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desmovilizarse y reinsertarse un número cercano a los 200 combatientes del Frente
Oscar William Calvo (OWC) del EPL, 60 de los cuales conformaron la Cooperativa de
transportes Colectivos del Café. En marzo de 1991, la desmovilización del Frente Oscar William Calvo (OWC) se llevó
a cabo en el corregimiento de Villa Claret, municipio de Pueblo Rico, departamento
de Risaralda. Este momento fue el primer paso hacia un reencuentro con la sociedad
después de varios años de permanencia en el grupo armado. La confianza en los
comandantes que habían negociado con el Gobierno logró que los excombatientes
de rangos medios y bajos creyeran en la propuesta de desmovilización que se había
acordado entre el EPL y el Gobierno nacional. Asimismo, la presencia institucional
y de las Fuerzas Militares reforzó la confianza del grupo de desmovilizados en los
ofrecimientos del Gobierno para su proceso de reinserción. Precisamente el por qué se identifica a las Fuerzas Militares como un actor con
el que se construyó confianza durante el proceso de desmovilización reside
en que durante la permanencia en el campamento de Villa Claret —durante las
negociaciones en 1991— fueron estas las que facilitaron la llegada de alimentos
y garantizaron la seguridad a los combatientes del EPL. Durante la permanencia
en el campamento de Villa Claret, se dieron a conocer algunos de los acuerdos a
los que habían llegado con el Gobierno; sin embargo, hoy en día los comandantes 85 Aprendizajes para la reconciliación Los excombatientes entrevistados
decidieron asentarse en Pereira por su
pujanza económica, así como por el trabajo
político sólido que tenían en el lugar aseguran que el proceso de socialización de la reinserción fue superficial, por lo
que muchos excombatientes sufrieron más que otros una vez comenzaron el
proceso de reinserción (Entrevista 1). Este hecho hizo que en un primer momento de
la desmovilización
los
excombatientes sintieran desconfianza en el proceso de reinserción, pero al ver
que las demás entidades del Gobierno involucradas (Gobernación, SENA, ejército,
Consejería de Paz de Presidencia) sí acompañaron el proceso, volvieron a creer y
apostaron por la reinserción a la vida civil. Los miembros excombatientes entrevistados de esta cooperativa aseguraron que
decidieron asentarse en Pereira, porque consideraban que en la parte urbana de este
municipio era donde tenían un trabajo político sólido. Esta decisión fue concertada
entre los líderes del Frente OWC y luego fue compartida con los excombatientes que
quisieron hacer parte de la experiencia. Las mujeres desmovilizadas entrevistadas
aseguraron que estos momentos fueron difíciles porque algunas iban a ser madres
solteras y esto dificultaba las posibilidades de estudio y trabajo, pero encontraron
en la propuesta de Colectivos del Café la mejor opción para salir adelante. Por otro lado, Pereira era la ciudad intermedia con la que sentían más cercanía y
simpatía los exmiembros del Frente OWC, ya que había sido la ciudad más cercana
para suplir dotaciones y alimentos cuando estaban en las filas del EPL. A la par,
consideraban que a pesar de ser una sociedad conservadora, debido al carácter
abierto característico de Pereira, ellos podrían tener mejores posibilidades para
su proceso de reinserción. Para el momento, Pereira era considerada por el EPL
como la ciudad más pujante económicamente del Eje Cafetero (Quindío, Caldas
y Risaralda), tal y como aseguró Marino Alzate (excomandante del Frente OWC y
actual gerente de Colectivos del Café) «la dinámica política, social y económica
de este departamento que era sobresaliente con
respecto a
los otros dos
departamentos que es el caso de Quindío y Caldas» (Participante grupo focal 2) y
por esta razón se motivaron aún más a asentarse en la ciudad. Una vez llegaron a esta ciudad, el proceso de reconstrucción de confianza por parte
de las comunidades que recibieron a los excombatientes pasó por una etapa de
