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|---|---|---|---|---|---|
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | Basilisa la Hermosa | Cuento folclórico | En un reino vivía una vez un comerciante con su mujer y su única hija, llamada Basilisa la Hermosa. Al cumplir la niña los ocho años se puso enferma su madre, y presintiendo su próxima muerte llamó a Basilisa, le dio una muñeca y le dijo:
-Escúchame, hijita mía, y acuérdate bien de mis últimas palabras. Yo me muero y c... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | Dios y el párroco | Minicuento | Un párroco cuidaba con devoción de su iglesia, y un día le regaló a su santuario un candelabro maravilloso, con una vela muy grande. Entonces, apareció delante de él Dios y, como premio, prometió anunciarle tres veces, antes de llevárselo de este mundo.
El párroco se alegró mucho. Empezó a vivir con lujos y fiestas; co... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El adivino | Cuento folclórico | Era un campesino pobre y muy astuto apodado Escarabajo, que quería adquirir fama de adivino.
Un día robó una sábana a una mujer, la escondió en un montón de paja y se empezó a alabar diciendo que estaba en su poder el adivinarlo todo. La mujer lo oyó y vino a él pidiéndole que adivinase dónde estaba su sábana. El campe... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El campesino, el oso y la zorra | Cuento folclórico | Un día un campesino estaba labrando su campo, cuando se acercó a él un Oso y le gritó:
-¡Campesino, te voy a matar!
-¡No me mates! -suplicó éste-. Yo sembraré los nabos y luego los repartiremos entre los dos; yo me quedaré con las raíces y te daré a ti las hojas.
Consintió el Oso y se marchó al bosque.
Llegó el tiempo ... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El corredor veloz | Cuento folclórico |
En un reino muy lejano, lindando con una ciudad había un pantano muy extenso; para entrar y salir de la ciudad había que seguir una carretera tan larga que, yendo de prisa, se empleaba tres años en bordear el pantano, y yendo despacio se tardaba más de cinco.
A un lado de la carretera vivía un anciano muy devoto que t... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El ermitaño y los diablos | Minicuento | Un ermitaño, que había estado rezando durante treinta y tres años seguidos, vio que a la casa del zar acudían los diablos. Un día, el diablo cojo, Potanka, se quedó rezagado. El ermitaño salió y le preguntó a dónde se dirigían todos los días.
—Vamos a casa del zar a comer. Sus cocineros lo preparan todo sin santiguarse... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El Gallito de Cresta de Oro | Cuento folclórico | Un viejo matrimonio era tan pobre que con gran frecuencia no tenía ni un mendrugo de pan que llevarse a la boca.
Un día se fueron al bosque a recoger bellotas y traerlas a casa para tener con qué satisfacer su hambre.
Mientras comían, a la anciana se le cayó una bellota a la cueva de la cabaña; la bellota germinó y poc... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El gato, el gallo y la zorra | Cuento folclórico | En otros tiempos hubo un anciano que tenía un gato y un gallo muy amigos uno de otro. Un día el viejo se fue al bosque a trabajar; el gato le llevó el almuerzo y el gallo se quedó para guardar la casa. Pasado un rato se acercó a la casa una zorra, y situándose debajo de la ventana, se puso a cantar:
-¡Cucuricú, Gallito... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El gato y la zorra | Cuento folclórico | Érase un campesino que tenía un gato tan travieso, que su dueño, perdiendo al fin la paciencia, lo cogió un día, lo metió en un saco y lo llevó al bosque, dejándolo allí abandonado.
El Gato, viéndose solo, salió del saco y se puso a errar por el bosque hasta que llegó a la cabaña de un guarda. Se subió a la guardilla y... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El gigante Verlioka | Cuento folclórico | En tiempos remotos vivía en una cabaña un anciano con su mujer y sus dos nietas huérfanas. Eran tan preciosas y dóciles que sus abuelos estaban constantemente alabándolas.
Un día el anciano sembró en su huerto guisantes. Los guisantes crecieron y se cubrieron de flores; el anciano contemplaba su huerto con gran satisfa... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El hermano de Cristo | Minicuento | Un campesino tenía un hijo muy bueno y muy religioso. Un día, el hijo le pidió permiso para peregrinar. Anduvo y anduvo, y llegó hasta una casita donde un anciano oraba arrodillado. Se pusieron juntos delante de los iconos, y rezaron durante mucho tiempo.
Al terminar sus oraciones, el anciano le dijo que se hermanaran.... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El hombre bueno y el hombre malo | Cuento folclórico | Una vez hablaban entre sí dos campesinos pobres; uno de ellos vivía a fuerza de mentiras, y cuando se le presentaba la ocasión de robar algo no la desperdiciaba nunca; en cambio, el otro, temeroso de Dios y de estrecha conciencia, se esforzaba por vivir con el modesto fruto de su honrado trabajo. En su conversación, em... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El infortunio | Cuento folclórico | En una aldea vivían dos campesinos hermanos; uno pobre y el otro rico.
