran básicos para asegurar su calidad (Rodrigo, 2009: 547-577). Hasta mediados del siglo xv los «mercaderos, revendedores e revendederas» de Barbastro eran convocados el miércoles de ceniza en la iglesia de San Bartolomé para que explicitasen la provisión de pescado y de otros productos básicos que tenían para comercializar, tanto en Cuaresma como durante el resto del año, de manera que el concejo pudiese calcular las necesidades de la población, tanto de la ciudad como de los nú- cleos limítrofes. Pero, a partir de 1450, el concejo decidió modificar este sistema, ya que el año anterior los comerciantes y vendedores apenas se habían abastecido correctamente, lo que «redundava en deservicio de Dios y en mala provision de los vezinos et habitadores de la ciudat et los venientes ad aquellya». El concejo, en un intento por asegurar el abastecimiento, optó por arrendar cada diciembre «a personas poderosas et sufficientes» el monopolio de la pesca y otros productos, porque «no seria cosa condescent una tal ciudat como aquesta e los venientes en aquellya no fuessen bien proveydas».32 Ese mismo año, el ciudadano Luis de Pueyo se hizo con el citado monopolio durante tres años, a partir del primer día de Cuaresma, por la nada desdeñable cantidad de 850 sueldos anuales, la mejor oferta que los corredores pudieron encontrar. Inicialmente se estableció que el pago de la arrendación se abonase en dos plazos, el primero seis meses después del miércoles de ceniza y el segundo en septiembre. El primer vencimiento era variable, ya que dependía de una celebración litúrgica móvil que se celebraba entre febrero y marzo, por lo que el pago debía tener lugar entre julio y agosto, de manera que las dos liquidaciones solían abonarse muy próximas en el tiempo. Puede que esa fuera la causa de la modificación de tales términos, ya que posteriormente la primera tanda fue fijada en Pascua Florida, entre el 22 de marzo y el 25 de abril, y el segundo abono para la feria de septiembre.33 2. El protagonismo del linaje Entenza en el devenir del Barbastro bajomedieval. El linaje Entenza estuvo enraizado en sus orígenes en la zona de la Ribagorza, tomando su nombre de la torre de Entenza,34 situada en el Prepirineo aragonés, y se estructuró en diversas ramas de gran transcendencia. Una de ellas, que mantuvo la posesión de la torre de Entenza, así como otras propiedades en Aragón, se extendió por la zona de Vandellós, Tivisa, Mora de Ebro y Pratdip, al emparentar en el siglo xiii Guillén de Entenza35 con la familia Subirats-San Martí, descendiente de los Castellvell. A partir de 1324 esta zona pasó a denominarse baronía de Entenza, tras un pacto establecido en 1313 entre el rey Jaime II y Guillén de Entenza, nieto del citado Guillén de Entenza y Alamanda de Subirats-San Martí y primogénito de Berenguer de Entenza. Otra rama de la familia Entenza extendió sus dominios por la zona de Alcolea de Cinca36 y estuvo relacionada con la ciudad de Barbastro desde la conquista cristiana. En el siglo xiii hay constancia de que Gombaldo de Entenza, hijo de Bernat Guillén de Entenza, heredó de su padre la baronía de Alcolea, así como diversas propiedades en la ciudad de Barbastro, entre las que se contaba el castillo y la morería, situada en La Fustería. El patrimonio de la familia fue considerablemente ampliado gracias al enlace de Gombaldo con Constanza de Antillón, bisnieta de Ponce I de Urgel y IV de Cabrera, conde de Urgel y vizconde de Áger, nieta de Rodrigo Álvaro de Cabrera-Urgel e hija de Sancho de Antillón,37 mayordomo y alférez real, y de Leonor de Cabrera-Urgel, heredera de los condes de Urgel. Dicho enlace supuso la unión de la baronía de Alcolea con la de Antillón, que estaba integrada por Antillón, Ponzano, Lascellas, Abiego, Bespén, El Grado, Artasona, Osso, Pertusa, Puy de Cinca, Sit, Astella, Abizanla, Val Solana, Alhurre, Samitier y Morcat (Ubieto, 1983: 333-334). Teresa de Entenza, hija legítima de Gombaldo y Constanza, fue nombrada por su padre heredera universal de todos sus bienes en el testamento que otorgó en septiembre de 1304 en Alcolea de Cinca, al no tener descendientes legí- timos varones (Pastor, 2004: 123-142). En dicho documento el otorgante estableció que su hija Teresa recibiese los castillos y villas de Alcolea, Castelflorite y Ráfales (Ubieto, 1983: 329), así como el heredamiento de Barbastro, además de localidades al sur del reino de Aragón, como la villa de Manzanera, y otros enclaves en el reino de Valencia, entre los que se encontraban Chiva y Gestalgar. A pesar de que los dominios de Gombaldo de Entenza fueron muy extensos, tanto en el reino de Aragón como en el de Valencia, Navarra e incluso Castilla, estuvo muy ligado a Alcolea de Cinca. Por ese motivo solicitó en su testamento ser enterrado en la iglesia de San Juan de dicha localidad, concretamente en una capilla en honor de Santa María que él mismo ordenó construir, donde estableció dos capellanías perpetuas.38. Tras el fallecimiento de su padre en 1309, Teresa de Entenza recibió las baronías de Antillón y Alcolea (Ubieto, 1983: 332), así como la baronía de Entenza del reino de Aragón y una serie de posesiones al sur de Aragón y Valencia.39 Pero además de los bienes paternos, Teresa también heredó por línea materna el condado de Urgel en 1314, al fallecer sin descendencia su tío abuelo Armengol X, conde de Urgel y vizconde de Áger (Madrazo, 1839: 249), el mismo año en el que casó con el infante Alfonso. La renuncia al trono de Jaime, hermano de Alfonso, que decidió tomar los hábitos en 1319, supuso la coronación del infante Alfonso, convirtiéndose en el rey Alfonso IV en 1327. A pesar de ello Teresa de Entenza no llegó a ser reina porque falleció cinco días antes de la subida al trono de su esposo. Por tanto, durante el primer cuarto del siglo xiv converge en la Corona el patrimonio de dos de las ramas principales de la familia Entenza. Por un lado Teresa de Entenza aportó a su matrimonio con el infante Alfonso las baronías de Alcolea, Antillón y Entenza, todas en el reino de Aragón, en 1314. Mientras que el rey Jaime II recibió poco después, en 1321, la donación de la baronía de Entenza, situada en el principado de Cataluña, por parte de Guillén de Entenza, además del castillo y villa de Entenza, en la Ribagorza. A pesar de esta confluencia, todo este patrimonio no conformó una unidad en ningún momento y fue transmitido por diferentes vías. Los bienes asumidos por Jaime II fueron cedidos en 1324 a su hijo Ramón Berenguer, momento en el que dicho patrimonio situado en el principado de Cataluña recibió la denominación de baronía de Entenza, título que perduraría hasta el siglo xix. El infante Ramón Berenguer permutó esta baronía junto con el condado de las montañas de Prades, de nueva creación, con su hermano Pere, a cambio del condado de Ampúrias (Romero y Palet, 2014). En cambio el patrimonio aportado por Teresa de Entenza fue transmitido a su hijo Jaime junto con el condado de Urgel, de manera que se convirtió en Jaime I de Urgel, vizconde de Áger y barón de Entenza, Antillón y Alcolea. Las heredades que la familia Entenza poseía en Barbastro fueron donadas en 1324 por los infantes Alfonso y Teresa, en calidad de condes de Urgel, a Guillén de Entenza, hermano de la citada Teresa, como compensación por sus servicios a la Corona y en agradecimiento a su fidelidad.40 Los titulares de estos bienes gozaban de jurisdicción alta y baja, civil y criminal, mero y mixto imperio. Además tenían derecho sobre las aguas, molinos y caza, así como sobre el paso del bestiar,41 y disfrutaban de la potestad de recaudar numerosos tributos y exacciones, algunos de ellos de jurisdicción real, lo que conformaba una serie de concesiones difícilmente conjugables con los emergentes derechos de la sociedad urbana. Tras el fallecimiento de Guillén de Entenza, los bienes recayeron en Jaime, hijo de Teresa de Entenza y del rey Alfonso IV, junto con el vizcondado de Ager y las baronías de Antillón y Alcolea, a causa de la defunción de su hermano Sancho, heredero universal de Teresa de Entenza. En su testamento, otorgado en Zaragoza el 23 de octubre de 1327,42 Teresa ya estipuló que si fallecía su hijo Sancho, pasaría a ser Jaime su heredero universal, el cual ejerció de conde de Urgel entre 1336 y 1347. Tras su fallecimiento todo su legado fue cedido a su hijo Pedro, posteriormente Pedro II de Urgel, pero durante la minoría de edad de éste fue su madre, Cecilia I de Cominges-Turenne, quien ejerció de condesa de Urgel y señora de las propiedades barbastrenses. A pesar de existir una clara línea hereditaria entre los descendientes directos de Teresa de Entenza, debe remarcarse que hubo una disociación entre el dominio directo de los bienes barbastrenses de la familia, en manos de los condes de Urgel, y el dominio útil de los mismos, ejercido durante la segunda mitad del siglo xiv por el caballero Manuel de Entenza, consejero del rey, hermanastro de Teresa de Entenza e hijo natural de Gombaldo de Entenza, y por sus descendientes. Estas propiedades fueron incorporadas al patrimonio real en $1 4 1 7 ^ { 4 3 }$ como represalia por el alzamiento en armas de Jaime II de Urgel contra Fernando I, considerado crimen de lesa majestad (De la Torre, 2013). El año 1453 supuso un punto de inflexión en Barbastro, ya que en ese año el rey Alfonso $\mathrm { V }$ restituyó a María Jiménez de Entenza el dominio directo sobre los bienes que tradicionalmente habían pertenecido a su familia. En realidad este hecho podría parecer de relativa importancia para el municipio, ya que los Entenza habían mantenido el disfrute de su patrimonio durante toda la primera mitad del siglo xv, pero tal reintegración de las propiedades supuso la acentuación del poder señorial de la familia en la ciudad, hecho potenciado todavía más con el enlace de María Jiménez de Entenza con Rodrigo de Rebolledo, hombre de confianza del rey Juan de Navarra, gobernador general del reino y posteriormente rey de Aragón, con el que tuvo una excelente relación de fidelidad. Este noble, natural de Castrojériz, en el reino de Castilla, formó parte desde su niñez de la casa real de Navarra, donde fue camarero mayor y gran privado del rey (Castán, 2006: 405). Junto con María Jiménez de Entenza, su segunda esposa, tuvo un hijo legítimo, llamado Lope de Rebolledo y Entenza, el cual llevó a término diversos pleitos con la familia materna por el señorío de Entenza y con la familia paterna para obtener el mayorazgo de Monclús, Salas Altas y Salas Bajas.44. La familia Entenza, reforzada por la recuperación a mediados del siglo xv de los derechos sobre las propiedades alienadas, optó por imponer premisas feudales en una ciudad en evolución y crecimiento, en parte por la asunción de una reestructuración social derivada de la fractura creada en 1414 con la conversión forzosa de gran parte de la aljama judía barbastrense. A ello se sumaron las reformas de los órganos del gobierno municipal, a causa de imposiciones externas y necesidades internas, ya que la ciudad debía asumir en sus estructuras de poder el nuevo orden social citado, además de dar respuesta a las crecientes necesidades de la población. La insaculación fue el sistema utilizado para aunar las fuerzas emergentes de la ciudad con los anhelos feudales nobiliarios y la pretensión de control por parte del monarca, impuesto en 1454, un año después de que la familia Entenza recuperase los derechos sobre su patrimonio barbastrense. Rodrigo de Rebolledo y María Jiménez de Entenza utilizaron sus redes familiares y de solidaridad para expandir su poder, ejerciendo diferentes medidas de coacción para imponerse al orden establecido. Los partidarios de Rebolledo entraban armados en la ciudad con total libertad, a pesar de las recurrentes advertencias del concejo al respecto de portar armas en la urbe y de los estatutos existentes. Durante la segunda mitad del xv el concejo estuvo especialmente preocupado por la seguridad ciudadana a causa de los numerosos conflictos externos que afectaban al municipio y por el desarrollo de bandos internos que desestabilizaron la armonía urbana. La documentación referente a la familia Entenza, concretamente a la rama ligada a la baronía de Alcolea de Cinca, permite constatar el deseo de perduración del linaje que queda patente tanto en las transmisiones de bienes como en las capitulaciones matrimoniales y en los testamentos. En ellos se observa una necesidad de preservar el linaje a lo largo del tiempo y de salvaguardar la unidad de la casa Entenza frente a nuevas parentelas y bienes patrimoniales que podían hacer diluir su esencia primigenia, como así aconteció al albor de la Edad Moderna, todo un ejemplo de reproducción de patrones pertenecientes a una cultura del linaje (Fentress y Wickham, 2003). El nombre de la familia, claro indicador de sus orígenes, y las armas del linaje conformaban un capital simbólico que debía ser legado, protegido y enaltecido. La plasmación heráldica de las armas de la familia suponía la representación gráfica del linaje, símbolo de su estatus y también marca de propiedad, ya que denotaba de manera pública la pertenencia a la familia tanto de bienes inmuebles como de lugares especialmente significativos, como capillas y lugares de enterramiento, lo que a su vez servía para engrandecer todavía más su fama y subrayar su posición social. Por tanto, se trata de una creación expresa de la memoria de la familia dirigida a fomentar, expandir y hacer perdurar las claves del linaje a través de los tiempos (Atienza, 1997: 41-59). La significación del nombre y las armas era tal, que si los descendientes no asumían estas señas de identidad del linaje podían perder todos los derechos hereditarios que tuvieran sobre los bienes de la familia. Así lo hace constar Gombaldo de Entenza en su testamento, en el que especifica que «si el dito heredero mio non prenda el sobrenompne e las armas d’Entiença, segunt dito yes, que pierda todo el dreyto que yo le lexo e que se sigua la ordinacion, por mi aqui feta, de los ditos bienes» (Pastor, 2004). En este documento también queda patente la preocupación del pater familias por preservar el patrimonio familiar tras haber emparentado con la realeza, en un intento de evitar que tales bienes fuesen asimilados por la Corona. Por esta razón Gombaldo de Entenza estipuló que su heredera universal, su hija Teresa de Entenza, transmitiese el patrimonio de su linaje a su segundo hijo varón, siempre que no fuese religioso, ya que el primogénito debía heredar los bienes de su padre, es decir, del rey Alfonso IV. También especificó que en el caso de que el primer hijo varón quisiese heredar el patrimonio materno, los bienes paternos serían cedidos al segundogénito, con el fin de «que los ditos casales no vingan a un heredero, e que cada uno d’ellos ditos casales haya su heredero con el sobrenompne e con las armas de cada uno» (Pastor, 2004). De igual manera su hija Teresa de Entenza también instituyó como heredero de su linaje a su segundo descendiente varón, Sancho, aunque a causa de su temprana muerte fue su hijo Jaime quien heredó los bienes de este linaje y su primogénito, futuro Pedro IV, recibió el patrimonio de su padre, el rey Alfonso IV. Además del apellido y la heráldica, es necesario destacar la relevancia de las mandas pías dentro del imaginario cultural de las elites, ya que se trataba de otra manera de remarcar su prestigio y hacerlo perdurar a lo largo del tiempo (Solórzano, 2002: 437). En el caso de los miembros de la familia Entenza que residieron en la ciudad de Barbastro, queda constancia de la fundación por su parte de dos capillas en Santa María la Mayor. En el siglo xiii, Bernardo Guillén de Entenza ordenó construir una capilla bajo la advocación del Corpus Christi y, a principios del xv, Teresa de Entenza estipuló en su último testamento la realización de una capilla en el altar de San Pedro de la citada iglesia, bajo la advocación de Santa María y San Pedro, con el fin de que reposasen allí tanto sus restos como los de su familia. Isabel de Entenza, hija de la citada Teresa, también expresó en sus últimas voluntades su deseo de que fuera construida una capilla en Santa María, en donde estaba enterrada su familia, encargo que recayó en Juan Jiménez Cerdán, su esposo y ejecutor testamentario, pero parece que no llegó a cumplirse esta última voluntad (Lozano, 2008). 3.  La irrupción del contingente converso como nuevo elemento de poder en el entramado urbano barbastrense. Un elevado porcentaje de los ciudadanos que formaban parte del gobierno municipal barbastrense en el siglo xv eran conversos, procedentes de las familias judías de la ciudad que optaron por aceptar la fe cristiana en torno a 1414 y permanecer en el municipio en lugar de emigrar a otras localidades manteniendo su religión. La integración de este colectivo en el concejo fue bastante ágil y en pocos años controlaron los resortes del poder municipal, apoyados en su potencial económico, el cual a menudo servía para sufragar las mermadas rentas de la ciudad. Este proceso se llevó a cabo de manera bastante fluida gracias a que no se impuso en ningún momento la limpieza de sangre como condición para acceder el gobierno urbano, requisito indispensable en otras ciudades, como en el caso de Zaragoza. En cambio en Barbastro únicamente se tuvo en cuenta que los oficiales poseyeran armas y caballo para ser considerados hábiles para ejercer un cargo municipal, lo que se trataba de un claro mecanismo de selección dentro de la población urbana (Hinojosa, 1988: 45; Lafuente, 2014: 37-43). Las trayectorias trazadas por las familias conversas de Barbastro durante el siglo xv tuvieron una evolución diversa, primordialmente en función del patrimonio que dichos núcleos familiares atesoraron durante su etapa como judíos, ya que este nivel de riqueza fue la clave para su entronque en el seno de la sociedad cristiana barbastrense. A fines del siglo xiv y primeros años del xv las familias judías con mayor relevancia tanto en el ámbito comercial como en el fiduciario fueron los Conparat, Avincacez y Sanoga, pero a través de la documentación no se ha podido hallar el paralelismo de estas familias con los apellidos adoptados tras el bautismo. Además debe tenerse en cuenta que tras la conversión de la aljama barbastrense, parte de estos judíos emigraron y, a su vez, conversos de otros territorios se trasladaron a la ciudad. Únicamente ha quedado constancia de que Pablo de Santángel, barbero, habitante en Barbastro, se llamaba Salamón Conparat antes de su conversión y que procedía de Monzón (Sesma, 1991: 122). Dos de las familias conversas más destacadas de la urbe fueron los Lunel y los Santángel. A través del análisis del comportamiento de sus miembros se ha podido confirmar su integración temprana en el organigrama concejil, pocos años después de su conversión, y su relevante participación en las actividades comerciales y financieras de la ciudad. La expansión de los censales como medio para hacer frente a los continuos y cada vez más elevados gastos del concejo fue la clave de la estrecha vinculación entre el capital converso y las estructuras de poder de la ciudad. Su considerable patrimonio fue la llave de acceso al gobierno urbano y, una vez en el poder, esos mismos grupos familiares se consolidaron como la fuente económica de los préstamos del municipio, dando lugar a una retroalimentación entre las necesidades económicas del concejo y el incremento de fortuna y poder de las citadas familias conversas. Pero esta fructífera relación fue trastocada en gran medida en el último cuarto del siglo xv a causa de la implantación del tribunal inquisitorial. Durante los dos últimos decenios del siglo xv el devenir de las familias conversas presentadas con anterioridad cambió de rumbo de manera radical a causa de las actuaciones llevadas a cabo por los tribunales inquisitoriales, de manera que gran parte de las fortunas por ellos atesoradas pasaron a engrosar el patrimonio real. La lucrativa convivencia mantenida durante gran parte del Cuatrocientos entre los neófitos barbastrenses y los cristianos viejos de la ciudad se vio truncada a partir de la irrupción del Santo Oficio, concretamente desde la instauración del tribunal inquisitorial en la zona de Barbastro y Monzón en julio de 1486 (Pallarés, 1996: 37). La mayoría de los miembros de las citadas familias conversas fueron investigados y gran parte de ellos finalmente condenados, incluso aquellas personas que habían fallecido mucho tiempo atrás, como aconteció en el caso de los hijos de Pedro de Santángel. 4. Consideraciones finales. Barbastro fue una de las grandes ciudades medievales de Aragón durante la Edad Media, con una significativa capacidad productiva y una relevante competencia organizativa de un amplio espacio del reino. Gracias a su destacada ubicación, en los siglos bajomedievales se produjo una evolución de ciudad eminentemente agrícola a enclave esencial de intercambios comerciales entre ámbitos económicos complementarios. Este desarrollo se produjo fundamentalmente en el xv, ya que durante los siglos precedentes el carácter rural de la ciudad tuvo un protagonismo casi absoluto. En el siglo xiv las actividades tradicionales estaban ligadas a la tierra, así como el endeudamiento que formaba parte de la vida cotidiana. En la mayoría de los casos se trataba de transacciones pagadas a plazos o bien pequeños créditos, siempre devueltos en breves espacios de tiempo, que servían tanto para la subsistencia de la familia como para la realización de pequeñas inversiones en otras actividades, fundamentalmente agrícolas, según las posibilidades de cada individuo. Pero a finales del Trescientos se observa una evolución de los pequeños créditos particulares, controlados en su gran mayoría por los judíos, y de los treudos, monopolizados por la Orden del Hospital de San Juan de Barbastro, hacia el uso de una nueva tipología, basada en la devolución de capital a largo plazo e intereses menores mediante censales, primero enfitéuticos y posteriormente totalmente desligados de la propiedad de la tierra. Este último tipo de fórmula crediticia, de gran difusión durante el xv, tuvo un protagonismo destacado en la reestructuración del gobierno urbano que tuvo lugar durante el Cuatrocientos. La necesidad ingente de efectivo por parte del concejo fue cubierta mediante la emisión de censales que, a partir del segundo decenio del siglo xv, fueron comprados por aquellos conversos que decidieron permanecer en la ciudad tras la expulsión de los judíos en torno a 1414. Los relevantes patrimonios de las familias judías de finales del siglo xiv favorecieron una posición clave para que esta minoría fuera escalando y afianzándose en la estructura de poder de la ciudad, inicialmente en el ámbito económico y, posteriormente, también en el político. Su potencial financiero, junto con la aceptación de la doctrina cristiana, fueron los dos factores que permitieron la integración de la minoría judía dentro del entramado social preestablecido, aprovechando también un momento de cambio y de reestructuración de la organización municipal, coyuntura crucial que supieron aprovechar para convertirse en pieza primordial del mismo. Por ese motivo la expansión de los censales como medio para hacer frente a los continuos y cada vez más elevados gastos del concejo fue el origen de la estrecha vinculación entre el capital converso y las estructuras de poder de la ciudad. Este nuevo contingente pudo integrarse con cierta rapidez en el organigrama concejil debido a que su riqueza se convirtió en una de las vías principales de sustento de las mermadas finanzas municipales. El patrimonio de los conversos fue la llave de acceso al gobierno urbano y, una vez en el poder, esas mismas familias se consolidaron como la fuente económica de los préstamos del municipio, generando una retroalimentación entre las necesidades económicas del concejo y el incremento de fortuna y poder de las nuevas familias conversas. Rey y nobleza son los dos factores que complementan el panorama expuesto hasta el momento. Barbastro era una ciudad de realengo y, como tal, dependía de forma directa del rey y su administración recaía en funcionarios reales. Por tanto la evolución y progresiva complejidad de la estructuración del poder urbano debía ser conjugado con los intereses del monarca, centrado en defender las regalías de la Corona y en mantener en pacifico estado la ciudad, ya que una fructífera autogestión de la urbe suponía beneficios para la Corona. Por último, debe tenerse en cuenta que desde los orígenes de Barbastro como ciudad cristiana, nobles de relativa importancia intentaron obtener réditos de la explotación de la urbe, pero al tratarse de territorio de realengo, tales pretensiones solían ser frenadas en cierta medida desde la Corona, aunque la estrecha vinculación con la familia Entenza desdibujó en más de un momento las diferencias entre realengo y señorío. Por todo ello la ciudad de Barbastro en la Edad Media se convierte en el escenario ideal para analizar el nacimiento y evolución de las estructuras concejiles, así como la pugna de fuerzas entre ciudadanos e infanzones por conseguir el poder municipal y la inserción del contingente converso en la organización urbana. La conversión de los judíos barbastrenses a principios del siglo xv y la integración de las familias más pudientes en el organigrama municipal y en las finanzas del concejo constituyeron un nuevo factor de renovación del equilibrio de poder. La implantación de la insaculación en la ciudad en el año 1454 supuso la legitimación del reparto de poder entre las fuerzas en conflicto, pero este sutil equilibrio se vio de nuevo trastocado durante el último cuarto del siglo xv a causa de la implantación del tribunal del Santo Oficio en la zona de Barbastro-Monzón. La persecución y condena de gran parte de la elite conversa, totalmente integrada en la sociedad barbastrense, dio lugar de nuevo a un desequilibrio de poder en el concejo que tuvo que ser solventado desde la Corona mediante numerosas injerencias en el devenir político de la urbe. El paso al siglo xvi estuvo marcado por la desmembración de gran parte de las familias conversas más significativas, así como de su patrimonio, y por la disolución del linaje Entenza en la ciudad de Barbastro. Referencias bibliográficas. ANGOY, J. L. (1984), «Colección diplomática del concejo de Barbastro. Cartas reales y privilegios», Annales, Acuerdo de esponsales entre Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV de Barcelona, número monográfico, 133-135. ANGOY, J. L. (1988), «Guía metodológica para el estudio de la insaculación de cargos concejiles a través de los libros de actas», Metodología de la investigación científica sobre fuentes aragonesas, 3, 323-334. ARANDA, F. J.; SANZ, P. 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22,265
Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Conflictos y acuerdos por el acceso a los recursos agropecuarios en la frontera navarro-aragonesa durante la Baja Edad Media: Conflicts and Agreements for Accessing Agricultural Resources at the Navarrese-Aragonese Border in the Late Middle Age
CONFLICTOS Y ACUERDOS POR EL ACCESO A LOS RECURSOS AGROPECUARIOS EN LA FRONTERA NAVARRO-ARAGONESA DURANTE LA BAJA EDAD MEDIA. CONFLICTS AND AGREEMENTS FOR ACCESSING AGRICULTURAL RESOURCES AT THE NAVARRESE-ARAGONESE BORDER IN THE LATE MIDDLE AGE. Mikel Ur sua Lizarb e Investigador independiente Universidad del País Vasco (UPV/EHU) Resumen: El presente trabajo tiene como objetivo estudiar la violencia entre las comunidades fronterizas así como las resoluciones tomadas para retornar a la paz durante la Baja Edad Media en la frontera navarro-aragonesa. En un periodo de expansión extensiva del sector agropecuario, las comunidades ejercieron presión sobre los espacios fronterizos, chocando en muchas ocasiones con los intereses de sus vecinos. Los grandes perjudicados de estas tensiones, administración real y villas, ante la poca funcionalidad de los mecanismos ordinarios, tuvieron que recurrir a métodos extraordinarios como tratados, amojonamientos o facerías. Palabras clave: Navarra, Aragón, Baja Edad Media, recursos agropecuarios, violencia, resolución, facería. Abstract: The main goal of this paper is to study the violence among border communities as well as the resolutions considered to return to peace in the Late Middle Age at the Navarrese-Aragonese border. In a period of extensive expansion of the agricultural sector, the communities caused pressures on border areas, usually clashing with the interests of their neighbors. The main injuries of these pressures, royal administration and towns, due to the lack of functionality of ordinary mechanisms, had to appeal to extraordinary mechanisms like treaties, demarcations or faceries. Key words: Navarre, Aragon, Late Middle Age, agricultural resource, violence, resolution, facerie. 1. Introducción. La frontera medieval ha ejercido un alto grado de atracción sobre la historiografía no sólo hispana sino también anglosajona, atraída por los ingredientes que reunía la península: la frontera entre dos religiones y culturas, antagó- nicas y en constante conflicto, aunque esta última etiqueta ha caído en desuso. Los investigadores han subrayado la permeabilidad de dicha frontera, subrayando la enorme interacción económica y cultural que existió entre ambos espacios (Glick, 1994). Sin embargo, en este trabajo, vamos a centrarnos en una de las fronteras cristianas medievales, la localizada entre los reinos de Navarra y de Aragón. Un espacio bastante olvidado por la historiografía navarra y aragonesa en comparación con otros espacios fronterizos como la frontera de los malhechores, situada entre las actuales comunidades autónomas de Navarra, Guipúzcoa y Álava. En estos estudios, el polifacético Arturo Campión (1911: 67-75; 1915: 241-423; 1983: 203-286) reconoció en la segunda mitad del siglo xx la gran importancia de una fuente clave para conocer los problemas fronterizos: los registros de Comptos. Debió de pasar algo más de medio siglo para que en la década de los ochenta volviesen a surgir estudios sobre esta temática de mano del Departamento de Historia, Geografía y Arte del País Vasco de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Deusto (Achón, 1988: 257-266; Orella y Achón: 1988, 267-276 ; Saíz y Achón: 1988, 277-286; Herrero y Orella, 1988: 491-500; Orella, 1984: 25-100; 1985: 463-492). Más recientes son los estudios realizados por Zabalo (2004: 477-510; 2005: 53-110) o Fernández de Larrea y Díaz de Durana (2005: 171-205). Todas estas investigaciones permitieron entrever que la existencia de un límite entre dos jurisdicciones siempre creó disputas y enfrentamientos entre los habitantes de ambas divisorias, y que esta problemática no sólo quedaba circunscrita a la frontera noroccidental navarra. De este modo, algunos medievalistas se sintieron atraídos por la frontera sudoccidental entre Navarra y Castilla (Azcárate, 1986: 333-344; 1988: 329-336) o la frontera del norte entre Ultrapuertos y la corona inglesa (Aparicio, 2007: 9-31; 2011: 9-26). La historiografía aragonesa ha sido menos fecunda en lo que a investigaciones sobre frontera cristianas se refiere. Aparte de la celebración en 1992 de un seminario sobre las sociedades de frontera en el departamento de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza (publicado en 1993), destacan los trabajos de Bonifacio Palacios sobre la frontera castellano-aragonesa en época de Jaime I (1979: 475-495) y de Diago Hernando sobre las consecuencias de las guerras entre los Trastámara en las comarcas de frontera en el siglo xv (2013: 304-313). La frontera navarro-aragonesa ha sido estudiada tanto por historiadores aragoneses como por navarros, a través de investigaciones sobre determinados periodos cronológicos o espacios concretos. Utilizando únicamente documentación aragonesa, encontramos el trabajo de Sáinz de la Maza que examina las hostilidades fronterizas durante el reinado de Jaime II de Aragón (1997: 409-423); o el de Abella Samitier sobre la comarca de la Valdonsella, que analiza, sobre todo, el siglo xv (2011: 335-347). Otro trabajo muy interesante, en este caso centrado en el conflicto intercomunitario más importante de esta zona entre Sangüesa y el Real, fue realizado por David Maruri, investigador y fundador de la revista de estudios históricos de Sangüesa, Zangotzarra, y por la historiadora del derecho Consuelo Juanto Jiménez (Juanto y Maruri, 1999: 11-107). El aspecto más atractivo de esta publicación es la interacción y uso de diversos fondos documentales navarros y aragoneses, siendo especialmente útil el Archivo de Protocolos de Sos que conserva una gran cantidad de documentos del siglo xv. Por último, hay que nombrar el trabajo sobre la Hermandad navarro-aragonesa de frontera de 1469 (Castellano, 1995: 121- 162) donde el autor transcribió y recogió las ordenanzas que regularon dicha colaboración. 2. Fuentes. Para esta investigación hemos recurrido a la utilización casi exclusiva de documentación procedente del Archivo Real y General de Navarra, más concretamente de la sección de Comptos, la más importante y prestigiosa para conocer la historia navarra (Segura, 2013: 119). Las subsecciones de las que hemos extraído la documentación son esencialmente tres: En primer lugar, la subsección denominada Registros de Comptos. Creados a principios del siglo xiii, de carácter anual, cumplía una función econó- mica al gestionar y controlar las finanzas públicas. En ella, los oficiales reales anotaban cuidadosamente todos los ingresos y gastos derivados del ejercicio de poder. Los merinos, agentes más importantes de las merindades, ejercían el poder ejecutivo y judicial, ofreciéndonos información sobre los problemas que sucedían en la frontera. Sin embargo, debemos señalar que la limitación más reseñable es la brevedad de la información, pues su objetivo no es detallar sus acciones militares, los debates de las reuniones o el desarrollo de un juicio…; en última instancia lo que trata es de justificar el ingreso o el gasto derivado del ejercicio de sus tareas como oficial de la administración. En este trabajo hemos utilizado los registros más antiguos desde 1259 hasta 1330; la gran mayoría han sido publicados en los doce tomos de la colección Acta Vectigalia Regni Navarrae, financiada por el Gobierno de Navarra. En segundo lugar, la subsección titulada Libros de Fuego. En ella se incluyen «relaciones fiscales o listas cobratorias elaboradas por la administración navarra para el cobro de las denominadas “ayudas” o “cuarteles”» (Monteano, 1996: 309-310). Al igual que los registros de Comptos, esta documentación tenía una finalidad fiscal, repartir entre la población las ayudas económicas que con el paso de los años pasaron a convertirse en impuesto ordinario. Para la Baja Edad Media conservamos dos libros de fuegos: el primero de ellos de 1366 tras la concesión por parte de los Tres Estados a Carlos II de una ayuda económica de 40.000 florines; el segundo realizado entre 1427 y 1428 en donde se hizo un nuevo estudio para repartir las cargas fiscales de manera más equitativa. Se trató, en resumidas cuentas, de una actualización de las listas ya que las mortandades y otras causas habían provocado una caída demográfica en muchos núcleos navarros, corriendo el peligro de quedarse despobladas muchas de ellas por la enorme carga económica que debían soportar (Monteano, 1996: 312). En tercer lugar, la subsección Documentos. Gran parte de la documentación de los siglos xiii y xiv de este inmenso fondo junto al de otras secciones como Códices y Cartularios o Clero han sido publicados por la institución Eusko Ikaskuntza dentro de su colección Fuentes documentales medievales del País Vasco. Sin embargo, no solo hemos utilizado documentación del AGN, sino también otros procedentes de archivos locales como el del valle de Roncal. Del mismo modo, la existencia de dos grandes jurisdicciones en esta frontera oriental nos ofrece a su vez la existencia de documentación conservada en territorio aragonés. Me estoy refiriendo concretamente a la documentación utilizada en este trabajo, procedente del Archivo de la Corona de Aragón, del Archivo Municipal de Ansó y del Archivo de Sos del Rey Católico (Abella, 2009). 3. La lucha por el acceso a los recursos. Una de las primeras menciones encontradas sobre problemas de límites data de finales del siglo xiii. En ella se expone cómo existía en 1278 una contienda entre los vecinos de Sos y Filera por una parte, y los de Sangüesa por otra, enfrentados por motivo de los mojones de las fronteras (Zurita, 1985: 24; Moret y Alesón, 1969: 429). Que esta sea la primera mención no significa que sea el primer enfrentamiento entre localidades de Navarra y Aragón. Seguramente los primeros conflictos comenzaron tras la muerte de Alfonso I el Batallador con la división del territorio en dos reinos diferentes: Pamplona y Aragón. Una frontera que experimentó variaciones a lo largo de las décadas del siglo xii para quedar, más o menos fija, a partir del primer tercio del siglo xiii. La fosilización de la frontera no significó el fin de los problemas por delimitarla o por el aprovechamiento de ciertas zonas localizadas espacialmente sobre la raya, como veremos a lo largo de este apartado. Hubo villas que trataron de ejercer su dominio sobre el entorno, no sólo el de su territorio, sino también del espacio de frontera. El motivo de la disputa varió en función de cada caso. Los enfrentados no discutieron por el límite propio, en el fondo lo que preocupaba a los habitadores de ambos lados de la raya fue conservar o incluso incrementar las zonas dedicadas al aprovechamiento agrícola, ganadero o forestal. En ocasiones resulta confuso poder discernir el aprovechamiento que se daba a cada espacio, por lo que hemos decidido trabajar esta cuestión en un mismo apartado. La lógica y la información de los documentos nos llevarían a pensar que en aquellos territorios situados al norte de una línea imaginaria trazada por las sierras de Illón y de Leyre, en donde la ganadería era la actividad predominante, las disputas guardarían relación con el aprovechamiento ganadero. El libro de fuegos de 1427 permite conocer la economía de cada lugar y para el caso de las localidades roncalesas señala claramente que la mayor parte de la población vive de la actividad ganadera; la encuesta realizada a los habitantes de la localidad de Roncal señala que biuen sobre los ganados que mantienen, puesto que la agricultura debido al terreno y a la climatología no es suficiente para abastecerse: no cugen pan sino para dos meses et bino no tienen que no an binnas.1 En cambio, la localidad de Burgui situada a escasos kilómetros de Roncal, muestra una economía un poco diferente, pues producía pan para ocho meses y vino para uno. De todas formas, la actividad agrícola no fue la predominante en la zona norte navarra donde la ganadería constituyó la base económica de sus habitantes.2 Posiblemente estos datos puedan pecar de ser más cualitativos que cuantitativos y en ellos se tratase de exagerar el nivel paupérrimo de vida de la propia población ya que, en última instancia, lo que estaba dilucidándose era la adecuación del cuartel que debían pagar. Seguramente, no toda población vivía de la ganadería, pero si podemos saber que la mayor riqueza se encontraba en ella. Los poseedores de gran cantidad de reses, aunque desconozcamos si eran quienes accedían a los cargos de gobierno de valle, posiblemente lograron influir en las directrices ganaderas y dedicar a pastos las mejores tierras, reducidas en número por el condicionante ecológico que limitaba la práctica de la agricultura. Esto unido a un momento de enorme presión demográfica sobre el espacio, explicaría el intento de colonizar nuevas tierras de cultivo por parte de habitantes del valle de Roncal, más concretamente de Burgui, quienes en 1305 pusieron en cultivo el término de Sas situado en el límite fronterizo, el cual era asumido como propio tanto por la iglesia de Salvatierra de Esca como por la población de Burgui. Comenzó un enfrentamiento por el cobro del diezmo pues la pertenencia a uno u otro término haría variar el beneficiario. Tras poco más de un año, se dictó sentencia favorable a los de Burgui, pero los habitantes de Salvatierra en total desacuerdo con la resolución decidieron llevar al término de Sas su ganado e hirieron a varios hombres de Burgui. La respuesta navarra no se hizo esperar, capturando a ocho hombres de la localidad aragonesa (Sainz de la Maza, 1997: 420-421). Pero para los gobernantes del valle era la ganadería y por tanto el aprovechamiento del espacio para su beneficio, lo que mayor preocupación les creaba. Con este objetivo se celebraban vistas anualmente en donde se negociaban los límites de las zonas de aprovechamiento con los valles colindantes entre otros asuntos, como señala el libro de fuego de 1427 en la encuesta realizada a la comunidad de Roncal, la cual gastaba grandes sumas de dinero en las «vistas con los de Saluatierra de Aragon, con los de la baill d´Ansso, de la baill d´Echo, de la baill d´Aspa, de la baill de los baretones, de la tierra de Sola, de la baill de Sarasaz».3 Esto era algo cotidiano para Roncal, pero en ocasiones las disputas llegaban a ser tan enconadas que las simples vistas no bastaban y comenzaban costosas negociaciones para la comunidad. En la de 1427, el valle tuvo que afrontar el gasto de mil florines por el mantenimiento de los comisarios «mossen Godoffre et mossen Rodrigo et otros muchos que se reunieron con los del valle de Ansó por cierto pleito et debate que ouieron».4 Parece ser que la comunidad del Roncal tuvo a lo largo del periodo bajomedieval una relación en ocasiones muy conflictiva con la vecina Ansó. Por ello se llegaron a acuerdos escritos, denominados facerías como la de 1369 entre Ansó y la villa de Isaba o la de 1407 entre la comunidad del Roncal y la de Ansó (Tomás y Laliena, 2016: 184-185). Todo ello pone de relieve la existencia de los problemas y roces surgidos por la convivencia y explotación común de una zona fronteriza. Pero la negociación por el aprovechamiento pastoril no sólo se estableció en los acuerdos entre valles pirenaicos. Conservamos facerías entre comunidades de ambos reinos localizadas más al sur, en las que se reguló claramente, además de la actuación conjunta contra una serie de delitos, aspectos relacionados con la ganadería. Uno de estos casos es el protagonizado por Lumbier, localidad que en 1427 decía vivir sobre la labrança de pan et vino, sin ninguna mención a la ganadería como medio de subsistencia;5 el otro es el de Peña, localidad que también vivía sobre la labrança de pan et vino aunque, en este caso, se señala las posesiones de algunos pocos ganados, insuficientes para ocupar todos los pastos puesto que el municipio obtenía dinero por la venta anual de herbagos et pazto.6 Es evidente que el aprovechamiento ganadero y, por tanto, las disputas por el mismo no fueron exclusivas de la zona norteña. El gran enfrentamiento del sector central tuvo lugar en el entorno de la desembocadura del río Onsella en el Aragón, y estuvo protagonizado desde principios del siglo xiv por Sangüesa y El Real,7 sumándose otros actores posteriormente. Esta zona de frontera ya había sido espacio de discordia entre Sos y Sangüesa en 1278, pero la creación de una nueva villa de carácter estratégico para los aragoneses, supuso el comienzo de una larga pugna por controlar este espacio. En el año 1300, Jaime II fundó La Real para reagrupar en un mismo núcleo los lugares despoblados y destruidos de Ul y Filera (Romano, 1977: 435). El rey trató de poblarla otorgando una serie de privilegios (Juanto y Maruri, 1999: 29-30). El primer conflicto tuvo su origen en la donación realizada por el monasterio de Leyre al rey aragonés de tres villas: Lerda, Undués y Añués, a cambio de la iglesia parroquial del Real (Fortún, 1993: 680). El alcaide sangüesino, que hasta entonces tenía bajo su tenencia las localidades de Añués y Lerda, se sintió damnificado y decidió hostigar las localidades de Undués y Lerda al exigirles la pecha. El monarca aragonés consciente del enfado del alcaide, pidió al monasterio legerense que le compensase con otra tenencia. Dicho resarcimiento nunca llegó a realizarse, por lo que el alcaide junto a la población de Sangüesa pasó a reclamar el uso y posesión de El Real (Juanto y Maruri, 1999: 45). El conflicto tomó un cariz muy violento en las tres primeras décadas del siglo xiv con la erección de torres y fortalezas en El Real en 1315 por parte de los zangozarrak, con el asedio de la localidad aragonesa en 1317, la invasión armada en 1325… Las idas y venidas tanto de unos y de otros son numerosísimas en el periodo bajomedieval, creando una enorme preocupación entre las autoridades de ambos reinos. Se trató de un conflicto en el que se sucedieron los momentos hostiles y la concordia, aunque esta última no fue definitiva hasta la conquista navarra de Fernando el Católico. En 1368 el lugar de El Real, conquistado previamente por Carlos II de Navarra, fue donado a Sangüesa. El propio monarca aragonés, Pedro IV, reconoció el dominio zangozarra, provocando los recelos de Sos (Juanto y Maruri, 1999: 48). A partir de entonces, esta localidad pasó a protagonizar en detrimento de El Real, la lucha con Sangüesa por dominar el espacio fronterizo. Deseosa de controlar todo su entorno, tuvo largos enfrentamientos con todas las localidades vecinas, incluso con las pertenecientes a la misma corona aragonesa. En 1430 Sos compró al monarca aragonés la villa del Real y comenzó a reclamar todas sus posesiones, aldeas y términos pertenecientes al mismo (Juanto y Maruri, 1999: 48). Parece ser que el antiguo término del Real no fue incorporado íntegramente por los navarros en el siglo xiv pues como señala la documentación de Sos, Juan de Urriés fue el elegido después de 1386 por las autoridades de la localidad para que tomase posesión de todas las aldeas pertenecientes al Real: Undués de Lerda, Añués y Filera (Juanto y Maruri, 1999: 48-49). El enfrentamiento se complicó aún más en la segunda mitad del siglo xv con la aparición en escena de dos magnates laicos: el señor de Xabier y la casa de los Alvarado. Esta última adquirió en septiembre de 1464 la villa de El Real «en virtud del privilegio otorgado por Juan II de Navarra y Aragón en remuneración de los servicios prestados al monarca en las guerras» (Juanto y Maruri, 1999: 51). El señor de Xabier por su parte argumentaba «haber gozado del derecho de pastos en El Real, puesto que tenía casa en Sangüesa y derecho de vecindad en ella» (Juanto y Maruri, 1999: 52). También señalaba que tenía la vecindad de Casales de Lerda, la cual incluía derechos de pasto sobre El Real y además poseía una casa en la vecina Undués de Lerda. Podemos resumir las décadas finales de la Edad Media en este sector como el escenario de lucha entre cuatro actores por dominar el territorio del Real. Las autoridades de ambos reinos sufrieron grandes dificultades para contentar a los cuatro interesados. La intervención de Sos en la disputa por El Real no fue más que un episodio del intento de la villa aragonesa por expandir su influencia y control no solo en el espacio aragonés sino más allá de la frontera navarra. Efectivamente esta villa trató de dominar todo su entorno, no solo el aragonés sino incluso también el navarro. Los vecinos núcleos también se vieron afectados por esta pugna como la villa de Peña, que en 1412 recibió la merced real de no pagar «el tercero quarter» por los enormes gastos que tenía el lugar «en la reparaçion de lur fortaleza como en los afruentos que han todos días con los de Sos».8 En 1427 los habitantes de Cáseda, seguramente relacionado con esta problemática, se quejaban de que «an muchos afruentos et estorbos con los frontaleros por quanto son situados en frontera».9. Munita, en su tesis doctoral sobre el monasterio de la Oliva (Carcastillo), muestra cómo en estas disputas de frontera no sólo actuaron los concejos. También ejercieron como protagonistas señores eclesiásticos como el abad de la Oliva que sufrió los ataques de Sos y de Castiliscar. Desde finales del siglo xii y durante la primera mitad del xiii, los habitantes de ambas localidades se enfrentaron al monasterio de la Oliva por motivo del establecimiento de sus límites territoriales en el entorno de la granja de Figarol, posesión del monasterio. Esto respondía, en palabras de Munita (1995: 385), «a una doble problemática, por una parte, delimitar entre unos y otros las zonas dedicadas al cultivo y al pastoreo, y por otra, frenar la ocupación por los cistercienses de tierras diezmeras con el consiguiente detrimento de las iglesias parroquiales». El monasterio, al hacerse con mayores espacios, podía dificultar el tránsito de sus ganados al arroyo de Valtriguera, motivo por el cual los aragoneses se encontraban descontentos. Los enfrentamientos fueron continuos, sufriendo la Oliva robos y el paso del ganado por sus propiedades. A pesar de haber alcanzado un acuerdo en 1280, en el siglo xiv volvió a resurgir el conflicto: en el año 1316 varios hombres de Castiliscar protagonizaron el prendamiento de los bueyes de Figarol, la invasión de los campos de avena con sus reses y la tala de las mieses que tenía la granja. Tras volver a solucionarse el problema a través de un acuerdo entre los implicados, las hostilidades resurgieron dos siglos más tarde: en 1508 los de Sos rompieron los mojones para crear confusión y tratar de reavivar el conflicto por el límite (Munita, 1995: 386-388). Mapa 1. Localidades y señoríos enfrentados en la zona central de la frontera navarro-aragonesa. Pero la Oliva no fue el único señorío monástico localizado junto a la raya. En la Sierra de Leire, el monasterio del mismo nombre, también expandió sus intereses por el aprovechamiento ganadero y forestal de la zona más allá de las fronteras navarras. En este caso su conflicto más sonoro fue con la vecina Tiermas. Entre 1332 y 1334 el señorío legerense recurrió a las más altas instancias jurisdiccionales con tal de recibir el reconocimiento de sus derechos a gozar de pastos y bosques en Tiermas, obteniendo finalmente una respuesta favorable. Pero entre 1368 y 1371 el concejo aragonés, descontento con el uso que hacía el cenobio de sus términos, trató de impedir el disfrute de los mismos, llegando finalmente a un acuerdo que limitó los derechos del dominio legerense en 1447 (Fortún, 1993: 686, 712). En el sur de la franja oriental navarra fue la agricultura la actividad hegemónica y por tanto fuente de las disputas. El crecimiento agrario de este periodo era extensivo, es decir, se realizaba a través de la puesta en cultivo de nuevas tierras por lo que los habitantes buscaban cualquier terreno, incluso fuera de su término, para la labranza. Esta expansión en zona de frontera contaba con el peligro de enfrentarse a la comunidad vecina. Pero no fue la actividad agrícola lo único que demandó tierras, también eran necesarias para los pastos, que a su vez empujaba a las zonas de bosque y arboladas, medio para acceder a la materia prima imprescindible en este periodo pues servía para la construcción, como combustible, artesanía…. La información procedente de loa registros de Comptos resulta muy ambigua al no indicar en la gran mayoría de las ocasiones el motivo de la disputa y citar, simplemente, a los enfrentados. Entre la segunda mitad del siglo xiii y primer tercio del xiv en la merindad de Tudela hubo varios enfrentamientos entre localidades. En 1266 parece ser que hubo una enorme actividad en la frontera con Aragón que afectó a las villas de Cortes y Buñuel (García, 1989: 264) sin especificar el motivo ni la disputa. En la década de los ochenta del siglo xiii tuvo lugar la guerra de las Vísperas Sicilianas, que afectó directamente a Navarra. El rey francés que tenía a su hijo Felipe I el Hermoso como rey consorte en Navarra, en su enfrentamiento con Aragón decidió utilizar el reino de su hijo como cabeza de puente. La política exterior navarra pasó a depender totalmente de la francesa, más aún cuando el rey consorte navarro heredó el trono francés en 1285. Esta disputa militar produjo una enorme inestabilidad en la frontera entre ambos reinos, siendo aprovechada la situación por las localidades fronterizas para poder hacer grandes males a sus antiguos enemigos. En 1284 «Furtunii Symonis et Lupi Ortici, et equitum et peditum» tuvieron que ir en auxilio de Cascante pues existía el rumor de que García Simon «cum gentibus Tirassone» quería destruir la villa de noche. Al año siguiente, hubo una congregación en Tarazona para atacar Monteagudo y otra en Tauste. En ese mismo año, la comunidad de Tudela «cum domno Johanne Nunni» fueron a destruir «aquam Tirassone». La tensión impedía el funcionamiento normal de la vida en dichas poblaciones por lo que en ocasiones trataron de negociar treguas entre las localidades en pleno contexto bélico. Tudela fue quien encabezó en 1286 dichas treguas con las vecinas Tarazona, Tauste, Borja y El Bayo (Carrasco & Tamburri, 1999: 6-8). Como podemos observar estas disputas solían estar focalizadas en las grandes localidades del entorno. No resulta extraño observar a la ciudad de Tarazona protagonizando incursiones contra sus vecinas Monteagudo y Cascante como entre 1350 y 1352 cuando atacaron a esta última, robando ganados e incluso llegando a violar la iglesia parroquial al hurtar muchos ornamentos (Fernández, 1978: 108). En 1315 las autoridades de Tarazona invadieron Tulebras mientras perseguían a varios malhechores de su reino. Pero esta no fue la única actuación del merino en dicho año: también negoció las treguas de Tarazona con Cascante (Carrasco, Beroiz & Mugueta, 2005: 129). Detrás de estas confrontaciones solía estar el interés por acceder a recursos vitales como el agua. Este fue el motivo del enfrentamiento de 1312 entre Mallén (Aragón) y la vecina Cortes (Carrasco y Mugueta, 2004: 117). La documentación nos deja entrever la existencia de un espacio muy codiciado y disputado, las Bardenas, por sus pastos, por la posibilidad de poner en cultivo enormes extensiones y por sus bosques. El acceso al mismo produjo roces no solo entre comunidades fronterizas, sino también entre las congonzantes del mismo reino (Díaz de Durana y Fernández de Larrea, 2002: 52-53). Una de las localidades más interesada en controlar dicho espacio fue la villa de Tudela. La presión demográfica sobre el territorio conduciría al municipio a tratar de dominar grandes espacios localizados en su entorno como las Bardenas. En 1294 la capital ribereña tuvo que mandar 30 hombres para que vigilasen la madera de los árboles por razón que los del Bayo querían llevársela (Carrasco y Tamburri, 2001: 28). Tres años después aún continuaban las disputas entre ambas localidades, junto a Cabanillas y Fustiñana por el uso del monte, motivo por el cual se reunieron en el castro de la Foç para acabar con la discordia (Carrasco, Tamburri y Mugueta, 2001: 41). Pero Tudela no fue la única interesada en la zona, la otra gran población situada al sureste del codiciado espacio, Tauste, también trató de aprovecharse de los recursos ofrecidos por la Bardena. En 1328 el merino de Tudela tuvo que acudir en tres ocasiones contra el concejo de Tauste porque «uvieron taiar et estruir la Bardena del rey». En una de ellas, las autoridades navarras apresaron a varios hombres, les quitaron cinco asnos y una mula y además les obligaron a pagar multa (Carrasco y Beroiz, 2009: 198). La actividad por parte del merino no terminó ahí, decidiendo mantener una comitiva de 10 hombres que custodiasen «nemus siue bardenam» (Carrasco, Goñi y Mugueta, 2010: 223). Posiblemente el disfrute de la Bardena fuese también el origen del conflicto mantenido en 1330 por los concejos de Tauste y Buñuel en el cual los primeros habían segado unas piezas a los navarros, lo cual produjo una enorme confrontación que tuvo que ser sosegada por la intervención del merino.10 En años posteriores hubo periodos en donde las disputas se recrudecieron, como en 1337 (Barragán, 1997: doc. 117) o 1388, momento en el que las localidades afectadas fueron convocadas por la comisión navarro-aragonesa para oír sus quejas y dictar una resolución (Esteban, 1921: 178). Concluiremos este punto con un último episodio susceptible de ser incluido en este elenco. El protagonizado por señores laicos que se enfrentaron contra concejos. La familia Rada —y más concretamente el señor Egidio o Gil de Rada— fue quien lideró los ataques contra la vecina Monteagudo en dos años diferentes: 1312 y 1328. Desde la villa fronteriza que pertenecía a su señorío, Novallas (Zaragoza), realizó las embestidas. En la primera de ellas, «interfecit octo homines dicte uille et inuadebat eos» (Carrasco y Mugueta, 2004: 116). En la segunda, «mató 4 honbres et una mujer de los de Montagut et los tenia enbarrados por matarlos cada dia» (Carrasco y Beroiz, 2009: 198). No es casualidad que un señor acometa dos ataques tan fuertes contra una misma localidad en un lapso de menos de veinte años. Seguramente existiría alguna motivación para tal acto que desconocemos, quizás la disputa por el espacio. Lo que si podemos afirmar con mayor seguridad es que estas actuaciones no eran simples razzias. En la documentación no se indica que tuviera lugar el robo de propiedades muebles. Solamente se hace mención del ataque contra habitantes del lugar y la ocupación del mismo. Mapa. 2. Localidades enfrentadas por las Bardenas (1259-1330). Como hemos podido comprobar, es el dominio y el control del espacio por parte de las comunidades fronterizas la principal causa y motivo de conflicto y enfrentamientos violentos entre las villas y lugares de Navarra y Aragón. ${ \it i } ^ { \mathrm { D e } }$ qué forma se manifestaría la posesión de estos espacios por los pretendientes en la disputa? Ocupar y explotar un territorio fue una forma simbólica y efectiva de adueñarse de un territorio, de mostrar al resto quién era el propietario del lugar. Pero la ocupación no fue el único método utilizado en este periodo para reivindicar ante los demás su posesión. La documentación nos ofrece otras formas para cumplir este propósito. Una de ellas fue la destrucción de la propiedad que se reclamaba, como hicieron los sangüesinos en 1317 al darle fuego al Real (Sáinz de la Maza, 1997: 414). Si el espacio irredento pertenecía a sus dominios, todo lo que había en él también le pertenecía, pudiendo arrendarlo y cualquier persona que acudiese a su terreno debía darle una compensación económica. La negativa a pagar por el mismo era resuelta a través de confiscaciones, embargos o prendas. En 1447 gente armada de Sangüesa se apropió del ganado que había en el término de El Real, perteneciente a un ganadero foráneo que había obtenido en arriendo dicho lugar (Juanto y Maruri, 1999: 51). Otra acción podía ser acabar con las reses, como sucedió en la segunda década del siglo xiv cuando los zangozarra enviaron varios hombres para que capturasen y degollasen el ganado que pastaba en El Real (Sáinz de la Maza, 1997: 414-415). En caso de tratarse de una explotación agrícola, podía ser utilizada como tierra de cultivo y el reclamante podía cosecharla, destruirla o en caso de estar yerma, sembrarla. Varios habitantes de Sangüesa entre 1317 y 1320 pusieron en cultivo el término de Ogast y Mongalles (Sáinz de la Maza, 1997: 414-415). En caso de ser una masa forestal el motivo de la discordia, la tala de leña de sus montes podía ser un acto de demanda. Los habitantes del Bayo acudieron a la Bardena para «leuar la dicta fusta» (Carrasco y Tamburri, 2001: 28). Como hemos señalado, en función del aprovechamiento que se daba al terreno, el solicitante del mismo podía actuar de una manera u otra. Pero existía un método menos violento y aparentemente más perdurable que era fijar los límites a través del amojonamiento. En 1497, Antón de Boran, vecino de Sos, a la luz de la noche y acompañado por gente a caballo y a pie, puso los mojones que existían allá donde quiso en el sector de Sangüesa. Su faena no terminó allí: durante el transcurso de la noche, acudió a los mojones que separaban Sos de Figarol y los derribó (Juanto y Maruri, 1999: 53). 4. Resolución de conflictos. Esta alteración del orden público afectó a dos entidades interesadas en resolver la situación: a la monarquía y las comunidades de frontera. La preocupación del rey fue de carácter económico. La inestabilidad afectaba al comercio, fuente de enorme riqueza. En ocasiones eran los mercaderes las víctimas de las marcas, pues según estas, cualquier persona damnificada en el reino vecino podía cobrar su pérdida a través del embargo de bienes sobre cualquier persona del reino en el que sufrió el robo. Por ello, se trató de dar una mayor seguridad a los mercaderes que pasaban de un lado al otro de la frontera, ya que éstos ofrecían ingresos a la corona al tener que pagar un canon en los peajes. Pero no fue el comercio la única motivación. Una localidad afectada por los constantes enfrentamientos podía llevar a la despoblación de la misma, con la merma que ello suponía para las arcas reales. Pero no siempre la situación era tan catastrófica; en ocasiones, la precaria situación económica de las localidades fronterizas en periodos hostiles conllevaba la negociación con la realeza para reducir los impuestos que debían otorgarle. Por su parte, la comunidad no podía soportar las hostilidades durante tantos años con otros concejos, ni ser la fuente de bienes de los asaltantes. La rutina diaria se veía agitada por ambos fenómenos y repercutía en lo económico. En periodos de enfrentamientos los campesinos podían no atreverse a cosechar un viñedo o un campo de trigo localizado en el espacio de disputa o llevar a apacentar su ganado. Además, en algunos lugares los propios habitantes fueron los encargados de mantener a su costa una pequeña guarnición militar que defendiese los términos. Así podemos ver que en 1427 la localidad roncalesa de Garde, para «guardar los términos et por defenssion de aquillos mantienen por ordenança fecha entre eillos xxiiii vaillesteros a los qoales dan en cada un aynno de penssion por que sean prestos e tengan su mieson a cad´uno x sueldos fuertes que montan xii libras».11 4.1. Iniciativa regia 4.1.1. Mecanismo ordinario. La administración real fue la encargada de perseguir y juzgar a los malhechores y defender a las comunidades navarras enfrentadas con las aragonesas. La propia monarquía tenía mecanismos ordinarios para tratar de resolver los conflictos. Estos eran ejercidos por las autoridades a las que el rey delegaba parte de su autoridad. El territorio navarro estaba administrativamente dividido en cuatro circunscripciones hasta 1407 —cinco a partir de dicha fecha—, conocidas como merindades a la cabeza de las cuales se situaba el merino. Esta máxima autoridad poseía por delegación real el supremo poder militar, coercitivo y fiscal (Jimeno, 2013: 321), aunque este deber fue transferido a otros oficiales especializados a lo largo del siglo xiv, los recibidores de merindad (Segura, 2005: 216). El merino no actuaba solo sino con la ayuda y colaboración de subdelegados suyos: el lugarteniente, los sozmerinos en los municipios formados por varias villas y los bailes en los municipios formados por un único núcleo poblacional (Segura, 2005: 215). Entre sus labores estaba la de ejecutar justicia en todo el distrito excepto en algunas circunscripciones menores de cada merindad donde existía otra figura encargada de realizarlo, el almirante en el caso de Sangüesa y el Justicia en Tudela. En el caso de la merindad de Sangüesa, la cabecera no fue la única que formaba una circunscripción administrativa autónoma denominada almiradío. Existieron también en los «valles del Noreste como Salazar, Roncal, Navascués, Aézcoa y en las villas independientes fronterizas de Lumbier, Aoiz, Urroz, Monreal y Larrasoaña» (Juanto, 1996: 313). Además, debía cumplir la función gubernativa de mantener el orden público, siendo el bandolerismo uno de los problemas más preocupantes para la monarquía (Juanto, 1996: 293). Las autoridades navarras no sólo se implicaron en la búsqueda y castigo del bandolero sino también en la defensa de las localidades afectadas por enfrentamientos. Para ello contrataron un número determinado de soldados, que varió en función de las circunstancias, para proteger las poblaciones navarras del ataque aragonés. Parece ser que estas comitivas tenían un carácter defensivo y no ofensivo, teniendo como deber la protección de los lugares. Ante los ataques del noble Gil de Rada, el merino de Tudela tuvo que contratar en $1 3 1 2 \ll 1 0$ equitum et 20 peditum» y 6 mesnadas para que protegiese la localidad de Monteagudo (Carrasco y Mugueta, 2004: 117). En 1328, mandó 8 hombres a caballo y 40 hombres a pie junto a su gente para la defensa del lugar (Carrasco y Beroiz, 2009: 198). Los oficiales actuaban cuando existía un ataque real y también lo hacían cuando llegaban ciertos rumores, como en 1284 cuando llegó a oídos del merino que García Simón junto a la gente de Tarazona querían destruir Monteagudo. Para prevenir un posible ataque, el merino contrató $\ll 1 0$ equitum et 40 peditum» que fueron enviados a dicho lugar (Carrasco y Tamburri, 1999: 6). A pesar de los esfuerzos que los agentes ejecutivos y de justicia desplegaron en Navarra, como acabamos de repasar, el aparato administrativo navarro fue incapaz de terminar con los dos fenómenos que perturbaron la paz en la frontera navarro-aragonesa, el bandolerismo y la violencia entre concejos. Por ello, tanto la monarquía como las poblaciones afectadas tuvieron que recurrir a mecanismos de carácter extraordinario que vamos a tratar de estudiar en este apartado. 4.1.2. Mecanismos extraordinarios. Una vez conocidas las acciones emprendidas por la administración ordinaria para lograr la estabilidad y paz fronteriza, pasamos a analizar las actuaciones de carácter extraordinario iniciadas por la autoridad regia y sus delegados. Como acabamos de observar, la administración ordinaria del reino no logró erradicar el mal endémico que se localizaba en las regiones fronterizas, a pesar de las detenciones y castigos ejemplarizantes llevados a cabo por sus oficiales. El miedo infundido no contrarrestaría el incentivo que suponía para los malhechores el conocer la existencia de dos jurisdicciones diferenciadas que imposibilitaba, o por lo menos dificultaba, la actuación de las autoridades al otro lado de la raya. La conflictividad entre las villas y localidades fronterizas preocuparon enormemente a los reyes de Navarra y Aragón que trataron en época de buenas relaciones mediar en estos enfrentamientos. En 1302, las autoridades conocían sobradamente el motivo por el cual se enfrentaban las comunidades: la indefinición de la línea fronteriza. Para resolver esto decidieron que las villas implicadas, a través de «hommes buenos e fidedignos e ancianos de las villas […] partamos e moionemos todos los dichos términos en manera que hayan paç e concordia entre sí». De este modo ya no podría haber en el futuro «por aquesta razón […] entre los dichos regnos discordia alguna» (Zabalza, 1997: doc. 176). El propio Zurita (1985: 251) también alude a la causa del problema: los «mojones de la frontera”. En 1340 intervinieron en el conflicto que enfrentaron durante toda la Baja Edad Media a Sangüesa y El Real (Zabalza, 1998: 117). En un principio, para resolver la tensión existente, el consejero del rey de Aragón, Lope de Gurrea, acudió a entrevistarse con Renaut, gobernador de Navarra en Olite. En esta reunión, el aragonés expuso las demandas de su rey: «limitassemos o fiziessemos limitar los términos d´entre Nauarra et Aragon, specialment entre las vyllas de Sanguessa et de la Real». Para este propósito concordaron acudir a Cáseda, desde donde empezarían dicha labor. Sin embargo, el enviado navarro tuvo que retornar sin finalizar su tarea porque el comisionado aragonés «non quiso entender en las dichas emiendas». Delimitar una raya no era un proceso sencillo para los comisionados pues cada uno trataba de imponer sus intereses. En 1391 se reunieron Jimeno Cornel, representante del monarca aragonés, y Juan Martínez de Medrano, del navarro, para tratar de acabar con las contiendas fronterizas a través de la partición de los términos. En esta ocasión tampoco consiguieron llegar a un acuerdo porque mientras el aragonés quería empezar la delimitación desde Salvatierra, el navarro quiso hacerlo desde Tauste (Zurita, 1973: 755). Los agravios cometidos de los unos a los otros nunca finalizaban pues cuando actuaban los de Sangüesa contra El Real, los damnificados no se quedaban de brazos cruzados y poco después pasaban a ser los verdugos, atacando a la localidad vecina. En este enfrentamiento el objetivo era dañar al rival y obtener pequeños botines como pudiera ser ganado, objetos de valor, armamento… Hubo un verdadero ensañamiento con el vecino. La intervención regía como árbitro para solucionar el conflicto también se pudo apreciar en el conflicto que tuvo lugar durante el siglo xiv entre Buñuel y Tauste. En 1326 ambas localidades y Fustiñana estaban disputándose un espacio de monte localizado más concretamente entre las propiedades regias de Fonyellas y Carxa, el río Ebro y Bardena d´Exeya.12 A la espera de la resolución sobre la propiedad del lugar por parte de los reyes, los concejos implicados en el conflicto y varios delegados regios acordaron establecer una serie de medidas para evitar disputas. Por un lado, vedar el acceso al espacio, estableciendo que «non entreen nin usen en nenguna manera la una partida nin la otra». Por lo tanto, cualquier actividad en el espacio de contienda conllevaría su correspondiente sanción: carnereamiento contra el ganado menor y multa contra el mayor; multa económica y pérdida de la pieza al cazador y sanción económica contra aquel que fuera sorprendido talando pinos. Otro objetivo del tratado era enmendar los daños realizados entre los vecinos y habitantes de las localidades. Para este fin se creó la figura del veedor. Los navarros nombraron a Johan de Falces como representante de Fustiñana y a Bartolomé de Bruta por Buñuel. Tauste por su parte también nombró dos veedores, Fernando de Oblitas y Beltrán Pérez de Aso. La labor de los oficiales navarros era encargarse «de aquellas cosas que por los d´Thaust contra los de Navarra se demandara tratando de enmendar et pagar aquello que malfeuto sia». Sus compañeros aragoneses harían la misma labor pero a la inversa, ocupándose de las denuncias navarras. Las partes acordaron una duración de $\ll \mathbf { X }$ annos continuos primeros venientes, saluo empero que si esta composición et coartamiento a los senyores reyes d´Navarra et d´Aragon et a sus logares tenientes no agradiera que lo puedan deproyr et toller dentro del dito tiempo». Efectivamente, la duración del acuerdo quedaba supeditada a la decisión regia, capaz de romper el acuerdo cuando así lo viese necesario, estuviese o no solucionado el conflicto sobre la propiedad del lugar. Sin embargo, el acuerdo no supuso el retorno a la paz. En 1330 el merino de Tudela tuvo que intervenir en el enfrentamiento que estaba teniendo lugar entre los vecinos de Tauste y Buñuel. Estos segundos se quejaban de que unos taustanos habían segado varias piezas a los navarros. En 1337, los disturbios todavía continuaban, por lo que los reyes de Navarra y de Aragón concordaron crear una comisión que solucionase el problema mediante la colocación de «limitationem aut mugas», nombrando el rey navarro como comisario al gobernador Salhadin de Angelura quien, junto al delegado aragonés, se encargaría de dicha labor (Barragán, 1997: doc. 117). 