author stringlengths 4 32 | country stringlengths 4 20 | years stringlengths 4 24 | title stringlengths 2 204 | category stringclasses 13
values | content stringlengths 9 369k |
|---|---|---|---|---|---|
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | Círculo | Minicuento | Encogió los hombros y las piernas apretando los codos contra los costados y cerró los puños adoptando la postura que aprendiera cuando niño de Paulino Uzcudún sintiéndose ahora invulnerable a cualquier ataque viniera de donde viniera ya de un puño disparado ya de una bota agresiva o de las melifluas frases proferidas p... |
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | Doble personalidad | Minicuento | Soy un hombre ordenado. Extremadamente ordenado y cuidadoso. Tan pronto abro los ojos a las cinco en punto de cada mañana, inicio un sagrado ritual de movimientos precisos —siempre los mismos— que transportan mi cuerpo, desde la estrecha cama arrimada a la pared, hasta el oscuro cuarto de baño anexo a mi habitación, do... |
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | Edipo | Cuento | Cuando el siquiatra le explicó que sufría de un desdoblamiento de la personalidad, rechazó completamente tan absurda idea. Pero, ya de regreso a su casa, comenzó a tener experiencias extrañas. Dos personas conocidas le saludaron con un nombre que no era el de él y otras dos, desconocidas, le dirigieron al cruzarse en s... |
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | El maleficio | Minicuento | Tan pronto la voz del cura se extinguió y el silencio reinó de nuevo en el interior de la pequeña iglesia, los hombres se movieron hacia el ataúd y lo levantaron con cuidado del banco de madera en donde había reposado hasta ese instante. Eduardo no fue de los que se apresuraron a cumplir aquel deber. Durante la breve c... |
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | La enemiga | Cuento | Le había comprado el tapiz, en precio de ocasión, a un árabe parlanchín en una calle tórrida de El Cairo durante su único viaje al Medio Oriente. La tela mostraba a un califa gordinflón y mofletudo, sentado a la sombra de un almendro florecido y rodeado de numerosas y solícitas huríes. El lejano parecido que creyó enco... |
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | La rebelión | Cuento | Recuerdo muy bien el día en que papá trajo la primera muñeca en una caja grande de cartón envuelta en papel de muchos colores y atada con una cinta roja, aunque yo estaba entonces muy lejos de imaginar cuánto iba a cambiar todo como consecuencia de esa llegada inesperada.
Aquel mismo día comenzaban nuestras vacaciones ... |
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | Más allá del espejo | Minicuento | —¿Por qué no te casas, tía Julia?
—Porque nadie ha querido casarse conmigo, Pedrito.
Ella estaba sentada en la mecedora que impulsaba suavemente, tratando de adormecer al niño recostado en sus rodillas.
—Yo me casaría contigo —dijo él—, pero soy muy chiquito, ¿verdad?
La mujer sonrió con dulzura y le acarició el pelo m... |
Díaz Grullón, Virgilio | República Dominicana | 1924-2001 | Matar un ratón | Cuento | Todo comenzó aquella tarde lluviosa de noviembre, cuando visité en compañía de mi esposa una pequeña tienda de antigüedades cerca del puerto en ocasión de nuestro último viaje a la capital. Mientras ella curioseaba unas miniaturas renacentistas y regateaba su precio con el dueño, yo pasé a la trastienda y me dediqué a ... |
Díaz Rodríguez, Manuel | Venezuela | 1871-1927 | Cuento áureo | Cuento | El niño recogió una pesada piedra de las que abundaban en el pequeño patio trasero de la casa, calculó cuidadosamente la puntería y la arrojó con fuerza contra el ratón que parecía observarlo atentamente a pocos pasos de distancia.
La piedra, describiendo una corta parábola en el aire, cayó pesadamente sobre el espinaz... |
Díaz Rodríguez, Manuel | Venezuela | 1871-1927 | Cuento azul | Cuento | Psiquis, mujer al cabo, era imprudente y curiosa. Mil desventuras le costó su primera curiosidad, cuando quiso ver el rostro del amante dormido y una gota de aceite escapada de la funesta lámpara ahuyentó al hijo de Venus. Desde entonces, y por mucho tiempo, la vida fue para Psiquis una serie de malandanzas. Errante de... |
Díaz Rodríguez, Manuel | Venezuela | 1871-1927 | Cuento blanco | Cuento | Cuentan las crónicas del cielo —y estas crónicas las he leído en el cielo azul de unos ojos— que el Señor de los mundos y Padre de los seres ocupa altísimo trono, hecho de un solo enorme zafiro taraceado de estrellas, y deja caer, a semejanza de vía láctea fulgurante y en dirección de la tierra, mezquina y oscura, su l... |
Díaz Rodríguez, Manuel | Venezuela | 1871-1927 | Las ovejas y las rosas del padre Serafín | Cuento | La abuela estaba muy pálida y triste. Una fiebre sorda minaba su vida y hacía brillar extrañamente sus ojos bajo los cabellos albos. Reclinada en el cómodo sillón de respaldo muelle, veía hacia el patio lleno de luz, por donde se desparramaba en risas, charlas y juegos locos la fresca alegría de los nietos. Algunos de ... |
Díaz Valcárcel, Emilio | Puerto Rico | 1929-2015 | El asedio | Cuento | -¡Ya lo traen! ¡Ya lo traen!
