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En el punto de mira: violaciones del derecho
internacional humanitario
Cometido de los medios de comunicación por Roy W. Gutman Cincuenta años después de que las Naciones Unidas proclamaron su
ambiciosa Declaration Universal de Derechos Humanos, cualquier escéptico podría demostrar sin mayores dificultades que el compromiso de la
comunidad internacional para con el documento es, en el mejor de los
casos, superficial. La ineficacia de las Naciones Unidas para impedir el
genocidio en Bosnia-Herzegovina y en Ruanda, agravada por su omision
de una exhaustiva autocrítica que
le habría permitido aprender de
la
La experiencia de la tragedia de Bosnia, ha dejado al descubierto la farsa. Dicho esto, hay que
reconocer que
las Naciones Unidas no
son
monolíticas ni son sinónimo de la comunidad internacional. Además, las
actitudes han cambiado en la cima de la propia institución y en muchos
de sus Estados miembros, así como entre las organizaciones no gubernamentales y los medios de comunicación; actualmente son muchos
los
grupos que, desde muy diversos lugares, prestan particular atención a los
crímenes de guerra. La serie más significativa del cambio ha sido
la
institucion por parte del Consejo de Seguridad, de tribunales internacionales ad hoc para juzgar los casos de genocidio, los crimenes contra la
humanidad y los crímenes de guerra en los conflictos de Bosnia y Ruanda.
Es posible que se instituye un tercer tribunal para juzgar los múltiples
crímenes contra la humanidad cometidos en Camboya durante los años Roy W. Gutman es periodista y ganador del premio Pulitzer. Por último, representantes de diversos Estados aprobaron recientemente en Roma los terminos de referenda relativos a un tribunal penal
permanente. Pero, a pesar de estos avances hacia el cese de la impunidad,
las grandes potencias aún no han cumplido la obligación impuesta en los
Convenios de Ginebra de detener a los acusados de crímenes en la guerra
de Bosnia. Las organizaciones no gubernamentales también han aprendido algo
de estos terribles sucesos registrados tras el final de la guerra fría. Algunas
han adoptado una postura más militante en lo referente a los crímenes de
guerra y otras violaciones patentes de los derechos humanos; otras han
reelaborado sus manuales de formación o han intentado abrir en mayor
medida sus actividades a la opinión pública. También entre los periodistas se extiende la idea de la necesidad de
reflexión. Las violaciones de
los derechos humanos,
los crímenes de
guerra y la impunidad son material para la prensa, por la sencilla razón
de que el crimen es noticia. Por su tradicional función de perro guardián,
la prensa tiene la obligación de informar acerca del quebrantamiento de
la ley, sobre todo si el infractor es un Estado o una institución financiada
con dinero de los contribuyentes. Aun así, la cobertura mediática de los conflictos
internacionales o
internos no suele presentarse desde
la perspectiva de las
infracciones
cometidas contra las leyes de la guerra. De hecho, el derecho internacional
humanitario es una enrevesada jungla de premisas, principios, aseveraciones y tecnicismos, impenetrable para la mayoría de los legos. Mejorar la
la cobertura mediática con un mayor conocimiento de los derechos humanos y de los Convenios de Ginebra? La respuesta de este periodista,
basada en su experiencia personal, es afirmativa. La experiencia de un periodista La cobertura de los conflictos armados de los últimos diez años ha
dejado en muchos periodistas una sensación de frustración y desaliento. Los periodistas
figuraron entre
los primeros en descubrir que
las
grandes potencias,
lejos de defender el derecho humanitario, estaban
dispuestas a eludirlo, a no ser que hubiera intereses comerciales o de vital
importancia en juego y siempre que no se atrajera la atención de la prensa.
A comienzos de agosto de 1992, a raíz de mis reportajes sobre las matanzas sistemáticas en los campos de prisioneros del norte de Bosnia, de
las
impresionantes
imágenes difundidas por
la ITN británica y de
la
information
enviada desde el
lugar de
los hechos por Ed Vulliamy, corresponsal de The Guardian, el entonces presidente de Estados Unidos,
George Bush, hizo una declaración aparentemente firme aunque evasiva
que, pese a todo, dejaba traslucir una clara conciencia de que se había
violado el derecho
internacional humanitario. No denunció
crímenes
contra la humanidad ni exigió la clausura de los campos de prisioneros
y la liberation de estos, ni tan siquiera una investigación para verificar
si se habían cometido crímenes. Solamente pidió que se permitiera el
acceso del CICR al campo de Omarska y a otros campos de prisioneros.
