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|
|---|---|---|---|
¿En qué región del aire, por qué mares
—oh latitud humana del tormento—
tuvo el crimen tan claro yacimiento
y la muerte más vivos hontanares?
¿En qué bosques las hachas seculares
gozaron de tan largo valimiento?
¿Dónde tuvo el dolor mejor cimiento?
¿Dónde el llanto tan pródigos lagares?
Labrador de la muerte que en mi tierra
sólo con sangre riegas los terrones
y con huesos abonas nuestro suelo.
¿Qué esperas cosechar si nada aterra
a quien sabe encontrar a borbotones,
en el terrón más duro, su consuelo?
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Adolfo Sánchez Vázquez
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Tierra_de_dolor
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Como río que pierde sus riberas
mi corazón invades. Yo te siento
en cuanto se repliega el pensamiento
hacia sus más recónditas laderas.
Quema tu paso, queman tus hogueras
y la razón se queda sin sustento.
El alma la modela el sentimiento
y se exaltan las viejas primaveras.
¡Oh ciega fuente de melancolías
que se lleva tan sólo nuestro olvido
y nos deja tan sólo la tristeza!
¡Cómo mueres en mí todos los días
y en tu niebla recobra su sentido
la España a la que vuelvo la cabeza!
|
Adolfo Sánchez Vázquez
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Nostalgia
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Si el árbol de la sangre se secara
y el corazón, ya seco y sin latido,
fuera polvo total, norte abolido
que nadie en este mundo recordara;
si el alma sin soporte se quedara
y la tierra, materia del olvido,
de muertos se cubriera y lo podrido
en un bosque de heridas germinara;
si el crimen no tuviera más oficio
que escarbar en la tierra desolada
para dejar al mundo su simiente,
la dulce brisa, el leve precipicio
tornaríanse, al fin, en cuchillada
o en abismo mortal para tu frente.
|
Adolfo Sánchez Vázquez
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Sentencia
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Aquesta elegia pertany a Anna.
Entre la cançó de París i la de Roissy, l’amor,
“la veritat en un cos i en una ànima”.
Sota el teu cos vaig cridar
la mort de les meves trenes.
Soscavares. Vaig cantar
en ma sang la teva herència.
|
Agustí Bartra
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Cinquena_elegia_
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¿Qué puede vencer, dime, la distancia entre el sueño
y las islas blanquísimas?
El mastín de la noche dormirá entre jazmines.
Mástil mitad del sol y mitad de la luna.
Caen fardos de estrellas
en las barcas.
Aquel que anduvo sobre el agua
y murió tan abierto
cuelga como una lamparilla en el rincón de los murmullos.
¿No ves, madre, la mano de tu niño dormida
en la barba del mar...?
|
Agustí Bartra
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Casi_un_canto_para_el_mar
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Abolida la estrella al final de la aurora de falda forestal,
abro al viento mi mano con huella de crisálida
y digo la palabra más dulce de mi tiempo, la gran Sílaba
que prolonga el rumor del olivo solar
y brilla en el coral de los ojos de la paloma.
Paz de labios de leche para el hombre mi hermano sellado
por el rayo y vestido de faro.
Me envuelvo con la lana de mi tilma que aroma el alhelí.
¡Potros! ¡Potros! ¡Bandadas! El sol hunde su brazo
de molinero en el hinojo.
Unos pies matutinos
huellan cardos de escarcha. Lienzo nupcial sobre el seco maguey...
Al pie de la gran torre de hierro del vigía escrutador de incendios
desde la sacra loma de los muertos,
el niño oscuro dijo:
"Pusieron el erizo en la boca del lobo..."
Maravillosamente, algunos saben
que la Montaña hereda mi corazón arado.
|
Agustí Bartra
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Cancion
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Mientras dura el relámpago,
ardemos lluviosos en su aroma
que ilumina tu cama
hasta volverla un bote,
donde está la pasión tras el diluvio.
Mientras dura el relámpago
-cuyas águilas roen nuestro ayer-,
somos bajo su lumbre
el cuchillo y la fruta
repitiendo un milagro en pos del alba.
Mientras dura el relámpago,
se deshace en un blues toda la niebla,
e inventamos un huerto
que también nevará
cuando muera la sangre en sus espigas.
Mientras dura el relámpago,
no existe más oasis que tu cuerpo,
un tango, un acordeón,
este abrazo profundo,
la certeza del agua que nos une.
|
Agustín Labrada Aguilera
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No_existe_mas_oasis_que_tu_cuerpo
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He cruzado esta isla como fiesta de pobre
y creo en sus prodigios,
pero toda la angustia cae dormida a mis ojos
y no llego a decir más que la noche.
Cruzo otra vez la isla y trueco mi destino
entre personas que mueren
de su propio rencor cada mañana.
Pero tropiezo con tus ojos que piden
la eternidad de un dios sobre tu cuerpo,
y ya no hay nubes ni oscuros comerciantes,
sino un paisaje para recobrar
dos historias en una misma fruta.
Entrar en esa desnudez,
limpios de soledad, aireados por un sueño,
como quien toca al azar su buena suerte,
es la pequeña gloria de arder en tu belleza
sin ser un dios sobre tu cuerpo, un dios,
pero alcanzando así la eternidad.
|
Agustín Labrada Aguilera
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El_poema_de_Norma
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En casa esperaron las noticias del viaje.
Mis cartas eran un falso testimonio
cuando dejé escaparse el aguacero,
sin retener sus gotas en los párpados.
Entre duda y acción: toda la agonía,
y en ella he tejido los fragmentos
que una vez alegraron nuestro estar en el mundo.
Este año es el Apocalipsis
y la pesa declina hacia el punto más negro.
Una culpa tan magna nos ha empañado el viaje,
las cosas más queridas son formas desterradas
y espanta esa sirena,
próxima a una estación que no es la gloria.
En mi ausencia de casa, qué ha pasado,
a quién se han de rendir las alabanzas.
Nadie me reconoce,
ni me creerían
si dijera la fecha en que partí.
Me avergüenza volver como un extraño
y confirmar que la esperanza
es tan sólo sumar la tradición proscrita.
Después del horizonte no hay otra dinastía,
lo nombrado en sus lindes aún perdura
tras la remota pesadumbre con que arriba el olvido.
Nadie va a perdonar que fui a morir
y en el lado más negro descubrí las dos almas.
No he entendido a los hombres,
mi honor es conocer cuanto sufre el desnudo,
viajar ha sido un sueño y en el sueño no existo.
|
Agustín Labrada Aguilera
|
Tercer_poema_del_viaje
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No pregunten mi nombre. No techen
mi estatura. Nadie endurezca el brazo
de mi angustia con el vicio del odio.
Nadie me vuelque en grito y juramento
con raudos empellones de trompetas.
No juren con mi voz los numerados.
Nadie llore la gracia de ser hombre.
Nadie crea en el canto de la fuerza.
Nadie se busque donde no ha sufrido.
Nadie suba con suelas por mi sangre.
Nadie me salve con piedad de uranio.
No soy el huracán; no soy la estrella.
Soy apenas el junco y la cigarra.
Soy la paz de tu frente verdadera.
Tu corazón descalzo, tus amores
de arados y cosechas. Tengo herencia
de leche en las entrañas. Nada se
acaba en mí; me sobrevive el pulso
de la tierra. Me sobrevivo en andas
y abrazado al Amor de los amores.
Fui antes del miedo y alguna vez,
cansado, por simular ausencia
imito la dureza de los muertos
para sentir un mundo de raíces
como vendas de pan sobre los huesos.
No tengo miedo, pero tengo casa.
Hijos, padres, y piel y mandamientos.
Nada sé de hombres grandes con la peste
del bronce en las entrañas. Nada sé
de la bomba y la bacteria. Sólo
sé que estoy vivo. Enteramente vivo
y apretado a la sangre como si
lo más mío se extinguiera y me
dejara a solas con el cuerpo. Tú
que sabes tu vida ayúdame a
decir esta obra negra que ya nos
acumula en la ceniza con el himno
y el párrafo vibrante. Algo nos crece
atrás como el vacío, y nos roza
la carne y conduce la voz y las
maneras. Algo nos abandona. Algo
se queda atrás con nuestra vida. Algo cae
de nosotros como un hijo. Cuando uno
se mira y ve su sangre ya madura
en amor, honda en familia; cuando
la vida se torna carcajada y el
hombre se acostumbra a la sonrisa;
crecen atrás los árboles del miedo;
crecen atrás los negros uniformes,
crecen atrás las uñas de la muerte,
y muy atrás sigue creciendo un aire
de banderas, puñales y tambores.
|
Agustín Pérez Pardella
|
Palabras_para_palabras_
| |
¡Muerte! préstame tus voces ya tan mías.
Préstame ¡aire! tu infinito heraldo.
Vengan a mí los ecos de la tierra.
Carga tus flautas ¡viento! en mis heridas
y muestra mi dolor a más hermanos.
A mundo más ¡por Dios! A más hermanos.
Muéstrame a los ojos de otra parte:
donde el trigo crece sin custodia,
donde las aves vuelan sin consigna,
donde el pan van cantando a los hogares,
donde la risa bebe con la vida,
donde el amor se da sin funerales.
Llévate ¡aire! este final aliento
y cuéntame a otros hombres;
a madres vivas, a los hijos salvos.
Cuéntame a las plantas, al animal
sin truenos, al Abel que cosecha sin
caínes. A todos los que usan la palabra
y no saben el nombre de mis muertos.
¡Aire! tócame por las calles y
los bosques. Entra en mis venas ¡ya! con
tus danubios. Y si eres capaz de
más amores bébeme en las horas,
límpiame en los tanques, cálzate en
mis gritos y échate a andar ¡por Dios!
que se hace tarde.
De: Palabra y sangre
|
Agustín Pérez Pardella
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Epitafio_para_la_muerte_de_un_europeo_desconocido
| |
No dije nada
que te pudiera herir
y sin embargo
tuve que mentir
Tú no querías
oír la verdad
pero me pediste, sí, sí, sí, sí
sinceridad
Y yo sinceramente
tuve que mentir
y allí radica -tal vez- (tal vez)
el arte de vivir
¿Cuál es el arte de vivir?
Unas palabras
pueden cambiar
completamente
la realidad
Pero si quieres ver
ver de verdad
con las palabras no, no, no, no
lo conseguirás
Porque sólo en silencio
puedes sentir
y aquí radica -tal vez- (tal vez)
el arte de vivir
|
Alberto Blanco
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El_arte_de_vivir
| |
Bajan de nueva cuenta hasta el jardín
bajan en grupo, solos, en parejas
en busca de semillas o de pan,
de agua fresca, de frutos o de insectos
pero los amilana una mirada.
Siguiendo loa atávicos auspicios
de su naturaleza, los gorriones
alzan el vuelo y tímidos se posan
en los cables de luz… como si fueran
las notas de un rondó en el pentagrama.
|
Alberto Blanco
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Los_gorriones
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Detrás de cada nube, de cada monte
de cada copa, de cada rama
hay búhos en la noche.