-¿Por dónde?
-Por el cementerio. Dicen que lo alcanzaron en el cementerio.
La multitud, fatigada, nerviosa de tanto esperar, se arremolinó y empezó a deshacerse. La mayor parte, sin darse cuenta de lo que hacían, caminaban de arriba abajo por el camino real, pero sin salir de él, o daban vu... |
Díaz Valcárcel, Emilio | Puerto Rico | 1929-2015 | El regreso | Cuento | I
Una familia normal y feliz, pensó apoyada sobre el volante. Un padre gordo y de apariencia próspera, recién afeitado, una bella pareja de niños, y una madre que alcanza ya los treinta años, mofletuda, satisfecha como toda mujer que siente colmados sus instintos cardinales.
Sintió subírsele a la garganta el confuso se... |
Díaz Valcárcel, Emilio | Puerto Rico | 1929-2015 | La evasión | Cuento | Se detuvo frente al balconcito sin saber qué hacer. Miró por un instante el viejo sillón de mimbre, la escalera de tablas carcomidas, las puertas cerradas y pegadas a la faz de la casa como dos ojos enormes. Se quedó inmóvil, la mirada perpleja, en el mismo momento en que una patrulla de recuerdos lo asaltaba. Debe de ... |
Díaz Valcárcel, Emilio | Puerto Rico | 1929-2015 | La muchacha del tiempo | Cuento | Con los codos en tierra alzaba de vez en cuando la barbilla para contemplar el rayo de luz que cruzaba en lo alto. Más allá. en la chamuscada cresta del monte, el rayo del lejano reflector formaba un charco luminoso. Pedruscos descascarados fulgían como fondos de botellas rotas. Una linternota para andar detrás del gan... |
Díaz Valcárcel, Emilio | Puerto Rico | 1929-2015 | La muerte obligatoria | Cuento |
a Ana Lydia Vega
Todas las tardes, la pareja de ancianos esperaba en la pantalla del televisor a la muchacha del tiempo, sentados en el decrépito sofá que olía a orina de perro: era ése el más claro recordatorio de Blaqui; con su muerte, ocurrida hacía cuatro años, habían sufrido más que nunca el vacío de la soledad, ... |
Dick, Philip K. | Estados Unidos | 1928-1982 | Algunas peculiaridades de los ojos | Cuento | Esta mañana recibimos a tío Segundo. Lo esperamos cuatro horas, en medio de la gente que entraba y salía por montones, sentados en uno de los banquitos del aeropuerto. La gente nos miraba y decía cosas y yo pensaba cómo sería eso de montarse en un aeroplano y dejar detrás el barrio, los compañeros de escuela, mamá lame... |
Dick, Philip K. | Estados Unidos | 1928-1982 | Autor, autor | Cuento | Descubrí por puro accidente que la Tierra había sido invadida por una forma de vida procedente de otro planeta. Sin embargo, aún no he hecho nada al respecto; no se me ocurre qué. Escribí al gobierno, y en respuesta me enviaron un folleto sobre la reparación y mantenimiento de las casas de madera. En cualquier caso, es... |
Dick, Philip K. | Estados Unidos | 1928-1982 | Autor prominente | Cuento | —Aunque mi marido es un hombre muy puntual —dijo Mary Ellis—, y no ha llegado ni un día tarde al trabajo en veinticinco años, hoy aún no ha salido de casa. —Sorbió su bebida, compuesta de hormonas y carbohidratos, levemente perfumada—. De hecho, todavía tardará unos diez minutos en marcharse.
—Increíble —dijo Dorothy L... |
Dick, Philip K. | Estados Unidos | 1928-1982 | La calavera | Cuento | —Aunque mi marido es un hombre muy puntual —dijo Mary Ellis—, y no ha llegado ni un día tarde al trabajo en veinticinco años, hoy aún no ha salido de casa. —Sorbió su bebida, compuesta de hormonas y carbohidratos, levemente perfumada—. De hecho, todavía tardará unos diez minutos en marcharse.
—Increíble —dijo Dorothy L... |
Dick, Philip K. | Estados Unidos | 1928-1982 | Tony y los escarabajos | Cuento | —¿De qué oportunidad me habla? —preguntó Conger—. Siga. Me interesa.
La habitación estaba en silencio; todas las miradas convergían en Conger, todavía vestido con el uniforme carcelario. El portavoz se inclinó hacia adelante poco a poco.
—Antes de que fueras a prisión, tus negocios funcionaban muy bien… Todos ilegales,... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | Canción de Navidad | Novela corta | La luz amarillorrojiza del sol se filtraba por las gruesas ventanas de cuarzo del dormitorio. Tony Rossi bostezó, se movió un poco, abrió sus ojos negros y se incorporó al instante. De un solo movimiento apartó las sábanas y pasó los pies sobre el cálido suelo de metal. Desconectó el despertador y abrió el ropero.