4.2. Iniciativa local. A continuación vamos a analizar aquellas respuestas protagonizadas por las comunidades locales. Según Larrañaga, la violencia entre concejos en razón de los términos, fue el reflejo de un proceso por controlar el espacio. Para evitar disputas, se trató de delimitar territorialmente las aldeas y villas, siendo el amojonamiento el método utilizado para poner fin «a la imprecisa definición de los términos pertenecientes a cada concejo y a los problemas de ella derivados» (Larrañaga, 2005: 119). Parece ser que la delimitación no puso fin a las disputas y tuvieron que recurrir a otro tipos de mecanismos: acuerdos y tratados denominados ‘facerías’ o ‘pacerías’. Para el periodo de nuestro estudio contamos con dos facerías, las realizadas entre Lumbier y Tiermas en $1 3 6 6 ^ { 1 3 }$ y entre Roncal y Ansó en 1407 (Idoate, 1977: doc.10); una concordia entre Isaba y Ansó en $1 3 6 9 ^ { 1 4 }$ y una pacería, encabezada por Peña15 y Sos en 1504 (Abella, 2009: doc.188). A través de estos documentos vamos a tratar de establecer tanto las similitudes como las diferencias que existen en estos tipos de acuerdos para obtener los rasgos más característicos de estos tratados. Ambos vocablos hacen referencia un acuerdo realizado por dos comunidades, como mínimo, en donde se regulan diversos aspectos relacionados con la convivencia, para lograr la paz, término del cual derivaron las voces pacerías y facerías (Tomás y Laliena, 2016: 173). Al estar formado por localidades que pertenecían a distintos soberanos, estos eran considerados tratados internacionales. Estas podían tener dos objetivos (Arizkun, 2004: 300): «regular la explotación común de algunos recursos, especialmente de hierbas y aguas o para institucionalizar la resolución de conflictos». Al primer prototipo pertenecería la concordia celebrada en 1369 entre las villas de Isaba y Ansó, reunidas para «sentenciar, pronunciar, entender, mojonar, poner piedras, señales y cruces»16 y acabar con los problemas entre las comunidades. El principal motivo del debate era el disfrute la selva y puerto de Linzola, así como separar precisamente los límites de ambos concejos. Para este fin, los procuradores enviados por las villas amojonaron la frontera a través de piedras, cruces y señales; tras el amojonamiento, acordaron el dominio y uso compartido de Linzola.17 Como señalan Tomás t Laliena (2016: 184), con el objetivo de compensar a los roncaleses por la concesión de uso dada a Ansó sobre Linzola, los ansotanos autorizaron que los roncaleses pudieran atravesar su término de Linza para acceder a las zonas más altas del Valle del Roncal. La pacería y facería formadas en la frontera navarro-aragonesa pertenecieron al segundo prototipo explicado por Arizkun (2004: 300), esto es, al intento de institucionalizar la resolución de los conflictos. Según Larrañaga (2005: 105), fueron el «medio más eficaz para acabar con la conflictividad surgida entre las villas en razón de los términos, especialmente en las fronterizas». Mapa 3. Facerías y pacerías entre localidades navarras y aragonesas en la Baja Edad Media. Para realizar estos acuerdos, los concejos implicados enviaban varios procuradores encargados de establecer y firmar los puntos acordados. Seguramente no sería la primera vez que se reunían pues las condiciones de las facerías o pacerías se habrían negociado anteriormente durante un periodo de tiempo determinado. En la facería de 1366 queda constancia de que acudieron dos procurados por cada villa. En 1407 también asistieron dos representantes por cada concejo implicado para firmar el acuerdo. Estos procuradores debían presentar en la reunión la carta de procuración otorgada por su concejo, en donde se señalaba que tenían plenos poderes para acordar las condiciones del tratado. Algunas de ellas muestran al principio el motivo por el cual fueron concertadas; en 1366 para «vedrar et esquiar las cosas noçientos, daynossas et procurar et trayr las cosas neçesarrias et provechossas de ambas las dichas universidades». En 1407, para «que sean emendados […] muertes, plagas, feridas, peçiadurrias, robarías, ladronicios, corrimientos, enbadimientos, fuercas los unos contra los otros […]». Resolver los conflictos que pudieran derivar de enfrentamientos era la tarea principal, evitando recurrir a la justicia ordinaria, lenta y poco exitosa en la mayoría de los casos. De este modo, los concejos asumían un poder que era competencia del rey, dictaminar justicia, aunque lo delegaba en sus oficiales territoriales. Sin embargo, el propio rey, consciente de que todo ello no era eficaz para acabar con la problemática, no vio con malos ojos delegar en las autoridades concejiles la posibilidad de juzgar ellos los delitos fronterizos. Para que esta nueva legislación no entrase en conflicto con los fueros locales de la población, podían renunciar a ellos, como así hicieron en 1366 Lumbier y Tiermas. El primer aspecto que regulan estos documentos es el tiempo de vigencia de los mismos. Tanto la facería de 1366 como la pacería de 1504 se establecieron por diez años. En cambio, la de 1407 fue firmada para ciento un años y un día, expresión retórica para señalar la perpetuidad del acuerdo. Una vez finalizada su validez, los implicados podían volver a renovar la facería. En 1504 se introdujo dicha cláusula: «e fenecidos aquellos que duren por tanto tiempo quanto a los dichos concejo de Sos y al dicho senyor d´Ezpeleta, senyor de Penya, plazera». Las condiciones que se establecieron en estos tratados eran válidas para cualquier habitante de las localidades firmantes. Es decir, todo lo establecido no sólo debía ser cumplido por los vecinos del lugar, sino también por los habitantes. La facería de Roncal y Ansó indicaba esta condición perfectamente: «a ellos et a lures herederos nacidos et a nacer, et a todos los vezinos, gentes et hauitantes de la tierra et uniuerssidat de toda la tierra de val d´Anso». En las facerías se podía crear un cuerpo permanente llamado facero o pacero, en función del término empleado. Lumbier y Tiermas crearon este cuerpo formado por seis personas, tres de cada villa.. En la pacería de 1504 también se menciona esta figura , dos personas buenas e idóneas por cada villa. Estas figuras debían cumplir una función, normalmente judicial, aunque no fue la única. Ejercían como jueces, recibiendo la querella y dictaminando sentencia. Pero cada facero sólo podía «sentenciar e determinar las causas e questiones que devant d´ellos cada unos en su districto e sus términos se demandaran». Si el contexto lo requiriese, un delito grave podía ser dirimido por todos ellos. Los cuatro paceros de Peña y Sos podían dar una sentencia de manera conjunta. Todo ello suponía crear una institución supra-local. Otra atribución importante que poseían era poner voz de apellido, es decir, realizar el llamamiento a las poblaciones intervinientes con un objetivo defensivo o de atrapar al malhechor. Roncal y Ansó establecieron una reunión anual celebrada el tercer día después de Pascua de Pentecostés en la sierra de Puyeta. En ella se congregaban para solucionar los problemas acaecidos entre las dos comunidades, debiendo acudir cuatro procuradores, dos por cada valle. El libro de fuegos de 1427 muestra que estas vistas suponían un enorme gasto para la comunidad, pues no sólo se reunía con la vecina Ansó sino también «con los de Saluatierra de Aragon, de la baill d´Echo, de la baill d´Aspa, de la baill de los baretones, de la tierra de Sola, de la baill de Sarasaz».18 Existía una vía de diálogo continua para debatir y alcanzar resoluciones sobre problemas y roces surgidos entre comunidades pirenaicas. A veces los jueces encargados de dirimir una resolución para poner fin al conflicto, eran incapaces de llegar a un acuerdo, por lo que podían recurrir a la denominada «tercera tierra». Esta normalmente pertenecía a un soberano distinto al que pertenecían los contendientes con el objetivo de que fuese imparcial. Este rasgo es característico de los valles pirenaicos que recurrían al arbitrio de un tercer valle en periodos de disputa. En el tributo de las tres vacas se estableció como árbitro y controlador del cumplimiento de las clausulas firmadas entre Baretous y Roncal al valle de Ansó. En 1407 se dispuso que, en principio, no se llamara a una tercera tierra. Sin embargo, «si los sobredichos quoatro hombres no podiessen concordar, que sia por los primeros tres annyos tercera tierra al villa de Aços, de la tierra de la val d´Aspa; et por otros tres annyos siguientes, sea tercera tierra la villa de Eretha, de la val de Barethons; et por conseguient de tres en tres annyos en regla». Es un elemento que diferencia claramente las facerías pirenaicas y las localizadas en lugares más meridionales del reino navarro. La figura de los faceros o paceros creadas no se superponían a las ya existentes en las localidades participantes. Más bien debían entrelazarse, relacionarse y actuar de manera conjunta y no paralela. En las facerías se establecían las atribuciones de cada uno. En 1504, por ejemplo, se señalaba la importancia que tenían cargos preexistentes como el baile o guarda de un término, quienes eran los encargados de tomar una señal al infractor. En los acuerdos, se trataba de delimitarse los poderes y limitaciones de cada cargo para que no se estorbasen mutuamente y pudiesen colaborar de una manera rápida y eficaz. Los acuerdos a los que llegaron las localidades sirvieron para regular una normativa procesal y penal que garantizase la concordia (Larrañaga, 2005: 104). Las cláusulas hacen referencia a diversas situaciones derivadas del aprovechamiento forestal, ganadero e incluso agrícola del territorio. Como consecuencia de estos intereses eran factibles roces entre las poblaciones que podían acabar en robos, prendamientos, carnereamiento, heridas, muertes… El objetivo era regular la actuación penal a seguir ante esos acontecimientos y uniformar el castigo que se había de imponer al infractor por haber cometido un determinado delito. Así podemos ver como las multas económicas establecidas por delitos de muerte o heridas. Lumbier y Tiermas acordaron que se pagase quinientos sueldos por muerte y sesenta por herida. Roncal y Ansó, seiscientos por el homicidio y trescientos en caso de herida. En función de la actividad económica predominante entre los faceros, los intereses variaban. En el caso de los valles pirenaicos la gran mayoría de problemas estaban relacionados con el aprovechamiento ganadero, regulándose la problemática referente al mismo. El ganado era objeto de diversas acciones; podía ser el bien robado, el prendado o el carnereado. En 1407 se reguló la cuantía a pagar por el hurto de ganado: «por cada cabeça, tres cabeças et nueve sueldos de dineros jaqueses por amigadura al querellant». Otro aspecto sancionado legalmente fue el hacer carnal, que regulaba el derecho a carnear el ganado foráneo introducido sin consentimiento en su propiedad. En función del tipo y cantidad de ganado introducido, se establecía el número de cabezas susceptible de ser carnereado. El carnal podía ser sustituido por una caloña o multa, que se veía incrementada por el agravante de nocturnidad. Pero esta acción podía ser utilizada de manera ilegal por cualquier individuo en beneficio propio, castigándose con sesenta sueldos cada cabezada de animal carneado ilegalmente. Las autoridades necesitaban fianzas para asegurarse que el infractor iba a pagar la multa. En 1504 los paceros de Sos y Peña establecieron que el infractor no pudiera excusarse de pagar la multa debiendo dar al baile una señal adecuada. Tras la entrega de la misma, el demandante tenía hasta diez días para pagar la sanción correspondiente y recuperar la fianza. Pasado este plazo, perdía el aval y debía pagar el doble de la multa. El querellante de una de las localidades faceras podía acudir a las autoridades de la otra para encontrar justicia. Ello podía suponer para el demandante un gasto económico extra, por lo que los faceros debían dar un sostén econó- mico al mismo. En 1366, el demandante debía mantenerse durante los tres primeros días tras poner la querella con sus propios medios, pasado los cuales los faceros de Lumbier debían mantenerlo con doce dineros y sanchetes para sus gastos, hasta la resolución. Pero este apoyo no sólo se traducía en lo económico, también en lo personal. Debían ofrecer protección física al demandante hasta que las autoridades tomasen una resolución sobre la denuncia. Los roncaleses debían «a los dichos de la val d´Anso et singulares della de guardarlos de todo mal e de todo periglo e dayno, e de tornarlos et darlis compaynia o compaynias, en manera que sanos et saluos puedan tornar a sus tierras, todo ello a propias espensas de la dicha val». Una de las facerías contemplaba la posibilidad de que el acusado pudiese lograr la absolución y evitar de este modo ser multado. Para ello debía presentar leyes, es decir, testigos que tratasen de mostrar su inocencia. En función de la magnitud del delito, el número de testigos a presentar variaba. Por ejemplo, el acusado de asesinato en la facería de 1407 podía librarse con veinticuatro testigos; por robo de ganado, con seis testigos en caso de que lo robado fuese menos de «dos cabeças de ganado mayor et veynte cabeças de ganado menor; et de allí a suso quoanto quiere que sea, que se salue con doze leyes, con si mismo trezeno». Los varones roncaleses tendían a estar lejos de su territorio por motivos de trabajo, por lo que también se regulaba el plazo en el cual debían presentarse a testificar. Si el testigo se encontraba en Bardena u otro oficio que no fuese asalariado, tenían hasta veinte días para declarar; si estaba asalariado o por otro motivo fuera del territorio, tenía tres días para acudir ante el juez, al igual que el individuo que estaba en el territorio. Si no podía acudir en ese espacio de tiempo, siempre tenían la posibilidad de hacer «la ley de. Pascoa de Penthecosta entroa Todos Santos». La falsa jura recibía no sólo castigo espiritual sino también material. Otro aspecto primordial era mantener estos reglamentos incluso en periodos bélicos. Los interesados no querían que el enfrentamiento bélico de sus dos soberanos provocase el fin de la estabilidad social en su espacio. Por ejemplo, en 1366 se indicaba que si «oviessen mandamiento cada uno de sus reyes que ficiessen guerra, ante que no fagan ni consientan facer dayno el un conçello al otro». En 1407 se estableció algo similar: «si conteciesse que los señores reyes d´Aragon et de Nauarra ouiessen guerra o debat, que por ayudar los de la val de Roncal a su señor, que en tal caso no se crebante esta paz». Pero no se limitaba a un enfrentamiento directo entre ambas localidades, sino también a la ayuda indirecta, a través de terceros que perjudicasen a la otra localidad facera: «non puedan dar valença ni ayudar a ningún ni ninguna otra persona contra los hombres de la dicha val d´Anso, et singulares de aquella, en personas ni en bienes». Los faceros no contaban con una fuerza policial permanente que pudiese reprimir a los malhechores, posiblemente por el enorme gasto económico que hubiese supuesto para la hacienda local. En lugar de ello, tenían el deber de acudir en auxilio de una población o tratar de arrestar el malhechor cuando se diese voz de apellido. Era una actuación colectiva que respondía al llamamiento realizado por un oficial, los paceros en el caso de la de 1504. Se castigaba el ser permisivo con los infractores, la omisión de auxilio. La facería de 1367 establecía que en caso de que Lumbier hiciesen llamamiento de apellido y los de Tiermas se abstuviesen de prestar ayuda, deberían «satisfacer et emendar todo el dayno que el dicho (de) Lombier fabra recevido a de falta que non li acorriesen». En los tratados se establecía una responsabilidad colectiva que exigía hacerse cargo de que el infractor perteneciente a su comunidad pagase la pena correspondiente. $\it { i } \mathrm { C o m o }$ se hacía esto? Si el individuo no poseía dinero para pagar, el concejo podía embargarle sus bienes. Pero en caso de no tener bienes o no ser suficientes, el concejo debía encargarse de pagar la infracción. Roncal y Ansó, determinaron que «si por aventura el mal feytor non ouiesse bienes de que fazer las emiendas a los querellantes […] el vecinal do el mal factor es, que cumpla la paga al querellant». Sin embargo, dicha comunidad podía eludir hacerse responsable de un malhechor al testificar 12 personas de la localidad que el dicho acusado no pertenecía a la comunidad. La creación de este aparato burocrático exigía unos enormes gastos para las comunidades participantes, por lo que recurrieron a métodos tradicionales con los que obtener recursos. Uno de los más conocidos fue cobrar una parte de la multa. Por ejemplo en 1366 la quinta parte de la multa por muerte y la tercera por herida. Sin embargo, esta fuente de ingresos resulta insuficiente, llevándonos a pensar que las poblaciones crearían impuestos directos sobre sus vecinos para sufragar los gastos. En definitiva, la facería o pacería emanaban de la comunidad local con el objetivo de poner fin a la inestabilidad socioeconómica que causaban los enfrentamientos fronterizos. Observada la ineficacia de la administración regia, las localidades tomaban la iniciativa de negociar este tipo de acuerdos y, a diferencia de la justicia ordinaria, no imponían la pena capital a ningún delito. No tenía esa función ejemplarizante, sino que permitía la reinserción del vecino que había obrado con mala conciencia. Además, cada facería respondía a un contexto espacial y temporal concreto que explicaría las diferencias entre todas ellas, a pesar de compartir ciertos elementos y condiciones comunes. 5. Conclusiones. La existencia de una frontera y por tanto, de dos jurisdicciones diferenciadas siempre ha sido un escenario ideal para la existencia de bandolerismo y roces entre las comunidades. El espacio fronterizo entre Navarra y Aragón durante la Baja Edad Media no fue una excepción, siendo la delimitación de la frontera la causa de tantos roces entre comunidades. El interés por ampliar los límites fronterizos no se debió tanto al interés regio por ampliar el espacio de sus territorios, sino a la iniciativa local por acceder a mejores o mayores recursos naturales como el agua o la madera; o la posibilidad de extender su área de explotación agrícola y ganadera. Esto sucedía en una economía local que recurría a la expansión extensiva para aumentar su producción, conduciendo inevitablemente al choque entre las comunidades por controlar o apropiarse de mayores espacios. Los enfrentamientos entre las comunidades pudieron ser puntuales o constantes a lo largo del tiempo, como así sucedió entre Sangüesa y Sos. La inestabilidad en los espacios de frontera suponía un problema para las comunidades y para la propia corona. La administración del reino podía perder ingresos económicos al reducirse los intercambios comerciales así como consecuencia de la despoblación de los lugares. También podía suponer la caída de su sistema defensivo, ya que las comunidades en ocasiones eran las encargadas de mantener o reparar las fortalezas locales. Por estos motivos, y visto que los mecanismos ordinarios de la administración no lograban detener la espiral de violencia, la monarquía decidió emprender medidas de carácter extraordinario: la creación de comisiones entre delegados navarros y aragoneses para amojonar y delimitar la frontera o la intervención y posterior creación de tratados de paz entre los concejos enfrentados. Sin embargo, parece ser que la administración central no logró acabar con los enfrentamientos. La violencia fronteriza perjudicó en mayor medida a las propias comunidades, viéndose la rutina diaria y la actividad económica agitada por la inestabilidad, además de suponer un enorme gasto para la misma al tener que mantener guarniciones militares a su cargo. Por ello, la comunidad fue la más interesada en resolver las relaciones hostiles en la frontera a través de un mecanismo muy conocido utilizado entre los valles pirenaicos: la facería o pacería. Nacidos de la iniciativa local, estos tratados intercomunitarios trataron de regular la convivencia en la frontera, asumiendo una competencia regia, poder ejercer la justicia en su jurisdicción, con la finalidad de poder alcanzar la tan ansiada paz. Al parecer los acuerdos nacidos por iniciativa local fueron más exitosos que las de origen regio, en el sentido de que fueron capaces de resolver ellos mismos los episodios de violencias, sin intervención regia. Esta hipótesis queda avalada a través de dos documentos conservados en el Archivo General de Navarra. El primero de ellos es el diario de la comisión de frontera navarro-aragonesa de 1380,19 la cual recoge denuncias de los agraviados por habitantes del reino vecino desde 1360. Este periodo coincide con el periodo en el que estuvo vigente la comisión entre Lumbier y Tiermas de 1366. En el diario, no se recoge ni una denuncia entre vecinos de dichas villas, lo cual demuestra que las querellas de ambas comunidades seguían el cauce establecido por la facería en 1366. El segundo de ellos es un documento realizado por el abad de Garde quien recogió por escrito las querellas de los Roncaleses y Salacencos sobre agravios cometidos por aragoneses contra ellos entre los años 1411-1416,20 contemporáneo a la facería acordada por los valles de Roncal y Ansó en 1407. De nuevo, no se recoge ninguna querella contra algún vecino ansotano, confirmando que las facerías fueron capaces de manera autogestionada por las propias comunidades firmantes crear una estructura y funcionamiento judicial capaz de resolver por sí sola cualquier problema surgido entre las mismas. Referencias bibliográficas. Ab ella Sa mitier , Juan (2009), Selección de documentos de la villa aragonesa de Sos (1202-1533). Zaragoza, Institución Fernando el Católico. Ab ella Sa mitier , Juan (2011), «La comarca de la Valdonsella en las relaciones entre Aragón y Navarra a finales de la Edad Media», Príncipe de Viana, 253: 335-347. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
El patriciado urbano de Zaragoza y la actuación reformista de Fernando II en el gobierno municipal
EL PATRICIADO URBANO DE ZARAGOZA Y LA ACTUACION REFORMISTA DE FERNANDO II EN EL GOBIERNO MUNICIPAL por Maria Isabel Falcon Pérez. En una reciente obral estudiabamos la organización del gobierno zaragozano, y al referirnos a los ültimos anos del reinado de Juan II deciamos que quedaba “en un momento de transici6n,en que la autonomia municipal es aun muy grande pero que ya deja entrever lo que será el periodo siguiente de autoritarismo monárquico -Reyes Católicos-2. En cuanto a la clase social de las personas que ocupaban los cargos municipales,veiamos alli la escasisima participacion artesanal y la nula intervencion de las minorias étnicas y confesionales o de los estamentos distintos al ciudadano; era un grupo oligarquico de grandes comerciantes y juristas, poseedores de vecindad y ciudadania zaragozanas el que monopolizaba el gobierno, segun quedaba claramente plasmado en el indice onomastico de quienes gobermaron la ciudad durante el reinado de Juan II, que incluiamos en el trabajo. Indudablemente este grupo de presión dio pie a una cierta corrupcion administrativa y a un monopolio de los cargos principales,que practicamente se pasaban de unos a otros los miembros de unas pocas familias, aunque siempre guardando las pausas o vacaciones establecidas por las ordenanzas. Este estado de cosas originó malestar y conflictos en la ciudad; como ejemplo mas claro está la ejecución de Ximeno Gordo,el principal oligarca, que nos narra ZURITA, acaecido en noviembre de l474. El cronista parece indicar que se trataba del padre, no del hijo,aunque ambos se beneficiaron de los mas pingues cargos municipales entre 146O y la mencionada fecha,apareciendo el primero (llamado en los documentos de 1465-1472 Ximeno Gordo mayor) como ciudadano destacado ya en l430,al otorgar la ciudad poder y sumision a Alfonso $\mathbf { V } ^ { 3 }$ y en 1442 cuando la reina dona Maria dictó sus ordenanzas4.Dicho individuo fue ahogado en el propio gabinete del principe Fernando “y con él se acabó su nombre_y familia,siendo de las muy antiguas y honradas desta ciudad"5, comenta el cronista. El 19 de enero de l479 Fernando II,ya rey de Sicilia desde el 10 de junio de $1 4 6 8 ^ { 6 }$ ,heredaba la corona de Aragón a la muerte de su octogenario padre,aunque hasta el 28 de junio de dicho ano no viniese a Zaragoza para jurar en la Seo y en manos del Justicia de Aragón Juan de Lanuza el preceptivo compromiso de respetar y guardar las libertades y privilegios del reino,debido a los problemas portugueses7. En esta primera visita, que duró cerca de dos meses, no trató para nada de reformar el régimen municipal ni tenemos noticias de que hubiera malestar ciudadano,apaciguado sin duda tras la ejecucion de Ximeno Gordo, si bien el rey estuvo dispuesto a oir a los que tenian agravios y administrar justicia. Zurita nos dice que “asi parecio que comenzaba a cobrar mas autoridad y fuerzas -como en nuevo estado- la justicia"8: Todo esto nos va indicando que ios tiempos eran otros y que la monarquia autoritaria no iba a permitir la anterior autonomia municipal. La ocasi6n se presentó a mediados de la década de los ochenta, afos en los que se concretaron los conflictos internos de la ciudad, que ya venian de antiguo,en algunos hechos tan graves como la declaracion del Privilegio de los Veinte, con posterior condena a ultima pena y ejecución, contra Juan de Burgos, alguacil del regente del oficio de la gobernacion,que tuvo la osadia de enfrentarse con el jurado en cap de la ciudad9. El gobernador se sinti6 agraviado y mandó inmediatamente sus quejas al rey,al tiempo que el concejo cesaraugustano le enviaba una embajada justificando sus actos. Pero Fernando I,aunque recibiera diplomaticamente a los representantes concejiles, ordenó al regente hacer un escarmiento entre los regidores municipales, lo que éste llevó a efecto antes del regreso de la mencionada embajada,mandando ajusticiar de inmediato al jurado segundo,micer Martin de Pertusa, que habia formado parte de la Veintena “cuando iba a Misa con su uniforme oficiali0. Con esto demostraba el rey que no iba a permitir ningun exceso derivado de los privilegios de Zaragoza. Otro Acontecimiento,el asesinato del inquisidor Pedro Ar$\mathtt { b u e s } ^ { 1 1 }$ ,parece que fue tramado por algunas familias de conversos pudientes,estando complicadas algunas tan conocidas como los Cavalleria, Sanchez de Calatayud y Santangel. Aunque no se libraron del proceso, luego veremos que no sufrieron menoscabo en el favor real, sin duda por las pingues aportaciones que hicieron a la empresa americana l2. Todo esto benefició a la politica reformista de Fernando I1, quien se planteó la posibilidad de una reforma municipal que acabase con la manifiesta autonomia y se adaptase mejor al concepto que del poder real tenia el monarca. 8 ZURITA,J.: Anales.,libro XX. Ed.cit., T. 8, pags. 371-374. 9 5 al 14 de enero de 1485. ZURITA, J.: Anales.., libro XX. Ed.cit., T.8,págs. 498-499. 10 )5 de marzo, 3 de junio,22 de junio. ZURITA,J.: Anales.,libro XX. Ed. cit.,T.8, pags. 499-500. .11 ZURITA,J.: Anales..,libro XX. Ibidem,pags. 504-507. 12 SERRANO SANZ, M.: Origenes de la dominacion espanola en America. T. $I ^ { o }$ : los amigosy protectores aragoneses de Cristobal Colon.Madrid,1918,pag.138,Cfr. tambien KAMEN,H:La Inquisicion Espanola,Alianza Editorial,num. 438,Madrid,1973,pags.39-40. Asi, el 9 de noviembre de 1487 entraba el rey en Zaragoza debido a que, segun Zurita,“por todo el reino de Aragón se hacian diversos insultos y se cometian casos muy graves y atroces,asi por la larga absencia del rey como por la poca ejecucion que habia en castigar los delincuentes"l3. Sin pérdida de tiempo mandó convocar capitulo y consejo para el dia siguiente y llegado éste se person6 en las Casas del Puente, sede del ayuntamiento zaragozano. Dejando a su séquito en la sala grande de las Casas,entró en el gabinete donde acostumbraba a congregarse la citada asamblea ciudadana y, sin mucho preambulo, les informó de las quejas que la habian llegado sobre el mal gobierno que padecia Zaragoza,a la que alabó como cabeza y ciudad principal del reino segun costumbre de los reyes,anadiendo que estos hechos le habian impulsado a venir a la mayor premura para remediarlo.A continuación indicó a los jurados y consejeros reunidos que para lograr la total paz y tranquilidad interna debia dictar nuevas ordinaciones,pero que para hacerlas con calma y bien pensadas necesitaba tiempo,de ahi que les propuso le diesen poder para nombrar él a los regidores municipales por un espacio de tres afos,en el transcurso de los cuales redactaria las pertinentes ordenanzasl4.Tanto era su interés que no consintio en abandonar las Casas del Puente mientras el capitulo y consejo deliberaba sobre su requerimiento,a pesar de que el jurado en cap y algunos consejeros salieron a advertirle que la espera podia ser larga. Presionados de este modo e influidos por los miembros de las familias Cavalleria, Sanchez de Calatayud y Torrellas que formaban parte de la asamblea,el capitulo y consejo accedió a darle poder para hacer ordenanzas y estatutos sobre la mejor administracion de la justicia y regimiento municipal, asi como para nombrar los oficiales de ciudad que mejor le pareciesen,con la ünica limitacion de que los escogiese dentro del estado de ciudadanos, excluyendo a nobles,clérigos e infanzones,especialmente a estos ültimos que aventajaban numéricamente en mucho a la alta nobleza residente en la ciudad. Otra condición que pusieron al rey fue que dejase que permaneciera en su estado el patrimonio municipal. Por otra parte le informaron que no pensaban renunciar a los privilegios y libertades otorgadas a Zaragoza por los reyes de Aragón, 13El17 de dicho mes llegarian la reina su esposa y la infanta Isabel,seguidas tres dias mas tarde por el principe Juan. 14Sobre este episodio cfr.CANELLAS LOPEZ,A.: Fernando el Católico y la reforma protesta que nos suena un tanto formularia dada la sumision que hacian, totalmente inedita pues en casos anteriores ei poder de nominacion que se dio a los reyes fue por una sola vez.El concejo pleno,sin discusion alguna, confirmó al dia siguiente el poder y sumision concedido por el capitulo y consejo,con lo que adquirió validez legal15. El rey respondió agradeciendo el gesto,e inmediatamente otorg6 un privilegio reconociendo que el gobierno de la ciudad estuvo siempre en manos de ciudadanos y que él cuidaria de que asi siguiera en el futuro,excluyendo a caballeros,hidalgos u hombres de otra condicioni6. Sin embargo no mencionó en el documento las otras condiciones impuestas: respeto al patrimonio municipal y a los privilegios de la ciudad.Tras permanecer algunos meses en la capital de Aragón,Fernando I salió con su familia el 14 de febrero de l488 en direccion a Valencia17. En el mes de abril de 149O,ya a punto de finalizar los tres anos,el monarca no habia reformado las ordenanzas y parecia conforme con que las cosas siguieran como estaban,es decir, nombrando él a los regidores del municipio entre las personas que le eran más adictas O de su agrado.Pero legalmente se le acababa el plazo,por lo que recurrió de nuevo a la ciudad pidiendo una pró- rroga de dos afios18. La gestion la hizo a través de su hijo natural, el arzobispo de Zaragoza don Alfonso de Aragón, y el motivo que adujo fue que debido a la conquista de Granadal9 no habia podido venir a Zaragoza a ocuparse de ello y en el tiempo que restaba hasta cumplirse los tres anos,por causa de la citada guerra contra el reino nazari y por ciertas embajadas de Portugal y Francia no creia poder venir; que a pesar de que tenia facultad para dictar las ordenanzas desde cualquier punto donde se hallase,aunque fuera lejos de Aragon, preferia y creia mas conveniente para la ciudad hacerlo desde Zaragoza. Con esto sabia que coaccionaba a los zaragozamunicipal de Zaragoza. “J. Zurita. Cuadernos de Historia",8-9 (1955-56),Zaragoza,1959,pags.147-149. 15 Apéndice: documento I .16 Apéndice: documento II 17 ZURITA,J.: Anales..,libro XX. Ed. cit.,T. 8, pag.540. 18 Apéndice: documento III 19 Sobre la cual el capitulo y consejo declaró que “por misericordia divina esta en conclusion y acabamiento”,aunque dicho fin se demoraria aun cerca de dos aios. nos, siempre celosos de sus prerrogativas y deseosos de que los reyes dictasen los reglamentos municipales tras consultar a la alta burguesia urbana20. Ahora podemos preguntarnos ique se proponia el rey? Ciertamente que estaba ocupado pero itenia ya fuerza suficiente para seguir ejerciendo su dictadura si redactaba ordenanzas fuera de Zaragoza y sin consulta previa? io no era asi y por lo tanto le interesaba venir y convencer (cosa que sabia hacer muy bien el diplomatico rey Cat6lico) para que le permitieran actuar segun sus deseos?.Mas bien nos inclinamos por esto ultimo,de una parte porque no seria la primera vez que una reglamentación municipal zaragozana se diese fuera de la ciudad y de otra porque no concuerda con la politica reformista y autoritaria de Fernando I tanta deferencia.Ademas su advertencia de poder dictar las ordinaciones desde cualquier parte encierra una velada amenaza. De modo que el 19 de abril de 1490 el arzobispo don Alfonso de Aragón se personó en las Casas del Puente en unión de don Guillén Ramón de Moncada,obispo de Vich,para hacer entrega al capitulo y consejo de una carta de don Fernando,cuyo contenido tanto él como Moncada ampliaron, haciendo notar las arduas ocupaciones que a la sazón tenia el monarca y que le impedian venir a Zaragoza. El arzobispo hizo mucho hincapié en su mediación en el asunto,en lo agradecido que quedaria personalmente a la ciudad si atendia la solicitud regia. Una vez pronunciado su discurso,el arzobispo y su acompanante abandonaron las Casas del Puente. Oidas las frases de ambos eclesiasticos,la asamblea consulti$\mathtt { v a } ^ { 2 1 }$ compuesta por un grupo de oligarcas que aquel ano no ostentaban cargo oficial pero si lo habian tenido en anios anteriores y lo detentarian en los futuros, dio su voto a favor de la prórroga con una ünica excepci6n: don Joan Marquo. Tras esta consulta y salidos los ciudadanos, el capitulo y consejo, compuesto esta vez por cuatro jurados (el jurado en cap, micer Alfonso de la Cavalleria, era vicecanciller del rey y no estaba en 20Sin embargo los reyes dictaron frecuentemente sus ordenanzas fuera de Zaragoza: Fermando I,en 1414, las promulg6 en Cambrils;Alfonso V dictó las de 1429 en Monreal y ias de 143O en Carinena;dofia Maria dio algunas adicionesa sus ordenanzas estando en Tortosa los anos 1442 y 1443; Juan II hizo un reglamento,en 1460,desde Tarazona. Cfr. M.I. FALCON; Organizacion municipal., pägs. 19-27. Zaragoza) y veintisiete consejeros acordó unánimemente conceder la prórroga solicitada por el soberano porque a la ciudad le era más util que la reorganización se hiciera en Zaragoza que no fuera de ella y porque el rey durante su dictadura habia acrecentado a la ciudad $_ { y }$ a sus oficiales en privilegios,gracias,mercedes y prerrogativas.Podemos rastrear,en suma,un interés del reducido grupo oligarquico por mantener un estado de cosas que les beneficiaba. De ahi que se aunen el interés del rey autoritario y el de unos pocos ciudadanos acomodados que se lucran del mismo.El pueblo ilano no es consultado sino a través del concejo pleno, que ya no tiene el poder decisorio que poseia en el siglo XlII y aun en el XIV; asi cuando al dia siguiente se sometió a refrendo del pueblo la decision adoptada por el capitulo y consejo,el concejo acept6 unánimemente, sin que los documentos nos indiquen que se alzara ni una sola voz en contra; por otro lado,ya que siempre mandaban los mismos iqué le importaba al pueblo c6mo se designasen? El llamamiento a concejo, que parad6jicamente era el ünico organismo con poder suficiente para dar validez legal a la resolución del capitulo y consejo,se hizo el dia veinte,martes, por mandato del arzobispo como lugarteniente general del rey en Aragón y por orden del capitulo y consejo, organismo al que habitualmente concernia la convocatoria de la asamblea plenaria, y en esta reunión se prorrogó el poder dado al rey hasta el 1O de noviembre de 1492. Ultimada la conquista de Granada,el 18 de agosto de 1492 arribaron Isabel y Fernando con sus hijos y comitiva a Zaragoza, donde fueron recibidos con gran aparato.El rey sin duda comenzó a pensar en las ordenanzas que desde hacia tanto tiempo debia otorgar a la capital aragonesa. Veamos lo que nos dice ZURITA: “Antes que el rey partiesse de Caragoca como le estava dado poder por los jurados, capitulo y consejo de aquella ciudad,que pudiese ordenar cerca la creacion y elecion de los officios,y hazer las ordenancas que conviniesen para el buen regimiento della,y revocar las hechas O mudarlas y moderarlas,y establecer otras de nuevo en beneficio del buen gobierno y administración de la justicia,como en los Anales se ha referido,avida.informacion de los ciudadanos y personas zelosas del bien universal,ordeno y declaro que la creación de los jurados y officiales del regimiento fuessen por nombramiento del rey,entendiendo ser mas util y provechoso que por elecion de los mismos ciudadanos, ni por la insaculacion, que ellos llaman,sacando por suerte de las bolsas los que han de governar cada un ano; y assi se nombraron en el passado,y de aqui adelante, por la experiencia que se tenia aver sido esta ciudad mejor regida y con mayor tranquilidad y sosiego,y que no tuvieron lugar las passiones y desordenes que antes,porque la elecion de los ciudadanos facilmente se corrompia y la insaculacion,al tiempo de poner los que avian de regir en las bolsas era dificil y casi imposible ser apurada, segun el rey dezia, y della al sacar muchas veces errava la suerte.Esto fue a 28 de setiembre y se les dieron ciertas ordenancas y despues se bolvieron a la orden antigua, como se dira en su lugar22. El cronista nos asegura que esto ocurrió el veintiocho de septiembre,y asi debió de ser puesto que Fernando y su familia solo permanecieron en Zaragoza hasta el cinco de octubre. Sin embargo en los registros de cancilleria se dice que las ordenanzas fueron dadas el veintiocho de diciembre23 No hemos podido encontrar el texto legal de dichas disposiciones ni están recogidas,tan siquiera parcialmente,en las recopilaciones del siglo $\mathbf { X V I } ^ { 2 4 }$ ; en consecuencia lo ünico que sabemos es que el soberano se reservó el nombramiento de los oficios tal como lo habia tenido durante los cinco anos de la sumision. Asi continuó el gobierno zaragozano durante unos anos. Pero a comienzos del siglo siguiente el municipio empezó a mostrar sintomas de querer recuperar su autonomia.De un lado la situación habia cambiado y el elemento artesanal comenzaba el despegue que anos más tarde le llevaria a intervenir,aunque de manera modesta,en el regimiento municipal, singularmente desde el puesto de consejero25; por otro lado,del privilegio real de 1506 se desprende que habia malestar entre el grupo oligarquico al pretender masivamente empleos siendo que el monarca no contaba con numero suficiente para compiacer a ia ioialidad; de manera que ia ciudad insistió cerca del rey para que les devolviera el sistema insaculatorio. En un primer paso el municipio consiguió arrancar al'rey la provision por insaculacion de los oficios de menor categoria, lo que se plasmó en una ordenanza que Fernando II dict6 desde Mollerusa el 3 de diciembre de 15O3: en ella se disponia que todos los cargos, excepto jurados,almutazafes y consejeros, fuesen elegidos por insaculacion26. Pero esto no bastaba a los intereses del patriciado urbano, dado que los puestos'más codiciados eran los de jurado y consejeros, singularmente los que en las ordenanzas anteriores correspondian a la Bolsa primera. Por otra parte el de almutazaf proporcionaba jugosos beneficios.En consecuencia siguieron insistiendo hasta que el rey, ya viejo y posiblemente sin ganas de luchar más, devolvio a Zaragoza la insaculación mediante privilegio dado en Barcelona el 29 de agosto de $1 5 0 6 ^ { 2 7 }$ . En el preambulo, Fernando el Católico insistio en que la nominacion directa habia demostrado durante diecisiete afos ser preferible a la cooptación y a la insaculación, pero que no obstante habia tomado la decision de condescender a tan continuas suplicas,atendiendo a los muchos méritos de la ciudad28 y habia acordado que a partir de aquel momento la provision de la totalidad de los cargos se hiciera por via insaculatoria, tal como la organizo la reina dona Maria en 1442. No obstante,resistiéndose a entregar las riendas, se adjudicó la nominación de jurados, consejeros y almutazafes que habia de hacerse el siete de diciembre de aquel ano de l5O6;además se reservó el derecho de indicar personalmente los nombres de las personas que habian de ser insaculadas en todas las bolsas.Confirmo luego todas las ordenanzas anteriores29,salvo que se opusieran a las que él redactaba en ese momento. Fundamentalmente,las innovaciones que introdujo fueron: -aumentar a cuatro el numero de capdeguaytas,que anteriormente eran tres. -incrementar asi mismo el numero de pesadores de almutazaf, que de tres que eran pasaron a cuatro. -crear una bolsa unica para procurador de ciudad y de pobres, de la que se sacarian anualmente dos redolinos, siendo procurador de ciudad la persona cuyo nombre apareciera en el primero y de pobres la que figurara en el segundo.Esto respondia a no dudar a la poca apetencia que existia por el cargo de procurador de pobres. -en cuanto a los consejeros, mantuvo tres bolsas, pero varió el numero a proveer de cada una de ellas: de la primera saldrian doce, en lugar de diez;de la segunda otros doce, en vez de once como antes y de la tercera sólo siete, para completar los treinta y uno, cuando anteriormente eran diez los que se extraian de esta bolsa. Los insaculados en la bolsa primera habian de ser los que lo estuvieran en las de jurado primero, segundo y tercero: los de la segunda serian los mismos que figurasen en las de jurado cuarto,quinto y mayordomo; para la tercera admitió a todos los que pudiesen optar a los cargos de procurador de ciudad, procurador de pobres, capdegauytas y pesadores de almutazaf. Indicó que en la bolsa de almutazaf estuviesen insaculados unicamente los hombres que lo estuvieran en las de jurado primero, segundo y tercero (obsérvese la importancia del cargo de almutazaf). Ratificaba asi, por otra parte,la almutazafia ünica, que Alfonso $\mathbf { v }$ en 1430 habia hecho doble30 y dos personas seguian ejerciendola en $1 4 7 2 ^ { 3 1 }$ pero que en 1489 era regentada por un solo individuo32y unica continu6 en anos sucesivos33, por lo que suponemos debió ser ya reducida a raiz de la sumisión de 1487. 30 A.M.Z. Caja $\pmb { \mathrm { n } } ^ { \pmb { 0 } }$ 51: poder $\pmb { y }$ sumision a Alfonos V,ano 1430,fols.7'-8 (juramento nuevos oficiales). 31 A.M.Z. Actos Comunes de 1472, fol. 4. 32 A.M.Z. Actos Comunes de 1489,fol. 1. 33 A.M.Z. Actos Comunes de 1490,fol. 1. Actos Comunes de 1492,fol.1.Actos Comunes de 1503,fols. 2-2. En la bolsa de veedor de muros y carreras dispuso que tendrian que estar insaculados todos y cada uno de los que lo estuvieran en las de jurado segundo y tercero. En la de sindicos a dar a treudo, los que estuviesen incluidos en las bolsas de jurado segundo y cuarto. Es interesante hacer constar que en un parrafo de estas ordenanzas de 15O6 dio el rey a entender que los infanzones podian obtener cargos municipales34. En cuanto a vacacion en un oficio para poder ser reelegido, a las promociones a bolsas de superior categoria y a las nuevas insaculaciones, ratificó lo dispuesto por las reinas dona Maria y dofa Juana Enriquez. Complet6 el documento con una serie de disposiciones sobre los dictámenes de los maestros de ciudad,la limpieza del Mercado (prohibiendo una vez mas,como ya hiciera Juan II en 1460,la venta de pescado fresco y salado en esta plaza),el derribo de casas y aleros ruinosos, reses perdidas, plazo de entrega del saldo en metalico de cada ejercicio por el mayordomo a su sucesor,conservacion del matadero municipal construido en el ano 15O0 en el Arrabal, que poseia el monopolio del sacrificio de reses,y algunas otras que interesan poco a nuestro propósito. De esta manera, tal vez cansado de luchar desde muy joven en tantos frentes, Fernando II devolvió a Zaragoza su autonomfa, poniendo fin a este lapso de tiempo de auténtica dictadura real en el municipio. $ { \mathrm { i } } { \mathbf { D e } }$ qué modo influy6 este espacio de tiempo que va del 11 de noviembre de 1487 al 29 de agosto de 1506,o casi mejor al 7 de diciembre de 1507,en el patriciado urbano? ${ \mathfrak { i } } ^ { \mathbf { S } \mathbf { e } }$ dio mayor cabida a los artesanos, labradores y profesionales? $\operatorname { i H u b o }$ grandes diferencias en cuanto a las personas que ostentaron cargos municipales? Para saberlo hemos contemplado un espacio de diez anos, entre 1487 y l496, y hemos hecho una cata de otros dos en los primeros del siglo siguiente, concretamente $1 5 0 2 \textbf { y } 1 5 0 3$ , segun nos ha permitido la documentacion de que disponiamos. Con los datos obtenidos hemos confeccionado una nómina de oficiales que incluimos en Apéndice. Al comparar estos nombres con los que aparecen'en los anos $1 4 6 0 - 1 4 7 4 ^ { \bar { 3 } 5 }$ observamos en primer lugar la desaparicion de los Gordo, que no es de extrafar tras el suceso de noviembre de 1474, o la de micer Pedro Roiz, cufado de Ximeno Gordo menor. Han desaparecido también personajes como el poderoso Lazaro de Borau y Pascual de Ahunes que tantos cargos acumulara en los afios 1460-1472. Tampoco vemos a Domingo de Echo, a micer Jayme Montesa (procesado por la Inquisicion),a Francisco de Santa Fe, de familia de conversos, que fue asesor del gobernadorde Aragon hacia 147O ni a Joan de Valconchan -aunque figuren entre los oficiales municipales dos personas de idéntico apellido-; Joan Quer moriria en 1487. Una familia que parece en baja en cuanto al gobierno municipal se refiere son los Palomar. Ciertamente que un miembro de la misma, Francisco Palomar, fue jurado en cap en 1489 y consejero primero en l490,ademas de diputado del reino cuatro veces entre 1483y $1 4 9 5 ^ { 3 6 }$ ,pero luego esta estirpe desaparece de las n6- minas. No detectamos tampoco a los Gurrea, uno de los cuales, Pedro, fallecio en $1 4 7 2 ^ { 3 7 }$ . Otros personajes que han sufrido retroceso,aunque continuen ostentando oficios alguna vez, son micer Martin de la Cayda, que fue mayordomo y jurado cuarto en.l469 y 1474,que durante la época de nominacion solo obtuvo un ano $- 1 4 9 5 -$ cargo de consejero. Joan de Fatas, jurado y consejero, desaparece a partir de 1487. En general constatamos,a pesar de lo que acabamos de sefalar, que los que tuvieron cargos durante el reinado de Juan II siguen disfrutando de oficios ciudadanos a partir de la nominacion real, como micer Joan de Algas, que fue juez de la taula y después de la sumision entró en el consejo, Joan de Angusolis, que continuo de consejero, micer Joan de Ribas, Joan de Lobera menor, consejero en 1487 y diputado del reino en l500 y micer Tristan de la Porta, que llegara a zalmedina en l495 despues de haber sido consejero varios afos y quc en la etapa anterior estaba insacuiado en ias boisas de jurado cuarto y de abogados de ciudad. Micer Martin de Laraga tuvo frecuentes cargos durante los ultimos anos de Juan II y aunque ahora sólo aparece en las nó- minas un afo, l496,es en el puesto principal de jurado primero; además sabemos que fue asesor de la Inquisicion (lo que le acarreó no pocos problemas) y diputado del reino cinco veces entre 1484 y 1496. Hay gentes,como Ferrando Montesa,Anthon Calbo de Torla, Martin de Mongon, Franci Borons o Garcia de Moya,que ostentaron cargos de consejeros en los anos 1470-1472 y que en la época dictatorial continuaron en calidad de tales; O micer Joan de Bual que sigue próximo al zalmedinado. Otros han ascendido,asi micer Paulo López,que en l472 estaba en la bolsa de jurado quinto,en l494 es jurado segundo,o micer Miguel Molon,que de consejero en la bolsa segunda en 1469 llegó a jurado en cap en l5O3, tal vez por su ayuda militar en la guerra de Granada38;un miembro de esta familia, micer Lorenco Molon, tiene en esta segunda etapa cargo de jurado cuarto y de consejero.Los Oriola son otra familia que suele tener cargo de jurado o consejero: durante el reinado de Juan II s6lo veiamos a Gaspar, ahora le refuerzan sus hijos,Albert y Luis. Es curioso que a algunos personajes que eran modestos guardas de las huertas en el reinado anterior, como Pedro de los Barrios, Miguel de Alos o Pedro La Muela, los encontremos ahora como consejeros. Apreciamos el auge de ciertas personas que comenzaban su actividad politica a principios de la década de los setenta y ahora Ostentan oficios municipales todos los anios, como Ram6n Cerdán o Joan Navarro. Interesante es el caso de Garcia Marques: si se trata del mismo personaje que fue cesado como carcelero en l471 por corrupcion, indudablemente ha hecho una gran carrera en la vida publica. Los Sarinena fueron maestros de ciudad durante muchos anos; Domingo murió en l47l pero Anthon forma parte del consejo ciudadano en los afios 1495 y 1503. MARIA ISABEL FALCON PEREZ. Pero las familias fuertes,las que dominan,siguen siendo las mismas,a excepci6n de los Gordo, destacando como en tiempo anterior las de La Cavalleria39,entre quienes decuella micer Alfonso, vicecanciller real y perteneciente al consejo del rey, que disfrut6 del empleo de jurado en cap en 1487,1490 y 1492, alternando con el de consejero primero en otros anos; este personaje influyó sin duda poderosamente en la sumisión que la ciudad hizo a Fernando II en 1487,y gozó de gran favor dei monarca hasta el punto de ser nominado para el precitado oficio de jurado primero á pesar de que por sus cargos cerca de la corona no podia vivir en Zaragoza: el propio soberano le dispensó expresamente de ello en 1490 y 1492 mediante sendas cartas reales dirigidas al capitulo y consejo40; finalizada la guerra de Granada, se incorpor6 a su puesto de jurado el 16 de julio de l492.Su pariente,Fernando de la Cavalleria, continua la linea acaparadora que llevó en la ultima parte del reinado de Juan II. Algunos miembros de esta estirpe, como Luis, Goncalvo,Francisco y Joan,no aparecen en las listas de regidores a partir de la sumisión, pero hay nuevos repuestos en Jaime, hermano de micer Alfonso,que llegó a lugarteniente del maestre racional de Aragón,y Frances,hijo de Nicolau de la Cavalleria. Los Santangel41, a pesar de los problemas que_ tuvieron con el tribunal de la Inquisicion a raiz del asesinato de Pedro Arbués, continuaron disfrutando del favor real. Micer Luis de Santangel, llamado Azarias antes de convertirse al catolicismo allä por el ano 1413,perteneció al consejo del rey, fue lugarteniente del justicia de Aragón Martin Diez de Aux y murió probablemente en 1467. Sus hijos, Joan y mosen Luis figuran frecuentemente en la documentacion de la ultima etapa del gobierno de Juan II.Mosen Luis fue condenado a suplicio en la hoguera por la muerte del inquisidor Arbués el 18 de agosto de l487 y sus hijos, Joan y Luis, tuvieron que sufrir algunas penitencias. SERRANO SANZ no cree que el Luis de Santangel que es nombrado lugarteniente de zalmedina en l492 sea el nieto de Azarias42,pero en cualquier caso gentes de este apellido tienen empleos municipales en los ultimos anos del siglo XV y primeros del XVI. En cuanto a los Sanchez de Calatayud,emparentados con los Cavalleria y los Santangel y como ellos de estirpe judia,en esta etapa de Fernando el Cat6lico ya no usan apenas el patronimico de origen anadido a su apellido Sánchez.Dicha familia tuvo gran preponderancia durante el reinado de Juan II, especialmente micer Anthon que acaparó buen numero de cargos ciudadanos. Su hermano Jaime fue jurado tercero en los anos l463 y l468 y consejero en l487,en el momento de la primera sumisión de Zaragoza a Fernando II. Hijos de otro hermano, micer Pedro Sänchez de Calatayud fallecido hacia 1450,son Luis y Gabriel; el primero era jurado cuarto en l459, tesorero del rey en l474 y en 1479 baile general de Aragón. Su hermano Gabriel obtuvo a su vez la tesoreria general del reino cuando aquel hubo de abandonarla al ser nombrado baile. Los hijos de Luis, que murió en 1484,llamados Pedro y Joan Thomas, fueron consejeros de ciudad a principios del siglo XVI. Otros miembros de esta familia ostentaron cargos ciudadanos en la etapa de nominacion real, a pesar de sus problemas con la Inquisicion. Sin embargo no figura en las listas Luis,hijo del tesorero Gabriel Sanchez, que segun el Libro Verde de Arag6n fallecio en $1 5 3 0 ^ { 4 3 }$ . A diferencia de los anteriores, los Paternoy son cristianos vie$\mathrm { j o s } ^ { 4 4 }$ . En la documentacion municipal del reinado de Fernando II no'encontramos a Cipres, que estuvo casado con una hija de Goncalvo de la Cavalleria y murió a los ochenta y cuatro afios en 1484,despues de haber sido jurado en cap y consejero varias veces durante el mandato de Juan II.'Sancho de Paternoy,casado con Violant Gordo,era maestre racional de Aragón ya en 1469,jurado primero en 1471 y consejero en 1494 y en el ano de su fallecimiento: 1946; estuvo implicado en el asesinato de Pedro Arbués y en el tormento hizo comprometidas declaraciones45.Un hijo de igual nombre fue consejero por los mismos anios que su padre y diputado del reino en l499-1500.Otro hijo,el menor, llamado Joan, llegaria al zalmedinado en 1503. Emparentados con los Paternoy desde fines del siglo XIV,los Torrellas,conversos, formaban también parte de la oligarquia urbana de Zaragoza.Durante el gobierno de Fernando de Antequera vemos a un Ramón de Torrellas a cargo del zalmedinado.Juan de Torrellas fue jurado en 1441; Pedro,conservador,llegó a zalmedina en l469 y ostentó oficios de consejero y de impugnador de contos varias veces.Por los mismos anos era también consejero su padre,de igual nombre.Ambos Pedros continuaron disfrutando oficios municipales,de jurado o de consejero,hasta fines del siglo XV y el mas joven también a principios del XVI. En la etapa de nominacion surgieron otros miembros de esta familia: Luis,zalmedina en 1496, Sancho,consejero en 1495 y Martin,jurado y consejero en los ultimos anos del siglo XV y primeros del XVI. Otra familia que forma parte de la oligarquia urbana es la de los Castellón: micer Luis,Pedro y el hijo de éste,Martin.Micer Luis tuvo empleo de jurado en cap en 1494, igual que lo habia gozado en los afios 1469 y 1473;junto con su hermano Pedro fue sindico a las cortes de Monzón (1469-1470) y ambos fueron diputados del reino repetidas veces entre 1480 y 1493.El joven Martin no figura en las listas de cargos municipales hasta fines del siglo XV. Micer Goncalvo Garcia de Santa Martia,de raices hebraicas, hijo de Goncalvo de Santa Maria que fue jurado en 1459,era consejero en 1468 y lo fue también en 1489 y l494.No sabemos si el Goncalvo de Santa Maria que figura como jurado en 1502 y como consejero en l5O3 es el propio micer Goncalvo o un hijo suyo. Los López de Alberuela, de la misma estirpe que los Alberuela, siguieron durante la etapa dictatorial la misma linea acaparadora de cargos que llevaron en el periodo precedente. Joan,casado con una hija de micer Luis de Santangel,continuó teniendo oficio de jurado segundo y de consejero como los habia disfrutado desde 1462. No es hijo suyo,puesto que no los tuvo,Luis de Alberuela o López de Aiberueia, jurado tercero en i490,que por el contrario no figuraba en las nóminas del reinado anterior. Gaspar y Domingo de Alberuela han desaparecido de la vida municipal. A pesar de la muerte de Luis -que ya era jurado en l441- los Lamaja siguen en buenas relaciones con el grupo oligárquico,puesto que Domingo sigue siendo consejero,como lo fue en la etapa anterior, y ademas llega a jurado; sabemos por otro lado que obtuvo cargo de diputado del reino en 1479-1480 y en 1485-1486.Un nuevo miembro de la familia, Joan, fue jurado tercero en 1503. Los Frances fueron tradicionalmente notarios; uno de ellos, micer Jaime,desempenó el puesto de escribano de los jurados durante muchos anos, siendo también asesor del zalmedina en 1489;su hermano Alfonso,que desempenó varios cargos desde 1458,sólo aparece en las listas del reinado de Fernando I una vez, en calidad de consejero,en tanto que micer Pedro ha desaparecido por completo. Otra familia de notarios, los Ferrer,siguen figurando en las nóminas municipales; tras la muerte de micer Johan,su hijo, micer Galceran, continuo sus pasos. En definitiva constatamos que el patriciado urbano tiene una cumbre compuesta por unas pocas familias: Cavalleria, Santangel, Sanchez de Calatayud,Torrellas,Paternoy,Castellon, Santa Maria y L6pez de Alberuela, casi todos ellos emparentados entre si y cristianos nuevos,que a pesar de las persecuciones que hubieron de sufrir por parte de la Inquisicion consiguieron no solo sobrevivir sino tambien seguir gobernando la ciudad durante la etapa dictatorial e incluso obtener importantes cargos en la corte, seguramente a consecuencia de su poderio economico. Aun cuando nos constan las repetidas protestas de la ciudad para que los infanzones no obtuvieran cargos municipales,observamos que algunos hidalgos ejercen oficios, como Joan del Frago o Joan Cardiel46,y esta tolerancia se va agudizando al compas que finaliza el siglo XV. En cuanto a la clase artesanal,labradora y de pequefios comerciantes,que apenas habia participado en el regimiento municipal durante los reinados anteriores,es frecuente ahora que se cuente con ellos,aunque no sea para empleos importantes. Todos los profesionales con que hemos tropezado actuan solo como consejeros,a excepcion de un cirujano pesador de almutazaf,un barbero que fue capdeguaytas y un pelaire veedor de carreras, todos ellos en 1490;en l492 un pintor actuó en calidad de capdeguaytas. Ya hemos indicado antes que a partir del siglo XVI se ira dando mas entrada a estas gentes en las bolsas de insaculacion, hasta el parón de l561 y sobre todo de l584,que los dej6 reducidos a consejeros y exclusivamente de la bolsa “de cinco"47. Respecto a gentes nuevas en el gobierno de la ciudad, hemos podido apreciar que no son muchas; descubrimos a los Mur, Ramón y Jerónimo, que se van abriendo camino.Joan de Exea, jurado segundo en l487 y l492 y consejero varios afos parece que tiene un cierto peso en Zaragoza.También es nombre nuevo el del receptor de la Inquisicion, Joan Roiz, jurado y consejero,y el de Joan de Anchias,notario del secreto del tribunal de la Inquisicion desde su fundacion, que actuó como consejero varios anos. Los Rubio, Miguel y Pascual, no parecen tener excesiva transcendencia, como tampoco la tiene el notario Alfonso Martinez,aunque estuviera nominado para jurado quinto,ni Bertholomeu de Albion, que comienza a figurar en empleos ciudadanos a principios del siglo XVI. Todo cuanto hemos sintetizado hasta aqui nos lleva a extraer algunas conclusiones,que deseamos poner de relieve.Primeramente que la nominación real no supuso un auténtico cambio en el gobierno de Zaragoza, puesto que las personas que detentaron el gobierno fueron practicamente las mismas,con alguna excepcion y adicion, pertenecientes además a unas cuantas familias poderosas,esencialmente de conversos.De manera que el intento autoritario de Fernando II no varió apenas la situacion preexistente, a pesar de las afirmaciones del monarca referentes a que se imponia un cambio para lograr un regimiento menos corrompido y mas justo. Tambien conviene resaltar que la clase social a la que pertenecian quienes disfrutaron de empleos de ciudad en el periodo de nominacion fue idéntica a la de la etapa anterior, aun contando con las pequenas exclusiones.y nuevos brotes citados; el patriciado urbano estaba constituido por grandes mercaderes y juristas -y pensemos que ambas profesiones no eran incompatibles-,en tanto que el elemento artesanal, los tenderos o pequenos comerciantes y los labradores apenas pudieron participar en ei gobierno de su propia ciudad,aunque tengan un ligero mayor relieve que en la época de Juan II. En cuanto a las motivaciones de Fernando II para establecer esta dictadura,son dificiles de averiguar. Podemos intuir que el monarca intentó minar la autonomia zaragozana, como hizo con los fueros aragoneses, singularmente en la administracion de justicia (por ejemplo la implantación de la nueva Inquisición,regida por extranjeros,se oponia a ellos); la designacion directa de oficios municipales le serviria para colocar a sus fieles al frente del gobierno de la ciudad, sirviendo asi a su politica autoritaria.A pesar de que logró su objtivo,no cabe duda de que surgieron roces dentro del propio grupo oligarquico,motivados por la ambición o la envidia,y que fue este grupo el que inspiró la insistencia zaragozana de recuperar sus libertades y privilegios,insistencia que finalmente oblig6 al rey a abdicar de su tutela,devolviendo el autogobierno a la capital aragonesa. APENdICE s. A) DOCUMENTOS B) NOMINA DE CARGOS MUNICIPALES. EL PATRICIADO URBANO DE ZARAGOZA. DOCUMENTOS 1 1487,noviembre 10 y 11. El capitulo y consejo y posteriormente el concejo de la ciudad de Zaragoza hacen sumision al rey Fernando II y le dan poder para nombrar los oficiales del municipio y reformar las ordenanzas, por un plazo de tres anos. A. M. Z. Caja num. 51 $/ 2 /$ In Dei nomine amen. Sea a todos manifiesto que en el anno contado del nascimiento de Nuestro Sennor Jesucristo de mil quatrocientos ochenta y siete,sabado a diez dias del mes de noviembre,dentro de las Casas de la Puente de la ciudad de Caragoca,clamado capitol e consello de los jurados e conselleros della por mandamiento de los jurados dius escriptos y por clamamiento de Juan Castan de Lacamba y Martin de Vera, andadores de los ditos jurados,segunt que del dito clamamiento los ditos andadores hizieron fe y relacion a mi Jayme $\cdot$ Frances, notario y escrivano de la dita ciudat. En el qual capitol y consello yntervinieron y fueron presentes los jurados y conselleros siguientes: micer Alfonso de la Cavalleria,don Joan d‘Exea,don Gaspar Oriola,micer Bertholomeu del Molino,micer Galcaran Ferrer, JURADOS: don Pedro Torrellas maior,don Pedro de Castellon, don Gaspar d'Arinyo,don Joan Lopez d'Alberuela,micer Paulo Lopez,don Joan de Lobera,don Joan de Fatas,don Ferrando de la Cavalleria,don Pedro Torrellas menor,don Pero Perez d'Escanilla,don Bertholomeu Roqua,don Jayme Sanchez notario,don Francisco d'Alceruch,don Pedro de Casafranca,don Ferrando Carrion,don Pedro La Muela,don Francisco Ferrer,don Pedro Lezina,don Franci Borons,don Joan de Boneta, CONSELLEROS. En el qual capitol e consello entro don Pedro d'Alfajarin, mayordomo de ciudat, el qual dio a dizenueve de los ditos conselleros sendos sueldos, que son dezinueve sueldos,iuxta el estatuto de ciudat, et a mossen Arinyo no le fue dado el sueldo porque vino apres de ser puestos los caso. Et fecho lo sobredito,por el dito micer Alfonso de la Cavalleria,jurado primero, fue dicho e puesto $/ 2 ^ { \circ } /$ en caso que ayer como fue entrado el sennor rey clamo a los jurados et les mando que paral presente dia de mannana fiziesen llegar el capitol y consejo de la ciudat, porque el les queria fablar algunas cosas. Sobre lo qual ellos havian fecho clamar el capitol y consello et estavan ajuntados e asi que viesen si les parecia lo notificassen a su alteza.Por el dicho capitol e consello fue deliberado e concluydo que vaya alguna persona a notificar a la magestat del sennor rey como el capitol e consello esta legado segunt su alteza ha mandado y si manda vayan alla juntamente o que es lo que manda su real magestat fagan. E assi estando esperando la respuesta d'aqui a poco vino a las Casas del Puent el sennor rey don Ferrando,rey de Aragón y de Castilla y bienaventuradamente regnant, et dentro en las Casas del Puent y dexados todos los barones,nobles, cavalleros, infancones e otra mucha gente que con su alteza venian en la sala mayor de las ditas Casas del Puent,el dicho sennor rey a solas se retrayo et entro en el retret dentro la dita sala,do esta la saminera,con los ditos jurados et conselleros et mi, Jayme Frances,notario.Et entrados,el dicho sennor rey dixo a los ditos jurados,capitol y consello,entre otras palabras en effecto contenientes, que Ia causa porque el los havia mandado juntar y venia alli era por algunos quexos que l'eran estados dados del mal govierno y regimiento desta ciudat y aun de algunos males e sinrazones que en ella se fazian y desseando proveyr en ello por el amor y voluntat que a esta ciudat tenia,la qual siempre ha estado affectada $/ 3 /$ a su servicio y por obrasl'ademostrado y ser cabeca y principal en aqueste reyno,el era venido cuytado y aprissa segunt dello tenia sentimiento por mirar en el bien della y provehir lo que cumpliera para'l gobierno y buen regimiento della y que este en total paz, tranquilidad y reposo.E ass por tal que el pueda en ello bien proveyr sin empacho ni intervallo alguno,les demando que por servicio suyo y por el bien dellos mesmos,la ciudat le fiziesse submission e dasse poder en la forma y manera contenida en una cedula que su alteza ali dio_en escripto,y aunque esto la ciudad ya lo havia fecho al sennor rey don Ferrando su aguelo y a otros reyes antepassados y no les demandava cosa nueba,el se los tendria a muy senalado servicio.Et recebida la dicha escriptura del dicho sefior rey por el dicho micer Alfonso de la Cavalleria,jurado primero,por todo el dicho capitol e consello entre otras cosas en effecto fue respuesto a su alteza que sabia Dios el plazer,alegria y consolacion que tenian de la venida de su real magestat en esta ciudat y tenian a mucha gracia y merce a su excellencia de la memoria.que desta ciudat tenia,e assi que ellos fablarian e comonicarian entre ellos sobre lo que su alteza les demandava y leyrian lo que en escripto les havia dado e demandava y de lo que deliberarian ellos bolverian la respuesta·a su real magestat.E por su alteza les fue dicho,entre otras palabras en effecto contenientes, que porque esto era cosa que cumplia mucho al servicio suyo y al bien dellos mesmos y desta ciudat,sobre lo qual mas principalmente el era venido,que ellos $/ 3 \%$ lo mirassen bien y deliberassen luego sin sallir de alli et le volviessen la respuesta luego,la qual el esperaria alli de fuera.E assi su alteza se salio de fuera a la sala de las ditas Casas del Puent.Et sallido quedaron los ditos jurados e conselleros a capitol y consello congregados. En el qual capitol e consello,por mandamiento de los ditos jurados, fue por mi, Jayme Frances notario,ali publicamente leyda la cedula que su alteza les havia dado en escripto del poder que demandava.Et aquella leyda,por el dicho micer Alfonso de la Cavalieria,jurado primero,fue dicho e puesto en caso que ya havian oydo lo contenido en la dita cedula et lo que la magestat del senyor rey demadava a la ciudat,assi que viessen e deliberassen sobr'ello lo que les parecia se devia fazer.Et votado que huvieron algunos consejeros, EL PATRICIADO URBANO DE ZARAGOZA atendido que havia alguna diversidat entre ellos et querian mirar algunas escripturas et bien mirar et deliberar sobre'l dicho negocio,y la respuesta no se dava ass pronta segunt devian y parescia ser cargoso que su alteza huviesse de estar alli esperando tanto,fue deliberado salliessen el jurado en cap (et) uno o dos consellros a supplicar a su alteza no quisiesse tomar tanto trebajo de estar ali esperando la respuesta ni enojarse porque luego no ge la davan por las razones suso dichas,y que el se podia yr que ellos ante de sallir de ay deliberarian la respuesta y ge la bolverian alla donde su senoria fuesse. E assi el dicho micer Alfonso de la Cavallria,jurado primero,don Pedro de Castellon et don Pedro Torrellas,conselleros,sallieron de fuera en la sala $\vert 4 \vert$ donde la magestad del sefior rey estava y de partes de la ciudat et del dicho capitol e consello fizieron la sobredicha supplicacion a su alteza.Et por su real magestat en effecto,entre otras palabras,les fue respuesto que el no se enojava ni se enojaria en esperar la respuesta,que en plazer lo tomava de estar alli,e assi que ellos deliberassen a su plazer,que el deliberado tenia de no partir de alli fasta haver la respuesta dellos y que no se enoxaria porque tardassen en la respuesta.Et tormados los sobreditos al capitol y consello et fecha relacion de lo sobredito,fue por los ditos conselleros votado acerca los sobredito, et vistas algunas escripturas antiguas et aun ruminado el dicho negocio,et paresciendo que el poder e submission que su alteza demandava era mucho extenso et que se devia limitar en alguna manera,en conclusion fue por todos concordado et deliberado que la dicha submission e poder se fiziesse a su real magestat en la forma y manera alli concordada,et es del tenor siguient: Attendientes y considerantes el regimiento desta ciudat ser deffectuoso y haver menester reformacion y reparacion,assi en lo que concierne la creacion de los officiales como en lo que toca a las ordinaciones de aquella y a la buena administracion de la justicia por quietar y reposar la dicha ciudat y ponerla en justicia y en estado pacifico y tranquillo,de manera que seyendo el dicho regimiento bien y complidamente ordenado las regalias y preheminencias reales sean guardadas y deffendidas yla dicha ciudat sea bien y devidamente regida,el dicho concejo,todo concorde,quiere,consiente $I 4 ^ { \circ } /$ y le plaze y da su expresso consentimiento para que el muy alto y muy poderoso principe,rey e sefior el rey don Ferrahdo, nuestro senyor gloriosamente reynante y triunfante, pueda en una o en muchas vezes y dondequiera que se fallara,dentro del reyno de Aragon o fuera del,poner y ordenar en e cerca la creacion,extraction o eletion de los officiales de la dicha ciudat y fazer ordinaciones concernientes al dicho regimiento,las fechas en todo o en parte revocando,mudando,anadiendo,interpretando o declarando y otras de nuevo faziendo.Y assi mesmo estatuyr y ordenar acerca la administracion de la justicia y por el reposo y pacifico estado de la dicha ciudat todo lo que a su alteza sera visto expedir e complir a la buena governacion de la dicha ciudat; assi y en tal manera que todo lo que por su alteza sera estatuydo,reparado y ordenado sea de tanto effecto como si por su excellentissima senyoria y por la dicha ciudad fuesse fecho,estatuydo y ordenado,no obstantes qualesquiere fueros,usos e costumbres del dicho reyno,dando e attribuyendo a su real magestad en e cerca las cosas suso dichas,incidentes y dependientes de aquellas y de cada una dellas,todo aquel poder y facultat que el dicho concejo por si e juntamente con su alteza tiene y le pertenece; y agora por la hora e viceversa el dicho concejo concorde,como dicho es,loha y accepta y promete tener y guardar complidamente todo lo que por su magestad en virtud del presente consentimiento sera estatuydo,fecho y ordenado,no obstantes qualesquiere privilegios,estatutos,actos,usos e costumbres de la dicha ciudat, $/ 5 /$ aunque sean jurados assi por su alteza como por la dicha ciudat.Protiestan empero que salvos remangan el patrimonio de la ciudat e los privilegios e gracias a la dicha ciudat atorgadas aliasque per ditas ordinaciones,los quales por lo sobredicho no entienden en alguna manera renunciar.Et que el dicho senor rey haya a provehir cerca las cosas desus ditas,segun dicho es,durant tiempo de tres anyos,del dia de oy adelant continuament contaderos,los quales passados la dicha submission sea extincta et·no dure mas. Et fecho lo sobredito,por el dicho capitol y consello fue deliberado que el jurado en cap con algunos consejeros salliessen a su alteza a notificarle,como eran concordes, que si mandava salliessen a darle respuesta.E assi sallidos et notificado lo sobredicho a su real magestat,el dicho sefior rey a solas con el dito jurado en cap e conselleros se vino al retret donde el capitol y consello estava plegado e ajustado e alli el dicho micer Alfonso de la Cavalleria,jurado primero,por todo el dicho capitol e consello dio la respuesta a su alteza,notificandole la sobredita deliberacion que havian fecho,et aun le dixo muchas cosas en recomendacion de la ciudat y de los ciudadanos della con supplicaciones por aquella e aquellos.Et el dicho senyor rey,con muy grande humanidat,entre otras cosas dixo al dicho capitol y consejo que el les tenia en muy sefalado servicio su buena deliberacion e respuesta y que miraria tan bien en ello que serian contentos.Y dello todos le besaron las manos a su alteza.Et de continent el dicho sefior rey,para dar cumplimiento en lo sobredito,mando $/ 5 \%$ llamar el concello de la ciudat con trompas en la forma acostumbrada para cras domingo por la mafiana. Eadem die tarde,Joan Castan de Lacambra et Martin de Vera,andadores, fizieron relacion a mi, Jayme Frances notario,(que) ellos de mandamiento de los senyores jurados havian clamado capitol e consello para cras domingo de mafana,quales diversas vegadas clamados en sus casas,quales no eran en la ciudat,e aqui lo notificaron en la manera siguient: Joan Castan de Lacambra: don Gaspar d'Arino, don Pedro de Castellon,don Joan de Fatas,don Pedro Torrellas menor, don Joan Lopez d‘Alberuela,don Joan de Lobera,don Bertholomeu Roqua,don Franci Borons,don Francisco d'Alceruch,cara a cara. Item fue a casa de don Joan de Moros: no es en ciudat.Item fue a casa de don Joan Bellido:no es en ciudat.Item fue a casa de don Ferrando Montesa: no es en ciudat.Item don Joan Quer,consellero,es muerto.Item fue a casa de don Franci Durant: no es en ciudat. Item fue a casa de don Pedro Aragones: no es en ciudat. Item fue a casa de don Pedro La Muela: no es en ciudat. Martin de Vera: don Pedro Torrellas mayor,micer Paulo Lopez,don Ferrando de la Cavalleria, don Jayme Sanchez, don Guallart de Villanova,don Pero Perez d Escanilla, don Pedro de Casafranqua,don Pedro Lezina,don Joan de Boneta,don Ferrando Carrion,don Thomas Amich,cara a cara.Item fue a casa de don Jayme Sanchez de Calatayud:no es en ciudat.Item, fue a casa de don Joan de Anchias: diversas (vegadas lo dixo) a su muger.Item fue a casa de don Francisco Ferrer: diversas (vegadas lo dixo) a su muger $/ 6 /$ .Item fue a casa de don Pedro Dominguez: no es en ciudat. Et despues de lo sobredito,domingo a onze dias del mes de noviembre del dito ano mil quatrocientos ochenta y siete,de mafiana,dentro las ditas Casas del Puent dela predita ciudad,ya quedada de tocar la campana de tercia en La Seu de la dita ciudat, fue feyta relacion por mi, Jayme Frances notario, del sobredito clamamiento de capitol y consello.En el qual intervinieron los juradcs e conselleros siguientes:micer Alfonso de la Cavalleria,don Joan d'Exea,don Gaspar Oriola,micer Bertholomeu del Molino,micer Galceran Ferrer,JURADOS;don Pedro Torrellas mayor,don Pedro de Castellón, micer Paulo Lopez, don Joan de Fatas, don Pedro Torrellas menor,don Pero. Perez d'Escanilla,don Franci Borons,don Bertholomeu Roqua,don Jayme Sanchez notario,don Francisco d‘Alceruch don Ferrando de la Cavalleria, don Joan d'Anchias,don Pedro La Muela,don Joan de Boneta,don Pedro de Casafranqua,don Francisco Ferrer,don Thomas Amich,don Pedro Lezina, don Ferrando Carrion,CONSELLEROS. Et formado que fue el dicho capitol y consello,fueron dados a dezisiete de los ditos conselleros sendos sueldos,dizesiete sueldos,iuxta el estatuto de ciudat. En el qual capitol y consello por el dito micer Alfonso de la Cavalleria, jurado primero,fue dicho e puesto en caso que,como sabian,por mandamiento del sefior rey era estado clamado el concello paral dia et hora presente,para en aquel la submission que por el capitol y consello fue deliberado ayer se fiziesse a su alteza,et las personas clamadas a concello estavan de la parte de fuera $/ 6 \%$ e assi que viessen et deliberassen si sallirian a tener el dito concelio,para que estuviesse aquel presto para quando la magestat del sefior rey viniesse,que havia deliberado venir a fallarse en aquel.Por el dicho capitol y consello fue deliberado y concluydo que salliessen de fuera al dito concello y estuviessen ali prestos para quando su alteza viniesse,et que en el dito concello et por aquel se fiziesse a su alteza la submission ya deliberada. Et de continent fueron ubiertas las puertas de la retreta do el dicho