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Francisco Luis Bernárdez
Ni el tiempo que al pasar me repetía que no tendría fin mi desventura será capaz con su palabra obscura de resistir la luz de mi alegría, ni el espacio que un día y otro día convertía distancia en amargura me apartará de la persona pura que se confunde con mi poesía. Porque para el Amor que se prolonga por encima d...
SONETO DEL AMOR VICTORIOSO
Manuel Acuña
Poesía leída en la velada literaria que celebró la Sociedad "El Porvenir" la noche del 3 de mayo de 1873. Pues, señor, dije yo, ya que es preciso puesto que así lo han dicho en el programa, que rompa ya la bendecida prosa que preparado para el caso había, y que escriba en vez de ella alguna cosa así, que parezca poe...
NADA SOBRE NADA
Pedro Luis Menéndez
"Esto es el hoy todavía, y es el mañana aún, pasar de casa en casa del teatro de los siglos, a lo largo de la humanidad toda." (Juan Ramón Jiménez) La conciencia del fuego es toda la tristeza, frontera arrebatada de los altivos tránsitos que fueron una causa perdid...
Canto tercero
Jorge Luis Borges
En cierta calle hay cierta firme puerta con su timbre y su número preciso y un sabor a perdido paraíso, que en los atardeceres no está abierta a mi paso. Cumplida la jornada, una esperada voz me esperaría en la disgregación de cada día y en la paz de la noche enamorada. Esas cosas no son. Otra es mi suerte: L...
H.O.
José Agustín Goytisolo
Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable. Hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres que llorar ante el muro ciego. Te sentirás acorralada te sentirás perdida o sola tal vez querrás no haber nacido. Yo sé muy bien que te dirán que la vida no tiene objeto que es ...
PALABRAS PARA JULIA
Santiago Montobbio
Al pie de una cuesta olvidada o llovida, al pie de una ajena infancia acaso, detrás de la tierra y muchísimos años después de que tuviera nombre todo olvidado o llovido sólo pide en su entierro el mendigo que en monedas le sean dadas las limosnas, pocas o muchas. En monedas. De cobre o de espanto y, a veces, con el son...
El mendigo
Marilina Rébora
No tendrá Buenos Aires un río de cobalto ni en sus cofres tesoros de vivas esmeraldas, pero el cielo celeste es bandera en lo alto y extensa pampa verde se brinda a sus espaldas. Falto de Budas de oro o faroles de piedra, alminares curiosos o jardines alados, mas es rica en paredes apretadas de hiedra y jazmines, ar...
BUENOS AIRES
Ángeles Carbajal
De un azul cielo, y leve, y perezoso, pasean al atardecer, entre el día y la noche como entre dos delicadezas. Sonríen mientras leen, y en sus pupilas hay algo transparente, tan dulce, tan nunca sabré cómo ni por qué... Desde las sillas verdes que salpican los jardines, apacibles ancianas me regalan un instante de su s...
Jardins du Luxembourg
Tomás de Iriarte
Por entre unas matas, seguido de perros, no diré corría, volaba un conejo. De su madriguera salió un compañero y le dijo: «Tente amigo, ¿qué es esto?». «¿Qué ha de ser?», responde; «sin aliento llego...; dos pícaros galgos me vienen siguiendo». «Sí», replica el otro, «por allí los veo, pero no son galgos». «¿Pues ...
LOS DOS CONEJOS
para la familia
Quiero agradecerte que estés en mi vida. Sé que puedo contar contigo en momentos difíciles, sé que contigo puedo compartir mis alegrías, y sé que nuestra amistad se sustenta en mutuo amor. Que seas mi MAMA y mi AMIGA es el más preciado tesoro, que agradeceré a DIOS eternamente. Gracias por llenar mi vida con tanta fel...
Mamá
Mariano Brull
La luna y el niño juegan un juego que nadie ve; se ven sin mirarse, hablan lengua de pura mudez. ¿Qué se dicen, qué se callan, quién cuenta una, dos y tres, y quién, tres, y dos, y uno y vuelve a empezar después? ¿Quién se quedó en el espejo, luna, para todo ver? Está el niño alegre y solo: la luna tiende a sus pie...
EL NIÑO Y LA LUNA
Alfredo Lavergne
Al cabo de un tiempo El pasado sumiso gira sin morder la cola El espino se corona de cuarzo de sien Los relámpagos de tejidos mudos Las hojas son aire que se estremece El espanto quiebra el báculo de la huella Las patas de conejos raspan espejos El trópico pierde en sus mandíbulas Los frutos arrastran el tronco al mont...