El d... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | Confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II | Cuento | PREFACIO
Con este fantasmal librito he procurado despertar al espíritu de una idea sin que provocara en mis lectores malestar consigo mismos, con los otros, con la temporada ni conmigo. Ojalá encante sus hogares y nadie sienta deseos de verle desaparecer.
Su fiel amigo y servidor,
Diciembre de 1843
Charles Dickens
*
P... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | El armario viejo | Cuento | Tenía el grado de teniente en el ejército de Su Majestad y serví en el extranjero en las campañas de 1677 y 1678. Concluido el tratado de Nimega, regresé a casa y, abandonando el servicio militar, me retiré a una pequeña propiedad situada a escasos kilómetros al este de Londres, que había adquirido recientemente por de... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | El barón de Grogzwig | Cuento | Eran las diez de la noche. En la hostería de los Tres Pichones, de Abbeylands, un viajero, joven aún, se había retirado a su cuarto, y de pie, cruzados los brazos contra el pecho, contemplaba el contenido de un baúl que acababa de abrir.
-Bueno, todavía debo sacar algún partido de lo que me queda -dijo-. Sí, en este ba... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | El guardavía | Cuento | El barón Von Koëldwethout, de Grogzwig, Alemania, era probablemente un joven barón como cualquiera le gustaría ver uno. No es necesario que diga que vivía en un castillo, porque es evidente; tampoco es necesario que diga que vivía en un castillo antiguo, pues ¿qué barón alemán viviría en uno nuevo? Había muchas circuns... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | El manuscrito de un loco | Cuento | -¡Eh, oiga! ¡Ahí abajo!
Cuando oyó la voz que así lo llamaba se encontraba de pie en la puerta de su caseta, empuñando una bandera, enrollada a un corto palo. Cualquiera hubiera pensado, teniendo en cuenta la naturaleza del terreno, que no cabía duda alguna sobre la procedencia de la voz; pero en lugar de mirar hacia a... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | El presidente del jurado | Cuento | ¡Sí…! ¡Un loco! ¡Cómo sobrecogía mi corazón esa palabra hace años! ¡Cómo habría despertado el terror que solía sobrevenirme a veces, enviando la sangre silbante y hormigueante por mis venas, hasta que el rocío frío del miedo aparecía en gruesas gotas sobre mi piel y las rodillas se entrechocaban por el espanto! Y, sin ... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | El relato del niño | Cuento | Han pasado ya algunos años desde que se cometió en Inglaterra un asesinato que atrajo poderosamente la atención pública. En nuestro país se oye hablar con bastante frecuencia de asesinos que adquieren una triste celebridad. Pero yo hubiese enterrado con gusto el recuerdo de aquel hombre feroz de haber podido sepultarlo... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | El relato del pariente pobre | Cuento | Una vez, hace ya muchos años, hubo un caminante que partió para un prolongado viaje. Era un viaje mágico, que parecía muy largo al comienzo y muy corto cuando llegó a la mitad de la ruta.
Anduvo a lo largo de un sendero oscuro durante un breve espacio de tiempo, sin divisar a nadie, hasta que se encontró frente a un he... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | El velo negro | Cuento | No deseaba en absoluto tener la prioridad entre tantos miembros respetables de la familia, y comenzar la serie de historias, que cada uno aportaría a su turno, mientras estaban sentados cerca del hogar de Navidad. Modestamente sugirió:
—Sería más correcto que John, nuestro estimado anfitrión (a cuya salud brindara) tuv... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | Fantasmas de Navidad | Cuento | Una velada de invierno, quizá a fines de otoño de 1800, o tal vez uno o dos años después de aquella fecha, un joven cirujano se hallaba en su despacho, escuchando el murmullo del viento que agitaba la lluvia contra la ventana, silbando sordamente en la chimenea. La noche era húmeda y fría; y como él había caminado dura... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | La casa hechizada | Cuento | Me gusta volver a casa en Navidad. Todos lo hacemos, o deberíamos hacerlo. Deberíamos volver a casa en vacaciones, cuanto más largas mejor, desde el internado en el que nos pasamos la vida trabajando en nuestras tablas aritméticas, para así descansar. Viajamos hasta casa a través de un paisaje invernal; por campos cubi... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | La historia de los duendes que secuestraron a un enterrador | Cuento | Los mortales de la casa
La casa que es el tema de esta obra de Navidad no la conocí bajo ninguna de las circunstancias fantasmales acreditadas ni rodeada por ninguno de los entornos fantasmagóricos convencionales. La vi a la luz del día, con el sol encima. No había viento, lluvia ni rayos, no había truenos ni circunst... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | La historia de nadie | Cuento | En una antigua ciudad abacial, en el sur de esta parte del país, hace mucho, pero que muchísimo tiempo -tanto que la historia debe ser cierta porque nuestros tatarabuelos creían realmente en ella-, trabajaba como enterrador y sepulturero del campo santo un tal Gabriel Grub. No se deduce en absoluto de ello que porque u... