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Bellow, Saul | Estados Unidos | 1915-2005 | El viejo sistema | Cuento largo | Era un día de reflexión para el doctor Braun. Invierno. Sábado. Finales de diciembre. Estaba solo en su apartamento y se despertó tarde, quedándose en la cama hasta el mediodía, en la habitación a oscuras, dándole vueltas a una idea… una sensación: ahora lo ves, ahora no lo ves. Ahora es un contenido, ahora un vacío. A... |
Bellow, Saul | Estados Unidos | 1915-2005 | La bandeja de plata | Cuento largo | ¿Qué hace uno ante la muerte, en este caso, la muerte de un padre anciano? Si uno es una persona moderna, de sesenta años de edad, y un hombre de mundo, como Woody Selbst, ¿qué es lo que hace? Tomemos por ejemplo lo del luto, y coloquémoslo ante el telón de fondo de la vida contemporánea. ¿Cómo, con el telón de fondo c... |
Bellow, Saul | Estados Unidos | 1915-2005 | Memorias de Mosby | Cuento | Los pájaros no dejaban de trinar. Trrr, trrr, trrr. Y todas las cosas que hacen los pájaros, según los naturalistas. Expresaban profundos abismos de agresividad que solo el Hombre —el Estúpido Hombre— confundía con inocencia. Creemos que todo es muy inocente, porque nuestra maldad nos da miedo. ¡Ay, mucho miedo!
El señ... |
Benavente, Jacinto | España | 1866-1954 | Cuento inmoral | Cuento | Sale el actor por delante del telón, pausadamente.
¡Qué compromiso ! Hay días en que se siente uno capaz de las mayores audacias, y nada le parece imposible.
Y es que yo soy así; hay dos palabras que me sublevan, me encienden la sangre y me obligan a sentirme capaz de todo : la palabra difícil y la palabra imposible. B... |
Benavente, Jacinto | España | 1866-1954 | Historia de un día en tres esquelas | Minicuento | I
Vergüenza me cuesta, pero has de perdonarme. Hoy no asistiré a la Junta. El motivo es pecaminoso. Justamente de cinco a siete tengo que ir a probarme unos vestidos a casa de Laura. Ya sabes lo que es ella; si pierdo mi turno, me deja desnuda este invierno. ¿Estoy perdonada? Bien lo merece mi franqueza. Pude inventar ... |
Benavente, Jacinto | España | 1866-1954 | Nochebuena aristocrática | Cuento | Después de la misa del Gallo celebrada en el oratorio y oída con más recogimiento que una comedia de teatro antiguo en lunes clásico, los invitados de la marquesa de San Severino pasaron al comedor.
La fiesta era de pura intimidad; la marquesa había limitado la invitación a las personas más allegadas de su familia y a... |
Benavente, Jacinto | España | 1866-1954 | Una carta de mujer | Cuento | …Nunca sabrás cuánto me cuesta contestar a tu carta. No es que renueves en mí dolorosas memorias; es que al fijarlas para escribirte, caigo en la cuenta de que son memorias de cosas pasadas, cuando mi pensamiento no sabía diferenciar el recuerdo de la esperanza. De un largo amor que vive la vida entera del amor; con su... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | A imagen y semejanza | Cuento | Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras. Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó inmóvil sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon el te... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Acaso irreparable | Cuento | Cuando los parlantes anunciaron que las Líneas Centroamericanas de Aviación postergaban por veinticuatro horas su vuelo número 914, Sergio Rivera hizo un gesto de impaciencia. No ignoraba, por supuesto, la clásica argumentación: siempre es mejor una demora impuesta por la prudencia que una dificultad («acaso irreparabl... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Almuerzo y dudas | Cuento | El hombre se detuvo frente a la vidriera, pero su atención no fue atraída por el alegre maniquí sino por su propio aspecto reflejado en los cristales. Se ajustó la corbata, se acomodó el gacho. De pronto vio la imagen de la mujer junto a la suya.
-Hola, Matilde -dijo y se dio vuelta.
La mujer sonrió y le tendió la mano... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Andamios | Cuento | “…Javier se había aprontado para almorzar a solas en una mesa del fondo. Todavía no había asimilado del todo el relato de Nieves sobre la muerte de Ramón. Quería evaluar con serenidad ese hecho insólito, medir su profundidad, administrar para sí mismo la importancia de una imagen que le resultaba aterradora.
No obstant... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Aquí se respira bien | Cuento | —¿Nos sentamos en este? —pregunta el Viejo.
—Mejor aquél. Tiene más sombra.
Por más que nadie intenta arrebatárselo, Gustavo se cree obligado a correr para asegurarse el usufructo del banco. El padre llega después, sin apuro, con el saco en el brazo.
