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46 classes
Mujer es un animal que dise hombre inperfecto, procreado en el defecto del buen calor natural; aqui se incluyen sus males, e la falta del bien suyo, e pues le son naturales, quando se demuestran tales que son syn culpa concluyo.
38novena
Arenal de Sevilla, Torre del Oro. Azulejo a la orilla del río moro.
22seguidilla
Sé que en su corazón, nido de sierpes, no hay una fibra que al amor responda; que es una estatua inanimada...; pero... ¡es tan hermosa!
21silva_arromanzada
Negro el cabello, imitador undoso de las obscuras aguas del Leteo, al viento que lo peina proceloso, vuela sin orden, pende sin aseo; un torrente es su barba impetüoso, que (adusto hijo de este Pirineo) su pecho inunda, o tarde, o mal, o en vano surcada aun de los dedos de su mano.
2octava_real
La puente no la paso, no la atravieso. Envuelto en oro y raso no se hace eso.
22seguidilla
No temo al calor ni al frío acogida a tu albedrío.
3couplet
si hablas, o si ríes, o si cantas, si muestras mansedumbre o aspereza (efecto sólo de tu gentileza), las potencias del alma nos encantas.
24cuarteto
Viendo los maestros dél palo tan hermoso y neto, liso, derecho y perfeto, ponen luego mano en él, no sabiendo su secreto; mas muy burlados se vían, que mil veces lo probaban en la parte que querían, y en cuanto el ojo volvían, corto o largo lo hallaban.
6copla_real
si luego hacéis con el oro vuestro pecho aparador, y luego el quemado olor os inciensa el bajo coro,
19redondilla
Consuelo de los que afligen Virgen. ¿Qué nombre mejor te cuadre? Madre Por castellana y risueña Alcarreña. Si Brihuega nos enseña a tener amores fijos, ¡Cuenta con todos tus hijos! Virgen, Madre y Alcarreña.
0ovillejo
¿Qué será ver hombre tanto Nacido para morir, Ciegos los ojos de llanto, Ciega el ánima de espanto, Al valle inmenso venir?
29quintilla
Mientras preludian jubilosos himnos Coros volubles de pintadas aves, Trisca el rebaño, y hasta el toro fiero Brama de gozo:
36estrofa_sáfica
Es mi boca que muerde tu poema y suspira en silencio el teorema de columnas nocturnas en la alfombra. Entregar a tu pecho la diadema y tomar el perfume de tu sombra.
32quinteto
¿Quién pensara que esos ojos algún tiempo me mirasen, que, señora, no atajasen todos los males y enojos que mis males me causasen? Mira, señora, mi suerte si ha traído buen rodeo, que si antes mi deseo me hizo morir por verte, ya muero porque te veo.
6copla_real
El enemigo antiguo siempre fue gran traidor, es de toda enemiga maestro sabedor; Unas veces semeja un ángel del criador y es en vez diablo fino, de gran sonsacador.
9cuaderna_vía
Singular Virgen sagrada, entre todas la más mansa, y tan mansa, que, descansa Dios dentro en vuestra morada; limpiadnos, que estamos llenos de las culpas que criamos, y hacednos que seamos muy mansos, castos y buenos.
28copla_castellana
Al sol y de los vientos al socaire sin sacudirse moscas, con la legra más tajante que lengua de una suegra afeita perros muertos el pelaire.
24cuarteto
Ofrezco al diablo artificio, que con apretar la mano, derriba al hombre más sano hasta el día del jüicio.
19redondilla
Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. -Compadre, quiero morir, decentemente en mi cama.
11cantar
vosotras, cuyas leyes guarda observante el tiempo en toda parte, amenazas de príncipes y reyes, si os aborta Saturno, Jove o Marte; ya fijas vais, o ya llevéis delante por lúbricos caminos greña errante,
45sexteto_lira
Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja.
11cantar
A ese clamor tan violento, Incapaz de tanto ruido, Vibra fatigado el viento, Dejando el confuso acento Por la atmósfera perdido.
29quintilla
Esto Sireno cantaba, y con su rabel tañía, tan ajeno de alegría que el llorar no le dejaba pronunciar lo que decía. Y por no caer en mengua, si le estorba su pasión, acento o pronunciación, lo que empezaba la lengua, acababa el corazón.
6copla_real
¡Que el día de la verdad El fantasma del valor Será necia ceguedad., Y no más que vanidad El fantasma del honor!
29quintilla
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, pero mi verso brota de manantial sereno; y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
7serventesio
La vil escarcha vuelve por la mañana tocando puertas.
8haiku
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se ha hecho, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
7serventesio
Si las manzanas siempre tuvieran tal sabor por dentro como tienen por fuera buen color, no habría entre las plantas fruta de tal valor. Se pudren enseguida, pero ¡dan buen olor!