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | La historia del tío del viajante | Cuento | Vivía en la orilla de un enorme río, ancho y profundo, que se deslizaba silencioso y constante hasta un vasto océano desconocido. Fluía así, desde el Génesis. Su curso se alteró algunas veces, al volcarse sobre nuevos canales, dejando el antiguo lecho, seco y estéril; pero jamás sobrepasó su cauce, y seguirá siempre fl... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | La historia del viajante de comercio | Cuento | —Mi tío, caballeros —dijo el viajante—, era uno de los tipos más alegres, agradables y listos que haya existido nunca. Me gustaría que lo hubieran conocido, caballeros. Aunque pensándolo bien, no desearía que lo hubieran conocido, pues en ese caso todos estarían ya, siguiendo el curso ordinario de la naturaleza, si no ... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | La muerte del borracho | Cuento | Una tarde invernal, hacia las cinco, cuando empezaba a oscurecer, pudo verse a un hombre en un calesín que azuzaba a su fatigado caballo por el camino que cruza Marlborough Downs en dirección Bristol. Digo que pudo vérsele, y sin duda habría sido así si hubiera pasado por ese camino cualquier que no fuera ciego; pero e... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | La novia del ahorcado | Cuento | Nos atrevemos a asegurar que apenas hay nadie que tenga la costumbre de pasearse por los barrios más populosos de Londres y no pueda recordar entre sus “conocidos de vista”, como decimos con frase familiar, a algún ser de aspecto desastroso y ruin, cayendo cada vez más por grados casi imperceptibles en la abyección y q... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | La visita del señor Testator | Cuento | Era una auténtica casa antigua de muy curios descripción, en la que abundaban las viejas tallas las vigas, los tablones, y que tenía una excelente antigua caja de escalera con una galería o escales superior separada de la primera por una curiosa estacada de roble viejo o de caoba de Honduras. Es y seguirá siendo durant... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | Lo que es la Navidad a medida que envejecemos | Cuento | El señor Testator alquiló una serie de habitaciones en Lyons Inn, pero tenía un mobiliario muy escaso para su dormitorio y ninguno para su sala de estar. Había vivido en estas condiciones varios meses invernales y las habitaciones le resultaban muy desnudas y frías. Un día, pasada la medianoche, cuando estaba sentado e... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | Para leer al atardecer | Cuento | Hubo un tiempo en el que, para la mayoría de nosotros, el día de Navidad envolvía nuestro limitado mundo como un anillo mágico y colmaba nuestros deseos y aspiraciones; aunaba diversiones hogareñas, afectos y sueños; reunía todo y a todos al amor de la lumbre navideña; y dotaba de plenitud la pequeña imagen que resplan... |
Dickens, Charles | Inglaterra | 1812-1870 | Sentimental | Cuento | Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Eran cinco.
Cinco correos sentados en un banco en el exterior del convento situado en la cumbre del Gran San Bernardo, en Suiza, contemplando las remotas cumbre teñidas por el sol poniente, como si se hubiera derramado sobre la cima de la montaña una gran cantidad de vino tinto que no hub... |
Dieste, Rafael | España | 1899-1981 | Acerca de la muerte de Bieito | Cuento | La señorita Crumpton, o, para citar con toda autoridad la inscripción que aparecía en la verja del jardín del “Minerva House”, en Hammersmith, “Las señoritas Crumpton”, eran dos personas de una estatura fuera de lo común, particularmente delgadas y excesivamente flacas; tiesas como un palo y de color apergaminado. La s... |
Dieste, Rafael | España | 1899-1981 | El niño suicida | Cuento | Fue cerca del camposanto cuando sentí removerse dentro de la caja al pobre Bieito. (De los cuatro portadores del ataúd yo era uno). ¿Lo sentí o fue aprensión mía? Entonces no podría asegurarlo. ¡Fue un rebullir tan suave!… Como la tenaz carcoma que roe, roe en la noche, roe desde entonces en mi magín enfervorizado aque... |
Dieste, Rafael | España | 1899-1981 | El regreso | Cuento | Cuando el tabernero acabó de leer aquella noticia inquietante -un niño se había suicidado pegándose un tiro en la sien derecha- habló el vagabundo desconocido que acababa de comer muy pobremente en un rincón de la tasca marinera, y dijo:
-Yo sé la historia de ese niño.
Pronunció la palabra niño de un modo muy particula... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | Alkmene | Cuento | Sentada al amor de la lumbre, donde un pequeño fuego todavía se esfuerza en hacerle compañía, la vieja Resenda tiene fijo el pensamiento en lejanos recuerdos, y puede que en algún presagio que esa noche le espantó el sueño. A veces se mueve un poco, escucha, y en seguida retorna a su embeleso…
Le quedó el nombre de Res... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | Cena en Elsinore | Cuento | La propiedad de mi padre se hallaba en una parte solitaria de Jutlandia, y yo era su único hijo. Al morir mi madre, no le importó mandarme a un internado; pero cuando cumplí los siete años me contrató un preceptor.
Este preceptor se llamaba Jens Jespersen; era estudiante de teología y, creo, el hombre más honrado que h... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | Cuento del joven marinero | Cuento | En una calle de Elsinore, cerca del puerto, se conserva una casa gris y majestuosa construida en los primeros años del siglo XVIII. El edificio mira reticente a las construcciones modernas que se han levantado a su alrededor.
