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|---|---|
Agora pues caminad
a vuestra visitación;
que do llega la afición,
la razón y voluntad
una misma cosa son.
Para vos está guardada
esta tan gran embajada,
después de la de Gabriel,
por la cual será Isabel
del caso certificada.
| 6copla_real
|
Su influjo y su reflujo las corrientes
del mar y su profundo le mostraban,
y el ser padre de ríos y de fuentes.
| 33terceto
|
Callo la gloria que siento
en mi dulce perdición,
por no perder el contento
que tengo de mi pasión.
| 5cuarteta
|
Si es muy dulce merecerlo,
Más y más es el gustarlo
Con descargo;
¿Queréis ver que es poseerlo?
Que hace dulce el desearlo
Siendo amargo.
| 31estrofa_manriqueña
|
Pasando la vida en mundanos placeres,
Dilapidando en vicios toda heredad,
Después de tantos vaivenes ¿Qué tu eres?
Una sombra, guiñapo, vacío, soledad.
| 7serventesio
|
El Pontífice Sumo,
con su innata clemencia,
al oír tal demanda,
de horror, de asombro, de estupor se llena.
| 17endecha_real
|
Guerrea con mano armada
y bélico poderío
la mi vida atormentada,
y triste corazón mío.
Cual sin patrón el navío
soy, después que no vos veo,
vida mía y mi deseo,
cuyo son más que no mío.
| 40copla_arte_menor
|
Dises que no sientes
un apartamento;
como apartá para siempre el arma
se bea e tu cuerpo.
| 26seguidilla_gitana
|
Señora, flor de azucena,
Claro viso angelical,
Vuestro amor me da gran pena.
| 10tercetillo
|
Oh tú, que alma del viento tantas veces
penetraste la esfera cristalina
osando competir la siempre acorde
revolución con que sus orbes giran,
vuelve, voz mía, a ser en los elogios
del grande Carlos nuevamente oída,
objeto capaz solo de excitarte,
por tantos años muda o intermisa.
Y tú, oh lira, que diste a los albogues
de incultos bereberes armonía
cuando, escuchando desusados tonos,
admiró Orfeos la feroz Numidia.
Al peine de marfil el dúctil oro
presta fácil, y pronta resucita
del polvo en que has yacido, infelizmente
envuelta de tu dueño en la ruina.
Pues, si vosotras ayudáis mi intento,
en el registro eterno de los días
consagrarán mis versos la memoria
de la ocasión feliz que los inspira;
contra los cuales ni voraz el fuego,
ni el hierro, ni de Júpiter las iras
podrán jamás; pues fuero de inmortales
de numen superior se les deriva;
de aquel, cuyos benéficos influjos
siente la humanidad y el mundo admira;
pues como sol de más cercana esfera
fomenta, ilustra, alienta y vivifica.
Ostenta, oh Mantua, tú, principalmente
de las magnificencias con que brillas,
compendiado el catálogo prolijo
a su desvelo paternal debidas;
para que retratadas por mi celo
de su fama en el templo excelso sirvan,
continuando las series dilatadas,
a su historia inmortal de pruebas vivas.
Hablad vosotros, generosos lares,
en que concordemente se concilian
naturaleza y arte, émulas solo
de la acumulación de maravillas.
No siendo la menor la prodigiosa
transformación, que dignamente indica
vuestro noble destino, y los sublimes
genios que os embellecen y habitan.
Hablad también vosotros, suntuosos
edificios contiguos en que cifra
la esplendidez sus profusiones todas,
la conveniencia todas sus medidas.
Habla igualmente tú, facilitada
Correspondencia pública, que afirmas
el principal comercio, y proporcionas
del trato ausente la delicia.
Hablad vosotras, al mantuano suelo
transplantadas Hespérides divinas,
verdaderos Elisios españoles,
nuevos, fragrantes y frondosos Hiblas.
Hablad, soberbios arcos, cuyas moles,
minando el aire al cielo se encaminan,
y conducen de Carlos la memoria
de la inmortalidad a la alta silla.
Hablad vosotros, genios laboriosos,
que con franqueza próvida destina
a la instrucción de juventud ilustre,
luz del Estado, y esperanza altiva.
Habla, oh nuevo Liceo matritense,
en que sobre las ya muertas semillas
de los héroes del Austria el grande Carlos
replanta la piedad y la doctrina.
Y tú en particular, noble instituto
del Derecho español, que atento explicas,
intérprete cabal del nuevo Numa,
las sabias leyes que a sus pueblos dicta;
¡Instituto feliz, pues tus cimientos
puestos por mano tal ya prometían
en tus mismos natales el brillante
grado a que dignamente te sublimas!
Habla tú, circunspecta, ilustre, sabia
Corte de Astrea, que oficiosa miras
como propio el común bien de los hombres
reglados por tu fiel distributiva;
y mostrarán tus útiles aumentos
que a Carlos debes la real fatiga,
la atención propia de héroes, el desvelo
próvido con que afirma la justicia.
Habla también del Mérito y Esfuerzo
señal y recompensa distinguida,
al sujeto más digno consagrada
por la causa mayor y más propicia.
