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¿En qué región del aire, por qué mares —oh latitud humana del tormento— tuvo el crimen tan claro yacimiento y la muerte más vivos hontanares? ¿En qué bosques las hachas seculares gozaron de tan largo valimiento? ¿Dónde tuvo el dolor mejor cimiento? ¿Dónde el llanto tan pródigos lagares? Labrador de la muerte que en mi tierra sólo con sangre riegas los terrones y con huesos abonas nuestro suelo. ¿Qué esperas cosechar si nada aterra a quien sabe encontrar a borbotones, en el terrón más duro, su consuelo?
Adolfo Sánchez Vázquez
Tierra_de_dolor
Como río que pierde sus riberas mi corazón invades. Yo te siento en cuanto se repliega el pensamiento hacia sus más recónditas laderas. Quema tu paso, queman tus hogueras y la razón se queda sin sustento. El alma la modela el sentimiento y se exaltan las viejas primaveras. ¡Oh ciega fuente de melancolías que se lleva tan sólo nuestro olvido y nos deja tan sólo la tristeza! ¡Cómo mueres en mí todos los días y en tu niebla recobra su sentido la España a la que vuelvo la cabeza!
Adolfo Sánchez Vázquez
Nostalgia
Si el árbol de la sangre se secara y el corazón, ya seco y sin latido, fuera polvo total, norte abolido que nadie en este mundo recordara; si el alma sin soporte se quedara y la tierra, materia del olvido, de muertos se cubriera y lo podrido en un bosque de heridas germinara; si el crimen no tuviera más oficio que escarbar en la tierra desolada para dejar al mundo su simiente, la dulce brisa, el leve precipicio tornaríanse, al fin, en cuchillada o en abismo mortal para tu frente.
Adolfo Sánchez Vázquez
Sentencia
Aquesta elegia pertany a Anna. Entre la cançó de París i la de Roissy, l’amor, “la veritat en un cos i en una ànima”. Sota el teu cos vaig cridar la mort de les meves trenes. Soscavares. Vaig cantar en ma sang la teva herència.
Agustí Bartra
Cinquena_elegia_
¿Qué puede vencer, dime, la distancia entre el sueño y las islas blanquísimas? El mastín de la noche dormirá entre jazmines. Mástil mitad del sol y mitad de la luna. Caen fardos de estrellas en las barcas. Aquel que anduvo sobre el agua y murió tan abierto cuelga como una lamparilla en el rincón de los murmullos. ¿No ves, madre, la mano de tu niño dormida en la barba del mar...?
Agustí Bartra
Casi_un_canto_para_el_mar
Abolida la estrella al final de la aurora de falda forestal, abro al viento mi mano con huella de crisálida y digo la palabra más dulce de mi tiempo, la gran Sílaba que prolonga el rumor del olivo solar y brilla en el coral de los ojos de la paloma. Paz de labios de leche para el hombre mi hermano sellado por el rayo y vestido de faro. Me envuelvo con la lana de mi tilma que aroma el alhelí. ¡Potros! ¡Potros! ¡Bandadas! El sol hunde su brazo de molinero en el hinojo. Unos pies matutinos huellan cardos de escarcha. Lienzo nupcial sobre el seco maguey... Al pie de la gran torre de hierro del vigía escrutador de incendios desde la sacra loma de los muertos, el niño oscuro dijo: "Pusieron el erizo en la boca del lobo..." Maravillosamente, algunos saben que la Montaña hereda mi corazón arado.
Agustí Bartra
Cancion
Mientras dura el relámpago, ardemos lluviosos en su aroma que ilumina tu cama hasta volverla un bote, donde está la pasión tras el diluvio. Mientras dura el relámpago -cuyas águilas roen nuestro ayer-, somos bajo su lumbre el cuchillo y la fruta repitiendo un milagro en pos del alba. Mientras dura el relámpago, se deshace en un blues toda la niebla, e inventamos un huerto que también nevará cuando muera la sangre en sus espigas. Mientras dura el relámpago, no existe más oasis que tu cuerpo, un tango, un acordeón, este abrazo profundo, la certeza del agua que nos une.
Agustín Labrada Aguilera
No_existe_mas_oasis_que_tu_cuerpo
He cruzado esta isla como fiesta de pobre y creo en sus prodigios, pero toda la angustia cae dormida a mis ojos y no llego a decir más que la noche. Cruzo otra vez la isla y trueco mi destino entre personas que mueren de su propio rencor cada mañana. Pero tropiezo con tus ojos que piden la eternidad de un dios sobre tu cuerpo, y ya no hay nubes ni oscuros comerciantes, sino un paisaje para recobrar dos historias en una misma fruta. Entrar en esa desnudez, limpios de soledad, aireados por un sueño, como quien toca al azar su buena suerte, es la pequeña gloria de arder en tu belleza sin ser un dios sobre tu cuerpo, un dios, pero alcanzando así la eternidad.
Agustín Labrada Aguilera
El_poema_de_Norma
En casa esperaron las noticias del viaje. Mis cartas eran un falso testimonio cuando dejé escaparse el aguacero, sin retener sus gotas en los párpados. Entre duda y acción: toda la agonía, y en ella he tejido los fragmentos que una vez alegraron nuestro estar en el mundo. Este año es el Apocalipsis y la pesa declina hacia el punto más negro. Una culpa tan magna nos ha empañado el viaje, las cosas más queridas son formas desterradas y espanta esa sirena, próxima a una estación que no es la gloria. En mi ausencia de casa, qué ha pasado, a quién se han de rendir las alabanzas. Nadie me reconoce, ni me creerían si dijera la fecha en que partí. Me avergüenza volver como un extraño y confirmar que la esperanza es tan sólo sumar la tradición proscrita. Después del horizonte no hay otra dinastía, lo nombrado en sus lindes aún perdura tras la remota pesadumbre con que arriba el olvido. Nadie va a perdonar que fui a morir y en el lado más negro descubrí las dos almas. No he entendido a los hombres, mi honor es conocer cuanto sufre el desnudo, viajar ha sido un sueño y en el sueño no existo.
Agustín Labrada Aguilera
Tercer_poema_del_viaje
No pregunten mi nombre. No techen mi estatura. Nadie endurezca el brazo de mi angustia con el vicio del odio. Nadie me vuelque en grito y juramento con raudos empellones de trompetas. No juren con mi voz los numerados. Nadie llore la gracia de ser hombre. Nadie crea en el canto de la fuerza. Nadie se busque donde no ha sufrido. Nadie suba con suelas por mi sangre. Nadie me salve con piedad de uranio. No soy el huracán; no soy la estrella. Soy apenas el junco y la cigarra. Soy la paz de tu frente verdadera. Tu corazón descalzo, tus amores de arados y cosechas. Tengo herencia de leche en las entrañas. Nada se acaba en mí; me sobrevive el pulso de la tierra. Me sobrevivo en andas y abrazado al Amor de los amores. Fui antes del miedo y alguna vez, cansado, por simular ausencia imito la dureza de los muertos para sentir un mundo de raíces como vendas de pan sobre los huesos. No tengo miedo, pero tengo casa. Hijos, padres, y piel y mandamientos. Nada sé de hombres grandes con la peste del bronce en las entrañas. Nada sé de la bomba y la bacteria. Sólo sé que estoy vivo. Enteramente vivo y apretado a la sangre como si lo más mío se extinguiera y me dejara a solas con el cuerpo. Tú que sabes tu vida ayúdame a decir esta obra negra que ya nos acumula en la ceniza con el himno y el párrafo vibrante. Algo nos crece atrás como el vacío, y nos roza la carne y conduce la voz y las maneras. Algo nos abandona. Algo se queda atrás con nuestra vida. Algo cae de nosotros como un hijo. Cuando uno se mira y ve su sangre ya madura en amor, honda en familia; cuando la vida se torna carcajada y el hombre se acostumbra a la sonrisa; crecen atrás los árboles del miedo; crecen atrás los negros uniformes, crecen atrás las uñas de la muerte, y muy atrás sigue creciendo un aire de banderas, puñales y tambores.
Agustín Pérez Pardella
Palabras_para_palabras_
¡Muerte! préstame tus voces ya tan mías. Préstame ¡aire! tu infinito heraldo. Vengan a mí los ecos de la tierra. Carga tus flautas ¡viento! en mis heridas y muestra mi dolor a más hermanos. A mundo más ¡por Dios! A más hermanos. Muéstrame a los ojos de otra parte: donde el trigo crece sin custodia, donde las aves vuelan sin consigna, donde el pan van cantando a los hogares, donde la risa bebe con la vida, donde el amor se da sin funerales. Llévate ¡aire! este final aliento y cuéntame a otros hombres; a madres vivas, a los hijos salvos. Cuéntame a las plantas, al animal sin truenos, al Abel que cosecha sin caínes. A todos los que usan la palabra y no saben el nombre de mis muertos. ¡Aire! tócame por las calles y los bosques. Entra en mis venas ¡ya! con tus danubios. Y si eres capaz de más amores bébeme en las horas, límpiame en los tanques, cálzate en mis gritos y échate a andar ¡por Dios! que se hace tarde. De: Palabra y sangre
Agustín Pérez Pardella
Epitafio_para_la_muerte_de_un_europeo_desconocido
No dije nada que te pudiera herir y sin embargo tuve que mentir Tú no querías oír la verdad pero me pediste, sí, sí, sí, sí sinceridad Y yo sinceramente tuve que mentir y allí radica -tal vez- (tal vez) el arte de vivir ¿Cuál es el arte de vivir? Unas palabras pueden cambiar completamente la realidad Pero si quieres ver ver de verdad con las palabras no, no, no, no lo conseguirás Porque sólo en silencio puedes sentir y aquí radica -tal vez- (tal vez) el arte de vivir
Alberto Blanco
El_arte_de_vivir
Bajan de nueva cuenta hasta el jardín bajan en grupo, solos, en parejas en busca de semillas o de pan, de agua fresca, de frutos o de insectos pero los amilana una mirada. Siguiendo loa atávicos auspicios de su naturaleza, los gorriones alzan el vuelo y tímidos se posan en los cables de luz… como si fueran las notas de un rondó en el pentagrama.
Alberto Blanco
Los_gorriones
Detrás de cada nube, de cada monte de cada copa, de cada rama hay búhos en la noche. Se esconden en el humo de las pipas. Se alimentan de malentendidos y estrellas de neón. En la oscuridad se pueden confundir lo mismo con esas cenizas que con sus sombras. Con los faros gemelos de sus ojos recorren parsimoniosamente las aguas de la noche. Y conversan con el viento. Sollozan con la lluvia. Se callan con el sol.
