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Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Mi quepis | Cuento | —¿Una carta, tío Azam?
—Sí, señor… ésta viene de París.
¡Y poco orgulloso estaba el buen tío Azam de que ésta viniese de París! Yo no. Algo me decía que aquella parisiense de la calle de Juan Jacobo, al caer en mi mesa tan de improviso y tan temprano, iba a hacerme perder toda la mañana. No me equivoqué, y si no, vedlo... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Nostalgia del cuartel | Cuento | Lo he encontrado esta mañana, olvidado en el fondo de un armario, deteriorado por el polvo, desflecado en los bordes, oxidado en las cifras, descolorido y casi sin forma. Al verlo, no he podido reprimir una sonrisa:
-¡Hombre!, mi quepis1.
E, inmediatamente, he recordado aquel día de finales de otoño, cálido de sol y de... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Salvette et Bernadou | Cuento | Esta madrugada, cuando empezaba a alborear, me despierta con sobresalto un tremendo redoble de tambor… ¡Rataplán, rataplán!…
¿Qué es esto? ¡Un tambor en mis pinos, y a tales horas!… ¡Qué cosa más extraña!
Pronto, a prisa, me levanto y corro a abrir la puerta.
¡No veo a nadie! Cesó el ruido… De entre unas labruscas húme... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Un tenedor de libros | Cuento | I
Es víspera de Navidad en una gran ciudad de Baviera. Por las calles blanqueadas por la nieve, en la confusión de la niebla, el ruido de los coches y de las campanas, la gente se apretuja feliz, ante los asadores al aire libre, las barracas, los tenderetes. Rozando con un toque ligero las tiendas engalanadas y florida... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Una viudez de tórtola | Cuento | —¡Brr… qué niebla!… —dice el buen hombre al poner el pie en la calle.
Rápidamente, se levanta el cuello, ciñe la bufanda sobre la boca, y con la cabeza baja y las manos en los bolsillos de detrás, sale hacia el despacho silbando.
Sí, hay una densa niebla. En las calles no es demasiada; en el corazón de las grandes ciu... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Wood’stown | Cuento | Todo París recuerda aún el dolor que experimentó Mme de Sora cuando perdió a su marido. Detrás de aquella puerta tapizada de negro, de aquel luto parisino marcado con iniciales y blasonado, hubo una terrible desesperación de española con todas las exageraciones demostrativas de esos países, paganos a fuerza de ser cató... |
Dávila, Amparo | México | 1928-2020 | Alta cocina | Minicuento | El emplazamiento era soberbio para construir una ciudad. Bastaba nivelar la ribera del río, cortando una parte del bosque, del inmenso bosque virgen enraizado allí desde el nacimiento del mundo. Entonces, rodeada por colinas, la ciudad descendería hasta los muelles de un puerto magnífico, establecido en la desembocadur... |
Dávila, Amparo | México | 1928-2020 | Árboles petrificados | Cuento | Nacían en tiempo de lluvia, en las huertas. Escondidos entre las hojas, adheridos a los tallos, o entre la hierba húmeda. De allí los arrancaban para venderlos, y los vendían bien caros. A tres por cinco centavos regularmente y, cuando había muchos, a quince centavos la docena. En mi casa se compraban dos pesos cada se... |
Dávila, Amparo | México | 1928-2020 | El entierro | Cuento | Es de noche, estoy acostada y sola. Todo pesa sobre mí como un aire muerto; las cuatro paredes me caen encima como el silencio y la soledad que me aprisionan. Llueve. Escucho la lluvia cayendo lenta y los automóviles que pasan veloces. El silbato de un vigilante suena como un grito agónico. Pasa el último camión de med... |
Dávila, Amparo | México | 1928-2020 | El huésped | Cuento | Volvió en sí en un hospital, en un cuarto pequeño donde todo era blanco y escrupulosamente limpio, entre tanques de oxígeno y frascos de suero, sin poder moverse ni hablar, sin permiso de recibir visitas. Con la conciencia vino también la desesperación de encontrarse hospitalizado y de una manera tan estricta. Todos su... |
Dávila, Amparo | México | 1928-2020 | La señorita Julia | Cuento | Nunca olvidaré el día en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al regreso de un viaje.
