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Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
El río y su enemigo
Cuento
Cuando Tino se acercaba al sitio empezó a sentir angustia. —Vea —dijo—, me siento tembloroso. Tino tenía una cara ingenua, sin pelos; sonreía mucho y enseñaba los ojos hasta el fondo. El otro, en cambio, era flaco, velludo y torvo. —A la mujer no se le pone tanto caso —comentó brevemente. Tino inició una risita. —Eso d...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
El sacrificio
Cuento
Sucedió lo que cuento en un lugar que está más abajo de Villa Riva, en las riberas del Yuna. Cuando pasa por allí el Yuna ha recorrido ya muchos kilómetros y ha fecundado las tierras más diversas. Nacido en las fragosidades de la Cordillera, descendiendo en paciente y prolongada marcha docenas de lomas, el gran río lle...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
El socio
Cuento
Amaneció plomizo el día. Parecía que alguien hubiese pasado por los cielos una gran brocha embadurnada en gris. A ras de mar los encajes amarillentos de la niebla ponían su nota de demacración. Se perseguían las olas, furiosa cada una por alcanzar la otra, con una soberbia que aullaba. En la tierra, un poco adentradas,...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
En un bohío
Cuento
Justamente a una misma hora, tres hombres que estaban a distancia pensaban igual cosa. En su rancho del Sabanal, Negro Manzueta maquinaba vengarse de don Anselmo y calculaba cómo hacerlo sin que el Socio se diera cuenta de lo que planeaba; en la cárcel del pueblo Dionisio Rojas cavilaba cómo matarlo, tan pronto saliera...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Forzados
Cuento
La mujer no se atrevía a pensar. Cuando creía oír pisadas de bestias se lanzaba a la puerta, con los ojos ansiosos; después volvía al cuarto y se quedaba allí un rato largo, sumida en una especie de letargo. El bohío era una miseria. Ya estaba negro de tan viejo, y adentro se vivía entre tierra y hollín. Se volvería in...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Fragata
Cuento
Aquello no fue algo avisado ni esperado; la tropa se presentó en grupos, vomitando juramentos, con los rifles a discreción. Estaban groseramente vestidos. Bolito recuerda con fijeza la polina rota de uno que más bien parecía bandolero que soldado. Eran como fieras uniformadas surgiendo de cada matorral, de cada piedra....
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Guaraguaos
Cuento
La resolución de Fragata fue tan sorprendente que hasta doña Ana se sintió conmovida. Doña Ana no dijo media palabra, pero se mantuvo en la puerta, pálida e inmóvil, hasta que Fragata desapareció por la esquina balanceando su enorme cuerpo. La muchacha había llegado hacía un mes. Mucha gente la vio entrar en la calleci...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La bella alma de don Damián
Cuento
El viejo Valerio señaló las aves y dijo: —¿Usté los está aguaitando? Bueno… Esos son querebebés. Atrás de los querebebés vienen las golondrinas, atrás de las golondrinas viene el agua, y atrás del agua… ¡Cristiano! Dios sabe lo que viene atrás del agua. A diez pasos corría el río; inmediatamente después se alzaba el mo...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La desgracia
Cuento
Don Damián entró en la inconsciencia rápidamente, a compás con la fiebre que iba subiendo por encima de treinta y nueve grados. Su alma se sentía muy incómoda, casi a punto de calcinarse, razón por la cual comenzó a irse recogiendo en el corazón. El alma tenía infinita cantidad de tentáculos, como un pulpo de innúmeros...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La mancha indeleble
Cuento
El viejo Nicasio no acababa de hallarse a gusto con el aspecto de la mañana. Mala cosa era coger el camino a pie y que le cayera arriba el aguacero y se botara el río y se llenara de lodo la vereda del conuco. Con aspecto de hambrientas, las pocas gallinas del viejo se metían al bohío, persiguiendo cucarachas, o irrump...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La muchacha de la Guaira
Cuento
Todos los que habían cruzado la puerta antes que yo habían entregado sus cabezas, y yo las veía colocadas en una larga hilera de vitrinas que estaban adosadas a la pared de enfrente. Seguramente en esas vitrinas no entraba aire contaminado, pues las cabezas se conservaban en forma admirable, casi como si estuvieran viv...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La muerte no se equivoca dos veces
Cuento
El primer oficial tuvo razón al pensar que un asunto de tal naturaleza debía ser comunicado al capitán, pero el capitán no la tuvo cuando dijo las estúpidas palabras con que más o menos dejó cerrado el episodio. Esas palabras no tenían sentido. Veamos los hechos tal como se produjeron, y eso nos permitirá apreciar el c...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La mujer
Cuento