Alberto Blanco
Los_buhos
El canto de los mirlos compuesto en la quietud es como un pensamiento. Por momentos parece crecer para luego concentrarse en su puntual irradiación. Si se le presta atención cada pétalo de sonido convoca a su contrario. Se diría que este silbido es tan sólo la mitad de una canción inaudita. Esta ignorancia nos deja con la clara sensación de que los mirlos platican… O bien que hay un secreto: el genio de los mirlos canta siempre por parejas.
Alberto Blanco
Los_mirlos
Lo sostiene el camino: “El mundo está en llamas, ¡y tú estás riendo!” Y la ceniza de la imagen desciende lentamente del agua del cielo. En tiempos de la luna gris se asoma a los espejos de cola blanca y negra. Su reflejo es una leyenda que habla de otro tiempo: de largos días sin sombra y de jardines sin invierno. Hoy encuentra en la jaula los días demasiado cortos como frutas picadas… Como astros de hueso flotando a la deriva… Renaciendo del fuego para cumplir un ciclo en los límites del día. De todas las cenizas la que canta mejor es el zenzontle.
Alberto Blanco
El_zenzontle
Hablan todo el día y entrada la noche a media voz discuten con su propia sombra y con el silencio. Son como todo el mundo ─los pericos─ de día el cotorreo, de noche malos sueños. Con sus anillos de oro en la mirada astuta, las plumas brillantes y el corazón inquieto por el lenguaje… Son como todo el mundo ─los pericos─ los que hablan mejor tienen su jaula aparte.
Alberto Blanco
Los_pericos
Ella soñó hace mucho tiempo este mismo sueño musical. Ahora lo traigo a la memoria. El camino estaba bordeado de estrellas, los lirios pesaban en plena noche y ella me sugería la silueta de un ciprés estremecido. Del túnel vimos salir a la luna seguida de otras máquinas brillantes. Su cuerpo plateado recordaba a las diosas de la pantalla de la dulce tibieza de aquel verano. El sigilo de las ruedas se mezclaba con el parpadeo nocturno de los grillos, el viento enmascarado y el ruiseñor dramatizado en la maleza. Conozco muy bien este sueño: las pausas forman parte de la canción y un leve temblor recorre nuestros caminos. Aún podemos escuchar allá, a lo lejos, la celebración del canto y risas, danzas…
Alberto Blanco
El_ruisenor
Miras la ciudad dormida bajo un halo de luz no despierta todavía porque no ha dormido aún No ha dormido aún lo suficiente no la vayas a molestar pero un día como cualquier otro día la ciudad va a despertar va a despertar Si pudieras ver en este instante toda la ciudad imponente, resplandeciente transparente y más No ha llorado aún lo suficiente no la vayas a consolar pero un día como cualquier otro día la ciudad va a despertar va a despertar La ciudad dormida está parece que quiere empezar a llover no son lágrimas de cristal son lágrimas de una mujer lloradas por alguien ayer lloradas por nada lloradas por nadie lloradas por nada lloradas por nadie La ciudad dormida está parece que quiere empezar a llover no son lágrimas de cristal son lágrimas de oro falso pararrayos al pie del cadalso lloradas por nada lloradas por nadie lloradas por nada lloradas por nadie
Alberto Blanco
La_ciudad_dormida
Los espejos no cantan como antaño y el espacio no es más que una lágrima corriendo desde los ojos hasta el sueño cuando nos dan una mala noticia… Como cuando se embarca la tristeza en una discusión sin más razón de ser que una súbita parvada de reflejos a un cambio en la dirección del viento llorando por una porción de realidad. No fue el humo lo que nos hizo daño, ni fue el licor, ni la melancolía… Fueron las palabras que dijimos rodeadas por todos aquellos azulejos que cantaban un blues en la neblina.
Alberto Blanco
Los_azulejos
La alondra construye con su canto topacios inalterados por el vuelo: paisajes remotos en lo inmediato… El sol en los viñedos de las colinas y las últimas sombras en la tierra bajo el cielo plateado más que azul. Cristales nacidos de los 4 vientos: memorias de viajeros que no aceptan límites a su libertad de movimiento. El dulce trino en el fervor asciende dejando abierta una estela luminosa que recupera lo que parecía olvidado: lo mejor de nuestro destino personal. La pasión del vuelo es la clave, la canción es el espacio pero el que canta es el tiempo.
Alberto Blanco
La_alondra
El natural cansancio del jilguero rinde sus frutos en el crepúsculo: se posa en un alero o en una rama y entra temblando levemente al sueño. Su cuerpo es tan sutil y delicado como la carne de los dioses pueriles o bien como las notas más sedosas que la viola es capaz de sostener… Mas cuando el viento gira furioso en las yemas agudas de los manzanos el jilguero desaparece y es su canto un cielo raso parecido al universo.
Alberto Blanco
El_jilguero
Con la puesta del sol los colorines cantaron: de todos los puntos cardinales convergieron los petirrojos en la almendra. Paulatinamente llenaron con sus cuerpecitos las ramas duras y secas del otoño. Las jacarandas en tonos menores y las nubes sonrojadas después del primer acorde ensayaron el arte de la fuga. Justo cuando el sol desapareció los petirrojos ─al unísono─ de encendieron. Imposible saber qué fue mas bello: la intensa parvada y su acuerdo musical o aquellos árboles prendidos en medio de la noche.
Alberto Blanco
Los_petirrojos
Sé que es diciembre en alguna parte y que saltan los astros en las copas blandas de los abetos recién nevados. Sé que hay una especie de cuervo que llega a encender su propia mecha y extiende lentas alas de humo a lo largo del cielo. Una tenue luz -mientras tanto- atraviesa las cortinas y dora el lomo cansado de mis libros. Se alcanzan a distinguir entre las letras los cristales de un invernadero. El corazón calienta este paisaje que se escucha entre ráfagas de viento… el clima frío y cerezas encendidas en la mirada atenta del cuervo. Fluye la música de las alturas entre los copos de nieve. El día y la noche en la quietud sin tiempo colman esta aspiración inmensa de ser el sol y la luna en un mismo pecho.
Alberto Blanco
El_cuervo
Un grajo entre las nubes salta como una mancha de tinta en un cuaderno, como un pozo sin fondo y sin cubeta donde el agua se queja mientras grazna. Sus plumas son carbón para aquel horno que de las pesadillas se alimenta y sus ojos un círculo de lumbre que deja las promesas sin cumplir. Las alas tenebrosamente abiertas son la oscuridad del día en la cabeza y las garras de hierro al rojo vivo ardientes relámpagos de media noche. Es la cola del grajo en la tormenta el triste timón de los desastres y sus patas invictas escaleras por donde sube el humo de los siglos. El pico -por último- es un usurero clavado en las necesidades de la sombra con la cresta como una bravata coronando el negrísimo atavío. Como un sufrimiento sin alivio donde la noche inclina la balanza el grajo es en la oscuridad un espejo con alas de obsidiana.
Alberto Blanco
El_grajo
Aquella larga noche mi sueño me llevó a la alberca de las luces profundas y los flamencos prendidos como rosas eléctricas en el interior de una aguamarina. Y en la soledad de aquel paraje comprendí ─dentro del sueño─ que eran otros pájaros los que soñaban minuciosamente a los flamencos encendidos. Vi también a aquellos otros pájaros que desde un sueño inenarrable desplegaban la forma de este sueño acunados en sus plumas de agua. Y no puedo decir de qué manera, pero vi que aquellos pájaros soñadores eran soñados a su vez ─de un modo incomprensible para mi─ por unos pájaros transparentes en el silencio de la noche, y que todas estas visiones cristalizaban en otra luz más blanca.
Alberto Blanco
Los_flamencos
Un salmo cadencioso peina el bosque De raya en medio: la luz solar sobre las hojas y el abrigo de la sombra en un costado. Hay un eco ancestral en la salmodia de los pinzones reales: el otoño tiene sus plumas propias y el color de los corazones que se despiden. Caen las hojas y se eleva el canto del pinzón como un adiós a la belleza de la estación cordial: como una fiesta de Pan entre las ramas oscuras de los pinos.
Alberto Blanco
El_pinzon_real
No llores compañera, aún no, no llores, la brisa tarda, pero no estés triste, dame la mano, ven mira hacia el cielo, contemos las estrellas. Canta y cuenta. Di una palabra, una de aquellas que retiene la luz, clara en tus ojos y en tu vientre tierna. Un día llegará, un día alegre y entonces lloraremos; nuestra amargura se hundirá en la tierra. Hoy no, aún no, no es ahora para lágrimas. Tenemos que mirar otros días, otras ciudades, muchos seres humanos cogidos a traición en tiempo oscuro. Guarda tu llanto amor, guarda tu pena, contempla al mundo cuidando de las suyas. "Madre Coraje" ¡sólo hay una compañera! pero, infinitos "Padre Coraje" por la noche besan la frente de sus niños y suspiran. ¿Ves esa luz? ¿recuerdas? Era un cuarto pequeño. Hubiéramos podido asediar a la dicha tras sus paredes cremas, lo hubiéramos cubierto con la voz de nuestro hijo. Era pequeño, apenas amueblado, pero bastaba para soñar que hay otra paz, modesta, cotidiana, que hace al hombre más libre. Eso es decir más hombre. No retires tu mano, no bajes la mirada. Recuesta tu cabeza sobre mi hombro. Hoy hace frío, es tarde, a esta hora las puertas son iguales. La vida no es así en todas partes. Un día retornará su júbilo a nosotros. Podrás ser madre y nadie te negará el sosiego, ni un cuarto, ni el pan, ni la alegría cuando vean tu vientre floreciendo. No estamos solos. No somos los únicos. Mañana el cielo será otra vez azul. Dame la mano, vamos a buscarlo! Canta en voz alta, canta y cuenta; y el día llegará, llegará pronto!
Alberto Escobar
El_cielo_sera_otra_vez_azul_
Ustedes, todos han visto alguna vez cómo, súbitamente, un nido cae por tierra, abierta y rota la unidad con el árbol, y se vuelve barro: la materia prima de su nobleza degradándolo; así, la comprensión, fascinante Alegría en el vasto dominio de lo amargo, fascinante en las tentativas de comunidad, era en nosotros el arma por excelencia, una cualidad que aplicada a lo civilizado nos enseñaría bellas actitudes, nos ayudaría a eliminar la pugna de la flor carnicera y la mosca, y el desorden que nos mueve, pero en un segundo, sin pestañear, sin el aviso de una lágrima, cae también ella, extraña ya a los lazos que pudieron ser casi de amor. Esta comparación, alegoría, pretende que el barro ha de tener la última palabra en partir de la inocencia perdida, como una réplica a lo torvamente finito que nos rodea, contra la paradoja que afirma que ninguna decadencia es regresión, que toda caída es una regeneración.
