text
stringlengths 41
14.2k
| label
class label 46
classes |
|---|---|
Mujer es un animal
que dise hombre inperfecto,
procreado en el defecto
del buen calor natural;
aqui se incluyen sus males,
e la falta del bien suyo,
e pues le son naturales,
quando se demuestran tales
que son syn culpa concluyo.
| 38novena
|
Arenal de Sevilla,
Torre del Oro.
Azulejo a la orilla
del río moro.
| 22seguidilla
|
Sé que en su corazón, nido de sierpes,
no hay una fibra que al amor responda;
que es una estatua inanimada...; pero...
¡es tan hermosa!
| 21silva_arromanzada
|
Negro el cabello, imitador undoso
de las obscuras aguas del Leteo,
al viento que lo peina proceloso,
vuela sin orden, pende sin aseo;
un torrente es su barba impetüoso,
que (adusto hijo de este Pirineo)
su pecho inunda, o tarde, o mal, o en vano
surcada aun de los dedos de su mano.
| 2octava_real
|
La puente no la paso,
no la atravieso.
Envuelto en oro y raso
no se hace eso.
| 22seguidilla
|
No temo al calor ni al frío
acogida a tu albedrío.
| 3couplet
|
si hablas, o si ríes, o si cantas,
si muestras mansedumbre o aspereza
(efecto sólo de tu gentileza),
las potencias del alma nos encantas.
| 24cuarteto
|
Viendo los maestros dél
palo tan hermoso y neto,
liso, derecho y perfeto,
ponen luego mano en él,
no sabiendo su secreto;
mas muy burlados se vían,
que mil veces lo probaban
en la parte que querían,
y en cuanto el ojo volvían,
corto o largo lo hallaban.
| 6copla_real
|
si luego hacéis con el oro
vuestro pecho aparador,
y luego el quemado olor
os inciensa el bajo coro,
| 19redondilla
|
Consuelo de los que afligen
Virgen.
¿Qué nombre mejor te cuadre?
Madre
Por castellana y risueña
Alcarreña.
Si Brihuega nos enseña
a tener amores fijos,
¡Cuenta con todos tus hijos!
Virgen, Madre y Alcarreña.
| 0ovillejo
|
¿Qué será ver hombre tanto
Nacido para morir,
Ciegos los ojos de llanto,
Ciega el ánima de espanto,
Al valle inmenso venir?
| 29quintilla
|
Mientras preludian jubilosos himnos
Coros volubles de pintadas aves,
Trisca el rebaño, y hasta el toro fiero
Brama de gozo:
| 36estrofa_sáfica
|
Es mi boca que muerde tu poema
y suspira en silencio el teorema
de columnas nocturnas en la alfombra.
Entregar a tu pecho la diadema
y tomar el perfume de tu sombra.
| 32quinteto
|
¿Quién pensara que esos ojos
algún tiempo me mirasen,
que, señora, no atajasen
todos los males y enojos
que mis males me causasen?
Mira, señora, mi suerte
si ha traído buen rodeo,
que si antes mi deseo
me hizo morir por verte,
ya muero porque te veo.
| 6copla_real
|
El enemigo antiguo siempre fue gran traidor,
es de toda enemiga maestro sabedor;
Unas veces semeja un ángel del criador
y es en vez diablo fino, de gran sonsacador.
| 9cuaderna_vía
|
Singular Virgen sagrada,
entre todas la más mansa,
y tan mansa, que, descansa
Dios dentro en vuestra morada;
limpiadnos, que estamos llenos
de las culpas que criamos,
y hacednos que seamos
muy mansos, castos y buenos.
| 28copla_castellana
|
Al sol y de los vientos al socaire
sin sacudirse moscas, con la legra
más tajante que lengua de una suegra
afeita perros muertos el pelaire.
| 24cuarteto
|
Ofrezco al diablo artificio,
que con apretar la mano,
derriba al hombre más sano
hasta el día del jüicio.
| 19redondilla
|
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
-Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
| 11cantar
|
vosotras, cuyas leyes
guarda observante el tiempo en toda parte,
amenazas de príncipes y reyes,
si os aborta Saturno, Jove o Marte;
ya fijas vais, o ya llevéis delante
por lúbricos caminos greña errante,
| 45sexteto_lira
|
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
| 11cantar
|
A ese clamor tan violento,
Incapaz de tanto ruido,
Vibra fatigado el viento,
Dejando el confuso acento
Por la atmósfera perdido.
| 29quintilla
|
Esto Sireno cantaba,
y con su rabel tañía,
tan ajeno de alegría
que el llorar no le dejaba
pronunciar lo que decía.
Y por no caer en mengua,
si le estorba su pasión,
acento o pronunciación,
lo que empezaba la lengua,
acababa el corazón.
| 6copla_real
|
¡Que el día de la verdad
El fantasma del valor
Será necia ceguedad.,
Y no más que vanidad
El fantasma del honor!
| 29quintilla
|
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
| 7serventesio
|
La vil escarcha
vuelve por la mañana
tocando puertas.
| 8haiku
|
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se ha hecho, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
| 7serventesio
|
Si las manzanas siempre tuvieran tal sabor
por dentro como tienen por fuera buen color,
no habría entre las plantas fruta de tal valor.
