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|---|---|---|---|---|---|
Reyes, Alfonso | México | 1889-1959 | Los relinchos | Minicuento | Se trata de libertarnos, simplemente. De enseñarnos a descubrir —sin libros, porque el mago no debe valerse de subterfugios— la ley profunda que cada uno lleva en el eje de la vida. El acento pasa del saber al comprender. Y el que comprende, crea. La sabiduría es un peso específico del alma, y no una suma de conocimien... |
Reyes, Alfonso | México | 1889-1959 | Presumida | Minicuento | Los nombres que se usan en castellano para el W. C. o restroom o son del todo impropios (como el baño) o son del todo abominables. Proponemos un nombre, inocuo… y evocador: “los alivios”.
—¿Adónde ha ido Fulana?
—Ahora vuelve, fue a los alivios
FIN |
Reyes, Alfonso | México | 1889-1959 | Rancho de prisioneros | Minicuento | Se han poblado de relinchos las calles, el campo y los desmontes vecinos. ¡Gran fiesta para los caballos! Casi ni les ha faltado la alegría a los dioses: comer carne humana.
Los relinchos.
¡Potros piafantes de la vida! En la mitología y la pintura, el mar y la luz y los vientos y los santos vienen a caballo.
¡Potros pi... |
Reyes, Alfonso | México | 1889-1959 | Ratones | Minicuento | La aguja de inyecciones intramusculares no llegó a saber nunca, la muy digna, donde se la insertaba. Al menos, eso contaba ella entre sus amistades, la muy presumida.
FIN |
Reyes, Alfonso | México | 1889-1959 | Romance viejo | Minicuento | Cuando daban de comer a los prisioneros recién traídos, fatigados, torpes y hambrientos, aquellos soldados de cuarenta años, ya sensibles a las incomodidades del cuerpo, ya conscientes de las limitaciones del alma, se quedaban apoyados en el fusil, mudos, sin cambiar entre sí un guiño ni una mirada. Se entregaban al es... |
Reyes, Alfonso | México | 1889-1959 | Sabor a mí | Minicuento | Tenía unas bodegas llenas de ratones. Se hizo traer una gata que extinguió la plaga. Un día la gata se comió un merengue, y se desencantó y volvió a ser princesa. La princesa era muy agradable. Pero la casa se llenó de ratones.
FIN |
Reyes, Alfonso | México | 1889-1959 | Suicidio | Minicuento | Yo salí de mi tierra, hará tantos años, para ir a servir a Dios. Desde que salí de mi tierra me gustan los recuerdos.
En la última inundación, el río se llevó la mitad de nuestra huerta y las caballerizas del fondo. Después se deshizo la casa y se dispersó la familia. Después vino la revolución. Después, nos lo mataron... |
Reyes, Alfonso | México | 1889-1959 | Toño Salazar | Minicuento | Hay entre nosotros mujeres del pueblo algo regordetas (“retacos”, dice el español) pero todavía apetecibles, de boca levemente inflada, que constantemente se saborean. No porque hayan comido nada: es para mejor disfrutar el sabor de sí mismas.
FIN |
Reyes, Alfonso | México | 1889-1959 | Venganza literaria | Minicuento | —Hay muchos modos de suicidarse. El que yo propongo es el siguiente: suicídese usted mediante el único método del suicidio filosófico.
—¿Y es?
—Esperando que le llegue la muerte. Desinterésese un instante, olvídese de su persona, dese por muerto, considérense como cosa transitoria llamada necesariamente a extinguirse. ... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Al pie del acantilado | Cuento | Toño Salazar volvió a París tras larga ausencia. Los viejos poetas que había admirado en su juventud ya no existían. Las calles recordaban sus nombres. Lo mismo le pasó en México, de donde también faltó muchos años. Y me dijo:
—Mis amigos se han convertido en calles…
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Alienación | Cuento | Los primeros objetos que descubrieron mis ojos —lámpara ingrata de las dos y media de la mañana, insomnio que sigue a la pesadilla, ganas de aullar, ganas de huir— fueron, olvidados sobre el sillonzote de la chimenea, el gorro de dormir y las antiparras del Maestro.
