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positivos que se generaron en la comunidad receptora. La estrategia se denominó
Programa de Educación para la Convivencia Pacífica, y consistió en la provisión
de una oferta educativa ampliamente incluyente, que permitió que más de 3.000
personas (tanto de la comunidad receptora como de la población excombatiente)
obtuvieran el título de bachiller. En este proceso, la fundación PROGRESAR actuó
como intermediador, y SOPRASAR asumió su liderazgo. Los programas académicos
tuvieron un acento especial en educación para la paz y en proveer herramientas
para la promoción de una convivencia pacífica75. Este énfasis significó un aporte en el proceso para la reconstrucción del tejido
social, en el que los valores son el motor en la construcción de un proceso conjunto.
El mecanismo de intermediación por parte de la fundación fue importante en la
formación no solo de los desmovilizados del EPL, sino en la forma en la que se
involucró a la comunidad al ver multiplicado el alcance logrado con el Programa
de Educación para la Convivencia Pacífica, elemento importante en crear espacios
de reconciliación con las comunidades receptoras. Por su parte, gracias al mecanismo de
formación y difusión
fue posible
la
aceptación por parte de las comunidades receptoras, tal como fue el caso de La
Mesa, corregimiento de Valledupar: El trabajo que en La Mesa ha venido ejerciendo un grupo de líderes y que
nos formamos de diferentes matices, incluyendo indígenas, ha logrado una
convivencia diferente y una voluntad de la gente de no volver a la guerra.
(Desmovilizado del EPL y miembro de EMPAGROC, entrevista 3) 73 Por otra parte, también se manifestó en su momento el acompañamiento de las alcaldías locales de Chiriguaná,
Becerril y Valledupar la Gobernación del Cesar, el Fondo ganadero del Cesar, el Banco Ganadero, la Caja de Crédito
Agrario industrial y minero y el Banco Central Hipotecario (BCH).
74 La fundación PROGRESAR, surge como alternativa para facilitar la reinserción política, económica y social desde los
desmovilizados del EPL.
75 «Para cambiar el término de reinserción por reintegración, que tiene unos cambios brutales, pero que lo que se
necesita es la reinserción, no la reintegración, en ese proceso de reinserción, nos tocó un trabajo de socialización
y un trabajo de reconstrucción de los intereses de la gente nuestra, de los que eran simplemente combatientes»
(desmovilizado del EPL y miembro de SOPRASAR, 2014) (Entrevista 2). 113 Aprendizajes para la reconciliación La ausencia de acompañamiento técnico sometió a
las experiencias a un alto grado de improvisación,
obstaculizando su sostenibilidad y generando
conflictos internos Fue allí donde se valoró el trabajo de liderazgos femeninos de desmovilizadas, y se
construyeron conjuntamente con la comunidad los cimientos de redes comunitarias
que giraban en torno a temas de educación y prevención del reclutamiento de
niñas y niños. Se realizó un proyecto con los niños, niñas y jóvenes de la escuela
«Azúcar Buena», en el cual se involucraron diferentes instituciones con el propósito
de sacarlos de la guerra76. Siguiendo con la formación de liderazgos, en el caso de Becerril, a través de los
fondos de reinserción, se consiguió un acueducto interveredal que cubría en
ese momento una necesidad colectiva de la comunidad. Además, el señor Evelio
Aguirre, que es el único miembro que en la actualidad permanece al frente de la
empresa Tres Estrellas, asume como coordinador de planes de retorno. Su capacidad
de gestionar y mediar con las instituciones del Estado y la comunidad fue valorada
en función a sus aportes de agenciar demandas de las comunidades, pero solo
pudo despeñar este cargo durante un año por amenazas constantes contra su vida. Durante esta etapa la mayoría de los desmovilizados del EPL fueron testigos de un
cambio positivo en su transición a la legalidad, en términos de su contribución a la
reconstrucción de su propio núcleo familiar y a un tejido social en sus comunidades
receptoras. En este contexto, algunos
lograron terminar sus estudios y otros
realizaron estudios superiores, para fortalecer en algunos casos los liderazgos que
habían adquirido dentro de la militancia, con el fin de ponerlos al servicio de las
comunidades. Aunque se dio un acompañamiento por parte del SENA y de la Universidad (UC),