Se esconden en el humo de las pipas.
Se alimentan de malentendidos
y estrellas de neón.
En la oscuridad se pueden confundir
lo mismo con esas cenizas
que con sus sombras.
Con los faros gemelos de sus ojos
recorren parsimoniosamente
las aguas de la noche.
Y conversan con el viento.
Sollozan con la lluvia.
Se callan con el sol.
|
Alberto Blanco
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Los_buhos
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El canto de los mirlos
compuesto en la quietud
es como un pensamiento.
Por momentos parece crecer
para luego concentrarse
en su puntual irradiación.
Si se le presta atención
cada pétalo de sonido
convoca a su contrario.
Se diría que este silbido
es tan sólo la mitad
de una canción inaudita.
Esta ignorancia nos deja
con la clara sensación
de que los mirlos platican…
O bien que hay un secreto:
el genio de los mirlos
canta siempre por parejas.
|
Alberto Blanco
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Los_mirlos
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Lo sostiene el camino:
“El mundo está en llamas,
¡y tú estás riendo!”
Y la ceniza de la imagen
desciende lentamente
del agua del cielo.
En tiempos de la luna gris
se asoma a los espejos
de cola blanca y negra.
Su reflejo es una leyenda
que habla de otro tiempo:
de largos días sin sombra
y de jardines sin invierno.
Hoy encuentra en la jaula
los días demasiado cortos
como frutas picadas…
Como astros de hueso
flotando a la deriva…
Renaciendo del fuego
para cumplir un ciclo
en los límites del día.
De todas las cenizas
la que canta mejor
es el zenzontle.
|
Alberto Blanco
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El_zenzontle
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Hablan todo el día
y entrada la noche
a media voz discuten
con su propia sombra
y con el silencio.
Son como todo el mundo
─los pericos─
de día el cotorreo,
de noche malos sueños.
Con sus anillos de oro
en la mirada astuta,
las plumas brillantes
y el corazón inquieto
por el lenguaje…
Son como todo el mundo
─los pericos─
los que hablan mejor
tienen su jaula aparte.
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Alberto Blanco
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Los_pericos
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Ella soñó
hace mucho tiempo
este mismo sueño musical.
Ahora lo traigo a la memoria.
El camino estaba bordeado de estrellas,
los lirios pesaban en plena noche
y ella me sugería la silueta
de un ciprés estremecido.
Del túnel vimos salir a la luna
seguida de otras máquinas brillantes.
Su cuerpo plateado recordaba a las diosas
de la pantalla de la dulce tibieza de aquel verano.
El sigilo de las ruedas se mezclaba con el parpadeo
nocturno de los grillos, el viento enmascarado
y el ruiseñor dramatizado en la maleza.
Conozco muy bien este sueño:
las pausas forman parte de la canción
y un leve temblor recorre nuestros caminos.
Aún podemos escuchar allá, a lo lejos,
la celebración del canto
y risas, danzas…
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Alberto Blanco
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El_ruisenor
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Miras la ciudad dormida
bajo un halo de luz
no despierta todavía
porque no ha dormido aún
No ha dormido aún lo suficiente
no la vayas a molestar
pero un día como cualquier otro día
la ciudad va a despertar
va a despertar
Si pudieras ver en este instante
toda la ciudad
imponente, resplandeciente
transparente y más
No ha llorado aún lo suficiente
no la vayas a consolar
pero un día como cualquier otro día
la ciudad va a despertar
va a despertar
La ciudad dormida está
parece que quiere empezar a llover
no son lágrimas de cristal
son lágrimas de una mujer
lloradas por alguien ayer
lloradas por nada
lloradas por nadie
lloradas por nada
lloradas por nadie
La ciudad dormida está
parece que quiere empezar a llover
no son lágrimas de cristal
son lágrimas de oro falso
pararrayos al pie del cadalso
lloradas por nada
lloradas por nadie
lloradas por nada
lloradas por nadie
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Alberto Blanco
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La_ciudad_dormida
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Los espejos no cantan como antaño
y el espacio no es más que una lágrima
corriendo desde los ojos hasta el sueño
cuando nos dan una mala noticia…
Como cuando se embarca la tristeza
en una discusión sin más razón de ser
que una súbita parvada de reflejos
a un cambio en la dirección del viento
llorando por una porción de realidad.
No fue el humo lo que nos hizo daño,
ni fue el licor, ni la melancolía…
Fueron las palabras que dijimos
rodeadas por todos aquellos azulejos
que cantaban un blues en la neblina.
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Alberto Blanco
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Los_azulejos
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La alondra construye con su canto
topacios inalterados por el vuelo:
paisajes remotos en lo inmediato…
El sol en los viñedos de las colinas
y las últimas sombras en la tierra
bajo el cielo plateado más que azul.
Cristales nacidos de los 4 vientos:
memorias de viajeros que no aceptan
límites a su libertad de movimiento.
El dulce trino en el fervor asciende
dejando abierta una estela luminosa
que recupera lo que parecía olvidado:
lo mejor de nuestro destino personal.
La pasión del vuelo es la clave,
la canción es el espacio
pero el que canta
es el tiempo.
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Alberto Blanco
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La_alondra
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El natural cansancio del jilguero
rinde sus frutos en el crepúsculo:
se posa en un alero o en una rama
y entra temblando levemente al sueño.
Su cuerpo es tan sutil y delicado
como la carne de los dioses pueriles
o bien como las notas más sedosas
que la viola es capaz de sostener…
Mas cuando el viento gira furioso
en las yemas agudas de los manzanos
el jilguero desaparece y es su canto
un cielo raso parecido al universo.
|
Alberto Blanco
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El_jilguero
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Con la puesta del sol los colorines cantaron:
de todos los puntos cardinales
convergieron los petirrojos en la almendra.
Paulatinamente llenaron con sus cuerpecitos
las ramas duras y secas del otoño.
Las jacarandas en tonos menores
y las nubes sonrojadas después del primer acorde
ensayaron el arte de la fuga.
Justo cuando el sol desapareció
los petirrojos ─al unísono─ de encendieron.
Imposible saber qué fue mas bello:
la intensa parvada y su acuerdo musical
o aquellos árboles prendidos en medio de la noche.
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Alberto Blanco
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Los_petirrojos
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Sé que es diciembre en alguna parte
y que saltan los astros
en las copas blandas
de los abetos recién nevados.
Sé que hay una especie de cuervo
que llega a encender su propia mecha
y extiende lentas alas de humo
a lo largo del cielo.
Una tenue luz -mientras tanto-
atraviesa las cortinas
y dora el lomo cansado de mis libros.
Se alcanzan a distinguir entre las letras
los cristales de un invernadero.
El corazón calienta este paisaje
que se escucha entre ráfagas de viento…
el clima frío y cerezas encendidas
en la mirada atenta del cuervo.
Fluye la música de las alturas
entre los copos de nieve.
El día y la noche
en la quietud sin tiempo
colman esta aspiración inmensa
de ser el sol y la luna en un mismo pecho.
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Alberto Blanco
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El_cuervo
| |
Un grajo entre las nubes salta
como una mancha de tinta en un cuaderno,
como un pozo sin fondo y sin cubeta
donde el agua se queja mientras grazna.
Sus plumas son carbón para aquel horno
que de las pesadillas se alimenta
y sus ojos un círculo de lumbre
que deja las promesas sin cumplir.
Las alas tenebrosamente abiertas son
la oscuridad del día en la cabeza
y las garras de hierro al rojo vivo
ardientes relámpagos de media noche.
Es la cola del grajo en la tormenta
el triste timón de los desastres
y sus patas invictas escaleras
por donde sube el humo de los siglos.
El pico -por último- es un usurero
clavado en las necesidades de la sombra
con la cresta como una bravata
coronando el negrísimo atavío.
Como un sufrimiento sin alivio
donde la noche inclina la balanza
el grajo es en la oscuridad
un espejo con alas de obsidiana.
|
Alberto Blanco
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El_grajo
| |
Aquella larga noche
mi sueño me llevó a la alberca
de las luces profundas y los flamencos
prendidos como rosas eléctricas
en el interior de una aguamarina.
Y en la soledad de aquel paraje
comprendí ─dentro del sueño─
que eran otros pájaros
los que soñaban minuciosamente
a los flamencos encendidos.
Vi también a aquellos otros pájaros
que desde un sueño inenarrable
desplegaban la forma de este sueño
acunados en sus plumas de agua.
Y no puedo decir de qué manera,
pero vi que aquellos pájaros soñadores
eran soñados a su vez
─de un modo incomprensible para mi─
por unos pájaros transparentes
en el silencio de la noche,
y que todas estas visiones
cristalizaban en otra luz más blanca.
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Alberto Blanco
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Los_flamencos
| |
Un salmo cadencioso peina el bosque
De raya en medio: la luz solar
sobre las hojas y el abrigo
de la sombra en un costado.
Hay un eco ancestral en la salmodia
de los pinzones reales: el otoño
tiene sus plumas propias y el color
de los corazones que se despiden.
Caen las hojas y se eleva el canto
del pinzón como un adiós a la belleza
de la estación cordial: como una fiesta
de Pan entre las ramas oscuras de los pinos.
|
Alberto Blanco
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El_pinzon_real
| |
No llores compañera,
aún no, no llores,
la brisa tarda,
pero no estés triste,
dame la mano,
ven
mira hacia el cielo,
contemos las estrellas.
Canta y cuenta.
Di una palabra, una
de aquellas que retiene
la luz,
clara en tus ojos
y en tu vientre tierna.
Un día llegará, un día alegre
y entonces lloraremos;
nuestra amargura se hundirá
en la tierra.
Hoy no, aún no,
no es ahora para lágrimas.
Tenemos que mirar otros días,
otras ciudades, muchos seres humanos
cogidos a traición en tiempo oscuro.
Guarda tu llanto amor,
guarda tu pena,
contempla al mundo
cuidando de las suyas.
"Madre Coraje"
¡sólo hay una compañera!
pero, infinitos "Padre Coraje"
por la noche besan la frente
de sus niños y suspiran.
¿Ves esa luz?
¿recuerdas? Era un cuarto
pequeño.
Hubiéramos podido asediar
a la dicha tras sus paredes
cremas,
lo hubiéramos cubierto
con la voz de nuestro hijo.
Era pequeño,
apenas amueblado, pero
bastaba para soñar
que hay otra paz,
modesta,
cotidiana,
que hace al hombre más libre.
Eso es decir más hombre.
No retires tu mano,
no bajes la mirada.
Recuesta tu cabeza
sobre mi hombro.
Hoy hace frío,
es tarde,
a esta hora las puertas
son iguales.
La vida no es así
en todas partes.
Un día retornará su júbilo
a nosotros.
Podrás ser madre
y nadie
te negará el sosiego,
ni un cuarto, ni el pan,
ni la alegría cuando vean
tu vientre floreciendo.
