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Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Encrucijada
Cuento
Por la ventana llega el rumor del agua, casi inmóvil, y veo, delicadamente desdibujada, la ribera opuesta, verdosa o azul en la tarde, con las primeras luces titilando en el camino que va a Niza y a Italia. Diríase que no hay límites para la paz de este golfo de Saint-Tropez, pero aquí estoy yo, sin embargo, procurando...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Encuentro en Rauch
Cuento
El jueves, a las ocho en punto de la mañana, debía presentarme en la estancia de don Juan Pees, en la zona de Pardo, para dejar concluida una venta de hacienda, la primera operación importante que iba a llevar a la casa de consignaciones y remates, de la ciudad de Rauch, en que trabajaba. En diciembre de 1929 yo había ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Historia desaforada
Cuento
Mientras me preparan el té (ojalá que venga bien caliente) voy a probar este grabador; sería lamentable que por negligencia mía o por inconveniente mecánico se perdieran las declaraciones del profesor Haeckel. Como el tecito se hace esperar, diré unas palabras que a lo mejor sirven de introducción. Haeckel es un person...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Historia prodigiosa
Cuento
I Lo que me mueve a escribir no es el agrado de hablar de estas cosas ni el instinto profesional, que ávidamente debería registrar y aprovechar acontecimientos como los que después ocurrieron, no solo melancólicos, sino portentosos y terribles. De verdad, la conciencia me exige, y Olivia me pide, que deje aclarados alg...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Historia romana
Cuento
A las diez y media, todas las mañanas, yo bajaba del hotel Gassion; mis vecinas venían del hotel de France. En el boulevard des Pyrénées, en distintos bancos, frente a las mismas montañas, uno leyendo Daisy Miller, otras repitiendo lecciones, nos entibiábamos al sol. Mis vecinas eran cinco niñas y una gobernanta. Quien...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Homenaje a Francisco Almeyra
Cuento
I Una muchacha alada, con una estatuita de la Victoria en la mano, o con un ramillete de flores, o con una flor de loto, o con una granada entreabierta y casi madura; un ancla, el arco iris, el color verde, son antiguas alegorías de la esperanza; pero a mí me parece que nada la representa mejor que un joven poeta. No p...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
La francesa
Minicuento
Me dice que está aburrida de la gente. Las conversaciones se repiten. Siempre los hombres empiezan interrogándola en español: «¿Usted es francesa?» y continúan con la afirmación en francés: « J’aime la France». Cuando, a la inevitable pregunta sobre el lugar de su nacimiento ella contesta «Paris», todos exclaman: «Pari...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
La obra
Cuento
Como si no bastaran las promesas del más allá, queremos perdurar en nuestra tierra, tan vilipendiada y tan querida. Casi todo el mundo comparte el afán por sobrevivir en obras, en hijos, de cualquier modo. Sin duda nos mueve un instinto y en ese punto al menos igualamos en inteligencia a dos insectos, la hormiga y la a...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
La pasajera de primera clase
Cuento
En aquella ciudad tropical, modesto emporio al que llegaban ocasionales compradores enviados por compañías tabacaleras, la vida se deslizaba monótonamente. Cuando algún barco fondeaba en el puerto, nuestro cónsul festejaba el acontecimiento con un banquete en el salón morisco del hotel Palmas. El invitado de honor era ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
La rata o una llave para la conducta
Cuento
1. LUNES —Si fuera por mí no saldría nunca de esta casa —dijo el profesor. Se llamaba Melville y algunos lo conocían por el capitán, no porque fuera capitán, sino porque solía renguear por la galería de su chalet de la costa, como un pirata en el puente de mando. Era un hombre viejo, ágil a pesar de la pierna ortopédi...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
La salvación
Minicuento
Esta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
La sierva ajena
Cuento
En alguna parte leí que un apretado tejido de infortunios labra la historia de los hombres, desde la primera aurora, pero a mí me agrada suponer que hubo períodos tranquilos y que por un inapelable golpe de azar me toca vivir el momento, confuso y épico, de la culminación. Dirán, tal vez, que éste es el clamor, nada fi...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
La tarde de un fauno
Cuento
Yo había dicho que las diferencias de temperamento que descubre cada cual entre hombres y mujeres, en definitiva, son las que descubre cada cual en el trato con su mujer y, en definitiva, son las que hay entre cualquiera y su prójimo. —No sé —contestó alguien en aire de duda. —Lo que sabemos todos —concluyó otro— es qu...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
La trama celeste
Cuento