la ausencia de acompañamiento técnico constante sometió a las experiencias a
un alto grado de improvisación, situación que instauró obstáculos de cara a su
sostenibilidad y con ello conflictos y divisiones internas. Sin embargo, dentro de la
mecánica del ensayo y el error se estaba aprendiendo y se daba la oportunidad para
que las comunidades receptoras pudieran involucrarse, en especial en EMPAGROC
y la empresa Tres Estrellas. 114 76 Entrevista a Abimael Sánchez, coordinador de Acuerdos para la Verdad en el departamento del Cesar. Noviembre 28
de 2014. Entrevista 4. Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras Entrada paramilitar, despojos
y desplazamiento forzado 1996-2002 El proceso de reinserción de estos exmiembros del EPL estuvo en gran parte
facilitado por la oferta institucional y los espacios de encuentro propiciados por las
acciones de formación con sus comunidades receptoras. Es evidente que si bien
estas dos subregiones del Cesar habían sido zonas de operación del EPL, no se
evidenciaron procesos relevantes de rechazo hacia este proceso de reinserción. Al
tiempo que se intentaban sortear toda clase de dificultades técnicas, los proyectos
agropecuarios lograron recomponer los vínculos con las comunidades de estos
tres municipios. Sin embargo, con la incursión paramilitar se fracturó toda clase de proceso en las
comunidades, obstaculizando el desarrollo de las iniciativas previamente descritas.
En ese contexto, no hubo distinción entre desmovilizados del EPL y comunidades,
todos eran una sola comunidad victimizada por la acción del paramilitarismo. De modo determinante, el mecanismo de cambio de identidad de actores se
desarrolla en esta etapa, en la medida en que los excombatientes del EPL pasaron
de ser desmovilizados a definirse como víctimas. La presencia paramilitar ocasionó
graves daños a las comunidades, violaciones sistemáticas a los derechos humanos,
desapariciones, asesinatos, desplazamientos, violaciones sexuales, reclutamiento
de niñas, niños y jóvenes, lo que implicó también una grave fractura del tejido social
de las comunidades. La experiencia rural de Cesar no fue ajena a tales violaciones:
el paramilitarismo desarticuló un proyecto productivo y truncó el trabajo social que
venían desarrollando los excombatientes del EPL con las comunidades. Muchos
tuvieron que desplazarse y algunos no tuvieron otra opción que coexistir con las
nuevas circunstancias en su territorio. De este modo, el mecanismo de atribución de
amenaza colectiva motivó a las comunidades receptoras de la experiencia rural del
Cesar a interactuar de una manera distinta con los excombatientes en proyección a
una amenaza común personificada en los paramilitares. Absolutamente todos los
integrantes de la experiencia rural del Cesar y sus familias fueron victimizados y sus
procesos truncados. Los procesos adelantados por SOPRASAR y Tres Estrellas fueron inmediatamente
interrumpidos con la incursión de grupos paramilitares, debido a las amenazas
constantes, los atentados y asesinatos contra sus miembros, lo cual ocasionó que,
en última instancia, tuvieran que desplazarse. El 22 de septiembre de 1996 se da el
primer desplazamiento colectivo de los miembros de SOPRASAR, de sus familias y 115 Aprendizajes para la reconciliación de todos los que habitan la finca en Chiriguaná77, asesinan a seis de sus miembros
y amenazan a la mayoría de los restantes. Como caso particular, la tranquila vida de las familias campesinas del corregimiento
de La Mesa se acabó el sábado 23 de septiembre del 1999, con la llegada del
primer grupo paramilitar al corregimiento. La Mesa fue el punto de partida del
control de la región, desde allí comenzaron a pedirle dinero a los dueños de fincas,
campesinos, comerciantes; se convirtió en todo un sometimiento paramilitar
(Verdad Abierta, 2013). En este episodio el mecanismo de la represión surtió un
efecto adverso para el proceso de reconciliación ya que truncó los avances que se
estaban desarrollando en las comunidades. La gente le tenía pánico a La Mesa. La Mesa era como la última lágrima.
En La Mesa les tocó vivir con las normas que creó un paraestado, porque
ellos allá no tenían nadie que los mandara, o sea allá no se metía policía ni
nada. Ellos decían: «“el sábado todo el mundo barre la plaza, el domingo