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O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | El corazón del parque | Cuento | Yo no era marinero, ni quería serlo. Había muchas cosas que yo no había querido ser, pero que había tenido que ser, y luego pagar por eso. Yo no había querido ir en aquella expedición, por lo menos. Estaba huyendo de expediciones así. Pero hay también muchas cosas de las que uno huye, y es solo para caer en ellas, como... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | El geranio | Cuento | ¡Así que ustedes quieren saber lo que pasó allí! Bueno, si vienen, como dice, de parte de don Sergio… Pero primero dejen que les pida un favor: no mencionen mi nombre. Todavía mis hermanos están allá, me figuro. No es que los defienda. Supongo que habrán cometido muchas fechorías detrás de sus barbas. Pero, de todos mo... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | El negro artificial | Cuento | Enoch Emery supo al despertarse que ese día llegaría la persona a quien podría mostrárselo. Se lo decía su propia sangre. Tenía sangre sabia, como su padre. Esa tarde, a las dos, saludó al guarda del segundo turno.
—Hoy llegas un cuarto d’hora tarde na más –le dijo, irritado—. Pero m’he quedao. Me podía haber ido, pero... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | El río | Cuento | El viejo Dudley se dobló en la silla que poco a poco iba amoldando a su cuerpo, miró por la ventana y, unos cuantos metros más allá, vio otra ventana enmarcada en ladrillos rojos manchados de tizne. Esperaba el geranio. Lo sacaban todas las mañanas, a eso de las diez, y lo entraban a las cinco y media. En el pueblo, la... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | El tren | Cuento | Al despertar, el señor Head descubrió que la habitación estaba inundada de la luz de la luna. Se sentó y miró la madera del suelo —del color de la plata— y luego el cutí de su almohada, que parecía brocado, y al cabo de un instante vio la mitad de la luna a dos metros, en el espejo de afeitarse, parada como si estuvier... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | Enoch y el gorila | Cuento | El niño estaba triste y lánguido en medio de la oscura sala de estar, mientras su padre le ponía un abrigo de cuadros escoceses. Aunque todavía no había sacado la mano derecha por la manga, su padre le abrochó el abrigo y le empujó hacia una pálida mano con pecas que lo esperaba en la puerta medio abierta.
—No está bie... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | Greenleaf | Cuento | De tanto pensar en el camarero, casi se había olvidado de la litera. Le tocaba una de arriba. El hombre de la estación había dicho que podía darle una de las de abajo y Haze le había preguntado si no tenía de las de arriba. Al acomodarse en el asiento, Haze se había fijado en que, encima de su cabeza, el techo era redo... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | La buena gente del campo | Cuento | Enoch Emery había tomado prestado el paraguas de su casera, y de pie en 40 entrada del drugstore, mientras trataba de abrirlo, descubrió que era al menos tan viejo como ella. Cuando por fin consiguió mantenerlo abierto, se calzó otra vez las gafas oscuras y volvió a meterse bajo el aguacero.
El paraguas era uno que su ... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | La cosecha | Cuento | La ventana de la habitación de la señora May era baja y daba al este, y el toro, plateado a la luz de la luna, estaba debajo, con la cabeza levantada como si estuviera atento —cual un dios paciente que hubiera ido a cortejarla— a cualquier movimiento que se produjera en la habitación. La ventana estaba oscura y el soni... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | La vida que salvéis puede ser la vuestra | Cuento | Aparte de la expresión neutral que tenía cuando estaba sola, la señora Freeman tenía otras dos, una ansiosa y, la otra, contrariada, que usaba en todas sus relaciones humanas. Su expresión ansiosa era firme y fuerte como la lenta marcha de un camión pesado. Sus ojos jamás se desviaban bruscamente a la derecha o a la iz... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | Más pobre que un muerto, imposible | Cuento | La señorita Willerton siempre quitaba las migas de la mesa. Era su hazaña doméstica especial y lo hacía con gran esmero. Lucía y Bertha fregaban los platos y Garner se iba a la sala a hacer el crucigrama del Morning Press. Así dejaban sola en el comedor a la señorita Willerton y eso le gustaba a ella. ¡Uf! En aquella c... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | ¿Por qué se amotinan las gentes? | Cuento | La vieja y su hija estaban sentadas en el porche cuando por primera vez apareció el señor Shiftlet por el camino. La anciana se deslizó hacia el borde de la silla e inclinó el cuerpo protegiéndose los ojos del sol hiriente con una mano. La hija no veía cuanto ocurría a lo lejos, de modo que continuaba jugando con los d... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | Todo lo que asciende tiene que converger | Cuento | El tío de Francis Marion Tarwater llevaba muerto apenas media hora cuando el chico se emborrachó tanto que no pudo terminar de cavar su tumba y un negro llamado Buford Munson, que había ido a que le llenasen una damajuana, tuvo que terminar el trabajo, arrastrar el cuerpo desde la mesa del desayuno, donde seguía sentad... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | Un círculo en el fuego | Cuento | A Tilman le dio el ataque en la capital del estado, adonde había ido por negocios, y estuvo allí internado dos semanas en el hospital. No recordaba la llegada a su casa en ambulancia, pero su esposa sí. Se había pasado dos horas sentada en el asiento plegable, a los pies de su marido, con la vista clavada en su cara. S... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | Un encuentro tardío con el enemigo | Cuento | El médico había dicho a la madre de Julian que tenía que adelgazar diez kilos porque estaba alta de presión, así que los miércoles por la noche Julian tenía que llevarla en autobús al centro de la ciudad para que asistiera a su clase de adelgazamiento. La clase de adelgazamiento estaba destinada a mujeres mayores de ci... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | Un golpe de buena suerte | Cuento | A veces la línea de árboles era una sólida pared de un gris azulado un poco más oscuro que el cielo, pero esa tarde estaba casi negra y, detrás, el cielo era de un pálido blanco resplandeciente.