capitol e consello se tenia et salieron los ditos jurados e conselleros a la sala de medio en do estavan ajustadas las personas clamadas a concello.Et alli estando todos ajuntados vino la magestat del senor rey don Ferrando bienaventuradament regnant a las ditas Casas del Puent et se assento en su silla real, que estava encima un tavlado e assiento de altaria de tres graones para subir en el, para ello fecho en la dita sala.Et estando assi assentada su alteza fue fecha relacion por mi, Jayme Frances notario et escrivano de los ditos jurados,del clamamiento del dito concello,el qual era clamado por mandamiento de su real magestad por Jayme Monclus,corredor publico de la dita ciudat,para el dia et hora present, con sonamiento de trompas mediantes Pedro Ripalda y Alvaro dOlivares,tromperos,porlas placas e lugares acostumbrados de la dita ciudat, segunt que del dito clamamiento el dito corredor me havia fecho relacion.En el qual concello fueron presentes e intervinieron las personas clamadas a concello siguientes: $/ 7 , 7 , 8 /$ (figura una lista de 192 personas) ciudadanos y vecinos de la dita ciudat,et de si todo el concello e universidat de la dita ciudat, concellantes et concello fazientes. En el qual concello por el dito micer Alfonso de la Cavalleria,jurado en cap,fue dicho e proposado (que) por mandamiento de su alteza era estado clamado el concello,et estava alli congregado e ajustado para fazer la submission a su real magestat que por los jurados,capitol y consello era estada deliberada se fiziese,la qual estava puesta en escripto et las seria leyda para fazer aquella,que si alguno queria sobrello dezir alguna cosa lo dizesse. Por todos fue deliberado que la dita submission fazedera se leyesse.Et de continent por mandamiento de su real magestat fue por mi, Jayme Frances notario et escrivano de los ditos jurados,leyda publicament en el dito concello la dita submission,et es del tenor siguient: $/ 8 ^ { 6 } /$ Attendientes y considerantes el regimiento desta ciudat ser defectuoso y haver menester reformacion y reparacion ass, en los que concerne-la creacion de los officiales como en lo que toca a las ordinaciones de aquella y a la buena administracion de la justicia por quietar y reposar la dita ciudat y ponerla en justicia y en estado pacifico y tranquillo,de manera que seyendo el dito regimiento bien y complidamente ordenado las regalias o preminencias reales sean guardadas y defendidas y la dicha ciudat sea bien y devidamente regida, el dicho concejo,todo concorde,quiere,consiente y le plaze y da su expresso consentimiento para que el muy alto e muy poderoso principe,rey y senior el rey don Ferrando, nuestro senyor gloriosamente reynante y triunfante, pueda en una o en muchas vezes y dondequiera que se fallara,dentro del reyno de Aragon o fuera del, proveher y ordenar en e cerca la creacion e extraction o election de los officiales de la dicha ciudat y fazer ordinaciones concernientes el dicho regimiento,las fechas en todo o en parte revocando,mudando,afiadiendo, interpretando o declarando y otras de nuevo faciendo.Y assi mesmo statuyr y ordenar acerca la administracion de la justicia y por el reposo y pacifico estado de la dicha ciudat todo lo que a su alteza sera visto expedir e complir a la buena governacion de la dicha ciudat; asi y en tal manera que todo lo que por su alteza sera estatuydo,reparado y ordenado sera de tanto effecto como si por su excellentissima $/ 9 /$ seforiay por la dicha ciudad fuesse fecho,estatuydo y ordenado, non obstantes qualesquiere fueros,unos e costumbres del dicho reyno,dando et attribuyendo a su real magestad en et cerca las cosas suso dichas,incidientes y dependientes de aquellas y de cada una dellas, todo aquel poder e facultad que el dicho concejo por si e juntamente con su alteza tiene y le pertenece;y agora por la hora et viceversa el dicho concejo concorde,como dicho es,loa y accepta y promete tener y guardar cumplidament todo lo que por su magestat en virtud del presente consentimiento sera estatuydo, fecho y ordenado,no obstantes qualesquiere privilegios,estatutos,actos,usos é costumbres de la dicha ciudat,aunque sean jurados assi por su alteza como por la dita ciudat.Protiestan empero que salvos romangan el patrimonio de la ciudat e los privilegios e gracias a la dita ciudat atorgados aliasque per ditas ordinaciones,los quales por lo sobredito no entienden en alguna manera renunciar.Et que el dicho senyor rey haya a provehir cerca las cosas desus ditas,segun dicho es,durant tiempo de tres anos,del dia de oy adelant continuament contaderos,los quales passados la dita submission sea extinta e no dure mas. Et leyda la dita submission,por todo el dito concello general concordablement fue deliberado et concluydo que la dita submission se devia fazer et atorgar,como de fecho todos concordes fizieron et atorgaron aquella,en la forma e manera de suso escripta et continuada.Testes: don Pedro d'Alfajarin mayor et Lorenco Loriz,notarios,cives Cesarauguste.. Et fecha la dicha submission,por el dicho sefior rey entre otras palabras $\cdot / 9 ^ { \bullet } /$ en effecto fue dicho que el les tenia mucho en servicio el acto e submission que le havian fecho y que el tenia grande amor y voluntad a esta ciudat por sus merecimientos y leales servicios y havia mucho de mirar por ella y por la honor,prerrogativas e buen regimiento de aquella y por los ciudadanos della et que mucho mejor agora lo faria, segunt por las obras lo veran.Et los ditos jurados, por toda la ciudat,lo tuvieron et recibieron en singular gracia y merce y por ello besaron las manos a su magestat. $\ S i g \ +$ no de mi,Martin Espanol, notario publico del numero y secretario principal de la ciudad de Caragoca,que los preinsertos actos y deliveraciones testificados por el quondam Jayme Frances,notario publico y escrivano de la mesma ciudad reconditos en su archiu continuados en el registro de los actos comunes della de mano agena saque y con el fielmente los comprobe,en testimonio de verdad con este mi acostumbrado signo lo signe.SIGNO. II 1487, noviembre,11 1490,mayo,20. ZARAGOZA. En correspondencia al poder otorgado a Fernando II por la ciudad de Zaragoza,el monarca se compromete a elegir a los oficiales municipales dentro del estamento de ciudadanos,excluyendo a nobles,caballeros y eclesiasticos. Como consecuencia de la prorroga del poder,concedida al rey por la ciudad el 20 de abril de l490,el soberano confirma y amplia esta provision por el plazo de dos anos. El primer documento incluido en la confirmacion.A.M.Z.R-149. Nos,don Ferrando,por la gracia de Dios rey de Castilla,de Aragón,de Leon,de Sicilia,de Toledo,de Valencia,de Galizia,de Mallorquas,de Sevilla, de Cerdenia,de Cordova,de Corcega,de Murcia,de Jahen,del Algarbe,del Algezira,de Gibraltar,conde de Barchinona,sefior de Vizcaya y de Molina, duque de Athenas y de Neopatria, conde de Rossellon y de Cerdanya, marques de Oristany y conde de Gociano. Fue en dicas passados otorgada por Nos al capitol, consejo y concejo de la ciudad de Caragoca una nuestra provision,por los respectos y consideraciones en aquella contenidos,que es del tenor siguiente: Nos,don Ferrando,por la gracia de Dios rey de Castilla,de Aragon, de Leon,de Sicilia,etc.Considerado que la ciudad de Caragoca en todo tiempo es stada regida por ciudadanos y no por cavalleros ni fijosdealgo ni de otra condicion alguna,y que el concejo de la dicha ciudad fue siempre fecho y formado por ciudadanos totalmente,en el qual nunca intervinieron cavalleros ni fidalgos ni hombres de otras condiciones,y la dicha condicion de ciudadanos siempre fue y es stada fidelissima,devota y muy affectada a todos los reyes passados y a Nos,de la qual assi en el regimiento de la dicha ciudad como de sus proprias personas ycosas fue de senyalados y grandes servicios,el rey nuestro padre de inmortal memoria servido y Nos assimismo en todo lo que nos ha cumplido.Y agora nuevamente poniendo mas por obra el amor y afficion que a nuestro servicio tienen,los ciudadanos de la dicha ciudad,por capitol y consejo y concejo,sueltamente han puesto en nuestro poder la provission y ordinacion del dicho regimiento,segund que largamente consta por el acto que por razon del dicho consentimiento ha sido otorgado,que fecho fue en la dicha ciudad de Caragoca,dia;mes y anyo infrascritos,testificado por Jayme Frances,notario de la dicha ciudad,en lo qual han demostrado tener de Nos singular y grande confianza,por la qual es razon por Nos miremos en lo que hovieremos de fazer como rey y sennor, por nuestro poderio real y en virtud del dicho consentimiento,en el bien y honor de la dicha ciudad y de los dichos ciudadanos que de Nos han confiado asi absolutamente.Y porque al tiempo del dicho consentimiento,tratandose de aquella, nos fue por los dichos ciudadanos suplicado que en el regimiento de la dicha ciudad no admetiessemos cavalleros ni fidalgos, sino solamente ciudadanos y de la contribucion de aquellos.E attendido la dicha costumbre passada y los dichos servicios,amor y affeccion que a nuestro servicio han tenido en el atorgamiento del dicho consentimiento; e attendido que al tiempo que la dicha suplicacion nos fizieron les dimos nuestra fe y palabra real que no admeteriamos cavalleros ni fidalgos ni otros de otra condicion al dicho regimiento,sino ciudadanos y de su contribucion,sobre lo qual les prometimos dar una scritura por Nos firmada.Por ende, por tenor de las presentes,prometemos en nuestra buena fe y palabra real al capitol y consejo y concejo de la dicha ciudad que en virtud del dicho consentimiento, ni por nuestro poder real como rey y sefor, no admetremos ni proveyremos,ordenaremos ni mandaremos sean admetidos ni acoxidos cavalleros o fidalgos ni de otra condicion alguna al dicho regimiento, sino tan solamente ciudadanos y de la contribucion de aquellos.Por mayor firmeza de lo qual queremos el dicho consentimiento ser entendido haver sido fecho por la dicha ciudad con esta qualidad y condicion,assi como si en el expressamente y de palabra a palabra fuesse puesto,En testimonio de lo qual havemos mandado fazer la presente con nuestro sello secreto al dorso sellada. Dada en la nuestra ciudad de Caragoca a onze de noviembre,anyo del nascimiento de Nuestro Senor de mil CCCC ochenta y siete. Yo el rey. E como en estos mas cerca passados dias haya sido por los jurados,capitol,consejo y concejo de la dicha ciudad,con su acostumbrada attencion y voluntad que tienen al servicio nuestro, prorrogado e o de nuevo otorgado el consentimiento o submission sobredicha por tiempo de dos annos contaderos del dia que fenecera el tiempo de la submission o consentimiento en la preinserta nuestra provision mencionado y mencionada,poniendo sueltamente en nuestro poder la provision y ordinacion del dicho regimiento por el sobredicho tiempo de dos annos contaderos ut supra, segund que mas largamente consta y parece por el acto que de lo sobredicho ha sido fecho e otorgado por los sobredichos jurados,capitol, consejo y concejo de la dicha ciudad,al qual nos refferimos. E porque nuestra voluntad es que lo que entonces les fue por Nos prometido y otorgado en virtud de la dicha e preinserta provision nuestra se entienda serles assi bien prometido y otorgado por el sobredicho tiempo de los dos annos de la sobredicha prorrogacion o nuevo consentimiento,por ende,movidos por los mismos respectos en la misma preinserta provission contenidos,con tenor de las presentes,de nuestra cierta sciencia y expressamente prometemos en nuestra buena fe y palabra real al capitol, consejo y concejo de la dicha ciudad de Caragoca que,en virtud de la dicha prorrogacion o consentimiento ni por nuestro poder real como rey y sennor,no admeteremos ni proveyremos,ordenaremos ni mandaremos sean admetidos ni acoxidos cavalleros o fidalgos ni de otra condicion alguna al dicho regimiento, sino tan solamente ciudadanos y de la contribucion de aquellos.Por mayor firmeza de lo qual queremos la sobredicha prorrogacion o consentimiento ser entendido haver sido fecho e fecha por la dicha ciudad con esta_qualidad y condicion assi como si en el expressamente y de palabra a palabra fuesse puesto.En testimonio de lo qual havemos mandado fazer la presente con nuestro sello secreto en el dorso sellada.Datum en Alcala la Real,a XX dias del mes de mayo,en el anno del nascimiento de Nuestro Sefior mil CCCC y noventa. Yo el rey. Dius rex mandamentum, Joanni de Coloma. EL PATRICIADO URBANO DE ZARAGOZA Ⅲ 1490,abril, 19 y 20. ZARAGOZA. En sesion de capitulo y consejo,oido el consejo de ciudadanos,y posteriormente en concejo,se prorroga por dos anos el poder y sumision para nombrar oficiales de la ciudad y reformar las ordenanzas otorgado a Fernando $\pmb { I I }$ en el ano 1487. A.M.Z. Actos Comunes de 1490,fols. 55-60c $/ 5 5 /$ Die lune XVIII mensis aprilis anno quo supra (1490),in dictis Domibus Pontis.Eadem die,hora vesporum,ya quedada de tocar la $/ 5 5 ^ { \circ } /$ campana de viespras en la Seu de la dita ciudat,fue feyta relacion por mi, Jayme Frances notario,del sobredito clamamiento de capitol y consello.En el qual intervinieron et fueron presentes los jurados y conselleros siguientes: don Pedro Torrellas,don Luys d'Alberuela,micer Lorenco Molon,don Albert de Oriola,JURADOS;micer Pedro de la Cavalleria,don Ramon Cerdan,don Francisco Palomar,micer Miguel Molon,don Joan Lopez d'Alberuela,don Jayme de la Cavalleria,don Frances de la Cavalleria,don Pero Perez de Scanilla,micer Galceran Ferrer,don Joan de Leres,don Francisco d'Alceruch, don Domingo de Cuerla,micer Tristan de la Porta,micer Pascual Aguda,don Franci Borons,don Martin de Moros,don Joan de Guesca,don Joan Navarro, don Martin de Moncon,don Pedro Cardiel,don Francisco Valles,don Garcia Marques,don Joan de Lacor,don Joan Cardiel, don Martin de la Serrana,don Miguel de Salinas,don Domingo d'Enyego,don Miguel d'Alos,CONSELLEROS. En el qual capitol y consello entraron a consello de ciudadanos,clamado por mandamiento de los dichos senyores jurados,los ciudadanos siguientes: don Pedro de Castellon,don Joan de Moros,don Joan d'Exea,don Martin Torrellas,don Miguel Cerdan,don Jheronimo de Mur,micer Goncalbo de Santa Maria,micer Bertholomeu Albacar,don Joan de Fatas,don Joan Marquo,don Joan d'Aguas mayor, don Ramon de Mur,don Jayme Sanchez,don Gil de Gracia, $/ 5 6 /$ don Alfonso Frances,don Pedro Lalueca,don Joan Lopez del Frago,don Martin Moya mayor,don Miguel Claret,don Jayme Malo,don Joan Pontet,micer Jayme Arenes,don Pedro d'Alfajarin menor,don Alfonso Martinez, don Ximeno Gil, CIUDADANOS. Et stando ass plegados e avistados los dichos jurados,conselleros e ciudadanos,vino alli el muy illustre e reverendissimo sefor don Alonso de Aragon, administrador perpetuo del arcobispado de Caragoca,lugarteniente general e fijo del rey nuestro sefior en el regno de Aragon,con el reverendo don Guillen Ramon de Moncada,obispo de Vich.El qual,entre otras cosas,en effecto dixo que el rey su senyor le havia scripto una carta con el obispo de Vich,por la que le mandava el hubiesse de venir alli a la ciudat y de partes suyas darles una carta que les.scribia acerca el poder e submission que desta ciudat tenia, y. que les rogasse y encargasse mucho huviessen de porrogar el tiempo de la dicha submission por tiempo de dos anyos mas avant, visto que dentro el tiempo que havia tuvido la submission e poder no havia podido venir personalment en esta ciudat e regno por la ocupacion de aquella sancta conquista del regno de Granada,y ahun durante el tiempo de la dicha submission por la dicha conquista y otras occupaciones de embaxadas de Portogal y de Francia y de otros arduos negocios que el tenia y speraba el no podia venir personalmente en esta ciudat para redrecar el regimiento desta ciudat porque era cierto el tenia muy grant gana de lo redrecar y meter en execucion,y ahunque su alteza tenia el poder para poderlo fazer alla donde estava le parecia se faria mucho mejor fallandose presente en esta ciudat,por lo qual les demandava la dicha porrogacion de dos anyos,dentro el qual tiempo tenrria disposicion para poder venir personalmente en esta ciudat a reglar y ordenat el regimiento della, segunt mas por extensso por la carta que su alteza les scribia verian,y ahun por el dicho obispo de Vich,que de su alteza venia, les seria refferido por la crehenca que del rey su senyor sobrello tenia,e assi que el les rogaba y encargaba mucho lo quisiessen assi fazer por lo que cumplia al servicio $/ 5 6 ^ { * } /$ del senyor rey y al bien de la ciudat,y allende el servicio muy accepto que a su alteza en ello farian por fazerlo por intercession suya lo tenrria mucho en memoria y les quedaria dello en mucha obligacion.El dicho obispo de Vich dixo algunas cosas y en effecto se refirio a lo que era seydo dicho por su illustre seforia. Et recebida, la dicha carta_con aquella humil y subjecta reverencia que se pertenece,por el dicho don Pedro Torrellas, jurado,fue dicho e respuesto en effecto, entre otras palabras, a su illustre senoria que besavan las manos a su real magestat de la memoria que desta ciudat tenia y del amor y voluntat que demostrava en querer mirar por ella y en el regimiento della,e assi que el capitol y consello e consello de ciudadanos que ali stavan congregados havian huydo lo proposado por su illustre seforia,e ass sobrello,leyda la carta del sefior rey,farian su deliberacion et le volverian la respuesta. Et de continent el dicho ilustre sefior arcobispo y el dicho obispo de Vich se fueron de las dichas Casas del Puent.Et sallidos que fueron fue mandada leher la carta del sefior rey,la qual de continent fue por mi, Jayme Frances notario,leyda,et es del tenor siguient: “A los magnificos,amados y fieles noestros los jurados,capitol,consello "y concello de Ia ciudat de Caragoca. "El rey “Magnificos,amados e fieles nostros: por la grande affeccion que a essa “noestra ciudat tenemos por su entera fidelidat y por los grandes servicios que “noestros progenitores y Nos della siempre recibieron y recebimos,tenemos “mucha voluntat en arreglar y ordenar el regimiento de la dicha ciudat a ser“vicio de Dios y noestro bien e honor della,lo qual pusieramos en obra si “personalmente,despues aqua que nos fue fecha la summission,Nos pudie“ramos haver conferido a ella porque como quiera que lo podemos fazer fuera “de la dicha ciudat y dondequiera que stovieramos, pero porque entendemos “que mejor e mas complidamente lo faremos en essa dicha ciudat residiendo, “por haver, sentir y saber el parecer de los ciudadanos habitantes en ella,con “los quales nos plaze $/ 5 7 /$ praticar e comunicar del dicho regimiento, que“riamos tener tiempo con el qual hoviessemos facultat de podermos llegar a “essa ciudat por fazer en ella el dicho regimiento como dicho es,y porque “fast'aqui por todo el tiempo de Ia dicha summission, occupados acerca la “conquista del reyno de Granada,no havemos podido absentarmos destos “reynos de Castilla,y ahun agora tenemos, a causa de la venida de los em“baxadores de Portogal e de los embaxadores que de Francia vienen,tantas y “tan grandes occupaciones que no creemos por este afo poder yr a essa “ciudat ahunque si lo podremos fazer sin duda no lo dilataremos,y como “sabeys la dicha summission es por el anyo en que stamos,conviene y es no"torio o que Nos aqui fagamos y ordenemos el dicho regimiento o que se “porruegue la dicha summission por tiempo de dos anyos a fin que assi “como lo tenemos en proposito podamos yr a essa ciudat y fazer y ordenar “en ella el dicho regimiento, havida pratica e comunicacion con los ciuda“danos de la dicha ciudat, por donde vos rogamos y encargamos que por “capitol e consejo e concejo fagays la dicha porrogacion por el dicho tiempo, “porque el dicho regimiento podamos fazer en la dicha ciudat e no hayamos “de fazerlo fuera della por deffecto en la dicha porrogacion e no podiendo yr “a la dicha ciudat. Sobre lo qual havemos scrito al arcobispo noestro fijo e “havemos largamente sobre ello fablado al obispo de Vich,darles eys entera “fe y creencia en todo lo que de nostra parte vos dixeren como a noestra per"sona. “Dada en Sevilla a XXII de marco,anyo de mil CCCCLXXXX. Yo el "Rey.Coloma secretario.” Et leyda la dicha letra,por el dicho don Pedro Torrellas, jurado,fue dicho e proposado que ya havian huydo lo que contenia la carta del sefor rey y lo que el illustrissimo sefior arcobispo havia dicho e proposado,que viessen et les consellassen acerqua lo sobredicho lo que les parecia se devia fazer.Por los dichos ciudadanos fue deliberado e aconsejado que por las cosas contenidas en la carta del sefior rey y por Io dicho e proposado por el dicho illustrissimo sefior arcobispo,la dicha submission e poder se devia porrogar por el dicho tiempo de dos anyos mas avant y desto devia ser servido el senor rey,y el illustrissimo seiior arcobispo que era' intercessor dello complazido,para lo qual fazer deliberaron se clamasse el concello para cras manyana en la forma acostumbrada;don Joan Marquo,ciudadano,dixo que en lo sobredicho stava dubdoso y que queria pensar en ello. $/ 5 7 ^ { \circ } /$ Et consellado que huiveron los dichos ciudadanos se salleron del dicho capitol y consello.Et sallidos entro en aquel don Gil de Gracia,mayordomo de ciudat,el qual dio a los dichos conselleros vintisiete sueldos,acada uno hun sueldo,iuxta el statuto de ciudat,et fecho lo sobredicho el dicho mayordomo se sallio del dicho capitol y consello. Et salldo, por el dicho don Pedro Torrellas,jurado,fue dicho e puesto en caso que ya havian huydo la carta del senor rey y lo dicho y proposado por el illustrissimo sefior arcobispo y lo que los ciudadanos sobrello havian deliberado,assi que viessen e deliberassen que era lo que les parecia se devia en ello fazer. Por el dicho capitol y consello fue deliberado et concluydo que la porrogacion que se demandava de la submission e poder quel sefor rey tenia de la ciudat se devia fazer por el dicho tiempo de dos.anyos mas en la forma y manera alli scripta et ordenada,y es del tenor siguient: Attendido e considerado que al dicho capitol y consello y concejo ha seydo dada e presentada una letra de la magestad del rey nuestro sefor, la qual es de la part de suso inserta,por el illustrissimo e reverendissimo sefor el sefior don Alfonso d'Aragon,arcobispo de Caragoca, fijo e lugarteniente general de su real magestat en el regno de Aragon,por la qual e por la crehenca por su illustrissima e reverendissima seoria et por el reverendo don Guillen Ramon de Moncada,obispo de Vich,splicada consta e claramente se demuestra su real magestat ser empachada e occupada en negocios muy grandes e arduos e senyaladamente en la gloriosa conquista e victoria del reyno de Granada,la qual por misericordia divina esta en conclusion e acabamiento,por lo qual claramente se demuestra su real excellencia no haver podido venir en este reyno de Aragon ni en la presente ciudat des que le fue dado el poder por la ciudat para reparar et redrecar los officios e buen stamiento e regimiento de aquella,ni menos de present ni durant _el tiempo que su alteza tiene para poderlo fazer comodament a servicio de Dios y suyo e benefficio de la ciudat, e por la dicha razon la voluntat de su alteza es que el dicho poder $/ 5 8 /$ el qual le fue dado por la ciudat,capitol y consello e concello de aquella por tiempo de tres anyos,los quales comenzaron a correr a onze del mes de noviembre, anyo mil quatrocientos ocheta siete,segunt consta por el registro y libros de los actos de la ciudat del dicho anyo,por mi Jayme Frances notario recebido e testificado, por tanto el dicho capitol y consello e concello todos concordes e ninguno dellos no discrepant, por servicio de nuestro sefior Dios y de su real magestat y por contemplacion de la intercession del dicho muy illustrissimo e reverendissimo sefor arcobispo a quien la dicha ciudat mucho dessea servir y complacer,e por las causas e razones en la dicha carta de su real magestat contenidas e todas las otras de suso scriptas e recitadas,e porque a la.dicha ciudat es mucho mas util e provechoso que el reparo de la dicha ciudat se faga en el presente regno e ciudat que no de fuera de aquel,e senyaladamente por quanto por speriencia se ha demostrado que,durant el dicho tiempo del dicho poder a su alteza dado,siempre su real excellencia ha sublimado,acrecentado y exaltado las cosas de la dicha ciudat en gracias y mercedes,privilegios e perrogativas que ad aquella ha fecho e atorgado assi en universo como ahun a los officiales, ciudadanos e singulares personas de aquella,e por tan grant spe. ranca que la dicha ciudat tiene y spera de su clemencia que de aqui adelante assi mesmo lo fara y ahun mejor et mas enteramente,PORRUEGAN el dicho poder al dicho sefor rey et de nuevo se lo dan por tiempo de dos anyos contaderos de la fin del tiempo del susodicho poder,a saber es del onzeno dia del mes de noviembre del anyo present de mil CCCC LXXXX continuamente siguientes, que feneceran el dezeno dia de noviembre de mil CCCC LXXXX dos, en aquella forma e manera e con aquellas protestaciones,salvedades,reservaciones e seguridades en el dicho acto e poder suso calendado expressadas e con qualesquiere otras seguridades por su alteza a la dicha ciudat atorgadas e no sin aquellas ni en otra manera. Para la qual porrogacion fazer en la forma sobredicha,el dicho capitol y consello delibero se clamasse el concello para cras martes por la manyana,en la forma acostumbrada.Et fue porrogado el dicho capitol y consello para la dicha hora, etc. Die martis, XX aprilis anno quo supra, Cesarauguste,in Domibus Pontis, mane. Eadem die,ya quedada de tocar la campana de tercia $/ 5 8 \%$ en la Seu de la dicha ciudat,.fueron plegados e avistados a capitol y consello, porrogado de anoche tarde para la hora present, los jurados e conselleros siguientes: don Pedro Torrellas,don Luys de Alberuela,micer Lorenco Molon,don Albert Oriola,JURADOS;micer Pedro de la Cavalleria,don Ramon Cerdan,don Francisco Palomar,don Jayme de la Cavalleria,micer Miguel Molon,micer Tristan de _la Porta,don Joan Lopez d'Alberuela,don Frances de la Cavalleria,micer Pascual Aguda,don Pero Perez de Scanilla,micer Galceran Ferrer, don Joan de Leres menor,don Francisco d'Alceruch,don Joan Navarro,don Franci Borons,don Domingo de Cuerla,don Domingo d'Enyego,don Miguel de Salinas; don Martin de la Serrana,don Pedro Cardiel,don Joan de Guesca, don Francisco Valles,don Francisco Cavanyas,don Martin de Mongon,don Miguel.d'Alos,don Joan Cardiel,don Joan de Lacor,CONSELLEROS. En el qual capitol y consello por el dicho don Pedro Torrellas, jurado,fue dicho e puesto en caso como por mandamiento del illustrisimo sefior arcobispo,lugarteniente general,y ahun por deliberacion de capitol y consello y consello de ciudadanos,era stado clamado el concello paral dia e hora present, para fazer en aquel la porrogacion del poder e submission que por el capitol y consello e consello de ciudadanos fue deliberada hayer se fiziesse.Et las personas clamadas a concello staban de la parte de fuera, e assi que viessen e deliberassen si salrrian a tener el dicho concello para que stuviesse aquel presto para quando el illustrissimo sefior arcobispo viniesse,que havia deliberado venir et fallarse en aquel. Por el dicho capitol y consello fue deliberado et $/ 5 9 /$ concluydo que sallessen de fuera al dicho concello y stuviessen alli prestos para quando su illustrissima sefioria veniesse,et que en el dicho concello et por aquel se fiziesse la porrogacion de la submission e poder ya deliberada. Et de continent fueron hubiertas las puertas de la retreta do el dicho capitol y consejo se tenia et sallieron los dichos jurados e conselleros a'la sala de medio en do staban aiustadas las personas clamadas a concello.Et alli stando todos ajustados vino el illustrissimo e serenissimo senor don Alonso de Aragon,arcobispo de Caragoca,fijo e lugarteniente general del rey nuestro senor, a las dichas Casas del Puent et se assento en el dicho concello.Et de continent fue fecha relacion por mi, Jayme Frances, notario et scribano de los dichos jurados,del clamamiento del dicho concello,el qual era clamado,por mandamiento des su illustre seforia como lugarteniente general de la magestat del sefior rey y por deliberacion de capitol y consello e consello de ciudadanos, por Anthon de Ribera,corredor publico de la dicha ciudat,para'l dia e hora present,con sonamiento de trompas mediantes Pedro Ripalda et Luys Pascual,tromperos,por los lugares y placas acostumbradas de la dicha ciudat, segunt que del dicho clamamiento el dicho corredor me havia fecho relacion, etc.En el qual concello fueron presentes e intervinieron las personas clamadas a concello siguientes: $/ 5 9 ^ { \bullet } , 6 0 /$ (figura una lista de 185 personas),ciudadanos e vezinos de la dicha ciudat,et de si todo el concello e universsidat de la dicha ciudat,concellantes e concello facientes,etc. En el qual concello,por el dicho don Pedro Torrellas, jurado,fue dicho e proposado como por mandamiento de su illustre seforia como a lugarteniente general del rey nuestro senor y por deliberacion de capitol y consello e consello de ciudadanos era stado clamado el concello,et stava alli congregado e ajustado para fazer la porrogacion de la submission e poder que la ciudat tenia dado e fecha a la magestat del senor rey que por los jurados,capitol y consello a consello de ciudadanos era stada deliberada se fiziesse,la qual estava puesta en stapto et les seria leyda pora fazer aquella,que si alguno queria sobre ello dezir alguna cosa lo dixesse.Por todos fue deliberado que la dicha porrogacion fazedera se liesse.Et de continent,por mandamiento de su illustre seforia, fue por mi, Jayme Frances,notario et scribano de los dichos jurados,leyda publicamente en el dicho concello la dicha porrogacion,et es del tenor siguient: Attendido e considerado que al dicho capitol y consello y concejo ha seydo dada y presentada una letra de la magestat del sefior rey,la qual es de la part de suso inserta,por el illustrissimo e serenissimo sefor el senyor don Alfonso de Aragon,fijo e lugarteniente general de su real magestad en ei regno de Aragon,por la qual e por la crehenca por su illustrissima e reverendissima sefioria et por el reverendo don Guillen Ramon de Moncada,obispo de Vich, splicada consta e claramente se demuestra su real magestad ser empachada en negocios muy grandes e arduos et senyaladamente en la gloriosa conquista e victoria del reyno de Granada,la qual por misericordia divina esta en conclusion e acabamiento,por lo qual claramente se demuestra su real excellencia no haver podido venir en este reyno de Aragon ni en la presente ciudat des que le fue dado el poder por la ciudat para reparar e redrecar los officios e buen stamiento e regimiento de aquella,ni menos de present ni durant el tiempo que su alteza tiene para poderlo fazer comodament a servicio de Dios y suyo e benefficio de la ciudat, $\left. 6 0 ^ { \bullet } \right.$ e por la dicha razon la voluntat de su alteza es que’l dicho poder el qual le fue dado por la ciudat,capitol y consello e concello de aquella por tiempo de tres anyos,los quales comencaron a correr a onze del mes de noviembre anyo mil CCCC LXXX siete,segunt consta por el registro y libros de los actos de la ciudat del dicho anyo,por mi Jayme Frances notario recebido e testificado,por tanto el dicho capitol y consello e concello todos concordes e ninguno dellos no discrepant,por servicio de nuestro senyor Dios y de su real magestat y por contemplacion de la intercession del dicho muy illustrissimo e reverendissimo senyor arcobispo a quien la dicha ciudat mucho dessea servir y complazer,e por las causas e razones en la dicha carta de su real magestat contenidas e todas las otras de suso scriptas e recitadas,e porque a la dicha ciudat es mucho mas util y provechoso que'l reparo de la dicha ciudat se faga en el presente regno e ciudat que no de fuera de aquel, e senyaladamente por quanto por speriencia se a demostrado que,durant el dicho tiempo del dicho poder a su alteza dado,siempre su real excellencia ha sublimado,acrecentado y exaltado las cosas de la dicha ciudat en gracias y mercedes que ad aquella ha fecho y atorgado assi en universo como ahun a los officiales, ciudadanos e singulares personas de aquella, e por la grant speranca que la dicha ciudat tiene y spera de su clemencia que de aqui adelante assi mesmo lo fara y ahun mejor e mas enteramente,PORRUEGAN el dicho poder al dicho sefior rey et de nuevo se lo dan por tiempo de dos anyos contaderos de la fin del tiempo del susodicho poder,a saber es del onzeno dia del mes de noviembre del anyo present de mil CCCC LXXXX continuament siguientes,que feneceran el dezeno dia de noviembre de mil CCCC LXXXX dos, en aquella forma y manera e con aquellas protestaciones, salvedades,reservaciones y seguridades en el dicho acto e poder suso calendado expressadas e con qualesquiere otras seguridades por su alteza a la dicha ciudat atorgadas et no sin aquellas ni en otra manera. Et leyda la sobredicha porrogacion de la dicha submission,por todo el dicho concello general concordablement fue deliberado el concluydo que la dicha porrogacion se devia fazer et atorgar,como de fecho todos concordes fizieron et atorgaron aquella en la forma e manera de suso ecripta et continuada, etc. Testes: Lorenco Loriz,notario publico de Caragoca et Pedro de Licaraco, notario real, habitantes Cesarauguste. MARIA ISABEL FALCON PEREZ. IV 1506,agosto,29. Fernando I,despues de diecisiete anos de injerencia en la nominacion de los cargos municipales de Zaragoza,devuelve a ésta su autonomia,ordenando que la provision de oficios de ciudad se haga por el antiguo sistema insaculatorio.A la vez dicta algunas ordenanzas. A.C.A.Cancilleria,Reg.3657,fols.62-68'- $/ 6 2 / \ \mathrm { N o s }$ ,don Ferrando,etc.En dias passados,porque el regimiento de la nuestra ciudat de Caragossa fue visto star defectuosso e haver menester reformacion yreparacion,nos fue dado poder y facultad por los jurados,officiales, capitol y conseyo de la dita ciudat para que Nos podyessemos ordenar circha la creacion,extracccion o eleccion de los officios de aquella y fazer ordinaciones acercha $/ 6 2 ^ { \circ } /$ el dicho regimiento y las feytas en todo o en parte renovar,mudar,anidir,interpretar e otras de novas fazer e ordenar acercha la administracion de la justicia,segun mas largamente en el acto de la submission que la dicha ciudat nos fizo pareze,el qual fue feyto en las Casas vulgarment dichas de la Puente de la dicha ciudat de Caragossa a XI dias del mes de noembre,anyo del nacimiento de Nuestro Sefior mil quatrocentos otxenta sete,el qual poder nos fue dado por tiempo de tres anyos.E despues visto que Nos, por las muchas y grandes occupaciones que por entonces teniamos,senyaladamente en la conquista del regno de Granada,no haviamos podido entender en el redresso del dicho regimiento,los jurados,capitol y conseyo e otros officiales en la dicha ciudat,arribados los dichos tres anyos,nos dieron de novo poder y facultat para entender e ordenar en el dicho regimiento por tiempo de dos anyos contaderos del fin del tempo del susodicho poder,segons mas largamente parese por el acto que sobre elo se fizo en la dicha ciudat de Caragossa,en las dichas Casas del Puente a XX dias del mes de abril,anyo del nacimiento de Nuestro Sefior mil quatrocentos noventa.Dentro del qual tempo, stando Nos en la dicha ciudat de Caragossa,e avida informacion de los ciudadanos de aquella,ordenamos la creacion de los officiales de la dicha ciudat deverse fazer por nominacion nostra,reputando esser maior y mas saludable a ello que no por eleccion ni por insaculassion,por las causas por Nos largamente deduhidas en los actos y ordinaciaones por Nos,por la dicha causa, fetxos y fetxas en la dicha ciudat de Caragossa $/ 6 3 /$ a XXViII dias de desembre en el anyo del nacimento de Nuestro Senyor mil quatrocentos noventa y dos.Y en los dichos dos tempos de la dicha submission y depues della,por tempo de XVII anyos,en cada un anyo an seydo por Nos nombrados los officiales de la dicha ciudat a los officios della,y por speriencia havemos hallado haver seydo regida con maior tranquilidat y reposo,donde las passiones ni los desordenes no han ovido el lugar que haveron ante de la nuestra nominacion en algunos de los tiempos que la dicha ciudat fue regida por eleccion y despues por insaculacion.Por lo qual ovimos por maior nuestra nominacion que no las dichas eleccion ni insaculasion,ca la eleccion facilmente se corrompe y lainsaculacion,al tempo del insacular es difficil y ahun impossible ser apurado y della al saquar mutxas vezes que yerra la suerte.Pero porque la dicha ciudad por vezes multiplicadas,memorandonos sus servicios los quales sin duda an seydos leyales y mutxos, nos ha suplicado insaculassemos las personas que a Nos fuessen vistas ydoneas e sufficientes para los officios de aquella,dissendo que gran parte del anyo en cada un anyo los de aquella cudad se occupavan en los dichos officios sollicitando y procurando ser nombrados en ellos,y que assi como los nombrados quedavan en honra axi los que no eran nombrados se reputavan privados della, por ende por condescer a las suplicaciones tantas y tant continuas que la dicha ciudad nos ha fetxo,pues de mas desto es de Nos merexedora, havemos acordado proveher y disponer del dicho regimiento,segun por tenor de presente nuestro privilegio provehemos y disponemos, por via de insaculassion. $/ 6 3 ^ { \circ } /$ Pero a nuestro beneplacit y despuys de nuestros beneventurados dias,la dicha insaculassion quede perpetuamente a la dicha ciutat axi y segun la tenian ante que nos dessn el dicho poder,y con las ordinaciones seguentes e no sin ellas,segun que mas largamente por las infrascriptas ordinaciones sera por Nos proveydo y ordenado.E attendido que excepto de jurados,almutasaffes y conseyeros de la dicha ciutat de todos los otros oficios de la dicha ciutat havemos fetxa insaculassion e aquella atorgado a la dicha ciudad, segun parese por provision por Nos atorgada,que dada fue (espacio en blanco)1,por tanto a suplicacion de la dicha ciudad,la qual nos ha suplicado les desemos insaculassion de los dichos officios de jurados, almutasaffes y conseyeros de la dicha ciudad, STATUIMOS y ordenamos que en la dicha ciudad haya en cada un anyo, ultra los otros oficios ya insaculados,cinco jurados, un almutacaf y trenta y un conseyeros,los quales en el dia de la vispra de la Concepcion de Nuestra Senyora,que es a sete dias del mes de desembre del anyo primo venidero de cincentos y sete y dende adelande en cada un anyo,se hayan a saquar de las bolsas de las personas de la dicha ciudad (que) por Nos son nombradas para los dichos officios,los nombres de los quales sean puestos en cedulas pequenyas de pergamino e en redolinos de sera e recondidos en una caxa tenente su saraga e laves,segun et en la manera que por las ordinaciones de la serenissima reyna dona Maria nuestra tia,como lugartinente general del serenisimo rey don Alfonso noestro thio,es dispuesto y ordenado,los quales con todas las Ordinaciones fechas por los serenissimos reyes don Ferrmado nuestro agauelo et don Alfonso nuestro tio y por el rey y reina mis senyores que sancta gloria ayan e por Nos, damos a la dicha ciudad y es nuestra voluntat sean gordadas $/ 6 4 /$ y observadas e que por aquellas la dicha ciudad e officiales della sea regida y regidos,sino en quanto son y seran vistas contrariar a las seguentes ordinaciones e incompatibles a ellas e con las reservaciones,qualidades e modificaciones desus e debaxo apostas e contenidas. Item statuimos y ordenamos que los que por Nos de presente son puestos y ensaculados en la bolsa del jurado en cap,segundo y tercero y los que daqui adelante seran puestos y asumidos en aquellas,ipso facto sean puestos e insaculados en la bolsa del mustacaf de la dicha ciudad,e si no fueran insaculados al tempo de la extraccion,ante de saquar de la dicha bolsa par'el dicho officio los que fueron assumidos en las dichas bulssas sean en la ditxa bolsa del mutacaf insaculados,y despues procedan a la dicha extraccion. Item statuimos y ordenamos que los que por Nos son de presente puestos e insaculados a las bolsas de los jurados segundo y tercero y los que daqui adelante seran puestos y assumidos en aquellas,sean insaculados y puestos en la bolsa intitulada de vehedor de carreras de la dicha ciudad,y no otras personas algunas,e ante de proceher a laextraccion del dicho officio sean insaculados en la dicha bolsa los que fueron assumidos en las dichas bulssas como dicho es. Item statuimos y ordenamos que los que por Nos son de presente puestos e insaculados en las bulssas de jurados segundo y quarto y los que daqui adelante seran puestos y assumidos en aquellas,sean puestos y insaculados en la bolsa intitulada de sindicos a tributar de la dicha ciudad,y no otras personas algunas,servando la forma ya dicha ante de fazer la dicha extraccion. Item por bonos respectos utiles y honrosos a la dicha ciutat havemos fecho tres bolsas de conseyeros, intituladas la una bolsa primera,la otra bolsa segunda, la otra bolsa tercera $/ 6 4 ^ { \circ } /$ de conseyeros; statuimos y ordenamos que en la bolsa intitulada primera de conseyeros sian puestas e insaculadas todas las personas que por Nos son de presente puestas e insaculadas e que daqui adelante seran puestas e asumidas en las bolsas de jurado en cap,segundo y tercero,y no otras personas algunas,de la qual bolsa en cada un anyo en el dicho dia ayan de saquar dotze personas las cuales sean conseyeros,por todo l'anyo que saleran,de la dicha ciudad.E en la bolsa intitulada segunda de conseyeros sian puestas e insaculadas todas aquellas personas que por Nos son de presente insaculadas e puestas e que daqui adelante seran puestas e assumidas en las bolsas de jurados quarto e quinto y de mayordombre,y no otras personas algunas,de la qual dicha bolsa en cada un anyo en el dicho dia ayan esser saccadas otras dotze personas las quales seran conseyeros,por todo l'anyo que saleran,de la dicha ciudad.En la bolsa intitulada bolsa tercera de conseyeros sean puestas e insaculadas e que daqui adelante seran puestos e assumidos en la bolsa intitulada bolsa tercera de conseyeros con las bolsas de procurador de ciudad y de pobres y de capdeguaytas y pessadores,y no otras personas algunas,de la qual dicha bolsa en cada un anyo en el dicho dia hayan a ser saquadas sete personas; que son por todos trenta y un conseyeros los quales sian conseyeros, por todo l'anyo que saleran, de Ia dicha ciudad, servada empero siempre la forma ya dicha ante de fazer la dicha extraccion. Item aunque fasta aqui en la dicha ciudad no ase havido sino tres capdeguaytas $\left. 6 5 / \right.$ pero attendido que por speriencia sea sabido que son pochos segun la grandessa de la dicha ciudad,statuimos y ordenamos que haya de haveren cada un anyo en la dicha ciudad quatro capdeguaytas,el qual capdeguayta tenga aquell salario y exercicio que los otros capdeguaytas tenen e an acostumbrado tener segun las ordinaciones de la dicha ciudad,los quales ayan de esser sacados en cada un anyo en el dicho dia de la bolsa intitulada bolsa de capdeguaytas. Item attendido que en la dicha ciudad fasta aqui no ha avido sino tres pessadores d'almutacaf y por speriencia sia fallado que son puechos segun la grandesa de la dicha ciudad,statuimos y ordenamos que haya de haver en cada un anyo en la dicha ciudad quatro pessadores de almutacaf,el qual pessador tenga aquell salario y exercicio que los otros pessadores tenen y han acostumbrado tener segun las ordinaciones de la dicha ciudad,los quales ayan de esser saquados cada un anyo en el dicho dia de la bolsa intitulada bolsa de pessadores de almutacaf. Item porque la ciudad sea maior advocada e conseyada de sus advocados y los pobres sian maior defendidos y ayudados de los advocados de pobres, havemos fetxa una sola bolsa de la qual ordenamos que en cada un anyo,en el dia ya dicho,sean saquados de la dicha bolsa intitulada bolsa de advocados de ciudad y de pobres tres personas,las dos primeras sean advocados de ciudad y la saguera sia advocado de pobres.Y asi mesmo de la dicha $/ 6 5 ^ { \bullet } /$ bolsa intitulada bolsa de procurador de ciudad y de pobres sean sacadas dos personas,la que primero salere sea procurador de ciudad y la otra sea procurador de pobres,con el salario acostumbrado. Item porque la relacion fazedera por los mestres de casas de ciudad en las contenciones que se sdevendran e contesseran sobre lumbres,ventanas,puertas y otras obras sean mas sin sospetxa fetxas,statuimos y ordenamos que al tempo que los dichos mestres iran por mandado de los jurados en las casas que a los dichos jurados pertenesseran ha ver obra alguna para fazer relacion de aquella, sean con ellos un jurado y uno de los sindicos a tributar elegideros por los dichos jurados,para que juntamente vayan a ver la casa sobre que se coantendra y juntamente fagan relacion a los otros jurados de lo que les pareseran;y si seran concordes ayan de determinar los dichos jurados segun su relacion,y si seran discordes ayan destar a la maior parte,y si seran pares en tal caso vayan los otros jurados ha ver la dicha differencia juntamente con los dichos jurados e sindico y sean tenidos determinar la dicha differencia segun a los dichos jurados o a la maior parte dellos sera visto,pero por esto no entendemos dar a los dichos jurados jurisdiccion alguna mas de la que les pertenese ni tampocho es nuestra voluntat quitar a los dichos jurados lo que los pertenesse. Item porque mucho pertenese a la pollicia de la ciudad proveher en la limpiesa del mercado por ser la maior placa y la mas notable de la dicha ciudat,y vender alli los pescados frescos y salados deturpan y ensuzian mutxo el dicho mercado,por tanto statuimos y ordenamos que en parte alguna $1 6 6 /$ de todo lo dicho mercado no se puedan tener tiendas para vender pescas fresquas ni saladas,y si alguno el contrario fazera perda la pesca que tenia para vender en la dicha tenda,la qual sea para lospital de Nuestra Senyora de Gracia, y caygua en pena de cent sueldos dividideros en tres partes: la una a Nos,la otra al comun de la dicha ciudad,la tercera al acusador; pero damos facultat a los que en el dicho mercado tenen tendas O patios para vender las dichas pescas e aquellas puedan tener y vender en qualquiere otra parte de la ciudad que a ellos sia visto, pues sea comun lugar e no de negun singular e sin prejudicio de alguno de la dicha ciudad. Item por que los habitadores de la dicha ciudad sean maior provehidos de las cosas de los mantenimentos que a ellos se trahen,statuimos y ordenamos que revendedor ni recaton alguno no sea gosado comprar de los mentenimentos que a la dicha ciudad y a sus terminos vendran antes de las dos horas depues de mediodia,y quien el contrario fara perda lo que havra comprado,lo qual sea adquirido al Spital,y caygua en pena de cent sueldos dividideros en la forma sobredicha. Item porque es gran razon que los que son insaculados en los officios de la dicha ciudad contribuescan en las sisas que pertenessen a la dicha ciudad y en las otras carregas de aquella,por tanto statuimos y ordenamos que cualquiere que sera insaculado contribuesca en las dichas sisas y carregas,y al que no quisere contribuir si fuera fidalgo sea dessensaculado por los jurados, capitol y conseyo de la dicha ciudad y no sia mas admetido a los officios de aquella y si alguno officio tiniere sea de aquell privado por los dichos jurados, capitol y conseyo,y si fuere ciudadano sea compellido a contribuir $/ 6 6 ^ { \circ } /$ por el salmedina de la dicha ciudat a instancia del procurador de aquella. Item porque tenemos relacion de hun statuto fecho por la dicha ciudat sobre ell derribar de las casas por la policia de aquella que es boeno y lohable, por lo qual por la dicha ciudat havemos sehido supplicado confirmassemos el dicho statuto,por tanto confirmamos, loamos et approbamos el dicho statuto y mandamos el vehedor de carreras que es o por tempo sera,que con toda diligencia recognosca la dicha ciudat,e veha que raffe o raffes abra e segun el dicho statuto se devan derribar,e de llo que fallare faga relacion a los jurados,los quales attendido su relacion sehan tuvidos'recognoscer si abra raff o raffes que se devan dearribar,e si assi lo fallaran de continent fagan derribar los talles raff o raffes a costa del senyor dell o dellos,si ya no fuere que fuesse persona tant pobre que no fuesse bastante para obrar lo que fuesse necessario despuez de ser el raffe derribado, que en tal caso queremos que los jurados,capitol y conseyo le puedan fazer la subvencion que les sera vista iuxta la calidat de su pobreza. Item attendido que por ordinacion del serenissimo rey don Ferrando, aguello noestro de gloriosa memoria, fuehe statuhido e ordenado que las carnes que de la dicha ciudat se venderan fuessen dessolladas en algun lugar conveniente foera de la dicha ciudat e no dentro della,y esto depoes por diversas provisiones noestras e de noestros antecessores a sehido provehido,lo qual en virtut de aquellas y de la dicha ordinacion a sehido executado por los jurados, capitol y conseyo que Nos nombramos por ell any de mil e quinentos,los qualles foera de la dicha ciudat,dalla de la poente,yseron edifficar e construir la casa con todas sus pertinencias porha dessollar las carnes ya dichas y fazer las otras cosas necessarias parell dicho exercicio,donde del dicho anyo fasta oy se an dessollado,de lo qual es cierto a resultado y resulta gran limpiesa, policia y mucha salut de los abitantes en ella,por tanto statuymos y ordenamos que la dicha casa seha conservada y mantenyda $/ 6 7 /$ por la dicha ciudat y los officiales della que son o por tempo seran paral dicho dessolamiento assi y en tal manera que en otra parte no se poedan dessollar las dichas carnes ni fazer las otras cosas al dessolamiento dellas necessarias. Item por que los que levan quitaciones, pensiones o viviendas de personas singulares o de capitoles o collegios o de universidades,quando se tratan en conseio o en capitol y consello e concello algun fecho o negocio tocantes a alguno o algunos de los sobredichos o de alguno dellos no es razon se fallen en conseiar la dita ciudat ni en dar voto en ella,por tanto statuymos y ordenamos que ell que levara pension,quitacion o bivenda de alguno de llos sobredichos,quando se tractara en la dicha ciudat de negocio tochante ad alguno de los suso ya dichos,el que sera del tal apensionado o recibra quitacion o comenda no seha admeso a conseyar ni dar voto en ell dicho negocio ni seha presente quando el dicho negocio se tractara,ahunque foesse jurado o tovesse qualquiere otro officio en la dicha ciudat, pero esto no queremos haya lugar en noestros officiales ahunque de Nos leven pension o quitacion quando se tratara de negocio que a Nos toca. Item porque las bestias que se perden sean mejor falladas, ordenamos que qualquiere persona de qualquiere ley o condicion que seha fallare bestia alguna,seha tenida en cortinent de integrar aquella al mesonero que es o por tiempo sera del meson vulgarment dicho de los Reyes,(e) si aquell fallecia o cessava se l'aia de integrar al mesonero del que por los jurados,capitol o conseio sera nombrado e designado en qual haian de nombrar en deffecto del dicho meson toda hora e quando al dicho meson fallecera,e si el que la tal bestia abra fallado e no la levara ai dicho meson encorrega en pena de cent sueldos al dicho Spital applicaderos. Item porque las peccunias de la ciudat no hobren en los $\big / 6 7 ^ { \circ } \big /$ maiordomos despues que faeran finidos sus officios porque redundaria en gran danyo de la dicha ciudat, por tanto statuymos y ordenamos que todo maiordomo,despues que abra finido su officio,dentro de hun mes seha tenido las pecunnias que restaran en su poder librar al maiordomo que despues dell sera crehado,ell qual seha tenido ponerlas en recepta de la dicha ciudat y el otro que las abra librado en data. E porque havemos ordenado que la estraccion de la dicha insaculacion empiece la vespra de la Concepcion de Noestra Senyora del anyo mil quinentos y sete y no el dia de la viespra de Noestra Senyora mil quinentos y seys al qual anyo de mil quinentos y seis restaria sin devida provision si por Nos fecha no foesse,por tanto reservamos a Nos la crehacion de jurados,almutacaff e conseieros del dicho anyo,la qual se haia de fazer por nominacion noestra e no por straccion de los que los dichos officios seran insaculados, pero por esso no entendemos prohibir la straccion de los otros officios en el dicho anyo de quinentos y seys segun sta ordenado. Item statuimos y ordenamos que las assumpsiones de unos officios a otros comensan a correr del seteno dia del mes de desiembre primero vinente del anyo mil quinenetos y seys,las quales assumpciones y noevas ensaculaciones se haian de fazer en la forma contenida en las ordinaciones de la reyna dona Maria de gloriosa memoria; y quanto al numero de'los conseyeros queremos que serve lo que en ell presente privilegio sta ordenado,es a saber: de la bolsa primera de conseyeros haian de salir dotze conseyeros,de la segunda bolsa haian de sallir dotze conseieros y de la tercera bolsa haian de sallir sete conseyeros. Item statuymos y ordenamos que quallesquiere que haian tenido officios $1 6 8 /$ e daqui adelante tendran por nominacion noestra e los que han sehido e seran estractos por redolines a qualquiera officio de la dicha ciudat,haian de vaccar e tenguan vaccacion iuxta las ordinaciones fechas por la dicha senyora reyna dona Maria. E por quanto las cosas humanas son mudables e variables segun la diversitat de los tempos por lo qual poria esser necesari,segun las cosas acaesseran O podran acaesser,usar del dicho e infrascripto beneplacito por tanto queremos y otorgamos el presente privilegio e todas las dichas ordinaciones e cada huna de aquellas e todas e cada hunas cosas en aquell e aquellas contenidas a noestro beneplacit durante noestros beneventurados dias y despuys de noestros beneventurados dias perpetualmente a la dicha ciudad. Axi a la ilustrisima e serenissima dona Joana,reyna de Castilla,de Leon e de Granada,etc.princessa de Girona,archiduquessa de Austria,duquesa de Burgundia fija e primogenita noestra charissma y governadora general y despuys de noestros longuos y beneventurados dies heredera universal,declarantes le nostra intencion e volundad ad desimos; e a los lugarteniente general nostro en lo dicho regno de Aragon e regente lo officio de la general gubernacion, justicia,balle general y otros officiales nostros maiores e menores en el dicho nostro regno constituidos e constituideros que agora son o por tempo seran,e a sus lugartinentes general dellos e de cada huno dellos,al qual o a los quales pertenesca,senyaladamente a los salmedina,jurados,capitol e conseyo e otros officiales e singulares personas de la dicha ciudad de Caragossa, mandamos stretxamente so obtemperacion de nostra gracia e amor e pena de desmil florines $/ 6 8 ^ { 6 } /$ de los bienes de qualquiere que lo contrario fara exhigideros e a nostres coffres aplicaderos e otras maiores penas a noestro arbitrio reservadas,que el presente nostro privilegio e ordinaciones y todas y cada hunas cosas en aquell $\mathbf { y }$ aquellas contenidas tengan y observen tener y observar fagan inconcussament iuxta su serie y tenor,e no contravengan por causa O razon alguna,si la dita serenissima reyna filla primogenita nostra muy chara nostra bendicion e amor tene charos y los otros officiales e subditos nostros sobredichos en la ira e indignacion e penas sobredichas deseian no incorrer. En testimonio de lo qual mandamos esser fecho el presente nostro privilegio con nostro sello comun en pendent segillado dado en la ciudad de Barchinona a XXVIII dias del mes de agosto en el anyo de la natividad de Noestro Senyor mil sincientos y sis y de los regnos nostros a saber es de Sicilia de allende es far anyo trenta y noveno,de Aragon y de los otros vint y octxo,de Sicilia aquende el far de Jherusalem quart.Yo el rey. MARIA ISABEL FALCON PEREZ. NOMINA DE CARGOS MUNICIPALES. Abbat, Joan,notario: consejero en 1496 Agreda, Joan de: consejero en 1489 Aguas,Joan de (menor): consejero en 1492 Agudo,micer Pascual: abogado de pobres en 1490.Consejero en 1490.Abo gado de pobres en 1492 Ahunes, Anthon de: consejero en 1495 Albaquar,micer Bertholomeo: consejero en 1489 Albion,Bertholomeu de: zalmedina en 1502.Consejero en 1503 Alcarraz, Juan de: consejero en 1503 Alceruch,Francisco de: consejero en 1487. Consejero en 1489.Consejero en 1490.Consejero en 1496 Aleman,Juan,batifulla: consejero en 1503 Alfajarin,Pedro de (mayor): mayordomo_de ciudad en 1487.Consejero en 1489.Sindico a dar a treudo en 1490.Jurado $5 ^ { \circ }$ en 1491 Algas,micer Joan de: consejero en 1494.Consejero en 1502. Alos,Miguel de: consejero en 1490.Consejero en 1494 Altarriba, Joan de: jurado $5 ^ { \circ }$ en 1492 Amies,Anthon de: consejero en 1492 Anchias, Joan de: consejero en 1487.Consejero en 1489.Consejero en 1491. Consejero en 1492 Angusolis,Joan de: consejero en 1495 Antich,Tomas: consejero en 1487 Anyego,Domingo de: pesador de almutazaf en 1490.Consejero en 1490 Aragones,Pedro: consejero en 1487.Consejero en 1489 Arcos,Miguel de los: consejero en 1491 Arinyo,Gaspar de: consejero en 1487 Artasona, Joan de: consejero en 1489 Artigas, maestre Juan,medico: consejero en 1503 Atienca,Miguel de,zurrador: consejero en 1495 Aznar,Domingo: consejero en 1502 Azpierre,maestre Domingo de: consejero en 1494 Barrachina,Gaspar de:consejero en 1502 Barrios,Pedro de los: consejero en 1496 Beltran,Joan,corredor: consejero en 1492 Bellido,Joan: consejero en 1487 Bernad,Jayme: jurado ${ \pmb { 4 } } ^ { \circ }$ en 1502.Consejero en 1503 Bonet,Anthon: consejero en 1491. Consejero en 1492 Boneta,Joan de: consejero en 1487 Borons,Franci: consejero en 1487.Consejero en 1490.Consejero en 1492 Briviesca,maestre Pedro de,cirujano: pesador de almutazaf en 1490 Bual,micer Juan de: asesor del zalmedina en 1503 Bueso,Joan: consejero en l489 (fallecido en el transcurso de este afio) EL PATRICIADO URBANO DE ZARAGOZA. Calbo de Torla,Anthon: consejero en 1489 Camponet, Juan de: consejero en 1503 Cardiel,Joan,pelaire: consejero en 149o.Consejero en 1496 Cardiel,Pedro,barbero: capdeguaytas en 1490.Consejero en 1490 Carinyena,Colau: consejero en 1503 Carinyena, Jayme: consejero en 1496 Carrion,Ferrando: consejero en 1487 Casafranca,Pedro de: consejero en 1487 Castellon,micer Luys de: jurado $1 ^ { \circ }$ en 1494.Consejero en 1495 Castellon,Martin de, (hijo de Pedro de Castellon): consejero en 1496.Consejero en 1502 Castellon,Pedro de: consejero en 1487 Cavaller,Martin: consejero en 1503 Cavalleria, micer Alfonso de la: consejero real. Vicecanciller del rey. Jurado $1 ^ { \circ }$ en 1487. Consejero $1 ^ { \circ }$ en 1489. Jurado $1 ^ { \circ }$ en 1490.Consejero $1 ^ { \circ }$ en 1491.Jurado $1 ^ { \circ }$ en 1492.Consejero $1 ^ { \circ }$ en 1495 Cavalleria,Frances,(hijo de Nicolau de la Cavalleria): consejero en 1489. Consejero en 1490. Cavalleria,Ferrando de la: consejero en 1487.Consejero en 1489.Jurado $_ { 3 \circ }$ en 1494.Consejero en 1496.Consejero en 1502 Cavalleria, Jayme de la: consejero en 1489.Almutazaf en 1490.Consejero en 1490.Jurado 2o en 1491.Consejero en 1492.Consejero en 1494 Cavalleria,micer Pedro de la: zalmedina en 1490.consejero en 1490.Consejero en 1494. Cavallos, Pedro: capdeguaytas en 1490.Consejero en 1490 Cavanyas,Francisco,pelaire: veedor de carreras en 149o.Consejero en 1490. Consejero en 1491 Cerdan, Ramon: consejero en 1490. Consejero en 1494.Jurado $1 ^ { \circ }$ en 1495. Consejero en 1496.Consejero en 1503 Cestin, Sancho: consejero en 1503 Clemente,Felipe: pronotario real. Consejero en 1503 :Cortes, Joan de: consejero en 1490. Consejero en 1495. Consejero en 1496. Cuerla,Domingo de, notario: consejero en 1489.Consejero en 1490.Consejero en 1491 Cuesta, Miguel de la: consejero en 1494 Cayda,Martin de la: consejero en 1495 Delleta,Pedro: consejero en 1503 Diez,Martin: consejero en 1502 Dominguez,maestre Bertholomeu: cohsejero en 1492 Dominguez,Pedro: consejero en 1487 Durant, Franci: consejero en 1487 Enyego,Domingo de: consejero en 1492 Erbas, Anthon de: consejero en 1494 Espartero,Miguel de: consejero en 1495 Estem.Relenguer: conseiern en 1492 Exea, Joan de: jurado $2 ^ { \circ }$ en 1487.Consejero en 1489.Consejero en 1491. Jurado $2 ^ { \circ }$ en 1492 Fanaca, Juan de (menor): consejero en 1502 Fariza,Juan de (menor): consejero en 1503 Fatas,Joan de: consejero en 1487 Ferrer, Francisco: consejero en 1487 Ferrer,micer Galceran: jurado ${ \mathfrak { s o } }$ en 1487. Consejero en 1490.Consejero en 1491. Sindico a dar a treudo en 1492.Consejero en 1494 Ferrera, Joan de: capdeguaytas en 1492.Consejero en 1494 Forcallo,Gabriel del: consejero en 1491.Procurador de ciudad en 1492 Frago,Juan del: consejero en 1502 Frances,Alfonso: consejero en 1494 Frances, micer Jayme: asesor del zalmedina en 1489.Fue notario y escribano de los jurados entre 1487 y 1503 al menos Francia,Joan de: consejero en 1491 Galindo,maestre Pablo: consejero en 1503 Garcia,maestre Bernad,zapatero: consejero en 1502 Garcia de Santa Maria,micer Gongalvo:consejero en 1489.Consejero en 1494. Jurado $3 ^ { \circ }$ en 1502.Consejero en 1503 Gil, Ximeno,notario: consejero en 1494. Consejero en 1496 Gilbert,Pedro: consejero en 1502 Gomez,maestre Jayme,pellicero: consejero en 1503 Gracia,Gil de: consejero en 1489.Mayordomo de ciudad en 1490 Huesa,Pedro de la: consejero en 1492 Huesqua, Joan de: consejero en 1489.Lugarteniente del zalmedina en 1490. Consejero en 1490.Consejero en 1491.Consejero en 1492 Jaunas,Ramon de: jurado ${ \mathfrak { s o } }$ en 1502.Consejero en 1503 Jurdan,Pedro,notario: consejero en 1492 Lacambra,Juan Castan de la: andador de los jurados entre 1487y 1503 al menos. Lalueca,Pedro: consejero en 1491 Lanaja,Domingo: jurado $_ { 3 ^ { \circ } }$ en 1495.Consejero en 1496 Lanaja,Juan de: jurado $2 ^ { \circ }$ en 1503 Lacor,Joan de: consejero en 1490 Laraga,micer Martin de: jurado $1 ^ { \circ }$ en 1496 Leres,Joan de (menor): mayordomo de ciudad en 1489.Consejero en 1490. Consejero en 1492.Consejero en 1502 Lezina,Pedro: consejero en 1487 Lobera,Joan de: consejero en 1487 Lopez,micer Paulo: consejero en 1487. Abogado de ciudad en 1492.Jurado $2 ^ { \circ }$ en 1494.Consejero en 1496 Lopez D'alberuela, Joan: consejero en 1487. Jurado $2 ^ { \circ }$ en 1489. Consejero en 1490.Consejero en 1494.Jurado $2 ^ { \circ }$ en 1496 Lopez D'Alberuela,Luys: jurado $3 ^ { \circ }$ en 1490 Lopez del Frago, Joan: consejero en 1494. Jurado ${ \mathfrak { S } } ^ { \circ }$ en 1496. EL PATRICIADO URBANO DE ZARAGOZA. Lorent,Felipe: consejero en 1502 Lueca,Pedro de la: consejero en 1489.Consejero en 1495 Luna,maestre Jayme,zapatero: consejero en 1503 Macia,maestre Esteban,sastre: consejero en 1503 Malo,Jayme,notario: consejero en 1496 Manent, maestre Gaspar: jurado ${ \pmb { 4 } } ^ { \bullet }$ en 1495. Consejero en 1496. Consejero en 1503 Marques, Garcia: consejero en 1490.Veedor de carreras en 1492.Consejero en 1492 Marquo, Joan: jurado ${ \pmb { 4 } } ^ { \circ }$ en 1491. Sindico a dar a treudo en l492.Consejero en 1492 Marquo,Pedro: consejero en 1491. Consejero en 1492 Martinez,Alfonso, notario: consejero en 1494.Jurado ${ \mathfrak { s o } }$ en 1495.Consejero en 1496 Martinez de Cuerla,Domingo,notario; Cfr.CUERLA, Domingo Marzen,Anthon,herrero: consejero en 1496 Matheu, Bertholomeu,labrador: consejero en 1495 Mi Sanz,Francisco de:consejero en 1491 ·Misanzuori, Sancho: consejero en 1492 Minguez de Ruvio, Garcia: capdeguaytas en 1490 Molinar,Arnalt del: consejero en 1492. Molino,micer Bertholomeu del: jurado $4 ^ { \circ }$ en 1487. Abogado de ciudad en 1490.Consejero en 1496.Consejero en 1503 Molon, micer Lorengo: jurado $4 ^ { \circ }$ en 1490.Jurado ${ \pmb { 4 } } ^ { \circ }$ en 1496. Consejero en 1502 Molon, micer Miguel: consejero en 1490. Abogado de ciudad en 1492. Consejero en 1494.Jurado $1 ^ { \circ }$ en 1503 Mongon, Martin de: consejero en 1489. Consejero en 1490.Consejero en 1491 Moncon,Miguel de: consejero en 1494 Monreal, Johan de: consejero en 1492 Montalban,Pedro de,tejedor: consejero en 1495 Monterde, maestre Joan: jurado ${ \pmb { 4 } } { \pmb { 0 } }$ en 1489. Consejero en 1494. Consejero en 1502 Montesa, Ferrando: consejero en 1487 Moros,Joan de: consejero en 1487.Consejero en 1489 Moros,Martin de: consejero en 1490 Moros,Paschual de: consejero en 1489 Morrano,Martin de: consejero en 1489 Mocaravi, Joan de: procurador de pobres en 1492 Mocota,Domingo,odrero: consejero en 1495 Moya,Garcia de: consejero en 1489 Muela,Pascual de la: consejero en 1494 Muela.Pedro la: conseiero en 1487. Munyoz,Domingo: consejero en 1494 Mur, Jheronimo de: consejero en 1495 Mur, Ramon de: consejero en 1491. Jurado ${ \pmb { 4 } } ^ { \mathbf { o } }$ en 1492 Navarro, Joan, notario causidico: procurador de ciudad en 149o. Consejero en 1490.Consejero en 1491 Navarro, Miguel: consejero en 1494 Nicolau,Felip: consejero en 1491.Consejero en 1492 Ninos,Vicent Joan de los: consejero en 1502 Novallas,maestre Anthon de: consejero en 1491 Oriola,Albert, jurado ${ \mathfrak { s o } }$ en 1490.Consejero en 1491 Oriola, Gaspar: jurado $_ { 3 ^ { \circ } }$ en 1487.Consejero en 1489.Consejero en 1495 Oriola,Luys: consejero en 1502 Ortiz,Pero:consejero en 1496 Palomar,Francisco: jurado $1 ^ { \circ }$ en 1489.Consejero $1 ^ { \circ }$ en 1490 Patermoy,Juan de: zalmedina en 15O3.Consejero en 1503 Patemoy,Sancho (mayor): consejero en 1494.Consejero en 1496. Patermoy, Sancho (menor):consejero en 1494.Jurado $_ { 3 ^ { \circ } }$ .en 1496 Perales, Jayme: consejero en 1502 Peralta, Joan de: consejero en 1494 Perez,Anthon,pintor: capdeguaytas en 1492 Perez D Escanilla,Pero: consejero en 1487. Jurado $3 ^ { \circ }$ en 1489.Sindico a dar a treudo en i490.Consejero en 1490. Jurado $_ { 3 ^ { \circ } }$ en 1491. Almutazaf en 1492.Consejero en 1492 Pontet,Joan: jurado $4 ^ { \circ }$ en 1494.Consejero en 1495 Porta,micer Tristan de la: consejero en 1489.Almutazaf en 1489.Abogado de ciudad en 1490.Consejero en 1490.Consejero en 1491. Zalmedina en 1495.Consejero en 1495 Prado,maestre Joan del: consejero en 1496 Proz,Miguel de la,labrador: consejero en 1502 Quer,Joan: consejero en 1487.Fallecido en el transcurso de este afo. Quilez,Anthon,labrador: consejero en 1495 Rada, Bermet de: consejero en 1495 Ribas,micer Joan de: consejero en 1495 Roiz,Joan: receptor de la Inquisicion.Jurado $3 ^ { \mathfrak { o } }$ en 1492.Consejero en 1495 Roman,Juan: consejero en 1502 Romeu,Pedro,notario: consejero en 1491 Romeu, Jayme,platero: consejero en 1496 Roqua,Bertholomeu: consejero en 1487 Ruvio,Miguel: pesador de almutazaf en 1490 Ruvio,Pascual: consejero en 1491 Ruyz, Sancho: consejero en 1502 Royo,Juan (menor): consejero en i503 Salabert,Domingo: consejero en 1495 Salinas,Bernat: consejero en 1491.Consejero en 1492 Salinas,Miguel de: consejero en 1489.Consejero en 1492. Sanchez,Gabriel: tesorero general de Aragón. Jurado $1 ^ { \circ }$ en 1491.Consejero $1 ^ { \circ }$ en 1492.Consejero $1 ^ { \circ }$ en 1494.Consejero $1 ^ { \circ }$ en 1496.Jurado $1 ^ { \circ }$ en 1502.Consejero $1 ^ { \circ }$ en 1503 Sanchez, Jayme, notario: consejero en 1487. Jurado ${ \mathfrak { s o } }$ en 1494. Consejero en 1503 Sanchez,micer Johan: consejero en 1494.Jurado ${ \pmb { \zeta } } ^ { \bullet }$ en 1503 Sanchez, Joan de Joan: consejero en 1495 Sanchez, Juan Thomas: jurado $3 ^ { \circ }$ en 1503 Sanchez, Martin: consejero en 1502 Sanchez,Pedro: consejero en 1502 Sanchez de Calatayud,Jayme: consejero en 1487 Sanchez del Romeral,Jayme: consejero en 1495 Santa Clara,Pedro de: consejero en 1495 Santa Gadea, Miguel de: consejero en 1496 Santangel, Luis: lugarteniente del zalmedina en 1492 Santangel,micer Miguel de: consejero en 1502 Santangel, Salvador: consejero en 1502 Sanz, micer Luys, notario causidico: lugarteniente del zalmedina en 1503 Sarinyena, maestre Anthon de,fustero: consejero en 1495. Consejero en 1503 Serrana, Marquo de la: consejero en 1491 Serrana,Martin de la:consejero en l489.Consejero en 1490.Consejero en 1491.Consejero en 1492 Serrano, Juan Lucas: jurado ${ \pmb { 4 } } ^ { \circ }$ en 1503 Silos, Joan de: asesor del zalmedina en 1490 Simon, Matheu: capdeguaytas en 1492 Soria,Francisco de: jurado ${ \mathfrak { s o } }$ en 1489.Consejero en 1495 Soria, Juan de: consejero en 1502 Soriano, Juan Lucas: consejero en 1502 Spital, Bermardino del: consejero en 1491. Zalmedina en 1492.Consejero en 1492 Stevan,Berenguer: mayordomo de ciudad en 1492 Stevan, Miguel (mayor): consejero en 1491. Ccnsejero en 1492.Consejero en 1496 Sunyen,Miguel de: consejero en 1496 Thomas,Anthon: consejero en 1495 Tornero, Jayme: procurador de pobres en 1490 Torrellas, Luys: zalmedina en 1496 Torrellas, Martin: consejero en 1494.Consejero en 1496.Jurado $2 ^ { \circ }$ en 1502. Consejero en 1503 Torrellas, Pedro (mayor): consejero $1 ^ { \circ }$ en 1487. Consejero en 1489.Jurado ${ \pmb { 2 ^ { 0 } } }$ en 1490 Torrellas,Pedro (menor): consejero en 1487. Jurado $2 ^ { \circ }$ en 1494. Consejero en 1503 Torrellas, Sancho: consejero en 1495. MARIA ISABEL FALCON PEREZ. Torres,Matheu: consejero en 1494 Val, Pedro de: consejero en 1502 Valconchan, Jorge: consejero en 1491. Consejero en 1492 Valconchan,Juan de: consejero en 1503 Valles,Francisco: consejero en 1489.Consejero en 1490.Consejero en 1491. Consejero en 1492 Valles, Gil,pintor: consejero en 1492 Valseguer, Mateo: consejero en 1503 Velazquez Clemente, Miguel: consejero en 1502 Verayz, Miguel de: consejero en 1496 Viello,Anthon: consejero en 1494 Viello,Martin: consejero en 1495 Villagrasa, Miguel de: consejero en 1502 Villanova, Guallart de: consejero en 1487.Consejero en 1495 Villanova, Miguel de: consejero en 1496 Villar,Miguel del: consejero en 1494. SIN APELLIDO: maestre Anrich,guantero:consejero en 1491.Consejero en 1492 maestre Diego,sastre: consejero en 1496 maestre Gil,cubero: consejero en 1503 maestre Gil,alabardero: consejero en 1502 maestre Joan,cirujano: consejero en 1496 Palacio,carcelero: consejero en 1502
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Aproximación a los hospitales a través de los registros de actos comunes de la Archidiócesis de Zaragoza (1400-1411)