Se pudren enseguida, pero ¡dan buen olor!
| 9cuaderna_vía
|
Por una bentana
que ar campo salía,
por ayí jablaba con mi compañera
cuando yo quería.
| 26seguidilla_gitana
|
Levantóse la casada
una mañana al jardín,
dicen que a gozar del fresco:
¡Más le valiera dormir!
Esperando a su galán
a sueño breve y sutil,
le ha dado amor mala noche.
¡Más le valiera dormir!
Sobre la madeja bella
que al amor revuelve en sí
sale arrojando una roca.
¡Más le valiera dormir!
Gorguera saca de negro,
turquesado el faldellín,
y a medio vestir la ropa.
¡Más le valiera dormir!
A la salida del huerto
torcido se le ha un chapín,
de que quedó lastimada.
¡Más le valiera dormir!
Pasando más adelante
al coger un alhelí
le picó el dedo una abeja.
¡Más le valiera dormir!
Con tanto azar no descansa;
sale enamorada al fin
buscando a aquel que bien ama.
¡Más le valiera dormir!
Aquí mira, aquí se para;
nada halla aquí ni allí,
hasta ver lo que no quiso.
¡Más le valiera dormir!
A su amante halla muerto,
y al marido junto a sí,
que remató entrambas vidas.
¡Más le valiera dormir!
| 1romance
|
mientras la onda cordial aliente un ensueño,
mientras haya una viva pasión, un noble empeño,
| 3couplet
|
Qué decir de aquel sucio político
Que con su ardiente discurso embriaga,
Los oídos de ingenuo público
Que alivio busca de la vida aciaga.
| 7serventesio
|
No temas que mis ojos
con su llanto sincero
injurien una muerte
digna de envidia, más que de lamento.
| 17endecha_real
|
Aunque ostentó de amante
su incendio el alma
su pureza encendida
no quedó ahumada:
heridas,
por el pecho suspira,
que a blanco
flecha un ángel el arco
y el ángel,
no se cansa en el aire.
| 16chamberga
|
Errar es de hombre mortal,
y más en esto que ves;
pero de demonio es
perseverar en el mal.
| 19redondilla
|
La tierra está preñada de dolor tan profundo
que el soñador, imperial meditabundo,
sufre con las angustias del corazón del mundo.
| 42terceto_monorrimo
|
El griego, reposado, se levantó a mostrar
un dedo, el que tenemos más cerca del pulgar,
y luego se sentó en el mismo lugar.
Levantose el bigardo, frunce el ceño al mirar.
| 9cuaderna_vía
|
Cabalga Diego Laínez
al buen rey besar la mano,
consigo se los llevaba
los trescientos hijosdalgos;
entre ellos iba Rodrigo,
el soberbio castellano.
Todos cabalgan a muía,
sólo Rodrigo a caballo;
todos visten oro y seda,
Rodrigo va bien armado.
Andando por los caminos
unos con otros hablando,
allegados son a Burgos,
con el rey se han encontrado.
Los que vienen con el rey
entre sí van razonando;
unos lo dicen de quedo,
otros lo van pregonando:
Aquí viene, entre esta gente
quien mató al conde Lozano.
Como lo oyera Rodrigo
en hito los ha mirado;
con alta y soberbia voz
de esta manera ha hablado:
Si hay alguno entre vosotros
su pariente o adeudado
que le pese de su muerte,
pase luego a demandallo;
yo se lo defenderé,
sea a pie, sea a caballo.
Todos responden a una:
Demándelo su pecado.
Todos se apearon juntos
para al rey besar la mano;
Rodrigo se quedó solo
encima de su caballo.
Entonces habló su padre;
bien oiréis lo que ha hablado:
Apeaos vos, mi hijo,
besaréis al rey la mano,
porque él es vuestro señor,
vos, hijo, sois su vasallo.
Desque Rodrigo esto oyó,
sintióse más agraviado:
Si otro me lo dijera,
ya me lo hubiera pagado;
mas por mandarlo vos, padre,
yo lo haré de buen grado.
Ya se apeaba Rodrigo
para al rey besar la mano;
al hincar de la rodilla,
el estoque se ha arrancado.
Espantóse de esto el rey
y dijo como turbado:
Quítate, Rodrigo, allá;
quítateme allá, diablo,
que tienes el gesto de hombre
y los hechos de león bravo.
Como Rodrigo esto oyó,
apriesa pide el caballo:
Por besar mano de rey
no me tengo por honrado;
porque la besó mi padre,
me tengo por afrentado.