9cuaderna_vía
Por una bentana que ar campo salía, por ayí jablaba con mi compañera cuando yo quería.
26seguidilla_gitana
Levantóse la casada una mañana al jardín, dicen que a gozar del fresco: ¡Más le valiera dormir! Esperando a su galán a sueño breve y sutil, le ha dado amor mala noche. ¡Más le valiera dormir! Sobre la madeja bella que al amor revuelve en sí sale arrojando una roca. ¡Más le valiera dormir! Gorguera saca de negro, turquesado el faldellín, y a medio vestir la ropa. ¡Más le valiera dormir! A la salida del huerto torcido se le ha un chapín, de que quedó lastimada. ¡Más le valiera dormir! Pasando más adelante al coger un alhelí le picó el dedo una abeja. ¡Más le valiera dormir! Con tanto azar no descansa; sale enamorada al fin buscando a aquel que bien ama. ¡Más le valiera dormir! Aquí mira, aquí se para; nada halla aquí ni allí, hasta ver lo que no quiso. ¡Más le valiera dormir! A su amante halla muerto, y al marido junto a sí, que remató entrambas vidas. ¡Más le valiera dormir!
1romance
mientras la onda cordial aliente un ensueño, mientras haya una viva pasión, un noble empeño,
3couplet
Qué decir de aquel sucio político Que con su ardiente discurso embriaga, Los oídos de ingenuo público Que alivio busca de la vida aciaga.
7serventesio
No temas que mis ojos con su llanto sincero injurien una muerte digna de envidia, más que de lamento.
17endecha_real
Aunque ostentó de amante su incendio el alma su pureza encendida no quedó ahumada: heridas, por el pecho suspira, que a blanco flecha un ángel el arco y el ángel, no se cansa en el aire.
16chamberga
Errar es de hombre mortal, y más en esto que ves; pero de demonio es perseverar en el mal.
19redondilla
La tierra está preñada de dolor tan profundo que el soñador, imperial meditabundo, sufre con las angustias del corazón del mundo.
42terceto_monorrimo
El griego, reposado, se levantó a mostrar un dedo, el que tenemos más cerca del pulgar, y luego se sentó en el mismo lugar. Levantose el bigardo, frunce el ceño al mirar.
9cuaderna_vía
Cabalga Diego Laínez al buen rey besar la mano, consigo se los llevaba los trescientos hijosdalgos; entre ellos iba Rodrigo, el soberbio castellano. Todos cabalgan a muía, sólo Rodrigo a caballo; todos visten oro y seda, Rodrigo va bien armado. Andando por los caminos unos con otros hablando, allegados son a Burgos, con el rey se han encontrado. Los que vienen con el rey entre sí van razonando; unos lo dicen de quedo, otros lo van pregonando: Aquí viene, entre esta gente quien mató al conde Lozano. Como lo oyera Rodrigo en hito los ha mirado; con alta y soberbia voz de esta manera ha hablado: Si hay alguno entre vosotros su pariente o adeudado que le pese de su muerte, pase luego a demandallo; yo se lo defenderé, sea a pie, sea a caballo. Todos responden a una: Demándelo su pecado. Todos se apearon juntos para al rey besar la mano; Rodrigo se quedó solo encima de su caballo. Entonces habló su padre; bien oiréis lo que ha hablado: Apeaos vos, mi hijo, besaréis al rey la mano, porque él es vuestro señor, vos, hijo, sois su vasallo. Desque Rodrigo esto oyó, sintióse más agraviado: Si otro me lo dijera, ya me lo hubiera pagado; mas por mandarlo vos, padre, yo lo haré de buen grado. Ya se apeaba Rodrigo para al rey besar la mano; al hincar de la rodilla, el estoque se ha arrancado. Espantóse de esto el rey y dijo como turbado: Quítate, Rodrigo, allá; quítateme allá, diablo, que tienes el gesto de hombre y los hechos de león bravo. Como Rodrigo esto oyó, apriesa pide el caballo: Por besar mano de rey no me tengo por honrado; porque la besó mi padre, me tengo por afrentado. En diciendo estas palabras, salido se ha del palacio; consigo se los tornaba los trescientos hijosdalgos Si bien vinieron vestidos, volvieron mejor armados, y si vinieron en muías, todos vuelven en caballos.
1romance
El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve.
10tercetillo
San Miguel le respondió que aquello ser no podía, porque Adán perdido había la gracia cuando pecó que de no morir tenía; y que conviene que muera y se parta de este mundo sin el remedio que espera, pues por la fruta primera perdió el remedio segundo.
