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por necesidad, ya que no pertenecen a este mundo y no se perciben las
ventajas; y en descartar, siempre según las doctrinas, actos como alimentarse
de carne, que se suelen realizar, pues pertenecen a este mundo y se perciben
los resultados. La Ley Sagrada se puede aprender en los textos de la
Revelación y estando en contacto con personas expertas.
Lo Útil es procurarse cultura, tierras, oro, ganado, enseres, amigos y cosas
parecidas, y aumentar lo que ya se ha obtenido. Se puede aprender del
comportamiento de los funcionarios, de quienes conocen las normas
profesionales y de los comerciantes.
El Amor es actuar de forma que resulte agradable al oído, tacto, vista,
gusto y olfato, cada uno en su ámbito, todo controlado por la mente unida al
alma. Pero, en concreto, el Amor es la sensación adecuada de esta última,
rebosante de la alegría que brota de la conciencia, y rica en resultados,
relacionada con un contacto especial. Esto se puede aprender en el Kamasutra
y frecuentando gente de mundo.
Cuando la Ley Sagrada, lo Útil y el Amor entran en conflicto, lo que
precede es siempre más importante. Lo Útil, sin embargo, es lo más
importante para un soberano, porque en ello se funda el curso regular del
mundo; y también para una prostituta. Así se consiguen los tres fines de la
vida.
Alguien puede objetar: si la Ley Sagrada no pertenece a este mundo, es
conveniente la existencia de un tratado que la exponga; y esta observación
vale también para lo Útil, dado que, para triunfar, se necesita un método, y
éste se consigue con un manual. Pero el Amor, por el hecho de que se efectúa
espontáneamente hasta en los animales, por ser una cosa innata, no necesita un
tratado; es la opinión de algunos expertos.
Sin embargo, como depende de la unión erótica de un hombre y una mujer,
exige un método, que se consigue con el Kamasutra, dice Vatsyayana. Entre
los animales, por el contrario, la vida sexual no necesita métodos, porque las
hembras no se mantienen escondidas; el apareamiento tiene lugar, hasta la
satisfacción, durante el periodo de celo, y las uniones no se acompañan de
reflexión alguna.
Otros sostienen que no se deben realizar las acciones recomendadas por la
Ley Sagrada, pues sólo en el futuro producen resultados, por otra parte
inciertos. ¿Quién, si no es tonto, daría a otro lo que tiene en la mano? Es
preferible un pichón hoy que un pavo real mañana; mejor una moneda de oro
segura que un collar de oro incierto; es la opinión de los materialistas.
Vatsyayana sostiene, por el contrario, que se deben realizar las obras
previstas por la Ley Sagrada, pues las escrituras no pueden suscitar dudas;
vemos que los sortilegios y los exorcismos tienen éxito a veces; las
constelaciones, la luna, el sol y el conjunto de los planetas parecen actuar en
beneficio del mundo, como si razonaran; además, el curso regular del mundo
está determinado por la observancia de las normas sobre las clases sociales y
sobre los estadios de la vida; y es evidente que la simiente que tenemos en la
mano se tira en función de la cosecha futura.
Incluso para algunos no conviene realizar acciones relacionadas con lo
Útil. Pues los beneficios, incluso perseguidos con gran esfuerzo, no se
consiguen nunca; o, se pueden presentar, sin que se uno los busque. Dado que
todo es obra del destino, éste en realidad lleva a los hombres a la riqueza o a la
pobreza, al éxito o al fracaso, a la felicidad o a la aflicción. El destino ha
trasformado a Bali en Indra, el destino lo ha destronado; siempre el destino lo
volverá a colocar en su pedestal. Es lo que sostienen los fatalistas.
Un método, por el contrario, es el fundamento de toda actividad, pues ésta
presupone el esfuerzo del hombre. Dado que hasta el beneficio más seguro
depende de algún factor, un hombre inactivo no puede ser afortunado. Es la
opinión de Vatsyayana.
Para algunos, por último, no se deben llevar a cabo acciones relacionadas
con el Amor, pues se enfrentan con la Ley Sagrada y con lo Útil, que son las
cosas más importantes, y, por tanto, con las personas honestas; inducen a un
hombre a tener contactos con gente indigna, a iniciativas perversas, a la
impureza, y comprometen su futuro. Provocan, además, negligencia, ligereza,
desconfianza y exclusión por parte de los demás. Se oye hablar de muchos
esclavos del Amor, que han tenido un final horrible, junto con los de su
entorno; así Dandakya, rey de los Bhoja, que por amor violó a la hija de un
brahmán, terminó arruinado con su estirpe y con su reino. Y baste pensar en el
rey de los dioses con Ahalya, en el poderosísimo Kicaka con Draupadi, en
Ravana con Sita, y en muchos otros, que vivieron más tarde: esclavos del
Amor, como puede verse, gravemente castigados. Es lo que sostienen los
defensores de lo Útil.
En realidad, las acciones relacionadas con el Amor tienen la misma
naturaleza que la comida, ya que contribuyen al sostenimiento del cuerpo; y
son fruto de la Ley Sagrada y de lo Útil. Pero conviene aprender cómo evitar
las consecuencias negativas. Efectivamente, no se dejan de poner las ollas en
el fuego porque haya monjes mendicantes; ni se renuncia a sembrar cebada
porque haya cervatillos. Es la opinión de Vatsyayana,
Valgan unas estrofas sobre el particular:
Un hombre que se dedique, como hemos dicho,
a lo Útil, al Amor y a la Ley Sagrada
consigue la felicidad sin espinas, infinita,
tanto aquí abajo como en el otro mundo.
Los sabios se ocupan de las acciones
en las que no hay dudas sobre las consecuencias,
y en las que se encuentra una satisfacción
sin ocasionar perjuicio alguno a lo Útil.
Se tome la iniciativa que resulte
eficaz para realizar los tres fines de la vida,
o al menos dos, o incluso uno; pero no conseguir uno,
perjudicando a los dos que quedan.
3. EXPOSICIÓN DEL SABER
Un hombre debería estudiar el Kamasutra y las ciencias complementarias
sin robar tiempo al estudio de la Ley Sagrada y de lo Útil y de las ciencias
auxiliares. Una mujer debería dedicarse a ese estudio antes de la juventud, y,
una vez casada, dependiendo de la opinión del marido.
Algunos sabios mantienen que, partiendo de la premisa que las mujeres no
entienden los textos científicos, es inútil intentar instruirlas en este libro. Pero,