Llevábamos entonces cerca de tres años de matrimonio, teníamos dos niños y yo no era feliz. Representaba para mi marido algo así como un mueble, que se acostumbra uno a ver en determinado sitio, pero que no causa la menor... |
Dazai, Osamu | Japón | 1909-1948 | El árbol de cerezo y el silbido mágico | Cuento | La señorita Julia, como la llamaban sus compañeros de oficina, llevaba más de un mes sin dormir, lo cual empezaba a dejarle huellas. Las mejillas habían perdido aquel tono rosado que Julia conservaba, a pesar de los años, como resultado de una vida sana, metódica y tranquila. Tenía grandes y profundas ojeras y la ropa ... |
Dazai, Osamu | Japón | 1909-1948 | El gorrión de la lengua cortada | Cuento | Hay algo de lo que siempre me acuerdo cada vez que llega la época del año en la que las flores de cerezo caen y empiezan a brotar sus hojas. Ocurrió hace treinta y cinco años, cuando mi padre estaba todavía vivo. Toda mi familia, no, espera, mi madre ya había fallecido: había sido siete años atrás, cuando yo tenía trec... |
Dazai, Osamu | Japón | 1909-1948 | El lobanillo desaparecido | Cuento | Me planteé estos Cuentos de cabecera como un humilde solaz que pudiera ofrecer para el escaso tiempo libre de aquellos que están luchando con todas sus fuerzas para sacar al país de la difícil situación en que se encuentra. Una especie de sencillo juguete que pudiera servir para el caso, y por eso, aunque últimamente s... |
Dazai, Osamu | Japón | 1909-1948 | Esperando | Minicuento | Érase una vez, hace mucho tiempo,
un anciano que tenía un gran lobanillo que colgaba
de su mejilla derecha, y que le causaba enormes molestias…
Este anciano vivía a los pies del monte Tsurugi en la provincia de Awa, en la isla de Shikoku. Por lo menos, eso es lo que parece, aunque no hay ningún fundamento concreto para... |
Dazai, Osamu | Japón | 1909-1948 | La historia de Urashima | Cuento | Todos los días voy a la pequeña estación de tren a buscar a alguien. Quién es ese alguien, no lo sé.
Siempre paso por ahí después de hacer las compras en el mercado. Me siento en una fría banca, pongo la cesta de las compras sobre mis rodillas, y miro abstraídamente hacia los molinetes. Cada vez que llega un tren, una ... |
Dazai, Osamu | Japón | 1909-1948 | La montaña Kachi-kachi | Cuento | Al parecer, Taro Urashima fue un personaje real que nació en un lugar llamado Mizunoe, en la provincia de Tango, que es el nombre que tenía la parte norte de la actual prefectura de Kioto. He oído decir que, en una de esas frías aldeas de la costa norte de esa zona, todavía existe un templo sintoísta dedicado a Taro. P... |
Defoe, Daniel | Inglaterra | 1659-1731 | El Diablo y el relojero | Cuento | El conejo de la historia de La montaña Kachi-kachi es una jovencita, y el tanuki que saborea la miserable derrota, un tipo feo enamorado de ella. Creo que esta es una verdad imponente sobre la que no cabe la más mínima duda. Se nos dice que se trata de un suceso acaecido en la región de Koshu, en las márgenes del lago ... |
Defoe, Daniel | Inglaterra | 1659-1731 | El fantasma provechoso | Cuento | Viva en la parroquia de San Bennet Funk, cerca del Mercado Real, una honesta y pobre viuda quien, después de morir su marido, tomó huéspedes en su casa. Es decir, dejó libres algunas de sus habitaciones para aliviar su renta. Entre otros, cedió su buhardilla a un artesano que hacía engranajes para relojes y que trabaja... |
Delibes, Miguel | España | 1920-2010 | El amor propio de Juanito Osuna | Cuento | Un caballero rural tenía una vieja casa que era todo lo que quedaba de un antiguo monasterio o convento derruido, y resolvió demolerla aunque pensaba que era demasiado el gusto que esa tarea implicaría. Entonces pensó en una estratagema, que consistía en difundir el rumor de que la casa estaba encantada, e hizo esto co... |
Delibes, Miguel | España | 1920-2010 | El otro hombre | Cuento | Eso sí, Juanito Osuna es amigo de sus amigos; créame, es un tipo estupendo. Le contaría de él y no acabaría. Juanito Osuna se entera en París de que uno está en un aprieto en Madrid y se coge el primer avión. Eso, fijo. Nada le digo en lo tocante a dinero. Ya de chico era igual. Mi amistad con Juanito Osuna viene desde... |
Delibes, Miguel | España | 1920-2010 | El pueblo en la cara | Cuento | Si nevaba en la ciudad, se originaba, en cada esquina, un próximo riesgo de romperse la crisma. La nieve caída y pisoteada se endurecía con la helada nocturna y las calles se transformaban en unas pistas relucientes y vítreas, más apropiadas para patinar que para transitar por ellas. Para los chicos, el acontecimiento ... |
Delibes, Miguel | España | 1920-2010 | La grajilla | Cuento | Cuando yo salí del pueblo, hace la friolera de cuarenta y ocho años, me topé con el Aniano, el Cosario, bajo el chopo del Elicio, frente al palomar de la tía Zenona, ya en el camino de Pozal de la Culebra. Y el Aniano se vino a mí y me dijo: «¿Dónde va el Estudiante?». Y yo le dije: «¡Qué sé yo! Lejos». «¿Por tiempo?»,... |
Delibes, Miguel | España | 1920-2010 | La mortaja | Cuento | Al llamar a la grajilla, al cuco y al cárabo pájaros de cuenta no quiero decir que sean malos. No hay pájaros buenos ni malos. Las aves actúan por instinto, obedecen a las leyes naturales, aunque, a los ojos de los hombres, algunas de sus acciones puedan parecer buenas y otras reprobables. Por ejemplo, el comportamient... |
Delibes, Miguel | España | 1920-2010 | Navidad sin ambiente | Cuento | El valle, en rigor, no era tal valle sino una polvorienta cuenca delimitada por unos tesos blancos e inhóspitos. El valle, en rigor no daba sino dos estaciones: invierno y verano y ambas eran extremosas, agrias, casi despiadadas. Al finalizar mayo comenzaba a descender de los cerros de greda un calor denso y enervante,... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | A la salida del Infierno | Minicuento | -Ella nunca ponía el Niño de esa manera -dijo Chelo al sentarse a la mesa.