En diciendo estas palabras,
salido se ha del palacio;
consigo se los tornaba
los trescientos hijosdalgos
Si bien vinieron vestidos,
volvieron mejor armados,
y si vinieron en muías,
todos vuelven en caballos.
| 1romance
|
El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.
| 10tercetillo
|
San Miguel le respondió
que aquello ser no podía,
porque Adán perdido había
la gracia cuando pecó
que de no morir tenía;
y que conviene que muera
y se parta de este mundo
sin el remedio que espera,
pues por la fruta primera
perdió el remedio segundo.
| 6copla_real
|
Impracticable juzga
la supresión que anhelan
de una religión santa,
que las colunas de la fe sustenta
| 17endecha_real
|
Tengo de ti lo mejor,
tu amor,
pues, si me agita la duda,
me ayuda,
me anima siempre a seguir,
a vivir.
Por eso quiero decir
a los que quieran oirme
mi convencimiento firme:
¡Tu amor me ayuda a vivir!
| 0ovillejo
|
dijo Apolo a los dos: «A entrambos toca
defender esta vuestra rica estancia
de la canalla de vergüenza poca,
| 33terceto
|
¿Qué jarcias te entretejen?
¿Qué ricas banderolas
azote son del viento
y de las aguas sombra?
¿En qué gavia descubres,
del árbol alta copa,
la tierra en perspectiva,
del mar incultas orlas?
| 4octava
|
y más que, siendo buenos, multiplica
la fama su valor, y al dueño canta
con voz de gloria y de alabanza rica.
| 33terceto
|
Dejan torre y capitel,
Y entran por los rosetones
Las sombras huyendo dél,
Plegándose en los rincones
En fantástico tropel.
| 29quintilla
|
El Oriente se inflama y colora,
como un ópalo inmenso en un lampo,
y difunde sus tintes de aurora
por piélago y campo.
y en la magia que irisa y corusca,
una perla de plata se ofusca. (...)
| 39sexteto
|
Saliendo de Canicosa
por el val de Arabiana,
donde don Rodrigo espera
los hijos de la su hermana,
por campo de Palomares
v i o venir muy gran compaña,
muchas armas reluciendo,
mucha adarga bien labrada,
mucho caballo ligero,
mucha lanza relumbraba,
mucho estandarte y bandera
por los aires revolaba.
¡Mueran, mueran, van diciendi
los siete infantes de Lara!
¡Venguemos a don Rodrigo,
pues que tiene de ellos saña!
Allí está Ñuño Salido,
el ayo que los criara;
como ve 1a gran morisma
de esta manera les habla:
¡Oh los mis amados hijos!
¡Quién vivo no se hallara
por no ver tan gran dolor
como agora se esperaba!
Si no os hubiera criado,
no sintiera tanta rabia;
mas quiéraos tanto, mis hijos,
que se me arrancaba el alma.
¡Ciertamente nuestra muerte
está bien aparejada!
No podemos escapar
de tanta gente pagana.
Vendamos bien nuestros cuerpos
y miremos por las almas;
peleemos como buenos;
las muertes queden vengadas;
ya que lleven nuestras vidas,
que las dejen bien pagadas.
Como los moros se acercan,
a cada uno por sí abraza;
cuando llega a Gonzalvico,
en la cara le besara.
¡Hijo Gonzalo González,
de lo que más me pesaba
es de lo que sentirá
vuestra madre doña Sancha!
Erades su claro espejo,
más que a todos os amaba.
En esto los moros llegan,
traban con ellos batalla;
los infantes los reciben
con sus adargas y lanzas.
¡ Santiago! ¡ Santiago!
a grandes voces llamaban.
Matan infinitos moros,
mas todos allí quedaran.
| 1romance
|
Amores, si yo quiero,
tengo a manojos;
pero en ti, vida mía,
puse mis ojos
| 22seguidilla
|
Cuando supo la dama que venía el pintor,
muy deprisa llamó a su nuevo amador;
dijo que le pintase, cual supiese mejor,
en aquel mismo lugar, un cordero menor.
| 9cuaderna_vía
|
El dejarla me da pena
avena.
También debe ser amada
cebada.
Yo la recogí y lo digo
trigo.
Habrá golfante y mendigo
que en el campo esté tumbado
y yo en el campo he espigado
avena, cebada y trigo.
| 0ovillejo
|
Con tanta inocencia como fue traída
hermosa la virgen, de quien habla Guido,
al triste holocausto del puerto de Alida,
habló la tercera, tornada al sentido,
el cual con la fabla le era fluido,
diciendo: «Boccaccio, la nuestra miseria,
si tú hablar quisieres, más digna materia
te ofrece de cuantas tú hayas resumido.»
| 41copla_arte_mayor
|
Aquel de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre Don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
y tan valiente;
| 12sextilla
|
El babieca y el torpe, el necio y el muy pobre
a su amiga parecen muy bueno y rico hombre,
más noble que los otros; por tanto, todo hombre
cuando pierde un amor, otro enseguida cobre.
| 9cuaderna_vía
|
Segunda tabla a un ginovés mi gruta
de su persona fue, de su hacienda;
la una reparada, la otra enjuta,
relación del naufragio hizo horrenda.