Sin Poesía la Humanidad agoniza
Mario Benedetti
Tus manos son mi caricia mis acordes cotidianos te quiero porque tus manos trabajan por la justicia si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos tus ojos son mi conjuro contra la mala jornada te quiero por tu mirada que mira y siembra futuro tu boc...
Te quiero
Gabriela Mistral
Dormimos, soñé la Tierra del Sur, soñé el Valle entero, el pastal, la viña crespa, y la gloria de los huertos. ¿Qué soñaste tú mi Niño con cara tan placentera? Vamos a buscar chañares hasta que los encontremos, y los guillaves prendidos a unos quioscos del infierno. El que más coge convida a otros dos que n...
Despertar
Bartolomé Leonardo de Argensola
Gala, no alegues a Platón o alega algo más corporal lo que alegares, que esos cómplices tuyos son vulgares y escuchan mal la sutileza griega. Desnudo al sol y al látigo navega más de un amante tuyo en ambos mares que te sabe los íntimos lunares y quizá es tan honrado que lo niega. Y tú, en la metafísica elevada, di...
GALA NO ALEGUES
Amado Nervo
Si te toman pensativa los desastres de las hojas que revuelan crepitando por el amplio bulevar; si los cierzos te insinúan no sé qué vagas congojas y nostalgias imprecisas y deseos de llorar; si el latido luminoso de los astros te da frío; si incurablemente triste ves al Sena resbalar, y el reflejo de los focos escarl...
Ródeuse
Luis de Góngora
Lloraba la niña (Y tenía razón) La prolija ausencia De su ingrato amor. Dejóla tan niña, Que apenas creo yo Que tenía los años Que ha que la dejó. Llorando la ausencia Del galán traidor, La halla la Luna Y la deja el Sol, Añadiendo siempre Pasión a pasión, Memoria a memoria, Dolor a dolor. Llorad, corazón, Que tenéis...
Lloraba la niña
Mario Benedetti
Estás alicaído, estás dudando, no te alcanzan las pruebas ni las preces, cada Dónde te ofusca, y cada Cuándo Recorres el confort, las estrecheces que quedaron atrás y es razonable que reclames la vida que mereces, las ventanas en paz, el techo estable. Pero yo, te confieso, prefería (¿cómo querés hermano, que te habl...
Mejor te invento
Federico García Lorca
Tengo miedo a perder la maravilla de tus ojos de estatua y el acento que de noche me pone en la mejilla la solitaria rosa de tu aliento. Tengo pena de ser en esta orilla tronco sin ramas; y lo que más siento es no tener la flor, pulpa o arcilla, para el gusano de mi sufrimiento. Si tú eres el tesoro oculto mío...
Soneto de la dulce queja
Miguel Hernández
He poblado tu vientre de amor y sementera, he prolongado el eco de sangre a que respondo y espero sobre el surco como el arado espera: he llegado hasta el fondo. Morena de altas torres, alta luz y ojos altos, esposa de mi piel, gran trago de mi vida, tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos de cierva concebida....
CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO
Jordi Doce
En sombra, este ramaje dispone celdas, redecillas, calladas oquedades de una penumbra que la escarcha humedece apenas con lengua terca y desprendida. A espaldas de la luz principiante, mientras ladran los perros a lo lejos y el íntimo rumor del aire aviva los matojos de las lindes, cuánta noche se anuda aún en su corte...
Amanecer con tejo
Manuel Machado
Alma son de mis cantares, tus hechizos... Besos, besos a millares. Y en tus rizos, besos, besos a millares. ¡Siempre amores! ¡Nunca amor! Los placeres van de prisa: una risa y otra risa, y mil nombres de mujeres, y mil hojas de jazmín desgranadas y ligeras... Y son copas no apuradas, y miradas pasajeras, que desflor...
ENCAJES
Ángel González
Todo lo consumado en el amor no será nunca gesta de gusanos. Los despojos del mar roen apenas los ojos que jamás —porque te vieron—, jamás se comerá la tierra al fin del todo. Yo he devorado tú me has devorado en un único incendio. Abandona cuidados: lo que ha ardido ya nada...
INMORTALIDAD DE LA NADA
José María Hinojosa
A Luis Buñuel ¿Dónde se acaba el mar? ¿Dónde comienza el cielo? Los barcos van flotando. o remontan el vuelo? Se perdió el horizonte, en el juego mimético del cielo y de las aguas. Se fundió el movimiento, en un solo color azul, el azul quieto. Se funden los colores; se apaga el movimiento. Un solo color queda; ...
CALMA
Ismael Enrique Arciniegas
De láminas un libro yo hojeaba, Y en un extremo de la sala, Lola, Junto a su madre —que también cosía— Cosía silenciosa. De pronto «¡Watherloo!» dije en voz alta; «¡Aquí Napoleón... éstas sus hordas!... Lola, acércate, ¡ven! que raras veces Se ven tan bellas cosas». Dejó la niña su costura al punt...
