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9
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Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
Filmer
Cuento
El teniente permanecía en pie frente a la esfera de acero y mordía un trozo de astilla de pino. —¿Qué piensa de ello, Steevens? —preguntó. —Es una idea —dijo Steevens con el tono del que se mantiene mentalmente abierto. —Creo que se hará pedazos… completamente —dijo el teniente. —Él parece haberlo calculado todo bastan...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
Jimmy Goggles, el Dios
Cuento
El observatorio de Avu, en Borneo, se alza sobre el espolón de la montaña. Al norte se eleva el viejo cráter, negra silueta nocturna contra el insondable azul del cielo. Desde el pequeño edificio circular con su cúpula bulbosa, las laderas descienden abruptamente internándose en los negros misterios del bosque tropical...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
La estrella
Cuento
En verdad, el dominio de la navegación aérea se debe al esfuerzo de miles de hombres: éste sugiere una idea y aquel otro realiza un experimento, hasta que, finalmente, solo fue necesario un potente esfuerzo intelectual para concluir la empresa. Pero la inexorable injusticia del sentir popular ha decidido que de todos e...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
La floración de la extraña orquídea
Cuento
—No hay nadie que haya sido un dios —dijo el hombre de piel tostada—. Y sin embargo eso me sucedió a mí, entre otras cosas. Yo le di a entender que agradecía su condescendencia al hablar conmigo. —Una cosa así acaba con la ambición, ¿no cree? —dijo el hombre de piel tostada—. Yo fui uno de los hombres que rescataron de...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
La historia del difunto señor Elvesham
Cuento
El día de Año Nuevo tres observatorios distintos señalaron casi simultáneamente una perturbación en los movimientos del planeta Neptuno, el más lejano de los que giran en torno del Sol. Ya en el mes de diciembre el astrónomo Ogilvy había llamado la atención del mundo científico sobre una sospechosa disminución de la ve...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
La isla de Æiornis
Cuento
La compra de orquídeas siempre conlleva cierto aire especulativo. Uno tiene delante el marchito pedazo de tejido marrón, y por lo demás debe fiarse de su criterio o del vendedor o de su buena suerte, según se inclinen sus gustos. La planta puede estar moribunda o muerta, o puede que sea una compra respetable, un valor ...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
La polilla
Cuento
Escribo esta historia, no con la esperanza de que sea creída, sino para prepararle, en la medida de lo posible, una escapatoria a la próxima víctima. Tal vez ésta pueda beneficiarse de mi infortunio. Me llamo Edward George Eden. Nací en Trentham, en Staffordshire, por ser mi padre un empleado de los jardines de aquella...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
La puerta en el muro
Cuento
El hombre de la cicatriz en la cara se inclinó sobre la mesa y miró mi fardo. —¿Orquídeas? —preguntó. —Unas cuantas —respondí. —¿Cypripedios? —continuó. —Principalmente. —¿Alguno nuevo? Yo pensaba que no. Hice esas islas hace veinticinco… veintisiete años. Si encuentra usted algo nuevo aquí, bueno, entonces es novísimo...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
La tentación de Harringay
Cuento
Probablemente haya oído hablar de Hapley, no WT Hapley, el hijo, sino el célebre Hapley, el Hapley de Periplaneta Haplüa, Hapley el entomólogo. Si así es, conocerá al menos la gran enemistad entre Hapley y el profesor Pawkins, aunque algunas de sus consecuencias sean nuevas para usted. Para aquellos que no están al tan...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
La tienda mágica
Cuento
I Hace aproximadamente tres meses, en una noche confidencial, Lionel Wallace me contó esta historia de la Puerta en el Muro. Y en aquel momento pensé que, en lo referente a mi amigo, la historia era verídica. Me la contó con tan sencilla y directa capacidad de persuasión que no tuve más remedio que creerle. Pero a la m...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
La verdad sobre Pyecraft
Cuento
Es completamente imposible decir si esto sucedió en realidad. Depende enteramente de la palabra de R. M. Harringay, que es artista. Siguiendo su versión del asunto, la narración dispone que Harringay entró en su estudio hacia las diez para ver lo que podía hacer con la cabeza en la que había estado trabajando el día an...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
Las vacaciones de Mr. Ledbetter
Cuento
Había visto varias veces la Tienda Mágica desde lejos; había pasado una o dos veces por delante del escaparate, donde se podían contemplar pequeños objetos mágicos: bolas mágicas, gallinas mágicas, conos maravillosos, muñecas ventrílocuas, material para el truco del cesto, barajas que parecían corrientes, y todo ese ti...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
Los triunfos de un taxidermista
Cuento
Está sentado a menos de una docena de metros. Si echo una mirada por encima del hombro puedo verle. Y si tropiezo con sus ojos —y con frecuencia tropiezo con sus ojos— me corresponden con una expresión… Es ante todo una mirada suplicante y, además, acompañada de cierto recelo. ¡Maldito sea su recelo! Si quisiera contar...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
Mr. Skelmersdale en el país de las hadas
Cuento
Mi amigo Mr. Ledbetter es un hombre pequeño, de cara redonda, cuya mirada expresa una placidez natural que resulta enormemente exagerada cuando se capta su luz a través de sus gafas, y cuya voz profunda e intencionada irrita a la gente irritable. Una cierta y rebuscada claridad de pronunciación le ha acompañado a su ac...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
Por la ventana
Cuento
He aquí algunos de los secretos de la taxidermia. Me los contó un taxidermista en estado de euforia, entre el primero y el cuarto whisky, cuando se ha dejado de ser cauteloso y todavía no se está borracho. Estábamos sentados en su guarida, exactamente en la biblioteca, que era a la vez sala de estar y comedor. Una cort...
