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Antonio Fernández Lera
Crear el habitáculo propicio para la recepción de lo sublime. Reservar un espacio para la música inaudita, paraíso del tiempo. Contener el aliento ante la perspectiva inalcanzable y ser capaces de seguir viviendo.
Poema kantiano: instrucciones
Gabriel Celaya
Iban los dos vestidos con descaro —minifalda, melenas— cogidos de la mano, tan jóvenes que casi daban miedo, tan absortos en un cero que, aunque no se veían, les unía absolutos algo fieramente puro. Iban a cualquier parte cogidos de la mano. Se amaban sin tristeza, ni alegría, ni nada. Y a veces se miraban, pero no s...
UNA PAREJA PERDIDA
Luis de Góngora
Un culto Risco en venas hoy suaves Concetüosamente se desata, Cuyo néctar, no ya líquida plata, Hace canoras aun las piedras graves. Tú, pues, que el pastoral cayado sabes Con mano administrar al cielo grata, De vestir, digno, manto de escarlata, Y de heredar a Pedro en las dos llaves, Éste, si numeroso dulce, escu...
A DON FRAY DIEGO DE MARDONES
Luis de Góngora
Pisó las calles de Madrid el fiero Monóculo galán de Galatea, Y cual suele tejer bárbara aldea Soga de gozques contra forastero, Rígido un bachiller, otro severo, (Crítica turba al fin, si no pigmea) Su diente afila y su veneno emplea En el disforme cíclope cabrero. A pesar del lucero de su frente, Le hacen oscuro,...
DE LOS QUE CENSURARON SU POLIFEMO
Pablo Neruda
De cuando en cuando soy feliz!, opiné delante de un sabio que me examinó sin pasión y me demostró mis errores. Tal vez no había salvación para mis dientes averiados, uno por uno se extraviaron los pelos de mi cabellera: mejor era no discutir sobre mi tráquea cavernosa: en cuanto al cauce coronario estaba lleno de adve...
Sin embargo me muevo
Jaime Sabines
PRIMERA PARTE I Déjame reposar, aflojar los músculos del corazón y poner a dormitar el alma para poder hablar, para poder recordar estos días, los más largos del tiempo. Convalecemos de la angustia apenas y estamos débiles, asustadizos, despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño para verte en la noche y sa...
Algo sobre la muerte del mayor Sabines
Toni García Arias
Hablamos y reímos. Por dentro de la piel también lloramos. El mar quedó salpicado de palabras. Era inútil ahogar tanto pasado en la brevedad tan frágil de aquel instante. Pasaron las horas, y, al fin, no fue el tiempo quién venció sino el alma. Era hermosa la tarde, era hermosa la travesía y el mar, y era hermoso nav...
Travesía
Mario Benedetti
Ay del sueño si sobrevivo es ya borrándome ya desconfiado y permante y tantas veces me hundo y sueño muslo a tu muslo boca a tu boca nunca sabré quién sos ahora que estoy insomne como un sagrado y permanezco quiero morir de siesta muslo a tu muslo boca a tu boca para saber quién sos Ay del sueño con esta poca alma a ...
Ay del sueño
Delfina Acosta
Es el mar mi ropaje: así desnuda como una enorme ola a ti yo llego. Mi ocasión la tormenta y los relámpagos, y es la montura de mi amor el viento. No retorno: yo voy pues son mis pasos como a la hierba la pasión del fuego. Soy la bestia de larga cabellera que lame la otra lengua que es el beso. En la forma de piedra ...
Ropaje
Salvador Díaz Mirón
Cubierto de jiras, al ábrego hirsutas al par que las mechas crecidas y rubias, el pobre chiquillo se postra en la tumba, y en voz de sollozos revienta y murmura: «Mamá, soy Paquito; no haré travesuras». Y un cielo impasible despliega su curva. «¡Qué bien que me acuerdo! La tarde de lluvia; las velas grandotas que o...
PAQUITO
Luis de Góngora
Teatro espacïoso su ribera El Manzanares hizo, verde muro Su corvo margen, y su cristal puro Undosa puente a Calidonia fiera. En un hijo del Céfiro la espera Garzón real, vibrando un fresno duro, De quien aun no estará Marte seguro, Mintiendo cerdas en su quinta esfera. Ambiciosa la fiera colmilluda, Admitió la ast...
DE UN JABALÍ QUE MATÓ EN EL PARDO
Julia de Burgos
En ti me he silenciado... El corazón del mundo está en tus ojos, que se vuelan mirándome. No quiero levantarme de tu frente fecunda en donde acuesto el sueño de seguirme en tu alma. Casi me siento niña de amor que llega hasta los pájaros. Me voy muriendo en mis años de angustia para quedar en ti como corol...