—Se respira bien en este rinconcito—dice, y para demonstrarlo resopla... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Beatriz, la polución | Cuento | Dijo el tío Rolando que esta ciudad se está poniendo imbancable de tanta polución que tiene. Yo no dije nada para no quedar como burra pero de toda la frase sólo entendí la palabra ciudad. Después fui al diccionario y busqué la palabra imbancable y no está. El domingo, cuando fui a visitar al abuelo le pregunté qué que... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Beatriz, una palabra enorme | Cuento | Libertad es una palabra enorme. Por ejemplo, cuando terminan las clases, se dice que una está en libertad. Mientras dura la libertad, una pasa, una juega, una no tiene por qué estudiar. Se dice que un país es libre cuando una mujer cualquiera o un hombre cualquiera hace lo que se le antoja. Pero hasta los países libres... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Bestiario | Minicuento | La asamblea anual de la Fauna Artística y Literaria fue convocada, en primera citación, a las 20 horas, y en segunda a las 21, pero solo se logró el quórum necesario en el segundo llamado.
Faltaron con aviso el Mastín de los Baskerville, el Cisne de Saint Saëns y Moby Dick de Melville; sin aviso, las Moscas de Sartre y... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Caramba y lástima | Cuento | Inclinado sobre los canelones a la crema, segundo plato del menú fijo, Ortega vio venir la pelota de miga y tuvo tiempo de echarse atrás. El proyectil rebotó en la frente de Silva; olvidado de todas las pelotas de miga que él había arrojado en incontables despedidas de soltero, Silva se puso furioso y respondió con la ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Cinco años de vida | Cuento | Miró con disimulo el reloj y confirmó sus temores. Las doce y cinco. Si no empezaba inmediatamente a despedirse, perdería el último métro. Siempre le sucedía lo mismo. Cuando alguien, empujado por la nostalgia, propia o ajena, o por el alcohol, o por cierta reprimida vocación de vedette, se lanzaba por fin a la confide... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Cleopatra | Cuento | El hecho de ser la única mujer entre seis hermanos me había mantenido siempre en un casillero especial de la familia. Mis hermanos me tenían (todavía me tienen) afecto, pero se ponían bastante pesados cuando me hacían bromas sobre la insularidad de mi condición femenina. Entre ellos se intercambiaban chistes, de los qu... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Como Greenwich | Cuento | —Usted no es mallorquín, ¿verdad? —dice la adolescente desde la mesa vecina.
—¿Cómo? ¿Qué? —se sobresalta Quiñones y casi se atora con el jerez seco.
—¿Lo asusté? —la muchacha no parecía burlona sino divertida.
—Me tomó de sorpresa, lo reconozco. Aquí en Palma no me conoce nadie. Estoy de paso.
—Así que no es mallorquí... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Como siempre | Cuento | 1.
A María Luisa no le agradaba que la interrumpieran. Por lo demás, a nadie le agradaba interrumpirla. Sin embargo, cuando esta vez descendió a referirse a «esa tonta de Clara», y, empuñando el cigarrillo como una batuta, quiso comentar con grosería sutil y llevadera, el apasionamiento con que aquélla defendía su tran... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Como un ladrón | Cuento | Yo vivía relativamente cómodo, acaso porque no se me había ocurrido creer en Dios. Ahora sé que muy pocos están en condiciones de aceptar esto que de tan sencillo es casi estúpido. Los más se imaginan que cada uno tiene la obligación de nacer con su pequeño dios. También se tiene el deber de nacer de cabeza y sin embar... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Compensaciones | Cuento | Pedro Luis le llevaba un año a Juan Tomás, pero eran tan exactamente iguales que todos los tomaban por mellizos. Además, como Pedro Luis se había atrasado un año en primaria debido a una escarlatina con complicaciones, a partir de ese momento habían hecho juntos el resto del colegio, todo el liceo y los dos años de Pre... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Corazonada | Cuento | Apreté dos veces el timbre y en seguida supe que me iba a quedar. Heredé de mi padre, que en paz descanse, estas corazonadas. La puerta tenía un gran barrote de bronce y pensé que iba a ser bravo sacarle lustre. Después abrieron y me atendió la ex, la que se iba. Tenía cara de caballo y cofia y delantal. “Vengo por el ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Datos para el viudo | Cuento | 1.
