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Bichsel, Peter
Suiza
1935
Una mesa es una mesa
Cuento
Quiero contarles de un hombre viejo que ya no pronuncia ninguna palabra. Tiene un rostro cansado: cansado de reír y cansado de enfadarse. Vive en una pequeña ciudad, al final de la calle, cerca de la esquina. No vale la pena describirlo, casi nada lo diferencia de otros. Usa un sombrero gris, pantalón gris, una chaquet...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Aceite de perro
Cuento
Me llamo Boffer Bings. Nací de padres honestos en uno de los más humildes caminos de la vida: mi padre era fabricante de aceite de perro y mí madre poseía un pequeño estudio, a la sombra de la iglesia del pueblo, donde se ocupaba de los no deseados. En la infancia me inculcaron hábitos industriosos; no solamente ayudab...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Al otro lado de la pared
Cuento
Hace muchos años, cuando iba de Hong Kong a Nueva York pasé una semana en San Francisco. Hacía mucho tiempo que no había estado en esa ciudad y durante todo aquel periodo mis negocios en Oriente habían prosperado más de lo que esperaba. Como era ri...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Carrera inconclusa
Cuento
James Burne Worson era zapatero, habitante de Leamington, Warwickshire, Inglaterra. Era propietario de un pequeño local, en uno de esos pasajes que nacen de la carretera a Warwick. Dentro de su humilde círculo, lo estimaban hombre honesto, aunque algo dado (como tantos de su clase en los pueblos ingle...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Chickamauga
Cuento
En una tarde soleada de otoño, un niño perdido en el campo, lejos de su rústica vivienda, entró en un bosque sin ser visto. Sentía la nueva felicidad de escapar a toda vigilancia, de andar y explorar a la ventura, porque su espíritu, en el cuerpo de sus antepasados, y durante miles y miles de años, estaba habituado a c...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Cimitarra
Minicuento
Cuando el gran GichiKuktai era Mikado, condenó a la decapitación a Jijiji Ri, alto funcionario de la Corte. Poco después del momento señalado para la ceremonia, ¡cuál no sería la sorpresa de Su Majestad al ver que el hombre que debió morir diez minutos antes, se acercaba tranquilamente al trono! —¡Mil setecientos drago...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Diagnóstico de muerte
Cuento
-No soy tan supersticioso como algunos de tus doctores de ciencia, como tú te complaces en decir -dijo Hawver, replicando a una acusación que no había sido hecha-. Algunos de ustedes, sólo algunos, confieso, creen en la inmortalidad del alma, y en apariciones que tú no tienes la honestidad de llamar fantasmas. No voy a...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Dos ejecuciones castrenses
Cuento
En la primavera de 1862 el ejército mandado por el general Buell acampaba a la espera de librar la que sería la victoriosa batalla de Shiloh. Era una tropa compuesta fundamentalmente por voluntarios con poca instrucción militar. A pesar de ello, muchas de sus secciones combatían con arrojo extraordinario; ya habían dad...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Egoísta
Minicuento
Persona de mal gusto, que se interesa más en sí mismo que en mí. FIN
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El amo de Moxon
Cuento
-¿Lo dices en serio?… ¿Realmente crees que una máquina puede pensar? No obtuve respuesta inmediata. Moxon estaba ocupado aparentemente con el fuego del hogar, revolviendo con habilidad aquí y allá con el atizador, como si toda su atención estuviera centrada en las brillantes llamas. Hacía semanas que observaba en él un...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El camino iluminado por la luna
Cuento
I Declaración de Joel Hetman, Hijo Yo soy el más infortunado de los hombres. Rico, respetado, bastante bien educado y de buena salud —con muchas otras ventajas valoradas, usualmente, por esos que la tienen y codiciada por esos que no la tienen—, a veces pienso que debería ser menos desdichado si éstas me hubieran sido ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El caso del desfiladero de Coulter
Cuento
-¿Cree usted, coronel, que a su valiente Coulter le agradaría emplazar uno de sus cañones aquí? -preguntó el general. No parecía que pudiera hablar en serio: aquél, verdaderamente, no parecía un lugar donde a ningún artillero, por valiente que fuera, le gustase colocar un cañón. El coronel pensó que posiblemente su jef...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El dedo medio del pie derecho
Cuento
