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Babel, Isaac
Rusia
1894-1940
El padre
Cuento
Fróim Grach estuvo casado. Hacía mucho. Desde entonces pasaron veinte años. La mujer le dio una niña y se murió en el parto. La niña recibió el nombre de Baska. Su abuela materna vivía en Tulchin. La vieja no quería a su yerno, del cual decía: Fróim es carretero de oficio y tiene caballos moros, pero el alma de Fróim e...
Babel, Isaac
Rusia
1894-1940
El primer amor
Cuento
A los diez años me enamoré de una mujer llamada Galina Apolónovna. Se apellidaba Rubtsova. Su marido, un oficial, se marchó a la guerra japonesa y regresó en octubre de mil novecientos cinco. Trajo muchas arcas. Las arcas contenían cosas chinas: biombos, armas valiosas, treinta puds en total. Kuzmá nos decía que Rubtso...
Babel, Isaac
Rusia
1894-1940
El rey
Cuento
Terminada la bendición nupcial el rabí se dejó caer en un sillón; después salió de la habitación y observó las mesas a todo lo largo del patio. Eran tantas, que la cola asomaba por el portón a la calle Gospitálnaya. Cubiertas con terciopelo, las mesas serpenteaban por el patio como culebras de vientre recosido con remi...
Babel, Isaac
Rusia
1894-1940
En el sótano
Cuento
Yo era un niño mentiroso. La culpa era de la lectura. Tenía mi imaginación siempre incandescente. Leía en clase, en el recreo, camino de casa, de noche bajo la mesa, tapándome con un mantel que llegaba al suelo. Debido a los libros pasé por alto todas las cosas de este mundo: las escapatorias de la escuela al puerto, e...
Babel, Isaac
Rusia
1894-1940
En la estación ferroviaria
Cuento
Sucedió hace dos años en una estación ferroviaria alejada de la mano de Dios, cerca de Penza. Una pequeña multitud se encontraba en una esquina del edificio de la estación. Decidí acercarme también. Resultó que estaban despidiendo a un soldado que se embarcaba rumbo al frente. El soldado, borracho, con la cabeza ...
Babel, Isaac
Rusia
1894-1940
Fróim Grach
Cuento
El año diecinueve los hombres de Benia Kril atacaron por la retaguardia a las tropas voluntarias pasaron a cuchillo a los oficiales y se apoderaron de parte del convoy. Como recompensa exigieron al Soviet de Odesa tres días de “insurrección pacífica”; a] no obtener permiso sacaron las telas de todas las tiendas de la a...
Babel, Isaac
Rusia
1894-1940
Historia de mi palomar
Cuento
De niño mi gran deseo era tener un palomar. Jamás conocí deseo más fuerte. A los nueve años mi padre me prometió dinero para tablas y para tres pares de palomas. Fue en mil novecientos cuatro. Yo me disponía a pasar los exámenes para el grado preparatorio en el gimnasio de Nikoláyev. Mi familia vivía en la ciudad de Ni...
Babel, Isaac
Rusia
1894-1940
Liubka la Cosaco
Cuento
La casa de Liubka Shneiveis está en la Moldavanka, en la esquina de la Dálnitskaya y la Bálkovskaya. Tiene en la casa bodega, posada, expendeduría de avena y un palomar para cien pares de palomas “kriúkovski” y “nikoláyevski”. Estas tiendas y el sector número cuarenta y seis de las canteras de Odesa son de Liubka Shnei...
Babel, Isaac
Rusia
1894-1940
Prischepa
Cuento
Me dirigía a Léchniuv, en donde se había instalado el estado mayor de la división. Mi compañero de viaje continuaba siendo Prischepa, joven kubanés, pícaro incansable, depurado comunista, futuro trapero, despreocupado, sifilítico y tardo mentiroso. Llevaba un caftán circasiano carmesí confeccionado con paño fino, y un ...