HOJEANDO UN LIBRO
Bertolt Brecht
No os dejéis seducir: no hay retorno alguno. El día está a las puertas, hay ya viento nocturno: no vendrá otra mañana. No os dejéis engañar con que la vida es poco. Bebedla a grandes tragos porque no os bastará cuando hayáis de perderla. No os dejéis consolar. Vuestro tiempo no es mucho. El lodo, a los podridos. La vid...
Contra la seducción
Nicomedes Santa Cruz
En esas doce horas que somos la espalda del mundo en aquel diario eclipse eclipse de pueblos ecllipse de montes y páramos eclipse de humanos eclipse de mar el negro le tiñe a la Tierra mitad de la cara por más que se ponga luz artificial negrura de sombra sombra de negrura que a nadie le asombra y a todo perdura obsc...
LA NOCHE
Basilio Fernández
Muerta en rigores de mármol el aire se te rendía y en ángulos te quebraba Sola desceñida de las aguas Pistas de sueño y naufragios imantadas de claveles en el mundo sin distancias La luz te resucitaba y el silencio te escondía en paréntesis de nieve sin pestañas y sin hojas
Un árbol revela el viento
Marilina Rébora
Dan ritmo a la faena los trozos musicales; combate la tristeza la suave melodía; cuando preocupaciones asedian, habituales, cantares apaciguan la mente, todavía. La música es así, remedio de los males, inagotable fuente a escanciar cada día; sosiego de palacios, templanza de arrabales, y placidez del alma, armonizan...
LA MÚSICA
Claribel Alegría
Mi querido Odiseo: Ya no es posible más esposo mío que el tiempo pase y vuele y no te cuente yo de mi vida en Itaca. Hace ya muchos años que te fuiste tu ausencia nos pesó a tu hijo y a mí. Empezaron a cercarme pretendientes eran tantos tan tenaces sus requiebros que apiadándose un dios de mi congoja me aconsejó teje...
CARTA A UN DESTERRADO
en español
Soy el Año Nuevo, vengo a ti puro e inmaculado; acabo de salir de las manos de Dios. Cada día es una perla de gran precio que te es concedida para que la ensartes en el hilo de plata de la vida. Una vez ensartada, ya no puede desenhebrarse jamás; queda allí como un testimonio inmortal de tu fe y de tu destreza. Debes ...
El año nuevo
Gustavo Adolfo Bécquer
Yo sé cuál el objeto de tus suspiros es; yo conozco la causa de tu dulce secreta languidez. ¿Te ríes?... Algún día sabrás, niña, por qué. Tú acaso lo sospechas, y yo lo sé. Yo sé cuándo tú sueñas, y lo que en sueños ves; como en un libro, puedo lo que callas en tu frente leer. ¿Te ríes?... Algún día sabrá...
Rima LIX
Gustavo Pereira
Prohibido hacer comentarios sobre el difunto.
EPITAFIO
Toni García Arias
Podría ser esta ciudad, todos los edificios muestran el mismo rostro de abandono bajo la lluvia. Podría ser Buenos Aires o París o Roma. Podría ser Madrid o Valencia bajo un aguacero. O podrían ser tus ojos mientras me observas, la luz de la mañana al reírte, el contacto casual de tus manos bajo las sábanas. Pero ta...
Distancia
Gabriel Celaya
Nosotros somos quien somos. ¡Basta de Historia y de cuentos! ¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos. Ni vivimos del pasado, ni damos cuerda al recuerdo. Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos. Somos el ser que se crece. Somos un río derecho. Somos el golpe temible de un...
ESPAÑA EN MARCHA
Pablo Neruda
LA sombra que indagué ya no me pertenece. Yo tengo la alegría duradera del mástil, la herencia de los bosques, el viento del camino y un día decidido bajo la luz terrestre. No escribo para que otros libros me aprisionen ni para encarnizados aprendices de lirio, sino para sencillos habitantes que piden agua y luna, ele...
La gran alegría
Xavier Villaurrutia
A Jules Supervielle Abría las salas profundas el sueño y voces delgadas corrientes de aire entraban Del barco del cielo del papel pautado caía la escala por donde mi cuerpo bajaba El cielo en el suelo como en un espejo la calle azogada dobló mis palabras Me robó mi sombra la sombra cerrada Quieto de silencio oí q...