Hablad vosotras, soledades yermas,
en pueblos numerosos convertidas;
y vosotros, incultos peñascales,
que ya habita Vertumno y Ceres pisa,
monumentos eternos, que a la gloria
de Carlos el amor grato dedica,
en cada piedra consagrando un voto
y una oblación humilde en cada espiga.
Hablen también las dóciles corrientes
de los ríos, que aprenden nuevas vías,
y, gloriosos de haberle obedecido,
ufanos a morir al mar caminan.
Hablen tratables ya los altos montes,
que el comercio y el tráfico impedían;
soberbios obeliscos que a su gloria
alzó naturaleza preventiva.
Hablen también por boca de la fama
las recientes victorias y conquistas,
logradas por quien tiene sus proezas
en ambos mundos con su espada escritas.
Hablen... Mas, ¿dónde arrebatada lleva
mi amor la voz, que audaz y presumida
en abreviado plan compendiar quiere
materia incomprensible e infinita?
Quede a vosotros, oh felices genios,
a quienes hoy corona vuestra misma
laboriosa virtud por la alta mano,
que el premio al repartirle multiplica;
quede a vosotros, pues el arduo empeño
de ocupar en su historia peregrina
los nobles instrumentos con que el arte
lienzos, bronces y mármoles anima.
Que, si acaso a mi musa amaneciese
entre tantas tormentas algún día
infausto menos, y benigna estrella
alegre influye, y diestra me ilumina;
trocada entonces en sonante trompa
la poco culta, si obsequiosa lira;
y en heroica epopeya convertidos
los tonos de la débil elegía;
La tierra, el cielo mismo sorprendido
de lo sublime de la acción que elija,
cuando con ellas eternice a Carlos,
repetirán asombros a mis rimas.
| 18romance_arte_mayor
|
Pues mis penas os fío,
ecos suaves,
¡óigalas Amarilis
porque se ablande!
| 22seguidilla
|
INQUIETO Zaide está : vio en occidente
Hundirse el sol, y descoger su manto
La oscura noche, y vio sobre las nubes
La luna alzarse en su argentino carro ;
Y aun no parece el Huérfano querido
En el tranquilo hogar. Ya el cuerdo anciano
De sus amores penetró el secreto,
Y le da su tardanza sobresalto.
Una vez y otra vez desde la torre
La vista tiende á los vecinos campos :
Sube á su estancia, baja á los jardines,
Por Mudarra pregunta a sus esclavos.
Al fin sale á esperarle á la plazuela,
Do salta un surlidor, y cuyos arcos
Arreboleras, yedras y jazmines
Visten entretejidos encañados.
La noche avanza, su inquietud se aumenta.
No parece el garzón, quiere buscarlo ;
Y desciende á los bosques convecinos,
Y entre los rudos troncos gira un rato ;
Cuando oye por la senda, que á la fuente
Del Amir va, los presurosos pasos
De alguno que á la Albaida se encamina
Sobre la muerta pompa del verano ;
Y luego ve acercarse de carrera
ün bulto que el rumor viene causando.
Pronto le reconoce.... sí.... Mudarra !
Ya le recibe mudo en su regazo.
j Mas en qué situación llega el mancebo
O santo Dios, en qué terible estado !
Pálido, alienta apena, en torno gira
Los ojos, que terror pintan y espanto
Descefddo el turbante al viento ondea,
Desnudo el hierro muéstrase en su mano
Y hierro, y mano, y manga es negra sangre,
Y sus miembros temblor, nieve su tacto,
Todo al punto lo adviene Zaide, y todo
Le está de horror el corazón ahogando :
Cuájasele la sangre, y confundido,
Prorumpe así con balbuciente labio :
" Oh Mudarra!....que es esto?—ay hijo mió!.
''Qué golpe amaga á este infelicc anciano?
" Mudarra! no respondes?"—El mancebo,
Al conocido acento en sí tornando,
Alza la faz, lanza un gemido, y dice :
" Al padre de Kerima muerte he dado."
Y con nuevo terror quiere esconderse
Del tierno Zaide en los amigos brazos.
"Como ?" pregunta el viejo :"has dado mucrle
" A Giafar?"—"A Giafar," responde ahogado
El mísero garzón ; y Zaide exclama :
" ¿ Quién penetra tus miras, cielo santo?1'
"Oh poderoso Alá.... ciertas, terribles
Son tus venganzas : sí, la eterna mano
Que las estrellas rige, inexorable
Pesa sobre la frente del malvado."
" O joven ! de las iras del Eterno
Es ya ministro tu inocente brazo. .
Álzate, torna en ti ; noble principio
A tus venganzas sin saberlo has dado
Álzate, torna en t i : llegó el momento
De la revelaeíon ; llena los altos
D estinos á que el cielo te encamina ;
Cúmplanse sus decretos soberanos."
Tales palabras del turbado joven
El corazón confuso reanimaron ;
Lumbre de gloria relució en sus ojos^
Cesó de pronto su abatido espanto :
Sintió su sangre hervir, miró el anillo.
El misterioso anillo que la mano
Adornó de Zahira ; estremecióse,
Y la diestra estrechó del viejo sabio.