Al ingeniero le molestó el tono que usaba el cabo para interrogarle, pues aunque dijera cosas que el cabo no podía comprender —y que el propio ingeniero no podía explicar—, mal que bien él era persona conocida en la zona, y más conocidos todavía eran Manuel Sierra y Ángel Pascual, que daban fe de su conducta. Las mirad...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La negación
Cuento
La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se le ve vida. El sol la mató; el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo blanco. Tornose luego transparente el acero blanco, y sigue ahí, sobre el lomo de la carretera. Debe hacer muchos siglos de s...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La Nochebuena de Encarnación Mendoza
Cuento
Viendo a José Dolores se recibe la impresión de que vivió caminando: hay en todo él como polvo de camino. Sus ojos parecen devolver paisajes. José Dolores habla y uno evoca a la abuela, cuando registraba baúles. —Este fue mi primer traje largo —dejaba oír la vieja. Y así él. Arrinconados por ahí, en su cerebro, tiene l...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La pájara
Cuento
Con su sensible ojo de prófugo Encarnación Mendoza había distinguido el perfil de un árbol a veinte pasos, razón por la cual pensó que la noche iba a decaer. Anduvo acertado en su cálculo; donde empezó a equivocarse fue al sacar conclusiones de esa observación. Pues como el día se acercaba era de rigor buscar escondite...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La pulpería
Cuento
La lluvia nos envolvió de golpe. Estábamos subiendo el tercer repecho de El Montazo y la noche se nos venía encima. Los pinos empezaron a ahogarse en una especie de humo claro; los menos cercanos al camino acabaron por desaparecer en la bocaza gris de la lluvia. Detrás de nosotros la tierra llana se había perdido bajo ...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La sangre
Cuento
La pulpería de Chu era en la noche un bulto silencioso. Estaba en un recodo del camino y sorprendía a los caminantes que desconocían el paraje. Apenas la alumbraba una jumiadora. Los golpes de luz destacaban el mostrador, la negra cabeza de Chu y el grupo de hombres que jugaban dominó. No se hablaba. A ratos sonaba el ...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
La verdad
Cuento
¡Al fin! ¡El viejo Nelico iba a hablar! Era muy duro el silencio del viejo Nelico; sin embargo nadie podría decir si había menos dureza en sus palabras. A Tato le parecía que alguien le tenía sujeto; un solo gesto bastaría para desbarrancarle. El viejo Nelico apoyó ambas manos en las rodillas, se impulsó y se puso en p...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Lo mejor
Cuento
Nadie se explica por qué el matador de Quique Blanco ha rechazado las proposiciones que se le han hecho; por qué se niega a que lo retraten. Un periodista dijo que era muy humilde, y se cuenta que se avergonzó cuando quisieron hacerle un regalo digno de su hazaña. Ayer oí contar otra vez la historia. Refiere que el muc...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Los amos
Cuento
Por la tierra seca y dorada de la enramada empezaban a entrar lenguas de agua. Tilo tenía los ojos entrecerrados y sentía sueño. A ratos el caballo movía una pata. Estaría también soñoliento. El otro metió mano en un bolsillo, sacó cachimbo y vejiga, llenó el primero y se dispuso a fumar. Antes dijo: —Yo voy a dar una ...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Los últimos monstruos
Cuento
Cuando ya Cristino no servía ni para ordeñar una vaca, don Pío lo llamó y le dijo que iba a hacerle un regalo. -Le voy a dar medio peso para el camino. Usté esta muy mal y no puede seguir trabajando. Si se mejora, vuelva. Cristino extendió una mano amarilla, que le temblaba. -Mucha gracia, don. Quisiera coger el camino...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Los vengadores
Cuento
Del gran cataclismo escaparon solo tres hombres, dos mujeres y cinco niños. Todos eran desconocidos entre sí. Subieron angustiados las laderas de las montañas mientras masas de tierra y de piedras, con árboles y seres vivos, caían formando un estrépito infernal. En la inmensa hoya donde caían esos pedazos del mundo ent...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Lucero
Cuento
—Ese viejo es un gran sinvergüenza, y tó el que saque la cara por él, un lambón! ¡Como lo oye! Los ojos de Casimiro se pegaron a su interlocutor. Tan claros estaban con la luz de mediodía, que parecían cristales y no ojos. —¡Últimamente! ¡Aquí no me mienten más ese degraciao! —dijo, extendiendo el brazo derecho, como q...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Luis Pie
Cuento
José Veras miró a su compadre mansamente, hizo resbalar los ojos y chasqueó los labios; se le acercó, dobló la cabeza y, como temeroso de que lo oyeran, dijo: —Lo ojiaron, compadre. El otro tuvo miedo de que José Veras rompiera a llorar; había algo muy doloroso en su voz. Pero José Veras volvió rápidamente el rostro y ...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Mal tiempo
Cuento
