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Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | Karain: un recuerdo | Cuento | Solo en un país puede ocurrir una historia como esta y ese país es Inglaterra, porque aquí los hombres y el mar viven, por decirlo así, compenetrados: el mar está presente en la mayoría de los hombres, que lo saben todo o casi todo sobre él, ya sea como modo de diversión, como vía de transporte o porque es la fuente de... |
Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | La bestia | Cuento | I
Lo conocimos en aquella época imprevisible en la que nos contentábamos con mantener la vida y las posesiones. Ninguno de nosotros, hasta donde yo sé al menos, tiene ya propiedad alguna y sé que muchos han perdido negligentemente sus vidas, pero estoy seguro de que a los pocos que sobrevivieron no les falla tanto la ... |
Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | La laguna | Cuento | Entré en el bar de Las Tres Cornejas huyendo de la tormenta que estaba descargando en la calle e intercambié una mirada y una sonrisa con la señorita Blank, un intercambio que se produjo con el máximo decoro. Asusta pensar que la señorita Blank, si es que vive todavía, habrá traspasado ya los sesenta. ¡Cómo vuela el ti... |
Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | La posada de las dos brujas | Cuento | El hombre blanco, apoyado con los dos brazos sobre el techo de popa, le comentó al timonel:
—Pasaremos la noche en el claro de Arsat. Es tarde.
El malayo gruñó sin más y permaneció con la mirada fija en el río. El hombre blanco apoyó la barbilla y contempló la estela. Al final de la recta avenida selvática dividida por... |
Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | Los idiotas | Cuento | Este relato, episodio, experiencia —como ustedes quieran llamarlo— fue narrado en la década de los cincuenta del pasado siglo por un hombre que, según su propia confesión, tenía en esa época sesenta años. Sesenta años no es mala edad a menos que la veamos en perspectiva, cuando, sin duda, la mayoría de nosotros la cont... |
Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | Mañana | Cuento | Íbamos de camino desde Tréguier a Kervanda. Avanzamos a trote ligero entre los setos que quedaban sobre los cortados de arena que había a ambos lados de la carretera, y, cuando llegamos al borde de la fuerte pendiente que hay antes de Ploumar, el caballo se puso al paso y el cochero bajó del pescante con pesadez. Hizo ... |
Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | Por culpa de los dólares | Cuento | Lo que se sabía del capitán Hagberd en el pequeño puerto de Colebrook no era precisamente favorable para él. No pertenecía a aquel pueblo. Había llegado para quedarse en unas circunstancias que no tenían nada de misterioso —sobre aquel particular era especialmente comunicativo—, pero sí realmente morbosas y absurdas. E... |
Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | Tifón | Novela corta | I
Mientras pasábamos el rato cerca de la orilla, como hacen los marineros ociosos en tierra (era en la explanada frente a la comandancia de un importante puerto de Oriente), un hombre vino hacia nosotros desde la fachada principal de las oficinas, dirigiéndose oblicuamente a los escalones de desembarque. Atrajo mi ate... |
Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | Un anarquista | Cuento | I
El capitán MacWhirr, del vapor Nan-shan, tenía una fisonomía que, al menos desde el punto de vista de la apariencia externa, era una réplica exacta de su carácter. No existía en él ninguna marca que hiciera evidente su firmeza ni su estupidez; lo cierto es que no había en él ni un solo rasgo pronunciado; su aspecto ... |
Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | Un guiño de la fortuna | Cuento largo | Durante aquel año estuve dos meses de la estación seca en una de las fincas —se trataba en realidad de una de las principales haciendas ganaderas— de una famosa compañía fabricante de extracto de carne.
