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Centauros junto al Ejército-Batallón XXI Vargas, las juntas de acción comunal de las veredas de El Castillo fueron estigmatizadas y
señaladas de ser controladas por las FARC, situación que los convertía a sus miembros en objetivos militares. Cuando comenzó el desplazamiento, al presidente [de la Junta de Acción Comunal] le tocó irse para la finca y se la pasó de
refugiado, de vereda en vereda, defendiéndose de las amenazas
porque decían que lo primero que tenían que darles era a los
presidentes de juntas de acción comunal, que porque eran los que
estaban organizando, que no eran presidentes de juntas de acción
comunal, sino que eran organizados por la guerrilla, era el decir,
el mismo Ejército lo decía (CNMH, entrevista con abuelo, Villavicencio, 2012). 4.2.5.4. Pérdida de fiestas y celebraciones La pérdida de las celebraciones tradicionales es uno de los daños que reiteran las víctimas. Durante la década de 1970 y 1980,
las fiestas hacían parte central de la vida rural y urbana del municipio. Estas desaparecieron casi en su totalidad como consecuencia del orden violento instaurado por los actores armados, del
desplazamiento forzado o del rompimiento del tejido social en las
personas que se quedaron en el territorio.
La mayoría de las fiestas y las celebraciones correspondían a
fechas religiosas, como Semana Santa o Navidad. También estaba el cumpleaños del municipio, las fiestas de cosecha, el Día del
Campesino, el Día de la Mujer, el Día del Trabajo, el Año Nuevo, o
aquellas relacionadas con la recolección de fondos para los proyectos comunitarios. Las celebraciones eran propias de las distintas
costumbres de las familias de colonos que provenían de regiones,
como Tolima, Huila, Cundinamarca o Valle del Cauca. No obstante, con el tiempo, las celebraciones se fueron cambiando y adquiriendo más características de la cultura llanera.
De 2001 a 2011, de las mencionadas fiestas solo se logra celebrar la conmemoración de la fundación del municipio. La entrada del Ejército y de las AUC, y la disputa territorial con las FARC
(frentes 26 y 53) llevan al recrudecimiento de la violencia, y como
consecuencia la prohibición de las celebraciones por parte de los
actores armados. Se suma la estigmatización de las comunidades
y el señalamiento, lo cual empieza a romper el tejido social que las
hacía posibles. 4.2.5.5. Daños en el tejido social Las comunidades campesinas de El Castillo tenían una cohesión formada a partir de las relaciones con el terruño, la vereda,
sus compañeros, las amistades construidas y los lazos de fraternidad formados por el trabajo en el campo, relaciones a partir de las cuales se había conformado un complejo tejido social. Compartían
las cosechas, se ayudaban en las labores de cultivo, se organizaban
para el desarrollo de proyectos comunitarios, como la apertura de
trochas, la construcción de escuelas o de centros comunitarios.
Pero con la presencia de los actores armados y el constante señalamiento y estigmatización de la población civil, se pierden los
lazos de confianza, “todo el mundo mira de reojo a todo el mundo” (CNMH, entrevista con hombre, El Castillo, 2012). Antes del
recrudecimiento del conflicto armado y la violencia sociopolítica y
económica, era común acercarse a las personas, incluso a los desconocidos cuando se tenía la oportunidad de hacerlo; existía un sentido de comunidad generado por un ambiente de vecindad, aún más
cuando la mayoría de los pobladores conformaban una red de familias extendidas producto de un proceso de colonización reciente. La desconfianza también imposibilitaba la realización de proyectos colectivos que representaran beneficio para la comunidad
y que afectaba el diálogo entre vecinos y amigos a nivel interveredal e institucional, de manera que las relaciones se restringían al
ámbito familiar, conllevando una ruptura en el tejido social que
históricamente se había construido con base en lazos de confianza, respeto y reconocimiento por el otro, de co-construcción de
solidaridades de destino y sentidos de identidad por sus prácticas
culturales y sociales que hacían parte de sus cotidianidades y esperanzas, y que en suma constituían la red de relaciones sociales
de la comunidad de El Castillo (Cordepaz, 2011, página 2). La desconfianza también se agudiza con la Red de Informantes, política pública que se implementa en el Meta y afecta seriamente el tejido social construido: Cuando ya se crea lo de los informantes para el Estado, eso es
peor todavía porque yo ya desconfío hasta de mis hermanos, ¿será
que esa verraca se metió por allá, si anda por allá en alguna parte?
Quiero decir de una manera simbólica de cómo se rompe tanto, se
deteriora tanto (CNMH, entrevista con mujer adulta, Bogotá, 2012). 4.2.5.6. Daños a las dinámicas y relaciones familiares Los repertorios de violencia desplegados por los actores armados han desestructurado las dinámicas y relaciones familiares. La
salida de El Castillo generalmente también se encuentra marcada
por pérdida de familiares y seres queridos, por familias que deben
dividirse ante la dificultad que presenta viajar unida.