El rico se trasladó a una gran ciudad, se hizo construir una gran casa, se estableció en ella y se inscribió en el gremio de comerciantes. Entretanto, al pobre le faltaba muchas veces hasta pan para sus hijos, que lloraban y le pedían de comer.
El d... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El niño prodigioso | Cuento folclórico | Érase un acreditado comerciante que vivía con su mujer y poseía grandes riquezas. Sin embargo, el matrimonio no era feliz porque no tenía hijos, cosa que deseaban ambos ardientemente, y para ello pedían a Dios todos los días que les concediese la gracia de tener un niño que los hiciese muy dichosos, los sostuviera en l... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El pez de oro | Cuento folclórico | En una isla muy lejana, llamada isla Buián, había una cabaña pequeña y vieja que servía de albergue a un anciano y su mujer. Vivían en la mayor pobreza; todos sus bienes se reducían a la cabaña y a una red que el mismo marido había hecho, y con la que todos los días iba a pescar, como único medio de procurarse el suste... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El príncipe Danilo | Cuento folclórico | Érase una princesa que tenía un hijo y una hija; los dos eran sanos y guapísimos. Un día vino a visitarla una vieja bruja, que se puso a alabar a los niños, y al despedirse, dijo:
-Querida amiga mía: he aquí un anillo; ponlo en el dedo de tu hijo, porque le traerá suerte y siempre será rico y feliz; pero que tenga cuid... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El Rey del Frío | Cuento folclórico | Érase que se era un viejo que vivía con su mujer, también anciana, y con sus tres hijas, la mayor de las cuales era hijastra de aquélla. Como sucede casi siempre, la madrastra no dejaba nunca en paz a la pobre muchacha y la regañaba constantemente por cualquier pretexto.
-¡Qué perezosa y sucia eres! ¿Dónde pusiste la e... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El sol, la luna y el cuervo | Cuento folclórico | Érase un matrimonio ya anciano que tenía dos hijas y un hijo. Un día fue el marido al granero a buscar grano; cogió un saco, lo llenó de trigo y se lo llevó a su casa; pero no se fijó en que el saco tenía un agujero, por el que el trigo se iba saliendo y esparciéndose por el camino.
Cuando llegó a su casa, su mujer le ... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El soldado y la muerte | Cuento folclórico | Un soldado, después de haber cumplido su servicio durante veinticinco años, pidió ser licenciado y se fue a correr mundo.
Anduvo algún tiempo, y se encontró a un pobre que le pidió limosna. El soldado tenía sólo tres galletas y dio una al mendigo, quedándose él con dos. Siguió su camino, y a poco tropezó con otro pobre... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El zarevich cabrito | Cuento folclórico | Eran un zar y una zarina que tenían un hijo y una hija. El hijo se llamaba Ivanuchka y la hija Alenuchka.
Cuando el zar y la zarina murieron, los hijos, como no tenían ningún pariente, se quedaron solos y decidieron irse a recorrer el mundo.
Se pusieron en camino y anduvieron hasta que el sol subió en el cielo a su may... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | El zarevich Iván y el lobo gris | Cuento folclórico | Una vez, en tiempos remotos, vivía en su retiro el zar Vislav con sus tres hijos los zareviches Demetrio, Basilio e Iván. Poseía un espléndido jardín en el que había un manzano que daba frutos de oro. El zar lo quería tanto como a las niñas de sus ojos y lo cuidaba con gran esmero.
Llegó un día en que se notó la falta ... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | Fomá Berénnikov | Cuento folclórico | Érase una anciana que vivía con su hijo Fomá Berénnikov. Un día el hijo se fue a labrar al campo; su caballo era un rocín flaco y débil, y el pobre Fomá, desesperando de hacerle trabajar, se sentó en una piedra.
Las moscas zumbaban volando sobre un montón de basura, y Fomá, cogiendo una rama seca, les pegó y se puso a ... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | Gorrioncito | Cuento folclórico | Un matrimonio viejo que no tenía hijos rezaba a Dios todos los días para merecer la misericordia divina; pero Dios, sordo, al parecer, a las súplicas, no le concedía la gracia de tener un niño.
Un día se fue el marido al bosque para recoger setas y encontró a un viejecito que le dijo:
-Yo sé cuál es la pena que esconde... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | La araña Mizguir | Cuento folclórico | En tiempos remotos hubo un verano tan caluroso que la gente no sabía dónde esconderse para librarse de los ardientes rayos del Sol, que quemaban sin piedad. Coincidiendo con esta época de calor apareció una gran plaga de moscas y de mosquitos, que picaban a la desgraciada gente de tal modo que de cada picadura saltaba ... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | La bruja Baba Yaga | Cuento folclórico | Vivía en otros tiempos un comerciante con su mujer; un día ésta se murió, dejándole una hija. Al poco tiempo el viudo se casó con otra mujer, que, envidiosa de su hijastra, la maltrataba y buscaba el modo de librarse de ella.