Aproximación a los hospitales a través de los registros de actos comunes de la Archidiócesis de Zaragoza (1400-1411) Approaching hospitals through the registros de actos comunes of Saragossa ’s Archdiocese (1400-1411) Raúl Villag ras a Elías Universidad de Zaragoza. Resumen: El presente artículo pretende estudiar diferentes menciones de los hospitales a principios del siglo XV. La importancia de los hospitales como instituciones asistenciales se ve reflejada en la documentación eclesiástica y más concretamente en los registros de actos comunes del Archivo Diocesano de Zaragoza. Esta fuente histórica nos ha permitido analizar los ámbitos urbano y rural, la idea del hospitalero y la concesión de indulgencias. Se ha hecho hincapié en el papel de los obispos o arzobispos como garantes de estos establecimientos asistenciales. Palabras clave: hospitales, Aragón, siglo XV, Diócesis de Zaragoza. Abstract: The present article attempts an examination of different references to hospitals at the beginning of the $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ century. The importance of hospitals as health care institutions is reflected in ecclesiastical documents and more precisely in the registers of the Episcopal Chancellery (registros de actos comunes) of the Archive of the Diocese of Saragossa. This historical source allows us to analyse the urban and rural areas, the notion of the hospitalero and the sale of indulgences. The article focuses on the role of bishops and archbishops as guarantors of these welfare establishments. Keywords: hospitals, Aragon, $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ Century, Saragossa’s Diocese. I. Introducción. Los hospitales nacieron durante los siglos medievales y desde sus primeros momentos fueron considerados una de las principales instituciones asistenciales. De atención y funciones variadas, su principal objetivo fue el cuidado y, a la vez, el control del necesitado. A la variedad de los grupos sociales que en algún momento se alojaron en dichos establecimientos, habría que añadir los múltiples actores privilegiados bajo cuya protección y tutela se desarrolló la red hospitalaria en el Occidente medieval. Desde la alta Edad Media la Iglesia fue la principal protagonista en el amparo de estas instituciones. Los obispos, señores y cabezas de sus respectivas diócesis, fueron clave para su consolidación. Sin embargo, conforme llegó el otoño de la Edad Media, nuevos sectores sociales protagonizaron la conocida laicización de la asistencia hospitalaria. En este sentido, los señores, como el duque de Híjar, las cofradías, como la de San Juan Bautista y Santa María de Villaespesa de Teruel, las autoridades municipales, como el concejo darocense, y la burguesía local, como el adinerado Pedro Poma de Puertomingalvo, fueron algunos de los múltiples patrocinadores conocidos gracias a la historiografía aragonesa. La destrucción y pérdida de los registros hospitalarios conlleva para el investigador la necesidad de abordar estas instituciones desde múltiples fuentes y perspectivas. Ya en 1974 José Sánchez Herrero proponía determinadas cuestiones que evidenciaban los cambios historiográficos iniciados en aquellas décadas. Por ejemplo, hablaba de la indisolubilidad de las cofradías, las corporaciones de oficios y los hospitales, empresas colectivas que junto a la acción individual, como la donación y la limosna, reflejaban el mundo de la beneficencia, la pobreza y la devoción. Como especialista de la Iglesia y su documentación también advertía la obligación del historiador de acudir especialmente a los archivos catedralicios, diocesanos y parroquiales. De esta forma, se podría paliar las escuetas referencias que proporcionaban los censos y testamentos. Por último, y ya refiriéndonos a los hospitales, Sánchez remarcaba el olvido de aquellos establecimientos fuera de los caminos de peregrinación más importantes, como el que iba a Santiago de Compostela. Su estudio se enmarcaba en las ciudades de la diócesis del río Duero en los siglos XIV y XV, nosotros en cambio tomaremos como observatorio la archidiócesis de Zaragoza en los inicios del siglo XV (Sánchez, 1974: 5-8).1. La historia de los hospitales aragoneses ha estado siempre en conexión con la sanidad, la caridad, la pobreza y la marginación, temáticas que recibieron un importante impulso a partir de 1980, con motivo del empuje de la historiografía francesa desde las dos décadas anteriores.2 A las aproximaciones de historia general de la primera mitad del siglo XX, centradas en el hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza,3 les siguieron un aumento y diversificación investigadora. Un primer foco, todavía activo, fue la Facultad de Medina de la Universidad de Zaragoza, en donde destacó la figura de Asunción Fernández Doctor.4 Otro campo académico fue la arqueología, gracias a la cual vieron la luz los yacimientos de Santa Cristina de Somport5 y Benasque.6 Finalmente, el medievalismo comenzó a fijarse también en los hospitales como una temática de estudio. La década de 1980 quedó inaugurada con los estudios de María Isabel Falcón. Esta autora demostró cómo al aunar los registros del Archivo de la Corona de Aragón con la información extraída del Archivo Municipal de Zaragoza se obtenía una amplia panorámica del tejido hospitalario de la ciudad de Zaragoza (Falcón, 1980: 183-226). Sobre la aljama hebraica de esta misma ciudad, Asunción Blasco utilizó protocolos notariales para estudiar los sistemas asistenciales en donde las cofradías y los hospitales se convirtieron en actores protagonistas (Blasco, 1989: 227-236 y 1990: 3-46 y 265-288). En la década de 1990, María Luz Rodrigo tomó como referencia nuevamente los protocolos notariales y la documentación municipal para conocer el ejercicio de la caridad en una ciudad como Daroca (Rodrigo, 1995: 287-318). Por otro lado, contamos con los trabajos de María Teresa Iranzo, conocedora de la leprosería de Huesca y del hospital nobiliario de la villa de Híjar (Iranzo, 1995: 467-482 y 1997: 105-124). Desde el punto de vista documental, las ordinaciones dispuestas por el duque de Híjar son una fuente excepcional. Éstas servían para regir internamente la institución, y aunque la práctica pudiera desviarse, muestran claramente las intenciones y la mentalidad de las elites sociales que patrocinaban los hospitales. Otro magnífico ejemplo al respecto son las ordinaciones que otorgó don Alonso de Aragón al hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza y que editó Cristina Monterde. Gracias a ellas se puede reconstruir perfectamente el organigrama institucional de un hospital general (Monterde, 2008: 505-528). Respecto al hospital de San Juan Bautista y Santa María de Villaespesa de Teruel, administrado y financiado por la cofradía homónima, y estudiado por Germán Navarro, la fuente utilizada fue un libro padrón del notario Alfonso Jiménez (1481-1518). En él se recogen múltiples facetas del establecimiento gracias a su contenido: un inventario, una relación de préstamos censales y una lista de los legados píos (Navarro, 2000: 565-590). De forma similar, María Lidia Buompadre se centró tanto en los testamentos y las diferentes mandas piadosas para instituciones caritativas y grupos sociales necesitados, como en el también registro de censales del hospital de Puertomingalvo (Buompadre, 2000: 67-88.). Terminamos este repaso haciendo mención del reciente trabajo de historia comparada de Cristina Pérez, quien pone de manifiesto las características de los hospitales generales aragoneses (Pérez, 2013: 291-305). Como ya hemos dicho, al impulso institucional e inicial de la Iglesia le siguió un proceso de laicización. Al patrocinio eclesiástico se sumó la acción de la nobleza, la burguesía, las cofradías y los gobiernos municipales a partir del siglo XIV. La centuria siguiente supuso además la consolidación de la red de hospitales aragonesa, tanto en el mundo urbano, con el nacimiento de los primeros hospitales generales, como en el mundo rural (Villagrasa, 2013-2014). Sin embargo, a pesar de todo lo mencionado —la entrada de nuevos patrocinadores laicos y los cambios en la red hospitalaria—, la Iglesia mantuvo una activa promoción institucional. Muestra de ello fue la favorable actuación de los arzobispos zaragozanos con respecto a los hospitales, tanto de su diócesis como de otras. El obispado zaragozano se creó durante el siglo XII, a raíz de las conquistas territoriales de la monarquía aragonesa. Su dominio se centraba en el valle del río Ebro y se extendía por todo el sur del reino de Aragón. Sus límites chocaban con los de la diócesis de Pamplona en las Cinco Villas, con la diócesis de Tarazona y con la de Sigüenza. Por último, las de Albarracín y Teruel restaron parte de su territorio con sus fundaciones a finales del siglo XII y del siglo XVI, respectivamente. Fue a partir de 1318 con la bula del papa Juan XXII cuando Zaragoza se convirtió en sede metropolitana. La archidiócesis de Zaragoza dominó eclesiásticamente gran parte del reino y otros territorios circundantes al tener como sufragáneas las diócesis de Huesca, Tarazona, Pamplona, Calahorra y Segorbe-Albarracín (Buesa, 1991: 29-68 y Ubieto, 1983: 41-51).7. Nuestro objetivo no es otro que el de analizar las referencias sobre hospitales contenidas en los registros de actos comunes durante los últimos once años del pontificado de don García Fernández de Heredia (1383-1411) (Serrano, 2002-2003: 197-246 y 2004-2005: 87-97), fuente emanada por la cancillería episcopal cesaraugustana y custodiada en el Archivo Diocesano de Zaragoza. Nuestra aportación se fundamenta en una cata basada en los trabajos previos de la profesora Pilar Pueyo y del antiguo archivero de la institución, José Antonio Lasarte López (Lasarte, 2002 y 2003). La mayoría de la documentación trabajada se añade transcrita en las últimas páginas. II. La supervisión eclesiástica. La documentación eclesiástica ha aportado siempre una magnífica cantidad de información sobre los hospitales. Su tipología es bastante amplia, así como la propia organización y jerarquía interna de la Iglesia.8 Para el caso que nos ocupa, el agente productor de la documentación fue la cancillería episcopal. De ella emanaban tres tipos de fuentes realmente útiles para la historia de los hospitales: los registros de actos comunes, las visitas pastorales y las visitas ad límina.9 En esta ocasión, hemos seleccionado los registros de actos comunes (Pueyo, 2001: 701-713). Puede variar su nombre en otros archivos, pero su forma y contenido se mantienen en otros lugares. Los registros de actos comunes recogen, en sus 178 volúmenes, la documentación que emanaba cada día de la cancillería episcopal. Por tanto, en los casos que se conservan largas series suponen una fuente de gran importancia. Pilar Pueyo estableció una tipología para los primeros registros conservados, los del pontificado de Pedro de la Jugie (1345- 1347). Dicha autora estableció la siguiente tipología temática: 1) concesiones de tonsura y ascensos; 2) el beneficio eclesiástico; 3) permisos para reparar edificios religiosos, para enterramientos y donaciones; 4) licencias para pedir limosnas, en ocasiones para redimir cautivos; 5) documentos judiciales; 6) hacienda; 7) aquello relacionado con el papel que ejercía el arzobispo como señor feudal; y por último, 8) documentos varios (Pueyo, 1989: 523-536). Obviamente una serie documental de tan larga duración, desde 1345 hasta 1879, varió su tipología durante los siglos. El interés radica propiamente, tanto para el medievalista como para el modernista, en las posibilidades que ofrecen estos documentos para reconstruir una historia social y de las mentalidades de la Iglesia y la sociedad de su tiempo (Royo, 2000: p. 538).10. Para los siglos medievales ha sido precisamente la profesora Pueyo quien ha realizado diversas aproximaciones diplomáticas e históricas sobre los registros de actos comunes de la cancillería episcopal zaragozana, profundizando también en el conocimiento de la diócesis, sus arzobispos y su curia. Los primeros trabajos de la autora se enmarcaban cronológicamente en los años centrales del siglo XIV o lo que es lo mismo, los cortos pontificados de los dos primeros arzobispos cesaraugustanos: Pedro de la Jugie (1345-1347) y Guillermo d’Aigrefeuille (1347-1450). El tercero en ocupar el arzobispado, durante un periodo mucho más prolongado, fue Lope Fernández de Luna (1352-1380) y su sucesor, el cuarto prelado, García Fernández de Heredia (1383-1411).11 En el presente artículo nos moveremos sobre los registros de actos comunes de este último arzobispo y a lo largo de la primera mitad del siglo XV. Durante los últimos años del siglo XIV y la primera mitad del siglo XV la red de hospitales se consolidó en el mundo rural. Anteriormente existían ya establecimientos en este contexto, normalmente en conexión con monasterios o principales vías de comunicación. A partir de esta época las primeras menciones de hospitales, pero sobre todo, las fundaciones aparecen con mayor asiduidad. Veamos los ejemplos de Rubielos de Mora (1384), Alquézar (1402), Tamarite de Litera (1414) o Puertomingalvo (1430). Son casos de villas y lugares de tamaño medio donde los hospitales llegaron tardíamente con respecto al mundo urbano que contaba con estas instituciones ya en el siglo XII (Villagrasa, 2013-2014: 108-116). Como es lógico, los arzobispos zaragozanos fueron responsables de buena parte de la actividad hospitalaria y caritativa, cuya función era aliviar la situación de los pauperes Christi. En su figura se encomendaba la tarea de supervisar especialmente los hospitales que dependían de las parroquias e iglesias de su diócesis.12 La atención prestada llegaba a través de indulgencias, limosnas, licencias, privilegios, donaciones y la supervisión, que la mayoría de las veces se daba a través de las visitas pastorales. Su función era en muchas ocasiones similar a la actividad que podía tener el Papa. En los bularios de Benedicto XIII, conocido como el Papa Luna, hay numerosas menciones a hospitales dentro y fuera de Aragón. La forma de otorgar protección y apoyo a estas instituciones fue a través de la concesión de indulgencias y privilegios, como el hospital darocense que había sido fundado por Juan de Román a finales del siglo XIV. Debido a su estado ruinoso en 1398 Benedicto XIII concedía un año y cuarenta días de indulgencias para aquellos fieles que ayudaran a este hospital de pobres (Cuella, 2006: 362). La promoción de instituciones asistenciales viene de tiempo atrás, al igual que en el resto de territorios europeos. Las primeras noticias las recopiló Antonio Ubieto cuando mencionaba el papel del obispo García (1076-1086), quien instituyó la Casa de la Limosna en la catedral de Jaca (Ubieto, 1983: 20-21). Su homólogo en el catedral de Pamplona prometía indulgencias a todo aquel que ayudara a la construcción del hospital de San Miguel en Uncastillo (Goñi, 1965: 432-433). Ya en el siglo XV los obispos ilerdenses también visitaban los hospitales parroquiales para anotar su situación. Es el caso de los hospitales de Fraga y Monzón que en 1445 aparecen mencionados y descritos en la correspondiente visita pastoral (Castillón, 1995: 101 y 105). Para el caso que nos ocupa, los arzobispos zaragozanos desarrollaron acciones similares con los hospitales dentro de su diócesis. Un magnífico ejemplo de la refundación hospitalaria en Aragón fue el proceso de Alcañiz. En dicha ciudad los cuatro hospitales parroquiales, alguno administrado por los jurados, unieron sus patrimonios y esfuerzos en una sola institución. De esta manera nació el hospital de San Nicolás de Bari en 1418, gracias a la aprobación del arzobispo zaragozano Alonso de Argüello (Blasco, 2000-2002: 145- 146). La consulta de la Historia Eclesiástica de Diego de Espés muestra nuevamente la preocupación de los prelados por estas instituciones, así como la importantísima acción individual de múltiples clérigos. Este último caso queda ejemplificado con la labor de fray Benedicto de Olmedo, franciscano que en 1387 reedificó el hospital para pobres y viandantes de Tiermas. Situado en el camino entre Jaca y Navarra, Tiermas supuso desde antaño una importante puerta de acceso entre estos dos territorios, caracterizado por los baños termales que dan nombre al establecimiento. Dos años después, en 1389, los vicarios generales, encargados del arzobispado en ausencia de García de Heredia, exhortaban a los fieles que con sus limosnas ayudaran a la iglesia de San Pablo y al hospital de San Blas de Zaragoza. Presente ya García de Heredia, y encontrándose el 4 de noviembre de 1401 en la villa de Caspe, aprobó la iniciativa de don Jordán Pérez de Urries, Gobernador de Aragón. Éste quiso dejar en su testamento dinero para construir una capilla en honor a San Cristóbal en el hospital del lugar. Finalmente, la caridad no giraba únicamente en relación a los hospitales. Habiendo llegado el arzobispo en esta ocasión a Cariñena, ratificó las buenas obras llevadas a cabo por los oficiales del concejo. Aportando una de sus principales herramientas de persuasión, García de Heredia ofreció cuarenta días de indulgencias para quienes ayudaran a alimentar a las doncellas pobres y huérfanas los domingos y días de fiesta.13. De 1435 es la visita pastoral que se encontró en el Archivo Diocesano de Zaragoza. Se trata del documento más antiguo en sus características para la archidiócesis cesaraugustana. Fue encargada por Dalmau de Mur y Cervellón y contiene información sobre Valderrobles y la región. En ella, los visitadores acudieron al hospital de la villa. El registro que dejaron del inmueble fue la necesidad de reparar algunas partes del edificio, así como llevar una mejor administración de las rentas y censos que tenía el hospital. Los visitadores instaron a los jurados a que utilizaran un libro para mejorar la contabilidad (Gil, 1995: 216). El buen conocimiento de las rentas de una institución era un elemento básico para su correcto desarrollo. Una y otra vez, las diferentes visitas pastorales repetían encarecidamente a jurados y hospitaleros la importancia de los libros de contabilidad. En el siglo siguiente el problema de la mala administración seguía presente. La diócesis oscense reiteró la misma cláusula en la visita pastoral de 1572 en los hospitales de Castejón de Monegros y Alcubierre: Mas mandamos que dentro de ochos dias continuos los jurados y obrero del dicho hospital deste lugar compren un libro blanquo de quatro manos en el qual sean asentados todas las rentas del dicho hospital y toda la hazienda que tiene y dende adelante tendra, asi de limosnas como de lexos y otros legados pios de dineros, panes, cafranes y otras mandas y que en cada un annyo dichos jurados con el vicario del presente lugar hayan de tomar la cuenta al obrero del dicho hospital de recepta y gasto y quando venga la visita a este lugar les mandamos hayan de dar con dicho libro la cuenta de dicho hospital al visitador…14 1. Respuestas ante el estado ruinoso. Entre los registros de actos comunes que se guardan en el Archivo Diocesano de Zaragoza podemos encontrar diferentes tipos de documentos que hacen mención de los hospitales. En general, la mayoría de las noticias nos hablan del mal estado de algunos edificios, lo que llevaba al arzobispo y, en ocasiones, a los vicarios generales, a tomar cartas en el asunto. En segundo lugar, algunos documentos mencionan a los hospitaleros y acciones derivadas de su profesión. Y por último, encontramos múltiples privilegios otorgados a los hospitales, dados en forma de licencias, normalmente con indulgencias. Al igual que las visitas pastorales reflejaban el mal estado o la inadecuada administración de los hospitales, algunos documentos insertos en los registros de actos comunes siguen la misma línea. Es el caso del hospital de Fuendetodos y la breve licencia que concedió el arzobispo García Fernández de Heredia en 1405. El antiguo hospital se encontraba en un estado de auténticas ruinas debido a una penosa gestión. Al ser el destinatario los jurados del lugar de Fuendetodos hemos de entender que la responsabilidad era suya. Éstos quedaron encargados de vender el solar del antiguo hospicio para que cuanto antes se reanudaran las obras del nuevo edificio.15. Tres años después, en 1408, ocurrió una situación similar en otras dos poblaciones. En la ribera del Jiloca, al sur de la ciudad de Daroca, se encontraban Burbáguena y San Martín del Río. En ambos casos el arzobispo tuvo que recordar a los jurados la necesidad de alojar a los pobres de Cristo. Los jurados de Burbáguena recibieron el encargo de reconstruir el hospital y sus habitaciones, o si lo preferían, de habilitar las estancias cercanas a la iglesia de San Miguel o acondicionar su capilla, para de esta forma poder recibir a pobres y peregrinos.16 En cambio, en la localidad de San Martín del Río, el problema parece ser que no era de los jurados. Con motivo de una visita pastoral realizada previamente quedó patente la miseria del inmueble. Debemos suponer que la administración no era municipal —quizás eclesiástica—, ya que Juan Boecio, en nombre del arzobispo, donó la institución a las autoridades públicas.17. En el cercano lugar de Báguena los hospitales también estaban escasos de recursos. En este caso el arzobispo zaragozano tuvo que utilizar un elemento diferente, las indulgencias. Con ellas los fieles redimían la pena temporal de sus pecados gracias a las limosnas para el hospital y ermita de Báguena. El beneficio por tal esfuerzo eran cuarenta días (Bureta, 2003: 27-28).18 Más adelante nos detendremos en la relación entre indulgencias y hospitales. No lejos de allí, en Muniesa, se localizó otro edificio de características similares. El encargado de ponerlo en marcha fue Simón Acenari, vicario de la vecina localidad de Cortes. Parece que la iglesia de Santa María no podía cubrir las necesidades asistenciales del lugar. García de Heredia consideró que al menos se necesitaban seis lechos para el hospital.19 Meses más tarde, la archidiócesis zaragozana volvía a ponerse en contacto con Simón Acenari para recordarle su obligación de decir misas por el alma de dos personas. Y es que. Domingo Serrano y su difunta esposa, Benedicta, cedieron en sus testamentos las casas donde se instauró el hospital. Además, para su mantenimiento, dejaron unas rentas anuales de diez sueldos y ocho dineros jaqueses, destinados por el arzobispo para la manutención y reparación del hospital.20 En años posteriores, los testamentos que se conservan dan prueba de otras mandas testamentarias de los vecinos y lugareños, quienes dejaban dinero en metálico o mobiliario y ropa de cama. En un testamento de 1457, perteneciente a Bartolomé de la Gueruela, fueron donados cien sueldos jaqueses para el «hospital del conçello», recientemente edificado cerca de la iglesia (Iturbe y Lorenzo, 2010: 149). Si nos remitimos a los documentos que hemos visto hasta ahora, posiblemente ocurrió en Muniesa un proceso similar al de San Martín del Río. Es decir, el pequeño hospital rural pudo caer en desgracia por una mala administración —bien eclesiástica, bien municipal—, lo que llevó a la ruina del edificio. En 1457, tal como nos dice el testamento de Bartolomé, el hospital fue reedificado o reparado, quedando ya en manos de los jurados.21. De los mencionados documentos se pueden extraer una serie de características. Primeramente, la responsabilidad directa recaía sobre los jurados, es decir, sobre el municipio y los probis hominis. En todos los ejemplos que hemos visto el arzobispo y su curia se dirigían a los jurados, lo que muestra la creciente municipalización del mundo rural. Los casos de San Martín del Río y Muniesa son más que evidentes. En la primera, la propia institución es donada a los jurados de San Martín del Río, mientras que en la segunda, los propios testamentos enlazan el hospital con el concejo. Por último, destaca su carácter ruinoso y la continua y mala administración. Exceptuando Fuendetodos, la totalidad de los municipios referidos hacen mención de la Comunidad de aldeas de Daroca. Este tipo de organización del mundo rural, tan típico de la Extremadura aragonesa, se dividía internamente en sesmas. Aquella situada más al este era la sesma de Honor de Huesa. En ella además de Muniesa, existieron hospitales en Blesa y Cortes de Aragón. No muy lejos se encontraba también Oliete, con María la hospitalera. La sesma de Gallocanta era una de las que por el momento sabemos que disponían de un gran número de instituciones: Retascón, Manchones, Murero, Bello, San Martín del Río y Báguena (Villagrasa, 2013-2014: 85-91). 2. Sobre los hospitaleros. Dentro de los registros de actos comunes del Archivo Diocesano de Zaragoza algunos de los documentos atañen a la labor de los hospitaleros. En este caso el número de referencias es menor, tan sólo dos, y se centran sobre dos establecimientos urbanos: uno en Daroca y otro en Zaragoza. Antes de adentrarnos en ellos conviene conocer la figura de los hospitaleros. Más allá de una definición sencilla, «persona encargada del cuidado de un hospital»,22 es complicado acotar el termino hospitalero. Se puede decir que eran aquellas personas, tanto hombres como mujeres, que trabajaban diariamente en estos establecimientos. En la mayoría de los casos el varón ejercía el cargo de hospitalero y residía en el edificio junto a su mujer e hijos. De esta forma, el hombre atendía a los pobres y enfermos de su mismo sexo mientras que la mujer auxiliaba a las féminas. En general, los hospitaleros se encargaban de la limpieza, abastecimiento y especialmente, de la asistencia y recepción de los necesitados. Dependiendo de la tipología y contexto del hospital estos trabajadores tenían unas funciones u otras. Así, el hospitalero de Benasque, debido a su situación en alta montaña, debía enterrar a aquellos caminantes que fallecieran en la travesía. El hospital cercano de Gistaín tenía un trabajador que vendía vino y viandas a los que se hospedaban. De la misma manera, no era igual la asistencia que proporcionaban hospitaleros y hospitaleras en las pequeñas instituciones que en los grandes establecimientos urbanos, donde a finales del siglo XV y principios del XVI habían quedado realizando la labor de meros conserjes. Una de sus funciones giraba en torno al control de los marginados. Los hospitales, más allá de su carácter caritativo, han sido calificados por la historiografía como centros de control social, en donde prostitutas y maleantes podían interactuar con los verdaderos necesitados o pauperes Christi. Un buen ejemplo de ello son las ordenanzas que estudió María Teresa Iranzo, las cuales ponen de manifiesto la férrea administración y supervisión de las actividades cotidianas de un hospital señorial. Recordemos que entre las primeras disposiciones del duque de Híjar estaba el control de tahúres, picaros, alcahuetes y mujeres de mala fama (Iranzo, 1997: 105-124). Problemas como éste no eran ajenos al arzobispo zaragozano García de Heredia. El 26 de marzo de 1404 la cancillería episcopal atendía los ruegos de Juan, hospitalero de la ciudad de Daroca.23 Dirigiéndose a los hombres buenos, jurados y al justicia de Daroca, el pontífice solicitaba un mayor control de algunos de estos grupos recién nombrados. Cerca de la puerta baja de la ciudad había sido construido y fundado recientemente un hospital para atender a pobres, peregrinos y mendicantes.24 Sin embargo, siguiendo las palabras del arzobispo García, tan caritativa obra pía se veía dificultada por la existencia de un prostíbulo. En este caso, la situación apartada, extramuros o cercana a las puertas de acceso de los hospitales coincidió con el desarrollo del lupanar y el trabajo de las meretrices. El problema ya no sería tanto la influencia sobre el hospitalero sino el propio mundo de marginación y delincuencia que rodeaba la prostitución. Ya el propio duque de Híjar advertía este aspecto en sus ordenanzas. Por la situación del hospital, junto a la puerta inferior de la ciudad, podríamos pensar que se trataba del hospital de San Marcos, edificio que luego fue reutilizado como convento de los Trinitarios. No obstante, este hospital fue fundado en el siglo XIII. Creemos que la institución a la que se refiere el documento es el hospital de la Pasión. El nombre de su fundador coincide con el hospitalero, Juan de Román. Su ocupación, clérigo, también explica porqué la queja sobre el prostíbulo darocense se dirigió al arzobispo García de Heredia.25 Finalmente, la demanda del hospitalero también estaba motivada por la perturbación y molestia que habría sufrido la limosna para la cruz de Cristo, la que arrastró durante la Pasión. Además del control y la recepción del enfermo, los hospitaleros podían tener alguna responsabilidad en la administración económica del establecimiento. Si bien, en hospitales de mayor tamaño como el de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza o el de San Julián y Santa Lucía de Barbastro esa actividad quedaba en manos del bolsero, el mayordomo, el escribano de ración o el oidor de contos, en otros casos el propio hospitalero podía llevar perfectamente las cuentas. Así sucedía en el hospital de Santa María de Villaespesa y San Juan Bautista de Teruel, donde el hospitalero se encargaba de administrar los préstamos censales (Navarro, 2000: 573). Nuevamente la fuente que estamos manejando nos ilustra este aspecto. El hospital zaragozano de Santa Marta había sido fundado en 1315 por el médico Guillermo Fuerte. Se encontraba en la parroquia de San Salvador, es decir, cerca de la catedral de la ciudad. Desde sus inicios daba alojamiento a doce pobres o peregrinos que se dirigieran a Santiago de Compostela (Falcón, 1980: 190).26 Al igual que el hospitalero de Daroca, el hospitalero de Santa Marta se vio obligado a acudir ante el arzobispo García de Heredia en 1400. Su problema radicaba en la falta de liquidez para mantener el hospital. Ese dinero faltante no era consecuencia de su mala administración o de su derroche, sino de la pasividad. Ya en 1390 los administradores de Santa Marta, el arzobispo y los vicarios generales habían establecido una serie de réditos y de depósitos beneficiosos para el hospital. Parece ser que diez años después el cobro de esas cuentas era indebido. García de Heredia exhortaba a sus oficiales para que pusieran solución a aquel problema y para que revisaran la documentación conservada al respecto. Más allá del caso de Santa Marta, el texto evidencia la división de las tareas económicas del inmueble. Los administradores y oficiales de la curia fueron quienes cerraron aquellos negocios, tributos o réditos, mientras que el hospitalero era quien se encargaba de los gastos cotidianos.27 3. Limosnas por indulgencias. Entre los registros de actos comunes del Archivo Diocesano de Zaragoza encontramos, ya en tiempos de los primeros arzobispos, una serie de licencias concedidas a iglesias, ermitas y hospitales para pedir limosnas. Las cartas que contenían el permiso para recaudar limosnas por diversos lugares de la diócesis cesaraugustana recibieron primero el nombre de littera queste, después littera indulgencia y por último, durante el pontificado de García Fernández de Heredia, privilegium. Desde el paso de obispado a arzobispado los prelados zaragozanos concedieron estos privilegios a hospitales, tanto de dentro como de fuera de su diócesis. A los de dentro de la diócesis, las menciones se concentran en torno a las ciudades de Zaragoza, Teruel y Daroca. Fuera de la diócesis, pero todavía en el reino de Aragón, el hospital de leprosos de Ariza o los hospitales para peregrinos de Tiermas y Santa Cristina de Somport fueron algunas de las instituciones que se beneficiaron de tales concesiones. Y por último, más allá de los límites eclesiásticos y de las fronteras políticas aragonesas fueron numerosos los hospitales urbanos y rurales, según que casos en conexión con un monasterio, quienes disfrutaron esta actividad. Dentro de la Península Ibérica encontramos monasterios y grandes hospitales como la Santa Cruz de Barcelona, Santa María de Monserrat de Vic, Santa María de Roncesvalles o Santo Domingo de Silos en Burgos. Entre los hospitales mencionados en territorio castellano parece que existió una predilección por las leproserías. En este sentido, los hospitales de San Lázaro de Quesada, Úbeda, Valladolid y Palencia también aparecen nombrados en la documentación. En territorio francés los privilegios llegaron hasta Santa María de Podio de Amiens y Santa Quiteria de Aire, así como al Santo Espíritu de Roma (Pueyo, 2000: 683-708).28. Gracias a esta documentación, personas responsables de estos hospitales, al igual que iglesias y ermitas, podían recorrer la diócesis zaragozana recaudando limosnas, las cuales solían invertirse en reparaciones y mantenimiento. Para una mayor atracción de los parroquianos del lugar, las licencias concedidas por el arzobispo o sus vicarios se acompañaban de indulgencias. Una indulgencia era, en palabras de Daniel Baloup, «un privilegio de origen pontificio o episcopal que garantiza al beneficiario una reducción parcial o total de penitencia.» Si bien el discurso sobre la indulgencia estaba ya presente en el siglo XI, no fue hasta el siglo XIII cuando se hicieron más comunes, multiplicándose a finales de la Edad Media. La disminución de la pena podía llegar motivada por una actividad devocional, sin embargo, «lo que permite ganar el preciado privilegio es la limosna a un santuario, a un hospital o a una orden religiosa.» (Baloup, 2003-2004: 62).29. Debido a la repetición de las fórmulas diplomáticas en este tipo de documentos, seleccionamos a modo ilustrativo la licencia concedida para la iglesia y hospital de San Jorge de Teruel. La licencia la emitió Juan Boecio, vicario, en nombre del arzobispo García de Heredia. El documento expedido pasaría a manos de los administradores y cuestores de dicho hospital, aunque el texto evocaba al clero de toda la diócesis cesaraugustana, quienes debían permitir la recogida de limosna en sus respectivas parroquias. La concesión coincide con la reciente construcción del hospital de San Jorge, el mártir soldado, para atender a pobres y peregrinos que pasaban por la ciudad. Se encontraba a las afueras de la ciudad —«in suburbio sive ravali dicte civitatis»—, como ocurría con otros tantos establecimientos similares. De esta forma el tránsito de peregrinos se mantendría fuera del circuito urbano, así como los problemas que pudieran generarse en contextos de marginación y pobreza. Anteriormente ya existió allí una institución con funciones semejantes, el hospicio de Benedicto Mata.30 La licencia para el hospital de San Jorge de Teruel permitía a los cuestores de la institución que recorrieran la extensa diócesis de Zaragoza. A su llegada a cada localidad el párroco convocaba a sus feligreses a toque de campana. Reunida la comunidad se explicaban las necesidades de las diferentes instituciones que fueron beneficiarias de estas licencias, no sólo hospitales, así como los beneficios espirituales que obtenía el creyente al dar su limosna. En este caso, las indulgencias por el hospital de San Jorge comportaban triginta dies de indulgencias (Pueyo, 2001: 315-352). La propia ciudad de Teruel contó con establecimientos hospitalarios desde la conquista cristiana en la segunda mitad del siglo XII. El de San Redentor y el de San Marcos fueron de los primeros, siendo su principal actuación la redención de los cautivos. Los siglos sucesivos llegaron con nuevas fundaciones como el hospital de San Sebastián, el de San Juan Bautista, el de San Lázaro o el de San Gil, este último promovido por la corporación de los pellejeros (Gargallo, 1996: 199-202). Más allá de una simple enumeración de los hospitales de la ciudad, destaca un fenómeno en el Teruel del siglo XV y XVI: la concentración hospitalaria dual. En las ciudades de la Corona de Aragón del Cuatrocientos, y en los primeros momentos de la centuria siguiente, el fenómeno hospitalario se sirvió de nuevos métodos asistenciales. Nacieron entonces los hospitales generales urbanos. Para ello se requería una concentración de los esfuerzos de las instituciones, dando cada vez más importancia y recursos a estos nuevos hospitales. Las estrategias de concentración fueron principalmente tres. La primera la ejemplifican los hospitales de la Santa Cruz de Barcelona o el de San Nicolás de Bari, este último ya comentado. Nueve pequeños hospitales, en la ciudad condal, y cuatro, en Alcañiz, unieron sus recursos y rentas para crear una institución de mayor capacidad. En Zaragoza se optó por fundar un hospital nuevo, el de Nuestra Señora de Gracia, y dejar que los pequeños hospitales fueran desapareciendo o readaptándose. Ésta es la segunda solución: fundar un nuevo establecimiento. Y la tercera dirección fue la concentración dual. Se dio en ciudades de menor tamaño y como su nombre indica, supuso la suma de dos establecimientos. El resultado de estos hospitales se distingue rápidamente si nos fijamos en su doble advocación: el de San Juan Bautista y el Espíritu Santo en Jaca, San Julián y Santa Lucía en Barbastro y Santiago y Santa María en Daroca. Uniendo la documentación de los registros de actos comunes con otra de procedencia variada podemos ofrecer algunos trazos de este fenómeno en la ciudad de Teruel. Del hospital de San Juan Bautista y Santa María de Villaespesa ya hemos hablado, pero el listado sigue con dos casos más. El primero tiene que ver con el previamente citado hospital de San Jorge. Al menos en 1514 su titularidad ya estaba compartida, ya que Luis Camañas era el hospitalero de San Jorge y Santa Bárbara.31 Lo mismo sucedió con Jerónimo Castellot en 1529, pero en el hospital de San Julián y San Bartolomé.32. Por último, y cerrando este punto, retornamos nuevamente a las licencias e indulgencias para observar lo generalizado de este fenómeno. Ya hemos hablado de los hospitales, iglesias y monasterios que siendo de fuera de la dió- cesis podían pedir limosnas en los dominios de García de Heredia. Uno de ellos fue el hospital de San Antonio, de la diócesis francesa de Amiens. Su importancia fue tal que no sólo desde la curia zaragozana se concedieron privilegios de este tipo, también desde la corte papal. En 1411 Benedicto XIII ordenó al obispo de Segorbe, al abad del monasterio valenciano de San Bernardo y al oficial de Tortosa que facilitaran la entrega de legados y limosnas para el hospital de pobres del monasterio de San Antonio (Cuella, 2011: 51). Como vemos, los recursos a favor de estos importantes hospitales, muchos de ellos también monasterios, llegaban más allá de las fronteras políticas y eclesiásticas. III. A modo de conclusión. En las postrimerías de la Edad Media la Iglesia ejerció todavía un protagonismo muy notable. Pese al proceso de laicización que permitió que nuevos actores sociales participaran en la gestión de los hospitales, los prelados seguían manteniendo su influencia sobre la comunidad de fieles y las autoridades municipales. Tanto los hospitales urbanos y parroquiales como las pequeñas empresas rurales fueron objeto de atención constante. Y aunque en estas líneas no hayamos profundizado al respecto, tampoco podemos olvidar la función espiritual de los hospitales y del cuerpo eclesiástico en ellos presente. Esta labor ha quedado relegada por la historiografía frente a la asistencia corporal y los cuidados que proporcionaban los hospitales. Los múltiples esfuerzos realizados por la Iglesia católica en el ámbito de la caridad suponen para el historiador un vasto campo de estudio. Su papel de mediadora con la divinidad en las épocas medieval y moderna la coloca como intermediaria de la sociedad. Profundizar en ella significa abordar la colectividad con múltiples perspectivas, planteándonos el papel de las élites y los marginados. Y entre el amplio espacio entre unos y otros, el que separaba al arzobispo de Zaragoza y un peregrino alojado en Muniesa, se encontraban las instituciones hospitalarias. En ellas la actuación de los prelados se complementó con aquellas acciones individuales de sus subordinados. En segundo lugar, destaca el complejo sistema de entramados institucionales. Únicamente con los registros de actos comunes del Archivo Diocesano de Zaragoza se distinguen varios planos de la red hospitalaria. Con una escala menor es posible apreciar el mundo rural y la proliferación de estos establecimientos a partir del siglo XIV. Por un lado, se observa cómo durante el siglo XV fue cuando la mayor parte de ellos se convirtieron en empresas públicas bajo la administración municipal. Y por otro, son los caminos secundarios devocionales y de peregrinación la temática de estudio que se perfila. En una escala mayor, a nivel peninsular y europeo, se observan fenómenos igual de importantes como el tráfico de indulgencias y limosnas. De todo ello se extrae que la red institucional es global y que no se limita ni a las fronteras físicas, políticas o eclesiásticas. Por último, esta aproximación a la documentación eclesiástica evidencia las todavía posibilidades de estudio que ofrecen estas fuentes. El vaciado sistemático de sus fondos y la unión con otras tipologías documentales nos permitirá pasar de lo anecdótico y circunstancial a la reconstrucción de procesos de mayor amplitud. Anexo $\mathbf { N } ^ { \circ } \mathbf { \Phi } 1$ : Noticias de hospitales de fuera de la diócesis de Zaragoza33 <table><tr><td colspan="1" rowspan="1"></td><td colspan="1" rowspan="1">Hospital</td><td colspan="1" rowspan="1">Lugar</td><td colspan="1" rowspan="1">Diocesis</td><td colspan="1" rowspan="1">Ref. documental (ADZ)</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">1</td><td colspan="1" rowspan="1">Santa Maria de Podio</td><td colspan="2" rowspan="1">Amiens</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1387-1397,ff.5v-6v;RAC.1400-1401,ff.579v-580r; RAC.1405-1406,ff.131r-v; RAC.1407-1408,ff.199v-200r; RAC. 1409-1411,ff.123r y 280r.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">San Marcial</td><td colspan="2" rowspan="1">Limoges</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1387-1397,ff.3v-4v;RAC.1400-1401,ff.192r-193r;RAC.1405-1406,ff.240r-241r; RAC.1407-1408,ff. 300r-301r.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">San Antonio</td><td colspan="2" rowspan="1">Vienne</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1387-1397,ff.40v-43v;RAC.1402-1404,ff.144v-146v; RAC.1405-1406,ff.128r-130r.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">Santa Quiteria</td><td colspan="2" rowspan="1">Aire</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1387-1397,ff.17r-18r;RAC.1400-1401,ff.5v-6r;RAC.1402-1404,ff.238v-239v y 370r-v; RAC.1405-1406,ff.354v-355r;RAC.1407-1408,ff.280v-281r;RAC.1409-1411, ff.256v.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">5</td><td colspan="2" rowspan="1">Santa Maria de Roncesvalles</td><td colspan="1" rowspan="1">Pamplona</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1346-1385,ff.64v-66v; RAC.1387-1397,ff.61r-63v; RAC.1402-1404,ff.450v-452r; RAC.1409-1411,ff. 215v-216v.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="2" rowspan="1">Santa Cristina de Somport</td><td colspan="1" rowspan="1">Huesca</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1400-1401,ff.506r-v;RAC.1405-1406,ff.389r.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="2" rowspan="1">Tiermas</td><td colspan="1" rowspan="1">Jaca</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1346-1385,ff.27v-28ry 362v-363r.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="2" rowspan="1">Santo Domingo de Silos</td><td colspan="1" rowspan="1">Burgos</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1387-1397,ff.45v-46v;RAC.1400-1401,ff.581v-582r; RAC.1402-1404,ff.323v-324r; RAC. 1405-1406,ff. 323r-v; RAC.1407-1408,ff.265v-266r; RAC.1409-1411, ff. 252v-253r.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">9</td><td colspan="1" rowspan="1">San Lazaro</td><td colspan="2" rowspan="1">Palencia</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1409-1411,ff. 391r-v.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">San Lazaro</td><td colspan="2" rowspan="1">Valladolid</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1407-1408,f.273v;RAC.1409-1411,ff.259r-v.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">San Lazaro</td><td colspan="1" rowspan="1">Ariza</td><td colspan="1" rowspan="1">Siguenza</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1400-1401,ff. 1r-2r;RAC.1402-1404,ff.227r-228v; RAC.1407-1408,ff.87v-88r.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">12</td><td colspan="1" rowspan="1">Santa Barbara</td><td colspan="2" rowspan="1">Gerona</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1387-1397,ff. 53v-54v;RAC.1405-1406,f.130v.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">13</td><td colspan="1" rowspan="1">Santa Mariade Monserrat</td><td colspan="2" rowspan="1">Vic</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1387-1397,ff.18r-19r.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">Santa Cruz</td><td colspan="2" rowspan="1">Barcelona</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1405-1406,ff. 151r-152r; RAC.1409-1411, ff.230r-v.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">15</td><td colspan="1" rowspan="1">San Lazaro</td><td colspan="1" rowspan="1">Ubeda</td><td colspan="1" rowspan="1">Baeza</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1407-1408,ff.224r-v;RAC.1409-1411,ff.59v y273v.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">San Lazaro</td><td colspan="1" rowspan="1">Quesada</td><td colspan="1" rowspan="1">Baeza</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1407-1408,ff.224r-v;RAC.1409-1411,ff.59v y273v.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">Santo Espiritu</td><td colspan="2" rowspan="1">Roma</td><td colspan="1" rowspan="1">RAC.1346-1385,ff.43v-45v; RAC.1387-1397,ff.46v-48v; RAC.1400-1401,ff.590r-592r; RAC.1405-1406,ff.97v-99v.</td></tr></table>. Anexo $\mathbf { n } ^ { \circ } \boldsymbol { 2 }$ : Transcripción documental 1. 8, marzo, 1400. Zaragoza. El arzobispo García de Heredia ordena a los administradores del hospital de Santa Marta y a los otros cargos de la curia arzobispal que ejecuten los réditos del hospital para que Juan Burreti, hospitalero del establecimiento pueda usarlos en la reparación y mantenimiento del establecimiento. ADZ, RAC, t. III (1400-1401), ff. 51v-52v. /f. 51v/ Per Johanem Burreti. Garsias miseracione divina archiepiscopus Cesarauguste. Dilectis in Christo officiali nostro Cesarauguste vel eius locatenentibus ceterisque universis et singulis comissariis ac rectoribus sive administratoribus hospitalis Sancte Marte, constructe in parrochia Sancti Salvatoris sedem nostre Cesarauguste, ac receptoribus et depositariis tributorum redditum obvencionum et jurium eiusdem hospitalis ab anno a Nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \mathrm { o } } \mathbf { C } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \mathrm { o } } \mathbf { X } \mathbf { C } ^ { \mathrm { o } }$ per nos seu nostros vicarios generales deputatis et ordinatis usque ad festum Omnium Sanctorum proxime lapsum et signanter venerabilis Poncio de Bruno, decretorum doctori, precentori Vicensis olim, officiali nostro Cesarauguste et quibusuis locatenentibus suis Johanni de Lines, rectori de Villafranca, seu eius procuratori ac heredibus et detentoribus bonorum, Bernardi de Sames, quondam rectoris de Palomar nostre diocesis, venerabilis Petro Bolea, canonico ecclesie nostre predicte, Petro Gallici, nunc vicario Sancti Philippi Caesaraugustis, et Petro Egidii, marques presbitero vicario cappelle sedis nostre jam dicte necnon quibusvis notariis et scriptoribus curie /f. $5 2 \mathrm { r } /$ dicti officialatus nostri Cesarauguste preteritis et qui nunc sunt et aliis quibuscumque ad quem vel quod spectet et presentes pervenerint et singulis eorum, salutem in Domino. Comperens coram nobis dilectus in Christo Johannes Burreti, presbiter porcionarius dicte sedis et hospitalarius hospitalis, jamdicti exposuit reverenter quod vos seu aliqui vestrum tenetis ac tenent per viam depositi seu alia plures et diversas peccuniarum quantitates de tributis redditibus et juribus dicti hospitalis a dicto anno $\mathrm { X C ^ { \circ } }$ citra habitis sive depositis et receptis que in reparaçione augmento et utilitate dicti hospitalis sunt convercende. Quare supplicato nobis super hoc de condescendi justitie remedio provideri, vos et vestrum singulos harum tenore monemus, semel, secundo, tercio et peremtorie vobisque nichilominus invingentes quatenus infra XV dies a die qua presentes receperitis seu vobis notifficatis et intimate fuerunt inantea continue et inmediate sequentes quorum quinque pro primo, quinque pro secundo et reliquos quinque dies pro tercio et peremptoria terminis trinaque et canonica monitione vobis omnibus / et singulis\ assignamus tradatis et deliberetis cum effectum prefato Johanni Burreti, hospitalario, quecumque tributa redditus obvenciones et jura dicti hospitalis penes vos et singulos vestrum per viam depositi seu alia a dicto anno $\mathrm { X C ^ { \circ } }$ citra et usque ad dictum festum Omnium Sanctorum proxime lapsum exentia recuperando tamen ab eodem albarana, sive apocas, de soluto vosque etiam notari et scriptores predicti tradatis dicto hospitalario previa satisfactione con digna coppiam signatam et in judicio fidem ferentem de quibusuis depositis seu comandis dictorum tributorum reddituum et jurium quorumcumque hospitalis jam dicti per vos et vestrum singulos testifficatis seu in libris dicte curie officialis nostri aut aliis scriptis et annotatis cum quibus ea valeat hospitalarius jamdictus, petere, recuperare, exigere /et\ habere vel cum dicto hospitalario super predictis vos interim amicabiliter componatis, aut ultima die dicti termini non feriata compereatis coram nobis seu deputando a nobis Cesarauguste proposituri in judicio causas justas siquas habetis vel habere creditis, quibus non teneamini ad predicta, alio quod lapso dicto termino XV dierum monitione huiusmodi canonica precedentis ac presentacione et notifficacione inde nobis facta quam vobis et aliis quibuscumque pro ut expediens fuerit per universos et singulos presbiteros curatos et non curatos civitatis Cesarauguste in virtute sancte hobedientie fieri volumus et mandamus in vos et vestrum singulos nisi feceritis que mandamus nunc pro tunc et tunc pro nunc excomunicationis sententiam ferimus in hiis scriptis mandantes eisdem prebiteris quod huiusmodi literam dicto hospitalario /f. 52v/ reddant cum relacione horum que fecerint in predictis coppia inde vobis tradita si eam pecieritis vestris tamen sumptibus et expensis providentes et ordinantes in super quod dictus Johannes Burreti, hospitalarius, convertat in utilitate reparacione et augmento dicti hospitalis ad congnicionem venerabili et religiosi viri dompni Dominici Ram, legum doctoris, canonici et caritatarii ac officialis nostri Cesarauguste quidquid receperit expredictis. Datum Cesarauguste die VIIIa marcii anno a Nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \circ } \mathbf { C } \mathbf { C } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \circ }$ . Vidit Petrus Vilana, vicarius. 2, octubre, 1400. Teruel. El arzobispo García Fernández de Heredia concede cuarenta días de indulgencias a quienes ayuden con sus limosnas a la iglesia y hospital de San Fabián y San Sebastián de Teruel. ADZ, RAC, t. III (1400-1401), f. 169r. /f. $1 6 9 \mathrm { r } /$ Privilegium Sancti Sebastiani Turolii. Garsias etc. Dilectis in Christo universis et singulis prioribus, archipresbiteris, plebanis, rectoribus et vicariis ceterisque presbiteris curatis per civitatem et diocesis nostram Cesarauguste constitutis ad quem vel quos presentes pervenerint, salutem in Domino, et bonis semper operibus abundare. Tanto vos et alios Christi fidelis ad pietatis et caritatis opera libencius invitamus quanto ad ea exercenda, vos et eos invenire credimus prompciores. Cum itaque Petrus Valero, procurator et administrator ecclesie et hospitalis Sanctorum Sebastani et Fabiani civitatis Turolii, nostre diocesis, lator presenciam ad reparacionem dicte ecclesie quod evidenter minatur ruinam, et in qua dominus nostrum Ihesus Christus nuncis dictorum Sanctorum Martirum multa et diversa miracula operatur et alias necessitates hospitalis eiusdem indegeat Christi fidelium helemosinus /et sucursu. Idcirco vobis in virtute sancte hobedientie dicimus et mandamus, quatenus cum dictus Petrus ad vos seu ecclesias vestras declinaverit Christi fidelium helemosinas petiturus,\ petiturus [sic.] presentibus comunitus ipsum benigne recipiatis et caritative tractetis ac permictatis in vestris ecclesiis et parrochiis helemosinas petere et congregare. Eumque plebibus vobis comissis presentetis plebes easdem ad benefaciendum eidem salubribus, monitis et exortacionibus inducendo. Sperantes ab illo premium qui in centuplum remunerat omne bonum. Nos enim de omnipotentis dominum Dei misericordia beatorum quoque Petri et Pauli apostolorum eius ac Valerii anthistitis et patroni nostri meritis confidentes omnibus et singulis Christi fidelibus vere penitentibus et confessis qui ad reparacionem et necessitatem dicte ecclesie et hospitalis eiusdem manus suas porrexerint quomodolizet adiutrices XL dies de iniunctis eis legittime penitenciis per graciam Sancti Spiritus misericorditer in Domino relaxamus. Presentibus post bienium minime valituris. Datum Turolii, die secunda octobre anno CCCC°. Vid Pere Vilana, vicaris. 3. 26, marzo, 1404. Zaragoza. El arzobispo García Fernández de Heredia ruega a los hombres buenos de la ciudad de Daroca que intervengan ante las perturbaciones que sufre el nuevo hospital y su hospitalero, debido a su situación próxima con un prostíbulo. ADZ, RAC, t. IV (1402-1404), ff. 385v-386r. /f. 385v/ Pro hospitalario Daroce. Garsias et etc., honorabilis et discretis viris, justicie, juratis et probiis hominibus civitatis Daroce, nostre diocesis, salutem in Domino. Et proactum ad vestri beneplacita voluntatem in nostra presenciam constitutus dilectus in Christo Johanes, nostrum hospitalarius novi hospitalis constructi et fundati prope portam inferiorem dicte civitatis, proposuit reverenter quod ipse pro Dei servicio volens temporalia in specialibus conmutare mediantibus helemosinis Christi fidelium hedifficavit dictum hospitale quod erint certo precio cum certis aliis domibus circumadiacentibus et dicto hospitali neccesaris ut pauperes Christi, peregrini et ceteri mendicantes ibi amore Dei valeant hospitari de qua quidem empcione sive empcionibus inde factis de solucione pretii constare de publiciis instrumentis quorum vigore et alter ipse ut hospitalarius predictus et dictum hospitale et ut asservit possesionem pacica et quieta ipsarum domorum et eo sit possidete vos seu aliqui vestrum ipsum hospitalarium supradictam sua possesione de facto absque alicuius cause cognicione interim ut asseritur indebite perturbare. Mandando sibi se eius locutenenti in dicto hospitali per aliquas ex dictis domibus hospitalis predicti dimittat pro lupanari ubi meretrices valeant comorari de quo si ita sit vehementer et non merito cogimur admirari nam hospitalia et loca pia ordinata ad Dei servicium et usarum Christi pauperum non debunt tam illicitis, orrendis et nefandissimis usibus assignavi, unde dictus hospitalarius turbatus in suo santo proposito ad nos recurrens firmavit de directo super dicta sua possesione in posse nostro et de stando viri vobis et quibusuis aliis de eo querimoniam herentibus quovisi modo et supplicavit per nos in predictis de condescenti justicie remedio providi. Nos enim attendentes quod nostro pastorali incubite officio ecclesiastico hospitalia et alia sacra et pia loca in suis vestribus deffendere et tueri prudentiam vestram de qua talia procedere inullatum oppinamur, rogamus, monemus et in Domino exortamur vobisque in ecclesia inhibemus quatenus dictum hospitalarium supradictam possesione et administracione dicti hospitalis et domorum eiusdem ipsius hospitalis, et pauperum Christi ibi convenientium usibus et necesitatibus /f. $3 8 6 \mathrm { r } /$ assignatarum et deputatarum quas ut preffertur erint et possidet vistis, titulis cum helemosinis cruciffixi nullatis, inquietetis, molestetis seu perturbaretis ymo a predictis desistendo sinatis ipsum et Christi pauperes sua publica possesione gaudere in hoc enim servietis Deo. Et complacebitis nobis multum si contratium vero feceritis directe vel indirecte publice vel occulte quod de vobis ut preffertur nullatum speramus serenimus licet invite vestre tamen nostre compulsi in et super predictis ac incontradictores procedere vestris remediis et aliis omnibus quibus decet. Tamen si aliquas, vistas cartas habetis quibus non teneamini ad predictam eas per vestris ydoneum procuratorem coram nobis seu vicario nostro generali. Cesarauguste in judicio proponatis infra duodecim dies videlicet ultima die ipsius termini non feriata quem terminum uno e dicto pro tribus et pemptis assignamus ut precatur laboribus et expensis interim vero super predictis vel providenciale, innovetis seu innovari faciatis, offerentes ad omnia que vestro contenerat beneplacitum et honorem. Datum Cesarauguste, die XXVIª madii anno a Nativitate Domino $\mathbf { M } ^ { \circ } \mathbf { C } \mathbf { C } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \circ }$ quarto. 4. 3, abril, 1405. Zaragoza. El arzobispo García Fernández de Heredia aprueba la construcción de un nuevo hospital en Fuendetodos con motivo de la mala administración que había llevado el hospital viejo a la ruina. ADZ, RAC, t. V (1405-1406), f. 55r-v. /f. $5 5 \mathrm { r } /$ Per hospitale de Fuent de Todos. Garsias et etc., dilecto in Christo vicario, et juratis loci de Fuent de Todos, nostre diocesis, salute in Domino. Cum sicut pro parte vestra fuit proponitum humiliter coram nobis in dicto /f. 55v/ sit unum hospitale anticum quos vicio fundamenti vel propter malam administracionem corruit sucessibus ruinosis et belicis emere alius hospicium pro hospitali in quo Christi pauperes valeant. Ospitari suplicaveritisque nobis ut vendendi domos ruinosas dicti hospitalis antiqui et precium earum in emptione edifficacione et aliis necesitatitus dicti novi hospitalis potiendi et convertendi nobis pro Dei servicio licenciam concedem dignaremur nos piis votis vestris annuentes ac volentes bonis. Operibus dare locum ut dictum antiqum hospitalis vendere in precium inde habendum in emptione hedifficacione et aliis necesitatibus dicti novi hospitalis convetere libere valeatis vobis si est ita et non aliam licenciam et facultatem presentibus impertimum. Datum Cesarauguste, die IIIª aprilis anno a Nativitate Domini Millesimo quadringentesimo quinto. Garcia archiespiscopus. 5. 20, agosto, 1405. Zaragoza. Los vicarios generales conceden treinta días de indulgencias a quienes ayuden con sus limosnas a la iglesia y hospital de Santa María del Pilar de Zaragoza. ADZ, RAC, t. V (1405-1406), f. 126v. /f. 126v/ Privilegium beate Marie de Pilari Cesarauguste. Vicarii generales et etc. universis Christi fidelibus per civitatem et diocesis Cesarauguste constitutis, ad quos presentes pervenerit, salutem in Domino et bonis semper operibus abundare. Tanto vos ad pietatis opera libencius invitamus quanto ad ea exercenda vos invenire credimus promptiores. Cum igitur ecclesia beatissime Virginis Marie del Pilar, civitatis Cesarauguste, in qua dominus nostrum Ihesus Christus ex assuete pietatis misericordia et intuitu beatissime Virginis Marie eius genitricis cuius altare ibidem edifficatum et constructum existit multa et inmensa miracula operatur indigeat auxilio et sucursu nostrorum et aliorum Christi fidelium propter multa et plurima omnia dicte ecclesie et cuiusdam hospitalis ipsius ecclesie suportanda. Idcirco universitatem et devocionem vestram in Domino exortamur et etiam monemus in remissionem vestrorum peccaminum, quatenus de bonis vestris vel adeo collatis eidem ecclesie et hospitali, pias helemosinas et grata caritatis subsidia per latorem presenciam nostram transmittatis ut per subvencionem vestram el aliorum Christi fidelium dicte ecclesie et hospitali predicto in necessitatibus succurratur, vosque per hec et alia bona que Domino inspirantis feceritis ad eterna possitis gaudia feliciter pervenire. Vobis auctoritate prioribus, archipresbiteris, plebanis, rectoribus et vicariis et aliis clericis curatis et non curatis et vestrum locatenentibus civitatis et diocesis predicte in virtutis sancte obedientie dicimus et mandamus, quatenus cum nuncium, seu nuncios, preffate ecclesie et hospitalis latores presencium ad ecclesias et loca vestram declinare contigerit pro petendis helemosinis ad oppus ipsorum ecclesie et hospitalis ipsos benigne recippiatis et populis vobis comissis libere presentetis neccesitatem ipsius ecclesie et hospitalis exponatis eisdem vel per ipsos nuncios exponi libere permittatis populos ad benefaciendum eisdem ecclesie et hospitali monitis, et exortacionibus inducendo. Volumus autem quod presens questa pro nulla alia retardetur, vel etiam impediatur excepta ecclesie Cesaraugustane quam hinc et omnibus aliis volumus antefferi. Concedentes in super dicto nuncio ut ad maiorem devocionem populi exitandan crucem secum defferre valeant licite et honeste. Nos enim de omnipotentis Domini nostri Ihesu Christi misericordia beatorum quoque Petri et Pauli apostolorum eius auctoritate et Sancti Valerii, confessoris et patroni ecclesie Cesaraugustane, meritis confidentes omnibus et singulis Christi fidelibus vere penitentibus et confessis qui dicto nuncio presentibus comito pro oppere et neccesitate dicte ecclesie et hospitalis eiusdem manus suas porrexerint quomodolizet adiutrices triginta dies de iniunctis sibi legittime penitenciis per graciam Sancti Spiritus misericorditer in Domino relaxamus. Presentibus post biennium inantea computandis minime valituris. Datum Cesarauguste die $\mathrm { X X ^ { a } }$ mensis augusti anno a Nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \circ } \mathbf { C C C C } ^ { \circ }$ quinto. Vidit Petrus Ramus, vicarius. Item fuerunt expedita alia duo con similia privilegia ex parte domini archiepiscopi. Data Cesaraguste, die VIª octobre anno predicto. 6. 28, diciembre, 1406. Teruel. Juan Boecio, vicario de Vic y vicario general, concede treinta días de indulgencias a quienes ayuden con sus limosnas al hospital de San Jorge de Teruel, recientemente edificado. ADZ, RAC, t. VI (1407-1408), f. 3r-v. /f. $3 \mathrm { r } /$ Privilegium hospitalis Sancti Georgii Turolii. Johannes Boeci et etc. Dilectis in Christo universis et singulis prioribus, archipresbiteris, plebanis, rectoribus et vicariis ceterisque presbiteris curatis per Cesarauguste diocesis constitutis, ad quem /vel quos presentes pervenerint\, salutem in Domino et bonis semper operibus habundare. Cum inter alia bona misericordie opera notabiliter volut Deo placida comendentur et in civitate Turolii, Cesarauguste diocesis, videlicet in suburbio sive ravali dicte civitatis in hospicio Benedicti Matha, vulgariter nominato, sit hedificatum, ordinatum et constructum noviter unum hospitale sub invocatione et devocione beati Georgii, militis et martiris, in quo Christi pauperes et peregrini ad illud declinantes recolliguntur et hospitantur, et per hospitalarium dicti hospitalis in suis necessetatibus sincera in Domino caritate tractaretis et misericordie opera laudabiliter adimplentur, et non possit absque Christi fidelium helemosinis sustentari. Idcirco auctoritate prefati domini nostri archiepiscopi, vobis in virtute sancte hobedientie dicimus et mandamus, quatenus cum hospi- /f. 3v/ talarius sive procurator aut nuncius dicti hospitalis ad vos seu ecclesias vestras declinaverit ad opus et necessitatem dicti hospitalis Christi fidelium helemosinas petituris ipsum benigne recipiatis et caritative tractetis vobisque comissis plebibus presentetis plebes ipsas ad beneffaciendum dicto hospitalis, salubribus, monitis et exortacionibus inducendo. Sperantes ab illo premium qui in centuplum remunerat omne bonum. Nos enim super hoc a dicto domino nostro archiepiscopo specialem potestatem habentes de omnipotentis Dei misericordia beatorum quoque Petri et Pauli apostolorum eius auctoritate ac Valerii /confessorunt\ anthistitis ecclesie Cesarauguste meritis confidentes omnibus et singulis Christi fidelibus vere penitentibus et confessis qui dicto hospitali seu eius hospitalaris procuratori vel nuncio presentibus comito manus suas porrexerint quomodolicet adiutrices triginta dies de iniunctis sibi legitime penitenciis per graciam Sancti Spiritus misericorditer in Domino relaxamus. Presentibus post trienium minime valituris. Datum Turolii, die XVIIIa decembris anno a Nativitate Domimi millesimo $\mathrm { C C C C ^ { \circ } V I ^ { \circ } }$ . 27, febrero, 1408. Daroca. Juan Boecio, canónigo del vicario general, en nombre del arzobispo García Fernández de Heredia, concede a los jurados y hombres buenos del lugar de San Martín del Río el hospital de dicho lugar para que lo reparen, administren y acondicionen una estancia para el descanso de los pobres. ADZ, RAC, t. VI (1407-1408), f. 314v. /f. 314v/ Concessio hospitalis de Sancti Martin del Rio. Johannes Boeci, canonicii Vicensis ac plebanus de Martino, vicarius generalis, in specialibus et temporalibus reverendisimi in Christo pateis et domini domini Garsia miseratione divina archiepiscopis Cesarauguste, venerabilis et discretis concilis jurates et probiis hominibus loci Sancti Martini del Rio, riparie de Xiloqua, Cesarauguste diocesis, salutem in Domino. Cum nos in ecclesia dicti loci et in periplo eiusdem visitacionis officium exercendo inter coram invenerimus quod hospitale dicti loci in quo reciperi et hospitari consuererunt pauperes Ihesu Christi, confrontatum ab una parte cum orto Juliani Petri, et ab alia cum orto dompno Mathee Sancii Binas, uxor dompni Petri de Linyan, scutiferi quondam, ab alia parte cum domibus Petri Didaci de Valdiveiento, et ab alia cum via publica, et ab alia cum cequia de Gavarda propter deffectum reparacionis et materie vetustate corruit ex toto successibus ruinosis propterea volentes quantum possumus Christi pauperibus providem auctem officii quo fungimur in hac parte damus et concedimus vobis /perpetuo\ dictum hospitale reperandum, tenendum, possidendum gubernandum, regendum et administrandum cum possesionibus et juribus cum overe tamen et condicione sequenti ludelicet, quod habeatis tenere in dicto hospitali unam domum sive palacium aut cameram cum uno lecto ornato randis condecenter in quo Christi pauperes ad dictum hospitale declinantes possint recipi quiestere et dormire, et cum huiusmodi overe tamen vos et vestri qui pro tempore erunt dictum hospitale cum suis domibus pertinenciis possessionibus et juribus universis regatis, teneatis, possidatis, gubernetis et administretis et inde ad libitum disponetis et ordinetis, scitra tamen alienacionem et vendicionem dicti hospitalis aut aliquarum possessionum seu jurium eiusdem. Et nos Michael de Tudela et Ferdinandus de Albarrazin, jurati annuales dicti loci Sancti Martini, per nos et succesores nostros juratos dicti loci qui pro tempore erunt ac nomine etiam totius concilii dicti loci et etiam ago Julianus Petri d’Albarrazin, vicinus prefati loci ac procurator dicti concilii, constitutus cum publico instumento acto in dicto loco XVIIIa die mensis octobris anno a Navititate Domini $\mathbf { M } ^ { \circ } \thinspace \mathrm { C C C C ^ { \circ } \thinspace V I I ^ { \circ } }$ et clauso per Johannes de Alaymanya, vicinum de Baguena, de auctoritate illustrisimi domini regis notarium publicum per totum regnum Aragonum, predictam concessionem et donacionem recipimus et acceptamus a vobis dicto domino vicario generali et dictum hospitale reparare, regire, gubernare dictum lectum manutencione et alia omnia et singula supradicta convenimus et promittimus ac nos obligamus perpetuo pro Dei servicio inviolabiliter observare in quorum testimonium nos domus vicarius generalis presentes fieri a sigillo dicti domini archiepiscopi in pendenti jussimus comuniri. Datum Daroce, die XXVIIa mensis febroarii anno a Nativitate Domini $\bf M ^ { \circ } C C C C V I I ^ { \circ }$ . 8. 21, julio, 1408. Zaragoza. El arzobispo García Fernández de Heredia, ante la mala administración del hospital de Burbáguena, insta a los jurados y hombres buenos del lugar para reconstruir y dotar adecuadamente el mismo, las habitaciones anexas a la iglesia o la capilla de San Miguel, para que pobres y peregrinos tengan un sitio donde albergarse. ADZ, RAC, t. VI (1407-1408), f. 349r. /f. $3 4 9 \mathrm { r } /$ Licenciam de Burvaguena. Garsias et etc., venerabilis et discretis juratis et probiis hominibus loci de Burvaguena, nostre diocesis, salutem in Domino. Cum ut precepimus hospitale anticum dicti loci vicio vetustatis materie et propter malam administracionem corruerit funditus successibus ruinosis et non possint ibi recoligi pauperes Ieshu Christi, propterea suplicato nobis vestri ex parte super hoc provideri, vobis edifficandi et costruendi de novo hospitale, sive domos, aut cameras contiguas ecclesie sive capelle Santi Nicholai dicti loci in quo seu quibus recipi valeant pauperes, peregrini et alii ibidem convenientes, illudque seu illas preficendi opere congenenti, nec non parandi lectos et alia necessaria et oportuna licenciam et facultatem plenaria presentibus impertimur constitutione quamcumque sive provisione in contrarium edita non obstante. Datum Cesarauguste die XXIa julii anno a Nativitate Domini $\mathrm { M } ^ { \circ } \mathrm { C C C C ^ { \circ } V I I I ^ { \circ } } .$ Videlicet io Boeci. 9. 21, julio, 1408. Zaragoza. El arzobispo García Fernández de Heredia concede cuarenta días de indulgencias a quienes ayuden con sus limosnas a la iglesia y hospital de San Fabián y San Sebastián de Teruel. ADZ, RAC, t. VI (1407-1408), f. 347r. /f. $3 4 7 \mathrm { r } /$ Privilegium Sanctorum Fabiani et Sebastiani Turolii. Garsias miseracione divina archiepiscopus Cesarauguste. Dilectus in Christo universis et singulis prioribus, archipresbiteris, plebanis, rectoribus et vicariis ceterisque presbiteris curatis per civitatem et diocesis nostram Cesarauguste constitutis, ad quem vel quos presentes pervenerint, salutem in Domino et bonis semper operibus habundare. Tanto vos et etc. Cum itaque Benedictus, procurator, administrator et hospitalarius ecclesie Sanctorum Sebastani et Fabiani civitatis Turolii, nostre diocesis, lator presenciam ad reparacionem dicte ecclesie quod evidenter minatur ruinam in qua dominus nostrum Ihesus Christus nuncis dictorum Sanctorum Martirum multa et diversa miracula operatur et alias necessitates hospitalis eiusdem indegeat Christi fidelium helemosinus et sucursu. Idcirco vobis in virtute sancte hobedientie dicimus et mandamus, quatenus cum dictus procurator ad vos seu ecclesias vestras declinaverit Christi fidelium helemosinas petiturus, presentibus comunitus ipsum benigne recipiatis et caritative tractetis ac permictatis in vestris ecclesiis et parrochiis helemosinas petere et congregatione. Eumque plebibus vobis comissis presentetis plebes easdem ad beneffaciendum eidem salubribus, monitis et exortacionibus inducendo. Sperantes et etc. Nos enim de omnipotentis Dei misericordia beatorum quoque et etc. omnibus et singulis Christi fidelibus vere penitentibus et confessis qui ad reparacionem et necessitatem dicte ecclesie et hospitalis eiusdem manus suas porrexerint quomodolizet adiutrices XLa dies de iniunctis sibi legittime penitenciis per graciam Sancti Spiritus misericorditer in Domino relaxamus. Presentibus post quinquenimum minime valituris. Datum Cesarauguste, die XXIª julii anno a Nativitate Domino $\mathbf { M } ^ { \circ } \mathbf { C C C C } ^ { \circ }$ octavo. 10. 14, enero, 1411. Zaragoza. El arzobispo García Fernández de Heredia, ante la inexistencia de un hospital para pobres y peregrinos en Muniesa, concede a Simón Acenari, vicario de la iglesia de Cortes de Aragón, una licencia para construirlo. ADZ, RAC, t. VII (1409-1411), f. 349r-v. /f. $3 4 9 \mathrm { r } /$ Per hospitali de Muniesa. Garsias et etc., dilecto in Christo Simoni Acenarii, vicario perpetuo /pro\ ecclesie /loci\ de Cortes, honoris de Huesa nostre diocesis, salutem in Domino. Devotionis vestre sinceritas promeretur, ut illa que salutem anime et honorem persone vestre respiriunt, vobis quantum cum Deo possimus liberaliter concedamus cum itaque in loco de Muniesa dicte diocesis vestris estis oriundus non sit in hospitale, ubi peregrini et Christi pauperes hospitentur, ymo pauperes ipsi, dum illuc declinant vix reperiunt, ubi capud sunt reclinetur et vos devocione motus, inspecto quod ea solum de bonis temporalibus retinentur que pro Christi nomine largiuntur proposuerit de novo hedifficare unum hospitale cum suis lectis, raubis et aliis necessariis ad husum et necessitatem pauperum Ieshu Christi et quia ad hoc non et alius locus ut asservistis magis conveniens quod quonddam ovile sive solare confrontatum ab una parte cum domibus Dominici Calvo et ab alia cum domibus Johannis de Marzen et cum viis publicis, quod secundum dictum vulgare dicebatur antiquitus abbatie, loci predicti, /f. 349v/ licet a $\mathrm { { C ^ { m } } }$ annis scitra vel saltim a memoria hominum ibi abatia seu hedifficium /aliquod\ ut asseritur non fuerit, propterea inspecto quod omnia que habet Sancta Maria ecclesia debent ad husum pauperum esse prompta tenore presentis, dictum ovile sive solare profundando, hedifficando et construendo dictum hospitale ad husum et necessitatem /pauperum\ et pro recoligendis pauperibus Ihesu Christi /vobis\ perpetuo prout plenius possumus, concedimus et donamus pura /et\ perfecta gratia et irrivocabili donacione, concedentes vobis licenciam plenariam et facultatem quod dictum hospitale ut decentius poteritis, hedefficetis, construatis et perficiatis ad usum tamen hospitalis et necessitatem pauperum Ihesu Christi, mandantes universis et singulis ad quos spectet et presentes pervenerint, quatenus provisionem et gratiam nostram huiusmodi vobis teneant inviolabiler et observent et eidem non presumant ullatenus contrahire. In quorum testimonium presentes vobis fieri et sigillo nostro impendenti iussimus comuniri. Datum Cesarauguste, die XIIIIª mensis januarii anno a Nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \circ } \mathbf { \Lambda } { \mathrm { C C C C } } ^ { \circ }$ undecimo. 11. 4, abril, 1411. Zaragoza. El vicario general de la diócesis de Zaragoza comunica a Simón Acenari la obligación de decir misa por las almas de Domingo Serrano y su mujer Benedicta con motivo de sus donaciones testamentarias para el hospital de Muniesa, y además, concede una renta anual de 10 sueldos y 8 dineros jaqueses para el mantenimiento de dicho hospital. ADZ, RAC, t. VII (1409-1411), ff. 380v-381r. /f. 380v/ Per quodam hospitali de Muniesa. Vicarii generalis et etc., dilecto in Christo Simoni Acenarii, presbitero vicario perpetuo ecclesie loci de Cortes, honoris de Huesa, Cesarauguste diocesis, et aliis quos spectet et presentes pervenerint presentibus et futuris et singulis eorum, salutem in Domino. Peticionem nobis oblatam ex parte suscepimus continentem, quod Dominicus Serrano et Benedicta, eius uxor quondam, loci de Muniesa dicte diocesis, pro salute animarum suarum, dimiserunt in suis ultimis testamentis quasdam domos sive quoddam ovile ubi construeretur et edifficaretur hospitale ad recoligendi pauperes Ihesu Christi, et quia jurati et probii homines dicti loci quibus incumbebat omnis dictum hospitale faciendi illud facere non curarunt venerabilis Raymundus Bigores, tunc archidiachonus Sante Engracie et officialis Cesarauguste in deffectum eorum et voleus providere quod anime dictorum testatorum ex dictam ordinacione aliquod suffragium consequerentur, comisit vobis et Ferrario de la Reula, quondam vicario ecclesie dicti loci quod dictum ovile tributaretis perpetuo, plus offerenti seu offerentibus, in eodem et ex tributo inde habendo celebrarentur misse pro animabus dictorum testatorum, cuius quidem comissionis vigore, vos una cum dicto quondam vicario dictas domos sive ovide perpetuo ut asseritur tributastis veris, quia ut percepimus in dicto loco queddam hospitale ad husum Christi pauperum noviter est constructum et est consonum racioni quod census sive tri- /f. $3 8 1 \mathrm { r } /$ butum dictarum domorum sive ovilis serviat et convertatur in husu ad quem per dictos testatores extitit ordinatum cum eorum voluntas quod lege merito sit habenda, proptea supplicato nobis super hoc provideri volentes tam saluti animarum dictorum testatorum quod dicto hospitali et Christi pauperibus providere tenore presentis auctem officii quo fungimur in hac parte perpetuo providemus, ordinamus, decretamus, volimus et mandamus quod decem solidum et octo denarii jaccensis annuales, rendales et perpetuales qui habentur ac dantur et solvuntur annuatim ratione dictarum domorum, sive ovilis, per detinentes, sive possidentes, illud presents et qui quod temporem erunt dicto hospitali, ac eius et pauperum Christi ibi convieni encium necessitatibus, reparacioni et husibus perpetuis temporibus aplicentur et eidem hospitali seu eiusdem administratori dicti possidentes sive detinentes presents et postire toneantur etc. integre et effectualiter respondere, ordinacione celebra dictarum missarum que in hoc casu non vendicat sibi locum in aliquo, non obstante inquorum et etc. Datum Cesarauguste, die IIII aprilis anno a Nativitate Domini $\mathbf { M } ^ { \circ } \mathbf { C } \mathbf { C } \mathbf { C } \mathbf { C } ^ { \circ }$ undecimo. 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Instituciones hospitalarias de fuera de la archidiócesis zaragozana mencionadas en los registros de actos comunes del Archivo Diocesano de Zaragoza.
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
1977-2017: Cuarenta años de Aragón en la Edad Media.