A eso de las siete la fiebre aturdía al haitiano Luis Pie. Además de que sentía la pierna endurecida, golpes internos le sacudían la ingle. Medio ciego por el dolor de cabeza y la debilidad, Luis Pie se sentó en el suelo, sobre las secas hojas de la caña, rayó un fósforo y trató de ver la herida. Allí estaba, en el ded...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Maravilla
Cuento
El viento arreció a medianoche de tal manera que Eloísa empezó a temblar. Tenía miedo de que el huracán destruyera el bohío y éste los aplastara, miedo de lo que pudiera sucederle a su hijo en la soledad de la loma y miedo de que el viejo Venancio despertara y la sorprendiera sentada en el catre, llena de pavor. Así pu...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Piloncito
Cuento
La baja de la carne —por los días aquellos en que un toro de veinticinco arrobas valía veinticinco pesos— salvó a Maravilla del puñal del matarife, pero no pudo torcer su destino. El dueño llegó, le dio la vuelta estudiándolo detenidamente, le golpeó las ancas y dijo, mientras chupaba su cigarro, que era un crimen vend...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Poppy
Cuento
Piloncito estaba en la cárcel porque mató a una mujer; pero a juzgar por su presencia, era incapaz de una rebeldía. Todos hacían burla de su figura de sapo y de sus ojos de becerro. Él jamás se incomodaba. Si acaso, sonreía con una helada sonrisa de muerto. Los presos viejos se ensañaban. —Piloncito, no comas mangos, q...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Revolución
Cuento
Aunque la poca gente que conoció a Poppy parezca consternada —hace una semana que no hablan de otra cosa—, sería de tontos explicarles que lo que sucedió no fue un incidente vulgar, porque esa gente, como la gran mayoría del infatuado género humano, no aceptaría la explicación. Poppy, a la verdad, se precipitó un poco....
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Rosa
Cuento
Tuvo suerte Toño: Cholo estaba solo. Entró como un ventarrón, miró a todos lados y, casi ahogándose, dijo: —Ya está, Cholo. Deogracia se pronunció. Cholo se quitó el cachimbo de la boca violentamente; echó el cuerpo un poco alante, pero no habló. Toño estaba allí y no estaba. Se le veía la cara como si el sol la estuvi...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Rumbo al puerto de origen
Cuento
La sequía de los nueve meses acabó con el Cibao. Los viejos no recordaban castigo igual. La tierra tostada crujía bajo el pie, los caminos ardían como zanjas de fuego, los potreros se quedaron pelados. Las familias se acostaban sin haber comido y los animales que habían sobrevivido no tenían fuerzas ni para espantar la...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
San Andrés
Cuento
Habiendo hecho sus cálculos con toda corrección, Juan de la Paz llegó a la altura de Punta del Este a las seis de la tarde, minutos más, minutos menos. El mar había sido un plato y probablemente seguiría siéndolo toda la noche. Así se explica que a Juan de la Paz le resultara fácil ver, a la pálida y agobiante luz de l...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Sombras
Cuento
Toda la tarde anterior la pasó Guarín hablando de lo mismo: el gallo gallino. —Yo quisiera echarlo con el canelito de Toño —le decía a Yoyo—. Dende que asomó por el cascarón sabía yo que se diba a dar legítimo ese gallino. Figúrese, encastado por mí. Se quedó un rato pensativo y dijo, mientras miraba la puerta. —Lo mal...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Todo un hombre
Cuento
En medio de la lluvia, a ratos, encendían fósforos allá arriba. Después hacían corretear una gran carreta. Se oían las ruedas chocar con el empedrado del cielo. Telo comenzó a alejarse al rumor de la lluvia que golpeaba sordamente en las yaguas. Sentía cómo se iba desvaneciendo en sí mismo hasta convertirse en algo bla...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Un hombre virtuoso
Cuento
Yeyo va a explicar su caso. Tiene gestos parcos y voz sin importancia. La gente se asombra de verle tan humilde. Es de cuerpo mediano, de manos gruesas y cortas, de ojos dulces. La verdad es que parece avergonzado de la importancia que le da el público. El juez le mira con fijeza y la gente se agolpa y se pone de pie. ...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Un niño
Cuento
Con voz premiosa, don Juan Ramón llamó a su mujer. Tenía ya largo rato sentado a la puerta de su casa, observando hacia la de enfrente. Parecía un gato en acecho. La mujer llegó secándose las manos con el delantal. —Siéntate aquí, porque yo tengo que ir al patio. Atiende a lo que hace Quin. En media hora ha ido dos vec...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Una jíbara en New York
Cuento
A poco más de media hora, cuando se deja la ciudad, la carretera empieza a jadear por unos cerros pardos, de vegetación raquítica, que aparecen llenos de piedras filosas. En las hondonadas hay manchas de arbustos y al fondo del paisaje se diluyen las cumbres azules de la Cordillera. Es triste el ambiente. Se ve arder e...