Hubiera deseado que no quedase nadie, que todos —los ofendidos, los desconcertados, los alegres— estuvieran de nuevo en sus casas suspirando de tranquilidad porque la complicación era de otros, y no arriesgaban nada, conversando con sus mujeres, sus hijos, sus sirvientas, acerca de esa muerta que él les había ofreci... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | De puro distraído | Cuento | Nunca se consideró un exiliado político. Había abandonado su tierra por un extraño impulso que se fraguó en tres etapas. La primera, cuando lo abordaron sucesivamente cuatro mendigos en la Avenida. La segunda, cuando un ministro usó la palabra Paz en la televisión e inmediatamente comenzó a temblarle el párpado derecho... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Déjanos caer | Cuento | ¿Van Daalhof? Mucho gusto. ¿Así que Arcosa le dio mi teléfono? ¿Está bien el hombre? Hace años que no lo veo. Aquí en la tarjeta dice que usted quiere tema para un cuento y que a él le parece que yo puedo ayudarlo. Bueno, no hace falta decirlo: siempre que pueda, encantado. Los amigos de Arcosa, son mis amigos. ¿Ana Si... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | El altillo | Cuento | Está allá arriba. Lo veo desde aquí. Siempre quise un altillo. Cuando tenía nueve años, cuando tenía doce. Lo veo desde aquí y es bueno saber que existe. Tiene la luz encendida. Es una bombilla de cien bujías, pero desde el patio la veo apenas como un resplandor. Siempre quise un altillo, para escaparme. ¿De quién? Nun... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | El cambiazo | Cuento | Mierda con ellos. Me las van a pagar todas juntas. No importa que, justo ahora, cuando voy a firmar la decimoctava orden de arresto, se me rompa el bolígrafo. Me cago en la putísima. Y el imbécil que pregunta: «¿Le consigo otro, mi coronel?». Por hoy alcanza con diecisiete. Ayer Vélez recobró la libertad convertido en ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | El fin de la disnea | Cuento | Aparte de sus famas centrales y discutibles (fútbol, parrillada, llamadas del Barrio Palermo), Montevideo incluye otra anexa celebridad, ésta sí indiscutible: posee el récord latinoamericano de asmáticos. Por supuesto, ya no cabe decir posee sino poseía. Justamente, es ese tránsito del presente al pretérito imperfecto ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | El hombre que aprendió a ladrar | Minicuento | Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desalineamiento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacer algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Qué lo ha... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | El hotelito de la rue Blomer | Cuento | Quizá se debiera a la vieja costumbre de no reconocerse en público. Lo cierto es que en el métro no se hablaron. De vez en cuando él la miraba y ella esbozaba una sonrisa tristona y nada más. Era la complicada hora del cierre comercial. El vagón iba repleto y había un olor agridulce, mezcla de sobaco y chanel. Igual qu... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | El niño cinco mil millones | Minicuento | En un día del año 1987 nació el niño Cinco Mil Millones. Vino sin etiqueta, así que podía ser negro, blanco, amarillo, etc. Muchos países, en ese día eligieron al azar un niño Cinco Mil Millones para homenajearlo y hasta para filmarlo y grabar su primer llanto.
Sin embargo, el verdadero niño Cinco Mil Millones no fue h... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | El Otro Yo | Minicuento | Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actri... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | El presupuesto | Cuento | En nuestra oficina regía el mismo presupuesto desde el año mil novecientos veintitantos, o sea desde una época en que la mayoría de nosotros estábamos luchando con la geografía y con los quebrados. Sin embargo, el jefe se acordaba del acontecimiento y a veces, cuando el trabajo disminuía, se sentaba familiarmente sobre... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | El resto es selva | Cuento | 1.
De un piso alto cayó algo sobre su cabeza, algo que quizá fueran brasas o excremento. No quiso averiguarlo. Se limpió como pudo con una hoja del Herald Tribune y en ese momento decidió dejar para más tarde su encuentro bautismal con la noche blanca de Times Square. Era imprescindible que regresara al hotel para dars... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | El sexo de los ángeles | Minicuento | Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.
Otra versión, tampoco confirmada ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | En cenizas derribado | Cuento | Por tercera vez sueña con la mesa pulida y larga, y aquellos diez o doce rostros que lo enfrentan, unos interrogantes, otros agresivos y otros más con ojos indiferentes, tal vez vacíos. El sueño tiene rupturas, vaivenes, y a veces expresiones e imágenes aumentadas, como para que su memoria de soñador las fije y así pue... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Esa boca | Cuento | Su entusiasmo por el circo se venía arrastrando desde tiempo atrás. Dos meses, quizá. Pero cuando siete años son toda la vida y aún se ve el mundo de los mayores como una muchedumbre a través de un vidrio esmerilado, entonces dos meses representan un largo, insondable proceso. Sus hermanos mayores habían ido dos o tres... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Escuchar a Mozart | Cuento | Pensar, capitán Montes, que hubieras podido seguir durmiendo tu siesta. En realidad, estás cansado. Hay que reconocer que la faena de anoche fue dura, con esos doce presos que llegaron juntos, ya bastante maltrechos, y ustedes tuvieron que arruinarlos un poquito más. Eso siempre te deja un malestar, sobre todo cuando n... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Eso | Minicuento | Al preso lo interrogaban tres veces por semana para averiguar «quien le había enseñado eso». Él siempre respondía con un digno silencio y entonces el teniente de turno arrimaba a sus testículos la horrenda picana.