Este," resuelto, Sigúeme," le dice :
í' Ven conmigo al jardin, y de los astros
" Allí en presencia, con el fiero adorno
" De esas ropas que sangre están manando,"
" Y con esa invencible cimitarra
Firme en tu diestra; escucha de mi labio
La maldad de los hombres, los desastres
Que presidieron á tu origen claro,"
<c Y la alta obligación que el cielo impuso
A tu nacer. El tiempo no perdamos,
Piies debes para siempre estas riberas
Dejar antes que el sol tienda sus rayos.
A y l las palabras últimas de Zaide
El pecho de Mudarra traspasaron.
Tembló, fijó la planta, quedó inmoble,
Y un suspiro lanzó. Viéndolo el ayo,
Con gran resolución y fuerte diestra
Le ase y sacude la siniestra mano,
Y ''Oh Mudarra!...oh Mudarra!...en este instante
" No vil temblor, esfuerzo es necesario,"
Grítale, y ante sí firme le impele ;
Y entrambos pasan del castillo el atrio,
Y en gran silencio, del jardin caminan
Por las calles de adelfas y naranjos.
Llegan á un sitio de él, donde sus pimUis
Siete cipreses jóvenes alzando.
Una cuadrada losa circundaban
Bruñida y sin emblema ni epitafio :
Sitio donde Mudarra muchas veces,
Con la atención de los primeros años,
Del docto Zaide oyó doctos consejos,
Y de honra y de virtud sublimes rasgos ;
Y do siempre curioso preguntara
Lo que guardaba aquel pulido mármol,
Recibiendo tansolo por respuesta
Tiernas caricias, lágrimas y abrazos.
Páranse pues allí; sobre la losa
Se asientan mudos y abatidos ambos,
Y alza la faz al vaporoso cielo,
Sin prorumpir palabra, el noble anciano.
Su marchito semblante iluminaba,
Por la cándida barba resbalando,
El claror de la luna, que triunfante
De las nubes reinaba en el espacio.
Su venerable rostro las señales,
Y los ojos de lágrimas preñados.
Daban de quien recuerda atroces hechos,
Y le falta la voz para contarlos.
Mudarra en sus facciones juveniles.
Vuelta la espalda al disco plateado.
De oscuridad cubiertas, escondía
Inquietud, atención., dolor y espanto.
Estaba el viento en calma ; blandamente
El aura hería los desnudos ramos ;
Reinaba hondo silencio pero Zaide
Rompiólo al fin de esta manera hablando.
| 18romance_arte_mayor
|
Habido pues este aviso,
consolóse en gran manera,
y aunque era larga la espera,
partióse del Paraíso
con cara más placentera;
pero cuando allá llegó,
aunque se dio mucha priesa,
al padre muerto lo halló,
y en su memoria plantó
el ramo sobre la mesa.
| 6copla_real
|
Tras el vivir y el soñar,
está lo que más importa:
despertar.
| 10tercetillo
|
Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia
el Bien supo elegir la mejor parte;
y si hubo áspera hiel en mi existencia,
melificó toda acritud el Arte.
| 7serventesio
|
Si tu fueses sabidor
y entendieses la verdad
verías que por tu ruindad
has avisado mal pastor.
Saca, saca de tu seno
la ruindad de que estás lleno
y verás como será
que éste se castigará
o dará Dios otro bueno.
| 38novena
|
Si puede haber males justos,
éstos, Gonzalo, son tales,
pues de tus trágicos males
sacas generales gustos.
Sepan los pechos robustos,
si en desdichas te embarazas,
que con celestiales trazas,
entre agravios y querellas,
las desdichas atropellas
y las virtudes abrazas.
| 13espinela
|
si amasteis en la vida
y ya en el firmamento estáis clavadas,
pues la pena de amor nunca se olvida,
y aun suspiráis en signos transformadas,
con Amarilis, ninfa la más bella,
estrellas, ordenad que tenga estrella.
| 45sexteto_lira
|
Otras, en su inquieto afán,
Ruedan y vibran, según
Con los clamores que dan
Al mundo anunciando están
Placer o luto común.
| 29quintilla
|
Pienso que habéis de venir,
si vais por ese camino,
a tomar el agua en vino,
como el danzar en reír.
| 19redondilla
|
doy por vista la célebre quimera
del que en la plaza se nombró despejo,
que he visto de la guardia el entrecejo.
y desaguar las mulas la trasera.
| 24cuarteto
|
Grande rumor en esto, repentino,
Súbita confusión y roncas voces
Resonaron en torno, á Ñuño y Lara
De sobresalto, dudas y temores
Llenando á un tiempo. El ciego los oidos
Atento aplica : el otro se dispone
Las causas á inquirir, y gira y torna
Los ojos en rededor, y entrambos oyen
Moros.'....morosl g r i t a r , y que se aumentan
La a gitacion, los llantos y clamores
En Salas toda. Por delante de ellos
Varios villanos, pálidos, veloces,
Cruzan despavoridos : quién buscando
Cercanas breñas y vecinos bosques,
En donde refugiar familia y bienes^
Quién á advertir al punto á sus pastores,
Que dejando cabañas y rediles
Huyan con los ganados á los montesj
Quién á esparcir el arma en las aldeas,
Y á reunir lanzas y ginetes, corre.
Ñuño pregunta en alta voz á algunos
La causa de la fuga, y le responden
Sin detenerse, que los moros cargan.
