text
stringlengths
1
2.12k
También se practica traqueostomía electiva<SPLIT>.
Ambos procedimientos transcurren sin incidencias<SPLIT>.
Desafortunadamente<SPLIT>, tres meses más tarde se vuelve a confirmar nuevo crecimiento tumoral coincidiendo con dolor en hemifacies izquierda irradiado a extremidad superior izquierda decidiéndose tratamiento sintomático<SPLIT>.
En diciembre 2003 coincidiendo con la presencia de dificultad motora en ambas extremidades superiores se confirma radiológicamente nuevo crecimiento tumoral<SPLIT>.
En esta ocasión se desestima nueva intervención quirúrgica y se decide la administración de quimioterapia siguiendo un esquema de adriamicina + ifosfamida<SPLIT>.
Tras la administración de dos ciclos se abandona el tratamiento por pobre respuesta y alta toxicidad<SPLIT>.
Se trata de un paciente de 59 años que ingresa con una herida de arma de fuego con orificio de entrada en la nalga<SPLIT>, de unos 4 milímetros de diámetro y sin orificio de salida<SPLIT>.
Además presenta otra herida de bala en el muslo derecho con orificio de entrada por detrás y salida por delante<SPLIT>, sin afectación de estructuras importantes<SPLIT>.
El paciente está consciente<SPLIT>, orientado y con una ligera defensa abdominal<SPLIT>.
En la radiografía simple de abdomen aparece una bala situada a la altura de la sínfisis del pubis<SPLIT>, así como una fractura de la rama descendente derecha del mismo<SPLIT>.
El enfermo llega en retención<SPLIT>, siendo imposible el sondaje<SPLIT>, por lo que se pone un catéter suprapúbico<SPLIT>.
Después se efectúa una laparotomía<SPLIT>, no encontrándose ninguna otra lesión<SPLIT>, realizándose una colostomía izquierda<SPLIT>.
Al día siguiente se realiza una uretrografía<SPLIT>, comprobándose que hay paso de contraste desde la uretra hasta el recto<SPLIT>, lo que provoca fiebre alta con escalofríos que se mantiene durante unos días<SPLIT>.
Posteriormente<SPLIT>, cinco días después de la primera intervención<SPLIT>, se lleva el paciente al quirófano<SPLIT>, se realiza una colonoscopia evidenciándose la perforación rectal<SPLIT>.
Seguidamente se introduce un uretrotomo endoscópico hasta la uretra prostática visualizándose el orificio<SPLIT>, aparentemente grande<SPLIT>, que une la uretra con el recto<SPLIT>.
A pesar de todo se consigue encontrar el camino que lleva hasta la vejiga y por último se deja una sonda del dieciocho<SPLIT>.
Acto seguido<SPLIT>, en el mismo acto quirúrgico<SPLIT>, se hace una laparotomía hasta la sínfisis del pubis<SPLIT>, se revisa de nuevo el abdomen comprobándose que no hay ninguna lesión<SPLIT>.
A continuación se diseca el espacio de Retzius y mediante control radiológico<SPLIT>, se palpa la cara anterior de la próstata<SPLIT>, que está hiperplásica<SPLIT>, hasta conseguir tocar el proyectil<SPLIT>.
Seguidamente con una pinza de anillo y siempre bajo control radiológico se consigue agarrar y extraer la bala<SPLIT>.
El postoperatorio cursa sin incidencias y el paciente es dado de alta a los pocos días con la sonda<SPLIT>.
A los tres meses el paciente está asintomático<SPLIT>, se le hace una nueva colonoscopia<SPLIT>, se comprueba que el orificio rectal ha desaparecido y se cierra la colostomía<SPLIT>, sin incidencias<SPLIT>.
Sin embargo la sonda se le deja tres meses más<SPLIT>, es decir un total de seis meses<SPLIT>.
Transcurrido este tiempo se realiza de nuevo una uretrografía<SPLIT>, se comprueba que la brecha se ha cerrado y se retira la sonda<SPLIT>.