Cuando el capitán Ireneo Morris y el doctor Carlos Alberto Servian, médico homeópata, desaparecieron, un 20 de diciembre, de Buenos Aires, los diarios apenas comentaron el hecho. Se dijo que había gente engañada, gente complicada y que una comisión estaba investigando; se dijo también que el escaso radio de acción del ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Las caras de la verdad
Cuento
No por nada al escribano Bernardo Perrota le pusieron, de mote, Pasuco. A palos de ciego elija usted a cualquiera en el pueblo, pregúntele por el escribano y le apuesto que oirá la frasecita: «No hay quien lo saque de su trotón.» A mí lo de trotón (que entre nosotros equivale, más o menos, a trote), nunca me convenció,...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Las vísperas de Fausto
Cuento
Esa noche de junio de 1540, en la cámara de la torre, el doctor Fausto recorría los anaqueles de su numerosa biblioteca. Se detenía aquí y allá; tomaba un volumen, lo hojeaba nerviosamente, volvía a dejarlo. Por fin escogió los Memorabilia de Jenofonte. Colocó el libro en el atril y se dispuso a leer. Miró hacia la ven...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Los afanes
Cuento
El primero de mis amigos fue Eladio Heller. Lo siguieron Federico Alberdi, para quien el mundo era claro y sin brillo, los hermanos Hesparrén, el Cabrío Rauch, que descubría los defectos de cada cual; mucho después llegó Milena. Nos reuníamos en la calle 11 de Septiembre, en casa de los padres de Heller: un chalet con ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Los milagros no se recuperan
Cuento
En Constitución, frente al quiosco de revistas –en aquella época permitían la esperanza de un buen libro para el viaje— encontré a un mozo Greve, que había sido condiscípulo mío en el Instituto Libre. Me preguntó qué andaba haciendo. —Tomo el tren para Las Flores –le dije—, pero por un increíble error he llegado con un...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Margarita o El poder de la farmacopea
Cuento
No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión: —A vos todo te sale bien. El muchacho vivía en casa, con su mujer y cuatro niños, el mayor de once años, la menor, Margarita, de dos. Porque las palabras aquellas traslucían resentimiento, quedé preocupado. De vez en cuando conversaba del asunto con mi nuera. L...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Máscaras venecianas
Cuento
Cuando algunos hablan de somatización como de un mecanismo real e inevitable, con amargura me digo que la vida es más compleja de lo que suponen. No trato de convencerlos, pero tampoco olvido mi experiencia. Durante largos años anduve sin rumbo entre un amor y otro: pocos, para tanto tiempo, y mal avenidos y tristes. D...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Moscas y arañas
Cuento
Se casaron por amor. Raúl Gigena no creía que hubiera en el mundo un lugar tan seguro como la casa paterna, pero Andrea, su mujer, le dijo que para nunca perder ese amor deberían vivir solos. Como no quería contrariarla, resolvió dejar la provincia, lanzarse a la aventura. Obtuvo, por medio de un pariente, que trabajab...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Nóumeno
Cuento
Probablemente fue Carlota la que tuvo la idea. Lo cierto es que todos la aceptaron, aunque sin ganas. Era la hora de la siesta de un día muy caluroso, el 8 o el 9 de enero. En cuanto al año, no caben dudas: 1919. Los muchachos no sabían qué hacer y decían que en la ciudad no había un alma, porque algunos amigos ya esta...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Nuestro viaje (Diario)
Cuento
Selección, prólogo y epílogo de F.B. PRÓLOGO El gerente de la casa Jackson me había dicho que estaba preparando una colección de diarios de viaje y que si yo tenía alguno se lo mandara. Cuando releí los míos del 60 y del 64, por motivos que no sabría explicar, me faltó ánimo para publicarlos. Propuse entonces Nuestro ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Para un tesoro de sabiduría popular
Minicuento
Me dice la tucumana: “Si te pica una araña, mátala en el acto. Igual distancia recorrerán la araña desde la picadura y el veneno hacia tu corazón”. FIN
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Paradigma
Cuento
A lo lejos retumbó un vals criollo cuando llegué a la placita que daba al río. La casa era vieja, de madera, alta, angosta, quizás un poco ladeada, con una cúpula cónica, puntiaguda, más ladeada aún, con una puerta de hierro, con vidrios de colores que reflejaban tristemente la luz de aquel interminable atardecer de oc...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Planes para una fuga al Carmelo
Cuento
Al profesor lo irritaba la gente que se levantaba tarde, pero no quería despertar a Valeria, porque a ella le gustaba dormir. «Pone mucha aplicación», pensó, mientras contemplaba el delicado perfil y la efusión roja del pelo de la chica sobre la almohada blanca. El profesor se llamaba Félix Hernández. Parecía joven, co...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Post operatorio
Minicuento