6copla_real
Impracticable juzga la supresión que anhelan de una religión santa, que las colunas de la fe sustenta
17endecha_real
Tengo de ti lo mejor, tu amor, pues, si me agita la duda, me ayuda, me anima siempre a seguir, a vivir. Por eso quiero decir a los que quieran oirme mi convencimiento firme: ¡Tu amor me ayuda a vivir!
0ovillejo
dijo Apolo a los dos: «A entrambos toca defender esta vuestra rica estancia de la canalla de vergüenza poca,
33terceto
¿Qué jarcias te entretejen? ¿Qué ricas banderolas azote son del viento y de las aguas sombra? ¿En qué gavia descubres, del árbol alta copa, la tierra en perspectiva, del mar incultas orlas?
4octava
y más que, siendo buenos, multiplica la fama su valor, y al dueño canta con voz de gloria y de alabanza rica.
33terceto
Dejan torre y capitel, Y entran por los rosetones Las sombras huyendo dél, Plegándose en los rincones En fantástico tropel.
29quintilla
El Oriente se inflama y colora, como un ópalo inmenso en un lampo, y difunde sus tintes de aurora por piélago y campo. y en la magia que irisa y corusca, una perla de plata se ofusca. (...)
39sexteto
Saliendo de Canicosa por el val de Arabiana, donde don Rodrigo espera los hijos de la su hermana, por campo de Palomares v i o venir muy gran compaña, muchas armas reluciendo, mucha adarga bien labrada, mucho caballo ligero, mucha lanza relumbraba, mucho estandarte y bandera por los aires revolaba. ¡Mueran, mueran, van diciendi los siete infantes de Lara! ¡Venguemos a don Rodrigo, pues que tiene de ellos saña! Allí está Ñuño Salido, el ayo que los criara; como ve 1a gran morisma de esta manera les habla: ¡Oh los mis amados hijos! ¡Quién vivo no se hallara por no ver tan gran dolor como agora se esperaba! Si no os hubiera criado, no sintiera tanta rabia; mas quiéraos tanto, mis hijos, que se me arrancaba el alma. ¡Ciertamente nuestra muerte está bien aparejada! No podemos escapar de tanta gente pagana. Vendamos bien nuestros cuerpos y miremos por las almas; peleemos como buenos; las muertes queden vengadas; ya que lleven nuestras vidas, que las dejen bien pagadas. Como los moros se acercan, a cada uno por sí abraza; cuando llega a Gonzalvico, en la cara le besara. ¡Hijo Gonzalo González, de lo que más me pesaba es de lo que sentirá vuestra madre doña Sancha! Erades su claro espejo, más que a todos os amaba. En esto los moros llegan, traban con ellos batalla; los infantes los reciben con sus adargas y lanzas. ¡ Santiago! ¡ Santiago! a grandes voces llamaban. Matan infinitos moros, mas todos allí quedaran.
1romance
Amores, si yo quiero, tengo a manojos; pero en ti, vida mía, puse mis ojos
22seguidilla
Cuando supo la dama que venía el pintor, muy deprisa llamó a su nuevo amador; dijo que le pintase, cual supiese mejor, en aquel mismo lugar, un cordero menor.
9cuaderna_vía
El dejarla me da pena avena. También debe ser amada cebada. Yo la recogí y lo digo trigo. Habrá golfante y mendigo que en el campo esté tumbado y yo en el campo he espigado avena, cebada y trigo.
0ovillejo
Con tanta inocencia como fue traída hermosa la virgen, de quien habla Guido, al triste holocausto del puerto de Alida, habló la tercera, tornada al sentido, el cual con la fabla le era fluido, diciendo: «Boccaccio, la nuestra miseria, si tú hablar quisieres, más digna materia te ofrece de cuantas tú hayas resumido.»
41copla_arte_mayor
Aquel de buenos abrigo, amado por virtuoso de la gente, el maestre Don Rodrigo Manrique, tanto famoso y tan valiente;
12sextilla
El babieca y el torpe, el necio y el muy pobre a su amiga parecen muy bueno y rico hombre, más noble que los otros; por tanto, todo hombre cuando pierde un amor, otro enseguida cobre.
9cuaderna_vía
Segunda tabla a un ginovés mi gruta de su persona fue, de su hacienda; la una reparada, la otra enjuta, relación del naufragio hizo horrenda. Luciente paga de la mejor fruta que en hierbas se recline, en hilos penda, colmillo fue del animal que el Ganges sufrir muros le vio, romper falanges;
2octava_real
Si de tu orilla lirio pudoroso, O palma fuera de esmaltada sien, Mi perfume te diera delicioso, La voz de mi susurro cadencioso, Y el suave beso de mi amor también.