Babel, Isaac
Rusia
1894-1940
Shabos-najmú
Cuento
Y hubo tarde y mañana, quinto día. Y hubo tarde y mañana, día sexto. El sexto día —en la noche del viernes— hay que rezar. Después de la oración, a recorrer el pueblo con capucha de fiesta, para regresar a casa a la hora de cenar. En casa del judío se bebe una copa de vodka y kuguel con pasas. Después de la cena se vue...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
El cura de Tours
Novela corta
En los comienzos del otoño del año 1826, el abate Birotteau, personaje principal de esta historia, fue sorprendido por un chaparrón al volver de la casa donde había pasado la velada. Atravesaba, pues, tan rápidamente como sus carnes podían permitírselo la plazuela desierta llamada del Claustro, que se halla a espaldas ...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
El elíxir de larga vida
Cuento
En un suntuoso palacio de Ferrara agasajaba don Juan Belvídero una noche de invierno a un príncipe de la casa de Este. En aquella época, una fiesta era un maravilloso espectáculo de riquezas reales de que sólo un gran señor podía disponer. Sentadas en torno a una mesa iluminada con velas perfumadas conversaban suavemen...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
El grande de España
Cuento
En el momento de la expedición emprendida en 1823-4 por el rey Luis XVIII para salvar a Fernando VII del régimen constitucional, yo me encontraba por casualidad en Tours, camino de España. La víspera de mi marcha, fui al baile en casa de una de las mujeres más amables de esta ciudad en la que, como es sabido, se divert...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
El movilizado
Cuento
Una noche del mes de noviembre de 1793, los principales personajes de Carentan se encontraban en el salón de la señora de Dey, en cuyo domicilio se reunía todos los días la asamblea. Determinadas circunstancias, que no habrían llamado la atención en una gran ciudad pero que preocupaban profundamente en una pequeña, pre...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
El verdugo
Cuento
El campanario del pueblecito de Menda acababa de dar las doce. En aquel momento de la noche, un joven oficial francés, apoyado en el parapeto de una larga terraza que rodeaba los jardines del castillo de Menda, parecía abismado en una contemplación más profunda de lo que la despreocupación de la vida militar suele trae...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
La bella Imperia
Cuento
Para ir al Concilio de Constanza el arzobispo de Burdeos había incluido en su séquito a un curita turenés bien apersonado, cuyos modales y discurso eran, cosa rara, exquisitos, tanto más cuanto que pasaba por ser hijo de la Soldée y del gobernador. El arzobispo de Tours se lo había entregado gustosamente a su cofrade c...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
La cúpula de los Inválidos
Cuento
Un hermoso día del mes de junio, entre las cuatro y las cinco, salí de la celda de la calle du Bac donde mi honorable y estudioso amigo, el barón de Werther, me había ofrecido el almuerzo más delicado del que se pueda hacer mención en los castos y sobrios anales de mi estómago; pues el estómago tiene su literatura, su ...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
La doncella de Tilhouze
Cuento
El señor de Valesnes, pintoresco lugar cuyo castillo no está lejos de la aldea de Tilhouze, habíase casado con una dama que, por razón de gusto o de disgusto, de agrado o desagrado, de enfermedad o salud, hacía ayunar a su buen marido de las dulzuras y melosidades estipuladas en todo contrato de matrimonio. Para ser ju...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
La misa del ateo
Cuento
Un médico a quien la ciencia debe una bella teoría fisiológica y que, joven aún, se ha situado entre las celebridades de la Escuela de París, centro de luces al que todos los médicos de Europa rinden homenaje, el doctor Bianchon, practicó largo tiempo la cirugía antes de dedicarse a la medicina. Sus primeros estudios f...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
La obra maestra desconocida
Cuento largo
I GILLETTE A finales del año 1612, en una fría mañana de diciembre, un joven, pobremente vestido, paseaba ante la puerta de una casa situada en la Rue des Grands-Augustins, en París. Tras haber caminado harto tiempo por esta calle, con la indecisión de un enamorado que no osa presentarse ante su primera amante, por más...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
Penas de amor de una gata inglesa
Cuento
Cuando el informe detallado de la primera sesión celebrada por ustedes llegó a Londres, ¡oh animales franceses!, hizo palpitar el corazón de los amigos de la Reforma Animal. En mi cabecita tenía yo tantas pruebas de la superioridad de los Animales sobre el Hombre que, en mi calidad de inglesa, vi llegado el momento tan...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
Segundo estudio de mujer
Cuento
En París se encuentran casi siempre dos veladas en los bailes ó en las reuniones. Primero, una velada oficial a la cual asisten las personas invitadas; un buen mundo que se fastidia. La mayor parte de las jóvenes no van a ella mas que por una sola persona. Cuando cada mujer se ha asegurado de que es la más bella para e...
Balzac, Honoré de
Francia
1799-1850
Una misa en 1793
Cuento
El 22 de enero de 1793, hacia las ocho de la noche, una anciana descendía la cuesta que termina ante la iglesia de San Lorenzo, en el barrio de San Martín, de París. Había nevado tanto durante la jornada que apenas se oían sus pasos. Las calles estaban desiertas. El temor natural que inspiraba el silencio, se veía incr...
Bareiro Saguier, Rubén
Paraguay
1930-2014
Diente por diente
Cuento
Sí señor, ese es Dalmacio Tatú, mi vecino de la chacra a media legua de aquí. Y usted va a saber lo que pasó. Yo, señor, no soy político ni pendenciero; no me gusta la sangre de cristiano. Claro que tengo mi color, como todo el mundo. Desde que nací tengo el color que mi padre y mis abuelos me ataron como un ñudo mordi...