1977-2017: CUARENTA AÑOS DE ARAGÓN EN LA EDAD MEDIA. SUMARIOS DE LA REVISTA E ÍNDICES DE AUTORES 1977-2017: FORTY YEARS OF ARAGON EN LA EDAD MEDIA. SUMMARIES OF THE JOURNAL AND AUTHOR INDEX. Gustavo Tarancón de Francisco Gobierno de Aragón. Resumen: La revista Aragón en la Edad Media, editada por el Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza, cumple cuarenta años. Continuadora de un proyecto editorial anterior —los Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón (EEMCA) nacidos en $1 9 4 5 -$ , Aragón en la Edad Media ha sido el principal cauce de expresión y publicación de las investigaciones y los trabajos académicos sobre el Aragón medieval desarrollados en el seno del Departamento de Historia Medieval. En este artículo presentamos la base material sobre la que se sustenta nuestro Trabajo Fin de Máster en el que hemos planteado un estudio bibliométrico de esta publicación periódica. Esa base la constituyen los sumarios de los veintiocho números de Aragón en la Edad Media y de sus once anejos, así como un índice con los nombres de. Abstract: The periodic publication Aragón en la Edad Media, published by the Department of Medieval History, Historiographic Sciences and Techniques, and Arab and Islamic Studies of the University of Zaragoza, Spain is celebrating forty years of arduous existence. The follow-up of a prior editorial project launched in 1945 (EEMCA), Aragón en la Edad Media has been the main channel of expression for researchers and for the publication for diverse academic works carried out in the context of undergraduate and postgraduate dissertations and PhD theses about the medieval Crown of Aragon, within the Department of Medieval History of the University of Zaragoza. This article presents the material upon which my Master thesis is based, which consists of a bibliometric analysis of the aforementioned journal. In general, the basis for this study is the tables of contents of Aragón en la Edad Media and of its los autores que han colaborado en la revista a lo largo de estas cuatro décadas. Palabras clave: análisis bibliométrico, publicación periódica, Aragón en la Edad Media, Universidad de Zaragoza. parent publication as well as an index of the authors that have collaborated in the journal over the course of these four decades. Key words: bibliometric analysis; periodical publication; Aragón en la Edad Media; University of Zaragoza. 1. Presentación. La publicación periódica Aragón en la Edad Media, editada por el Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Zaragoza, celebra una larga andadura de cuarenta años. Continuadora de un proyecto editorial anterior —los Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón nacidos en 1945—, Aragón en la Edad Media ha sido en estas cuatro décadas de su existencia el principal cauce de expresión y publicación de las investigaciones y los trabajos acadé- micos (memorias de licenciatura, tesis doctorales, diplomas de estudios avanzados y trabajos fin de máster) sobre el Aragón medieval desarrollados en el seno del Departamento de Historia Medieval. En este artículo presentamos la base material sobre la que se sustenta nuestro Trabajo Fin de Máster en el que hemos planteado un estudio bibliométrico de esta publicación periódica. Esa base la constituyen los sumarios de los veintiocho números de Aragón en la Edad Media y de sus once anejos, Aragón en la Edad Media. Sesiones de Trabajo, así como un índice con los nombres de los autores que han colaborado en la revista a lo largo de estas cuatro décadas.1. En los primeros años de la década de 1940, el Centro de Estudios Medievales de Aragón decidió crear la revista Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón. En 1945 vio la luz dicha revista bajo la dirección del catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, José María Lacarra. Con periodicidad irregular, fueron editados diez números de extensión muy variable a lo largo de treinta años (1945-1975).2 Tras una suspensión de las subvenciones recibidas para su publicación, en el año 1977 esta revista continuó su andadura con una nueva orientación temática y notables modificaciones. La jubilación del profesor José María Lacarra supuso que la continuidad del proyecto editorial recayese en el equipo integrado por el profesorado que componía el recién creado Departamento de Historia Medieval, fruto de la reestructuración de las antiguas Cátedras en unidades departamentales. La principal modificación en la publicación de la revista fue su nueva orientación temática, circunscrita al ámbito del reino de Aragón y a los aspectos demográficos, sociales y económicos, y la adecuación de su denominación, pasando a llamarse Aragón en la Edad Media. Bajo esta nueva denominación, que llega hasta nuestros días, han sido publicados veintiocho números que, al igual que había ocurrido con Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, tampoco conservó la periodicidad anual en sus ediciones3 . Aragón en la Edad Media ha tenido numerosos cambios en sus cuarenta años de vida, adecuándose a las inquietudes del panorama historiográfico de los estudios sobre Edad Media y a las diversas demandas generadas en el ámbito de la edición de revistas científicas. Veamos brevemente cómo ha sido esta evolución. La revista empezó a subtitularse Estudios de Economía y Sociedad en la Baja Edad Media en el primer número, respondiendo a la necesidad de perfilar con precisión las prioridades investigadoras sobre el reino de Aragón en los siglos bajomedievales, anunciadas por don José María Lacarra en el prólogo que precede a los seis estudios incluidos. Posteriormente, durante los siguientes números el subtítulo experimentó ligeras modificaciones: Estudios de Economía y Sociedad (siglos xii al xv) en la segunda entrega de la revista; y, en las tres siguientes, quedaron suprimidos los límites cronológicos adoptándose el subtítulo de Estudios de Economía y Sociedad. Tras la octava entrega la revista eliminó todo subtítulo y pasó a llamarse simplemente Aragón en la Edad Media, denominación que llega hasta nuestros días. Los veintiocho números de la revista han sido complementados con la publicación de unos anejos bajo el título Aragón en la Edad Media. Sesiones de trabajo. Estos anejos recogen una docena de seminarios que el departamento organizó entre 1991 y 2007 en respuesta al interés del profesorado y alumnado de especialización y de doctorado por crear un foro de análisis, debate y puesta al día en torno a las metodologías y temáticas de investigación más actuales. Las contribuciones del primer seminario fueron incluidas en el noveno número de la revista pero, a partir del segundo seminario y hasta el duodécimo y último, se publicaron como anejos de la revista. Estos seminarios suplieron en ocasiones la irregularidad que tenía la revista, llenando los vacíos de edición en los años 1994, 2001, 2002, 2005 y 2007 aunque, en otros años coincidió la publicación de una nueva entrega de la revista y de la sesiones de trabajo de los seminarios (1993, 1995, 1999, 2000, 2004 y 2006). Con una extensión material de unas doscientas páginas, las contribuciones de los seminarios abordaron las nuevas metodologías y los problemas historiográficos que ocupaban y preocupaban en aquellos años al medievalismo hispano e internacional e introdujeron la perspectiva comparada en las temáticas propuestas al presentar análisis y estudios mucho más amplios desde el punto de vista territorial que los definitorios de la revista Aragón en la Edad Media. Durante las cuatro décadas de su existencia, Aragón en la Edad Media ha dedicado diversos números a rendir homenaje a profesoras y profesores pertenecientes al Departamento editor, el Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos: en 1989 tan sólo unos meses antes de fallecer, se homenajeó al profesor emérito Antonio Ubieto Arteta, en un volumen que reunió colaboraciones de sus discípulos, compañeros y amigos de dentro y fuera de la Universidad de Zaragoza; en 1993 fue María Luisa Ledesma Rubio que recibía un homenaje similar tras haber sido nombrada profesora emérita; muy diferentes fueron las desafortunadas circunstancias que motivaron en 1999 el homenaje académico rendido a la malograda profesora Carmen Orcástegui Gros; un año más tarde el reconocimiento se brindó, también en su emeritez, al profesor Ángel San Vicente Pino; en 2006 la publicación fue dedicada a la profesora María Isabel Falcón Pérez con motivo de su jubilación académica; finalmente, el último reconocimiento académico realizado en el formato de miscelánea de colaboraciones de colegas, compañeros y discípulos tuvo lugar en 2008 y estuvo dedicado a la 1993. II Seminario de Historia Medieval. Las sociedades de frontera en la España Medieval. 1994. III Seminario de Historia Medieval. Paisajes rurales y paisajes urbanos: métodos de análisis en historia medieval. 1995. IV Seminario de Historia Medieval. Violencia y conflictividad en la sociedad de la España bajomedieval. 1999. V Seminario de Historia Medieval. El Estado en la Baja Edad Media: nuevas perspectivas metodológicas. 2000. VI Seminario de Historia Medieval. Sociedad, culturas e ideologías en la España bajomedieval. 2001. VII Seminario de Historia Medieval. Rentas, producción y consumo en España en la Baja Edad Media. 2002. VIII Seminario de Historia Medieval. Demografía y sociedad en la España bajomedieval. 2004. IX Seminario de Historia Medieval. Perspectivas actuales sobre las fuentes notariales de la Edad Media. 2005. X Seminario de Historia Medieval. Pescar o navegar: la Edad Media en la red. 2006. XI Seminario de Historia Medieval. La prosopografía como método de investigación sobre la Edad Media. 2007. XII Seminario de Historia Medieval. Familia y sociedad en la Edad Media (Siglos xii-xv). profesora María de los Desamparados Cabanes Pecourt. Los más recientes homenajes, en 2015, ya no se han realizado coordinando un número miscelá- neo sino que el formato elegido ha sido el encargo de biografías académicas; de este modo ha sido reconocida la trayectoria académica de los profesores Sebastián Andrés Valero, Asunción Blasco Martínez, Federico Corriente Córdoba, Esteban Sarasa Sánchez y José Ángel Sesma Muñoz.4. Si Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón llegó a tener una extensión muy variable (desde 344 páginas hasta 853 páginas), la revista Aragón en la Edad Media también ha seguido la misma tónica debido a la ‘distorsión’ creada por los volúmenes destinados a los homenajes académicos que acabamos de citar. Ciertamente, los números ordinarios de la revista tienen una extensión media de unas 350 páginas (las primeras entregas fueron las más modestas en este sentido) pero llama la atención la extensión de los números extraordinarios ofrecidos en reconocimiento académico de los docentes jubilados o prematuramente desaparecidos. En estos casos la extensión se elevó hasta las 1654 páginas distribuidas en dos volúmenes en el número doble (XIV-XV, 1999) dedicado en honor a Carmen Orcástegui Gros. A pesar de diversos intentos de establecer secciones en la revista, con la confección de dossiers monográficos —en 1991 aparecen tres secciones: Estudios – Documentos y Regesta – Sesiones de Trabajo; en 2004 son dos las secciones: un dossier dedicado a Historia y ficción en la Edad Media y la sección de Estudios; y en 2015 aparece el dossier de biografías académicas y la sección de artículos—, el modelo de secciones nunca cuajó debido, seguramente, a que el propio objeto de la revista, limitado en un principio al reino de Aragón y ampliado posteriormente a todos los territorios de la casa real aragonesa y a otros espacios vinculados a Aragón, ha dificultado la tarea de elaborar secciones monográficas pues este tipo de dossiers temáticos encuentran otras vías de publicación en el propio Departamento, en otras instituciones públicas aragonesas (como la propia Prensas de la Universidad de Zaragoza o la Institución Fernando el Católico,) y a través de los grupos de investigación vinculados a cada una de las áreas de conocimiento departamentales. Otro aspecto reseñable en este breve comentario que sirve para introducir los sumarios y el índice de autores colaboradores en Aragón en la Edad Media es el relativo a los órganos directivos de la revista. Hasta 1997 no figura en la publicación ninguna página de créditos indicando dirección, subdirección, secretaría, vocalías y consejo asesor o científico. Simplemente se señala que el Departamento de Historia Medieval es el responsable de la edición. En esos primeros veinte años, la dirección del Departamento fue la encargada de llevar a buen puerto la edición de la revista. A partir de 1997, para el número XIII, en Consejo de Departamento es nombrado el primer organigrama de la revista compuesto por directora, secretario y vocales. En 2006 (n.º XIX) fue creado el primer consejo asesor de AEM, formado por medievalistas nacionales e internacionales y en 2008 se produjo la apertura de las vocalías a medievalistas de otras universidades. En la actualidad, la revista cuenta con dirección, subdirección, secretaría, vocalías y consejo asesor y tiene edición impresa y edición electrónica. A lo largo de estos cuarenta años, son 636 las contribuciones que han sido publicadas en la revista. Las colaboraciones firmadas por miembros del departamento (docentes, becarios, doctorandos y otros investigadores que están o han estado vinculados a las tres áreas departamentales) son abundantes pero en los últimos números, las exigencias de los indicadores de calidad han obligado a la apertura de autores externos a la Universidad de Zaragoza. Entre los autores más prolíficos se encuentran María Isabel Falcón Pérez, recientemente fallecida; José Luis Corral Lafuente, María Teresa Iranzo Muñio, Carlos Laliena Corbera, José Ángel Sesma Muñoz, María Desamparados Cabanes Pecourt, María del Carmen García Herrero y Juan Fernando Utrilla Utrilla, todas y todos ellos con una larga trayectoria docente e investigadora en el seno del Departamento de Historia Medieval. A continuación presentamos el conjunto de sumarios de Aragón en la Edad Media así como un índice de autores. Estos materiales forman parte del proyecto en proceso de elaboración, que será presentado como Trabajo Fin de Máster del curso 2017-18 en el Máster Universitario en Investigación y Estudios Avanzados en Historia de la Universidad de Zaragoza que tiene como objetivo realizar un completo estudio bibliométrico de los cuarenta años de trayectoria de la revista. ARAGÓN EN LA EDAD MEDIA, 1977-2017 SUMARIOS. Aragón e n l a Edad Me dia, I (1977) Estudios de economía y sociedad en la Baja Edad Media 1. Lacarra y de Miguel, José María, Presentación, s. p. 2. Utrilla Utrilla, Juan Fernando, El monedaje de Huesca de 1284. (Contribución al estudio de la ciudad y de sus habitantes), 1-50. 3. Orcástegui Gros, Carmen; Sarasa Sánchez, Esteban, Miguel Palacín, merino de Zaragoza en el siglo xv, 51-131. 4. Ledesma Rubio, María Luisa, El libro de cuentas del merinado de Jaca, (años 1387 a 1399), 133-173. 5. Andrés Valero, Sebastián, Cuentas del baile de la ciudad de Calatayud sobre los peajes de la dicha ciudad de los años 1400 a 1408, 175-200. 6. Sesma Muñoz, José Ángel, El comercio de exportación de trigo, aceite y lana desde Zaragoza, a mediados del siglo xv, 201-237. 7. Falcón Pérez, María Isabel, La comercialización del trigo en Zaragoza a mediados del siglo xv, 239-273. Aragón e n l a Edad Me dia, II (1979) Estudios de economía y sociedad en la Baja Edad Media (siglos xii al xv) 8. Ubieto Arteta, Antonio, Presentación, 5. 9. Lacarra, José María, Introducción al estudio de los mudéjares aragoneses, 7-22. 10. Ubieto Arteta, Agustín, La documentación eclesial aragonesa de los siglos xi al xiii, dentro del contexto socio-económico de la época, 23-71. 11. Buesa Conde, Domingo José, Los sínodos de Huesca-Jaca en el siglo xiii, 73-96. 12. Orcástegui Gros, Carmen, Notas sobre el molino hidráulico como instrumento de trabajo y dominación en el Aragón medieval (siglos xiii-xv), 97-133. 13. Ledesma Rubio, María Luisa, El patrimonio real en Aragón a fines del siglo xiv: los dominios y rentas de Violante de Bar, 135-169. 14. Sesma Muñoz, José Ángel, Trayectoria económica de la hacienda del Reino de Aragón en el siglo xv, 171-202. 15. Sarasa Sánchez, Esteban, La condición social de los vasallos de señorío en Aragón durante el siglo xv: criterios de identidad, 203-244. 16. Falcón Pérez, María Isabel, El patriciado urbano de Zaragoza y la actuación reformista de Fernando II en el gobierno municipal, 245-298. Aragón e n l a Edad Me dia, III (1980) Estudios de economía y sociedad (siglos xii al xv) 17. Ledesma Rubio, María Luisa. Notas sobre los mudéjares del valle del Huerva (siglos xii al xiv), 7-27. 18. Ubieto Arteta, Agustín, Cofrades aragoneses y navarros de la milicia del Temple (siglo xii). Aspectos socio-económicos, 29-94. 19. Quílez Burillo, Santiago, Fiscalidad y autonomía municipal: enfrentamientos entre la villa de Daroca y la monarquía, 95-145. 20. Buesa Conde, Domingo José, La familia en la extremadura turolense, 147-181. 21. Falcón Pérez, María Isabel, Sanidad y beneficencia en Zaragoza en el siglo xv, 183-226. 22. Marín Padilla, María de la Encarnación, Notas sobre la familia Lupiel de Calatayud (1482-1488), 227-262. Aragón e n l a Edad Me dia, IV (1981) Estudios de economía y sociedad (siglos xii al xv) 23. Gargallo Moya, Antonio José; Iranzo Muñío, María. Teresa y SánchezUsón, María José. Aportación al estudio del dominio del Temple de Huesca, 7-56. 24. Moxó y Montolíu, Francisco de. Tensiones nobiliarias en torno a la villa de Luna al advenimiento de Jaime II (1291), 57-71. 25. Ubieto Arteta, Agustín. Las convocatorias a Cortes en el contexto econó- mico aragonés medieval, 73-86. 26. Orcástegui Gros, Carmen y Sarasa Sánchez, Esteban. El libro-registro de Miguel Royo, merino de Zaragoza en 1301: una fuente para el estudio de la sociedad y economía zaragozanas a comienzos del siglo xiv, 87-156. 27. Corral Lafuente, José Luis. La ciudad de Daroca según el libro de actas de 1473, 157-194. 28. Naval Mas, Antonio y Naval Mas, Joaquín. Signos lapidarios en el Somontano oscense, 195-220. 29. Sesma Muñoz, J. Ángel. Instituciones parlamentarias del Reino de Aragón en el tránsito a la Edad Moderna, 221-234. 30. Viguera Molins, María Jesús. Dos nuevos documentos árabes de Aragón (Jarque y Morés, 1492), 235-261. Aragón e n l a Edad Me dia, Vol. V (1983) Estudios de economía y sociedad 31. Ubieto Arteta, Antonio. Pobres y marginados en el primitivo Aragón, 7-22. 32. Laliena Corbera, Carlos. El viñedo suburbano de Huesca en el siglo xii, 23-44. 33. Iranzo Muñío, María Teresa. Puentes medievales en la provincia de Huesca: aspectos económicos y sociales, 45-68. 34. Ledesma Rubio, María Luisa. La colonización del Maestrazgo turolense por los Templarios, 69-93. 35. Corral Lafuente, José Luis. Cambios estructurales en Aragón a mediados del siglo xiii, 95-112. 36. Orcástegui Gros, Carmen. La reglamentación del impuesto del monedaje en Aragón en los siglos xii-xiv, 113-121. 37. Lapeña Paúl, Ana Isabel. La carta de población de Santa Cilia en 1336, 123-139. 38. Sesma Muñoz, José Ángel. La fijación de fronteras económicas entre los estados de la Corona de Aragón, 141-165. 39. Utrilla Utrilla, Juan F. Un libro de cuentas del Infante Aragonés Martín conservado en el Archivo de la Corona de Aragón, 167-206. 40. Labarta Gómez, Ana. Reconocimiento de tutela a un mudéjar de Daroca. (Documento árabe de 1477), 207-217. 41. Marín Padilla, Encarnación. Notas sobre la familia Constantín de Calatayud (1482-1488), 219-254. 42. Falcón Pérez, María Isabel. Aportación al estudio de la población aragonesa a fines del siglo xv, 255-302. 43. Lacarra de Miguel, José María. Ideales de la vida en la España del siglo xv: El caballero y el moro, 303-319. Aragón e n l a Edad Me dia, VI (1984) Estudios de economía y sociedad 44. Souto Lasala, Juan Antonio. De nuevo sobre musulmanes y mudéjares en el Valle del Huerva (Zaragoza): Consideraciones en torno a los topónimos ‘Novells’, ‘María’ y ‘Cadrete’, 7-18. 45. Utrilla Utrilla, Juan F. El dominio de la catedral de Huesca en el siglo xii: Notas sobre su formación y localización, 19-45. 46. Iranzo Muñío, María Teresa y Laliena Corbera, Carlos. El acceso al poder de una oligarquía urbana: El Concejo de Huesca (siglos xii y xiii), 47-65. 47. Corral Lafuente, José Luis. El origen de las comunidades medievales aragonesas, 67-94. 48. Cabanes Pecourt, María Desamparados. Cartas de población en el dominio verolense, 95-123. 49. Sánchez Usón, María José. El regadío de Alborge: un medio productivo en la política económica del monasterio de Santa Cruz de la Serós, 125-153. 50. Lapeña Paúl, Ana Isabel. San Juan de la Peña y la posesión y explotación de Salinas, 155-173. 51. Falcón Pérez, María Isabel. Notas sobre los corredores de comercio de Zaragoza en el siglo xv, 175-207. 52. García Herrero, María del Carmen. La muerte y el cuidado del alma en los testamentos zaragozanos de la primera mitad del siglo xv, 209-245. 53. Motis Dolader, Miguel Ángel. Estudio de los objetos litúrgicos de las sinagogas zaragozanas embargados por la Corona en el año 1492, 247- 262. 54. Ledesma Rubio, María Luisa. Mudéjares tornadizos y relapsos en Aragón a fines de la Edad Media (1484- 1512), 263-292. Aragón e n l a Edad Me dia, VII (1987) Estudios de economía y sociedad 55. Bramón Planes, Dolors y Souto Lasala, Juan Antonio. Las maravillas de Zaragoza, 7-26. 56. Ubieto Arteta, Antonio. Las pardinas, 27-37. 57. Cabanes Pecourt, María Desamparados. Tarazona en la repoblación valenciana de 1239, 39-46. 58. Romano Ventura, David. Las merindades de Aragón en 1274, 47-56. 59. Ainaga Andrés, María Teresa. Rentas del obispo de Tarazona en el año 1389, 57-80. 60. Blasco Martínez, Asunción. La Inquisición y los judíos en Aragón en la segunda mitad del siglo xiv, 81-96. 61. Motis Dolader, Miguel Ángel. Los corredores judíos en Aragón en la Baja Edad Media, 97-155. 62. Laliena Corbera, Carlos. La administración de un patrimonio eclesiástico. Un libro contable del obispo de Huesca Guillem Ponç de Fenollet (1463), 157-175. 63. Utrilla Utrilla, Juan Fernando. Una biblioteca nobiliar aragonesa de mediados del siglo xv: inventario de libros de Alfonso de Liñán († 1468), señor de Cetina (Zaragoza), 177-197. 64. Falcón Pérez, María Isabel. El gremio de panaderos de Zaragoza en el siglo xv, 199-230. 65. García Herrero, María del Carmen. Los matrimonios de Gaspar Eli: Tipología matrimonial en un proceso de 1493, 231-244. 66. Sesma Muñoz, José Ángel. Estado y nacionalismo en la Baja Edad Media. La formación del sentimiento nacionalista aragonés, 245-273. Aragón e n l a Edad Me dia, VIII (1989) Al profesor emérito Antonio Ubieto Arteta en homenaje académico 67. Cabanes Pecourt, María de los Desamparados. Presentación, 7-9. 68. Ubieto Arteta, Antonio. Bibliografía de Antonio Ubieto Arteta, 11-22. 69. Agudo Romeo, María del Mar. $E l$ incerramentum domorum en los fueros de la extremadura aragonesa, 23-32. 70. Ainaga Andrés, María Teresa. El fogaje aragonés de 1362: Aportación a la demografía de Zaragoza en el siglo xiv, 33-58. 71. Álvaro Zamora, María Isabel. Las tejerías de Daroca y su arrendamiento municipal durante el siglo xv, 59-70. 72. Armillas Vicente, José Antonio y Solano Camón, Enrique. El servicio militar al Rey en las Cortes de 1495, 71-86. 73. Balaguer Sánchez, Federico. La introducción de la letra carolina en el priorato de San Pedro el Viejo, 87-96. 74. Beltrán Martínez, Antonio. Digresiones sobre el arte esquemático de aspecto prehistórico y sus versiones medievales y modernas: Problemas de método, 97-111. 75. Blasco Martínez, Asunción. Pintores y orfebres judíos en Zaragoza (Siglo xiv), 113-131. 76. Bramón Planes, Dolors. $\dot { \zeta }$ Castores en el Ebro? A propósito de un texto de Yāqūt sobre los sammūr de Zaragoza, 133-137. 77. Buesa Oliver, Tomás. Sistema gráfico en un documento altoaragonés de 1510, 139-147. 78. Cabanes Pecourt, María Desamparados. La repoblación valenciana y los jueces de Teruel, 149-159. 79. Cabanes Catalá, María Luisa. Las relaciones epistolares entre el Consell de Valencia y las tierras de Aragón bajo los reinados de Alfonso IV y Pedro IV, 161-174. 80. Cervera Fras, María José. Un tratado jurídico musulmán copiado por mudéjares aragoneses. Descripción de los manuscritos del Muhtasar de alTulaytuli, 175-183. 81. Corral Lafuente, José Luis. La ciudad bajomedieval en Aragón como espacio lúdico y festivo, 185-197. 82. Durán Gudiol, Antonio. El eremita San Urbez ¿Mozárabe de Huesca?, 199-207. 83. Esteban Lorente, Juan Francisco. Unas cuestiones simbólicas del románico aragonés, 209-227. 84. Falcón Pérez, María Isabel. Las ordenanzas del concejo de Zaragoza: modificaciones de Alfonso V en 1430, 229-248. 85. Fernández Clemente, Eloy. Sobre los orígenes de la moderna historiografía medieval aragonesa: El II Congreso de Historia de la Corona de Aragón, 249-256. 86. Ferrer Navarro, Ramón. El Fuero de Aragón y la pretendida dualidad valenciana, 257-270. 87. Galtier Martí, Fernando. Reflexiones en torno a la ventana cruciforme, 271-282. 88. García Herrero, María del Carmen. Administrar del parto y recibir la criatura: ApoWrtación al estudio de obstetricia bajomedieval, 283-292. 89. Gómez de Valenzuela, Manuel. Hablen cartas y callen barbas: De como el señor de Larrés solucionó un pleito en sus dominios en 1453, 293-302. 90. González Antón, Luis. Primeras resistencias contra el Lugarteniente General-Virrey en Aragón, 303-314. 91. González Miranda, Marina. Noticia de la documentación medieval conservada en el Archivo Histórico Provincial, 315-335. 92. Iranzo Muñío, María Teresa. La formación del derecho local de Huesca y los Fueros de Aragón, 337-350. 93. Iso Echegoyen, José Javier. Notas sobre el cursus medieval y su reflejo en los documentos de Jaime I de Aragón, 351-357. 94. Labarta Gómez, Ana. El adjetivo zaragocí en castellano, 359-362. 95. Lacarra Ducay, María del Carmen y Monterde Albiac, Cristina. Un libro de fábrica de La Seo de Zaragoza del año 1346, 363-381. 96. Enguita Utrilla, José María y Lagüéns Gracia, Vicente. El dialecto aragonés a través de algunos documentos notariales del siglo xiii: Una posible interpretación de variantes, 383-398. 97. Laliena Corbera, Carlos. La adhesión de las ciudades a la Unión: Poder real y conflictividad social en Aragón a fines del siglo xiii, 399-413. 98. Lapeña Paúl, Ana Isabel. El monasterio y priorato pinatense de Santa María de Fuenfría en la Edad Media, 415-426. 99. Ledesma Rubio, María Luisa. La caza en las cartas de población y fueros de la extremadura aragonesa, 427-439. 100. Lomba Fuentes, Joaquín. Significación de la filosofía islámica en Zaragoza, 441-448. 101. Morales Gómez, Juan José y Torreblanca Gaspar, María Jesús. Tiempo y relojes en Teruel en el siglo xv, 449-474. 102. Motis Dolader, Miguel Ángel. Disposiciones mortis causa de los judíos de Épila (Zaragoza) en el último tercio del siglo xv, 475-498. 103. Orcástegui Gros, Carmen. El régimen de utilización de las aguas en el Teruel medieval: Jurisprudencia, tradición y continuidad, 499-510. 104. Pano Gracia, José Luis. La Portada del Perdón de la Iglesia Colegial de Daroca: Estado de la cuestión, 511-521. 105. Pueyo Colomina, Pilar. Aproximación a una tipología documental de los registros de actos comunes de la diócesis de Zaragoza durante el arzobispado de Pedro de la Jugie (1345-1347), 523-536. 106. Rábanos Faci, Carmen. Un tapiz de estilo bajomedieval conservado en Zaragoza: La Crucifixión y la Resurrección, 537-548. 107. Rodón Binué, Eulalia. ‘Alvariam-Aluarran’ en el Fuero de Aliaga, 549-556. 108. Romeo Pallás, José María. Dos legendarios antecedentes clásicos de la Campana de Huesca, 557-559. 109. Romero Tobar, Leonardo. Los libros poéticos impresos en los talleres de Juan y Pablo Hurus, 561-574. 110. Salvador Esteban, Emilia. Aragoneses en la ciudad de Valencia durante el reinado de Fernando el Católico (1479-1516), 575-598. 111. Sánchez Casabón, Ana Isabel. Los cargos de mayordomo, senescal y dapifer en el reinado de Alfonso II de Aragón, 599-610. 112. Sánchez Usón, María José. Confraternitas mercatorum civitatis Osce. La vertiente socio-religiosa de una corporación mercantil, 611-631. 113. Sarasa Sánchez, Esteban. La memoria del agua: La economía hidráulica en el Valle Medio del Ebro, ¿un ejemplo de supervivencia o de nueva implantación tras la conquista cristiana en el siglo xii?, 633-646. 114. Serrano Martín, Eliseo. Documentos desaparecidos sobre la Orden de Calatrava y sus relaciones con Alcañíz y otros pueblos del Bajo Aragón, 647-658. 115. Sesma Muñoz, José Ángel. Violencia institucionalizada: El establecimiento de la Inquisición por los Reyes Católicos en la Corona de Aragón, 659-673. 116. Souto Lasala, Juan Antonio. Sobre la génesis de la Calatayud islámica, 675-695. 117. Yagüe Ferrer, María Isabel. Una extensa historia para un breve reinado: Gesta Ferdinandi Regis Aragonum del humanista italiano Lorenzo Valla, 697-716. 118. Ubieto Artur, María Isabel. Breve aportación al estudio de la metrología numismática del Reino de Aragón en los siglos xiii y xiv, 717-720. Aragón e n l a Edad Me dia, IX (1991) I. Estudios 119. Gargallo Moya, Antonio José. Conflicto social y reforma municipal. La implantación de los jurados en el concejo de Teruel (1208), 7-24. 120. Cabanes Pecourt, María Desamparados. El Fuero de Teruel y los pobladores de Valencia, 25-29. 121. García Marco, Francisco Javier. Tipología documental e investigación histórica: las actas notariales como reflejo de la evolución de la sociedad aragonesa en la Edad Media, 31-53. 122. Laliena Corbera, Carlos y Iranzo Muñío, María Teresa. Las exequias de Alfonso V en las ciudades aragonesas. Ideología real y rituales públicos, 55-75. 123. Blasco Martínez, Asunción. Mujeres judías zaragozanas ante la muerte, 77-120. 124. Sesma Muñoz, José Ángel. Los Santángel de Barbastro: estructura económica y familiar, 121-136. 125. Motis Dolader, Miguel Ángel. Ordenamiento urbanístico de la judería de Daroca: morfología y funcionalidad, 137-177. 126. Diago Hernando, Máximo. Relaciones comerciales entre Castilla y Aragón en el ámbito fronterizo soriano a fines de la Edad Media, 179-202. 127. Ledesma Rubio, María Luisa. Marginación y violencia. Aportación al estudio de los mudéjares aragoneses, 203-224. 128. Cervera Fras, María José. El nombre propio árabe medieval. Sus elementos, forma y significado, 225-240. II . Docume ntos y re ge sta 129. Falcón Pérez, María Isabel. Comercio y comerciantes en Huesca a principios del siglo xv, 243-268. 130. Pueyo Colomina, Pilar. El registro de actos comunes del arzobispo de Zaragoza, Pedro de la Jugie (1346-1347), 269-310. III. Se sione s de trabaj o. I Se min ar io de Histor ia Med ie val 131. [Presentación] I Seminario de Historia Medieval. Avances recientes en la historia de al-Andalus: arqueología y sociedad (16-17 mayo 1991), 313-314. 132. Chalmeta Gendrón, Pedro. Balance. Renovación-ampliación del cuestionario. Un ejemplo de análisis socio-económico, 315-339. 133. Barceló i Perelló, Miquel. La cuestión septentrional. La arqueología de los asentamientos andalusíes más antiguos, 341-353. 134. Acién Almansa, Manuel. Recientes estudios sobre arqueología andalusí en el Sur de al-Andalus, 355-369. 135. Zozaya Stabel-Hansen, Juan. Recientes estudios sobre la arqueología andalusí: la Frontera Media, 371-388. 136. Senac, Philippe. Poblamiento, hábitats rurales y sociedad en la Marca Superior de al-Andalus, 389-401. 137. Cressier, Patrice. Agua, fortificaciones y poblamiento: el aporte de la arqueología a los estudios sobre el Sureste peninsular, 403-427. 138. Canto García, Alberto J. Cuestiones económicas y numismática andalusí, 429-444. 139. Aguarod Otal, Carmen; Escudero Escudero, Francisco; Galve Izquierdo, María Pilar y Mostalac Carrillo, Antonio. Nuevas perspectivas de la arqueología urbana del período andalusí: la ciudad de Zaragoza (1984- 1991), 445-491. Aragón e n l a Edad Me dia, X-XI (1993) A la profesora emérita María Luisa Ledesma Rubio en homenaje académico 140. Sesma Muñoz, José Ángel. Dedicatoria, 7-10. 141. Falcón Pérez, María Isabel. María Luisa Ledesma: rasgos biográficos, 11-12. 142. Ledesma Rubio, María Luisa. Publicaciones [Bibliografía de María Luisa Ledesma], 13-16. 143. Agudo Romeo, María del Mar. Notas en torno a un juego medieval: los bohordos, 17-29. 144. Andrés Valero, Sebastián. Relaciones comerciales de Zaragoza con la monarquía navarra en la Baja Edad Media, 31-37. 145. Armillas Vicente, José Antonio y Solano Camón, Enrique. Actitud del capítulo y consejo de la ciudad de Zaragoza ante las Cortes de Monzón (1528), 39-50. 146. Arnal Purroy, María Luisa y Enguita Utrilla, José María. Aragonés y castellano en el ocaso de la Edad Media, 51-83. 147. Ayala Martínez, Jorge Manuel. El maestro darocense Pedro Sánchez Ciruelo, 85-99. 148. Beltrán Martínez, Antonio. Breve nota sobre los retratos de Cristo en monedas de la Alta Edad Media y el Sindone de Turín, 101-107. 149. Blasco Martínez, Asunción. Notarios mudéjares de Aragón (siglos xivxv), 109-133. 150. Cabanes Catalá, María Luisa. Cartas misivas enviadas por los jurados de Valencia al Reino de Aragón bajo los reinados de Juan I y Martín I, 135-158. 151. Cabanes Pecourt, María Desamparados. De la minuta al traslado en un documento del siglo xiii, 159-163. 152. Cervera Fras, María José. Descripción de los manuscritos mudéjares de Calanda (Teruel), 165-187. 153. Corral Lafuente, José Luis. Catástrofes naturales y transformaciones urbanas en la ciudad de Daroca en los siglos xv y xvi, 189-210. 154. Esteban Lorente, Juan Francisco. Santa María de Obarra (Huesca). Observatorio astronómico del siglo xi, 211-228. 155. Falcón Pérez, María Isabel. La industria textil en Teruel a finales de la Edad Media, 229-249. 156. Fernández Otal, José Antonio. En pos del agua: la inspección de abrevaderos en las riberas del Jalón y Huerva por los ganaderos zaragozanos (1440), 251-267. 157. Ferrer i Mallol, María Teresa. La capitulación de Borja en 1122, 269-279. 158. García Herrero, María del Carmen y Torreblanca Gaspar, María Jesús. San Miguel y la plaga de langosta (claves para la interpretación del voto taustano de 1421), 281-305. 159. García Marco, Luis Fernando y García Marco, Francisco Javier. El impacto de la muerte del príncipe Juan en Daroca (1497-1498): poesía elegíaca y ritual urbano, 307-337. 160. García Sanchidrián, María Luisa. Braulio de Zaragoza: hombre de vasta cultura y erudición clásica, 339-345. 161. Gay Molins, Pilar. Documentación medieval en archivos municipales aragoneses, 347-371. 162. Gómez de Valenzuela, Manuel. Ocho documentos sobre judíos del Bajo Aragón. (1453-1454), 373-384. 163. González Antón, Luis. Jaime II y la afirmación del poder monárquico en Aragón, 385-405. 164. Gutiérrez Iglesias, María Rosa. Una bula de Urbano II. Su trascendencia en el seno de una comunidad de aldeas, 407-416. 165. Iranzo Muñío, María Teresa. Ad removendam discordie pestem. Justicia y sociedad en Zaragoza durante el siglo xii, 417-435. 166. Lacarra Ducay, María Carmen. Encuentro de Santo Domingo de Silos con el rey Fernando I de Castilla: identificación de una pintura gótica aragonesa en el Museo del Prado, 437-459. 167. Laguna Paul, Teresa. Primeras reconstrucciones de la Casa del Bosque del Líbano: un edificio salomónico poco conocido, 461-479. 168. Laliena Corbera, Carlos. Una revolución silenciosa. Transformaciones de la aristocracia navarro-aragonesa bajo Sancho el Mayor, 481-502. 169. Lomba Fuentes, Joaquín. Ideal de sabio en la literatura de la Marca Superior, 503-525. 170. Mainé Burguete, Enrique. La carta de población concedida a Tierga por Don Pedro de Urrea en 1334, 527-551. 171. Marín Padilla, Encarnación. Aranda y Jarque, señorío de los Ximénez de Urrea, en 1449, 553-573. 172. Martín Zorraquino, María Antonia. ‘Ir’ e ‘irse’ en el cantar de Mio Cid, 575-587. 173. Martínez Martínez, María. Colaboracionismo castellano-aragonés ante la violencia mudéjar (1390), 589-601. 174. Mateos Royo, José Antonio. El almudí de Daroca durante el siglo xv: en torno a los orígenes de un pósito de trigo, 603-612. 175. Monterde Albiac, Cristina. Documentos de Alfonso IV de Aragón custodiados en el Archivo de la Paería de Lérida, 613-622. 176. Morales Gómez, Juan José. Un fragmento de narrativa bajomedieval. Ensayo de su lectura histórica, 623-640. 177. Motis Dolader, Miguel Ángel. Reflexiones en torno a las sinagogas de la judería de Jaca en la Edad Media, 641-660. 178. Moxó y Montolíu, Francisco de. Los templarios en la Corona de Aragón, 661-673. 179. Olivares Rivera, Carmen y Navarro Errasti, María Pilar. La dinámica de cambio en el inglés medieval, 675-682. 180. Pallarés Jiménez, Miguel Ángel. La carta de población de Tauste y la frontera navarro-aragonesa a la muerte de Alfonso I el Batallador, 683- 703. 181. Pueyo Colomina, Pilar. La peste negra en la diócesis de Zaragoza: el registro de actos comunes del arzobispo Guillermo de Agrifolio (1348- 1350), 705-735. 182. Rodón Binué, Eulalia. El precepto de Appellido y Faciat Iudicare Alcaldibus en el Fuero de Aliaga, 737-745. 183. Rodrigo Estevan, María Luz. Juegos y festejos en la ciudad bajomedieval: sobre el correr toros en la Daroca del siglo xv, 747-761. 184. Romeo Pallas, José María. «Cuando el dolor nos oprime / y la ilusión ya no brilla / Madre de todos los hombres / enséñanos a decir: Amén», 763- 767. 185. Royo García, Juan Ramón. La administración de las primicias en la archidiócesis de Zaragoza a fines de la Edad Media, 769-779. 186. Rubio Semper, Agustín. El testamento del canónigo Juan de Oblitas, 781-791. 187. Sáinz de la Maza Lasoli, Regina. Repercusiones de la Guerra de Castilla en el Monasterio de Sijena (1356-1375), 793-813. 188. Salvador Esteban, Emilia. Aragoneses en Valencia (ss. xiii-xv). Unas relaciones privilegiadas, 815-825. 189. Sánchez Escribano, Javier. Ricardo II de Inglaterra: historia de una rebelión, 827-842. 190. Souto Lasala, Juan Antonio. Cronología y gobernadores de Zaragoza omeya, 843-857. 191. Utrilla Utrilla, Juan Fernando. Linajes aristocráticos aragoneses: datos prosopográficos del linaje de los Bergua y notas sobre sus dominios territoriales (siglos xii-xv), 859-894. 192. Viguera Molins, María Jesús. Apuntes diversos en el manuscrito aljamiado de Urrea de Jalón, 895-906. 193. Yeste Navarro, Isabel. Pervivencias y modificaciones del trazado medieval del casco urbano de Zaragoza en época contemporánea, 907-924. Aragón e n l a Edad Me dia. Se sione s de trabaj o II Sem inario de Historia Me die val (1993) Las sociedades de frontera en la España Medieval 194. II Seminario de Historia Medieval. Las sociedades de frontera en la España medieval. 5. 195. Zimmermann, Michel. Le rôle de la frontière dans le formation de Cataloge (ix-xiie siècle), 7-29. 196. Ledesma Rubio, María Luisa. La sociedad de frontera en Aragón (siglos xii y xiii) 31-50. 197. García de Cortázar y Ruiz de Aguirre, José Ángel. De una sociedad de frontera (el Valle del Duero en el siglo x) a una frontera entre sociedades (el Valle del Tajo en el siglo xii), 51-68. 198. Barrero García, Ana María. Los derechos de frontera, 69-80. 199. Ruiz de la Peña Solar, Juan Ignacio. Ciudades y sociedades urbanas en la frontera castellano-leonesa (1085-1250, circa), 81-109. 200. Mattoso, José. Grupos sociains na fronteira portuguesa, seculos x a xiii, 111-124. 201. Fernández Otal, José Antonio; Mainé Burguete, Enrique; Rodrigo Estevan, María Luz. Anexo bibliográfico, 125-187. Aragón e n l a Edad Me dia. Se sione s de trabaj o. III Sem inario de Historia Me die val (1994) Paisajes rurales y paisajes urbanos: métodos de análisis en historia medieval 202. Bazzana, André. Arqueología extensiva. Métodos y algunos resultados, 7-27. 203. Durany Castrillo, Mercedes. El paisaje rural medieval a través del ejemplo berciano, 29-64. 204. Paz Peralta, Juan Ángel. Señales arqueológicas en la alta Edad Media. Un ejemplo de asentamiento de frontera: El Corral de Calvo (Luesia, Zaragoza), 65-88. 205. Cortés, Rafael. Las obras hidráulicas medievales, 89-102. 206. Jusué Simonesa, Carmen. Arqueología en los despoblados medievales. Una aproximación al conocimiento del mundo rural, 103-121. 207. Betrán Abadía, Ramón. Las huellas del tiempo: parcelario, tipo y propiedad, 123-156. 208. Navarro Palazón, Julio; Jiménez Castillo, Pedro. Una nueva propuesta de investigación y gestión de yacimientos urbanos: la ciudad de Murcia, 157-203. Aragón e n l a Edad Me dia, XII (1995) 209. María Luisa Ledesma, maestra, amiga y compañera. [Necrológica María Luisa Ledesma], 7-8. 210. Antonio Gargallo Moya in memoriam. [Necrológica Antonio Gargallo Moya], 9-10. 211. Cabanes Pecourt, María Desamparados. Datas históricas en la documentación de Veruela (siglo xii), 13-28. 212. Piedrafita Pérez, Elena. Infraestructura económica de los concejos de las Cinco Villas: regadíos, molinos y hornos (siglos xii-xiv), 29-60. 213. Corral Lafuente, José Luis. Una Jerusalén en el occidente medieval: la ciudad de Daroca y el milagro de los Corporales, 61-122. 214. Zulaica Palacios, Fernando. Evolución de los precios y salarios aragoneses entre 1300-1430, 123-152. 215. Blasco Martínez, Asunción. Médicos y pacientes de las tres religiones (Zaragoza siglo xiv y comienzos del xv), 153-182. 216. Iranzo Muñío, María Teresa. Estrategias de clase y gobierno urbano: las ordenanzas de Calatayud de 1423, 183-200. 217. Motis Dolader, Miguel Ángel. La jurisdicción del Justicia de Uncastillo y la comunidad judía en el siglo xv: la prenda judicial, 201-240. 218. Falcón Pérez, María Isabel. Sobre la industria del vestido en Zaragoza en el siglo xv: las ordenanzas de la cofradía de sastres, calceteros y juboneros, 241-265. 219. García Herrero, María del Carmen. Matrimonio y libertad en la Baja Edad Media aragonesa, 267-286. 220. Rodrigo Estevan, María Luz. Poder municipal y acción benéfico-asistencial. El concejo de Daroca, 1400-1526, 287-317. 221. Pallarés Jiménez, Miguel Ángel. Un pliego de las letras de Hernando del Pulgar, que Pablo Hurus editó con los Claros Varones de Castilla, conservado en el Archivo de Protocolos Notariales de Zaragoza, 319-336. Aragón e n l a Edad Me dia. Se sione s de trabaj o IV Sem inario de Historia Me die val (1995) Violencia y conflictividad en la sociedad de la España bajomedieval 222. Cabrera Muñoz, Emilio. Violencia urbana y crisis política en Andalucía, 5-25. 223. Díaz de Durana y Ortíz de Urbina, José Ramón. Violencia, disentimiento y conflicto en la sociedad vasca durante la Baja Edad Media. La lucha de bandos: Estado de la cuestión de un problema historiográfico, 27-58. 224. Cacho Blecua, Juan Manuel, La crueldad del castigo: el ajusticiamiento del traidor y la pértiga educadora en el Libro del Cavallero Zifar, 59-89. 225. Pérez, Joseph, Los Reyes Católicos ante los movimientos antiseñoriales, 91-99. 226. Torreblanca Gaspar, María Jesús, Sistemas de guerra, sistemas de paz: los bandos en el Aragón de la Edad Media, 101-120. Aragón e n l a Edad Me dia, XIII (1997) 227. Utrilla Utrilla, Juan Fernando y Laliena Corbera, Carlos. Reconquista y repoblación. Morfogénesis de algunas comunidades rurales altoaragonesas en el siglo xii, 5-40. 228. Corral Lafuente, José Luis. Alcañiz de Huerva: Notas para su identificación, 41-64. 229. Zulaica Palacios, Fernando. Mercados y vías fluviales: el Ebro como eje organizador del territorio e integrador de la economía aragonesa en los circuitos europeos, 65-104. 230. Iranzo Muñío, María Teresa. Pobreza, enfermedades y símbolos del poder señorial en Híjar. El hospital de la Santa Cruz, 1300-1312, 105-124. 231. Sesma Muñoz, José Ángel. Zaragoza, centro de abastecimiento de mercaderes castellanos a finales del siglo xiv, 125-158. 232. Morales Gómez, Juan José. Tensiones antiseñoriales en la baronía de Ariza (1445), 159-166. 233. García Herrero, María del Carmen. Una burla y un prodigio. El proceso contra la morellana (Zaragoza, 1462), 167-194. 234. Mateos Royo, José Antonio. Sobre tasas y monedas, ferias y usuras: municipio y mercado en Daroca bajo Juan II y Fernando el Católico (1459-1516), 195-215. 235. Falcón Pérez, Isabel. Antroponimia aragonesa del siglo xv, 217-259. Aragón e n l a Edad Me dia, XIV-XV (1999) Homenaje a la profesora Carmen Orcástegui Gros. Volumen I 236. San Vicente Pino, Ángel. Presentación. Bibliografía de Carmen Orcástegui Gros, V-XI. 237. Abboud-Haggar, Soha. Difusión del tratado jurídico de Al-Tafrî’ de Ibn Al-Gallâb en el Occidente musulmán, 1-18. 238. Abellán Pérez, Juan. Influencias orientales en las viviendas jerezanas (siglo xv): los ajimeces, 19-25. 239. Abu-Shams, Leila. Descripción de las especias más utilizadas en al-Andalus y su uso actual en la cocina marroquí, 27-34. 240. Agudo Romeo, María del Mar. La carta de foro bono de Cetina, 35-48. 241. Ainaga Andrés, María Teresa y Criado Mainar, Jesús. El convento de San Francisco de Tarazona (Zaragoza), construcción y reforma de sus edificios medievales, 49-72. 242. Ayala Martínez, Carlos de. Un cuestionario sobre una conspiración la crisis del Maestrazgo de Calatrava en 1311-1313, 73-89. 243. Blasco Martínez, Asunción. Los judíos de Aragón y los juegos de azar, 91-118. 244. Bonneaud, Pierre. 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Abad Ase nsio, José Manuel Abboud-Haggar, Soha Abell a Sam itie r, Juan Abell án Pére z, Juan Abu-Sh am s, Leila Acién Alm ansa, Manuel Aguarod Otal , María Carmen Agudo Rome o, María del Mar Ainaga Andrés, María Teresa Al be rro, Manuel Al turo i Pe ruch o, Jesús Ál varo Zam ora, María Isabel Andrés Casabón, Jorge Andrés Fe rnánde z, David Andrés Vale ro, Sebastián Aparici Martí, Joaquín Aranda García, Nuria Arízaga Bol um buru, Beatriz Arm ill as Vice nte , José Antonio Arnal Purroy, María Luisa Arrizabal aga, Jon Asche ri, Mario Ase nj o Gonzále z, María 429, 448, 503 237 449, 551, 572 228 239 134 139 69, 143, 240, 346, 504 59, 70, 241, 505 410 573 71 530 563 5, 144 552, 564, 628 617 408 72, 145 146 403 435, 495 491. Ase nsio Este ban, José Ángel Auba Estreme ra, María del Carmen Auba Estreme ra, Natividad Aurell i Cardona, Jaume Ayal a Martíne z, Carlos de Ayal a Martíne z, Jorge Manuel Bal ague r Sánche z, Federico Bal daquí Escandell , Ramón Balm ace da Abrate , José Carlos Barcel ó i Cre spí, María Barcel ó i Pe rell ó, Miquel Barre ro García, Ana María Barrio Barrio, Juan Antonio Bazzana, André Bej arano Gordej uel a, María Bel trán Martíne z, Antonio Be rge s Sánche z, Juan Manuel Be rnabe u Borj a, Sandra Be trán Abadía, Ramón Biel za de Ory, Vicente Bl asco Martíne z, Asunción 506 347 347 389 242, 395 147 73 509 507 450 133 198 396, 553, 607 202 618 74, 148 485 594 207 348 60, 75, 123, 149, 215, 243, 349, 451, 501, 508 584 244 55, 76 11, 20 77, 350 79, 150, 245, 351, 509 48, 57, 67, 78, 120, 151, 211, 246, 344, 377, 411, 452, 501, 502, 565 247, 352 248 222, 249 250 224, 251, 353 354, 510 274 611 427, 453, 575 355 252 138. Bone t Donato, María Bonne aud, Pierre Bram ón Pl ane s, Dolors Bue sa Conde , Domingo José B O , Tomás Cabane s Catal á, María Luisa Cabane s Pe court, M.ª Desamparados. Cabañe ro Subiza, Bernabé Cabe zuel o Pl ie go, José Vicente Cabre ra Muñoz, Emilio Cabre ra Sánche z, Margarita Cach o Ble cua, Juan Manuel Cal ah orra Martíne z, Pedro Cale ra Arana, Nieves Cal vo Góme z, José Antonio Cam po Gutiérre z, Ana del Canell as Anoz, Beatriz Cante ra Monte ne gro, Enrique Canto García, Alberto. Cañada Juste , Alberto Carabias Orgaz, Miguel Cárcel Ortí, María Milagros Carrasco Pére z, Juan Casado Al onso, Hilario Casarino, Giacomo Casaus Balle ste r, María José Casorrán Be rge s, Ester Cave ro Dom íngue z, Gregoria Ce rve ra Fras, María José Ch alme ta Ge ndrón, Pedro Che rubini, Giovanni Cingol ani, Stefano María Coll ante s de Te rán Sánche z, Antonio Conde Gue rri, Elena Conde y Del gado de Mol ina, Rafael Conte Cazcarro, Anchel Córdoba de l a Ll ave , Ricardo Corral Lafue nte , José Luis 253 585 356, 511 343, 402 341 437 512 530 454 80, 128, 152, 254, 605 132, 513 438 574, 586 255 257 256, 357 587 433 27, 35, 47, 81, 153, 213, 228, 258, 358, 419, 455, 554 445 588 205 137 241, 359, 505 430 235 434 418, 555 260 223 126, 413 261, 339 576 262, 360, 514 493 82 203 589 268 96, 146, 361, 515 139. Corrao, Pietro Cortés Vale nciano, Marcelino Cortés, Rafael Cre ssie r, Patrice Criado Mainar, Jesús Fermín Cruselle s Góme z, José María Cuarte ro Sanch o, María Pilar Curse nte , Benoît D’agostino, Guido De sporte s Biel sa, Pablo Díaz de Durana, José Ramón Diago He rnando, Máximo Díaz Martín, Luis Vicente Dome rgue , René-Pierre Dom ingo Pére z, Tomás Duarte . Luis Miguel Durán Gudiol , Antonio Durany Castrill o, Mercedes El ipe Soriano, Jaime Encue ntra Orte ga, Alfredo Enguita Utrill a, José María Escude ro Escude ro, Francisco Este ban Lore nte , Juan Francisco Faci Lacasta, Francisco Javier Fal cón Pére z, María Isabel Fe bre r Rom ague ra, Manuel Vicente Fe rnánde z Cleme nte , Eloy Fe rnánde z Conde , Javier Fe rnánde z de Córdova Miralle s, Álva Fe rnánde z Espinosa, Montserrat Fe rnánde z Otal , José Antonio Fe rre r i Mall ol , María Teresa Fe rre r Navarro, Ramón Figus, Simonetta Fort Cañell as, María Rosa Frago Gracia, Juan Antonio Franco Mata, Angela Franco Sil va, Alfonso Francovich , Riccardo Galle nt Marco, Mercedes Gal tie r Martí, Fernando B., Gal ve Izquie rdo, María Pilar García Arancón, María Raquel García Arnal , María Jesús García de Cortázar, José Ángel García Edo, Vicente García He rre ro, María del Carmen García Luj án, José Antonio García Marco, Francisco Javier García Marco, Luis Fernando García Sanch idrián, María Luisa García Turza, Javier García-Guij arro Ram os, Luis Beltrán Gargall o Moya, Antonio José Gay Mol ins, Pilar Gil Roig, Nuria Giral t Latorre , Javier Giunta, Alejandro Góme z Bayarri, Josep Vicent Góme z de Vale nzuel a, Manuel Gonzále z Antón, Luis Gonzále z Jim éne z, Manuel Gonzále z Miranda, Marina 83, 154, 263, 362, 516 264 7, 16, 21, 42, 51, 64, 84, 129, 141, 155, 218, 235, 265, 363, 446, 447, 517 518 85, 266 267 ro 590 268 156, 201, 364, 456 157, 269, 457 86, 519 620 365, 520 366 270 271 440 595 87, 272, 521 139 273 616 197, 274 629 52, 65, 88, 158, 219, 233, 276, 367, 458, 522 368 121, 159, 460 159 160 277 275, 426, 459 23, 119, 210 161 278 523 577 524 89, 162, 369, 578 90, 163, 279, 342, 461 393 91. Gracia Lashe ras, Juan Carlos Guinot Rodrígue z, Enric Gutiérre z Gonzále z, Francisco Javier Gutiérre z Igle sias, María Rosa Haro Cortés, Marta He rnando Del gado, Josep Hinoj osa Montal vo, José Home t, Raquel Horne ro Corisco, Ana María Iancu-Agou, Danièle Igual Luis, David Iradiel Murugarre n, Paulino Iranzo Muñío, María Teresa 596 280 612 164, 262, 360, 462, 514 444 391 257 282 283 431 436, 597 394 23, 33, 46, 92, 122, 165, 216, 230, 284, 370, 463, 566 440 93 285 443 443 208 630 206 40, 94 1, 9, 43 95, 166, 286, 371, 464, 496, 525 372, 621 465 466,526, 567, 606 96 167 32, 46, 62, 97, 122, 168, 227, 287, 373, 467, 488, 527, 568 37, 50, 98, 288, 608 4, 13, 17, 34, 54, 99, 127, 142, 196, 209 289 497 290 291 292 100, 169, 293, 374, 528 439 401. Isabell a, Luca Iso Eche goye n, José Javier Izquie rdo Be nito, Ricardo Jaspe rt, Nikolas Je nks, Stuart Jim éne z Castill o, Pedro Juncosa Bone t, Eduard Jusué Sim one sa, Carmen Labarta Góme z, Ana Lacarra de Miguel , José María Lacarra Ducay, María Carmen Lacue va Use d, Francisco Javier Lade ro Que sada, Miguel Ángel Lafue nte Góme z, Mario Lagüéns Gracia, Vicente Laguna Paul , Teresa Lal ie na Corbe ra, Carlos Lape ña Paul , Ana Isabel Le de sm a Rubio, María Luisa Le roy, Béatrice Le ve rotti, Franco Liaño Martine z, Emma Líbano Zum al acárre gui, Ángeles Linage Conde , Antonio Lom ba Fue nte s, Joaquín Lópe z Al sina, Fernando Lópe z de Coca Castañe r, José Enrique. Lópe z Díaz, María Isabel 529 Lópe z Gracia, Fernando 506 Lópe z Pita, Paulina 294 Lópe z Rodrígue z, Carlos 579, 591 Lozano Gracia, Susana 414, 416, 423, 468, 569 Lusci, Rosanna 598 Magall ón Botaya, María Ángeles 506 Magall ón García, Ana Isabel 580 Mainé Burgue te , Enrique 170, 201, 295 Maíz Ch acón, Jorge 442 Mal pica Cuell o, Antonio 296 Marín Padill a, Encarnación 22, 41, 171, 297, 375 Martín Bue no, Manuel 376 Martín Ce a, Juan Carlos 392 Martín Igle sias, José Carlos 592 Martín Rodrígue z, José Luis 298 Martín Zorraquino, María Antonia 172 Martíne z Carrill o, María de los Llanos 299 Martíne z García, Sergio 470 Martíne z Martíne z, María 173, 469 Martíne z Sope na, Pascual 300, 494 Martíne z Vinat, Juan 599 Mate os Royo, José Antonio 174, 234 Mate u, Francisco Javier 259 Mattoso, José 200 Mel ón Juncosa, Inmaculada 631 Me ndívil Uce da, Aránzazu 622 Miguel García, Isidoro 530 Míngue z Fe rnánde z, José María 301 Miranda García, Fermín 302 Monsal vo Antón, José María 303 Montanel Marcuell o, María Ángeles 623 Monte rde Al biac, Cristina 95, 175, 304, 377, 411, 471, 531 Monte s Rome ro-Cam ach o, Isabel 305 Morale s Góme z, Juan José 101, 176, 232, 276, 613 Morell ó Bague t, Jordi 632 Morte García, Carmen 306 Mostal ac Carrill o, Antonio 139 Motis Dol ade r, Miguel Ángel 53, 61, 102, 125, 177, 217, 307 Moxó y Montol iu, Francisco de 24, 178 Munsuri Rosado, María Nieves 532 Muñoz Garrido, Vidal 308. 378, 417, 472. Muñoz Pome r, María Rosa Murgia, Giovanni Mutgé Vive s, Josefina Narbona Cárcele s, María Narbona Vizcaíno, Rafael Naval Mas, Antonio Naval Mas, Joaquín Navarro Bonill a, Diego Navarro Errasti, María Pilar Navarro Espinach , Germán 309, 556 557 310, 473 580 340 28 28 322 179 311, 379, 406, 415, 425, 474, 488, 533, 581, 604, 616 208 633 388 179, 312 3, 12, 26, 36, 103, 236 566 593 380, 534 432 180, 221, 381, 535 104 475, 536 584 204 313 537 634 225 558, 624 326 489 212 498 382 314 383 105, 130, 181, 384, 412, 538 19 106, 315 316, 492 600. Navarro Pal azón, Julio Ne gro Cortés, Adrián Elías Nie to Soria, José Manuel Ol ivare s Rive ra, Carmen Orcáste gui Gros, Carmen Orte ga Orte ga, Julián M. Ortiz Arza, Javier Ostol aza El izondo, María Isabel Pagarol as i Sabaté, Laureà Pall arés Jim éne z, Miguel Ángel Pano Gracia, José Luis Pardill os Martín, David Pavón Be nito, Julia Paz Pe ral ta, Juan Ángel Pe draza Gracia, Manuel José Pe ñarroj a Torrej ón, Leopoldo Pe re a Rodrígue z, Óscar Pére z, Joseph Pére z Gal án, Cristina Pére z Gonzále z, Silvia María Piccini, Gabriela Pie drafita Pére z, Elena Pinto, Giuliano Pons Al os, Vicente Porras Arbole das, Pedro Andrés Pre nsa Ville gas, Luis Pue yo Col om ina, Pilar Quíle z Burill o, Santiago Rábanos Faci, Carmen Ram íre z Vaque ro, Eloísa Re ixach Sal a, Albert Rie ra i Sans, Jaume Rie ra Mel is, Antoni Ríos Coneje ro, Alejandro Riu Riu, Manuel Rive ra Garre tas, María Milagros Rodón Binué, Eulalia Rodrigo Este van, María Luz Rodrígue z de Die go, José Luis Rodrígue z Laj usticia, Francisco Saulo Rodrígue z Mol ina, José Rodrígue z-Picave a Matill a, Enrique Rom ano Ve ntura, David Rome o Pall ás, José María Rome ro Tobar, Leonardo Rosell ó Bordoy, Guillem Roy Marín, María José Royo García, Juan Ramón Rubio Sem pe r, Agustín Rubio Vel a, Agustín Rucquoi, Adeline Ruiz de l a Pe ña Sol ar, Juan Ignacio Ruzafa García, Manuel Sabaté y Curull , Flocel Sáe nz Pre ciado, J. Carlos Sáinz de l a Maza Lasol i, Regina Sal as Auséns, José Antonio Sal icrú i Ll uch , Roser Sal vador Este ban, Emilia San Vice nte Pino, Ángel Sánche z Casabón, Ana Isabel Sánche z Escribano, Javier Sánche z Gonzále z, Antonio Sánche z He rre ro, José Sánche z Martíne z, Manuel Sánche z Usón, María José Sanch o Dom ingo, Carlos Sanz Bonel , Víctor Manuel Sarasa Sánche z, Esteban Sauco Ál vare z, María Teresa Scanu, Marco Antonio Se gura Graíño, Cristina Sénac, Philippe 397, 428 317 625 318 390 107, 182, 319, 385 183, 201, 220, 321, 386, 476, 539, 627 441 480, 540, 559, 601 320 405 58 108, 184 109 477 322 185, 482 186, 323 404, 602 398 199 399 324, 560 376 187 541 325 110, 188, 542 236, 345, 543 111 189 544 326 327, 478, 561 23, 49, 112, 476 582 328 3, 15, 26, 113 416, 479, 626 635 329, 400 136, 330, 570. Se rrano Martín, Eliseo Se rrano Martíne z, Armando Se sm a Muñoz, José Ángel Sim ó Santonj a, Vicente Luis Sim ón Balle ste ros, Santiago Sol a Arnal , Alejandro Jesús Sol ano Cam ón, Enrique Sol órzano Tele che a, Jesús Souto Lasal a, Juan Antonio Suáre z Bil bao, Fernando Tarancón de Francisco, Gustavo Tell o He rnánde z, Esther To Figue ras, Lluís Tom ás Faci, Guillermo Torij a Rodrígue z, Enrique Torre Gonzal o, Sandra de la Torre bl anca Gaspar, María Jesús Torre s Se vill a, Margarita Trill o San José, Carmen Ubie to Arte ta, Agustín Ubie to Arte ta, Antonio Ubie to Artur, María Isabel Utrill a Utrill a, Juan Fernando Val Val divie so, María Isabel del Val de ón Baruque , Julio Ve rone se , Alessandra Vice nte Sánche z, Ángeles Vigue ra Mol ins, María Jesús Vill agrasa El ías, Raúl Vill anue va Morte , Concepción Ville gas Díaz, Luis Rafael Vinyole s Vidal , Teresa Virue te Erdozáin, Roberto Víu Fandos, María Yagüe Fe rre r, María Isabel Ye ste Navarro, Isabel Zal dívar Bouthel ie r, Pilar Zimme rm ann, Michel Zozaya Stabel -Hanse n, Juan Zul aica Pal acios, Fernando 114 545 6, 14, 29, 38, 66, 115, 124, 140, 231, 331, 387, 481, 488 546 571 581 72, 145 499 44, 55, 116, 190 332 636 614 407 547, 562, 615 583 619 101, 158, 226 421, 500 333 10, 18, 25 8, 31, 56, 67, 68 118 2, 39, 45, 63, 191, 227, 334, 422, 446, 483, 548 335, 484 336 490 605 30, 192 603, 609 424, 485, 549, 581, 610 337 409 486, 550 616 117 193 420 195 135 214, 229, 338, 487
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Juan Fernando Utrilla Utrilla. Trayectoria universitaria e investigación: Juan-Fernando Utrilla Utrilla: Academic and Research Trajectories
JUAN FERNANDO UTRILLA UTRILLA. TRAYECTORIA UNIVERSITARIA E INVESTIGACIÓN. JUAN-FERNANDO UTRILLA UTRILLA: ACADEMIC AND RESEARCH TRAJECTORIES. Resumen: El artículo constituye un homenaje a Juan Fernando Utrilla Utrilla, historiador medievalista de la Universidad de Zaragoza. Se examina su extensa trayectoria profesional dentro de los cambios experimentados por el sistema universitario español entre 1970 y 2020. Se describen extensamente sus logros académicos y su impacto en la investigación en historia medieval del reino de Aragón. Palabras clave: historiografía, historia medieval, historia de Aragón, universidad española, sociología de los historiadores. Abstract: The paper is a tribute to Juan Fernando Utrilla Utrilla, historian and medievalist from the University of Zaragoza. His extensive professional career is examined within the changes that have taken place in the Spanish university system between 1970 and 2020. His academic achievements and their impact on research in medieval history of the kingdom of Aragon are widely described. Key words: historiography, medieval history, history of the Kingdom of Aragón, spanish university, sociology of historians. 1. Introducción1. Mucho más que en cualquier trabajo de investigación ordinario, el protocolo de una reflexión historiográfica sobre la carrera de una persona concreta exige por parte de quien la desarrolla una confesión sin ambages sobre su relación con el historiador sometido al análisis. La objetividad en este campo es siempre complicada, pero la primera piedra para construirla incluye poner en evidencia las implicaciones subyacentes. Así, el lector debe saber que Juan Fernando Utrilla fue profesor mío en 1978-1979, cuando él comenzaba su trayectoria académica y yo me hallaba en el segundo curso de la licenciatura de Historia. Sin ser decisivo para mi vocación de medievalista, que múltiples lecturas previas habían preparado, lo cierto es que su empatía con los alumnos y su pasión por la materia contribuyeron de manera significativa a estimularla y, sobre todo, a encaminarla hacia derroteros alejados de la tradición institucionalista que dominaba la escena de la historia medieval en aquel momento y que se hallaba ya en trance de cambiar definitivamente. El aprecio por una enseñanza viva e intensa se tradujo en una amistad, convertida desde 1990 en una colaboración en proyectos generales y estudios concretos, firmados conjuntamente, que se prolongó durante una década. Después, nuestros itinerarios profesionales divergieron algo —diferentes grupos de investigación, distintas problemáticas—, pero siempre manteniendo un fondo de confianza que permanece bajo la redacción de estas páginas. El resultado de estos vínculos es una inevitable mirada subjetiva que, sin embargo, no me parece que sea un obstáculo para mantener la ecuanimidad necesaria a la hora de valorar una extensa carrera que ha transcurrido en el marco de un cambiante mundo universitario y dentro de una dinámica etapa de transformación de la ciencia histórica. Quizá valga la pena señalar que, en esta situación, me siento muy próximo a la digna respuesta que ofreció un campesino de Pintano en el juicio que se celebraba en 1325 ante el Justicia de Aragón para resolver el alegato de los vecinos de una localidad cercana, Larués, en plena Jacetania, en el sentido de que eran infanzones y tenían derecho a gozar de esa condición privilegiada. Propuesto por el señor de Larués, Juan de Lográn, como testigo a su favor y contra los presuntos infanzones, el Justicia le preguntó si era servidor de Lográn —poniendo en duda de este modo la veracidad de su testimonio. Domingo de Villanua confirmó que tenía una casa y cultivaba tierras en arriendo de su señor, «pero no por eso diría sino la verdad.»2 De la misma manera, mi objetivo es intentar que una antigua amistad no empañe una tarea historiográ- fica que me parece necesaria por varias razones. La primera de ellas es la de ofrecer un simbólico homenaje a quien ha dedicado medio siglo de quehacer docente e investigador a la Universidad de Zaragoza: valorar su obra y situar su aportación en el contexto que le es propio, la historiografía medievalista reciente, constituye con toda evidencia la mejor opción para un reconocimiento de esta naturaleza. Por otra parte, me parece interesante recuperar en la biografía académica de Juan F. Utrilla aquellos aspectos que, además de mostrar un sobrio itinerario, pueden ayudar a construir el análisis sociológico del profesorado universitario incorporado a las aulas en el curso de dos coyunturas muy marcadas en el panorama español, la que abarca desde 1970 hasta 1984, y la que, desde entonces y hasta principios de la década de 1990, establece definitivamente la transición de la universidad tardofranquista a la actual.3. En último término, pero no el menos importante, una perspectiva detallada de esta carrera servirá para comprender algunos de los rasgos de la historiografía medievalista en un ciclo mucho más amplio, el que abarcan los cincuenta años que han transcurrido entre la rápida e intensa aparición de la generación de mayo del 68 —una etiqueta cómoda— y la de los millennials, que también es útil. En un recorrido que no carece de balances, la mayoría de ellos tienden a centrarse en los problemas —o los temas tratados—, más que en los rasgos gremiales de la corporación de los medievalistas, que espera revisiones algo menos complacientes.4 2. Años de formación, crisis de la universidad franquista. Juan F. Utrilla, nacido en Zaragoza en noviembre de 1948, pertenece plenamente a la generación que alcanzó la madurez al filo de 1970, cuando concluyó la licenciatura de Filosofía y Letras en su sección de Historia con Premio Extraordinario. Con antecedentes familiares en el campo soriano, sus padres emigraron a la Zaragoza de los años cuarenta, una capital que se aprestaba a recibir multitud de campesinos que abandonaban unas tierras ingratas y cada vez menos rentables. Los estudios universitarios que cursó son indicativos de la apertura que se estaba produciendo paulatinamente para integrar en los estudios superiores a personas procedentes de las clases trabajadoras, lejos del elitismo que había sofocado a la universidad tradicional, conformista, reaccionaria y profundamente jerárquica. La posibilidad de hacer el bachillerato en el Instituto Goya de la capital y matricularse en la Facultad de Filosofía y Letras es también tributaria del inmenso esfuerzo que realizaron estas familias para posibilitar a sus hijos un instrumento de promoción que, a medio plazo, pensaban, debía proporcionarles un ascenso social. Se trata de un recurso hasta entonces poco o no demasiado transitado y que, sin embargo, empezaba a manifestarse con claridad. Una movilidad ascendente, pero también una alteración decisiva en los roles de género: como señala el propio Juan Utrilla, en su promoción (1965-1970) apenas había una docena de hombres y casi un centenar de alumnas. En este sentido, conviene destacar que, gracias al trabajo de su madre como gobernanta en la Residencia de Jaca, que se abría durante los meses estivales para acoger los cursos de verano de la Universidad de Zaragoza, un muy joven Juan Utrilla tuvo la oportunidad de conocer de cerca a José María Lacarra, director de esta institución desde 1954. Aunque la relación personal se inicia en realidad cuatro años más tarde, en 1958, para encuadrar adecuadamente el ambiente en el que se movió hay que señalar que José María Lacarra cambió de manera significativa el modelo tradicional de los cursos jacetanos, hasta entonces basado en una especie de extensión universitaria de las diferentes facultades, con un movimiento orientado hacia una clara internacionalización. Los estudiantes extranjeros pasaron a ser los protagonistas fundamentales de unas actividades destinadas a la promoción de la cultura y pensamiento españoles con un fuerte componente divulgativo e incluso lúdico. En la Residencia, Juan Utrilla pudo observar de cerca en los primeros años sesenta a una variada representación del profesorado de la Universidad de Zaragoza, que compatibilizaba un cierto ocio vacacional con las clases y conferencias que impartía. Entre los personajes que ocupaban la Residencia durante esas semanas veraniegas figuran Félix Monge, Tomás Buesa, Francisco Yndurain, José Manuel Blecua, Ildefonso-Manuel Gil, Fernando Solano, Carlos Corona, Federico Torralba, Eugenio Frutos y Alfredo Floristán, por mencionar solo algunos de los más constantes. Durante unos diez años, la convivencia con un entorno tan claramente académico, favoreció sin duda una evolución personal que se decantó durante el bachillerato hacia las Letras. Y seguramente habría que computar también en el proceso de desarrollo personal la influencia de un medio estudiantil relativamente exótico —por su carácter extranjero— y del aire vagamente turístico que comenzaba a adquirir Jaca en aquellos años.5. La experiencia formativa deducida de estos largos veranos jaqueses dista de ser única y otros compañeros de generaciones anteriores y posteriores a la suya han dejado testimonio de la trascendencia para su propia vocación de la proximidad con los investigadores citados y de la peculiar atmósfera que se respiraba en los comedores y salones de la Residencia.6 En el caso de Juan Utrilla, la persona clave para decantarle por el medievalismo fue José María Lacarra, una vez que la Historia se había configurado en las clases del Instituto Goya como el horizonte de estudios más atractivo. Tampoco resulta extraño: el aire adusto de Lacarra era la coraza de un hombre tímido que, a pesar de ello, siempre supo suscitar aprecio entre las personas que le rodeaban, a juzgar por los testimonios recogidos en el Departamento de Historia Medieval cuando ya iba quedando lejana su presencia cotidiana. Además del afecto mutuo, hay que señalar, como han hecho otros autores a propósito de esta cuestión, que las clases de Lacarra en la Facultad resultaban mucho más sugerentes que las de otros profesores. Eran clases en las que combinaba el análisis minucioso de textos escogidos con las explicaciones generales, dentro de un modelo de seminario que proporcionaba a los estudiantes una impresión de solidez y de respeto por sus capacidades.7. Desde esta perspectiva, es preciso tener presente que el claustro de la Facultad de Filosofía de Zaragoza estaba compuesto hacia 1965 por un pequeño grupo de catedráticos, rodeados de unos adjuntos cuyo número no era en absoluto elevado y que estaban sometidos por completo a sus dictados. La mayoría de estos catedráticos procedía de las filas de los vencedores de la guerra y durante la larga etapa postbélica actuaron como verdaderos virreyes en la Universidad. Fernando Solano, Carlos Corona o Ángel Canellas lo fueron todo en el pequeño mundo universitario de mediados de siglo e intervinieron bastante en las instituciones gubernativas y culturales de la capital aragonesa.8 Un segundo estrato estaba formado por los catedráticos y adjuntos relacionados con el Opus Dei, en particular en la sección de Geografía, encabezada por José Manuel Casas Torres, mientras que un tercer grupo, que incluía a Lacarra, podía clasificarse por su moderación ideológica entre los ‘liberales’, una etiqueta cómoda para abarcar a Francisco Abbad, Federico Torralba, Francisco Ynduráin, Eugenio Frutos, Rafael Olaechea o José Antonio Ferrer, por citar algunos.9 Lejos todavía de la masificación de las aulas que obligaría a la contratación en precario de nuevos profesores, la solidez de la posición de los hombres del Régimen era incontestable y la prueba es que la mayoría resistieron al frente de los Departamentos —creados en 1966— hasta que se hizo efectiva la Ley de Reforma Universitaria de 1983.10. En este contexto se situaba José María Lacarra, que solo en parte respondía a la caracterización general que cabe hacer de sus compañeros. En efecto, nacido en la primera década del siglo xx, de origen navarro y con una formación anterior a la guerra de excepcional calidad junto a Claudio Sánchez Albornoz en Madrid, su ejecutoria durante el conflicto y después lo colocaba dentro del bando triunfante, pero sin brillantez alguna y con escaso compromiso con las estructuras públicas franquistas, en lo que se diferenciaba de los catedráticos ya citados, de reclutamiento local, discreto y breve paso por otras universidades antes de recalar en la de Zaragoza, con cargos destacados en el panorama cultural y, con algo menos de relieve, en el ayuntamiento o la diputación provincial. Por su parte, Lacarra ejerció con bastante continuidad responsabilidades en la Facultad como decano y en la Universidad como vicerrector, pero evitó inmiscuirse en la esfera política del entramado institucional franquista en la ciudad.11 Con una disposición para el trabajo sorprendente, gestionó los archivos de Hacienda, Protocolos notariales e Histórico Provincial, así como la Inspección de Archivos, además de la docencia, de llevar a cabo una vasta investigación y, como decimos, de asumir puestos administrativos universitarios.12 Notemos que el medievalismo fue, durante el periodo anterior a 1965, la rama de la historia con mayor desarrollo, en la medida que contaba con una tradición propia y encajaba a la perfección con la gran narrativa de la España franquista: la identidad entre el estado, la religión y la expansión ‘imperial’. En contraste con el modernismo o el contemporaneísmo, casi inexistentes, las cátedras e investigaciones de historia medieval estaban muy primadas. Eso explica también la destacada posición de José María Lacarra en el campo nacional de la historia y la calidad de sus conexiones internacionales, una auténtica excepción en el panorama historiográfico español.13 Sin embargo, ese reconocimiento —expresado principalmente por los grandes medievalistas que llegaron al primer plano en los años setenta y lo conocieron14— servía de poco en el confuso y degradado intercambio de favores que constituía el mercado de las oposiciones nacionales antes de 1980. Relevancia académica y relativo aislamiento político para él y para sus discípulos eran, por tanto, dos rasgos definitorios también de esa posición en la palestra universitaria de su tiempo.15 Finalmente, hay que insistir, puesto que de lo contrario estaríamos mostrando una imagen demasiado hagiográfica, en que Lacarra era un hombre conservador instalado en un sistema universitario que otorgaba un poder poco menos que absoluto al catedrático, de modo que quienes lo rodeaban eran, en el mejor de los casos, discípulos, en el peor, ‘ayudantes’, y que nunca pareció haberse sentido incómodo en este medio.16. A juzgar por la tesis que le asignó, como veremos, Juan Utrilla estaba probablemente destinado a integrarse entre los discípulos y así, al finalizar la carrera, consiguió inmediatamente un contrato de profesor ayudante (1970- 1974), que le permitía iniciar un cursus honorum cuya lejana meta era la estabilización funcionarial. Para ello hubiera sido necesario un tiempo más apacible y lo cierto es que la universidad española careció de tregua en los veinte años que transcurren entre 1965 y 1984. No solo la de Zaragoza, todas las universidades del país e incluso las europeas vivieron una profunda transformación social, política e incluso en la identidad misma como institución. En España y, por supuesto, en Zaragoza, desde mediados de los años sesenta se multiplicaron los disturbios a medida que se agravaban las dificultades del franquismo para mantener en paralelo un crecimiento económico elevado y un control social e ideológico. Los estudiantes estaban cada vez más dispuestos a enfrentarse a unas estructuras de poder debilitadas e incapaces de crear un mínimo consenso y aferradas a una coerción brutal. Así, la primera entrada de la policía en el recinto universitario de Zaragoza tuvo lugar en 1968 con el fin de disolver una protesta contra el autoritarismo del decano de Letras, Ángel Canellas. A partir de entonces, manifestaciones, asambleas y huelgas se sucedieron cada pocos meses en 1969, 1970, 1972, siendo las de este último año muy duras y resultaron reprimidas con severidad; en 1973, protagonizadas por los penenes y los estudiantes; y en 1974, como fruto de una huelga de los penenes que no cobraban y, sobre todo, por las protestas generalizadas tras la ejecución de Puig Antich, con cierres temporales y exhibiciones de fuerza por parte de la autoridad, tanto rectoral como gubernativa.17. Los tumultos estudiantiles eran la expresión de un descontento con múltiples focos, desde la rebeldía política a las demandas más prosaicas de la vida en las facultades, pero también constituían una evidencia de la quiebra del modelo universitario franquista, sometido a insoportables tensiones por los procesos de cambio a gran escala que experimentaba. Entre ellos destaca el aumento de la matrícula, con una presencia cada vez mayor de estudiantes procedentes de las clases medias y populares. También la contratación de profesores mal pagados reclutados entre los mismos estudiantes que acababan de terminar la carrera y que estaban imbuidos de las mismas experiencias contestatarias que los propios alumnos. Y, finalmente, el descrédito absoluto de la gobernanza universitaria, capaz de resistir en los bastiones de las cátedras —aunque sometida a un duro acoso por parte de los estudiantes—, pero con el aparato institucional en vías de desintegración. Este es contexto en el cual hay que situar la etapa formativa de Juan Utrilla, caracterizada por lecturas que mezclaban a los clásicos —Claudio Sánchez Albornoz y Américo Castro— con los modernos —J. A. García de Cortázar, G. Duby—, mientras impartía una primera docencia en forma de clases prácticas y salía al exterior a través de un curso, en 1972, en el Centre d’Études Supérieures de la Civilisation Médiévale de Poitiers, que contó ese año con las intervenciones de Lucien Musset y Robert Fossier, en aquel momento dos de los investigadores de mayor renombre de la historiografía francesa.18. La penuria económica de los penenes y la posibilidad de acortar los plazos para obtener la estabilidad profesional en la Universidad fueron los motivos que impulsaron a Juan Utrilla, como a otros compañeros suyos, a aceptar el nombramiento de Adjunto en el Colegio Universitario de Huesca donde debía hacerse cargo de explicar Historia Medieval en las licenciaturas de Historia y Filología. Teniendo en cuenta que su relación con el Colegio se alargó durante dieciséis años y es muy representativa de la trayectoria seguida por una parte sustancial de los historiadores de su generación, vale la pena detenerse un momento para explicar en qué consistían estas peculiares entidades docentes. Los Colegios fueron creados por la Ley General de Educación de 1970 y se implantaron finalmente mediante un real decreto de julio de 1972, con la finalidad explícita de ayudar «al proceso de desmasificación de la Universidad» y llevar la enseñanza superior a ciudades que no contaban con ellas con la finalidad teórica de acercar el mundo universitario a la sociedad, según declaraba explícitamente el decreto.19 El doble objetivo perseguido por las autoridades ministeriales consistía, probablemente, en reducir el impacto de la movilizaciones universitarias y satisfacer las demandas locales que empezaban a ser importantes, dentro de un proceso general en el que estaba claro que la presencia de infraestructuras de este tipo ayudaba bastante al desarrollo. El decreto especificaba que los profesores tenían pleno reconocimiento como tales, que las enseñanzas eran idénticas a las de las Facultades correspondientes y, eso sí, que solo abarcaban el primer ciclo, es decir, los tres años iniciales de las licenciaturas. El principal problema con el que tendrían que batallar estas instituciones en los años siguientes era, como resultaba muy previsible, el financiero. La norma atribuía su mantenimiento a un patronato, que en el Colegio de Huesca lo sostenían la Diputación Provincial, el Ayuntamiento y entidades privadas, de tal modo que, en la práctica, era un centro docente ajeno a los presupuestos y organización de la Universidad de Zaragoza. En este sentido, todo hay que decirlo, la Universidad no fue demasiado generosa con los Colegios —de Logroño, Huesca y Teruel—, como tampoco con los profesores que trabajaban en ellos, ni mucho menos con los jóvenes investigadores que se doctoraban en estos años. Decíamos antes que el paso por uno de estos Colegios fue un dato relevante en el curriculum de una proporción elevada de los historiadores que culminaron sus estudios hacia 1970. En efecto, la práctica totalidad de las capitales de provincia que no contaban con una universidad fueron dotadas de este tipo de centros, algunos de los cuales evolucionaron rápidamente hacia el modelo universitario completo. De este modo, la mayoría alcanzaron ese estatus en un par de ciclos: 1978-1979 para los más conspicuos y 1991-1993 para el resto. Sin una investigación biográfica sobre la evolución del profesorado, las conclusiones que cabe extraer son necesariamente impresionistas, pero es probable que como mínimo una quinta parte de los medievalistas que ingresaron en los cuerpos universitarios entre 1970 y 1990 responda al mismo perfil que Juan Utrilla, es decir, haber atravesado por un periodo más o menos largo de su carrera dedicado a la enseñanza en uno de estos Colegios. En su caso concreto, hay que señalar que la universidad zaragozana, por razones variadas —la pérdida de Soria y, sobre todo, Navarra para su distrito, consumada en los años ochenta; la debilidad demográfica de Huesca y Teruel; la separación previsible de Logroño, que culminó en 1992— no hizo tentativa alguna de convertir los colegios adscritos en universidades y se conformó con una política titubeante que, en último término, acabó por incorporarlos de pleno derecho en 1986. Sin embargo, eso no liberalizó los traslados de profesores entre las nuevas sedes y las facultades del campus de Zaragoza, de manera que los integrantes de los antiguos colegios debieron continuar su labor en ellos y, además, asumir la gestión administrativa.20 En consecuencia, Juan Utrilla se convirtió en subdirector del oscense entre 1987 y 1990, año en que, finalmente, pudo retornar al departamento de Historia Medieval como profesor titular, del que había salido, como hemos dicho, tiempo atrás. Era la primera e importante experiencia en gestión, pero no sería la última. 3. La consolidación del nuevo modelo universitario, la consolidación de un profesor. A partir de 1983, con la Ley de Reforma Universitaria, los cambios sufridos por la universidad española han sido amplísimos y han afectado a todos los aspectos del sistema vigente hasta entonces. Esta norma legal impuso una racionalización del profesorado, estableció definitivamente los departamentos y reformó en un sentido democrático la gobernanza universitaria en todos niveles. Al mismo tiempo, al estabilizar a los docentes no numerarios, bloqueó el funcionamiento de cualquier sistema de reemplazo ordenado de los profesores, tendió a promover una endogamia que se ha acentuado con los años e inició una progresiva burocratización que tampoco ha cesado de crecer. Sucesivas leyes en 2001 y 2007 han servido, sobre todo, para modificar el formato de acceso a los puestos de funcionario, sin evitar que la precarización de una parte del profesorado haya aumentado y que la carrera profesional de los jóvenes historiadores en la actualidad sea una extraña y exasperante sucesión de concursos y contratos. No obstante, es evidente que la integración de la actividad investigadora junto con la docente como una pauta normal y no excepcional de la actividad del profesorado, la remodelación de los planes de estudio y una cierta homologación con la universidad europea, hacen que la española actual tenga unos estándares de calidad que, sin ser excelentes, son aceptables en su conjunto desde una perspectiva global y suponen una vasta mejora con respecto a la universidad franquista de partida.21. En este paisaje poco menos que selvático de la agitada dinámica de la universidad y tras lo que podríamos calificar como un corto decenio de incertidumbre relacionado con la resolución del contencioso del Colegio, el traslado a Zaragoza permitió a Juan Utrilla dar un vuelco significativo a su labor académica en diversos campos. Si, como hemos señalado, había ejercido como subdirector del Colegio Universitario de Huesca, volvió a la esfera de la gestión en 2000 como director del Departamento de Historia Medieval que, por entonces, se encontraba en el punto álgido de su dimensión humana y su complejidad administrativa, con veinte profesores en su configuración ‘tradicional’, que incluía las áreas de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos.22 Durante ocho años, la dirección de un medio departamental plagado de tensiones antiguas y cicatrices mal cerradas, de tiranteces sobrellevadas con incomodidad pero sin crisis extremas, fue una tarea exigente, justo, además, en el momento en que la expansión de la burocracia a la que hacíamos alusión traspasó un umbral decisivo. Fijándonos en este momento en los dos componentes fundamentales del trabajo universitario, la docencia y la investigación, podemos observar la integración de nuestro historiador en el seno de las transformaciones básicas. Así, en 1987, el real decreto que establecía las directrices relativas a la organización de los planes de estudios de las titulaciones universitarias fijaba un cambio significativo respecto a la secular fórmula de las asignaturas anuales, al reparto de materias y a la concepción misma de la docencia, basada a partir de entonces en el modelo de créditos, con materias troncales, obligatorias, optativas y de libre elección.23 La adaptación fue lenta, con interminables debates respecto a las cuotas atribuidas a cada departamento y el contenido de las asignaturas, pero culminó en la universidad zaragozana a partir de 1996 —con la siguiente reforma, la conocida como Bolonia (desde 2010)—, con nuevos planes que permitieron a Juan Utrilla añadir a las materias generales de siempre —Historia Medieval Universal, en particular— otras más especializadas y unánimemente apreciadas por los estudiantes, como Fuentes e Historiografía Medievales, Historia de España Medieval y Tendencias Historiográficas Actuales, por citar solamente las que ha frecuentado en más ocasiones de entre un variado elenco que ha impartido y que abarca la práctica totalidad de las que configuraban la docencia del área de Historia Medieval. Como señalaba al principio, mi propia experiencia como alumno me permite afirmar que la generosa dedicación de Juan Utrilla a la enseñanza ha sido siempre una prioridad profundamente apreciada por los estudiantes curso tras curso, generación tras generación. A ello hay que añadir la decidida voluntad de transmitir sus conocimientos adquiridos en el curso de las investigaciones que llevaba a cabo en los Programas de Doctorado anteriores al Plan Bolonia, y los Másteres que los sustituyeron, tanto en el extinto de Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón (2009-2011), como en el actual Máster Universitario en Investigación y Estudios Avanzados en Historia, con temas que giran en torno a cuestiones como las aristocracias medievales, la demografía medieval, la violencia y la conflictividad y poder, disidencia y represión en la Edad Media, entre otros. El último aspecto decisivo de la evolución de la universidad durante los últimos treinta años está relacionado con el desarrollo de la investigación estructurada a través de proyectos y grupos de investigación reconocidos y evaluados regularmente. Si la investigación como tarea incorporada a las obligaciones genéricas de los profesores universitarios se remonta a finales del siglo xix, la implantación de los sexenios como factor de reconocimiento de la actividad investigadora individual y la creación de los equipos de investigación asentados y perdurables han supuesto una innovación absoluta en el panorama español en un proceso que se inicia hacia 1990 y está lejos de culminar. En lo que nos concierne, debemos indicar que un grupo de investigadores del Departamento de Historia Medieval, entre los que se contaba Juan Utrilla, inició poco después un largo ciclo de trabajo conjunto, que comenzó con el estudio de la construcción, las características y el contenido histórico de una excepcional obra de ingeniería romana, la presa de Almonacid de la Cuba (Zaragoza). Este proyecto nació como consecuencia de un contrato de asistencia técnica de la Dirección General de Obras Hidráulicas del Ministerio de Obras Públicas y Medio Ambiente, y se prolongó entre 1994 y 1996. 