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El examen radiológico presentaba falange bífida y luxación con desvío radial de la falange distal<SPLIT>.
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El examen clínico mostraba conservación de la movilidad funcional de la falange distal a pesar de la deformidad existente<SPLIT>.
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El planteamiento quirúrgico para corrección del defecto incluyó resección quirúrgica de la base bífida de la falange distal<SPLIT>, realización de zetaplastia en la zona de retracción y alineamiento y fijación de la falange distal con aguja de Kischer número 1<SPLIT>.
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El paciente fue intervenido bajo anestesia general<SPLIT>, con medidas habituales de asepsia y antisepsia y se empleó manguito neumático de isquemia sobre miembro superior derecho para control del sangrado operatorio<SPLIT>.
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Realizamos una incisión de 2,5 cm de extensión en la cara medial del dedo índice y disección por planos hasta articulación interfalángica distal<SPLIT>, lo que nos permitió identificar el exceso óseo localizado en la base de la falange distal<SPLIT>, que fue resecado<SPLIT>, pudiendo de esta manera llevar a cabo una alineación de la falange distal en sentido medial<SPLIT>.
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En la cara lateral de dedo realizamos una segunda incisión también de 2,5 cm<SPLIT>, hasta la base de la falange distal en su borde lateral<SPLIT>, identificando el exceso óseo y resecándolo también<SPLIT>.
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La retracción cicatricial cutánea se trató mediante zetaplastia<SPLIT>, lo que nos permitió un avance látero-medial de la piel y la ruptura de la línea de fuerza<SPLIT>.
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La sutura de piel se hizo con poliamida 3-0 y se colocó una aguja de Kischner número 1 transarticular<SPLIT>, tranfixiando las falanges distal y media<SPLIT>, para inmovilizar la alineación de las estructuras óseas<SPLIT>.
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La guja se retiró a las 2 semanas de postoperatorio<SPLIT>.
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Varón de 48 años que fue remitido hacía 9 años por proteinuria<SPLIT>.
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Presentaba hipertensión arterial de 2 años de evolución en tratamiento con amlodipino<SPLIT>, atenolol e irbesartán desde hacía años<SPLIT>.
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En el estudio general destacaba<SPLIT>: proteinuria 1200 mg<SPLIT>/<SPLIT>día<SPLIT>, 448 hematíes<SPLIT>/<SPLIT>μl en sedimento<SPLIT>, creatinina 1,05 mg<SPLIT>/<SPLIT>dl e inmunología negativa<SPLIT>.
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En la biopsia renal<SPLIT>: 5-10 glomérulos sin celularidad llamativa<SPLIT>, sin exudación<SPLIT>, 2-4 glomérulos con esclerosis completa<SPLIT>, discretos infiltrados crónicos linfomonocitarios en intersticio<SPLIT>, sin afectación vascular<SPLIT>, sin atrofia tubular<SPLIT>; en la inmunofluorescencia depósitos de inmunoglobulina IgM de distribución focal y segmentaria en 10 glomérulos<SPLIT>, con intensidad + y +<SPLIT>+ en región mesangial<SPLIT>.
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Fue orientado como glomeruloesclerosis focal y segmentaria añadiendo ramipril 2,5-5 mg<SPLIT>/<SPLIT>día<SPLIT>, observando reducción de proteinuria a <<SPLIT>400 mg<SPLIT>/<SPLIT>día<SPLIT>.
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Hace 3 años sufre incremento de la proteinuria 1,6 g<SPLIT>/<SPLIT>día<SPLIT>, albuminuria 895 mg<SPLIT>/<SPLIT>día y 250 hematíes<SPLIT>/<SPLIT>μl<SPLIT>, con normoalbuminemia y edemas<SPLIT>.
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Se ensayó tratamiento con prednisona y ciclofosfamida<SPLIT>, con descenso de proteinuria tras 7 meses de tratamiento hasta 1,1 g<SPLIT>/<SPLIT>día<SPLIT>, pero con debilidad en musculatura proximal que fue interpretada como miopatía por esteroides<SPLIT>.
