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|---|---|
Pues que el mundo es opiniones,
Amigos, adivinad
¿Cuál es la que tantos dones
Heredó en su mocedad?
Que yo ya en fin de razones
Non pensando malestad,
Siempre la obedeceré.
| 20septilla
|
Por él, mi adorada hermosa,
Por esos labios de rosa
De ti imploro
Que le escuches con ternura,
Y le oirás cómo murmura:
«Yo te adoro».
| 31estrofa_manriqueña
|
Sola entre lirios
la niña oye el rugido
de los leones.
| 8haiku
|
En varias formas, con diverso estilo,
en diferentes géneros, calzando
ora el coturno trágico de Esquilo,
ora la trompa épica sonando;
ora cantando plácido y tranquilo,
ora en trivial lenguaje, ora burlando,
conforme esté mi humor, porque a él me ajusto
y allá van versos donde va mi gusto.
| 2octava_real
|
Enternecido se ha ido
El Rey de haberle escuchado.)
Como habíamos hablado
De aquella águila, dormido,
Tu sueño imperios han sido;
Mas en sueños fuera bien
Honrar entonces á quien
Te crió en tantos empeños,
Segismundo; que aún en sueños
No se pierde el hacer bien.
| 13espinela
|
Descolgándose cauto
por la muralla
halló abierta al descuido
la puerta falsa.
Que dicha
fue lograr la salida
Trasera
pues para él no hay más puerta
Angosta
no se piensa las cosas.
| 16chamberga
|
De pena me estoy muriendo,
al ber que en el mundo bibes
y ya para mí t'has muerto.
| 30soleá
|
¡Oh, canas de las viejas pecadoras
a las que arroja el mundo sus reproches,
que tuvisteis la luz de las auroras
o la sombra azulada de las noches!,
¡oh, canas de las viejas pecadoras!
| 32quinteto
|
Es tu caricia perdida.
¡Herida!
Por estar bajo tu abrigo.
Te sigo.
No sé qué será de mí.
Sin ti.
Desde que yo te perdí,
todo camino es oscuro
y aunque vivir yo procuro,
herida sigo sin ti.
| 0ovillejo
|
Y en el viejo camino
Cantaba un ruiseñor,
Y era de luz su trino.
| 10tercetillo
|
Anda, compañera,
permitan los sielos
que con er cuchiyo que matarme quieres
mueras tú primero.
| 26seguidilla_gitana
|
Ellas lloran que se vieron
sin temor de ser cativas,
ý a quien eran más esquivas
essos mismos las prendieron.
Sus nombres mi vida son,
que va perdiendo alegría,
y de vellas en prisión
siento yo grave passión,
sin sentir nadie la mía.
| 38novena
|
La berdá, me da coraje:
que la quiera ojo la quiera,
eso ¿qué le importa a naide?
| 30soleá
|
Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.
| 11cantar
|
Fuegos fatuos de exorcismo
ilustran mi doble vista,
como una malabarista
mutilación de exorcismo...
Lo Subconsciente del mismo
Gran Todo me escalofría
y en la multitud sombría
de la gran tiniebla afónica
fermenta una cosmogónica
trompeta de profecía.
| 13espinela
|
Recibidle, Nicolás
por muchos años y buenos
que ni a Dios se ha de dar menos
ni Dios puede daros más.
Que de Obededón atrás
sombras de la antigua ley
que no es arca es Agnus Dei
porque envidie el Arzobispo
que en las casa del Obispo
venga a aposentarse el Rey.
| 13espinela
|
la que fue tan venturosa,
que, siendo un pastor su abuelo,
se vio reina de tres mundos
y madre del que es rey de ellos,
| 11cantar
|
Juyeron los más matreros
y lograron escapar-
yo no quise disparar-
soy manso y no había por qué-
muy tranquilo me quedé
y ansí me dejé agarrar.
| 12sextilla
|
¡Ay del triste que consume
su existencia en esperar!