No estamos solos.
No somos los únicos.
Mañana el cielo será
otra vez azul.
Dame la mano,
vamos a buscarlo!
Canta en voz alta,
canta y cuenta;
y el día llegará,
llegará pronto!
|
Alberto Escobar
|
El_cielo_sera_otra_vez_azul_
| |
Ustedes, todos
han visto alguna vez
cómo, súbitamente,
un nido cae por tierra,
abierta y rota
la unidad con el árbol,
y se vuelve barro:
la materia prima de su nobleza
degradándolo;
así,
la comprensión,
fascinante Alegría
en el vasto dominio de lo amargo,
fascinante
en las tentativas de comunidad,
era en nosotros
el arma por excelencia,
una cualidad
que aplicada a lo civilizado
nos enseñaría bellas actitudes,
nos ayudaría
a eliminar la pugna
de la flor carnicera y la mosca,
y el desorden que nos mueve,
pero en un segundo, sin pestañear,
sin el aviso de una lágrima,
cae también ella,
extraña ya
a los lazos que pudieron ser
casi de amor.
Esta comparación, alegoría,
pretende que el barro
ha de tener la última palabra
en partir de la inocencia perdida,
como una réplica
a lo torvamente finito que nos rodea,
contra la paradoja que afirma
que ninguna decadencia es regresión,
que toda caída es una regeneración.
|
Alberto Girri
|
Poema_
| |
Como precaria concesión
Dios te otorga su poder,
y tu rostro versátil
que según antiguas normas
por azar y por accidente
debe excitar pasiones,
absorber tinieblas
y dar luz y vida activa
a nuestro caos secreto,
nada retendrá consigo
dialogando con un libro que no lee,
con una calavera, escuchando
las brujas que anticipan el final;
qué podría llevarse esa máscara
si todo lo que anima es presente
y queda en nosotros, nos implica,
y habrá de serlo, presente ya
en la mímica de tus viejos hermanos.
Es un destino, lo conoces,
y no cuentas los días
ni ves los resultados;
lo conocerás mejor
cuando tu grandeza inconsistente
sea una certidumbre fúnebre,
y estirando las piernas, parándonos,
te pidamos tu imagen, la concreta,
pidiendo que versos y gestos
te estrangulen: quien es mucho en uno
ha de ser también el cadáver de esos muchos.
Solamente quedará el viento,
la limpieza del viento arrastrando
veladas de incestos y venganzas,
y un espantapájaros
—ojos vidriosos, lengua dorada—
que se aferra, loco, a su palo.
|
Alberto Girri
|
Retrato_de_un_actor_
| |
para Luis Aguilar
|
Alberto Girri
|
Arte_de_la_poetica
| |
El bostezo, el paseo circular,
el prisionero, la majestad,
como la más implacable de las formas.
Diríase que combina en su derrota
la reflexión de la mente
con la mirada de sus antecesores,
pero contemplándolo
nuestra curiosidad es una derrota mayor
porque no somos lo que aquéllos vieron,
los excéntricos solitarios y duros
lanzados por visiones
a completar
entre las fieras un mensaje:
Jeremías y el tigre,
Elías y el tigre,
Amos y el tigre,
los comprometidos
a dar con el seno de las cosas.
Es que hace siglos
firmamos una improbable paz,
la selva fue arrasada, hecha yermo,
y ya no precisamos del tigre;
y el hedor de su carne, el agua turbia,
el brillo mustio de la piel,
aceleran su decepción,
aceleran su decepción, su muerte,
en tanto se pregunta, nos pregunta,
qué será de nosotros que aceptamos
depender de una verdad
y no adivinamos en su jaula,
permanentemente,
al Hombre colgado de las rejas.
Nos duele, en el parque
la inquietud de los mirones es desigual,
hay quien se disculpa
por su pasiva ceguera,
quien se ofende con el tigre
por haber sido cruel,
quien se olvida yendo
tras el grito amistoso de los monos.
|
Alberto Girri
|
El_tigre
| |
En la marea que empuja,
en la niebla
escurriéndose en los árboles,
anuncia el próximo mandato,
la profecía del retorno a su vientre,
todos devueltos a él como las anguilas
que viajan de regreso
al lugar de apareamiento.
Y besamos estos muros,
nuestro haber, la ilusión de pisar
aislados en cimientos y ladrillos;
oh, no es bravata,
sólo que algo arcano tiembla
cuando la luna llega a cuarto menguante,
y persistimos entonces en seguir
con la responsabilidad de las ciudades,
compartir con ellas el desgaste,
ajenas a las vastas olas
y la informe eternidad de su elemento.
Entregados, atendiendo a ese llamado,
hacia dónde irían las plegarias,
hacia dónde la matriz terrestre,
medida de nuestra obstinación.
En la marea,
en el ancho, domesticado río,
con las criaturas que lo presienten,
la rata inmemorial, el pez barroso,
temibles puntos astrales
intermedios entre el Atlántico y su límite.
|
Alberto Girri
|
Atlantico
| |
Alguien
que se dolió muchísimo
de haber conocido
la excitación de la impaciencia
consigo mismo,
que se arrojó una piedra
desalentado
por la sombra del cuerpo
y su dependencia,
que en la enfermedad incurable
y la derrota
pasó por alto, ignorándolo,
el acoso del destino
y esa nuestra manera de librar
los días a lo decorativo
y el parloteo
del amante al amado,
del amigo que se pega al amigo;
alguien
que librado de padecimientos
cae
y es sacado de la casa
entre parabienes,
y tú, silencio,
y las venas
ni frías ni calientes,
y su mano derecha
goteando.
Mortal
engendrado de mortal
que no nos será devuelto
por el ciclo de las generaciones.
(1960)
|
Alberto Girri
|
Suicida
| |
La lluvia pone paraguas
sobre las cabezas de los ciudadanos.
Las miradas se resbalan al suelo,
ignorantes del equilibrio.
Los hilos de las conversaciones se humedecen
y quedan en las aceras sus ovillos mojados.
El telégrafo sin hilo es inútil.
La lluvia es un aparato Morse
sobre los vidrios de las ventanas:
tac, tactac, tac, tac.
El cielo y yo cambiamos noticias
por intermedio de los alambres de agua.
|
Alberto Hidalgo
|
Telegrafia_simplista
| |
¿Dónde, santa amistad, tu pura llama
anima a los mortales? ¿qué dichoso
clima ilustra tu rayo generoso,
o en cuál región tu fuego se derrama?
¿En qué pueblo el luciente
Febo de cuantos dora
de la remota aurora
hasta do muere el día,
oye aclamar tu nombre dulcemente
en himnos de alegría?
Tú del piadoso cielo fuiste dada
al mundo, con tu influjo soberano
en grata paz el venturoso humano
gozó los años de la edad dorada.
El odio enfurecido
y el interés inmundo
aún no el Orco profundo
lanzara sobre el suelo,
y vivió el hombre con el hombre unido,
digno de ti y del cielo.
Mas ¡oh! cual leve sombra el inocente
siglo pasó y el tiempo afortunado:
la negra envidia el hierro despiadado
puso en la mano a la sencilla gente.
Viendo brillar su filo
contra el inerme pecho,
de tu altar, ya deshecho,
elevas temerosa
el presto vuelo, y al celeste asilo
te refugias llorosa.
Hija de la virtud esclarecida,
¡oh! vuelve, vuelve al olvidado trono,
que profanó el mortal, cuando el encono
tiñó en sangre su mísera guarida:
vuelve y la infanda guerra
doma y la triste ira:
tu suavidad inspira
en tiernos corazones,
y adore ya feliz la inmensa tierra
tus cándidos pendones.
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Alberto Lista
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A_la_amistad
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La noche que guardas en la mano, la noche que abres para acariciarme, me cubre como un manto navegable.
*
Voy hacia ti, lentamente. En la noche, el brillo de tus ojos me conduce. Veo tu rostro en ese sueño. Veo tu sonrisa. Me dices algo que no entiendo. Te ríes. Entonces me lo explicas con las manos, tocándome. Dibujas tu nombre en mi vientre, como un tatuaje, con letras por ti inventadas, que son caricias. Voy hacia ti, con infinita paciencia, como si un inmenso mar entero fuera la medida de este viaje. Voy de la orilla de mi cuerpo al tuyo. Tu sonrisa es mi viento favorable.
*
La noche en el hueco de tus manos canta como el mar, con furia. Llenas mi espalda con las huellas de un oleaje que entra suave y arañando se retira.
*
Entras en mis oídos dibujando caracoles marinos: dentro llevo ya tus tormentas, tus ciclones, tus abismos. Tus voces bajan ya por mi garganta. Entras también en mis ojos con tu mirada: los tuyos tienen el color cambiante del agua. Entras en mi pecho con el tuyo: la piel protesta haciendo remolinos. En la orilla más baja de mi vientre tus caderas dejan, una y otra vez, la curva más violenta de tus olas: bañas mis playas, las golpeas y las devoras. Tu espuma y la mía se mezclan, como mis labios y los tuyos.
*
Tu cuerpo de agua canta. Sus voces me llevan en su corriente. En la noche de tus manos visito todos tus sueños. Déjame contarte con las manos los míos.
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Alberto Ruy Sánchez
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Agua_nocturna
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Estabas conmigo todavía
y eras ausencia ya.
Y venías en tu voz como un eco lejano,
que llega desde el monte o desde el mar.
Venías en tu mirada distante,
en tu indolente ademán,
en tu halo de cosas sin mañana,
que era ya un poco muerte y un poco eternidad.
Venías, sobre todo,
en aquella ansiedad
de los pobres viajeros que parten
sin saber adónde ni por qué se van.
Y te amaba en tu ausencia todavía presente,
como si fueras más
viva y más intacta en el recuerdo,
y más real.
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Alberto Ureta
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Estabas_conmigo_todavia
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Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.
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Alejandra Pizarnik
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La_carencia
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Elles, les ámes (...), sont malades et elles souffrent et nul ne leur
porte-reméde; elles sont blessées et brisées et nul ne les panse.
RUYSBROECK
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Alejandra Pizarnik
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Extraccion_de_la_piedra_de_locura_fragmento
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Los ausentes soplan y la noche es densa. La noche
tiene el color de los párpados del muerto.
Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo.
Palabra por palabra yo escribo la noche.
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Alejandra Pizarnik
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Linterna_sorda
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Elles, les ámes (...), sont malades et elles souffrent et nul ne leur
porte-reméde; elles sont blessées et brisées et nul ne les panse.
RUYSBROECK
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Alejandra Pizarnik
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Extraccion_de_la_piedra_de_locura
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Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta, se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nombres creciendo solos en la noche pálida.)
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Alejandra Pizarnik
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Dias_en_que_una_palabra
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Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida.
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Alejandra Pizarnik
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Vida_mi_vida
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Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.
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Alejandra Pizarnik
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A_la_espera_de_la_oscuridad
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¿Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?
¿Y qué?