Con sus huestes cubriendo el horizonte :
Nueva que corrobora de la villa
El campanario, cuyos huecos bronces
A vuelo publicando el arrebato, ~
El viento asordan con sus recios sones.
Quedó suspenso Ñuño; pero Lara
Al bélico rumor estremecióse,
Y animoso exclamó : " ¿Por qué los cielos
Me tienen condenado á eterna noche?"
Si ojos tuviera yo, (la edad qué importa?)
De un caballo ocupara los arzones,
Empuñara una lanza, y mis vasallos
No huyeran de los moros invasores
Del bárbaro Giafar puede que sean
Los satélites viles y feroces :
De Giafar, que sabiendo estoy ya libre,
Quiere que á ser esclavo suyo torne."
''Ah!....si tuviera vista!"-..." No la tienes,"
Dijo al momento Ñuño, á quien el nombre
De Giafar, y de Lara la ocurrencia
Heló la sangre. <No la tienes....ponte,"
"Ponte, señor, en salvo."Amigo Ñuño,"
Tranquilo Lara continuó, " y ¿en dónde
" O cómo? di.. Moverme puedo apenas
" Con mi estrella infeliz estoy conforme."
" Corre á tomar noticias mas exactas."
Ñuño á dos escuderos llama, y órden
Da de que á su señor cuiden y asistan,
Y que ni un solo instante le abandonen.
Manda poner á punto los caballos,
Y que las armas una escolta tome,
Y á adquirir por sí mismo la certeza
De lo que ocurre, por la villa entróse.
| 18romance_arte_mayor
|
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.
| 5cuarteta
|
Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.
| 11cantar
|
Goza y divierte en la Vega
Brihuega.
Porque sin miedo va yendo
corriendo.
Con tomate y ajo moro
el toro.
Costumbre que es un tesoro
música, baile, alegría
¡Qué familiar armonía!
Brihuega, corriendo el toro.
| 0ovillejo
|
DE la villa de Salas el palacio
Contraste singular y extraño ofrece:
De su fachada principal se elevan
Afrentadas y ciegas las paredes,
Y las macizas torres , dominando
Una desierta plaza , donde crecen
Bastarda yerba y cardos espinosos
Sobre helados fangales y entre nieves
Mientras los toscos muros de la espalda,
Hoy adornados con guirnaldas verdes,
Señorean gozosos un espacio,
Que si un tiempo corral, hora aparece
Escombrado, regado con arena,
Y ocupado en reedor por turba alegre
De bullicioso pueblo. Y el postigo,
Aquel postigo humilde, que la suerte
Hizo la sola entrada del palacio,
Se ve guardado por armada gente ;
Y en el patio interior cruzar los pajes
Y antiguos servidores, con sus vestes
De gala, aunque sin cifras ni blasones í
Todo en fin el apresto de un solemne
Ceremonial anuncia. A poco rato
Entre la multitud, que alzara al verle
Gozosos vivas, se acercó al postigo
Un mensajero que de Búrgos viene.
Es heraldo del conde de Castilla,
Se gun dice su traje, y le preceden
Tamboril y mazeros. Danle entrada
Honrosa los armados, él desciende
De la gallarda muía allá en el patio,
Y pajes y escuderos reverentes
e conducen al punto á la escalera,
Do veinte hidalgos su llegada atienden,
Y acia el salón con ellos se encamina
En que se celebraban los banquetes.
Era aquel mismo en que hace pocos (lias
El conde y Rui-Velázquez diferentes
Afectos desplegaron, descubriendo
De Lara al hijo vengador. Mas tiene
Hoy mayor aparato y compostura :
Hojas de pino, arena y juncias verdes
Le dan alfombra, y á sus toscos muros
Adorno ricos paños y doseles.
En medio, en un sillón, que en parte cubre
Con groseros recamos un tapete,
Aunque de luto con flamantes ropas
En torno orladas de trenzilla y pieles,
Sentado el ciego Lara está : á su diestra
Ocupa otro sillón el arcipreste,
Y otro á la izquierda Zaide, y á los lados
Sendos escaños hay, do asiento tienen,
También de luto y con primor vestidos,
be la casa de Lara los parientes.
Seis armados custodian la gran puerta ;
Y de pié y en la mano los birretes,
Están tras el sillón de Gústios Lara
Escuderos y pajes, y á su frente
Con pértiga de plata el mayordomo :
Inmobles todos sin hablar parecen
Las figuras á e un cuadro. A poco oyóse
Grande rumor de pueblo, cunde, crece
Por patios y escaleras, y se escucha
Fuera gritar : E n hora buena llegue
Mensajero del conde soberano
De Salas a l c a s t i l l o ; y cual si hubiese
Un mágico poder en tales voces,
Cuantos están en el salón, se mueven.
Quién ajusta su barba, toca y traje,
Quién hace rechinar su taburete,
Quién habla en voz sumisa á su vecino,
Y quién los ojos á la entrada vuelve.
Lara la faz alzó, en que los afectos
De inquietud, gozo y pena se suceden;
Y por órden que dicta el mayordomo.
La puerta abren los guardias. Aparece
El heraldo del conde de Castilla,
Que entrando á paso grave, con solemne
Acento, en la mitad del ancho estrado,
S a l u d , paz, a t e n c i ó n , grita tres veces.