Alba de mi silencio
Antonio Machado
Igual que el ballestero tahúr de la cantiga, tuviera una saeta el hombre ibero para el Señor que apedreó la espiga y malogró los frutos otoñales, y un "gloria a ti" para el Señor que grana centenos y trigales que el pan bendito le darán mañana. «Señor de la ruïna, adoro porque aguardo y porque temo: con mi o...
El Dios Ibero
Pablo Neruda
O´HIGGINS, para celebrarte a media luz hay que alumbrar la sala. A media luz del sur en otoño con temblor infinito de álamos. Eres Chile, entre patriarca y huaso, eres un poncho de provincia, un niño que no sabe su nombre todavía, un niño férreo y t...
Bernardo O'Higgins Riquelme (1810)
Amado Nervo
¿Mi secreto? ¡Es tan triste! Estoy perdido de amores por un ser desaparecido, por un alma liberta, que diez años fue mía, y que se ha ido... ¿Mi secreto? Te lo diré al oído: ¡Estoy enamorado de una muerta! ¿Comprendes -tú que buscas los visibles transportes, las reales, las tangibles caricias de la hembra, que se plas...
Mi secreto
José Martí
Tú flotas sobre todo, Hijo del alma! De la revuelta noche Las oleadas, En mi seno desnudo Déjante el alba; Y del día la espuma Turbia y amarga, De la noche revueltas Te echan las aguas. Guardancillo magnánimo, La no cerrada Puerta de mi hondo espíritu Amante guardas; Y si en la sombra ocultas Búscanme a...
Hijo del alma
Jorge Luis Borges
Tú cuya carne, hoy dispersión y polvo, pesó como la nuestra sobre la tierra, tú cuyos ojos vieron el sol, esa famosa estrella, tú que viniste no en el rígido ayer sino en el incesante presente, en el último punto y ápice vertiginoso del tiempo, tú que en tu monasterio fuiste llamado por la antigua voz de la épica, tú ...
A un poeta sajón
Antonio Machado
Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza. Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. una de las dos Españas ha de helarte el corazón.
Españolito que vienes al mundo
Luis Benítez
Dame un poema de hierro que restalle sobre las vacías cabezas y una mano firme en la muesca de la antorcha, un poema de sangre y de huesos impacientes y la pluma de carne firmando sentencias en las culposas mentes de los jinetes locos; que convierta en sal a los cobardes, un poema de hierro oxidado y torvo pateando e...
El poema de hierro
Federico García Lorca
La Carmen está bailando por las calles de Sevilla. Tiene blancos los cabellos y brillantes las pupilas. ¡Niñas, corred las cortinas! En su cabeza se enrosca una serpiente amarilla, y va soñando en el baile con galanes de otros días. ¡Niñas, corred las cortinas! Las calles están desiertas y en los fondos s...
Baile
Luis Cernuda
Estar cansado tiene plumas, tiene plumas graciosas como un loro, plumas que desde luego nunca vuelan, mas balbucean igual que loro. Estoy cansado de las casas, prontamente en ruinas sin un gesto; estoy cansado de las cosas, con un latir de seda vueltas luego de espaldas. Estoy cansado de estar vivo, aunque má...
Estoy cansado
Manuel Acuña
I Mañana que ya no puedan encontrarse nuestros ojos, y que vivamos ausentes, muy lejos uno del otro, que te hable de mí este libro como de ti me habla todo. II Cada hoja es un recuerdo tan triste como tierno de que hubo sobre ese árbol un cielo y un amor; reunidas forman todas el cant...
HOJAS SECAS
Francisco de Quevedo
En el precio, el favor; y la ventura, venal; el oro, pálido tirano; el erario, sacrílego y profano; con togas, la codicia y la locura; en delitos, patíbulo la altura; más suficiente el más soberbio y vano; en opresión, el sufrimiento humano; en desprecio, la sciencia y la cordura, promesas son, ¡oh Roma!, dolo...
Las causas de la ruina del imperio romano
Gustavo Adolfo Bécquer
Tú eras el huracán, y yo la alta torre que desafía su poder. ¡Tenías que estrellarte o que abatirme...! ¡No pudo ser! Tú eras el océano; y yo la enhiesta roca que firme aguarda su vaivén. ¡Tenías que romperte o que arrancarme...! ¡No pudo ser! Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados uno a arrollar, el otro a no ...