Luciente paga de la mejor fruta
que en hierbas se recline, en hilos penda,
colmillo fue del animal que el Ganges
sufrir muros le vio, romper falanges;
| 2octava_real
|
Si de tu orilla lirio pudoroso,
O palma fuera de esmaltada sien,
Mi perfume te diera delicioso,
La voz de mi susurro cadencioso,
Y el suave beso de mi amor también.
| 32quinteto
|
Cuarto lucio en el zapato,
mendrugos en faltriquera,
con otra cosa cualquiera
y sacar de rato en rato;
tener en un agujero
alfileres y rodajas,
y asechar por las sonajas
cuando pasa el melcochero.
| 28copla_castellana
|
Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.
Probemos lo del pichel,
alto licor celestial;
no es el aloquillo tal,
no tiene que ver con el.
| 28copla_castellana
|
A lo que él respondió: «No se descubren,
por guardar el decoro al alto estado
que tienen, y así el rostro todos cubren».
| 33terceto
|
Como la tortolita
te andube buscando,
compañerita, e olibo en olibo,
e ramito en ramo.
| 26seguidilla_gitana
|
He aquí que renacen los lauros milenarios;
vuelven a dar su lumbre los viejos lampadarios;
| 3couplet
|
Hay una voz secreta, un dulce canto,
que el alma sólo recogida entiende;
un sentimiento misterioso y santo,
que del barro al espíritu desprende:
agreste, vago y solitario encanto
que en inefable amor el alma enciende,
volando tras la imagen peregrina
el corazón de su ilusión divina.
| 2octava_real
|
Acordaos de aquellos tristes
que de puerta en puerta vienen
demandando;
no digáis que no los vistes
pues que siempre se mantienen
voceando.
| 31estrofa_manriqueña
|
Y luego que hayáis entrado,
volveréis a mano izquierda;
hallaréis luego un estrado
con la escalera de cuerda;
| 5cuarteta
|
la noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora;
| 14lira
|
Mas no le falta con quietud segura
de varios bienes rica y sana vida;
los anchos campos, lagos de agua pura;
la cueva, la floresta divertida,
las presas, el balar de los ganados,
los apacibles sueños no inquietados
| 34sexta_rima
|
Al cual un fuego cercaba
en torno como fosado,
que por bien que remiraba
de cual guisa era labrado,
el humo desordenado
del todo me resistía
así que no discernía
cosa de lo fabricado.
| 15octavilla
|
¡Pues habla tú, Cirra, y Nisa responda,
en el rudo pecho exhortando a pleno;
disuelva Polinia la cuerda a la sonda,
muy hondo es el lago y bajo el terreno!
Ni sé tal sentido en humano geno
que sin tal subsidio pueda colegir
tan alta materia, ni por describir,
servado el estilo con templado freno.
| 41copla_arte_mayor
|
¡Ay dura, ay importuna, ay triste ausencia!
¡Cuán lejos debió estar de conocerte
el que al furor de la invencible muerte
igualó tu poder y tu violencia!
| 24cuarteto
|
Reviertese , formando gran laguna
De agua dulce, y de allí como en tramoya
A probar de otros rios la fortuna
Baxa precipitándose el Lozoya,
Y botalete es yá petrificada
La nieve de mil siglos congelada.
| 34sexta_rima
|
Hemos seguido el juego
—rayuela
tres en raya
un fatídico marro que encadena
el dolor y el silencio
el miedo y la nostalgia—
hemos seguido el juego
de vivir y olvidar
de sufrir mansamente
las heridas del tiempo
sin pensar que el olvido
nos empuja a la muerte:
como una fruta aceda
rodando un precipicio
como un cristal quebrado
que saja los retratos
como un niño perdido
llorando en el crepúsculo
sin caricia ni halda
sin mandil ni consuelo.
| 35unknown
|
Yo me partiera de Burgos
para ir a Valladolid;
me encontré con un palmero
que me habló y me dijo así:
¿Dónde vas, el caballero?
¿Dónde vas, triste de ti?
Muerta es tu linda amiga,
muerta es, que yo la vi;
las andas en que la llevan
de luto las vi cubrir;
los responsos que le rezan
yo los ayudé a decir.
Duques y condes la llevan,
todos por amor a ti.
Al llegar al camposanto
una sombra blanca vi:
cuanto más me retiraba,
más se acercaba ella a mí.
No te espantes, caballero,
¿por qué me huyes así?;
yo soy la tu enamorada
que me vengo a despedir.
Si eres mi enamorada,
¿cómo no me abrazas?, di.
Brazos con que te abrazaba
en la mortaja envolví;
boca con que te besaba
a la tierra se la di.
Acógeme, mi señora,
en la huesa a par de ti.
Vive, vive, enamorado,
vive, pues que yo morí.
| 1romance
|
Placiente digo, señora,
de vuestro mote no sea,
el cual, si no se mejora,
¡Guay de quien al no desea!
Proveed que Dios provea
de lo que más deseases
a quien tanto fatigases,
y vuestro aspecto guerrea.
| 40copla_arte_menor
|
Yo no soy cantor letrao,
mas si me pongo a cantar
no tengo cuándo acabar
y me envejezco cantando;
las coplas me van brotando
como agua de manantial.
| 12sextilla
|
¡Ay! es verdad lo que me dijo entonces.