Bareiro Saguier, Rubén
Paraguay
1930-2014
Licantropía
Cuento
Cuando ayer lo vi en la calle, tan cadavérico, me vino a la memoria la cantidad de rumores que corrían por el pueblo a propósito del tío Cabrilla y de la tía Lalí. «Mentiras», decía mi madre; «calumnias», sentenciaba -más severo mi padre, coreado por los comentarios indignados de sus hermanas. Aunque luego, hasta mamá ...
Bareiro Saguier, Rubén
Paraguay
1930-2014
Ojo por diente
Cuento
Todo esto es mentira, una patraña para desprestigiar al juez de paz; porque si lo trataran de ladrón o de prevaricador o hasta de violador -abusando de la leyenda difundida por aquella muchachita convocada en el despacho de su señoría para una deposición…-, pero acusarlo de esto, ¡y en qué forma! Ahí está, eso es cosa ...
Baroja, Pío
España
1872-1956
Ángelus
Cuento
Eran trece los hombres, trece valientes curtidos en el peligro y avezados a las luchas del mar. Con ellos iba una mujer, la del patrón. Los trece hombres de la costa tenían el sello característico de la raza vasca: cabeza ancha, perfil aguileño, la pupila muerta por la constante contemplación de la mar, la gran devorad...
Baroja, Pío
España
1872-1956
Conciencias cansadas
Cuento
Salí del teatro, disgustado, triste, con el cerebro lleno de ideas negras. Tanta grosería, tanta bestialidad, me molestaban. Me encontré en la calle. Era un anochecer de día de fiesta. El cielo estaba plomizo, llovía; como el barro sucio en las aceras, se iban formando en mi espíritu sedimentos de ideas turbias, precip...
Baroja, Pío
España
1872-1956
El reloj
Cuento
Hay en los dominios de la fantasía bellas comarcas en donde los árboles suspiran y los arroyos cristalinos se deslizan cantando por entre orillas esmaltadas de flores a perderse en el azul mar. Lejos de estas comarcas, muy lejos de ellas, hay una región terrible y misteriosa en donde los árboles elevan al cielo sus des...
Baroja, Pío
España
1872-1956
El trasgo
Cuento
El comedor de la venta de Aristondo, sitio en donde nos reuníamos después de cenar, tenía en el pueblo los honores de casino. Era una habitación grande, muy larga, separada de la cocina por un tabique, cuya puerta casi nunca se cerraba, lo que permitía llamar a cada paso para pedir café o una copa a la simpática Mainto...
Baroja, Pío
España
1872-1956
Elizabide el Vagabundo
Cuento
Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardín, Elizabide el Vagabundo se decía al ver pasar a Maintoni, que volvía de la iglesia: —¿Qué pensará?—¿Vivirá satisfecha? ¡La vida de Maintoni le parecía tan extraña! Porque era natural que quien como él había andado siempre a la buena de Dios rodando por el mund...
Baroja, Pío
España
1872-1956
La caja de música
Cuento
I. El pintor anticuario Hacia finales del siglo XIX conocí en París a uno de tantos españoles que pululan por allí. Era un riojano, a quien llamábamos Luis el de Nájera, porque hablaba con frecuencia de este pueblo, que debía de ser el suyo. Luis no sabía el francés necesario para hacerse servir en el restaurante, y se...
Baroja, Pío
España
1872-1956
La sima
Cuento
El paraje era severo, de adusta severidad. En el término del horizonte, bajo el cielo inflamado por nubes rojas, fundidas por los últimos rayos del sol, se extendía la cadena de montañas de la sierra, como una muralla azuladoplomiza, coronada en la cumbre por ingentes pedruscos y veteada más abajo por blancas estrías d...
Baroja, Pío
España
1872-1956
La sombra
Cuento
Había salido del hospital el día de Corpus Christi, y volvía, envejecida y macilenta, pero ya curada, a casa de su ama, a seguir nuevamente su vida miserable, su vida miserable de prostituta. En su rostro, todas las miserias; en su corazón, todas las ignominias. Ni una idea cruzaba su cerebro; tenía solamente un deseo ...
Baroja, Pío
España
1872-1956
Las vocales de colores
Cuento
Perdonad que os hable de mí mismo. Hace días me sucedió una cosa extraña. Estaba después de comer en mi cuarto, cuando me llamaron desde el gabinete en donde se encontraban mi madre, mi hermana, mi hermano y dos amigos, uno estudiante de medicina y el otro teniente de ingenieros, los cuales responderían de la veracidad...
Baroja, Pío
España
1872-1956
Los panaderos
Cuento
El coche del muerto se dirigía por la ronda hacia el Prado. Era un coche de tercera, ramplón, enclenque, encanijado; estaba pintado de negro, y en las cuatro columnas de los lados se sostenía el techo y en la cruz que lo coronaba tenía vivos amarillos, como los de un uniforme de portero o de guardia de orden público. N...
