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Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | Un hombre y… otros más | Cuento | Un italiano tenía un puesto de frutas en una esquina desde donde podía atraer a aquellos que bajaban de la estación elevada y a aquellos que pasaban por dos calles atestadas. El tendero se sentaba la mayor parte del día en un taburete que tenía colocado de manera estratégica.
Había un chiquillo que vivía cerca, cinco p... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | Un misterio de heroísmo | Cuento | I
Oscuros mezcales se extendían de horizonte a horizonte. No había ni una casa ni un jinete que hicieran pensar en la proximidad de una ciudad o un poblado. Era un mundo despoblado y desierto. A veces, sin embargo, en días en que la niebla estaba ausente, una forma azulada indistinta, semejante a un velo fantasmal, apa... |
Crane, Stephen | Estados Unidos | 1871-1900 | Una ilusión en rojo y blanco | Cuento | Los oscuros uniformes de los hombres estaban tan cubiertos de polvo por la incesante violencia de los dos ejércitos, que el regimiento parecía casi parte del terraplén de barro que lo resguardaba de los proyectiles. Sobre la cima de la colina, una batería de cañones luchaba, entre tremendos estampidos, contra otros cañ... |
Crowe, Catherine | Inglaterra | 1790-1876 | El crimen invisible | Cuento | Durante las largas noches del bloqueo de Cuba, los hombres que iban a bordo de aquel pequeño y basculante bote mensajero intimaban tanto como si hubiesen sido enterrados en el mismo ataúd. Corresponsales que en Nueva York se comportaban como individuos vanidosos y egoístas, se convertían en personas amables y sencillas... |
Crowe, Catherine | Inglaterra | 1790-1876 | El duende de Adgate | Cuento | En 1842 en el barrio de Marylebone, se derribó una casa a la que ya no acudía ningún huésped desde hacía ya muchos años, y cuyos propietarios no estaban dispuestos a gastar más dinero en reparaciones.
Sus últimos habitantes fueron el mayor W…, su esposa, sus tres hijos y su sirviente.
El mayor W…, que desempeñaba un di... |
Crowe, Catherine | Inglaterra | 1790-1876 | El pequeño monstruo blanco | Cuento | Durante el crudísimo invierno de 1799, fue visto un lobo en Adgate, Leadenhall y Cornhill, en pleno centro de Londres. Al principio se creyó que se trataba de un enorme perro vagabundo, extrañamente peligroso; pero numerosos testigos comprobaron que se trataba de un lobo y, además, ¡de notables dimensiones!
Sobre todo ... |
Crowe, Catherine | Inglaterra | 1790-1876 | La casa B… en Camden Hill | Cuento | En el barrio de Marylebone había en otro tiempo una casa habitada por un fantasma muy especial.
El espectro solo aparecía intermitentemente y en épocas muy distanciadas.
En realidad, solamente estaba ocupada la planta baja de la casa, pues los departamentos estaban realquilados como oficinas, cuyo personal se retiraba ... |
Crowe, Catherine | Inglaterra | 1790-1876 | La casa embrujada | Cuento | La casa que habitaba el matrimonio B… en Camden-Hill no tenía nada de particular, salvo su gran número de habitaciones, todas ellas igualmente confortables.
El señor y la señora B… la habían alquilado por un precio razonable a un hombre de negocios de Temple, con la intención de convertirla en una pensión, donde pudier... |
Crowe, Catherine | Inglaterra | 1790-1876 | Poseídos por demonios | Cuento | En un estrecho callejón de angostos recodos que unía St. Mary Axe con Bishopgate, llamó la atención de la policía un incendio de escasa importancia, en una antigua y bella casa señorial, perteneciente a la familia L…
Este inmueble estaba cuidadosamente cerrado; las puertas y las ventanas de la planta baja fueron encade... |
d'Halmar, Augusto | Chile | 1882-1950 | En provincia | Cuento | De todos los aspectos de la brujería y lo sobrenatural a los que he prestado mi atención, es el de la posesión demoníaca el que muy probablemente más me haya fascinado. Muchos médicos alemanes sostienen que es posible que se den esas instancias genuinas de la posesión, y hay a este respecto numerosos trabajos publicado... |
Dabove, Santiago | Argentina | 1889-1951 | El tren | Cuento | Tengo cincuenta y seis años y hace cuarenta que llevo la pluma tras la oreja; pues bien, nunca supuse que pudiera servirme para algo que no fuese consignar partidas en el libro Diario o transcribir cartas con encabezamiento inamovible: “En contestación a su grata, fecha… del presente, tengo el gusto de comunicarle…”
Y ... |
Dabove, Santiago | Argentina | 1889-1951 | Ser polvo | Cuento | El tren era todos los días a la tardecita, pero venía moroso, como sensible al paisaje.
