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Mujeres Demócratas en Villavicencio, al tiempo que hacen parte
de otros espacios colectivos de víctimas.
Por su parte, Sintragrim (Sindicato de Trabajadores Agrícolas
Independientes del Meta) ha sido una de las organizaciones con
gran relevancia a la hora de convocar a la población desplazada,
promover su organización fuera del territorio y continuar trabajando aun en medio de la violencia y las amenazas que pesan sobre
sus líderes y lideresas. El Sindicato se ha mantenido pese a la violencia y las amenazas
contra sus directivas. A muchos nos tocó venirnos para Bogotá y
seguir trabajando desde aquí, pero hay directivas que están en la
región al frente del trabajo organizativo (CNMH, entrevista con
hombre adulto, Bogotá, 2013). Estas redes de sociabilidad y de cohesión social y los mecanismos de organización adoptados han extendido su alcance a lugares de recepción como Villavicencio o Bogotá donde, a pesar de
la perturbadora dinámica de estigmatización, y las nuevas victimizaciones sufridas por muchos de los desplazados, se continúan los
ejercicios de organización comunitaria. En Andescol [Asociación Nacional de Desplazados de Colombia] (…) hemos decidido hacerle frente y lucha [al] desarraigo,
porque finalmente cuando a usted lo desplazan (…) eso te limita para desarrollarte como un sujeto político, entonces Andescol ha
sido una de las organizaciones que nos ha recibido (CNMH, entrevista con mujer adulta, Bogotá, 2012). Nos hacen la invitación a participar de la Mesa Humanitaria
del Meta, al Banco de Datos Regional, al Movimiento Nacional
de Víctimas de Crímenes de Estado, y con una compañera empezamos a formar el Capítulo Meta del Movimiento Nacional de
Víctimas y ahí seguimos reunidos (CNMH, entrevista con mujer
adulta, 2012). En estos espacios es posible recordar y facilitar el diálogo a partir de los sentimientos, las emociones y las afectaciones. Se convierten en lugares para la búsqueda de respuestas solidarias frente
al sufrimiento, el dolor y la indignación, así como para generar
estrategias que contribuyen a recuperar las capacidades maltrechas con el desplazamiento, a generar nuevas capacidades que se
requieren para la exigibilidad de derechos, o para hacer frente a
nuevos hechos victimizantes. Cuando uno se organiza (…) eso le sirve a uno, porque aprende a conocer sus derechos y aprende a exigirle a las autoridades,
uno les exige, uno no pide un favor, uno dice: Vengo a exigirle (…)
entonces sí aprende uno mucha herramienta y si uno se organiza como mujer [puede] ayudar a otras mujeres y [al] estar organizadas podemos exigirle al Estado (CNMH, taller de construcción de
memoria, con mujer adulta, Medellín del Ariari, 2013). Se trata además de generar capacidades para que las víctimas
construyan aprendizajes del mismo hecho victimizante (Henderson, 2004), entre ellas las habilidades necesarias para desenvolverse en los intrincados itinerarios burocráticos que se deben superar
en su nueva situación como población desplazada. [C]uando llegamos a Retoños, nos enseñaron a nosotros a
manejar un computador (…) cuando sale uno desplazado no sabe
qué es un computador, uno ignora muchas cosas y (…) va a reclamar y no tiene ningún argumento ni nada de eso y llegaba uno
acá y empezaban a pedirle que la fotocopia de la cédula, que la fotocopia del derecho de petición (…) nos fuimos capacitando poco
a poco, y es así que ya sabemos llevar un derecho de petición ya
bien sustentado con fotocopias y con todo lo que nos exigían. Ese
desplazamiento nos dejó muchas enseñanzas (CNMH, taller de
construcción de memoria, con mujer adulta, Villavicencio, 2013). En Bogotá empecé yo a estudiar en el Movice [Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado] en el capítulo regional
de Cundinamarca y a darme a conocer y a estudiar y a hacer las
tutelas y ayudarle a la gente y no les cobro. (…) Y ahora me puse
a leer y a leer, y ahora leo mucho sobre los paras porque cuando
a mí me tocaron en la puerta (…) fue cuando vine a entender al
país en lo social, en lo político (CNMH, taller de construcción de
memoria, con mujer adulta, Villavicencio, 2013). Incluso los procesos vividos han permitido a algunas de las personas desplazadas resignificar la experiencia, encontrar sentido, adquirir control sobre la propia existencia e incentivar la toma de
decisiones con un grado relativo de autonomía, frente a las mejores alternativas para afrontar el hecho victimizante sin sumirse en
el aislamiento, el dolor, el silencio y el olvido (Bello y otros, 2005). Para mí es muy importante porque yo he tenido la oportunidad de trabajar para las comunidades de recibir las capacitaciones y de salir a multiplicar. Lo que yo admiro es la tenacidad de la
mujer, por más que esté llorando. Vaya y dígale a un hombre que
lo haga y saca las miles de disculpas, en cambio las mujeres tiene
esa tenacidad (CNMH, taller de construcción de memoria, con
mujer adulta, Villavicencio, 2013). 5.3. Solidaridad y creatividad, pilares para la supervivencia El desplazamiento impone de manera repentina, abrupta y violenta el abandono de una vida construida por años o décadas,
pero aun así con la expulsión se activan de manera inmediata estrategias de supervivencia a partir de los recursos materiales y simbólicos disponibles por individuos, familias y comunidades.