BOS. Seguro que todo el mundo se ha cruzado en alguna ocasión con estas tres letras mágicas en las páginas de anuncio... |
Conrad, Joseph | Polonia | 1857-1924 | Una avanzada del progreso | Cuento | Cada vez que salía el sol me encontraba mirándolo de frente. El barco se deslizaba con suavidad sobre un mar en calma y, después de sesenta días de travesía, estaba deseando llegar a mi destino: una hermosa y fértil isla tropical. Sus habitantes más entusiastas la llamaban “La perla del océano”, de modo que muy bien po... |
Conti, Haroldo | Argentina | 1925-1976 (desaparecido) | La balada del álamo Carolina | Cuento | I
Había dos hombres blancos encargados de la factoría. Kayerts, el jefe, era bajo y gordo; Carlier, el ayudante, era alto, de cabeza grande y ancho tronco posado sobre un par de piernas largas y delgadas. El tercer hombre del equipo era un negro de Sierra Leona que decía llamarse Henry Price. Sin embargo, por alguna r... |
Conti, Haroldo | Argentina | 1925-1976 (desaparecido) | Los caminos | Cuento | Ciruelo de mi puerta, si no volviese yo,
la primavera siempre volverá.
Tú, florece.
Uno piensa que los días de un árbol son todos iguales. Sobre todo si es un árbol viejo. No. Un día de un viejo árbol es un día del mundo.
Este álamo Carolina nació aquí mismo, exactamente, aunque el álamo Carolina, por lo que se sabe, v... |
Conti, Haroldo | Argentina | 1925-1976 (desaparecido) | Muerte de un hermano | Cuento | y aunque la línea está cortada señalando el fin yo solo digo adiós hasta que nos veamos de nuevo.
Bob Dylan
A veces pienso que los días de mi vida se parecen a las teclas de esta máquina. Son redondos y precisos y justamente porque no hacen otra cosa que escribir.
Paco Urondo me ha dicho quiero que escribas algo para... |
Conti, Haroldo | Argentina | 1925-1976 (desaparecido) | Perdido | Cuento | A mi madre
El viejo ni siquiera sintió el golpe. Solamente un blando adormecimiento que le subía desde los pies. Algunas voces crecieron hacia el medio de la calle y después recularon suavemente.
El hombre se aproximó desde la niebla que lo rodeaba y se inclinó sobre él.
-Juan…
El hombre sonrió.
-¡Juan!
-¿Qué tal, her... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Alguien que anda por ahí | Cuento | El tren salía a las ocho o tal vez a las ocho y media. Recién diez minutos antes enganchaban la locomotora pero de cualquier forma el tío se ponía nervioso una hora antes. Todos los del pueblo eran así. Apenas llegaban y ya estaban pensando en la vuelta. Su padre había hecho lo mismo. La mitad del tiempo pensaba en las... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Almuerzos | Minicuento | A Jiménez lo habían desembarcado apenas caída la noche y aceptando todos los riesgos de que la caleta estuviera tan cerca del puerto. Se valieron de la lancha eléctrica, claro, capaz de resbalar silenciosa como una raya y perderse de nuevo en la distancia mientras Jiménez se quedaba un momento entre los matorrales espe... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Amor 77 | Minicuento | En el restaurante de los cronopios pasan estas cosas, a saber, que un fama pide con gran concentración un bife con papas fritas, y se queda deunapieza cuando el cronopio camarero le pregunta cuántas papas fritas quiere.
—¿Cómo cuántas? —vocifera el fama—. ¡Usted me trae papas fritas y se acabó, qué joder!
—Es que aquí ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Apocalipsis de Solentiname | Cuento | Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten y, así progresivamente, van volviendo a ser lo que no son.
FIN |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Axolotl | Cuento | Los ticos son siempre así, más bien calladitos pero llenos de sorpresas, uno baja en San José de Costa Rica y ahí están esperándote Carmen Naranjo y Samuel Rovinski y Sergio Ramírez (que es de Nicaragua y no tico pero qué diferencia en el fondo si es lo mismo, qué diferencia en que yo sea argentino aunque por gentileza... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Bestiario | Cuento | Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.