Durante muchos años funcionó como unidad viva. Cuando la puerta principal se abría, la puerta ... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | El acre del dolor | Cuento | El bricbarca Charlotte había zarpado de Marsella y navegaba rumbo a Atenas, con tiempo gris y mar gruesa, después de tres días de fuerte temporal. Un pequeño marinero llamado Simón, en la cubierta mojada y balanceante, se sujetaba a un obenque y miraba hacia las nubes viajeras y la verga del mastelerillo del palo mayor... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | El anciano | Cuento | El bajo, ondulado paisaje danés estaba silencioso y sereno, misteriosamente despierto en la hora previa a la salida del sol. No había una nube en el cielo pálido, ni una sombra en los borrosos y perlados campos, colinas y bosques. La bruma se elevaba de los valles y las hondonadas; el aire era frío, la hierba y el foll... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | El anillo | Cuento | Mi padre tenía un amigo, el anciano barón Von Brackel, que por haber viajado había tenido ocasiones de visitar y conocer muchas ciudades y muchos hombres.
Sin embargo, no era ningún Ulises, ni podía ser considerado como un genio, ya que había mostrado poca habilidad y destreza en la dirección y manejo de sus propios as... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | El buceador | Cuento | Una mañana de verano, hace ciento cincuenta años, un joven hacendado danés y su mujer salieron a dar un paseo por sus tierras. Hacía una semana que se habían casado. No les había sido sencillo casarse, ya que la familia de la mujer pertenecía a una clase social más elevada y rica que la del marido. Pero los dos jóvenes... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | El festín de Babette | Cuento | Mira Jama contó esta historia:
Vivía en Shiraz un joven estudiante de teología llamado Saufe que era sumamente inteligente y de corazón puro. Leyendo y releyendo el Corán llegó a ensimismarse de tal modo en el pensamiento de los ángeles que su alma convivía con ellos más que con su madre o sus hermanos, sus profesores ... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | El joven del clavel | Cuento | I. Dos damas de Berlevaag
En Noruega hay un fiordo —o brazo de mar largo y estrecho entre altas montañas— llamado de Berlevaag. Al pie de las montañas, el pequeño pueblecito de Berlevaag parece de juguete, una construcción de pequeños tacos de madera pintados de gris, amarillo, rosa y muchos otros colores.
Hace sesenta... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | El mono | Cuento | Hace tres cuartos de siglo había en Amberes, cerca del puerto, un pequeño hotel llamado Queen’s Hotel. Era un establecimiento pulcro y respetable donde se hospedaban capitanes de barco con sus esposas.
A este hotel llegó, una noche de marzo, un joven sumido en la tristeza. Subiendo del puerto, donde acababa de dejarle ... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | El niño soñador | Cuento | I
En algunos países luteranos del norte de Europa existen lugares que utilizan el nombre de conventos. Aunque no tienen carácter religioso, están regidos por una llamada priora.
Son lugares de retiro para solteras y viudas nobles, que los eligen para pasar el invierno de sus días de manera digna y confortable, y de acu... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | El pez | Cuento | En la primera mitad del siglo pasado vivía en Sealand, Dinamarca, una familia de labradores y pescadores a la que llamaban los Plejelt por su lugar de procedencia, cuyos miembros no parecían capaces de prosperar por sí mismos de ninguna manera. En otro tiempo habían poseído algo de tierras aquí y allá, y barcas de pesc... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | El poeta | Cuento | En la ventana abierta en el muro de brazas de espesor había una estrellita que brillaba en el cielo pálido de la noche veraniega. La quietud de esta estrella inquietaba al rey: no podía dormir.
Los ruiseñores, que durante todo el crepúsculo habían llenado el bosque con sus cantos exuberantes y entusiastas, hacía unas h... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | La heroína | Cuento | El origen del nombre de la pequeña ciudad de Hirschholm, en Dinamarca, está rodeado de muchas y sabrosas leyendas.
Corrían los primeros años del siglo XVIII. Reinaba en esta época el piadoso monarca Christian VI, quien tenía por costumbre acudir diariamente a la capilla real para hacer sus rezos.
Sofía Magdalena, la re... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | La historia inmortal | Cuento | Había un joven inglés llamado Frederick Lamond, descendiente de una larga serie de clérigos y eruditos, y estudiante de filosofía de la religión, el cual, a los veinte años de edad, llamó la atención de sus profesores por su talento y tenacidad. En 1870 obtuvo una beca y se fue a Alemania. Se proponía escribir un libro... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | La inundación | Cuento | I. El señor Clay
En los años sesenta del pasado siglo, vivía en Cantón un comerciante de té inmensamente rico llamado señor Clay.
Era viejo, alto, seco y tacaño. Tenía una casa magnífica y un espléndido carruaje, y se sentaba en el centro de ambas cosas, muy tieso, callado y solo.
El señor Clay tenía fama entre los de... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | Las carreteras de Pisa | Cuento | Durante el primer cuarto de siglo pasado estaban de moda los lugares cercanos al mar, incluso entre los habitantes del norte de Europa, donde perduraba la idea de que el mar personifica al Demonio, enemigo frío, voraz y tradicional de la humanidad.