—¿Conoce esa mujer que tuvo su bebé en el pulmón d’acero? —preguntó la señora Pritchard.
Ella y la madre de la niña estaban b... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | Un hombre bueno es difícil de encontrar | Cuento | El general Sash tenía ciento cuatro años. Vivía con su nieta, Sally Poker Sash, que tenía sesenta y dos y rezaba de rodillas todas las noches rogando que él viviera hasta el día de su graduación. Al general le importaba un bledo la graduación, pero jamás había dudado que viviría hasta ese día. Vivir había llegado a ser... |
O'Connor, Flannery | Estados Unidos | 1925-1964 | Una vista del bosque | Cuento | Ruby entró en el edificio de apartamentos con una bolsa de papel que contenía cuatro latas de habichuelas y la depositó sobre la mesa del portal. Estaba demasiado cansada para soltarla o para enderezarse y se quedó allí, con el torso inclinado, la cabeza balanceándose como una gran verdura colorada sobre la bolsa. Miró... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | A la otra orilla del río y a través del bosque | Cuento | La abuela no quería ir a Florida. Quería visitar a algunos de sus conocidos en el este de Tennessee y no perdía oportunidad para intentar que Bailey cambiase de opinión. Bailey era el hijo con quien vivía, el único varón que tuvo. Estaba sentado en el borde de la silla, a la mesa, reclinado sobre la sección deportiva d... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Adiós, Herman | Cuento | La semana anterior, Mary Fortune y el viejo habían pasado todas las mañanas contemplando la máquina que excavaba la tierra y la arrojaba a un costado formando un montón. Las obras tenían lugar en la orilla del lago, en una de las parcelas que el viejo había vendido a alguien que iba a montar un club de pesca. Él y Mary... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Ahora ya lo sabemos | Cuento | El sombrero, el abrigo y la maleta del señor Winfield estaban en el vestíbulo de su piso y, cuando le telefonearon desde abajo para decirle que el coche lo esperaba, ya estaba listo. Bajó las escaleras, saludó a Roberto, el gigantesco chofer negro, le entregó la maleta y lo siguió al coche. Fue entonces cuando se enter... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Atado de pies y manos | Cuento | Miller estaba poniendo la llave en la cerradura. Llevaba dos periódicos de la tarde doblados bajo un brazo, y un paquete: dos camisas que había recogido de la tintorería porque esa noche iba a salir. Justo cuando los dientes de la llave encajaron en su sitio, la puerta se abrió y apareció su mujer. Tenía el ceño frunci... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Demasiado joven | Cuento | En el trabajo de Mary Spellacy, en las oficinas de un agente teatral relativamente importante, las reglas eran elásticas. Nadie llegaba nunca antes que Mary, y Mary no llegaba nunca antes de las diez y media. El jefe, por supuesto, tenía una llave, y si quería ir a trabajar antes de que Mary abriera, nada podía impedír... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Deportividad | Cuento | Un día, Miles Updegrove, que de ordinario no reparaba en esas cosas, reparó en que Earl Appel había ido a trabajar en mocasines. No eran mocasines de veinticinco dólares, no tenían borlas y ni siquiera estaban lustrados. Eran exactamente el mismo tipo de mocasines que Miles Updegrove se ponía para estar por casa los sá... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Día de verano | Cuento | Volvía a ser esa época del año que a Bud lo hacía sentirse muy joven. Le había ocurrido el año anterior, y le había ocurrido también el otro; parecía como si viniera ocurriendo desde hacía muchos más años aún. Siempre era como si hubiera vuelto a llegar el martes siguiente al Día del Trabajo; padre se quedaba en el apa... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | ¿Dónde hay partida? | Cuento | Jerry se enderezó la corbata, se frotó las mangas del abrigo y bajó la escalera donde ponía “La Galería del Metro”. El cartel resultaba engañoso solo para quienes no conocieran el barrio; no era una galería ni había ningún metro cerca.