¡Ay del triste que presume
que el duelo con que él se abrume
al ausente ha de pesar!
| 29quintilla
|
La verónica cruje.
Suenan caireles.
Que nadie la dibuje.
Fuera pinceles.
| 22seguidilla
|
Pero como el soberano
solo puede reparar
en tales fechos, hermano,
plega te de perdonar:
que ya no me da lugar
el tiempo a que más me tarde.
Respondióme: Dios te guarde
el cual te quiera guiar.
| 15octavilla
|
Y el eco suena por los techos altos
Del noble alcázar, cuyo piso huellas
Lleno de estrellas de luceros lleno,
y tachonado.
| 36estrofa_sáfica
|
A los moros por dinero;
a los cristianos de balde.
¿Quién es ésta que lo cumple?
Dígasmelo tú, el romance.
Yo, con mi fe de bautismo,
tras ella bebo los aires;
por moro me tienen todas:
dinero quieren que gaste.
En lenguaje de mujeres,
que es diferente lenguaje,
de balde es dos veces dé,
cosa que no entendió nadie.
Todas me llaman Antón,
todas me cobran Azarque,
y son, al daca y al pido,
mis billetes Alcoranes.
El sombrero que les quito
se les antoja turbante,
y mi prosa, algarabía,
por más español que hable.
Sin duda, romance aleve,
que, por sólo el consonante,
a los pordioseros fieles
les diste alegrón tan grande.
Y aquella maldita hembra,
para burlar el linaje
de los Baldeses de paga,
tocó a barato una tarde.
Iuego que el romance oí,
me llamaba por las calles
cristianísimo, sin miedo
del rey de Francia y sus Pares.
¿Adónde están los cristianos
que gozan de aqueste lance?:
que en el reino de Toledo
los Pedros pagan por Tarfes.
Si la que lo prometiste
en esa cazuela yaces,
más gente harás, si te nombras,
que las banderas de Flandes.
Doña Urraca diz que fue
la del pregón detestable:
que cosa tan mal cumplida
no pudo ser de otras aves.
| 1romance
|
La cual, según he sabido,
no fue hecha de madera
ofrecida como quiera,
sino de palo escogido,
plantado para lo que era;
que Adán, según supe yo,
en grave vejez venido,
en enfermedad cayó,
de la cual al fin murió
por escotar lo comido.
| 6copla_real
|
Brilla, y despide la fulgente luna
Tibios destellos de esplendor dudoso
Sobre las ondas, con su luz bañando
Verdes colinas.
| 36estrofa_sáfica
|
Disen que no hay caras buenas:
que miren la e mi dueño,
que ninguna es como eya.
| 30soleá
|
Hoy en lejana región
Prueban ellas del esclavo
La amargura,
Que destroza el corazón
Y hiere la mente al cabo
Con locura.
| 31estrofa_manriqueña
|
Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruido abrióse la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
golpeó el silencio de la tarde muerta.
| 7serventesio
|
¡Todo es mentira y vanidad, locura!»
Con sonrisa sarcástica exclamó;
y en la silla tomando otra postura,
de golpe el libro y con desdén cerró.
Lóbrega tempestad su frente oscura
en remolinos densos anubló;
y los áridos ojos quemó luego
una sangrienta lágrima de fuego.
| 2octava_real
|
Amigo, llévate lo que tú quieras,
penetra tu mirada en los rincones
y si así lo deseas, yo te doy mi alma entera
con sus blancas avenidas y sus canciones.
| 7serventesio
|
como la ninfa bella, compitiendo
con el garzón dormido en cortesía,
no sólo para, mas el dulce estruendo
del lento arroyo enmudecer querría.
A pesar luego de las ramas, viendo
colorido el bosquejo que ya había
en su imaginación Cupido hecho
con el pincel que le clavó su pecho,
| 2octava_real
|
Allí irá la hipocresía
Con el disfraz en la mano,
Y sabremos aquel día
Qué pechero hubo hidalguía
Y qué hidalgo fue villano.
| 29quintilla
|
O me quieres o me olvidas;
si me olvidas, ¿cómo vuelves?;
y si me quieres, zagala,
¿cómo gustas de mi muerte?