El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Carta a una señorita en París | Cuento | Entre la última cucharada de arroz con leche —poca canela, una lástima— y los besos antes de subir a acostarse, llamó la campanilla en la pieza del teléfono e Isabel se quedó remoloneando hasta que Inés vino de atender y dijo algo al oído de su madre. Se miraron entre ellas y después las dos a Isabel, que pensó en la j... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Cartas de mamá | Cuento | Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del vio... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Casa tomada | Cuento | Muy bien hubiera podido llamarse libertad condicional. Cada vez que la portera le entregaba un sobre, a Luis le bastaba reconocer la minúscula cara familiar de José de San Martín para comprender que otra vez más habría de franquear el puente. San Martín, Rivadavia, pero esos nombres eran también imágenes de calles y de... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Cefalea | Cuento | Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Circe | Cuento | Cuidamos las mancuspias hasta bastante tarde, ahora con el calor del verano se llenan de caprichos y versatilidades, las más atrasadas reclaman alimentación especial y les llevamos avena malteada en grandes fuentes de loza; las mayores están mudando el pelaje del lomo, de manera que es preciso ponerlas aparte, atarles ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Cóndor y cronopio | Minicuento | Porque ya no ha de importarle, pero esa vez le dolió la coincidencia de los chismes entrecortados, la cara servil de Madre Celeste contándole a tía Bebé la incrédula desazón en el gesto de su padre. Primero fue la de la casa de altos, su manera vacuna de girar despacio la cabeza, rumiando las palabras con delicia de bo... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Conducta en los velorios | Cuento | Un cóndor cae como un rayo sobre un cronopio que pasa por Tinogasta, lo acorrala contra una pared de granito, y dice con gran petulancia, a saber:
Cóndor. —Atrévete a afirmar que no soy hermoso.
Cronopio. —Usted es el pájaro más hermoso que he visto nunca.
Cóndor. —Más todavía.
Cronopio. —Usted es más hermoso que el av... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Conservación de los recuerdos | Minicuento | No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda, la mayor, se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas muj... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Continuidad de los parques | Cuento | Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala con un cartelito que dice: Excursión a Quilmes, o: Frank Sinatra. Los cronopios, en cam... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Cortísimo metraje | Minicuento | Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de apar... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Deshoras | Cuento | Automovilista en vacaciones recorre las montañas del centro de Francia, se aburre lejos de la ciudad y de la vida nocturna. Muchacha le hace el gesto usual del auto-stop, tímidamente pregunta si dirección Beaune o Tournus. En la carretera unas palabras, hermoso perfil moreno que pocas veces pleno rostro, lacónicamente ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Después del almuerzo | Cuento | Ya no tenía ninguna razón especial para acordarme de todo eso, y aunque me gustaba escribir por temporadas y algunos amigos aprobaban mis versos o mis relatos, me ocurría preguntarme a veces si esos recuerdos de la infancia merecían ser escritos si no nacían de la ingenua tendencia a creer que las cosas habían sido más... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | El diario a diario | Minicuento | Después del almuerzo yo hubiera querido quedarme en mi cuarto leyendo, pero papá y mamá vinieron casi en seguida a decirme que esa tarde tenía que llevarlo de paseo.