Wells, H.G.
Inglaterra
1866-1946
Un negocio de avestruces
Cuento
—Hay un hombre en esa tienda —dijo el doctor— que ha estado en el País de las Hadas. —¡Tonterías! —dije, y me di la vuelta para mirar la tienda. Era la típica tienda de pueblo con oficina de correos, hilos telegráficos en las cornisas, cacerolas de zinc y cepillos en el exterior, y botas, telas y latas de conserva en e...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
¿De dónde viene la voz?
Cuento
Una vez compuestas sus piernas llevaron a Bailey al estudio y le pusieron en una camilla delante de la ventana abierta. Allí yacía, vivo, aunque con fiebre hasta la cintura y, más abajo, dos cilindros de pura momia envueltos en blancos vendajes. Intentó leer, hasta trató de escribir un poco, pero la mayor parte del tie...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
El hombre petrificado
Cuento
—Hablando de precios de aves, he visto un avestruz que costó trescientas libras —dijo el taxidermista, recordando un viaje de su juventud—. ¡Trescientas libras! Me miró por encima de las gafas. —Otro en cambio no lo querían ni por cuatro libras. No, no se trataba de nada extraordinario. Eran avestruces vulgares y corri...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
El lago de la luna
Cuento
Le dije a mi esposa: “Puedes estirar la mano y apagarla. No tienes que estarte ahí viéndole la cara a un negro si no quieres, o escuchando lo que no quieres oír. Este todavía es un país libre.” Quizá fue así como se me ocurrió la idea Me dije, puedo averiguar exactamente dónde en Thermopylae vive ese negro que tiene la...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
El recital de junio
Cuento
Busque en mi bolso y deme un cigarrillo que no tenga polvos, si es tan amable, señora Fletcher, querida —dijo Leota a su dienta de lavado y peinado de las diez en punto—. No B me gustan nada los cigarrillos perfumados. La señora Fletcher se acercó animosa al estante de color violeta que había debajo de un espejo de mar...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
Flores para Marjorie
Cuento
I Desde el principio su martirizada presencia les afectó seriamente. Acabó siendo inquietantemente familiar para ellos escuchar el soplido de desprecio con que tocaba la D trompeta. A veces apenas si podían reconocer lo que él creía estar tocando. Loch Morrison, explorador y socorrista, estaba sometido a la severa pru...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
La llave
Cuento
I Loch estaba hecho una furia con su madre. Como ella se saliera con la suya, iba a tenerle todo el verano en la cama y tomando Cocoa-Quinina. Loch se puso a chillar y la tuvo allí L esperando, con la cuchara a punto de derramarse, mientras él miraba su férrea estampa, el tablero de damas de su delantal, hasta que se ...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
La lluvia de oro
Cuento
Era de los modestos, los tímidos, los de cabello pajizo; uno de esos que preferían siempre esperar a un lado. Con la cabeza baja, veía la hilera de pies que descansaban junto a los suyos. Más allá estaba la base llena de inscripciones del surtidor que se alzaba con un rumor atribulado hacia la claridad del día. Los pie...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
La novia de «Innisfallen»
Cuento
La sala de espera de la pequeña y remota estación estaba en silencio, a no ser por el sonido nocturno de los insectos. Se podían escuchar, entre la hierba, afuera, sus movimientos que bordaban la noche dando la impresión de una tenue voz contando un cuento. O se podía escuchar el golpeteo sólido de las luciérnagas y el...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
La red grande
Cuento
I Esa era la señorita Snowdie MacLain. Viene a recoger la mantequilla, nunca me ha permitido que se la lleve, aunque vive ahí enfrente. Su marido se marchó de casa un buen día y dejó el sombrero a orillas del río Grande Negro. Vaya lío si a todos se les hubiera ocurrido hacer lo mismo. Podría haberse puesto de moda aq...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
Lily Daw y las tres damas
Cuento
Aquel impermeable tenía algo de pabellón, el modo en que —durante unos instantes, en medio de la multitud— flotaba, con sus rayas de color amarillo y salmón, verticales sobre el A suelo húmedo del andén, expandiéndose al andar. En la penumbra de Paddington se veía un poco oscuro, pero ahora comenzaba a exhibirse, y una...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
