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pacífica en la zona, el temor persiste en función del alto grado de victimización al
que estuvieron sujetas las mujeres durante los períodos más críticos de la violencia. Otra sugerencia que sale desde el mismo Comité Cívico es la de seguir trabajando
en la reconstrucción del tejido social, y el enfoque de género puede ayudar a
dimensionar mejor la tarea: «La violencia contra la mujer durante el conflicto fue grave pero igual hay
que educar para que esa violencia no se traslade dentro de la casa, y una
cosa que encontramos es que primero hay una lógica de relacionamiento y
de ejercicio del poder a las malas, a la fuerza, de posición, y eso se traduce a
la casa, a la cotidianidad, a la relación con los hijos, con la mujer». (Miembro
del Comité Cívico, Santa Lucía)109. La difusión como mecanismo no ha servido para visibilizar algunas experiencias
derivadas de la organización de las mujeres. Las dificultades de desplazamiento
por el mal estado de las vías, la poca disponibilidad de medios de movilización y
los escasos recursos entorpecen la consolidación de espacios de encuentro entre
mujeres. Adicionalmente, como zonas rurales, el trabajo se divide entre el campo y
la familia, así que el tiempo para reunirse y organizarse se dificulta. Sin embargo, existen liderazgos de mujeres que han contribuido al fortalecimiento
del mismo Comité Cívico. En la experiencia fueron relatados casos positivos dirigidos
a temas de reconstrucción del tejido social, fragmentado por el conflicto armado,
cuyos efectos propiciaron una transformación social e
inspiraron programas
de educación. Un referente es la «Casa Juvenil» ubicada en el corregimiento de
Monterrey, cuya directora, con persistencia y con el apoyo del Comité Cívico, ha
tenido logros para los corregimientos que componen el Comité. La Casa Juvenil es
un centro educativo que persigue dos objetivos: i) permitir acceso a la educación
secundaria a los niños y jóvenes de la región, y ii) arrebatar niños a la guerra
(prevención del reclutamiento). Los estudiantes provienen de los cinco corregimientos y se les brinda alojamiento,
alimentación y se les da la oportunidad de terminar su bachillerato con énfasis 138 109 Entrevista 10 Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras en educación técnica agropecuaria. La razón: muchos niños y jóvenes no pueden
continuar sus estudios cuando terminan su formación básica primaria, pues en
sus corregimientos no existen centros de educación secundaria y los padres no
cuentan con los recursos necesarios para llevarlos a otra zona y terminar con su
bachillerato. Ya son seis promociones de bachilleres que se han graduado de esta
institución desde su fundación hasta el presente. La alcaldía de Simití, la ACNUR,
el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Programa de Desarrollo y Paz del
Magdalena Medio (PDPMM) y la ACR han contribuido al proyecto. La intención de
emprender este tipo de iniciativas reside en mitigar, en particular, dos problemas
que afectan actualmente a las comunidades: la drogadicción y explotación sexual
de niños, niñas y jóvenes. En este contexto, la activación de esta clase de mecanismos de difusión, y el
hecho de que exista una aprobación social del trabajo del Comité Cívico, puede
contribuir a la creación de otros mecanismos que ayuden a mitigar la amenaza
de reclutamiento de menores. En este sentido, el impulso y el apoyo a esta clase
de procesos son claves, tanto para garantizar la seguridad en la región como para
propiciar escenarios la no repetición de hechos violentos, así como para crear bases
sólidas para la reconciliación a largo plazo. «[…] la guerra afecta a las mujeres de distintas formas, porque muchas
somos en el sentido de ser la esposa o la madre de fulano, o vivir en carne
propia algún hecho; pero también la afecta como sujeta político cuando ella
es organizada cuando ella es miembro de una organización, cuando ella
tiene una identidad política, cuando ella es militante o cuando ella es parte
de un proyecto, de una propuesta alternativa o de un movimiento social
como sujeta afectada». (Testimonio de una mujer habitante de San Blas)110. Por otro lado, el Comité Cívico ha adelantado proyectos productivos para el propio
consumo y sostenimiento (como
los microhatos ganaderos), en
los que han