El espíritu romántico de la época se deleitaba con las ruinas, los fant... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | Las perlas | Cuento | I. La redomilla
Una apacible tarde de mayo de 1823 el conde Augustus von Schimmelmann, joven noble danés, escribía una carta sentado ante una mesa de piedra en el jardín de una hostería cerca de Pisa.
Su carácter reflejaba una disposición propensa a la melancolía y a la tristeza; su aspecto hubiera parecido mejor si n... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | Los invencibles dueños de esclavos | Cuento | Hace unos ochenta años, un joven oficial de la guardia real, último hijo de una vieja familia campesina y noble, se casó en Copenhague con la hija de un rico comerciante en lanas cuyo padre había sido vendedor ambulante y había llegado de Jutlandia a la capital. En aquel tiempo, un matrimonio así era algo insólito. Dio... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | Los soñadores | Cuento | —Ce pauvre Jean —dijo un viejo general ruso de barba teñida una tarde del verano de 1875, en el salón de un hotel de Baden-Baden—. Este pobre Jean es algo extraordinario; decididamente, una persona excelente por demás. Usted conoce a Jean, el camarero que atiende a mi mesa, el más viejo del hotel, ¿verdad? Bueno, pues ... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | Peter y Rosa | Cuento | Noche de luna llena en el año 1863. Una embarcación navegaba desde Lamu a Zanzíbar, siguiendo la costa a una mina de distancia.
Iba a toda vela delante del monzón, con un cargamento de marfil y cuernos de rinoceronte. Esto último, altamente cotizado como afrodisíaco. Los comerciantes vienen a Zanzíbar en su búsqueda, i... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | Tempestades | Cuento | Un año, hace un siglo, la primavera llegó con retraso a Dinamarca. Durante los últimos días de marzo, el Sound estuvo bloqueado por el hielo, y cegado, desde la costa danesa a la sueca. La nieve de los campos y los caminos se derretía poco por el día, solo para volverse a helar por la noche; la tierra y el aire carecía... |
Dinesen, Isak | Dinamarca | 1885-1962 | Un cuento consolador | Cuento | I. La visión de la tempestad
Había una vez un viejo actor y director de teatro llamado Herr Soerensen. En sus tiempos de juventud había actuado en los teatros de Copenhague; incluso había llegado a hacer de Aristófanes en la tragedia de Adam Oehlenschlaeger, Sócrates, en el mismo Teatro Real. Pero era un hombre de car... |
Doctorow, E. L. | Estados Unidos | 1931-2015 | El cazador | Cuento | El escritor Charles Despard entró en un pequeño café de París, donde encontró a un amigo y compatriota cenando pacíficamente en una mesa junto a la ventana. Se sentó frente a él, dejó escapar un hondo suspiro de alivio y pidió un vaso de ajenjo. Hasta que no se lo sirvieron y dio un sorbo no dijo una sola palabra, limi... |
Doctorow, E. L. | Estados Unidos | 1931-2015 | El escritor de la familia | Cuento | La ciudad se levanta sobre terrazas abiertas en el monte, a lo largo del río, es una ciudad construida a la zaga de una fábrica, hecha toda ella de casas de tablas de chilla, y la fachada de sus edificios municipales es de piedra roja. Tiene una biblioteca pública que consta de una sola estancia, y que se llama el Lice... |
Doctorow, E. L. | Estados Unidos | 1931-2015 | El hombre de Cuero | Cuento | En 1955 murió mi padre estando aún viva su anciana madre en un sanatorio particular. La vieja señora tenía ya noventa años y ni siquiera se había enterado de la enfermedad de su hijo. Temiendo que la noticia acabara con ella, mis tías le dijeron que mi padre se había ido a Arizona por causa de su bronquitis. Para mi ab... |
Doctorow, E. L. | Estados Unidos | 1931-2015 | La legación extranjera | Cuento | No son nada nuevo, se puede leer sobre el Hombre de Cuero, por ejemplo, cuando hace cien años hacía su recorrido veraniego por Westchester, Connecticut, hasta los Berkshires, luego se le veía sentado junto al camino, se le entreveía por el bosque, tenía sus paradas, siempre las mismas: cavernas, graneros abandonados, o... |
Doctorow, E. L. | Estados Unidos | 1931-2015 | La traída de aguas | Cuento | Después de que su mujer se fuera de casa con toda su ropa y con toda la ropa y los juguetes de los niños, Morgan siguió yendo y viniendo del trabajo, aunque ahora la casa estaba vacía y sin nadie con quien hablar.
