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Vicente Aleixandre
La cobra toda ojos, bulto echado la tarde (baja, nube), bulto entre hojas secas, rodeada de corazones de súbito parados. Relojes como pulsos en los árboles quietos son pájaros cuyas gargantas cuelgan, besos amables a la cobra baja cuya piel es sedosa o fría o estéril. Cobra sobre cristal, chirriante como navaja fre...
COBRA
Juan Ramón Jiménez
La muerte es el reposo, del día de la vida; para que despertemos descansados en el día total del infinito.
La muerte es el reposo
Manuel Altolaguirre
¡Qué sola estabas por dentro! Cuando me asomé a tus labios un rojo túnel de sangre, oscuro y triste, se hundía hasta el final de tu alma. Cuando penetró mi beso, su calor y su luz daban temblores y sobresaltos a tu carne sorprendida. Desde entonces los caminos que conducen a tu alma no quieres que estén desiertos....
BESO
Mario Benedetti
La mujer que tiene los pies hermosos nunca podrá ser fea mansa suele subirle la belleza por totillos pantorrillas y muslos demorarse en el pubis que siempre ha estado más allá de todo canon rodear el ombligo como a uno de esos timbres que si se les presiona tocan para elisa reivindicar los lúbricos pezones a la espera ...
Pies hermosos
Francisco de Quevedo
Las fuerzas, Peregrino celebrado, afrentará del tiempo y del olvido el libro que, por tuyo, ha merecido ser del uno y del otro respetado. Con lazos de oro y yedra acompañado, el laurel con tu frente está corrido de ver que tus escritos han podido hacer cortos los premios que te ha dado. La invidia su verdugo y...
A Lope de Vega
Amado Nervo
El mal, que en sus recursos es proficuo, jamás en vil parodia tuvo empachos: Mefistófeles es un cristo oblicuo que lleva retorcidos los mostachos. Y tú, que eres unciosa como un ruego y sin mácula y simple como un nardo, tienes trágica crin dorada a fuego y amarillas pupilas de leopardo.
A una francesa
Francisco de Quevedo
Después que te conocí, Todas las cosas me sobran: El Sol para tener día, Abril para tener rosas. Por mi bien pueden tomar Otro oficio las Auroras, Que yo conozco una luz Que sabe amanecer sombras. Bien puede buscar la noche Quien sus Estrellas conozca, Que para mi Astrología Ya son oscuras y pocas. Gaste e...
Halla en la causa de su amor todos los bienes
Pablo Neruda
De pie como un cerezo sin cáscara ni flores, especial, encendido, con venas y saliva, y dedos y testículos, miro una niña de papel y luna, horizontal, temblando y respirando y blanca y sus pezones como dos cifras separadas, y la rosal reunión de sus piernas en donde su sexo de pestañas nocturnas parpadea. Pálido, desb...
Material nupcial
Juan Luis Panero
Éste es el corrido del caballo blanco que en un día domingo feliz arrancara. José Alfredo Jiménez Sólo bajó del tren, atravesó solo la ciudad desierta, solo entró en el hotel vacío, abrió su solitaria habitación y escuchó con asombro el silencio. Dicen que descolgó el teléfono para llamar a alguien, pero es falso, ...
A LA MAÑANA SIGUIENTE
Amado Nervo
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:...
En paz
Federico García Lorca
Nadie comprendía el perfume de la oscura magnolia de tu vientre. Nadie sabía que martirizabas un colibrí de amor entre los dientes. Mil caballitos persas se dormían en la plaza con luna de tu frente, mientras que yo enlazaba cuatro noches tu cintura, enemiga de la nieve. Entre yeso y jazmines, tu mirada era u...
Gacela del amor imprevisto
Baldomero Fernández Moreno
—«La torre, madre, más alta es la torre de aquel pueblo, la torre de aquella iglesia hunde su cruz en el cielo. »Dime, madre, ¿hay otra torre más alta en el mundo entero?» —«Esa torre sólo es alta, hijo mío, en tu recuerdo».
LA TORRE MÁS ALTA
Francisco Álvarez
¿No me ves sumergida en el silencio, y amordazada en soledad y olvido? Al pasar por la sombra de mi vida, dame la mano y llévame contigo. Te esperé tantos años sin saberlo, perdida dentro de mi laberinto… ahora que me has abierto la salida, dame la mano y llévame contigo. No quiero abrir el libro del pasado, porque...