Baroja, Pío
España
1872-1956
Mari Belcha
Cuento
Cuando te quedas sola a la puerta del negro caserío con tu hermanillo en brazos, ¿en que piensas, Mari Belcha, al mirar los montes lejanos y el cielo pálido? Te llaman Mari Belcha, María la Negra, porque naciste el día de los Reyes, no por otra cosa; te llaman Mari Belcha, y eres blanca como los corderillos cuando sal...
Baroja, Pío
España
1872-1956
Marichu
Cuento
La noticia corrió de boca en boca. Marichu, la mujer del caserío Aitola, tenía una enfermedad rarísima, que se le había presentado dos o tres semanas después del parto. Tan pronto comenzaba a reír con estridentes carcajadas, como lloraba amargamente y prorrumpía en desgarradoras quejas. Corrieron los rumores de que ten...
Baroja, Pío
España
1872-1956
Médium
Cuento
Soy un hombre intranquilo, nervioso, muy nervioso; pero no estoy loco, como dicen los médicos que me han reconocido. He analizado todo, he profundizado todo, y vivo intranquilo. ¿Por qué? No lo he sabido todavía. Desde hace tiempo duermo mucho, con un sueño sin ensueño; al menos, cuando me despierto, no recuerdo si he ...
Baroja, Pío
España
1872-1956
Olaberri el macabro
Cuento
Olaberri era un pesimista jovial. No encontraba en el mundo más que vanidad y aflicción de espíritu. No tenía fe más que en la cal hidráulica y en el cemento armado. Para él, detrás de toda satisfacción venía algo negro y doloroso, que eran principalmente las facturas. -¿Ve usted esa chica que se ha casado con el cara...
Barreto, Héctor
Chile
1916-1936
La ciudad enferma
Cuento
Su último sueño había comenzado a desmejorar. Quiso volver. Alzó la mano, el índice hacia la niebla. Era su gesto habitual. Después, rompió el velo. Allí el disco (¡maldito disco!). Ya comprendió ayer que le cansaría. Pero, qué más daba; aquel era el día…; era lo mismo. No, no le haría cambiar, sería ocioso; además, si...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
A bordo
Cuento
Remontando el Alto Paraná. Una noche cálida, perfecta, como si durante la inmovilidad del crepúsculo se hubiesen decantado, evaporado, sublimado, todas las impurezas cósmicas; un cielo bruñido, de un azul a la vez metálico y transparente, poblado de pálidas gemas, surcado de largas estelas de fósforo. Al ras del horizo...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
Ajenjo
Cuento
Tres dedos de ajenjo puro —tres mil millones de espacios de ensueño. El espíritu se desgarra sin dolor, se alarga suavemente en puntas rápidas hacia lo imposible. El espíritu es una invasora estrella de llama de alcohol fatuo. Libertad, facilidad sublime. El mundo es un espectro armonioso, que ríe con gestos de connive...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
Baccarat
Cuento
Había mucha gente en la gran sala de juego del casino. Conocidos en vacaciones, tipos a la moda, profesionales del bac, reinas de la season, agentes de bolsa, bookmakers, sablistas, rastas, ingleses de gorra y smoking, norteamericanos de frac y panamá, agricultores del departamento que venían a jugarse la cosecha, heta...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
De cuerpo presente
Cuento
Sobre la cama sucia estaba el cuerpo de doña Francisca, víctima de cuarenta años de puchero y de escoba. Entraban y salían del cuartucho las hijas llorosas. Chiquillos de todas edades, casi harapientos, desgreñados, corrían atropellándose, una vieja acurrucada pasaba las cuentas de un rosario entre sus dedos leñosos. E...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
Del natural
Cuento
En la casa de los tísicos. Lo que mató al 4, más que la enfermedad, fue la idea. Apenas entró en el lazareto, le dio la manía de salir, convencido de que de lo contrario moriría pronto. Hablaba todavía menos que nosotros, y en el hospital no se habla mucho, pero le adivinábamos el pensamiento, como sucede donde se pien...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
El bohemio
Cuento
Era muy bueno. Tenía nobles aficiones. Hubiera aceptado la gloria. Cada detalle de su existencia era precioso a la humanidad. Nadie lo sospechaba sino él. ¿Qué importaba? Le bastaba saberse un profeta desconocido, cuya misión maravillosa puede fulminar de un momento a otro. El espectáculo de su propia vida no le bastab...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
El hijo
Cuento
Hace muchos años, vivía un matrimonio. Eran muy pobres, él leñador, ella lavandera. Eran muy feos, casi horribles; ella con su enorme nariz y sus cejas de carbón, parecía una bruja; él, con su áspera pelambre, parecía un oso. Pero se amaban tanto, tanto, que tuvieron un niño más bello que la aurora. No se atrevían a ac...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
El leproso
Cuento
Treinta años hacía que Onofre habitaba el país. Remontando los ríos quedó en seco al fin como escoria que espuman las mareas. ¿Siciliano, turco, griego?… Nunca se averiguó más; al oírle soltar su castilla dulzona rayada por delgados zumbidos de insectos al sol, se le adivinaba esculpido por el Mediterráneo. Treinta año...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