Por hablar con las serranas
acaso y sin detenerme,
¡ay Dios, qué duras venganzas
de culpas que no te ofenden!
| 4octava
|
Hoy que es el cumpleaños de mi hermana, no tengo
nada que darle, nada. No tengo nada, hermana.
Todo lo que poseo siempre lo llevo lejos.
A veces hasta mi alma me parece lejana.
| 7serventesio
|
Comprendo tu fiel alabanza al fino arte
Docto hombre de saber de antaño,
De la antigua, clásica voz estandarte,
¿Queda algo acaso para el hogaño?
| 7serventesio
|
Dijo la dama cuerda a la mi mensajera:
—“A muchas otras veo que convences parlera
y se arrepienten luego; yo escarmiento, a manera
de la aguda raposa, en ajena mollera.
| 9cuaderna_vía
|
y anímase en mi cuerpo de Centauro inmortal
la sangre del celeste caballo paternal.
| 3couplet
|
A la sombra yaciendo perdí todos cuidados,
y oí sones de aves dulces y modulados
nunca oyó ningún hombre órganos mas templados
ni que formar pudiesen sones más acordados.
| 9cuaderna_vía
|
Más hoy a Córdoba ilustra,
ser rica prenda de Carlos,
que cuanto la ennoblecieron
cónsules y califados.
| 11cantar
|
Le repuso Santiago: «don traidor palabrero,
no os puede vuestra parla valer un mal dinero:
que trayendo mi voz como falso vocero
diste consejo malo, mataste a mi romero.
| 9cuaderna_vía
|
El Sagrario está abierto
Vamos llegando
que la mesa está puesta,
Dios convidando.
| 22seguidilla
|
Entienda usté a las mujeres...
Si lo quieren, no lo dicen;
si lo dicen, no lo quieren.
| 30soleá
|
Dices que nada se pierde,
y acaso dices verdad;
pero todo lo perdemos,
y todo nos perderá.
| 11cantar
|
Tejió de piernas de araña
su barba un colegïal,
pensando con ella el tal
gobernar a toda España.
Cuando el impulso lo engaña,
de las partes que no tiene,
pisándose a Madrid viene
la barba desde Sigüenza
| 4octava
|
Pues su hermano el inocente,
que en su vida sucesor
le hicieron,12
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
le siguieron!
| 12sextilla
|
En mi ardor infantil no cupo el miedo,
la vaca vino a mí, de luz dorada,
y en sus ojos enormes, con el dedo
quise tocar la claridad sagrada.
| 7serventesio
|
En la isla en que detiene su esquife el argonauta
del inmortal Ensueño, donde la eterna pauta
| 3couplet
|
Era blanco el tejado, y se posan aún
de día las palomas
y sus ojos nos miran como un fuego tardío
cada vez que salimos huyendo de la casa.
Yo he buscado su piel en todas mis amantes,
la marejada rubia de sus hombros,
la formación de almendras que estallaba en su boca
y que luego ponía en las manos de él,
él, que estaba allí,
allí también entre nosotros,
como un inmenso capitán de plomo.
| 35unknown
|
Hijito e mala mare:
¿Te acuerda cuando isías,
no te orbiaré por naide?
| 30soleá
|
Dícenos Salomón y dice la verdad,
que las cosas del mundo todas son vanidad,
todas perecederas que se van con la edad;
salvo el amor de Dios, todas son liviandad.
| 9cuaderna_vía
|
Para ti la existencia no tendrá un goce
ni habrá para tus penas ningún remedio
y, unas veces sintiendo del mal el roce,
otras veces henchido de amargo tedio,
para ti la existencia no tendrá un goce.
| 32quinteto
|
Alumbraste con tu brillo
al castillo.
La albahaca a tu trono llega
de la vega.