-Es lo mismo; cámbialo. Ni me di cuenta.
Cati se pasó delicadamente las manos por las mejillas sofocadas.
-Sentaos -dijo.
Raúl y Tomás hablaban junto a la chimenea.
Dijo Chelo:
-Mujer, es lo mismo. El caso es que el Niño presida, ¿no?
La silla c... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Adán y Eva | Minicuento | -Dante: Adiós, dulce maestro.
-Virgilio: ¡Cómo! ¿Y el Purgatorio? ¿Y el Paraíso?
-Dante: ¡Para qué! Quien conoció el Infierno ya no tiene ningún interés en el Purgatorio. Y respecto al Paraíso, sabe que es la ausencia de infierno.
FIN |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Catequesis | Minicuento | Recordando lo que él hizo con el amor de Dios, Adán siempre recelará del amor de Eva.
FIN |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Crueldad de Cervantes | Minicuento | -El hombre -enseñó el Maestro- es un ser débil.
-Ser débil -propagó el apóstol- es ser un cómplice.
-Ser cómplice -sentenció el Gran Inquisidor- es ser un criminal.
FIN |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Cuento de horror | Minicuento | En el primer párrafo del Quijote dice Cervantes que el hidalgo vivía con un ama, una sobrina y un mozo de campo y plaza. A lo largo de toda la novela este mozo espera que Cervantes vuelva a hablar de él. Pero al cabo de dos partes, ciento veintiséiscapítulos y más de mil páginas la novela concluye y del mozo de campo y... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Cuento policial | Minicuento | La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses) resolvió matar a su marido, no por nada sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio. Se lo dijo:
-Thaddeus, voy a matarte.
-Bromeas, Euphemia -se rió el infeliz.
-¿Cuándo he bromeado yo?
-Nunca, es verdad.
-¿Por q... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Desastroso fin de los tres Reyes Magos | Minicuento | Rumbo a la tienda donde trabajaba como vendedor, un joven pasaba todos los días por delante de una casa en cuyo balcón una mujer bellísima leía un libro. La mujer jamás le dedicó una mirada. Cierta vez el joven oyó en la tienda a dos clientes que hablaban de aquella mujer. Decían que vivía sola, que era muy rica y que ... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Descenso a los infiernos de la imaginación | Cuento | Camino de regreso a sus tierras, los tres Reyes Magos oyeron a sus espaldas el clamor de la Degollación. Más de una madre corrió tras ellos, los alcanzó y los maldijo. De todos modos la noticia se propagó velozmente. Marcharon entre puños crispados y sordas recriminaciones de hombres y mujeres. En una encrucijada viero... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Don Quijote cuerdo | Minicuento | Usted se comprometió a escribir un cuento, un cuento de amor, de diez carillas, y a entregarlo, listo para su publicación en Quimeras, el lunes próximo. Hoy es el viernes anterior a ese lunes y usted, del cuento, todavía no ha escrito una línea. No se le ocurre nada, ningún argumento, ni siquiera un personaje suelto. ... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Dulcinea del Toboso | Minicuento | El único momento en que Sancho Panza no dudó de la cordura de don Quijote fue cuando lo nombraron (a él, a Sancho) gobernador de la ínsula Barataria.