24 No sería el único contrato de esta naturaleza que fue adjudicado a estos investigadores: el Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón solicitó en 2003 su colaboración para el «Estudio histórico del tramo aragonés del Camino de Santiago», dentro de un esfuerzo común de las comunidades autónomas que atravesaba esta extraordinaria vía de comunicación medieval, en preparación para el año santo de 2004, que vería también la concesión del Premio Princesa de Asturias de la Concordia de ese mismo año en favor del Camino jacobeo, como una empresa cultural de todas ellas.25. Entre estas fechas cristalizaron también las solicitudes de proyectos de investigación ministeriales, dirigidos hacia problemas estratégicos de la dinámica histórica del reino de Aragón en el seno de la Corona del mismo nombre. El primero transcurrió entre diciembre de 1997 y el mismo mes de 2000 y planteaba el análisis de La población aragonesa en una época de crisis (1280- 1510). 26 El siguiente tomaba un rumbo más social, en línea con las preocupaciones del grupo y las tesis doctorales de las doctorandas del equipo en esa coyuntura, con una temática clara: Prosopografía de las sociedades urbanas en Aragón en los siglos xiv-xv. Estrategias sociales y comportamientos individuales en los grupos dirigentes urbanos (años 2000-2003). Con el paso del tiempo, los intereses investigadores de Juan Utrilla se orientaron hacia líneas de trabajo diferentes de las anteriores y, en concreto, con la planteada desde la Universitat de Lleida por Jordi Bolòs i Masclans, sobre problemas de poblamiento y ordenación social del espacio, lo que explica su vinculación con el Proyecto dirigido por este historiador con el título: Cambios y continuidades en el hábitat $y$ en la utilización del territorio en épocas de transición desde la Edad Media hasta nuestros días. Análisis del paisaje y sociedad, con un periodo de realización entre 2012 y 2014. La conexión con Jordi Bolòs arrancaba de las reuniones científicas que tuvieron lugar a partir de 2001 dentro de un programa que, bajo el acrónimo RESOPYR (Ressources Pyrenéennes), contemplaba «Ayudas a la Investigación en Innovación Tecnológica en el marco de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos para el desarrollo y consolidación de Redes Temáticas Interregionales», una complicada manera de poner de relieve que la pretensión de esta financiación era facilitar la formación de grupos de trabajos a ambos lados de la cadena pirenaica, procedentes de una larga serie de universidades españolas y francesas. Juan Utrilla fue el coordinador de los historiadores aragoneses que se sumaron a la iniciativa de conformación de esta red, que tuvo un considerable éxito. En la primera fase, se acogieron a este programa las universidades de Perpignan y Toulouse-Le Mirail, en Francia, la Autónoma de Barcelona, Pompeu i Fabra, Zaragoza, Pública de Navarra y Lleida, por parte española, a las que se sumaron más adelante las de Pau, Girona y la Universidad del País Vasco, con un planteamiento general que consistía en debatir sobre «los recursos naturales y espacios de montaña: gestión y explotación por las sociedades pirenaicas en la Edad Media», en línea con las palabras clave que figuraban en el acrónimo ya citado.27 La colaboración que había dado lugar a Resopyr se mantuvo durante un total de diez años, hasta 2010, siempre con Juan Utrilla en la coordinación tanto del grupo de estudiosos aragoneses como del conjunto de la red. La primera renovación del programa tuvo como eje de sus preocupaciones la posibilidad de preparar un «léxico sobre los recursos naturales del Pirineo».28 El tercer Resopyr estuvo centrado en las cuestiones relativas al «hábitat de montaña y el poblamiento en los Pirineos en la Edad Media», una problemática que relanzaba anteriores propuestas efectuadas en coloquios celebrados en Carcassonne y Toulouse en 1996-1997.29 El siguiente y último se consagró a «Los hombres y la montaña: las relaciones transpirenaicas en la Edad Media» y el coloquio se desarrolló en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza en mayo de 2009.30 Este rápido resumen se queda corto para dar cuenta del interés de una nutrida serie de reuniones y coloquios que cimentaron unos vínculos importantes entre los investigadores, principalmente medievalistas, pero también modernistas, de estas universidades. Además de los grandes profesores tolosanos, como Maurice Berthe y Benoît Cursente, del coordinador central de la red, Aymat Catafau, y de los representantes de las universidades españolas, como el mismo Juan Utrilla, Germán Navarro, Eloísa Ramírez, Ramón Martí, José María Imízcoz o Jordi Bolòs, hay que destacar que Resopyr abrió cauces para jóvenes investigadores, doctorandos y, en el capítulo interdisciplinar, investigadores de historia moderna, principalmente, aunque también participaron lingüistas como Ángeles Líbano. A cierta distancia ya de este ciclo, sin duda merecería la pena efectuar una revisión de sus consecuciones en el plano del estudio transversal de las sociedades del Pirineo. Dentro del capítulo de la investigación en equipo, hay que reseñar también que Juan Utrilla participó en la etapa inicial del Grupo de Investigación Consolidado CEMA (Centro de Estudios Medievales de Aragón), creado en 2002, y que, desde 2009, intervino activamente en la fundación de un grupo distinto, el llamado DAMMA, siglas de Documentos y Archivos Medievales y Modernos de Aragón, sustituido para el periodo 2017-2019, por el SIGYDOC, que hace referencia a Signos y documentos: Cultura escrita y sociedad en Aragón (siglos xii-xviii). Todos estos grupos de investigación están reconocidos y financiados por el Gobierno de Aragón en diversas convocatorias y han sido evaluados por pares. Es preciso hacer notar que, desde 2016 a 2019, el equipo SIGYDOC fue coordinado por Juan Utrilla como investigador responsable. En este sentido, hay un sensible traslado en su investigación desde los aspectos ligados a las estructuras sociales y de poder en aras de otros más relacionados con la cultura escrita. Este repaso a la docencia y la investigación es la proyección individual de los principales elementos de la evolución general de la universidad que describíamos al principio de este apartado. Una proyección que ejemplifica lo que podríamos llamar la carrera típica de una parte significativa de los medievalistas que estudiaron en una universidad pre-postfranquista para desembocar en otra a la que el adjetivo democrática no le hace justicia, puesto que, en realidad, habría que hablar de científica y formadora, por limitados que hayan quedado estos calificativos y por frustrante que haya sido este tiempo para muchos de nosotros. El medio siglo de trabajo en la universidad zaragozana, desde su condición de ayudante a la de catedrático, le ha permitido a Juan Utrilla ser testigo privilegiado de esta evolución y, al mismo tiempo partícipe comprometido. Por eso sería injusto dejar reducido su itinerario a un mero factor generacional y omitir la exigencia personal que supuso en cada uno de los momentos significativos que se han mostrado integrarse en esta corriente de cambio. Representatividad, como decimos, sí, pero no reñida con el esfuerzo por acompañar y potenciar el crecimiento de una universidad diferente. 4. La historiografía medievalista. Como veremos, el recorrido intelectual de Juan Utrilla resulta familiar con respecto a las referencias de la historiografía medievalista española de esta fase en la que se consolida definitivamente. Como se recordará, indicábamos en las páginas anteriores que el medievalismo fue durante buena parte del siglo xx el periodo histórico mejor valorado puesto que era en él donde se buscaban las evidencias del surgimiento de las naciones hispánicas, y, especialmente, de la española, al hilo de lo que ocurría en otros ámbitos europeos.31. Además, la investigación en historia medieval —como pasaba también con la historia antigua— tenía un carácter erudito muy especial por las dificultades que presentaba el estudio de las fuentes y, sobre todo, por la posibilidad de aplicarle una carcasa de historia del derecho, una de las derivaciones de la idea de que las naciones estaban asociadas a comunidades en las que los sistemas jurídicos, escritos o consuetudinarios, eran decisivos para su delimitación histórica. La fluidez entre las materias de historia medieval e historia del derecho es una constante durante cerca de un siglo, entre finales del xix y el último tercio del xx. Casos como el de José María Lacarra, licenciado en Derecho y Filosofía y Letras, están lejos de ser excepcionales en el pequeño gremio de los historiadores académicos de esta época. Esta asimilación estaba a punto de entrar en crisis hacia 1970, pero todavía el espíritu institucionalista que la animaba subyace en la decisión de Lacarra de que la tesis de su discípulo, Juan Utrilla, fuese la prolongación de la que le había servido a él para doctorarse en 1933, los fueros medievales navarros.32. El Fuero General de Navarra es una compilación legislativa complicada, puesto que existen al menos tres grupos de manuscritos que responden a otras tantas tradiciones separadas aunque no demasiado diferentes. Dos de estas series se caracterizan por ser asistemáticas, es decir, por presentar los fueros sin seguir una pauta organizativa clara, mientras que la serie más tardía incide en lo contrario, es decir, los fueros mantienen ya una ordenación perfilada: derecho público, procedimientos judiciales, Iglesia, sucesiones, contratos, matrimonio y derecho penal. Habiendo sido objeto de una publicación decimonónica uno de los manuscritos estructurado en libros y capítulos por Pablo de Ilarregui y Segundo Lapuerta, la opción elegida por Lacarra y Utrilla fue realizar una edición crítica de las series asistemáticas, que pronto mostraron que mantenían una cierta articulación interna, aunque no estaba plenamente conseguida. Es importante resaltar la idea de que se trataba de una edición crítica, puesto que esta decisión impuso un trabajo filológico muy arduo, en el que no solo importaba la infinidad de variantes de los distintos códices, sino también un esmerado registro de los detalles gráficos tales como abreviaturas, puntuación o separación de las palabras. Defendida la tesis en 1981, la obra fue publicada seis años después, y desde entonces constituye una referencia esencial para la comprensión de la foralidad navarra más temprana y, en una medida no menor, el romance navarro, puesto que los fueros en cualquiera de sus series están redactados en esta lengua.33 Casi veinte años después, redondeó esta aportación con una edición del Fuero sistemático vertida al castellano con la finalidad de que el texto fuese más accesible.34 El Fuero General es una fuente magnífica —e infrautilizada— para comprender la cultura de las sociedades medievales del norte peninsular, entendiendo por cultura, en una definición clásica, un «discurso simbólico colectivo [que] versa sobre conocimiento, creencias y valores.»35 La extrañeza que produce a los historiadores del derecho actuales lo atrabiliario de muchos de los capítulos es consecuencia de la incomprensión de estos aspectos básicos de la sociedad navarra en el centro de la Edad Media. Desde todos los puntos de vista, es un documento capital para comprender las lógicas campesinas y las estrategias señoriales soportadas por ese ‘discurso simbólico’.36. En el ámbito hispánico, la historiografía medievalista siguió produciendo tesis de corte institucional hasta bien entrados los años setenta y, salvo excepciones, los catedráticos que sustituyeron a la vieja elite franquista continuaron doctorándose en esa línea, con independencia de que su filiación política o sus comportamientos profesionales no tuvieran nada que ver con los de sus antecesores y que no se vieran a sí mismos en absoluto como historiadores positivistas.37 En este sentido, cabe decir que el giro hacia la historia local y regional que predominaba en esas tesis y monografías iniciales justificaba la sensación de que estaban comprometidos con una realidad social acuciante.38 Esta perspectiva es particularmente visible en Zaragoza, donde la jubilación de José María Lacarra y la llegada de Antonio Ubieto posibilitó una mayor libertad de los adjuntos y ayudantes del Departamento que, de forma muy sintomática, decidieron —tras un lapso de dos años— cerrar la revista publicada durante treinta años bajo los auspicios del Centro de Estudios Medievales de Aragón financiado por el CSIC que respondía al título de Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, para inaugurar en 1977 otra que se denominó Aragón en la Edad Media. Estudios de economía y sociedad en la Baja Edad Media. El subtítulo, modificado por el de Estudios de economía y sociedad, perduró hasta el séptimo volumen, de 1987, antes de desaparecer, en otro gesto muy significativo. Los dos aspectos determinantes del cambio de coyuntura general de la práctica de la historia en la España posfranquista destacan a la perfección en este rediseño del órgano de difusión del medievalismo zaragozano. El amplio escenario de la Corona dejaba su sitio al puramente aragonés —cabe decir autonómico—, y, en teoría al menos, los problemas de orden institucional y de historia política se deslizaban hacia un segundo plano frente a la decidida vocación de atender a la historia social y económica. Puede decirse que Juan Utrilla fue de los que se involucraron con más fe en este movimiento colectivo hacia la historia de Annales, que hacía furor en esos años.39 Así, en el primer número de la renovada revista publicó un artículo sobre la población de Huesca en 1284 a partir de un tipo de fuente conocido pero poco explotado, un registro del monedaje cobrado en esa fecha, que constituiría el inicio de una línea de investigación que ha mantenido con notable constancia y que es posible colocar bajo el epígrafe de demografía histó- rica.40 Se trata, no hace falta decirlo, de una problemática que manifestó una gran vitalidad en el transcurso de los años sesenta y setenta, en especial en Francia y Gran Bretaña, dentro de la inmensa confianza que despertó en esta coyuntura la historia cuantitativa, un aprecio que sin buenas razones se ha perdido en relación con la mayor parte de la historia que se hace en estos momentos, si exceptuamos el impresionante auge reciente de la historia económica cuantificada.41 Durante los años siguientes, Juan Utrilla continuó trabajando sobre los libros de la colecta de este impuesto en distintas zonas de Aragón, fuentes que permitían fijar ciertos umbrales de población a partir de una norma fiscal que era bastante precisa y contaba con un aparato de recaudación eficiente. En particular, trazó balances demográficos del Aragón oriental a finales del siglo xiv y de Calatayud y su Comunidad de aldeas en plena crisis provocada por la peste.42. Como es sabido, las oportunidades que procuran los testimonios escritos medievales para los estudios cuantitativos de la población son escasas, lo que obliga a recurrir a indicios significativos del movimiento demográfico. Uno de los más recurrentes en el tratamiento de este problema es la aparición de topónimos que indican la consolidación de redes de poblamiento que, a su vez, son indicadoras del crecimiento humano. El nexo que une población y poblamiento es, por tanto, muy directo y, sobre todo para las centurias anteriores a 1300, es común combinar ambos aspectos en los argumentos sobre esta cuestión. Algunos estudios de los primeros años ochenta constituyeron un estímulo para la implicación de Juan Utrilla en esta modalidad de la investigación de la historia de las poblaciones aragonesas.43 En este sentido, prestó particular atención a la ordenación social del espacio del área pirenaica y las transformaciones que experimentó a lo largo de la Edad Media, con estudios sobre la caracterización general del poblamiento altoaragonés y el desarrollo del hábitat agrupado, en la línea de los intereses que desplegaría más adelante en el Resopyr.44 Además, la expansión del reino a partir del siglo xi proponía un nuevo territorio y unas nuevas relaciones de poder, que suscitaron también algunos trabajos en esta misma línea de investigación, como la carta de población de la localidad zaragozana de Almonacid de la Cuba, que en su ambición y su fracaso señala el punto álgido de la demografía del Valle del Ebro, por citar alguna de las aportaciones en este campo.45 Por último, la transición entre el poblamiento y la sociedad es casi insensible durante la gran expansión medieval: la conformación de las redes de hábitat, sea por efecto del crecimiento agrario, sea por la conquista que provoca la destrucción de la sociedad andalusí, es paralela a la formación de las sociedades feudales. Por ello, ha sumado a sus preocupaciones el estudio de las sociedades de frontera.46. Los años ochenta asistieron también a un rampante desarrollo de las investigaciones sobre la aristocracia castellano-leonesa medieval, con un auge mucho menos pronunciado en el ámbito catalán, aragonés y valenciano.47 En el contexto del problema candente de la caracterización de esas sociedades feudales fuertemente expansivas, la descripción de las clases dominantes era una exigencia muy inmediata para los historiadores que colmaban las filas de las nuevas universidades, tanto si era asumida desde una perspectiva marxista como si lo era desde otra más institucional. Los artículos con los que Juan Utrilla abrió esta senda están relativamente lejos de los enfoques dominantes entonces, puesto que tratan sobre un libro de cuentas del infante Martín, futuro Martín I, y sobre la biblioteca de un noble de una condición media, Alfonso de Liñán, señor de Cetina.48 La contabilidad del infante se refiere a sus posesiones aragonesas en 1368-1373 y ofrece, entre otros datos, la lista de los fuegos de monedaje de una veintena larga de localidades que formaban parte de esos dominios. En relación con la segunda, cabe decir que este personaje disponía en los anaqueles de su casa de una treintena de obras de evidente contenido humanista —filósofos, escritores italianos como Dante, Petrarca o Boccacio— y propio de caballeros —libros sobre la caza o con prescripciones sobre el comportamiento nobiliario—, lo que indica la importancia de esta ojeada en la cultura aristocrática de mediados del siglo xv. La constatación de que la nobleza aragonesa medieval era uno de los problemas más desatendidos de la historiografía regional le indujo a tomar en consideración algunos linajes aristocráticos sobre los que la información disponible era particularmente frágil. Los Bergua, integrantes como los Liñán o los Maza, a los que aludiremos después, de un estrato que fue calificado en el siglo xiii de ‘mesnaderos’, para distinguirlos de los ‘ricos hombres’, pero también de los simples caballeros, a quienes sus señoríos les conferían antigüedad y preeminencia, pero no justificaban una riqueza suficiente para estar en la elite nobiliaria. Los Maza son otra de las parentelas cuya fama tardía —con el apelativo de Maza de Lizana y las variantes valencianas del nombre— no excluye un origen muy temprano, datable de los años finales del siglo xi, sobre las que ha fijado su atención Juan Utrilla.49 A partir de estas premisas, ha propuesto una interpretación general sobre la evolución de la aristocracia aragonesa en la larga duración, a través de varios trabajos que abordan sucesivamente la dramática coyuntura de la conquista de la región del Ebro, sin duda el momento fundacional del poder social de esta clase dominante; la transformación cultural que se produce en el curso del Doscientos, cuando se imponen los rasgos del linaje en detrimento de un sistema de parentesco menos definido; y la reorganización política de esos linajes en correlación con el fortalecimiento del estado feudal aragonés en el marco de la Corona.50. Para concluir, hay que señalar que, unidas a estas directrices generales de una sólida investigación, Juan Utrilla ha tratado diferentes problemas y ha dibujado algunas tentativas de síntesis que completan los aspectos indicados: la dinámica de los grupos sociales, el poder sobre la tierra y la afirmación de la monarquía aragonesa en la Plena Edad Media.51 5. Final. Esta reflexión sobre la carrera académica, docente e investigadora de Juan Utrilla termina aquí, lo que no significa necesariamente que debamos poner punto y final a una actividad intelectual que no tiene por qué decaer con la conclusión oficial de su vinculación universitaria. A lo largo de estas páginas hemos visto al joven profesor, al maduro investigador, al hombre comprometido con las tareas universitarias; una vez liberado de la servidumbre de las aulas y las reuniones departamentales, queda mucho futuro en Juan Utrilla para seguir produciendo historia, para mantener las antiguas lealtades y para alentar a los historiadores que deben coger el relevo en estos campos. 6. Referencias bibliográficas. Ac erete de l a Corte, Eduardo (2013), «La historiografía en el distrito universitario de Zaragoza, 1965-1983.» En Teresa María Ortega López y Miguel Ángel del Arco Blanco, coords., Claves del mundo contemporáneo, debate e investigación. Actas del IX Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea. Granada, Comares. (CD-ROM). Al ares López, Gustavo (2018), «La Universidad de Verano de Jaca bajo el franquismo (1939-1969).» En Antonio Pérez Lasheras, ed., Los cursos de verano de la Universidad de Zaragoza en Jaca: una puerta a la modernidad. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
La escribanía del concejo de Teruel en la Baja Edad Media: evolución e injerencia monárquica: The Scribe’s Court of Teruel’s Council during the Late Middle Ages: Evolution and Royal Interference
LA ESCRIBANÍA DEL CONCEJO DE TERUEL EN LA BAJA EDAD MEDIA: EVOLUCIÓN E INJERENCIA MONÁRQUICA. THE COURT SCRIBE OF THE COUNCIL OF TERUEL DURING THE LATE MIDDLE AGES: EVOLUTION AND ROYAL INTERFERENCE. Alejandro Ríos Conej ero Universidad Complutense de Madrid email@example.com. Resumen: Los escribanos siempre han sido un engranaje imprescindible en la maquinaria de gobierno en cualquier época y circunstancia. A lo largo de este trabajo se analizará la figura del escribano del concejo de Teruel durante la Baja Edad Media. A la par, se estudiarán los diversos intentos por parte de la monarquía aragonesa de interferir en su designación, así como los enfrentamientos jurídicos que ello generó entre el municipio y la Corona. Palabras clave: Teruel, Baja Edad Media, concejo, escribano, escribanía. Abstract: Scribes have always been an important gear in the government machine in every age. Through these pages we will study the figure of the Turolean council’s scribe during the Late Middle Ages. At the same time, we will analyze different attempts carried out by the Aragonese monarchy in order to meddle in its designation, and juridical confrontations held up between the town and the Crown. Key words: Teruel, Late Middle Ages, town council, scribe, scribe’s court. 1. Introducción. La escritura, desde sus orígenes, ha sido un medio de control económico, social e ideológico con un papel decisivo en la evolución y fortalecimiento del poder (Lethonen, 2007: 15). Además de ser una herramienta de reproducción de los sistemas establecidos, merced a la capacidad de conservación de los elementos escritos frente a la transitoriedad de la oralidad. Es por esto que las clases dominantes de diversas y numerosas culturas se han servido de diferentes sistemas escriturarios para sostener su sistema y reproducirlo (Rodríguez, 1988: 11-12). Durante la Baja Edad Media, las instituciones representantes de los diferentes grupos de poder —monarquía, Iglesia, nobleza y concejos— hicieron uso de la escritura para gestionar y administrar los territorios y colectivos humanos bajo su paraguas competencial. Gracias a ello consiguieron un mayor control en áreas como el gobierno, el sistema judicial o la fiscalidad. Pero, además, la escritura también sirvió a estas entidades para relacionarse entre sí, dejar constancia de sus actuaciones y conservar información a la que podían acceder más adelante (Camino, 2004: 97; Puñal, 2019: 143). Consecuencia de este hecho es la eclosión documental vivida durante los últimos siglos de la Edad Media, cuyo reflejo se puede observar en la cantidad de documentación perteneciente a estas centurias que se conserva en los diferentes archivos. En concreto, la institución concejil objeto de este trabajo experimentó una creciente utilización de la escritura como instrumento de gestión, resultado de la complejidad del gobierno urbano y el desarrollo y consolidación de una administración más burocratizada. La creciente necesidad de poner por escrito los diferentes actos y reuniones, pero también la supervisión y control de la producción escrita, trajo aparejada la aparición de la figura del escribano. Ya que, tal y como indicó David Torres (1982: 106) estos oficiales fueron imprescindibles para las tareas de gobierno en cualquier época y circunstancia. Profesionales de la escritura que quedaron insertos dentro del organigrama institucional concejil, encargados de la producción de la documentación elaborada por la administración municipal, la recepción de los escritos dirigidos a la misma y la custodia de todo el corpus documental generado (Ruiz, 2018: 201; Corral, 1987: 57-71). No obstante, tal y como tendremos ocasión de analizar, la posesión efectiva del cargo de escribano del concejo no significaba el desempeño real del mismo. En muchos concejos hispánicos se trataba de una más de las magistraturas elegidas anualmente, por lo que tenía un carácter más honorífico remunerativo que una función en la administración. Este hecho obligó a instaurar la costumbre de nombrar lugartenientes, normalmente elegidos entre las filas del notariado urbano y que poseían los conocimientos técnicos necesarios para realizar el trabajo asignado (Conde-Francisco, 1989: 309-312; Pardo, 2000: 361). Circunstancia que no obsta para que, tanto los escribanos como sus lugartenientes, gozaran de los amplios beneficios asociados a su puesto. No nos referimos únicamente a las gratificaciones económicas directas, sino al poder del que disponían gracias al acceso a información político-económica sensible, la cual se derivaba de su asistencia obligatoria a los actos del concejo y el consejo. Por otro lado, aunque penado por la ley, su posición les permitía desarrollar prácticas fraudulentas con el fin de beneficiar o perjudicar a determinados individuos o grupos sociales. Estos fraudes podían ir desde el falseamiento de libros de cuentas o actas concejiles, a retrasarse deliberadamente en la realización de copias y trasuntos, traspapelar o perder deliberadamente determinados documentos de los que eran custodios (Díez, 1998-1999: 312; Leva, 2009: 69). Ahora bien, no solo se desprendían beneficios individuales, sino que determinados sectores poblacionales podían verse beneficiados de las actividades del escribano. Es el caso de las oligarquías urbanas que dominaban la escena político-social de los concejos, pues estas se servían de los conocimientos técnicos y del lenguaje jurídico-político de los escribas para desarrollar su discurso político y conformar una ideología común a todo el cuerpo social urbano (Barrio, 2011: 440-442). En vistas de las ganancias directas e indirectas que conllevaba esta magistratura, no es de extrañar que los diferentes poderes con acceso a los concejos —monarquía, patriciado urbano y, en determinados casos, señores laicos o eclesiásticos— intentasen controlar este puesto. Dominio que, en la mayoría de ocasiones, no pasaba por el disfrute directo del cargo, sino que residía en la potestad de abrir o cerrar su acceso a terceros (Jara, 2001: 250-252; Puñal, 2019: 131-132). El objetivo de este trabajo es analizar la escribanía del concejo de Teruel desde sus orígenes a finales del siglo xii hasta los inicios de la modernidad. Ya que, si bien varios autores hablan de esta figura en diversas publicaciones, el conocimiento que tenemos de ella es todavía sesgado, incluso nulo en determinadas épocas. En este sentido, tanto Antonio Gargallo (1996: 760-764) como Vidal Muñoz (2007: 184-185) explican el origen, funciones y remuneración de este magistrado local al analizar el concejo turolense durante sus primeros siglos de existencia. Por otro lado, José Luis Castán (2008: 50; 2009: 121), José Manuel Latorre e Isabel Pérez (2006: 31) hicieron lo propio para fechas posteriores, centrándose el primero en las funciones judiciales del escribano durante el siglo xvi, mientras que los segundos examinaron esta institución concejil en el siglo xvii. Pese a la labor de estos investigadores, este oficio de la administración medieval turolense adolece de estudios en profundidad como los realizados sobre otros concejos peninsulares. Pero, sobre todo, nadie ha prestado atención a los momentos finales del medievo, de vital importancia para entender su evolución desde sus orígenes hasta llegar a ser el escribano que se define en la suma de fueros de Juan del Pastor (Castán, 2010). Máxime cuando a finales del siglo xiv y comienzos del xv el concejo turolense promulgó varias ordenanzas sobre la labor del escribano de la sala del concejo y de la corte del juez y alcaldes de la ciudad, así como de los notarios que le auxiliaban. Estatutos que, tal y como indicaron Miguel Ángel Ladero e Isabel Galán (1982: 225- 227), tienen un gran valor a la hora de estudiar situaciones locales específicas, aspectos de la vida municipal y líneas evolutivas. Por todo ello, en este trabajo se tratará de explicar la figura del escribano del concejo de Teruel, su origen y su evolución durante la Baja Edad Media, a través del fuero, diversos privilegios reales y ordenanzas concejiles. Asimismo, en un segundo apartado nos centraremos en los distintos intentos de la monarquía aragonesa por interferir en este cargo e imponer a la persona que lo ocupara, con los consiguientes enfrentamientos judiciales que ello conllevó. 2. La escribanía del concejo de Teruel. A diferencia de las ciudades y villas de la zona septentrional de la península Ibérica, donde gran parte de las instituciones fueron resultado de la evolución de otras preexistentes, en la zona meridional muchos organismos fueron creados por el monarca, o el señor del lugar, en el momento de la población del territorio recién conquistado. En este sentido, el origen del escribano del concejo turolense parece remontarse a los inicios de la institución concejil establecida por Alfonso II a finales del siglo xii. Este oficial vino a cubrir las necesidades del nuevo gobierno de la villa, dar testimonio de las reuniones del conjunto de los vecinos y elaborar la documentación que se precisase en las tareas administrativas. Situación que también puede apreciarse en diversas poblaciones del sur castellano, como Jerez de la Frontera o Sevilla (Ruiz, 2018: 195-196). Si bien estas instituciones son de nueva planta, ello no significa que fueran creadas desde cero, sino que siguieron el modelo previo de otros municipios. Parece que el caso turolense sigue el arquetipo estipulado en el fuero de Daroca, en donde ya se describe la existencia de un escribano entre las principales magistraturas de la villa. El código legal darocense también explica la forma en la que había de ser elegido; al igual que el resto de la corporación municipal, era constituido a voluntad y arbitrio del concejo el octavo día de Pascua, teniendo una duración anual.1 No obstante, la parquedad con la que esta compilación foral describe y regula las funciones de este cargo, característica compartida por la mayoría de fueros extensos ibéricos coetáneos, podría ser un indicativo de la escasa necesidad de su intervención durante esta primera etapa, ya que únicamente actuarían de forma esporádica (García, 2015: 286). El sistema de elección implementado en la villa de Teruel y descrito en su fuero es muy similar. El martes siguiente al domingo de Pascua de Resurrección se debía elegir a los magistrados concejiles, quienes permanecerían en su cargo durante un año. Periodicidad que podía aumentarse en caso de que el concejo en pleno así lo pidiera,2 aunque no conocemos ningún caso en el que esta prórroga se llevara a cabo. La anualidad del cargo de escribano parece ser común a muchos concejos, tanto aragoneses como castellanos. No obstante, habida cuenta de los problemas que acarreaba el constante cambio de profesionales, durante los siglos posteriores este oficio tendió a convertirse en vitalicio en gran número de municipios de la corona aragonesa, como Barcelona, Valencia, Zaragoza o Huesca (Iranzo, 2004: 441). Con respecto a los requisitos que se exigían a los aspirantes, el código legal turolense estipulaba que cualquier persona que quisiera presentar su candidatura a un puesto concejil debía de tener una casa en la villa y habitar en ella, amén de un caballo valorado en 200 sueldos jaqueses.3 Pero, además, para el cargo de escribano se requería poseer conocimientos técnicos apropiados para desarrollar su cometido: saber hacer cuentas, leer, escribir y poder comprender e interpretar el fuero y las sentencias dadas en la corte del juez.4 A pesar de ello, no parece ser que en Teruel se recurriera a notarios públicos para este menester, tal y como se ha documentado en otras urbes de la península Ibérica (Ruiz, 2018: 195; Gomariz, 2003-2004: 47). En cuanto a sus labores, recaía sobre él toda la gestión burocrático-administrativa del concejo. En primer lugar, debía de dar fe y testimonio de todo lo acordado en los diferentes órganos gubernativos de la urbe, para ello confeccionaba las actas de las reuniones ordinarias y extraordinarias, expedía los documentos requeridos y los validaba con el sello del concejo.5 Simultáneamente, ayudaba a otros oficiales en tareas fiscales, como realizar el padrón de la pecha o llevar las cuentas de este y otros tributos;6 también era el encargado de llevar la contabilidad del concejo y de los oficiales, con el fin de evitar que estos realizaran algún fraude. A todo ello se sumaban las tareas que el escribano desarrollaba en el ámbito jurídico. De acuerdo a su labor como auxiliar del juez y los alcaldes, el escribano debía estar presente en los juicios que estos llevaban a cabo y poner por escrito los veredictos emitidos. Este quehacer tenía especial relevancia en las sentencias reales o concejiles dadas en las causas apeladas ante ellos, puesto que pasaban a engrosar el liber iudiciorum y se incluían en la compilación legal turolense. Así mismo, al estar versado en el fuero y su interpretación, ejercía junto con el juez y los alcaldes como tribunal de apelación en segunda instancia. Ante esta audiencia podían reclamar quienes no estuvieran acordes con las sentencias emitidas en primera instancia por el juez y los alcaldes, en donde el escribano, como garante de la correcta interpretación del fuero, se aseguraba que la sentencia previa no incurría en contrafuero (Gargallo, 1996: 762-763; Castán, 2009: 50, 61). Como contraprestación a los servicios realizados, el concejo debía entregar al escribano un sueldo anual de 100 sueldos jaqueses y tenía derecho a una parte especial de los botines de guerra, concretamente un musulmán cautivo de cada expedición llevada a cabo por la hueste del concejo.7 Seguramente este estipendio fuera un sueldo base, al cual se sumaría una comisión de las tasas que esta escribanía cobraba a los particulares por la expedición de copias y trasuntos. Pero, a pesar de que conocemos los gravámenes impuestos a algunos de estos documentos (Gargallo, 2005: 376-382), carecemos de información que nos ilustre sobre el porcentaje que sería para el escribano y el que iría a engrosar las arcas concejiles. Acabado el año de mandato, este magistrado debía presentar ante sus convecinos sus cuentas, con el fin de evitar irregularidades o fraudes. No obstante, su simple juramento debía ser admitido como prueba suficiente de la fiabilidad y buena fe del balance presentado.8 Aun con todo, durante los seis meses subsiguientes a su cese todavía seguía siendo responsable de su gestión, por lo que podía ser procesado si se detectaba algún delito. Entre las transgresiones más graves se contaban el falseamiento de datos en los libros de cuentas o textos legales y la realización de falsificaciones.9 En caso de ser hallado culpable, debía de pagar el doble del daño ocasionado por el fraude, siempre que este fuera menos de 100 sueldos jaqueses, mientras que en caso de ser superior debía resarcir el doble del daño más 100 maravedíes que irían destinados a reparar las fortificaciones de la urbe. Si el encausado no podía abonar la multa, la legislación turolense incluía castigos corporales como la amputación del dedo pulgar, lo que se traducía en la incapacitación permanente para realizar su trabajo.10. La primera persona en ocupar este cargo de la que tenemos noticia es Pedro, diácono de la iglesia de San Salvador, en 1200 (Gargallo, 1996: 760). Tal y como indica Isabel García (2015: 290), no es extraño encontrar a religiosos ejerciendo de escribanos hasta mediados de la decimotercera centuria, a pesar de la reticencia generalizada a que miembros del estamento clerical ocupasen estos cargos,11 recelo que se tradujo en una prohibición directa en los fueros de Aragón recopilados en 1247 (Falcón, 1997: 135). Este veto también era común en la Corona de Castilla, donde se exigía a los escribanos la pertenencia al estado laico, si bien había abundantes excepciones a la norma e infracciones (Rábade, 1991: 267-268). No obstante, dado que en esas fechas Teruel hacía una veintena de años que había sido fundada, es más que posible que ante la ausencia de gente letrada entre las filas de los caballeros villanos se recurriera a clérigos que supieran leer y escribir. Según Vidal Muñoz, hasta mediados del siglo xiii no se tiene noticia de escribanos laicos; los primeros localizados son, concretamente, Ferrant de Sevilla y D. Bernabé en 1266 (Muñoz, 2007: 185), si bien podrían haber existido otros anteriores de los cuales no se ha conservado información. Asimismo, aunque en la legislación turolense no se regulara sobre el lugarteniente del escribano, se trataba de una figura muy extendida en las escribanías de la época. La misión de estos auxiliares era ayudar al escribano en sus diversas tareas, así como sustituirlo en momentos puntuales. Sin embargo, en muchas ocasiones estas delegaciones se convirtieron en algo habitual y constante, lo que permitió que la magistratura concejil originaria se transformara en un cargo honorífico disociado del trabajo real de amanuense, mientras que los lugartenientes pasaron a ser quienes realmente desempeñaban las funciones del cargo. Aunque Antonio Gargallo (1996: 763) ya detectó la existencia de lugartenientes sustituyendo al escribano del concejo, no conocemos que esta eventualidad estuviera regulada hasta 1396, cuando el gobierno municipal promulgó una serie de ordenanzas relativas al mismo, tal y como veremos más adelante.12. Durante el siglo xiii el oficio municipal objeto de este estudio evolucionó y absorbió competencias que en origen le eran ajenas. Aunque la falta de documentación nos impide precisar el proceso concreto, sí sabemos que afectaron principalmente a dos ámbitos, el fiscal y el judicial. En cuanto al primero de ellos, las atribuciones del escribano del concejo relacionadas con la recaudación de impuestos y tributos aumentaron considerablemente. Si en origen su labor era únicamente la redacción del censo fiscal, a lo largo del Doscientos sus facultades recaudatorias se fueron asimilando a las del juez, al menos en el cobro de la pecha forera y diversos servicios que la villa y las aldeas pagaban a la Corona. Tareas que en origen parece realizar por delegación del juez, pero cuya adición a las competencias del escribano quedó institucionalizada desde 1325 con la sentencia de Valencia (Gargallo, 1996: 747 y 762; Muñoz, 2007: 185). Con respecto al ámbito jurisdiccional, es donde más aumentaron sus prerrogativas. Además de continuar como auxiliar de los tribunales del juez y los alcaldes, su labor como custodio e intérprete del fuero hicieron que su figura adquiriera mayor importancia en las apelaciones que se hacían a las sentencias de estos magistrados. En este sentido, el escribano desplazó al juez y a los alcaldes del tribunal de segunda instancia conformado por todos ellos, lo que acabó resultando en un órgano unipersonal: el juez padrón o iudex apellationum patroni. Denominación que le sobrevino por su labor como intérprete y garante de los fueros, también llamados ‘libro padrón’ (Castán, 2009: 62). Se trataba de un tribunal de apelación que velaba porque las sentencias dadas en primera instancia fueran acordes al fuero. Sin embargo, no tenemos un conocimiento conciso sobre su funcionamiento hasta mediados del siglo xv. A finales de la decimocuarta centuria, concretamente el 12 de marzo de 1396, los miembros del concejo reunidos en la puerta de la iglesia de Santa María de Mediavilla decidieron regular el funcionamiento de la escribanía de la sala del concejo, así como la escribanía de la corte del juez, los alcaldes y el juez padrón.13 A tal efecto, se debían elaborar unas ordinaciones que legislaran sobre la elección de estos oficiales, sus funciones y salario. Estas debían seguir unas las líneas generales preacordadas: ambos notarios ejercerían por el tiempo que sus superiores considerasen necesario y su labor sería poner por escrito todas las decisiones tomadas por el concejo y los tribunales de justicia respectivamente, así como recibir y despachar toda la documentación que desde estos órganos se les requiriera. Simultáneamente, se debía designar a un notario para ocupar la escribanía de la sala y otros dos para la corte del juez. La tarea reformadora recayó sobre los regidores más un grupo de seis personas: dos representantes de los caballeros y mano mayor —Pedro Sánchez Muñoz y Francisco Martínez de Cuevas—, dos diputados de las manos media y menor —Nicolás Palaciano y Gil Fillol— y Sancho Martínez de Xiarch y Fortuñón de Sesa como representantes de la compañía de los notarios.14 La elección directa de representantes del colectivo de notarios junto a los comisionados por las manos mayor, mediana y menor, si bien desacostumbrada en estos menesteres, no es de extrañar si tenemos en cuenta que las ordinaciones que se iban a promulgar les afectaban directamente. Apenas quince días después, el 3 de abril, esta comisión presentó ante el concejo la normativa que había acordado, la cual fue leída, aprobada y publicada. Asimismo, fueron presentados los candidatos para ocupar las citadas notarías, Rodrigo Ruiz de Mesa y Francisco Galve, hijo de Gil Galve, para la escribanía del juez y Pedro López de Maluenda para la escribanía de la sala del concejo. Todos ellos fueron ratificados, por lo que aceptaron el oficio y juraron cumplir las ordinaciones recién instauradas, amén de obligar sus bienes y personas como garantía de su buen hacer. El reglamento que pasaba a regir la escribanía de la sala del concejo15 hacía referencia a dos oficiales: el escribano del concejo, también llamado escribano anual, y el notario que le auxiliaba en su tarea. Del primero se especifica su elección cada martes de Pascua, al igual que la del resto de magistrados del concejo, y el sueldo de 100 sueldos jaqueses que dictaba el fuero, así como otros 50 sueldos jaqueses que era costumbre entregarle para costear la cera y el papel que debía utilizar. Además, se confirmaba su derecho a percibir una tasa por cada documento que el concejo o alguno de los oficiales mandara ratificar con el sello de la ciudad, del que era custodio. A este salario decidieron sumar un estipendio de 500 sueldos jaqueses anuales, a cobrar en la vigilia del día de Navidad, en conpensacion et remuneracion de algunas otras cosas quel dito scrivano anyal aver debe dela dita ciudat.16. Por lo que se refiere al notario que se ocuparía de facto de esta escribanía, se establecía su elección por el consejo, organismo que también decidiría el tiempo que duraría su servicio. La persona elegida no podía delegar en terceros, sino que debía realizar el trabajo personalmente, lo cual lo obligaba a residir en la ciudad mientras ocupara este cargo. En el caso de que el notario seleccionado no quisiera ejercer el oficio, o no lo ejerciera en persona de forma injustificada, incurría en una pena de 100 florines de oro de Aragón, cantidad que se repartía en tres partes: una para la reina, otra para el juez o alcalde que llevara el caso en los tribunales y la última para las arcas de la ciudad.17. Sus funciones se resumían en tomar nota de los mandamientos y ordinaciones promulgadas por el consejo y el concejo, así como redactar todos los contratos de compra-venta o arrendamientos, y las cartas de préstamo, comandas o censales realizados en nombre de la ciudad. Asimismo, debía registrar todos los albaranes, ápocas y recibos emitidos por la administración municipal. Por todo ello recibía del escribano anual una paga de 50 sueldos jaqueses al año, quien también debía suministrarle el papel que precisase. A dicho salario se sumaba una cantidad no especificada por cada documento que los regidores o procuradores le pidieran hacer,18 si bien algunos albaranes nos hablan de la percepción de cantidades nada desdeñables. Basten como ejemplo los 609 sueldos jaqueses y 6 dineros que Pedro Sánchez de Valdeconejos, notario de la sala, recibió de los regidores por realizar diversas escrituras en 1423; o los 1290 sueldos jaqueses que recibió este mismo notario por un trabajo similar en 1427.19. Como colofón, los regidores y los seis diputados ordenaron la construcción de un archivo en las casas del consejo, con el fin de guardar los registros elaborados por este notario y los documentos relevantes para la ciudad.20 Circunstancia que, si bien se empieza a detectar desde mediados del siglo xiii en ciudades del norte de Europa, no es común en la península Ibérica hasta finales del siglo xiv o principios del xv (García, 2015: 288-289). No sabemos si con anterioridad a este decreto ya existía un lugar dedicado a este fin o si el escribano del concejo debía custodiar toda esta documentación en su domicilio pero, a tenor de que los tribunales de justicia se situaban en la casa particular de quien ocupara ese año la magistratura, nos inclinamos por la segunda opción, con los problemas que ello acarreaba.21. La creación de un lugar específico para la custodia de los diversos fondos documentales que conformaban el archivo concejil denota la importancia que se concedía a estos legajos. Elemento de prestigio, pero que también cumplía unas funciones básicas: arsenal jurídico para defender sus privilegios y poder en caso de ser cuestionados, servía a la oligarquía para administrar y gobernar la ciudad y las aldeas a su cargo y, gracias a él, se mantenía la memoria e identidad de la ciudad. Idea que se incardina en la aseveración de Jacques Le Goff (1991: 134): La memoria ha constituido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas. Durante esta misma reunión, los regidores y diputados elegidos en representación de los tres colectivos también presentaron las ordinaciones que habían acordado sobre los notarios que regirían la escribanía de la corte del juez, alcaldes y juez padrón.22 En este caso era la ciudad, a través de los regidores, quien seleccionaba a dos notarios para este puesto durante el tiempo que se estimase oportuno. Oficio que los incapacitaba para tomar parte en los juicios o asesorar a cualquiera de las partes litigantes, bajo pena de 150 maravedíes de oro. Asimismo, como ocurría en el caso anterior, la no aceptación del cargo conllevaba una sanción de 50 maravedíes de oro. La cuantía de ambas multas se repartía a partes iguales entre el juez y las arcas municipales. Por lo que se refiere a sus obligaciones, estos amanuenses debían redactar todos los documentos necesarios para el desarrollo de los procesos y juicios, tanto de instancia como a petición de las partes.23 Más aún, en estas ordinaciones se especificaba la forma en que se debían hacer los originales y copias: […] los ditos dos notarios sean tenidos poner, escrevir et continuar en cadascuna pieta o pagina de processo original et coppias quales quiere por via et manera de processo fetos et dados, es a saber dizeocho parts de buena continuacion. No es de extrañar esta regulación si tenemos en cuenta que, al contrario que los notarios del concejo, no disponían de un salario fijo, sino que percibían una cantidad por cada documento expedido, a razón de 6 dineros cada página original signada y 4 por las copias signadas. Al mismo tiempo, también se especificaban diferentes cobros por servicios especiales que debían llevar a cabo estos oficiales, tales como requisitorias de prisión, acompañar al juez o alcaldes fuera de la ciudad o realización de inventarios de bienes entre otros. A pesar de que no tenemos forma de poder llegar a conocer con exactitud las cuantías que podían ganar estos dos notarios, el puesto debía ser lucrativo ya que no sólo los de la urbe acudían a estos tribunales, sino que los habitantes de las aproximadamente setenta aldeas dependientes de Teruel también debían acudir a ellos en busca de justicia. La dependencia jurisdiccional de estos nú- cleos rurales, matizada por la sentencia de Escorihuela de 1277 a los pleitos de cuantía mayor a 5 sueldos jaqueses, perduró hasta el siglo xv, cuando Alfonso V y luego Juan II permitieron a las aldeas mayores cotas de libertad (Caruana, 1971: 246-248, 299). La riqueza devengada de la labor de esta escribanía también explica el arancel que debían abonar los notarios que la ocupaban. En este sentido debían pagar al juez y al juez padrón de cada año 500 sueldos jaqueses y otros 100 sueldos jaqueses respectivamente, en sustentacion o ayuda de su oficio. Ambos pagos se hacían fraccionados, entregando una primera mitad en la vigilia del día de Navidad y una segunda el día de Carnestolendas.24. La existencia de estos pagos periódicos nos puede hacer pensar que la elección de los notarios se trataba en realidad de un arrendamiento; sin embargo, la última cláusula del documento explica estos pagos. En ella se estipula otra retribución de 150 sueldos jaqueses anuales para el juez, si bien en este caso el pagador es la ciudad. La justificación aportada para este desembolso es que los jueces cobraban entre 650 y 700 sueldos jaqueses de la citada escribanía, dinero que dejaban de percibir con la entrada en vigor de la nueva normativa. A través de la suma de las cantidades que le debían entregar los notarios y la ciudad, los legisladores pretendían compensar de esta pérdida a los futuros magistrados.25. De estas dos ordinaciones se infieren una importante serie de cambios con respecto a la etapa previa. En primer lugar, se puede observar una serie de medidas tendentes a la profesionalización de las escribanías dependientes del concejo, tales como dejar el trabajo efectivo de estas oficinas en manos de profesionales acreditados de la escritura elegidos por los regidores. También se buscaba que estos notarios ocupasen el cargo por periodos más largos que el año electoral, lo que aportaba continuación a la labor que desarrollaban. Esto no significa la desaparición de la magistratura concejil elegida anualmente, pues el escribano del concejo seguía siendo el cabeza de esta escribanía, el principal fedatario de la urbe y custodio del sello de la ciudad; además de tener amplias funciones en el ámbito judicial como juez padrón. Asimismo, al menos desde finales de la decimocuarta centuria, hay una separación efectiva de la escribanía de la sala del concejo de la escribanía dedicada a los tribunales de justicia. Mientras que para la referida al concejo esto no parece acarrear grandes cambios, la relativa al poder judicial se disoció del juez y juez padrón, quienes no solo perdieron las rentas que extraían de ella sino también la capacidad de nombrar a los notarios a favor del concejo, si bien ambos cargos fueron resarcidos económicamente por la enajenación. Entrado ya el siglo xv, y aprovechando la celebración de Cortes en Teruel en 1429, los turolenses elevaron una queja Alfonso V acerca de las injusticias que se estaban cometiendo en tribunales de justicia de la ciudad. Por ello suplicaron al soberano que aprobase una serie de medidas en contra de la dilatación de los pleitos y subterfugios de dudosa legalidad que llevaban a cabo algunos litigantes, o aún miembros del aparato de justicia. El monarca aceptó la petición y confirmó las nuevas disposiciones que se añadirían al fuero, catorce ítems que modificaban la forma de proceder de los magistrados judiciales y buscaban agilizar los litigios. Uno de estos preceptos explicitaba la forma en que debía intervenir el juez padrón en su función como tribunal de apelación. Se recordaba que disponía de un plazo máximo de ocho días para resolver en las cuestiones interlocutorias. Igualmente se dictaminaba que este no establecería un nuevo juicio, sino que examinaría los actos llevados a cabo por los órganos judiciales de primera y segunda instancia, el juez y el llamado «tribunal del viernes». También se decretaba una multa de 10 maravedíes en caso de que obrase de forma contraria a lo establecido, cantidad que se entregaría a la parte por la que fue llevada la interlocutoria (Agudo et al., 2007: 356).26. Hay que señalar, además, dos pasajes de estas disposiciones que afectaban a los oficiales de la escribanía de la corte de justicia. En el primero de ellos se establecía que en las causas de cuantías mayores que 60 sueldos jaqueses, los notarios debían tomar notas del proceso íntegro y dar una copia a cada una de las partes implicadas, por las que debía pagar un dinero y otros dos acabada la causa. En caso de que los litigantes requiriesen más copias, debían pagarlas según se había acostumbrado. Mientras que en el segundo ítem se determinaba que, cada vez que hubiera un cambio de oficiales de justicia,27 los escribanos dispondrían de un plazo de veinte días para entregar toda la documentación generada en los pleitos en los que hubieran actuado (Agudo et al, 2007: 339-340 y 357). Durante la década siguiente, concretamente en 1439, tuvo lugar la última reforma de la que tenemos conocimiento en la Edad Media sobre la figura del juez padrón. En esta ocasión parece que fue por iniciativa de los regidores de la ciudad, quienes decidieron entregar una gratificación de 50 sueldos jaqueses anuales a quien ocupara el cargo de escribano anual/juez padrón, en concepto de «cobranza de letras y albaranes» (Muñoz, 2007: 217). Todos los cambios, modificaciones y añadidos, tuvieran su origen en la monarquía o en los órganos de gobierno municipales, fueron recogidos por Juan Pastor, quien los incluyó en su Suma de fueros de las ciudades de Santa María de Albarracín y de Teruel, de las comunidades de aldeas de dichas ciudades y de la villa de Mosqueruela, $y$ de otras villas convecinas, compendio redactado durante el primer tercio del siglo xvi. 28 Esta compilación, que estuvo en vigor hasta su derogación por Felipe II en 1598, vino a cristalizar una institución medieval que sobrevivió al propio corpus legal y que, con pequeñas modificaciones realizadas en la segunda mitad del siglo xvii (Latorre y Pérez, 2006: 12-35), perduró durante gran parte de la modernidad. 3. La escribanía turolense y el intervencionismo regio. Tal y como hemos visto al analizar la evolución de esta institución y las normativas que la regían, este organismo municipal se encontraba en manos del concejo turolense desde la fundación de la urbe hasta la abolición de sus fueros a finales del Quinientos. No obstante, a lo largo de todo el periodo medieval, los sucesivos monarcas aragoneses trataron de injerirse en el nombramiento del escribano o de los notarios que le auxiliaban. El primer soberano en interferir fue Pedro III, quien debido al clima de violencia desatado en Teruel durante la década de los ochenta del siglo xiii no dudó en suspender los cargos concejiles y sustituirlos por oficiales nombrados directamente por él. Al mismo tiempo, ordenó realizar una inspección acerca de la elección de los miembros del concejo, en torno a la que sospechaba que podían existir irregularidades, de lo que resultó el procesamiento de medio centenar de oligarcas locales (Ríos, 2016a: 286-287). Ante esta enajenación, los turolenses interpusieron una demanda contra el procurador fiscal del rey, en la cual requerían que el monarca devolviese al concejo la capacidad de designar a sus propios magistrados y que restituyese la escribanía del concejo al mismo.29 Pedro III atendió a la petición y devolvió estos oficios a los turolenses el 3 de octubre de 1283, al mismo tiempo que él y su primogénito Alfonso confirmaban los fueros de Teruel. De lo que resultó que fue tornada la dita scrivania a la dita ciudat $e$ reconoscido aquella seyer propria de la dita ciudat.30. Sin embargo, a pesar de la reposición de las magistraturas municipales, la violencia desatada en Teruel por las luchas de bandos y por el enfrentamiento entre la urbe y las aldeas hicieron que los sucesivos monarcas restauraran el cargo de justicia o capitán. Se trataba de una figura de carácter extraordinario, nombrado de forma eventual en épocas de especial conflictividad, con competencias militares y judiciales superpuestas a las de los oficiales locales. Todo ello con el fin de asegurar el control del soberano sobre la élite local que dominaba los resortes del poder municipal (Iranzo, 2019: 371-372; Latorre, 2014: 266-269). Además, en el caso turolense, el justiciazgo solía compaginarse con la sobrejuntería, lo cual otorgaba a este individuo atribuciones ejecutivas y un contingente armado para mantener la paz y apresar a los delincuentes, lo que le reportaba una autoridad poco habitual en otras partes del reino (Ríos, 2016a: 287). Durante estos momentos excepcionales de supresión de la normalidad concejil, los monarcas aprovecharon la presencia del justicia para disponer de las escribanías del concejo. Es el caso de Alfonso IV, quien en 1328 se dirigió al justicia de Teruel para que pusiera a disposición de Domingo de Aliaga el cargo de escribano de la escribanía de la villa.31 Por otro lado, este oficial real poseía su propia escribanía, en la cual los soberanos acomodaban a sus fieles a voluntad.32 Más allá fue Pedro IV, ya que entre 1355 y 1356 entregó a Domingo Jiménez de Lidón las escribanías del justicia y sobrejuntero, además de la de las aljamas de sarracenos y judíos.33 Nombramientos que no eran bien recibidos por las gentes de Teruel y, en más de una ocasión, se opusieron a que las personas designadas ejercieran su cargo.34. No obstante, durante los periodos en los cuales la universidad de Teruel gozaba de mayores cotas de autogobierno, la forma de actuar de la corona fue distinta. El primer ejemplo de este proceder lo protagonizó Juan I, quien mediante una carta rogatoria dirigida al concejo turolense solicitó que entregasen la escribanía del juez a Martín Serrano, escribano suyo. La petición le fue denegada, ya que las gentes de Teruel entendieron que ese proceder era contrario a las libertades y privilegios de la ciudad.35. Tras el Compromiso de Caspe, que supuso la llegada de una nueva dinastía al trono aragonés, la prerrogativa del concejo turolense de nombrar a su escribano podía haber pasado a manos reales. El origen de esta posible alienación se encontraba en la decisión tomada por los expertos en derecho comisionados para indagar sobre las rentas y derechos reales. Recién llegado al trono, Fernando I encargó a Francisco Sarzuela y a Juan de Sobirás, sacristán de la Seo de Zaragoza, realizar la citada investigación. Estos expusieron sus resultados durante las cortes generales celebradas en Zaragoza, donde determinaron que la escribanía turolense pertenecía al patrimonio real. Sin embargo, esta decisión fue contestada por los procuradores turolenses, quienes alegaron que el citado derecho era propiedad del concejo desde el privilegio firmado por Pedro III y el infante Alfonso en 1283. Este argumento convenció a los investigadores reales y reconocieron que el dito senyor rey don Ferrando no haver derecho alguno enla dita scrivania, mas aquella seyer cosa propria dela dita ciudat e poder fazer de aquella a su propria voluntat.36. Aclaradas las atribuciones de la ciudad respecto a esta institución municipal, los monarcas no volvieron a intentar enajenarla. Ahora bien, ello no significa que no intentasen influir en los nombramientos, lo cual hicieron siguiendo el ejemplo marcado por Juan I. El caso mejor conocido, debido a toda la documentación que generó, ocurrió durante los primeros años del reinado de Alfonso V; sin embargo, en esta ocasión no fue él sino la reina quien se dirigió a los magistrados turolenses. Concretamente el 4 de noviembre de 1420 la reina María firmaba una misiva destinada al juez, alcaldes, juez padrón, regidores y a toda la universidad de la ciudad de Teruel, en la cual les rogaba que encomendaran la escribanía de los tribunales de justicia locales al notario Gil de Torres, natural de Teruel.37. La petición real no fue respondida de inmediato, puesto que su lectura generó una discusión acerca de si su aceptación atentaba contra las libertades y privilegios de la ciudad. La deliberación dio comienzo a un largo proceso del cual tenemos noticias gracias a las descripciones que del mismo hicieron las partes implicadas: los regidores del municipio y Gil de Torres.38 Si bien ambas versiones coinciden en la gran mayoría de los puntos especificados, difieren sutilmente en algunos aspectos concretos, tal y como tendremos oportunidad de ver. El primer paso dado por los magistrados locales ante el debate suscitado fue consultar a cuatro juristas pensionados por la ciudad, Jaime Martínez, Pedro Sánchez de Torres, Juan Agustín y Juan Sánchez de Orihuela. En torno a la decisión tomada por estos jurisconsultos encontramos la primera desavenencia entre las fuentes, puesto que la versión de Gil Torres indica que todos los letrados declararon no encontrar contrafuero en la petición, mientras que en la versión de los regidores los expertos no alcanzaron un acuerdo. Sea como fuere, varios miembros del consejo echaron más leña al fuego al asegurar que, si bien la petición podía no ser contraria a los privilegios de la ciudad, entregar el puesto a Gil de Torres sí perjudicaba directamente al brazo de los caballeros.39 La solución en este caso pasó por convocar a los caballeros quienes, junto a los regidores, debían reunirse y determinar si satisfacer la petición real era nocivo para sus intereses. El cónclave se celebró el 3 de enero de 1421 en la iglesia de San Miguel, sede de la cofradía de caballeros de San Jorge a la cual pertenecían los individuos de los principales linajes de la caballería villana (Ríos, 2016b: 125-126). Sin embargo, los miembros de la mano mayor se lavaron las manos y, argumentando que la epístola real iba dirigida primerament a judez, alcaldes, padron et regidores dela dita ciudat, pero subsiguientment se drezaba ala universidat dela dita ciudat40 y teniendo en cuenta la máxima latina quod omnes tangit ab omnibus debet expedito,41 resolvieron que se trataba de un asunto que debía ser considerado en un concejo general. De ahí que en la sesión general del concejo celebrada el siguiente domingo se volviera a plantear esta cuestión. Con todo, el asunto continuó sin respuesta, ya que la decisión del conjunto de vecinos fue la de delegar la resolución del problema en los magistrados principales —juez, alcaldes, juez padrón y regidores— más veinte hombres de la mano mayor que habrían de ser elegidos por los regidores.42 No conocemos el criterio que siguieron los regidores para hacer su elección, ni la nómina completa de los elegidos, pero aquellos de quienes sí ha llegado hasta nosotros su nombre pertenecían a los principales linajes de la oligarquía urbana.43 Asimismo, sabemos por las protestas elevadas por Gil de Torres que algunos de ellos se hallaban ausentes de la ciudad, lo cual estaba alargando el proceso, según él, de forma injustificada.44. Parece que el afectado tenía cierta razón en sus quejas, puesto que durante ese enero de 1421 el consejo y los veinte electos se reunieron en varias ocasiones, pero sin poder llegar al quorum necesario para una votación válida. Los regidores, por otro lado, negaban que la demora se hiciera con mala fe y aducían que, a pesar de la ausencia de la ciudad de algunos de los votantes, estos habían hecho llegar al consejo sus opiniones por escrito. Se trataba sin duda de Martín Martínez de Marcilla y de Pedro Garcés de Marcilla, cuyos votos realizados ante notario todavía se conservan. El primero de ellos, mediante una carta fechada el 21 de enero de ese año, daba su consentimiento a la entrega de la escribanía a Gil de Torres ya que, en su opinión, por contemplation dela senyora reyna deven seyer hobedecidas las ditas sus pregarias.45 En cambio, Pedro Garcés de Marcilla tenía un sentir radicalmente contrario; opinión a la que se adhirieron otros catorce de sus compañeros añadiendo sus rúbricas en el anverso del voto en sucesivos días.46. Además, Pedro Garcés redactó un pliego en el que exponía de forma pormenorizada las causas que le llevaban a negar la petición a la reina.47 Este notario turolense iniciaba su exposición explicando lo perjudicial que era para las ciudades la costumbre real de realizar este tipo de concesiones, puesto que era la ciudad quien debía acarrear con los gastos, mientras que la corona no da res de sus cofres. A ello le seguían nueve ítems en los cuales daba una serie de razonamientos jurídicos que avalaban su voto negativo. En primer lugar, indicaba que entregar el puesto a Gil de Torres significaría una pérdida de la capacidad de autogobierno de la urbe. Consecuencia derivada de acceder a un hecho directamente contrario a las ordenanzas municipales, las cuales dictaban que […] los regidores de aquella han acostumbrado e pueden poner e dar scrivanos en cadaun anyo alos ditos judez, alcaldes e jutge del padron e a regir la scrivania delas cortes de aquellos ab beneplacitum aquellos e por aquel tiempo que alos ditos regidores es o será bien visto.48. A continuación, presentaba la idea de que ceder a los deseos reales en este caso concreto podría sentar precedente y que, tras la defunción o destitución de Gil de Torres, los monarcas solicitaran escoger a su sucesor. Eventualidad que podrían presentar los sucesivos reyes como antecedente que justificara su preponderancia sobre la escribanía turolense, lo que resultaría en su enajenación perpetua. Además, con el fin de ilustrar mejor su teoría, incluía el ejemplo de donaciones que la ciudad realizó graciosamente a los soberanos anteriores, las cuales se habían convertido en pagos ordinarios. Por otro lado, el autor aventuraba que, a pesar de la afectuosidad y el vocabulario usado por la reina en su misiva, en realidad no se trataba de una súplica sino de una orden, lo cual implicaba contrafuero. Este argumento se sustenta en la forma de actuar del propio Gil de Torres en sus reuniones con el concejo turolense, así como las palabras con que este se dirigió a los magistrados locales.49 Lo que Pedro Garcés conseguía con ello era desnudar al texto real de las exigencias teatrales que generalmente revisten a las relaciones de dominación, discurso público —public transcript— a través del cual el poder busca crear la apariencia que da de sí mismo. Para ello se basaba en la actuación del enviado regio ante el consejo turolense ya que, olvidado el código formal imperante en estas relaciones, este expuso el discurso oculto —hidden transcript— que se escondía tras la solicitud real al mencionarles que se trataba de una orden y no una petición (Scott, 2000: 24-37). El abandono por parte de Gil de Torres del uso de las fórmulas y retórica que marcaban el juego político entre estos dos poderes, monarquía y concejo, y la exposición clara de las intenciones monárquicas sirvió al delegado concejil como otro argumento para negar la cesión de la escribanía. Otra de las causas alegadas por Pedro Garcés para no atender a la súplica real era el perjuicio que ello conllevaba para los futuros jueces y jueces del padrón. El daño, en este caso, radicaba en que, si la ciudad no elegía al notario para el citado oficio público, ellos podían elegir libremente. De donde resultaba que el puesto solía recaer cada año en una persona cercana a los magistrados principales. Asimismo, de lo que se desprende de este epígrafe, se puede deducir que varios notarios turolenses se turnaron en el cargo, consiguiendo beneficiarse todos de él. Situación que, según este delegado, era preferible ya que es mas razonable cosa que muchos se abtifiquen et se sostengan potisime (sic) del officio publico e dela cosa publica que uno solo. 50. Tras estos pretextos de carácter más general, Pedro Garcés de Marcilla cargaba las tintas contra el propio Gil de Torres al indicar que varias personas sospechaban de su deshonestidad. Lo que es más, aducía que varios miembros del concejo habían manifestado que preferirían renunciar al cargo de juez antes que ejercerlo con un individuo como Gil de Torres al frente de su escribanía. Puntos, estos dos últimos, que no solo nos hablan de un sistema de turnos establecido por un conjunto de la oligarquía para sacar rédito personal de los oficios públicos. Sino que también permiten observar la imposibilidad de aquellos carentes de capital relacional51 en la localidad para entrar en los engranajes de la administración municipal, aun cuando gozaran del favor regio, como ocurrió con Gil de Torres. Finalmente, abandonaba los argumentos subjetivos y recurría a otros más formales para justificar su decisión, concretamente a la jurisprudencia. Con ese fin utilizó sentencias favorables al concejo en casos similares, entre las que se cuentan las resoluciones emitidas cuando Juan I y más tarde Fernando I intentaron apropiarse de la escribanía turolense, ambas comentadas anteriormente. El Marcilla concluía su disertación infiriendo que, por estas razones, amén de otras en pro de la utilidad de la cosa pública que no se detuvo en explicar, el concejo de Teruel no se debía plegar a la petición de la corona. Sin embargo, parece que este alegato no sirvió para convencer a todos los miembros de la junta encargada de tomar la decisión, puesto que ese mismo día Gil de Torres se personó en la sala del concejo y presentó un requerimiento formal con intención de acelerar el proceso.52 Mediante esta demanda el afectado exponía que habían pasado tres meses desde la recepción por parte del concejo turolense de la misiva de la reina, y que todavía no había obtenido respuesta. Tardanza que le estaba perjudicando en gran manera y que achacaba a la mala fe de algunos magistrados quienes, según él, retrasaban la elección a propósito. Por todo ello, Gil de Torres conminaba a los oficiales del consejo y a los veinte electos a reunirse y tomar una decisión, la cual debían transmitir a la soberana. La exhortación de Gil no fue bien recibida por el cuerpo de regidores, ya que tres días después, el 30 de enero, uno de los aludidos, Pedro Sánchez de Torres, le envió una respuesta. En ella argumentaba que los veinte caballeros electos todavía no habían emitido su voto y, hasta no saber de su opinión, los regidores no podían pronunciarse.53 Al poco tiempo, el resto de regidores redactaron otra respuesta más extensa que la de Pedro Sánchez de Torres, en ella explicaban todo el proceso seguido desde la lectura de la súplica real hasta ese momento.54 También se hacían eco de los votos emitidos por algunos de los delegados, en especial de la disertación de Pedro Garcés de Marcilla, y excusaban a los que todavía no habían manifestado su dictamen por no estar presentes en la ciudad, si bien los regidores se comprometían a enviar recaderos para convocarlos a una nueva reunión. Simultáneamente, advertían que si bien la dita ciudat ha et tiene otros negocios et cosas mas arduas et mas ponderosas et concernientes mayor provecho o mayor dampnage dela cosa publica, los regidores habían tratado el caso de Gil de Torres con diligencia y habían atendido a este las siete veces que había acudido a la sala del consejo reclamando audiencia. Además, argumentaban que el retraso no podía perjudicar al protegido de la reina y a sus negocios, ya que en lo que se demanda gracioso si no se da no es fecho prejudicio al demandant, nin se le sigue dampnage, ni perdua (sic) de expensas, greuges et menoscabos, de donde inferían que si había algún daño, este era producido por la desatención que el propio Gil de Torres mostraba hacia su casa y negocios. Por todo ello negaban las acusaciones de actuar de mala fe, y reiteraban su incapacidad de acción hasta no tener conocimiento de la opinión de los veinte comisionados elegidos. A tenor de la documentación conservada, parece ser que las deliberaciones se prolongaron durante un mes más. No fue hasta el 20 de febrero de 1421 cuando los regidores turolenses enviaron una carta con su respuesta a la reina María, en la cual explicaban el proceso seguido y la resolución final de los turolenses encargados de decidir sobre el asunto. Estos, a pesar de la súplica de la monarca y de su recomendación avalando al citado Gil, habían determinado que atentaba contra las libertades y privilegios de la ciudad y, en consecuencia, debían negar la entrega de la escribanía a Gil de Torres.55. El perjudicado no aceptó la sentencia y, basándose en la existencia de varios votos favorables a su candidatura, decidió iniciar un pleito contra la ciudad. Con ese fin reclamó al concejo turolense copia del acta de votos, petición que también le fue denegada.56 A pesar de este contratiempo, Gil de Torres llevó a la ciudad ante la justicia real, si bien la presentación del privilegio otorgado por Pedro III a Teruel en 1283 hizo que se ratificara la autonomía del concejo para decidir sobre la materia. No obstante, Gil de Torres no se dio por vencido y el 29 de marzo de ese mismo año nombró a García de Fombuena, notario y vecino de Teruel, procurador suyo, con intención de que este lo representase en el pleito contra la ciudad. Este letrado, mejor conocedor de las leyes locales que Gil de Torres, pedía la nulidad de la sentencia basándose en que, según el fuero de Teruel, los habitantes del lugar únicamente podían ser juzgados en los tribunales de la ciudad.57 Desgraciadamente no se ha conservado más documentación referente a este asunto, por lo que no sabemos si la demanda siguió adelante ni su resolución. En cualquier caso, todos estos ejemplos demuestran que poseer estas escribanías concejiles, aun cuando ya estaban desligadas de la magistratura concejil originaria, reportaba importantes beneficios. Ello explica los constantes intentos de la monarquía por colocar en ellas a gentes de su entorno, así como la férrea defensa que de su posesión hacía el concejo de Teruel. 4. Consideraciones finales. Tal y como se ha anticipado al comienzo de este trabajo, lo que se ha pretendido a lo largo de estas páginas ha sido analizar la escribanía del concejo de Teruel durante la Baja Edad Media. El origen de esta institución se remonta, al igual que en otras villas de la Extremadura, al momento de creación del propio concejo, con el fin de cubrir las necesidades de la nueva administración local. Para su creación se tomó como modelo el existente en la cercana villa de Daroca, por lo que en sus primeros momentos compartieron gran número de características como su elección por el concejo o la periodicidad anual. Igualmente, este organismo fue monopolizado por los caballeros villanos que conformaron la oligarquía local, lo cual se debió a los requisitos de acceso. Si bien la obligación de que sus ocupantes fueran letrados hizo que el puesto recayera en clérigos durante la primera etapa, muestra de las necesidades técnicas necesarias para el buen funcionamiento del aparato administrativo municipal. Sin embargo, parece que desde su origen el escribano del concejo turolense tuvo más atribuciones que las de sus homólogos de concejos vecinos. A las labores de redacción de toda la documentación emanada de este órgano gubernativo y de fedatario concejil se sumaban distintas labores fiscales y contables. Pero, además, su posición como auxiliar del juez hacía que también tuviera tareas en el ámbito judicial, donde no solo se encargaba de labores burocráticas, sino que era parte indispensable en los tribunales de apelación. Ahora bien, no nos encontramos ante un organismo estático, sino que evolucionó y cambió a lo largo del tiempo. En este sentido, durante el siglo xiii absorbió competencias jurídico-fiscales que en origen eran propias de otros magistrados como el juez o los alcaldes. El campo en el que más aumentaron sus atribuciones fue, sin duda, el judicial ya que, por su labor de intérprete de los fueros —libro padrón—, llegó a monopolizar el tribunal de apelación a las sentencias emitidas por el juez en primera instancia. Hecho por el cual este funcionario también pasó a ser denominado como juez padrón. Por otro lado, al menos desde finales de la decimocuarta centuria, parece que la escribanía del concejo de desdobló en dos oficinas separadas con notarios diferentes, si bien a la cabeza de ambas seguía estando el escribano del concejo elegido anualmente. Una de ellas estaba dedicada a las tareas propias de la administración concejil, entre las que se encontraba la realización de todos los documentos dimanados de la gestión y gobierno municipal; mientras que la otra se encargaba de la elaboración de los registros originados en los tribunales del juez, alcaldes y juez padrón. Otro de los temas abordados han sido los cuantiosos beneficios, tanto individuales como colectivos, derivados de la posesión de esta magistratura o de un puesto de notario en estas escribanías, y los enfrentamientos entre el concejo y la monarquía por tener la autoridad de decidir qué individuo ocupaba el puesto. Prebenda que desde 1283, gracias al privilegio otorgado por Pedro III, tenía el concejo, que controló qué notarios trabajaban en las escribanías del concejo y del juez, además de decidir por cuánto tiempo lo hacían. Esta eventualidad se tradujo en la ocupación de estos oficios por parte de un pequeño grupo de notarios turolenses cercanos a la élite que se turnaban en los mismos, con la consecuente exclusión de otros profesionales escriturarios como Gil de Torres. Personaje que, a pesar de ser vecino de la ciudad y contar con el apoyo expreso de la monarquía, no poseía el suficiente capital relacional dentro de la localidad. Circunstancia que le imposibilitó entrar a formar parte del grupúsculo de personas que monopolizaron los puestos administrativo-gubernamentales del municipio y se lucraron con su disfrute. 5. Referencias bibliográficas. Ag udo Rom eo, María del Mar (1992), El fuero de Daroca. Introducción, edición crítica, traducción, estudio léxico y concordancia. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Dinámicas de poblamiento y población en un espacio de frontera: la Comunidad de Aldeas de Daroca (siglos XIII-XV): Settlement and Population Dynamics in a Frontier Land: The 'Comunidad de Aldeas de Daroca' (13th-15th Centuries)