Era primera hora de la tarde y en el local no había mucha gente. Jerry caminó en dir... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | El asistente | Cuento | No había mucha gente en la playa cuando llegaron el señor y la señora Attrell. Ese día en concreto, un miércoles, puede que más de la mitad de los bañistas matinales hubieran salido del agua y se hubieran ido a casa a almorzar, algunos en bicicleta, otros en el autobús, que casi siempre paraba donde le pidieran que par... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | El caballero orondo | Cuento | En cuanto su mujer empezó a retirar los platos de la mesa, el señor Garfin se levantó, se fue al dormitorio y contó su dinero. Ochenta dólares. En realidad un poco más de ochenta dólares, pero no lo suficiente como para entrar en la franja de los noventa. Le quedaría lo suficiente, si perdía esos ochenta, para volver a... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | El hombre de la ferretería | Cuento | La alarma del reloj sonó de repente, pero ella no recordó haberlo programado la noche anterior. Era un reloj despertador pequeño, plateado, con un dial de menos de cinco centímetros de diámetro, la bulla de ese pequeño aparato era molestoso, pero no tanto como para ser considerado imperativo.
Ella lo miró sin mover la ... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | El hombre ideal | Cuento | Todas las noches, antes de ir al teatro, se comía lo que para cualquier hombre habría sido una cena, solo que Don Tally lo llamaba un tentempié. A veces consistía en un filet mignon recubierto con salsa bearnesa, acompañado de patatas al horno con nuez moscada; otras, en cuatro chuletas dobles de cordero que agarraba c... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | El martes es tan buen día como cualquiera | Cuento | Lou Mauser no siempre había tenido dinero, y sin embargo sería difícil imaginárselo sin. Había sido el propietario de la tienda —con alguna ayuda del banco, por supuesto— desde que tenía unos veinticinco años, y de eso hacía veinte años en 1928. Veinte años son muchos años como para que un hombre no sufra reveses econó... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | El niño del hotel | Cuento | El desayuno en casa de los Jenssen no era muy distinto del desayuno en otros doscientos mil hogares de la zona metropolitana. Walter Jenssen tenía el periódico apoyado contra la vinagrera y el azucarero. Leía con ojo experto, sin apartar la vista de la página impresa ni siquiera cuando se llevaba la taza a la boca. Pau... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | El pelele | Cuento | El sábado por la tarde, hacia las tres en punto, era la hora a la que George Davies realizaba su habitual visita al establecimiento que regentaba Nan Brown. El banco cerraba a las doce, y George solía terminar su trabajo antes de la una. Se iba a almorzar al Olympia —solo, en la misma mesa pegada a la pared donde almor... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | En el Club Cothurnos | Cuento | Mi primer encuentro con Raymond tuvo lugar más o menos una semana después de llegar a aquella ciudad extraña. Bajaba en el ascensor, pensando en el amor y en la muerte, cuando sentí como si me arrancaran las entrañas y la cabina se paró en el piso octavo. El ascensorista abrió la puerta y un niño de unos siete u ocho a... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Exactamente ocho mil dólares exactos | Cuento | Robertson era un extraño en ese club. Había jugado ahí a squash hacía muchos años, durante sus años en el distrito financiero de Nueva York, y se veía capaz de encontrar el camino hasta las pistas de squash y el bar, pero nada más.
—Vengo a ver al señor J. L. Kemper —le dijo al recepcionista del club—. Soy el señor Rob... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Fatimas y besos | Cuento | Aunque el Club Cothurnos lo fundaron actores, de vez en cuando admiten a un número limitado de escritores y pintores, por eso tengo la suerte de ser miembro. El lugar es de lo más agradable; en los salones de lectura y de trabajo reina un silencio tal que se oiría caer un alfiler, mientras que en el bar, la sala de bil... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | La carrera pública del señor Seymour Harrisburg | Cuento | Lo que en tiempos había sido un agradable club de campo, cuyos miembros eran en su mayoría parejas jóvenes con un próspero porvenir, era ahora un “parque industrial”; y en el antiguo emplazamiento de las pistas de tenis había un edificio alargado, bajo y sin ventanas, un laboratorio de investigación en materiales sinté... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | La chica de California | Cuento | A la vuelta de la esquina de donde yo vivía se encontraba una pequeña tienda regentada por una familia llamada Lintz. Si querías helado, ya fuera un litro o un cucurucho, podías ir a Lintzie’s; podías comprar cigarrillos y puros baratos, una hogaza de pan, conservas, carnes que no requirieran los servicios de un carnic... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Las amigas de la señorita Julia | Cuento | Seymour M. Harrisburg guardó los platos del desayuno y se quitó el delantal de su mujer y lo colgó en el armarito de la cocina. Frunció el ceño al ver el reloj, la esfera del cual era una imitación de un plato de comer, y las manecillas, un cuchillo y un tenedor. Entró de puntillas en el dormitorio, se puso el chaleco,... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Llámame, llámame | Cuento | La limusina se detuvo, y el chófer pagó el peaje y esperó la vuelta. El empleado de la garita miró a la joven pareja que iba en la parte trasera del coche y sonrió.