FIN |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Eine kleine nachtmusik | Cuento | Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchuelo y de Francisca Nogales. Como hubiese leído novelas de caballería, porque era muy alfabeta, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen y le besaran la mano, se creía j... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | El amor es crédulo | Minicuento | Tiempo atrás el edificio estaba habitado por familias de posición acomodada. Después, uno tras otro, los departamentos fueron alquilados a agentes de Bolsa,a empresas financieras, a despachantes de aduana. Pero Henriette y Leopoldina von Wels no quisieron mudarse. A la noche ellas y Hildstrut, la vieja criada húngara, ... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | El diablo | Cuento | De regreso en Ítaca, Odiseo cuenta sus aventuras desde que salió de Troya incendiada. Solo obtiene sonrisas irónicas. La misma Penélope, su mujer, le dice en un tono indulgente: “Está bien, está bien. Ahora haz descansar tu imaginación y trata de dormir un poco”. Odiseo, enfurruñado, se levanta y se va a caminar por lo... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | El emperador de China | Minicuento | Giovanni Papini (Il Diavolo, Florencia, 1958) ha pasado revista a todas las teorías y a todas las hipótesis sobre el Diablo. Me llama la atención que omita (o ignore) el librito de Ecumenio de Tracia (317?-circa 390) titulado De natura Diaboli.
Se trata, no obstante, de un estudio de demonología cuya concisión no obsta... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | El eterno militar | Minicuento | Cuando el emperador Wu Ti murió en su vasto lecho, en lo más profundo del palacio imperial, nadie se dio cuenta. Todos estaban demasiado ocupados en obedecer sus órdenes. El único que lo supo fue Wang Mang, el primer ministro, hombre ambicioso que aspiraba al trono. No dijo nada y ocultó el cadáver. Transcurrió un año ... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | El maestro traicionado | Minicuento | Después de la batalla (de Quebracho Herrado) me acuerdo que el coronel dio orden de enterrar a los muertos. El sargento Saldívar y ocho soldados se encargaron de la macabra operación. Me acuerdo que le dije a Saldívar: “Pero oiga, sargento, que algunos no están muertos y ustedes los entierran lo mismo. Escúcheles queja... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | El nunca correspondido amor de los fuertes por los débiles | Minicuento | Se celebraba la última cena.
—¡Todos te aman, oh Maestro! –dijo uno de los discípulos.
—Todos no —respondió gravemente el Maestro—. Conozco a alguien que me tiene envidia y, en la primera oportunidad que se le presente, me venderá por treinta dineros.
—Ya sé a quién aludes –exclamó el discípulo—. También a mí me habló ... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | El peligro amarillo | Minicuento | Hasta el fin de sus días Perseo vivió en la creencia de que era un héroe porque había matado a la Gorgona, a aquella mujer terrible cuya mirada, si se cruzaba con la de un mortal, convertía a este en una estatua de piedra. Pobre tonto. Lo que ocurrió fue que Medusa, en cuanto lo vio de lejos, se enamoró de él. Nunca le... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | El precursor de Cervantes | Minicuento | Nos dicen que los chinos tienen la piel amarilla, pero nunca hemos visto un hombre con la piel del color del limón maduro o de la yema del huevo. Se nos dice que los chinos suman miles de millones, pero nadie los ha contado uno por uno. Se nos asegura que los chinos hablan en chino, pero jamás hemos oído que alguien ha... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | ¿El primer cuento de kafka? | Minicuento | Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchelo, sastre, y de su mujer Francisca Nogales. Como hubiese leído numerosísimas novelas de estas de caballería, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar doña Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen, la tratasen... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | El ruiseñor | Minicuento | Entre 1895 y 1901 medió la existencia de la revista literaria Der Wanderer (El viajero), que en idioma alemán se editó en Praga bajo la dirección de Otto Gauss y Andrea Brezina. El número correspondiente a diciembre de 1896 incluye (pág. 7) un cuento titulado “El juez”, cuyo autor oculta o deja entrever su nombre detrá... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | El trabajo N° 13 de Hércules | Minicuento | Todas las noches, desde el crepúsculo hasta el alba, resonaba en el bosque el canto del ruiseñor.
El rey lo oía desde su palacio.
—Más precioso es ese ruiseñor que todos mis tesoros –decía el rey, y suspiraba.
Todas las noches, desde el crepúsculo hasta el alba, el ruiseñor cantaba en lo más profundo del bosque.
El rey... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Epidemia de Dulcineas en el Toboso | Cuento | Según el apócrifo Apolodoro de la Biblioteca, “Hércules se hospedó durante cincuenta días en casa de un tal Tespio, quien era padre de cincuenta hijas a todas la cuales, una por una, fue poniendo en el lecho del héroe porque quería que este le diese nietos que heredasen su fuerza. Hércules, creyendo que eran siempre la... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Epílogo de las ilíadas | Minicuento | El peligro está en que, más tarde o más temprano, la noticia llegue al Toboso.