Muerte de un viajante
Cuento
Este relato está dedicado a John Fraiser Robinson I Hazel, la mujer de William Wallace Jamieson, iba a tener un bebé. Pero era octubre y, aunque todavía faltaban seis meses, se comportaba como si fuera a dar a luz al día sigguiente. Cuando él entraba en la habitación, no le hablaba, sino que miraba al vacío tan fijame...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
No es lugar para ti, mi amor
Cuento
La señora Watts y la señora Carson estaban en la oficina de correos de Victory cuando llegó la carta del Instituto Ellisville para Débiles Mentales de Mississippi. Aimee Slocum, aún con L toda la correspondencia en la mano, se adelantó corriendo y entregó la carta a la señora Watts; la leyeron las tres a la vez. La señ...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
Por qué vivo en la oficina de correos
Cuento
J. Bowman, que llevaba catorce años viajando para una empresa de calzado por Mississippi, conducía su Ford por un sendero polvoriento y lleno de rodadas. ¡Qué día tan largo! El tiempo parecía no superar el obstáculo del mediodía para asentarse en una tarde suave. El sol, que allí conservaba su fuerza incluso en inviern...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
Primer amor
Cuento
No se conocían, como tampoco conocían demasiado bien el lugar; estaban sentados el uno junto al otro en aquella comida: una reunión que se volvió desenfadada cuando los amigos N de él y de ella comenzaron a reconocerse en el salón del Galatoire. Era un domingo de verano, a esa hora de la tarde que parece tiempo muerto ...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
Sendero trillado
Cuento
Yo me llevaba de maravilla con mamá, Papá-Daddy y el tío Rondo hasta que volvió a casa mi hermana Stella-Rondo, que se había separado de su marido. ¡El señor Whitaker! Fui yo la que salió primero con el señor Whitaker cuando apareció en China Grove haciendo fotos de esas de «pose usted mismo», pero Stella-Rondo consigu...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
Todo el mundo lo sabe
Cuento
Lo que quiera que ocurriera sucedió en una época extraordinaria, en un tiempo de sueños, y Natchez vivía el más frío de los inviernos. Una noche de enero de 1807, el viento del norte L sopló con persistente crudeza, como si siguiera a los colonos en su camino, aullando por los meandros del río para llevarlos todavía má...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
Un recorte de prensa
Cuento
Era diciembre, un día claro y helado, muy temprano. Lejos, por el campo, iba una vieja negra con un harapiento pañuelo rojo a la cabeza, por un sendero que atravesaba un pinar. Se llamaba Phoenix Jackson. Era muy vieja y muy menuda y caminaba lentamente, bajo las sombras oscuras de los pinos, bamboleándose un poco al a...
Welty, Eudora
Estados Unidos
1909-2001
Una cortina de follaje
Cuento
I Madre, me gustaría hablar contigo, dondequiera que estés. Madre dijo: «—¿Dónde has estado, hijo? »—En ningún sitio, madre. »—Me gustaría que no parecieras tan desgraciado, hijo. Podrías volver a MacLain y vivir conmigo. »—No puedo, madre. Sabes que debo quedarme en Morgana. Cuando cerré con estrépito la puerta del ...
Wharton, Edith
Estados Unidos
1862-1937
Después
Cuento
Había estado fuera, bajo la lluvia. Ahora estaba dentro, en la cabaña, delante de la chimenea, las piernas muy separadas, inclinada, moviendo malhumorada la rubia cabeza mojada, como un gato que se reprochase no ser más hábil. Hablaba consigo misma, solo un leve rumor balbuciente, apenas perceptible en la dispersión de...
Wharton, Edith
Estados Unidos
1862-1937
El mejor hombre
Cuento
Durante el verano, todos los días llovía un poco en Larkin’s Hill. La lluvia era algo regular, y solía empezar hacia las dos de la tarde. Un día el sol brillaba aunque ya casi eran las cinco. Casi parecía girar en una ranurita en el cielo pulido, y caer en los árboles, a lo largo de la calle y en las hileras de jardine...
Wharton, Edith
Estados Unidos
1862-1937
El veredicto
Cuento
1 —¡Oh, por supuesto que hay uno! Pero jamás lo reconoceréis. Aquella afirmación, hecha alegremente seis meses antes en el marco de un radiante jardín en el mes de junio, volvió a la memoria de Mary Boyne con toda la fuerza de su eventual significado cierta noche de diciembre mientras aguardaba en la biblioteca a que l...