NOCTURNO SUEÑO
Nadia Contreras
Poemas con sol, en tres tiempos (fragmento)
Mario Benedetti
¿Dónde empieza la niebla que te esconde? ignoro dónde ¿cómo puedes andar con pies de plomo? ignoro cómo ¿cuánto cuesta vecer a tu quebranto? ignoro cuánto iba a cambiar seña por santo mas después de vivir lo que se su...
Santo y/o seña
Federico García Lorca
Mi corazón oprimido Siente junto a la alborada El dolor de sus amores Y el sueño de las distancias. La luz de la aurora lleva Semilleros de nostalgias Y la tristeza sin ojos De la médula del alma. La gran tumba de la noche Su negro velo levanta Para ocultar con el día La inmensa cumbre estrellada. ¡Qué har...
Alba
Manuel Machado
I Morir es... Una flor hay, en el sueño —que, al despertar, no está ya en nuestras manos—, de aromas y colores imposibles... Y un día sin aurora la cortamos. II Dichoso es el que olvida el porqué del viaje y, en la estrella, en la flor, en el cel...
ARS MORIENDI
Oscar Ferreiro
Los carceleros se beben tranquilos su tereré y Humberto nervioso espera su libertad a las tres. En el sucio moridero de una mazmorra cruel cuenta los fríos barrotes por la centésima vez. De la cárcel de Asunción exactamente a las tres saldría Humberto Garcete por gracia de un cor...
Fuga a las tres
Nicolás Guillén
Soldado, aprende a tirar: Tú no me vayas a herir, que hay mucho que caminar. ¡Desde abajo has de tirar, si no me quieres herir! Abajo estoy yo contigo, soldado amigo. Abajo, codo con codo, sobre el lodo. Para abajo, no, que allí estoy yo. Soldado, aprende a tirar: Tú no me vayas a herir, que hay mucho que caminar.
SOLDADO, APRENDE A TIRAR
Jaime Sabines
He aquí que tú estás sola y que estoy solo. Haces tus cosas diariamente y piensas y yo pienso y recuerdo y estoy solo. A la misma hora nos recordamos algo y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya somos, y una locura celular nos recorre y una sangre rebelde y sin cansancio. Se me va a hacer llagas este cuerpo solo, ...
He aquí que tú estás sola...
Julio Herrera y Reissig
(Terpsícore puede más que Morfeo) Saludando cortésmente a la buena Mamá Juno (Son las XII de la noche, del mes doce a 31) Entran: Junio, Julio, Agosto, Setiembre, Octubre y Noviembre. Enero, Marzo y Abril, Mayo, Febrero y Diciembre. Síguelos el Viejo Tiempo, con traje de soberano. (El Patriarca de los Siglos a quie...
LLEGADA DE LOS MESES Y DE LAS HORAS
Infantiles
La gallinita, en el gallinero, dice a su amiga -Cuánto te quiero. Gallinita rubia llorará luego, ahora canta: -Aqui te espero... "Aqui te espero, poniendo un huevos", me dio la tos y puse dos. Pensé en mi ama, ¡qué pobre es! Me dio penita... ¡y puse tres! Como tardaste, esperé un rato poniendo huevos, ¡y puse cuatro! ...
La gallinita
Leopoldo Marechal
¡No ya la guerra de brillantes ojos, La que aventando plumas y corceles Dejó un escalofrío de broqueles En los frutales mediodías rojos! Si el orgullo velaba sus despojos Y el corazón dormía entre laureles, ¡Mal pude, Amor, llegarme a tus canceles, Tocar aldabas y abolir cerrojos! ¡Armaduras de sol, carros triunfal...
DEL ADIÓS A LA GUERRA
Garcilaso de la Vega
Pasando el mar Leandro el animoso, en amoroso fuego todo ardiendo, esforzó el viento, y fuese embraveciendo el agua con un ímpetu furioso. Vencido del trabajo presuroso, contrastar a las ondas no pudiendo, y más del bien que allí perdía muriendo, que de su propia muerte congojoso, como pudo, esforzó su voz cansada,...
SONETO XXIX
Mario Benedetti
Lo han cubierto de afiches /de pancartas de voces en los muros de agravios retroactivos de honores a destiempo lo han transformado en pieza de consumo en memoria trivial en ayer sin retorno en rabia embalsamada han decidido usarlo como epilogo como última thule de la inocencia vana como anejo arquetipo de s...
Che 1997
Pablo Neruda
PATRIA, mi patria, vuelvo hacia ti la sangre. Pero te pido, como a la madre el niño lleno de llanto. Acoge esta guitarra ciega y esta frente perdida. Salí a encontrarte hijos por la tierra, salí a cuidar caídos con tu nombre de nieve, salí a hacer una casa con tu madera pura, salí a llevar tu estr...