Llegará convertida en la fantástica historia de un joven apuesto y rico que, perdidamente enamorado de una dama tobosina, ha tenido la ocurrencia (para algunos, la locura) de hacerse caballero andante. Las versiones, orales y disímiles, dirá... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Esquina peligrosa | Minicuento | Desde el alcázar del palacio lo vio llegar a Ítaca de regreso de la guerra de Troya. Habían pasado treinta años desde su partida. Estaba irreconocible, pero ella lo reconoció.
—Tú —le dice a una muchacha—, siéntate en mi silla e hila en mi rueca—. Y ustedes —añade, dirigiéndose a los jóvenes—, finjan ser los pretendien... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Génesis | Minicuento | El señor Epidídimus, el magnate de las finanzas, uno de los hombres más ricos del mundo, sintió un día el vehemente deseo de visitar el barrio donde había vivido cuando era niño y trabajaba como dependiente de almacén.
Le ordenó a su chofer que lo condujese hasta aquel barrio humilde y remoto. Pero el barrio estaba tan... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Génesis, 2 | Minicuento | Con la última guerra atómica, la humanidad y la civilización desaparecieron. Toda la tierra fue como un desierto calcinado. En cierta región de Oriente sobrevivió un niño, hijo del piloto de una nave espacial. El niño se alimentaba de hierbas y dormía en una caverna. Durante mucho tiempo, aturdido por el horror del des... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Historia fantástica | Minicuento | Imaginad que un día estalla una guerra atómica. Los hombres y las ciudades desaparecen. Toda la tierra es como un vasto desierto calcinado. Pero imaginad también que en cierta región sobreviva un niño, hijo de un jerarca de la civilización recién extinguida. El niño se alimenta de raíces y duerme en una caverna. Durant... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | In paradisum | Minicuento | Cuenta fray Jerónimo de Zúñiga, capellán de la prisión del Buen Socorro, en Toledo, que el 7 de junio de 1691 un marinero natural de las Indias Occidentales, de nombre Pablillo Tonctón o Tunctón, de raza negra, condenado al auto de fe por brujo y otros crímenes contra Dios, se evadió de la cárcel y de ser quemado vivo ... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Justificación de la mujer de Putifar | Minicuento | Dios debe disponer que periódicamente los santos y los bienaventurados abandonen por una temporada el Paraíso, pues de lo contrario no saben u olvidan que viven en el Paraíso, empiezan a imaginar otro Paraíso por su cuenta, en comparación el Paraíso les parece muy inferior, una especie de caricatura, eso los pone melan... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La anunciación al traidor | Cuento | ¡Qué destino: Putifar eunuco, y José casto!
FIN |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La bella durmiente del bosque y el príncipe | Minicuento | Desplegué todas las posibilidades del pecado, hasta agotarlas. Entonces toqué fondo, sentí náuseas. La vida oscila incesantemente entre la bestia y el ángel. Al tiempo de la carne sucede el tiempo del espíritu. Hay una hora para rezar, una hora para cantar, otra para reír y otra para comer y una última para llorar. Per... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La cicatriz | Cuento | La Bella Durmiente cierra los ojos pero no duerme. Está esperando al príncipe. Y cuando lo oye acercarse, simula un sueño todavía más profundo. Nadie se lo ha dicho, pero ella lo sabe. Sabe que ningún príncipe pasa junto a una mujer que tenga los ojos bien abiertos.
FIN |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La hormiga | Minicuento | Según Gustav Büscher (El libro de los misterios, Barcelona, 1961) el arqueólogo alemán Hilprecht descifró los caracteres cuneiformes inscriptos en dos piedras que desenterró de las ruinas de Nippur, Babilonia, gracias a un sueño revelador: en ese sueño, un sacerdote, luego de aclararle que las piedras eran las dos mita... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La inmolación por la belleza | Minicuento | Un día las hormigas, pueblo progresista, inventan el vegetal artificial. Es una papilla fría y con sabor a hojalata. Pero al menos las releva de la necesidad de salir fuera de los hormigueros en procura de vegetales naturales. Así se salvan del fuego, del veneno, de las nubes insecticidas. Como el número de las hormiga... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La memoria, esa incomodidad | Minicuento | El erizo era feo y lo sabía. Por eso vivía en sitios apartados, en matorrales sombríos, sin hablar con nadie, siempre solitario y taciturno, siempre triste, él, que en realidad tenía un carácter alegre y gustaba de la compañía de los demás. Sólo se atrevía a salir a altas horas de la noche y, si entonces oía pasos, ráp... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La mujer ideal no existe | Minicuento | Se encontraron por un capricho del azar. No se conocían, pero les bastó mirarse para caer fulminados por lo que en Sicilia llaman el rayo del amor. Sin pronunciar una palabra corrieron al lecho (al de ella, que estaba siempre pronto) y se lanzaron el uno contra el otro como los pugilistas en el gimnasio.