—Ey, Vince. Hola, Barbara —dijo.
—Ey, muchacho —dijo Vincent Merino.
—Hola —dijo Barbara Wade Merino.
—¿Vais para Trenton, Vince? —dijo el empleado.
—Sí.
—... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | ¿Nos marchamos mañana? | Cuento | La señora esperaba de pie junto al mostrador de la recepcionista. La habitación era circular, con hornacinas en la pared, y en cada hornacina, bajo un pequeño foco, lucía alguna de las creaciones de belleza de Madame Olga’s. Dos o tres mujeres estaban sentadas, aunque no juntas, en el banco curvo que había pegado a la ... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | ¿Puedo quedarme aquí? | Cuento | Sus pasos cortos, que siempre habían llamado la atención sobre su pequeña estatura, servían ahora para disimular el hecho de que sus andares eran más lentos. Ahora, finalmente, ya no quedaba nada de esa juventud que tanto había durado, hasta bien entrada la mediana edad. Su sombrero era pequeño y negro, un turbante cor... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Un hombre de confianza | Cuento | Hacía frío, bastante frío, como suele hacerlo en ese punto intermedio en que ya ha terminado la temporada de Florida pero todavía no ha empezado el verano en el norte. Todas las mañanas el joven alto y su mujer bajaban los escalones del porche y se iban a dar su paseo. Iban hasta la loma donde los jinetes entraban en l... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Una etapa de la vida | Cuento | La actriz famosa se acercó a la ventana y contempló Central Park cubierto de nieve. Por la mañana la radio lo había advertido, y efectivamente, los árboles y el suelo tenían tres dedos de nieve, lo que la hacía sentirse tanto más cómoda y segura en su cálido apartamento. No tendría que salir en todo el día. La hija de ... |
O'Hara, John | Estados Unidos | 1905-1970 | Your fah neefah neeface | Cuento | I
Cuando era pequeño había una casa a la que siempre me gustaba ir. Estaba en una ciudad a unos veinte kilómetros por las carreteras rurales, y aunque había dos maneras de llegar, ninguna evitaba por completo tener que cruzar la montaña. Por consiguiente, yo nunca fui a la ciudad hasta que mi padre se compró su primer ... |
Ocampo, Silvina | Argentina | 1913-1993 | Cielo de claraboyas | Cuento | La radio estaba sintonizada en un programa de noche en diferido, y el hombre sentado frente al piano de pared tocaba las canciones que iban sonando. No era muy original, pero se sabía todas las melodías y canciones, y estaba pasando un rato agradable. Llevaba una chaqueta de pijama a rayas que parecía haber usado para ... |
Ocampo, Silvina | Argentina | 1913-1993 | El retrato mal hecho | Cuento | Esta mujer, a los diecinueve o veinte años, tenía un número que interpretaban ella y su hermano, generalmente en estaciones, en trenes o en vestíbulos de hotel. Yo los vi ponerlo en escena bajo el reloj del Biltmore en los tiempos en que ese lugar de encuentro era una hilera de bancos dispuestos en forma de ce, y lo re... |
Ocampo, Silvina | Argentina | 1913-1993 | El vendedor de estatuas | Cuento | La reja del ascensor tenía flores con cáliz dorado y follajes rizados de fierro negro, donde se enganchan los ojos cuando uno está triste viendo desenvolverse, hipnotizados por las grandes serpientes, los cables del ascensor.
Era la casa de mi tía más vieja adonde me llevaban los sábados de visita. Encima del hall de e... |
Ocampo, Silvina | Argentina | 1913-1993 | El verdugo | Cuento | A los chicos les debía de gustar sentarse sobre las amplias faldas de Eponina porque tenía vestidos como sillones de brazos redondos. Pero Eponina, encerrada en las aguas negras de su vestido de moiré, era lejana y misteriosa; una mitad del rostro se le había borrado pero conservaba movimientos sobrios de estatua en mi... |
Ocampo, Silvina | Argentina | 1913-1993 | El vestido verde aceituna | Cuento | Para llegar hasta el comedor, había que atravesar hileras de puertas que daban sobre un corredor estrechísimo y frío, con paredes recubiertas de algunas plantas verdes que encuadraban la puerta del excusado.