32quinteto
Cuarto lucio en el zapato, mendrugos en faltriquera, con otra cosa cualquiera y sacar de rato en rato; tener en un agujero alfileres y rodajas, y asechar por las sonajas cuando pasa el melcochero.
28copla_castellana
Pero son preguntas viles; ya sé lo que puede ser: con este negro beber se acrecientan los candiles. Probemos lo del pichel, alto licor celestial; no es el aloquillo tal, no tiene que ver con el.
28copla_castellana
A lo que él respondió: «No se descubren, por guardar el decoro al alto estado que tienen, y así el rostro todos cubren».
33terceto
Como la tortolita te andube buscando, compañerita, e olibo en olibo, e ramito en ramo.
26seguidilla_gitana
He aquí que renacen los lauros milenarios; vuelven a dar su lumbre los viejos lampadarios;
3couplet
Hay una voz secreta, un dulce canto, que el alma sólo recogida entiende; un sentimiento misterioso y santo, que del barro al espíritu desprende: agreste, vago y solitario encanto que en inefable amor el alma enciende, volando tras la imagen peregrina el corazón de su ilusión divina.
2octava_real
Acordaos de aquellos tristes que de puerta en puerta vienen demandando; no digáis que no los vistes pues que siempre se mantienen voceando.
31estrofa_manriqueña
Y luego que hayáis entrado, volveréis a mano izquierda; hallaréis luego un estrado con la escalera de cuerda;
5cuarteta
la noche sosegada, en par de los levantes de la aurora, la música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora;
14lira
Mas no le falta con quietud segura de varios bienes rica y sana vida; los anchos campos, lagos de agua pura; la cueva, la floresta divertida, las presas, el balar de los ganados, los apacibles sueños no inquietados
34sexta_rima
Al cual un fuego cercaba en torno como fosado, que por bien que remiraba de cual guisa era labrado, el humo desordenado del todo me resistía así que no discernía cosa de lo fabricado.
15octavilla
¡Pues habla tú, Cirra, y Nisa responda, en el rudo pecho exhortando a pleno; disuelva Polinia la cuerda a la sonda, muy hondo es el lago y bajo el terreno! Ni sé tal sentido en humano geno que sin tal subsidio pueda colegir tan alta materia, ni por describir, servado el estilo con templado freno.
41copla_arte_mayor
¡Ay dura, ay importuna, ay triste ausencia! ¡Cuán lejos debió estar de conocerte el que al furor de la invencible muerte igualó tu poder y tu violencia!
24cuarteto
Reviertese , formando gran laguna De agua dulce, y de allí como en tramoya A probar de otros rios la fortuna Baxa precipitándose el Lozoya, Y botalete es yá petrificada La nieve de mil siglos congelada.
34sexta_rima
Hemos seguido el juego —rayuela tres en raya un fatídico marro que encadena el dolor y el silencio el miedo y la nostalgia— hemos seguido el juego de vivir y olvidar de sufrir mansamente las heridas del tiempo sin pensar que el olvido nos empuja a la muerte: como una fruta aceda rodando un precipicio como un cristal quebrado que saja los retratos como un niño perdido llorando en el crepúsculo sin caricia ni halda sin mandil ni consuelo.
35unknown
Yo me partiera de Burgos para ir a Valladolid; me encontré con un palmero que me habló y me dijo así: ¿Dónde vas, el caballero? ¿Dónde vas, triste de ti? Muerta es tu linda amiga, muerta es, que yo la vi; las andas en que la llevan de luto las vi cubrir; los responsos que le rezan yo los ayudé a decir. Duques y condes la llevan, todos por amor a ti. Al llegar al camposanto una sombra blanca vi: cuanto más me retiraba, más se acercaba ella a mí. No te espantes, caballero, ¿por qué me huyes así?; yo soy la tu enamorada que me vengo a despedir. Si eres mi enamorada, ¿cómo no me abrazas?, di. Brazos con que te abrazaba en la mortaja envolví; boca con que te besaba a la tierra se la di. Acógeme, mi señora, en la huesa a par de ti. Vive, vive, enamorado, vive, pues que yo morí.
1romance
Placiente digo, señora, de vuestro mote no sea, el cual, si no se mejora, ¡Guay de quien al no desea! Proveed que Dios provea de lo que más deseases a quien tanto fatigases, y vuestro aspecto guerrea.
40copla_arte_menor
Yo no soy cantor letrao, mas si me pongo a cantar no tengo cuándo acabar y me envejezco cantando; las coplas me van brotando como agua de manantial.
12sextilla
¡Ay! es verdad lo que me dijo entonces. Verdad que el corazón lo llevará en la mano... en cualquier parte, pero en el pecho, no.
