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46 classes
Sirva de seguidillas y de humorada, un sonsonete alegre que en Cádiz cantan.
22seguidilla
Para emprender la jornada desta ciudad, que ya tiene nombre de Ciudad Real, juntó el gallardo maestre dos mil lucidos infantes de sus vasallos valientes, y trescientos de a caballo de seglares y de freiles....
1romance
O vos, Musas, qu'en Parnaso fazeys la abitación, alli do fizo Pegaso la fuente de perfición; en la fin e conclusión en el medio, comentando, vuestro [subsidio] demando para mi propusición.
15octavilla
Noche abajo los dos. Cristal de pena, llorabas tú por hondas lejanías. Mi dolor era un grupo de agonías sobre tu débil corazón de arena.
24cuarteto
Aladas sombras en la gracia intacta del ocaso poblaron los senderos, y contempló la luna, estupefacta, el paso de los blancos mensajeros.
7serventesio
No hay bien que del mal me guarde, temeroso y encogido, de sinrazón ofendido, y de ofendido cobarde. Y aunque mi queja, ya es tarde, y razón me la defiende, más7 en mi daño se enciende, que voy contra quien me agravia, como el perro que con rabia a su mismo dueño ofende.
13espinela
Si a devanar te pones Una madeja Siguiendo tu costumbre, Toda la enredas.
22seguidilla
Y si lo queréis oír, consiste esta suma ciencia en un subido sentir de la divinal Esencia; es obra de su clemencia hacer quedar no entendiendo, toda ciencia trascendiendo.
20septilla
Carne de mi movimiento, huesos de ritmos mortales: me muero por respirar sobre vuestros ademanes.
11cantar
Hemos pisado el vértice del aire. Se deshizo ya el bálago del miedo. Voltean las campanas en viejos campanarios: el eterno retorno de un claro mediodía que ilumina palabras y revela el recuerdo. ¿Qué anuncian con su toque esas campanas? No distingo los límites del día no sé si he despertado y estoy vivo o si sigo la estela —vagabundo en el sueño— de una alada caricia que devuelva a mis ojos las lágrimas del mar. ¿Qué anuncian con su toque esas campanas? Suena tibio su son más allá de la noche agrietando la calma de este abril sin retorno: su canción enamora pero hiere el silencio de su lento cantar.
35unknown
E bien como la saeta que por fuerca e maestría sale por su liña [reta] do la vallesta la envía ; [por semejante] fazía a do sus púas lancava; asi que mucho espantava a quien menos las temía.
15octavilla
Para no ser soldados muchos se casan y es más cruel la guerra que luego pasan y así hay casados que dieran una oreja por ser soldados.
27seguidilla_compuesta
Algunos desesperados sólo se curan con soga; otros con siete palabras: la fe se ha puesto de moda.
11cantar
Isla yo soy de reposo En medio el mar de la vida, Y el marinero allí olvida La tormenta que pasó Allí convidan ul sueño Aguas puras sin murmullo, Allí se duerme al arrullo De una brisa sin rumor.
15octavilla
Guardias civiles borrachos en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas.
11cantar
Quedar debió el sabio inquieto, Porque así yo me quedara, Si me hubiera cara a cara Con un galán esqueleto. Vuestras historias respeto; Pero pensad, Don Julián, Que si tan tétricas van, De buscar habré un conjuro, Porque ya pone en apuro Tanto hueso por galán.
13espinela
Si hoy se viesen Benitos Tan excelentes, i Qué de maridos fueran Con sus mujeres! A otro sentido: i Qué de mujeres fueran Con sus maridos!
27seguidilla_compuesta
Tan galán como altanero, dejó ver la escala luz por bajo el arco primero un hidalgo caballero en un caballo andaluz.
29quintilla
Cuando Preciosa el panderete toca, y hiere el dulce son los aires vanos, perlas son que derrama con las manos flores son que despide con la boca.
7serventesio
Y tú, oh dichosa, en tu inmortal semblante, Te sonreías: ¿Para qué me llamas? ¿Cuál es tu anhelo? ¿qué padeces ahora? Me preguntabas.
36estrofa_sáfica
¡Estaba en un desierto! Aunque a mi oído de las turbas llegaba el ronco hervir, yo era huérfano y pobre... ¡El mundo estaba desierto... para mí!
21silva_arromanzada
Cómo te dicen, dinos, flor cineraria? Entre los andaluces, la pasionaria.
22seguidilla
Cierran las flores sus broches calla la breve campana: flores nuevas, buenas noches; Musa azul, hasta mañana.
