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|---|---|---|---|---|---|
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | El teléfono | Minicuento | Una noche soñé que había matado a una mujer. Paso los detalles. Cuando desperté leí en el periódico el relato del crimen tal y como yo lo había perpetrado. Me presenté a la policía. Se rieron de mí. Dicen que encontraron al criminal. ¡Qué va! Entonces ¿por qué me sigue remordiendo la conciencia?
FIN |
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | El vecino de adentro | Minicuento | Tomó el diario. Leyó: “El señor N. N. descansó en la paz del Señor”. Se tomó el pulso. Nada. Se palpó el pecho. Estaba frío. Sintió una absoluta indiferencia. Tiró el diario y volvió a meterse en la cama, más, pero muchísimo más indiferente que nunca.
FIN |
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | La noche | Minicuento | El teléfono es un pulpo que cae sobre la ciudad. Sus tentáculos se enredan en las casas. Con las ventosas de los tentáculos se chupa las voces de las gentes. De noche —se alimenta de ruidos.
FIN |
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | La sombra | Minicuento | Me lo encontré en la avenida. Su identidad conmigo era, como si dijéramos, escandalosa. Le dije: “¿Quién es usted?”. Y me soltó, susurrando las sílabas: “Luis Vidales”. Le grité, angustiado: “¡No! Yo soy Luis Vidales”. Y para asombro de mi parte, me respondió con aplomo: “¿Y quién lo contradice?”. Y en verdad, no tuve ... |
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | Los dos gatos | Minicuento | El día es lo más ciudadano que hay. Eso no me lo puede negar nadie. El día tiene gentes y casas y pegados en las cintas vertiginosas de las calles tiene tranvías – coches – autos – etc. – etc. Cualquier día de la semana llámese lunes o sábado – está siempre lleno de ciudades. Pero la noche – ah! caray! – la noche es lo... |
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | Los vigilantes | Minicuento | Yo quería estar solo. Subí las escaleras que conducen a mi habitación y tras de mí cerré la puerta para que nadie pudiese importunarme. ¡Qué supremo deleite! ¡Qué saludable alegría la de reunirme solo! Por un instante me sentí el más feliz de los hombres. Pero fue solo un instante. Luego, de reojo, noté que a mi lado h... |
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | Música de mañana | Minicuento | El gato y su sombra. Son dos gatos –pero en realidad no es más que uno. Esto me explica la divinidad. La sombra es un gato más enigmático. Es más gato. Así debieran ser todos los gatos. Untados a la pared. Sería bello verlos andar. Entonces tampoco podría dejar un gato arqueado de señal hasta donde he leído. Pero podrí... |
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | Paisajes ambulantes | Minicuento | Se hicieron íntimos. Un día, al descuido, Jhosef le dio a beber el vino maravilloso a Arthur, quien súbitamente se transformó en Jhosef. Un tiempo después, a Jhosef le ocurrió otro tanto: se convirtió en Arthur. Los dos —así— quedaron en su plata, pues ambos eran espías.
FIN |
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | Superciencia | Minicuento | La máquina de escribir es un pequeño piano de teclas redondas. Vendrán grandes “virtuosos” de la máquina de escribir. Serán gentes de largas melenas y de ojos melancólicos. En las noches de luna. Sonatas. Y nocturnos. Y gigas. Vibrarán las máquinas de escribir. Y su ritmo —bajo las estrellas— nos llenará el alma de des... |
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | Teoría de las puertas | Minicuento | Mr. Wilde ha dicho que los crepúsculos están pasando de moda. Es indudable que se podría disimular ese defecto si los paisajes variaran constantemente de sitio. Eso de ver un paisaje en un mismo lugar –es necesariamente aburrido. Lo contrario sería encantador. Y espectacular. Un grupo de árboles emigrando bajo el cielo... |
Vidales, Luis | Colombia | 1904-1990 | Tragedia de un rostro | Cuento | Por medio de los microscopios, los microbios observan a los sabios.
FIN |
Vigny, Alfred de | Francia | 1797-1863 | Laurette o el sello rojo | Cuento | Soy alguien dado a investigaciones científicas. Últimamente he descubierto una teoría del equilibrio.
Ante todos los sabios del mundo yo siento mi teoría del equilibrio.
Cuando una puerta se abre, la puerta equidistante, al otro lado del mundo, se cierra irremisiblemente.