Alberto Girri
Poema_
Como precaria concesión Dios te otorga su poder, y tu rostro versátil que según antiguas normas por azar y por accidente debe excitar pasiones, absorber tinieblas y dar luz y vida activa a nuestro caos secreto, nada retendrá consigo dialogando con un libro que no lee, con una calavera, escuchando las brujas que anticipan el final; qué podría llevarse esa máscara si todo lo que anima es presente y queda en nosotros, nos implica, y habrá de serlo, presente ya en la mímica de tus viejos hermanos. Es un destino, lo conoces, y no cuentas los días ni ves los resultados; lo conocerás mejor cuando tu grandeza inconsistente sea una certidumbre fúnebre, y estirando las piernas, parándonos, te pidamos tu imagen, la concreta, pidiendo que versos y gestos te estrangulen: quien es mucho en uno ha de ser también el cadáver de esos muchos. Solamente quedará el viento, la limpieza del viento arrastrando veladas de incestos y venganzas, y un espantapájaros —ojos vidriosos, lengua dorada— que se aferra, loco, a su palo.
Alberto Girri
Retrato_de_un_actor_
para Luis Aguilar
Alberto Girri
Arte_de_la_poetica
El bostezo, el paseo circular, el prisionero, la majestad, como la más implacable de las formas. Diríase que combina en su derrota la reflexión de la mente con la mirada de sus antecesores, pero contemplándolo nuestra curiosidad es una derrota mayor porque no somos lo que aquéllos vieron, los excéntricos solitarios y duros lanzados por visiones a completar entre las fieras un mensaje: Jeremías y el tigre, Elías y el tigre, Amos y el tigre, los comprometidos a dar con el seno de las cosas. Es que hace siglos firmamos una improbable paz, la selva fue arrasada, hecha yermo, y ya no precisamos del tigre; y el hedor de su carne, el agua turbia, el brillo mustio de la piel, aceleran su decepción, aceleran su decepción, su muerte, en tanto se pregunta, nos pregunta, qué será de nosotros que aceptamos depender de una verdad y no adivinamos en su jaula, permanentemente, al Hombre colgado de las rejas. Nos duele, en el parque la inquietud de los mirones es desigual, hay quien se disculpa por su pasiva ceguera, quien se ofende con el tigre por haber sido cruel, quien se olvida yendo tras el grito amistoso de los monos.
Alberto Girri
El_tigre
En la marea que empuja, en la niebla escurriéndose en los árboles, anuncia el próximo mandato, la profecía del retorno a su vientre, todos devueltos a él como las anguilas que viajan de regreso al lugar de apareamiento. Y besamos estos muros, nuestro haber, la ilusión de pisar aislados en cimientos y ladrillos; oh, no es bravata, sólo que algo arcano tiembla cuando la luna llega a cuarto menguante, y persistimos entonces en seguir con la responsabilidad de las ciudades, compartir con ellas el desgaste, ajenas a las vastas olas y la informe eternidad de su elemento. Entregados, atendiendo a ese llamado, hacia dónde irían las plegarias, hacia dónde la matriz terrestre, medida de nuestra obstinación. En la marea, en el ancho, domesticado río, con las criaturas que lo presienten, la rata inmemorial, el pez barroso, temibles puntos astrales intermedios entre el Atlántico y su límite.
Alberto Girri
Atlantico
Alguien que se dolió muchísimo de haber conocido la excitación de la impaciencia consigo mismo, que se arrojó una piedra desalentado por la sombra del cuerpo y su dependencia, que en la enfermedad incurable y la derrota pasó por alto, ignorándolo, el acoso del destino y esa nuestra manera de librar los días a lo decorativo y el parloteo del amante al amado, del amigo que se pega al amigo; alguien que librado de padecimientos cae y es sacado de la casa entre parabienes, y tú, silencio, y las venas ni frías ni calientes, y su mano derecha goteando. Mortal engendrado de mortal que no nos será devuelto por el ciclo de las generaciones. (1960)
Alberto Girri
Suicida
La lluvia pone paraguas sobre las cabezas de los ciudadanos. Las miradas se resbalan al suelo, ignorantes del equilibrio. Los hilos de las conversaciones se humedecen y quedan en las aceras sus ovillos mojados. El telégrafo sin hilo es inútil. La lluvia es un aparato Morse sobre los vidrios de las ventanas: tac, tactac, tac, tac. El cielo y yo cambiamos noticias por intermedio de los alambres de agua.
Alberto Hidalgo
Telegrafia_simplista
¿Dónde, santa amistad, tu pura llama anima a los mortales? ¿qué dichoso clima ilustra tu rayo generoso, o en cuál región tu fuego se derrama? ¿En qué pueblo el luciente Febo de cuantos dora de la remota aurora hasta do muere el día, oye aclamar tu nombre dulcemente en himnos de alegría? Tú del piadoso cielo fuiste dada al mundo, con tu influjo soberano en grata paz el venturoso humano gozó los años de la edad dorada. El odio enfurecido y el interés inmundo aún no el Orco profundo lanzara sobre el suelo, y vivió el hombre con el hombre unido, digno de ti y del cielo. Mas ¡oh! cual leve sombra el inocente siglo pasó y el tiempo afortunado: la negra envidia el hierro despiadado puso en la mano a la sencilla gente. Viendo brillar su filo contra el inerme pecho, de tu altar, ya deshecho, elevas temerosa el presto vuelo, y al celeste asilo te refugias llorosa. Hija de la virtud esclarecida, ¡oh! vuelve, vuelve al olvidado trono, que profanó el mortal, cuando el encono tiñó en sangre su mísera guarida: vuelve y la infanda guerra doma y la triste ira: tu suavidad inspira en tiernos corazones, y adore ya feliz la inmensa tierra tus cándidos pendones.
Alberto Lista
A_la_amistad
La noche que guardas en la mano, la noche que abres para acariciarme, me cubre como un manto navegable. * Voy hacia ti, lentamente. En la noche, el brillo de tus ojos me conduce. Veo tu rostro en ese sueño. Veo tu sonrisa. Me dices algo que no entiendo. Te ríes. Entonces me lo explicas con las manos, tocándome. Dibujas tu nombre en mi vientre, como un tatuaje, con letras por ti inventadas, que son caricias. Voy hacia ti, con infinita paciencia, como si un inmenso mar entero fuera la medida de este viaje. Voy de la orilla de mi cuerpo al tuyo. Tu sonrisa es mi viento favorable. * La noche en el hueco de tus manos canta como el mar, con furia. Llenas mi espalda con las huellas de un oleaje que entra suave y arañando se retira. * Entras en mis oídos dibujando caracoles marinos: dentro llevo ya tus tormentas, tus ciclones, tus abismos. Tus voces bajan ya por mi garganta. Entras también en mis ojos con tu mirada: los tuyos tienen el color cambiante del agua. Entras en mi pecho con el tuyo: la piel protesta haciendo remolinos. En la orilla más baja de mi vientre tus caderas dejan, una y otra vez, la curva más violenta de tus olas: bañas mis playas, las golpeas y las devoras. Tu espuma y la mía se mezclan, como mis labios y los tuyos. * Tu cuerpo de agua canta. Sus voces me llevan en su corriente. En la noche de tus manos visito todos tus sueños. Déjame contarte con las manos los míos.
Alberto Ruy Sánchez
Agua_nocturna
Estabas conmigo todavía y eras ausencia ya. Y venías en tu voz como un eco lejano, que llega desde el monte o desde el mar. Venías en tu mirada distante, en tu indolente ademán, en tu halo de cosas sin mañana, que era ya un poco muerte y un poco eternidad. Venías, sobre todo, en aquella ansiedad de los pobres viajeros que parten sin saber adónde ni por qué se van. Y te amaba en tu ausencia todavía presente, como si fueras más viva y más intacta en el recuerdo, y más real.
Alberto Ureta
Estabas_conmigo_todavia
Yo no sé de pájaros, no conozco la historia del fuego. Pero creo que mi soledad debería tener alas.
Alejandra Pizarnik
La_carencia
Elles, les ámes (...), sont malades et elles souffrent et nul ne leur porte-reméde; elles sont blessées et brisées et nul ne les panse. RUYSBROECK
Alejandra Pizarnik
Extraccion_de_la_piedra_de_locura_fragmento
Los ausentes soplan y la noche es densa. La noche tiene el color de los párpados del muerto. Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo. Palabra por palabra yo escribo la noche.
Alejandra Pizarnik
Linterna_sorda
Elles, les ámes (...), sont malades et elles souffrent et nul ne leur porte-reméde; elles sont blessées et brisées et nul ne les panse. RUYSBROECK
Alejandra Pizarnik
Extraccion_de_la_piedra_de_locura
Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta, se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nombres creciendo solos en la noche pálida.)
Alejandra Pizarnik
Dias_en_que_una_palabra
Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida.
Alejandra Pizarnik
Vida_mi_vida
Ese instante que no se olvida Tan vacío devuelto por las sombras Tan vacío rechazado por los relojes Ese pobre instante adoptado por mi ternura Desnudo desnudo de sangre de alas Sin ojos para recordar angustias de antaño Sin labios para recoger el zumo de las violencias perdidas en el canto de los helados campanarios. Ampáralo niña ciega de alma Ponle tus cabellos escarchados por el fuego Abrázalo pequeña estatua de terror. Señálale el mundo convulsionado a tus pies A tus pies donde mueren las golondrinas Tiritantes de pavor frente al futuro Dile que los suspiros del mar Humedecen las únicas palabras Por las que vale vivir. Pero ese instante sudoroso de nada Acurrucado en la cueva del destino Sin manos para decir nunca Sin manos para regalar mariposas A los niños muertos.
Alejandra Pizarnik
A_la_espera_de_la_oscuridad
¿Y si nos vamos anticipando de sonrisa en sonrisa hasta la última esperanza? ¿Y qué? ¿Y qué me das a mí, a mí que he perdido mi nombre, el nombre que me era dulce sustancia en épocas remotas, cuando yo no era yo sino una niña engañada por su sangre? ¿A qué, a qué este deshacerme, este desangrarme, este desplumarme, este desequilibrarme si mi realidad retrocede como empujada por una ametralladora y de pronto se lanza a correr, aunque igual la alcanzan, hasta que cae a mis pies como un ave muerta? Quisiera hablar de la vida. Pues esto es la vida, este aullido, este clavarse las uñas en el pecho, este arrancarse la cabellera a puñados, este escupirse a los propios ojos, sólo por decir, sólo por ver si se puede decir: "¿es que yo soy? ¿verdad que sí ? ¿no es verdad que yo existo y no soy la pesadilla de una bestia?". Y con las manos embarradas golpeamos a las puertas del amor. Y con la conciencia cubierta de sucios y hermosos velos, pedimos por Dios. Y con las sienes restallantes de imbécil soberbia tomamos de la cintura a la vida y pateamos de soslayo a la muerte. Pues esto es lo que hacemos. Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa hasta la última esperanza.
