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|---|---|
Sirva de seguidillas
y de humorada,
un sonsonete alegre
que en Cádiz cantan.
| 22seguidilla
|
Para emprender la jornada
desta ciudad, que ya tiene
nombre de Ciudad Real,
juntó el gallardo maestre
dos mil lucidos infantes
de sus vasallos valientes,
y trescientos de a caballo
de seglares y de freiles....
| 1romance
|
O vos, Musas, qu'en Parnaso
fazeys la abitación,
alli do fizo Pegaso
la fuente de perfición;
en la fin e conclusión
en el medio, comentando,
vuestro [subsidio] demando
para mi propusición.
| 15octavilla
|
Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tú por hondas lejanías.
Mi dolor era un grupo de agonías
sobre tu débil corazón de arena.
| 24cuarteto
|
Aladas sombras en la gracia intacta
del ocaso poblaron los senderos,
y contempló la luna, estupefacta,
el paso de los blancos mensajeros.
| 7serventesio
|
No hay bien que del mal me guarde,
temeroso y encogido,
de sinrazón ofendido,
y de ofendido cobarde.
Y aunque mi queja, ya es tarde,
y razón me la defiende,
más7 en mi daño se enciende,
que voy contra quien me agravia,
como el perro que con rabia
a su mismo dueño ofende.
| 13espinela
|
Si a devanar te pones
Una madeja
Siguiendo tu costumbre,
Toda la enredas.
| 22seguidilla
|
Y si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal Esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.
| 20septilla
|
Carne de mi movimiento,
huesos de ritmos mortales:
me muero por respirar
sobre vuestros ademanes.
| 11cantar
|
Hemos pisado el vértice del aire.
Se deshizo ya el bálago del miedo.
Voltean las campanas
en viejos campanarios:
el eterno retorno
de un claro mediodía
que ilumina palabras
y revela el recuerdo.
¿Qué anuncian con su toque esas campanas?
No distingo los límites del día
no sé si he despertado y estoy vivo
o si sigo la estela
—vagabundo en el sueño—
de una alada caricia que devuelva
a mis ojos las lágrimas del mar.
¿Qué anuncian con su toque esas campanas?
Suena tibio su son
más allá de la noche
agrietando la calma
de este abril sin retorno:
su canción enamora
pero hiere el silencio
de su lento cantar.
| 35unknown
|
E bien como la saeta
que por fuerca e maestría
sale por su liña [reta]
do la vallesta la envía ;
[por semejante] fazía
a do sus púas lancava;
asi que mucho espantava
a quien menos las temía.
| 15octavilla
|
Para no ser soldados
muchos se casan
y es más cruel la guerra
que luego pasan
y así hay casados
que dieran una oreja
por ser soldados.
| 27seguidilla_compuesta
|
Algunos desesperados
sólo se curan con soga;
otros con siete palabras:
la fe se ha puesto de moda.
| 11cantar
|
Isla yo soy de reposo
En medio el mar de la vida,
Y el marinero allí olvida
La tormenta que pasó
Allí convidan ul sueño
Aguas puras sin murmullo,
Allí se duerme al arrullo
De una brisa sin rumor.
| 15octavilla
|
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
| 11cantar
|
Quedar debió el sabio inquieto,
Porque así yo me quedara,
Si me hubiera cara a cara
Con un galán esqueleto.
Vuestras historias respeto;
Pero pensad, Don Julián,
Que si tan tétricas van,
De buscar habré un conjuro,
Porque ya pone en apuro
Tanto hueso por galán.
| 13espinela
|
Si hoy se viesen Benitos
Tan excelentes,
i Qué de maridos fueran
Con sus mujeres!
A otro sentido:
i Qué de mujeres fueran
Con sus maridos!
| 27seguidilla_compuesta
|
Tan galán como altanero,
dejó ver la escala luz
por bajo el arco primero
un hidalgo caballero
en un caballo andaluz.
| 29quintilla
|
Cuando Preciosa el panderete toca,
y hiere el dulce son los aires vanos,
perlas son que derrama con las manos
flores son que despide con la boca.
| 7serventesio
|
Y tú, oh dichosa, en tu inmortal semblante,
Te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿Cuál es tu anhelo? ¿qué padeces ahora?
Me preguntabas.
| 36estrofa_sáfica
|
¡Estaba en un desierto! Aunque a mi oído
de las turbas llegaba el ronco hervir,
yo era huérfano y pobre... ¡El mundo estaba
desierto... para mí!
| 21silva_arromanzada
|
Cómo te dicen, dinos,
flor cineraria?