El maestro
Cuento
Por treinta pesos mensuales el señor Cuadrado, a las cinco de la mañana, incorporaba sobre el sucio lecho sus sesenta años de miseria, y empezaba a sufrir. Levantar a los niños de primer grado, vigilar su desayuno, meterles en clase, darles tres horas de aritmética y de gramática, llevarles a almorzar, presenciar su al...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
El perro
Cuento
Por los anchos ventanales abiertos del comedor del hotel, contemplaba desde mi mesa el horizonte marino, esfumado en el lento crepúsculo. Cerca del muelle descansaban las velas pescadoras a lo largo de los mástiles. Una silueta elegante cruzaba a intervalos, subiendo la rampla; cocotte que viene a cambiar de toilette p...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
El pozo
Cuento
Juan, fatigado, hambriento, miserable, llegó a la ciudad a pedir trabajo. Su mujer y sus hijos le esperaban extramuros, a la sombra de los árboles. —¿Trabajo? —le dijeron—. El padre Simón se lo dará. Juan fue al padre Simón. Era un señor gordo, satisfecho, de rostro benigno. Estaba en la mitad de su jardín. Más allá ha...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
La enamorada
Cuento
Parecía vieja, a pesar de no cumplir aún treinta y cinco años. Las labores bestiales de la chacra, el sol que calcina el surco y resquebraja la arcilla, la habían curtido y arrugado la piel. Tenía la cara hinchada y roja, el andar robusto, los ojos chicos, atornillados y negros. Era miserable. Se llamaba Victoria. Viví...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
La gran cuestión
Cuento
El banquero dio en el cigarro, para desprender la ceniza, un golpecito con el meñique cargado de oro y de rubíes. —Supongo —dijo— que aquí no nos veremos en el caso de fusilar a los trabajadores en las calles. El general dejó el coctel sobre la mesa, y rompió a reír: —Tenemos todo lo que nos hace falta para eso: fusile...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
La muñeca
Cuento
Se celebraba en el palacio de los reyes la fiesta de Navidad. Del consabido árbol, hincado en el centro de un salón, colgaban luces, cintas, golosinas deliciosas y magníficos juguetes. Todo aquello era para los pequeños príncipes y sus amiguitos cortesanos, pero Yolanda, la bella princesita, se acercó a la reina y la d...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
La oración del huerto
Cuento
EL POETA —¡Amanece! El Alma —No. Aún es de noche. El Poeta —¡Amanece! Un suspiro de luz tiembla en el horizonte. Palidecen las estrellas resignadas. Las alas de los pájaros dormidos se estremecen y las castas flores entreabren su corazón perfumado, preparándose para su existencia de un día. La tierra sale poco a poco d...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
La puerta
Cuento
—Sí… ¡márchate! Déjame en paz! —Alberto… ¿es posible? Al verla tan débil, tan rubia, tan suave, un malvado deseo le hizo repetir: —¿Qué…? ¡Que te vayas! ¡Que no vuelvas! La arrojó del gabinete, y cerró la puerta. Una satisfacción ácida alegraba sus venas de macho fuerte. Había sentido, bajo sus dedos que mordían, dobla...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
La risa
Cuento
Se nos fue la risa de los niños, la risa de los dioses; ya no desborda nuestra alma y nos tortura la sed. La música de la risa se cambió en hipo; se cambió en mueca la onda pura que resplandecía sobre los rostros nuevos. La risa ahonda nuestras arrugas y revela mejor nuestra decrepitud. La risa noble se volvió alevosa....
Barrett, Rafael
España
1876-1910
La visita
Cuento
Una noche de bruma y de luna lívida salió el poeta de la casa y recorrió el jardín. Los árboles, en la niebla iluminada blandamente, parecían fantasmas de árboles. Todo estaba húmedo, misterioso y triste. Se diría que el suelo y las plantas habían llorado de frío, o quizá de soledad. Enfrente, del otro lado del camino,...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
Los domingos de noche
Cuento
—Y usted, ¿no nos cuenta ninguna proeza amorosa, señor Martínez? El famoso financista sacudió, con el meñique ensortijado de brillantes, la ceniza del magnífico veguero, sonrió con ese desdén que da a su grasiento rostro una expresión de desencanto fatuo y nos dijo: “—Les contaré mi primera aventura. Era yo entonces es...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
Mi zoo
Cuento
En el verdadero campo. Un retacíto de naturaleza, lo suficiente para revelar la sabiduría y la bondad de Dios. Animalítos vulgares, pero en libertad. Yo también ando suelto. Es la hora de la siesta; arrastro mi butaca de enfermo al ancho corredor, al amparo de las madreselvas; me tiendo con delicia, y procuro no pensar...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
¿Recuerdas?