Rima XLI
Francisco de Quevedo
Dichoso tú, que alegre en tu cabaña, Mozo y viejo espiraste la aura pura, Y te sirven de cuna y sepultura, De paja el techo, el suelo de espadaña. En esa soledad que libre baña Callado Sol con lumbre más segura, La vida al día más espacio dura, Y la hora sin voz te desengaña. No cuentas por los Cónsules los añ...
A un amigo que retirado de la Corte pasó su edad
Roxana Popelka
¡Qué cabrón era Mick! Decía que no quería acostarse conmigo porque estaba gorda. No estaba gorda, Mick, estaba embarazada.
Sinceridad
Leopoldo María Panero
Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma lanzando gritos y bromeando acerca de la vida: y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre cómo se balancean los trapecios. Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma contentos de que esté tan vacía. Y oigo...
EL CIRCO
Álvaro García
4 Algo hace quien pasa de una luz a menos claridad, quien surca oscuro el transitar del aire a menos aire. Quien se encomienda a algún anochecer. Quien trata realidades con el nombre que en la noche, sin más, le sale al paso. Quien vive en transición. A cada paso se insinúa el instante de una luz de la que nadi...
Caída
Ramón López Velarde
¡Ay de Dios, que tu palabra me tiene embrujada el alma! mi lírica adolescencia y tu existencia gitana se dicen en la ventana cosas de amor y buenaventura en estas noches lluviosas. Juran por Cristo, venerables dueñas, que quien llora en el vientre de la madre conoce del futuro; tú gemiste antes de que nacieras, y po...
TU VOZ PROFÉTICA
José Gautier Benítez
Cuando no reste ya ni un solo grano de mi existencia en el reloj de arena, al conducir mi gélido cadáver, no olvidéis esta súplica postrera: no lo encerréis en los angostos nichos que llenan la pared formando hileras, que en la lóbrega, angosta galería jamás el sol de mi país penetra. El campo recorred del cementer...
A MIS AMIGOS
Mario Benedetti
me jode confesarlo pero la vida es también un bandoneón hay quien sostiene que lo toca dios pero yo estoy seguro que es troilo ya que dios apenas toca el arpa y mal fuere quien fuere lo cierto es que nos estira en un solo ademán purísimo y luego nos reduce de a poco a casi nada ...
Bandoneón
Pedro Luis Menéndez
A través de los astures fluye el río Melsos; un poco más lejos está la ciudad de Noega, y después, muy cerca de ella, un abra del océano que señala la separación entre los astures y los cántabros. Estrabón Entre el litoral de los astures se halla la ciudad de Noega y tres altares llamados Aras Sestianas, consagradas a...
Canto de los sacerdotes de Noega
Rubén Darío
Cómo era el instante, dígalo la musa que las dichas trae, que las penas lleva: la tristeza pasa, velada y confusa; la alegría, rosas y azahares nieva. Era en un amable nido de soltero, de risas y versos, de placer sonoro; era un inspirado cada caballero, de sueños azules y vino de oro. Un rubio decía frases se...
Garconniere
Rubén Darío
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar maña...
Lo fatal
Pablo Neruda
ESTE presente liso como una tabla, fresco, esta hora, este día limpio como una copa nueva —del pasado no hay una telaraña—, tocamos con los dedos el presente, cortamos su medida, dirigimos su brote, está viviente, vivo, nada tiene de ayer irremediable, de pasado perdido, es nuestra criatura, está creciendo en este mome...
Oda al presente
Ismael Enrique Arciniegas
Al distinguido poeta mejicano Justo Sierra. Al porvenir con paso giganteo Avanza ¡oh Juventud! ¡Sonó la hora! Potente, de la sombra enervadora, El pensamiento se alza como Anteo. Los dioses ya se van, y erguirse veo La Ciencia en sus altares vencedora. ¡Ya irradia en las tinieblas luz de aurora! ¡Ya rompe sus caden...
EN MARCHA
Leopoldo Lugones
Al rendirse tu intacta adolescencia, emergió, con ingenuo desaliño, tu delicado cuello, del corpiño anchamente floreado. En la opulencia, del salón solitario, mi cariño te brindaba su equívoca indulgencia sintiendo muy cercana la presencia del duende familiar, rosa y armiño. Como una cinta de cambiante faya, tendía...
EL ASTRO PROPICIO
Manuel Machado
Ya están ambos a diestra del Padre deseado, los dos santos varones, el chantre y el cantado, el Grant Santo Domingo de Silos venerado y el Maestre Gonzalo de Berceo nommado. Yo veo al Santo como en la sabida prosa fecha en nombre de Christo y de la Gloriosa: la color amariella, la marcha fatigosa, el cabello tirado,...