¿Y qué me das a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre?
¿A qué, a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?
Quisiera hablar de la vida.
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados, este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
"¿es que yo soy? ¿verdad que sí ?
¿no es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?".
Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.
Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.
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Alejandra Pizarnik
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Mucho_mas_alla
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En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tú del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.
Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labios muertos
bebiendo mis deseos.
Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
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Alejandra Pizarnik
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El_miedo
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Partir
en cuerpo y alma
partir.
Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.
He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir.
He de partir
Pero arremete ¡viajera!
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Alejandra Pizarnik
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La_ultima_inocencia
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esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues
hoy te miraste en el espejo
y te fuiste triste estabas sola
y la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!
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Alejandra Pizarnik
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La_enamorada
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Caballeros sentados en el éter
cantaban espasmódicas salmodias
y en el gusto y color de sus melodías
dibujábanse gréculas de suéter,
grequillas de zigzagues como el rayo,
cenefas que entreveran masallases,
columnatas, ribetes, antifaces,
hojitas de septiembre, enero y mayo.
Pensando entretener eternidades
que de tan largas les parecen colas
tocan piezas de antígüidas pianolas
y se aburren pensando obscenidades.
Hasta que uno discierne cosa plástica
y pide que les traigan a Rufino,
doce gordas, un buen cajón de vino,
mientras sus apetitos entusiasta mástica.
Pues todo lo que tenga que lo traiga,
dicen cautos comiéndose sus moles,
sentados la docena de apostoles,
convencidos del cielo, haiga o no haiga.
Llega entonces la Pérfida obediente,
la que todo lo cumple, hasta el capricho.
–¡No me griten tan fuerte, les he dicho,
ni que tuviera el lóbulo caliente!
Y haciendo firulillas de caballo
bajóse hasta el panteón en cuyo seno
sirviéndole a la tierra de relleno
hallábanse los huesos de Tamayo.
–Imposible llevarme las sandías
porque allá no ha de haber quien se las coma,
allá sólo meriendan el aroma
que queda en la memoria de sus días.
Ni tampoco llevarme tanto cuadro
con tantos infinitos encerrados
que allá no han de gustar ni alcaparrados.
Y como no soy ripio no les ladro.
Mejor he de llevarme a su señora
para que haga los cheques y los vales
y sepan los apóstoles cabales
quién fue en ese figón la contadora.
Llegados que se hallaron en el éter,
todos juntos con Olga y con Tamayo,
después de reponerse del desmayo,
armaron los apóstoles del suéter
un fiestón colosal, a todo méter.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
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Los_doce_apostoles_mandan_por_Tamayo
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el trapo empapa de su agua concentrada
la trama
entera de sus viejas historias
a ver
de dónde viene esa humedad de ardores densos
con que pone
la tela de mi ropa
su envoltura acogedora
a mojar mi piel
ni modo que sea surtidor interno o medio o ejercicio
soy otro
soy uno acuático
soy uno acompañado de agua
soy una cosa
desde adentro del mar me viene una caricia
ternura
hijo encariñado
mimo inmenso
beso de madre gorda
el trapo es caldo en que sumergen mis poros algo
que nadie reconoce
ni yo lo reconozco
y allí está
el trapo escalda como un agua hirviendo
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
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La_quincuagesima_segunda
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En el espejo retrovisor
se proyecta su boca
besucona
no veo sus ojos
yo
a solas desde acá
soy alma de los dos y
ambos
allá
somos la boca.
|
Alejandro Aura
|
Transmutacion
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IV
Me arde la piel,
soy más hachón
que hombre
un metro
setentaiséis centímetros
de lumbre
con la cresta blanqueando
enrojecida:
ya no tengo remedio;
ardo
en la Ciudad de México.
V
Eran líquidos mis pies
y eran líquidas mis manos
y todo de agua me vi.
Desesperado una vez
—que sed, señores hermanos—
toda el agua me bebí.
|
Alejandro Aura
|
Cate_de_mi_corazon
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1
Huele a muchacha el aire de mediodía,
huele a muchacha natural,
y está tan cargado de olor a muchacha
el aire de mediodía
que estoy a punto de gritar
que el aire de mediodía huele a muchacha.
2
Me he puesto mi traje nuevo y he limpiado mis zapatos;
en el claro día relucen mis cabellos limpios
y el viento suave que danza por los corredores de las calles
da a mis manos un dibujo perfecto;
siento que la gente que pasa me mira con agrado,
huelo a fresca lavanda
y doy los pasos al ritmo que el corazón me marca:
soy un muchacho que puede amar.
7
La iremos haciendo piedra a piedra
hasta que no quede más remedio
que llamarla casa.
Luego la enseñaremos a cruzar los ríos,
crecerá como un animal,
será perfecta.
¿Qué sueño habrá en la ciudad
más rico que su sueño?
Gimiendo nos pedirán posada
los altos agapandos,
hospedaremos al sol como un rey
en los pisos superiores,
y arriba nosotros, mirando la ciudad,
nos amaremos en setenta posiciones
hasta que la casa se caiga
despedazada por la dicha.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
Un_muchacho_que_puede_amar
| |
II
Si te he de perder un día
que no sea entre semana
ni en domingo
ni en sábado
ni en nada.
VIII
Ah mi pequeño capulín,
qué manera de hablar tiene tus ojo;
me platican historias de amor que no conozco,
me platican la rosa entera de los vientos;
en el puro silencio me levantan,
me hago la cúpula más alta
para tos ojos gregorianos
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
Pausa
| |
La fruta
Dame ese racimo
de uvas negras,
niña,
dame ese racimo.
El antojo
Una chiquita en pantalón vaquero,
su boquita en francés;
al sur del Ecuador la verdad es al revés.
Las piernas largas, la cadera angosta,
su nalguita alzada;
en el Perú yo no soy nada.
Con sus ojitos fríos me descubre,
de frente se le ve el ombligo;
muñequita feroz, haz el amor conmigo.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
Haz_el_amor_conmigo
| |
Allá hace un pájaro sus ruidos
siempre lejos
y cerca del oído
allá debe de estar
de allá viene el sonido
hacia allá va toda
la alegría
de esta pájara mía.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
Alma
| |
Iba por las calles viendo el esplendoroso andar de las mujeres bellas, compungido por mi azarosa consistencia de venado;
a través de la campana de humo, que tarde o temprano tañerá por nuestra retirada, hendía el prepotente sol
y nos tocaba con indiferencia las fibras aquellas que mueven de un lado para otro nuestros estados de ánimo.
La belleza, por esta luminosidad fue puesta en evidencia.
Que la última palabra que yo diga se refiera a ustedes, que hablando de mí mismo me diluya en puras manchas de color.
Vi la piedad y la sombra enmarcadas en épocas remotas —llenos están los museos de piedad y sombra en oro.
Andando vi delante mío las caderas apenas redondas de las paseantes y el atractivo mate de las perdidizas corvas.
Un millón de años no bastaría para delinear mejor algunos cuerpos de muchacha.
Oh mediodía, oh más que momentáneo soplo del tiempo, cabálgame, déjame cabalgarte, carga con todos nosotros en tu lomo ligeramente espeluznante.
El sol nos pintará de un ocre claro la conciencia, andaremos mostrando un derredor de luz, así seremos.
Mi inclinación me llevó por sitios que la pobreza no frecuenta; fui dichoso con ansedumbre y con real sacudimiento;
fui sagaz ante lo que mi memoria hubiera querido ponerme enfrente como un vidrio oscuro: me declaré nuevo y puntagudicé todos mis sentidos.
En estas calidades de color y luz me vi estar con ustedes enamorado de las cosas primitivas: el cuerpo, la ciudad, el aire, el dardo de Cupido.
Un estruendo de pechos transparentes como un coro de aleluyas me detuvo, fui obligado con gracia a ser poeta, improvisé deleites, canté para que mi sangre nunca envejeciera:
Que la sabrosa tierra nos vuelva a dar su fruto, que la sabrosa ciudad nos dé su fruto, oh pechos eternamente refrescantes, que lo que inventamos —porque lo inventamos— nos devuelva la luz y la fresca, la cándida, la sencilla posibilidad de elaborar la belleza.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
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Carta_a_mis_amigos_pintores
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Poner un pie en la tierra
me llevaría sin duda al fin del mundo;
un pasito tras otro, conectando el alma al alma,
como cuando no podía entrar a la escuela
y me echaba a caminar embelesado.
Me parece sin embargo
que es mía la última hora de esta tarde.
La transparencia de estos aires
me deja ver los montes
que siempre están allí,
celando la posibilidad de un vuelo más extenso.
Cierro un ojo y otro alternativamente
para desconcertar al horizonte.
Fácilmente me perdería en el sueño arreglado de los recuerdos.
Sin pretensiones debo aceptar que así es la vida.
Aquí estoy otra vez con mi corazón merodeante
rondando sobre el mercado de esclavas.
Jamás me bastará la vida,
en una sola vez es imposible armar tanta pedacería.
Necesito largar la pierna,
largar la vena,
mover el músculo del porvenir;
nadie sabe de qué cosa es la vida,
ni el zopilote malhecho que me está esperando
ni la culta mariposa que se queda embarrada en el vidrio parabrisas.
Pero aunque no sé
sé que la vida me ha andado siempre cerca
y que siempre he estado a punto de agarrarle un pie.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
Vagar_vagar
| |
Entre la noche y el día
¡qué misterio, carajo, qué misterio!
Urna cerrada de la luz, ábreme las compuertas.
Vengo del huracán,
hollado por los escombros:
partes de coche, conservas, esqueletos tranquilos, ramas,
callejones oscuros para que dos se presenten al espacio,
costales de pan, perplejidades.
Ya no tengo nombre, ni nadie que lo use.
Hoy amanecí plantado en el misterio.
|
Alejandro Aura
|
Entre_la_noche_y_el_dia
| |
La primera
a duras penas se acerca el de la voz al pozo
se asoma
se abisma
el alma pierde pie
y cae como un idiota
la ley clama sus fueros
y esa no materia que hablaba se alebresta
le da envidia que el sol salga tan recio
haya música
tengan pieles tan lindas las mujeres
sean los lunes
curvas más o curvas menos sabe
que va derecho
a lo que va la vida
así es que jala su bulto somnoliento
ándale querido ándale le dice porque lo ve desanimado
caídos
cuerpo y alma se rescatan
se sacuden
y salen del pozo como dos perros amigos
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
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Fuentes
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No encuentro dónde poner el grito, ni bote donde líquido echarlo,
ni cajón, ni hoyo de topo, ni capullo, ni bolsillo, ni confesonario;
abro una máscara atrevida que ni vista de cerca ni de lejos es serena;
doy un paso tras otro conteniendo la respiración a duras penas.
Me está ocurriendo todo, la vida y la muerte me suceden de pronto
como carros de heno, como pacas de algodón, todo inflamable, peligroso.
Ay de tantos días perdidos en buscar una campana con sonido brillante.