Himno y regreso (1939)
Dionisio Ridruejo
Pino esbelto y tranquilo, soledad de la tarde, tan concreto en la libre desolación del aire, tan alto cuando todo se confunde y abate y huye el sol a tu copa tibio y agonizante. Cómo me fortalece la paz de tu combate, ascensión sin fatiga, raíz honda y constante. Tu majestad envuelve el cielo sin celaje y en tu rec...
A UN PINO
Juan Luis Panero
Querido Vinyoli, en esta tarde de violenta tramontana, oscuro azul de mar, miro las Islas Medas, remolinos de gaviotas, alada espuma sobre la espuma blanca, y me llega, imagen persistente, su recuerdo, en el día final del año de su muerte. Golpe y crujido de árboles y viento, terca madera, ramas furiosas, frío que co...
RECUERDO EN FIN DE AÑO
Federico García Lorca
Suben por la calle los cuatro galanes. Ay, ay, ay, ay. Por la calle abajo van los tres galanes. Ay, ay, ay. Se ciñen el talle esos dos galanes. Ay, ay. ¡Cómo vuelve el rostro un galán y el aire! Ay. Por los arrayanes se pasea nadie.
Gacela del amor con cien años
Rafael Alberti
Dejé por ti mis bosques, mi perdida arboleda, mis perros desvelados, mis capitales años desterrados hasta casi el invierno de la vida. Dejé un temblor, dejé una sacudida, un resplandor de fuegos no apagados, dejé mi sombra en los desesperados ojos sangrantes de la despedida. Dejé palomas tristes junto a un río, cab...
LO QUE DEJÉ POR TI
Delfina Acosta
En tu día de bodas, niño mío, arrancaré las flores de tu herida. Tu cutis sobre el mío hará caer del cielo en esa noche lozanía. Te limpiaré a la aurora con mi lengua y me odiarás fielmente cada día. Mi nombre harás rodar del río al mar. No le amarás aunque su amor le pidas a la mujer que dejará alargar por ti su cab...
Niño bello
Víctor Hugo López Cancino
Veo tu sentimiento a través del cristal de tu ventana, que abriste en la mañana para ver salir el sol. Veo tu pasión a través del ojal de tu vestuario, que escogiste del armario para lucirlo hoy. Veo tu amor a través de tus escritos, que los haces tan bonitos para que los lea yo. A través de las cosas yo a ti, puedo...
Puedo verte
Rubén Izaguirre Fiallos
El otro día, dije tu nombre en medio de mis piernas.
XXII
Amado Nervo
Tan rubia es la niña que que cuando hay sol, no se la ve. Parece que se difunde en el rayo matinal, que con la luz se confunde su silueta de cristal, tinta en rosas, y parece que en la claridad del día se desvanece la niña mía. Si se asoma mi Damiana a la ventana, y colora la aurora su tez lozana de albérchigo y terci...
Tan rubia es la niña que...
Delfina Acosta
Ya son las altas horas de la noche. Un pájaro espectral el vuelo alza. Se hunden sus graznidos como piedras en las heladas aguas de mi alma. Al monte me llevaba algunas tardes mi amante, y tras su sombra aleteaba. ¡Los besos como llaves diferentes para mi amor de enero y rosas blancas! Después aquel aliento de desdich...
Amor de enero
Ángeles Carbajal
Salí del hotel, tomé un taxi, tuve que huir con helada locura de la ciudad que amaba. No volverían a detenerse en ella los pasos de la felicidad, nunca más en el aire iba a encontrar su risa, nunca más la palma de su mano, su voz, su boca... Pasaban las últimas calles por mi cuerpo vacío y mi alma sólo era espanto. Ma...
Sólo un recuerdo
Amado Nervo
Yo también, cual los héroes medievales que viven con la vida de la fama, luché por tres divinos ideales: ¡por mi Dios, por mi Patria y por mi Dama! Hoy que Dios ante mí su faz esconde, que la Patria me niega su ternura de madre, y que a mi acento no responde la voz angelical de la Hermosura, rendido bajo el pe...
Perlas negras XLII
Juan Ramón Mansilla
Cada día se abre de par en par igual que una puerta. Aquel que ya la ha cruzado clava sus ojos en otros y vuelve a sentir el milagro y tomar parte en la vida. ¿Quién diría, al verlo, que ese hombre duerme mal en la noche y quisiera dormirse como la tierra reseca tras jornadas de lluvia? Nadie, entre aquellos que van y ...
Adicto
Pablo Neruda
FRAGANCIA de lilas... Claros atardeceres de mi lejana infancia que fluyó como el cauce de unas aguas tranquilas. Y después un pañuelo temblando en la distancia. Bajo el cielo de seda la estrella que titila. Nada más. Pies cansados en las largas errancias y un dolor, un dolor que remuerde y se afila. ...Y a lo lejos...