Un día el preso tuvo la súbita inspiración de contestar: «Marx. Sí, ahora lo recuerdo, fue Marx.» El ten... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Esta mañana | Cuento | Lo han arrojado del sueño con la piel estirada, los ojos desmesuradamente abiertos a la luz inmóvil que aletarga el cuarto. Puede reconocerse, sin embargo, nombrarse en alta voz. No bien dice «Jorge», retrocede el hechizo. Entonces le es dado adivinar relativamente lejos su propio pie sosteniendo la sábana, y, más cerc... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Ganas de embromar | Cuento | Al principio no quiso creerlo. Después se convenció, pero no pudo evitar el tomarlo a la chacota. El ruidito (a veces, como de fichas que caían; otras, como un sordo zumbido) era inconfundible para oídos expertos. Armando no sabía el motivo, pero la verdad que su teléfono estaba intervenido. No se sentía horado ni pers... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Geografías | Cuento | Pavadas que uno inventa en el exilio para de algún modo convencerse de que no se está quedando sin paisaje, sin gente, sin cielo, sin país. Las geografías, qué delirio zonzo. Al menos una vez por semana, Bernardo y yo nos encontramos en el café Cluny para sumergirnos (frente a un beaujolais, él; frente a un alsace, yo)... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Gracias, vientre leal | Cuento | “A nadie”, le había dicho el Colorado, “a nadie, ni siquiera a tu mujer. ¿Estamos?” Y él había contestado: “Estamos”. “Ni el menor indicio, ¿eh? Bastante caro hemos pagado ya esos y otros liberalismos. Y la acción de mañana es particularmente riesgosa. Aun extremando las medidas de seguridad, vos y Alfredo van a correr... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Hoy y la alegría | Cuento | Poco importaba que no fuera domingo ni primavera. Igual me sentía dispuesto a que algo extraordinario me purificase. En realidad, son pocos los días en que uno puede sentirse anticipadamente alegre, alegre sin ruedas de café ni cantos nauseabundos a la madrugada, ni esa pegajosa, inconsciente tontería que antes y despu... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Idilio | Cuento | 1.
Sin embargo yo venía pensando en la mujer rubia de la película como todos los sábados cuando después del cine atravesamos el baldío de atrás de la fábrica sí con la luna uno siempre se pone un poco romántico pero no iba a ponerme romántico con Marta claro después de diez años lentos de matrimonio todo cambia y cuand... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Inocencia | Cuento | Ya es bastante haber llegado a la cornisa y ver la calle, abajo, sin que se me vaya la cabeza. Hay un hombre remoto que fuma junto al farol y de tanto en tanto se quita el sombrero para rascarse la nuca. A veces escupe por el flanco del cigarrillo. Desde ahí puede vernos, a Jordán y a mí. Si esa maldita hembra llegase ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | José nomás | Cuento | 1.
A las diez de la mañana, Isabel Ríos abre un solo ojo. Enseguida lo cierra para convencerse de que duerme aún. Tuvo una madrugada embarazosa, con alcohol, boogies, guarangos y sexo. Necesita reponerse. Necesita estar bien, completamente bien para esta noche. Pero su cuerpo de veintitrés años, redondeado, tibio, fati... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | La colección | Cuento | —Tranquilo, tranquilo —dijo el Flaco.
Alberto no podía apartar los ojos del arma que lo apuntaba. Tampoco podía hablar. Estaba realmente asustado. Los otros tres [el Rubio, el Pecoso, la Negra] que habían entrado cuando él abrió la puerta, se distribuyeron rápidamente por el apartamento.
—Si te quedás quietito no te va... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | La expresión | Minicuento | Milton Estomba había sido un niño prodigio. A los siete años ya tocaba la Sonata Nº 3 Op. 5, de Brahms, y a los once, el unánime aplauso de la crítica y del público acompañó su serie de conciertos en las principales capitales de América y Europa.
Sin embargo, cuando cumplió los veinte años, pudo notarse en el joven pia... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | La familia Iriarte | Cuento | Había cinco familias que llamaban al Jefe. En la guardia de la mañana yo estaba siempre a cargo del teléfono y conocía de memoria las cinco voces. Todos estábamos enterados de que cada familia era un programa y a veces cotejábamos nuestras sospechas.