23cuarteto_lira
Que es la tierra de lágrimas camino, Valle de tumbas que pasando vemos; Féretro y cuna nos abrió el destino Para entrar y salir, en los extremos; Fantástico al entrar y peregrino,
32quinteto
A cazar va el caballero, a cazar como solía, los perros lleva cansados, el halcón perdido había, cuando le cogió la noche en-una oscura montiña; arrimárase él a un roble, alto es a maravilla, el tronco tenía de oro. las ramas de plata fina; en una rama más alta viera estar una Infantina; cabellos de su cabeza todo aquel roble cubrían, la luz de sus claros ojos todo el monte esclarecía. No te espantes, caballero, ni tengas tamaña grima, hija soy yo de un gran rey y de una reina cautiva; siete hadas me hadaron en brazos de mi madrina, que quedase por siete años hadada en esta montiña. Hoy se cumplen siete años, mañana se cumple el día; espéresme, caballero, llévesme en tu compañía, si quisieres por mujer, si no quieres por amiga. Espéreisme vos, señora, hasta mañana aquel día: iré yo tomar consejo de una madre que tenía. La niña le respondiera y estas palabras decía: ¡Oh, malhaya el caballero que al encanto no servía, vase a tomar buen consejo y deja sola la niña! Cuando volvió el caballero no halló a la Infantina. Vídola que la llevaban con muy gran caballería.
1romance
Morada de grandeza, templo de claridad y hermosura, el alma, que a tu alteza nació, ¿qué desventura la tiene en esta cárcel baja, escura?
14lira
Busco en la muerte la vida, salud en la enfermedad, en la prisión libertad, en lo cerrado salida y en el traidor lealtad. Pero mi suerte, de quien jamás espero algún bien, con el cielo ha estatuido, que, pues lo imposible pido, lo posible aún no me den.
6copla_real
Es la hora de Dios, sobre la fuente del mundo se levanta silenciosa la estrella del Destino derramado lumbre de vida.
36estrofa_sáfica
Pero como yo temí al Esposo que ofendía, busqué su vida y la mía, y al fin huyendo vencí.
19redondilla
Lo cierto es que al desdichado, al rayo del sol primero la tormenta le echó, ahogado, al pie de la torre de Hero.
5cuarteta
A mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque para andar conmigo me bastan los pensamientos.
11cantar
Es el cantar que entonan las edades; El lenguaje sublime de las hadas; El ritmo de los ejes de la tierra; El canto del torrente y la cascada; El son del huracán; las dulces trovas Que las aves entonan en las ramas; El placer de la corte y de la aldea: Del amoroso labio la palabra; Las sentidas canciones populares... Arte del sentimiento, arte formada De notas, ruiseñores invisibles Cuyo precioso nido son las almas.
18romance_arte_mayor
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales; parlanchina, la dueña, dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión. ( ...)
34sexta_rima
Lejos un trino. El ruiseñor no sabe que te ocnsuela.
8haiku
«No tengamos tiempo ya en esta vida mezquina por tal modo, que mi voluntad está conforme con la divina para todo; y consiento en mi morir con voluntad placentera, clara y pura, que querer hombre vivir cuando Dios quiere que muera, es locura.
31estrofa_manriqueña
Pues su hermano el inocente, que en su vida sucesor le hicieron, ¡qué corte tan excelente tuvo y cuánto gran señor le siguieron! Mas, como fuese mortal, metiole la Muerte luego en su fragua. ¡Oh, juïcio divinal, cuando más ardía el fuego, echaste agua!
31estrofa_manriqueña
¡dejadme subir!, dejadme hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.
