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de ser comprendidas en su totalidad.
Por esta razón, el CNMH se ha propuesto indagar sobre lo que
sucede cuando una comunidad es sometida a un prolongado proceso de violencia y, junto con él, al desplazamiento forzado de la
mayoría de sus habitantes. Le motiva conocer qué acontece en los
territorios donde la generalidad de la población ha sido obligada
a migrar, dejando tras sí espacios vacíos, enterrados bajo la maleza
o las máquinas, unas veces repoblados, otras recuperados por las
comunidades desplazadas y, en muchas ocasiones, usados para fines diferentes de los que antecedieron al desplazamiento.
No obstante, no existen bases de datos que den cuenta de este
fenómeno, ya que más allá de llevar un registro de los desplazamientos masivos acontecidos (de más de 50 personas o 20 familias) en Colombia no se ha llevado la cuenta de todos los lugares
que quedaron vacíos como consecuencia del conflicto armado. Si
bien existen pruebas e indicios de que el vaciamiento ha ocurrido en veredas, corregimientos, barrios, tierras de comunidades
étnicas, zonas de reserva campesina, etc., subsisten importantes
limitaciones en la información disponible.
A pesar de ello, el CNMH realizó una primera aproximación
nacional a los fenómenos de vaciamiento y arrasamiento utilizando los datos de los dos últimos censos generales de población (realizados en 1993 y en 2005) y aplicando la siguiente metodología: 1) Se identificaron los municipios que mostraron una reducción de su población rural en 25 por ciento o más en el periodo intercensal (1993-2005).
2) A este universo de municipios se les calculó el total de personas expulsadas por desplazamiento forzado en el mismo
periodo de análisis.
3) Para cada municipio se calculó la tasa entre el total de personas expulsadas en el periodo y el número absoluto de personas en las que se redujo el área rural de cada municipio en
el mismo periodo.
4) Se definieron rangos que permitieron determinar el grado
de asociación o explicación entre la pérdida de población y
la expulsión forzada de personas (Ver Mapa 1). De esta forma, se pudieron identificar 233 municipios en todo
el país donde la relación entre personas expulsadas y la pérdida
de población en el periodo intercensal 1993-2005 fue de más de
50 por ciento.
Aunque estos cálculos por sí mismos no son concluyentes, arrojan indicios sobre lugares en los que el vaciamiento y el arrasamiento pudieron ocurrir, en cuanto identifican cuáles fueron los
municipios que mayor población rural perdieron en el periodo
intercensal por desplazamiento forzado.
Sin embargo, esta aproximación general resulta insuficiente
para comprender toda la complejidad del vaciamiento y del arrasamiento en cuanto las cifras presentadas, aunque alarmantes,
tienden a subestimar la realidad de lo acontecido, pues no recogen información de unidades sociodemográficas diferentes de los
municipios, tales como veredas, corregimientos o centros poblados, así como de otros tipos de territorialidades (resguardos indígenas, tierras colectivas de comunidades negras, zonas de reserva
campesina, etc.) y tampoco permiten ahondar por sí mismas en
los efectos que el desplazamiento de la mayoría de la población
causó. Queda, entonces, por determinar qué lugares de estos municipios quedaron vacíos y cuáles fueron los efectos de este vaciamiento sobre los individuos, familias y colectividades.
Por esta razón, se hace necesario que se continúe con la línea de
investigación sobre desplazamiento y pueblos arrasados para obtener mayor información sobre los lugares de la geografía nacional
que perdieron la mayoría de su población por el desplazamiento
forzado, y también sobre los efectos que este vaciamiento generó
en los proyectos sociales, políticos, económicos, espirituales, familiares, ambientales y culturales de las personas y comunidades que
fueron desplazadas. Propuesta de una nueva categoría de arrasamiento Durante el desarrollo de esta investigación, el CNMH pudo
constatar que lo ocurrido en muchos lugares del país que perdieron la mayoría de la población por el desplazamiento forzado
permanece aún invisibilizado. Se parte de la base de que esta invisibilización puede estar ocurriendo, en alguna medida, debido a
la ausencia de un concepto capaz de denotar aquello que ha sido
padecido por tales poblaciones. El concepto de ‘arrasamiento por
vaciamiento’ que se propone aquí pretende aportar para suplir
este vacío.