I Es bien sabido que la vieja casa de Manton está embrujada. En todo el distrito rural cerca de allí, e incluso en el pueblo de Marshall a una milla de distancia, ni una persona de mente imparcial abriga una duda sobre eso; la incredulidad está confinada a esas personas opinadoras que van a ser llamadas “excéntricas”, ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El engendro maldito
Cuento
I NO SIEMPRE SE COME LO QUE ESTÁ SOBRE LA MESA A la luz de una vela de sebo colocada en un extremo de una rústica mesa, un hombre leía algo escrito en un libro. Era un viejo libro de cuentas muy usado y, al parecer, su escritura no era demasiado legible porque a veces el hombre acercaba el libro a la vela para ver mejo...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El golpe de gracia
Cuento
La lucha había sido dura e incesante. Todos los sentidos lo atestiguaban: hasta el gusto de la batalla flotaba en el aire. Pero ya había terminado; sólo quedaba auxiliar a los heridos y enterrar a los muertos…; “limpiar un poco”, como decía el humorista del pelotón de sepultureros. Era bastante lo que había que limpiar...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El guardián del muerto
Cuento
I En la llamada Costa Norte de San Francisco, en un cuarto de una casa desocupada, un cuarto de piso alto, yacía el cuerpo de un hombre tapado por una sábana. Serían las nueve de la noche. Una vela iluminaba el cuarto débilmente y las dos ventanas ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El hipnotizador
Cuento
Algunos de mis amigos, que saben por casualidad que a veces me entretengo con el hipnotismo, la lectura de la mente y fenómenos similares, suelen preguntarme si tengo un concepto claro de la naturaleza de los principios, cualesquiera que sean, que los sustentan. A esta pregunta respondo siempre que no los tengo, ni des...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El hombre con dos vidas
Cuento
He aquí la curiosa historia de David William Duck, contada por él mismo. Duck es un anciano que vive en Aurora, Illinois, respetado por todos. Se le conoce de común, sin embargo, como el muerto Duck. “En el otoño de 1866 era soldado raso de la decimoctava compañía de Infantería. Mi compañía era una de las que estaban ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El hombre y la serpiente
Cuento
En fuentes bien informadas se asegura —y lo confirman tantas personas que no sería ni sabio ni prudente contradecirlas—, que los ojos de la serpiente tienen la propiedad magnética de atraer, aun contra su voluntad, a aquellos que caen bajo su mirada, pereciendo miserablemente a causa de su mordedura. I Recostado pláci...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El incidente del Puente del Búho
Cuento
Desde un puente ferroviario, al norte de Alabama, un hombre contemplaba el rápido discurrir del agua seis metros más abajo. Tenía las manos detrás de la espalda, las muñecas sujetas con una soga; otra soga, colgada al cuello y atada a un grueso tirante por encima de su cabeza, pendía hasta la altura de sus rodillas. Al...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El jinete en el cielo
Cuento
I Cierta tarde de sol en el otoño de 1861, un soldado se encontraba tendido bajo un monte de laurel junto al camino, en el oeste de Virginia. Echado sobre el estómago, con la punta de los pies clavada en tierra y la cabeza apoyada en un antebrazo, empuñaba descuidadamente el rifle con su mano derecha. Salvo por la posi...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El león y la espina
Minicuento
Un León que vagaba por el bosque se clavó una espina en la pata, y al encontrar un Pastor, le pidió que se la extranjera. El Pastor lo hizo, y el León, que estaba saciado porque acababa de devorar a otro pastor, siguió su camino sin hacerle daño. Algún tiempo después, el Pastor fue condenado, a causa de una falsa acusa...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El monje y la hija del verdugo
Novela corta
I El primer día de mayo del año de nuestro Señor de 1680, los monjes franciscanos Egidio, Romano y Ambrosio fueron mandados por su Superior desde la ciudad cristiana de Passau hasta el Monasterio de Berchtesgaden, en los alrededores de Salzburgo. Yo, Ambrosio, era entonces el más joven y fuerte de ellos, ya que sólo te...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El oficial de policía y el malhechor
Minicuento
Un jefe de Policía que vio a un oficial golpeando a un malhechor se indignó muchísimo, y le dijo que no debía volver a hacer algo así, bajo pena de destitución. —No sea tan duro conmigo, jefe —dijo el oficial, sonriendo—. Lo estaba golpeando con un bastón de paño relleno. —Así y todo —insistió el jefe de Policía—, uste...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El pastor Haíta
Cuento