En el comedor había manteles muy manchados y sillas de Viena donde se habían sentado muchas mujeres y profesores... |
Ocampo, Silvina | Argentina | 1913-1993 | La cabeza pegada al vidrio | Cuento | Como siempre, con la primavera llegó el día de los festivales. El Emperador, después de comer y de beber, con la cara recamada de manchas rojas, se dirigió a la plaza, hoy llamada de las Cáscaras, seguido por sus súbditos y por un célebre técnico, que llevaba un cofre de madera, con incrustaciones de oro.
-¿Qué lleva e... |
Ocampo, Silvina | Argentina | 1913-1993 | La expiación | Cuento | Las vidrieras venían a su encuentro. Había salido nada más que para hacer compras esa mañana. Miss Hilton se sonrojaba fácilmente, tenía una piel transparente de papel manteca, como los paquetes en los cuales se ve todo lo que viene envuelto; pero dentro de esas transparencias había capas delgadísimas de misterio, detr... |
Ocampo, Silvina | Argentina | 1913-1993 | La soga | Minicuento | Desde hacía quince años Mlle. Dargére tenía a su cargo una colonia de niños débiles que había sido fundada por una de sus abuelas. La casa estaba situada a la orilla del mar y ella desde su juventud había vivido en la parte lateral del asilo, en el último piso de la torre.
En los primeros tiempos vivía en el primer pis... |
Ocampo, Silvina | Argentina | 1913-1993 | La voz | Cuento | A Helena y Eduardo
Antonio nos llamó a Ruperto y a mí al cuarto del fondo de la casa. Con voz imperiosa ordenó que nos sentáramos. La cama estaba tendida. Salió al patio para abrir la puerta de la pajarera, volvió y se echó en la cama.
-Voy a mostrarles una prueba -nos dijo.
-¿Van a contratarte en un circo? -le pregunt... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Avenida de Mayo-Diagonal-Avenida de Mayo | Cuento | A Antoñito López le gustaban los juegos peligrosos: subir por la escalera de mano del tanque de agua, tirarse por el tragaluz del techo de la casa, encender papeles en la chimenea. Esos juegos lo entretuvieron hasta que descubrió la soga, la soga vieja que servía otrora para atar los baúles, para subir los baldes del f... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Bichicome | Cuento | El otoño se parece más al verano que el verano. Era un día caluroso de otoño. Con mi vestido de seda azul y el perrito pequinés que me habían regalado para mi cumpleaños llegué a casa de mi novio. Recuerdo patente aquel día.
–Los celos rigen el mundo –decía la señora de Yapura, creyendo que yo no me casaba con Romirio ... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Bienvenido, Bob | Cuento | Cruzó la avenida, en la pausa del tráfico, y echó a andar por Florida. Le sacudió los hombros un estremecimiento de frío, y de inmediato la resolución de ser más fuerte que el aire viajero quitó las manos del refugio de los bolsillos, aumentó la curva del pecho y elevó la cabeza, en una búsqueda divina en el cielo monó... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Convalecencia | Cuento | Ella tendría cinco o seis años cuando empecé a enterarme verdaderamente de su existencia. Hasta entonces era la primera hija de los Torres, una criatura tan bella que parecía hecha con manos de artista, pero no de la manera acostumbrada: Una enanita cargosa que estaba aprendiendo a hablar y oía conversaciones sin enten... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Crimen perfecto | Cuento | Es seguro que cada día estará más viejo, más lejos del tiempo en que se llamaba Bob, del pelo rubio colgando en la sien, la sonrisa y los lustrosos ojos de cuando entraba silenciosamente en la sala, murmurando un saludo o moviendo un poco la mano cerca de la oreja, e iba a sentarse bajo la lámpara, cerca del piano, con... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El álbum | Cuento | Casi en el mediodía, el hombre me rociaba de arena, empujando con el pie desnudo. Me volvía, medio dormida, desperezándome a la sombra de la cara inclinada y sonriente. El hombre cambiaba o alteraba un poco, con frecuencia, sus mallas de baño. Pero la aguda cara permanecía igual e incomprensible, sonriéndome. La cara r... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El árbol | Cuento | Un cuento policial
Las manos en la espalda, su pipa entre los dientes, Julián Chapars estaba de pie junto al estanque, cuyas aguas reflejaban el cielo gris, y los ramajes melancólicos de los sauces de donde partía el rumor de los pájaros. El reloj pulsera de Chapars señalaba las seis de la mañana. Habiendo cometido su ... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El cerdito | Cuento | La vi desde la puerta del diario, apoyado en la pared, bajo la chapa con el nombre de mi abuelo, Agustín Malabia, fundador. Había venido a traer un artículo sobre la cosecha o la limpieza de las calles de Santa María, una de esas irresistibles tonterías que mi padre llama editoriales y que una vez impresas quedan maciz... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El fin trágico de Alfredo Plumet | Cuento | Cuando aquella mañana de cielo feliz, la muchacha, violín en mano, llamó a la puerta de la casita jardín de los Risi, un hombre de paisano, un poco mulato, abrió de un tirón y la obligó a pasar.
