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|---|---|---|
René Chacón Linares | (A Silvia Elena Regalado)
Misterio de piel,
Flor sin nombre,
Oruga de fuego,
Vértigo de voces.
Un ángel peinándose a oscuras,
Con ese punto de luz que habita
En silencio las miradas.
Las sábanas de sus alas
Y el galope lento de su amor,
No revelan secretos, ni caprichos.
¡Es ... | Ángel terrible |
Jorge Debravo |
Los dioses son estatuas de humo y viento
que se tuercen, alargan,
y se cambian de ser
como cambian de blusa las muchachas.
Alguna vez usaron cuernos, luego
se envolvieron en carne de montaña,
aprendieron a usar huesos de hombre
y se vistieron una barba blanca.
Una noche compraron zapatillas
y perdieron sus prístina... | DIOSES |
César Vallejo |
Sé que hay una persona
que me busca en su mano, día y noche,
encontrándome, a cada minuto, en su calzado.
¿Ignora que la noche está enterrada
con espuelas detrás de la cocina?
Sé que hay una persona compuesta de mis partes,
a la que integro cuando va mi talle
cabalgando en su exacta piedrecilla.
¿Ignora que a ... | Poema para ser leído y cantado |
Gutierre de Cetina |
Horas alegres que pasáis volando
porque a vueltas del bien mayor mal sienta;
sabrosa noche que en tan dulce afrenta
el triste despedir me vas mostrando;
importuno reloj, que apresurando
tu curso, mi dolor me representa;
estrellas con quien nunca tuve cuenta,
que mi partida vais acelerando;
gallo que mi pesar has de... | Horas alegres que pasáis volando |
Emilio Prados |
Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Alzáronse en el cielo
los nombres confundidos.
Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Nuestros cuerpos quedaron
frente a frente, vacíos.
Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Entre nuestros dos cuerpos,
¡qué inolvidable abismo! | SUEÑO |
Claudio Rodríguez |
...y cuando salía
por toda aquella vega
ya cosa no sabía...
SAN JUAN DE LA CRUZ
El primer surco de hoy será mi cuerpo.
Cuando la luz impulsa desde arriba
despierta los oráculos del sueño
y me camina, y antes que al paisaje
va dándome figura. Así otra nueva
mañana. Así ota vez y antes que nadie,
aun que la brisa men... | CANTO DEL DESPERTAR |
Delfina Acosta |
Me voy a maquillar para morir.
Por la luna sabrán si estaba loca.
"Era llena de lluvia", contará
quien cambia los amores de mi alcoba.
Me voy a maquillar para morir.
Por la luna sabrán si estaba loca.
Jugando a que me muero, muero.
Ay, camalote que en el río flota.
Sabré yo entonces quiénes me han amado,
no por llora... | Por las rosas |
José María Hinojosa |
En medio de este hueco redondo y transparente
que me persigue siempre a través de la tierra
retumban los hachazos que separan las ramas
brotadas en el tronco de mármol patinado
por el humo de pólvora y la luz de la luna
filtrada entre los dedos de tus manos de nieve.
Tus brazos recogían en sus siete colores
la lluvi... | HUYENDO DEL DESTINO |
Justo Braga | Hay noticias que parecen versos:
Un pistolero a sueldo asesina a una portera.
El catedrático de química se bebe una probeta.
El lingüista se atraganta en un fonema.
Hay versos que parecen silogismos .
Si llueve, diluvia.
Se inundan los fonemas.
Si se muere una portera,
el pistolero recibe recompensa.
Hay lingüistas ... | El pistolero |
Ángel González |
Aquí paz,
y después gloria.
Aquí,
a orillas de Francia,
en donde Cataluña no muere todavía
y prolonga en carteles de «Toros à Ceret»
y de «Flamenco's Show»
esa curiosa España de las ganaderías
de reses bravas y de juergas sórdidas,
reposa un español bajo una losa:
... | CAMPOSANTO EN COLLIOURE |
Delfina Acosta | Amigo, hablemos de las cosas raras.
¿Tú crees en las ánimas, las sombras
de los asesinados y suicidas
que vagan? Los fantasmas hacen rondas
en torno a un niño gris. Los perros vagos
entonces mueven fiestas con la cola.
¡Nadir! ¡Nadir! Ayer soñé con ella.