La pérdida de los miembros de la familia desestructuró las dinámicas asociadas a los liderazgos dentro de esta, la distribución
de roles, la crianza (transmisión de los principios y valores, conocimientos, costumbres), afectó la capacidad para generar ingresos, para producir su propio alimento, causó daños sicosociales,
e incluso se vio reflejada en las formas de organización política:
“En los sectores agrarios, en las militancias políticas por lo general se involucra a toda la familia. Entonces muchas veces (…) los
criminales cuando no encontraban al papá, pues querían hacerle
daño a la familia” (CNMH, entrevista con hombre y mujer adultos,
Bogotá, 2012).
El estigma se transmite por la sangre. La persecución y la crueldad de los hechos victimizantes no recae solo contra la persona
organizada, también lo hace, e incluso con más fuerza, sobre sus
familias. Malagón, Zea, Prieto, Henao, Rodríguez o Perdomo son,
entre otros, los apellidos que traen a la memoria de las víctimas el
recuerdo del ensañamiento con las familias. La persecución se mantiene, porque el tema es de los apellidos, ¿no? Si uno va a ver cuánta gente de la familia ha muerto,
cuántos han desaparecido, pues son numerosos, uno encuentra
familias que los persiguieron por todos lados (…) Hay familias
donde quedaron solo los viejos. Y hay otras familias donde les matan a los hijos y siguen persiguiendo a los viejos (CNMH, entrevista con hombre y mujer adultos, Bogotá, 2012). Casos como el de José Henao, quien es “ejecutado por paramilitares cuando llegaba de dar sepultura a su compañera la señora Zoraida Ñañez, dos ...
AUC y el Ejército, por el otro. El arrasamiento familiar, que tiene
su mayor impacto en los habitantes de las veredas de la parte alta
de El Castillo, continúa incluso después del desplazamiento, pues
las familias se ven obligadas a separarse y en muchas ocasiones
siguen siendo víctimas de la persecución de los actores armados.
Muchos familiares son asesinados y desaparecidos después del desplazamiento en los lugares de recepción. Tal es el caso del líder
comunitario Reinaldo Perdomo: Como hermano era una persona muy alegre, adoraba a sus
sobrinos, él vivía rodeado de los sobrinos, de los mismos nietos y
como hermano era una gran persona. Nosotros, cuando nuestro
padre se enfermó, nosotros vemos a Reinaldo como un segundo
padre, él era quien lideraba la familia, él nos organizaba, decía:
Mire vamos hacer esto, lo otro, o esto no hay que hacerlo porque
eso va sobre los principios que nos enseñaron, lo que nosotros no
queremos que se pierda, entonces él fue un segundo padre para
todos. Cuando a Reinaldo lo asesinan fue muy duro porque hubo
desintegración familiar. La desintegración fue completa, porque
como a los siete meses de Reinaldo caer asesinado fallece mi papá,
y a los dos años, meten a mi hermana y la judicializan. Ya a nosotros nos daba miedo, nosotros veníamos de un proceso en que nos
reuníamos cada ocho días en Ciudad Porfía, luego con la judicialización de Fanny, que decían que era guerrillera, decíamos que si
habían acusado a Fanny de ser guerrillera porque viajaba a Medellín del Ariari y a Puerto Esperanza, pues a nosotros también nos
podían acusar, fue un temor que invadió prácticamente a toda la
familia (CNMH, entrevista con mujer adulta, Bogotá, 2012). En los relatos de las víctimas que son adultos mayores, se evidencia una percepción de la ruptura generacional, la cual atribuyen al conflicto y a la imposibilidad de realizar una crianza de
forma adecuada. Si bien esta ruptura no se puede atribuir de forma exclusiva al conflicto armado, en su memoria, este desempeñó un papel clave en la desestructuración de los roles dentro de la
familia y la comunidad que impidieron una comunicación de los
saberes a las nuevas generaciones.
En este sentido, la pérdida de abuelos, abuelas, madres y padres, afectó a toda una generación de niños que han crecido sin el
cariño, el cuidado y la educación de estos. se manejaban 22 escuelas del municipio bajo un proyecto educativo en valores. En una ocasión se realizó un juego de roles, a
cada niño se le entregó un pin pon y debía crear una persona.
Debía tener un registro civil, familia, escuela, mejor dicho, una
historia. El niño decía cómo era la vida de esa persona. Nos sorprendió que en la vereda La Esmeralda, la mayoría de los niños
crearon su personaje sin papá o mamá (CNMH, entrevista con
hombre adulto, Bogotá, 2013). 5
Mecanismos de afrontamiento:
resistiendo al arrasamiento La memoria rompe la indiferencia, la complicidad
y la impunidad. Molano (2007, página 97) Un proceso de arrasamiento de más de tres décadas no ha sido
suficiente para aniquilar las aspiraciones, individuales y colectivas
que impulsan a los habitantes de El Castillo. Individuos, familias
y comunidades han acumulado y desplegado recursos de distinta
naturaleza para sobrevivir, resistir y reestructurar lo que ha sido
devastado por la confrontación armada. Desde esta perspectiva, el