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territorio colombiano. Preocupada por la respuesta dada al fenómeno de los llamados falsos |
positivos por el aparato judicial colombiano, la FIDH decidió llevar a cabo junto con la Mesa |
sobre Ejecuciones Extrajudiciales (la Mesa) de la Coordinación Colombia-Europa-Estados |
Unidos (CCEEU) este estudio, enfocándose particularmente en la responsabilidad de los altos |
mandos militares y en la complementariedad de la justicia colombiana. |
El presente informe se estructura en dos partes: la primera parte analiza la práctica de ejecuciones |
extrajudiciales por agentes del Estado en el período 2002-2008, destacando sus características |
de sistematicidad y generalidad; la segunda parte se concentra sobre la administración de |
justicia en este tipo de casos por parte de los tribunales colombianos, con particular énfasis en |
la responsabilidad de los altos mandos militares. |
Para este informe en particular la FIDH estableció un acuerdo de cooperación con la Mesa de |
la CCEEU. Entre julio de 2011 y abril de 2012, dos consultoras llevaron a cabo un trabajo |
de investigación documental, seguimiento de investigaciones y juicios, y entrevistas con |
abogados representantes de víctimas de ejecuciones extrajudiciales en casos llevados ante la |
justicia colombiana. La FIDH aprovecha esta ocasión para rendir homenaje a los defensores |
y defensoras de derechos humanos de Colombia, por su incansable lucha por el respeto de |
los derechos humanos y contra la impunidad, en un contexto hostil de amenazas, atentados e |
intimidación. Hacen parte de la Mesa de Ejecuciones Extrajudiciales las siguientes organizaciones: El Observatorio de Derechos Humanos |
de la CCEEU, la Corporacion Social para la Asesoría y Capacitación Comunitaria (COSPACC),El Banco de Datos del Cinep, |
la Corporación Sembrar, El Comité de Solidaridad con los Presos Políticos (CSPP), El Centro Cristiano para Justicia, Paz |
y Acción no Violenta – Justapaz, la Corporación Claretiana Norman Pérez Bello, el Centro Alternativo de Investigación y |
Protección de los Derechos Fundamentales en Colombia (CINPRODEC), la Corporación de Desarrollo Regional (CDR), la |
Asociación para la Promoción Social Alternativa – MINGA, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, Corporación Jurídica |
Libertad, Corporación Jurídica Yira Castro, Corporación para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos – Corporacion |
Reiniciar, el Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo”, el Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez, Colecitvo Socio- |
jurídico Orlando Fals Borda, Grupo Interdisciplinario por los Derechos Humanos (GIDH) y Humanidad Vigente, acompañados |
por Peace Brigades International. Las Ejecuciones |
Extrajudiciales |
en Colombia y el |
Fenómeno de los |
Falsos Positivos Entre diciembre de 2007 y agosto de 2008, al menos 16 hombres jóvenes desaparecieron en |
extrañas circunstancias del municipio de Soacha (Cundinamarca). Algunos de ellos informaron |
a sus familias que partían a atender una oferta de trabajo a Santander. Otros, simplemente no |
regresaron a sus casas. Todos ellos fueron reportados posteriormente como muertos en combate |
por tropas del Batallón Francisco de Paula Santander o por la Brigada Móvil 15, ambas unidades |
adscriptas a la Segunda División del Ejército Nacional. El escándalo estalló en agosto de 2008, |
cuando las madres de los jóvenes de Soacha se unieron para reclamar por sus hijos, luego de |
varios meses de incertidumbre sobre su paradero, de búsquedas infructuosas, de la indiferencia |
y la falta de respuesta por parte de las autoridades del Estado. Los cuerpos de los jóvenes |
aparecieron, inexplicablemente, a 700 kilómetros de distancia de Soacha, enterrados como |
N.N. (sin nombre), en una fosa común de Ocaña (Norte de Santander), reportados falsamente |
por el Ejército como delincuentes, paramilitares o guerrilleros muertos en combate. Cuando |
esos reclamos tomaron notoriedad pública, familias de todo el país comenzaron a denunciar la |
desaparición y homicidio de seres queridos en circunstancias similares. |
Aunque no se trata de algo novedosos pues, se conocen históricamente casos de personas |
asesinadas por la Fuerza Pública y luego presentadas como muertes en combate, durante el |
período comprendido entre 2002 y 2008, esa práctica se convirtió en un fenómeno sin precedentes, |
con características específicas, patrones claros y un alto grado de organización que nos obligan |
a estudiarlas como un conjunto de hechos relacionados entre sí. Es esa práctica la que ha dado |
en llamarse comúnmente como falsos positivos, denominación técnica generalmente utilizada |
para designar “el asesinato a sangre fría y predeterminado de civiles inocentes, con fines de |