Verdad que el corazón
lo llevará en la mano... en cualquier parte,
pero en el pecho, no.
| 23cuarteto_lira
|
Que es la tierra de lágrimas camino,
Valle de tumbas que pasando vemos;
Féretro y cuna nos abrió el destino
Para entrar y salir, en los extremos;
Fantástico al entrar y peregrino,
| 32quinteto
|
A cazar va el caballero,
a cazar como solía,
los perros lleva cansados,
el halcón perdido había,
cuando le cogió la noche
en-una oscura montiña;
arrimárase él a un roble,
alto es a maravilla,
el tronco tenía de oro.
las ramas de plata fina;
en una rama más alta
viera estar una Infantina;
cabellos de su cabeza
todo aquel roble cubrían,
la luz de sus claros ojos
todo el monte esclarecía.
No te espantes, caballero,
ni tengas tamaña grima,
hija soy yo de un gran rey
y de una reina cautiva;
siete hadas me hadaron
en brazos de mi madrina,
que quedase por siete años
hadada en esta montiña.
Hoy se cumplen siete años,
mañana se cumple el día;
espéresme, caballero,
llévesme en tu compañía,
si quisieres por mujer,
si no quieres por amiga.
Espéreisme vos, señora,
hasta mañana aquel día:
iré yo tomar consejo
de una madre que tenía.
La niña le respondiera
y estas palabras decía:
¡Oh, malhaya el caballero
que al encanto no servía,
vase a tomar buen consejo
y deja sola la niña!
Cuando volvió el caballero
no halló a la Infantina.
Vídola que la llevaban
con muy gran caballería.
| 1romance
|
Morada de grandeza,
templo de claridad y hermosura,
el alma, que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel baja, escura?
| 14lira
|
Busco en la muerte la vida,
salud en la enfermedad,
en la prisión libertad,
en lo cerrado salida
y en el traidor lealtad.
Pero mi suerte, de quien
jamás espero algún bien,
con el cielo ha estatuido,
que, pues lo imposible pido,
lo posible aún no me den.
| 6copla_real
|
Es la hora de Dios, sobre la fuente
del mundo se levanta silenciosa
la estrella del Destino derramado
lumbre de vida.
| 36estrofa_sáfica
|
Pero como yo temí
al Esposo que ofendía,
busqué su vida y la mía,
y al fin huyendo vencí.
| 19redondilla
|
Lo cierto es que al desdichado,
al rayo del sol primero
la tormenta le echó, ahogado,
al pie de la torre de Hero.
| 5cuarteta
|
A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan los pensamientos.
| 11cantar
|
Es el cantar que entonan las edades;
El lenguaje sublime de las hadas;
El ritmo de los ejes de la tierra;
El canto del torrente y la cascada;
El son del huracán; las dulces trovas
Que las aves entonan en las ramas;
El placer de la corte y de la aldea:
Del amoroso labio la palabra;
Las sentidas canciones populares...
Arte del sentimiento, arte formada
De notas, ruiseñores invisibles
Cuyo precioso nido son las almas.
| 18romance_arte_mayor
|
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales;
parlanchina, la dueña, dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión. ( ...)
| 34sexta_rima
|
Lejos un trino.
El ruiseñor no sabe
que te ocnsuela.
| 8haiku
|
«No tengamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
es locura.
| 31estrofa_manriqueña
|
Pues su hermano el inocente,
que en su vida sucesor
le hicieron,
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
le siguieron!
Mas, como fuese mortal,
metiole la Muerte luego
en su fragua.
¡Oh, juïcio divinal,
cuando más ardía el fuego,
echaste agua!
| 31estrofa_manriqueña
|
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
| 11cantar
|
Retraída está la infanta,
bien así como solía,
viviendo muy descontenta
de la vida que tenía,
viendo que ya se pasaba
toda la flor de su vida,
y que el rey no la casaba,
ni tal cuidado tenía.
Entre sí estaba pensando
a quién se descubriría;
acordó llamar al rey
como otras veces solía,
por decirle su secreto
y la intención que tenía.
Vino el rey, siendo llamado,
que no tardó su venida:
vídola estar apartada,
sola está sin compañía:
su lindo gesto mostraba
ser más triste que solía.
Conociera luego el rey
el enojo que tenía.
¿Qué es aquesto, la infanta?
¿Qué es aquesto, hija mía?
Contadme vuestros enojos,
no toméis malenconía,
que sabiendo la verdad
todo se remediaría.
Menester será, buen rey,
remediar la vida mía,
que a vos quedé encomendada
de la madre que tenía.
Dédesme, buen rey, marido,
que mi edad ya lo pedía:
con vergüenza os lo demando,
no con gana que tenía,
que aquestos cuidados tales,
a vos, rey, pertenecían.
Escuchada su demanda,
el buen rey le respondía:
Esa culpa, la infanta,
vuestra era, que no mía,
que ya fuérades casada
con el príncipe de Hungría.
No quesistes escuchar
la embajada que os venía:
pues acá en las nuestras cortes,
hija, mal recaudo había,
porque en todos los mis reinos
vuestro par igual no había,
si no era el conde Alarcos,
hijos y mujer tenía.