Bosch, Juan
República Dominicana
1909-2001
Victoriano Segura
Cuento
—Amigo mío, usted ni siquiera puede pronunciar esa palabra. Diga “jíbara”. ¿Ve usted? Nosotros, los sajones, no podemos adquirir esa gracia, esa ligereza de tono y sonido que distingue a los americanos de sangre española. Ni podemos tampoco —esto mucho menos, desde luego—, mantener esa fogosidad espiritual del latino, ...
Bowen, Elizabeth
Irlanda
1899-1973
La amante del demonio
Cuento
Todo lo malo que se había pensado de Victoriano Segura estaba sin duda justificado, pues a las pocas semanas de hallarse viviendo allí se presentaron en su puerta dos policías y se lo llevaron por delante. Aquella vez era bastante avanzada la tarde. Pero en otra ocasión los agentes del orden público llegaron muy de mañ...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Calidoscopio
Cuento
Hacia el ocaso de ese día, que había pasado en Londres, la señora Drover se dirigió hacia su casa, que tenía cerrada, para recoger algunas cosas que deseaba llevarse. Unas eran suyas, otras de su familia que ahora vivía en el campo. Era un día de finales de agosto, pesado y nuboso; en aquel momento, los árboles del pas...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Cuento de Navidad
Cuento
El primer impacto rajó la nave como si fuera un gigantesco abrelatas. Los hombres fueron arrojados al espacio, retorciéndose como una docena de peces fulgurantes. Se diseminaron en un mar oscuro mientras la nave, convertida en un millón de fragmentos, proseguía su ruta semejando un enjambre de meteoritos en busca de un...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Dragón
Cuento
El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el re...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
El cohete
Cuento
La noche soplaba en el escaso pasto del páramo. No había ningún otro movimiento. Desde hacía años, en el casco del cielo, inmenso y tenebroso, no volaba ningún pájaro. Tiempo atrás, se habían desmoronado algunos pedruscos convirtiéndose en polvo. Ahora, sólo la noche temblaba en el alma de los dos hombres, encorvados e...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
El desierto
Cuento
Fiorello Bodoni se despertaba de noche y oía los cohetes que pasaban suspirando por el cielo oscuro. Se levantaba y salía de puntillas al aire de la noche. Durante unos instantes no sentiría los olores a comida vieja de la casita junto al río. Durante un silencioso instante dejaría que su corazón subiera hacia el espac...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
El emisario
Cuento
Oh, el día feliz al fin ha llegado… Era la hora del crepúsculo y Janice y Leonora preparaban infatigablemente el equipaje, entonando canciones, comiendo algún bocado, y animándose mutuamente. Pero no miraban la ventana, donde se apretaba la noche, y las estrellas eran brillantes y frías. -¡Escucha! -dijo Janice. Parec...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
El lago
Cuento
Supo que había llegado de nuevo el otoño, porque Torry entró retozando en la casa, trayendo con él un refrescante olor a otoño. En cada uno de sus perrunos rizos negros llevaba una muestra del otoño: tierra húmeda, con la humedad peculiar de aquella estación, y hojas secas, color de oro pajizo. El perro olía exactament...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
El peatón
Cuento
Un cielo a mi medida arrojado sobre el lago Michigan; sobre la arena amarilla, algunos críos gritones botando pelotas; una o dos gaviotas, una madre criticona y yo huyendo de una ola y encontrando este mundo nublado y húmedo. Subí corriendo por la playa. Mamá me frotó con una esponjosa toalla. -Quédate aquí y sécate -d...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
El ruido de un trueno
Cuento
Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa noche de noviembre, pisar la acera de cemento y las grietas alquitranadas, y caminar, con las manos en los bolsillos, a través de los silencios, nada le gustaba más al señor Leonard Mead. Se detenía en una bocacalle, y miraba a lo largo de las avenida...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
En la noche¹
Cuento
El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente. Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad: SAFARI EN EL TIEMPO S.A. SAFARIS A CUALQUIER AÑO DEL PASADO. USTED ELIGE EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEVAMOS ALLÍ, USTED LO MATA. Una flema tibia se le formó en la ga...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Encuentro nocturno
Cuento
La señora Navárrez gimió de tal manera durante toda la noche que sus gemidos llenaban el inquilinato como si hubiese una luz encendida en cada cuarto, y nadie pudo dormir. Pasó toda la noche, mordiendo su almohada blanca, retorciendo sus manos delgadas y gritando: -¡Mi Joe! A las tres de la madrugada los habitantes de ...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Esqueleto