Para mí, por ejemplo, la familia Calvo era gordita, arremetedora, con... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | La guerra y la paz | Cuento | Cuando abrí la puerta del estudio, vi las ventanas abiertas como siempre y la máquina de escribir destapada y sin embargo pregunté: “¿Qué pasa?” Mi padre tenía un aire autoritario que no era el de mis exámenes perdidos. Mi madre era asaltada por espasmos de cólera que la convertían en una cosa inútil. Me acerqué a la b... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | La lluvia y los hongos | Cuento | 1.
¿Sinceridad? Cuidado con la palabrita. Por lo pronto, querida, no era este nuestro convenio de hace cuatro horas. ¿Recordás lo que dijimos? No existe el pasado. Claro que es difícil abolirlo. Pero reconocé que hubiera sido lindo quedarnos con nuestra imagen de hoy, vos y yo en aquel zaguán oscuro, provisoriamente re... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | La muerte | Cuento | Conviene que te prepares para lo peor.
Así, en la entonación preocupada y amiga de Octavio, no solo médico sino sobre todo excompañero de liceo, la frase socorrida, casi sin detenerse en el oído de Marlano, había repercutido en su vientre, allí donde el dolor insistía desde hacía cuatro semanas. En aquel instante había... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | La noche de los feos | Cuento | 1
Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justific... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | La vecina orilla | Cuento | 1.
No sé por qué, pero cuando los viejos fueron a despedirme a Carrasco, y sobre todo cuando iba camino del avión y miré hacia arriba y los vi juntos, y a la vez separados, levantando las manos para saludarme, la vieja arrimando los nudillos a los anteojos porque seguramente había aparecido algún lagrimón, y yo mismo, ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | La vereda alta | Cuento | Si yo hubiera tenido padre y madre, todo habría sido diferente. Pero mi familia era una abuela materna, y una abuela materna no alcanza para nada. Además, a ésta le faltaban casi todos los dientes y siempre, cuando hablaba, uno creía que iba a escupir el último. Es probable que su odio hacia mí haya empezado en eso. El... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Las persianas | Cuento | Marcelo llegó como todas las noches a su apartamento de solo. Lentamente se fue despojando: sobre la mesita dejó el llavero, el bolígrafo, los lentes, la billetera, la cajita de preservativos [siempre llevaba una, por las dudas, aunque por lo general acababa rota o arrugada, de tanto vegetar en el bolsillito delantero ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Lázaro | Minicuento | Un tal Lázaro Vélez se incorporó en su tumba, se despojó lentamente de su sudario, abandonó el camposanto y empezó a caminar en dirección a su casa. A medida que iba siendo reconocido, los vecinos se acercaban a abrazarlo, le daban ropas para que cubriera su desnudez, lo felicitaban, le palmeaban la espalda huesuda.
Si... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Lingüistas | Minicuento | Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y sus papeles y se dirigió a la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionalistas, t... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Los astros y vos | Cuento | Hijo de un maestro primario y de una costurera; delgado, de buena estatura, ojos oscuros y manos suaves, podía haber pasado por un habitante promedio de Rosales, ese pueblito aséptico, alfabetizado e industrioso, con su destino más visible ligado a dos fábricas (poderosas, humeantes, cuadradas) de capital extranjero. O... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Los bomberos | Minicuento | Olegario no solo fue un as del presentimiento, sino que además siempre estuvo muy orgulloso de su poder. A veces se quedaba absorto por un instante, y luego decía: “Mañana va a llover”. Y llovía. Otras veces se rascaba la nuca y anunciaba: “El martes saldrá el 57 a la cabeza”. Y el martes salía el 57 a la cabeza. Entre... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Los novios | Cuento | 1.