Hecha Dios Padre, espíritu y alondra
me dijo mi Nadir que me soñ... | Nadir |
Óscar Hahn |
Si tus miradas
salen a vagar por las noches
las mariposas negras huyen despavoridas
tales son los terrores
que tu belleza disemina en sus alas. | PAISAJE OCULAR |
Ángeles Carbajal | Noche más allá de la noche,
cuando las palabras
no escriben el poema,
y el poema sin palabras
es el poema infinito. | Insomnio |
José Cadalso |
Discípulo de Apeles,
si tu pincel hermoso
empleas por capricho
en este feo rostro,
no me pongas ceñudo,
con iracundos ojos,
en la diestra el estoque
de Toledo famoso,
y en la siniestra el freno
de algún bélico monstruo,
ardiente como el rayo,
ligero como el soplo;
ni en el pecho la insignia
que en los siglos glorioso... | AL PINTOR QUE ME HA DE RETRATAR |
Claribel Alegría |
Barajando recuerdos
me encontré con el tuyo.
No dolía.
Lo saqué de su estuche,
sacudí sus raíces
en el viento,
lo puse a contraluz:
Era un cristal pulido
reflejando peces de colores,
una flor sin espinas
que no ardía.
Lo a... | BARAJANDO RECUERDOS |
Juan Luis Panero |
Al final pienso que tenía razón
todo el absurdo tinglado del poder,
el cuchillo implacable de la inteligencia,
las sórdidas, políticas palabras,
los arañados proyectos imposibles,
sí, tenía razón ese día. Me acuerdo bien
cuando pensé, echado junto a ella,
que lo único real era una buena puta,
una piel cálida, unos ... | PIERRE DRIEU LA ROCHELLE DIVAGA |
Luis de Góngora |
Sople rabiosamente conjurado
Contra mi leño el Austro embravecido,
Que me ha de hallar el último gemido,
En vez de tabla, al áncora abrazado.
¿Qué mucho, si del mármol desatado
Deidad no ingrata la esperanza ha sido
En templo que de velas hoy vestido
Se venera, de mástiles besado?
Los dos lucientes ya del cisne pol... | DE LA ESPERANZA |
Ángel García Aller | "...innumerables cuerpos
hermanados
por una herida fresca en todo el pecho"
(Virgilio Garsaball)
Grenoble
era entonces la ciudad de los suicidas,
pero nunca se supo,
nadie dijo
por qué extraña razón de parentesco
los perros ladraban a la luna
y el viejo clocha... | El viejo Clochard |
Pablo Neruda | PEQUEÑA
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la d... | En ti la tierra |
Anna Ajmátova |
1
¿Qué puedo hacer? Ellos te destruyeron,
¡Qué encuentro más cruel que el separarse!
Aquí hubo un surtidor, allá alamedas,
más a lo lejos verdecía el parque...
La aurora más rosada que ella misma
fue aquél abril. Olor a húmeda tierra,
a primer beso...
2
Las hojas de este sauce en el siglo pasado se murieron,
para br... | A LA CIUDAD DE PUSHKIN |
Nimia Vicéns |
A la muerte de Luis Palés Matos
En pedestal de ola
el mar levanta el canto:
... ... «¿hacia dónde
tú, si no hay...
... espacio donde puedas contenerte?»
Incansable viajero sin navío
rumbo de ala tendida hacia un país
de imaginaria geografía
donde tan quieto estás... ...
... | GLOSA EN CÁNTICO TRISTE |
Teresa Domingo Català | La noche es movimiento de penumbras
luchando para ser eternas, río
de manos en los cuerpos que divaga
sobre el influjo de la sangre dulce.
Silenciosos, los ángeles nos aman
como aman los caimanes, con la furia
de un sexo desmedido, con lujuria.
La noche es la simiente de los pasos
que aniquilan las luces de los lecho... | Sombras |
Pablo Neruda | 20 poemas de amor y una canción desesperada
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella ... | 20 poemas de amor y una canción desesperadaPoema 20 |
Leopoldo Marechal |
Alfarero sobre el tapiz de los días,
¿con qué barro modelé tu garganta de ídolo
y tus piernas que se tuercen como arroyos?
Mi pulgar afinó tu vientre
más liso que la piel de los tambores nupciales.
He puesto cuerdas al arco nuevo de tu sonrisa
y engarcé dos noches en el sitio de tus ojos...
¡Ídolo de los alfareros!... | ÍDOLO |
Francisco de Aldana |
En fin, en fin, tras tanto andar muriendo,
tras tanto varïar vida y destino,
tras tanto de uno en otro desatino,
pensar todo apretar, nada cogiendo;
tras tanto acá y allá, yendo y viniendo
cual sin aliento, inútil peregrino;
¡oh Dios!, tras tanto error del buen camino
yo mismo de mi mal ministro siendo,
hallo, en f... | RECONOCIMIENTO DE LA VANIDAD DEL MUNDO |
Baldomero Fernández Moreno |
Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?
La piedra desnuda de tristeza
¡dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta lleno de ilusiones?
