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reflexión. Las violaciones de
los derechos humanos,
los crímenes de
guerra y la impunidad son material para la prensa, por la sencilla razón
de que el crimen es noticia. Por su tradicional función de perro guardián,
la prensa tiene la obligación de informar acerca del quebrantamiento de
la ley, sobre todo si el infractor es un Estado o una institución financiada
con dinero de los contribuyentes. Aun así, la cobertura mediática de los conflictos
internacionales o
internos no suele presentarse desde
la perspectiva de las
infracciones
cometidas contra las leyes de la guerra. De hecho, el derecho internacional
humanitario es una enrevesada jungla de premisas, principios, aseveraciones y tecnicismos, impenetrable para la mayoría de los legos. Mejorar la
la cobertura mediática con un mayor conocimiento de los derechos humanos y de los Convenios de Ginebra? La respuesta de este periodista,
basada en su experiencia personal, es afirmativa. La experiencia de un periodista La cobertura de los conflictos armados de los últimos diez años ha
dejado en muchos periodistas una sensación de frustración y desaliento. Los periodistas
figuraron entre
los primeros en descubrir que
las
grandes potencias,
lejos de defender el derecho humanitario, estaban
dispuestas a eludirlo, a no ser que hubiera intereses comerciales o de vital
importancia en juego y siempre que no se atrajera la atención de la prensa.
A comienzos de agosto de 1992, a raíz de mis reportajes sobre las matanzas sistemáticas en los campos de prisioneros del norte de Bosnia, de
las
impresionantes
imágenes difundidas por
la ITN británica y de
la
information
enviada desde el
lugar de
los hechos por Ed Vulliamy, corresponsal de The Guardian, el entonces presidente de Estados Unidos,
George Bush, hizo una declaración aparentemente firme aunque evasiva
que, pese a todo, dejaba traslucir una clara conciencia de que se había
violado el derecho
internacional humanitario. No denunció
crímenes
contra la humanidad ni exigió la clausura de los campos de prisioneros
y la liberation de estos, ni tan siquiera una investigación para verificar
si se habían cometido crímenes. Solamente pidió que se permitiera el
acceso del CICR al campo de Omarska y a otros campos de prisioneros.
La reacción de las otras potencias fue más lenta. El Gobierno trances tardo
más de una semana en mencionar la existencia de los campos de prisioneros, y el britanico, que en el curso de ese mismo mes tenía programada
una importante conferencia diplomática, se negó a cubrir los gastos de
viaje para que Tadeusz Mazowiecki, ex primer ministro polaco, nombrado
por las Naciones Unidas observador especial sobre derechos humanos,
encargado de estudiar las acusaciones por las atrocidades perpetradas en
Bosnia, pudiera asistir a dicha conferencia. Lejos de haber aprendido la lection del comienzo del holocausto nazi,
los Gobiernos de numerosos países europeos y de Estados Unidos parecían
perfectamente dispuestos a repetir los errores de los afios treinta, excepto
el de cerrar las fronteras a los refugiados que huían para salvar la vida.
A mediados de 1992 llegó a Bosnia un primer contingente de
tropas
francesas y luego otro de efectivos británicos, pero su misión se limitaba
estrictamente a la protección de los envíos de alimentos y ayuda humanitaria —y a veces ni siquiera eso —, en lugar de proteger a los martirizados civiles inocentes. Solo a partir del despliegue de
las Fuerzas de Protection de
las
Naciones Unidas (UNPROFOR), se manifestó la pasividad en denunciar
las violaciones de los Convenios de Ginebra. Los Convenios cuentan con
escasos mecanismos para garantizar su aplicación, excepto el compromiso
asumido por las Partes de respetarlos y velar por que sean respetados. Un
amplio proyecto de investigation que realice en 1993 me convenció de
que
la comunidad
internacional, en
la época de
los reportajes
sobre
Omarska, no eludía sus responsabilidades por negligencia, sino debido a
una mentalidad fraguada a lo largo de decenios. En lugar de vigilar la
aplicación de los Convenios, el personal de UNPROFOR estuvo presente
varias veces en la escena del crimen, sin investigar ni informar acerca de
lo sucedido. La sola idea de que los Cascos Azules —los soldados buenos por
antonomasia— miren para otro lado mientras se están cometiendo crímenes en su presencia puede equivaler, para el observador desprevenido, a la abdicación de una responsabilidad más importante que cualquier mandato de Naciones Unidas.
Incluso
sin conocer el contenido de
los
Convenios de Ginebra ni de otros tratados fundamentales del derecho
intemacional humanitario, el mero sentido común indica que ningún ciudadano del mundo moderno puede presenciar violaciones flagrantes de
los derechos humanos sin investigar ni exigir que alguien ponga remedio
a lo que está sucediendo. Sin embargo, las Naciones Unidas adoptan la
perspectiva legalista según la cual los Cascos Azules no están sujetos a
los Convenios de Ginebra. Es algo que averigüe mientras cubría
los
sucesos en Bihac. En noviembre de 1994, pendía una amenaza de ataque sobre la localidad de Bihac, situada en el norte de Bosnia y declarada «zona de
seguridad» por las Naciones Unidas. Para entrar en la ciudad, las tropas
serbobosnias tenían que atacar el hospital municipal. Previendo una tragedia, un encargado de asuntos civiles de las Naciones Unidas solicitó al
militar al mando de las fuerzas
locales que protegiera el hospital, invocando los Convenios de Ginebra. El oficial, de nacionalidad estadounidense, argumentó que las tropas de las Naciones Unidas tenían el deber
de garantizar que el hospital de Bihac recibiera el alto nivel de protección
estipulado para
tales
instituciones por el IV Convenio de Ginebra, y
consiguió el visto bueno del jefe de asuntos civiles en Sarajevo, un ruso.
El oficial al mando, de nacionalidad canadiense, desplegó sus efectivos
procedentes de Bangladesh en los terrenos del hospital y logró bloquear
la ofensiva. Pero, dos semanas más tarde, un funcionario de los servicios
jurídicos dictaminó que las Naciones Unidas no están sujetas a los Convenios de Ginebra, dado que el organismo mundial no es parte en los