Entre los andaluces,
la pasionaria.
| 22seguidilla
|
Cierran las flores sus broches
calla la breve campana:
flores nuevas, buenas noches;
Musa azul, hasta mañana.
| 5cuarteta
|
Atal, fuera de mi seso,
me llevó como sandio
sin fuerca e sin alvedrío
bien como el centauro Ne[s]o
del grand Hércoles ferido;
e con muy triste gemido
le dixe: "Se[ñ]ora, en peso."
| 43copla_mixta
|
¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
| 19redondilla
|
Qué fea estabas, francesa,
en lo amargo de la adelfa.
| 3couplet
|
Ni basta disimular
ni fingir contentamiento,
que el rabioso pensamiento
revienta por se mostrar.
No me aprovecha callar
aunque la razón me ayuda,
que si la lengua está muda
los ojos saben hablar.
| 28copla_castellana
|
la que le traxo a un portal
en una noche de invierno,
temblando delante de ella,
estando de amor ardiendo;
| 11cantar
|
¡Qué hermoso es ver el día
coronado de fuego levantarse,
y a su beso de lumbre
brillar las olas y encenderse el aire!
| 21silva_arromanzada
|
No pretendas saber (que es imposible)
cuál fin el cielo a ti y a mí destina,
Leucónoe, ni los números caldeos
consultes, no; que en dulce paz, cualquiera
suerte podrás sufrir. O ya el tonante
muchos inviernos a tu vida otorgue,
o ya postrero fuese el que hoy quebranta
en los peñascos las tirrenas ondas,
tú, si prudente fueres, no rehúyas
los brindis y el placer. Reduce a breve
término tu esperanza. La edad nuestra
mientras hablamos envidiosa corre.
¡Ay! goza del presente, y nunca fíes,
crédula, del futuro incierto día.
| 35unknown
|
Entonces... cuando el lucero
brillaba en el cielo santo
y los gallos con su canto
la madrugada anunciaban,
a la cocina rumbiaba
el gaucho... que era un encanto.
| 12sextilla
|
Ná quiero que me des tú;
de tu santo yo no quiero
ni tampoco la salú.
| 30soleá
|
Creedlo trovador fino
según la lección es puesta
y si me dieses repuesta
mucho buen día vos vino
que el león del alto sino
y su lindo condestable
gracioso Señor notable
con placer muy amigable
querrá ver en luz palpable
si va bien guardado el tino.
| 25décima_antigua
|
Las desgracias que sufres,
no las extrañes,
que componen la vida
bienes y males:
ya has disfrutado
del buen timepo, ahora resta
sufrir el malo.
| 27seguidilla_compuesta
|
Álamo hermoso, tu pompa,
¿dónde está?, ¿dó de tus ramas
la grata sombra, el susurro
de tus hojas plateadas?,
¿dónde tus vástagos bellos
y la brillantez lozana
de tantos frescos pimpollos
que en derredor derramabas?
Feliz naciste a la orilla
de este arroyuelo, tu planta
besó humilde, y de su aljófar
rico feudo te pagaba.
Creciendo con él, al cielo
se alzó tu corona ufana;
rey del valle, en ti las aves
sus blandos nidos labraran.
Por asilo te tomaron
de su amor; y cuando el alba
abre las puertas al día
entre arreboles y nácar,
aclamándola gozosas
en mil canciones, llamaban
a partir en ti sus fuegos
las inocentes zagalas,
que en torno tu inmensa copa
con bulliciosa algazara
vio aun de la tarde el lucero
en juegos y alegres danzas.
Cuando en los floridos meses
se abre al placer reanimada
naturaleza, y los pechos
en sus delicias inflama,
tú fuiste el centro dichoso
do de toda la comarca
los amantes se citaron
a sus celestiales hablas.
Los viste penar, los viste
gemir entre ardientes ansias;
y envolviste sus suspiros
en sombras al pudor gratas.
El segador anhelante
en ti en la siesta abrasada
llamó al sueño, que en sus brazos
calmó su congoja amarga;
y con tu vital frescura
tornó a herir la mies dorada
reanimado y ya teniendo
su fatiga por liviana.
Después con tus secas hojas
al crudo enero... La llama
te tocó del rayo, y yaces,
triste ejemplo de su saña,
cual con segur por el tronco
roto, la pomposa gala
de tus ramas en voluble
pirámide al cielo alzadas,
el animado murmullo
de tus hojas cuando el ala
del céfiro las bullía
y el sentido enajenaba,
tu ufanía, el verdor tierno
de tu corteza entallada
de mil símbolos sencillos:
todo en un punto acabara;
y hollado, horroroso, yerto,
sólo eres ya en tu desgracia
blanco infeliz de la piedra
que ruda mano dispara.
Estorbo y baldón del prado,
que cual ominosa carga
tu largo ramaje abruma,
el mirarte solo espanta.