Wharton, Edith
Estados Unidos
1862-1937
La botella de Perrier
Cuento
1 Había caído la tarde. Sólo el haz de luz proyectado por la lámpara del escritorio del gobernador Mornway rescataba de la oscuridad reinante su imponente corpulencia mientras se hallaba recostado en una cómoda butaca en la actitud relajada que solía adoptar a esa hora. Cuando el gobernador de Midsylvania descansaba, l...
Wharton, Edith
Estados Unidos
1862-1937
La duquesa está rezando
Cuento
Siempre pensé que, aunque buen tipo, Jack Gisburn era un genio mediocre, por lo que no me sorprendió enterarme de que había abandonado la pintura en la cima de su gloria, que se había casado con una viuda rica y se había establecido en la Riviera. (A mi entender, Roma o Florencia habrían sido más idóneas). «La cima de ...
Wharton, Edith
Estados Unidos
1862-1937
La misión de Jane
Cuento
Dos días de traqueteo por endiabladas rutas en un cochecillo voluntarioso pero renqueante y otros dos a lomos de una montura alquilada de temperamento poco sociable habían llevado al joven Medford, de la Escuela Americana de Arqueología de Atenas, a cuestionarse el motivo por el que su excéntrico amigo inglés, Henry Al...
Wharton, Edith
Estados Unidos
1862-1937
La plenitud de la vida
Cuento
1 ¿No se ha sentido nunca inquieto ante la alta fachada con persianas echadas de una vieja casa italiana? ¿Esa impávida máscara, uniforme, muda y engañosa como el semblante de un cura tras el cual continúan zumbando los secretos escuchados en el confesionario? Hay casas que proclaman la actividad que albergan; son la c...
Wharton, Edith
Estados Unidos
1862-1937
Los otros dos
Cuento
1 Algún cambio difícil de precisar en el aspecto de la señora Lethbury provocó que la mirada conyugal de su esposo, habitualmente indiferente, se demorara aquella noche sobre ella, por encima de la mesa dispuesta para la cena. —¡Qué atractiva te encuentro hoy! ¿Es nuevo ese vestido? Ella le correspondió con una mirada ...
Wharton, Edith
Estados Unidos
1862-1937
Un cobarde
Cuento
1 Había estado recostada durante horas, sumida en un plácido sopor no muy diferente de la dulce molicie que nos embarga en la quietud de un mediodía estival, cuando el calor parece haber acallado incluso a los pájaros y a los insectos. Mullidamente tumbada sobre flecos de hierba, dirige la mirada hacia lo alto, por enc...
Wharton, Edith
Estados Unidos
1862-1937
Un viaje
Cuento
1 De pie junto a la chimenea del salón, Waythorn esperaba a que su esposa bajase a cenar. Era la primera noche que ambos pasaban en casa de él, y le embargaba un inusitado nerviosismo juvenil. No es que fuese mayor (las gafas le añadían poco más de los treinta y cinco años que admitía tener su esposa), pero a él le gus...
Wilcock, Juan Rodolfo
Argentina
1919-1978
Agrimensor Bene Nio
Minicuento
1 —Mi hija Irene —comentó la señora Carstyle haciendo rimar el nombre con « tureen»— no ha gozado de oportunidades sociales, pero si el señor Carstyle hubiese optado… —Se interrumpió para mirar alusivamente el raído sofá que se encontraba frente a la chimenea como si se tratara del propio señor Carstyle. Vibart se aleg...
Wilcock, Juan Rodolfo
Argentina
1919-1978
Capitán Luiso Ferrauto
Minicuento
Acostada en su litera, con la mirada prendida en las sombras que se cernían sobre su cabeza, el apremiante ritmo de las ruedas persistía en su cerebro sumiéndola en círculos cada vez más profundos de desvelada lucidez. El coche cama había sucumbido al silencio nocturno. A través de los húmedos cristales de las ventanas...
Wilcock, Juan Rodolfo
Argentina
1919-1978
El ángel
Minicuento
Es notable la cantidad de partes y de órganos que puede perder una persona y aun así seguir incólume, o casi. Como una estatua antigua, con apenas cincuenta y cinco años de edad el agrimensor Bene Nio ya ha perdido las piernas y los brazos, buena parte de la pelvis, el hombro derecho, además le falta casi toda la mitad...
Wilcock, Juan Rodolfo
Argentina
1919-1978
Giocoso Spelli
Minicuento
Una vez al año, en primavera, el capitán Luiso Ferrauto cambia de piel; de la piel vieja emerge lustroso y rosado como un recién nacido, pero al cabo de unas horas la piel nueva recobra su color normal, que es aceitunado, y también el pelo, que se ha desprendido junto con la piel del cráneo, vuelve a crecer rápidamente...