-Fueran cuales fueran los resultados -declaró el enfermo, tres días después de la operación- la actual terapéutica me parece muy inferior a la de los brujos, que sanaban con encantamientos y con bailes. FIN
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Postrimerías
Minicuento
Cuando entró en el edificio, buscó las escaleras, para subir. Encontrarlas era difícil. Preguntaba por ellas, y algunos le contestaban: “No hay.” Otros le daban la espalda. Acababa siempre por encontrarlas y por subir otro piso. La circunstancia de que muchas veces las escaleras fueran endebles, arduas y estrechas, aum...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Retrato
Minicuento
Conozco a una muchacha generosa y valiente, siempre resuelta a sacrificarse, a perderlo todo, aun la vida, y luego a recapacitar, a recuperar parte de lo que dio con amplitud, a exaltar su ejemplo, a reprochar la flaqueza del prójimo, a cobrar hasta el último centavo. FIN
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Retrato del héroe
Minicuento
Algunos al héroe lo llaman holgazán. Él se reserva, en efecto, para altas y temerarias empresas. Llegará a las islas felices y cortará las manzanas de oro, encontrará el Santo Grial y del brazo que emerge de las tranquilas aguas del lago arrebatará la espada del rey Arturo. A estos sueños los interrumpe el vuelo de una...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Reverdecer
Cuento
Seguía mirando el sepulcro, porque estaba resuelto a no moverse hasta que se alejaran las hermanas de la pobre Emilia y porque en el instante en que se volviera, para salir del cementerio, entraría en el mundo donde ya no podría encontrarla. No se resignaba a emprender el regreso platicando pías trivialidades con esas ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Tigres
Minicuento
El tigre cebado se lamenta de no encontrar barbero que le atuse los bigotes. FIN
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Todas las mujeres son iguales
Cuento
Últimamente el argentino salió a probar mejor suerte en el extranjero, lo que antes no era imaginable, y formó grupos o colonias por todo el mundo, al extremo de que si usted, en sus largos viajes, se halla un tanto perdido y nostálgico, deténgase a oír el rumor de la ciudad, sea ésta cual fuere, como quien escucha un ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Todos los hombres son iguales
Cuento
Todavía hoy lamento que mi madre no me diera una hermana. Si yo pudiera convertir en hermana a cualquiera de las mujeres que trato, elegiría a Verónica. Admiro en ella la aptitud para tomar decisiones (qué tranquilidad vivir al lado de alguien así), la condición de buena perdedora, la muy rara de mantener, en las mayor...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Trío
Cuento
1. JOHANNA Tal vez porque me gustan los libros de memorias, quiero escribir uno, pero en cuanto me pongo a recordar, me pregunto ¿a quién voy a divertir con esto? No fui a una guerra, no me dediqué al espionaje, no cometí asesinatos, ni siquiera intervine en política. Parece inevitable que mi libro consista en descrip...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Un león en el bosque de Palermo
Cuento
Valga de prólogo el doctor Standle-Zanichelli. Todo empezó, pues, en el Club Atlético, el miércoles, al fin de la tarde, minutos antes de que huyera del Jardín Zoológico el león. El cuidador del vestuario, Daniel, estaba cansado: desde la mañana tuvo un día de trajín, con el club repleto. Protestaban los socios por el ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Un viaje o El mago inmortal
Cuento
Para alcanzar la muerte no hay vehículo tan veloz como la costumbre, la dulce costumbre. En cambio, si usted quiere vida y recuerdos, viaje. Eso sí, viaje solo. Demasiado confiado juzgo a quien sale con su familia, en pos de la aventura. Dentro del territorio de la República (estamos de acuerdo) todo se da; pero si pue...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Una aventura
Cuento
Creo que fue Mildred quien descubrió el mejor lugar para tomar el té. Ahora me acuerdo: era de tarde, caminábamos por el vasto y abandonado parque de Marly, me cansé inopinadamente, sentí que la sangre se me enfriaba en las venas y dije, en tono de broma, que una taza de té sería providencial. Mildred gritó, y señaló a...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Una muñeca rusa
Cuento
Los males de mi columna me retuvieron en un largo encierro, interrumpido únicamente por visitas a consultorios, a institutos de radiografías y de análisis. Al cabo de un año recurrí a las termas, porque me acordé de Aix-les-Bains. Quiero decir, de su fama de rumbosas temporadas de la gente más frívola y elegante de Eur...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Una puerta se abre
Cuento
Almeyda se había vestido con el traje azul, como si fuera a salir. Frente al espejo anudó, en impecable moño, la corbata de las grandes ocasiones y aún le agregó el lujo de un alfiler, en herradura de la suerte, con piedritas verdes, de valor puramente sentimental. A la luz de ese día de invierno, las envolventes hojas...
