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1
+ El soldado y la Muerte
2
+
3
+
4
+
5
+
6
+ Un soldado, después de haber cumplido su servicio durante veinticinco
7
+ años, pidió ser licenciado y se fue a correr mundo.
8
+
9
+ Anduvo algún tiempo, y se encontró a un pobre que le pidió limosna.
10
+ El soldado tenía sólo tres galletas y dio una al mendigo, quedándose él
11
+ con dos. Siguió su camino, y a poco tropezó con otro pobre que también le
12
+ pidió limosna saludándolo humildemente. El soldado repartió con él su
13
+ provisión, dándole una galleta y quedándose él con la última.
14
+
15
+ Llevaba andando un buen rato, cuando se encontró a un tercer mendigo.
16
+ Era un anciano de pelo blanco como la nieve, que también lo saludó
17
+ humildemente pidiéndole limosna. El soldado sacó su última galleta y
18
+ reflexionó así:
19
+
20
+ «Si le doy la galleta entera me quedaré sin provisiones; pero si le
21
+ doy la mitad y encuentra a los otros dos pobres, al ver que a ellos les he
22
+ dado una galleta entera a cada uno se podrá ofender. Será mejor que le dé
23
+ la galleta entera; yo me podré pasar sin ella.»
24
+
25
+ Le dio su última galleta, quedándose sin provisiones. Entonces el
26
+ anciano le preguntó:
27
+
28
+ -Dime, hijo mío, ¿qué deseas y qué necesitas?
29
+
30
+ -Dios te bendiga -le contestó el soldado-. ¿Qué quieres que te pida a
31
+ ti, abuelito, si eres tan pobre que nada puedes ofrecerme?
32
+
33
+ -No hagas caso de mi miseria y dime lo que deseas; quizá pueda
34
+ recompensarte por tu buen corazón.
35
+
36
+ -No necesito nada; pero si tienes una baraja, dámela como recuerdo
37
+ tuyo.
38
+
39
+ El anciano sacó de su bolsillo una baraja y se la dio al soldado,
40
+ diciendo:
41
+
42
+ -Tómala, y puedes estar seguro de que, juegues con quien juegues,
43
+ siempre ganarás. Aquí tienes también una alforja; a quien encuentres en el
44
+ camino, sea persona, sea animal o sea cosa, si la abres y dices: «Entra
45
+ aquí», en seguida se meterá en ella.
46
+
47
+ -Muchas gracias -le dijo el soldado.
48
+
49
+ Y sin dar importancia a lo que el anciano le había dicho, tomó la
50
+ baraja y la alforja y siguió su camino.
51
+
52
+ Después de andar bastante tiempo llegó a la orilla de un lago y vio
53
+ en él tres gansos que estaban nadando. Se le ocurrió al soldado ensayar su
54
+ alforja; la abrió y exclamó:
55
+
56
+ -¡Ea, gansos, entrad aquí!
57
+
58
+ Apenas tuvo tiempo de pronunciar estas palabras cuando, con gran
59
+ asombro suyo, los gansos volaron hacia él y entraron en la alforja. El
60
+ soldado la ató, se la puso al hombro y siguió su camino.
61
+
62
+ Anduvo, anduvo y al fin llegó a una gran ciudad desconocida. Entró en
63
+ una taberna y dijo al tabernero:
64
+
65
+ -Oye. Toma este ganso y ásamelo para cenar; por este otro me darás
66
+ pan y una buena copa de aguardiente, y este tercero te lo doy a ti en pago
67
+ de tu trabajo.
68
+
69
+ Se sentó a la mesa y, una vez lista la cena, se puso a cenar,
70
+ bebiéndose el aguardiente y comiéndose el sabroso ganso. Conforme cenaba,
71
+ se le ocurrió mirar por la ventana y vio cerca de la taberna un magnífico
72
+ palacio que tenía rotos todos los cristales de las ventanas.