LLÉVAME CONTIGO
Ángel García Aller
De una carta sin fecha a César Vallejo Olvidaba decirte que madre sigue repartiendo cada tarde, en la sala de arriba, aquellas hostias de tiempo con que pretendíamos saciar el hambre de los siglos y aliviar la resaca de todo lo sufrido. Tú ya sabes: los noes, los síes, los todavías pronunciados al borde de la duda; el...
Posdata para prevenir la noche
Toni García Arias
Esta blanca noche de verano se desvanece lentamente hacia la nada; se desvanece y ya no volverá a ser nunca. Apenas el recuerdo podrá derribar una puerta, esculpir un espejo de sombras sobre el que dibujar -equivocadamente- tu rostro y tus manos, el acantilado aquel donde nos hicimos mar, el preciso instante en que, j...
Juventud
Luis de Góngora
Ser pudiera tu pira levantada, De aromátcos leños construida, Oh Fénix en la muerte, si en la vida Ave, aun no de sus pies desengañada. Muere en quietud dichosa y consolada A la región asciende esclarecida, Pues de más ojos que desvanecida Tu pluma fue, tu muerte es hoy llorada. Purificó el cuchillo, en vez de llam...
AL MISMO
Federico García Lorca
Sevilla es una torre llena de arqueros finos. Sevilla para herir. Córdoba para morir. Una ciudad que acecha largos ritmos, y los enrosca como laberintos. Como tallos de parra encendidos. ¡Sevilla para herir! Bajo el arco del cielo, sobre su llano limpio, dispara la constante saeta de su río. ¡Córdoba pa...
Poema de la saeta: Sevilla
Pedro Luis Menéndez
Oh tú que das vuelta a la rueda y miras a barlovento. T.S. Eliot Más allá de la torre que siempre se agrietaba ante tantos impulsos tan diversos carne de ciudades leídas una a una Jerusalén Lisboa Alejandría París Contra los muros de Jericó se debaten los muchachos en manos de la es...
Segundo canto de la ciudad
Jesús Hilario Tundidor
María Teresa, ahora vira el viento, viene el viento, zumba en mi frente, trae sólo sonora soledad rumba sonora, mísera materia del olvido, y bisbisea, abre la urna del corazón, irrumpe lento, ciego, como si fuese un silbo solo o como una sola luz gastada. Crece. Luz recobrada fluye, choca, tumba el presente, hace pur...
VIENTO DE OCTUBRE
Pablo Neruda
Cien sonetos de amor Al golpe de la ola contra la piedra indócil la claridad estalla y establece su rosa y el círculo del mar se reduce a un racimo, a una sola gota de sal azul que cae. Oh radiante magnolia desatada en la espuma, magnética viajera cuya muerte florece y eternamente vuelve a ser y a no ser nada: ...
Cien sonetos de amor
Dionisio Ridruejo
Y resbaló el amor estremecido por las mudas orillas de tu ausencia. La noche se hizo cuerpo de tu esencia y el campo abierto se plegó vencido. Un ayer de tus labios en mi oído, una huella sonora, una cadencia, hizo flor de latidos tu presencia en el último borde del olvido. Viniste sobre un aire de amapolas. Como s...
MEMORIA
Luis Palés Matos
Tuntún de pasa y grifería y otros parejeros tuntunes. Bochinche de ñañiguería donde sus cálidos betunes funde la congada bravía. Con cacareo de maraca y sordo gruñido de gongo, el telón isleño destaca una aristocracia macaca a base de funche y mondongo. Al solemne papalúa haitiano opone la rumba habanera sus esguin...
PRELUDIO EN BORICUA
Pedro Salinas
Sí. Cuando quiera yo la soltaré. Está presa, aquí arriba, invisible. Yo la veo en su claro castillo de cristal, y la vigilan —cien mil lanzas— los rayos —cien mil rayos— del sol. Pero de noche, cerradas las ventanas para que no la vean —guiñadoras espías— las estrellas, la soltaré. (Apretar un botón.) Caerá toda de a...
35 BUJÍAS
José Ángel Buesa
I No, nada llega tarde, porque todas las cosas tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas; sólo que, a diferencia de la espiga y la flor, cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor. No, amor no llegas tarde. Tu corazón y el mío saben secretamente que no hay amor tardío. Amor, a cualquier h...
BALADA DEL LOCO AMOR
José Ángel Valente
Debo morir. Y sin embargo, nada muere, porque nada tiene fe suficiente para poder morir. No muere el día, pasa; ni una rosa, se apaga; resbala el sol, no muere. Sólo yo que he tocado el sol, la rosa, el día. y he creído, soy capaz de morir.
CONSIENTO
amistad
Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino. Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar, mas otras apenas vemos entre un paso y otro. A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos. Tal vez cada hoja de un ár...