11cantar
Retraída está la infanta, bien así como solía, viviendo muy descontenta de la vida que tenía, viendo que ya se pasaba toda la flor de su vida, y que el rey no la casaba, ni tal cuidado tenía. Entre sí estaba pensando a quién se descubriría; acordó llamar al rey como otras veces solía, por decirle su secreto y la intención que tenía. Vino el rey, siendo llamado, que no tardó su venida: vídola estar apartada, sola está sin compañía: su lindo gesto mostraba ser más triste que solía. Conociera luego el rey el enojo que tenía. ¿Qué es aquesto, la infanta? ¿Qué es aquesto, hija mía? Contadme vuestros enojos, no toméis malenconía, que sabiendo la verdad todo se remediaría. Menester será, buen rey, remediar la vida mía, que a vos quedé encomendada de la madre que tenía. Dédesme, buen rey, marido, que mi edad ya lo pedía: con vergüenza os lo demando, no con gana que tenía, que aquestos cuidados tales, a vos, rey, pertenecían. Escuchada su demanda, el buen rey le respondía: Esa culpa, la infanta, vuestra era, que no mía, que ya fuérades casada con el príncipe de Hungría. No quesistes escuchar la embajada que os venía: pues acá en las nuestras cortes, hija, mal recaudo había, porque en todos los mis reinos vuestro par igual no había, si no era el conde Alarcos, hijos y mujer tenía. Convidaldo vos, el rey, al conde Alarcos un día, y después que hayáis comido decidle de parte mía, decidle que se le acuerde de la fe que del tenía, la cual él me prometió, que yo no se la pedía, de ser siempre mi marido, yo que su mujer sería. Yo fui de ello muy contenta y que no me arrepentía. Si casó con la condesa, que mirase lo que hacía, que por él no me casé con el príncipe de Hungría; si casó con la Condesa, del es culpa, que no mía. Perdiera el rey en oírlo el sentido que tenía, mas después en si tornado con enojo respondía: ¡No son éstos los consejos que vuestra madre os decía! ¡Muy mal mirastes, infanta, do estaba la honra mía! Si verdad es todo eso, vuestra honra ya es perdida: no podéis vos ser casada, siendo la condesa viva. Si se hace el casamiento por razón o por justicia, en el decir de las gentes por mala seréis tenida. Dadme vos, hija, consejo, que el mío no bastaría, que ya es muerta vuestra madre a quien consejo pedía. Yo vos lo daré, buen rey, de este poco que tenía: mate el conde a la condesa, que nadie no lo sabría, y eche fama que ella es muerta de un cierto mal que tenía, y tratarse ha el casamiento como cosa no sabida. De esta manera, buen rey, mi honra se guardaría. De allí se salía el rey, no con placer que tenía; lleno va de pensamientos con la nueva que sabía; vido estar al conde Alarcos entre muchos, que decía: ¿ Qué aprovecha, caballeros, amar y servir amiga, que son servicios perdidos donde firmeza no había? No pueden por mí decir aquesto que yo decía, que en el tiempo que serví una que tanto quería, si muy bien la quise entonces, agora más la quería; mas por mí pueden decir: quien bien ama, tarde olvida. Estas palabras diciendo, vido al buen rey que venía, y para hablar con el rey, de entre todos se salía. Dijo el buen rey al conde, hablando con cortesía: Convidaros quiero, conde, por mañana en aquel día, que queráis comer conmigo por tenerme compañía. Que se haga de buen grado lo que su alteza decía; beso sus reales manos por la buena cortesía; detenerme he aquí mañana, aunque estaba de partida, que la condesa me espera según la carta me envía. Otro día de mañana el rey de misa salía; luego se asentó a comer, no por gana que tenía, sino por hablar al Conde lo que hablarle quería. Allí fueron bien servidos como a rey pertenecía. Después que hubieron comido, toda la gente salida, quedóse el rey con el conde en la tabla do comía. Empezó de hablar el rey la embajada que traía: Unas nuevas traigo, conde, que de ellas no me placía, por las cuales yo me quejo de vuestra descortesía. Prometistes a la infanta lo que ella no vos pedía, de siempre ser su marido, y a ella que le placía. Si otras cosas más pasastes no entro en esa porfía. Otra cosa os digo, conde, de que más os pesaría: que matéis a la condesa que cumple a la honra mía; echéis fama que ella es muerta de cierto mal que tenía, y tratarse ha el casamiento como cosa no sabida, porque no sea deshonrada hija que tanto quería. Oídas estas razones el buen conde respondía: No puedo negar, el rey, lo que la infanta decía, sino que otorgo ser verdad todo cuanto me pedía. Por miedo de vos, el rey, no casé con quien debía, no pensé que vuestra alteza en ello consentiría: de casar con la infanta yo, señor, bien casaría; mas matar a la condesa, señor rey, no lo haría, porque no debe morir la que mal no merecía. De morir tiene, el buen conde, por salvar la honra mía, pues no miraste primero lo que mirar se debía. Si no muere la condesa a vos costará la vida. Por la honra de los reyes muchos sin culpa morían, porque muera la condesa no es mucha maravilla. Yo la mataré, buen rey, mas no será culpa mía: vos os avendréis con Dios en la fin de vuestra vida, y prometo a vuestra alteza, a fe de caballería, que me tengan por traidor si lo dicho no cumplía, de matar a la condesa, aunque mal no merecía. Buen