DINÁMICAS DE POBLAMIENTO Y POBLACIÓN EN UN ESPACIO DE FRONTERA: LA COMUNIDAD DE ALDEAS DE DAROCA (SIGLOS XIII-XV) SETTLEMENT AND POPULATION DYNAMICS IN A FRONTIER LAND: THE COMUNIDAD DE ALDEAS DE DAROCA ( $1 3 ^ { t h } .$ -15th CENTURIES) Lydia ALLUÉ Université de Toulouse 2–Jean Jaurès. Resumen: La Comunidad de aldeas de Daroca tuvo, desde sus orígenes, unos patrones demográficos y de poblamiento diferentes a los del resto del Aragón meridional. Las dificultades que tuvieron que hacer frente los habitantes de esta comunidad a lo largo de los siglos XIV y XV motivaron el inicio del abandono de numerosos pueblos en un momento en el que este fenómeno despoblador era casi inexistente en el resto de los territorios aragoneses. El uso combinado de fuentes escritas y arqueológicas posibilita comprender mejor este proceso y acercarse a las formas de vida del campesinado medieval. Palabras clave: Comunidad de aldeas de Daroca, crisis bajomedieval, arqueología medieval, dinámicas de poblamiento rural, despoblado. Abstract: The Comunidad de Aldeas de Daroca had, from its origins, demographic and settlement patterns that were diverse from those of the rest of Southern Aragon. The difficulties the population had to face during the $1 4 ^ { \mathrm { t h } }$ and $1 5 ^ { \mathrm { t h } }$ centuries were at the origin of the abandon of many hamlets, in a moment when the deserted villages phenomenon was almost nonexistent in the rest of the Aragonese territories. The combined use of written and archaeological sources can help us to better understand this process and get close to the ways of life of the medieval peasantry. Key words: Comunidad de aldeas de Daroca, late-medieval crisis, medieval archaeology, rural settlement dynamics, deserted village. 1. Introducción. Tras la conquista de Daroca en 1120, Alfonso I concedió a dicha villa un vasto territorio con todas las aldeas en él contenidas para que las gobernase a su merced. Esta nueva modalidad de reparto de la tierra y de organización de los territorios de frontera responde a una estrategia regia para intentar frenar el creciente poder de la nobleza. Como señala E. Pascual, los primeros colonos que repoblaron la Extremadura aragonesa llevaron consigo las estructuras productivas y sociopolíticas de las montañas pirenaicas, de las cuales heredaron estas características: baja densidad de población, asentamiento en pequeños núcleos de cuyos territorios y bienes eran usufructuarios exclusivamente los vecinos, privilegios reales de pastura que contravenían la homogeneidad territorial y la jurisdicción de otras aldeas y unos habitantes orientados hacia unas actividades económicas ligadas fundamentalmente a la ganadería, a las actividades minero-metalúrgicas en los entornos cercanos a filones —principalmente de mineral de hierro— y a la agricultura (Pascual, 2012: 104). Cansados del férreo control y de los abusos de la villa de referencia, Daroca, los habitantes de las aldeas elevaron sus quejas a Jaime I. Mediante un privilegio real concedido en 1248 se constituyó la Comunidad de aldeas de Daroca, la cual quedaba supeditada al rey y no ya a Daroca. Para hacer más fácil su gobierno, esta institución dividió el territorio que ocupaba (alrededor de $3 4 0 0 ~ \mathrm { k m } ^ { 2 }$ ) en cinco sesmas o subunidades administrativas, territoriales y, sobre todo, fiscales, que parecen corresponderse grosso modo con las cinco entidades naturales que conforman ese espacio: Trasierra, Campo de Langa, Campo de Gallocanta, Río de Jiloca y Río de Barrachina. Con el paso del tiempo la Comunidad fue adquiriendo nuevos privilegios y libertades para autogestionarse, aumentando asimismo su base territorial mediante la compra de aldeas y señoríos al rey. Los patrones de poblamiento extraídos de las fuentes fiscales que han llegado hasta nosotros indican que fue una región eminentemente ruralizada, sin grandes núcleos de población de carácter urbano que articularan las aldeas, a excepción de la propia Daroca —que aunque ya no las dominase servía como polo de atracción de la población—y con un abundante número de pueblos de muy pequeño tamaño y en constante riesgo de despoblación. Ante la carencia de fuentes fiscales anteriores a 1373 no se pueden medir las consecuencias que la «coyuntura de $1 3 0 0 \mathrm { { > } } ^ { 1 }$ tuvo en la demografía de la Comunidad. Algunos datos indirectos, como las menciones a aldeas con pocos habitantes, las demandas de nuevos vicarios para cubrir las sedes vacantes o los registros de los desastres del conflicto bélico anteriormente nombrado apuntan a que la población disminuyó notablemente, a imagen de lo ocurrido en la propia Daroca. Al contrario que en la mayor parte de los territorios que formaban parte de la Corona, el Aragón meridional, y especialmente la Comunidad de aldeas de Daroca, no se vieron envueltos en las dinámicas de desarrollo económico y aumento demográfico del siglo XV. Muy al contrario, las adversidades climá- ticas, la pérdida de cosechas, las hambrunas, las guerras, la fiscalidad cada vez más asfixiante... tuvieron un marcado impacto negativo tanto en la población como en el poblamiento de la Comunidad. El fenómeno despoblador, que ya había cesado prácticamente en el resto de la Corona en el siglo XV, es especialmente significativo en la Comunidad darocense: solamente en esta centuria se contabilizan, al menos, diez pueblos abandonados, cifra que crece considerablemente si consideramos los despoblados del siglo XIV. El uso simultáneo de fuentes escritas y arqueológicas posibilita comprender mejor la dinámica de despoblación y las condiciones de vida del campesinado medieval. 2. Conquista y repoblación de Daroca. Tras la toma de Zaragoza en 1118, el avance de las tropas aragonesas hacia el sur fue rápido dado que era un territorio poco articulado, débil desde un punto de vista demográfico y con escasas fortificaciones que pudiesen suponer un verdadero obstáculo para las huestes cristianas. Una de las consecuencias de la veloz conquista de un territorio tan vasto fue la acumulación de poder y tierras por la nobleza, amenaza potencial que el rey intentó contrarrestar mediante la concesión de los nuevos territorios ganados a las villas fortificadas de Calatayud, Teruel y Daroca, las cuales estaban bajo su autoridad. Una vez sometida Daroca en 1120, el conde Ramón Berenguer IV le otorgó mediante fuero en $1 1 4 2 ^ { 2 }$ una extensa región de alrededor de $1 0 0 0 0 ~ \mathrm { k m } ^ { 2 }$ con todas las aldeas en ella contenidas, si bien no todas estaban en ese momento en poder cristiano. Así, la villa podía gestionar y gobernar estas tierras a su merced mientras las repoblaba y aseguraba su defensa militar, doblemente problemática puesto que se encontraba en una zona de frontera no sólo con al-Ándalus, sino también con Castilla.3 Sin embargo, una vez incorporada Teruel en 1177, parte de este territorio se escindió para ser concedido a esta villa. A partir de este momento esta región se intentó articular mediante la (re) fundación de núcleos de población destinados a proteger las fronteras —es el caso de Monreal del Campo, concedida en origen a la Militia Christi— y a la explotación agropecuaria —por ejemplo, en Cariñena o Azuara. En ocasiones se reutilizaron asentamientos más antiguos y pequeñas alquerías andalusíes que, según las operaciones arqueológicas realizadas hasta la fecha, fueron numerosos en las vegas de los ríos y en las proximidades de los barrancos (Ortega, 2003: 90). De este modo, la mitad de los lugares que han sobrevivido hasta hoy —empresa nada fácil, como veremos a lo largo del artículo— se sitúan a lo largo de los cursos de los ríos Jiloca, Pancrudo y Huerva, otros en los altiplanos del Campo de Romanos o en el Campo de Bello y, de forma menos numerosa, en el piedemonte del Sistema Ibérico, seguramente por tratarse de una frontera natural con el reino de Castilla y poseer unos suelos con menor potencial agrícola que en las zonas anteriormente citadas. Como indica Julián Ortega, durante este periodo es frecuente encontrar menciones a «villares» en la documentación, y no son pocos los topónimos y nombres de pueblos que contienen esa raíz en su nombre: Villarejo, El Villar de los Navarros, Villar del Salz, Villarejo de los Olmos, Villarguerrero... Del mismo modo, el hecho de que otros hayan guardado la palabra «torre» —Torre los Negros, Torrecilla del Rebollar, Torralbilla...— sugeriría la instalación de colonos cristianos sobre antiguas alquerías que debieron poseer una pequeña torre defensiva (Ortega, 2003: 92). Podemos situar el final de esta primera fase de colonización de los espacios y creación de aldeas en la primera mitad del siglo XIII (Ortega, 2003: 94). Una primera lista de las mismas puede encontrarse en un documento de 1205 en el cual el obispo de Zaragoza, Ramón de Castrocol, distribuye las rentas y diezmos de las aldeas entre las iglesias de Daroca.4 No obstante, hay que advertir que no se mencionan todas, puesto que algunas de las que ya existían por aquél entonces (Monforte, Loscos, Mercadal, Bádenas, Caminreal, Villarreal...) no aparecen. Lo harán sin embargo en el reparto de las primicias de 1280, quedando adjudicadas al arciprestazgo de Belchite y no al de Daroca.5. Con el paso del tiempo y la llegada de nuevos colonos, estos lugares fueron creciendo, mientras se creaba una red viaria que los conectaba. Salvo alguna rara excepción como Cariñena, Azuara o la villa de Daroca, el resto de aldeas continuaron siento pequeñas y con pocos habitantes. Con frecuencia se ha aludido a la mala calidad de los suelos para explicar la baja densidad de población de esta región y los patrones de poblamiento de la misma. Tal vez habría que buscar el motivo en la ganadería, la cual, al contrario que la agricultura, requiere poca mano de obra, pero vastos territorios donde apacentar al ganado. De ahí la profusión de pequeñas aldeas situadas a pocos kilómetros de distancia las unas de las otras, puesto que esta actividad económica marcaría un techo demográfico que no se debía rebasar para poder mantener el equilibrio entre población y recursos disponibles. Con el objetivo de repoblar la Extremadura aragonesa, los fueros de frontera ofrecieron a los nuevos habitantes numerosas ventajas, entre ellas el perdón por cualquier delito cometido en el pasado (Lacarra, 1972: 70). Sin embargo, el hecho de que esta normativa legal regule con precisión la economía ganadera sugiere que gran parte de los nuevos colonos asentados en Daroca y sus aldeas se dedicarían a esta actividad.6 Un caso aparte fueron los asentamientos situados en la zona de Sierra Menera, donde sus pobladores tuvieron que orientarse también hacia las actividades extractivas —principalmente del hierro—, dadas las grandes dificultades de desarrollo de la agricultura en esos suelos (Ortega, 2003: 90). Y por último, pero no menos importante, otra variable susceptible de explicar la debilidad demográfica de esta región es el hecho de situarse en un territorio de doble frontera, con la constante amenaza de los ataques enemigos. Todo esto justificaría en gran parte por qué estos pueblos, al contrario de aquellos otros bajo el control de Teruel o Calatayud, continuaron siendo por lo general de pequeña entidad demográfica, en muchas ocasiones hasta nuestros días. 3. La creación de la Comunidad de Aldeas de Daroca. Hartos del férreo control y los abusos administrativos, impositivos y económicos de Daroca sobre las aldeas, los habitantes de este territorio protestaron ante el rey reclamando poder desligarse de la villa y constituirse en universidad. El 30 de abril de 1248 Jaime I accedió a sus peticiones, concediéndoles un privilegio real por el cual quedaban bajo su autoridad y exentos de todos los impuestos —excepto del quinto y del monedaje— a cambio de un pago anual de 10.000 sueldos jaqueses.7 Con el paso de los años y mediante «graciosas donaciones», la Comunidad obtuvo cada vez más libertad de autogestión a nivel jurídico, fiscal y territorial, así como la confirmación de sus privilegios por los sucesivos reyes que accedieron al trono. Con el fin de ejercer un mejor control sobre el amplio territorio que ahora poseía, la Comunidad se organizó durante la Edad Media en cinco sesmas, las cuales agrupaban un número variable de aldeas. Estas subdivisiones territoriales, administrativas y sobre todo fiscales se corresponden en general con las cinco entidades naturales que articulan el territorio y que les dan nombre: Trasierra, Campo de Langa, Campo de Gallocanta, Río Jiloca y Río Barrachina. Ya en el siglo XVI se añadirán una nueva sesma (la Honor de Huesa) y el señorío de Plenas. El territorio ocupado por la Comunidad de aldeas de Daroca durante los siglos medievales tenía una extensión de alrededor de $3 4 0 0 \mathrm { k m } ^ { 2 }$ . Figura 1. Extensión de la Comunidad de aldeas de Daroca dentro de Aragón. Elaboración propia a partir de http://d-maps.com Figura 2. Las sesmas de la Comunidad de aldeas de Daroca durante la Edad Media. Elaboración propia. Aunque no se conservan fuentes escritas que permitan conocer la evolución demográfica y económica de los pueblos durante la primera mitad del siglo XIV, no parece aventurado pensar que, al igual que la propia villa de Daroca, aquellos fueron creciendo y prosperando gracias a la demanda de cereales y lana.8 No hay que olvidar que la villa contaba ya en 1294 con el privilegio de poder realizar una feria de quince días9 y con grandes ventajas y protecciones para los mercaderes que allí acudiesen. Esto sugiere el crecimiento económico y la prosperidad de los que gozaba la villa, hecho que sin duda vería su reflejo, aunque en menor medida, en las aldeas. El desarrollo de éstas fue también menor si lo comparamos con el resto de los territorios meridionales de Aragón.10. Como señala José Luis Corral, las conquistas de Teruel y Valencia supusieron la primera sangría de población seria para la villa de Daroca y sus aldeas (Corral, 1987: 152). Aunque no fueron el único factor, puesto que los primeros coletazos de la inminente «coyuntura de $1 3 0 0 \mathrm { { \upsilon } }$ comenzaron a sentirse tempranamente: intemperies climatológicas que arruinaban cosechas, guerras, carestías, hambrunas, pobreza... Algunos núcleos de población, como Paniza en 1290, tuvieron que repoblarse11, mientras que otros, como por ejemplo El Pueyo en 1297, debieron abandonarse por orden real ante la amenaza de las tropas castellanas.12 No son sino los prolegómenos de una situación que se volvió más y más complicada durante los dos siglos siguientes, especialmente en el XV. 4. La Comunidad de Aldeas de Daroca ante la coyuntura de 1300. Aunque la Comunidad darocense pareció alcanzar su techo demográfico entre finales del siglo XIII y principios del XIV, lo cierto es que, al igual que el resto del Aragón meridional, estuvo lejos de formar parte de ese «mundo pleno» que se percibe en otras áreas de Europa en vísperas de la peste de 1348 (Sesma, 2004: 238). A lo largo de la primera mitad del siglo XIV los repobladores continuaron llegando a la Comunidad, asentándose de manera efectiva gracias a la ausencia de conflictos importantes con los castellanos. Es posible que Cariñena se estuviese enfrentando a problemas relacionados con un exceso de población y falta de tierras, puesto que en 1316 la Comunidad decidió emprender el proyecto de desecación de un humedal y la posterior creación del lugar de Lagunas, muy cercano a Cariñena (Iranzo, 2011: 71-89). La ausencia de fuentes fiscales anteriores a la primera mitad del siglo XIV hace imposible cualquier aproximación a la demografía de la Comunidad antes de los estragos de la peste negra de 1348 y de la guerra de los Dos Pedros.13 Sin embargo sus consecuencias tuvieron que ser catastróficas a todos los niveles. Así por ejemplo, la aldea de Gascones quedó reducida a solamente cuatro fuegos a causa de la epidemia.14 Es probable que esta enfermedad esté a su vez en el origen de las peticiones de algunos vicarios para cubrir las vacantes de ciertas aldeas, como las de Castillejo y Mercadal, Luco y Entrambasaguas, Balconchán o Burbáguena entre muchos otras (Pueyo, 1993: 724-735). La Guerra de los Dos Pedros fue sin duda un factor que contribuyó muy negativamente sobre la población y el poblamiento de la Comunidad, cuyo concejo pasaba ya por apuros económicos: en 1354 el concejo de la villa se comprometió a pagar 2500 sueldos jaqueses prestados por Jimeno Pérez de Uncastillo para cubrir los 14000 sueldos concedidos a Pedro IV para su viaje a Cerdeña; sin embargo, para poder hacerlo, tuvo que empeñar la Defesilla situada en el pago de Exalagra y un paño pardo.15 Tres años después, el rey eximió a los vecinos de la Comunidad del pago de sus deudas durante dos años y reguló su devolución.16 En 1362 Pedro IV estableció una serie de disposiciones a favor de algunas aldeas que, a causa de dicha guerra, habían quedado muy perjudicadas y despobladas.17 La situación continuó siendo crítica: ese mismo año Francisco Aznar y Domingo Prior ayudaron al concejo de Daroca con 100 sueldos jaqueses cada uno para pagar a ciertos hombres a caballo y cubrir otras necesidades.18 En 1365 el rey tuvo que pedir a los diputados del reino de Aragón que pagasen a los 50 hombres a caballo que permanecían en defensa de la frontera, ya que la Comunidad no podía hacerse cargo de un gasto de aproximadamente 4500 sueldos jaqueses.19 Ese mismo año, Pedro IV concedió a los habitantes de la Comunidad que hiciesen cabalgadas durante la guerra contra Castilla todo el botín que pudiesen conseguir, probablemente para intentar revertir las adversidades económicas a la que se enfrentaban sus súbditos.20. La primera fuente fiscal que permite una aproximación numérica —pero también nominal— a la población de la Comunidad en el siglo XIV es el monedaje de 1373.21 En él se recogen un total de 3858 contribuyentes22 repartidos entre 100 pueblos, lo que da una densidad de población de 1.20 contribuyen$\mathrm { t e s } / \mathrm { k m } ^ { 2 }$ . El análisis de los datos indica que un $5 9 . 4 \%$ de la población censada habitaba en lugares muy pequeños (de 1 a 24 unidades u hogares) o pequeños (de 25 a 49), es decir, 85 de los 100 pueblos que aparecen en el listado,23 mientras que un $2 1 . 7 \%$ lo hacía en los 11 lugares que albergaban entre $5 0 \ y \ 9 9$ casas. Solamente un $6 . 3 \%$ vivía en los dos únicos pueblos que poseían entre 100 y 200 unidades —Burbáguena y Herrera de los Navarros—, y el restante $12 . 6 \%$ se reparte entre Cariñena y Azuara, los dos que tenían más de 200 unidades. Estas cifras contrastan con las obtenidas para el caso de Teruel y sus aldeas, con un patrón de poblamiento más estructurado, de carácter urbano y con mayor población (Sesma, 2004: 244). Las siguientes fuentes fiscales disponibles son las distribuciones de pechas de 1387 y 1389, aunque en las listas no aparece el número de habitantes sino el de puestas a pagar por cada aldea. Teniendo en cuenta que cada puesta hacía referencia a 16 vecinos,24 podemos calcular su número sin perder de vista, no obstante, que el documento recoge una estimación global para la distribución de las cargas fiscales y que sus datos no se corresponden de manera precisa con la realidad poblacional. Además, el hecho de que las unidades fiscales computadas sean similares en las dos listas sugiere que la distribución de pechas de 1389 copia la de 1387, con ligeros ajustes. No obstante, y ante la falta de opciones, el documento posibilita observar tendencias del poblamiento y de la población de la Comunidad. He tomado como referencia la pecha de 1389 por ser la realizada tras lo que parece un reajuste de la distribución de las puestas. El número total de vecinos es de 4910 —frente a 4916 dos años antes—, en un total de 103 pueblos, lo que da una densidad de población de 1.44 vecinos $/ \mathrm { k m } ^ { 2 }$ . Esta cifra, salvando los problemas de correspondencia entre habitantes que pagan el impuesto del maravedí y vecinos, es superior a la registrada en 1373. En la distribución de 1389 solamente el $3 7 . 3 \%$ de la población habitaba en lugares muy pequeños o pequeños, es decir, 68 de los 103 lugares registrados. En los 24 pueblos que tenían entre $5 0 \mathrm { ~ y ~ } 9 9$ unidades vivía el $3 8 . 9 \%$ de la población, mientras que un $1 2 . 7 \%$ lo hacía en las 5 aldeas con entre 100 y 200 unidades. El $1 1 . 1 \%$ restante residió en Azuara o Cariñena, la primera con 208 vecinos y la segunda con 336. Figura 3. Distribución de la población según el monedaje de 1373. Elaboración propia. En resumen, durante las tres últimas décadas del siglo XIV se observa cómo el poblamiento se estructuró alrededor de dos plazas fuertes, Azuara y Cariñena, y de otros cinco núcleos que destacaron en este momento: Burbáguena (160 vecinos), Monforte (128), Herrera de los Navarros (124), Used (108) y Langa (104). En el resto de la Comunidad se aprecia que los núcleos muy pequeños disminuyeron en número (de 43 pasaron a 26), mientras que los de 50 a 99 unidades aumentaron (de 11 a 29). Ello puede interpretarse no solamente como un aumento de la población, sino también como una estabilización de los patrones de poblamiento. Al menos hasta la segunda década de 1400, cuando toda una serie de dificultades provocó otra situación crítica en la Comunidad darocense. No fueron pocas las aldeas despobladas a lo largo del siglo XIV. Las situaciones adversas ligadas a la coyuntura de 1300 tuvieron un claro impacto en el poblamiento, ya de por sí disperso y sin apenas núcleos urbanos que lo articulasen. Algunos autores han afirmado que solamente la mitad de los lugares citados en el reparto de colaciones del obispo Castrocol de 1205 sobrevivieron a la primera mitad del siglo XIV (Corral, 1987: 154). No obstante, conviene hacer algunas precisiones. Para empezar, varias de esas aldeas pudieron cambiar de nombre, como hizo por ejemplo Luchana, cuyo concejo pidió al rey poder cambiar su nombre a Bellestar (Campillo, 1915: 97). Es el caso también de Castelpedriz, que a partir del siglo XIV se conoció como Castilberrueco o Berrueco (Pardillos, 2008: 147-179). En segundo lugar, varias de las aldeas tenidas hasta ahora como despobladas antes de mediados del 1300 todavía aparecen mencionadas como «lugares» en un documento de 1375: Villarguerrero, Tonda, Aldea de Domingo Ferrera y Monegrillos.25 Y otros núcleos no pertenecían por aquel entonces a la Comunidad, como es el caso de Cámaras o de Mierla.26. En todo caso, el número de lugares abandonados durante esta época es impresionante y responde no sólo a un descenso demográfico sino seguramente también a una reorganización del hábitat en función de la inseguridad imperante en la zona y del aprovechamiento económico del suelo. La Comunidad de aldeas de Daroca intentó realizar un proyecto para poner en cultivo las tierras de Almohaja, Peracense y el ya citado lugar de Lagunas. En los dos primeros casos ni siquiera se iniciaron las acciones porque la Comunidad vendió Almohaja a Blasco Fernández de Heredia, quien ordenó el traslado de la población desde el paraje conocido como $L a$ Virgen Vieja hasta su emplazamiento actual; por otra parte, Peracense estaba situado junto a la frontera castellana y su castillo fue clave para la defensa contra los ataques del enemigo; originalmente situado a los pies de la fortificación, el hábitat fue desplazado hasta su lugar actual en algún momento del siglo XIV, según se desprende de los datos de las operaciones arqueológicas realizadas en la zona. Estos dos traslados supusieron la reorientación productiva de sus habitantes desde una actividad eminentemente metalúrgica hacia otra con más peso de la agricultura, dada la mayor disponibilidad de suelo cultivable (Iranzo, 2011: 103-112). Es posible que estos desplazamientos hacia nuevos núcleos de población estén también en el origen de Las Cuerlas: en el yacimiento de San Pedro, antiguo poblado celtíbero, se encontraron materiales y construcciones que indican una ocupación en época medieval. Al igual que en los casos anteriores, es posible que la población se trasladase a tierras más bajas y fértiles, en su localización actual. Resulta llamativo que, a pesar de que esta aldea perteneció a la Comunidad desde 1333, no aparece en las fuentes fiscales. Sin embargo, en 1377 y posteriormente en 1385, el rector de su iglesia entregaba puntualmente el diezmo a Santa María de Daroca.2 $\mathrm { ~ E n ~ } 1 4 8 4$ aparece de nuevo pagando sus pechas28, no siendo registrada, sin embargo, en el fogaje de 1489. Tal vez nos encontremos ante una población que, por su pequeño tamaño y su delicada situación, se encontrase exenta de pagar algunos impuestos, pudiendo incluso quedar despoblada durante un tiempo y ser reocupada tras la Edad Media, como ocurrió por ejemplo con Villalba. Figura 4. Distribución de la población según la distribución de puestas de 1389. Elaboración propia. A estos despoblados habría que sumar los ya citados de Villarguerrero, La Tonda, Aldea de Domingo Ferrera y Montegrillo, además de Losilla, La Zarza, Villagarda, Pelarda y Villacadima. Herrera de Ojos Negros fue abandonado una primera vez de manera temporal en 1356, cuando el rey ordenó a sus habitantes refugiarse en Ojos Negros ante la amenaza castellana.29 Podría añadirse también Lagunas, abandonado tras el fracaso de proyecto repoblador de la Comunidad, en una fecha indeterminada entre 1389 y comienzos del siglo XV, ya que no aparece registrado en la lista de casas ni en ningún otro documento. Cámaras pudo ser también despoblado en estas fechas, ya que aunque se compró en 1390 como se ha dicho anteriormente, no aparece tampoco en la lista de casas. 5. El difícil siglo XV. Para el resto de Aragón, el siglo XV fue un periodo de recuperación y crecimiento (Sesma, 2004: 247). En cambio, en el caso de las aldeas de Daroca asistimos una vez más a un importante retroceso demográfico y económico, que tuvo un fuerte impacto en los patrones de poblamiento de la Comunidad. En esta ocasión se cuenta con más fuentes fiscales y, sobre todo, con más documentos que atestiguan las adversidades a las que tuvieron que hacer frente los habitantes de la Comunidad. A comienzos del siglo XV se realizó un listado de casas en cada una de las aldeas. La casa como unidad de tipo fiscal puede asimilarse en líneas generales al fuego (Corral, 1987: 163-166), contabilizándose un total de 4963 casas distribuidas en 98 pueblos. La densidad de población es de 1.45 casas $/ \mathrm { k m } ^ { 2 }$ , la más alta registrada para la Comunidad de todas las fuentes fiscales conservadas. Pero muestra, sin embargo, que el crecimiento durante la última década del 1400 apenas fue perceptible. Según este recuento fiscal, un $3 6 . 3 \%$ de la población vivía en 64 de los pueblos clasificados como muy pequeños o pequeños.30 Un $3 1 . 4 \%$ lo hacían en los 24 lugares de entre $5 0 \mathrm { ~ y ~ } 9 9$ unidades, mientras que el $2 0 . 5 \%$ habitaban en los 8 núcleos que contienen entre $1 0 0 \ \mathrm { y }$ 200. El restante $1 1 . 8 \%$ de los vecinos lo hacía en Azuara y Cariñena, las cuales siguieron a la cabeza con $2 5 5 \mathrm { ~ y ~ } 3 3 2$ casas respectivamente. Estas cifras indican que los pueblos continuaron atrayendo población, si bien de manera mucho más débil. Tres aldeas vieron un breve momento de esplendor demográfico que, sin embargo, desapareció en la década siguiente: Anento (102 casas), Báguena (129) y Olalla (109). En 1414 se realizó otra recaudación del impuesto del monedaje que cita 92 localidades.31 La cifra total a recaudar es significativamente superior con respecto a la de 1373: 4545 maravedís frente a 3828, lo que indica no solamente un aumento demográfico sino también económico de la Comunidad entre ambas fechas. La densidad de población desciende sin embargo a 1.34 contribuyentes $/ \mathrm { k m } ^ { 2 }$ , cifra que habría que tomar con cautela dada la naturaleza de la fuente, pero que estaría sugiriendo una curva demográfica negativa. Los patrones de poblamiento varían poco con respecto al recuento de casas: se observa un ligero aumento de la población que habitaba en núcleos muy pequeños o pequeños (40.3 frente a $3 6 . 3 \%$ en 1373), en aquellos que poseían entre 50 y 99 unidades (37.1 frente a $3 1 . 4 \%$ ) y en aquellos de más de 200 (14.2 frente al $1 1 . 8 \%$ . Es llamativo que sólo un $8 . 4 \%$ de la población, frente al $2 0 . 5 \%$ registrado unos años atrás, vivía en los lugares de entre 100 y 200 unidades que, para este período, habían disminuido de 8 a 3: a los casos antes citados de Anento, Báguena y Olalla, hay que sumar los de Langa (91) y Used (86), que descienden de categoría. Cariñena y Azuara siguieron siendo las plazas fuertes de la Comunidad, si bien ésta última perdió esta posición a lo largo del siglo. Varios pueblos considerados muy pequeños en las fuentes anteriores fueron abandonados a comienzos del siglo XV. Por ejemplo, Herrera de Ojos Negros lo fue entre 1406 y 1414, esta vez de manera definitiva.32 También Puerto Oriche o Portichuelo, que en 1400 sólo tenía 6 casas habitadas, por lo que no es de extrañar que quedara despoblado antes de 1414. Por su parte, entre 1406 y 1412 Zarzuela se quedó sin vecinos,33 porque en esta última fecha 1 4 · 1. Figura 5. Distribución de la población según la lista de casas de principios del siglo XV. Elaboración propia. se nombra ya como pardina.34 El último documento en el que se citan vecinos de Mierla data de 1412,35 y dicha aldea ya no aparece en el monedaje de 1414. No podemos asegurar si se despobló en esos dos años o su ausencia del listado se debe a algún tipo de exención, pero lo cierto es que en 1430 un documento muestra que Mierla, convertido seguramente en pardina, estaba arrendado.36 Otro caso similar es el de Entrambasaguas o Tramasaguas. Este lugar contaba con 6 vecinos en la distribución de puestas de 1389, pero debió de ser vendido en algún momento posterior a esa fecha ya que no aparece nombrado en la lista de casas de principios del XV y además se sabe que fue comprado en 1421 a Jimeno de Urrea y su esposa.37. Gracias al fogaje de 1489 se pueden intuir las nefastas consecuencias que tuvo sobre la población la acumulación de situaciones adversas en la Comunidad de aldeas de Daroca. De las 4963 casas registradas a comienzos del siglo XV se pasó a 3192 fuegos en 1489, lo que supone la desaparición del $3 5 . 7 \%$ de los hogares. La densidad de población pasó de 1.45 a 0.94 fuegos $/ \mathrm { k m } ^ { 2 }$ . En estos momentos los patrones de poblamiento volvían a ser muy similares a los de 1373: un $5 5 . 9 \%$ de la población vivía en núcleos muy pequeños o pequeños (83 de los 97 pueblos mencionados), un $2 3 . 8 \%$ en los 11 lugares de entre $5 0 \mathrm { y }$ 99 unidades, sólo un $9 . 1 \%$ en las dos aldeas que tenían entre 100 y 200 unidades —Azuara y Burbáguena— y un $1 1 . 2 \%$ en Cariñena. Es decir, la Comunidad de aldeas de Daroca volvió a estar fuertemente ruralizada, con tres únicos núcleos de población relativamente potentes —al menos para los patrones de la región— en medio de una nebulosa de pequeñas aldeas en riesgo constante de abandono. Llama la atención que algunos lugares perdieron la mitad de su población o más: Anento pasó de 102 a 42 fuegos, Báguena de 129 a 69, Blancas de 64 a 32, Herrera de los Navarros de 136 a 73, Langa de 112 a 40, Monforte de 140 a 51... Cariñena es la única aldea que ganó 25 fuegos, aunque hay alguna otra que aumentó discretamente: Lechón en 3 fuegos, Luco en 8 o Moyuela en 7, son tres ejemplos de esta circunstancia inusual. 1 4 6 + 0. Figura 6. Distribución de la población según el monedaje de 1414. Elaboración propia. De hecho, son varios los pueblos que se abandonaron definitivamente entre 1414 y 1489. Entre ellos, podemos comenzar con Gascones: aunque tradicionalmente se ha dado por desierto antes de 1414 (Corral, 1987: 166), lo cierto es que en 1431 continuaba habitada, si bien en 1435 se dice que carece de parroquianos y habitantes,38 con lo que hay que situar entre estas dos fechas su abandono definitivo. Castillejo también fue deshabitado durante el siglo XV: la última noticia que tenemos en las fuentes escritas es en 1435, cuando la Comunidad le dio 50 sueldos jaqueses pues, a causa de su pequeño tamaño y de su penuria económica, sus vecinos no podían pagar la pecha.39 De 1436 data la última mención a los habitantes de La Salce, que vivían una situación tan penosa como los de Castillejo.40 No parece probable que ninguno de estos dos pueblos continuasen habitados muchos años más tras esas fechas, no siendo incluidos en el fogaje de 1489. Cerraremos el análisis del poblamiento y la población de la Comunidad de aldeas de Daroca con los datos del registro de fuegos del reino de 1495,41 que recoge un total de 3305 fuegos repartidos entre 96 pueblos. La densidad de población ofrece una ligerísima mejoría con respecto al fogaje de 1489: de 0.94 se pasa a 0.97 fuegos $/ \mathrm { k m } ^ { 2 }$ . Los datos muestran que un $5 7 . 4 \%$ de la población vivía en aldeas de muy pequeño o pequeño tamaño, con un total de 82 pueblos. Un $1 5 . 6 \%$ lo hacía en los 8 lugares que tenían entre $5 0 \mathrm { y } 9 9$ unidades, un $1 6 . 5 \%$ en los 5 que albergaban entre 100 y 200 unidades (Azuara, Burbáguena, Calamocha, Paniza y El Villar de los Navarros) y un $1 0 . 5 \%$ en Cariñena. Si se compara con el fogaje anterior, en estos años los núcleos que contaban entre $5 0 \ y \ 9 9$ unidades aumentaron en general su población, hasta el punto de que tres de ellos, Calamocha (de 78 pasa a 104 fuegos), Paniza (de 93 a 102) y El Villar de los Navarros (de 92 a 102) se convirtieron en lugares con más de 100 fuegos. Esto explica que el porcentaje de personas que vivían en este tipo de lugares pase del 9.1 al $1 6 . 5 \%$ entre uno y otro fogaje. Una vez más, los centros que lograron adecuarse a la realidad social y económica y atraer población se hicieron más fuertes, en detrimento de aquellos que continuaron siendo más débiles poblacionalmente, con el consiguiente peligro de despoblación. El conjunto de datos analizados permite afirmar que la Comunidad de aldeas de Daroca no siguió el ritmo de recuperación económico y demográfico que se observa en el resto de las tierras meridionales de Aragón durante el siglo XV (Sesma: 2004: 247). En contraste con la evolución de la Comunidad de Teruel, en la Comunidad de Daroca continuaron predominando los pequeños núcleos de población, siendo una zona poco articulada y con dos únicos centros rectores, Daroca y Cariñena, en la que la consolidación y crecimiento de núcleos de tamaño medio —entre 100 y 200 unidades—constituye un indicador de estabilización del hábitat y de aclimatación a las condiciones socioeconómicas del momento. Son varios los factores que impidieron que esta zona experimentase un crecimiento similar al del resto de Aragón. En primer lugar, este territorio no mostró el mismo desarrollo económico que las aldeas de Teruel y de la frontera suroriental con Valencia durante la primera mitad del siglo XIV (Sesma, 2004: 253). Además, conforme trascurrió el siglo XV la presión fiscal se incrementó a causa de los constantes episodios militares tanto dentro como fuera de las fronteras de la Corona. Esta situación de alerta bélica llevó a la Comunidad a endeudarse de manera recurrente con judíos42 y otros particulares. Además, la presión fiscal recayó sobre un número cada vez menor de vecinos, como consecuencia de las bajas bélicas, los sucesivos rebrotes de epidemias43 y los movimientos poblacionales en busca de una vida mejor.44 Además, las manifestaciones de la Pequeña Edad del Hielo arruinaron no pocas cosechas,45 dejando en la ruina a muchos campesinos, provocando el alza del precio del grano y, en casos extremos, dificultades de abastecimiento y «falta de pan». Pero, sobre todo, la inestabilidad política con Castilla y la inseguridad consecuente fue el factor de peso que impidió que la Comunidad se recuperase al mismo ritmo que el resto de Aragón. Al fin y al cabo, Teruel o Valencia eran ciudades muchos más atractivas para la población, no solamente por sus posibilidades comerciales sino también por ser zonas alejadas de la frontera y por tanto más seguras. Figura 7. Distribución de la población según el fogaje de 1489. Elaboración propia. Figura 8. Distribución de la población según el fogaje de 1495. Elaboración propia. Otra gran diferencia con respecto a las otras Comunidades de aldeas es que el descenso demográfico experimentado desde la primera mitad del XV tuvo un impacto directo en el poblamiento: al menos ocho pueblos fueron abandonados desde comienzos esta centuria hasta 1489, en un momento en el que apenas se registran despoblados en el resto de Aragón (Rubio, 2013: 26). Y hay que sumar dos aldeas que no llegaron habitadas al siglo XVI: Villalba y Mercadal. Villalba contaba con tan sólo dos fuegos en 1489 y en 1495 aparece mencionado ya como pardina. El caso de Mercadal es similar: de los cuatro fuegos registrados en 1489 pasó a uno en 1495 y se incluyó en el grupo de despoblados. A continuación, explicaremos con más detenimiento la historia de este poblado y los resultados de las prospecciones arqueológicas llevadas a cabo. 6. Mercadal: un ejemplo del fenómeno despoblador durante el siglo XV. Los despoblados constituyen para el investigador la imagen fosilizada de un pueblo que, por diversos motivos, fracasó en su función de agrupamiento de la población y quedó abandonado.46 Las posibilidades de estudio que presentan para conocer las formas de vida del campesinado medieval son muchas y variadas.47 La colaboración de historiadores y arqueólogos potenciará en un futuro, sin duda, el desarrollo de la historia rural medieval, mucho menos investigada que la urbana por el menor volumen de documentación producido y conservado por las comunidades campesinas. Aunque, en este aspecto, la Comunidad de aldeas de Daroca es una rara avis, puesto que su archivo es increí- blemente rico en fondos documentales.48 6.1. Mercadal en la bibliografía. Este lugar ha sido citado de manera esporádica por algunos autores (Lezaún, 1990: f. 18v; Esteban, 1959: 127; Asso, 1983: 204; Ubieto, 1986: 845; Serrano, 1995: 289), los cuales se limitan a señalar su existencia y su condición de despoblado en 1495. También aparece nombrado en la obra de José Luis Corral sobre la Comunidad de aldeas de Daroca, donde se recogen los datos aportados por dichos autores (Corral, 1987: 155-170). Más exhaustivo es el trabajo de investigación de Mercedes Rubio sobre Mercadal y otros despoblados medievales de la comarca de Jiloca (Rubio, 2013); lamentablemente esta autora no realiza una aproximación desde el punto de vista de la arqueología y focaliza su atención en la documentación escrita conservada en diferentes archivos. El primer estudio monográfico que conjugó fuentes escritas y arqueológicas relativas a este despoblado fue presentado en 2016 como Trabajo de Fin de Máster en la Universidad Jean Jaurès de Toulouse.49 Este trabajo amplió y actualizó los resultados de las prospecciones pedestres llevadas a cabo en 1987, publicados en la revista Arqueología Aragonesa (Simón, 1991: 367-369), en el inventario arqueológico de Calamocha (Burillo, 1991: 285- 286) y en la Carta arqueológica de Aragón (Burillo, 1992: 240). Figura 9. Localización del yacimiento de Mercadal (señalado mediante una estrella roja). Elaboración propia a partir de http://sitar.aragon.es/visor/ 6.2. Localización y descripción del yacimiento. Mercadal se ubica en el término municipal de Loscos (Teruel) y forma parte de la Sierra de Oriche, alineamiento montañoso que supone la prolongación hacia el este de la Sierra de Cucalón, dentro de la vertiente aragonesa de la Cordillera Ibérica. Esta cadena montañosa tiene una altitud media de entre 1300 y 1400 metros, lo que la convierte en una barrera natural entre Mercadal y la parte oriental de la antigua Comunidad de aldeas de Daroca. En cuanto a la hidrología, el río Pilero recorre los campos de Mezquita, Loscos, Santa Águeda y Mercadal, hasta desembocar en el río Cámaras —afluente del Aguasvivas— a la altura de El Villar de los Navarros. Las características estructurales de la orogenia y la botánica del paisaje de Aragón apenas han cambiado desde Holoceno (10000-9000 BP) hasta prácticamente el siglo XXI, ya que desde siempre ha sido una región poco industrializada, por lo que el paisaje del medievo no tuvo que ser muy distinto del que podemos ver hoy en día. Son muy frecuentes las encinas o carrascas de tipo arbustivo, las franjas de robles y castaños en las umbrías, los enebros, jaras, coscojas y sabinas. En las zonas más húmedas crecen álamos, sauces y chopos. El reciente abandono de las actividades ganaderas ha provocado el aumento de los matorrales abiertos, el tomillo, la aliaga y el espliego. Mercadal se encuentra a unos 900 metros sobre el nivel del mar, en una colina con pendiente descendiente dirección oeste-este. Tiene una extensión de casi 5 hectáreas, aunque el extremo oriental ha sido arrasado para poner la tierra en cultivo y su forma, de tendencia rectangular, responde a la topografía del lugar y a las labores de aterrazamiento de los suelos. Sus vestigios se encuentran en bastante buen estado de conservación —algunos muros alcanzan los 60 cm de elevación—, siendo visible el trazado de la mayoría de sus edificios y calles tanto sobre las ortofotos y fotografías aéreas como en la visita al terreno. Las prospecciones realizadas en 2015 permitieron identificar tres zonas distintas, así como recoger numerosos materiales, a los que aludiremos más tarde. En primer lugar, la parte más oriental y elevada del yacimiento es la dedicada al hábitat propiamente dicho. Las construcciones aquí son de gran tamaño —se conserva por ejemplo una estructura de alrededor de $1 0 \mathrm { x } 1 2 \mathrm { m }$ , si bien el uso que se le dio a la misma es por el momento un misterio—, sus muros son de doble paramento con una potencia que llega hasta los $8 0 \ \mathrm { c m \ y }$ las piedras que los forman miden hasta un metro de alto, situándose por lo general en las esquinas de las casas o en lo que parecen las jambas de las puertas; conforman asimismo varias de las calles que todavía pueden verse en el yacimiento. La ermita románica (con la casa del ermitaño anexa) y una masía ocupan el centro del yacimiento. Unas obras en el antiguo hogar del ermitaño sacaron a la luz en la década de 1990 varios esqueletos, mostrando la ubicación del cementerio del pueblo. El sector más occidental de Mercadal fue interpretado, a la luz de los vestigios encontrados, como una zona dedicada al comercio y a la actividad artesanal, concretamente a la metalurgia. Aquí las «habitaciones» son de menor tamaño, sus muros más estrechos y su fábrica de peor calidad con respecto a la parte oriental. Prácticamente todas las estancias parecen articularse en torno a una misma construcción de grandes dimensiones $- 7 0 \mathrm { m }$ de largo por 35 de ancho—, que tiene uno de sus lados en forma de hemiciclo. Al este se abre una zona sin construcciones ni restos significativos, de aproximadamente $9 0 ~ \mathrm { m }$ de largo por 80 de ancho, que pudo ser el lugar donde se realizaban los intercambios comerciales. Al fin y al cabo, el mismo nombre del pueblo indica la importancia que el mercado tuvo para el lugar. Figura 11. Alineamiento de piedras delimitando una calle por la izquierda (vista desde el este del yacimiento). Foto del autor, 2012. 6.3. La cultura material. Durante las prospecciones pedestres realizadas entre febrero y septiembre de 2015 se recogieron 94 fragmentos de cerámica, 5 de vidrio, 2 de sílex y 13 minerales y escorias de hierro, con un abanico cronológico que abarca desde la Edad del Bronce hasta la época Contemporánea.50 Destaca la ausencia de cerámicas de época andalusí, hecho que podría deberse a las dificultades inherentes a la identificación de este tipo de materiales en prospección, salvo casos concretos. Resulta interesante la aparición de varios fragmentos de época romana, como un labio de ánfora, el borde de un cuenco de terra sigillata hispánica (forma Drag. 37) o el de un vidrio decorado con una línea azul cobalto. Asimismo, también se halló un fragmento de terra sigillata hispánica proveniente de los talleres de Tricio,51 que puede fecharse entre finales del siglo III y el siglo IV d. C. De la Antigüedad Tardía también parece ser otro fragmento de vidrio translú- cido que presenta retoques en los bordes para lograr una forma de tendencia cuadrangular. La importancia de estos vestigios reside en el hecho de que son muy escasos en la zona, o incluso inexistentes para el caso de la tardoantigüedad. Podrían estar señalando una ocupación en estos periodos, si bien esta hipó- tesis sólo podrá confirmarse mediante la realización de una excavación. La prospección de 2015 en el yacimiento de Mercadal ofreció resultados muy interesantes que reafirman la necesidad de trabajar desde la multidisciplinariedad. Dos puntuales pero ilustrativos ejemplos. En primer lugar, los documentos no permiten percibir los patrones de abandono del lugar, mientras que la dispersión de los materiales recogidos sugiere que las zonas más periféricas fueron abandonadas a finales de la Edad Media, concentrándose el hábitat alrededor de la ermita y la casa que se sitúa a su derecha. Recordemos que, a pesar de que en 1495 se consideraba como despoblado, todavía en esa fecha se registraba un fuego. Por lo tanto, podría tratarse de un fenómeno de transformación del hábitat concentrado en uno disperso —no necesariamente de manera inmediata a 1495—, y no de la desaparición de un pueblo. El otro ejemplo está relacionado con el origen de las cerámicas encontradas. Aunque una parte importante proviene de los cercanos talleres de Huesa del Común, hay también fragmentos de cerámicas de Teruel y de Manises de los siglos XIV y XV, lo que sugiere que Mercadal estaba integrado en una red comercial más extensa que la meramente regional, incluso durante períodos de crisis. La cultura material resulta interesante para el historiador en la medida en que aquélla aporta información económica que no siempre queda reflejada en las fuentes escritas. 6.4. (Re?)fundación de Mercadal y desarrollo (siglos $\it { i } \mathrm { { X I I } ^ { \mathrm { { ? } } } }$ -finales del XV) Las intervenciones arqueológicas realizadas en la zona han permitido la localización de vestigios datados desde la Edad del Bronce hasta la actualidad, a excepción del periodo situado entre la Antigüedad Tardía y la ocupación andalusí. A falta de una excavación arqueológica que lo confirme, esta laguna podría deberse a las dificultades intrínsecas al reconocimiento de los materiales y estructuras de dichas cronologías en el contexto de una prospección pedestre, y no necesariamente a la inexistencia de una ocupación entre esos dos momentos. Los ejércitos de Ramón Berenguer IV ocuparon los territorios comprendidos entre Monforte, Cutanda y Monreal del Campo —dentro de los cuales se localiza el despoblado estudiado— entre 1134 y 1162. La ermita románica de Mercadal, de una sola nave y con el ábside semicircular, apunta a que fue erigida, como tarde, a mediados del siglo XIII, puesto que esta tipología de planta deja de utilizarse en esas fechas al sur del Ebro. Esto concuerda con la hipótesis de Julián Ortega quien, como ya hemos comentado, defiende la tesis de que en la primera mitad del siglo XIII dejaron de crearse nuevas villas. Por consiguiente, aunque Mercadal no aparece en la documentación escrita hasta el reparto de las décimas de 1280 (Rius, 1947: 113), donde aparece dentro del archiprestazgo de Belchite,52 es probable que su origen pueda remontarse hasta un siglo antes. A pesar de que se desconoce el origen de los primeros repobladores, la toponimia de la zona —Herrera de los Navarros, Valdenavarra, El Villar de los Navarros...— y las dos estelas discoideas asociadas al yacimiento hacen pensar que los primeros colonos fue un contingente llegado desde Navarra.53. En el inventario arqueológico de Calamocha, Mercadal se fecha como despoblado entre 1300 y 1373. Sin embargo, según las fuentes fiscales, no lo fue antes de 1489. Este hecho pone de manifiesto la enorme influencia que el paradigma de la «crisis del siglo XIV» ha tenido sobre los profesionales que llevaron a cabo las prospecciones a finales de 1980, así como los riesgos de llevar a cabo investigaciones de naturaleza arqueológica sin consultar previamente la documentación archivística. Recordemos los datos disponibles extraídos de las fuentes fiscales: Mercadal contribuyó con 20 maravedíes en 1373; en 1387 y 1389 contaba con 34 vecinos; en la lista de principios del siglo XV se registra la existencia de 29 casas; 26 maravedíes se recogieron durante el fogaje de 1414; solamente quedaban 4 fuegos en 1488, disminuyendo a 1 fuego en $1 4 9 5 \ \mathrm { e }$ incluyendo a este pueblo dentro del grupo de los despoblados. El descenso poblacional que se aprecia entre 1414 y 1489 es significativo pero similar al sufrido por la mayoría de las poblaciones de la Comunidad de aldeas de Daroca, como ya hemos señalado. Cuatro documentos medievales, custodiados en el Archivo Histórico Nacional —donde se encuentra el Archivo de la Comunidad de aldeas de Daroca desde finales del XIX—, ofrecen pequeños destellos del devenir de este pueblo durante el siglo XV y las dificultades a las que tuvo que hacer frente. El cambio climático experimentado durante la Edad Media estuvo con frecuencia en el origen de la pérdida de los frutos del campo, con los consecuentes fenómenos de escasez, carestías y hambrunas que se reiteraron a lo largo del siglo xv. Así lo muestra un escrito con fecha del 7 de noviembre de 1415. En él, Ibáñez Briz, jurado de Mercadal, certifica haber recibido de la Comunidad 50 sueldos jaqueses como compensación por una granizada que, sin duda, arruinó sus cosechas.54. El segundo texto, fechado el 2 de noviembre de 1422, recoge la existencia de un pleito entre varios vecinos de Bádenas y el vicario de Castillejo y Mercadal, Martín Gil.55 El hecho de que una misma persona se encargase de las parroquias de dos pueblos indica que los dos, o al menos uno de ellos, sería muy pequeño. Recordemos que la última vez que Castillejo aparece en la documentación es apenas diez años después, y que las referencias documentales a muertes y desavecindamientos son frecuentes en la primera mitad del siglo XV en toda la Comunidad.56. El 16 de noviembre de 1446 se firmó el tercer albarán, en el que se lee que Domingo Lop, procurador de Mercadal, recibió 30 sueldos jaqueses como ayuda para pagar la pecha ya que se había cargado a la localidad con una cantidad más alta de la debida.57 Como la puesta se paga en función del número de vecinos, este documento deja entrever la pérdida de vecinos desde la última pecha. Además, el hecho que el personaje aquí nombrado sea vecino de Mezquita y no de Mercadal parece indicar que o bien en 1446 la población del lugar era tan escasa que ningún vecino cumplía los requisitos necesarios para ser elegido procurador, o bien que este vecino se había mudado recientemente al cercano lugar de Mezquita, desde donde continuó ejerciendo su trabajo hasta el final de su procuración. Los enfrentamientos con Castilla continuaron a lo largo del siglo XV y las razzias por parte de los castellanos fueron frecuentes. Así lo atestigua un último documento donde se registra que el 21 de agosto de 1464 Martín Campos, vecino y jurado de Mercadal, recibió 100 sueldos por no poder pagar la pecha de ese año como consecuencia del ataque de castellanos y franceses que causó grandes daños en el lugar y el robo de ganado grande y menudo.58 Puede que éste fuese un punto de no retorno para el lugar y que la situación de inseguridad favoreciese su abandono definitivo en apenas tres décadas. 6.5. De despoblado a pardina. Según las fuentes fiscales, Mercadal fue abandonado entre 1489 y 1495, quedando en esta última fecha un único fuego y siendo considerado como despoblado. No sabemos qué pasó con los habitantes de Mercadal, pero en 1495 aparece un Miguel Mercadal en Blesa (Serrano, 1995: 138) y dicho apellido se conserva hasta hoy en la cercana localidad de Huesa del Común, importante villa artesana y comercial de la época. ¿Qué ocurrió con las tierras de Mercadal una vez transformadas en pardina? A pesar de que la gente ya no viviese en el caserío de Mercadal, no es aventurado pensar que los vecinos emigrados a las localidades cercanas continuasen explotando sus parcelas y pastos. Sin duda continuaron manteniendo ciertos derechos, como demuestra un documento donde se registra que la Comunidad de aldeas dio 500 sueldos jaqueses a dos vecinos de Gascones en 1456 a cambio de renunciar a la dehesa del lugar —de la cual eran propietarios— y de realizar ciertas obras de limpieza en la ribera del río.59. En algún momento anterior al siglo XIV —o a comienzos de esa centuria—, la Comunidad de aldeas recibió un privilegio real para gestionar las pardinas a su voluntad, en lugar de volver éstas a las manos del rey.60 Su arriendo supuso un ingreso extraordinario a utilizar en función de las necesidades de la propia Comunidad. Gracias a este diploma conocemos el nombre de tres pueblos convertidos en pardinas que, al haber sido abandonados antes de 1373, no aparecen en las fuentes fiscales disponibles: La Tonda, Losilla y Pelarda. La pardina de Mercadal fue arrendada en la primera mitad del siglo XVI a El Villar de los Navarros por 440 sueldos anuales (Diarte, 1993: 127). En el manuscrito Pastos y Mojonaciones de 1559 conservado en el Archivo Municipal de Daroca se describen las dos dehesas que poseía este pueblo, con sus respectivos límites; una de ellas es la de Mercadal. En dicho documento dos vecinos «de más de setenta años» juran «que al tiempo que principiaron de tener noticia de las dichas dehessas ya entonces supieron y entendieron de personas antigas ya defunctas que las dichas dehessas eran antigas y por tales tenidas y guardadas de tiempo inmemorial aca».61 Los mojones de la dehesa fueron renovados en ese momento y su ubicación provocó diversos conflictos a lo largo del tiempo, especialmente a partir del siglo XVIII. Además, existe un pleito de 1766 en el que se denuncia que los habitantes de El Villar de los Navarros estaban dando mal uso de estas posesiones ya que no sólo desbrozaban sus montes —una práctica prohibida— sino que también abusaron del derecho a utilizar las hierbas y las tierras de la pardina.62 Desde el siglo XIX, la dehesa estuvo administrada por los cinco municipios vecinos —Loscos, El Villar de los Navarros, Plenas, Nogueras y Santa Cruz de Nogueras— hasta que en la década de 1960 fue anexionada definitivamente a Loscos. 7. Conclusiones. Desde antes de su creación, la Comunidad de aldeas de Daroca ha tenido un patrón de ocupación del suelo basado en aldeas de pequeño o muy pequeño tamaño, con apenas uno o dos núcleos de importancia que pudiesen estructurar el territorio. A pesar de la ausencia de fuentes fiscales que permitan una aproximación a la demografía de esta institución antes de 1373, la documentación deja entrever las consecuencias negativas de los azotes de la peste de 1348 y la guerra de los Dos Pedros, así como una recuperación posterior a estos acontecimientos. Sin embargo, esta tendencia ascendente se vio truncada por la sucesión de numerosos rebrotes de epidemias, conflictos bélicos, adversidades climáticas, aumento de la presión fiscal, pérdida de cosechas, carestías y hambrunas que tuvieron lugar a lo largo del siglo XV. La Comunidad darocense no vivió un momento de esplendor y crecimiento económico y poblacional a lo largo del Cuatrocientos, como gran parte de Aragón. Y las consecuencias que la llamada «coyuntura de $1 3 0 0 \mathrm { ‰}$ tuvo sobre la demografía tuvieron un claro impacto en el poblamiento. Al contrario que en el resto del territorio aragonés, en esta región se abandonaron diez pueblos a lo largo del siglo XV, cifra a la que hay que sumar la de los despoblados que se produjeron en el siglo XIV. Una de esas aldeas es Mercadal, hoy conocida como «San Miguel», cuyos vestigios se localizan en el término municipal de Loscos (Teruel). Las prospecciones realizadas en 2015 permitieron obtener unos datos que, de haber realizado un estudio meramente histórico del lugar, jamás se hubiesen conocido. Los despoblados medievales ofrecen, desde esta perspectiva de cruce de información de fuentes arqueológicas y archivísticas, una oportunidad única para aproximarse a las formas de vida de los campesinos medievales. Pero es necesaria la colaboración entre historiadores y arqueólogos para culminar investigaciones multidisciplinares que ofrezcan nuevas perspectivas de trabajo y permitan plantear nuevas cuestiones y respuestas sobre el mundo rural a finales de la Edad Media. Referencias bibliográficas. ALLUÉ ANDRÉS, Lidia Cristina (2017), «El despoblado medieval de Mercadal (Teruel): aportes desde la arqueología». En Germán Navarro Espinach y Concepción Villanueva Morte (coords.), Industrias y mercados rurales en los reinos hispánicos (siglos XIII-XV), Monografías de la Sociedad Española de Estudios Medievales 9. Murcia, Sociedad Española de Estudios Medievales: 223-240. AGUDO ROMERO, M.ª Mar (1992), El fuero de Daroca: introducción, edición crítica, traducción, estudio léxico y concordancia. Daroca, Centro de Estudios Darocenses. ARROYO ILERA, Fernando (1974), «División señorial de Aragón en el siglo $\mathrm { X V } \gg$ , Saitabi, XXIV, pp. 65-102. 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Evolución de las unidades fiscales en los lugares de la Comunidad de aldeas de Daroca, según los monedajes de 1373 y 1414, las puestas de 1387 y 1389, la lista de casas de ca. 1400 y los fogajes de 1489 y 1495 <table><tr><td colspan="1" rowspan="1"></td><td colspan="1" rowspan="1"> Monedaje1373a</td><td colspan="1" rowspan="1">Puesta1387</td><td colspan="1" rowspan="1">Puesta1389c</td><td colspan="1" rowspan="1">Lista decasas(ca.1400)d</td><td colspan="1" rowspan="1"> Monedaje1414e</td><td colspan="1" rowspan="1">Fogaje1489f</td><td colspan="1" rowspan="1">Fogaje1495g</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Aladren</td><td colspan="1" rowspan="1">noaparece</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Allueva</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Almohaja</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">15</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Alpenes</td><td colspan="1" rowspan="1">38</td><td colspan="1" rowspan="1">54</td><td colspan="1" rowspan="1">54</td><td colspan="1" rowspan="1">43</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">29</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Anento</td><td colspan="1" rowspan="1">78</td><td colspan="1" rowspan="1">88</td><td colspan="1" rowspan="1">88</td><td colspan="1" rowspan="1">102</td><td colspan="1" rowspan="1">85</td><td colspan="1" rowspan="1">42</td><td colspan="1" rowspan="1">42</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Azuara</td><td colspan="1" rowspan="1">213</td><td colspan="1" rowspan="1">208</td><td colspan="1" rowspan="1">208</td><td colspan="1" rowspan="1">255</td><td colspan="1" rowspan="1">214</td><td colspan="1" rowspan="1">182</td><td colspan="1" rowspan="1">131</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Badenas</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">49</td><td colspan="1" rowspan="1">60</td><td colspan="1" rowspan="1">31</td><td colspan="1" rowspan="1">45</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Badules</td><td colspan="1" rowspan="1">44</td><td colspan="1" rowspan="1">50</td><td colspan="1" rowspan="1">50</td><td colspan="1" rowspan="1">50</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">45</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Baguena</td><td colspan="1" rowspan="1">99</td><td colspan="1" rowspan="1">80</td><td colspan="1" rowspan="1">80</td><td colspan="1" rowspan="1">129</td><td colspan="1" rowspan="1">93</td><td colspan="1" rowspan="1">69</td><td colspan="1" rowspan="1">62</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Balconchan</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Banon</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">65</td><td colspan="1" rowspan="1">51</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Barrachina</td><td colspan="1" rowspan="1">37</td><td colspan="1" rowspan="1">64</td><td colspan="1" rowspan="1">64</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">55</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Bea</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td><td colspan="1" rowspan="1">42</td><td colspan="1" rowspan="1">42</td><td colspan="1" rowspan="1">33</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Bello</td><td colspan="1" rowspan="1">41</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">43</td><td colspan="1" rowspan="1">41</td><td colspan="1" rowspan="1">33</td><td colspan="1" rowspan="1">43</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Blancas</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">64</td><td colspan="1" rowspan="1">69</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">51</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Burbaguena</td><td colspan="1" rowspan="1">139</td><td colspan="1" rowspan="1">160</td><td colspan="1" rowspan="1">160</td><td colspan="1" rowspan="1">185</td><td colspan="1" rowspan="1">147</td><td colspan="1" rowspan="1">109</td><td colspan="1" rowspan="1">107</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Calamocha</td><td colspan="1" rowspan="1">88</td><td colspan="1" rowspan="1">76</td><td colspan="1" rowspan="1">76</td><td colspan="1" rowspan="1">82</td><td colspan="1" rowspan="1">82</td><td colspan="1" rowspan="1">78</td><td colspan="1" rowspan="1">104</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Camaras</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Caminreal</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">19</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Carinena</td><td colspan="1" rowspan="1">268</td><td colspan="1" rowspan="1">336</td><td colspan="1" rowspan="1">336</td><td colspan="1" rowspan="1">332</td><td colspan="1" rowspan="1">433</td><td colspan="1" rowspan="1">357</td><td colspan="1" rowspan="1">347</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Castejon deTornos</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">38</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">33</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Castelpedriz/Berrueco</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td><td colspan="1" rowspan="1">19</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1"></td><td colspan="1" rowspan="1"> Monedaje1373a</td><td colspan="1" rowspan="1">Puesta13876</td><td colspan="1" rowspan="1">Puesta1389c</td><td colspan="1" rowspan="1">Lista decasas(ca.1400)d</td><td colspan="1" rowspan="1"> Monedaje1414</td><td colspan="1" rowspan="1">Fogaje1489i</td><td colspan="1" rowspan="1">Fogaje1495</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Castillejo</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Cervera</td><td colspan="1" rowspan="1">47</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">42</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">18</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Cerveruela</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Colladico,El</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">18</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Collados</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Corbaton</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">35</td><td colspan="1" rowspan="1">31</td><td colspan="1" rowspan="1">19</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Cosa</td><td colspan="1" rowspan="1">34</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Cosuenda</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">94</td><td colspan="1" rowspan="1">90</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">41</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Cucal6n</td><td colspan="1" rowspan="1">42</td><td colspan="1" rowspan="1">52</td><td colspan="1" rowspan="1">52</td><td colspan="1" rowspan="1">73</td><td colspan="1" rowspan="1">50</td><td colspan="1" rowspan="1">37</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Cuenca-buena</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">66</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">50</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Cuevas dePortalrubio,Las</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Entrambas-aguas</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Ferreruelade Huerva</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">40</td><td colspan="1" rowspan="1">47</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Fombuena</td><td colspan="1" rowspan="1">19</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">37</td><td colspan="1" rowspan="1">37</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Fonfria</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">FuentesClaras</td><td colspan="1" rowspan="1">45</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">38</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Gallocanta</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Gascones</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Godos</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">60</td><td colspan="1" rowspan="1">60</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">44</td><td colspan="1" rowspan="1">18</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Herrera delos Navarros</td><td colspan="1" rowspan="1">104</td><td colspan="1" rowspan="1">124</td><td colspan="1" rowspan="1">124</td><td colspan="1" rowspan="1">136</td><td colspan="1" rowspan="1">133</td><td colspan="1" rowspan="1">73</td><td colspan="1" rowspan="1">77</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Herrera deOjos Negros</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">3</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Lagueruela</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">64</td><td colspan="1" rowspan="1">64</td><td colspan="1" rowspan="1">55</td><td colspan="1" rowspan="1">57</td><td colspan="1" rowspan="1">18</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Lagunas</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1"></td><td colspan="1" rowspan="1">Monedaje1373a</td><td colspan="1" rowspan="1">Puesta13876</td><td colspan="1" rowspan="1">Puesta1389e</td><td colspan="1" rowspan="1">Lista decasas(ca.1400)d</td><td colspan="1" rowspan="1">Monedaje1414e</td><td colspan="1" rowspan="1">Fogaje1489f</td><td colspan="1" rowspan="1">Fogaje14958</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Langa</td><td colspan="1" rowspan="1">85</td><td colspan="1" rowspan="1">104</td><td colspan="1" rowspan="1">104</td><td colspan="1" rowspan="1">112</td><td colspan="1" rowspan="1">91</td><td colspan="1" rowspan="1">40</td><td colspan="1" rowspan="1">49</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Lanzuela</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">33</td><td colspan="1" rowspan="1">34</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td><td colspan="1" rowspan="1">15</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Lechago</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Lechon</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">33</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Loscos</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Luco</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Luesma</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">18</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Mainar</td><td colspan="1" rowspan="1">55</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">69</td><td colspan="1" rowspan="1">72</td><td colspan="1" rowspan="1">33</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Manchones</td><td colspan="1" rowspan="1">40</td><td colspan="1" rowspan="1">54</td><td colspan="1" rowspan="1">70</td><td colspan="1" rowspan="1">66</td><td colspan="1" rowspan="1">53</td><td colspan="1" rowspan="1">40</td><td colspan="1" rowspan="1">50</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Mercadal</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">34</td><td colspan="1" rowspan="1">34</td><td colspan="1" rowspan="1">29</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">1</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Mezquita</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">51</td><td colspan="1" rowspan="1">50</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">37</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Mierla</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Monforte</td><td colspan="1" rowspan="1">96</td><td colspan="1" rowspan="1">128</td><td colspan="1" rowspan="1">128</td><td colspan="1" rowspan="1">140</td><td colspan="1" rowspan="1">100</td><td colspan="1" rowspan="1">51</td><td colspan="1" rowspan="1">78</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Monreal delCampo</td><td colspan="1" rowspan="1">38</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">37</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Moyuela</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">51</td><td colspan="1" rowspan="1">43</td><td colspan="1" rowspan="1">58</td><td colspan="1" rowspan="1">73</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Murero</td><td colspan="1" rowspan="1">68</td><td colspan="1" rowspan="1">84</td><td colspan="1" rowspan="1">84</td><td colspan="1" rowspan="1">75</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Navarrete</td><td colspan="1" rowspan="1">31</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">35</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Nogueras</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">34</td><td colspan="1" rowspan="1">34</td><td colspan="1" rowspan="1">35</td><td colspan="1" rowspan="1">29</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Nueros</td><td colspan="1" rowspan="1">15</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">15</td><td colspan="1" rowspan="1">19</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Od6n</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">15</td><td colspan="1" rowspan="1">35</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Ojos Negros</td><td colspan="1" rowspan="1">62</td><td colspan="1" rowspan="1">96</td><td colspan="1" rowspan="1">96</td><td colspan="1" rowspan="1">109</td><td colspan="1" rowspan="1">98</td><td colspan="1" rowspan="1">77</td><td colspan="1" rowspan="1">75</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Olalla</td><td colspan="1" rowspan="1">29</td><td colspan="1" rowspan="1">64</td><td colspan="1" rowspan="1">64</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">52</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Orcajo</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">68</td><td colspan="1" rowspan="1">68</td><td colspan="1" rowspan="1">59</td><td colspan="1" rowspan="1">73</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">47</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pancrudo</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">62</td><td colspan="1" rowspan="1">44</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td><td colspan="1" rowspan="1">37</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Paniza</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">93</td><td colspan="1" rowspan="1">102</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Peracense</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Piedrahita</td><td colspan="1" rowspan="1">35</td><td colspan="1" rowspan="1">66</td><td colspan="1" rowspan="1">66</td><td colspan="1" rowspan="1">61</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">19</td><td colspan="1" rowspan="1">29</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Portalrubio</td><td colspan="1" rowspan="1">31</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1"></td><td colspan="1" rowspan="1"> Monedaje1373a</td><td colspan="1" rowspan="1">Puesta1387</td><td colspan="1" rowspan="1">Puesta1389e</td><td colspan="1" rowspan="1">Lista decasas(ca.1400)d</td><td colspan="1" rowspan="1">Monedaje1414</td><td colspan="1" rowspan="1">Fogaje1489</td><td colspan="1" rowspan="1">Fogaje14958</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Portichuelo,El</td><td colspan="1" rowspan="1">4</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Poyo,El</td><td colspan="1" rowspan="1">19</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Pozuel</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">29</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Retascon</td><td colspan="1" rowspan="1">58</td><td colspan="1" rowspan="1">68</td><td colspan="1" rowspan="1">68</td><td colspan="1" rowspan="1">57</td><td colspan="1" rowspan="1">47</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Romanos</td><td colspan="1" rowspan="1">45</td><td colspan="1" rowspan="1">88</td><td colspan="1" rowspan="1">88</td><td colspan="1" rowspan="1">84</td><td colspan="1" rowspan="1">75</td><td colspan="1" rowspan="1">52</td><td colspan="1" rowspan="1">38</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Rubielos</td><td colspan="1" rowspan="1">40</td><td colspan="1" rowspan="1">66</td><td colspan="1" rowspan="1">40</td><td colspan="1" rowspan="1">58</td><td colspan="1" rowspan="1">57</td><td colspan="1" rowspan="1">29</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Rudilla</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">52</td><td colspan="1" rowspan="1">52</td><td colspan="1" rowspan="1">43</td><td colspan="1" rowspan="1">41</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Salze,La</td><td colspan="1" rowspan="1">18</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">San Martin</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Santa Cruz</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td><td colspan="1" rowspan="1">18</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Santed</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">60</td><td colspan="1" rowspan="1">60</td><td colspan="1" rowspan="1">56</td><td colspan="1" rowspan="1">51</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Singra</td><td colspan="1" rowspan="1">38</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">53</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Tornos</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">41</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Torralba delos Sisones</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">21</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">13</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Torralbilla</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">50</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">23</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Torrecilladel Rebollar</td><td colspan="1" rowspan="1">35</td><td colspan="1" rowspan="1">84</td><td colspan="1" rowspan="1">84</td><td colspan="1" rowspan="1">80</td><td colspan="1" rowspan="1">57</td><td colspan="1" rowspan="1">35</td><td colspan="1" rowspan="1">40</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Torre losNegros</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">36</td><td colspan="1" rowspan="1">38</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td><td colspan="1" rowspan="1">34</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Torrijo delCampo</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">19</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Used</td><td colspan="1" rowspan="1">88</td><td colspan="1" rowspan="1">108</td><td colspan="1" rowspan="1">108</td><td colspan="1" rowspan="1">106</td><td colspan="1" rowspan="1">86</td><td colspan="1" rowspan="1">60</td><td colspan="1" rowspan="1">53</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Val de SanMartin</td><td colspan="1" rowspan="1">46</td><td colspan="1" rowspan="1">44</td><td colspan="1" rowspan="1">44</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">44</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Valdehorna</td><td colspan="1" rowspan="1">53</td><td colspan="1" rowspan="1">52</td><td colspan="1" rowspan="1">52</td><td colspan="1" rowspan="1">55</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">33</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Valverde</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">12</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">9</td><td colspan="1" rowspan="1">15</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Villadoz</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">30</td><td colspan="1" rowspan="1">29</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">17</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Villafrancadel Campo</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">48</td><td colspan="1" rowspan="1">61</td><td colspan="1" rowspan="1">43</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1"></td><td colspan="1" rowspan="1">Monedaje1373a</td><td colspan="1" rowspan="1">Puesta1387</td><td colspan="1" rowspan="1">Puesta1389c</td><td colspan="1" rowspan="1">Lista decasas(ca.1400)d</td><td colspan="1" rowspan="1">Monedaje1414</td><td colspan="1" rowspan="1">Fogaje1489f</td><td colspan="1" rowspan="1">Fogaje1495g</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Villaher-mosa</td><td colspan="1" rowspan="1">42</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">37</td><td colspan="1" rowspan="1">39</td><td colspan="1" rowspan="1">31</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Villalba delos Morales</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">2</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Villanuevade Jiloca</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td><td colspan="1" rowspan="1">34</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td><td colspan="1" rowspan="1">38</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Villar de losNavarros,El</td><td colspan="1" rowspan="1">47</td><td colspan="1" rowspan="1">72</td><td colspan="1" rowspan="1">72</td><td colspan="1" rowspan="1">75</td><td colspan="1" rowspan="1">77</td><td colspan="1" rowspan="1">92</td><td colspan="1" rowspan="1">102</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Villar delSalz</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">27</td><td colspan="1" rowspan="1">11</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Villarreal</td><td colspan="1" rowspan="1">49</td><td colspan="1" rowspan="1">63</td><td colspan="1" rowspan="1">63</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">54</td><td colspan="1" rowspan="1">33</td><td colspan="1" rowspan="1">38</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Villarejo</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">40</td><td colspan="1" rowspan="1">26</td><td colspan="1" rowspan="1">16</td><td colspan="1" rowspan="1">14</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Villaroyadel Campo</td><td colspan="1" rowspan="1">32</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">28</td><td colspan="1" rowspan="1">34</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td><td colspan="1" rowspan="1">20</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Vistabella</td><td colspan="1" rowspan="1">10</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">24</td><td colspan="1" rowspan="1">31</td><td colspan="1" rowspan="1">25</td><td colspan="1" rowspan="1">8</td><td colspan="1" rowspan="1">5</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">Zarzuela</td><td colspan="1" rowspan="1">7</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">22</td><td colspan="1" rowspan="1">6</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td><td colspan="1" rowspan="1">n.a.</td></tr><tr><td colspan="1" rowspan="1">TOTAL</td><td colspan="1" rowspan="1">3828</td><td colspan="1" rowspan="1">4916</td><td colspan="1" rowspan="1">4910</td><td colspan="1" rowspan="1">4963</td><td colspan="1" rowspan="1">4545</td><td colspan="1" rowspan="1">3192</td><td colspan="1" rowspan="1">3305</td></tr></table>
{}
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
El priorato de Santa Cilia de Panzano (Huesca) en el siglo XII: The Priory of Santa Cilia de Panzano (Huesca, Spain) in the 12th Century