Cuento
Antes de subir hacia las colinas azules, Tomás Gómez se detuvo en la solitaria estación de gasolina. -Aquí se sentirá usted bastante solo -le dijo al viejo. El viejo pasó un trapo por el parabrisas de la camioneta. -No me quejo. -¿Le gusta Marte? -Muchísimo. Siempre hay algo nuevo. Cuando llegué aquí el año pasado, de...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Hola y adiós
Cuento
Ya se le había pasado la hora de ver otra vez al doctor. El señor Harris se metió, desanimado, en el hueco de la escalera, y vio el nombre del doctor Burleigh en letras doradas y una flecha que apuntaba hacia arriba. ¿Suspiraría el doctor Burleigh cuando lo viese? En verdad, ésta era la décima visita en el año. Pero el...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Juguemos a los venenos
Cuento
Pues claro que se iba, qué otra cosa podía hacer, el tiempo se había agotado y se iba, se iba muy lejos. Tenía ya hecha la maleta, había sacado brillo a los zapatos; se había cepillado el pelo y se había lavado expresamente detrás de las orejas. Tan sólo faltaba bajar las escaleras, salir por la puerta y subir la calle...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
La bruja de abril
Cuento
—¡Te odiamos! —Gritaron los dieciséis chicos y chicas, apretándose alrededor de Michael en el aula. Michael gritó. El recreo había terminado, pero el señor Howard, el maestro, aún no había llegado. —¡Te odiamos! Y los dieciséis chicos y chicas juntos, agolpándose y resollando, abrieron una ventana. Había tres pisos de ...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
La carretera
Cuento
En el aire, sobre los valles, bajo las estrellas, sobre un río, un estanque, un camino, volaba Cecy. Invisible como los nuevos vientos de la primavera, fragante como el aroma de los tréboles que se alzaba en los campos a la tarde, ella volaba. Se deslizaba en palomas suaves como el armiño blanco, se detenía en los árbo...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
La costa
Cuento
La lluvia fresca de la tarde había caído sobre el valle, humedeciendo el maíz en los sembrados de las laderas, golpeando suavemente el techo de paja de la choza. La mujer no dejaba de moverse en la lluviosa oscuridad, guardando unas espigas entre las rocas de lava. En esa sombra húmeda, en alguna parte, lloraba un niño...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
La mañana verde
Cuento
Marte era una costa distante y los hombres cayeron en olas sobre ella. Cada ola era distinta y cada ola más fuerte. La primera ola trajo consigo a hombres acostumbrados a los espacios, el frío y la soledad; cazadores de lobos y pastores de ganado, flacos, con rostros descarnados por los años, ojos como cabezas de clavo...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
La sabana
Cuento
Cuando el sol se puso, el hombre se acuclilló junto al sendero y preparó una cena frugal y escuchó el crepitar de las llamas mientras se llevaba la comida a la boca y masticaba con aire pensativo. Había sido un día no muy distinto de otros treinta, con muchos hoyos cuidadosamente cavados en las horas del alba, semillas...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
La sirena
Cuento
1 -George, me gustaría que le echaras un ojo al cuarto de jugar de los niños. -¿Qué le pasa? -No lo sé. -Pues bien, ¿y entonces? -Sólo quiero que le eches un ojeada, o que llames a un sicólogo para que se la eche él. -¿Y qué necesidad tiene un cuarto de jugar de un sicólogo? -Lo sabes perfectamente -su mujer se detuvo...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
La última noche del mundo
Cuento
Allá afuera en el agua helada, lejos de la costa, esperábamos todas las noches la llegada de la niebla, y la niebla llegaba, y aceitábamos la maquinaria de bronce, y encendíamos los faros de niebla en lo alto de la torre. Como dos pájaros en el cielo gris, McDunn y yo lanzábamos el rayo de luz, rojo, luego blanco, lueg...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Los colonizadores
Minicuento
¿Qué harías si supieras que esta es la última noche del mundo? -¿Qué haría? ¿Lo dices en serio? -Sí, en serio. -No sé. No lo he pensado. El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la t...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Los hombres de la Tierra
Cuento
Los hombres de la Tierra llegaron a Marte. Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos, o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía una razón diferente. Dejaban mujeres odiosas, trabajos odiosos o ciudades odiosas; ...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Los largos años