Alejandra Pizarnik
Mucho_mas_alla
En el eco de mis muertes aún hay miedo. ¿Sabes tú del miedo? Sé del miedo cuando digo mi nombre. Es el miedo, el miedo con sombrero negro escondiendo ratas en mi sangre, o el miedo con labios muertos bebiendo mis deseos. Sí. En el eco de mis muertes aún hay miedo.
Alejandra Pizarnik
El_miedo
Partir en cuerpo y alma partir. Partir deshacerse de las miradas piedras opresoras que duermen en la garganta. He de partir no más inercia bajo el sol no más sangre anonadada no más formar fila para morir. He de partir Pero arremete ¡viajera!
Alejandra Pizarnik
La_ultima_inocencia
esta lúgubre manía de vivir esta recóndita humorada de vivir te arrastra Alejandra no lo niegues hoy te miraste en el espejo y te fuiste triste estabas sola y la luz rugía el aire cantaba pero tu amado no volvió enviarás mensajes sonreirás tremolarás tus manos así volverá tu amado tan amado oyes la demente sirena que lo robó el barco con barbas de espuma donde murieron las risas recuerdas el último abrazo oh nada de angustias ríe en el pañuelo llora a carcajadas pero cierra las puertas de tu rostro para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú te remuerden los días te culpan las noches te duele la vida tanto tanto desesperada ¿adónde vas? desesperada ¡nada más!
Alejandra Pizarnik
La_enamorada
Caballeros sentados en el éter cantaban espasmódicas salmodias y en el gusto y color de sus melodías dibujábanse gréculas de suéter, grequillas de zigzagues como el rayo, cenefas que entreveran masallases, columnatas, ribetes, antifaces, hojitas de septiembre, enero y mayo. Pensando entretener eternidades que de tan largas les parecen colas tocan piezas de antígüidas pianolas y se aburren pensando obscenidades. Hasta que uno discierne cosa plástica y pide que les traigan a Rufino, doce gordas, un buen cajón de vino, mientras sus apetitos entusiasta mástica. Pues todo lo que tenga que lo traiga, dicen cautos comiéndose sus moles, sentados la docena de apostoles, convencidos del cielo, haiga o no haiga. Llega entonces la Pérfida obediente, la que todo lo cumple, hasta el capricho. –¡No me griten tan fuerte, les he dicho, ni que tuviera el lóbulo caliente! Y haciendo firulillas de caballo bajóse hasta el panteón en cuyo seno sirviéndole a la tierra de relleno hallábanse los huesos de Tamayo. –Imposible llevarme las sandías porque allá no ha de haber quien se las coma, allá sólo meriendan el aroma que queda en la memoria de sus días. Ni tampoco llevarme tanto cuadro con tantos infinitos encerrados que allá no han de gustar ni alcaparrados. Y como no soy ripio no les ladro. Mejor he de llevarme a su señora para que haga los cheques y los vales y sepan los apóstoles cabales quién fue en ese figón la contadora. Llegados que se hallaron en el éter, todos juntos con Olga y con Tamayo, después de reponerse del desmayo, armaron los apóstoles del suéter un fiestón colosal, a todo méter. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Los_doce_apostoles_mandan_por_Tamayo
el trapo empapa de su agua concentrada la trama entera de sus viejas historias a ver de dónde viene esa humedad de ardores densos con que pone la tela de mi ropa su envoltura acogedora a mojar mi piel ni modo que sea surtidor interno o medio o ejercicio soy otro soy uno acuático soy uno acompañado de agua soy una cosa desde adentro del mar me viene una caricia ternura hijo encariñado mimo inmenso beso de madre gorda el trapo es caldo en que sumergen mis poros algo que nadie reconoce ni yo lo reconozco y allí está el trapo escalda como un agua hirviendo De: Causa de vida
Alejandro Aura
La_quincuagesima_segunda
En el espejo retrovisor se proyecta su boca besucona no veo sus ojos yo a solas desde acá soy alma de los dos y ambos allá somos la boca.
Alejandro Aura
Transmutacion
IV Me arde la piel, soy más hachón que hombre un metro setentaiséis centímetros de lumbre con la cresta blanqueando enrojecida: ya no tengo remedio; ardo en la Ciudad de México. V Eran líquidos mis pies y eran líquidas mis manos y todo de agua me vi. Desesperado una vez —que sed, señores hermanos— toda el agua me bebí.
Alejandro Aura
Cate_de_mi_corazon
1 Huele a muchacha el aire de mediodía, huele a muchacha natural, y está tan cargado de olor a muchacha el aire de mediodía que estoy a punto de gritar que el aire de mediodía huele a muchacha. 2 Me he puesto mi traje nuevo y he limpiado mis zapatos; en el claro día relucen mis cabellos limpios y el viento suave que danza por los corredores de las calles da a mis manos un dibujo perfecto; siento que la gente que pasa me mira con agrado, huelo a fresca lavanda y doy los pasos al ritmo que el corazón me marca: soy un muchacho que puede amar. 7 La iremos haciendo piedra a piedra hasta que no quede más remedio que llamarla casa. Luego la enseñaremos a cruzar los ríos, crecerá como un animal, será perfecta. ¿Qué sueño habrá en la ciudad más rico que su sueño? Gimiendo nos pedirán posada los altos agapandos, hospedaremos al sol como un rey en los pisos superiores, y arriba nosotros, mirando la ciudad, nos amaremos en setenta posiciones hasta que la casa se caiga despedazada por la dicha. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Un_muchacho_que_puede_amar
II Si te he de perder un día que no sea entre semana ni en domingo ni en sábado ni en nada. VIII Ah mi pequeño capulín, qué manera de hablar tiene tus ojo; me platican historias de amor que no conozco, me platican la rosa entera de los vientos; en el puro silencio me levantan, me hago la cúpula más alta para tos ojos gregorianos De: Causa de vida
Alejandro Aura
Pausa
La fruta Dame ese racimo de uvas negras, niña, dame ese racimo. El antojo Una chiquita en pantalón vaquero, su boquita en francés; al sur del Ecuador la verdad es al revés. Las piernas largas, la cadera angosta, su nalguita alzada; en el Perú yo no soy nada. Con sus ojitos fríos me descubre, de frente se le ve el ombligo; muñequita feroz, haz el amor conmigo. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Haz_el_amor_conmigo
Allá hace un pájaro sus ruidos siempre lejos y cerca del oído allá debe de estar de allá viene el sonido hacia allá va toda la alegría de esta pájara mía. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Alma
Iba por las calles viendo el esplendoroso andar de las mujeres bellas, compungido por mi azarosa consistencia de venado; a través de la campana de humo, que tarde o temprano tañerá por nuestra retirada, hendía el prepotente sol y nos tocaba con indiferencia las fibras aquellas que mueven de un lado para otro nuestros estados de ánimo. La belleza, por esta luminosidad fue puesta en evidencia. Que la última palabra que yo diga se refiera a ustedes, que hablando de mí mismo me diluya en puras manchas de color. Vi la piedad y la sombra enmarcadas en épocas remotas —llenos están los museos de piedad y sombra en oro. Andando vi delante mío las caderas apenas redondas de las paseantes y el atractivo mate de las perdidizas corvas. Un millón de años no bastaría para delinear mejor algunos cuerpos de muchacha. Oh mediodía, oh más que momentáneo soplo del tiempo, cabálgame, déjame cabalgarte, carga con todos nosotros en tu lomo ligeramente espeluznante. El sol nos pintará de un ocre claro la conciencia, andaremos mostrando un derredor de luz, así seremos. Mi inclinación me llevó por sitios que la pobreza no frecuenta; fui dichoso con ansedumbre y con real sacudimiento; fui sagaz ante lo que mi memoria hubiera querido ponerme enfrente como un vidrio oscuro: me declaré nuevo y puntagudicé todos mis sentidos. En estas calidades de color y luz me vi estar con ustedes enamorado de las cosas primitivas: el cuerpo, la ciudad, el aire, el dardo de Cupido. Un estruendo de pechos transparentes como un coro de aleluyas me detuvo, fui obligado con gracia a ser poeta, improvisé deleites, canté para que mi sangre nunca envejeciera: Que la sabrosa tierra nos vuelva a dar su fruto, que la sabrosa ciudad nos dé su fruto, oh pechos eternamente refrescantes, que lo que inventamos —porque lo inventamos— nos devuelva la luz y la fresca, la cándida, la sencilla posibilidad de elaborar la belleza. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Carta_a_mis_amigos_pintores
Poner un pie en la tierra me llevaría sin duda al fin del mundo; un pasito tras otro, conectando el alma al alma, como cuando no podía entrar a la escuela y me echaba a caminar embelesado. Me parece sin embargo que es mía la última hora de esta tarde. La transparencia de estos aires me deja ver los montes que siempre están allí, celando la posibilidad de un vuelo más extenso. Cierro un ojo y otro alternativamente para desconcertar al horizonte. Fácilmente me perdería en el sueño arreglado de los recuerdos. Sin pretensiones debo aceptar que así es la vida. Aquí estoy otra vez con mi corazón merodeante rondando sobre el mercado de esclavas. Jamás me bastará la vida, en una sola vez es imposible armar tanta pedacería. Necesito largar la pierna, largar la vena, mover el músculo del porvenir; nadie sabe de qué cosa es la vida, ni el zopilote malhecho que me está esperando ni la culta mariposa que se queda embarrada en el vidrio parabrisas. Pero aunque no sé sé que la vida me ha andado siempre cerca y que siempre he estado a punto de agarrarle un pie. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Vagar_vagar
Entre la noche y el día ¡qué misterio, carajo, qué misterio! Urna cerrada de la luz, ábreme las compuertas. Vengo del huracán, hollado por los escombros: partes de coche, conservas, esqueletos tranquilos, ramas, callejones oscuros para que dos se presenten al espacio, costales de pan, perplejidades. Ya no tengo nombre, ni nadie que lo use. Hoy amanecí plantado en el misterio.