A pesar de los años y la experiencia, Haíta conservaba las ilusiones de la juventud. Sus pensamientos eran puros y amables porque su vida era sencilla y en su alma no cabía la ambición. Se levantaba al amanecer e iba a rezar al santuario de Hastur, el dios de los pastores, que lo escuchaba complacido. Después de cumpli...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El patriota ingenioso
Cuento
Después de haber obtenido una audiencia con el Rey, un Patriota Ingenioso sacó un papel del bolsillo y dijo: -Dios bendiga a Su Majestad. Aquí tengo una fórmula para construir una armadura blindada que ningún cañón podrá perforar. Si esta armadura ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El perro y el médico
Minicuento
Un perro que vio a un médico asistir al entierro de un adinerado paciente dijo: —¿Cuándo espera desenterrarlo? —¿Por qué habría de desenterrarlo? —preguntó el médico. —Cuando entierro un hueso —dijo el perro—, es con la intención de destaparlo más tarde y roerlo. —Los huesos que yo entierro —dijo el médico— son los que...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El reino de lo irreal
Cuento
I En un tramo que hay entre Auburn y Newcastle, siguiendo en primer lugar la orilla de un arroyo y luego la otra, la carretera ocupa todo el fondo de un desfiladero que está en parte excavado en las pronunciadas laderas, y en parte levantado con las piedras sacadas del lecho del arroyo por los mineros. Las colinas está...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El salteador de caminos y el viajero
Minicuento
Un Salteador de Caminos enfrentó a un Viajero y, apuntándole con un arma de fuego, le gritó: —¡El dinero o la vida! —Mi querido amigo —dijo el Viajero—, de acuerdo con los términos de su exigencia, mi dinero salvaría mi vida, y mi vida, mi dinero. Usted indica que se apoderará de la una o del otro, pero no de ambos. Si...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El secreto del Barranco de Macarger
Cuento
Al noroeste de Indian Hill, a unas nueve millas en línea recta, se encuentra el barranco de Macarger. No tiene mucho de barranco, pues se trata de una mera depresión entre dos sierras boscosas de una altura considerable. Desde la boca hasta la cabe...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El sinsonte
Cuento
El tiempo, una agradable tarde de domingo en el temprano otoño de 1861. El lugar, el corazón de una foresta en la región montañosa del suroeste de Virginia. El soldado raso Grayrock del ejército federal, es descubierto sentado cómodamente en la raíz de un pino grande, contra el que se recuesta, sus piernas tendidas der...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El solicitante
Cuento
Abriéndose paso entre la capa de nieve que había caído la noche anterior, que le llegaba hasta las espinillas, y estimulado por la alegría de su hermana pequeña que lo seguía por el camino que él iba abriendo, el hijo del ciudadano más distinguido ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
El viudo Turmore
Cuento
Las circunstancias bajo las que Joram Turmore se convirtió en viudo nunca fueron popularmente comprendidas. Yo las conozco, naturalmente, pues yo soy Joram Turmore; mi mujer, la difunta Elizabeth Mary Turmore, tampoco las ignora, y aunque ella las ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Espejo
Minicuento
El rey de Manchuria tenía un espejo mágico: el que miraba, veía, no su imagen, sino la del rey. Cierto cortesano que durante mucho tiempo había gozado del favor real y, en consecuencia, se había enriquecido más que cualquier otro súbdito, dijo al monarca: —Dame, te lo ruego, tu maravilloso espejo, para que cuando me en...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Inadmisible
Minicuento
Según las reglas de la evidencia judicial ninguna de las afirmaciones de la Biblia sería admisible ante un tribunal. Tampoco podría probarse que la batalla de Blenheim se libró, que existió Julio César, que hubo un imperio asirio. En cambio, y puesto que los archivos judiciales constituyen evidencia admisible, puede pr...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
La alucinación de Staley Fleming
Cuento
De los dos hombres que estaban hablando, uno era médico. -Le pedí que viniera, doctor, aunque no creo que pueda hacer nada. Quizás pueda recomendarme un especialista en psicopatía, porque creo que estoy un poco loco. -Pues parece usted perfectamente -contestó el médico. -Juzgue usted mismo: tengo alucinaciones. Todas l...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
La carrera inconclusa
Cuento
James Burne Worson era un zapatero que vivía en Leamington, en el condado de Warwickshire, Inglaterra. Tenía un pequeño taller en uno de los caminos poco transitados que confluían en la carretera que llevaba a Warwick. En su humilde actividad se le consideraba un hombre honrado, aunque como muchos otros de su clase en ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