Wilcock, Juan Rodolfo
Argentina
1919-1978
Graziella Link
Cuento
El ángel Elzevar está desocupado, lo único que sabe hacer es llevar mensajes pero ya no hay más mensajes que llevar, y entonces el ángel da vueltas revisando en la basura del gran basurero municipal en busca de restos de comida y sobras de fruta: algo tiene que comer. De noche, hizo la prueba de recorrer la orilla del ...
Wilcock, Juan Rodolfo
Argentina
1919-1978
Ilio Collio
Minicuento
El teólogo y profesor de historia de las religiones Giocoso Spelli es casi con seguridad un monstruo, o en todo caso tiene algo de monstruoso. Para empezar camina en cuatro patas, y esto ya es insólito en un teólogo; es tan ancho que no todas las puertas admiten su paso, y en un automóvil, si alguna vez consiguiera int...
Wilcock, Juan Rodolfo
Argentina
1919-1978
La Atlántida
Minicuento
Al lado de Graziella Link una cerda parecería flaca, un elefantito esbelto, una pelota no lo suficientemente redonda; pero ella se maquilla con tanto estilo que logra parecer lo que en el fondo, muy en el fondo, bajo quintales de grasa, es: una mujer. Y ¿por qué no? también en la superficie, y ¿por qué no?, una mujer h...
Wilcock, Juan Rodolfo
Argentina
1919-1978
Las muñecas
Cuento
El asistente social Ilio Collio se encuentra enormemente impedido en el ejercicio de sus funciones de asistente social porque de las tetillas le sale una especie de aceite espeso, como de máquina, que normalmente le corre hasta los pies, y eso lo vuelve muy escurridizo, además de ser una fuente inagotable de manchas gr...
Wilcock, Juan Rodolfo
Argentina
1919-1978
Los amantes
Minicuento
Cuando aquella vasta isla que los antiguos llamaban Atlántida comenzó a hundirse en el océano, los más sagaces de sus habitantes decidieron embarcarse y mudarse a otro continente. Lamentablemente sus barcos eran pequeños y bastó una sola tempestad para tragarse a todos los emigrantes. Pero la gran mayoría de los atlánt...
Wilcock, Juan Rodolfo
Argentina
1919-1978
Los donguis
Cuento
Es un gran armario de madera de nogal, simple, vertical, al mismo tiempo pesado y elegante, casi un símbolo de la digna estabilidad; por otra parte está siempre cerrado. Por dentro, el armario está dividido con estantecitos, y en cada uno de estos estantes vive una escritora; en realidad son las viejas muñecas que se v...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
Aforismo
Minicuento
Harux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son l...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El amigo fiel
Cuento
I Suspendida verticalmente del gris como esas cortinas de cadenitas que impiden la entrada de las moscas en las lecherías sin cerrar el paso al aire que las sustenta ni a las personas, la lluvia se elevaba entre la Cordillera y yo cuando llegué a Mendoza, impidiéndome ver la montaña aunque presentía su presencia en las...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El artista
Minicuento
Los hombres querrían ser siempre el primer amor de una mujer. Tal es su necia vanidad. Las mujeres tienen un instinto más sutil para las cosas: les gusta ser el último amor de un hombre. FIN
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El crimen de lord Arthur Savile
Cuento
Una mañana, la vieja Rata de Agua sacó la cabeza fuera de su madriguera. Tenía los ojos claros, parecidos a dos gotas brillantes, unos bigotes grises muy tiesos y una cola larga, que parecía una larga cinta elástica negra. Los patitos nadaban en el estanque, como si fueran una bandada de canarios amarillos, y su madre,...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El cumpleaños de la infanta
Cuento
Una tarde le vino al alma el deseo de dar forma a una imagen del “Placer que se posa un instante”. Y se fue por el mundo a buscar bronce, pues solo el bronce podía concebir su obra. Pero había desaparecido el bronce del mundo entero; en parte alguna del mundo entero podía encontrarse bronce, salvo el bronce de la image...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El discípulo
Minicuento
Capítulo I Era la última recepción que daba lady Windermere antes de Semana Santa, y los salones de Bentinck House se hallaban más concurridos que nunca. Acudieron seis ministros, tras hacer acto de presencia en el evento del presidente de la Cámara de los Comunes, ostentando sus cruces y sus bandas, y todas las mujere...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El famoso cohete
Cuento
Era el día del cumpleaños de la infanta, la princesita real de España. Ella cumplía doce años, y el sol iluminaba con esplendor los jardines del Palacio. Por más que fuese una princesa de sangre real, y además infanta del inmenso imperio de España, también ella debía resignarse a no tener más que un cumpleaños cada año...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El fantasma de Canterville
Cuento
Cuando murió Narciso, el remanso de su placer se trocó de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, y llegaron llorando a través de los bosques las ninfas de las montañas, las oréades, para consolar al remanso con su canto. Y cuando vieron que el remanso se había trocado de una copa de aguas dulces en u...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El gigante egoísta
Cuento