Tu encuentro el ganado evita;
sobre ti las aves pasan
azaradas; los pastores
huyen con medrosa planta,
siéndoles siniestro agüero
aun ver cabe ti parada
la fugitiva cordera
que por perdida lloraban.
Sólo en su orfandad doliente
la tórtola solitaria
te busca, y piadoso alivio
la suya en tu suerte halla.
En ti llora, y en su arrullo
se queda como elevada;
y el eco sus ansias vuelve
de la vecina montaña,
el eco que lastimero
por el valle las propaga,
do sólo orfandad y muerte
suenan las flébiles auras
mientra, al pecho palpitante
parece que una voz clama
de tu tronco: ¿Qué es la vida,
si los árboles acaban?
| 1romance
|
Duerme entretanto el venerable anciano,
mientras que yo discurro sin provecho:
figuras mil en su delirio insano
fingiendo en torno a su encantado lecho.
El sueño si invisible y grave mano
posando silencioso sobre el pecho
formas de luz y de color sombrío
arroja al huracán del desvarío.
| 2octava_real
|
Por ti no hay protocolo,
primera y sola
estrenas absoluta
tu protocola.
| 22seguidilla
|
Virtud y filosofía
peregrina como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.
| 11cantar
|
De las ventanas descienden
enredaderas vistosas
que en cadenas primorosas
en el aire se desprenden;
y ya de noche, se encienden
mil luces de mil colores
que con tibios resplandores
descompónense en cristales,
y en apacibles raudales
inundan rejas y flores.
| 13espinela
|
Con reflejos azules y ligeros
el mar cantaba su odisea remota,
gentil de luces bajo los luceros
que a los bajeles dicen la derrota.
| 7serventesio
|
y un balandrán rocegante,
hecho de nueva manera:
las faldas todas delante,
las nalgas todas de fuera.
| 5cuarteta
|
Hoy tiene ya las sienes plateadas,
un gris mechón sobre la angosta frente;
y la fría inquietud de sus miradas
revela un alma casi toda ausente.
| 7serventesio
|
Que te quiero bien lo sabes,
pero no lo comunico
ni contigo ni con naide.
| 30soleá
|
Descanso oh Groso pide el nauta al cielo
del basto Egeo al verse circuido
si un nubarrón la luna esconde y no halla
el rumbo a las estrellas.
| 37estrofa_francisco_de_la_torre
|
GIAFAB, en cuyos ojos centellea
Siniestra lumbre de t e r r i b l e a g ü e r o.
Cuyo vigor los años no enflaquecen,
N i calman los furores de su pecho,
Dado á la caza y ejercicios duros,
Y de l a corte docto en los manejos;
Es por sangre, riqueza y poderío
La persona segunda del imperio.
Alguna vez ha sido l a primera,
De Hagib desempeñando el eargo exeelso
En tiempo de A l h a k e n , y aun vivos duran
De época tan terrible los recuerdos.
Dígalo el A l m a g r e b . que osó hasta el trono
A l z a r desesperado sus lamentos;
Y torrentes de sangre lo inundaron,
Y troncliadas cabezas lo cubrieron.
Los cristianos pacíficos lo digan
Sometidos al á r a b e gobierno,
A quienes de Giafar el fanatismo
Cargó de oprobio, de miseria y hierros :
Dígalo el reino todo, de cadalsos
Y de b á i ' b a r a s cárceles cubierto ;
Dígalo en fin España, que ni un dia
De bienhechora paz gozó el consuelo.
Azote de su siglo y detestado
De su patria y de todo el universo,
Se sostuvo en el mando y poderío,
Y en el favor del rey por a l g ú n tiempo ;
Pues h i p ó c r i t a astuto aparentando
Por la ley musulmana ardiente zelo,
Tuvo en los Alimanes y Alfaquíes
Apoyo firme y partidarios ciegos.
Sus riquezas t a m b i é n y l a fortuna,
Que coronó constante sus esfuerzos
Con continuas victorias, le ayudaron,
Y en el primer lugar le mantuvieron.
Conservaba de Hagib el alto cargo,
Cuando joven Hixcen e m p u ñ ó el cetro :
Mas desplomóse al cabo su grandeza
Como abrumada de su propio peso.
A l frente de las huestes musulmanas
Taló del T ó r m e s , del Á r l a n z a y Duero
Los f é r t i l e s contornos, exterminio,
Muertes y esclavitud dejando en ellos :
I n c e n d i ó v i l l a s , a r r a s ó palacios,
D e s t r u y ó fortalezas, y de miedo
Temblaron León y Búrgos, cuyas torres
De un mar de sangre los escollos fueron.
l poder de C a s t i l l a derribado
Quedó ; su conde en l a batalla muerto,
Y el monarca leones de las Asturias
Buscando asilo en los peñascos yertos.