El Maestro se había pasado la noche diluyendo un gran... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Atiguibas | Cuento | Nosotros somos como la higuerilla, como esa planta salvaje que brota y se multiplica en los lugares más amargos y escarpados. Véanla como crece en el arenal, sobre el canto rodado, en las acequias sin riego, en el desmonte, alrededor de los muladares. Ella no pide favores a nadie, pide tan solo un pedazo de espacio par... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Ausente por tiempo indefinido | Cuento | A pesar de ser zambo y de llamarse López, quería parecerse cada vez menos a un zaguero de Alianza Lima y cada vez más a un rubio de Filadelfia. La vida se encargó de enseñarle que si quería triunfar en una ciudad colonial más valía saltar las etapas intermediarias y ser antes que un blanquito de acá un gringo de allá. ... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Cacos y canes | Cuento | En el viejo estadio nacional José Díaz —ahora ampliado y modernizado— viví de niño y luego de muchacho horas inolvidables. Con mi hermano vimos desfilar por la grama pelada de la cancha a los más renombrados clubes del fútbol de Argentina, Brasil y Uruguay. Y también del Perú, hay que decirlo, pues entonces teníamos gr... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | De color modesto | Cuento | Mario se despertó una mañana con la conciencia dolorosa de estar malogrando su vida. Hacía por lo menos dos años que se acostaba al amanecer, después de haber rodado con sus amigos por bares, fondas, fiestas y tertulias. Desde que terminara la universidad se había ido hundiendo en las arenas movedizas de la bohemia lim... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Demetrio | Cuento | Santa Cruz tenía un sobrenombre: vecinos viejos lo llamaban Matagente. Esto era exagerado, pues los anales policiacos del barrio solo registraban un crimen, el de un chofer de taxi que descuartizó a una mujer y tiró sus restos por los acantilados. Mejor le hubiera caído el tilde de Robagente pues no hubo casa, al comie... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder -0 | Cuento | Lo primero que hizo Alfredo al entrar a la fiesta fue ir directamente al bar. Allí se sirvió dos vasos de ron y luego, apoyándose en el marco de una puerta, se puso a observar el baile. Casi todo el mundo estaba emparejado, a excepción de tres o cuatro tipos que, como él, rondaban por el bar o fumaban en la terraza un ... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder -1 | Cuento | Dentro de un cuarto de hora serán las doce de la noche. Esto no tendría ninguna importancia si es que hoy no fuera el 10 de noviembre de 1953. En su diario íntimo Demetrio von Hagen anota: “El 10 de noviembre de 1953 visité a mi amigo Marius Carlen”. Debo advertir que Marius Carlen soy yo y que Demetrio von Hagen murió... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder -2 | Cuento | Luder regresa de su habitual paseo por el malecón.
—Estoy confundido —dice—. Cuando me aprestaba a gozar de una nueva puesta de sol, un vagabundo salta la baranda, camina hasta el borde del acantilado, se baja los pantalones y se caga mirando mi crepúsculo. Eso demuestra la relatividad de nuestras concepciones estética... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 1 | Cuento | —Luder pasa rápidamente delante de un mendigo que le extiende plañideramente la diestra.
—Puerco —grita el pordiosero.
Luder se detiene y regresa sonriente con una moneda en la mano.
—Solo esperaba que me llamaras por mi nombre.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 2 | Cuento | —Nada me impresiona más que los hombres que lloran —dice Luder—. Nuestra cobardía nos ha hecho considerar el llanto como cosa de mujercitas, cuando solo lloran los valientes: por ejemplo, los héroes de Homero.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 3 | Cuento | —No te desesperes —le dicen a Luder cuando se lamenta por no haber encontrado la compañera ideal a causa de sus achaques y sus manías—. Siempre hay un roto para un descosido.