73
+
74
+ -Dime -preguntó al tabernero-, ¿qué palacio es ése y por qué se halla
75
+ abandonado?
76
+
77
+ -Ya hace tiempo -le dijo éste- que nuestro zar hizo construir ese
78
+ palacio, pero le fue imposible establecerse en él. Hace ya diez años que
79
+ está abandonado, porque los diablos lo han tomado por residencia y echan
80
+ de él a todo el que entra. Apenas llega la noche se reúnen allí a bailar,
81
+ alborotar y jugar a los naipes.
82
+
83
+ El soldado, sin pararse a pensar en nada, se dirigió a palacio, se
84
+ presentó ante el zar, y haciendo un saludo militar, le dijo así:
85
+
86
+ -¡Majestad! Perdóname mi audacia por venir a verte sin ser llamado.
87
+ Quisiera que me dieses permiso para pasar una noche en tu palacio
88
+ abandonado.
89
+
90
+ -¡Tú estás loco! Se han presentado ya muchos hombres audaces y
91
+ valientes pidiéndome lo mismo; a todos les di permiso, pero ninguno de
92
+ ellos ha vuelto vivo.
93
+
94
+ -El soldado ruso ni se ahoga en el agua ni se quema en el fuego
95
+ -contestó el soldado-. He servido a Dios y al zar veinticinco años y no me
96
+ he muerto, y crees que ahora me voy a morir en una sola noche.
97
+
98
+ -Pero te advierto que siempre que ha entrado al anochecer un hombre
99
+ vivo, a la mañana siguiente sólo se han encontrado los huesos -contestó el
100
+ zar.
101
+
102
+ El soldado persistió en su deseo, rogando al zar que le diese permiso
103
+ para pasar la noche en el palacio abandonado.
104
+
105
+ -Bueno -dijo al fin el zar-. Ve allí si quieres; pero no podrás decir
106
+ que ignoras la muerte que te espera.
107
+
108
+ Se fue el soldado al palacio abandonado, y una vez allí se instaló en
109
+ la gran sala, se quitó la mochila y el sable, puso la primera en un rincón
110
+ y colgó el sable de un clavo. Se sentó a la mesa, sacó la tabaquera, llenó
111
+ la pipa, la encendió y se puso a fumar tranquilamente.
112
+
113
+ A las doce de la noche acudieron, no se sabe de dónde, una cantidad
114
+ tan grande de diablos que no era posible contarlos. Empezaron a gritar, a
115
+ bailar y alborotar, armando una algarabía infernal.
116
+
117
+ -¡Hola, soldado! ¿Estás tú también aquí? -gritaron al ver a éste-.
118
+ ¿Para qué has venido? ¿Acaso quieres jugar a los naipes con nosotros?
119
+
120
+ -¿Por qué no he de querer? -repuso el soldado-. Ahora que con una
121
+ condición: hemos de jugar con mi baraja, porque no tengo fe en la vuestra.
122
+
123
+ En seguida sacó su baraja y empezó a repartir las cartas. Jugaron un
124
+ juego y el soldado ganó; la segunda vez ocurrió lo mismo. A pesar de todas
125
+ las astucias que inventaban los diablos, perdieron todo el dinero que
126
+ tenían, y el soldado iba recogiéndolo tranquilamente.
127
+
128
+ -Espera, amigo -le dijeron los diablos-; tenemos una reserva de
129
+ cincuenta arrobas de plata y cuarenta de oro: vamos a jugar esa plata y
130
+ ese oro.
131
+
132
+ Mandaron a un diablejo para que les trajese los sacos de la reserva y
133
+ continuaron jugando. El soldado seguía ganando, y el pequeño diablejo,
134
+ después de traer todos los sacos de plata, se cansó tanto, que, con el
135
+ aliento perdido, suplicó al viejo diablo calvo:
136
+
137
+ -Permíteme descansar un ratito.