La reacción de las otras potencias fue más lenta. El Gobierno trances tardo
más de una semana en mencionar la existencia de los campos de prisioneros, y el britanico, que en el curso de ese mismo mes tenía programada
una importante conferencia diplomática, se negó a cubrir los gastos de
viaje para que Tadeusz Mazowiecki, ex primer ministro polaco, nombrado
por las Naciones Unidas observador especial sobre derechos humanos,
encargado de estudiar las acusaciones por las atrocidades perpetradas en
Bosnia, pudiera asistir a dicha conferencia. Lejos de haber aprendido la lection del comienzo del holocausto nazi,
los Gobiernos de numerosos países europeos y de Estados Unidos parecían
perfectamente dispuestos a repetir los errores de los afios treinta, excepto
el de cerrar las fronteras a los refugiados que huían para salvar la vida.
A mediados de 1992 llegó a Bosnia un primer contingente de
tropas
francesas y luego otro de efectivos británicos, pero su misión se limitaba
estrictamente a la protección de los envíos de alimentos y ayuda humanitaria —y a veces ni siquiera eso —, en lugar de proteger a los martirizados civiles inocentes. Solo a partir del despliegue de
las Fuerzas de Protection de
las
Naciones Unidas (UNPROFOR), se manifestó la pasividad en denunciar
las violaciones de los Convenios de Ginebra. Los Convenios cuentan con
escasos mecanismos para garantizar su aplicación, excepto el compromiso
asumido por las Partes de respetarlos y velar por que sean respetados. Un
amplio proyecto de investigation que realice en 1993 me convenció de
que
la comunidad
internacional, en
la época de
los reportajes
sobre
Omarska, no eludía sus responsabilidades por negligencia, sino debido a
una mentalidad fraguada a lo largo de decenios. En lugar de vigilar la
aplicación de los Convenios, el personal de UNPROFOR estuvo presente
varias veces en la escena del crimen, sin investigar ni informar acerca de
lo sucedido. La sola idea de que los Cascos Azules —los soldados buenos por
antonomasia— miren para otro lado mientras se están cometiendo crímenes en su presencia puede equivaler, para el observador desprevenido, a la abdicación de una responsabilidad más importante que cualquier mandato de Naciones Unidas.
Incluso
sin conocer el contenido de
los
Convenios de Ginebra ni de otros tratados fundamentales del derecho
intemacional humanitario, el mero sentido común indica que ningún ciudadano del mundo moderno puede presenciar violaciones flagrantes de
los derechos humanos sin investigar ni exigir que alguien ponga remedio
a lo que está sucediendo. Sin embargo, las Naciones Unidas adoptan la
perspectiva legalista según la cual los Cascos Azules no están sujetos a
los Convenios de Ginebra. Es algo que averigüe mientras cubría
los
sucesos en Bihac. En noviembre de 1994, pendía una amenaza de ataque sobre la localidad de Bihac, situada en el norte de Bosnia y declarada «zona de
seguridad» por las Naciones Unidas. Para entrar en la ciudad, las tropas
serbobosnias tenían que atacar el hospital municipal. Previendo una tragedia, un encargado de asuntos civiles de las Naciones Unidas solicitó al
militar al mando de las fuerzas
locales que protegiera el hospital, invocando los Convenios de Ginebra. El oficial, de nacionalidad estadounidense, argumentó que las tropas de las Naciones Unidas tenían el deber
de garantizar que el hospital de Bihac recibiera el alto nivel de protección
estipulado para
tales
instituciones por el IV Convenio de Ginebra, y
consiguió el visto bueno del jefe de asuntos civiles en Sarajevo, un ruso.