Blackwood, Algernon
Inglaterra
1869-1951
La bolsa maletín
Cuento
Cuando la palabra “inocente” resonó a lo largo de la concurrida sala de justicia aquella oscura tarde decembrina, Arthur Wilbraham, el notable abogado criminalista y líder de los defensores jurídicos, estaba representado por su subalterno; sin embargo, Johnson, su secretario privado, llevó el veredicto a su despacho co...
Blackwood, Algernon
Inglaterra
1869-1951
La casa del pasado
Cuento
Una noche una Visión vino a mí, trayendo con ella una antigua y herrumbrosa llave. Me llevó a través de campos y senderos de dulce aroma, donde los setos ya susurraban en la oscuridad primaveral, hasta que llegamos a una inmensa y sombría casa, de ventanas conspicuas y tejado elevado, medio escondido en las sombras de ...
Blackwood, Algernon
Inglaterra
1869-1951
Luces antiguas
Cuento
Desde Southwater, donde se apeó del tren, el camino iba derecho hacia poniente. Eso lo sabía; por lo demás, confiaba en la suerte, ya que era uno de esos andariegos impenitentes a los que no les gusta preguntar. Tenía ese instinto, y generalmente le funcionaba bastante bien. «Una milla o así en dirección oeste por el c...
Blackwood, Algernon
Inglaterra
1869-1951
Transición
Cuento
John Mudbury regresaba de sus compras con los brazos llenos de regalos navideños. Eran las siete pasadas y las calles estaban atestadas de gente. Era un hombre corriente, vivía en un piso corriente de las afueras, con una mujer corriente y unos hijos corrientes. Él no los consideraba corrientes, aunque sí los demás. Tr...
Blanco, Andrés Eloy
Venezuela
1896-1955
La gloria de Mamporal
Cuento
“Venga usted”; venga a que le toque un poco de mi vida tensa de Mamporal. A mí no me diga usted que la vida de los pueblos es tediosa y la de la ciudad, trepidante. “No me entra eso”. Ayer no más he escrito esas palabras en mi carta para Adriana, la amiga temeraria. Y agregué: “Mamporal, si usted quiere, es la capital ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Compasión
Cuento
A las diez de la noche, el conde de Sagreda entró en su Círculo del bulevar de los Capuchinos. Gran movimiento de los criados para tomarle el bastón, el sombrero de innumerables reflejos y el gabán de ricas pieles, que, al separarse de sus hombros, dejó al descubierto la pechera de inmaculada nitidez, la gardenia de un...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
El amor y la muerte
Cuento
Con gran frecuencia ocurren los llamados crímenes de amor. Relatan los periódicos casi a diario sucesos dramáticos en los que hiere la mano impulse de los celos; describen suicidios en los cuales una vida se suprime fríamente, abandonando las filas humanas por miedo d la soledad, después de las dulzuras del idilio, por...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
El lujo
Cuento
La tenía sobre mis rodillas dijo el amigo Martínez, y comenzaba a fatigarme la tibia pesadez de su cuerpo de buena moza. Decoración… la de siempre en tales sitios. Espejos de empanada luna con nombres grabados, semejantes a telas de araña; divanes de terciopelo desteñido, con muelles que chillaban escandalosamente; la ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
El maniquí
Cuento
Nueve años habían transcurrido desde que Luis Santurce se separó de su mujer. Después la había visto envuelta en sedas y tules en el fondo de elegantes carruajes, pasando ante él como un relámpago de belleza, o la había adivinado desde el paraíso del Real, allá abajo, en un palco, rodeada de señores que se disputaban e...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
El milagro de San Antonio
Cuento
Hacía años que Luis no había visto las calles de Madrid a las nueve de la mañana. A esta hora comenzaban a dormir todos sus amigos del Casino; pero él, en vez de meterse en la cama, había cambiado de traje y se dirigía a la Florida, mecido por el dulce vaivén de su elegante carruaje. Al volver a su casa después de aman...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
El ogro
Cuento
En todo el barrio del Pacífico era conocido aquel endiablado carretero, que alborotaba las calles con sus gritos y los furiosos chasquidos de su tralla. Los vecinos de la gran casa en cuyo bajo vivía, habían contribuido a formar su mala reputación… ¡Hombre más atroz y mal hablado!… ¡Y luego dicen los periódicos que la ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
El parásito del tren
Cuento
—Sí—dijo el amigo Pérez a todos sus contertulios de café—; en este periódico acabo de leer la noticia de la muerte de un amigo. Sólo le vi una vez, y sin embargo, le he recordado en muchas ocasiones. ¡Vaya un amigo! Le conocí una noche viniendo a Madrid en el tren correo de Valencia. Iba yo en un departamento de primer...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
El premio gordo
Cuento