Lo primero que contesté fue que no, que lo llevara otro, que por favor me dejaran estudiar en mi cuarto. Iba a decirles otras cosas, explicarles por qué n... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | El otro cielo | Cuento | Un señor toma un tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de la plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas im... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | El perseguidor | Cuento | Me ocurría a veces que todo se dejaba andar, se ablandaba y cedía terreno, aceptando sin resistencia que se pudiera ir así de una cosa a otra. Digo que me ocurría, aunque una estúpida esperanza quisiera creer que acaso ha de ocurrirme todavía. Y por eso, si echarse a caminar una y otra vez por la ciudad parece un escán... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | En un vaso de agua fría o preferentemente tibia | Minicuento | Dédée me ha llamado por la tarde diciéndome que Johnny no estaba bien, y he ido en seguida al hotel. Desde hace unos días Johnny y Dédée viven en un hotel de la rue Lagrange, en una pieza del cuarto piso. Me ha bastado ver la puerta de la pieza para darme cuenta de que Johnny está en la peor de las miserias; la ventana... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Epígrafe de “Rayuela” | Fragmento | Es triste, pero jamás comprenderé las aspirinas efervescentes, los alcaselser y las vitaminas C. Jamás comprenderé nada efervescente porque una medicina efervescente no se puede tomar mientras efervesce puesto que parte de la pastilla se te pega al paladar y qué cosquillas, por lo demás totalmente desprovistas de propi... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Final del juego | Cuento | Siempre que viene el tiempo fresco, o sea al medio del otonio, a mí me da la loca de pensar ideas de tipo eséntrico y esótico, como ser por egenplo que me gustaría venirme golondrina para agarrar y volar a los paíx adonde haiga calor, o ser hormiga para meterme bien adentro de una curva y comer los productos guardados ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Grafitti | Cuento | Con Leticia y Holanda íbamos a jugar a las vías del Central Argentino los días de calor, esperando que mamá y tía Ruth empezaran su siesta para escaparnos por la puerta blanca. Mamá y tía Ruth estaban siempre cansadas después de lavar la loza, sobre todo cuando Holanda y yo secábamos los platos porque entonces había di... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Historia | Minicuento | Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, supongo que te hizo gracia encontrar el dibujo al lado del tuyo, lo atribuiste a una casualidad o a un capricho y sólo la segunda vez te diste cuenta de que era intencionado y entonces lo miraste despacio, incluso volviste más tarde para mirarlo de nuevo, tomando ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Historia verídica | Minicuento | Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.
FIN |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Instrucciones para cantar | Minicuento | A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caros, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.
Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo oc... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Instrucciones para dar cuerda al reloj | Minicuento | Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvídese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien enc... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Instrucciones para John Howell | Cuento | Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas d... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Instrucciones para llorar | Minicuento | Pensándolo después —en la calle, en un tren, cruzando campos— todo eso hubiera parecido absurdo, pero un teatro no es más que un pacto con el absurdo, su ejercicio eficaz y lujoso. A Rice, que se aburría en un Londres otoñal de fin de semana y que había entrado al Aldwych sin mirar demasiado el programa, el primer acto... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Instrucciones para subir una escalera | Minicuento | Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | La autopista del sur | Cuento | Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | La caricia más profunda | Cuento | Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que no han hecho la est... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | La fe en el Tercer Mundo | Minicuento | En su casa no le decían nada, pero cada vez le extrañaba más que no se hubiesen dado cuenta. Al principio podía pasar inadvertido y él mismo pensaba que la alucinación o lo que fuera no iba a durar mucho; pero ahora que ya caminaba metido en la tierra hasta los codos no podía ser que sus padres y sus hermanas no lo vie... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | La isla a mediodía | Cuento | A las ocho de la mañana el padre Duncan, el padre Heriberto y el padre Luis empiezan a inflar el templo, es decir que están a la orilla de un río o en un claro de selva o en cualquier aldea cuanto más tropical mejor, y con ayuda de la bomba instalada en el camión empiezan a inflar el templo mientras los indios de los a... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | La noche boca arriba | Cuento | La primera vez que vio la isla, Marini estaba cortésmente inclinado sobre los asientos de la izquierda, ajustando la mesa de plástico antes de instalar la bandeja del almuerzo. La pasajera lo había mirado varias veces mientras él iba y venía con revistas o vasos de whisky; Marini se demoraba ajustando la mesa, preguntá... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | La puerta condenada | Cuento | A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edific... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | La salud de los enfermos | Cuento | A Petrone le gustó el hotel Cervantes por razones que hubieran desagradado a otros. Era un hotel sombrío, tranquilo, casi desierto. Un conocido del momento se lo recomendó cuando cruzaba el río en el vapor de la carrera, diciéndole que estaba en la zona céntrica de Montevideo. Petrone aceptó una habitación con baño en ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | La señorita Cora | Cuento | Cuando inesperadamente tía Clelia se sintió mal, en la familia hubo un momento de pánico y por varias horas nadie fue capaz de reaccionar y discutir un plan de acción, ni siquiera tío Roque que encontraba siempre la salida más atinada. A Carlos lo llamaron por teléfono a la oficina, Rosa y Pepa despidieron a los alumno... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Las armas secretas | Cuento | No entiendo por qué no me dejan pasar la noche en la clínica con el nene, al fin y al cabo soy su madre y el doctor De Luisi nos recomendó personalmente al director. Podrían traer un sofá cama y yo lo acompañaría para que se vaya acostumbrando, entró tan pálido el pobrecito como si fueran a operarlo en seguida, yo creo... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Las babas del diablo | Cuento | Curioso que la gente crea que tender una cama es exactamente lo mismo que tender una cama, que dar la mano es siempre lo mismo que dar la mano, que abrir una lata de sardinas es abrir al infinito la misma lata de sardinas. «Pero si todo es excepcional», piensa Pierre alisando torpemente el gastado cobertor azul. «Ayer ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Las líneas de la mano | Minicuento | Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Las ménades | Cuento | De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué, remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un diván y por fin esca... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Las puertas del cielo | Cuento | Alcanzándome un programa impreso en papel crema, Don Pérez me condujo a mi platea. Fila nueve, ligeramente hacia la derecha: el perfecto equilibrio acústico. Conozco bien el teatro Corona y sé que tiene caprichos de mujer histérica. A mis amigos les aconsejo que no acepten jamás fila trece, porque hay una especie de po... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Lejana | Cuento | A las ocho vino José María con la noticia, casi sin rodeos me dijo que Celina acababa de morir. Me acuerdo que reparé instantáneamente en la frase, Celina acabando de morirse, un poco como si ella misma hubiera decidido el momento en que eso debía concluir. Era casi de noche y a José María le temblaban los labios al de... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Liliana llorando | Cuento | Diario de Alina Reyes
12 de enero
Anoche fue otra vez, yo tan cansada de pulseras y farándulas, de pink champagne y la cara de Renato Viñes, oh esa cara de foca balbuceante, de retrato de Dorian Gray a lo último. Me acosté con gusto a bombón de menta, al Boogie del Banco Rojo, a mamá bostezada y cenicienta (como queda... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Los buenos servicios | Cuento | Menos mal que es Ramos y no otro médico, con él siempre hubo un pacto, yo sabía que llegado el momento me lo iba a decir o por lo menos me dejaría comprender sin decírmelo del todo. Le ha costado al pobre, quince años de amistad y noches de póquer y fines de semana en el campo, el problema de siempre; pero es así, a la... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Los testigos | Cuento | Desde hace un tiempo me cuesta encender el fuego. Los fósforos no son como los de antes, ahora hay que ponerlos cabeza abajo y esperar a que la llama tome fuerza; la leña viene húmeda, y por más que le recomiendo a Frédéric que me traiga troncos secos, siempre huelen a mojado y prenden mal. Desde que me empezaron a tem... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Los venenos | Cuento | Cuando le conté a Polanco que en mi casa había una mosca que volaba de espaldas, siguió uno de esos silencios que parecen agujeros en el gran queso del aire. Claro que Polanco es un amigo, y acabó por preguntarme cortésmente si estaba seguro. Como no soy susceptible le expliqué en detalle que había descubierto la mosca... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Lucas, sus roces sociales | Minicuento | El sábado tío Carlos llegó a mediodía con la máquina de matar hormigas. El día antes había dicho en la mesa que iba a traerla, y mi hermana y yo esperábamos la máquina imaginando que era enorme, que era terrible. Conocíamos bien las hormigas de Bánfield, las hormigas negras que se van comiendo todo, hacen los hormiguer... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Lugar llamado Kindberg | Cuento | A Lucas no hay que invitarlo a nada, pero la señora de Cinamomo ignora el detalle y gran ambigú con asistencia selecta el viernes a partir de las dieciocho. Cuando Calac ve llegar a Lucas, no hace más que agarrarse de las solapas de Polanco y madre querida vos te das cuenta, diversas señoras se preguntan por qué esos d... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Manuscrito hallado en un bolsillo | Cuento | Llamado Kindberg, a traducir ingenuamente por montaña de los niños o a verlo como la montaña gentil, la amable montaña, así o de otra manera un pueblo al que llegan de noche desde una lluvia que se lava rabiosamente la cara contra el parabrisas, un viejo hotel de galerías profundas donde todo está preparado para el olv... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Ómnibus | Cuento | Ahora que lo escribo, para otros esto podría haber sido la ruleta o el hipódromo, pero no era dinero lo que buscaba, en algún momento había empezado a sentir, a decidir que un vidrio de ventanilla en el metro podía traerme la respuesta, el encuentro con una felicidad, precisamente aquí donde todo ocurre bajo el signo d... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Página asesina | Minicuento | Si le viene bien, tráigame El Hogar cuando vuelva —pidió la señora Roberta, reclinándose en el sillón para la siesta. Clara ordenaba las medicinas en la mesita de ruedas, recorría la habitación con una mirada precisa. No faltaba nada, la niña Matilde se quedaría cuidando a la señora Roberta, la mucama estaba al corrien... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Patio de tarde | Minicuento | En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.
FIN |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Pérdida y recuperación del pelo | Cuento | A Toby le gusta ver pasar a la muchacha rubia por el patio. Levanta la cabeza y remueve un poco la cola, pero después se queda muy quieto, siguiendo con los ojos la fina sombra que a su vez va siguiendo a la muchacha rubia por las baldosas del patio. En la habitación hace fresco, y Toby detesta el sol de la siesta; ni ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Peripecias del agua | Minicuento | Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio, y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dicho... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Por escrito gallina una | Minicuento | Basta conocerla un poco para comprender que el agua está cansada de ser un líquido. La prueba es que apenas se le presenta la oportunidad se convierte en hielo o en vapor, pero tampoco eso la satisface; el vapor se pierde en absurdas divagaciones y el hielo es torpe y tosco, se planta donde puede y en general solo sirv... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Queremos tanto a Glenda | Cuento | Con lo que pasa es nosotros exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos cayó en la paf, y mut... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Rayuela: Capítulo 68 | Fragmento | En aquel entonces era difícil saberlo. Uno va al cine o al teatro y vive su noche sin pensar en los que ya han cumplido la misma ceremonia, eligiendo el lugar y la hora, vistiéndose y telefoneando y fila once o cinco, la sombra y la música, la tierra de nadie y de todos allí donde todos son nadie, el hombre o la mujer ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Relato con un fondo de agua | Cuento | Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejun... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Reunión | Cuento | No te preocupes, disculpame este gesto de impaciencia. Era perfectamente natural que nombraras a Lucio, que te acordaras de él a la hora de las nostalgias, cuando uno se deja corromper por esas ausencias que llamamos recuerdos y hay que remendar con palabras y con imágenes tanto hueco insaciable. Además no sé, te habrá... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Secuencias | Minicuento | Nada podía andar peor, pero al menos ya no estábamos en la maldita lancha, entre vómitos y golpes de mar y pedazos de galleta mojada, entre ametralladoras y babas, hechos un asco, consolándonos cuando podíamos con el poco tabaco que se conservaba seco porque Luis (que no se llamaba Luis, pero habíamos jurado no acordam... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Tema para un tapiz | Minicuento | Dejó de leer el relato en el punto donde un personaje dejaba de leer el relato en el lugar donde un personaje dejaba de leer y se encaminaba a su casa donde alguien que lo esperaba se había puesto a leer un relato para matar el tiempo y llegaba al lugar donde un personaje dejaba de leer y se encaminaba a la casa donde ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Teoría del cangrejo | Minicuento | El general tiene solo ochenta hombres, y el enemigo cinco mil. En su tienda el general blasfema y llora. Entonces escribe una proclama inspirada, que palomas mensajeras derraman sobre el campamento enemigo. Doscientos infantes se pasan al general. Sigue una escaramuza que el general gana fácilmente, y dos regimientos s... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Todos los fuegos el fuego | Cuento | Habían levantado la casa en el límite de la selva, orientada al sur para evitar que la humedad de los vientos de marzo se sumara al calor que apenas mitigaba la sombra de los árboles.