El oficial al mando, de nacionalidad canadiense, desplegó sus efectivos
procedentes de Bangladesh en los terrenos del hospital y logró bloquear
la ofensiva. Pero, dos semanas más tarde, un funcionario de los servicios
jurídicos dictaminó que las Naciones Unidas no están sujetas a los Convenios de Ginebra, dado que el organismo mundial no es parte en los
Convenios de 1949, y dijo que el oficial al mando sólo está obligado a
obedecer las órdenes del Consejo de Seguridad. Si alguien hubiese supuesto que la UNPROFOR se sentía obligada a
impedir o tan siquiera a vigilar los actos de genocidio, los crimenes contra
la humanidad o cualquier otra de las graves infracciones mencionadas en
los Convenios, la caída de Srebrenica, en julio de 1995, le habría quitado
la venda de los ojos. Antes de su evacuation a una zona segura, las tropas
holandesas tuvieron ocasión de ver como el ejército serbobosnio separaba
a los hombres y a los adolescentes de las mujeres, los niños y los ancianos,
cargaba a este último grupo en autobuses y camiones, y enviaba a los
primeros al lugar donde serían masacrados, como se supo más adelante.
Los primeros 54 miembros holandeses de las «fuerzas de paz» que los
serbios hicieron prisioneros en sus puestos de observation y mantuvieron
como rehenes en clara violation del derecho internacional fueron puestos
en libertad, el 15 de julio, y enviados a Bosnia en autobús, tras ser privados de sus armas y equipos. De camino hacia la salvación, mientras se encontraban aiin en territorio serbobosnio, los holandeses fueron testigos de
inequívocos signos de matanzas: calzado y mochilas de más de cien
personas alineados junto a la carretera, decenas de cadáveres apilados en
un carro y cuerpos sin vida a lo largo de los arcenes. Los testigos de
Srebrenica afirman que las principales ejecuciones se habfan perpetrado
un día antes, el 14 de julio. Cabría suponer que cualquiera que hubiese
presenciado
indicios
tan patentes de ejecuciones extrajudiciales
—un
crimen de guerra según los Convenios de Ginebra— habría informado al
respecto inmediatamente. Los sucesos que investigue y acerca de los cuales escribí por aquella época, en Omarska, Vogosca, Bihac y Srebrenica, se combinaban
para formar una estrategia inquietante, como comprendí más adelante.
Acude al CICR en busca de una explication y me
indicaron que
las
Naciones Unidas, por no ser parte en los Convenios ni parte en el conflicto, no
imponen a
los Cascos Azules
la plena observancia de
los
Convenios de Ginebra. En lugar de eso, antes de desplegar sus efectivos, el secretario general de las Naciones Unidas suele darles instrucciones generales sobre el respeto de
los principios de dichos Convenios. En el caso de Bosnia, esas instrucciones nunca llegaron a darse,
lo cual plantea otro interrogante: ¿quién tiene el cometido, en la comunidad internacional, de velar por la aplicación de los Convenios? Según
los Convenios, el CICR tiene encomendado un conflictivo doble mandato: velar por su aplicación y, a la vez, proporcionar
toda la protección posible a los prisioneros de guerra y a otras personas protegidas.
La denuncia de
los
infractores puede
tener consecuencias directas y
negativas para su acceso al lugar de los hechos. Por lo tanto, la práctica habitual del CICR de entablar contactos discretos con
la parte
infractora es una reacción comprensible. Pero esto implica, por desgracia,
que rara vez las violaciones llegan al conocimiento de la opinión pública. Las tropas extranjeras —si llevan cascos azules — pueden argumentar que pertenecen a un organismo que no es parte en los Convenios.
Pueden mirar para otro lado, y de hecho lo hacen. Así pues, las partes
en conflicto quedan
libradas a sí mismas: por un
lado,
los que están
violando el derecho, que difícilmente van a autoinculparse y, por otro,
las víctimas, cuyos alegatos rara vez son escuchados sin una buena dosis de escepticismo. En consecuencia, no hay nadie en el campo de
batalla ni en sus proximidades que pueda denunciar en
tiempo
real,
ante
la opinión pública,
las
infracciones
cometidas contra el derecho
internacional humanitario. Y los infractores
tienen todas las cartas a su
favor para gozar de total impunidad.