¿Ninguno desea ver tras los... | SETENTA BALCONES Y NINGUNA FLOR |
Luis de Góngora |
Que a recibillo con sediento paso
De su roca natal se precipita,
Y mucha sal no sólo en poco vaso,
Mas en su ruina bebe,
Y a su fin, cristalina mariposa
No alada, sino undosa,
En el farol de Tetis solicita.
Muros desmantelando, pues, de arena,
Centauro ya espumoso el océano
Medio mar, medio ría
Dos veces huella l... | SOLEDAD SEGUNDA |
Pablo Neruda | AHORA me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.
Yo voy a cerrar los ojos
Y sólo quiero cinco cosas,
cinco raices preferidas.
Una es el amor sin fin.
Lo segundo es ver el otoño.
No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.
Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fue... | Pido silencio |
Marilina Rébora |
Resultará forzoso el cruel alejamiento
y habrá que decidirse, como lo inevitable,
lo mismo que aceptamos la violencia del viento,
el rugido del mar o el tiempo inexorable.
Habrá que tener ánimo en el fatal momento
para abdicar de todo lo que nos fue agradable,
y saber resignarnos en el recogimiento
con el gesto tran... | ALEJAMIENTO |
Ramón López Velarde |
En las alas oscuras de la racha cortante
me das, al mismo tiempo, una pena y un goce:
algo como la helada virtud de un seno blando,
algo en que se confunden el cordial refrigerio
y el glacial desamparo de un lecho de doncella.
He aquí que en la impensada tiniebla de la muda
ciudad, eres un lampo ante las fauces lóbr... | EN LAS TINIEBLAS HÚMEDAS |
José Antonio Labordeta | El árbol se levanta sobre la tapia hundida.
El viejo campanario la paloma que había
huyó bajo la guerra- está desierto:
Todo es la sombra.
El monte desolado invade el patio,
el pozo seco,
el niño destrozado por la yedra.
Alguien recuerda Antes estuve aquí,
hoy ya no vuelvo- por los muros de adoba calcinados:
¿Quién... | Belchite |
Ramón López Velarde |
Vive conmigo no sé qué mujer
invisible y perfecta, que me encumbra
en cada anochecer y amanecer.
Sobre caricaturas y parodias,
enlazado mi cuerpo con el suyo,
suben al cielo como dos custodias...
Dogma recíproco del corazón:
¡ser, por virtud ajena y virtud propia,
a un tiempo la Ascención y la Asunción!
Su corazón... | LA ASCENSIÓN Y LA ASUNCIÓN |
William Shakespeare | No dejes, pues, sin destilar tu savia,
que la mano invernal tu estío borre:
aroma un frasco y antes que se esfume
enriquece un lugar con tu belleza.
No ha de ser una usura prohibida
la que alegra a quien paga de buen grado;
y tú debes dar vida a otro tú mismo,
feliz diez veces, si son diez por uno.
Más que ahora feli... | No dejes, pues, sin destilar tu savia |
Luis de Góngora |
Si Amor entre las plumas de su nido
Prendió mi libertad, ¿qué hará ahora,
Que en tus ojos, dulcísima señora,
Armado vuela, ya que no vestido?
Entre las vïoletas fui herido
Del áspid que hoy entre los lilios mora;
Igual fuerza tenías siendo aurora,
Que ya como sol tienes bien nacido.
Saludaré tu luz con voz doliente... | A UNA DAMA QUE CONOCIÓ NIÑA |
Antonio Fernández Lera | Sobre la sombra del viento, sangre, sangre, sangre.
Fotografías de Macbeth y Lady Macbeth
en las ventanas del castillo.
Con la sonrisa comida por los buitres.
En sus hombros, el tiempo resbala suavemente,
sobre los excrementos de los pájaros.
El viento se arrastra como la serpiente
que vuela y ataca sin piedad
entre la... | Presagio |
Mario Benedetti | Un hombre
alegre
es uno más
en el coro
de hombres
alegres
un hombre
triste
no se parece
a ningún otro
hombre
triste | Talantes |
Luis Cernuda |
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambici... | Si el hombre pudiera decir lo que ama |
Toni García Arias | Ha comenzado a llover,
calladamente,
como si diciembre amenazase con perdurar por siempre
entre nosotros.
Las calles se han salpicado de nombres propios,
de recuerdos que discurren, como el agua,
recuerdo abajo.
Tal vez por eso,
hoy he rememorado mi infancia,
las páginas repetidas del pasado,
una noche frente al fogón,... | Lluvia |
Blas de Otero |
... Tántalo en fugitiva fuente de oro.
F. DE QUEVEDO
Cuerpo de la mujer, río de oro
donde, hundidos los brazos, recibimos
un relámpago azul, unos racimos
de luz rasgada en un frondor de oro.