Cuando Winnie llegaba
Dejó el párrafo en suspenso, apartó la máquina de escribir y encendió la pipa. Winnie. El problema, como siempre, ... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Torito | Cuento | Así será algún día su estatua, piensa irónicamente el procónsul mientras alza el brazo, lo fija en el gesto del saludo, se deja petrificar por la ovación de un público que dos horas de circo y de calor no han fatigado. Es el momento de la sorpresa prometida; el procónsul baja el brazo, mira a su mujer que le devuelve l... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Una flor amarilla | Cuento | Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el más maula. Te sacuden contra las sogas, te encajan la biaba. Andá, andá, qué venís con consuelos vos. Te conozco, mascarita. Cada vez que pienso en eso, salí de ahí, salí. Vos te creés que yo me desespero, lo que pasa es que no doy más aq... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Usted se tendió a tu lado | Cuento | Parece una broma, pero somos inmortales. Lo sé por la negativa, lo sé porque conozco al único mortal. Me contó su historia en un bistró de la rue Cambronne, tan borracho que no le costaba nada decir la verdad aunque el patrón y los viejos clientes del mostrador se rieran hasta que el vino se les salía por los ojos. A m... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Verano | Cuento | ¿Cuándo lo había visto desnudo por última vez?
Casi no era una pregunta, usted estaba saliendo de la cabina, ajustándose el sostén del bikini mientras buscaba la silueta de su hijo que la esperaba al borde del mar, y entonces eso en plena distracción, la pregunta pero una pregunta sin verdadera voluntad de respuesta, m... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Vestir una sombra | Minicuento | Al atardecer Florencio bajó con la nena hasta la cabaña, siguiendo el sendero lleno de baches y piedras sueltas que solo Mariano y Zulma se animaban a franquear con el yip. Zulma les abrió la puerta, y a Florencio le pareció que tenía los ojos como si hubiera estado pelando cebollas. Mariano vino desde la otra pieza, l... |
Cortázar, Julio | Argentina | 1914-1984 | Vialidad | Minicuento | Lo más difícil es cercarla, conocer su límite allí donde se enlaza con la penumbra al borde de sí misma. Escogerla entre tantas otras, apartarla de la luz que toda sombra respira sigilosa, peligrosamente. Empezar entonces a vestirla como distraído, sin moverse demasiado, sin asustarla o disolverla: operación inicial do... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | A matacaballo | Cuento | Un pobre cronopio va en su automóvil y al llegar a una esquina le fallan los frenos y choca contra otro auto. Un vigilante se acerca terriblemente y saca una libreta con tapas azules.
—¿No sabe manejar, usted? —grita el vigilante.
El cronopio lo mira un momento, y luego pregunta:
—¿Usted quién es?
El vigilante se queda... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | Con la cara hacia arriba | Cuento | Richardson detuvo su caballo y volvió la vista por el sendero en el que el sarape rojo de su criado brillaba entre el polvo del mezquital. Las montañas en el poniente se volvían picachos del azul más profundo. Encima de ellas, el cielo mostraba esa maravillosa tonalidad del verde —como el agua mansa, quemada por el sol... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | Detalle de la vida de los estadounidenses en México | Cuento | I
—¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó el ayudante, inquieto y agitado.