La muerte de Halpin Frayser
Cuento
I Una oscura noche de verano, un hombre que dormía en un bosque despertó de un sueño del que no recordaba nada. Levantó la cabeza y, después de fijar la mirada durante un raro en la oscuridad que le rodeaba, dijo: «Catherine Larue». No agregó nada más; ni siquiera sabía por qué había dicho eso. El hombre se llamaba Hal...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
La ventana tapiada
Cuento
En 1830, solo a unas cuantas millas de distancia de lo que es ahora la gran ciudad de Cincinati, se extiende un bosque inmenso y casi intacto. La región fue escasamente habitada por gente de la frontera, espíritus inquietos que no en poco tiempo levantaban casas relativamente habitables en medio de la soledad y alcanza...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Los ojos de la pantera
Cuento
No siempre se casa uno cuando está loco Cierta vez, al caer la tarde, un hombre y una mujer —unidos por la naturaleza, como es costumbre— estaban sentados en un banco. Él era ya maduro, delgado, moreno; tenía la expresión propia de un poeta y la complexión física de un pirata. Un hombre en el que repararía cualquiera. ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Mi crimen favorito
Cuento
Después de haber asesinado a mi padre en circunstancias singularmente atroces, fui arrestado y enjuiciado en un proceso que duró siete años. Al exhortar al jurado, el juez de la Corte de Absoluciones señaló que el mío era uno de los más espantosos crímenes que había tenido que juzgar. A lo que mi abogado se levantó y d...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Muerto en Resaca
Cuento
El mejor soldado de nuestro estado mayor era el teniente Herman Brayle, uno de los dos edecanes. No recuerdo de dónde lo sacó el general, creo que de algún regimiento de Ohio. Ninguno de nosotros lo conocía, pero eso no era extraño, pues no había ni dos de nosotros que hubiéramos venido del mismo estado, y ni siquiera ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Parker Adderson, filósofo
Cuento
—Prisionero, ¿cuál es su nombre? —Como debo perderlo mañana al amanecer, no creo que valga la pena ocultarlo: Parker Adderson. —¿Su grado? —Más bien humilde. La vida de los oficiales de carrera es demasiado preciosa para que se la exponga en el peligroso oficio de espía. Soy sargento. —¿De qué regimiento? —Le ruego que...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Santo
Minicuento
Pecador fallecido, revisado y editado. FIN
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Sirena
Minicuento
Uno de varios prodigios musicales célebres por su vana tentativa de disuadir a Odiseo de una vida oceánica. Figurativamente, dama de espléndida promesa, aviesa intención y frustrante rendimiento. FIN
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Soga
Minicuento
Instrumento que va cayendo en desuso, para recordar a los asesinos que ellos también son mortales. Se coloca alrededor del cuello y acompaña al usuario hasta el fin de sus días. En muchos sitios ha sido reemplazada por un artefacto eléctrico, más complejo, que se aplica a otra parte del cuerpo; pero este sistema, a su ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Testigo de un ahorcamiento
Cuento
Un anciano llamado Daniel Baker, que vivía cerca de Lebanon (Iowa), fue acusado por sus vecinos de asesinar a un vendedor ambulante al que había permitido pernoctar en su casa. Esto ocurrió en 1853, cuando la venta ambulante era mucho más usual que ahora en el Oeste y realizarla implicaba un peligro considerable. Los b...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Tres y uno son uno
Cuento
En 1861, Barr Lassiter, un joven de veintidós años, vivía con sus padres y una hermana mayor cerca de Carthage, Tennessee. La familia, que pasaba por circunstancias difíciles, subsistía a duras penas cultivando una pequeña plantación, no muy fértil. Al no tener esclavos no se les consideraba entre “la mejor gente” de l...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Un diagnóstico de muerte
Cuento
—Yo no soy tan supersticioso como algunos de sus colegas u hombres de ciencia, como a ustedes les gusta que se les llame —dijo Hawver en respuesta a una acusación que no había sido hecha—. Algunos de ustedes, aunque he de admitir que solo unos pocos, creen en la inmortalidad del alma y en apariciones a las que no tiene...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Un habitante de Carcosa
Cuento
Existen diversas clases de muerte. En algunas, el cuerpo perdura, en otras se desvanece por completo con el espíritu. Esto solamente sucede, por lo general, en la soledad (tal es la voluntad de Dios), y, no habiendo visto nadie ese final, decimos que el hombre se ha perdido para siempre o que ha partido para un largo v...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Un hijo de los dioses