Seis meses más tarde<SPLIT>, el paciente vuelve para control<SPLIT>, está asintomático y con una función sexual normal<SPLIT>; esta vez se realiza tan sólo un ultrasonido<SPLIT>, que es normal y es dado de alta definitiva<SPLIT>.
Un paciente varón de 33 años fue remitido a consulta por presentar una tumoración en región basal mandibular a nivel parasinfisario del lado derecho de varios años de evolución y lento crecimiento<SPLIT>.
Entre sus antecedentes médicos destacaba padecer una esclerosis tuberosa y haber sido sometido a un trasplante de riñón tras sufrir una nefrectomía por un angiomiolipoma renal<SPLIT>.
Presentaba como síntomas de la enfermedad el denominado adenoma sebáceo de Pringle a nivel nasogeniano<SPLIT>, hamartomas retinianos en el fondo de ojo y lesiones fibróticas a nivel cervical posterior<SPLIT>.
En la exploración clínica se apreció un lesión dura y adherida a la mandíbula<SPLIT>, de un tamaño aproximado de 2x2 cm de diámetro<SPLIT>, con discreto dolor a la palpación<SPLIT>.
En la piel de la región cervical lateral y en la nuca se observaron múltiples pequeñas lesiones excrescentes de coloración oscura y aspecto fibrótico<SPLIT>.
En la exploración intraoral se objetivaba una hiperplasia gingival que se achacó al tratamiento crónico anticonvulsivante con hidantoína para evitar las crisis epilépticas típicas de su síndrome de base y que el paciente había padecido con anterioridad<SPLIT>.
En la radiografía panorámica se observó un aumento de densidad ósea a nivel mandibular en región parasinfisiaria<SPLIT>, y en la TC una excrescencia ósea de tipo condroide y una erosión de la cortical mandibular a nivel parasinfisario derecho sin componente de masa de tejidos blandos<SPLIT>.
El diagnóstico diferencial radiográfico incluyó<SPLIT>: ameloblastoma<SPLIT>, mixoma odontogénico<SPLIT>, quiste aneurismático<SPLIT>, fibroma condromixoide<SPLIT>, hemangioma central o granuloma eosinófilo<SPLIT>.
Bajo anestesia general y mediante un abordaje cutáneo se realizó la exéresis de la lesión redondeada dura con un margen de seguridad en la mandíbula<SPLIT>.
Además se llevó a cabo la exéresis de los fibromas cervicales en el mismo acto quirúrgico mediante láser CO2<SPLIT>.
Al día siguiente de la intervención el paciente fue dado de alta<SPLIT>.
Ha sido revisado posteriormente en consultas externas sin presentar hasta el momento ningún signo ni síntoma de recidiva de la lesión mandibular durante tres años<SPLIT>.
El estudio anatomopatológico de la lesión ósea mandibular extirpada informó que se trataba de una lesión formada por fibroblastos en escaso número y un estroma con gran cantidad de colágeno hialinizado<SPLIT>.
Se observaron espículas óseas en su interior sin ribete osteoide indicativas de la infiltración ósea de la tumoración<SPLIT>.
La lesión presentaba células fusiformes con núcleos alargados y uniformes con escasas mitosis y sin atipia<SPLIT>, que les confería características de benignidad<SPLIT>.
El estudio concluyó que se trataba de un fibroma desmoplásico<SPLIT>.
Dos recién nacidos<SPLIT>, varón y hembra de una misma madre y fallecidos a los 10 y 45 minutos de vida respectivamente a los que se les realizó examen necrópsico<SPLIT>.
El primero de los cadáveres<SPLIT>, correspondiente a la hembra<SPLIT>, fue remitido con el juicio clínico de insuficiencia respiratoria grave con sospecha de Síndrome de Potter con la constatación de oligoamnios severo<SPLIT>; nació mediante cesárea urgente por presentación de nalgas y el test de Apgar fue 1/3/7<SPLIT>; minutos más tarde falleció<SPLIT>.