5cuarteta
Atal, fuera de mi seso, me llevó como sandio sin fuerca e sin alvedrío bien como el centauro Ne[s]o del grand Hércoles ferido; e con muy triste gemido le dixe: "Se[ñ]ora, en peso."
43copla_mixta
¿Pues, para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.
19redondilla
Qué fea estabas, francesa, en lo amargo de la adelfa.
3couplet
Ni basta disimular ni fingir contentamiento, que el rabioso pensamiento revienta por se mostrar. No me aprovecha callar aunque la razón me ayuda, que si la lengua está muda los ojos saben hablar.
28copla_castellana
la que le traxo a un portal en una noche de invierno, temblando delante de ella, estando de amor ardiendo;
11cantar
¡Qué hermoso es ver el día coronado de fuego levantarse, y a su beso de lumbre brillar las olas y encenderse el aire!
21silva_arromanzada
No pretendas saber (que es imposible) cuál fin el cielo a ti y a mí destina, Leucónoe, ni los números caldeos consultes, no; que en dulce paz, cualquiera suerte podrás sufrir. O ya el tonante muchos inviernos a tu vida otorgue, o ya postrero fuese el que hoy quebranta en los peñascos las tirrenas ondas, tú, si prudente fueres, no rehúyas los brindis y el placer. Reduce a breve término tu esperanza. La edad nuestra mientras hablamos envidiosa corre. ¡Ay! goza del presente, y nunca fíes, crédula, del futuro incierto día.
35unknown
Entonces... cuando el lucero brillaba en el cielo santo y los gallos con su canto la madrugada anunciaban, a la cocina rumbiaba el gaucho... que era un encanto.
12sextilla
Ná quiero que me des tú; de tu santo yo no quiero ni tampoco la salú.
30soleá
Creedlo trovador fino según la lección es puesta y si me dieses repuesta mucho buen día vos vino que el león del alto sino y su lindo condestable gracioso Señor notable con placer muy amigable querrá ver en luz palpable si va bien guardado el tino.
25décima_antigua
Las desgracias que sufres, no las extrañes, que componen la vida bienes y males: ya has disfrutado del buen timepo, ahora resta sufrir el malo.
27seguidilla_compuesta
Álamo hermoso, tu pompa, ¿dónde está?, ¿dó de tus ramas la grata sombra, el susurro de tus hojas plateadas?, ¿dónde tus vástagos bellos y la brillantez lozana de tantos frescos pimpollos que en derredor derramabas? Feliz naciste a la orilla de este arroyuelo, tu planta besó humilde, y de su aljófar rico feudo te pagaba. Creciendo con él, al cielo se alzó tu corona ufana; rey del valle, en ti las aves sus blandos nidos labraran. Por asilo te tomaron de su amor; y cuando el alba abre las puertas al día entre arreboles y nácar, aclamándola gozosas en mil canciones, llamaban a partir en ti sus fuegos las inocentes zagalas, que en torno tu inmensa copa con bulliciosa algazara vio aun de la tarde el lucero en juegos y alegres danzas. Cuando en los floridos meses se abre al placer reanimada naturaleza, y los pechos en sus delicias inflama, tú fuiste el centro dichoso do de toda la comarca los amantes se citaron a sus celestiales hablas. Los viste penar, los viste gemir entre ardientes ansias; y envolviste sus suspiros en sombras al pudor gratas. El segador anhelante en ti en la siesta abrasada llamó al sueño, que en sus brazos calmó su congoja amarga; y con tu vital frescura tornó a herir la mies dorada reanimado y ya teniendo su fatiga por liviana. Después con tus secas hojas al crudo enero... La llama te tocó del rayo, y yaces, triste ejemplo de su saña, cual con segur por el tronco roto, la pomposa gala de tus ramas en voluble pirámide al cielo alzadas, el animado murmullo de tus hojas cuando el ala del céfiro las bullía y el sentido enajenaba, tu ufanía, el verdor tierno de tu corteza entallada de mil símbolos sencillos: todo en un punto acabara; y hollado, horroroso, yerto, sólo eres ya en tu desgracia blanco infeliz de la piedra que ruda mano dispara. Estorbo y baldón del prado, que cual ominosa carga tu largo ramaje abruma, el mirarte solo espanta. Tu encuentro el ganado evita; sobre ti las aves pasan azaradas; los pastores huyen con medrosa planta, siéndoles siniestro agüero aun ver cabe ti parada la fugitiva cordera que por perdida lloraban. Sólo en su orfandad doliente la tórtola solitaria te busca, y piadoso alivio la suya en tu suerte halla. En ti llora, y en su arrullo se queda como elevada; y el eco sus ansias vuelve de la vecina montaña, el eco que lastimero por el valle las propaga, do sólo orfandad y muerte suenan las flébiles auras mientra, al pecho palpitante parece que una voz clama de tu tronco: ¿Qué es la vida, si los árboles acaban?