Yo iba a comprar algo por encargo de mi madre. Era suave el momento, como si el rodar fuera cariño en los lúbricos rieles. Subí, y me puse a atrapar el recuerdo más antiguo, el primero de mi vida. El tren retardaba tanto que encontr... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | ¡Abre la puerta, Rickard! | Cuento | ¡Inexorable severidad de las circunstancias! Los médicos que me atendían tuvieron que darme, a mis pedidos insistentes, a mis ruegos desesperados, varias inyecciones de morfina y otras sustancias para poner como un guante suave a la garra con que habitualmente me torturaba la implacable enfermedad: una atroz neuralgia ... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Aguanieve | Cuento | Abre la puerta.
Dicen que abra la puerta, y yo no la abro. No solo dicen que la abra, ruegan; y cuando los ruegos no surten efecto, amenazan, pero cuando las amenazas no surten efecto se callan un rato, susurran jadeantes y ansiosos mientras están totalmente quietos al otro lado de la puerta como si quisieran hipnotiza... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | ¿Dónde está mi suéter islandés? | Cuento | No, una tarde así jamás volvería a repetirse. No podría hacerlo por la sencilla razón de que solo una vez en la vida tiene uno nueve años, deshoja zanahorias con su cuchillo nuevo de Mora, contempla un aguanieve a mediados de octubre y tiene una tía, una tía de madre mejor dicho, que llega de América a las siete y medi... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | El condenado a muerte | Cuento | Qué bien, así me gusta. Que me reciban como a un señor. Ahí está Ulrik, en la esquina del andén, con botas de cuero y su mejor sombrero, el de ala ancha, mirando alicaído a la explanada de la estación. Lleva brazalete de luto y lazo negro. A su espalda la yegua ramonea entre las flores del arriate. Habrá que ir en coch... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | El frío de la noche de verano es fuerte | Cuento | En primer lugar le preguntaron qué había sentido cuando apareció el verdugo en el vano de la puerta y, con ojos chispeantes tras la ceñida máscara negra, le ordenó en voz baja que se preparara, pero respondió que no lo recordaba porque en aquel mismo instante vio a su madre sentada en la gradería, en medio de un nutrid... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | El hombre desconocido | Cuento | Un muchacho y una habitación. La habitación es calurosa y pequeña y tiene una ventana estrecha hacia la vida. Por la ventana el muchacho ve el cielo como una estrecha franja entre casas altas y sus párpados. Es joven e impaciente y cree que los párpados le impiden ver. La ventana da a cinco patios traseros de piedra y ... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | El hombre que no quería llorar | Cuento | Es la tarde anterior a una noche tormentosa. Una tarde de ver fotografías o escribir cartas. Plácidas, apacibles cartas sobre pequeñas cosas a amigos lejanos o parientes remotos. O de ver fotografías. Una caja entera llena para volcarla en la mesa. En el anochecer parece como si hubiera caído nieve sobre el tablero de ... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | El viaje del sábado | Cuento | Estaba citado a las doce. A la hora en punto empuñó el picaporte de la puerta. El pasillo estaba desierto y medio en penumbra, ya que solo una de cada dos lámparas permanecía encendida a la hora del almuerzo. Fuera del despacho había una aspiradora abandonada, como un perro tendido en confiada espera. Aún se lo pensó u... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Érase una vez un mayo… | Cuento | Los sábados algunas chicas llevaban sus ropas de sábado y domingo. Eran vestidos y blusas de flores, de lunares, de colores y de rayas, que brillaban como mariposas cuando los sacaban de los grises paquetes, las crisálidas, en el vestuario de la fábrica. Le iban bien al alegre bullicio que llenaba el hueco de la escale... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Hace mucho tiempo | Cuento | Pronto iba a ser la una y todos los que estaban esperando empezaban a sudar y a enrojecer. Los que estaban delante eran empujados hacia la calzada por los que estaban detrás y había unas apreturas insoportables, incluso para los que tenían los codos bien afilados. Desde las ventanas altas las masas de gente de las acer... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Invierno en Belleville | Cuento | Pienso contarles una historia de hace mucho tiempo. Trata de gente, de nieve y de un viaje. La gente es buena, la nieve es blanca y el viaje es largo. Si la gente les resulta demasiado buena, no se quejen: nunca más volverá a ocurrir. Si el viaje les parece muy largo, quédense en casa. Si la nevada es tan intensa que l... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Juegos nocturnos | Cuento | Si París es una forma de vivir, Belleville es una forma ardua de vivir. Y en invierno una forma de sufrir. De todos los inviernos el invierno que mejor recuerdo es el invierno en que se llevaron el motor de la máquina de coser de Régine y luego se lo devolvieron. A mí me quitaron el gorro pero no me lo devolvieron. Fue... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | La sorpresa | Cuento | A veces por las noches cuando la madre llora en el cuarto y solo pasos desconocidos resuenan en las escaleras tiene Åke un juego al que juega en lugar de llorar. Juega a que es invisible y a que puede ir adonde quiera solo con pensarlo. Esas noches no hay más que un sitio al que desear ir y en él se encuentra pues Åke ... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | La torre y la fuente | Cuento | Hay personas que no hacen nada para ser amadas y a pesar de ello lo son y otras que lo hacen todo para ser amadas y nunca llegan a serlo. Se puede notar que a las personas pobres de verdad les resulta muchas veces difícil ser amadas. Cuando la madre de Åke llevaba viuda cinco años, el abuelo paterno de Åke cumplió sete... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Los implacables | Cuento | Un lunes, a mediodía, mientras descendía del campanario, oyó que un coche frenaba y se detenía en lo alto de la carretera. Permaneció de pie, a la escucha, sobre la grava roja del último peldaño. Pero entonces no oyó nada, solo el zumbido de abejorros que revoloteaban entre los rosales del jardín del convento. A lo lej... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Los juegos de la noche | Cuento | Qué buena pareja hacen, qué contrariedad tan excepcional y oportuna que esos dos, precisamente esos dos, acabaran contrayendo matrimonio, con las mismas dotes para protagonizar sensacionales entradas y, según se cuenta, discretas retiradas. La verdad es que a ella no la he visto antes, pero bien me la han pintado tanto... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Los vagones rojos | Cuento | A veces, por la noche, cuando la madre llora en el cuarto y sólo pasos desconocidos resuenan en las escaleras, Ake tiene un juego que juega en vez de llorar. Finge ser invisible y poder transportarse adonde quiere, nada más que pensándolo. Aquella noche no había más que un sitio adonde pudiera anhelar dirigirse y en do... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Matar a un niño | Cuento | El hombre que subió al tren parecía sin duda terriblemente enfermo. El revisor, que estaba en el andén frotándose con el pulgar el más brillante de sus botones, dio una repentina patada a un reluciente pedazo de hielo que fue a estallar contra uno de los raíles, con su habitual sonoro tintineo pero sin producir ningún ... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Memorias de un niño | Cuento | Es un día suave y el sol está oblicuo sobre la llanura. Pronto sonarán las campanas, porque es domingo. Entre dos campos de centeno, dos jóvenes han hallado una senda por la que nunca fueron antes, y en los tres pueblos de la planicie resplandecen los vidrios de las ventanas. Algunos hombres se afeitan frente a los esp... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Mi hijo fuma en pipa de espuma de mar | Cuento | 1
A inventar se empieza pronto. De niño siempre se es inventor. Luego, en la mayoría de los casos, te arrebatan el hábito. El arte de ser inventor consiste pues en no permitir que la vida, la gente o el dinero te arrebaten, entre otras cosas, el hábito de inventar.
Yo me acostumbré a “inventar” a edad muy temprana. La ... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Mil años con Dios | Cuento | Sí, es cierto que mi hijo fuma en pipa de espuma de mar, pero no puedo entender que eso, precisamente eso, sea tan indecoroso para que de repente me quede sin amigos, sí, sin amigos íntimos y hasta sin inquilinos. ¿Podría ser esta soledad mía, que de golpe me embarga por entero en una humareda amarga, la consecuencia d... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Nuestra necesidad de consuelo es insaciable… | Cuento | A veces Dios se cansa de su figura de luz y silencio. La eternidad le asquea, su manto cae. Vemos una sombra que se forma entre las estrellas, llega la noche. En casa de Newton, en Londres, se preparan sin saberlo para la singular visita. Avanzada la noche, un carruaje se desliza en la lluvia por la calle en la que viv... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Nuestro balneario nocturno | Cuento | Yo carezco de fe y por eso nunca podré ser una persona feliz porque una persona feliz nunca tendrá que temer que su vida sea un vagar desprovisto de sentido hacia la certeza de la muerte. No he heredado ni un dios ni un lugar firme en la tierra desde el que pudiera atraer hacia mí la atención de un dios. Tampoco he her... |
Dagerman, Stig | Suecia | 1923-1954 | Una tragedia menor | Cuento | 1
Claro que siempre se le puede dar vueltas a por qué hay tan pocos sitios que estén tan sucios como las playas. Tal vez es que en ellas la gente se baña demasiado, se lava demasiado, demasiada basura que, si no, se llevaría encima, se restriega y queda ensuciando el entorno: en los pequeños junquerales cercanos, por l... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | Aguafuerte | Minicuento | Todas las grandes tragedias han ocurrido ya, hace mucho tiempo. Podemos leerlas en libros o verlas en el teatro. En nuestros días solo acontecen tragedias menores, tales como que la gente tiene hijos sin poder permitirse el lujo de casarse, o que un cartero casado se enamora de una señora al hacer el tercer reparto en ... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | Amar hasta fracasar (solo la vocal “a”) | Cuento | De una casa cercana salía un ruido metálico y acompasado. En un recinto estrecho, entre paredes llenas de hollín, negras, muy negras, trabajaban unos hombres en la forja. Uno movía el fuelle que resoplaba, haciendo crepitar el carbón, lanzando torbellinos de chispas y llamas como lenguas pálidas, áureas, azulejas, resp... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | Bouquet | Cuento | Hablábamos varios hombres de letras de las cosas curiosas que, desde griegos y latinos, han hecho ingenios risueños, pacientes o desocupados, con el lenguaje. Versos que se pueden leer al revés tanto como al derecho, guardando siempre el mismo sentido, acrósticos arrevesados, en losange; y luego, prosas en que se supri... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | Canción del oro | Cuento | La linda Stela, en la frescura de sus quince abriles, pícara y risueña, huelga por el jardín acompañada de una caterva bulliciosa.