Aprovechando la ocasión de que el padre tuvo que hacer un viaje, la madrastra le dijo a la muc... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | La bruja y la hermana del Sol | Cuento folclórico | En un país lejano hubo un zar y una zarina que tenían un hijo, llamado Iván, mudo desde su nacimiento.
Un día, cuando ya había cumplido doce años, fue a ver a un palafrenero de su padre, al que tenía mucho cariño porque siempre le contaba cuentos maravillosos.
Esta vez, el zarevich Iván quería oír un cuento; pero lo qu... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | La ciencia mágica | Cuento folclórico | En una aldea vivían un campesino con su mujer y su único hijo. Eran muy pobres, y, sin embargo, el marido deseaba que su hijo estudiase una carrera que le ofreciese un porvenir brillante y pudiera servirles de apoyo en su vejez. Pero ¿qué podían hacer? ¡Cuando no se tiene dinero…!
El padre llevó a su hijo a varias ciud... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | La invernada de los animales | Cuento folclórico | Un toro que pasaba por un bosque se encontró con un cordero.
-¿Adónde vas, Cordero? -le preguntó.
-Busco un refugio para resguardarme del frío en el invierno que se aproxima -contestó el Cordero.
-Pues vamos juntos en su busca.
Continuaron andando los dos y se encontraron con un cerdo.
-¿Adónde vas, Cerdo? -preguntó el... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | La niña lista | Cuento folclórico | Dos hermanos marchaban juntos por el mismo camino. Uno de ellos era pobre y montaba una yegua; el otro, que era rico, iba montado sobre un caballo.
Se pararon para pasar la noche en una posada y dejaron sus monturas en el corral. Mientras todos dormían, la yegua del pobre tuvo un potro, que rodó hasta debajo del carro ... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | La rana zarevna | Cuento folclórico | En un reino muy lejano reinaban un zar y una zarina que tenían tres hijos. Los tres eran solteros, jóvenes y tan valientes que su valor y audacia eran envidiados por todos los hombres del país. El menor se llamaba el zarevich* Iván.
Un día les dijo el zar:
-Queridos hijos: Tomen cada uno una flecha, tiendan sus fuertes... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | La vaquita parda | Cuento folclórico | Éranse en un reino un zar y una zarina que tenían una hija llamada María. Cuando la zarina murió, el zar se casó al poco tiempo con una mujer llamada Yaguichno. De este segundo matrimonio tuvo tres hijas; la mayor tenía un solo ojo, la segunda nació con dos, y la tercera tenía tres ojos.
La madrastra no quería bien a s... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | La vejiga, la paja y el calzón de líber | Cuento folclórico | Una vejiga, una paja y un calzón de líber1 se reunieron y decidieron irse a recorrer el mundo para conocer gente y hacerse célebres. Llegaron a la orilla de un arroyito y se detuvieron indecisos al no encontrar el modo de atravesarlo. Entonces el Calzón de líber le dijo a la Vejiga:
-Oye, Vejiga, tú puedes muy bien ser... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | La zorra, la liebre y el gallo | Cuento folclórico | Éranse una liebre y una zorra. La zorra vivía en una cabaña de hielo y la liebre en una choza de líber. Llegó la primavera, y los rayos del Sol derritieron la cabaña de la zorra, mientras que la de la liebre permaneció intacta. La astuta zorra pidió albergue a la liebre, y una vez que le fue concedido echó a ésta de su... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | Marco el Rico y Basilio el Desgraciado | Cuento folclórico | En cierto país vivía un comerciante llamado Marco, al que pusieron el apodo de el Rico porque poseía una fabulosa fortuna. A pesar de sus riquezas, era un hombre avaro y sin caridad para los pobres, a los que no quería ver ni aun en los alrededores de su casa; apenas alguno se acercaba a su puerta, ordenaba a sus servi... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | Potanka | Minicuento | Una mujer preparó levadura sin pedir que Dios la bendijera. Llegó corriendo el diablo Potanka y se metió en la levadura. Más tarde, la mujer se acordó de que no había pedido la bendición, regresó y bendijo la levadura. Así, Potanka no pudo ya salir de la tinaja.
La mujer coló la levadura y tiró los desechos a la calle.... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | Trilla milagrosa | Minicuento | Una noche invernal y de mal tiempo, marchaban por un camino Iván el Misericordioso y los doce apóstoles. Hacía demasiado frío como para pernoctar en el campo, de modo que llamaron a la puerta de una casa. El campesino los dejó entrar, a condición de que, al día siguiente, bien temprano, le trillaran varias gavillas de ... |
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich | Rusia | 1826-1871 | Visita al infierno | Minicuento | Al joven a quien Dios llevó de visita al infierno, un anciano le instó:
—Cuéntame lo que has visto.