Virgen te canta con brío
el río.
Brihuega, tu señorío,
de amor mariano lo encantas
y se rinden a tus plantas
el castillo, vega y río.
| 0ovillejo
|
La agua apenas trata
cuando dirás que
se desata el pie,
y no se desata,
plata dando a plata
con que, liberal,
los viste de nieve,
le presta cristal.
| 4octava
|
Cuando volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,
temblando brilla en sus pestañas negras
una lágrima pronta a resbalar.
| 21silva_arromanzada
|
¡Ya sales de tu casa
para la iglesia!
¡El aire pone flores
por las arenas!
| 22seguidilla
|
fingieron dios a Amor, y que tenía
por armas fuego, red, arcos y saetas,
porque las fieras gentes no sujetas
se allanasen al trato y compañía;
| 24cuarteto
|
viendo su nido amado
de un labrador robado.
| 3couplet
|
Atormentado el can, tanto camina
por la casa infernal, toda ahumada,
que hallando a la bella Proserpina,
de Venus le recuenta la embajada.
Ni a reposarse ni a sentarse inclina,
ni a comer, ni a otra cosa, aunque rogada;
mas la bujeta espera con gran pena,
que luego se la da, cerrada y llena.
| 4octava
|
Sobre la torre, enigmático,
el búho de ojos de azufre,
su canto insalubre sufre
como un muecín enigmático...
Ante el augurio lunático,
capciosa, espectral, desnuda,
aterciopelada y muda,
desciende en su tela inerte,
como una araña de muerte,
la inmensa noche de Buda...
| 13espinela
|
No hay nadie que contemple tu gracia excelsa,
que eternizar debiera la voz de un bardo,
sin que sienta en su alma de amor el dardo,
cual lo sintió Lohengrin delante de Elsa
y, al mirar a Eloísa, Pedro Abelardo.
| 32quinteto
|
Como me gustaría poder ser voz,
como me gustaría poder ser alma,
como quisiera poder abrir los ojos
de personas ingratas que perdieron
la percepción de la línea del bien
y del mal.
Como quisiera ser luz,
como quisiera ser paz,
como quisiera ser amor,
un soplo de agua fresca
en este mundo de odio y rencor.
| 35unknown
|
No llames la fortuna,
Que es mal mandada.
y jamás ella viene
Donde la llaman;
y aun es tan loca,
Que el que menos merece,
Mejor la logra.
| 27seguidilla_compuesta
|
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
la tarde cayendo está,
| 19redondilla
|
En el hospitá,
a mano erecha,
ayí tenía la mare e mi arma
la camita jecha.
| 26seguidilla_gitana
|
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
| 12sextilla
|
Mano mejor que la mano de Orfeo,
mano que la presumo y no la creo.
| 3couplet
|
¿Me das, pues, tu asentimiento?
Consiento.
¿Complácesme de ese modo?
En todo.
Pues te velaré hasta el día.
Sí, Mejía
Páguete el cielo, Ana mía
satisfacción tan entera.
Porque me juzgues sincera,
consiento en todo, Mejía.
| 0ovillejo
|
El amor se ha desprendido
De los brazos de su madre,
Y alegrando el universo
Se está suspenso en el aire.
Él os contempla, zagalas,
Y mirándoos se complace
Al ver las gracias que os dieron
Las estrellas liberales.
Él al placer os convida,
Al regocijo y al baile:
¿Y seréis sordas vosotras
A sus influjos suaves?
Mirad, cuál todo se anima!
De flor se visten los valles,
De yerba se cubre el campo
Y el viento pueblan las aves.
Animaos también vosotras:
Gozad la estación amable,
Que sobrada vida os queda
Para devorar pesares.
Más rápido que una flecha
Que vuela hendiendo los aires,
El tiempo vuela y se muere,
Muere el tiempo y no renace.
Tiempo vendrá en que os aflijan
Las memorias lamentables
De placeres que perdisteis,
De horas que desperdiciasteis.