Al principio yo la saludaba desde mi vereda y ella me respondía con un ademán nervioso e instantáneo. Después se iba a los saltos, golpeando las paredes con los nudillos, y, al llegar a la esquina, desaparecía sin mirar hacia atrás. Desde el comienzo me gustaron su cara larga, su desdeñosa agilidad, su impresionante... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Los pocillos | Cuento | Los pocillos eran seis: dos rojos, dos negros, dos verdes, y además importados, irrompibles, modernos. Habían llegado como regalo de Enriqueta, en el último cumpleaños de Mariana, y desde ese día el comentario de cajón había sido que podía combinarse la taza de un color con el platillo de otro. “Negro con rojo queda fe... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Los viudos de Margareth Sullavan | Cuento | Uno de los pocos nombres reales que aparecen en mis primeros cuentos [«Idilio», «Sábado de gloria»] es el de Margaret Sullavan. Y aparece por una razón sencilla. Es inevitable que en la adolescencia uno se enamore de una actriz, y ese enamoramiento suele ser definitorio y también formativo. Una actriz de cine no es exa... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Miss Amnesia | Cuento | La muchacha abrió los ojos y se sintió apabullada por su propio desconcierto. No recordaba nada. Ni su nombre, ni su edad, ni sus señas. Vio que su falda era marrón y que la blusa era crema. No tenía cartera. Su reloj pulsera marcaba las cuatro y cuarto. Sintió que su lengua estaba pastosa y que las sienes le palpitaba... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Mucho gusto | Minicuento | Se habían encontrado en la barra de un bar, cada uno frente a una jarra de cerveza, y habían empezado a conversar al principio, como es lo normal, sobre el tiempo y la crisis; luego, de temas varios, y no siempre racionalmente encadenados. Al parecer, el flaco era escritor, el otro, un señor cualquiera. No bien supo qu... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Musak | Cuento | «A la porra. Y gangrena». Así dijo, textualmente. Un disparate. Lo de «a la porra», vaya y pase. Aunque hay modos más claros de decirlo, no te parece? Pero «y gangrena»? Estaba sentado, como siempre, en ese escritorio. Había estado escribiendo a máquina, seguramente algún comentario sobre básquetbol. Al final del campe... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | No ha claudicado | Cuento | Muchas noches había cumplido en sueños esto que ahora hacía: apretar el botón del timbre en la vieja casa de Millán. Siempre se despertaba rencoroso, fastidioso consigo mismo por esa debilidad del subconsciente, dispuesto a reintegrarse cuanto antes al odio de veinticinco años, a la rabia con que, sin poderlo evitar, s... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | No tenía lunares | Cuento | 1.
La otra cabeza en la almohada. Rafael mira hacia arriba, rígido. Cuando despierte no sabrá dónde se halla. Luego ella dirá. «Querido», y todo volverá a su cauce. Esta horrible posición le produce cansancio en los tobillos. Anoche di . Ni pensar en moverse. Ni pensar en nada que pueda despertarla. Entonces ella empez... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Oh quepis, quepis, qué mal me hiciste | Cuento | 1.
El obrero le dijo al militar progresista: “Buenas intenciones tal vez, pero serás mandón hasta la muerte”. El militar progresista le dijo al blanco nacionalista: “¿Querés que te sea franco? Tu reforma agraria cabe en una maceta”. El blanco nacionalista le dijo al Batllista: “Lo que pasa es que ustedes siempre se olv... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Pacto de sangre | Cuento | A esta altura ya nadie me nombra por mi nombre: Octavio. Todos me llaman abuelo. Incluida mi propia hija. Cuando uno tiene, como yo, ochenta y cuatro años, qué más puede pedir. No pido nada. Fui y sigo siendo orgulloso. Sin embargo, hace ya algunos años que me he acostumbrado a estar en la mecedora o en la cama.
No ha... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Para objetos solamente | Cuento | Por el momento nadie entra en la habitación, pero, si alguien entrara, o, mejor aún, si solo penetrara una mirada, sin tacto, sin gusto, sin olfato, sin oído, solo una mirada, y decidiera fríamente hacer un ordenado inventario visual de sus objetos, comenzando, digamos, por la derecha, lo primero que habría de encontra... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Péndulo | Cuento | El primero de sus llantos fue poderoso y traspasó fácilmente las cuatro paredes, cubiertas de pálidas guirnaldas. Después de todo, nacer siempre ha sido importante, aunque el nacido solo sea capaz de advertir esa importancia con mucho atraso. Por lo pronto, tampoco el médico partero parecía advertirlo, ya que su profes... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Pequebú | Cuento | Le parecía a veces que sus propios gritos salían de otra garganta, y solo entonces lograba situarse más allá del dolor estéril, feroz. Aunque su cuerpo se encogiera y se estirase [como un bandoneón de cambalache, llegó a pensar], él casi podía sentirlo como una cosa ajena. A diferencia de otros que dijeron no sé, y no ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Persecuta | Minicuento | Como en tantas y tantas de sus pesadillas, empezó a huir despavorido. Las botas de sus perseguidores sonaban y resonaban sobre las hojas secas. Las omnipotentes zancadas se acercaban a un ritmo enloquecido y enloquecedor.