—Sí, pero yo no soy roto ni descosido: soy un remendado.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 4 | Cuento | —¿Has leído su última novela? —le preguntan, refiriéndose a un autor famoso —¡Qué musicalidad, qué ritmo, qué riqueza de voces! ¡Es un verdadero oratorio!
—Que lo cante —responde Luder.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 5 | Cuento | Envidian a Luder porque una o dos veces al mes se amanece conversando con un amigo muy inteligente.
—¡Debe ser una conversación apasionante!
—Ni crean. Como ignoramos más de lo que sabemos, lo único que hacemos es canjear fragmentos de nuestra propia tiniebla interior.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 6 | Cuento | —Ven con nosotros —le dicen sus amigos—. La noche está esplendida, las calles tranquilas. Tenemos entradas al cine y hasta hemos reservado mesa en un restaurante.
—¡Ah, no! —protesta Luder—. Yo solo salgo cuando hay un grado, aunque sea mínimo, de incertidumbre.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 7 | Cuento | —Se sueña solo en primera persona y en presente indicativo —dice Luder—. A pesar de ello el soñador rara vez se ve en sus sueños. Es que no se puede ser mirada y al mismo tiempo objeto de mirada.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 8 | Cuento | Le preguntan a Luder por qué no escribe novelas.
—Porque soy un corredor de distancias cortas. Si corro maratón, me expongo a llegar al estadio cuando el público se haya ido.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 9 | Cuento | —Me he enterado que tu nombre unido a ciertos sufijos quiere decir en alemán borrico, ocioso, mequetrefe…
—No me extraña —dice Luder—. Siempre he creído en el carácter profético de los nombres.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 10 | Cuento | Caminando con un amigo Luder se ve reflejado en la vitrina de una tienda.
—Ya me fregué —dice, sobrepasándose—. Acabo de darme cuenta que no soy un hombre de hoy sino un letrado de ayer. Hasta en mi manera de caminar arrastro los escombros de mi educación literaria.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 11 | Cuento | Sus amigos se sorprenden de encontrarlo a menudo releyendo los libros de Kafka.
—Es mi tarjador —dice Luder—. En él afilo la punta gastada de mi espíritu.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 12 | Cuento | —Una cualidad que te envidiamos es haber logrado siempre evitar las discusiones —le dicen a Luder.
—No veo por qué. Entrar en una discusión es admitir por anticipado que tu contrincante puede tener la razón.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 13 | Cuento | Nunca he sido insultado, ni perseguido, ni agredido, ni encarcelado, ni desterrado —dice Luder—. Debo en consecuencia ser un miserable.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 14 | Cuento | Hay autores que fracasan majestuosamente —dice Luder—. Son como un trasatlántico que se va a pique en plena tempestad, con todas sus luces encendidas, entre el ulular de las sirenas. Otros, en cambio, son como el tipo que se ahoga en un estanque fangoso, sin que nadie lo vea, agarrado al mango de una escoba podrida.
FI... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 15 | Cuento | —Cuando a Balzac le entra la manía de la descripción —observa un amigo— puede pasarse cuarenta páginas detallando cada sofá, cada cuadro, cada cortina, cada lámpara de un salón.
—Ya lo sé —dice Luder—. Por eso no entro al salón. Me voy por el corredor.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 16 | Cuento | —Es curioso —dice Luder—. En el fondo de los ojos de las personas extremadamente bellas hay siempre un remanente de imbecilidad.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 17 | Cuento | —Así como hay una palabra que ha dado origen a todas las palabras —dice Luder—, debe haber una sentencia que contenga todas las enseñanzas y toda la sabiduría del mundo. Cuando la descubramos el tiempo cesará de existir, pues habremos entrado a la era inmóvil de la perfección.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 18 | Cuento | —Por favor —dice Luder a su criada—. Deja entrar a quien sea, menos a sociólogos barbudos que están haciendo una tesis sobre “El Escritor y su tiempo”.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 19 | Cuento | Le reprochan a Luder separarse de una amiga que lo atormenta.
