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quiere o no quiere, debes venir para decrmelo. Y ahora abre el tronco de este rbol y hallars mucho oro. Puedes llevarlo a tu mujer y a tu hija. El viejo cort el rbol y adentro hall mucho oro. Carg su burro con el oro y se fue a casa. Cuando lleg, su mujer y su hija le preguntaron porqu
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vena tan tarde. l les explic el caso y la nia dijo que consentira en casarse con el negro para salvar a su padre. Entonces les di todo el oro que traa. Nunca haban visto monedas de oro y no saban que era dinero. --Qu es esto?--dijeron ellas.--Qu medallas son stas tan bonitas? --Ser bueno venderlas en la ciudad, padre,
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si es posible,--dijo la nia. El viejo se fue a la ciudad llevando su oro. Quera venderlo, pero le dijeron que eran monedas de oro y que con ellas poda comprar muchas cosas. l compr comida y vestidos para su familia y volvi muy contento a casa. [Illustration] Al cabo de los ocho das, tom el viejo su hacha y
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su burro y se fue al bosque. Di algunos golpes al tronco del rbol y sali el mismo negro. --Qu contestacin me traes?--le dijo ste. --Mi hija consiente en casarse contigo--le dijo. --Bien--dijo el negro;--pero hay una condicin y es que las bodas se celebren a oscuras y que ella nunca trate de verme, mientras yo no lo diga. El
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viejo le dijo que as sera. --Carga tu burro con todo el oro que quieras--dijo el negro--y compra todo lo que creas necesario para las bodas. Me casar con tu hija en ocho das desde hoy. El viejo carg su burro de oro otra vez y volvi a casa. La hija sali a encontrarle. l le dijo todo y ella
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consinti en todo lo que su novio quera. Al cabo de los ocho das se celebraron las bodas a oscuras. La nia vivi muy feliz. El novio sala muy temprano cada maana y volva por la noche. Un da vino una vecina vieja a visitarla. Le pregunt si era feliz en su matrimonio. Ella le dijo que era muy feliz
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y que estaba muy contenta. Despus le pregunt la vieja como era su marido, si era joven o viejo, feo o hermoso. Ella dijo que no saba porque nunca le haba visto. --Cmo!--dijo la vieja.--Te has casado y no conoces a tu marido? Esto no es posible. --S--dijo ella;--pues as lo peda antes de casarse. --Nia--dijo la vieja.--cmo sabes si
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tu marido es un perro o si es Satans? Es necesario verle. Toma este fsforo; cuando tu marido duerma, enciende el fsforo, y le vers. La nia lo hizo as. Cuando lleg la media noche, encendi el fsforo y mir a su marido. Vio que era muy hermoso. Olvid el fsforo y un pedazo cay en la cara de su
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marido. Entonces l despert y dijo: --Ingrata, no has tenido palabra! Has de saber que soy un prncipe encantado. Yo soy el prncipe Jalma. Estaba a punto de salir de mi encantamiento pero ahora es imposible por mucho tiempo. Si quieres volver a verme, tienes que gastar zapatos de hierro hasta que me encuentres. Tienes que buscarme por toda la
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tierra. El prncipe desapareci. La nia empez a llorar y sinti haber seguido los consejos de la vieja. Cuando vino sta al da siguiente, dijo a la nia: --Has visto a tu marido? --S--le contest,--y lo siento muchsimo. Era un prncipe encantado y ahora nunca volver a verle. Se fue a la ciudad, compr zapatos de hierro y sali a
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buscar a su marido. Visit muchas ciudades preguntando por el prncipe Jalma, pero ninguno le conoca. Cuando lleg al fin del mundo vio a la madre del viento del Norte y la salud. --Cmo le va, buena seora? --Bien, hija,--le dijo;--qu haces aqu, cuando ni los pjaros llegan a estos lugares? Mi hijo te comer. --Seora--le dijo la nia,--vengo en
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busca de mi marido, del prncipe Jalma. Tengo que gastar zapatos de hierro hasta que le encuentre. --Yo no le conozco, hija,--dijo la madre del Norte,--pero es probable que mi hijo le conozca. Te esconder debajo de esta olla. Cuando llegue le preguntar. Cuando lleg el viento, grit: --Hu-u-u-u! a carne humana huele aqu! --Qu carne humana vendra aqu, hijo,--dijo
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la madre,--cuando ni los pjaros llegan a estos lugares? Pero l sigui gritando: --Hu-u-u-u! a carne humana huele aqu! Su madre puso la mesa, y despus que hubo comido, le dijo: --Tengo que pedirte un favor. Quieres concedrmelo? --Hable Vd. seora--le dijo. --Has de saber que hay aqu una nia en busca de su marido, el prncipe Jalma. Sabes donde