El examen externo permitió observar una tonalidad subcianótica<SPLIT>, facies triangular con hendiduras parpebrales mongoloides<SPLIT>, micrognatia<SPLIT>, raiz nasal ancha y occipucio prominente<SPLIT>.
El abdomen<SPLIT>, globuloso<SPLIT>, duro y ligeramente abollonado permitía la palpación de dos grandes masas ocupando ambas fosas renales y hemiabdomenes<SPLIT>.
A la apertura de cavidades destacaba la presencia de dos grandes masas renales de 10 x 8 x 5,5 cm y 12 x 8 x 6 cm con pesos de 190 y 235 gr respectivamente<SPLIT>.
Si bien se podía discernir la silueta renal<SPLIT>, la superficie<SPLIT>, abollonada<SPLIT>, presentaba numerosas formaciones quísticas de contenido seroso<SPLIT>; al corte dichos quistes mostraban un tamaño heterogéneo siendo mayores los situados a nivel cortical<SPLIT>, dando al riñón un aspecto de esponja<SPLIT>.
Los pulmones derecho e izquierdo pesaban 17 y 15 gr (<SPLIT>peso habitual del conjunto de 49 gr<SPLIT>) mostrando una tonalidad rojiza uniforme<SPLIT>; ambos se encontraban comprimidos como consecuencia de la elevación diafragmática condicionada por el gran tamaño de los riñones<SPLIT>.
El resto de los órganos no mostraba alteraciones macroscópicas significativas salvo las alteraciones posicionales derivadas de la compresión renal<SPLIT>.
En el segundo de los cadáveres<SPLIT>, el correspondiente al varón<SPLIT>, se observaron cambios morfológicos similares si bien el tamaño exhibido por los riñones era aún mayor<SPLIT>, con pesos de 300 y 310 gr<SPLIT>.
El resto de las vísceras abdominales estaban comprimidas contra el diafragma<SPLIT>.
En ambos casos se realizó un estudio histológico detallado<SPLIT>, centrado especialmente en los riñones en los que se demostraron múltiples quistes de distintos tamaños con morfología sacular a nivel cortical<SPLIT>.
Dichos quistes ocupaban la mayor parte del parénquima corticomedular si bien las zonas conservadas no mostraban alteraciones significativas salvo inmadurez focal<SPLIT>.
Dichos quistes estaban tapizados por un epitelio simple que variaba desde plano o cúbico<SPLIT>.
Los quistes medulares<SPLIT>, de menor tamaño y más redondeados estaban tapizados por un epitelio de predominio cúbico<SPLIT>.
Después de las renales<SPLIT>, las alteraciones más llamativas se encontraban en el hígado donde se observaron proliferación y dilatación<SPLIT>, incluso quística<SPLIT>, de los ductos biliares a nivel de los espacios porta<SPLIT>.
Con tales hallazgos se emitió en ambos casos el diagnóstico de enfermedad poliquística renal autosómica recesiva infantil<SPLIT>.
Presentamos el caso de un varón de 56 años de edad con historia de 35 años de abuso de alcohol y sin otra patología asociada<SPLIT>.
El paciente acudió a nuestro Servicio de Cirugía Plástica y Reparadora del Hospital Carlos Haya de Málaga (<SPLIT>España<SPLIT>) presentando masas en hombros<SPLIT>, mamas y flancos que habían aumentado de tamaño de forma progresiva y rápida durante los últimos dos años y medio<SPLIT>, que le dificultaban la movilidad y por tanto su actividad laboral<SPLIT>.
El examen físico reveló masas no dolorosas de consistencia blanda<SPLIT>, sin bordes bien definidos<SPLIT>, localizadas en ambos hombros<SPLIT>, mamas<SPLIT>, fosas lumbares y flancos sin afectación cervical (<SPLIT>Collar de Madelung<SPLIT>)<SPLIT>.