El árbol de los amigos
Luis Benítez
Estaba solo entre las cosas como una estrella única en el cielo y un muerto en el centro de la tierra. A su alrededor los hombres traficaban collares de alambre y la vida elevaba su babel, como una araña exacta y silenciosa. Años y años; los hilos de las estaciones lo ataban a sus nudos con la soga de la muerte mientr...
Hombre masa
Mario Benedetti
Vámonos, derrotando afrentas. ERNESTO "CHE" GUEVARA Así estamos consternados rabiosos aunque esta muerte sea uno de los absurdos previsibles da vergüenza mirar los cuadros los sillones las alfombras sacar una botella del refrigerador teclear las tres letras mundiales de tu nombre en la rígida máquina que nunca nuca ...
Consternados, rabiosos
Miguel Hernández
En el mar halla el agua su paraíso ansiado y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje. El sudor es un árbol desbordante y salado, un voraz oleaje. Llega desde la edad del mundo más remota a ofrecer a la tierra su copa sacudida, a sustentar la sed y la sal gota a gota, a iluminar la vida. Hijo del movimiento, pr...
EL SUDOR
Luis de Góngora
En la capilla estoy, y condenado A partir sin remedio desta vida; Siento la causa aun más que la partida, Por hambre expulso como sitïado. Culpa sin duda es ser desdichado; Mayor, de condición ser encogida. De ellas me acuso en esta despedida, Y partiré a lo menos confesado. Examine mi suerte el hierro agudo, Que a...
AL EXCELENTÍSIMO SEÑOR EL CONDE DUQUE
Federico García Lorca
El lagarto está llorando. La lagarta está llorando. El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos. Han perdido sin querer su anillo de desposados. ¡Ay, su anillito de plomo, ay, su anillito plomado! Un cielo grande y sin gente monta en su globo a los pájaros. El sol, capitán redondo, lleva un chaleco de ...
El lagarto está llorando
Juan Ramón Jiménez
Andando, andando. Que quiero oír cada grano de la arena que voy pisando. Andando. Dejad atrás los caballos, que yo quiero llegar tardando (andando, andando) dar mi alma a cada grano de la tierra que voy rozando. Andando, andando. ¡Qué dulce entrada en mi campo, noche inmensa que vas bajando! Andando. Mi corazón ya...
ANDANDO
Oscar Acosta
Yo vi, joven señora, su bello cuerpo entre las piedras como una orquídea. No había fuego entonces al servicio del hombre, ni dúctiles metales mostraban al asombro del primitivo ser sus formas. Ándabamos descalzos como niños, desnudos como peces en el agua y corríamos libres como ágiles leopardos Era el año dos mil...
ESCRITO EN PIEDRA
Toni García Arias
Te pierdo. A cada segundo el olvido me borra un poco más de ti, como un ejército de cenizas que invadiese el mapa de tu rostro, nublándome con su estéril manto cada una de las palabras que un día me dijiste, hasta que, al fin, no queda más que un frágil susurro de lo que fue tu voz en mi memoria. Te pierdo, y cada seg...
Besos
Julio Flórez Roa
El verso debe ser claro y sonoro como el agua del mar y como el oro. El verso debe ser firme y radiante, lo mismo que el acero y el diamante. Debe ceñir inmarcesibles galas, subyugar o abatir... y tener alas. Trabajo es gloria: ¡trabajad, poeta, mellad vuestro buril en la faceta! Si queréis oficiar en el santuari...
INTRODUCCIÓN
José Ángel Buesa
Mi corazón, un día, tuvo un ansia suprema, que aún hoy lo embriaga cual lo embriagara ayer; Quería aprisionar un alma en un poema, y que viviera siempre... Pero no pudo ser. Mi corazón, un día, silenció su latido, y en plena lozanía se sintió envejecer; Quiso amar un recuerdo más fuerte que el olvido y morir recorda...
POEMA DEL FRACASO
Salvador García Ramírez
Superpones la calma, una calma geométrica. Desnivelas remansos de terraza en estanque, de boj en escalera. Acordonas las formas de los dioses y das principio al libro en los estantes, al estuco y los mármoles, a las victorias. Agrietas la madera de un pasillo. La penumbra conduces por azules y blancos y, en silencio, f...
Palacio Fronteira
Mario Meléndez
Me he decidido a vivir y creo afirmar que mis latidos se convencieron de ello He tenido ofrecimientos sinceros para cohabitar /la extremidad de una telaraña o para servir como testigo de matrimonio forzado Es más he sido amante de la noche con sólo cantos /y bostezos repetidos No me gustan los aviones porque menosprec...