Jacinto apuró el último sorbo de café que contenía la taza, chupó furiosamente su cigarro, y luego púsose a contarme la siguiente historia: I Conviértete en Dios y dale a un hombre todo el talento y la fortuna posibles en este mundo. De seguro que se alegrará mucho; pero la tal alegría no será ni un trasunto pálido de ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
El sapo
Cuento
Veraneaba yo en Nazaret -dijo el amigo Orduña-, un pueblecito de pescadores cercano a Valencia. Las mujeres iban a la ciudad a vender el pescado; los hombres navegaban en sus barquitas de vela triangular o tiraban de las redes en la playa; los veraneantes pasábamos el día durmiendo y la noche en la puerta de nuestras c...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
El último león
Cuento
Apenas se reunió la junta del respetable gremio de los blanquers en su capilla, inmediata a las torres de Serranos, el señor Vicente pidió la palabra. Era el más viejo de los curtidores de Valencia. Muchos maestros, siendo aprendices, le habían conocido igual que era ahora, con su bigote blanco en forma de cepillo, la ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
En el mar
Cuento
A las dos de la mañana llamaron a la puerta de la barraca. —¡Antonio! ¡Antonio! Y Antonio saltó de la cama. Era su compadre, el compañero de pesca, que le avisaba para hacerse, a la mar. Había dormido poco aquella noche. A las once todavía charlaba con Rufina, su pobre mujer, que se revolvía inquieta en la cama habland...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
En la boca del horno
Cuento
Como en Agosto Valencia entera desfallece de calor, los trabajadores del horno se asfixiaban junto a aquella boca, que exhalaba el ardor de un incendio. Desnudos, sin otra concesión a la decencia que un blanco mandil, trabajaban cerca de las abiertas rejas, y aun así, su piel inflamada parecía liquidarse con la transpi...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
En la puerta del Cielo
Cuento
Sentado en el umbral de la puerta de la taberna, el tío Beseroles, de Alboraya, trazaba con su hoz rayas en el suelo, mirando de reojo a la gente de Valencia que, en derredor de la mesilla de hojalata, empinaba el porrón y metía mano al plato de morcillas en aceite. Todos los días abandonaba su casa con el propósito de...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Golpe doble
Cuento
Al abrir la puerta de su barraca encontró Sènto un papel en el ojo de la cerradura… Era un anónimo destilando amenazas. Le pedían cuarenta duros y debía dejarlos aquella noche en el horno que tenía frente a su barraca. Toda la huerta estaba aterrada por aquellos bandidos. Si alguien se negaba a obedecer tales demandas,...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
¡Hombre al agua!
Cuento
Al cerrar la noche, salió de Torrevieja el laúd San Rafael, con cargamento de sal para Gibraltar. La cala iba atestada, y sobre cubierta amontonábanse los sacos, formando una montaña en torno del palo mayor. Para pasar de proa a popa, los tripulantes iban por las bordas, sosteniéndose con peligroso equilibrio. La noche...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
La barca abandonada
Cuento
Era la playa de Torresalinas, con sus numerosas barcas en seco, el lugar de reunión de toda la gente marinera. Los chiquillos, tendidos sobre el vientre, jugaban a la carteta a la sombra de las embarcaciones; y los viejos, fumando sus pipas de barro traídas de Argel, hablaban de la pesca o de las magníficas expedicione...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
La condenada
Cuento
Catorce meses llevaba Rafael en la estrecha celda. Tenía por mundo aquellas cuatro paredes de un triste blanco de hueso, cuyas grietas y desconchaduras se sabía de memoria; su sol era el alto ventanillo, cruzado por hierros; y del suelo de ocho pasos, apenas si era suya la mitad, por culpa de aquella cadena escandalosa...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
La corrección
Cuento
A las cinco, la corneta de la cárcel lanzaba en el patio su escandalosa diana, compuesta de sonidos discordantes y chillones, que repetían como poderoso eco las cuadras silenciosas, cuyo suelo parecía enladrillado con carne humana. Levantábanse de la almohada trescientas caras soñolientas, sonaba un verdadero concierto...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
La devoradora
Cuento
I Cuando entraba en el Casino de Montecarlo, los porteros la acogían con la misma reverencia que a los personajes célebres. Luego, mientras ella iba alejándose, hacían comentarios sobre el aspecto y los adornos de su persona. —Todavía le queda mucho que jugar. Las joyas que trae hoy no las habíamos visto nunca. Otros e...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
La paella del «roder»
Cuento