Se oye entre las verduras y los follajes trisca y algazara. Querubines de tres, de cuatro, de cinco años, chillan aturden y cortan ramos florecidos. Suena en el jardín como un tropel de mar... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | Cuento de Nochebuena | Cuento | Aquel día, un harapiento, por las trazas un mendigo, tal vez un peregrino, quizá un poeta, llegó, bajo la sombra de los altos álamos, a la gran calle de los palacios, donde hay desafíos de soberbia entre el ónix y el pórfido, el ágata y el mármol, en donde las altas columnas, los hermosos frisos, las cúpulas doradas, r... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | El caso de la señorita Amelia | Cuento | El hermano Longinos de Santa María era la perla del convento. Perla es decir poco, para el caso; era un estuche, una riqueza, un algo incomparable e inencontrable: lo mismo ayudaba al docto fray Benito en sus copias, distinguiéndose en ornar de mayúsculas los manuscritos, como en la cocina hacía exhalar suaves olores a... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | El Dios bueno | Cuento | Que el doctor Z es ilustre, elocuente, conquistador; que su voz es profunda y vibrante al mismo tiempo, y su gesto avasallador y misterioso, sobre todo después de la publicación de su obra sobre La plástica de ensueño, quizás podríais negármelo o aceptármelo con restricción; pero que su calva es única, insigne, hermosa... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | El fardo | Cuento | Cuento que parece blafemo pero no lo es
Todos los niños del hospicio habían ya rezado después de la taza de chocolate. A los más pequeños les habían persignado las hermanas de la caridad. En la gran sala, alumbrada por una farola de gas, colocada en un extremo, flotaba el aliento acompañado del sueño, exhalándose en la... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | El nacimiento de la col | Minicuento | Allá lejos, en la línea, como trazada por un lápiz azul, que separa las aguas y los cielos, se iba hundiendo el sol, con sus polvos de oro y sus torbellinos de chispas purpuradas, como un gran disco de hierro candente. Ya el muelle fiscal iba quedando en quietud; los guardas paseaban de un punto a otro, las gorras meti... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | El pájaro azul | Cuento | En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.
-Eres bella.
-Lo soy, dijo la rosa.
-B... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | El palacio del sol | Cuento | París es teatro divertido y terrible. Entre los concurrentes al café Plombier, buenos y decididos muchachos -pintores, escultores, poetas- sí, ¡todos buscando el viejo laurel verde!, ninguno más querido que aquel pobre Garcín, triste casi siempre, buen bebedor de ajenjo, soñador que nunca se emborrachaba, y, como bohem... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | El rey burgués | Cuento | Vosotras, madres de las muchachas anémicas, va esta historia, la historia de Berta, la niña de los ojos color de aceituna, fresca como una rama de durazno en flor, luminosa como un alba, gentil como la princesa de un cuento azul.
Ya veréis, sanas y respetables señoras, que hay algo mejor que el arsénico y el fierro, pa... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | El rubí | Cuento | ¡Amigo! El cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Un cuento alegre… así como para distraer las brumosas y grises melancolías, helo aquí:
Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras, caballos de largas crines, armas flaman... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | El sátiro sordo | Cuento | -¡Ah! ¡Conque es cierto! Conque ese sabio parisiense ha logrado sacar del fondo de sus retortas, de sus matraces, la púrpura cristalina de que están incrustados los muros de mi palacio!
Y al decir esto el pequeño gnomo¹ iba y venía, de un lugar a otro, a cortos saltos, por la honda cueva que le servía de morada; y hací... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | El velo de la reina Mab | Cuento | Habitaba cerca del Olimpo un sátiro, y era el viejo rey de su selva. Los dioses le habían dicho: “Goza, el bosque es tuyo; sé un feliz bribón, persigue ninfas y suena tu flauta”. El sátiro se divertía.