—No puedo. A fuerza de padecerlo nuestro infierno personal se nos vuelve imprescindible.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 20 | Cuento | —¿A qué te dedicas ahora? —le preguntan a Luder.
—Estoy inventando una nueva lengua.
—¿Puedes darnos algunos ejemplos?
—Sí: dolor, soñar, libre, amistad…
—¡Pero esas palabras ya existen!
—Claro, pero ustedes ignoran su significado.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 21 | Cuento | Le hacen notar a Luder que nunca ha manifestado celo ni envidia por el triunfo de sus colegas.
—Es verdad. Eso les puede dar una idea de la magnitud de mi soberbia.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 22 | Cuento | —¡No te des tanta prisa! —le reprocha Luder a un amigo que tiene la costumbre de andar siempre muy rápido—. De todas maneras vas a llegar puntualmente a la hora de la cita que tienes concertada con la muerte.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 23 | Cuento | Un libro magistral —dice Luder— puede ser un agregado de frases banales, del mismo modo que con una sucesión de frases geniales no se hace un libro magistral. En el arte literario, curiosamente, el todo no es la suma de las partes.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 24 | Cuento | —Lo que tú dices suena a viejo —le reprochan a Luder—. Esa música ya la hemos escuchado.
—Sí, pero no con el mismo instrumento.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 25 | Cuento | —¡No, por favor! —protesta Luder cuando vienen a buscarlo una vez más para que firme un manifiesto humanitarista o participe en un mitin a favor del pueblo oprimido—. Amar a la humanidad es fácil, lo difícil es amar al prójimo.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 26 | Cuento | Se tropiezan con Luder que camina velozmente por los malecones del Sena.
—¿Adónde vas?
—A la plaza de la concordia. A mediodía le cortan la cabeza de Luis XVI.
—¡Pero eso ocurrió hace dos siglos!
—¡Ah, caramba —dice Luder mirando su reloj—. Veo que llevaba un ligero retraso.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 27 | Cuento | —Hace tiempo que no se lee nada tuyo —le dicen a Luder—. ¿Has dejado de escribir?
—Les responderé con más precisión: he abdicado.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 28 | Cuento | —¡Ah!—suspira Luder, cogiendo los botines de lana que ha tejido una amiga para el hijo que ha dado a luz—. ¡Tan pequeños zapatitos para medir el mundo!
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 29 | Cuento | Un amigo viene a visitar a Luder que está muy enfermo y lo encuentra escribiendo febrilmente.
—¡Cómo! —le pregunta en broma—. ¿Estás escribiendo tu canto del cisne?
—¡Ojalá…! Mi gruñido del puerco.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 30 | Cuento | —Estoy preocupado —dice Luder—. He leído que nuestro nuevo presidente no fuma, ni bebe, ni juega, ni se enamora.
—¿Y qué?