Por esto –y todos lo hemos visto– de golpe, las... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Amigas de pensionado | Cuento | Tengo el gusto de comunicar a mis biógrafos que vivo en el único cuarto alto que hay en mi casa. Una casa con solo una habitación de segundo piso es harto rara si pensamos que apenas habrá dos de estas en toda la ciudad. No voy a describir lo que hay en mi cuarto. Me limitaré a decir que todo en él es pobre. Un ropero ... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Antonia | Cuento | I. Sobre el encuentro que tuve en el camino real
El camino real de Artois y de Flandre es largo y triste. Se extiende en línea recta, sin árboles ni cunetas, por campiñas planas y llenas de un barro amarillo en cualquier estación. En marzo de 1815, iba por aquel camino y tuve un encuentro que no he olvidado desde enton... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Catalina | Cuento | Hijas de padres ricos, Félicienne y Georgette ingresaron, siendo muy niñas aún, en el célebre pensionado de la señorita Barbe Désagrémeint.
Allí -aunque las últimas gotas del destete humedecieran todavía sus labios-, las unió pronto una amistad profunda, basada en su coincidencia respecto a las naderías sagradas del to... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Cuento de final de verano | Cuento | Antonia vertió agua helada en un vaso y puso en él su ramo de violetas de Parma:
-¡Adiós a las botellas de vino de España! -dijo.
E, inclinándose hacia un candelabro, encendió, sonriendo, un papelito liado con una pizca de phëresli1; este movimiento hizo brillar sus cabellos, negros como el carbón.
Toda la noche habíam... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | El asesino de cisnes | Cuento | Mi deliciosa y solitaria villa, situada a orillas del Marne, con su cercado y su fresco jardín, tan umbrosa en verano, tan cálida en invierno; mis libros de metafísica alemana; mi piano de ébano de sonidos puros; mi bata de flores apagadas, mis confortables zapatillas; mi apacible lámpara de estudio, y toda esta existe... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | El canto del gallo | Cuento | En provincias, a la caída del crepúsculo sobre las pequeñas ciudades -hacia las seis de la tarde, por ejemplo, al acercarse el otoño- se diría que los ciudadanos buscan lo mejor que pueden aislarse de la inminente gravedad de la noche: cada cual entra en su concha al presentir todo aquel peligro de estrellas que podría... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | El convidado de las últimas fiestas | Cuento | Los cisnes comprenden los signos. Victor Hugo, Les Misérables
A fuerza de consultar tomos de Historia Natural, nuestro ilustre amigo, el doctor Tribulat Bonhomet había terminado por aprender que «el cisne canta bien antes de morir». Efectivamente, -nos confesaba aún en fechas recientes- desde que la había ... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | El derecho del pasado | Cuento | Al doctor Albert Robin
Et continuo, cantavit gallus. -Evangelios
El castillo fortificado del prefecto romano Poncio Pilatos estaba situado en la ladera del Mona; el del tetrarca Herodes se elevaba, resplandeciente, en medio de los surtidores vivos y de los pórticos, en el monte Sión, no lejos de los jardine... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | El deseo de ser un hombre | Cuento | La Estatua del Comendador puede venir a cenar con nosotros; ¡puede tendernos la mano! Se la estrecharemos. Quizás sea él quien tenga frío.
Una noche de carnaval del año 186…, C…, uno de mis amigos, y yo, por una circunstancia absolutamente debida a los azares del tedio «ardiente y vagos», estábamos solos en un palco, e... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | El duque de Portland | Cuento | Desde un altozano lejano, el canciller de la Confederación germánica observaba la capital, y al ver de improviso aquella bandera en la bruma glacial y en la humareda, introdujo bruscamente uno dentro del otro, los tubos de su catalejo, diciéndole al príncipe de Mecklemburgo-Schwerin que se encontraba a su lado: «La bes... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | El secreto de la antigua música | Cuento | Al señor Catulle Mendès
Uno de esos hombres ante quienes la Naturaleza puede alzarse y decir: «¡He aquí un Hombre!» -Shakespeare, Julio César
Daban las doce en el reloj de la Bolsa, bajo un cielo estrellado. En aquella época, aún pesaban sobre los ciudadanos las exigencias de una ley militar y, siguien... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | El secreto de la bella Ardiane | Cuento | En estos últimos años, a su vuelta de levante, Ricardo, duque de Portland, el joven lord célebre antaño en toda Inglaterra por sus fiestas nocturnas, sus victoriosos purasangre, su ciencia de boxeador, sus cacerías de zorros, sus castillos, su fabulosa fortuna, sus viajes de aventuras y sus amores, no se había dejado v... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | El secreto de la iglesia | Cuento | Era día de audición en la Academia Nacional de Música. En las altas instancias se había decidido el estudio de una obra de cierto compositor alemán (cuyo nombre, olvidado desde entonces, felizmente se nos escapa); y tal maestro extranjero, si había que creer en diversos memoranda publicados por la Revue de Deux Mondes,... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | El sorprendente matrimonio Moutonnet | Cuento | La casita nueva del joven guarda forestal de Eaux-et-Forêts, Pier Albrun, dominaba desde una ladera el pueblo de Ypinx-les-Trembles, situado a dos leguas de Perpignan, no lejos de un valle de los Pirineos Orientales abierto sobre la planicie de Ruyssors que en dirección a España limitan grandes abetales.