prevención hacia los desmovilizados y al impacto que pudiera tener la presencia
de exguerrilleros en sus comunidades. Esas prevenciones se alimentaban del
temor que inspiraba la connotación de ser guerrillero y haber portado un arma,
de esta manera, los prejuicios eran constantes y expresados por miembros de la
comunidad que tenía contacto directo con los desmovilizados que harían parte de
Colectivos del Café. 86 Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras El proceso educativo permitió la construcción
de confianza en los desmovilizados, la constancia
y el respeto frente a los compromisos adquiridos
por parte de las personas desmovilizadas Un ejemplo concreto de esta situación se dio entre profesores de la Universidad
Tecnológica de Pereira (en adelante UTP) y los excombatientes. Como parte del
programa de nivelación bachiller al que podían acceder los desmovilizados del EPL,
la UTP presentó un proyecto para un programa único y especializado de nivelación
bachiller para los desmovilizados. Esta iniciativa estuvo liderada por una de las
decanas de la Facultad de Ciencias de la Educación, quien hoy asegura que fue una
experiencia productiva, exitosa y sobre todo concertada con las necesidades y los
contextos de los que provenían los excombatientes (Entrevista 2). Pero a pesar de
esto, hubo personal de la Universidad que no creía en la experiencia ni en que los
excombatientes fueran a responder al esfuerzo del Gobierno y de la UTP, aseguraban
que «el que es, no deja de ser» refiriéndose a las personas desmovilizadas, negando
de entrada la posibilidad de que los excombatientes demostraran su compromiso
con el proceso de reinserción. Lo anterior denota las primeras prevenciones y temores que surgieron en un sector
de comunidad receptora que entró en contacto con desmovilizados del EPL. En este
caso, la comunidad educativa evidenciaba las dos posiciones adversas respecto al
proceso de reinserción. Por un lado, el apoyo a los desmovilizados en proceso de
nivelación académica por parte de los profesores que les dictaban clases en la UTP;
y por otro lado, el escepticismo sobre el verdadero cambio que pudieran presentar
los desmovilizados del EPL. Pero en este caso, esas prevenciones no estaban
relacionadas con un impacto directo de la violencia ejercida por el EPL en Pereira,
sino que se alimentaban de representaciones sociales sobre el significado de haber
pertenecido a la guerrilla, como grupo armado. No obstante, con el tiempo, el proceso educativo permitió la construcción de
confianza en los desmovilizados, la constancia y el respeto frente a los compromisos
adquiridos por parte de las personas desmovilizadas redujo progresivamente los
temores y estigmas hacia esta población. Fue el primer paso al reencuentro con
sectores de la sociedad pereirana. Sin embargo, la relación de los excombatientes
con el resto de miembros de la UTP fue muy superficial, ya que los desmovilizados
y los estudiantes de la UTP no compartían los mismos espacios de aprendizaje (en
parte debido a la particularidad del programa ofrecido a excombatientes) ni los
mismos horarios de clases. Sí se compartieron espacios comunes como cafeterías
o bibliotecas, y aunque no se entablaron relaciones cercanas de reconstrucción de
confianza, tampoco hubo incidentes de convivencia al interior de la Universidad
entre estudiantes y personas desmovilizadas (Entrevista 2). 87 Aprendizajes para la reconciliación El proceso de construcción de confianza en esta oportunidad se vivió de manera
diferenciada entre hombres y mujeres excombatientes. Adicional al proceso
de aprendizaje y a las dificultades que esto representaba en general para los
excombatientes,
las mujeres tuvieron que vivir otro proceso de adaptación,
incluso más radical que el de los hombres. Aquellas costumbres de convivencia
(vocabulario,
comportamiento,
formas de expresión, etcétera.) que habían
construido durante la permanencia en el EPL, fueron modificadas drásticamente
en el proceso de adaptación a la vida civil (Entrevista 2). Aunque