1romance
Duerme entretanto el venerable anciano, mientras que yo discurro sin provecho: figuras mil en su delirio insano fingiendo en torno a su encantado lecho. El sueño si invisible y grave mano posando silencioso sobre el pecho formas de luz y de color sombrío arroja al huracán del desvarío.
2octava_real
Por ti no hay protocolo, primera y sola estrenas absoluta tu protocola.
22seguidilla
Virtud y filosofía peregrina como ciegos; el uno se lleva al otro, llorando van y pidiendo.
11cantar
De las ventanas descienden enredaderas vistosas que en cadenas primorosas en el aire se desprenden; y ya de noche, se encienden mil luces de mil colores que con tibios resplandores descompónense en cristales, y en apacibles raudales inundan rejas y flores.
13espinela
Con reflejos azules y ligeros el mar cantaba su odisea remota, gentil de luces bajo los luceros que a los bajeles dicen la derrota.
7serventesio
y un balandrán rocegante, hecho de nueva manera: las faldas todas delante, las nalgas todas de fuera.
5cuarteta
Hoy tiene ya las sienes plateadas, un gris mechón sobre la angosta frente; y la fría inquietud de sus miradas revela un alma casi toda ausente.
7serventesio
Que te quiero bien lo sabes, pero no lo comunico ni contigo ni con naide.
30soleá
Descanso oh Groso pide el nauta al cielo del basto Egeo al verse circuido si un nubarrón la luna esconde y no halla el rumbo a las estrellas.
37estrofa_francisco_de_la_torre
GIAFAB, en cuyos ojos centellea Siniestra lumbre de t e r r i b l e a g ü e r o. Cuyo vigor los años no enflaquecen, N i calman los furores de su pecho, Dado á la caza y ejercicios duros, Y de l a corte docto en los manejos; Es por sangre, riqueza y poderío La persona segunda del imperio. Alguna vez ha sido l a primera, De Hagib desempeñando el eargo exeelso En tiempo de A l h a k e n , y aun vivos duran De época tan terrible los recuerdos. Dígalo el A l m a g r e b . que osó hasta el trono A l z a r desesperado sus lamentos; Y torrentes de sangre lo inundaron, Y troncliadas cabezas lo cubrieron. Los cristianos pacíficos lo digan Sometidos al á r a b e gobierno, A quienes de Giafar el fanatismo Cargó de oprobio, de miseria y hierros : Dígalo el reino todo, de cadalsos Y de b á i ' b a r a s cárceles cubierto ; Dígalo en fin España, que ni un dia De bienhechora paz gozó el consuelo. Azote de su siglo y detestado De su patria y de todo el universo, Se sostuvo en el mando y poderío, Y en el favor del rey por a l g ú n tiempo ; Pues h i p ó c r i t a astuto aparentando Por la ley musulmana ardiente zelo, Tuvo en los Alimanes y Alfaquíes Apoyo firme y partidarios ciegos. Sus riquezas t a m b i é n y l a fortuna, Que coronó constante sus esfuerzos Con continuas victorias, le ayudaron, Y en el primer lugar le mantuvieron. Conservaba de Hagib el alto cargo, Cuando joven Hixcen e m p u ñ ó el cetro : Mas desplomóse al cabo su grandeza Como abrumada de su propio peso. A l frente de las huestes musulmanas Taló del T ó r m e s , del Á r l a n z a y Duero Los f é r t i l e s contornos, exterminio, Muertes y esclavitud dejando en ellos : I n c e n d i ó v i l l a s , a r r a s ó palacios, D e s t r u y ó fortalezas, y de miedo Temblaron León y Búrgos, cuyas torres De un mar de sangre los escollos fueron. l poder de C a s t i l l a derribado Quedó ; su conde en l a batalla muerto, Y el monarca leones de las Asturias Buscando asilo en los peñascos yertos. R i c o de gloria y r i co de despojos, Si no saciado de matar su pecho, Y gozoso de ver seis m i l cautivos Seguir sus huellas entre duros hierros ; Giafar ufano á C ó r d o b a volvía, Sus sienes á c e ñ i r de lauro eterno, A afirmar con tal triunfo el alto mando, Y á hollar el orbe, a su a m b i c i ó n estrecho. Alá empero lo quiso de otro modo : Un castellano, insigne