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est? Le conoces? --Que salga la nia--dijo el Norte. La nia sali y pregunt por su marido. --Yo no conozco a tu marido--dijo el Norte,--pero yo creo que mi amigo el Sur puede conocerle. Te llevar all si quieres. La nia dijo que quera ir con l y la madre del Norte le regal una gallina de oro y trigo
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de oro para vender en caso de necesidad. El Norte la tom en brazos y la llev al otro fin del mundo. All vio a la madre del Sur y sta le dijo: --Qu haces aqu, hija, cuando ni los pjaros llegan a estos lugares? Mi hijo te comer. --Vengo en busca de mi marido, del prncipe Jalma. No le
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conoce Vd. seora? El Norte, que me trajo, dijo que pudieran Vds. darme noticias de l. --Yo no le conozco, hija; pero es probable que mi hijo le conozca. La madre del Sur la escondi debajo de una olla y pronto se oy un gran ruido y lleg el Sur. --Hu-u-u-u! a carne humana huele aqu! --Qu carne humana puede
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venir aqu cuando ni los pjaros del cielo llegan a estos lugares? Sintate a comer y hablaremos. Despus que hubo comido le dijo su madre: --Quiero pedirte un favor, si me lo concedes. --Hable Vd., seora, y se lo conceder--contest l. --Ha venido aqu una nia en busca de su marido, el prncipe Jalma. T le conoces? La nia sali
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y el Sur le dijo: --No le conozco; pero te llevar a mi amigo el Oriente y es muy probable que le conozca. La madre del Sur di a la nia una cruz de oro y el Sur la llev al Oriente. ste tampoco conoca al prncipe Jalma y ofreci llevarla a su amigo el Poniente. La madre del Oriente
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le regal un peine de oro para vender en caso de necesidad. Cuando el Oriente lleg con la nia, encontraron a la madre del Poniente. Ella recibi a la nia con gran asombro y cario. La nia hizo las mismas preguntas y la madre contest: --Mi hijo le conocer. Entonces la escondi debajo de la olla. Cuando lleg el Poniente,
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estaba muy enojado pero despus que hubo comido, la madre sac la nia y pregunt por el prncipe Jalma. --S--le dijo,--le conozco, y s donde est; te llevar all. Vive preso en un palacio con una vieja bruja y su hija. La hija quiere casarse con l. Nadie puede verle y l no puede ver a nadie. Duerme bajo siete
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llaves. La madre del Poniente di a la nia una taza de oro para vender en caso de necesidad. Al fin lleg la nia al palacio y supo que dentro de cuatro das se casara el prncipe con la hija de la bruja. Ella se sent en el jardn, y trat de hacerse pasar por una tonta. Con este motivo
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se lavaba la cara con barro y haca otras muchas tonteras. Sac la gallina de oro y le di el trigo. Los sirvientes del palacio refirieron esto a su seorita que vino a verlo. Luego le dijo: --Dame la gallina de oro. --No--dijo ella. --Vndemela entonces. Qu quieres por ella? --Si me dejas dormir en el cuarto del prncipe, te
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dar la gallina. --Bien--dijo ella;--dormirs all. Abrieron las siete llaves y la nia entr en el cuarto del prncipe; pero antes echaron algo en el vino del prncipe para hacerle dormir. As la nia le encontr profundamente dormido. Fu a su cama, le sacudi y le dijo: --Prncipe, despierta, yo soy tu esposa. He gastado los zapatos de hierro segn
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me has pedido. Ahora te he encontrado; pero si no me reconoces te casarn con otra. Pero l no despert y al da siguiente la sacaron de all y ella se fue otra vez al jardn. Sac su peine de oro y se pein. Sali la hija de la bruja y lo compr bajo las mismas condiciones; pero la misma
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cosa sucedi con el prncipe. Al tercer da sac ella la cruz de oro, y la hija de la bruja la compr, pero la nia no poda despertar a su marido. El cuarto da la nia sac la taza de oro y la hija de la bruja la compr bajo las mismas condiciones. Pero el prncipe haba empezado a sospechar
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algo y cuando le dieron el vino, no lo bebi. La nia entr en el cuarto y empez de nuevo sus lamentaciones. Le dijo: --Si no me reconoces esta noche soy perdida para siempre. No tengo otra cosa con que pagar mi entrada al cuarto. La hija de la bruja tiene la gallina de oro y el trigo de oro