Por las tardes se ponía a mirar por las ventanas con unos gemelos y observaba a sus vecinos ir y venir por... |
Doctorow, E. L. | Estados Unidos | 1931-2015 | Una casa en la llanura | Cuento | Lo había seguido hasta aquí. Todo lo que aquel hombre hacía me parecía misterioso, y su predilección, en este día de noviembre, por la traída de aguas, no lo era menos. Un edificio cuadrado, de granito, con torres almenadas en las esquinas, se levantaba junto al depósito sobre una llanura alta que dominaba a la ciudad ... |
Doctorow, E. L. | Estados Unidos | 1931-2015 | Vidas de los poetas | Novela corta | Mamá dijo que de ahí en adelante yo debía ser su sobrino y que la llamara tía Dora. Dijo que nuestra fortuna dependía de que ella no tuviera un hijo de dieciocho años que aparentaba más bien veinte. Di tía Dora, dijo. Lo dije. No quedó satisfecha. Me obligó a decirlo varias veces. Dijo que debía decirlo creyendo que el... |
Doctorow, E. L. | Estados Unidos | 1931-2015 | Willi | Cuento | Mi pulgar izquierdo está rígido, no demasiado hinchado, aunque las venas de su base sobresalen y no puedo moverlo hacia atrás ni recoger nada con él sin sentir dolor. ¿Es ésta la primera vez que me pasa una cosa así? Algo me recuerda, si bien de manera vaga, y acabará quitándoseme, pero me da la sensación, con venas hi... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | Ana María | Cuento | Un día de primavera fui dando un paseo por la pradera que hay detrás del hórreo y sentí elevarse en torno a mí las exhalaciones del campo, el húmedo dulzor de la hierba, y me dije que el alma de la tierra se levantaba en busca del calor del sol sumiéndome en algún abrazo divino. Tan brillante convicción había en los co... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | China | Cuento | 1
“¡Qué raro que dejen a una niñita tan chica sola en un jardín tan grande!”, pensó el viejo, enjugándose el sudor del rostro con un pañuelo que después repuso en el bolsillo de su raída chaqueta.
La niña era, en realidad, pequeñísima, llegaría apenas a los tres años, y era como una molécula que flotara un instante, de... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | Dinamarquero | Cuento | Por un lado el muro gris de la Universidad. Enfrente, la agitación maloliente de las cocinerías alterna con la tranquilidad de las tiendas de libros de segunda mano y con el bullicio de los establecimientos donde hombres sudorosos horman y planchan, entre estallidos de vapor. Más allá, hacia el fin de la primera cuadra... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | Dos cartas | Cuento | Esa tarde, después del trabajo, don Gaspar, el contador, dijo que tenía sed. Yo me dejé convencer fácilmente, porque en el aislamiento de una estancia magallánica cualquier pretexto para romper la monotonía es una bendición, aunque el pretexto mismo haya llegado a ser habitual. Don Gaspar y yo acostumbrábamos ir al Pue... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | El charlestón | Cuento | Estas son las últimas cartas que se escribieron dos hombres, Jaime Martínez, un chileno, y John Dutfield, un inglés.
Se conocieron como compañeros en los cursos infantiles de un colegio de Santiago, y continuaron en la misma clase hasta terminar sus humanidades. Pero jamás fueron amigos. No podía haber sido de otro mod... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | El Güero | Cuento | A veces pienso que la vida sería harto triste si uno no tuviera amigos con quienes divertirse y tomar juntos unos buenos tragos de vino de vez en cuando.
Pero en la vida suceden cosas muy raras, que nadie puede comprender. Hace poco tiempo pasé un par de semanas sin querer juntarme con Jaime ni con Memo, que son mis am... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | El hombrecito | Cuento | No bien bajé del tren en la estación de Veracruz, me descompuso aquel mundo bullicioso y caldeado, tan distinto a cuanto conocía. Tuve el desagradable presentimiento de que todo iba a andar mal en ese desorden de gentes y cosas. En efecto, así fue, al principio, porque en el andén mismo extravié parte de mi equipaje. L... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | La invención de Ramón | Minicuento | Desde mi primera infancia vi que en mi casa el asunto de los “hombrecitos” era problema serio. ¿Quién iba a encerar? ¿Quién se haría cargo de revisar las tejuelas de alerce y de darles una mano de aceite antes del invierno? ¿Quién lavaría los vidrios, limpiaría la chimenea, repararía el gallinero derribado a medias por... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | La puerta cerrada | Cuento | ¿No la conoces? Es Sylvia Corday, la de Ramón del Solar… Ya sabes toda esa historia. Sí, parece que la hubieran armado con módulos de plástico, como a un maniquí de escaparate. Dicen que no tiene cara. Facciones, desde luego, no tiene. ¿Dónde está la nariz, por ejemplo? Nadie jamás se la ha visto. Dicen que ni Ramón. T... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | Paseo | Cuento | Adela de Rengifo se quejaba frecuentemente de que a ella le habían tocado las peores calamidades de la vida: enviudar a los veinticinco años, ser pobre y verse obligada a trabajar para mantenerse con un poco de dignidad, y tener un hijito enfermizo, es decir, no enfermizo precisamente, sino que más bien enclenque, de e... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | Santelices | Cuento | 1
Esto sucedió cuando yo era muy chico, cuando mi tía Matilde y tío Gustavo y tío Armando, hermanos solteros de mi padre, y él mismo, vivían aún. Ahora están todos muertos. Es decir, prefiero suponer que están todos muertos, porque resulta más fácil, y ya es demasiado tarde para atormentarse con preguntas que seguramen... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | Tocayos | Cuento | —… porque usted comprenderá pues, Santelices, que si dejáramos que todos los pensionistas hicieran lo mismo que usted, nos quedaríamos en la calle. Sí, sí, ya sé lo que me va a decir y le encuentro toda la razón. ¿ Cómo cree que le íbamos a negar permiso para clavar unos cuantos, si ha vivido con nosotros tres años y m... |
Donoso, José | Chile | 1924-1997 | Una señora | Cuento | Ese invierno Juan Acevedo no andaba con dinero en el bolsillo, porque no tenía trabajo. Pero no se amargaba, ya que existía la posibilidad de un puesto como mecánico, con lo que pensaba mantenerse los meses que le faltaban para entrar a hacer la guardia. Además, todos lo querían. Era bajo y enjuto y moreno, con el cabe... |
Dostoyevski, Fiodor | Rusia | 1821-1881 | Cocodrilo: Un evento extraordinario | Cuento largo | No recuerdo con certeza cuándo fue la primera vez que me di cuenta de su existencia. Pero si no me equivoco, fue cierta tarde de invierno en un tranvía que atravesaba un barrio popular.