caballero, Por vengar á su patria ó lograr muerte, Pues l a muerte es mejor que el vituperio; De pocos aunque buenos, ayudado. Le alcanzó en Guadarrama y sorprendiendo Ai- m u s l í m i c o campo, p a r e c ía Rayo de las venganzas del Eterno. Las cordobesas numerosas haces, Que cuando dejan el poder deshecho De los cristianos, y detras l a muerte, Y lagunas de sangre, y campos yermos, Del alba á los escasos resplandores Se ven acometer con t a l denuedo ; Pásmanse, y en desorden se amontonan, Dudosas del peligro y del remedio. Con l a codicia de guardar la presa. Lo fragoso del á s p e r o terreno, Y la gran muchedumbre de cautivos, Crecen l a confusión y desaliento Mientras el valeroso castellano, L a lanza en ristre y del broquel cubierto, Acomete, destroza y atrepella, Cual onza entre los t í m i d o s corderos. Solo un valiente A m i r osa atrevido A l héroe contrastar, y su denuedo E n duda pone un rato la v i c t o r i a. Con fuerte diestra y con gallardo esfuerzo Mas derribado al fin, nada resiste A l cristiano e s c u a d r ó n , aunque p e q u e ñ o, Pues derrama en el campo el exterminio Que en mies tostada devorante el fuego. Giafar, ardiendo en r a b i a , intenta en vano Sus huestes ordenar : con ronco acento Llama á sus capitanes, y sus voces Solo acrecientan el confuso estruendo. Corriendo á un lado y otro, donde quiera Desaliento y terror ve, y vano ensueño Le parece el combate, ó que fantasmas Que la t i e r r a a b o r t ó , son los guerreros. E n tanto los cautivos, que conocen A l h é r o e triunfador, rompen los hierros, Y con las armas que el furor les presta, Cargan á los turbados sarracenos. E l numeroso e j é r c i t o , que altivo, Ufano, rico, vencedor, soberbio, Cantaba alegres himnos de victoria, Hollando ya en seguro el patrio suelo; Despai-eció como las nubes densas , Que e s t á n la esfera toda oscureciendo. Se rompen, vuelan, se deshacen, huyen A l repentino aparecer del cierzo. Q u i é n busca las fragosas espesuras P o r salvar el b o t i n c u á l , como el viento. Destrozando al caballo los ijares. E n cercano castillo busca puerto. E l que osa resistir, la muerte encuentra, Que al fugitivo alcanza, y bajo el peso Infame del tesoro, furibunda Da al codicioso el merecido premio. Giafar, que desplomarse ve su gloria, Que para sostenerla sus esfuerzos E n vano son, y que tan corta hueste Le roba tantos lauros y trofeos Corre furioso en contra del caudillo Del cristiano e s c u a d r ó n , y de su pecho, Encendido volcan, lanzan los ojos Aterradores el t e r r i b l e fuego. Aun espera deber solo á su brazo Dulce venganza, cuando no remedio. Y sostener su g l o r i a por sí solo, U honrada muerte conseguir al menos; Mas, ay! que la fortuna caprichosa La espalda y rostro con desden le ha vuelto, Y con la pica poderosa en ristre Le espera el castellano caballero, Que en t i e r r a le derriba, y le abandona, O por no conocerle, ó por desprecio. Llama luego a los suyos, y la turba De rescatados con presura uniendo, Vencedor se r e t i r a y orgulloso Del campo de cadáveres cubierto : De la fé y de Castilla restaurada La gloria, y de venganza satisfecho.
18romance_arte_mayor
Apuntándole arrojan flechas agudas, pero siempre lo yerran por más que apuntan; gráciles suspensas en el aire, sus picos en no herir son seguidos, pues fallan, en eso no son vanas.
16chamberga
Oja, oja los ganados y a la burra con los perros, ¡cuáles andan por los cerros perdidos, descarriados! Por los sanctos te prometo que este daño baltrueto (que nol medre Dios las cejas) ha dexado las ovejas por holgar tras cada seto.
38novena
Mientras exhalan sus aromas puros Flores que guardan de la noche el lloro; Lloro que ostentan convertido en perlas Trémulas hojas:
36estrofa_sáfica
Fuera de ley, mi corazón a saltos va en su desazón.