Sensación de olor
Manuel Alcántara
He quemado el pañuelo por si acaso se pudiera tejer de nuevo el lino. Le sobra la mitad del vaso al vino y más de media noche al cielo raso. Tenía que pasar esto. Y el caso es que estando yo siempre de camino y estando tú parada, no te vi y no me ha cogido el amor nunca de paso. Puede que salga a relucir la histori...
SONETO PARA ACABAR UN AMOR
Juan Ramón Jiménez
Cuando el amor se va, parece que se inmensa. ¡Cómo le aumenta el alma a la carne la pena! Cuando se pone el sol lo ahondan las estrellas.
LA AUSENCIA
Juan Ramón Jiménez
¡Qué alegre, en primavera, ver caer de la carne del invierno el vestido, dejándola en errante amistad con las rosas, también de carne amable! Ahora, en el otoño, ¡qué alegre es ver cuál cae la carne del estío, del espíritu, dándole por amigas las hojas secas inmateriales!
LAS DOS ALEGRÍAS
Marilina Rébora
Tan sólo cinco panes, tenemos, y dos peces —exclaman los discípulos mientras Jesús observa—, son cinco mil las gentes, hasta más que otras veces. —No importa, que se sienten allí, sobre la hierba; y ya panes y peces multiplica su arte. Y son peces y panes lo que se distribuye para que cada uno saboree su parte, que ...
MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES
Federico García Lorca
Verte desnuda es recordar la Tierra. La Tierra lisa, limpia de caballos. La Tierra sin un junco, forma pura cerrada al porvenir: confín de plata. Verte desnuda es comprender el ansia de la lluvia que busca débil talle o la fiebre del mar de inmenso rostro sin encontrar la luz de su mejilla. La sangre sonará po...
Casida de la mujer tendida
Jordi Doce
El coche en sombra bajo el tendejón y flecos de maleza parda junto a las ruedas. El sol de mediodía percute en el asfalto y siembra el arenal de transparencias. Dos muros desdentados, una señal de tráfico, restos de chapa y neumáticos rotos son cuanto evoca el tiempo de los hombres, su transcurso. La botella de agua ...
Desierto de los monegros
Juan José Vélez Otero
Ya sabes. Es tan bello este ostracismo, tenderme junto a ti, sentir tus dedos rodarme por la piel en esta alcoba caliente y apartada del vacío... Lo sabes cuando beso, cuando hiero tu boca con torrentes de amapolas, lo sabes cuando busco tu saliva y toco tus pezones como almendras. La carne hecha canela, el aire entero...
Ya sabes
Luis de Góngora
Este funeral trono, que luciente, A pesar de esplendores tantos, piensa Fragrante luto hacer la nube densa De los aromas que lloró el Oriente, Avaro, niega con rigor decente, Y ponderoso oprime sin ofensa En breve, mas real polvo la inmensa Jurisdicción de un cetro, de un tridente. Ley de ambos mundos, freno de amb...
EN EL TÚMULO DE LAS HONRAS DEL SEÑOR REY DON FELIPE III
Gloria Fuertes
La gente dice: «Pobres tiene que haber siempre» y se quedan tan anchos tan estrechos de miras, tan vacíos de espíritu, tan llenos de comodidad. Yo aseguro con emoción que en un próximo futuro sólo habrá pobres de vocación.
LA GENTE DICE
Gustavo Adolfo Bécquer
Al ver mis horas de fiebre e insomnio lentas pasar, a la orilla de mi lecho, ¿quién se sentará? Cuando la trémula mano tienda, próximo a expirar, buscando una mano amiga, ¿quién la estrechará? Cuando la muerte vidríe de mis ojos el cristal, mis párpados aún abiertos, ¿quién los cerrará? Cuando la campana s...
Rima LXI
Juan Ramón Jiménez
Yo no seré yo, muerte, hasta que tú te unas con mi vida y me completes así todo; hasta que mi mitad de luz se cierre con mi mitad de sombra —y sea yo equilibrio eterno en la mente del mundo: unas veces, mi medio yo, radiante; otras, mi otro medio yo, en olvido—. Yo no seré yo, muerte, hasta que tú, en tu turno, vist...
CÉNIT
perdón
Quiero pedirte perdon por esta decepción de no poder amarte con todo mi corazón no puedo creer que aquel amor que me quisiste dar acabara con nuestra amistad de esa manera tan brutal Llegaste a mi pensamiento y un poco más que eso pero nunca tocaste adentro de mi pecho... Me duele decir que me quisiste pues desgraciad...