Me he decidido a vivir
José Zorrilla
Como gustéis, igual es, que nunca me hago esperar. Pues, señor, yo desde aquí, buscando mayor espacio para mis hazañas, di sobre Italia, porque allí tiene el placer un palacio. De la guerra y del amor antigua y clásica tierra, y en ella el Emperador, con ella y con Francia en guerra, díjeme: «¿Dónde mejor? Donde hay ...
ESCENA XII
Oliverio Girondo
Es una intensísima corriente un relámpago ser de lecho una dona mórbida ola un reflujo zumbo de anestesia una rompiente ente florescente una voraz contráctil prensil corola entreabierta y su rocío afrodisíaco y su carnalesencia natal letal alveolo beodo de violo es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremue...
ELLA
Consuelo Hernández
"¿Por qué cuando dices Vancouver palideces?" Agua donde un rostro se diluye imborrable luz en los cristales su transparencia me llama como faro a la extraviada. Señora del mar y la montaña poblada de enigmas y sonrisas en mi cuerpo de recuerdos se levanta culebreando un remolino de nostalgias. Ciudad donde los soles ...
Vancouver
Federico García Lorca
Muerto se quedó en la calle con un puñal en el pecho. No lo conocía nadie. ¡Cómo temblaba el farol! Madre. ¡Cómo temblaba el farolito de la calle! Era madrugada. Nadie pudo asomarse a sus ojos abiertos al duro aire. Que muerto se quedó en la calle que con un puñal en el pecho y que no lo conocía nadie.
Sorpresa
Pablo Neruda
HAGO girar mis brazos como dos aspas locas... en la noche toda ella de metales azules. Hacia donde las piedras no alcanzan y retornan. Hacia donde los fuegos oscuros se confunden. Al pie de las murallas que el viento inmenso abraza. Corriendo hacia la muerte como un grito hacia el eco. El lejano, hacia donde ya no ha...
Hago girar mis brazos...
Luis Cañizal de la Fuente
I ¡Valtellina aprendida de memoria hace diez años, sobre los papeles, en figura cambiante de lo que nunca fuiste!: ni pergamino casi transparente, ni ternilla de un blanco repulsivo ni trémula cuajada para fauces. II Valtellina bufanda sin sombrero, malhumor as...
EN EL TRASMUNDO TIEMBLA UNA BOMBILLA
Francisco de Aldana
Mil veces callo, que romper deseo el cielo a gritos, y otras tantas tiento dar a mi lengua voz y movimiento, que en silencio mortal yacer la veo. Anda cual velocísimo correo por dentro el alma el suelto pensamiento, con alto, y de dolor, lloroso acento, casi en sombra de muerte un nuevo Orfeo. No halla la memoria ...
MIL VECES CALLO
Lope de Vega
Ya no quiero más bien que sólo amaros, ni más vida, Lucinda, que ofreceros la que me dais, cuando merezco veros, ni ver más luz que vuestros ojos claros. Para vivir me basta desearos, para ser venturoso, conoceros, para admirar el mundo, engrandeceros, y para ser Eróstrato, abrasaros, La pluma y lengua, respondiend...
Ya no quiero más bien
Jorge Debravo
Uno quisiera siempre tener su mano amiga, su buen pan compañero, su dulce café, su amigo inseparable para cada momento. Quisiera no encontrar un solo fruto amargo, una casa sangrando, un niño abandonado, un anciano caído debajo del fracaso. Pero a veces los días se ponen grises, nos miran con miradas enemigas, y se ...
ESTE SITIO DE ANGUSTIA
Gabriela Mistral
Entre los gestos del mundo recibí el que me dan las puertas. En la luz yo las he visto o selladas o entreabiertas y volviendo sus espaldas del color de la vulpeja. ¿Por qué fue que las hicimos para ser sus prisioneras? Del gran fruto de la casa son la cáscara avarienta. El fuego amigo que gozan a la ruta no...
Puertas
Gustavo Pereira
Puesto que no puedo reír como antes Permítaseme esta forma de mostrar los dientes como se debe.
EPITAFIO PARA SER COLOCADO EN LA TUMBA DE CHAPLIN
Juan Ramón Jiménez
Me colmó el sol del poniente el corazón de onzas doradas. Me levanté por la noche a verlas. ¡No valían nada! De onzas de plata la luna del alba me llenó mi alma. Cerré mi puerta en el día por verlas. ¡No valían nada!