R i c o de gloria y r i co de despojos,
Si no saciado de matar su pecho,
Y gozoso de ver seis m i l cautivos
Seguir sus huellas entre duros hierros ;
Giafar ufano á C ó r d o b a volvía,
Sus sienes á c e ñ i r de lauro eterno,
A afirmar con tal triunfo el alto mando,
Y á hollar el orbe, a su a m b i c i ó n estrecho.
Alá empero lo quiso de otro modo :
Un castellano, insigne caballero,
Por vengar á su patria ó lograr muerte,
Pues l a muerte es mejor que el vituperio;
De pocos aunque buenos, ayudado.
Le alcanzó en Guadarrama y sorprendiendo
Ai- m u s l í m i c o campo, p a r e c ía
Rayo de las venganzas del Eterno.
Las cordobesas numerosas haces,
Que cuando dejan el poder deshecho
De los cristianos, y detras l a muerte,
Y lagunas de sangre, y campos yermos,
Del alba á los escasos resplandores
Se ven acometer con t a l denuedo ;
Pásmanse, y en desorden se amontonan,
Dudosas del peligro y del remedio.
Con l a codicia de guardar la presa.
Lo fragoso del á s p e r o terreno,
Y la gran muchedumbre de cautivos,
Crecen l a confusión y desaliento
Mientras el valeroso castellano,
L a lanza en ristre y del broquel cubierto,
Acomete, destroza y atrepella,
Cual onza entre los t í m i d o s corderos.
Solo un valiente A m i r osa atrevido
A l héroe contrastar, y su denuedo
E n duda pone un rato la v i c t o r i a.
Con fuerte diestra y con gallardo esfuerzo
Mas derribado al fin, nada resiste
A l cristiano e s c u a d r ó n , aunque p e q u e ñ o,
Pues derrama en el campo el exterminio
Que en mies tostada devorante el fuego.
Giafar, ardiendo en r a b i a , intenta en vano
Sus huestes ordenar : con ronco acento
Llama á sus capitanes, y sus voces
Solo acrecientan el confuso estruendo.
Corriendo á un lado y otro, donde quiera
Desaliento y terror ve, y vano ensueño
Le parece el combate, ó que fantasmas
Que la t i e r r a a b o r t ó , son los guerreros.
E n tanto los cautivos, que conocen
A l h é r o e triunfador, rompen los hierros,
Y con las armas que el furor les presta,
Cargan á los turbados sarracenos.
E l numeroso e j é r c i t o , que altivo,
Ufano, rico, vencedor, soberbio,
Cantaba alegres himnos de victoria,
Hollando ya en seguro el patrio suelo;
Despai-eció como las nubes densas ,
Que e s t á n la esfera toda oscureciendo.
Se rompen, vuelan, se deshacen, huyen
A l repentino aparecer del cierzo.
Q u i é n busca las fragosas espesuras
P o r salvar el b o t i n c u á l , como el viento.
Destrozando al caballo los ijares.
E n cercano castillo busca puerto.
E l que osa resistir, la muerte encuentra,
Que al fugitivo alcanza, y bajo el peso
Infame del tesoro, furibunda
Da al codicioso el merecido premio.
Giafar, que desplomarse ve su gloria,
Que para sostenerla sus esfuerzos
E n vano son, y que tan corta hueste
Le roba tantos lauros y trofeos
Corre furioso en contra del caudillo
Del cristiano e s c u a d r ó n , y de su pecho,
Encendido volcan, lanzan los ojos
Aterradores el t e r r i b l e fuego.
Aun espera deber solo á su brazo
Dulce venganza, cuando no remedio.
Y sostener su g l o r i a por sí solo,
U honrada muerte conseguir al menos;
Mas, ay! que la fortuna caprichosa
La espalda y rostro con desden le ha vuelto,
Y con la pica poderosa en ristre
Le espera el castellano caballero,
Que en t i e r r a le derriba, y le abandona,
O por no conocerle, ó por desprecio.
Llama luego a los suyos, y la turba
De rescatados con presura uniendo,
Vencedor se r e t i r a y orgulloso
Del campo de cadáveres cubierto :
De la fé y de Castilla restaurada
La gloria, y de venganza satisfecho.
| 18romance_arte_mayor
|
Apuntándole arrojan
flechas agudas,
pero siempre lo yerran
por más que apuntan;
gráciles
suspensas en el aire,
sus picos
en no herir son seguidos,
pues fallan,
en eso no son vanas.
| 16chamberga
|
Oja, oja los ganados
y a la burra con los perros,
¡cuáles andan por los cerros
perdidos, descarriados!