Perdón
Federico García Lorca
Yo no quiero más que una mano; una mano herida, si es posible. Yo no quiero más que una mano aunque pase mil noches sin lecho. Sería un pálido lirio de cal. Sería una paloma amarrada a mi corazón. Sería el guardián que en la noche de mi tránsito prohibiera en absoluto la entrada a la luna. Yo no quiero más que...
Casida de la mano imposible
Gil Vicente
¿Cuál es la niña que coge las flores si no tiene amores? Cogía la niña la rosa florida. El hortelanico prendas le pedía, si no tiene amores.
CUÁL ES LA NIÑA
Pablo Neruda
Ellos aquí trajeron los fusiles repletos de pólvora, ellos mandaron el acerbo exterminio, ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba, un pueblo por deber y por amor reunido, y la delgada niña cayó con su bandera, y el joven sonriente rodó a su lado herido, y el estupor del pueblo vio caer a los muertos con ...
Los enemigos
Ángel González
Durante muchos siglos la costumbre fue ésta: aleccionar al hombre con historias a cargo de animales de voz docta, de solemne ademán o astutas tretas, tercos en la maldad y en la codicia o necios como el ser al que glosaban. La humanidad les debe parte de su virtud y su sapiencia a asnos y leones, ratas, cuervos, zorr...
INTRODUCCIÓN A LAS FÁBULAS PARA ANIMALES
Luis de Góngora
Yacen aquí los huesos sepultados De una amistad que al mundo será una, O ya para experiencia de fortuna O ya para escarmiento de cuidados. Nació entre pensamientos, aunque honrados, Grave al amor, a muchos importuna; Tanto que la mataron en la cuna Ojos de invidia y de ponzoña armados. Breve urna los sella como hue...
DE UNOS PAPELES QUE UNA DAMA LE HABÍA ESCRITO
Leopoldo Marechal
Hay en la casa un Árbol que no planto la madre ni riegan los abuelos: solo es visible al niño, al poeta y al perro. Su primavera no es la que fundan las rosas: no es la vaca encendida ni el huevo de paloma. Su otono no es el tiempo que trae desde el mar caballos irascibles, por tierras de azafran. Al Árbol suben otr...
DEL ÁRBOL
Ramón López Velarde
En mi ostracismo acerbo me alegré esta mañana con el encuentro súbito de una hermosa paisana que tiene un largo nombre de remota novela: la hija del enjuto médico del lugar. Antaño íbamos juntos de la casa a la escuela; las tardes de los sábados, en infantil asueto, por las calles del pueblo solíamos vagar, y jugando...
UNA VIAJERA
Genaro Ortega Gutiérrez
Someramente queda devastada y amarga la memoria como el interior de una flor donde un sátiro ha descubierto los rápidos pespuntes del agua. Un silencio dramático camina por los vasos comunicantes del exterminio, por los senderos donde nuevos amantes desarrollan su lenguaje de ruina, escarnio y trance. La palabra, por l...
Lunar en el hombro
Manuel Altolaguirre
Sólo sé que estoy en mí y nunca sabré quién soy, tampoco sé adónde voy ni hasta cuándo estaré aquí. Vestido con vida o muerte o desnudo sin morir, en los muros de este fuerte castillo de mi vivir, o libre por los confines sepulcrales de los cielos, desgarrando grises velos, ignorante de mis fines, no sé qué cárcel...
SÓLO SÉ QUE ESTOY EN MÍ
Santiago Montobbio
Nosotros esperábamos jinetes, jinetes no sabíamos de quién, jinetes quizá de nadie. Alguien tenía que enviar jinetes, eso nos dijeron, por eso los esperábamos. En calmar llagas con vendas de silencio matábamos el tiempo. Así esperábamos jinetes. Pero ya no esperamos. Porque en esto se nos fue la vida, pueden reírse, en...
Escena
René Chacón Linares
En la cumbre de mis ansiedades Se va tejiendo un volcán de orugas. Las telarañas inquietas Se mecen en tu ausencia. Y tu corazón de alas, Ignora cuándo vendrás. La soledad es un batir ardiente, Que se arrastra en las madrugadas, Manchando una alfombra De lívidos pensamientos.
La ausencia de un ángel
Juan Ramón Jiménez
No recordar nada... Que me hunda la noche callada, como una bandada blanda y acabada. (Que no quede nada... Que pase la mujer amada por una dejada estancia soñada) No desear nada... Perderse en la idea sagrada, como una dorada sombra en la alborada.