Alejandro Aura
Entre_la_noche_y_el_dia
La primera a duras penas se acerca el de la voz al pozo se asoma se abisma el alma pierde pie y cae como un idiota la ley clama sus fueros y esa no materia que hablaba se alebresta le da envidia que el sol salga tan recio haya música tengan pieles tan lindas las mujeres sean los lunes curvas más o curvas menos sabe que va derecho a lo que va la vida así es que jala su bulto somnoliento ándale querido ándale le dice porque lo ve desanimado caídos cuerpo y alma se rescatan se sacuden y salen del pozo como dos perros amigos De: Causa de vida
Alejandro Aura
Fuentes
No encuentro dónde poner el grito, ni bote donde líquido echarlo, ni cajón, ni hoyo de topo, ni capullo, ni bolsillo, ni confesonario; abro una máscara atrevida que ni vista de cerca ni de lejos es serena; doy un paso tras otro conteniendo la respiración a duras penas. Me está ocurriendo todo, la vida y la muerte me suceden de pronto como carros de heno, como pacas de algodón, todo inflamable, peligroso. Ay de tantos días perdidos en buscar una campana con sonido brillante. Ay de tanta molicie corrompida, tanto espérame tantito. Ay, carajo, me están llegando a la garganta los clavos en que colgué mis años juveniles, la cresta melindrosa de la fantasía, la purgadísima nostalgia. Un seco escudo de cuero curtido con sangre, ajo, vinagre y agua sucia cuelga tras de mi puerta y dice agarra, agarra, defiende tu casa, tira, ataca, rompe, descuartiza, cava el pozo de limpias aguas, talla tu cántaro, trenza tu cuerda, distribuye tus tiestos de malvones. Un jueves me pongo a preguntar y me miro las manos, cabeceo y sudo; me caen pesados los párpados y a golpes los levanto: ¡a mirar, a mirar! La turbia, la enojosa mano derecha se me quiere esconder, no quiere nada con la vida, ni acariciar muros, ni acariciar palomas, ni acariciar el chorro del agua, ni la tela, ni el ladrillo, ni el musgo. Mano de parafina, mejor que te derritas; mano de humo, te soplo; manita consentida, huyo de ti. La luz de mi señor está encendida; de seguro trabaja por salvarme; está tallando madera, hilando lanas ásperas para envolverme, cinglando duros fierros en la fragua de su potente humor, haciendo, haciendo, con el sueño de mi grito en un ojo de su cara, por salvarme. Me asomo y la estufa que da ese calor me compromete, es combustible mi alma; me voy, me voy; voy a ser llamita, canción con lumbre o fuego eterno. Y otra vez abro la mano para ver si ya puedo con las duras uñas que me dejé crecer desbaratar el nudo que tengo en la garganta.
Alejandro Aura
Inopinado_vasallaje
a las nueve a las ocho a las siete me levanto y es entonces que el día se remonta tanto los pájaros mis hijos el mercado el canto y a las cinco a las tres a la una el desencanto de saber que estoy vivo apenas mientras tanto De: Causa de vida
Alejandro Aura
Mientras_tanto
¡Malhayan el desprestigio y el prestigio! Si sólo venimos a morir sobre la tierra, sobre la flor, sobre las flores de la tierra, déjenme arder auque sea en la realidad olímpica y eterna de los sueños.
Alejandro Aura
Antiquisimo
No describo la cosa cuando nombro y en rombos de sonido en espirales en volutas digo pues la cosa es pastel muchacha zanahoria y así la cosa dicha me provoca en la boca una humedad un charco un chorro y tal viene a quedar la cosa ya descrita con la sola apetitosa forma de la cosa verbal que palabreo De: Causa de vida
Alejandro Aura
Sal_y_pimienta
de dónde nace el fuego vasta luz basta candente luz déjame pensar de dónde cómo he de sacar en claro nada entre tanta claridad de la rajada primera del oculto corte del medio de la carne de mujer ya sé de dónde de un ojo que puede construir lo que no ve perdona que pregunte pero quién pueda tragarse el saber lo que sabemos y decir yo sé de dónde para mí no hay más que acercarse como quien se asoma al lecho de los astgros a esa cosa imponderable comible trajinable para que todo estalle y se haga fuego entre una algarabía de pelos olores y sabores disculpa lo sencillo el acientificismo la sonrisa la luz viene en espiral de adentro del centro de la mujer y nace del fuego De: Causa de vida
Alejandro Aura
La_septuagesima_sexta
La golondrina es animal corriente, es obvia su semejanza con el torso de una mujer flaca aullando en la cama de los árboles; tocan sus plumas más ocultas las ramas con el viento; es obvia su semejanza con sus piernas, sus caderas (la línea), quizás un velo para tapar honestamente, aladamente, el pubis de la golondrina. Sólo para anunciar la lluvia viene, vuela haciendo grumos en la tierra como en el asfalto, porque no tiene prejuicios la naturaleza; abundadora de las fuentes del canto, acrecentadora del agua de las cacerolas, extirpadora de los dineros del mar mal llevado a esta gruta de dolorosa entraña, golondrina; pero insisto, la golondrina es animal corriente; no de las vigas del techo hizo su nido sino para estar atenta al doblez de nuestras horas lúbricas; espeso es el rayo de la luz que queda entre nosotros y la golondrina cuando estamos desnudos ella y yo, esta pájara y yo, esperando a que caigan las primeras gotas para romper todo hechizo de elegancia y partir soeces a otra soledad más refinada. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Cancion_para_la_golondrina
Un día abandonaremos la ciudad de México; la dejaremos en pie y desierta para que las conjeturas crezcan, y nos iremos a fundar en otra parte nuestras maravillas. 2 El jueves en la mañana despertamos alegres, llenos de sueños. Desayunamos dorados panes y jugos de las frutas; bañamos en agua tibia nuestros cuerpos sencillos y salimos a mirar el sol. Redonda y fina en calidad fue la voz grande de los demás. –Vámonos, ya vámonos, se oía cantar. 15 Epitafio Octavilla en la tumba de Juan de Mena, escrita posiblemente por algún contemporáneo suyo: Me vy en necessidat de crear un castellano que fuess’ al tiempo que humano de buena sonoridat. En verdat, no fue cosa passajera hacerlo que floresciera e— n soledat. 27 Ay qué buen pecho tienes bajo la blusa, ganas me dan de engañarte para que me lo enseñes. 37 Cada vez que un pájaro cantaba nacía uno de nosotros, cada vez que una flor se abría nacía uno de nosotros, cada vez que un arroyo se formaba nacía uno de nosotros, cada vez que un amanecer se alzaba nacía uno de nosotros, cada vez que una mujer paría nacía uno de nosotros listo para vivir a todo viento, libre de la desdicha y de la dicha. 38 Sangre de la ciudad, si yo hubiera sido hermoso, alma de la ciudad, si hubiera sido honesto, cuerpo de la ciudad, si diáfano, ojos de la ciudad, o si valiente, voz de la ciudad, o enamorado cierto, calles de la ciudad, o algo no tan ilusorio, ciudad de mi ciudad.
Alejandro Aura
Volver_a_casa
4 Ya entiendo: la ciudad vivirá más que yo que la he amado. Allá ella, abandonada. Su corazón será un inmenso cacto, cubierto de primores y de muertos. 5 Sin embargo me iré a hacer otras ciudades; por un leve tiempo dejarás de importarme; aunque me vaya te estaré haciendo falta. Olvidaré por completo tus complicados números de teléfono, tus direcciones cada vez más inaccesibles y lejanas, no pensaré en ir a tal o cual cine, a tal o cual mercado, parque, paseo, monumento, galería, oficina; todo será nuevo: calles desechables, casas de papel, tiendas de una sola vez, platillos imposibles, rutas de autobuses que corren nada más sobre el papel de un plano. Me sentiré feliz como una flecha suelta, hasta que alguna cosilla accidental en la memoria me haga pegar de nuevo un grito de dolor y me clave otra vez en tu pecho, y para siempre. 8 El resto de la aurora no caerá de mi mano, lo aseguro, mas tampoco el frío impredecible que me dejó temblando perdurará. Acepto la derrota pero que la ciudad acepte también que la he vencido.