Cuento
Día de brisa en un paisaje soleado. Campo abierto a derecha, a izquierda, hacia adelante; detrás, un bosque. En el linde del bosque, frente al campo abierto pero temiendo aventurarse en él, largas líneas de soldados que conversan; crujido de innumerables pasos sobre las hojas secas que tapizan el suelo entre los árbole...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Un tarro de almíbar
Cuento
Este relato comienza con la muerte de su protagonista. Silas Deemer falleció el 16 de julio de 1863 y, dos días después, sus restos recibieron sepultura. Su entierro, según el periódico local, fue “muy concurrido”, pues todos los hombres, mujeres y hasta los más jóvenes de su pueblo le habían conocido personalmente. De...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Un terror sagrado
Cuento
I El último en llegar a Hurdy-Gurdy no produjo el menor interés. Ni siquiera fue bautizado con ese apodo pintorescamente descriptivo que con tanta frecuencia es la palabra de bienvenida al recién llegado a un campamento minero. En casi cualquier otro campamento de por allí esa circunstancia le habría asegurado algún ap...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Un vigilante junto al muerto
Cuento
I En una habitación del piso superior de una vivienda desocupada situada en esa parte de San Francisco que se conoce con el nombre de North Beach, yacía bajo una sábana el cadáver de un hombre. La hora estaba próxima a las nueve de la noche; la habitación, apenas iluminada por una sola vela. Aunque el tiempo era bueno,...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Una conflagración imperfecta
Cuento
Una mañana de junio de 1872, temprano, asesiné a mi padre, acto que me impresionó vivamente en esa época. Esto ocurrió antes de mi casamiento, cuando vivía con mis padres en Wisconsin. Mi padre y yo estábamos en la biblioteca de nuestra casa, dividiendo el producto de un robo que habíamos cometido esa noche. Consistía,...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Una dama de Redhorse
Cuento
Coronado, 20 de junio. Cada vez estoy más interesada en él. No es, estoy segura, su… ¿Conoces algún buen sustantivo que corresponda al epíteto «guapo»? No me gusta decir «belleza» cuando hablo de un hombre. Es harto guapo, Dios lo sabe. Cuando está en sus mejores momentos, que siempre lo son, ni siquiera confiaría en t...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Una emboscada frustrada
Cuento
Entre Readyville y Woodbury, el camino, de unas nueve o diez millas, era bueno. Readyville era el puesto de mando del ejército federal del norte en Murfreesboro; Woodbury era el puesto de mando del ejército confederado en Tullahoma. Durante meses, tras la gran batalla de Stones River, ambos puestos de mando guerreaban ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Una escaramuza en los puestos de avanzada
Cuento
I En relación con el deseo de morir Dos hombres estaban sentados, conversando. Uno era el gobernador del estado. Corría el año 1861; la guerra estaba en pleno apogeo y el gobernador era ya famoso por la inteligencia y el afán con que disponía el po...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Una identidad reanudada
Cuento
I La revista como una manera de la bienvenida Una noche de verano se hallaba un hombre en una baja colina desde la que se dominaban el bosque y los campos. Gracias a la luna llena, que pendía baja del cielo, por el oeste, supo que aquella noche no sería como las otras; en realidad lo había intuido desde el comienzo de ...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Una noche de verano
Cuento
El hecho de que Henry Armstrong estuviera enterrado no era motivo suficientemente convincente como para demostrarle que estaba muerto: siempre había sido un hombre difícil de persuadir. El testimonio de sus sentidos le obligaba a admitir que estaba realmente enterrado. Su posición -tendido boca arriba con las manos cru...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Una pelea dura
Cuento
Una noche de otoño de 1861, un hombre estaba sentado solo en el corazón de una foresta en la Virginia oeste. La región era una de las más salvajes del continente, la comarca de Cheat Mountain. No había falta de gente a la mano, sin embargo; a una milla de donde el hombre estaba sentado, se hallaba el campamento ahora e...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Una rebelión de los dioses
Cuento
Mi padre era desodorizador de perros muertos; mi madre mantenía el único negocio de carne para gatos en mi ciudad natal. No vivían felices: la diferencia de rango social era un abismo que no podía ser salvado por los votos del matrimonio. Era en ve...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Una tumba sin fondo