LAS LUCES
Antonio Machado
Son de abril las aguas mil. Sopla el viento achubascado, y entre nublado y nublado hay trozos de cielo añil. Agua y sol. El iris brilla. En una nube lejana, zigzaguea una centella amarilla. La lluvia da en la ventana y el cristal repiqueteo. A través de la neblina que forma la lluvia fina, se divisa un pra...
En abril, las aguas mil
José Antonio Labordeta
Cuando vuelvas cuando cansado te sientes al borde del camino y contemples el mar como una luz vencida y el otoño te traiga el amargo sabor de los días agrestes RECUERDA, como si nada fuese a suceder, tus infinitos pasos huellas sobre las yerbas de otros días. Luego crece crece hasta sucumbir como un gigante como una h...
Tribulatorio (F)
Pablo Neruda
Cuando a regiones, cuando a sacrificios manchas moradas como lluvias caen, el vino abre las puertas con asombro, y en el refugio de los meses vuela su cuerpo de empapadas alas rojas. Sus pies tocan los muros y las tejas con humedad de lenguas anegadas, y sobre el filo del día desnudo sus abejas en gotas van cayendo. ...
Estatuto del vino
Amado Nervo
Jesús no vino del mundo de «los cielos». Vino del propio fondo de las almas; de donde anida el yo: de las regiones internas del Espíritu. ¿Por qué buscarle encima de las nubes? Las nubes no son el trono de los dioses. ¿Por qué buscarle en los candentes astros? Llamas son como el sol que nos alumbra, orbes, de ...
Jesús
Antonio Machado
En una tarde clara y amplia como el hastío, cuando su lanza blande el tórrido verano, copiaban el fantasma de un grave sueño mío mil sombras en teoría, enhiestas sobre el llano. La gloria del ocaso era un purpúreo espejo, era un cristal de llamas, que al infinito viejo iba arrojando el grave soñar en la llanura....
Horizonte
Leopoldo María Panero
Sólo la nieve sabe la grandeza del lobo la grandeza de Satán vencedor de la piedra desnuda de la piedra desnuda que amenaza al hombre y que invoca en vano a Satán señor del verso, de ese agujero en la página por donde la realidad cae como agua muerta.
HIMNO A SATÁN
Oscar Acosta
Los amantes se tienden en el lecho y suavemente van ocultando las palabras y los besos. Están desnudos como niños desvalidos y en sus sentidos se concentra el mundo. No hay luz y sombra para sus ojos apagados y la vida no tiene para ellos forma alguna. La hermosa cabellera de la mujer puede ser una rosa, el agua tib...
LOS AMANTES
Mario Meléndez
Soy el objeto que soy y a veces también soy otro y estoy lejos sentado en agua y tierra y en el eco de las lenguas ardientes Y duermo, sí, duermo la colosal aventura de la palabra humana acuchillada y ebria sangrante en el recuerdo de los muertos que parecieran venir de adentro y sollozaran al verme escribir sus nombre...
Vuelo subterráneo
Gerardo Diego
A Blas Taracena Era en Numancia, al tiempo que declina la tarde del agosto augusto y lento, Numancia del silencio y de la ruina, alma de libertad, trono del viento. La luz se hacía por momentos mina de transparencia y desvanecimiento, diafanidad de ausencia vespertina, esperanza, esperanza del portento. Súbito, ¿d...
REVELACIÓN
Federico García Lorca
¡Ay qué trabajo me cuesta quererte como te quiero! Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero. ¿Quién me compraría a mí este cintillo que tengo y esta tristeza de hilo blanco, para hacer pañuelos? ¡Ay qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!
Es verdad
Francisco de la Torre
Sigo, silencio, tu estrellado manto, de transparentes lumbres guarnecido, enemiga del sol esclarecido, ave noturna de agorero canto. El falso mago Amor, con el encanto de palabras quebradas por olvido, convirtió mi razón y mi sentido, mi cuerpo no, por deshacelle en llanto. Tú, que sabes mi mal, y tú, que fuiste la...
SIGO SILENCIO
Federico García Lorca
La rosa no buscaba la aurora: Casi eterna en su ramo buscaba otra cosa. La rosa no buscaba ni ciencia ni sombra: Confín de carne y sueño buscaba otra cosa. La rosa no buscaba la rosa: Inmóvil por el cielo ¡buscaba otra cosa!
Casida de la rosa
Gustavo Adolfo Bécquer
En la imponente nave del templo bizantino, vi la gótica tumba a la indecisa luz que temblaba en los pintados vidrios. Las manos sobre el pecho, y en las manos un libro, una mujer hermosa reposaba sobre la urna, del cincel prodigio. Del cuerpo abandonado, al dulce peso hundido, cual si de blanda pluma y raso ...