En el estudio radiológico mediante secuencias axiales de Tomografía Axial Computerizada (<SPLIT>TAC<SPLIT>) se apreciaba un exceso de depósito graso de distribución homogénea no encapsulada (<SPLIT>difusa<SPLIT>) sobre los hombros<SPLIT>, mamas y cintura abdominal<SPLIT>, sin afectación de las estructuras profundas<SPLIT>.
Asimismo<SPLIT>, no se encontraron depósitos grasos de localización mesentérica o mediastínica<SPLIT>, ni a nivel cervical anterior o posterior<SPLIT>.
Dado que el paciente había sido intervenido de hernia inguinal y eventración se realizó una Resonancia Magnética Nuclear (<SPLIT>RMN<SPLIT>) abdominal para valorar la integridad de la pared abdominal<SPLIT>.
Se realizaron cortes en los tres planos del espacio con secuencias potenciadas en SE T1<SPLIT>, TSE T2 y Stir<SPLIT>, visualizándose una correcta disposición de la musculatura abdominal<SPLIT>, un importante aumento difuso del tejido celular subcutáneo adiposo abdominal y ausencia de grasa intrabdominal<SPLIT>.
El estudio histopatológico informó de depósitos grasos no encapsulados con adipocitos no patológicos<SPLIT>.
Tras completar estos datos con la anamnesis y la exploración física<SPLIT>, el diagnóstico definitivo fue de Enfermedad de Madelung o Lipomatosis Simétrica Benigna tipo II<SPLIT>.
El tratamiento quirúrgico propuesto fue la liposucción de los cúmulos grasos localizados en abdomen<SPLIT>, área lumbar y hombros y la dermolipectomía en ambas mamas<SPLIT>.
El paciente rehusó ambos procedimientos<SPLIT>, por lo que se le aconsejó entonces la pérdida de peso y la abstinencia alcohólica<SPLIT>, aún conociendo sus limitados beneficios<SPLIT>.
Paciente mujer de 34 años con antecedentes de abuelo materno fallecido de Carcinoma pulmón<SPLIT>.
Sinusitis siete años antes<SPLIT>.
Consulta con su ORL por una historia clínica de 14 meses de evolución con rinorrea y epístaxis rápidamente progresiva<SPLIT>.
Mediante rinoscopia se objetiva una masa en fosa nasal derecha de aspecto polipoideo muy sangrante al contacto<SPLIT>, que ocupa toda la fosa nasal derecha<SPLIT>, parece conectar con el tabique y cornete medio<SPLIT>, extendiéndose hasta la coana<SPLIT>, y ocupando la nasofaringe<SPLIT>.
La biopsia fue positiva para estesioneuroblastoma<SPLIT>.
Se realiza TAC de cabeza y cuello donde se aprecia una masa polipoidea de 4 centímetros (<SPLIT>cm<SPLIT>) con un gran pedículo en fosa nasal derecha y cavum<SPLIT>.
La RNM de cabeza y cuello objetiva una lesión ocupante de espacio que oblitera de forma llamativa el cavum y se extiende desde el nivel de las fosas nasales hacia atrás<SPLIT>, poniéndose en contacto con la musculatura prevertebral<SPLIT>, sin infiltrarla<SPLIT>, y bien delimitada<SPLIT>.
Se realiza como estudio de extensión un TAC de tórax y una gammagrafía ósea sin patología<SPLIT>.
Se clasifica como Estadio C de Kadish<SPLIT>.
Es intervenida mediante cirugía funcional endoscópica siendo la Anatomía Patológica de estesioneuroblastoma<SPLIT>.
En el TAC postoperatorio destaca a nivel del seno maxilar derecho un engrosamiento polipoideo de la mucosa<SPLIT>, sin evidencia de características de malignidad<SPLIT>, a nivel de seno frontal derecho<SPLIT>.
Se decide como tratamiento adyuvante con Radioterapia externa<SPLIT>, mediante Acelerador Lineal con fotones de 6 y 15 MV<SPLIT>, con cuñas de compensación tisular tras simulación virtual y planificación 3<SPLIT>D sobre TC helicoidal individualizado<SPLIT>.