Fue un día de fiesta para la cabeza del distrito la repentina visita del diputado, un señorón de Madrid, tan poderoso para aquellas buenas gentes, que hablaban de él como de la Santísima Providencia. Hubo gran paella en el huerto del alcalde; un festín pantagruélico, amenizado por la banda del pueblo y contemplado por ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
La pared
Cuento
Siempre que los nietos del tío Rabosa se encontraban con los hijos de la viuda de Casporra en las sendas de la huerta o en las calles de Campanar, todo el vecindario comentaba el suceso. ¡Se habían mirado!… ¡Se insultaban con el gesto!… Aquello acabaría mal, y el día menos pensado el pueblo sufriría un nuevo disgusto. ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Lobos de mar
Cuento
Retirado de los negocios después de cuarenta años de navegación con toda clase de riesgos y aventuras, el capitán Llovet era el vecino más importante del Cabañal, una población de: casas blancas de un solo piso, de calles anchas, rectas y ardientes de sol, semejante a una pequeña ciudad americana. La gente de Valencia ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Noche servia
Cuento
Las once de la noche. Es la hora en que cierran sus puertas los teatros de París. Media hora antes cafés y restaurantes han echado igualmente su público a la calle. Nuestro grupo queda indeciso en una acera del bulevar, mientras se desliza en la penumbra la muchedumbre que sale de los espectáculos. Los faroles, escasos...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Primavera triste
Cuento
El viejo Tòfol y la chicuela vivían esclavos de su huerto, fatigado por una incesante producción. Eran dos árboles más, dos plantas de aquel pedazo de tierra—no mayor que un pañuelo, según decían los vecinos—, y del cual sacaban su pan a costa de fatigas. Vivían como lombrices de tierra, siempre pegados al surco, y la ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Sancha
Minicuento
El bosque parecía alejarse hacia el mar, dejando entre él y la Albufera una extensa llanura baja cubierta de vegetación bravía, rasgada a trechos por la tersa lámina de pequeñas lagunas. Era el llano de Sancha. Un rebaño de cabras guardado por un muchacho pastaba entre las malezas, y a su vista surgió en la memoria de ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Tristán el sepulturero
Cuento
I La luz agonizante de la tarde apenas si lograba disipar las espesas tinieblas que invadían la taberna del tío Corneja, maese carrilludo, panzudo y decidor, que, según la pública opinión, gozaba de la amistad de todos los perdidos de la villa que acudían a su establecimiento con preferencia a otros de la misma especie...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Un beso
Cuento
Esto ocurrió a principios de septiembre, días antes de la batalla del Marne, cuando la invasión alemana se extendía por Francia, llegando hasta las cercanías de París. El alumbrado empezaba a ser escaso, por miedo a los «taubes», que habían hecho sus primeras apariciones. Cafés y restoranes cerraban sus puertas poco d...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Un funcionario
Cuento
Tendido de espaldas en el camastro y siguiendo con vaga mirada las grietas del techo, el periodista Juan Yáñez, único huésped de la sala de políticos, pensaba que había entrado aquella noche en el tercer mes de su encierro. Las nueve… La corneta había lanzado en el patio las prolongadas notas del toque de silencio; en ...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Un idilio nihilista
Cuento
I Cuando Alejandro se despertó tuvo un ligero sobresalto. Abrió los ojos, incorporóse sobre la cama y contempló con asombro aquella estancia que le era desconocida. Poco a poco la realidad fue disipando las nieblas que el sueño había amontonado sobre su cerebro, y conoció que ya no se hallaba en el tren, sino en el cua...
Blasco Ibáñez, Vicente
España
1867-1928
Un silbido
Cuento
El entusiasmo caldeaba el teatro. ¡Qué debut! ¡Qué Lohengrin! ¡Qué tiple aquella! Sobre el rojo de las butacas destacábanse en el patio las cabezas descubiertas o las torres de lazos, flores y tules, inmóviles, sin que las aproximara el cuchicheo ni el fastidio; en los palcos silencio absoluto; nada de tertulias y conv...
Bloch, Robert
Estados Unidos
1917-1994
El vampiro estelar
Cuento
Casi todos los que ocupaban aquel vagón de tercera conocían a Marieta, una buena moza vestida de luto, que, con un niño de pechos en el regazo, estaba junto a una ventanilla, rehuyendo las miradas y la conversación de sus vecinas. Las viejas labradoras la miraban, unas con curiosidad y otras con odio, a través de las a...
Bloch, Robert
Estados Unidos
1917-1994
Un hombre con manías
Cuento
Confieso que sólo soy un simple escritor de relatos fantásticos. Desde mi más temprana infancia me he sentido subyugado por la secreta fascinación de lo desconocido y lo insólito. Los temores innominables, los sueños grotescos, las fantasías más extrañas que obsesionan nuestra mente, han tenido siempre un poderoso e in...