RETABLO
Pablo Neruda
Cien sonetos de amor Plena mujer, manzana carnal, luna caliente, espeso aroma de algas, lodo y luz machacados, qué oscura claridad se abre entre tus columnas? Qué antigua noche el hombre toca con sus sentidos? Ay, amar es un viaje con agua y con estrellas, con aire ahogado y bruscas tempestades de harina: amar e...
Cien sonetos de amor
Ángeles Carbajal
Fue corto el viaje: un instante, una eternidad, un mundo; la vida entera. Alguien me acompañaba y se alejó después. En soledad, no pude soportar aquella dulce tierra prometida, y como alma que lleva el diablo, hui.
La tierra prometida
Ezequiel Martínez Estrada
Miro tus ojos cansados tu faz que agostó la vida; miro la nieve caída en tus cabellos dorados. Eres la misma que fuiste, toda tú en manos y cara. Antes Noemí y ahora Mara, la misma, mucho más triste. Te ves como en un espejo en mi mirada cansada, y piensas, sin decir nada, que yo también estoy viejo. Si no paz, y ...
MIRO TUS OJOS
Fa Claes
Leo filosofía, un pavo disecado, la enfermedad de lujo, teorizante con un chorro de ron, vanidad con una gota de nata, el gusto una lengua gorda. ¿Qué es verdad de toda esta bien revuelta prueba rociada con salsa? No superas la estructura, no pasarás de unos ismos; en mi cinturón, diez cabecitas del tamaño de un puño...
De puertas adentro
César Vallejo
Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla; desclava mi tensión nerviosa y mi dolor... Desclava, amada eterna, mi largo afán y los dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor! Regreso del desierto donde he caído mucho; retira la cicuta y obséquiame tus vinos: espanta con un llanto de amor a mis sicarios, cuyos ges...
Nervazón de angustia
Ismael Enrique Arciniegas
Llegaron mis amigos de colegio Y absortos vieron mi cadáver frío; «¡Pobre!» exclamaron, y salieron todos... Ninguno de ellos un adiós me dijo. Todos me abandonaron. En silencio Fui conducido al último recinto; Ninguno dio un suspiro al que partía, Ninguno al cementerio fue conmigo. ¡Cerró el sepulturero mi sepulcro...
DELIRIUM TREMENS
en español
Wowww!!! ¡ ¡Qué rápido se nos va un año! El tiempo pasa volando y no nos damos cuenta. Ayer era otro año pero hoy es otro, aunque no parece haber ninguna diferencia, pero hoy es Año Nuevo. ¿Y qué tiene hoy de diferente? Nada, todo sigue igual, el mismo sol, los días iguales, el mismo aire, el mismo ambiente, la mi...
Año nuevo: 1 de enero
José María Hinojosa
Una gota de agua, engendra un sol, sobre las hojas del pegujal, después de la rociada. Una gota de agua, qué poco es y qué pronto se acaba.
ELEGÍA DEL ROCÍO
Delfina Acosta
Que no sea en otoño, ni en verano. Yo querría que fuese en primavera; dará setiembre entonces sus primicias y los jazmines abrirán las rejas. Caerán besos de adiós en mis mejillas. Mis ojos como lágrimas abiertas se cerrarán en boca de mi amado. ¡ Que no será velorio, sino fiesta ! Un tocador con mar confeccionado ha...
Boda patética
Rubén Izaguirre Fiallos
Era un pequeño Tiburón asilado en este océano de concreto, que respiró nuestro aire y ya no vivió. Nadó panza arriba hacia el cielo, fue a encontrarse con Dios antes que nosotros. Imagínatelo, ahora mismo está contándole sus experiencias, dándole gracias por las aletas. Pero su muerte me pareció tan triste: él, amo y...
Un pez de Ramón murió
César Vallejo
¡Y si después de tántas palabras, no sobrevive la palabra! ¡Si después de las alas de los pájaros, no sobrevive el pájaro parado! ¡Más valdría, en verdad, que se lo coman todo y acabemos! ¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte! ¡Levantarse del cielo hacia la tierra por sus propios desastres y espiar el mo...
Y si después de tantas palabras...
Alfredo Lavergne
¿ Qué somos... La autobiografía de América Su memoria institucional La palabra de sus chozas O el discurso del abrazo electrónico?. Con el olvido que me es permitido No sé cuanto llovió anoche Ni los meses que nevó este año en tu país O la razón de la sequía de la tierra que no he leído O si mis sentidos y los actos so...
Y de la vida. Y de la muerte
Gonzalo Rojas
Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho, lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces, cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento como una arteria más entre mis sienes y mi almohada. Es él. Está lloviendo. Es él. Mi padre viene mo...