Cuando me aburro de mi pieza y de mis conversaciones habituales, suelo tomar algún tranvía cuyo recorrido desconozca y pasar así por l... |
Dostoyevski, Fiodor | Rusia | 1821-1881 | El corazón débil | Cuento largo | I
Eran las doce y media del trece de enero del presente año de mil ochocientos sesenta y cinco cuando Elena Ivánovna, esposa de Iván Matvéich, erudito amigo mío, colega y algo pariente, aunque lejano, manifestó el deseo de ir a ver el cocodrilo exhibido en el Pasaje por un módico precio de entrada. Iván Matvéich, que t... |
Dostoyevski, Fiodor | Rusia | 1821-1881 | El ladrón honrado | Cuento | Bajo el mismo techo, en la misma casa, en un cuarto piso, vivían dos jóvenes funcionarios, Arcadi Ivánovich Nefédevich y Vasia Shumkov… El autor, lógicamente, se ve en la obligación de explicar al lector por qué un héroe tiene el nombre completo y el otro no, aunque solo sea porque esto se pueda considerar incorrecto, ... |
Dostoyevski, Fiodor | Rusia | 1821-1881 | El pequeño héroe | Cuento largo | Una mañana, cuando ya me disponía a dirigirme a mis tareas, entró en mi habitación Agrafena, mi cocinera, lavandera y ama de llaves, y, para mi sorpresa, se dirigió a mí.
Hasta aquel momento era una mujer tan callada y sencilla que, al margen de dos palabras que dijera al día sobre lo que iba a preparar para comer, no ... |
Dostoyevski, Fiodor | Rusia | 1821-1881 | El señor Projarchin | Cuento largo | Por aquel entonces no tendría yo más de once años. En julio me enviaron a pasar una temporada a un pueblo de los alrededores de Moscú, donde un pariente llamado T…ov, en cuya casa se habían reunido unas cincuenta personas o más… no recuerdo bien, pues no los conté. Había mucho alboroto y mucha alegría. Todo parecía ind... |
Dostoyevski, Fiodor | Rusia | 1821-1881 | El sueño de un hombre ridículo | Cuento | En el rinconcito más oscuro y modesto del piso de Ustinia Fiódorovna se alojaba Semión Ivánovich Projarchin, un hombre ya entrado en años, formal y que no bebía. Teniendo en cuenta que el señor Projarchin, conforme a su bajo rango y los servicios que prestaba, tenía un sueldo muy modesto, Ustinia Fiódorovna no tenía fu... |
Dostoyevski, Fiodor | Rusia | 1821-1881 | La mujer ajena y el marido debajo de la cama | Cuento largo | I
Soy un hombre ridículo. Ahora ellos me llaman loco. Y eso podría haberme supuesto un ascenso de grado, sí no me siguieran considerando igual de ridículo que antes. Ahora no me enfado y todos me parecen simpáticos; incluso cuando se burlan de mí siguen de algún modo pareciéndome especialmente dulces. De buena gana me ... |
Dostoyevski, Fiodor | Rusia | 1821-1881 | Las noches blancas | Cuento largo | I
—¡Permítame hacerle una pregunta, caballero…!
El transeúnte se estremeció y ligeramente amedrentado miró al caballero del abrigo de castor que a las ocho de la noche se le acercaba en mitad de la calle. Es de sobra conocido que el caballero petersburgués se asusta cuando un desconocido de pronto le aborda en la calle... |
Dostoyevski, Fiodor | Rusia | 1821-1881 | Polzunkov | Cuento | Un relato sentimental
(de los recuerdos de un soñador)
Noche primera
Hacía una noche extraordinaria, como solo puede hacer, querido lector, cuando somos jóvenes. El cielo estaba tan estrellado y claro que, mirándolo, sin querer te preguntabas: ¿acaso bajo un cielo así puede vivir gente malhumorada y caprichosa? ¡Tambié... |
Subsets and Splits
No community queries yet
The top public SQL queries from the community will appear here once available.