Por los sanctos te prometo
que este daño baltrueto
(que nol medre Dios las cejas)
ha dexado las ovejas
por holgar tras cada seto.
| 38novena
|
Mientras exhalan sus aromas puros
Flores que guardan de la noche el lloro;
Lloro que ostentan convertido en perlas
Trémulas hojas:
| 36estrofa_sáfica
|
Fuera de ley, mi corazón
a saltos va en su desazón.
| 3couplet
|
Pero, si las quería para de ellas usar,
con los sabios de Grecia debería tratar,
mostrar si las comprende y merece lograr;
esta respuesta hermosa daban por se excusar.
| 9cuaderna_vía
|
Hacia Roma caminan
dos peregrinos,
a que los case el Papa,
porque son primos.
| 22seguidilla
|
Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
No soy el Amor, amante;
la Muerte, que Dios te envía.
¡Ay, Muerte, tan rigurosa,
déjame vivir un día!
Un día no puede ser,
un hora tienes de vida.
Muy de prisa se calzaba,
más de prisa se vestía;
ya se va para la calle
en donde su amor vivía.
¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fué al palacio,
mi madre no está dormida.
Si no me abres esta noche
ya no me abrirás, querida.
La Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
Vete bajo la ventana,
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda,
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía.
Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.
| 1romance
|
Al borde del sendero un día nos sentamos.
Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita
son las desesperantes posturas que tomamos
para aguardar... Mas Ella no faltará a la cita.
| 7serventesio
|
El viejo roble:
surcos en la corteza
camino al cielo.
| 8haiku
|
De yorá tengo canales,
en ber que por ti he perdío
a mi pare y a mi mare.
| 30soleá
|
Si a otro, alegre, he mirado,
nunca alegre me mires ni te vea;
si le hablé con agrado,
eterno desagrado en ti posea;
y si otro amor inquieta mi sentido,
sáqueseme el alma tú, que mi alma has sido.
| 45sexteto_lira
|
Hacia Belén camina
una pastora,
la que del sol se viste
grata persona.
De estrellas,
adornada de perlas.
Lucero,
es la reina del cielo
que abraza
llena eres de gracia.
| 16chamberga
|
En la qual se demostrava
ser monarca de potentes
príngipes, que a sí levava,
e sabios muy trascendentes:
vi [le] de piedras fulgentes
muy lucífera corona,
más clara que non la zona
de los signos transparentes.
| 15octavilla
|
Y en cualquiera tiempo es malo,
señor don Carlos, vengarse;
eso a Dios ha de dejarse,
que tiene Dios por regalo
| 19redondilla
|
que ella está allá con sus damas,
con debida honestidad,
y que a toda una ciudad
no has de enseñar lo que amas.
| 19redondilla
|
Esa serraniya perra
me está jasiendo pasá
er purgatorio en la tierra.
| 30soleá
|
Valiera más que, cautivo,
En esa torre acabara
La triste vida que vivo;
Que la vida que hoy recibo
Me la vendes ¡ay! bien cara.
| 29quintilla
|
Cuando biene er día
tengo argún consuelo;
pero en yegando a la nochesita
siego yo y no beo.
| 26seguidilla_gitana
|
Al verla pasar
todas las margaritas
enceguecieron
| 8haiku
|
allá me enviará, y daré
este papel a su Elena.
Pero mire que se ordena
para que con ella esté
| 19redondilla
|
¿Quién mira dentro la torre
enjaezada, de Sevilla?
Cinco voces contestaban
redondas como sortijas.
| 11cantar
|
Vida, luz y verdad, tal triple llama
produce la interior llama infinita.
El Arte puro como Cristo exclama:
Ego sum lux et veritas et vita!
| 7serventesio
|
Las hermanas, el caso oído habiendo,
al padre vuelven con angustia y lloro,
y de aquel monte al fin, Amor queriendo,
Céfiro las levanta y trae al coro
de Psique, que, con gozo recibiendo
las hermanas, les da muy gran tesoro.
Después, por no enojar a Amor, al viento
manda las vuelva al monte en un momento.
| 4octava
|
¿Qué puedo ya ver, señora,
habiéndote visto en mí?
que el que te vido y te adora
no puede vivir un hora
más que cuando vive en ti;
mas pues que con mis gemidos
no puedo ya detener,
no se acabe el padecer,
ni suenen á mis oídos
cosas que les den placer.
| 6copla_real
|
A la camelia patricia
ya la azalea pizpireta
ve la azucena novicia
con sus ojos de violeta.
| 5cuarteta
|
Bella pintura
tu rostro reflejado
en la ventana.
| 8haiku
|
El placer duerme y vela mi quebranto,
y rompen el silencio mis querellas,
volviendo el eco, unísono con ellas,
de aves nocturnas el siniesrto canto.
| 24cuarteto
|
DejcS Mudar r a á Córdoba, obediente
De su alto protector á los deseos 5
Aunque siente salir de las murallas
Donde respira su adorado dueño.