CARBÓN
Carmen Conde Abellán
Para nacerte otra vez, quiero que vayas delante de mis pasos por la tierra, que, aunque pequeña, es muy grande. Aquí estás acompañada con mi presencia diaria, pero huérfana de ti yo sería, si quedaras. Por esto quiero que andes, pasito a pasito paso, delante y siempre delante, sin prisas y sin descanso. Así, cuand...
PARTO DE LA MUERTE OTRA
Belén Reyes
A Amparitxu, a Gabriel. Yo sé que es vida esto que se mueve entre estas venas rotas y cansadas. No hay célula que tienda a resistirse. No quiero ser inmune a nadie, a nada. Yo sé, porque me duele cuando escribo, que Amparitxu se acuerda de Celaya. La poesía es un arma cargada de mercurio, a casi todo el mundo se le...
LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE MERCURIO
Pablo Neruda
Ayer sentí que la oda no subía del suelo. Era hora, debía por lo menos mostrar una hoja verde. Rasqué la tierra: “Sube, hermana oda -le dije- te tengo prometida, no me tengas miedo, no voy a triturarte, oda de cuatro hojas, oda de cuatro manos, tomarás té conmigo. Sube, te voy a coronar entre las odas, saldremos juntos...
Oda a la pereza
Santiago Montobbio
Crepusculaba amenazas y con fingidos jazmines carne daba a miserias o batallas por conseguir ponerse nombre a través de papeles o misterios sepultados: cinturas con livianas mordeduras de hambre, martillos, rojos, clavados adioses y ojos con demasiadas tortugas como para ser fotografiados: crepusculaba, del cielo preci...
Vuelta
Nicanor Parra
A recorrer me dediqué esta tarde Las solitarias calles de mi aldea Acompañado por el buen crepúsculo Que es el único amigo que me queda. Todo está como entonces, el otoño Y su difusa lámpara de niebla, Sólo que el tiempo lo ha invadido todo Con su pálido manto de tristeza. Nunca pensé, creédmelo, un instante Volver a...
HAY UN DÍA FELIZ
César Vallejo
Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París ?y no me corro? tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. Jueves será, porque hoy, jueves, que proso estos versos, los húmeros me he puesto a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, con todo mi camino, a verme solo. Césa...
Piedra negra sobre una piedra blanca
Pablo Neruda
Cien sonetos de amor Por las montañas vas como viene la brisa o la corriente brusca que baja de la nieve o bien tu cabellera palpitante confirma los altos ornamentos del sol en la espesura. Toda la luz del Cáucaso cae sobre tu cuerpo como en una pequeña vasija interminable en que el agua se cambia de vestido y d...
Cien sonetos de amor
Juan Meléndez Valdés
¡Qué ardor hierve en mis venas! ¡Qué embriaguez! ¡Qué delicia! ¡Y en qué fragante aroma se inunda el alma mía! Éste es de Amor un templo: doquier torno la vista mil gratas muestras hallo del numen que lo habita. Aquí el luciente espejo y el tocador, do unidas con el placer las Gracias se esmeran en servirla, y do ...
EL GABINETE
Mario Benedetti
Un perro ladra en la tormenta y su aullido me alcanza entre relámpagos y al son de los postigos en la lluvia yo sé lo qu convoca noche adentro esa clamante voz en la casona tal vez deshabitada dice sumariamente el desconcierto la soledad sin vueltas un miedo irracional que...
Tormenta
Nicomedes Santa Cruz
A Hugo Guerrero Marthineitz. Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia. Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor. Tú viajaste a Nueva York Con visa en Bab-el-Mandeb, Yo mi Trópico crucé De Abisinia a las Antillas. Soy como ustedes semillas. Son un grano de café. En los tiempos coloniales Tú me viste en la ...
EL CAFÉ
Paz Díez Taboada
Insistiré en la rosa y su perfume. En la blanca cerúlea y en la roja de sangre, en la que abre sus pétalos como estrella agresiva y en la que, replegada, se arropa en su misterio. Insistiré en el fuego de la rosa, en su tallo bordado por uñas turbulentas y en sus llamas alzadas contra el día, revestidas de un suav...
Retorno
Gustavo Adolfo Bécquer
Los invisibles átomos del aire en derredor palpitan y se inflaman, el cielo se deshace en rayos de oro, la tierra se estremece alborozada. Oigo flotando en olas de armonías, rumor de besos y batir de alas; mis párpados se cierran... ?¿Qué sucede? ¿Dime? ?¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!