Cuento
Era en el cariñoso silencio de nuestra casa. Por la ventana abierta entraba el aliento tibio de la noche, haciendo ondular suavemente el borde rizado de la pantalla color de rosa. La luz familiar de la vieja lámpara acariciaba nuestras frentes, llenas de paz, inclinadas a la mesa de trabajo. Tú leías, y escribía yo. De...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
Smart
Cuento
Mrs. Kirby, en su palacio de la Quinta Avenida, invitaba aquella noche a un príncipe latino, de paso por Nueva York, y a un grupo de amigos cuidadosamente seleccionados entre “los cuatrocientos”. Rodeada de su camarera Mary, de su peluquero, del primer probador de su modisto y de un ayudante, ensayaba ante los altos es...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
Sobre el césped
Cuento
Sobre el césped estábamos sentados, a la sombra de dos altos laureles. De tiempo en tiempo una leve bocanada de aire cálido se obstinaba en desprender el suave mechón rubio que tus dedos impacientes habían contenido. Nuestro primogénito jugaba a nuestros pies, incapaz de enderezarse sobre los suyos, carnecita redonda, ...
Barrett, Rafael
España
1876-1910
Soñando
Cuento
Era como un inmenso baile de personas y de cosas. Figuras de todos los siglos pasaban en calma o se precipitaban girando. Animales fantásticos y objetos sin nombre se mezclaban a los mil espectros de un carnaval delirante. El espacio infinito parecía iluminado por la fiebre. No había piso ni techo. Se adivinaba la noch...
Barthelme, Donald
Estados Unidos
1931-1989
El auge del capitalismo
Cuento
Lo primero que hice fue un error. Pensé que había entendido el capitalismo, pero lo que había hecho fue asumir una actitud —tristeza melancólica— hacia él. Esta actitud no es correcta. Afortunadamente tu carta llegó en ese instante. “Querido Rupert, te amo cada día. Tú eres el mundo, que es vida. Te amo te adoro estoy ...
Barthelme, Donald
Estados Unidos
1931-1989
La niña
Minicuento
Lo primero que hizo mal la niña fue arrancar hojas de sus libros, de modo que pusimos por norma que, cada vez que arrancara una hoja de algún libro, tenía que pasar cuatro horas sola en su habitación con la puerta cerrada. Solía arrancar alrededor de una hoja por día, al principio, de modo que la norma funcionó bastant...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
Introducción al libro “Rimas y leyendas”
Cuento
Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo. Fecunda, como el lecho de amor de la miseria, y parecida a esos padres que engendran más hi...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
El gnomo
Cuento
I Las muchachas del lugar volvían de la fuente con sus cántaros en la cabeza, volvían cantando y riendo con un ruido y una algazara que sólo pudieran compararse a la alegre algarabía de una banda de golondrinas cuando revolotean espesas como el granizo alrededor de la veleta de un campanario. En el pórtico de la iglesi...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
El miserere
Cuento
Hace algunos meses que visitando la célebre abadía de Fitero y ocupándome en revolver algunos volúmenes en su abandonada biblioteca, descubrí en uno de sus rincones dos o tres cuadernos de música bastante antiguos, cubiertos de polvo y hasta comenzados a roer por los ratones. Era un Miserere1. Yo no sé la música; pero ...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
El monte de las ánimas
Cuento
La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria. Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
El rayo de luna
Cuento
Yo no sé si esto es una historia que parece cuento o un cuento que parece historia; lo que puedo decir es que en su fondo hay una verdad, una verdad muy triste, de la que acaso yo seré uno de los últimos en aprovecharme, dadas mis condiciones de imaginación. Otro, con esta idea, tal vez hubiera hecho un tomo de filosof...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
La corza blanca
Cuento
En un pequeño lugar de Aragón; y allá por los años de mil trescientos y pico, vivía retirado en su torre señorial un famoso caballero llamado don Dionís, el cual después de haber servido a su rey en la guerra contra infieles, descansaba a la sazón, entregado al alegre ejercicio de la caza, de las rudas fatigas de los ...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
La promesa
Cuento
– I – Margarita lloraba con el rostro oculto entre las manos; lloraba sin gemir, pero las lágrimas corrían silenciosas a lo largo de sus mejillas, deslizándose por entre sus dedos para caer en la tierra, hacia la que había doblado su frente. Junto a Margarita estaba Pedro, quien levantaba de cuando en cuando los ojos p...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
La rosa de pasión
Cuento
Una tarde de verano y en un jardín de Toledo me refirió esta singular historia una muchacha muy buena y muy bonita. Mientras me explicaba el misterio de su forma especial besaba las hojas y los pistilos que iba arrancando uno a uno de la flor que da su nombre a esta leyenda. Si yo la pudiera referir con el suave encant...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
La Venta de los Gatos
Cuento
– I – En Sevilla, y en mitad del camino que se dirige al convento de San Jerónimo desde la puerta de la Macarena, hay, entre otros ventorrillos célebres, uno que, por el lugar en que está colocado y las circunstancias especiales que en él concurren, puede decirse que era, si ya no lo es, el más neto y característico de...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
Los ojos verdes
Cuento
Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título. Hoy, que se me ha presentado ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma. Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, p...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
Maese Pérez el Organista
Cuento
En Sevilla, en el mismo atrio de Santa Inés, y mientras esperaba que comenzase la Misa del Gallo, oí esta tradición a una demandadera del convento. Como era natural, después de oírla, aguardé impaciente que comenzara la ceremonia, ansioso de asistir a un prodigio. Nada menos prodigioso, sin embargo, que el órgano de Sa...