E n el castillo de l a A l b a i d a Zaide
Le r e c i b i ó con paternal afecto,
Bien que n o t ó en su frente oscurecida,
Que deja l a ciudad con desconsuelo.
E n t r e l a A l b a i d a y Córdoba p e q u e ña
Distancia corre, y se dilata en medio
Un apacible llano, donde boy pastan
Vacas hermosas, Cándidos corderos.
De las altas almenas del castillo
La ciudad se descubre, del r i s u e ño
Guadalquivir en la feraz r i b e r a,
Gigantes torres elevando al viento.
Oyense rimbombar los sacros bronces,
Que en l a que fué mezquita, y hoy es templo,
Han reemplazado con mejor destino
Del á r a b e Almuheden el ministerio ;
Y desde l a ciudad se ve l a A l b a i d a "
Sobre encinas y olivos verdinegros,
A l pié de l a alta sierra, coronando
Un pardo risco entre apacibles huertos.
Este espacio tan corto y agradable
El jóven lo reputa por inmenso,
Pues el que le divide de su amada,
Jamas el amador lo halla pequeño.
: Ay, cuánto mas terrible lo juzgara.
Si penetrase el triste los decretos
Del Destino inmutable !....Por fortuna
No alcanza tanto del amor el vuelo.
Ver espera á Kerima cada tarde
(Y esta esperanza es todo su consuelo)
De Zahira en la tumba, y en los bosques,
A do siempre dirige sus paseos.
| 18romance_arte_mayor
|
¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.
| 7serventesio
|
Erizo es el zurrón, de la castaña,
y (entre el membrillo o verde o datilado)
de la manzana hipócrita, que engaña,
a lo pálido no, a lo arrebolado,
y, de la encina (honor de la montaña,
que pabellón al siglo fue dorado)
el tributo, alimento, aunque grosero,
del mejor mundo, del candor primero.
| 2octava_real
|
La vida de entre las manos
se nos escurre veloz.
Se me atraganta la voz
de ver como los humanos
perdemos en hechos vanos
el sentido de la esencia,
haciendo que la presencia
en este terreno hogar
sea un venir, divagar
y perder nuestra existencia.
| 13espinela
|
Mi ropita bendo;
¿quién la quié mercá?
como la bendo por poquito inero,
pa tu libertá.
| 26seguidilla_gitana
|
Sin la fe la conciencia es un abismo,
y el peor compañero es uno mismo.
| 3couplet
|
Ven; la callada noche se aproxima,
El rojo Sol no incendia la Alpujarra,
Ya palpita la estrella vespertina,
Al alero volvió la golondrina
Y canta en el barranco la cigarra.
| 32quinteto
|
y si tras esto limpiáis
la cera y la palomina
que hizo el labio clavellina,
mientras vos os engañáis;
| 19redondilla
|
De tu pelo rubio
dame tú un cabeyo,
pa jaserme una caeniya
y echármela ar cueyo.
| 26seguidilla_gitana
|
Nicolás, pues sois vecino
de Toledo no mudéis
sus costumbres cuando hacéis
arrendamiento divino.
Al heredero del vino
y el pan que no tiene tasa
pues se muda toda casa
por la Asunción de María
y Dios a vos este día
por Corpus Cristi se pasa.
| 13espinela
|
Por amor hombre se hace
y nace.
El pecado es el que hiere
y muere.
Las doce en el reloj cita
resucita.
Toda flor que se marchita
ya no recobra su anhelo
sólo el Redentor del cielo
nace muere y resucita.
| 0ovillejo
|
Hablaban novelas y placientes cuentos,
y no se olvidaban las antiguas gestas
do son contenidos los avenimientos
de Mares y Venus, de triunfos y fiestas;
allí las batallas eran manifiestas
de Troya y de Tebas, según las cantaron
aquellos que Apolo se recomendaron
y dieron sus plumas a fablas honestas.
| 41copla_arte_mayor
|
De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.
| 20septilla
|
De Francia partió la niña,
de Francia la bien guarnida,
íbase para París,
do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino,
errada lleva la guía,
arrimárase a un roble
por esperar compañía.
Vio venir un caballero
que a París lleva la guía.
La niña, desque lo vido,
de esta suerte le decía:
Si te place, caballero,
llévesme en tu compañía.
Pláceme, dijo, señora,
pláceme, dijo, mi vida.
Apeóse del caballo
por hacerle cortesía;
puso la niña en las ancas
y subiérase en la silla.
En el medio del camino
de amores la requería.
La niña, desque lo oyera,
díjole con osadía:
Tate, tate, caballero,
no hagáis tal villanía,
hija soy de un malato
y de una malatía,
el hombre que a mí llegase
malato se tornaría.