Rima X
Julio Flórez Roa
En lo más abrupto y alto de un gran peñón de basalto, detuvo un águila el vuelo: miró hacia arriba, hacia arriba, y se quedó pensativa al ver que el azul del cielo siempre alejándose iba. Escrutó la enorme altura y, con intensa amargura, sintió cansancio en las alas. (En la glacial lejanía el sol moría, moría entre ...
POR QUÉ SE MATÓ SILVA
Manuel Acuña
—«¿Por qué te miro así tan abatida, pobre flor? ¿En dónde están las galas de tu vida y el color? »Dime, ¿por qué tan triste te consumes, dulce bien?» —«¿Quién?, ¡el delirio devorante y loco de un amor, que me fue consumiendo poco a poco de dolor! Porque amando con toda la ternura de la fe, a mí no quiso amarme la cr...
POBRE FLOR
José Ángel Buesa
La gracia de tu rama verdecida ANTONIO MACHADO Árbol, buen árbol, que tras la borrasca te erguiste en desnudez y desaliento, sobre una gran alfombra de hojarasca que removía indiferente el viento... Hoy he visto en tus ramas la primera hoja verde, mojada de rocío, como un regalo de la primavera, buen árbol del est...
POEMA DEL ÁRBOL
Luis Benítez
¡Oh! Trae el vino negro, que lleva su bosque, la tierra con muertos y vírgenes cegadoras en un caudal desesperado hasta mi boca, él mezcla la sangre y el semen del hombre para darle un hijo de mirada turbia. Quiero los ojos de fuego y de mareas, que no dejan entrar la muerte a mis palabras, pero me acercan con alas de...
¡Oh! Trae el vino negro
Lope de Vega
Dormido Manzanares discurría en blanda cama de menuda arena, coronado de juncia y de verbena, que entre las verdes alamedas cría; cuando la bella pastorcilla mía, tan sirena de Amor como serena, sentada y sola en la ribera amena, tanto cuanto lavaba nieve hacía. Pedíle yo que el cuello me lavase, y ella sacando el ...
TÚRBASE EL POETA DE VERSE FAVORECIDO
Fernando de Herrera
Subo con tan gran peso quebrantado por esta alta, empinada, aguda sierra, que aun no llego a la cumbre cuando yerra el pie y trabuco al fondo despeñado. Del golpe y de la carga maltratado, me alzo a pena y a mi antigua guerra vuelvo ¿mas qué me vale? Que la tierra mesma me falta al curso acostumbrado. Pero aunque e...
Subo con tan gran peso
César Vallejo
Verano, ya me voy. Y me dan pena las manitas sumisas de tus tardes. Llegas devotamente; llegas viejo; y ya no encontrarás en mi alma a nadie. Verano! Y pasarás por mis balcones con gran rosario de amatistas y oros, como un obispo triste que llegara de lejos a buscar y bendecir los rotos aros de unos muertos novios. Ve...
Verano
Pablo Neruda
Cien sonetos de amor De tanto amor mi vida se tiñó de violeta y fui de rumbo en rumbo como las aves ciegas hasta llegar a tu ventana, amiga mía: tú sentiste un rumor de corazón quebrado y allí de la tinieblas me levanté a tu pecho, sin ser y sin saber fui a la torre del trigo, surgí para vivir entre tus manos, ...
Cien sonetos de amor
Juan Ramón Jiménez
¡Qué hueco tan robado el de este vano cielo que nada al alma pone, ni nada quita al cuerpo!
ZINC
Luis de Góngora
Consagróse el seráfico Mendoza, Gran dueño mío, y con invidia deja Al bordón flaco, a la capilla vieja, Báculo tan galán, mitra tan moza. Pastor que una Granada es vuestra choza, Y cada grano suyo vuestra oveja, Pues cada lengua acusa, cada oreja, La sal que busca, el silbo que no goza, Sílbelas desde allá vuestro ...
A DON FRAY PEDRO GONZÁLEZ DE MENDOZA Y SILVA
Gabriela Mistral
I Ruth moabita a espigar va a las eras, aunque no tiene ni un campo mezquino. Piensa que es Dios dueño de las praderas y que ella espiga en un predio divino. El sol caldeo su espalda acuchilla, baña terrible su dorso inclinado; arde de fiebre su leve mejilla, y la fatiga le rinde el costado. Booz se ha sentad...
Ruth
Francisco de Quevedo
La Morena que yo adoro Y más que a mi vida quiero, En Verano toma el acero Y en todos tiempos el oro. Opilóse, en conclusión, Y levantóse a tomar Acero para gastar Mi hacienda y su opilación. La cuesta de mi bolsón Sube, y nunca menos cuesta; Mala enfermedad es ésta, Si la ingrata que yo adoro Y más que mi...