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y el peine de oro, y la cruz de oro y la taza de oro. Adems te casarn con ella maana. En este momento despert el prncipe, le di un abrazo y le dijo: --Ninguna ha de ser mi esposa sino t! Al da siguiente celebr nuevas bodas con su esposa, y mand quemar a la bruja y a su
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hija. EL PALACIO DE MADRID El rey de Espaa quera tener un palacio muy hermoso, el mejor del mundo. Quera tener el mejor arquitecto de Europa para construir este hermoso edificio y le busc por todas partes. Al fin encontr uno muy bueno y muy nombrado. Le prometi grandes sumas de dinero para construir su palacio. El arquitecto empez la
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obra y la acab en breve plazo. El rey estaba satisfecho. Entonces el rey dijo para s: --Si este hombre puede hacerme un palacio tan magnfico, puede hacer lo mismo para otro rey. Yo no quiero que otro rey tenga un palacio tan bueno, tan magnfico, como el mo. Qu har? Un da convid a comer al arquitecto famoso y
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le pregunt si podra hacer otro palacio como el que haba concluido. El arquitecto contest que s. El rey le manifest que no quera que construyese otro palacio. l quera tener el mejor palacio del mundo. Prometi darle grandes tesoros si daba su promesa de no hacer otra obra como aqulla. El arquitecto estimaba su fama ms que todo y
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se neg a darle su palabra. Cuando el rey vio que no poda obtener la promesa deseada, mand que aprisionasen al arquitecto. Despus de esto, le sacaron los ojos, para que no pudiera dirigir ninguna otra obra; le cortaron los brazos, para que no pudiera trazar los planos; y tambin le cortaron la lengua, para que no pudiera comunicar a
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nadie sus conocimientos. Pero le di el rey habitacin en el palacio y grandes riquezas. Todos los das estaba sentado el arquitecto a la mesa del rey. Los criados tenan que darle de comer porque no tena brazos. As estuvo viviendo de esa manera hasta que muri. Sobre los pequeos pilares que forman la cornisa del palacio se puede ver
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el busto de un hombre. Como todos los bustos, no tiene ni brazos ni ojos. Segn el pueblo este busto es la efigie del arquitecto que dirigi la ereccin del palacio. Se cree que el rey lo puso all para honrarle en muerte. [Illustration] LAS METAMORFOSIS DEL PICAPEDRERO Haba una vez un hombre que cortaba piedras de una roca. Su
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trabajo era largo y penoso, y muy mezquino en su salario, por lo que suspiraba tristemente. Un da, cansado de su ruda tarea, exclam: --Oh! Por qu no ser yo bastante rico para pasar la vida tumbado sobre un blando lecho, provisto de cortinas que me libren de los mosquitos? Entonces un ngel descendi del Cielo y le dijo: --Que
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tu deseo sea satisfecho. Y el hombre fue rico, y reposaba en blando lecho, provisto de cortinas de seda roja. Pero he aqu que el Rey de aquel pas llega en su magnfica carroza, precedido y seguido de lujosos caballeros y rodeado de servidores que sostienen una sombrilla de oro sobre su cabeza. El rico se sinti entristecido por este
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espectculo y dijo suspirando: --Oh, si yo pudiera ser rey! Y el ngel descendi del Cielo, y le dijo: --Que tu deseo sea satisfecho! El hombre fue Rey y se paseaba en una magnfica carroza precedida y seguida de lujosos caballeros, y le rodeaban servidores que sostenan sobre su cabeza la sombrilla de oro. El Sol brillaba de tal modo
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que sus rayos quemaban la hierba. El Rey se abrasaba de calor y deca que quera ser cmo el hermoso astro. Y el ngel descendiendo del Cielo le dijo: --Que tu deseo sea satisfecho! Y el Rey fue transformado en Sol, y sus rayos se derramaban sobre la tierra, abrasando las hierbecillas y haciendo brotar el sudor del rostro de
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los Reyes. Pero una nube se eleva en los aires y tapa su luz. El Sol se irrita al ver su poder menospreciado y grita que se cambiara por la nube. Y el ngel desciende del Cielo y le dice: --Que tu deseo sea satisfecho! Y el Sol se convierte en nube que sombra a la tierra, y las hierbecillas