Ea pues: que nadase pierda,
Salid alegres al baile,
Los instrumentos resuenen
Y la risa os acompañe.
Ven tú, la alegre zagala,
Atención de mil amantes,
Y cuyos ojos, si miran,
No hay corazón que no abrasen:
Plácidamente severa,
Severamente agradable
Te acompañará tu hermana
Y alentaréis todo el valle;
Mientras que a encantarnos venga,
Mientras que enlazada sale
Con la gallarda Belisa
La linda y modesta Dafne.
Ven tú, en fin, ninfa divina,
Ven en fin y no te tardes,
Tú en cuya tez los claveles
Con la azucena combaten:
Tú en cuyos labios de rosa
Fabrica amor sus panales,
Y en cuyo soberbio seno
El placer viene a posarse.
¡Dichoso aquel que tu beldad admira,
Que tus gracias contempla atentamente,
Que el blando influjo de tu genio siente,
Que de amor puede hablarte, y que suspira!
| 1romance
|
Cayó precipitado,
y aun cayó muerto:
En subiendo despacio
No hay tanto riesgo
Quien sube aprisa,
Con la misma que sube
Se precipita.
| 27seguidilla_compuesta
|
Allí, por bosques y prados,
podrás leer todas horas,
en mil robles señalados
los nombres más celebrados
de las ninfas y pastoras.
Más seráte cosa triste
ver tu nombre allí pintado,
en saber que escrita fuiste
por el que siempre tuviste
de tu memoria borrado.
| 6copla_real
|
Ni vió el fantasma entre sueños
Del que mató en desafío,
Ni turbó jamás su brío
Recelosa previsión.
Siempre en lances y en amores,
Siempre en báquicas orgías,
Mezcla en palabras impías
Un chiste a una maldición.
| 15octavilla
|
Los pobres más hambrientos
son los más ricos,
porque todo lo comen
con apetito:
no así los grandes,
que aunque todo les sobra,
les falta el hambre.
| 27seguidilla_compuesta
|
«Hombre, no riegues tanto,
que me quede sin peces,
ni cuides tanto de ellos
que sin flores, gran bárbaro, me dejes».
| 17endecha_real
|
No crió naturaleza
reyes ni enperadores
en la baja redondeza,
ni dueñas dignas de honores,
poetas nin sabidores,
que non vi ser aguardantes
a estos dos ilustrantes,
dios y diesa de amores.
| 15octavilla
|
Y una saya de sayal
forrada en peña tajada,
y una pescada cicial
de la garganta colgada,
| 5cuarteta
|
Sin los puntales de la fe, algún día
la bóveda del cielo se caería.
| 3couplet
|
O joven infelice
qué poco puedes
si pareces te burlan
su huyes te huelen
No hay forma
de librar la persona
aunque andes
volando por los aires
desgracia
de tu mucha arrogancia.
| 16chamberga
|
Fuentecilla, no corras
tan fugitiva,
cuanto más te apresures,
más te aniquilas,
pues no reparas
que tu vida dejas
desamparada.
| 27seguidilla_compuesta
|
Castellanos y leoneses
tienen grandes divisiones,
el conde Fernán González
y el buen rey don Sancho Ordóñez,
sobre el partir de las tierras
y el poner de los mojones;
echan mano a las espadas,
derriban ricos mantones;
no les pueden poner treguas
cuantos en la corte son;
pénensela dos hermanos;
aquesos benditos monjes
pónenlas por quince días,
que no pueden por más, no,
que se vayan a los prados
que dicen de Carrión.
Si mucho madruga el rey,
el conde no dormía, no.
El conde partió de Burgos,
el rey partió de León;
venidos se han a juntar
al vado de Carrión,
y a la pasada del río
movieron una quistión:
los del rey, que pasarían,
y los del conde, que no.
El rey, como era risueño,
la su muía revolvió;
el conde, con lozanía,
el caballo arremetió;
con el agua y el arena
al buen rey ensalpicó.