rey, si me dais licencia yo luego me partiría. Vayáis con Dios, el buen conde, ordenad vuestra partida. Llorando se parte el conde, llorando, sin alegría; llorando por la condesa, que más que a sí la quería Lloraba también el conde por tres hijos que tenía, el uno era de pecho, que la condesa lo cría; los otros eran pequeños, poco sentido tenían. Antes que llegase el conde estas razones decía: ¡Quién podrá mirar, condesa, vuestra cara de alegría, que saldréis a recebirme a la fin de vuestra vida! Yo soy el triste culpado, esta culpa toda es mía. En diciendo estas palabras la condesa ya salía, que un paje le había dicho cómo el conde ya venía. Vido la condesa al conde la tristeza que tenía, viole los ojos llorosos, que hinchados los traía, de llorar por el camino, mirando el bien que perdía. Dijo la condesa al conde: ¡Bien vengáis, bien de mi vida! ¿Qué habéis, el conde Alarcos? ¿Por qué lloráis, vida mía, que venís tan demudado que cierto no os conocía? No parece vuestra cara ni el gesto que ser solía; dadme parte del enojo como dais de la alegría. ¡Decídmelo luego, conde, no matéis la vida mía! Yo vos lo diré, condesa, cuando la hora sería. Si no me lo decís, conde, cierto yo reventaría. No me fatiguéis, señora, que no es la hora venida. Cenemos luego, condesa, de aqueso que en casa había. Aparejado está, conde, como otras veces solía. Sentóse el conde a la mesa, no cenaba ni podía, con sus hijos al costado, que muy mucho los quería. Echóse sobre los brazos; hizo como que dormía; de lágrimas de sus ojos toda la mesa cubría. Mirándolo la condesa, que la causa no sabía, no le preguntaba nada, que no osaba ni podía. Levantóse luego el conde, dijo que dormir quería; dijo también la condesa que ella también dormiría; mas entre ellos no había sueño, si la verdad se decía. Vanse el conde y la condesa a dormir donde solían: dejan los niños de fuera que el conde no los quería; lleváronse el más chiquito, el que la condesa cría; cerrara el conde la puerta, lo que hacer no solía. Empezó de hablar el conde con dolor y con mancilla: ¡Oh, desdichada condesa, grande fué la tu desdicha! No so desdichada, el conde, por dichosa me tenía; sólo en ser vuestra mujer, esta fué gran dicha mía. ¡ Si bien lo sabéis, condesa, esa fué vuestra desdicha! Sabed que en tiempo pasado YO amé a quien bien servía, la cual era la infanta, por desdicha vuestra y mía. Prometí casar con ella, y a ella que le placía; demándame por marido por la fe que me tenía. Puédelo muy bien hacer de razón y de justicia: díjomelo el rey, su padre, porque de ella lo sabía. Otra cosa manda el rey, que toca en el alma mía: manda que muráis, condesa, por la honra de su hija, que no puede tener honra siendo vos, condesa, viva. Desque esto oyó la condesa cayó en tierra amortecida; mas después en sí tornada estas palabras decía: ¡Pagos son de mis servicios, conde, con que yo os servía! Si no me matáis, el conde, yo bien os aconsejaría, enviédesme a mis tierras que mi padre me ternía; yo criaré vuestros hijos mejor que la que vernía, yo os mantendré lealtad como siempre os mantenía. De morir habéis, condesa, enantes que venga el día. ¡Bien parece, el conde Alarcos, yo ser sola en esta vida; porque tengo el padre viejo, mi madre ya es fallecida, y mataron a mi hermano, el buen conde don García, que el rey lo mandó matar por miedo que del tenía! No me pesa de mi muerte, porque yo morir tenía, mas pésame de mis hijos, que pierden mi compañía; hacémelos venir, conde, y verán mi despedida. No los veréis más, condesa, en días de vuestra vida; abrazad este chiquito, que aqueste es el que os perdía. Pésame de vos, condesa, cuanto pesar me podía. No os puedo valer, señora, que más me va que la vida; encomendaos a Dios que esto hacerse tenía. Dejéisme decir, buen conde, una oración que sabía. Decidla presto, condesa, enantes que venga el día. Presto la habré dicho, conde, no estaré un Ave María. Hincó rodillas en tierra, aquesta oración decía: En las tus manos, Señor, encomiendo el alma mía; no me juzgues mis pecados según que yo merecía, más según tu gran piedad y la tu gracia infinita. Acabada es ya, buen conde, la oración que yo sabía; encomiéndoos esos hijos que entre vos y mí había, y rogad a Dios por mí, mientras tuviéredes vida, que a ello sois obligado pues que sin culpa moría. Dédesme acá ese hijo, mamará por despedida. No lo despertéis, condesa, dejadlo estar, que dormía, sino que os pido perdón porque ya se viene el día. A vos yo perdono, conde, por el amor que os tenía; más yo no perdono al rey, ni a la infanta su hija, sino que queden citados delante la alta justicia, que allá vayan a juicio dentro de los treinta días. Estas palabras diciendo el conde se apercebía: echóle por la garganta una toca que tenía. ¡Socorre, mis escuderos, que la condesa se fina! Hallan la condesa muerta, los que a socorrer venían. Así murió la condesa, sin razón y sin justicia; mas también todos murieron dentro de los treinta días. Los doce días pasados la infanta también moría; el rey a los veinte y cinco, el conde al treinteno día: allá fueron a dar cuenta a la justicia divina. Acá nos dé Dios su gracia, y allá la gloria cumplida.