Una función de los medios de comunicación? En numerosas conversaciones se fraguó la idea de que esa podría ser
una función de los medios de comunicación. ^Cuantas veces habrá observado un corresponsal un abuso patente sin llamarlo por su nombre:
«crimen de guerra»? Pero; ^.cómo puede hacer un periodista para reconocer un crimen de guerra cuando lo ve? Personalmente he reflexionado acerca de sucesos que he presenciado y
acerca de los cuales no he informado de manera adecuada. En octubre de
1991, cuando arreciaba la guerra serbocroata, visite un hospital en el frente,
en la localidad croata de Vinkovci, donde todas y cada una de las salas por
encima del nivel del suelo habían quedado destruidas y donde todas las
cruces rojas que lucían en el edificio y en los vehículos del hospital habían
sido otras tantas dianas. Los médicos croatas atendían en el sótano a sus
pacientes, la mayoría heridos militares, entre ellos varios serbios. Redacte
una dramática relativa a los soldados ingresados en una de las salas (la
tripulación multiétnica de un carro de combate yugoslavo) y al artillero
croata que los había convertido en lisiados. Mencione, solo de pasada, el
estado del edificio, como un ejemplo más de la «tragedia» de Eslavonia
occidental. ^Tragedia? Una breve investigation habría puesto en claro que
Se trataba además de una grave violation del derecho internacional. Años más tarde me enteré de que, por esa misma época, un delegado
del CICR había llegado a la conclusión de que el hospital de Vinkovci
era un ejemplo "perfecto" de violation de los Convenios de Ginebra.
Además, no era el único hospital objeto de constantes ataques. El personal
del CICR comprobó que lo mismo sucedía con el de Karlovac y el de
Osijek. Naturalmente, el CICR no pudo ofrecer un relato exhaustivo del
ataque contra el hospital de Vukovar, para el cual se emplearon, según
fuentes croatas, cientos de proyectiles de mortero y dos bombas de gravedad de 250 kilos. Cuando, después de tomar la localidad, los serbios
comprobaron que, a pesar de todo, no habían arrasado el hospital, se
llevaron a los supervivientes y los ejecutaron. Así pues, Vinkovci no era un ejemplo aislado, sino parte de una
estrategia que tenía como objetivo a los hospitales. Habría sido una buena
historia para un periodico. Lógicamente, un periodista cuidadoso habría
tenido que atravesar el frente, obtener la versión del otro bando, regresar
al lado croata y probablemente ir y volver alguna vez más hasta que todos
los hechos encajaran. Cientos de periodistas de decenas de países estaban
cubriendo la guerra, pero ninguno —por lo que yo se— documento el
crimen o la destrucción del hospital de Vinkovci. Es un hecho del que cabe
extraer una
lection.
Con independencia de lo que las Naciones Unidas exijan en el futuro
a sus fuerzas de paz en relation con los Convenios de Ginebra, los propios
Los medios de comunicación también pueden vigilar su aplicación. Buscando
ejemplos inequívocos, investigando lo que sucedió en realidad e informando casi en tiempo real, los periodistas podrían dar a conocer un drama
humano que la opinión pública de casi todos los países podría relacionar
con la aplicación de la violation de normas universalmente aceptadas. Resulta difícil evaluar en abstracto la potencial repercusión sobre la sensibilización de la opinión pública; pero, en determinadas circunstancias, tal
La repercusión podría ser considerable. Si la prensa hubiese difundido con
más habilidad
los abusos perpetrados durante la guerra de Croacia de
1991, sus reportajes habrían alertado al mundo con respecto a la verdadera
naturaleza del conflicto y lo habían preparado mejor para la explosion
de crímenes registrada durante la guerra de Bosnia, de 1992-1995. Y, si
los periodistas hubiesen proporcionado un marco jurídico de referencia
para los malos tratos sistemáticos en los campos de prisioneros, la destruction de la cultura y los ataques contra las ciudades y la población civil
durante el conflicto de Bosnia, tanto la opinión pública como los Gobiernos de las principales potencias habían dispuesto probablemente de una
base más sólida para determinar una respuesta. Lejos de estar anticuados o superados por los acontecimientos,
los
Convenios de Ginebra de 1949 pueden aportar a la opinión pública una
guía normativa con respecto a lo realmente importante en un conflicto.