participado algunos desmovilizados, para la siembra de cultivos de arroz, cacao y
maíz. Se logró, por gestión del mismo Comité Cívico, la adquisición de materiales y
herramientas para trabajo en el campo, el mejoramiento en vías de comunicación,
la adecuación de escuelas en los corregimientos, entre otras cosas. En Monterrey,
hay un grupo de pequeños agricultores de arroz que desea incursionar en el
mercado local, «arroz en grande para el municipio», hacia Santa Rosa, Simití y San
Pablo. Pero debido al problema que ocasionó el aislamiento, con respecto a la
infraestructura, no existen vías adecuadas para el tránsito de personas y víveres y
urge la construcción de un puente entre estos municipios para poder comercializar
con facilidad sus productos. 139 110 Entrevista 11. Aprendizajes para la reconciliación El Comité Cívico emergió como una iniciativa
desde la sociedad civil, que ha permitido una
reconstrucción de las relaciones y una progresiva
transformación de los efectos nocivos de la guerra. «Pues el único cambio que hay es un poquito como la libertad desde la
desmovilización es que ya uno puede tomar más decisiones porque antes
ellos mandaban acá […]. Y también la libertad en la economía». (Habitante
de San Joaquín y miembro del Comité)111. Con el fin de consolidar su reclamación civilista de paz y obtener garantías de no
repetición, la comunidad se organizó en asambleas de delegados de juntas de
acción comunal por corregimientos, lo que promovió la participación directa de
hombres y mujeres, sin distingo alguno, bajo la única condición de no pertenecer
a grupos armados. Con posterioridad, se conformó un equipo técnico con 25
representantes que asumen las tareas de comunicación, organización logística y
gestión de recursos. Cuando es preciso, la comunidad delega a personas que los
representen y les impone tareas específicas, que deben informar a la Asamblea
General. Hoy, unas 600 familias de cinco corregimientos rurales del municipio de
Simití están organizadas de esa forma en el Comité Cívico del Sur de Bolívar (PDPMM,
2013). Es decir, esta interacción de participantes fortaleció simultáneamente varios
espacios de colaboración civil. Se debe destacar que en la propuesta de ruta de reparación integral, en desarrollo
por el Comité Cívico con respecto a la Ley 1448, se hace una mirada diferencial
y
focalizada del trabajo como herramienta para una adecuada reparación y
rehabilitación con respecto al tema de género y violencia sexual. Aprendizajes La violencia sistemática que sufrieron las comunidades del sur de Bolívar, tanto por
la acción de grupos guerrilleros como paramilitares, generó relaciones de profunda
desconfianza y estigmatización entre sus habitantes112. Ante ese panorama, el
trabajo del Comité Cívico emergió como una iniciativa desde la sociedad civil, que
ha permitido una reconstrucción de las relaciones y una progresiva transformación
de las estigmatizaciones y efectos nocivos de la guerra, sobre todo a partir de su
declaración de neutralidad. 111 Entrevista 12.
112 El dominio del Bloque Central Bolívar se extendió por toda la región, Julián Bolívar, señaló en una audiencia libre
que su base de operaciones se encontraba a escasas horas de la refinería más grande de Colombia y que todas las
autoridades sabían lo que él hacía. El pueblo del Paraíso fue quemado tres veces y la única empresa que daba empleo,
una constructora vial, fue desvertebrada por los paramilitares tras amenazar al gerente y desaparecer a Édgar Quiroga,
representante de la comunidad. Verdad Abierta, agosto 11 de 2011, en www.verdadabierta.com 140 Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras La creación de espacios de encuentro emanados
de las acciones del Comité Cívico ha afectado
positivamente la disposición de sus miembros a la
construcción y reconstrucción de relaciones pacíficas En la época de predominio paramilitar en la región, los corregimientos de San
Blas y Monterrey, ubicados en las zonas bajas, eran considerados «paramilitares»,
los otros corregimientos, al estar ubicados en las tierras altas, eran considerados
«guerrilleros». La comunicación era, literalmente, imposible; el hecho de movilizarse,
es decir, subir o bajar de un corregimiento a otro sin un acompañante, era motivo
de asesinato. Toda persona que poseía un arma o uniforme daba una señal de