—Me espantaría ser gobernado por un hombre que haya ganado un premio de virtud.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 31 | Cuento | —Es extraño —dice Luder, deteniéndose para observar al pequeño hijo de una mendiga callejera—. Miren bien sus ojos: ellos contienen todo el sufrimiento que lo espera, pero también la certidumbre de su venganza.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 32 | Cuento | —Podemos ver el movimiento—dice Luder—, pero no podemos imaginarlo. Nuestra representación del movimiento procede por el sistema de la sucesión de vistas fijas.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 33 | Cuento | —Soy como un jugador de tercera división —se queja Luder—. Mis mejores goles los metí en una cancha polvorienta de los suburbios ante cuatro hinchas borrachos que no se acuerdan de nada.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 34 | Cuento | —¡Cuánto lo siento! —se excusa Luder, cuando le piden su opinión sobre los trágicos griegos, Virgilio o La divina comedia—. Hasta ahora no he podido cumplir la cita que tengo en una isla desierta con los Grandes Autores de la Literatura Universal.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 35 | Cuento | —Es un escritor tan anticuado —dice Luder— que cuando abres uno de sus libros todas sus letras salen volando, como una nube de polillas.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 36 | Cuento | —Grandes artistas son los que dan origen a una escuela —dice Luder—. Pero prefiero a los que desalientan con su obra toda tentativa de imitación.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 37 | Cuento | —Esas casas en las cuales cada cosa está en su lugar me ponen la carne de gallina —dice Luder—. Se diría que están deshabitadas o que sus habitantes pasan superficialmente sobre todo. Cierto desorden es necesario para sentir la cálida palpitación de la vida.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 38 | Cuento | —Dile que no estoy —susurra Luder a su criada que le muestra una tarjeta de visita—. Es un semiólogo que anda en busca de una estructura.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 39 | Cuento | —Si me quejo a menudo de mis males no es para que me compadezcan —dice Luder—, sino por el infinito amor que les tengo a mis semejantes. Me he dado cuenta que la gente duerme más tranquila arrullada por la música de una desgracia ajena.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 40 | Cuento | Estoy arruinado —le dice un amigo que acaba de perder su modesto trabajo de profesor de colegio.
—Exageras —lo consuela Luder—. Los pobres siempre han estado arruinados. Solo los ricos tienen el privilegio de arruinarse. Aunque también es verdad que un rico arruinado será siempre menos pobre que un pobre rico.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 41 | Cuento | Luder espera pacientemente que su amiga termine los reproches crueles y cáusticos que le hace por un asunto nimio.
—Las mujeres serían más bellas —suspira— si se dieran cuenta hasta qué punto la maldad las afea.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 42 | Cuento | —Déjenme tranquilo —dice Luder a sus amigos que lo sorprenden tendido de espaldas en la azotea mirando el cielo estrellado—. Este es uno de los pocos recursos que me quedan para entrar en tratos con el infinito.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 43 | Cuento | —Nunca has expuesto tu vida, tu libertad, tu seguridad, tu comodidad, por una causa —critican a Luder—. En una palabra, nunca te has comprometido.
—¿Cómo? ¿Les parece poco que haya comprometido así mi reputación?
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 44 | Cuento | —Lo maravilloso de este paisaje —dice Luder durante una excursión a los arenales de la costa— es que aquí no hay cabida para las expansiones sentimentales. Salicio y Nermoroso hubieran enmudecido en estos médanos y sus musas muerto de erisipela. ¡De cuántas malas églogas se hubiera librado nuestra literatura!
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 45 | Cuento | —¡Cómo me hubiera gustado conocer a Goethe, a Stendhal, a Hugo, a Joyce! —exclama un amigo entusiasta.
—¡Ah, no! —protesta Luder—. No los hubieras aguantado más de cinco minutos. Casi todos los grandes escritores son unos pesados. Solo la muerte los vuelve frecuentables.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 46 | Cuento | Encuentran a Luder abatido ante una revista abierta.
—¡Dicen aquí que mi estilo se acerca a la perfección!
—¿Y eso te molesta?
—¡Naturalmente! El gran arte consiste no el perfeccionamiento de un estilo, sino en la irrupción de un nuevo estilo.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 47 | Cuento | —Nunca alcanzarás a los ricos —le dice Luder a un amigo mundano y arribista—. Cuando te mandes a hacer tus ternos en Londres, ellos ya se los habrán hecho en Milán. Siempre te llevarán un sastre de ventaja.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 48 | Cuento | Le preguntan a Luder por qué rompió con una amiga a la que adoraba.