Tradicionalmente, el arrasamiento ha sido un calificativo relacionado con tácticas militares y no necesariamente con pérdidas
demográficas ligadas a la violencia. En efecto, el arrasamiento,
también conocido como la estrategia de “tierra arrasada” o “tierra quemada”, se ha vinculado sobre todo a un tipo de estrategia militar represiva consistente en destruir cualquier elemento
que pudiera servir de refugio, transporte, suministro o medio de
comunicación al enemigo. También el arrasamiento como táctica
militar ha sido definido como una acción bélica que combina aspectos ideológicos, económicos y psicológicos que buscan destruir
la voluntad de resistir del enemigo, aniquilando a este y a quienes
pudieren llegar a compartir sus ideas o intereses.
En Colombia, según ha venido documentado el CNMH, los paramilitares utilizaron ampliamente la estrategia de tierra arrasada
como ejercicio de una violencia que no solo aniquila a las personas,
sino que destruye su entorno material y simbólico, de manera que el
territorio se vuelve inhabitable por la propagación de las huellas de
terror, lo que fuerza el éxodo de la población, en especial en zonas
de anclaje originario de la guerrilla (CNMH, 2013). En múltiples
oportunidades, estos grupos combinaron la comisión de masacres
con la estrategia de tierra arrasada para, además de matar masivamente, atacar el entorno físico y simbólico de las comunidades, y
crear una desocupación duradera de lugares donde los sujetos colectivos habían forjado una historia común de construcción social
de su territorio y de su identidad (CNMH, 2013).
Pero existen indicios que no solo los paramilitares han vaciado
territorios, sino también las guerrillas, el Estado y otro tipo de
actores con marcados intereses económicos. Teniendo en cuenta
la diversidad de los causantes y lo invisible que continúa siendo el
fenómeno, y para incentivar una mayor reflexión e investigación
al respecto, el CNMH propone crear una nueva categoría que dé
cuenta de aquellos pueblos abandonados (vaciados, desocupados),
en los que más de 50 por ciento de la población se haya visto obligada a migrar debido al desplazamiento forzado y donde, por este
hecho, se haya ocasionado una desestructuración de las relaciones
preexistentes ligadas al territorio.
Ello teniendo en cuenta que la acción y el efecto de arrasar, es
decir, de echar por tierra, derribar o destruir lo existente es algo que no solo ocurre de la
mano del pillaje, las extorsiones, las masacres, los asesinatos selectivos, las desapariciones forzadas, las amenazas y la violencia sexual, sino que puede ser una consecuencia, en sí misma, del desplazamiento forzado.
En otras palabras, cuando tiene lugar cierto tipo de desplazamiento forzado en el que se ven forzadas a migrar la mayoría de las
personas que componen una unidad de análisis sociodemográfico,
se pueden llegar a desestructurar, es decir, se echan por tierra, se
derriban o destruyen las relaciones sociales preexistentes (económicas, sociales, políticas, económicas, familiares, ambientales o culturales) ligadas al territorio, tras lo cual ocurre el arrasamiento.
En este sentido, se propone un nuevo abordaje del desplazamiento forzado donde se reconozca que este puede, incluso, ser
más generalizado que el desplazamiento masivo actualmente reconocido por la normativa. De esta forma, cuando la mayoría de las
personas de una vereda, corregimiento, resguardo indígena, tierra
del comunidad negra, zona de reserva campesina, casco urbano,
barrio, entre otros, hayan sido forzadas a migrar, el Estado debe
aceptar la ocurrencia de un fenómeno diferente, el vaciamiento, y
generar a favor de las personas y comunidades que lo padecieron
una atención diferencial y especializada para evitar que ocurra el
arrasamiento o para repararlo si ya ocurrió.
Lo anterior debido a que el vaciamiento de un territorio está en
capacidad de generar una serie de daños y afectaciones que, por
su magnitud y profundidad, pueden causar una destrucción de las
relaciones preexistentes en territorio particular, que el Estado y la
sociedad están en deber de salvaguardar.
De esta manera, proponernos entender el arrasamiento como el
desplazamiento forzado de la mayoría de las personas que componen
una unidad de análisis sociodemográfico, cuya magnitud y duración