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de grupos paramilitares en la región, que desempeñaron un papel |
importante en la estigmatización, la persecución, la violencia política y la guerra sucia que se inició en contra del Partido Comunista |
Colombiano y la Unión Patriótica y que se expresaron en la comisión de homicidios selectivos, desapariciones y masacres contra líderes, militantes, simpatizantes y votantes de estas colectividades, |
entre ellos varios de los alcaldes elegidos popularmente y funcionarios que formaban parte de sus gabinetes, con los cuales El Castillo puso también su cuota al holocausto de líderes que se estaba |
gestando en aquellos lugares del país donde la Unión Patriótica |
había conseguido unas altas votaciones (Romero Ospina, 2012). |
Paralelamente al exterminio del que fue objeto este movimiento político, se produjo la expansión y el fortalecimiento de las |
FARC que comenzó a atacar, de manera continua, el casco urbano y los centros poblados y cometió una gran variedad de actos que |
violentaron los derechos de la población civil, como la imposición |
de multas por no asistir a reuniones o por relacionarse con la fuerza pública, trabajos forzados, reclutamiento forzado, asesinatos y |
desplazamiento forzado. |
Hacia el final del periodo, se generó un nuevo escenario en |
la búsqueda de una salida política al conflicto armado mediante |
el inicio de un nuevo proceso de diálogo entre el Gobierno y las |
FARC y la creación de una “zona de distensión” en cuatro municipios del Meta y uno del Caquetá. Si bien el municipio de El Castillo |
no quedó comprendido dentro de esta zona desmilitarizada, por |
ser uno de sus corredores de acceso y por el hecho de haber sido |
siempre un pueblo estigmatizado como colaborador o cómplice |
de la guerrilla, su historia quedó completamente ligada a ella. |
En el periodo 2002-2008, último momento de la cronología del |
arrasamiento y objeto del capítulo 3, se produjo la ruptura de los |
diálogos de paz entre el Gobierno y las FARC y la “retoma” de la |
zona de distensión. Mediante una militarización y paramilitarización del territorio, se generaron múltiples asesinatos, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y |
acciones de pillaje o de “tierra arrasada” por medio de las cuales |
se destruyeron bienes indispensables para la supervivencia de la |
población civil (Cinep, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, |
DH Bajo Ariari, Sintragrim, 2009), entre otras violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, que causaron el |
vaciamiento de buena parte de las veredas y los centros poblados |
del municipio. En medio de esta guerra, las FARC se ensañaron en |
contra de los alcaldes de la región, que se tuvieron que desplazar |
de sus municipios para Villavicencio. No obstante, estos hechos |
atroces no impidieron que la AMA (Asociación de Municipios del |
Alto Ariari) recibiera el Premio Nacional de Paz, lo cual suscitó |
una enorme polémica entre la población que nunca estuvo de |
acuerdo con esta forma de “pacificar” el territorio. |
Sin embargo, este es también el momento en que se inician nuevos procesos organizativos de afirmación de derechos y de resistencia |
en las diferentes ciudades adonde llegaron los castillenses desplazados y en el mismo territorio. En estos lugares, aun en medio del destierro, se construyeron nuevas redes de ayuda y de solidaridad entre |
paisanos y vecinos, se reconstruyeron redes de apoyo que se mantienen hasta la actualidad, en una especie de ampliación del territorio |
común desde donde se comienza a gestar el “regreso” al territorio. |
El capítulo 4 se encarga de identificar y analizar los daños, las afectaciones, los impactos y las transformaciones que se generaron en El |
Castillo y la forma como se “desestructuraron” o destruyeron diversas expresiones sociales, políticas, familiares, culturales, ambientales |
y económicas preexistentes, que es lo que caracteriza el proceso de |
arrasamiento. Se hace énfasis en los daños colectivos sufridos por las |
poblaciones que tuvieron que desplazarse dejando vacíos lugares en |
los que habían forjado una historia común de construcción social de |
su territorio y de su identidad y un proyecto de vida campesino. El capítulo 5 se aproxima a algunos de los mecanismos de |
afrontamiento y resistencia a este desarraigo violento, desplegados por individuos, familias y comunidades para hacer frente a |
lo acontecido. Da cuenta de algunos de los múltiples procesos de |