—Vi un puente de plata —contesta el peregrino—. Bajo el puente había una caldera enorme donde hervían cabezas humanas. Sobre ellas volaban águilas que las sometían a tortura con sus picos.
—Ese es el eterno tormento que ... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Almohada | Minicuento | Usando como almohada un escepticismo con olor a hojas de rosa, leía un libro de Anatole France. Pero nunca se dio cuenta de que, dentro de su almohada, había un centauro, una deidad que era medio hombre, medio caballo.
FIN |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Base naval | Minicuento | El interior del submarino era oscuro. Se agachó, rodeado de maquinaria, y echó un vistazo por el periscopio. Vio el paisaje del puerto naval.
—Por ahí tal vez pueda ver un buque, el Kongo —le dijo un oficial.
Mientras contemplaba un buque de guerra en la lente cuadrada, se acordó, sin saber por qué, del perejil. El per... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Cuerpo de mujer | Cuento | Una noche de verano un chino llamado Yang despertó de pronto a causa del insoportable calor. Tumbado boca abajo, la cabeza entre las manos, se había entregado a hilvanar fogosas fantasías cuando se percató de que había un pulga avanzando por el borde de la cama. En la penumbra de la habitación la vio arrastrar su dimin... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | El biombo del infierno | Cuento | I
Difícilmente habrá existido otra persona como el señor de Horikawa, ni existirá en el futuro. De él se decía que antes de su nacimiento, en los sueños de su señora madre había aparecido el Matatejas, lo que prueba que desde el comienzo de su vida le estuvo concedido ser muy diferente al común de las personas. Cada un... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | El gran terremoto | Minicuento | Olía como a albaricoques podridos. Caminando entre las ruinas del incendio, percibió ese tenue olor. También pensó que, extrañamente, el hedor de cadáveres putrefactos bajo el calor del sol no era tan desagradable. Ante el estanque donde habían ido apilando los cadáveres, comprendió que en el ámbito de las sensaciones,... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | En el bosque | Cuento | Declaración del leñador interrogado por el oficial de investigaciones de la Kebushi
-Yo confirmo, señor oficial, mi declaración. Fui yo el que descubrió el cadáver. Esta mañana, como lo hago siempre, fui al otro lado de la montaña para hachar abetos. El cadáver estaba en un bosque al pie de la montaña. ¿El lugar exacto... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Kappa | Cuento | Extrañamente, experimentaba simpatía por Gael, presidente de una compañía de vidrio. Gael era uno de los más grandes capitalistas del país. Probablemente, ningún otro kappa tenía un vientre tan enorme como el suyo. ¡Y cuán feliz se le ve cuando está sentado en un sofá y tiene a su lado a su mujer que se asemeja a una l... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Kesa y Moritô | Cuento | I
A medianoche, contemplando la luna, fuera del cerco que rodea su casa, Moritô, pensativo, va pisando las hojas muertas.
Monólogo de Moritô
Ya asomó la luna. Si hasta ahora esperé con impaciencia su salida, llegada esta noche su luz me llena de temor. Mi cuerpo tiembla al imaginar que en solo una noche pueda quedar ... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | La fiesta de baile | Cuento | 1.
Esto fue en la noche del día tres de noviembre del año 19 de Meiji. Akiko, hija de la familia XX, de 17 años de edad, subía en compañía de su padre, hombre calvo, la escalera de la Casa Rokumei, donde se celebraba la fiesta de baile. Alumbradas por la fuerte luz de la lámpara, las grandes flores de crisantemo, que p... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | La mandarina | Cuento | Fue un día nublado de invierno. Yo esperaba distraído el silbato de partida, arrinconado en un asiento de segunda clase de la línea Yokosuka con rumbo a Tokio. Extrañamente, no había ningún otro pasajero dentro del vagón, que ya se había iluminado con luz eléctrica desde hacía mucho tiempo. Más extraño todavía, pude co... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | La nariz | Cuento | No hay nadie, en todo Ike-no-wo, que no conozca la nariz de Zenchi Naigu. Medirá unos 16 centímetros, y es como un colgajo que desciende hasta más abajo del mentón. Es de grosor parejo desde el comienzo al fin; en una palabra, una cosa larga, con aspecto de embutido, que le cae desde el centro de la cara.
Naigu tiene m... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Los engranajes | Cuento | I. Impermeable
Desde un balneario veraniego situado a cierta distancia, cargando con mi maleta, tomé un auto hasta la estación de la línea Tokaido, en camino hacia la fiesta de bodas de un conocido. A cada lado del camino que recorría el auto había casi solamente pinos. Era dudoso que llegara a tiempo para alcanzar el ... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Maestro | Minicuento | Leyendo un libro del maestro bajo un gran roble. Bañado por la luz de un día de otoño, no se movía ni una sola hoja. En algún cielo lejano, una balanza de platillos de cristal mantenía un equilibrio perfecto… Tal era la imagen que veía mientras leía el libro del maestro.