—Enterrarlo —respondió Timothy Lean.
Los dos oficiales bajaron la vista hacia el cuerpo de su compañero, que yacía tendido a sus pies. Tenía el rostro azulado; los ojos brillantes miraban al cielo. Por encima de las dos siluetas de pie, se oía el s... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | El bote a la deriva | Cuento | Eran jóvenes de ideas raras. Eran sumamente perversos, según ciertos informes, y no obstante se las ingeniaban para que la gente les creyera. Era común que trajeran a los informadísimos y platicadores miembros de la colonia inglesa recitando sus fechorías, y los hechos vinculados con los pecados de estos muchachos se c... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | El bote abierto | Cuento | UNA HISTORIA QUE HABLA DE LA EXPERIENCIA
DE CUATRO HOMBRES QUE SE HUNDIERON
EN EL BOTE COMMODORE
Ninguno de ellos supo en ese momento el color del cielo. Sus ojos miraron hacia arriba pero fueron rápidamente desviados a las corrientes y olas que venían hacia ellos. Las olas tenían un matiz verduzco, salvo por la parte ... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | El fallo del sabio | Minicuento | UNA HISTORIA QUE HABLA DE LA EXPERIENCIA
DE CUATRO HOMBRES QUE SE HUNDIERON
EN EL BOTE COMMODORE
Ninguno de ellos supo en ese momento el color del cielo. Sus ojos miraron hacia arriba pero fueron rápidamente desviados a las corrientes y olas que venían hacia ellos. Las olas tenían un matiz verduzco, salvo por la parte ... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | El hotel azul | Cuento | Un pordiosero se arrastraba entre lamentos por las calles de una ciudad. Un hombre se acercó, le ofreció un poco de pan y dijo:
—Te doy esta hogaza debido a las palabras de Dios.
Otro se acercó, le ofreció un poco de pan y dijo:
—Toma esta hogaza; te la doy porque estás hambriento.
Los habitantes de aquella ciudad comp... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | Flanagan y su corta aventura de contrabando | Cuento | I
El Palace Hotel de Fort Romper estaba pintado de un azul claro, una tonalidad apreciable en las patas de cierta especie de garzas, que las delata dondequiera que se encuentren. El Palace Hotel estaba, pues, profiriendo continuos gritos y aullidos de tal modo que el deslumbrante paisaje invernal de Nebraska no parecía... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | La novia llega a Yellow Sky | Cuento | I
—Tengo veinte hombres a mis espaldas que pelearán hasta la muerte —dijo el guerrero al viejo contrabandista.
—Y los pueden volar, en lo que a mí respecta —replicó el viejo contrabandista—. Comunes como gorriones. Baratos como cigarrillos. Muéstreme veinte hombres con abrazaderas de acero en sus bocas, con agujeros en... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | Los cinco ratones blancos | Cuento | El gran Pullman avanzaba por las vías con tal dignidad de movimientos que una mirada desde la ventana parecía simplemente probar que las planicies de Tejas caían hacia el este. Vastas extensiones de césped verde, huecos rellenos de mezquites y cactus, grupitos de casas, bosquecitos de árboles tiernos y graciosos, todo ... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | Tres soldados maravillosos | Cuento | Freddie preparaba una bebida. El largo agitador en su mano daba vueltas con lentitud, y el hielo, como reloj barato, percutía en el vaso. Un tahúr, un gran potentado, un maquinista y el agente de un enorme sindicato de Estados Unidos jugaban a las cartas al otro lado de la ventana. Freddie los observaba con la mirada i... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | Un gran error | Cuento | I
La muchacha estaba en la habitación delantera del segundo piso, atisbando a través de las persianas. Era “la mejor habitación”. El suelo estaba cubierto por una alfombra nueva. Los bordes de la alfombra habían sido teñidos con franjas alternas rojas y verdes. Sobre la repisa de madera de la chimenea había dos figuril... |
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