Hasta no hace mucho, siempre que entraba en una pesadilla, su salvación había consistido en desper... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Puntero izquierdo | Cuento | Vos sabés las que se arman en cualquier cancha más allá de Propios. Y si no acordate del campito del Astral, donde mataron a la vieja Ulpiana. Los años que estuvo hinchándola desde el alambrado y, la fatalidad, justo esa tarde no pudo disparar por la uña encarnada. Y si no acordate de aquella canchita de mala muerte, c... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Relevo de pruebas | Cuento | Hoy traigo dos pecados, padre. ¿Sabe cuál es el número uno? Que no me confieso ni comulgo desde hace dos años. El número dos es más complicado, y además muy largo de explicar. Pero a alguien tenía que contárselo. Tengo que desahogarme, padre. No puedo hablarlo ni con mis amigas, ni con mis hermanas, porque es algo secr... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Réquiem con tostadas | Cuento | Sí, me llamo Eduardo. Usted me lo pregunta para entrar de algún modo en conversación, y eso puedo entenderlo. Pero usted hace mucho que me conoce, aunque de lejos. Como yo lo conozco a usted. Desde la época en que empezó a encontrarse con mi madre en el café de Larrañaga y Rivera, o en éste mismo. No crea que los espia... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Retrato de Elisa | Cuento | Había montado en el caballo del presidente Tajes; había vivido en una casa de quince habitaciones con un cochero y cuatro sirvientas negras; había viajado a Francia a los doce años y todavía conservaba un libro encuadernado en piel humana que un coronel argentino le había regalado a su padre en febrero de mil ochocient... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Rutinas | Minicuento | A mediados de 1974 explotaban en Buenos Aires diez o doce bombas por la noche. De distinto signo, pero explotaban. Despertarse a las dos o las tres de la madrugada con varios estruendos en cadena, era casi una costumbre. Hasta los niños se hacían a esa rutina.
Un amigo porteño empezó a tomar conciencia de esa adaptació... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Sábado de Gloria | Cuento | Desde antes de despertarme, oí caer la lluvia. Primero pensé que serían las seis y cuarto de la mañana y debía ir a la oficina pero había dejado en casa de mi madre los zapatos de goma y tendría que meter papel de diario en los otros zapatos, los comunes, porque me pone fuera de mí sentir cómo la humedad me va enfriand... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Se acabó la rabia | Cuento | Aunque la pierna del hombre apenas se movía, Fido, debajo de la mesa, apreciaba grandemente esa caricia en los alrededores del hocico. Esto era casi tan agradable como recoger pedacitos de carne asada directamente de las manos del amo. Hacía ya dos años que, en contra de su vocación y de su contextura (patas gruesas y ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Sobre el éxodo | Cuento | Es obvio que el éxodo empezó por razones políticas. En el extranjero los periodistas empezaron a escribir que en el paisito la atmósfera era irrespirable. Y en verdad era difícil respirar. Los periodistas extranjeros siguieron escribiendo que allí la represión era monstruosa. Y realmente era monstruosa. Pero el hecho d... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Su amor no era sencillo | Minicuento | Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era solo por eso que fornicaban en los umbrales.
FIN |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Tan amigos | Cuento | -Bruto calor -dijo el mozo.
Pareció que el tipo de azul iba a aflojarse la corbata, pero finalmente dejó caer el brazo hacia un costado. Luego, con ojos de siesta, examinó la calle a través del enorme cristal fijo.
-No hay derecho -dijo el mozo-. En pleno octubre y achicharrándonos.
-Oh, no es para tanto -dijo el de az... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Tango | Cuento | Estaba tan borracho que no llegó haciendo eses sino equis. La casa (su casa) estaba vacía, oscura, abandonada. Quizá por eso pudo llegar indemne hasta la mecedora.
Cerró, abrió y cerró los ojos. Lo que vislumbró no fue un sueño sino un milagro de jardín. Con su madre o sin su madre. Eso dependía de la tensión de sus p... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Todo lo contrario | Minicuento | -Veamos –dijo el profesor-. ¿Alguno de ustedes sabe qué es lo contrario de IN?
-OUT – respondió prestamente un alumno.
-No es obligatorio pensar en inglés. En Español, lo contrario de IN (como prefijo privativo, claro) suele ser la misma palabra, pero sin esa sílaba.
-Sí, ya sé: insensato y sensato, indócil y dócil, ¿n... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Todos los días son domingos | Cuento | La campanilla del despertador penetra violentamente en un sueño vacío, despojado, en un sueño que solo era descanso. Cuando Antonio Suárez abre los ojos y alcanza a ver la telaraña de siempre, aún no sabe dónde está. En el primer momento le parece que la cama está invertida. Luego, lentamente, la realidad va llegando a... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Traducciones | Minicuento | Siempre le pasaba lo mismo. Cuando alguien traducía uno de sus poemas a una lengua extranjera (al menos, de las que él conocía), sus propios versos le sonaban mejor que en el original. Por eso no le sorprendió que la versión francesa de su poema «El tiempo y la campana» le pareciera estupenda, grácil, sustanciosa.