Cuerpo de la mujer o mar de oro
donde, amando las manos, no sabemos,
si los senos son olas, si son remos
los brazos, si son ... | CUERPO DE MUJER |
Marilina Rébora |
Quedó abrazada al muro, amante, la glicina,
y grávido de frutos de oro, el limonero;
la cola de tijera mostró una golondrina
y el gorrión revolando, de píos mensajero.
Debajo de los árboles era la hierba fina
que peinara amoroso, a diario el jardinero;
la estrella federal sangraba en cada esquina
y, cual si fuera ... | EL ANTIGUO JARDÍN |
Pelayo Fueyo | Dura ha de ser la vida hasta el instante
en que veles tu memoria en este espejo:
tus labios fríos no tendrán ya refugio
y en tus manos vacías abrazarás la muerte.
J. L. Panero
I
I
¿A qué hora, en cuál de estos espejos,
recuperar la imagen de aquel niño?
No la imagen del niño que se peina
para ir a la escuela, sino e... | El niño en el espejo |
Tirso de Molina |
Que el clavel y la rosa,
¿cuál era más hermosa?
El clavel, lindo en color,
y la rosa todo amor;
el jazmín de honesto olor,
la azucena religiosa,
¿Cuál es la más hermosa?
La violeta enamorada,
la retama encaramada,
la madreselva mezclada,
la flor de lino celosa.
¿Cuál es la más hermosa?
Que el clavel y la rosa,
¿cu... | Que el clavel y la rosa |
Mario Benedetti |
Todavía tengo casi todos mis dientes
casi todos mis cabellos y poquísimas canas
puedo hacer y deshacer el amor
trepar una escalera de dos en dos
y correr cuarenta metros detrás del ómnibus
o sea que no debería sentirme viejo
pero el grave problema es que antes
no me fijaba en estos detalles. | Síndrome |
Mario Benedetti | Cierro los ojos para disuadirme.
Ahora no es, no puede ser la muerte.
Está el escarabajo a tropezones,
mi sed de ti, la baja tarde inmóvil.
De veras está todo como antes:
el cielo tan inerme,
la misma soledad tan maciza,
la luz que se devora y no comprende.
Todo está como antes
de tu rostro sin nubes,
todo aguarda co... | Empero |
Fray Luis de León |
¿Qué santo o qué gloriosa
virtud, qué deidad que el cielo admira,
oh Musa poderosa
en la cristiana lira,
diremos entretanto que retira
el sol con presto vuelo
el rayo fugitivo en este día,
que hace alarde el cielo
de su caballería?
¿qué nombre entre estas breñas a porfía
repetirá sonando
la imagen de la voz, en la ... | ODA XIX - A TODOS LOS SANTOS |
Francisco de Quevedo |
No me aflige morir; no he rehusado
acabar de vivir, ni he pretendido
alargar esta muerte que ha nacido
a un tiempo con la vida y el cuidado.
Siento haber de dejar deshabitado
cuerpo que amante espíritu ha ceñido;
desierto un corazón siempre encendido,
donde todo el Amor reinó hospedado.
Señas me da mi ardor de... | Lamentación amorosa y... |
Delfina Acosta | a Agnes Hazenbosch
Llevo contando el cierzo, el aire, el suelo,
la bruma, los geranios y el rocío.
Sumo la hierba, el sol, la sombra nueva
de la cosecha convertida en trigo.
Anoto auroras, tallos, ramas, fuego,
crepúsculos, maderos y navíos.
Procuro no olvidar ningún silencio,
ninguna media voz, ningún testigo.
Y aho... | Apuntes esenciales |
Fray Luis de León |
Huid, contentos, de mi triste pecho;
¿qué engaño os vuelve a do nunca pudistes
tener reposo ni hacer provecho?
Tened en la memoria cuando fuistes
con público pregón, ¡ay!, desterrados
de toda mi comarca y reinos tristes,
a do ya no veréis sino nublados,
y viento, y torbellino, y lluvia fiera,
suspiros encendidos y ... | ODA XVII - EN UNA ESPERANZA QUE SALIÓ VANA |
Jorge Teillier |
Si atraviesas las estaciones
conservando en tus manos hechas cántaro
la lluvia de la infancia que debíamos compartir,
nos reuniremos en el lugar
en donde los sueños corren jubilosos
como ovejas liberadas del corral
y en donde brillará sobre nosotros
la estrella que nos fuera prometida.
Pero ahora te envío est... | CARTA DE LLUVIA |
Manuel Machado |
A Antonio de Zayas
Nadie más cortesano ni pulido
que nuestro Rey Felipe, que Dios guarde,
siempre de negro hasta los pies vestido.