Cuento
Me llamo John Brenwalter. Mi padre, un borracho, logró patentar un invento para fabricar granos de café con arcilla; pero era un hombre honrado y no quiso involucrarse en la fabricación. Por esta razón era solo moderadamente rico, pues las regalías de su muy valioso invento apenas le dejaban lo suficiente para pagar lo...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Una viuda inconsolable
Minicuento
Una mujer con gasas de luto lloraba sobre una tumba. —Consuélese, señora —dijo un simpático forastero—. La misericordia del cielo es infinita. Habrá otro hombre en alguna parte, además de su marido, que todavía pueda hacerla feliz. —Había —sollozó la mujer—, había, pero esta es su tumba. FIN
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Uno de los desaparecidos
Cuento
Jerome Searing, soldado raso del ejército del general Sherman, que entonces combatía al enemigo en Kermesaw Mountain, Georgia, dio la espalda al pequeño grupo de oficiales con los que había estado conversando en voz baja, atravesó una estrecha franja de trincheras y desapareció en el bosque. Ninguno de los hombres alin...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Unos alrededores apropiados
Cuento
La noche Una noche de mediados de verano el muchacho de un granjero, que vivía a unas diez millas de la ciudad de Cincinnati, estaba siguiendo un sendero en herradura por una foresta tupida y oscura. Se había perdido mientras buscaba unas vacas desaparecidas, y cerca de la medianoche estaba muy lejos de la casa, en un...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Vanidad
Minicuento
Tributo que rinde un tonto al mérito del asno más cercano. FIN
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Visiones de la noche
Cuento
Tengo la convicción de que el don de los sueños es un valioso obsequio literario, pues si con alguna técnica aún no descubierta pudiéramos captar, fijar y utilizar las insólitas imágenes que proporciona, tendríamos una literatura «muy por encima de...
Bierce, Ambrose
Estados Unidos
1842-1914
Voto
Minicuento
Instrumento y símbolo de la facultad del hombre libre de hacer de sí mismo un tonto y de su país una ruina. FIN
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
A propósito de un olor
Cuento
En la noche del jueves el profesor Roberto Ravenna suspiró varias veces, pero a la una de la madrugada lanzó un quejido. Después de leer el último trabajo había encontrado, en la maraña de su mesa, una pila con otros diez. Hombre de humor excitable, necesitaba, para reponer el desgaste cotidiano, largas noches de sueño...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Ad Porcos
Cuento
Aquel sábado a la mañana, en Montevideo, cuando volví al hotel, a preparar las valijas y pagar la cuenta, tropecé con un compatriota, un viejo tenorio rosarino, que en su molino harinero había encontrado la fuente de Juvencia. Por lo menos, mantenía a perpetuidad un airecillo juvenil, aunque no fresco, sino afantochado...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Amor vencido
Cuento
—Cuente —dijo. —No sé muy bien cómo empieza ni dónde estamos. Cuando Virginia pregunta: «¿Recuerdas lo que prometiste?», me falta valor para anunciarle, una vez más, que la semana siguiente almorzaremos juntos, pero que hoy me esperan mis padres. Para sobreponerme a una inopinada congoja, como si quisiera marearme con ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Bajo el agua
Cuento
Cuando sané, por fin, de la hepatitis, el médico me recomendó que por unos días me fuera a las sierras, a la costa o al campo, a cualquier parte donde estuviera tranquilo y respirase aire puro. Tomé el teléfono y anuncié a la señora de Pons que solo el 20 de mayo tendría lista la escritura. Thompson me dijo: —Pero, Mar...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Carta sobre Emilia
Cuento
La otra tarde, en la editorial, frente al enrejado castillete de la caja, cuando cobré mis últimos trabajos, usted me previno que el día menos pensado la gente se cansaría de Emilia y yo le prometí otras mujeres. Bueno, mi señor Grinberg, lo engañé. No lo engañé por cálculo, ni por enojo, sino porque mi espontaneidad e...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Cartas a Silvina
Cuento
Biarritz, jueves 24 de agosto de 1967 Mi querida: Me desespera que tan sensiblemente reacciones a mis comentarios espontáneos sobre lo que voy sintiendo cada día. Vos me conocés; reflexiono satíricamente sobre lo que me pasa, sobre lo que veo. Esta tendencia es natural en mí, un poco inevitable. Agrega a eso el brusco ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Casanova secreto
Cuento