Desarrolla un delgado pergamino,
Del que un sello de plomo atado pende
Con un listón morado, y en voz clara,
Tras de un saludo al auditorio, lee
ün privilegio, por el cual el conde
Permiso á Gústios Lara le concede
Para legitimar al hijo suyo,
Y como á sucesor reconocerle;
Y haciendo seña de que á leer llegaba
Las firmas, todos soalzan reverentes,
Y él se inclina, y pronuncia el alto nombre
Del señor de Castilla, y otros siete
De ilustres ricos homes y prelados,
Que el privilegio afirman y sostienen.
Besa en seguida el blanco pergamino.
Lo lleva al pecho, aplícalo á la frente,
Y tras una profunda reverencia.
Lo entrega con respeto á Gústios. Este,
" Pues me autoriza mi señor," responde,
" Para que al hijo natural eleve"
" Al grado de legítimo, al momento
" La usada ceremonia se celebre."
El mayordomo al punto con dos pajes.
Mudo y con gran prosopopeya fuese
Acia una puerta lateral, abrióla,
Y por ella al salón seis dueñas vienen
Que parecen fantasmas ; y en seguida,
Con largas tocas como pura nieve,
Y una bordada ropa rozagante,
La viuda del señor de Benavente,
Doña Guiomar, del noble ciego hermana,
Y que hoy cumplir con las funciones debe
De señora de Salas. Por la diestra
A Mudarra conduce •, y la precede
Una joven doncella, que en las manos
Saca un gran azafate con tapete
De damasco cubierto. A entrambas partes
Las dueñas en dos filas se detienen,
Y la anciana señora, cuyo aspecto
Ilustre y cuyo grave continente
El respeto inspiraban mas profundo,
En medio del salón luego procede
A ejecutar la usada ceremonia,
Que si hoy rara y aun necia nos parece,
Porqué usos y costumbres han mudado,
Era tan importante y tan corriente,
Que aun vive en nuestros labios el proverbio
Que nació de ella, v á ella se refiere.
La ilustre dueña pues, tras las preguntas
De fórmula á su hermano y asistentes,
Tomó del azafate una camisa
De lienzo, y de grandeza tal que hubiese
Sobrado para el cuerpo de un gigante ;
Y por Ñuño ayudada, que allí ejerce
La parte de padrino, por la manga
La cabeza del joven moro mete,
Y por el ancho cuello se la saca,33
Y hasta los pies el camisón desciende.
Al ver salir como de entre una nube,
De en medio de aquel lienzo y grandes plieg ues,
Al mancebo gentil; gritó la dueña,
Vuelta al señor de Lara : Hoy te concede
"Dios un hijo legítimo, heredero
"De tu alto nombre, de tu sangre y bienes."
'' Hele aquí como tal le reconozco,
" Y le presento al mundo."—Así el solemne
Acto dió fin : el ciego venerable
Abraza al hijo y bésale mil veces-,
Abrázale también la anciana tia.
Por el órden de grado los parientes;
Y pajes, dueñas, guardias y escuderos
Su pleitesía le presentan fieles
Y fervorosos vivas levantaron,
Que pasando artesones y paredes,
Hallaron ecos mil en el concurso
Que cercaba el palacio. El arcipreste
Al punto en un delgado pergamino
Un testimonio en toda forma extiende,
Donde los caballeros que allí había
De la casa de Lara, cual presentes
Trazan al acto una cruz, sus nombres
Escribir no sabiendo. Gústios este
Documento al heraldo entrega, manda
Que al conde soberano se lo lleve,
Y una salva de plata y una copa
Le regaló. Después un gran banquete
En aquel salón mismo se dispuso,
Do no tuvieron silla solamente
Los deudos, caballeros é hijosdalgo,
Sino también los servidores fieles
De la casa; y en patios y portales
Dejando entrar la bulliciosa plebe.
Con larga profusión se repartieron
En confuso desorden, aunque alegre,
Blanco pan, duro queso, varias frutas,
Terneras, cerdos, zaques y toneles.
Pronto dejó el festín el ciego padre ;
Por mas que ya risueña se le muestre
La inconstante Fortuna, sus recuerdos,
Sus achaques, su edad y los crueles
Sobresaltos y dudas que aun le cercan
Del porvenir, y el gran pesar que tiene
De que el hijo se niega á ser cristiano,
Hasta que en dura lid su nombre vengue ;
Le privan de contento y de reposo,
Le amargan los instantes mas alegres.
Atormentan do quier su alma cascada,
Y en el bullicio estar no le consienten.
Dejó la presidencia del convite.
Muy capaz de llevarla, al arcipreste,
Y con Ñuño á su estancia retiróse.
Rogando a todos que en la mesa queden.
No por muy largo tiempo estuvo en ella
Mudarra, activo y sobrio : á diferentes
Costumbres avezado, aquellos brindis
Y extraños usos poco le divierten5
Y dejando su asiento, los portales
Atravesando y patios, do la gente
Se entregaba al desórden y alegría,
Solo á vagar por los contornos fuese.
| 18romance_arte_mayor
|
El que más teme el deshonor y oprobio
que el trance del morir, y está dispuesto
a dar la vida por la Patria amada:
¡ese es feliz y grande!
| 37estrofa_francisco_de_la_torre
|
Mas si yo acaso olvidare
los ojos en que me vi,
olvídese Dios de mí,
o si en cosa imaginare,
mi señora, si no en ti.