Después de
todo, recogen
las
lecciones aprendidas después del peor
conflicto del siglo, y su contenido —gran parte del cual se remonta a una
época bastante anterior — así lo refleja. Mientras que el objetivo del CICR
es fomentar
su aplicación citando ejemplos concretos,
los medios de
comunicación, por su parte, pueden concentrar su atención en los crímenes
de guerra. La opinión pública comprenderá mejor lo que está en juego en
una guerra si los periodistas están al tanto de lo que es un acto lícito, ilícito
o criminal, particularmente en el comienzo de esta nueva era de institution
de tribunales
internacionales para juzgar
los abusos. Al final de este
decenio, que tal vez se recuerde como la década de la limpieza étnica, en
las postrimerías de un siglo de guerras totales contra la población civil
y próximos ya a la conclusión de un milenio tumultuoso, probablemente
ha llegado el momenta de informar mejor a la opinión pública acerca de
estas distinciones.
Unos medios de comunicación conocedores
del derecho humanitario internacional para la prevention
del sufrimiento y los crímenes
Un proyecto Con el fin de promover el conocimiento del derecho internacional
humanitario, un grupo de periodistas y juristas,
respaldado por el
Washington College of Law de la American University y su Departamento
de Comunicaciones, ha organizado el «Proyecto Crímenes de Guerra». La
finalidad del proyecto es ofrecer a los periodistas estadounidenses y
extranjeros una formación en el ámbito del derecho humanitario. Con el
apoyo financiero de la Fundación de la Familia Sandier y la Fundación
Ford, nuestro primer objetivo es publicar un breve manual sobre los
crímenes de guerra, que consistirá en unos 60 artículos periodísticos sobre
violaciones graves de los Convenios de Ginebra y crímenes contra la
humanidad. En cada artículo se presenta un ejemplo inequívoco, presenciado directamente o suficientemente documentado por el periodista,
junto con un análisis de la legislación aplicable, de los aspectos que
conviene tener en cuenta y de los tecnicismos que puedan resultar relevantes. Para facilitar el análisis jurídico, un estudiante de postgrado del
Washington College of Law ha revisado las publicaciones jurídicas en
busca de artículos sobre cada una de las violaciones graves y ha preparado
Una breve introducción.
Todos los artículos están siendo revisados por periodistas y juristas,
con el asesoramiento de los servicios jurídicos del CICR y de destacados
expertos militares. También hay artículos sobre nueve guerras importantes, consideradas desde la nueva perspectiva del derecho internacional
humanitario, poniendo de relieve, sobre todo, los crímenes de guerra. Se
pretende que cada guía sea el paradigma de un tipo de conflicto. Las
elegidas son: conflicto arabe-israeli, como típico ejemplo de una guerra
que superó con creces todo lo previsto en los Convenios de Ginebra;
Bosnia, como modelo para estudiar casi todas las violaciones posibles del
derecho humanitario; Camboya, como ejemplo de los límites artificiales
de la Convention sobre el Genocidio; Chechenia, como modelo de violation de los Convenios de Ginebra por parte de los dos bandos; Colombia,
para estudiar un caso en el que las organizaciones paramilitares quedan
fuera de control; guerra del Golfo, como ejemplo de conflicto en el que
las grandes potencias intentaron aplicar los Convenios; Irak-Irán, uno de
los últimos grandes conflictos
internacionales; Liberia, ejemplo de la
barbarie característica de las guerras localizadas africanas; Ruanda, el
fracaso de la comunidad mundial antes, durante y despues del genocidio.
Destacados expertos están preparando una serie de artículos sobre
otros temas. Para aumentar el impacto de este manual en formato de
bolsillo, los principales artículos están ilustrados. La documentation
gráfica está a cargo de un ex documentalista de la agencia Magnum y del
diseño de la obra se encarga un equipo de profesionales: Gilles Peress,
fotografo de Magnum, y Jeff Streeper, disefiador grafico con estudio en
Nueva York.
Con motivo de la presentación del libro, prevista para 1999, se organizaron varios seminarios destinados a los medios de comunicación, que
tendrán por tema la cobertura periodística de los conflictos armados y los
crímenes de guerra. Se prevé, asimismo, preparar otra publication sobre
Los aspectos profesionales y éticos del periodismo de guerra. Los siguientes proyectos son una página en Internet, una película, un plan de estudios
para escuelas de periodismo y exposiciones de fotografías.