Ay de tanta molicie corrompida, tanto espérame tantito. Ay, carajo,
me están llegando a la garganta los clavos en que colgué mis años juveniles,
la cresta melindrosa de la fantasía, la purgadísima nostalgia.
Un seco escudo de cuero curtido con sangre, ajo, vinagre y agua sucia
cuelga tras de mi puerta y dice agarra, agarra, defiende tu casa,
tira, ataca, rompe, descuartiza, cava el pozo de limpias aguas,
talla tu cántaro, trenza tu cuerda, distribuye tus tiestos de malvones.
Un jueves me pongo a preguntar y me miro las manos, cabeceo y sudo;
me caen pesados los párpados y a golpes los levanto: ¡a mirar, a mirar!
La turbia, la enojosa mano derecha se me quiere esconder,
no quiere nada con la vida, ni acariciar muros, ni acariciar palomas,
ni acariciar el chorro del agua, ni la tela, ni el ladrillo, ni el musgo.
Mano de parafina, mejor que te derritas;
mano de humo, te soplo; manita consentida, huyo de ti.
La luz de mi señor está encendida; de seguro trabaja por salvarme;
está tallando madera, hilando lanas ásperas para envolverme,
cinglando duros fierros en la fragua de su potente humor,
haciendo, haciendo, con el sueño de mi grito en un ojo de su cara, por salvarme.
Me asomo y la estufa que da ese calor me compromete, es combustible mi alma;
me voy, me voy; voy a ser llamita, canción con lumbre o fuego eterno.
Y otra vez abro la mano para ver si ya puedo con las duras uñas que me dejé crecer
desbaratar el nudo que tengo en la garganta.
|
Alejandro Aura
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Inopinado_vasallaje
| |
a las nueve
a las ocho
a las siete
me levanto
y es entonces
que el día
se remonta
tanto
los pájaros
mis hijos
el mercado
el canto
y a las cinco
a las tres
a la una
el desencanto
de saber que
estoy vivo
apenas
mientras tanto
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
Mientras_tanto
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¡Malhayan el desprestigio y el prestigio!
Si sólo venimos a morir sobre la tierra,
sobre la flor,
sobre las flores de la tierra,
déjenme arder
auque sea
en la realidad olímpica y eterna de los sueños.
|
Alejandro Aura
|
Antiquisimo
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No describo la cosa cuando nombro
y en rombos de sonido en espirales en volutas digo
pues la cosa es pastel
muchacha
zanahoria
y así la cosa dicha me provoca en la boca
una humedad un charco un chorro
y tal viene a quedar la cosa ya descrita
con la sola apetitosa forma de la cosa verbal que palabreo
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
Sal_y_pimienta
| |
de dónde nace el fuego
vasta luz
basta candente luz déjame pensar de dónde
cómo he de sacar en claro nada entre tanta claridad
de la rajada primera del oculto corte del medio de la carne
de mujer
ya sé de dónde
de un ojo que puede construir
lo que no ve
perdona que pregunte pero quién pueda tragarse
el saber lo que sabemos y decir
yo sé de dónde
para mí no hay más que acercarse
como quien se asoma al lecho de los astgros
a esa cosa imponderable comible trajinable para que todo
estalle y se haga fuego
entre una algarabía de pelos
olores y sabores
disculpa lo sencillo
el acientificismo
la sonrisa
la luz viene en espiral de adentro del centro de la mujer y
nace del fuego
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
La_septuagesima_sexta
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La golondrina es animal corriente,
es obvia su semejanza con el torso de una mujer flaca
aullando en la cama de los árboles; tocan sus plumas
más ocultas las ramas con el viento;
es obvia su semejanza
con sus piernas, sus caderas (la línea),
quizás un velo para tapar honestamente,
aladamente,
el pubis de la golondrina.
Sólo para anunciar la lluvia viene,
vuela haciendo grumos en la tierra como en el asfalto,
porque no tiene prejuicios la naturaleza;
abundadora de las fuentes del canto,
acrecentadora del agua de las cacerolas,
extirpadora de los dineros del mar mal llevado a esta gruta
de dolorosa entraña,
golondrina;
pero insisto,
la golondrina es animal corriente;
no de las vigas del techo hizo su nido sino
para estar atenta al doblez de nuestras horas lúbricas;
espeso es el rayo de la luz
que queda entre nosotros y la golondrina
cuando estamos desnudos ella y yo,
esta pájara y yo,
esperando a que caigan las primeras gotas
para romper todo hechizo de elegancia
y partir soeces
a otra soledad
más
refinada.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
Cancion_para_la_golondrina
| |
Un día
abandonaremos
la ciudad de México;
la dejaremos en pie y desierta
para que
las conjeturas
crezcan,
y nos iremos a fundar
en otra parte
nuestras maravillas.
2
El jueves en la mañana
despertamos alegres,
llenos de sueños.
Desayunamos dorados panes
y jugos de las frutas;
bañamos en agua tibia
nuestros cuerpos sencillos
y salimos a mirar el sol.
Redonda y fina en calidad
fue la voz grande
de los demás.
–Vámonos,
ya vámonos,
se oía cantar.
15
Epitafio
Octavilla en la tumba de Juan de Mena, escrita
posiblemente por algún contemporáneo suyo:
Me vy en necessidat
de crear un castellano
que fuess’ al tiempo que humano
de buena sonoridat.
En verdat,
no fue cosa passajera
hacerlo que floresciera e—
n soledat.
27
Ay qué buen pecho tienes
bajo la blusa,
ganas me dan
de engañarte
para que me lo enseñes.
37
Cada vez que un pájaro
cantaba
nacía uno de nosotros,
cada vez que una flor
se abría
nacía uno de nosotros,
cada vez que un arroyo
se formaba
nacía uno de nosotros,
cada vez que un amanecer
se alzaba
nacía uno de nosotros,
cada vez que una mujer
paría
nacía uno de nosotros
listo para vivir
a todo viento,
libre de la desdicha
y de la dicha.
38
Sangre de la ciudad,
si yo hubiera sido hermoso,
alma de la ciudad,
si hubiera sido honesto,
cuerpo de la ciudad,
si diáfano,
ojos de la ciudad,
o si valiente,
voz de la ciudad,
o enamorado cierto,
calles de la ciudad,
o algo
no tan ilusorio,
ciudad de mi ciudad.
|
Alejandro Aura
|
Volver_a_casa
| |
4
Ya entiendo:
la ciudad vivirá más que yo
que la he amado.
Allá ella,
abandonada.
Su corazón será
un inmenso cacto,
cubierto de primores
y de muertos.
5
Sin embargo me iré a hacer otras ciudades;
por un leve tiempo dejarás de importarme;
aunque me vaya te estaré haciendo falta.
Olvidaré por completo
tus complicados números de teléfono,
tus direcciones
cada vez más inaccesibles y lejanas,
no pensaré en ir a tal o cual cine,
a tal o cual mercado, parque, paseo,
monumento, galería, oficina;
todo será nuevo:
calles desechables, casas de papel,
tiendas de una sola vez, platillos imposibles,
rutas de autobuses que corren
nada más sobre el papel de un plano.
Me sentiré feliz como una flecha suelta,
hasta que alguna cosilla accidental en la memoria
me haga pegar de nuevo un grito de dolor
y me clave otra vez en tu pecho,
y para siempre.
8
El resto de la aurora
no caerá de mi mano,
lo aseguro,
mas tampoco el frío impredecible
que me dejó temblando
perdurará.
Acepto la derrota
pero que la ciudad
acepte también
que la he vencido.
|
Alejandro Aura
|
Alla_ella_abandonada
| |
La primera noche que pasé fuera de casa me quedé leyendo
hasta ver fantasmas
entre ellos estaba el fantasma del amor
los años pasan comedidos y azarosos y se van descontando como uvas del racimo
de modo que el esqueleto del tiempo sarmentoso y seco
poco a poco y sin querer se va volviendo basura.
En la nevada Providence la ventana enmarca la nevada
un día cualquiera que no merecería reseña particular
muchos años después,
una película que me sería ajena por completo si no fuera
porque aquí estoy yo y allí está ella tan cercana que casi
puedo tocarla
durmiendo su sueño brutalmente particular
lo que me molesta es no ser ella
aunque yo también vengo de soñar en este ser sin ser nadie
que es estar dormido
alguien me chistó shst señor aura
y la llamada de atención era una voz de mujer que sobre la
calle nevada pintaba mi nombre en una sola pincelada roja
no había nadie como no hay nadie en ese mundo
sólo una mano que metía a cuadro una revista abierta en la
página de anuncios entre los que éste se veía
una voz de mujer chista mi nombre en rojo
dentro de unos minutos tendremos que ir a desayunar
mientras tanto la observo conmovido
mi fantasma duerme
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
El_fantasma_del_amor
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He vuelto al bosque de mi penosa adolescencia
bajo cuya fronda entonces loca mis penas sacudía
para que las llevaran los pájaros
a donde se guarda el llanto de los hijos tristes
y no, ya no es como antes, ya nada es como era
y mis ojos que ahora ven de otra manera
—heridos y distantes— ven otra realidad más plena,
con sabrosos matices y fulgores, más serena
tal es lo que he vivido; una docena
de anécdotas, un trío de penas, alguna algarabía.
Y nada más que contabilizarse en pérdida o ganancia
bajo estos árboles se pueda. Vida, qué ansia.
De: Causa de vida
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Alejandro Aura
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Primera_llamada
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Y de qué vivió, preguntan asombrados:
vivió de vida natural,
vivió de encantamiento, de un fuerte golpe,
de un pulmón que le salió magnífico.
Tenía horas y horas para volar, para bailar,
para morirse de la risa.
Daba cosa mirarlo tan contento
como si no esperara nada.
Tenía unos pies estupendos
con los que se paseó dos o tres veces
a todo lo ancho y lo largo
y le sobrevino la vida de repente
sin que supiéramos por qué,
nada más lo vimos alegrarse y alegrarse,
se infló como un globo de dicha
y apareció ante nuestra vista
de un modo radical, definitivo, eterno.
De: Causa de vida
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Alejandro Aura
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Vida_subita
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Querida Ninón Sevilla:
quiero decirte que después de todo no ha sido tan difícil vivir
como me parecía en aquellas tardes de domingo en el cine Lux;
claro que mi abuela no me enseñó a quererte
sino todo lo contrario
pero mi educación fue tan tonta que mejor sigo puesto en tus trajes de rumba
y en esa especie de turbante que le dio a mi vida, no sé por qué, la noción de la soledad.
Tarde o temprano se mueve el corazón por propio impulso
y va a dar derechito a su verdadero amor.
Porque nadie, Ninón, sabía moverse como tú; que lo digan mis ojos.
De nada me serviría ahora recordar los nombres de los nefastos galanes
que rodeaban las pistas en donde tú, en horas y horas de rodaje, tejiste la tela de araña en donde cayó mi gusto para siempre;
ellos qué, ya se deben haber muerto, o secado,
y nadie puede seguir cogiendo más allá de la muerte, Ninón.