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Se suspendió la prednisona y se cambió por micofenolato de mofetilo 1 g<SPLIT>/<SPLIT>día y se retiró amlodipino por su posible influencia sobre los edemas<SPLIT>, añadiendo 12,5 mg de hidroclorotiazida por mal control tensional<SPLIT>.
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A los 2 meses se suspendió el micofenolato por manifestar el paciente cansancio importante que atribuía a este fármaco<SPLIT>.
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Se inició entonces ciclosporina A a dosis de 150 mg<SPLIT>/<SPLIT>día (<SPLIT>1,9 mg<SPLIT>/<SPLIT>kg<SPLIT>/<SPLIT>día<SPLIT>) con buena tolerancia inicial (<SPLIT>niveles 67,8 ng<SPLIT>/<SPLIT>ml<SPLIT>)<SPLIT>.
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A los 2 meses el paciente consultó por dolor en mama izquierda acompañado de nódulo retroareolar sensible al tacto<SPLIT>, del tamaño de una castaña<SPLIT>.
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Se suspendió ciclosporina A<SPLIT>, se realizó mamografía y ecografía<SPLIT>, encontrando incremento glandular sin signos de malignidad<SPLIT>, por lo que se interpretó como hiperplasia glandular relacionada con medicación<SPLIT>.
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Ocho meses después se introdujo tacrolimus (<SPLIT>6 mg<SPLIT>/<SPLIT>día iniciales con reducción posterior a 4-5 mg<SPLIT>/<SPLIT>día con niveles <<SPLIT>8 ng<SPLIT>/<SPLIT>ml<SPLIT>)<SPLIT>.
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A los 2 meses acudió el paciente con nuevo dolor mamario izquierdo<SPLIT>, por lo que suspendió al presentar proteinuria <<SPLIT>250 mg<SPLIT>/<SPLIT>día<SPLIT>.
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En la última revisión 5 meses más tarde la proteinuria había ascendido a 650 mg<SPLIT>/<SPLIT>día y había cedido el crecimiento glandular<SPLIT>, dejándolo en tratamiento con doxazosina<SPLIT>, atenolol<SPLIT>, irbesartán y ramipril<SPLIT>.
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Paciente de 70 años que acude a nuestro Servicio por disminución de agudeza visual del ojo izquierdo<SPLIT>.
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Entre los antecedentes personales destacaban diabetes mellitus tipo 2<SPLIT>, dislipidemia<SPLIT>, hipertensión y alergia a pirazolonas<SPLIT>.
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A la exploración presentaba una agudeza visual corregida de 0,5 en ojo derecho y 0,1 en ojo izquierdo<SPLIT>.
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En el examen del polo anterior se observó una opacidad incipiente del cristalino en ambos ojos<SPLIT>.
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Presión intraocular de 16<SPLIT>mm de Hg en ambos ojos<SPLIT>.
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En el examen del fondo de ojo se observó atrofia coriorretiniana peripapilar con una coloración blanco-amarillenta que afectaba a la retina nasal y arcadas vasculares temporales en ambos ojos y que en el ojo izquierdo afectaba a la mácula<SPLIT>.
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No presentaba vitritis<SPLIT>.
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En la AGF se observó hipofluorescencia precoz e hiperfluorescencia tardía variable de las lesiones en ambos ojos con afectación macular en ojo izquierdo<SPLIT>.
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La paciente fue diagnosticada de coroiditis serpiginosa<SPLIT>, instaurándose tratamiento con corticoides orales en forma de prednisona oral a dosis de 1<SPLIT>mg<SPLIT>/<SPLIT>kg<SPLIT>/<SPLIT>día hasta 2 semanas después de haber obtenido respuesta terapéutica<SPLIT>, siendo en este momento<SPLIT>, reducida la dosis a 0,5<SPLIT>mg<SPLIT>/<SPLIT>kg<SPLIT>/<SPLIT>día<SPLIT>.