Inclinado por ... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Flores de las tinieblas | Cuento | Al señorEdmond Deman
“Cuidado con lo de abajo”-Dicho popular
En esta noche de principios de otoño, el antiguo hotel con jardines, residencia de la morena Maryelle -al final del barrio de Saint Honoré- parecía dormido. En el primer piso, en efecto, en el salón tapizado de seda cereza, los pesados cortinajes de los balc... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Intersigno | Cuento | Lo que produce la auténtica felicidad amorosa en determinados seres, lo que constituye el secreto de su placer, lo que explica la unión fiel de determinadas parejas es, entre todas las cosas, un misterio cuyo aspecto cómico causaría terror si la sorpresa permitiera analizarlo. Las extravagancias sensuales del hombre so... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | La aventura de Tse i La | Cuento | ¡Oh, los bellos atardeceres! Ante los brillantes cafés de los bulevares, en las terrazas de las horchaterías de moda, ¿qué de mujeres con trajes multicolores, qué de elegantes “callejeras” dándose tono!
Y he aquí las pequeñas vendedoras de flores, que circulan con sus frágiles canastillas.
Las bellas desocupadas acept... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | La cartelera celeste | Cuento | Una tarde de otoño en la que, junto a personas con opinión, tomábamos el té alrededor de un buen fuego, en casa de uno de nuestros amigos, el barón Xavier de la V… (pálido joven a quien las largas fatigas militares soportadas en África, siendo joven aún, le habían vuelto de una debilidad de carácter y de un salvajismo ... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | La desconocida | Cuento | La Esfinge: «Adivina o te devoro».
Al Norte de Tonkín existe, internándose tres leguas, la provincia de Kouang-Si, de ríos auríferos, y cuya grandeza se extiende hasta las fronteras de los principados centrales del Imperio de Enmedio, desparramando sus ciudades en la vasta extensión de la selva.
En esta región, la ser... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | La esperanza | Cuento | Al señor Henry Ghys
Eritis sicut dii. –Antiguo Testamento
Cosa extraña y capaz de despertar la sonrisa de un financiero: ¡se trata del Cielo! Pero entendámonos: del cielo considerado desde el punto de vista industrial y serio.
Ciertos acontecimientos históricos, hoy en día científicamente confirmados y explicados... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | La impaciencia de la multitud | Cuento | A la señora condesa de Lacios
El cisne calla durante toda su vida para cantar bien una sola vez.-Antiguo proverbio
Era el sagrado muchacho a quien un bello verso hace palidecer.-Andrien Juvigny
Aquella noche, todo París resplandecía en los Italiens. Se representaba Norma. Era la función de despedida de María-... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | La incomprendida | Cuento | Al atardecer, el venerable Pedro Argüés, sexto prior de los dominicos de Segovia, tercer Gran Inquisidor de España, seguido de un fraile redentor (encargado del tormento) y precedido por dos familiares1 del Santo Oficio provistos de linternas, descendió a un calabozo. La cerradura de una puerta maciza chirrió; el Inqui... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | La más bella cena del mundo | Cuento | Al señor Victor Hugo
Hombre, ve a decir a Lacedemonia que aquí hemos muerto por obedecer sus santas leyes. -Simonides
La gran puerta de Esparta, con su batiente pegado a la muralla como un escudo de bronce apoyado en el pecho de un guerrero, se abría ante el Taygeto. La polvorienta pendiente del monte enroj... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | La reina Isabel | Cuento | A Jules Destrée
No golpees nunca a una mujer, ni siquiera con una flor. –El Corán
Cuando se abrían las últimas rosas de la pasada primavera, Geoffroy de Guerl, llevando con él, de París, a su primera preferida, Simone Liantis, alquiló, a orillas del Loire, una alegre quinta, amueblada al estilo Luis XVI y c... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Los amantes de Toledo | Cuento | ¡Un golpe del Comendador!
¡Una puñalada trapera!
-Antiguo refrán
Xanthus, el maestro de Esopo, declaró, por sugerencia del fabulista, que, si él había apostado que se bebería el mar, no había apostado beber también los ríos que «entran en su interior», para utilizar el gracioso francés de nuestros traductores univers... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Los bandidos | Cuento | Hacia 1404 (me remonto tan atrás para no ofender a mis contemporáneos), Isabel, esposa del rey Carlos VI, regente de Francia, vivía, en París, en el antiguo palacio Montagu, una especie de residencia más conocida por el nombre de la mansión Barbette.
Allí se proyectaban las famosas justas a la luz de las antorchas a or... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | No confundirse | Cuento | Al señor Émile Pierre
¿Habría sido justo, pues, que Dios condenara al Hombre a la Felicidad?