Y si ajena hermosura
causare en mí movimiento,
por una hora de contento
me traiga mi desventura
cien mil años de tormento.
| 6copla_real
|
Aunque en verme tomaréis
las quejas de mis enojos,
yo quiero, sin más antojos,
querer lo que vos queréis;
ya me parto, no dudéis,
a veros sin más reyerta,
que espero que viviréis
y esperanza me despierta,
aunque en ella va encubierta
más pasión que vos tenéis.
| 25décima_antigua
|
Procura cuanto puedas que la tu mensajera
sea razonadora, sutil y lisonjera,
sepa mentir con gracia y seguir la carrera,
pues más hierve la olla bajo la tapadera.
| 9cuaderna_vía
|
Por lo que yo boy mirando,
si no has tiraíyo pieras,
poquito te va fartando.
| 30soleá
|
Doña Clara me ha mandado,
Carrizo hermano..., esté atento...,
que dé a hacer el monumento
que ayer dejamos tratado.
| 19redondilla
|
El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.
Alegre estoy, vive Dios:
mas oye un punto sutil:
¿no pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?
| 28copla_castellana
|
Contentaros y serviros
es el fin de mi deseo;
mis cuidados y suspiros
por vos sola los poseo;
| 5cuarteta
|
Yo amaba todo: un noble sentimiento
exaltaba mi ánimo, y sentía
en mi pecho un secreto movimiento,
de grandes hechos generoso guía.
La libertad con su inmortal aliento,
santa diosa mi espíritu encendía,
contino imaginando en mi fe pura
sueños de gloria al mundo y de ventura.
| 2octava_real
|
Voy, perdido, Señor, ¿cómo encontrarme?
De tu mano el castigo es quien me enseña
que pequé, más ¿en qué, dime en qué estriba
Señor, mi culpa?
| 36estrofa_sáfica
|
Sólo más tarde se darían cuenta
de que los dos buscaban una historia
no demasiado cerca del amor,
tal vez alguna excusa
para mirar los árboles de enero
temblando sobre el parque,
atravesar las calles
de una ciudad tomada por los himnos
y la ropa de invierno
o verse acompañados
—ilusionadamente—
sobre el cristal celeste de los escaparates.
| 35unknown
|
Ya esta suerte, que empeora,
se vio tan en las estrellas,
que formó de mí querellas
de quien yo las formo ahora.
Y es tal la falta, señora,
de este bien, que de pensallo,
confuso y triste me hallo,
que si por vos me preguntan
los que mi daño barruntan,
de pura vergüenza callo.
| 13espinela
|
Gentil dama, tal parece
la ciudad, donde partiste,
como una compaña triste
donde el capitán fallece.
De toda beldad carece,
que vuestra fisonomía
el centro esclarecería,
donde lumbre se aborrece.
| 40copla_arte_menor
|
Dises que no me puées be:
la cara t'amariyea
de la fuersa der queré.
| 30soleá
|
El animal más fiero
es el marido
pero algunas le temen
menos que a un niño;
pues los hay tales
que de ser hombres pierden
los memoriales.
| 27seguidilla_compuesta
|
La tarde más se obscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
| 19redondilla
|
Por el sonoro canto
de tantas aves,
prefiero yo estos bosques
a las ciudades:
porque en aquestas,
los cantos se oyen solo
de la sirena.
| 27seguidilla_compuesta
|
Pero digo que, acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño,
por eso no nos engañen,
pues se va la vida apriesa,
como sueño,
y los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.
| 31estrofa_manriqueña
|
Así, pues, el Señor cuando el Cielo creó
puso en él sus señales, planetas ordenó,
poderes e influencia a todos otorgó,
pero poder más grande para sí reservó.
| 9cuaderna_vía
|
Gruesas gotas de mi llanto
ruedan culpa del pecado;
es que nunca había yo amado
gema del llano tan bella,
origina tentación
rumor de amores ocultos,
ilusión sentir tus bultos,
Amor bajo luz de estrella.
| 15octavilla
|
¿Y quién contaría los muchos linajes,
acuñas y reinos que allí se nombraron
de diversos modos, así los lenguajes,
cuando los estoles en uno aferraron?;
qué duda es aquellos que más se esforzaron
a saber del cuento, poderlos contar,
pues solos aquellos, a quien da lugar
el tiempo, diremos, y nos recontaron.
| 41copla_arte_mayor
|
Descansar de esta labor
de huracán, amor o infierno
no es posible, y el dolor
me hará a mi pesar eterno.
| 5cuarteta
|
Desde aquel día
no he movido las piezas
en el tablero.
| 8haiku
|
cuando, entre globos de agua, entregar veo
a las arenas ligurina haya,
en cajas los aromas del Sabeo,
en cofres las riquezas de Cambaya;
delicias de aquel mundo, ya trofeo
de Escila, que, ostentado en nuestra playa,
lastimoso despojo fue dos días
a las que esta montaña engendra arpías.
| 2octava_real
|
Más vale estarse quieto
sin hacer nada
que ocuparse en las cosas
cuando son malas:
que la pereza
tan solo en este caso
parece buena.