FIN |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Mariposa | Minicuento | Una mariposa revoloteaba en el viento impregnado de olor a algas. Durante un instante, sintió cómo las alas de la mariposa acariciaban sus labios resecos. Y a pesar de todo, el polvo que las alas dejaron grabado sobre sus labios, todavía continuaba brillando después de tantos años.
FIN |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Muerte | Minicuento | Aprovechando la suerte de estar solo en el dormitorio, colgó el cinturón del enrejado de la ventana e intentó ahorcarse. Pero al tratar de introducir el cuello en el cinturón, lo asaltó el miedo a la muerte. No temía el dolor físico que se siente en el instante de morir. Sacó por segunda vez el reloj de bolsillo y deci... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Parto | Minicuento | Se detuvo en la puerta corredera y miró desde arriba cómo la comadrona, que todavía llevaba la bata blanca de operaciones, limpiaba al recién nacido. El bebé, cada vez que le entraba jabón en los ojos, arrugaba la cara tiernamente. Además, lloraba con una voz muy aguda. Mientras notaba un olor que le recordaba al de un... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Rashomon | Cuento | Era un frío atardecer. Bajo Rashomon, el sirviente de un samurai esperaba que cesara la lluvia. No había nadie en el amplio portal. Sólo un grillo se posaba en una gruesa columna, cuya laca carmesí estaba resquebrajada en algunas partes. Situado Rashomon en la Avenida Sujaltu, era de suponer que algunas personas, como ... |
Akutagawa, Ryunosuke | Japón | 1892-1927 | Sennin | Cuento | Un hombre que quería emplearse como sirviente llegó una vez a la ciudad de Osaka. No sé su verdadero nombre, lo conocían por el nombre de sirviente, Gonsuké, pues él era, después de todo, un sirviente para cualquier trabajo.
Este hombre -que nosotros llamaremos Gonsuké- fue a una agencia de COLOCACIONES PARA CUALQUIER ... |
Alarcón, Pedro Antonio de | España | 1833-1891 | El asistente | Cuento | ¡Qué horas tan dulces son las que siguen a una comida de amigos entusiastas, rociada grandemente de manzanilla, cuando el humo de los cigarros envuelve ya a los comensales, elevándose la imaginación tras sus giros voluptuosos; mientras el dedo de la memoria hojea melancólicamente el libro de lo pasado, y los secretos s... |
Alarcón, Pedro Antonio de | España | 1833-1891 | El extranjero | Cuento | – I –
No consiste la fuerza en echar por tierra al enemigo, sino en domar la propia cólera, dice una máxima oriental.
No abuses de la victoria, añade un libro de nuestra religión.
Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, ... |
Alarcón, Pedro Antonio de | España | 1833-1891 | El libro talonario | Cuento | Historieta rural
I
La acción comienza en Rota. Rota es la menor de aquellas encantadoras poblaciones hermanas que forman el amplio semicírculo de la bahía de Cádiz; pero con ser la menor no ha faltado quien ponga los ojos en ella. El duque de Osuna, a título de duque de Arcos, la ostenta entre las perlas de su corona h... |
Alarcón, Pedro Antonio de | España | 1833-1891 | La buenaventura | Cuento | I
No sé que día de Agosto del año 1816 llegó a las puertas de la Capitanía General de Granada cierto haraposo y grotesco gitano, de sesenta años de edad, de oficio esquilador y de apellido o sobrenombre “Heredia”, caballero en flaquísimo y destartalado burro mohíno, cuyos arneses se reducían a una soga atada al pescuez... |
Alarcón, Pedro Antonio de | España | 1833-1891 | La mujer alta | Novela corta | I
–¡ Qué sabemos! Amigos míos…. ¡qué sabemos! –exclamó Gabriel, distinguido ingeniero de Montes, sentándose debajo de un pino y cerca de una fuente, en la cumbre del Guadarrama, a legua y media de El Escorial, en el límite divisorio de las provincias de Madrid y Segovia; sitio y fuente y pino que yo conozco y me parece... |
Alarcón, Pedro Antonio de | España | 1833-1891 | La Nochebuena del poeta | Cuento | I
Hace muchos años (¡como que yo tenía siete!) que, al oscurecer de un día de invierno, y después de rezar las tres Ave-Marías al toque de Oraciones, me dijo mi padre con voz solemne:
—Pedro: esta noche no te acostarás a la misma hora que las gallinas: ya eres grande, y debes cenar con tus padres y con tus hermanos may... |
Alarcón, Pedro Antonio de | España | 1833-1891 | Las dos glorias | Cuento | Un día que el célebre pintor flamenco Pedro Pablo Rubens andaba recorriendo los templos de Madrid acompañado de sus afamados discípulos, penetró en la iglesia de un humilde convento, cuyo nombre no designa la tradición.
Poco o nada encontró que admirar el ilustre artista en aquel pobre y desmantelado templo, y ya se ma... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | ¡Adiós, Cordera! | Cuento | Eran tres: ¡siempre los tres! Rosa, Pinín y la Cordera.