Un alba oriental enrojecía las graníticas esculturas del frontón de la Oficial de Toledo, y entre ellas el «Perro que lleva una antorcha encendida en la boca», escudo del Santo Oficio.
Dos higueras frondosas daban sombra a la... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Sombrío relato, narrador aún más sombrío | Cuento | Al señor Henri Roujon
¿Qué es el Tercer Estado? Nada. ¿Qué debe ser? Todo. -Sully, después Sieyes
Pibrac, Nayrac, dos subprefecturas gemelas unidas por un camino vecinal construido bajo el régimen de los Orleáns, testimoniaban, bajo un cielo maravilloso, una perfecta unión de costumbres, negocios y maneras ... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Sor Natalia | Cuento | En una mañana gris de noviembre, caminaba yo apresuradamente por los muelles. Una fría llovizna humedecía la atmósfera. Negros transeúntes se entrecruzaban, protegidos con deformes paraguas.
El amarillento Sena acarreaba sus gabarras que semejaban desmesurados abejorros. En los puentes, el viento hacía volar bruscament... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Sylvabel | Cuento | Al señor Coquelin, el joven
Ut declaratio fiat
Aquella noche yo estaba invitado, oficialmente, a tomar parte en una cena de autores dramáticos, reunidos para festejar el éxito de un colega. Era en B…, el restaurante de moda entre la gente de la pluma.
Al principio, la cena fue naturalmente triste.
Sin embargo, tras ha... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Vera | Cuento | Antiguamente, en Andalucía, en el ángulo de un camino montañoso, se levantaba un monasterio de la Orden Tercera franciscana; aquel claustro, aunque a la vista de otros conventos que velaban unos por los otros, estaba sobre todo protegido por la devoción que imponía entonces el aspecto de una gran cruz colocada ante la ... |
Villiers de L'Isle Adam | Francia | 1838-1889 | Vox populi | Cuento | En el castillo de Fonteval, a eso de medianoche, tocaba a su fin una fiesta de esponsales. En el parque, entre altas alamedas de follaje iluminado todavía con guirnaldas de linternas venecianas, los músicos, en su estrado campestre, habían dejado de tocar contradanzas. Los hidalgüelos de los alrededores se encontraban ... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Amor propio I | Minicuento |
El amor es más fuerte que la muerte, ha dicho Salomón: su misterioso poder no tiene límites.
Concluía una tarde otoñal en París. Cerca del sombrío barrio de Saint–Germain, algunos carruajes, ya alumbrados, rodaban retrasados después de concluido el horario de cierre del bosque. Uno de ellos se detuvo delante del porta... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Amor propio II | Minicuento | ¡Gran revista la de aquel día en los Campos Elíseos! ¡Doce años sufridos desde esta visión! Un sol de estío arrojaba sus largas flechas de oro sobre los tejados y cúpulas de la vieja capital. Miradas de vidrio cruzaban sus reflejos. El pueblo, bañado en polvillo luminoso, inundaba las calles para ver al ejército.
Sent... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Cándido o el optimismo | Cuento largo | Un mendigo pedía limosna dignamente, y uno que pasaba le dijo:
-¿No te da vergüenza ejercer este infame oficio pudiendo trabajar?
-Te pido dinero -respondió el mendigo-, no consejo.
A continuación volvió la espalda, conservando toda su dignidad.
FIN |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Dios | Minicuento | Un misionero que viajaba por la India encontró a un faquir cargado de cadenas, desnudo como un mono, acostado boca abajo y haciéndose azotar por los pecados de sus compatriotas, que le daban algunas monedas.
-¡Qué renuncia de sí mismo! -decía uno de los espectadores.
-¿Renuncia de mí mismo? -replicó el faquir-. Hago qu... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | El blanco y el negro | Cuento | Capítulo I
De cómo Cándido fue criado en un hermoso castillo y de cómo fue arrojado de allí
Vivía en Westfalia, en el castillo del señor barón de Thunder-ten-tronckh, un mancebo a quien la naturaleza había dotado de la índole más apacible. Su fisonomía anunciaba su alma; tenía juicio bastante recto y espíritu muy simpl... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | El enigma | Minicuento | Acababa yo de construir un pabellón en el extremo de mi jardín, y oí a un topo que razonaba con un abejón:
-Vaya una obra hermosa -dijo el topo-, tiene que ser un topo muy poderoso el que la haya construido.
-Te burlas -dijo el abejón-, ha sido un abejón genial el arquitecto de esta obra.
Desde ese día he resuelto no d... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | El hombre de los cuarenta escudos | Cuento | Todo el mundo en la provincia de Candahar conoce la aventura del joven Rustán. Era hijo único de un mirza de la región; como quien dice un marqués en Francia o un barón en Alemania. Su padre, el mirza, tenía una fortuna considerable. El joven Rustán debía casarse con una doncella o mirzesa de su condición. Las dos fami... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | El mundo tal como va | Cuento | El gran mago planteó esta cuestión:
–¿Cuál es, de todas las cosas del mundo, la más larga y la más corta, la más rápida y la más lenta, la más divisible y la más extensa, la más abandonada y la más añorada, sin la cual nada se puede hacer, devora todo lo que es pequeño y vivifica todo lo que es grande?