Ahora que ya todo es fácil
no veo por qué callar los alaridos de mis recuerdos;
yo no volveré a vivir, ni tú tampoco,
de manera que es bueno lo que digo.
Tú eres lo que permanece,
en tus caderas tan movibles está puesta toda la eternidad que yo pueda manejar;
y el amor y el desamor a mi abuela,
el amor y el desamor a mi padre y a mi madre,
el amor y el desamor a mis mujeres
y el amor y el desamor a mis hijos
han estado marcados por la forma como tú movías las nalgas, Ninón, feliz de ser así,
y ajena por completo a esa marca de agua que imprimías en el alma
sin chiste de un niño flaquito de la colonia San Rafael.
Bebe tus lágrimas
Alejandro
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Alejandro Aura
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Ninon_Sevilla
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El gato no se sube a la mesa,
ni menos a las siete de la tarde
cuando en julio comienza a oscurecer.
Ronda por toda la casa, inquieto,
buscando el paso entre el día y la noche,
asuntos diferentes de tratar.
Ha comido, ha bebido, ha dormido
su porción de reposo de las horas de luz
y ahora se prepara para cumplir
su profesión minúscula de gato de la casa.
La sociedad con la que trata
mientras el sol empuja al mundo
dobla su servilleta cotidiana
y ya no pide más para alimentar su fantasía.
Él abre el socavón de su alma.
En algún rincón de la morada
se fabrican las verdades jugosas
y el gato, que lo sabe, sin estorbos morales
se apresta a mordisquear, goloso,
la carne sabrosa de la noche.
De: Causa de vida
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Alejandro Aura
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Gato_en_la_noche
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pues todo hacia un limitado fin
se encamina
la cabra la piedra la estrella el paso decidido todo
un fin próximo y sabido
al migajón
a la pulga
al agua
¿al agua dije?
¿se acabarán el agua el fuego el viento y la
tierra?
mucho más pronto que la sorpresa de imaginarlo
el libro el beso
la sonrisa
la marca de los labios y qué casualidad
también la vida
y no digamos la propia
la que observa
la que mide
la que constata
que no es más que un hilo recortado a la
mitad y a la mitad y a la mitad
mas hay un fin otro
un fin del que nadie tiene informes
qué monserga
De: Causa de vida
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Alejandro Aura
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La_septuagesima_septima
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No es el mar menor que esta ola
escapada del grupo en que venía,
tenía espuma, vuelo, asunto,
y se detuvo donde menos aprecio y duración
tendría.
¿A mis pies una ola?
¿Qué tengo yo que que mi amistad procura?
Ya ni siquiera olor la identifica,
ya sólo es humedad agónica en la playa
que no ocupa recuerdo ni esperanza.
Bajo la arena ha de volver despacio
a su origen de fiestas y de peces
mientras pasan las otras
a burlarse tranquilas de mis ojos atónitos
que no entienden al mar.
De: Causa de vida
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Alejandro Aura
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Las_olas_del_mar
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Si tuviera un riachuelo
te lo daba
si tuviera una cascada mansa
te la diera también
si tuviera un estanque
igual te lo daría
el día es un pasar
de sombras
y la noche
un griterío de brillos escondidos
No tengo nada
no tengo nada
|
Alejandro Aura
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La_mano_abierta
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para la oreja el ruido
perro
un dardo certero en el centro del ojo del ruido ha dado
y éste ruge
o ay ay ay
quien lo ha dañado así
por qué en parte vital tan importante por qué a ver
reflexionemos en las causas
un dios se ha enojado con el ruido
claro
los dioses montan en cólera contra las abstracciones
cuando no los veneran suficiente
y así las maltratan
como hijas o creaciones suyas que son
mas el ruido escindido de sí por el dolor amarillo en el ojo
maltratado o roto o perdido para siempre
no puede
no no puede
concentrarse hacer acopio de material explicativo
especular tampoco
pues no le ha sido dada la facultad
con que se engendran fantasías
por lo tanto no le queda más
remedio que acudir al amor
amor al eco ella esa eco
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
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La_septuagesima_quinta
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Las palabras no son aire
ni se las lleva el aire.
Las palabras, cuando caen,
se filtran en la tierra,
se escurren por las eras geológicas,
por las cavernas subterráneas
y llegan al fin a un gran depósito
que ha ido creciendo con los siglos
de donde parte la sustancia
que genera las plantas
y los árboles
dadores de los únicos frutos
que en verdad nos alimentan.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
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De_piedritas_el_buche
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que está desnudo
que anda a saltos
que ruge
gime
brama
las órbitas de sus ojos
se han abierto hacia atrás hasta fundirse
que ha sido espejo de dones y crisol de fantasías
el cabello le nace como una fuente negra y hosca
que tira al derredor palabras sucias
y en horas que los demás duermen
él
con las uñas crecidas
rasga el velo
y aúlla
masca las amargas hierbas y los hierros amargos
en su torno un círculo lo guarda de llamas refulgentes
y allí se ha puesto
a ser
porque otra cosa no le ocurre que estas sin ser
y ya no aguanta
|
Alejandro Aura
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La_sexagesima_segunda
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Yo tenía un hermano mayor;
era siempre cinco años más amable y más sereno;
quería un escritorio y un caballo
y una manera nueva de contar los sueños
y una mina de azúcar, de seguro.
Le gustaba leer y razonaba,
a veces era tierno con las cosas
pero yo nunca vi que fuera un niño.
Era un hermano mayor con todo su traje azul marino,
con toda su camisa blanca blanca,
con toda su corbata guinda oscura muy de gala.
Yo tenía un hermano mayor
de pie sobre la luz;
me daban miedo las calles en la noche
y el corredor oscuro de la casa,
me daba miedo estar a solas con mi abuela,
pero tenía un hermano mayor
sobre la luz cantando.
Mi hermano mayor también era un fantasma,
una calavera dientona,
una carcajada de monje a media noche.
Mi hermano era un muchacho blanco y sin anginas.
Por eso nunca nos comimos juntos
ninguna jícama del camino
ni rompimos de guasa los vidrios de las ventanas
ni nada que yo recuerde hicimos juntos.
Ni jugamos ni fuimos enemigos.
Éramos buenos hermanos, como dicen.
Se habló de inteligencias y de escobas,
se discutió sobre los pantalones cortos y las hostias
y el carrito con ruedas de patines;
se supo y se dijo que mi modo era grosero
y mi cabello oscuro.
Él era siempre mejor que yo
cinco años.
Hace cinco años se casó mi hermano.
El que se casa pobre
tiene que andar cuidando su manera de contar estrellas,
tiene que andar despierto y trabajando, qué remedio.
Se tiene que acabar de cuajo con los sueños, dicen,
porque vienen los hijos, la suegra, los cuñados,
y lo dicen, aquello de los sueños, sin decoro,
sin tocarse la vena, sin énfasis ni estilo,
como el que dice que no sabe de dónde viene el hombre.
Hace cinco años que no crece ya mi hermano.
Mi hermano,
mi hermanito menor, mi consentido.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
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Mi_hermano_mayor
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hacia dónde las cosas
se dirigen
no la vida y no los grandes temas
el objeto
la cosa material
lo natural ajeno y cierto
y todo lo que hacemos
como el poliuretano y el vinyl el
aluminio el nailon
sus juegos de moléculas abren ante mí los ojos asombrados
desmenuzan su intriga candorosas y bailan
para mí bailan
las mínimas partes de la cosa
lascivas y procaces
me he quedado mirando un pedacito
y toda su intimidad se me ha mostrado
a mí que no sé nada
por qué me han escogido para hacerme saber
lo que no saben otros
sus hábitos sus gustos
sus ganas de jugar el íntimo perfume la sabrosa esencia
ya sé que todo acaba en la nada imparcial de las
transformaciones lo que quiero es entender por qué a mí me
hacen preguntar su destino
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
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La_sexagesima_septima
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He causado la ruina de los demás pájaros
y las palomas me tienen pavor;
he aquí por qué se dice que hay que pensar bien las cosas.
Antes de que yo me eligiera fui señalado para el vuelo,
no tuve la oportunidad del mamífero ni del reptil
ni se me permitió escoger el agua
en cualquiera de las tumultuosas formas que la habitan.
Ahora pienso cuánto me hubiera gustado pasar la vida en tierra
recolectando los alegres frutos y compartiéndolos con los demás,
haciendo labores con las manos,
como sacar el metal de entre las piedras, fundirlo,
pelear con él con toda valentía y rudeza
—las mismas que en ocasiones se usan para perpetuar una especie—
y acabar dándole forma:
la aguzada punta de la flecha que puede si es certera
inventar que alma y cuerpo sean dos cosas distintas,
llenar todo lo ancho y lo largo de una simple vida humana:
otros he visto que encuentran la irradiación de las piedras preciosas
de un pajar, de un lodazal, de un cuerpo,
que perciben y formulan a plenitud y en euforia cada instante
y el universo particular de cada atisbo,
pero o no supe o me faltó la fuerza para oponerme
y sucumbí al destino.
Casi nadie es lo que su gusto pide
y a la luz de la pequeña historia de nuestro siglo personal,
apenas es verdad lo que se da por cierto y por sabido,
las mismas cosas vuelven a suceder sin que uno caiga en cuenta,
cada vida puede tener las raíces puestas en vidas que ya fueron,
con iguales fibras si se trenzan se hacen hilos
con que se tejen telas para cubrir imágenes y cuerpos
y cuando se arrojan en suspensión irracional
se fabrican hojas de papel conservadoras de enigmas,
ni siquiera la distancia etérea del vuelo es suficiente para ver
porque el aire del tiempo es denso,
por eso no discierno entre el mal y el bien como quisiera
y apenas puedo hablar de mí entre graznidos sordos,
ésos que son el tiempo.
Otros al menos cantan con varios tonos y su canto se transmite
como un ramo de alegría.
El gorrión es uno de ellos
cuyo trino acuático permea los muros sólidos del desencanto,
de la impiedad, de los amaneceres lúgubres del insomne;
puede convivir con el jilguero sin que los afilados cuchillos
de sus cantos, montescos y capuletos, se entrecrucen.
Yo grazno.
Yo una voz rasposa.
Yo ruido ingrato.
El clarín o el zenzontle, piezas para mí insignificantes,
son el opósito,
el reverso,
el antípoda de mis desgarraduras guturales.
A mí lo que me sucedió es que me castigaron los dioses,
mortificaron mi piel, deformaron mi tamaño,
con muchas lastimaduras crujientes mi estructura cambió
y vine a ser lo que no era, lo que no iba a ser.
Veo mi esqueleto reconstituido y en él están patentes
los ligeros cambios que a mí tanto me dolieron.
¡Ya qué!
¿Estaban entretenidos haciéndolo o lo hicieron por oficio, indiferentes?
Nunca lo sabré.
¿Y qué son, qué paquete de inconsistencias los conforma?