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Posteriormente a las 4 semanas fue reducida a días alternos y a las 8 semanas fue reducida a 0,1<SPLIT>mg<SPLIT>/<SPLIT>kg<SPLIT>/<SPLIT>día<SPLIT>, permaneciendo la agudeza visual estable<SPLIT>.
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La paciente fue remitida al Servicio de Medicina Interna para ajuste de las dosis de insulina por el inicio del tratamiento corticoideo<SPLIT>.
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Seis meses después<SPLIT>, la paciente acude al Servicio de Ginecología por metrorragia evidenciándose tras exploración un carcinoma de cérvix uterino evolucionado con afectación del tercio inferior de la vagina<SPLIT>.
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La paciente se deriva al Servicio de Oncología que comienza el tratamiento con 40<SPLIT>mg de metilprednisolona intramuscular durante 3 días a la semana asociado a quimioterapia y radioterapia durante 5 semanas<SPLIT>.
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Dos meses más tarde<SPLIT>, ante la inminente afectación macular del segundo ojo se añadió al tratamiento la azatioprina a dosis de 1,5<SPLIT>mg<SPLIT>/<SPLIT>kg<SPLIT>/<SPLIT>día<SPLIT>, que se redujo a 1<SPLIT>mg<SPLIT>/<SPLIT>kg<SPLIT>/<SPLIT>día a los dos meses y se redujo la prednisona oral según protocolo4<SPLIT>.
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La paciente fallece un año después por fracaso multiorgánico<SPLIT>.
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Paciente varón de 39 años que acude al Servicio de Urgencias por presentar proptosis de un año de evolución en ambos ojos (<SPLIT>AO<SPLIT>)<SPLIT>, sin descenso de la agudeza visual (<SPLIT>AV<SPLIT>)<SPLIT>.
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No presentaba ningún otro síntoma a destacar ni antecedentes de interés<SPLIT>.
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En la exploración el paciente presentaba una AV de 0,5 en ojo derecho (<SPLIT>OD<SPLIT>) (<SPLIT>referido como amblíope por el paciente<SPLIT>) y de 0,8 en ojo izquierdo (<SPLIT>OI<SPLIT>)<SPLIT>.
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La exoftalmometría Hertel era de 25 mm en OD y de 23 mm en OI<SPLIT>.
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La exploración biomicroscópica y tonométrica fue normal<SPLIT>.
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En el estudio del fondo de ojo presentaba edema de papila en OD<SPLIT>.
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El test de colores Farnsworth era normal<SPLIT>.
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En el estudio campimétrico el OI era normal pero en el OD presentaba un defecto inferonasal<SPLIT>, que no era una cuadrantanopsia estrictamente<SPLIT>.
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Se solicitó una tomografía computerizada (<SPLIT>TC<SPLIT>) que se informó como ectasia<SPLIT>/<SPLIT>engrosamiento de las vainas de ambos NO en contexto de exoftalmos bilateral más marcado en OD<SPLIT>.
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Sospechándose la presencia de meningocele bilateral se optó por observar periódicamente al paciente sin realizar ningún otro acto diagnóstico-terapéutico adicional<SPLIT>.
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En la actualidad<SPLIT>, 16 años después<SPLIT>, el paciente presenta una AV de 0,6 en OD y 0,8 en OI<SPLIT>.
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La exoftalmometría y campimetría han permanecido estables<SPLIT>.
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En el fondo de ojo el aspecto papilar apenas ha variado<SPLIT>.
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Continúa con sus revisiones periódicas<SPLIT>.
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Presentamos una niña de seis años de edad que consultó en el centro de salud por gonalgia derecha sin signos inflamatorios ni antecedentes de traumatismos<SPLIT>.
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Se trató con ibuprofeno y tres meses más tarde volvió a la consulta con dolor e inflamación del quinto metatarsiano del pie derecho<SPLIT>, de carácter progresivo<SPLIT>, que le limitaba la deambulación<SPLIT>.
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Posteriormente apareció dolor e inflamación en el dorso de la mano derecha<SPLIT>.