Le tocaba hablar... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Fábula | Minicuento | Un apacible viejo, que siempre se queja del tiempo presente y alaba el pasado, me decía en una ocasión:
-Amigo, Francia no es tan rica como lo era en tiempo de Enrique IV. ¿Y por qué? Porque no están los campos bien cultivados, porque faltan brazos para la labranza; porque al encarecer los jornales, dejan muchos colono... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Fábula hindú | Minicuento | [Cuento - Texto completo.]
Entre las deidades que presiden los imperios del mundo, Ituriel es considerada como una de las de rango más elevado y tiene a su cargo todo el territorio de la alta Asia. Una mañana descendió hasta la residencia del escita Babuc, situada en la orilla del Oxus, diciéndole:
-Babuc, las locuras... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Fe | Minicuento | Fue necesario escoger un rey entre los árboles. El olivo no quiso abandonar el cuidado de su aceite, ni la higuera el de sus higos, ni la viña el de su vino, ni los otros árboles los de sus frutos. El cardo, que no servía para nada, fue el rey, porque tenía espinas y podía hacer daño.
FIN |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Guerra | Minicuento | Adimo, el padre de todos los hindúes, tuvo dos hijos y dos hijas de su mujer Procriti. El mayor era un gigante vigoroso, el menor era un pequeño jorobado, las dos niñas eran bonitas. Desde que el gigante sintió su fuerza, se acostó con sus dos hermanas y se hizo servir por el pequeño jorobado. De sus dos hermanas, una ... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Historia de los viajes de escarmentado | Cuento | Lucrecia, hija del papa Alejandro VI, estaba de parto.
—¿Quién crees que es el padre de mi nieto? —preguntó el papa al príncipe Picco de la Mirandola.
En Roma no se sabía si el niño era del santo padre o de su hijo, el duque de Valentinois, o del marido de Lucrecia, Alfonso de Aragón, que pasaba por impotente.
—Yo creo... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Historia de un buen brahmín | Cuento | Un genealogista prueba que un príncipe desciende en línea directa de un conde cuyos padres habían hecho un pacto de familia, hace 300 ó 400 años, con una casa cuyo recuerdo ni tan siquiera subsiste. Esta casa tenía vagas pretensiones sobre una provincia, cuyo último poseedor murió de apoplejía. El príncipe y su consejo... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | La infancia de Zoroastro | Minicuento | [Cuento - Texto completo.]
Vine al mundo en la ciudad de Candía el año 1600. Era gobernador mi padre, y me acuerdo que un poeta menos que mediano, aunque no fuese medianamente desaliñado su estilo, llamado Iro, hizo unas malas coplas en elogio mío, en las cuales me calificaba de descendiente de Minos en línea recta; m... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | La princesa de Babilonia | Cuento | En el curso de mis viajes tropecé con un viejo brahmín, hombre de muy buen juicio, lleno de ingenio y muy sabio; además, era rico, y por lo tanto su juicio era aún mejor; pues, al no carecer de nada, no tenía necesidad de engañar a nadie. Su familia estaba muy bien gobernada por tres hermosas mujeres que se esforzaban ... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Los dos consolados | Cuento | En aquellos tiempos había muchos magos, muy poderosos, que vaticinaban que llegaría un día en que Zoroastro sabría más que ellos y los hundiría. El príncipe de los magos hizo que llevaran al niño a su casa con la intención de abrirle un canal, mas al iniciar esta operación se le secó la mano. Lo arrojaron al fuego para... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Magos envidiosos | Minicuento | I
El anciano Belus, rey de Babilonia, se creía el hombre más importante de la tierra, ya que todos sus cortesanos se lo decían y todos sus historiadores se lo probaban. Esta ridiculez podía disculpársele porque, efectivamente, sus antecesores habían construido más de treinta mil años atrás Babilonia y él la había embel... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Memnón o la sabiduría humana | Cuento | Decía un día el gran filosofo Citofilo a una dama desconsolada, y que tenía sobrado motivo para estarlo:
-Señora, la reina de Inglaterra, hija del gran Enrique IV, no fue menos desgraciada que usted: la echaron de su reino; se vio a pique de perecer en el océano en un naufragio, y presenció la muerte del rey su esposo ... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Mesías | Minicuento | Zoroastro vino del paraíso a predicar su religión en los dominios de Gustaf, rey de Persia, y este le dijo:
-Demuéstrame algo para que te crea.