Son la memoria y su doblez: el olvido.
¿Por qué los dioses se la toman con uno y lo hacen como quieren?
Yo tenía la apariencia de un hombre normal,
por lo menos cumplía con mis obligaciones y era pacífico y pródigo,
no excedía en estatura a nadie ni me quedaba corto
entre las filas de cualquier formación,
me levantaba antes que los demás
después de haber soñado cuanto era necesario en mis sueños
y era el primero en encender el fuego cumplidor para los ritos;
tanto entre los dioses como entre los hombres
siempre que se me necesitaba se contó conmigo,
he ahí lo que los disgustó sobremanera:
que les hubiera dado lo que ellos querían que no tuvieran,
que preferí a la gente, que me ensoberbecí
mirándome en el espejo de mi especie,
de la que fue mi especie.
Compartí la cebada y el trigo,
doné ovejas y corderos,
les regalé canastos de peces y moluscos
que muy trabajosamente aprendí a gustar
y aun sugerí que para mayor utilidad los sazonaran
con ciertas hierbas que les dije.
Además del cilantro y el perejil remotos,
les propuse la albahaca fresca cuando sus hojas al simple tacto
se extrovierten en aromas verdes,
el acuyo perfumado de complexión lunar,
bello como una visión egipcia,
les enseñé a utilizar el epazote y el papaloquelite
y hube de transmitirles el secreto sencillo
de tostar previamente las hojas de aguacate
y hacerlas luego emanar su gusto por medio de vapor.
Siempre andaba yo haciendo esas risueñas cosas.
Mientras, ellos se defendían del acoso de un monstruo marino
que los socarrones dioses les instrumentaron para sancionarlos,
nada que ver conmigo.
En realidad fue algo sangriento,
me dolió muchísimo el nacimiento de cada una de mis plumas,
me punzaban como remordimientos en la piel,
yo no sentía ni pude gozar su ligereza,
su parte metafórica,
y contrario a lo que todos piensan
la primera experiencia de volar fue desastrosa
ni siquiera en sueños me había imaginado nunca lo terrible
que es alejarse de la tierra;
para aquellos que conocieron el amor quizá sea más fácil entenderlo.
Espaldas de ángel, susurraban las muchachas
y sus palabras con alas eran siempre mucho muy ligeras;
se referían, por supuesto, con su gracia natural y fresca
a mi desnaturalización traviesa;
mi musculatura no alcazaba nunca a sostener lo que decían de mí,
yo sólo sentía laceración, dolor pues, mucho dolor.
Me entrenaron. Una cuerda amarrada a mi pata
me enseñó el alfabeto con que podría en adelante
nombrar los destinos posibles de cualquier desplazamiento,
cegaron los ojos de mi instinto,
me pusieron para cubrir todos mis sentidos una negra capucha
que sólo me es retirada para cumplir mi cometido.
Desde el puño de amos implacables
–tales son las fuerzas que me tienen–
salto a las mayores alturas para caer en forma vertical sobre mi presa,
lo que vuela me aterra y me da hambre
y en lo último en que quiero pensar es en mí mismo en el vacío,
mi elemento
desde que la metamorfosis vengadora me tornó en cernícalo
y tuve que olvidar la risa para siempre.
Pero el sufrir más grande, el que no tiene soborno,
es el dolor mismo del vuelo:
lo que se rasga es uno cuando tiene que atender asuntos
que no son de su especie.
He aquí por qué se dice que hay que pensar bien las cosas.
|
Alejandro Aura
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El_halcon
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Junto las manos, formo en ellas un hueco, soplo
y puedo hacer como cantan las palomas.
Una desde un árbol me saluda. Hace su doble
ruido, hondo y suave y espera hasta que yo contesto.
Hablamos (cantamos) breve y luego vuela.
Tal vez yo desciendo de una vieja familia de palomas
De: Causa de vida
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Alejandro Aura
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Junto_las_manos
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Tres:
Alguien dejó una flor de papel sobre mi mesa,
es linda y morada y verde, gracias.
Esperé una flor toda la vida,
y hoy, martes raspado de melancolía,
no sé de dónde, me ha llegado.
Pinche florecita de papel,
te quiero.
Cuatro:
De las horas más muertas que tenía
tú me sacaste al mundo
y me pusiste a cantar.
Cinco:
No tú dijiste nada
sino tu pelo y tus uñas y tus besos.
Por eso, pequeñita,
platito de arroz,
mientras mi corazón estaba seco
me levanté contento
a quererte con los pies y con las manos,
me levanté otra vez sonando mis tambores.
Dirás que no
pero hoy me levanté a quererte
y a que tú me quieras.
De: Causa de vida
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Alejandro Aura
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Cinco_veces_la_flor
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2
La última calle de la ciudad no existe,
en las orillas a todas horas nacen calles
bajo los pies de los que pasan,
y transitan muchos más sueños
de los que el gobierno se imagina;
por eso no es posible contarlas,
no es posible manejar a la ciudad
con una tabla aritmética;
en realidad nadie sabe qué ocurre,
nacen calles de los nombres que se piensa ponerles
y hay que estar inventando palabras nuevas
para simular que la situación se ha dominado.
De: Causa de vida
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Alejandro Aura
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Pasan_las_estaciones_del_ano_pasan_y_no_entran
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El colibrí
El colibrí que vuela en la huerta de mi amiga,
como sobreviviente de la belleza, va a morir.
Pero alguien se para frente al árbol padre y
aprieta el click que dejará vivos sus ojos.
El colibrí ni gana ni pierde; se detiene por
fin en la quietud de la copa, maravillado de sí mismo;
cierra los ojos y se pone a soñar que recomienza.
La virgen
El poeta escruta la telilla de la virgen,
tiembla, sabe tocarla y retirarse, tiembla,
se sabe hundir retrocediendo porque obedece
al clarín que le sangra los oídos.
El poeta abarca la cintura de la virgen con
una sola mano, y brama, y la otra la levanta
con el puño cerrado.
El poeta acaricia el pezón inmaculado —ay
poeta— y revienta su lascivia en cantos
celestiales.
Resonad, resonad bóvedas; que el más tímido
murmullo se reproduzca en la gran nave hasta
que el poeta ensordezca, hasta que aúlle como
los animales aúllan sin comprender. Que
aúlle hasta el infinito y sus ternezas se
desprendan con dolor de su alma y caigan
como gotas de licor dulce en el corazón
de los que aún esperamos el milagro.
El maestro
Ahora doblo la página en ocho partes y en
cada una de ellas pongo alternado su
nombre y el mío.
Se ve bien. Mi pulso anda tranquilo y la
piel de la palma de mi mano se vigoriza.
El maestro me dice que aunque, que la
patria no es esta mezquindad que
acostumbramos; que me asome más hondo.
El que cae de la palabra que usa, cae para
siempre; que me cuide.
Bajo su sombra, ya solo y sin libertad,
oigo pasar caravanas de camellos por mis
venas; ellos llevan la sal, la sorda envidia,
la canalla inclinación a la tristeza.
El sol les unta de manteca el pelo de las
gibas y les apesadumbra el paso. Ellos, con
su felicidad absurda, continúan.
Doblo la página en más partes y recomienzo
con antigua y mordaz caligrafía.
El colibrí
El colibrí oye de cerca el viento. Mientras
hay día hay colibrí. Y a pesar de la
imaginería constante de la naturaleza, a
los ojos del colibrí sólo importan las
flores.
Y canta. Y canta. Porque no tiene redes
con qué apresar la memoria.
De: Causa de vida
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Alejandro Aura
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Ronda_de_amor
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1
El dueño de la ciudad vendrá algún día
con su claro rostro iluminado;
el que la dejó para ir a conocer otros vistosos sitios;
el que vestía con riqueza
y llenaba de júbilo los corazones de quienes le oían.
¿Dónde están mis edificios
y mis amplias calzadas –preguntará
estupefacto–; dónde están mis jardines
en los que suavemente reposaba
y donde al amor dulce de los adolescentes
que paseaban en grupos
conociendo los nombres y las cosas
imaginaba el futuro,
prevenía las catástrofes,
mantenía cantores,
evitaba el llanto,
y parvadas infinitas
oscurecían las copas de los chopos?
¿Dónde está mi ciudad?
¿Qué es esto?
2
El más audaz responderá;
el que tenga más bien cosido el corazón en el pecho;
el que tenga más fuertes ligaduras consigo mismo
y pueda entibiar con el aliento de sus palabras
una gran laguna;
el que tenga más trenzados los nervios en la mano derecha
y más aéreas las venas en la izquierda;
el que más pueda tocar por su nombre las cosas de la tierra,
ese quizás responderá.
3
No hay flor que pueda perdurar
si el sol seca la tierra en que crecía;
los mismos pájaros se van,
las abejas que rondaban
–procura recordarlas–
se apresuran a buscar otras fuentes de miel
en donde sumergirse,
los menores insectos
emigran a buscar otro gobierno
y nada sino el desierto señorea;
así también si el sol se ausenta
no hay flor que pueda perdurar.
¿Por qué dejaste al sol hacer su voluntad?
¿Adónde fuiste?
4
El dueño de la ciudad
tendrá pavor cuando la mire,
sus pobres ojos se querrán salir
a platicar con alguien,
el dolor de sus venas no tendrá remedio,
las palabras se le irán estrellando
al tocar el aire,
le temblarán las partes vergonzosas
y un amargor intenso saturará su piel.
¡Qué haces imbécil! –le gritará
tratando de que ella lo comprenda
y se quedará sin respuesta
porque las malditas ciudades no responden.
|
Alejandro Aura
|
El_dueno_de_la_ciudad
| |
Éste que sale del baño no soy
el que entré en la regadera.
Era otro. Tenía un topacio en cada ojo.
Venía de ver la verdad escueta
y la trenzada hilatura de los sueños.
Era un yo mismo mucho más potente,
capaz de salir de sí, de su piyama
y ponerse en la tierra de los otros,
con la mirada interna del que sueña
extendida a la vista de todos,
a tomarse su jugo de naranja.
Estaba concentrado y seguro
en el aspecto, en el sudor,
en el espíritu redondo y sin espinas
y esta serenidad me daba luz
para andar sin tropiezo entre alegrías.
Ahora en cambio estoy desnudo,
rasurado, indefenso, con corbata,
con el chanel que pone en evidencia
mi indefensión total.
Cualquier poema que pudiera asomarse
durante este desayuno de trabajo
me tomaría en rehenes el músculo del corazón,
el tiempo laboral,
las promesas que hice,
los deseos,
el vuelo de los sueños,
y el otro,
el que fui de verdad antes del baño.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
Desayuno_de_trabajo
| |
Te tomaré descalza
en día domingo,
te santificaré,
te haré feliz.
Andaremos rodando
por la casa
—le pondremos alfombras—
y correremos las cortinas
para que entre el sol.
Tomaremos cerveza
y nos bañaremos.