Un día que el padre Apolo estaba tañendo la divina lira, el sátiro salió de sus dominios y fue osado a subir al sacro... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | Huitzilopoxtli | Cuento | La reina Mab, en su carro hecho de una sola perla, tirado por cuatro coleópteros de petos dorados y alas de pedrería, caminando sobre un rayo de sol, se coló por la ventana de una buhardilla donde estaban cuatro hombres flacos, barbudos e impertinentes, lamentándose como unos desdichados.
Por aquel tiempo, las hadas h... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | La extraña muerte de fray Pedro | Cuento | Tuve que ir, hace poco tiempo, en una comisión periodística, de una ciudad frontera de los Estados Unidos, a un punto mexicano en que había un destacamento de Carranza. Allí se me dio una recomendación y un salvoconducto para penetrar en la parte de territorio dependiente de Pancho Villa, el guerrillero y caudillo mili... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | La historia de un picaflor | Cuento | Visitando el convento de una ciudad española, no ha mucho tiempo, el amable religioso que nos servía de cicerone, al pasar por el cementerio, me señaló una lápida en que leí, únicamente: Hic iacet frater Petrus.
-Este -me dijo- fue uno de los vencidos por el Diablo.
-Por el viejo Diablo que ya chochea -le dije.
-No -m... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | La isla de la Muerte | Cuento | …Ah!, si, mi amable señorita. Tal como usted lo oye: tras un jarrón de paulonias y a eso de ponerse el sol. Garlaban como niños vivarachos, no se daban punto de reposo yendo y viniendo de un álamo vecino a una higuera deshojada y escueta, que está más allá de donde usted ve aquel rosalito, un poco más allá.
¿Que quiere... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | La larva | Cuento | ¿En qué país de Ensueño, en qué fúnebre país de Ensueño está la isla Somoria? Es en un lejano lugar donde reina el silencio. El agua no tiene una sola voz en su cristal ni el viento en sus leves soplos, ni los negros árboles mortuorios, que semejan, agrupados y silenciosos, monjes fantasmas.
Cavadas en las volcánicas r... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | La muerte de la emperatriz de la China | Cuento | Como se hablase de Benvenuto Cellini y alguien sonriera de la afirmación que hace el gran artífice en su Vida, de haber visto una vez una salamandra, Isaac Codomano dijo:
-No sonriáis. Yo os juro que he visto, como os estoy viendo a vosotros, si no una salamandra, una larva o una ampusa.
Os contaré el caso en pocas... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | La muerte de Salomé | Cuento | Delicada y fina como una joya humana, vivía aquella muchachita de carne rosada, en la pequeña casa que tenía un saloncito con los tapices de color azul desfalleciente. Era su estuche.
¿Quién era el dueño de aquel delicioso pájaro alegre, de ojos negros y boca roja? ¿Para quién cantaba su canción divina, cuando la señor... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | La ninfa | Cuento | La historia, a veces, no está en lo cierto. La leyenda, en ocasiones, es verdadera, y las hadas mismas confiesan, en sus intimidades con algunos poetas, que mucho hay falseado en todo lo que se refiere a Mab, a Titania, a Brocelianda, a las sobrenaturales y avasalladoras beldades. En cuanto a las cosas y sucesos de ant... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | La pesadilla de Honorio | Cuento | En el castillo que últimamente acaba de adquirir Lesbia, esta actriz caprichosa y endiablada que tanto ha dado que decir al mundo por sus extravagancias, nos hallábamos a la mesa hasta seis amigos. Presidía nuestra Aspasia, quien a la sazón se entretenía en chupar como niña golosa un terrón de azúcar húmedo, blanco ent... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | Palomas blancas y garzas morenas | Cuento | ¿Dónde? A lo lejos, la perspectiva abrumadora y monumental de extrañas arquitecturas, órdenes visionarios, estilos de un orientalismo portentoso y desmesurado. A sus pies un suelo lívido; no lejos, una vegetación de árboles flacos, desolados, tendiendo hacia un cielo implacable, silencioso y raro, sus ramas suplicantes... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | ¿Por qué? | Cuento | -Mi prima Inés era rubia como una alemana. Fuimos criados juntos, desde muy niños, en casa de la buena abuelita que nos amaba mucho y nos hacía vernos como hermanos, vigilándonos cuidadosamente, viendo que no riñésemos. ¡Adorable, la viejecita, con sus trajes a grandes flores, y sus cabellos crespos y recogidos como un... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | Sor Filomena | Cuento | ¡Oh, señor! El mundo anda muy mal. La sociedad se desquicia. El siglo que viene verá la mayor de las revoluciones que han ensangrentado la tierra. ¿El pez grande se come al chico? Sea; pero pronto tendremos el desquite. El pauperismo reina, y el trabajador lleva sobre sus hombros la montaña de una maldición. Nada vale ... |
Darío, Rubén | Nicaragua | 1867-1916 | Verónica | Cuento | ¡Ya está hecho, por todos los diablos!— rugió el obeso empresario, dirigiéndose a la mesita de mármol en que el pobre tenorio ahogaba su amargura en la onda de ópalo de un vaso de ajenjo.