Rima LXXVI
Pablo Neruda
Cien sonetos de amor Tal vez no ser es ser sin que tú seas, sin que vayas cortando el mediodía como una flor azul, sin que camines más tarde por la niebla y los ladrillos, sin esa luz que llevas en la mano que tal vez otros no verán dorada, que tal vez nadie supo que crecía como el origen rojo de la rosa, sin ...
Cien sonetos de amor
Víctor Jiménez
Con la luna has llegado hasta el umbral sin que a tu voz ladraran mis mastines. Segura y fácilmente has abierto la puerta de mis ojos, como si siempre hubieran sido tuyos. Luego, en silencio -mientras iban cayendo una a una todas tus prendas en el suelo- el lóbrego pasillo que sube a...
Como lumbre
Pablo Neruda
Estuvo allí, un pesado fragmento fugitivo, cuando murió la nave la dejaron allí, sobre la arena, ella no tiene muerte: polvo de sal en su esqueleto, tiempo en la cruz de su esperanza, se fue oxidando como la herradura lejos de su caballa, cayó el olvido en su soberanía. La bondad de un amigo la levantó de la perdida a...
Oda al ancla
David Escobar Galindo
Por nómadas caminos secundarios se llega siempre al sur, piedras abajo, hasta encontrar los rastros del origen. En estas tierras bajas se aglomeran vestigios de extraviados manantiales, basureros gemelos del crepúsculo, serenas maquinarias desterradas, y también las familias de los dioses que como enjambres fértiles ...
Por nómadas caminos
Miguel de Unamuno
Te da en la frente el sol de la mañana recién nacido, pálida doncella, misteriosa visión, fugaz estrella, que te derrites en la luz. Hermana de la que nace cuando la campana tocando a la oración doliente sella la fatiga de un día más, la mella que sume el alma en la mortal desgana. El alba y el ocaso cruzan manos, y a...
Te da en la frente el sol de la mañana
Dina Posada
Pronto se romperá la cadencia que sostienen mis días lunares encanecerán mis venas mi talle tendrá voz de verano acabado cálidos destellos llevarán el paso a mis horas —no agobies el gesto mi universo rebasa los límites de mi cuerpo— Despéñate en el tiempo que me bebe muerde esta vida que me corre sin freno repart...
CLIMATERIO
Nicanor Parra
LA POESÍA MORIRÁ SI NO SE LA OFENDE hay que poseerla y humillarla en público después se verá lo que se hace
LA POESÍA MORIRÁ
Manuel Machado
FLORES A Ramón del Valle Inclán Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado, la copa de oro olvida que está de néctar llena. Y, creyente en los sueños que evoca la sirena, toda en los ojos tiene su alma de soldado. La reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores, en la copa de Antonio las deja dulcemente...
ORIENTE
Baltasar del Alcázar
Si a vuestra voluntad yo soy de cera, ¿cómo se compadece que a la mía vengáis a ser de piedra dura y fría? De tal desigualdad, ¿qué bien se espera? Ley es de amor querer a quien os quiera, y aborrecerle, ley de tiranía: mísera fue, señora, la osadía que os hizo establecer ley tan severa. Vuestros tengo riquísimos d...
Si a vuestra voluntad yo soy de cera
Lope de Vega
Yo me muero de amor, que no sabía, aunque diestro en amar cosas del suelo, que no pensaba yo que amor del cielo con tal rigor las almas encendía. Si llama la moral filosofía deseo de hermosura a amor, recelo que con mayores ansias me desvelo cuanto es más alta la belleza mía. Amé en la tierra vil, ¡qué necio amante...
Yo me muero de amor
Bertolt Brecht
Pero chiquilla, te recomiendo algo de seducción en los grititos: carnal me gusta el alma y con alma la carne. La castidad no puede rebajar la lujuria; si estuviese hambriento me gustaría saciarme. Me apetece que la virtud tenga trasero y que el trasero tenga sus virtudes. Desde que el dios aquel cabalgó al cisne a má...
Lección de amor
Amado Nervo
Como duerme la chispa en el guijarro y la estatua en el barro, en ti duerme la divinidad. Tan sólo en un dolor constante y fuerte al choque, brota de la piedra inerte el relámpago de la deidad. No te quejes, por tanto, del destino, pues lo que en tu interior hay de divino sólo surge merced a él. Soporta, si e...