“Casanova llegó a Constantinopla con una carta de Acquaviva para Claudio Alejandro, conde de Bonneval, que se pasó a los turcos. En Buyuk Dere compartí el cuarto con el veneciano, a quien también frecuenté en Constantinopla, donde almorzábamos y cenábamos juntos. Con toda franqueza discutíamos nuestros vanos intentos d...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Catón
Cuento
Durante años dije que Jorge Davel era un galán de segunda, imitador de John Gilbert, otro galán de segunda. A mi entender, el hecho de que tuviera tantos admiradores probaba la arbitrariedad de la fama; que lo llamaran El Rostro, la ironía del destino. Yo solía agregar, como quien señala una consecuencia: «Al aplicar e...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Cavar un foso
Cuento
Raúl Arévalo cerró las ventanas y las persianas, ajustó los pasadores, uno por uno, cerró las dos hojas de la puerta de entrada, ajustó el pasador, giró la llave, colocó la pesada tranca de hierro. Su mujer, acodada al mostrador, sin levantar la voz dijo: —¡Qué silencio! Ya no oímos el mar. El hombre observó: —Nunca ce...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Clave para un amor
Cuento
I Era serio, apasionado, sin duda un artista, muy joven y transparente. Quiero decir que si uno lo miraba con alguna atención descubría su alma. Esta palmaria simplicidad o pureza no creo que cubriera a una íntima penuria espiritual, sino a su juventud. Johnson pasaba por ese momento en que la confusa, ilimitada, la pr...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Confidencias de un lobo
Cuento
Al pequeño grupo de compatriotas que viajaba por Tusa, inconfundible por el distintivo, en el ojal, con la sigla y aún más por los ambos marrones, un poco livianos para aquella inclemente primavera de París, los distribuyeron en dos pisos de un hotel de la rue de Ponthieu. Alojaron a Enrique Rivero Puig en una habitaci...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
Cuervo y paloma del doctor Sebastián Darrés
Cuento
Yo no me asombro de nada, porque mi aprendizaje transcurrió en el estudio de Sebastián Darrés. Produjo el foro argentino profesionales de mayor talento, pero ninguno tuvo una envergadura y clientela comparada a la suya, por la calidad y cantidad de crápulas. La circunstancia de que tal gentuza acudiera a nuestro doctor...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
De los dos lados
Cuento
La niña se llamaba Carlota; la niñera, Celia; tomadas de la mano, estaban reunidas en una fotografía en el álbum de la estancia El Portón. Celia llevaba suelta la cabellera —le caía hasta la mitad de la espalda—, vestía un largo chaleco de lana, con gruesas rayas blancas y negras, con bolsillos bajos, y una falda que s...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
De los reyes futuros
Cuento
Tal vez convenga empezar esta narración con el recuerdo de una función de circo celebrada en 1918. En ella mis deslumbrados ojos vieron por primera vez —en trabajos por cierto humildes, pero que entonces me parecieron prodigiosos— los animales que merecen nuestro más decidido respeto: las focas. En cuanto a la dicha qu...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El atajo
Cuento
Aquel mediodía de junio, al cruzar la puerta cancel, Guzmán claramente notó la angustia: una opresión leve y pasajera que de un año a esta parte lo acometía cuando estaba por salir de viaje. Una simple costumbre, opinó, una costumbre del ánimo, incómoda, eso sí, para un hombre de su profesión: Guzmán era viajante de co...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El calamar opta por su tinta
Cuento
Más ocurrió en este pueblo en los últimos días que en el resto de su historia. Para medir como corresponde mi palabra recuerden ustedes que hablo de uno de los pueblos viejos de la provincia, de uno en cuya vida abundan los hechos notables: la fundación, en pleno siglo XIX: algo después, el cólera —un brote que felizme...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El camino de Indias
Cuento
Realmente yo estaba lejos de presentir que las notas reunidas para mi discurso en elogio del doctor Francisco Abreu y el diario que llevé durante mi último viaje, muy pronto me servirían para redactar un artículo en defensa de mi persona. Como introducción y excusa diré únicamente que una larga amistad me une al doctor...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El caso de los viejitos voladores
Cuento
Un diputado, que en estos años viajó con frecuencia al extranjero, pidió a la cámara que nombrara una comisión investigadora. El legislador había advertido, primero sin alegría, por último con alarma, que en aviones de diversas líneas cruzaba el espacio en todas direcciones, de modo casi continuo, un puñado de hombres ...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El cuarto sin ventanas
Cuento