El profeta hizo crecer ante la puerta del palacio un cedro tan corpulento y tan alto que ninguna cuerda podía rodearlo ni alcanzar el remate de su copa, y en su cima puso una h... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Micromegas | Cuento | Memnón concibió un día la extravagante idea de ser completamente cuerdo, locura que pocos hombres han dejado de sufrir. Memnón discurría así:
-Para ser muy cuerdo, y, en consecuencia muy feliz, basta con no dejarse arrastrar de las pasiones, cosa fácil como nadie ignora. Lo primero, nunca he de amar a ninguna mujer. Cu... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Milagro | Minicuento | El Mesías dará a su pueblo, reunido en la tierra de Canaán, una comida cuyo vino será el que el mismo Adán hizo en el paraíso terrenal y que se conserva en grandes cubas abiertas por los ángeles en el centro de la tierra.
Como entrada, se servirá el famoso pescado llamado el gran Leviatán, que se traga de una vez un pe... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Simón el mago | Minicuento | [Cuento - Texto completo.]
Capítulo 1.– Viaje de un habitante de la estrella Sirio al planeta Saturno
Había en uno de los planetas que giran en torno de la estrella llamada Sirio, un mozo de mucho talento, a quien tuve la honra de conocer en el postrer viaje que hizo a nuestro mezquino hormiguero. Era su nombre Microm... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Todo está bien | Minicuento | Un pequeño monje estaba tan acostumbrado a hacer milagros que el prior le prohibió ejercer su talento. El pequeño monje obedeció; pero al ver que un pobre albañil se caía de lo alto de un tejado, dudó entre el deseo de salvarle la vida y la santa obediencia. Mandó al albañil que se quedara en el aire hasta nueva orden,... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Tortura | Minicuento | Simón fue a quejarse al emperador de que un miserable galileo presumía de hacer mayores prodigios que él. Pedro compareció junto con Simón para ver quién de los dos era superior en su oficio.
-Dime lo que estoy pensando -dijo Simón a Pedro.
-Que me dé el emperador un pan de cebada, y verás si sé lo que guardas en el al... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Una aventura india | Cuento | Los sirios imaginaron que al ser creados el hombre y la mujer en el cuarto cielo, se atrevieron a comer una torta, en lugar de la ambrosía, que era su comida natural. La ambrosía se exhalaba por los poros; pero después de haber comido la torta, era preciso ir al excusado. El hombre y la mujer rogaron a un ángel que les... |
Voltaire | Francia | 1694-1778 | Zadig o el destino | Cuento | Extraña manera de interrogar a los hombres. Debe su origen al salteador de caminos. Los conquistadores, que fueron los sucesores de tales ladrones, comprendieron que esa finalidad era útil para su interés y la siguieron usando cuando sospechaban que fraguaban contra ellos malévolas intenciones, como, por ejemplo, la de... |
Walsh, Rodolfo | Argentina | 1927-1977 | Cuentos para tahúres | Cuento | Pitágoras, estando en la India, aprendió, como saben todos, en la escuela de los gimnosofistas la lengua de los animales y la de las plantas. Paseándose un día por un prado cerca de la orilla del mar, oyó estas palabras:
-¡Qué desdicha la mía de haber nacido hierba, apenas llego a dos pulgadas de alto, cuando me huella... |
Walsh, Rodolfo | Argentina | 1927-1977 | Esa mujer | Cuento | [Cuento - Texto completo.]
Dedicatoria de Zadig a la Sultana Cheraah, por Sadi
A 18 del mes de Cheval, año 837 de la hégira.
Embeleso de las niñas de los ojos, tormento del corazón, luz del ánimo, no beso yo el polvo de tus pies, porque o no andas a pié, o si andas, pisas o rosas o tapetes de Irán. Ofrézcote la versió... |
Walsh, Rodolfo | Argentina | 1927-1977 | Ese hombre | Cuento | Salió no más el 10 -un 4 y un 6- cuando ya nadie lo creía. A mí qué me importaba, hacía rato que me habían dejado seco. Pero hubo un murmullo feo entre los jugadores acodados a la mesa del billar y los mirones que formaban rueda. Renato Flores palideció y se pasó el pañuelo a cuadros por la frente húmeda. Después juntó... |
Walsh, Rodolfo | Argentina | 1927-1977 | Fotos | Cuento | El coronel elogia mi puntualidad:
-Es puntual como los alemanes -dice.
-O como los ingleses.
El coronel tiene apellido alemán.
Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.
-He leído sus cosas -propone-. Lo felicito.
Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte... |
Walsh, Rodolfo | Argentina | 1927-1977 | Los nutrieros | Cuento | El guardia civil pregunta el nombre, consulta su lista, abre la puerta del parque. El tenue sol madrileño quita de las rodillas la lluvia de París, funde la nieve de Praga.