El hijo del rey estaba en vísperas de casarse. Con este motivo el regocijo era general. Estuvo esperando un año entero a su prometida, y al fin llegó ésta. Era una princesa rusa que había hecho el viaje desde Finlandia en un trineo tirado por seis renos, que tenía la forma de un gran cisne de oro; la princesa iba acost...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El hombre que contaba historias
Minicuento
I Cuando el señor Hiram B. Otis, el ministro de Estados Unidos, compró Canterville-Chase, todo el mundo le dijo que cometía una gran necedad, porque la finca estaba embrujada. Hasta el mismo lord Canterville, como hombre de la más escrupulosa honradez, se creyó en el deber de participárselo al señor Otis cuando llegaro...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El imán
Minicuento
Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante. Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la primavera se cubr...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El joven rey
Cuento
Había una vez un hombre muy querido de su pueblo porque contaba historias. Todas las mañanas salía del pueblo y, cuando volvía por las noches, todos los trabajadores del pueblo, tras haber bregado todo el día, se reunían a su alrededor y le decían: -Vamos, cuenta, ¿qué has visto hoy? Él explicaba: -He visto en el bosqu...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El maestro
Minicuento
Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió bruscamente visitar al imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas l...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El modelo millonario
Cuento
Aquella noche, la víspera del día fijado para su coronación, el joven rey se hallaba solo, sentado en su espléndida cámara. Sus cortesanos se habían despedido todos, inclinando la cabeza hasta el suelo, según los usos ceremoniosos de la época, y se habían retirado al Gran Salón del Palacio para recibir las últimas lecc...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El niño astro
Cuento
Y cuando las tinieblas cayeron sobre la tierra, José de Arimatea, después de haber encendido una antorcha de madera resinosa, descendió desde la colina al valle. Porque tenía que hacer en su casa. Y arrodillándose sobre los pedernales del Valle de la Desolación, vio a un joven desnudo que lloraba. Sus cabellos eran col...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El Pescador y su alma
Cuento
A menos que se sea rico, no sirve de nada ser una persona encantadora. Lo romántico es privilegio de los ricos, no profesión de los desempleados. Los pobres debieran ser prácticos y prosaicos. Vale más tener una renta permanente que ser fascinante. Estas son las grandes verdades de la vida moderna que Hughie Erskine nu...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El príncipe feliz
Cuento
Éranse una vez dos pobres leñadores que regresaban a su casa cruzando un gran pinar. Era invierno y hacía un frío terrible. La nieve caía espesa sobre la tierra y los árboles; el hielo acumulado rompía las ramas más pequeñas y débiles, y cuando los leñadores llegaron al Torrente de la Montaña, vieron que este colgaba i...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El reflejo
Minicuento
Todas las tardes el joven Pescador se internaba en el mar, y arrojaba sus redes al agua. Cuando el viento soplaba desde tierra, no lograba pescar nada, porque era un viento malévolo de alas negras, y las olas se levantaban empinándose a su encuentro. Pero en cambio, cuando soplaba el viento en dirección a la costa, los...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
El ruiseñor y la rosa
Cuento
En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz. Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada. Por todo lo cual era muy admirada. -Es tan hermoso como una veleta -obser...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
La Casa del Juicio
Cuento
Cuando murió Narciso las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron al río gotas de agua para llorarlo. -¡Oh! -les respondió el río- aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: yo lo amaba. -¡Oh! -prosiguieron las flores de los campos...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
La esfinge sin secreto
Cuento
-Dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay una solo rosa roja en todo mi jardín. Desde su nido de la encina, oyóle el ruiseñor. Miró por entre las hojas asombrado. -¡No hay ni una rosa roja en todo mi jardín! -gritaba el estudiante. Y sus bellos ojos se llenar...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
La piel de naranja
Cuento
Y el silencio reinaba en la Casa del Juicio, y el Hombre compareció desnudo ante Dios. Y Dios abrió el Libro de la Vida del Hombre. Y Dios dijo al Hombre: -Tu vida ha sido mala y te has mostrado cruel con los que necesitaban socorro, y con los que carecían de apoyo has sido cruel y duro de corazón. El pobre te llamó y...
Wilde, Oscar
Irlanda
1854-1900
Pluma, lápiz y veneno
Cuento
Una tarde, tomaba mi vermú en la terraza del Café de la Paix, contemplando el esplendor y la miseria de la vida parisina y asombrándome del extraño panorama de orgullo y pobreza que desfilaba ante mis ojos, cuando oí que alguien me llamaba. Volví la cabeza y vi a lord Murchison. No nos habíamos vuelto a ver desde nuest...