El empresario, ese famoso Krau,—¿no conocéis la celebridad de su soberbia nariz, un verdadero dije de coral ornado de rubio alcohóli... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Acta Notarial: Prólogo a “Cartas de mi molino” | Cuento | Fray Tomás de la Pasión era un espíritu perturbado por el demonio de la ciencia. Flaco, anguloso, nervioso, pálido, dividía sus horas del convento entre la oración, la disciplina y el laboratorio. Había estudiado las ciencias ocultas antiguas, nombraba con cierto énfasis, en las conversaciones del refectorio, a Paracel... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Arthur | Cuento | «Compareció ante mí, Honorato Grapazi, notario residente en Pamperigouste:
»El señor Gaspar Mitifio, esposo de Vivette Cornille, avecindado y residente en el lugar denominado Los Cigarrales;
»Quien, por la presente escritura, vende y transfiere con todas las garantías de hecho y de derecho, y libre completamente de deu... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El abanderado | Cuento | Hace unos años, viví en un pequeño edificio en los Campos Elíseos, en el pasaje de las Doce Casas. Imagínense un rincón de arrabal perdido, escondido en medio de esas grandes avenidas aristocráticas, tan frías, tan tranquilas que parece que sólo se pasa por ellas en coche. No sé qué capricho de propietario, qué manía d... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El Buen Dios de Chemillé, que no está a favor ni en contra | Cuento | I
El regimiento estaba en batalla sobre un repecho de la vía férrea, sirviendo de blanco a todo el ejército prusiano amontonado en frente, bajo el bosque. Se fusilaban a ochenta metros. Los oficiales no cesaban de gritar: “¡acuéstense!” Pero ningún soldado quería obedecer y el fiero regimiento seguía de pie, agrupado a... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El concierto de la octava | Cuento | El párroco de Chemillé iba a llevar al Buen Dios a un enfermo. Realmente, daba pena pensar que alguien pudiera morirse en un día tan hermoso de verano, en pleno Ángelus de mediodía, en el momento de la vida y de la luz. Daba pena también pensar que aquel pobre párroco se había visto obligado a ponerse en camino nada má... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El elixir del padre Gaucher | Cuento | Todos los batallones del barrio del Marais y del arrabal Saint-Antoine acampaban aquella noche en el campamento de barracones de la avenida Daumesnil. Desde hacía tres días el ejército de Ducrot combatía en las colinas de Champigny; y a nosotros nos hacían creer que constituíamos la reserva.
No había nada más triste qu... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El espejo | Cuento | Beba usted esto, beba usted ésto, mi querido vecino; verá usted lo que es bueno.
Y, gota a gota, con la minuciosidad de un lapidario que contase perlas, el cura de Graveson escanció en mi copa obra de dos dedos de un licor verde, dorado, tibio, reluciente, exquisito…. Me bastó probarlo para sentir en el estómago un cal... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El Faro de las Sanguinarias | Cuento | Al Norte, a orillas del Nieman, ha llegado una pequeña criolla de quince años, blanca y rosa como una flor de almendro. Viene del país de los colibríes, la trae el viento del amor…
Los de su isla le decían:
-No vayas, en el continente hace frío… El invierno te matará.
Pero la pequeña criolla no creía en el invierno y s... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El higo y el perezoso | Cuento | Aquella noche no pude dormir. El mistral estaba iracundo, y el estrépito de sus grandes silbidos me tuvieron despierto hasta el amanecer. El molino entero crujía, balanceando pesadamente sus aspas mutiladas, que resonaban con el cierzo como el aparejo de un buque. De su destruida techumbre escapábanse las tejas. En lon... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El hombre de la sesera de oro | Cuento | En la indolente y voluptuosa ciudad de Blidah, unos años antes de la invasión de los franceses, vivía un buen moro llamado Sidi Lakdar al que las gentes de su ciudad habían apodado El perezoso. Sepan ustedes que los moros de Argelia son los hombres más indolentes de la tierra, sobre todo los de Blidah; sin duda a causa... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El mal zuavo | Cuento | Al leer su carta, señora, me ha asaltado algo así como un remordimiento. Me he recriminado el color pesimista de mis cuentos y me he comprometido a enviarle algo alegre, profundamente alegre.