—Póngase contra la pared y apóyese en las manos.
Mientras obedecía, la muchacha tuvo tiempo de pasar un vistazo por la cara d... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El gato | Cuento | La señora estaba siempre vestida de negro y arrastraba sonriente el reumatismo del dormitorio a la sala. Otras habitaciones no había; pero sí una ventana que daba a un pequeño jardín parduzco. Miró el reloj que le colgaba del pecho y pensó que faltaba más de una hora para que llegaran los niños. No eran suyos. A veces ... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El impostor | Minicuento | Un problema policial
Alfredo Plumet mira el reloj; son las dos menos veinte. Vacía su vaso de coñac, enjuga con los dedos su corto bigote y se levanta del asiento.
—Me excusaréis, amigo mío; es hora de irme.
—Vamos —dice Adela—, todavía tienes un minuto.
—También dos —insiste Luciano Dirán, antiguo compañero de liceo d... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El infierno tan temido | Cuento | Muchas cosas desagradables se pueden decir o imaginar de John. Pero nunca le sospeché una mentira; tenía demasiado desprecio por la gente para inventarse cualquier fábula que le fuera favorable.
De modo que cuando me contó alegre y bebiendo dry martinis, la historia —para mí, sobretodo— de uno de sus casamientos fallid... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El mercado | Cuento | Estaba cansada de esperar pero el hombre llegó puntual y lo vi sonreírme con timidez, el primer nombre. Me dijo que era Él y repitió en voz baja, como si lo dibujara o moldeara, el montón de circunstancias que nos habían separado. Yo deseaba creerle, pero él no era Él. Gemelos, hermanos mellizos me obligué a pensar. Pe... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El obstáculo | Cuento | La primera carta, la primera fotografía, le llegó al diario entre la medianoche y el cierre. Estaba golpeando la máquina, un poco hambriento, un poco enfermo por el café y el tabaco, entregado con familiar felicidad a la marcha de la frase y a la aparición dócil de las palabras. Estaba escribiendo “Cabe destacar que lo... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El perro tendrá su día | Cuento | Por exceso de festejos Martha se despertó en medio de la noche, trajinó y no quiso llorar como acostumbraba para conquistar los mimos de Helena. Trató de recuperar su sueño de felicidad y fracasó. Ahora sí lloró, pero con la cara dolida contra la almohada, tan sola y sin dicha en la noche negra.
Pero Helena supo, presi... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El posible Baldi | Cuento | Se fue deteniendo con lentitud, temeroso de que la cesación brusca de los pasos desequilibrara violentamente el conjunto de ruidos mezclados en el silencio. Silencio y sombras en una franja que corría desde el rugido sordo de la usina iluminada hasta las cuatro ventanas del club, mal cerradas para las risas y el choque... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | El último viernes | Cuento | El capataz, descubierto por respeto, le fue pasando mano a mano los pedazos de carne sangrienta al hombre de la galera y la levita. Al fin de la tarde y en silencio. El hombre de la levita hizo un círculo con los brazos encima de la perrera y se alzó en seguida la ráfaga oscura de los cuatro doberman, casi flacos, hues... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Ella | Cuento | Baldi se detuvo en la isla de cemento que sorteaban veloces los vehículos, esperando la pitada del agente, mancha oscura sobre la alta garita blanca. Sonrió pensando en sí mismo, barbudo, el sombrero hacia atrás, las manos en los bolsillos del pantalón, una cerrando los dedos contra los honorarios de «Antonio Vergara –... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Esbjerg, en la costa | Cuento | En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto. Creyó recordar tímidas premoniciones, trató de protegerse despidiéndose de la larga sala de espera que acababa de dejar, de la noche o el día eternos que imponían los tubos fluorescentes, de la humanidad pobre y silenciosa que se rozab... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Eva Perón | Cuento | Cuando Ella murió después de largas semanas de agonía y morfina, de esperanzas, anuncios tristes desmentidos con violencia, el barrio norte cerró sus puertas y ventanas, impuso silencio a su alegría festejada con champán. El más inteligente de ellos aventuró: «Qué quieren que les diga. Para mí, y no suelo equivocarme, ... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Historia del caballero de la rosa y de la virgen encinta que vino de Liliput | Cuento | Menos mal que la tarde se ha hecho menos fría y a veces el sol, aguado, ilumina las calles y las paredes; porque a esta hora deben estar caminando en Puerto Nuevo, junto al barco o haciendo tiempo de un muelle a otro, del quiosco de la Prefectura al quiosco de los “sandwiches”. Kirsten, corpulenta, sin tacos, un sombre... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Ida y vuelta | Cuento | I