Williams, Tennessee
Estados Unidos
1911-1983
Algo de Tolstói
Cuento
I Acababa de doctorarme y la clientela se formaba poco a poco, por lo cual disponía de muchas horas para curiosear por las clínicas. En una de ellas conocí a Juan Meredith. Químico de primer orden, no era médico, sino únicamente aficionado a la Medicina. Aquel muchacho me encantó por su espíritu despejado, e intimamos ...
Williams, Tennessee
Estados Unidos
1911-1983
El ángel del ático
Cuento
Ha sido constante motivo de reproche contra los artistas y hombres de letras su carencia de una visión integral de la naturaleza de las cosas. Como regla, esto debe necesariamente ser así. Esa misma concentración de visión e intensidad de propósito que caracteriza el temperamento artístico es en sí misma un modo de lim...
Williams, Tennessee
Estados Unidos
1911-1983
La habitación a oscuras
Cuento
Estaba cansado y me sentía fracasado: el sitio parecía un agujero silencioso en el que una persona podría ocultarse de un mundo que parecía totalmente en contra de ella; y finalmente, Brodzki quiso que su hijo fuera a la universidad; esos fueron los motivos por los que me convertí en empleado de la librería. La mañana ...
Williams, Tennessee
Estados Unidos
1911-1983
Una manzana regalada
Cuento
La desconfianza es la enfermedad laboral de las caseras, y el largo contacto con ellas me ha dejado un oscuro sentido de culpa del que probablemente nunca me libraré. El trauma inicial al respecto me lo produjo una casera que tuve en el viejo Barrio Francés de Nueva Orleáns cuando yo tenía escasamente veinte años. La m...
Wilms Montt, Teresa
Chile
1893-1921
A la vera del brasero
Cuento
—Y su marido, señora Lucca, ¿cuánto lleva sin trabajo? —Dios sabe cuánto. —Necesito una respuesta precisa, por favor. —Debe de haber estado desde 1930. Puede que más. Mi marido dejó de trabajar porque no estaba bien de la cabeza. Ya no podía recordar las cosas. —¿No ha trabajado desde entonces? —No. Desde entonces ha e...
Wilms Montt, Teresa
Chile
1893-1921
Caperucita Roja
Cuento
Durante una hora después de que dejara la cadena de colinas había caminado con el ardiente sol dándole en la nuca. La áspera correa de lona le irritaba los hombros y tenía la región lumbar sensible debido al golpeteo rítmico de la mochila. Se la cambiaba de vez en cuando, pero en ninguna posición encontraba más que un ...
Wilms Montt, Teresa
Chile
1893-1921
Confesión
Cuento
Frente a mi incensario que deja escapar por las bocas de bronce el humo del sándalo, me he puesto a recordar… Este humo, perfumado y azul, evoca mi juventud a la vera del brasero tradicional de mi tierra; del viejo brasero que posee el secreto de los siglos; el de las buenas abuelas, el cariñoso brasero que hace pasar ...
Wilms Montt, Teresa
Chile
1893-1921
El legado
Cuento
¡Caperucita Roja! ¡Pobre muñeca rubia, cuya historia tanto hemos escuchado sin penetrar nunca la tragedia de su alma de flor! Como ustedes saben, Caperucita era buena, pero curiosa. Amó demasiado la plática del lobo en la soledad del bosque, olvidando los buenos consejos de su madre. ¡Era tan melifluo el ladino lobo! S...
Wilms Montt, Teresa
Chile
1893-1921
El retrato
Cuento
Ven acá, tú anciano, que ahora fijas los opacos ojos en mis páginas; para ti solo, voy a contar el último cuento. No desconfíes de mi narración, y si ella te apena, te ruego ¡oh anciano! te ruego no llores. Serás indulgente con la princesita de mi cuento lo sé; porque ya veo en tus párpados el anuncio del sueño que te ...
Wilms Montt, Teresa
Chile
1893-1921
Mahmú
Cuento
Este que era un hidalgo pobre, pero de justo y noble corazón. En sus épocas de miseria, supo encontrar el medio de animar a su esposa y sonreír al tierno infante su hijo. Rechazó con energía los procedimientos poco escrupulosos de proporcionarse bienestar, prefiriendo tener un físico escueto por las privaciones; eso le...
Wilms Montt, Teresa
Chile
1893-1921
¿Quién eres?
Cuento
—¿Qué es el dolor? —preguntó una vez un chiquillo a su madre. —Qué dices hijito? —contestó ella, enarcando sus cejas en movimiento de complejidad y duda. —¿Qué es el dolor? —repitió la criatura, alzando su vocecita de flautín, con el gesto mimoso de su boca rosada. ¡Oh santa ignorancia de las pasiones! ¿por qué no anid...