1romance
Lo mismo es el Amor; con su palabra llena cualquier cosa que diga siempre parece buena; no siempre es un cantar el ruido que suena, por advertiros esto, señoras, no os dé pena.
9cuaderna_vía
Mirando estoy los sepulcros cuyos mármoles eternos están diciendo sin lengua que no lo fueron sus dueños.
11cantar
Entre las otras sois vos, dama de aquesta mi vida, del traste común salida, una en el mundo, de dos, vos sois la que desfacéis lo que contienen mis versos; vos sois la que merecéis renombre e loor cobréis entre las otras diversos.
38novena
Triste sino nacer Con algún don ilustre Aquí, donde los hombres En su miseria sólo saben El insulto, la mofa, el recelo profundo Ante aquel que ilumina las palabras opacas Por el oculto fuego originario.
44septeto
Antes amor hería Con duras flechas, Pero ya solo hiere ' Con las pesetas; y no hay muralla En que no se abra brecha Con tal metralla.
27seguidilla_compuesta
Esta estrofa tan vetusta. Me gusta. Una por la que me pirre. Aguirre. Otra que me hace feliz. Beatriz. Agacho yo la cerviz, mas no ante el suyo, Ricardo, que es un mojón y un petardo, me gusta Aguirre y Beatriz.
0ovillejo
Asía Ñuño ocurrió; cual peregrino Vagó por Burgos, donde todo había Sufrido alteración. Solo en el pecho Del ciego conde Sancho estaba viva La indignación contra el señor de Lara, Y firme el gran favor y necia estima, Con que dejaba en manos de Velázquez El cetro del condado de Castilla. Encontrándolo todo tan mudado, Excepto los rencores y perfidias, Dejó la corte, y acia Lerma fuese, Para tener de su señor noticia. Supo que continuaba en su hondo encierro Y privado por siempre de la vista j Y, como en tiempo antiguo, fueron vanas Para verle sus nuevas tentativas. Dijo Ñuño que pronto despechado Al ver sus esperanzas destruidas, Y de haberse alejado arrepentido De las remotas tierras, do tenía Ya amigos, conexiones y habitudes, Para errar sin objeto por Castilla, Que un vasto cementerio era á sus ojos ; Determine) pasar á Andalucía, Para saber de Zaide, y si su amigo Y compañero en los lejanos climas, El mozárabe Egidio, aun disfrutaba Allá en su patria de sosiego y vida. La guerra que entre moros y cristianos Entonces se encendió, y una maligna Enfermedad, contó, que se opusieron A su resolución. Fuese á Galicia, Y allí después de visitar la tumba Del santo Apóstol, á acabar sus dias Se encerró en un aislado monasterio, Del mar de Atlante en la escarpada orilla. A dos años de estar en tal retiro, De que el conde don Sancho muerto había La nueva recibió; y en el momento Con ciertas esperanzas y á gran prisa A Burgos vino, y ante el nuevo conde Pidió reparación de la injusticia Con que era perseguido Gústios Lara. Consiguió que con faz grata y benigna El gran Fernán-González le acogiese 5 Y á pesar de Yelázquez, que aun tenía El supremo poder, logró dichoso La libertad de Lara. Conseguida, A Lerma voló Ñuño, y olvidando Todas sus ansias, penas y agonías, Halló de todas ellas recompensa. Cuando gozoso con su mano misma Abrió la puerta á la prisión de Lara, La libertad tornándole, de guia Sirviéndole, y cual siervo reverente. Consagrándole el resto de su vida.— El buen Ñuño Salido, aquí indicando Que según la presencia, y la benigna Condición que mostraba el nuevo conde. Para Lara esperaba mayor dicha; Y dando (era discreto) al auditorio Gracias por su atención, á la prolija Historia de sus raras aventuras Puso con labio fatigado cima
18romance_arte_mayor
Modorrado con el sueño no le cura de almagrar, porque no entiende de dar cuenta de ellos ningun dueño: cuanto yo no amoldaría lo de Cristobal Mexia, ni del otro tartamudo, ni del Meco moro agudo: todo va por una vía.
38novena
Los más hermosos labios tus jardines cambiantes de oro y música, tu ardiente ruiseñor diluido en mudos cielos orientales,
36estrofa_sáfica
Deja que inquieten al hombre, Que loco al mundo se lanza, Mentiras de la esperanza, Recuerdos del bien que huyó : Mentira son sus amores, Mentira son sus victorias, Y son mentira sus glorias, Y mentira su ilusión.
15octavilla