Cuento
Quienquiera que fuese el que golpeaba la puerta, no se cansaba de hacerlo. La señora Ttt abrió la puerta de par en par. -¿Y bien? -¡Habla usted inglés! -el hombre, de pie en el umbral, estaba asombrado. -Hablo lo que hablo -dijo ella. -¡Un inglés admirable! El hombre vestía uniforme. Había otros tres con él, excitados,...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Remedio para melancólicos
Cuento
Cada vez que el viento se levantaba en el cielo, el señor Hathaway y su reducida familia se quedaban en la casa de piedra y se calentaban las manos al fuego de leña. El viento agitaba las aguas del canal y casi barría las estrellas del cielo, pero el señor Hathaway conversaba tranquilamente con su mujer, y su mujer rep...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Vendrán lluvias suaves
Cuento
-Busquen ustedes unas sanguijuelas, sángrenla -dijo el doctor Gimp. -Si ya no le queda sangre -se quejó la señora Wilkes-. Oh, doctor ¿qué mal aqueja a nuestra Camila? -Camila no se siente bien. -¿Sí, sí? El buen doctor funció el ceño. -Camila está decaída. -¿Qué más, qué más? -Camila es la llama trémula de una bujía, ...
Bradbury, Ray
Estados Unidos
1920-2012
Ylla
Cuento
La voz del reloj cantó en la sala: –Tictac, las siete, hora de levantarse, hora de levantarse, las siete. Como si temiera que nadie se levantase. La casa estaba desierta. El reloj continuó sonando, repitiendo y repitiendo llamadas en el vacío. –Las siete y nueve, hora del desayuno, ¡las siete y nueve! En la cocina el h...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Contaba Mi-en-leh
Minicuento
Tenía en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el vie...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Crítica
Minicuento
Dos hombres vivían en la misma casa y ocupaban habitaciones diferentes. El mayor dormía en una cama mullida, el menor, sobre un colchón de cuero. Muy de mañana, el mayor arrancaba al joven de su mejor sueño, cuando aún no le apetecía levantarse. En las comidas, el mayor solía arrebatarle al menor lo que este habría pre...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
El animal favorito del señor K.
Minicuento
Hace unas semanas, una muchacha que estaba de pie, sola, bajo una arcada de la Münzstrasse, me gritó las ocho palabras siguientes: “¡Ahora se usan largos! ¡Cortos no! ¡Por favor!”. Al decir “¡Ahora se usan largos!”, hizo un largo gesto con la mano derecha, primero hacia abajo y luego paralelamente a la acera, como si q...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
El médico Hunain y el califa
Minicuento
Cuando se le preguntó cuál era el animal que más le gustaba, el señor K. respondió que el elefante. Y dio las siguientes razones: el elefante reúne la astucia y la fuerza. La suya no es la penosa astucia que basta para eludir una buena persecución o para obtener comida, sino la astucia que dispone la fuerza para grande...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
El muchacho indefenso
Minicuento
El médico Hunain fue llamado a comparecer ante el califa, que deseaba veneno para sus enemigos. Ofreció al médico riquezas, si obedecía, y la cárcel, si ponía dificultades. Al cabo de un año de prisión, Hunain fue nuevamente arrastrado hasta el trono del califa. A un lado del trono habían amontonado tesoros; al otro, i...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
El señor Keuner y el dibujo de su sobrina
Minicuento
Un transeúnte preguntó a un muchacho que lloraba amargamente cuál era la causa de su congoja. —Había reunido dos monedas para ir al cine —dijo el interrogado—, pero se me ha acercado un chico y me quitó una —y señaló a un chiquillo que estaba a cierta distancia. —¿Y no pediste ayuda? —preguntó el hombre. —Claro que sí ...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
El señor Keuner y la marea
Minicuento
Contemplaba un día el señor Keuner un dibujo de su sobrinita que representaba un pollo sobrevolando un corral. —¿Por qué tiene tu pollo tres patas? —le preguntó el señor Keuner. —Los pollos no pueden volar —dijo la pequeña artista—, por eso le he puesto una tercera pata, para darle impulso. —Me alegro de habértelo preg...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Exámenes de arte
Minicuento
Caminando por un valle, advirtió de pronto el señor Keuner que sus pies chapoteaban en el agua. Y al punto se dio cuenta de que su valle era en realidad un brazo de mar y de que se acercaba la hora de la marea. Se detuvo de inmediato para ver si descubría alguna barca, y no se movió del sitio mientras la esperaba. Pero...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
La condena de un hombre bueno
Minicuento