Alejandro Aura
Alla_ella_abandonada
La primera noche que pasé fuera de casa me quedé leyendo hasta ver fantasmas entre ellos estaba el fantasma del amor los años pasan comedidos y azarosos y se van descontando como uvas del racimo de modo que el esqueleto del tiempo sarmentoso y seco poco a poco y sin querer se va volviendo basura. En la nevada Providence la ventana enmarca la nevada un día cualquiera que no merecería reseña particular muchos años después, una película que me sería ajena por completo si no fuera porque aquí estoy yo y allí está ella tan cercana que casi puedo tocarla durmiendo su sueño brutalmente particular lo que me molesta es no ser ella aunque yo también vengo de soñar en este ser sin ser nadie que es estar dormido alguien me chistó shst señor aura y la llamada de atención era una voz de mujer que sobre la calle nevada pintaba mi nombre en una sola pincelada roja no había nadie como no hay nadie en ese mundo sólo una mano que metía a cuadro una revista abierta en la página de anuncios entre los que éste se veía una voz de mujer chista mi nombre en rojo dentro de unos minutos tendremos que ir a desayunar mientras tanto la observo conmovido mi fantasma duerme De: Causa de vida
Alejandro Aura
El_fantasma_del_amor
He vuelto al bosque de mi penosa adolescencia bajo cuya fronda entonces loca mis penas sacudía para que las llevaran los pájaros a donde se guarda el llanto de los hijos tristes y no, ya no es como antes, ya nada es como era y mis ojos que ahora ven de otra manera —heridos y distantes— ven otra realidad más plena, con sabrosos matices y fulgores, más serena tal es lo que he vivido; una docena de anécdotas, un trío de penas, alguna algarabía. Y nada más que contabilizarse en pérdida o ganancia bajo estos árboles se pueda. Vida, qué ansia. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Primera_llamada
Y de qué vivió, preguntan asombrados: vivió de vida natural, vivió de encantamiento, de un fuerte golpe, de un pulmón que le salió magnífico. Tenía horas y horas para volar, para bailar, para morirse de la risa. Daba cosa mirarlo tan contento como si no esperara nada. Tenía unos pies estupendos con los que se paseó dos o tres veces a todo lo ancho y lo largo y le sobrevino la vida de repente sin que supiéramos por qué, nada más lo vimos alegrarse y alegrarse, se infló como un globo de dicha y apareció ante nuestra vista de un modo radical, definitivo, eterno. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Vida_subita
Querida Ninón Sevilla: quiero decirte que después de todo no ha sido tan difícil vivir como me parecía en aquellas tardes de domingo en el cine Lux; claro que mi abuela no me enseñó a quererte sino todo lo contrario pero mi educación fue tan tonta que mejor sigo puesto en tus trajes de rumba y en esa especie de turbante que le dio a mi vida, no sé por qué, la noción de la soledad. Tarde o temprano se mueve el corazón por propio impulso y va a dar derechito a su verdadero amor. Porque nadie, Ninón, sabía moverse como tú; que lo digan mis ojos. De nada me serviría ahora recordar los nombres de los nefastos galanes que rodeaban las pistas en donde tú, en horas y horas de rodaje, tejiste la tela de araña en donde cayó mi gusto para siempre; ellos qué, ya se deben haber muerto, o secado, y nadie puede seguir cogiendo más allá de la muerte, Ninón. Ahora que ya todo es fácil no veo por qué callar los alaridos de mis recuerdos; yo no volveré a vivir, ni tú tampoco, de manera que es bueno lo que digo. Tú eres lo que permanece, en tus caderas tan movibles está puesta toda la eternidad que yo pueda manejar; y el amor y el desamor a mi abuela, el amor y el desamor a mi padre y a mi madre, el amor y el desamor a mis mujeres y el amor y el desamor a mis hijos han estado marcados por la forma como tú movías las nalgas, Ninón, feliz de ser así, y ajena por completo a esa marca de agua que imprimías en el alma sin chiste de un niño flaquito de la colonia San Rafael. Bebe tus lágrimas Alejandro
Alejandro Aura
Ninon_Sevilla
El gato no se sube a la mesa, ni menos a las siete de la tarde cuando en julio comienza a oscurecer. Ronda por toda la casa, inquieto, buscando el paso entre el día y la noche, asuntos diferentes de tratar. Ha comido, ha bebido, ha dormido su porción de reposo de las horas de luz y ahora se prepara para cumplir su profesión minúscula de gato de la casa. La sociedad con la que trata mientras el sol empuja al mundo dobla su servilleta cotidiana y ya no pide más para alimentar su fantasía. Él abre el socavón de su alma. En algún rincón de la morada se fabrican las verdades jugosas y el gato, que lo sabe, sin estorbos morales se apresta a mordisquear, goloso, la carne sabrosa de la noche. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Gato_en_la_noche
pues todo hacia un limitado fin se encamina la cabra la piedra la estrella el paso decidido todo un fin próximo y sabido al migajón a la pulga al agua ¿al agua dije? ¿se acabarán el agua el fuego el viento y la tierra? mucho más pronto que la sorpresa de imaginarlo el libro el beso la sonrisa la marca de los labios y qué casualidad también la vida y no digamos la propia la que observa la que mide la que constata que no es más que un hilo recortado a la mitad y a la mitad y a la mitad mas hay un fin otro un fin del que nadie tiene informes qué monserga De: Causa de vida
Alejandro Aura
La_septuagesima_septima
No es el mar menor que esta ola escapada del grupo en que venía, tenía espuma, vuelo, asunto, y se detuvo donde menos aprecio y duración tendría. ¿A mis pies una ola? ¿Qué tengo yo que que mi amistad procura? Ya ni siquiera olor la identifica, ya sólo es humedad agónica en la playa que no ocupa recuerdo ni esperanza. Bajo la arena ha de volver despacio a su origen de fiestas y de peces mientras pasan las otras a burlarse tranquilas de mis ojos atónitos que no entienden al mar. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Las_olas_del_mar
Si tuviera un riachuelo te lo daba si tuviera una cascada mansa te la diera también si tuviera un estanque igual te lo daría el día es un pasar de sombras y la noche un griterío de brillos escondidos No tengo nada no tengo nada
Alejandro Aura
La_mano_abierta
para la oreja el ruido perro un dardo certero en el centro del ojo del ruido ha dado y éste ruge o ay ay ay quien lo ha dañado así por qué en parte vital tan importante por qué a ver reflexionemos en las causas un dios se ha enojado con el ruido claro los dioses montan en cólera contra las abstracciones cuando no los veneran suficiente y así las maltratan como hijas o creaciones suyas que son mas el ruido escindido de sí por el dolor amarillo en el ojo maltratado o roto o perdido para siempre no puede no no puede concentrarse hacer acopio de material explicativo especular tampoco pues no le ha sido dada la facultad con que se engendran fantasías por lo tanto no le queda más remedio que acudir al amor amor al eco ella esa eco De: Causa de vida
Alejandro Aura
La_septuagesima_quinta
Las palabras no son aire ni se las lleva el aire. Las palabras, cuando caen, se filtran en la tierra, se escurren por las eras geológicas, por las cavernas subterráneas y llegan al fin a un gran depósito que ha ido creciendo con los siglos de donde parte la sustancia que genera las plantas y los árboles dadores de los únicos frutos que en verdad nos alimentan. De: Causa de vida
Alejandro Aura
De_piedritas_el_buche
que está desnudo que anda a saltos que ruge gime brama las órbitas de sus ojos se han abierto hacia atrás hasta fundirse que ha sido espejo de dones y crisol de fantasías el cabello le nace como una fuente negra y hosca que tira al derredor palabras sucias y en horas que los demás duermen él con las uñas crecidas rasga el velo y aúlla masca las amargas hierbas y los hierros amargos en su torno un círculo lo guarda de llamas refulgentes y allí se ha puesto a ser porque otra cosa no le ocurre que estas sin ser y ya no aguanta
Alejandro Aura
La_sexagesima_segunda
Yo tenía un hermano mayor; era siempre cinco años más amable y más sereno; quería un escritorio y un caballo y una manera nueva de contar los sueños y una mina de azúcar, de seguro. Le gustaba leer y razonaba, a veces era tierno con las cosas pero yo nunca vi que fuera un niño. Era un hermano mayor con todo su traje azul marino, con toda su camisa blanca blanca, con toda su corbata guinda oscura muy de gala. Yo tenía un hermano mayor de pie sobre la luz; me daban miedo las calles en la noche y el corredor oscuro de la casa, me daba miedo estar a solas con mi abuela, pero tenía un hermano mayor sobre la luz cantando. Mi hermano mayor también era un fantasma, una calavera dientona, una carcajada de monje a media noche. Mi hermano era un muchacho blanco y sin anginas. Por eso nunca nos comimos juntos ninguna jícama del camino ni rompimos de guasa los vidrios de las ventanas ni nada que yo recuerde hicimos juntos. Ni jugamos ni fuimos enemigos. Éramos buenos hermanos, como dicen. Se habló de inteligencias y de escobas, se discutió sobre los pantalones cortos y las hostias y el carrito con ruedas de patines; se supo y se dijo que mi modo era grosero y mi cabello oscuro. Él era siempre mejor que yo cinco años. Hace cinco años se casó mi hermano. El que se casa pobre tiene que andar cuidando su manera de contar estrellas, tiene que andar despierto y trabajando, qué remedio. Se tiene que acabar de cuajo con los sueños, dicen, porque vienen los hijos, la suegra, los cuñados, y lo dicen, aquello de los sueños, sin decoro, sin tocarse la vena, sin énfasis ni estilo, como el que dice que no sabe de dónde viene el hombre. Hace cinco años que no crece ya mi hermano. Mi hermano, mi hermanito menor, mi consentido. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Mi_hermano_mayor
hacia dónde las cosas se dirigen no la vida y no los grandes temas el objeto la cosa material lo natural ajeno y cierto y todo lo que hacemos como el poliuretano y el vinyl el aluminio el nailon sus juegos de moléculas abren ante mí los ojos asombrados desmenuzan su intriga candorosas y bailan para mí bailan las mínimas partes de la cosa lascivas y procaces me he quedado mirando un pedacito y toda su intimidad se me ha mostrado a mí que no sé nada por qué me han escogido para hacerme saber lo que no saben otros sus hábitos sus gustos sus ganas de jugar el íntimo perfume la sabrosa esencia ya sé que todo acaba en la nada imparcial de las transformaciones lo que quiero es entender por qué a mí me hacen preguntar su destino De: Causa de vida
Alejandro Aura
La_sexagesima_septima
He causado la ruina de los demás pájaros y las palomas me tienen pavor; he aquí por qué se dice que hay que pensar bien las cosas. Antes de que yo me eligiera fui señalado para el vuelo, no tuve la oportunidad del mamífero ni del reptil ni se me permitió escoger el agua en cualquiera de las tumultuosas formas que la habitan. Ahora pienso cuánto me hubiera gustado pasar la vida en tierra recolectando los alegres frutos y compartiéndolos con los demás, haciendo labores con las manos, como sacar el metal de entre las piedras, fundirlo, pelear con él con toda valentía y rudeza —las mismas que en ocasiones se usan para perpetuar una especie— y acabar dándole forma: la aguzada punta de la flecha que puede si es certera inventar que alma y cuerpo sean dos cosas distintas, llenar todo lo ancho y lo largo de una simple vida humana: otros he visto que encuentran la irradiación de las piedras preciosas de un pajar, de un lodazal, de un cuerpo, que perciben y formulan a plenitud y en euforia cada instante y el universo particular de cada atisbo, pero o no supe o me faltó la fuerza para oponerme y sucumbí al destino. Casi nadie es lo que su gusto pide y a la luz de la pequeña historia de nuestro siglo personal, apenas es verdad lo que se da por cierto y por sabido, las mismas cosas vuelven a suceder sin que uno caiga en cuenta, cada vida puede tener las raíces puestas en vidas que ya fueron, con iguales fibras si se trenzan se hacen hilos con que se tejen telas para cubrir imágenes y cuerpos y cuando se arrojan en suspensión irracional se fabrican hojas de papel conservadoras de enigmas, ni siquiera la distancia etérea del vuelo es suficiente para ver porque el aire del tiempo es denso, por eso no discierno entre el mal y el bien como quisiera y apenas puedo hablar de mí entre graznidos sordos, ésos que son el tiempo. Otros al menos cantan con varios tonos y su