Letrilla satírica
Gustavo Pereira
La muerte debe ser vencida La miseria echada Que haya pájaros en cada pecho.
CARTEL DE LA ALEGRÍA
Juan Ramón Mansilla
(en su último retorno a Europa, 1911) Todo está en el mismo sitio, similar, nuevo, atrapado con deslumbre de albor, con claridad desconcertante, un viajero solo en cubierta frasea notas truncadas con motivos de espuma. Un sanatorio en Viena, la voz alta de quien ya no oye nada, a proa la extinción, la renuncia, el fin...
Retrato de Gustav Mahler
Delfina Acosta
Hablemos de poesía. Se me ocurre que Dios no sabe sus palabras tristes. Y yo tampoco sé por qué las tardes en sus lejanos ojos se hacen grises o sus primeros versos callan distraídos en el instante de morir un cisne. Decir la mar es pronunciar poesía. Decir poesía es no sé qué mentirse. Ella soplando el corazón del h...
Poeta
Miguel de Unamuno
Si tú y yo, Teresa mía, nunca nos hubiéramos visto, nos hubiéramos muerto sin saberlo: no habríamos vivido. Tu sabes que morirse, vida mía, pero tienes sentido de que vives en mí, y viva aguardas que a ti torne yo vivo. Por el amor supimos de la muerte; por el amor supimos que se muere; sabemos que se vive cuando lleg...
Si tú y yo, Teresa mía, nunca...
Mario Meléndez
Hembra continental vestida para un viaje sin palabras la sombra del espejo donde mueren las miradas se parece a ti tiene las mismas grietas esparcidas en un mar amargo la misma historia adolorida en el balcón donde la raza asoma Oye a los jinetes adherirse al gran imán de los recuerdos siente a la manada desgarrar las ...
Guacolda
Luis Gonzaga Urbina
Yo tenía una sola ilusión: era un manso pensamiento: el río que ve próximo el mar y quisiera un instante convertirse en remanso y dormir a la sombra de algún viejo palmar. Y decía mi alma: turbia voy y me canso de correr las llanuras y los diques saltar; ya pasó la tormenta; necesito descanso, ser azul como antes y,...
NUESTRAS VIDAS SON LOS RÍOS
Pablo Neruda
Del centro puro que los ruidos nunca atravesaron, de la intacta cera, salen claros relámpagos lineales, palomas con destino de volutas, hacia tardías calles con olor a sombra y a pescado. Son las venas del apio! Son la espuma, la risa, los sombreros del apio! Son los signos del apio, su sabor de luciérnaga, sus mapas ...
Apogeo del apio
Hilario Barrero
Un rayo destruyó la esfera en que te apoyas, sólo queda la base por donde juegan niños que no te conocieron y meditan lagartos prisioneros de plomo. El campus, a finales de curso, es un río de cuerpos que con el torso herido estudian en el césped luminoso. Pasan cometas tristes suspendidas de lluvia y pájaros...
Foto en la universidad de Columbia
Justo Braga
El también te esperaba desde diciembre. Harto como estaba de tu ausencia se fue con mujeres malas, -casi todas de derechas-. Anduvo en todas las pesquisas policiales. Delincuente común, intransigente, ladrón de aves submarinas y de besos se hizo un ser solitario, huidizo. Dejaba como estela unos labios sutiles y el ec...
Nada
Javier Alvarado
Panamá en esta calle y en este tiempo que nos falta, Antes de mis días y mis noches (Y del poema) fluctuando entre los lirios como el agua, Con sus gruesas murallas y sus edificios Que le dan color de tacto a los espejos, A las criaturas del mar que se advienen a mi fondo, A mi lámpara de niño y a mi mano afiebrada d...
Panamá, ya sea en el Pacífico o en el Atlántico
Gustavo Pereira
Aunque parezca cierto Quienes mandan aquí no son las vacas.
A LOS DE OTROS PLANETAS
Bartolomé Leonardo de Argensola
Viéndose en un fiel cristal ya antigua Lice, y que el arte no hallaba en su rostro parte sin estrago natural, dijo: «Hermosura mortal, pues que su origen lo fue, aunque el mismo Amor le dé sus flechas para rendir, viva obligada a morir, pero a envejecer, ¿por qué?»
VIENDOSE EN UN FIEL CRISTAL
Pablo Neruda
Dentro de ti tu edad creciendo, dentro de mí mi edad andando. El tiempo es decidido, no suena su campana, se acrecienta, camina, por dentro de nosotros, aparece como un agua profunda en la mirada y junto a las castañas quemadas de tus ojos una brizna, la huella de un minúsculo rio, una estrellita seca ascendiendo a tu ...