Es pálida su tez como la tarde,
cansado el oro de su pelo undoso,
y de sus ojos, el azul, cobarde.
Sobre su augusto pecho generoso,
ni joyeles perturban ni cadenas
el negro terciopelo ... | FELIPE IV |
Juan Ramón Jiménez |
Lo terreno, por ti,
se hizo gustoso
celeste.
Luego,
lo celeste, por mí,
contento se hizo
humano. | EL CAMBIO |
Federico García Lorca |
En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas.
Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?
...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.
Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!
En la luna negra,
sangraba el costado
de Sierra Morena.
Caballito negro.
¿Dónde lle... | Canción de jinete |
Gabriela Mistral |
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan;
se hunde volando en el Cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace el nido
y mis manos no la peinan.
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las p... | Miedo |
Alfredo Lavergne | A partir de nada comienzan el vuelo
Luego desnudos
Inician la acción imaginaria.
Como los autorretratos que inventan alas a sus ángeles
Como la guillotina que hipnotizó a Cagliostro
Como el piano que entró en dos patas a la musicoterapia
Como el norte que imantó a los presidentes de madera
Como los maravillas de la re... | Imperfectos creadores |
Jorge Guillén |
Miro hacia atrás, hacia los años, lejos,
Y se me ahonda tanta perspectiva
Que del confín apenas sigue viva
La vaga imagen sobre mis espejos.
Aun vuelan, sin embargo, los vencejos
En torno de unas torres, y allá arriba
Persiste mi niñez contemplativa.
Ya son buen vino mis viñedos viejos.
Fortuna adversa o próspera n... | DEL TRANSCURSO |
Luis de Góngora |
Aljófares risueños de Albïela
Al blanco alterno pie fue vuestra risa,
En cuantos ya tejió coros Belisa,
Undosa de cristal, dulce vihuela;
Instrumento hoy de lágrimas, no os duela
Su epiciclo, de donde nos avisa
Que rayos ciñe, que zafiros pisa,
Que sin moverse, en plumas de oro vuela.
Pastor os duela amante, que si... | EN LA MUERTE DE UNA DAMA PORTUGUESA EN SANTARÉN |
Juan Boscán |
Garcilaso, que al bien siempre aspiraste
y siempre con tal fuerza le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste,
en todo enteramente le alcanzaste,
dime: ¿por qué tras ti no me llevaste
cuando de esta mortal tierra partiste?,
¿por qué, al subir a lo alto que subiste,
acá en esta bajeza me dejaste?
Bien pienso... | SONETO CXXIX |
David Escobar Galindo |
El sol se pierde moneda de fuego
en su ciega alcancía.
Duerme el tesoro, luego, en el pleno sosiego,
hasta que lo descubre, de pronto, en el hondón,
el picapedrero del día.
(Tal le pasa al maduro corazón). | PARÁBOLA |
Antonia Álvarez Álvarez | A la espalda, el ocaso,
en los labios, estío,
la renuncia en los ojos,
y en las manos, el frío.
Una sed de infinito, de infinitos instantes
donde ya no haya noches, ni mañanas, ni antes.
En la fuente del tiempo
los recuerdos cantaban:
los deseos no mueren,
las pasiones se acaban.
Caracola ocarina de susurros remoto... | La fuente del tiempo |
Marilina Rébora |
«En tiempos de las hadas y de la hechicería...
cuando la reina cruel consultaba su espejo...
el duende Trasgolisto su sábana extendía
y los siete enanitos pasaban en cortejo...
»Cuando la Cenicienta perdía su zapato...
cuando Caperucita visitaba a la abuela...
cuando las botas mágicas calzábase el Gato...
y, al par ... | HISTORIAS... |
Luis de Góngora |
Grandes, más que elefantes y que abadas,
Títulos liberales como rocas,
Gentiles hombres, sólo de sus bocas,
Illustri cavaglier, llaves doradas;
Hábitos, capas digo remendadas,
Damas de haz y envés, viudas sin tocas,
Carrozas de ocho bestias, y aun son pocas
Con las que tiran y que son tiradas;
Catarriberas, ánimas ... | Grandes, más que elefantes y que abadas |
Lope de Vega |
La Niña a quien dijo el Ángel
que estaba de gracia llena,
cuando de ser de Dios madre
le trujo tan altas nuevas,
ya le mira en un pesebre,
llorando lágrimas tiernas,
que obligándose a ser hombre,
también se obliga a sus penas.
¿Qué tenéis, dulce Jesús?,
le dice la Niña bella;
¿tan presto sentís mis ojos
el dolor de... | La Niña a quien dijo el Ángel |
Porfirio Barba Jacob |
¡Oh sol! ¡Oh mar! ¡Oh monte! ¡Oh humildes
animalitos de los campos! Pongo a todas las cosas
por testigos de esta realidad tremenda: He vivido.