canto se transmite como un ramo de alegría. El gorrión es uno de ellos cuyo trino acuático permea los muros sólidos del desencanto, de la impiedad, de los amaneceres lúgubres del insomne; puede convivir con el jilguero sin que los afilados cuchillos de sus cantos, montescos y capuletos, se entrecrucen. Yo grazno. Yo una voz rasposa. Yo ruido ingrato. El clarín o el zenzontle, piezas para mí insignificantes, son el opósito, el reverso, el antípoda de mis desgarraduras guturales. A mí lo que me sucedió es que me castigaron los dioses, mortificaron mi piel, deformaron mi tamaño, con muchas lastimaduras crujientes mi estructura cambió y vine a ser lo que no era, lo que no iba a ser. Veo mi esqueleto reconstituido y en él están patentes los ligeros cambios que a mí tanto me dolieron. ¡Ya qué! ¿Estaban entretenidos haciéndolo o lo hicieron por oficio, indiferentes? Nunca lo sabré. ¿Y qué son, qué paquete de inconsistencias los conforma? Son la memoria y su doblez: el olvido. ¿Por qué los dioses se la toman con uno y lo hacen como quieren? Yo tenía la apariencia de un hombre normal, por lo menos cumplía con mis obligaciones y era pacífico y pródigo, no excedía en estatura a nadie ni me quedaba corto entre las filas de cualquier formación, me levantaba antes que los demás después de haber soñado cuanto era necesario en mis sueños y era el primero en encender el fuego cumplidor para los ritos; tanto entre los dioses como entre los hombres siempre que se me necesitaba se contó conmigo, he ahí lo que los disgustó sobremanera: que les hubiera dado lo que ellos querían que no tuvieran, que preferí a la gente, que me ensoberbecí mirándome en el espejo de mi especie, de la que fue mi especie. Compartí la cebada y el trigo, doné ovejas y corderos, les regalé canastos de peces y moluscos que muy trabajosamente aprendí a gustar y aun sugerí que para mayor utilidad los sazonaran con ciertas hierbas que les dije. Además del cilantro y el perejil remotos, les propuse la albahaca fresca cuando sus hojas al simple tacto se extrovierten en aromas verdes, el acuyo perfumado de complexión lunar, bello como una visión egipcia, les enseñé a utilizar el epazote y el papaloquelite y hube de transmitirles el secreto sencillo de tostar previamente las hojas de aguacate y hacerlas luego emanar su gusto por medio de vapor. Siempre andaba yo haciendo esas risueñas cosas. Mientras, ellos se defendían del acoso de un monstruo marino que los socarrones dioses les instrumentaron para sancionarlos, nada que ver conmigo. En realidad fue algo sangriento, me dolió muchísimo el nacimiento de cada una de mis plumas, me punzaban como remordimientos en la piel, yo no sentía ni pude gozar su ligereza, su parte metafórica, y contrario a lo que todos piensan la primera experiencia de volar fue desastrosa ni siquiera en sueños me había imaginado nunca lo terrible que es alejarse de la tierra; para aquellos que conocieron el amor quizá sea más fácil entenderlo. Espaldas de ángel, susurraban las muchachas y sus palabras con alas eran siempre mucho muy ligeras; se referían, por supuesto, con su gracia natural y fresca a mi desnaturalización traviesa; mi musculatura no alcazaba nunca a sostener lo que decían de mí, yo sólo sentía laceración, dolor pues, mucho dolor. Me entrenaron. Una cuerda amarrada a mi pata me enseñó el alfabeto con que podría en adelante nombrar los destinos posibles de cualquier desplazamiento, cegaron los ojos de mi instinto, me pusieron para cubrir todos mis sentidos una negra capucha que sólo me es retirada para cumplir mi cometido. Desde el puño de amos implacables –tales son las fuerzas que me tienen– salto a las mayores alturas para caer en forma vertical sobre mi presa, lo que vuela me aterra y me da hambre y en lo último en que quiero pensar es en mí mismo en el vacío, mi elemento desde que la metamorfosis vengadora me tornó en cernícalo y tuve que olvidar la risa para siempre. Pero el sufrir más grande, el que no tiene soborno, es el dolor mismo del vuelo: lo que se rasga es uno cuando tiene que atender asuntos que no son de su especie. He aquí por qué se dice que hay que pensar bien las cosas.
Alejandro Aura
El_halcon
Junto las manos, formo en ellas un hueco, soplo y puedo hacer como cantan las palomas. Una desde un árbol me saluda. Hace su doble ruido, hondo y suave y espera hasta que yo contesto. Hablamos (cantamos) breve y luego vuela. Tal vez yo desciendo de una vieja familia de palomas De: Causa de vida
Alejandro Aura
Junto_las_manos
Tres: Alguien dejó una flor de papel sobre mi mesa, es linda y morada y verde, gracias. Esperé una flor toda la vida, y hoy, martes raspado de melancolía, no sé de dónde, me ha llegado. Pinche florecita de papel, te quiero. Cuatro: De las horas más muertas que tenía tú me sacaste al mundo y me pusiste a cantar. Cinco: No tú dijiste nada sino tu pelo y tus uñas y tus besos. Por eso, pequeñita, platito de arroz, mientras mi corazón estaba seco me levanté contento a quererte con los pies y con las manos, me levanté otra vez sonando mis tambores. Dirás que no pero hoy me levanté a quererte y a que tú me quieras. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Cinco_veces_la_flor
2 La última calle de la ciudad no existe, en las orillas a todas horas nacen calles bajo los pies de los que pasan, y transitan muchos más sueños de los que el gobierno se imagina; por eso no es posible contarlas, no es posible manejar a la ciudad con una tabla aritmética; en realidad nadie sabe qué ocurre, nacen calles de los nombres que se piensa ponerles y hay que estar inventando palabras nuevas para simular que la situación se ha dominado. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Pasan_las_estaciones_del_ano_pasan_y_no_entran
El colibrí El colibrí que vuela en la huerta de mi amiga, como sobreviviente de la belleza, va a morir. Pero alguien se para frente al árbol padre y aprieta el click que dejará vivos sus ojos. El colibrí ni gana ni pierde; se detiene por fin en la quietud de la copa, maravillado de sí mismo; cierra los ojos y se pone a soñar que recomienza. La virgen El poeta escruta la telilla de la virgen, tiembla, sabe tocarla y retirarse, tiembla, se sabe hundir retrocediendo porque obedece al clarín que le sangra los oídos. El poeta abarca la cintura de la virgen con una sola mano, y brama, y la otra la levanta con el puño cerrado. El poeta acaricia el pezón inmaculado —ay poeta— y revienta su lascivia en cantos celestiales. Resonad, resonad bóvedas; que el más tímido murmullo se reproduzca en la gran nave hasta que el poeta ensordezca, hasta que aúlle como los animales aúllan sin comprender. Que aúlle hasta el infinito y sus ternezas se desprendan con dolor de su alma y caigan como gotas de licor dulce en el corazón de los que aún esperamos el milagro. El maestro Ahora doblo la página en ocho partes y en cada una de ellas pongo alternado su nombre y el mío. Se ve bien. Mi pulso anda tranquilo y la piel de la palma de mi mano se vigoriza. El maestro me dice que aunque, que la patria no es esta mezquindad que acostumbramos; que me asome más hondo. El que cae de la palabra que usa, cae para siempre; que me cuide. Bajo su sombra, ya solo y sin libertad, oigo pasar caravanas de camellos por mis venas; ellos llevan la sal, la sorda envidia, la canalla inclinación a la tristeza. El sol les unta de manteca el pelo de las gibas y les apesadumbra el paso. Ellos, con su felicidad absurda, continúan. Doblo la página en más partes y recomienzo con antigua y mordaz caligrafía. El colibrí El colibrí oye de cerca el viento. Mientras hay día hay colibrí. Y a pesar de la imaginería constante de la naturaleza, a los ojos del colibrí sólo importan las flores. Y canta. Y canta. Porque no tiene redes con qué apresar la memoria. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Ronda_de_amor
1 El dueño de la ciudad vendrá algún día con su claro rostro iluminado; el que la dejó para ir a conocer otros vistosos sitios; el que vestía con riqueza y llenaba de júbilo los corazones de quienes le oían. ¿Dónde están mis edificios y mis amplias calzadas –preguntará estupefacto–; dónde están mis jardines en los que suavemente reposaba y donde al amor dulce de los adolescentes que paseaban en grupos conociendo los nombres y las cosas imaginaba el futuro, prevenía las catástrofes, mantenía cantores, evitaba el llanto, y parvadas infinitas oscurecían las copas de los chopos? ¿Dónde está mi ciudad? ¿Qué es esto? 2 El más audaz responderá; el que tenga más bien cosido el corazón en el pecho; el que tenga más fuertes ligaduras consigo mismo y pueda entibiar con el aliento de sus palabras una gran laguna; el que tenga más trenzados los nervios en la mano derecha y más aéreas las venas en la izquierda; el que más pueda tocar por su nombre las cosas de la tierra, ese quizás responderá. 3 No hay flor que pueda perdurar si el sol seca la tierra en que crecía; los mismos pájaros se van, las abejas que rondaban –procura recordarlas– se apresuran a buscar otras fuentes de miel en donde sumergirse, los menores insectos emigran a buscar otro gobierno y nada sino el desierto señorea; así también si el sol se ausenta no hay flor que pueda perdurar. ¿Por qué dejaste al sol hacer su voluntad? ¿Adónde fuiste? 4 El dueño de la ciudad tendrá pavor cuando la mire, sus pobres ojos se querrán salir a platicar con alguien, el dolor de sus venas no tendrá remedio, las palabras se le irán estrellando al tocar el aire, le temblarán las partes vergonzosas y un amargor intenso saturará su piel. ¡Qué haces imbécil! –le gritará tratando de que ella lo comprenda y se quedará sin respuesta porque las malditas ciudades no responden.
Alejandro Aura
El_dueno_de_la_ciudad
Éste que sale del baño no soy el que entré en la regadera. Era otro. Tenía un topacio en cada ojo. Venía de ver la verdad escueta y la trenzada hilatura de los sueños. Era un yo mismo mucho más potente, capaz de salir de sí, de su piyama y ponerse en la tierra de los otros, con la mirada interna del que sueña extendida a la vista de todos, a tomarse su jugo de naranja. Estaba concentrado y seguro en el aspecto, en el sudor, en el espíritu redondo y sin espinas y esta serenidad me daba luz para andar sin tropiezo entre alegrías. Ahora en cambio estoy desnudo, rasurado, indefenso, con corbata, con el chanel que pone en evidencia mi indefensión total. Cualquier poema que pudiera asomarse durante este desayuno de trabajo me tomaría en rehenes el músculo del corazón, el tiempo laboral, las promesas que hice, los deseos, el vuelo de los sueños, y el otro, el que fui de verdad antes del baño. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Desayuno_de_trabajo
Te tomaré descalza en día domingo, te santificaré, te haré feliz. Andaremos rodando por la casa —le pondremos alfombras— y correremos las cortinas para que entre el sol. Tomaremos cerveza y nos bañaremos. A la hora de comer encenderemos el radio y con las noticias de Inglaterra y de Beirut te besaré en la boca. Te pondré sobre la piel la palma de mis manos y tú pondrás sobre mis manos la palma de tus manos. Nos amaremos en domingo que hay tanta luz. De: Causa de vida
Alejandro Aura
Dia_domingo
en mucho estima el agua su condición quién no si yo fuera agua apenas una infinitesimal desviación mis moléculas no hubieran hecho esta complicada bestia ay teoría de achaques y de sueños imposible de explicar de solventar de fluir si yo fuera agua y nadie escapa según parece cuando se distribuye el ser tú esto tú aquello tú lo otro tú nada y el horros demuda de tal suerte que uno se consuela pensando si es que piensa que piensa agua de adentro o de afuera agua de la orilla o líquido del centro agua de arriba o de abajo agua triste agua volátil agua dulce o amarga gota diminuta o millones y millones y millones por los siglos de los siglos en su cause o en otro en una redondez la mar de recurrente como es tal como duele y no tiene remedio De: Causa de vida
Alejandro Aura
La_septuagesima_segunda
Que la ciudad sea principio y fin porque no hay soplo que la hurte de su sitio; cimiento la sangre de quienes la habitaron modulando su espeso fundamento. Óyeme decir que no me iré. Que parta el solitario y se hunda en el viento entre los pájaros perdidos; que parta el hombre común de cara lisa que todavía cree en la salvación y el robusto padre de familia que busca dominar al sol. Óyeme a mí decir que no me iré. La ciudad se morirá conmigo, yo estaré en su fundamento.