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Ninguno de los síntomas se acompañaba de procesos gripales previos<SPLIT>, infección gastrointestinal ni clínica urinaria y en todo momento se encontró afebril<SPLIT>.
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Una semana más tarde acudió a la consulta por persistencia de los síntomas e impotencia funcional para mantener la bipedestación<SPLIT>.
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Sus antecedentes personales<SPLIT>, familiares y embarazo no revestían interés clínico<SPLIT>.
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Su desarrollo psicomotor era normal<SPLIT>.
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La paciente presentaba un peso de 23,5 kg<SPLIT>, talla de 122 cm<SPLIT>, frecuencia cardiaca de 74 lpm y aceptable estado general<SPLIT>.
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En la exploración se observó rodilla derecha con dolor<SPLIT>, inflamación y movilidad limitada a la flexión por dolor a 90°<SPLIT>, peloteo rotuliano e inflamación leve con dolor del quinto metacarpofalángico de la mano derecha<SPLIT>, y pie derecho con aumento de la sensibilidad a la presión en la base del quinto metatarsiano e inflamación local con dolor<SPLIT>, sin deformidad ni crepitación<SPLIT>.
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Sin déficit vasculonervioso<SPLIT>.
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La exploración por aparatos fue normal<SPLIT>, no presentaba exantemas<SPLIT>, adenopatías ni visceromegalias<SPLIT>.
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Las radiografías en todo momento fueron normales<SPLIT>.
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Analítica<SPLIT>: leve trombocitosis (<SPLIT>425 000<SPLIT>/<SPLIT>µl<SPLIT>)<SPLIT>, sin leucocitosis ni neutrofilia<SPLIT>, proteína C reactiva 13 mg<SPLIT>/<SPLIT>ml<SPLIT>, velocidad de sedimentación globular 52<SPLIT>, anticuerpos antinucleares (<SPLIT>ANA<SPLIT>) positivo a 1/160<SPLIT>, factor reumatoide negativo<SPLIT>, anti-DNA negativo<SPLIT>.
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Se realizó artrocentesis (<SPLIT>bioquímica y cultivo<SPLIT>) obteniendo líquido inflamatorio con 5360 células<SPLIT>/<SPLIT>ml<SPLIT>, glucosa 69 mg<SPLIT>/<SPLIT>dl<SPLIT>, proteínas 5,4 g<SPLIT>/<SPLIT>dl y cultivo negativo<SPLIT>.
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Se inició tratamiento con ibuprofeno en dosis de 200 mg cada ocho horas<SPLIT>, en espera de ser valorada por el especialista<SPLIT>, con una leve mejoría<SPLIT>.
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Se solicitó valoración por Reumatología Pediátrica<SPLIT>, que amplió la analítica<SPLIT>, realizó estudio oftalmológico e inició tratamiento con deflazacort<SPLIT>.
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La analítica ampliada ofreció resultados negativos para anticuerpos antipéptidos cíclicos citrulinados<SPLIT>, ENA<SPLIT>, HLA B27 y serología hepatitis B y C. Los resultados también fueron normales en las pruebas tiroideas<SPLIT>, el uroanálisis y la coagulación<SPLIT>.
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Un mes después<SPLIT>, fue revisada por Reumatología Pediátrica y se le diagnosticó artritis de rodilla derecha ANA<SPLIT>(<SPLIT>+<SPLIT>) y probable AIJ<SPLIT>, a causa de la persistencia de la inflamación y el dolor en la rodilla y el tarso derechos<SPLIT>.
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Se completó el estudio con ecografía de pie e infiltración con corticoides<SPLIT>.
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La ecografía fue normal y presentó buena evolución tras la infiltración<SPLIT>.
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Mujer de 29 años con antecedentes de ulcus duodenal y estreñimiento que consulta por dolor en fosa renal derecha compatible con crisis renoureteral<SPLIT>.
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No antecedentes de nefrolitiasis ni hematuria ni infecciones del tracto urinario<SPLIT>.