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reverdecen. Y la nube se abri y de sus flancos corrieron torrentes de agua que inundaron los valles, devastaron las mieses y ahogaron las bestias; pero nada podan contra una roca, a pesar de embestirla el oleaje por todos lados. Entonces grit la nube: --Esa roca es ms poderosa que yo; quisiera ser roca. Y el ngel desciende del Cielo
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y le dice: --Que tu deseo sea satisfecho! Y la nube fue convertida en roca, y ni el ardor del Sol, ni la violencia de las lluvias podan conmoverla. Pero llega un obrero que comienza a golpearla, hacindola pedazos con su martillo, y la roca exclama: --Este obrero es ms poderoso que yo; Quisiera ser este obrero! Y el ngel
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desciende del Cielo y le dice: --Que tu deseo sea satisfecho! Y el pobre hombre, transformado tantas veces, vuelve a ser el picapedrero que trabaja rudamente por un mezquino salario y vive al da contento con su suerte. EL CABALLO DE ALIATAR D. Pedro Gmez de Aguilar tena una magnfica finca cerca de la ciudad de Cabra. Un da del
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mes de noviembre le avisaron que sus colonos haban abandonado la finca a causa de una invasin de los moros. D. Pedro no poda creer las noticias y sin decir nada a sus hijos, mont a caballo y se fue a la finca para informarse del suceso. Llova a cntaros y no vio a nadie en el camino. Al llegar
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a su finca no vio a nadie tampoco y crea que ya se haban ido los moros. Algunos momentos despus se vio rodeado de cuarenta de ellos a las rdenes del famoso alcaide de Loja, Aliatar. La resistencia y la fuga eran imposibles. Gmez de Aguilar tena que rendirse. --Dnde estn sus hijos?--pregunt Aliatar a D. Pedro. --He venido solo,
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porque no poda creer que se atreviese Vd. a llegar hasta aqu. Sonri el viejo alcaide, enseando unos dientes todava blancos y replic: --Me haban ponderado mucho su finca y tena deseos de conocerla. Pero como sus colonos habrn dado la alarma, vamos ahora hacia Carcabuey y es preciso que nos acompae Vd. --Aliatar, fije Vd. el precio de mi
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rescate, y, si no es demasiado, le doy palabra de que lo recibir en Loja antes de dos das. --No dudo de su palabra, mas prefiero su persona a su dinero. --Quiere Vd. canjearme por uno de los suyos...? --No tienen Vds. un prisionero nuestro que valga tanto como Vd. As, pues, debe Vd. resignarse y seguirnos. Se pusieron en
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camino, pero no se atrevan a seguir el camino frecuentado. Tenan que marchar uno a uno por sendas extraviadas. D. Pedro iba en el centro, junto a Aliatar, y los dos caballeros hablaban amigablemente. Lleg una ocasin en que se encontraron solos, pues los de adelante haban caminado ms aprisa que los de atrs. Tenan a sus pies un barranco.
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Al instante comprendi Gmez de Aguilar que se le presentaba una ocasin favorable para salvarse. Tir al caudillo rabe al barranco, le sujet y amordaz. Le quit sus armas y le oblig a esconderse con l. Empu D. Pedro su pual y dijo a Aliatar en voz muy queda: --Si se mueve Vd., le mato. Los suyos vendrn en seguida
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a buscarnos. --Mi palabra le doy, Gmez de Aguilar. No necesita Vd. mordaza para m. Se la quit su enemigo. Fiaba en la palabra de Aliatar como en la suya, porque la fama del alcaide de Loja era la de un perfecto caballero. En efecto, pronto empezaron los rabes a buscar a su jefe y al prisionero. Algunos se dirigan
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al escondite. Los momentos eran supremos. Nunca haba estado Gmez de Aguilar en peligro tan inminente de su vida. Aquellos hombres no le habran dado cuartel. Volvi sus ojos a Aliatar. ste no se mova y sus ojos parecan decir: --Yo no me mover; y no los llamar. Pero a veces brillaba en su mirada una viva esperanza que Gmez
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de Aguilar interpretaba en estas palabras: --Pero es muy probable que nos encuentren sin llamarlos y sin moverme. Al fin estaban dos de los moros a cuatro pasos del escondite. Otra vez empu D. Pedro su pual y mir a Aliatar. El caudillo segua inmvil y sus ojos le dijeron: --No dude Vd. de m; no me mover; no los
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llamar. En este momento oyeron el galope de un escuadrn y los dos moros huyeron del sitio. El escuadrn era mandado por el Conde de Cabra. Sorprendi y derrot a los moros. Entonces sali D. Pedro Gmez con el caudillo. Refiri al conde lo que haba ocurrido y ste le dijo: --En rigor, Aliatar es tambin mi prisionero, Don Pedro.