De modo que allí estábamos, amontonados y relativamente inmóviles, mirando a través de las ventanas los disimulos, revelaciones, suaves borracheras de ojos enemigos, conversando con astucia, con simulado énfasis, tanteando entre las frases ajenas y nuestras el hueco propicio por donde iba a deslizarse la alarma del t... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Jabón | Cuento | 1
En el primer momento creímos los tres conocer al hombre para siempre, hacia atrás y hacia adelante. Habíamos estado tomando cerveza tibia en la vereda del Universal, mientras empezaba una noche de fines de verano; el aire se alertaba alrededor de los plátanos y los truenos jactanciosos amagaban acercarse por encima d... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Jacob y el otro | Cuento | Se encontró solo en la sala de espera y se puso a mirar el diario que había llevado para el brazo. Las manos le temblaban levemente. Sacó un cigarrillo y antes de encenderlo se acarició el ralo bigote cuyo crecimiento había vigilado durante semanas. Nunca había soportado el humo del tabaco y tosió con lágrimas; pero te... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Justo el treintaiuno | Cuento | No hizo ninguna seña para que Saad detuviera el coche. La figura estaba quieta y paciente, tal vez aburrida, al borde del camino, junto a un árbol del que empezaba a surgir la primavera como pequeñas lanzas de un verde aún indeciso.
Saad detuvo el coche frente al árbol y vio la gran maleta negra, vio que la persona que... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Ki no Tsurayuki | Cuento | 1. Cuenta el médico
Media ciudad debió haber estado anoche en el Cine Apolo, viendo la cosa y participando también del tumultuoso final. Yo estaba aburriéndome en la mesa de póquer del club y solo intervine cuando el portero me anunció el llamado urgente del hospital. El club no tiene más que una línea telefónica; pero... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | La araucaria | Cuento | Cuando toda la ciudad supo que había llegado por fin la medianoche yo estaba, solo y casi a oscuras, mirando el río y la luz del faro desde la frescura de la ventana mientras fumaba y volvía a empeñarme en buscar un recuerdo que me emocionara, un motivo para compadecerme y hacer reproches al mundo, contemplar con algún... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | La cara de la desgracia | Cuento | Conocía y frecuenté a los Andrade hace y durante un par de años. Hoy cuento la parte que más interesa de sus vidas y lo que ignoro lo imagino con certeza.
Como todos los mediodías, cuando Andrade se despertó, Marisol ya no estaba en la cama. El cuarto olía suavemente a sudores atemperados por la cosmética y un perfume ... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | La casa en la arena | Cuento | El padre Larsen bajó de la mula cuando esta se negó a trepar por la calle empinada del villorrio. Vestía una sotana que había sido negra y ahora se inclinaba decidida a un verde botella, hijo de los años y de la indiferencia. Continuó a pie, deteniéndose cada media cuadra para respirar con la boca entreabierta y dicién... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | La escopeta | Minicuento | 1
Al atardecer estuve en mangas de camisa, a pesar de la molestia del viento, apoyado en la baranda del hotel, solo. La luz hacía llegar la sombra de mi cabeza hasta el borde del camino de arena entre los arbustos, que une la carretera y la playa con el caserío.
La muchacha apareció pedaleando en el camino para perders... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | La larga historia | Cuento | Cuando Díaz Grey aceptó con indiferencia haber quedado solo, inició el juego de reconocerse en el único recuerdo que quiso permanecer en él, cambiante, ya sin fecha. Veía las imágenes del recuerdo y se veía a sí mismo al transportarlo y corregirlo para evitar que muriera, reparando los desgastes de cada despertar, sost... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | La mano | Minicuento | No era noche cerrada cuando estiré el brazo para encender la lámpara sobre la mesa. Era necesario que terminara de escribir mi artículo antes del alba y correr para echarlo al buzón y esperar acurrucado que volviera el cartero entre la bruma que el amanecer iba castigando con látigo del color exacto de la sangre fresca... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | La muerte y la niña | Cuento largo | Capurro estaba en mangas de camisa, apoyado en la baranda, mirando cómo el desteñido sol de la tarde hacía llegar la sombra de su cabeza hasta el borde del camino de arena entre plantas que unía la carretera y la playa con el hotel. La muchacha pedaleaba en el camino, se perdió atrás del chalet de techo suizo, un momen... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | La novia robada | Cuento | A los pocos días de entrar en la fábrica, cuando pasaba para ir al baño, oyó que algunas compañeras murmuraban y del murmullo le quedó el desprecio:
—La leprosa.