El prao Somonte era un recorte triangular de terciopelo verde tendido, como una colgadura, cuesta abajo por la loma. Uno de sus ángulos, el inferior, lo despuntaba el camino de hierro de Oviedo a Gijón. Un palo del telégrafo, plantado allí como pendón de conquist... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | Benedictino | Cuento | Don Abel tenía cincuenta años, don Joaquín otros cincuenta, pero muy otros: no se parecían a los de don Abel, y eso que eran aquellos dos buenos mozos del año sesenta, inseparables amigos desde la juventud, alegre o insípida, según se trate de don Joaquín o de don Abel. Caín y Abel los llamaba el pueblo, que los veía s... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | Boroña | Cuento | En la carretera de la costa; en el trayecto de Gijón a Avilés, casi a mitad de camino, entre ambas florecientes villas, se detuvo el coche de carrera al salir del bosque de la Voz, en la estrechez de una vega muy pintoresca, mullida con infinita hojarasca de castaños y robles, pinos y nogales, con los naturales, tapice... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | Cristales | Cuento | Mi amigo Cristóbal siempre estaba triste… no, no es esa la palabra; era aquello una frialdad, una indiferencia, una abstinencia de toda emoción fuerte, confiada, entusiástica… No sé cómo explicarlo… Hacía daño la vida junto a él. Sus ojos, de un azul muy claro y de pupilas muy brillantes, brillantes desde una obscurida... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | De burguesa a burguesa | Cuento | Pajares 1.º de Febrero.
Mi querida Visitación: Cuando esta llegue a tus manos estará tu pobre Pura, tu buena amiga, enterrada en vida, con no sé cuantos kilómetros de nieve sobre la cabeza. Nos ha cogido la mayor nevada del siglo en medio del puerto, y no podemos volver atrás ni llegar a nuestro bendito pueblo, del que... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | De burguesa a cortesana | Cuento | Mi querida doña Encarnación: Ya sé que las de Pinto dijeron por ahí a los amigos, que las de Covachuelón no iríamos a las fiestas por falta de posibles o por falta de amor a los regocijos, como dice mi Juan que se llama eso; no haga usted pizca de caso, porque ya nos hemos encargado los sombreros, de esos que parecen d... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | Dos sabios | Cuento | En el balneario de Aguachirle, situado en lo más frondoso de una región de España muy fértil y pintoresca, todos están contentos, todos se estiman, todos se entienden, menos dos ancianos venerables, que desprecian al miserable vulgo de los bañistas y mutuamente se aborrecen.
¿Quiénes son? Poco se sabe de ellos en la ca... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | El diablo en semana santa | Cuento | Como un león en su jaula, bostezaba el diablo en su trono; y he observado que todas las potestades, así en la tierra como en el cielo y en el infierno, tienen gran afición al aparato majestuoso y solemne de sus prerrogativas, sin duda porque la vanidad es flaqueza natural y sobrenatural que llena los mundos con sus vie... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | El doctor Pértinax | Cuento | 1
El sacerdote se retiraba mohíno. Mónica, la vieja impertinente y beata, quedaba sola junto al lecho de muerte. Sus ojos de lechuza, en que reverberaba la luz de la mortecina lamparilla, lanzaba miradas como anatemas al rostro cadavérico del doctor Pértinax.
-¡Perro judío! ¡Si no fuera por la manda, ya iría yo aguanta... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | El dúo de la tos | Cuento | El gran hotel del Águila tiende su enorme sombra sobre las aguas dormidas de la dársena. Es un inmenso caserón cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, falansterio del azar, hospicio de viajeros, cooperación anónima de la indiferencia, negocio por acciones, dirección por contrata que cambia a menudo, veinte criados que ca... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | El entierro de la sardina | Cuento | Rescoldo, o mejor, la Pola de Rescoldo, es una ciudad de muchos vecinos; está situada en la falda Norte de una sierra muy fría, sierra bien poblada de monte bajo, donde se prepara en gran abundancia carbón de leña, que es una de las principales riquezas con que se industrian aquellos honrados montañeses. Durante gran p... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | El frío del papa | Cuento | Decía el periódico: «No es cierto que Su Santidad León XIII esté enfermo. Su salud se mantiene firme; pero no hay que olvidar que es la salud de un anciano, de un anciano cuyo espíritu ha trabajado y trabaja mucho. Está débil, sin duda; pero no se ha de juzgar por las apariencias de lo que es capaz de resistir aquel te... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | El gallo de Sócrates | Cuento | Critón, después de cerrar la boca y los ojos al maestro, dejó a los demás discípulos en torno del cadáver, y salió de la cárcel, dispuesto a cumplir lo más pronto posible el último encargo que Sócrates le había hecho, tal vez burla burlando, pero que él tomaba al pie de la letra en la duda de si era serio o no era seri... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | El regenerador | Cuento | Le sorprendemos en uno de los momentos felices de su vida. Está comiendo en la fonda, en un hotel, como dice él siempre, de primera clase, en la mesa redonda, en la que hay señoras que a él se le antojan duquesas y muchos comisionistas. Está comiendo de gorra. ¿Quién paga? El Municipio. El Regenerador es concejal y est... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | El rey Baltasar | Cuento | I
Don Baltasar Miajas llevaba de empleado en una oficina de Madrid más de veinte años; primero había tenido ocho mil reales de sueldo, después diez, después doce y después… diez; porque quedó cesante, no hubo manera de reponerle en su último empleo y tuvo que conformarse, pues era peor morirse de hambre, en compañía de... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | El sombrero del cura | Cuento | El señor obispo de la diócesis, por razones muy dignas de respeto, prohibió, hace algunos años, que el clero rural anduviera por prados y callejas, costas y montañas, luciendo el levitón de anchos faldones y el sombrero de copa alta, demasiado alta muchas veces. Hoy todos los curas de mi verde Erín, de mi católica y pi... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | El viejo y la niña | Cuento | Viejo precisamente… no. Pero comparado con ella, sí; podía ser su padre. Esto bastaba para que los dos se vieran separados por un abismo de tiempo; y lo mismo que ellos, la madre de ella y el mundo, que los dejaba andar juntos y solos por teatros y paseos, sin desconfianza ni sospecha de ningún género. Era él primo de ... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | En el tren | Cuento | El duque del Pergamino, marqués de Numancia, conde de Peñasarriba, consejero de ferrocarriles de vía ancha y de vía estrecha, ex ministro de Estado y de Ultramar… está que bufa y coge el cielo… raso del coche de primera con las manos; y a su juicio tiene razón que le sobra. Figúrense ustedes que él viene desde Madrid s... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | En la droguería | Cuento | El pobre Bernardo, carpintero de aldea, a fuerza de trabajo, esmero, noble ambición, había ido afinando, afinando la labor; y D. Benito el droguero, ricacho de la capital, a quien Bernardo conocía por haber trabajado para él en una casa de campo, le ofreció nada menos que emplearle, con algo más de jornal, poco, en la ... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | González Bribón | Cuento | Es más bien bajo que alto; tiene unos ojos azules muy fríos, que, por lo punzantes, a ratos, parecen oscuros (porque lo azul no pincha, como opinarán los decadentes americanos, que todo lo ven azul); cuando González Bribón mira sin odio (sin amor siempre mira) sus ojos claros parecen un lago, es decir, dos… helado, he... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | La conversión de Chiripa | Cuento | Llovía a cántaros y un viento furioso, que Chiripa no sabía que se llamaba el Austro, barría el mundo, implacable; despojaba de transeúntes las calles como una carga de caballería, y torciendo los chorros que caían de las nubes, los convertía en látigos que azotaban oblicuos. Ni en los porches ni en los portales valía ... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | La imperfecta casada | Cuento | Mariquita Varela, casta esposa de Fernando Osorio, notaba que de algún tiempo a aquella parte se iba haciendo una sabia sin haber puesto en ello empeño, ni pensado en sacarle jugo de ninguna especie a la sabiduría. Era el caso, que, desde que los chicos mayores, Fernandito y Mariano, se habían hecho unos hombrecitos y ... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | La médica | Cuento | Era D. Narciso un enfermo de mucho cuidado; entendámonos, porque la frase es de doble sentido. No digo que estuviera enfermo de mucho cuidado… Tampoco esto va bien. Si estaba enfermo de mucho cuidado, ya lo creo; muy grave; sobre todo porque empeoraba, empeoraba y no se podía acertar con el remedio, ni había seguridad ... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | La noche mala del diablo | Cuento | Viajaba de incógnito Su Majestad in inferis, despojada la frente de los cuernos de fuego que son su corona, y con el rabo entre piernas, enroscado a un muslo bajo la túnica de su disfraz, para esconder así todo atributo de su poder maldito.