Main
Cordero tranquilo, cordero que paces
tu grama y ajustas tu ser a la eterna armonía:
hundiendo en el lodo las plantas fugaces
huí de mis campos feraces
un día...
Ruiseño... | ELEGÍA DE SEPTIEMBRE |
Luis de Góngora |
Allá darás, rayo,
En cas de Tamayo.
De hospedar a gente extraña,
O Flamenca o Ginovés,
Si el huésped overo es
Y la huéspeda castaña,
Según la raza de España,
Sale luego el potro bayo.
Allá darás, rayo,
En cas de Tamayo.
De muy grave la viudita
Llama padre al Capellán
Con quien sus hijos están,
Y Amor que la solic... | Allá darás, rayo |
Guillermo Valencia |
Vestía traje suelto de recamado biso
en voluptuosos pliegues de un color indeciso,
y en el diván tendida, de rojo terciopelo,
sus manos, como vivas parásitas de hielo,
sostenían un libro de corte fino y largo,
un libro de poemas delicioso y amargo.
De aquellos dedos pálidos la tibia yema blanda
rozaba tenuemente con... | LEYENDO A SILVA |
Mario Meléndez | a Vicente Huidobro
El gran poeta de las vanidades
se mira al espejo y dice
no hay otro mejor que yo
no hay otro más hermoso y delicado
más burlón, paradojal e irresistible
Y cuando voy por las calles
me persiguen y me piden autógrafos
se aglutinan en torno mío o se desmayan
porque soy más inmortal que las agujas
y en ... | Vincent 1993 |
Ramón López Velarde |
Me enluto por ti, Mireya,
y te rezo esta epopeya.
Mis entrañables provincianas mías:
no sospeché alabar vuestro suicidio
en las facinerosas tropelías.
Antes de sucumbir al bandolero
se amortizaron las sonoras alas
que aleteaban en el fiel alero.
Cúspide del teatro pueblerino:
en un martirologio de palomas
tú las v... | A LAS PROVINCIANAS MÁRTIRES |
Miguel de Cervantes y Saavedra |
¿Quién menoscaba mis bienes?
¡Desdenes!
Y ¿quién aumenta mis duelos?
¡Los celos!
Y ¿quién prueba mi paciencia?
¡Ausencia!
De este modo en mi dolencia
ningún remedio se alcanza,
pues me matan la esperanza,
desdenes, celos y ausencia.
¿Quién me causa este dolor?
¡Amor!
Y ¿quién mi gloria repuna?
... | OVILLEJOS |
Bartolomé Leonardo de Argensola |
Si amada quieres ser, Lícoris, ama;
que quien desobligando lo pretende,
o las leyes de amor no comprehende,
o a la naturaleza misma infama.
Afectuoso el olmo a la vid llama,
con ansias de que el néctar le encomiende,
y ella lo abraza y sus racimos tiende
en la favorecida ajena rama.
¿Querrás tú que a los senos natu... | SI AMADA QUIERES SER |
Toni García Arias | Lo peor de estar sin ti
no es que tú no estés aquí,
a mi lado,
llenando mi espacio
con tus huellas;
lo peor de estar sin ti
es no saber
si en este preciso instante,
estás pensando en mí
como yo pienso,
te está doliendo este dolor
como a mí me duele. | Unión |
amistad |
Un simple abrazo nos enternece el corazón;
nos da la bienvenida y nos hace más llevadera la vida.
Un abrazo es una forma de compartir alegrías
así como también los momentos tristes que se nos presentan.
Es tan solo una manera de decir a nuestros amigos
que los queremos y que nos preocupamos uno por el otro
porque los ... | Abrazo |
Pablo Neruda | AMO las cosas loca,
locamente.
Me gustan las tenazas,
las tijeras,
adoro
las tazas,
las argollas,
las soperas,
sin hablar, por supuesto,
del sombrero.
Amo
todas las cosas,
no sólo
las supremas,
sino
las
infinita-
mente
chicas,
el dedal,
las espuelas,
los platos,
los floreros.
Ay, alma mía,
hermoso
es el planeta,
llen... | Oda a las cosas |
Vicente García | En la noche, la música lejana,
La amistad silenciosa de los astros,
La sensación de estar en otro mundo,
El mundo del poema. | En la noche |
Fa Claes | ¡Ay! ¡Ay!
Somos una gran bestia salvaje
que vive de miles de millones de células:
se llaman hombres.
A veces -¡Ay! ¡Ay!- a miles los contrae,
manda a veintidós de ellos al campo
y coloca a los otros alrededor en amplio óvalo.