Allí hablara el buen rey,
su gesto muy demudado:
¡ Cómo sois soberbio, el conde!
¡Cómo sois desmesurado!
Si no fuera por las treguas
que los monjes nos han dado,
la cabeza de los hombros
ya vos la hubiera quitado;
con la sangre que os sacara
yo tiñera aqueste vado.
El conde le respondiera
como aquel que era osado:
Eso que decís, buen rey,
véolo mal aliñado:
vos venís en gruesa muía,
yo en ligero caballo;
vos traéis sayo de seda,
yo traigo un arnés tranzado;
vos traéis alfanje de oro,
yo traigo lanza en mi mano;
vos traéis cetro de rey,
yo un venablo acerado;
vos con guantes olorosos,
yo con los de acero claro;
vos traéis gorra de fiesta,
yo traigo casco afinado;
vos traéis ciento de a muía,
yo trecientos de a caballo.
Ellos en aquesto estando,
los frailes allí han llegado.
¡Tate, tate, caballeros!
¡ Tate, tate, hijosdalgo!
¡ Cuan mal cumplisteis las treguas
que nos habíades mandado!
Allí hablara el buen rey:
Yo las cumpliré de grado.
Pero respondiera el conde:
Yo de pies puesto en el campo.
Cuando vido aquesto el rey,
no quiso pasar el vado;
vuélvese para sus tierras;
malamente va enojado,
grandes bascas va haciendo,
reciamente va jurando
que había de matar al conde
y destruir su condado.
Mandó, pues, llamar a cortes;
por los grandes ha enviado;
todos ellos son venidos,
sólo el conde ha faltado.
Mensajero se le hace
a que cumpla su mandado;
el mensajero que fué
de esta suerte le ha hablado:
| 1romance
|
Tendrás muchos amigos
Si gastas oro;
Pero si no lo gastas,
Andarás solo:
Porque ahora es moda
Apreciar el dinero,
no la persona.
| 27seguidilla_compuesta
|
Si como, me está llevando,
¡oh, Juana!, tu perfección
toda la imaginación,
y estoy comiendo y pensando.
| 19redondilla
|
Cantarillo, cantarillo,
vamos teniendo paciencia;
pues la fuente no se apura,
tomemos lo que nos dejan.
Vais y venís a la fuente;
quien va y viene mucho a ella
¿de qué se espanta, si el asa
o la frente se le quiebra?
| 4octava
|
Torerillo en Triana,
frente a Sevilla.
Cántale a la sultana
tu seguidilla.
| 22seguidilla
|
Vuela mi ruego, y endulzando el labio
Tu grato nombre, que do quier invoco,
Ecos del monte, del vergel y el valle,
Vuelven ¡María!
| 36estrofa_sáfica
|
Si parienta no tienes, toma una de las viejas
que andan por las iglesias y saben de callejas;
con gran rosario al cuello saben muchas consejas,
con llanto de Moisés encantan las orejas.
| 9cuaderna_vía
|
el aspirar del aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire,
en la noche serena
con llama que consume y no da pena;
| 14lira
|
Esa mujé está sembrá;
ba erramando mosquetas
por donde quiera que ba.
| 30soleá
|
Yo le pregunté: "Señor.
¿qué es esto que vos hace
tan rotamente de Amor
decir esto que vos place?
¿es que no vos satisface
servicios que le fecistes,
o por cual razón decistes
que su hecho vos desplace?
| 15octavilla
|
Que los reyes justicieros
y verdaderos y francos,
facen llanos los barrancos,
y los catillos roqueros;
que a la justicia con franqueza
y con verdad esmaltada,
nunca fue tal fortaleza,
tal constancia, tal firmeza,
que no fuese sojuzgada.
| 38novena
|
La vieja de mi suegra
me dio unos cuadros
cada vez que reñimos
los descolgamos.
de esta manera
a cuestas siempre andamos
con la escalera.
| 27seguidilla_compuesta
|
Sargo e mi casa,
sargo mardisiendo
jasta los santos que están en los cuadros,
la tierra y er sielo.
| 26seguidilla_gitana
|
Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados,
| 12sextilla
|
Ha prometido Mahoma
Un paraíso, una hurí.