¿Por qué habría de estar triste, después de todo? Vivo a mil leguas de las nieblas parisinas, sobre una colina luminosa, en la r... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El niño espía | Cuento | El viejo herrero de Sainte-Marie-des-Mines no se encontraba aquella tarde de buen humor. Normalmente, cuando apagaba su fragua y el sol se ponía, él se sentaba en un banco ante la puerta para saborear la dulce fatiga que produce el trabajo y el calor del día y, antes de despedir a los aprendices, tomaba con ellos una c... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El nuevo maestro | Cuento | Se llamaba Stenne, el pequeño Stenne. Era un niño de París, débil, paliducho, que lo mismo podía tener diez años como quince. Con estos chiquillos, no se puede decir la edad con exactitud. Su madre había muerto; su padre, antiguo soldado de la marina, era guarda de jardines en una plaza del barrio del Temple. Los niños... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El poeta Mistral | Cuento | Nuestra pequeña escuela ha cambiado mucho desde la marcha del señor Hamel. Cuando él estaba aquí teníamos unos minutos de margen por la mañana, cuando llegábamos. Nos colocábamos en círculo en torno a la estufa para desentumecer un poco los dedos, sacudir la nieve o el aguanieve pegada a la ropa. Charlábamos apacibleme... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El prusiano de Belisario | Cuento | Cuando el domingo último me levanté, de la cama, creí despertarme en la calle, del Faubourg-Montinartre. Llovía, el cielo estaba gris, el molino triste. Me dio miedo pasar en casa aquel día de lluvia, y al punto sentí deseos de ir a calentarme un poco a la de Federico Mistral, ese gran poeta que vive a tres leguas de m... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El secreto de maese Cornille | Cuento | Voy a contarles una historia que oí narrar hace unos días en un cabaret de Montmartre. Para que el relato conservara todo su valor necesitaría poseer el vocabulario pintoresco del señor Belisario, su gran mandil de carpintero, y haberme tomado dos o tres sorbos de ese vino blanco de Montmartre, capaz de proporcionarle ... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El señor Achille | Cuento | Francet Mamau, viejo tocador de pífano, que viene de cuando en cuando a pasar la velada conmigo bebiendo vino cocido, me contó la otra tarde un pequeño drama de aldea del que fue testigo mi molino hace unos veinte años. El relato del buen hombre me conmovió y voy a intentar repetirlo tal como lo escuché.
Imaginaos por ... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El sitio de Berlín | Cuento | Las campanas de las fábricas dan las doce; los grandes patios silenciosos se inundan de ruido y movimiento. La señora Achille deja su labor, se separa de la ventana junto a la que estaba sentada y se dispone a poner la mesa. El hombre va a subir a almorzar. Trabaja ahí al lado en los grandes talleres acristalados que s... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El subprefecto en el campo | Cuento | Recorríamos la avenida de los Campos Elíseos con el doctor V…, preguntando a los muros acribillados por los obuses y a las aceras destruidas por la metralla la historia del París asediado, cuando, poco antes de llegar a la plaza de la Estrella, el doctor se detuvo y mostrándome una de esas grandes casas tan pomposament... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | El último libro | Cuento | El señor subprefecto ha salido de expedición. Con el cochero delante y el lacayo detrás, el coche de la subprefectura le conduce majestuosamente a la Exposición regional de La-Combe-aux-Fées. El señor subprefecto se puso en ese día memorable la hermosa casaca bordada, el sombrerito apuntado, el pantalón estrecho galone... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Instalación | Cuento | «¡Ha muerto!» me dijo alguien en la escalera. Desde hacía ya unos días esperaba la lúgubre noticia. Sabía que, de un momento a otro, me la iba a encontrar en esta puerta; y, sin embargo, me sorprendió como algo inesperado. Con el corazón triste y los labios temblorosos, entré en esta humilde vivienda de hombre de letra... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | La agonía del “semillante” | Cuento | ¡Valiente susto les he dado a los conejos! Acostumbrados a ver durante tanto tiempo cerrada la puerta del molino, las paredes y la plataforma invadidas por la hierba, creían ya extinguida la raza de los molineros, y encontrando buena la plaza, habíanla convertido en una especie de cuartel general, un centro de operacio... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | La arlesiana | Cuento | Puesto que el mistral de la otra noche nos lanzó contra la costa corsa, dejad que os cuente una terrible historia de mar de la cual los pescadores de allá abajo hablan a menudo al amor de la lumbre. El azar me permitió enterarme de unos detalles muy curiosos acerca de ella, hace un par o tres de años…