Convidaldo vos, el rey,
al conde Alarcos un día,
y después que hayáis comido
decidle de parte mía,
decidle que se le acuerde
de la fe que del tenía,
la cual él me prometió,
que yo no se la pedía,
de ser siempre mi marido,
yo que su mujer sería.
Yo fui de ello muy contenta
y que no me arrepentía.
Si casó con la condesa,
que mirase lo que hacía,
que por él no me casé
con el príncipe de Hungría;
si casó con la Condesa,
del es culpa, que no mía.
Perdiera el rey en oírlo
el sentido que tenía,
mas después en si tornado
con enojo respondía:
¡No son éstos los consejos
que vuestra madre os decía!
¡Muy mal mirastes, infanta,
do estaba la honra mía!
Si verdad es todo eso,
vuestra honra ya es perdida:
no podéis vos ser casada,
siendo la condesa viva.
Si se hace el casamiento
por razón o por justicia,
en el decir de las gentes
por mala seréis tenida.
Dadme vos, hija, consejo,
que el mío no bastaría,
que ya es muerta vuestra madre
a quien consejo pedía.
Yo vos lo daré, buen rey,
de este poco que tenía:
mate el conde a la condesa,
que nadie no lo sabría,
y eche fama que ella es muerta
de un cierto mal que tenía,
y tratarse ha el casamiento
como cosa no sabida.
De esta manera, buen rey,
mi honra se guardaría.
De allí se salía el rey,
no con placer que tenía;
lleno va de pensamientos
con la nueva que sabía;
vido estar al conde Alarcos
entre muchos, que decía:
¿ Qué aprovecha, caballeros,
amar y servir amiga,
que son servicios perdidos
donde firmeza no había?
No pueden por mí decir
aquesto que yo decía,
que en el tiempo que serví
una que tanto quería,
si muy bien la quise entonces,
agora más la quería;
mas por mí pueden decir:
quien bien ama, tarde olvida.
Estas palabras diciendo,
vido al buen rey que venía,
y para hablar con el rey,
de entre todos se salía.
Dijo el buen rey al conde,
hablando con cortesía:
Convidaros quiero, conde,
por mañana en aquel día,
que queráis comer conmigo
por tenerme compañía.
Que se haga de buen grado
lo que su alteza decía;
beso sus reales manos
por la buena cortesía;
detenerme he aquí mañana,
aunque estaba de partida,
que la condesa me espera
según la carta me envía.
Otro día de mañana
el rey de misa salía;
luego se asentó a comer,
no por gana que tenía,
sino por hablar al Conde
lo que hablarle quería.
Allí fueron bien servidos
como a rey pertenecía.
Después que hubieron comido,
toda la gente salida,
quedóse el rey con el conde
en la tabla do comía.
Empezó de hablar el rey
la embajada que traía:
Unas nuevas traigo, conde,
que de ellas no me placía,
por las cuales yo me quejo
de vuestra descortesía.
Prometistes a la infanta
lo que ella no vos pedía,
de siempre ser su marido,
y a ella que le placía.
Si otras cosas más pasastes
no entro en esa porfía.
Otra cosa os digo, conde,
de que más os pesaría:
que matéis a la condesa
que cumple a la honra mía;
echéis fama que ella es muerta
de cierto mal que tenía,
y tratarse ha el casamiento
como cosa no sabida,
porque no sea deshonrada
hija que tanto quería.
Oídas estas razones
el buen conde respondía:
No puedo negar, el rey,
lo que la infanta decía,
sino que otorgo ser verdad
todo cuanto me pedía.
Por miedo de vos, el rey,
no casé con quien debía,
no pensé que vuestra alteza
en ello consentiría:
de casar con la infanta
yo, señor, bien casaría;
mas matar a la condesa,
señor rey, no lo haría,
porque no debe morir
la que mal no merecía.
De morir tiene, el buen conde,
por salvar la honra mía,
pues no miraste primero
lo que mirar se debía.
Si no muere la condesa
a vos costará la vida.
Por la honra de los reyes
muchos sin culpa morían,
porque muera la condesa
no es mucha maravilla.
Yo la mataré, buen rey,
mas no será culpa mía:
vos os avendréis con Dios
en la fin de vuestra vida,
y prometo a vuestra alteza,
a fe de caballería,
que me tengan por traidor
si lo dicho no cumplía,
de matar a la condesa,
aunque mal no merecía.
Buen rey, si me dais licencia
yo luego me partiría.
Vayáis con Dios, el buen conde,
ordenad vuestra partida.
Llorando se parte el conde,
llorando, sin alegría;
llorando por la condesa,
que más que a sí la quería
Lloraba también el conde
por tres hijos que tenía,
el uno era de pecho,
que la condesa lo cría;
los otros eran pequeños,
poco sentido tenían.
Antes que llegase el conde
estas razones decía:
¡Quién podrá mirar, condesa,
vuestra cara de alegría,
que saldréis a recebirme
a la fin de vuestra vida!