En la casa me recibe el secretario discreto, urgido por irradiación cotidiana. Yo sé que debería estar observando los detalles pero no veo más que... |
Walsh, Rodolfo | Argentina | 1927-1977 | Portugueses | Cuento | 1
–Niño Mauricio, vaya a la Dirección.
El niño Mauricio Irigorri le tocaba el culo a la maestra, eludía el cachetazo y en el recreo cobraba las apuestas. Tenía una hermosa letra, sobre todo cuando firmaba “Alberto Irigorri” bajo las amonestaciones de los boletines. Don Alberto no reparaba en esos detalles. Estaba demas... |
Walsh, Rodolfo | Argentina | 1927-1977 | Tres portugueses bajo un paraguas | Cuento | Renato oyó los tiros. Volaron patos y garzas, y en la lejanía una nubecilla de humo azul se desguedejó lentamente en la quietud infinita de la tarde.
Al filo de la noche volvió Chino Pérez, ceñudo y silencioso. Traía a remolque un bote pintado de rojo, con las letras blancas en el costado de babor: “San Felipe”
-Lo en... |
Waugh, Evelyn | Inglaterra | 1903-1966 | La pequeña salida del señor Loveday | Cuento | 1)
El primer portugués era alto y flaco.
El segundo portugués era bajo y gordo.
El tercer portugués era mediano.
El cuarto portugués estaba muerto.
2)
-¿Quién fue? -preguntó el comisario Jiménez.
a. Yo no -dijo el primer portugués.
b. Yo tampoco -dijo el segundo portugués.
c. Ni yo -dijo el tercer portugués.
El cuarto ... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El bacilo robado | Cuento | 1)
El primer portugués era alto y flaco.
El segundo portugués era bajo y gordo.
El tercer portugués era mediano.
El cuarto portugués estaba muerto.
2)
-¿Quién fue? -preguntó el comisario Jiménez.
a. Yo no -dijo el primer portugués.
b. Yo tampoco -dijo el segundo portugués.
c. Ni yo -dijo el tercer portugués.
El cuarto ... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El caso Plattner | Cuento | I
—No encontrarás muy cambiado a tu padre —dijo lady Moping mientras el coche franqueaba la verja del sanatorio del condado.
—¿Llevará uniforme? —preguntó Ángela.
—No, querida, desde luego que no. Aquí lo atienden mejor que en ninguna parte.
Era la primera visita de Ángela y había sido a propuesta de ella misma.
Habían... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El cono | Cuento | -Esta, también, es otra preparación del famoso bacilo del cólera -explicó el bacteriólogo colocando el portaobjetos en el microscopio.
El hombre de rostro pálido miró por el microscopio. Evidentemente no estaba acostumbrado a hacerlo, y con una mano blanca y débil tapaba el ojo libre.
-Veo muy poco -observó.
Ajuste est... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El corazón de Miss Winchelsea | Cuento | Si se debe dar o no crédito a la historia de Gottfried Plattner, es una buena cuestión por lo que respecta al valor de la evidencia. Por una parte, contamos con siete testigos —para ser del todo exactos, contamos con seis pares y medio de ojos y un hecho innegable— y por la otra contamos con —¿cómo diríamos?— prejuicio... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El cuerpo robado | Cuento | La noche era calurosa y oscura, el cielo ribeteado de rojo por la prolongada puesta del sol del verano. Ellos se sentaron ante la ventana abierta, tratando de imaginarse que el aire estaba más fresco allí. Los árboles del jardín se mantenían tiesos y sombríos: más lejos, en el camino, ardía un farol a gas, desparramand... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El dios de las dinamos | Cuento | Miss Winchelsea iba a Roma. Hacía más de un mes que no pensaba en otra cosa y el viaje salía en su conversación con tanta frecuencia que mucha gente que no iba a Roma y que probablemente no iría nunca, consideraba su insistencia una descortesía por su parte. Algunos habían intentado convencerla, sin éxito alguno, de qu... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El extraordinario caso de los ojos de Davidson | Cuento | Mr. Bessel era el socio más antiguo de la empresa Bessel, Hart y Brown, de St. Paul’s Churchyard, y durante muchos años fue muy conocido entre los que se interesan por las investigaciones psíquicas como investigador abierto y concienzudo. No estaba casado, y en lugar de vivir en las afueras, como estaba de moda entre l... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El fabricante de diamantes | Cuento | El encargado jefe de las tres dinamos que zumbaban y rechinaban en Camberwell para mantener en marcha el ferrocarril eléctrico procedía del condado de York, y se llamaba James Holroyd. Era un electricista práctico, pero aficionado al whisky, un bruto pelirrojo y pesado con una dentadura irregular. Dudaba de la existenc... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El fantasma inexperto | Cuento | El transitorio extravío mental de Sidney Davidson, notable ya de por sí, es todavía más extraordinario si hemos de dar crédito a la explicación de Wade. Ésta nos hace soñar con las más raras posibilidades de intercomunicación del futuro, con pasar cinco minutos intercalares al otro lado del mundo, con ser observados ha... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El hombre que podía hacer milagros | Cuento | Ciertos asuntos me habían retenido en la calle Chancery hasta las nueve de la noche, y después, un incipiente dolor de cabeza me quitó las ganas tanto de divertirme como de seguir trabajando. Todo el escaso cielo que los altos acantilados de ese estrecho desfiladero de tráfico dejaban visible hablaba de una noche seren... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El hombre que volaba | Cuento | La escena en que Clayton narró su última historia vuelve vívidamente a mi memoria. Estuvo sentado casi todo el tiempo en el extremo del confortable sofá que está junto a la espaciosa chimenea, y Sanderson, que se sentaba a su lado, fumaba una de esas pipas de arcilla Broseley que llevan su nombre. También estaban Evans... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El huevo de cristal | Cuento | Un pantum malayo en prosa
Es dudoso que el don fuera innato. Por mi parte, pienso que le vino de repente. Es más, hasta los treinta años fue escéptico y no creía en poderes milagrosos. Tengo que mencionar aquí que era un hombre bajito, de encendidos ojos castaños, pelo rojizo muy erizado, un bigote cuyas puntas doblaba... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El nuevo acelerador | Cuento | El etnólogo miró pensativo a la pluma de bhimaj.