organización y movilización encontrados dentro y fuera del territorio, surgidos a pesar del terror causado por todos los actores |
armados legales e ilegales, impulsados por hombres y mujeres que |
persisten en la idea de una vida digna unida al territorio. |
El capítulo 6 se encarga de describir la respuesta institucional |
desde un enfoque de derechos, identificando la forma como el |
Estado colombiano ha respondido a su obligación constitucional |
de atender y reparar, de manera integral y transformadora, las consecuencias sociales derivadas del conflicto armado en general y el |
desplazamiento forzado en particular. |
Finalmente, en el capítulo 7 se examinan los principales riesgos persistentes y amenazas que todavía se ciernen sobre los castillenses y sobre su territorio, que hacen que sea mucho más difícil |
resarcir los daños y las desestructuraciones causados por cuenta |
del conflicto armado y la violencia sociopolítica y que generan |
también nuevos peligros sobre la vida y la dignidad de las miles |
de personas desplazadas forzadamente, así como de la población |
resiliente. Se presentan también las recomendaciones de política |
pública que, a juicio del CNMH y de las personas que participaron |
en este ejercicio de memoria histórica, resultan imperativos para |
prevenir nuevos daños, reparar los existentes, detener para siempre el proceso de arrasamiento y prepararse para una nueva fase |
de construcción de paz territorial. |
La reconstrucción del proceso de arrasamiento ocurrido en |
El Castillo, del cual se desprende además el intento de conceptualizar un fenómeno que parece haber ocurrido a lo largo de la |
geografía nacional, implicó un exhaustivo trabajo de búsqueda de |
información e integración de diferentes memorias. |
Para lograrlo fue necesaria la construcción de relaciones de |
confianza que permitieran dialogar con los testigos de esta tragedia, ahora disgregados tanto de sus territorios como de sus comunidades originales. Cerca de 110 entrevistas con personas que |
de una u otra forma han sido víctimas del conflicto armado en |
El Castillo fueron realizadas en las veredas y los centros poblados |
del municipio y también en las ciudades de Villavicencio y Bogotá. Adicionalmente, se hicieron dentro y fuera del territorio alrededor de 30 entrevistas con actores, instituciones, funcionarios y |
académicos, así como 6 talleres de reconstrucción de memoria y |
3 talleres más a través de los cuales se validaron los resultados de |
este libro con los miembros de las comunidades participantes. Todos ellos nos permitieron recopilar la información que sugiere la |
ocurrencia del arrasamiento. |
Los testimonios de las víctimas, recolectados principalmente |
mediante entrevistas y talleres de construcción colectiva de la memoria, tienen un lugar privilegiado en la construcción y narrativa |
de este libro. Sus voces se ponen en diálogo con fuentes primarias |
y secundarias para tratar de dar cuenta de las diferentes características y sentidos dados a la violencia ocurrida. A lo largo de este |
proceso, y a pesar de los temores y desconfianzas incubados por el |
conflicto armado, mujeres, hombres, abuelos, jóvenes y niños nos |
mostraron una cara oculta de la violencia sociopolítica en Colombia y nos enseñaron sus propias lecciones de la lucha por una vida |
digna. A ellos nuestro mayor reconocimiento. Aproximación al arrasamiento de pueblos en Colombia |
según el criterio cuantitativo de vaciamiento Lo ocurrido en El Castillo ilustra una realidad que la sociedad |
colombiana está en mora de reconocer: como consecuencia de la |
violencia y del desplazamiento forzado no solo se han vaciado territorios enteros (como municipios, veredas, corregimientos, regiones, centros poblados, barrios, resguardos indígenas, territorios |
colectivos de comunidades negras, zonas de reserva campesina, entre otros), sino que, casi en silencio y en una penosa impunidad, |
se han desestructurado proyectos sociales, políticos, económicos, |
familiares, espirituales, ambientales y culturales, incluso algunos |
de ellos hasta el punto de su eliminación. |
Si bien con anterioridad el Grupo de Memoria Histórica de |
la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación esbozó el |
tema de los pueblos que, debido a la violencia sociopolítica, quedaron convertidos en pueblos fantasma a causa de “un ejercicio de |
la violencia que no sólo aniquila a las personas sino que destruye |
el entorno material y simbólico de las víctimas” (CNMH, 2013, |
página 38), las dimensiones de este fenómeno todavía están lejos |
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