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Es honor que he buscado muchas veces en los campos de batalla. En confirmacin de estas palabras el prisionero movi tristemente la cabeza y dijo al conde: --En Alora me hiri su lanza y estuve a punto de caer en sus manos, pero me salv este caballo. Mrenlo Vds., es atigrado, pero ms fuerte y ms valiente que un tigre.
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Y el viejo Aliatar acarici al hermoso bruto y exclam tristemente: --Pero ahora, mi Leal, no puedes salvarme! Esta escena conmovi igualmente a los dos caballeros, e inflamados por el mismo sentimiento. --Aliatar, es Vd. libre!--exclam D. Pedro Gmez de Aguilar. --S, libre!--aadi el Conde de Cabra. Como seguan los caminos intransitables el moro tena que aceptar la hospitalidad que
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le ofrecieron para aquella noche. Al llegar a un cuarto de legua de la ciudad, tenan que pasar un ro. Las aguas haban crecido tanto que no apareca paso vadeable. Todos se detuvieron contrariados. Entonces les dijo Aliatar: --Mi Leal les abrir camino, si me permiten Vds. ir delante. Entonces vieron al viejo caudillo entrar en la impetuossima corriente como
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si cruzase una carretera. Todos le siguieron felizmente por aquel _vado_ que lleva todava el nombre _del moro_. Aquella noche obsequiaron a porfa a su libre prisionero Gmez de Aguilar y el Conde de Cabra. A la maana siguiente salieron a acompaarle fuera de la poblacin. Lleg el momento de la despedida, y Aliatar se vio rodeado de una guardia
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de honor. Con qu efusin estrech entonces las manos de D. Pedro y del Conde de Cabra! --Me han vencido Vds., y, aunque estoy libre, me han maniatado. --Cmo? --Maniatado para siempre, porque ya no podr combatir contra Vds. Me han desarmado con su hidalgua ms que con su valor. --Slo hemos hecho lo que merece Vd., Aliatar. Es Vd.
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uno de los ms nobles de su raza. --Les aseguro que mis soldados no volvern a invadir sus dominios. --Dicho esto, Aliatar salt de su caballo, cogi de su brida a Leal y se lo present a Gmez de Aguilar. --Se lo doy a Vd. como recuerdo de que me hizo prisionero. --Pues le ofrezco mi alazn en cambio,--respondi D.
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Pedro,--como recuerdo de que tambin fui prisionero de Vd. Mont en seguida en el hermoso caballo, salt Aliatar sobre el alazn, hizo a Leal la ltima caricia, y exclamando,--Que Al los guarde!--se march a galope tendido. Leal permaneci inmvil, siguiendo con mirada triste a su amo. En vano le acarici su nuevo amo. [Illustration] Bien mereca el nombre de Leal!
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Se dice que aquel hermoso caballo muri de tristeza a los pocos das. EL PRNCIPE OSO Haba una vez un comerciante que tena tres hijas muy bonitas, sobre todo la ms pequea a quien quera mucho. Toda su fortuna consista en un barco que tena en el mar, con el que haca sus negocios. Por entonces lo haba mandado muy
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lejos y estaba aguardndolo, cuando le dieron la noticia de que se haba ido a pique. El pobre hombre se puso muy triste porque, como no posea ms que aquel barco, estaba arruinado. As pas algn tiempo y gastaron lo poco que tena, cuando supo que el barco, que slo haba estado perdido, haba encontrado el camino y estaba en
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un puerto aguardando sus rdenes. El hombre estaba muy contento y dispuso ir al puerto donde estaba el barco y pregunt a sus hijas qu queran que les trajese. --A m, un vestido de seda,--dijo la mayor. --Y a m,--dijo la segunda,--un pauelo bordado. --Y t, qu quieres?--dijo a la hija menor. --Yo quiero una flor de lis del huerto
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que encuentre Vd. en el camino. Se fue mi hombre, lleg al puerto y vendi el cargamento. Compr el vestido y el pauelo, pero no pudo encontrar la flor de lis. Como volva a su casa, vio una casa con unos jardines tan hermosos, que dijo:--Voy a ver si en estos jardines tienen la flor de lis y me la
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venden. Entr en la casa y no vio a nadie a quien preguntar, recorri todos los jardines y al fin vio una planta con una flor de lis tan bonita, que se decidi a llevrsela. Viendo que no haba nadie a quien pedirla, fue y la cort. Tan pronto como la haba cortado, se le apareci un oso tan grande