El caballero, con temor,
palabra no respondía.
A la entrada de París
la niña se sonreía.
¿De qué vos reís, señora?
¿De qué vos reís, mi vida?
Ríome del caballero
y de su gran cobardía:
¡Tener la niña en el campo
y catarle cortesía!
Caballero, con vergüenza,
estas palabras decía:
Vuelta, vuelta, mi señora,
que una cosa se me olvida.
La niña, como discreta,
dijo: Yo no volvería,
ni persona, aunque volviese,
en mi cuerpo tocaría:
hija soy del rey de Francia
y de la reina Constantina,
el hombre que a mí llegase
muy caro le costaría.
| 1romance
|
Sea, Señor, arriscado
vuestro pequeño caudal,
do puede el bien desigual
con aquel ser alcançado;
y armad de importuna gente
una barca por remedio,
ca deligencia es un medio
que del pobre y más doliente
haze sano y muy prudente.
| 38novena
|
Del quinto voy despidiendo,
sin dar fin al triste canto,
el sexto va en voz de planto
por orden voy prosiguiendo.
El cual es, si la tardanza
por ti cesa,
de largo para ofrecer
la verdadera esperanza
o promesa
del deseado placer.
| 25décima_antigua
|
n una flecha, cuyo agudo hierro
A un erguido p i l a r clavado estaba,
Sendos anillos de diamante penden,
Cada cual en l a punta de una banda.
Las dos cuadrillas á una y otra parte,
Dejando el campo l i b r e , se separan
Y el primero Zeir e m p u ñ a altivo
Una delgada y primorosa lanza.
E n un overo de tendidas crines,
Que apenas cabe en l a anchurosa plaza,
L a rienda floja, el acicate á punto,
La pica en ristre, á l a sortija marcha ;
Y mas veloz que el mismo pensamiento,
Y seguro del triunfo, se abalanza 5
Pero en la flecha con l a punta toca,
No en la sortija, y desairado pasa.
Revuelve lleno de v e r g ü e n z a y furia,
R o m p i é n d o l e al overo las ijadas,
Y otra vez yerra el golpe, p o r q u é el brazo
Iba temblando de despecho y rabia.
Por l a tercera vez la suerte Intenta,
Y la yerra t a m b i é n . E n t i e r r a elava
Con gran furor la refornida pica,
Se da en la roja frente una palmada,
Da injustos sofrenazos al caballo,
E n cuya sangre el acicate baña,
Y sin mas esperar, á toda rienda
Corrido se salió de la estacada.
E l numeroso pueblo de él no cura,
Teniendo ya los ojos en M u d a r r a,
Que sale á ver si acaso es mas dichoso,
E n una yegua como nieve blanca.
Recorre en un galope sosegado
Y con gran timidez l a extensa plaza :
Hondo silencio en el concurso reina,
Que inmóvil verle triunfador aguarda ;
Y cuando llega enfrente á la sortija.
P i c a la yegua leve como el aura,
Que cual l a vista r á p i d a parece
Que no toca l a arena con la planta,
Pero el ginete á fuerza de cuidado
L l e v a l a punta de la pica baja,
Y aunque va firme el p u ñ o en la arandela,
Deja a t r á s la sortija, y no la ensarta.
E l Hagib Almanzor muestra disgusto,
Giafar lo mira con sonrisa amarga,
Demúdase K e r i m a , el gran gentío
Blanifiesta i n q u i e t u d ; mas todos callan.
E l g a r z ó n sin turbarse, de la yegua
El grueso cuello y crespa c r i n halaga ;
La rienda acorta, afirma los estribos,
A t r á s el capellar airoso aparta,
Y con los ojos fijos en la prenda,
Y la mano en el cuello de la lanza,
Con despejo y con noble g a l l a r d í a,
A escape y sin temor de nuevo arranca.
L a acicalada punta en el anillo
introduce, y tras sí gallardo saca,
Hendiendo el aire y d á n d o l e vislumbres,
Cual leve e x h a l a c i ó n , la r i c a banda.Un grito de placer en torno suena 5
E l Hagib del balcón el cuerpo s-;ca ;
Sin pensarlo Giafar (aunque al momeiilo
Se arrepiente y se enoja) bravo! exclama.
E l corazón palpita de K e r i m a,
P ú r p u r a ardiente su semblante esmalta,
Y va á aplaudir pero la acción suspende,
Y los ojos temblando al suelo baja.
o r competencias de poder y mando,
Con l a familia de Zeir estaba
Desabrido A l m a n z o r , y ve gozoso
Su orgullosa altiveza desairada.
Ensalzar quiere al H u é r f a n o , y honrarle,
Y resuelto prorumpe en voces altas :
' ' G i a f a r , dar a l g ú n premio es necesario
' ' A l que es t an diestro en manejar l a l a n z a ."