Con vehementes contracciones la ola
recorre las células y tras mucha batahola
la bestia en h... | Bestia |
Gonzalo Rojas |
I
Miro el aire en el aire, pasarán
estos años cuántos de viento sucio
debajo del párpado cuántos
del exilio,
II
comeré tierra
de la Tierra bajo las tablas
del cemento, me haré ojo,
oleaje me haré.
III
parado
en la roca de la identidad, este
hueso y no otro me haré, esta
música mía c... | TRANSTIERRO |
Juan Ramón Jiménez |
Rosa completa en olor.
Sol terminante en ardor.
Serenidad de lo uno.
(Rompevida del amor).
Tú queriendo y sin poder.
Yo pudiendo y sin querer.
¡Pobre rosa con el hombre!
¡Triste sol con la mujer! | SOL Y ROSA |
Julia de Burgos |
¡Si fuera todo mar,
para nunca salirme de tu senda!
¡Si Dios me hiciera viento,
para siempre encontrarme por tus velas!
¡Si el universo acelerara el paso,
para romper los ecos de esta ausencia!
Cuando regreses, rodará en mi rostro
la enternecida claridad que sueñas.
Para mirarte, amado,
en mis ojos hay público de estr... | Si fuera todo mar... |
Dulce María Loynaz |
No quiero, si es posible
que mi beneficio desaparezca,
sino que viva y dure toda la vida de mi amigo.
Séneca
En mi jardín hay rosas:
Yo no te quiero dar
las rosas que mañana...
Mañana no tendrás.
En mi jardín hay pájaros
con cantos de cristal:
No te los doy, que tienen
alas para volar...
En mi jardín abejas
labra... | ETERNIDAD |
Toni García Arias | Hoy he dejado abierta la nostalgia
a los fantasmas,
mis seres más queridos,
por si en mitad de la noche
deciden regresar
a enturbiar mis recuerdos,
o a desvelarme el sueño
con preguntas que ya no sé responder,
que ya no importan.
Han entrado con sigilo
y han desempolvado
el rostro de mi infancia,
el camino aquel
que nu... | Fantasmas |
Gustavo Adolfo Bécquer |
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
?¡Ay! ?pensé?; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz... | Rima VII |
Pablo Neruda |
1
Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste, como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
2
Yo no lo quiero,... | Farewell |
César Vallejo |
Subes centelleante de labios y de ojeras!
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.
Amor, en el mundo tú eres un pecado!
Mi beso en la punta chispeante del cuerno
del diablo; mi beso que es credo sagrado!
Espíritu en el horópter que pasa
¡puro en su blasfemia!
¡el corazón que engen... | Amor prohibido |
Federico García Lorca |
Ni tú ni yo estamos
en disposición
de encontrarnos.
Tú... por lo que ya sabes.
¡Yo la he querido tanto!
Sigue esa veredita.
En las manos
tengo los agujeros
de los clavos.
¿No ves cómo me estoy
desangrando?
No mires nunca atrás,
vete despacio
y reza como yo
a San Cayetano,
que ni tú ni yo estamos
en dis... | Encuentro |
Leopoldo María Panero |
Cuentan que la Bella Durmiente
nunca despertó de su sueño. | ÉRASE UNA VEZ |
Gerardo Diego |
¿Quién dijo que se agotan la curva el oro el deseo
el legítimo sonido de la luna sobre el mármol
y el perfecto plisado de los élitros
del cine cuando ejerce su tierno protectorado?
Registrad mi bolsillo
Encontraréis en él plumas en virtud de pájaro
migas en busca de pan dioses apolillados
palabras de amor eterno sin... | ESPERANZA |
Alfonsina Storni |
Las dulces mensajeras de la tristeza son...
son avecillas negras, negras como la noche.
¡Negras como el dolor!
¡Las dulces golondrinas que en invierno se van
y que dejan el nido abandonado y solo
para cruzar el mar!
Cada vez que las veo siento un frío sutil...
¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas
amante... | Golondrinas |
José Asunción Silva |
¡Si os encerrara yo en mis estrofas,
frágiles cosas que sonreís
pálido lirio que te deshojas
rayo de luna sobre el tapiz
de húmedas flores, y verdes hojas
que al tibio soplo de mayo abrís,
si os encerrara yo en mis estrofas,
pálidas cosas que sonreís!
¡Si aprisionaros pudiera el verso
fantasmas grises, cuando pasáis... | LA VOZ DE LAS COSAS |
Pablo Neruda | MADRID sola y solemne, julio te sorprendió con tu alegría
de panal pobre: clara era tu calle,
claro era tu sueno.