Viajaba por el haz de la tierra y recorría a la sazón el Imperio Romano, en cuy... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | La rosa de oro | Cuento | Una vez era un Papa que a los ochenta años tenía la tez como una virgen rubia de veinte, los ojos azules y dulces con toda la juventud del amor eterno, y las manos pequeñas, de afiladísimos dedos, de uñas sonrosadas, como las de un niño en estatua de Paros, esculpida por un escultor griego. Estas manos, que jamás había... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | La yernocracia | Cuento | Hablaba yo de política días pasados con mi buen amigo Aurelio Marco, gran filósofo fin de siècle y padre de familia no tan filosófico, pues su blandura doméstica no se aviene con los preceptos de la modernísima pedagogía, que le pide a cualquiera, en cuanto tiene un hijo, más condiciones de capitán general y de hombre ... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | Mi entierro. Discurso de un loco | Cuento | Una noche me descuidé más de lo que manda la razón jugando al ajedrez con mi amigo Roque Tuyo en el café de San Benito. Cuando volví a casa estaban apagados los faroles, menos los guías. Era en primavera, cerca ya de Junio. Hacía calor, y refrescaba más el espíritu que el cuerpo el grato murmullo del agua, que corría l... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | Para vicios | Cuento | Doña Indalecia era una viuda de sesenta años que había nacido para jefe superior de Administración o para Ministro del Tribunal de Cuentas, y acaso, acaso mejor para inspector general de Policía; pero sus creencias, sus gustos, sus desgracias, sus achaques, sus desengaños la habían inclinado del lado de la piedad; y er... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | Reflejo | Cuento | CONFIDENCIAS
Voy muy pocas veces a Madrid, entre otras razones, porque le tengo miedo al clima. Después de tantos años de ausencia he perdido ya en la corte la ciudadanía… climatológica (si vale hablar así, que lo dudo), bien ganada, illo tempore, en la alegre y descuidada juventud. Además… ¿por qué negarlo? La presenc... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | Un candidato | Cuento | Tiene la cara de pordiosero; mendiga con la mirada. Sus ojos, de color de avellana, inquietos, medrosos, siguen los movimientos de aquel de quien esperan algo como los ojos del mono sabio a quien arrojan golosinas, y que, devorando unas, espera y codicia otras. No repugna aquel rostro, aunque revela miseria moral, esca... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | Un viejo verde | Cuento | Oíd un cuento… ¿Que no le queréis naturalista? ¡Oh, no! será idealista, imposible… romántico.
***
Monasterio tendió el brazo, brilló la batuta en un rayo de luz verde, y al conjuro, surgieron como convocadas, de una lontananza ideal, las hadas invisibles de la armonía, las notas misteriosas, gnomos del aire, del bronce... |
Alas "Clarín", Leopoldo | España | 1852-1901 | Un voto | Cuento | El drama se hundía. Ya era indudable. Los amigos que rodeaban a Pablo Leal, el autor, entre bastidores, ya no trataban de animarle, de hacerle tomar los ruidos que venían de la sala por lo que no eran. Ya no se le decía: «Es que algunos quieren aplaudir, y otros imponen silencio». El engaño era inútil. Callaban los fie... |
Aldecoa, Ignacio | España | 1925-1969 | El fantasma de Treviño | Cuento | Treviño limita: al Norte, con el asfalto, la erre y la zeta; al Sur, con el verano, los tiros sueltos de las escopetas y las canciones obscenas; al Este, con el rumor azul de las esquilas y un sol taladrado de cuervos; al Oeste, con la primera manzana amarga y el primer sapito de San Juan.
Entre estos cuatro límites de... |
Aldecoa, Ignacio | España | 1925-1969 | El loro antillano | Cuento | Doña Frasquita acababa de cumplir los sesenta y dos. Era pomposa, rubiales, dada a las novelas radiofónicas y tenía un corazón caritativo y tiernucho. Se pintaba llamativamente, asistía a los estrenos de teatro para aplaudir como una loca, y conservaba las buenas maneras en la mesa y en el juego del julepe con sus amig... |
Aldecoa, Ignacio | España | 1925-1969 | Epitafio de un boxeador | Minicuento | Nosotros, sus agradecidos contrarios, erigimos esta
estatua a Apis, un boxeador considerado, que ni
cuando nos fajábamos nos hacía daño.
-Lucilius, Epitafio de un boxeador
Pasaban las nubes de tormenta con su gorgojo tronador dentro; pasaban sobre el cementerio, agrio y cuaresmal de luz morada. Altos cipreses, hemicicl... |
Aldecoa, Ignacio | España | 1925-1969 | Hasta que lleguen las doce | Cuento | Hacía daño respirar. Las sirenas de las fábricas se clavaban en el costado blanco de la mañana. Pasaron hacia los vertederos los carros de la basura. Pedro Sánchez se sopló los dedos.
Despertó Antonia Puerto; lloraba el pequeño. Antonia abrió la ventana un poquito y entró el frío como un pájaro, dando vueltas a la habi... |
Aldecoa, Ignacio | España | 1925-1969 | La despedida | Cuento | A través de los cristales de la puerta del departamento y de la ventana del pasillo, el cinemático paisaje era una superficie en la que no penetraba la mirada; la velocidad hacía simple perspectiva de la hondura. Los amarillos de las tierras paniegas, los grises del gredal y el almagre de los campos lineados por el ver... |
Aldecoa, Ignacio | España | 1925-1969 | La ley del péndulo | Minicuento | Bajaban los sacos con un cabrestante. La escotilla portaba un cielo azul de verano, inhóspito como una gran sala vacía. En la bodega los estibadores, formando corro, abrían cancha al redón descendente. Urgidos por el capataz se abalanzaban sobre los sacos y los apilaban ordenada y rápidamente.
–Saco… estribor… arriba… ... |
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