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En la exploración sólo destaca una puñopercusión renal derecha positiva<SPLIT>.
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La ecografía objetiva ectasia pielocalicial renal derecha con adelgazamiento del parénquima<SPLIT>.
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La UIV muestra una anulación funcional de la unidad renal derecha siendo normal el resto de la exploración<SPLIT>.
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Una pielografía retrograda muestra estenosis en la unión pieloureteral derecha<SPLIT>, siendo la citología urinaria selectiva del uréter derecho negativa<SPLIT>.
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Ante la disyuntiva de practicar una cirugía reconstructiva o una exerética se realiza gammagrafía renal que demuestra captación relativa del 33% para el riñón derecho y del 67% para el izquierdo<SPLIT>.
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Se realiza pieloplastia renal derecha según técnica de Anderson-Hynes<SPLIT>.
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El examen anatomopatológico de la estenosis de la vía urinaria descubre un hemangioma cavernoso como causante de la obstrucción<SPLIT>, el cual no permitía pasar ninguna cánula<SPLIT>.
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El control postoperatorio urográfico a los 3 meses objetiva captación y eliminación renal derecha de contraste con ligero retraso respecto a riñón izquierdo<SPLIT>.
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La paciente fue dada de alta de consultas externas a los tres años de la cirugía tras haber sido practicados otros dos controles urográficos<SPLIT>; 7 años después de la pieloplastia no ha vuelto a consultar por clínica urológica<SPLIT>.
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Varón de 63 años<SPLIT>.
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Consultó por hematuria macroscópica monosintomática<SPLIT>.
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Se solicitó una ecografía donde se apreció una masa de 5 cm en cara lateral izquierda de la vejiga que producía una ureterohidronefrosis en el riñón izquierdo<SPLIT>.
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Realizamos una RTU-biopsia<SPLIT>, objetivando un tumor vesical infiltrante de alto grado<SPLIT>.
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El estudio de extensión resultó negativo<SPLIT>.
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La creatinina del paciente era de 2,5 mg<SPLIT>/<SPLIT>dl<SPLIT>.
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Se realizó una cistoprostatectomía radical laparoscópica con derivación urinaria tipo Bricker en marzo 2005 (<SPLIT>pT2b No Mo de alto grado<SPLIT>, afectando a zona trigonal y cara posterior<SPLIT>)<SPLIT>.
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El curso operatorio evolucionó favorablemente<SPLIT>.
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En la revisión postoperatoria al mes de la cirugía<SPLIT>, se redujo la ureterohidronefrosis izquierda manteniendo cierto grado de atrofia cortical<SPLIT>, y mejoró la función renal (<SPLIT>creatinina de 1,65 mg<SPLIT>/<SPLIT>dl<SPLIT>)<SPLIT>.
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El paciente presentaba muy mala tolerancia al estoma<SPLIT>, insistiendo en su conversión en una derivación continente<SPLIT>.
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Situación que nos planteamos por la mejoría de su función renal<SPLIT>.
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A los dos meses realizamos una laparotomía exploradora<SPLIT>, logrando una buena disección pélvica e identificación del muñón uretral<SPLIT>.
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Construimos una neovejiga ileal con 45 cm de íleon<SPLIT>.
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El tiempo quirúrgico fue de 180 minutos<SPLIT>, con un sangrado menor de 80 cc. El paciente fue dado de alta al sexto día postoperatorio sin presentar complicaciones<SPLIT>.
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A los 5 meses de la cirugía<SPLIT>, está continente durante el día y la noche<SPLIT>, con buen vaciamiento del reservorio<SPLIT>.
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Ambos pacientes fueron concienzudamente informados de los riesgos de la cirugía y de sus posibles complicaciones<SPLIT>, así como de las potenciales secuelas en términos de trastornos metabólicos<SPLIT>, diarrea persistente e incontinencia y<SPLIT>/<SPLIT>o necesidad de autocateterismos por alto residuo post-miccional<SPLIT>.
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