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que retrocedi asustado. --Quin te ha dado permiso para cortar esta flor?--le dijo el oso. --Nadie, seor, sino que una de mis hijas me haba pedido una flor de lis, no la he encontrado en ninguna parte, y al pasar por aqu entr a ver si estaba aqu, pero como no he visto a nadie, cre que no tena dueo
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y la he cortado. Cunto tengo que pagar? --Estas flores no se venden,--dijo el oso,--pero puesto que la has cortado, llvatela, pero en cambio has de traerme la ms pequea de tus hijas, la que ha pedido la flor. --Ah! no seor,--dijo el padre,--a ese precio no quiero la flor, tmela Vd. --No puede ser,--respondi el oso,--ya la has cortado
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y el dao que has hecho, slo tu hija puede remediarlo; si no la traes, moriris todos. Se fue el pobre comerciante muy desconsolado y as que lleg a su casa, di los regalos a sus hijas, que se pusieron muy contentas, pero como le vean siempre triste le pregunt la ms pequea: --Porqu est Vd. tan triste padre? --Por
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nada, hija ma,--contest el padre. --No; Vd. oculta alguna pena que no quiere decir, porque siempre que me mira, le veo a Vd. llorar. Al fin tanto porfi la hija que el padre se lo cont todo. Entonces la hija le dijo que la llevase a aquel jardn. El padre no quera, pero al fin la llev al jardn y
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la dej en la casa como haba prometido al oso. All tena todo lo que deseaba, pero sin ver a nadie en la casa; slo de noche, sola or unos quejidos en el jardn, pero no se atrevi a llegarse a ver lo que era. Al fin, una tarde oy que los quejidos eran ms tristes que de ordinario y
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se decidi a ver lo que era. Entr en el jardn y junto a la planta de la flor de lis hall un oso tendido moribundo, con una mirada tan triste que a ella le di compasin. --Qu tienes?--le dijo.--Ests malo? El oso le dijo que s. --Cmo puedo yo curarte? Entonces el oso, sealando la flor y la planta,
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le contest: --El remedio est en tu mano. Ella mir la planta y comprendiendo que de all la haba cortado su padre, puso la flor sobre el tallo. Despus di la mano al oso que se levant convertido en un caballero joven y hermoso, el cual le dijo que era un prncipe encantado y que gracias a ella haba salido
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del encantamiento; que si quera casarse con l, se la llevara a su corte y sera princesa. Se fueron y se casaron y fueron felices por toda su vida, llevndose ella a su padre y a sus hermanas, que tambin se casaron. ADIVINANZAS En qu mes hablan menos las mujeres?--En el de febrero. Cul es el mayor castigo para un
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bgamo?--Tener dos suegras. Quin es el que lleva sin escrpulo su sombrero en la cabeza, lo mismo delante de un prncipe, que de un rey, o de un emperador?--El cochero. Qu es lo que llevaba Alejandro en la mano izquierda, cuando tom la ciudad de Lamsaco?--Los cinco dedos. Qu es lo que pasa el ro sin hacer sombra?--El sonido de
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las campanas. Qu es lo que se deja quemar por guardar un secreto?--El lacre. Qu es lo que va de Madrid a Zaragoza sin moverse y sin dar un paso?--La carretera. Cundo entran los perros en las iglesias?--Cuando estn abiertas las puertas. Porqu es una mujer deforme cuando est remendando sus medias?--Porque sus manos estn donde deban estar sus pies.
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Porqu los molineros llevan sombrero gris y los carboneros negro?--Por cubrirse la cabeza. En qu se parecen las mujeres a los montes?--En que tienen faldas. Qu fue lo ltimo que consigui Isabel la Catlica?--Morirse. En qu se parecen las pesetas a los zapatos?--En que se gastan. Qu es lo que hacen con el tiempo todos los hombres y todas las
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mujeres, los nobles y los plebeyos, los grandes y los pequeos, los ricos y los pobres?--Envejecer. ANCDOTAS --Seores, hay perros de ms talento que sus amos. --Yo poseo uno de esa especie. * * * --Ha ledo Vd. Romeo y Julieta? --Romeo, hace mucho tiempo; pero no he ledo Julieta. * * * --Sabe Vd. nadar, Gmez? --S, mi capitn.