A la mañana si... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La mujer ideal para el perfecto machista | Minicuento | Sancho Panza repitió, palabra por palabra, la descripción que el difunto don Quijote le había hecho de Dulcinea.
Verde de envidia, Dulcinea masculló:
-Conozco a todas las mujeres del Toboso. Y le puede asegurar que no hay ninguna que se parezca ni remotamente a esa que usted dice.
FIN |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La reina virgen | Minicuento | Testigos dignos de fe aseguran que jamás hubo una mujer tan libidinosa como Onfalia, la difunta reina de Lidia. Varias veces por noche cambiaba de amante, escogiéndolo entre hombres, mujeres, niños, eunucos, esclavos y animales, y con cada amante modificaba los procedimientos de su depravación. Finalmente se le dio por... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La soledad | Minicuento | He sabido que Isabel I de Inglaterra fue un hombre disfrazado de mujer. El trasvestismo se lo impuso la madre, Ana Bolena, para salvar a su vástago del odio de los otros hijos de Enrique VIII y de las maquinaciones de los políticos. Después ya fue demasiado tarde y demasiado peligroso para descubrir la superchería. Exa... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | La virginidad escasea | Minicuento | Dispuesto a convertirse en el primer orador de la ciudad, se encerró en su casa y a solas, durante muchos años, practicó el arte de la oratoria. Pulía cada frase, cada inflexión de la voz, cada silencio. Ensayaba ademanes, gestos, pasos. Era capaz de repetir una y mil veces un vocablo hasta que el sonido alcanzase la p... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Las vírgenes prudentes | Minicuento | Los lapitas pusieron sitio a Dodoma y exigieron, para levantarlo, que les cediesen por una noche todas las vírgenes de la ciudad. La cruel exigencia fue aceptada. A la noche llegó al campamento de los sitiadores una tropa de niñas impúberes, la mayor de las cuales no tendría más de ocho años. Comprendiendo que se trata... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Los animales en el arca | Minicuento | Requerida de amores por un pastor y por el rey Salomón, la Sulamita no duda. Alguna boba, borracha de romanticismo, habría elegido al pastor y, transcurrida la luna de miel, hubiese empezado a soñar con el rey Salomón. Ese sueño dorado terminaría por estropearle la vida junto al pastor. En cambio la Sulamita opta por e... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Los ardides de la impotencia | Minicuento | Sí, Noé cumplió la orden divina y embarcó en el arca un macho y una hembra de cada especie animal. Pero durante los cuarenta días y cuarenta noches del diluvio, ¿qué sucedió? Las bestias, ¿resistieron las tentaciones de la convivencia y del encierro forzoso? Los animales salvajes, las fieras de los bosques y de los des... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Los silencios de Lanzarote y Ginebra | Minicuento | Quizá Dulcinea exista, pero don Quijote le hace creer a Sancho lo contrario porque es incapaz de amar a una mujer de carne y hueso.
FIN
1984
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Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Otra versión | Minicuento | Cada noche se entendían a la perfección, sin necesidad de hablar, en un diálogo mudo que, no obstante, era más rico y más sabio que las peroratas de todos los sabios de todos los tiempos.
Cada día ella se decía: “¿Cómo se puede soportar a ese bruto que lo único que sabe hacer es discutir con sus amigotes sobre guerras,... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Pensamientos del señor Perogrullo | Minicuento | Ninguno, entre los discípulos, amó a Jesús con la devoción, con el fanatismo, con la fidelidad de perro con que lo amó Judas. Pero ahí estaba precisamente la mácula de su amor: en la falta de vuelo. Lo amaba con amor burgués, doméstico, de rienda corta. Nada de aventuras, nada de peligros, nada de correr riesgos inútil... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Pesca de sirenas | Minicuento | Pobre pero honrado. ¿No deberían decirlo los ricos? Rico pero honrado.
FIN |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Proposición sobre las verdaderas causas de la locura de don Quijote | Minicuento | Hundir el barco hasta el fondo del mar, si es preciso, hasta que la quilla repose sobre la negra arena del fondo, en medio de la oscuridad y del silencio. Se corre el riesgo de que el navío no vuelva más a flote. Pero si vuelve, en su arboladura, enredadas en las jarcias, habrá sirenas.
FIN |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Realismo femenino | Minicuento | Don Quijote, enamorado como un niño de Dulcinea del Toboso, iba a casarse conella. Las vísperas de la boda, la novia le mostró su ajuar, en cada una de cuyas piezas había bordado su monograma. Cuando el caballero vio todas aquellasprendas íntimas marcadas con las tres iniciales atroces, perdió la razón.