Recorría el mar d... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | La cabra del señor Seguin | Cuento | Para ir al pueblo, bajando desde mi molino, se pasa por delante de una hacienda construida cerca de la carretera, al fondo de un gran patio plantado de almeces. Se trata de una auténtica propiedad de agricultor de Provenza, con sus tejas rojas, su ancha fachada oscura perforada irregularmente, y en todo alto la veleta ... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | La diligencia de Beaucaire | Cuento | —¡Siempre serás el mismo, mi pobre Gringoire! ¡Cómo! Te ofrecen un puesto de cronista en un buen diario de París y tienes el aplomo de rehusar… Pero mírate, desgraciado. Mira ese jubón agujereado, esas calzas derrotadas, esa cara flaca que pregona el hambre. ¡Ahí tienes, sin embargo, dónde te ha llevado tu pasión por l... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | La langosta | Cuento | En el mismo día de mi llegada aquí, había tomado la diligencia de Beaucaire, una gran carraca vieja y destartalada que no necesita recorrer mucho camino para regresar a casa, pero que se pasea con lentitud a todo lo largo de la carretera para hacerse, por la noche, la ilusión de que viene de muy lejos. Íbamos cinco en ... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | La muerte del Delfín | Cuento | Consignaré otro recuerdo de Argelia, y regresaré en seguida al molino…
La noche de mi llegada a aquella granja del Sahel, me era imposible dormir. La novedad del país, la molestia del viaje, el aullar de los chacales y sobre todo un calor enervante, abrumador, una completa sofocación, como si las mallas de la mosquiter... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | La mula del papa | Cuento | El pequeño Delfín está enfermo, el pequeño Delfín se muere… En todas las iglesias del reino, el Santísimo Sacramento permanece expuesto día y noche y grandes cirios arden por la curación del hijo del rey. Los caminos de la vieja residencia están tristes y silenciosos, ya no suenan las campanas, los coches van al paso… ... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | La partida de billar | Cuento | Entre los innumerables dichos graciosos, proverbios o adagios con que adornan sus discursos nuestros campesinos de Provenza, no conozco ninguno más pintoresco ni extraño que éste. Junto a mi molino y quince leguas en redondo, cuando se habla de un hombre rencoroso y vengativo, suele decirse:
«¡No te fíes de ese hombre,... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | La sopa de queso | Cuento | Como combaten desde hace dos días y han pasado la noche con el petate al hombro bajo una lluvia torrencial, los soldados están extenuados. Sin embargo, hace ya tres mortales horas que se les tiene aquí pudriéndose, con el arma a los pies, en los charcos de las carreteras, en el barro de los campos inundados.
Abatidos p... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | La última clase | Cuento | Es una pequeña habitación en la quinta planta, una de esas buhardillas en las que la lluvia cae directa sobre los cristales de la ventana y que, cuando llega la noche como ahora, parecen perderse con los tejados en medio de la oscuridad y el viento. Sin embargo, la habitación es buena, confortable, y al entrar en ella ... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Las hadas de Francia | Cuento | Aquella mañana me había retrasado más de la cuenta en ir a la escuela, y me temía una buena reprimenda, porque, además, el señor Hamel nos había anunciado que preguntaría los participios, y yo no sabía ni una jota. No me faltaron ganas de hacer novillos y largarme a través de los campos.
¡Hacía un tiempo tan hermoso, t... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Las naranjas | Cuento | -¡Levántese la acusada! -dijo el presidente.
Algo se movió en el horrible banquillo de las petroleras, y una cosa informe, titubeante, se acercó y se apoyó en la barandilla. Era un manojo de andrajos, rotos, remiendos, cintas, flores marchitas y plumas viejas, en medio del cual asomaba un pobre rostro ajado, curtido, a... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Las tres misas | Cuento | Las naranjas tienen en París el triste aspecto de frutas caídas, que se toman junto a los árboles. Cuando llegan, en pleno invierno lluvioso y frío, su brillante corteza y su excesivo aroma, en estos países de sabores moderados, les dan un aire extraño, algo bohemio. Durante las noches de niebla, van tristemente costea... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Los aduaneros | Cuento | I
-¿Dos pavos trufados, Garrigú?
-Sí, mi reverendo, dos magníficos pavos rellenos de trufas, y puedo decirlo porque yo mismo ayudé a rellenarlos. Parecía que el pellejo iba a reventar al asarse, tan estirado estaba…
-¡Jesús María, y a mí que me gustan tanto las trufas! Dame pronto la sobrepelliz, Garrigú. Y ¿qué más ha... |
Daudet, Alphonse | Francia | 1840-1897 | Los Viejos | Cuento | Una vieja embarcación de la Aduana, semicubierta, era la Emilia, de Porto-Vecchio, a bordo de la cual hice aquel viaje lúgubre a las islas Lavezzi. Para resguardarse en ella del viento, de las olas y de la lluvia, sólo había un pequeño pabellón embreado, lo suficientemente amplio para contener escasamente una mesa y do... |
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