Bécquer, Gustavo Adolfo
España
1836-1870
Tres flechas
Cuento
En una cartera de dibujo, que conservo aún llena de ligeros apuntes, hechos durante algunas de mis excursiones semiartísticas a la ciudad de Toledo, hay escritas tres fechas. Los sucesos de que guardan la memoria estos números son hasta cierto punto insignificantes. Sin embargo, con su recuerdo me he entretenido en for...
Beerbohm, Max
Inglaterra
1872-1956
Enoch Soames
Cuento
Cuando el señor Holbrook Jackson dio al mundo un libro sobre la literatura del 90, busqué ansiosamente en el índice el nombre de Soames, Enoch. Temía que no estuviese. Y no estaba. Sin embargo, figuraban todos los demás. Muchos escritores a quienes yo olvidara por completo o solo recordaba vagamente, resucitaron ante m...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Alegoría
Cuento
Hacía tres meses, un barco español había dejado al infortunado Fernando de Almagro, a merced de unos parientes. Un avispillas del consignatario lo hizo remontar la cuesta que flota sobre el Jardín Botánico, y al llegar al miradero, le advirtió: -Esta es la calle de la Cruz. -Buen albergue para un hombre cristiano -el a...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Biografía
Cuento
La hipnotizó el farol bizco del Café Turull, y con las piernas untadas de cebo, brincó desde el manglar hasta la plazoleta. Tenía un nombre agudo y desconcertado: Cruz Menchaca. Negra canela de pasa colorada y bemba de caracola, dicen los que bien la conocieron, que tuvo una mocedad licenciosa y un otoño de celestina. ...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Capataz buena persona, montado en caballo blanco
Cuento
Quirincho Morales nació tan paciente, que la paciencia le chorreaba por el cuerpo como una mantequita. Sus coterráneos en ese limbo telúrico que forma el caraveral —jíbaros¹ lijosos, con cuatro callos de misterio en la conciencia, por cuya somnolencia de encuclillados no se atrevía a pasar una ardilla—, se mofaban cons...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Conseja
Cuento
El cuplé de la pulguita empezó a labrar la desgracia del buen hospedero. Cada noche la moza se subía más la falda en busca de la mimosa pulguita y crecía el ardor del corralón de la Caleta. En nombre de la moral cristiana, el coadjutor solicitó el desalojo de la cupletista. La moza tuvo que darle la vuelta a la catedra...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Conversión de la maestrita rural Isabelita Pirinpín
Cuento
Isabelita Pirinpín se gradúa de maestrita rural, sin una sola onda permanente en la cabeza, ni más afeites que unas cuantas lecciones de pedagogía. Su escuela está más allá de cinco pasos de quebrada y es una casilla de madera montada en socos altos. En el pueblo la enjaquiman un caballo manso, montada en el cual, Isab...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
El niño morado de Monsona Quintana
Cuento
Por la mañana, Monsona Quintana le dijo a su marido Anacleto Quintana: —Anoche nos nasió otro. Yo no quise dispeltalte. Me las emburujé yo sola como púe. El padre no se conmovió mucho que digamos con el nacimiento del nuevo hijo. Eran dieciséis picos pidiones que tenía bajo su techo y los hijos no se alimentan con pepi...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Esperpento
Cuento
Primero iba el aullido lastimero del can; detrás la vieja con el pregón de culpas y su campanillo de cobre; por último, Pacita Soledad, con su cuerpecillo de yuca y dos trenzas rubias prendidas de su azoro: -Vecinos, tres avemarías por el alma de la desventurada dama de esta plaza, doña Carlota Mariana Ayala de Valleso...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
La candelaria de Juan Candelario
Cuento
Todos los meses iba Juan Candelario al almacén de don Teodorito Valdepié, con toda la verdura de su finca: -Aquí traigo, don Teodorito, una carguita pa que usté me la estime. -La carga está chiquita, Juan. Parece que se te ha cansado la tierra. -La seca ha sío grande, don Teodorito. -Habrá que tener paciencia para cobr...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
La viuda del manto prieto
Cuento
Por la noche, la viuda del manto prieto arropaba el cañaveral del barrio con sus tocas harapientas. ¡Condená! Tenía los ojos llenos de ceniza, la boca llagada y unas manos huesudas que no se acababan de morir: -Voy a largalme pa no velle más la cara tiñosa. -Tiés mieo? -Tanto como tú. Ya me la he llevao tres noches enj...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Leyenda