EL PRIORATO DE SANTA CILIA DE PANZANO (HUESCA) EN EL SIGLO XII. THE PRIORY OF SANTA CILIA DE PANZANO (HUESCA) IN THE 12th CENTURY. Roberto Viruete Erdozáin Departamento de Geografía e Historia IES Leonardo de Chabacier (Calatayud) firstname.lastname@example.org. Resumen: El artículo se centra en la historia del priorato de Santa Cilia de Panzano de Huesca en el siglo xii. El patrimonio del priorato de Santa Cilia de Panzano estuvo localizado en las cuencas hidrográficas de los ríos Calcón y Formiga, en la zona controlada por el castillo musulmán de Labata, dentro del distrito musulmán de Huesca. El monasterio francés de Saint-Pons-de-Thomiè- res fundó el priorato de Santa Cilia de Panzano entre 1099 y 1101. Las donaciones de Sancho Ramírez y de la nobleza oriunda de la zona fueron la base de sus posesiones. La explotación del dominio de Santa Cilia de Panzano es objeto de esta investigación que analiza las condiciones del uso de la tierra, los conflictos señoriales y las rentas feudales. Abstract: This paper focuses on the history of priory of Santa Cilia de Panzano de Huesca in the $1 2 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. The possessions of this priory were in the valleys of the rivers Calcón and Formiga in a muslim Labata castle area, a porcion of the ancient muslim area of Huesca. The French abbey Saint-Ponsde-Thomières founded the priory of the Santa Cilia de Panzano between 1099 and 1101. Her possessions mainly formed by donation of the king Sancho Ramirez and by native nobility. The economical exploitation of Santa Cilia de Panzano’s priory is a main question of the paper. Thus, I analyse the terms of land use, and the conflicts between the priory and the peasants, and the feudal incomes. Palabras clave: Santa Cilia de Panzano, rentas feudales, priorato, explotación del dominio, Hoya de Huesca, siglo xii. Key words: Santa Cilia de Panzano, feudal incomes, priory, dominion exploitation, Hoya de Huesca, $1 2 ^ { \mathrm { t h } }$ Century. 1. Introducción. Este trabajo sobre la documentación del priorato de Santa Cilia de Panzano se enmarca dentro de un proyecto cuyos principales fines radican en editar la documentación de San Pedro el Viejo de Huesca1 y estudiar su historia en los siglos x, xi y xii. 2 Esta investigación se propone alcanzar tres objetivos muy definidos: profundizar en el conocimiento los primeros tiempos del reino de Aragón en la zona nororiental y oriental de la denominada Hoya de Huesca,3 ofrecer nuevas perspectivas en torno al priorato de San Pedro el Viejo4 y la integración de la población mozárabe en el Estado feudal aragonés,5 y aportar un nuevo estudio sobre las instituciones eclesiásticas de la zona6 y el rol de los clérigos franceses en ellas.7 Sin embargo, con este artículo solo aspiro a iniciar la larga tarea necesaria para alcanzar los objetivos del proyecto. Sus resultados han de tomarse como ideas introductorias al estudio de San Pedro el Viejo de Huesca. Por último, la jubilación del profesor Juan Fernando Utrilla Utrilla, quien no sólo ha desempeñado una parte fundamental de su actividad docente en Huesca, sino que ha dedicado también muchas investigaciones a este territorio, me han impulsado a redactar el presente artículo relacionado con la comarca de Huesca. 2. El priorato de Santa Cilia de Panzano: precedentes, conquista aragonesa y creación del priorato. El dominio del priorato de Santa Cilia se ubica en el somontano que separa el norte de la depresión del Ebro y las sierras exteriores del Pirineo. En efecto, encontramos sus tierras al pie de la imponente Sierra de Guara, entre los cerros y barrancos que confluyen en los complejos valles de los ríos Formiga y Calcón. Estos ríos pertenecen a la parte occidental de la cuenca hidrográfica del río Alcanadre, que pone fin a la comarca de la Hoya de Huesca en su parte este. A pesar de su revirada y ondulada geografía, esta zona nunca ha permanecido vacía de grupos humanos. El hombre ya se instaló aquí en el Paleolítico Superior en la cueva de Chaves.8. En época musulmana, el estudio de Silvia Arilla y José Ángel Asensio es el primero que nos ofrece datos sobre la ocupación de la mayor parte del territorio que abarcaba el dominio del priorato de Santa Cilia. Al margen de centrarse en el análisis de la ermita de La Magdalena y del castillo de Labatilla, sede de un distrito castral cristiano, ambos arqueólogos constatan que los aragoneses mantuvieron tras la conquista los mismos núcleos de habitación existentes desde la época califal, limitándose los cambios operados por el reino de Aragón en la fragmentación y reducción del territorio dependiente de los husun musulmanes. Así, de la superficie vinculada al hisn de Labata, al que pertenecerían los valles del Calcón y del Formiga, aparecería más de un distrito castral, como el de Labata, infeudado a uno de los nobles aragoneses, o el de Labatilla.9 ¿Cuándo se conquistó este territorio por el reino de Aragón? El territorio del Calcón y Formiga debió ser conquistado entre los años 1087, cuando se construye Montearagón y 1093. Aunque también podría ceñirse la ocupación al bienio 1092-1093, tras la toma de Labata y antes de que Sancho Ramírez donase a Saint-Pons-de-Thomières el 7 de mayo de 1094 estas tierras. En esta fecha, el monarca concedió a dicha abadía, entre otros muchos bienes, el monasterio de San Úrbez, el distrito castral de Labatilla con su iglesia y sus lugares dependientes —Morrano, Yaso, Bastarás y Panzano— y la iglesia de Santa Cilia con la mitad de su término.10 ¿Cuándo se creó el priorato? Antes de que fuera creado, el obispo de Huesca-Jaca, con el visto bueno del rey Pedro I, modificó, tras la conquista de Huesca, el reparto de los centros religiosos que su padre Sancho Ramírez había hecho: la capilla de la Zuda para Saint-Pons-de-Thomières y la mezquita principal para Montearagón. El obispo logró su objetivo, de modo que finalmente el 16 de diciembre de 1096 la capilla de la Zuda fue para Montearagón y Saint-Pons-de-Thomières obtuvo la iglesia mozárabe de San Pedro el Viejo de Huesca.11 El abad Frotardo convirtió esta iglesia en un priorato que fue el núcleo rector de todas las posesiones obtenidas por Saint-Pons-de-Thomières antes y después de la conquista de Huesca. Ya a finales de abril de 1097 se documenta la primera donación de un particular, Pedro de Almaria, al priorato de San Pedro el Viejo.12 Esta cesión precedió a la donación de casas, tiendas y animales que hizo el 9 de mayo el rey Pedro I.13 Sin embargo, el primer prior, Berenguer, no nos ha quedado documentado antes de abril de 1099.14. La creación de los prioratos de San Úrbez de Serrablo y de Santa Cilia no tardó mucho más. A título de hipótesis creo que debió tener lugar entre 1099 y 1101. Ya en 1102, Berenguer, ejerciendo también como prior de ambos centros dependientes de San Pedro, compró al senior Orti Ortiz la mitad del término de Santa Cilia de Panzano por cuatrocientos sueldos.15 3. La construcción de la iglesia de Santa Cilia de Panzano y la formación del dominio del priorato. Saber la cronología de la iglesia de Santa Cilia de Panzano resulta complicado a día de hoy. Una vez que San Pedro pasó a ser una entidad dependiente del concejo de Huesca en 1535, la iglesia se reconstruyó por completo en el siglo xviii, aspecto que tiene en la actualidad siguiendo la descripción y aná- lisis de Silvia Arilla.16 En la fábrica conservada hasta hoy se usaron algunos de los capiteles románicos de la iglesia original. La documentación archivística señala que su iglesia se construyó con posterioridad a la de San Úrbez de Serrablo, que estaba rehaciéndose entre 1135 y 1137.17 Dos mujeres, Cornelia y Toda, donaron bienes en Casbas y en Blecua respectivamente en 1143 para la construcción de la iglesia de Santa Cilia.18 Por lo tanto, es plausible fechar el proceso de construcción a mediados del siglo xii. Sería interesante contrastar la información archivística con el estudio de los capiteles, pues ello podría arrojar una cronología similar o dentro del propio siglo xii. Al igual que todas las instituciones religiosas, el patrimonio que adquirió Santa Cilia de Panzano procedió de tres vías: donación de terceros, compraventa y permuta. La primera de ellas parece que fue, como resultó común para otros centros de la época, el procedimiento principal para la formación del patrimonio. Así lo confirman once de los catorce documentos analizados, en los que se atestigua entrada de propiedades a favor de Santa Cilia de Panzano. Acerca de los otros dos métodos, tan solo han quedado registradas en la documentación disponible tres compras y ninguna permuta.19. Un análisis de la cronología del dominio del priorato de Santa Cilia permite constatar que la formación del priorato debió ser posterior al momento en que Saint-Pons-de-Thomières recibió el grueso de las propiedades nucleares de Santa Cilia de Panzano, integrado por las propiedades reales del castrum de Labatilla e incluyendo este lugar además de los de Morrano, Yaso, Bastarás y Panzano, y la mitad de Santa Cilia de Panzano, junto con sus iglesias. Al final del reinado de Pedro I, se completó este territorio fundacional con la compra de la otra mitad de Santa Cilia de Panzano. A partir de aquí, el patrimonio inmueble se fue ampliando hasta 1180 de forma puntual, tanto en el espacio —principalmente en Panzano—, como en el tiempo. Los periodos de adquisición se concentran al inicio y al final del reinado de Alfonso I (1104-1134), pero también en 1143 y en los primeros quince años del reinado de Alfonso II (1162-1196).20. Respecto a las personas que contribuyeron a formar el patrimonio del priorato de Santa Cilia, la práctica totalidad de los donantes pertenecían a la nobleza, además del obispo de Huesca-Jaca y la casa real. En lo que a la nobleza se refiere, cabe destacar al senior García Garcés o García Arceíz, que donó una parte de sus bienes a Santa Cilia de Panzano en su testamento de 1134, y a su mujer, que confirmó esos bienes entre 1134 y 1164. Las mujeres aparecen como agentes importantes en la gestación del dominio de este priorato: se han conservado las donaciones de Cornelia, hija del senior Sancho Garcés, y las de su esposa Toda;21 y también las cesiones que hizo Sancha, hija de García Sanz22 y Toda, mujer de Jimeno Garcés.23 ¿Dónde se ubica geográficamente el patrimonio inmueble de Santa Cilia de Panzano? El dominio es compacto y está concentrado en el noreste de la actual comarca de La Hoya de Huesca, en el somontano al sur de Sierra de Guara. No hemos contabilizado unas heredades en Labata y en Zaragoza, cuya propiedad no está totalmente clara. El grueso patrimonial lo hallamos en Santa Cilia de Panzano, propiedad completa del priorato desde 1102, y en Panzano, lugar en el que la iglesia poseyó alrededor de una quincena de bienes entre el palacio, casas, heredades, campos, viñas y un corral. Además, tuvo posesiones en Morrano, Bastarás, Yaso, Labatilla —emplazamiento de poblamiento fallido—, y Casbas. Todo ello se ubica entre el río Alcanadre, más cerca de Morrano, y el Barranco de las Hoyas entre los ríos Guatizalema y Calcón; concretamente en las cuencas hidrográficas del río Formiga (Santa Cilia de Panzano) y del Calcón (Panzano). Fuera de este núcleo, Santa Cilia tuvo propiedades inmuebles en Coscullano (en la cabecera del río Rija) y en Blecua, sito en el tramo final del mismo curso fluvial, que en el mapa aparece como Barranco de las Hormigas y que desemboca en el Alcanadre. Para cerrar la parte del patrimonio del priorato de Santa Cilia, aludiremos brevemente al patrimonio mueble que dejaron en sus testamentos el senior García Arceiz y su esposa María, la cual, años después, confirmó lo dispuesto por su marido. Además de ganado —caballo, yeguas, ovejas y cerdos—, destaca un lecto, un tapete de buena calidad, un plumaz, dos lunas, un apezab, un fatel y un alamar. 24 Este matrimonio es, sin duda, el principal linaje ligado al priorato, ya que García Arceiz se hizo monje y su esposa eligió como lugar de enterramiento la iglesia de Santa Cilia.25 4. Explotación económica del dominio. A partir de la segunda mitad del siglo xii tenemos una mayor información sobre la explotación económica del dominio, lo que no quiere decir que no se dispongan de datos con anterioridad a dicha fecha. En efecto, la explotación económica del dominio debió comenzar al poco tiempo de ir acumulando propiedades, especialmente en lo referente a los derechos eclesiásticos, disponibles ya desde las primeras donaciones recibidas. Los primeros ingresos del priorato fueron, sin duda, los diezmos, primicias, oblaciones y los derechos episcopales —excepto el sinodial—, de las iglesias de Santa Cilia, Morrano, Yaso y Bastarás. Sin embargo, aunque es citada la iglesia de Labatilla, no hay mención documental ninguna más allá de los documentos de donación de Sancho Ramírez y del obispo de Huesca-Jaca. Hemos de deducir que se produjo un poblamiento fallido, como ya se ha comentado, que han refrendado las investigaciones arqueológicas de Silvia Arilla y José Ángel Asensio. Al margen de las rentas eclesiásticas, la explotación económica del patrimonio se encuadra dentro de una sociedad feudal y señorial caracterizada por la diversidad de rango y status entre las personas dependientes. Así, se observa una gran heterogeneidad a escala local tanto entre los distintos señores feudales como entre los propios habitantes de distintos lugares propiedad de un mismo señor. No obstante, sólo nos es posible estudiar de forma más específica las rentas señoriales en Panzano, Morrano, Blecua y Coscullano.26 En el resto de lugares por donde Santa Cilia extendió su dominio no hemos localizado datos correspondientes al siglo xii. Fuente: Elaboración propia a partir del SIG-PAC del FEGA. En las propiedades que Santa Cilia de Panzano tenía en Morrano, Blecua y Coscullano, la casa filial de Saint-Pons-de-Thomières y San Pedro el Viejo de Huesca, exigió a sus campesinos dependientes la novena de todos los frutos obtenidos de la tierra y la novena de carne en Morrano y Coscullano,27 mientras que en Blecua demandó la novena de pan y de vino.28 Además, en la localidad de Morrano, en la que también San Pedro el Viejo tenía propiedades, ambos priores acordaron hacia finales del siglo xii e inicios del xiii repartirse la novena en aquellas tierras que las personas dependientes de ambos prioratos compraran, empeñaran o trabajaran de manera conjunta.29. En Panzano, el panorama es radicalmente distinto y muy variado. Ninguna de las personas vinculadas a Santa Cilia de Panzano satisfizo novena en las seis operaciones relacionadas con la explotación del dominio del priorato en este lugar.30 Por la cesión de casal o de casas en el palacio del priorato, se estipuló el pago de doce monedas en $1 1 6 1 ^ { 3 1 }$ y de doce dineros en 1178.32 Sin embargo, en 1166 por conceder la explotación de casas junto al palacio y una viña, los usufructuarios tuvieron que satisfacer seis cuartales de ordio, media medida de vino, medio carnero y cuatro panes.33 Se ha observado que en varios casos, los bienes cedidos en explotación fueron los mismos pero el tributo exigido difirió en cada ocasión. Así, Fortún de Navardún y su esposa Gason tributaron por completo en especie por unas casas mientras que Domingo Picador y su familia lo hicieron en dinero por esas mismas casas. En 1177, Pedro de Yaso solo debía entregar un carnero por explotar los tres campos y una viña que le había cedido el priorato,34 siendo uno de esos campos el entregado a Santa Cilia de Panzano por García el 31 de julio de 1169.35 En 1189, con motivo de la venta de una viña destinada a la honor de la iglesia de San Pedro de Panzano, el documento establece que los vecinos de Panzano pagasen de manera individual doce dineros a Santa Cilia.36 Por último, a finales del siglo, el primero de abril de 1196, el prior de Santa Cilia condonó a Poncio y sus hermanos el tributo de dos cahíces en trigo y ordio por valor de sesenta y ocho sueldos que eran pagados al priorato por la faja de viña que cultivaba su familia, primero su padre y después ellos; a cambio, les asignó un nuevo tributo anual por la misma propiedad a pagar en agosto, consistente en dos arrobas entre trigo y ordio.37 La nueva tributación parece que supuso una clara mejora para los campesinos si nos atenemos a las estimaciones de pesos y medidas vigentes en Aragón, pues un cahíz de áridos equivalía a cuatro arrobas.38. En suma, censos en metálico o en especie en Panzano, pero nunca novena como en Morrano, en Blecua o en Coscullano. Otro hecho reseñable es que en el priorato de Santa Cilia se pidió un nuevo tributo por conceder en feudo sus propiedades a personas dependientes: el servicio de acapto. 39 En Santa Cilia de Panzano está documentado a partir del inicio del último cuarto del siglo xii, concretamente desde 1176.40 Existen tres cesiones de propiedad con este tributo: veinte sueldos jaqueses de cuatro dineros a Pedro de Yaso por tres campos y una viña en Panzano en el 1176;41 cincuenta sueldos a Domingo Picador por las casas y un corral dentro del palacio del priorato en Panzano en 1178;42 y ochenta sueldos a Sancho Blasch por la heredad de Coscullano en 1180.43 En el dominio de San Pedro el Viejo de Huesca también se impuso el tributo de acapto por conceder en feudo bienes del priorato.44 ¿Cuándo se procede al pago de las rentas que han de hacer las personas que trabajan las propiedades del priorato de Santa Cilia de Panzano? Aquí también se observa disparidad de fechas, si bien solo se indica cuando la renta es censo en la localidad de Panzano. Las posesiones entregadas a Juan, capellán de Montearagón, en 1161, a Fortún de Navardún y su esposa Gason en 1166, y a Pedro de Yaso en 1176, tributaron el 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, advocación a la que está consagrado el priorato.45 Por el contrario, Domingo Picador hubo de satisfacer su censo el día de San Miguel Arcángel, el 29 de septiembre, el conjunto de los vecinos de Panzano entregaron los censos debidos el día de San Nicolás, 24 de diciembre, y Poncio y sus hermanos en agosto, presumiblemente el quince, día de la Virgen.46 En el conjunto del dominio de San Pedro el Viejo de Huesca, incluyendo San Úrbez de Serrablo y la propia Santa Cilia, la mayoría de rentas se pagaron para la festividad de San Miguel Arcángel.47 ¿En qué condiciones se entregaron en feudo las propiedades de Santa Cilia de Panzano? Partiendo de un análisis de conjunto, se establecen diversas condiciones, aunque no todas aparecen en cada uno de los documentos estudiados. En primer lugar, se estableció que el priorato podía cambiar cuando quisiera al usufructuario de un bien, entregándole otro.48 Una segunda condición de la que queda constancia es que los usufructuarios del bien podían donar, vender o empeñar el bien concedido a un tercero, siempre y cuando ese tercero pagase la carga establecida y no perteneciese al estamento militar o al religioso cuyos miembros solían gozar de exenciones fiscales.49. Otra de las condiciones observadas es el derecho de adquisición preferente del priorato para recuperar el dominio directo de un bien concedido. De la misma manera, el usufructuario, si deseaba donar, vender, permutar o empeñar el bien a un tercero, había de comunicarlo al priorato para, en el caso de considerarlo oportuno, éste pudiese ejercer su derecho.50 Finalmente, los usufructuarios de los bienes de Santa Cilia de Panzano, al menos en los casos que se especifican para el lugar de Panzano, estaban obligados a mantener la integridad del bien concedido.51. No tenemos constancia escrita de que se hubiesen puesto en explotación todas las propiedades del priorato. Ello puede deberse a dos circunstancias: que no se han conservado todos los documentos del priorato o estas se hacían de modo oral en un buen porcentaje.52. Una cuestión importante que reflejan los escasos documentos conservados del siglo xii del priorato de Santa Cilia de Panzano es la conflictividad surgida en el seno del señorío. Se constatan sendos casos en los lugares de Arraro y Morrano. Sancho Ramírez concedió a Saint-Pons-de-Thomières el diezmo de los habitantes del castro de Arraro. Sin embargo, estos intentaron no pagarlo, derivando la situación en un pleito que tardó en resolverse; casi tres décadas después, en el año 1133, Ramiro Sánchez, el futuro Ramiro II, estableció que los hombres de Arraro procedieran a pagar el citado tributo, decisión que los de Arraro acabaron acatando.53 El conflicto en Morrano se desarrolló algo más tarde, entre el reinado de Ramiro II y el inicio de la década de los años setenta. Estuvo protagonizado por un grupo familiar que trabajaba las propiedades del priorato en este lugar, antes de que éstas aumentaran con la donación de una casa hecha por Pedro de Labata. Frente a las quejas del priorato por no ingresar las rentas, los usufructuarios de las propiedades dejaron de pagar los tributos debidos alegando que tenían un documento del rey Ramiro II que les eximía de hacerlo.54 La casa madre de Saint-Pons-de-Thomières en Aragón, el priorato de San Pedro el Viejo de Huesca, intervino defendiendo sus derechos. Al final, en 1171 se produjo un acuerdo entre ambas partes: Fortí, capellán de San Pedro el Viejo, con la aprobación del prior Poncio, condonó al grupo familiar rebelde las rentas reclamadas. El acuerdo contemplaba que la aceptación de la dependencia de Santa Cilia de Panzano por parte del grupo campesino y el compromiso de pagar lo debido en concepto del usufructo de la heredad del priorato que trabajaban, dando las oportunas garantías mediante fiadores. Las rentas señoriales que debían abonar anualmente eran la novena de todos los frutos procedentes de la tierra y la novena de carne, esto es, de aquellos animales que criasen, que no quedan especificados en el documento.55. Estas resistencias campesinas se contextualizan en el marco de la conflictividad que se produjo en Aragón durante el fin del siglo xi y a lo largo siglo xii, como bien ha estudiado Carlos Laliena.56 En el caso que nos ocupa, la solución de los conflictos entre el priorato de Santa Cilia de Panzano y sus dependientes parecen producirse de manera no violenta y sin salir del ámbito de las autoridades rectoras del priorato de San Pedro el Viejo o muy influyentes en el mismo: el rey Ramiro II, poco antes de secularizarse para acceder al trono, y el prior.57 No obstante, la lectura lineal de la documentación no permite avanzar más en esta cuestión. Se hace necesario un estudio más profundo del resto de la documentación de San Pedro el Viejo de Huesca y de San Úrbez de Serrablo —y su contextualización con el resto de Aragón— a fin de obtener un mejor conocimiento de estos episodios de rebeldía de los campesinos frente al priorato, al que debían satisfacer parte de la riqueza que generaban. Esto permitirá no solo comparar los regímenes de tenencia de la tierra entre San Pedro el Viejo y sus dos prioratos dependientes, sino también constatar si realmente existen diferentes grados de presión fiscal entre ellos. 5. Conclusiones. En el momento actual de nuestra investigación, el análisis de la documentación del priorato de Santa Cilia de Panzano permite confirmar varias de las hipótesis planteadas en este trabajo. En primer lugar, el priorato de Santa Cilia de Panzano se fundó entre 1099 y 1101 y dependió del priorato de San Pedro el Viejo de Huesca, que a su vez fue sufragáneo de la abadía francesa de SaintPons-de-Thomières, ubicada en el departamento francés de Hérault, con capital en Montpellier. En segundo lugar, se comprueba que el dominio del priorato de Santa Cilia de Panzano fue pequeño y compacto. Localizado en el noroeste de la comarca de La Hoya de Huesca, en el somontano al sur de la Sierra de Guara, sus tierras se hayan surcadas por los ríos Calcón y Formiga, afluentes del Alcanadre en su curso alto. En tercer lugar, al margen de las rentas eclesiásticas, la documentación no trasluce igualdad en la condición social de todas las personas vinculadas con Santa Cilia de Panzano: los datos permiten afirmar que soportaron una mayor dureza quienes trabajaron las heredades de Morrano, Coscullano y Blecua. Por el contrario, los usufructuarios de su patrimonio en Panzano únicamente pagaron censo como renta feudal, bien en metálico, bien en especie. Por último, el priorato de Santa Cilia de Panzano introdujo un nuevo tributo —el acapto—, en el último cuarto del siglo xii que abonaron quienes recibieron en usufructo una de sus propiedades. Sin embargo, resulta difícil valorar si ello significó un endurecimiento de las condiciones de vida de los usufructuarios que trabajaron su patrimonio, porque desconocemos con precisión la coyuntura económica. La escasa documentación conservada impide plantear una tesis sólida al respecto. No obstante, creemos que la imposición del acapto pudo constituir un intento del priorato de no empobrecer sus ingresos habiendo un crecimiento económico y una rebaja en algunos censos. 6. Referencias bibliográficas. 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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
Índices de la revista Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón
ÍNDICES DE LA REVISTA ESTUDIOS DE EDAD MEDIA DE LA CORONA DE ARAGÓN1. JOURNAL SUMMARIES OF ESTUDIOS DE EDAD MEDIA DE LA CORONA DE ARAGÓN. El 27 de enero de 1943 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas acordó crear, dentro de su Escuela de Estudios Medievales, el Centro de Estudios Medievales de Aragón como complemento a la cátedra de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza cuya titularidad ocupaba el profesor José María Lacarra. Este centro publicó la revista Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón que, con una periodicidad irregular entre los años 1945 y 1975, recogió los trabajos de numerosos investigadores relacionados con la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza y de otras universidades. Los 10 volúmenes editados fueron el resultado de una concentración de trabajos de diferentes expertos en la historia medieval de la Corona de Aragón y en el antiguo reino de Navarra. En cada uno de los tomos se incluyeron trabajos monográficos, transcripciones y comentarios de diferentes documentos, así como algunas traducciones al castellano de monografías extranjeras poco conocidas. En el apartado de Información se incluyeron diversas noticias sobre la celebración de congresos, cursos o la presentación de libros y otras publicaciones. El ideal con el que se fundó la revista lo expresa con claridad el texto de advertencia que presentaba el primer volumen de la misma del año 1945 y que reproducimos a continuación: en la edición de textos y colecciones de documentos, y en la preparación de magníficas monografías que venían a renovar estos estudios, casi estancados donde los dejara el colosal esfuerzo de Jerónimo Zurita. Los nombres de D. Eduardo Ibarra, D. Andrés Giménez Soler, $D _ { \circ }$ . José Salarrullana, $D$ . Carlos Riba, $D$ . Manuel Serrano y Sanz, D. José M.ª Ramos y Loscertales, $D$ . Pascual Galindo, D. Mariano Usón, proclaman la permanente preocupación de la Universidad de Zaragoza por fomentar estos estudios. Pero esta labor se encontraba dispersa en multitud de publicaciones, y algunas, como la Colección de documentos que dirigía Ibarra, quedaron en mala hora interrumpidas. Como complemento de nuestra labor en la cátedra de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza iniciamos la formación de un Seminario que adiestrase a los alumnos en las tareas de investigación. Colaboraron en $\acute { e } l$ desde un principio $D$ . Mariano Usón Sesé $( q . g . h . ) y D .$ Ángel Canellas, hoy catedrático de Paleografía en la Universidad de Santiago. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con fecha 27 de enero de 1943, acordó crear sobre esta base el Centro de Estudios Medievales de Aragón, pronto incorporado a la recién creada Escuela de Estudios Medievales del mismo Consejo. Desde un principio nuestro Centro contó con el decidido apoyo de las entidades culturales de Aragón: La Sociedad Económica de Amigos del País cedió galantemente sus locales, donde han venido celebrándose las reuniones y cursos del Centro; el Ayuntamiento de Zaragoza consignó en sus presupuestos una cantidad para editar nuestras publicaciones; la Facultad de Filosofía y Letras ha facilitado en todo momento su material científico y su Laboratorio Fotográfico. Ahora empezamos la publicación de estos ESTUDIOS paralelamente a otros que editarán las Secciones de la Escuela de Estudios Medievales de Barcelona y Valencia. En ellos tenemos la pretensión de concentrar esta labor dispersa de los eruditos que trabajan en la historia medieval del antiguo reino de Aragón. Contendrá trabajos monográficos, textos y documentos, a ser posible comentados y anotados, y traducciones de monografías extranjeras poco conocidas o poco accesibles a los estudiosos españoles. Junto a estos estudios de Edad Media aragonesa propiamente dicha, irán monografías referentes al antiguo reino de Navarra, cuya historia es en muchos momentos inseparable de la de Aragón. Con la labor de los maestros aparecerán los primeros ensayos de los nuevos investigadores que vayan formándose en nuestro Centro. Esperamos poder publicar al menos un volumen anual, y que Dios conceda larga vida a esta publicación que hoy iniciamos. JOSÉ M.ª LACARRA. ÍNDICES. Vol. I (1945) Advertencia. 7 El templo de Nuestra Señora del Pilar en la Edad Media, por Ricardo del Arco . .... 9 Un documento original del rey Sancho Garcés II Abarca, por Ángel Canellas.. 149 Textos navarros del códice de Roda, por José María Lacarra . 193 Cómo y cuándo se hizo Aragón feudatario de la Santa Sede, por P. Kehr . 285 Varia: Noticias históricas sobre Ramiro el Monje antes de su exaltación al trono, por Federico Balaguer... 327 El Fuero de Selgua, por Antonio Ubieto Arteta .. 334 Inf ormación . 337. Vol. II (1946) Aragón y la empresa del Estrecho en el siglo XIV. Nuevos documentos del Archivo Municipal de Zaragoza, por $\acute { A }$ . Canellas . 7 El Papado y los reinos de Navarra y Aragón hasta mediados del siglo XII, por P. Kehr 74 Disputas entre los Obispados de Huesca y Lérida en el siglo XII, por A. Ubieto Arteta 186 El último viaje de Alfonso IV de Aragón, por A. L. Javierre Mur . 241 Las Biblias de Zaragoza, por T. Ayuso Marazuela.. 257 Tres episodios zaragozanos de la lucha entre «Pere el de Punyalet» y la Unión Aragonesa, relatados por el monarca a su tío Pedro, conde de Ribagorza, por M. Dualde Serrano ..... 295 Varia: Las tenencias en Aragón desde 1035 a 1134, por Carlos E. Corona Baratech . 379 Notas documentales sobre mozárabes oscenses, por Federico Balaguer... 397 Exiliados de Armenia en los dominios de Pedro IV de Aragón, por Madelena Sáez Pomes... 417 Documentos: Mandatos reales navarro-aragoneses del siglo XII, por José $M ^ { a }$ Lacarra .. 425 De la Edad Media en el Alto Aragón: I. Documentos de Alquézar. II. Privilegios de ingenuidad y franquicias a la villa de Naval. III. Cuaderno de privilegios reales de Barbastro (1454), por Ricardo del Arco y Garay..... 433 Documentos para el estudio de la reconquista y repoblación del Valle del Ebro, por José $M ^ { a }$ Lacarra .. 469 Inf ormación . 575 Vol. III (1947-1948) Homenaje de Aragón a Castilla por el Condado de Navarra, por A. Ubieto Arteta.... 7 Notas documentales sobre el reinado de Ramiro II, por F. Balaguer . 29 El matrimonio de Pedro IV de Aragón y María de Navarra, por J. R. Castro ....... ......... 55 El Archivo de San Juan de los Panetes de Zaragoza, por A. L. Javierre Mur... 157 Una noticia histórica de los reyes de Aragón, por $\acute { A }$ . Canellas López ... 193 Al-Bakri: Dos fragmentos sobre Barbastro, por J. Bosch Vilá .. 242 Estudio de la territorialidad de los Fueros de Valencia, por M. Gual Camarena .. 262 Referencias a acaecimientos históricos en las datas de documentos aragoneses de los siglos XI y XII, por R. del Arco .. 291 La elección de los compromisarios de Caspe, por M. Dualde Serrano. 355 La ayuda de Valencia a León V de Armenia, I de Madrid, por M. Sáez Pomés ... 386 La construcción de un palacio real en Ejea de los Caballeros en el siglo XIV, por A. Sinués Ruiz .. 420 Varia: Alfonso el Batallador y las paces de Támara, por José María Lacarra . 461 La fecha de la muerte de Ramiro II de Aragón, por Antonio Ubieto Arteta ... 474 Los relicarios de Loarre, por Antonio Ubieto Arteta .. .... 476 Un Estudio de Artes en Barbastro en el siglo XIII, por Ricardo del Arco .. 481 Dos relaciones inéditas sobre sucesos de la Unión, por Jaime Caruana Gómez de Barreda... 484 Documentos: Documentos para el estudio de la reconquista y repoblación del Valle del Ebro (segunda serie), por José $M ^ { a }$ Lacarra.. 499 Inf ormación 728. Vol. IV (1951) La Iglesia en Aragón durante el siglo XI, A. Durán Gudiol . 7 Los límites del obispado de Aragón y el Concilio de Jaca de 1063, F. Balaguer.. 69 Desarrollo urbano de Jaca en la Edad Media, José María Lacarra.. 139 Alfonso IV el Benigno quiere un Cardenal de sus reinos, R. Olivar Bertrand... 156 La gobernación foral del reino de Valencia: una cuestión de competencia, F. A. Roca Traver.. 177 Los ingleses en España (siglo XIV), A. Gutiérrez de Velasco . 215 Los Estatutos primitivos de la Universidad de Huesca (1468-1487), R. del Arco......... 320 Varia: Siete monedas hispano-musulmanas del último tercio del siglo X, por J. Bosch Vilá .... 411 El nacimiento de Alfonso II de Aragón, por A. Ubieto Arteta. 419 Sugerencias acerca de la fuente histórica almohade del “Kitab al-Raw al-Mitar”, por J. Bosch Vilá . 426 Un viaje del literato Felipe de Mezières a Cataluña, en 1367, por M. Sáez Pomés..... 432 Testamentos de soberanos medievales conservados en el Archivo Real de Valencia, por M. Dualde Serrano.... 436 Antecedentes históricos de las armas heráldicas de la Diputación de Aragón, por Á. Canellas . 447 Documentos: Libro Becerro del monasterio de Valbanera, por M. Lucas Álvarez . 451 Mandatos navarros de Felipe III el Atrevido, rey de Francia, por A. Ubieto Arteta.. 648 Inf ormación . 648. Vol. V (1952) Origen y proceso de consolidación de la sede ribagorzana de Roda, por R. de Abadal .. 7 La vizcondesa del Bearn doña Talesa y la rebelión contra Ramiro II en 1136, por F. Balaguer... 83 Un siglo de vida mudéjar en la Valencia medieval (1238-1338), por F. Roca Traver..... 115 El Tratado de Anagni y la expansión mediterránea de la Corona de Aragón, por V. Salavert y Roca ........ 209 Los aragoneses en la conquista y saqueo de Alejandría por Pedro I de Chipre, por M. Sáez Pomés.. 361 Varia: Los documentos árabes y hebreos de Aragón y Navarra, por J. Bosch Vilá.. 407 La Iglesia de Tudela entre Tarazona y Pamplona (1119-1143), por J. $M ^ { a }$ Lacarra ..... 417 La creación de la Cofradía militar de Belchite, por A. Ubieto Arteta... 427 Minas de plata en el Alto Aragón, por M. González Miranda .. 435 La peregrinación de Alfonso II de Aragón a Santiago de Compostela, por A. Ubieto Arteta.. 438 Un poeta desconocido de la corte de Alfonso V de Aragón, por Mª. C. Pescador del Hoyo.. 453 Una cofradía de negros libertos en el siglo XV, por M. Gual Camarena .. 457 Repercusión en Valencia de la sumisión de Barcelona a Juan II en 1472, por Mª. I. Rincón de Arellano García .. 467 La misión moralizadora del lugarteniente general Juan de Lanuza en el reino de Valencia, por M. Dualde Serrano.. 475 Sobre numismática aragonesa del tiempo de los Reyes Católicos, por R. del Arco ........ 499 Documentos: Documentos para el estudio de la reconquista y repoblación del valle del Ebro (Tercera serie), por J. $M ^ { a }$ Lacarra ..... ..... 511 Documentos culturales de Pedro el Ceremonioso, por A. López de Meneses... 669 Inf ormación . 773. Vol. VI (1956) La Chronica Adefonsi imperatoris y la elevación de Ramiro II al trono aragonés, por F. Balaguer.... 7 Navarra-Aragón y la idea imperial de Alfonso VII de Castilla, por A. Ubieto.. 41 Los consulados catalanes de Alejandría y Damasco en el reinado de Pedro el Ceremonioso, por A. López de Meneses .. 83 Varia: La condesa doña Sancha y el Monasterio de Santa Cruz de la Serós, por M. González Miranda.. 183 De nuevo sobre el nacimiento de Alfonso II de Aragón, por A. Ubieto Arteta.. 203 Notas sobre el dominio de los obispos de Tortosa en Alquézar, por A. J. Martín Duque 211 Referencias a moneda en los documentos árabes y hebreos de Aragón y Navarra, por J. Bosch Vilá .. 229. La casa de la Diputación de la generalidad de Aragón, por S. Salord Comella... 247 Servidores del infante don Fernando (1458-1462), por M. Gual Camarena.. 267 En torno al Pala Borja (Alejandro VI), por V. Vázquez de Prada... 281 Documentos: Documentos acerca de la peste negra en los dominios de la Corona de Aragón, por A. López de Meneses . 291 Testamento y codicilo de la infanta Juana de Aragón, condesa de Ampurias, por A. Javierre Mur .. 449 Documentos en aragonés del reinado de Jaime II, por F. Udina Martorell . 467 Dos cartas inéditas al Dux de Venecia sobre la toma de Granda, por $M ^ { a }$ del Carmen Pescador .. 477 Inf ormación . 485. Vol. VII (1962) Los Banu Hud de Zaragoza, Alfonso I el Batallador y los almorávides (Nuevas aportaciones), por A. Huici Miranda . 7 Ramiro II y la diócesis de Roda, por F. Balaguer... 39 Itinerario de Alfonso II de Aragón, por J. Caruana . 73 Pedro el Ceremonioso y las reliquias de Santa Bárbara, por A. López de Meneses......... 299 Los obispos de Pamplona del siglo XV y los navarros en los concilios de Constanza y Basilea, por J. Goñi Gaztambide . 358 Varia: Cataluña y su corónimo, así como el étnico “catalán”, aparecen en el siglo XI, por F. Udina Martorell .. 549 Sobre demografía aragonesa del siglo XII, por A. Ubieto Arteta .. 578 La pretendida “traición” de Jaime II de Aragón contra Sicilia y los sicilianos, por V. Salavert .. 599 El infante Alfonso de Aragón no asistió a la toma de Balaguer (1413), por Antonio M. Aragó... 623 Datos sobre el Gran Capitán en relación al caso de Federico de Nápoles, por Carmen Pescador .. 637 Documentos: Cartulario de Santa María de Uncastillo (siglo XII), por Ángel J. Martín Duque . 647 I . 741. Vol. VIII (1967) Poesía navarro-aragonesa primitiva, por A. Ubieto Arteta .. 9 Las inscripciones medievales de la provincia de Huesca, por A. Durán Gudiol . 45 Peaje fluvial del Ebro (siglo XII), por M. Gual Camarena . 155 El canciller Pero López de Ayala y los reyes de Aragón, por A. López de Meneses........ 189. Los obispos de Pamplona del siglo XV y los navarros en los concilios de Constanza y Basilea, por J. Goñi Gaztambide . 265 Varia: Pedro López de Luna, maestre de la Orden del Hospital en Aragón y Cataluña, por M. L. Ledesma Rubio.. 417 Aportación de Valencia a la guerra entre Pedro III y Francia, por R. Arroyo Ilera ..... 429 El mercado de trigo en el reino de Valencia bajo Pedro III, por F. Arroyo. 435 Documentos: La Marca Superior en la obra de al-Udrí, por F. de la Granja.. 447 Documentos para el estudio de la historia aragonesa de los siglos XIII y XIV: monasterio de Santa Clara, de Huesca, por $A g$ . Ubieto Arteta.. 547 Inf ormación 703. Vol. IX (1973) Restos visigodos de la Cueva Foradada (Sarsa de Surta, Huesca), por I. Barandiarán .. 9 Una variación en el Camino de Santiago, por A. Ubieto Arteta .. 49 Blasco de Alagón y el comienzo de la reconquista valenciana, por F. Arroyo Ilera........ 71 Pedro Juan Belluga, por F. A. Roca Traver 101 Aportación al comercio valenciano en el año de 1393, por R. Ferrer Navarro... 161 Establiments de la vila del Boixar (Ensayo de análisis sociológico de las ordenanzas de una villa medieval valenciana), por J. F. Mira 185 Contribución al estudio de las relaciones comerciales marítimas de Castellón de la Plana durante los año 1412 a 1418 y 1422, por P. López Elum .. 211 Vidal de Canellas, obispo de Huesca, por A. Durán Gudiol.. 267 Un siglo de demografía medieval: San Mateo, 1373-1499, por $M ^ { a }$ Desamparados Cabanes Pecourt.. 371 Varia: Nuevos restos visigodos en Calatayud (Zaragoza), por Manuel A Martín Bueno........... 435 Una noticia acerca de las pinturas románicas de Bagüés (Huesca), por Mª Pilar Falcón Pérez... 443 La carta puebla de María de Huerva otorgada por Alfonso el Batallador, por $M ^ { a }$ Luisa Ledesma Rubio. 455 La iglesia de Majones (Una iglesia románica aragonesa con cabecera trebolada), por M. Gómez de Valenzuela . 463 La iglesia colegial de Santa María la Mayor, de Tudela, durante los reinados de Sancho VII “el Fuerte” y Teobaldo I, por C. Orcástegui Gros .. 479 La torre mudéjar de Santa María de Ateca (Zaragoza), por G. M. Borrás Gualis........... 493 Un convenio entre Alcanadre y Lodosa, por $M ^ { a }$ Isabel Falcón Pérez .. 501 Documentos: Proceso de las Cortes de Maella de 1404, por $M ^ { a }$ Luisa Ledesma Rubio . ... 527 Inf ormación . 641. Vol. X (1975) Instituciones políticas del Reino de Aragón hasta el advenimiento de la Casa Catalana, por $J , M ^ { a } ,$ Ramos y Loscertales.. 9 Aportación al estudio de la “tenencia” medieval: la mujer “tenente”, por Ag. Ubieto Arteta... 47 Tudela durante los reinados de Sancho el Fuerte y Teobaldo I (1194-1253), por C. Orcástegui . 63 La formación intelectual de los navarros en la Edad Media (1122-1500), por J. Goñi Gaztambide . ..... 143 Signos lapidarios en el románico y gótico español, por J. A. Ferrer Benimeli.. 305 Una fundación de Jaime I: Villarreal, por R. Ferrer Navarro.. 403 Las relaciones comerciales entre Valencia e Italia durante el reinado de Alfonso el Magnánimo (“Coses vedades”), por J. Hinojosa Montalvo.. 439 Varia: La investigación sobre las primeras Cortes medievales: las Cortes aragonesas anteriores a 1350 (aproximación metodológica, problemas y posibilidades), por L. González Antón ... 513 En torno al nombramiento de zalmedina en Zaragoza para el año 1472, por Mª I. Falcón Pérez.. 531 Novedades sobre la Alta Edad Media en Guipúzcoa. Datos arqueológicos, por I. Barandiarán.. 549 Cinco iglesias románicas de escuela jaquesa, por M. Gómez Valenzuela.. 581 Algunas iglesias góticas del Bajo Aragón, por G. M. Borrás Gualis . 603 Para una aproximación al estudio de la pintura mural gótica en los estados de la Corona de Aragón, por $M ^ { a }$ Carmen Lacarra Ducay... 621 Los castillos de frontera en el Reino de Valencia, por $M ^ { a }$ Desamparados Cabanes Pecourt .. 653 Ayuda económica del Reino de Valencia a la cruzada contra Contantinopla (1456- 1457), por P. López Elum.. 671 $\it { i } \mathrm { { U n } }$ ataque aragonés a Zaragoza, en 1089?, por A. Ubieto Arteta . 679 Documentos: Colección diplomática de Grisén (siglos XII y XIII), por $M ^ { a } L .$ Ledesma Rubio... 691 Inf ormación . 821. LISTADO ALFABÉTICO DE AUTORES. Abadal, Ramón de, V Aragó, Antonio M., VII Arco y Garay, Ricardo del, I, II, III, IV, V Arroyo Ilera, Fernando, VIII, IX Arroyo Ilera, Rafael, VIII Ayuso Marazuela, Teófilo, II Balaguer, Federico, I, II, III, IV, V, VI, VII Barandiarán, Ignacio, IX, X Borrás Gualis, Gonzalo María, IX, X Bosch Vilá, Jacinto, III, IV, V, VI Cabanes Pecourt, María de los Desamparados, IX, X Canellas López, Ángel, I, II, III, IV Caruana Gómez de Barreda, Jaime, III, VII Castro, José Ramón, III Corona Baratech, Carlos E., II Dualde Serrano, Manuel, II, III, IV, V Durán Gudiol, Antonio, IV, VIII, IX Falcón Pérez, María Isabel, IX, X Falcón Pérez, María Pilar, IX Ferrer Benimeli, José Antonio, X Ferrer Navarro, Ramón, IX, X Francesc Mira, Joan, IX Gómez de Valenzuela, Manuel, IX, X González Antón, Luis, X González Miranda, Marina, V, VI Goñi Gaztambide, José, VII, VIII, X Granja, Fernando de la, VIII Gual Camarena, Miguel, III, V, VI, VIII Gutiérrez de Velasco, Antonio, IV Hinojosa Montalvo, José, X Huici Miranda, Ambrosio, VII Javierre Mur, Aurea Lucinda, II, III, VI Kehr, Paul, I, II Lacarra Ducay, María del Carmen, X Lacarra, José María, I, II, III, IV, V Ledesma Rubio, María Luisa, VIII, IX, X López de Meneses, Amada, V, VI, VII, VIII López Elum, Pedro, IX, X Lucas Álvarez, Manuel, IV Martín Bueno, Manuel A., IX Martín Duque, Ángel J., VI, VII Olivar Bertrand, Rafael, IV Orcástegui Gros, Carmen, IX, X Pescador del Hoyo, María del Carmen, V, VI, VII Ramos y Loscertales, José María, X. Rincón de Arellano García, María Isabel, V Roca Traver, Francisco A., IV, V, IX Sáez Pomés, Madelena, II, III , IV, V Salavert y Roca, Vicente, V, VII Salord Comella, Santiago, VI Sinués Ruiz, Atanasio, III Ubieto Arteta, Agustín, VIII, X Ubieto Arteta, Antonio, I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X Udina Martorell, Frederic, VI, VII Vázquez de Prada, Valentín, VI
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Revista_Aragon_En_La_Edad_Media
El viñedo suburbano de Huesca en el siglo XII
EL VINEDO SUBURBANO DE HUESCA EN EL SIGLO XII. Carlos Laliena Corbera. I. INTRODUCCION. Las ciudades medievales constituyen centros de consumo que articulan el contorno rural circundante de un modo decisivo. Uno de los aspectos en los que esta influencia es mas notoria es la creacion de vinedos suburbanos,paisajes agrarios de gran trascendencia social y economica que suponen uno de los factores mejor individualizados y de mayor complejidad de la estructura agraria preindustrial. La copiosa documentacion oscense del siglo XII ofrece la posibilidad de estudiar en Huesca la aparici6n de un vinedo de este tipo,es decir,la accion especifica que trastoca la geografia local de una produccion cerealista en otra viticola gracias a un mercado urbano. I1I. LA VINA EN LA ESTRUCTURA PRODUCTIVA OSCENSE. Laimplantacion del vinedo en la comarca de Huesca es una mutación notable de su estructura productiva,alteración que es preciso definir y datar. En este sentido,cabe considerar que la produccion viticola es solo una eleccion entre las varias posibles para responder a los planteamientos que la l6gica de la economia regional proponia a fines del siglo XI y comienzos del XII. El cultivo de la vid implica la diversificacion de la produccion agricola, y,por tanto, una tendencia a superar situaciones productivas anteriores insuficientes para las condiciones de progreso humano que normalmente acompanan y obligan a tales cambios. Dado que es signo indicativo de una dinámica agraria,es imprescindible el conocimiento de la estructura productiva previa al desarrollo aludido. Las fuentes de informacion son extremadamente parcas para el siglo XI, puesto que los ge6grafos musulmanes ofrecen descripciones agronó- micas poco rigurosas y literarias,con las que es imposible atender a una pormenorizacion de las formas de produccion y,por tanto,de las relaciones entre la evolucion demografica,los niveles tecnol6gicos y dimensiones de mercado con respecto a la ocupación del espacio y las caracteristicas de su utilizacion. Estimar la poblacion oscense a fines del siglo XI equivale a conjeturasde firmeza minima. BALAGUER cita como margenes aceptables entre $3 . 5 0 0 \mathrm { \ y \ 4 . 5 0 0 }$ personas, cifras que LACARRA eleva al doble; en ambos casos,los argumentos son debiles1.Si admitimos un crecimiento sostenido de dos centurias y unos 8.0O0 habitantes en las postrimerias del XIII, con una tasa de $0 { , } 2 5 \%$ anual, el punto de partida se situaria aproximadamente en unas 5.Ooo almas. Es una tasa reducida para un periodo de esplendor humano, pero pienso que responde bien al crecimiento real,descontada la emigracion². Es dificil averiguar el grado de desarrollo agricola de la comarca en la etapa precristiana e inmediatamente posterior a la conquista.Las técnicas musulmanas parecen ser especialmente aptas para generar una produccion hortofruticola fundada en el alto aprovechamiento de los caudales de los rios Flumen e Isuela, asi como de las multiples acequias que la documentaci6n mas temprana registra; asimismo, se puede presumir la existencia de una agricultura de cereal en las tierras de la Hoya. Las roturaciones, expresion ineludible de un progreso agrario en la Edad Media, parecen haber alcanzado un volumen relativamente reducido.Los testimonios documentales posteriores,de principios del XII, matizan formulas cancillerescas en las que tienen un lugar capital las menciones de “montis”,“pascuis", “silvis","garriciis",etc.3.En suma,la estructura económica islamica, que se vertebraba sobre el regadio y subsidiariamente en el cultivo de granos, mantuvo sin roturar extensas áreas de la comarca oscense4. En este contexto,la vina estaba bastante difundida en la vida rural, como atestiguan algunos ejemplos, pero nada hace pensar que su situación difiriese de la de otros productos horticolas,con los que tal vez se asociase en un cultivo promiscuo. La ciudad disponia de un mercado urbano desarrollado,que Al-Idrisi reflejaba en los inicios del XII: Huesca es una ciudad hermosa y floreciente con tiendas y mercados bastante concurridos y diversas manufacturas muy activas',consecuencia de la localizacion geografica en la zona de contacto de dos economias bien diferenciadas,la silvo-pastoril de la Montaia y la agricola del Llano,que corresponden en esta época a las fronteras cristiano-musulmanas,circunstancia que daba lugar a intercambios de producciones. Como centro mercantil, Huesca absorbia los excedentes productivos agrarios de su entorno rural. NAVAL confirma la existencia de locales para la comercializacion de cereales一alh6ndiga-,y de otros bienes--aicaiceria-8. La integracion de Huesca y su distrito en el ámbito cristiano constituye un tránsito estructural en el que se da una sensible permanencia de las formas a las que hemos hecho alusión anteriormente,en particular la subsistencia de premisas agricolas: la dedicacion al regadio y los granos, con toda la base material elaoorada por los musulmanes -azudes, acequias, acenas,etc.-,y la importancia del mercado oscense, junto a notables divergencias,que,en conjunto, tienden a elaborar una estructura de la produccion innovadora con un futuro dilatado,y, sobre ella,unas relaciones sociales distintas.Todo lo cual mediante un proceso de transicion,que se muestra en la documentación oscense a partir de la inmediata transferencia de bienes que siguió a la conquista por Pedro I,cuyas caracteristicas y dimensiones conllevan un cambio esencial en la propiedad de la tierra y los medios de produccion en general9,que implica paralelas transformaciones en las relaciones de produccion que se establecen entre la aristocracia cristiana—laica o eclesiastica-,principal beneficiaria de la remodela 4.Ignoramos si fue por razones tecnologicas. El avance cristiano esta en relacion con su estructura socioeconomica mas progresista. 5. Véase p.ej. UBIETO,An.,Coleccion diplomatica de Pedro l de Aragony Navarra. Zaragoza,1951,doc.44. 6. De ahique abunden las menciones a vineas sin concretar parcelas en los primeros anos del XI. 7. AL-IDRISI,Geografia de Espana.Valencia,1974,p.146. 8. NAVAL,A. Huesca: desarrollo del trazado urbano y de su arquitectura. Madrid,1980. U.Complutense 2 vols.pp.136-137 y 226-227. 9. Para el reparto de las propiedades urbanas,vease NAVAL,A.ob. cit. pp. 179-185, y mäs ejs. en UBIETO,An. ob. cit.. ci6n, y los antiguos habitantes,asi como los inmigrantes. La distorsion de las relaciones productivas pretéritas deriva no solo de la implantacion de modelos hasta entonces foráneos,sino tambien de los movimientos humanos a que da lugar la ocupacion -aumento del numero de los hombres, y de la mano de obra,alteraciones en su status juridico,etc.- y de las variaciones técnicas que aportaban los aragoneses, en especial en lo que atane a la multiplicacion de la capacidad roturadora y el uso de la energia hidraulica. Tres aspectos son fundamentales para la identificacion del nuevo sistema agrario: las fórmulas peculiares de organizacion agraria,la dinámica de la utilizacion del espacio y los movimientos internos de colonizacion. Los factores que modifican el panorama general que he esbozado incluyen el auge de las actividades pecuarias y viticolas y la intensificacion de la producci6n de cereales. Nuestro desconocimiento sobre estas cuestiones es muy grande y, por tanto,intentamos avanzar hipótesis de trabajo, mäs que cualquier género de conclusiones. Sin embargo,es evidente que el crecimiento demografico,a pesar de un posible estancamiento o receso a mediados de siglo en la coyuntura expansiva hacia el Valle del Ebro, es coetáneo del incremento del cultivo de granos, sin duda, ligado también a un cierto auge ganadero,cuyos testimonios son raros y más tardios.Desde la segunda mitad de la centuria se constata el avance decisivo de la vid, que da lugar a un verdadero vinedo suburbano.La dedicación al cereal de las tierras oscenses provoca un desmonte importante, en un proceso cuya cronologia se centra en el primer medio siglo, y que coincide con los grandes movimientos roturadores generales en el Occidente europeo. En la segunda mitad,la necesidad de intensificar y diversificar la productividad agraria estimula la viticultura en perjuicio del trigo y los demas granos. En el caso de Huesca, ésta adopta caracteres de homogeneidad -parcelas integramente dedicadas a la vid-,y no,como en la etapa precedente, de cultivo promiscuo. El mayor control del medio llevaba consigo un dinamismo poblacional que operaba sobre la corona de almunias y alquerias que rodeaba la ciudad,algunas de las cuales eran posesiones eclesiasticas, iniciando una colonizaci6n que las transform6 en aldeas o pequenos pueblos, y que constata la explotacion de tierras cada vez mas alejadas del centro urbano. El aumento de la_ produccion agricola tiene como subproducto el desarrollo del mercado local y regional, heredero del musulman10.La enumeracion de los mercados registrados en los textos oscenses ofrece una idea de su funcion: mercatum de illas bestias,mercatal de la zebera, y los que se emplazaban en las puertas de la Alquibla,San Vicente, San Julián y Montearag6nl1, y muestra un comercio provinciano, pero respetable.Es 10. En el que existen “francos”,signo de actividades artesanales y mercantiles,vease ARCO,R.Huesca enel siglo Xilseparata del “II Congreso de Historia de la Corona de Arag6n",Huesca 1921. 11. NAVAL,A.ob. cit. pp.229-231; ARCO,R.ob.cit. p.86 seiala una concesi6n de mercado por Jaime Ien 1242. interesante, puesto que reviste criterios proteccionistas,la peticion de los jurados y concejo de Huesca a Jaime I,concedida en 1269,para prohibir la venta en su mercado de vino no producido en los términos de la ciudad, privilegio renovado por Pedro III en $1 2 7 8 ^ { 1 2 }$ . Las ordenanzas municipales, a fines de siglo y en el XIV,dedican capitulos a diversos aspectos de'la viticultura y venta del vino,con un espiritu general de proteccion de la propiedad,de la fijacion de las obligaciones de los guardianes de las vinas y la tasacion de salarios para jornalerost3. El anälisis.de la estructura productiva es imprescindible por cuanto que el vinedo, para alcanzar localmente un óptimo productivo, tiene dos exigencias basicas: una mano de obra abundante 一puesto que la vina requiere mucho trabajo humano y poco equipamientol4- y unas condiciones aceptables de mercado,es decir,un precio.La reconversion de campos de cereal en vina se produce cuando es rentable pecuniariamente,en virtud de una mayor demanda15, que modifica el comportamiento de los precios a favor del vino,y por las peculiares condiciones sociales de la producción viticola. Desde el punto de vista economico,produccion y renta en el marco de la corta duracion,los avances mas espectaculares son aquellos que tienen lugar en el terreno de los aumentos de los rendimientos cerealistas y de la productividad de la tierra.Desde el punto de vista social, de los costes sociales yde las inversiones de capitales,las mejoras mas notables son aquellas que caracterizan la expansion de la viticultura, tal.y como senala IRA 12...statuimus quod de cetero vinum non ponatur in civitate Osce per alios vel aliquos ipsum civitatis,nec etiam per aliquam personam extraneam vel privatam tantum modo de vineas civitatis predicte et terminorum suorum...ARCO,R.en“Linajes de Arag6n"septiembre 1913. 13.La ordenanza mas antigua prohibe adulterar el vino (1288); las mäs completas son de 1349,y derivan de la Peste: son intentos de controlar los fenómenos sociales aque da lugar,véase ARCO,R.Ordenanzas ineditas dictadas por el concejo de Huesca (1284- 1456) en “Revista de Archivos,Bibliotecas y Museos"1913 pp.112-126 y 427-452. 14.Los trabajos viticolas son: podar,ensarmentar,plegar,cavar,“binar"o recavar la vina, ycosechar,véase FAURY,J.Les vignobles du Collegede Périgord aux XIV et XV siecles: étude d'histoire rurale toulousaine“Annales du Midi"78 (1966) pp.461-479.Para los aspectos teóricos del estudio de la vina,véase DiON,R.Histoire de la vigne et du vin enFrance desorigenes au XlX siecleParis 1959;DUBY,G.Economia rural y vida campesina en el occidente medieval Barcelona 1973 pp.171 y ss.y 186-187; VILAR,P. Geografiaehistoria estadistica.Historia social y tecnicas deproduccion(Algunos puntos dehistoria de la viticultura mediterränea) en“Crecimiento y desarrollo".Barcelona 1976,pp.234-252; GARCIA DE CORTAZAR,J.A. La economia rural medieval: un esquema de analisis estructural de sus contenidos atraves del ejemplo hispano-cristiano. Santander 1978;HUETZDELEMPS,A.Vignes et vignobles du nord-ouest de l'Espagne Burdeos 1967;y,para Arag6n,ESTELLA,M.El vinedo en Aragón Zaragoza, 1982. 15.Demanda alimenticia: para la alimentacion SESMA,J.A.Aproximación al estudio del régimen alimentario delreinode Aragón en lossiglosXly Xil en“HomenajeLacarra” v. Il Zaragoza,1977, pp. 53-78. DIEL16.El vinedo evoca un alivio en la situacion de zonas con tendencia a la superpoblacion17, puesto que ocupa mayor cantidad de hombres, con un equipo minimo.Exige fuertes inversiones iniciales —en mano de obra asalariada o bajo contratos de diversa indole—,que se ven compensadas en cuanto que no se retiene parte de la cosecha para simiente yel producto obtenido es fuertemente comercializable.El recurso a jornaleros,las contrapartidas censuales en dinero hacia los propietarios·por los campesinos explotadores,la venta de los excedentes, etc.,condicionan la estrecha ligaz6n entre el trafico monetario y la viticultura evolucionada,con consecuencias sociales muy marcadasl8. III . APARICION Y LOCALIZACION DEL VINEDO OSCENSE. La vina en el periodo medieval estä intimamente relacionada con el hecho urbano en cuanto que la ciudad impone el autoabastecimiento de la unica bebida considerada noble,y desde la cual el protagonismo de diversos grupos y clases sociales contribuye a configurar un vinedo que supone un rejuvenecimiento y transformacion del paisaje urbano o de llanura, tan perceptible y datable cronologicamente como la misma tendencia de fondo a la estabilidad que caracteriza la viticultura mediterraneal9. Un estudio minucioso de la documentacion oscense anterior a $1 2 0 0 ^ { 2 0 }$ 16. IRADIEL,P.Desarrollo agrario,progreso economico yagricultura de transicion. as propiedades del ColegiodeEspanaen Bolonia (siglos $X V y X V I )$ Bolonia,1978,p.296. 17. En terminos relativos a cuatro factores: espacio,poblacion, nivel tecnol6gico y estructura social. 18. Es imposible cuantificar el valor de la produccion en el siglo XII, pero se pueden extrapolar datos del XIV a titulo comparativo.Tomando la producoion agraria de la comarca de1381 y valorandola a precios de 1368,el trigo suponia el $5 0 \%$ del total, el vino el $3 5 , 7 \%$ ,ia cebada el $^ { 8 , 8 \% }$ y el ordio el $5 { , } 3 \%$ Los datos proceden de DURAN GUDIOL,A.y BALAGUER,F. Notes sobre relacions comercials ieconomia d'Osca (segles XIViXV) en “VICongreso de Historiade la Corona de Aragon".Madrid,1959, Pp.221-239. 19. IRADIEL,P.ob cit. p. 263. De entre los estudios de viniedos suburbanos véanse CASTER,G.Le vignoble suburbain de Toulouse au XlI siecle en “Annales du Midi”78 (1966) pp. 201-217,paralelo al oscense;HIGOUNET-NADAL,A. Le vignoble et le vin a Perigueux aux XiV et XV siecle en“Vignobles et vinsde'Aquitanie"Burdeos 1970 pp. 27-28;PRADALIE,G.Occupationdu solet cultures antourde Coimbreau XI siecle en “Actas de las I Jornadas de metodologia aplicada a las ciencias historicas”v. IISantiago 1975 pp.79-87.Para Aragon,hay una descripcion del vinedo suburbano de Zaragoza en FALCON,M.I. Zaragoza en el siglo XV. Morfologia urbana, huertas y termino municipal. Zaragoza,1981. 20. Seha consultado: Archivo de San Pedro el Viejo,Cartulario y documentos sueltos (CSP),AHN Clero Montearag6n Carpetas 622-630 y C6dice 1.067 “Libro Verde” (Montearag6n),y las obras DURAN GUDIOL,A.Colecci6n diplomatica de la Catedral de Huesca.Zaragoza,1965-69 (CDCH), IRANZO,M.T.,GARGALLO,A., SANCHEZ-USON,M.J.Cartulario de la Orden del Temple en Huesca (1148-1273) en permite localizar 545 vinas2',que se desglosan por decadas en el siguiente cuadro: —-1097-1100-21 vinas —1101-1110- 6 vinas — 1111-1120 - 9 vinas -1121-1130- 4 vinas 1131-1140- 4 vinas 1141-1150- 21 vinas -1151-1160- 10 vinas -1161-1170- 38 vinas -1171-1180- 95 vinas -1181-1190- 128 vinas —1191-1200-209 vinas. De él se infiere que las menciones anteriores a 1140 son excepcionales,salvo en los primeros anos tras la caida de Huesca.Es posible que tan corta cantidad derive de la escasez de diplomas conservados -o producidos-en esta época, pero es mucho mas verosimil que sea consecuencia de hechos de estructura agraria, y que la vina tenga un papel poco relevante en la produccion de la regi6n. Podemos, pues, conjeturar que desde el decenio 1160-1170 se dan transformaciones importantes en la utilizacion del suelo,con la extension de la vid en detrimento de los cultivos frumentarios.El ritmo es dificil de establecer,pero parecen desprenderse del cuadro dos crestas,hacia 1171-1180 y 119i-1200,siempre aproximadamente. En total,los treinta anos finales agrupan el $8 0 \%$ de las vinas conocidas. Los majuelos o vinas nuevas son el mejor argumento cualitativo para confirmar ei desarrollo del vinedo22. Desligándolos del cuadro anterior, su cronologia es: —1197-1120 -- majuelos —1121-1130-2 majuelos —1131-1140-—majuelos -1141-1150-5 majuelos 1151-1160--majuelos -1161-1170-5 majuelos -1171-1180- 9 majuelos -1181-1190-9 majuelos —1191-1200- 24 majuelos. En el cómputo global de vinias,los majuelos carecen de significacion prensa.Se trata del c6dice 499 del AHN;agradecemos a los autores la consulta del original inedito (citado como Cod. 499). 21.Incluidas las que son el objeto del documento y las colindantes. 22. ARCO,R.ob.cit. pp.107-108 se hacia eco de esta abundancia. antes de 1140,para adquirir paulatinamente valores en torno al $1 0 \%$ desde 1160,corroborando la hipótesis del incremento viticola²3. Los contratos de plantacion constituyen un sistema de renovacion de la explotación del terruno por propietarios absentistas24. En general, es un acto juridico puesto en práctica preferentemente por las entidades eclesiasticas25,o por lo menos transmitido por ellas por escrito. Conocemos siete,a los que se anaden tres en los que se recoge la division tras la correspondiente plantacion26. El mas antiguo data de $\mathbf { \bar { 1 } } 1 3 9 ^ { 2 7 }$ , pero los siguientes son tres décadas posteriores: 1168,1172,1177,1196—2—,1198y 119928, y se inscriben plenamente en la periodizacion propuesta,1170-1200.Las cläusulas varian lo suficiente como para que no haya norma comun: el plantador puede recibir un tercio,la mitad e incluso dos tercios.Particularmente interesante es en el que Berenguer, prior de San Pedro,en 1192, concede a Pedro de Bayl un campo en Guatatén Alto para que plante vina a medias: ut de proprio vestro plantetis et avingnetis illum bene sine enganno,et teneatis,laboretis et expletetis illum de primo janer que venit in quinque annos,de janer in janer, et primos tres annos fodiatis illum unoquoque anno tres vices, ceteros duos annos duas vices..29. Nuestra perspectiva esta deformada parcialmente por la documentacion que confiere a uno de los intervinientes siempre carácter de instituci6n eclesial, no obstante lo cual, existieron contratos entre seglares30. En Huesca,las vinas se agrupaban a fines del siglo XII en zonas concretas del término. Conceptuar como paisaje el aspecto visual que presentaba este conjunto es poco exacto desde el punto de vista geografico, pero en un sentido amplio es expresivo, por cuanto que permite percibir el resultado de la evolucion descrita y dar viabilidad grafica al fenomeno de homogenizacion de los campos de vinas31. El cuadro siguiente muestra la 23.Los majuelos son muy valiosos: Galindo Garces vendi6 a Jordan de Baregge uno por 423 ss.(CDCHd.160);en 1164 Ram6n de Robin Pellicer vendia otro a Garcia de Santa Cruz por 800 ss. (CDCH d.239). 24. Véase GIBERT,R.La “complantatio"enel derecho medieval espanol en“Anuario de Historia del Derecho Espanol"XXIII(1953) pp.737-769. 25. El unico ejemplo entre particulares CDCH d.539. 26. Un numero tan escaso quizä no sea excepcional: CASTER,ob.cit. p.204 seiala que en Toulouse en el XII se ignoraba el“complant"y la particion de vifas. 27. Montearag6n Carp.623. 28. Las fechas y referencias son: 1168.VI. CSP f.90v; 1177.VII.17 CDCH d.330; 1185. VIII. CDCH d. 401; 1191.III. CDCH d. 456; 1196.II. CDCH d. 516; 1198.II. AHN Clero Mercedarios de Huesca carp. 617 d.11199.I. Montearag6n carp.640. 29. CSP fols.81vy 82. 30. En 1172 Pedro de Barbasabbas ofrece su cuerpo a San Pedro y con él un majuelo en La Mesa quam ego et uxor mea plantavimus et compravimus de domna Taresa, filia de don Lop Sangd'Arvex. ubicación en las diferentes partidas: -Jara 56 vinas Guatatén Bajo 42 vinas -Collenique 42 vinas -Algascar 39 vinas -Guataten Alto 35 vinas -Avincaraz 28 vinas -Pueyo de Sancho 28 vinas -La Mesa 26 vinas -Haratalcomez 24 vinas -Monzu 19 vinas -Huesca 50 vinas (sin especificar) -Otras partidas 156 vinas32. Esta distribucion, que nos remite al plano adjunto, situa un area de 'vinedo entre el rio Isuela y el camino de Vicién con un porcentaje del $6 5 \%$ de las referencias33, frente a apenas un $2 0 \%$ en la parte sudoriental. No quiere decir esto que se consiguiera una organicidad de los cultivos, ya que indudablemente el cereal siguió presente entre las vinas,en las que tenia suma importancia -y acentuaba la impresion de abigarramiento— la plantacion de árboles intercalados.La arboricultura conlleva una intensificación del aprovechamiento del suelo,en virtud del gran interés que revestia la vegetaci6n como pasto para el ganado estabulado y la madera para la construccion. IV. ASPECTOS SOCIALES DE LA VITICULTURA OSCENSE: PROPIETARIOS Y RELACIONES DE PRODUCCION. IV.1. La importancia de las instituciones eclesiasticas. Senalar quiénes son los propietarios de las vinas y consecuentemente aquéllos que participan con mayor asiduidad en su difusi6n,y poner de manifiesto las novedades que introduce la viticultura en las relaciones de produccion caracteristicas de la region en el siglo XII, son los objetivos de este apartado, en el que descolla el protagonismo de las entidades religiosas,entre las que sobresalen la Catedral,la abadia de Montearag6n, San 31.Incluimos las localizadas en el ámbito estrictamente suburbano,en un circuito de 5-7 km. de radio. 32. Otras ubicaciones significativas son: Algaranova (16), Camaras (15), Montearag6n (11),Morillon (10),Alguerdia (10),etc. 33. Tomando en cuenta las de Camaras,Alguerdia,Miquera (5),Igries (S),Huerrios (5), Cocoron (4),Alcoraz (3),Valmediana (3), Boca (2). Pedro el Viejo y la Encomienda del Temple34. Su insercion en la comarca se produce a raiz de la conquista, y,en un lapso de tiempo reducido,obtienen un extenso patrimonio.El comportamiento respecto de su explotacion es con certeza diferente para cada una de ellas, pero los problemas que les plantea similares para todas: las exigencia principal es lograr periodicamente una renta suficiente para mantener a los miembros de las congregaciones a un nivel digno y sin altibajos,lo cual obliga-tarde o temprano— a perfeccionar los sistemas de detraccion de rentas territoriales y senoriales,con el fin de hacerlas estables35. Y las vinas son uno de los instrumentos predilectos de la estructuracion del dominio. De las 545 vinas que conforman la muestra ofrecida por la documentaci6n,162 pertenecen a instituciones eclesiasticas36,lo que en términos relativos les concede la propiedad sobre un $3 0 \%$ del vinedo suburbano,repartido de la siguiente manera: -Catedral 55vina -San Pedro el Viejo 40 vina Abadiade Montearagon 27 vina --Encomiendadel Temple 19 vina Iglesia de Sta.M.aMagdalena 6vina -Iglesia de San Vicente 4 vina -San Juandel Hospital 3 vina -San Salvador(Leire) 3 vina. Obviamente,este numero es solo una fraccion de las reales posesiones viticolas eclesiales38, pero la proporcion puede ser correcta en general. La preeminencia de las iglesias en este concepto agrario es consecuente con la necesidad de rentas monetarias firmes y con el valor agricola progresista de la expansion de la vid39. 34.El resto de los centros es de importancia muy menor. 35. DUBY,G.,Les chanoines reguliers et la vieéconomique des Xl et XlI siecles en “Lavita comune del clero nei secoli XI e XII"Attidella settimana de studio: Mendola sept.1959 Milan 1962,pp.72-90. 36. Consideramos siempre la propiedad eminente y no el usufructo real.Las propiedades de canónigos se incluyen en las de las entidades a que pertenecen. 37. Ademas de éstas S.aM.ade Pamplona (2),S.aM.ade Zaragoza(1),Hospital de S.a Cristina (1) y S. Juan de la Pena (1).Casi todas ellas son conseguidas por donaciones de Pedro Ia fines del XI. 38. Que fluctuarian bastante.Las anotaciones de vineas,en plural,las considero como “al menos una vina"; repartidas asi: Montearagon 8,Temple 6,Catedral 5,San Pedro 3. 39. Las instituciones eclesiasticas absorben propiedades;de ahi que se lucren de mejoras no estimuladas por ellas,en especial cuando los burgueses se integran en las canónicas, véase DUBY,G.Les chanoines reguliers... ob.cit.p.75. IV.1.1. La Catedral de Huesca. La formacion del patrimonio de la Catedral es muy tardia debido a.la escasa preocupación de los primeros obispos,enzarzados en polémicas sobre limites diocesanos y la politica del reino,asi como al desinterés de los monarcas por la sede —desde Alfonso I,y sobre todo desde Ramón Berenguer IV—.El impulso de reorganizaci6n y estimulo del dominio no tuvo lugar hasta el ultimo tercio del siglo,y culmina con la separacion de las mensas—del obispo y del cabildo— en $1 2 0 2 ^ { 4 0 }$ .La reparticion de las anotaciones de vinas de la Catedral avala esta sintesis de la evolucion descrita: —1097-1133-3vinas —1134-1163-2vinas -1164-1170-4vinas 1171-1180- 10 vinas -1181-1190- 13 vinas —1191-1200-23 vinas. En total, nueve vinas en los primeros 74 anos, $\yen 46$ en los treinta finales, de las cuales la mitad en el decenio que cierra la centuria. Las vinas llegan a poder de la Catedral por medio de donaciones,de compras y de cambios,siendo aquéllas el conjunto mas nutrido: dieciocho para el lapso temporal, con cuatro que corresponden al periodo 1097- 1164,y catorce al que comienza en esta fecha y acaba en $1 2 0 \bar { 0 } ^ { 4 1 }$ . Los donativos antiguos incluyen dos reales—de Alfonso I,en 1110,y de Ramiro II en $1 1 3 4 ^ { 4 2 } -$ ,y en todos los casos se alude a vineas, es decir, heredades antes que vinas.La mayoria de las donaciones se da entre 1176 y 1190,lo que lleva a pensar que se relacionan con el proceso integrador del dominio catedralicio, tratándose habitualmente de donantes sin especial relevancia social. Las compras y permutas atienden a la consolidacion,expansion y racionalizacion del patrimonio, con fechas que nos remiten al cuarto de siglo final del XII, con la sola excepci6n de la compra de heredades a Fortun Sanchez y la infanta Ermesinda en 11oo. Las demas adquisiciones se centran entre $1 1 7 5 { \bf y } 1 1 9 2 ^ { 4 3 }$ ,sumando ocho vinas de variable importancia, 40.La evoluci6n del dominio catedralicio no ha sido estudiada en detalle. Estas consideraciones derivan del trabajo de UTRILLA,J.F.El dominio de la Catedral de Huesca en el siglo Xll comunicacion al "Simposio nacional sobre ciudades episcopales".Tarazona 1982 en prensa. 41. Con fechas (1097-1103),1110,1134,1140,1164,1165-2-,1176,1177 (1176-1177)-2- (1182),1188-3-,1190,1199(1198-1199); las referencias CDCH docs.89,108,139,156, 241,242,324,329,333,375,Montearag6n carp.628,449,550,555. 42. Alfonso I dona heredades para edificar la iglesia de San Miguel,y Ramiro [la almunia de Igries. 43. Con datas1100,1175,1178,1182,1183,1189 y 1192-2-,las referencias son:CDCH docs.78,308,339,370,379,445,468. con precios que oscilan de 40-45 ss.a 300-320 ss.Los intercambios se datan desde 1176 a 1200: seis operaciones de este género,con siete vinas en propiedad de la sede44 que indican la activacion del desarrollo del senorio de ia Catedral. La explotacion de las vinas sesga la cuestion hacia los lazos que unen a los poderosos eclesiasticos con los campesinos,pero en este sentido es donde se muestra más insuficiente la documentacion. Es probable que se mantuviesen sistemas de explotacion directos a través del recurso a trabajadores asalariados,con algunas variantes,la más comun entregar la vina a algun canonigo sin contraprestaciones y de manera vitalicia -con el consiguiente ahorro de gastos ordinarios O excepcionales-,o con ellas,por ejemplo, desempenar la vina45. Igualmente, hay testimonios de entregas a cultivadores a censo,lo que supone una colonizacion de las tierras y una reduccion de los beneficios que se podrian obtener a cambio de una renta fija y una disminucion de los costes de explotacion. Los acuerdos parecen c6modos para los campesinos: en 1170 se concede una vina a Domingo Carnicer pagando una libra de pimienta anual, y en 12Oo Juan de la Sacristania donaba otra reteniendo el usufructo con un censo de cuatro potos de aceite46. F6rmulas particulares de mejora del patrimonio son los contratos de plantacion,que conducen a una reestructuracion agricola del dominio en aras de mayor rentabilidad económica. Conocemos tres ejemplos, uno de los cuales es doble47, y en los que se divide tanto ad tercium como ad medietatem.Reseiar, finalmente,el hecho de que las instituciones eclesiasticas cobraban diezmos y primicias en especie y,en ocasiones,el noveno de los frutos,asi como derechos sobre las compraventas -en el caso de los musulmanes la cuarta parte48-. IV.1.2. San Pedro el Viejo. Desligar el analisis de las diferentes entidades religiosas permite extraer una imagen más compleja del funcionamiento senorial, tanto en el capitulo de la viticultura como en otros, puesto que se comportan de un modo distinto cada una en raz6n de sus diversos niveles de riqueza, cuantitativa y cualitativamente,yde las desigualdades de organizacion y direc cion de la explotacion. San Pedro era una dependencia de Saint Pons de Thomieres49 y tenia una administracion más rigida y atenta a la produccion y a las rentas, con un control mas eficaz y patrones mejor definidos. Con cuarenta vinas es el segundo propietario en importancia; la mitad son donativos,distribuidos a lo largo de la centuria sin un matiz cronol6gico especial50. Las compras e intercambios están asimismo repartidos durante el siglo5l e implican la posesion de una decena de vinias.Destaca la temprana adquisicion de una a Abanalabar,moro,en 1100 porque San Pedro posee las dos colindantes, que fueron de Torel y Alpitel, quiza senal de una cierta emigraci6n musulmana en los anos siguientes a la conquista. Inversamente a lo que sucedia con la Catedral, las concesiones a censo están relativamente bien representadas en el Cartulario.Es prematuro explicar las razones de tal desemejanza,pero parece claro que San Pedro no dispone de senorios jurisdiccionales -como la Catedral o Montearagón-ydebe extraer sus rentas primordialmente de sus propiedades, lo cual obliga a un mayor interés por lograr donativos y,a partir de ellos, beneficios solidos.Desde el punto de vista de la explotacion, son asimilables estos contratos a las donaciones con reserva de usufructo por parte del donante,que pueden llevar aparejado un canon anual5².El resto de los acuerdos que incluyen tributacion se negocian a veces mediante el pago de una fuerte cantidad inicial a cambio del disfrute vitalicio -por ejemplo se da una vina en estas condiciones a Domenec Alchelo satisfaciendo 500 ss.一,en otras con un censo anual,que oscila entre los cuatro dineros y los doce sueldos, o incluso entregando en principio dinero y con un tributo en especie -asi el prior entregaba en 1188 una vina a Vicente de Garcia de Montearagón por la que daba 130 ss.y una libra de pimienta periodicamente—. Otros aspectos de la explotacion quedan menos atestiguados: sólo sabemos de un contrato ad plantandum, en 1192,a medias53.Parece haber una mayor preocupacion por una administracion eficiente, prueba de la cual es el Cartulario,en el que es posible averiguar diferentes colonos 49.BALAGUER,F. Notas documentales sobre los mozarabes oscenses,en “Estudios de Edad Media de la Corona de Arag6n”II 1946,pp.397-416.La donaci6na la abadia francesa,UBIETO,A. Coleccion diplomatica.. ob.cit.d.24 y p.97, nota 46. 50. Con fechas (1096-1104),1115-2-,1128,1151,1154,1164,1168,1171,1172,1175,1181, 1184,1187,1196-3-,1198,1199,conreferencias:CSP fols.84v,6v,101,95,116v,55, 101v,81,53,52,47vy48,90,89 y89v,52v,83,98v,98,82y82v,98v. 51. Compras en 1100(1096-1104),1173,1188 y 1192 con referencias: CSP fols. 56v,56v-57, 47v,76v,54;y las permutas en 1114,1150-2-,1194 y 1200,con referencias: CSP fols. 84v,87,46,71. 52. En los anos 1168,1171,1172,1184,1187,1196y 1199: CSP fols.81,53,52,89-89v,52v, 83 y 98v. 53.CSP fols.81v-82. para varias vinas: en 1168 Arnaldo Mercer se daba en cuerpo y alma a San Pedro con cien sueldos y media vina que retenia con un censo de siete dineros;en 1191,el prior la otorgaba a Vidal Pellicero,yerno de aquel, elevando el pago a doce sueldos54.En 1168 Juan del Hospital donaba un campo en Bocca para que Martin,sacerdote nieto suyo,plantase vina y la dividiera entre el Hospital y San Pedro; en 1171 Martin entraba en la canó- nica del monasterio con el majuelo,cuyo cultivo retenia de por vida; en 1188 el prior concedio esta vina a Vicente de Garcia de Montearagón a censo,y todavia en 1191 se documenta como posesion de San Pedro'5. IV.1.3. La abadia de Montearagón. Montearagón se benefició extraordinariamente de las donaciones reales de fines del siglo XI. El gran poder personal de sus abades y su influencia politica les permiti construir un gran dominio en el Somontano de las Sierras Exteriores oscenses. La influencia que ejercia se desplazó de la periferia urbana a zonas mas distantes, por lo que la cuantia de las propiedades viticolas no es alta,veintisiete,entre las que abundan las menciones plurales. El mayor registro abarca las donaciones, quince en total, cinco antes de 1172 y el resto hasta la fecha limite de $1 2 0 0 ^ { 5 6 }$ . De las primeras,merecen recordarse los tres donativos de Pedro I en 1O98 y la de Ramiro II de un molino y vifas en Alfendinar. Las demás se encauzan segun las pautas habituales: dotacion de canónigos,busqueda de la protección de la abadia, etc.Montearagón compra propiedades de altos precios, en general heredades con vinas7,demostración inequivoca de su fuerza económica -en especial,monetaria-, y se discierne una apetencia por el equipamiento,es decir, comprar entidades aut6nomas de explotacion.Por el contrario, solo conocemos un cambio en 1176,de dos vinas con Juan de Lo Cuende y Pere de Barcelona58. Inevitablemente,las realizaciones de gestion aluden a las concesiones a censo,en 1185 y 1198,en las que el canon marcado es una libra de incien$\mathbf { s o } ^ { 5 9 }$ y donaciones con retencion de usufructo equivalentes a aquellos6; 54. CSP fols.81-81v. 55. CSP fols.90v,53,53v-54,incierto y 78. 56. La cronologia es:1098-3-, 1134,1142,1172,1174-2-,1181,1184,1187,1195,1198y 1200-2-,y lareferencia: Montearagon carps.622,623,625,626,628,630 y 631,para las de1098:UBIETO,A. Coleccion diplomatica..ob.cit. d. 45,y para la de1134.Montearag6n,C6d.1.067 fols.35-35v. 57. En1178,1192,1194 y 1197;referencias:Montearag6n carps.626,629 y 630.En 1178 compran heredad con vinas por 500 ss.; en 1174 unas vinas por 50 ss.;en 1192 unas vinas y dos molinos por 800 ss.y en 1197 casas y heredades con vinas por 700 ss. 58. Montearagon carp.626. 59. Montearag6n carps.628 y 630.En 1180 Marco Ferriz dota a su hijo para canónigo con el tributo de una vina y otros bienes id.carp.626. contratos de plantacion,en 1139 y 1199,éste a tercio y con un plazo de division de cinco anios61. Para afianzar este precario analisis seria imprescindible un mejor conocimiento de los resortes senoriales y, por tanto,de la documentación aun inédita62. IV.1.4. La Encomienda del Temple. La presencia en Huesca de la Orden del Temple se hace efectiva desde 1148, bajo la forma de compra de bienes raices,probable resultado de la necesidad de invertir las abundantes rentas monetarias que disfrutaba la Orden6. Como tal, suscitaba entre los fieles actitudes distintas de otras instituciones, y por ello sus fuentes de ingresos eran tambien menos usuales,con un caracter mas pecuniario64.Es ésta la unica explicacion factible para el hecho de que el balance entre donativos y adquisiciones de la Encomienda se decante a favor de las ultimas,lo que nos situa ante un sistema mas moderno,que presenta la mayoria de las compras entre 1148-1200 y sobre todo en el periodo 1160-1190, mientras el flujo de limosnas se retrasa a 1175-1252, o mas propiamente, $1 1 7 5 { - } 1 2 0 0 ^ { 6 5 }$ .El desfase significa que en el primer medio siglo de existencia de la Encomienda,los templarios tenian un fuerte capital monetario y procedieron a aplicarlo a la constitucion de un dominio territorial, que en esta zona careció siempre de una estructura senorial con jurisdiccion66. De las diecinueve vinas que se documentan en posesion templaria, nueve son compras,de fechas entre 1157 y 1199,con el grueso entre 1157- $1 1 7 9 ^ { 6 7 }$ ,y un visible interés por redondear algunas heredades, como la del “senior” Inigo Fortunones de Anies_en Huesca y Loreto, que sus hijas donan o venden entre $1 1 6 0 . y 1 1 6 1 ^ { 6 8 }$ . El resto de los textos se refieren principalmente a donaciones,seis en conjunto,con la particularidad de la categoria social del donante: dos por parte de hijas de“seniores", Jordana, descendiente del citado Inigo Fortunones,y Blasquita de Arandiga, hija de Lope Lopez,que da la mitad de la villa de Miquera con sus vinas,y una de Alfonso II de Aragón-el quinto de sus fincas en Huerrios-. Tres personas anaden bienes a esta corta nómina,en la que destaca Pedro de Huesca, que en 1192 aportaba nueve campos,dos vinas y parte de un molino69. Nuestra ignorancia sobre los modos de explotacion es, en este caso,absoluta, ya que carecemos de instrumentos que se refieran a ellos en el concepto especifico de la producci6n viticola. Cabe la posibilidad del recurso a metodos directos a traves de “familiares” e individuos asociados,y con seguridad se recurria tambien a contratos censales, pero los testimonios son muy deficientes. IV.2. Medianos propietarios: nobles y burgueses. IV.2.1. Nobles. La constancia documental de los vinedos de los laicos es, con mucho, menos dilatada que la de las entidades eclesiasticas,y por tanto,conocemos mucho peor las relaciones productivas a que da lugar su explotacin. El mayor de los serores es,l6gicamente, el rey,cuyas tierras adquieren consistencia en los textos cuando efectua alguna donacion, siempre que revierta en ultimo extremo en centros eclesiales.En principio,Pedro I y sus sucesores tuvieron acceso a un lote considerable de propiedades musulmanas --recuérdese que es lo que concede Alfonso II en 1178 al Temple en Huerrios-,del que extrae las recompensas con que premia a los fieles y a las instituciones al crear la infraestructura religiosa de la zona70. En 1098 el monarca poseia vinas en Gerundella y Papiello,término de la ciudad, como reafirma en un documento,y,con posterioridad,ya en el siglo XI, Alfonso I daba tierras y vinas a la Catedral en 1110, y en 1134 Ramiro II agradecia lealtades dando vinias a Montearag6n y la villa de Igries a la Catedral. Finalmente,en 1178, Alfonso II ejerce la merced resenada. Si los dominios regios tienen una delimitacion oscura, la dificultad 68.Temple cod.499 p.35 d.83,84 y 85. 69.La donacion de Blasquita de Arandiga: Temple cod.499 p.37 d.89,y la de Pedro de Huesca id.p.87-88 d.205.Las restantes: id.p.67d.165 yp.54 d.131.Véase tambien CDCH d. 516 el contrato que da lugar a esta vina. 70.Véase la Coleccion Diplomatica de Pedro I editada por UBIETO,A., ob. cit. 71.UBIETO,A. ob. cit., d. 47. para establecer los de los senores laicos es equiparable. Esta documentada la posesion de vinas por algunos“seniores": Orti Ortiz, Inigo Fortunones, Marco Ferriz,Lope López y tal vez Cajal-en varias ocasiones se mencionan las “vinas de Caxal",con sentido toponimico, siendo tal vez una gran propiedad-y, para concluir, Lope Fortunones de Albero, que puede ser el “Lopfertunions” que posey6 unos majuelos que el obispo de Huesca daba a la Enfermeria en $1 1 8 \hat { 8 } ^ { 7 2 }$ .Miembros de otras familias nobles son, asimismo,duenos de vinas: Fortun Sanchez y su esposa la infanta Ermesin$\mathbf { d a } ^ { 7 3 }$ ,los Maza,citados en tresocasiones,yGuillerma,condesa deCastillazuelo,en dos. Los_infanzones aparecen circunstancialmente: en 1189 se menciona al milite Pedro de Novales,y en 1200 a Antonino. Sin duda, éste es un catalogo minimo; el numero de nobles y caballeros que disponian de extensos dominios en el área periurbana oscense era mucho mayor y, cuantitativamente,sus propiedades mäs dignas de consideración. IV.2.2. Burgueses. La problematica que plantea el estudio de los burgueses oscenses rebasa el hilo conductor de las vinas, por lo que aqui unicamente puede ser entrevista.La viticultura era una_de las fuentes de ingresos,y no de las importantes, de este grupo social74. Parecen ser,ante todo,propietarios rurales de mediana categoria,con bastantes parcelas dispersas con las que negocian, yque son la base de su fortuna,a los que la coyuntura econ6mica y la evolucion general favorecian. Las primeras generaciones de las que hay constancia se remontan a principios del XI1, y se trata de individuos foraneos,como Pere Pictavin75, Juan de Montpellier y Galacian de Boclón7, y otros cuya procedencia se remonta a la época musulmana,como el judio Isaac, tio de Jofré Isaac. Los origenes de la riqueza de estos hombres son indiscernibles,pero no asi sus fundamentos: todos ellos disponen de abundantes tierras, muy por encima de cualquier campesino,y realizan unas inversiones en sistemas de explotacion mas avanzados que cualesquiera coetaneos: el ejemplo mas significativo es Jofré Isaac, que entre 1140 y 1181 compró cuarenta y dos campos con precios entre 7 y 250 sueldos y una vina, un huerto que valia 155 ss., y casas y tiendas cinco veces,con una inversion total de 3.674 ss.en cuatro decadas.Poseia ademas cuatro vinas y,con certeza, bienes raices que desconocemos77 Otros personajes, como la familia Boclon —que entre tres de sus miembros era propietaria de una quincena de vinas-,tenian propiedades viticolas78; hay varios ejemplos que se pueden anadir, como los de Ramon Aster, Juan de Limoges,Garcia de Santa Cruz, etc. El disfrute de capitales pecuniarios elevados les permitia comprar las mejores heredades,o,cuando menos,muchas: es el caso de Jofré Isaac,de Pedro Marta,que en 1189 compraba una heredad --compuesta de cuatro campos,una vina,una era y una“laguna"- por 1.306 ss. y 92'morabetinos,y que entre 1184 y 1195 empleó 2.134 ss.y 172 morabetinos en la adquisicion citada,casas y alguna vifa79;de Garcia de Santa Cruz, que se hacia con un majuelo de 800 ss. y una vina por 239 ss.80; Juan de Limoges, que compr6 dos vinas en 1183,y otras dos en 1196,éstas por 20 morabetinos—y su hija Franca vendia en 1197 otra vina en 90 ss.-;y Juan Pictavino,que adquiria en 1203 una vina valorada en 700 ss.82. Desglosar con mayor minuciosidad las parcelas de vid de los burgueses oscenses reiteraria estos datos, que ponen de manifiesto el cuidado que les merecian las vinas en sus patrimonios,en virtud de su intrinseca rentabilidad agricola. De esta forma se inscriben en el contexto rural de la ciudad,al que condicionan fuertemente.La simple abundancia de vinas en su poder es indicio del caracter avanzado que imprimen a la explotacion, cuyos medios de acci6n son radicalmente distintos de los senoriales, pero no menos gravosos para el campesinado dependiente.Esta afirmación se sustenta en pocas pruebas,pero tiene una demostración final insoslayable:en el siglo XII toda riqueza deriva directa o indirectamente del aprovechamiento de los excedentes campesinos y revierte hacia los duenos de la tierra,sean seiores o burgueses.La explotacion se basaba,parece ser,en arrendamientos con grandes censos —o con partición de frutos-,a plazos breves,preferentemente de heredades grandes o de varios campos.No hay ejemplos para la viticultura, pero las conclusiones pueden ser extrapoladas sin forzarlas:Ramon Aster, hijo de Jofré Isaac,empenaba en 20O ss. el tributo anual de 4O ss. que debian pagarle Juan Calbo y otros que cultivaban un huerto suyo por tres anos.En 1207 arrienda a Martin de Ontinena y sus hijos diez campos, tambien por tres anos,partiendo los beneficios a mitades,descontados los gastos de explotacion -que corren a cargo del colono—83. El contraste con los censos vitalicios —o perpetuos— con pagos bajos y constantes,emanados de los centros eclesiales, es interesante; el reparto de las rentas en especie es lucrativo para el patron,que no contribuye a los costes de produccion,y puede vender la parte del producto que le corresponde en caso de alza de precios o mantenerlo almacenado si hay cosecha abundante: en las mismas circunstancias,los colonos no pueden vender o deben hacerlo con precios bajos para conseguir monedas.Como senala IRADIEL, se trata de contratos capaces de garantizar réditos dominicales mas altos que las precedentes formas precapitalistas de la renta del suelo&4.Paralelamente,la posibilidad de renovar los arriendos permite modificar las condiciones a tenor de los cambios en los precios y los que sufra la propiedad en su capacidad productiva,y, por tanto,mantener las tasas de detraccion a los campesinos85. Los préstamos y la inversion edilicia completaban la apropiacion de los excedentes productivos, en la medida en que el endeudamiento era una situaci6n crónica para los campesinos&.Las actividades de los burgueses no se limitaban a los aspectos agrarios,sino que afectaban tambien al dominio del suelo urbano,control igualmente beneficioso,bajo la fórmula de rentas y alquileres de casas y tiendas,cuya compra esta bien documentada87. Todo ello configura las bases económicas de un grupo social cuya riqueza se transforma en poder politico,del que es marco la ciudad8, y que se plasma en la asuncion de cargos publicos y prebendas eclesiasticas: Galacian Pictavin era zalmedina en 1176,su hermano Juan,que era uno de los probi homines del concejo en 1196,era merino en 1212, su padre Guillermo concluy6 sus dias como canónigo de la Catedral, etc.89. IV.3. La propiedad campesina. Porcentualmente, el reparto aproximado de las 545 vinas que la documentacion consultada ofrece integra el $3 0 \%$ en las diferentes entidades religiosas, el $6 { , } 5 \%$ en manos de los burgueses,el 2,5 en las de los senores seglares,sin duda la clase social más maltratada por las deficiencias de los testimonios,a lo cual se anade una veintena de vinas que carece de una adscripcion clara, y el resto, que pertenece a los campesinos altoaragoneses. Dentro de esta clase,que se define por criterios de indole econ6mica y social, se incluyen los musulmanes—los mudéjares-y algunos judios, a pesar de su status juridico particular y de sus costumbres y mentalidades ajenas al mundo cristiano. La frontera entre los grupos humanos que componen esta nitidamente estipulada en los textos por la adicion de“moro” o"judio"al nombre,y por éste mismo. En la centuria larga que nos ocupa, se identifican 39 vinas cuyo dueno es mudejar y 23 judio: juntos, el $1 1 { , } \bar { 3 } \%$ del total, que si lo restringimos al de los pequenos propietarios,supone el $1 9 { , } 3 \%$ ; una proporcion equivalente seguramente a los habitantes de estas minorias en Huesca. Los campesinos configuraban heredades en las que distraian“fajas” para plantar vides con árboles intercalados; aquellos que tenian pocos medios o de un terrazgo reducido trabajaban como asalariados temporales en las penosas labores de la viticultura para los poderosos,en especial en la vendimia,o participaban en la explotaci6n de los dominios de aquéllos mediante los contratos a censo o de plantacion,que les aseguraban una parte de la produccion de la tierra y enajenaba su fuerza laboral en condiciones más o menos ventajosas, pero que absorbian el excedente a que daban lugar9o. Los campesinos eran conscientes de que las vinas eran bienes preciados,susceptibles de ser negociables con facilidad.De esta manera,un parral, un pequena pieza de vina podian,en malos anos,ser la fianza de un pleito,de un empréstito,e incluso la supervivencia en las hambrunas 89.CDCH docs.319,322,519,744 y 510.Los matrimonios eran f6rmulas vitales en las fortunas burguesas: Juan Pictavin cas6 con Sancha de Torres nutricia del rey (CDCH d. 522),la mujer de Pedro Marta,Marta, era infanzona hermunia (CDCH d. 522).La influencia era igualmente importante: Juan Pictavin recibi6 de Alfonso II licencia para edificar una iglesia en la mezquita verde Huesca (CDCHd. 753). 90.Los privilegiados que poseian vinias y/o tierras. Otros muchos no alcanzaban este nivel y nutrian las filas de la emigracion hacia las nuevas tierras reconquistadas y las de los pobres y jornaleros. vendiéndola. Si la vina era grande,aseguraba el sustento en la vejez a través de una donacion a las instituciones religiosas a cambio del victum honorifice. El esfuerzo de estas entidades,de los burgueses,y,sobre todo,de campesinos y jornaleros en las décadas postreras del siglo XII contribuy6 a conformar modificaciones sustanciales en el paisaje que se mantuvo hasta el siglo XIX,tal y como lo definia I. de ASSO en $1 7 9 8 ^ { 9 1 }$. HUESCA EN EL SIGLO XII: EL VINEDO SUBURBANO 1.Monzu - 2.Valdecambras -3. Jara -4.Collenique -5.Miquera -6.Alguardia - 7.Cocoron -8.Valmediana - 9.Guataten Alto - 10. Guataten Bajo -11. Algascar - 12.Vina de Bocca -13. Mont Salar- 14.La Mesa - 15.Pueyo de Sancho -16. Alcoraz.
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