Tú habrás de ser ángel, sí,
En esa región de aroma,
Y hemos de amarnos allí.
| 29quintilla
|
Refirió Ñuño pues, cómo amarrado
Al banco de un bajel por largos dias,
Sirviendo á los piratas sarracenos,
Ayudó con un remo á sus rapiñas.
Hasta que en noche oscura y borrascosa
Naufragando en las costas de la Libia,
En un mástil salvóse, á la mañana
Hallando á un tiempo libertad y y ida;
Y que errante por montes y desiertos.
Apurando peligros y desdichas,
Tomó la dirección acia el oriente,
Y á los muros llegó de Alejandría.
Era el momento en que invadió el Egipto
Mahomad-al-Ashked, el ikschidila;
Y aunque halló Ñuño en confusión la tierra,
Tuvo la protección y la acogida
Del patriarca Macario, sin peligro
Vio del fecundo Nilo las orillas,
Visitó las pirámides, y luego
Prosiguió su camino á Palestina.
Contó cómo entre varios peregrinos,
Que ruta igual en caravana hacían.
Encontró con Egidio, un noble anciano
Mozárabe de Córdoba, que había
Su hogar abandonado y patria hermosa.
Huyendo de Giafar la furia altiva,
Que cubriendo sus canas de amargura.
Robóle audaz una inocente hija 5
Y vagaba sin sombra el desdichado.
Ñuño con él en los pasados dias,
En que á Córdoba fué con Zaide, tuvo
Estrecha conexión; y de la antigua
Amistad renovó la confianza
La mutua relación de sus desdichas.
Este imprevisto encuentro para entrambos
Fué de grande consuelo en las fatigas
De peregrinación tan dilatada.
Se ofrecieron correr la suerte misma,
Juntos atravesaron los desiertos,
Pasaron el Jordán, y a la cautiva
Jerusalem llegaron. Contó Ñuño
Las grandes vejaciones que sufrían
Los cristianos en ella, y lamentóse
De que ciudad de tan sagrada estima
Gimiese entre las bárbaras cadenas
Del fiero musulmán. Hizo prolija
Relación de las raras ceremonias,
Y de las penitencias y vigilias,
Con que entrambos allí se prepararon
Para entrar del sepulcro en la capilla,
Y cómo al fin la santa losa vieron,
Que el cuerpo santo custodió tres dias.
Del Calvario, Eetlen, y otros lugares,
(Santos, porqué lograron la divina
Presencia) refirió las circunstancias,
Y milagros que en ellos sucedían.
Contó cómo después fué con Egidio
A buscar del Mar muerto las orillas,
En donde un solitario penitente.
De extrema santidad, en una ermita
Largo tiempo habitaba. Recibidos
Fueron por él con gusto y alegría,
Y tres años allí lejos del mundo,
Bajo su dirección, dulce y tranquila
Existencia gozaron. Pero muerto
Por extrema vejez el cenobita,
Y el sitio aquel expuesto á los furores
De las armadas hordas beduinas ;
El desierto dejar determinaron,
Y guarecerse en Jope algunos dias.
Así lo hicieron : en el puerto estaba
Una hermosa galera de Sevilla,
Que cargada de bálsamos y aromas
Para Gebhel-Tareck á partir iba;
Y esta ocasión del cordobés Egidio
La constancia tentó. Veces distintas
Habló con el arráez, y á su patria
Determinó tornar, pues de la hija
Se refrescó el amor. Recordó Ñuño
Lo que afligió su pecho la partida
Del venerable anciano, cuyas prendas
Eran de amor y de respeto dignas ;
Y mostrando el curioso relicario.
Que colgado en su pecho se veía.