Yo soy el triste culpado,
esta culpa toda es mía.
En diciendo estas palabras
la condesa ya salía,
que un paje le había dicho
cómo el conde ya venía.
Vido la condesa al conde
la tristeza que tenía,
viole los ojos llorosos,
que hinchados los traía,
de llorar por el camino,
mirando el bien que perdía.
Dijo la condesa al conde:
¡Bien vengáis, bien de mi vida!
¿Qué habéis, el conde Alarcos?
¿Por qué lloráis, vida mía,
que venís tan demudado
que cierto no os conocía?
No parece vuestra cara
ni el gesto que ser solía;
dadme parte del enojo
como dais de la alegría.
¡Decídmelo luego, conde,
no matéis la vida mía!
Yo vos lo diré, condesa,
cuando la hora sería.
Si no me lo decís, conde,
cierto yo reventaría.
No me fatiguéis, señora,
que no es la hora venida.
Cenemos luego, condesa,
de aqueso que en casa había.
Aparejado está, conde,
como otras veces solía.
Sentóse el conde a la mesa,
no cenaba ni podía,
con sus hijos al costado,
que muy mucho los quería.
Echóse sobre los brazos;
hizo como que dormía;
de lágrimas de sus ojos
toda la mesa cubría.
Mirándolo la condesa,
que la causa no sabía,
no le preguntaba nada,
que no osaba ni podía.
Levantóse luego el conde,
dijo que dormir quería;
dijo también la condesa
que ella también dormiría;
mas entre ellos no había sueño,
si la verdad se decía.
Vanse el conde y la condesa
a dormir donde solían:
dejan los niños de fuera
que el conde no los quería;
lleváronse el más chiquito,
el que la condesa cría;
cerrara el conde la puerta,
lo que hacer no solía.
Empezó de hablar el conde
con dolor y con mancilla:
¡Oh, desdichada condesa,
grande fué la tu desdicha!
No so desdichada, el conde,
por dichosa me tenía;
sólo en ser vuestra mujer,
esta fué gran dicha mía.
¡ Si bien lo sabéis, condesa,
esa fué vuestra desdicha!
Sabed que en tiempo pasado
YO amé a quien bien servía,
la cual era la infanta,
por desdicha vuestra y mía.
Prometí casar con ella,
y a ella que le placía;
demándame por marido
por la fe que me tenía.
Puédelo muy bien hacer
de razón y de justicia:
díjomelo el rey, su padre,
porque de ella lo sabía.
Otra cosa manda el rey,
que toca en el alma mía:
manda que muráis, condesa,
por la honra de su hija,
que no puede tener honra
siendo vos, condesa, viva.
Desque esto oyó la condesa
cayó en tierra amortecida;
mas después en sí tornada
estas palabras decía:
¡Pagos son de mis servicios,
conde, con que yo os servía!
Si no me matáis, el conde,
yo bien os aconsejaría,
enviédesme a mis tierras
que mi padre me ternía;
yo criaré vuestros hijos
mejor que la que vernía,
yo os mantendré lealtad
como siempre os mantenía.
De morir habéis, condesa,
enantes que venga el día.
¡Bien parece, el conde Alarcos,
yo ser sola en esta vida;
porque tengo el padre viejo,
mi madre ya es fallecida,
y mataron a mi hermano,
el buen conde don García,
que el rey lo mandó matar
por miedo que del tenía!
No me pesa de mi muerte,
porque yo morir tenía,
mas pésame de mis hijos,
que pierden mi compañía;
hacémelos venir, conde,
y verán mi despedida.
No los veréis más, condesa,
en días de vuestra vida;
abrazad este chiquito,
que aqueste es el que os perdía.
Pésame de vos, condesa,
cuanto pesar me podía.
No os puedo valer, señora,
que más me va que la vida;
encomendaos a Dios
que esto hacerse tenía.
Dejéisme decir, buen conde,
una oración que sabía.
Decidla presto, condesa,
enantes que venga el día.
Presto la habré dicho, conde,
no estaré un Ave María.
Hincó rodillas en tierra,
aquesta oración decía:
En las tus manos, Señor,
encomiendo el alma mía;
no me juzgues mis pecados
según que yo merecía,
más según tu gran piedad
y la tu gracia infinita.
Acabada es ya, buen conde,
la oración que yo sabía;
encomiéndoos esos hijos
que entre vos y mí había,
y rogad a Dios por mí,
mientras tuviéredes vida,
que a ello sois obligado
pues que sin culpa moría.
Dédesme acá ese hijo,
mamará por despedida.
No lo despertéis, condesa,
dejadlo estar, que dormía,
sino que os pido perdón
porque ya se viene el día.
A vos yo perdono, conde,
por el amor que os tenía;
más yo no perdono al rey,
ni a la infanta su hija,
sino que queden citados
delante la alta justicia,
que allá vayan a juicio
dentro de los treinta días.
Estas palabras diciendo
el conde se apercebía:
echóle por la garganta
una toca que tenía.
¡Socorre, mis escuderos,
que la condesa se fina!