Por su mano enguantada, la que durante años anteriores al guante supo esconder en la espalda o en la falda o en la nuca de algún compañero de baile.
No era le... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | La visita | Minicuento | I
El médico se echó hacia atrás y estuvo un rato golpeando el recetario ya inútil —muerto por el ocio, la vejez y la riqueza no buscada— con el cabo de su lapicera verde.
Pensaba, un instante, en sí mismo; pensaba, mirando la cara ascética del visitante imprevisto, imprevisible, el enfermo sano y bien vestido, rígido e... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Las mellizas | Cuento | En Santa María nada pasaba, era en otoño, apenas la dulzura brillante de un sol moribundo, puntual, lentamente apagado. Para toda la gama de sanmarianos que miraban el cielo y la tierra antes de aceptar la sinrazón adecuada del trabajo.
Sin consonantes, aquel otoño que padecí en Santa María nada pasaba hasta que un mar... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Las tres de la mañana | Minicuento | Recuerdo que la mujer muy alta llevaba un traje sastre gris y un paraguas cerrado; en la cabeza, un sombrero de dos picos, tal vez de hule, rojizo.
No hacía ruido al caminar, al acercarse a mi cama. Yo estaba despierto y no había iniciado aún el viaje. En la otra cama dormía X. Apenas se inclinó para besarme la frente ... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Los amigos | Cuento | Las mellizas habían nacido con media hora de diferencia y siempre discutían en su idioma arrabalero respecto a cuál era la mayor, cuál la menor. Yo había elegido una, la más delgada, la más carente de piedad. No recuerdo, siquiera, el nombre.
Me habrá asustado, como le dije una noche pasada a mi mujer, quince años desp... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Los besos | Minicuento | La última patada lo hizo chocar contra la pared gris de la celda. Golpeó con la cabeza y tal vez haya tenido tiempo, un segundo, para agradecer el desmayo, la inconsciencia, el olvido de los tormentos.
El milico cerró la puerta, colgó vertical la metralleta de la mano izquierda mientras con la otra rebuscaba en procura... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Los niños en el bosque | Cuento | Desde que la vio salir con la madre de la iglesia catedral, desapareció de la reunión de los viernes en el Tupi-Nambá. Si hacíamos preguntas a su vecina nos contestaba que no estaba enfermo, que ella lo oía moverse en el sótano que habitaba y que ahora que llegaba la buena estación volvía a salir después de la siesta c... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Luna llena | Cuento | Los había conocido y extrañado de su madre. Besaba en las dos mejillas o en la mano, a toda mujer indiferente que le presentaran, había respetado el rito prostibulario que prohibía unir las bocas; novias, mujeres, le habían besado con lenguas en la garganta y se habían detenido, sabias y escrupulosas, para besarle el m... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Maldita primavera | Cuento | Una canción sin palabras, sin más que los juegos de la boca reidora. Había una música rápida y sencilla, trenza de cantos, rondas y carreras que fueron abandonadas otra tarde —otra, aún, más allá del sueño y su país—, cuando los chicos vieron espantados cómo se hacía fijo el ojo bilioso de la iglesia. Guiñó sonriente y... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Mañana será otro día | Cuento | Se llamaba Carmencita y tendría cincuenta años a lo más. Terminó la tercera vuelta en la cama, se quitó la sábana de la cara y supo que no iba a dormir. Aún llegaban los ruidos de la noche sabática de Buenos Aires.
Se acarició los pechos cansados y estuvo un rato pensando en su última menstruación, definitivamente últi... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Mascarada | Cuento | Aquella mañana temprano Aránzuru abrió la gran ventana sobre los olores del jardín y un viento leve y caprichoso le tocó la cara y le revolvió el pelo.
Mientras se afeitaba, medio enfermo de sueño por haber dormido poco, se interrumpió para mirar fijamente el espejo. La cara sin arrugas pero con la carne floja bajo el ... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Matías el telegrafista | Cuento | La lluvia había dejado las Ramblas casi vacías y solo quedaba gente agrupada en el café encristalado donde, desde meses atrás, no la dejaban entrar.
La Sonia, de pie en el portal de la casa vacía, vio que la lluvia pasaba fatigada, amansa llovizna, la vio cesar mientras crecía el frío del viento, y pensó que aquello er... |
Onetti, Juan Carlos | Uruguay | 1909-1994 | Montaigne | Cuento | María Esperanza entró al parque por el camino de ladrillos que llevaba hasta el lago entre sombras de arboles y torcía justamente al llegar a la orilla chocando contra la luz de los reflectores, las espaldas todas negras de la gente que miraba deslizarse las lanchas con banderines y música, los danzarines en la isla ar... |
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