Böll, Heinrich
Alemania
1917-1985
Anécdota acerca del descenso de la moral de trabajo
Cuento
Serían más o menos las diez cuando salí del hotel. La noche era cálida y necesitaba beber algo. Era insensato probar en el bar del hotel porque el lugar era como un manicomio. La Convención de jugadores de bolos también lo había invadido. Bajando por la avenida Euclid tuve la impresión de que todo Cleveland estaba llen...
Böll, Heinrich
Alemania
1917-1985
Aquellos días en Odessa
Cuento
En un puerto de la costa occidental de Europa descansa, dormitando en su barca de pesca, un hombre pobremente vestido. Un grupo de turistas bien vestidos coloca una nueva película de color en su nuevo aparato fotográfico para retratar la idílica escena: cielo azul, verde mar con blancas y pacíficas crestas de olas, bar...
Böll, Heinrich
Alemania
1917-1985
El canalón
Minicuento
Hacía mucho frío en Odessa aquellos días. Cada mañana íbamos al aeropuerto en grandes y ruidosos camiones, por la carretera mal adoquinada. Allí esperábamos, muertos de frío, a los grandes pájaros grises que rodaban por el campo de aterrizaje. Pero los dos primeros días, ...
Böll, Heinrich
Alemania
1917-1985
El reidor
Cuento
Estuvieron despiertos mucho rato, fumando, mientras el viento se paseaba por la casa, arrancando pedazos de pared y haciendo caer piedras; del piso de arriba saltaban trozos de revoque que se estrellaban en la planta baja con estrépito. Él solo veía de la mujer una tenue silueta, un contorno rojizo, cada vez que se avi...
Böll, Heinrich
Alemania
1917-1985
La amada no enumerada
Cuento
Cuando me preguntan por mi oficio, siento gran confusión. Yo, al que todo el mundo considera un hombre de una gran seguridad, me pongo colorado y tartamudeo. Envidio a las personas que pueden decir: soy albañil. Envidio a los peluqueros, contables y escritores por la simplicidad de su confesión, pues todos estos oficio...
Böll, Heinrich
Alemania
1917-1985
La balanza de los Balek
Cuento
Ellos han remendado mis piernas y me han dado un puesto en que puedo estar sentado: cuento las gentes que pasan por el nuevo puente. Les da gusto atestiguar con número su habilidad, se embriagan con esa nada sin sentido de un par de cifras, y todo el día, todo el día, mar...
Böll, Heinrich
Alemania
1917-1985
También los niños son población civil
Cuento
En la tierra de mi abuelo, la mayor parte de la gente vivía de trabajar en las agramaderas1. Desde hacía cinco generaciones, pacientes y alegres generaciones que comían queso de cabra, papas y, de cuando en cuando, algún conejo, respiraban el polvo que desprenden al romperse los tallos del lino y dejaban que éste los f...
Bombal, María Luisa
Chile
1910-1980
El árbol
Cuento
-No puede ser -gruñó el centinela. -¿Por qué? -pregunté. -Porque está prohibido. -¿Por qué está prohibido? -Porque está prohibido, tú, está prohibido que los pacientes salgan. -Pero yo -dije con orgullo- soy un herido. El centinela me contempló despreciativo: -Seguro que es la primera vez que te hieren, si no ya sabría...
Bombal, María Luisa
Chile
1910-1980
La última niebla
Cuento
El pianista se sienta, tose por prejuicio y se concentra un instante. Las luces en racimo que alumbran la sala declinan lentamente hasta detenerse en un resplandor mortecino de brasa, al tiempo que una frase musical comienza a subir en el silencio, a desenvolverse, clara, estrecha y juiciosamente caprichosa. “Mozart, t...
Bombal, María Luisa
Chile
1910-1980
Las islas nuevas
Cuento
No me sabía tan blanca y tan hermosa. El agua alarga mis formas, que toman proporciones irreales. Nunca me atreví antes a mirar mis senos; ahora los miro. Pequeños y redondos, parecen diminutas corolas suspendidas sobre el agua. Me voy enterrando hasta la rodilla en una espesa arena de terciopelo. Tibias corrientes me ...
Bombal, María Luisa
Chile
1910-1980
Lo secreto
Cuento
Toda la noche el viento había galopado a diestro y siniestro por la pampa, bramando, apoyando siempre sobre una sola nota. A ratos cercaba la casa, se metía por las rendijas de las puertas y de las ventanas y revolvía los tules del mosquitero. A cada vez Yolanda encendía la luz, que titubeaba, resistía un momento y se ...
