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Convenios de 1949, y dijo que el oficial al mando sólo está obligado a
obedecer las órdenes del Consejo de Seguridad. Si alguien hubiese supuesto que la UNPROFOR se sentía obligada a
impedir o tan siquiera a vigilar los actos de genocidio, los crimenes contra
la humanidad o cualquier otra de las graves infracciones mencionadas en
los Convenios, la caída de Srebrenica, en julio de 1995, le habría quitado
la venda de los ojos. Antes de su evacuation a una zona segura, las tropas
holandesas tuvieron ocasión de ver como el ejército serbobosnio separaba
a los hombres y a los adolescentes de las mujeres, los niños y los ancianos,
cargaba a este último grupo en autobuses y camiones, y enviaba a los
primeros al lugar donde serían masacrados, como se supo más adelante.
Los primeros 54 miembros holandeses de las «fuerzas de paz» que los
serbios hicieron prisioneros en sus puestos de observation y mantuvieron
como rehenes en clara violation del derecho internacional fueron puestos
en libertad, el 15 de julio, y enviados a Bosnia en autobús, tras ser privados de sus armas y equipos. De camino hacia la salvación, mientras se encontraban aiin en territorio serbobosnio, los holandeses fueron testigos de
inequívocos signos de matanzas: calzado y mochilas de más de cien
personas alineados junto a la carretera, decenas de cadáveres apilados en
un carro y cuerpos sin vida a lo largo de los arcenes. Los testigos de
Srebrenica afirman que las principales ejecuciones se habfan perpetrado
un día antes, el 14 de julio. Cabría suponer que cualquiera que hubiese
presenciado
indicios
tan patentes de ejecuciones extrajudiciales
—un
crimen de guerra según los Convenios de Ginebra— habría informado al
respecto inmediatamente. Los sucesos que investigue y acerca de los cuales escribí por aquella época, en Omarska, Vogosca, Bihac y Srebrenica, se combinaban
para formar una estrategia inquietante, como comprendí más adelante.
Acude al CICR en busca de una explication y me
indicaron que
las
Naciones Unidas, por no ser parte en los Convenios ni parte en el conflicto, no
imponen a
los Cascos Azules
la plena observancia de
los
Convenios de Ginebra. En lugar de eso, antes de desplegar sus efectivos, el secretario general de las Naciones Unidas suele darles instrucciones generales sobre el respeto de
los principios de dichos Convenios. En el caso de Bosnia, esas instrucciones nunca llegaron a darse,
lo cual plantea otro interrogante: ¿quién tiene el cometido, en la comunidad internacional, de velar por la aplicación de los Convenios? Según
los Convenios, el CICR tiene encomendado un conflictivo doble mandato: velar por su aplicación y, a la vez, proporcionar
toda la protección posible a los prisioneros de guerra y a otras personas protegidas.
La denuncia de
los
infractores puede
tener consecuencias directas y
negativas para su acceso al lugar de los hechos. Por lo tanto, la práctica habitual del CICR de entablar contactos discretos con
la parte
infractora es una reacción comprensible. Pero esto implica, por desgracia,
que rara vez las violaciones llegan al conocimiento de la opinión pública. Las tropas extranjeras —si llevan cascos azules — pueden argumentar que pertenecen a un organismo que no es parte en los Convenios.
Pueden mirar para otro lado, y de hecho lo hacen. Así pues, las partes
en conflicto quedan
libradas a sí mismas: por un
lado,
los que están
violando el derecho, que difícilmente van a autoinculparse y, por otro,
las víctimas, cuyos alegatos rara vez son escuchados sin una buena dosis de escepticismo. En consecuencia, no hay nadie en el campo de
batalla ni en sus proximidades que pueda denunciar en
tiempo
real,
ante
la opinión pública,
las
infracciones
cometidas contra el derecho
internacional humanitario. Y los infractores
tienen todas las cartas a su
favor para gozar de total impunidad.
Una función de los medios de comunicación? En numerosas conversaciones se fraguó la idea de que esa podría ser
una función de los medios de comunicación. ^Cuantas veces habrá observado un corresponsal un abuso patente sin llamarlo por su nombre:
«crimen de guerra»? Pero; ^.cómo puede hacer un periodista para reconocer un crimen de guerra cuando lo ve? Personalmente he reflexionado acerca de sucesos que he presenciado y
acerca de los cuales no he informado de manera adecuada. En octubre de
1991, cuando arreciaba la guerra serbocroata, visite un hospital en el frente,
en la localidad croata de Vinkovci, donde todas y cada una de las salas por
encima del nivel del suelo habían quedado destruidas y donde todas las
cruces rojas que lucían en el edificio y en los vehículos del hospital habían
sido otras tantas dianas. Los médicos croatas atendían en el sótano a sus
pacientes, la mayoría heridos militares, entre ellos varios serbios. Redacte
una dramática relativa a los soldados ingresados en una de las salas (la
tripulación multiétnica de un carro de combate yugoslavo) y al artillero
croata que los había convertido en lisiados. Mencione, solo de pasada, el
estado del edificio, como un ejemplo más de la «tragedia» de Eslavonia
occidental. ^Tragedia? Una breve investigation habría puesto en claro que
Se trataba además de una grave violation del derecho internacional. Años más tarde me enteré de que, por esa misma época, un delegado
del CICR había llegado a la conclusión de que el hospital de Vinkovci
era un ejemplo "perfecto" de violation de los Convenios de Ginebra.
Además, no era el único hospital objeto de constantes ataques. El personal
del CICR comprobó que lo mismo sucedía con el de Karlovac y el de
Osijek. Naturalmente, el CICR no pudo ofrecer un relato exhaustivo del
ataque contra el hospital de Vukovar, para el cual se emplearon, según
fuentes croatas, cientos de proyectiles de mortero y dos bombas de gravedad de 250 kilos. Cuando, después de tomar la localidad, los serbios
comprobaron que, a pesar de todo, no habían arrasado el hospital, se
llevaron a los supervivientes y los ejecutaron. Así pues, Vinkovci no era un ejemplo aislado, sino parte de una
estrategia que tenía como objetivo a los hospitales. Habría sido una buena
historia para un periodico. Lógicamente, un periodista cuidadoso habría
tenido que atravesar el frente, obtener la versión del otro bando, regresar
al lado croata y probablemente ir y volver alguna vez más hasta que todos
los hechos encajaran. Cientos de periodistas de decenas de países estaban
cubriendo la guerra, pero ninguno —por lo que yo se— documento el
crimen o la destrucción del hospital de Vinkovci. Es un hecho del que cabe
extraer una
lection.
Con independencia de lo que las Naciones Unidas exijan en el futuro