Algunas de las familias que fueron expulsadas activaron de
manera inmediata redes familiares de apoyo durante los desplazamientos: El [hijo] de 16 ya está trabajando, él es el que me ayuda, tenemos un planchoncito en el caño para pasar las motos y él trabaja
ahí y cada tercer día nos toca turno (CNMH, entrevista con mujer
adulta, El Castillo, 2012). Un [hermano] se vino con nosotros y con el tiempo hace como
unos dos o tres años él volvió por allá por la región y él me ayudaba,
me traía plátanos, me traía leche, yuca. El me mandaba carne con
los buses que pasan por la avenida (…) me llamaba y me decía: Salga a la avenida el bus tal y reclama la carne que le mandé (CNMH,
taller de construcción de memoria, con mujer adulta, 2012). Otras familias que se desplazaron inicialmente de la zona rural
al casco urbano de El Castillo, aun sin ser conocidas por los habitantes del pueblo o tener vínculos familiares con ellos, encontraron en la solidaridad de los habitantes el recurso para enfrentar la
crisis generada por la expulsión. Llegamos donde una señora y como nosotros nos habíamos
bajado sin ropa y sin nada, sin comida y sin nada, y entonces nosotros nos bajamos y la gente muy atenta nos llevó a un restaurante
(…) una señora me dio ropa a mí, otra señora le dio ropa a ellos
(CNMH, taller de construcción de memoria, con mujer adulta,
Villavicencio, 2012). Las familias recién llegadas se deben enfrentar también a la necesitad de sustituir las actividades agropecuarias o las actividades
habituales de subsistencia desarrolladas en el lugar de origen, para
insertarse a un nuevo mundo de trabajo, generalmente de manera
precaria y en condiciones de informalidad. En este escenario, los
saberes de los que son portadores tienen que ser rápidamente sustituidos por las nuevas exigencias del contexto. Así la creatividad
y la adaptabilidad individuales, se ponen a prueba como recursos
para afrontar la adversidad. Acá en Villavicencio nosotros llegamos a la casa de una familiar, ahí duramos mes y medio pagándole arriendo a ella, ya
después organizamos la ranchita de nosotros, la casita y ahora mi
hijo es el que trabaja por mí (…) vendemos pollos con la ayuda
humanitaria esa que nos dieron (…) tenemos un enfriadorcito y
vendemos (…) poquito, pero se vende para el sustento (…) y mi
hijo sale a veces a trabajar, él tiene una guadañita (sic) y una máquina de fumigar y a veces le salen trabajitos para hacer y lo otro
que le sale también es en construcción de alcantarillado, así en
trabajos varios (CNMH, taller de construcción de memoria, con
mujer adulta, Villavicencio, 2012). La supervivencia depende en alta medida de la capacidad individual de adaptación, de la habilidad y oportunidad para desplegar toda suerte de estrategias que resultan vitales. Aun cuando
la capacidad de las víctimas para desarrollar estrategias de supervivencia constituye un mecanismo de afrontamiento, se trata al
mismo tiempo de un fenómeno altamente problemático por las
precarias condiciones en las que antiguos habitantes de El Castillo
hoy tienen que sobrevivir. La mayoría sale a trabajar al centro, mujeres por allá de aseadoras en las casas, otras en almacenes, otras trabajan vendiendo
dulces, tintos en la calle. Yo vendía cuando podía (…) en esa bicicletica yo me iba y le echaba 25 paquetes de piña adelante y 25
atrás y por allá los vendía en los semáforos. Una vez [la Policía] me
iba a quitar la cicla y el surtido, (…) y me dijeron: Bueno usted por
qué está aquí en el semáforo vendiendo, le dije: por la necesidad,
por querer que mi familia subsista y no tener que convertirme en
un pordiosero o en un hampa más, por eso me obligué a venir
aquí (CNMH, entrevista con abuelo, Villavicencio, 2012). [Pa]’ uno (sic) de viejo [vender piña] es mal negocio porque
eso cual más prefiere comprarles a las muchachas (…) que estén
bien presentaditas y que les pelen las muelitas, y como uno ya no
pela la muela (…) a uno ya no le compran, vende uno cualquier
cuatro o cinco bolsas de piña, pero eso no le da la base (CNMH,
entrevista con abuelo, Villavicencio, 2012). 5.4. Continuidad de los vínculos y de las reivindicaciones La expulsión física del territorio no implica necesariamente la
fractura definitiva de los vínculos con este. Múltiples relaciones
familiares, personales, económicas, afectivas y políticas subsisten
y contribuyen a sostener relaciones que, en algunos casos, sufren
un proceso de reconfiguración de acuerdo con las nuevas circunstancias. Desde algunas organizaciones se ha promovido el sostenimiento de vínculos entre los expulsados y quienes permanecen en el
territorio, a través de diferentes procesos algunos de ellos tendientes a la reconstrucción de la memoria histórica y otros a la movilización y exigibilidad jurídica, estos últimos dirigidos a buscar el
restablecimiento de los derechos de la población en situación de
desplazamiento así como a generar resistencias frente a los factores que amenazan la permanencia de quienes están en el territorio, o dificultan el retorno. Lo anterior partiendo del hecho que el
desplazamiento forzado y la violencia sociopolítica se convirtieron