Wilms Montt, Teresa
Chile
1893-1921
También para ellos
Cuento
Mi muñeca fea, desgarbada y triste, es una figura soñada bajo la influencia del hachís. Es de esas muñecas, que arrancan de los labios infantiles una risa acariciadora, y el mejor sentimiento de bondad a sus almas puras. Los niños quieren a sus juguetes feos, los compadecen; presienten ellos que la fealdad es un defect...
Woolf, Virginia
Inglaterra
1882-1941
El cuarteto de cuerdas
Cuento
Una noche de esas noches cálidas de verano, en que todo el cuerpo se vuelve pulmón para respirar, buscando fresco, con la dificultad del que busca oro, me dirigí con paso lento a las afueras de la ciudad. Después de mucho caminar y maldecí la temperatura, di con un rincón a mi gusto. Era éste una hondonada en medio de ...
Woolf, Virginia
Inglaterra
1882-1941
El foco
Cuento
Job, era el nombre de un modesto pollino que tenía por exclusiva tarea, llevar, desde el trillo al granero, las alforjas repletas de rubio trigo. Estaba viejo el pobre Job. La carga y los palos que, sin mayor motivo, propinábale su arriero, le habían aniquilado. A pesar de todo, humilde, resignado, cumplía con su deber...
Woolf, Virginia
Inglaterra
1882-1941
Jardines de Kew
Cuento
Bueno, aquí estamos, y si lanzas una ojeada a la estancia, advertirás que el ferrocarril subterráneo y los tranvías y los autobuses, y no pocos automóviles privados, e, incluso me atrevería a decir, landos con caballos bayos, han estado trabajando para esta reunión, trazando líneas de un extremo de Londres al otro. Sin...
Woolf, Virginia
Inglaterra
1882-1941
La casa encantada
Cuento
La mansión del vizconde del siglo XVIII había sido transformada en un club del siglo XX. Y era agradable, después de cenar en la gran estancia con columnas y candelabros, bajo el esplendor de la luz, salir a la terraza que daba al parque. Los árboles eran frondosos, y si hubiera habido luna se hubiesen podido ver las b...
Woolf, Virginia
Inglaterra
1882-1941
La duquesa y el joyero
Cuento
Del cantero ovalado se elevaban alrededor de cien tallos que, más o menos hacia la mitad, se abrían en hojas con forma de corazón o de lengua, y desplegaban en la punta pétalos rojos, azules o amarillos con manchas de colores. Y de la oscuridad roja, azul o amarilla del centro sobresalía un tallo grueso, recto, rugoso,...
Woolf, Virginia
Inglaterra
1882-1941
La marca en la pared
Cuento
A cualquier hora que una se despertara, una puerta se estaba cerrando. De cuarto en cuarto iba, cogida de la mano, levantando aquí, abriendo allá, cerciorándose, una pareja de duendes. «Lo dejamos aquí», decía ella. Y él añadía: «¡Sí, pero también aquí!» «Está arriba», murmuraba ella. «Y también en el jardín», musitaba...
Woolf, Virginia
Inglaterra
1882-1941
Lunes o martes
Cuento
Oliver Bacon vivía en lo alto de una casa junto a Green Park. Tenía un departamento; las sillas estaban colocadas de manera que el asiento quedaba perfectamente orientado, sillas forradas en piel. Los sofás llenaban los miradores de las ventanas, sofás forrados con tapicería. Las ventanas, tres alargadas ventanas, esta...
Woolf, Virginia
Inglaterra
1882-1941
Un resumen
Cuento
Creo que fue a mediados de enero de este año cuando levanté la vista y vi la marca en la pared por primera vez. Para indicar una fecha primero debo recordar lo que vi. Así que ahora pienso en el fuego, en la luz amarilla fija sobre la página de mi libro, en los tres crisantemos en el florero redondo sobre la chimenea. ...
Yourcenar, Marguerite
Bélgica
1903-1987
Así fue salvado Wang-Fo
Cuento
Perezosa e indiferente, sacudiendo con facilidad el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las...
Yourcenar, Marguerite
Bélgica
1903-1987
Cuento azul
Cuento
Como sea que dentro de la casa hacía calor y las estancias estaban atestadas, como sea que en una noche como aquélla no había riesgo de humedad, como sea que los farolillos chinos parecían pender como frutos rojos y verdes, en el fondo de un bosque encantado, el señor Bertram Pritchard llevó a la señora Latham al jardí...
Yourcenar, Marguerite
Bélgica
1903-1987
La leche de la muerte
Cuento
El viejo pintor Wang-Fo y su discípulo Ling erraban a lo largo de los caminos del reino de Han. Avanzaban lentamente porque Wang-Fo se detenía de noche a contemplar los astros, y de día para mirar las libélulas. Iban poco cargados, pues Wang-Fo amaba la imagen de las cosas y no a las cosas en sí mismas, y ningún objeto...