Deidad
José María Hinojosa
A Luis Buñuel Los árboles negros, cruzan sus ramas, pidiendo un poco de agua. Los árboles negros, clavan su mirada, en el cielo. A los árboles negros, no les cae agua, y casi secos, fijan sus ojos en la tierra sin jugo y sin aliento.
SEQUÍA
Mario Benedetti
Mi táctica es mirarte aprender como sos quererte como sos mi táctica es hablarte y escucharte construir con palabras un puente indestructible mi táctica es quedarme en tu recuerdo no sé cómo ni sé con qué pretexto pero quedarme en vos mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamo...
Táctica y estrategia
Federico García Lorca
El remanso del aire bajo la rama del eco. El remanso del agua bajo fronda de luceros. El remanso de tu boca bajo espesura de besos.
Variación
Rafael Alberti
Por las calles, ¿quién aquél? ¡El tonto de Rafael! Tonto llovido del cielo, del limbo, sin un ochavo. Mal pollito colipavo, sin plumas, digo, sin pelo. ¡Pío-pic!, pica, y al vuelo todos le pican a él. ¿Quién aquél? ¡El tonto de Rafael! Tan campante, sin carrera, no imperial, sí tomatero, grillo tomatero, ...
EL TONTO DE RAFAEL
Meira Delmar
Porque nació frente al alba y en el sitio de la brisa, le dieron un nombre claro de flor o de lluvia fina. Un nombre para decirlo en medio de la sonrisa, enamorados los ojos y el corazón: ¡Barranquilla! Porque nació frente al alba ¡y el alba es buena madrina! Con lino de sol y sombra tejieron años los días y una mañan...
Romance de barranquilla
Félix María de Samaniego
Estaba un ratoncillo aprisionado en las garras de un león; el desdichado en la tal ratonera no fue preso por ladrón de tocino ni de queso, sino porque con otros molestaba al león, que en su retiro descansaba. Pide perdón, llorando su insolencia; al oír implorar la real clemencia, responde el rey en majestuoso tono —n...
EL LEÓN Y EL RATÓN
Gabriela Mistral
Por que duermas, hijo mío, el ocaso no arde más: no hay más brillo que el rocío, más blancura que mi faz. Por que duermas, hijo mío, el camino enmudeció: nadie gime sino el río; nada existe sino yo. Se anegó de niebla el llano. Se encongió el suspiro azul. Se ha posado como mano sobre el mundo la quietud. ...
La noche
Rubén Darío
El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís, está con un rudo y torvo animal, bestia temerosa, de sangre y de robo, las fauces de furia, los ojos de mal: el lobo de Gubbia, el terrible lobo, rabioso, ha asolado los alrededores; cruel ha deshecho tod...
Los motivos del lobo
Pablo Neruda
ALLÍ germinaban los toquis. De aquellas negras humedades, de aquella lluvia fermentada en la copa de los volcanes salieron los pechos augustos, las claras flechas vegetales, los dientes de piedra salvaje, los pies de estaca inapelable, la glacial unidad del agua. Arauco fue un útero frío, hecho de he...
Surgen los hombres
Mario Meléndez
Y el gusano mordió mi cuerpo y dando gracias lo repartió entre los suyos diciendo "Hermanos este es el cuerpo de un poeta tomad y comed todos de él pero hacedlo con respeto cuidad de no dañar sus cabellos o sus ojos o sus labios los guardaremos como reliquia y cobraremos entrada por verlos" Mientras esto ocurría algun...
La última cena
Marilina Rébora
«La única tristeza» —insinúa Clotilde— «es la de no ser santo», añadiendo, «aquí abajo». ¿Pues no basta, me digo, un corazón humilde ni el espíritu hecho a piadoso trabajo? ¿Tampoco es suficiente tolerar la injusticia, eludir el halago con natural modestia, desconocer a un tiempo altivez y codicia o cumplir los debe...
CLOTILDE, EN LA MUJER POBRE DE LEÓN BLOY
Mario Benedetti
No lo creo todavía estás llegando a mi lado y la noche es un puñado de estrellas y de alegría palpo gusto escucho y veo tu rostro tu paso largo tus manos y sin embargo todavía no lo creo tu regreso tiene tanto que ver contigo y conmigo que por cábala lo digo y por las dudas lo canto nadie nunca te reemplaz...
Todavía
Mario Benedetti
Cuando uno se enamora las cuadrillas del tiempo hacen escala en el olvido la desdicha se llena de milagros el miedo se convierte en osadía y la muerte no sale de su cueva enamorarse es un presagio gratis una ventana abierta al árbol nuevo una proeza de los sentimientos una bonanza casi insoportable y un ejercicio contr...