3couplet
Pero, si las quería para de ellas usar, con los sabios de Grecia debería tratar, mostrar si las comprende y merece lograr; esta respuesta hermosa daban por se excusar.
9cuaderna_vía
Hacia Roma caminan dos peregrinos, a que los case el Papa, porque son primos.
22seguidilla
Un sueño soñaba anoche, soñito del alma mía, soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía. Vi entrar señora tan blanca muy más que la nieve fría. ¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida? Las puertas están cerradas, ventanas y celosías. No soy el Amor, amante; la Muerte, que Dios te envía. ¡Ay, Muerte, tan rigurosa, déjame vivir un día! Un día no puede ser, un hora tienes de vida. Muy de prisa se calzaba, más de prisa se vestía; ya se va para la calle en donde su amor vivía. ¡Ábreme la puerta, blanca, ábreme la puerta, niña! ¿Cómo te podré yo abrir si la ocasión no es venida? Mi padre no fué al palacio, mi madre no está dormida. Si no me abres esta noche ya no me abrirás, querida. La Muerte me está buscando, junto a ti vida sería. Vete bajo la ventana, donde labraba y cosía, te echaré cordón de seda, para que subas arriba, y si el cordón no alcanzare mis trenzas añadiría. La fina seda se rompe; la Muerte que allí venía. Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida.
1romance
Al borde del sendero un día nos sentamos. Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita son las desesperantes posturas que tomamos para aguardar... Mas Ella no faltará a la cita.
7serventesio
El viejo roble: surcos en la corteza camino al cielo.
8haiku
De yorá tengo canales, en ber que por ti he perdío a mi pare y a mi mare.
30soleá
Si a otro, alegre, he mirado, nunca alegre me mires ni te vea; si le hablé con agrado, eterno desagrado en ti posea; y si otro amor inquieta mi sentido, sáqueseme el alma tú, que mi alma has sido.
45sexteto_lira
Hacia Belén camina una pastora, la que del sol se viste grata persona. De estrellas, adornada de perlas. Lucero, es la reina del cielo que abraza llena eres de gracia.
16chamberga
En la qual se demostrava ser monarca de potentes príngipes, que a sí levava, e sabios muy trascendentes: vi [le] de piedras fulgentes muy lucífera corona, más clara que non la zona de los signos transparentes.
15octavilla
Y en cualquiera tiempo es malo, señor don Carlos, vengarse; eso a Dios ha de dejarse, que tiene Dios por regalo
19redondilla
que ella está allá con sus damas, con debida honestidad, y que a toda una ciudad no has de enseñar lo que amas.
19redondilla
Esa serraniya perra me está jasiendo pasá er purgatorio en la tierra.
30soleá
Valiera más que, cautivo, En esa torre acabara La triste vida que vivo; Que la vida que hoy recibo Me la vendes ¡ay! bien cara.
29quintilla
Cuando biene er día tengo argún consuelo; pero en yegando a la nochesita siego yo y no beo.
26seguidilla_gitana
Al verla pasar todas las margaritas enceguecieron
8haiku
allá me enviará, y daré este papel a su Elena. Pero mire que se ordena para que con ella esté
19redondilla
¿Quién mira dentro la torre enjaezada, de Sevilla? Cinco voces contestaban redondas como sortijas.
11cantar
Vida, luz y verdad, tal triple llama produce la interior llama infinita. El Arte puro como Cristo exclama: Ego sum lux et veritas et vita!
7serventesio
Las hermanas, el caso oído habiendo, al padre vuelven con angustia y lloro, y de aquel monte al fin, Amor queriendo, Céfiro las levanta y trae al coro de Psique, que, con gozo recibiendo las hermanas, les da muy gran tesoro. Después, por no enojar a Amor, al viento manda las vuelva al monte en un momento.
4octava
¿Qué puedo ya ver, señora, habiéndote visto en mí? que el que te vido y te adora no puede vivir un hora más que cuando vive en ti; mas pues que con mis gemidos no puedo ya detener, no se acabe el padecer, ni suenen á mis oídos cosas que les den placer.
6copla_real
A la camelia patricia ya la azalea pizpireta ve la azucena novicia con sus ojos de violeta.
5cuarteta
Bella pintura tu rostro reflejado en la ventana.
8haiku
El placer duerme y vela mi quebranto, y rompen el silencio mis querellas, volviendo el eco, unísono con ellas, de aves nocturnas el siniesrto canto.