Dijo, habérselo dado aquel amigo,
Al despedirse de él, en la marina.
Y prosiguió contando, que al hallarse
Aislado, solo, y la salud perdida,
No se atrevió á tornar á los desiertos 5
Y que en un monasterio, do en la cima
Del Carmelo habitaban religiosos,
Buscó, y halló consuelo y acogida.
Al cabo de diez años uíi incendio
El edificio resolvió en cenizas.
Por lo que dispersándose los monjes,
Ñuño con el abad á Alejandría
Se dirigió. Recuerdos de la patria,
Anhelo de saber, si ya propicia
Con Gústios era la mudable suerte,
Y cansancio y horror de aquellos climasr
Le decidieron a volver á España;
Mas no pudo encontrar armada y lista
.Nave alguna en el puerto, que á poniente
Enderezase el rumbo. Largos dias
En vano la esperó, y al fin cansado,
Se hizo á la mar en una barca egipcia^
Y á la cuidad llegó de Constantino
A visitar el templo de Sofía.
Desde allí una galera veneciana,
Recorriendo las costas de Sicilia,
Y el mar lirreno, le condujo en salvo
Al puerto antiguo de Pro venza rica.
Recordó pues que al punto el Pirineo
Pasando, fue a Sobrarve, y de Castilla
Pisó la tierra al fin con pié turbado,
Y con alma embargada de alegría.
Sin detenerse dirigióse á Burgos,
Y en todo una ciudad halló distinta
De aquella que dejó ¡ tántas mudanzas
Diez y oclio años producido habían!
Dijo que se encontró como extranjero
En medio de su patria.... j Gran desdicha,
Que acontece después de larga ausencia,
Y que al mas duro corazón lastima !
Sí; los recuerdos dulces de la patria
Lejos del propio hogar se fortifican 5
Que en ella es todo eterno imaginamos,
Y la vuelta se anhela y se suspira.
Pensando hallarlo sin mudanza todo.
De tornar á la patria llega el dia-,
Lo que en ella dejamos, ya no existe,
Y realidades nuevas y distintas
Se encuentran solo. Con asombro vemos
Toda nuestra ilusión desvanecida ;
Y extraños somos en la propia tierra,
Que es la mayor de todas las desdichas.
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Soltadnos de las prisiones
de nuestros viciosos fuegos,
dad lumbre a los que están ciegos
de sus propias aficiones;
nuestros males apartad,
nuestros bienes procurando,
para que queden de un bando
la razón y voluntad.
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Un usía en Granada
murió de ahíto,
Que se cenó en tres noches
Un huevo frito.
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¡Ay!, cadenas de amar,
¡cuán malas sois de quebrar!
| 3couplet
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Entran de dos en dos en la estacada,
con lento paso y grave compostura,
sobre negros caballos, ocho pajes,
negras la veste, la gualdrapa y plumas;
después cuatro escuderos enlutados,
y cuatro ancianos caballeros, cuyas
armas empavonadas y rodelas
con negras manchas que el blasón ocultan,
y cuyas picas que por tierra arrastran,
sin pendoncillo la acerada punta,
que son, van tristemente publicando,
de la casa de Lara y de su alcurnia.
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Yo miré á Rui-Velazquez, cuyos ojos
Ardieron de furor, y con recato
Habló algunas palabras al oído
De doña Lambra, que su faz turbaron.
Dio el caballero en torno a la estacada
Aun airoso paseo, acreditando
quién era más y más, y haciendo pruebas
del poder y obediencia del caballo:
y parándose en medio, en voz sonora
pidió con Sánchez combatir. Negado
por los jueces le fue, por no ser Sánchez
el que debía sostener el campo,
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Un monte era de miembros eminente
este que, de Neptuno hijo fiero,
de un ojo ilustra el orbe de su frente,
émulo casi del mayor lucero;
cíclope, a quien el pino más valiente,
bastón, le obedecía, tan ligero,
y al grave peso junco tan delgado,
que un día era bastón y otro cayado.
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