El lecho tumoral recibió una dosis global de 60 Gy en 30 fracciones<SPLIT>, con esquema de 2 Gy<SPLIT>/<SPLIT>fracción<SPLIT>, 5 fracciones a la semana<SPLIT>.
La tolerancia fue buena<SPLIT>, presentando toxicidad máxima cutánea G1<SPLIT>, mucosa G2 y orofaríngea G2<SPLIT>.
En la actualidad han transcurrido 6 meses de la irradiación<SPLIT>, manteniéndose la respuesta completa<SPLIT>.
Paciente de 75 años<SPLIT>, diagnosticada casualmente por ecografía rutinaria de una masa sólida en polo superior de riñón derecho<SPLIT>.
Un año y medio después acude a nuestra consulta<SPLIT>.
No había seguido ningún tratamiento<SPLIT>.
Permanece asintomática<SPLIT>.
Exploraciones radiológicas Tórax PA y L<SPLIT>: adenopatías calcificadas en mediastino<SPLIT>, presencia de algún tracto fibroso aislado en base izquierda<SPLIT>.
TAC abdominal<SPLIT>: a nivel del polo superior del riñón derecho y en situación interna<SPLIT>, se aprecia una masa sólida de unos 5 cm<SPLIT>, en su crecimiento hacia abajo llega a tocar con el seno renal<SPLIT>, creciendo por detrás de las estructuras vasculares<SPLIT>.
Tras administración de contraste se aprecia captación intensa<SPLIT>, destacando la presencia de una cicatriz central<SPLIT>.
Los contornos son nítidos y aparece la masa encapsulada con respecto al parénquima renal<SPLIT>.
No se aprecian signos de afectación de la vena renal<SPLIT>, ni extensión a espacio perirrenal<SPLIT>, ni adenopatías<SPLIT>.
En conclusión<SPLIT>, masa renal a determinar<SPLIT>, aunque con oncocitoma<SPLIT>.
Gammagrafía ósea<SPLIT>: aumento de depósitos de captación a nivel de la 5ª vértebra lumbar<SPLIT>, y otro a nivel cervical<SPLIT>, compatibles con procesos osteodegenerativos<SPLIT>.
Tratamiento y Evolución<SPLIT>: con el diagnóstico de presunción de adenocarcinoma renal localizado se realiza nefrectomía parcial superior derecha<SPLIT>.
El diagnóstico intraoperatorio califica al tumor como adenocarcinoma de células claras e indica márgenes de resección libres (<SPLIT>T1G1<SPLIT>)<SPLIT>.
Sin embargo<SPLIT>, el informe definitivo de anatomía patológica informa que “<SPLIT>el tumor renal tiene una diferenciación aparentemente tiroidea<SPLIT>.
El estudio inmunohistoquímico parece confirmar el origen tiroideo de la tumoración<SPLIT>, pues habiéndose utilizado anticuerpos antitiroglobulina<SPLIT>, vimentina<SPLIT>, AE3-AE1<SPLIT>, CAM5.2<SPLIT>, alfa1 antitripsina<SPLIT>, calcitonina<SPLIT>, enolasa neuroespecífica y antígeno carcinoembrionario<SPLIT>.
Las células son positivas para antitiroglobulina<SPLIT>, CAM5.2 y S-100<SPLIT>”<SPLIT>.
La paciente rehusó realizar exploraciones complementarias y tratamientos inmediatos<SPLIT>, pero a los 4 meses comenzó con disfonía y sensación de cuerpo extraño en cuello<SPLIT>.
El TAC cervico-torácico evidencia una masa en el lóbulo tiroideo izquierdo de 5-3-6 cm<SPLIT>, con crecimiento hacia el mediastino superior<SPLIT>, con afectación del istmo tiroideo<SPLIT>, adenopatías de 1 cm de diámetro en grupo yugulo-carotídeo medio y un incontable número de lesiones nodulares en ambos campos pulmonares<SPLIT>, compatibles con micrometástasis<SPLIT>.