24cuarteto
DejcS Mudar r a á Córdoba, obediente De su alto protector á los deseos 5 Aunque siente salir de las murallas Donde respira su adorado dueño. E n el castillo de l a A l b a i d a Zaide Le r e c i b i ó con paternal afecto, Bien que n o t ó en su frente oscurecida, Que deja l a ciudad con desconsuelo. E n t r e l a A l b a i d a y Córdoba p e q u e ña Distancia corre, y se dilata en medio Un apacible llano, donde boy pastan Vacas hermosas, Cándidos corderos. De las altas almenas del castillo La ciudad se descubre, del r i s u e ño Guadalquivir en la feraz r i b e r a, Gigantes torres elevando al viento. Oyense rimbombar los sacros bronces, Que en l a que fué mezquita, y hoy es templo, Han reemplazado con mejor destino Del á r a b e Almuheden el ministerio ; Y desde l a ciudad se ve l a A l b a i d a " Sobre encinas y olivos verdinegros, A l pié de l a alta sierra, coronando Un pardo risco entre apacibles huertos. Este espacio tan corto y agradable El jóven lo reputa por inmenso, Pues el que le divide de su amada, Jamas el amador lo halla pequeño. : Ay, cuánto mas terrible lo juzgara. Si penetrase el triste los decretos Del Destino inmutable !....Por fortuna No alcanza tanto del amor el vuelo. Ver espera á Kerima cada tarde (Y esta esperanza es todo su consuelo) De Zahira en la tumba, y en los bosques, A do siempre dirige sus paseos.
18romance_arte_mayor
¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido. No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud. Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.
7serventesio
Erizo es el zurrón, de la castaña, y (entre el membrillo o verde o datilado) de la manzana hipócrita, que engaña, a lo pálido no, a lo arrebolado, y, de la encina (honor de la montaña, que pabellón al siglo fue dorado) el tributo, alimento, aunque grosero, del mejor mundo, del candor primero.
2octava_real
La vida de entre las manos se nos escurre veloz. Se me atraganta la voz de ver como los humanos perdemos en hechos vanos el sentido de la esencia, haciendo que la presencia en este terreno hogar sea un venir, divagar y perder nuestra existencia.
13espinela
Mi ropita bendo; ¿quién la quié mercá? como la bendo por poquito inero, pa tu libertá.
26seguidilla_gitana
Sin la fe la conciencia es un abismo, y el peor compañero es uno mismo.
3couplet
Ven; la callada noche se aproxima, El rojo Sol no incendia la Alpujarra, Ya palpita la estrella vespertina, Al alero volvió la golondrina Y canta en el barranco la cigarra.
32quinteto
y si tras esto limpiáis la cera y la palomina que hizo el labio clavellina, mientras vos os engañáis;
19redondilla
De tu pelo rubio dame tú un cabeyo, pa jaserme una caeniya y echármela ar cueyo.
26seguidilla_gitana
Nicolás, pues sois vecino de Toledo no mudéis sus costumbres cuando hacéis arrendamiento divino. Al heredero del vino y el pan que no tiene tasa pues se muda toda casa por la Asunción de María y Dios a vos este día por Corpus Cristi se pasa.
13espinela
Por amor hombre se hace y nace. El pecado es el que hiere y muere. Las doce en el reloj cita resucita. Toda flor que se marchita ya no recobra su anhelo sólo el Redentor del cielo nace muere y resucita.
0ovillejo
Hablaban novelas y placientes cuentos, y no se olvidaban las antiguas gestas do son contenidos los avenimientos de Mares y Venus, de triunfos y fiestas; allí las batallas eran manifiestas de Troya y de Tebas, según las cantaron aquellos que Apolo se recomendaron y dieron sus plumas a fablas honestas.
41copla_arte_mayor
De paz y de piedad era la ciencia perfecta, en profunda soledad entendida, vía recta; era cosa tan secreta, que me quedé balbuciendo, toda ciencia trascendiendo.
20septilla
De Francia partió la niña, de Francia la bien guarnida, íbase para París, do padre y madre tenía. Errado lleva el camino, errada lleva la guía, arrimárase a un roble por esperar compañía. Vio venir un caballero que a París lleva la guía. La niña, desque lo vido, de esta suerte le decía: Si te place, caballero, llévesme en tu compañía. Pláceme, dijo, señora, pláceme, dijo, mi vida. Apeóse del caballo por hacerle cortesía; puso la niña en las ancas y subiérase en la silla. En el medio del camino de amores la requería. La niña, desque lo oyera, díjole con osadía: Tate, tate, caballero, no hagáis tal villanía, hija soy de un malato y de una malatía, el hombre que a mí llegase malato se tornaría. El caballero, con temor, palabra no respondía. A la entrada de París la niña se sonreía. ¿De qué vos reís, señora? ¿De qué vos reís, mi vida? Ríome del caballero y de su gran cobardía: ¡Tener la niña en el campo y catarle cortesía! Caballero, con vergüenza, estas palabras decía: Vuelta, vuelta, mi señora, que una cosa se me olvida. La niña, como discreta, dijo: Yo no volvería, ni persona, aunque volviese, en mi cuerpo tocaría: hija soy del rey de Francia y de la reina Constantina, el hombre que a mí llegase muy caro le costaría.