Oda al tiempo
Roque Dalton
Un hombre sale al patio trasero de su casa (ahí no llega nunca el duro viento del otoño) tiene en sus manos una pequeña copa de aguardiente y se mesa con cariño el cabello aquí las canas del hambre aquí las de aquel día en que fue héroe entre miles de héroes aquí las huellas del asco las señales de quien tocó con d...
50 ANIVERSARIO
José Ángel Buesa
Gota del mar donde en naufragio lento se hunde el navío negro de una pena; gota que, rebosando, nubla y llena los ojos olvidados del contento. Grito hecho perla por el desaliento de saber que si llega a un alma ajena, ésta, sin escucharlo, le condena por vergonzoso heraldo del tormento. Piedad para esa gota, que es...
A UNA LÁGRIMA
Infantiles
La maestra era pura. «Los suaves hortelanos», decía, «de este predio, que es predio de Jesús, han de conservar puros los ojos y las manos, guardar claros sus óleos, para dar clara luz». La maestra era pobre. Su reino no es humano. (Así en el doloroso sembrador de Israel.) Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano y era...
La maestra rural
Víctor Botas
Ante estas piedras súbitas mojadas por los siglos los hisopos y también por la lluvia me parece escuchar voces muertas cánticos gregorianos la fatiga- da tos de los canteros.
Catedral
Justo Braga
Bulle en mis entrañas un suceso reciente. Debe de ser Eloísa cultivando su conciencia. De vez en cuando recuerdo las marismas, el agua salada, el sol quemándome la espalda. Eloísa está leyendo, tumbada en la arena, ya digo, cultivando su conciencia. Boca arriba. Las piernas abiertas. Desnuda. Sudorosa. Coqueta. Enfre...
Tus entrañas
Ramón López Velarde
Yo te digo: «Alma mía, tú saliste con vestido nupcial de la plomiza eternidad, como saldría una ala del nimbus que se eriza de rayos; y una mañana has de volver al metálico nimbus, llevando, entre tus velos virginales, mi ánima impoluta y mi cuerpo sin males». Mas mi labio, que osa decir palabras de inmortalidad, se ...
UN LACÓNICO GRITO
Melchor de Palau
SONETO Quien desea encontrar substancia pura nunca la busca en el revuelto cieno, ni en el hierro en fusión, de escorias lleno, sino bajo una armónica figura. En cristales de mágica tersura, que claro muestran de la forma el freno, cual hija predilecta de su seno, nos la brinda la próvida Natura. También del verbo l...
La forma poética
Ana Rossetti
Keats A Ocaña Era esta vez el fuego. Esta vez cresta azul, creciente e inflamada, dilatado ropaje erizado de picas, suave lengua. Todo es pronto arrugado papel. Arrugado papel, cuerpo. Vestido, antes resplandeciente, yesca ahora. Antes fiesta, grito de horror apenas un instante. Y la estallante palma, que en la tela...
QUE PUEDO MORIR UNA MUERTE DE LUJOS
Manuel María Flores
Alegre y sola en el recodo blando que forma entre los árboles el río al fresco abrigo del ramaje umbrío se está la niña de mi amor bañando. Traviesa con las ondas jugueteando el busto saca del remanso frío, y ríe y salpica el glacial rocío el blanco seno, de rubor temblando. Al verla tan hermosa, entre el follaje e...
EN EL BAÑO
Nimia Vicéns
Cae del aire la flor Tan leve amada de ese trémulo espacio donde viaja su huella deslizando aroma de su imagen al amor... Un pedazo de cielo y una rama... Nada más cayó al aire la flor. ¡Qué solos nos quedamos sobre el mundo mi corazón y yo!
CUANDO UNA MUJER SOLA, MIRA UNA FLOR CAER
María Eugenia Caseiro
Las ventanas se apagarán un día; hagamos cuenta que hasta aquí lo habías previsto, lo había previsto polvo polvo el polvo lunijunto de barrancos blancos palacios de hueso cal y arena que se mueven prolongado flujo esperándote, esperándome esperándonos.
Esperar
Pablo Neruda
Dejo en la nave de la rosa la desición del herbolario: si la estima por su virtud o por la herida del aroma: si es intacta como la quiere o rígida como una muerta. LA breve nave no dirá cuál es la muerte que prefiere: si con la proa enarbolada frente a su fuego victorioso ardiendo con todas las velas de la hermosura a...
La rosa del herbolario