Enamorarse y no
Pablo Neruda
He vencido al ángel del sueño, el funesto alegórico: su gestión insistía, su denso paso llega envuelto en caracoles y cigarras, marino, perfumado de frutos agudos. Es el viento que agita los meses, el silbido de un tren, el paso de la temperatura sobre el lecho, un opaco sonido de sombra que cae como trapo en lo inter...
Colección nocturna
José de Espronceda
El estandarte ved que en Ceriñola el gran Gonzalo desplegó triunfante, la noble enseña ilustre y española que al indio domeñó y al mar de Atlante; regio pendón que al aire se tremola, don de CRISTINA, enseña relumbrante, verla podremos en la lid reñida rasgada sí, pero jamás vencida.
OCTAVA REAL
Vicente Aleixandre
En volandas, como si no existiera el avispero, aquí me tienes con los ojos desnudos, ignorando las piedras que lastiman, ignorando la misma suavidad de la muerte. ¿Te acuerdas? He vivido dos siglos, dos minutos, sobre un pecho latiente, he visto golondrinas de plomo triste anidadas en ojos y una mejilla rota por una...
ACABA
Gerardo Diego
Sonidos y perfumes, Claudio Aquiles, giran al aire de la noche hermosa. Tú sabes dónde yerra un son de rosa, una fragancia rara de añafiles con sordina, de crótalos sutiles y luna de guitarras. Perezosa tu orquesta, mariposa a mariposa, hasta noventa te abren sus atriles. Iberia, Andalucía, España en sueños, lentas...
A C. A. DEBUSSY
Dulce María Loynaz
Los juegos de agua brillan a la luz de la luna como si fueran largos collares de diamantes: Los juegos de agua ríen en la sombra...Y se enlazan y cruzan y cintilan dibujando radiantes garabatos de estrellas... Hay que apretar el agua para que suba fina y alta...Un temblor de espu...
JUEGOS DE AGUA
Luis de Góngora
Ícaro de bayeta, si de pino Cíclope no, tamaño como el rollo, ¿Volar quieres con alas a lo pollo, Estando en cuatro pies a lo pollino? ¿Qué Dédalo te induce peregrino A coronar de nubes el meollo, Si las ondas que el Betis de su escollo Desata han de infamar tu desatino? No des más cera al Sol, que es bobería, Fune...
AL TÚMULO DE ÉCIJA
Federico García Lorca
Cuando sale la luna se pierden las campanas y aparecen las sendas impenetrables. Cuando sale la luna, el mar cubre la tierra y el corazón se siente isla en el infinito. Nadie come naranjas bajo la luna llena. Es preciso comer fruta verde y helada. Cuando sale la luna de cien rostros iguales, la moneda de...
La luna asoma
Antonio Machado
La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y de alma quieta, ha de tener su marmol y su día, su infalible mañana y su poeta. En vano ayer engendrará un mañana vacío y por ventura pasajero. Será un joven lechuzo y tarambana, un sayón con hechuras ...
El mañana efímero
Gabriela Mistral
Le he encontrado en el sendero. No turbó su ensueño el agua ni se abrieron más las rosas; abrió el asombro mi alma. ¡Y una pobre mujer tiene su cara llena de lágrimas! Llevaba un canto ligero en la boca descuidada, y al mirarme se le ha vuelto grave el canto que entonaba. Miré la senda, la hallé extraña y c...
El encuentro
Infantiles
¡Qué miedo el azul del cielo! ¡Negro! ¡Negro de día, en agosto! ¡Qué miedo! ¡Qué espanto en la siesta azul! ¡Negro! ¡Negro en las rosas y el río! ¡Qué miedo! ¡Negro, de día, en mí tierra -¡negro!- sobre las paredes blancas! ¡Qué miedo!
Trascielo del cielo azul
Roque Dalton
Y sin embargo, amor, a través de las lágrimas, yo sabía que al fin iba a quedarme desnudo en la ribera de la risa. Aquí, hoy, digo: siempre recordaré tu desnudez en mis manos, tu olor a disfrutada madera de sándalo clavada junto al sol de la mañana; tu risa de muchacha, o de arroyo, o de pájaro; tus manos la...
Y SIN EMBARGO, AMOR
Luis de Góngora
Prisión del nácar era articulado De mi firmeza un émulo luciente, Un dïamante, ingenïosamente En oro también él aprisionado. Clori, pues, que a su dedo apremïado De metal aun precioso no consiente, Gallarda un día, sobre impacïente, Lo redimió del vínculo dorado. Mas ay, que insidïoso latón breve En los cristales d...
DE UNA DAMA