1romance
Sea, Señor, arriscado vuestro pequeño caudal, do puede el bien desigual con aquel ser alcançado; y armad de importuna gente una barca por remedio, ca deligencia es un medio que del pobre y más doliente haze sano y muy prudente.
38novena
Del quinto voy despidiendo, sin dar fin al triste canto, el sexto va en voz de planto por orden voy prosiguiendo. El cual es, si la tardanza por ti cesa, de largo para ofrecer la verdadera esperanza o promesa del deseado placer.
25décima_antigua
n una flecha, cuyo agudo hierro A un erguido p i l a r clavado estaba, Sendos anillos de diamante penden, Cada cual en l a punta de una banda. Las dos cuadrillas á una y otra parte, Dejando el campo l i b r e , se separan Y el primero Zeir e m p u ñ a altivo Una delgada y primorosa lanza. E n un overo de tendidas crines, Que apenas cabe en l a anchurosa plaza, L a rienda floja, el acicate á punto, La pica en ristre, á l a sortija marcha ; Y mas veloz que el mismo pensamiento, Y seguro del triunfo, se abalanza 5 Pero en la flecha con l a punta toca, No en la sortija, y desairado pasa. Revuelve lleno de v e r g ü e n z a y furia, R o m p i é n d o l e al overo las ijadas, Y otra vez yerra el golpe, p o r q u é el brazo Iba temblando de despecho y rabia. Por l a tercera vez la suerte Intenta, Y la yerra t a m b i é n . E n t i e r r a elava Con gran furor la refornida pica, Se da en la roja frente una palmada, Da injustos sofrenazos al caballo, E n cuya sangre el acicate baña, Y sin mas esperar, á toda rienda Corrido se salió de la estacada. E l numeroso pueblo de él no cura, Teniendo ya los ojos en M u d a r r a, Que sale á ver si acaso es mas dichoso, E n una yegua como nieve blanca. Recorre en un galope sosegado Y con gran timidez l a extensa plaza : Hondo silencio en el concurso reina, Que inmóvil verle triunfador aguarda ; Y cuando llega enfrente á la sortija. P i c a la yegua leve como el aura, Que cual l a vista r á p i d a parece Que no toca l a arena con la planta, Pero el ginete á fuerza de cuidado L l e v a l a punta de la pica baja, Y aunque va firme el p u ñ o en la arandela, Deja a t r á s la sortija, y no la ensarta. E l Hagib Almanzor muestra disgusto, Giafar lo mira con sonrisa amarga, Demúdase K e r i m a , el gran gentío Blanifiesta i n q u i e t u d ; mas todos callan. E l g a r z ó n sin turbarse, de la yegua El grueso cuello y crespa c r i n halaga ; La rienda acorta, afirma los estribos, A t r á s el capellar airoso aparta, Y con los ojos fijos en la prenda, Y la mano en el cuello de la lanza, Con despejo y con noble g a l l a r d í a, A escape y sin temor de nuevo arranca. L a acicalada punta en el anillo introduce, y tras sí gallardo saca, Hendiendo el aire y d á n d o l e vislumbres, Cual leve e x h a l a c i ó n , la r i c a banda.Un grito de placer en torno suena 5 E l Hagib del balcón el cuerpo s-;ca ; Sin pensarlo Giafar (aunque al momeiilo Se arrepiente y se enoja) bravo! exclama. E l corazón palpita de K e r i m a, P ú r p u r a ardiente su semblante esmalta, Y va á aplaudir pero la acción suspende, Y los ojos temblando al suelo baja. o r competencias de poder y mando, Con l a familia de Zeir estaba Desabrido A l m a n z o r , y ve gozoso Su orgullosa altiveza desairada. Ensalzar quiere al H u é r f a n o , y honrarle, Y resuelto prorumpe en voces altas : ' ' G i a f a r , dar a l g ú n premio es necesario ' ' A l que es t an diestro en manejar l a l a n z a ." " Venga á nuestro b a l c ó n , y de su cuello " Colguemos esta corva c i m i t a r r a . " Dijo, y l a suya se q u i t ó , la suya, Par casi a l Zualfaker en g l o r i a y fama. Giafar con gran f r i a l d a d , " A m b a s