beneficio”. |
Durante su visita a Colombia en 2009, el Relator de Naciones Unidas sobre Ejecuciones |
Extrajudiciales, Arbitrarias o Sumarias advirtió que “[e]l enfoque en torno al caso de Soacha fomenta |
la percepción de que se trata de un fenómeno limitado, tanto geográficamente como en el tiempo. |
Aunque las matanzas de Soacha fueron flagrantes y obscenas, mis investigaciones demuestran que son simplemente la punta del iceberg. He entrevistado a testigos y supervivientes que describieron |
matanzas muy similares en los departamentos de Antioquia, Arauca, Valle del Cauca, Casanare, |
Cesar, Córdoba, Huila, Meta, Norte de Santander, Putumayo, Santander, Sucre y Vichada”14. |
En efecto, como se verá más abajo, los casos fueron numerosos y la práctica adquirió carácter |
sistemático. Como estudiaremos, hay una relación directa entre las ejecuciones y las políticas |
implementadas por el gobierno del Presidente Alvaro Uribe Vélez a partir del año 2002. En su |
informe ante Consejo de Derechos Humanos en marzo de 2010, Philip Alston destacó que las |
pruebas documentales indican que los casos de falsos positivos empezaron a ocurrir con una |
frecuencia alarmante en todo el territorio del país a partir de 2004. A su vez, es relevante |
observar que la publicidad que adquirieron los episodios de Soacha, relatados en este apartado, |
determinó que el gobierno Colombiano tomara, a partir del año 2008, una serie de medidas que |
contribuyeron a reducir el número de ejecuciones extrajudiciales de este tipo. |
El Observatorio de Derechos Humanos de la CCEEU atribuye 3.345 ejecuciones extrajudiciales |
a la Fuerza Pública entre los años 2002 y 2008. Más abajo estudiaremos en más detalle el |
carácter generalizado de las ejecuciones en todo el país y las cifras por región. En efecto, en |
su informe de 2010, la Oficina en Colombia de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para |
los Derechos Humanos estimó “que más de 3.000 personas pudieron haber sido víctimas de |
ejecuciones extrajudiciales, atribuidas principalmente al Ejército. La gran mayoría de casos |
ocurrió entre los años 2004 y 2008”. |
Así es que dada la gravedad que los hechos tomaron entre 2002 y 2008, hemos decidido |
concentrarnos en este informe en ese período. Sin embargo, nos parece importante destacar que, |
en su último informe anual sobre la situación de derechos humanos en Colombia (correspondiente |
al año 2011), la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos observó que la |
práctica de las ejecuciones extrajudiciales no se ha erradicado totalmente y destacó que tales |
violaciones continuaban cometiéndose en Arauca, Bogotá, Cauca y el Cesar. A. Contexto político y móvil de los autores: baja de civiles inocentes |
para mostrar resultados y obtener beneficios A efectos de entender el fenómeno de las ejecuciones extrajudiciales en Colombia, es preciso |
situarlas en el contexto político de la época. Cuando el señor Alvaro Uribe Vélez asumió como |
presidente de la República en el año 2002, hizo de la lucha contrainsurgente el eje principal de |
su gobierno. Así es que a partir de agosto de 2002, el Gobierno colombiano tomó un conjunto de |
medidas en el marco de la llamada Política de Seguridad Democrática. Esas medidas otorgaban |
una serie de facultades a las Fuerzas Militares. |
Para el propósito de este informe, hacemos referencia a dos ejes altamente relevantes que |
conllevaron a la implementación de la política de los falsos positivos. Ellos son: un sistema de |
incentivos y recompensas; y la presión por generar resultados. |
El sistema de incentivos y recompensas: el negocio de los falsos positivos El otorgamiento de recompensas no era algo novedoso, pues se venían implementando medidas |
desde años atrás. Sin embargo, a partir de la Política de Seguridad Democrática ese sistema |
se perfeccionó, otorgándole un rol central en la estrategia de lucha contra la insurgencia. |
El programa de recompensas del Gobierno se afianzó con la política de desmovilización y |
reincorporación a la vida civil de integrantes de grupos paramilitares que se insertaron como |
informantes en las labores de inteligencia de la Fuerza Pública. |
Se creó así un sistema de estímulos a civiles que proporcionaran información que condujese a la captura |
o el abatimiento en combate de cabecillas de las organizaciones armadas al margen de la ley o cabecillas |
del narcotráfico. El dinero para tales recompensas procedía de un rubro presupuestal específicamente |
destinado a estos efectos. Estos fondos eran independientes de otros recibidos en calidad de “gastos |
reservados”. Estos últimos eran utilizados con gran discreción por parte de los comandantes. |
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