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--Dnde lo ha aprendido Vd.? --En el agua, mi capitn. * * * --Tiene Vd. un hermoso paraguas. --S, es un regalo. --De veras! y de quin? --No lo s; pero dice en el mango, "Presentado a Juan Prez." * * * --He visto al diablo! He visto al diablo!--dijo un hombre huyendo. --Cmo! Vd. ha visto al diablo? --S,
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seor, en figura de borrico. --Bah! ha tenido Vd. miedo de su sombra. * * * En un hospital. --Cuntos han muerto esta noche? --Nueve, seor doctor. --Pues yo he recetado para diez enfermos. --Es que el nmero siete se ha negado rotundamente a tomar la medicina. * * * Coma un ingls en una fonda y le sacaron, como
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era natural, pan tierno. --Trigame pan duro--dijo al camarero. --No lo hay, seor--contest ste. --Pues que lo hagan. Yo esperar. * * * En un examen. --Cuntos son los elementos? --Cinco. --Cmo cinco! Cules son? --Agua, fuego, tierra, aire y aguardiente. --Porqu el aguardiente? --Porque mi padre, siempre que lo bebe, dice que est en su elemento. * * *
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--Pap, pap! Plant patatas en el huerto, y sabes lo que ha salido? --Ya lo creo. Patatas. --No, pap; han salido unos puercos y se las han comido. * * * Un individuo que vena a Madrid en diligencia, entr en una posada a las doce del da y pregunt: --Cunto vale la comida? --Doce reales. --Y la cena? --Ocho.
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--Pues dme Vd. de cenar. * * * --Qu tienes Jos? --Estoy desesperado! --Por qu? --Se me ha perdido el perro. --Y por eso te desesperas? --Ya lo creo! Y te juro que si no aparece, le mato. * * * En una posada. Un turista ingls pide liebre. --Vamos, un guisado de liebre--dice la posadera a su marido. --Pero,
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hija--responde ste en voz baja--ya sabes que no tenemos. --Y qu?--replic la mujer ingenuamente--Dale conejo... Como es ingls, no entender bien nuestra lengua. * * * Un recluta escriba a su padre una carta bastante breve y concluy as: No escribo ms porque tengo tanto fro en los pies que no puedo tener la pluma. * * * Un soldado
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pregunt a uno de sus camaradas, que volva de una campaa, si haba hallado mucha hospitalidad en Holanda. --Oh! s, mucha; casi todo el tiempo que he estado all, lo he pasado en el hospital. * * * En cierta ocasin pregunt un comerciante a un marinero: --En dnde muri su padre? --En el mar. --Y su abuelo? --En el
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mar. --Y su bisabuelo? --Seor, tambin muri en el mar como los otros dos. --Ah, miserable!--dijo el comerciante--despus de esos ejemplos todava se atreve Vd. a embarcarse? Call el marinero, medit algunos momentos y dijo despus al comerciante: --En dnde muri el padre de Vd.? --En la cama. --Y su abuelo? --En la cama. --Y su bisabuelo? --En la cama
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tambin. --Ah, miserable!--dijo entonces el marinero--despus de esos ejemplos todava se atreve Vd. a acostarse? * * * Cierta seora fue a visitar a una de sus amigas. No la encontr en casa, pero en cambio vio que los muebles estaban todos llenos de polvo. Queriendo dar a su amiga una leccin, escribi con el dedo sobre el polvo que
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cubra mesa y sillas, la palabra: _puerca_. Al da siguiente volvi y dijo a su amiga que la tarde anterior haba tenido la desgracia de no hallarla en casa. --S, ya s que estuvo Vd.; encontr su nombre escrito en todos los muebles. * * * Examinando a una seora como testigo de un pleito, el juez le pregunt cuntos
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aos tena. --Treinta--respondi. --Treinta!--observ el juez.--Hace tres aos que declar Vd. la misma edad en este juzgado. --Es--respondi ella--que no soy de esas personas que hoy dicen una cosa y maana otra. * * * Un alcalde de pueblo, yendo a visitar al gobernador de la provincia, llev consigo a su familia. --Tengo el honor,--le dijo,--de presentar a V. E.