cuadrillas," D i c e , " han ganado prez en esta plaza : " S i vos p r e m i á i s al jefe de l a una, " Y o al otro p r e m i a r é . " De estas palabras No hizo caso Almanzor : en el momento Que el joven suba á su presencia manda Y la prenda del triunfo atada al brazo, Tímido en el b a l c ó n e n t r ó Mudarra. De p i é los personajes le reciben, E l Hagib Almanzor tierno le abraza, Y va á echarle en el cuello el talabarte De que pende la r i c a c i m i t a r r a ; Mas lo suspende, y á K e r i m a dice : " L a dicha y l a destreza de las armas " D e la beldad tan solo por la mano " Deben, s e ñ o r a , ser recompensadas;" Y en las de l a h e r m o s í s i m a doncella E l rico alfanje pone. Demudada, Los ojos ella vuelve acia su padre, Cuyo semblante enciende horrenda rabia, Y de rubor cubiertas las mejillas. De gozo y miedo el c o r a z ó n , turbada, A l mancebo, que tiembla palpitante, Entrega el premio con modesta gracia. Que el j o v e n á sus pies la banda ponga, Todos, y aun A l m a n z o r , acaso aguardan ; Mas no la puso, que á distinto objeto, Desde que l a g a n ó , la destinara. T o r n ó el alegre pueblo á sus hogares, Almanzor con e l H u é r f a n o a su a l c á z a r, Y Giafar á Zeir por premio envía Un arco persa con su r i c a aljaba.
18romance_arte_mayor
¡Oh loca fantasía! ¡Qué palacios fabricas en el viento! Modera tu alegría, no sea que saltando de contento, al contemplar dichosa tu mudanza, quiebre su cantarillo la esperanza.
45sexteto_lira
Et mi nave toda una rompiendo las aguas vivas con deiensiones pasivas a contrastar la fortuna, como quien va por laguna contento del navegar, en un puncto vi la mar sin obediencia alguna en rebelión singular.
38novena
Es misterioso el corazón del hombre como una losa sepulcral sin nombre.
3couplet
Por veros muero de día, de noche por no teneros, muérome así, por quereros de esta manera sufriente, pero vos sois como el mármol que no ríe ni se queja, ni boca tiene ni oreja, ni ojos que miren de frente.
15octavilla
Cuando florezca la rosa que fragancioso consume en el olor del perfume, nacerán mil corazones; cuando la rosa florezca en tus labios de rosal despertará un madrigal por todas mis ilusiones.
15octavilla
Con asombro de mirarte, Con admiración de oirte. Ni sé qué pueda decirte. Ni qué pueda preguntarte: Solo diré que á esta parte Hoy el cielo me ha guiado Para haberme consolado, Si consuelo puede ser Del que es desdichado, ver Otro que es más desdichado.
13espinela
Virgen, eternal esposa del Padre, que en el inicio te crio, por beneficio de esta vida congojosa; del jardín sagrado rosa, y preciosa margarita, fontana de agua bendita, fulgor de gracia infinita por mano de Dios escrita, ¡O Dómina tan gloriosa!
25décima_antigua
Ven acá, pensamiento, ¿Qué es lo que quieres? ¿No te miras contento Con lo que tlenes? ¿ No es fuerte cosa, 'Que nadie esté contento Con lo que goza?
27seguidilla_compuesta
Tan luminosa, que mis horas perdidas, yo mismo, quedamos redimidos de la sombra, para no ser ya más que memoria de luz; de luz que vi cruzarme, seda, agua o árbol, un momento.
44septeto
Ya sé que tus palabras no tendrán ese tono lujoso, que los aires inquietos de tu pelo guardarán la nostalgia artificial del sótano sin luz donde me esperas, y que, por fin, mañana al despertarte, entre olvidos a medias y detalles sacados de contexto, tendrás piedad o miedo de ti misma, vergüenza o dignidad, incertidumbre y acaso el lujurioso malestar, el golpe que nos dejan las historias contadas una noche de insomnio.
35unknown
Cantaba el mozo y decía: El querer es cosa buena, porque dobla la alegría y parte entre dos la pena… ¡Pero nadie lo quería!
29quintilla