Dos ... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Transparencia | Cuento | Desde la muerte de Jorge, Claudia venía todas las tardes a recostarse en esta baranda, como si le agradara contemplar el río de gente. Hombres maduros con su valijita rectangular de casi ejecutivos, lentos viejos en la etapa del bastón, muchachas de espléndido vaivén, señoras con perro, trabajadores de overall, policía... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Un boliviano con salida al mar | Minicuento | Cuando algún boliviano llega al mar, aunque este sea ajeno, siempre se trata de un blanco, nunca de un indio. Hubo un indio, sin embargo, nacido junto a las minas de Oruro, que por un extraño azar pudo alcanzar el mar prohibido.
Debió ser un niño simpático y bien dispuesto, ya que una dama paceña, que estaba de paso en... |
Benedetti, Mario | Uruguay | 1920-2009 | Verde y sin Paula | Cuento | Cuando se incorpora en la arena, dobla cuidadosamente la toalla, respira con fruición, camina hasta la orilla y se introduce lentamente en el mar, siente que no ha dejado nada a la improvisación. Allá arriba, sobre la almohada, en la habitación 512 del Hotel Cóndor, está el sobre con las cinco palabras en rojo: Para en... |
Benítez Rojo, Antonio | Cuba | 1931-2005 | El escudo de hojas secas | Cuento | A Miyares le fastidiaba que Isolina creyera tan fácilmente en cualquier cosa, que pasara por devota entre las Hijas de María y después de misa corriera a abrir la mano ante una quiromántica o a hacerse tirar las cartas en algún desván de azotea; pero al final, habituado a ceder desde antes de su matrimonio, consintió e... |
Benítez Rojo, Antonio | Cuba | 1931-2005 | El rabo de la gran mona | Cuento | …turkey is very very fine, ¿qué dice?, el pavo es muy bueno, ¿qué pavo?, no sé, ¿ves algún pavo?, no, ¿será que no entiendes?, es que él habla raro, pregúntale, d’you say turkey?, yes, I say turkey, dice que dice pavo, ¿pavo?, ¿no hablará del turco?…
—Esta ciudad es demasiado para ti, cubano —dice Juan.
Callas; sabes c... |
Benítez Rojo, Antonio | Cuba | 1931-2005 | Estatuas sepultadas | Cuento | Aquel verano —cómo olvidarlo— después de las lecciones de don Jorge y a petición de Honorata, íbamos a cazar mariposas por los jardines de nuestra mansión, en lo alto del Vedado. Aurelio y yo la complacíamos porque cojeaba del pie izquierdo y era la de menor edad (en marzo había cumplido los quince años); pero nos hací... |
Benítez Rojo, Antonio | Cuba | 1931-2005 | La tijera | Cuento | En la copia de su inscripción de nacimiento —el primer paso para solicitar pasaporte— estaba escrito bien claro: Jorge Emilio Lacoste. Pero en la oficina le decían Yoyi y eso que andaba por los cuarenta años. Por supuesto, allá sería distinto, en Washington, en la Bibliotecad del Congreso; seguramente tendrían una secc... |
Benítez Rojo, Antonio | Cuba | 1931-2005 | Recuerdos de una piel | Cuento | Máximo sospecha que hay algo raro en la casa y la registra a diario, pero, como todas las noches de este invierno tan caluroso, ha puesto el aire en el ocho sin reparar en Mariana. Es curioso observar a Máximo atreverse con los aparatos del estudio (sobre todo con el estereofónico); olvida la amplia trivialidad de sus ... |
Benítez Rojo, Antonio | Cuba | 1931-2005 | Tute de reyes | Cuento | Bajo la mirada incongruente de mi mono Euclides, trepado a la ventana de barrotes verdes, nos íbamos a Punta Brava los sábados por la tarde a jugar al subastado en casa de Francisca. Robledo al volante, el Cadillac reluciente con el fuelle bajo, rodábamos a lo largo de la Avenida Primera, saliendo de Santa Fe para coge... |
Berger, John | Inglaterra | 1926-2017 | La gran blancura | Cuento | Por Difuntos se recuerda a todos los muertos. Dicen que ese es el día en que los muertos juzgan a los vivos… y que las flores que se llevan al cementerio tienen por objeto hacer menos severo el juicio de aquellos.
Una semana después de los Difuntos, Hélene bajó al cementerio a recoger dos macetas de crisantemos, una de... |
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