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mi mujer y mi hija, y para que las pueda distinguir, me atrevo a advertirle que la de ms edad es mi mujer. * * * --Yo no s qu hacer,--dijo Juan a su mujer.--Don Cndido me escribe pidindome mil reales, y ya sabes que no puedo rehusar darle el dinero. --Puedes excusarte diciendo que no has recibido la carta,--observ
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la esposa. --Dices bien. Y, en efecto, nuestro hombre tom la pluma y escribi lo siguiente: --Seor don Cndido: siento infinito no poder servirle; pero no he recibido la carta en que me pidi los mil reales que desea. Suyo, etc. * * * Un hombre muy rico envi por un mdico para curarle de su enfermedad, que era pura
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aprensin. Cuando el mdico lleg, le tom el pulso, le pregunt qu era lo que senta y viendo que estaba bueno segn todas las apariencias, le pregunt: --Come Vd. bien? --S, seor. --Duerme Vd. bien? --S, seor. --Bien,--dijo el mdico;--voy a recetarle una medicina con que pierda Vd. todo eso. * * * Hallndose un marido en peligro de muerte,
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llam a su mujer y le dijo: --Morir contento, si me das palabra de no casarte con ese oficial que te hace la corte. --No tengas cuidado,--respondi ella,--que ya he dado la palabra a otro. * * * Un borracho oy las dos Y dijo con mucha paz --Hombre! dos veces la una? Ese reloj anda mal. * * *
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Confesbase uno de prestar dinero con usura. --Si el inters pasa de seis por ciento--deca el confesor--comete Vd. un pecado; no olvide Vd. que Dios todo lo ve desde el cielo. --Por eso precisamente, seor cura; porque todo lo ve desde el cielo, presto al nueve por ciento, porque el desde arriba le parecer un . EL BURRO FLAUTISTA[] Esta
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fabulilla, Salga bien o mal, Me ha ocurrido ahora Por casualidad. Cerca de unos prados Que hay en mi lugar, Pasaba un borrico Por casualidad. Una flauta en ellos Hall, que un zagal Se dej olvidada Por casualidad. Acercose a olerla El dicho animal; Y di un resoplido Por casualidad. En la flauta el aire Se hubo de colar, Y
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son la flauta Por casualidad. Oh! dijo el borrico: Qu bien s tocar! Y dirn que es mala La msica asnal? Sin reglas del arte Borriquitos hay, Que una vez aciertan Por casualidad. _Sin reglas del arte, el que en algo acierta es por casualidad._ [Note : Besides blank verse and ordinary rhyme, with which we are familiar in English
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verse, Spanish verse has also a vocalic rhyme called assonance. When the vowels are the same beginning with the last accented syllable, but the consonants different, the rhyme is called assonance, e.g. _boca_--_tropa_. Assonance of the even lines (, , etc.) is the usual rule in Spanish poetry. In a short poem the same assonance is often kept throughout the
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composition. In _El Burro Flautista_ the assonance is that of the last syllable only, e.g. _mal_--_casualidad_. In _El Pato y la Serpiente_, p. , the assonance is _a_--_o_, e.g. _pato_--_dado_--_canso_, etc. In _Los Dos Conejos_, p. , the assonance is _e_--_o_, e.g. _perros_--_conejo_--_compaero_, etc.] EL OSO, LA MONA Y EL CERDO Un oso, con que la vida Ganaba un piamonts,
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La no muy bien aprendida Danza, ensayaba en dos pies. Queriendo hacer de persona, Dijo a una mona: "Qu tal?" Era perita la mona, Y respondiole: "Muy mal." "Yo creo, replic el oso, Que me haces poco favor. Pues qu! mi aire no es garboso? No hago el paso con primor?" Estaba el cerdo presente, Y dijo: "Bravo! Bien va!
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Bailarn ms excelente No se ha visto ni ver." Ech el oso, al or esto, Sus cuentas all entre s, Y con ademn modesto Hubo de exclamar as: "Cuando me desaprobaba La mona, llegu a dudar: Mas ya que el cerdo me alaba Muy mal debo de bailar." Guarde para su regalo Esta sentencia un autor: Si el sabio no
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aprueba, malo; Si el necio aplaude, peor. _Nunca una obra se acredita tanto de mala como cuando la aplauden los necios._ EL PATO Y LA SERPIENTE A orillas de un estanque Diciendo estaba un pato: "A qu animal di el cielo Los dones que me ha dado? Soy de agua, tierra y aire: Cuando de andar me canso, Si se
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me antoja, vuelo, Si se me antoja, nado:" Una serpiente astuta, Que le estaba escuchando, Le llam con un silbo, Y le dijo: "Seor guapo, No hay que echar tantas plantas; Pues ni anda como el gamo, Ni vuela como el sacre, Ni nada como el barbo. Y as, tenga sabido Que lo importante y raro No es entender de
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todo, Sino ser diestro en algo." _Ms vale saber una cosa bien, que muchas mal._ LOS DOS CONEJOS Por entre unas matas Seguido de perros (No dir corra) Volaba un conejo. De su madriguera Sali un compaero, Y le dijo: "Tente, Amigo, qu es esto?" "Qu ha de ser?" responde: "Sin aliento llego... Dos pcaros galgos Me vienen siguiendo." "S
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