| 27seguidilla_compuesta
|
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
| 7serventesio
|
La fortuna, que trasmuda
a todo omme sin tardanza
e lo lieva do non [cuda]
desque buelve la balanqa,
quiere que faga mudanza,
e tróxome donde vea
este lugar, [por] que crea
que amar es desesperanza.
| 15octavilla
|
Esta cadenita,
mare, que yo llevo,
con los añitos que pasan, que pasan,
va criando hierro.
| 26seguidilla_gitana
|
Aquél que de negro viste,
el de las grandes ojeras,
es un pensamiento triste…
¡Sufre mucho! ¡Si supieras!…
| 5cuarteta
|
¡Qué alegre y desvanecido
cantas, dulce ruiseñor,
las venturas de tu amor
olvidado de tu olvido!
| 19redondilla
|
¿Arde de nuevo el corazón inquieto?
¿A quién pretendes enredar en suave
Lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
Mísera Safo?
| 36estrofa_sáfica
|
Subí a la muraya
me respondió er biento:
¿Pa qué bienen tantos suspiritos
si ya no hay remedio?
| 26seguidilla_gitana
|
Gentil dama, cuyo nombre
os es así conveniente
como a Jesús Dios y hombre
y al sol claro y muy luciente,
mi deseo no consiente
que ya no sepa de vos;
pues consoladme por Dios
con letra vuestra placiente.
| 40copla_arte_menor
|
Bajo la adelfa sin luna
estabas fea desnuda.
| 3couplet
|
Dios de su gloria a Boscán
y a Garcilaso poeta,
que con no pequeño afán
y por estilo galán
sostuvieron esta seta,
y la dejaron acá
ya sembrada entre la gente;
Por lo cual debidamente
les vino lo que dirá
este soneto siguiente:
| 6copla_real
|
Bombacho gris guarnecido,
bota de ante, espuela de oro,
hierro al cinto suspendido,
y a una cadena, prendido,
agudo cuchillo moro.
| 29quintilla
|
Por esos munditos
me yaman er loco;
ar que tiene la curpa e mis males
yo bien lo conosco.
| 26seguidilla_gitana
|
Tuve en mi pago en un tiempo
hijos, hacienda y mujer,
pero empecé a padecer,
me echaron a la frontera,
¡y qué iba a hallar al volver!
Tan sólo hallé la tapera.
| 12sextilla
|
el grave aspecto del abad MALUENDA
pareció, dando al monte luz y gloria
y esperanzas de triunfo en la contienda;
| 33terceto
|
Ese alegre murmullo que se acerca
Detrás de los floridos arrayanes,
Del limpio estanque perfumada cerca
Es que agitan las ondas de la alberca
De Zozaya y de Fátima los manes.
| 32quinteto
|
Madre sois de vuestro Padre;
no disimuléis, María;
que Dios cuando os escogía,
a vos os tomó por madre,
y a mí me quiso por tía.
Gloria de vuestro linaje,
vestida de nuestro traje,
a Dios vestís por aforro;
con él andáis en el corro,
y habláis nuestro lenguaje.
| 6copla_real
|
Venus, sobre delfines recreando,
entre tanto se está en el océano,
cuando una palomilla, que volando
del cielo baja en el salado llano,
dícele: "Deja, oh diosa, el ir holgando
por el mar, que tu hijo está mal sano;
de una gota de aceite y fuego ardiente
quemado, llora del dolor que siente"
| 4octava
|
Un momento detiene
su firmeza balanceada
en la suave plenitud de la onda.
Polariza los hilos de los vientos
en su mástil agudo,
y los rasga
de un tirón violento, mar afuera,
inflamada de marcha,
de ciencia, de victoria.
| 38novena
|
y cómo otro camino
prosigue el sanguinoso Marte airado,
y el Júpiter benino,
de bienes mil cercado,
serena el cielo con su rayo amado;
| 14lira
|
Entrará vuestra merced,
porque es más honesto entrar,
por cima de una pared
y dará en un muladar.
| 5cuarteta
|
¡Blanquita como la niebe!
¡Qué lástima de gachí,
que otro gachó se la yebe!,
| 30soleá
|
Puede que sea mejor
tener un poco más gruesa
la cintura
que padecer tal dolor
y perecer en la empresa
¡qué locura!
| 31estrofa_manriqueña
|
Bien sabe Dios que a ésta y a cuantas damas vi
siempre supe apreciarlas y siempre las serví;
si no pude agradarlas, nunca las ofendí,
de la mujer honesta siempre bien escribí.
| 9cuaderna_vía
|
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
| 33terceto
|
Tenía Mari Nuño una gallina
en poner tan contina
cuanto la vieja atenta a su regalo.
Sucedió un año malo,
tal, que el pasto faltándole süave,
negó su feudo el ave.
Perdone Mari Nuño,
que la overa se cierra cuando el puño.
| 4octava
|
Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme
lo que hago por vosotros hacer podéis por mí...
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir!...
| 7serventesio
|
Al afecto replicando,
les dio: «Pues satisface
u ciencia y nos aplace,
yo mando, determinando,
que no punto dilatando,
reciba en nuestro vergel
la corona de laurel,
que impetró, poetizando.
| 40copla_arte_menor
|
Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita,
No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!
| 7serventesio
|
Y Carlos, aquel Infante
que fue nuestro Emperador,
¿qué se ha hecho?