Cuento
El caserón le tiró al rostro un vaho caliente como si pretendiera deshacerse de él. El portal tenía siete capas de hollín entre sus mancharones negros, ocres, violetas; las escaleras opacas, una puerta tosca insensible a las uñas de los pedigüeños. Sin embargo, aquella era la última puerta que le quedaba a su mundo ame...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Mantengo
Cuento
La tierra cuando sale dura, mete el alma de un jíbaro¹ en un hoyo prieto como si fuera una pepita de calabaza. El jíbaro se va descoyuntando poco a poco, sin lograr prender una semilla en los abertales, sabiendo que cada día el hoyo será más ancho, hasta que al fin, cae él sembrado, con las patas por fuera. Chiche Malp...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
María Teresa monta en calesa
Cuento
Cuando era apenas una ñeña de quince, brava y flaca como una rabisa de caña, se la robó de su guariquitén un mayordomo solterón que la venía viendo crecer. Primer paseo en calesa —¡en calesa de mayordomía, caballeros!— de María Teresa, quien pasó a la historia de nuestra prostitución urbana, sin más artificio que un di...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Santiguá de santigüero
Cuento
El santigüero tendió en su camastro el cuerpo del enfermo que había caído de bruces en la cuesta del barrio Juan Martín. Era un montoncito de hombre, con las cejas lampiñosas, que tenía el pantalón agujereado por la miseria. Sus ojos estaban cerrados por una fatiga tan profunda que parecía tener los párpados cosidos. C...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Se enciende la lámpara de Aladino
Cuento
Yo cerré mi juventud como una abanico despavorido, desde que una noche besé a una negra en los labios -murmuró apretando sus ansias novelescas Juan Antonio Orcaz, una soberbia cabeza de mechones crespos aplastada en el fondo de un camastro. -Sí, el mar Caribe está podrido -comentó alguien perdido entre las sombras larg...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Tormenta platanera
Cuento
La tormenta platanera es un viento flojo que no arrasa ni mata, pero que desaparta a un jíbaro¹ de su rancho. Aquella noche, en que Isabelo Carrillo la oía silbar, apenas parecía una racha de viento metida en un carrucho. La miseria se le ajotó detrás a Isabelo Carrillo el mismo día que nació. Isabelo Carrillo era un b...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Tradición
Cuento
La viuda del oficial muerto en el campo de batalla es un mórbido tenebrario encendido en la larga noche de la pasión. Está supuesta a guardarle la penama al difunto hasta caer postrada por la anemia o enloquecer vidriada por la soledad. El pueblo la reverencia como a una santa, una santa demacrada, con sus ojos hundido...
Belaval, Emilio S.
Puerto Rico
1903-1972
Un desagravio al cabrón del barrio Juan Domingo
Cuento
Cuando murió Anselmo Maldonado, todo el barrio de Juan Domingo se echó a temblar. Temblaron los jíbaros¹ sarmentosos, las hilas de los yagrumos, las pencas flácidas de los bohíos. La vidente Isabelona, una sabichosa de los mangles, quien vivía enterrada en miasmas playeras, lo predijo: —Ese hombre no va a dejal dolmil ...
Bellow, Saul
Estados Unidos
1915-2005
Buscando al señor Green
Cuento
¿Un trabajo duro? No, realmente no era tan duro. George Grebe no estaba acostumbrado a caminar ni a subir escaleras, pero las dificultades físicas de su nuevo empleo no eran lo que más le costaba. Se dedicaba a repartir cheques de la beneficencia en el barrio negro y, aunque era nativo de Chicago, aquella no era una pa...
Bellow, Saul
Estados Unidos
1915-2005
Dejando la casa amarilla
Cuento largo
Los vecinos —eran en total seis blancos los que vivían en Sego Desert Lake— se dijeron unos a otros que la vieja Hattie ya no podía aguantar sola. La vida en el desierto, incluso con un horno de aire en la casa y el gas butano que le traían de la ciudad en un camión, seguía siendo demasiado difícil para ella. Había en ...
Bellow, Saul
Estados Unidos
1915-2005
Él siempre metiendo la pata
Cuento largo
Querida señorita Rose: Casi empecé por «Mi querida niña», porque, en un sentido, lo que le hice hace treinta y cinco años nos hace al uno hijo del otro. De vez en cuando me acuerdo de que hace mucho tiempo gasté una broma pesada a costa suya y me he sentido mal por ello, pero hace poco me aclararon que lo que le dije f...