FIN
1966
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Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Schehrasad en la noche 1002 | Minicuento | Teresa Panza, la mujer de Sancho Panza, estaba convencida de que su marido era un botarate porque abandonaba hogar y familia para correr locas aventuras en compañía de otro aún más chiflado que él. Pero cuando a Sancho lo hicieron (en broma, según después se supo) gobernador de Barataria, Teresa Panza infló el buche y ... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Silencio de sirenas | Minicuento | De noche, contar cuentos. De día, imaginarlos. Así vivió Schehrasad los tres primeros años de su matrimonio con el rey Schariar. Al cabo de esos tres años se la veía macilenta, ojerosa, hacina. Tenía los ojos enrojecidos. Sus pechos eran como pasas de uva. Sus caderas, semejantes otrora a dos alfaques, parecían un par ... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | The male animal | Minicuento | Cuando las Sirenas vieron pasar el barco de Ulises y advirtieron que aquellos hombres se habían tapado las orejas para no oírlas cantar (¡a ellas, las mujeres más hermosas y seductoras!) sonrieron desdeñosamente y se dijeron: ¿Qué clase de hombres son estos que se resisten voluntariamente a las Sirenas? Permanecieron, ... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Una impostura del señor Perogrullo | Minicuento | Sentada a la sombra de un sicomoro, Rukmini, la hermosa, espera a Krishna, el fuerte.
Se oyen los pasos de Krishna.
Rukmini dice: Krishna es un dios pero prefiere ser mi amante. Krishna podría, si quisiese, recorrer los confines del mundo, pero viene hacia mí. Krishna sabe tensar la cuerda del arco y con sus flechas ma... |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | Verídica crónica de Juana la Loca y de Felipe el Hermoso | Cuento | Nadie podrá cazar al dragón: visto de cerca, el dragón ya no es dragón.
FIN |
Denevi, Marco | Argentina | 1922-1998 | “Veritas odium parit” | Minicuento | Doña Juana, hija de los Reyes Católicos, había heredado de su abuela materna doña Isabel de Portugal el arrebato fantasioso y la ensoñación lunática, y de su otra abuela, doña Juana Enríquez, cuyo nombre de pila llevaba, la terquedad de mula. De ambas vertientes de la sangre vino a resultar una doncella tan empecinada ... |
Devaulx, Noël | Francia | 1905-1995 | Alrededores de la ausencia | Cuento | Traedme el caballo más veloz -pidió el hombre honrado-. Acabo de decirle la verdad al rey.
FIN |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | Bagazo | Cuento | Estaba leyendo en el quiosco chino cuando un campanilleo tan leve que habría podido creerse un engaño del viento me hizo dejar a un lado el libro y aguardar una confirmación. Y en efecto, luego se oyó un segundo llamado, aún más incierto y menos diverso de los ruidos del campo. Salí del pabellón echando pestes contra e... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | Don Fruto Torres | Cuento | Puñal negro clavado en el corazón de la tierra. Llama verde ondulante de cañaveral.
Los brazos de ébano en cruz sobre el pecho. Fulgentes los ojos venosos de ira. El negro Domingo a la puerta de su mediagüita fija la mirada en el penacho de nubes pardas que trenza en el azul la enhiesta chimenea centralina. Y muele en ... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | Don Goyito | Cuento | Aún me parece verlo: la cara huesuda, rugosa, a la cual se adhería flojamente la barba rala y atónica. Una racha de pelo hirsuto le asomaba en desgano por la pava raída. La ropa suelta al viento, crucificada de remiendos como su vida. Y aquellos sus ojos claros y serenos, en cuyas aguas tersas la muerte dibujaba su faz... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | Don Rafa, caballero del machete | Cuento | ¡Pobre don Goyito!… ¡Cómo se me ha calado hasta los huesos ese campesino paliducho de mi barrio Yaurel! Cada palabra que brota de mis labios es para él un templo de verdades.
—Mister, usté que es un hombre de letras, desplíqueme esto.
Y acepta mis divagaciones y asertos como postulados incuestionables. Paradójico y tod... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | El boliche | Cuento | Este mi amigo don Rafa es un hombre bueno. ¿Qué más puede decirse de un hombre? Es humilde y manso como el buey viejo. ¿Y acaso el reino de los cielos no es de los humildes y de los mansos? La pobreza, empero, no le resta bizarría al gesto hidalgo. Lleva el harapo como quien viste de púrpura.
Mi amigo es del campo. La ... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | El cuento del baquiné | Cuento | Un viento seco hacía ondular los paños blancos del semillero. La tierra —labios de moribundo sediento— aguardaba implorante la limosna de lágrimas del cielo. En la inclemencia azul ni una nube presajera de lluvia. Surcos abiertos como una esperanza. Rostros sombríos como una desilusión.