A la hora de comer
encenderemos el radio
y con las noticias
de Inglaterra
y de Beirut
te besaré en la boca.
Te pondré sobre la piel
la palma de mis manos
y tú pondrás
sobre mis manos
la palma de tus manos.
Nos amaremos en domingo
que hay tanta luz.
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
Dia_domingo
| |
en mucho estima el agua su condición
quién no
si yo fuera agua
apenas una infinitesimal desviación
mis moléculas no hubieran hecho esta complicada bestia
ay teoría de achaques y de sueños
imposible de explicar
de solventar
de fluir
si yo fuera agua
y nadie escapa según parece cuando se distribuye el ser
tú esto tú aquello tú lo otro tú nada
y el horros demuda de tal suerte que uno se consuela pensando
si es que piensa que piensa
agua de adentro o de afuera
agua de la orilla o líquido del centro
agua de arriba o de abajo
agua triste agua volátil
agua dulce o amarga
gota diminuta o millones y millones y
millones por los siglos de los siglos en su cause o en otro
en una redondez la mar de recurrente como es
tal como duele y no tiene remedio
De: Causa de vida
|
Alejandro Aura
|
La_septuagesima_segunda
| |
Que la ciudad sea principio y fin
porque no hay soplo
que la hurte de su sitio;
cimiento la sangre de quienes la habitaron
modulando su espeso fundamento.
Óyeme decir que no me iré.
Que parta el solitario
y se hunda en el viento
entre los pájaros perdidos;
que parta el hombre común de cara lisa
que todavía cree en la salvación
y el robusto padre de familia
que busca dominar al sol.
Óyeme a mí decir que no me iré.
La ciudad se morirá conmigo,
yo estaré en su fundamento.
|
Alejandro Aura
|
Hacer_ciudades
| |
Es fácil aprender a morir.
Es como aprender a anochecer.
El día lo sabe, lo saben la flor, la abeja, el agua clara.
Lo sabe el niño.
Es como aprender a amanecer.
Lo saben el alba, el viento, la nodriza.
Lo saben el musgo, el arroyuelo, el ánade.
Es como aprender a sollozar.
¿Quién no lo sabe? Solloza la paloma,
sollozan los pinares,
el agua en la hondonada y el cuervo en la espesura,
todos lo saben, sí, todos lo saben:
el niño cuando el miedo le roza las pestañas
mi madre cuando reza.
Todos lo saben: ¡es tan fácil!, ¡tan fácil!
Es como aprender a cantar.
Canta el Herrero rudo y canta el lirio frágil.
Canta la suave seda, canta la espina fiera.
Canta la dulce sed que en tu boca se acuna.
Todo canta, mi amada, todo en el mundo muere.
¿Me diste la lección? ¿Te la di algún día?
¿Fue mi madre, que cose, todavía, blancos pañales, blancos
para su hijo, en cuya cabeza las canas se extiendes y sollozan?
Yo no lo sé, ¿me escuchas? Yo no lo sé.
Tal vez fue el tierno niño que nuestro amor nos trajo.
Tal vez fue sólo el viento.
Tal vez fue nadie, nadie. Tal vez la noche oscura.
Tal vez el sueño triste. Tal vez el viento airado.
Tal vez fue ella misma, la última nodriza.
Sí, es tan fácil, tan fácil, tan simple, sí, tan simple.
Es como aprender a anochecer.
Es como aprender a amanecer.
Es como aprender a sollozar.
Es como aprender a cantar.
Es tan fácil, tan fácil, tan simple, tan sencillo.
Todo el mundo lo sabe:
el capulí, la alondra, el eucalipto, el álamo,
la novia, la nodriza, el buey, la vivandera,
el sacerdote, el viento, la llovizna, el tendero.
Todos lo saben, todos. ¡Es tan fácil! ¡Tan fácil!
|
Alejandro Carrión
|
Leccion
| |
Aquella pobre niña
que aún no tenía senos...
Y la niña lloraba:
—Yo quiero tener senos.
—Señor, haz un milagro:
un milagro pequeño.
Pero Dios no la oía,
allá arriba, tan lejos...
Y cogió dos palomas,
se las puso en el pecho...
Pero las dos palomas
levantaron el vuelo.
Y cogió dos estrellas,
se la puso en el pecho...
Las estrellas temblaron
y se apagaron luego.
Y cogió dos magnolias,
se las puso en el pecho...
Las dos magnolias blancas
deshojaron sus pétalos.
Y cogió dos panales,
se los puso en el pecho...
Y la miel y la cera
se helaron en el viento.
¡Un milagro, Señor,
un milagro pequeño!
Pero Dios no la oía,
allá arriba, tan lejos.
Y un día fue el amor;
se le entró pecho adentro
¡y se sintió florida!
Le nacieron dos senos
con pico de paloma,
con temblor de luceros,
como magnolias, blancos;
como panales, llenos.
¡Igual que dos milagros...
pequeños!
|
Alejandro Casona
|
El_milagro_pequeno
| |
Alejandro Romualdo
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El_movimiento_y_el_sueno
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Si me quitaran totalmente todo
si, por ejemplo, me quitaran el saludo
de los pájaros, o los buenos días
del sol sobre la tierra,
me quedaría
aún
una palabra. Aún me quedaría una palabra
donde apoyar la voz.
Si me quitaran las palabras,
o la lengua,
hablaría con el corazón
en la mano,
o con las manos en el corazón.
Si me quitaran una pierna
bailaría en un pie.
Si me quitaran un ojo
lloraría en un ojo.
Si me quitaran un brazo
me quedaría el otro,
para saludar a mis hermanos,
para sembrar los surcos de la tierra,
para escribir todas las playas del mundo, con tu nombre, amor mío.
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Alejandro Romualdo
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Si_me_quitaran_totalmente_todo
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Soy un alma desnuda en estos versos,
alma desnuda que angustiada y sola
va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
que puede ser un lirio, una violeta,
un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
y ruge cuando está sobre los mares
y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares
dioses que no se bajan a cegarla;
alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
con sólo un corazón que se partiera
para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
dice al invierno que demora: vuelve,
caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve
en tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
a campo abierto, sin fijar distancia,
y les dice: libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia,
de un suspiro, de un verso en que se ruega,
sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
y negando lo bueno el bien propicia
porque es negando como más se entrega.
Alma que suele haber como delicia
palpar las almas, despreciar la huella,
y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
como los vientos vaga, corre y gira;
alma que sangra y sin cesar delira
por ser el buque en marcha de la estrella.
Selección: Guido Ferrer
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Alfonsina Storni
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Alma_desnuda
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Cuando mueran las rosas, cuando mueran,
En una tarde gris, tarde de frío,
Entre mis manos temblarán sus pétalos
Y poco a poco moriré de hastío.
Cuando mueran las rosas, no habrá sol,
Una neblina cubrirá el jardín
Y flotará sobre las cosas todas
La dulce nebulosa del esplín.
Cuando mueran las rosas, cuando mueran,
Mi alma se hará de hilachas de cristal,
Y temblará en mi pecho la agonía
De un beso rojo que me fue fatal.
Cuando mueran las rosas, en mis dedos
Me invadirá el horror del infinito
Y posará en mis fibras desoladas
El soplo extraño de un sangriento mito.
Cuando mueran las rosas, cuando mueran,
Ven a verme morir a mí también;
Las rosas son mis gratas compañeras,
Las rosas blancas y las rosas té.
Amo las rosas pálidas, las suaves
Rosas sagradas de la eucaristía,
Las rosas blancas como para altares
En el mes de María.
Amo las rosas que parecen manos
De alguna amada que sabemos muerta,
Como un jazmín de pétalos nevados,
Como una boca para siempre yerta.
Amo las rosas con matiz de aurora,
Como mejillas pálidas de un niño,
Las rosas destrozadas por las manos
Cuando las manos tiemblan de cariño.
Amo las rosas rojas como un beso,
Que manó sangre entre los dientes fieros,
En cuyo espasmo se perdió una vida
Y palpitó una racha de pamperos.
Amo las rosas como herida abierta
Sobre las carnes, con puñal de amores,
Las rosas rojas que parecen gritos,
Tragedia misma de las mismas flores.
¡Oh! Quién me diera ser cada corola
Para darme en perfumes a tus labios,
Y en perfume llegarme hasta tu sangre
Y allí dormirme sin dolor ni agravios.
Cuando mueran mis rosas, las del alma
Bésame las pestañas temblorosas
Y ponme en los cabellos y en las sienes,
Una corona pálida de rosas.
De: Alfonsina Storni
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Alfonsina Storni
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Las_rosas
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También sedosos pétalos abría
y eran cinco. Crecido su rosado
entre los dedos reposaba blanda
casi dormida ya en el sueño fuerte.
Sombreaba los canales diminutos
de la mano, sepulcro de sus horas,
y como un cuerno alzaba un petalillo
más allá de los otros resignados.
¡Cuán gemelos sus pálidos perfiles!
Y ésa, sin huesos, dócil a los vientos,
la cabeza entregaba en los caminos.
Y ésta, ungulada, presta a la rapiña,
con lacres de Satán y aleccionada
en viejas artes negras sabedoras.
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Alfonsina Storni
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Flor_en_una_mano
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I
Tú como yo, viajero, en un día cualquiera
Llegamos al camino sin elegir acera.
Nos pusimos un traje como el que llevan todos
Y adquirimos su aspecto, sus costumbres, sus modos.
Hemos andado mucho, sujetados por riendas
Invisibles, los ojos fatigados de vendas.
Tenemos en las manos un poco de cicuta,
Perdimos de la lengua el sabor de la fruta
Y sabemos que un día seremos olvidados
Por la vida, viajero, totalmente borrados.
Y tú y yo conocimos las selvas olorosas...
Y tú y yo no atinamos jamás a cortar rosas.
II
¿Sabes, viajero? Tarde voy haciendo proyectos.
De tentar nuevos rumbos desandando trayectos.
Tengo sed tan salvaje que me quema la boca
Y ansío beber agua que brote de la roca.
Persigo las corrientes para bañar la piel,
Alimentarme quiero de rosas y de miel,
Dormir sobre los musgos, ignorar la palabra,
Y tener dos amigos: un cisne y una cabra.
Si a mi fresco retiro te allegaras un día
Tu viejo escepticismo quizá me encontraría
Sentada bajo el árbol de la Sabiduría.
III
Oh, viajero, viajero, conversa con la Muerte
Y dile que no impida mi camino, de suerte
Que me allegue a la roca, que conozca la gruta,
Que retorne a mis labios el sabor de la fruta.
Oh, viajero, viajero, conversa con la Muerte
Y dile que me deje cortar flores, de suerte
Que mis manos se vean bellamente cubiertas
Por capullos de rosas y por rosas abiertas.
Como ella me dejara, lentamente, viajero
Coronada de mirtos, bajo sol agorero,
Emprendería marchas hacia el nuevo sendero.
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Alfonsina Storni
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Si_la_muerte_quisiera
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