—Porque no tenía ningún contacto con su pasado. Vivía constantemente proyectada en el tiempo por venir. Las personas incapaces de recordar son incapaces de amar.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 49 | Cuento | —Quizás solo en el instante de morir —dice Luder—recibamos la llave del cofre donde está guardado el libro que contiene el secreto de la verdad. Pero ya no podremos transmitir ni la llave, ni el libro, ni el secreto, ni la verdad.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 50 | Cuento | —Lo mismo o algo parecido dice Montaigne en sus Ensayos —le reprocha alguien al escucharlo lanzar una sentencia moralizante.
—¿Y qué? —protesta Luder. Eso solo demuestra que los clásicos siguen plagiándonos desde la tumba.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 51 | Cuento | —Empieza a sobrarme un poco de pasado —se queja Luder—. Ya no sé dónde meterlo ni qué hacer con él. Eso quiere decir que me estoy volviendo viejo.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 52 | Cuento | Le muestran un artículo en el que se habla de todos los escritores de su generación menos de él.
—Me libré de la redada —dice Luder.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 53 | Cuento | —Cuando me muera pueden pasar dos cosas —dice Luder—. Que desaparezca para siempre y no sepa nunca más de mí, o que me encuentre conmigo mismo en un mundo exacto o parecido. Ambas posibilidades me dejan indiferentes.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 54 | Cuento | —No es que yo sea bondadoso —dice Luder—. Sucede simplemente que no soy malo. He escogido el cómodo camino de la virtud por omisión.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 55 | Cuento | Luder regresa de su habitual paseo por el malecón.
—Estoy confundido —dice—. Cuando me aprestaba a gozar de una nueva puesta de sol, un vagabundo salta la baranda, camina hasta el borde del acantilado, se baja los pantalones y se caga mirando mi crepúsculo. Eso demuestra la relatividad de nuestras concepciones estética... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 56 | Cuento | —Toda mi obra es un acto de acusación contra la vida —dice Luder—. No he hecho nada por mejorar la condición humana. Si mis libros perduran será debido a la perversidad de mis lectores.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 57 | Cuento | —Ten más cuidado —suspira Luder cuando su amiga chilla al descubrir una mancha de vino en la alfombra—. No te das cuenta de la fragilidad de las cosas. Acabas de reducir a trizas con tus gritos este domingo cristalino.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 58 | Cuento | —Vámonos ya —le dicen a Luder, que sigue refugiado en un portal, escrutando el cielo lluvioso, en medio del estampido de los truenos—. El temporal ya está pasando.
—Prefiero que pase. En toda tormenta hay un rayo reservado para cada uno de nosotros.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 59 | Cuento | —Lo que diferencia a los escritores franceses de los norteamericanos —dice Luder— es que los primeros se limitan a cultivar un jardín, mientras los segundos se lanzan a roturar un bosque.
—¿Y tú?
—Ah, yo solo riego una maceta.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 60 | Cuento | —Todos conocen las palabras que arroban, las palabras que asustan, las palabras que hieren —dice Luder—. Solo nos falta descubrir la palabra que mata.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 61 | Cuento | —¿Qué opinas de la Vanguardia? —le preguntan a Luder.
—¿La Vanguardia? No tengo nada que ver con el arte de la guerra.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 62 | Cuento | —La ventaja de ir perdiendo la vista —dice Luder— es que notamos menos la fealdad de la gente. Así, en cada mujer que cruzo en la calle me parece ver la sonrisa difusa de La Gioconda.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 63 | Cuento | —Nada, absolutamente nada compensa el sacrificio de la vida de un adolescente —dice Luder—. Por eso aborrezco a esos profetas endemoniados que conducen a toda una generación de jóvenes al martirio. Para ellos, solo para ellos, habría que rescatar los castigos crueles que inventaron los antiguos: ahorcarlos con sus prop... |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 64 | Cuento | —¿No te preocupa escribir desde hace treinta años para haber alcanzado tan minúscula celebridad? —le preguntan a Luder.