Hallan la condesa muerta,
los que a socorrer venían.
Así murió la condesa,
sin razón y sin justicia;
mas también todos murieron
dentro de los treinta días.
Los doce días pasados
la infanta también moría;
el rey a los veinte y cinco,
el conde al treinteno día:
allá fueron a dar cuenta
a la justicia divina.
Acá nos dé Dios su gracia,
y allá la gloria cumplida.
| 1romance
|
Lo mismo es el Amor; con su palabra llena
cualquier cosa que diga siempre parece buena;
no siempre es un cantar el ruido que suena,
por advertiros esto, señoras, no os dé pena.
| 9cuaderna_vía
|
Mirando estoy los sepulcros
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.
| 11cantar
|
Entre las otras sois vos,
dama de aquesta mi vida,
del traste común salida,
una en el mundo, de dos,
vos sois la que desfacéis
lo que contienen mis versos;
vos sois la que merecéis
renombre e loor cobréis
entre las otras diversos.
| 38novena
|
Triste sino nacer
Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.
| 44septeto
|
Antes amor hería
Con duras flechas,
Pero ya solo hiere '
Con las pesetas;
y no hay muralla
En que no se abra brecha
Con tal metralla.
| 27seguidilla_compuesta
|
Esta estrofa tan vetusta.
Me gusta.
Una por la que me pirre.
Aguirre.
Otra que me hace feliz.
Beatriz.
Agacho yo la cerviz,
mas no ante el suyo, Ricardo,
que es un mojón y un petardo,
me gusta Aguirre y Beatriz.
| 0ovillejo
|
Asía Ñuño ocurrió; cual peregrino
Vagó por Burgos, donde todo había
Sufrido alteración. Solo en el pecho
Del ciego conde Sancho estaba viva
La indignación contra el señor de Lara,
Y firme el gran favor y necia estima,
Con que dejaba en manos de Velázquez
El cetro del condado de Castilla.
Encontrándolo todo tan mudado,
Excepto los rencores y perfidias,
Dejó la corte, y acia Lerma fuese,
Para tener de su señor noticia.
Supo que continuaba en su hondo encierro
Y privado por siempre de la vista j
Y, como en tiempo antiguo, fueron vanas
Para verle sus nuevas tentativas.
Dijo Ñuño que pronto despechado
Al ver sus esperanzas destruidas,
Y de haberse alejado arrepentido
De las remotas tierras, do tenía
Ya amigos, conexiones y habitudes,
Para errar sin objeto por Castilla,
Que un vasto cementerio era á sus ojos ;
Determine) pasar á Andalucía,
Para saber de Zaide, y si su amigo
Y compañero en los lejanos climas,
El mozárabe Egidio, aun disfrutaba
Allá en su patria de sosiego y vida.
La guerra que entre moros y cristianos
Entonces se encendió, y una maligna
Enfermedad, contó, que se opusieron
A su resolución. Fuese á Galicia,
Y allí después de visitar la tumba
Del santo Apóstol, á acabar sus dias
Se encerró en un aislado monasterio,
Del mar de Atlante en la escarpada orilla.
A dos años de estar en tal retiro,
De que el conde don Sancho muerto había
La nueva recibió; y en el momento
Con ciertas esperanzas y á gran prisa
A Burgos vino, y ante el nuevo conde
Pidió reparación de la injusticia
Con que era perseguido Gústios Lara.
Consiguió que con faz grata y benigna
El gran Fernán-González le acogiese 5
Y á pesar de Yelázquez, que aun tenía
El supremo poder, logró dichoso
La libertad de Lara. Conseguida,
A Lerma voló Ñuño, y olvidando
Todas sus ansias, penas y agonías,
Halló de todas ellas recompensa.
Cuando gozoso con su mano misma
Abrió la puerta á la prisión de Lara,
La libertad tornándole, de guia
Sirviéndole, y cual siervo reverente.
Consagrándole el resto de su vida.—
El buen Ñuño Salido, aquí indicando
Que según la presencia, y la benigna
Condición que mostraba el nuevo conde.
Para Lara esperaba mayor dicha;
Y dando (era discreto) al auditorio
Gracias por su atención, á la prolija
Historia de sus raras aventuras
Puso con labio fatigado cima
| 18romance_arte_mayor
|
Modorrado con el sueño
no le cura de almagrar,
porque no entiende de dar
cuenta de ellos ningun dueño:
cuanto yo no amoldaría
lo de Cristobal Mexia,
ni del otro tartamudo,
ni del Meco moro agudo:
todo va por una vía.
| 38novena
|
Los más hermosos labios tus jardines
cambiantes de oro y música, tu ardiente
ruiseñor diluido en mudos cielos
orientales,
| 36estrofa_sáfica
|
Deja que inquieten al hombre,
Que loco al mundo se lanza,
Mentiras de la esperanza,
Recuerdos del bien que huyó :
Mentira son sus amores,
Mentira son sus victorias,
Y son mentira sus glorias,
Y mentira su ilusión.
| 15octavilla
|
Subsets and Splits
No community queries yet
The top public SQL queries from the community will appear here once available.