Ante la proliferación indiscriminada de gente que escribía, un gobierno filopopulista había instituido unos exámenes muy rigurosos para el ejercicio de ese arte. Se llevaba primero a los candidatos a través del mercado hasta un salón donde eran invitados a anotar, en una gran hoja, todo lo que hubieran observado. Unos ...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
La gran comida
Minicuento
Escucha: sabemos que eres nuestro enemigo. Por eso ahora queremos mandarte al paredón. Pero en vista de tus méritos y buenas prendas, será un buen paredón, y te fusilaremos con buenas balas disparadas por buenos fusiles y te enterraremos con una buena pala y en tierra buena. FIN
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Leyenda
Minicuento
En la isla Thurö vivían un hombre y una mujer en medio de una austeridad absoluta. Durante toda su vida el hombre solo llevó camisas hechas de costales. En invierno, y por no calentar la casa, los dos se sentaban ante la puerta del establo abierta, y aprovechaban el calor del ganado. Cuando murieron, uno poco después d...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Los chinos corteses
Minicuento
Había una vez un príncipe muy lejos, en un país de leyenda. Como no era más que un soñador, le gustaba tenderse en una pradera próxima al palacio y soñar, con los ojos clavados en el cielo azul. Porque en aquellas praderas las flores eran más grandes y más bellas que en cualquier otra parte. Y el príncipe soñaba con ca...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Medida contra la violencia
Minicuento
Con su habitual cortesía, los chinos rindieron a su gran sabio Lao-Tse el mayor homenaje que ha tributado pueblo alguno a sus maestros, inventando la siguiente historia: Desde su juventud había instruido Lao-Tse a los chinos en el arte de vivir, y de viejo abandonó el país porque la insensatez cada vez mayor de la gent...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Mésalliance
Minicuento
En los tiempos de la ilegalidad, un día llegó a casa del señor Egge un agente que le mostró un documento expedido en nombre de quienes dominaban la ciudad y en el cual se decía que toda vivienda en la que él pusiera el pie pasaría a pertenecerle; también le pertenecería cualquier comida que pidiera, y todo hombre que s...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Odiseo y las sirenas
Minicuento
El rey Christian VII se casó con un ama de llaves. Cuando viajaban juntos por las provincias, hasta la baja nobleza mostraba cierto rechazo hacia la reina, quien por eso tuvo una vida difícil. Pero lo peor para ella fue que Christian se comportaba como un campesino en la mesa y en muchas otras circunstancias. FIN
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Si los tiburones fueran hombres I
Minicuento
Como es sabido, cuando el astuto Odiseo avistó la isla de las sirenas, aquellas cantantes devoradoras de hombres, se hizo atar al mástil de su navío y a sus remeros les tapó los oídos con cera a fin de que, gracias a esta cera y a las cuerdas que lo ataban, su goce artístico quedara sin consecuencias nefastas. Mientras...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Si los tiburones fueran hombres II
Minicuento
Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los peces pequeños, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Si los tiburones fueran hombres III
Minicuento
Si los tiburones fueran hombres, habría escuelas en el interior de las enormes cajas construidas para los pececitos. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Necesitarían tener nociones de geografía para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazanean...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Si los tiburones fueran hombres IV
Minicuento
Si los tiburones fueran hombres, se harían la guerra entre sí para conquistar cajas y pececitos extranjeros. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececitos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececitos que entre ellos y los pececitos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Proclama...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Si los tiburones fueran hombres V
Minicuento
Si los tiburones fueran hombres, tendrían su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececitos entrando entusiasmados en la...
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Si los tiburones fueran hombres VI
Minicuento
Si los tiburones fueran hombres, habría una religión. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza para los pececitos en el estómago de los tiburones. FIN
Brecht, Bertolt
Alemania
1898-1956
Un breve diálogo
Minicuento
Si los tiburones fueran hombres, los pececitos dejarían de ser todos iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececitos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica co...