—Por supuesto. Me gustaría escribir treinta años más para llegar a ser completamente desconocido.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 65 | Cuento | —Dije una vez que nuestro cuerpo, nuestra vida, eran como una casa alquilada —recuerda Luder—. Peor todavía: somos un carromato de saltimbanqui, un pobre caparazón ambulante que solo sirve para trasladar unos cuantos cachivaches de una época a otra de la historia.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 66 | Cuento | Un amigo irrumpe en su casa para anunciarle que ya se firmó el armisticio.
—¡Bah! —comenta Luder—. Ya te darás cuenta que la paz solo consiste en cambiar la guerra de lugar.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 67 | Cuento | —Leí en alguna parte esta frase —dice Luder—: “Nuestro primer deber es sobrevivir, ya luego nos ocuparemos de la victoria”. Pero también podría decirse: “Nuestro primer deber es la victoria, qué importa si no sobrevivimos”. Todos los aforismos son reversibles.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 68 | Cuento | —Las obras verdaderamente importantes —dice Luder— son aquellas en las que la significación no está soldada sino superpuesta a la materia. Entre ambas hay una luz que permite hacer girar periódicamente una sobre la otra.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 69 | Cuento | Encuentran a Luder que deambula pensativo por una calleja perdida del Barrio Latino.
—¿Qué haces por aquí?
—Estaba caminando tras los pasos muertos de una antigua primavera feliz.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 70 | Cuento | —Hoy he amanecido particularmente optimista —dice Luder—. Creo que voy a poder al fin dedicarme a la redacción de mi epitafio.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 71 | Cuento | —Cuando alguien empieza por decirme: “Te voy a ser franco…” los pelos se me ponen de punta —dice Luder—. Adivino que me va a tirar a la cara alguna verdad brutal. Con lo agradable que es vivir en un delicado engaño.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 72 | Cuento | —Me he dado cuenta que cometo siempre los mismos errores —dice Luder—. Lo que es una gran comodidad: el discurso de arrepentimiento lo tengo ya preparado.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 73 | Cuento | —La libertad, por desgracia, no se puede compartir —dice Luder—. Toda compañía, por agradable que sea, implica una cesión. Solo pueden ser libres los solitarios.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 74 | Cuento | —Hay que estar muy atentos —dice Luder— hay que estar día y noche atentísimos para descubrir la ventana por la cual podemos despegar intrépidamente hacia lo desconocido.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 75 | Cuento | Le preguntan por qué se emborracha esporádicamente en tabernas afamadas.
—Por precaución—dice Luder—. Sucede que a veces me despierto con la vaga satisfacción de estar llegando a ser una persona respetable.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 76 | Cuento | —Al despertarte no tires nunca de la cola del sueño —dice Luder—. Es mejor dejar que el monstruo regrese a su madriguera.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 77 | Cuento | —Me conmueve la desesperación de tantos jóvenes artistas por no perder el carro de la modernidad —dice Luder—. No se dan cuenta que ese carro conduce inexorablemente al Museo de las Antigüedades.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 78 | Cuento | —Llega un momento en que las andanzas se convierten en remembranzas —dice Luder—. Entonces ya no vale la pena salir, pues no vemos nada ni aprendemos nada. La puerta de la calle nos conduce inexorablemente al pasado.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 79 | Cuento | —La única manera de vivir muchos años es estando siempre un poco enfermo —dice Luder—. La muerte es un usurero que prefiere cargar primero con la buena moneda.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 80 | Cuento | —Detesto dar consejos literarios —dice Luder—. Pero si algún joven insiste en pedírmelos le responderé como un guardia de tránsito: evitar los cruceros, tomar las avenidas.
FIN |
Ribeyro, Julio Ramón | Perú | 1929-1994 | Dichos de Luder 81 | Cuento | —Hay un dios —dice Luder—, pero precisamente porque es dios no tiene que hacerse visible ni dar pruebas de su existencia. En eso reside la esencia de su ser y el secreto de su poder.
FIN |
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