" Venga á nuestro b a l c ó n , y de su cuello
" Colguemos esta corva c i m i t a r r a . "
Dijo, y l a suya se q u i t ó , la suya,
Par casi a l Zualfaker en g l o r i a y fama.
Giafar con gran f r i a l d a d , " A m b a s cuadrillas,"
D i c e , " han ganado prez en esta plaza :
" S i vos p r e m i á i s al jefe de l a una,
" Y o al otro p r e m i a r é . " De estas palabras
No hizo caso Almanzor : en el momento
Que el joven suba á su presencia manda
Y la prenda del triunfo atada al brazo,
Tímido en el b a l c ó n e n t r ó Mudarra.
De p i é los personajes le reciben,
E l Hagib Almanzor tierno le abraza,
Y va á echarle en el cuello el talabarte
De que pende la r i c a c i m i t a r r a ;
Mas lo suspende, y á K e r i m a dice :
" L a dicha y l a destreza de las armas
" D e la beldad tan solo por la mano
" Deben, s e ñ o r a , ser recompensadas;"
Y en las de l a h e r m o s í s i m a doncella
E l rico alfanje pone. Demudada,
Los ojos ella vuelve acia su padre,
Cuyo semblante enciende horrenda rabia,
Y de rubor cubiertas las mejillas.
De gozo y miedo el c o r a z ó n , turbada,
A l mancebo, que tiembla palpitante,
Entrega el premio con modesta gracia.
Que el j o v e n á sus pies la banda ponga,
Todos, y aun A l m a n z o r , acaso aguardan ;
Mas no la puso, que á distinto objeto,
Desde que l a g a n ó , la destinara.
T o r n ó el alegre pueblo á sus hogares,
Almanzor con e l H u é r f a n o a su a l c á z a r,
Y Giafar á Zeir por premio envía
Un arco persa con su r i c a aljaba.
| 18romance_arte_mayor
|
¡Oh loca fantasía!
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.
| 45sexteto_lira
|
Et mi nave toda una
rompiendo las aguas vivas
con deiensiones pasivas
a contrastar la fortuna,
como quien va por laguna
contento del navegar,
en un puncto vi la mar
sin obediencia alguna
en rebelión singular.
| 38novena
|
Es misterioso el corazón del hombre
como una losa sepulcral sin nombre.
| 3couplet
|
Por veros muero de día,
de noche por no teneros,
muérome así, por quereros
de esta manera sufriente,
pero vos sois como el mármol
que no ríe ni se queja,
ni boca tiene ni oreja,
ni ojos que miren de frente.
| 15octavilla
|
Cuando florezca la rosa
que fragancioso consume
en el olor del perfume,
nacerán mil corazones;
cuando la rosa florezca
en tus labios de rosal
despertará un madrigal
por todas mis ilusiones.
| 15octavilla
|
Con asombro de mirarte,
Con admiración de oirte.
Ni sé qué pueda decirte.
Ni qué pueda preguntarte:
Solo diré que á esta parte
Hoy el cielo me ha guiado
Para haberme consolado,
Si consuelo puede ser
Del que es desdichado, ver
Otro que es más desdichado.
| 13espinela
|
Virgen, eternal esposa
del Padre, que en el inicio
te crio, por beneficio
de esta vida congojosa;
del jardín sagrado rosa,
y preciosa margarita,
fontana de agua bendita,
fulgor de gracia infinita
por mano de Dios escrita,
¡O Dómina tan gloriosa!
| 25décima_antigua
|
Ven acá, pensamiento,
¿Qué es lo que quieres?
¿No te miras contento
Con lo que tlenes?
¿ No es fuerte cosa,
'Que nadie esté contento
Con lo que goza?
| 27seguidilla_compuesta
|
Tan luminosa,
que mis horas perdidas, yo mismo,
quedamos redimidos de la sombra,
para no ser ya más
que memoria de luz;
de luz que vi cruzarme,
seda, agua o árbol, un momento.
| 44septeto
|
Ya sé que tus palabras no tendrán
ese tono lujoso, que los aires
inquietos de tu pelo
guardarán la nostalgia artificial
del sótano sin luz donde me esperas,
y que, por fin, mañana
al despertarte,
entre olvidos a medias y detalles
sacados de contexto,
tendrás piedad o miedo de ti misma,
vergüenza o dignidad, incertidumbre
y acaso el lujurioso malestar,
el golpe que nos dejan
las historias contadas una noche de insomnio.
| 35unknown
|
Cantaba el mozo y decía:
El querer es cosa buena,
porque dobla la alegría
y parte entre dos la pena…
¡Pero nadie lo quería!
| 29quintilla
|
Subsets and Splits
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