Bombal, María Luisa
Chile
1910-1980
Trenzas
Cuento
Sé muchas cosas que nadie sabe. Conozco del mar, de la tierra y del cielo infinidad de secretos pequeños y mágicos. Esta vez, sin embargo, no contaré sino del mar. Aguas abajo, más abajo de la honda y densa zona de tinieblas, el océano vuelve a iluminarse. Una luz dorada brota de gigantescas esponjas, refulgentes y ama...
Bontempelli, Massimo
Italia
1878-1960
África
Cuento
Porque día a día los orgullosos humanos que ahora somos, tendemos a desprendernos de nuestro limbo inicial, es que las mujeres no cuidan ni aprecian ya de sus trenzas. Positivas, ignoran al desprenderse de estas, ponen atajo a las mágicas corrientes que brotan del corazón mismo de la tierra. Porque la cabellera de la m...
Bontempelli, Massimo
Italia
1878-1960
Joven alma crédula
Cuento
Nunca he tenido una verdadera inclinación por el homicidio. Hasta ahora no he asesinado más que a mi amigo Amílcar, aunque, tras de mucho pensarlo, me parece que no fue una mala idea. Esto sucedió hace muchos años en la ciudad de Casablanca. Había ido a Casablanca a causa de una desilusión amorosa que me infirió una no...
Bontempelli, Massimo
Italia
1878-1960
La calle Bellovesi
Cuento
René Clamart me confía a Minnie para que le haga compañía durante media hora en el Quai del Louvre. Yendo por el Quai del Louvre, Minnie, de repente, se aparta de mi lado y escapa; allí está: ha corrido a plantarse extasiada ante una cisterna cuadrada de cristal que se exhibe en el exterior de una tienda de artículos d...
Bontempelli, Massimo
Italia
1878-1960
La iniquidad
Cuento
Una vez, mientras estaba en la plataforma de un tranvía de Milán, un individuo con barba gris, sombrero verde y aspecto de calabrés, fijó sobre mí sus blancos ojos de poseído y me dijo: —Le pido perdón, señor… Nunca hubiera imaginado que con aquellos ojos pudiera pronunciar una frase tan cortés. Olvidé mi primera impre...
Bontempelli, Massimo
Italia
1878-1960
La vuelta al mundo
Cuento
Hasta los dieciséis años y su primer suicidio, Santos no había tenido una idea y menos aún un sentimiento, así fuera confuso, de la desigualdad social. No conoció a sus padres. Nació casualmente, en el arroyo. Había cargado maletas, pedido limosna, juntado colillas de cigarro y recogido desperdicios. Sabía que con dos ...
Bontempelli, Massimo
Italia
1878-1960
Las llaves
Cuento
Una sola vez en la vida he firmado una letra de cambio. Yo era muy joven. La letra era pequeña: cien liras. Pero en aquel entonces, y en aquella edad, me parecía enorme. Y crecía; de día en día, a medida que se acercaba la fecha del vencimiento, iba en aumento la importancia de la suma y se acrecentaba el espanto en mi...
Bontempelli, Massimo
Italia
1878-1960
Para la historia del teatro danés
Cuento
1 Cómo hay que amar Nunca veraneo. Tendría que ir forzosamente a la montaña o al mar. Aborrezco la montaña. En cambio, siento por el mar un gran amor. No creo forjarme ilusiones juzgándome correspondido. Pero es precisamente por esto por lo que no admito que el mar pueda ser, en mi adoración, el sentimiento frívolo y v...
Bontempelli, Massimo
Italia
1878-1960
Sobre una locomotora
Cuento
Me hallaba en las cercanías de Copenhague, privado de todo medio de subsistencia, cuando tuve la feliz idea de pedir ayuda al rey de Dinamarca, el cual fundó inmediatamente un teatro dramático y me encargó la dirección. El teatro era hermoso, la compañía óptima y yo trabajaba furiosamente. Representábamos dramas antigu...
Borges, Jorge Luis
Argentina
1899-1986
Abel y Caín
Minicuento
Ignoro cómo me vino la idea de subir en una máquina de vapor a la carrera, al lado del maquinista. No me es posible describir esa máquina ni nuestra carrera. Todos los elementos –metal y calor, vapor, polvo y viento– se han mezclado en mi memoria, confusos y deshechos. Era un castillo de hierro y fuego. Durante algún t...
Borges, Jorge Luis
Argentina
1899-1986
Adrogué
Minicuento
Abel y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estr...
Borges, Jorge Luis
Argentina
1899-1986
Alguien soñará
Minicuento
Era muy lindo, un pueblo laberíntico. A veces, algunas noches de verano, salíamos mi padre, mi madre y yo a perdernos. Al principio nos costaba un poco de trabajo, pero luego nos perfeccionamos tanto que nos perdíamos enseguida. FIN