Brennan, Joseph Payne
Estados Unidos
1918-1990
Levitación
Cuento
En un merendero de la Alexanderplatz oí el siguiente diálogo: En torno a una mesa de mármol falso había tres personas de pie, dos hombres y una mujer mayor, bebiendo cerveza blanca. Uno de los hombres le dijo al otro: —¿De modo que ha ganado usted su apuesta? El interpelado lo miró a la cara en silencio y, a guisa de c...
Brennan, Maeve
Irlanda
1917-1993
El día en que nos vengamos
Cuento
El Circo Ambulante Morgan llegó a Riverville para dar una función de noche, y plantó sus tiendas en el parque situado en uno de los extremos del pueblo. Era un cálido atardecer de primeros de octubre, y a eso de las siete una gran multitud se había congregado ante la barraca principal del Circo, dispuesta a divertirse....
Brennan, Maeve
Irlanda
1917-1993
El diablo que nos habita
Cuento
Una tarde, unos hombres poco amistosos, vestidos de civiles y pertrechados con revólveres, vinieron a nuestra casa buscando a mi padre, o buscando información sobre él. Esto ocurrió en Dublín, en 1922. El tratado con Inglaterra, que convertía a Irlanda en el Estado Libre Irlandés, acababa de firmarse. Aquellos irlandes...
Brennan, Maeve
Irlanda
1917-1993
El sofá
Cuento
Me acercaba sin sobresaltos al final de mis trece años cuando una pregunta incontestable que aún ahora vuelve a veces a desconcertarme vino a romper toda mi placidez. Estaba en un internado en Kilcullen, un pueblo del condado de Kildare. Había unas sesenta y pico de niñas en el colegio y nos llevaban a dar largos paseo...
Brennan, Maeve
Irlanda
1917-1993
El torno de los rumores
Cuento
El nuevo sofá iba a llegar aquel día, martes, pero los de la tienda no habían dado una hora precisa, solo habían dicho: “En algún momento del día”. La señora Bagot se había puesto tan contenta cuando le dijeron que el sofá llegaba el martes a su casa que había olvidado preguntar si sería por la mañana o por la tarde. L...
Brennan, Maeve
Irlanda
1917-1993
El viejo del mar
Cuento
En Dublín, mi madre solía mandar paquetes de comida a una comunidad de clarisas pobres que tenían el convento a un largo paseo de distancia de nuestra casa en Ranelagh. A veces nos mandaba a mi hermana y a mí con los paquetes. Las clarisas pobres guardan silencio. Nunca hablan, ni entre ellas ni con nadie, y son una or...
Brennan, Maeve
Irlanda
1917-1993
La alfombra de rosas
Cuento
Un jueves por la tarde, un viejo vendedor de manzanas llamó a la puerta de nuestra casa en Dublín. Me pareció que tendría unos noventa años. Tenía el pelo blanco y fino, la espalda encorvada, la expresión vaga y humilde, y sostenía el sombrero en una de las manos. La otra mano reposaba sobre el asa de una enorme cesta ...
Brennan, Maeve
Irlanda
1917-1993
La comida favorita de Balzac
Minicuento
Habían quitado la alfombra color café con leche, estampada con grandes rosas, del suelo del salón de delante; la habían llevado por el recibidor y la cocina hasta el jardín y ahora estaba extendida en la hierba, donde una mujercita de expresión severa la sacudía y cepillaba. Era la señora Bagot. Ella pensaba que era gr...
Brennan, Maeve
Irlanda
1917-1993
La mañana después del incendio
Cuento
Hay una librería en la calle 48, no lejos de la Sexta Avenida, donde venden sobre todo libros de bolsillo y libros viejos, saldos de los editores. Yo estaba allí el otro día mirando. Era sábado y hacía fresco. La puerta estaba abierta a la calle. Era la hora del almuerzo y los clientes eran ocasionales. La tarde era le...
Brennan, Maeve
Irlanda
1917-1993
La más lista
Cuento
Desde mis cinco años hasta casi los dieciocho, vivimos en una casa pequeña en un barrio de Dublín llamado Ranelagh. En nuestra calle, todas las casas eran de ladrillo rojo y tenían pequeños jardines detrás, parte de cemento y parte de hierba, separados unos de otros por muros de piedra bajos. Cuando nos instalamos, yo ...
Brennan, Maeve
Irlanda
1917-1993
La mentira
Cuento
No hace mucho tiempo, pasé unos días en Washington DC, en casa de mi hermana pequeña, Deirdre, que está casada y tiene cuatro niños. Nos habíamos sentado en su amplia y agradable sala, frente a los árboles frescos y verdes de la calle Garfield y los arbustos en plena floración -blanca, rosa, azul, amarilla- de su jardí...