—No hay cuenta con los soles —me... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | El entierrito | Cuento | Fue en mi inolvidable barrio Yaurel, camino del Palmarejo, carne negra y alma blanca. A la sombra del “jumazo” de la central una humanidad doliente, quemada por el sol canicular, gime penas de esclavo. Canto de “olé” al medio día, lento y quejumbroso, y mientras la paja crepita bajo el peso de acero del sol cenital, lo... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | El fruto | Cuento | Hace unos días contemplé este cuadro típico de Puerto Rico. Venía por la carretera un campesino con la cajita blanca de un muertecito en la cabeza. Encima de la blanca cajita unas mustias y chillonas flores silvestres. Caía una leve, menuda y persistente llovizna, “flor de tigüero” que con elevada intuición poética la ... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | El gesto de la abuela | Cuento | El arado rasga la entraña negra y pródiga. Tello el timonero azuza los bueyes: —Ceja, Careto; joise, buey Sombra. La voz destemplada azota en chasquido el riscal bermejo. Los bueyes clavan en el toldo del cielo la media luna de astas nacaradas. Las manos callosas se fijan tenaces en los mangos secos del arado guiando e... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | El Josco | Cuento | Cuesta arriba, caminito entre robledales, como una herida en la carne verde del cañaveral. Caminito del re cuerdo que me conduce a una blanca casita, señera, sobre la loma que domina el dulce valle del Toa. Se alarga el caminito como una pena y se achica y muere junto a la blanca casita del viejo aljibe.
Aljibe bajo el... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | El pitirre (guatibirí) | Cuento | Sombra imborrable del Josco sobre la loma que domina el valle del Toa. La cabeza erguida, las aspas filosas estoqueando el capote en sangre de un atardecer luminoso. Aindiado, moreno, la carrilluda en sombras, el andar lento y rítmico. La baba gelatinosa le caía de los belfos negros y gomosos, dejando en el verde enjoy... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | La receta del curioso | Cuento | El filo esmeralda de la palma real, que apuñala un cielo azul cobalto, remata la pequeña y esbelta figura del pitirre.
Recuerdo que en esa cruel inconsciencia de la niñez mi predilección en las cacerías de honda lo era el valeroso y altivo pitirre.
El negro y lustroso mozambique de ojos cerúleos era cobarde y esquivo a... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | Peyo Mercé enseña inglés | Cuento | La Juana me envió una razón para que fuera a ver a don Pedro que estaba muy malo. El mismo cuadro de siempre. La boca negra del bohío que se abría a la muerte.
—Dentri místel, perdone que lo jaya mandao a bus car, pero es que el Peyo está muy malo, como “yendo y viniéndose”. Y en el fondo oscuro del cuarto sin ventilac... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | Santa Clo va a La Cuchilla | Cuento | Tras el comentado episodio de la introducción de Santa Claus en La Cuchilla se recrudeció la animosidad prevaleciente entre Peyo Mercé y el supervisor Rogelio Escalera. Este, mediante carta virulenta y en términos drásticos, ordenaba al viejo maestro que redoblase sus esfuerzos y enseñase a todo trance inglés: “so pena... |
Díaz Alfaro, Abelardo | Puerto Rico | 1919-1999 | Trasplante y desplante | Cuento | El rojo de una bandera tremolando sobre una bambúa señalaba la escuelita de Peyo Mercé. La escuelita tenía dos salones separados por un largo tabique. En uno de esos salones enseñaba ahora un nuevo maestro: Mister Johnny Rosas.
Desde el lamentable incidente en que Peyo Mercé lo hizo quedar mal ante Mr. Juan Gymns, el s... |
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | A través del muro | Minicuento | Peyo Mercé hacía cosa de veinte años que trabajaba de maestro en el barrio La Cuchilla. No sabía lo que era un ascenso.
Solo le afincaba al magisterio la satisfacción íntima de estar realizando una labor meritoria, y el cariño y admiración que le profesaban los compadres. Había sembrado mucha idea, mucha moral y mucha ... |
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | Caín | Cuento | Está tirado en el suelo, aplastado contra la negruzca tierra ardiente. Apoya la barbilla en el vértice que forma su brazo izquierdo doblado en ángulo. Con la mano derecha empuña, firmemente aún, el fusil que descansa a su lado. Hace mucho tiempo que está allí, inmóvil, tenso, con los ojos fijos en la estrecha abertura ... |
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | Catatónico | Minicuento | El mensajero de la oficina colocó la tarjeta sobre el escritorio, Vicente la miró distraídamente y la rodó hacia un lado con el dorso de la mano, concentrándose de nuevo en la lectura del documento que tenía enfrente. Aunque había posado por un instante los ojos sobre las letras impresas en la pequeña cartulina, su sig... |
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