138
+
139
+ -¡Nada de descanso, perezoso! ¡Tráenos en seguida los sacos de oro!
140
+
141
+ El diablejo, asustado, corrió a todo correr y siguió trayendo los
142
+ sacos de oro, que pronto se amontonaron en un rincón. Pero el resultado
143
+ fue el mismo: el soldado seguía ganando.
144
+
145
+ Los diablos, a quienes no agradaba separarse de su dinero; derribaron
146
+ la mesa a patadas y atacaron al soldado, rugiendo a coro:
147
+
148
+ -Despedazadlo, despedazadlo.
149
+
150
+ Pero el soldado, sin turbarse, cogió su alforja, la abrió y preguntó:
151
+
152
+ -¿Sabéis qué es esto?
153
+
154
+ -Una alforja -le contestaron los diablos.
155
+
156
+ -¡Pues entrad todos aquí!
157
+
158
+ Apenas pronunció estas palabras, todos los diablos en pelotón se
159
+ precipitaron en la alforja, llenándola por completo, apretados unos a
160
+ otros. El soldado la ató lo más fuerte posible con una cuerda, la colgó de
161
+ la pared, y luego, echándose sobre los sacos de dinero, se durmió
162
+ profundamente sin despertar hasta la mañana.
163
+
164
+ Muy temprano, el zar dijo a sus servidores:
165
+
166
+ -Id a ver lo que le ha sucedido al soldado, y si se ha muerto,
167
+ recoged sus huesos.
168
+
169
+ Los servidores llegaron al palacio y vieron con asombro al soldado
170
+ paseándose contentísimo por las salas fumando su pipa.
171
+
172
+ -¡Hola, amigo! Ya no esperábamos verte vivo. ¿Qué tal has pasado la
173
+ noche? ¿Cómo te las has arreglado con los diablos?
174
+
175
+ -¡Valientes personajes son esos diablos! ¡Mirad cuánto oro y cuánta
176
+ plata les he ganado a los naipes!
177
+
178
+ Los servidores del zar se quedaron asombrados y no se atrevían a
179
+ creer lo que veían sus ojos.
180
+
181
+ -Os habéis quedado todos con la boca abierta -siguió diciendo el
182
+ soldado-. Enviadme pronto dos herreros y decidles que traigan con ellos el
183
+ yunque y los martillos.
184
+
185
+ Cuando llegaron los herreros trayendo consigo el yunque y los
186
+ martillos de batir, les dijo el soldado:
187
+
188
+ -Descolgad esa alforja de la pared y dad buenos golpes sobre ella.
189
+
190
+ Los herreros se pusieron a descolgar la alforja y hablaron entre
191
+ ellos:
192
+
193
+ -¡Dios mío, cuánto pesa! ¡Parece como si estuviera llena de diablos!
194
+
195
+ Y éstos exclamaron desde dentro:
196
+
197
+ -Somos nosotros, queridos amigos.
198
+
199
+ Colocaron el yunque con la alforja encima y se pusieron a golpear
200
+ sobre ella con los martillos como si estuviesen batiendo hierro. Los
201
+ diablos, no pudiendo soportar el dolor, llenos de espanto, gritaron con
202
+ todas sus fuerzas:
203
+
204
+ -¡Gracia, gracia, soldado! ¡Déjanos libres! ¡Nunca te olvidaremos y
205
+ ningún diablo entrará jamás en este palacio ni se acercará a él en cien
206
+ leguas a la redonda!
207
+
208
+ El soldado ordenó a los herreros que cesasen de golpear, y apenas
209
+ desató la alforja los diablos echaron a correr sin siquiera mirar atrás;
210
+ en un abrir y cerrar de ojos desaparecieron del palacio. Pero no todos
211
+ tuvieron la suerte de escapar: el soldado detuvo, como prisionero en
212
+ rehenes, a un diablo cojo que no pudo correr como los demás.
213
+
214
+ Cuando anunciaron al ..