Ya dicen que va adelante
a dar cuenta al gran señor
de su pecho.
| 31estrofa_manriqueña
|
Ni mueve más ligera,
ni más igual divide por derecha
el aire, y fiel carrera,
o la traciana flecha
o la bola tudesca un fuego hecha.
| 14lira
|
¿Y quién le avala al señor?
- ¡Mi honor!
- Que no lo tienes, prevengo.
- ¡Tengo!
- Mucha ropa hay en el mar...
- ¡Que lavar!
- Aunque temas a luchar,
el más ruin tú de los seres
pues te escondes tras mujeres,
¡mi honor tengo que lavar!
| 0ovillejo
|
Rizados copos de nevada espuma
forma el arroyo que jugando salta,
ricos países de vistosa pluma
en campos de aire el pajarillo esmalta;
álzase lejos nebulosa bruma,
de sombras rica, si de luces falta,
y el verde prado y el lejano monte
muro y término son del horizonte
| 2octava_real
|
Técnica suprema, inteligente,
Ingenios que llenan la vida toda;
Pero la gente de amor indigente,
El alma vacía, hueca, incómoda.
| 7serventesio
|
Levanta, levanta del yelo de presto:
y ¿cómo desmayas?, me dice mi Guía;
signa tu frente por tal agonía,
que turba de dentro y de fuera tu gesto.
¿Y cómo?, ¿no sabes que tengo propuesto
de nunca dejarte por este caos?
Tengo la gracia muy alta de Dios,
que plácido puede hacerte de mesto;
por ende levanta, diciendo: ¡Teos!
| 38novena
|
Pues es fuerza casarme
chica la quiero
ya que son malas todas
del mal el menos
Dios me la guarde
que aunque chica, bien puedes
Hacerme grande.
| 27seguidilla_compuesta
|
Y vi más de un caballero,
que delante ellos estaba,
y muy manso razonaba
y con bulto falaguero:
Mas por hablar verdadero
su razón no la diría,
maguer que me parecía
en la loquera extranjero.
| 40copla_arte_menor
|
Y la nota sostenida,
cuando florezcan las rosas,
serán la beldad de prosas,
y en la nota musical
la rosa florecerá;
y ya, tú, abrirás los ojos
y me encontrarás de hinojos
¡entre tu amor y el rosal!.
| 15octavilla
|
porque en el rico adorno que mostraba,
y en el gallardo ser que descubría,
del cielo y no del suelo semejaba.
| 33terceto
|
Árbol que no da fruto,
fuera al instante,
que suelen ser raíces
causar mil males.
| 22seguidilla
|
Inarco así, de la que adora ausente,
a las deidades del Olimpo sordas
demandaba piedad. Damon en tanto,
joven pastor, que al valle reducía
pobre rebaño de manchadas cabras,
al pie de un olmo halló sobre la hierba
al amante zagal apenas vivo.
Le alzó del suelo con amiga mano,
razones, no escuchadas, repitiendo,
por si con ellas aliviar lograse
su grave afán, piadoso le conduce
a su rústico albergue, y vagaroso
el fiel Melampo a su señor seguía.
| 35unknown
|
Entre armas, guerra, fuego, ira y furores
que al soberbio francés tienen opreso,
cuando el aire es más turbio y más espeso,
allí me aprieta el fiero ardor de amores.
| 24cuarteto
|
Tuvo mi corazón, encrucijada
de cien caminos, todos pasajeros,
un gentío sin cita ni posada,
como en andén ruidoso de viajeros.
| 7serventesio
|
Deja que entanto que el Empíreo absorto,
Dicha contempla y majestad tan alta,
Tímido el labio del mortal, tu nombre
Grato bendiga.
| 36estrofa_sáfica
|
Y el roble derrama sus ramas añosas,
En donde el milagro florece las rosas,
En la azul penumbra de ideal jardin,
Y en la inicial roja, gótica y florida,
El ave modula su canto prendida.
¡Aurea cotovia! ¡Ave Serafín!
| 34sexta_rima
|
ya porque en él, por pasiones,
nunca faltan bandoleros.
Quien lleva pocos dineros,
cantar suele entre ladrones,
| 19redondilla
|
¡Qué hermoso es, cuando en copos
la blanca nieve silenciosa cae,
de las inquietas llamas
ver las rojizas lenguas agitarse!
| 21silva_arromanzada
|
Seas fulano o mengana,
mañana,
los placeres que hoy te dan
serán,
al venir tiempos peores,
dolores.
Aunque un día te enamores,
el reloj, que va con prisas,
marca que lo que hoy son risas
mañana serán dolores.
| 0ovillejo
|
De gótica sangre fui yo producida
al mundo y de línea bienaventurada,
de reyes y reinas criada y nutrida,
Y de nobles gentes servida y honrada;
Y de la Fortuna así contractada
que rey en infancia me dio por marido,
católico, sabio, discreto y sentido,
de quien amadora me hizo gran amada.
| 41copla_arte_mayor
|
Diéronme a mí las infalibles Parcas
Un campo reducido, el blando aliento
De griega Musa, y de inconstante plebe
Despreciar los furores.
| 37estrofa_francisco_de_la_torre
|
Subsets and Splits
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