EL TODO
Delfina Acosta
Mi reino es de los astros misteriosos, del fuego que susurra en el ocaso. Se me figura milagrosa tela el cielo con su azul iluminado. Conmigo no es el hombre sino el ángel. Su sombra se hace mies en mi costado. Él busca de mi luz el santo norte como la brisa cuando es mi rebaño. Mi reino es de las olas de la mar que n...
Mi reino
Claribel Alegría
Quiero entrar a la muerte con los ojos abiertos abiertos los oídos sin máscaras sin miedo sabiendo y no sabiendo enfrentarme serena a otras voces a otros aires a otros cauces olvidar mis recuerdos desprenderme nace...
QUIERO ENTRAR A LA MUERTE
Luis de Góngora
Ya besando unas manos cristalinas, Ya anudándome a un blanco y liso cuello, Ya esparciendo por él aquel cabello Que Amor sacó entre el oro de sus minas, Ya quebrando en aquellas perlas finas Palabras dulces mil sin merecello, Ya cogiendo de cada labio bello Purpúreas rosas sin temor de espinas, Estaba, oh claro Sol...
AL SOL, PORQUE SALIÓ, ESTANDO CON SU DAMA, Y LE FUE FORZADO DEJARLA
Santiago Montobbio
Detrás de cada noche se esconde una amenaza y ante una amenaza sólo queda el balcón abierto o sus labios eran juncos que por un momento detenían el incesante llover de la tristeza o nuestra historia es tan pequeña y además ya tiene tanto frío que en su único verso ahogado resume por entero al mundo o no debemos olvidar...
No es ningún secreto
David Escobar Galindo
III Húndete en la ceniza, perra de hielo, Que te trague la noche, que te corrompa La oscuridad; nosotros, hombres de lágrimas, Maldecimos tu paso por nuestras horas. Más que las sombras francas, como las minas De un campo abandonado, furia alevosa; La luz no te conoce, por eso estamos Doblemente ofendidos de lo que...
DUELO CEREMONIAL POR LA VIOLENCIA
Pablo Neruda
El viento de la estación, el viento verde, cargado de espacio y agua, entendido en desdichas, arrolla su bandera de lúgubre cuero, y de una desvanecida substancia, como dinero de limosna: así, plateado, frío, se ha cobijado un día frágil como la espada de cristal de un gigante, entre tantas fuerzas que amparan su suspi...
Monzón de mayo
Gustavo Adolfo Bécquer
Como se arranca el hierro de una herida su amor de las entrañas me arranqué; aunque sentí al hacerlo que la vida ¡me arrancaba con él! Del altar que le alcé en el alma mía, la voluntad su imagen arrojó; y la luz de la fe que en ella ardía ante el ara desierta se apagó. Aún para combatir mi firme empeño viene ...
Rima XLVIII
Miguel Ramos Carrión
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo. Baja la cabeza, sin e...
EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS
Jorge Luis Borges
Yo que sentí el horror de los espejos no sólo ante el cristal impenetrable donde acaba y empieza, inhabitable, un imposible espacio de reflejos sino ante el agua especular que imita el otro azul en su profundo cielo que a veces raya el ilusorio vuelo del ave inversa o que un temblor agita Y ante la superficie silencio...
Los espejos
José Ángel Buesa
Acaso está lloviendo también en tu ventana; Acaso esté lloviendo calladamente, así. Y mientras anochece de pronto la mañana, yo sé que, aunque no quieras, vas a pensar en mí. Y tendrá un sobresalto tu corazón tranquilo, sintiendo que despierta tu ternura de ayer. Y, si estabas cosiendo, se hará un nudo en el hilo, y...
CANCIÓN DE LA LLUVIA
José María Pemán
Señor: yo sé que en la mañana pura de este mundo, tu diestra generosa hizo la luz antes que toda cosa porque todo tuviera su figura. Yo sé que te refleja la segura línea inmortal del lirio y de la rosa mejor que la embriagada y temerosa música de los vientos en la altura. Por eso te celebro yo en el frío pensar exa...
ORACIÓN A LA LUZ
Santiago Montobbio
Noche ni con más noche se consuela. Después que un árbol arrancado probó a con sus sombras congraciarse ofreciendo a las pequeñas, diarias muertes caramelos exilio de nadie se ha hecho el verso: hasta el estúpido oficio de leerle al tiempo las líneas crueles de su mano se ha perdido.
Historia griega
Gerardo Diego
El cielo se serena Salinas cuando suena Cantan los verbos en vacaciones jaculatorias y conjugaciones Yo seré tú serás él será La imagen de ayer mañana volverá La imagen duplica el presagio ¿Rezas cuando truena el trisagio? El mundo se envenena Salinas cuando no suena La música más extremada es el silencio de la ...
ADIÓS A PEDRO SALINAS