Después de cinco o seis días en Berlín Oeste, me pregunté si Berlín Este no quedaba demasiado cerca, para emprender la vuelta sin verlo. Una discreta indagación, a través de conversaciones aparentemente casuales, me persuadió de que nadie consideraba la visita al sector Este como un acto de arrojo. A unos doscientos me...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El don supremo
Cuento
Si dentro de algunos años quiero imaginar a Margot, la memoria, fatalmente selectiva, omitirá alguna circunstancia molesta y exaltará los rizos de oro, la piel rosada y blanca, los ojos misteriosamente iluminados, la talla que no vacilo en calificar de pesada, el pecho de paloma, la inmarcesible frescura de su inocenci...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El gran Serafín
Cuento
Bordeó los acantilados para encontrar una playa un poco apartada. La exploración fue breve, pues en aquel paraje ni la soledad ni la lejanía misma estaban lejos. Aun en las playas contiguas al pequeño espigón de pesca, bautizadas Negresco y Miramar por la patrona de la hostería, era escasa la gente. Alfonso Álvarez des...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El ídolo
Cuento
He bebido una taza de café. Siento una engañosa claridad mental y algún malestar físico. Prefiero esto al peligro de hundirme en el sueño, a través de figuras que surgen, unas de otras, como de una fuente invisible. Absorto contemplo la infinita blancura de la porcelana de Meissen. El pequeño Horus, dios de las bibliot...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El jardín de los sueños
Cuento
Quizá por la suavidad de la voz y por los diminutivos que infundían en las palabras un tono de melosa blandura, me dispuse a oír alguna de esas benévolas trivialidades que suele dictar la cortesía. Mi compañero de mesa —un colega bastante oscuro, que redactaba noticias policiales ¿o políticas? en uno de los dos vespert...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El lado de la sombra
Cuento
Tan acostumbrado estaba a los crujidos de la navegación, que al despertar de la siesta oí el silencio del buque. Me asomé por un ojo de buey. Vi abajo el agua tranquila y a lo lejos, pródiga en vegetación verde, la costa, donde identifiqué palmeras y probablemente bananos. Me puse el traje de brin y subí a cubierta. Ha...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El navegante vuelve a su patria
Cuento
Creo que vi Pasaje a la India, porque en el título de la película estaba mi país. Al salir del cine, tomé el subterráneo —o Metro, como acá lo llaman— para ir a la embajada, donde todos los días trabajo un par de horas. Lo que así gano me permite ciertas extravagancias que dan un poco de animación a mi vida de estudian...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El Nóumeno
Cuento
Probablemente fue Carlota la que tuvo la idea. Lo cierto es que todos la aceptaron, aunque sin ganas. Era la hora de la siesta de un día muy caluroso, el 8 o el 9 de enero. En cuanto al año, no caben dudas: 1919. Los muchachos no sabían qué hacer y decían que en la ciudad no había un alma, porque algunos amigos ya esta...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El otro laberinto
Cuento
PRIMERA PARTE I No sin alguna injusticia, Anthal Horvath pensó: “Es como si detuviera el tiempo, o como si yo no hubiera estado en París; antes de irme, hablaba de esto; ahora sigue hablando. Insiste en este episodio del pasado; olvida el presente”. Pero él mismo no podía sospechar la terrible aventura que los espera...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El perjurio de la nieve
Cuento
La realidad (como las grandes ciudades) se ha extendido y se ha ramificado en los últimos años. Esto ha influido en el tiempo: el pasado se aleja con inexorable rapidez. De la angosta calle Corrientes perduró más alguna de sus casas que su memoria; la Segunda Guerra Mundial se confunde con la primera y hasta “las trein...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El relojero de Fausto
Cuento
UN CONVENIO La música de Los bandidos lo entristecía. No solo estaba triste, sino enojado, lo que en las circunstancias era un poco ridículo. Odiaba las máscaras y odiaba los bailes y ahí lo tenían en un baile de máscaras, disfrazado de diablo. Se dejó arrastrar por una mujer tonta, que no le parecía linda. O mejor di...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
El solar
Cuento
La Casa del Bosque, abril… CARTA. Señor: Si estas líneas le enturbian, como un mal sueño, instantes de un día cualquiera, perdóneme. Escribo para entender mi situación, para aquilatar los peligros y para que el miedo no me paralice. Cuando le haya explicado todo —bastaran muy pocas palabras— acaso yo recupere la calma...
Bioy Casares, Adolfo
Argentina
1914-1999
En memoria de Paulina
Cuento
Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. Yo comprendí que mi felicidad ...