Alejandro Aura
Hacer_ciudades
Es fácil aprender a morir. Es como aprender a anochecer. El día lo sabe, lo saben la flor, la abeja, el agua clara. Lo sabe el niño. Es como aprender a amanecer. Lo saben el alba, el viento, la nodriza. Lo saben el musgo, el arroyuelo, el ánade. Es como aprender a sollozar. ¿Quién no lo sabe? Solloza la paloma, sollozan los pinares, el agua en la hondonada y el cuervo en la espesura, todos lo saben, sí, todos lo saben: el niño cuando el miedo le roza las pestañas mi madre cuando reza. Todos lo saben: ¡es tan fácil!, ¡tan fácil! Es como aprender a cantar. Canta el Herrero rudo y canta el lirio frágil. Canta la suave seda, canta la espina fiera. Canta la dulce sed que en tu boca se acuna. Todo canta, mi amada, todo en el mundo muere. ¿Me diste la lección? ¿Te la di algún día? ¿Fue mi madre, que cose, todavía, blancos pañales, blancos para su hijo, en cuya cabeza las canas se extiendes y sollozan? Yo no lo sé, ¿me escuchas? Yo no lo sé. Tal vez fue el tierno niño que nuestro amor nos trajo. Tal vez fue sólo el viento. Tal vez fue nadie, nadie. Tal vez la noche oscura. Tal vez el sueño triste. Tal vez el viento airado. Tal vez fue ella misma, la última nodriza. Sí, es tan fácil, tan fácil, tan simple, sí, tan simple. Es como aprender a anochecer. Es como aprender a amanecer. Es como aprender a sollozar. Es como aprender a cantar. Es tan fácil, tan fácil, tan simple, tan sencillo. Todo el mundo lo sabe: el capulí, la alondra, el eucalipto, el álamo, la novia, la nodriza, el buey, la vivandera, el sacerdote, el viento, la llovizna, el tendero. Todos lo saben, todos. ¡Es tan fácil! ¡Tan fácil!
Alejandro Carrión
Leccion
Aquella pobre niña que aún no tenía senos... Y la niña lloraba: —Yo quiero tener senos. —Señor, haz un milagro: un milagro pequeño. Pero Dios no la oía, allá arriba, tan lejos... Y cogió dos palomas, se las puso en el pecho... Pero las dos palomas levantaron el vuelo. Y cogió dos estrellas, se la puso en el pecho... Las estrellas temblaron y se apagaron luego. Y cogió dos magnolias, se las puso en el pecho... Las dos magnolias blancas deshojaron sus pétalos. Y cogió dos panales, se los puso en el pecho... Y la miel y la cera se helaron en el viento. ¡Un milagro, Señor, un milagro pequeño! Pero Dios no la oía, allá arriba, tan lejos. Y un día fue el amor; se le entró pecho adentro ¡y se sintió florida! Le nacieron dos senos con pico de paloma, con temblor de luceros, como magnolias, blancos; como panales, llenos. ¡Igual que dos milagros... pequeños!
Alejandro Casona
El_milagro_pequeno
Alejandro Romualdo
El_movimiento_y_el_sueno
Si me quitaran totalmente todo si, por ejemplo, me quitaran el saludo de los pájaros, o los buenos días del sol sobre la tierra, me quedaría aún una palabra. Aún me quedaría una palabra donde apoyar la voz. Si me quitaran las palabras, o la lengua, hablaría con el corazón en la mano, o con las manos en el corazón. Si me quitaran una pierna bailaría en un pie. Si me quitaran un ojo lloraría en un ojo. Si me quitaran un brazo me quedaría el otro, para saludar a mis hermanos, para sembrar los surcos de la tierra, para escribir todas las playas del mundo, con tu nombre, amor mío.
Alejandro Romualdo
Si_me_quitaran_totalmente_todo
Soy un alma desnuda en estos versos, alma desnuda que angustiada y sola va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, que puede ser un lirio, una violeta, un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta y ruge cuando está sobre los mares y duerme dulcemente en una grieta. Alma que adora sobre sus altares dioses que no se bajan a cegarla; alma que no conoce valladares. Alma que fuera fácil dominarla con sólo un corazón que se partiera para en su sangre cálida regarla. Alma que cuando está en la primavera dice al invierno que demora: vuelve, caiga tu nieve sobre la pradera. Alma que cuando nieva se disuelve en tristezas, clamando por las rosas con que la primavera nos envuelve. Alma que a ratos suelta mariposas a campo abierto, sin fijar distancia, y les dice: libad sobre las cosas. Alma que ha de morir de una fragancia, de un suspiro, de un verso en que se ruega, sin perder, a poderlo, su elegancia. Alma que nada sabe y todo niega y negando lo bueno el bien propicia porque es negando como más se entrega. Alma que suele haber como delicia palpar las almas, despreciar la huella, y sentir en la mano una caricia. Alma que siempre disconforme de ella, como los vientos vaga, corre y gira; alma que sangra y sin cesar delira por ser el buque en marcha de la estrella. Selección: Guido Ferrer
Alfonsina Storni
Alma_desnuda
Cuando mueran las rosas, cuando mueran, En una tarde gris, tarde de frío, Entre mis manos temblarán sus pétalos Y poco a poco moriré de hastío. Cuando mueran las rosas, no habrá sol, Una neblina cubrirá el jardín Y flotará sobre las cosas todas La dulce nebulosa del esplín. Cuando mueran las rosas, cuando mueran, Mi alma se hará de hilachas de cristal, Y temblará en mi pecho la agonía De un beso rojo que me fue fatal. Cuando mueran las rosas, en mis dedos Me invadirá el horror del infinito Y posará en mis fibras desoladas El soplo extraño de un sangriento mito. Cuando mueran las rosas, cuando mueran, Ven a verme morir a mí también; Las rosas son mis gratas compañeras, Las rosas blancas y las rosas té. Amo las rosas pálidas, las suaves Rosas sagradas de la eucaristía, Las rosas blancas como para altares En el mes de María. Amo las rosas que parecen manos De alguna amada que sabemos muerta, Como un jazmín de pétalos nevados, Como una boca para siempre yerta. Amo las rosas con matiz de aurora, Como mejillas pálidas de un niño, Las rosas destrozadas por las manos Cuando las manos tiemblan de cariño. Amo las rosas rojas como un beso, Que manó sangre entre los dientes fieros, En cuyo espasmo se perdió una vida Y palpitó una racha de pamperos. Amo las rosas como herida abierta Sobre las carnes, con puñal de amores, Las rosas rojas que parecen gritos, Tragedia misma de las mismas flores. ¡Oh! Quién me diera ser cada corola Para darme en perfumes a tus labios, Y en perfume llegarme hasta tu sangre Y allí dormirme sin dolor ni agravios. Cuando mueran mis rosas, las del alma Bésame las pestañas temblorosas Y ponme en los cabellos y en las sienes, Una corona pálida de rosas. De: Alfonsina Storni
Alfonsina Storni
Las_rosas
También sedosos pétalos abría y eran cinco. Crecido su rosado entre los dedos reposaba blanda casi dormida ya en el sueño fuerte. Sombreaba los canales diminutos de la mano, sepulcro de sus horas, y como un cuerno alzaba un petalillo más allá de los otros resignados. ¡Cuán gemelos sus pálidos perfiles! Y ésa, sin huesos, dócil a los vientos, la cabeza entregaba en los caminos. Y ésta, ungulada, presta a la rapiña, con lacres de Satán y aleccionada en viejas artes negras sabedoras.
Alfonsina Storni
Flor_en_una_mano
I Tú como yo, viajero, en un día cualquiera Llegamos al camino sin elegir acera. Nos pusimos un traje como el que llevan todos Y adquirimos su aspecto, sus costumbres, sus modos. Hemos andado mucho, sujetados por riendas Invisibles, los ojos fatigados de vendas. Tenemos en las manos un poco de cicuta, Perdimos de la lengua el sabor de la fruta Y sabemos que un día seremos olvidados Por la vida, viajero, totalmente borrados. Y tú y yo conocimos las selvas olorosas... Y tú y yo no atinamos jamás a cortar rosas. II ¿Sabes, viajero? Tarde voy haciendo proyectos. De tentar nuevos rumbos desandando trayectos. Tengo sed tan salvaje que me quema la boca Y ansío beber agua que brote de la roca. Persigo las corrientes para bañar la piel, Alimentarme quiero de rosas y de miel, Dormir sobre los musgos, ignorar la palabra, Y tener dos amigos: un cisne y una cabra. Si a mi fresco retiro te allegaras un día Tu viejo escepticismo quizá me encontraría Sentada bajo el árbol de la Sabiduría. III Oh, viajero, viajero, conversa con la Muerte Y dile que no impida mi camino, de suerte Que me allegue a la roca, que conozca la gruta, Que retorne a mis labios el sabor de la fruta. Oh, viajero, viajero, conversa con la Muerte Y dile que me deje cortar flores, de suerte Que mis manos se vean bellamente cubiertas Por capullos de rosas y por rosas abiertas. Como ella me dejara, lentamente, viajero Coronada de mirtos, bajo sol agorero, Emprendería marchas hacia el nuevo sendero.
Alfonsina Storni
Si_la_muerte_quisiera
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