Un hipo negro
de generales, una ola
de sotanas rabiosas
rompió entre tus rodillas
sus cenagales aguas, sus ríos de gargajo.
Con los ojos heridos todavía de sueño,
con escopeta y ... | Madrid (1936) |
Carlos Bousoño |
(Vía purgativa, iluminativa y unitiva)
Sólo quien se entrega recibe.
Huele, quien renuncia al olfato,
un olor prodigioso. ¡Vive,
misterïoso desacato!
Y así de pronto asciende ya
de las rosas de primavera
fragancias de lo que será
en la cima de lo que era.
Y el alma, desde ese momento,
puede, en la variedad del mund... | HOMENAJE A SAN JUAN DE LA CRUZ |
Alejandra Pizarnik |
Y fue entonces
que con la lengua muerta y fría en la boca
cantó la canción que le dejaron cantar
en este mundo de jardines obscenos y de sombras
que venían a deshora a recordarle
cantos de su tiempo de muchacho
en el que no podía cantar la canción que quería can... | POEMA PARA EL PADRE |
Pablo Neruda | POETAS naturales de la tierra,
escondidos en surcos,
cantando en las esquinas,
ciegos de callejón, oh trovadores
de las praderas y los almacenes,
si al agua
comprendiéramos
tal vez corno vosotros hablaría,
si las piedras
dijeran su lamento
o su silencio,
con vuestra voz, hermanos,
hablarían.
Numerosos
sois, como las ra... | Oda a los poetas populares |
Víctor Botas | Hay ángeles caídos allí donde tú miras
Fernando Pessoa
Negro temblor de orquídeas en la noche
Viento
del este
Quieto
relámpago que parte en dos el cielo
que lo anonada
y rasga
... | La diosa de la guerra |
Delfina Acosta | Recuerdo el viento claro de otras tardes.
Tocando castañuelas prodigiosas
le daba larga cuerda a mi niñez.
Yo le pasaba alegre mis cabellos,
mi falda, y él, jugando, se los daba
al perro que ladraba tras de mí.
Correr, reír, morir de golpe sobre
el liso pasto, la colina aquella,
el verdadero mundo a la intemperie
en d... | El verdadero mundo |
Sor Juana Inés de la Cruz |
Éste que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
éste en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido:
es un vano artificio del cuidado;
es u... | PROCURA DESMENTIR LOS ELOGIOS |
Luis Cernuda |
Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados,
mientras las manos llueven,
manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,
cataratas de manos que fueron un día
flores en el jardín de un diminuto bolsillo.
Las flores son arena... | Qué ruido tan triste |
Lope de Vega |
Si entré, si vi, si hablé, señora mía,
ni tuve pensamiento de mudarme,
máteme un necio a puro visitarme,
y escuche malos versos todo un día.
Cuando de hacerlos tenga fantasía,
dispuesto el genio, para no faltarme
cerca de donde suelo retirarme,
un menestril se enseñe a chirimía.
Cerquen los ojos que os están mirand... | SATISFACCIONES DE CELOS |
Oliverio Girondo |
Con mi yo
y mil un yo y un yo
con mi yo en mí
yo mínimo
larva llama lacra ávida
alga de algo
mi yo antropoco solo
y mi yo tumbo a tumbo canto rodado en sangre
yo abismillo
yo dédalo
posyo del mico ancestro semirefluido en vilo ya lívido de líbido
yo tantan yo
panyo
yo ralo
yo voz mito
pulpo yo en mudo nudo d... | TANTAN YO |
Gabriela Mistral |
Como escuchase un llanto, me paré en el repecho
y me acerqué a la puerta del rancho del camino.
Un niño de ojos dulces me miró desde el lecho.
¡Y una ternura inmensa me embriagó como un vino!
La madre se tardó, curvada en el barbecho;
el niño, al despertar, buscó el pezón de la rosa
y rompió en llanto... Yo lo e... | El niño solo |
José María Hinojosa |
Yo solo me embarqué,
adónde llegaré?
Si el globo se perdiera,
caería, en qué tierra?
Si el barco naufragara,
me hundiría, en qué agua?
Yo solo me embarqué,
nadie sabe porqué.
¡Pero yo sí lo sé! | ELEGÍA POSIBLE |
Víctor Botas | No me preguntes cómo pasa el tiempo
Li Kiu Ling
No me preguntes cómo pasa el tiempo.
El caso es que ya estoy un poco sordo
y el pelo me blanquea. Sin embargo,
aún siento un no sé qué, algo muy tenue
(como un temblor de luna en un estanque),
aquí, justo en la boca del estómago,
cada vez que te miro. Qué curioso,
qué c... | Las rosas de Babilonia |
Subsets and Splits
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