—Parecía que no les gustaba nada separarse de ella —dijo.
—Es sagrada para los jefes —explicó el teniente—, lo mismo que la seda amarilla, ya sabe, lo es para el Emperador de China.
El etnólogo no respondió. Dudó. Luego, abordando bruscamente el tema, preguntó:
—¿Qué dia... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El país de los ciegos | Cuento | Hasta hace un año, había una tiendecilla de aspecto mugriento cerca de ‘Los Siete Cuadrantes’, sobre la que campeaba un letrero amarillo deteriorado por la intemperie, con el nombre de ‘C. Cave, Naturalista y Anticuario’. El escaparate estaba lleno de mercancías curiosamente abigarradas. Comprendía colmillos de elefant... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El robo en el parque de Hammerpond | Cuento | Ciertamente, si alguna vez un hombre encontró una guinea cuando estaba buscando un alfiler, ése fue mi buen amigo, el profesor Gibberne. Yo ya había tenido noticias de investigadores que se pasan de la raya, pero jamás hasta el punto al que él ha llegado. Realmente ha descubierto, al menos esta vez y sin la más leve pi... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El sueño de Armaggedon | Cuento | A más de trescientas millas del Chimborazo y a cien de las nieves del Cotopaxi, en el territorio más inhóspito de los Andes ecuatoriales, se encuentra un misterioso valle de montaña, el País de los Ciegos, aislado del resto de los hombres. Hace muchos años ese valle estaba tan abierto al mundo que los hombres podían al... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El tesoro de Mr. Brisher | Cuento | Es un punto controvertido si el robo en domicilios ha de considerarse un deporte, un oficio o un arte. Para oficio la técnica es muy poco rigurosa, y sus pretensiones de que se lo considere un arte están viciadas por el elemento mercenario que determina sus triunfos. En general lo más apropiado parece ser clasificarlo ... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El tesoro en el bosque | Cuento | El hombre de cara pálida subió al vagón en Rugby. A pesar de las prisas del mozo que le llevaba el equipaje, se movía con lentitud; advertí, cuando aún se encontraba en el andén, que parecía encontrarse muy enfermo. Tras lanzar un suspiro, se dejó caer en el asiento situado frente al mío, hizo un intento por arreglar s... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | El valle de las arañas | Cuento | —Nunca se es demasiado prudente a la hora de escoger la mujer con la que te vas a casar —dijo Mr. Brisher, y se estiró con una mano de muñeca gorda el bigote lacio que disimulaba su falta de mentón.
—Es por lo que… —intenté decir.
—Sí —dijo Mr. Brisher con un resplandor solemne en sus ojos azules y legañosos, moviendo ... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | En el abismo | Cuento | La canoa estaba acercándose ahora a tierra firme. La bahía se abría, y un intervalo en el blanco oleaje del arrecife indicaba el lugar por donde el pequeño río desembocaba en el mar. La zona de verde más espesa y profunda del bosque virgen delataba su curso bajando desde la distante ladera montañosa. Aquí el bosque cas... |
Wells, H.G. | Inglaterra | 1866-1946 | En el observatorio astronómico de Avu | Cuento | Hacia el mediodía los tres perseguidores salieron de un recodo del lecho del torrente y se encontraron, de pronto, ante la vista de un valle muy ancho y extenso. El difícil y tortuoso cauce pedregoso por el que habían seguido las huellas de los fugitivos durante tanto tiempo se convertía en una pendiente ancha. Movidos... |
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